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You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at www.gutenberg.org/license - - -Title: Nuevas cartas americanas - -Author: Juan Valera - -Release Date: September 2, 2020 [EBook #63101] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK NUEVAS CARTAS AMERICANAS *** - - - - -Produced by Chuck Greif and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was -produced from images available at The Internet Archive) - - - - - - - - - - NUEVAS CARTAS AMERICANAS - - OBRAS DEL AUTOR - - - PEPITA JIMÉNEZ; 12.ª edición; un vol. - - LAS ILUSIONES DEL DOCTOR FAUSTINO; dos vols. - - DAFNIS Y CLOE (traducción del griego); un vol. - - ESTUDIOS CRÍTICOS, 2.ª edición; tres vols. - - DISERTACIONES Y JUICIOS LITERARIOS; dos vols. - - CUENTOS Y DIÁLOGOS, un vol. - - ALGO DE TODO; un vol. - - PASARSE DE LISTO; un vol. - - POESÍA Y ARTE DE LOS ÁRABES EN ESPAÑA Y SICILIA (traducción del - alemán), tres vols. - - DOÑA LUZ; un vol. - - TENTATIVAS DRAMÁTICAS; un vol. - - CANCIONES, ROMANCES Y POEMAS, un vol. - - CUENTOS, DIÁLOGOS Y FANTASÍAS; un vol. - - NUEVOS ESTUDIOS CRÍTICOS; un vol. - - PEPITA JIMÉNEZ Y EL COMENDADOR MENDOZA; un vol. - - DOÑA LUZ Y PASARSE DE LISTO; un vol. - - CARTAS AMERICANAS; 1.ª série, un vol. - - APUNTES SOBRE EL NUEVO ARTE DE ESCRIBIR NOVELAS; un vol. - - - - - JUAN VALERA - - (DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA) - - - NUEVAS - - CARTAS AMERICANAS - - [Illustration] - - - MADRID - LIBRERÍA DE FERNANDO FÉ - _Carrera de San Jerónimo, 2_ - - 1890 - - - ES PROPIEDAD - DERECHOS RESERVADOS - - - MADRID, 1890.--EST. TIPOGRÁFICO DE RICARDO FÉ - _Calle del Olmo, número 4._ - - - - -AL EXCMO. SEÑOR - -DON ANTONIO FLORES - -PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DEL ECUADOR - - -Mi querido amigo: Poco valen estas NUEVAS CARTAS AMERICANAS, pero me -atrevo á dedicárselas, confiado en la bondadosa indulgencia de usted que -les prestará el valer de que carecen. - -Aunque mi propósito al escribirlas es puramente literario, todavía, sin -proponérmelo yo, lo literario trasciende en estos asuntos á la más alta -esfera política. - -La unidad de civilización y de lengua, y en gran parte de raza también, -persiste en España y en esas Repúblicas de América, á pesar de su -emancipación é independencia de la metrópoli. Cuanto se escribe en -español en ambos mundos es literatura española, y, á mi ver, al tratar -yo de ella, propendo á mantener y á estrechar el lazo de cierta superior -y amplia nacionalidad que nos une á todos. - -Es evidente que yo, que siempre fuí un crítico suave, no había de ser -severo con mis semi-compatriotas de Ultramar; pero también es evidente -que ni debo ni quiero ganarme la voluntad de nadie con lisonjas. Además, -á lo que muchos sujetos afirman, yo no sirvo para lisonjear, aunque lo -desee. Suponen que me sucede, si bien en sentido contrario, lo que á -aquel famoso profeta que fué, por orden del Rey de los hijos de Moab, á -maldecir á los hijos de Israel. Levantó siete altares, sacrificó -becerras, hizo otras ceremonias, y subió á un cerro, desde donde se -oteaba la llanura en que los israelitas tenían desplegadas sus tiendas. -Desde allí quiso maldecirlos, y Dios desató su lengua y le movió á -entonar un cántico de bendiciones. Subió luego á otro cerro, volvió á -querer maldecir y bendijo de nuevo, sin poderlo remediar. Si á mí, como -aseguran, me sucede algo parecido, ya pueden ustedes confiar en que no -hay adulación en mis alabanzas y no agradecérmelas, pues son -involuntarias. Y cuando hubiere algo de censura, deberán perdonármelo -también por el mismo motivo. - -Es aún más perdonable mi censura, si se atiende á que las más veces me -induce á censurar, á pesar mío, la exageración con que algunos -escritores de por ahí, por exceso de americanismo, ponderan las -crueldades espantosas que cometieron los españoles de la conquista y -del período colonial. Si esto hubiera llegado hasta el extremo que -dichos escritores aseguran, yo no dejaría de aplaudir la maravillosa -imparcialidad histórica con que sostendrían la verdad; pero no sabría yo -disimular que, al sostenerla, arrojarían sobre ellos mayor injuria que -sobre nosotros, porque la sangre española que corre por sus venas -procede, más que la nuestra, de aquellos atroces foragidos, y la sangre -india, en lo que de indios puedan tener, es de una raza que, según -afirman Montalvo y otros, nosotros hemos envilecido y degradado para -siempre con nuestros malos tratos y con nuestra brutal tiranía. - -Estas consecuencias son tan absurdas como las premisas de donde se -sacan. Así trataré de probarlo detenidamente, aunque no gusto de -polémicas, cuando replique, si tengo vagar y ánimo, á los Sres. Mera y -Merchán que han escrito contradiciéndome. - -Entretanto me inclino á creer que mucho de lo que se dice contra -nosotros se dice por el prurito de aparecer muy sentimentales y muy -ilustrados á la moda de París y de Londres, sin que se advierta que ni -franceses ni ingleses fueron nunca más que nosotros humanos y benignos. - -Fuera de este momentáneo extravío, el señor Mera es tan excelente sujeto -como buen escritor, y nos quiere bien. Nos aborrecería, y con razón -sobrada, si entendiese que los españoles fueron á esa otra banda para -echarlo todo á perder. Creamos, pues, como es justo, que los españoles -fueron á América para extender en ella la civilización europea, por cuya -virtud alcanzó América la potencia de igualarse con Europa y acaso de -superarla en lo futuro. - -No quiero molestar á usted distrayéndole con más larga carta, de sus -importantes cuidados. - -Adiós y créame siempre su afectísimo y buen amigo, q. b. s. m., - - JUAN VALERA - - - - -NUEVA RELIGIÓN - -(Á DON JUAN ENRIQUE LAGARRIGUE) - - -I - -Muy amable y simpático señor mío: Hace ya mucho tiempo que recibí, con -fina dedicatoria manuscrita, un ejemplar de la importante _Circular -religiosa_, que imprimió y publicó usted en Santiago de Chile, en el día -6 de Descartes del año 98 de la Gran Crisis, fecha que, en nuestra -vulgar cronología, corresponde al día 13 de octubre de 1886. - -No extrañe usted mi largo silencio ni le atribuya á desdén. - -Su obra de usted fué leída al punto por mí con avidez y curiosidad, y -releída luego varias veces con interés que ha ido siempre en aumento. - -Bien dijo el que dijo que el estilo es el hombre. Yo doy tal valer á la -máxima, y me guío de tal suerte por ella, que creo conocer á usted, con -solo leerle, como si le hubiera tratado íntimamente toda mi vida. Hay, -en cuanto usted expone, la más profunda convicción, el entusiasmo más -fervoroso y el más puro amor por el bien de todo el humano linaje, por -donde yo me persuado de que, en esa república, haga usted ó no -prosélitos, ha de ser usted considerado como varón virtuosísimo y -excelente, respetado y querido por todos sus conciudadanos. - -Cuando el Caballero del Verde Gabán, yendo de camino con D. Quijote y -Sancho, explicó á éstos su modo de vivir, sentir y pensar, Sancho le -halló tan bueno y tan ajustado, según diríamos ahora, á sus ideales, que -penetrando hasta sus entrañas las frases del Caballero, se las -derritieron de ternura y se las encendieron en afectos de amistad y -veneración, movido de los cuales se apeó del asno y fué á besar los pies -á aquel bendito hidalgo, á quien calificó y preconizó de santo á la -gineta. Algo parecido me ocurrió á mí cuando hube leído la _Circular_ de -usted; y, abandonando mi espíritu sus vulgares ocupaciones, desechando -sus cuidados prosáicos y mezquinos, apeándose también de su asno, saltó -por montes y valles, atravesó el Atlántico, pasó la línea equinoccial, -corrió por toda la extensión de la América del Sur, voló por cima de los -Andes y llegó hasta la ciudad y casa de usted (calle de la Moneda, núm. -9), donde dió á usted un abrazo muy apretado. Pero, como esta visita y -esta muestra de mis simpatías se hicieron por arte etérea, ni usted ni -el público se habrán percatado de nada, y así no juzgo excusado escribir -á usted, aunque tarde, y hablar de las ideas y planes de usted, cuya -bondad me seduce, aunque de su realización me quepan dudas. - -¿Quién sabe si lo que yo diga podrá ser útil por algún lado? Acaso valga -mi escrito para divulgar en España el sistema de usted y ganarle -parciales; acaso para remover inconvenientes; acaso para disipar estas ó -aquellas de las dudas que, como he dicho, me asaltan. - -Los sistemas y pensamientos de los hombres son ó parecen mayores vistos -desde lejos. Hay en ello algo de más mágico que en la linterna mágica. -¿Cómo negar que Augusto Comte y su positivismo han ejercido y ejercen -aún grande influjo en toda Europa? Difundida por el laborioso, -infatigable, fecundo y sabio Emilio Littré, la doctrina del maestro se -dilata, desde París, por todas las regiones de la tierra; pero el -talento crítico, frío y excesivamente razonador de Littré, despoja de -fervor la doctrina y hace que llegue tibia hasta nosotros, como la -claridad de la luna. En cambio, en la mente de usted, como rayos de sol -en espejo ustorio, convergen y se reúnen todas las llamas y fogosidades -de Augusto Comte, que, reflejadas así, abrasan, funden y volatilizan los -corazones. - -Es más, y vuelvo á mi símil de la linterna mágica; lo que pensado y -expuesto en París por Augusto Comte, visto de cerca, me parece pequeño, -como es pequeña la figurilla pintada en el vidrio, toma en el espíritu -de usted colosales y magníficas proporciones, como el espectro que va á -larga distancia á proyectarse en cándido muro. - -En las elocuentes páginas de la _Circular_ de usted palpitan brío tan -noble, amor tan entrañable del bien de la humanidad y fe tan poderosa, -que á pesar de mi maldito escepticismo hay momentos en que me dejo -arrebatar y traspongo, parodiando á Moisés, á la cumbre del monte Nebo, -y me parece que descubro la tierra prometida, ó por mejor decir, que veo -renovada toda la faz de la tierra y que la nueva Jerusalem baja -engalanada del cielo con vestiduras relucientes de fiesta sin fin y de -perenne consorcio. - -Por desgracia no es todo oro lo que reluce, y quién sabe si encajará -aquí como de molde la manoseada cita que dice: - - ¡Lástima grande - que no sea verdad tanta belleza! - -Casi todos los preceptos que impone usted al género humano para que -alcance sus más gloriosos destinos, son, á mi ver, tan sanos y -beatificantes que no hay más que pedir, y si los siguiésemos sería el -mundo un paraíso; pero aquí está el toque de la dificultad: en que usted -va á predicar en desierto, como predicó mi santo y otros, en que nadie -va á hacer caso de usted y en que todos van á continuar en sus vicios y -malas mañas. - -A usted se le antoja todo muy llano con tal de que el egoísmo se -convierta en altruísmo; pero ¿de qué medio nos valdremos para hacer esta -conversión? Yo no quisiera calumniar la naturaleza humana; yo reconozco, -aplaudo y proclamo los arranques generosos de que es capaz; pero ¿no -habrá en el fondo de nuestro sér algo de radicalmente egoísta? ¿Por qué -pasa siempre por axiomática la sentencia de que la caridad bien ordenada -empieza por uno mismo, sentencia que no pocas personas avillanan -transformándola en esta otra: cada cual arrima el ascua á su sardina? -Usted mismo destruye, contradice ó menoscaba el altruísmo en la -sentencia capital que pone al frente de su bello discurso. Vivamos, dice -usted, para los demás: la familia, la patria, la humanidad. - -Con esto concede usted cierta predilección á la patria sobre la -humanidad, y á la familia sobre la patria, de suerte que mientras más -estrecho es el círculo de los objetos amados, y más exclusivo es, y más -cerca está de nuestra persona, como si fuese emanación ó irradiación de -la persona misma, más activo es el amor que se le consagra. No hay -razón, pues, para que la progresión de amor quede incompleta, sin el -término que en el texto de usted le falta, y que viene á ponerse en él, -natural y forzosamente, traído por dialéctica impersonal é -irresistible. Así es que el que lea el precepto y se decida á seguirle -dirá en el fondo de su conciencia: yo amo y quiero amar á la humanidad y -comprendida en la humanidad á la patria, y comprendida en la patria á mi -familia, y comprendida en mi familia á mi persona. Con lo cual es -indudable que todo irá comprendido en el amor de la humanidad como en -superior predicamento: pero sucederá que mientras más alto y comprensivo -sea el término en esta escala de lo amable, más vacío estará de razones -y motivos para ser amado, ya que cada uno de los atributos que -constituyen las diferencias es en lo amable una razón y un motivo más -para que lo amemos. - -Amaremos á la humanidad por mil razones; pero dentro de la humanidad -está la patria, para cuyo amor hay, sobre las mil, quinientas razones -más; y dentro de la patria, la familia, con otras nuevas quinientas -razones, lo menos, y dentro de la familia, uno mismo, con todas las -razones que hay para amar á la humanidad, á la patria y á la familia, y -además con nuevas razones, fundadas en aquellos predicados ó atributos -que me diferencian, distinguen y determinan dentro de la humanidad, de -la patria y de la familia. Resulta, pues, que el altruísmo es falso, que -no se da dialécticamente, que sólo puede amarse uno á sí mismo sobre -todas las cosas, como no sea á Dios á quien ame. En mi sentir, uno puede -amar más que á sí mismo, no sólo á Dios, sino á todas sus criaturas, -cuando las ama por amor de Dios; pero sin este amor de Dios, uno se ama -á sí mismo más que á nadie. - -Entiéndase que hablo, según dialéctica: con fundamento racional. Yo no -niego que el ateo teórico ó práctico, el ateo que niega á Dios ó que le -arrincona y neutraliza, arda en caridad, que él llama altruísmo, pero -sostengo que entonces, con inconsecuencia dichosa y bella, ama á los -demás séres por amor de Dios, sin saberlo, y negando á Dios, y no viendo -el lazo misterioso que le une con los demás séres, y que es Dios y no -puede ser sino Dios. - -En este caso, la efusión generosa del amor, que se sobrepone al egoísmo, -provendrá de cierta inclinación sublime, de cierto ímpetu instintivo, de -cierto ciego impulso del alma que nos lance á la devoción, al -sacrificio, á buscar el bien de los demás, aun á costa del propio bien: -pero un sistema tan sabio como el de Augusto Comte no debe ni puede -fundarse en esto. Además, si el altruísmo fuese instintivo y congénito, -no sería educable ó asequible por educación. ¿Cómo íbamos á convertir en -altruísta al que fuese egoísta _a nativitate_? - -Y si se me dice que las ciencias sociales y políticas, exactas y -naturales, van á ordenar tan lindamente las cosas que acaben por hacer -de suerte que el interés bien entendido esté en ser altruísta, porque el -bien general vendrá á ser el mayor bien singular mío, y todo crimen, -todo delito, toda infracción de la ley moral, no será sino un error, una -mala inteligencia de mis propios intereses, una locura, en suma, diré -que no me parece muy probable que las ciencias lleguen á conseguir -tanto; pero que, si á tanto llegasen, no llegarían al altruísmo -verdadero, sino á que el egoísmo bien entendido produjese los mismos -efectos que el altruísmo más puro. Entonces, allá en la profundidad de -cada conciencia, en las intenciones, habría devoción y caridad, ó -sórdido interés y bellaquería; pero en toda acción ejecutada, no habría -sino necedad ó discreción, cordura ó locura. Los hombres, en la vida -práctica, no serían buenos ó malos, sino tontos ó discretos, cuerdos ó -locos. - -Ya ve usted que yo vengo á parar á una conclusión contraria á la de -usted. Quita usted á Dios como base de la moral, y yo concluyo, por -todos los caminos que tomo, por no hallar moral sin el concepto de Dios, -que le sirva de base. Y no por los premios y castigos con que la moral -se sanciona, lo cual es un sofisma de todos los ateístas al uso, sino -porque Dios es el objeto y el fin y la razón del amor, cuando el amor no -hace que nos amemos sobre todas las cosas. Dios es el centro de todo -bien, el foco de la caridad, la luz y el fuego, que enciende é ilumina -los corazones. Si usted le apaga nos quedamos fríos y á oscuras. - -Yo me encanto de leer la purísima moral que usted predica, y que no es -otra moral sino la cristiana; pero como usted me quita á Dios y me apaga -su luz, me entran ganas de decir á usted lo que le dijeron al mono que -enseñaba la linterna mágica con la luz apagada: - - ¿De qué sirve tu charla sempiterna, - si tienes apagada la linterna? - -No, Sr. Lagarrigue, un creyente en Dios, que hace obras de virtud, no -debe hacerlas por el egoísta interés de ganar el cielo, ni debe -abstenerse del pecado para que no le echen á freir en las calderas de -Pedro Botero, sino que debe decir á Dios: - - Aunque no hubiera cielo yo te amara - y aunque no hubiera infierno te temiera, - -y ser bueno por amor suyo, ó sea por amor del bien, no abstracto, sino -vivo y personificado en Dios. Porque ¿dónde ha visto usted que nadie se -enamore de abstracciones ó de generalidades sin sustancia? - -Yo soy más positivista que usted y que Augusto Comte, en el recto -sentido de la palabra, y no me cabe en la cabeza que nadie ame lo ideal, -sino como manifestación y apariencia, imagen ó trasunto de una realidad -soberana, ni puedo convertir el nombre genérico que se da al conjunto de -todos los hombres, y que es un concepto lógico vacío, en ser individuo, -objeto de mi amor, á quien unas veces llame yo _Humanidad_, otras _Ente -Supremo_, y otras _Virgen Madre_. - -Todavía comprendo yo, aunque no aplauda, que me niegue usted al real -Ente Supremo y á la Virgen Madre, real y efectiva, á quien llaman los -católicos María Santísima; pero lo que ya no se puede aguantar es que á -la gran multitud de negros, chinos, europeos, hotentotes, cafres, -indios, etc., me los sume usted bajo el denominador común de hombres y -luego me convierta en Dios y en Virgen Madre esta suma. - -Enójese usted ó no conmigo, he de decirle la verdad. Me aflige ver que -un entendimiento tan delicado y alto como el de usted, un juicio tan -sano y un corazón tan recto y amoroso, se trastornen y echen á perder -por esta pícara manía que nos entró, hace siglos, á casi todos los -españoles de nación, ó casta y lengua, de seguir las modas de París. Yo -confieso y declaro, sin envidia, si bien con algún estímulo de -emulación, que en París todo se hace mejor y con más arte y gracia, -desde la cocina y los trajes hasta los libros, pero elijamos, al menos, -lo mejor con atento y atinado criterio, ya que no inventemos y hagamos -algo original, no menos divertido, y no tan disparatado. - -De todos modos, el positivismo, tal como viene expuesto por usted en la -_Circular_, con superior elocuencia de lenguaje que la de Augusto Comte, -y con más poesía y entusiasmo que los de Emilio Littré, debe examinarse -y refutarse hasta donde en cartas brevísimas sea posible. - - -II. - -No comprendo que ningún optimista sea ateo, y menos comprendo aún que lo -sea usted, que es el más optimista de cuantos optimistas he conocido. - -Aunque yo no aplauda, me explico al pesimista tétrico que no acierta á -conciliar la bondad y el poder infinitos de Dios con el mal moral y -físico que hay en el mundo, y niega á Dios, prefiriendo la negación á la -blasfemia; pero, si el mal es transitorio y ha de venir al cabo á -resolverse en bien, resulta la plena justificación de Dios y el cumplido -acuerdo de su bondad y de su poder infinitos con la perfección y -excelencia de su obra, la cual aparece sin mancha, en la plenitud del -tiempo, así en cada singular criatura, como en el conjunto ó totalidad -de la creación entera. - -A mi ver, usted hace el más elocuente discurso que puede hacerse contra -los ateístas al sostener (no diré al probar) que todo está -_divinamente_; que cuanto existe va caminando á un fin dichoso, y que -esta escena del Universo y este drama de la Historia terminarán en el -más alegre desenlace, en una fiesta espléndida y en un perenne regocijo. - -¿Por qué hemos de excluir de esta fiesta á Dios, que es, á lo que -entiendo, quien nos la prepara? Paso porque excluyamos de la fiesta al -diablo, contra cuya voluntad y propósito se celebra; pero á Dios... me -parece una ingratitud y una grosería. - -Y, sin embargo, hasta sobre lo de excluir al diablo hay no poco que -decir. Discurramos, no metiéndonos en muchas honduras, sino como pudiera -discurrir un racionalista de medianos alcances. - -Tal vez, diremos entonces, allá en el horror de la caída del Imperio -romano y de la civilización antigua, y durante la ulterior tenebrosa -barbarie que duró hasta el Renacimiento, hubo de corroborarse el dogma -de las penas eternas; pero este dogma repugna á los hombres de nuestro -siglo por oponerse, á lo que ellos imaginan, á la bondad del Altísimo, á -quien convierte en tirano, enemigo de indultos y amnistías. ¿Quién sabe -si, por esto, los más ilustres Padres de la Iglesia griega, y muy -especialmente San Clemente de Alejandría, Orígenes y ambos Gregorios, de -Nacianzo y de Nyssa, dejándose arrebatar por las sublimes esperanzas que -había infundido en sus espíritus el cristianismo, concibieron la fin del -mundo según el gusto de ahora, creyendo que todo se resolvería en bien y -que hasta el diablo habría de reconciliarse con Dios y ser perdonado? -¿Cómo excluirle de la magnificencia y pompa de la fiesta final y del -júbilo perdurable? ¿Cómo no hacer que tenga término el dualismo, que la -redención se complete, y que haya bienaventuranza para todos, ora la -obtengan unos más tarde y otros más temprano? - -Sea de ello lo que sea, no cabe duda en que, así en la teología de toda -religión revelada, como en la teología natural, fundada sólo en humano y -racional discurso, es gran prueba de la existencia de Dios y hábil -refutación de los más válidos argumentos de los que la niegan el afirmar -la bondad infinita de la Providencia soberana y omnipotente. - -Para llegar al error, lo mismo que para llegar á la verdad, hay cierto -encadenamiento dialéctico. Cuando siguiéndolo, se llega por él á la -verdad, la verdad brilla más clara. Cuando se va por él hasta el error, -el sofisma se disimula, y el error tiene visos y vislumbres de razón y -de ciencia. Y, por el contrario, el error anti-dialéctico, parece aún -más disparatado, si cabe. - -Aplicado esto al ateísmo, se ve que el pesimista tiene fundamento -racional en su extravío. Si todo está mal, si el hombre está condenado -al infortunio, y si el Universo es un infierno y guerra perpétua la -vida, preferible es negar á Dios á abominar de él. Pero si está bien -todo, si nada puede estar mejor de lo que está, el ateísmo no se -concibe. - -Para mí es de toda evidencia que, así en el fondo de mi alma, como en el -fondo del alma de todo prójimo mío, dado que como usted, crea en la -felicidad, y dado que espere salvación, redención, buen éxito en -cualquiera cosa, está el convencimiento profundo de que ni él, ni -ningún semejante suyo, ni toda la suma de sus semejantes, basta á -salvarle, á redimirle, á hacer su ventura, y á ordenar las cosas todas -según un plan indefectible y diestramente trazado á fin de que vengan á -parar en general bienaventuranza y en colmo de bienes. Tiene, pues, que -suponer un sér inteligente y mil y mil veces más poderoso que él y que -todos los hombres habidos y por haber en lo futuro, á quien deba tantos -beneficios. - -De esta consideración, harto fácil de hacer, nace que yo juzgue muy -desatinado el ateísmo optimista y que no me inspire temor; que resulte -chistoso, por implicar de parte del ateo el más extremado alarde de -pueril vanidad, y que provoque á risa. - -De la que á mí me cause espero yo que usted no se enoje. No recae en la -persona, sino en la doctrina, que tantos y tantos filósofos y pensadores -comparten hoy con usted, porque está de moda el ateísmo. - -Entienden estos sujetos, que se jactan de ilustrados y progresistas, que -Dios entra en el número de los obstáculos tradicionales, supersticiones -y abusos, que todo buen liberal debe suprimir; que Dios es contrario á -la ciencia, que Dios es contrario al progreso, y que, pasada ya la edad -de la fe, y viviendo, como vivimos, en la edad de la razón, es menester -quitar á Dios del medio, como quien quita un estorbo. Así pensaba en -Europa Augusto Comte, así piensa la gran mayoría de sus discípulos, y -así piensan y predican, usted en Chile, en Méjico D. Jesús Ceballos -Dosamantes, á quien he escrito ya varias cartas, y en los Estados Unidos -el coronel Roberto Ingersoll, de quien, por ser americano como usted y -en Europa poco conocido, he de hablar con extensión en estas nuevas -cartas que la _Circular_ de usted me inspira. - -Para evitar logomaquias conviene distinguir bien á Dios en sí del -concepto ó idea que de Dios nos formamos, por más que sólo le conocemos -por este concepto ó idea, á la cual, univocándola con Dios, llamamos -Dios. - -Debemos decir con el místico alemán Novalis: «Lo que se dice de Dios no -me satisface, la _sobredivinidad_ es mi luz y mi vida.» Esto es, que el -verdadero Dios está muy por cima del concepto que yo de Dios me formo. Y -si Dios está hoy muy por cima del concepto que de él me formo, ¿cuánto -más no lo estaría del concepto que de él se formaban hasta los hombres -de mayor santidad y de mayor entendimiento hace diez, veinte ó treinta -siglos, en el seno de una sociedad bárbara y ruda, mucho menos moral, -más ignorante y más cruel mil veces que la de ahora? - -Cierto ingenioso amigo mío, glosando á su modo la célebre frase de que -Dios está _in fieri_, en el llegar á ser, lo cual es indudable si se -aplica á nuestro humano, racional y limitado concepto de Dios, siempre -deficiente aunque va siempre creciendo, decía que Dios hoy le llevaba -mucha ventaja, pero que dentro de cierto número de años, sería él y -valdría él mucho más que Dios ahora. Ocurriría, no obstante, que Dios en -este tiempo habría ganado tanto que se le adelantaría mil veces más que -ahora se le adelanta, y así hasta lo infinito, por manera que jamás su -mente, ni ninguna otra mente humana, lograría alcanzar y comprender á -Dios. - -Despojado esto de su aparato paradoxal, que le da trazas de blasfemia, -es afirmación juiciosa y hasta de mucha sustancia. Para el hombre que -vive en la sucesión de los tiempos, y que vive breve y trabajosa vida, -en el seno de las cosas finitas y caducas, no hay más forma de concebir -á Dios que prestándole cuantas cualidades hay en el hombre, elevadas por -la imaginación á infinita potencia. Si prescindimos, pues, del -fetichismo más irracional y grosero ó de un simbolismo anti-estético que -tal vez representa y adora las fuerzas naturales por medio de monstruos, -no hay religión ni teodicea ó filosofía de lo divino que no sea -antropomórfica. Sin duda por un esfuerzo de ingenio logramos abstraer de -este concepto de Dios la sustancia material y reducirle á puro espíritu; -pero este espíritu será siempre como el nuestro, magnificado y -sublimado, en cuanto vemos en él de mejor ó mejor nos parece. - -De lo dicho se deduce que cuando la humanidad, en un período de -civilización, ó el individuo, en un momento de su vida en que se ha -ilustrado y pulido algo más de lo que estaba, llega ó se figura que -llega á ponerse por cima del concepto que de Dios tenía, le deseche por -falso ó por incompleto. Entonces el que llega á tal situación de -espíritu hace una de estas tres cosas: ó forma de Dios otro concepto más -alto, ó venerando y respetando el concepto de Dios, que tuvo y que ha -desechado, prescinde ya de Dios en sí, porque le niega ó le supone -_incognoscible_, ó bien, no sólo niega á Dios, sino que se vuelve -furioso contra todo concepto que de él ha formado hasta su tiempo la -mente humana, en su marcha progresiva, á través de varias evoluciones. - -Esto último es lo más absurdo. Podemos llamarlo antiteísmo ó enemistad á -Dios. D. Jesús Ceballos Dosamantes y el coronel Roberto Ingarsoll son de -estos enemigos en el Nuevo Mundo. En este viejo mundo hay tantos, que -llenaría yo pliegos enteros con sólo citar nombres de los más famosos. - -Por dicha, usted no pertenece á esta clase, sino á la clase de los que -siguen el segundo camino. En esta clase hay mil grados y matices, pero, -en fin, casi todos los que á ella pertenecen tienen el buen tino y mejor -gusto de reverenciar las antiguas creencias religiosas, aun -desechándolas ya. En ellas ven, en cada momento histórico, en cada -evolución, la más fecunda causa de progreso y de mejora. El supremo sér -que imaginó el creyente fué, según ellos, el más alto ideal del hombre -mismo objetivado, ó digase _exteriorizado_, para servirle de guía y de -modelo. - -Augusto Comte, Littré y usted son así; pero usted de modo más terminante -y claro supera y vence á sus maestros en esta veneración de Dios en la -historia. Para usted no hay hombre que valga lo que San Pablo después de -Cristo y después de Augusto Comte. San Pablo para usted hubiera sido el -Apóstol de las gentes en el positivismo si hubiera nacido ahora, y el -más ferviente deseo que usted muestra es el de que le salga ó le salte á -Augusto Comte su respectivo San Pablo. - -El respeto de usted hacia lo pasado, la equidad de usted, el imparcial -criterio con que usted practica la máxima de _distingue los tiempos y -concordarás los derechos_, son tales que, después de San Pablo, no hay -hombre á quien usted ensalce más (y yo le aplaudo y me adhiero á las -alabanzas) que á nuestro admirable San Ignacio de Loyola. - -En todo esto, usted es fiel á Augusto Comte y á Emilio Littré; pero -usted es más claro, más franco y más explícito. Caro, cuando nos pinta -el estado del alma de Littré, después de haber negado, añade; «La -filosofía positiva vino á calmar todas las fluctuaciones de su espíritu, -fijando su nuevo punto de vista, que es tratar las teologías como un -producto histórico de la evolución humana, y convencernos de lo -_relativo_ de nuestro entendimiento, y no afirmar ni negar nada en -presencia de un inmenso _incognoscible_.» En nombre de la evolución -histórica, se reserva Littré el derecho de no ser «el menospreciador -absoluto del cristianismo y de reconocer sus grandezas y sus -beneficios.» Littré va más allá: Littré confiesa que «no siente ninguna -repugnancia á prestar oído á las cosas antiguas que le hablan en secreto -y le echan en cara el que las abandone». - -En esta situación de ánimo está usted lo mismo que Littré. Ambos piensan -ustedes que hay incompatibilidad entre toda teología y el moderno -concepto del mundo; pero ambos ven que las religiones entran en el -tejido íntimo de la historia del desenvolvimiento humano, y así, al -alabar este desenvolvimiento y la civilización á que nos ha traído, -alaban las religiones que han creado é informado dicha civilización. - -Y sin embargo, ambos niegan ustedes toda religión, si bien la niegan, no -porque quieren, sino porque suponen que no pueden menos de negarla. -Parodiando á Pío IX, dicen ustedes: _Non possumus._ - -Tenemos, pues, á ustedes ateos, imaginando que lo son á pesar suyo, -porque en el concepto del Dios de los creyentes no cabe el concepto que, -según la ciencia, tienen ustedes ó presumen tener de las cosas todas. - -El conflicto entre la razón y la fe, entre la religión y la ciencia, se -diría que es la causa de todo. No parece sino que es ahora nuevo y -recién nacido este conflicto, cuando en realidad, y entendido, no del -modo burdo que le entienden Draper, Büchner y otros materialistas, sino -por estilo sublime, es conflicto que existe desde que hubo hombre que se -puso á filosofar. Elevado este conflicto á su mayor altura, es raíz de -lo que llaman los místicos _contemplación negativa_, por la cual negamos -á Dios todo lo que por afirmación le atribuímos: destruímos el concepto -de Dios que por afirmación nos hemos formado. Y así, copiando aquí las -palabras del iluminado y extático padre fray Miguel de la Fuente, diré -«que Dios no es sustancia, porque es más que sustancia; ni es sér, -porque excede infinitamente á todo sér, ni es bondad, porque es mucho -más que toda bondad; y que Dios, en su sér esencial, no es grande, ni -hermoso, ni sabio, ni poderoso, como nosotros le conocemos y le -entendemos, porque es de otra muy diferente manera, la cual no la pueden -comprender ni alcanzar todos los entendimientos juntos de hombres y de -ángeles.»--«De aquí que cuanto lo supremo de nuestra alma puede entender -y pensar de Dios, no es Dios.» Muchos santos llaman á este altísimo -conocimiento de Dios ignorancia pura, tinieblas de luz inaccesible y -falta absoluta de proporción entre nuestra mente y el sér de Dios, por -lo cual, quien aspire á conocerle ha de cerrar los ojos. - -Augusto Comte, Littré y usted los cierran sin duda, pero de muy -distinta manera, y así se quedan sin el concepto de Dios por afirmación -y sin el más puro conocimiento de Dios que nace de la contemplación -negativa. - -Y como conservan ustedes la aspiración y el sentimiento religiosos, ya -sin objeto adecuado y condigno, inventan y procuran difundir la nueva -religión atea de la humanidad y de su progreso. - - -III. - -La moral que predica usted en su _Circular religiosa_ es, á mi ver, la -más pura moral cristiana, así en lo que es de precepto, cuya omisión ó -infracción es pecado, como en lo sublime, que puede llamarse de -exhortación y consejo, á donde no pueden llegar todos y que se pone como -término de la aspiración virtuosa. Usted convida á sus prójimos al -desinterés, á la devoción, al sacrificio. No hay virtud cristiana -cardinal que usted no recomiende é inculque. La prudencia, la justicia, -la paciencia, la generosidad, la longanimidad para perdonar las -injurias, la fidelidad en amistades y en amores, y hasta la castidad y -la continencia virgíneas. ¿Qué he de decir yo á esto sino que está muy -bien? ¡Ojalá que fuésemos todos tan buenos como usted quiere, que ya -andarían las cosas mejor y la tierra sería un trasunto ó antesala del -Paraíso! - -La diferencia, con todo, entre la moral cristiana y la moral de usted y -de los positivistas, no está en los preceptos y consejos, sino en la -base en que éstos se fundan. La moral cristiana tiene base sólida y -bastante para sostener todo el edificio. La moral de usted está en el -aire, ó al menos fundada sobre terreno movedizo, inseguro é -insuficiente. Usted, como Littré, funda la moral en razones empíricas y -mezquinas. Esto en cuanto al principio. En cuanto al fin, yo hallo que -ustedes los positivistas degradan y malean la moral sometiéndola á lo -útil, aunque sea lo útil colectivo, y buscándole un fin práctico fuera -de ella misma. - -Para mí, cuando están bien entendidos los términos, no hay discusión que -valga contra la sentencia que dice: «El arte por el arte.» Y lo que digo -en estética lo digo con más razón en moral. Yo no subordino lo bello á -lo bueno, ¿cómo he de subordinar lo bueno á lo útil? Si lo subordinase, -el fin justificaría los medios. La moralidad de cada acción se mediría -por el provecho que sacásemos ó que supiésemos que de ella íbamos á -sacar para muchas personas, ó para todas las que componen la nación ó -para todas las que componen el linaje humano. Esto sería muy peligroso y -nos llevaría, con pretexto ó motivo de hacer el bien, á incurrir en mil -faltas y delitos, convirtiéndonos, con desmedida soberbia, en delegados -y ejecutores de la Providencia ó del Destino. - -La Providencia, y para los que en ella no creen, el Destino inflexible, -es quien convierte el mal en bien, y no nosotros. Identificando lo bueno -y lo útil vendríamos á justificar mil actos horribles que no sería -difícil probar que tuvieron dichosísimos resultados. Tal tirano hizo que -triunfase en su país la unidad nacional, ejecutando infinitas -barbaridades: tales bandidos fundaron la libertad y la independencia de -su pueblo, y aun extremando el argumento, bien se podría sostener que -Caifás y Poncio Pilatos son dignos de gratitud y de encomio, ya que -concurrieron como el que más, á la Redención, haciendo que crucificasen -á Cristo. Filósofos modernos y exegetas hay, como Bruno Bauer y otros, -que han hecho, siguiendo este modo de argumentar, la más brillante -apología de Judas Iscariote. - -En cambio, cuando la moral pone en ella misma su fin, y no convierte en -instrumento providencial consciente á cada individuo, la máxima del fin -justifica los medios queda condenada y aparece en su lugar la hermosa -máxima que dice: _fiat justitia et ruat cœlum_. - -No vale la distinción entre el egoísmo y el altruísmo. No es para -nosotros la utilidad más ó menos general la medida de la moralidad de -las acciones. El hombre bueno ó justo hace lo que debe, suceda lo que -suceda, aunque el universo se hunda. - -Para el que tiene fe todo es sencillo y no hay conflicto posible. -Cualquier acto suyo es el cumplimiento de un mandato del cielo. Acaso -no prevé su utilidad; pero en un sentido elevado, en el plan divino del -conjunto de las cosas y de los sucesos, su acto será útil, si bien él le -hace, no porque va á ser útil, sino porque hay una ley que se le -prescribe. - -Cuando en ocasiones, ó ya en la vida real, ó ya en dramas y novelas, -vemos alguna virtud muy calamitosa, y sentimos cierto deseo de que el -héroe ó la heroína de la historia afloje un poquito en virtud que tantos -infortunios acarrea, es porque estamos relajados, es porque no damos -grande importancia al precepto moral, con cuya infracción se evitarían -por lo pronto las calamidades. - -No hace mucho tiempo asistí yo á la representación de un drama francés, -cuya heroína es una comedianta. - -No es _La Tosca_; es otro nombre italiano de otra _prima donna_, del -cual, por más que hago, no logro ahora acordarme. Pero el nombre importa -poco. Lo que importa es el caso, y el caso es que la comedianta es tan -severa y tan púdica que de resultas unos se suicidan, otros se matan en -desafío, otros son perseguidos por no sé qué tirano, y otros se mueren -de hambre y de miseria. Si la comedianta, en vez de ser tan cogotuda, -hubiese sido, como hablando de la feroz Lucrecia dice Lope en cierto -famoso soneto, - -.....más blanda y menos necia, - -se hubieran ahorrado todos aquellos trabajos y desazones. - -Pero claro está que esta idea de mirar la virtud como perjuicio y -estorbo, ocurre porque la virtud es falsa, porque en el drama ó en el -caso real se nota _sensiblería_ de mal gusto que excita á tan grotesca -broma. - -Cuentan que el infante D. Alfonso de Portugal disgustadísimo con que -Amadís, por ser tan fiel á Oriana, tuviese tan desesperada á la princesa -Briolanja, enamorada de él, hizo que el autor portugués de un nuevo -Amadís, ablandase el corazón de este héroe y le moviese á ser -caritativamente infiel, por donde se salvó la vida de aquella augusta y -hermosa señora, y aun se dió vida á dos principillos gemelos, con ligero -menoscabo de la gentil Oriana. Pero luego Garci-Ordóñez de Montalvo -volvió á poner la verdad en su punto, y convirtió á Amadís á su -inmaculada fidelidad primitiva, sin la cual no hubiera acabado jamás la -aventura de la Insula Firme, pasando por debajo del arco de los leales -amadores, porque la estatua encantada le hubiera derribado con el -espantoso son de su trompeta, en vez de celebrar su honestidad y su -triunfo con una clarinada melodiosa y apacible. - -Más patente se ve aún el peligro de subordinar lo bueno á lo útil, ó de -identificar ambas calidades, en el cuento de Voltaire, titulado -«Cosi-Santa», linda dama de Hipona, cuya fidelidad conyugal dió ocasión -á crímenes y desventuras, y que luego, con ser tres veces infiel y con -tres distintos galanes, salvó la vida de su marido, de su hermano y de -su hijo. Por donde supone Voltaire que Cosi-Santa murió en olor de -santidad y hasta que la canonizaron y pusieron en su sepulcro: - - Chico mal y mucho bien. - -Y tal vez el infante D. Alfonso de Portugal y Voltaire y otros muchos -sujetos así, de manga ancha, tendrían razón, si lo útil y lo bueno se -confundiesen: si no hubiese, por cima y con plena independencia de toda -utilidad, el deber, el decoro y la honra; si no resonase con imperio en -el fondo de nuestra alma aquel mandato que tan bien expresa Juvenal, aun -siendo gentil, estigmatizando al que consiente en - -.....vítam preferre pudori - Et propter vitam vivendi perdere causas. - -Lo singular es que Littré, en el escrito titulado _Origen de la idea de -justicia_, conviene en la distinción entre lo bueno y justo y lo útil. -Dice que los que confunden lo útil con lo justo «causan detrimento al -rigor de las nociones y á la claridad de las cosas.» Y confiesa también -Littré que la inmoralidad inspira aversión; que es espontáneamente -odiada y despreciada, aunque no cause ningún perjuicio. Después añade: -«Cuando obedecemos á la justicia, obedecemos á convicciones muy -semejantes á las que nos impone la vista de la verdad. De ambos lados -es mandato el asentimiento: ya el mandato se llame demostración, ya se -llame deber.» - -Tenemos, pues, que el deber no nace empíricamente y por experiencia, -sino que se impone con imperio y graba sus irrevocables preceptos en la -conciencia por buril penetrante y con indeleble escritura. - -Imposible parece que, después de esta afirmación de lo absoluto, de lo -imperativo y de lo independiente y superior á lo útil que es lo justo, -venga Littré á fundar la idea de la justicia y de toda moral en la -concordancia ó equilibrio de dos impulsos, del egoísmo y del altruísmo. -Y más insuficiente, ruín y frágil aparece aún el fundamento de Littré -cuando añade que dicho egoísmo y dicho altruísmo proceden de dos -necesidades del hombre: la de alimentarse y la de propagar la especie. - -Aunque me tilden de criticón y descontentadizo, ¿cómo no he de reirme y -burlarme de estos descubrimientos de la ciencia novísima, ciencia de -experiencia, de observación, que no da brincos, que va con pies de plomo -y con el método más severo, y que después de mucho afanar, se descuelga -con semejantes antiguallas, olvidadas ya de puro sabidas? - -¿Quién ha de negar que dos cosas mueven al hombre, según afirma -Aristóteles, chistosamente citado por el famoso Juan Ruiz, arcipreste de -Hita; _mantenencia y ayuntamiento con fembra_? Es verdad que el deseo -de mantenerse y el de propagarse son los dos móviles primeros de todo -sér con vida; de - - Omes, aves, animalias, toda bestia de cueva. - -como sigue explicando el bueno de arcipreste; pero es desatino poner en -el hambre y en la lujuria el origen de ideas, de sentimientos y de -pasiones de superior elevación. - -Sin duda que el arcipreste no escasea merecidas alabanzas al amor, -encareciendo sus benéficos milagros: al hombre rudo le vuelve _sotil_, -al cobarde valiente, al perezoso listo, y al mudo _fablador lozano_; -pero si dejamos á un lado agudezas y discreciones ingeniosas, y -consideramos el asunto con juicio recto, jamás sacaremos del afán de -mantenencia y de ayuntamiento nada que nos distinga mucho de las -_animalias_ y de las _bestias de cueva_. Nuestro altruísmo se quedará en -raíz, en su embrión inicial y bestial, y no logrará elevarse sobre la -tierra, transfigurado gloriosamente en amor de la patria, en amor de la -humanidad toda, y hasta en amor de Dios, pues aunque para los -positivistas no haya Dios, los positivistas no pueden negar que el amor -de lo sobrenatural y divino se da en el alma humana, aunque carezca de -objeto. - -El gorrión y el mico tienen más altruísmo inicial ó radical que nosotros -y, sin embargo, no salen místicos, ni patriotas, ni mártires, entre los -micos y entre los gorriones; y en punto á progreso y mejoras siguen -estacionarios. - -Aun cuando concediésemos que el altruísmo no es más que el instinto -sexual trasformado en devoción, todavía no explica esto la idea de la -justicia. Al decir Littré que la justicia es el equilibrio entre el -altruísmo y el egoísmo, pone sin caer en cuenta algo que no es altruísmo -ni egoísmo: la causa de ese equilibrio, la virtud que tiene en su fiel -la balanza, la justicia misma, que es la moderadora de ambas tendencias, -en vez de nacer de ellas. - -Otro no menos sofístico origen empírico de la justicia imagina Littré: -la idea de indemnización. Causamos un daño y es menester subsanarle, á -fin de que el perjudicado no cause otro mayor mal. - -Para evitar que nadie se indemnice ó se vengue por su mano, se funda la -autoridad pública. Y el castigo, además de ser como venganza, es como -freno, es como escarmiento saludable. - -Littré queda satisfecho con su explicación; pero yo creo que nada ha -explicado. Aun retrocediendo con la imaginación á siglos remotos y -sociedades bárbaras, todavía no es la justicia ni venganza, ni -indemnización, ni medio de conservar el orden por temor del castigo, -sino la virtud que regula y ejerce la indemnización, el castigo y aun la -venganza, á fin de que indemnización, venganza y castigo sean justos. - -Vuelvo, después de lo dicho, á mi primera afirmación: la moral de usted -es muy buena, pero carece de base. - -La moral no puede fundarse empíricamente; tiene que fundarse en una -metafísica ó en una teología, y sus maestros de usted, Comte y Littré, -arrojan del reino del espíritu á la teología y á la metafísica. - -La teología fué primero. Por ella se empezó á educar la humanidad, -pasando sucesivamente por el fetichismo, el politeísmo y el monoteísmo. - -De la teología, que se fundaba en autoridad, se pasó á la metafísica, -que quiso fundar en raciocinio el conocimiento de lo trascendental y -absoluto. Pero según los maestros de usted, pasó la metafísica como la -teología había pasado. - -Para ellos, en la historia de la civilización hay tres grandes períodos: -el teológico, el metafísico y el positivo. Ahora estamos ya en el tercer -período. El rasgo esencial que le caracteriza es el extrañamiento de la -metafísica: su exclusión de la enciclopedia, de toda la ciencia, del -cuadro de los conocimientos humanos. Este cuadro se compone de -matemáticas, astronomía, física, química, biología y ciencia social. - -Littré se desata en alabanzas de tan rara y fecunda invención de su -maestro, y la encuentra llena de armonía. - -No ve ó no quiere ver una gravísima discordancia que lo invalida todo. -El método de la ciencia primera, de las matemáticas, es distinto del -método de las otras ciencias y hace de las matemáticas como órgano ó -instrumento que habilita á la mente humana para adquirir la verdad. - -Las matemáticas parten de principios inconcusos y proceden por -deducción. Las otras ciencias parten de la observación de los hechos y -se elevan á las leyes generales. Resulta de aquí que para que la -observación y la experiencia sean fecundas y no erróneas, tenemos en las -matemáticas guía infalible, pero sólo en lo que se refiere á la -cantidad, al más y al menos. Y como por desgracia no hay matemáticas de -la calidad (sobre todo para los que niegan la metafísica), la -experiencia y la observación dan mezquinísimos ó erróneos resultados en -cuanto á la cantidad no se refiere. - -Esta carencia de guía en lo que no es meramente cantidad se nota cada -vez más mientras más complicada va siendo la ciencia. En la astronomía -apenas se nota, porque apenas se emplea la astronomía sino en medir y en -pesar ó en evaluar masas, tamaños, fuerzas y movimientos. En física y en -química, ya la carencia de matemáticas de calidad se advierte bastante -más. En biología la dificultad crece, y por último en la ciencia social -(moral y política) llega la dificultad á su colmo. - -Y sin embargo, á mi ver, el recto juicio, la elevación de miras y la -serena imparcialidad en la contemplación y estudio de los sucesos -humanos, se sobreponen en Comte, en Littré y en usted, á esa ciega -negación de la metafísica y hacen que, sin querer, empleen ustedes á -veces la mejor metafísica á par que la niegan, y que digan y sostengan -cosas que á mí me parecen razonables y justísimas, por más que no vea -yo, ni nadie, cómo las infieren sólo de la observación, de la -experiencia y de las matemáticas. Que hay un orden y un plan en la -historia cuya ley es el progreso; que Europa está predestinada y cumple -esta ley desde hace cerca de tres mil años; que las naciones que en la -antigüedad hicieron más por este progreso fueron Grecia y Roma; que en -los tiempos modernos ni los adelantos en las ciencias, ni la perfección -de las bellas artes, ni el brillo de la literatura, ni el desarrollo de -la industria se explicarían, como dice Littré, si se suprimiese uno solo -de los grandes órganos del espíritu de la humanidad: Italia, España, -Francia, Inglaterra y Alemania. Todo esto me parece muy atinado. Yo voy -casi hasta á dar la razón á Littré cuando afirma que los tres tiranos -más retrógrados, los que más se han opuesto á la ley del progreso, han -sido Juliano el Apóstata, Felipe II y Napoleón I. - -Lo que me aflige y lo que me llevaría á perdonar á Juliano el Apóstata, -á Felipe II y á Napoleón I el haber sido tan retrógrados, es la idea de -usted de que el término de tanto progreso será convertir á la Santísima -Trinidad en Humanidad, Tierra y Espacio, tres personas, una de las -cuales, la Humanidad, es además la Virgen Madre á quien, según usted -asegura, hubiera adorado Fray Luis de Granada si hubiera vivido en -nuestros días. - -Siento extenderme demasiado, pero yo deseo rebatir ciertas ideas de -usted y de sus dos maestros, y demostrar que con Santísima Trinidad por -el estilo y Virgen Madre tan rara, no son posibles moral, política y -ciencia social con lógicos y sólidos fundamentos. - - -IV. - - -Cuando alguien censura la prolijidad y el reposo con que voy estudiando -el folleto de usted, digo yo para disculparme que en él se tocan todas -las cuestiones y que su propósito es la renovación del mundo, convertido -en Edén luminoso, la paz perpétua, el _crecimiento harmónico de la -sociocracia universal_ y otras mil estupendas é inauditas felicidades. -El asunto merece, pues, que le consideremos con atención. - -Todo ello y más ha de lograrse con una buena moral; la de usted es -excelente, y yo no niego que la moral es medio adecuado y eficaz para -llegar á donde nos proponemos. - -En lo que no estoy conforme es en que la buena moral pueda existir sin -un fundamento metafísico ó religioso. - -No veo la necesidad, ni siquiera la conveniencia de esa impiedad de que -usted hace alarde y que cuenta hoy con ilustres divulgadores y -apóstoles en todo el Nuevo Mundo. - -No demuestra esto que las creencias se vayan perdiendo ahí, sino la -actividad intelectual y la libertad completa de conciencia y de palabra, -la cual da razón de sí, tanto en el aumento y prosperidad de la Iglesia -católica, que levanta en Nueva York y en otras grandes ciudades -catedrales espléndidas, como en el nacimiento de sectas cristianas -disidentes; como en la propagación de las más extrañas religiones, por -ejemplo la de Budha, que ya tiene en Boston sectarios y templo; como en -la predicación del ateísmo en todos sus grados. - -El más singular, ingenioso y elocuente predicador del ateísmo en toda -América es, en mi sentir, el coronel Roberto Ingersoll. Hombre de no -escaso saber, de variadísima lectura, atento y enterado de cuanto se -piensa en Europa, se puede afirmar que es un positivista como usted. -Véase lo que dice de Augusto Comte. - -«En el cerebro de este hombre grande despuntó la aurora del día dichoso -en que la humanidad será la única religión, el bien el único Dios, la -felicidad general el único propósito, la indemnización la única pena, el -error el único pecado, y el afecto, guiado por la inteligencia, el único -Salvador del mundo. Esta aurora enriqueció la pobreza de Augusto Comte, -iluminó las tinieblas de su vida, pobló su soledad con millones de seres -que han de nacer para la progresiva ventura, y llenó sus ojos de -tiernas lágrimas de satisfacción y de orgullo. La gloria de Napoleón se -disipará: sólo se recordarán sus crímenes: y Augusto Comte será -fervorosamente acatado y amado como bienhechor de la especie humana.» - -A fin de llegar á esta meta en la carrera de nuestro progreso, á fin de -entrar en el Edén y gozar de todos los sazonados frutos del árbol de la -ciencia, importa arrojar á empellones al querubín de la superstición que -defiende la puerta, y arrancar de su diestra la espada de fuego. - -Por esto Ingersoll es más enemigo que usted de la religión, y de Dios -sobre todo. - -Para él, uno de los más benéficos sabios que hay ahora en la docta -Alemania, es Ernesto Hæckel, «no sólo porque ha demostrado las teorías -de Darwin, sino también la _monística_ concepción del mundo. Hæckel ha -demostrado que no hubo, ni hay, ni pudo haber Creador de cosa alguna. -Ingersoll celebra mucho también á Herberto Spencer, pero se le deja -atrás. Conviene con él en que toda ciencia nace de la observación de los -sentidos: pero no se limita al _agnosticismo_ de lo demás. Al poner lo -desconocido, lo tal vez para siempre _incognoscible_, se afirma en -cierto modo que existe ó que puede existir. Dios es, por lo menos, una -conjetura. Y si para la ciencia de nada sirve, Dios queda para que el -alma humana llegue á él por la fe y por el amor, y de él se valga para -fundar sociedad, leyes y preceptos morales. - -Nótese cómo del _agnosticismo_ pudiéramos llegar á un sistema irracional -profundamente religioso. Al cabo Bonald, de Maistre y Donoso Cortés, no -llegaron de otra suerte á su empecatada y tiránica teocracia. - -De aquí que Ingersoll no se contente con ser _agnóstico_. No dice que no -sabe de Dios, sino rotundamente niega que exista. Así lo va predicando -por escrito y con la palabra hablada. - -Es Ingersoll alto y fuerte, hermoso de rostro, blanco y rubio, casi sin -barba, simpático y elocuentísimo. Da conferencias en teatros y en -grandes salones, ya á duro ya á dos duros la entrada, y la multitud -acude á oirle y le aplaude con entusiasmo. Sus discursos tienen todos -los tonos. Ya son tan floridos, líricos y abundantes como los de -Castelar, á pesar de la concisión de la lengua inglesa, ya patéticos y -tiernos, ya trágicos y terribles, ya chistosos y amenos hasta rayar en -la chocarrería. Su casa está en Washington donde vive elegantísimamente, -entre pinturas y lindos objetos de arte, pero de vez en cuando sale á -predicar, y ya predica en Filadelfia, ya en Nueva Orleans, ya en San -Francisco, ya en Chicago. - -Sus conferencias corren impresas en lujosas ediciones, de que se venden -miles y miles de ejemplares. - -Para el vulgo pobre se ha hecho en Chicago un Catecismo ó _Vademecum_, -titulado _Ingersolia, joyas del pensamiento_, donde está reunido lo más -sustancial y capital de este apóstol. - -Coincide Ingersoll con usted en el profundo, y á mi ver, sincero amor á -la humanidad; pero se extrema más aún que usted en creer lo contrario de -lo que piensan los deístas y los católicos: en que ese amor á la -humanidad se funda en el amor de Dios. Para Ingersoll el amor de Dios se -opone al de la humanidad, y por eso le odia. Uno de sus argumentos es -decir que, si Dios se le llevase al cielo y él supiese allí que su -mujer, ó algún hijo suyo, ó algún amigo, mientras que Dios le daba á él -bienaventuranza, estaba atormentado en el infierno por toda una -eternidad y con atroces castigos, sería él un villano y un miserable si -no dijese á Dios: ó tráigame aquí también á los míos, y no me los -maltrate tan ferozmente, ó envíeme con ellos, que yo no quiero esta -infame gloria que me concede. - -Harto se nota que tales argumentos podrán ir contra determinados dogmas -de ésta ó de aquella religión positiva, por los cuales dogmas volverán -los teólogos de la dicha religión; pero en nada quebrantan la firmeza -del alto concepto metafísico y racional que de Dios nos formamos. - -Por lo demás, en la moral y en los arreglos, usted é Ingersoll -coinciden, salvo que en la _Circular_ no entra usted en tantos -pormenores como el yankee. - -Su moral parte de la sentencia famosa _mens sana in corpore sano_. - -De aquí que Ingersoll dé muchas reglas para la higiene y buena -alimentación. _Good cooking is the basis of civilization._ La buena -cocina, dice, es la base de la civilización. Así es que el Coronel -recomienda á todas las mujeres que aprendan á guisar y á todos los -maridos que den qué guisar en abundancia á sus mujeres. Sin esto no hay -rica sangre en las venas, ni pensamientos sublimes, ni valor, ni -paciencia, ni nobles impulsos. Todo proviene de buenos y suculentos -_beefsteaks_. Así es que Ingersoll quiere que un beefsteak se haga muy -bien: explica el modo de hacerle; y propone que se promulgue una ley -castigando como un crimen, con bastantes días de cárcel en negro -calabozo, al que ó á la que condimente un beefsteak malo, sobre todo -echando á perder un buen solomillo. En suma, el arte culinario es para -Ingersoll una de las bellas artes. Es como la música y la poesía, y -además da sér á la poesía y á la música. - -Pero elevándose luego Ingersoll, no es menos sublime que usted en sus -moralidades. - -La mujer no se puede quejar de los positivistas; todos la adoran, todos -la ponen por las nubes. Ninguno quiere, es cierto, que sea electora, ni -guerrera, ni diputada, ni ministra; pero es porque todos le dan más alta -misión y más hermoso empleo. La mujer será la diosa, la santa, la musa, -lo ideal, lo celeste. Cuando estemos en pleno positivismo, la mujer, -como dice usted, desplegará mayor virtud, alcanzará felicidad y gloria -sin iguales. «Fuente inagotable de los más puros afectos, ella será el -símbolo de la abnegación y de la ternura. En la más augusta de las -funciones, la de madre, creará fervientes servidores de la humanidad; en -su carácter de esposa, endulzará la existencia del hombre y le alentará -al cumplimiento de sus deberes; como hija, fortalecerá en el padre el -más altruísta de los sentimientos, la bondad. Para todas las condiciones -sociales será la mujer divina Providencia. Su santa imagen resplandecerá -en los altares, domésticos y públicos.» - -Antes de que llegue el triunfo del positivismo, la mujer hará más que el -hombre para este triunfo. Usted así lo espera, y sobre todo de la mujer -española ó de casta española, ya que es de la casta ó patria de la -sublime Santa Teresa. Unas, las escritoras, guiarán á los hombres con -sus escritos. Otras, presidiendo el salón social, ejercerán influjo -intenso y saludable. «Coronadas de modestia, dulzura y pureza, reinarán -sobre los hombres, encaminándolos con persuasivas insinuaciones al -positivismo. Talentos perdidos, voluntades inertes, recibirán de ellas -luz y vida. A cuantos las conozcan alcanzará su radiante inspiración. Y -muchos seres decaidos, que veían ya cerrada la senda de una digna -existencia, emprenderán, regenerados del todo y sin mirar hacia atrás, -una fructuosa carrera de servidores del linaje humano. Esas santas -mujeres serán, ciertamente, madres espirituales de innumerables hombres, -hechos de nuevo con su bendito influjo. Completamente desinteresadas en -su celo religioso, gozarán de altruísta satisfacción al ver cómo -aumentan los buenos obreros, crece la buena doctrina y la sociedad se -reconstituye sobre bases inconmovibles.» - -Ingersoll no es menos entusiasta que usted de las mujeres. «Los hombres, -dice, son encinas, las mujeres vides y los niños flores; y, si hay -cielo, la familia es el cielo. El cielo está donde la mujer ama á su -marido y el marido ama á su mujer y los redonditos brazos (_dimpled_, -con hoyuelos) de los niños enlazan el cuello de ambos.» - -En el hogar está el templo, la bienaventuranza, la gloria del hombre, y -de este templo es la mujer divinidad y sacerdotisa á la vez. Sin este -templo, el mundo sería un horror, y los seres humanos bestias feroces. -Así da Ingersoll á la mujer no menos redentora, beatificante é -inspiradora misión que la que usted le atribuye. Para ello entra en -pormenores y hasta prescribe que la mujer se vista y se adorne mucho, -con aseo y de última moda. «Yo digo á toda muchacha y á toda mujer, -aunque la tela del vestido sea barata y ordinaria, que el vestido esté -cortado y hecho _in the fashion_. Gusto también de joyas. Alguien -censura como uso bárbaro el llevar muchos dijes; pero, á mi ver, el -llevarlos es la primera prueba que da la persona bárbara de que desea -civilizarse. El adorno está en nuestra condición natural, y tal deseo se -advierte por donde quiera y en todo. A veces imagino que este deseo, -sentido por la tierra, hizo brotar las flores, pintó las alas de -mariposas y libélulas, cuajó las perlas en las conchas, y dió á los -pájaros su plumaje y su canto. ¡Oh, mujeres solteras y casadas, si -queréis ser amadas, adornaos, y si queréis estar bien adornadas, sed -hermosas!» - -Justo es confesar que el respeto, el amor y la delicada consideración á -la mujer en ningún país rayan más alto que en los Estados Unidos. Los -hombres, luchando allí con la naturaleza para domarla y hacerla útil á -nuestra especie, buscando ó creando la riqueza, y en otros negocios -prácticos, que son raíz de la poesía, pero no son la poesía, dejan y -casi prescriben que sean poéticas las mujeres. Ellas procuran cumplir la -prescripción, y con frecuencia la cumplen. Suelen ser bonitas y -gallardas. Con cierta libertad é independencia, que les dan el carácter -y la costumbre, en los ademanes, en la palabra y hasta en el andar, -tienen lozanía, majestad y brioso aunque honesto desenfado, como el de -Diana cazadora. El respeto de que todos los hombres las rodean, sin -piropearlas con impertinente grosería, cuando las ven solas, hace que -puedan ir solas sin que las vigile ó las _chaperone_ ninguna dueña. Y -sin pedantería, sino naturalmente, estudian mucho de ciencias, y de -literatura, y á veces hablan varias lenguas vivas, y no es raro que -sepan también latín y griego. - -De aquí que esa misión civilizadora, beatificante é inspiradora de la -mujer, tal vez no se ve más clara, en parte alguna, que en los Estados -Unidos. - -La hermana del actual presidente de aquella república, miss Rosa Isabel -Cleveland, notable escritora, ha querido cifrar y condensar, en el más -elocuente y sentido de sus Estudios, esta misión de la mujer. Estriba en -una virtud que miss Cleveland llama _fe altruísta_, y éste es también el -título de su Estudio. - -Por dicha para todos nosotros, aunque sea desgracia para usted, para -Ingersoll, y aun para Comte y Littré, esta _fe altruísta_, ó dígase fe -en otro y no sólo en uno mismo, brota, según la hermana del presidente, -no de la negación de Dios, sino de la fe en Dios. - -La mujer es más capaz de fe que el hombre, y esto la habilita para -ejercer una función social de la mayor trascendencia: descubrir la -aptitud del amigo, del hijo, del hermano, del amante ó del esposo, -revelar á él su propio valer, alentarle y entusiasmarle, y darle impulso -para que cumpla su vocación y su destino. - -El prototipo y dechado de esta fe _altruísta_ le halla miss Cleveland en -Cadiyah, primera mujer de Mahoma, que descubrió cuánto valía Mahoma, y -le amó y le animó y le confortó cuando por los hombres todos era -desdeñado. El Profeta, victorioso ya y en toda su gloria, recordaba -siempre con lágrimas de amor á su Cadiyah, que murió anciana, y no se -consolaba de haberla perdido. Su hermosa y joven esposa, Ayesha, le -dijo, «¿Por qué no te consuelas? ¿No era ya anciana? ¿No te ha dado -Dios, en lugar suyo, otra mujer mejor?» El Profeta respondió entonces -con efusión de honrada gratitud. «No hubo nunca mujer mejor que ella. -Ella creyó en mí cuando los hombres me despreciaban.» - -Yo encuentro este oficio muy propio de la mujer y creo que ella con -frecuencia le ha ejercido. Por cada Onfale, por cada Dalila, causa de -perdición de Hércules y de Sansones, ha habido siempre miles de Cadiyahs -para todos los Mahomas chicos y grandes. - -El oficio, sin embargo, no he de negar yo que es para la mujer harto -peligroso. El primer peligro es el engaño en que puede caer la mujer, -creyendo descubrir la aptitud de sabio, de poeta, de héroe ó de santo; -en el hombre que tal vez la atrae y la fascina por otras aptitudes. Y es -el segundo peligro que, aun no equivocándose en el descubrimiento de la -buena aptitud, puede ocurrir que la mujer descubridora la halle en -hombre que sea, en todo lo demás, indigno, perverso é ingrato. Cadiyah -acertó en todo con su Mahoma; pero no acertó en todo, por ejemplo, Mad. -de Warens con su Rousseau. Sin ella Rousseau quizás no hubiera sido -nunca mucho más que lacayo; pero Rousseau, en lo tocante á gratitud, -siguió lacayo y se quedó á infinita distancia de Mahoma. - -Pongo aquí esto como aviso y reparo para que las mujeres, cuando -_cadiyehen_, lo hagan con la debida circunspección; pero lejos de tirar -á la invalidación del discurso de Miss Cleveland, le aplaudo y acepto la -doctrina. Nada más útil y agradable que el _cadiyého_. Es verdad que -madres y hermanas pueden ser Cadiyahs; pero lo más común es que lo sean -las enamoradas. Por eso el _cadiyého_ está en íntima relación con el -_flirt_. - -En el Maestro de ustedes, en el Mahoma de ustedes, en Augusto Comte, se -advierte la verdad de esto que digo. Su verdadera Cadiyah es la amiga; -es Clotilde de Vaux. Las otras dos mujeres son como _a-lateres_ y nada -más. - -La una resucita en el recuerdo evocado por Clotilde: la otra es como -apéndice del afecto á Clotilde: Rosalía Boyer, madre del Maestro, y -Sofía Bliaux, su hija adoptiva. - -Entusiasmado usted con esto, coincide con miss Cleveland en la -exaltación de la mujer y en su nobilísima misión de descubridora y -aguzadora de aptitudes. Elocuentísimo está usted en todo esto, y -quisiera yo citar mucho de lo que usted dice; pero aquí no cabe. Baste -con algo. - -«Preciosa--dice usted--es la intervención de la mujer en las labores del -hombre. Dada su índole altruísta, ella es quien sabe despertar las más -santas emociones de donde sólo emanan acciones fecundas. En este sentido -idealizóla la antigüedad en las Musas, y la Edad Media en la Virgen -Madre, que resume á las Musas completamente purificadas. Pero cábele al -Dante la gloria insigne de haber cantado proféticamente en su -maravilloso poema la función normal de la mujer. Es su amada Beatriz -quien le salva de sus extravíos, quien disipa las dudas de su espíritu, -quien _enciela_ su alma.» - -De esta suerte convierte usted á Dante en uno de los precursores del -positivismo. - - - - -ESPAÑA DESDE CHILE - -(Á DON JORGE HUNEEUS GANA) - - -No puede usted figurarse, distinguido y generoso amigo, el susto que me -ha causado, sin quererlo ni preverlo. - -Hace justamente tres años recibí una carta de usted pidiéndome noticias -sobre mi persona y escritos y sobre literatura española en general. Era -tan amable la carta, que, si bien yo no conocía á usted y apenas atiné -entonces á descifrar la firma, no quise dejar la carta sin contestación. -Tomé la pluma y contesté á todo correr lo que se me ocurrió en aquel -momento. - -Yo no hago borrador de nada mío, y menos de cartas. Aunque hiciera -borrador no le guardaría. - -En cuanto á las cartas que recibo, rompo las más. Sólo reservo las muy -interesantes. La de usted, sin lisonja, hubo de parecérmelo. Doy por -evidente que la reservé sin romperla. - -Pero en el resultado final confieso que es idéntico que yo rasgue ó -guarde las cartas. Guardarlas equivale á echarlas en un caos, en un -abismo; tal es el desorden de mis papeles. Y cuando el cúmulo de ellos, -que en este abismo cae, rebosa, digámoslo así, ya en una mudanza, ya en -un viaje, ya sólo por obra y gracia de la limpieza ordinaria, la escoba -del criado, el fuego ó bien otro elemento destructor se los lleva ó los -consume. - -No ha de extrañar usted ni atribuir á poco aprecio de parte mía el que -yo ignore si la carta de usted se destruyó ó está aún escondida entre -papeles míos. Cúlpese mi falta de orden, falta que lamento, pero de la -que nunca supe ni sabré enmendarme. - -Apunto aquí todo esto para explicar con franqueza por que á poco sin -duda de recibir la carta de usted y de contestar á ella, tenía yo -completamente olvidadas la carta y la contestación. A los tres años -(perdónemelo usted) yo, dada mi condición natural, no podía recordar á -usted ni menos que le había escrito. - -De aquí mi sorpresa y mi sobresalto cuando alguien que recibió, días -antes que yo, los _Estudios sobre España_, me dijo que su autor, un -chileno, publicaba en el citado libro cierta carta mía, donde le hablaba -yo de literatura y de literatos españoles. - -¿Qué habré yo dicho, imaginando que mi carta no se daría al público con -mi firma, y tal vez en un momento de mal humor? Esta era la pregunta -que yo me hacía. - -Luego que recibí los _Estudios sobre España_, busqué mi carta, la leí y -se me quitó un peso de encima. Se me figura que estuve juicioso. Nada de -censuras crueles contra nadie, y nada tampoco de encomios exagerados. -Sólo tuve y tengo que lamentar mi absurdo olvido (tan á escape y sin -pararme á pensar hube de escribir á usted) de no pocos nombres de -personas ilustres en la lista que yo le enviaba. Por lo mismo que le -tengo más presente y que en mi sentir vale más que los otros, no puse, -por ejemplo, entre los autores dramáticos á D. Manuel Tamayo y Baus. No -menté entre los poetas ni á Rubí, ni á Sánchez de Castro, ni á José -Alcalá Galiano, que es á mi ver de los mejores, y además sobrino mío. En -suma, omití nombres que por todos estilos eran más dignos de memoria -para mí y para todo el mundo que bastantes de los que cité. - -Fuera de estos deplorables defectos, repito que mi carta me pareció -juiciosa. Su lectura me devolvió la tranquilidad. - -Y no suponga usted que el haberla perdido implique algo de singular -doblez en mi carácter; que yo por modo de ser propio, celebre en público -y muerda en secreto. Nada más contrario á mi carácter. Lo que sucede es -que, en el día, hay en España una propensión general á incurrir en ese -vicio, contra el cual clamo yo siempre, pero del que temo dejarme -llevar como todos. - -Y no es falsía endémica, no es perversidad colectiva de la que todos -estemos plagados; es que todos estamos muy abatidos y en el fondo del -alma nos juzgamos con harta severidad. De aquí la maledicencia, sin que -la cause la envidia ni otra pasión ruín. Y en cuanto al encomio público -disparatado, que comunmente se llama ahora _bombo_, es una inevitable -mala maña que hemos tomado. La llamo inevitable, porque son tales el -tono y el estilo que prevalecen, que toda alabanza moderada y razonable -suena como desdén y menosprecio. - -Dicho esto, que debo yo decir aunque me haga pesado, voy á hablar de su -obra de usted. Consta de dos tomos (cerca de mil páginas entre los dos) -tan llenos de noticias sobre mi país, que no me explico cómo me escribió -usted pidiéndomelas cuando podía dármelas y cuando ahora en efecto me -las da. - -Con vergüenza lo declaro: yo no he leído ni la quinta parte de los -autores contemporáneos españoles, cuyas obras usted examina: ni por el -nombre sólo conocía yo á la mitad de ellos. Se ve que usted ha hecho que -le envíen á Santiago de Chile, y que ha estudiado con amor, cuanto en -España se ha escrito y publicado en este siglo. - -Joven usted de poco más de veinte años, entusiasta y fervoroso amante de -su patria, extiende este amor á la metrópoli, á la madre de su patria, -y se pinta y nos pinta una España vuelta á su más radiante esplendor, -ilustradísima, fecunda hoy como nunca en claros ingenios, en poetas, -sabios y artistas. - -Líbreme Dios de denigrar á mi país. Líbreme Dios hasta de formar de él -pobre concepto. Pero no por modestia, sino por justicia, no quiero, ni -puedo, ni debo aceptar tanta alabanza, como la generosidad de usted y su -afecto filial nos prodigan. Si insisto en afirmar, como en mi primera -carta á usted afirmaba, que «en España se nota hoy cierto florecimiento -literario, y no se escribe poco», todavía hallo que, desde esta -afirmación mía hasta el triunfante panegírico de usted, media distancia -enorme. Por mi calidad de español me considero, pues, obligado á la más -profunda gratitud hacia usted, y por lo que usted dice de mí, á gratitud -aún más profunda; á mostrársela, y á declarar que rebajo nueve décimas -partes de mi ración de elogios, atribuyéndolos á bondad magnánima de -usted, y me doy por pagado y contento con la otra décima parte. No me es -lícito disponer del incienso que usted da á los demás escritores -españoles, pero me atrevo á aconsejarles que acepten sólo la mitad ó la -tercera parte, y consideren el resto como despilfarro que usted hace, -arrebatado por su cariñosa largueza. - -Esto nos conviene hacer, agradeciéndolo todo. Pero ¿es buen medio de -agradecer, dirá usted, y si usted no lo dice no ha de faltar quien lo -diga, que los mismos encomiados echen en cara al autor los extravios de -crítica que presuponen sus encomios. - -A esto respondo que no me queda otro recurso. Al libro de usted no puedo -responder con el silencio, ni puedo tampoco faltar á la sinceridad en lo -que responda. Por dicha, esos extravíos se justifican ó disculpan con -razones que honran á usted muchísimo. Nacen de su entusiasmo juvenil y -de su amor á los de su casta y lengua. Ya usted se corregirá en otros -libros que escriba, y será justiciero ó más sobrio de admiración. - -Entretanto, aun exponiéndome á que digan los maldicientes que nosotros, -á pesar de ser casi antípodas, nos escribimos para piropearnos y nos -armamos de sendos turibulos eléctricos, á fin de que el incienso mutuo -trasponga el Atlántico y la cordillera de los Andes y nos adule las -narices, no quiero callarme ni dejar de sostener que me maravilla el -extraordinario saber y la abundantísima lectura que su libro de usted -demuestra. - -Cuadro completo de la España política, social, científica, artística y -literaria, en el siglo presente, el libro está dividido en tres partes. -La primera: Estudios generales. La segunda: Estudios bibliográficos. Y -Estudios literarios, la tercera. - -En los tres Estudios se advierte un espíritu de contradicción, exaltado -por _ese malhadado y pretencioso menosprecio_, que, como dice usted, -hay en Chile, aunque ya va de caída, contra todo lo español. Esto -convierte su libro de usted en defensa ó apología; esto disculpa, en -cierto modo, la exageración en las alabanzas. - -He de confesar á usted también que en ellas advierto desproporción: á -saber, que con muchos es usted tan pródigo, que proporcionalmente es -corto con otros. En absoluto, á casi todos, en mi sentir, empezando por -mí, nos tasa usted en bastante más de lo que valemos. - -Como es usted tan joven, y como nos declara con delicada modestia que su -libro no es libro, sino _notas y proyectos_ para escribir un libro, los -cuales _proyectos y notas_ saca prematuramente á luz, cediendo á los -ruegos de un amigo, mis observaciones no deben valer como censura. Si yo -las pongo es para que valgan, aunque sean en daño mío, cuando aparezca -esa otra obra más meditada y más completa que, según usted nos anuncia, -acaso pueda escribir algún día. - -Dispénseme usted que insista, hasta con pesadez en mis reparos. Lo hago -por el interés que usted me inspira, y que no tiene que agradecerme, ya -que la apología de usted, si no pecase por desproporción ni por -exageración, nos lisonjearía más y nos sería mucho más útil. - -Esa misma desproporción, que noto yo en sus juicios de usted, no nace de -parcialidad apasionada, sino de que usted ó bien conoce á unos autores -más y por eso los celebra más que á los que conoce menos, ó bien por -ser su obra un conjunto de estudios hace usted resaltar á los que son -objeto especial de cada estudio, y deja á los otros eclipsados ó en la -sombra. De aquí que Revilla, Bactrina y yo, salgamos mejor librados que -los otros, salgamos encomiados con exceso. - -Fuera de esto, y cuando habla usted en general, muestra usted en sus -juicios la equidad y el tino más benévolos, sin que los ofusque ningún -espíritu de partido, del cual, por lo mismo que vive usted tan lejos, no -puede dejarse influir. - -Así tienen, á mis ojos, tanta autoridad las sentencias de usted en -desagravio de los autores españoles, injustamente maltratados por -críticos españoles. Su voz de usted viene, desde el otro extremo del -mundo, á dar la razón á quien la tiene y á tildar de injustas, de -apasionadas y de falsas no pocas censuras. - -Salvo algún levísimo error en los pormenores, disculpable en quien -escribe sobre cosas de aquí desde tan lejos, me parece usted -discretísimo y guiado por alto é imparcial criterio, cuando dice que «la -crítica estrecha y pequeña no se estila hoy sino cuando se quiere -rebajar, con el insuficiente apoyo de yerros aislados y de versos -sueltos, méritos verdaderos que por fortuna resisten siempre tan poco -elevados ataques.» - -«Digan esto por mí, añade usted, las reputaciones de Zorrilla, Gil y -Zárate, Rubí, Escosura, Mesonero Romanos, duque de Rivas, Martínez de -la Rosa y otros, que tan gloriosamente han resistido las malignas -críticas de Villergas; las de Velarde, Ferrari, Cánovas y otros, que no -han sufrido ni sufrirán nada con los sermones apasionados de Clarín: las -de Echegaray, Cano y Sellés, que se abrillantan más cada día, á pesar de -las nimias observaciones de Cañete; y las de Menéndez Pelayo, marqués de -Valmar, marqués de Molins, conde de Cheste y otros más, para cuya justa -apreciación el público ilustrado desprecia las pueriles invectivas de -Venancio Gonzalez (Valbuena).» - -No quiero ni puedo extenderme más sobre la primera y la tercera parte de -los _Estudios_ de usted. - -Voy á decir algo sobre la parte segunda: sobre los curiosísimos -_Estudios bibliográficos_. - -La idea de hacerlos, según usted mismo confiesa, se la sugirió á usted -Menéndez Pelayo; pero es justo asegurar que, atendido el modestísimo -título de _notas y proyectos_, la tal bibliografía es rica y no deja de -estar á veces bien razonada ó comentada. Es un catálogo de libros -franceses, italianos, ingleses, alemanes, hispano-americanos y yankees, -que tratan de España, y que pasan de cuatrocientos, aunque usted sólo -cita los que se han publicado desde 1808 hasta ahora. - -Ya que su obra de usted sobre España no es definitiva y ya que usted -piensa mejorarla y completarla con el tiempo, usted me perdonará las -siguientes observaciones y excitaciones: - -1.ª Que ponga en este catálogo orden que facilite buscar en él cualquier -libro: ya sea el orden por materias, ya alfabético por nombres de -autores, ya cronológico. - -2.ª Que añada cuantos libros faltan ó sepa usted que faltan por citar, á -fin de que el catálogo sea completo en lo posible. - -Y 3.ª Que distinga mejor las obras de cuya lectura resulte un concepto -bueno de España, aunque en parte se censuren muchas cosas de nuestro -país; las obras que tiran á desacreditarnos y son una franca y horrible -diatriba, como la del marqués de Custine, por ejemplo; y las obras más -comunes donde á vuelta de pomposas alabanzas á lo pintoresco del -paisaje, de los monumentos, de los trajes y de las costumbres, ya por -odio, ya por ignorancia y ligereza, ya por afán de referir hechos -portentosos y usos rarísimos, ya por el mal humor y la bilis que -nuestros guisos y nuestro aceite han infundido, no pocos viajantes -extranjeros han hecho de nosotros la más lastimosa caricatura. No he de -negar que haya algún fundamento. ¿Qué individuo ni qué colectividad no -ofrece lado que se preste á lo ridículo? Nosotros además hemos dado, si -no motivo, pretexto á que se abulte lo que hay de grotesco en nosotros, -abultándolo y ponderándolo con amor, y mirándolo como excelencias y -grandezas de nuestro sér egregio. Así el entusiasmo por el salero y los -discreteos rudos de Andalucía, por la desenvoltura de chulas y majas, -por los toros, por lo flamenco y por lo jitano, por los jaques, -contrabandistas y demás gente del bronce, y por otros primores, que -fuera de desear que nos entusiasmasen un poquito menos. Pero aun así, -nada de esto justifica muchos chistes acedos de Dumas y de Gautier, y -mil ofensivas invenciones de otros, entre los cuales descuella y -resplandece el inglés Jorge Borrow, autor de _La Biblia en España_, -libro por otra parte de los más amenos y disparatados que imaginarse -pueden. - -No voy á defender aquí nuestro _romancero_, ni menos el _antiguo teatro -español_ y el espíritu que le informa. Esto me llevaría lejos y no hay -para qué dilucidarlo ahora. Sólo digo que no acepto las siguientes -expresiones de usted: «Víctor Hugo y el grande Alfredo de Musset, poetas -que tan bien estudiaron y tan bien supieron asimilarse el jugo sabroso -del antiguo romancero y del teatro clásico español.» Yo no veo en D. -Páez, en la marquesa de Amaegui, en Gaztibelza el de la carabina, en -Rui-Blas, en Hernani y en el viejo Silva, vigésimo nieto de Don Silvio, -cónsul de Roma, sino _fantoches_, personajes embadurnados con falso -_colorete local_, y por consiguiente _caricatos_. - -En resolución, yo no he de negar que usted y yo discrepamos en bastantes -puntos. No se opone esto, sin embargo, á que yo aplauda el interesante -trabajo de usted, á que me admire de lo mucho que usted ha leído y -estudiado, á que celebre, como es justo, la facilidad, pureza y -elegancia de su estilo; á que convenga perfectamente con usted en ese -empeño en que todos los hombres de lengua ó raza española nos -confederemos intelectualmente y para ello nos conozcamos mejor; y, por -último, á que, sin aceptar las pródigas y bondadosas alabanzas con que -usted me honra, las agradezca con todo mi corazón, asegurándole que ya -no me olvidaré nunca de usted, ni del beneficio recibido, ni del alto -valer de su ingenio, del que espero frutos más sazonados y abundantes -para gloria de las letras españolas, en su general acepción. - - - - -VOCABULARIO RIOPLATENSE RAZONADO - -(AL SEÑOR DON DANIEL GRANADA) - - -I - - -Muy señor mío: Con mucho placer he recibido y leído la interesante obra -de usted cuyo título va por epígrafe, y que acaba de publicarse en -Montevideo. - -Me parece que á usted le sucede lo mismo que á mí en lo tocante á -pronosticar sobre el porvenir de la lengua castellana en esas regiones. -No vemos sino allá, dentro de muchos siglos, la posibilidad de que se -olvide ó se pierda por ahí dicha lengua, y salgan ustedes hablando -italiano, francés ó algún idioma nuevo, mezcla de todos. - -Es verdad que el territorio rioplatense es inmenso y poco poblado aún. -Sólo la República Argentina comprende cerca de tres millones de -kilómetros cuadrados: mayor extensión que Francia, Alemania, Inglaterra -y España juntas. Y si añadimos las tierras del Uruguay y del Paraguay, -la grandeza territorial de lo que llamamos país rioplatense se presta á -contener y á alimentar en lo futuro centenares de millones de seres -humanos. A fin de que tanta tierra sea poblada y cultivada, la -inmigración entra ya y seguirá entrando por mucho. Cada año va la -inmigración en aumento. - -Según los datos que me da Ernesto Van Bruyssel (_La Republique -Argentine_), en 1886 sólo á Buenos Aires llegaron cerca de 70.000 -inmigrantes, y en 1887 más de 120.000. Si así continúa creciendo la -inmigración, donde predomina el elemento italiano, tal vez dentro de -diez ó doce años haya más gentes venidas de Italia que de origen -español, desde las fronteras de Bolivia hasta el extremo austral de la -Patagonia, y desde Buenos Aires y Montevideo hasta más allá de Mendoza. - -En los quince años que van desde 1855 á 1870 ha entrado en la República -Argentina un millón de emigrados. Bien podemos, pues, calcular, no -haciendo sino duplicar el número en los años que quedan de siglo, que al -empezar el siglo XX habrá en la República Argentina cinco millones más -de población no criolla, ó venida de fuera, y principalmente de Italia. -Yo entiendo, con todo, que en el pueblo argentino hay fuerza informante -para poner el sello de su propia nacionalidad á esta invasión pacífica y -provechosa, y que en 1900, lo mismo que en 1889, habrá allí una nación -de carácter español y de lengua castellana, sólo que ahora consta esta -nación de cuatro ó cinco millones de individuos y en 1900 acaso conste -de 18 ó de 20 millones. - -El aumento de la población se infiere del aumento de la riqueza que la -inmigración trae consigo. En veinte años, de 1866 á 1886, la renta del -Estado argentino se ha quintuplicado. De nueve millones de duros ha -subido á más de cuarenta y cinco. Durando la paz, con suponer igual -aumento proporcional en otros veinte años, no es aventurado predecir que -el presupuesto de ingresos de la República Argentina podrá ser, á -principios del siglo XX, y sin recargar las contribuciones y sin -aumentarlas, de más de doscientos millones de duros. - -Todo induce á presumir, que si no sobrevienen imprevistas -perturbaciones, la principal Confederación del Río de la Plata, será en -el siglo XX una potencia tan fuerte y rica como lo es ahora la república -norte-americana de origen británico. Las huellas de este origen no se -han borrado de entre los yankees. Natural es que no se borren tampoco -entre los argentinos y uruguayos las huellas de su origen español. - -La lengua es el signo característico que tardará más en perderse. La -lengua además no es lazo sólo que une entre sí á los argentinos, sino -vínculo superior que no puede menos de estrechar y ligar en fraternal -concierto á dicha república con muchas otras, todas, digámoslo así, -oriundas de España, y que se extienden por las tres Américas, desde más -allá de la Sierra Verde y del Río Bravo del Norte hasta la Tierra del -Fuego. - -Las cuestiones de Gramática y de Diccionario, de unión de Academias de -la lengua, de literatura española é hispano-americana, de versos y de -novelas, escritos y publicados en español en ese Nuevo-Mundo, no son -meramente literarias, críticas ó filológicas: tienen mucho más alcance, -aunque uno no se le quiera dar. - -No me parece que divago al decir lo que va dicho, con ocasión del -excelente aunque modesto trabajo de usted que, si bien es meramente -filológico, tiene mayor trascendencia[A]. - -Nuestro Diccionario de la lengua castellana no es sólo el inventario de -los vocablos que se emplean en Castilla, sino de los vocablos que se -emplean en todo país culto donde se sigue hablando en castellano, donde -el idioma oficial es nuestro idioma. - -Será provincialismo ó americanismo el vocablo que se emplee sólo en una -provincia y que tenga á menudo su equivalente en otras; pero el vocablo -que no tiene equivalente y que se emplea en más de una provincia ó en -más de una república ó en regiones muy dilatadas, y más aun cuando -designa un objeto natural, que acaso tiene su nombre científico, pero -que no tiene otro nombre común ó vulgar, este vocablo, digo, siendo muy -usual y corriente, es tan legítimo como el más antiguo y castizo, y debe -ser incluído y definido en el Diccionario de la lengua castellana. La -Academia Española no puede menos de incluirle en su Diccionario. - -Así como nosotros, los peninsulares europeos, hemos impuesto á los -hispano-americanos un caudal de voces, que provienen del latín, del -teuton, del griego, del árabe y del vascuence, los americanos nos -imponen otras voces que provienen de idiomas del Nuevo Mundo y que -designan, casi siempre, cosas de por ahí. - -Es curiosísimo el catálogo razonado que ha hecho usted de estas voces -(de las usadas en la región rioplatense) y las definiciones y -explicaciones que da sobre cada una de ellas. Sin duda, su libro de -usted será documento justificativo de que los individuos de la Academia -Española tengan que valerse y se valgan para aumentar su obra léxica en -la edición décimotercera. - -Casi todos los vocablos que usted pone y explica en su libro, ó no están -incluidos en nuestro Diccionario ó están mal ó insuficientemente -definidos en él. Y sin embargo, no pocos de estos vocablos, á más de -estar en poesías, en novelas, en relaciones de viajes y en otras obras -en idioma castellano posteriores á la independencia, es casi seguro que -se hallan en libros ó documentos españoles de antes de la independencia, -escritos por los viajeros, misioneros, sabios y demás exploradores de -esos países, que dieron á conocer en Europa su flora y su fauna. - -En los tiempos novísimos han estudiado y descrito la naturaleza de la -América del Sur Humbold, Burmeister, Orbigny, Darwin, Martius y otros -extranjeros; pero nuestros compatriotas se les adelantaron en todo, como -lo demuestran los trabajos y publicaciones de Montenegro, Acosta, los -padres Lozano, Cobo, Gumilla y Molina, Mutis, Oviedo, Azara, Pavón, Ruiz -y otros cien, de que trae catálogo el Sr. Menéndez Pelayo en su _Ciencia -española_. - -Los nombres, pues, que se dan ahí vulgarmente á plantas y árboles, aves, -cuadrúpedos, peces, insectos y reptiles, no están fuera de nuestra -lengua común española, por más que aparezcan y suenen, en nuestros -oidos, como peregrinos é inusitados. - -Tal vez deban incluirse en nuestro Diccionario, si no lo están ya, y -creo que no lo están, las más de las voces que usted define, como las -siguientes: - -_Nombres de árboles, plantas y hierbas._--Aguaraibá, alpamato, arazá, -biraró, burucuyá, caá, camalote, caraguatá, curí, chalchal, chañar, -chilca, gegen, guayabira, guayacán, gembé, ibaró, isipó, lapacho, -molle, ñandubay, ñapindá, ombú, pitanga, sarandí, sebil, tacuara, -taruma, tataré, timbó, tipa, totora, urunday, yatay y yuyo. - -_Peces._--Bagre, manduví, manguruyú, pacú, patí y zurubí. - -_Aves._--Biguá, caburé, chingolo, macá, macaguá, ñacurutú, ñandú, urú, -urutao y yacú. - -_Cuadrúpedos._--Aguará, bagual, cuatí, guazubirá, puma, tamanduá, -tucutuco y tatú en vez de tato. - -_Insectos_, _reptiles_, etc.--Alua, camoatí, manganga, tambeyuá, tuco, -yaguarú y yarará. - -Me dice usted en la amable dedicatoria con que me envía su libro, que, -«caso de que me digne pasar la vista por él, me agradecerá mis -advertencias.» - -Yo me prevalgo de este ruego para hacer algunas. - -Aunque usted describe bien los objetos naturales que sus vocablos -designan, echo yo de menos, para mayor claridad y universal inteligencia -del objeto, el nombre científico con que los naturalistas le marcan y -señalan, y la familia en que le clasifican. - -Válganme algunos ejemplos. Empecemos por la voz _caá_. Usted, hablando -con franqueza, no nos declara lo que significa en guaraní, y es menester -inferirlo por conjeturas, y comparando lo que usted dice con lo que dice -D. Miguel Colmeiro en su _Diccionario de los diversos nombres vulgares -de muchas plantas usuales ó notables del antiguo y nuevo mundo_. _Caá_, -con evidencia, ha de significar en guaraní planta, yerba, árbol: lo -vegetal de modo genérico, y no solo _mate_, como usted afirma. -Supongamos, no obstante, que _caá_ significa _mate_. Sin haber oído -hablar jamás á los guaraníes y sin saber palabra de su idioma, -cualquiera adivina el valor de ciertos adjetivos que entran á cada -instante en composición de nombres; v. gr. _merí_, pequeño, y _guazú_, -grande. Así vemos claro que _caamerí_ y _caaguazú_, y _caaquí_ y -_caaminí_, todo es mate, según sean las hojas de que se compone grandes -ó pequeñas, tiernas ó más ricas y jugosas. - -Hasta aquí todo va bien, y _caá_ y _mate_ pueden ser lo mismo; pero -cuando nos define usted _caapau_, bosquecillo, conjunto de árboles -aislado, vemos claro que _pau_ ha de significar conjunto ó montón, y -_caá_ árbol, arbusto, planta, yerba, mata y no mate, á no ser por -excelencia, como también llaman al mate _yerba_ por excelencia. - -El Sr. Colmeiro trae en su Diccionario todos estos compuestos de _caá_: -caataya, caamerí, caapiá, caapeba, caapin, caatiguá y caavurana; y como -con tales nombres se designan plantas gramíneas, meliáceas, ciperáceas, -hipericineas y de otras cuantas y diversas familias, queda más -demostrada la vaga generalidad del significado de la palabra _caá_. - -_Guayacán._ El Diccionario de la Academia Española trae también esta -palabra; pero ¿el guayacán que describe es el mismo que describe usted? -Yo creo que no. Usted nos describe el guayacán del Chaco y del Paraguay; -la Academia el de las Antillas, y como Colmeiro me da diez especies de -guayacanes ó guayacos, no sé con cuál quedarme. El guayacán ya es -_diospyros lotus_, ya _guayacum sanctum_, ya _guayacum officinale_, ya -_porliera higrométrica_, y ora pertenece á la familia de las -leguminosas, ora á la de las ebenáceas, ora á otra familia. - -_Arazá._ No está en el Diccionario de la Academia. Colmeiro la trae, y -pone, como usted, dos clases: el arazá arbóreo y el rastrero. -Convendría, con todo, que dijese usted, como dice Colmeiro, que ambas -clases pertenecen á la familia de las mirtaceas. - -Bastan los ejemplos aducidos, que para no cansar no aumento, á fin de -comprender la conveniencia de determinar mejor los objetos que se -describen. - -Diré ahora otro requisito que echo de menos en su libro de usted. Echo -de menos las _autoridades_. Me explicaré. - -Nada hay más borroso é inseguro que los límites entre lo vulgar y lo -técnico ó científico de las palabras. Cada día, á compás que se difunde -la cultura, entran en el uso familiar, general y diario, centenares de -vocablos que antes empleaban sólo los sabios, los peritos ó los maestros -en los oficios, ciencias y artes á que los vocablos pertenecen. De aquí -que todo Diccionario de la lengua de cualquier pueblo civilizado, sin -ser y sin pretender ser enciclopédico, vaya incluyendo en su caudal -mayor número de palabras técnicas, sabias ó como quieran llamarse. Pero -aun así, importa poner un límite á esto, aunque el límite sea vago y no -muy determinado. - -Dos indicios nos pueden servir de guía. Por muy patrióticos que seamos, -no es dable que nos figuremos que somos un pueblo más docto, en este -siglo, que el pueblo inglés ó el francés. Nuestro Diccionario de la -lengua vulgar, no debe, pues, sin presumida soberbia, incluir más -palabras técnicas que los Diccionarios de Webster y de Littré, pongo por -caso. - -El otro indicio es más seguro. Consiste en citar uno ó más textos, en -que esté empleado el vocablo, que se quiere incluir en el Diccionario, -por autores discretos y juiciosos, que no escriban obra didáctica. En -virtud de estos textos es lícito inferir que es de uso corriente el -nuevo vocablo y debe añadirse al inventario de la riqueza léxica del -idioma. - -Convengo en que á veces es de tal evidencia el uso frecuente de un -vocablo que la autoridad ó el texto puede suprimirse. Así por ejemplo, -_ombú_. El Diccionario de la Academia no trae _ombú_, y, sin embargo, -apenas hay cuento ni poesía, ni escrito argentino de otra clase, donde -no se mienten los _ombúes_. - -Es voz tan común por ahí como en esta Península _álamo_ ó _encina_. - -En ocasiones cita usted los textos, y así demuestra la necesidad de la -introducción de la palabra en nuestro vulgar Diccionario. Sirva de -ejemplo la voz _chaco_, montería de cierto género que dió nombre propio -á la gran llanura que se extiende desde la cordillera de Tucuman hasta -las márgenes del Río de la Plata. La voz _chaco_ está empleada por el -padre Lozano, _Historia de la conquista del Paraguay_, etc., y por -Argote de Molina en su _Discurso sobre el libro de montería del rey D. -Alonso_. - -Con frecuencia falta texto autorizado que pruebe el empleo vulgar de la -palabra, y, cuando haga usted nueva edición de su libro, conviene que le -añada. El vocabulario ganaría mucho con esto; y esto ha de ser muy fácil -para usted. Si usted no siempre lo ha hecho, es porque pensó sólo en sus -paisanos uruguayos y argentinos al escribir su obra, y no en los demás -pueblos de lengua española, donde vocablos comunísimos ahí tienen que -aparecer exóticos. - -Su vocabulario de usted es además poco copioso é importa aumentarle. El -número de palabras que faltan no debe ser corto, cuando yo, que conozco -tan poco de la literatura de ese país, puedo citar palabras que en su -vocabulario de usted no están incluídas. Así por ejemplo, _seibo_. -Rafael Obligado, en una de sus más lindas composiciones, _En la ribera_, -del Paraná se entiende, dice: - - El año que tú faltas, - La flor de sus seibos, - Como cansada de esperar tus sienes, - Cuelga sus ramos de carmín marchitos. - -¿Será el seibo el árbol que llaman del Paraíso en Andalucía? ¿Quién -sabe? Colmeiro no trae seibo, á no ser _seibo_ lo mismo que _ceibo_ ó -_ceiba_, que está en Colmeiro y en el Diccionario vulgar. - -Otras veces, si bien usted define y aun cita textos, encuentro yo -deficiente la definición. - -No basta decir que _camalote_ es «cierta planta acuática». Convendría -saber algo más del _camalote_ en esta primera acepción. ¿De qué color, -de qué tamaño, de qué forma son sus flores? Sobre la otra acepción de -_camalote_ trae usted textos curiosísimos, que la explican bien. Es un -conjunto de plantas del mismo nombre y de otras plantas, que forman como -isla ó matorral, que flota y navega, y que suele ser tan grande, que -asegura el Padre José de Parras que en su centro se ocultan con -facilidad los indios con sus canoas, «y como pueden muy bien dar el -rumbo á toda aquella armazón hacia los barcos, con poca diligencia -suelen llegar á ellos, y estando inmediatos, se enderezan, arman -gritería, y como logren alguna turbación en los españoles, ya los -vencieron.» - -En Colmeiro no hay _camalote_ pero hay _camelote_, dando á la planta el -nombre que se da á la tela. ¿Será este _camelote_ de Colmeiro el -_camalote_ de usted? - -Su libro de usted me sugiere no pocas observaciones más, algunas de las -cuales no quiero dejar de hacer, pero, por ser ya muy extensa esta -carta, las dejo para otra. - - -II. - -Muy señor mío: Es en verdad muy curioso que entre las palabras que usted -incluye y define en su _Vocabulario_ haya bastantes que nos parezcan -peregrinas, no porque no sean castellanas, sino porque han caído en -desuso ó se derivan de otras que han caído en desuso en España. Así, por -ejemplo, _bosta_, estiércol del ganado vacuno y caballar. En el -Diccionario de la Academia no hay _bosta_, pero sí _bostar_, sustantivo -anticuado, que significa establo para bueyes. Es término de la baja -latinidad _bostarium_, y viene de _bos_ y de _stare_. - -Lo general, con todo, es que cada uno de los vocablos rioplatenses, que -usted pone en su libro, provenga de alguna de las dos principales -lenguas que se hablaban en esa vasta región cuando el descubrimiento y -la conquista: la guaraní y la quichua. Las lenguas americanas son -aglutinantes y se prestan á crear vocablos compuestos, que son como -abreviada descripción del objeto que significan. De la lengua guaraní -provienen la mayor parte de las voces que usted define; pero no son de -aquellas voces que se usan en el Paraguay, donde se habla puro guaraní, -ni de las empleadas en Corrientes y Misiones, donde se habla el guaraní -mezclado con el castellano, sino de las que, según dice usted en su -Prólogo, «el uso antiguo y constante ha incorporado á la lengua -castellana en las Repúblicas Argentina y Oriental del Uruguay.» Las -voces son, pues, castellanas, aunque en la lengua guaraní haya de -buscarse su origen etimológico. - -Gloria grandísima ha sido de los misioneros españoles, no sólo el llevar -á América plantas y animales útiles, industria y cultura de Europa, sino -el mirar con evangélica solicitud por el bien de las tribus indígenas, -cristianizándolas, difundiendo entre ellas la civilización del mundo -antiguo y trasmitiendo á éste el conocimiento de aquellas rudimentarias -ó decaídas civilizaciones, sus ideas religiosas, sus tradiciones y sus -idiomas. - -Es lástima que este trabajo de los misioneros, sobre todo en lo tocante -á gramáticas y diccionarios de idiomas de América, no sea tan -generalmente apreciado como debiera por la escasez de ediciones de sus -libros, que van siendo muy raros. El _Tesoro_, no obstante, _de la -lengua guaraní_, arte y vocabulario del padre Antonio Ruiz de Montoya, -de la compañía de Jesús, impreso en 1640, debe de haberse reimpreso -últimamente en Leipzig. - -Usted, sin duda, se vale para su trabajo de esta obra del mencionado -jesuíta, cuyo mérito pondera como merece Emilio Daireaux en su excelente -libro, aunque á veces injustamente contrario á España, sobre _Buenos -Aires, La Pampa y la Patagonia_. - -El guaraní, cuando llegaron á la América del Sur los españoles, era -lengua tan difundida, que la llamaban general: la hablaban más de 400 -tribus, en el Paraguay, en el Brasil, en el Uruguay y en el Norte de la -República Argentina. Las conquistas de los Incas, que procuraban imponer -la lengua quichua á los vencidos, no lograron introducir muchos de sus -vocablos ni en lengua guaraní, ni en la lengua de los araucanos. - -La lengua guaraní es aun la que más se habla en el territorio -rioplatense, y sobre todo en el Paraguay y en Corrientes, y aunque -destinada á morir, la que dejará más elementos léxicos al castellano. De -la lengua guaraní, añade usted, proceden la mayor parte de las voces que -el _Vocabulario_ contiene. - -En cada página, no obstante, hallo en el _Vocabulario_ de usted voces -que proceden de otros idiomas, ó cuya etimología no determina usted con -fijeza. Así, _machí_, curandero mágico, y _gualicho_, diablo, del -araucano; _catinga_, mal olor de la transpiración de los negros, y -_mandinga_, hechicería, palabras casi de seguro de procedencia africana; -y otras palabras, muy empleadas por autores antiguos y modernos, cuya -etimología se nos queda por averiguar. Sean ejemplo _baquia_ y -_baquiano_ ó _baqueano_, que emplean el padre Parras, Azara y Vargas -Machuca; _chacra_, granja ó cortijo que está en Azara y en el -Diccionario de la Academia; _champan_, barca grande para navegar por los -ríos; _chiripá_, pedazo de tela que se enreda á los muslos en vez de -pantalones; _chumbé_, especie de faja; _galpon_, especie de cobertizo; y -hasta la misma comunísima palabra _gaucho_, de la que nos deja usted sin -etimología. - -En suma, si bien la obra de usted deja mucho que desear, es altamente -meritoria, como primer ensayo, y muy digna de las discretas y -autorizadas alabanzas que le tributa en la introducción crítica el Sr. -D. Alejandro Magariños Cervantes, literato y poeta, tan conocido y -estimado en España, donde residió largo tiempo. - -Algunos artículos de su _Vocabulario_ de usted, á más de enseñar -siempre, son amenos y divertidos. - -Al leer, verbi gracia, lo que nos dice usted de los _ayacuáes_ no puede -uno menos de pensar en los _microbios_, ahora en moda. Esos indios -habían adivinado los _microbios_ antes de que el Sr. Pasteur los -descubriera y estudiara tanto. Cada _ayacuá_ es un microbio, pero -antropomórfico, y armado de arcos y de flechas, con las cuales, ó si no, -con los dientes y con las uñas, produce las enfermedades y dolores -humanos. - -En ocasiones, por amor á lo americano indígena, me parece que se -encumbra usted demasiado y tal vez exagera. Noto esto en lo que dice -usted sobre la palabra _Tupá_, nombre de Dios entre los guaraníes. Es -evidente que á ser la etimología según usted asegura, ese nombre de Dios -está lleno de cierta instintiva sabiduría. _Tu_ es el signo de -admiración, y _pa_ el signo de interrogación: son dos interjecciones. -Dios es, por consiguiente, para el guaraní, un ser á quien admira y no -conoce, alguien cuya existencia, inmenso poder y admirables obras -declara sin saber quién sea. Pero esta vaga y confusa noción de Dios, -¿puede y debe equipararse como usted la equipara, á la noción que da la -frase bíblica, _yo soy el que soy_? En mi sentir, no. El padre jesuíta -Díaz Taño, citado por usted, se excedió algo de lo justo si sostuvo que -los guaraníes designaban por _Tupá_ al criador, señor, principio, origen -y causa de todas las cosas. - -La razón, el natural discurso y hasta los restos ó vestigios de una -revelación primitiva no bastan á explicar la persistencia del concepto -de un Dios único, con sus más esenciales atributos, entre gentes -bárbaras ó salvajes. Este concepto no puede menos, aunque existiese con -pureza en edad remota, de haberse viciado, desfigurado y corrompido con -el andar del tiempo, y en un estado social de gran atraso ó decadencia. -Por eso no creo yo, ó pongo muy en cuarentena, todas las teologías -sublimes que tratan de sacarse, por análisis, de los nombres que dan á -Dios muchos pueblos bárbaros ó completamente selváticos. - -Los jesuítas, no sólo por ahí, sino en otros varios países, han sido -acusados de aceptar el nombre dado por los paganos é idólatras á su -principal divinidad y de convertirle en el nombre del Dios verdadero. -Yo, hasta donde me sea lícito intervenir retrospectivamente en esta -disputa, lego y profano como soy, hallo que los jesuítas hacían bien; -mas no porque el concepto que la palabra _Tupá_ despertaba en un guaraní -fuese adecuado al concepto del verdadero Dios, sino porque la palabra -_Tupá_ y el concepto que designaba eran lo que menos distaba entre ellos -del nombre y concepto de Dios entre cristianos. La idea representada por -la voz _Tupá_ era como bosquejo informe de la idea que tiene ó debe -tener el cristiano del Sér Divino. - -Me parece, como á usted, que el obispo don Fray Bernardino de Cárdenas -anduvo harto apasionado é injusto al promover acusaciones y -persecuciones contra los jesuítas porque llamaban á Dios _Tupá_. Es -indudable que este era el mejor modo que había en guaraní de llamarle. -Más difícil sería de justificar á los Padres que en China, pongo por -caso, tomaron los nombres de Li, Tai Kie y Xang Ti, para designar á -nuestro Dios, porque estos nombres no eran de significación candorosa, -vaga y confusa, para nombrar cierto sér poderoso é incógnito, sino -términos de reflexiva y bien estudiada filosofía, la cual los define y -les da el sentido determinado y claro de un panteísmo casi ateo. El Li -es la materia prima, la sustancia única, y el Tai Kie la fuerza -inherente en la materia, que la transforma de mil modos y produce vida y -muerte, y da origen á todo el proceso de los séres con su variedad -infinita. Bien dilucida esto el padre Fray Domingo Fernández Navarrete -en el Tratado V de los que compuso sobre China, donde expone con -profunda claridad las doctrinas de la secta literaria del Celeste -Imperio. - -Los citados nombres chinos no podían emplearse ó al menos era -inconveniente y ocasionado á grandes errores el emplearlos para nombrar -á Dios, por lo mismo que los sabios chinos, ateos ó _monistas_, como se -dice ahora, habían explicado bien su sentido. Mas por idéntica razón, á -mi ver, no hay irreverencia, ni ocasión de error, en llamar á Dios -_Tupá_, cuando se habla en guaraní y á los guaraníes. Lo indeterminado, -vacío y confuso del concepto que encierra el vocablo _Tupá_ permite que -el catequista ó misionero le determine, le llene y le aclare, con -arreglo á la sana doctrina. - -Lo que yo censuro pues, aunque blandamente, es que usted se deje llevar -del afecto al idioma que hablan ahí los indígenas, hasta el extremo de -querer desentrañar, del seno de los vocablos, filosofías y sutilezas -que, antes de la llegada de los europeos, no podían estar en la mente de -los salvajes. - -Confieso, no obstante, que este arte, empleado por muchos, para sacar -metafísicas y otros prodigios y refinamientos intelectuales de palabras -y frases de idiomas primitivos, me divierte, aunque no me convence. Los -pueblos arios, ¿quién ha de negar, pues dominan aún el mundo y extienden -por él su superior civilización, que desde el principio, allá en su -estado primitivo, eran muy inteligentes? Y sin embargo, ¿qué metafísica -ocultaba ninguno de los nombres con que significaban la divinidad? Deva, -Asura, Boga, Nara, Maniu, no esconden ninguna metafísica en sus letras. -La metafísica vino después, por la reflexión, y ya entonces el vocablo -evocó ó pudo evocar todos los conceptos con que la metafísica había -enriquecido su significado. - -Como yo entiendo así las cosas, no creo en las resultas, pero me hacen -muchísima gracia los esfuerzos de imaginación con que, triturando, -exprimiendo y poniendo en prensa palabras, sacan algunos lingüistas -chorros, ríos de ciencia de cada sílaba, de cada letra y aun de cada -tilde. Nadie vence en esta habilidad á los vascófilos, entre quienes -descuella Erro, y aun debiera descollar y ser más famoso mi discreto, -inaudito é ingeniosísimo amigo D. Joaquín de Irizar y Moya, cuyos libros -hicieron siempre mi delicia. - -Ultimamente he visto algunas de las obras de un príncipe ó _maginóo_ -tagalo llamado Paterno, el cual, con no inferior saber y con igual -riqueza de fantasía que mi amigo Irizar, halla y revela portentos en la -civilización antigua de la gente de su casta y saca de las letras del -nombre de Dios en tagalo, Bathala, una teodicea exquisita como la de -Leibnitz. - -Usted no va, ni con mucho, tan lejos con su _Tupá_; pero en fin, usted -se entusiasma un poco, dando motivo á esta disgresión mía, que no -considero del todo impertinente. - -Aplaudo, y si pudiera fomentaría, la propensión que hay en esas -repúblicas y en el imperio del Brasil á estudiar con esmero, los usos, -costumbres, historia, lenguaje y poesía de los indios, pero ni en verso -ni en prosa está bien exagerar lo que valían por la cultura cuando -llegaron los europeos. Fuera de los mexicanos, peruanos y chibchas, no -había en América á fines del siglo XV sino tribus salvajes. - -El gran poeta brasileño Gonzalves Días pinta á estas tribus del modo más -novelesco é interesante, pero les deja su salvajismo y hace bien. - -Dentro de este salvajismo caben perfectamente el denuedo en las lides, -la fidelidad, la constancia y hasta la ternura amorosa y otras virtudes -y excelencias. Lo que no cabe es cierto refinamiento en las ideas -morales y religiosas, que harto generosamente se atribuye á los indios. -Serían menester más pruebas, y no las hay ó no han llegado á mi noticia, -para reconocer esas prendas en los guaraníes. Sus cantares, pues se -dice que los tienen, y aun que son muy poetas, debieran recogerse y -coleccionarse antes que desaparezcan del todo. - -En los araucanos, en cambio, lo que más se celebra es la oratoria. Como -la lengua que hablan (de la que compuso excelente gramática el padre -jesuíta Andrés Febres), es, según afirman, bellísima lengua, y como -ellos son muy parlamentarios, y se reunen ó se reunían en juntas ó -asambleas para deliberar sobre la política, tenían ocasión de pronunciar -magníficos discursos llamados _coyaptucan_, donde dicen que hay gran -riqueza de imágenes, apólogos y otros primores, todo sujeto á las más -severas leyes de la buena retórica. Aun se conservan los nombres de -algunos antiguos tribunos ó famosos oradores, como Lautaro y -Machimalongo, y fragmentos de discursos ó discursos enteros de los que -pronunciaron. - -Como quiera que sea, no ha de faltarme día en que venga más á propósito -hablar de todo esto, entrando de lleno en el asunto, y no por incidencia -y de refilón, al encomiar como se merece el _Vocabulario_ de usted, por -cuyo envío le doy encarecidas gracias. - - - - -NOVELA PARISIENSE MEJICANA - - _31 de mayo de 1889._ - -(Á DOÑA CONCEPCIÓN JIMENO DE FLAQUER) - - -Mi distinguida amiga: No sé cómo agradecer á usted el que se acuerde de -mí y me envíe con frecuencia y en abundancia libros publicados en -Méjico, por aquí casi desconocidos. Mi deseo es hablar de todos y darlos -á conocer al público español; pero el tiempo y el humor me faltan. - -Entre los últimos libros que usted me ha remitido, hay uno que me agrada -sobremanera. Su autor, D. José María Roa Bárcena, es de los hombres más -eminentes y simpáticos de ese país. Conozco sus poesías líricas, que él -mismo me ha enviado; pero sólo sé por fama, y tengo gran deseo de ver -sus leyendas históricas de antes de la conquista española y sus eruditos -trabajos en prosa como historiador del Anahuac. - -El Sr. Roa Bárcena es también novelista; y dan sin duda brillante prueba -de su mérito en esta clase de escritos los _Varios cuentos_, reunidos -en un precioso volumen, de que usted me regala un ejemplar. _Noche al -raso_ es lindísima colección de anécdotas y cuadros de costumbres, donde -el ingenio, el talento y la habilidad para narrar están realzados por la -naturalidad del estilo y por la gracia y el primor de un lenguaje -castizo y puro, sin la menor afectación de arcaismo. En el terrible -cuento _Lanchitas_, la fantasía del autor y su arte y buena traza -prestan apariencias de verosimilitud y hasta de realidad al prodigio más -espantoso. - -En estos cuentos del Sr. Roa Bárcena, por lo mismo que están escritos en -tan acendrado lenguaje castellano, se notan más los vocablos exóticos -que designan objetos de por ahí, aunque rara vez acude el lector con -éxito al Diccionario de la Academia para saberlo á punto fijo. Así, por -ejemplo, _xícaro, zacatón, otate, cuilote, tapextle y abarrotero_. - -Dejo por hoy de decir más del Sr. Roa Bárcena, y no hablo de -_Altamirano_, ni de _Peón y Contreras_, ni de los restantes libros -remitidos por usted, porque voy á escribir sobre la obra de otro -mejicano hace ya muchos años ausente de su patria, que estuvo en España -bastante tiempo, y que después lleva pasados en París hasta hoy lo menos -treinta y tres ó treinta y cuatro años. - -Se titula el libro de este mejicano expatriado _Al cielo por el -sufrimiento_, y está escrito, como ya se entrevé por el título, en esa -habla española, desteñida y cosmopolita, que ha de hablarse en París en -cierto círculo elegante de hispano-americanos y de españoles residentes -en aquella culta y amena capital, centro y foco de la civilización -neolatina. - -No es menester análisis para señalar los galicismos del libro de que -trato. Todo el libro es un galicismo sintético, digamoslo así; pero no -lo digamos en son de censura. En este caso, parece la falta que señalo -inevitable requisito del valer y del encanto que el libro tiene. Es la -obra, no de un literato de profesión, sino de un hombre de mundo, que, -casi involuntariamente, sin pretender escribir una novela, fija en el -papel sus impresiones y sentimientos, y nos cuenta, con la mayor -naturalidad y sencillez, sucesos que ha visto, y tal vez lo que él ha -_vivido_. - -Franceses son los personajes del drama, francesas las costumbres que el -autor describe, y la sociedad elegante de París y sus casas el medio -ambiente y el lugar de la escena. Si se cambiasen la ortografía y la -terminación de las palabras, el libro casi quedaría en francés, y, en mi -sentir, competiría entonces con cualquiera novela de Feuillet, de Ohnet -ó de Cherbuliez, ya que tendría más sinceridad y más verdad, aunque -tuviese menos artificio. Es un espejo donde se ve con fidelidad lo mejor -y más sano de cierto círculo de gentes, que, colocado entre las pasiones -y apetitos de la baja plebe, los esfuerzos y faenas de una burguesía -codiciosa y trabajadora, y el torbellino de los ricos viciosos y -derrochadores, procura realizar una vida honrada y cómoda de sibaritismo -honesto y juicioso, de elegancia católica, y de finura apacible, -entreverada de devoción. - -Difícil es vivir en esta encopetada y graciosa Arcadia, llena de -distinción, perfumada de buen tono, limpia y serena, y cuyos Melibeos y -Filis deben tener, á fin de hacer su papel con desahogo, lo menos -cincuenta ó sesenta mil pesetas de renta cada uno, y todos suma -prudencia, arte y ciencia doméstico-económica, para no dejarse arrebatar -por el atractivo del lujo, no gastar más de lo que tienen, no -arruinarse, y no tener que salir de la Arcadia para irse á la Tebaida ó -á cualquier otro retiro más ó menos penitente. - -Es indudable que existe en París uno ó más círculos de esta clase. Son -como isla ó islas de reposo en medio de turbulento mar, lleno de sirtes, -escollos y bajíos. - -No es utopia, sino realidad, esta á modo de nueva Jerusalem en germen y -bosquejo, que surge del seno mismo de la moderna Babilonia. Llámanla, -creo, _beau monde_ ó _monde comm’il faut_, y se contrapone á otros -_mondes_, que se marcan con calificativos extraños, como _monde -camelotte_, _demi monde_, _quart de monde_, _monde interlope_, etc. - -El autor de _Al cielo por el sufrimiento_, nos introduce en el círculo, -ó en uno de los círculos de ese _beau monde_ de París, donde -constantemente ha vivido, y nos le pinta con todos sus pormenores, -resultando del cuadro cierta poesía natural y suave. Yo comparo su libro -á un vaso gracioso, pongamos de cristal de Venecia, lleno de una poción, -no muy dulce para que no empalague, ni muy amarga ó agria para que no -ofenda al paladar, y donde se notan el sabor y el aroma de los -ingredientes que la componen: vida devota de San Francisco de Sales; -música religiosa de Cherubini, Beethoven, Mozart, Rossini y Niedelmeyer; -bailes blancos y bailes rosas; trajes de Worth, Rouff, Laferrière, Felix -y Pingard; sombreros de Virot ó de Isabel, y guisos de los Gouffé, -Lavigne, Chenu, Pasquier, Canivet y sus rivales, discípulos y sucesores. - -De todo esto se disfruta en bellísimos salones centro del más refinado -_confort_, y donde se ven acumulados, en artístico y aparente desorden, -muñequitos de Sajonia, jarrones de Sèvres, tacitas y juguetes de plata -holandeses, cuadros, estatuas y esmaltes, muebles Luis XV, telas Luis -XIV, costosas baratijas Luis XVI, relojes de chimenea primer Imperio, y -otra multitud de admirables _bibelots_ ó chirimbolos. - -Pero ya que estamos en este mundo hechicero y gratísimo, bueno será que -diga yo á usted quién nos guía por él y lleva como de la mano. - -Aquí me entran ciertos escrúpulos. Yo he recibido el libro por el -correo. Ignoro quién me le envía. Y dice el libro: _Edición privada_. -Supongo que esto significa que el libro no es para el público; no se -halla de venta. ¿Hasta qué punto, me interrogo, me será lícito -criticarle, aunque en la crítica entre por más el elogio que la censura, -porque la justicia así lo exige? Pero, al fin, me respondo: el libro -está impreso, y, aunque no se venda, circulará. Nadie me encarga que -guarde el secreto. No abuso, pues, demasiado de la publicidad. Ojalá que -todos los abusos de este linaje fueran tan inocentes como el mío. - -Me mueve además á tratar del libro la buena amistad que á su autor -profesamos, desde hace casi medio siglo, toda la sociedad de Madrid, y -muy en particular mis parientes y mis amigos. - -El autor es D. José Manuel Hidalgo. - -Su nombre pertenece á la historia política, no sólo de Europa, sino del -mundo, en la segunda mitad del siglo XIX. Su intención fué buena. Quiso -enviar sosiego, prosperidad, ventura y mayor dosis de civilización á su -patria. Si erró en los medios, _a i posteri l’ardua sentenza_. -Importante fué su acción en todos aquellos sucesos que colocaron en el -trono de Méjico al entusiasta y noble príncipe Maximiliano, cuya trágica -muerte deplora él todavía. - -Toda la fingida narración que su libro contiene está impregnada de -aquella blanda melancolía, propia de un alma religiosa, lastimada y -herida por tremendas catástrofes y por solemnes desengaños. Esta -melancolía, si blanda, profunda, brota del centro mismo de las -elegancias, primores y refinamientos que el autor describe. - -La novela del Sr. Hidalgo, así por el candor inimitable con que está -contada, como porque algunos de los lances no vienen dialécticamente -justificados, según suele estarlo toda ficción, parece, más que novela, -verdadera historia. - -A veces, lo confieso con cierto rubor, hay en la novela sublimidad y -delicadezas de sentimiento, que dan tan crueles resultados, que yo, -movido á compasión, siento deseo de ingerirme entre los personajes y de -aconsejarles que transijan y sean menos severos. - -La condesa viuda de Hautmont es un dechado de talento, piedad, virtud y -distinción aristocrática; pero la situación en que tiene al pobre Sr. -Zentres es cruelísima. A la verdad, yo entiendo que, pasados cinco ó -seis años de viudez sin ofender á Dios, sin faltar á la memoria de su -primer marido, y muy en consonancia con todas las reglas y liturgias, la -Condesa hubiera debido modificarse, ser menos cogotuda, casarse, en una -palabra, con el Sr. Zentres, y no hacer de él un Tántalo de corbata -blanca, un perpetuo _patito_ y un mártir crónico del amor mal pagado. Y -todo esto teniéndole siempre al lado suyo, á modo de apéndice, que sabe -Dios lo que dirían las malas lenguas: el gran Galeoto, que hasta en el -mundo más _comm’il faut_ asiste y hace de las suyas. - -La lastimosa situación del Sr. Zentres me explica aquel capricho del -infante D. Alfonso de Portugal, cuando ordenó al escritor que rehizo la -historia de _Amadis de Gaula_ que cediese este héroe, hasta con permiso -de la señora Oriana, á la tenaz y vehemente pasión de aquella otra -princesa llamada Briolanja, que por él moría, sin remedio, de amores. -Tanto me afligen las malas andanzas del Sr. Zentres, que respiro cuando -después de la muerte de la Condesa, se hace él monje cartujo, -considerando yo que el cuitado entra á hacer vida mucho menos penitente -que la que antes hacía. - -Los opuestos caracteres de las dos hijas de la condesa, Ida y Lea, están -bien trazados y seguidos. Ida, con un marido vanidoso y ligero, y ella -vanidosa y ligera también, se deja arrebatar por la manía del esplendor -y de la magnificencia; se arruina, es abandonada por el marido, que se -va á California á buscar oro; y ella muere al cabo míseramente en el -hospital. Lea es una santa; pero, con franqueza, yo hubiera deseado más -justificación en el lance que la decide á ser Hermana de la Caridad. Lea -no tiene tiempo, ocasión, ni razonable y suficiente motivo para amar de -tal suerte á su novio, que le produzca desilusión tan profunda el que -éste la abandone, la plante, por otra señorita que tiene cuatro ó cinco -veces más dote. Hablemos claro, aunque no sea _comm’il faut_: lo que -hizo el novio de Lea fué una verdadera porquería; no tiene otro nombre. -Pero, ¿qué diantre? ¿No se había tratado su matrimonio con Lea, contando -previamente los ochavos de él y la dote de ella? Lo feo del caso estuvo -en faltar á la promesa de un convenio de aparcería porque se halla otro -convenio que trae más ventaja; pero la fe amorosa quebrantada y los -mismos amores apenas se descubren. - -Como quiera que sea, la vocación acude: Lea se hace Hermana de la -Caridad; es una heroína y una santa, y todo ello está narrado con amor, -con ternura, con fervor y caridad de cristiano. - -El libro de mi antiguo amigo el Sr. Hidalgo es muy moral, muy devoto y -algo melancólico; mas no por eso deja de entretener y de interesar. -Además de ser el libro moral y devoto, y asimismo ameno, es, como queda -dicho, de alta elegancia, lo cual no está en oposición tampoco con la -devoción, con la moralidad y con la limpieza de costumbres. - -Ya que el Sr. Hidalgo se lanzó, es de desear que persevere en el camino -que ha tomado. Su cabeza ha de estar llena de noticias y de recuerdos de -casos novelescos de la sociedad elegante de París, de aquella _high -life_ central en que hace tantos años vive. ¿De qué variada cantidad de -aventuras, amores, anécdotas y sucedidos de todo género, no podría -valerse, si quisiese el señor Hidalgo, para componer, por docenas, -novelas divertidísimas, sobre todo si no siguiese aislando mucho su -_monde_ correcto y plenamente _comm’il faut_, y dejase que de vez en -cuando hubiera en él irrupciones de los otros _mondes_, _interlope_, -_camelotte_, etc., etc.? Hasta su misma calidad de extranjero haría que -el Sr. Hidalgo viese y representase los objetos con mayor imparcialidad -que los parisienses de nacimiento. - -No dudo que llegará ahí la novela del Sr. Hidalgo, y aconsejo á V. que -la lea. Es lectura propia de señoras, y está dedicada á una que lo es -muy principal: discreta y elegante hija de nuestra España: á doña -Mercedes Alcalá Galiano, baronesa de Beyens. - - - - -TABARÉ - - _30 de Septiembre de 1889._ - -(A D. LUIS ALFONSO) - - -Mi distinguido amigo: No puede usted figurarse cuán grande es mi -gratitud á usted por las generosas alabanzas que ha dado á mis _Cartas -Americanas_. Y, si bien yo soy algo egoísta, como cada hijo de vecino, -no se lo agradezco tanto porque alabándome aumenta usted mi crédito de -escritor, cuanto porque une usted sus esfuerzos á los míos en un trabajo -que considero utilísimo. - -España y las que fueron sus colonias en América, convertidas hoy en -dieciséis Repúblicas independientes, deben conservar una superior -unidad, aun rotos los lazos políticos que las ligaban. El importante -papel que España ha hecho en la Historia del mundo, sobre todo desde que -su nacionalidad apareció plenamente á fines del siglo XV, imprime á -cuanto proviene de España, por sangre, lengua, costumbres y leyes, un -sello exclusivo y característico que no debe borrarse. - -Dicen que yo soy muy escéptico; pero creo en multitud de cosas en que -los que pasan por creyentes no creen; y entre otras creo (por manera -vaga y confusa, es verdad) en los espíritus colectivos. Mi fantasía -transforma en realidad sustantiva lo que se llama el genio de un pueblo -ó de una raza. Lo que es figura retórica para la generalidad de los -hombres, para mí es ser viviente. Y al incurrir en tan atrevida -prosopopeya, no me parece que incurro en paganismo ni en hegelianismo. -¿Acaso no cabe mi suposición dentro del pensar cristiano? ¿No consta del -Apocalipsis que tenían sendos ángeles tutelares las siete iglesias del -Asia? ¿No es piadosa creencia la de que cada individuo tiene su ángel -custodio? Pues entonces, ¿por qué no ha de tener cada pueblo y cada raza -un ángel custodio de más alta categoría y trascendencia, que ordene las -acciones de los hombres todos que á dicha raza pertenecen, en prescrita -dirección y cierto sentido, para que formen, dentro de la obra total de -la humanidad entera, una peculiar cultura? Esta, combinándose con el -producto mental de otras grandes razas y nacionalidades constituye la -civilización humana, varia y una en su riqueza, la cual, desde hace más -de dos mil años, cinco ó seis predestinados pueblos de Europa han tenido -y tienen la misión de crear y de difundir por el mundo. - -Mi razonamiento, y le llamo mío, no porque no le hayan hecho otras -personas, sino porque yo le hago ahora, me induce y mueve, sin el menor -escrúpulo de que alguien me acuse de herejía, á dar adoración y culto al -genio, ó, si se quiere al ángel custodio de la gente española. Así es -que yo, si bien deploro que aquel grande Imperio de España y sus Indias -se desbaratase, todavía absuelvo á los insurgentes que se rebelaron -contra el señor rey D. Fernando VII y acabaron por triunfar de él y -sustraerse á su dominio; pero no absuelvo, ni absolveré nunca á los -insurgentes contra el genio de España, y ora se rebelen en Ultramar, ora -en nuestra misma Península, los tendré por rebeldes sacrílegos y lanzaré -contra ellos mil excomuniones y anatemas. - -Disuelto ya el Imperio, no hay más recurso que resignarse; pero no debe -disolverse, ni se disuelve, la iglesia, la comunidad, la cofradía ó como -quiera llamarse, que venera y da culto al genio único que la guía y que -la inspira. Todos debemos ser fieles y devotos á este genio. Yo, además, -me he atrevido á constituirme, al escribir las _Cartas Americanas_, en -uno de sus predicadores y misioneros. ¡Ojalá se me perdone el -atrevimiento en gracia del fervor que le da vida en mi alma! - -Sea por lo que sea, pues no es del caso entrar aquí en tales honduras, -la madre España, desde hace más de dos siglos, ha decaído, no sólo en -poder político, sino en aquel otro poder de pensamiento que se impone á -los espíritus y domina en el mundo de la inteligencia. Francia, -Inglaterra y Alemania, son ahora reinas y señoras en esto, así como en -las cosas materiales. De aquí algo como un vasallaje intelectual en que -nos tienen. Van delante de nosotros por el camino del progreso, y como -en la ciencia positiva y exacta no hay más que un camino, tenemos que -seguir las huellas de dichas naciones. Esto ni puedo ni quiero negarlo -yo. Ni negaré tampoco que, en todo lo que es _ciencia inexacta_, -deslumbrados nosotros por los adelantamientos reales de los extranjeros, -también solemos seguirlos ciegamente, y aceptar y aun exagerar sus -sistemas, sofismas y especulaciones, los cuales acostumbran ellos á -forjar con más primor, con más arte, y, sobre todo, con mayor autoridad, -gracias al descaro, á la frescura y al aplomo soberbio que les presta la -confianza de ser más atendidos por pertenecer á nación dominadora ó -preponderante en el día. Parece, pues, inevitable y fatal que, desde -hace dos siglos, nos mostremos como discípulos, como imitadores de los -extranjeros, en teorías y doctrinas políticas y filosóficas. Las modas -de todo esto vienen de París, como las modas de trajes, de muebles y de -guisos. - -Entretanto, el genio de nuestra raza, ¿duerme, nos abandona ó qué hace? -Aunque renegamos bastante de él, aunque olvidamos ó desdeñamos por -anticuado y absurdo lo que nos inspiró en otras edades, yo entiendo que -nos asiste y nos inspira aún, especialmente en todo aquello menos sujeto -á progreso ó en que no se progresa; en todo aquello que flota, ó, más -bien, vuela independiente y con plena libertad sobre el río impetuoso -por donde van navegando los espíritus humanos. - -Es cierto que cuando nos hemos puesto á filosofar en sentido -racionalista, ya hemos sido volterianos, ya secuaces de Condillac, ya de -Cousin, ya de algún alemán en Alemania apenas estimado; ya de Kant, ya -de Hegel, ya de Renouvier, ya de Comte y Littré. Es cierto que, cuando -no hemos politiqueado por rutina ó pasión, sin ser los principios más -que vanos pretextos, hemos tomado los guías más extraños. Los -conservadores, por ejemplo, á un protestante infatuado y seco, que nos -despreciaba hasta el extremo de creer que se podía explicar la historia -de la civilización de Europa haciendo caso omiso de España; los -ultra-conservadores ultra-católicos, á los sensualistas elocuentemente -desatinados De Maistre y Bonald; y en esto han llegado á tal delirio -nuestros entusiasmos y nuestro afán de ser arrendajos, que yo doy por -seguro, y creo no equivocarme, que si Proudhon no se hubiera mostrado -federalista en uno de sus libros, tal vez por odio y celos de francés á -la unidad italiana, y si en España no hubiera habido un escritor y -orador de valer y aficionadísimo á Proudhon, jamás en España le hubiera -pasado á nadie por la cabeza que nos trocásemos en República federal, -rompiendo la unidad nacional á tanta costa y después de tantos siglos -apenas lograda. - -Pero es más: tal es ó ha sido el descuído, el olvido ó la corta -estimación de nosotros mismos por nuestro propio pensamiento, que para -volver á ser escolásticos en la patria del Doctor Eximio, de Victoria, -de Melchor Cano y de Domingo de Soto, ha sido menester que nos impulsen -Kleutgen, Van Wedingen, Liberatore, Prisco y otros tudescos, belgas é -italianos. - -Hasta en literatura, en lo que tiene de preceptivo, crítico y teórico, -hemos recibido el impulso de fuera: hemos sido clásicos á la francesa -desde Luzán; y luego románticos, porque el romanticismo vino de París; y -luego naturalistas para remedar á Daudet y á Zola. - -Por dicha, en medio de este vasallaje, se nota ya, desde hace años, -cierto prurito de emancipación. Nuestro espíritu va como barco llevado á -remolque, en el mar ó río del progreso; pero ya se siente agitado por el -potente soplo del Genio de la raza, que tira á romper la cadena de los -que nos van remolcando, y á dejarnos sueltos para que naveguemos por -nuestra cuenta y riesgo. - -Traigo aquí todo esto para rectificar varias sentencias que me -atribuyen, sin motivo, los pocos periódicos franceses y -anglo-americanos que han hablado de mis _Cartas_. Ni yo desconozco todo -el valer de la ciencia y del ingenio de Francia, ni propendo con astucia -diplomática, como cree la _Revue Britannique_, á separar á los -hispano-americanos de la alianza intelectual francesa, ni los acuso de -imitadores de todo lo francés, como si nosotros no lo fuésemos, y como -si ellos en tal imitación no nos imitasen. - -De este lado y del otro del Atlántico, veo y confieso, en la gente de -lengua española, nuestra dependencia de lo francés, y, hasta cierto -punto, la creo ineludible; pero ni yo rebajo el mérito de la ciencia y -de la poesía en Francia para que sacudamos su yugo, ni quiero, para que -lleguemos á ser independientes, que nos aislemos y no aceptemos la -influencia justa que los pueblos civilizados deben ejercer unos sobre -otros. - -Lo que yo sostengo es que nuestra admiración no debe ser ciega, ni -nuestra imitación sin crítica, y que conviene tomar lo que tomemos con -discernimiento y prudencia. Y sostengo además que, en Francia y en otros -países, los que prestan hoy alguna atención á nuestra literatura -contemporánea, la consideran más de reflejo de lo que es, y apenas nos -conceden ya otra originalidad que la grotesca y villana de lo chulo y lo -majo. Piensan en España, y sólo ven, en lo pasado, autos de fe y -hervidero de frailes; y en lo presente, toros, navajas y castañuelas. Lo -restante es francés todo. - -Mi protesta es contra esto. A pesar de la ineludible imitación, existe -hoy, y ha existido siempre, en nuestra literatura, un fondo de -originalidad grandísimo, el cual ha dado y da razón de sí y luz -brillante en la poesía. - -Vea usted por qué me ha desazonado tanto la declaración de Clarín de que -en España no hay ahora sino 2,50 poetas. ¿Qué nos queda, si la poesía se -nos quita? - -Para consolarme, me explico dicha declaración de cierto modo, y entonces -todo va bien. Para Clarín, el concepto de poeta es tan ideal y tan alto, -que sólo dos españoles llegan hoy á él, y otro á la mitad de su -idealidad y de su altura. Entendido así el negocio, no hay de qué -quejarse en absoluto. Y si en lo relativo caben quejas, quien menos -debiera darlas, con perdón sea dicho, es Manuel del Palacio; pues, -poniendo aparte á Zorrilla, y sin calificar de ceros en poesía, y -concediendo siquiera el valor de céntimos á Tamayo, Ferrari, Velarde, -Rubí, Verdaguer, Alarcón, Fernández-Guerra, Teodoro Llorente, Miguel de -los Santos Álvarez, Querol, Cañete, Narciso Campillo, Grilo, Correa, -Cabestany, Echegaray, Menéndez y Pelayo, Molins, Cánovas, Cheste y -otros, resulta que Clarín ensalza á Manuel del Palacio por cima de todos -los citados señores, y le da cincuenta veces más valer que á cualquiera -de ellos. Y como entre ellos no hay ninguno que pase por tonto, ni que -no haya mostrado habilidad en otros asuntos en que se ha empleado, de -presumir es que la ha mostrado también en la poesía, á no ser que sea la -poesía tan sobrenatural y tan sublime, que sólo la alcancen dos, y uno -medio la alcance. - -Infiero yo de aquí, no diré contra el sustancial pensamiento de Clarín -sino contra los términos en que le expresa, que en España hay ahora -muchos poetas; que nuestra poesía de hoy importa más que nuestra -filosofía y que nuestras ciencias naturales, matemáticas, históricas y -políticas; y que, tomando, no un momento solo, sino un período extenso, -el siglo XIX, España no compite ni rivaliza por sus filósofos, sabios, -historiadores, etc., pero sí compite y rivaliza por sus poetas, con -Francia, Alemania, Inglaterra é Italia. - -Hay, pues, en España abundancia de poetas que, lleguen adonde lleguen en -el _poetámetro_, ó instrumento para medir poetas, que ha de tener -Clarín, no quedan por bajo del nivel de los que en tierras extrañas se -califican de buenos; y algunos hay, pongo por caso Quintana, que bien -pueden codearse con Chénier, con Manzoni, y con los más altos líricos -ingleses, sin deberles nada, ni haberlos imitado ni conocido acaso. - -Lo que sí nos falta es público: lectores entusiastas. La plebe -intelectual no lee, ó lee poco; le estorba lo negro, como se dice -hablando con llaneza; y nuestros doctos padecen bastante de desconfianza -en nuestro valer y de cierto desdén á lo español, de que nos han -aficionado los extranjeros. - -En esta situación de los espíritus, es harto difícil mi empresa de -agradar, interesar y persuadir con las _Cartas Americanas_. ¿Cómo va á -creer quien apenas cree que hay algo bueno en Madrid, ó en Barcelona, -que lo hay en Valparaíso, en Bogotá ó en Montevideo? Y ¿cómo, á no ser -un santo, sin chispa de emulación, no se ha de afligir un poco el poeta -de por aquí, á quien tal vez nadie hace caso, y á quien Clarín no -calificaría de céntimo de poeta, de que yo importe tanto género similar -ultramarino, que llegue á secuestrar la escasa atención y aprecio que -pudieran concederle? - -A pesar de estos inconvenientes, como yo soy testarudo, he de proseguir -en mi tarea. Y todo este preámbulo es para prevenir á usted -favorablemente y darle á conocer á un poeta rioplatense, llamado Juan -Zorrilla de San Martín, á quien, en mi sentir, no ha de tener en menos -su tocayo español, nuestro laureado Zorrilla; y así, si empezamos por -poner á éste, añadimos á Campoamor y á Núñez de Arce, y, adoptando la -severidad de Clarín, contamos por medio-poeta al Zorrilla montevideano, -sumándole con Manuel del Palacio, para componer otro entero, tendremos -en todas las Españas cuatro poetas vivos y sincrónicos, lo cual se puede -entender de suerte que sea muchísimo, cuando, por ejemplo, en Italia se -habla con orgullo de _los cuatro poetas_, no contando más en la -prolongación de una historia de seis siglos. - -Pero dejemos bromas á un lado; desechemos las medidas arbitrarias y las -siempre odiosas y con frecuencia injustas comparaciones. Hablando con -seriedad, y en absoluto, yo no digo que es, porque no reparto diplomas, -pero digo que me parece Juan Zorrilla un excelente poeta; muy original, -muy español y muy americano. - -La obra que me induce á pensar así, se titula _Tabaré_. Es un extenso -poema, leyenda ó novela en verso. - -El autor me ha enviado de presente un ejemplar, por el que le doy -encarecidas gracias. - -Antes de hablar del contenido del libro, conviene decir de su parte -material que nos inspira envidia. En la Península ibérica jamás poeta -alguno se ha visto mejor impreso, ni tan lujosamente, ni con tan buen -gusto. _Tabaré_ es un hermoso volumen de 300 páginas, excelente papel, -impresión clara y limpia, y lindo retrato del poeta grabado en -acero.--Fecha: Montevideo, Barreiro y Ramos, editor, 1888. - -Hablemos ya del poema. Tiempo es, dirá usted, después de tan larga -disertación preliminar. Y, sin embargo, lo preliminar no ha concluido. -_Tabaré_ es muy americano, y yo quiero decir algo del americanismo en -poesía. - -Empeñarse en buscar un sello especial y exclusivo que distinga una obra -poética escrita en América, sería absurdo. Este sello, ó acude sin que -le busquen, ó no acude. En esta ocasión ha acudido, y con omnímoda -plenitud. Quiero significar que _Tabaré_ parece inspirado por el medio -ambiente, por la naturaleza magnífica de la América del Sur, y por -sentimientos, pasiones y formas de pensar, que no son sencillamente -españoles, sino que, á más de serlo, se combinan con el sentir, el -discurrir y el imaginar del indio bravo, concebidos, no ya por mera -observación externa, sino por atavismo del sentido íntimo y por -introversión en su profundidad, donde quien sabe penetrar lo suficiente, -ya descubre al ángel, aunque él esté empecatado, ya descubre á la -alimaña montaraz, aunque él sea suave y culto. Ello es que en _Tabaré_ -se siente y se conoce que los salvajes son de verdad, y no de convención -y amañados ó contrahechos, como, por ejemplo, en _Atala_. - -Prescindiendo de novelas como las de Cooper, y de descripciones en -prosa, en libros científicos y en relaciones de viajes, yo creía que, en -poesía versificada, concisa por fuerza y en que no caben menudencias -analíticas, los brasileños tenían hasta ahora la primacía en sentir y en -expresar la hermosura y la grandeza de las escenas naturales del Nuevo -Mundo. Leído _Tabaré_, me parece que Juan Zorrilla compite con ellos y -los vence. - -No hay en _Tabaré_ las reminiscencias clásicas que en las epopeyas _El -Uruguay_ y _Caramurú_, y todo está sentido con más originalidad y -hondura y más tomado del natural inmediatamente. Carece acaso Juan -Zorrilla del saber de Araujo Porto-Alegre, ó, si no carece, tiene la -sobriedad y el buen gusto de no mostrar que sabe tan al pormenor y tan -por experiencia y por ciencia los objetos que le rodean: las piedras, -las plantas y los animales; pero no nos abruma, como Araujo -Porto-Alegre, aun cuando más le admiramos, ó sea en _La destrucción de -las florestas_, con tan rica enumeración descriptiva. El poema de Juan -Zorrilla no es descriptivo: es acción, y muy interesante y conmovedora, -por donde sus rápidas descripciones, que son el cuadro en que resaltan -las figuras humanas, agradan y hieren más la imaginación, aunque sean -esfumadas y vagas, y queden en segundo término. Al poeta brasileño á -quien más se parece Juan Zorrilla es á Gonsalves Días. - -En la forma poética, Juan Zorrilla es de la escuela de Becquer, al cual, -en ambos Mundos, y por donde quiera que suena ó se escribe la lengua de -Cervantes, no se le ha de negar la gloria de haber creado escuela. No es -fácil de explicar en qué consiste la manera _becqueriana_; pero, sin -explicarlo, se comprende y se nota dónde la hay. Las asonancias del -romance aplicadas á versos endecasílabos y eptasílabos alternados; la -acumulación de símiles para representar la misma idea por varios lados y -aspectos; una sencillez graciosa, que degenera á veces en prosaismo y en -desaliñado abandono, pero que da á la elegancia lírica el carácter -popular del romance y aun de la copla; el arte ó el acierto feliz de -decir las cosas con tono sentencioso de revelación y misterio, y cierta -vaguedad aérea, que no ata ni fija el pensamiento del lector en un punto -concreto, sino que le deja libre y le solevanta y espolea para que -busque lo inefable, y aun se figure que lo columbra ó lo oye á lo lejos -en el eco remoto de la misma poesía que lee; de todo esto hay en -Becquer, y de todo esto hay en Juan Zorrilla también. - -Lo nuevo en Juan Zorrilla es que, con ser su _Tabaré_ una narración, en -parte de ella, en la primera sobre todo, narra y casi no narra. Parece -el poema bella serie de poesías líricas, en las cuales la acción se va -desenvolviendo. Cuando los personajes hablan, queda en duda si son ellos -los que hablan ó si habla el poeta, en cuyo espíritu se reflejan con -nitidez los sentimientos y las ideas que tienen los personajes de modo -confuso, como quien no vuelve sobre su espíritu y le examina y analiza. - -Esta manera de poetizar se adapta muy bien al asunto de _Tabaré_. -Tratado en prosa, dicho asunto daría lugar á un sutil análisis -psicológico; tratado en verso, y como Juan Zorrilla le trata, su poesía, -que no analiza ni discurre, porque no sería poesía si tal hiciera, ó -sería poesía muy pesada, sobreexcita é inspira al lector para que él -mismo haga los discursos y los análisis. - -El argumento de la obra cabe en muy breve resumen. El tremendo cacique -Caracé, allá en la época de la reconquista, roba á una noble y gallarda -doncella española y la hace madre. La desventurada, á pesar del amor á -su hijo, no resiste la situación horrorosa en que se halla, la abyecta -servidumbre en que ha caído, y las inclemencias de la vida selvática, y -muere pronto dejando huérfano al mestizo. Este mestizo es Tabaré, héroe -de la leyenda. Por sus venas corre mezclada la sangre del indio bravo, -de la raza más feroz, más indómita, más despreciadora de la vida y más -rebelde á toda la civilización, con la sangre europea, donde van -infundidos los refinamientos de una educación de dos mil años, -transmitida por herencia: las virtualidades, gérmenes y aptitudes que, -desenvueltos luego y llegados á su plenitud y madurez en el adulto, le -hacen señor de la tierra, capaz de los más altos ideales y digno de -alcanzarlos. - -El poeta nos quiere pintar en su poema la desaparición irremediable de -una raza, cuyo salvajismo enérgico, á par que la inhabilita para la vida -civilizada, presta á su heroica lucha y á su final hundimiento el -aspecto más trágico, excitando la admiración y la piedad. Esta raza es -la de los _charrúas_, que combatieron fieramente contra los españoles -hasta que no quedó un charrúa. - -_Tabaré_ es de esta raza, pero también es español: lleva en las venas, -por misterio inexplicable, la civilización de Europa; inconsciente -levadura ó fermento, que hierve y agita su organismo; savia que le -remueve todo, sin acabar de brotar en flores y en frutos. - -_Tabaré_ quedó sin madre desde muy niño. No sabe nada; y por lo -aprendido, es tan salvaje como los demás charrúas, mientras que, por lo -no aprendido, por lo no formulado, ni hecho distinto y claro por virtud -reveladora de la palabra, lleva en sí todos los elementos difusos é -informes de las ideas y de los sentimientos más delicados y hermosos. - -No entremos aquí á defender ni á refutar esta teoría de la trasmisión -hereditaria. Yo me limito á decir que ha de tener mucho de cierta, á mi -ver, hasta donde no destruye la libertad y la responsabilidad humanas. -No hay religión que no la acepte, admitiendo merecimientos y pecados -originales. El vulgo la afirma con frecuencia en sus proverbios. La -ciencia experimental del día va quizá más allá de lo justo en -sostenerla, cayendo en determinismo y en fatalismo. - -Como quiera que sea, pues no nos incumbe dilucidar la verdad científica -del alma de _Tabaré_, el valor estético de la creación es grande, y el -arte y el ingenio que se requieren para dar forma, vida y movimiento á -esta creación, tienen que ser poco comunes. - -Juan Zorrilla posee este arte y este ingenio. Ni el poeta penetra en lo -profundo del alma de _Tabaré_, y se pone á analizarla, como haría un -novelista psicológico; ni _Tabaré_ habla ni se explica á sí mismo, lo -cual sería inverosímil. Y no obstante, el lirismo de Juan Zorrilla, como -un ensalmo, como un conjuro mágico, evoca el espíritu de _Tabaré_, y nos -le deja ver claramente, en su vida interior, en el móvil oculto de sus -acciones, en sus afectos, en su vago pensar y en su complicada -naturaleza. - -En la confluencia de los ríos San Salvador y Uruguay han fundado los -españoles una aldea, fortaleza ó puesto avanzado. D. Gonzalo de Orgaz es -el joven capitán de los valientes que mantienen allí la bandera de -España. D. Gonzalo, á pesar del peligro del puesto, tiene consigo á su -esposa Doña Luz, y á Blanca, su linda hermana. - -De vuelta D. Gonzalo de una excursión guerrera, trae á varios -prisioneros charrúas. Entre ellos viene Tabaré. Tabaré ve á Blanca. Las -raras emociones que al verla agitan su pecho están descritas con tal -sutileza, con arte tan delicado, que se comprende y se admira su vaga -intensidad. Su idealismo parece real, naturalista y vivido. Se diría que -todo el elemento materno de hombre civilizado que había en el espíritu -de Tabaré, surge, á la vista de Blanca, desde el tenebroso fondo de su -sér de salvaje. Es sentimiento sin nombre, arrobo indefinible, recuerdo -confuso de allá de la infancia, cuando su madre vivía y le llevaba en -sus brazos. Todo esto no lo dice el indio, porque sería falso que se -entendiese él por reflexión, y que se explicase la devoción, la pureza, -la limpia castidad, el religioso acatamiento y la admiración que Blanca -le inspira. Todo esto no lo dice el poeta tampoco, como si el héroe, -mudo ó incapaz de explicarse, tuviese intérprete ó comentador constante -que le fuese traduciendo y glosando. Y todo esto, sin embargo, se ve y -resulta de la poesía de Juan Zorrilla, por dificultad vencida y por arte -pasmoso, que le dan, en mi sentir, extraordinario mérito y novedad -inaudita. Es la más alambicada metafísica de amor puesta en cifra, y por -instinto, en el estilo de los salvajes, y puesta con tal claridad, que -la comprende el hombre civilizado capaz de comprenderla. No parece sino -que el poeta guardaba en ánfora sellada el antiguo elixir amoroso con -que se embriagaba Petrarca, y que, depurado por los siglos, le derrama -en las selvas primitivas y entre las breñas y malezas, embalsamando el -aire del recién descubierto país uruguayo. - -Tabaré, que está enfermo, infunde piedad y simpatía á Blanca y al P. -Esteban, - - «Encarnación de aquellos misioneros - Que del reguero de su sangre hacían - La primer senda en medio del desierto, - Y marcaban el sitio - Hasta el cual penetraba el Evangelio, - Con el cadáver solo y mutilado - De algún mártir sin nombre y sin recuerdo.» - -Por intercesión del misionero y de Blanca, Tabaré queda libre, bajo su -palabra de no fugarse de la colonia. - -Como Tabaré anda melancólico y ensimismado, excita más la piedad y el -interés de Blanca, que le habla á veces. Si responde el indio, rompiendo -su obstinado silencio, ó si el poeta responde por él, interpretando su -mirada y sus ademanes, queda en esfumada indeterminación lírica. Á la -verdad que lo que dice el indio es el sentir y el pensar del indio; pero -apenas se concibe que el indio pudiera expresarlo. El encanto de la -poesía vence esta dificultad, y aun saca de ella más hermosura. - -Blanca habló á _Tabaré_. - - «Él se detuvo, sin alzar la frente, - Cual llamado á lo lejos; - Cual si la voz tardara largo espacio - En ir desde el oído al pensamiento. - Quedó fijo; temblaba como el arpa - Que ha sacudido el viento; - Como el corcel que en su carrera escucha - El bramido del tigre en el desierto. - Así como una piedra, - Al fondo del abismo descendiendo, - Despierta temerosas resonancias, - Voces lejanas, quejas y lamentos, - La voz de la española - Descendió al alma del salvaje enfermo, - Y en ese abismo despertó la vida, - La queja, el grito del dolor y el tiempo.» - -_Tabaré_ habla entonces á Blanca. Sus palabras carecen de orden y -concierto. Brotan de sus labios como tropel de sombras y luces. El -poeta es, pues, quien ordena este caos, y le trueca en bellas canciones -americanas: - - «¡Oh! ¡sí! yo sé que acechas - Mis horas de dolor; - Sé que remedas alas de jilgueros - Donde yo estoy. - Yo sé que tú el secreto - Conoces de mi sér, - Y sé que tú te escondes en las nieblas... - ¡Todo lo sé! - Que gimes en el viento; - Que nadas en la luz; - Que ríes en la risa de las aguas - Del _Iguazú_; - Que miras en las altas - Hogueras de _Tupá_, - Y en las lunas de fuego fugitivas - Que brillan al pasar. - Tú, como el algarrobo, - Sueño das á beber, - Y das la sombra hermosa que envenena - Como el _ahué_. - Yo, temiendo tu sombra, - Tiemblo y huyo de tí, - Y tú en el despertar de mis memorias - Vas tras de mí.» - -Luego habla el indio del recuerdo de su madre, que Blanca reanima en su -mente: - - «Era así como tú... blanca y hermosa; - Era así... como tú: - Miraba con tus ojos, y en tu vida - Puso su luz. - - Yo la ví sobre el cerro de las sombras - Pálida y sin color. - El indio niño no besó á su madre... - No la lloró. - - * * * * * - - Hoy vive en tu mirada transparente - Y en el espacio azul... - Era así como tú la madre mía; - Blanca y hermosa...; pero no eres tú.» - -El amor singular del indio hace que despunte en el alma de Blanca, como -en el cielo sereno y puro, una remotísima é indecisa aurora de amor, tan -indefinida, que se confunde con la piedad, con la conmiseración, con la -caridad cristiana. - -En tal estado vaga _Tabaré_ en silencio por la colonia; y, de día, le -juzgan loco, y por la noche, la gente crédula le imagina alma en pena ó -fantasma. - -Varios soldados persiguen al fantasma y le acometen; _Tabaré_ se -defiende, y quiebra entre sus fuertes dedos el asta de la lanza de un -soldado. Hubiera muerto entonces, si no acude el P. Esteban y le salva. - -El lance ocurrido y la singular y sombría condición del indio, avivan -las sospechas de Doña Luz y de otros sujetos de la colonia, que no creen -posible que un charrúa se civilice y deje de ser una fiera, y, á pesar -de la generosa y confiada resistencia de D. Gonzalo, éste cede al fin y -despide á _Tabaré_, para que vuelva á los bosques, á su vida de indio -bravo. - -La compasiva Blanca ve al indio antes de partir. En la mente del indio, -Blanca sigue siendo un sér ideal: - - «Con alas invisibles en la espalda», - -y en los ojos, con la luz de la aurora, - - «Que el seno oscuro de la noche aclara»; - -pero la arisca fiereza del indio, y su sér de charrúa indómito, que -lucha dentro de su pecho con la suave y amorosa condición que heredó de -su madre, se oponen en esta ocasión á que Blanca comprenda que el indio -la quiere bien. Blanca cree que la odia y que odia á todos los -cristianos. - -Después hay un momento supremo en el combate interior entre las dos -naturalezas de Tabaré. Va á vencer la ternura, y el charrúa, el charrúa -que nunca llora, ni se queja en medio de los más horribles suplicios, se -abraza al P. Esteban y vierte en su sayal una lágrima. La reacción es -más violenta entonces. La vergüenza, la ira de haber incurrido en aquel -acto de debilidad, deshonroso para su casta, hace que Tabaré ruja como -un tigre, se desprenda del fraile y huya á la selva. - -Los cantos siguientes del poema tienen el carácter de una epopeya -trágica y sombría. - -La carrera frenética de Tabaré cuando vuelve ya á sus nativos bosques, -es de gran riqueza de imaginación. Ni falta lo sobrenatural, como en -los antiguos poemas. Juan Zorrilla llama á los espíritus, á los genios -elementales del mundo americano primitivo, y todos acuden á su briosa -evocación. Ellos que son inmortales y conocieron y trataron la raza -extinguida de los huraños charrúas, salen de sus cavernas, descienden de -las nubes, se hacen visibles en el aire, y, sacudiendo las osamentas y -los cráneos, hundidos - - «En el profundo limo - En que tienen las algas sus amores, - Se arrastra el yacaré, duerme la raya, - Y la tortuga sus nidadas pone», - -revelan al poeta los ignorados pensamientos y sentimientos de aquellos -salvajes. Es más: estos seres extra-humanos animan la naturaleza, -intervienen como máquina en el poema y dan forma visible al delirio de -Tabaré, errante por el bosque. - -No gusto de citar, porque lo que se cita, aislado y dislocado, pierde -toda la belleza que nace del acorde en que está con el resto de la -composición. Afirmo, pues, sin citar casi, que todo el vagar por el -bosque del indio Tabaré es enérgica poesía, y de un brío gráfico y -fantástico notables, donde lo real y lo ideal, lo observado y lo soñado, -se mezclan y se funden íntimamente. - - «Al sentirlo pasar, las lagartijas - Hacia sus cuevas corren, - Y asoman las cabezas puntiagudas - Y el largo cuerpo sin calor encogen. - Y las ranas se callan un instante - Mientras pasa, y sus voces, - Como largos quejidos, á su espalda, - Cuando ha pasado nuevamente se oyen. - Y los nocturnos pájaros lo siguen - En negras procesiones; - El chajá dando saltos por el suelo, - Chirriando esos murciélagos enormes, - Que, como manchas de la misma sombra, - La oscuridad recorren, - Persiguiendo los átomos, ó huyendo - Atolondrados de invisible azote. - Detrás de cada tronco acurrucada - Parece que se esconde - Alguna cosa que, al pasar el indio, - Sigue tras él con movimiento torpe. - Él siente á sus espaldas ese mundo - Que su alma sobrecoge; - Mas no se vuelve, y apresura el paso, - Y sigue, y sigue sin saber adónde.» - -Al fin, Tabaré se para rendido por la fiebre, y empieza su delirio, en -que todos los espíritus de la naturaleza toman activa parte. - -Sigue después otro cuadro, que excede acaso en belleza al anterior. La -inspiración del poeta, lejos de menguar, crece, según adelanta en su -obra. Es un cuadro del más pujante naturalismo. No puede imaginarse -aquelarre más espantoso que la escena real y vivida que el poeta ofrece -á nuestros ojos. Ha muerto el cacique supremo de los charrúas, y éstos -celebran los funerales. El sueño frío se entró por las venas del viejo -cacique, y en balde los médicos le chuparon el vientre para arrancar el -dardo que causaba su mal. Muerto ya, le preparan para el último viaje, -embijándole horriblemente la cara con jugo de _urucú_ para que asuste á -_Añang_ y á _Macachera_ y á los genios del aire. Los indios danzan -ebrios en torno de diez hogueras. La descripción de las mujeres es de -mano maestra. Danzan y cantan las mozas: las viejas, de cuclillas, -mastican entre sus mandíbulas sin dientes algo que echan en el brebaje -que está fermentando. Los parientes del difunto se cortan dedos, ó se -arrancan pedazos de carne ó túrdigas de pellejo para mostrar su pesar. -Todo esto no se refiere: casi se ve. Se huele la sangre vertida; se -respira el humo de las hogueras; se perciben los cuerpos desnudos; y se -oyen los cantares bárbaros, los aullidos y el resonar de los pies que -bailan, y el silbar de las bolas y de las flechas y el choque de las -lanzas. Los indios arman brava y fantástica pelea con los hijos del aire -y de la noche, con los perros que roen las lunas, y con los vestiglos -malditos que acuden á llevarse el espíritu del cadáver. - -Como digno remate de las ceremonias fúnebres, aparece el indio Yamandú, -reclamando que le eleven al cacicato supremo. Sus méritos y servicios -son notables. Nadie hace muecas más diabólicas para espantar al enemigo; -nadie da en la lucha alaridos más feroces. En su toldo cuelgan cien -cabelleras de adalides muertos por su propia mano; su pecho está -adornado con largas sartas de dientes y de muelas de los _arachanes_ -vencidos de cuya piel retorcida ha formado la cuerda de su arco. - -Elegido ya ó reconocido como jefe, Yamandú excita á los indios á una -expedición contra los españoles. No puedo resistir á la tentación de -copiar aquí parte de su discurso: - - «¿Queréis matar al extranjero blanco? - Seguid á Yamandú. - Yo sé matarlo como al gato bravo - De los bosques del Hum. - Los cráneos de los pálidos guerreros - Al indio servirán - Para beber la chicha de algarrobas - Y el jugo del palmar. - Sus rayos no me ofenden, en su sangre - Se hundirán nuestros pies: - Sus cabelleras en las lanzas nuestras - El viento ha de mover. - Virgenes blancas que en los ojos tienen - Hermosa claridad, - Encenderán en nuestros libres valles - Nuestro salvaje hogar. - En esos días de las horas largas - En que canta el _sabiá_, - Y al pie de la barraca está el bañado - Dormido en el juncal; - En esas noches en que se oye á ratos - El canto del _urú_, - Las virgenes esclavas del charrúa - Brillarán con su luz. - Sus cuerpos son más blandos que el venado - Que acaba de nacer, - Y tiemblan como tiembla entre la hierba - La verde _caicobé_. - Sus cabellos parecen los renuevos - Más tiernos del sauzal, - Sus bocas se abren como el dulce fruto - Que da el _burucuyá_. - ¡Vamos! ¡Seguidme! El extranjero duerme, - ¡Duerme en el Uruguay! - ¡El sueño que en sus ojos se ha sentado, - No se levantará!» - -En efecto: Yamandú ha visto también á Blanca. Ha nacido en su pecho una -pasión muy diversa de la de Tabaré y más propia del salvaje. El ansia de -robar y gozar á Blanca y el deseo de matar á los españoles le inspiran -el plan de una sorpresa nocturna y de un asalto á la colonia de San -Salvador. Los indios caminan ya tácita y cautelosamente hacia la -colonia, durante la noche, mientras duerme la guarnición descuidada. - - «¿No veis entre las ramas asomarse - Los temerosos rostros de los indios, - Embijados de rojo, y dibujados - Con trazos verdes, negros y amarillos? - Las plumas de sus frentes se confunden - Con las hojas del cardo; el remolino - Del viento suave, al agitar las ramas, - Descubre aquí y allá rostros cobrizos.» - -Salen del matorral, por donde iban medio agachados, y dan ocasión para -que el poeta nos nombre á algunos. - - «Aquel es Ibipué. ¿Quién no conoce - Al _tubichá_, tan fiero como listo, - Que al avestruz alcanza y al venado, - Y apresa entre las aguas al carpincho? - Cayú es aquel que corre entre las chircas. - Se le conoce en el profundo signo - Que, con su hacha de piedra, le ha grabado - En la cabeza el _arachan_ Siripo. - ¿También tú, Guaycurú? De los cristianos - Tú te dijiste servidor sumiso; - Ese casco que llevas y esa adarga - De Garay los ganaste en el servicio. - Tú fuiste el mensajero de tu tribu: - Rompiste en la rodilla tu macizo - Arco de _ñandubay_, y en tu piragua, - Ó á nado, en son de paz, cruzaste el río. - ¿No es esa una mujer? Es Tabolía. - Sabe arrancar la piel al enemigo, - Y ya más de una de ellas ha colgado - En el movible toldo de sus hijos. - Ella no exprime el fruto del quebracho, - Ni recoge en la selva para su indio - La miel del _guabiyú_, ni lleva el toldo, - Ni entona el _yaraví_ de triste ritmo. - Tiene en su labio el signo del guerrero; - Suena en la lucha su salvaje grito, - Y en el desnudo seno apoya el arco - En que viene la muerte á hacer su nido.» - -La expedición tiene, al principio, el éxito que Yamandú deseaba. San -Salvador es sorprendido. La lucha es terrible, y bien pintada. Arden -muchas casas. Los indios dan muerte á no pocos españoles; pero éstos se -rehacen, y ponen en fuga á los invasores. - -Yamandú logra, no obstante, su principal objeto. En medio del tumulto, -de la confusión y del horror de la batalla y del incendio, roba á -Blanca, y se la lleva á la selva sagrada donde tiene su guarida. - -Sucédense luego la desesperada furia de don Gonzalo al saber el rapto de -su hermana, su idea de que es Tabaré quien la ha robado, y su inútil -persecución para libertarla. - -Entretanto, Yamandú ha llevado á Blanca á lo más esquivo del bosque, -donde el terror impide que penetren los otros indios, que no son -_payés_, como él. El es hechicero, y no teme; antes bien domina á los -espectros y genios que siguen á Añanguazú. - -La situación es desesperada. Blanca yace en el suelo sin sentido. Vuelve -en sí, y se mira en el centro de la selva. En la oscuridad medrosa ve -relucir las lascivas pupilas de Yamandú, que aguarda que vuelva ella de -su desmayo. - -Algo de inesperado ocurre entonces, sin que Blanca atine á darse cuenta. -Oye crujido de ramas que se apartan con violencia; después pasos, -después gritos ahogados, y al fin ruido como de una lucha muda y -tremenda. - -En suma; Tabaré ha venido en socorro de Blanca: ha caído sobre Yamandú, -y ha logrado matarle, estrujándole el pescuezo entre sus dedos. - -Contar, como quien escribe un índice, todos estos sucesos y el final -desenlace, es destruir el efecto artístico, que pueden producir, y que, -á mi ver, producen. Menester es, no obstante, llegar al final -rápidamente. - -Tabaré salva á Blanca, que está casi exánime y la lleva hacia la -colonia. - -D. Gonzalo, que sigue buscando á su hermana, ve al indio, que corre -teniéndola en sus brazos, y á quien cree el raptor. D. Gonzalo ciego de -ira se lanza sobre Tabaré y le atraviesa con su espada. Blanca, que -comprende ya todo el amor, toda la sublime devoción del indio, se abraza -estrechamente con él, moribundo; llora y le llama. Tabaré muere. - -Así termina la acción de la leyenda, cuya trascendencia y elevación -merecen que de epopeya la califiquemos. El poeta, como Hugo Foscolo ha -dicho de Homero, aplacando con su cantar las afligidas almas de los -vencidos, ha trazado con alto estilo la inevitable, la providencial -desaparición de las razas, que llegan á ponerse con la civilización en -indómita rebeldía. El poeta, español de raza, ensalza á los españoles -vencedores, como Homero ensalzaba á los griegos; pero las lágrimas son -para Tabaré. Las lágrimas son para Héctor y Príamo. No hay una sola -página del poema de Juan Zorrilla que no esté impregnada de tierna y -piadosa melancolía. Sobre el americanismo del poeta están aquellos -sentimientos fervorosos de caridad cristiana, de amor á todos los -hombres, tan propios del alma española, y que resplandecían en los -misioneros, en los legisladores de Indias, y á veces, cuando la codicia -ó la ambición no los cegaba, hasta en los mismos tremendos -conquistadores, por más que no todos fueran como D. Gonzalo de Orgaz, -sino foragidos y desalmados aventureros. - -Lo que América debe á España es tanto é importa tanto, que el poeta, -exaltado por el fervor de la sangre que lleva en sus venas, da á veces á -España tales alabanzas, que, al llegar á España, tan postrada y abatida -hoy, la consuelan y la sonrojan á la vez. El poeta imagina que acaso -cuando en edad remotísima se hundió la Atlántida, no cabiendo su -inmensidad en los mares resurgió ó sobrenadó en parte, formando ambas -Américas, y separándose así de la parte capital que no se hundió: de -España, que había sido y había de volver á ser su cabeza. - -El pueblo español es, para el poeta, - - «El pueblo altivo que, en la edad sin nombre, - Era el cerebro acaso - De aquel dorso gigante y misterioso, - Ya sumergido en el abismo atlántico; - Que, no teniendo en su profundo seno - Para el coloso espacio, - Dejó asomar sobre la vasta tumba, - Miembro insepulto, el mundo americano.» - -Sin pretensión pedantesca, sino del modo propio de la poesía, hay y se -agitan en el poema _Tabaré_ grandes problemas de libre albedrío, -predestinación, determinismo y vocación de las razas: psicología, -teodicea y filosofía de la historia. Al leer el poema, se levanta el -espíritu del lector á estas altas especulaciones. - -Después de lo dicho hasta aquí, de sobra está añadir que me parece muy -bueno el poema; y que hasta el severo Clarín ha de calificar á su autor, -no de medio poeta sino de uno, y quizá de uno con colmo: colmo que no se -atreverá á derribar su rasero, pasando sobre la medida. - -Mi carta se va haciendo interminable; pero me asalta un escrúpulo, y aun -exponiéndome á pecar de pesado, quiero discurrir sobre él, á ver si le -desvanezco. - -Á pesar de lo que he escrito y clamado contra el naturalismo, al fin, -como soy un hombre de ahora y no de otra edad, y como las modas son -contagiosas, yo, sin poderlo remediar, soy también algo _naturalista_. - -Mi escrúpulo es, pues, sobre la verosimilitud y hasta sobre la -posibilidad de Tabaré. El hechizo de la poesía le hace parecer -verosímil; pero ¿pudo ser Tabaré en la realidad de la vida? Aunque -hubiera nacido de madre española, ¿no se crió como un salvaje? ¿De qué -suerte, por lo tanto, aun concediendo mucho á la transmisión -hereditaria, nació en su alma inculta pasión tan delicada, tan pura y -tan fecunda en actos de heroísmo y abnegación, como en el alma de Don -Quijote, después de leer todos los libros de Caballerías, ó como en el -alma de sublime é ilustrado cortesano, ó caballero más ó menos andante, -que ha estudiado á Platón, á León Hebreo, á Fonseca y al conde Baltasar -Castiglione? - -Halm, el dramaturgo austriaco, nos representa un milagro por el estilo -en _El hijo de las selvas_; pero aquel milagro, ó no es, ó no parece -ser tan grande. La verosimilitud de lo milagroso crece en nuestra mente, -no sé por qué, en razón directa de la distancia de siglos que de lo -milagroso nos separa. Y por otra parte; ni los galos eran salvajes como -los charrúas, ni en el alma del galo rudo y bárbaro de Halm, aparece la -pasión delicada con la espontaneidad divina que en el alma de Tabaré. La -joven griega le revela el amor por medio de la palabra: le explica los -misterios celestiales de su espiritual pureza. Tabaré, con solo ver á -Blanca, lo adivina todo. - -Esto es lo que se me antoja poco creíble. Y yo no me contento con -responderme que, ya que el efecto es hermoso, debo prescindir de la -realidad de la causa. No me basta esclamar: _Si non é vero é ben -trovato_. _El quidlibet audendi_ no me tranquiliza. Por último: lo -caótico, confuso, inefable, y para el mismo Tabaré no comprendido, de -los afectos de su alma, no me resuelve la dificultad. - -Sólo la resuelve la teoría, expuesta ya por mí en otras ocasiones, -acerca del poder revelador, religioso, suscitador de lo ideal, que -ejerce la hermosura femenina. - -Los clásicos griegos nos dejaron en sus fábulas los indicios de este -poder de civilización repentista. - -La hembra del hombre era abyecta, esclava, despreciada é inmunda. Se -hace inventora de su propia beldad. Se pule, se atilda, se asea, y, -añadiendo además un esfuerzo de voluntad artística é inspiradísima, crea -el hechizo más grande y fascinador que cabe en los objetos materiales: -crea á la mujer. Y la mujer es reina, es maga, es sibila, es profetisa -desde entonces. - -Su dominio sobre los hombres crudos y fieros, ya para bien, ya para mal, -es desde entonces inmenso. - -Yo creo en la _ginecocracia_ ó gobierno de la mujer en las edades -primitivas. Donde quiera que la mujer se lava, se adorna y se pule, es -reina y emperatriz de los hombres. En el país sabeo hubo reinas; reinas -hubo en Otahiti. Cuando no hay reinas, hay musas que inspiran á los -poetas, sibilas que columbran y manifiestan el porvenir, Egerias que -dirigen á los Numas, Onfales que hacen que Hércules hile, Dalilas que -cortan los cabellos á todo Sansón, y Circes que detienen, emboban y -fijan á los Ulises vagabundos. - -Cuando lo trascendente, lo divino, lo inmortal y puro no ha brotado aún -en el alma del hombre, la mujer, que ha encontrado su hermosura física, -se lo revela todo, al revelársela. Como los rayos del sol de primavera -hacen brotar de la tierra fragantes rosas, las miradas de la mujer hacen -que brote la flor de lo ideal en el alma de los hombres. - -Así se explica la pasión de Tabaré, y queda firme como del más evidente -realismo histórico y no como ensueño vano de la poesía. - -Corrobora mi creencia en este poder espiritualizante, catequizador, -religioso de la mujer, ya elegantizada y bonita, merced á las artes -cosméticas, al aseo y á la modesta y decente coquetería, que ha -descubierto ella, un singular fenómeno que hoy se nota y que nos admira. - -El refinamiento, el exceso de la civilización conduce á muchos hombres -eminentes y pensadores á un extremo donde sus espíritus tocan ya por un -lado con los espíritus de los salvajes: á no concebir lo infinito -desconocido sino como malhechor y diabólico: como el feo - - _Poter che ascoso a comun danno impera;_ - -ó á negar su realidad para no tener que maldecirla ó blasfemar de ella. - -En esta situación, sobreviene la mujer, y produce el mismo efecto, que -en el salvajismo, en la viciada y ponzoñosa quinta-esencia de la -cultura. Leopardi vuelve á hallar, en las _donnas_ que celebra en sus -cantos, á todas las divinidades de su Olimpo: Ingersoll, el ateo -_yankee_, ama y adora á las _ladies_ y _misses_ como el trovador más -rendido; Augusto Comte niega á Dios, y funda nueva religión, inspirado -por la mujer, cuyo ideal modelo de pureza y de amor es la Virgen Madre; -Cousin, harto de filosofar, y en su vejez, se enamora arcaica y -retrospectivamente de Mad. de Longueville y de otras princesas y altas -señoras de los tiempos de Luis XIV, y difunde su pasión amorosa en -alabanzas tan tiernas, que suenan como amartelados suspiros; Michelet -cae, en los últimos años de su vida, en un dulce deliquio, en un -melancólico erotismo, que vierte en sus libros sobre el amor y sobre la -mujer; y Renan, descollando entre todos, llega á dar á este erotismo, -idólatra ó _hiperdúlico_, una fuerza frenética, profética y -apocalíptica, que se nota en _La Abadesa de Jouarre_, y en el prólogo -sobre todo de tan afrodisíaco drama. - -Demostrado así y patente el poder milagroso de la mujer para hacer que -surja ó que resurja lo ideal en el alma del hombre, mis escrúpulos se -disipan y la figura de Tabaré queda tan consistente y verdadera como las -de los más históricos personajes. - -Aplaudamos, pues, á Juan Zorrilla, sin el menor reparo, ya que ha sabido -dar á luz tan amena leyenda ó poema, sin apartarse un ápice de la verdad -y siendo al mismo tiempo naturalista é idealista en su obra. - - - - -LA POESÍA Y LA NOVELA EN EL ECUADOR - - _Julio de 1889._ - -(AL SEÑOR D. JUAN LEÓN MERA) - - -I. - -Muy estimado señor mío: En Washington y en Nueva York conocí y traté al -Sr. Flores, actual presidente de esa república, cuyo ameno y franco -trato me ganó la voluntad, haciéndome yo desde entonces muy amigo suyo y -lisonjeándome de que él también lo es mío. En Bruselas, en París y aquí -en Madrid, hemos vuelto á vernos, afirmándose más la amistad que ya nos -profesábamos. - -Cuando el Sr. Flores partió de aquí para América á ocupar el alto puesto -al que le han elevado sus merecimientos y la voluntad de sus -conciudadanos me prometió enviarme las mejores producciones literarias -de su país. Con gusto he visto que los cuidados y desvelos del gobierno -y de la política no le han hecho olvidar su promesa. El Sr. Flores me ha -enviado directamente algunos libros, y además ha excitado á usted á que -me envíe sus obras, por todo lo cual debo estar y estoy muy agradecido -al señor Flores. - -A usted también le agradezco mucho las remesas, y sobre todo la última, -que más que ninguna otra me ha interesado. - -El libro de usted titulado _Ojeada histórico-crítica sobre la poesía en -el Ecuador_, contiene noticias curiosas y muestra, además, el talento de -escritor que usted posee y sus ideas y opiniones sobre puntos de la -mayor importancia; pero lo que más me ha agradado es _Cumandá_. -_Cumandá_ es una preciosa novela. Ni Cooper ni Chateaubriand han pintado -mejor la vida de las selvas ni han sentido ni descrito más poéticamente -que usted la exuberante naturaleza, libre aún del reformador y -caprichoso poder del hombre civilizado. - -Impaciente estaba yo de hacer detenido examen de las obras de usted, y -en particular de la mencionada novela, cuando leí en _La Epoca_, -acreditado y juicioso periódico de esta capital, una muy grave acusación -contra usted. Acusa á usted _La Epoca_ de odiar á España y de haberlo -probado en varias ocasiones que cita. - -Luego añade: «Nuestro amigo D. Juan Valera puede tomar nota de este -sucedido para sus notables _Cartas Americanas_.» - -Confieso que la lectura del suelto de _La Epoca_ me disgustó no poco. -Harto sé yo que el odiar á España, aunque sea injusto, y el agraviarla, -aunque es indigno y odioso, no impide que, en todo lo demás, las cosas -sean como son, y no de otro modo; ni destruye el valor literario y -poético de _Cumandá_, ni el talento y la discreción que en la _Ojeada_ y -en otras obras de usted se advierten. Sin embargo, mi gratitud hacia -usted por haberme enviado los libros no podía menos de enfriarse, á ser -cierto que era un enemigo de mi patria quien me los enviaba, y mis -alabanzas á dichos libros, aunque fuesen alabanzas merecidas, habían de -sonar mal en mi boca y ser algo contrarias al patriotismo de que -blasonamos los españoles. - -No me tranquilizaba yo con parodiar á Quintana aplicando á este caso -aquello de - - «Inglés te aborrecí, héroe te admiro:» - -y diciendo: repruebo la conducta y las malas pasiones de usted con -respecto á España: pero no puedo menos de celebrar á usted por sus -escritos. - -Yo preferiría creer y hacer creer que los pecados de usted contra España -no son tan grandes como _La Epoca_ supone. Movido de este deseo voy á -ver si le logro en parte, empezando por defender á usted de la -acusación, hasta donde pueda, antes de hablar por extenso de sus obras -literarias, si bien de sus obras literarias tengo que hablar desde un -principio, ya que en ellas aspiro á encontrar demostraciones claras de -que usted no aborrece á España ni á los españoles. - -Antes de que la Academia Española eligiese á usted académico -correspondiente, por lo cual en el suelto citado la censura _La Epoca_, -había usted escrito no poco en prosa y en verso, haciéndose merecedor de -aquella honra; pero usted, con extraordinaria modestia, no lo consideró -así y creyó que debía hacer algo que fuese testimonio de su gratitud y -de que la Academia no había hecho una elección desacertada. Entonces -escribió usted _Cumandá_ y se la dedicó al director de la Academia ó más -bien á la Academia misma, ya que usted ruega al director que presente la -obra á la Academia, y termina diciendo: «Ojalá merezca su simpatía y -benevolencia, y la mire siquiera como una florecilla extraña, hallada en -el seno de ignotas selvas, y que, á fuer de extraña, tenga cabida en el -inapreciable ramillete de las flores literarias de la madre patria.» - -En las pocas palabras del texto que copio hay una serie de afirmaciones -contrarias á ese odio que á usted atribuyen. Admira usted y ensalza -nuestra literatura; desea que su novela tenga cabida en ella, como -florecilla extraña y selvática que se pone en _inapreciable_ ramillete -de ricas flores; y llama, por último, _madre patria_ á esa España, á -quien suponen que usted odia. - -Resulta, además, que _Cumandá_, que es á mi ver de lo más bello que como -narración en prosa se ha escrito en la América española, debe su ser al -deseo de usted de mostrar á la Academia su gratitud y suficiencia; todo -lo cual redunda en gloria de España y es nuevo lazo de amistad entre -ella y su antigua colonia, hoy República del Ecuador. - -Convengo, á pesar de lo dicho, en que no basta la prueba aducida para -justificar á usted. El ánimo de todo hombre es inconsecuente y voltario. -Pudo usted en aquella ocasión ser muy _hispanófilo_, sin dejar de ser -_misohispano_ en otras mil ocasiones. - -La cuestión, no sólo por el caso singular de usted, sino por lo que -tiene de general, merece ser tratada y dilucidada. Cedo, pues, al -prurito de decir algo sobre ella. Esto hará sin duda que mis cartas á -usted sean más en número y más extensas de lo que yo había pensado. - -Espero que usted y el público tendrán la paciencia de leerlas. - -Lo primero que noto es que las relaciones entre España y los americanos -emancipados tienen que ser muy diversas de las relaciones entre yankees -é ingleses. Entre los yankees no hay ó hay apenas elemento indígena. Ora -porque los indios del territorio de los Estados Unidos fuesen más rudos -é incivilizables, ora porque los europeos colonos, de raza inglesa, -tuviesen menos caridad y menos paciencia y arte para domesticar, ello es -lo cierto que no hay entre los yankees muy numerosa población india -reducida al vivir culto y político, ni hay tanto mestizo de europeo y de -indio como en las que fueron posesiones españolas. De aquí que á nadie -se le ocurriese ni se le pudiese ocurrir entre los yankees, cuando se -sustrajeron al dominio de la Gran Bretaña, la estrafalaria idea de que -aquello era algo á modo de _reconquista_, como cuando los egipcios -echaron á los hicsos, ó los españoles echaron á los moros, ó los griegos -del Africa y del Peloponeso se libertaron de los turcos. - -En cambio, en casi todas las Repúblicas hispano-americanas se ha dicho, -en verso y en prosa, algo de que la guerra de emancipación fué guerra de -independencia y reconquista. El inca Huaina-Capac se aparece al poeta -Olmedo, cuando celebra éste la Victoria de Junin sobre los españoles, y -le profetiza la nueva victoria que los insurgentes han de alcanzar -después en Ayacucho, como si los insurgentes fuesen indios y no -españoles también, y como si tratasen de restablecer el antiguo imperio -peruano y no repúblicas católicas, según el gusto y las doctrinas -europeas. - -De aquí nacen motivos de enojo en abundancia y dificultades á montones, -que hacen el trato entre españoles é hispano-americanos en extremo -vidrioso ó sujeto á quiebras. Si les decimos que son españoles como -nosotros suelen picarse, porque desean ser algo distinto y nuevo, y si -no todos, muchos se pican también si los creemos indios ó semi-indios. - -Hay en los hispano-americanos, aun en los más discretos y sabidos, mil -injustas contradicciones. - -«Las leyes de Indias, dicen, las Ordenanzas de Carlos V, las de D. -Fernando de Aragón y de doña Isabel la Católica eran buenas y -protectoras. Desde que el Papa declaró en una bula que los hijos de -América eran hombres, los reyes de España dictaron leyes para ampararlos -y favorecerlos; pero burlándose de esas leyes los colonos españoles -maltrataron á los indios, los azotaron, los humillaron y los hicieron -trabajar hasta morir, como si fuesen acémilas, etcétera, etc.» Al decir -esto, los americanos de ahora no advierten que ellos son los que se -condenan, si no son indios puros. Los que dictaron las leyes protectoras -estaban aquí, y por aquí se han quedado; pero los verdugos codiciosos y -empedernidos de los indios, lo probable es que, salvo raras excepciones, -se quedasen todos por allá, y que esos antiespañoles, declamadores -acerbos por pura filantropía, no sean otros sino sus descendientes. - -Tiene mucha gracia la disculpa á que acuden ustedes para explicar lo -poco que han hecho por los indios en los sesenta ó setenta años que -llevan de independencia. «Hemos abolido las _mitas_, dicen ustedes, -hemos suprimido el tributo personal y hemos desechado el azote.» Pero -¿se debe esto á la independencia, ó al progreso de la cultura y de la -moralidad entre todos los pueblos cristianos? ¿Es posible que alguien -crea de buena fe que si el Ecuador y Colombia fuesen hoy aún colonias -españolas habría allí _mitas_, tributo personal, servidumbre y azotes? - -Independiente la que fué América española, lo mismo que si no fuese aún -independiente, ya no puede haber ni hay esclavitud en ella. Los indios -son libertos de la ley. Pero añade su ilustre compatriota de usted Juan -Montalvo, á quien me complazco en citar, «son esclavos del abuso y de la -costumbre.» En seguida describe elocuentemente los malos tratos y las -faenas á que someten aún al indio en el Ecuador, y acaba por exclamar: -«Si mi pluma tuviese don de lágrimas, yo escribiría un libro titulado -_El Indio_, y haría llorar al mundo.» Y esto lo dice Juan Montalvo más -de medio siglo después de que ese indio y el inca Huaina Capac -triunfaron en Ayacucho de los pícaros españoles. Los españoles, no -obstante, siguen teniendo la culpa de todo, aunque vencidos. Juan -Montalvo lo declara: «No--dice;--nosotros no hemos hecho este sér -humillado, estropeado moralmente, abandonado de Dios y de la suerte: los -españoles nos le dejaron hecho y derecho, como es y como será por los -siglos de los siglos.» - -Lo absurdo de este sofista declamador no merecería respuesta, si no -estuviese algo del mismo sentimiento en la masa de la sangre de no pocos -hispano-americanos, que así escupen contra el cielo y les cae encima: -porque si son indios de sangre se declaran humillados, moralmente -estropeados y abandonados de Dios por los siglos de los siglos: y si -son españoles, reos de la muerte moral y de la condenación perpetua é -irremediable de millones de séres humanos; y si son mestizos, son -abominable amalgama de español y de indio, de la raza degradada y del -cruel y tiránico verdugo que acertó á degradarla para siempre. - -Juan Montalvo dijo su frase, por decir una frase, sin saber lo que -decía. No la hubiera dicho si la hubiera reflexionado: pero Juan -Montalvo, y otros como él, y á veces usted entre ellos, por obra y -gracia de su americanismo, creen otra cosa que los predispone contra -nosotros, y, cuando creen ustedes esta cosa, es cuando apunta el odio -contra España de que _La Epoca_ acusaba á usted. - -Creen ustedes y sostienen que América, en el momento en que los -españoles la descubrieron, estaba progresando con plena autonomía, y -próxima á crear y á difundir una magnífica civilización original y -propia, cuyos focos principales estaban en los imperios de Méjico y del -Perú y entre los chibchas de Nueva Granada: pero la llegada de los -feroces españoles detuvo el desarrollo de esa civilización y ahogó en -sangre y destruyó con fuego sus gérmenes todos. - -No hay que buscar este pensamiento en otros autores. Usted le expresa á -menudo. Todo iba muy bien por ahí. La conquista de Tupac Yupanqui había -civilizado el reino de Quito. Los _aravicos_, ó sea los poetas en -lengua quichua, pululaban ahí lo mismo que en el Cuzco. La lengua -quichua era un prodigio, un simbólico tesoro de misteriosas filosofías. -Sólo el vocablo Pachacamac, con que en lengua quichua se designa á Dios, -contiene sutil y profunda teodicea que el mero análisis gramatical -descubre. Esta lengua había llegado á la perfección antes de la venida -de los españoles. Según usted «se prestaba á la entonación de la oda -heroica, á las vehementes estrofas del himno sacro, á la variedad de la -poesía descriptiva, á los arranques del amor, á toda necesidad, á todo -carácter y condición de metro, desde el festivo y punzante epigrama -hasta el grave y dilatado género de la escena.» Claro está, pues, que -los indios hasta literatura dramática tenían, y que el teatro era una de -las más nobles diversiones de la corte de los incas. - -El florecimiento literario y el desenvolvimiento intelectual eran, pues, -notables entre los peruanos y quiteños: pero llegaron los españoles y -aquello fué el acabóse. Apenas quedó rastro de nada. «El poder -exterminador de la conquista, exclama usted, arrancó de raíz el genio -poético de los indios, y en su lugar hizo surgir de los abismos el -espectáculo de la desolación y del espanto. El numen de la armonía no -pudo vivir entre los vicios y la depravación de la gente española.» - -Infiérese de aquí que, no contentos los españoles con destruir la -civilización indígena americana, despojaron á los indios de su inocencia -y los pervirtieron. - -Esta mentida y decantada inocencia de América, que celebra Quintana en -una de sus mejores odas, me trae á la memoria un terrible pasaje de la -_Crónica del Perú_ de Pedro de Cieza, que presenta Leopardi en apoyo de -su negro pesimismo y desesperada misantropía. - -«Los caciques de este valle de Nore--dice--buscaban por las tierras de -sus enemigos todas las mujeres que podían; las cuales, traídas á sus -casas, usaban con ellas como con las suyas propias, y si se empreñaban -de ellos, los hijos que nacían los criaban con mucho regalo hasta que -cumplían doce ó trece años: y desde esta edad, estando bien gordos, los -comían con gran sabor, etc.» Y añade después: «Háceme tener por cierto -lo que digo ver lo que pasó con el licenciado Juan de Vadillo (que en -este año está en España, y si le preguntan lo que digo dirá ser verdad), -y es que la primera vez que entraron cristianos españoles en estos -valles, que fuimos yo y mis compañeros, vino de paz un señorete que -había por nombre Nabonuco y traía consigo tres mujeres; y viniendo la -noche, las dos de ellas se echaron á la larga encima de un tapete ó -estera y la otra atravesada para servir de almohada, y el indio se echó -encima de los cuerpos de ellas muy tendido, y tomó de la mano otra mujer -hermosa. - -...Y como el licenciado Juan de Vadillo le viese de aquella suerte, -preguntóle que para qué había traído aquella mujer que tenía de la mano; -y mirándole al rostro el indio, respondió mansamente que para comerla... - -...Vadillo, oído esto, mostrando espantarse, le dijo:--¿Pues cómo siendo -tu mujer has de comerla?--El cacique, alzando la voz, tornó á responder -diciendo:--Mira, mira, y aun el hijo que pariere tengo también de -comer.--Supo además Vadillo, por dicho de indios viejos, que «cuando los -naturales de aquel valle iban á la guerra, á los indios que prendían -hacían sus esclavos, á los cuales casaban con sus parientas y vecinas, y -los hijos que habían en ellas aquellos esclavos los comían; y que -después que los mismos esclavos eran muy viejos, y sin potencia para -engendrar, los comían también á ellos.» Verdad es que Cieza explica con -cierto candor la _inocencia_ de estos indios antropófagos, ya que el -serlo «más lo tenían por valentía que por pecado.» - -Sin declamación ni sentimentalismo, aun suponiendo al español de -entonces, y sobre todo al aventurero que iba á América, vicioso, -depravadísimo, ignorante y cruel, todavía queda el peor de estos -españoles muy por bajo de los indios salvajes ó semisalvajes, en vicios, -depravación, crueldad é ignorancia. - -No es posible, por devastadores y malvados y fanáticos que supongamos á -los españoles del tiempo de la conquista, que hiciesen desaparecer de -la tierra americana y del alma y de la memoria de los indios todos los -primores de su civilización, si en alguna parte los hubo. - -Para Méjico no deja usted de traer á cuento el auto de fe que de muchos -manuscritos ó pinturas simbólicas hizo el arzobispo D. Juan de -Zumárraga; pero ni ahí, ni en el Perú, hubo ni Zumárraga ni Omar que -incendiase las bibliotecas, y sin embargo, ¿dónde están las odas, los -dramas, las filosofías y las teologías que del Perú y del primitivo -reino de Quito nos han conservado los doctos? Sólo cita usted una -composición poética quichua sin atreverse á decir terminantemente que -sea anterior á la venida de los españoles. Sin duda la compuso algún -indio ya algo civilizado, á imitación de los versos de Castilla. Dice -usted que es una poesía sencilla y graciosa que nos da idea de la -genuina poesía de los antiguos indios. La poesía es breve, y ya es una -ventaja. Consta de 76 sílabas, ó sea de 19 versos de á 4. Tres versos -acaban en _munqui_ y dos en _súnqui_, y un verso entero es _cunuñunun_, -por el cual se puede presumir lo melodioso de los otros. - -Los tales versos son la única reliquia que ostenta usted de la genuina -civilización de esas tierras, donde no sólo había _aravicos_ ó poetas, -sino también _amautas_ ó sabios y filósofos. - -Las coplas que trae usted además en lengua quichua, y la lamentación -sobre la muerte de Atahualpa son ya de nuestro tiempo: obra de los -_amautas_ y _aravicos_, que no se sepultaron como se sepultaron los más -de ellos, «por no ver, como usted dice, las atrocidades de los blancos.» - -En suma, si fuésemos á dar crédito á los primeros capítulos de la -_Ojeada_ de usted, España no llevó á América la civilización y la ley de -gracia, sino la barbarie y todos los vicios. Nosotros empujamos á esa -sociedad «en el abismo de tinieblas y de males, del cual la habían -sacado la inteligencia, el raro tino político y la gran fuerza de -voluntad de los incas;» lanzamos sobre América «una tempestad de vicios -y crímenes;» y tratamos de aniquilar en todas partes los elementos de -vida intelectual,» é hicimos «desaparecer la cultura de los indios entre -el humo y los vapores de la matanza.» - -Todo esto lo decía usted en 1868. Si después no hubiera usted modificado -sus opiniones, _La Epoca_ tendría razón en la advertencia que me hizo: -usted odiaría á los españoles, y no sin fundamento, aunque erróneo. - -Desde 1868, usted ha cambiado mucho, como ya se verá. Por otra parte, -aunque usted no hubiera cambiado, _Cumandá_ no dejaría de ser una -preciosa novela. - -Antes, sin embargo, de hablar de _Cumandá_, quiero yo decir á usted -algunas razones más para ver si desarraigo de su espíritu los restos que -aun queden en él de ese fundamento erróneo que le movió á odiarnos como -nación. Lo que es individualmente, yo calculo que no nos quiere usted -mal, y por mi parte le estimo y aun me inclino á ser amigo de usted, á -pesar de los errores, que supongo pasados. - - -II. - -Muy estimado señor mío: Cada cual tiene su teoría para explicar la -historia. Yo tengo la mía, que ni es nueva, ni inventada por mí, ni yo -pretendo hacer que usted la acepte, si es que usted piensa de otro modo. -Sólo voy á exponerla aquí en breves palabras para sentar la base en que -se apoya lo que yo pienso sobre el soñado progreso y creciente -civilización de los indios de América cuando llegaron por ahí los -españoles. - -Dejo á un lado las árduas y profundas cuestiones, que tanto se rozan con -las doctrinas religiosas, de si hubo ó no revelación primitiva, de si el -linaje humano proviene todo de una pareja ó de muchas y de si apareció á -la vez en varias regiones del globo ó en una sola. Tomemos el asunto -menos _ab ovo_, y harto podemos afirmar sin que nadie se escandalice que -el hombre, ó bien por olvido de la primitiva revelación y de la cultura -que de ella había nacido, ó bien sin necesidad de olvidarlas, porque no -las había tenido jamás, empezó en todos los países por el estado -salvaje, ó cayó ó recayó en él por motivos diversos difíciles de -explicar. - -Dicho estado, pues, ya inicial, ya por decadencia y corrupción, no -coincide ni ha coincidido nunca en todos los países. Aun en el día, á -pesar de los cómodos y rápidos medios de comunicación, hay salvajes en -el centro de Africa y en algunas islas del mar del Sur y en varios -lugares de América, mientras por acá gozamos de electricidad, vapor, -fotografía, Submarino Peral, torre Eiffel y novelas naturalistas. - -Las diversas tribus y castas de hombres que viven en el mundo han ido -siempre, en su marcha ascendente hacia la cultura, adelantadas unas y -atrasadas otras. Los pueblos del Mediodía de Europa llevaban la -delantera desde hace veinticinco siglos. Después, según dicen, los -meridionales de Europa hemos decaído y nos hemos rezagado; pero sigue en -Europa, y es ya casi indudable que seguirá por largo tiempo, el -estandarte ó guión de la cultura, que hoy tienen entre manos franceses, -alemanes é ingleses, y que tal vez aspiran á levantar también en alto -los rusos. - -Como quiera que sea, y ora prevalezca una nación, ora otra, es evidente -que la civilización de Europa prevalece, se difunde por el resto del -mundo y le domina todo. La América de hoy, en lo humano y en lo culto, -no es más que una parte de esta Europa transportada á ese nuevo y vasto -continente. Hoy la civilización americana es una prolongación de la -civilización europea. España, Portugal, Inglaterra y Francia han -llevado ahí sus idiomas, sus ciencias, sus artes y su industria. - -Posible es que con el andar de los siglos, y en virtud del medio -ambiente y de la mezcla de la sangre de los europeos con la sangre de -los indios y hasta de los negros importados de Africa venga á resultar -ahí algo extraño, nuevo, muy distinto, tal vez superior á lo de Europa; -pero si esto ocurre me parece que tardará mucho en ocurrir, y por lo -pronto, esto es, durante doscientos ó trescientos años (y fijo tan corto -plazo porque el mundo va deprisa), seguirán ustedes siendo europeos -trasplantados, y sus repúblicas, con relación á los Estados de Europa, á -modo de mugrones, lo cual no es negar que cada uno de estos mugrones -llegue á ser ó ya sea vid más lozana, robusta y fructífera que la vieja -cepa de que brotó. - -Lo que yo sostengo es que ni el salvajismo de las tribus indígenas en -general, ni la semicultura ó semibarbarie de peruanos, aztecas y -chibchas, añadió nada á esa civilización que ahí llevamos y que ustedes -mantienen y quizá mejoran y magnifican. Y aunque lo anterior al -descubrimiento de América sea muy curioso de averiguar y muy ameno de -saber, importa poco y entra por punto menos que nada en el acervo común -de la riqueza científica, política, literaria y artística de ustedes, -heredada de nosotros y acrecentada por el trabajo de ustedes, y no por -ningún legado ó donativo de los indios. - -Pero, ¿qué donativo podían los indios hacer si nosotros destruimos con -mano airada cuanto podía constituir el donativo? Esta es la tremenda -acusación que ustedes nos hacen ó más bien que ustedes se hacen, pues -sin duda ustedes son los más directos descendientes de aquellos feroces -españoles que fueron á destruir civilización tan donosa. - -Un ilustre cubano, D. Rafael Merchan, que vive en Bogotá ahora, se -extrema más que usted en esta acusación. Todo iba por ahí divinamente. -Acaso habían sido Manco-Capac y Bochica más sabios que Sócrates y que -Aristóteles. Acaso, si no llegamos ahí los españoles, los indios se -perfeccionan, nos cogen la delantera, y son ellos los que vienen á -Europa á civilizarnos. Si Colón, Cortés y Pizarro no van á América en -los siglos XV y XVI, es probable que en el XVII los emperadores aztecas -ó los incas nos hubieran enviado navegantes y conquistadores que -hubieran descubierto, conquistado y civilizado la Europa allá á su modo. - -Por fortuna, los españoles madrugamos, fuimos por ahí antes de que los -indios despertasen y viniesen, y dimos al traste con todo. «Todo -pereció--dice el Sr. Merchan--razas, monumentos, libros, ídolos, cultos, -ciencias, todo quedó destruído.» - -El Sr. Merchan dice, y dice bien, que los séres inteligentes, aunque no -nos conozcamos y vivamos en regiones distintas, realizamos un -pensamiento común y contribuimos á una grande obra. Pero los españoles -fuimos por ahí y arrancamos medio mundo á esa elaboración universal. Y -no contentos con arruinar la civilización americana quisimos borrar y -borramos hasta la memoria de ella, arrasando «los monumentos más -apreciables y convirtiendo ese Continente en una inmensa tumba de razas -que tenían tanto que decirnos». - -Todo esto es una serie de suposiciones gratuitas del Sr. Merchan. Las -razas indígenas de América no han perecido. Hoy acaso existen más indios -en Méjico y en el Perú que los que había cuando la conquista; y si no -hay más indios en el Paraguay, es por las guerras recientes que les han -hecho los brasileños y argentinos. Todo cuanto los indios tenían que -decirnos nos lo han dicho. Y si hoy Liborio Zerda, Antonio Bachiller y -Morales y otros americanistas lo exponen, no faltaron, desde los -primeros días del establecimiento de los españoles, sabios curiosos, -misioneros llenos de caridad y de indulgencia y escritores sinceros que -lo expusiesen con amor, más bien ponderando las virtudes y excelencias -de los indios que denigrándolos. - -En suma, la historia de América, antes de Colón, es bastante oscura, mas -no por culpa de los españoles, y lo que de esa historia se sabe más -induce á creer lo contrario de lo que usted, el señor Merchan y el Sr. -Montalvo, insinúan ó medio sostienen á veces. - -En vez de ese progreso que ustedes imaginan, los indios seguían en -decadencia. - -Acaso si se retarda un siglo la llegada de los españoles, los imperios -azteca, peruano y chibcha hubieran desaparecido, como ya habían -desaparecido en América otras semi-civilizaciones, y acaso no hubieran -hallado Pizarro, Cortés y Jiménez de Quesada, más que salvajes -antropófagos, adoradores del diablo como los patagones y borinqueños, no -sabiendo contar más que hasta diez, y _tatuados_ ó pintados con -espantosos dibujos ó untados con grasas rancias y apestosas, en vez de -andar vestidos. - -Indudablemente el salvajismo de los americanos de antes de la conquista -europea, así como la semi-barbarie de varios pueblos del Nuevo Mundo y -de Asia y de Africa, antes de ponerse en contacto con Europa, no indican -que había ó hay ahí razas nuevas, que por sí solas puedan elevarse ó que -están ó estuvieron en vía de elevarse á la civilización, sino más bien -dan claro y triste indicio de razas antiguas, decaídas ó degradadas, que -han perdido su civilización, si la tuvieron. De esas razas se puede -afirmar lo que el Sr. Pí y Margall, citado por el propio señor Merchán, -afirma de los guatemaltecos, al fijarse en los monumentos suntuosos y -artísticos de Palenque y de Mitla: «Lejos de admitir, dice, que sean -jóvenes aquellos pueblos, estoy por sospechar con Humboldt que estaban -en decadencia á la llegada de los españoles y que habían perdido la -memoria de lo que un tiempo fueron. Ignoraban hasta la existencia de -esos grandiosos restos de una civilización pasada.» De esta civilización -pasada ó remota de los pueblos de América, cuando llegaron los -españoles, quedaban recuerdos ó restos, que es casi seguro que hubieran -desaparecido también si no acude á tiempo aún la civilización europea á -regenerar al salvaje ó al semi-salvaje americano. - -El guerrero español de la conquista sería cruel, codicioso, sin -entrañas, todo lo malo que se quiera, con tal de que no se suponga, sin -justicia alguna, que hubieran sido ó que fueron más suaves y benignos -los alemanes ó los ingleses; pero no fueron españoles los que imaginaron -que eran los indios de una raza inferior. Los españoles creyeron siempre -que los indios eran sus hermanos, extraviados y decaídos, á quienes -convenía traer al buen camino y levantar de su abatimiento y miseria. - -Los resultados dan testimonio de lo que digo. ¿Dónde están los indios -civilizados por los yankees y convertidos en ciudadanos de la Gran -República? Y en cambio, ¿no están Colombia, el Ecuador, Venezuela, -Méjico y Guatemala, llenas de indios ó de mestizos, que son tan -ciudadanos como los españoles de pura sangre? ¿No llegan esos indios ó -esos mestizos á ser cuanto se puede ser en las sociedades libres? ¿Cómo -comparar el espíritu democrático-católico de los españoles con la -soberbia de la raza inglesa? - -Francamente, el escritor hispano-americano que, como usted nos trata tan -mal y nos acusa de tantas maldades, si es español de pura sangre agravia -y calumnia á sus antepasados, y si es indio puro, muestra la más negra -ingratitud á los que le salvaron y regeneraron, y si es mestizo, reniega -de la sangre española que puede tener en las venas, y hace creer que su -sangre india se caldea más con el ardor de la envidia rencorosa que con -el santo fuego de la gratitud. - -Si á esto se arrojase el escritor hispano-americano para sostener la -verdad, yo no se lo echaría en cara. La verdad antes que todo, por -amarga que sea. Pero, ¿dónde está el fundamento de verdad de las cosas -que usted afirma? Basta enunciarlas, sin contradecirlas, para que ellas -mismas se refuten y manifiesten lo absurdas que son. Nosotros -_animalizamos_ al indio; destruimos los monumentos levantados por su -genio sencillo y espiritual; borramos sus tradiciones históricas, y -pusimos un abismo de ignorancia entre el siglo de Huaina Capac y -Atahualpa y los siglos de los despóticos virreyes españoles. En fin, -nosotros matamos la literatura quichua, salvo las coplitas que usted nos -presenta, y que por mi parte no lamentaría mucho que se hubieran también -perdido; é hicimos que los sabios indios que asesinamos se llevasen á la -otra vida multitud de secretos admirables, con los cuales se hubiera -enriquecido y ufanado hoy la ciencia. - -En fin, en su _Ojeada_ ó historia literaria del Ecuador, usted fantasea -y finge una civilización americana que nosotros destruimos. Nuestra -llegada fué como la irrupción de Alarico, de los vándalos ó de Atila, en -lo más culto y brillante de Italia. Los indios, que estaban tan -ilustrados, fueron _arrojados_ por nosotros _al ínfimo grado de -ignorancia_, y ahí sobrevino la caliginosa oscuridad intelectual que -hubo en Europa en los siglos medios. Todo el saber, perseguido por los -españoles, se fué á refugiar en los colegios de los padres jesuítas y en -otros conventos de frailes. - -Aseguro á usted que yo, á no haber sido provocado por _La Epoca_, no -entraría con usted en estas discusiones. Mi intento, al escribir estas -cartas, no es suscitar polémicas con los hispano-americanos, sino -reanudar, hasta donde sea posible, las amistades que deben durar entre -todos los hombres de sangre y de lengua españolas. Para ello no quiero -adular á ustedes, sino dar á conocer en esta Península los mejores -frutos de su ingenio, juzgándolos con justicia. - -La _Revue Britannique_ me hace el honor de hablar amablemente de estas -cartas mías en uno de sus últimos números, elogiándome sobre todo por -cierta habilidad diplomática de que por completo carezco. Se vale de -rodeos y perífrasis, pero sostiene en realidad que yo elogio á ustedes -demasiado, que los adulo para que se reconozcan ustedes españoles de -origen y para que, encantusados ustedes por mí, de nuevo fraternicemos. - -Tiene razón la dicha Revista en que yo busco esta fraternidad, pero ni -adulo á ustedes ni los encantuso para lograrlo y menos aun para sustraer -á ustedes al influjo de Francia. Yo afirmo, porque lo creo, que son -ustedes españoles, porque son de nuestra raza, porque hablan nuestro -idioma, porque la civilización de ahí fué llevada ahí por España, sin -que cuente por nada la _civilización india_, chibcha ó caribe; pero -jamás pensé yo en robar á Francia su influjo en esas repúblicas, ni -siquiera en censurar que ustedes se sometan á él en lo que tiene de -bueno. Yo reconozco que España misma, por desgracia, está muy rezagada -con respecto á Francia. Yo creo que Francia es una de las naciones más -inteligentes del mundo, y la considero á la cabeza de los pueblos del -Mediodía de Europa que hablan idiomas que provienen del latín. Soy tan -dócil y transigente, que por más que me choque, soy capaz de aceptar la -calificación genérica de pueblos latinos; pero no acierto á desechar, ni -aquí en España, ni en las que fueron sus colonias, la especial -calificación de españoles. Y deseo y espero que nuestra sangre tenga ahí -y conserve la suficiente virtud y fuerza informante, digámoslo así, para -preponderar en las mezclas con la sangre de los indígenas, y también con -la sangre de otros pueblos de Europa, que la corriente de la emigración -lleve á esas regiones. - -Dice la Revista, á que me refiero, que el vice-presidente de la -República Argentina, Sr. Pellegrini, ha desmentido mis asertos en un -discurso que pronunció en París, y que copia. Yo veo lo contrario; que -el Sr. Pellegrini está de acuerdo conmigo. Aunque lleva un apellido -italiano, ya se considera de casta española por el hecho de ser -argentino; así lo afirmó en otro discurso que pronunció en Madrid; y si -reconoce la hegemonía intelectual de Francia, ¿hace más por dicha, lleva -á mayor extremo su entusiasmo, que el señor Castelar, á quien nadie -acusa de renegar de su españolismo, en un artículo elocuentísimo -publicado en el _Fígaro_ hace pocos días? - -En suma, yo no he de formar contra usted, ni contra ningún escritor -hispano-americano, capítulo de culpas, porque sea demasiado entusiasta -de Francia, porque celebre la violenta separación de ustedes y de la -metrópoli, y porque cante en todos los tonos los triunfos de los -insurgentes y las derrotas de los realistas; pero francamente, no se -puede tolerar en silencio que afirmen ustedes que llevó España ahí la -barbarie, que destruyó el saber indígena, y que (son palabras de usted) -«el célebre Colón mostró la manera de atravesar el Océano, mas no la de -trasladar á esas regiones las simientes de la civilización y las -producciones de las grandes inteligencias.» - -Ya veremos, y con esto responderé á usted y á _La Epoca_, de qué suerte -usted mismo, con dichosa y honrada contradicción, viene en sus libros á -probar lo contrario: la acción civilizadora, la caridad ferviente, y la -bondad de los elementos de cultura, importados en América por los -hombres de nuestra raza. - - -III. - -Descartando de su _Ojeada_ de usted toda la soñada civilización india y -todo el enojo de usted contra España y tal vez sus remordimientos como -de origen español por haber destruído tamaña preciosidad, vuelvo á la -creencia del vulgo y me represento á los primitivos aventureros colonos -llegando á un país de salvajes ó de semisalvajes luchando contra una -naturaleza poderosa é inculta y tratando de fundar ahí y fundando -colonias europeas. - -En este supuesto, y siguiendo la _Ojeada_ de usted, y resumiéndola -mucho, hemos de confesar que no lo hicieron tan mal los aventureros -españoles y que llevaron ahí los animales y las plantas útiles de -Europa, y la agricultura y la industria, y la religión y la moral -cristianas; que fundaron ciudades y que crearon para la civilización un -Nuevo Mundo, que si llega un día á competir con el antiguo y á no ser -inferior á la parte de él que colonizó la raza inglesa, nos dará -satisfacción y gloria á los españoles peninsulares, los cuales por el -lado filantrópico, ó dígase humanitario, hemos hecho más que los -ingleses, ya que hemos civilizado á algunos indios y hemos procurado -civilizarlos á todos hasta donde nosotros lo estábamos. Mas no podíamos -dar, porque _nemo dat quod in se non habet_. - -Bajo la dominación de España hubo un clero en el Ecuador, el cual (usted -lo confiesa) «se dedicó al cultivo de la inteligencia, puso en acción el -habla y las razones para reducir las almas á la fe, tocó los resortes de -la conciencia, despertó los instintos de moralidad y acertó á consolar -grandes pesares». No contentos con esto, el gobierno y el clero de -España fundaron allí buenas escuelas y ricas bibliotecas, donde, según -usted afirma, «había preciosísimos manuscritos en todo ramo de -literatura y aun sobre ciencias», lamentando usted que, después de -declararse el Ecuador independiente, todo esto se haya tirado, se haya -perdido ó se haya vendido á extranjeros, en vez de haberlo cuidado y -aumentado. «Rubor nos causa decirlo, añade usted, porque no quisiéramos -pasar por bárbaros; pero sólo en el Ecuador se ha visto gobierno que en -vez de enriquecer un establecimiento de tal naturaleza, la biblioteca -pública, la haya despojado de objetos que en otras naciones se hubieran -conservado con veneración». - -Peor aun que con la biblioteca pública (que fué la de los padres -jesuítas) se condujeron ustedes, ya independientes, con las bibliotecas -de otros conventos. «Ni los gobiernos ni los prelados, dice usted, han -tomado interés en que tales depósitos del saber humano se mejoren ó se -conserven». Centenares de volúmenes se han vendido á real, sin duda -para envolver alcarabea. - -Para que vea usted cuán imparcial y desapasionado soy, yo creo que usted -exagera las pérdidas y la feroz destrucción de la literatura y de la -ciencia coloniales por los ya libres ecuatorianos, como exageró antes la -destrucción de la ciencia y de la literatura quichuas por sus -conquistadores. - -La verdad debe de ser que en esa naciente colonia, tan remota, no pudo -haber muy notables producciones literarias, durante el siglo XVI, cuando -la colonia materialmente se establecía; ni tampoco en el siglo XVII, -durante el cual la misma metrópoli estaba en decadencia y bastante -inficionada por el culteranismo y por el fanatismo. Lástima es, con -todo, que se hayan perdido escritos históricos, y algunos versos -culteranos, como los de la poetisa quiteña doña Jerónima Velasco, á -quien Lope eleva á las estrellas, en el _Laurel de Apolo_; la llama -_divina_, y la coloca sobre Erina y Safo. Algo había de valer esta doña -Jerónima, á pesar de la sabida prodigalidad de Lope en las alabanzas. - -Por lo demás, la poesía ecuatoriana del siglo XVII era extremadamente -gongorina; y los poetas, jesuítas ó discípulos de jesuítas. El -_Ramillete de varias flores poéticas_, publicado en Madrid en 1676 por -el guayaquileño Jacinto Eria, nos da muestras de todo lo dicho, -bastantes para consolarnos de que otras flores del mismo suelo y -condición cayesen en el río del olvido y se perdieran, arrebatadas por -la corriente, sin llegar á formar _ramilletes_ nuevos. - -Restaurado después el buen gusto, ya á mediados del siglo XVIII, empieza -verdaderamente á florecer la literatura en el Ecuador. Sus más hábiles y -dichosos cultivadores fueron aun los padres jesuítas, cuya tiránica -expulsión de todos los dominios de España fué un mal grande para el -Ecuador. Sacó de ahí el más fructífero centro de cultura y perjudicó -mucho á las florecientes misiones en que los padres atraían á los indios -á la vida pacífica y cristiana, á la agricultura y á la civilización. -Aquellos jesuítas ecuatorianos fueron, como los españoles de la -Península, á refugiarse en Italia, y en Italia dieron también claro -testimonio de su saber y su ingenio. - -Sería adulación suponer que descolló entre estos jesuítas ecuatorianos -ninguno de aquellos varones portentosos que se llaman _genios_; pero, -¿cómo negar que hubo hombres de talento no común, no indignos compañeros -de nuestros Islas, Hervás, Andrés y Lampillas, y que en Italia mostraron -la ilustración que tuvo y difundió la Compañía, así en la Península como -en sus más distantes colonias? El país en que se habían formado hombres -como los padres Velasco, Aguirre, Rebolledo, Garrido, Andrade, Crespo, -Arteta, Larrea, Viescas y Ullauri, era sin duda un país donde las letras -se cultivaban con éxito y con esmero. Las poesías en castellano, en -italiano y en latín, de estos expatriados jesuítas, son muy estimables. -En mi sentir, usted se muestra con ellas más severo que indulgente. -Entre los expulsados jesuítas ecuatorianos hubo también naturalistas, -eruditos é historiadores. El padre Juan de Velasco, por ejemplo, nos ha -dejado una interesante _Historia del Reino de Quito_. - -A pesar de la expulsión de los jesuítas, no se amortiguó ahí la antorcha -del saber. Bien merece llamarse ilustrado en las colonias el gobierno de -Carlos III y de sus sucesores hasta el momento en que se proclamó la -independencia. La más brillante demostración de tal verdad la dieron los -mismos eminentes americanos que tanto honraron á su patria en las Cortes -de Cádiz, que pelearon por la independencia y que la cantaron en -hermosos é inmortales versos. Sucre, Bolivar, Olmedo, Bello y muchos -otros, bajo el régimen colonial habían sido educados. - -Olmedo es el más notable de los poetas hispano-americanos -lírico-heroicos. Merecidos son los elogios que usted le tributa. Nada -puedo añadir ni nada quiero rebajar tampoco. Mi querido amigo D. Manuel -Cañete ha escrito un hermoso estudio sobre Olmedo, y usted reconoce que -no le escatima los aplausos y que le perdona la dureza con que á veces -nos trata, por la hermosura de la dicción y por la sublimidad poética y -por la pasión de patriotismo exclusivo que al vate inspiraba entonces. - -Si yo procediese con enojo, y no con afecto, diría ahora: ¿Cómo fué que -desde que ustedes sacudieron el pesado yugo de España (no hablamos aquí -de ciencias, pues me limito á hablar de la poesía de que habla la -_Ojeada_) apenas han tenido ustedes un buen poeta? La _Ojeada_ llega, -creo, hasta 1868, y hasta entonces no cita usted autor de versos que se -eleve sobre el nivel de la medianía. - -Casi todos los poetas son doctores: el doctor Riofrío, el doctor -Carvajal, el doctor Corral, el doctor Cordero, el doctor Castro, el -doctor Avilez, el doctor Córdoba. A todos estos doctores, y á otros que -no lo son, los iguala usted en el tocar ó pulsar la lira. A todos, al -ponerlos usted en su _Ojeada_, los pone en berlina, con delectación -morosa, examinando sus composiciones y dejándolas harto mal paradas. - -Me admiro de la crueldad de usted, tal vez indispensable. En pradera -regada por una mala pero fecundante fuente Hipocrene, donde crecen con -viciosa lozanía tantas yerbas inútiles ó nocivas, que tal vez ahogan el -trigo y las bellas flores que pudieran granar, ó abrirse y ofrecer -alimento ó aroma, me le figuro á usted armado de terrible almocafre, -escardando cuanto hay que escardar sin reparo y sin lástima. - -¿Qué estragos no hace su almocafre de usted en esa _Lira ecuatoriana_, -jardín de selectas plantas reunidas por otro doctor, el doctor -Molestina? El verdadero molesto ha sido usted, y no él. Usted declara -que el desventurado doctor Molestina no anduvo feliz en la elección de -las piezas: maldice la abundancia; asegura que se contentaría con diez -composiciones dictadas por las musas, y exclama, por último, «cargue el -demonio con todo lo demás, que acaso es obra suya.» - -Pero hablando con mayor seriedad, usted no es molesto sino al doctor -Molestina y á los poetas que usted severamente censura. Su _Ojeada_ de -usted está llena de excelentes consejos, de gracia, de discreción y de -muy sana crítica. La pintura que hace usted de los vicios de la poesía -en el Ecuador y en toda la América meridional es tan atinada y viva que -no parece sino que puede aplicarse á los malos poetas que también -abundan por aquí. La diferencia está en que aquí, salvo cuando la -apasionada enemistad mueve la pluma, nadie critica á mi ver con la -crudeza que usted critica. Tal vez suponemos que lo malo morirá de -muerte natural, sin que el crítico lo mate. Tal vez templa aquí el rigor -crítico la consideración que tan chistosamente aduce usted de que el -poeta dice sus inmortales y maravillosos versos, inspirado por el Dios, -de suerte, que cuando el Dios no le inspira, suele decir vulgaridades ó -desatinos, y así, es menester sufrir éstos para que salgan aquéllos á -relucir, pues el poeta mismo ignora cuándo le inspira el Dios, cuando no -le inspira nadie, ó cuando le inspira y le empecata el diablo. En apoyo -de esto cita usted, con oportunidad ingeniosa, ciertas elocuentes -razones de Platón, y el ejemplo que Platón ofrece de un detestable -poeta, llamado Tinico de Calcis, el cual acertó á hacer una magnífica -oda. Lo singular es que usted después de traer tales argumentos en favor -de la indulgencia, maldito el caso que de ellos hace, y sin considerar -que los Tinicos de por ahí acaso escriban alguna otra oda tan magnífica -ó más que la del de Calcis, me los pone de vuelta y media por las malas -odas que ya han escrito. - -Apenas hay género de poesía lírica cuyos defectos no marque usted con -juicio. Las políticas son artículos de fondo rimados, en _lenguaje -gacetero_: «son arengas demagógicas, valentonadas quijotescas, -exabruptos delirantes, disertaciones flemáticas ó exposiciones de -proyectos maravillosos para el futuro engrandecimiento del pueblo.» Para -aparentar que hay en ello poesía afirma usted que los autores ponen en -sus coplas muchas interrogaciones é interjecciones, puntos suspensivos, -ridículas hipérboles é insultos desaforados. - -En la poesía amatoria aún halla usted más feos lunares. Por lo común, el -poeta que ya ha obtenido favores de una dama, ó por celoso ó por -hastiado, la harta de desvergüenzas ó expresa con abominable -encarecimiento - - El bien pasado y la ilusión perdida. - -Es graciosa esta cita de usted: es de un autor que ha dado á luz un tomo -titulado _Tristezas del alma_, y habla del último beso dado á su -querida: - - Beso postrero... sudario - de la ilusión del primero, - Vago, triste, lastimero - Como el ay de la orfandad: - Última flor arrancada - Al árbol de los amores, - Horrorosa campanada - Que suena en la eternidad. - -Y usted añade con razón: «En materia de besos, bastantes disparates han -dicho otros poetas; pero no hemos visto ni tenemos noticia de que -ninguno haya llegado al extremo del autor de estos versos.» - -Mucha culpa de semejante disparatar la tiene, según usted, «el prurito -de mostrarse descontento de la propia suerte, de lamentarse de males que -no se sabe dónde están, de pintar una tristeza que está bien lejos del -corazón, de fingir pasiones imposibles y deseos fuera de toda ley -racional, y de llamar á la muerte cuando acaso menos se la desea». - -«Muchos amantes, dice usted en otro lugar, reconvienen á sus Nices, Lais -ó Maritornes, dirigiéndoles billetes de eterna despedida, donde campean -junto á un piropo desabrido una amarga burla, al lado de un mentiroso -recuerdo una picante ironía, é ingerta en una tonta promesa una amenaza -aún más tonta. Espronceda, con su canción delirante ó crapulosa, si así -puede decirse, dirigida á Jarifa, es el maestro de nuestros poetas -eróticos; pero los discípulos han sobrepujado tanto al vate español, -que, si viviera, se avergonzaría de la frialdad de sus versos.» - -Justo y saludable es el enojo con que truena usted contra el afán de -imitar al ya citado Espronceda, á Byron, á Lamartine y á Víctor Hugo, -exagerando sus faltas y no acertando á reproducir sus bellezas. Los -ejemplos que pone usted son curiosos. Hay un poeta que, para combinar -bien lo fúnebre con lo orgiástico, nos describe un banquete celebrado -por él en el cementerio, donde turba el augusto silencio de las tumbas -con música irónica y carcajadas infernales. Hay otro que, en el día del -juicio final, se presenta delante de Dios con su querida de la mano, le -dice que aquélla es su señora, que es muy guapa, que su amor es su -virtud, que no quiere más cielo que ella, y amenaza al que se atreva á -disputársela. Y hay otro, por último, que escribe una leyenda, ó -fragmento de una leyenda imitando _El Estudiante de Salamanca_, y dando -á luz á un D. Félix Joaquín Zavala, que pretende echar la zancadilla á -D. Félix de Montemar, nuestro compatriota. - -En suma, salvo algunas atenuaciones, salvo varias dedaditas de miel que -suministra usted de vez en cuando, poco tienen que agradecer á usted los -poetas de su tierra.--«Todo es pura palabrería, ruido insustancial, -brillo falso.»--«La lengua está impíamente maltratada.»--«Ninguno -reflexiona que cuando no hay verdad en los afectos, cuando las -expresiones nacen de la cabeza y no del corazón, cuando se desecha lo -natural por arrimarse sólo á los caprichos de la imaginación, propia ó -extraña, no hay poesía, sino vano ruido de palabras; que no causa -ninguna impresión agradable, sino mucho desabrimiento.»--Tales lindezas -dice usted de su Parnaso. - -Movido usted quizás por el patriotismo, echa la culpa de tamaños males -al materialismo, á la impiedad, á la carencia de ideales, al pesimismo, -y á otros errores, con que contaminan á los poetas ecuatorianos los -poetas europeos, que se les presentan como dechados y objetos da -admiración. Pero acaso ¿son satánicos, impíos y desesperados todos los -poetas que en Europa están de moda? No: las causas deben de ser otras, y -no esas. Y por otra parte, aun siendo impíos, y satánicos y tétricos, lo -cual es de lamentar, no se sigue que sean malos todos los poetas -europeos. Buenos, egregios, eminentes pueden ser, á pesar de su -satanismo y de su misantropía. - -Las causas verdaderas de los malos versos usted mismo las expone, -rasgando sin compasión el vendaje y levantando los apósitos para catar -las llagas. - -El capítulo XVIII de la _Ojeada_ es sangriento. Suelta usted la pluma y -se arma del látigo para azotar á cuantos tienen los defectos, ó son -causa ó resultado, ó ambas cosas, del mal estado de los estudios en esa -república. - -Ahí viene usted á declarar que no se estudia nada bien, ni nada útil, -que «no hay más que tres malos caminos y un despeñadero: la -jurisprudencia desacreditada, el sacerdocio profanado, la medicina mal -entendida y peor aplicada, y la vagancia.» Los más, prosigue usted, van -al despeñadero, «por los malos hábitos adquiridos con los peores -estudios.» Los que se dedican á la teología, á la abogacía ó á la -medicina «carecen, en su mayor parte, de las aptitudes para tales -ciencias.» - -Deplora usted luego que nadie se dedique á seguir otras carreras. Pero, -¿cómo han de seguirlas, si en los colegios y Universidades sólo se -enseña eso y mal? «Las ciencias exactas y naturales, la industria, las -artes, los oficios tan necesarios al pueblo, no han merecido la atención -de nuestros legisladores ó han sido mirados con frío desdén.» - -Eso mismo que se enseña puede inferirse de las palabras de usted que no -se enseña bien ó que no se aprende. «¿Qué importa, exclama usted, con -acerba ironía, que después de conquistados los grados y adquirido el -pomposo título de _doctor_, subsista la ignorancia grande, redonda y -cerrada? Este título da derechos que pueden convertirse en oro, aunque -sea á despecho de toda razón y justicia.» - -Del capítulo que voy analizando, si le diésemos crédito y no viésemos -acritud y exageración, deduciríamos que ahí bulle un enjambre de -doctores sin doctrina, que no leen sino malas novelas, coplas inmorales, -y cuanto de peor y de más desatinado, moral, social y racionalmente, se -imprime en Europa, y sobre todo en Francia. - -Y aquí debo advertir que usted, si bien es anti-español á veces, por -sobrado americanismo, es siempre ultraconservador, ferviente católico, y -en política lo que hemos llamado por aquí _clerical_ ó _neocatólico_. -Tal calidad debe tenerse en cuenta á fin de mitigar las diatribas de -usted contra sus propios contemporáneos y paisanos. - -Termino esta carta aquí no sin asegurar á usted que, si bien me parece -usted hombre apasionado, también me parece instruído, inteligente y -dotado de muy briosa elocuencia, la cual resplandece en no pocas páginas -de la _Ojeada_, y les presta animación y brillantez nada vulgares. - - -IV. - -El suelto de _La Epoca_, acusando á usted de odiar á los españoles, ha -dado ocasión á no poco de lo que he dicho en las anteriores cartas, y ha -convertido casi en polémica lo que no quiero yo que lo sea. El Sr. -Merchán, á quien cito en una de dichas cartas, se da por aludido y me -honra dirigiéndome un escrito de 65 páginas de impresión á las que -tendré que contestar. Quedo, pues, empeñado en disputas, contra toda mi -intención y propósito, que no era otro que el de dar á conocer, hasta -donde alcanzasen mis fuerzas, las obras literarias de los -hispano-americanos, entre sus hermanos los españoles. - -Y ya que voy á empeñarme en esta controversia con el Sr. Merchán, quiero -dar por terminado el amago de controversia que con usted he tenido, mas -no sin poner antes las siguientes explicaciones ó aclaraciones. - -1.ª Que yo no creo en el odio de ustedes contra nosotros, sino en que la -moda, la corriente de las ideas y sentimientos del día y nuestra -propensión á dejarnos guiar por cuanto se les antoja decir, hasta contra -nosotros mismos, á franceses, ingleses y alemanes, hace que ustedes -vayan á veces más allá de lo justo en ponderar las crueldades y horrores -de la conquista de América, sin advertir acaso que más culpados fueron -los antepasados de ustedes que los nuestros, pues no es de creer que -cuantos martirizaron, asesinaron y vejaron á los indios se volvieron á -España, y sólo se quedaron por ahí los que los amaban y mimaban. - -2.ª Que fuesen los que fuesen los crímenes y atrocidades de nuestros -antepasados (de ustedes y nuestros), al apoderarse de ese vasto -continente, dado el punto de civilización moral que los europeos -alcanzaban entonces, no es de presumir que hubieran sido más blandos -otros europeos, si les hubiera tocado en suerte hacer lo que hicimos. - -3.ª Que yo lamento, como lamenta el más americano de los americanos, que -los españoles, por fanatismo ó por desdén, destruyesen monumentos y -perdiesen documentos de las semi-civilizaciones peruana, azteca y -chibcha: pero ¿qué le hemos de hacer? _Sunt lacrimæ rerum._ Las -conquistas, las invasiones y las revoluciones y cambios, no suelen -hacerlos, ni nunca los hicieron, los hombres mansos y suaves, sino los -más duros y fuertes. En estos casos, hay poco cuidado en conservar y hay -no pequeño prurito de destruir: lo cual en los venideros tiempos se irá -remediando; pero entonces ¿cómo se ha de extrañar que causasen graves -daños los españoles? ¿Cuántos templos, cuántas estátuas magníficas, -cuántos libros no destruirían los cristianos, al acabar con el -gentilismo clásico? ¿Qué horrores no harían las hordas del Norte cuando -pusieron término en España á la dominación romana? ¿Qué no harían los -berberes contra los monumentos y documentos de la civilización -romano-bizantino-visogótica que en España había, cuando destrozaron -ellos el Imperio fundado por Alarico? Sería cuento de nunca acabar si -siguiésemos con estas citas y comparaciones. Baste lo dicho para que -recapacite todo hombre de buena fe y confiese, al menos allá en sus -adentros, que valía bien poco lo que nosotros destruímos en América en -cambio de lo que en América fundamos, creamos é importamos. - -4.ª Que la guerra de independencia y separación de esas Repúblicas y la -Metrópoli no se puede comparar con la reconquista de España y expulsión -de los moros, ni con la separación de Portugal de España, ni menos aun -con las guerras entre España y los Países Bajos. Ahí lo que hubo fué una -guerra civil de emancipación, entre gente de la misma casta, lengua y -costumbres. Todo lo que ustedes ensalcen las hazañas, las virtudes y los -talentos militares de Bolivar, Sucre, San Martín y demás héroes, nos -halaga, en vez de ofendernos, y nos halaga por dos razones: porque -nuestra derrota queda cohonestada, y porque esos héroes, que nos -vencieron, hijos de España eran, España los había criado y educado, y á -España habían ellos servido hasta el día en que se levantaron en armas -contra ella. - -Y 5.ª Que yo no he sido impulsado por nadie para contradecir algo de lo -que usted dice, sino que, al leerlo y al criticarlo, no podía menos de -contradecirlo, sin que desee yo renovar la antigua polémica de usted con -el Sr. Llorente Vázquez, ministro que fué de España en esa República: -antes bien huyo de intervenir en dicha polémica. No he visto ni estátua -ni pintura del Gran Mariscal de Ayacucho, que tenga á sus pies ó el -león de España ó la bandera de España: pero, si algo tiene de enojoso -para nosotros este modo de representar ustedes su triunfo, no pocos de -los versos de usted, tan entusiastas de España y de sus antiguas -glorias, nos desagravian por completo. - -Estas palabras, que usted pone en boca de Bolivar, nos deben dejar -satisfechos: - - Ver con audaz mirada un nuevo mundo - De ignoto mar dormido en el regazo, - Y venciendo olas y enemigos vientos, - Y avasallando dudas é ignorancias, - Venir, tomarle, alzarle, y á otro mundo, - Asombrado decir: ¡He aquí tu hermano! - Y á las puntas fiar de cuatro aceros - De sojuzgar naciones la árdua empresa, - Gentes prostrando en número infinitas; - Y arrancar al error millones de almas - Y á la cruel barbarie; las sangrientas - Aras despedazar, do el pecho humano - En atroz agonía se agitaba; - Quitar al sol el usurpado culto - Y devolverle al Criador: triunfante - La cruz alzar en los dorados templos: - ¡Qué hazañas! ¡qué grandeza! ¡cuánta gloria! - ¿Quién á envidiarlas no se inclina? - -Sobra con lo citado para probar que usted no es enemigo, ni denigrador -de los españoles, sino encomiador y amigo de ellos, como español de -sangre, de origen, de religión y de lengua. - -Por mi parte, terminada queda la discusión con usted. Si más adelante, -la siguiere yo con el Sr. Merchán, más me excitará á ello la cortesía -que el prurito de refutar sus opiniones. - -Ahora quiero hablar de _Cumandá_ y de otra novelita de usted. _Entre dos -tías y un tío_, que he leído con grande interés y contento. - -Empezaré por la novelita, pues, aunque obra más reciente, es de menos -importancia. - -El estilo y manera que tiene usted de escribir novelas, son -verdaderamente originales porque son naturales. No hay género de -literatura en que sea más difícil no caer en la imitación de lo francés -ó de lo inglés, á no adoptar algo de arcáico y afectado, tomando por -modelo nuestras antiguas novelas de los siglos XVI y XVII. Por dicha, -usted evita ambos escollos. La naturalidad espontánea y sencilla salva á -usted de remedar á nadie, y sin aspirar á la originalidad, la tiene -usted, sin nada de rebuscado y de raro. En las narraciones de usted no -se ve el arte, aunque sin duda le hay. Se diría que usted cuenta lo que -ha visto ó lo que le han contado, como Dios le da á entender, y como si -jamás hubieran contado otros ó usted los hubiera leído ú oído. - -Las descripciones de la gira campestre, de la quinta á orillas del río, -de los amores de Juanita y Antonio, tan candorosos é inocentes, y del -egoísmo de las tías, y de la casi irresponsable brutalidad del tío don -Bonifacio, siempre borracho, parecen la pura realidad. - -Para que no sigan los amores de Juanita, porque Antonio es pobre, y -doña Tecla cobra y disfruta la pensión de orfandad de su sobrina, doña -Tecla envía á la muchacha, desde Ambato, donde vive, á Quito, donde -reside Marta, su hermana. Doña Marta es una beata escrupulosa y -asustadiza, que atormenta y muele á la pobre Juanita, más aún que doña -Tecla. Un joven militar ve á Juanita en misa, la persigue, la piropea y -la pretende, delante de doña Marta, que no le infunde respeto. Doña -Marta, entonces, que es egoísta en extremo, y no quiere compromisos ni -desazones, escribe á su hermana para que venga el tío Bonifacio y se -lleve á Juanita á Ambato otra vez. - -En esta vuelta de Quito á Ambato, en este viaje, están el más vivo -interés y la acción de la novela. Se nota que el autor, aunque ligero y -sobrio en las descripciones, conoce á palmos el terreno: aquello no es -fantástico, es real, y esta realidad hace que todo sea más interesante. - -Antonio, que sabe el viaje, ha dispuesto robar, durante el viaje, á -Juanita. Todo lo ha preparado para robarla y casarse en seguida con -ella, y se lo ha dicho á ella por medio de una carta. - -Sorprende el tío la carta, mientras Juanita duerme, en una posada en que -hacen noche, y, como es un borracho crónico que presume de agudo y -listo, toma con Juanita por atajos y veredas extraviadas, á fin de no -tropezar con el raptor á quien debían acompañar dos amigos. La -resistencia de Juanita á salirse del camino que debían seguir; la brutal -violencia con que el tío pega al caballo de Juanita para que vaya por -donde él quiere; y el cansancio y el terror de Juanita cuando la noche -llega de nuevo y los sorprende cerca del río, que viene muy crecido, -todo aumenta la ansiedad del lector y la compasión que Juanita inspira. - -Ya están cerca de Ambato: pero es menester antes vadear el río. Don -Bonifacio, más valeroso que de costumbre, merced á frecuentes -libaciones, halla á un hombre conocido suyo que le muestra el vado. -Juanita se aterra más que nunca y no quiere pasar: pero el tío castiga -el caballo de Juanita que al fin se echa al agua. - -Así llegan á la orilla opuesta. Don Bonifacio oye la voz de Juanita, que -dice: ¡Jesús me valga! pero ve que el caballo de Juanita ha pasado y le -sigue. - -De repente aparecen tres hombres á caballo. Don Bonifacio cree que son -Antonio y sus dos amigos y se llena de terror. Los tres de á caballo -corren en otra dirección que la que lleva don Bonifacio, quien ve, sin -poderlo evitar, que el caballo de Juanita va con ellos. - -Desesperado llega don Bonifacio á Ambato. Cuenta el rapto á doña Tecla, -cuyo furor es terrible. Se pone en movimiento la policía, y don -Bonifacio con ella, y á la mañana siguiente encuentran á Antonio y á sus -amigos en una quinta. Piden la entrega de la mujer robada, y niega el -rapto Antonio. La buscan y no la encuentran. Por último, unos indios, en -parihuelas hechas de ramaje, traen el cadáver de la infeliz Juanita, que -han encontrado á la orilla del río. El caballo de Juanita, ya sin -jinete, había seguido á los de los tres caminantes que ninguna relación -tenían con Antonio y sus amigos. - -La desesperación de Antonio y la bestial estupefacción del tío Bonifacio -no tuvieron límites con este desenlace. Doña Tecla lloró la muerte de -Juanita. Su dolor crecía cuando llegaban los últimos días del mes y no -podía cobrar la pensión. - -Contado todo esto, como yo lo cuento, no tiene gracia: pero, ¿cómo dar -de otra suerte idea de una novela? Claro está que en Juanita y en -Antonio, fuera del amor inocente y profundo que los anima y de la bondad -de ambos, no hay muy marcada y distinta fisonomía, ni era posible -dársela en tan corta novela: pero las dos tías y el tío, como caracteres -cómicos, más fáciles de individualizar, están hábil y graciosamente -pintados. Los usos y costumbres lo están también; y, durante la lectura, -imagina uno que vive en el Ecuador, treinta ó cuarenta años hace. - -Muchísimas novelas se han escrito y se siguen escribiendo en toda la -América española. No pocas de ellas merecerían ser más conocidas y -leídas en España y por todo el mundo. Hay novelas chilenas, argentinas, -peruanas, colombianas y mejicanas. Yo he leído ya bastantes, pero -declaro que ninguna me ha hecho más impresión hasta ahora, y me ha -parecido más española y más americana á la vez, mejor trazada y escrita -que _Cumandá_. Aquello es en parte real y en parte poético y peregrino. - -El teatro, en que se desenvuelve la acción, es admirable y grandioso y -está perfectamente descrito. El autor nos lleva á él, trepando por la -cordillera de los Andes, pasando el río Chambo de rápida é impetuosa -corriente, oyendo el ruido de la catarata de Agoyan, y mostrándonos, -desde la cumbre del Abitahua, por una parte la ingente cordillera, -coronada de hielo, y, á nuestros pies, la inmensa y verde llanura, la -soledad sin límites, las selvas primitivas, frondosas y exuberantes, por -donde corren, regándolas y fecundizándolas, el Napo, el Naray, el Tigre, -el Morona, el Chambira, el Pastaza y otros muchos ríos caudalosos, que -van á acrecentar la majestuosa grandeza del Amazonas. - -El autor nos hace penetrar en aquellos misteriosos y fértiles desiertos, -por donde vagan tribus de indios salvajes. Allí, si por un lado oye el -hombre una voz que le dice, ¡cuán pequeño, impotente é infeliz eres!; -por otro lado, oye otra voz que le dice: eres rey de la naturaleza; -estos son tus dominios. Excepto Dios y tu conciencia, aquí nadie te mira -ni sojuzga tus actos. - -Tal es el sublime teatro de la acción de _Cumandá_. Las sombras de la -espesa arboleda, las sendas incultas, la fragancia desconocida de las -flores, el sonar de los vientos, el murmurar de las aguas, todo está -descrito con verdadera magia de estilo. - -Se diría que el autor templa, excita y prepara el espíritu de los -lectores, para que la extraña narración no le parezca extraña, sino -natural y _vivida_. - -No me atrevo á contar la acción en resumen. No quiero destruir el -efecto, que á todo el que lea la hermosa novela de usted debe causar su -lectura. - -Los jesuítas, á costa de inmensos sacrificios, de valor y de -sufrimiento, habían cristianizado á muchos de los más indómitos y fieros -salvajes de aquellas regiones; y en ellas habían fundado no pocas -aldeas. La pragmática sanción de Carlos III, expulsándolos, vino á -deshacer en 1767, la obra de civilización tan noble y hábilmente -empezada. - -El tiempo de la novela es á principios del siglo presente, en pleno -salvajismo de aquellas apartadas comarcas. - -Hay, no obstante, una misión ó aldea de indios cristianos. El sacerdote -que la dirige, es un rico hacendado, á quien, en una sublevación, los -indios habían incendiado hacienda y casa, dando muerte á su mujer y á su -hija. - -El hijo del misionero, que se había salvado y vivía con él en la misión, -es el héroe de la novela. Sus castos amores con Cumandá, y las -extraordinarias aventuras, á que dan ocasión estos amores, forman la -bien urdida trama de la novela. - -¿Cómo negar, no obstante, que, desde cierto punto de vista, la novela -tiene un grave defecto? La heroina, Cumandá, apenas es posible, á no -intervenir un milagro: y de milagros no se habla. La hermosura moral y -física del ser humano es obra artificial ó sobrenatural. O nace en un -estado paradisiaco y de una revelación primitiva, de que por sus pecados -cayó el hombre, ó renace por virtud de revelaciones sucesivas y de -progresivos esfuerzos de voluntad y de inteligencia. La hermosura moral -y física de la mujer, más delicada y limpia, que la del hombre, requiere -aun mayor cuidado, esmero y esfuerzo, para que nazca y se conserve. -Difícil de creer es, por lo tanto, que Cumandá, viviendo entre salvajes, -feroces, viciosos, groserísimos, moral y materialmente sucios, y -expuestos á las inclemencias de las estaciones, conserve su pureza -virginal, y sea un primor de bonita, sin tocador, sin higiene y sin -artes cosméticas é indumentarias. Cloe, en las _Pastorales de Longo_, no -vive al cabo entre gente tan brutal, y toda su hermosura resulta además -estéticamente verosímil, ya que Pan y las Ninfas la protejen y cuidan de -ella. Cloe es un sér milagroso, y, para los que creían en Pan y en las -Ninfas, en perfecto acuerdo con la verdad. Pero como Cumandá no tiene -santo, ni santa, Dios, ni Diosa, ni hada, que tan bella y pura la haga y -la conserve, es menester confesar que resulta dificultoso de creer que -lo sea. - -En muestras de imparcialidad, yo no puedo menos de poner este reparo á -la novela de usted: pero, saltando por cima, haciendo la vista gorda y -creyendo á Cumandá posible y hasta verosímil, la novela de usted que, -con el hechizo de su estilo nos induce á creer posible á Cumandá, es -preciosa, ingeniosa, sentida, y llega á conmovernos en extremo. - -Fuera de Cumandá, todo parece real, sin objeción alguna. Las tribus -jívaras y záparas, y las fiestas, guerras, intrigas, supersticiones y -lances de dichas tribus y de los demás salvajes, están presentados tan -de realce, que parece que se halla uno viviendo en aquellas incultas -regiones. - -El curaca Yahuarmaqui, que significa el de las manos sangrientas, es -como retrato fotográfico: él y los adornos de su persona y tienda, donde -lucen las cabezas de sus enemigos, muertos por su mano: cabezas -reducidas, por arte ingenioso de disección, al tamaño cada una de una -naranjita. - -Carlos, héroe de la novela y amante de Cumandá, no tiene grande energía -ni mucha ventura para libertar á su amada: pero, en fin, el pobre Carlos -hace lo que puede. Cumandá, en cambio, es pasmosa por su serenidad y -valentía. Cuando la casan con el curaca Yahuarmaqui, la inquietud y el -temor llenan el alma de los lectores. El curaca, por dicha, tenía ya -más de setenta años, y muere á tiempo: muere la noche misma en que debe -poseer á Cumandá. Pero la desventurada muchacha, con la muerte de -Yahuarmaqui, pasa de Herodes á Pilatos. La deben sacrificar como á la -más querida de las mujeres del curaca para que le acompañe en la morada -de los espíritus. La fuga nocturna de Cumandá, por las selvas, es muy -interesante y conmovedora. Los lances de la novela se suceden con bien -dispuesta rapidez para llegar al desenlace. Cumandá es una generosa -heroina. Para salvar á Carlos, que ha caído prisionero, y para evitar á -la misión una guerra con el sucesor de Yahuarmaqui y su tribu, se va -Cumandá de la aldea del padre Domingo, donde había buscado refugio, y se -entrega á los salvajes, que la sacrifican. Luego se descubre que Cumandá -era la hija del padre Domingo, á quien éste creía muerta cuando -incendiaron su hacienda, y á quien una india, movida á compasión, había -salvado y criado á su manera. Todos los incidentes de la catástrofe, del -reconocimiento, del dolor del padre Domingo y de Carlos, están -hábilmente concertados. Aceptada la posibilidad de tan sublime, casta, -pura y elegante Cumandá, haciendo entre salvajes, vida salvaje, la -narración parece verosímil y con todos los caracteres de un suceso -histórico. - -La verdad es que, dado el género, aunque rabien los _naturalistas_, la -novela _Cumandá_ es mil veces más real, más imitada de la naturaleza, -más producto de la observación y del conocimiento de los bosques, de los -indios y de la vida primitiva, que casi todos los poemas, leyendas, -cuentos y novelas, que sobre asunto semejante se han escrito. - -En mi sentir, usted ha producido en _Cumandá_ una joya literaria, que -tal vez será popularísima cuando pase esta moda del _naturalismo_, -contra la cual moda peca la heroina, aunque no pecan, sino que están muy -conformes los demás personajes. - -Las dos novelas, que de usted conozco, me incitan á desear leer otras -que haya usted escrito, ó que escriba usted otras para que las leamos. - - - - -TRADICIONES PERUANAS - -(Á D. RICARDO PALMA) - - -Muy estimado señor mío: Grandísimo gusto me ha dado el recibir y leer el -libro que usted me envía, recién publicado en Lima con el título de -_Ropa vieja_; lo que me aflige es la segunda parte del título: _Última -serie de tradiciones_. En esas historias, que usted refiere como el -vulgo y las viejas cuentan cuentos, donde hay, según usted afirma, algo -de verdad y algo de mentira, yo no reconozco ni sospecho la mentira sino -en las menudencias. Lo esencial y más de bulto es verdad todo, en mi -sentir, salvo que usted borda la verdad, y la adorna con mil primores -que la hacen divertida, bonita y alegre. Por esto me duele la frase -amenazadora _Última serie de tradiciones_. Quisiera yo, y estoy seguro -de que lo querrían muchos, que escribiese usted otros tres ó cuatro -tomos más sobre los ya escritos. Yo tengo la firme persuasión de que no -hay historia grave, severa y rica de documentos fehacientes, que venza -á las _Tradiciones_ de usted, en dar idea clara de lo que fué el Perú -hasta hace poco y en presentar su fiel retrato. - -Soy andaluz, y no lo puedo remediar ni disimular. Soy además y procuro -ser optimista. Y como me parece esa gente que usted nos pinta, la flor y -nata del hombre y de la mujer de Andalucía, que se han extremado y -elevado á la tercera potencia al trasplantarse y al aclimatarse ahí, -todo me cae en gracia y no me avengo con las declamaciones que hacen -algunos críticos americanos, al elogiar la obra de usted como sin duda -lo merece. - -¿Para qué he de ocultárselo á usted? Aunque soy muy entusiasta de la -América _española_ ó dígase _latina_, ya que por no llamarla _española_ -le han puesto ustedes ese apodo, confieso que me aburre, más que me -enoja, la manía de encarecer, con lamentos ó con maldiciones, todas las -picardías, crueldades, estupideces y burradas, que dicen que los -españoles hicimos por ahí. Se diría que los que fueron á hacerlas, las -hicieron, y luego se volvieron á España, y no se quedaron en América -sino los que no las hicieron. Se diría que la Inquisición, los autos de -fe, las brujas y los herejes achicharrados, la enorme cantidad de monjas -y de frailes, la afición á la holganza y á los amoríos, la ninguna -afición á trabajar, y todos los demás vicios, horrores y defectos, los -llevamos nosotros ahí, donde sólo había virtudes y perfecciones. Se -diría que nada bueno llevamos nosotros á América, ni siquiera á ustedes, -ya que, en este supuesto, ó no serían ustedes buenos, ó serían indios, ó -nacerían ahí, no de padres y madres españoles, sino por generación -espontánea. Y se diría, por último, que de todos los milagros que -hicieron los santos que hubo en el Perú, tiene España la culpa, como si -sólo en España y en sus colonias se hubieran hecho milagros, se hubieran -quemado brujas, y hubiera sido la gente más inclinada al bureo que al -estudio, al despilfarro que al ahorro, á divertirse, que á atarearse. - -Si aquellos polvos traen estos lodos; si de resultas de no haber -filosofado bien, de haber sido holgazanes y fanáticos, y de los otros -mil pecados de que se nos acusa, somos hoy más pobres, más débiles, más -desgobernados y más infelices nosotros que los franceses y que los -ingleses y alemanes, y ustedes que los yankees, no está bien que toda la -culpa caiga sobre nosotros, y que los discursos de esos críticos sean -una paráfrasis de aquello que dijo el cazo á la sartén: «quítate que me -tiznas.» - -Procuremos enmendarnos aquí y ahí; arrepintámonos de nuestras culpas, y -no juguemos con ellas á la pelota, arrojándonoslas unos á otros. ¿Quién -sabe entonces, si es que la elevación de unas naciones sobre otras y el -predominio nacen de merecimientos y no de circunstancias y de leyes -históricas, que tal vez se sustraen á la voluntad humana, y que tal vez -ni se prevén ni se explican por los entendimientos más agudos; quién -sabe, digo, si volveremos á levantarnos de la postración y hundimiento -en que nos hallamos ahora? - -Entretanto, lo mejor es que cesen las recriminaciones que á nada -conducen; y lo peor es que cada español ó cada hispano-americano se crea -ser excepcional y reniegue de su casta, en la cual se considera el único -discreto, hábil, listo, laborioso, justo y benéfico. - -Va todo esto contra los críticos de ahí, que, al elogiar su obra de -usted, nos maltratan. Nada va contra usted, que describe la época -colonial como fué, pero con amor, piedad, é indulgencia filiales. - -Su obra de usted es amenísima: el asunto está despilfarrado, tan conciso -es el estilo. Anécdotas, leyendas, cuentos, cuadros de costumbres, -artículos críticos, todo se sucede con rapidez, prestando grata variedad -á la obra, cuya unidad estriba en que todo concurre á pintar la -sociedad, la vida y las costumbres peruanas, desde la llegada de -Francisco Pizarro hasta casi nuestros días. - -En la manera de escribir de usted hay algo parecido á la manera de mi -antiguo y grande amigo Serafín Estébanez Calderón, _El Solitario_; -portentosa riqueza de voces, frases y giros, tomados alternativamente de -boca del vulgo, de la gente que bulle en mercados y tabernas, y de los -libros y demás escritos antiguos de los siglos XVI y XVII, y barajado -todo ello y combinado con no pequeño artificio. En _El Solitario_ había -más elegancia y atildamiento: en usted mucha más facilidad, -espontaneidad y concisión. - -Por lo menos, las dos terceras partes de las historias que usted -refiere, me saben á poco: me pesa de que no estén contadas con dos ó -tres veces más detención y desarrollo. Algunas hay en las que veo -materia bastante para una extensa novela, y que, sin embargo, apenas -llenan un par de páginas de su libro de usted. - -Aunque es usted tan conciso, tiene usted el arte de animar las figuras, -y dejarlas grabadas en la imaginación del lector. Los personajes que -hace usted desfilar por delante de nosotros, vireyes, generales, jueces, -frailes, beatas, mozas regocijadas, inquisidores, insurgentes y -realistas nos parecen vivos y conocidos, como si en realidad los -tratásemos. - -De cuanto queda dicho, infiero yo, y doy por cierto, que es usted un -escritor muy original y de nota, cuya popularidad por toda la América -española es fundadísima, cunde y no ha de ser efímera, sino muy -duradera. - -Confieso que no sé á qué narración he de dar la preferencia. Apenas hay -una que no me haya divertido ó interesado. - -Á la Protectora y á la Libertadora, ó dígase, á las amigas favoritas de -San Martín y de Bolívar cuyas vidas y lances de amor y fortuna usted -refiere, no me parece sino que las estoy viendo, cuando andaban -triunfantes al lado de sus respectivos héroes. - -_El Clarin de Canterac_, que con su incesante toque á degüello se creía -que iba á dar en Junin la victoria á los españoles, y que prisionero él, -y ya vencidos los españoles, tuvo que meterse fraile para no ser -fusilado, es historia tan singular, que apenas parece verdadera. - -Aun es más singular y más característica la historia de Fr. Pedro -Marieluz, acérrimo enemigo de los insurgentes, á quienes creía herejes y -excomulgados vitandos. Un jefe militar realista, cuyo nombre no quiero -poner aquí, porque él ha figurado después mucho en España y usted le -atribuye una crueldad espantosa, descubrió cierta conjuración, y prendió -á trece de los principales conjurados. Por más que hizo, no logró el -general arrancarles los secretos de la conjuración. Mandó entonces -fusilarlos, no sin que antes el P. Marieluz los confesara. Los confesó, -y fueron fusilados. - -Entonces quiso el general que el P. Marieluz le descubriese toda la -trama, que sin duda en la confesión le habían dicho los trece. El fraile -se negó, á pesar de halagos y amenazas. - ---De rodillas, fraile,--dijo entonces el general. - -El fraile se puso de rodillas. - -El general exclamó luego: - ---¡Preparen, apunten! - -Y, volviéndose á la víctima, dijo con voz imponente: - ---Por última vez, en nombre del Rey, le intimo que declare. - ---En nombre de Dios, me niego á declarar,--contestó el Fraile con acento -débil, pero reposado. - ---¡Fuego!... - -Y Fr. Pedro Marieluz, noble mártir de la Religión y del deber, cayó -destrozado el pecho por las balas. - -Las historias cómicas y alegres abundan más, por dicha, que las -trágicas, descollando por lo gráfico de las costumbres de por ahí, en -otros días, _El motín de limeñas_, _La victoria de las camaroneras_ y -_La querella de los barberos_. - -La historia de _El Capitán Zapata_, que no ocupa dos páginas enteras del -libro de usted, se presta y aun convida á escribir una novela de -aventuras extraordinarias, de dos ó tres volúmenes. ¿Vivió ese Capitán -Zapata, ó le ha inventado usted? ¿Fué de cierto al Perú y se hizo rico -con una mina del Potosí que descubrió y á la que dió su nombre? ¿Volvió -rico á Cádiz y desapareció luego? El desenlace, real ó imaginado, no se -sospecha. Peláez, el amigo y protegido de Zapata, vuelve á España -también, y busca en balde á su protector y antiguo amigo. Cae, por -último, Peláez en poder de corsarios, que le llevan á Argel, ¡Cuál no -sería su sorpresa al encontrarse con que el Gran Visir era Zapata, -morisco y musulmán disimulado antes, que, huyendo de la Inquisición, se -había pasado á tierra de moros, con todo lo que en el Perú había ganado! - -Casi estoy por decidirme y declarar á usted que de cuantas tradiciones -contiene esta última serie, ninguna me agrada tanto como _El alacrán de -Fray Gómez_. - -Figura de verdad, en el siglo XVI, es el honrado castellano viejo, -buhonero arruinado, que no tiene con que sustentar á su mujer é hijos, -que no halla quien le preste quinientos duros, con los cuales entiende -que lograría rehacerse, y que no se desespera, sino que, lleno de fe, y -de confianza en Dios, acude á su siervo Fr. Gómez, que estaba en olor de -santidad, y que es pobre, pero que sabe y suele hacer milagros. - -Fr. Gómez se compadece del buhonero; pero en su pobre celda no hay -dinero ni alhajas, ni trasto que valga dos reales. - -De pronto ve Fr. Gómez cerca de la ventana, sobre la pared encalada, un -alacrán que va corriendo. Arranca Fr. Gómez una hoja del libro devoto -que leía, coge bonitamente el alacrán, y le envuelve en aquel papel. - ---Tome, hermano, esta prenda, y acuda á un joyero que le prestará sobre -ella el dinero que necesita. - -El buhonero llevó la prenda al joyero, que al verla se quedó pasmado. -Era un alfiler ó prendedor magnífico, de oro con esmalte, el cuerpo una -esmeralda, un enorme diamante la cabeza y dos rubíes los ojos. - -El joyero hubiera dado miles de duros sobre tan rica prenda: pero el -castellano viejo no quiso tomar ni tomó sino quinientos, y por seis -meses. - -Con aquel corto capital, en verdad bendito, prosperó y se enriqueció -pronto el buhonero; desempeñó la joya y la devolvió á Fr. Gómez. - -Éste la sacó del papel, la puso en el sitio en que la había hallado, y -dijo: - ---¡Animalito de Dios, sigue tu camino! - -El alacrán echó á correr, y se largó á sus asuntos como si tal cosa. - -Para mi modo de sentir, este cuento es precioso, simbólico, -instintivamente filosófico, de la más sana y alegre filosofía. - -Los juicios literarios, el discurso académico, todo lo demás, en suma, -que el libro contiene, me parece muy bien asimismo. Sólo me pesa de su -aborrecimiento de usted á los Jesuítas y de lo mal que los quiere y los -trata. Pero, en fin, no hemos de estar de acuerdo en todo. - -Mil gracias por el envío de su divertidísimo libro. - - - - -UN POLÍGRAFO ARGENTINO - -(AL SEÑOR DON SANTIAGO ESTRADA) - - -I. - -Muy señor mío y distinguido amigo: Harto difícil es para mí el honroso -encargo, que usted me da y que tanto me lisonjea, de poner algo como -Prólogo en el tomo de sus obras que lleva por título Miscelánea. No -extrañe usted, pues, y perdone mi tardanza en cumplir dicho encargo, -aunque le acepté complacidísimo. - -Sé que usted hace imprimir y va á publicar á la vez en Barcelona otras -varias obras suyas. El conjunto de ellas formará seis tomos, de los -cuales sólo he leído aquel en que mi crítica debe emplearse. - -A usted mismo más le conozco de fama que de trato. Si no recuerdo mal, -una vez sola tuve el gusto de estar conversando con usted por espacio de -poco más de media hora. Esto y el decir de las gentes bastan á -demostrarme la bondad de usted, su discreción y su ilustrado juicio: -pero, como yo sigo mal la historia contemporánea de todos los países, -ignoro qué partido es el de usted en la República de que es ciudadano, -qué papel ha desempeñado en su política, y cuáles son sus aspiraciones é -ideas. - -El tomo Miscelánea, que usted me envía, parece, por consiguiente, como -reunión de datos para resolver un problema y para despejar una -incógnita, ya que incógnita era para mí, antes de recibir dicho tomo, la -importancia literaria de usted en su tierra. - -Para persona de mayor agudeza y de más honda penetración que las que yo -poseo, esta ignorancia previa traería ventajas y contribuiría á dar -superior lucimiento al desempeño de su tarea. Por el hilo, como se dice -vulgarmente, sacaría el ovillo: y, sólo en vista de la Miscelánea -formaría exacto y cabal concepto de la personalidad de usted y la -expondría al público con firmeza. Lo que es yo, ó tengo que limitarme á -hablar aisladamente del tomo Miscelánea ó me expongo á extraviarme al -pretender adivinar. - -De sobra se me alcanza el propósito de usted al pedirme el Prólogo. Ha -llegado á mi noticia que usted ha pedido también Prólogos para otros de -sus libros á otros escritores españoles. Y en esto, así como en la -circunstancia de imprimir usted todas sus obras en Barcelona, se ve -patente el intento de que la edición que usted hace sea como muestra ó -símbolo de la fraternidad de hispano-americanos y de españoles -peninsulares y de la unidad indestructible de la civilización ibérica, -cuyo lazo no rompen ni todas las ondas del Atlántico que entre nosotros -se agitan, ni los recuerdos de una guerra, inevitable aunque fratricida, -pero cuya sangre y cuyas lágrimas se orearon ya, dejando limpio y no -marchito el lauro. - -Para usted, que es tan creyente y fervoroso católico, ha de ser de -indiscutible verdad el criterio que me guía al considerar los -acontecimientos humanos, porque sin suprimir en cada individuo la -responsabilidad de las acciones, ya nobles y generosas, ya egoístas y -perversas, y nacidas siempre de libre albedrío, veo en el conjunto algo -de divina é indefectiblemente ordenado con soberana presciencia, por -donde todo cuanto ocurre es lo mejor que puede ocurrir y todo cuanto se -realiza y consuma es para bien, aunque parezca mal por lo pronto; de -suerte que el refrán más verídico y piadoso es el que dice: «no hay mal -que por bien no venga.» Aplicado esto á los casos particulares me -compone una filosofía de la historia, en germen sin duda, poco sutil, -nada profunda é ingeniosa, pero muy optimista y rica de esperanzas y de -consuelos. - -La emancipación de las colonias españolas en el continente americano -fué, pues, cuando debió ser, y no pudo ser ni después ni antes. España -carecía de fuerza para mantener tanto imperio y era menester que se -desbaratara. No hay que discutir si cada uno de los desmembrados -fragmentos hubiera alcanzado más tarde mayor eficacia, á fin de -constituir, sin largas convulsiones, dictaduras, tiranías y guerras -civiles, un Estado libre, próspero y fuerte. Sin discutirlo yo, por fe -en la invicta civilización europea, y en que la raza á que pertenezco -fué y seguirá siendo una de las más hábiles y activas para crearla, -conservarla y difundirla, jamás desconfié de nuestro destino; y, en los -instantes más tristes y ominosos, cuando, al ver, en las nuevas -Repúblicas, discordias, desquiciamiento y feroces tiranos, se -pronosticaban ruinas, sobre las cuales otra raza de más valer vendría á -entronizarse, jamás desesperé, no ya de la salud de la patria, sino de -algo más amplio y sublime: de la salud de _mi gente_. - -Por lo expuesto comprenderá usted y ponderará mi alegría, al notar la -naciente grandeza, la prosperidad, el brío y el orden, que se van -mostrando en algunas de las Repúblicas que fueron colonias de España. -Hay en ello, para todo español, no una satisfacción, sino un enjambre de -satisfacciones de amor propio: la del padre que conoce en el hijo la -nobleza de su sangre, anhelando que valga más que él y le supere: la del -maestro ó tutor, que, cuando el discípulo ó pupilo se luce, se engríe -imaginando que es parte en el triunfo la educación que le ha dado: y -para mí, además, la del vidente que se deleita jactándose de que no -salieron falsos sus vaticinios. - -En la situación actual de las Repúblicas hispano-americanas, y -singularmente de la Argentina, concretándonos á aquella que cuenta á -usted entre sus ilustres patricios, hay no poco de pueblo naciente y no -poco también de prolongación de otro pueblo, que tuvo ya extensa vida y -representó lucido papel en el teatro del mundo. Idioma, religión, leyes, -costumbres, ciencias, letras y artes, todo lo han recibido ustedes de -España. Este tesoro, que no debe desdeñarse para crear otro nuevo, sino -aprovecharse para que crezca y se centuplique, consta de dos clases de -riqueza; una exclusiva y peculiar de nuestra raza: otra común á toda la -civilización europea. Conato de lo imposible sería prescindir de esto ó -trastrocarlo adrede para hallar la originalidad y la novedad sin -precedentes. Todo esto es harto sólido para que sirva de base sobre la -cual pueda erigirse soberbio y nuevo edificio. Nada de esto debe -desecharse para levantar desde los cimientos edificio nuevo. - -Por lo dicho, lo primero que elogio y lo primero que me es simpático en -los escritos de usted es el espíritu conservador y castizo de que están -impregnados. Ni tal espíritu perjudica á la originalidad individual del -escritor. Para ser original no es necesario desfigurarse, ni -disfrazarse, ni descastarse, ni dejar uno de ser quien es y ser otro. Y -en cuanto á la originalidad colectiva, en cuanto al sello nacional y -distinto, es seguro que ha de ponerse sobre la propia y común sustancia -española y no sobre otro elemento de importación ó sobre materia extraña -y prestada. - -La Miscelánea de usted es una colección de artículos de varios géneros, -pero en todos prevalece lo moral y religioso. - -Más bien que de crítico-literarios pueden calificarse de filosóficos y -doctrinales. En esto se asemejan, aunque van por opuesto camino, á los -del ecuatoriano Juan Montalvo: á su _Espectador_ y á sus _Siete -Tratados_. Montalvo y usted han escrito _ensayos_, como los que -Montaigne llamó _ensayos_, y no como los ingleses, que suelen ser -extractos y críticas de libros. Ustedes, con más libertad y sin tomar -siempre ocasión de libro alguno, discurren sobre puntos diversos y -componen sobre cada punto un tratadito ó disertación breve. - -En las tendencias, Montalvo y usted son muy distintos y en el estilo más -aún. Montalvo es artificioso y afectadísimo: usted, espontáneo y -natural. Montalvo aspira en demasía á decir cosas nuevas y á decirlas -como nadie las ha dicho: quiere ser un primor, un dechado de forma. -Usted aspira sólo á decir lo que siente y piensa, aunque sea lo que -sienten y piensan los demás hombres; y á decirlo con orden y claridad, -sin rebuscamiento ni rarezas. - -No hay que decir que yo prefiero lo último. - -Si usted tratase de ciencias exactas ó de observación, el crítico -debería empezar por saber dichas ciencias, y luego decidir si era la -verdad lo que usted decía. Pero las materias sobre las que usted -diserta, salvo ciertos principios inconcusos, _quædam perennis -philosophia_, en que debemos todos convenir y en que por dicha usted y -yo convenimos, tienen tanto de opinables y de controvertibles, que sería -en mí exceso de petulancia, ya el declarar á usted depositario y -divulgador de la verdad, ya el impugnarle, haciendo patentes sus -errores. Necesitaría yo además para esto, no componer un escrito corto, -sino un libro tan voluminoso como el de usted. - -Si lo que usted sostiene es la recta doctrina, ya convencerán de ello -las palabras de usted á quien las leyere, sin necesidad de que vengan -las mías en su apoyo. Y si hubiere error en poco ó en mucho, ni yo me -hallo con autoridad ni con capacidad para manifestarle, ni la misión de -un _prologista_ es entrar en polémica con su _prologizado_. - -Lo que sí me incumbe decir, y lo que puedo decir por fortuna, y ésta, á -mi ver, es grande alabanza, es que usted escribe _corde bono et fide non -ficta_, con la sinceridad, con la convicción candorosa, que atrae la -atención de los lectores, que les gana la voluntad, que los convence á -veces, y que, cuando no los convence, los interesa y conmueve, -convirtiéndolos, si no en correligionarios del dogma que se predica, en -amigos y parciales entusiastas del predicador. - -Entienda usted bien que no quiero expresar con esto más de lo que -expreso, ni mostrar mi escepticismo con reticencias. Lo único que yo -quiero expresar y que expreso ahora es que, un libro que trata rápida y -sumariamente sobre tantos y tan trascendentales asuntos sería ligereza y -osadía, ora que yo en todo le declarase conforme á la verdad, ora que en -poco ó en mucho le calificase de erróneo. - -Lo que sí puedo hacer y hago con sumo contento, sin salir de las dudas -escépticas en que la modestia me ha encerrado, es calificar el libro de -usted de libro sano, fruto de un entendimiento y de una voluntad sanos -también ambos. - -Esta sanidad es, en mi sentir, el fundamento de toda buena obra de -literatura; es la razón que ha de tener el crítico meramente literario, -y no científico ni filosófico, para declarar buena la obra. Consiste -dicha sanidad en no dejarse arrastrar de afectos torcidos, aunque sean -sinceros; en poner por base el sentido común y no desecharle nunca, -aunque sirva de trampolín para brincar por cima de él más allá de las -estrellas; en no seguir una dialéctica viciosa por el empeño presuntuoso -de parecer más sutil ó más profundo que el resto de los mortales; y en -no incurrir en extravagancias para pasar por genios. - -La insania de que hablo no impide que el escritor sea tenido por grande; -pero yo no gusto de él. Tal vez lo que dice está más conforme con lo que -á mí me parece la verdad que lo que dice el escritor sano: pero el -error de éste es más simpático y causa menos daño que la verdad en la -boca ó en la pluma del otro. Prefiero á Voltaire renegando de todo dogma -cristiano á Rousseau ensalzando los Evangelios; y menos mal me parece -Carducci componiendo una oda á Satanás, donde su sola afectación es -llamar Satanás á la personificación del ingenio humano, que -Chateaubriand levantando _El genio del Cristianismo_ sobre un cúmulo de -afectaciones. - -Declarado ya aquí como sentencia que es usted un escritor sincero, -entusiasta sin extravío y sin empeñarse en ser entusiasta, y sano -además, añadiré, como parecer individual mío, que me agrada en extremo -su modo de pensar de usted, y que en lo más esencial siempre le apruebo -y le aplaudo. - -Desde luego coincidimos en nuestra estética, fundamento de nuestra -crítica. Cuanto dice usted en defensa del poeta colombiano Jorge Isaacs, -en el artículo titulado _El ideal del poeta_, es, bien dicho, lo mismo -que yo pienso y siento. Usted niega, como yo, que la poesía sea don -funesto, cultivo del dolor; y entiende que no es deformidad ó enfermedad -el _genio_, sino salud más completa, fecunda y dichosa, que la salud de -que goza el vulgo. - -En el juicio que forma usted de Olegario Andrade estamos de acuerdo, si -bien usted se muestra y puede mostrarse más severo que yo porque Andrade -es su paisano. - -En todos los artículos de usted de asunto religioso son de admirar la -ardiente devoción, la fe profunda y la espontánea elocuencia. Y á mí me -encanta asimismo que la religiosidad de usted, lejos de estar reñida con -el espíritu del siglo, con la creencia en el progreso y con el amor á la -libertad, se combina con estas ideas y con estos sentimientos, -purificándolos y santificándolos. No se funda la fe católica de usted en -escepticismo y pesimismo, como la de Pascal, Bonald, De Maistre y -Donoso, sino en optimismo y en confianza mesurada y justa en la razón -humana. No es menester para amar á Dios odiar y despreciar al prójimo, -antes por amor de Dios más se le ama y más se le respeta. Ni es menester -para aceptar una revelación exterior, que viene á nosotros con la -palabra, materialmente, ya por los oídos, ya por los ojos, sostener que -la luz íntima que Dios nos ha dado, sólo sirve para descubrir é iluminar -disparates. - -El libro de usted es muy ameno y tan variado que no acertaré á dar idea -de todo él sin pecar de prolijo. Contiene cuadros de costumbres, como -_Liberato_; crítica de bellas artes, como _El dolor concentrado_ y _Una -estatua de Alonso Cano_; y encomios de personas ilustres, como los del -padre Jordán y de Juana Manuela Gorriti, á la cual, lo confieso con -vergüenza para prueba de la incomunicación intelectual en que hemos -estado, no había yo oído mentar nunca, aunque usted afirma que comparte -con la Avellaneda el imperio literario de la mujer americana en la -América española. Y son tales las elocuentes alabanzas que da usted á la -Gorriti, que, á ser justas también, y no exageradas por generosa -benevolencia, á pesar de mi admiración por la Avellaneda, tengo que -conceder á la Gorriti la primacía. - -En los artículos en que combate usted vicios sociales ó manías de moda, -como la cremación y el suicidio, son de celebrar el saber que usted -patentiza, la sencillez y el orden del estilo y el calor con que -defiende sus opiniones. - -A mi ver, el más bello, sabio y erudito de estos artículos filosóficos, -es aquel en que critica usted la obra de José María Ramos Mejía, -titulada: _Las neurosis de los hombres célebres en la República -Argentina_. Da motivos esta obra para que usted niegue las neurosis -invencibles que destruyen la responsabilidad, para que haga una -brillante defensa del libre albedrío y para que impugne el materialismo -y no acepte el divorcio entre la razón y la fe, la religión y la -ciencia. - -Su libro de usted, como todo libro bien escrito y lleno de saber y de -talento, no sólo contiene muchas ideas, sino que las despierta en el -ánimo de quien lee, ya por ampliación y deducción, ya por contradicción -también; pero dejo de poner aquí las mías, para que no me acuse usted de -pesadez, se arrepienta de haberme confiado el Prólogo, y perjudique éste -el libro en vez de favorecerle. - -Baste que yo reconozca, para terminar, que el libro, por fortuna y -mérito de usted, y para honra de las letras españolas, en toda su -amplitud españolas, no necesita de recomendación ni de apoyo. - -Y si por el tomo conocido he de calcular el mérito de los cinco que no -conozco aún, me atrevo á afirmar que el día de la aparición de los seis -tomos será día fausto en los anales de nuestra total literatura. - - -II. - -Mil gracias doy á usted por el ejemplar que me envía de sus obras -completas. Son ocho tomos: no seis, como yo había entendido. - -Después de las alabanzas, merecidas y discretas, que hacen de usted, en -prólogos, introducciones y apéndices, los Sres. D. Santiago de Liniers, -su pariente de usted; D. Valentín Gómez, D. Pedro Bofill, D. Nilo María -Fabra y D. Eduardo Bustillo, todo lo que yo diga parecerá pálido y frío. - -Quiero, no obstante, decir algo, á fin de mostrar que he leído todos los -tomos y que los he leído con deleite. - -Elegantemente impresos en Barcelona, y como apadrinados, aunque no lo -necesitan, por escritores peninsulares de nota, se diría que vienen á -aumentar nuestra riqueza literaria, y que, sin dejar de ser argentinos, -traen al tesoro intelectual de la Metrópoli nuevas y preciosas joyas. - -No hay en la colección trabajos muy extensos. En su mayor parte son -artículos, tal vez publicados en periódicos, ó discursos, leídos ó -pronunciados, en ocasiones solemnes, en el seno de juntas ó de -asambleas. - -Da unidad al conjunto la personalidad del autor; pero esta unidad, por -el estilo, por el carácter, por la fijeza y firme consecuencia de las -opiniones, no es menos evidente que la que se nota en los Ensayos de -Montaigne, de Carlyle, de Macaulay, ó del ecuatoriano Juan Montalvo. - -Los asuntos no pueden ofrecer mayor variedad. Ya escribe usted crítica -literaria como Sainte-Beuve; ya de dramas y comedias como Janin y -Lemaitre; ya de música como Scudo, y ya traza graciosos y ligeros -cuadros de costumbres, como nuestros célebres Fígaro, El Solitario y El -Curioso Parlante. - -En cuanto los ocho tomos contienen, luce usted su vasta lectura, su -recto criterio, su viva y espléndida imaginación; lo bondadoso é -indulgente de su índole que, más que á señalar defectos, le lleva á -descubrir y celebrar bellezas; y el fervoroso entusiasmo y el amor -entrañable con que se complace usted en realzarlas y en encomiarlas. - -Yo, que me precio de ser y soy tan benigno como usted, no soy, ni con -mucho, tan entusiasta; y, lo confieso, siento cierto temor á lo -exaltado y lírico del estilo. Cuando por extraña casualidad quiero -emplearle, me parece que oigo á mi lado, arredrándome, la voz de Maese -Pedro que dice: «no te encumbres, que toda afectación es mala.» Está -claro que Maese Pedro habla conmigo, y para otros que se entusiasman ó -finjen entusiasmarse y llenan lo que escriben de flores contrahechas, -que no puede haber nada más cursi; pero Maese Pedro no habla para ni -contra usted, que es naturalísimo y sencillísimo, y que solo _florea_ -cuando las flores brotan, sin que usted lo pueda remediar, _ex -abundantia cordis_. En este caso, más es de envidiar que de censurar que -las haya. Envidiable es, en todos sentidos, el ardor apasionado que hace -que nazcan estas flores. - -Donde más me agrada en usted la tal poesía en prosa, que por ser natural -no condeno sino que aplaudo y envidio, es en los elogios de mujeres. -Nadie niega que es usted un estético apasionado de los buenos versos, de -la declamación y de la música, ni menos que es un fervoroso católico; -pero en mucho de lo que dice usted y en los retratos que hace de Adelina -Patti, de Sara Bernhardt, de Lucía Pastor y hasta de Santa Rosa de Lima, -creo descubrir (Dios me perdone si me equivoco) cierta morosa -delectación y cierta vehemencia de afectos, que me caen muy en gracia, -porque yo, á pesar de mis cansados años, soy todavía poco severo, pero -que tal vez censuren los varones timoratos y graves, aunque no se -atrevan á declarar que las susodichas delectación y vehemencia se -opongan á la verdad católica, ni á la moral cristiana, ni que las -anublen siquiera en lo más diminuto. - -Por otra parte, como usted no es menos vehemente y exaltado en sus -amores y en sus alabanzas á otros objetos más altos y menos materiales -que la mujer, me inclino á dar por cierto que hasta los más penitentes -anacoretas perdonarán á usted lo que señalo, suponiendo que sea defecto -ó más bien exceso. - -Dudo mucho de que haya argentino más patriota que usted, ni americano -tampoco más amante de América: pero esto no entibia el amor de usted por -la madre España. Sea prueba de este amor el siguiente elocuentísimo -párrafo: «Saludadas Cádiz la pulcra, Jerez la laboriosa, Sevilla la -poética, Córdoba la morisca, Valencia la fecunda, Barcelona la grande, -Zaragoza la heróica, Madrid la histórica y coronada villa, cumple á mi -lealtad declarar que América está envanecida de haber tenido por madre á -la nación invicta que cantaba lo divino y lo humano con la lira de Lope -y Calderón; pintaba lo místico y lo profano con los pinceles de Murillo -y de Velázquez; esculpía el ideal de la eterna belleza con el cincel de -Cano y Montañés; fustigaba las costumbres con la pluma de Cervantes y -Quevedo, y clavaba el Lábaro del Redentor y la pica de sus soldados en -lo conocido y desconocido de la tierra.» - -Estos elogios, reconcentrados aquí sintéticamente para España, se -derraman asimismo con profusión generosa sobre los artistas y escritores -de nuestra nación y de nuestros días, y muy particularmente sobre Tamayo -y Baus, Echegaray y Rafael Calvo. - -Ni se crea por esto que usted es todo de almibar. Si no lo amargo, lo -picante de la sátira sazona con frecuencia los escritos de usted y pone -relieve en varios cuadros cómicos ó burlescos. El que se titula _El -convite Barrientos_ es un modelo en su género. Acaso exagere usted la -caricatura para provocar más la risa, pero siempre se ve la verdad, y, á -pesar de la exageración, se reconoce la fidelidad de los retratos. - -Los cuadros de costumbres y las descripciones de usted son casi siempre -ó divertidas ó interesantes: y para nosotros tienen además el atractivo -de lo peregrino é inaudito que se combina con lo familiar, castizo y -propio: nos representan escenas, lances y actos, en un mundo distinto -del cual el Atlántico nos separa, animados y ejecutados por personas, en -parte extrañas también, pero que proceden de nosotros, hablan nuestro -idioma y llevan nuestros apellidos y nuestra sangre. - -Las obras de usted no son sólo de mero pasatiempo y de crítica artística -y literaria. Las hay que encierran muy sana y ortodoxa filosofía y que -son didácticas y ricas en noticias y documentos de no corto valer. En mi -sentir, lo mejor en este género es un elogio fúnebre del Pontífice Pío -IX, donde pone usted toda la ardiente religiosidad de su alma; la vida -de Don Félix Frías, modelo de patriotas y de republicanos, ejemplo de -caridad inagotable y dechado de fe católica; y por último, el estudio -biográfico y la brillante apología que hace usted de su antepasado Don -Santiago de Liniers. A mi ver, así para todo español, como para todo -argentino de corazón, este héroe es más simpático y admirable en su -derrota y en su muerte que en medio de sus triunfos contra los ingleses, -en 1806 y 1807; que en la expulsión de los ingleses de Buenos Aires y en -la ulterior defensa de aquella plaza, hazañas tan hermosamente cantadas -por Maury y por Gallego. - -Liniers más motivo tenía de quejas que de gratitud al gobierno de -España. Depuesto del mando se hallaba, cuando sobrevino la revolución, y -fiel á su bandera como militar pundonoroso, se alzó en armas, en favor -de la Metrópoli y del Rey contra los insurgentes colonos. Desbandada -pronto la gente que acaudillaba, Liniers cayó en poder de los -insurgentes, quienes le fusilaron en compañía de Allende, Moreno, -Rodríguez y D. Juan Gutiérrez de la Concha, capitán de navío y -Gobernador intendente de Córdoba de Tucumán. Antes de que los tiradores -disparasen, dijo Liniers en alta voz: «Morimos orgullosos de nuestra -fidelidad al Rey y á España.» - -¿Cómo extrañar, por muy argentino y por muy republicano que usted sea, -que se enorgullezca de la heróica vida y mas heróica muerte de tan -ilustre antepasado? - -La más extensa de las obras de usted, si pudiera considerarse como una -sola obra, serían los dos tomos de viajes; pero, en realidad, estos dos -tomos contienen cinco obras distintas: el viaje de Buenos Aires á -Santiago de Chile, pasando por Montevideo, Córdoba, Altagracia, la -Pampa, Achiras, San Luis y Mendoza, y salvando los Andes; el regreso á -Buenos Aires, embarcado, por el estrecho de Magallanes; la excursión á -las Sierras del Tandil, con la descripción de _la piedra movediza_, -monumento acaso de una edad remota, y parecido á otros que de tiempo -inmemorial subsisten en nuestras regiones europeas, y por último, las -dos obras, en mi sentir mucho más importantes, que llevan por título _De -Corrientes á Cumbarití_ y _De Valparaiso á la Oroya_. - -_De Corrientes á Cumbarití_ es un extraño escrito, pintura naturalmente -poética de uno de los países más hermosos del mundo y documento -histórico de grandísimo interés, ya que un testigo ocular describe en -él, con vivos colores y conmovido acento, el fin de una guerra obstinada -y sangrienta, en que el Paraguay quedó vencido. Son por cierto de -admirar la devoción y la valentía de los paraguayos en defender su -patria. He oído afirmar, y, aunque haya en ello exageración, es tremenda -alabanza, que, al terminar la guerra, apenas quedaban á vida hombres de -armas tomar en aquella República. Y es más admirable aun que fuera un -tirano como el Presidente López quien tan generoso entusiasmo -infundiese. - -Todo se explica, no obstante, cuando se considera la bondad, el brío, el -candor y la condición enérgica y sufrida á la vez de los guaraníes, que -constituyen la inmensa mayoría de aquel pueblo. Sobre tales prendas, que -los guaraníes tienen por naturaleza, vienen á ponerse la severa -disciplina de los jesuítas que los cristianizaron y el espíritu de -obediencia que acertaron á inspirarles. - -Al leer la sencilla y conmovedora narración hecha por usted de la -tragedia, que puso término á la tiranía de López, acudí á leer de nuevo -libros que ya tenía casi olvidados, para explicarme la mal empleada -heroicidad de los paraguayos: para hallar sus antecedentes y fundamento. - -El Padre Antonio Ruiz Montoya escribió y publicó en Madrid, en 1639, su -_Conquista espiritual_. En este libro se expone cómo fueron los -guaraníes convertidos por los jesuítas. Otro Padre tradujo el libro en -guaraní, exornándole con más milagros. La traducción portuguesa del -manuscrito guaraní, dada á luz por el literato brasileño Almeida -Nogueira, nos ofrece la clave de todo. La aparición frecuente entre -aquellos salvajes y la convivencia con ellos de ángeles y de demonios, y -la repetida resurrección de difuntos, que venían á contar cuanto habían -visto en el cielo y todas las delicias que allí se gozaban, y los -tormentos espantosos y eternos del infierno, debieron de fanatizar -aquellos ánimos sencillos predisponiéndolos á obedecer ciegamente á los -Padres, á fin de ganar la gloria y de no padecer penas tan atroces é -interminables. - -Acaso fué conveniente entonces aquel despilfarro de lo sobrenatural. Por -él se logró infundir en los fieros corazones de los indios bravos la -moral cristiana, y apartarlos de los vicios y de los crímenes y -supersticiones de su pasada vida selvática. Por él, ó sea haciendo -prodigios, humillaron los Padres á los _payés_ ó hechiceros, que también -los hacían. Pero tal vez aquella educación religiosísima predispuso por -demás á los indios á una docilidad y sumisión llenas de peligros, -contribuyendo á hacer posible el advenimiento al poder del tremebundo -Doctor Francia. - -Los jesuítas habían regimentado y subordinado la valentía de los indios, -empleándola como un arma, contra españoles y portugueses. - -Es casi seguro que tenían los jesuítas razón. Muchos de los primeros -aventureros, que iban á América, eran unos desalmados, de aquellos por -quienes pudo decir el poeta: - - La codicia en los brazos de la suerte - Se arroja al mar, la ira á las espadas, - Y la ambición se ríe de la muerte. - -pero no era el medio mejor de amansarlos, y de procurar que los indios -fraternizasen con ellos, el hacer que los indios formasen de ellos el -concepto que expresan las siguientes palabras, tomadas de la traducción -del manuscrito guaraní: «gente que sólo cuida de hacer cosas ruines, que -destroza y mata; y, si alguien quiere librarse en balde de ser su -esclavo, es maltratado como animal.» - -Cobraron, sin duda, los indios recelo y odio contra los europeos, y así -los jesuítas lograron que se prestasen para no pervertirse á vivir -secuestrados de todo trato y comercio exterior y que tan valerosamente -combatieran bajo el mando de ellos contra las armas de España y Portugal -reunidas; contienda que sirvió de cuadro á uno de los episodios de la -más graciosa novela de Voltaire y de asunto al bello poema de J. Basilio -de Gama, inspirado cantor de Lindoya. - -Sin duda esta educación jesuítica valió al Doctor Francia para ejercer -su tiranía inaudita cuando nuestras colonias se emanciparon. - -No me atrevo yo á decidir si aquella paz ignorante, aquel aislamiento -paraguayo y aquel despotismo del Doctor Francia fueron peores -que las incesantes guerras civiles, los pronunciamientos y -contra-pronunciamientos y los tiranuelos feroces que hubo en muchas -repúblicas hispano-americanas. Digo sólo que el Paraguay progresó menos, -aunque no hubo en él sacudimientos, ni trastornos: vivió tan aislado que -nadie podía penetrar en él sin exponerse á quedar allí para siempre, -como el sabio Bompland compañero de Humboldt: y que, muerto el Doctor -Francia, le sucedió el Doctor López, manteniendo á los paraguayos bajo -el mismo régimen, si bien con férula ó vara menos dura. - -Allá por los años de 1850, no sé quien persuadió á López, y López se -dejó persuadir, de que debía abrir el Paraguay al comercio y trato -humanos. Y López envió á su hijo á Europa de Ministro Plenipotenciario -ubicuo, y de Europa fueron diplomáticos al Paraguay á celebrar tratados -de comercio. - -A no dudarlo, López quiso desde entonces para su patria cierto progreso -y cierta ilustración, que se fuesen logrando con pausa. Con mayor fuerza -de voluntad hubo de quererlo su hijo, que había viajado por Europa, y -que heredó la presidencia de su padre. - -Fuesen, pues, las que fuesen las causas de la guerra, que brasileños y -argentinos hicieron al Paraguay, y cuya terminación, al espirar el año -de 1869, usted tan elocuentemente describe, lo más que podrá afirmarse -es que dicha guerra fué justa; que ni el Brasil ni ustedes la pudieron -evitar; pero, francamente, yo no quiero considerarla un triunfo de la -civilización y de la libertad sobre la barbarie y la tiranía; tiranía y -barbarie hubieran acabado sin tanto estrago, aunque con mayor lentitud. -No valía para adelantar aquellos bienes por algunos años pagar el -adelanto con tal profusión de muertes, gastos y destrozos. - -Aquí, en España, tenemos un libro muy divertido que retrata fiel y -cándidamente, en mi sentir, lo que era el Paraguay bajo la presidencia ó -dominio del primer López. Si en España hubiese más afición á la lectura, -el libro de que hablo sería muy leído: se hubieran hecho de él muchas -ediciones. Quien le lee, ríe con gana y de veras de los lances, -aventuras y observaciones del Sr. D. Ildefonso Antonio Bermejo, autor -del libro, que pasó en el Paraguay cuatro ó cinco años al servicio del -tirano. Cómicos y muy raros casos refiere, pero hay tal tono de buena -fe, tan sincero y espontáneo estilo en todo, que ni por un instante -asaltan dudas sobre la escrupulosa veracidad del relato. - -Todo él, y más aún la gloriosa defensa que hicieron los paraguayos de -sus hogares y aun del mismo tirano, nos los presentan como mucho más -simpáticos que los que á fuego y sangre fueron á pulirlos, á libertarlos -y á hacerlos felices y cultos. - -Reza un añejo y cruel refrán: _la letra con sangre entra_. Hay -desventuras ineludibles. Ocasión se ofrece á cada paso de repetir la tan -repetida exclamación virgiliana: _Sunt lacrimæ rerun_; pero la verdad es -que con tantas guerras y tan atroces como tienen ustedes en América -desde que son independientes y libres, pierden ustedes no poca autoridad -y crédito para vituperar las ferocidades de sus tatarabuelos los -españoles que fueron á civilizar el Nuevo Mundo en los pasados siglos. - -El horrible método de acabar con la tiranía de López y de llevar la -civilización á aquella tierra fertilísima, arranca de su piadoso corazón -de usted, entre otras, estas sentidas voces: - -«Fermenta la putrefacción sobre una alfombra de flores marchitada por la -pólvora. Cubre aquellos cadáveres, contraídos por los dolores, -despedazados por la metralla ó desfigurados por la corrupción, un cielo -espléndido del cual parece descender la vida. La selva impenetrable, el -árbol frondoso, el agua estancada, parecen exigir al hombre su fuerza y -su inteligencia para cumplir la misión que Dios le confiara. Pero el -brazo del hombre ha sido abatido por la espada. Su cuerpo corrompido -yace mezclado con los corceles muertos en la batalla. Solamente Job, -colocado en medio de la miseria y podredumbre de la muerte, podría -cantar en términos apropiados la desolación del Paraguay.» - -A estas y á otras no menos conmovedoras lamentaciones de usted sólo -tengo que añadir mi deseo de que la paz restaure las fuerzas y sane y -cicatrice las heridas que han tenido ustedes que hacer al Paraguay para -que sea libre y más civilizado. - -La obra de usted, que cito la última, _De Valparaíso á la Oroya_, es la -mejor de todas, en mi sentir, ó al menos la que me ha causado impresión -más honda y más grata. Me parece amenísimo libro de viaje. El estilo de -usted, animado y pintoresco, tiene la fuerza de trasladar en espíritu -al lector á los lugares que va usted recorriendo y que tan bien -describe. Más de sesenta autores, antiguos y modernos, ha consultado -usted para componer su libro. Cada uno de ellos informará más -circunstanciadamente, ya sobre las antigüedades é historia del Perú, ya -sobre su geografía, fauna, flora y demás recursos y naturales riquezas, -ya sobre su industria y su comercio: pero pocos ofrecerán al lector un -conjunto tan variado é interesante. Su trabajo de usted es -principalmente el resultado de la inspección ocular y de sus recuerdos, -los cuales, avivados por la fantasía y el talento del escritor, producen -en quien lee la ilusión de que visita con usted aquel magnífico país. -Son bellísimas las descripciones de Arequipa, del Misti, del Cuzco y sus -ruinas, de la ciudad de los reyes, del valle de Lurín y del antiguo -templo del Dios Pachacamac. - -La pintura que hace usted del esplendor y florecimiento de Lima, la -alegría de sus habitantes, la hermosura y gracia de sus mujeres, la -riqueza de sus templos, la gala, el lujo y las joyas de su aristocracia, -el tesoro artístico, en cuadros y antiguallas, que guardan el Museo -Nacional, y las colecciones de los señores Ortiz de Ceballos y Dávila -Condemarín, todo nos encanta y nos enorgullece á los españoles, ya que -acertamos á fundar tan brillante colonia y á llevar á ella nuestra -civilización y nuestras costumbres. Bastante nos apesadumbran y nos -ponen contritos la consideración y la pena, que usted no deja de -estimular, de las crueldades y actos vandálicos de Pizarro y los otros -conquistadores: pero, sin poderlo remediar, tal vez para que sea menor -el remordimiento colectivo, porque no quiero yo entrar en discusiones, -nos sentimos inclinados á no creer por completo en tantas maravillas y -en tantos bienes como se supone que hubo en el Perú, durante el imperio -de los Incas. No me entra en la cabeza que hubiese entonces tantos -millones de indios, hoy desaparecidos, ni menos que los indios que -quedan sean más rudos y más miserables adorando á Cristo que adorando al -sol, al Inca su pariente y al Dios Pachacamac, sobre cuyo nombre, -condiciones, atributos y naturaleza, se funda sutil teodicea. Mucho me -inclino á sospechar que la tal teodicea ha sido mejorada y hermoseada -por la imaginación de personas ilustradas de nuestra edad ó por -misioneros candorosos que quisieron descubrir en ella los rastros de la -predicación de Santo Tomás ó de otro apóstol, que acertó á llegar hasta -allí. - -Si antes de los Incas, hacia el siglo X de nuestra era, habían tenido -los peruanos escritura hieroglífica, esta escritura se había perdido en -tiempo de los Incas, lo cual implica un retroceso en la cultura. Cuando -la aparición de los españoles, sólo había los _quipos_ ó nudos hechos -con hilos de diversos colores. Por muy ingenioso que supongamos este -arte y por muy hábiles y sagaces que fueran los _quipocamayos_ ó -interpretadores de _quipos_, me parece que es menester sobrada buena -voluntad y fe grande para aceptar como evidentes, gracias á los -_quipos_, los datos cronológicos y estadísticos sobre la duración, -riqueza y censo del imperio de los Incas y sobre la bienaventuranza de -sus súbditos, antes de la feroz conquista española. En fin, sea como -sea, el daño hecho está ya y no tiene remedio. Yo convengo en que los -aventureros, que iban de España á las Indias solían ser unos desalmados, -lo peor de cada casa: y convengo en que el Padre Valverde era un -fanático; un fraile _trabucaire_, como diríamos ahora. Pero, por amor de -Dios, ¿no se resiste ó repugna á todo recto juicio que matásemos á -disgustos y á malos tratamientos á tantos millones de séres humanos? -¿Cómo creer que déspotas como Viracocha, Pachacutec, Yupanquí, -Huayna-Capac y Huascar, hacían más dichosos á sus súbditos, fomentaban -más la población, las ciencias, las artes y la prosperidad, que los -Gobernadores y Arzobispos, enviados á Lima por los católicos reyes de -España, entre los cuales Arzobispos hubo santos y entre los cuales -Gobernadores ó Virreyes los hubo tan buenos y tan filantrópicos como el -conde de Superunda? - -Sin duda que los reyes de España eran despóticos también, pero ¿cómo -habían de serlo tanto como los Incas? - -En fin, la misma enormidad de la acusación que se nos hace, destruye -toda su fuerza. Sólo el apasionamiento y el afán de seguir las modas de -París bastan á explicar que se crea que, en virtud de leyes paternales y -protectoras de los indios, y yendo á Lima de Virreyes hombres eminentes, -de lo más ilustre por saber, nacimiento y servicios, Hurtados de -Mendoza, Toledos, Castros, Fernández de Córdoba, Velascos y -Portocarreros, exterminásemos millones y millones de indios en poco más -de trescientos años y convirtiésemos el Perú en un desierto. - -En resolución, yo entiendo, no sólo por lo muy español, sino por lo muy -progresista que soy, que es tan absurdo y apasionado el suponer con -_saudades_ un imperio de los Incas, maravilloso de bueno, cuya bondad -destruyeron los españoles, como el imaginar una época de los Virreyes -más floreciente y feliz que la época actual, cuando emancipado é -independiente el Perú crece en población, riqueza y cultura, abre -ferrocarriles que pronto salvarán los Andes, y se dispone á ser, á pesar -de recientes contratiempos y desgracias, una grande y poderosa república -y á convertir á Lima en una de las más bellas, populosas y espléndidas -capitales del mundo. - -Los capítulos sobre Chorrillos, que es el Biarritz, el Trouville ó el -Ostende peruano; y sobre la _quena_, flauta, música y canto de los -indios, son poéticos y curiosos. - -Todo el libro, en suma, nos hace formar claro y hermoso concepto del -Perú, en 1873, cuando usted le visitó. Ojalá que dentro de poco, en -cercano porvenir, se vean ya realizadas para el Perú todas las -halagüeñas y fundadas esperanzas que usted hace concebir y concibe. - -Y aquí termino esta larguísima carta, no sin reiterar á usted mi cordial -y cumplida enhorabuena por la publicación de sus obras reunidas. - - - - -LA RELIGIÓN DE LA HUMANIDAD - -(Á DON JUAN ENRIQUE LAGARRIGUE) - - -I. - -Muy señor mío y querido amigo: Mi propósito de examinar y criticar la -_Circular religiosa_ de usted, publicada en Santiago de Chile el día 6 -de Descartes del año 98 de la Gran Crisis, quedó apenas á medio cumplir -ó en suspenso, por culpa de mis grandes quehaceres y de la dificultad de -la empresa, superior sin duda á mis fuerzas. Impidió también que yo -terminase aquel trabajo mi falta de fe en mí mismo, ó lo desengañadísimo -que estoy de mi literatura. Años ha que padezco esta enfermedad mental ó -manía, casi incurable, que excita á los hombres á escribir; pero jamás -he creído en la utilidad de mis escritos. Mi justificación estaba y -está, pues, en procurar que sean divertidos, y en que, ya que no -instruyan al prójimo, le den agradable pasatiempo. - -En España toda persona que lee sabe más que yo, y toda persona que sabe -menos que yo, ó no sabe leer tampoco, ó no quiere fatigarse leyendo. -Carezco, pues, de público á quien enseñar; pero, ¿por qué, me digo no ha -de haber personas á quienes entretengan mis escritos? Por pocas que sean -estas personas, de ellas hago mi público, y á ellas me dirijo. - -Por lo expuesto comprenderá usted y disculpará en mí el tono de broma -con que en mis cartas anteriores he tratado de las doctrinas de usted. -Aun así no han faltado graves sujetos que me han reprendido por perder -mi tiempo en exponer locuras, aunque sea para refutarlas. Todavía no he -hallado á nadie que no califique de locuras las doctrinas que usted -sostiene. Esto acabó de retraerme de seguir exponiéndolas y -refutándolas. - -En tal disposición de ánimo me encontraba yo, cuando recibí desde París, -donde su hermano de usted, Jorge, reside un libro de este _apóstol de la -humanidad_, titulado _Lettres sur le positivisme_. El libro me venía -dedicado con frases para mí tan cariñosas y lisonjeras, que hube de -quedar á usted y á su hermano profundamente agradecido. Recibí después, -con fecha 17 de Shakespeare del año 100 (25 de septiembre de 1888), una -extensa carta (impresa en un folleto de 60 páginas), que usted me dirige -sobre la _Religión de la Humanidad_. Y he recibido, por último, con -singular dedicatoria autógrafa, otra carta de usted á la señora doña -Emilia Pardo Bazán, sobre el mismo asunto, escrita el día 2 de -Arquímedes del año 101 (27 de marzo de 1889 de nuestra era), también en -Santiago de Chile. - -Contienen estos documentos, elegantemente impresos y escritos, unos en -castellano y otros en francés, tan discretas y bien concertadas razones, -tanta cortesía y tanto afecto amistoso para doña Emilia y para mí, que -sería yo harto descortés é ingrato si no contestase con benevolencia. - -Prescindo, pues, de lo que me dicen ciertos espíritus que presumen de -superiores y de invulnerables para toda idea que ellos no consideren -sensata, y voy á contestar á usted, teniéndole por sensato y cuerdo, y -además por excelente, bondadoso y sabio. - -Si yo hubiera de tener por locos á cuantos no piensan como yo y -sostienen lo contrario, enteramente lo contrario, el planeta en que -vivimos me parecería un manicomio. Lo más atinado, pues, y lo más -caritativo, es pensar que todos tenemos juicio; que todos estamos de -acuerdo en bastantes puntos, y que, si discordamos en otros, la -discordancia es un bien, ya que sin ella no habría materia para escribir -y para hablar, y nos aburriríamos de quedarnos callados, y se nos -embotaría el entendimiento sin nada que le estimulase, aguzase y -acicalase. - -Remueve, además, los escrúpulos que me arredraban, atajando el correr de -mi pluma, la consideración de que son pocos los escritores que escriben -para revelar inauditas verdades. Harto sé que yo no he abierto ni - - «Abriré nuevos senderos - á la errante humanidad». - -pero ¿por qué no he de solazarme un rato charlando con ella, ó al menos -con aquella mínima parte de ella tan desocupada y benigna que tenga -vagar y paciencia para leerme? - -Con este presupuesto, voy á contestar á la amable carta de usted. - -Augusto Comte es el glorioso fundador de la secta que usted sigue, -dividida hoy en dos ó más iglesias. Suponer que hasta cierto momento de -su vida Augusto Comte fué juicioso, y que fué atinado cuanto dijo, y que -después, con el mucho cavilar, se le descompusieron los sesos, y no -acertó á decir sino disparates, se me antoja suposición arbitraria. O la -locura de Augusto Comte está en toda su vida y en todos sus escritos, ó -no hay ni hubo tal locura jamás[B]. - -Para mí, tan desatinado es Augusto Comte al principio como al fin, pero -yo respeto, aplaudo y admiro los desatinos cuando están hábilmente -ordenados y entrelazados, é implican saber, entusiasmo é ingenio. - -La grande obra del maestro de ustedes era «dar á la filosofía el método -positivo de las ciencias, y á las ciencias la unidad de conjunto de la -filosofía». - -Cuando murió el Maestro, el 5 de diciembre de 1857, sus discípulos y -apóstoles aseguraban todos que, salvo ligeras imperfecciones, dicha -grande obra estaba realizada: había _filosofía positiva_; ciencia y -filosofía se habían compenetrado y formaban completa unidad. - -Convengamos en lo uno; pero ¿cómo es posible convenir en lo completo? -¿No quedaba, fuera de lo sabido por observación y por experiencia, mucho -de incognoscible ó de incógnito? Mucho quedaba, y no me explico cómo no -se ríe usted conmigo del donoso remedio que se ha buscado para este mal. -Lo incógnito es incognoscible. La esfera del pensamiento humano se -encoge y se achica para que sólo quepa en ella el conocimiento -_verificado_. Todo otro conocimiento se llama conocimiento _imaginado_. -Se le da el título de _absoluto_ ó de _ideal_, y se le declara -inaccesible. - -Sea así. Vayamos más allá, si se quiere. Tratemos de suprimir lo -absoluto, y no sólo de declararlo inaccesible. Repitamos con Littré: «El -universo nos aparece hoy como un conjunto, cuyas causas están en él -mismo, y que llamamos leyes. La inmanencia es la ciencia que explica el -universo por causas que están en él. La inmanencia es directamente -infinita, porque, desechando tipos y figuras, nos pone en inmediata -relación con los motores eternos de un universo ilimitado, y descubre al -pensamiento estupefacto y extasiado los mundos lanzados en el abismo del -espacio y la vida lanzada en el abismo del tiempo.» Con más claridad y -con menos pompa, esto significa que no hay Dios; que el mundo es eterno; -que él mismo es causa y efecto; y que sin inteligencia crea -inteligencia, sin voluntad ni saber impone leyes indefectibles, sin vida -crea vidas, y sin ser persona produce personas. Fuera de lo absurdo, -gratuito y pasmoso de tales afirmaciones clara se ve la contradicción en -que Littré incurre. Ni una sola de esas afirmaciones es conocimiento -_verificado_; nace de observación, de experiencia, de lo que él llama -filosofía positiva ó ciencia pura. Luego es teología, aunque negativa: -luego es metafísica; y al poner tales afirmaciones destruimos todo el -sistema, y, en vez de sostener que pasó el período teológico y que pasó -el período metafísico, y que hoy estamos ya en el período científico, en -plena edad de razón, volvemos á ser teólogos ó metafísicos, aunque harto -empecatados. - -Yo no tengo en este punto que refutar á Littré: él mismo se refuta y se -retracta, con más recto aviso, diciendo: «No conocemos ni el origen ni -el fin de las cosas y no hay razón para negar ni para afirmar que haya -algo más allá de ese origen y de ese fin.» La doctrina ó filosofía -positiva no niega, pues, ni afirma á Dios. La Naturaleza no vale para -reemplazarle. «¿Quién es esa señora?»--preguntaba el conde José de -Maistre. «Si la Naturaleza significa el conjunto de las cosas que nos -son conocidas, este conocimiento es relativo como ellas; es -experimental, y deja fuera las regiones de lo incognoscible: y si la -Naturaleza es un poder infinito, autor y ordenador del Universo, no hay -saber positivo que halle al cabo de sus investigaciones ese poder, que -por lo tanto debemos pasar en silencio. Experimentalmente no sabemos -nada de la eternidad de la materia ni de la hipótesis de Dios.» - -Ya se ve que Littré, en sus momentos más lúcidos, se declara neutral: ni -afirma ni niega. Pone lo sobrenatural fuera de nuestro alcance; por cima -de nuestro raciocinio. Pero, ¿no habrá otras facultades de nuestra alma, -por cuya virtud se pueda llegar á él? - -Yo veo que este positivismo _agnóstico_ deja abierta la puerta á la -imaginación, á la fe, á la intuición amorosa del alma afectiva, ó quién -sabe á qué otras facultades y potencias, para tender el vuelo y -explayarse por ese infinito inexplorado, y apartar de él la desesperada -calificación de incognoscible. - -De aquí que, en mi sentir, por el positivismo de Augusto Comte podamos -volver de nuevo á las más fervorosas creencias, como por el sensualismo -de Condillac volvió á ellas el ya citado conde José de Maistre. - -¿Quién sabe si en el extremo del positivismo agnóstico, ó dígase del -agnosticismo, no está ya cuajándose y brotando un misticismo flamante? -En todo caso, esto sería lo que llama el vulgo _salto atrás_, y lo que -llaman _atavismo_ los doctos. Según usted asegura, y según aseguran -otros autores, Augusto Comte se inspiró en el conde José de Maistre, -éste en el teósofo Saint-Martin, y Saint-Martin en aquel español ó -portugués misteriosísimo que se firmaba Martinez Pascual, que escribió -la _Reintegración de los seres_, influyó tanto en el florecimiento de -los misticismos y teosofías del fin de la pasada centuria, y desapareció -luego. - -Como quiera que ello sea, fuerza es convenir en que el más ilustre -discípulo de Augusto Comte fué Emilio Littré, y en que Emilio Littré, á -la muerte del Maestro, aceptó la herencia á beneficio de inventario, -repudiando notable parte de ella. Otros la recogieron y la aceptaron -toda con plena piedad, y de aquí el cisma, que aún dura. - -Para no confundirnos, llamaré al positivismo de Littré _no religioso_, y -llamaré _religioso_ al positivismo de usted y de los que como usted -piensan. Bueno es, no obstante, que se entienda desde luego que el -positivismo no religioso de Littré puede concertarse un día, si ya no se -concierta en algunos espíritus, con religión verdadera, y aun con -teosofía y aun con misticismo exaltado, mientras que en el positivismo -de ustedes, con ese vano y absurdo fantasma de religión que ponen -ustedes, es imposible é incompatible toda religión que tenga algunas -condiciones de tal. - -Hasta 1842, en que publicó Augusto Comte el tomo VI y último de su -_Curso de filosofía positiva_ todos los hombres que le siguen y pueden -contarse por positivistas, con más ó menos restricciones, correcciones ó -aditamentos, como el citado Littré, Herberto Spencer, Stuart Mill, -Lewes, Taine, Robinet, Huxley y otros, creen que Augusto Comte estaba -sano; pero ya, en 1845, empieza el período patológico de la vida del -maestro. Su locura es evidente y declarada para todos los dichos sabios, -desde 1851, en que publica el Maestro su _Sistema de política positiva ó -tratado de Sociología, instituyendo la religión de la humanidad_. - -Divididos así en dos el espíritu y la vida de Comte, tenemos un Comte -loco y otro cuerdo. Los que le aceptan y glorifican hasta 1845 se -consideran juiciosísimos, y declaran loco al Maestro durante los últimos -doce años de su vida, y á todos ustedes, que le aceptan por completo, -los dan por locos de remate, hablando sin rodeos y dejando á un lado las -perífrasis y los eufemismos elegantes ó científicos de que ellos se -valen al formular la declaración. - -Para el que, como yo, no es positivista, ni de una clase ni de otra; -para el que entiende que no se acabó ya la teología, ni se acabó la -metafísica á fin de que no haya más que ciencia, y para el que cree que -toda ciencia es imposible sin metafísica y sin teología, tanto los -positivistas no religiosos como los religiosos, se equivocan; pero, sin -duda, en mi sentir, se equivocan más ustedes, los religiosos, sin que -llame yo por eso á la equivocación locura, sino error ó extravío -generoso nacido de un noble y puro sentimiento que en balde han querido -ustedes ahogar en el alma. - -Yo no niego, además, que hay un procedimiento dialéctico en el -pensamiento de Comte; que no funda su religión porque sí; que su -religión no fué lo que vulgarmente llamamos una salida de tono. - -Lo que hay de más simpático en el positivismo es la crítica, á mi ver, -imparcial, elevada, entusiasta y optimista con que juzga la historia, -para marcar en ella el movimiento ascendente del humano linaje hacia la -luz y hacia el bien, pasando por los estados teológico y metafísico para -llegar al científico al cabo. En este progreso, los positivistas -declaran, y usted confirma, que la creación más grande del hombre ha -sido la Iglesia católica, institución soberana del orden social, -comunidad de los pueblos en una misma fe, organismo tan alto y benéfico, -que, como usted asegura jamás puede desaparecer. Y añade usted luego: -«Lo que sí sucederá es que se perfeccione.» Y esta perfección fué muy -extraña. Augusto Comte se convirtió en Padre Santo; apartó las personas -reales de Dios y de la Virgen Madre, y puso en lugar de ellas, y -usurpando sus nombres, dos figuras retóricas; y así fundó la religión -de la humanidad ó el catolicismo positivo. - -¿Tienen alguna fuerza las razones que usted da en favor de su religión -nueva; en alabanza de ese catolicismo _perfeccionado_? Yo entiendo que -las razones de usted le destruyen por su base. «Augusto Comte, dice -usted, no podía instituir su doctrina en nombre de Dios, porque, dada la -_mentalidad_ de nuestro tiempo, no podía sentirse inspirado -sobrenaturalmente. Hubiera faltado á la profunda sinceridad que le -caracteriza». - -«Moisés y San Pablo, añade usted, influyeron grandemente en moralizar el -mundo. Estos ilustres servidores de la humanidad fueron sinceros al -atribuir á revelación divina los preceptos religiosos que dictó cada uno -de ellos, porque sus respectivos medios sociales eran teológicos. En el -medio social positivo que alcanzamos, creerse inspirado de Dios -supondría una perturbación cerebral». - -A esto, y adoptando el severo criterio de usted, cualquiera podrá añadir -que mayor perturbación cerebral supone aún, en el medio social positivo -en que estamos viviendo, sin creerse inspirado por Dios, no sólo negando -su inspiración, sino negándole á Él ó desconociéndole, ponerse á fundar -religión nueva. Cualquiera otra determinación parece menos disparatada. -Y, sin embargo, la determinación de ustedes tiene excusa, una vez -aceptado el positivismo hasta donde Littré le acepta. - -El remate de su doctrina oficial es como un punto elevado, resbaladizo, -con abismos por todas partes, donde se exige al positivista que se tenga -en equilibrio, y donde el equilibrio no es posible. Es necesario caer en -alguno de esos abismos. - -No es dado quedarse sin negar ni afirmar la materia eterna ó Dios. El -positivista cae del escollo en que se ha encaramado aunque se agarre con -las uñas, á fin de no caerse, á los preceptos de Littré, declarándose, -con modestia, incompetente para decidir sobre tales asuntos. - -Lo más común es que caiga en el materialismo y en el ateísmo. Littré cae -con frecuencia, como se lo prueba Caro en el extenso libro que ha -escrito sobre él, y al que me remito. - -Y cae también la turbamulta de positivistas franceses, ingleses, -alemanes y españoles, que con más ó menos pudor y disimulo van á seguir -la bandera de Büchner, de Moleschott, de Carlos Vogt ó de Haeckel. - -El señor Menéndez y Pelayo, que ha estudiado bien todo esto en sus -_Heterodoxos_, trae larga lista de secuaces del positivismo en España, y -apenas hay uno que se haya quedado en la neutralidad modesta y -antimetafísica: casi todos caen en el materialismo, descollando entre -ellos el catalán Pompeyo Janer. Hasta los antiguos y nebulosos -krausistas, empezando por don Nicolás Salmerón, han venido á dar en el -positivismo en los últimos tiempos; pero todos estos positivistas -españoles pertenecen á la secta no religiosa. Menéndez y Pelayo, cuya -diligencia y erudición son admirables, sólo nos cita dos positivistas -españoles religiosos: D. José Segundo Flórez y el naturalista cubano don -Andrés Poey, ninguno de los cuales debe haber fundado iglesia entre -nosotros. Si la ha fundado, estará escondida en tenebrosas catacumbas, -cuando Menéndez y Pelayo, que todo lo escudriña, no ha dado con ella. -Lícito es, pues, afirmar sintéticamente que en España no hay -positivistas religiosos. La Religión de la Humanidad, no hace prosélitos -por aquí. Estéril y desairada misión me parece esa que usted y su -hermano quieren confiarnos, á doña Emilia Pardo Bazán y á mí, de ser en -España los apóstoles de la Religión de la Humanidad: el Santiago y la -Santa Teresa de esta nueva creencia. - -Las lisonjas, amonestaciones y consejos de usted son cantos de sirena, á -los cuales doña Emilia y yo debemos tabicar con cera los oídos, imitando -al prudente Ulises. Si los oyésemos, si nos dejásemos seducir, iríamos á -parar al cómico martirio, no de la hoguera, no de la degollación, no de -la estrangulación, sino de las silbas y de las burlas. España está muy -hundida en el _negativismo_, como usted le llama: y no hay quien la -saque de él á tres tirones. Lo que dice usted á doña Emilia es para -deslumbrar á cualquiera, pero ella no es un cualquiera y no se dejará -deslumbrar. Usted le dice, entre otras cosas: «Anhelo que revele usted -la Religión de la Humanidad á las nobles españolas, sus compatriotas; -que las haga influir en la conversión de sus padres, de sus esposos, de -sus hijos descaminados en el _negativismo_; que convierta usted misma, -exhortándolos fuertemente, á varios de los esclarecidos varones de -España, para que se pongan al servicio de la grandiosa doctrina con la -que tanto pueden enaltecer á su patria y al mundo entero; que su palabra -circule radiante de unción, no sólo por la península ibérica, sino -también por toda la América española, infundiendo convicciones tan -sublimes como inquebrantables: que su santa y vigorosa elocuencia invada -á París para concurrir á la regeneración definitiva de la gran ciudad -por la cual se modelan todas las naciones; y que, cuando llegue la hora -solemne de su transformación personal de la vida objetiva á la vida -subjetiva (pasar de la vida objetiva á la vida subjetiva equivale á -morirse entre los profanos), experimente usted el inefable goce de haber -trabajado de todo corazón y con todas sus fuerzas por la Religión -universal, y pase á incorporarse, resplandeciendo con eterna aureola, en -la Humanidad, nuestro verdadero Sér Supremo, desde cuyo glorioso seno -continuaría usted guiando almas con el inolvidable ejemplo de su -abnegada labor, y con sus virtuosos y magistrales escritos». - -En medio del entusiasmo, de la elocuencia, del profundo convencimiento -de usted, doña Emilia no podrá menos de reconocer la inanidad de sus -promesas y lo inconsistente de ese Sér Supremo, en cuyo seno usted la -coloca, y lo falso de su eternidad, ya que el día menos pensado se seca -la Tierra, como parece que se secó la luna, ó se apaga el sol, ó se cae -en él la Tierra, ú ocurre á la Tierra cualquier otro percance, y el Sér -Supremo, inventado por Augusto Comte, tiene lastimoso fin, con toda la -ciencia, con todas las invenciones y con todos los primores, y con todas -las filosofías, más ó menos positivas, que ha ido confeccionando en unos -cuantos siglos. - -Caro, en su libro sobre el positivismo, amenaza también á ustedes con la -fin del mundo para demostrar la falsedad y la vanidad de la religión del -progreso. «Entonces, el hombre y su civilización, sus esfuerzos, sus -artes y sus ciencias, todo habrá sido. Todo perecerá con la vida de -nuestro globo; y, si no queda en alguna parte un pensamiento que -recuerde, y conciencias que recojan los resultados de tantos -sacrificios, la tal religión del progreso es la burla más cruel del -pobre animal humano, á quien inútilmente se ha turbado en su miserable -dicha, y se ha espoleado para que corra en pos de quimeras y de -perfecciones cuyo término es la nada.» - -Lo cierto es que, para evitar estos tropiezos y sostener el progreso -indefinido en toda su grandeza, el positivismo vale poco, y es mil veces -mejor _el perfeccionismo absoluto_ del Sr. Dosamantes. Con los cuerpos -flúidos, dotados de la virtud de lanzarse á otros mundos, chico -inconveniente sería que éste se hundiese ó acabase. Nos pondríamos en -salvo y nos iríamos á planetas más bellos y más cómodos, diciendo: _Ahí -queda eso_, como dicen que dijo el cura de Gabia. - -No hay, con todo, medio alguno de que ustedes acepten ni cuerpos -flúidos, ni nada que sea equivalente. Son ustedes tan materialistas y -tan ateos como el que más. La Religión de la humanidad es sólo poesía -sin substancia y delirio vano. - -Como únicamente puede comprenderse la religión de ustedes es como uno de -los mil arbitrios, el más ineficaz, á mi ver, á que apelan los -pensadores de nuestros días, cuando, después de destruir la realidad -superior é invisible dentro de lo conocido, buscan lo _ideal_, y hablan -de él y quieren rendirle adoración y culto. - -Todo otro arbitrio para poner lo _ideal_, es, repito, más eficaz que el -de ustedes. Aun suponiendo que la razón, la _mentalidad_ del siglo XIX -como usted la llama, no logre columbrarle, ¿por qué hemos de negar que -no logren columbrarle otras facultades del alma humana, y que no le vean -y reconozcan, no sólo como _ideal_, sino como _real_, con limpia, clara -y refulgente realidad objetiva, cuya luz acabe por penetrar en el -universo concebido por la ciencia, y encerrado por ella en cárcel -sombría, y al fin le ilumine y le explique? - -Yo confieso que no pocas de estas tentativas de realizar lo ideal, y de -traerle al mundo de la ciencia, y de iluminar con él sus tinieblas, me -son simpáticas, por disparatadas que sean. Por esto me hacen tanta -gracia el _perfeccionismo absoluto_ del señor Dosamantes, el -espiritismo, el budismo esotérico y otros sistemas así. - -Hay varias escuelas de ateísmo, todas, por desgracia muy florecientes -ahora. Si sus principios no se hubieran infiltrado en las almas de mucha -gente vulgar, que no ha estudiado nada y que filosofa sin saber que -filosofa, y como por instinto, apenas tendría yo excusa para hablar de -estas cosas con ligereza, y sin detenido estudio y reposo; pero yo, al -discurrir sobre esto, no voy á revelar lo que se afirma en las cátedras -y entre los muy doctos, sino que voy á tratar de ideas que corren y se -difunden por las calles y por las plazas, que penetran en la vida social -é influyen en ella. - -Aunque se me tilde de impropiedad en el lenguaje porque en lo falso y en -lo absurdo no quepa más ni menos, yo empiezo por creer que, siendo -absurdas todas las negaciones de Dios, hay unas más absurdas, y menos -absurdas otras. - -Si el mundo es un valle de lágrimas sin esperanza en otra vida mejor; si -todos los seres padecen; si la injusticia triunfa; si el orden físico y -el orden moral no existen y si no hay más que desorden, como no hemos de -suponer un poder infinito que se complazca en el dolor y en la miseria, -ni tampoco hemos de fingir para soberano ordenador del mundo un sér -benigno, pero sin fuerza y sin saber que basten á remediar lo malo, ó, -mejor dicho, á no haberlo hecho, parece legítima consecuencia la -negación de Dios. Lo falso está en las premisas, prescindiendo ahora de -lo misterioso é inexplicable de que los seres obedezcan á ciertas leyes, -aunque sean inicuas, sin que haya legislador que dé esas leyes; de que -salga la conciencia de lo que no tiene conciencia, y de que brote un -prurito certero y una voluntad eficaz de ser, sin persona donde la raíz -de este prurito y de esta voluntad resida. - -Con todo: yo creo que el ateísmo pesimista de Leopardi, de Schopenhauer -y de Hartmann, es el menos desatinado: hay en él no poco del budismo -trasplantado á Europa. - -Pero cuando sostenemos que todo está divinamente concertado; que todo -concurre y se encamina á la perfección de modo indefectible, se -comprende mucho menos que nadie sea ateo. - -Augusto Comte, á mediados de este siglo descubrió y explicó las leyes -por cuya virtud el linaje humano va encaminándose á una sublime y noble -bienaventuranza á través de los períodos teológico, metafísico y, por -último positivo; pero estas leyes que descubrió Augusto Comte estaban ya -promulgadas y eran obedecidas desde el principio ó desde la eternidad; -luego hubo inteligencia que las dictó y poder que las hizo obedecer -desde entonces. Tan acertadas y bienhechoras leyes no las dictó ni las -impuso el Gran Fetiche, que es la tierra que habitamos, ni el Gran -Medio, que es el espacio en que la tierra se mueve, ni la Virgen-Madre, -que es la Humanidad, nacida en virtud de estas leyes. El Sér Supremo -positivista es uno y trino: es un compuesto del Gran Medio, del Gran -Fetiche y de la Virgen-Madre; pero tampoco da las leyes: se limita á -obedecerlas y á irse encaminando así á la perfección. - -Claro se ve que esta religión positivista es absurda para los teólogos y -para los metafísicos; pero, digo la verdad, no comprendo el enojo, las -burlas y las protestas contra ella de los positivistas no religiosos. Á -mi ver, ustedes son tan lógicos como ellos, y además son más amenos. Con -semejante fantasmagoría ó camelo de religión no se invalida ni se -desnaturaliza la doctrina del Maestro. Ni ustedes vuelven á restablecer -los agentes sobrenaturales del período teológico ni lo que llaman -ustedes abstracciones realizadas del período metafísico, como Dios, -esencia y causa: ustedes se limitan, para recreo y hechizo poético de -los hombres, á personificar cosas harto reales y visibles, que no tienen -nada de abstracción, á saber: el universo todo, el planeta en que -habitamos y cuantos animales racionales le pueblan, considerándolos en -su conjunto. - -No acusaré yo á ustedes de inconsecuentes, como otros los acusan, -calificando su religión en lo tocante al culto de los héroes, de -paganismo; y en lo tocante á la devoción fervorosa á las mujeres, de -plagio de la devoción á la Virgen María de los católicos. No deroga la -religión de ustedes, que no es religión, la ley positivista que hace de -la religión el grado ínfimo en el desarrollo intelectual de los hombres. -La religión de ustedes es un objeto artístico, un primor, un adorno, de -mejor ó peor gusto, pero que, en lo esencial, ni quita ni pone. - -No hay que decir que yo no creo en la afirmación de Augusto Comte. Yo -creo lo contrario. La religión es inmortal, es indestructible como -ciencia y como sentimiento. Desde todos los puntos, desde aquellos que -más distantes nos parecen, y por todos los caminos, cuando más pensamos -apartarnos de la religión, de la metafísica y de la teología, volvemos á -ellas, sin poder evitarlo. Si algún valor tiene la religión de ustedes, -es el de la sombra, el del espectro, que distrae y fascina y tal vez -impide á ustedes ó ver la verdadera religión que penetra en el -positivismo, ó salir á buscarla, desde el seno de ese positivismo, -siguiendo sus métodos, y apoyándose en él y tomándole como punto de -partida. - -En contraposición á la vana religión de ustedes, he de permitirme -decirles algo, dado lo poco que sé y creo penetrar, de los esfuerzos y -tentativas para recobrar la religión verdadera y para hacer de ella una -ciencia positiva en el seno del positivismo, completando así la -enciclopedia de Augusto Comte, y añadiendo á sus seis ciencias, que se -siguen y encadenan, otra más alta que es la teología. - -Bien puede asegurarse que Herberto Spencer ha mejorado y perfeccionado -el positivismo, creando la _filosofía de la evolución_, por cuya virtud -trata de explicarlo todo. Lo que se queda por explicar, ó es lo -incognoscible en sí, ó la acción de lo incognoscible. Tenemos, pues, lo -incognoscible fuera de la ciencia; pero algo es, ya que, al afirmar que -no se deja conocer, lo afirmamos. - -De esta suerte Herberto Spencer, que procede al principio como Augusto -Comte, considerando la religión como superstición y puerilidad, vuelve -reflexivamente á la religión después de haber recorrido toda la ciencia. -Herberto Spencer funda esta segunda religión reflexiva, la religión de -lo incognoscible, y aun la pone por cima de toda la ciencia: -inexpugnable, invencible é indestructible. - -«La omnipresencia, dice, de algo superior al entendimiento humano, es -una creencia común á todas las religiones. Nada tiene que temer esta -creencia de la lógica más severa. Es una verdad última de la mayor -certidumbre, una verdad sobre la cual las religiones todas están de -acuerdo, y está de acuerdo igualmente la ciencia. Hay un poder -impenetrable, del cual es manifestación el Universo.» - -Fundada así la religión agnóstica, ya, según he leído en varios libros, -hay en Inglaterra positivistas que han formado Iglesia para dar culto á -este incognoscible, escondido siempre y presente siempre en todo. En el -fondo de todos los fenómenos físicos y morales está lo incognoscible, -está lo que nosotros llamamos Dios, y esto es lo que adoran. - -Para Herberto Spencer, tiempo, espacio, causa, substancia, movimiento, -espíritu, son términos ininteligibles y llenos de contradicciones. - -No sabemos más que enlazar algunos fenómenos según la ley de -continuidad. Resulta, pues, al último extremo del empirismo baconiano y -del positivismo comtiano, un profundo misterio religioso. Detrás de cada -objeto, en el centro de cada cosa, en nosotros mismos, está lo -incognoscible, y todo es efecto de su perpetua é incesante operación -divina. - -Apenas hay filósofos que no se contradigan, y Herberto Spencer no es -excepción de la regla. Al lado de la modestia con que declara que casi -no sabe nada, viene la inaudita y temeraria pretensión de explicarlo -todo con su evolución universal. Empieza por la nebulosa primitiva, y, -desde ella, con su evolución, nos va creando los astros, los fenómenos -geológicos, la aparición de la vida, y luego el progreso de plantas y -animales, y, por último, el desarrollo de la sensibilidad y de la -inteligencia, las artes, los oficios, el saber, la formación de las -sociedades, y su florecimiento y sus adelantos. - -Lo cierto es que, supuestos lo incognoscible y su perpetua operación -divina, con decir _será lo que Dios quisiere_, estamos al cabo de toda -dificultad, y no hay para qué calentarse la cabeza. Pero es lo malo que, -al pretender explicarlo todo, como si hubiésemos arrebatado su secreto á -lo incognoscible, incurrimos en dificultades nuevas. Aunque Dios, lo -incognoscible, pudo hacer las cosas de mil modos distintos, que nosotros -ni comprendemos ni imaginamos, desde el momento en que afirmamos que las -hizo de un modo, tal vez incurrimos en error, y el error queda patente -si se prueba que de ese modo no las hizo. - -Así entiendo yo que el sistema de la evolución universal de Herberto -Spencer queda refutado por un libro de un discípulo del señor Pasteur, -llamado Dionisio Cochin. El libro se titula _La evolución y la vida_, y -recomiendo á usted su lectura. - -Acaso, leyéndole, venga usted á convencerse, como yo me he convencido, -de que no hay una sola evolución, sino de que ha habido tres, ó dos por -lo menos. Con la materia primera, y con leyes matemáticas, físicas y -químicas, por mucho que se haya _evolucionado_, no ha podido aparecer la -vida. La vida no se explica sin los gérmenes, sin otra intervención de -lo incognoscible, sin algo como nueva creación, que marca nueva era y el -principio de evolución más alta. Y no vale salvar la dificultad como la -salva Sir Guillermo Thomson, imaginando que cayó en nuestro planeta un -pedazo de astro viejo, todo cuajado de microbios. Esto sería trasladar -la dificultad á ese astro viejo; endosársela, pero no resolverla. - -Con la aparición de la conciencia, del entendimiento, del sér humano, -ocurre lo mismo. - -Entre lo que vive y lo que no vive, entre lo que piensa y lo que no -piensa, no hay término medio; no hay eslabón que enlace la cadena y -acredite como evidente la ley de continuidad. De la substancia viva más -imperfecta á la substancia sin vida más hermosa y rica, al diamante, al -cristal, al oro más puro, hay un abismo. Y desde el más grosero -pensamiento al instinto más perfecto del animal, hay otro abismo -también. Fuerza es, pues, admitir la solución de la continuidad de -Herberto Spencer, y tres evoluciones en vez de una: la de la materia -inorgánica, la de la vida y la de la conciencia. - -Ignoro si un señor llamado Enrique Drummond, es inglés, ó _yankee_. Sólo -sé que, estando yo en los Estados Unidos, apareció allí y se puso muy en -moda un libro suyo, impreso en Boston, que se titula _Leyes naturales en -el mundo espiritual_. - -Aunque yo, según he confesado, sé poquísimo, y no tengo la pretensión de -enseñar, y sólo escribo para divertirme y divertir, si puedo, á quien me -lea, todavía, sin pasar de mero aficionado á sabio, tengo mis opiniones -arraigadísimas, contra las cuales nada prevalece. Y una de estas -opiniones es que el método empírico sirve para explicar los fenómenos y -sus relaciones: para clasificar los seres y ponerlos como en un -casillero; mas no para explicar las causas y elevarse á la metafísica, -previamente desechada. Así, pues, yo considero falso el pensamiento -fundamental de Enrique Drummond, y yo considero irrealizable su intento. - -Sin embargo, el intento de Enrique Drummond es tan sano y tan -sublimemente benévolo y el arte y el discurso con que le realiza son tan -ingeniosos, que no puedo resistir á la tentación de hacer aquí un -extracto de su sistema. - -Así verá usted como la _mentalidad_, en este tercer período histórico -llamado positivo, no excluye la religión ni la teología, sino que desde -el seno del positivismo, y por métodos positivistas, volvemos á ellas. Y -volvemos, no ya sólo á una religión metafísica, á una teología natural ó -teodicea creada por el discurso, sino á la religión revelada, cristiana, -positiva y católica. - -Usted y su hermano, que son tan entusiastas y tan devotos de San Pablo, -de Santa Teresa de Jesús y de San Ignacio de Loyola, quién sabe si -cuando vean que, sin dejar los carriles del positivismo, pueden llegar -con Enrique Drummond á creer en lo que creyeron dichos Santos, no -acabarán por abjurar de esa Religión de la Humanidad, sin más Dios que -la Humanidad misma, y por volver al Catolicismo, el cual, dado, como yo -creo, que la religión no ha concluído ni concluirá nunca, es la -verdadera religión de la Humanidad: la religión definitiva. - -Pero tratar de esto requiere bastante extensión y capítulo aparte. - - -II. - -En estos últimos días he recibido un nuevo folleto de usted (segunda -carta á D. Zorobabel Rodríguez), por el cual veo que sigue usted -predicando su Religión de la Humanidad, aunque asegura que no quiere -polémicas. Yo no las quiero tampoco: pero necesito exponer las razones -principales que me mueven á no convertirme, como usted me aconseja en la -extensa carta que me escribió; y además, esto me da ocasión para -discurrir y cavilar sobre la irreligión del día, sobre eso que usted -llama la _mentalidad_, del período positivo en que estamos, _mentalidad_ -que se opone, según usted, á que creamos en nada sobrenatural, por donde -San Pablo, San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola, y todos los -mejores Santos del Calendario, y todos los más nobles y generosos héroes -de la Historia, no creerían en Dios si viviesen ahora, y sólo á la -Humanidad darían adoración y culto. - -Es innegable que el materialismo, el ateísmo y el positivismo, que es un -ateísmo disimulado y vergonzante, florecen demasiado en el día, pero los -positivistas y ateos se engañan en imaginar que el mundo es ya de ellos, -y que esta edad es la de la razón, y que la de la fe pasó para siempre. - -Yo creo que estamos en plena edad de fe, y que, si el perderla implicase -progreso, de poco progreso podríamos jactarnos. - -Todavía, á mediados de este siglo, en 1847, ha aparecido en Persia una -religión nueva que ha hecho correr la sangre á ríos, y ha dado al mundo -millares de mártires. La moral de esta religión es purísima y dulce; sus -libros sagrados, muy poéticos; su creencia y su amor en Dios y á Dios, -profundos. El Conde de Gobineau y el Sr. Franck, del Instituto de -Francia, han expuesto su doctrina y escrito la historia de esta religión -reciente, el _babismo_, cuyo dogma capital es la encarnación perpetua de -Dios en diez y nueve personas. - -Se me dirá que esto ocurre en Persia, que es tierra de bárbaros; pero -que en la culta Europa y en las otras regiones, por donde su -civilización se ha difundido, no caben ya semejantes delirios. - -Nada más arbitrario que tal suposición. En pocas edades han aparecido -más profetas y fundadores de religiones que en el día. Básteme citar al -conde de Saint-Simón, á los polacos Wronski y Towianski, á los yankees -Channing, Parker y José Smith, y al francés Hipólito Rodríguez, sin duda -israelita de origen, que aspira á crear la religión universal y -definitiva, combinando y reconciliando las tres hijas de la Biblia, las -religiones de Moisés, Cristo y Mahoma, é interpretando con piedad -profunda el apólogo famoso de Natán el Sabio. - -Harto sé que se me dirá que todos estos flamantes profetas estaban locos -de atar; pero veamos, por otra parte, cómo sigue reinando el espíritu -religioso, y habrá que decirme que está loco todo el humano linaje, ó -habrá que confesar que la religión, la fe y la creencia en Dios son -indestructibles. - -No voy á citar á ningún Padre de la Iglesia, ni á ningún apologista -católico, sino al Sr. Vacherot, el cual entiende que Dios no existe sino -en nuestra mente, que es nuestra hechura, y que desaparecerá con -nosotros. Dios, sin embargo, para el Sr. Vacherot, está muy lejos de -desaparecer. - -En su libro _La religión_, presume este autor que la religión pasará; -que el linaje humano dará al cabo el salto progresivo del _estado -religioso_ al _estado científico_; pero ¿quién sabe? El día en que se dé -este salto, está aún á millares de años de nosotros. - -Mis libros están tan en desorden, que he andado media hora buscando uno -muy divertido para citársele á usted con exactitud (á este propósito), y -no he podido hallarle. Sea todo por Dios. Es este libro de un sabio -francés, no recuerdo el nombre, el cual asegura que _La humanidad, -considerada en su vida colectiva, no ha nacido aún_. Para este señor, el -Sér Supremo de Augusto Comte es un Dios nonato. La Humanidad, según sus -cálculos, nacerá dentro de catorce mil años, si mal no recuerdo. -Compaginando esto ahora con lo que dice Vacherot sobre el salto del -estado religioso al científico, me atrevo á prever que el tal salto no -se hará hasta dentro de los mencionados catorce mil años. - -Por lo pronto tenemos á casi todos los hombres aferradísimos á la -religión, y, por consiguiente, incapaces de elevarse á la vida -colectiva. - -«Si tendemos la vista, dice Vacherot, por el inmenso imperio de las -religiones, en pleno siglo XIX, este espectáculo desanimará á los -librepensadores, que esperan ó creen llegado el reino de la razón en -nuestro planeta, y tranquilizará á los creyentes, asustados con las -conquistas de la incredulidad, en los tres últimos siglos.» - -En efecto: Vacherot echa sus cuentas, tomando los datos del primer libro -de Geografía ó de Estadística que tiene en casa, y resulta que de mil -doscientos millones de seres humanos, que pueblan el mundo, casi todos -profesan alguna religión. Hay centenares de millones de cristianos, de -budistas y de muslimes; y, lo que es más de lamentar para los filósofos, -hasta las más antiguas supersticiones, sectas y religiones -semiselváticas, persisten aún. El fetichismo y el chamanismo conservan -millones de sectarios. - -¿Dónde está, pues, esa _mentalidad_, propia de la época, y que tan -resueltamente prohibe, no ya seguir una religión positiva, sino creer -en Dios racionalmente? - -En la carta que usted me escribe, en las que escribe á Doña Emilia y á -D. Zorobabel, y en todos los otros escritos, habla usted de dicha -_mentalidad_; pero ni me la enseña, ni yo la veo. - -Lo que yo veo y lo que ve todo el mundo es que, enfrente de la inmensa -turba de creyentes, apenas habrá, esparcidos por toda la faz de la -tierra, unos cuantos miles de librepensadores incrédulos. - -La _mentalidad_ de que usted habla no es, pues, general. Debe quedar -reducida á los sabios y filósofos, ó, mejor diremos, á los sabios sólo, -ya que usted no admite tampoco, en estos tiempos, la filosofía -especulativa ó metafísica. Significa, sin duda, la tal _mentalidad_, que -la ciencia y la religión son incompatibles en el estado de progreso á -que la ciencia ha llegado. - -Si la ciencia se divulga, la incredulidad, sin la cual no hay ciencia, -también debe divulgarse. - -Supongamos ahora que los pueblos bárbaros del Oriente inmóvil, y que las -turbas rudas y sin ciencia de Europa y de América, y los semisalvajes de -África, todos religiosos, á su modo cada uno, no deben contar por nada, -y que el porvenir y los destinos del género humano dependen de los -sabios, que casi todos viven en las grandes capitales. ¿Cuándo lograrán -estos sabios difundir por donde quiera su _mentalidad_, como usted la -llama? - -Lo más raro que hay en el caso es que muchos de esos sabios, aun de los -más incrédulos, no desean que la incredulidad se divulgue, y hasta -tienen miedo y horror á que el vulgo llegue á ser tan incrédulo como -ellos. Unos miran la religión como freno para las turbas ignorantes y -codiciosas; otros, como consuelo para los tristes, menesterosos y -desvalidos. De aquí que muchos sabios de éstos se pongan muy -sentimentales y melancólicos de matar la fe, después de soñar con que -acaban de matarla. Ernesto Renan es de los melancólicos, si mira la -religión como consuelo. Si la mira como freno, inventa mil diabluras, -que parecen desatinos, para refrenar al vulgo de otra suerte. - -En uno de sus diálogos propone que la ciencia vuelva á ser oculta, y que -los sabios formen algo como colegios sacerdotales, para que cuando el -pueblo se subleve y haga alguna barbaridad, los sabios, que sabrán ya -más que ahora, castiguen al pueblo con una buena peste, ó con -terremotos, ó con inundaciones, ó con lluvias de fuego, ó con otras -plagas. - -Interminable y enojosa tarea sería citar aquí textos de autores -racionalistas que se lamentan y aterrorizan de que el vulgo se vaya -_racionalizando_. Suponen que, perdida la fe, no adquirirá en cambio la -ciencia, y se lanzará desbocado á satisfacer sus bestiales apetitos. El -citado Vacherot manifiesta repetidas veces y muy elocuentemente estos -temores. Tenemos, pues, no corta cantidad de sabios incrédulos que se -inclinan á que sea la incredulidad exclusivo privilegio de los sabios. -Por un lado, matan ó creen matar toda creencia religiosa en los libros -que componen, y por otro lado, deploran con amargura que las creencias -mueran. Se parecen á aquel Rey de un cuento oriental, que había dado su -palabra real de decapitar á cuantos se pusiesen á adivinar cierto enigma -y no le adivinasen. Los alrededores de la gran capital del referido Rey -estaban llenos de cabezas cortadas, colocadas en sendos postes; pero, -como el Rey tenía muy compasivo y buen corazón, no hacía más que llorar -por aquellas muertes de que él mismo era causa, para no faltar á su -palabra. - -Convengamos en que son dignos de risa los incrédulos llorones. Si es -ilusión, si es mentira todo lo trascendente y divino, ¿por qué llorar su -pérdida? El sabio, que consagra su vida a la verdad, ¿cómo puede -figurarse que la verdad sea nociva y funesta? ¿Cómo da por cimiento á la -ventura de sus semejantes, á su moralidad y á su bondad, el error, el -engaño ó la falsía. - -Los positivistas ortodoxos como usted, y no pocos sabios incrédulos de -otras escuelas, son en este punto más lógicos. Para unos, toda religión -ha sido siempre contraria á la moral, á la dicha y al progreso; para -otros, ha sido toda religión utilísima, indispensable, hasta hace muy -poco, para todos esos altos fines; mas para todos ellos toda religión es -perjudicial en el día, salvo la meramente alegórica que ustedes han -inventado. - -No negaré que ustedes se contradicen menos; pero son ustedes pocos, y no -todos muy firmes en su opinión. Al fundar la moral, sin el sostén y la -base de una metafísica ó de una doctrina religiosa, tocan ustedes la -dificultad; y á menudo vacilan. A veces salen ustedes por el registro -que menos se prevé. Pondré de ello un ejemplo curiosísimo y algo -chistoso. - -El Sr. Guyau ha escrito una obra titulada _La Irreligión_. Para él -consiste el venturoso porvenir de nuestra especie en que la religión se -acabe, y casi la da ya por acabada. Sin dificultad, á su ver, y del modo -más llano, establece este sabio una moral excelente. Todo el orden -social no sólo le explica, sino que le crea, como explicaba Laplace el -orden del universo, _sin la hipótesis de Dios_; pero aquí vienen los -apuros; donde menos se piensa salta la liebre. Los hombres ilustrados é -irreligiosos querrán tener pocos hijos que mantener y educar, y las -mujeres ilustradas é irreligiosas apenas querrán parir alguno que otro. -Entretanto, las gentes ruines é indoctas, las razas inferiores, echarán -al mundo con desmedida profusión infinidad de chiquillos. Por lo cual -teme el Sr. Guyau que el linaje humano degenere; que los sabios -disminuyan; que los pueblos más cultos, como Francia, se enflaquezcan y -pierdan población, y que los negritos ú otros salvajes lo llenen y -dominen todo. No recuerdo si el Sr. Guyau arbitra algún recurso para -salvar esta dificultad; pero el caso es que la pone. - -Y no es de maravillar que ponga una sola, sino que no ponga muchas. Lo -que es yo, por más que medito, no veo posible la moral, sin religión ó -metafísica que la sirva de base. - -Prescindamos de toda revelación sobrenatural; no prestemos crédito sino -á los dictados de nuestra razón; pero, aun así, si no afirmo un Dios -legislador y hombres con alma responsable, con libre albedrío, capaces -de vencer las naturales impurezas y de sobreponerse á los malos -instintos para realizar la justicia, el bien y la caridad en el mundo, -aun en contra de sus propios intereses, no veo que pueda fundarse -racionalmente moral alguna. - -Cierto que el gran crítico Lessing separa el dogma cristiano de la moral -de Cristo, como hacen ustedes. Para Lessing, la moral es independiente -del dogma: independiente de ésta ó de aquélla determinada metafísica ó -teología; pero Lessing no destruye por eso toda teología y toda -metafísica; antes pone como cimiento firmísimo de la moral una -metafísica perenne en sus principios radicales, una teodicea natural, -que afirma á Dios, omnipresente en el universo, causa del orden y del -progreso, revelándose gradualmente y educando al linaje humano por medio -de sucesivas revelaciones. La religión natural, la metafísica perenne, -aunque progresiva, no es para este sabio obra del natural discurso -sólo, sino del natural discurso con auxilio y revelación de Dios. - -Ya ve usted cuánto dista Lessing de los positivistas de ahora. El género -humano progresa y se educa, guiado por Dios, y, si Dios le deja de su -mano, ni se educa ni progresa. - -¿Dónde está esa incompatibilidad que ustedes suponen, entre la ciencia y -la religión, entre Dios y la razón humana, cuyo progreso en todo, según -Lessing, es un resultado de la constante operación divina y de sus -revelaciones, que se suceden en oportuna sazón, cuando ya el espíritu -del hombre está en aptitud de recibirlas? - -Lejos de mí creer á usted malicioso. Yo creo á usted lleno de candor, y -convencidísimo de sus errores; pero, al afirmar que la ciencia es -incompatible con la religión, al poner entre ambas perpetuo conflicto, -¿no comprende usted que induce á mucha gente sencilla á dar en -irreligiosa y en atea, por no parecer poco ilustrada? - -Para tranquilidad de esta gente sencilla, bien puede asegurarse que, aun -en el día, son más, muchos más, los sabios religiosos que los -irreligiosos. La lista de los que creen en Dios, y hasta de los que son -cristianos, vence en cantidad y en calidad á la lista de los sabios -incrédulos. No hablo de filósofos, ni de doctores en ciencias morales y -políticas: me limito á los que entienden y tratan las ciencias de la -naturaleza. La química, la física, la geología, la astronomía, no se -oponen, pues, á la fe, digan Draper y otros por el estilo lo que se les -antoje. No son embusteros, ni hipócritas, Faraday, Murchison, Hugh -Miller, Humphry Davy, Jorge Stephenson, el Padre Secchi, Cuvier, -Flourens, Cauchy, Biot, los Ampère, Chevreul, Pasteur y otros mil, que -sería prolijo ir aquí enumerando. - -A los que no hemos estudiado y sabemos poquísimo de ciencias naturales, -á cada paso tratan los físicos, químicos y biólogos incrédulos de -taparnos la boca, echándonos en cara nuestra ignorancia. Como no hemos -estudiado lo que ellos, no atinamos á explicarnos el Universo sin Dios: -la contradicción entre la razón y la ciencia. El mejor y más fácil modo -de contestarles es citar á esos otros sabios que son de nuestra opinión, -y á quienes no pueden recusar por ignorancia. - -En 1865 hubo en Inglaterra, que no es país muy atrasado, un _meeting_ ó -asamblea de naturalistas, químicos, astrónomos, etc.; y seiscientos diez -y siete, nada menos, escribieron, firmaron y publicaron un manifiesto, -declarando que las ciencias que profesan no van contra Dios, ni contra -la religión, ni siquiera contra la Biblia. Si algo inventan ó sostienen -que parezca oponerse á la palabra de Dios ó á sus Sagradas Escrituras, -ya es porque la ciencia es incompletísima aún, y se debe esperar que, -cuando se complete, se conciliará todo; ya es porque hemos interpretado -mal el sentido de las Sagradas Escrituras, de suerte que el -descubrimiento científico no se opone á la misma palabra de Dios, sino á -la torcida interpretación que le hemos dado. - -Ya ve usted cuán poco irreligiosa es la sana y más docta _mentalidad_ -del siglo presente. - -Toda religión tiene aun muchos creyentes y defensores, y la nuestra más -que ninguna, aunque no he de negar yo que bastantes pequen con -frecuencia por exceso de celo. - -La revelación divina no pudo hacerse toda de una vez y sobre todo. La -marcha ascendente del linaje humano, la ley de la historia, el -desenvolvimiento intelectual de las sociedades y de los individuos, todo -esto no sería, ó las cosas serían de muy diversa manera, si Dios lo -hubiera revelado todo en un solo momento: de un golpe. El hombre, -además, ó natural ó sobrenaturalmente, hubiera sido hecho ó _rehecho_ -por muy diverso estilo, para que se prestase á recibir la revelación, á -entenderla, y á que no fuese en balde. El maestro va por sus pasos -contados enseñando á sus discípulos, y no les explica la lógica antes de -la gramática, ni el cálculo integral antes de las cuatro reglas de la -Aritmética. - -Si los primeros Patriarcas, y Abraham, y Jacob, hubieran enseñado toda -la doctrina, nada hubiera tenido que revelar Moisés; y si Moisés lo -hubiera enseñado todo, hubiera sido supérflua la revelación de Cristo. -Cristo mismo, en la última cena, cuando se despide de sus discípulos, -declara que aún no lo ha revelado todo. «Aún tengo que deciros muchas -cosas, pone el texto de San Juan: mas no las podéis llevar ahora.» Esto -es: ahora no os aprovecharían; no las comprenderíais bien. Y añade -luego: «Mas cuando viniere aquel espíritu de verdad, os enseñará toda la -verdad.» Lo cual, aunque se interprete con la más timorata -interpretación, diciendo que eso que Cristo se dejó por decir se lo dijo -á los Apóstoles después de resucitado y lo inspiró el Espíritu Santo -cuando bajó sobre ellos, todavía es prueba evidente de que no es la -revelación simultánea y completa, sino sucesiva, y adaptándose á la -capacidad de los hombres á quienes se hace. En confirmación de lo cual -viene bien aquello de San Pablo á los de Corinto, cuando les dice que -los alimenta con leche y no con manjares sólidos que no pueden digerir -todavía. - -Traigo aquí todo esto muy pertinentemente, ya que de no entenderlo se -han seguido graves males. Bastantes sabios piadosísimos se han empeñado -en probar que en la Biblia está todo y que Moisés sabía y revelaba -cuanto hay que saber y revelar de física, química, matemáticas, -paleontología, cosmogonía, etc.; y en cambio otros incrédulos, en esto -no menos cándidos, se obstinan y se enorgullecen disputando con Moisés y -probándole que no sabía el sistema de Copérnico, ni que el agua se -componía de oxígeno y de hidrógeno, ni otras muchas cosas por el estilo. -Los primeros deducen de esta disputa la verdad de la religión, y los -segundos su incapacidad, su oposición á la ciencia y su mentira. Yo, sin -ser sabio, en nombre de mi pobre sentido común, me atrevo á sostener que -no tienen razón ni unos ni otros en sus deducciones. - -Entre los apologistas de la religión cristiana hay un inglés, Samuel -Kinns, cuya seguridad y cuyos argumentos para probar la concordancia de -la revelación y la ciencia pasman por inauditos é inesperados. - -Cuenta este señor que hay unos cerrajeros, paisanos suyos, Hobbs, Hart y -Compañía, los cuales han inventado y fabricado ciertas llaves y -cerraduras maravillosas, de que se vale el Banco de Inglaterra para -poner á buen recaudo sus tesoros. Las guardas de cualquiera de estas -llaves tienen 15 dientecillos movibles, que, colocándose, ya de un modo, -ya de otro, dan lugar á 1.307.674.368.000 combinaciones. Con cualquiera -combinación se echa la llave y sólo se desecha ó se abre con la -combinación con que se ha cerrado. Hay pues, una sola probabilidad -contra un billón y miles de millones, de que alguien abra sin saber la -combinación. - -Sentado esto, y sentado que los días de la Creación no fueron días, sino -largos períodos de millones de años, Samuel Kinns pone quince actos -creadores en el orden en que los pone la ciencia, y los concierta, en el -mismo orden, con quince frases ó expresiones bíblicas, que responden con -exactitud á cada uno de esos actos. De esta suerte, imagina el -apologista que deja demostrado que Moisés sabía, por revelación divina, -todo lo que la ciencia ha descubierto, tres mil años después, acerca de -la Creación del Mundo. - -Al más rudo, si recapacita un poco, asaltan varias dudas y razones -contra semejante discurso. 1.ª ¿Lo que la ciencia ha descubierto, lo ha -descubierto bien, ó saldremos el día menos pensado con que descubre otra -cosa que invalida el descubrimiento de hoy? 2.ª ¿Dado que sea ya -definitiva é inalterable la cosmogonía de la ciencia, hay ó no hay algo -de arbitrario y de más ingenioso que sólido en la harmonía y ajuste -perfecto de lo que dice la ciencia y de lo que dice la Biblia? Y 3.ª -Aceptando por _verificado_ y evidente todo lo que la ciencia descubrió -de la cosmogonía, y por no menos exacto su acuerdo perfectísimo con las -palabras de Moisés, ¿qué objeto ni qué propósito tuvo Moisés, ya que -sabía todo aquello, de decirlo ó ponerlo tan obscura y concisamente, que -fuese logogrifo ó acertijo que nadie había de adivinar sino más de tres -mil años después? - -Convengamos en que hubiera sido broma pesada, al menos por su duración, -la que hubiera dado Moisés á todo el linaje humano, si sabiendo bien -todo lo que ocurrió en el Universo desde su origen, lo hubiera dejado en -cifra que sólo al cabo de treinta siglos se hubiera podido descifrar. -¿No sería mejor y más piadoso entender que las Sagradas Escrituras -están divinamente inspiradas en todo lo que se refiere á la moral y al -dogma, y que, en otros puntos, cuando el redactor del libro no es -testigo ocular, ó cuando trata de cosas que por inspección ocular no -podían saberse, dice lo que en su tiempo se suponía ó se imaginaba? - -En virtud de esta distinción, á mi ver discreta, se evitarían lo menos -las nueve décimas partes de las controversias entre los creyentes y los -incrédulos: casi desaparecerían los supuestos ó fantásticos conflictos -entre la religión y la ciencia. - -Uno de los más juiciosos apologistas que tiene hoy la religión -cristiana, Mons. Van Weddingen, dice en sustancia lo mismo que estamos -aquí diciendo. Cada Profeta, cada Padre de la Iglesia, según la física y -la química de su tiempo, opinaba lo que mejor le parecía, y no es motivo -para negarle ó concederle la cualidad de profeta ó de hombre inspirado -por Dios, el que su opinión de entonces concuerde ó no con la opinión de -ahora, ó, si se quiere, con la ya clara y manifiesta verdad de los -físicos y de los químicos del día. - -Dios, directa, materialmente, digámoslo así, y como el maestro enseña á -sus discípulos, bien se puede afirmar que no enseñó matemáticas, -astronomía, biología ni antropología á nadie. - -Quedó, pues, cada hombre con aptitud y en libertad de inventar, de -descubrir ó de forjarse los sistemas que sobre cada una de esas -ciencias le parecieran más conformes á la verdad. - -Así, pues, y sirvan de ejemplo (refiriéndome siempre á Mons. Van -Weddingen) San Basilio y San Gregorio de Nyssa que sostienen la -espontánea generación de los gérmenes en la tierra y en el agua; y San -Agustín, San Isidoro de Sevilla y otros Padres, que casi son -darwinistas. Dios creó al principio, según ellos, ciertos gérmenes, -_causas primordiales seminales_, que así las llaman, las cuales fueron -poco á poco desenvolviéndose. En resolución, termina el apologista -citado: «El sabio jesuita Pianciani ha demostrado doctamente que sobre -estos puntos delicados se concede entera libertad á la interpretación de -cada individuo. La fe queda salva si se reconocen los derechos del -divino Creador, y la irreductibilidad del alma de los primeros hombres á -las funciones meramente orgánicas». Lo cual significa que sobre -cualquiera de dichos puntos puede el sabio, ó el que se figura que lo -es, descubrir las verdades más inauditas ó imaginar los más enormes -disparates, sin producir conflicto con la religión, siempre que convenga -en que Dios lo creó todo y en que ni hay, ni hubo nunca, ser orgánico, -que pueda llamarse hombre, sin que Dios infunda en él un alma inmortal -hecha á imagen y semejanza suya. - -Yo me vuelvo todo ojos para hallar en los escritos de usted, y en otros -escritos positivistas algo á modo de prueba de que estos dos conceptos, -de Dios y del alma, son falsos. Lo que sí hallo es que, según usted, el -concepto de Dios fué preparación indispensable para subir al grado de -civilización á que hemos subido; pero ni usted ni nadie me dice qué día, -ni qué mes, ni qué año, subimos á ese grado en que ya es menester -desechar á Dios, ni por qué es menester desecharle. - -Sin embargo, visto que no trato yo de convertir á usted á ninguna -religión positiva, como usted ha tratado de convertirme á la religión de -la humanidad, voy á prescindir aquí de multitud de dificultades y hasta -á dar por verdad varios errores, ó varias afirmaciones, que me parecen -errores aunque no lo sean. - -Supongo, pues, que el período teológico pasó ya, ó dígase que no se debe -ni se puede creer en revelación externa divina. Supongo, además, que -también pasó ya para siempre el período metafísico, ó dígase que ya no -se puede dar ni aceptar ciencia fundada en revelación interna divina, ó -sea en lo absoluto, que se muestra en lo más íntimo y profundo de -nuestro sér, y sobre lo cual estriba una ciencia fundamental _á priori_. - -Supuesto lo antedicho, no nos quedará sino la ciencia que ustedes llaman -positiva: la ciencia que se funda en el empirismo, en las observaciones -que hacemos valiéndonos de los sentidos. - -Quiero conceder, por último, que solo con esta ciencia, sin nada de -metafísica que con ella se combine, no llegaremos jamás á una legítima -demostración de la existencia de Dios: que todos los que han querido dar -dicha demostración, cristianos y deístas, Fr. Luis de Granada, Newton, -Voltaire, Flammarion, todos se han equivocado, según Kant lo prueba. - -Nos quedamos, pues con el positivismo escueto: con las seis ciencias de -la Enciclopedia de Comte y de Littré. Pero si por ellas no podemos -llegar á lo sobrenatural para afirmarle, ¿por qué ni cómo hemos de -llegar para negarle? - -Aun tomándonos la libertad de negarle sin fundado motivo, no -explicaríamos las cosas, sino que las confundiríamos y enredaríamos más. -El recurso del _altruismo_ y del egoísmo para explicar lo bueno y lo -malo, en moral, no vale, sin libre albedrío. Dice Vogt: «Si no me -enseñan el alma, no creo que la hay»; dice Virchow, que como no ve el -alma, no la acepta; y Feuerbach y cien otros aseguran que lo que piensa -es el fósforo, lamentando mucho que, con tantas patatas como ahora se -comen, los cerebros humanos se pongan pesadísimos é incapaces. En cuanto -al vicio y á la virtud, harto sabida es la chistosa expresión de Taine: -«El vicio y la virtud son productos químicos, como el vitriolo y el -azúcar». - -Inventemos, pues, un sistema, saliéndonos del método experimental, y -haciendo sobre esto la vista gorda. Demos de barato que no hubo al -principio más que el éter, ó sea infinidad de cuerpecillos insecables, -átomos dotados de fuerza eterna y de tres ó cuatro movimientos -perpetuos, uno en línea recta, otro giratorio y otro de pegarse unos á -otros y formar poliedros. Con tanto moverse estos átomos, vino á -resultar que sus fuerzas se contrapusieron maravillosamente, y todo se -paró y quedó en equilibrio; y hubo tinieblas y silencio; si no la nada, -algo parecido. Pero de súbito se rompe el equilibrio (y no sabemos por -qué, aunque no sabemos tampoco por qué se estableció), y el equilibrio -ya roto, empezaron á formarse pelotitas luminosas, y fué la luz; y -luego, según se ajustaban y combinaban los poliedros, que los hubo sin -duda de varias clases además de las pelotitas, salían sólidos, y -líquidos, y gases; y luego vida, y plantas, y bichos; y luego hombres, y -conciencia, y pensamiento: y sociedad, é historia, y revoluciones, y -guerra, y progreso, y todo cuanto hay hasta ahora, y hasta que á los -átomos se les antoje volver á la inmovilidad primera ó sea al -equilibrio, y nos quedemos otra vez á obscuras, ó dígase, todo silencio, -tinieblas y muerte. - -Consideremos exacto todo esto como si lo hubiéramos visto, tocado y -verificado. Y si el sistema no gusta, le modificaremos, ó expondremos el -de otro sabio por el mismo estilo. Pero, entonces, ¿qué razón hay para -que merezcan alabanza y gloria Augusto Comte y Catalina de Vaux, por -haber sido dos turrones de azúcar? ¿Qué responsabilidad tiene, qué -castigo merece el más infame criminal por haber sido un frasco de -vitriolo? Si yo soy _altruista_, es porque los átomos que me componen -me llevan al _altruismo_, y si soy egoísta, es porque mis átomos -confederados se hallan muy á gusto con su confederación y no quieren -romperla, aunque se lleve pateta todas las otras confederaciones -existentes ó posibles. - -Usted y gran número de otros positivistas honrados no se conforman con -ser sólo laboratorios de azúcar; y con que la virtud y la diabetes -vengan á ser casi lo mismo. De aquí que hayan ustedes inventado ó -aceptado esa fantasmagoría ó mojiganga del Ser-Supremo-Humanidad, que -nada explica ni remedia. - -Abrazada la doctrina del positivismo, negada toda religión, negada toda -metafísica, desengáñese usted, no hay más recurso que caer en el -_agnosticismo_. - -Lo conocido, lo verificado por observación sensible y por experiencia, -es como una isla, todo lo grande y hermosa que se quiera, pero -circundada de mar tenebroso y sin límites. Esta isla, ¿quién sabe si -tendrá cimientos que la mantengan firme en medio de ese mar, ó si -flotará sin cimientos á merced de las olas? Lo desconocido no queda -lejos, aunque en el centro de la isla nos pongamos, sino que la invade -toda, y está hasta en el aire que en ella se respira. Desesperados -muchos de los habitantes de la isla, todos ellos sabios, ó semisabios, -han declarado lo desconocido incognoscible; pero algunos han recobrado -la esperanza, y, con los medios que la isla da de sí, se han engolfado -en el mar tenebroso y desconocido, á ver si le exploran. Uno de estos -navegantes audaces es el Sr. Enrique Drummond, de que ya he hablado á -usted, y de cuya navegación y descubrimientos tenía yo empeño en dar -noticia, por ser tan curiosos: pero la empresa es atrevida y peligrosa y -desisto de llevarla á cabo. - -Básteme afirmar que no es aislado capricho de Enrique Drummond esto de -subir por la escala de las ciencias empíricas hasta la última y suprema -hipótesis que lo explique todo, construyendo ó reconstruyendo la -metafísica y singularmente la teodicea. En todos los países cultos se -advierten síntomas de tan ineludible propensión, y de la actividad que, -movido por ella, el espíritu humano va desplegando. - -En Francia acaba de aparecer un libro que llama ya la atención por el -título sólo, y donde se nota el pensamiento fundamental de que aquí se -trata. El libro se titula _El porvenir de la metafísica fundada en la -experiencia_, por Alfredo Fouillée. - -En nuestra misma España ha aparecido otro libro, que apenas he tenido -tiempo de hojear aún, pero en el cual, por lo poco que he visto, -presiento que el movimiento intelectual del mundo me depara un auxiliar -poderoso. El autor de este libro (cuyo nombre, Estanislao Sánchez Calvo, -confieso que al recibir el libro conocí por vez primera) quiere -reconstruir también la metafísica: descubrir lo incógnito, que no es -incognoscible para él, partiendo de las ciencias positivas; probar, en -suma, que lo inconsciente de Hartmann, que es, en efecto, inconsciente -para nosotros, es, por eso mismo, lo maravilloso, lo estupendo, lo -certero, lo infalible, lo rico de providencia y de inteligencia, que -mueve desde el átomo hasta el organismo más complicado: pero que este -motor, de quien tal vez no tenemos conciencia los que por él somos -movidos, la tiene él de sí y en sí, y lo penetra y lo llena todo, siendo -al mismo tiempo _todo y uno_, porque si las demás cosas son algo, y si -no son nada porque no son él, es por el ser que él les da. En -resolución: ese prurito de producir formas, vidas y evoluciones; esa -energía constante de los séres que siguen inconcientemente su camino -prescrito, y van á su fin en virtud de leyes indefectibles y eternas, es -la incesante operación de lo inconsciente, el milagro perpetuo de lo -que, siendo inconsciente para nosotros, es _supraconsciente_, y es Dios. - -El libro que expone y procura demostrar esta doctrina, con mucha ciencia -y extraordinario ingenio, se titula _Filosofía de lo maravilloso -positivo_. Su autor parte del positivismo; pero anhela fundar nueva -metafísica y teología nueva, concurriendo, por lo menos, á probar, si no -que el ateísmo es falso y que la vacía religión de la humanidad es -absurda, que el ateísmo y la religión de la humanidad no contentan ni -aquietan á nadie, ni valen para nada bueno. - - - - -NOVELA-PROGRAMA - - _A la Sra. de R. G._ - - -Mi distinguida amiga: Hace ya meses que me envió usted un ejemplar de -_Looking backward_, novela de Eduardo Bellamy, impresa en Boston en -1889. En seguida dí á usted las gracias por su presente; pero, como -tengo tantas cosas que leer y tantos asuntos á que atender, confieso que -no leí la novela, y la dejé arrinconada. - -Pasó tiempo, y un día la novela cayó de nuevo por casualidad entre mis -manos. Entonces reparé en una cosa en que no había reparado antes, y que -no pudo menos de mover mi curiosidad hacia la novela. En letra mucho más -menuda que el título y por bajo de él, decía la portada: _two hundredth -thousand_. - -Estas tres palabras me dieron dentera, ó, si se quiere, envidia. Yo -también soy autor, y no estoy exento de tener envidia á otros más -dichosos autores. - -Las tres palabras indicaban que de la flamante novela se habían vendido -ya doscientos mil ejemplares cuando se imprimió el que yo había -recibido. Desde entonces hasta ahora ha pasado tiempo bastante para que -se vendan otros cien mil. Bien se puede afirmar, pues, que lo menos -trescientos mil ejemplares de _Looking backward_ han sido ya vendidos. - -En ese país y en Inglaterra hay mucha _librería circulante_, y los -libros además se prestan sin dificultad. No es exageración suponer que -cada ejemplar ha sido leído por diez personas. El señor Bellamy, por -consiguiente, puede jactarse de que han leído ya su obra tres millones -de séres humanos. Sobre esta satisfacción de amor propio debe de tener -además el gusto más sólido y positivo, suponiendo que sus derechos de -autor son por cada ejemplar no más que diez céntimos de _dollar_, de -haber cobrado á estas horas por su trabajo treinta mil _dollars_, ó -dígase bastante más de ciento cincuenta mil pesetas de nuestra moneda. -Tan opimos derechos merecen, en verdad, el pomposo nombre de _royalty_, -_realeza_, que tienen en inglés; mientras que los derechos de los -autores españoles, salvo en rarísimos casos, debieran llamarse -_beggary_, _mendicidad_ ó _pobretería_. - -Compungido yo y descorazonado por esta consideración, vengo á sospechar -á veces si todo, y singularmente los escritores, estaremos en España muy -por bajo del nivel intelectual de otros países. El que en España no se -lea no basta á explicar que no se lean nuestros libros. Si fueran -buenos, me digo, se traducirían y leerían en otros países, ó bien en -otros países aprenderían el español para leernos. ¿No sucede esto por -donde quiera, con los libros que se publican en Francia? En nuestra -península, y en toda la extensión de la América hispano-parlante ¿para -qué ocultarlo? Zola, Flaubert y Daudet son más estimados que Alarcón, -que Pereda, y hasta que Pérez Galdós, y de seguro que se han leído y se -han vendido más ejemplares de _Nana_ ó de _Germinal_, ó de _La Tierra_, -que de _Sotileza_ ó de los _Episodios nacionales_. - -Con los libros en inglés aún no sucede esto tanto en las naciones que -hablan nuestra lengua; pero los libros en inglés, si llegan á hacerse -populares, no han menester de nuestro tributo. - -Harto se ve en _Looking backward_. Tal vez sea yo, hasta ahora, gracias -al ejemplar que usted me envió de presente, el único español que sabe de -dicho libro, y de dicho libro, con todo, se han vendido ya más -ejemplares que de ninguna de las novelas de Zola: del más glorioso y á -la moda entre los novelistas franceses. - -A pesar de cuanto acabo de exponer, quiero desechar mi abatimiento y mi -modestia; y, sin rebajar el mérito del escritor extranjero, entiendo que -son parte en la fama y en el provecho, que á menudo alcanza, lo bonachón -y lo candoroso que es el público de otros países, donde se rodea al -escritor de gran prestigio y se le presta autoridad que nosotros le -quitamos. - -Nosotros no tenemos mala voluntad á los hombres de letras; pero las -circunstancias nos encierran en círculo vicioso de difícil salida. Aquí -no pocos hombres de mucho talento y bastantes de mediano medran, se -enriquecen y encumbran, politiqueando, tratando de curar enfermedades ó -defendiendo pleitos. El que compone libros, si no tiene rentas, ó bien -si no tiene otras ingeniaturas, permanece siempre casi pordiosero. Y de -ello inferimos, ya que el que compone libros está medio loco, ya que es -incapaz de ser político hábil, abogado con clientes ó médico con -enfermos, por donde se da á literaturas, como quien se da á perros, -desengañado y desechado de profesiones más lucrativas. - -Pero salgamos de tan tristes meditaciones crematístico-literarias, y -hablemos de la novela del Sr. Bellamy. - -Nada más rancio, trillado y manoseado que lo fundamental de su -argumento. Es un caso de sueño ó letargo prolongadísimo, del cual se -despierta al cabo. Ya de Epiménides de Creta, que vivió seis siglos -antes de Cristo, se cuenta que estuvo durmiendo cincuenta y siete años. -Hermotimo de Clazomene, que floreció poco después, echaba también -siestas muy largas; con el aditamiento de que, mientras que su cuerpo -dormía, su desatado espíritu se paseaba por todo el universo con la -rapidez del rayo. En las edades cristianas, abundan más aún los -durmientes, empezando por _los siete_, que, durante la persecución de -Decio, se quedaron dormidos en una caverna, y despertaron ciento -cincuenta y siete años después, hallando muy cambiadas las cosas del -mundo y el cristianismo triunfante. - -No sé de país donde no haya cuentos, leyendas, comedias y zarzuelas que -se fundan en esta base. Nosotros tenemos á nuestro D. Enrique de -Villena, que desde el siglo XV estuvo hecho jigote, y apareció y surgió -á nueva vida en _La redoma encantada_, de Hartzenbusch. Por lo común, no -se requiere determinación tan heróica como la de hacerse jigote, ni -siquiera se exige sueño, para dar un brinco en el tiempo, y plantarse de -súbito dos, tres ó cuatro siglos más allá del punto de partida. Basta -para ello un éxtasis, un arrobo ó la traslación real á medio más -dichoso, donde el correr del tiempo es más raudo. - -Yo he leído un cuento japonés, en que un pescadorcillo es llevado á una -isla encantada. Allí se casa con cierta mágica princesa. Vuelve á su -tierra, en su sentir al cabo de un año, y reconoce que han pasado -doscientos ó más, que no tiene ya ni padre, ni madre, ni perrito que le -ladre, y que nadie en su tierra le recuerda. Atolondrado, abre entonces -una cajita, don de su princesa, cajita que le debía servir, no -abriéndola, para volver á la isla encantada; y sale de la cajita un -vapor, á manera de nubecilla blanca, que en lo alto del aire se disipa. -Entonces siente que caen sobre él, con todo su peso, los doscientos ó -trescientos años que habían pasado; y pierde la lozanía de la juventud, -y se trueca en un horrendo viejezuelo, que se encoge y consume hasta que -muere. - -La _Leyenda áurea_, las vidas de los Padres del yermo, en todo país y en -diversos idiomas, están llenas de casos semejantes, aunque menos -lastimosos. Ya es un monje que se embelesa oyendo cantar un pajarillo, -en un soto, cerca de su convento. Vuelve al convento, creyendo haber -estado ausente una hora, y ha pasado un siglo. Longfellow ha puesto en -verso una historia de esta clase. Ya, como en una preciosa leyenda -italiana del siglo XIV, son dos monjes que se extravían en una selva; -hallan una barca en la margen de apacible río; se embarcan, se dejan -llevar de la corriente, y arriban al Paraíso terrenal. El querubín de la -espada flamígera les da libre entrada; y Enoch y Elías los reciben y los -agasajan, regalan y deleitan tan maravillosa y elegantemente, que se les -hace muy cuesta arriba volver al convento, al cabo de una semana. Pero -no hay más recurso que volver. Vuelven, y descubren que han pasado en el -Paraíso terrenal la friolera de setecientos años. - -La invención, pues, del Sr. Bellamy nada tiene de inaudita. Su héroe, -Julián West, se queda dormido, en un sueño magnético, y despierta ciento -trece años después. Se duerme en 1887 y despierta en el año 2000 de -nuestra Era. - -Se advierte en esto otro ingrediente capital, permítaseme la expresión -farmacéutica, que entra en la confección de la novela del Sr. Bellamy. -La novela es profética: nos pinta lo que serán el mundo y la humanidad -dentro de poco más de un siglo. - -Tampoco es esto nuevo. Pinturas proféticas por el estilo, acaso más -divertidas y más brillantes y pasmosas, se han hecho en casi todas las -literaturas. ¿Dónde está, pues, el valer de la novela? ¿Cuál ha sido la -causa de su extraordinaria popularidad? A mi ver, el valer de la novela -es grande y la causa de los aplausos justísima. Consisten en la buena fe -y en el fervor con que el Sr. Bellamy cree y espera en lo que profetiza -con alegre y profundo optimismo. - -Sin duda que en Europa los descubrimientos é invenciones recientes de la -ciencia experimental, la actividad fecunda de la industria, la facilidad -de las comunicaciones, la creciente riqueza, las máquinas, el bienestar, -el lujo y sus refinamientos, el telégrafo, el teléfono, el alumbrado -eléctrico, las Exposiciones universales, los congresos de sabios y otras -maravillas, han ensoberbecido y alentado por todo extremo á no pocos -hombres, y les han hecho creer en un indefinido progreso humano; pero -también esas mismas novedades, primores y adelantos, han influído, en -sentido opuesto, en más hombres aún, volviéndolos canijos, -descontentadizos, nerviosos y quejumbrosos. - -El pesimismo existe desde antes de Job y de Budha; pero pocas veces ha -estado más divulgado, más razonado y más boyante que en el día. Pocas -veces ha sido, además, más negro y desesperado en Europa: ya porque se -afirma la mayor dificultad, cuando no la imposibilidad, de ilusiones, de -ideales, de creencias, ó como quieran llamarse, que sirvan de -compensación ó de consuelo; ya porque se abultan los peligros en la -resolución de urgentes y temerosos problemas; ya porque los impacientes -y furiosos quieren resolver estos problemas con desmedida violencia y -por virtud de los más truculentos cataclismos. - -Inútil me parece detenerme en probar que, en Europa, y singularmente en -la segunda mitad de este siglo que va llegando á su fin, hay más -desesperación que esperanza, se ve obscuro y tempestuoso el porvenir, y -son tétricas la filosofía y la literatura. - -La risueña amenidad de algunos reformadores sociales, como Fourier por -ejemplo, sólo sirve ya para burlas. Los que en el día aspiran á -reformadores, se llaman _nihilistas_, y aturden y aterrorizan á las -clases conservadoras. Los poetas siguen siendo desesperados y satánicos, -ó bien dimiten, por suponer que la poesía se acaba. Sus negaciones, -maldiciones y furores, en vez de salir en verso y raptos líricos, que -solían tomarse menos por lo serio, se ponen hoy en prosa, con el método, -el orden y las pretensiones didácticas de una ciencia. En vez de -Leopardi, Byron ó Baudelaire, tenemos á Schopenhauer. Las pasiones -sublimes, los caracteres nobles y desinteresados, los dulces amores, -las creencias profundas, todo lo ameno y hermoso se va arrojando de la -narración escrita, donde se afirma que la imaginación no debe poner nada -de su cosecha. Las obras, pues, de entretenimiento, las más leídas y -admiradas, son cuadros horribles de vicios, maldades y miserias, en que -el hombre, _bestia humana_, se revuelca en cieno y en sangre. La vida, -en la realidad y en la ficción, aparece como una pesadilla cruel, ó como -una estúpida é indigna farsa, que no merece ser _vivida_. El mejor -término y remate de todo es morirse para descansar. La suprema -bienaventuranza del mundo, la última victoria del saber y la más alta -realizada aspiración del deseo, serían el _totalicidio_: que la ciencia -nos hiciese poderosos para ahogar el necio prurito de vivir que fermenta -en las cosas y matar el universo. - -Cierto es que la misma exageración de los clamores y de las blasfemias -hace que á veces se tengan por fanfarronadas, y que el hombre sereno las -ría y no las deplore; pero la insistencia y la generalidad de tantas -quejas se sobreponen á la risa, anublan el ánimo más despejado, y -angustian al fin y meten en un puño el corazón de más anchuras. - -En el conjunto, bien puede asegurarse que de ese otro lado del -Atlántico, no hay que lamentar como endémica esta enfermedad del -desconsuelo; reina cierta gallarda confianza en los futuros destinos de -la humanidad. La tierra es nueva, vasta y pingüe, y cría savia -abundante en cuanto se trasplanta en ella. Si de una cepa vetusta, -cubierta de filoxera y carcomida por el honguillo, tomamos un buen -sarmiento, y le metemos en tierra á alguna distancia, el mugrón se -transforma pronto en otra sana y fructífera cepa. Así me figuro yo que -ocurre quizá al anglo-americano en relación con el europeo. La -prosperidad de esa gran República se diría que promete mayor auge é -inmensa ventura para en adelante. Toda dificultad, en vez de desalentar, -aumenta los bríos, y hasta regocija con la esperanza de vencerla. Hay -ahí cierta emulación, cierta petulancia juvenil, que son útiles, porque -persuaden á muchos de que América logrará lo que Europa no ha logrado; -resolverá problemas que aquí tenemos por irresolubles, y realizará -ideales que nosotros, ya cansados, agotados y viejos, abandonamos por -irrealizables y quiméricos. _Excelsior_ es la hermosa y extraña divisa -que llevan ustedes en la bandera. Los poetas de ahí están llenos de -presentimientos dichosos, y no lloran y se quejan tan desoladamente como -los nuestros. La vida para ellos no es lamentación, sino acción -incesante, á fin de avanzar más cada día, - - _Still achieving, still pursuing,_ - -y dejando en pos - - _Footprints on the sands of time,_ - -como dice Longfellow, en su _Psalmo_. Todo vate quiere hoy ser ahí más -profeta que en parte alguna. Su misión es profetizar y no cantar: - - _Life sings not now, but prophesies._ - -Whittier es á modo de un Ezequiel de nuestro siglo. Con justicia se le -saluda como al «cantor de la religión, de la libertad y de la humanidad, -cuya palabra de santo fuego despierta la conciencia de una nación -culpada y derrite las cadenas de los esclavos». - -La poesía lírica de ahí inculca en sus mejores obras que querer es -poder. La voluntad tenaz, valerosa y desenfadada, rompe todo límite que -el saber imperfecto pone á lo posible. Un buen _yankee_ (y permítame -usted que llame así á sus paisanos, por no llamarlos anglo-americanos -siempre) un buen _yankee_, digo, alentado por su soberbia esperanza, es -como el Reco de la bella leyenda de Russell Lowell; no duda de lograr su -anhelo, y se considera como _sobrehumanado_ para lograrle. - - «Reco no dudó ya de su ventura. - Bajo sus pies á la ciudad volviendo, - Pensó que ufano el suelo florecía; - Que era más clara la amplitud del éter; - Que alas para cruzarle le brotaban; - Y que del sol los rayos, en sus venas - Infundidos, prestaban á la sangre - Calor salubre y levedad celeste.» - -Esta fe en el porvenir, esta exultación del espíritu, que nada deja -fuera de su alcance, ha sido la Musa que ha inspirado su novela al -señor Bellamy. - -Al espirar el siglo XX, ó dígase dentro de poco más de un siglo, la más -portentosa revolución estará ya consumada; se habrá renovado la faz de -la tierra; la condición humana habrá logrado mejoras extraordinarias -materiales y morales, y la Jerusalén celeste, ó, si se quiere, la -suspirada ciudad de Jauja, habrá bajado del cielo, y extenderá su feliz -y dulcísimo imperio sobre todas las lenguas, tribus y naciones del -mundo. No quiere decir esto que una Jauja conquistadora tendrá sometido -el resto del mundo, sino que la Jauja ideal se realizará por donde -quiera, y todo el mundo será Jauja. - -Entendámonos, sin embargo. La Jauja realizada en todas partes, no será -la grosera y vulgar de que habla el proverbio; la Jauja donde se come, -se bebe y no se trabaja. En el nuevo orden de cosas, en la flamante -ciudad, no habrá nadie que no trabaje; hombres y mujeres serán -trabajadores; pero merced á la ingeniosidad y primor de la maquinaria y -á la superior organización del trabajo, el trabajo, lejos de ser -fatigoso, será gratísimo. - -La vida estará lindamente arreglada. Hasta los veintiún años dura el -período de la educación en el nuevo régimen. Las escuelas son tan -buenas, que apenas hay quien salga de ellas sin ser un pozo de ciencia, -diestro en todos los ejercicios corporales; así de fuerza como de -agilidad y de gracia; sano, hermoso y robusto. - -Como ya no sobrevienen (estamos en el año 2000) guerras ni desazones, y -vivimos en una paz plusquam-octaviana, ni hay quintas, ni mucho menos -servicio militar obligatorio. ¿Y para qué, si tampoco hay generales ni -ejército guerreador? De lo que no se puede prescindir es de ejército -industrial, y todo individuo tiene que servir en este ejército -admirablemente regimentado. Pero el servicio es cómodo y ameno, como ya -hemos dicho, y á la edad de cuarenta y cinco años termina. Á la edad de -cuarenta y cinco años recibe cada cual su licencia absoluta ó bien se -jubila. Y no porque ya se le crea inútil, sino porque ya ha cumplido con -la sociedad. - -Lejos de estar inútil el jubilado ó licenciado, puede asegurarse que -está en lo mejor, en el cenit de su edad. La higiene pública y privada, -la medicina, la cirugía y el arte culinario han progresado de tal -suerte, que el término ordinario de la vida es ya de noventa años. -Quedan, pues, después de la jubilación otros cuarenta y cinco años de -huelga y reposo, durante los cuales todo hombre y toda mujer disfrutan -de las invenciones, fiestas, riquezas, esplendores, magnificencias y -deleites que el trabajo, la industria y el ingenio sociales han -producido y siguen produciendo, cada día con mayor abundancia, -delicadeza, chiste y tino. - -Dígole á usted, sin el menor sonrojo, que se me hace la boca agua al -pensar en tan jubilante jubilación, en tan honrado y decoroso -sibaritismo, y en tan verdadero _gaudeamus_ y _otium cum dignitate_. - -Algo he extrañado, pero no para censurar, sino para aplaudir, que el Sr. -Bellamy, que tantas cosas reforma ó trueca, todo lo deja como está ahora -en lo tocante á las artes cosméticas é indumentarias, _flirt_, noviazgos -y belenes. Así da nueva prueba de que en amor y en belleza no hay más -que pedir. Hemos llegado á la relativa perfección que, en lo humano, -cabe en lo erótico y en lo estético. Lo que podrá conseguir el nuevo -organismo social es democratizar la belleza, á saber: que haya más -muchachas bonitas, y que no abunden las feas. También se conseguirá, -implicado en el progreso del arte macrobiótica, que la hermosura y la -edad de los amores duren doble ó triple. - -Me pasma que una cosa que aquí, en España, acabamos ahora de establecer -como gran progreso, la deseche el Sr. Bellamy como barbaridad ó poco -menos. Hablo del Jurado. Aunque en su República ó Utopía apenas ha de -haber ignorantes, y en cambio ha de haber pocos pleitos que sentenciar y -poquísimos delitos que castigar, todavía entiende el Sr. Bellamy que la -ciencia del derecho es tan sublime y la administración de la justicia -función tan egregia, que sólo á los sabios la confía, mirando como -profanación sacrílega que cualquier ciudadano _lego_ intervenga en -ella. - -Hay otro punto trascendental, en que (yo lo celebro) va el Sr. Bellamy -contra la vulgar corriente progresista. No quiere que la mujer ejerza -los mismos empleos públicos que el hombre, y sea, v. gr., alcaldesa, -diputada, ministra, senadora ó académica. Todo esto le parece de una -insufrible y antiestética ordinariez: lo que por acá llamamos _cursi_. -La mujer, en su sistema, reinará en los salones; influirá en todo más -que el hombre; inspirará á éste los más nobles sentimientos y altas -ideas; le seguirá puliendo y gobernando y mandando, como ha sucedido -siempre; y hará que él, por el afán de complacerla, enamorarla y -servirla, sea ó procure ser dechado de virtudes y modelo de distinción; -discreto, limpio, peripuesto y atildado. - -Encanta considerar lo mucho que se disfruta con el nuevo sistema ya -establecido. La lucha entre el capital y el trabajo cesa por completo; -No hay competencias entre fabricantes del mismo país, ni entre -industrias de diversas naciones. Y no hay, por consiguiente, ni aduanas, -ni derechos protectores, ni huelgas, ni ruinas y bancarrotas por -competir. No hay tampoco un solo soldado que mantener, ni un solo barco -de guerra que costear, ni instrumento de destrucción que pagar caro, ni -bronce que fundir sino para campanas que repiquen, ni pólvora que gastar -sino en salvas. - -Síguese de aquí la supresión de multitud de gastos tontísimos; del -desorden y del despilfarro que la guerra industrial y la guerra de -armas y aun la paz armada ocasionan, y de un enjambre de zánganos ó -personas inútiles para la producción de la riqueza, ya que se emplean ó -en dislocarla jugando á la Bolsa y en otras especulaciones y -operaciones, ó en impedir ó aparentar que impiden que la disloquen, -manteniendo lo que ahora se llama orden público, aunque, según el Sr. -Bellamy, es un caos enmarañado. - -Resultará de tan atinada supresión que nademos en la abundancia, sin que -ahogue la plétora de productos. Con el trabajo moderadísimo, que durante -veinticuatro años ha de dar cada individuo, bastará y sobrará para que -vivamos todos como unos nababos ó reyes durante noventa años. - -Varios descubrimientos científicos, previstos ó columbrados por el Sr. -Bellamy, conspiran á este fin. El sol, la electricidad y otras energías -ocultas en fluidos impalpables, ó en el éter primogenio, nos prestan -calor, luz y fuerza productora y locomotora. En vez de enviar por el -correo paquetes postales, van por tubería desde los almacenes, con una -velocidad de todos los diablos, trajes, brinquillos, alhajas y hasta -pianos de cola y coches de cuatro asientos. Tal modo de remitir, ó su -artificio, se llama el _teléstolo_ ó el _telepístolo_, y es complemento -del telégrafo y del teléfono. - -Este último, el teléfono quiero decir, se ha perfeccionado ya por tal -extremo en nuestra _Utopía_, que cada cual le tiene en su casa, y sin -salir de ella, oye, si quiere, óperas, comedias, sermones y conferencias -de Ateneos y Universidades, sin perder nota, ni palabra, ni tilde. - -En resolución, sería cuento de nunca acabar si quisiese yo explicar -aquí, con todos sus pormenores, lo bien que estará el mundo dentro de -ciento trece años. - -Todo esto es maravilloso, pero lo es mil veces más lo que he sabido por -cartas y periódicos de ahí, y singularmente por el número de Febrero -último, que usted me ha enviado, del _Atlantic Monthly_, excelente -Revista de literatura, ciencias y artes, que se publica en Boston. - -En los Estados Unidos ha entusiasmado _Looking backward_, no sólo como -libro de mero pasatiempo, sino como programa práctico de renovación y -salvación sociales. - -Más aún que en el triunfo anti-esclavista influyó la celebrada novela de -la Sra. Harriet Beecher Stowe, se aspira á que influya la novela del Sr. -Bellamy en otros triunfos más completos y en la realización de otras -novedades mayores. - -Se ha formado un partido, _nationalist party_, del que es _Vademecum_ la -novela _Looking backward_. El nuevo partido se organiza y cuenta ya con -ciento ochenta clubs, esparcidos por varias poblaciones. Hasta ahora no -ha acudido este partido á los comicios ó á las urnas electorales; pero -acudirá pronto. Dicen que se han alistado en él más gente de refinada -educación y más mujeres que obreros. Hay en él, añaden, _a large amount -of intellect and comparatively little muscle_, como si dijésemos, pocos -músculos y muchos nervios; pero, como quiera que sea, si es admirable -que sobre un libro de imaginación, que sobre un ensueño poético, se -funde un partido, no es menos admirable la calmosa serenidad con que se -miran en los Estados Unidos estos movimientos socialistas, que por aquí -asustan ó inquietan no poco á los burgueses y á los ricos. - -Yo tengo muy buena opinión de los ingleses y de sus descendientes los -anglo-americanos. Creo que son ustedes menos _sensatos_ que lo que -nosotros creemos y que lo que llamamos _ser sensatos_, esto es, que la -sensibilidad y la fantasía son en ustedes poderosísimas. De aquí la -facilidad con que se entusiasman por un libro ó por una teoría. Hará -ocho años que Enrique George publicó una obra socialista, que se hizo -tan famosa como la del Sr. Bellamy. También de ella se vendieron -centenares de miles de ejemplares. Los conservadores de ahí, y no hay -que negar que tienen gracia en esto, convierten en argumento contra las -censuras de la actual sociedad, que se leen en tales obras, ese mismo -pasmoso éxito que las obras obtienen. Bellamy y George describen al -pueblo, antes de sus reformas, sumido en horrible pobreza, ignorante, -rudo, por culpa de la sociedad. Por bajo de los ricos, dichosos y -educados, hay, suponen, una hambrienta y ruda caterva de esclavos del -trabajo. A lo cual los conservadores responden: «Si las cosas son así, -¿de dónde salen los trescientos mil sujetos con dinero de sobra para -comprar los libros de ustedes, y los millones de sujetos con tiempo y -humor para divertirse leyéndolos? Si estuviesen hambrientos no leerían -para distraer el hambre». Pero, en mi sentir, no tienen razón en esto -los conservadores. Puede haber en un país de sesenta millones de -habitantes trescientos mil compradores de un libro que valga tres -pesetas y mucha hambre y mucha miseria además. - -El _Atlantic Monthly_ trae un extenso artículo de un Sr. Walker, -refutando las doctrinas del señor Bellamy y del _partido nacionalista_. -Yo, en ciertos puntos, doy la razón al Sr. Walker; en otros no puedo -dársela, y en bastantes puntos, lo confieso, me apesadumbra que el Sr. -Walker tenga razón. Es un dolor que ideal tan agradable se desvanezca; -que se reduzca á ensueño fugaz un porvenir tan magnífico y próximo. - -La verdad es que, como el héroe de la novela, Julián West, se pasa -durmiendo los ciento trece años durante los cuales cambia la faz del -mundo, Julián West no ve cómo se verifica el cambio. Bellamy se guarda -de decirlo, y su impugnador Walker no se hace cargo tampoco de esta -importantísima mutación, completa ya en el segundo milenio de la Era -Cristiana. - -Bellamy, cuando empezó á escribir su novela, puso el cambio mucho más -tarde. La reaparición de Julián West, en el mundo renovado, ocurre en -el tercer milenio; en el año de 3000. Después reflexionó Bellamy que, al -poner tan largo plazo, si bien hacía la mutación mucho menos -inverosímil, casi quitaba toda mira práctica á su libro, pues no se -forma partido militante, ni se organizan clubs, ni se escriben -_plataformas_ ó programas, por meramente posibilista que se sea, para -realizar algo dentro de mil ciento trece años. Entonces rebajó mil años, -y dejó sólo ciento trece. - -Por lo visto era indispensable, ó por lo menos conveniente y -apocalíptico, que la renovación se nos revelase en un milenio. Durante -mucho tiempo, en el horror y en las tinieblas de la Edad Media, -imaginaron los hombres que la fin del mundo sería el año 1000. Ahora que -vivimos mejor, hemos adelantado mucho y no debemos estar desesperados, -importa imaginar, para el año de 2000, una risueña y deleitosa -Apocalipsis. - -Al imaginarla y escribirla, nos presenta Bellamy su nueva Jauja, su -nueva Jerusalén ya fundada; pero tiene la astucia de no hablar de la -destrucción de la ciudad antigua sobre cuyas ruinas se levanta la nueva. - -Sin duda ha omitido esto, pasándolo en silencio mientras duerme Julián -West, á fin de no aterrar al público. - -Supongamos perfectamente realizable el plan de Bellamy, sin que tenga -cambio radical la humana naturaleza; todo por obra del mecanismo -social. - -Para destruir el actual mecanismo, que tantos intereses sostiene, y para -destruirle pacíficamente, por evolución, como Bellamy quiere que sea, -así en la novela como en el programa publicado después por su partido, -me parecen pocos los mil ciento trece años. Y si la destrucción ó la -mudanza ha de ser sólo en ciento trece años, entonces no será por -evolución, sino en virtud de una revolución tremenda y de encarnizadas y -horribles guerras sociales. No de otra suerte se concibe que los que -tienen se dejen despojar de cuanto tienen para que el pueblo se -_incaute_ de ello, y, sin quedarse con nada, se lo entregue al Estado, -que venga á ser, como representante y gerente de la nación, el único -capitalista. - -Aunque para el despojo de los propietarios se valga la nación ó el -Estado, su gerente, de mil habilidades, no conseguirá que no sea -despojo, ni que tranquilamente se consume. El medio más suave que se ve -es dar un plazo á los tenedores de papel de la deuda; pagarles hasta -entonces algo más de tanto por ciento, y anunciar que después no -cobrarán nada. Esto bastará para que los fondos bajen á cero y quede la -deuda destruída. A todas las grandes empresas industriales se les podrá -fijar un plazo también á cuya espiración todo será del Estado, como los -ferrocarriles. Y en cuanto á los pequeños industriales, labriegos, -terratenientes, etc., se les podrá ir poco á poco aumentando la -contribución, hasta que adviertan que es una tontería quebrarse la -cabeza cuidando de los instrumentos de producción, tierra, aperos de la -labranza, etc., para entregar luego al Estado casi todo lo producido. -Entonces dirán al Estado, quédate con todo, ó, sin que se lo digan, el -Estado se quedará con todo para cobrarse de lo que deban á la Hacienda -pública. - -De esta suerte, y á mi ver no sin violentísima oposición, que será -menester sofocar, se logrará la primera parte del programa del Sr. -Bellamy: que se convierta en hacienda pública cuanta hacienda haya. - -Verificada así la _incautación_ total, quedará por cumplir la segunda -parte del programa, que me parece mucho más difícil todavía; que el -Estado _incautador_ nos alimente, nos vista, nos divierta y nos regale á -todos con esplendidez y elegancia, sin que cada uno de nosotros le dé -más que el trabajo que podemos dar en un poquito más de la cuarta parte -de nuestra vida, ya que las otras tres cuartas partes quedan para -holgarnos. - -A toda persona profana se le ofrecen montes de dificultades para que se -realice, sin tropiezo, plan tan exquisito. Lo primero que cree necesitar -es una fe tan profunda y una confianza tan omnímoda en el Gobierno, -convertido en capitalista, como la que Cristo en el Sermón de la -Montaña, nos recomienda que tengamos en nuestro Padre que está en el -cielo, el cual nos dará el pan de cada día y cuanto nos haga falta por -añadidura, de suerte que, sin preocuparnos del día de mañana, viviremos -como los pajaritos del aire, que no acopian trigo en graneros y Dios los -alimenta. Lo segundo que nos asusta es la serie de borrascas -parlamentarias y aun de pronunciamientos que habría (en España, pongo -por caso) para quitarse el poder unos á otros, si el poder se extendiese -á repartirlo todo, cuando hoy nos alborotamos tanto por repartir, quiero -suponer, para que no se me tilde de exagerado, la tercera parte, á lo -más. Y lo tercero que aterra es la inhabilidad vehementemente sospechada -en que pudieran incurrir los encargados de dirigir todas las operaciones -de la riqueza (producción, circulación y consumo), cuando hoy yerran -tanto los Gobiernos, sin emplearse apenas sino en repartir y en -consumir. Sabido es que lo más difícil de esta ciencia, arte y oficio de -la riqueza, es el producirla. Repartirla y consumirla es mucho más -llano; y hasta ahora los Gobiernos casi no se emplean sino en repartir y -en consumir, á no ser que se considere producción el orden y la -seguridad qué nos dan, ó que se presume que nos dan, por medio de la -justicia y de la fuerza pública, para que los que producen algo lo -produzcan tranquilamente y sin temor de que los depoje nadie, como no -sea el Gobierno mismo. - -Milita en pro de la vehemente sospecha de incapacidad de todo Gobierno -para producir la riqueza, esto es, para ser fabricante, agricultor ó -comerciante, la consideración de que el Gobierno vende ó arrienda y no -administra lo que posee. En España apenas ejerce ya por sí otra -industria que la del banquero en el juego de la lotería, pues vende las -tierras que eran del Estado, y arrienda sus minas, y arrienda, por -último, el monopolio del tabaco, con lo cual el público fuma mejor y más -barato. - -Todo esto lo dirán los no iniciados en las doctrinas y en el plan que -expone en su novela Bellamy; pero los iniciados responderán que el nuevo -artificio administrativo es tan prodigioso, que por su virtud, y no por -la ciencia y buena maña de los administradores, ha de salir todo bien. -Así, valiéndonos de un símil, cualquiera hallará absurdo el suponer que -alguien, si ignora la música y no tiene ejercitadas y diestras las -manos, toque en el piano, v. gr., la marcha del _Tannhauser_ de Wagner; -pero merced á cierta maquinaria y á ciertos cartoncitos que se han -inventado, todo hombre, y hasta un niño si no es manco, toca al piano lo -que quiere dándole á un manubrio. - -Hay, pues, una nueva ciencia de la Administración, para cuyo estudio no -es menester leerse el fárrago enorme, aunque _digesto_, recopilado por -los Freixas y Clarianas, y Alcubillas. Basta con estudiar y empaparse -bien en algunas páginas de _Looking backward_. Entonces, conocidos ó -atisbados los recursos de que la nueva ciencia dispone, se cobra -confianza, y se ve que hasta el más porro puede dar vuelta al manubrio -administrativo. - -Algo del portento de su mecanismo se presiente al observar los buenos -efectos que hasta el mecanismo administrativo de hoy, con ser tan -complicado, produce en ocasiones. - -Cierto amigo mío (confieso que en extremo maldiciente) suponía sin -motivo que un director general de Correos, que hubo muchos años ha, -distaba bastante de ser un águila; y, sin embargo, añadía: ¿Quieren -ustedes creer que recibo de diario todas las cartas que me escriben, sin -que se extravíe una sola? De aquí infería él que la Administración era -perfectísima, y que por sí sola hacía infaliblemente los servicios. - -Aplicada á los demás ramos esta perfección del de correos, queda -resuelto el problema y triunfante el plan de Bellamy, salvo que en otros -ramos se requiere mayor seguridad para no andar siempre con el alma en -un hilo; porque, si ponemos á un lado un corto número de nobilísimas -almas, el vulgo de ellas se preocupa, más que de recibir tiernas -epístolas, de recibir el corporal alimento, y prefiere el cuervo de -Elías á todas las palomas mensajeras, aunque sean las del propio carro -de Venus. - -Pero, en fin, Bellamy afirma que por su sistema lo recibiremos todo con -seguridad y regularidad indefectibles. El sistema de Bellamy merece, -pues, ser examinado. - -Para mí no valen algunos prejuicios con que los descontentadizos ó -incrédulos, desde luego y sin examen, le desechan. - -Imposible parece, dicen, que, siendo tan fácil la reforma, por cuya -virtud habrá felicidad, paz y holganza universales, no se haya antes -ocurrido á nadie la reforma. Pero esto tiene muy obvia contestación. De -no pocas de las más benéficas invenciones de estos últimos tiempos se -puede decir lo mismo. Desde antes que apareciese el linaje humano hay -hulla ú hornaguera en nuestra mansión terrestre, y á nadie, hasta hace -poco, se le antojó emplearla para combustible. Desde que hay ollas y se -guisa, brinca la tapadera cuando hierve el caldo, y, si no sale el -vapor, se quiebra la olla; pero nadie, hasta nuestros días, pensó en -aplicar esta fuerza á la industria. Nadie ha ignorado jamás que el humo -ó todo fluído más leve que aire, ó el aire mismo rarificado por el -calor, sube y se sobrepone al aire más denso; pero, hasta fines del -siglo pasado, nadie renovó con éxito, y por medios naturales, algo del -arte de Dédalo, de Abaris y de Simón el Mago. - -¿No puede haber acontecido lo propio con el invento del Sr. Bellamy, y -que de puro sencillo nadie diese con él hasta ahora? - -A esto se objeta que, siendo mil veces más importante por sus efectos la -invención del señor Bellamy, parece antiprovidencial y harto caprichoso, -ó sea contrario á las sabias leyes que deben presidir á la historia, -que un sistema del que depende la redención de la humanidad haya tardado -tanto en formularse. Pero este argumento tiene visos de ser de mala fe, -aunque no lo sea. Nada nos da motivo para afirmar que el señor Bellamy -presenta su plan como independiente del progreso realizado hasta hoy. La -trabajosa y larga marcha de la humanidad no pudo ahorrarse con su plan. -Bellamy, si hubiera nacido en tiempo de los Faraones, no hubiera podido -inventarle ni divulgarle entonces. Bellamy, si es lícito aplicar á lo -mundanal lo trascendente, y expresar lo profano con frases que remedan -frases divinas, puede decir que no ha venido á derogar la ley de la -historia, sino á que acabe de cumplirse, ó mejor dicho, á que siga -cumpliéndose, ya que no se infiere tampoco de la lectura de _Looking -backward_ que en el año de 2000 habrán llegado los hombres al término de -su carrera, sino que habrán dado un gigantesco paso más, un salto -estupendo, y á mi ver peligroso, en ese camino, cuya meta final él ni -pone ni descubre. - - _His ego nec metas rerum nec tempora pono._ - -Y aquí, aunque parezca inoportuna digresión, se me antoja comparar la -cándida espontaneidad americana con el arte reflexivo de los franceses. -Zola ha escrito ya quince ó veinte novelas, y siempre promete revelarnos -en la última el enigma, darnos el resultado de todos sus estudios en la -novela experimental, y exponernos su sistema. Bellamy, por el -contrario, dice _cataplún_, y lanza su sistema de repente. - -Yo no atino á prever desde aquí si el _partido nacionalista_, que de él -ha nacido, vendrá á importar tanto ó más que el libro de Enrique George -y que la ingente asociación ú orden de los caballeros del trabajo, -_Knights of labor_, en el movimiento de socialismo que se advierte por -todas partes, y que ahí tiene cierto carácter optimista que me hace -gracia: pero, á pesar de mis cortísimos conocimientos económicos, como -yo tuviese humor y vagar para ello, aún había de escribir á usted largo, -diciéndole mil cosas que me sugiere _Looking backward_ y lo escrito en -contra por Walker. - -Entretanto, me complazco en repetir que me admira la serenidad y que -simpatizo con la confianza regocijada que se nota en toda manifestación -de ese pueblo joven. - -El plan de Bellamy no se limita á dar por resuelto el más difícil y -temeroso de los problemas económicos, sino que resuelve ó da por -resuelto también el magno problema de la paz y del desarme universales; -sin decirnos cómo puede ser esto, cuando las naciones se arman más cada -día, y cuando desde 1850 ha habido en el antiguo y en el Nuevo Mundo -guerras tan sangrientas y costosas. Es de desear que el Sr. Bellamy -escriba otra novela, ó la continuación de la misma, en que nos explique -cómo además de haberse logrado el bienestar económico de cada nación, -se habrá logrado también, en el año 2000, que las naciones no se -combatan ni se amenacen como en el día. - -Dispénseme usted que me haya extendido tanto en darle mi opinión, aunque -tan incompleta, sobre la novela que me ha remitido. - - -FIN - - - - -ÍNDICE - - - Páginas. - -Al Excmo. Sr. D. Antonio Flores, presidente de la -república del Ecuador v - -Nueva religión 1 - -España desde Chile 47 - -Vocabulario Rioplatense razonado 59 - -Novela parisiense mejicana 81 - -Tabaré 91 - -La poesía y la novela en el Ecuador 127 - -Tradiciones peruanas 179 - -Un polígrafo argentino 189 - -La religión de la humanidad 219 - -Novela-programa 267 - - -NOTAS: - -[A] Trabajos parecidos al del Sr. Granada se han hecho en casi todas -y para casi todas las regiones de América donde se habla español: por -ejemplo, Pichardo para Cuba, Cuervo para Colombia, Arona para el Perú, -y don Zorobabel Rodríguez para Chile. - -[B] Ya se entiende que no hay para qué tomar aquí en cuenta la locura -declarada, que, durante algunos años, y sobre todo de 1826 á 1828, -padeció Augusto Comte. - - - - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Nuevas cartas americanas, by Juan Valera - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK NUEVAS CARTAS AMERICANAS *** - -***** This file should be named 63101-0.txt or 63101-0.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/6/3/1/0/63101/ - -Produced by Chuck Greif and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was -produced from images available at The Internet Archive) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions -will be renamed. - -Creating the works from public domain print editions means that no -one owns a United States copyright in these works, so the Foundation -(and you!) can copy and distribute it in the United States without -permission and without paying copyright royalties. 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You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at www.gutenberg.org/license - - -Title: Nuevas cartas americanas - -Author: Juan Valera - -Release Date: September 2, 2020 [EBook #63101] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK NUEVAS CARTAS AMERICANAS *** - - - - -Produced by Chuck Greif and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was -produced from images available at The Internet Archive) - - - - - - -</pre> - -<hr class="full" /> - -<div class="c"> -<img src="images/cover.jpg" height="550" alt="" /> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_i" id="page_i">{i}</a></span> </p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_ii" id="page_ii">{ii}</a></span> </p> - -<p class="cb">NUEVAS CARTAS AMERICANAS</p> - -<hr /> - -<p class="cb">OBRAS DEL AUTOR</p> - -<div class="blockquot"><p><span class="smcap">Pepita Jiménez</span>; 12.ª edición; un vol.</p> - -<p><span class="smcap">Las ilusiones del Doctor Faustino</span>; dos vols.</p> - -<p><span class="smcap">Dafnis y Cloe</span> (traducción del griego); un vol.</p> - -<p><span class="smcap">Estudios críticos</span>, 2.ª edición; tres vols.</p> - -<p><span class="smcap">Disertaciones y juicios literarios</span>; dos vols.</p> - -<p><span class="smcap">Cuentos y diálogos</span>, un vol.</p> - -<p><span class="smcap">Algo de todo</span>; un vol.</p> - -<p><span class="smcap">Pasarse de listo</span>; un vol.</p> - -<p><span class="smcap">Poesía y arte de los árabes en España y Sicilia</span><br /> (traducción del -alemán), tres vols.</p> - -<p><span class="smcap">Doña Luz</span>; un vol.</p> - -<p><span class="smcap">Tentativas dramáticas</span>; un vol.</p> - -<p><span class="smcap">Canciones, romances y poemas</span>, un vol.</p> - -<p><span class="smcap">Cuentos, diálogos y fantasías</span>; un vol.</p> - -<p><span class="smcap">Nuevos estudios críticos</span>; un vol.</p> - -<p><span class="smcap">Pepita Jiménez y El Comendador Mendoza</span>; un vol.</p> - -<p><span class="smcap">Doña Luz y Pasarse de listo</span>; un vol.</p> - -<p><span class="smcap">Cartas Americanas</span>; 1.ª série, un vol.</p> - -<p><span class="smcap">Apuntes sobre el nuevo arte de escribir novelas</span>; un vol.</p> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_iii" id="page_iii">{iii}</a></span> </p> - -<hr /> - -<p class="c"> -<big>JUAN VALERA</big><br /> -<br /> -(DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA)</p> - -<h1>NUEVAS<br /> -<br /><big> -CARTAS AMERICANAS</big></h1> - -<p class="c">MADRID<br /> -LIBRERÍA DE FERNANDO FÉ<br /> -<i>Carrera de San Jerónimo, 2</i><br /> -<br /> -1890<br /> -<span class="pagenum"><a name="page_iv" id="page_iv">{iv}</a></span><br /> -<br /> -ES PROPIEDAD<br /> -DERECHOS RESERVADOS<br /> -<br /> -<br /> -MADRID, 1890.—<span class="smcap">Est. Tipográfico de Ricardo Fé</span><br /> -<i>Calle del Olmo, número 4.</i><br /> -<span class="pagenum"><a name="page_v" id="page_v">{v}</a></span></p> - -<hr /> - -<p class="cb"> -<a href="#INDICE">AL ÍNDICE</a><br /> -</p> - -<hr /> - -<h2><a name="AL_EXCMO_SENOR" id="AL_EXCMO_SENOR"></a>AL EXCMO. SEÑOR<br /> -<small>DON ANTONIO FLORES</small><br /> -<small>PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DEL ECUADOR</small></h2> - -<p>Mi querido amigo: Poco valen estas <span class="smcap">Nuevas cartas americanas</span>, pero me -atrevo á dedicárselas, confiado en la bondadosa indulgencia de usted que -les prestará el valer de que carecen.</p> - -<p>Aunque mi propósito al escribirlas es puramente literario, todavía, sin -proponérmelo yo, lo literario trasciende en estos asuntos á la más alta -esfera política.</p> - -<p>La unidad de civilización y de lengua, y en gran parte de raza también, -persiste en España y en esas Repúblicas de América, á pesar de su -emancipación é independencia de la metrópoli. Cuanto se escribe en -español en ambos mundos es literatura española, y, á mi ver, al tratar -yo de ella, propendo á mantener y á estrechar el lazo de cierta superior -y amplia nacionalidad que nos une á todos. -<span class="pagenum"><a name="page_vi" id="page_vi">{vi}</a></span></p> - -<p>Es evidente que yo, que siempre fuí un crítico suave, no había de ser -severo con mis semi-compatriotas de Ultramar; pero también es evidente -que ni debo ni quiero ganarme la voluntad de nadie con lisonjas. Además, -á lo que muchos sujetos afirman, yo no sirvo para lisonjear, aunque lo -desee. Suponen que me sucede, si bien en sentido contrario, lo que á -aquel famoso profeta que fué, por orden del Rey de los hijos de Moab, á -maldecir á los hijos de Israel. Levantó siete altares, sacrificó -becerras, hizo otras ceremonias, y subió á un cerro, desde donde se -oteaba la llanura en que los israelitas tenían desplegadas sus tiendas. -Desde allí quiso maldecirlos, y Dios desató su lengua y le movió á -entonar un cántico de bendiciones. Subió luego á otro cerro, volvió á -querer maldecir y bendijo de nuevo, sin poderlo remediar. Si á mí, como -aseguran, me sucede algo parecido, ya pueden ustedes confiar en que no -hay adulación en mis alabanzas y no agradecérmelas, pues son -involuntarias. Y cuando hubiere algo de censura, deberán perdonármelo -también por el mismo motivo.</p> - -<p>Es aún más perdonable mi censura, si se atiende á que las más veces me -induce á censurar, á pesar mío, la exageración con que algunos -escritores de por ahí, por exceso de americanismo, ponderan las -crueldades espantosas que come -<span class="pagenum"><a name="page_vii" id="page_vii">{vii}</a></span>tieron los españoles de la conquista y -del período colonial. Si esto hubiera llegado hasta el extremo que -dichos escritores aseguran, yo no dejaría de aplaudir la maravillosa -imparcialidad histórica con que sostendrían la verdad; pero no sabría yo -disimular que, al sostenerla, arrojarían sobre ellos mayor injuria que -sobre nosotros, porque la sangre española que corre por sus venas -procede, más que la nuestra, de aquellos atroces foragidos, y la sangre -india, en lo que de indios puedan tener, es de una raza que, según -afirman Montalvo y otros, nosotros hemos envilecido y degradado para -siempre con nuestros malos tratos y con nuestra brutal tiranía.</p> - -<p>Estas consecuencias son tan absurdas como las premisas de donde se -sacan. Así trataré de probarlo detenidamente, aunque no gusto de -polémicas, cuando replique, si tengo vagar y ánimo, á los Sres. Mera y -Merchán que han escrito contradiciéndome.</p> - -<p>Entretanto me inclino á creer que mucho de lo que se dice contra -nosotros se dice por el prurito de aparecer muy sentimentales y muy -ilustrados á la moda de París y de Londres, sin que se advierta que ni -franceses ni ingleses fueron nunca más que nosotros humanos y benignos.</p> - -<p>Fuera de este momentáneo extravío, el señor Mera es tan excelente sujeto -como buen escri -<span class="pagenum"><a name="page_viii" id="page_viii">{viii}</a></span>tor, y nos quiere bien. Nos aborrecería, y con razón -sobrada, si entendiese que los españoles fueron á esa otra banda para -echarlo todo á perder. Creamos, pues, como es justo, que los españoles -fueron á América para extender en ella la civilización europea, por cuya -virtud alcanzó América la potencia de igualarse con Europa y acaso de -superarla en lo futuro.</p> - -<p>No quiero molestar á usted distrayéndole con más larga carta, de sus -importantes cuidados.</p> - -<p>Adiós y créame siempre su afectísimo y buen amigo, q. b. s. m.,</p> - -<p class="rt"> -<span class="smcap">Juan Valera</span><br /> -<span class="pagenum"><a name="page_1" id="page_1">{1}</a></span></p> - -<h2><a name="NUEVA_RELIGION" id="NUEVA_RELIGION"></a>NUEVA RELIGIÓN<br /> -<small>(Á DON JUAN ENRIQUE LAGARRIGUE)</small></h2> - -<h3>I.</h3> - -<p>Muy amable y simpático señor mío: Hace ya mucho tiempo que recibí, con -fina dedicatoria manuscrita, un ejemplar de la importante <i>Circular -religiosa</i>, que imprimió y publicó usted en Santiago de Chile, en el día -6 de Descartes del año 98 de la Gran Crisis, fecha que, en nuestra -vulgar cronología, corresponde al día 13 de octubre de 1886.</p> - -<p>No extrañe usted mi largo silencio ni le atribuya á desdén.</p> - -<p>Su obra de usted fué leída al punto por mí con avidez y curiosidad, y -releída luego varias veces con interés que ha ido siempre en aumento.</p> - -<p>Bien dijo el que dijo que el estilo es el hombre. Yo doy tal valer á la -máxima, y me guío de tal suerte por ella, que creo conocer á usted,<span class="pagenum"><a name="page_2" id="page_2">{2}</a></span> con -solo leerle, como si le hubiera tratado íntimamente toda mi vida. Hay, -en cuanto usted expone, la más profunda convicción, el entusiasmo más -fervoroso y el más puro amor por el bien de todo el humano linaje, por -donde yo me persuado de que, en esa república, haga usted ó no -prosélitos, ha de ser usted considerado como varón virtuosísimo y -excelente, respetado y querido por todos sus conciudadanos.</p> - -<p>Cuando el Caballero del Verde Gabán, yendo de camino con D. Quijote y -Sancho, explicó á éstos su modo de vivir, sentir y pensar, Sancho le -halló tan bueno y tan ajustado, según diríamos ahora, á sus ideales, que -penetrando hasta sus entrañas las frases del Caballero, se las -derritieron de ternura y se las encendieron en afectos de amistad y -veneración, movido de los cuales se apeó del asno y fué á besar los pies -á aquel bendito hidalgo, á quien calificó y preconizó de santo á la -gineta. Algo parecido me ocurrió á mí cuando hube leído la <i>Circular</i> de -usted; y, abandonando mi espíritu sus vulgares ocupaciones, desechando -sus cuidados prosáicos y mezquinos, apeándose también de su asno, saltó -por montes y valles, atravesó el Atlántico, pasó la línea equinoccial, -corrió por toda la extensión de la América del Sur, voló por cima de los -Andes y llegó hasta la ciudad y casa de usted (calle de la Moneda, núm. -9), donde dió á usted un abrazo muy apretado. Pero, como esta visita y -esta muestra de mis simpatías se hicie<span class="pagenum"><a name="page_3" id="page_3">{3}</a></span>ron por arte etérea, ni usted ni -el público se habrán percatado de nada, y así no juzgo excusado escribir -á usted, aunque tarde, y hablar de las ideas y planes de usted, cuya -bondad me seduce, aunque de su realización me quepan dudas.</p> - -<p>¿Quién sabe si lo que yo diga podrá ser útil por algún lado? Acaso valga -mi escrito para divulgar en España el sistema de usted y ganarle -parciales; acaso para remover inconvenientes; acaso para disipar estas ó -aquellas de las dudas que, como he dicho, me asaltan.</p> - -<p>Los sistemas y pensamientos de los hombres son ó parecen mayores vistos -desde lejos. Hay en ello algo de más mágico que en la linterna mágica. -¿Cómo negar que Augusto Comte y su positivismo han ejercido y ejercen -aún grande influjo en toda Europa? Difundida por el laborioso, -infatigable, fecundo y sabio Emilio Littré, la doctrina del maestro se -dilata, desde París, por todas las regiones de la tierra; pero el -talento crítico, frío y excesivamente razonador de Littré, despoja de -fervor la doctrina y hace que llegue tibia hasta nosotros, como la -claridad de la luna. En cambio, en la mente de usted, como rayos de sol -en espejo ustorio, convergen y se reúnen todas las llamas y fogosidades -de Augusto Comte, que, reflejadas así, abrasan, funden y volatilizan los -corazones.</p> - -<p>Es más, y vuelvo á mi símil de la linterna mágica; lo que pensado y -expuesto en París por<span class="pagenum"><a name="page_4" id="page_4">{4}</a></span> Augusto Comte, visto de cerca, me parece pequeño, -como es pequeña la figurilla pintada en el vidrio, toma en el espíritu -de usted colosales y magníficas proporciones, como el espectro que va á -larga distancia á proyectarse en cándido muro.</p> - -<p>En las elocuentes páginas de la <i>Circular</i> de usted palpitan brío tan -noble, amor tan entrañable del bien de la humanidad y fe tan poderosa, -que á pesar de mi maldito escepticismo hay momentos en que me dejo -arrebatar y traspongo, parodiando á Moisés, á la cumbre del monte Nebo, -y me parece que descubro la tierra prometida, ó por mejor decir, que veo -renovada toda la faz de la tierra y que la nueva Jerusalem baja -engalanada del cielo con vestiduras relucientes de fiesta sin fin y de -perenne consorcio.</p> - -<p>Por desgracia no es todo oro lo que reluce, y quién sabe si encajará -aquí como de molde la manoseada cita que dice:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i8">¡Lástima grande<br /></span> -<span class="i0">que no sea verdad tanta belleza!<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Casi todos los preceptos que impone usted al género humano para que -alcance sus más gloriosos destinos, son, á mi ver, tan sanos y -beatificantes que no hay más que pedir, y si los siguiésemos sería el -mundo un paraíso; pero aquí está el toque de la dificultad: en que usted -va á predicar en desierto, como predicó mi santo y<span class="pagenum"><a name="page_5" id="page_5">{5}</a></span> otros, en que nadie -va á hacer caso de usted y en que todos van á continuar en sus vicios y -malas mañas.</p> - -<p>A usted se le antoja todo muy llano con tal de que el egoísmo se -convierta en altruísmo; pero ¿de qué medio nos valdremos para hacer esta -conversión? Yo no quisiera calumniar la naturaleza humana; yo reconozco, -aplaudo y proclamo los arranques generosos de que es capaz; pero ¿no -habrá en el fondo de nuestro sér algo de radicalmente egoísta? ¿Por qué -pasa siempre por axiomática la sentencia de que la caridad bien ordenada -empieza por uno mismo, sentencia que no pocas personas avillanan -transformándola en esta otra: cada cual arrima el ascua á su sardina? -Usted mismo destruye, contradice ó menoscaba el altruísmo en la -sentencia capital que pone al frente de su bello discurso. Vivamos, dice -usted, para los demás: la familia, la patria, la humanidad.</p> - -<p>Con esto concede usted cierta predilección á la patria sobre la -humanidad, y á la familia sobre la patria, de suerte que mientras más -estrecho es el círculo de los objetos amados, y más exclusivo es, y más -cerca está de nuestra persona, como si fuese emanación ó irradiación de -la persona misma, más activo es el amor que se le consagra. No hay -razón, pues, para que la progresión de amor quede incompleta, sin el -término que en el texto de usted le falta, y que viene á ponerse en él, -natural y forzosamente, traído<span class="pagenum"><a name="page_6" id="page_6">{6}</a></span> por dialéctica impersonal é -irresistible. Así es que el que lea el precepto y se decida á seguirle -dirá en el fondo de su conciencia: yo amo y quiero amar á la humanidad y -comprendida en la humanidad á la patria, y comprendida en la patria á mi -familia, y comprendida en mi familia á mi persona. Con lo cual es -indudable que todo irá comprendido en el amor de la humanidad como en -superior predicamento: pero sucederá que mientras más alto y comprensivo -sea el término en esta escala de lo amable, más vacío estará de razones -y motivos para ser amado, ya que cada uno de los atributos que -constituyen las diferencias es en lo amable una razón y un motivo más -para que lo amemos.</p> - -<p>Amaremos á la humanidad por mil razones; pero dentro de la humanidad -está la patria, para cuyo amor hay, sobre las mil, quinientas razones -más; y dentro de la patria, la familia, con otras nuevas quinientas -razones, lo menos, y dentro de la familia, uno mismo, con todas las -razones que hay para amar á la humanidad, á la patria y á la familia, y -además con nuevas razones, fundadas en aquellos predicados ó atributos -que me diferencian, distinguen y determinan dentro de la humanidad, de -la patria y de la familia. Resulta, pues, que el altruísmo es falso, que -no se da dialécticamente, que sólo puede amarse uno á sí mismo sobre -todas las cosas, como no sea á Dios á quien ame. En mi sentir, uno puede -amar más que á sí mismo, no<span class="pagenum"><a name="page_7" id="page_7">{7}</a></span> sólo á Dios, sino á todas sus criaturas, -cuando las ama por amor de Dios; pero sin este amor de Dios, uno se ama -á sí mismo más que á nadie.</p> - -<p>Entiéndase que hablo, según dialéctica: con fundamento racional. Yo no -niego que el ateo teórico ó práctico, el ateo que niega á Dios ó que le -arrincona y neutraliza, arda en caridad, que él llama altruísmo, pero -sostengo que entonces, con inconsecuencia dichosa y bella, ama á los -demás séres por amor de Dios, sin saberlo, y negando á Dios, y no viendo -el lazo misterioso que le une con los demás séres, y que es Dios y no -puede ser sino Dios.</p> - -<p>En este caso, la efusión generosa del amor, que se sobrepone al egoísmo, -provendrá de cierta inclinación sublime, de cierto ímpetu instintivo, de -cierto ciego impulso del alma que nos lance á la devoción, al -sacrificio, á buscar el bien de los demás, aun á costa del propio bien: -pero un sistema tan sabio como el de Augusto Comte no debe ni puede -fundarse en esto. Además, si el altruísmo fuese instintivo y congénito, -no sería educable ó asequible por educación. ¿Cómo íbamos á convertir en -altruísta al que fuese egoísta <i>a nativitate</i>?</p> - -<p>Y si se me dice que las ciencias sociales y políticas, exactas y -naturales, van á ordenar tan lindamente las cosas que acaben por hacer -de suerte que el interés bien entendido esté en ser altruísta, porque el -bien general vendrá á ser el<span class="pagenum"><a name="page_8" id="page_8">{8}</a></span> mayor bien singular mío, y todo crimen, -todo delito, toda infracción de la ley moral, no será sino un error, una -mala inteligencia de mis propios intereses, una locura, en suma, diré -que no me parece muy probable que las ciencias lleguen á conseguir -tanto; pero que, si á tanto llegasen, no llegarían al altruísmo -verdadero, sino á que el egoísmo bien entendido produjese los mismos -efectos que el altruísmo más puro. Entonces, allá en la profundidad de -cada conciencia, en las intenciones, habría devoción y caridad, ó -sórdido interés y bellaquería; pero en toda acción ejecutada, no habría -sino necedad ó discreción, cordura ó locura. Los hombres, en la vida -práctica, no serían buenos ó malos, sino tontos ó discretos, cuerdos ó -locos.</p> - -<p>Ya ve usted que yo vengo á parar á una conclusión contraria á la de -usted. Quita usted á Dios como base de la moral, y yo concluyo, por -todos los caminos que tomo, por no hallar moral sin el concepto de Dios, -que le sirva de base. Y no por los premios y castigos con que la moral -se sanciona, lo cual es un sofisma de todos los ateístas al uso, sino -porque Dios es el objeto y el fin y la razón del amor, cuando el amor no -hace que nos amemos sobre todas las cosas. Dios es el centro de todo -bien, el foco de la caridad, la luz y el fuego, que enciende é ilumina -los corazones. Si usted le apaga nos quedamos fríos y á oscuras.</p> - -<p>Yo me encanto de leer la purísima moral que<span class="pagenum"><a name="page_9" id="page_9">{9}</a></span> usted predica, y que no es -otra moral sino la cristiana; pero como usted me quita á Dios y me apaga -su luz, me entran ganas de decir á usted lo que le dijeron al mono que -enseñaba la linterna mágica con la luz apagada:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">¿De qué sirve tu charla sempiterna,<br /></span> -<span class="i0">si tienes apagada la linterna?<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>No, Sr. Lagarrigue, un creyente en Dios, que hace obras de virtud, no -debe hacerlas por el egoísta interés de ganar el cielo, ni debe -abstenerse del pecado para que no le echen á freir en las calderas de -Pedro Botero, sino que debe decir á Dios:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Aunque no hubiera cielo yo te amara<br /></span> -<span class="i0">y aunque no hubiera infierno te temiera,<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p class="nind">y ser bueno por amor suyo, ó sea por amor del bien, no abstracto, sino -vivo y personificado en Dios. Porque ¿dónde ha visto usted que nadie se -enamore de abstracciones ó de generalidades sin sustancia?</p> - -<p>Yo soy más positivista que usted y que Augusto Comte, en el recto -sentido de la palabra, y no me cabe en la cabeza que nadie ame lo ideal, -sino como manifestación y apariencia, imagen ó trasunto de una realidad -soberana, ni puedo convertir el nombre genérico que se da al conjunto de -todos los hombres, y que es un concepto lógico vacío, en ser individuo, -objeto de mi amor, á quien unas veces llame yo <i>Hu<span class="pagenum"><a name="page_10" id="page_10">{10}</a></span>manidad</i>, otras <i>Ente -Supremo</i>, y otras <i>Virgen Madre</i>.</p> - -<p>Todavía comprendo yo, aunque no aplauda, que me niegue usted al real -Ente Supremo y á la Virgen Madre, real y efectiva, á quien llaman los -católicos María Santísima; pero lo que ya no se puede aguantar es que á -la gran multitud de negros, chinos, europeos, hotentotes, cafres, -indios, etc., me los sume usted bajo el denominador común de hombres y -luego me convierta en Dios y en Virgen Madre esta suma.</p> - -<p>Enójese usted ó no conmigo, he de decirle la verdad. Me aflige ver que -un entendimiento tan delicado y alto como el de usted, un juicio tan -sano y un corazón tan recto y amoroso, se trastornen y echen á perder -por esta pícara manía que nos entró, hace siglos, á casi todos los -españoles de nación, ó casta y lengua, de seguir las modas de París. Yo -confieso y declaro, sin envidia, si bien con algún estímulo de -emulación, que en París todo se hace mejor y con más arte y gracia, -desde la cocina y los trajes hasta los libros, pero elijamos, al menos, -lo mejor con atento y atinado criterio, ya que no inventemos y hagamos -algo original, no menos divertido, y no tan disparatado.</p> - -<p>De todos modos, el positivismo, tal como viene expuesto por usted en la -<i>Circular</i>, con superior elocuencia de lenguaje que la de Augusto Comte, -y con más poesía y entusiasmo que los de Emilio Littré, debe examinarse -y refutarse hasta donde en cartas brevísimas sea posible.<span class="pagenum"><a name="page_11" id="page_11">{11}</a></span></p> - -<h3>II.</h3> - -<p>No comprendo que ningún optimista sea ateo, y menos comprendo aún que lo -sea usted, que es el más optimista de cuantos optimistas he conocido.</p> - -<p>Aunque yo no aplauda, me explico al pesimista tétrico que no acierta á -conciliar la bondad y el poder infinitos de Dios con el mal moral y -físico que hay en el mundo, y niega á Dios, prefiriendo la negación á la -blasfemia; pero, si el mal es transitorio y ha de venir al cabo á -resolverse en bien, resulta la plena justificación de Dios y el cumplido -acuerdo de su bondad y de su poder infinitos con la perfección y -excelencia de su obra, la cual aparece sin mancha, en la plenitud del -tiempo, así en cada singular criatura, como en el conjunto ó totalidad -de la creación entera.</p> - -<p>A mi ver, usted hace el más elocuente discurso que puede hacerse contra -los ateístas al sostener (no diré al probar) que todo está -<i>divinamente</i>; que cuanto existe va caminando á un fin dichoso, y que -esta escena del Universo y este drama de la Historia terminarán en el -más alegre desenlace, en una fiesta espléndida y en un perenne regocijo.</p> - -<p>¿Por qué hemos de excluir de esta fiesta á Dios, que es, á lo que -entiendo, quien nos la<span class="pagenum"><a name="page_12" id="page_12">{12}</a></span> prepara? Paso porque excluyamos de la fiesta al -diablo, contra cuya voluntad y propósito se celebra; pero á Dios... me -parece una ingratitud y una grosería.</p> - -<p>Y, sin embargo, hasta sobre lo de excluir al diablo hay no poco que -decir. Discurramos, no metiéndonos en muchas honduras, sino como pudiera -discurrir un racionalista de medianos alcances.</p> - -<p>Tal vez, diremos entonces, allá en el horror de la caída del Imperio -romano y de la civilización antigua, y durante la ulterior tenebrosa -barbarie que duró hasta el Renacimiento, hubo de corroborarse el dogma -de las penas eternas; pero este dogma repugna á los hombres de nuestro -siglo por oponerse, á lo que ellos imaginan, á la bondad del Altísimo, á -quien convierte en tirano, enemigo de indultos y amnistías. ¿Quién sabe -si, por esto, los más ilustres Padres de la Iglesia griega, y muy -especialmente San Clemente de Alejandría, Orígenes y ambos Gregorios, de -Nacianzo y de Nyssa, dejándose arrebatar por las sublimes esperanzas que -había infundido en sus espíritus el cristianismo, concibieron la fin del -mundo según el gusto de ahora, creyendo que todo se resolvería en bien y -que hasta el diablo habría de reconciliarse con Dios y ser perdonado? -¿Cómo excluirle de la magnificencia y pompa de la fiesta final y del -júbilo perdurable? ¿Cómo no hacer que tenga término el dualismo, que la -redención se complete, y<span class="pagenum"><a name="page_13" id="page_13">{13}</a></span> que haya bienaventuranza para todos, ora la -obtengan unos más tarde y otros más temprano?</p> - -<p>Sea de ello lo que sea, no cabe duda en que, así en la teología de toda -religión revelada, como en la teología natural, fundada sólo en humano y -racional discurso, es gran prueba de la existencia de Dios y hábil -refutación de los más válidos argumentos de los que la niegan el afirmar -la bondad infinita de la Providencia soberana y omnipotente.</p> - -<p>Para llegar al error, lo mismo que para llegar á la verdad, hay cierto -encadenamiento dialéctico. Cuando siguiéndolo, se llega por él á la -verdad, la verdad brilla más clara. Cuando se va por él hasta el error, -el sofisma se disimula, y el error tiene visos y vislumbres de razón y -de ciencia. Y, por el contrario, el error anti-dialéctico, parece aún -más disparatado, si cabe.</p> - -<p>Aplicado esto al ateísmo, se ve que el pesimista tiene fundamento -racional en su extravío. Si todo está mal, si el hombre está condenado -al infortunio, y si el Universo es un infierno y guerra perpétua la -vida, preferible es negar á Dios á abominar de él. Pero si está bien -todo, si nada puede estar mejor de lo que está, el ateísmo no se -concibe.</p> - -<p>Para mí es de toda evidencia que, así en el fondo de mi alma, como en el -fondo del alma de todo prójimo mío, dado que como usted, crea en la -felicidad, y dado que espere salvación, redención, buen éxito en -cualquiera cosa, está el<span class="pagenum"><a name="page_14" id="page_14">{14}</a></span> convencimiento profundo de que ni él, ni -ningún semejante suyo, ni toda la suma de sus semejantes, basta á -salvarle, á redimirle, á hacer su ventura, y á ordenar las cosas todas -según un plan indefectible y diestramente trazado á fin de que vengan á -parar en general bienaventuranza y en colmo de bienes. Tiene, pues, que -suponer un sér inteligente y mil y mil veces más poderoso que él y que -todos los hombres habidos y por haber en lo futuro, á quien deba tantos -beneficios.</p> - -<p>De esta consideración, harto fácil de hacer, nace que yo juzgue muy -desatinado el ateísmo optimista y que no me inspire temor; que resulte -chistoso, por implicar de parte del ateo el más extremado alarde de -pueril vanidad, y que provoque á risa.</p> - -<p>De la que á mí me cause espero yo que usted no se enoje. No recae en la -persona, sino en la doctrina, que tantos y tantos filósofos y pensadores -comparten hoy con usted, porque está de moda el ateísmo.</p> - -<p>Entienden estos sujetos, que se jactan de ilustrados y progresistas, que -Dios entra en el número de los obstáculos tradicionales, supersticiones -y abusos, que todo buen liberal debe suprimir; que Dios es contrario á -la ciencia, que Dios es contrario al progreso, y que, pasada ya la edad -de la fe, y viviendo, como vivimos, en la edad de la razón, es menester -quitar á Dios del medio, como quien quita un estorbo. Así<span class="pagenum"><a name="page_15" id="page_15">{15}</a></span> pensaba en -Europa Augusto Comte, así piensa la gran mayoría de sus discípulos, y -así piensan y predican, usted en Chile, en Méjico D. Jesús Ceballos -Dosamantes, á quien he escrito ya varias cartas, y en los Estados Unidos -el coronel Roberto Ingersoll, de quien, por ser americano como usted y -en Europa poco conocido, he de hablar con extensión en estas nuevas -cartas que la <i>Circular</i> de usted me inspira.</p> - -<p>Para evitar logomaquias conviene distinguir bien á Dios en sí del -concepto ó idea que de Dios nos formamos, por más que sólo le conocemos -por este concepto ó idea, á la cual, univocándola con Dios, llamamos -Dios.</p> - -<p>Debemos decir con el místico alemán Novalis: «Lo que se dice de Dios no -me satisface, la <i>sobredivinidad</i> es mi luz y mi vida.» Esto es, que el -verdadero Dios está muy por cima del concepto que yo de Dios me formo. Y -si Dios está hoy muy por cima del concepto que de él me formo, ¿cuánto -más no lo estaría del concepto que de él se formaban hasta los hombres -de mayor santidad y de mayor entendimiento hace diez, veinte ó treinta -siglos, en el seno de una sociedad bárbara y ruda, mucho menos moral, -más ignorante y más cruel mil veces que la de ahora?</p> - -<p>Cierto ingenioso amigo mío, glosando á su modo la célebre frase de que -Dios está <i>in fieri</i>, en el llegar á ser, lo cual es indudable si se -aplica á nuestro humano, racional y limitado concepto de Dios, siempre -deficiente aunque va<span class="pagenum"><a name="page_16" id="page_16">{16}</a></span> siempre creciendo, decía que Dios hoy le llevaba -mucha ventaja, pero que dentro de cierto número de años, sería él y -valdría él mucho más que Dios ahora. Ocurriría, no obstante, que Dios en -este tiempo habría ganado tanto que se le adelantaría mil veces más que -ahora se le adelanta, y así hasta lo infinito, por manera que jamás su -mente, ni ninguna otra mente humana, lograría alcanzar y comprender á -Dios.</p> - -<p>Despojado esto de su aparato paradoxal, que le da trazas de blasfemia, -es afirmación juiciosa y hasta de mucha sustancia. Para el hombre que -vive en la sucesión de los tiempos, y que vive breve y trabajosa vida, -en el seno de las cosas finitas y caducas, no hay más forma de concebir -á Dios que prestándole cuantas cualidades hay en el hombre, elevadas por -la imaginación á infinita potencia. Si prescindimos, pues, del -fetichismo más irracional y grosero ó de un simbolismo anti-estético que -tal vez representa y adora las fuerzas naturales por medio de monstruos, -no hay religión ni teodicea ó filosofía de lo divino que no sea -antropomórfica. Sin duda por un esfuerzo de ingenio logramos abstraer de -este concepto de Dios la sustancia material y reducirle á puro espíritu; -pero este espíritu será siempre como el nuestro, magnificado y -sublimado, en cuanto vemos en él de mejor ó mejor nos parece.</p> - -<p>De lo dicho se deduce que cuando la humanidad, en un período de -civilización, ó el indi<span class="pagenum"><a name="page_17" id="page_17">{17}</a></span>viduo, en un momento de su vida en que se ha -ilustrado y pulido algo más de lo que estaba, llega ó se figura que -llega á ponerse por cima del concepto que de Dios tenía, le deseche por -falso ó por incompleto. Entonces el que llega á tal situación de -espíritu hace una de estas tres cosas: ó forma de Dios otro concepto más -alto, ó venerando y respetando el concepto de Dios, que tuvo y que ha -desechado, prescinde ya de Dios en sí, porque le niega ó le supone -<i>incognoscible</i>, ó bien, no sólo niega á Dios, sino que se vuelve -furioso contra todo concepto que de él ha formado hasta su tiempo la -mente humana, en su marcha progresiva, á través de varias evoluciones.</p> - -<p>Esto último es lo más absurdo. Podemos llamarlo antiteísmo ó enemistad á -Dios. D. Jesús Ceballos Dosamantes y el coronel Roberto Ingarsoll son de -estos enemigos en el Nuevo Mundo. En este viejo mundo hay tantos, que -llenaría yo pliegos enteros con sólo citar nombres de los más famosos.</p> - -<p>Por dicha, usted no pertenece á esta clase, sino á la clase de los que -siguen el segundo camino. En esta clase hay mil grados y matices, pero, -en fin, casi todos los que á ella pertenecen tienen el buen tino y mejor -gusto de reverenciar las antiguas creencias religiosas, aun -desechándolas ya. En ellas ven, en cada momento histórico, en cada -evolución, la más fecunda causa de progreso y de mejora. El supremo sér -que<span class="pagenum"><a name="page_18" id="page_18">{18}</a></span> imaginó el creyente fué, según ellos, el más alto ideal del hombre -mismo objetivado, ó digase <i>exteriorizado</i>, para servirle de guía y de -modelo.</p> - -<p>Augusto Comte, Littré y usted son así; pero usted de modo más terminante -y claro supera y vence á sus maestros en esta veneración de Dios en la -historia. Para usted no hay hombre que valga lo que San Pablo después de -Cristo y después de Augusto Comte. San Pablo para usted hubiera sido el -Apóstol de las gentes en el positivismo si hubiera nacido ahora, y el -más ferviente deseo que usted muestra es el de que le salga ó le salte á -Augusto Comte su respectivo San Pablo.</p> - -<p>El respeto de usted hacia lo pasado, la equidad de usted, el imparcial -criterio con que usted practica la máxima de <i>distingue los tiempos y -concordarás los derechos</i>, son tales que, después de San Pablo, no hay -hombre á quien usted ensalce más (y yo le aplaudo y me adhiero á las -alabanzas) que á nuestro admirable San Ignacio de Loyola.</p> - -<p>En todo esto, usted es fiel á Augusto Comte y á Emilio Littré; pero -usted es más claro, más franco y más explícito. Caro, cuando nos pinta -el estado del alma de Littré, después de haber negado, añade; «La -filosofía positiva vino á calmar todas las fluctuaciones de su espíritu, -fijando su nuevo punto de vista, que es tratar las teologías como un -producto histórico de la evolución humana, y convencernos de lo -<i>relativo</i> de<span class="pagenum"><a name="page_19" id="page_19">{19}</a></span> nuestro entendimiento, y no afirmar ni negar nada en -presencia de un inmenso <i>incognoscible</i>.» En nombre de la evolución -histórica, se reserva Littré el derecho de no ser «el menospreciador -absoluto del cristianismo y de reconocer sus grandezas y sus -beneficios.» Littré va más allá: Littré confiesa que «no siente ninguna -repugnancia á prestar oído á las cosas antiguas que le hablan en secreto -y le echan en cara el que las abandone».</p> - -<p>En esta situación de ánimo está usted lo mismo que Littré. Ambos piensan -ustedes que hay incompatibilidad entre toda teología y el moderno -concepto del mundo; pero ambos ven que las religiones entran en el -tejido íntimo de la historia del desenvolvimiento humano, y así, al -alabar este desenvolvimiento y la civilización á que nos ha traído, -alaban las religiones que han creado é informado dicha civilización.</p> - -<p>Y sin embargo, ambos niegan ustedes toda religión, si bien la niegan, no -porque quieren, sino porque suponen que no pueden menos de negarla. -Parodiando á Pío IX, dicen ustedes: <i>Non possumus.</i></p> - -<p>Tenemos, pues, á ustedes ateos, imaginando que lo son á pesar suyo, -porque en el concepto del Dios de los creyentes no cabe el concepto que, -según la ciencia, tienen ustedes ó presumen tener de las cosas todas.</p> - -<p>El conflicto entre la razón y la fe, entre la religión y la ciencia, se -diría que es la causa de<span class="pagenum"><a name="page_20" id="page_20">{20}</a></span> todo. No parece sino que es ahora nuevo y -recién nacido este conflicto, cuando en realidad, y entendido, no del -modo burdo que le entienden Draper, Büchner y otros materialistas, sino -por estilo sublime, es conflicto que existe desde que hubo hombre que se -puso á filosofar. Elevado este conflicto á su mayor altura, es raíz de -lo que llaman los místicos <i>contemplación negativa</i>, por la cual negamos -á Dios todo lo que por afirmación le atribuímos: destruímos el concepto -de Dios que por afirmación nos hemos formado. Y así, copiando aquí las -palabras del iluminado y extático padre fray Miguel de la Fuente, diré -«que Dios no es sustancia, porque es más que sustancia; ni es sér, -porque excede infinitamente á todo sér, ni es bondad, porque es mucho -más que toda bondad; y que Dios, en su sér esencial, no es grande, ni -hermoso, ni sabio, ni poderoso, como nosotros le conocemos y le -entendemos, porque es de otra muy diferente manera, la cual no la pueden -comprender ni alcanzar todos los entendimientos juntos de hombres y de -ángeles.»—«De aquí que cuanto lo supremo de nuestra alma puede entender -y pensar de Dios, no es Dios.» Muchos santos llaman á este altísimo -conocimiento de Dios ignorancia pura, tinieblas de luz inaccesible y -falta absoluta de proporción entre nuestra mente y el sér de Dios, por -lo cual, quien aspire á conocerle ha de cerrar los ojos.</p> - -<p>Augusto Comte, Littré y usted los cierran sin<span class="pagenum"><a name="page_21" id="page_21">{21}</a></span> duda, pero de muy -distinta manera, y así se quedan sin el concepto de Dios por afirmación -y sin el más puro conocimiento de Dios que nace de la contemplación -negativa.</p> - -<p>Y como conservan ustedes la aspiración y el sentimiento religiosos, ya -sin objeto adecuado y condigno, inventan y procuran difundir la nueva -religión atea de la humanidad y de su progreso.</p> - -<h3>III.</h3> - -<p>La moral que predica usted en su <i>Circular religiosa</i> es, á mi ver, la -más pura moral cristiana, así en lo que es de precepto, cuya omisión ó -infracción es pecado, como en lo sublime, que puede llamarse de -exhortación y consejo, á donde no pueden llegar todos y que se pone como -término de la aspiración virtuosa. Usted convida á sus prójimos al -desinterés, á la devoción, al sacrificio. No hay virtud cristiana -cardinal que usted no recomiende é inculque. La prudencia, la justicia, -la paciencia, la generosidad, la longanimidad para perdonar las -injurias, la fidelidad en amistades y en amores, y hasta la castidad y -la continencia virgíneas. ¿Qué he de decir yo á esto sino que está muy -bien? ¡Ojalá que fuésemos todos tan buenos como usted quiere, que ya -andarían las cosas mejor y la tierra sería un trasunto ó antesala del -Paraíso!<span class="pagenum"><a name="page_22" id="page_22">{22}</a></span></p> - -<p>La diferencia, con todo, entre la moral cristiana y la moral de usted y -de los positivistas, no está en los preceptos y consejos, sino en la -base en que éstos se fundan. La moral cristiana tiene base sólida y -bastante para sostener todo el edificio. La moral de usted está en el -aire, ó al menos fundada sobre terreno movedizo, inseguro é -insuficiente. Usted, como Littré, funda la moral en razones empíricas y -mezquinas. Esto en cuanto al principio. En cuanto al fin, yo hallo que -ustedes los positivistas degradan y malean la moral sometiéndola á lo -útil, aunque sea lo útil colectivo, y buscándole un fin práctico fuera -de ella misma.</p> - -<p>Para mí, cuando están bien entendidos los términos, no hay discusión que -valga contra la sentencia que dice: «El arte por el arte.» Y lo que digo -en estética lo digo con más razón en moral. Yo no subordino lo bello á -lo bueno, ¿cómo he de subordinar lo bueno á lo útil? Si lo subordinase, -el fin justificaría los medios. La moralidad de cada acción se mediría -por el provecho que sacásemos ó que supiésemos que de ella íbamos á -sacar para muchas personas, ó para todas las que componen la nación ó -para todas las que componen el linaje humano. Esto sería muy peligroso y -nos llevaría, con pretexto ó motivo de hacer el bien, á incurrir en mil -faltas y delitos, convirtiéndonos, con desmedida soberbia, en delegados -y ejecutores de la Providencia ó del Destino.<span class="pagenum"><a name="page_23" id="page_23">{23}</a></span></p> - -<p>La Providencia, y para los que en ella no creen, el Destino inflexible, -es quien convierte el mal en bien, y no nosotros. Identificando lo bueno -y lo útil vendríamos á justificar mil actos horribles que no sería -difícil probar que tuvieron dichosísimos resultados. Tal tirano hizo que -triunfase en su país la unidad nacional, ejecutando infinitas -barbaridades: tales bandidos fundaron la libertad y la independencia de -su pueblo, y aun extremando el argumento, bien se podría sostener que -Caifás y Poncio Pilatos son dignos de gratitud y de encomio, ya que -concurrieron como el que más, á la Redención, haciendo que crucificasen -á Cristo. Filósofos modernos y exegetas hay, como Bruno Bauer y otros, -que han hecho, siguiendo este modo de argumentar, la más brillante -apología de Judas Iscariote.</p> - -<p>En cambio, cuando la moral pone en ella misma su fin, y no convierte en -instrumento providencial consciente á cada individuo, la máxima del fin -justifica los medios queda condenada y aparece en su lugar la hermosa -máxima que dice: <i>fiat justitia et ruat cœlum</i>.</p> - -<p>No vale la distinción entre el egoísmo y el altruísmo. No es para -nosotros la utilidad más ó menos general la medida de la moralidad de -las acciones. El hombre bueno ó justo hace lo que debe, suceda lo que -suceda, aunque el universo se hunda.</p> - -<p>Para el que tiene fe todo es sencillo y no hay conflicto posible. -Cualquier acto suyo es el cum<span class="pagenum"><a name="page_24" id="page_24">{24}</a></span>plimiento de un mandato del cielo. Acaso -no prevé su utilidad; pero en un sentido elevado, en el plan divino del -conjunto de las cosas y de los sucesos, su acto será útil, si bien él le -hace, no porque va á ser útil, sino porque hay una ley que se le -prescribe.</p> - -<p>Cuando en ocasiones, ó ya en la vida real, ó ya en dramas y novelas, -vemos alguna virtud muy calamitosa, y sentimos cierto deseo de que el -héroe ó la heroína de la historia afloje un poquito en virtud que tantos -infortunios acarrea, es porque estamos relajados, es porque no damos -grande importancia al precepto moral, con cuya infracción se evitarían -por lo pronto las calamidades.</p> - -<p>No hace mucho tiempo asistí yo á la representación de un drama francés, -cuya heroína es una comedianta.</p> - -<p>No es <i>La Tosca</i>; es otro nombre italiano de otra <i>prima donna</i>, del -cual, por más que hago, no logro ahora acordarme. Pero el nombre importa -poco. Lo que importa es el caso, y el caso es que la comedianta es tan -severa y tan púdica que de resultas unos se suicidan, otros se matan en -desafío, otros son perseguidos por no sé qué tirano, y otros se mueren -de hambre y de miseria. Si la comedianta, en vez de ser tan cogotuda, -hubiese sido, como hablando de la feroz Lucrecia dice Lope en cierto -famoso soneto,</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">.....más blanda y menos necia,<br /></span> -<span class="pagenum"><a name="page_25" id="page_25">{25}</a></span></div></div> -</div> - -<p class="nind">se hubieran ahorrado todos aquellos trabajos y desazones.</p> - -<p>Pero claro está que esta idea de mirar la virtud como perjuicio y -estorbo, ocurre porque la virtud es falsa, porque en el drama ó en el -caso real se nota <i>sensiblería</i> de mal gusto que excita á tan grotesca -broma.</p> - -<p>Cuentan que el infante D. Alfonso de Portugal disgustadísimo con que -Amadís, por ser tan fiel á Oriana, tuviese tan desesperada á la princesa -Briolanja, enamorada de él, hizo que el autor portugués de un nuevo -Amadís, ablandase el corazón de este héroe y le moviese á ser -caritativamente infiel, por donde se salvó la vida de aquella augusta y -hermosa señora, y aun se dió vida á dos principillos gemelos, con ligero -menoscabo de la gentil Oriana. Pero luego Garci-Ordóñez de Montalvo -volvió á poner la verdad en su punto, y convirtió á Amadís á su -inmaculada fidelidad primitiva, sin la cual no hubiera acabado jamás la -aventura de la Insula Firme, pasando por debajo del arco de los leales -amadores, porque la estatua encantada le hubiera derribado con el -espantoso son de su trompeta, en vez de celebrar su honestidad y su -triunfo con una clarinada melodiosa y apacible.</p> - -<p>Más patente se ve aún el peligro de subordinar lo bueno á lo útil, ó de -identificar ambas calidades, en el cuento de Voltaire, titulado -«Cosi-Santa», linda dama de Hipona, cuya fidelidad conyugal dió ocasión -á crímenes y desven<span class="pagenum"><a name="page_26" id="page_26">{26}</a></span>turas, y que luego, con ser tres veces infiel y con -tres distintos galanes, salvó la vida de su marido, de su hermano y de -su hijo. Por donde supone Voltaire que Cosi-Santa murió en olor de -santidad y hasta que la canonizaron y pusieron en su sepulcro:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Chico mal y mucho bien.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Y tal vez el infante D. Alfonso de Portugal y Voltaire y otros muchos -sujetos así, de manga ancha, tendrían razón, si lo útil y lo bueno se -confundiesen: si no hubiese, por cima y con plena independencia de toda -utilidad, el deber, el decoro y la honra; si no resonase con imperio en -el fondo de nuestra alma aquel mandato que tan bien expresa Juvenal, aun -siendo gentil, estigmatizando al que consiente en</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i8">.....vítam preferre pudori<br /></span> -<span class="i0">Et propter vitam vivendi perdere causas.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Lo singular es que Littré, en el escrito titulado <i>Origen de la idea de -justicia</i>, conviene en la distinción entre lo bueno y justo y lo útil. -Dice que los que confunden lo útil con lo justo «causan detrimento al -rigor de las nociones y á la claridad de las cosas.» Y confiesa también -Littré que la inmoralidad inspira aversión; que es espontáneamente -odiada y despreciada, aunque no cause ningún perjuicio. Después añade: -«Cuando obedecemos á la justicia, obedecemos á convicciones muy -semejantes á las que nos<span class="pagenum"><a name="page_27" id="page_27">{27}</a></span> impone la vista de la verdad. De ambos lados -es mandato el asentimiento: ya el mandato se llame demostración, ya se -llame deber.»</p> - -<p>Tenemos, pues, que el deber no nace empíricamente y por experiencia, -sino que se impone con imperio y graba sus irrevocables preceptos en la -conciencia por buril penetrante y con indeleble escritura.</p> - -<p>Imposible parece que, después de esta afirmación de lo absoluto, de lo -imperativo y de lo independiente y superior á lo útil que es lo justo, -venga Littré á fundar la idea de la justicia y de toda moral en la -concordancia ó equilibrio de dos impulsos, del egoísmo y del altruísmo. -Y más insuficiente, ruín y frágil aparece aún el fundamento de Littré -cuando añade que dicho egoísmo y dicho altruísmo proceden de dos -necesidades del hombre: la de alimentarse y la de propagar la especie.</p> - -<p>Aunque me tilden de criticón y descontentadizo, ¿cómo no he de reirme y -burlarme de estos descubrimientos de la ciencia novísima, ciencia de -experiencia, de observación, que no da brincos, que va con pies de plomo -y con el método más severo, y que después de mucho afanar, se descuelga -con semejantes antiguallas, olvidadas ya de puro sabidas?</p> - -<p>¿Quién ha de negar que dos cosas mueven al hombre, según afirma -Aristóteles, chistosamente citado por el famoso Juan Ruiz, arcipreste de -Hita; <i>mantenencia y ayuntamiento con fembra</i>? Es<span class="pagenum"><a name="page_28" id="page_28">{28}</a></span> verdad que el deseo -de mantenerse y el de propagarse son los dos móviles primeros de todo -sér con vida; de</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Omes, aves, animalias, toda bestia de cueva.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p class="nind">como sigue explicando el bueno de arcipreste; pero es desatino poner en -el hambre y en la lujuria el origen de ideas, de sentimientos y de -pasiones de superior elevación.</p> - -<p>Sin duda que el arcipreste no escasea merecidas alabanzas al amor, -encareciendo sus benéficos milagros: al hombre rudo le vuelve <i>sotil</i>, -al cobarde valiente, al perezoso listo, y al mudo <i>fablador lozano</i>; -pero si dejamos á un lado agudezas y discreciones ingeniosas, y -consideramos el asunto con juicio recto, jamás sacaremos del afán de -mantenencia y de ayuntamiento nada que nos distinga mucho de las -<i>animalias</i> y de las <i>bestias de cueva</i>. Nuestro altruísmo se quedará en -raíz, en su embrión inicial y bestial, y no logrará elevarse sobre la -tierra, transfigurado gloriosamente en amor de la patria, en amor de la -humanidad toda, y hasta en amor de Dios, pues aunque para los -positivistas no haya Dios, los positivistas no pueden negar que el amor -de lo sobrenatural y divino se da en el alma humana, aunque carezca de -objeto.</p> - -<p>El gorrión y el mico tienen más altruísmo inicial ó radical que nosotros -y, sin embargo, no salen místicos, ni patriotas, ni mártires, entre los -micos y entre los gorriones; y en pun<span class="pagenum"><a name="page_29" id="page_29">{29}</a></span>to á progreso y mejoras siguen -estacionarios.</p> - -<p>Aun cuando concediésemos que el altruísmo no es más que el instinto -sexual trasformado en devoción, todavía no explica esto la idea de la -justicia. Al decir Littré que la justicia es el equilibrio entre el -altruísmo y el egoísmo, pone sin caer en cuenta algo que no es altruísmo -ni egoísmo: la causa de ese equilibrio, la virtud que tiene en su fiel -la balanza, la justicia misma, que es la moderadora de ambas tendencias, -en vez de nacer de ellas.</p> - -<p>Otro no menos sofístico origen empírico de la justicia imagina Littré: -la idea de indemnización. Causamos un daño y es menester subsanarle, á -fin de que el perjudicado no cause otro mayor mal.</p> - -<p>Para evitar que nadie se indemnice ó se vengue por su mano, se funda la -autoridad pública. Y el castigo, además de ser como venganza, es como -freno, es como escarmiento saludable.</p> - -<p>Littré queda satisfecho con su explicación; pero yo creo que nada ha -explicado. Aun retrocediendo con la imaginación á siglos remotos y -sociedades bárbaras, todavía no es la justicia ni venganza, ni -indemnización, ni medio de conservar el orden por temor del castigo, -sino la virtud que regula y ejerce la indemnización, el castigo y aun la -venganza, á fin de que indemnización, venganza y castigo sean justos.</p> - -<p>Vuelvo, después de lo dicho, á mi primera<span class="pagenum"><a name="page_30" id="page_30">{30}</a></span> afirmación: la moral de usted -es muy buena, pero carece de base.</p> - -<p>La moral no puede fundarse empíricamente; tiene que fundarse en una -metafísica ó en una teología, y sus maestros de usted, Comte y Littré, -arrojan del reino del espíritu á la teología y á la metafísica.</p> - -<p>La teología fué primero. Por ella se empezó á educar la humanidad, -pasando sucesivamente por el fetichismo, el politeísmo y el monoteísmo.</p> - -<p>De la teología, que se fundaba en autoridad, se pasó á la metafísica, -que quiso fundar en raciocinio el conocimiento de lo trascendental y -absoluto. Pero según los maestros de usted, pasó la metafísica como la -teología había pasado.</p> - -<p>Para ellos, en la historia de la civilización hay tres grandes períodos: -el teológico, el metafísico y el positivo. Ahora estamos ya en el tercer -período. El rasgo esencial que le caracteriza es el extrañamiento de la -metafísica: su exclusión de la enciclopedia, de toda la ciencia, del -cuadro de los conocimientos humanos. Este cuadro se compone de -matemáticas, astronomía, física, química, biología y ciencia social.</p> - -<p>Littré se desata en alabanzas de tan rara y fecunda invención de su -maestro, y la encuentra llena de armonía.</p> - -<p>No ve ó no quiere ver una gravísima discordancia que lo invalida todo. -El método de la ciencia primera, de las matemáticas, es distinto del -método de las otras ciencias y hace de<span class="pagenum"><a name="page_31" id="page_31">{31}</a></span> las matemáticas como órgano ó -instrumento que habilita á la mente humana para adquirir la verdad.</p> - -<p>Las matemáticas parten de principios inconcusos y proceden por -deducción. Las otras ciencias parten de la observación de los hechos y -se elevan á las leyes generales. Resulta de aquí que para que la -observación y la experiencia sean fecundas y no erróneas, tenemos en las -matemáticas guía infalible, pero sólo en lo que se refiere á la -cantidad, al más y al menos. Y como por desgracia no hay matemáticas de -la calidad (sobre todo para los que niegan la metafísica), la -experiencia y la observación dan mezquinísimos ó erróneos resultados en -cuanto á la cantidad no se refiere.</p> - -<p>Esta carencia de guía en lo que no es meramente cantidad se nota cada -vez más mientras más complicada va siendo la ciencia. En la astronomía -apenas se nota, porque apenas se emplea la astronomía sino en medir y en -pesar ó en evaluar masas, tamaños, fuerzas y movimientos. En física y en -química, ya la carencia de matemáticas de calidad se advierte bastante -más. En biología la dificultad crece, y por último en la ciencia social -(moral y política) llega la dificultad á su colmo.</p> - -<p>Y sin embargo, á mi ver, el recto juicio, la elevación de miras y la -serena imparcialidad en la contemplación y estudio de los sucesos -humanos, se sobreponen en Comte, en Littré y en<span class="pagenum"><a name="page_32" id="page_32">{32}</a></span> usted, á esa ciega -negación de la metafísica y hacen que, sin querer, empleen ustedes á -veces la mejor metafísica á par que la niegan, y que digan y sostengan -cosas que á mí me parecen razonables y justísimas, por más que no vea -yo, ni nadie, cómo las infieren sólo de la observación, de la -experiencia y de las matemáticas. Que hay un orden y un plan en la -historia cuya ley es el progreso; que Europa está predestinada y cumple -esta ley desde hace cerca de tres mil años; que las naciones que en la -antigüedad hicieron más por este progreso fueron Grecia y Roma; que en -los tiempos modernos ni los adelantos en las ciencias, ni la perfección -de las bellas artes, ni el brillo de la literatura, ni el desarrollo de -la industria se explicarían, como dice Littré, si se suprimiese uno solo -de los grandes órganos del espíritu de la humanidad: Italia, España, -Francia, Inglaterra y Alemania. Todo esto me parece muy atinado. Yo voy -casi hasta á dar la razón á Littré cuando afirma que los tres tiranos -más retrógrados, los que más se han opuesto á la ley del progreso, han -sido Juliano el Apóstata, Felipe II y Napoleón I.</p> - -<p>Lo que me aflige y lo que me llevaría á perdonar á Juliano el Apóstata, -á Felipe II y á Napoleón I el haber sido tan retrógrados, es la idea de -usted de que el término de tanto progreso será convertir á la Santísima -Trinidad en Humanidad, Tierra y Espacio, tres personas, una de las -cuales, la Humanidad, es además la Virgen<span class="pagenum"><a name="page_33" id="page_33">{33}</a></span> Madre á quien, según usted -asegura, hubiera adorado Fray Luis de Granada si hubiera vivido en -nuestros días.</p> - -<p>Siento extenderme demasiado, pero yo deseo rebatir ciertas ideas de -usted y de sus dos maestros, y demostrar que con Santísima Trinidad por -el estilo y Virgen Madre tan rara, no son posibles moral, política y -ciencia social con lógicos y sólidos fundamentos.</p> - -<h3>IV.</h3> - -<p>Cuando alguien censura la prolijidad y el reposo con que voy estudiando -el folleto de usted, digo yo para disculparme que en él se tocan todas -las cuestiones y que su propósito es la renovación del mundo, convertido -en Edén luminoso, la paz perpétua, el <i>crecimiento harmónico de la -sociocracia universal</i> y otras mil estupendas é inauditas felicidades. -El asunto merece, pues, que le consideremos con atención.</p> - -<p>Todo ello y más ha de lograrse con una buena moral; la de usted es -excelente, y yo no niego que la moral es medio adecuado y eficaz para -llegar á donde nos proponemos.</p> - -<p>En lo que no estoy conforme es en que la buena moral pueda existir sin -un fundamento metafísico ó religioso.</p> - -<p>No veo la necesidad, ni siquiera la conveniencia de esa impiedad de que -usted hace alarde y<span class="pagenum"><a name="page_34" id="page_34">{34}</a></span> que cuenta hoy con ilustres divulgadores y -apóstoles en todo el Nuevo Mundo.</p> - -<p>No demuestra esto que las creencias se vayan perdiendo ahí, sino la -actividad intelectual y la libertad completa de conciencia y de palabra, -la cual da razón de sí, tanto en el aumento y prosperidad de la Iglesia -católica, que levanta en Nueva York y en otras grandes ciudades -catedrales espléndidas, como en el nacimiento de sectas cristianas -disidentes; como en la propagación de las más extrañas religiones, por -ejemplo la de Budha, que ya tiene en Boston sectarios y templo; como en -la predicación del ateísmo en todos sus grados.</p> - -<p>El más singular, ingenioso y elocuente predicador del ateísmo en toda -América es, en mi sentir, el coronel Roberto Ingersoll. Hombre de no -escaso saber, de variadísima lectura, atento y enterado de cuanto se -piensa en Europa, se puede afirmar que es un positivista como usted. -Véase lo que dice de Augusto Comte.</p> - -<p>«En el cerebro de este hombre grande despuntó la aurora del día dichoso -en que la humanidad será la única religión, el bien el único Dios, la -felicidad general el único propósito, la indemnización la única pena, el -error el único pecado, y el afecto, guiado por la inteligencia, el único -Salvador del mundo. Esta aurora enriqueció la pobreza de Augusto Comte, -iluminó las tinieblas de su vida, pobló su soledad con millones de seres -que han de nacer para la progresiva ven<span class="pagenum"><a name="page_35" id="page_35">{35}</a></span>tura, y llenó sus ojos de -tiernas lágrimas de satisfacción y de orgullo. La gloria de Napoleón se -disipará: sólo se recordarán sus crímenes: y Augusto Comte será -fervorosamente acatado y amado como bienhechor de la especie humana.»</p> - -<p>A fin de llegar á esta meta en la carrera de nuestro progreso, á fin de -entrar en el Edén y gozar de todos los sazonados frutos del árbol de la -ciencia, importa arrojar á empellones al querubín de la superstición que -defiende la puerta, y arrancar de su diestra la espada de fuego.</p> - -<p>Por esto Ingersoll es más enemigo que usted de la religión, y de Dios -sobre todo.</p> - -<p>Para él, uno de los más benéficos sabios que hay ahora en la docta -Alemania, es Ernesto Hæckel, «no sólo porque ha demostrado las teorías -de Darwin, sino también la <i>monística</i> concepción del mundo. Hæckel ha -demostrado que no hubo, ni hay, ni pudo haber Creador de cosa alguna. -Ingersoll celebra mucho también á Herberto Spencer, pero se le deja -atrás. Conviene con él en que toda ciencia nace de la observación de los -sentidos: pero no se limita al <i>agnosticismo</i> de lo demás. Al poner lo -desconocido, lo tal vez para siempre <i>incognoscible</i>, se afirma en -cierto modo que existe ó que puede existir. Dios es, por lo menos, una -conjetura. Y si para la ciencia de nada sirve, Dios queda para que el -alma humana llegue á él por la fe y por el amor,<span class="pagenum"><a name="page_36" id="page_36">{36}</a></span> y de él se valga para -fundar sociedad, leyes y preceptos morales.</p> - -<p>Nótese cómo del <i>agnosticismo</i> pudiéramos llegar á un sistema irracional -profundamente religioso. Al cabo Bonald, de Maistre y Donoso Cortés, no -llegaron de otra suerte á su empecatada y tiránica teocracia.</p> - -<p>De aquí que Ingersoll no se contente con ser <i>agnóstico</i>. No dice que no -sabe de Dios, sino rotundamente niega que exista. Así lo va predicando -por escrito y con la palabra hablada.</p> - -<p>Es Ingersoll alto y fuerte, hermoso de rostro, blanco y rubio, casi sin -barba, simpático y elocuentísimo. Da conferencias en teatros y en -grandes salones, ya á duro ya á dos duros la entrada, y la multitud -acude á oirle y le aplaude con entusiasmo. Sus discursos tienen todos -los tonos. Ya son tan floridos, líricos y abundantes como los de -Castelar, á pesar de la concisión de la lengua inglesa, ya patéticos y -tiernos, ya trágicos y terribles, ya chistosos y amenos hasta rayar en -la chocarrería. Su casa está en Washington donde vive elegantísimamente, -entre pinturas y lindos objetos de arte, pero de vez en cuando sale á -predicar, y ya predica en Filadelfia, ya en Nueva Orleans, ya en San -Francisco, ya en Chicago.</p> - -<p>Sus conferencias corren impresas en lujosas ediciones, de que se venden -miles y miles de ejemplares.</p> - -<p>Para el vulgo pobre se ha hecho en Chicago<span class="pagenum"><a name="page_37" id="page_37">{37}</a></span> un Catecismo ó <i>Vademecum</i>, -titulado <i>Ingersolia, joyas del pensamiento</i>, donde está reunido lo más -sustancial y capital de este apóstol.</p> - -<p>Coincide Ingersoll con usted en el profundo, y á mi ver, sincero amor á -la humanidad; pero se extrema más aún que usted en creer lo contrario de -lo que piensan los deístas y los católicos: en que ese amor á la -humanidad se funda en el amor de Dios. Para Ingersoll el amor de Dios se -opone al de la humanidad, y por eso le odia. Uno de sus argumentos es -decir que, si Dios se le llevase al cielo y él supiese allí que su -mujer, ó algún hijo suyo, ó algún amigo, mientras que Dios le daba á él -bienaventuranza, estaba atormentado en el infierno por toda una -eternidad y con atroces castigos, sería él un villano y un miserable si -no dijese á Dios: ó tráigame aquí también á los míos, y no me los -maltrate tan ferozmente, ó envíeme con ellos, que yo no quiero esta -infame gloria que me concede.</p> - -<p>Harto se nota que tales argumentos podrán ir contra determinados dogmas -de ésta ó de aquella religión positiva, por los cuales dogmas volverán -los teólogos de la dicha religión; pero en nada quebrantan la firmeza -del alto concepto metafísico y racional que de Dios nos formamos.</p> - -<p>Por lo demás, en la moral y en los arreglos, usted é Ingersoll -coinciden, salvo que en la <i>Circular</i> no entra usted en tantos -pormenores como el yankee.<span class="pagenum"><a name="page_38" id="page_38">{38}</a></span></p> - -<p>Su moral parte de la sentencia famosa <i>mens sana in corpore sano</i>.</p> - -<p>De aquí que Ingersoll dé muchas reglas para la higiene y buena -alimentación. <i>Good cooking is the basis of civilization.</i> La buena -cocina, dice, es la base de la civilización. Así es que el Coronel -recomienda á todas las mujeres que aprendan á guisar y á todos los -maridos que den qué guisar en abundancia á sus mujeres. Sin esto no hay -rica sangre en las venas, ni pensamientos sublimes, ni valor, ni -paciencia, ni nobles impulsos. Todo proviene de buenos y suculentos -<i>beefsteaks</i>. Así es que Ingersoll quiere que un beefsteak se haga muy -bien: explica el modo de hacerle; y propone que se promulgue una ley -castigando como un crimen, con bastantes días de cárcel en negro -calabozo, al que ó á la que condimente un beefsteak malo, sobre todo -echando á perder un buen solomillo. En suma, el arte culinario es para -Ingersoll una de las bellas artes. Es como la música y la poesía, y -además da sér á la poesía y á la música.</p> - -<p>Pero elevándose luego Ingersoll, no es menos sublime que usted en sus -moralidades.</p> - -<p>La mujer no se puede quejar de los positivistas; todos la adoran, todos -la ponen por las nubes. Ninguno quiere, es cierto, que sea electora, ni -guerrera, ni diputada, ni ministra; pero es porque todos le dan más alta -misión y más hermoso empleo. La mujer será la diosa, la santa, la musa, -lo ideal, lo celeste. Cuando estemos<span class="pagenum"><a name="page_39" id="page_39">{39}</a></span> en pleno positivismo, la mujer, -como dice usted, desplegará mayor virtud, alcanzará felicidad y gloria -sin iguales. «Fuente inagotable de los más puros afectos, ella será el -símbolo de la abnegación y de la ternura. En la más augusta de las -funciones, la de madre, creará fervientes servidores de la humanidad; en -su carácter de esposa, endulzará la existencia del hombre y le alentará -al cumplimiento de sus deberes; como hija, fortalecerá en el padre el -más altruísta de los sentimientos, la bondad. Para todas las condiciones -sociales será la mujer divina Providencia. Su santa imagen resplandecerá -en los altares, domésticos y públicos.»</p> - -<p>Antes de que llegue el triunfo del positivismo, la mujer hará más que el -hombre para este triunfo. Usted así lo espera, y sobre todo de la mujer -española ó de casta española, ya que es de la casta ó patria de la -sublime Santa Teresa. Unas, las escritoras, guiarán á los hombres con -sus escritos. Otras, presidiendo el salón social, ejercerán influjo -intenso y saludable. «Coronadas de modestia, dulzura y pureza, reinarán -sobre los hombres, encaminándolos con persuasivas insinuaciones al -positivismo. Talentos perdidos, voluntades inertes, recibirán de ellas -luz y vida. A cuantos las conozcan alcanzará su radiante inspiración. Y -muchos seres decaidos, que veían ya cerrada la senda de una digna -existencia, emprenderán, regenerados del todo y sin mirar hacia atrás, -una fructuosa carrera de<span class="pagenum"><a name="page_40" id="page_40">{40}</a></span> servidores del linaje humano. Esas santas -mujeres serán, ciertamente, madres espirituales de innumerables hombres, -hechos de nuevo con su bendito influjo. Completamente desinteresadas en -su celo religioso, gozarán de altruísta satisfacción al ver cómo -aumentan los buenos obreros, crece la buena doctrina y la sociedad se -reconstituye sobre bases inconmovibles.»</p> - -<p>Ingersoll no es menos entusiasta que usted de las mujeres. «Los hombres, -dice, son encinas, las mujeres vides y los niños flores; y, si hay -cielo, la familia es el cielo. El cielo está donde la mujer ama á su -marido y el marido ama á su mujer y los redonditos brazos (<i>dimpled</i>, -con hoyuelos) de los niños enlazan el cuello de ambos.»</p> - -<p>En el hogar está el templo, la bienaventuranza, la gloria del hombre, y -de este templo es la mujer divinidad y sacerdotisa á la vez. Sin este -templo, el mundo sería un horror, y los seres humanos bestias feroces. -Así da Ingersoll á la mujer no menos redentora, beatificante é -inspiradora misión que la que usted le atribuye. Para ello entra en -pormenores y hasta prescribe que la mujer se vista y se adorne mucho, -con aseo y de última moda. «Yo digo á toda muchacha y á toda mujer, -aunque la tela del vestido sea barata y ordinaria, que el vestido esté -cortado y hecho <i>in the fashion</i>. Gusto también de joyas. Alguien -censura como uso bárbaro el llevar muchos dijes; pero, á mi ver, el -llevarlos es la pri<span class="pagenum"><a name="page_41" id="page_41">{41}</a></span>mera prueba que da la persona bárbara de que desea -civilizarse. El adorno está en nuestra condición natural, y tal deseo se -advierte por donde quiera y en todo. A veces imagino que este deseo, -sentido por la tierra, hizo brotar las flores, pintó las alas de -mariposas y libélulas, cuajó las perlas en las conchas, y dió á los -pájaros su plumaje y su canto. ¡Oh, mujeres solteras y casadas, si -queréis ser amadas, adornaos, y si queréis estar bien adornadas, sed -hermosas!»</p> - -<p>Justo es confesar que el respeto, el amor y la delicada consideración á -la mujer en ningún país rayan más alto que en los Estados Unidos. Los -hombres, luchando allí con la naturaleza para domarla y hacerla útil á -nuestra especie, buscando ó creando la riqueza, y en otros negocios -prácticos, que son raíz de la poesía, pero no son la poesía, dejan y -casi prescriben que sean poéticas las mujeres. Ellas procuran cumplir la -prescripción, y con frecuencia la cumplen. Suelen ser bonitas y -gallardas. Con cierta libertad é independencia, que les dan el carácter -y la costumbre, en los ademanes, en la palabra y hasta en el andar, -tienen lozanía, majestad y brioso aunque honesto desenfado, como el de -Diana cazadora. El respeto de que todos los hombres las rodean, sin -piropearlas con impertinente grosería, cuando las ven solas, hace que -puedan ir solas sin que las vigile ó las <i>chaperone</i> ninguna dueña. Y -sin pedantería, sino naturalmente, estudian mucho de ciencias, y de -literatura, y á<span class="pagenum"><a name="page_42" id="page_42">{42}</a></span> veces hablan varias lenguas vivas, y no es raro que -sepan también latín y griego.</p> - -<p>De aquí que esa misión civilizadora, beatificante é inspiradora de la -mujer, tal vez no se ve más clara, en parte alguna, que en los Estados -Unidos.</p> - -<p>La hermana del actual presidente de aquella república, miss Rosa Isabel -Cleveland, notable escritora, ha querido cifrar y condensar, en el más -elocuente y sentido de sus Estudios, esta misión de la mujer. Estriba en -una virtud que miss Cleveland llama <i>fe altruísta</i>, y éste es también el -título de su Estudio.</p> - -<p>Por dicha para todos nosotros, aunque sea desgracia para usted, para -Ingersoll, y aun para Comte y Littré, esta <i>fe altruísta</i>, ó dígase fe -en otro y no sólo en uno mismo, brota, según la hermana del presidente, -no de la negación de Dios, sino de la fe en Dios.</p> - -<p>La mujer es más capaz de fe que el hombre, y esto la habilita para -ejercer una función social de la mayor trascendencia: descubrir la -aptitud del amigo, del hijo, del hermano, del amante ó del esposo, -revelar á él su propio valer, alentarle y entusiasmarle, y darle impulso -para que cumpla su vocación y su destino.</p> - -<p>El prototipo y dechado de esta fe <i>altruísta</i> le halla miss Cleveland en -Cadiyah, primera mujer de Mahoma, que descubrió cuánto valía Mahoma, y -le amó y le animó y le confortó cuando por los hombres todos era -desdeñado. El Pro<span class="pagenum"><a name="page_43" id="page_43">{43}</a></span>feta, victorioso ya y en toda su gloria, recordaba -siempre con lágrimas de amor á su Cadiyah, que murió anciana, y no se -consolaba de haberla perdido. Su hermosa y joven esposa, Ayesha, le -dijo, «¿Por qué no te consuelas? ¿No era ya anciana? ¿No te ha dado -Dios, en lugar suyo, otra mujer mejor?» El Profeta respondió entonces -con efusión de honrada gratitud. «No hubo nunca mujer mejor que ella. -Ella creyó en mí cuando los hombres me despreciaban.»</p> - -<p>Yo encuentro este oficio muy propio de la mujer y creo que ella con -frecuencia le ha ejercido. Por cada Onfale, por cada Dalila, causa de -perdición de Hércules y de Sansones, ha habido siempre miles de Cadiyahs -para todos los Mahomas chicos y grandes.</p> - -<p>El oficio, sin embargo, no he de negar yo que es para la mujer harto -peligroso. El primer peligro es el engaño en que puede caer la mujer, -creyendo descubrir la aptitud de sabio, de poeta, de héroe ó de santo; -en el hombre que tal vez la atrae y la fascina por otras aptitudes. Y es -el segundo peligro que, aun no equivocándose en el descubrimiento de la -buena aptitud, puede ocurrir que la mujer descubridora la halle en -hombre que sea, en todo lo demás, indigno, perverso é ingrato. Cadiyah -acertó en todo con su Mahoma; pero no acertó en todo, por ejemplo, Mad. -de Warens con su Rousseau. Sin ella Rousseau quizás no hubiera sido -nunca mucho más que lacayo; pero Rousseau, en lo tocante<span class="pagenum"><a name="page_44" id="page_44">{44}</a></span> á gratitud, -siguió lacayo y se quedó á infinita distancia de Mahoma.</p> - -<p>Pongo aquí esto como aviso y reparo para que las mujeres, cuando -<i>cadiyehen</i>, lo hagan con la debida circunspección; pero lejos de tirar -á la invalidación del discurso de Miss Cleveland, le aplaudo y acepto la -doctrina. Nada más útil y agradable que el <i>cadiyého</i>. Es verdad que -madres y hermanas pueden ser Cadiyahs; pero lo más común es que lo sean -las enamoradas. Por eso el <i>cadiyého</i> está en íntima relación con el -<i>flirt</i>.</p> - -<p>En el Maestro de ustedes, en el Mahoma de ustedes, en Augusto Comte, se -advierte la verdad de esto que digo. Su verdadera Cadiyah es la amiga; -es Clotilde de Vaux. Las otras dos mujeres son como <i>a-lateres</i> y nada -más.</p> - -<p>La una resucita en el recuerdo evocado por Clotilde: la otra es como -apéndice del afecto á Clotilde: Rosalía Boyer, madre del Maestro, y -Sofía Bliaux, su hija adoptiva.</p> - -<p>Entusiasmado usted con esto, coincide con miss Cleveland en la -exaltación de la mujer y en su nobilísima misión de descubridora y -aguzadora de aptitudes. Elocuentísimo está usted en todo esto, y -quisiera yo citar mucho de lo que usted dice; pero aquí no cabe. Baste -con algo.</p> - -<p>«Preciosa—dice usted—es la intervención de la mujer en las labores del -hombre. Dada su índole altruísta, ella es quien sabe despertar las más -santas emociones de donde sólo emanan acciones fecundas. En este sentido -idealizóla la<span class="pagenum"><a name="page_45" id="page_45">{45}</a></span> antigüedad en las Musas, y la Edad Media en la Virgen -Madre, que resume á las Musas completamente purificadas. Pero cábele al -Dante la gloria insigne de haber cantado proféticamente en su -maravilloso poema la función normal de la mujer. Es su amada Beatriz -quien le salva de sus extravíos, quien disipa las dudas de su espíritu, -quien <i>enciela</i> su alma.»</p> - -<p>De esta suerte convierte usted á Dante en uno de los precursores del -positivismo.<span class="pagenum"><a name="page_47" id="page_47">{47}</a></span><span class="pagenum"><a name="page_46" id="page_46">{46}</a></span></p> - -<h2><a name="ESPANA_DESDE_CHILE" id="ESPANA_DESDE_CHILE"></a>ESPAÑA DESDE CHILE<br /> -<small>(Á DON JORGE HUNEEUS GANA)</small></h2> - -<p>No puede usted figurarse, distinguido y generoso amigo, el susto que me -ha causado, sin quererlo ni preverlo.</p> - -<p>Hace justamente tres años recibí una carta de usted pidiéndome noticias -sobre mi persona y escritos y sobre literatura española en general. Era -tan amable la carta, que, si bien yo no conocía á usted y apenas atiné -entonces á descifrar la firma, no quise dejar la carta sin contestación. -Tomé la pluma y contesté á todo correr lo que se me ocurrió en aquel -momento.</p> - -<p>Yo no hago borrador de nada mío, y menos de cartas. Aunque hiciera -borrador no le guardaría.</p> - -<p>En cuanto á las cartas que recibo, rompo las más. Sólo reservo las muy -interesantes. La de usted, sin lisonja, hubo de parecérmelo. Doy por -evidente que la reservé sin romperla.<span class="pagenum"><a name="page_48" id="page_48">{48}</a></span></p> - -<p>Pero en el resultado final confieso que es idéntico que yo rasgue ó -guarde las cartas. Guardarlas equivale á echarlas en un caos, en un -abismo; tal es el desorden de mis papeles. Y cuando el cúmulo de ellos, -que en este abismo cae, rebosa, digámoslo así, ya en una mudanza, ya en -un viaje, ya sólo por obra y gracia de la limpieza ordinaria, la escoba -del criado, el fuego ó bien otro elemento destructor se los lleva ó los -consume.</p> - -<p>No ha de extrañar usted ni atribuir á poco aprecio de parte mía el que -yo ignore si la carta de usted se destruyó ó está aún escondida entre -papeles míos. Cúlpese mi falta de orden, falta que lamento, pero de la -que nunca supe ni sabré enmendarme.</p> - -<p>Apunto aquí todo esto para explicar con franqueza por que á poco sin -duda de recibir la carta de usted y de contestar á ella, tenía yo -completamente olvidadas la carta y la contestación. A los tres años -(perdónemelo usted) yo, dada mi condición natural, no podía recordar á -usted ni menos que le había escrito.</p> - -<p>De aquí mi sorpresa y mi sobresalto cuando alguien que recibió, días -antes que yo, los <i>Estudios sobre España</i>, me dijo que su autor, un -chileno, publicaba en el citado libro cierta carta mía, donde le hablaba -yo de literatura y de literatos españoles.</p> - -<p>¿Qué habré yo dicho, imaginando que mi carta no se daría al público con -mi firma, y tal vez<span class="pagenum"><a name="page_49" id="page_49">{49}</a></span> en un momento de mal humor? Esta era la pregunta -que yo me hacía.</p> - -<p>Luego que recibí los <i>Estudios sobre España</i>, busqué mi carta, la leí y -se me quitó un peso de encima. Se me figura que estuve juicioso. Nada de -censuras crueles contra nadie, y nada tampoco de encomios exagerados. -Sólo tuve y tengo que lamentar mi absurdo olvido (tan á escape y sin -pararme á pensar hube de escribir á usted) de no pocos nombres de -personas ilustres en la lista que yo le enviaba. Por lo mismo que le -tengo más presente y que en mi sentir vale más que los otros, no puse, -por ejemplo, entre los autores dramáticos á D. Manuel Tamayo y Baus. No -menté entre los poetas ni á Rubí, ni á Sánchez de Castro, ni á José -Alcalá Galiano, que es á mi ver de los mejores, y además sobrino mío. En -suma, omití nombres que por todos estilos eran más dignos de memoria -para mí y para todo el mundo que bastantes de los que cité.</p> - -<p>Fuera de estos deplorables defectos, repito que mi carta me pareció -juiciosa. Su lectura me devolvió la tranquilidad.</p> - -<p>Y no suponga usted que el haberla perdido implique algo de singular -doblez en mi carácter; que yo por modo de ser propio, celebre en público -y muerda en secreto. Nada más contrario á mi carácter. Lo que sucede es -que, en el día, hay en España una propensión general á incurrir en ese -vicio, contra el cual clamo yo siempre,<span class="pagenum"><a name="page_50" id="page_50">{50}</a></span> pero del que temo dejarme -llevar como todos.</p> - -<p>Y no es falsía endémica, no es perversidad colectiva de la que todos -estemos plagados; es que todos estamos muy abatidos y en el fondo del -alma nos juzgamos con harta severidad. De aquí la maledicencia, sin que -la cause la envidia ni otra pasión ruín. Y en cuanto al encomio público -disparatado, que comunmente se llama ahora <i>bombo</i>, es una inevitable -mala maña que hemos tomado. La llamo inevitable, porque son tales el -tono y el estilo que prevalecen, que toda alabanza moderada y razonable -suena como desdén y menosprecio.</p> - -<p>Dicho esto, que debo yo decir aunque me haga pesado, voy á hablar de su -obra de usted. Consta de dos tomos (cerca de mil páginas entre los dos) -tan llenos de noticias sobre mi país, que no me explico cómo me escribió -usted pidiéndomelas cuando podía dármelas y cuando ahora en efecto me -las da.</p> - -<p>Con vergüenza lo declaro: yo no he leído ni la quinta parte de los -autores contemporáneos españoles, cuyas obras usted examina: ni por el -nombre sólo conocía yo á la mitad de ellos. Se ve que usted ha hecho que -le envíen á Santiago de Chile, y que ha estudiado con amor, cuanto en -España se ha escrito y publicado en este siglo.</p> - -<p>Joven usted de poco más de veinte años, entusiasta y fervoroso amante de -su patria, extiende este amor á la metrópoli, á la madre de<span class="pagenum"><a name="page_51" id="page_51">{51}</a></span> su patria, -y se pinta y nos pinta una España vuelta á su más radiante esplendor, -ilustradísima, fecunda hoy como nunca en claros ingenios, en poetas, -sabios y artistas.</p> - -<p>Líbreme Dios de denigrar á mi país. Líbreme Dios hasta de formar de él -pobre concepto. Pero no por modestia, sino por justicia, no quiero, ni -puedo, ni debo aceptar tanta alabanza, como la generosidad de usted y su -afecto filial nos prodigan. Si insisto en afirmar, como en mi primera -carta á usted afirmaba, que «en España se nota hoy cierto florecimiento -literario, y no se escribe poco», todavía hallo que, desde esta -afirmación mía hasta el triunfante panegírico de usted, media distancia -enorme. Por mi calidad de español me considero, pues, obligado á la más -profunda gratitud hacia usted, y por lo que usted dice de mí, á gratitud -aún más profunda; á mostrársela, y á declarar que rebajo nueve décimas -partes de mi ración de elogios, atribuyéndolos á bondad magnánima de -usted, y me doy por pagado y contento con la otra décima parte. No me es -lícito disponer del incienso que usted da á los demás escritores -españoles, pero me atrevo á aconsejarles que acepten sólo la mitad ó la -tercera parte, y consideren el resto como despilfarro que usted hace, -arrebatado por su cariñosa largueza.</p> - -<p>Esto nos conviene hacer, agradeciéndolo todo. Pero ¿es buen medio de -agradecer, dirá usted, y si usted no lo dice no ha de faltar quien lo<span class="pagenum"><a name="page_52" id="page_52">{52}</a></span> -diga, que los mismos encomiados echen en cara al autor los extravios de -crítica que presuponen sus encomios.</p> - -<p>A esto respondo que no me queda otro recurso. Al libro de usted no puedo -responder con el silencio, ni puedo tampoco faltar á la sinceridad en lo -que responda. Por dicha, esos extravíos se justifican ó disculpan con -razones que honran á usted muchísimo. Nacen de su entusiasmo juvenil y -de su amor á los de su casta y lengua. Ya usted se corregirá en otros -libros que escriba, y será justiciero ó más sobrio de admiración.</p> - -<p>Entretanto, aun exponiéndome á que digan los maldicientes que nosotros, -á pesar de ser casi antípodas, nos escribimos para piropearnos y nos -armamos de sendos turibulos eléctricos, á fin de que el incienso mutuo -trasponga el Atlántico y la cordillera de los Andes y nos adule las -narices, no quiero callarme ni dejar de sostener que me maravilla el -extraordinario saber y la abundantísima lectura que su libro de usted -demuestra.</p> - -<p>Cuadro completo de la España política, social, científica, artística y -literaria, en el siglo presente, el libro está dividido en tres partes. -La primera: Estudios generales. La segunda: Estudios bibliográficos. Y -Estudios literarios, la tercera.</p> - -<p>En los tres Estudios se advierte un espíritu de contradicción, exaltado -por <i>ese malhadado y<span class="pagenum"><a name="page_53" id="page_53">{53}</a></span> pretencioso menosprecio</i>, que, como dice usted, -hay en Chile, aunque ya va de caída, contra todo lo español. Esto -convierte su libro de usted en defensa ó apología; esto disculpa, en -cierto modo, la exageración en las alabanzas.</p> - -<p>He de confesar á usted también que en ellas advierto desproporción: á -saber, que con muchos es usted tan pródigo, que proporcionalmente es -corto con otros. En absoluto, á casi todos, en mi sentir, empezando por -mí, nos tasa usted en bastante más de lo que valemos.</p> - -<p>Como es usted tan joven, y como nos declara con delicada modestia que su -libro no es libro, sino <i>notas y proyectos</i> para escribir un libro, los -cuales <i>proyectos y notas</i> saca prematuramente á luz, cediendo á los -ruegos de un amigo, mis observaciones no deben valer como censura. Si yo -las pongo es para que valgan, aunque sean en daño mío, cuando aparezca -esa otra obra más meditada y más completa que, según usted nos anuncia, -acaso pueda escribir algún día.</p> - -<p>Dispénseme usted que insista, hasta con pesadez en mis reparos. Lo hago -por el interés que usted me inspira, y que no tiene que agradecerme, ya -que la apología de usted, si no pecase por desproporción ni por -exageración, nos lisonjearía más y nos sería mucho más útil.</p> - -<p>Esa misma desproporción, que noto yo en sus juicios de usted, no nace de -parcialidad apasionada, sino de que usted ó bien conoce á unos autores -más y por eso los celebra más que á los<span class="pagenum"><a name="page_54" id="page_54">{54}</a></span> que conoce menos, ó bien por -ser su obra un conjunto de estudios hace usted resaltar á los que son -objeto especial de cada estudio, y deja á los otros eclipsados ó en la -sombra. De aquí que Revilla, Bactrina y yo, salgamos mejor librados que -los otros, salgamos encomiados con exceso.</p> - -<p>Fuera de esto, y cuando habla usted en general, muestra usted en sus -juicios la equidad y el tino más benévolos, sin que los ofusque ningún -espíritu de partido, del cual, por lo mismo que vive usted tan lejos, no -puede dejarse influir.</p> - -<p>Así tienen, á mis ojos, tanta autoridad las sentencias de usted en -desagravio de los autores españoles, injustamente maltratados por -críticos españoles. Su voz de usted viene, desde el otro extremo del -mundo, á dar la razón á quien la tiene y á tildar de injustas, de -apasionadas y de falsas no pocas censuras.</p> - -<p>Salvo algún levísimo error en los pormenores, disculpable en quien -escribe sobre cosas de aquí desde tan lejos, me parece usted -discretísimo y guiado por alto é imparcial criterio, cuando dice que «la -crítica estrecha y pequeña no se estila hoy sino cuando se quiere -rebajar, con el insuficiente apoyo de yerros aislados y de versos -sueltos, méritos verdaderos que por fortuna resisten siempre tan poco -elevados ataques.»</p> - -<p>«Digan esto por mí, añade usted, las reputaciones de Zorrilla, Gil y -Zárate, Rubí, Escosura, Mesonero Romanos, duque de Rivas, Mar<span class="pagenum"><a name="page_55" id="page_55">{55}</a></span>tínez de -la Rosa y otros, que tan gloriosamente han resistido las malignas -críticas de Villergas; las de Velarde, Ferrari, Cánovas y otros, que no -han sufrido ni sufrirán nada con los sermones apasionados de Clarín: las -de Echegaray, Cano y Sellés, que se abrillantan más cada día, á pesar de -las nimias observaciones de Cañete; y las de Menéndez Pelayo, marqués de -Valmar, marqués de Molins, conde de Cheste y otros más, para cuya justa -apreciación el público ilustrado desprecia las pueriles invectivas de -Venancio Gonzalez (Valbuena).»</p> - -<p>No quiero ni puedo extenderme más sobre la primera y la tercera parte de -los <i>Estudios</i> de usted.</p> - -<p>Voy á decir algo sobre la parte segunda: sobre los curiosísimos -<i>Estudios bibliográficos</i>.</p> - -<p>La idea de hacerlos, según usted mismo confiesa, se la sugirió á usted -Menéndez Pelayo; pero es justo asegurar que, atendido el modestísimo -título de <i>notas y proyectos</i>, la tal bibliografía es rica y no deja de -estar á veces bien razonada ó comentada. Es un catálogo de libros -franceses, italianos, ingleses, alemanes, hispano-americanos y yankees, -que tratan de España, y que pasan de cuatrocientos, aunque usted sólo -cita los que se han publicado desde 1808 hasta ahora.</p> - -<p>Ya que su obra de usted sobre España no es definitiva y ya que usted -piensa mejorarla y completarla con el tiempo, usted me perdonará las -siguientes observaciones y excitaciones:<span class="pagenum"><a name="page_56" id="page_56">{56}</a></span></p> - -<p>1.ª Que ponga en este catálogo orden que facilite buscar en él cualquier -libro: ya sea el orden por materias, ya alfabético por nombres de -autores, ya cronológico.</p> - -<p>2.ª Que añada cuantos libros faltan ó sepa usted que faltan por citar, á -fin de que el catálogo sea completo en lo posible.</p> - -<p>Y 3.ª Que distinga mejor las obras de cuya lectura resulte un concepto -bueno de España, aunque en parte se censuren muchas cosas de nuestro -país; las obras que tiran á desacreditarnos y son una franca y horrible -diatriba, como la del marqués de Custine, por ejemplo; y las obras más -comunes donde á vuelta de pomposas alabanzas á lo pintoresco del -paisaje, de los monumentos, de los trajes y de las costumbres, ya por -odio, ya por ignorancia y ligereza, ya por afán de referir hechos -portentosos y usos rarísimos, ya por el mal humor y la bilis que -nuestros guisos y nuestro aceite han infundido, no pocos viajantes -extranjeros han hecho de nosotros la más lastimosa caricatura. No he de -negar que haya algún fundamento. ¿Qué individuo ni qué colectividad no -ofrece lado que se preste á lo ridículo? Nosotros además hemos dado, si -no motivo, pretexto á que se abulte lo que hay de grotesco en nosotros, -abultándolo y ponderándolo con amor, y mirándolo como excelencias y -grandezas de nuestro sér egregio. Así el entusiasmo por el salero y los -discreteos rudos de Andalucía, por la desenvoltura de chulas y<span class="pagenum"><a name="page_57" id="page_57">{57}</a></span> majas, -por los toros, por lo flamenco y por lo jitano, por los jaques, -contrabandistas y demás gente del bronce, y por otros primores, que -fuera de desear que nos entusiasmasen un poquito menos. Pero aun así, -nada de esto justifica muchos chistes acedos de Dumas y de Gautier, y -mil ofensivas invenciones de otros, entre los cuales descuella y -resplandece el inglés Jorge Borrow, autor de <i>La Biblia en España</i>, -libro por otra parte de los más amenos y disparatados que imaginarse -pueden.</p> - -<p>No voy á defender aquí nuestro <i>romancero</i>, ni menos el <i>antiguo teatro -español</i> y el espíritu que le informa. Esto me llevaría lejos y no hay -para qué dilucidarlo ahora. Sólo digo que no acepto las siguientes -expresiones de usted: «Víctor Hugo y el grande Alfredo de Musset, poetas -que tan bien estudiaron y tan bien supieron asimilarse el jugo sabroso -del antiguo romancero y del teatro clásico español.» Yo no veo en D. -Páez, en la marquesa de Amaegui, en Gaztibelza el de la carabina, en -Rui-Blas, en Hernani y en el viejo Silva, vigésimo nieto de Don Silvio, -cónsul de Roma, sino <i>fantoches</i>, personajes embadurnados con falso -<i>colorete local</i>, y por consiguiente <i>caricatos</i>.</p> - -<p>En resolución, yo no he de negar que usted y yo discrepamos en bastantes -puntos. No se opone esto, sin embargo, á que yo aplauda el interesante -trabajo de usted, á que me admire de lo mucho que usted ha leído y -estudiado, á<span class="pagenum"><a name="page_58" id="page_58">{58}</a></span> que celebre, como es justo, la facilidad, pureza y -elegancia de su estilo; á que convenga perfectamente con usted en ese -empeño en que todos los hombres de lengua ó raza española nos -confederemos intelectualmente y para ello nos conozcamos mejor; y, por -último, á que, sin aceptar las pródigas y bondadosas alabanzas con que -usted me honra, las agradezca con todo mi corazón, asegurándole que ya -no me olvidaré nunca de usted, ni del beneficio recibido, ni del alto -valer de su ingenio, del que espero frutos más sazonados y abundantes -para gloria de las letras españolas, en su general acepción.<span class="pagenum"><a name="page_59" id="page_59">{59}</a></span></p> - -<h2><a name="VOCABULARIO_RIOPLATENSE_RAZONADO" id="VOCABULARIO_RIOPLATENSE_RAZONADO"> -</a>VOCABULARIO RIOPLATENSE<br /> RAZONADO<br /> -<small>(AL SEÑOR DON DANIEL GRANADA)</small></h2> - -<h3>I.</h3> - -<p>Muy señor mío: Con mucho placer he recibido y leído la interesante obra -de usted cuyo título va por epígrafe, y que acaba de publicarse en -Montevideo.</p> - -<p>Me parece que á usted le sucede lo mismo que á mí en lo tocante á -pronosticar sobre el porvenir de la lengua castellana en esas regiones. -No vemos sino allá, dentro de muchos siglos, la posibilidad de que se -olvide ó se pierda por ahí dicha lengua, y salgan ustedes hablando -italiano, francés ó algún idioma nuevo, mezcla de todos.</p> - -<p>Es verdad que el territorio rioplatense es inmenso y poco poblado aún. -Sólo la República Argentina comprende cerca de tres millones de -kilómetros cuadrados: mayor extensión que<span class="pagenum"><a name="page_60" id="page_60">{60}</a></span> Francia, Alemania, Inglaterra -y España juntas. Y si añadimos las tierras del Uruguay y del Paraguay, -la grandeza territorial de lo que llamamos país rioplatense se presta á -contener y á alimentar en lo futuro centenares de millones de seres -humanos. A fin de que tanta tierra sea poblada y cultivada, la -inmigración entra ya y seguirá entrando por mucho. Cada año va la -inmigración en aumento.</p> - -<p>Según los datos que me da Ernesto Van Bruyssel (<i>La Republique -Argentine</i>), en 1886 sólo á Buenos Aires llegaron cerca de 70.000 -inmigrantes, y en 1887 más de 120.000. Si así continúa creciendo la -inmigración, donde predomina el elemento italiano, tal vez dentro de -diez ó doce años haya más gentes venidas de Italia que de origen -español, desde las fronteras de Bolivia hasta el extremo austral de la -Patagonia, y desde Buenos Aires y Montevideo hasta más allá de Mendoza.</p> - -<p>En los quince años que van desde 1855 á 1870 ha entrado en la República -Argentina un millón de emigrados. Bien podemos, pues, calcular, no -haciendo sino duplicar el número en los años que quedan de siglo, que al -empezar el siglo <small>XX</small> habrá en la República Argentina cinco millones más -de población no criolla, ó venida de fuera, y principalmente de Italia. -Yo entiendo, con todo, que en el pueblo argentino hay fuerza informante -para poner el sello de su propia nacionalidad á esta invasión pacífica y -provechosa,<span class="pagenum"><a name="page_61" id="page_61">{61}</a></span> y que en 1900, lo mismo que en 1889, habrá allí una nación -de carácter español y de lengua castellana, sólo que ahora consta esta -nación de cuatro ó cinco millones de individuos y en 1900 acaso conste -de 18 ó de 20 millones.</p> - -<p>El aumento de la población se infiere del aumento de la riqueza que la -inmigración trae consigo. En veinte años, de 1866 á 1886, la renta del -Estado argentino se ha quintuplicado. De nueve millones de duros ha -subido á más de cuarenta y cinco. Durando la paz, con suponer igual -aumento proporcional en otros veinte años, no es aventurado predecir que -el presupuesto de ingresos de la República Argentina podrá ser, á -principios del siglo <small>XX</small>, y sin recargar las contribuciones y sin -aumentarlas, de más de doscientos millones de duros.</p> - -<p>Todo induce á presumir, que si no sobrevienen imprevistas -perturbaciones, la principal Confederación del Río de la Plata, será en -el siglo <small>XX</small> una potencia tan fuerte y rica como lo es ahora la república -norte-americana de origen británico. Las huellas de este origen no se -han borrado de entre los yankees. Natural es que no se borren tampoco -entre los argentinos y uruguayos las huellas de su origen español.</p> - -<p>La lengua es el signo característico que tardará más en perderse. La -lengua además no es lazo sólo que une entre sí á los argentinos, sino -vínculo superior que no puede menos de estrechar y ligar en fraternal -concierto á dicha repú<span class="pagenum"><a name="page_62" id="page_62">{62}</a></span>blica con muchas otras, todas, digámoslo así, -oriundas de España, y que se extienden por las tres Américas, desde más -allá de la Sierra Verde y del Río Bravo del Norte hasta la Tierra del -Fuego.</p> - -<p>Las cuestiones de Gramática y de Diccionario, de unión de Academias de -la lengua, de literatura española é hispano-americana, de versos y de -novelas, escritos y publicados en español en ese Nuevo-Mundo, no son -meramente literarias, críticas ó filológicas: tienen mucho más alcance, -aunque uno no se le quiera dar.</p> - -<p>No me parece que divago al decir lo que va dicho, con ocasión del -excelente aunque modesto trabajo de usted que, si bien es meramente -filológico, tiene mayor trascendencia<a name="FNanchor_A_1" id="FNanchor_A_1"></a><a href="#Footnote_A_1" class="fnanchor">[A]</a>.</p> - -<p>Nuestro Diccionario de la lengua castellana no es sólo el inventario de -los vocablos que se emplean en Castilla, sino de los vocablos que se -emplean en todo país culto donde se sigue hablando en castellano, donde -el idioma oficial es nuestro idioma.</p> - -<p>Será provincialismo ó americanismo el vocablo que se emplee sólo en una -provincia y que tenga á menudo su equivalente en otras; pero el vocablo -que no tiene equivalente y que se em<span class="pagenum"><a name="page_63" id="page_63">{63}</a></span>plea en más de una provincia ó en -más de una república ó en regiones muy dilatadas, y más aun cuando -designa un objeto natural, que acaso tiene su nombre científico, pero -que no tiene otro nombre común ó vulgar, este vocablo, digo, siendo muy -usual y corriente, es tan legítimo como el más antiguo y castizo, y debe -ser incluído y definido en el Diccionario de la lengua castellana. La -Academia Española no puede menos de incluirle en su Diccionario.</p> - -<p>Así como nosotros, los peninsulares europeos, hemos impuesto á los -hispano-americanos un caudal de voces, que provienen del latín, del -teuton, del griego, del árabe y del vascuence, los americanos nos -imponen otras voces que provienen de idiomas del Nuevo Mundo y que -designan, casi siempre, cosas de por ahí.</p> - -<p>Es curiosísimo el catálogo razonado que ha hecho usted de estas voces -(de las usadas en la región rioplatense) y las definiciones y -explicaciones que da sobre cada una de ellas. Sin duda, su libro de -usted será documento justificativo de que los individuos de la Academia -Española tengan que valerse y se valgan para aumentar su obra léxica en -la edición décimotercera.</p> - -<p>Casi todos los vocablos que usted pone y explica en su libro, ó no están -incluidos en nuestro Diccionario ó están mal ó insuficientemente -definidos en él. Y sin embargo, no pocos de estos vocablos, á más de -estar en poesías, en novelas,<span class="pagenum"><a name="page_64" id="page_64">{64}</a></span> en relaciones de viajes y en otras obras -en idioma castellano posteriores á la independencia, es casi seguro que -se hallan en libros ó documentos españoles de antes de la independencia, -escritos por los viajeros, misioneros, sabios y demás exploradores de -esos países, que dieron á conocer en Europa su flora y su fauna.</p> - -<p>En los tiempos novísimos han estudiado y descrito la naturaleza de la -América del Sur Humbold, Burmeister, Orbigny, Darwin, Martius y otros -extranjeros; pero nuestros compatriotas se les adelantaron en todo, como -lo demuestran los trabajos y publicaciones de Montenegro, Acosta, los -padres Lozano, Cobo, Gumilla y Molina, Mutis, Oviedo, Azara, Pavón, Ruiz -y otros cien, de que trae catálogo el Sr. Menéndez Pelayo en su <i>Ciencia -española</i>.</p> - -<p>Los nombres, pues, que se dan ahí vulgarmente á plantas y árboles, aves, -cuadrúpedos, peces, insectos y reptiles, no están fuera de nuestra -lengua común española, por más que aparezcan y suenen, en nuestros -oidos, como peregrinos é inusitados.</p> - -<p>Tal vez deban incluirse en nuestro Diccionario, si no lo están ya, y -creo que no lo están, las más de las voces que usted define, como las -siguientes:</p> - -<p><i>Nombres de árboles, plantas y hierbas.</i>—Aguaraibá, alpamato, arazá, -biraró, burucuyá, caá, camalote, caraguatá, curí, chalchal, chañar, -chilca, gegen, guayabira, guayacán, gembé, iba<span class="pagenum"><a name="page_65" id="page_65">{65}</a></span>ró, isipó, lapacho, -molle, ñandubay, ñapindá, ombú, pitanga, sarandí, sebil, tacuara, -taruma, tataré, timbó, tipa, totora, urunday, yatay y yuyo.</p> - -<p><i>Peces.</i>—Bagre, manduví, manguruyú, pacú, patí y zurubí.</p> - -<p><i>Aves.</i>—Biguá, caburé, chingolo, macá, macaguá, ñacurutú, ñandú, urú, -urutao y yacú.</p> - -<p><i>Cuadrúpedos.</i>—Aguará, bagual, cuatí, guazubirá, puma, tamanduá, -tucutuco y tatú en vez de tato.</p> - -<p><i>Insectos</i>, <i>reptiles</i>, etc.—Alua, camoatí, manganga, tambeyuá, tuco, -yaguarú y yarará.</p> - -<p>Me dice usted en la amable dedicatoria con que me envía su libro, que, -«caso de que me digne pasar la vista por él, me agradecerá mis -advertencias.»</p> - -<p>Yo me prevalgo de este ruego para hacer algunas.</p> - -<p>Aunque usted describe bien los objetos naturales que sus vocablos -designan, echo yo de menos, para mayor claridad y universal inteligencia -del objeto, el nombre científico con que los naturalistas le marcan y -señalan, y la familia en que le clasifican.</p> - -<p>Válganme algunos ejemplos. Empecemos por la voz <i>caá</i>. Usted, hablando -con franqueza, no nos declara lo que significa en guaraní, y es menester -inferirlo por conjeturas, y comparando lo que usted dice con lo que dice -D. Miguel Colmeiro en su <i>Diccionario de los diversos nombres vulga<span class="pagenum"><a name="page_66" id="page_66">{66}</a></span>res -de muchas plantas usuales ó notables del antiguo y nuevo mundo</i>. <i>Caá</i>, -con evidencia, ha de significar en guaraní planta, yerba, árbol: lo -vegetal de modo genérico, y no solo <i>mate</i>, como usted afirma. -Supongamos, no obstante, que <i>caá</i> significa <i>mate</i>. Sin haber oído -hablar jamás á los guaraníes y sin saber palabra de su idioma, -cualquiera adivina el valor de ciertos adjetivos que entran á cada -instante en composición de nombres; v. gr. <i>merí</i>, pequeño, y <i>guazú</i>, -grande. Así vemos claro que <i>caamerí</i> y <i>caaguazú</i>, y <i>caaquí</i> y -<i>caaminí</i>, todo es mate, según sean las hojas de que se compone grandes -ó pequeñas, tiernas ó más ricas y jugosas.</p> - -<p>Hasta aquí todo va bien, y <i>caá</i> y <i>mate</i> pueden ser lo mismo; pero -cuando nos define usted <i>caapau</i>, bosquecillo, conjunto de árboles -aislado, vemos claro que <i>pau</i> ha de significar conjunto ó montón, y -<i>caá</i> árbol, arbusto, planta, yerba, mata y no mate, á no ser por -excelencia, como también llaman al mate <i>yerba</i> por excelencia.</p> - -<p>El Sr. Colmeiro trae en su Diccionario todos estos compuestos de <i>caá</i>: -caataya, caamerí, caapiá, caapeba, caapin, caatiguá y caavurana; y como -con tales nombres se designan plantas gramíneas, meliáceas, ciperáceas, -hipericineas y de otras cuantas y diversas familias, queda más -demostrada la vaga generalidad del significado de la palabra <i>caá</i>.</p> - -<p><i>Guayacán.</i> El Diccionario de la Academia Española trae también esta -palabra; pero ¿el gua<span class="pagenum"><a name="page_67" id="page_67">{67}</a></span>yacán que describe es el mismo que describe usted? -Yo creo que no. Usted nos describe el guayacán del Chaco y del Paraguay; -la Academia el de las Antillas, y como Colmeiro me da diez especies de -guayacanes ó guayacos, no sé con cuál quedarme. El guayacán ya es -<i>diospyros lotus</i>, ya <i>guayacum sanctum</i>, ya <i>guayacum officinale</i>, ya -<i>porliera higrométrica</i>, y ora pertenece á la familia de las -leguminosas, ora á la de las ebenáceas, ora á otra familia.</p> - -<p><i>Arazá.</i> No está en el Diccionario de la Academia. Colmeiro la trae, y -pone, como usted, dos clases: el arazá arbóreo y el rastrero. -Convendría, con todo, que dijese usted, como dice Colmeiro, que ambas -clases pertenecen á la familia de las mirtaceas.</p> - -<p>Bastan los ejemplos aducidos, que para no cansar no aumento, á fin de -comprender la conveniencia de determinar mejor los objetos que se -describen.</p> - -<p>Diré ahora otro requisito que echo de menos en su libro de usted. Echo -de menos las <i>autoridades</i>. Me explicaré.</p> - -<p>Nada hay más borroso é inseguro que los límites entre lo vulgar y lo -técnico ó científico de las palabras. Cada día, á compás que se difunde -la cultura, entran en el uso familiar, general y diario, centenares de -vocablos que antes empleaban sólo los sabios, los peritos ó los maestros -en los oficios, ciencias y artes á que los vocablos pertenecen. De aquí -que todo Diccionario<span class="pagenum"><a name="page_68" id="page_68">{68}</a></span> de la lengua de cualquier pueblo civilizado, sin -ser y sin pretender ser enciclopédico, vaya incluyendo en su caudal -mayor número de palabras técnicas, sabias ó como quieran llamarse. Pero -aun así, importa poner un límite á esto, aunque el límite sea vago y no -muy determinado.</p> - -<p>Dos indicios nos pueden servir de guía. Por muy patrióticos que seamos, -no es dable que nos figuremos que somos un pueblo más docto, en este -siglo, que el pueblo inglés ó el francés. Nuestro Diccionario de la -lengua vulgar, no debe, pues, sin presumida soberbia, incluir más -palabras técnicas que los Diccionarios de Webster y de Littré, pongo por -caso.</p> - -<p>El otro indicio es más seguro. Consiste en citar uno ó más textos, en -que esté empleado el vocablo, que se quiere incluir en el Diccionario, -por autores discretos y juiciosos, que no escriban obra didáctica. En -virtud de estos textos es lícito inferir que es de uso corriente el -nuevo vocablo y debe añadirse al inventario de la riqueza léxica del -idioma.</p> - -<p>Convengo en que á veces es de tal evidencia el uso frecuente de un -vocablo que la autoridad ó el texto puede suprimirse. Así por ejemplo, -<i>ombú</i>. El Diccionario de la Academia no trae <i>ombú</i>, y, sin embargo, -apenas hay cuento ni poesía, ni escrito argentino de otra clase, donde -no se mienten los <i>ombúes</i>.</p> - -<p>Es voz tan común por ahí como en esta Península <i>álamo</i> ó <i>encina</i>.<span class="pagenum"><a name="page_69" id="page_69">{69}</a></span></p> - -<p>En ocasiones cita usted los textos, y así demuestra la necesidad de la -introducción de la palabra en nuestro vulgar Diccionario. Sirva de -ejemplo la voz <i>chaco</i>, montería de cierto género que dió nombre propio -á la gran llanura que se extiende desde la cordillera de Tucuman hasta -las márgenes del Río de la Plata. La voz <i>chaco</i> está empleada por el -padre Lozano, <i>Historia de la conquista del Paraguay</i>, etc., y por -Argote de Molina en su <i>Discurso sobre el libro de montería del rey D. -Alonso</i>.</p> - -<p>Con frecuencia falta texto autorizado que pruebe el empleo vulgar de la -palabra, y, cuando haga usted nueva edición de su libro, conviene que le -añada. El vocabulario ganaría mucho con esto; y esto ha de ser muy fácil -para usted. Si usted no siempre lo ha hecho, es porque pensó sólo en sus -paisanos uruguayos y argentinos al escribir su obra, y no en los demás -pueblos de lengua española, donde vocablos comunísimos ahí tienen que -aparecer exóticos.</p> - -<p>Su vocabulario de usted es además poco copioso é importa aumentarle. El -número de palabras que faltan no debe ser corto, cuando yo, que conozco -tan poco de la literatura de ese país, puedo citar palabras que en su -vocabulario de usted no están incluídas. Así por ejemplo, <i>seibo</i>. -Rafael Obligado, en una de sus más lindas composiciones, <i>En la ribera</i>, -del Paraná se entiende, dice:<span class="pagenum"><a name="page_70" id="page_70">{70}</a></span></p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">El año que tú faltas,<br /></span> -<span class="i0">La flor de sus seibos,<br /></span> -<span class="i0">Como cansada de esperar tus sienes,<br /></span> -<span class="i0">Cuelga sus ramos de carmín marchitos.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>¿Será el seibo el árbol que llaman del Paraíso en Andalucía? ¿Quién -sabe? Colmeiro no trae seibo, á no ser <i>seibo</i> lo mismo que <i>ceibo</i> ó -<i>ceiba</i>, que está en Colmeiro y en el Diccionario vulgar.</p> - -<p>Otras veces, si bien usted define y aun cita textos, encuentro yo -deficiente la definición.</p> - -<p>No basta decir que <i>camalote</i> es «cierta planta acuática». Convendría -saber algo más del <i>camalote</i> en esta primera acepción. ¿De qué color, -de qué tamaño, de qué forma son sus flores? Sobre la otra acepción de -<i>camalote</i> trae usted textos curiosísimos, que la explican bien. Es un -conjunto de plantas del mismo nombre y de otras plantas, que forman como -isla ó matorral, que flota y navega, y que suele ser tan grande, que -asegura el Padre José de Parras que en su centro se ocultan con -facilidad los indios con sus canoas, «y como pueden muy bien dar el -rumbo á toda aquella armazón hacia los barcos, con poca diligencia -suelen llegar á ellos, y estando inmediatos, se enderezan, arman -gritería, y como logren alguna turbación en los españoles, ya los -vencieron.»</p> - -<p>En Colmeiro no hay <i>camalote</i> pero hay <i>camelote</i>, dando á la planta el -nombre que se da á la tela. ¿Será este <i>camelote</i> de Colmeiro el -<i>camalote</i> de usted?<span class="pagenum"><a name="page_71" id="page_71">{71}</a></span></p> - -<p>Su libro de usted me sugiere no pocas observaciones más, algunas de las -cuales no quiero dejar de hacer, pero, por ser ya muy extensa esta -carta, las dejo para otra.</p> - -<h3>II.</h3> - -<p>Muy señor mío: Es en verdad muy curioso que entre las palabras que usted -incluye y define en su <i>Vocabulario</i> haya bastantes que nos parezcan -peregrinas, no porque no sean castellanas, sino porque han caído en -desuso ó se derivan de otras que han caído en desuso en España. Así, por -ejemplo, <i>bosta</i>, estiércol del ganado vacuno y caballar. En el -Diccionario de la Academia no hay <i>bosta</i>, pero sí <i>bostar</i>, sustantivo -anticuado, que significa establo para bueyes. Es término de la baja -latinidad <i>bostarium</i>, y viene de <i>bos</i> y de <i>stare</i>.</p> - -<p>Lo general, con todo, es que cada uno de los vocablos rioplatenses, que -usted pone en su libro, provenga de alguna de las dos principales -lenguas que se hablaban en esa vasta región cuando el descubrimiento y -la conquista: la guaraní y la quichua. Las lenguas americanas son -aglutinantes y se prestan á crear vocablos compuestos, que son como -abreviada descripción del objeto que significan. De la lengua guaraní -provienen la mayor parte de las voces que usted define; pero no son de -aquellas voces que<span class="pagenum"><a name="page_72" id="page_72">{72}</a></span> se usan en el Paraguay, donde se habla puro guaraní, -ni de las empleadas en Corrientes y Misiones, donde se habla el guaraní -mezclado con el castellano, sino de las que, según dice usted en su -Prólogo, «el uso antiguo y constante ha incorporado á la lengua -castellana en las Repúblicas Argentina y Oriental del Uruguay.» Las -voces son, pues, castellanas, aunque en la lengua guaraní haya de -buscarse su origen etimológico.</p> - -<p>Gloria grandísima ha sido de los misioneros españoles, no sólo el llevar -á América plantas y animales útiles, industria y cultura de Europa, sino -el mirar con evangélica solicitud por el bien de las tribus indígenas, -cristianizándolas, difundiendo entre ellas la civilización del mundo -antiguo y trasmitiendo á éste el conocimiento de aquellas rudimentarias -ó decaídas civilizaciones, sus ideas religiosas, sus tradiciones y sus -idiomas.</p> - -<p>Es lástima que este trabajo de los misioneros, sobre todo en lo tocante -á gramáticas y diccionarios de idiomas de América, no sea tan -generalmente apreciado como debiera por la escasez de ediciones de sus -libros, que van siendo muy raros. El <i>Tesoro</i>, no obstante, <i>de la -lengua guaraní</i>, arte y vocabulario del padre Antonio Ruiz de Montoya, -de la compañía de Jesús, impreso en 1640, debe de haberse reimpreso -últimamente en Leipzig.</p> - -<p>Usted, sin duda, se vale para su trabajo de<span class="pagenum"><a name="page_73" id="page_73">{73}</a></span> esta obra del mencionado -jesuíta, cuyo mérito pondera como merece Emilio Daireaux en su excelente -libro, aunque á veces injustamente contrario á España, sobre <i>Buenos -Aires, La Pampa y la Patagonia</i>.</p> - -<p>El guaraní, cuando llegaron á la América del Sur los españoles, era -lengua tan difundida, que la llamaban general: la hablaban más de 400 -tribus, en el Paraguay, en el Brasil, en el Uruguay y en el Norte de la -República Argentina. Las conquistas de los Incas, que procuraban imponer -la lengua quichua á los vencidos, no lograron introducir muchos de sus -vocablos ni en lengua guaraní, ni en la lengua de los araucanos.</p> - -<p>La lengua guaraní es aun la que más se habla en el territorio -rioplatense, y sobre todo en el Paraguay y en Corrientes, y aunque -destinada á morir, la que dejará más elementos léxicos al castellano. De -la lengua guaraní, añade usted, proceden la mayor parte de las voces que -el <i>Vocabulario</i> contiene.</p> - -<p>En cada página, no obstante, hallo en el <i>Vocabulario</i> de usted voces -que proceden de otros idiomas, ó cuya etimología no determina usted con -fijeza. Así, <i>machí</i>, curandero mágico, y <i>gualicho</i>, diablo, del -araucano; <i>catinga</i>, mal olor de la transpiración de los negros, y -<i>mandinga</i>, hechicería, palabras casi de seguro de procedencia africana; -y otras palabras, muy empleadas por autores antiguos y modernos, cuya -eti<span class="pagenum"><a name="page_74" id="page_74">{74}</a></span>mología se nos queda por averiguar. Sean ejemplo <i>baquia</i> y -<i>baquiano</i> ó <i>baqueano</i>, que emplean el padre Parras, Azara y Vargas -Machuca; <i>chacra</i>, granja ó cortijo que está en Azara y en el -Diccionario de la Academia; <i>champan</i>, barca grande para navegar por los -ríos; <i>chiripá</i>, pedazo de tela que se enreda á los muslos en vez de -pantalones; <i>chumbé</i>, especie de faja; <i>galpon</i>, especie de cobertizo; y -hasta la misma comunísima palabra <i>gaucho</i>, de la que nos deja usted sin -etimología.</p> - -<p>En suma, si bien la obra de usted deja mucho que desear, es altamente -meritoria, como primer ensayo, y muy digna de las discretas y -autorizadas alabanzas que le tributa en la introducción crítica el Sr. -D. Alejandro Magariños Cervantes, literato y poeta, tan conocido y -estimado en España, donde residió largo tiempo.</p> - -<p>Algunos artículos de su <i>Vocabulario</i> de usted, á más de enseñar -siempre, son amenos y divertidos.</p> - -<p>Al leer, verbi gracia, lo que nos dice usted de los <i>ayacuáes</i> no puede -uno menos de pensar en los <i>microbios</i>, ahora en moda. Esos indios -habían adivinado los <i>microbios</i> antes de que el Sr. Pasteur los -descubriera y estudiara tanto. Cada <i>ayacuá</i> es un microbio, pero -antropomórfico, y armado de arcos y de flechas, con las cuales, ó si no, -con los dientes y con las uñas, produce las enfermedades y dolores -humanos.</p> - -<p>En ocasiones, por amor á lo americano indí<span class="pagenum"><a name="page_75" id="page_75">{75}</a></span>gena, me parece que se -encumbra usted demasiado y tal vez exagera. Noto esto en lo que dice -usted sobre la palabra <i>Tupá</i>, nombre de Dios entre los guaraníes. Es -evidente que á ser la etimología según usted asegura, ese nombre de Dios -está lleno de cierta instintiva sabiduría. <i>Tu</i> es el signo de -admiración, y <i>pa</i> el signo de interrogación: son dos interjecciones. -Dios es, por consiguiente, para el guaraní, un ser á quien admira y no -conoce, alguien cuya existencia, inmenso poder y admirables obras -declara sin saber quién sea. Pero esta vaga y confusa noción de Dios, -¿puede y debe equipararse como usted la equipara, á la noción que da la -frase bíblica, <i>yo soy el que soy</i>? En mi sentir, no. El padre jesuíta -Díaz Taño, citado por usted, se excedió algo de lo justo si sostuvo que -los guaraníes designaban por <i>Tupá</i> al criador, señor, principio, origen -y causa de todas las cosas.</p> - -<p>La razón, el natural discurso y hasta los restos ó vestigios de una -revelación primitiva no bastan á explicar la persistencia del concepto -de un Dios único, con sus más esenciales atributos, entre gentes -bárbaras ó salvajes. Este concepto no puede menos, aunque existiese con -pureza en edad remota, de haberse viciado, desfigurado y corrompido con -el andar del tiempo, y en un estado social de gran atraso ó decadencia. -Por eso no creo yo, ó pongo muy en cuarentena, todas las teologías -sublimes que tratan de sacarse, por análisis, de los nombres que dan á<span class="pagenum"><a name="page_76" id="page_76">{76}</a></span> -Dios muchos pueblos bárbaros ó completamente selváticos.</p> - -<p>Los jesuítas, no sólo por ahí, sino en otros varios países, han sido -acusados de aceptar el nombre dado por los paganos é idólatras á su -principal divinidad y de convertirle en el nombre del Dios verdadero. -Yo, hasta donde me sea lícito intervenir retrospectivamente en esta -disputa, lego y profano como soy, hallo que los jesuítas hacían bien; -mas no porque el concepto que la palabra <i>Tupá</i> despertaba en un guaraní -fuese adecuado al concepto del verdadero Dios, sino porque la palabra -<i>Tupá</i> y el concepto que designaba eran lo que menos distaba entre ellos -del nombre y concepto de Dios entre cristianos. La idea representada por -la voz <i>Tupá</i> era como bosquejo informe de la idea que tiene ó debe -tener el cristiano del Sér Divino.</p> - -<p>Me parece, como á usted, que el obispo don Fray Bernardino de Cárdenas -anduvo harto apasionado é injusto al promover acusaciones y -persecuciones contra los jesuítas porque llamaban á Dios <i>Tupá</i>. Es -indudable que este era el mejor modo que había en guaraní de llamarle. -Más difícil sería de justificar á los Padres que en China, pongo por -caso, tomaron los nombres de Li, Tai Kie y Xang Ti, para designar á -nuestro Dios, porque estos nombres no eran de significación candorosa, -vaga y confusa, para nombrar cierto sér poderoso é incógnito, sino -términos de reflexiva y bien estudiada filosofía,<span class="pagenum"><a name="page_77" id="page_77">{77}</a></span> la cual los define y -les da el sentido determinado y claro de un panteísmo casi ateo. El Li -es la materia prima, la sustancia única, y el Tai Kie la fuerza -inherente en la materia, que la transforma de mil modos y produce vida y -muerte, y da origen á todo el proceso de los séres con su variedad -infinita. Bien dilucida esto el padre Fray Domingo Fernández Navarrete -en el Tratado V de los que compuso sobre China, donde expone con -profunda claridad las doctrinas de la secta literaria del Celeste -Imperio.</p> - -<p>Los citados nombres chinos no podían emplearse ó al menos era -inconveniente y ocasionado á grandes errores el emplearlos para nombrar -á Dios, por lo mismo que los sabios chinos, ateos ó <i>monistas</i>, como se -dice ahora, habían explicado bien su sentido. Mas por idéntica razón, á -mi ver, no hay irreverencia, ni ocasión de error, en llamar á Dios -<i>Tupá</i>, cuando se habla en guaraní y á los guaraníes. Lo indeterminado, -vacío y confuso del concepto que encierra el vocablo <i>Tupá</i> permite que -el catequista ó misionero le determine, le llene y le aclare, con -arreglo á la sana doctrina.</p> - -<p>Lo que yo censuro pues, aunque blandamente, es que usted se deje llevar -del afecto al idioma que hablan ahí los indígenas, hasta el extremo de -querer desentrañar, del seno de los vocablos, filosofías y sutilezas -que, antes de la llegada de los europeos, no podían estar en la mente de -los salvajes.<span class="pagenum"><a name="page_78" id="page_78">{78}</a></span></p> - -<p>Confieso, no obstante, que este arte, empleado por muchos, para sacar -metafísicas y otros prodigios y refinamientos intelectuales de palabras -y frases de idiomas primitivos, me divierte, aunque no me convence. Los -pueblos arios, ¿quién ha de negar, pues dominan aún el mundo y extienden -por él su superior civilización, que desde el principio, allá en su -estado primitivo, eran muy inteligentes? Y sin embargo, ¿qué metafísica -ocultaba ninguno de los nombres con que significaban la divinidad? Deva, -Asura, Boga, Nara, Maniu, no esconden ninguna metafísica en sus letras. -La metafísica vino después, por la reflexión, y ya entonces el vocablo -evocó ó pudo evocar todos los conceptos con que la metafísica había -enriquecido su significado.</p> - -<p>Como yo entiendo así las cosas, no creo en las resultas, pero me hacen -muchísima gracia los esfuerzos de imaginación con que, triturando, -exprimiendo y poniendo en prensa palabras, sacan algunos lingüistas -chorros, ríos de ciencia de cada sílaba, de cada letra y aun de cada -tilde. Nadie vence en esta habilidad á los vascófilos, entre quienes -descuella Erro, y aun debiera descollar y ser más famoso mi discreto, -inaudito é ingeniosísimo amigo D. Joaquín de Irizar y Moya, cuyos libros -hicieron siempre mi delicia.</p> - -<p>Ultimamente he visto algunas de las obras de un príncipe ó <i>maginóo</i> -tagalo llamado Pater<span class="pagenum"><a name="page_79" id="page_79">{79}</a></span>no, el cual, con no inferior saber y con igual -riqueza de fantasía que mi amigo Irizar, halla y revela portentos en la -civilización antigua de la gente de su casta y saca de las letras del -nombre de Dios en tagalo, Bathala, una teodicea exquisita como la de -Leibnitz.</p> - -<p>Usted no va, ni con mucho, tan lejos con su <i>Tupá</i>; pero en fin, usted -se entusiasma un poco, dando motivo á esta disgresión mía, que no -considero del todo impertinente.</p> - -<p>Aplaudo, y si pudiera fomentaría, la propensión que hay en esas -repúblicas y en el imperio del Brasil á estudiar con esmero, los usos, -costumbres, historia, lenguaje y poesía de los indios, pero ni en verso -ni en prosa está bien exagerar lo que valían por la cultura cuando -llegaron los europeos. Fuera de los mexicanos, peruanos y chibchas, no -había en América á fines del siglo XV sino tribus salvajes.</p> - -<p>El gran poeta brasileño Gonzalves Días pinta á estas tribus del modo más -novelesco é interesante, pero les deja su salvajismo y hace bien.</p> - -<p>Dentro de este salvajismo caben perfectamente el denuedo en las lides, -la fidelidad, la constancia y hasta la ternura amorosa y otras virtudes -y excelencias. Lo que no cabe es cierto refinamiento en las ideas -morales y religiosas, que harto generosamente se atribuye á los indios. -Serían menester más pruebas, y no las hay ó no han llegado á mi noticia, -para reconocer esas prendas en los guaraníes. Sus cantares,<span class="pagenum"><a name="page_80" id="page_80">{80}</a></span> pues se -dice que los tienen, y aun que son muy poetas, debieran recogerse y -coleccionarse antes que desaparezcan del todo.</p> - -<p>En los araucanos, en cambio, lo que más se celebra es la oratoria. Como -la lengua que hablan (de la que compuso excelente gramática el padre -jesuíta Andrés Febres), es, según afirman, bellísima lengua, y como -ellos son muy parlamentarios, y se reunen ó se reunían en juntas ó -asambleas para deliberar sobre la política, tenían ocasión de pronunciar -magníficos discursos llamados <i>coyaptucan</i>, donde dicen que hay gran -riqueza de imágenes, apólogos y otros primores, todo sujeto á las más -severas leyes de la buena retórica. Aun se conservan los nombres de -algunos antiguos tribunos ó famosos oradores, como Lautaro y -Machimalongo, y fragmentos de discursos ó discursos enteros de los que -pronunciaron.</p> - -<p>Como quiera que sea, no ha de faltarme día en que venga más á propósito -hablar de todo esto, entrando de lleno en el asunto, y no por incidencia -y de refilón, al encomiar como se merece el <i>Vocabulario</i> de usted, por -cuyo envío le doy encarecidas gracias.<span class="pagenum"><a name="page_81" id="page_81">{81}</a></span></p> - -<h2><a name="NOVELA_PARISIENSE_MEJICANA" id="NOVELA_PARISIENSE_MEJICANA"></a>NOVELA PARISIENSE MEJICANA</h2> - -<p class="rt"> -<i>31 de mayo de 1889.</i><br /> -</p> - -<p class="chead">(Á DOÑA CONCEPCIÓN JIMENO DE FLAQUER)</p> - -<p>Mi distinguida amiga: No sé cómo agradecer á usted el que se acuerde de -mí y me envíe con frecuencia y en abundancia libros publicados en -Méjico, por aquí casi desconocidos. Mi deseo es hablar de todos y darlos -á conocer al público español; pero el tiempo y el humor me faltan.</p> - -<p>Entre los últimos libros que usted me ha remitido, hay uno que me agrada -sobremanera. Su autor, D. José María Roa Bárcena, es de los hombres más -eminentes y simpáticos de ese país. Conozco sus poesías líricas, que él -mismo me ha enviado; pero sólo sé por fama, y tengo gran deseo de ver -sus leyendas históricas de antes de la conquista española y sus eruditos -trabajos en prosa como historiador del Anahuac.</p> - -<p>El Sr. Roa Bárcena es también novelista; y dan sin duda brillante prueba -de su mérito en<span class="pagenum"><a name="page_82" id="page_82">{82}</a></span> esta clase de escritos los <i>Varios cuentos</i>, reunidos -en un precioso volumen, de que usted me regala un ejemplar. <i>Noche al -raso</i> es lindísima colección de anécdotas y cuadros de costumbres, donde -el ingenio, el talento y la habilidad para narrar están realzados por la -naturalidad del estilo y por la gracia y el primor de un lenguaje -castizo y puro, sin la menor afectación de arcaismo. En el terrible -cuento <i>Lanchitas</i>, la fantasía del autor y su arte y buena traza -prestan apariencias de verosimilitud y hasta de realidad al prodigio más -espantoso.</p> - -<p>En estos cuentos del Sr. Roa Bárcena, por lo mismo que están escritos en -tan acendrado lenguaje castellano, se notan más los vocablos exóticos -que designan objetos de por ahí, aunque rara vez acude el lector con -éxito al Diccionario de la Academia para saberlo á punto fijo. Así, por -ejemplo, <i>xícaro, zacatón, otate, cuilote, tapextle y abarrotero</i>.</p> - -<p>Dejo por hoy de decir más del Sr. Roa Bárcena, y no hablo de -<i>Altamirano</i>, ni de <i>Peón y Contreras</i>, ni de los restantes libros -remitidos por usted, porque voy á escribir sobre la obra de otro -mejicano hace ya muchos años ausente de su patria, que estuvo en España -bastante tiempo, y que después lleva pasados en París hasta hoy lo menos -treinta y tres ó treinta y cuatro años.</p> - -<p>Se titula el libro de este mejicano expatriado <i>Al cielo por el -sufrimiento</i>, y está escrito, como ya<span class="pagenum"><a name="page_83" id="page_83">{83}</a></span> se entrevé por el título, en esa -habla española, desteñida y cosmopolita, que ha de hablarse en París en -cierto círculo elegante de hispano-americanos y de españoles residentes -en aquella culta y amena capital, centro y foco de la civilización -neolatina.</p> - -<p>No es menester análisis para señalar los galicismos del libro de que -trato. Todo el libro es un galicismo sintético, digamoslo así; pero no -lo digamos en son de censura. En este caso, parece la falta que señalo -inevitable requisito del valer y del encanto que el libro tiene. Es la -obra, no de un literato de profesión, sino de un hombre de mundo, que, -casi involuntariamente, sin pretender escribir una novela, fija en el -papel sus impresiones y sentimientos, y nos cuenta, con la mayor -naturalidad y sencillez, sucesos que ha visto, y tal vez lo que él ha -<i>vivido</i>.</p> - -<p>Franceses son los personajes del drama, francesas las costumbres que el -autor describe, y la sociedad elegante de París y sus casas el medio -ambiente y el lugar de la escena. Si se cambiasen la ortografía y la -terminación de las palabras, el libro casi quedaría en francés, y, en mi -sentir, competiría entonces con cualquiera novela de Feuillet, de Ohnet -ó de Cherbuliez, ya que tendría más sinceridad y más verdad, aunque -tuviese menos artificio. Es un espejo donde se ve con fidelidad lo mejor -y más sano de cierto círculo de gentes, que, colocado entre las pasiones -y apetitos de la baja plebe, los esfuerzos<span class="pagenum"><a name="page_84" id="page_84">{84}</a></span> y faenas de una burguesía -codiciosa y trabajadora, y el torbellino de los ricos viciosos y -derrochadores, procura realizar una vida honrada y cómoda de sibaritismo -honesto y juicioso, de elegancia católica, y de finura apacible, -entreverada de devoción.</p> - -<p>Difícil es vivir en esta encopetada y graciosa Arcadia, llena de -distinción, perfumada de buen tono, limpia y serena, y cuyos Melibeos y -Filis deben tener, á fin de hacer su papel con desahogo, lo menos -cincuenta ó sesenta mil pesetas de renta cada uno, y todos suma -prudencia, arte y ciencia doméstico-económica, para no dejarse arrebatar -por el atractivo del lujo, no gastar más de lo que tienen, no -arruinarse, y no tener que salir de la Arcadia para irse á la Tebaida ó -á cualquier otro retiro más ó menos penitente.</p> - -<p>Es indudable que existe en París uno ó más círculos de esta clase. Son -como isla ó islas de reposo en medio de turbulento mar, lleno de sirtes, -escollos y bajíos.</p> - -<p>No es utopia, sino realidad, esta á modo de nueva Jerusalem en germen y -bosquejo, que surge del seno mismo de la moderna Babilonia. Llámanla, -creo, <i>beau monde</i> ó <i>monde comm’il faut</i>, y se contrapone á otros -<i>mondes</i>, que se marcan con calificativos extraños, como <i>monde -camelotte</i>, <i>demi monde</i>, <i>quart de monde</i>, <i>monde interlope</i>, etc.</p> - -<p>El autor de <i>Al cielo por el sufrimiento</i>, nos introduce en el círculo, -ó en uno de los círculos de ese <i>beau monde</i> de París, donde -constantemente<span class="pagenum"><a name="page_85" id="page_85">{85}</a></span> ha vivido, y nos le pinta con todos sus pormenores, -resultando del cuadro cierta poesía natural y suave. Yo comparo su libro -á un vaso gracioso, pongamos de cristal de Venecia, lleno de una poción, -no muy dulce para que no empalague, ni muy amarga ó agria para que no -ofenda al paladar, y donde se notan el sabor y el aroma de los -ingredientes que la componen: vida devota de San Francisco de Sales; -música religiosa de Cherubini, Beethoven, Mozart, Rossini y Niedelmeyer; -bailes blancos y bailes rosas; trajes de Worth, Rouff, Laferrière, Felix -y Pingard; sombreros de Virot ó de Isabel, y guisos de los Gouffé, -Lavigne, Chenu, Pasquier, Canivet y sus rivales, discípulos y sucesores.</p> - -<p>De todo esto se disfruta en bellísimos salones centro del más refinado -<i>confort</i>, y donde se ven acumulados, en artístico y aparente desorden, -muñequitos de Sajonia, jarrones de Sèvres, tacitas y juguetes de plata -holandeses, cuadros, estatuas y esmaltes, muebles Luis XV, telas Luis -XIV, costosas baratijas Luis XVI, relojes de chimenea primer Imperio, y -otra multitud de admirables <i>bibelots</i> ó chirimbolos.</p> - -<p>Pero ya que estamos en este mundo hechicero y gratísimo, bueno será que -diga yo á usted quién nos guía por él y lleva como de la mano.</p> - -<p>Aquí me entran ciertos escrúpulos. Yo he recibido el libro por el -correo. Ignoro quién me le envía. Y dice el libro: <i>Edición privada</i>. -Supongo que esto significa que el libro no es para el pú<span class="pagenum"><a name="page_86" id="page_86">{86}</a></span>blico; no se -halla de venta. ¿Hasta qué punto, me interrogo, me será lícito -criticarle, aunque en la crítica entre por más el elogio que la censura, -porque la justicia así lo exige? Pero, al fin, me respondo: el libro -está impreso, y, aunque no se venda, circulará. Nadie me encarga que -guarde el secreto. No abuso, pues, demasiado de la publicidad. Ojalá que -todos los abusos de este linaje fueran tan inocentes como el mío.</p> - -<p>Me mueve además á tratar del libro la buena amistad que á su autor -profesamos, desde hace casi medio siglo, toda la sociedad de Madrid, y -muy en particular mis parientes y mis amigos.</p> - -<p>El autor es D. José Manuel Hidalgo.</p> - -<p>Su nombre pertenece á la historia política, no sólo de Europa, sino del -mundo, en la segunda mitad del siglo <small>XIX</small>. Su intención fué buena. Quiso -enviar sosiego, prosperidad, ventura y mayor dosis de civilización á su -patria. Si erró en los medios, <i>a i posteri l’ardua sentenza</i>. -Importante fué su acción en todos aquellos sucesos que colocaron en el -trono de Méjico al entusiasta y noble príncipe Maximiliano, cuya trágica -muerte deplora él todavía.</p> - -<p>Toda la fingida narración que su libro contiene está impregnada de -aquella blanda melancolía, propia de un alma religiosa, lastimada y -herida por tremendas catástrofes y por solemnes desengaños. Esta -melancolía, si blanda, profunda, brota del centro mismo de las -elegancias,<span class="pagenum"><a name="page_87" id="page_87">{87}</a></span> primores y refinamientos que el autor describe.</p> - -<p>La novela del Sr. Hidalgo, así por el candor inimitable con que está -contada, como porque algunos de los lances no vienen dialécticamente -justificados, según suele estarlo toda ficción, parece, más que novela, -verdadera historia.</p> - -<p>A veces, lo confieso con cierto rubor, hay en la novela sublimidad y -delicadezas de sentimiento, que dan tan crueles resultados, que yo, -movido á compasión, siento deseo de ingerirme entre los personajes y de -aconsejarles que transijan y sean menos severos.</p> - -<p>La condesa viuda de Hautmont es un dechado de talento, piedad, virtud y -distinción aristocrática; pero la situación en que tiene al pobre Sr. -Zentres es cruelísima. A la verdad, yo entiendo que, pasados cinco ó -seis años de viudez sin ofender á Dios, sin faltar á la memoria de su -primer marido, y muy en consonancia con todas las reglas y liturgias, la -Condesa hubiera debido modificarse, ser menos cogotuda, casarse, en una -palabra, con el Sr. Zentres, y no hacer de él un Tántalo de corbata -blanca, un perpetuo <i>patito</i> y un mártir crónico del amor mal pagado. Y -todo esto teniéndole siempre al lado suyo, á modo de apéndice, que sabe -Dios lo que dirían las malas lenguas: el gran Galeoto, que hasta en el -mundo más <i>comm’il faut</i> asiste y hace de las suyas.</p> - -<p>La lastimosa situación del Sr. Zentres me explica aquel capricho del -infante D. Alfonso<span class="pagenum"><a name="page_88" id="page_88">{88}</a></span> de Portugal, cuando ordenó al escritor que rehizo la -historia de <i>Amadis de Gaula</i> que cediese este héroe, hasta con permiso -de la señora Oriana, á la tenaz y vehemente pasión de aquella otra -princesa llamada Briolanja, que por él moría, sin remedio, de amores. -Tanto me afligen las malas andanzas del Sr. Zentres, que respiro cuando -después de la muerte de la Condesa, se hace él monje cartujo, -considerando yo que el cuitado entra á hacer vida mucho menos penitente -que la que antes hacía.</p> - -<p>Los opuestos caracteres de las dos hijas de la condesa, Ida y Lea, están -bien trazados y seguidos. Ida, con un marido vanidoso y ligero, y ella -vanidosa y ligera también, se deja arrebatar por la manía del esplendor -y de la magnificencia; se arruina, es abandonada por el marido, que se -va á California á buscar oro; y ella muere al cabo míseramente en el -hospital. Lea es una santa; pero, con franqueza, yo hubiera deseado más -justificación en el lance que la decide á ser Hermana de la Caridad. Lea -no tiene tiempo, ocasión, ni razonable y suficiente motivo para amar de -tal suerte á su novio, que le produzca desilusión tan profunda el que -éste la abandone, la plante, por otra señorita que tiene cuatro ó cinco -veces más dote. Hablemos claro, aunque no sea <i>comm’il faut</i>: lo que -hizo el novio de Lea fué una verdadera porquería; no tiene otro nombre. -Pero, ¿qué diantre? ¿No se había tratado su matrimonio con Lea, contando -pre<span class="pagenum"><a name="page_89" id="page_89">{89}</a></span>viamente los ochavos de él y la dote de ella? Lo feo del caso estuvo -en faltar á la promesa de un convenio de aparcería porque se halla otro -convenio que trae más ventaja; pero la fe amorosa quebrantada y los -mismos amores apenas se descubren.</p> - -<p>Como quiera que sea, la vocación acude: Lea se hace Hermana de la -Caridad; es una heroína y una santa, y todo ello está narrado con amor, -con ternura, con fervor y caridad de cristiano.</p> - -<p>El libro de mi antiguo amigo el Sr. Hidalgo es muy moral, muy devoto y -algo melancólico; mas no por eso deja de entretener y de interesar. -Además de ser el libro moral y devoto, y asimismo ameno, es, como queda -dicho, de alta elegancia, lo cual no está en oposición tampoco con la -devoción, con la moralidad y con la limpieza de costumbres.</p> - -<p>Ya que el Sr. Hidalgo se lanzó, es de desear que persevere en el camino -que ha tomado. Su cabeza ha de estar llena de noticias y de recuerdos de -casos novelescos de la sociedad elegante de París, de aquella <i>high -life</i> central en que hace tantos años vive. ¿De qué variada cantidad de -aventuras, amores, anécdotas y sucedidos de todo género, no podría -valerse, si quisiese el señor Hidalgo, para componer, por docenas, -novelas divertidísimas, sobre todo si no siguiese aislando mucho su -<i>monde</i> correcto y plenamente <i>comm’il faut</i>, y dejase que de vez en -cuando hubiera en él irrupciones de los otros <i>mondes</i>, <i>inter<span class="pagenum"><a name="page_90" id="page_90">{90}</a></span>lope</i>, -<i>camelotte</i>, etc., etc.? Hasta su misma calidad de extranjero haría que -el Sr. Hidalgo viese y representase los objetos con mayor imparcialidad -que los parisienses de nacimiento.</p> - -<p>No dudo que llegará ahí la novela del Sr. Hidalgo, y aconsejo á V. que -la lea. Es lectura propia de señoras, y está dedicada á una que lo es -muy principal: discreta y elegante hija de nuestra España: á doña -Mercedes Alcalá Galiano, baronesa de Beyens.<span class="pagenum"><a name="page_91" id="page_91">{91}</a></span></p> - -<h2><a name="TABARE" id="TABARE"></a>TABARÉ</h2> - -<p class="rt"> -<i>30 de Septiembre de 1889.</i><br /> -</p> - -<p class="chead">(A D. LUIS ALFONSO)</p> - -<p>Mi distinguido amigo: No puede usted figurarse cuán grande es mi -gratitud á usted por las generosas alabanzas que ha dado á mis <i>Cartas -Americanas</i>. Y, si bien yo soy algo egoísta, como cada hijo de vecino, -no se lo agradezco tanto porque alabándome aumenta usted mi crédito de -escritor, cuanto porque une usted sus esfuerzos á los míos en un trabajo -que considero utilísimo.</p> - -<p>España y las que fueron sus colonias en América, convertidas hoy en -dieciséis Repúblicas independientes, deben conservar una superior -unidad, aun rotos los lazos políticos que las ligaban. El importante -papel que España ha hecho en la Historia del mundo, sobre todo desde que -su nacionalidad apareció plenamente á fines del siglo <small>XV</small>, imprime á -cuanto proviene de España, por sangre, lengua, costumbres y leyes,<span class="pagenum"><a name="page_92" id="page_92">{92}</a></span> un -sello exclusivo y característico que no debe borrarse.</p> - -<p>Dicen que yo soy muy escéptico; pero creo en multitud de cosas en que -los que pasan por creyentes no creen; y entre otras creo (por manera -vaga y confusa, es verdad) en los espíritus colectivos. Mi fantasía -transforma en realidad sustantiva lo que se llama el genio de un pueblo -ó de una raza. Lo que es figura retórica para la generalidad de los -hombres, para mí es ser viviente. Y al incurrir en tan atrevida -prosopopeya, no me parece que incurro en paganismo ni en hegelianismo. -¿Acaso no cabe mi suposición dentro del pensar cristiano? ¿No consta del -Apocalipsis que tenían sendos ángeles tutelares las siete iglesias del -Asia? ¿No es piadosa creencia la de que cada individuo tiene su ángel -custodio? Pues entonces, ¿por qué no ha de tener cada pueblo y cada raza -un ángel custodio de más alta categoría y trascendencia, que ordene las -acciones de los hombres todos que á dicha raza pertenecen, en prescrita -dirección y cierto sentido, para que formen, dentro de la obra total de -la humanidad entera, una peculiar cultura? Esta, combinándose con el -producto mental de otras grandes razas y nacionalidades constituye la -civilización humana, varia y una en su riqueza, la cual, desde hace más -de dos mil años, cinco ó seis predestinados pueblos de Europa han tenido -y tienen la misión de crear y de difundir por el mundo.<span class="pagenum"><a name="page_93" id="page_93">{93}</a></span></p> - -<p>Mi razonamiento, y le llamo mío, no porque no le hayan hecho otras -personas, sino porque yo le hago ahora, me induce y mueve, sin el menor -escrúpulo de que alguien me acuse de herejía, á dar adoración y culto al -genio, ó, si se quiere al ángel custodio de la gente española. Así es -que yo, si bien deploro que aquel grande Imperio de España y sus Indias -se desbaratase, todavía absuelvo á los insurgentes que se rebelaron -contra el señor rey D. Fernando VII y acabaron por triunfar de él y -sustraerse á su dominio; pero no absuelvo, ni absolveré nunca á los -insurgentes contra el genio de España, y ora se rebelen en Ultramar, ora -en nuestra misma Península, los tendré por rebeldes sacrílegos y lanzaré -contra ellos mil excomuniones y anatemas.</p> - -<p>Disuelto ya el Imperio, no hay más recurso que resignarse; pero no debe -disolverse, ni se disuelve, la iglesia, la comunidad, la cofradía ó como -quiera llamarse, que venera y da culto al genio único que la guía y que -la inspira. Todos debemos ser fieles y devotos á este genio. Yo, además, -me he atrevido á constituirme, al escribir las <i>Cartas Americanas</i>, en -uno de sus predicadores y misioneros. ¡Ojalá se me perdone el -atrevimiento en gracia del fervor que le da vida en mi alma!</p> - -<p>Sea por lo que sea, pues no es del caso entrar aquí en tales honduras, -la madre España, desde hace más de dos siglos, ha decaído, no sólo en<span class="pagenum"><a name="page_94" id="page_94">{94}</a></span> -poder político, sino en aquel otro poder de pensamiento que se impone á -los espíritus y domina en el mundo de la inteligencia. Francia, -Inglaterra y Alemania, son ahora reinas y señoras en esto, así como en -las cosas materiales. De aquí algo como un vasallaje intelectual en que -nos tienen. Van delante de nosotros por el camino del progreso, y como -en la ciencia positiva y exacta no hay más que un camino, tenemos que -seguir las huellas de dichas naciones. Esto ni puedo ni quiero negarlo -yo. Ni negaré tampoco que, en todo lo que es <i>ciencia inexacta</i>, -deslumbrados nosotros por los adelantamientos reales de los extranjeros, -también solemos seguirlos ciegamente, y aceptar y aun exagerar sus -sistemas, sofismas y especulaciones, los cuales acostumbran ellos á -forjar con más primor, con más arte, y, sobre todo, con mayor autoridad, -gracias al descaro, á la frescura y al aplomo soberbio que les presta la -confianza de ser más atendidos por pertenecer á nación dominadora ó -preponderante en el día. Parece, pues, inevitable y fatal que, desde -hace dos siglos, nos mostremos como discípulos, como imitadores de los -extranjeros, en teorías y doctrinas políticas y filosóficas. Las modas -de todo esto vienen de París, como las modas de trajes, de muebles y de -guisos.</p> - -<p>Entretanto, el genio de nuestra raza, ¿duerme, nos abandona ó qué hace? -Aunque renegamos bastante de él, aunque olvidamos ó desde<span class="pagenum"><a name="page_95" id="page_95">{95}</a></span>ñamos por -anticuado y absurdo lo que nos inspiró en otras edades, yo entiendo que -nos asiste y nos inspira aún, especialmente en todo aquello menos sujeto -á progreso ó en que no se progresa; en todo aquello que flota, ó, más -bien, vuela independiente y con plena libertad sobre el río impetuoso -por donde van navegando los espíritus humanos.</p> - -<p>Es cierto que cuando nos hemos puesto á filosofar en sentido -racionalista, ya hemos sido volterianos, ya secuaces de Condillac, ya de -Cousin, ya de algún alemán en Alemania apenas estimado; ya de Kant, ya -de Hegel, ya de Renouvier, ya de Comte y Littré. Es cierto que, cuando -no hemos politiqueado por rutina ó pasión, sin ser los principios más -que vanos pretextos, hemos tomado los guías más extraños. Los -conservadores, por ejemplo, á un protestante infatuado y seco, que nos -despreciaba hasta el extremo de creer que se podía explicar la historia -de la civilización de Europa haciendo caso omiso de España; los -ultra-conservadores ultra-católicos, á los sensualistas elocuentemente -desatinados De Maistre y Bonald; y en esto han llegado á tal delirio -nuestros entusiasmos y nuestro afán de ser arrendajos, que yo doy por -seguro, y creo no equivocarme, que si Proudhon no se hubiera mostrado -federalista en uno de sus libros, tal vez por odio y celos de francés á -la unidad italiana, y si en España no hubiera habido un escritor y -orador de valer y<span class="pagenum"><a name="page_96" id="page_96">{96}</a></span> aficionadísimo á Proudhon, jamás en España le hubiera -pasado á nadie por la cabeza que nos trocásemos en República federal, -rompiendo la unidad nacional á tanta costa y después de tantos siglos -apenas lograda.</p> - -<p>Pero es más: tal es ó ha sido el descuído, el olvido ó la corta -estimación de nosotros mismos por nuestro propio pensamiento, que para -volver á ser escolásticos en la patria del Doctor Eximio, de Victoria, -de Melchor Cano y de Domingo de Soto, ha sido menester que nos impulsen -Kleutgen, Van Wedingen, Liberatore, Prisco y otros tudescos, belgas é -italianos.</p> - -<p>Hasta en literatura, en lo que tiene de preceptivo, crítico y teórico, -hemos recibido el impulso de fuera: hemos sido clásicos á la francesa -desde Luzán; y luego románticos, porque el romanticismo vino de París; y -luego naturalistas para remedar á Daudet y á Zola.</p> - -<p>Por dicha, en medio de este vasallaje, se nota ya, desde hace años, -cierto prurito de emancipación. Nuestro espíritu va como barco llevado á -remolque, en el mar ó río del progreso; pero ya se siente agitado por el -potente soplo del Genio de la raza, que tira á romper la cadena de los -que nos van remolcando, y á dejarnos sueltos para que naveguemos por -nuestra cuenta y riesgo.</p> - -<p>Traigo aquí todo esto para rectificar varias sentencias que me -atribuyen, sin motivo, los pocos periódicos franceses y -anglo-americanos<span class="pagenum"><a name="page_97" id="page_97">{97}</a></span> que han hablado de mis <i>Cartas</i>. Ni yo desconozco todo -el valer de la ciencia y del ingenio de Francia, ni propendo con astucia -diplomática, como cree la <i>Revue Britannique</i>, á separar á los -hispano-americanos de la alianza intelectual francesa, ni los acuso de -imitadores de todo lo francés, como si nosotros no lo fuésemos, y como -si ellos en tal imitación no nos imitasen.</p> - -<p>De este lado y del otro del Atlántico, veo y confieso, en la gente de -lengua española, nuestra dependencia de lo francés, y, hasta cierto -punto, la creo ineludible; pero ni yo rebajo el mérito de la ciencia y -de la poesía en Francia para que sacudamos su yugo, ni quiero, para que -lleguemos á ser independientes, que nos aislemos y no aceptemos la -influencia justa que los pueblos civilizados deben ejercer unos sobre -otros.</p> - -<p>Lo que yo sostengo es que nuestra admiración no debe ser ciega, ni -nuestra imitación sin crítica, y que conviene tomar lo que tomemos con -discernimiento y prudencia. Y sostengo además que, en Francia y en otros -países, los que prestan hoy alguna atención á nuestra literatura -contemporánea, la consideran más de reflejo de lo que es, y apenas nos -conceden ya otra originalidad que la grotesca y villana de lo chulo y lo -majo. Piensan en España, y sólo ven, en lo pasado, autos de fe y -hervidero de frailes; y en lo presente, toros, navajas y castañuelas. Lo -restante es francés todo.<span class="pagenum"><a name="page_98" id="page_98">{98}</a></span></p> - -<p>Mi protesta es contra esto. A pesar de la ineludible imitación, existe -hoy, y ha existido siempre, en nuestra literatura, un fondo de -originalidad grandísimo, el cual ha dado y da razón de sí y luz -brillante en la poesía.</p> - -<p>Vea usted por qué me ha desazonado tanto la declaración de Clarín de que -en España no hay ahora sino 2,50 poetas. ¿Qué nos queda, si la poesía se -nos quita?</p> - -<p>Para consolarme, me explico dicha declaración de cierto modo, y entonces -todo va bien. Para Clarín, el concepto de poeta es tan ideal y tan alto, -que sólo dos españoles llegan hoy á él, y otro á la mitad de su -idealidad y de su altura. Entendido así el negocio, no hay de qué -quejarse en absoluto. Y si en lo relativo caben quejas, quien menos -debiera darlas, con perdón sea dicho, es Manuel del Palacio; pues, -poniendo aparte á Zorrilla, y sin calificar de ceros en poesía, y -concediendo siquiera el valor de céntimos á Tamayo, Ferrari, Velarde, -Rubí, Verdaguer, Alarcón, Fernández-Guerra, Teodoro Llorente, Miguel de -los Santos Álvarez, Querol, Cañete, Narciso Campillo, Grilo, Correa, -Cabestany, Echegaray, Menéndez y Pelayo, Molins, Cánovas, Cheste y -otros, resulta que Clarín ensalza á Manuel del Palacio por cima de todos -los citados señores, y le da cincuenta veces más valer que á cualquiera -de ellos. Y como entre ellos no hay ninguno que pase por tonto, ni que -no haya mostrado habilidad en otros asuntos<span class="pagenum"><a name="page_99" id="page_99">{99}</a></span> en que se ha empleado, de -presumir es que la ha mostrado también en la poesía, á no ser que sea la -poesía tan sobrenatural y tan sublime, que sólo la alcancen dos, y uno -medio la alcance.</p> - -<p>Infiero yo de aquí, no diré contra el sustancial pensamiento de Clarín -sino contra los términos en que le expresa, que en España hay ahora -muchos poetas; que nuestra poesía de hoy importa más que nuestra -filosofía y que nuestras ciencias naturales, matemáticas, históricas y -políticas; y que, tomando, no un momento solo, sino un período extenso, -el siglo <small>XIX</small>, España no compite ni rivaliza por sus filósofos, sabios, -historiadores, etc., pero sí compite y rivaliza por sus poetas, con -Francia, Alemania, Inglaterra é Italia.</p> - -<p>Hay, pues, en España abundancia de poetas que, lleguen adonde lleguen en -el <i>poetámetro</i>, ó instrumento para medir poetas, que ha de tener -Clarín, no quedan por bajo del nivel de los que en tierras extrañas se -califican de buenos; y algunos hay, pongo por caso Quintana, que bien -pueden codearse con Chénier, con Manzoni, y con los más altos líricos -ingleses, sin deberles nada, ni haberlos imitado ni conocido acaso.</p> - -<p>Lo que sí nos falta es público: lectores entusiastas. La plebe -intelectual no lee, ó lee poco; le estorba lo negro, como se dice -hablando con llaneza; y nuestros doctos padecen bastante de desconfianza -en nuestro valer y de cierto desdén<span class="pagenum"><a name="page_100" id="page_100">{100}</a></span> á lo español, de que nos han -aficionado los extranjeros.</p> - -<p>En esta situación de los espíritus, es harto difícil mi empresa de -agradar, interesar y persuadir con las <i>Cartas Americanas</i>. ¿Cómo va á -creer quien apenas cree que hay algo bueno en Madrid, ó en Barcelona, -que lo hay en Valparaíso, en Bogotá ó en Montevideo? Y ¿cómo, á no ser -un santo, sin chispa de emulación, no se ha de afligir un poco el poeta -de por aquí, á quien tal vez nadie hace caso, y á quien Clarín no -calificaría de céntimo de poeta, de que yo importe tanto género similar -ultramarino, que llegue á secuestrar la escasa atención y aprecio que -pudieran concederle?</p> - -<p>A pesar de estos inconvenientes, como yo soy testarudo, he de proseguir -en mi tarea. Y todo este preámbulo es para prevenir á usted -favorablemente y darle á conocer á un poeta rioplatense, llamado Juan -Zorrilla de San Martín, á quien, en mi sentir, no ha de tener en menos -su tocayo español, nuestro laureado Zorrilla; y así, si empezamos por -poner á éste, añadimos á Campoamor y á Núñez de Arce, y, adoptando la -severidad de Clarín, contamos por medio-poeta al Zorrilla montevideano, -sumándole con Manuel del Palacio, para componer otro entero, tendremos -en todas las Españas cuatro poetas vivos y sincrónicos, lo cual se puede -entender de suerte que sea muchísimo, cuando, por ejemplo, en Italia se -habla con orgullo de <i>los cuatro poetas</i>, no<span class="pagenum"><a name="page_101" id="page_101">{101}</a></span> contando más en la -prolongación de una historia de seis siglos.</p> - -<p>Pero dejemos bromas á un lado; desechemos las medidas arbitrarias y las -siempre odiosas y con frecuencia injustas comparaciones. Hablando con -seriedad, y en absoluto, yo no digo que es, porque no reparto diplomas, -pero digo que me parece Juan Zorrilla un excelente poeta; muy original, -muy español y muy americano.</p> - -<p>La obra que me induce á pensar así, se titula <i>Tabaré</i>. Es un extenso -poema, leyenda ó novela en verso.</p> - -<p>El autor me ha enviado de presente un ejemplar, por el que le doy -encarecidas gracias.</p> - -<p>Antes de hablar del contenido del libro, conviene decir de su parte -material que nos inspira envidia. En la Península ibérica jamás poeta -alguno se ha visto mejor impreso, ni tan lujosamente, ni con tan buen -gusto. <i>Tabaré</i> es un hermoso volumen de 300 páginas, excelente papel, -impresión clara y limpia, y lindo retrato del poeta grabado en -acero.—Fecha: Montevideo, Barreiro y Ramos, editor, 1888.</p> - -<p>Hablemos ya del poema. Tiempo es, dirá usted, después de tan larga -disertación preliminar. Y, sin embargo, lo preliminar no ha concluido. -<i>Tabaré</i> es muy americano, y yo quiero decir algo del americanismo en -poesía.</p> - -<p>Empeñarse en buscar un sello especial y exclusivo que distinga una obra -poética escrita en América, sería absurdo. Este sello, ó acude sin<span class="pagenum"><a name="page_102" id="page_102">{102}</a></span> que -le busquen, ó no acude. En esta ocasión ha acudido, y con omnímoda -plenitud. Quiero significar que <i>Tabaré</i> parece inspirado por el medio -ambiente, por la naturaleza magnífica de la América del Sur, y por -sentimientos, pasiones y formas de pensar, que no son sencillamente -españoles, sino que, á más de serlo, se combinan con el sentir, el -discurrir y el imaginar del indio bravo, concebidos, no ya por mera -observación externa, sino por atavismo del sentido íntimo y por -introversión en su profundidad, donde quien sabe penetrar lo suficiente, -ya descubre al ángel, aunque él esté empecatado, ya descubre á la -alimaña montaraz, aunque él sea suave y culto. Ello es que en <i>Tabaré</i> -se siente y se conoce que los salvajes son de verdad, y no de convención -y amañados ó contrahechos, como, por ejemplo, en <i>Atala</i>.</p> - -<p>Prescindiendo de novelas como las de Cooper, y de descripciones en -prosa, en libros científicos y en relaciones de viajes, yo creía que, en -poesía versificada, concisa por fuerza y en que no caben menudencias -analíticas, los brasileños tenían hasta ahora la primacía en sentir y en -expresar la hermosura y la grandeza de las escenas naturales del Nuevo -Mundo. Leído <i>Tabaré</i>, me parece que Juan Zorrilla compite con ellos y -los vence.</p> - -<p>No hay en <i>Tabaré</i> las reminiscencias clásicas que en las epopeyas <i>El -Uruguay</i> y <i>Caramurú</i>, y todo está sentido con más originalidad y -hon<span class="pagenum"><a name="page_103" id="page_103">{103}</a></span>dura y más tomado del natural inmediatamente. Carece acaso Juan -Zorrilla del saber de Araujo Porto-Alegre, ó, si no carece, tiene la -sobriedad y el buen gusto de no mostrar que sabe tan al pormenor y tan -por experiencia y por ciencia los objetos que le rodean: las piedras, -las plantas y los animales; pero no nos abruma, como Araujo -Porto-Alegre, aun cuando más le admiramos, ó sea en <i>La destrucción de -las florestas</i>, con tan rica enumeración descriptiva. El poema de Juan -Zorrilla no es descriptivo: es acción, y muy interesante y conmovedora, -por donde sus rápidas descripciones, que son el cuadro en que resaltan -las figuras humanas, agradan y hieren más la imaginación, aunque sean -esfumadas y vagas, y queden en segundo término. Al poeta brasileño á -quien más se parece Juan Zorrilla es á Gonsalves Días.</p> - -<p>En la forma poética, Juan Zorrilla es de la escuela de Becquer, al cual, -en ambos Mundos, y por donde quiera que suena ó se escribe la lengua de -Cervantes, no se le ha de negar la gloria de haber creado escuela. No es -fácil de explicar en qué consiste la manera <i>becqueriana</i>; pero, sin -explicarlo, se comprende y se nota dónde la hay. Las asonancias del -romance aplicadas á versos endecasílabos y eptasílabos alternados; la -acumulación de símiles para representar la misma idea por varios lados y -aspectos; una sencillez graciosa, que degenera á veces en prosaismo y en -desaliñado abandono, pero que<span class="pagenum"><a name="page_104" id="page_104">{104}</a></span> da á la elegancia lírica el carácter -popular del romance y aun de la copla; el arte ó el acierto feliz de -decir las cosas con tono sentencioso de revelación y misterio, y cierta -vaguedad aérea, que no ata ni fija el pensamiento del lector en un punto -concreto, sino que le deja libre y le solevanta y espolea para que -busque lo inefable, y aun se figure que lo columbra ó lo oye á lo lejos -en el eco remoto de la misma poesía que lee; de todo esto hay en -Becquer, y de todo esto hay en Juan Zorrilla también.</p> - -<p>Lo nuevo en Juan Zorrilla es que, con ser su <i>Tabaré</i> una narración, en -parte de ella, en la primera sobre todo, narra y casi no narra. Parece -el poema bella serie de poesías líricas, en las cuales la acción se va -desenvolviendo. Cuando los personajes hablan, queda en duda si son ellos -los que hablan ó si habla el poeta, en cuyo espíritu se reflejan con -nitidez los sentimientos y las ideas que tienen los personajes de modo -confuso, como quien no vuelve sobre su espíritu y le examina y analiza.</p> - -<p>Esta manera de poetizar se adapta muy bien al asunto de <i>Tabaré</i>. -Tratado en prosa, dicho asunto daría lugar á un sutil análisis -psicológico; tratado en verso, y como Juan Zorrilla le trata, su poesía, -que no analiza ni discurre, porque no sería poesía si tal hiciera, ó -sería poesía muy pesada, sobreexcita é inspira al lector para que él -mismo haga los discursos y los análisis.</p> - -<p>El argumento de la obra cabe en muy breve<span class="pagenum"><a name="page_105" id="page_105">{105}</a></span> resumen. El tremendo cacique -Caracé, allá en la época de la reconquista, roba á una noble y gallarda -doncella española y la hace madre. La desventurada, á pesar del amor á -su hijo, no resiste la situación horrorosa en que se halla, la abyecta -servidumbre en que ha caído, y las inclemencias de la vida selvática, y -muere pronto dejando huérfano al mestizo. Este mestizo es Tabaré, héroe -de la leyenda. Por sus venas corre mezclada la sangre del indio bravo, -de la raza más feroz, más indómita, más despreciadora de la vida y más -rebelde á toda la civilización, con la sangre europea, donde van -infundidos los refinamientos de una educación de dos mil años, -transmitida por herencia: las virtualidades, gérmenes y aptitudes que, -desenvueltos luego y llegados á su plenitud y madurez en el adulto, le -hacen señor de la tierra, capaz de los más altos ideales y digno de -alcanzarlos.</p> - -<p>El poeta nos quiere pintar en su poema la desaparición irremediable de -una raza, cuyo salvajismo enérgico, á par que la inhabilita para la vida -civilizada, presta á su heroica lucha y á su final hundimiento el -aspecto más trágico, excitando la admiración y la piedad. Esta raza es -la de los <i>charrúas</i>, que combatieron fieramente contra los españoles -hasta que no quedó un charrúa.</p> - -<p><i>Tabaré</i> es de esta raza, pero también es español: lleva en las venas, -por misterio inexplicable, la civilización de Europa; inconsciente -le<span class="pagenum"><a name="page_106" id="page_106">{106}</a></span>vadura ó fermento, que hierve y agita su organismo; savia que le -remueve todo, sin acabar de brotar en flores y en frutos.</p> - -<p><i>Tabaré</i> quedó sin madre desde muy niño. No sabe nada; y por lo -aprendido, es tan salvaje como los demás charrúas, mientras que, por lo -no aprendido, por lo no formulado, ni hecho distinto y claro por virtud -reveladora de la palabra, lleva en sí todos los elementos difusos é -informes de las ideas y de los sentimientos más delicados y hermosos.</p> - -<p>No entremos aquí á defender ni á refutar esta teoría de la trasmisión -hereditaria. Yo me limito á decir que ha de tener mucho de cierta, á mi -ver, hasta donde no destruye la libertad y la responsabilidad humanas. -No hay religión que no la acepte, admitiendo merecimientos y pecados -originales. El vulgo la afirma con frecuencia en sus proverbios. La -ciencia experimental del día va quizá más allá de lo justo en -sostenerla, cayendo en determinismo y en fatalismo.</p> - -<p>Como quiera que sea, pues no nos incumbe dilucidar la verdad científica -del alma de <i>Tabaré</i>, el valor estético de la creación es grande, y el -arte y el ingenio que se requieren para dar forma, vida y movimiento á -esta creación, tienen que ser poco comunes.</p> - -<p>Juan Zorrilla posee este arte y este ingenio. Ni el poeta penetra en lo -profundo del alma de <i>Tabaré</i>, y se pone á analizarla, como haría un -novelista psicológico; ni <i>Tabaré</i> habla ni se ex<span class="pagenum"><a name="page_107" id="page_107">{107}</a></span>plica á sí mismo, lo -cual sería inverosímil. Y no obstante, el lirismo de Juan Zorrilla, como -un ensalmo, como un conjuro mágico, evoca el espíritu de <i>Tabaré</i>, y nos -le deja ver claramente, en su vida interior, en el móvil oculto de sus -acciones, en sus afectos, en su vago pensar y en su complicada -naturaleza.</p> - -<p>En la confluencia de los ríos San Salvador y Uruguay han fundado los -españoles una aldea, fortaleza ó puesto avanzado. D. Gonzalo de Orgaz es -el joven capitán de los valientes que mantienen allí la bandera de -España. D. Gonzalo, á pesar del peligro del puesto, tiene consigo á su -esposa Doña Luz, y á Blanca, su linda hermana.</p> - -<p>De vuelta D. Gonzalo de una excursión guerrera, trae á varios -prisioneros charrúas. Entre ellos viene Tabaré. Tabaré ve á Blanca. Las -raras emociones que al verla agitan su pecho están descritas con tal -sutileza, con arte tan delicado, que se comprende y se admira su vaga -intensidad. Su idealismo parece real, naturalista y vivido. Se diría que -todo el elemento materno de hombre civilizado que había en el espíritu -de Tabaré, surge, á la vista de Blanca, desde el tenebroso fondo de su -sér de salvaje. Es sentimiento sin nombre, arrobo indefinible, recuerdo -confuso de allá de la infancia, cuando su madre vivía y le llevaba en -sus brazos. Todo esto no lo dice el indio, porque sería falso que se -entendiese él por reflexión, y que se explica<span class="pagenum"><a name="page_108" id="page_108">{108}</a></span>se la devoción, la pureza, -la limpia castidad, el religioso acatamiento y la admiración que Blanca -le inspira. Todo esto no lo dice el poeta tampoco, como si el héroe, -mudo ó incapaz de explicarse, tuviese intérprete ó comentador constante -que le fuese traduciendo y glosando. Y todo esto, sin embargo, se ve y -resulta de la poesía de Juan Zorrilla, por dificultad vencida y por arte -pasmoso, que le dan, en mi sentir, extraordinario mérito y novedad -inaudita. Es la más alambicada metafísica de amor puesta en cifra, y por -instinto, en el estilo de los salvajes, y puesta con tal claridad, que -la comprende el hombre civilizado capaz de comprenderla. No parece sino -que el poeta guardaba en ánfora sellada el antiguo elixir amoroso con -que se embriagaba Petrarca, y que, depurado por los siglos, le derrama -en las selvas primitivas y entre las breñas y malezas, embalsamando el -aire del recién descubierto país uruguayo.</p> - -<p>Tabaré, que está enfermo, infunde piedad y simpatía á Blanca y al P. -Esteban,</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">«Encarnación de aquellos misioneros<br /></span> -<span class="i0">Que del reguero de su sangre hacían<br /></span> -<span class="i0">La primer senda en medio del desierto,<br /></span> -<span class="i0">Y marcaban el sitio<br /></span> -<span class="i0">Hasta el cual penetraba el Evangelio,<br /></span> -<span class="i0">Con el cadáver solo y mutilado<br /></span> -<span class="i0">De algún mártir sin nombre y sin recuerdo.»<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Por intercesión del misionero y de Blanca,<span class="pagenum"><a name="page_109" id="page_109">{109}</a></span> Tabaré queda libre, bajo su -palabra de no fugarse de la colonia.</p> - -<p>Como Tabaré anda melancólico y ensimismado, excita más la piedad y el -interés de Blanca, que le habla á veces. Si responde el indio, rompiendo -su obstinado silencio, ó si el poeta responde por él, interpretando su -mirada y sus ademanes, queda en esfumada indeterminación lírica. Á la -verdad que lo que dice el indio es el sentir y el pensar del indio; pero -apenas se concibe que el indio pudiera expresarlo. El encanto de la -poesía vence esta dificultad, y aun saca de ella más hermosura.</p> - -<p>Blanca habló á <i>Tabaré</i>.</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">«Él se detuvo, sin alzar la frente,<br /></span> -<span class="i0">Cual llamado á lo lejos;<br /></span> -<span class="i0">Cual si la voz tardara largo espacio<br /></span> -<span class="i0">En ir desde el oído al pensamiento.<br /></span> -<span class="i0">Quedó fijo; temblaba como el arpa<br /></span> -<span class="i0">Que ha sacudido el viento;<br /></span> -<span class="i0">Como el corcel que en su carrera escucha<br /></span> -<span class="i0">El bramido del tigre en el desierto.<br /></span> -<span class="i0">Así como una piedra,<br /></span> -<span class="i0">Al fondo del abismo descendiendo,<br /></span> -<span class="i0">Despierta temerosas resonancias,<br /></span> -<span class="i0">Voces lejanas, quejas y lamentos,<br /></span> -<span class="i0">La voz de la española<br /></span> -<span class="i0">Descendió al alma del salvaje enfermo,<br /></span> -<span class="i0">Y en ese abismo despertó la vida,<br /></span> -<span class="i0">La queja, el grito del dolor y el tiempo.»<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p><i>Tabaré</i> habla entonces á Blanca. Sus palabras carecen de orden y -concierto. Brotan de sus la<span class="pagenum"><a name="page_110" id="page_110">{110}</a></span>bios como tropel de sombras y luces. El -poeta es, pues, quien ordena este caos, y le trueca en bellas canciones -americanas:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">«¡Oh! ¡sí! yo sé que acechas<br /></span> -<span class="i0">Mis horas de dolor;<br /></span> -<span class="i0">Sé que remedas alas de jilgueros<br /></span> -<span class="i0">Donde yo estoy.<br /></span> -<span class="i0">Yo sé que tú el secreto<br /></span> -<span class="i0">Conoces de mi sér,<br /></span> -<span class="i0">Y sé que tú te escondes en las nieblas...<br /></span> -<span class="i0">¡Todo lo sé!<br /></span> -<span class="i0">Que gimes en el viento;<br /></span> -<span class="i0">Que nadas en la luz;<br /></span> -<span class="i0">Que ríes en la risa de las aguas<br /></span> -<span class="i0">Del <i>Iguazú</i>;<br /></span> -<span class="i0">Que miras en las altas<br /></span> -<span class="i0">Hogueras de <i>Tupá</i>,<br /></span> -<span class="i0">Y en las lunas de fuego fugitivas<br /></span> -<span class="i0">Que brillan al pasar.<br /></span> -<span class="i0">Tú, como el algarrobo,<br /></span> -<span class="i0">Sueño das á beber,<br /></span> -<span class="i0">Y das la sombra hermosa que envenena<br /></span> -<span class="i0">Como el <i>ahué</i>.<br /></span> -<span class="i0">Yo, temiendo tu sombra,<br /></span> -<span class="i0">Tiemblo y huyo de tí,<br /></span> -<span class="i0">Y tú en el despertar de mis memorias<br /></span> -<span class="i0">Vas tras de mí.»<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Luego habla el indio del recuerdo de su madre, que Blanca reanima en su -mente:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">«Era así como tú... blanca y hermosa;<br /></span> -<span class="i0">Era así... como tú:<br /></span> -<span class="i0">Miraba con tus ojos, y en tu vida<br /></span> -<span class="i0">Puso su luz.<span class="pagenum"><a name="page_111" id="page_111">{111}</a></span><br /></span> -</div><div class="stanza"> -<span class="i0">Yo la ví sobre el cerro de las sombras<br /></span> -<span class="i0">Pálida y sin color.<br /></span> -<span class="i0">El indio niño no besó á su madre...<br /></span> -<span class="i0">No la lloró.<br /></span> - -<span class="i4">. . . . . . . . . . . . <br /></span> - -<span class="i0">Hoy vive en tu mirada transparente<br /></span> -<span class="i0">Y en el espacio azul...<br /></span> -<span class="i0">Era así como tú la madre mía;<br /></span> -<span class="i0">Blanca y hermosa...; pero no eres tú.»<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>El amor singular del indio hace que despunte en el alma de Blanca, como -en el cielo sereno y puro, una remotísima é indecisa aurora de amor, tan -indefinida, que se confunde con la piedad, con la conmiseración, con la -caridad cristiana.</p> - -<p>En tal estado vaga <i>Tabaré</i> en silencio por la colonia; y, de día, le -juzgan loco, y por la noche, la gente crédula le imagina alma en pena ó -fantasma.</p> - -<p>Varios soldados persiguen al fantasma y le acometen; <i>Tabaré</i> se -defiende, y quiebra entre sus fuertes dedos el asta de la lanza de un -soldado. Hubiera muerto entonces, si no acude el P. Esteban y le salva.</p> - -<p>El lance ocurrido y la singular y sombría condición del indio, avivan -las sospechas de Doña Luz y de otros sujetos de la colonia, que no creen -posible que un charrúa se civilice y deje de ser una fiera, y, á pesar -de la generosa y confiada resistencia de D. Gonzalo, éste cede al fin y -despide á <i>Tabaré</i>, para que vuelva á los bosques, á su vida de indio -bravo.</p> - -<p>La compasiva Blanca ve al indio antes de<span class="pagenum"><a name="page_112" id="page_112">{112}</a></span> partir. En la mente del indio, -Blanca sigue siendo un sér ideal:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">«Con alas invisibles en la espalda»,<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p class="nind">y en los ojos, con la luz de la aurora,</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">«Que el seno oscuro de la noche aclara»;<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p class="nind">pero la arisca fiereza del indio, y su sér de charrúa indómito, que -lucha dentro de su pecho con la suave y amorosa condición que heredó de -su madre, se oponen en esta ocasión á que Blanca comprenda que el indio -la quiere bien. Blanca cree que la odia y que odia á todos los -cristianos.</p> - -<p>Después hay un momento supremo en el combate interior entre las dos -naturalezas de Tabaré. Va á vencer la ternura, y el charrúa, el charrúa -que nunca llora, ni se queja en medio de los más horribles suplicios, se -abraza al P. Esteban y vierte en su sayal una lágrima. La reacción es -más violenta entonces. La vergüenza, la ira de haber incurrido en aquel -acto de debilidad, deshonroso para su casta, hace que Tabaré ruja como -un tigre, se desprenda del fraile y huya á la selva.</p> - -<p>Los cantos siguientes del poema tienen el carácter de una epopeya -trágica y sombría.</p> - -<p>La carrera frenética de Tabaré cuando vuelve ya á sus nativos bosques, -es de gran riqueza<span class="pagenum"><a name="page_113" id="page_113">{113}</a></span> de imaginación. Ni falta lo sobrenatural, como en -los antiguos poemas. Juan Zorrilla llama á los espíritus, á los genios -elementales del mundo americano primitivo, y todos acuden á su briosa -evocación. Ellos que son inmortales y conocieron y trataron la raza -extinguida de los huraños charrúas, salen de sus cavernas, descienden de -las nubes, se hacen visibles en el aire, y, sacudiendo las osamentas y -los cráneos, hundidos</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">«En el profundo limo<br /></span> -<span class="i0">En que tienen las algas sus amores,<br /></span> -<span class="i0">Se arrastra el yacaré, duerme la raya,<br /></span> -<span class="i0">Y la tortuga sus nidadas pone»,<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p class="nind">revelan al poeta los ignorados pensamientos y sentimientos de aquellos -salvajes. Es más: estos seres extra-humanos animan la naturaleza, -intervienen como máquina en el poema y dan forma visible al delirio de -Tabaré, errante por el bosque.</p> - -<p>No gusto de citar, porque lo que se cita, aislado y dislocado, pierde -toda la belleza que nace del acorde en que está con el resto de la -composición. Afirmo, pues, sin citar casi, que todo el vagar por el -bosque del indio Tabaré es enérgica poesía, y de un brío gráfico y -fantástico notables, donde lo real y lo ideal, lo observado y lo soñado, -se mezclan y se funden íntimamente.</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">«Al sentirlo pasar, las lagartijas<br /></span> -<span class="i0">Hacia sus cuevas corren,<span class="pagenum"><a name="page_114" id="page_114">{114}</a></span><br /></span> -<span class="i0">Y asoman las cabezas puntiagudas<br /></span> -<span class="i0">Y el largo cuerpo sin calor encogen.<br /></span> -<span class="i0">Y las ranas se callan un instante<br /></span> -<span class="i0">Mientras pasa, y sus voces,<br /></span> -<span class="i0">Como largos quejidos, á su espalda,<br /></span> -<span class="i0">Cuando ha pasado nuevamente se oyen.<br /></span> -<span class="i0">Y los nocturnos pájaros lo siguen<br /></span> -<span class="i0">En negras procesiones;<br /></span> -<span class="i0">El chajá dando saltos por el suelo,<br /></span> -<span class="i0">Chirriando esos murciélagos enormes,<br /></span> -<span class="i0">Que, como manchas de la misma sombra,<br /></span> -<span class="i0">La oscuridad recorren,<br /></span> -<span class="i0">Persiguiendo los átomos, ó huyendo<br /></span> -<span class="i0">Atolondrados de invisible azote.<br /></span> -<span class="i0">Detrás de cada tronco acurrucada<br /></span> -<span class="i0">Parece que se esconde<br /></span> -<span class="i0">Alguna cosa que, al pasar el indio,<br /></span> -<span class="i0">Sigue tras él con movimiento torpe.<br /></span> -<span class="i0">Él siente á sus espaldas ese mundo<br /></span> -<span class="i0">Que su alma sobrecoge;<br /></span> -<span class="i0">Mas no se vuelve, y apresura el paso,<br /></span> -<span class="i0">Y sigue, y sigue sin saber adónde.»<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Al fin, Tabaré se para rendido por la fiebre, y empieza su delirio, en -que todos los espíritus de la naturaleza toman activa parte.</p> - -<p>Sigue después otro cuadro, que excede acaso en belleza al anterior. La -inspiración del poeta, lejos de menguar, crece, según adelanta en su -obra. Es un cuadro del más pujante naturalismo. No puede imaginarse -aquelarre más espantoso que la escena real y vivida que el poeta ofrece -á nuestros ojos. Ha muerto el cacique supremo de los charrúas, y éstos -celebran los funerales. El sueño frío se entró por las venas del viejo -ca<span class="pagenum"><a name="page_115" id="page_115">{115}</a></span>cique, y en balde los médicos le chuparon el vientre para arrancar el -dardo que causaba su mal. Muerto ya, le preparan para el último viaje, -embijándole horriblemente la cara con jugo de <i>urucú</i> para que asuste á -<i>Añang</i> y á <i>Macachera</i> y á los genios del aire. Los indios danzan -ebrios en torno de diez hogueras. La descripción de las mujeres es de -mano maestra. Danzan y cantan las mozas: las viejas, de cuclillas, -mastican entre sus mandíbulas sin dientes algo que echan en el brebaje -que está fermentando. Los parientes del difunto se cortan dedos, ó se -arrancan pedazos de carne ó túrdigas de pellejo para mostrar su pesar. -Todo esto no se refiere: casi se ve. Se huele la sangre vertida; se -respira el humo de las hogueras; se perciben los cuerpos desnudos; y se -oyen los cantares bárbaros, los aullidos y el resonar de los pies que -bailan, y el silbar de las bolas y de las flechas y el choque de las -lanzas. Los indios arman brava y fantástica pelea con los hijos del aire -y de la noche, con los perros que roen las lunas, y con los vestiglos -malditos que acuden á llevarse el espíritu del cadáver.</p> - -<p>Como digno remate de las ceremonias fúnebres, aparece el indio Yamandú, -reclamando que le eleven al cacicato supremo. Sus méritos y servicios -son notables. Nadie hace muecas más diabólicas para espantar al enemigo; -nadie da en la lucha alaridos más feroces. En su toldo cuelgan cien -cabelleras de adalides muertos por su propia mano; su pecho está -adornado con<span class="pagenum"><a name="page_116" id="page_116">{116}</a></span> largas sartas de dientes y de muelas de los <i>arachanes</i> -vencidos de cuya piel retorcida ha formado la cuerda de su arco.</p> - -<p>Elegido ya ó reconocido como jefe, Yamandú excita á los indios á una -expedición contra los españoles. No puedo resistir á la tentación de -copiar aquí parte de su discurso:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">«¿Queréis matar al extranjero blanco?<br /></span> -<span class="i0">Seguid á Yamandú.<br /></span> -<span class="i0">Yo sé matarlo como al gato bravo<br /></span> -<span class="i0">De los bosques del Hum.<br /></span> -<span class="i0">Los cráneos de los pálidos guerreros<br /></span> -<span class="i0">Al indio servirán<br /></span> -<span class="i0">Para beber la chicha de algarrobas<br /></span> -<span class="i0">Y el jugo del palmar.<br /></span> -<span class="i0">Sus rayos no me ofenden, en su sangre<br /></span> -<span class="i0">Se hundirán nuestros pies:<br /></span> -<span class="i0">Sus cabelleras en las lanzas nuestras<br /></span> -<span class="i0">El viento ha de mover.<br /></span> -<span class="i0">Virgenes blancas que en los ojos tienen<br /></span> -<span class="i0">Hermosa claridad,<br /></span> -<span class="i0">Encenderán en nuestros libres valles<br /></span> -<span class="i0">Nuestro salvaje hogar.<br /></span> -<span class="i0">En esos días de las horas largas<br /></span> -<span class="i0">En que canta el <i>sabiá</i>,<br /></span> -<span class="i0">Y al pie de la barraca está el bañado<br /></span> -<span class="i0">Dormido en el juncal;<br /></span> -<span class="i0">En esas noches en que se oye á ratos<br /></span> -<span class="i0">El canto del <i>urú</i>,<br /></span> -<span class="i0">Las virgenes esclavas del charrúa<br /></span> -<span class="i0">Brillarán con su luz.<br /></span> -<span class="i0">Sus cuerpos son más blandos que el venado<br /></span> -<span class="i0">Que acaba de nacer,<br /></span> -<span class="i0">Y tiemblan como tiembla entre la hierba<br /></span> -<span class="i0">La verde <i>caicobé</i>.<span class="pagenum"><a name="page_117" id="page_117">{117}</a></span><br /></span> -<span class="i0">Sus cabellos parecen los renuevos<br /></span> -<span class="i0">Más tiernos del sauzal,<br /></span> -<span class="i0">Sus bocas se abren como el dulce fruto<br /></span> -<span class="i0">Que da el <i>burucuyá</i>.<br /></span> -<span class="i0">¡Vamos! ¡Seguidme! El extranjero duerme,<br /></span> -<span class="i0">¡Duerme en el Uruguay!<br /></span> -<span class="i0">¡El sueño que en sus ojos se ha sentado,<br /></span> -<span class="i0">No se levantará!»<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>En efecto: Yamandú ha visto también á Blanca. Ha nacido en su pecho una -pasión muy diversa de la de Tabaré y más propia del salvaje. El ansia de -robar y gozar á Blanca y el deseo de matar á los españoles le inspiran -el plan de una sorpresa nocturna y de un asalto á la colonia de San -Salvador. Los indios caminan ya tácita y cautelosamente hacia la -colonia, durante la noche, mientras duerme la guarnición descuidada.</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">«¿No veis entre las ramas asomarse<br /></span> -<span class="i0">Los temerosos rostros de los indios,<br /></span> -<span class="i0">Embijados de rojo, y dibujados<br /></span> -<span class="i0">Con trazos verdes, negros y amarillos?<br /></span> -<span class="i0">Las plumas de sus frentes se confunden<br /></span> -<span class="i0">Con las hojas del cardo; el remolino<br /></span> -<span class="i0">Del viento suave, al agitar las ramas,<br /></span> -<span class="i0">Descubre aquí y allá rostros cobrizos.»<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Salen del matorral, por donde iban medio agachados, y dan ocasión para -que el poeta nos nombre á algunos.</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">«Aquel es Ibipué. ¿Quién no conoce<br /></span> -<span class="i0">Al <i>tubichá</i>, tan fiero como listo,<span class="pagenum"><a name="page_118" id="page_118">{118}</a></span><br /></span> -<span class="i0">Que al avestruz alcanza y al venado,<br /></span> -<span class="i0">Y apresa entre las aguas al carpincho?<br /></span> -<span class="i0">Cayú es aquel que corre entre las chircas.<br /></span> -<span class="i0">Se le conoce en el profundo signo<br /></span> -<span class="i0">Que, con su hacha de piedra, le ha grabado<br /></span> -<span class="i0">En la cabeza el <i>arachan</i> Siripo.<br /></span> -<span class="i0">¿También tú, Guaycurú? De los cristianos<br /></span> -<span class="i0">Tú te dijiste servidor sumiso;<br /></span> -<span class="i0">Ese casco que llevas y esa adarga<br /></span> -<span class="i0">De Garay los ganaste en el servicio.<br /></span> -<span class="i0">Tú fuiste el mensajero de tu tribu:<br /></span> -<span class="i0">Rompiste en la rodilla tu macizo<br /></span> -<span class="i0">Arco de <i>ñandubay</i>, y en tu piragua,<br /></span> -<span class="i0">Ó á nado, en son de paz, cruzaste el río.<br /></span> -<span class="i0">¿No es esa una mujer? Es Tabolía.<br /></span> -<span class="i0">Sabe arrancar la piel al enemigo,<br /></span> -<span class="i0">Y ya más de una de ellas ha colgado<br /></span> -<span class="i0">En el movible toldo de sus hijos.<br /></span> -<span class="i0">Ella no exprime el fruto del quebracho,<br /></span> -<span class="i0">Ni recoge en la selva para su indio<br /></span> -<span class="i0">La miel del <i>guabiyú</i>, ni lleva el toldo,<br /></span> -<span class="i0">Ni entona el <i>yaraví</i> de triste ritmo.<br /></span> -<span class="i0">Tiene en su labio el signo del guerrero;<br /></span> -<span class="i0">Suena en la lucha su salvaje grito,<br /></span> -<span class="i0">Y en el desnudo seno apoya el arco<br /></span> -<span class="i0">En que viene la muerte á hacer su nido.»<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>La expedición tiene, al principio, el éxito que Yamandú deseaba. San -Salvador es sorprendido. La lucha es terrible, y bien pintada. Arden -muchas casas. Los indios dan muerte á no pocos españoles; pero éstos se -rehacen, y ponen en fuga á los invasores.</p> - -<p>Yamandú logra, no obstante, su principal objeto. En medio del tumulto, -de la confusión y del horror de la batalla y del incendio, roba á<span class="pagenum"><a name="page_119" id="page_119">{119}</a></span> -Blanca, y se la lleva á la selva sagrada donde tiene su guarida.</p> - -<p>Sucédense luego la desesperada furia de don Gonzalo al saber el rapto de -su hermana, su idea de que es Tabaré quien la ha robado, y su inútil -persecución para libertarla.</p> - -<p>Entretanto, Yamandú ha llevado á Blanca á lo más esquivo del bosque, -donde el terror impide que penetren los otros indios, que no son -<i>payés</i>, como él. El es hechicero, y no teme; antes bien domina á los -espectros y genios que siguen á Añanguazú.</p> - -<p>La situación es desesperada. Blanca yace en el suelo sin sentido. Vuelve -en sí, y se mira en el centro de la selva. En la oscuridad medrosa ve -relucir las lascivas pupilas de Yamandú, que aguarda que vuelva ella de -su desmayo.</p> - -<p>Algo de inesperado ocurre entonces, sin que Blanca atine á darse cuenta. -Oye crujido de ramas que se apartan con violencia; después pasos, -después gritos ahogados, y al fin ruido como de una lucha muda y -tremenda.</p> - -<p>En suma; Tabaré ha venido en socorro de Blanca: ha caído sobre Yamandú, -y ha logrado matarle, estrujándole el pescuezo entre sus dedos.</p> - -<p>Contar, como quien escribe un índice, todos estos sucesos y el final -desenlace, es destruir el efecto artístico, que pueden producir, y que, -á mi ver, producen. Menester es, no obstante, llegar al final -rápidamente.<span class="pagenum"><a name="page_120" id="page_120">{120}</a></span></p> - -<p>Tabaré salva á Blanca, que está casi exánime y la lleva hacia la -colonia.</p> - -<p>D. Gonzalo, que sigue buscando á su hermana, ve al indio, que corre -teniéndola en sus brazos, y á quien cree el raptor. D. Gonzalo ciego de -ira se lanza sobre Tabaré y le atraviesa con su espada. Blanca, que -comprende ya todo el amor, toda la sublime devoción del indio, se abraza -estrechamente con él, moribundo; llora y le llama. Tabaré muere.</p> - -<p>Así termina la acción de la leyenda, cuya trascendencia y elevación -merecen que de epopeya la califiquemos. El poeta, como Hugo Foscolo ha -dicho de Homero, aplacando con su cantar las afligidas almas de los -vencidos, ha trazado con alto estilo la inevitable, la providencial -desaparición de las razas, que llegan á ponerse con la civilización en -indómita rebeldía. El poeta, español de raza, ensalza á los españoles -vencedores, como Homero ensalzaba á los griegos; pero las lágrimas son -para Tabaré. Las lágrimas son para Héctor y Príamo. No hay una sola -página del poema de Juan Zorrilla que no esté impregnada de tierna y -piadosa melancolía. Sobre el americanismo del poeta están aquellos -sentimientos fervorosos de caridad cristiana, de amor á todos los -hombres, tan propios del alma española, y que resplandecían en los -misioneros, en los legisladores de Indias, y á veces, cuando la codicia -ó la ambición no los cegaba, hasta en los mismos tremendos -conquistadores, por más<span class="pagenum"><a name="page_121" id="page_121">{121}</a></span> que no todos fueran como D. Gonzalo de Orgaz, -sino foragidos y desalmados aventureros.</p> - -<p>Lo que América debe á España es tanto é importa tanto, que el poeta, -exaltado por el fervor de la sangre que lleva en sus venas, da á veces á -España tales alabanzas, que, al llegar á España, tan postrada y abatida -hoy, la consuelan y la sonrojan á la vez. El poeta imagina que acaso -cuando en edad remotísima se hundió la Atlántida, no cabiendo su -inmensidad en los mares resurgió ó sobrenadó en parte, formando ambas -Américas, y separándose así de la parte capital que no se hundió: de -España, que había sido y había de volver á ser su cabeza.</p> - -<p>El pueblo español es, para el poeta,</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">«El pueblo altivo que, en la edad sin nombre,<br /></span> -<span class="i0">Era el cerebro acaso<br /></span> -<span class="i0">De aquel dorso gigante y misterioso,<br /></span> -<span class="i0">Ya sumergido en el abismo atlántico;<br /></span> -<span class="i0">Que, no teniendo en su profundo seno<br /></span> -<span class="i0">Para el coloso espacio,<br /></span> -<span class="i0">Dejó asomar sobre la vasta tumba,<br /></span> -<span class="i0">Miembro insepulto, el mundo americano.»<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Sin pretensión pedantesca, sino del modo propio de la poesía, hay y se -agitan en el poema <i>Tabaré</i> grandes problemas de libre albedrío, -predestinación, determinismo y vocación de las razas: psicología, -teodicea y filosofía de la historia. Al leer el poema, se levanta el -espíritu del lector á estas altas especulaciones.</p> - -<p>Después de lo dicho hasta aquí, de sobra es<span class="pagenum"><a name="page_122" id="page_122">{122}</a></span>tá añadir que me parece muy -bueno el poema; y que hasta el severo Clarín ha de calificar á su autor, -no de medio poeta sino de uno, y quizá de uno con colmo: colmo que no se -atreverá á derribar su rasero, pasando sobre la medida.</p> - -<p>Mi carta se va haciendo interminable; pero me asalta un escrúpulo, y aun -exponiéndome á pecar de pesado, quiero discurrir sobre él, á ver si le -desvanezco.</p> - -<p>Á pesar de lo que he escrito y clamado contra el naturalismo, al fin, -como soy un hombre de ahora y no de otra edad, y como las modas son -contagiosas, yo, sin poderlo remediar, soy también algo <i>naturalista</i>.</p> - -<p>Mi escrúpulo es, pues, sobre la verosimilitud y hasta sobre la -posibilidad de Tabaré. El hechizo de la poesía le hace parecer -verosímil; pero ¿pudo ser Tabaré en la realidad de la vida? Aunque -hubiera nacido de madre española, ¿no se crió como un salvaje? ¿De qué -suerte, por lo tanto, aun concediendo mucho á la transmisión -hereditaria, nació en su alma inculta pasión tan delicada, tan pura y -tan fecunda en actos de heroísmo y abnegación, como en el alma de Don -Quijote, después de leer todos los libros de Caballerías, ó como en el -alma de sublime é ilustrado cortesano, ó caballero más ó menos andante, -que ha estudiado á Platón, á León Hebreo, á Fonseca y al conde Baltasar -Castiglione?</p> - -<p>Halm, el dramaturgo austriaco, nos representa un milagro por el estilo -en <i>El hijo de las selvas</i>; pe<span class="pagenum"><a name="page_123" id="page_123">{123}</a></span>ro aquel milagro, ó no es, ó no parece -ser tan grande. La verosimilitud de lo milagroso crece en nuestra mente, -no sé por qué, en razón directa de la distancia de siglos que de lo -milagroso nos separa. Y por otra parte; ni los galos eran salvajes como -los charrúas, ni en el alma del galo rudo y bárbaro de Halm, aparece la -pasión delicada con la espontaneidad divina que en el alma de Tabaré. La -joven griega le revela el amor por medio de la palabra: le explica los -misterios celestiales de su espiritual pureza. Tabaré, con solo ver á -Blanca, lo adivina todo.</p> - -<p>Esto es lo que se me antoja poco creíble. Y yo no me contento con -responderme que, ya que el efecto es hermoso, debo prescindir de la -realidad de la causa. No me basta esclamar: <i>Si non é vero é ben -trovato</i>. <i>El quidlibet audendi</i> no me tranquiliza. Por último: lo -caótico, confuso, inefable, y para el mismo Tabaré no comprendido, de -los afectos de su alma, no me resuelve la dificultad.</p> - -<p>Sólo la resuelve la teoría, expuesta ya por mí en otras ocasiones, -acerca del poder revelador, religioso, suscitador de lo ideal, que -ejerce la hermosura femenina.</p> - -<p>Los clásicos griegos nos dejaron en sus fábulas los indicios de este -poder de civilización repentista.</p> - -<p>La hembra del hombre era abyecta, esclava, despreciada é inmunda. Se -hace inventora de<span class="pagenum"><a name="page_124" id="page_124">{124}</a></span> su propia beldad. Se pule, se atilda, se asea, y, -añadiendo además un esfuerzo de voluntad artística é inspiradísima, crea -el hechizo más grande y fascinador que cabe en los objetos materiales: -crea á la mujer. Y la mujer es reina, es maga, es sibila, es profetisa -desde entonces.</p> - -<p>Su dominio sobre los hombres crudos y fieros, ya para bien, ya para mal, -es desde entonces inmenso.</p> - -<p>Yo creo en la <i>ginecocracia</i> ó gobierno de la mujer en las edades -primitivas. Donde quiera que la mujer se lava, se adorna y se pule, es -reina y emperatriz de los hombres. En el país sabeo hubo reinas; reinas -hubo en Otahiti. Cuando no hay reinas, hay musas que inspiran á los -poetas, sibilas que columbran y manifiestan el porvenir, Egerias que -dirigen á los Numas, Onfales que hacen que Hércules hile, Dalilas que -cortan los cabellos á todo Sansón, y Circes que detienen, emboban y -fijan á los Ulises vagabundos.</p> - -<p>Cuando lo trascendente, lo divino, lo inmortal y puro no ha brotado aún -en el alma del hombre, la mujer, que ha encontrado su hermosura física, -se lo revela todo, al revelársela. Como los rayos del sol de primavera -hacen brotar de la tierra fragantes rosas, las miradas de la mujer hacen -que brote la flor de lo ideal en el alma de los hombres.</p> - -<p>Así se explica la pasión de Tabaré, y queda firme como del más evidente -realismo histórico y no como ensueño vano de la poesía.<span class="pagenum"><a name="page_125" id="page_125">{125}</a></span></p> - -<p>Corrobora mi creencia en este poder espiritualizante, catequizador, -religioso de la mujer, ya elegantizada y bonita, merced á las artes -cosméticas, al aseo y á la modesta y decente coquetería, que ha -descubierto ella, un singular fenómeno que hoy se nota y que nos admira.</p> - -<p>El refinamiento, el exceso de la civilización conduce á muchos hombres -eminentes y pensadores á un extremo donde sus espíritus tocan ya por un -lado con los espíritus de los salvajes: á no concebir lo infinito -desconocido sino como malhechor y diabólico: como el feo</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0"><i>Poter che ascoso a comun danno impera;</i><br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>ó á negar su realidad para no tener que maldecirla ó blasfemar de ella.</p> - -<p>En esta situación, sobreviene la mujer, y produce el mismo efecto, que -en el salvajismo, en la viciada y ponzoñosa quinta-esencia de la -cultura. Leopardi vuelve á hallar, en las <i>donnas</i> que celebra en sus -cantos, á todas las divinidades de su Olimpo: Ingersoll, el ateo -<i>yankee</i>, ama y adora á las <i>ladies</i> y <i>misses</i> como el trovador más -rendido; Augusto Comte niega á Dios, y funda nueva religión, inspirado -por la mujer, cuyo ideal modelo de pureza y de amor es la Virgen Madre; -Cousin, harto de filosofar, y en su vejez, se enamora arcaica y -retrospectivamente de Mad. de Longueville y de otras princesas y altas -señoras de los tiempos de Luis XIV, y difunde su pasión amorosa en -alabanzas tan tier<span class="pagenum"><a name="page_126" id="page_126">{126}</a></span>nas, que suenan como amartelados suspiros; Michelet -cae, en los últimos años de su vida, en un dulce deliquio, en un -melancólico erotismo, que vierte en sus libros sobre el amor y sobre la -mujer; y Renan, descollando entre todos, llega á dar á este erotismo, -idólatra ó <i>hiperdúlico</i>, una fuerza frenética, profética y -apocalíptica, que se nota en <i>La Abadesa de Jouarre</i>, y en el prólogo -sobre todo de tan afrodisíaco drama.</p> - -<p>Demostrado así y patente el poder milagroso de la mujer para hacer que -surja ó que resurja lo ideal en el alma del hombre, mis escrúpulos se -disipan y la figura de Tabaré queda tan consistente y verdadera como las -de los más históricos personajes.</p> - -<p>Aplaudamos, pues, á Juan Zorrilla, sin el menor reparo, ya que ha sabido -dar á luz tan amena leyenda ó poema, sin apartarse un ápice de la verdad -y siendo al mismo tiempo naturalista é idealista en su obra.<span class="pagenum"><a name="page_127" id="page_127">{127}</a></span></p> - -<h2><a name="LA_POESIA_Y_LA_NOVELA_EN_EL_ECUADOR" id="LA_POESIA_Y_LA_NOVELA_EN_EL_ECUADOR"></a>LA POESÍA Y LA NOVELA EN EL ECUADOR</h2> - -<p class="rt"> -<i>Julio de 1889.</i><br /> -</p> - -<p class="chead">(AL SEÑOR D. JUAN LEÓN MERA)</p> - -<h3>I.</h3> - -<p>Muy estimado señor mío: En Washington y en Nueva York conocí y traté al -Sr. Flores, actual presidente de esa república, cuyo ameno y franco -trato me ganó la voluntad, haciéndome yo desde entonces muy amigo suyo y -lisonjeándome de que él también lo es mío. En Bruselas, en París y aquí -en Madrid, hemos vuelto á vernos, afirmándose más la amistad que ya nos -profesábamos.</p> - -<p>Cuando el Sr. Flores partió de aquí para América á ocupar el alto puesto -al que le han elevado sus merecimientos y la voluntad de sus -conciudadanos me prometió enviarme las mejores producciones literarias -de su país. Con gusto he visto que los cuidados y desvelos del gobierno -y de la política no le han hecho olvidar su promesa. El Sr. Flores me ha -enviado directamente algunos libros, y además ha excitado<span class="pagenum"><a name="page_128" id="page_128">{128}</a></span> á usted á que -me envíe sus obras, por todo lo cual debo estar y estoy muy agradecido -al señor Flores.</p> - -<p>A usted también le agradezco mucho las remesas, y sobre todo la última, -que más que ninguna otra me ha interesado.</p> - -<p>El libro de usted titulado <i>Ojeada histórico-crítica sobre la poesía en -el Ecuador</i>, contiene noticias curiosas y muestra, además, el talento de -escritor que usted posee y sus ideas y opiniones sobre puntos de la -mayor importancia; pero lo que más me ha agradado es <i>Cumandá</i>. -<i>Cumandá</i> es una preciosa novela. Ni Cooper ni Chateaubriand han pintado -mejor la vida de las selvas ni han sentido ni descrito más poéticamente -que usted la exuberante naturaleza, libre aún del reformador y -caprichoso poder del hombre civilizado.</p> - -<p>Impaciente estaba yo de hacer detenido examen de las obras de usted, y -en particular de la mencionada novela, cuando leí en <i>La Epoca</i>, -acreditado y juicioso periódico de esta capital, una muy grave acusación -contra usted. Acusa á usted <i>La Epoca</i> de odiar á España y de haberlo -probado en varias ocasiones que cita.</p> - -<p>Luego añade: «Nuestro amigo D. Juan Valera puede tomar nota de este -sucedido para sus notables <i>Cartas Americanas</i>.»</p> - -<p>Confieso que la lectura del suelto de <i>La Epoca</i> me disgustó no poco. -Harto sé yo que el odiar á España, aunque sea injusto, y el agraviarla, -aunque es indigno y odioso, no impide que, en<span class="pagenum"><a name="page_129" id="page_129">{129}</a></span> todo lo demás, las cosas -sean como son, y no de otro modo; ni destruye el valor literario y -poético de <i>Cumandá</i>, ni el talento y la discreción que en la <i>Ojeada</i> y -en otras obras de usted se advierten. Sin embargo, mi gratitud hacia -usted por haberme enviado los libros no podía menos de enfriarse, á ser -cierto que era un enemigo de mi patria quien me los enviaba, y mis -alabanzas á dichos libros, aunque fuesen alabanzas merecidas, habían de -sonar mal en mi boca y ser algo contrarias al patriotismo de que -blasonamos los españoles.</p> - -<p>No me tranquilizaba yo con parodiar á Quintana aplicando á este caso -aquello de</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">«Inglés te aborrecí, héroe te admiro:»<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p class="nind">y diciendo: repruebo la conducta y las malas pasiones de usted con -respecto á España: pero no puedo menos de celebrar á usted por sus -escritos.</p> - -<p>Yo preferiría creer y hacer creer que los pecados de usted contra España -no son tan grandes como <i>La Epoca</i> supone. Movido de este deseo voy á -ver si le logro en parte, empezando por defender á usted de la -acusación, hasta donde pueda, antes de hablar por extenso de sus obras -literarias, si bien de sus obras literarias tengo que hablar desde un -principio, ya que en ellas aspiro á encontrar demostraciones claras de -que usted no aborrece á España ni á los españoles.<span class="pagenum"><a name="page_130" id="page_130">{130}</a></span></p> - -<p>Antes de que la Academia Española eligiese á usted académico -correspondiente, por lo cual en el suelto citado la censura <i>La Epoca</i>, -había usted escrito no poco en prosa y en verso, haciéndose merecedor de -aquella honra; pero usted, con extraordinaria modestia, no lo consideró -así y creyó que debía hacer algo que fuese testimonio de su gratitud y -de que la Academia no había hecho una elección desacertada. Entonces -escribió usted <i>Cumandá</i> y se la dedicó al director de la Academia ó más -bien á la Academia misma, ya que usted ruega al director que presente la -obra á la Academia, y termina diciendo: «Ojalá merezca su simpatía y -benevolencia, y la mire siquiera como una florecilla extraña, hallada en -el seno de ignotas selvas, y que, á fuer de extraña, tenga cabida en el -inapreciable ramillete de las flores literarias de la madre patria.»</p> - -<p>En las pocas palabras del texto que copio hay una serie de afirmaciones -contrarias á ese odio que á usted atribuyen. Admira usted y ensalza -nuestra literatura; desea que su novela tenga cabida en ella, como -florecilla extraña y selvática que se pone en <i>inapreciable</i> ramillete -de ricas flores; y llama, por último, <i>madre patria</i> á esa España, á -quien suponen que usted odia.</p> - -<p>Resulta, además, que <i>Cumandá</i>, que es á mi ver de lo más bello que como -narración en prosa se ha escrito en la América española, debe su ser al -deseo de usted de mostrar á la Acade<span class="pagenum"><a name="page_131" id="page_131">{131}</a></span>mia su gratitud y suficiencia; todo -lo cual redunda en gloria de España y es nuevo lazo de amistad entre -ella y su antigua colonia, hoy República del Ecuador.</p> - -<p>Convengo, á pesar de lo dicho, en que no basta la prueba aducida para -justificar á usted. El ánimo de todo hombre es inconsecuente y voltario. -Pudo usted en aquella ocasión ser muy <i>hispanófilo</i>, sin dejar de ser -<i>misohispano</i> en otras mil ocasiones.</p> - -<p>La cuestión, no sólo por el caso singular de usted, sino por lo que -tiene de general, merece ser tratada y dilucidada. Cedo, pues, al -prurito de decir algo sobre ella. Esto hará sin duda que mis cartas á -usted sean más en número y más extensas de lo que yo había pensado.</p> - -<p>Espero que usted y el público tendrán la paciencia de leerlas.</p> - -<p>Lo primero que noto es que las relaciones entre España y los americanos -emancipados tienen que ser muy diversas de las relaciones entre yankees -é ingleses. Entre los yankees no hay ó hay apenas elemento indígena. Ora -porque los indios del territorio de los Estados Unidos fuesen más rudos -é incivilizables, ora porque los europeos colonos, de raza inglesa, -tuviesen menos caridad y menos paciencia y arte para domesticar, ello es -lo cierto que no hay entre los yankees muy numerosa población india -reducida al vivir culto y político, ni hay tanto mestizo de europeo y de -indio como en las que<span class="pagenum"><a name="page_132" id="page_132">{132}</a></span> fueron posesiones españolas. De aquí que á nadie -se le ocurriese ni se le pudiese ocurrir entre los yankees, cuando se -sustrajeron al dominio de la Gran Bretaña, la estrafalaria idea de que -aquello era algo á modo de <i>reconquista</i>, como cuando los egipcios -echaron á los hicsos, ó los españoles echaron á los moros, ó los griegos -del Africa y del Peloponeso se libertaron de los turcos.</p> - -<p>En cambio, en casi todas las Repúblicas hispano-americanas se ha dicho, -en verso y en prosa, algo de que la guerra de emancipación fué guerra de -independencia y reconquista. El inca Huaina-Capac se aparece al poeta -Olmedo, cuando celebra éste la Victoria de Junin sobre los españoles, y -le profetiza la nueva victoria que los insurgentes han de alcanzar -después en Ayacucho, como si los insurgentes fuesen indios y no -españoles también, y como si tratasen de restablecer el antiguo imperio -peruano y no repúblicas católicas, según el gusto y las doctrinas -europeas.</p> - -<p>De aquí nacen motivos de enojo en abundancia y dificultades á montones, -que hacen el trato entre españoles é hispano-americanos en extremo -vidrioso ó sujeto á quiebras. Si les decimos que son españoles como -nosotros suelen picarse, porque desean ser algo distinto y nuevo, y si -no todos, muchos se pican también si los creemos indios ó semi-indios.</p> - -<p>Hay en los hispano-americanos, aun en los<span class="pagenum"><a name="page_133" id="page_133">{133}</a></span> más discretos y sabidos, mil -injustas contradicciones.</p> - -<p>«Las leyes de Indias, dicen, las Ordenanzas de Carlos V, las de D. -Fernando de Aragón y de doña Isabel la Católica eran buenas y -protectoras. Desde que el Papa declaró en una bula que los hijos de -América eran hombres, los reyes de España dictaron leyes para ampararlos -y favorecerlos; pero burlándose de esas leyes los colonos españoles -maltrataron á los indios, los azotaron, los humillaron y los hicieron -trabajar hasta morir, como si fuesen acémilas, etcétera, etc.» Al decir -esto, los americanos de ahora no advierten que ellos son los que se -condenan, si no son indios puros. Los que dictaron las leyes protectoras -estaban aquí, y por aquí se han quedado; pero los verdugos codiciosos y -empedernidos de los indios, lo probable es que, salvo raras excepciones, -se quedasen todos por allá, y que esos antiespañoles, declamadores -acerbos por pura filantropía, no sean otros sino sus descendientes.</p> - -<p>Tiene mucha gracia la disculpa á que acuden ustedes para explicar lo -poco que han hecho por los indios en los sesenta ó setenta años que -llevan de independencia. «Hemos abolido las <i>mitas</i>, dicen ustedes, -hemos suprimido el tributo personal y hemos desechado el azote.» Pero -¿se debe esto á la independencia, ó al progreso de la cultura y de la -moralidad entre todos los pueblos cristianos? ¿Es posible que alguien -crea<span class="pagenum"><a name="page_134" id="page_134">{134}</a></span> de buena fe que si el Ecuador y Colombia fuesen hoy aún colonias -españolas habría allí <i>mitas</i>, tributo personal, servidumbre y azotes?</p> - -<p>Independiente la que fué América española, lo mismo que si no fuese aún -independiente, ya no puede haber ni hay esclavitud en ella. Los indios -son libertos de la ley. Pero añade su ilustre compatriota de usted Juan -Montalvo, á quien me complazco en citar, «son esclavos del abuso y de la -costumbre.» En seguida describe elocuentemente los malos tratos y las -faenas á que someten aún al indio en el Ecuador, y acaba por exclamar: -«Si mi pluma tuviese don de lágrimas, yo escribiría un libro titulado -<i>El Indio</i>, y haría llorar al mundo.» Y esto lo dice Juan Montalvo más -de medio siglo después de que ese indio y el inca Huaina Capac -triunfaron en Ayacucho de los pícaros españoles. Los españoles, no -obstante, siguen teniendo la culpa de todo, aunque vencidos. Juan -Montalvo lo declara: «No—dice;—nosotros no hemos hecho este sér -humillado, estropeado moralmente, abandonado de Dios y de la suerte: los -españoles nos le dejaron hecho y derecho, como es y como será por los -siglos de los siglos.»</p> - -<p>Lo absurdo de este sofista declamador no merecería respuesta, si no -estuviese algo del mismo sentimiento en la masa de la sangre de no pocos -hispano-americanos, que así escupen contra el cielo y les cae encima: -porque si son indios de sangre se declaran humillados, moralmente -es<span class="pagenum"><a name="page_135" id="page_135">{135}</a></span>tropeados y abandonados de Dios por los siglos de los siglos: y si -son españoles, reos de la muerte moral y de la condenación perpetua é -irremediable de millones de séres humanos; y si son mestizos, son -abominable amalgama de español y de indio, de la raza degradada y del -cruel y tiránico verdugo que acertó á degradarla para siempre.</p> - -<p>Juan Montalvo dijo su frase, por decir una frase, sin saber lo que -decía. No la hubiera dicho si la hubiera reflexionado: pero Juan -Montalvo, y otros como él, y á veces usted entre ellos, por obra y -gracia de su americanismo, creen otra cosa que los predispone contra -nosotros, y, cuando creen ustedes esta cosa, es cuando apunta el odio -contra España de que <i>La Epoca</i> acusaba á usted.</p> - -<p>Creen ustedes y sostienen que América, en el momento en que los -españoles la descubrieron, estaba progresando con plena autonomía, y -próxima á crear y á difundir una magnífica civilización original y -propia, cuyos focos principales estaban en los imperios de Méjico y del -Perú y entre los chibchas de Nueva Granada: pero la llegada de los -feroces españoles detuvo el desarrollo de esa civilización y ahogó en -sangre y destruyó con fuego sus gérmenes todos.</p> - -<p>No hay que buscar este pensamiento en otros autores. Usted le expresa á -menudo. Todo iba muy bien por ahí. La conquista de Tupac Yupanqui había -civilizado el reino de Quito. Los<span class="pagenum"><a name="page_136" id="page_136">{136}</a></span> <i>aravicos</i>, ó sea los poetas en -lengua quichua, pululaban ahí lo mismo que en el Cuzco. La lengua -quichua era un prodigio, un simbólico tesoro de misteriosas filosofías. -Sólo el vocablo Pachacamac, con que en lengua quichua se designa á Dios, -contiene sutil y profunda teodicea que el mero análisis gramatical -descubre. Esta lengua había llegado á la perfección antes de la venida -de los españoles. Según usted «se prestaba á la entonación de la oda -heroica, á las vehementes estrofas del himno sacro, á la variedad de la -poesía descriptiva, á los arranques del amor, á toda necesidad, á todo -carácter y condición de metro, desde el festivo y punzante epigrama -hasta el grave y dilatado género de la escena.» Claro está, pues, que -los indios hasta literatura dramática tenían, y que el teatro era una de -las más nobles diversiones de la corte de los incas.</p> - -<p>El florecimiento literario y el desenvolvimiento intelectual eran, pues, -notables entre los peruanos y quiteños: pero llegaron los españoles y -aquello fué el acabóse. Apenas quedó rastro de nada. «El poder -exterminador de la conquista, exclama usted, arrancó de raíz el genio -poético de los indios, y en su lugar hizo surgir de los abismos el -espectáculo de la desolación y del espanto. El numen de la armonía no -pudo vivir entre los vicios y la depravación de la gente española.»</p> - -<p>Infiérese de aquí que, no contentos los espa<span class="pagenum"><a name="page_137" id="page_137">{137}</a></span>ñoles con destruir la -civilización indígena americana, despojaron á los indios de su inocencia -y los pervirtieron.</p> - -<p>Esta mentida y decantada inocencia de América, que celebra Quintana en -una de sus mejores odas, me trae á la memoria un terrible pasaje de la -<i>Crónica del Perú</i> de Pedro de Cieza, que presenta Leopardi en apoyo de -su negro pesimismo y desesperada misantropía.</p> - -<p>«Los caciques de este valle de Nore—dice—buscaban por las tierras de -sus enemigos todas las mujeres que podían; las cuales, traídas á sus -casas, usaban con ellas como con las suyas propias, y si se empreñaban -de ellos, los hijos que nacían los criaban con mucho regalo hasta que -cumplían doce ó trece años: y desde esta edad, estando bien gordos, los -comían con gran sabor, etc.» Y añade después: «Háceme tener por cierto -lo que digo ver lo que pasó con el licenciado Juan de Vadillo (que en -este año está en España, y si le preguntan lo que digo dirá ser verdad), -y es que la primera vez que entraron cristianos españoles en estos -valles, que fuimos yo y mis compañeros, vino de paz un señorete que -había por nombre Nabonuco y traía consigo tres mujeres; y viniendo la -noche, las dos de ellas se echaron á la larga encima de un tapete ó -estera y la otra atravesada para servir de almohada, y el indio se echó -encima de los cuerpos de ellas muy tendido, y tomó de la mano otra mujer -hermosa.<span class="pagenum"><a name="page_138" id="page_138">{138}</a></span></p> - -<p>...Y como el licenciado Juan de Vadillo le viese de aquella suerte, -preguntóle que para qué había traído aquella mujer que tenía de la mano; -y mirándole al rostro el indio, respondió mansamente que para comerla...</p> - -<p>...Vadillo, oído esto, mostrando espantarse, le dijo:—¿Pues cómo siendo -tu mujer has de comerla?—El cacique, alzando la voz, tornó á responder -diciendo:—Mira, mira, y aun el hijo que pariere tengo también de -comer.—Supo además Vadillo, por dicho de indios viejos, que «cuando los -naturales de aquel valle iban á la guerra, á los indios que prendían -hacían sus esclavos, á los cuales casaban con sus parientas y vecinas, y -los hijos que habían en ellas aquellos esclavos los comían; y que -después que los mismos esclavos eran muy viejos, y sin potencia para -engendrar, los comían también á ellos.» Verdad es que Cieza explica con -cierto candor la <i>inocencia</i> de estos indios antropófagos, ya que el -serlo «más lo tenían por valentía que por pecado.»</p> - -<p>Sin declamación ni sentimentalismo, aun suponiendo al español de -entonces, y sobre todo al aventurero que iba á América, vicioso, -depravadísimo, ignorante y cruel, todavía queda el peor de estos -españoles muy por bajo de los indios salvajes ó semisalvajes, en vicios, -depravación, crueldad é ignorancia.</p> - -<p>No es posible, por devastadores y malvados y fanáticos que supongamos á -los españoles del<span class="pagenum"><a name="page_139" id="page_139">{139}</a></span> tiempo de la conquista, que hiciesen desaparecer de -la tierra americana y del alma y de la memoria de los indios todos los -primores de su civilización, si en alguna parte los hubo.</p> - -<p>Para Méjico no deja usted de traer á cuento el auto de fe que de muchos -manuscritos ó pinturas simbólicas hizo el arzobispo D. Juan de -Zumárraga; pero ni ahí, ni en el Perú, hubo ni Zumárraga ni Omar que -incendiase las bibliotecas, y sin embargo, ¿dónde están las odas, los -dramas, las filosofías y las teologías que del Perú y del primitivo -reino de Quito nos han conservado los doctos? Sólo cita usted una -composición poética quichua sin atreverse á decir terminantemente que -sea anterior á la venida de los españoles. Sin duda la compuso algún -indio ya algo civilizado, á imitación de los versos de Castilla. Dice -usted que es una poesía sencilla y graciosa que nos da idea de la -genuina poesía de los antiguos indios. La poesía es breve, y ya es una -ventaja. Consta de 76 sílabas, ó sea de 19 versos de á 4. Tres versos -acaban en <i>munqui</i> y dos en <i>súnqui</i>, y un verso entero es <i>cunuñunun</i>, -por el cual se puede presumir lo melodioso de los otros.</p> - -<p>Los tales versos son la única reliquia que ostenta usted de la genuina -civilización de esas tierras, donde no sólo había <i>aravicos</i> ó poetas, -sino también <i>amautas</i> ó sabios y filósofos.</p> - -<p>Las coplas que trae usted además en lengua quichua, y la lamentación -sobre la muerte de<span class="pagenum"><a name="page_140" id="page_140">{140}</a></span> Atahualpa son ya de nuestro tiempo: obra de los -<i>amautas</i> y <i>aravicos</i>, que no se sepultaron como se sepultaron los más -de ellos, «por no ver, como usted dice, las atrocidades de los blancos.»</p> - -<p>En suma, si fuésemos á dar crédito á los primeros capítulos de la -<i>Ojeada</i> de usted, España no llevó á América la civilización y la ley de -gracia, sino la barbarie y todos los vicios. Nosotros empujamos á esa -sociedad «en el abismo de tinieblas y de males, del cual la habían -sacado la inteligencia, el raro tino político y la gran fuerza de -voluntad de los incas;» lanzamos sobre América «una tempestad de vicios -y crímenes;» y tratamos de aniquilar en todas partes los elementos de -vida intelectual,» é hicimos «desaparecer la cultura de los indios entre -el humo y los vapores de la matanza.»</p> - -<p>Todo esto lo decía usted en 1868. Si después no hubiera usted modificado -sus opiniones, <i>La Epoca</i> tendría razón en la advertencia que me hizo: -usted odiaría á los españoles, y no sin fundamento, aunque erróneo.</p> - -<p>Desde 1868, usted ha cambiado mucho, como ya se verá. Por otra parte, -aunque usted no hubiera cambiado, <i>Cumandá</i> no dejaría de ser una -preciosa novela.</p> - -<p>Antes, sin embargo, de hablar de <i>Cumandá</i>, quiero yo decir á usted -algunas razones más para ver si desarraigo de su espíritu los restos que -aun queden en él de ese fundamento erróneo que le movió á odiarnos como -nación. Lo<span class="pagenum"><a name="page_141" id="page_141">{141}</a></span> que es individualmente, yo calculo que no nos quiere usted -mal, y por mi parte le estimo y aun me inclino á ser amigo de usted, á -pesar de los errores, que supongo pasados.</p> - -<h3>II.</h3> - -<p>Muy estimado señor mío: Cada cual tiene su teoría para explicar la -historia. Yo tengo la mía, que ni es nueva, ni inventada por mí, ni yo -pretendo hacer que usted la acepte, si es que usted piensa de otro modo. -Sólo voy á exponerla aquí en breves palabras para sentar la base en que -se apoya lo que yo pienso sobre el soñado progreso y creciente -civilización de los indios de América cuando llegaron por ahí los -españoles.</p> - -<p>Dejo á un lado las árduas y profundas cuestiones, que tanto se rozan con -las doctrinas religiosas, de si hubo ó no revelación primitiva, de si el -linaje humano proviene todo de una pareja ó de muchas y de si apareció á -la vez en varias regiones del globo ó en una sola. Tomemos el asunto -menos <i>ab ovo</i>, y harto podemos afirmar sin que nadie se escandalice que -el hombre, ó bien por olvido de la primitiva revelación y de la cultura -que de ella había nacido, ó bien sin necesidad de olvidarlas, porque no -las había tenido jamás, empezó en todos los países por el estado -salvaje, ó cayó ó recayó en él por motivos diversos difíciles de -explicar.<span class="pagenum"><a name="page_142" id="page_142">{142}</a></span></p> - -<p>Dicho estado, pues, ya inicial, ya por decadencia y corrupción, no -coincide ni ha coincidido nunca en todos los países. Aun en el día, á -pesar de los cómodos y rápidos medios de comunicación, hay salvajes en -el centro de Africa y en algunas islas del mar del Sur y en varios -lugares de América, mientras por acá gozamos de electricidad, vapor, -fotografía, Submarino Peral, torre Eiffel y novelas naturalistas.</p> - -<p>Las diversas tribus y castas de hombres que viven en el mundo han ido -siempre, en su marcha ascendente hacia la cultura, adelantadas unas y -atrasadas otras. Los pueblos del Mediodía de Europa llevaban la -delantera desde hace veinticinco siglos. Después, según dicen, los -meridionales de Europa hemos decaído y nos hemos rezagado; pero sigue en -Europa, y es ya casi indudable que seguirá por largo tiempo, el -estandarte ó guión de la cultura, que hoy tienen entre manos franceses, -alemanes é ingleses, y que tal vez aspiran á levantar también en alto -los rusos.</p> - -<p>Como quiera que sea, y ora prevalezca una nación, ora otra, es evidente -que la civilización de Europa prevalece, se difunde por el resto del -mundo y le domina todo. La América de hoy, en lo humano y en lo culto, -no es más que una parte de esta Europa transportada á ese nuevo y vasto -continente. Hoy la civilización americana es una prolongación de la -civilización europea. España, Portugal, Inglaterra y Francia<span class="pagenum"><a name="page_143" id="page_143">{143}</a></span> han -llevado ahí sus idiomas, sus ciencias, sus artes y su industria.</p> - -<p>Posible es que con el andar de los siglos, y en virtud del medio -ambiente y de la mezcla de la sangre de los europeos con la sangre de -los indios y hasta de los negros importados de Africa venga á resultar -ahí algo extraño, nuevo, muy distinto, tal vez superior á lo de Europa; -pero si esto ocurre me parece que tardará mucho en ocurrir, y por lo -pronto, esto es, durante doscientos ó trescientos años (y fijo tan corto -plazo porque el mundo va deprisa), seguirán ustedes siendo europeos -trasplantados, y sus repúblicas, con relación á los Estados de Europa, á -modo de mugrones, lo cual no es negar que cada uno de estos mugrones -llegue á ser ó ya sea vid más lozana, robusta y fructífera que la vieja -cepa de que brotó.</p> - -<p>Lo que yo sostengo es que ni el salvajismo de las tribus indígenas en -general, ni la semicultura ó semibarbarie de peruanos, aztecas y -chibchas, añadió nada á esa civilización que ahí llevamos y que ustedes -mantienen y quizá mejoran y magnifican. Y aunque lo anterior al -descubrimiento de América sea muy curioso de averiguar y muy ameno de -saber, importa poco y entra por punto menos que nada en el acervo común -de la riqueza científica, política, literaria y artística de ustedes, -heredada de nosotros y acrecentada por el trabajo de ustedes, y no por -ningún legado ó donativo de los indios.<span class="pagenum"><a name="page_144" id="page_144">{144}</a></span></p> - -<p>Pero, ¿qué donativo podían los indios hacer si nosotros destruimos con -mano airada cuanto podía constituir el donativo? Esta es la tremenda -acusación que ustedes nos hacen ó más bien que ustedes se hacen, pues -sin duda ustedes son los más directos descendientes de aquellos feroces -españoles que fueron á destruir civilización tan donosa.</p> - -<p>Un ilustre cubano, D. Rafael Merchan, que vive en Bogotá ahora, se -extrema más que usted en esta acusación. Todo iba por ahí divinamente. -Acaso habían sido Manco-Capac y Bochica más sabios que Sócrates y que -Aristóteles. Acaso, si no llegamos ahí los españoles, los indios se -perfeccionan, nos cogen la delantera, y son ellos los que vienen á -Europa á civilizarnos. Si Colón, Cortés y Pizarro no van á América en -los siglos <small>XV</small> y <small>XVI</small>, es probable que en el <small>XVII</small> los emperadores aztecas -ó los incas nos hubieran enviado navegantes y conquistadores que -hubieran descubierto, conquistado y civilizado la Europa allá á su modo.</p> - -<p>Por fortuna, los españoles madrugamos, fuimos por ahí antes de que los -indios despertasen y viniesen, y dimos al traste con todo. «Todo -pereció—dice el Sr. Merchan—razas, monumentos, libros, ídolos, cultos, -ciencias, todo quedó destruído.»</p> - -<p>El Sr. Merchan dice, y dice bien, que los séres inteligentes, aunque no -nos conozcamos y vivamos en regiones distintas, realizamos un<span class="pagenum"><a name="page_145" id="page_145">{145}</a></span> -pensamiento común y contribuimos á una grande obra. Pero los españoles -fuimos por ahí y arrancamos medio mundo á esa elaboración universal. Y -no contentos con arruinar la civilización americana quisimos borrar y -borramos hasta la memoria de ella, arrasando «los monumentos más -apreciables y convirtiendo ese Continente en una inmensa tumba de razas -que tenían tanto que decirnos».</p> - -<p>Todo esto es una serie de suposiciones gratuitas del Sr. Merchan. Las -razas indígenas de América no han perecido. Hoy acaso existen más indios -en Méjico y en el Perú que los que había cuando la conquista; y si no -hay más indios en el Paraguay, es por las guerras recientes que les han -hecho los brasileños y argentinos. Todo cuanto los indios tenían que -decirnos nos lo han dicho. Y si hoy Liborio Zerda, Antonio Bachiller y -Morales y otros americanistas lo exponen, no faltaron, desde los -primeros días del establecimiento de los españoles, sabios curiosos, -misioneros llenos de caridad y de indulgencia y escritores sinceros que -lo expusiesen con amor, más bien ponderando las virtudes y excelencias -de los indios que denigrándolos.</p> - -<p>En suma, la historia de América, antes de Colón, es bastante oscura, mas -no por culpa de los españoles, y lo que de esa historia se sabe más -induce á creer lo contrario de lo que usted, el señor Merchan y el Sr. -Montalvo, insinúan ó medio sostienen á veces.<span class="pagenum"><a name="page_146" id="page_146">{146}</a></span></p> - -<p>En vez de ese progreso que ustedes imaginan, los indios seguían en -decadencia.</p> - -<p>Acaso si se retarda un siglo la llegada de los españoles, los imperios -azteca, peruano y chibcha hubieran desaparecido, como ya habían -desaparecido en América otras semi-civilizaciones, y acaso no hubieran -hallado Pizarro, Cortés y Jiménez de Quesada, más que salvajes -antropófagos, adoradores del diablo como los patagones y borinqueños, no -sabiendo contar más que hasta diez, y <i>tatuados</i> ó pintados con -espantosos dibujos ó untados con grasas rancias y apestosas, en vez de -andar vestidos.</p> - -<p>Indudablemente el salvajismo de los americanos de antes de la conquista -europea, así como la semi-barbarie de varios pueblos del Nuevo Mundo y -de Asia y de Africa, antes de ponerse en contacto con Europa, no indican -que había ó hay ahí razas nuevas, que por sí solas puedan elevarse ó que -están ó estuvieron en vía de elevarse á la civilización, sino más bien -dan claro y triste indicio de razas antiguas, decaídas ó degradadas, que -han perdido su civilización, si la tuvieron. De esas razas se puede -afirmar lo que el Sr. Pí y Margall, citado por el propio señor Merchán, -afirma de los guatemaltecos, al fijarse en los monumentos suntuosos y -artísticos de Palenque y de Mitla: «Lejos de admitir, dice, que sean -jóvenes aquellos pueblos, estoy por sospechar con Humboldt que estaban -en decadencia á la llegada de los españoles y que habían<span class="pagenum"><a name="page_147" id="page_147">{147}</a></span> perdido la -memoria de lo que un tiempo fueron. Ignoraban hasta la existencia de -esos grandiosos restos de una civilización pasada.» De esta civilización -pasada ó remota de los pueblos de América, cuando llegaron los -españoles, quedaban recuerdos ó restos, que es casi seguro que hubieran -desaparecido también si no acude á tiempo aún la civilización europea á -regenerar al salvaje ó al semi-salvaje americano.</p> - -<p>El guerrero español de la conquista sería cruel, codicioso, sin -entrañas, todo lo malo que se quiera, con tal de que no se suponga, sin -justicia alguna, que hubieran sido ó que fueron más suaves y benignos -los alemanes ó los ingleses; pero no fueron españoles los que imaginaron -que eran los indios de una raza inferior. Los españoles creyeron siempre -que los indios eran sus hermanos, extraviados y decaídos, á quienes -convenía traer al buen camino y levantar de su abatimiento y miseria.</p> - -<p>Los resultados dan testimonio de lo que digo. ¿Dónde están los indios -civilizados por los yankees y convertidos en ciudadanos de la Gran -República? Y en cambio, ¿no están Colombia, el Ecuador, Venezuela, -Méjico y Guatemala, llenas de indios ó de mestizos, que son tan -ciudadanos como los españoles de pura sangre? ¿No llegan esos indios ó -esos mestizos á ser cuanto se puede ser en las sociedades libres? ¿Cómo -comparar el espíritu democrático-católico de los españoles con la -soberbia de la raza inglesa?<span class="pagenum"><a name="page_148" id="page_148">{148}</a></span></p> - -<p>Francamente, el escritor hispano-americano que, como usted nos trata tan -mal y nos acusa de tantas maldades, si es español de pura sangre agravia -y calumnia á sus antepasados, y si es indio puro, muestra la más negra -ingratitud á los que le salvaron y regeneraron, y si es mestizo, reniega -de la sangre española que puede tener en las venas, y hace creer que su -sangre india se caldea más con el ardor de la envidia rencorosa que con -el santo fuego de la gratitud.</p> - -<p>Si á esto se arrojase el escritor hispano-americano para sostener la -verdad, yo no se lo echaría en cara. La verdad antes que todo, por -amarga que sea. Pero, ¿dónde está el fundamento de verdad de las cosas -que usted afirma? Basta enunciarlas, sin contradecirlas, para que ellas -mismas se refuten y manifiesten lo absurdas que son. Nosotros -<i>animalizamos</i> al indio; destruimos los monumentos levantados por su -genio sencillo y espiritual; borramos sus tradiciones históricas, y -pusimos un abismo de ignorancia entre el siglo de Huaina Capac y -Atahualpa y los siglos de los despóticos virreyes españoles. En fin, -nosotros matamos la literatura quichua, salvo las coplitas que usted nos -presenta, y que por mi parte no lamentaría mucho que se hubieran también -perdido; é hicimos que los sabios indios que asesinamos se llevasen á la -otra vida multitud de secretos admirables, con los cuales se hubiera -enriquecido y ufanado hoy la ciencia.</p> - -<p>En fin, en su <i>Ojeada</i> ó historia literaria del<span class="pagenum"><a name="page_149" id="page_149">{149}</a></span> Ecuador, usted fantasea -y finge una civilización americana que nosotros destruimos. Nuestra -llegada fué como la irrupción de Alarico, de los vándalos ó de Atila, en -lo más culto y brillante de Italia. Los indios, que estaban tan -ilustrados, fueron <i>arrojados</i> por nosotros <i>al ínfimo grado de -ignorancia</i>, y ahí sobrevino la caliginosa oscuridad intelectual que -hubo en Europa en los siglos medios. Todo el saber, perseguido por los -españoles, se fué á refugiar en los colegios de los padres jesuítas y en -otros conventos de frailes.</p> - -<p>Aseguro á usted que yo, á no haber sido provocado por <i>La Epoca</i>, no -entraría con usted en estas discusiones. Mi intento, al escribir estas -cartas, no es suscitar polémicas con los hispano-americanos, sino -reanudar, hasta donde sea posible, las amistades que deben durar entre -todos los hombres de sangre y de lengua españolas. Para ello no quiero -adular á ustedes, sino dar á conocer en esta Península los mejores -frutos de su ingenio, juzgándolos con justicia.</p> - -<p>La <i>Revue Britannique</i> me hace el honor de hablar amablemente de estas -cartas mías en uno de sus últimos números, elogiándome sobre todo por -cierta habilidad diplomática de que por completo carezco. Se vale de -rodeos y perífrasis, pero sostiene en realidad que yo elogio á ustedes -demasiado, que los adulo para que se reconozcan ustedes españoles de -origen y para que, encantusados ustedes por mí, de nuevo fraternicemos.<span class="pagenum"><a name="page_150" id="page_150">{150}</a></span></p> - -<p>Tiene razón la dicha Revista en que yo busco esta fraternidad, pero ni -adulo á ustedes ni los encantuso para lograrlo y menos aun para sustraer -á ustedes al influjo de Francia. Yo afirmo, porque lo creo, que son -ustedes españoles, porque son de nuestra raza, porque hablan nuestro -idioma, porque la civilización de ahí fué llevada ahí por España, sin -que cuente por nada la <i>civilización india</i>, chibcha ó caribe; pero -jamás pensé yo en robar á Francia su influjo en esas repúblicas, ni -siquiera en censurar que ustedes se sometan á él en lo que tiene de -bueno. Yo reconozco que España misma, por desgracia, está muy rezagada -con respecto á Francia. Yo creo que Francia es una de las naciones más -inteligentes del mundo, y la considero á la cabeza de los pueblos del -Mediodía de Europa que hablan idiomas que provienen del latín. Soy tan -dócil y transigente, que por más que me choque, soy capaz de aceptar la -calificación genérica de pueblos latinos; pero no acierto á desechar, ni -aquí en España, ni en las que fueron sus colonias, la especial -calificación de españoles. Y deseo y espero que nuestra sangre tenga ahí -y conserve la suficiente virtud y fuerza informante, digámoslo así, para -preponderar en las mezclas con la sangre de los indígenas, y también con -la sangre de otros pueblos de Europa, que la corriente de la emigración -lleve á esas regiones.</p> - -<p>Dice la Revista, á que me refiero, que el vice-presidente de la -República Argentina, Sr. Pelle<span class="pagenum"><a name="page_151" id="page_151">{151}</a></span>grini, ha desmentido mis asertos en un -discurso que pronunció en París, y que copia. Yo veo lo contrario; que -el Sr. Pellegrini está de acuerdo conmigo. Aunque lleva un apellido -italiano, ya se considera de casta española por el hecho de ser -argentino; así lo afirmó en otro discurso que pronunció en Madrid; y si -reconoce la hegemonía intelectual de Francia, ¿hace más por dicha, lleva -á mayor extremo su entusiasmo, que el señor Castelar, á quien nadie -acusa de renegar de su españolismo, en un artículo elocuentísimo -publicado en el <i>Fígaro</i> hace pocos días?</p> - -<p>En suma, yo no he de formar contra usted, ni contra ningún escritor -hispano-americano, capítulo de culpas, porque sea demasiado entusiasta -de Francia, porque celebre la violenta separación de ustedes y de la -metrópoli, y porque cante en todos los tonos los triunfos de los -insurgentes y las derrotas de los realistas; pero francamente, no se -puede tolerar en silencio que afirmen ustedes que llevó España ahí la -barbarie, que destruyó el saber indígena, y que (son palabras de usted) -«el célebre Colón mostró la manera de atravesar el Océano, mas no la de -trasladar á esas regiones las simientes de la civilización y las -producciones de las grandes inteligencias.»</p> - -<p>Ya veremos, y con esto responderé á usted y á <i>La Epoca</i>, de qué suerte -usted mismo, con dichosa y honrada contradicción, viene en sus libros á -probar lo contrario: la acción civilizadora, la caridad ferviente, y la -bondad de los ele<span class="pagenum"><a name="page_152" id="page_152">{152}</a></span>mentos de cultura, importados en América por los -hombres de nuestra raza.</p> - -<h3>III.</h3> - -<p>Descartando de su <i>Ojeada</i> de usted toda la soñada civilización india y -todo el enojo de usted contra España y tal vez sus remordimientos como -de origen español por haber destruído tamaña preciosidad, vuelvo á la -creencia del vulgo y me represento á los primitivos aventureros colonos -llegando á un país de salvajes ó de semisalvajes luchando contra una -naturaleza poderosa é inculta y tratando de fundar ahí y fundando -colonias europeas.</p> - -<p>En este supuesto, y siguiendo la <i>Ojeada</i> de usted, y resumiéndola -mucho, hemos de confesar que no lo hicieron tan mal los aventureros -españoles y que llevaron ahí los animales y las plantas útiles de -Europa, y la agricultura y la industria, y la religión y la moral -cristianas; que fundaron ciudades y que crearon para la civilización un -Nuevo Mundo, que si llega un día á competir con el antiguo y á no ser -inferior á la parte de él que colonizó la raza inglesa, nos dará -satisfacción y gloria á los españoles peninsulares, los cuales por el -lado filantrópico, ó dígase humanitario, hemos hecho más que los -ingleses, ya que hemos civilizado á algunos indios y hemos procurado -civilizarlos á todos hasta don<span class="pagenum"><a name="page_153" id="page_153">{153}</a></span>de nosotros lo estábamos. Mas no podíamos -dar, porque <i>nemo dat quod in se non habet</i>.</p> - -<p>Bajo la dominación de España hubo un clero en el Ecuador, el cual (usted -lo confiesa) «se dedicó al cultivo de la inteligencia, puso en acción el -habla y las razones para reducir las almas á la fe, tocó los resortes de -la conciencia, despertó los instintos de moralidad y acertó á consolar -grandes pesares». No contentos con esto, el gobierno y el clero de -España fundaron allí buenas escuelas y ricas bibliotecas, donde, según -usted afirma, «había preciosísimos manuscritos en todo ramo de -literatura y aun sobre ciencias», lamentando usted que, después de -declararse el Ecuador independiente, todo esto se haya tirado, se haya -perdido ó se haya vendido á extranjeros, en vez de haberlo cuidado y -aumentado. «Rubor nos causa decirlo, añade usted, porque no quisiéramos -pasar por bárbaros; pero sólo en el Ecuador se ha visto gobierno que en -vez de enriquecer un establecimiento de tal naturaleza, la biblioteca -pública, la haya despojado de objetos que en otras naciones se hubieran -conservado con veneración».</p> - -<p>Peor aun que con la biblioteca pública (que fué la de los padres -jesuítas) se condujeron ustedes, ya independientes, con las bibliotecas -de otros conventos. «Ni los gobiernos ni los prelados, dice usted, han -tomado interés en que tales depósitos del saber humano se mejoren ó se -conserven». Centenares de volúmenes se han<span class="pagenum"><a name="page_154" id="page_154">{154}</a></span> vendido á real, sin duda -para envolver alcarabea.</p> - -<p>Para que vea usted cuán imparcial y desapasionado soy, yo creo que usted -exagera las pérdidas y la feroz destrucción de la literatura y de la -ciencia coloniales por los ya libres ecuatorianos, como exageró antes la -destrucción de la ciencia y de la literatura quichuas por sus -conquistadores.</p> - -<p>La verdad debe de ser que en esa naciente colonia, tan remota, no pudo -haber muy notables producciones literarias, durante el siglo XVI, cuando -la colonia materialmente se establecía; ni tampoco en el siglo XVII, -durante el cual la misma metrópoli estaba en decadencia y bastante -inficionada por el culteranismo y por el fanatismo. Lástima es, con -todo, que se hayan perdido escritos históricos, y algunos versos -culteranos, como los de la poetisa quiteña doña Jerónima Velasco, á -quien Lope eleva á las estrellas, en el <i>Laurel de Apolo</i>; la llama -<i>divina</i>, y la coloca sobre Erina y Safo. Algo había de valer esta doña -Jerónima, á pesar de la sabida prodigalidad de Lope en las alabanzas.</p> - -<p>Por lo demás, la poesía ecuatoriana del siglo <small>XVII</small> era extremadamente -gongorina; y los poetas, jesuítas ó discípulos de jesuítas. El -<i>Ramillete de varias flores poéticas</i>, publicado en Madrid en 1676 por -el guayaquileño Jacinto Eria, nos da muestras de todo lo dicho, -bastantes para consolarnos de que otras flores del mismo suelo<span class="pagenum"><a name="page_155" id="page_155">{155}</a></span> y -condición cayesen en el río del olvido y se perdieran, arrebatadas por -la corriente, sin llegar á formar <i>ramilletes</i> nuevos.</p> - -<p>Restaurado después el buen gusto, ya á mediados del siglo XVIII, empieza -verdaderamente á florecer la literatura en el Ecuador. Sus más hábiles y -dichosos cultivadores fueron aun los padres jesuítas, cuya tiránica -expulsión de todos los dominios de España fué un mal grande para el -Ecuador. Sacó de ahí el más fructífero centro de cultura y perjudicó -mucho á las florecientes misiones en que los padres atraían á los indios -á la vida pacífica y cristiana, á la agricultura y á la civilización. -Aquellos jesuítas ecuatorianos fueron, como los españoles de la -Península, á refugiarse en Italia, y en Italia dieron también claro -testimonio de su saber y su ingenio.</p> - -<p>Sería adulación suponer que descolló entre estos jesuítas ecuatorianos -ninguno de aquellos varones portentosos que se llaman <i>genios</i>; pero, -¿cómo negar que hubo hombres de talento no común, no indignos compañeros -de nuestros Islas, Hervás, Andrés y Lampillas, y que en Italia mostraron -la ilustración que tuvo y difundió la Compañía, así en la Península como -en sus más distantes colonias? El país en que se habían formado hombres -como los padres Velasco, Aguirre, Rebolledo, Garrido, Andrade, Crespo, -Arteta, Larrea, Viescas y Ullauri, era sin duda un país donde las letras -se cultivaban<span class="pagenum"><a name="page_156" id="page_156">{156}</a></span> con éxito y con esmero. Las poesías en castellano, en -italiano y en latín, de estos expatriados jesuítas, son muy estimables. -En mi sentir, usted se muestra con ellas más severo que indulgente. -Entre los expulsados jesuítas ecuatorianos hubo también naturalistas, -eruditos é historiadores. El padre Juan de Velasco, por ejemplo, nos ha -dejado una interesante <i>Historia del Reino de Quito</i>.</p> - -<p>A pesar de la expulsión de los jesuítas, no se amortiguó ahí la antorcha -del saber. Bien merece llamarse ilustrado en las colonias el gobierno de -Carlos III y de sus sucesores hasta el momento en que se proclamó la -independencia. La más brillante demostración de tal verdad la dieron los -mismos eminentes americanos que tanto honraron á su patria en las Cortes -de Cádiz, que pelearon por la independencia y que la cantaron en -hermosos é inmortales versos. Sucre, Bolivar, Olmedo, Bello y muchos -otros, bajo el régimen colonial habían sido educados.</p> - -<p>Olmedo es el más notable de los poetas hispano-americanos -lírico-heroicos. Merecidos son los elogios que usted le tributa. Nada -puedo añadir ni nada quiero rebajar tampoco. Mi querido amigo D. Manuel -Cañete ha escrito un hermoso estudio sobre Olmedo, y usted reconoce que -no le escatima los aplausos y que le perdona la dureza con que á veces -nos trata, por la hermosura de la dicción y por la subli<span class="pagenum"><a name="page_157" id="page_157">{157}</a></span>midad poética y -por la pasión de patriotismo exclusivo que al vate inspiraba entonces.</p> - -<p>Si yo procediese con enojo, y no con afecto, diría ahora: ¿Cómo fué que -desde que ustedes sacudieron el pesado yugo de España (no hablamos aquí -de ciencias, pues me limito á hablar de la poesía de que habla la -<i>Ojeada</i>) apenas han tenido ustedes un buen poeta? La <i>Ojeada</i> llega, -creo, hasta 1868, y hasta entonces no cita usted autor de versos que se -eleve sobre el nivel de la medianía.</p> - -<p>Casi todos los poetas son doctores: el doctor Riofrío, el doctor -Carvajal, el doctor Corral, el doctor Cordero, el doctor Castro, el -doctor Avilez, el doctor Córdoba. A todos estos doctores, y á otros que -no lo son, los iguala usted en el tocar ó pulsar la lira. A todos, al -ponerlos usted en su <i>Ojeada</i>, los pone en berlina, con delectación -morosa, examinando sus composiciones y dejándolas harto mal paradas.</p> - -<p>Me admiro de la crueldad de usted, tal vez indispensable. En pradera -regada por una mala pero fecundante fuente Hipocrene, donde crecen con -viciosa lozanía tantas yerbas inútiles ó nocivas, que tal vez ahogan el -trigo y las bellas flores que pudieran granar, ó abrirse y ofrecer -alimento ó aroma, me le figuro á usted armado de terrible almocafre, -escardando cuanto hay que escardar sin reparo y sin lástima.</p> - -<p>¿Qué estragos no hace su almocafre de usted en esa <i>Lira ecuatoriana</i>, -jardín de selectas plan<span class="pagenum"><a name="page_158" id="page_158">{158}</a></span>tas reunidas por otro doctor, el doctor -Molestina? El verdadero molesto ha sido usted, y no él. Usted declara -que el desventurado doctor Molestina no anduvo feliz en la elección de -las piezas: maldice la abundancia; asegura que se contentaría con diez -composiciones dictadas por las musas, y exclama, por último, «cargue el -demonio con todo lo demás, que acaso es obra suya.»</p> - -<p>Pero hablando con mayor seriedad, usted no es molesto sino al doctor -Molestina y á los poetas que usted severamente censura. Su <i>Ojeada</i> de -usted está llena de excelentes consejos, de gracia, de discreción y de -muy sana crítica. La pintura que hace usted de los vicios de la poesía -en el Ecuador y en toda la América meridional es tan atinada y viva que -no parece sino que puede aplicarse á los malos poetas que también -abundan por aquí. La diferencia está en que aquí, salvo cuando la -apasionada enemistad mueve la pluma, nadie critica á mi ver con la -crudeza que usted critica. Tal vez suponemos que lo malo morirá de -muerte natural, sin que el crítico lo mate. Tal vez templa aquí el rigor -crítico la consideración que tan chistosamente aduce usted de que el -poeta dice sus inmortales y maravillosos versos, inspirado por el Dios, -de suerte, que cuando el Dios no le inspira, suele decir vulgaridades ó -desatinos, y así, es menester sufrir éstos para que salgan aquéllos á -relucir, pues el poeta mismo ignora cuándo le inspira el Dios, cuando no -le inspira nadie, ó cuando le<span class="pagenum"><a name="page_159" id="page_159">{159}</a></span> inspira y le empecata el diablo. En apoyo -de esto cita usted, con oportunidad ingeniosa, ciertas elocuentes -razones de Platón, y el ejemplo que Platón ofrece de un detestable -poeta, llamado Tinico de Calcis, el cual acertó á hacer una magnífica -oda. Lo singular es que usted después de traer tales argumentos en favor -de la indulgencia, maldito el caso que de ellos hace, y sin considerar -que los Tinicos de por ahí acaso escriban alguna otra oda tan magnífica -ó más que la del de Calcis, me los pone de vuelta y media por las malas -odas que ya han escrito.</p> - -<p>Apenas hay género de poesía lírica cuyos defectos no marque usted con -juicio. Las políticas son artículos de fondo rimados, en <i>lenguaje -gacetero</i>: «son arengas demagógicas, valentonadas quijotescas, -exabruptos delirantes, disertaciones flemáticas ó exposiciones de -proyectos maravillosos para el futuro engrandecimiento del pueblo.» Para -aparentar que hay en ello poesía afirma usted que los autores ponen en -sus coplas muchas interrogaciones é interjecciones, puntos suspensivos, -ridículas hipérboles é insultos desaforados.</p> - -<p>En la poesía amatoria aún halla usted más feos lunares. Por lo común, el -poeta que ya ha obtenido favores de una dama, ó por celoso ó por -hastiado, la harta de desvergüenzas ó expresa con abominable -encarecimiento</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">El bien pasado y la ilusión perdida.<br /></span> -<span class="pagenum"><a name="page_160" id="page_160">{160}</a></span></div></div> -</div> - -<p>Es graciosa esta cita de usted: es de un autor que ha dado á luz un tomo -titulado <i>Tristezas del alma</i>, y habla del último beso dado á su -querida:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">Beso postrero... sudario<br /></span> -<span class="i0">de la ilusión del primero,<br /></span> -<span class="i0">Vago, triste, lastimero<br /></span> -<span class="i0">Como el ay de la orfandad:<br /></span> -<span class="i0">Última flor arrancada<br /></span> -<span class="i0">Al árbol de los amores,<br /></span> -<span class="i0">Horrorosa campanada<br /></span> -<span class="i0">Que suena en la eternidad.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Y usted añade con razón: «En materia de besos, bastantes disparates han -dicho otros poetas; pero no hemos visto ni tenemos noticia de que -ninguno haya llegado al extremo del autor de estos versos.»</p> - -<p>Mucha culpa de semejante disparatar la tiene, según usted, «el prurito -de mostrarse descontento de la propia suerte, de lamentarse de males que -no se sabe dónde están, de pintar una tristeza que está bien lejos del -corazón, de fingir pasiones imposibles y deseos fuera de toda ley -racional, y de llamar á la muerte cuando acaso menos se la desea».</p> - -<p>«Muchos amantes, dice usted en otro lugar, reconvienen á sus Nices, Lais -ó Maritornes, dirigiéndoles billetes de eterna despedida, donde campean -junto á un piropo desabrido una amarga burla, al lado de un mentiroso -recuerdo una picante ironía, é ingerta en una tonta promesa<span class="pagenum"><a name="page_161" id="page_161">{161}</a></span> una amenaza -aún más tonta. Espronceda, con su canción delirante ó crapulosa, si así -puede decirse, dirigida á Jarifa, es el maestro de nuestros poetas -eróticos; pero los discípulos han sobrepujado tanto al vate español, -que, si viviera, se avergonzaría de la frialdad de sus versos.»</p> - -<p>Justo y saludable es el enojo con que truena usted contra el afán de -imitar al ya citado Espronceda, á Byron, á Lamartine y á Víctor Hugo, -exagerando sus faltas y no acertando á reproducir sus bellezas. Los -ejemplos que pone usted son curiosos. Hay un poeta que, para combinar -bien lo fúnebre con lo orgiástico, nos describe un banquete celebrado -por él en el cementerio, donde turba el augusto silencio de las tumbas -con música irónica y carcajadas infernales. Hay otro que, en el día del -juicio final, se presenta delante de Dios con su querida de la mano, le -dice que aquélla es su señora, que es muy guapa, que su amor es su -virtud, que no quiere más cielo que ella, y amenaza al que se atreva á -disputársela. Y hay otro, por último, que escribe una leyenda, ó -fragmento de una leyenda imitando <i>El Estudiante de Salamanca</i>, y dando -á luz á un D. Félix Joaquín Zavala, que pretende echar la zancadilla á -D. Félix de Montemar, nuestro compatriota.</p> - -<p>En suma, salvo algunas atenuaciones, salvo varias dedaditas de miel que -suministra usted de vez en cuando, poco tienen que agradecer á usted los -poetas de su tierra.—«Todo es pura<span class="pagenum"><a name="page_162" id="page_162">{162}</a></span> palabrería, ruido insustancial, -brillo falso.»—«La lengua está impíamente maltratada.»—«Ninguno -reflexiona que cuando no hay verdad en los afectos, cuando las -expresiones nacen de la cabeza y no del corazón, cuando se desecha lo -natural por arrimarse sólo á los caprichos de la imaginación, propia ó -extraña, no hay poesía, sino vano ruido de palabras; que no causa -ninguna impresión agradable, sino mucho desabrimiento.»—Tales lindezas -dice usted de su Parnaso.</p> - -<p>Movido usted quizás por el patriotismo, echa la culpa de tamaños males -al materialismo, á la impiedad, á la carencia de ideales, al pesimismo, -y á otros errores, con que contaminan á los poetas ecuatorianos los -poetas europeos, que se les presentan como dechados y objetos da -admiración. Pero acaso ¿son satánicos, impíos y desesperados todos los -poetas que en Europa están de moda? No: las causas deben de ser otras, y -no esas. Y por otra parte, aun siendo impíos, y satánicos y tétricos, lo -cual es de lamentar, no se sigue que sean malos todos los poetas -europeos. Buenos, egregios, eminentes pueden ser, á pesar de su -satanismo y de su misantropía.</p> - -<p>Las causas verdaderas de los malos versos usted mismo las expone, -rasgando sin compasión el vendaje y levantando los apósitos para catar -las llagas.</p> - -<p>El capítulo XVIII de la <i>Ojeada</i> es sangriento. Suelta usted la pluma y -se arma del látigo para<span class="pagenum"><a name="page_163" id="page_163">{163}</a></span> azotar á cuantos tienen los defectos, ó son -causa ó resultado, ó ambas cosas, del mal estado de los estudios en esa -república.</p> - -<p>Ahí viene usted á declarar que no se estudia nada bien, ni nada útil, -que «no hay más que tres malos caminos y un despeñadero: la -jurisprudencia desacreditada, el sacerdocio profanado, la medicina mal -entendida y peor aplicada, y la vagancia.» Los más, prosigue usted, van -al despeñadero, «por los malos hábitos adquiridos con los peores -estudios.» Los que se dedican á la teología, á la abogacía ó á la -medicina «carecen, en su mayor parte, de las aptitudes para tales -ciencias.»</p> - -<p>Deplora usted luego que nadie se dedique á seguir otras carreras. Pero, -¿cómo han de seguirlas, si en los colegios y Universidades sólo se -enseña eso y mal? «Las ciencias exactas y naturales, la industria, las -artes, los oficios tan necesarios al pueblo, no han merecido la atención -de nuestros legisladores ó han sido mirados con frío desdén.»</p> - -<p>Eso mismo que se enseña puede inferirse de las palabras de usted que no -se enseña bien ó que no se aprende. «¿Qué importa, exclama usted, con -acerba ironía, que después de conquistados los grados y adquirido el -pomposo título de <i>doctor</i>, subsista la ignorancia grande, redonda y -cerrada? Este título da derechos que pueden convertirse en oro, aunque -sea á despecho de toda razón y justicia.»<span class="pagenum"><a name="page_164" id="page_164">{164}</a></span></p> - -<p>Del capítulo que voy analizando, si le diésemos crédito y no viésemos -acritud y exageración, deduciríamos que ahí bulle un enjambre de -doctores sin doctrina, que no leen sino malas novelas, coplas inmorales, -y cuanto de peor y de más desatinado, moral, social y racionalmente, se -imprime en Europa, y sobre todo en Francia.</p> - -<p>Y aquí debo advertir que usted, si bien es anti-español á veces, por -sobrado americanismo, es siempre ultraconservador, ferviente católico, y -en política lo que hemos llamado por aquí <i>clerical</i> ó <i>neocatólico</i>. -Tal calidad debe tenerse en cuenta á fin de mitigar las diatribas de -usted contra sus propios contemporáneos y paisanos.</p> - -<p>Termino esta carta aquí no sin asegurar á usted que, si bien me parece -usted hombre apasionado, también me parece instruído, inteligente y -dotado de muy briosa elocuencia, la cual resplandece en no pocas páginas -de la <i>Ojeada</i>, y les presta animación y brillantez nada vulgares.</p> - -<h3>IV.</h3> - -<p>El suelto de <i>La Epoca</i>, acusando á usted de odiar á los españoles, ha -dado ocasión á no poco de lo que he dicho en las anteriores cartas, y ha -convertido casi en polémica lo que no quiero yo<span class="pagenum"><a name="page_165" id="page_165">{165}</a></span> que lo sea. El Sr. -Merchán, á quien cito en una de dichas cartas, se da por aludido y me -honra dirigiéndome un escrito de 65 páginas de impresión á las que -tendré que contestar. Quedo, pues, empeñado en disputas, contra toda mi -intención y propósito, que no era otro que el de dar á conocer, hasta -donde alcanzasen mis fuerzas, las obras literarias de los -hispano-americanos, entre sus hermanos los españoles.</p> - -<p>Y ya que voy á empeñarme en esta controversia con el Sr. Merchán, quiero -dar por terminado el amago de controversia que con usted he tenido, mas -no sin poner antes las siguientes explicaciones ó aclaraciones.</p> - -<p>1.ª Que yo no creo en el odio de ustedes contra nosotros, sino en que la -moda, la corriente de las ideas y sentimientos del día y nuestra -propensión á dejarnos guiar por cuanto se les antoja decir, hasta contra -nosotros mismos, á franceses, ingleses y alemanes, hace que ustedes -vayan á veces más allá de lo justo en ponderar las crueldades y horrores -de la conquista de América, sin advertir acaso que más culpados fueron -los antepasados de ustedes que los nuestros, pues no es de creer que -cuantos martirizaron, asesinaron y vejaron á los indios se volvieron á -España, y sólo se quedaron por ahí los que los amaban y mimaban.</p> - -<p>2.ª Que fuesen los que fuesen los crímenes y atrocidades de nuestros -antepasados (de ustedes y nuestros), al apoderarse de ese vasto -con<span class="pagenum"><a name="page_166" id="page_166">{166}</a></span>tinente, dado el punto de civilización moral que los europeos -alcanzaban entonces, no es de presumir que hubieran sido más blandos -otros europeos, si les hubiera tocado en suerte hacer lo que hicimos.</p> - -<p>3.ª Que yo lamento, como lamenta el más americano de los americanos, que -los españoles, por fanatismo ó por desdén, destruyesen monumentos y -perdiesen documentos de las semi-civilizaciones peruana, azteca y -chibcha: pero ¿qué le hemos de hacer? <i>Sunt lacrimæ rerum.</i> Las -conquistas, las invasiones y las revoluciones y cambios, no suelen -hacerlos, ni nunca los hicieron, los hombres mansos y suaves, sino los -más duros y fuertes. En estos casos, hay poco cuidado en conservar y hay -no pequeño prurito de destruir: lo cual en los venideros tiempos se irá -remediando; pero entonces ¿cómo se ha de extrañar que causasen graves -daños los españoles? ¿Cuántos templos, cuántas estátuas magníficas, -cuántos libros no destruirían los cristianos, al acabar con el -gentilismo clásico? ¿Qué horrores no harían las hordas del Norte cuando -pusieron término en España á la dominación romana? ¿Qué no harían los -berberes contra los monumentos y documentos de la civilización -romano-bizantino-visogótica que en España había, cuando destrozaron -ellos el Imperio fundado por Alarico? Sería cuento de nunca acabar si -siguiésemos con estas citas y comparaciones. Baste lo dicho para que -recapacite todo hom<span class="pagenum"><a name="page_167" id="page_167">{167}</a></span>bre de buena fe y confiese, al menos allá en sus -adentros, que valía bien poco lo que nosotros destruímos en América en -cambio de lo que en América fundamos, creamos é importamos.</p> - -<p>4.ª Que la guerra de independencia y separación de esas Repúblicas y la -Metrópoli no se puede comparar con la reconquista de España y expulsión -de los moros, ni con la separación de Portugal de España, ni menos aun -con las guerras entre España y los Países Bajos. Ahí lo que hubo fué una -guerra civil de emancipación, entre gente de la misma casta, lengua y -costumbres. Todo lo que ustedes ensalcen las hazañas, las virtudes y los -talentos militares de Bolivar, Sucre, San Martín y demás héroes, nos -halaga, en vez de ofendernos, y nos halaga por dos razones: porque -nuestra derrota queda cohonestada, y porque esos héroes, que nos -vencieron, hijos de España eran, España los había criado y educado, y á -España habían ellos servido hasta el día en que se levantaron en armas -contra ella.</p> - -<p>Y 5.ª Que yo no he sido impulsado por nadie para contradecir algo de lo -que usted dice, sino que, al leerlo y al criticarlo, no podía menos de -contradecirlo, sin que desee yo renovar la antigua polémica de usted con -el Sr. Llorente Vázquez, ministro que fué de España en esa República: -antes bien huyo de intervenir en dicha polémica. No he visto ni estátua -ni pintura del Gran Mariscal de Ayacucho, que tenga á<span class="pagenum"><a name="page_168" id="page_168">{168}</a></span> sus pies ó el -león de España ó la bandera de España: pero, si algo tiene de enojoso -para nosotros este modo de representar ustedes su triunfo, no pocos de -los versos de usted, tan entusiastas de España y de sus antiguas -glorias, nos desagravian por completo.</p> - -<p>Estas palabras, que usted pone en boca de Bolivar, nos deben dejar -satisfechos:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">Ver con audaz mirada un nuevo mundo<br /></span> -<span class="i0">De ignoto mar dormido en el regazo,<br /></span> -<span class="i0">Y venciendo olas y enemigos vientos,<br /></span> -<span class="i0">Y avasallando dudas é ignorancias,<br /></span> -<span class="i0">Venir, tomarle, alzarle, y á otro mundo,<br /></span> -<span class="i0">Asombrado decir: ¡He aquí tu hermano!<br /></span> -<span class="i0">Y á las puntas fiar de cuatro aceros<br /></span> -<span class="i0">De sojuzgar naciones la árdua empresa,<br /></span> -<span class="i0">Gentes prostrando en número infinitas;<br /></span> -<span class="i0">Y arrancar al error millones de almas<br /></span> -<span class="i0">Y á la cruel barbarie; las sangrientas<br /></span> -<span class="i0">Aras despedazar, do el pecho humano<br /></span> -<span class="i0">En atroz agonía se agitaba;<br /></span> -<span class="i0">Quitar al sol el usurpado culto<br /></span> -<span class="i0">Y devolverle al Criador: triunfante<br /></span> -<span class="i0">La cruz alzar en los dorados templos:<br /></span> -<span class="i0">¡Qué hazañas! ¡qué grandeza! ¡cuánta gloria!<br /></span> -<span class="i0">¿Quién á envidiarlas no se inclina?<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Sobra con lo citado para probar que usted no es enemigo, ni denigrador -de los españoles, sino encomiador y amigo de ellos, como español de -sangre, de origen, de religión y de lengua.</p> - -<p>Por mi parte, terminada queda la discusión con usted. Si más adelante, -la siguiere yo con<span class="pagenum"><a name="page_169" id="page_169">{169}</a></span> el Sr. Merchán, más me excitará á ello la cortesía -que el prurito de refutar sus opiniones.</p> - -<p>Ahora quiero hablar de <i>Cumandá</i> y de otra novelita de usted. <i>Entre dos -tías y un tío</i>, que he leído con grande interés y contento.</p> - -<p>Empezaré por la novelita, pues, aunque obra más reciente, es de menos -importancia.</p> - -<p>El estilo y manera que tiene usted de escribir novelas, son -verdaderamente originales porque son naturales. No hay género de -literatura en que sea más difícil no caer en la imitación de lo francés -ó de lo inglés, á no adoptar algo de arcáico y afectado, tomando por -modelo nuestras antiguas novelas de los siglos <small>XVI</small> y <small>XVII</small>. Por dicha, -usted evita ambos escollos. La naturalidad espontánea y sencilla salva á -usted de remedar á nadie, y sin aspirar á la originalidad, la tiene -usted, sin nada de rebuscado y de raro. En las narraciones de usted no -se ve el arte, aunque sin duda le hay. Se diría que usted cuenta lo que -ha visto ó lo que le han contado, como Dios le da á entender, y como si -jamás hubieran contado otros ó usted los hubiera leído ú oído.</p> - -<p>Las descripciones de la gira campestre, de la quinta á orillas del río, -de los amores de Juanita y Antonio, tan candorosos é inocentes, y del -egoísmo de las tías, y de la casi irresponsable brutalidad del tío don -Bonifacio, siempre borracho, parecen la pura realidad.</p> - -<p>Para que no sigan los amores de Juanita,<span class="pagenum"><a name="page_170" id="page_170">{170}</a></span> porque Antonio es pobre, y -doña Tecla cobra y disfruta la pensión de orfandad de su sobrina, doña -Tecla envía á la muchacha, desde Ambato, donde vive, á Quito, donde -reside Marta, su hermana. Doña Marta es una beata escrupulosa y -asustadiza, que atormenta y muele á la pobre Juanita, más aún que doña -Tecla. Un joven militar ve á Juanita en misa, la persigue, la piropea y -la pretende, delante de doña Marta, que no le infunde respeto. Doña -Marta, entonces, que es egoísta en extremo, y no quiere compromisos ni -desazones, escribe á su hermana para que venga el tío Bonifacio y se -lleve á Juanita á Ambato otra vez.</p> - -<p>En esta vuelta de Quito á Ambato, en este viaje, están el más vivo -interés y la acción de la novela. Se nota que el autor, aunque ligero y -sobrio en las descripciones, conoce á palmos el terreno: aquello no es -fantástico, es real, y esta realidad hace que todo sea más interesante.</p> - -<p>Antonio, que sabe el viaje, ha dispuesto robar, durante el viaje, á -Juanita. Todo lo ha preparado para robarla y casarse en seguida con -ella, y se lo ha dicho á ella por medio de una carta.</p> - -<p>Sorprende el tío la carta, mientras Juanita duerme, en una posada en que -hacen noche, y, como es un borracho crónico que presume de agudo y -listo, toma con Juanita por atajos y veredas extraviadas, á fin de no -tropezar con el raptor á quien debían acompañar dos amigos.<span class="pagenum"><a name="page_171" id="page_171">{171}</a></span> La -resistencia de Juanita á salirse del camino que debían seguir; la brutal -violencia con que el tío pega al caballo de Juanita para que vaya por -donde él quiere; y el cansancio y el terror de Juanita cuando la noche -llega de nuevo y los sorprende cerca del río, que viene muy crecido, -todo aumenta la ansiedad del lector y la compasión que Juanita inspira.</p> - -<p>Ya están cerca de Ambato: pero es menester antes vadear el río. Don -Bonifacio, más valeroso que de costumbre, merced á frecuentes -libaciones, halla á un hombre conocido suyo que le muestra el vado. -Juanita se aterra más que nunca y no quiere pasar: pero el tío castiga -el caballo de Juanita que al fin se echa al agua.</p> - -<p>Así llegan á la orilla opuesta. Don Bonifacio oye la voz de Juanita, que -dice: ¡Jesús me valga! pero ve que el caballo de Juanita ha pasado y le -sigue.</p> - -<p>De repente aparecen tres hombres á caballo. Don Bonifacio cree que son -Antonio y sus dos amigos y se llena de terror. Los tres de á caballo -corren en otra dirección que la que lleva don Bonifacio, quien ve, sin -poderlo evitar, que el caballo de Juanita va con ellos.</p> - -<p>Desesperado llega don Bonifacio á Ambato. Cuenta el rapto á doña Tecla, -cuyo furor es terrible. Se pone en movimiento la policía, y don -Bonifacio con ella, y á la mañana siguiente encuentran á Antonio y á sus -amigos en una quinta. Piden la entrega de la mujer robada, y niega<span class="pagenum"><a name="page_172" id="page_172">{172}</a></span> el -rapto Antonio. La buscan y no la encuentran. Por último, unos indios, en -parihuelas hechas de ramaje, traen el cadáver de la infeliz Juanita, que -han encontrado á la orilla del río. El caballo de Juanita, ya sin -jinete, había seguido á los de los tres caminantes que ninguna relación -tenían con Antonio y sus amigos.</p> - -<p>La desesperación de Antonio y la bestial estupefacción del tío Bonifacio -no tuvieron límites con este desenlace. Doña Tecla lloró la muerte de -Juanita. Su dolor crecía cuando llegaban los últimos días del mes y no -podía cobrar la pensión.</p> - -<p>Contado todo esto, como yo lo cuento, no tiene gracia: pero, ¿cómo dar -de otra suerte idea de una novela? Claro está que en Juanita y en -Antonio, fuera del amor inocente y profundo que los anima y de la bondad -de ambos, no hay muy marcada y distinta fisonomía, ni era posible -dársela en tan corta novela: pero las dos tías y el tío, como caracteres -cómicos, más fáciles de individualizar, están hábil y graciosamente -pintados. Los usos y costumbres lo están también; y, durante la lectura, -imagina uno que vive en el Ecuador, treinta ó cuarenta años hace.</p> - -<p>Muchísimas novelas se han escrito y se siguen escribiendo en toda la -América española. No pocas de ellas merecerían ser más conocidas y -leídas en España y por todo el mundo. Hay novelas chilenas, argentinas, -peruanas, colombianas y mejicanas. Yo he leído ya bastantes, pero<span class="pagenum"><a name="page_173" id="page_173">{173}</a></span> -declaro que ninguna me ha hecho más impresión hasta ahora, y me ha -parecido más española y más americana á la vez, mejor trazada y escrita -que <i>Cumandá</i>. Aquello es en parte real y en parte poético y peregrino.</p> - -<p>El teatro, en que se desenvuelve la acción, es admirable y grandioso y -está perfectamente descrito. El autor nos lleva á él, trepando por la -cordillera de los Andes, pasando el río Chambo de rápida é impetuosa -corriente, oyendo el ruido de la catarata de Agoyan, y mostrándonos, -desde la cumbre del Abitahua, por una parte la ingente cordillera, -coronada de hielo, y, á nuestros pies, la inmensa y verde llanura, la -soledad sin límites, las selvas primitivas, frondosas y exuberantes, por -donde corren, regándolas y fecundizándolas, el Napo, el Naray, el Tigre, -el Morona, el Chambira, el Pastaza y otros muchos ríos caudalosos, que -van á acrecentar la majestuosa grandeza del Amazonas.</p> - -<p>El autor nos hace penetrar en aquellos misteriosos y fértiles desiertos, -por donde vagan tribus de indios salvajes. Allí, si por un lado oye el -hombre una voz que le dice, ¡cuán pequeño, impotente é infeliz eres!; -por otro lado, oye otra voz que le dice: eres rey de la naturaleza; -estos son tus dominios. Excepto Dios y tu conciencia, aquí nadie te mira -ni sojuzga tus actos.</p> - -<p>Tal es el sublime teatro de la acción de <i>Cumandá</i>. Las sombras de la -espesa arboleda, las sendas incultas, la fragancia desconocida de las<span class="pagenum"><a name="page_174" id="page_174">{174}</a></span> -flores, el sonar de los vientos, el murmurar de las aguas, todo está -descrito con verdadera magia de estilo.</p> - -<p>Se diría que el autor templa, excita y prepara el espíritu de los -lectores, para que la extraña narración no le parezca extraña, sino -natural y <i>vivida</i>.</p> - -<p>No me atrevo á contar la acción en resumen. No quiero destruir el -efecto, que á todo el que lea la hermosa novela de usted debe causar su -lectura.</p> - -<p>Los jesuítas, á costa de inmensos sacrificios, de valor y de -sufrimiento, habían cristianizado á muchos de los más indómitos y fieros -salvajes de aquellas regiones; y en ellas habían fundado no pocas -aldeas. La pragmática sanción de Carlos III, expulsándolos, vino á -deshacer en 1767, la obra de civilización tan noble y hábilmente -empezada.</p> - -<p>El tiempo de la novela es á principios del siglo presente, en pleno -salvajismo de aquellas apartadas comarcas.</p> - -<p>Hay, no obstante, una misión ó aldea de indios cristianos. El sacerdote -que la dirige, es un rico hacendado, á quien, en una sublevación, los -indios habían incendiado hacienda y casa, dando muerte á su mujer y á su -hija.</p> - -<p>El hijo del misionero, que se había salvado y vivía con él en la misión, -es el héroe de la novela. Sus castos amores con Cumandá, y las -extraordinarias aventuras, á que dan ocasión es<span class="pagenum"><a name="page_175" id="page_175">{175}</a></span>tos amores, forman la -bien urdida trama de la novela.</p> - -<p>¿Cómo negar, no obstante, que, desde cierto punto de vista, la novela -tiene un grave defecto? La heroina, Cumandá, apenas es posible, á no -intervenir un milagro: y de milagros no se habla. La hermosura moral y -física del ser humano es obra artificial ó sobrenatural. O nace en un -estado paradisiaco y de una revelación primitiva, de que por sus pecados -cayó el hombre, ó renace por virtud de revelaciones sucesivas y de -progresivos esfuerzos de voluntad y de inteligencia. La hermosura moral -y física de la mujer, más delicada y limpia, que la del hombre, requiere -aun mayor cuidado, esmero y esfuerzo, para que nazca y se conserve. -Difícil de creer es, por lo tanto, que Cumandá, viviendo entre salvajes, -feroces, viciosos, groserísimos, moral y materialmente sucios, y -expuestos á las inclemencias de las estaciones, conserve su pureza -virginal, y sea un primor de bonita, sin tocador, sin higiene y sin -artes cosméticas é indumentarias. Cloe, en las <i>Pastorales de Longo</i>, no -vive al cabo entre gente tan brutal, y toda su hermosura resulta además -estéticamente verosímil, ya que Pan y las Ninfas la protejen y cuidan de -ella. Cloe es un sér milagroso, y, para los que creían en Pan y en las -Ninfas, en perfecto acuerdo con la verdad. Pero como Cumandá no tiene -santo, ni santa, Dios, ni Diosa, ni hada, que tan bella y pura la haga y -la con<span class="pagenum"><a name="page_176" id="page_176">{176}</a></span>serve, es menester confesar que resulta dificultoso de creer que -lo sea.</p> - -<p>En muestras de imparcialidad, yo no puedo menos de poner este reparo á -la novela de usted: pero, saltando por cima, haciendo la vista gorda y -creyendo á Cumandá posible y hasta verosímil, la novela de usted que, -con el hechizo de su estilo nos induce á creer posible á Cumandá, es -preciosa, ingeniosa, sentida, y llega á conmovernos en extremo.</p> - -<p>Fuera de Cumandá, todo parece real, sin objeción alguna. Las tribus -jívaras y záparas, y las fiestas, guerras, intrigas, supersticiones y -lances de dichas tribus y de los demás salvajes, están presentados tan -de realce, que parece que se halla uno viviendo en aquellas incultas -regiones.</p> - -<p>El curaca Yahuarmaqui, que significa el de las manos sangrientas, es -como retrato fotográfico: él y los adornos de su persona y tienda, donde -lucen las cabezas de sus enemigos, muertos por su mano: cabezas -reducidas, por arte ingenioso de disección, al tamaño cada una de una -naranjita.</p> - -<p>Carlos, héroe de la novela y amante de Cumandá, no tiene grande energía -ni mucha ventura para libertar á su amada: pero, en fin, el pobre Carlos -hace lo que puede. Cumandá, en cambio, es pasmosa por su serenidad y -valentía. Cuando la casan con el curaca Yahuarmaqui, la inquietud y el -temor llenan el alma de los lec<span class="pagenum"><a name="page_177" id="page_177">{177}</a></span>tores. El curaca, por dicha, tenía ya -más de setenta años, y muere á tiempo: muere la noche misma en que debe -poseer á Cumandá. Pero la desventurada muchacha, con la muerte de -Yahuarmaqui, pasa de Herodes á Pilatos. La deben sacrificar como á la -más querida de las mujeres del curaca para que le acompañe en la morada -de los espíritus. La fuga nocturna de Cumandá, por las selvas, es muy -interesante y conmovedora. Los lances de la novela se suceden con bien -dispuesta rapidez para llegar al desenlace. Cumandá es una generosa -heroina. Para salvar á Carlos, que ha caído prisionero, y para evitar á -la misión una guerra con el sucesor de Yahuarmaqui y su tribu, se va -Cumandá de la aldea del padre Domingo, donde había buscado refugio, y se -entrega á los salvajes, que la sacrifican. Luego se descubre que Cumandá -era la hija del padre Domingo, á quien éste creía muerta cuando -incendiaron su hacienda, y á quien una india, movida á compasión, había -salvado y criado á su manera. Todos los incidentes de la catástrofe, del -reconocimiento, del dolor del padre Domingo y de Carlos, están -hábilmente concertados. Aceptada la posibilidad de tan sublime, casta, -pura y elegante Cumandá, haciendo entre salvajes, vida salvaje, la -narración parece verosímil y con todos los caracteres de un suceso -histórico.</p> - -<p>La verdad es que, dado el género, aunque rabien los <i>naturalistas</i>, la -novela <i>Cumandá</i> es mil<span class="pagenum"><a name="page_178" id="page_178">{178}</a></span> veces más real, más imitada de la naturaleza, -más producto de la observación y del conocimiento de los bosques, de los -indios y de la vida primitiva, que casi todos los poemas, leyendas, -cuentos y novelas, que sobre asunto semejante se han escrito.</p> - -<p>En mi sentir, usted ha producido en <i>Cumandá</i> una joya literaria, que -tal vez será popularísima cuando pase esta moda del <i>naturalismo</i>, -contra la cual moda peca la heroina, aunque no pecan, sino que están muy -conformes los demás personajes.</p> - -<p>Las dos novelas, que de usted conozco, me incitan á desear leer otras -que haya usted escrito, ó que escriba usted otras para que las leamos.<span class="pagenum"><a name="page_179" id="page_179">{179}</a></span></p> - -<h2><a name="TRADICIONES_PERUANAS" id="TRADICIONES_PERUANAS"></a>TRADICIONES PERUANAS<br /> -<small>(Á D. RICARDO PALMA)</small></h2> - -<p>Muy estimado señor mío: Grandísimo gusto me ha dado el recibir y leer el -libro que usted me envía, recién publicado en Lima con el título de -<i>Ropa vieja</i>; lo que me aflige es la segunda parte del título: <i>Última -serie de tradiciones</i>. En esas historias, que usted refiere como el -vulgo y las viejas cuentan cuentos, donde hay, según usted afirma, algo -de verdad y algo de mentira, yo no reconozco ni sospecho la mentira sino -en las menudencias. Lo esencial y más de bulto es verdad todo, en mi -sentir, salvo que usted borda la verdad, y la adorna con mil primores -que la hacen divertida, bonita y alegre. Por esto me duele la frase -amenazadora <i>Última serie de tradiciones</i>. Quisiera yo, y estoy seguro -de que lo querrían muchos, que escribiese usted otros tres ó cuatro -tomos más sobre los ya escritos. Yo tengo la firme persuasión de que no -hay historia<span class="pagenum"><a name="page_180" id="page_180">{180}</a></span> grave, severa y rica de documentos fehacientes, que venza -á las <i>Tradiciones</i> de usted, en dar idea clara de lo que fué el Perú -hasta hace poco y en presentar su fiel retrato.</p> - -<p>Soy andaluz, y no lo puedo remediar ni disimular. Soy además y procuro -ser optimista. Y como me parece esa gente que usted nos pinta, la flor y -nata del hombre y de la mujer de Andalucía, que se han extremado y -elevado á la tercera potencia al trasplantarse y al aclimatarse ahí, -todo me cae en gracia y no me avengo con las declamaciones que hacen -algunos críticos americanos, al elogiar la obra de usted como sin duda -lo merece.</p> - -<p>¿Para qué he de ocultárselo á usted? Aunque soy muy entusiasta de la -América <i>española</i> ó dígase <i>latina</i>, ya que por no llamarla <i>española</i> -le han puesto ustedes ese apodo, confieso que me aburre, más que me -enoja, la manía de encarecer, con lamentos ó con maldiciones, todas las -picardías, crueldades, estupideces y burradas, que dicen que los -españoles hicimos por ahí. Se diría que los que fueron á hacerlas, las -hicieron, y luego se volvieron á España, y no se quedaron en América -sino los que no las hicieron. Se diría que la Inquisición, los autos de -fe, las brujas y los herejes achicharrados, la enorme cantidad de monjas -y de frailes, la afición á la holganza y á los amoríos, la ninguna -afición á trabajar, y todos los demás vicios, horrores y defectos, los -llevamos nosotros ahí, donde sólo había virtudes<span class="pagenum"><a name="page_181" id="page_181">{181}</a></span> y perfecciones. Se -diría que nada bueno llevamos nosotros á América, ni siquiera á ustedes, -ya que, en este supuesto, ó no serían ustedes buenos, ó serían indios, ó -nacerían ahí, no de padres y madres españoles, sino por generación -espontánea. Y se diría, por último, que de todos los milagros que -hicieron los santos que hubo en el Perú, tiene España la culpa, como si -sólo en España y en sus colonias se hubieran hecho milagros, se hubieran -quemado brujas, y hubiera sido la gente más inclinada al bureo que al -estudio, al despilfarro que al ahorro, á divertirse, que á atarearse.</p> - -<p>Si aquellos polvos traen estos lodos; si de resultas de no haber -filosofado bien, de haber sido holgazanes y fanáticos, y de los otros -mil pecados de que se nos acusa, somos hoy más pobres, más débiles, más -desgobernados y más infelices nosotros que los franceses y que los -ingleses y alemanes, y ustedes que los yankees, no está bien que toda la -culpa caiga sobre nosotros, y que los discursos de esos críticos sean -una paráfrasis de aquello que dijo el cazo á la sartén: «quítate que me -tiznas.»</p> - -<p>Procuremos enmendarnos aquí y ahí; arrepintámonos de nuestras culpas, y -no juguemos con ellas á la pelota, arrojándonoslas unos á otros. ¿Quién -sabe entonces, si es que la elevación de unas naciones sobre otras y el -predominio nacen de merecimientos y no de circunstancias y de leyes -históricas, que tal vez se sus<span class="pagenum"><a name="page_182" id="page_182">{182}</a></span>traen á la voluntad humana, y que tal vez -ni se prevén ni se explican por los entendimientos más agudos; quién -sabe, digo, si volveremos á levantarnos de la postración y hundimiento -en que nos hallamos ahora?</p> - -<p>Entretanto, lo mejor es que cesen las recriminaciones que á nada -conducen; y lo peor es que cada español ó cada hispano-americano se crea -ser excepcional y reniegue de su casta, en la cual se considera el único -discreto, hábil, listo, laborioso, justo y benéfico.</p> - -<p>Va todo esto contra los críticos de ahí, que, al elogiar su obra de -usted, nos maltratan. Nada va contra usted, que describe la época -colonial como fué, pero con amor, piedad, é indulgencia filiales.</p> - -<p>Su obra de usted es amenísima: el asunto está despilfarrado, tan conciso -es el estilo. Anécdotas, leyendas, cuentos, cuadros de costumbres, -artículos críticos, todo se sucede con rapidez, prestando grata variedad -á la obra, cuya unidad estriba en que todo concurre á pintar la -sociedad, la vida y las costumbres peruanas, desde la llegada de -Francisco Pizarro hasta casi nuestros días.</p> - -<p>En la manera de escribir de usted hay algo parecido á la manera de mi -antiguo y grande amigo Serafín Estébanez Calderón, <i>El Solitario</i>; -portentosa riqueza de voces, frases y giros, tomados alternativamente de -boca del vulgo, de la gente que bulle en mercados y tabernas, y de<span class="pagenum"><a name="page_183" id="page_183">{183}</a></span> los -libros y demás escritos antiguos de los siglos <small>XVI</small> y <small>XVII</small>, y barajado -todo ello y combinado con no pequeño artificio. En <i>El Solitario</i> había -más elegancia y atildamiento: en usted mucha más facilidad, -espontaneidad y concisión.</p> - -<p>Por lo menos, las dos terceras partes de las historias que usted -refiere, me saben á poco: me pesa de que no estén contadas con dos ó -tres veces más detención y desarrollo. Algunas hay en las que veo -materia bastante para una extensa novela, y que, sin embargo, apenas -llenan un par de páginas de su libro de usted.</p> - -<p>Aunque es usted tan conciso, tiene usted el arte de animar las figuras, -y dejarlas grabadas en la imaginación del lector. Los personajes que -hace usted desfilar por delante de nosotros, vireyes, generales, jueces, -frailes, beatas, mozas regocijadas, inquisidores, insurgentes y -realistas nos parecen vivos y conocidos, como si en realidad los -tratásemos.</p> - -<p>De cuanto queda dicho, infiero yo, y doy por cierto, que es usted un -escritor muy original y de nota, cuya popularidad por toda la América -española es fundadísima, cunde y no ha de ser efímera, sino muy -duradera.</p> - -<p>Confieso que no sé á qué narración he de dar la preferencia. Apenas hay -una que no me haya divertido ó interesado.</p> - -<p>Á la Protectora y á la Libertadora, ó dígase, á las amigas favoritas de -San Martín y de Bo<span class="pagenum"><a name="page_184" id="page_184">{184}</a></span>lívar cuyas vidas y lances de amor y fortuna usted -refiere, no me parece sino que las estoy viendo, cuando andaban -triunfantes al lado de sus respectivos héroes.</p> - -<p><i>El Clarin de Canterac</i>, que con su incesante toque á degüello se creía -que iba á dar en Junin la victoria á los españoles, y que prisionero él, -y ya vencidos los españoles, tuvo que meterse fraile para no ser -fusilado, es historia tan singular, que apenas parece verdadera.</p> - -<p>Aun es más singular y más característica la historia de Fr. Pedro -Marieluz, acérrimo enemigo de los insurgentes, á quienes creía herejes y -excomulgados vitandos. Un jefe militar realista, cuyo nombre no quiero -poner aquí, porque él ha figurado después mucho en España y usted le -atribuye una crueldad espantosa, descubrió cierta conjuración, y prendió -á trece de los principales conjurados. Por más que hizo, no logró el -general arrancarles los secretos de la conjuración. Mandó entonces -fusilarlos, no sin que antes el P. Marieluz los confesara. Los confesó, -y fueron fusilados.</p> - -<p>Entonces quiso el general que el P. Marieluz le descubriese toda la -trama, que sin duda en la confesión le habían dicho los trece. El fraile -se negó, á pesar de halagos y amenazas.</p> - -<p>—De rodillas, fraile,—dijo entonces el general.</p> - -<p>El fraile se puso de rodillas.</p> - -<p>El general exclamó luego:</p> - -<p>—¡Preparen, apunten!<span class="pagenum"><a name="page_185" id="page_185">{185}</a></span></p> - -<p>Y, volviéndose á la víctima, dijo con voz imponente:</p> - -<p>—Por última vez, en nombre del Rey, le intimo que declare.</p> - -<p>—En nombre de Dios, me niego á declarar,—contestó el Fraile con acento -débil, pero reposado.</p> - -<p>—¡Fuego!...</p> - -<p>Y Fr. Pedro Marieluz, noble mártir de la Religión y del deber, cayó -destrozado el pecho por las balas.</p> - -<p>Las historias cómicas y alegres abundan más, por dicha, que las -trágicas, descollando por lo gráfico de las costumbres de por ahí, en -otros días, <i>El motín de limeñas</i>, <i>La victoria de las camaroneras</i> y -<i>La querella de los barberos</i>.</p> - -<p>La historia de <i>El Capitán Zapata</i>, que no ocupa dos páginas enteras del -libro de usted, se presta y aun convida á escribir una novela de -aventuras extraordinarias, de dos ó tres volúmenes. ¿Vivió ese Capitán -Zapata, ó le ha inventado usted? ¿Fué de cierto al Perú y se hizo rico -con una mina del Potosí que descubrió y á la que dió su nombre? ¿Volvió -rico á Cádiz y desapareció luego? El desenlace, real ó imaginado, no se -sospecha. Peláez, el amigo y protegido de Zapata, vuelve á España -también, y busca en balde á su protector y antiguo amigo. Cae, por -último, Peláez en poder de corsarios, que le llevan á Argel, ¡Cuál no -sería su sorpresa al encontrarse con que el Gran Visir era Zapata,<span class="pagenum"><a name="page_186" id="page_186">{186}</a></span> -morisco y musulmán disimulado antes, que, huyendo de la Inquisición, se -había pasado á tierra de moros, con todo lo que en el Perú había ganado!</p> - -<p>Casi estoy por decidirme y declarar á usted que de cuantas tradiciones -contiene esta última serie, ninguna me agrada tanto como <i>El alacrán de -Fray Gómez</i>.</p> - -<p>Figura de verdad, en el siglo <small>XVI</small>, es el honrado castellano viejo, -buhonero arruinado, que no tiene con que sustentar á su mujer é hijos, -que no halla quien le preste quinientos duros, con los cuales entiende -que lograría rehacerse, y que no se desespera, sino que, lleno de fe, y -de confianza en Dios, acude á su siervo Fr. Gómez, que estaba en olor de -santidad, y que es pobre, pero que sabe y suele hacer milagros.</p> - -<p>Fr. Gómez se compadece del buhonero; pero en su pobre celda no hay -dinero ni alhajas, ni trasto que valga dos reales.</p> - -<p>De pronto ve Fr. Gómez cerca de la ventana, sobre la pared encalada, un -alacrán que va corriendo. Arranca Fr. Gómez una hoja del libro devoto -que leía, coge bonitamente el alacrán, y le envuelve en aquel papel.</p> - -<p>—Tome, hermano, esta prenda, y acuda á un joyero que le prestará sobre -ella el dinero que necesita.</p> - -<p>El buhonero llevó la prenda al joyero, que al verla se quedó pasmado. -Era un alfiler ó prendedor magnífico, de oro con esmalte, el cuerpo<span class="pagenum"><a name="page_187" id="page_187">{187}</a></span> una -esmeralda, un enorme diamante la cabeza y dos rubíes los ojos.</p> - -<p>El joyero hubiera dado miles de duros sobre tan rica prenda: pero el -castellano viejo no quiso tomar ni tomó sino quinientos, y por seis -meses.</p> - -<p>Con aquel corto capital, en verdad bendito, prosperó y se enriqueció -pronto el buhonero; desempeñó la joya y la devolvió á Fr. Gómez.</p> - -<p>Éste la sacó del papel, la puso en el sitio en que la había hallado, y -dijo:</p> - -<p>—¡Animalito de Dios, sigue tu camino!</p> - -<p>El alacrán echó á correr, y se largó á sus asuntos como si tal cosa.</p> - -<p>Para mi modo de sentir, este cuento es precioso, simbólico, -instintivamente filosófico, de la más sana y alegre filosofía.</p> - -<p>Los juicios literarios, el discurso académico, todo lo demás, en suma, -que el libro contiene, me parece muy bien asimismo. Sólo me pesa de su -aborrecimiento de usted á los Jesuítas y de lo mal que los quiere y los -trata. Pero, en fin, no hemos de estar de acuerdo en todo.</p> - -<p>Mil gracias por el envío de su divertidísimo libro.<span class="pagenum"><a name="page_189" id="page_189">{189}</a></span><span class="pagenum"><a name="page_188" id="page_188">{188}</a></span></p> - -<h2><a name="UN_POLIGRAFO_ARGENTINO" id="UN_POLIGRAFO_ARGENTINO"></a>UN POLÍGRAFO ARGENTINO<br /> -<small>(AL SEÑOR DON SANTIAGO ESTRADA)</small></h2> - -<h3>I.</h3> - -<p>Muy señor mío y distinguido amigo: Harto difícil es para mí el honroso -encargo, que usted me da y que tanto me lisonjea, de poner algo como -Prólogo en el tomo de sus obras que lleva por título <small>Miscelánea</small>. No -extrañe usted, pues, y perdone mi tardanza en cumplir dicho encargo, -aunque le acepté complacidísimo.</p> - -<p>Sé que usted hace imprimir y va á publicar á la vez en Barcelona otras -varias obras suyas. El conjunto de ellas formará seis tomos, de los -cuales sólo he leído aquel en que mi crítica debe emplearse.</p> - -<p>A usted mismo más le conozco de fama que de trato. Si no recuerdo mal, -una vez sola tuve el gusto de estar conversando con usted por espacio de -poco más de media hora. Esto y el decir de las gentes bastan á -demostrarme la bondad de usted, su discreción y su ilustrado juicio:<span class="pagenum"><a name="page_190" id="page_190">{190}</a></span> -pero, como yo sigo mal la historia contemporánea de todos los países, -ignoro qué partido es el de usted en la República de que es ciudadano, -qué papel ha desempeñado en su política, y cuáles son sus aspiraciones é -ideas.</p> - -<p>El tomo <small>Miscelánea</small>, que usted me envía, parece, por consiguiente, como -reunión de datos para resolver un problema y para despejar una -incógnita, ya que incógnita era para mí, antes de recibir dicho tomo, la -importancia literaria de usted en su tierra.</p> - -<p>Para persona de mayor agudeza y de más honda penetración que las que yo -poseo, esta ignorancia previa traería ventajas y contribuiría á dar -superior lucimiento al desempeño de su tarea. Por el hilo, como se dice -vulgarmente, sacaría el ovillo: y, sólo en vista de la <small>Miscelánea</small> -formaría exacto y cabal concepto de la personalidad de usted y la -expondría al público con firmeza. Lo que es yo, ó tengo que limitarme á -hablar aisladamente del tomo <small>Miscelánea</small> ó me expongo á extraviarme al -pretender adivinar.</p> - -<p>De sobra se me alcanza el propósito de usted al pedirme el Prólogo. Ha -llegado á mi noticia que usted ha pedido también Prólogos para otros de -sus libros á otros escritores españoles. Y en esto, así como en la -circunstancia de imprimir usted todas sus obras en Barcelona, se ve -patente el intento de que la edición que usted hace sea como muestra ó -símbolo de la fraternidad de hispano-americanos y de españoles -pe<span class="pagenum"><a name="page_191" id="page_191">{191}</a></span>ninsulares y de la unidad indestructible de la civilización ibérica, -cuyo lazo no rompen ni todas las ondas del Atlántico que entre nosotros -se agitan, ni los recuerdos de una guerra, inevitable aunque fratricida, -pero cuya sangre y cuyas lágrimas se orearon ya, dejando limpio y no -marchito el lauro.</p> - -<p>Para usted, que es tan creyente y fervoroso católico, ha de ser de -indiscutible verdad el criterio que me guía al considerar los -acontecimientos humanos, porque sin suprimir en cada individuo la -responsabilidad de las acciones, ya nobles y generosas, ya egoístas y -perversas, y nacidas siempre de libre albedrío, veo en el conjunto algo -de divina é indefectiblemente ordenado con soberana presciencia, por -donde todo cuanto ocurre es lo mejor que puede ocurrir y todo cuanto se -realiza y consuma es para bien, aunque parezca mal por lo pronto; de -suerte que el refrán más verídico y piadoso es el que dice: «no hay mal -que por bien no venga.» Aplicado esto á los casos particulares me -compone una filosofía de la historia, en germen sin duda, poco sutil, -nada profunda é ingeniosa, pero muy optimista y rica de esperanzas y de -consuelos.</p> - -<p>La emancipación de las colonias españolas en el continente americano -fué, pues, cuando debió ser, y no pudo ser ni después ni antes. España -carecía de fuerza para mantener tanto imperio y era menester que se -desbaratara. No hay que discutir si cada uno de los desmembrados -frag<span class="pagenum"><a name="page_192" id="page_192">{192}</a></span>mentos hubiera alcanzado más tarde mayor eficacia, á fin de -constituir, sin largas convulsiones, dictaduras, tiranías y guerras -civiles, un Estado libre, próspero y fuerte. Sin discutirlo yo, por fe -en la invicta civilización europea, y en que la raza á que pertenezco -fué y seguirá siendo una de las más hábiles y activas para crearla, -conservarla y difundirla, jamás desconfié de nuestro destino; y, en los -instantes más tristes y ominosos, cuando, al ver, en las nuevas -Repúblicas, discordias, desquiciamiento y feroces tiranos, se -pronosticaban ruinas, sobre las cuales otra raza de más valer vendría á -entronizarse, jamás desesperé, no ya de la salud de la patria, sino de -algo más amplio y sublime: de la salud de <i>mi gente</i>.</p> - -<p>Por lo expuesto comprenderá usted y ponderará mi alegría, al notar la -naciente grandeza, la prosperidad, el brío y el orden, que se van -mostrando en algunas de las Repúblicas que fueron colonias de España. -Hay en ello, para todo español, no una satisfacción, sino un enjambre de -satisfacciones de amor propio: la del padre que conoce en el hijo la -nobleza de su sangre, anhelando que valga más que él y le supere: la del -maestro ó tutor, que, cuando el discípulo ó pupilo se luce, se engríe -imaginando que es parte en el triunfo la educación que le ha dado: y -para mí, además, la del vidente que se deleita jactándose de que no -salieron falsos sus vaticinios.<span class="pagenum"><a name="page_193" id="page_193">{193}</a></span></p> - -<p>En la situación actual de las Repúblicas hispano-americanas, y -singularmente de la Argentina, concretándonos á aquella que cuenta á -usted entre sus ilustres patricios, hay no poco de pueblo naciente y no -poco también de prolongación de otro pueblo, que tuvo ya extensa vida y -representó lucido papel en el teatro del mundo. Idioma, religión, leyes, -costumbres, ciencias, letras y artes, todo lo han recibido ustedes de -España. Este tesoro, que no debe desdeñarse para crear otro nuevo, sino -aprovecharse para que crezca y se centuplique, consta de dos clases de -riqueza; una exclusiva y peculiar de nuestra raza: otra común á toda la -civilización europea. Conato de lo imposible sería prescindir de esto ó -trastrocarlo adrede para hallar la originalidad y la novedad sin -precedentes. Todo esto es harto sólido para que sirva de base sobre la -cual pueda erigirse soberbio y nuevo edificio. Nada de esto debe -desecharse para levantar desde los cimientos edificio nuevo.</p> - -<p>Por lo dicho, lo primero que elogio y lo primero que me es simpático en -los escritos de usted es el espíritu conservador y castizo de que están -impregnados. Ni tal espíritu perjudica á la originalidad individual del -escritor. Para ser original no es necesario desfigurarse, ni -disfrazarse, ni descastarse, ni dejar uno de ser quien es y ser otro. Y -en cuanto á la originalidad colectiva, en cuanto al sello nacional y -distinto, es seguro que ha de ponerse sobre la propia y co<span class="pagenum"><a name="page_194" id="page_194">{194}</a></span>mún sustancia -española y no sobre otro elemento de importación ó sobre materia extraña -y prestada.</p> - -<p>La <small>Miscelánea</small> de usted es una colección de artículos de varios géneros, -pero en todos prevalece lo moral y religioso.</p> - -<p>Más bien que de crítico-literarios pueden calificarse de filosóficos y -doctrinales. En esto se asemejan, aunque van por opuesto camino, á los -del ecuatoriano Juan Montalvo: á su <i>Espectador</i> y á sus <i>Siete -Tratados</i>. Montalvo y usted han escrito <i>ensayos</i>, como los que -Montaigne llamó <i>ensayos</i>, y no como los ingleses, que suelen ser -extractos y críticas de libros. Ustedes, con más libertad y sin tomar -siempre ocasión de libro alguno, discurren sobre puntos diversos y -componen sobre cada punto un tratadito ó disertación breve.</p> - -<p>En las tendencias, Montalvo y usted son muy distintos y en el estilo más -aún. Montalvo es artificioso y afectadísimo: usted, espontáneo y -natural. Montalvo aspira en demasía á decir cosas nuevas y á decirlas -como nadie las ha dicho: quiere ser un primor, un dechado de forma. -Usted aspira sólo á decir lo que siente y piensa, aunque sea lo que -sienten y piensan los demás hombres; y á decirlo con orden y claridad, -sin rebuscamiento ni rarezas.</p> - -<p>No hay que decir que yo prefiero lo último.</p> - -<p>Si usted tratase de ciencias exactas ó de observación, el crítico -debería empezar por saber<span class="pagenum"><a name="page_195" id="page_195">{195}</a></span> dichas ciencias, y luego decidir si era la -verdad lo que usted decía. Pero las materias sobre las que usted -diserta, salvo ciertos principios inconcusos, <i>quædam perennis -philosophia</i>, en que debemos todos convenir y en que por dicha usted y -yo convenimos, tienen tanto de opinables y de controvertibles, que sería -en mí exceso de petulancia, ya el declarar á usted depositario y -divulgador de la verdad, ya el impugnarle, haciendo patentes sus -errores. Necesitaría yo además para esto, no componer un escrito corto, -sino un libro tan voluminoso como el de usted.</p> - -<p>Si lo que usted sostiene es la recta doctrina, ya convencerán de ello -las palabras de usted á quien las leyere, sin necesidad de que vengan -las mías en su apoyo. Y si hubiere error en poco ó en mucho, ni yo me -hallo con autoridad ni con capacidad para manifestarle, ni la misión de -un <i>prologista</i> es entrar en polémica con su <i>prologizado</i>.</p> - -<p>Lo que sí me incumbe decir, y lo que puedo decir por fortuna, y ésta, á -mi ver, es grande alabanza, es que usted escribe <i>corde bono et fide non -ficta</i>, con la sinceridad, con la convicción candorosa, que atrae la -atención de los lectores, que les gana la voluntad, que los convence á -veces, y que, cuando no los convence, los interesa y conmueve, -convirtiéndolos, si no en correligionarios del dogma que se predica, en -amigos y parciales entusiastas del predicador.</p> - -<p>Entienda usted bien que no quiero expresar<span class="pagenum"><a name="page_196" id="page_196">{196}</a></span> con esto más de lo que -expreso, ni mostrar mi escepticismo con reticencias. Lo único que yo -quiero expresar y que expreso ahora es que, un libro que trata rápida y -sumariamente sobre tantos y tan trascendentales asuntos sería ligereza y -osadía, ora que yo en todo le declarase conforme á la verdad, ora que en -poco ó en mucho le calificase de erróneo.</p> - -<p>Lo que sí puedo hacer y hago con sumo contento, sin salir de las dudas -escépticas en que la modestia me ha encerrado, es calificar el libro de -usted de libro sano, fruto de un entendimiento y de una voluntad sanos -también ambos.</p> - -<p>Esta sanidad es, en mi sentir, el fundamento de toda buena obra de -literatura; es la razón que ha de tener el crítico meramente literario, -y no científico ni filosófico, para declarar buena la obra. Consiste -dicha sanidad en no dejarse arrastrar de afectos torcidos, aunque sean -sinceros; en poner por base el sentido común y no desecharle nunca, -aunque sirva de trampolín para brincar por cima de él más allá de las -estrellas; en no seguir una dialéctica viciosa por el empeño presuntuoso -de parecer más sutil ó más profundo que el resto de los mortales; y en -no incurrir en extravagancias para pasar por genios.</p> - -<p>La insania de que hablo no impide que el escritor sea tenido por grande; -pero yo no gusto de él. Tal vez lo que dice está más conforme con lo que -á mí me parece la verdad que lo que dice<span class="pagenum"><a name="page_197" id="page_197">{197}</a></span> el escritor sano: pero el -error de éste es más simpático y causa menos daño que la verdad en la -boca ó en la pluma del otro. Prefiero á Voltaire renegando de todo dogma -cristiano á Rousseau ensalzando los Evangelios; y menos mal me parece -Carducci componiendo una oda á Satanás, donde su sola afectación es -llamar Satanás á la personificación del ingenio humano, que -Chateaubriand levantando <i>El genio del Cristianismo</i> sobre un cúmulo de -afectaciones.</p> - -<p>Declarado ya aquí como sentencia que es usted un escritor sincero, -entusiasta sin extravío y sin empeñarse en ser entusiasta, y sano -además, añadiré, como parecer individual mío, que me agrada en extremo -su modo de pensar de usted, y que en lo más esencial siempre le apruebo -y le aplaudo.</p> - -<p>Desde luego coincidimos en nuestra estética, fundamento de nuestra -crítica. Cuanto dice usted en defensa del poeta colombiano Jorge Isaacs, -en el artículo titulado <i>El ideal del poeta</i>, es, bien dicho, lo mismo -que yo pienso y siento. Usted niega, como yo, que la poesía sea don -funesto, cultivo del dolor; y entiende que no es deformidad ó enfermedad -el <i>genio</i>, sino salud más completa, fecunda y dichosa, que la salud de -que goza el vulgo.</p> - -<p>En el juicio que forma usted de Olegario Andrade estamos de acuerdo, si -bien usted se muestra y puede mostrarse más severo que yo porque Andrade -es su paisano.<span class="pagenum"><a name="page_198" id="page_198">{198}</a></span></p> - -<p>En todos los artículos de usted de asunto religioso son de admirar la -ardiente devoción, la fe profunda y la espontánea elocuencia. Y á mí me -encanta asimismo que la religiosidad de usted, lejos de estar reñida con -el espíritu del siglo, con la creencia en el progreso y con el amor á la -libertad, se combina con estas ideas y con estos sentimientos, -purificándolos y santificándolos. No se funda la fe católica de usted en -escepticismo y pesimismo, como la de Pascal, Bonald, De Maistre y -Donoso, sino en optimismo y en confianza mesurada y justa en la razón -humana. No es menester para amar á Dios odiar y despreciar al prójimo, -antes por amor de Dios más se le ama y más se le respeta. Ni es menester -para aceptar una revelación exterior, que viene á nosotros con la -palabra, materialmente, ya por los oídos, ya por los ojos, sostener que -la luz íntima que Dios nos ha dado, sólo sirve para descubrir é iluminar -disparates.</p> - -<p>El libro de usted es muy ameno y tan variado que no acertaré á dar idea -de todo él sin pecar de prolijo. Contiene cuadros de costumbres, como -<i>Liberato</i>; crítica de bellas artes, como <i>El dolor concentrado</i> y <i>Una -estatua de Alonso Cano</i>; y encomios de personas ilustres, como los del -padre Jordán y de Juana Manuela Gorriti, á la cual, lo confieso con -vergüenza para prueba de la incomunicación intelectual en que hemos -estado, no había yo oído mentar nunca, aunque usted afirma que comparte -con la Avellaneda el im<span class="pagenum"><a name="page_199" id="page_199">{199}</a></span>perio literario de la mujer americana en la -América española. Y son tales las elocuentes alabanzas que da usted á la -Gorriti, que, á ser justas también, y no exageradas por generosa -benevolencia, á pesar de mi admiración por la Avellaneda, tengo que -conceder á la Gorriti la primacía.</p> - -<p>En los artículos en que combate usted vicios sociales ó manías de moda, -como la cremación y el suicidio, son de celebrar el saber que usted -patentiza, la sencillez y el orden del estilo y el calor con que -defiende sus opiniones.</p> - -<p>A mi ver, el más bello, sabio y erudito de estos artículos filosóficos, -es aquel en que critica usted la obra de José María Ramos Mejía, -titulada: <i>Las neurosis de los hombres célebres en la República -Argentina</i>. Da motivos esta obra para que usted niegue las neurosis -invencibles que destruyen la responsabilidad, para que haga una -brillante defensa del libre albedrío y para que impugne el materialismo -y no acepte el divorcio entre la razón y la fe, la religión y la -ciencia.</p> - -<p>Su libro de usted, como todo libro bien escrito y lleno de saber y de -talento, no sólo contiene muchas ideas, sino que las despierta en el -ánimo de quien lee, ya por ampliación y deducción, ya por contradicción -también; pero dejo de poner aquí las mías, para que no me acuse usted de -pesadez, se arrepienta de haberme confiado el Prólogo, y perjudique éste -el libro en vez de favorecerle.<span class="pagenum"><a name="page_200" id="page_200">{200}</a></span></p> - -<p>Baste que yo reconozca, para terminar, que el libro, por fortuna y -mérito de usted, y para honra de las letras españolas, en toda su -amplitud españolas, no necesita de recomendación ni de apoyo.</p> - -<p>Y si por el tomo conocido he de calcular el mérito de los cinco que no -conozco aún, me atrevo á afirmar que el día de la aparición de los seis -tomos será día fausto en los anales de nuestra total literatura.</p> - -<h3>II.</h3> - -<p>Mil gracias doy á usted por el ejemplar que me envía de sus obras -completas. Son ocho tomos: no seis, como yo había entendido.</p> - -<p>Después de las alabanzas, merecidas y discretas, que hacen de usted, en -prólogos, introducciones y apéndices, los Sres. D. Santiago de Liniers, -su pariente de usted; D. Valentín Gómez, D. Pedro Bofill, D. Nilo María -Fabra y D. Eduardo Bustillo, todo lo que yo diga parecerá pálido y frío.</p> - -<p>Quiero, no obstante, decir algo, á fin de mostrar que he leído todos los -tomos y que los he leído con deleite.</p> - -<p>Elegantemente impresos en Barcelona, y como apadrinados, aunque no lo -necesitan, por escritores peninsulares de nota, se diría que vienen á -aumentar nuestra riqueza literaria, y que, sin<span class="pagenum"><a name="page_201" id="page_201">{201}</a></span> dejar de ser argentinos, -traen al tesoro intelectual de la Metrópoli nuevas y preciosas joyas.</p> - -<p>No hay en la colección trabajos muy extensos. En su mayor parte son -artículos, tal vez publicados en periódicos, ó discursos, leídos ó -pronunciados, en ocasiones solemnes, en el seno de juntas ó de -asambleas.</p> - -<p>Da unidad al conjunto la personalidad del autor; pero esta unidad, por -el estilo, por el carácter, por la fijeza y firme consecuencia de las -opiniones, no es menos evidente que la que se nota en los Ensayos de -Montaigne, de Carlyle, de Macaulay, ó del ecuatoriano Juan Montalvo.</p> - -<p>Los asuntos no pueden ofrecer mayor variedad. Ya escribe usted crítica -literaria como Sainte-Beuve; ya de dramas y comedias como Janin y -Lemaitre; ya de música como Scudo, y ya traza graciosos y ligeros -cuadros de costumbres, como nuestros célebres Fígaro, El Solitario y El -Curioso Parlante.</p> - -<p>En cuanto los ocho tomos contienen, luce usted su vasta lectura, su -recto criterio, su viva y espléndida imaginación; lo bondadoso é -indulgente de su índole que, más que á señalar defectos, le lleva á -descubrir y celebrar bellezas; y el fervoroso entusiasmo y el amor -entrañable con que se complace usted en realzarlas y en encomiarlas.</p> - -<p>Yo, que me precio de ser y soy tan benigno como usted, no soy, ni con -mucho, tan entusiasta; y, lo confieso, siento cierto temor á lo -exal<span class="pagenum"><a name="page_202" id="page_202">{202}</a></span>tado y lírico del estilo. Cuando por extraña casualidad quiero -emplearle, me parece que oigo á mi lado, arredrándome, la voz de Maese -Pedro que dice: «no te encumbres, que toda afectación es mala.» Está -claro que Maese Pedro habla conmigo, y para otros que se entusiasman ó -finjen entusiasmarse y llenan lo que escriben de flores contrahechas, -que no puede haber nada más cursi; pero Maese Pedro no habla para ni -contra usted, que es naturalísimo y sencillísimo, y que solo <i>florea</i> -cuando las flores brotan, sin que usted lo pueda remediar, <i>ex -abundantia cordis</i>. En este caso, más es de envidiar que de censurar que -las haya. Envidiable es, en todos sentidos, el ardor apasionado que hace -que nazcan estas flores.</p> - -<p>Donde más me agrada en usted la tal poesía en prosa, que por ser natural -no condeno sino que aplaudo y envidio, es en los elogios de mujeres. -Nadie niega que es usted un estético apasionado de los buenos versos, de -la declamación y de la música, ni menos que es un fervoroso católico; -pero en mucho de lo que dice usted y en los retratos que hace de Adelina -Patti, de Sara Bernhardt, de Lucía Pastor y hasta de Santa Rosa de Lima, -creo descubrir (Dios me perdone si me equivoco) cierta morosa -delectación y cierta vehemencia de afectos, que me caen muy en gracia, -porque yo, á pesar de mis cansados años, soy todavía poco severo, pero -que tal vez censuren los varones timoratos y graves, aunque no se -atrevan á declarar que las susodichas delecta<span class="pagenum"><a name="page_203" id="page_203">{203}</a></span>ción y vehemencia se -opongan á la verdad católica, ni á la moral cristiana, ni que las -anublen siquiera en lo más diminuto.</p> - -<p>Por otra parte, como usted no es menos vehemente y exaltado en sus -amores y en sus alabanzas á otros objetos más altos y menos materiales -que la mujer, me inclino á dar por cierto que hasta los más penitentes -anacoretas perdonarán á usted lo que señalo, suponiendo que sea defecto -ó más bien exceso.</p> - -<p>Dudo mucho de que haya argentino más patriota que usted, ni americano -tampoco más amante de América: pero esto no entibia el amor de usted por -la madre España. Sea prueba de este amor el siguiente elocuentísimo -párrafo: «Saludadas Cádiz la pulcra, Jerez la laboriosa, Sevilla la -poética, Córdoba la morisca, Valencia la fecunda, Barcelona la grande, -Zaragoza la heróica, Madrid la histórica y coronada villa, cumple á mi -lealtad declarar que América está envanecida de haber tenido por madre á -la nación invicta que cantaba lo divino y lo humano con la lira de Lope -y Calderón; pintaba lo místico y lo profano con los pinceles de Murillo -y de Velázquez; esculpía el ideal de la eterna belleza con el cincel de -Cano y Montañés; fustigaba las costumbres con la pluma de Cervantes y -Quevedo, y clavaba el Lábaro del Redentor y la pica de sus soldados en -lo conocido y desconocido de la tierra.»</p> - -<p>Estos elogios, reconcentrados aquí sintética<span class="pagenum"><a name="page_204" id="page_204">{204}</a></span>mente para España, se -derraman asimismo con profusión generosa sobre los artistas y escritores -de nuestra nación y de nuestros días, y muy particularmente sobre Tamayo -y Baus, Echegaray y Rafael Calvo.</p> - -<p>Ni se crea por esto que usted es todo de almibar. Si no lo amargo, lo -picante de la sátira sazona con frecuencia los escritos de usted y pone -relieve en varios cuadros cómicos ó burlescos. El que se titula <i>El -convite Barrientos</i> es un modelo en su género. Acaso exagere usted la -caricatura para provocar más la risa, pero siempre se ve la verdad, y, á -pesar de la exageración, se reconoce la fidelidad de los retratos.</p> - -<p>Los cuadros de costumbres y las descripciones de usted son casi siempre -ó divertidas ó interesantes: y para nosotros tienen además el atractivo -de lo peregrino é inaudito que se combina con lo familiar, castizo y -propio: nos representan escenas, lances y actos, en un mundo distinto -del cual el Atlántico nos separa, animados y ejecutados por personas, en -parte extrañas también, pero que proceden de nosotros, hablan nuestro -idioma y llevan nuestros apellidos y nuestra sangre.</p> - -<p>Las obras de usted no son sólo de mero pasatiempo y de crítica artística -y literaria. Las hay que encierran muy sana y ortodoxa filosofía y que -son didácticas y ricas en noticias y documentos de no corto valer. En mi -sentir, lo mejor en este género es un elogio fúnebre del Pontífice<span class="pagenum"><a name="page_205" id="page_205">{205}</a></span> Pío -IX, donde pone usted toda la ardiente religiosidad de su alma; la vida -de Don Félix Frías, modelo de patriotas y de republicanos, ejemplo de -caridad inagotable y dechado de fe católica; y por último, el estudio -biográfico y la brillante apología que hace usted de su antepasado Don -Santiago de Liniers. A mi ver, así para todo español, como para todo -argentino de corazón, este héroe es más simpático y admirable en su -derrota y en su muerte que en medio de sus triunfos contra los ingleses, -en 1806 y 1807; que en la expulsión de los ingleses de Buenos Aires y en -la ulterior defensa de aquella plaza, hazañas tan hermosamente cantadas -por Maury y por Gallego.</p> - -<p>Liniers más motivo tenía de quejas que de gratitud al gobierno de -España. Depuesto del mando se hallaba, cuando sobrevino la revolución, y -fiel á su bandera como militar pundonoroso, se alzó en armas, en favor -de la Metrópoli y del Rey contra los insurgentes colonos. Desbandada -pronto la gente que acaudillaba, Liniers cayó en poder de los -insurgentes, quienes le fusilaron en compañía de Allende, Moreno, -Rodríguez y D. Juan Gutiérrez de la Concha, capitán de navío y -Gobernador intendente de Córdoba de Tucumán. Antes de que los tiradores -disparasen, dijo Liniers en alta voz: «Morimos orgullosos de nuestra -fidelidad al Rey y á España.»</p> - -<p>¿Cómo extrañar, por muy argentino y por muy<span class="pagenum"><a name="page_206" id="page_206">{206}</a></span> republicano que usted sea, -que se enorgullezca de la heróica vida y mas heróica muerte de tan -ilustre antepasado?</p> - -<p>La más extensa de las obras de usted, si pudiera considerarse como una -sola obra, serían los dos tomos de viajes; pero, en realidad, estos dos -tomos contienen cinco obras distintas: el viaje de Buenos Aires á -Santiago de Chile, pasando por Montevideo, Córdoba, Altagracia, la -Pampa, Achiras, San Luis y Mendoza, y salvando los Andes; el regreso á -Buenos Aires, embarcado, por el estrecho de Magallanes; la excursión á -las Sierras del Tandil, con la descripción de <i>la piedra movediza</i>, -monumento acaso de una edad remota, y parecido á otros que de tiempo -inmemorial subsisten en nuestras regiones europeas, y por último, las -dos obras, en mi sentir mucho más importantes, que llevan por título <i>De -Corrientes á Cumbarití</i> y <i>De Valparaiso á la Oroya</i>.</p> - -<p><i>De Corrientes á Cumbarití</i> es un extraño escrito, pintura naturalmente -poética de uno de los países más hermosos del mundo y documento -histórico de grandísimo interés, ya que un testigo ocular describe en -él, con vivos colores y conmovido acento, el fin de una guerra obstinada -y sangrienta, en que el Paraguay quedó vencido. Son por cierto de -admirar la devoción y la valentía de los paraguayos en defender su -patria. He oído afirmar, y, aunque haya en ello exageración, es tremenda -alabanza, que, al terminar la guerra, apenas quedaban á vida hom<span class="pagenum"><a name="page_207" id="page_207">{207}</a></span>bres de -armas tomar en aquella República. Y es más admirable aun que fuera un -tirano como el Presidente López quien tan generoso entusiasmo -infundiese.</p> - -<p>Todo se explica, no obstante, cuando se considera la bondad, el brío, el -candor y la condición enérgica y sufrida á la vez de los guaraníes, que -constituyen la inmensa mayoría de aquel pueblo. Sobre tales prendas, que -los guaraníes tienen por naturaleza, vienen á ponerse la severa -disciplina de los jesuítas que los cristianizaron y el espíritu de -obediencia que acertaron á inspirarles.</p> - -<p>Al leer la sencilla y conmovedora narración hecha por usted de la -tragedia, que puso término á la tiranía de López, acudí á leer de nuevo -libros que ya tenía casi olvidados, para explicarme la mal empleada -heroicidad de los paraguayos: para hallar sus antecedentes y fundamento.</p> - -<p>El Padre Antonio Ruiz Montoya escribió y publicó en Madrid, en 1639, su -<i>Conquista espiritual</i>. En este libro se expone cómo fueron los -guaraníes convertidos por los jesuítas. Otro Padre tradujo el libro en -guaraní, exornándole con más milagros. La traducción portuguesa del -manuscrito guaraní, dada á luz por el literato brasileño Almeida -Nogueira, nos ofrece la clave de todo. La aparición frecuente entre -aquellos salvajes y la convivencia con ellos de ángeles y de demonios, y -la repetida resurrección de difuntos, que venían á contar cuanto habían -vis<span class="pagenum"><a name="page_208" id="page_208">{208}</a></span>to en el cielo y todas las delicias que allí se gozaban, y los -tormentos espantosos y eternos del infierno, debieron de fanatizar -aquellos ánimos sencillos predisponiéndolos á obedecer ciegamente á los -Padres, á fin de ganar la gloria y de no padecer penas tan atroces é -interminables.</p> - -<p>Acaso fué conveniente entonces aquel despilfarro de lo sobrenatural. Por -él se logró infundir en los fieros corazones de los indios bravos la -moral cristiana, y apartarlos de los vicios y de los crímenes y -supersticiones de su pasada vida selvática. Por él, ó sea haciendo -prodigios, humillaron los Padres á los <i>payés</i> ó hechiceros, que también -los hacían. Pero tal vez aquella educación religiosísima predispuso por -demás á los indios á una docilidad y sumisión llenas de peligros, -contribuyendo á hacer posible el advenimiento al poder del tremebundo -Doctor Francia.</p> - -<p>Los jesuítas habían regimentado y subordinado la valentía de los indios, -empleándola como un arma, contra españoles y portugueses.</p> - -<p>Es casi seguro que tenían los jesuítas razón. Muchos de los primeros -aventureros, que iban á América, eran unos desalmados, de aquellos por -quienes pudo decir el poeta:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">La codicia en los brazos de la suerte<br /></span> -<span class="i0">Se arroja al mar, la ira á las espadas,<br /></span> -<span class="i0">Y la ambición se ríe de la muerte.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p class="nind">pero no era el medio mejor de amansarlos, y de procurar que los indios -fraternizasen con<span class="pagenum"><a name="page_209" id="page_209">{209}</a></span> ellos, el hacer que los indios formasen de ellos el -concepto que expresan las siguientes palabras, tomadas de la traducción -del manuscrito guaraní: «gente que sólo cuida de hacer cosas ruines, que -destroza y mata; y, si alguien quiere librarse en balde de ser su -esclavo, es maltratado como animal.»</p> - -<p>Cobraron, sin duda, los indios recelo y odio contra los europeos, y así -los jesuítas lograron que se prestasen para no pervertirse á vivir -secuestrados de todo trato y comercio exterior y que tan valerosamente -combatieran bajo el mando de ellos contra las armas de España y Portugal -reunidas; contienda que sirvió de cuadro á uno de los episodios de la -más graciosa novela de Voltaire y de asunto al bello poema de J. Basilio -de Gama, inspirado cantor de Lindoya.</p> - -<p>Sin duda esta educación jesuítica valió al Doctor Francia para ejercer -su tiranía inaudita cuando nuestras colonias se emanciparon.</p> - -<p>No me atrevo yo á decidir si aquella paz ignorante, aquel aislamiento -paraguayo y aquel despotismo del Doctor Francia fueron peores que las -incesantes guerras civiles, los pronunciamientos y -contra-pronunciamientos y los tiranuelos feroces que hubo en muchas -repúblicas hispano-americanas. Digo sólo que el Paraguay progresó menos, -aunque no hubo en él sacudimientos, ni trastornos: vivió tan aislado que -nadie podía penetrar en él sin exponerse á quedar allí para siempre, -como el sabio Bompland com<span class="pagenum"><a name="page_210" id="page_210">{210}</a></span>pañero de Humboldt: y que, muerto el Doctor -Francia, le sucedió el Doctor López, manteniendo á los paraguayos bajo -el mismo régimen, si bien con férula ó vara menos dura.</p> - -<p>Allá por los años de 1850, no sé quien persuadió á López, y López se -dejó persuadir, de que debía abrir el Paraguay al comercio y trato -humanos. Y López envió á su hijo á Europa de Ministro Plenipotenciario -ubicuo, y de Europa fueron diplomáticos al Paraguay á celebrar tratados -de comercio.</p> - -<p>A no dudarlo, López quiso desde entonces para su patria cierto progreso -y cierta ilustración, que se fuesen logrando con pausa. Con mayor fuerza -de voluntad hubo de quererlo su hijo, que había viajado por Europa, y -que heredó la presidencia de su padre.</p> - -<p>Fuesen, pues, las que fuesen las causas de la guerra, que brasileños y -argentinos hicieron al Paraguay, y cuya terminación, al espirar el año -de 1869, usted tan elocuentemente describe, lo más que podrá afirmarse -es que dicha guerra fué justa; que ni el Brasil ni ustedes la pudieron -evitar; pero, francamente, yo no quiero considerarla un triunfo de la -civilización y de la libertad sobre la barbarie y la tiranía; tiranía y -barbarie hubieran acabado sin tanto estrago, aunque con mayor lentitud. -No valía para adelantar aquellos bienes por algunos años pagar el -adelanto con tal profusión de muertes, gastos y destrozos.<span class="pagenum"><a name="page_211" id="page_211">{211}</a></span></p> - -<p>Aquí, en España, tenemos un libro muy divertido que retrata fiel y -cándidamente, en mi sentir, lo que era el Paraguay bajo la presidencia ó -dominio del primer López. Si en España hubiese más afición á la lectura, -el libro de que hablo sería muy leído: se hubieran hecho de él muchas -ediciones. Quien le lee, ríe con gana y de veras de los lances, -aventuras y observaciones del Sr. D. Ildefonso Antonio Bermejo, autor -del libro, que pasó en el Paraguay cuatro ó cinco años al servicio del -tirano. Cómicos y muy raros casos refiere, pero hay tal tono de buena -fe, tan sincero y espontáneo estilo en todo, que ni por un instante -asaltan dudas sobre la escrupulosa veracidad del relato.</p> - -<p>Todo él, y más aún la gloriosa defensa que hicieron los paraguayos de -sus hogares y aun del mismo tirano, nos los presentan como mucho más -simpáticos que los que á fuego y sangre fueron á pulirlos, á libertarlos -y á hacerlos felices y cultos.</p> - -<p>Reza un añejo y cruel refrán: <i>la letra con sangre entra</i>. Hay -desventuras ineludibles. Ocasión se ofrece á cada paso de repetir la tan -repetida exclamación virgiliana: <i>Sunt lacrimæ rerun</i>; pero la verdad es -que con tantas guerras y tan atroces como tienen ustedes en América -desde que son independientes y libres, pierden ustedes no poca autoridad -y crédito para vituperar las ferocidades de sus tatarabuelos los -españoles que fueron á civilizar el Nuevo Mundo en los pasados siglos.<span class="pagenum"><a name="page_212" id="page_212">{212}</a></span></p> - -<p>El horrible método de acabar con la tiranía de López y de llevar la -civilización á aquella tierra fertilísima, arranca de su piadoso corazón -de usted, entre otras, estas sentidas voces:</p> - -<p>«Fermenta la putrefacción sobre una alfombra de flores marchitada por la -pólvora. Cubre aquellos cadáveres, contraídos por los dolores, -despedazados por la metralla ó desfigurados por la corrupción, un cielo -espléndido del cual parece descender la vida. La selva impenetrable, el -árbol frondoso, el agua estancada, parecen exigir al hombre su fuerza y -su inteligencia para cumplir la misión que Dios le confiara. Pero el -brazo del hombre ha sido abatido por la espada. Su cuerpo corrompido -yace mezclado con los corceles muertos en la batalla. Solamente Job, -colocado en medio de la miseria y podredumbre de la muerte, podría -cantar en términos apropiados la desolación del Paraguay.»</p> - -<p>A estas y á otras no menos conmovedoras lamentaciones de usted sólo -tengo que añadir mi deseo de que la paz restaure las fuerzas y sane y -cicatrice las heridas que han tenido ustedes que hacer al Paraguay para -que sea libre y más civilizado.</p> - -<p>La obra de usted, que cito la última, <i>De Valparaíso á la Oroya</i>, es la -mejor de todas, en mi sentir, ó al menos la que me ha causado impresión -más honda y más grata. Me parece amenísimo libro de viaje. El estilo de -usted, animado y pintoresco, tiene la fuerza de trasladar en es<span class="pagenum"><a name="page_213" id="page_213">{213}</a></span>píritu -al lector á los lugares que va usted recorriendo y que tan bien -describe. Más de sesenta autores, antiguos y modernos, ha consultado -usted para componer su libro. Cada uno de ellos informará más -circunstanciadamente, ya sobre las antigüedades é historia del Perú, ya -sobre su geografía, fauna, flora y demás recursos y naturales riquezas, -ya sobre su industria y su comercio: pero pocos ofrecerán al lector un -conjunto tan variado é interesante. Su trabajo de usted es -principalmente el resultado de la inspección ocular y de sus recuerdos, -los cuales, avivados por la fantasía y el talento del escritor, producen -en quien lee la ilusión de que visita con usted aquel magnífico país. -Son bellísimas las descripciones de Arequipa, del Misti, del Cuzco y sus -ruinas, de la ciudad de los reyes, del valle de Lurín y del antiguo -templo del Dios Pachacamac.</p> - -<p>La pintura que hace usted del esplendor y florecimiento de Lima, la -alegría de sus habitantes, la hermosura y gracia de sus mujeres, la -riqueza de sus templos, la gala, el lujo y las joyas de su aristocracia, -el tesoro artístico, en cuadros y antiguallas, que guardan el Museo -Nacional, y las colecciones de los señores Ortiz de Ceballos y Dávila -Condemarín, todo nos encanta y nos enorgullece á los españoles, ya que -acertamos á fundar tan brillante colonia y á llevar á ella nuestra -civilización y nuestras costumbres. Bastante nos apesadumbran y nos -ponen con<span class="pagenum"><a name="page_214" id="page_214">{214}</a></span>tritos la consideración y la pena, que usted no deja de -estimular, de las crueldades y actos vandálicos de Pizarro y los otros -conquistadores: pero, sin poderlo remediar, tal vez para que sea menor -el remordimiento colectivo, porque no quiero yo entrar en discusiones, -nos sentimos inclinados á no creer por completo en tantas maravillas y -en tantos bienes como se supone que hubo en el Perú, durante el imperio -de los Incas. No me entra en la cabeza que hubiese entonces tantos -millones de indios, hoy desaparecidos, ni menos que los indios que -quedan sean más rudos y más miserables adorando á Cristo que adorando al -sol, al Inca su pariente y al Dios Pachacamac, sobre cuyo nombre, -condiciones, atributos y naturaleza, se funda sutil teodicea. Mucho me -inclino á sospechar que la tal teodicea ha sido mejorada y hermoseada -por la imaginación de personas ilustradas de nuestra edad ó por -misioneros candorosos que quisieron descubrir en ella los rastros de la -predicación de Santo Tomás ó de otro apóstol, que acertó á llegar hasta -allí.</p> - -<p>Si antes de los Incas, hacia el siglo X de nuestra era, habían tenido -los peruanos escritura hieroglífica, esta escritura se había perdido en -tiempo de los Incas, lo cual implica un retroceso en la cultura. Cuando -la aparición de los españoles, sólo había los <i>quipos</i> ó nudos hechos -con hilos de diversos colores. Por muy ingenioso que supongamos este -arte y por muy hábiles y<span class="pagenum"><a name="page_215" id="page_215">{215}</a></span> sagaces que fueran los <i>quipocamayos</i> ó -interpretadores de <i>quipos</i>, me parece que es menester sobrada buena -voluntad y fe grande para aceptar como evidentes, gracias á los -<i>quipos</i>, los datos cronológicos y estadísticos sobre la duración, -riqueza y censo del imperio de los Incas y sobre la bienaventuranza de -sus súbditos, antes de la feroz conquista española. En fin, sea como -sea, el daño hecho está ya y no tiene remedio. Yo convengo en que los -aventureros, que iban de España á las Indias solían ser unos desalmados, -lo peor de cada casa: y convengo en que el Padre Valverde era un -fanático; un fraile <i>trabucaire</i>, como diríamos ahora. Pero, por amor de -Dios, ¿no se resiste ó repugna á todo recto juicio que matásemos á -disgustos y á malos tratamientos á tantos millones de séres humanos? -¿Cómo creer que déspotas como Viracocha, Pachacutec, Yupanquí, -Huayna-Capac y Huascar, hacían más dichosos á sus súbditos, fomentaban -más la población, las ciencias, las artes y la prosperidad, que los -Gobernadores y Arzobispos, enviados á Lima por los católicos reyes de -España, entre los cuales Arzobispos hubo santos y entre los cuales -Gobernadores ó Virreyes los hubo tan buenos y tan filantrópicos como el -conde de Superunda?</p> - -<p>Sin duda que los reyes de España eran despóticos también, pero ¿cómo -habían de serlo tanto como los Incas?</p> - -<p>En fin, la misma enormidad de la acusación<span class="pagenum"><a name="page_216" id="page_216">{216}</a></span> que se nos hace, destruye -toda su fuerza. Sólo el apasionamiento y el afán de seguir las modas de -París bastan á explicar que se crea que, en virtud de leyes paternales y -protectoras de los indios, y yendo á Lima de Virreyes hombres eminentes, -de lo más ilustre por saber, nacimiento y servicios, Hurtados de -Mendoza, Toledos, Castros, Fernández de Córdoba, Velascos y -Portocarreros, exterminásemos millones y millones de indios en poco más -de trescientos años y convirtiésemos el Perú en un desierto.</p> - -<p>En resolución, yo entiendo, no sólo por lo muy español, sino por lo muy -progresista que soy, que es tan absurdo y apasionado el suponer con -<i>saudades</i> un imperio de los Incas, maravilloso de bueno, cuya bondad -destruyeron los españoles, como el imaginar una época de los Virreyes -más floreciente y feliz que la época actual, cuando emancipado é -independiente el Perú crece en población, riqueza y cultura, abre -ferrocarriles que pronto salvarán los Andes, y se dispone á ser, á pesar -de recientes contratiempos y desgracias, una grande y poderosa república -y á convertir á Lima en una de las más bellas, populosas y espléndidas -capitales del mundo.</p> - -<p>Los capítulos sobre Chorrillos, que es el Biarritz, el Trouville ó el -Ostende peruano; y sobre la <i>quena</i>, flauta, música y canto de los -indios, son poéticos y curiosos.</p> - -<p>Todo el libro, en suma, nos hace formar claro y hermoso concepto del -Perú, en 1873, cuando<span class="pagenum"><a name="page_217" id="page_217">{217}</a></span> usted le visitó. Ojalá que dentro de poco, en -cercano porvenir, se vean ya realizadas para el Perú todas las -halagüeñas y fundadas esperanzas que usted hace concebir y concibe.</p> - -<p>Y aquí termino esta larguísima carta, no sin reiterar á usted mi cordial -y cumplida enhorabuena por la publicación de sus obras reunidas.<span class="pagenum"><a name="page_219" id="page_219">{219}</a></span><span class="pagenum"><a name="page_218" id="page_218">{218}</a></span></p> - -<h2><a name="LA_RELIGION_DE_LA_HUMANIDAD" id="LA_RELIGION_DE_LA_HUMANIDAD"></a>LA RELIGIÓN DE LA HUMANIDAD<br /> -<small>(Á DON JUAN ENRIQUE LAGARRIGUE)</small></h2> - -<h3>I.</h3> - -<p>Muy señor mío y querido amigo: Mi propósito de examinar y criticar la -<i>Circular religiosa</i> de usted, publicada en Santiago de Chile el día 6 -de Descartes del año 98 de la Gran Crisis, quedó apenas á medio cumplir -ó en suspenso, por culpa de mis grandes quehaceres y de la dificultad de -la empresa, superior sin duda á mis fuerzas. Impidió también que yo -terminase aquel trabajo mi falta de fe en mí mismo, ó lo desengañadísimo -que estoy de mi literatura. Años ha que padezco esta enfermedad mental ó -manía, casi incurable, que excita á los hombres á escribir; pero jamás -he creído en la utilidad de mis escritos. Mi justificación estaba y -está, pues, en procurar que sean divertidos, y en que, ya que no -instruyan al prójimo, le den agradable pasatiempo.<span class="pagenum"><a name="page_220" id="page_220">{220}</a></span></p> - -<p>En España toda persona que lee sabe más que yo, y toda persona que sabe -menos que yo, ó no sabe leer tampoco, ó no quiere fatigarse leyendo. -Carezco, pues, de público á quien enseñar; pero, ¿por qué, me digo no ha -de haber personas á quienes entretengan mis escritos? Por pocas que sean -estas personas, de ellas hago mi público, y á ellas me dirijo.</p> - -<p>Por lo expuesto comprenderá usted y disculpará en mí el tono de broma -con que en mis cartas anteriores he tratado de las doctrinas de usted. -Aun así no han faltado graves sujetos que me han reprendido por perder -mi tiempo en exponer locuras, aunque sea para refutarlas. Todavía no he -hallado á nadie que no califique de locuras las doctrinas que usted -sostiene. Esto acabó de retraerme de seguir exponiéndolas y -refutándolas.</p> - -<p>En tal disposición de ánimo me encontraba yo, cuando recibí desde París, -donde su hermano de usted, Jorge, reside un libro de este <i>apóstol de la -humanidad</i>, titulado <i>Lettres sur le positivisme</i>. El libro me venía -dedicado con frases para mí tan cariñosas y lisonjeras, que hube de -quedar á usted y á su hermano profundamente agradecido. Recibí después, -con fecha 17 de Shakespeare del año 100 (25 de septiembre de 1888), una -extensa carta (impresa en un folleto de 60 páginas), que usted me dirige -sobre la <i>Religión de la Humanidad</i>. Y he recibido, por último, con -singular dedicatoria autógrafa, otra carta de usted á la señora<span class="pagenum"><a name="page_221" id="page_221">{221}</a></span> doña -Emilia Pardo Bazán, sobre el mismo asunto, escrita el día 2 de -Arquímedes del año 101 (27 de marzo de 1889 de nuestra era), también en -Santiago de Chile.</p> - -<p>Contienen estos documentos, elegantemente impresos y escritos, unos en -castellano y otros en francés, tan discretas y bien concertadas razones, -tanta cortesía y tanto afecto amistoso para doña Emilia y para mí, que -sería yo harto descortés é ingrato si no contestase con benevolencia.</p> - -<p>Prescindo, pues, de lo que me dicen ciertos espíritus que presumen de -superiores y de invulnerables para toda idea que ellos no consideren -sensata, y voy á contestar á usted, teniéndole por sensato y cuerdo, y -además por excelente, bondadoso y sabio.</p> - -<p>Si yo hubiera de tener por locos á cuantos no piensan como yo y -sostienen lo contrario, enteramente lo contrario, el planeta en que -vivimos me parecería un manicomio. Lo más atinado, pues, y lo más -caritativo, es pensar que todos tenemos juicio; que todos estamos de -acuerdo en bastantes puntos, y que, si discordamos en otros, la -discordancia es un bien, ya que sin ella no habría materia para escribir -y para hablar, y nos aburriríamos de quedarnos callados, y se nos -embotaría el entendimiento sin nada que le estimulase, aguzase y -acicalase.</p> - -<p>Remueve, además, los escrúpulos que me arredraban, atajando el correr de -mi pluma, la con<span class="pagenum"><a name="page_222" id="page_222">{222}</a></span>sideración de que son pocos los escritores que escriben -para revelar inauditas verdades. Harto sé que yo no he abierto ni</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">«Abriré nuevos senderos<br /></span> -<span class="i0">á la errante humanidad».<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p class="nind">pero ¿por qué no he de solazarme un rato charlando con ella, ó al menos -con aquella mínima parte de ella tan desocupada y benigna que tenga -vagar y paciencia para leerme?</p> - -<p>Con este presupuesto, voy á contestar á la amable carta de usted.</p> - -<p>Augusto Comte es el glorioso fundador de la secta que usted sigue, -dividida hoy en dos ó más iglesias. Suponer que hasta cierto momento de -su vida Augusto Comte fué juicioso, y que fué atinado cuanto dijo, y que -después, con el mucho cavilar, se le descompusieron los sesos, y no -acertó á decir sino disparates, se me antoja suposición arbitraria. O la -locura de Augusto Comte está en toda su vida y en todos sus escritos, ó -no hay ni hubo tal locura jamás<a name="FNanchor_B_2" id="FNanchor_B_2"></a><a href="#Footnote_B_2" class="fnanchor">[B]</a>.</p> - -<p>Para mí, tan desatinado es Augusto Comte al principio como al fin, pero -yo respeto, aplaudo y admiro los desatinos cuando están hábilmente -ordenados y entrelazados, é implican saber, entusiasmo é ingenio.</p> - -<p>La grande obra del maestro de ustedes era<span class="pagenum"><a name="page_223" id="page_223">{223}</a></span> «dar á la filosofía el método -positivo de las ciencias, y á las ciencias la unidad de conjunto de la -filosofía».</p> - -<p>Cuando murió el Maestro, el 5 de diciembre de 1857, sus discípulos y -apóstoles aseguraban todos que, salvo ligeras imperfecciones, dicha -grande obra estaba realizada: había <i>filosofía positiva</i>; ciencia y -filosofía se habían compenetrado y formaban completa unidad.</p> - -<p>Convengamos en lo uno; pero ¿cómo es posible convenir en lo completo? -¿No quedaba, fuera de lo sabido por observación y por experiencia, mucho -de incognoscible ó de incógnito? Mucho quedaba, y no me explico cómo no -se ríe usted conmigo del donoso remedio que se ha buscado para este mal. -Lo incógnito es incognoscible. La esfera del pensamiento humano se -encoge y se achica para que sólo quepa en ella el conocimiento -<i>verificado</i>. Todo otro conocimiento se llama conocimiento <i>imaginado</i>. -Se le da el título de <i>absoluto</i> ó de <i>ideal</i>, y se le declara -inaccesible.</p> - -<p>Sea así. Vayamos más allá, si se quiere. Tratemos de suprimir lo -absoluto, y no sólo de declararlo inaccesible. Repitamos con Littré: «El -universo nos aparece hoy como un conjunto, cuyas causas están en él -mismo, y que llamamos leyes. La inmanencia es la ciencia que explica el -universo por causas que están en él. La inmanencia es directamente -infinita, porque, desechando tipos y figuras, nos pone en inmediata<span class="pagenum"><a name="page_224" id="page_224">{224}</a></span> -relación con los motores eternos de un universo ilimitado, y descubre al -pensamiento estupefacto y extasiado los mundos lanzados en el abismo del -espacio y la vida lanzada en el abismo del tiempo.» Con más claridad y -con menos pompa, esto significa que no hay Dios; que el mundo es eterno; -que él mismo es causa y efecto; y que sin inteligencia crea -inteligencia, sin voluntad ni saber impone leyes indefectibles, sin vida -crea vidas, y sin ser persona produce personas. Fuera de lo absurdo, -gratuito y pasmoso de tales afirmaciones clara se ve la contradicción en -que Littré incurre. Ni una sola de esas afirmaciones es conocimiento -<i>verificado</i>; nace de observación, de experiencia, de lo que él llama -filosofía positiva ó ciencia pura. Luego es teología, aunque negativa: -luego es metafísica; y al poner tales afirmaciones destruimos todo el -sistema, y, en vez de sostener que pasó el período teológico y que pasó -el período metafísico, y que hoy estamos ya en el período científico, en -plena edad de razón, volvemos á ser teólogos ó metafísicos, aunque harto -empecatados.</p> - -<p>Yo no tengo en este punto que refutar á Littré: él mismo se refuta y se -retracta, con más recto aviso, diciendo: «No conocemos ni el origen ni -el fin de las cosas y no hay razón para negar ni para afirmar que haya -algo más allá de ese origen y de ese fin.» La doctrina ó filosofía -positiva no niega, pues, ni afirma á Dios. La Naturaleza no vale para -reemplazarle. «¿Quién es esa seño<span class="pagenum"><a name="page_225" id="page_225">{225}</a></span>ra?»—preguntaba el conde José de -Maistre. «Si la Naturaleza significa el conjunto de las cosas que nos -son conocidas, este conocimiento es relativo como ellas; es -experimental, y deja fuera las regiones de lo incognoscible: y si la -Naturaleza es un poder infinito, autor y ordenador del Universo, no hay -saber positivo que halle al cabo de sus investigaciones ese poder, que -por lo tanto debemos pasar en silencio. Experimentalmente no sabemos -nada de la eternidad de la materia ni de la hipótesis de Dios.»</p> - -<p>Ya se ve que Littré, en sus momentos más lúcidos, se declara neutral: ni -afirma ni niega. Pone lo sobrenatural fuera de nuestro alcance; por cima -de nuestro raciocinio. Pero, ¿no habrá otras facultades de nuestra alma, -por cuya virtud se pueda llegar á él?</p> - -<p>Yo veo que este positivismo <i>agnóstico</i> deja abierta la puerta á la -imaginación, á la fe, á la intuición amorosa del alma afectiva, ó quién -sabe á qué otras facultades y potencias, para tender el vuelo y -explayarse por ese infinito inexplorado, y apartar de él la desesperada -calificación de incognoscible.</p> - -<p>De aquí que, en mi sentir, por el positivismo de Augusto Comte podamos -volver de nuevo á las más fervorosas creencias, como por el sensualismo -de Condillac volvió á ellas el ya citado conde José de Maistre.</p> - -<p>¿Quién sabe si en el extremo del positivismo agnóstico, ó dígase del -agnosticismo, no está ya<span class="pagenum"><a name="page_226" id="page_226">{226}</a></span> cuajándose y brotando un misticismo flamante? -En todo caso, esto sería lo que llama el vulgo <i>salto atrás</i>, y lo que -llaman <i>atavismo</i> los doctos. Según usted asegura, y según aseguran -otros autores, Augusto Comte se inspiró en el conde José de Maistre, -éste en el teósofo Saint-Martin, y Saint-Martin en aquel español ó -portugués misteriosísimo que se firmaba Martinez Pascual, que escribió -la <i>Reintegración de los seres</i>, influyó tanto en el florecimiento de -los misticismos y teosofías del fin de la pasada centuria, y desapareció -luego.</p> - -<p>Como quiera que ello sea, fuerza es convenir en que el más ilustre -discípulo de Augusto Comte fué Emilio Littré, y en que Emilio Littré, á -la muerte del Maestro, aceptó la herencia á beneficio de inventario, -repudiando notable parte de ella. Otros la recogieron y la aceptaron -toda con plena piedad, y de aquí el cisma, que aún dura.</p> - -<p>Para no confundirnos, llamaré al positivismo de Littré <i>no religioso</i>, y -llamaré <i>religioso</i> al positivismo de usted y de los que como usted -piensan. Bueno es, no obstante, que se entienda desde luego que el -positivismo no religioso de Littré puede concertarse un día, si ya no se -concierta en algunos espíritus, con religión verdadera, y aun con -teosofía y aun con misticismo exaltado, mientras que en el positivismo -de ustedes, con ese vano y absurdo fantasma de religión que ponen -ustedes, es imposible é incompatible toda<span class="pagenum"><a name="page_227" id="page_227">{227}</a></span> religión que tenga algunas -condiciones de tal.</p> - -<p>Hasta 1842, en que publicó Augusto Comte el tomo VI y último de su -<i>Curso de filosofía positiva</i> todos los hombres que le siguen y pueden -contarse por positivistas, con más ó menos restricciones, correcciones ó -aditamentos, como el citado Littré, Herberto Spencer, Stuart Mill, -Lewes, Taine, Robinet, Huxley y otros, creen que Augusto Comte estaba -sano; pero ya, en 1845, empieza el período patológico de la vida del -maestro. Su locura es evidente y declarada para todos los dichos sabios, -desde 1851, en que publica el Maestro su <i>Sistema de política positiva ó -tratado de Sociología, instituyendo la religión de la humanidad</i>.</p> - -<p>Divididos así en dos el espíritu y la vida de Comte, tenemos un Comte -loco y otro cuerdo. Los que le aceptan y glorifican hasta 1845 se -consideran juiciosísimos, y declaran loco al Maestro durante los últimos -doce años de su vida, y á todos ustedes, que le aceptan por completo, -los dan por locos de remate, hablando sin rodeos y dejando á un lado las -perífrasis y los eufemismos elegantes ó científicos de que ellos se -valen al formular la declaración.</p> - -<p>Para el que, como yo, no es positivista, ni de una clase ni de otra; -para el que entiende que no se acabó ya la teología, ni se acabó la -metafísica á fin de que no haya más que ciencia, y para el que cree que -toda ciencia es imposible sin metafísica y sin teología, tanto los -positivistas<span class="pagenum"><a name="page_228" id="page_228">{228}</a></span> no religiosos como los religiosos, se equivocan; pero, sin -duda, en mi sentir, se equivocan más ustedes, los religiosos, sin que -llame yo por eso á la equivocación locura, sino error ó extravío -generoso nacido de un noble y puro sentimiento que en balde han querido -ustedes ahogar en el alma.</p> - -<p>Yo no niego, además, que hay un procedimiento dialéctico en el -pensamiento de Comte; que no funda su religión porque sí; que su -religión no fué lo que vulgarmente llamamos una salida de tono.</p> - -<p>Lo que hay de más simpático en el positivismo es la crítica, á mi ver, -imparcial, elevada, entusiasta y optimista con que juzga la historia, -para marcar en ella el movimiento ascendente del humano linaje hacia la -luz y hacia el bien, pasando por los estados teológico y metafísico para -llegar al científico al cabo. En este progreso, los positivistas -declaran, y usted confirma, que la creación más grande del hombre ha -sido la Iglesia católica, institución soberana del orden social, -comunidad de los pueblos en una misma fe, organismo tan alto y benéfico, -que, como usted asegura jamás puede desaparecer. Y añade usted luego: -«Lo que sí sucederá es que se perfeccione.» Y esta perfección fué muy -extraña. Augusto Comte se convirtió en Padre Santo; apartó las personas -reales de Dios y de la Virgen Madre, y puso en lugar de ellas, y -usurpando sus nombres, dos figuras retóricas; y<span class="pagenum"><a name="page_229" id="page_229">{229}</a></span> así fundó la religión -de la humanidad ó el catolicismo positivo.</p> - -<p>¿Tienen alguna fuerza las razones que usted da en favor de su religión -nueva; en alabanza de ese catolicismo <i>perfeccionado</i>? Yo entiendo que -las razones de usted le destruyen por su base. «Augusto Comte, dice -usted, no podía instituir su doctrina en nombre de Dios, porque, dada la -<i>mentalidad</i> de nuestro tiempo, no podía sentirse inspirado -sobrenaturalmente. Hubiera faltado á la profunda sinceridad que le -caracteriza».</p> - -<p>«Moisés y San Pablo, añade usted, influyeron grandemente en moralizar el -mundo. Estos ilustres servidores de la humanidad fueron sinceros al -atribuir á revelación divina los preceptos religiosos que dictó cada uno -de ellos, porque sus respectivos medios sociales eran teológicos. En el -medio social positivo que alcanzamos, creerse inspirado de Dios -supondría una perturbación cerebral».</p> - -<p>A esto, y adoptando el severo criterio de usted, cualquiera podrá añadir -que mayor perturbación cerebral supone aún, en el medio social positivo -en que estamos viviendo, sin creerse inspirado por Dios, no sólo negando -su inspiración, sino negándole á Él ó desconociéndole, ponerse á fundar -religión nueva. Cualquiera otra determinación parece menos disparatada. -Y, sin embargo, la determinación de ustedes tiene excusa, una vez -aceptado el positivismo hasta donde Littré le acepta.<span class="pagenum"><a name="page_230" id="page_230">{230}</a></span></p> - -<p>El remate de su doctrina oficial es como un punto elevado, resbaladizo, -con abismos por todas partes, donde se exige al positivista que se tenga -en equilibrio, y donde el equilibrio no es posible. Es necesario caer en -alguno de esos abismos.</p> - -<p>No es dado quedarse sin negar ni afirmar la materia eterna ó Dios. El -positivista cae del escollo en que se ha encaramado aunque se agarre con -las uñas, á fin de no caerse, á los preceptos de Littré, declarándose, -con modestia, incompetente para decidir sobre tales asuntos.</p> - -<p>Lo más común es que caiga en el materialismo y en el ateísmo. Littré cae -con frecuencia, como se lo prueba Caro en el extenso libro que ha -escrito sobre él, y al que me remito.</p> - -<p>Y cae también la turbamulta de positivistas franceses, ingleses, -alemanes y españoles, que con más ó menos pudor y disimulo van á seguir -la bandera de Büchner, de Moleschott, de Carlos Vogt ó de Haeckel.</p> - -<p>El señor Menéndez y Pelayo, que ha estudiado bien todo esto en sus -<i>Heterodoxos</i>, trae larga lista de secuaces del positivismo en España, y -apenas hay uno que se haya quedado en la neutralidad modesta y -antimetafísica: casi todos caen en el materialismo, descollando entre -ellos el catalán Pompeyo Janer. Hasta los antiguos y nebulosos -krausistas, empezando por don Nicolás Salmerón, han venido á dar en el -positivismo en los últimos tiempos; pero todos estos<span class="pagenum"><a name="page_231" id="page_231">{231}</a></span> positivistas -españoles pertenecen á la secta no religiosa. Menéndez y Pelayo, cuya -diligencia y erudición son admirables, sólo nos cita dos positivistas -españoles religiosos: D. José Segundo Flórez y el naturalista cubano don -Andrés Poey, ninguno de los cuales debe haber fundado iglesia entre -nosotros. Si la ha fundado, estará escondida en tenebrosas catacumbas, -cuando Menéndez y Pelayo, que todo lo escudriña, no ha dado con ella. -Lícito es, pues, afirmar sintéticamente que en España no hay -positivistas religiosos. La Religión de la Humanidad, no hace prosélitos -por aquí. Estéril y desairada misión me parece esa que usted y su -hermano quieren confiarnos, á doña Emilia Pardo Bazán y á mí, de ser en -España los apóstoles de la Religión de la Humanidad: el Santiago y la -Santa Teresa de esta nueva creencia.</p> - -<p>Las lisonjas, amonestaciones y consejos de usted son cantos de sirena, á -los cuales doña Emilia y yo debemos tabicar con cera los oídos, imitando -al prudente Ulises. Si los oyésemos, si nos dejásemos seducir, iríamos á -parar al cómico martirio, no de la hoguera, no de la degollación, no de -la estrangulación, sino de las silbas y de las burlas. España está muy -hundida en el <i>negativismo</i>, como usted le llama: y no hay quien la -saque de él á tres tirones. Lo que dice usted á doña Emilia es para -deslumbrar á cualquiera, pero ella no es un cualquiera y no se dejará -deslumbrar. Usted le dice, entre otras cosas:<span class="pagenum"><a name="page_232" id="page_232">{232}</a></span> «Anhelo que revele usted -la Religión de la Humanidad á las nobles españolas, sus compatriotas; -que las haga influir en la conversión de sus padres, de sus esposos, de -sus hijos descaminados en el <i>negativismo</i>; que convierta usted misma, -exhortándolos fuertemente, á varios de los esclarecidos varones de -España, para que se pongan al servicio de la grandiosa doctrina con la -que tanto pueden enaltecer á su patria y al mundo entero; que su palabra -circule radiante de unción, no sólo por la península ibérica, sino -también por toda la América española, infundiendo convicciones tan -sublimes como inquebrantables: que su santa y vigorosa elocuencia invada -á París para concurrir á la regeneración definitiva de la gran ciudad -por la cual se modelan todas las naciones; y que, cuando llegue la hora -solemne de su transformación personal de la vida objetiva á la vida -subjetiva (pasar de la vida objetiva á la vida subjetiva equivale á -morirse entre los profanos), experimente usted el inefable goce de haber -trabajado de todo corazón y con todas sus fuerzas por la Religión -universal, y pase á incorporarse, resplandeciendo con eterna aureola, en -la Humanidad, nuestro verdadero Sér Supremo, desde cuyo glorioso seno -continuaría usted guiando almas con el inolvidable ejemplo de su -abnegada labor, y con sus virtuosos y magistrales escritos».</p> - -<p>En medio del entusiasmo, de la elocuencia, del profundo convencimiento -de usted, doña Emi<span class="pagenum"><a name="page_233" id="page_233">{233}</a></span>lia no podrá menos de reconocer la inanidad de sus -promesas y lo inconsistente de ese Sér Supremo, en cuyo seno usted la -coloca, y lo falso de su eternidad, ya que el día menos pensado se seca -la Tierra, como parece que se secó la luna, ó se apaga el sol, ó se cae -en él la Tierra, ú ocurre á la Tierra cualquier otro percance, y el Sér -Supremo, inventado por Augusto Comte, tiene lastimoso fin, con toda la -ciencia, con todas las invenciones y con todos los primores, y con todas -las filosofías, más ó menos positivas, que ha ido confeccionando en unos -cuantos siglos.</p> - -<p>Caro, en su libro sobre el positivismo, amenaza también á ustedes con la -fin del mundo para demostrar la falsedad y la vanidad de la religión del -progreso. «Entonces, el hombre y su civilización, sus esfuerzos, sus -artes y sus ciencias, todo habrá sido. Todo perecerá con la vida de -nuestro globo; y, si no queda en alguna parte un pensamiento que -recuerde, y conciencias que recojan los resultados de tantos -sacrificios, la tal religión del progreso es la burla más cruel del -pobre animal humano, á quien inútilmente se ha turbado en su miserable -dicha, y se ha espoleado para que corra en pos de quimeras y de -perfecciones cuyo término es la nada.»</p> - -<p>Lo cierto es que, para evitar estos tropiezos y sostener el progreso -indefinido en toda su grandeza, el positivismo vale poco, y es mil veces -mejor <i>el perfeccionismo absoluto</i> del Sr. Dosamantes. Con los cuerpos -flúidos, dotados de la virtud<span class="pagenum"><a name="page_234" id="page_234">{234}</a></span> de lanzarse á otros mundos, chico -inconveniente sería que éste se hundiese ó acabase. Nos pondríamos en -salvo y nos iríamos á planetas más bellos y más cómodos, diciendo: <i>Ahí -queda eso</i>, como dicen que dijo el cura de Gabia.</p> - -<p>No hay, con todo, medio alguno de que ustedes acepten ni cuerpos -flúidos, ni nada que sea equivalente. Son ustedes tan materialistas y -tan ateos como el que más. La Religión de la humanidad es sólo poesía -sin substancia y delirio vano.</p> - -<p>Como únicamente puede comprenderse la religión de ustedes es como uno de -los mil arbitrios, el más ineficaz, á mi ver, á que apelan los -pensadores de nuestros días, cuando, después de destruir la realidad -superior é invisible dentro de lo conocido, buscan lo <i>ideal</i>, y hablan -de él y quieren rendirle adoración y culto.</p> - -<p>Todo otro arbitrio para poner lo <i>ideal</i>, es, repito, más eficaz que el -de ustedes. Aun suponiendo que la razón, la <i>mentalidad</i> del siglo <small>XIX</small> -como usted la llama, no logre columbrarle, ¿por qué hemos de negar que -no logren columbrarle otras facultades del alma humana, y que no le vean -y reconozcan, no sólo como <i>ideal</i>, sino como <i>real</i>, con limpia, clara -y refulgente realidad objetiva, cuya luz acabe por penetrar en el -universo concebido por la ciencia, y encerrado por ella en cárcel -sombría, y al fin le ilumine y le explique?</p> - -<p>Yo confieso que no pocas de estas tentativas de realizar lo ideal, y de -traerle al mundo de la<span class="pagenum"><a name="page_235" id="page_235">{235}</a></span> ciencia, y de iluminar con él sus tinieblas, me -son simpáticas, por disparatadas que sean. Por esto me hacen tanta -gracia el <i>perfeccionismo absoluto</i> del señor Dosamantes, el -espiritismo, el budismo esotérico y otros sistemas así.</p> - -<p>Hay varias escuelas de ateísmo, todas, por desgracia muy florecientes -ahora. Si sus principios no se hubieran infiltrado en las almas de mucha -gente vulgar, que no ha estudiado nada y que filosofa sin saber que -filosofa, y como por instinto, apenas tendría yo excusa para hablar de -estas cosas con ligereza, y sin detenido estudio y reposo; pero yo, al -discurrir sobre esto, no voy á revelar lo que se afirma en las cátedras -y entre los muy doctos, sino que voy á tratar de ideas que corren y se -difunden por las calles y por las plazas, que penetran en la vida social -é influyen en ella.</p> - -<p>Aunque se me tilde de impropiedad en el lenguaje porque en lo falso y en -lo absurdo no quepa más ni menos, yo empiezo por creer que, siendo -absurdas todas las negaciones de Dios, hay unas más absurdas, y menos -absurdas otras.</p> - -<p>Si el mundo es un valle de lágrimas sin esperanza en otra vida mejor; si -todos los seres padecen; si la injusticia triunfa; si el orden físico y -el orden moral no existen y si no hay más que desorden, como no hemos de -suponer un poder infinito que se complazca en el dolor y en la miseria, -ni tampoco hemos de fingir para soberano ordenador del mundo un sér -benigno,<span class="pagenum"><a name="page_236" id="page_236">{236}</a></span> pero sin fuerza y sin saber que basten á remediar lo malo, ó, -mejor dicho, á no haberlo hecho, parece legítima consecuencia la -negación de Dios. Lo falso está en las premisas, prescindiendo ahora de -lo misterioso é inexplicable de que los seres obedezcan á ciertas leyes, -aunque sean inicuas, sin que haya legislador que dé esas leyes; de que -salga la conciencia de lo que no tiene conciencia, y de que brote un -prurito certero y una voluntad eficaz de ser, sin persona donde la raíz -de este prurito y de esta voluntad resida.</p> - -<p>Con todo: yo creo que el ateísmo pesimista de Leopardi, de Schopenhauer -y de Hartmann, es el menos desatinado: hay en él no poco del budismo -trasplantado á Europa.</p> - -<p>Pero cuando sostenemos que todo está divinamente concertado; que todo -concurre y se encamina á la perfección de modo indefectible, se -comprende mucho menos que nadie sea ateo.</p> - -<p>Augusto Comte, á mediados de este siglo descubrió y explicó las leyes -por cuya virtud el linaje humano va encaminándose á una sublime y noble -bienaventuranza á través de los períodos teológico, metafísico y, por -último positivo; pero estas leyes que descubrió Augusto Comte estaban ya -promulgadas y eran obedecidas desde el principio ó desde la eternidad; -luego hubo inteligencia que las dictó y poder que las hizo obedecer -desde entonces. Tan acertadas y bienhechoras leyes no las dictó ni las -impuso el Gran Fetiche, que es la tierra que habitamos, ni el<span class="pagenum"><a name="page_237" id="page_237">{237}</a></span> Gran -Medio, que es el espacio en que la tierra se mueve, ni la Virgen-Madre, -que es la Humanidad, nacida en virtud de estas leyes. El Sér Supremo -positivista es uno y trino: es un compuesto del Gran Medio, del Gran -Fetiche y de la Virgen-Madre; pero tampoco da las leyes: se limita á -obedecerlas y á irse encaminando así á la perfección.</p> - -<p>Claro se ve que esta religión positivista es absurda para los teólogos y -para los metafísicos; pero, digo la verdad, no comprendo el enojo, las -burlas y las protestas contra ella de los positivistas no religiosos. Á -mi ver, ustedes son tan lógicos como ellos, y además son más amenos. Con -semejante fantasmagoría ó camelo de religión no se invalida ni se -desnaturaliza la doctrina del Maestro. Ni ustedes vuelven á restablecer -los agentes sobrenaturales del período teológico ni lo que llaman -ustedes abstracciones realizadas del período metafísico, como Dios, -esencia y causa: ustedes se limitan, para recreo y hechizo poético de -los hombres, á personificar cosas harto reales y visibles, que no tienen -nada de abstracción, á saber: el universo todo, el planeta en que -habitamos y cuantos animales racionales le pueblan, considerándolos en -su conjunto.</p> - -<p>No acusaré yo á ustedes de inconsecuentes, como otros los acusan, -calificando su religión en lo tocante al culto de los héroes, de -paganismo; y en lo tocante á la devoción fervorosa á las<span class="pagenum"><a name="page_238" id="page_238">{238}</a></span> mujeres, de -plagio de la devoción á la Virgen María de los católicos. No deroga la -religión de ustedes, que no es religión, la ley positivista que hace de -la religión el grado ínfimo en el desarrollo intelectual de los hombres. -La religión de ustedes es un objeto artístico, un primor, un adorno, de -mejor ó peor gusto, pero que, en lo esencial, ni quita ni pone.</p> - -<p>No hay que decir que yo no creo en la afirmación de Augusto Comte. Yo -creo lo contrario. La religión es inmortal, es indestructible como -ciencia y como sentimiento. Desde todos los puntos, desde aquellos que -más distantes nos parecen, y por todos los caminos, cuando más pensamos -apartarnos de la religión, de la metafísica y de la teología, volvemos á -ellas, sin poder evitarlo. Si algún valor tiene la religión de ustedes, -es el de la sombra, el del espectro, que distrae y fascina y tal vez -impide á ustedes ó ver la verdadera religión que penetra en el -positivismo, ó salir á buscarla, desde el seno de ese positivismo, -siguiendo sus métodos, y apoyándose en él y tomándole como punto de -partida.</p> - -<p>En contraposición á la vana religión de ustedes, he de permitirme -decirles algo, dado lo poco que sé y creo penetrar, de los esfuerzos y -tentativas para recobrar la religión verdadera y para hacer de ella una -ciencia positiva en el seno del positivismo, completando así la -enciclopedia de Augusto Comte, y añadiendo á sus seis<span class="pagenum"><a name="page_239" id="page_239">{239}</a></span> ciencias, que se -siguen y encadenan, otra más alta que es la teología.</p> - -<p>Bien puede asegurarse que Herberto Spencer ha mejorado y perfeccionado -el positivismo, creando la <i>filosofía de la evolución</i>, por cuya virtud -trata de explicarlo todo. Lo que se queda por explicar, ó es lo -incognoscible en sí, ó la acción de lo incognoscible. Tenemos, pues, lo -incognoscible fuera de la ciencia; pero algo es, ya que, al afirmar que -no se deja conocer, lo afirmamos.</p> - -<p>De esta suerte Herberto Spencer, que procede al principio como Augusto -Comte, considerando la religión como superstición y puerilidad, vuelve -reflexivamente á la religión después de haber recorrido toda la ciencia. -Herberto Spencer funda esta segunda religión reflexiva, la religión de -lo incognoscible, y aun la pone por cima de toda la ciencia: -inexpugnable, invencible é indestructible.</p> - -<p>«La omnipresencia, dice, de algo superior al entendimiento humano, es -una creencia común á todas las religiones. Nada tiene que temer esta -creencia de la lógica más severa. Es una verdad última de la mayor -certidumbre, una verdad sobre la cual las religiones todas están de -acuerdo, y está de acuerdo igualmente la ciencia. Hay un poder -impenetrable, del cual es manifestación el Universo.»</p> - -<p>Fundada así la religión agnóstica, ya, según he leído en varios libros, -hay en Inglaterra positivistas que han formado Iglesia para dar<span class="pagenum"><a name="page_240" id="page_240">{240}</a></span> culto á -este incognoscible, escondido siempre y presente siempre en todo. En el -fondo de todos los fenómenos físicos y morales está lo incognoscible, -está lo que nosotros llamamos Dios, y esto es lo que adoran.</p> - -<p>Para Herberto Spencer, tiempo, espacio, causa, substancia, movimiento, -espíritu, son términos ininteligibles y llenos de contradicciones.</p> - -<p>No sabemos más que enlazar algunos fenómenos según la ley de -continuidad. Resulta, pues, al último extremo del empirismo baconiano y -del positivismo comtiano, un profundo misterio religioso. Detrás de cada -objeto, en el centro de cada cosa, en nosotros mismos, está lo -incognoscible, y todo es efecto de su perpetua é incesante operación -divina.</p> - -<p>Apenas hay filósofos que no se contradigan, y Herberto Spencer no es -excepción de la regla. Al lado de la modestia con que declara que casi -no sabe nada, viene la inaudita y temeraria pretensión de explicarlo -todo con su evolución universal. Empieza por la nebulosa primitiva, y, -desde ella, con su evolución, nos va creando los astros, los fenómenos -geológicos, la aparición de la vida, y luego el progreso de plantas y -animales, y, por último, el desarrollo de la sensibilidad y de la -inteligencia, las artes, los oficios, el saber, la formación de las -sociedades, y su florecimiento y sus adelantos.</p> - -<p>Lo cierto es que, supuestos lo incognoscible y su perpetua operación -divina, con decir <i>será<span class="pagenum"><a name="page_241" id="page_241">{241}</a></span> lo que Dios quisiere</i>, estamos al cabo de toda -dificultad, y no hay para qué calentarse la cabeza. Pero es lo malo que, -al pretender explicarlo todo, como si hubiésemos arrebatado su secreto á -lo incognoscible, incurrimos en dificultades nuevas. Aunque Dios, lo -incognoscible, pudo hacer las cosas de mil modos distintos, que nosotros -ni comprendemos ni imaginamos, desde el momento en que afirmamos que las -hizo de un modo, tal vez incurrimos en error, y el error queda patente -si se prueba que de ese modo no las hizo.</p> - -<p>Así entiendo yo que el sistema de la evolución universal de Herberto -Spencer queda refutado por un libro de un discípulo del señor Pasteur, -llamado Dionisio Cochin. El libro se titula <i>La evolución y la vida</i>, y -recomiendo á usted su lectura.</p> - -<p>Acaso, leyéndole, venga usted á convencerse, como yo me he convencido, -de que no hay una sola evolución, sino de que ha habido tres, ó dos por -lo menos. Con la materia primera, y con leyes matemáticas, físicas y -químicas, por mucho que se haya <i>evolucionado</i>, no ha podido aparecer la -vida. La vida no se explica sin los gérmenes, sin otra intervención de -lo incognoscible, sin algo como nueva creación, que marca nueva era y el -principio de evolución más alta. Y no vale salvar la dificultad como la -salva Sir Guillermo Thomson, imaginando que cayó en nuestro planeta un -pedazo de astro viejo, todo cua<span class="pagenum"><a name="page_242" id="page_242">{242}</a></span>jado de microbios. Esto sería trasladar -la dificultad á ese astro viejo; endosársela, pero no resolverla.</p> - -<p>Con la aparición de la conciencia, del entendimiento, del sér humano, -ocurre lo mismo.</p> - -<p>Entre lo que vive y lo que no vive, entre lo que piensa y lo que no -piensa, no hay término medio; no hay eslabón que enlace la cadena y -acredite como evidente la ley de continuidad. De la substancia viva más -imperfecta á la substancia sin vida más hermosa y rica, al diamante, al -cristal, al oro más puro, hay un abismo. Y desde el más grosero -pensamiento al instinto más perfecto del animal, hay otro abismo -también. Fuerza es, pues, admitir la solución de la continuidad de -Herberto Spencer, y tres evoluciones en vez de una: la de la materia -inorgánica, la de la vida y la de la conciencia.</p> - -<p>Ignoro si un señor llamado Enrique Drummond, es inglés, ó <i>yankee</i>. Sólo -sé que, estando yo en los Estados Unidos, apareció allí y se puso muy en -moda un libro suyo, impreso en Boston, que se titula <i>Leyes naturales en -el mundo espiritual</i>.</p> - -<p>Aunque yo, según he confesado, sé poquísimo, y no tengo la pretensión de -enseñar, y sólo escribo para divertirme y divertir, si puedo, á quien me -lea, todavía, sin pasar de mero aficionado á sabio, tengo mis opiniones -arraigadísimas, contra las cuales nada prevalece. Y una de estas -opiniones es que el método empírico<span class="pagenum"><a name="page_243" id="page_243">{243}</a></span> sirve para explicar los fenómenos y -sus relaciones: para clasificar los seres y ponerlos como en un -casillero; mas no para explicar las causas y elevarse á la metafísica, -previamente desechada. Así, pues, yo considero falso el pensamiento -fundamental de Enrique Drummond, y yo considero irrealizable su intento.</p> - -<p>Sin embargo, el intento de Enrique Drummond es tan sano y tan -sublimemente benévolo y el arte y el discurso con que le realiza son tan -ingeniosos, que no puedo resistir á la tentación de hacer aquí un -extracto de su sistema.</p> - -<p>Así verá usted como la <i>mentalidad</i>, en este tercer período histórico -llamado positivo, no excluye la religión ni la teología, sino que desde -el seno del positivismo, y por métodos positivistas, volvemos á ellas. Y -volvemos, no ya sólo á una religión metafísica, á una teología natural ó -teodicea creada por el discurso, sino á la religión revelada, cristiana, -positiva y católica.</p> - -<p>Usted y su hermano, que son tan entusiastas y tan devotos de San Pablo, -de Santa Teresa de Jesús y de San Ignacio de Loyola, quién sabe si -cuando vean que, sin dejar los carriles del positivismo, pueden llegar -con Enrique Drummond á creer en lo que creyeron dichos Santos, no -acabarán por abjurar de esa Religión de la Humanidad, sin más Dios que -la Humanidad misma, y por volver al Catolicismo, el cual, dado, como yo -creo, que la religión no ha concluído ni concluirá nunca, es la -verdadera re<span class="pagenum"><a name="page_244" id="page_244">{244}</a></span>ligión de la Humanidad: la religión definitiva.</p> - -<p>Pero tratar de esto requiere bastante extensión y capítulo aparte.</p> - -<h3>II.</h3> - -<p>En estos últimos días he recibido un nuevo folleto de usted (segunda -carta á D. Zorobabel Rodríguez), por el cual veo que sigue usted -predicando su Religión de la Humanidad, aunque asegura que no quiere -polémicas. Yo no las quiero tampoco: pero necesito exponer las razones -principales que me mueven á no convertirme, como usted me aconseja en la -extensa carta que me escribió; y además, esto me da ocasión para -discurrir y cavilar sobre la irreligión del día, sobre eso que usted -llama la <i>mentalidad</i>, del período positivo en que estamos, <i>mentalidad</i> -que se opone, según usted, á que creamos en nada sobrenatural, por donde -San Pablo, San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola, y todos los -mejores Santos del Calendario, y todos los más nobles y generosos héroes -de la Historia, no creerían en Dios si viviesen ahora, y sólo á la -Humanidad darían adoración y culto.</p> - -<p>Es innegable que el materialismo, el ateísmo y el positivismo, que es un -ateísmo disimulado y vergonzante, florecen demasiado en el día, pero los -positivistas y ateos se engañan en imaginar que el mundo es ya de ellos, -y que esta<span class="pagenum"><a name="page_245" id="page_245">{245}</a></span> edad es la de la razón, y que la de la fe pasó para siempre.</p> - -<p>Yo creo que estamos en plena edad de fe, y que, si el perderla implicase -progreso, de poco progreso podríamos jactarnos.</p> - -<p>Todavía, á mediados de este siglo, en 1847, ha aparecido en Persia una -religión nueva que ha hecho correr la sangre á ríos, y ha dado al mundo -millares de mártires. La moral de esta religión es purísima y dulce; sus -libros sagrados, muy poéticos; su creencia y su amor en Dios y á Dios, -profundos. El Conde de Gobineau y el Sr. Franck, del Instituto de -Francia, han expuesto su doctrina y escrito la historia de esta religión -reciente, el <i>babismo</i>, cuyo dogma capital es la encarnación perpetua de -Dios en diez y nueve personas.</p> - -<p>Se me dirá que esto ocurre en Persia, que es tierra de bárbaros; pero -que en la culta Europa y en las otras regiones, por donde su -civilización se ha difundido, no caben ya semejantes delirios.</p> - -<p>Nada más arbitrario que tal suposición. En pocas edades han aparecido -más profetas y fundadores de religiones que en el día. Básteme citar al -conde de Saint-Simón, á los polacos Wronski y Towianski, á los yankees -Channing, Parker y José Smith, y al francés Hipólito Rodríguez, sin duda -israelita de origen, que aspira á crear la religión universal y -definitiva, combinando y reconciliando las tres hijas de la Biblia, las -religiones de Moisés, Cristo y Mahoma,<span class="pagenum"><a name="page_246" id="page_246">{246}</a></span> é interpretando con piedad -profunda el apólogo famoso de Natán el Sabio.</p> - -<p>Harto sé que se me dirá que todos estos flamantes profetas estaban locos -de atar; pero veamos, por otra parte, cómo sigue reinando el espíritu -religioso, y habrá que decirme que está loco todo el humano linaje, ó -habrá que confesar que la religión, la fe y la creencia en Dios son -indestructibles.</p> - -<p>No voy á citar á ningún Padre de la Iglesia, ni á ningún apologista -católico, sino al Sr. Vacherot, el cual entiende que Dios no existe sino -en nuestra mente, que es nuestra hechura, y que desaparecerá con -nosotros. Dios, sin embargo, para el Sr. Vacherot, está muy lejos de -desaparecer.</p> - -<p>En su libro <i>La religión</i>, presume este autor que la religión pasará; -que el linaje humano dará al cabo el salto progresivo del <i>estado -religioso</i> al <i>estado científico</i>; pero ¿quién sabe? El día en que se dé -este salto, está aún á millares de años de nosotros.</p> - -<p>Mis libros están tan en desorden, que he andado media hora buscando uno -muy divertido para citársele á usted con exactitud (á este propósito), y -no he podido hallarle. Sea todo por Dios. Es este libro de un sabio -francés, no recuerdo el nombre, el cual asegura que <i>La humanidad, -considerada en su vida colectiva, no ha nacido aún</i>. Para este señor, el -Sér Supremo de Augusto Comte es un Dios nonato. La Humanidad, según<span class="pagenum"><a name="page_247" id="page_247">{247}</a></span> sus -cálculos, nacerá dentro de catorce mil años, si mal no recuerdo. -Compaginando esto ahora con lo que dice Vacherot sobre el salto del -estado religioso al científico, me atrevo á prever que el tal salto no -se hará hasta dentro de los mencionados catorce mil años.</p> - -<p>Por lo pronto tenemos á casi todos los hombres aferradísimos á la -religión, y, por consiguiente, incapaces de elevarse á la vida -colectiva.</p> - -<p>«Si tendemos la vista, dice Vacherot, por el inmenso imperio de las -religiones, en pleno siglo XIX, este espectáculo desanimará á los -librepensadores, que esperan ó creen llegado el reino de la razón en -nuestro planeta, y tranquilizará á los creyentes, asustados con las -conquistas de la incredulidad, en los tres últimos siglos.»</p> - -<p>En efecto: Vacherot echa sus cuentas, tomando los datos del primer libro -de Geografía ó de Estadística que tiene en casa, y resulta que de mil -doscientos millones de seres humanos, que pueblan el mundo, casi todos -profesan alguna religión. Hay centenares de millones de cristianos, de -budistas y de muslimes; y, lo que es más de lamentar para los filósofos, -hasta las más antiguas supersticiones, sectas y religiones -semiselváticas, persisten aún. El fetichismo y el chamanismo conservan -millones de sectarios.</p> - -<p>¿Dónde está, pues, esa <i>mentalidad</i>, propia de la época, y que tan -resueltamente prohibe, no ya<span class="pagenum"><a name="page_248" id="page_248">{248}</a></span> seguir una religión positiva, sino creer -en Dios racionalmente?</p> - -<p>En la carta que usted me escribe, en las que escribe á Doña Emilia y á -D. Zorobabel, y en todos los otros escritos, habla usted de dicha -<i>mentalidad</i>; pero ni me la enseña, ni yo la veo.</p> - -<p>Lo que yo veo y lo que ve todo el mundo es que, enfrente de la inmensa -turba de creyentes, apenas habrá, esparcidos por toda la faz de la -tierra, unos cuantos miles de librepensadores incrédulos.</p> - -<p>La <i>mentalidad</i> de que usted habla no es, pues, general. Debe quedar -reducida á los sabios y filósofos, ó, mejor diremos, á los sabios sólo, -ya que usted no admite tampoco, en estos tiempos, la filosofía -especulativa ó metafísica. Significa, sin duda, la tal <i>mentalidad</i>, que -la ciencia y la religión son incompatibles en el estado de progreso á -que la ciencia ha llegado.</p> - -<p>Si la ciencia se divulga, la incredulidad, sin la cual no hay ciencia, -también debe divulgarse.</p> - -<p>Supongamos ahora que los pueblos bárbaros del Oriente inmóvil, y que las -turbas rudas y sin ciencia de Europa y de América, y los semisalvajes de -África, todos religiosos, á su modo cada uno, no deben contar por nada, -y que el porvenir y los destinos del género humano dependen de los -sabios, que casi todos viven en las grandes capitales. ¿Cuándo lograrán -estos sabios difundir por donde quiera su <i>mentalidad</i>, como usted la -llama?<span class="pagenum"><a name="page_249" id="page_249">{249}</a></span></p> - -<p>Lo más raro que hay en el caso es que muchos de esos sabios, aun de los -más incrédulos, no desean que la incredulidad se divulgue, y hasta -tienen miedo y horror á que el vulgo llegue á ser tan incrédulo como -ellos. Unos miran la religión como freno para las turbas ignorantes y -codiciosas; otros, como consuelo para los tristes, menesterosos y -desvalidos. De aquí que muchos sabios de éstos se pongan muy -sentimentales y melancólicos de matar la fe, después de soñar con que -acaban de matarla. Ernesto Renan es de los melancólicos, si mira la -religión como consuelo. Si la mira como freno, inventa mil diabluras, -que parecen desatinos, para refrenar al vulgo de otra suerte.</p> - -<p>En uno de sus diálogos propone que la ciencia vuelva á ser oculta, y que -los sabios formen algo como colegios sacerdotales, para que cuando el -pueblo se subleve y haga alguna barbaridad, los sabios, que sabrán ya -más que ahora, castiguen al pueblo con una buena peste, ó con -terremotos, ó con inundaciones, ó con lluvias de fuego, ó con otras -plagas.</p> - -<p>Interminable y enojosa tarea sería citar aquí textos de autores -racionalistas que se lamentan y aterrorizan de que el vulgo se vaya -<i>racionalizando</i>. Suponen que, perdida la fe, no adquirirá en cambio la -ciencia, y se lanzará desbocado á satisfacer sus bestiales apetitos. El -citado Vacherot manifiesta repetidas veces y muy elocuentemente estos -temores. Tenemos, pues, no corta<span class="pagenum"><a name="page_250" id="page_250">{250}</a></span> cantidad de sabios incrédulos que se -inclinan á que sea la incredulidad exclusivo privilegio de los sabios. -Por un lado, matan ó creen matar toda creencia religiosa en los libros -que componen, y por otro lado, deploran con amargura que las creencias -mueran. Se parecen á aquel Rey de un cuento oriental, que había dado su -palabra real de decapitar á cuantos se pusiesen á adivinar cierto enigma -y no le adivinasen. Los alrededores de la gran capital del referido Rey -estaban llenos de cabezas cortadas, colocadas en sendos postes; pero, -como el Rey tenía muy compasivo y buen corazón, no hacía más que llorar -por aquellas muertes de que él mismo era causa, para no faltar á su -palabra.</p> - -<p>Convengamos en que son dignos de risa los incrédulos llorones. Si es -ilusión, si es mentira todo lo trascendente y divino, ¿por qué llorar su -pérdida? El sabio, que consagra su vida a la verdad, ¿cómo puede -figurarse que la verdad sea nociva y funesta? ¿Cómo da por cimiento á la -ventura de sus semejantes, á su moralidad y á su bondad, el error, el -engaño ó la falsía.</p> - -<p>Los positivistas ortodoxos como usted, y no pocos sabios incrédulos de -otras escuelas, son en este punto más lógicos. Para unos, toda religión -ha sido siempre contraria á la moral, á la dicha y al progreso; para -otros, ha sido toda religión utilísima, indispensable, hasta hace muy -poco, para todos esos altos fines; mas para todos ellos toda religión es -perjudicial en el día, salvo<span class="pagenum"><a name="page_251" id="page_251">{251}</a></span> la meramente alegórica que ustedes han -inventado.</p> - -<p>No negaré que ustedes se contradicen menos; pero son ustedes pocos, y no -todos muy firmes en su opinión. Al fundar la moral, sin el sostén y la -base de una metafísica ó de una doctrina religiosa, tocan ustedes la -dificultad; y á menudo vacilan. A veces salen ustedes por el registro -que menos se prevé. Pondré de ello un ejemplo curiosísimo y algo -chistoso.</p> - -<p>El Sr. Guyau ha escrito una obra titulada <i>La Irreligión</i>. Para él -consiste el venturoso porvenir de nuestra especie en que la religión se -acabe, y casi la da ya por acabada. Sin dificultad, á su ver, y del modo -más llano, establece este sabio una moral excelente. Todo el orden -social no sólo le explica, sino que le crea, como explicaba Laplace el -orden del universo, <i>sin la hipótesis de Dios</i>; pero aquí vienen los -apuros; donde menos se piensa salta la liebre. Los hombres ilustrados é -irreligiosos querrán tener pocos hijos que mantener y educar, y las -mujeres ilustradas é irreligiosas apenas querrán parir alguno que otro. -Entretanto, las gentes ruines é indoctas, las razas inferiores, echarán -al mundo con desmedida profusión infinidad de chiquillos. Por lo cual -teme el Sr. Guyau que el linaje humano degenere; que los sabios -disminuyan; que los pueblos más cultos, como Francia, se enflaquezcan y -pierdan población, y que los negritos ú otros salvajes lo llenen y -dominen todo. No<span class="pagenum"><a name="page_252" id="page_252">{252}</a></span> recuerdo si el Sr. Guyau arbitra algún recurso para -salvar esta dificultad; pero el caso es que la pone.</p> - -<p>Y no es de maravillar que ponga una sola, sino que no ponga muchas. Lo -que es yo, por más que medito, no veo posible la moral, sin religión ó -metafísica que la sirva de base.</p> - -<p>Prescindamos de toda revelación sobrenatural; no prestemos crédito sino -á los dictados de nuestra razón; pero, aun así, si no afirmo un Dios -legislador y hombres con alma responsable, con libre albedrío, capaces -de vencer las naturales impurezas y de sobreponerse á los malos -instintos para realizar la justicia, el bien y la caridad en el mundo, -aun en contra de sus propios intereses, no veo que pueda fundarse -racionalmente moral alguna.</p> - -<p>Cierto que el gran crítico Lessing separa el dogma cristiano de la moral -de Cristo, como hacen ustedes. Para Lessing, la moral es independiente -del dogma: independiente de ésta ó de aquélla determinada metafísica ó -teología; pero Lessing no destruye por eso toda teología y toda -metafísica; antes pone como cimiento firmísimo de la moral una -metafísica perenne en sus principios radicales, una teodicea natural, -que afirma á Dios, omnipresente en el universo, causa del orden y del -progreso, revelándose gradualmente y educando al linaje humano por medio -de sucesivas revelaciones. La religión natural, la metafísica perenne, -aunque progresiva,<span class="pagenum"><a name="page_253" id="page_253">{253}</a></span> no es para este sabio obra del natural discurso -sólo, sino del natural discurso con auxilio y revelación de Dios.</p> - -<p>Ya ve usted cuánto dista Lessing de los positivistas de ahora. El género -humano progresa y se educa, guiado por Dios, y, si Dios le deja de su -mano, ni se educa ni progresa.</p> - -<p>¿Dónde está esa incompatibilidad que ustedes suponen, entre la ciencia y -la religión, entre Dios y la razón humana, cuyo progreso en todo, según -Lessing, es un resultado de la constante operación divina y de sus -revelaciones, que se suceden en oportuna sazón, cuando ya el espíritu -del hombre está en aptitud de recibirlas?</p> - -<p>Lejos de mí creer á usted malicioso. Yo creo á usted lleno de candor, y -convencidísimo de sus errores; pero, al afirmar que la ciencia es -incompatible con la religión, al poner entre ambas perpetuo conflicto, -¿no comprende usted que induce á mucha gente sencilla á dar en -irreligiosa y en atea, por no parecer poco ilustrada?</p> - -<p>Para tranquilidad de esta gente sencilla, bien puede asegurarse que, aun -en el día, son más, muchos más, los sabios religiosos que los -irreligiosos. La lista de los que creen en Dios, y hasta de los que son -cristianos, vence en cantidad y en calidad á la lista de los sabios -incrédulos. No hablo de filósofos, ni de doctores en ciencias morales y -políticas: me limito á los que entienden y tratan las ciencias de la -naturaleza. La química, la física, la geología, la astronomía, no<span class="pagenum"><a name="page_254" id="page_254">{254}</a></span> se -oponen, pues, á la fe, digan Draper y otros por el estilo lo que se les -antoje. No son embusteros, ni hipócritas, Faraday, Murchison, Hugh -Miller, Humphry Davy, Jorge Stephenson, el Padre Secchi, Cuvier, -Flourens, Cauchy, Biot, los Ampère, Chevreul, Pasteur y otros mil, que -sería prolijo ir aquí enumerando.</p> - -<p>A los que no hemos estudiado y sabemos poquísimo de ciencias naturales, -á cada paso tratan los físicos, químicos y biólogos incrédulos de -taparnos la boca, echándonos en cara nuestra ignorancia. Como no hemos -estudiado lo que ellos, no atinamos á explicarnos el Universo sin Dios: -la contradicción entre la razón y la ciencia. El mejor y más fácil modo -de contestarles es citar á esos otros sabios que son de nuestra opinión, -y á quienes no pueden recusar por ignorancia.</p> - -<p>En 1865 hubo en Inglaterra, que no es país muy atrasado, un <i>meeting</i> ó -asamblea de naturalistas, químicos, astrónomos, etc.; y seiscientos diez -y siete, nada menos, escribieron, firmaron y publicaron un manifiesto, -declarando que las ciencias que profesan no van contra Dios, ni contra -la religión, ni siquiera contra la Biblia. Si algo inventan ó sostienen -que parezca oponerse á la palabra de Dios ó á sus Sagradas Escrituras, -ya es porque la ciencia es incompletísima aún, y se debe esperar que, -cuando se complete, se conciliará todo; ya es porque hemos interpretado -mal el sentido de las Sagradas Es<span class="pagenum"><a name="page_255" id="page_255">{255}</a></span>crituras, de suerte que el -descubrimiento científico no se opone á la misma palabra de Dios, sino á -la torcida interpretación que le hemos dado.</p> - -<p>Ya ve usted cuán poco irreligiosa es la sana y más docta <i>mentalidad</i> -del siglo presente.</p> - -<p>Toda religión tiene aun muchos creyentes y defensores, y la nuestra más -que ninguna, aunque no he de negar yo que bastantes pequen con -frecuencia por exceso de celo.</p> - -<p>La revelación divina no pudo hacerse toda de una vez y sobre todo. La -marcha ascendente del linaje humano, la ley de la historia, el -desenvolvimiento intelectual de las sociedades y de los individuos, todo -esto no sería, ó las cosas serían de muy diversa manera, si Dios lo -hubiera revelado todo en un solo momento: de un golpe. El hombre, -además, ó natural ó sobrenaturalmente, hubiera sido hecho ó <i>rehecho</i> -por muy diverso estilo, para que se prestase á recibir la revelación, á -entenderla, y á que no fuese en balde. El maestro va por sus pasos -contados enseñando á sus discípulos, y no les explica la lógica antes de -la gramática, ni el cálculo integral antes de las cuatro reglas de la -Aritmética.</p> - -<p>Si los primeros Patriarcas, y Abraham, y Jacob, hubieran enseñado toda -la doctrina, nada hubiera tenido que revelar Moisés; y si Moisés lo -hubiera enseñado todo, hubiera sido supérflua la revelación de Cristo. -Cristo mismo, en la última cena, cuando se despide de sus discípulos,<span class="pagenum"><a name="page_256" id="page_256">{256}</a></span> -declara que aún no lo ha revelado todo. «Aún tengo que deciros muchas -cosas, pone el texto de San Juan: mas no las podéis llevar ahora.» Esto -es: ahora no os aprovecharían; no las comprenderíais bien. Y añade -luego: «Mas cuando viniere aquel espíritu de verdad, os enseñará toda la -verdad.» Lo cual, aunque se interprete con la más timorata -interpretación, diciendo que eso que Cristo se dejó por decir se lo dijo -á los Apóstoles después de resucitado y lo inspiró el Espíritu Santo -cuando bajó sobre ellos, todavía es prueba evidente de que no es la -revelación simultánea y completa, sino sucesiva, y adaptándose á la -capacidad de los hombres á quienes se hace. En confirmación de lo cual -viene bien aquello de San Pablo á los de Corinto, cuando les dice que -los alimenta con leche y no con manjares sólidos que no pueden digerir -todavía.</p> - -<p>Traigo aquí todo esto muy pertinentemente, ya que de no entenderlo se -han seguido graves males. Bastantes sabios piadosísimos se han empeñado -en probar que en la Biblia está todo y que Moisés sabía y revelaba -cuanto hay que saber y revelar de física, química, matemáticas, -paleontología, cosmogonía, etc.; y en cambio otros incrédulos, en esto -no menos cándidos, se obstinan y se enorgullecen disputando con Moisés y -probándole que no sabía el sistema de Copérnico, ni que el agua se -componía de oxígeno y de hidrógeno, ni otras muchas cosas por el estilo. -Los primeros deducen de esta disputa la<span class="pagenum"><a name="page_257" id="page_257">{257}</a></span> verdad de la religión, y los -segundos su incapacidad, su oposición á la ciencia y su mentira. Yo, sin -ser sabio, en nombre de mi pobre sentido común, me atrevo á sostener que -no tienen razón ni unos ni otros en sus deducciones.</p> - -<p>Entre los apologistas de la religión cristiana hay un inglés, Samuel -Kinns, cuya seguridad y cuyos argumentos para probar la concordancia de -la revelación y la ciencia pasman por inauditos é inesperados.</p> - -<p>Cuenta este señor que hay unos cerrajeros, paisanos suyos, Hobbs, Hart y -Compañía, los cuales han inventado y fabricado ciertas llaves y -cerraduras maravillosas, de que se vale el Banco de Inglaterra para -poner á buen recaudo sus tesoros. Las guardas de cualquiera de estas -llaves tienen 15 dientecillos movibles, que, colocándose, ya de un modo, -ya de otro, dan lugar á 1.307.674.368.000 combinaciones. Con cualquiera -combinación se echa la llave y sólo se desecha ó se abre con la -combinación con que se ha cerrado. Hay pues, una sola probabilidad -contra un billón y miles de millones, de que alguien abra sin saber la -combinación.</p> - -<p>Sentado esto, y sentado que los días de la Creación no fueron días, sino -largos períodos de millones de años, Samuel Kinns pone quince actos -creadores en el orden en que los pone la ciencia, y los concierta, en el -mismo orden, con quince frases ó expresiones bíblicas, que responden con -exactitud á cada uno de esos actos. De<span class="pagenum"><a name="page_258" id="page_258">{258}</a></span> esta suerte, imagina el -apologista que deja demostrado que Moisés sabía, por revelación divina, -todo lo que la ciencia ha descubierto, tres mil años después, acerca de -la Creación del Mundo.</p> - -<p>Al más rudo, si recapacita un poco, asaltan varias dudas y razones -contra semejante discurso. 1.ª ¿Lo que la ciencia ha descubierto, lo ha -descubierto bien, ó saldremos el día menos pensado con que descubre otra -cosa que invalida el descubrimiento de hoy? 2.ª ¿Dado que sea ya -definitiva é inalterable la cosmogonía de la ciencia, hay ó no hay algo -de arbitrario y de más ingenioso que sólido en la harmonía y ajuste -perfecto de lo que dice la ciencia y de lo que dice la Biblia? Y 3.ª -Aceptando por <i>verificado</i> y evidente todo lo que la ciencia descubrió -de la cosmogonía, y por no menos exacto su acuerdo perfectísimo con las -palabras de Moisés, ¿qué objeto ni qué propósito tuvo Moisés, ya que -sabía todo aquello, de decirlo ó ponerlo tan obscura y concisamente, que -fuese logogrifo ó acertijo que nadie había de adivinar sino más de tres -mil años después?</p> - -<p>Convengamos en que hubiera sido broma pesada, al menos por su duración, -la que hubiera dado Moisés á todo el linaje humano, si sabiendo bien -todo lo que ocurrió en el Universo desde su origen, lo hubiera dejado en -cifra que sólo al cabo de treinta siglos se hubiera podido descifrar. -¿No sería mejor y más piadoso entender que las<span class="pagenum"><a name="page_259" id="page_259">{259}</a></span> Sagradas Escrituras -están divinamente inspiradas en todo lo que se refiere á la moral y al -dogma, y que, en otros puntos, cuando el redactor del libro no es -testigo ocular, ó cuando trata de cosas que por inspección ocular no -podían saberse, dice lo que en su tiempo se suponía ó se imaginaba?</p> - -<p>En virtud de esta distinción, á mi ver discreta, se evitarían lo menos -las nueve décimas partes de las controversias entre los creyentes y los -incrédulos: casi desaparecerían los supuestos ó fantásticos conflictos -entre la religión y la ciencia.</p> - -<p>Uno de los más juiciosos apologistas que tiene hoy la religión -cristiana, Mons. Van Weddingen, dice en sustancia lo mismo que estamos -aquí diciendo. Cada Profeta, cada Padre de la Iglesia, según la física y -la química de su tiempo, opinaba lo que mejor le parecía, y no es motivo -para negarle ó concederle la cualidad de profeta ó de hombre inspirado -por Dios, el que su opinión de entonces concuerde ó no con la opinión de -ahora, ó, si se quiere, con la ya clara y manifiesta verdad de los -físicos y de los químicos del día.</p> - -<p>Dios, directa, materialmente, digámoslo así, y como el maestro enseña á -sus discípulos, bien se puede afirmar que no enseñó matemáticas, -astronomía, biología ni antropología á nadie.</p> - -<p>Quedó, pues, cada hombre con aptitud y en libertad de inventar, de -descubrir ó de forjarse<span class="pagenum"><a name="page_260" id="page_260">{260}</a></span> los sistemas que sobre cada una de esas -ciencias le parecieran más conformes á la verdad.</p> - -<p>Así, pues, y sirvan de ejemplo (refiriéndome siempre á Mons. Van -Weddingen) San Basilio y San Gregorio de Nyssa que sostienen la -espontánea generación de los gérmenes en la tierra y en el agua; y San -Agustín, San Isidoro de Sevilla y otros Padres, que casi son -darwinistas. Dios creó al principio, según ellos, ciertos gérmenes, -<i>causas primordiales seminales</i>, que así las llaman, las cuales fueron -poco á poco desenvolviéndose. En resolución, termina el apologista -citado: «El sabio jesuita Pianciani ha demostrado doctamente que sobre -estos puntos delicados se concede entera libertad á la interpretación de -cada individuo. La fe queda salva si se reconocen los derechos del -divino Creador, y la irreductibilidad del alma de los primeros hombres á -las funciones meramente orgánicas». Lo cual significa que sobre -cualquiera de dichos puntos puede el sabio, ó el que se figura que lo -es, descubrir las verdades más inauditas ó imaginar los más enormes -disparates, sin producir conflicto con la religión, siempre que convenga -en que Dios lo creó todo y en que ni hay, ni hubo nunca, ser orgánico, -que pueda llamarse hombre, sin que Dios infunda en él un alma inmortal -hecha á imagen y semejanza suya.</p> - -<p>Yo me vuelvo todo ojos para hallar en los escritos de usted, y en otros -escritos positivistas algo á modo de prueba de que estos dos con<span class="pagenum"><a name="page_261" id="page_261">{261}</a></span>ceptos, -de Dios y del alma, son falsos. Lo que sí hallo es que, según usted, el -concepto de Dios fué preparación indispensable para subir al grado de -civilización á que hemos subido; pero ni usted ni nadie me dice qué día, -ni qué mes, ni qué año, subimos á ese grado en que ya es menester -desechar á Dios, ni por qué es menester desecharle.</p> - -<p>Sin embargo, visto que no trato yo de convertir á usted á ninguna -religión positiva, como usted ha tratado de convertirme á la religión de -la humanidad, voy á prescindir aquí de multitud de dificultades y hasta -á dar por verdad varios errores, ó varias afirmaciones, que me parecen -errores aunque no lo sean.</p> - -<p>Supongo, pues, que el período teológico pasó ya, ó dígase que no se debe -ni se puede creer en revelación externa divina. Supongo, además, que -también pasó ya para siempre el período metafísico, ó dígase que ya no -se puede dar ni aceptar ciencia fundada en revelación interna divina, ó -sea en lo absoluto, que se muestra en lo más íntimo y profundo de -nuestro sér, y sobre lo cual estriba una ciencia fundamental <i>á priori</i>.</p> - -<p>Supuesto lo antedicho, no nos quedará sino la ciencia que ustedes llaman -positiva: la ciencia que se funda en el empirismo, en las observaciones -que hacemos valiéndonos de los sentidos.</p> - -<p>Quiero conceder, por último, que solo con esta ciencia, sin nada de -metafísica que con ella se combine, no llegaremos jamás á una legítima<span class="pagenum"><a name="page_262" id="page_262">{262}</a></span> -demostración de la existencia de Dios: que todos los que han querido dar -dicha demostración, cristianos y deístas, Fr. Luis de Granada, Newton, -Voltaire, Flammarion, todos se han equivocado, según Kant lo prueba.</p> - -<p>Nos quedamos, pues con el positivismo escueto: con las seis ciencias de -la Enciclopedia de Comte y de Littré. Pero si por ellas no podemos -llegar á lo sobrenatural para afirmarle, ¿por qué ni cómo hemos de -llegar para negarle?</p> - -<p>Aun tomándonos la libertad de negarle sin fundado motivo, no -explicaríamos las cosas, sino que las confundiríamos y enredaríamos más. -El recurso del <i>altruismo</i> y del egoísmo para explicar lo bueno y lo -malo, en moral, no vale, sin libre albedrío. Dice Vogt: «Si no me -enseñan el alma, no creo que la hay»; dice Virchow, que como no ve el -alma, no la acepta; y Feuerbach y cien otros aseguran que lo que piensa -es el fósforo, lamentando mucho que, con tantas patatas como ahora se -comen, los cerebros humanos se pongan pesadísimos é incapaces. En cuanto -al vicio y á la virtud, harto sabida es la chistosa expresión de Taine: -«El vicio y la virtud son productos químicos, como el vitriolo y el -azúcar».</p> - -<p>Inventemos, pues, un sistema, saliéndonos del método experimental, y -haciendo sobre esto la vista gorda. Demos de barato que no hubo al -principio más que el éter, ó sea infinidad de cuerpecillos insecables, -átomos dotados de fuerza eterna y de tres ó cuatro movimientos -perpe<span class="pagenum"><a name="page_263" id="page_263">{263}</a></span>tuos, uno en línea recta, otro giratorio y otro de pegarse unos á -otros y formar poliedros. Con tanto moverse estos átomos, vino á -resultar que sus fuerzas se contrapusieron maravillosamente, y todo se -paró y quedó en equilibrio; y hubo tinieblas y silencio; si no la nada, -algo parecido. Pero de súbito se rompe el equilibrio (y no sabemos por -qué, aunque no sabemos tampoco por qué se estableció), y el equilibrio -ya roto, empezaron á formarse pelotitas luminosas, y fué la luz; y -luego, según se ajustaban y combinaban los poliedros, que los hubo sin -duda de varias clases además de las pelotitas, salían sólidos, y -líquidos, y gases; y luego vida, y plantas, y bichos; y luego hombres, y -conciencia, y pensamiento: y sociedad, é historia, y revoluciones, y -guerra, y progreso, y todo cuanto hay hasta ahora, y hasta que á los -átomos se les antoje volver á la inmovilidad primera ó sea al -equilibrio, y nos quedemos otra vez á obscuras, ó dígase, todo silencio, -tinieblas y muerte.</p> - -<p>Consideremos exacto todo esto como si lo hubiéramos visto, tocado y -verificado. Y si el sistema no gusta, le modificaremos, ó expondremos el -de otro sabio por el mismo estilo. Pero, entonces, ¿qué razón hay para -que merezcan alabanza y gloria Augusto Comte y Catalina de Vaux, por -haber sido dos turrones de azúcar? ¿Qué responsabilidad tiene, qué -castigo merece el más infame criminal por haber sido un frasco de -vitriolo? Si yo soy <i>altruista</i>, es porque los átomos<span class="pagenum"><a name="page_264" id="page_264">{264}</a></span> que me componen -me llevan al <i>altruismo</i>, y si soy egoísta, es porque mis átomos -confederados se hallan muy á gusto con su confederación y no quieren -romperla, aunque se lleve pateta todas las otras confederaciones -existentes ó posibles.</p> - -<p>Usted y gran número de otros positivistas honrados no se conforman con -ser sólo laboratorios de azúcar; y con que la virtud y la diabetes -vengan á ser casi lo mismo. De aquí que hayan ustedes inventado ó -aceptado esa fantasmagoría ó mojiganga del Ser-Supremo-Humanidad, que -nada explica ni remedia.</p> - -<p>Abrazada la doctrina del positivismo, negada toda religión, negada toda -metafísica, desengáñese usted, no hay más recurso que caer en el -<i>agnosticismo</i>.</p> - -<p>Lo conocido, lo verificado por observación sensible y por experiencia, -es como una isla, todo lo grande y hermosa que se quiera, pero -circundada de mar tenebroso y sin límites. Esta isla, ¿quién sabe si -tendrá cimientos que la mantengan firme en medio de ese mar, ó si -flotará sin cimientos á merced de las olas? Lo desconocido no queda -lejos, aunque en el centro de la isla nos pongamos, sino que la invade -toda, y está hasta en el aire que en ella se respira. Desesperados -muchos de los habitantes de la isla, todos ellos sabios, ó semisabios, -han declarado lo desconocido incognoscible; pero algunos han recobrado -la esperanza, y, con los medios que la isla da de sí, se han engolfado -en el mar tenebro<span class="pagenum"><a name="page_265" id="page_265">{265}</a></span>so y desconocido, á ver si le exploran. Uno de estos -navegantes audaces es el Sr. Enrique Drummond, de que ya he hablado á -usted, y de cuya navegación y descubrimientos tenía yo empeño en dar -noticia, por ser tan curiosos: pero la empresa es atrevida y peligrosa y -desisto de llevarla á cabo.</p> - -<p>Básteme afirmar que no es aislado capricho de Enrique Drummond esto de -subir por la escala de las ciencias empíricas hasta la última y suprema -hipótesis que lo explique todo, construyendo ó reconstruyendo la -metafísica y singularmente la teodicea. En todos los países cultos se -advierten síntomas de tan ineludible propensión, y de la actividad que, -movido por ella, el espíritu humano va desplegando.</p> - -<p>En Francia acaba de aparecer un libro que llama ya la atención por el -título sólo, y donde se nota el pensamiento fundamental de que aquí se -trata. El libro se titula <i>El porvenir de la metafísica fundada en la -experiencia</i>, por Alfredo Fouillée.</p> - -<p>En nuestra misma España ha aparecido otro libro, que apenas he tenido -tiempo de hojear aún, pero en el cual, por lo poco que he visto, -presiento que el movimiento intelectual del mundo me depara un auxiliar -poderoso. El autor de este libro (cuyo nombre, Estanislao Sánchez Calvo, -confieso que al recibir el libro conocí por vez primera) quiere -reconstruir también la metafísica: descubrir lo incógnito, que no es -incognoscible para él, partiendo de las ciencias posi<span class="pagenum"><a name="page_266" id="page_266">{266}</a></span>tivas; probar, en -suma, que lo inconsciente de Hartmann, que es, en efecto, inconsciente -para nosotros, es, por eso mismo, lo maravilloso, lo estupendo, lo -certero, lo infalible, lo rico de providencia y de inteligencia, que -mueve desde el átomo hasta el organismo más complicado: pero que este -motor, de quien tal vez no tenemos conciencia los que por él somos -movidos, la tiene él de sí y en sí, y lo penetra y lo llena todo, siendo -al mismo tiempo <i>todo y uno</i>, porque si las demás cosas son algo, y si -no son nada porque no son él, es por el ser que él les da. En -resolución: ese prurito de producir formas, vidas y evoluciones; esa -energía constante de los séres que siguen inconcientemente su camino -prescrito, y van á su fin en virtud de leyes indefectibles y eternas, es -la incesante operación de lo inconsciente, el milagro perpetuo de lo -que, siendo inconsciente para nosotros, es <i>supraconsciente</i>, y es Dios.</p> - -<p>El libro que expone y procura demostrar esta doctrina, con mucha ciencia -y extraordinario ingenio, se titula <i>Filosofía de lo maravilloso -positivo</i>. Su autor parte del positivismo; pero anhela fundar nueva -metafísica y teología nueva, concurriendo, por lo menos, á probar, si no -que el ateísmo es falso y que la vacía religión de la humanidad es -absurda, que el ateísmo y la religión de la humanidad no contentan ni -aquietan á nadie, ni valen para nada bueno.<span class="pagenum"><a name="page_267" id="page_267">{267}</a></span></p> - -<h2><a name="NOVELA-PROGRAMA" id="NOVELA-PROGRAMA"></a>NOVELA-PROGRAMA</h2> - -<p class="rt"> -<i>A la Sra. de R. G.</i><br /> -</p> - -<p>Mi distinguida amiga: Hace ya meses que me envió usted un ejemplar de -<i>Looking backward</i>, novela de Eduardo Bellamy, impresa en Boston en -1889. En seguida dí á usted las gracias por su presente; pero, como -tengo tantas cosas que leer y tantos asuntos á que atender, confieso que -no leí la novela, y la dejé arrinconada.</p> - -<p>Pasó tiempo, y un día la novela cayó de nuevo por casualidad entre mis -manos. Entonces reparé en una cosa en que no había reparado antes, y que -no pudo menos de mover mi curiosidad hacia la novela. En letra mucho más -menuda que el título y por bajo de él, decía la portada: <i>two hundredth -thousand</i>.</p> - -<p>Estas tres palabras me dieron dentera, ó, si se quiere, envidia. Yo -también soy autor, y no estoy exento de tener envidia á otros más -dichosos autores.</p> - -<p>Las tres palabras indicaban que de la flamante novela se habían vendido -ya doscientos mil<span class="pagenum"><a name="page_268" id="page_268">{268}</a></span> ejemplares cuando se imprimió el que yo había -recibido. Desde entonces hasta ahora ha pasado tiempo bastante para que -se vendan otros cien mil. Bien se puede afirmar, pues, que lo menos -trescientos mil ejemplares de <i>Looking backward</i> han sido ya vendidos.</p> - -<p>En ese país y en Inglaterra hay mucha <i>librería circulante</i>, y los -libros además se prestan sin dificultad. No es exageración suponer que -cada ejemplar ha sido leído por diez personas. El señor Bellamy, por -consiguiente, puede jactarse de que han leído ya su obra tres millones -de séres humanos. Sobre esta satisfacción de amor propio debe de tener -además el gusto más sólido y positivo, suponiendo que sus derechos de -autor son por cada ejemplar no más que diez céntimos de <i>dollar</i>, de -haber cobrado á estas horas por su trabajo treinta mil <i>dollars</i>, ó -dígase bastante más de ciento cincuenta mil pesetas de nuestra moneda. -Tan opimos derechos merecen, en verdad, el pomposo nombre de <i>royalty</i>, -<i>realeza</i>, que tienen en inglés; mientras que los derechos de los -autores españoles, salvo en rarísimos casos, debieran llamarse -<i>beggary</i>, <i>mendicidad</i> ó <i>pobretería</i>.</p> - -<p>Compungido yo y descorazonado por esta consideración, vengo á sospechar -á veces si todo, y singularmente los escritores, estaremos en España muy -por bajo del nivel intelectual de otros países. El que en España no se -lea no basta á explicar que no se lean nuestros libros. Si fue<span class="pagenum"><a name="page_269" id="page_269">{269}</a></span>ran -buenos, me digo, se traducirían y leerían en otros países, ó bien en -otros países aprenderían el español para leernos. ¿No sucede esto por -donde quiera, con los libros que se publican en Francia? En nuestra -península, y en toda la extensión de la América hispano-parlante ¿para -qué ocultarlo? Zola, Flaubert y Daudet son más estimados que Alarcón, -que Pereda, y hasta que Pérez Galdós, y de seguro que se han leído y se -han vendido más ejemplares de <i>Nana</i> ó de <i>Germinal</i>, ó de <i>La Tierra</i>, -que de <i>Sotileza</i> ó de los <i>Episodios nacionales</i>.</p> - -<p>Con los libros en inglés aún no sucede esto tanto en las naciones que -hablan nuestra lengua; pero los libros en inglés, si llegan á hacerse -populares, no han menester de nuestro tributo.</p> - -<p>Harto se ve en <i>Looking backward</i>. Tal vez sea yo, hasta ahora, gracias -al ejemplar que usted me envió de presente, el único español que sabe de -dicho libro, y de dicho libro, con todo, se han vendido ya más -ejemplares que de ninguna de las novelas de Zola: del más glorioso y á -la moda entre los novelistas franceses.</p> - -<p>A pesar de cuanto acabo de exponer, quiero desechar mi abatimiento y mi -modestia; y, sin rebajar el mérito del escritor extranjero, entiendo que -son parte en la fama y en el provecho, que á menudo alcanza, lo bonachón -y lo candoroso que es el público de otros países, donde se rodea al -escritor de gran prestigio y se le presta autoridad que nosotros le -quitamos.<span class="pagenum"><a name="page_270" id="page_270">{270}</a></span></p> - -<p>Nosotros no tenemos mala voluntad á los hombres de letras; pero las -circunstancias nos encierran en círculo vicioso de difícil salida. Aquí -no pocos hombres de mucho talento y bastantes de mediano medran, se -enriquecen y encumbran, politiqueando, tratando de curar enfermedades ó -defendiendo pleitos. El que compone libros, si no tiene rentas, ó bien -si no tiene otras ingeniaturas, permanece siempre casi pordiosero. Y de -ello inferimos, ya que el que compone libros está medio loco, ya que es -incapaz de ser político hábil, abogado con clientes ó médico con -enfermos, por donde se da á literaturas, como quien se da á perros, -desengañado y desechado de profesiones más lucrativas.</p> - -<p>Pero salgamos de tan tristes meditaciones crematístico-literarias, y -hablemos de la novela del Sr. Bellamy.</p> - -<p>Nada más rancio, trillado y manoseado que lo fundamental de su -argumento. Es un caso de sueño ó letargo prolongadísimo, del cual se -despierta al cabo. Ya de Epiménides de Creta, que vivió seis siglos -antes de Cristo, se cuenta que estuvo durmiendo cincuenta y siete años. -Hermotimo de Clazomene, que floreció poco después, echaba también -siestas muy largas; con el aditamiento de que, mientras que su cuerpo -dormía, su desatado espíritu se paseaba por todo el universo con la -rapidez del rayo. En las edades cristianas, abundan más aún los -durmientes, empezando por <i>los siete</i>, que, durante la persecu<span class="pagenum"><a name="page_271" id="page_271">{271}</a></span>ción de -Decio, se quedaron dormidos en una caverna, y despertaron ciento -cincuenta y siete años después, hallando muy cambiadas las cosas del -mundo y el cristianismo triunfante.</p> - -<p>No sé de país donde no haya cuentos, leyendas, comedias y zarzuelas que -se fundan en esta base. Nosotros tenemos á nuestro D. Enrique de -Villena, que desde el siglo <small>XV</small> estuvo hecho jigote, y apareció y surgió -á nueva vida en <i>La redoma encantada</i>, de Hartzenbusch. Por lo común, no -se requiere determinación tan heróica como la de hacerse jigote, ni -siquiera se exige sueño, para dar un brinco en el tiempo, y plantarse de -súbito dos, tres ó cuatro siglos más allá del punto de partida. Basta -para ello un éxtasis, un arrobo ó la traslación real á medio más -dichoso, donde el correr del tiempo es más raudo.</p> - -<p>Yo he leído un cuento japonés, en que un pescadorcillo es llevado á una -isla encantada. Allí se casa con cierta mágica princesa. Vuelve á su -tierra, en su sentir al cabo de un año, y reconoce que han pasado -doscientos ó más, que no tiene ya ni padre, ni madre, ni perrito que le -ladre, y que nadie en su tierra le recuerda. Atolondrado, abre entonces -una cajita, don de su princesa, cajita que le debía servir, no -abriéndola, para volver á la isla encantada; y sale de la cajita un -vapor, á manera de nubecilla blanca, que en lo alto del aire se disipa. -Entonces siente que caen sobre él, con todo su peso, los doscientos ó -trescientos años que habían pasado; y pierde la lo<span class="pagenum"><a name="page_272" id="page_272">{272}</a></span>zanía de la juventud, -y se trueca en un horrendo viejezuelo, que se encoge y consume hasta que -muere.</p> - -<p>La <i>Leyenda áurea</i>, las vidas de los Padres del yermo, en todo país y en -diversos idiomas, están llenas de casos semejantes, aunque menos -lastimosos. Ya es un monje que se embelesa oyendo cantar un pajarillo, -en un soto, cerca de su convento. Vuelve al convento, creyendo haber -estado ausente una hora, y ha pasado un siglo. Longfellow ha puesto en -verso una historia de esta clase. Ya, como en una preciosa leyenda -italiana del siglo XIV, son dos monjes que se extravían en una selva; -hallan una barca en la margen de apacible río; se embarcan, se dejan -llevar de la corriente, y arriban al Paraíso terrenal. El querubín de la -espada flamígera les da libre entrada; y Enoch y Elías los reciben y los -agasajan, regalan y deleitan tan maravillosa y elegantemente, que se les -hace muy cuesta arriba volver al convento, al cabo de una semana. Pero -no hay más recurso que volver. Vuelven, y descubren que han pasado en el -Paraíso terrenal la friolera de setecientos años.</p> - -<p>La invención, pues, del Sr. Bellamy nada tiene de inaudita. Su héroe, -Julián West, se queda dormido, en un sueño magnético, y despierta ciento -trece años después. Se duerme en 1887 y despierta en el año 2000 de -nuestra Era.</p> - -<p>Se advierte en esto otro ingrediente capital, permítaseme la expresión -farmacéutica, que en<span class="pagenum"><a name="page_273" id="page_273">{273}</a></span>tra en la confección de la novela del Sr. Bellamy. -La novela es profética: nos pinta lo que serán el mundo y la humanidad -dentro de poco más de un siglo.</p> - -<p>Tampoco es esto nuevo. Pinturas proféticas por el estilo, acaso más -divertidas y más brillantes y pasmosas, se han hecho en casi todas las -literaturas. ¿Dónde está, pues, el valer de la novela? ¿Cuál ha sido la -causa de su extraordinaria popularidad? A mi ver, el valer de la novela -es grande y la causa de los aplausos justísima. Consisten en la buena fe -y en el fervor con que el Sr. Bellamy cree y espera en lo que profetiza -con alegre y profundo optimismo.</p> - -<p>Sin duda que en Europa los descubrimientos é invenciones recientes de la -ciencia experimental, la actividad fecunda de la industria, la facilidad -de las comunicaciones, la creciente riqueza, las máquinas, el bienestar, -el lujo y sus refinamientos, el telégrafo, el teléfono, el alumbrado -eléctrico, las Exposiciones universales, los congresos de sabios y otras -maravillas, han ensoberbecido y alentado por todo extremo á no pocos -hombres, y les han hecho creer en un indefinido progreso humano; pero -también esas mismas novedades, primores y adelantos, han influído, en -sentido opuesto, en más hombres aún, volviéndolos canijos, -descontentadizos, nerviosos y quejumbrosos.</p> - -<p>El pesimismo existe desde antes de Job y de Budha; pero pocas veces ha -estado más divul<span class="pagenum"><a name="page_274" id="page_274">{274}</a></span>gado, más razonado y más boyante que en el día. Pocas -veces ha sido, además, más negro y desesperado en Europa: ya porque se -afirma la mayor dificultad, cuando no la imposibilidad, de ilusiones, de -ideales, de creencias, ó como quieran llamarse, que sirvan de -compensación ó de consuelo; ya porque se abultan los peligros en la -resolución de urgentes y temerosos problemas; ya porque los impacientes -y furiosos quieren resolver estos problemas con desmedida violencia y -por virtud de los más truculentos cataclismos.</p> - -<p>Inútil me parece detenerme en probar que, en Europa, y singularmente en -la segunda mitad de este siglo que va llegando á su fin, hay más -desesperación que esperanza, se ve obscuro y tempestuoso el porvenir, y -son tétricas la filosofía y la literatura.</p> - -<p>La risueña amenidad de algunos reformadores sociales, como Fourier por -ejemplo, sólo sirve ya para burlas. Los que en el día aspiran á -reformadores, se llaman <i>nihilistas</i>, y aturden y aterrorizan á las -clases conservadoras. Los poetas siguen siendo desesperados y satánicos, -ó bien dimiten, por suponer que la poesía se acaba. Sus negaciones, -maldiciones y furores, en vez de salir en verso y raptos líricos, que -solían tomarse menos por lo serio, se ponen hoy en prosa, con el método, -el orden y las pretensiones didácticas de una ciencia. En vez de -Leopardi, Byron ó Baudelaire, tenemos á Schopenhauer. Las pasiones -sublimes, los caracteres nobles y desin<span class="pagenum"><a name="page_275" id="page_275">{275}</a></span>teresados, los dulces amores, -las creencias profundas, todo lo ameno y hermoso se va arrojando de la -narración escrita, donde se afirma que la imaginación no debe poner nada -de su cosecha. Las obras, pues, de entretenimiento, las más leídas y -admiradas, son cuadros horribles de vicios, maldades y miserias, en que -el hombre, <i>bestia humana</i>, se revuelca en cieno y en sangre. La vida, -en la realidad y en la ficción, aparece como una pesadilla cruel, ó como -una estúpida é indigna farsa, que no merece ser <i>vivida</i>. El mejor -término y remate de todo es morirse para descansar. La suprema -bienaventuranza del mundo, la última victoria del saber y la más alta -realizada aspiración del deseo, serían el <i>totalicidio</i>: que la ciencia -nos hiciese poderosos para ahogar el necio prurito de vivir que fermenta -en las cosas y matar el universo.</p> - -<p>Cierto es que la misma exageración de los clamores y de las blasfemias -hace que á veces se tengan por fanfarronadas, y que el hombre sereno las -ría y no las deplore; pero la insistencia y la generalidad de tantas -quejas se sobreponen á la risa, anublan el ánimo más despejado, y -angustian al fin y meten en un puño el corazón de más anchuras.</p> - -<p>En el conjunto, bien puede asegurarse que de ese otro lado del -Atlántico, no hay que lamentar como endémica esta enfermedad del -desconsuelo; reina cierta gallarda confianza en los futuros destinos de -la humanidad. La tierra es nueva,<span class="pagenum"><a name="page_276" id="page_276">{276}</a></span> vasta y pingüe, y cría savia -abundante en cuanto se trasplanta en ella. Si de una cepa vetusta, -cubierta de filoxera y carcomida por el honguillo, tomamos un buen -sarmiento, y le metemos en tierra á alguna distancia, el mugrón se -transforma pronto en otra sana y fructífera cepa. Así me figuro yo que -ocurre quizá al anglo-americano en relación con el europeo. La -prosperidad de esa gran República se diría que promete mayor auge é -inmensa ventura para en adelante. Toda dificultad, en vez de desalentar, -aumenta los bríos, y hasta regocija con la esperanza de vencerla. Hay -ahí cierta emulación, cierta petulancia juvenil, que son útiles, porque -persuaden á muchos de que América logrará lo que Europa no ha logrado; -resolverá problemas que aquí tenemos por irresolubles, y realizará -ideales que nosotros, ya cansados, agotados y viejos, abandonamos por -irrealizables y quiméricos. <i>Excelsior</i> es la hermosa y extraña divisa -que llevan ustedes en la bandera. Los poetas de ahí están llenos de -presentimientos dichosos, y no lloran y se quejan tan desoladamente como -los nuestros. La vida para ellos no es lamentación, sino acción -incesante, á fin de avanzar más cada día,</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0"><i>Still achieving, still pursuing,</i><br /></span> -</div></div> -</div> - -<p class="nind">y dejando en pos</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0"><i>Footprints on the sands of time,</i><br /></span> -</div></div> -</div> - -<p class="nind">como dice Longfellow, en su <i>Psalmo</i>. Todo vate<span class="pagenum"><a name="page_277" id="page_277">{277}</a></span> quiere hoy ser ahí más -profeta que en parte alguna. Su misión es profetizar y no cantar:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0"><i>Life sings not now, but prophesies.</i><br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Whittier es á modo de un Ezequiel de nuestro siglo. Con justicia se le -saluda como al «cantor de la religión, de la libertad y de la humanidad, -cuya palabra de santo fuego despierta la conciencia de una nación -culpada y derrite las cadenas de los esclavos».</p> - -<p>La poesía lírica de ahí inculca en sus mejores obras que querer es -poder. La voluntad tenaz, valerosa y desenfadada, rompe todo límite que -el saber imperfecto pone á lo posible. Un buen <i>yankee</i> (y permítame -usted que llame así á sus paisanos, por no llamarlos anglo-americanos -siempre) un buen <i>yankee</i>, digo, alentado por su soberbia esperanza, es -como el Reco de la bella leyenda de Russell Lowell; no duda de lograr su -anhelo, y se considera como <i>sobrehumanado</i> para lograrle.</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">«Reco no dudó ya de su ventura.<br /></span> -<span class="i0">Bajo sus pies á la ciudad volviendo,<br /></span> -<span class="i0">Pensó que ufano el suelo florecía;<br /></span> -<span class="i0">Que era más clara la amplitud del éter;<br /></span> -<span class="i0">Que alas para cruzarle le brotaban;<br /></span> -<span class="i0">Y que del sol los rayos, en sus venas<br /></span> -<span class="i0">Infundidos, prestaban á la sangre<br /></span> -<span class="i0">Calor salubre y levedad celeste.»<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Esta fe en el porvenir, esta exultación del espíritu, que nada deja -fuera de su alcance, ha<span class="pagenum"><a name="page_278" id="page_278">{278}</a></span> sido la Musa que ha inspirado su novela al -señor Bellamy.</p> - -<p>Al espirar el siglo <small>XX</small>, ó dígase dentro de poco más de un siglo, la más -portentosa revolución estará ya consumada; se habrá renovado la faz de -la tierra; la condición humana habrá logrado mejoras extraordinarias -materiales y morales, y la Jerusalén celeste, ó, si se quiere, la -suspirada ciudad de Jauja, habrá bajado del cielo, y extenderá su feliz -y dulcísimo imperio sobre todas las lenguas, tribus y naciones del -mundo. No quiere decir esto que una Jauja conquistadora tendrá sometido -el resto del mundo, sino que la Jauja ideal se realizará por donde -quiera, y todo el mundo será Jauja.</p> - -<p>Entendámonos, sin embargo. La Jauja realizada en todas partes, no será -la grosera y vulgar de que habla el proverbio; la Jauja donde se come, -se bebe y no se trabaja. En el nuevo orden de cosas, en la flamante -ciudad, no habrá nadie que no trabaje; hombres y mujeres serán -trabajadores; pero merced á la ingeniosidad y primor de la maquinaria y -á la superior organización del trabajo, el trabajo, lejos de ser -fatigoso, será gratísimo.</p> - -<p>La vida estará lindamente arreglada. Hasta los veintiún años dura el -período de la educación en el nuevo régimen. Las escuelas son tan -buenas, que apenas hay quien salga de ellas sin ser un pozo de ciencia, -diestro en todos los ejercicios corporales; así de fuerza como de<span class="pagenum"><a name="page_279" id="page_279">{279}</a></span> -agilidad y de gracia; sano, hermoso y robusto.</p> - -<p>Como ya no sobrevienen (estamos en el año 2000) guerras ni desazones, y -vivimos en una paz plusquam-octaviana, ni hay quintas, ni mucho menos -servicio militar obligatorio. ¿Y para qué, si tampoco hay generales ni -ejército guerreador? De lo que no se puede prescindir es de ejército -industrial, y todo individuo tiene que servir en este ejército -admirablemente regimentado. Pero el servicio es cómodo y ameno, como ya -hemos dicho, y á la edad de cuarenta y cinco años termina. Á la edad de -cuarenta y cinco años recibe cada cual su licencia absoluta ó bien se -jubila. Y no porque ya se le crea inútil, sino porque ya ha cumplido con -la sociedad.</p> - -<p>Lejos de estar inútil el jubilado ó licenciado, puede asegurarse que -está en lo mejor, en el cenit de su edad. La higiene pública y privada, -la medicina, la cirugía y el arte culinario han progresado de tal -suerte, que el término ordinario de la vida es ya de noventa años. -Quedan, pues, después de la jubilación otros cuarenta y cinco años de -huelga y reposo, durante los cuales todo hombre y toda mujer disfrutan -de las invenciones, fiestas, riquezas, esplendores, magnificencias y -deleites que el trabajo, la industria y el ingenio sociales han -producido y siguen produciendo, cada día con mayor abundancia, -delicadeza, chiste y tino.</p> - -<p>Dígole á usted, sin el menor sonrojo, que se me hace la boca agua al -pensar en tan jubilan<span class="pagenum"><a name="page_280" id="page_280">{280}</a></span>te jubilación, en tan honrado y decoroso -sibaritismo, y en tan verdadero <i>gaudeamus</i> y <i>otium cum dignitate</i>.</p> - -<p>Algo he extrañado, pero no para censurar, sino para aplaudir, que el Sr. -Bellamy, que tantas cosas reforma ó trueca, todo lo deja como está ahora -en lo tocante á las artes cosméticas é indumentarias, <i>flirt</i>, noviazgos -y belenes. Así da nueva prueba de que en amor y en belleza no hay más -que pedir. Hemos llegado á la relativa perfección que, en lo humano, -cabe en lo erótico y en lo estético. Lo que podrá conseguir el nuevo -organismo social es democratizar la belleza, á saber: que haya más -muchachas bonitas, y que no abunden las feas. También se conseguirá, -implicado en el progreso del arte macrobiótica, que la hermosura y la -edad de los amores duren doble ó triple.</p> - -<p>Me pasma que una cosa que aquí, en España, acabamos ahora de establecer -como gran progreso, la deseche el Sr. Bellamy como barbaridad ó poco -menos. Hablo del Jurado. Aunque en su República ó Utopía apenas ha de -haber ignorantes, y en cambio ha de haber pocos pleitos que sentenciar y -poquísimos delitos que castigar, todavía entiende el Sr. Bellamy que la -ciencia del derecho es tan sublime y la administración de la justicia -función tan egregia, que sólo á los sabios la confía, mirando como -profanación sacrílega que cualquier ciudadano <i>lego</i> intervenga en -ella.<span class="pagenum"><a name="page_281" id="page_281">{281}</a></span></p> - -<p>Hay otro punto trascendental, en que (yo lo celebro) va el Sr. Bellamy -contra la vulgar corriente progresista. No quiere que la mujer ejerza -los mismos empleos públicos que el hombre, y sea, v. gr., alcaldesa, -diputada, ministra, senadora ó académica. Todo esto le parece de una -insufrible y antiestética ordinariez: lo que por acá llamamos <i>cursi</i>. -La mujer, en su sistema, reinará en los salones; influirá en todo más -que el hombre; inspirará á éste los más nobles sentimientos y altas -ideas; le seguirá puliendo y gobernando y mandando, como ha sucedido -siempre; y hará que él, por el afán de complacerla, enamorarla y -servirla, sea ó procure ser dechado de virtudes y modelo de distinción; -discreto, limpio, peripuesto y atildado.</p> - -<p>Encanta considerar lo mucho que se disfruta con el nuevo sistema ya -establecido. La lucha entre el capital y el trabajo cesa por completo; -No hay competencias entre fabricantes del mismo país, ni entre -industrias de diversas naciones. Y no hay, por consiguiente, ni aduanas, -ni derechos protectores, ni huelgas, ni ruinas y bancarrotas por -competir. No hay tampoco un solo soldado que mantener, ni un solo barco -de guerra que costear, ni instrumento de destrucción que pagar caro, ni -bronce que fundir sino para campanas que repiquen, ni pólvora que gastar -sino en salvas.</p> - -<p>Síguese de aquí la supresión de multitud de gastos tontísimos; del -desorden y del despilfarro<span class="pagenum"><a name="page_282" id="page_282">{282}</a></span> que la guerra industrial y la guerra de -armas y aun la paz armada ocasionan, y de un enjambre de zánganos ó -personas inútiles para la producción de la riqueza, ya que se emplean ó -en dislocarla jugando á la Bolsa y en otras especulaciones y -operaciones, ó en impedir ó aparentar que impiden que la disloquen, -manteniendo lo que ahora se llama orden público, aunque, según el Sr. -Bellamy, es un caos enmarañado.</p> - -<p>Resultará de tan atinada supresión que nademos en la abundancia, sin que -ahogue la plétora de productos. Con el trabajo moderadísimo, que durante -veinticuatro años ha de dar cada individuo, bastará y sobrará para que -vivamos todos como unos nababos ó reyes durante noventa años.</p> - -<p>Varios descubrimientos científicos, previstos ó columbrados por el Sr. -Bellamy, conspiran á este fin. El sol, la electricidad y otras energías -ocultas en fluidos impalpables, ó en el éter primogenio, nos prestan -calor, luz y fuerza productora y locomotora. En vez de enviar por el -correo paquetes postales, van por tubería desde los almacenes, con una -velocidad de todos los diablos, trajes, brinquillos, alhajas y hasta -pianos de cola y coches de cuatro asientos. Tal modo de remitir, ó su -artificio, se llama el <i>teléstolo</i> ó el <i>telepístolo</i>, y es complemento -del telégrafo y del teléfono.</p> - -<p>Este último, el teléfono quiero decir, se ha perfeccionado ya por tal -extremo en nuestra <i>Utopía</i>,<span class="pagenum"><a name="page_283" id="page_283">{283}</a></span> que cada cual le tiene en su casa, y sin -salir de ella, oye, si quiere, óperas, comedias, sermones y conferencias -de Ateneos y Universidades, sin perder nota, ni palabra, ni tilde.</p> - -<p>En resolución, sería cuento de nunca acabar si quisiese yo explicar -aquí, con todos sus pormenores, lo bien que estará el mundo dentro de -ciento trece años.</p> - -<p>Todo esto es maravilloso, pero lo es mil veces más lo que he sabido por -cartas y periódicos de ahí, y singularmente por el número de Febrero -último, que usted me ha enviado, del <i>Atlantic Monthly</i>, excelente -Revista de literatura, ciencias y artes, que se publica en Boston.</p> - -<p>En los Estados Unidos ha entusiasmado <i>Looking backward</i>, no sólo como -libro de mero pasatiempo, sino como programa práctico de renovación y -salvación sociales.</p> - -<p>Más aún que en el triunfo anti-esclavista influyó la celebrada novela de -la Sra. Harriet Beecher Stowe, se aspira á que influya la novela del Sr. -Bellamy en otros triunfos más completos y en la realización de otras -novedades mayores.</p> - -<p>Se ha formado un partido, <i>nationalist party</i>, del que es <i>Vademecum</i> la -novela <i>Looking backward</i>. El nuevo partido se organiza y cuenta ya con -ciento ochenta clubs, esparcidos por varias poblaciones. Hasta ahora no -ha acudido este partido á los comicios ó á las urnas electorales; pero -acudirá pronto. Dicen que se han alistado en él<span class="pagenum"><a name="page_284" id="page_284">{284}</a></span> más gente de refinada -educación y más mujeres que obreros. Hay en él, añaden, <i>a large amount -of intellect and comparatively little muscle</i>, como si dijésemos, pocos -músculos y muchos nervios; pero, como quiera que sea, si es admirable -que sobre un libro de imaginación, que sobre un ensueño poético, se -funde un partido, no es menos admirable la calmosa serenidad con que se -miran en los Estados Unidos estos movimientos socialistas, que por aquí -asustan ó inquietan no poco á los burgueses y á los ricos.</p> - -<p>Yo tengo muy buena opinión de los ingleses y de sus descendientes los -anglo-americanos. Creo que son ustedes menos <i>sensatos</i> que lo que -nosotros creemos y que lo que llamamos <i>ser sensatos</i>, esto es, que la -sensibilidad y la fantasía son en ustedes poderosísimas. De aquí la -facilidad con que se entusiasman por un libro ó por una teoría. Hará -ocho años que Enrique George publicó una obra socialista, que se hizo -tan famosa como la del Sr. Bellamy. También de ella se vendieron -centenares de miles de ejemplares. Los conservadores de ahí, y no hay -que negar que tienen gracia en esto, convierten en argumento contra las -censuras de la actual sociedad, que se leen en tales obras, ese mismo -pasmoso éxito que las obras obtienen. Bellamy y George describen al -pueblo, antes de sus reformas, sumido en horrible pobreza, ignorante, -rudo, por culpa de la sociedad. Por bajo de los ricos, dichosos y -educados, hay, suponen, una hambrienta y<span class="pagenum"><a name="page_285" id="page_285">{285}</a></span> ruda caterva de esclavos del -trabajo. A lo cual los conservadores responden: «Si las cosas son así, -¿de dónde salen los trescientos mil sujetos con dinero de sobra para -comprar los libros de ustedes, y los millones de sujetos con tiempo y -humor para divertirse leyéndolos? Si estuviesen hambrientos no leerían -para distraer el hambre». Pero, en mi sentir, no tienen razón en esto -los conservadores. Puede haber en un país de sesenta millones de -habitantes trescientos mil compradores de un libro que valga tres -pesetas y mucha hambre y mucha miseria además.</p> - -<p>El <i>Atlantic Monthly</i> trae un extenso artículo de un Sr. Walker, -refutando las doctrinas del señor Bellamy y del <i>partido nacionalista</i>. -Yo, en ciertos puntos, doy la razón al Sr. Walker; en otros no puedo -dársela, y en bastantes puntos, lo confieso, me apesadumbra que el Sr. -Walker tenga razón. Es un dolor que ideal tan agradable se desvanezca; -que se reduzca á ensueño fugaz un porvenir tan magnífico y próximo.</p> - -<p>La verdad es que, como el héroe de la novela, Julián West, se pasa -durmiendo los ciento trece años durante los cuales cambia la faz del -mundo, Julián West no ve cómo se verifica el cambio. Bellamy se guarda -de decirlo, y su impugnador Walker no se hace cargo tampoco de esta -importantísima mutación, completa ya en el segundo milenio de la Era -Cristiana.</p> - -<p>Bellamy, cuando empezó á escribir su novela, puso el cambio mucho más -tarde. La reapa<span class="pagenum"><a name="page_286" id="page_286">{286}</a></span>rición de Julián West, en el mundo renovado, ocurre en -el tercer milenio; en el año de 3000. Después reflexionó Bellamy que, al -poner tan largo plazo, si bien hacía la mutación mucho menos -inverosímil, casi quitaba toda mira práctica á su libro, pues no se -forma partido militante, ni se organizan clubs, ni se escriben -<i>plataformas</i> ó programas, por meramente posibilista que se sea, para -realizar algo dentro de mil ciento trece años. Entonces rebajó mil años, -y dejó sólo ciento trece.</p> - -<p>Por lo visto era indispensable, ó por lo menos conveniente y -apocalíptico, que la renovación se nos revelase en un milenio. Durante -mucho tiempo, en el horror y en las tinieblas de la Edad Media, -imaginaron los hombres que la fin del mundo sería el año 1000. Ahora que -vivimos mejor, hemos adelantado mucho y no debemos estar desesperados, -importa imaginar, para el año de 2000, una risueña y deleitosa -Apocalipsis.</p> - -<p>Al imaginarla y escribirla, nos presenta Bellamy su nueva Jauja, su -nueva Jerusalén ya fundada; pero tiene la astucia de no hablar de la -destrucción de la ciudad antigua sobre cuyas ruinas se levanta la nueva.</p> - -<p>Sin duda ha omitido esto, pasándolo en silencio mientras duerme Julián -West, á fin de no aterrar al público.</p> - -<p>Supongamos perfectamente realizable el plan de Bellamy, sin que tenga -cambio radical la hu<span class="pagenum"><a name="page_287" id="page_287">{287}</a></span>mana naturaleza; todo por obra del mecanismo -social.</p> - -<p>Para destruir el actual mecanismo, que tantos intereses sostiene, y para -destruirle pacíficamente, por evolución, como Bellamy quiere que sea, -así en la novela como en el programa publicado después por su partido, -me parecen pocos los mil ciento trece años. Y si la destrucción ó la -mudanza ha de ser sólo en ciento trece años, entonces no será por -evolución, sino en virtud de una revolución tremenda y de encarnizadas y -horribles guerras sociales. No de otra suerte se concibe que los que -tienen se dejen despojar de cuanto tienen para que el pueblo se -<i>incaute</i> de ello, y, sin quedarse con nada, se lo entregue al Estado, -que venga á ser, como representante y gerente de la nación, el único -capitalista.</p> - -<p>Aunque para el despojo de los propietarios se valga la nación ó el -Estado, su gerente, de mil habilidades, no conseguirá que no sea -despojo, ni que tranquilamente se consume. El medio más suave que se ve -es dar un plazo á los tenedores de papel de la deuda; pagarles hasta -entonces algo más de tanto por ciento, y anunciar que después no -cobrarán nada. Esto bastará para que los fondos bajen á cero y quede la -deuda destruída. A todas las grandes empresas industriales se les podrá -fijar un plazo también á cuya espiración todo será del Estado, como los -ferrocarriles. Y en cuanto á los pequeños industriales, labriegos, -terratenientes, etc., se les po<span class="pagenum"><a name="page_288" id="page_288">{288}</a></span>drá ir poco á poco aumentando la -contribución, hasta que adviertan que es una tontería quebrarse la -cabeza cuidando de los instrumentos de producción, tierra, aperos de la -labranza, etc., para entregar luego al Estado casi todo lo producido. -Entonces dirán al Estado, quédate con todo, ó, sin que se lo digan, el -Estado se quedará con todo para cobrarse de lo que deban á la Hacienda -pública.</p> - -<p>De esta suerte, y á mi ver no sin violentísima oposición, que será -menester sofocar, se logrará la primera parte del programa del Sr. -Bellamy: que se convierta en hacienda pública cuanta hacienda haya.</p> - -<p>Verificada así la <i>incautación</i> total, quedará por cumplir la segunda -parte del programa, que me parece mucho más difícil todavía; que el -Estado <i>incautador</i> nos alimente, nos vista, nos divierta y nos regale á -todos con esplendidez y elegancia, sin que cada uno de nosotros le dé -más que el trabajo que podemos dar en un poquito más de la cuarta parte -de nuestra vida, ya que las otras tres cuartas partes quedan para -holgarnos.</p> - -<p>A toda persona profana se le ofrecen montes de dificultades para que se -realice, sin tropiezo, plan tan exquisito. Lo primero que cree necesitar -es una fe tan profunda y una confianza tan omnímoda en el Gobierno, -convertido en capitalista, como la que Cristo en el Sermón de la -Montaña, nos recomienda que tengamos en nuestro Padre que está en el -cielo, el cual nos dará el<span class="pagenum"><a name="page_289" id="page_289">{289}</a></span> pan de cada día y cuanto nos haga falta por -añadidura, de suerte que, sin preocuparnos del día de mañana, viviremos -como los pajaritos del aire, que no acopian trigo en graneros y Dios los -alimenta. Lo segundo que nos asusta es la serie de borrascas -parlamentarias y aun de pronunciamientos que habría (en España, pongo -por caso) para quitarse el poder unos á otros, si el poder se extendiese -á repartirlo todo, cuando hoy nos alborotamos tanto por repartir, quiero -suponer, para que no se me tilde de exagerado, la tercera parte, á lo -más. Y lo tercero que aterra es la inhabilidad vehementemente sospechada -en que pudieran incurrir los encargados de dirigir todas las operaciones -de la riqueza (producción, circulación y consumo), cuando hoy yerran -tanto los Gobiernos, sin emplearse apenas sino en repartir y en -consumir. Sabido es que lo más difícil de esta ciencia, arte y oficio de -la riqueza, es el producirla. Repartirla y consumirla es mucho más -llano; y hasta ahora los Gobiernos casi no se emplean sino en repartir y -en consumir, á no ser que se considere producción el orden y la -seguridad qué nos dan, ó que se presume que nos dan, por medio de la -justicia y de la fuerza pública, para que los que producen algo lo -produzcan tranquilamente y sin temor de que los depoje nadie, como no -sea el Gobierno mismo.</p> - -<p>Milita en pro de la vehemente sospecha de incapacidad de todo Gobierno -para producir la<span class="pagenum"><a name="page_290" id="page_290">{290}</a></span> riqueza, esto es, para ser fabricante, agricultor ó -comerciante, la consideración de que el Gobierno vende ó arrienda y no -administra lo que posee. En España apenas ejerce ya por sí otra -industria que la del banquero en el juego de la lotería, pues vende las -tierras que eran del Estado, y arrienda sus minas, y arrienda, por -último, el monopolio del tabaco, con lo cual el público fuma mejor y más -barato.</p> - -<p>Todo esto lo dirán los no iniciados en las doctrinas y en el plan que -expone en su novela Bellamy; pero los iniciados responderán que el nuevo -artificio administrativo es tan prodigioso, que por su virtud, y no por -la ciencia y buena maña de los administradores, ha de salir todo bien. -Así, valiéndonos de un símil, cualquiera hallará absurdo el suponer que -alguien, si ignora la música y no tiene ejercitadas y diestras las -manos, toque en el piano, v. gr., la marcha del <i>Tannhauser</i> de Wagner; -pero merced á cierta maquinaria y á ciertos cartoncitos que se han -inventado, todo hombre, y hasta un niño si no es manco, toca al piano lo -que quiere dándole á un manubrio.</p> - -<p>Hay, pues, una nueva ciencia de la Administración, para cuyo estudio no -es menester leerse el fárrago enorme, aunque <i>digesto</i>, recopilado por -los Freixas y Clarianas, y Alcubillas. Basta con estudiar y empaparse -bien en algunas páginas de <i>Looking backward</i>. Entonces, conocidos ó -atisbados los recursos de que la nueva ciencia dispo<span class="pagenum"><a name="page_291" id="page_291">{291}</a></span>ne, se cobra -confianza, y se ve que hasta el más porro puede dar vuelta al manubrio -administrativo.</p> - -<p>Algo del portento de su mecanismo se presiente al observar los buenos -efectos que hasta el mecanismo administrativo de hoy, con ser tan -complicado, produce en ocasiones.</p> - -<p>Cierto amigo mío (confieso que en extremo maldiciente) suponía sin -motivo que un director general de Correos, que hubo muchos años ha, -distaba bastante de ser un águila; y, sin embargo, añadía: ¿Quieren -ustedes creer que recibo de diario todas las cartas que me escriben, sin -que se extravíe una sola? De aquí infería él que la Administración era -perfectísima, y que por sí sola hacía infaliblemente los servicios.</p> - -<p>Aplicada á los demás ramos esta perfección del de correos, queda -resuelto el problema y triunfante el plan de Bellamy, salvo que en otros -ramos se requiere mayor seguridad para no andar siempre con el alma en -un hilo; porque, si ponemos á un lado un corto número de nobilísimas -almas, el vulgo de ellas se preocupa, más que de recibir tiernas -epístolas, de recibir el corporal alimento, y prefiere el cuervo de -Elías á todas las palomas mensajeras, aunque sean las del propio carro -de Venus.</p> - -<p>Pero, en fin, Bellamy afirma que por su sistema lo recibiremos todo con -seguridad y regularidad indefectibles. El sistema de Bellamy merece, -pues, ser examinado.<span class="pagenum"><a name="page_292" id="page_292">{292}</a></span></p> - -<p>Para mí no valen algunos prejuicios con que los descontentadizos ó -incrédulos, desde luego y sin examen, le desechan.</p> - -<p>Imposible parece, dicen, que, siendo tan fácil la reforma, por cuya -virtud habrá felicidad, paz y holganza universales, no se haya antes -ocurrido á nadie la reforma. Pero esto tiene muy obvia contestación. De -no pocas de las más benéficas invenciones de estos últimos tiempos se -puede decir lo mismo. Desde antes que apareciese el linaje humano hay -hulla ú hornaguera en nuestra mansión terrestre, y á nadie, hasta hace -poco, se le antojó emplearla para combustible. Desde que hay ollas y se -guisa, brinca la tapadera cuando hierve el caldo, y, si no sale el -vapor, se quiebra la olla; pero nadie, hasta nuestros días, pensó en -aplicar esta fuerza á la industria. Nadie ha ignorado jamás que el humo -ó todo fluído más leve que aire, ó el aire mismo rarificado por el -calor, sube y se sobrepone al aire más denso; pero, hasta fines del -siglo pasado, nadie renovó con éxito, y por medios naturales, algo del -arte de Dédalo, de Abaris y de Simón el Mago.</p> - -<p>¿No puede haber acontecido lo propio con el invento del Sr. Bellamy, y -que de puro sencillo nadie diese con él hasta ahora?</p> - -<p>A esto se objeta que, siendo mil veces más importante por sus efectos la -invención del señor Bellamy, parece antiprovidencial y harto caprichoso, -ó sea contrario á las sabias leyes que de<span class="pagenum"><a name="page_293" id="page_293">{293}</a></span>ben presidir á la historia, -que un sistema del que depende la redención de la humanidad haya tardado -tanto en formularse. Pero este argumento tiene visos de ser de mala fe, -aunque no lo sea. Nada nos da motivo para afirmar que el señor Bellamy -presenta su plan como independiente del progreso realizado hasta hoy. La -trabajosa y larga marcha de la humanidad no pudo ahorrarse con su plan. -Bellamy, si hubiera nacido en tiempo de los Faraones, no hubiera podido -inventarle ni divulgarle entonces. Bellamy, si es lícito aplicar á lo -mundanal lo trascendente, y expresar lo profano con frases que remedan -frases divinas, puede decir que no ha venido á derogar la ley de la -historia, sino á que acabe de cumplirse, ó mejor dicho, á que siga -cumpliéndose, ya que no se infiere tampoco de la lectura de <i>Looking -backward</i> que en el año de 2000 habrán llegado los hombres al término de -su carrera, sino que habrán dado un gigantesco paso más, un salto -estupendo, y á mi ver peligroso, en ese camino, cuya meta final él ni -pone ni descubre.</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0"><i>His ego nec metas rerum nec tempora pono.</i><br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Y aquí, aunque parezca inoportuna digresión, se me antoja comparar la -cándida espontaneidad americana con el arte reflexivo de los franceses. -Zola ha escrito ya quince ó veinte novelas, y siempre promete revelarnos -en la última el enigma, darnos el resultado de todos sus estudios en la -novela experimental, y exponernos<span class="pagenum"><a name="page_294" id="page_294">{294}</a></span> su sistema. Bellamy, por el -contrario, dice <i>cataplún</i>, y lanza su sistema de repente.</p> - -<p>Yo no atino á prever desde aquí si el <i>partido nacionalista</i>, que de él -ha nacido, vendrá á importar tanto ó más que el libro de Enrique George -y que la ingente asociación ú orden de los caballeros del trabajo, -<i>Knights of labor</i>, en el movimiento de socialismo que se advierte por -todas partes, y que ahí tiene cierto carácter optimista que me hace -gracia: pero, á pesar de mis cortísimos conocimientos económicos, como -yo tuviese humor y vagar para ello, aún había de escribir á usted largo, -diciéndole mil cosas que me sugiere <i>Looking backward</i> y lo escrito en -contra por Walker.</p> - -<p>Entretanto, me complazco en repetir que me admira la serenidad y que -simpatizo con la confianza regocijada que se nota en toda manifestación -de ese pueblo joven.</p> - -<p>El plan de Bellamy no se limita á dar por resuelto el más difícil y -temeroso de los problemas económicos, sino que resuelve ó da por -resuelto también el magno problema de la paz y del desarme universales; -sin decirnos cómo puede ser esto, cuando las naciones se arman más cada -día, y cuando desde 1850 ha habido en el antiguo y en el Nuevo Mundo -guerras tan sangrientas y costosas. Es de desear que el Sr. Bellamy -escriba otra novela, ó la continuación de la misma, en que nos explique -cómo además de haberse logrado el bienestar económico de cada na<span class="pagenum"><a name="page_295" id="page_295">{295}</a></span>ción, -se habrá logrado también, en el año 2000, que las naciones no se -combatan ni se amenacen como en el día.</p> - -<p>Dispénseme usted que me haya extendido tanto en darle mi opinión, aunque -tan incompleta, sobre la novela que me ha remitido.</p> - -<p class="fint">FIN<span class="pagenum"><a name="page_297" id="page_297">{297}</a></span><span class="pagenum"><a name="page_296" id="page_296">{296}</a></span></p> - -<hr /> - -<h2><a name="INDICE" id="INDICE"></a>ÍNDICE</h2> - -<table border="0" cellpadding="2" cellspacing="0" summary=""> -<tr><td></td><td class="rt"><small>Páginas.</small></td></tr> -<tr><td valign="top"><a href="#AL_EXCMO_SENOR">Al Excmo. Sr. D. Antonio Flores, presidente de la -república del Ecuador</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_v">v</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><a href="#NUEVA_RELIGION">Nueva religión</a> </td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_1">1</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><a href="#ESPANA_DESDE_CHILE">España desde Chile</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_47">47</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><a href="#VOCABULARIO_RIOPLATENSE_RAZONADO">Vocabulario Rioplatense razonado</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_59">59</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><a href="#NOVELA_PARISIENSE_MEJICANA">Novela parisiense mejicana</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_81">81</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><a href="#TABARE">Tabaré</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_91">91</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><a href="#LA_POESIA_Y_LA_NOVELA_EN_EL_ECUADOR">La poesía y la novela en el Ecuador</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_127">127</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><a href="#TRADICIONES_PERUANAS">Tradiciones peruanas</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_179">179</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><a href="#UN_POLIGRAFO_ARGENTINO">Un polígrafo argentino</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_189">189</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><a href="#LA_RELIGION_DE_LA_HUMANIDAD">La religión de la humanidad</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_219">219</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><a href="#NOVELA-PROGRAMA">Novela-programa</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_267">267</a></td></tr> -</table> - -<div class="footnotes"><p class="cb">NOTAS:</p> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_A_1" id="Footnote_A_1"></a><a href="#FNanchor_A_1"><span class="label">[A]</span></a> Trabajos parecidos al del Sr. Granada se han hecho en casi -todas y para casi todas las regiones de América donde se habla español: -por ejemplo, Pichardo para Cuba, Cuervo para Colombia, Arona para el -Perú, y don Zorobabel Rodríguez para Chile.</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_B_2" id="Footnote_B_2"></a><a href="#FNanchor_B_2"><span class="label">[B]</span></a> Ya se entiende que no hay para qué tomar aquí en cuenta la -locura declarada, que, durante algunos años, y sobre todo de 1826 á -1828, padeció Augusto Comte.</p></div> - -</div> -<hr class="full" /> - - - - - - - -<pre> - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Nuevas cartas americanas, by Juan Valera - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK NUEVAS CARTAS AMERICANAS *** - -***** This file should be named 63101-h.htm or 63101-h.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/6/3/1/0/63101/ - -Produced by Chuck Greif and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was -produced from images available at The Internet Archive) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions -will be renamed. - -Creating the works from public domain print editions means that no -one owns a United States copyright in these works, so the Foundation -(and you!) can copy and distribute it in the United States without -permission and without paying copyright royalties. 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Redistribution is -subject to the trademark license, especially commercial -redistribution. - - - -*** START: FULL LICENSE *** - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project -Gutenberg-tm License (available with this file or online at -http://gutenberg.org/license). - - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm -electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. 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