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-The Project Gutenberg EBook of Nuevas cartas americanas, by Juan Valera
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
-re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
-with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
-
-
-Title: Nuevas cartas americanas
-
-Author: Juan Valera
-
-Release Date: September 2, 2020 [EBook #63101]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK NUEVAS CARTAS AMERICANAS ***
-
-
-
-
-Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
-Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was
-produced from images available at The Internet Archive)
-
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-
- NUEVAS CARTAS AMERICANAS
-
- OBRAS DEL AUTOR
-
-
- PEPITA JIMÉNEZ; 12.ª edición; un vol.
-
- LAS ILUSIONES DEL DOCTOR FAUSTINO; dos vols.
-
- DAFNIS Y CLOE (traducción del griego); un vol.
-
- ESTUDIOS CRÍTICOS, 2.ª edición; tres vols.
-
- DISERTACIONES Y JUICIOS LITERARIOS; dos vols.
-
- CUENTOS Y DIÁLOGOS, un vol.
-
- ALGO DE TODO; un vol.
-
- PASARSE DE LISTO; un vol.
-
- POESÍA Y ARTE DE LOS ÁRABES EN ESPAÑA Y SICILIA (traducción del
- alemán), tres vols.
-
- DOÑA LUZ; un vol.
-
- TENTATIVAS DRAMÁTICAS; un vol.
-
- CANCIONES, ROMANCES Y POEMAS, un vol.
-
- CUENTOS, DIÁLOGOS Y FANTASÍAS; un vol.
-
- NUEVOS ESTUDIOS CRÍTICOS; un vol.
-
- PEPITA JIMÉNEZ Y EL COMENDADOR MENDOZA; un vol.
-
- DOÑA LUZ Y PASARSE DE LISTO; un vol.
-
- CARTAS AMERICANAS; 1.ª série, un vol.
-
- APUNTES SOBRE EL NUEVO ARTE DE ESCRIBIR NOVELAS; un vol.
-
-
-
-
- JUAN VALERA
-
- (DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA)
-
-
- NUEVAS
-
- CARTAS AMERICANAS
-
- [Illustration]
-
-
- MADRID
- LIBRERÍA DE FERNANDO FÉ
- _Carrera de San Jerónimo, 2_
-
- 1890
-
-
- ES PROPIEDAD
- DERECHOS RESERVADOS
-
-
- MADRID, 1890.--EST. TIPOGRÁFICO DE RICARDO FÉ
- _Calle del Olmo, número 4._
-
-
-
-
-AL EXCMO. SEÑOR
-
-DON ANTONIO FLORES
-
-PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DEL ECUADOR
-
-
-Mi querido amigo: Poco valen estas NUEVAS CARTAS AMERICANAS, pero me
-atrevo á dedicárselas, confiado en la bondadosa indulgencia de usted que
-les prestará el valer de que carecen.
-
-Aunque mi propósito al escribirlas es puramente literario, todavía, sin
-proponérmelo yo, lo literario trasciende en estos asuntos á la más alta
-esfera política.
-
-La unidad de civilización y de lengua, y en gran parte de raza también,
-persiste en España y en esas Repúblicas de América, á pesar de su
-emancipación é independencia de la metrópoli. Cuanto se escribe en
-español en ambos mundos es literatura española, y, á mi ver, al tratar
-yo de ella, propendo á mantener y á estrechar el lazo de cierta superior
-y amplia nacionalidad que nos une á todos.
-
-Es evidente que yo, que siempre fuí un crítico suave, no había de ser
-severo con mis semi-compatriotas de Ultramar; pero también es evidente
-que ni debo ni quiero ganarme la voluntad de nadie con lisonjas. Además,
-á lo que muchos sujetos afirman, yo no sirvo para lisonjear, aunque lo
-desee. Suponen que me sucede, si bien en sentido contrario, lo que á
-aquel famoso profeta que fué, por orden del Rey de los hijos de Moab, á
-maldecir á los hijos de Israel. Levantó siete altares, sacrificó
-becerras, hizo otras ceremonias, y subió á un cerro, desde donde se
-oteaba la llanura en que los israelitas tenían desplegadas sus tiendas.
-Desde allí quiso maldecirlos, y Dios desató su lengua y le movió á
-entonar un cántico de bendiciones. Subió luego á otro cerro, volvió á
-querer maldecir y bendijo de nuevo, sin poderlo remediar. Si á mí, como
-aseguran, me sucede algo parecido, ya pueden ustedes confiar en que no
-hay adulación en mis alabanzas y no agradecérmelas, pues son
-involuntarias. Y cuando hubiere algo de censura, deberán perdonármelo
-también por el mismo motivo.
-
-Es aún más perdonable mi censura, si se atiende á que las más veces me
-induce á censurar, á pesar mío, la exageración con que algunos
-escritores de por ahí, por exceso de americanismo, ponderan las
-crueldades espantosas que cometieron los españoles de la conquista y
-del período colonial. Si esto hubiera llegado hasta el extremo que
-dichos escritores aseguran, yo no dejaría de aplaudir la maravillosa
-imparcialidad histórica con que sostendrían la verdad; pero no sabría yo
-disimular que, al sostenerla, arrojarían sobre ellos mayor injuria que
-sobre nosotros, porque la sangre española que corre por sus venas
-procede, más que la nuestra, de aquellos atroces foragidos, y la sangre
-india, en lo que de indios puedan tener, es de una raza que, según
-afirman Montalvo y otros, nosotros hemos envilecido y degradado para
-siempre con nuestros malos tratos y con nuestra brutal tiranía.
-
-Estas consecuencias son tan absurdas como las premisas de donde se
-sacan. Así trataré de probarlo detenidamente, aunque no gusto de
-polémicas, cuando replique, si tengo vagar y ánimo, á los Sres. Mera y
-Merchán que han escrito contradiciéndome.
-
-Entretanto me inclino á creer que mucho de lo que se dice contra
-nosotros se dice por el prurito de aparecer muy sentimentales y muy
-ilustrados á la moda de París y de Londres, sin que se advierta que ni
-franceses ni ingleses fueron nunca más que nosotros humanos y benignos.
-
-Fuera de este momentáneo extravío, el señor Mera es tan excelente sujeto
-como buen escritor, y nos quiere bien. Nos aborrecería, y con razón
-sobrada, si entendiese que los españoles fueron á esa otra banda para
-echarlo todo á perder. Creamos, pues, como es justo, que los españoles
-fueron á América para extender en ella la civilización europea, por cuya
-virtud alcanzó América la potencia de igualarse con Europa y acaso de
-superarla en lo futuro.
-
-No quiero molestar á usted distrayéndole con más larga carta, de sus
-importantes cuidados.
-
-Adiós y créame siempre su afectísimo y buen amigo, q. b. s. m.,
-
- JUAN VALERA
-
-
-
-
-NUEVA RELIGIÓN
-
-(Á DON JUAN ENRIQUE LAGARRIGUE)
-
-
-I
-
-Muy amable y simpático señor mío: Hace ya mucho tiempo que recibí, con
-fina dedicatoria manuscrita, un ejemplar de la importante _Circular
-religiosa_, que imprimió y publicó usted en Santiago de Chile, en el día
-6 de Descartes del año 98 de la Gran Crisis, fecha que, en nuestra
-vulgar cronología, corresponde al día 13 de octubre de 1886.
-
-No extrañe usted mi largo silencio ni le atribuya á desdén.
-
-Su obra de usted fué leída al punto por mí con avidez y curiosidad, y
-releída luego varias veces con interés que ha ido siempre en aumento.
-
-Bien dijo el que dijo que el estilo es el hombre. Yo doy tal valer á la
-máxima, y me guío de tal suerte por ella, que creo conocer á usted, con
-solo leerle, como si le hubiera tratado íntimamente toda mi vida. Hay,
-en cuanto usted expone, la más profunda convicción, el entusiasmo más
-fervoroso y el más puro amor por el bien de todo el humano linaje, por
-donde yo me persuado de que, en esa república, haga usted ó no
-prosélitos, ha de ser usted considerado como varón virtuosísimo y
-excelente, respetado y querido por todos sus conciudadanos.
-
-Cuando el Caballero del Verde Gabán, yendo de camino con D. Quijote y
-Sancho, explicó á éstos su modo de vivir, sentir y pensar, Sancho le
-halló tan bueno y tan ajustado, según diríamos ahora, á sus ideales, que
-penetrando hasta sus entrañas las frases del Caballero, se las
-derritieron de ternura y se las encendieron en afectos de amistad y
-veneración, movido de los cuales se apeó del asno y fué á besar los pies
-á aquel bendito hidalgo, á quien calificó y preconizó de santo á la
-gineta. Algo parecido me ocurrió á mí cuando hube leído la _Circular_ de
-usted; y, abandonando mi espíritu sus vulgares ocupaciones, desechando
-sus cuidados prosáicos y mezquinos, apeándose también de su asno, saltó
-por montes y valles, atravesó el Atlántico, pasó la línea equinoccial,
-corrió por toda la extensión de la América del Sur, voló por cima de los
-Andes y llegó hasta la ciudad y casa de usted (calle de la Moneda, núm.
-9), donde dió á usted un abrazo muy apretado. Pero, como esta visita y
-esta muestra de mis simpatías se hicieron por arte etérea, ni usted ni
-el público se habrán percatado de nada, y así no juzgo excusado escribir
-á usted, aunque tarde, y hablar de las ideas y planes de usted, cuya
-bondad me seduce, aunque de su realización me quepan dudas.
-
-¿Quién sabe si lo que yo diga podrá ser útil por algún lado? Acaso valga
-mi escrito para divulgar en España el sistema de usted y ganarle
-parciales; acaso para remover inconvenientes; acaso para disipar estas ó
-aquellas de las dudas que, como he dicho, me asaltan.
-
-Los sistemas y pensamientos de los hombres son ó parecen mayores vistos
-desde lejos. Hay en ello algo de más mágico que en la linterna mágica.
-¿Cómo negar que Augusto Comte y su positivismo han ejercido y ejercen
-aún grande influjo en toda Europa? Difundida por el laborioso,
-infatigable, fecundo y sabio Emilio Littré, la doctrina del maestro se
-dilata, desde París, por todas las regiones de la tierra; pero el
-talento crítico, frío y excesivamente razonador de Littré, despoja de
-fervor la doctrina y hace que llegue tibia hasta nosotros, como la
-claridad de la luna. En cambio, en la mente de usted, como rayos de sol
-en espejo ustorio, convergen y se reúnen todas las llamas y fogosidades
-de Augusto Comte, que, reflejadas así, abrasan, funden y volatilizan los
-corazones.
-
-Es más, y vuelvo á mi símil de la linterna mágica; lo que pensado y
-expuesto en París por Augusto Comte, visto de cerca, me parece pequeño,
-como es pequeña la figurilla pintada en el vidrio, toma en el espíritu
-de usted colosales y magníficas proporciones, como el espectro que va á
-larga distancia á proyectarse en cándido muro.
-
-En las elocuentes páginas de la _Circular_ de usted palpitan brío tan
-noble, amor tan entrañable del bien de la humanidad y fe tan poderosa,
-que á pesar de mi maldito escepticismo hay momentos en que me dejo
-arrebatar y traspongo, parodiando á Moisés, á la cumbre del monte Nebo,
-y me parece que descubro la tierra prometida, ó por mejor decir, que veo
-renovada toda la faz de la tierra y que la nueva Jerusalem baja
-engalanada del cielo con vestiduras relucientes de fiesta sin fin y de
-perenne consorcio.
-
-Por desgracia no es todo oro lo que reluce, y quién sabe si encajará
-aquí como de molde la manoseada cita que dice:
-
- ¡Lástima grande
- que no sea verdad tanta belleza!
-
-Casi todos los preceptos que impone usted al género humano para que
-alcance sus más gloriosos destinos, son, á mi ver, tan sanos y
-beatificantes que no hay más que pedir, y si los siguiésemos sería el
-mundo un paraíso; pero aquí está el toque de la dificultad: en que usted
-va á predicar en desierto, como predicó mi santo y otros, en que nadie
-va á hacer caso de usted y en que todos van á continuar en sus vicios y
-malas mañas.
-
-A usted se le antoja todo muy llano con tal de que el egoísmo se
-convierta en altruísmo; pero ¿de qué medio nos valdremos para hacer esta
-conversión? Yo no quisiera calumniar la naturaleza humana; yo reconozco,
-aplaudo y proclamo los arranques generosos de que es capaz; pero ¿no
-habrá en el fondo de nuestro sér algo de radicalmente egoísta? ¿Por qué
-pasa siempre por axiomática la sentencia de que la caridad bien ordenada
-empieza por uno mismo, sentencia que no pocas personas avillanan
-transformándola en esta otra: cada cual arrima el ascua á su sardina?
-Usted mismo destruye, contradice ó menoscaba el altruísmo en la
-sentencia capital que pone al frente de su bello discurso. Vivamos, dice
-usted, para los demás: la familia, la patria, la humanidad.
-
-Con esto concede usted cierta predilección á la patria sobre la
-humanidad, y á la familia sobre la patria, de suerte que mientras más
-estrecho es el círculo de los objetos amados, y más exclusivo es, y más
-cerca está de nuestra persona, como si fuese emanación ó irradiación de
-la persona misma, más activo es el amor que se le consagra. No hay
-razón, pues, para que la progresión de amor quede incompleta, sin el
-término que en el texto de usted le falta, y que viene á ponerse en él,
-natural y forzosamente, traído por dialéctica impersonal é
-irresistible. Así es que el que lea el precepto y se decida á seguirle
-dirá en el fondo de su conciencia: yo amo y quiero amar á la humanidad y
-comprendida en la humanidad á la patria, y comprendida en la patria á mi
-familia, y comprendida en mi familia á mi persona. Con lo cual es
-indudable que todo irá comprendido en el amor de la humanidad como en
-superior predicamento: pero sucederá que mientras más alto y comprensivo
-sea el término en esta escala de lo amable, más vacío estará de razones
-y motivos para ser amado, ya que cada uno de los atributos que
-constituyen las diferencias es en lo amable una razón y un motivo más
-para que lo amemos.
-
-Amaremos á la humanidad por mil razones; pero dentro de la humanidad
-está la patria, para cuyo amor hay, sobre las mil, quinientas razones
-más; y dentro de la patria, la familia, con otras nuevas quinientas
-razones, lo menos, y dentro de la familia, uno mismo, con todas las
-razones que hay para amar á la humanidad, á la patria y á la familia, y
-además con nuevas razones, fundadas en aquellos predicados ó atributos
-que me diferencian, distinguen y determinan dentro de la humanidad, de
-la patria y de la familia. Resulta, pues, que el altruísmo es falso, que
-no se da dialécticamente, que sólo puede amarse uno á sí mismo sobre
-todas las cosas, como no sea á Dios á quien ame. En mi sentir, uno puede
-amar más que á sí mismo, no sólo á Dios, sino á todas sus criaturas,
-cuando las ama por amor de Dios; pero sin este amor de Dios, uno se ama
-á sí mismo más que á nadie.
-
-Entiéndase que hablo, según dialéctica: con fundamento racional. Yo no
-niego que el ateo teórico ó práctico, el ateo que niega á Dios ó que le
-arrincona y neutraliza, arda en caridad, que él llama altruísmo, pero
-sostengo que entonces, con inconsecuencia dichosa y bella, ama á los
-demás séres por amor de Dios, sin saberlo, y negando á Dios, y no viendo
-el lazo misterioso que le une con los demás séres, y que es Dios y no
-puede ser sino Dios.
-
-En este caso, la efusión generosa del amor, que se sobrepone al egoísmo,
-provendrá de cierta inclinación sublime, de cierto ímpetu instintivo, de
-cierto ciego impulso del alma que nos lance á la devoción, al
-sacrificio, á buscar el bien de los demás, aun á costa del propio bien:
-pero un sistema tan sabio como el de Augusto Comte no debe ni puede
-fundarse en esto. Además, si el altruísmo fuese instintivo y congénito,
-no sería educable ó asequible por educación. ¿Cómo íbamos á convertir en
-altruísta al que fuese egoísta _a nativitate_?
-
-Y si se me dice que las ciencias sociales y políticas, exactas y
-naturales, van á ordenar tan lindamente las cosas que acaben por hacer
-de suerte que el interés bien entendido esté en ser altruísta, porque el
-bien general vendrá á ser el mayor bien singular mío, y todo crimen,
-todo delito, toda infracción de la ley moral, no será sino un error, una
-mala inteligencia de mis propios intereses, una locura, en suma, diré
-que no me parece muy probable que las ciencias lleguen á conseguir
-tanto; pero que, si á tanto llegasen, no llegarían al altruísmo
-verdadero, sino á que el egoísmo bien entendido produjese los mismos
-efectos que el altruísmo más puro. Entonces, allá en la profundidad de
-cada conciencia, en las intenciones, habría devoción y caridad, ó
-sórdido interés y bellaquería; pero en toda acción ejecutada, no habría
-sino necedad ó discreción, cordura ó locura. Los hombres, en la vida
-práctica, no serían buenos ó malos, sino tontos ó discretos, cuerdos ó
-locos.
-
-Ya ve usted que yo vengo á parar á una conclusión contraria á la de
-usted. Quita usted á Dios como base de la moral, y yo concluyo, por
-todos los caminos que tomo, por no hallar moral sin el concepto de Dios,
-que le sirva de base. Y no por los premios y castigos con que la moral
-se sanciona, lo cual es un sofisma de todos los ateístas al uso, sino
-porque Dios es el objeto y el fin y la razón del amor, cuando el amor no
-hace que nos amemos sobre todas las cosas. Dios es el centro de todo
-bien, el foco de la caridad, la luz y el fuego, que enciende é ilumina
-los corazones. Si usted le apaga nos quedamos fríos y á oscuras.
-
-Yo me encanto de leer la purísima moral que usted predica, y que no es
-otra moral sino la cristiana; pero como usted me quita á Dios y me apaga
-su luz, me entran ganas de decir á usted lo que le dijeron al mono que
-enseñaba la linterna mágica con la luz apagada:
-
- ¿De qué sirve tu charla sempiterna,
- si tienes apagada la linterna?
-
-No, Sr. Lagarrigue, un creyente en Dios, que hace obras de virtud, no
-debe hacerlas por el egoísta interés de ganar el cielo, ni debe
-abstenerse del pecado para que no le echen á freir en las calderas de
-Pedro Botero, sino que debe decir á Dios:
-
- Aunque no hubiera cielo yo te amara
- y aunque no hubiera infierno te temiera,
-
-y ser bueno por amor suyo, ó sea por amor del bien, no abstracto, sino
-vivo y personificado en Dios. Porque ¿dónde ha visto usted que nadie se
-enamore de abstracciones ó de generalidades sin sustancia?
-
-Yo soy más positivista que usted y que Augusto Comte, en el recto
-sentido de la palabra, y no me cabe en la cabeza que nadie ame lo ideal,
-sino como manifestación y apariencia, imagen ó trasunto de una realidad
-soberana, ni puedo convertir el nombre genérico que se da al conjunto de
-todos los hombres, y que es un concepto lógico vacío, en ser individuo,
-objeto de mi amor, á quien unas veces llame yo _Humanidad_, otras _Ente
-Supremo_, y otras _Virgen Madre_.
-
-Todavía comprendo yo, aunque no aplauda, que me niegue usted al real
-Ente Supremo y á la Virgen Madre, real y efectiva, á quien llaman los
-católicos María Santísima; pero lo que ya no se puede aguantar es que á
-la gran multitud de negros, chinos, europeos, hotentotes, cafres,
-indios, etc., me los sume usted bajo el denominador común de hombres y
-luego me convierta en Dios y en Virgen Madre esta suma.
-
-Enójese usted ó no conmigo, he de decirle la verdad. Me aflige ver que
-un entendimiento tan delicado y alto como el de usted, un juicio tan
-sano y un corazón tan recto y amoroso, se trastornen y echen á perder
-por esta pícara manía que nos entró, hace siglos, á casi todos los
-españoles de nación, ó casta y lengua, de seguir las modas de París. Yo
-confieso y declaro, sin envidia, si bien con algún estímulo de
-emulación, que en París todo se hace mejor y con más arte y gracia,
-desde la cocina y los trajes hasta los libros, pero elijamos, al menos,
-lo mejor con atento y atinado criterio, ya que no inventemos y hagamos
-algo original, no menos divertido, y no tan disparatado.
-
-De todos modos, el positivismo, tal como viene expuesto por usted en la
-_Circular_, con superior elocuencia de lenguaje que la de Augusto Comte,
-y con más poesía y entusiasmo que los de Emilio Littré, debe examinarse
-y refutarse hasta donde en cartas brevísimas sea posible.
-
-
-II.
-
-No comprendo que ningún optimista sea ateo, y menos comprendo aún que lo
-sea usted, que es el más optimista de cuantos optimistas he conocido.
-
-Aunque yo no aplauda, me explico al pesimista tétrico que no acierta á
-conciliar la bondad y el poder infinitos de Dios con el mal moral y
-físico que hay en el mundo, y niega á Dios, prefiriendo la negación á la
-blasfemia; pero, si el mal es transitorio y ha de venir al cabo á
-resolverse en bien, resulta la plena justificación de Dios y el cumplido
-acuerdo de su bondad y de su poder infinitos con la perfección y
-excelencia de su obra, la cual aparece sin mancha, en la plenitud del
-tiempo, así en cada singular criatura, como en el conjunto ó totalidad
-de la creación entera.
-
-A mi ver, usted hace el más elocuente discurso que puede hacerse contra
-los ateístas al sostener (no diré al probar) que todo está
-_divinamente_; que cuanto existe va caminando á un fin dichoso, y que
-esta escena del Universo y este drama de la Historia terminarán en el
-más alegre desenlace, en una fiesta espléndida y en un perenne regocijo.
-
-¿Por qué hemos de excluir de esta fiesta á Dios, que es, á lo que
-entiendo, quien nos la prepara? Paso porque excluyamos de la fiesta al
-diablo, contra cuya voluntad y propósito se celebra; pero á Dios... me
-parece una ingratitud y una grosería.
-
-Y, sin embargo, hasta sobre lo de excluir al diablo hay no poco que
-decir. Discurramos, no metiéndonos en muchas honduras, sino como pudiera
-discurrir un racionalista de medianos alcances.
-
-Tal vez, diremos entonces, allá en el horror de la caída del Imperio
-romano y de la civilización antigua, y durante la ulterior tenebrosa
-barbarie que duró hasta el Renacimiento, hubo de corroborarse el dogma
-de las penas eternas; pero este dogma repugna á los hombres de nuestro
-siglo por oponerse, á lo que ellos imaginan, á la bondad del Altísimo, á
-quien convierte en tirano, enemigo de indultos y amnistías. ¿Quién sabe
-si, por esto, los más ilustres Padres de la Iglesia griega, y muy
-especialmente San Clemente de Alejandría, Orígenes y ambos Gregorios, de
-Nacianzo y de Nyssa, dejándose arrebatar por las sublimes esperanzas que
-había infundido en sus espíritus el cristianismo, concibieron la fin del
-mundo según el gusto de ahora, creyendo que todo se resolvería en bien y
-que hasta el diablo habría de reconciliarse con Dios y ser perdonado?
-¿Cómo excluirle de la magnificencia y pompa de la fiesta final y del
-júbilo perdurable? ¿Cómo no hacer que tenga término el dualismo, que la
-redención se complete, y que haya bienaventuranza para todos, ora la
-obtengan unos más tarde y otros más temprano?
-
-Sea de ello lo que sea, no cabe duda en que, así en la teología de toda
-religión revelada, como en la teología natural, fundada sólo en humano y
-racional discurso, es gran prueba de la existencia de Dios y hábil
-refutación de los más válidos argumentos de los que la niegan el afirmar
-la bondad infinita de la Providencia soberana y omnipotente.
-
-Para llegar al error, lo mismo que para llegar á la verdad, hay cierto
-encadenamiento dialéctico. Cuando siguiéndolo, se llega por él á la
-verdad, la verdad brilla más clara. Cuando se va por él hasta el error,
-el sofisma se disimula, y el error tiene visos y vislumbres de razón y
-de ciencia. Y, por el contrario, el error anti-dialéctico, parece aún
-más disparatado, si cabe.
-
-Aplicado esto al ateísmo, se ve que el pesimista tiene fundamento
-racional en su extravío. Si todo está mal, si el hombre está condenado
-al infortunio, y si el Universo es un infierno y guerra perpétua la
-vida, preferible es negar á Dios á abominar de él. Pero si está bien
-todo, si nada puede estar mejor de lo que está, el ateísmo no se
-concibe.
-
-Para mí es de toda evidencia que, así en el fondo de mi alma, como en el
-fondo del alma de todo prójimo mío, dado que como usted, crea en la
-felicidad, y dado que espere salvación, redención, buen éxito en
-cualquiera cosa, está el convencimiento profundo de que ni él, ni
-ningún semejante suyo, ni toda la suma de sus semejantes, basta á
-salvarle, á redimirle, á hacer su ventura, y á ordenar las cosas todas
-según un plan indefectible y diestramente trazado á fin de que vengan á
-parar en general bienaventuranza y en colmo de bienes. Tiene, pues, que
-suponer un sér inteligente y mil y mil veces más poderoso que él y que
-todos los hombres habidos y por haber en lo futuro, á quien deba tantos
-beneficios.
-
-De esta consideración, harto fácil de hacer, nace que yo juzgue muy
-desatinado el ateísmo optimista y que no me inspire temor; que resulte
-chistoso, por implicar de parte del ateo el más extremado alarde de
-pueril vanidad, y que provoque á risa.
-
-De la que á mí me cause espero yo que usted no se enoje. No recae en la
-persona, sino en la doctrina, que tantos y tantos filósofos y pensadores
-comparten hoy con usted, porque está de moda el ateísmo.
-
-Entienden estos sujetos, que se jactan de ilustrados y progresistas, que
-Dios entra en el número de los obstáculos tradicionales, supersticiones
-y abusos, que todo buen liberal debe suprimir; que Dios es contrario á
-la ciencia, que Dios es contrario al progreso, y que, pasada ya la edad
-de la fe, y viviendo, como vivimos, en la edad de la razón, es menester
-quitar á Dios del medio, como quien quita un estorbo. Así pensaba en
-Europa Augusto Comte, así piensa la gran mayoría de sus discípulos, y
-así piensan y predican, usted en Chile, en Méjico D. Jesús Ceballos
-Dosamantes, á quien he escrito ya varias cartas, y en los Estados Unidos
-el coronel Roberto Ingersoll, de quien, por ser americano como usted y
-en Europa poco conocido, he de hablar con extensión en estas nuevas
-cartas que la _Circular_ de usted me inspira.
-
-Para evitar logomaquias conviene distinguir bien á Dios en sí del
-concepto ó idea que de Dios nos formamos, por más que sólo le conocemos
-por este concepto ó idea, á la cual, univocándola con Dios, llamamos
-Dios.
-
-Debemos decir con el místico alemán Novalis: «Lo que se dice de Dios no
-me satisface, la _sobredivinidad_ es mi luz y mi vida.» Esto es, que el
-verdadero Dios está muy por cima del concepto que yo de Dios me formo. Y
-si Dios está hoy muy por cima del concepto que de él me formo, ¿cuánto
-más no lo estaría del concepto que de él se formaban hasta los hombres
-de mayor santidad y de mayor entendimiento hace diez, veinte ó treinta
-siglos, en el seno de una sociedad bárbara y ruda, mucho menos moral,
-más ignorante y más cruel mil veces que la de ahora?
-
-Cierto ingenioso amigo mío, glosando á su modo la célebre frase de que
-Dios está _in fieri_, en el llegar á ser, lo cual es indudable si se
-aplica á nuestro humano, racional y limitado concepto de Dios, siempre
-deficiente aunque va siempre creciendo, decía que Dios hoy le llevaba
-mucha ventaja, pero que dentro de cierto número de años, sería él y
-valdría él mucho más que Dios ahora. Ocurriría, no obstante, que Dios en
-este tiempo habría ganado tanto que se le adelantaría mil veces más que
-ahora se le adelanta, y así hasta lo infinito, por manera que jamás su
-mente, ni ninguna otra mente humana, lograría alcanzar y comprender á
-Dios.
-
-Despojado esto de su aparato paradoxal, que le da trazas de blasfemia,
-es afirmación juiciosa y hasta de mucha sustancia. Para el hombre que
-vive en la sucesión de los tiempos, y que vive breve y trabajosa vida,
-en el seno de las cosas finitas y caducas, no hay más forma de concebir
-á Dios que prestándole cuantas cualidades hay en el hombre, elevadas por
-la imaginación á infinita potencia. Si prescindimos, pues, del
-fetichismo más irracional y grosero ó de un simbolismo anti-estético que
-tal vez representa y adora las fuerzas naturales por medio de monstruos,
-no hay religión ni teodicea ó filosofía de lo divino que no sea
-antropomórfica. Sin duda por un esfuerzo de ingenio logramos abstraer de
-este concepto de Dios la sustancia material y reducirle á puro espíritu;
-pero este espíritu será siempre como el nuestro, magnificado y
-sublimado, en cuanto vemos en él de mejor ó mejor nos parece.
-
-De lo dicho se deduce que cuando la humanidad, en un período de
-civilización, ó el individuo, en un momento de su vida en que se ha
-ilustrado y pulido algo más de lo que estaba, llega ó se figura que
-llega á ponerse por cima del concepto que de Dios tenía, le deseche por
-falso ó por incompleto. Entonces el que llega á tal situación de
-espíritu hace una de estas tres cosas: ó forma de Dios otro concepto más
-alto, ó venerando y respetando el concepto de Dios, que tuvo y que ha
-desechado, prescinde ya de Dios en sí, porque le niega ó le supone
-_incognoscible_, ó bien, no sólo niega á Dios, sino que se vuelve
-furioso contra todo concepto que de él ha formado hasta su tiempo la
-mente humana, en su marcha progresiva, á través de varias evoluciones.
-
-Esto último es lo más absurdo. Podemos llamarlo antiteísmo ó enemistad á
-Dios. D. Jesús Ceballos Dosamantes y el coronel Roberto Ingarsoll son de
-estos enemigos en el Nuevo Mundo. En este viejo mundo hay tantos, que
-llenaría yo pliegos enteros con sólo citar nombres de los más famosos.
-
-Por dicha, usted no pertenece á esta clase, sino á la clase de los que
-siguen el segundo camino. En esta clase hay mil grados y matices, pero,
-en fin, casi todos los que á ella pertenecen tienen el buen tino y mejor
-gusto de reverenciar las antiguas creencias religiosas, aun
-desechándolas ya. En ellas ven, en cada momento histórico, en cada
-evolución, la más fecunda causa de progreso y de mejora. El supremo sér
-que imaginó el creyente fué, según ellos, el más alto ideal del hombre
-mismo objetivado, ó digase _exteriorizado_, para servirle de guía y de
-modelo.
-
-Augusto Comte, Littré y usted son así; pero usted de modo más terminante
-y claro supera y vence á sus maestros en esta veneración de Dios en la
-historia. Para usted no hay hombre que valga lo que San Pablo después de
-Cristo y después de Augusto Comte. San Pablo para usted hubiera sido el
-Apóstol de las gentes en el positivismo si hubiera nacido ahora, y el
-más ferviente deseo que usted muestra es el de que le salga ó le salte á
-Augusto Comte su respectivo San Pablo.
-
-El respeto de usted hacia lo pasado, la equidad de usted, el imparcial
-criterio con que usted practica la máxima de _distingue los tiempos y
-concordarás los derechos_, son tales que, después de San Pablo, no hay
-hombre á quien usted ensalce más (y yo le aplaudo y me adhiero á las
-alabanzas) que á nuestro admirable San Ignacio de Loyola.
-
-En todo esto, usted es fiel á Augusto Comte y á Emilio Littré; pero
-usted es más claro, más franco y más explícito. Caro, cuando nos pinta
-el estado del alma de Littré, después de haber negado, añade; «La
-filosofía positiva vino á calmar todas las fluctuaciones de su espíritu,
-fijando su nuevo punto de vista, que es tratar las teologías como un
-producto histórico de la evolución humana, y convencernos de lo
-_relativo_ de nuestro entendimiento, y no afirmar ni negar nada en
-presencia de un inmenso _incognoscible_.» En nombre de la evolución
-histórica, se reserva Littré el derecho de no ser «el menospreciador
-absoluto del cristianismo y de reconocer sus grandezas y sus
-beneficios.» Littré va más allá: Littré confiesa que «no siente ninguna
-repugnancia á prestar oído á las cosas antiguas que le hablan en secreto
-y le echan en cara el que las abandone».
-
-En esta situación de ánimo está usted lo mismo que Littré. Ambos piensan
-ustedes que hay incompatibilidad entre toda teología y el moderno
-concepto del mundo; pero ambos ven que las religiones entran en el
-tejido íntimo de la historia del desenvolvimiento humano, y así, al
-alabar este desenvolvimiento y la civilización á que nos ha traído,
-alaban las religiones que han creado é informado dicha civilización.
-
-Y sin embargo, ambos niegan ustedes toda religión, si bien la niegan, no
-porque quieren, sino porque suponen que no pueden menos de negarla.
-Parodiando á Pío IX, dicen ustedes: _Non possumus._
-
-Tenemos, pues, á ustedes ateos, imaginando que lo son á pesar suyo,
-porque en el concepto del Dios de los creyentes no cabe el concepto que,
-según la ciencia, tienen ustedes ó presumen tener de las cosas todas.
-
-El conflicto entre la razón y la fe, entre la religión y la ciencia, se
-diría que es la causa de todo. No parece sino que es ahora nuevo y
-recién nacido este conflicto, cuando en realidad, y entendido, no del
-modo burdo que le entienden Draper, Büchner y otros materialistas, sino
-por estilo sublime, es conflicto que existe desde que hubo hombre que se
-puso á filosofar. Elevado este conflicto á su mayor altura, es raíz de
-lo que llaman los místicos _contemplación negativa_, por la cual negamos
-á Dios todo lo que por afirmación le atribuímos: destruímos el concepto
-de Dios que por afirmación nos hemos formado. Y así, copiando aquí las
-palabras del iluminado y extático padre fray Miguel de la Fuente, diré
-«que Dios no es sustancia, porque es más que sustancia; ni es sér,
-porque excede infinitamente á todo sér, ni es bondad, porque es mucho
-más que toda bondad; y que Dios, en su sér esencial, no es grande, ni
-hermoso, ni sabio, ni poderoso, como nosotros le conocemos y le
-entendemos, porque es de otra muy diferente manera, la cual no la pueden
-comprender ni alcanzar todos los entendimientos juntos de hombres y de
-ángeles.»--«De aquí que cuanto lo supremo de nuestra alma puede entender
-y pensar de Dios, no es Dios.» Muchos santos llaman á este altísimo
-conocimiento de Dios ignorancia pura, tinieblas de luz inaccesible y
-falta absoluta de proporción entre nuestra mente y el sér de Dios, por
-lo cual, quien aspire á conocerle ha de cerrar los ojos.
-
-Augusto Comte, Littré y usted los cierran sin duda, pero de muy
-distinta manera, y así se quedan sin el concepto de Dios por afirmación
-y sin el más puro conocimiento de Dios que nace de la contemplación
-negativa.
-
-Y como conservan ustedes la aspiración y el sentimiento religiosos, ya
-sin objeto adecuado y condigno, inventan y procuran difundir la nueva
-religión atea de la humanidad y de su progreso.
-
-
-III.
-
-La moral que predica usted en su _Circular religiosa_ es, á mi ver, la
-más pura moral cristiana, así en lo que es de precepto, cuya omisión ó
-infracción es pecado, como en lo sublime, que puede llamarse de
-exhortación y consejo, á donde no pueden llegar todos y que se pone como
-término de la aspiración virtuosa. Usted convida á sus prójimos al
-desinterés, á la devoción, al sacrificio. No hay virtud cristiana
-cardinal que usted no recomiende é inculque. La prudencia, la justicia,
-la paciencia, la generosidad, la longanimidad para perdonar las
-injurias, la fidelidad en amistades y en amores, y hasta la castidad y
-la continencia virgíneas. ¿Qué he de decir yo á esto sino que está muy
-bien? ¡Ojalá que fuésemos todos tan buenos como usted quiere, que ya
-andarían las cosas mejor y la tierra sería un trasunto ó antesala del
-Paraíso!
-
-La diferencia, con todo, entre la moral cristiana y la moral de usted y
-de los positivistas, no está en los preceptos y consejos, sino en la
-base en que éstos se fundan. La moral cristiana tiene base sólida y
-bastante para sostener todo el edificio. La moral de usted está en el
-aire, ó al menos fundada sobre terreno movedizo, inseguro é
-insuficiente. Usted, como Littré, funda la moral en razones empíricas y
-mezquinas. Esto en cuanto al principio. En cuanto al fin, yo hallo que
-ustedes los positivistas degradan y malean la moral sometiéndola á lo
-útil, aunque sea lo útil colectivo, y buscándole un fin práctico fuera
-de ella misma.
-
-Para mí, cuando están bien entendidos los términos, no hay discusión que
-valga contra la sentencia que dice: «El arte por el arte.» Y lo que digo
-en estética lo digo con más razón en moral. Yo no subordino lo bello á
-lo bueno, ¿cómo he de subordinar lo bueno á lo útil? Si lo subordinase,
-el fin justificaría los medios. La moralidad de cada acción se mediría
-por el provecho que sacásemos ó que supiésemos que de ella íbamos á
-sacar para muchas personas, ó para todas las que componen la nación ó
-para todas las que componen el linaje humano. Esto sería muy peligroso y
-nos llevaría, con pretexto ó motivo de hacer el bien, á incurrir en mil
-faltas y delitos, convirtiéndonos, con desmedida soberbia, en delegados
-y ejecutores de la Providencia ó del Destino.
-
-La Providencia, y para los que en ella no creen, el Destino inflexible,
-es quien convierte el mal en bien, y no nosotros. Identificando lo bueno
-y lo útil vendríamos á justificar mil actos horribles que no sería
-difícil probar que tuvieron dichosísimos resultados. Tal tirano hizo que
-triunfase en su país la unidad nacional, ejecutando infinitas
-barbaridades: tales bandidos fundaron la libertad y la independencia de
-su pueblo, y aun extremando el argumento, bien se podría sostener que
-Caifás y Poncio Pilatos son dignos de gratitud y de encomio, ya que
-concurrieron como el que más, á la Redención, haciendo que crucificasen
-á Cristo. Filósofos modernos y exegetas hay, como Bruno Bauer y otros,
-que han hecho, siguiendo este modo de argumentar, la más brillante
-apología de Judas Iscariote.
-
-En cambio, cuando la moral pone en ella misma su fin, y no convierte en
-instrumento providencial consciente á cada individuo, la máxima del fin
-justifica los medios queda condenada y aparece en su lugar la hermosa
-máxima que dice: _fiat justitia et ruat cœlum_.
-
-No vale la distinción entre el egoísmo y el altruísmo. No es para
-nosotros la utilidad más ó menos general la medida de la moralidad de
-las acciones. El hombre bueno ó justo hace lo que debe, suceda lo que
-suceda, aunque el universo se hunda.
-
-Para el que tiene fe todo es sencillo y no hay conflicto posible.
-Cualquier acto suyo es el cumplimiento de un mandato del cielo. Acaso
-no prevé su utilidad; pero en un sentido elevado, en el plan divino del
-conjunto de las cosas y de los sucesos, su acto será útil, si bien él le
-hace, no porque va á ser útil, sino porque hay una ley que se le
-prescribe.
-
-Cuando en ocasiones, ó ya en la vida real, ó ya en dramas y novelas,
-vemos alguna virtud muy calamitosa, y sentimos cierto deseo de que el
-héroe ó la heroína de la historia afloje un poquito en virtud que tantos
-infortunios acarrea, es porque estamos relajados, es porque no damos
-grande importancia al precepto moral, con cuya infracción se evitarían
-por lo pronto las calamidades.
-
-No hace mucho tiempo asistí yo á la representación de un drama francés,
-cuya heroína es una comedianta.
-
-No es _La Tosca_; es otro nombre italiano de otra _prima donna_, del
-cual, por más que hago, no logro ahora acordarme. Pero el nombre importa
-poco. Lo que importa es el caso, y el caso es que la comedianta es tan
-severa y tan púdica que de resultas unos se suicidan, otros se matan en
-desafío, otros son perseguidos por no sé qué tirano, y otros se mueren
-de hambre y de miseria. Si la comedianta, en vez de ser tan cogotuda,
-hubiese sido, como hablando de la feroz Lucrecia dice Lope en cierto
-famoso soneto,
-
-.....más blanda y menos necia,
-
-se hubieran ahorrado todos aquellos trabajos y desazones.
-
-Pero claro está que esta idea de mirar la virtud como perjuicio y
-estorbo, ocurre porque la virtud es falsa, porque en el drama ó en el
-caso real se nota _sensiblería_ de mal gusto que excita á tan grotesca
-broma.
-
-Cuentan que el infante D. Alfonso de Portugal disgustadísimo con que
-Amadís, por ser tan fiel á Oriana, tuviese tan desesperada á la princesa
-Briolanja, enamorada de él, hizo que el autor portugués de un nuevo
-Amadís, ablandase el corazón de este héroe y le moviese á ser
-caritativamente infiel, por donde se salvó la vida de aquella augusta y
-hermosa señora, y aun se dió vida á dos principillos gemelos, con ligero
-menoscabo de la gentil Oriana. Pero luego Garci-Ordóñez de Montalvo
-volvió á poner la verdad en su punto, y convirtió á Amadís á su
-inmaculada fidelidad primitiva, sin la cual no hubiera acabado jamás la
-aventura de la Insula Firme, pasando por debajo del arco de los leales
-amadores, porque la estatua encantada le hubiera derribado con el
-espantoso son de su trompeta, en vez de celebrar su honestidad y su
-triunfo con una clarinada melodiosa y apacible.
-
-Más patente se ve aún el peligro de subordinar lo bueno á lo útil, ó de
-identificar ambas calidades, en el cuento de Voltaire, titulado
-«Cosi-Santa», linda dama de Hipona, cuya fidelidad conyugal dió ocasión
-á crímenes y desventuras, y que luego, con ser tres veces infiel y con
-tres distintos galanes, salvó la vida de su marido, de su hermano y de
-su hijo. Por donde supone Voltaire que Cosi-Santa murió en olor de
-santidad y hasta que la canonizaron y pusieron en su sepulcro:
-
- Chico mal y mucho bien.
-
-Y tal vez el infante D. Alfonso de Portugal y Voltaire y otros muchos
-sujetos así, de manga ancha, tendrían razón, si lo útil y lo bueno se
-confundiesen: si no hubiese, por cima y con plena independencia de toda
-utilidad, el deber, el decoro y la honra; si no resonase con imperio en
-el fondo de nuestra alma aquel mandato que tan bien expresa Juvenal, aun
-siendo gentil, estigmatizando al que consiente en
-
-.....vítam preferre pudori
- Et propter vitam vivendi perdere causas.
-
-Lo singular es que Littré, en el escrito titulado _Origen de la idea de
-justicia_, conviene en la distinción entre lo bueno y justo y lo útil.
-Dice que los que confunden lo útil con lo justo «causan detrimento al
-rigor de las nociones y á la claridad de las cosas.» Y confiesa también
-Littré que la inmoralidad inspira aversión; que es espontáneamente
-odiada y despreciada, aunque no cause ningún perjuicio. Después añade:
-«Cuando obedecemos á la justicia, obedecemos á convicciones muy
-semejantes á las que nos impone la vista de la verdad. De ambos lados
-es mandato el asentimiento: ya el mandato se llame demostración, ya se
-llame deber.»
-
-Tenemos, pues, que el deber no nace empíricamente y por experiencia,
-sino que se impone con imperio y graba sus irrevocables preceptos en la
-conciencia por buril penetrante y con indeleble escritura.
-
-Imposible parece que, después de esta afirmación de lo absoluto, de lo
-imperativo y de lo independiente y superior á lo útil que es lo justo,
-venga Littré á fundar la idea de la justicia y de toda moral en la
-concordancia ó equilibrio de dos impulsos, del egoísmo y del altruísmo.
-Y más insuficiente, ruín y frágil aparece aún el fundamento de Littré
-cuando añade que dicho egoísmo y dicho altruísmo proceden de dos
-necesidades del hombre: la de alimentarse y la de propagar la especie.
-
-Aunque me tilden de criticón y descontentadizo, ¿cómo no he de reirme y
-burlarme de estos descubrimientos de la ciencia novísima, ciencia de
-experiencia, de observación, que no da brincos, que va con pies de plomo
-y con el método más severo, y que después de mucho afanar, se descuelga
-con semejantes antiguallas, olvidadas ya de puro sabidas?
-
-¿Quién ha de negar que dos cosas mueven al hombre, según afirma
-Aristóteles, chistosamente citado por el famoso Juan Ruiz, arcipreste de
-Hita; _mantenencia y ayuntamiento con fembra_? Es verdad que el deseo
-de mantenerse y el de propagarse son los dos móviles primeros de todo
-sér con vida; de
-
- Omes, aves, animalias, toda bestia de cueva.
-
-como sigue explicando el bueno de arcipreste; pero es desatino poner en
-el hambre y en la lujuria el origen de ideas, de sentimientos y de
-pasiones de superior elevación.
-
-Sin duda que el arcipreste no escasea merecidas alabanzas al amor,
-encareciendo sus benéficos milagros: al hombre rudo le vuelve _sotil_,
-al cobarde valiente, al perezoso listo, y al mudo _fablador lozano_;
-pero si dejamos á un lado agudezas y discreciones ingeniosas, y
-consideramos el asunto con juicio recto, jamás sacaremos del afán de
-mantenencia y de ayuntamiento nada que nos distinga mucho de las
-_animalias_ y de las _bestias de cueva_. Nuestro altruísmo se quedará en
-raíz, en su embrión inicial y bestial, y no logrará elevarse sobre la
-tierra, transfigurado gloriosamente en amor de la patria, en amor de la
-humanidad toda, y hasta en amor de Dios, pues aunque para los
-positivistas no haya Dios, los positivistas no pueden negar que el amor
-de lo sobrenatural y divino se da en el alma humana, aunque carezca de
-objeto.
-
-El gorrión y el mico tienen más altruísmo inicial ó radical que nosotros
-y, sin embargo, no salen místicos, ni patriotas, ni mártires, entre los
-micos y entre los gorriones; y en punto á progreso y mejoras siguen
-estacionarios.
-
-Aun cuando concediésemos que el altruísmo no es más que el instinto
-sexual trasformado en devoción, todavía no explica esto la idea de la
-justicia. Al decir Littré que la justicia es el equilibrio entre el
-altruísmo y el egoísmo, pone sin caer en cuenta algo que no es altruísmo
-ni egoísmo: la causa de ese equilibrio, la virtud que tiene en su fiel
-la balanza, la justicia misma, que es la moderadora de ambas tendencias,
-en vez de nacer de ellas.
-
-Otro no menos sofístico origen empírico de la justicia imagina Littré:
-la idea de indemnización. Causamos un daño y es menester subsanarle, á
-fin de que el perjudicado no cause otro mayor mal.
-
-Para evitar que nadie se indemnice ó se vengue por su mano, se funda la
-autoridad pública. Y el castigo, además de ser como venganza, es como
-freno, es como escarmiento saludable.
-
-Littré queda satisfecho con su explicación; pero yo creo que nada ha
-explicado. Aun retrocediendo con la imaginación á siglos remotos y
-sociedades bárbaras, todavía no es la justicia ni venganza, ni
-indemnización, ni medio de conservar el orden por temor del castigo,
-sino la virtud que regula y ejerce la indemnización, el castigo y aun la
-venganza, á fin de que indemnización, venganza y castigo sean justos.
-
-Vuelvo, después de lo dicho, á mi primera afirmación: la moral de usted
-es muy buena, pero carece de base.
-
-La moral no puede fundarse empíricamente; tiene que fundarse en una
-metafísica ó en una teología, y sus maestros de usted, Comte y Littré,
-arrojan del reino del espíritu á la teología y á la metafísica.
-
-La teología fué primero. Por ella se empezó á educar la humanidad,
-pasando sucesivamente por el fetichismo, el politeísmo y el monoteísmo.
-
-De la teología, que se fundaba en autoridad, se pasó á la metafísica,
-que quiso fundar en raciocinio el conocimiento de lo trascendental y
-absoluto. Pero según los maestros de usted, pasó la metafísica como la
-teología había pasado.
-
-Para ellos, en la historia de la civilización hay tres grandes períodos:
-el teológico, el metafísico y el positivo. Ahora estamos ya en el tercer
-período. El rasgo esencial que le caracteriza es el extrañamiento de la
-metafísica: su exclusión de la enciclopedia, de toda la ciencia, del
-cuadro de los conocimientos humanos. Este cuadro se compone de
-matemáticas, astronomía, física, química, biología y ciencia social.
-
-Littré se desata en alabanzas de tan rara y fecunda invención de su
-maestro, y la encuentra llena de armonía.
-
-No ve ó no quiere ver una gravísima discordancia que lo invalida todo.
-El método de la ciencia primera, de las matemáticas, es distinto del
-método de las otras ciencias y hace de las matemáticas como órgano ó
-instrumento que habilita á la mente humana para adquirir la verdad.
-
-Las matemáticas parten de principios inconcusos y proceden por
-deducción. Las otras ciencias parten de la observación de los hechos y
-se elevan á las leyes generales. Resulta de aquí que para que la
-observación y la experiencia sean fecundas y no erróneas, tenemos en las
-matemáticas guía infalible, pero sólo en lo que se refiere á la
-cantidad, al más y al menos. Y como por desgracia no hay matemáticas de
-la calidad (sobre todo para los que niegan la metafísica), la
-experiencia y la observación dan mezquinísimos ó erróneos resultados en
-cuanto á la cantidad no se refiere.
-
-Esta carencia de guía en lo que no es meramente cantidad se nota cada
-vez más mientras más complicada va siendo la ciencia. En la astronomía
-apenas se nota, porque apenas se emplea la astronomía sino en medir y en
-pesar ó en evaluar masas, tamaños, fuerzas y movimientos. En física y en
-química, ya la carencia de matemáticas de calidad se advierte bastante
-más. En biología la dificultad crece, y por último en la ciencia social
-(moral y política) llega la dificultad á su colmo.
-
-Y sin embargo, á mi ver, el recto juicio, la elevación de miras y la
-serena imparcialidad en la contemplación y estudio de los sucesos
-humanos, se sobreponen en Comte, en Littré y en usted, á esa ciega
-negación de la metafísica y hacen que, sin querer, empleen ustedes á
-veces la mejor metafísica á par que la niegan, y que digan y sostengan
-cosas que á mí me parecen razonables y justísimas, por más que no vea
-yo, ni nadie, cómo las infieren sólo de la observación, de la
-experiencia y de las matemáticas. Que hay un orden y un plan en la
-historia cuya ley es el progreso; que Europa está predestinada y cumple
-esta ley desde hace cerca de tres mil años; que las naciones que en la
-antigüedad hicieron más por este progreso fueron Grecia y Roma; que en
-los tiempos modernos ni los adelantos en las ciencias, ni la perfección
-de las bellas artes, ni el brillo de la literatura, ni el desarrollo de
-la industria se explicarían, como dice Littré, si se suprimiese uno solo
-de los grandes órganos del espíritu de la humanidad: Italia, España,
-Francia, Inglaterra y Alemania. Todo esto me parece muy atinado. Yo voy
-casi hasta á dar la razón á Littré cuando afirma que los tres tiranos
-más retrógrados, los que más se han opuesto á la ley del progreso, han
-sido Juliano el Apóstata, Felipe II y Napoleón I.
-
-Lo que me aflige y lo que me llevaría á perdonar á Juliano el Apóstata,
-á Felipe II y á Napoleón I el haber sido tan retrógrados, es la idea de
-usted de que el término de tanto progreso será convertir á la Santísima
-Trinidad en Humanidad, Tierra y Espacio, tres personas, una de las
-cuales, la Humanidad, es además la Virgen Madre á quien, según usted
-asegura, hubiera adorado Fray Luis de Granada si hubiera vivido en
-nuestros días.
-
-Siento extenderme demasiado, pero yo deseo rebatir ciertas ideas de
-usted y de sus dos maestros, y demostrar que con Santísima Trinidad por
-el estilo y Virgen Madre tan rara, no son posibles moral, política y
-ciencia social con lógicos y sólidos fundamentos.
-
-
-IV.
-
-
-Cuando alguien censura la prolijidad y el reposo con que voy estudiando
-el folleto de usted, digo yo para disculparme que en él se tocan todas
-las cuestiones y que su propósito es la renovación del mundo, convertido
-en Edén luminoso, la paz perpétua, el _crecimiento harmónico de la
-sociocracia universal_ y otras mil estupendas é inauditas felicidades.
-El asunto merece, pues, que le consideremos con atención.
-
-Todo ello y más ha de lograrse con una buena moral; la de usted es
-excelente, y yo no niego que la moral es medio adecuado y eficaz para
-llegar á donde nos proponemos.
-
-En lo que no estoy conforme es en que la buena moral pueda existir sin
-un fundamento metafísico ó religioso.
-
-No veo la necesidad, ni siquiera la conveniencia de esa impiedad de que
-usted hace alarde y que cuenta hoy con ilustres divulgadores y
-apóstoles en todo el Nuevo Mundo.
-
-No demuestra esto que las creencias se vayan perdiendo ahí, sino la
-actividad intelectual y la libertad completa de conciencia y de palabra,
-la cual da razón de sí, tanto en el aumento y prosperidad de la Iglesia
-católica, que levanta en Nueva York y en otras grandes ciudades
-catedrales espléndidas, como en el nacimiento de sectas cristianas
-disidentes; como en la propagación de las más extrañas religiones, por
-ejemplo la de Budha, que ya tiene en Boston sectarios y templo; como en
-la predicación del ateísmo en todos sus grados.
-
-El más singular, ingenioso y elocuente predicador del ateísmo en toda
-América es, en mi sentir, el coronel Roberto Ingersoll. Hombre de no
-escaso saber, de variadísima lectura, atento y enterado de cuanto se
-piensa en Europa, se puede afirmar que es un positivista como usted.
-Véase lo que dice de Augusto Comte.
-
-«En el cerebro de este hombre grande despuntó la aurora del día dichoso
-en que la humanidad será la única religión, el bien el único Dios, la
-felicidad general el único propósito, la indemnización la única pena, el
-error el único pecado, y el afecto, guiado por la inteligencia, el único
-Salvador del mundo. Esta aurora enriqueció la pobreza de Augusto Comte,
-iluminó las tinieblas de su vida, pobló su soledad con millones de seres
-que han de nacer para la progresiva ventura, y llenó sus ojos de
-tiernas lágrimas de satisfacción y de orgullo. La gloria de Napoleón se
-disipará: sólo se recordarán sus crímenes: y Augusto Comte será
-fervorosamente acatado y amado como bienhechor de la especie humana.»
-
-A fin de llegar á esta meta en la carrera de nuestro progreso, á fin de
-entrar en el Edén y gozar de todos los sazonados frutos del árbol de la
-ciencia, importa arrojar á empellones al querubín de la superstición que
-defiende la puerta, y arrancar de su diestra la espada de fuego.
-
-Por esto Ingersoll es más enemigo que usted de la religión, y de Dios
-sobre todo.
-
-Para él, uno de los más benéficos sabios que hay ahora en la docta
-Alemania, es Ernesto Hæckel, «no sólo porque ha demostrado las teorías
-de Darwin, sino también la _monística_ concepción del mundo. Hæckel ha
-demostrado que no hubo, ni hay, ni pudo haber Creador de cosa alguna.
-Ingersoll celebra mucho también á Herberto Spencer, pero se le deja
-atrás. Conviene con él en que toda ciencia nace de la observación de los
-sentidos: pero no se limita al _agnosticismo_ de lo demás. Al poner lo
-desconocido, lo tal vez para siempre _incognoscible_, se afirma en
-cierto modo que existe ó que puede existir. Dios es, por lo menos, una
-conjetura. Y si para la ciencia de nada sirve, Dios queda para que el
-alma humana llegue á él por la fe y por el amor, y de él se valga para
-fundar sociedad, leyes y preceptos morales.
-
-Nótese cómo del _agnosticismo_ pudiéramos llegar á un sistema irracional
-profundamente religioso. Al cabo Bonald, de Maistre y Donoso Cortés, no
-llegaron de otra suerte á su empecatada y tiránica teocracia.
-
-De aquí que Ingersoll no se contente con ser _agnóstico_. No dice que no
-sabe de Dios, sino rotundamente niega que exista. Así lo va predicando
-por escrito y con la palabra hablada.
-
-Es Ingersoll alto y fuerte, hermoso de rostro, blanco y rubio, casi sin
-barba, simpático y elocuentísimo. Da conferencias en teatros y en
-grandes salones, ya á duro ya á dos duros la entrada, y la multitud
-acude á oirle y le aplaude con entusiasmo. Sus discursos tienen todos
-los tonos. Ya son tan floridos, líricos y abundantes como los de
-Castelar, á pesar de la concisión de la lengua inglesa, ya patéticos y
-tiernos, ya trágicos y terribles, ya chistosos y amenos hasta rayar en
-la chocarrería. Su casa está en Washington donde vive elegantísimamente,
-entre pinturas y lindos objetos de arte, pero de vez en cuando sale á
-predicar, y ya predica en Filadelfia, ya en Nueva Orleans, ya en San
-Francisco, ya en Chicago.
-
-Sus conferencias corren impresas en lujosas ediciones, de que se venden
-miles y miles de ejemplares.
-
-Para el vulgo pobre se ha hecho en Chicago un Catecismo ó _Vademecum_,
-titulado _Ingersolia, joyas del pensamiento_, donde está reunido lo más
-sustancial y capital de este apóstol.
-
-Coincide Ingersoll con usted en el profundo, y á mi ver, sincero amor á
-la humanidad; pero se extrema más aún que usted en creer lo contrario de
-lo que piensan los deístas y los católicos: en que ese amor á la
-humanidad se funda en el amor de Dios. Para Ingersoll el amor de Dios se
-opone al de la humanidad, y por eso le odia. Uno de sus argumentos es
-decir que, si Dios se le llevase al cielo y él supiese allí que su
-mujer, ó algún hijo suyo, ó algún amigo, mientras que Dios le daba á él
-bienaventuranza, estaba atormentado en el infierno por toda una
-eternidad y con atroces castigos, sería él un villano y un miserable si
-no dijese á Dios: ó tráigame aquí también á los míos, y no me los
-maltrate tan ferozmente, ó envíeme con ellos, que yo no quiero esta
-infame gloria que me concede.
-
-Harto se nota que tales argumentos podrán ir contra determinados dogmas
-de ésta ó de aquella religión positiva, por los cuales dogmas volverán
-los teólogos de la dicha religión; pero en nada quebrantan la firmeza
-del alto concepto metafísico y racional que de Dios nos formamos.
-
-Por lo demás, en la moral y en los arreglos, usted é Ingersoll
-coinciden, salvo que en la _Circular_ no entra usted en tantos
-pormenores como el yankee.
-
-Su moral parte de la sentencia famosa _mens sana in corpore sano_.
-
-De aquí que Ingersoll dé muchas reglas para la higiene y buena
-alimentación. _Good cooking is the basis of civilization._ La buena
-cocina, dice, es la base de la civilización. Así es que el Coronel
-recomienda á todas las mujeres que aprendan á guisar y á todos los
-maridos que den qué guisar en abundancia á sus mujeres. Sin esto no hay
-rica sangre en las venas, ni pensamientos sublimes, ni valor, ni
-paciencia, ni nobles impulsos. Todo proviene de buenos y suculentos
-_beefsteaks_. Así es que Ingersoll quiere que un beefsteak se haga muy
-bien: explica el modo de hacerle; y propone que se promulgue una ley
-castigando como un crimen, con bastantes días de cárcel en negro
-calabozo, al que ó á la que condimente un beefsteak malo, sobre todo
-echando á perder un buen solomillo. En suma, el arte culinario es para
-Ingersoll una de las bellas artes. Es como la música y la poesía, y
-además da sér á la poesía y á la música.
-
-Pero elevándose luego Ingersoll, no es menos sublime que usted en sus
-moralidades.
-
-La mujer no se puede quejar de los positivistas; todos la adoran, todos
-la ponen por las nubes. Ninguno quiere, es cierto, que sea electora, ni
-guerrera, ni diputada, ni ministra; pero es porque todos le dan más alta
-misión y más hermoso empleo. La mujer será la diosa, la santa, la musa,
-lo ideal, lo celeste. Cuando estemos en pleno positivismo, la mujer,
-como dice usted, desplegará mayor virtud, alcanzará felicidad y gloria
-sin iguales. «Fuente inagotable de los más puros afectos, ella será el
-símbolo de la abnegación y de la ternura. En la más augusta de las
-funciones, la de madre, creará fervientes servidores de la humanidad; en
-su carácter de esposa, endulzará la existencia del hombre y le alentará
-al cumplimiento de sus deberes; como hija, fortalecerá en el padre el
-más altruísta de los sentimientos, la bondad. Para todas las condiciones
-sociales será la mujer divina Providencia. Su santa imagen resplandecerá
-en los altares, domésticos y públicos.»
-
-Antes de que llegue el triunfo del positivismo, la mujer hará más que el
-hombre para este triunfo. Usted así lo espera, y sobre todo de la mujer
-española ó de casta española, ya que es de la casta ó patria de la
-sublime Santa Teresa. Unas, las escritoras, guiarán á los hombres con
-sus escritos. Otras, presidiendo el salón social, ejercerán influjo
-intenso y saludable. «Coronadas de modestia, dulzura y pureza, reinarán
-sobre los hombres, encaminándolos con persuasivas insinuaciones al
-positivismo. Talentos perdidos, voluntades inertes, recibirán de ellas
-luz y vida. A cuantos las conozcan alcanzará su radiante inspiración. Y
-muchos seres decaidos, que veían ya cerrada la senda de una digna
-existencia, emprenderán, regenerados del todo y sin mirar hacia atrás,
-una fructuosa carrera de servidores del linaje humano. Esas santas
-mujeres serán, ciertamente, madres espirituales de innumerables hombres,
-hechos de nuevo con su bendito influjo. Completamente desinteresadas en
-su celo religioso, gozarán de altruísta satisfacción al ver cómo
-aumentan los buenos obreros, crece la buena doctrina y la sociedad se
-reconstituye sobre bases inconmovibles.»
-
-Ingersoll no es menos entusiasta que usted de las mujeres. «Los hombres,
-dice, son encinas, las mujeres vides y los niños flores; y, si hay
-cielo, la familia es el cielo. El cielo está donde la mujer ama á su
-marido y el marido ama á su mujer y los redonditos brazos (_dimpled_,
-con hoyuelos) de los niños enlazan el cuello de ambos.»
-
-En el hogar está el templo, la bienaventuranza, la gloria del hombre, y
-de este templo es la mujer divinidad y sacerdotisa á la vez. Sin este
-templo, el mundo sería un horror, y los seres humanos bestias feroces.
-Así da Ingersoll á la mujer no menos redentora, beatificante é
-inspiradora misión que la que usted le atribuye. Para ello entra en
-pormenores y hasta prescribe que la mujer se vista y se adorne mucho,
-con aseo y de última moda. «Yo digo á toda muchacha y á toda mujer,
-aunque la tela del vestido sea barata y ordinaria, que el vestido esté
-cortado y hecho _in the fashion_. Gusto también de joyas. Alguien
-censura como uso bárbaro el llevar muchos dijes; pero, á mi ver, el
-llevarlos es la primera prueba que da la persona bárbara de que desea
-civilizarse. El adorno está en nuestra condición natural, y tal deseo se
-advierte por donde quiera y en todo. A veces imagino que este deseo,
-sentido por la tierra, hizo brotar las flores, pintó las alas de
-mariposas y libélulas, cuajó las perlas en las conchas, y dió á los
-pájaros su plumaje y su canto. ¡Oh, mujeres solteras y casadas, si
-queréis ser amadas, adornaos, y si queréis estar bien adornadas, sed
-hermosas!»
-
-Justo es confesar que el respeto, el amor y la delicada consideración á
-la mujer en ningún país rayan más alto que en los Estados Unidos. Los
-hombres, luchando allí con la naturaleza para domarla y hacerla útil á
-nuestra especie, buscando ó creando la riqueza, y en otros negocios
-prácticos, que son raíz de la poesía, pero no son la poesía, dejan y
-casi prescriben que sean poéticas las mujeres. Ellas procuran cumplir la
-prescripción, y con frecuencia la cumplen. Suelen ser bonitas y
-gallardas. Con cierta libertad é independencia, que les dan el carácter
-y la costumbre, en los ademanes, en la palabra y hasta en el andar,
-tienen lozanía, majestad y brioso aunque honesto desenfado, como el de
-Diana cazadora. El respeto de que todos los hombres las rodean, sin
-piropearlas con impertinente grosería, cuando las ven solas, hace que
-puedan ir solas sin que las vigile ó las _chaperone_ ninguna dueña. Y
-sin pedantería, sino naturalmente, estudian mucho de ciencias, y de
-literatura, y á veces hablan varias lenguas vivas, y no es raro que
-sepan también latín y griego.
-
-De aquí que esa misión civilizadora, beatificante é inspiradora de la
-mujer, tal vez no se ve más clara, en parte alguna, que en los Estados
-Unidos.
-
-La hermana del actual presidente de aquella república, miss Rosa Isabel
-Cleveland, notable escritora, ha querido cifrar y condensar, en el más
-elocuente y sentido de sus Estudios, esta misión de la mujer. Estriba en
-una virtud que miss Cleveland llama _fe altruísta_, y éste es también el
-título de su Estudio.
-
-Por dicha para todos nosotros, aunque sea desgracia para usted, para
-Ingersoll, y aun para Comte y Littré, esta _fe altruísta_, ó dígase fe
-en otro y no sólo en uno mismo, brota, según la hermana del presidente,
-no de la negación de Dios, sino de la fe en Dios.
-
-La mujer es más capaz de fe que el hombre, y esto la habilita para
-ejercer una función social de la mayor trascendencia: descubrir la
-aptitud del amigo, del hijo, del hermano, del amante ó del esposo,
-revelar á él su propio valer, alentarle y entusiasmarle, y darle impulso
-para que cumpla su vocación y su destino.
-
-El prototipo y dechado de esta fe _altruísta_ le halla miss Cleveland en
-Cadiyah, primera mujer de Mahoma, que descubrió cuánto valía Mahoma, y
-le amó y le animó y le confortó cuando por los hombres todos era
-desdeñado. El Profeta, victorioso ya y en toda su gloria, recordaba
-siempre con lágrimas de amor á su Cadiyah, que murió anciana, y no se
-consolaba de haberla perdido. Su hermosa y joven esposa, Ayesha, le
-dijo, «¿Por qué no te consuelas? ¿No era ya anciana? ¿No te ha dado
-Dios, en lugar suyo, otra mujer mejor?» El Profeta respondió entonces
-con efusión de honrada gratitud. «No hubo nunca mujer mejor que ella.
-Ella creyó en mí cuando los hombres me despreciaban.»
-
-Yo encuentro este oficio muy propio de la mujer y creo que ella con
-frecuencia le ha ejercido. Por cada Onfale, por cada Dalila, causa de
-perdición de Hércules y de Sansones, ha habido siempre miles de Cadiyahs
-para todos los Mahomas chicos y grandes.
-
-El oficio, sin embargo, no he de negar yo que es para la mujer harto
-peligroso. El primer peligro es el engaño en que puede caer la mujer,
-creyendo descubrir la aptitud de sabio, de poeta, de héroe ó de santo;
-en el hombre que tal vez la atrae y la fascina por otras aptitudes. Y es
-el segundo peligro que, aun no equivocándose en el descubrimiento de la
-buena aptitud, puede ocurrir que la mujer descubridora la halle en
-hombre que sea, en todo lo demás, indigno, perverso é ingrato. Cadiyah
-acertó en todo con su Mahoma; pero no acertó en todo, por ejemplo, Mad.
-de Warens con su Rousseau. Sin ella Rousseau quizás no hubiera sido
-nunca mucho más que lacayo; pero Rousseau, en lo tocante á gratitud,
-siguió lacayo y se quedó á infinita distancia de Mahoma.
-
-Pongo aquí esto como aviso y reparo para que las mujeres, cuando
-_cadiyehen_, lo hagan con la debida circunspección; pero lejos de tirar
-á la invalidación del discurso de Miss Cleveland, le aplaudo y acepto la
-doctrina. Nada más útil y agradable que el _cadiyého_. Es verdad que
-madres y hermanas pueden ser Cadiyahs; pero lo más común es que lo sean
-las enamoradas. Por eso el _cadiyého_ está en íntima relación con el
-_flirt_.
-
-En el Maestro de ustedes, en el Mahoma de ustedes, en Augusto Comte, se
-advierte la verdad de esto que digo. Su verdadera Cadiyah es la amiga;
-es Clotilde de Vaux. Las otras dos mujeres son como _a-lateres_ y nada
-más.
-
-La una resucita en el recuerdo evocado por Clotilde: la otra es como
-apéndice del afecto á Clotilde: Rosalía Boyer, madre del Maestro, y
-Sofía Bliaux, su hija adoptiva.
-
-Entusiasmado usted con esto, coincide con miss Cleveland en la
-exaltación de la mujer y en su nobilísima misión de descubridora y
-aguzadora de aptitudes. Elocuentísimo está usted en todo esto, y
-quisiera yo citar mucho de lo que usted dice; pero aquí no cabe. Baste
-con algo.
-
-«Preciosa--dice usted--es la intervención de la mujer en las labores del
-hombre. Dada su índole altruísta, ella es quien sabe despertar las más
-santas emociones de donde sólo emanan acciones fecundas. En este sentido
-idealizóla la antigüedad en las Musas, y la Edad Media en la Virgen
-Madre, que resume á las Musas completamente purificadas. Pero cábele al
-Dante la gloria insigne de haber cantado proféticamente en su
-maravilloso poema la función normal de la mujer. Es su amada Beatriz
-quien le salva de sus extravíos, quien disipa las dudas de su espíritu,
-quien _enciela_ su alma.»
-
-De esta suerte convierte usted á Dante en uno de los precursores del
-positivismo.
-
-
-
-
-ESPAÑA DESDE CHILE
-
-(Á DON JORGE HUNEEUS GANA)
-
-
-No puede usted figurarse, distinguido y generoso amigo, el susto que me
-ha causado, sin quererlo ni preverlo.
-
-Hace justamente tres años recibí una carta de usted pidiéndome noticias
-sobre mi persona y escritos y sobre literatura española en general. Era
-tan amable la carta, que, si bien yo no conocía á usted y apenas atiné
-entonces á descifrar la firma, no quise dejar la carta sin contestación.
-Tomé la pluma y contesté á todo correr lo que se me ocurrió en aquel
-momento.
-
-Yo no hago borrador de nada mío, y menos de cartas. Aunque hiciera
-borrador no le guardaría.
-
-En cuanto á las cartas que recibo, rompo las más. Sólo reservo las muy
-interesantes. La de usted, sin lisonja, hubo de parecérmelo. Doy por
-evidente que la reservé sin romperla.
-
-Pero en el resultado final confieso que es idéntico que yo rasgue ó
-guarde las cartas. Guardarlas equivale á echarlas en un caos, en un
-abismo; tal es el desorden de mis papeles. Y cuando el cúmulo de ellos,
-que en este abismo cae, rebosa, digámoslo así, ya en una mudanza, ya en
-un viaje, ya sólo por obra y gracia de la limpieza ordinaria, la escoba
-del criado, el fuego ó bien otro elemento destructor se los lleva ó los
-consume.
-
-No ha de extrañar usted ni atribuir á poco aprecio de parte mía el que
-yo ignore si la carta de usted se destruyó ó está aún escondida entre
-papeles míos. Cúlpese mi falta de orden, falta que lamento, pero de la
-que nunca supe ni sabré enmendarme.
-
-Apunto aquí todo esto para explicar con franqueza por que á poco sin
-duda de recibir la carta de usted y de contestar á ella, tenía yo
-completamente olvidadas la carta y la contestación. A los tres años
-(perdónemelo usted) yo, dada mi condición natural, no podía recordar á
-usted ni menos que le había escrito.
-
-De aquí mi sorpresa y mi sobresalto cuando alguien que recibió, días
-antes que yo, los _Estudios sobre España_, me dijo que su autor, un
-chileno, publicaba en el citado libro cierta carta mía, donde le hablaba
-yo de literatura y de literatos españoles.
-
-¿Qué habré yo dicho, imaginando que mi carta no se daría al público con
-mi firma, y tal vez en un momento de mal humor? Esta era la pregunta
-que yo me hacía.
-
-Luego que recibí los _Estudios sobre España_, busqué mi carta, la leí y
-se me quitó un peso de encima. Se me figura que estuve juicioso. Nada de
-censuras crueles contra nadie, y nada tampoco de encomios exagerados.
-Sólo tuve y tengo que lamentar mi absurdo olvido (tan á escape y sin
-pararme á pensar hube de escribir á usted) de no pocos nombres de
-personas ilustres en la lista que yo le enviaba. Por lo mismo que le
-tengo más presente y que en mi sentir vale más que los otros, no puse,
-por ejemplo, entre los autores dramáticos á D. Manuel Tamayo y Baus. No
-menté entre los poetas ni á Rubí, ni á Sánchez de Castro, ni á José
-Alcalá Galiano, que es á mi ver de los mejores, y además sobrino mío. En
-suma, omití nombres que por todos estilos eran más dignos de memoria
-para mí y para todo el mundo que bastantes de los que cité.
-
-Fuera de estos deplorables defectos, repito que mi carta me pareció
-juiciosa. Su lectura me devolvió la tranquilidad.
-
-Y no suponga usted que el haberla perdido implique algo de singular
-doblez en mi carácter; que yo por modo de ser propio, celebre en público
-y muerda en secreto. Nada más contrario á mi carácter. Lo que sucede es
-que, en el día, hay en España una propensión general á incurrir en ese
-vicio, contra el cual clamo yo siempre, pero del que temo dejarme
-llevar como todos.
-
-Y no es falsía endémica, no es perversidad colectiva de la que todos
-estemos plagados; es que todos estamos muy abatidos y en el fondo del
-alma nos juzgamos con harta severidad. De aquí la maledicencia, sin que
-la cause la envidia ni otra pasión ruín. Y en cuanto al encomio público
-disparatado, que comunmente se llama ahora _bombo_, es una inevitable
-mala maña que hemos tomado. La llamo inevitable, porque son tales el
-tono y el estilo que prevalecen, que toda alabanza moderada y razonable
-suena como desdén y menosprecio.
-
-Dicho esto, que debo yo decir aunque me haga pesado, voy á hablar de su
-obra de usted. Consta de dos tomos (cerca de mil páginas entre los dos)
-tan llenos de noticias sobre mi país, que no me explico cómo me escribió
-usted pidiéndomelas cuando podía dármelas y cuando ahora en efecto me
-las da.
-
-Con vergüenza lo declaro: yo no he leído ni la quinta parte de los
-autores contemporáneos españoles, cuyas obras usted examina: ni por el
-nombre sólo conocía yo á la mitad de ellos. Se ve que usted ha hecho que
-le envíen á Santiago de Chile, y que ha estudiado con amor, cuanto en
-España se ha escrito y publicado en este siglo.
-
-Joven usted de poco más de veinte años, entusiasta y fervoroso amante de
-su patria, extiende este amor á la metrópoli, á la madre de su patria,
-y se pinta y nos pinta una España vuelta á su más radiante esplendor,
-ilustradísima, fecunda hoy como nunca en claros ingenios, en poetas,
-sabios y artistas.
-
-Líbreme Dios de denigrar á mi país. Líbreme Dios hasta de formar de él
-pobre concepto. Pero no por modestia, sino por justicia, no quiero, ni
-puedo, ni debo aceptar tanta alabanza, como la generosidad de usted y su
-afecto filial nos prodigan. Si insisto en afirmar, como en mi primera
-carta á usted afirmaba, que «en España se nota hoy cierto florecimiento
-literario, y no se escribe poco», todavía hallo que, desde esta
-afirmación mía hasta el triunfante panegírico de usted, media distancia
-enorme. Por mi calidad de español me considero, pues, obligado á la más
-profunda gratitud hacia usted, y por lo que usted dice de mí, á gratitud
-aún más profunda; á mostrársela, y á declarar que rebajo nueve décimas
-partes de mi ración de elogios, atribuyéndolos á bondad magnánima de
-usted, y me doy por pagado y contento con la otra décima parte. No me es
-lícito disponer del incienso que usted da á los demás escritores
-españoles, pero me atrevo á aconsejarles que acepten sólo la mitad ó la
-tercera parte, y consideren el resto como despilfarro que usted hace,
-arrebatado por su cariñosa largueza.
-
-Esto nos conviene hacer, agradeciéndolo todo. Pero ¿es buen medio de
-agradecer, dirá usted, y si usted no lo dice no ha de faltar quien lo
-diga, que los mismos encomiados echen en cara al autor los extravios de
-crítica que presuponen sus encomios.
-
-A esto respondo que no me queda otro recurso. Al libro de usted no puedo
-responder con el silencio, ni puedo tampoco faltar á la sinceridad en lo
-que responda. Por dicha, esos extravíos se justifican ó disculpan con
-razones que honran á usted muchísimo. Nacen de su entusiasmo juvenil y
-de su amor á los de su casta y lengua. Ya usted se corregirá en otros
-libros que escriba, y será justiciero ó más sobrio de admiración.
-
-Entretanto, aun exponiéndome á que digan los maldicientes que nosotros,
-á pesar de ser casi antípodas, nos escribimos para piropearnos y nos
-armamos de sendos turibulos eléctricos, á fin de que el incienso mutuo
-trasponga el Atlántico y la cordillera de los Andes y nos adule las
-narices, no quiero callarme ni dejar de sostener que me maravilla el
-extraordinario saber y la abundantísima lectura que su libro de usted
-demuestra.
-
-Cuadro completo de la España política, social, científica, artística y
-literaria, en el siglo presente, el libro está dividido en tres partes.
-La primera: Estudios generales. La segunda: Estudios bibliográficos. Y
-Estudios literarios, la tercera.
-
-En los tres Estudios se advierte un espíritu de contradicción, exaltado
-por _ese malhadado y pretencioso menosprecio_, que, como dice usted,
-hay en Chile, aunque ya va de caída, contra todo lo español. Esto
-convierte su libro de usted en defensa ó apología; esto disculpa, en
-cierto modo, la exageración en las alabanzas.
-
-He de confesar á usted también que en ellas advierto desproporción: á
-saber, que con muchos es usted tan pródigo, que proporcionalmente es
-corto con otros. En absoluto, á casi todos, en mi sentir, empezando por
-mí, nos tasa usted en bastante más de lo que valemos.
-
-Como es usted tan joven, y como nos declara con delicada modestia que su
-libro no es libro, sino _notas y proyectos_ para escribir un libro, los
-cuales _proyectos y notas_ saca prematuramente á luz, cediendo á los
-ruegos de un amigo, mis observaciones no deben valer como censura. Si yo
-las pongo es para que valgan, aunque sean en daño mío, cuando aparezca
-esa otra obra más meditada y más completa que, según usted nos anuncia,
-acaso pueda escribir algún día.
-
-Dispénseme usted que insista, hasta con pesadez en mis reparos. Lo hago
-por el interés que usted me inspira, y que no tiene que agradecerme, ya
-que la apología de usted, si no pecase por desproporción ni por
-exageración, nos lisonjearía más y nos sería mucho más útil.
-
-Esa misma desproporción, que noto yo en sus juicios de usted, no nace de
-parcialidad apasionada, sino de que usted ó bien conoce á unos autores
-más y por eso los celebra más que á los que conoce menos, ó bien por
-ser su obra un conjunto de estudios hace usted resaltar á los que son
-objeto especial de cada estudio, y deja á los otros eclipsados ó en la
-sombra. De aquí que Revilla, Bactrina y yo, salgamos mejor librados que
-los otros, salgamos encomiados con exceso.
-
-Fuera de esto, y cuando habla usted en general, muestra usted en sus
-juicios la equidad y el tino más benévolos, sin que los ofusque ningún
-espíritu de partido, del cual, por lo mismo que vive usted tan lejos, no
-puede dejarse influir.
-
-Así tienen, á mis ojos, tanta autoridad las sentencias de usted en
-desagravio de los autores españoles, injustamente maltratados por
-críticos españoles. Su voz de usted viene, desde el otro extremo del
-mundo, á dar la razón á quien la tiene y á tildar de injustas, de
-apasionadas y de falsas no pocas censuras.
-
-Salvo algún levísimo error en los pormenores, disculpable en quien
-escribe sobre cosas de aquí desde tan lejos, me parece usted
-discretísimo y guiado por alto é imparcial criterio, cuando dice que «la
-crítica estrecha y pequeña no se estila hoy sino cuando se quiere
-rebajar, con el insuficiente apoyo de yerros aislados y de versos
-sueltos, méritos verdaderos que por fortuna resisten siempre tan poco
-elevados ataques.»
-
-«Digan esto por mí, añade usted, las reputaciones de Zorrilla, Gil y
-Zárate, Rubí, Escosura, Mesonero Romanos, duque de Rivas, Martínez de
-la Rosa y otros, que tan gloriosamente han resistido las malignas
-críticas de Villergas; las de Velarde, Ferrari, Cánovas y otros, que no
-han sufrido ni sufrirán nada con los sermones apasionados de Clarín: las
-de Echegaray, Cano y Sellés, que se abrillantan más cada día, á pesar de
-las nimias observaciones de Cañete; y las de Menéndez Pelayo, marqués de
-Valmar, marqués de Molins, conde de Cheste y otros más, para cuya justa
-apreciación el público ilustrado desprecia las pueriles invectivas de
-Venancio Gonzalez (Valbuena).»
-
-No quiero ni puedo extenderme más sobre la primera y la tercera parte de
-los _Estudios_ de usted.
-
-Voy á decir algo sobre la parte segunda: sobre los curiosísimos
-_Estudios bibliográficos_.
-
-La idea de hacerlos, según usted mismo confiesa, se la sugirió á usted
-Menéndez Pelayo; pero es justo asegurar que, atendido el modestísimo
-título de _notas y proyectos_, la tal bibliografía es rica y no deja de
-estar á veces bien razonada ó comentada. Es un catálogo de libros
-franceses, italianos, ingleses, alemanes, hispano-americanos y yankees,
-que tratan de España, y que pasan de cuatrocientos, aunque usted sólo
-cita los que se han publicado desde 1808 hasta ahora.
-
-Ya que su obra de usted sobre España no es definitiva y ya que usted
-piensa mejorarla y completarla con el tiempo, usted me perdonará las
-siguientes observaciones y excitaciones:
-
-1.ª Que ponga en este catálogo orden que facilite buscar en él cualquier
-libro: ya sea el orden por materias, ya alfabético por nombres de
-autores, ya cronológico.
-
-2.ª Que añada cuantos libros faltan ó sepa usted que faltan por citar, á
-fin de que el catálogo sea completo en lo posible.
-
-Y 3.ª Que distinga mejor las obras de cuya lectura resulte un concepto
-bueno de España, aunque en parte se censuren muchas cosas de nuestro
-país; las obras que tiran á desacreditarnos y son una franca y horrible
-diatriba, como la del marqués de Custine, por ejemplo; y las obras más
-comunes donde á vuelta de pomposas alabanzas á lo pintoresco del
-paisaje, de los monumentos, de los trajes y de las costumbres, ya por
-odio, ya por ignorancia y ligereza, ya por afán de referir hechos
-portentosos y usos rarísimos, ya por el mal humor y la bilis que
-nuestros guisos y nuestro aceite han infundido, no pocos viajantes
-extranjeros han hecho de nosotros la más lastimosa caricatura. No he de
-negar que haya algún fundamento. ¿Qué individuo ni qué colectividad no
-ofrece lado que se preste á lo ridículo? Nosotros además hemos dado, si
-no motivo, pretexto á que se abulte lo que hay de grotesco en nosotros,
-abultándolo y ponderándolo con amor, y mirándolo como excelencias y
-grandezas de nuestro sér egregio. Así el entusiasmo por el salero y los
-discreteos rudos de Andalucía, por la desenvoltura de chulas y majas,
-por los toros, por lo flamenco y por lo jitano, por los jaques,
-contrabandistas y demás gente del bronce, y por otros primores, que
-fuera de desear que nos entusiasmasen un poquito menos. Pero aun así,
-nada de esto justifica muchos chistes acedos de Dumas y de Gautier, y
-mil ofensivas invenciones de otros, entre los cuales descuella y
-resplandece el inglés Jorge Borrow, autor de _La Biblia en España_,
-libro por otra parte de los más amenos y disparatados que imaginarse
-pueden.
-
-No voy á defender aquí nuestro _romancero_, ni menos el _antiguo teatro
-español_ y el espíritu que le informa. Esto me llevaría lejos y no hay
-para qué dilucidarlo ahora. Sólo digo que no acepto las siguientes
-expresiones de usted: «Víctor Hugo y el grande Alfredo de Musset, poetas
-que tan bien estudiaron y tan bien supieron asimilarse el jugo sabroso
-del antiguo romancero y del teatro clásico español.» Yo no veo en D.
-Páez, en la marquesa de Amaegui, en Gaztibelza el de la carabina, en
-Rui-Blas, en Hernani y en el viejo Silva, vigésimo nieto de Don Silvio,
-cónsul de Roma, sino _fantoches_, personajes embadurnados con falso
-_colorete local_, y por consiguiente _caricatos_.
-
-En resolución, yo no he de negar que usted y yo discrepamos en bastantes
-puntos. No se opone esto, sin embargo, á que yo aplauda el interesante
-trabajo de usted, á que me admire de lo mucho que usted ha leído y
-estudiado, á que celebre, como es justo, la facilidad, pureza y
-elegancia de su estilo; á que convenga perfectamente con usted en ese
-empeño en que todos los hombres de lengua ó raza española nos
-confederemos intelectualmente y para ello nos conozcamos mejor; y, por
-último, á que, sin aceptar las pródigas y bondadosas alabanzas con que
-usted me honra, las agradezca con todo mi corazón, asegurándole que ya
-no me olvidaré nunca de usted, ni del beneficio recibido, ni del alto
-valer de su ingenio, del que espero frutos más sazonados y abundantes
-para gloria de las letras españolas, en su general acepción.
-
-
-
-
-VOCABULARIO RIOPLATENSE RAZONADO
-
-(AL SEÑOR DON DANIEL GRANADA)
-
-
-I
-
-
-Muy señor mío: Con mucho placer he recibido y leído la interesante obra
-de usted cuyo título va por epígrafe, y que acaba de publicarse en
-Montevideo.
-
-Me parece que á usted le sucede lo mismo que á mí en lo tocante á
-pronosticar sobre el porvenir de la lengua castellana en esas regiones.
-No vemos sino allá, dentro de muchos siglos, la posibilidad de que se
-olvide ó se pierda por ahí dicha lengua, y salgan ustedes hablando
-italiano, francés ó algún idioma nuevo, mezcla de todos.
-
-Es verdad que el territorio rioplatense es inmenso y poco poblado aún.
-Sólo la República Argentina comprende cerca de tres millones de
-kilómetros cuadrados: mayor extensión que Francia, Alemania, Inglaterra
-y España juntas. Y si añadimos las tierras del Uruguay y del Paraguay,
-la grandeza territorial de lo que llamamos país rioplatense se presta á
-contener y á alimentar en lo futuro centenares de millones de seres
-humanos. A fin de que tanta tierra sea poblada y cultivada, la
-inmigración entra ya y seguirá entrando por mucho. Cada año va la
-inmigración en aumento.
-
-Según los datos que me da Ernesto Van Bruyssel (_La Republique
-Argentine_), en 1886 sólo á Buenos Aires llegaron cerca de 70.000
-inmigrantes, y en 1887 más de 120.000. Si así continúa creciendo la
-inmigración, donde predomina el elemento italiano, tal vez dentro de
-diez ó doce años haya más gentes venidas de Italia que de origen
-español, desde las fronteras de Bolivia hasta el extremo austral de la
-Patagonia, y desde Buenos Aires y Montevideo hasta más allá de Mendoza.
-
-En los quince años que van desde 1855 á 1870 ha entrado en la República
-Argentina un millón de emigrados. Bien podemos, pues, calcular, no
-haciendo sino duplicar el número en los años que quedan de siglo, que al
-empezar el siglo XX habrá en la República Argentina cinco millones más
-de población no criolla, ó venida de fuera, y principalmente de Italia.
-Yo entiendo, con todo, que en el pueblo argentino hay fuerza informante
-para poner el sello de su propia nacionalidad á esta invasión pacífica y
-provechosa, y que en 1900, lo mismo que en 1889, habrá allí una nación
-de carácter español y de lengua castellana, sólo que ahora consta esta
-nación de cuatro ó cinco millones de individuos y en 1900 acaso conste
-de 18 ó de 20 millones.
-
-El aumento de la población se infiere del aumento de la riqueza que la
-inmigración trae consigo. En veinte años, de 1866 á 1886, la renta del
-Estado argentino se ha quintuplicado. De nueve millones de duros ha
-subido á más de cuarenta y cinco. Durando la paz, con suponer igual
-aumento proporcional en otros veinte años, no es aventurado predecir que
-el presupuesto de ingresos de la República Argentina podrá ser, á
-principios del siglo XX, y sin recargar las contribuciones y sin
-aumentarlas, de más de doscientos millones de duros.
-
-Todo induce á presumir, que si no sobrevienen imprevistas
-perturbaciones, la principal Confederación del Río de la Plata, será en
-el siglo XX una potencia tan fuerte y rica como lo es ahora la república
-norte-americana de origen británico. Las huellas de este origen no se
-han borrado de entre los yankees. Natural es que no se borren tampoco
-entre los argentinos y uruguayos las huellas de su origen español.
-
-La lengua es el signo característico que tardará más en perderse. La
-lengua además no es lazo sólo que une entre sí á los argentinos, sino
-vínculo superior que no puede menos de estrechar y ligar en fraternal
-concierto á dicha república con muchas otras, todas, digámoslo así,
-oriundas de España, y que se extienden por las tres Américas, desde más
-allá de la Sierra Verde y del Río Bravo del Norte hasta la Tierra del
-Fuego.
-
-Las cuestiones de Gramática y de Diccionario, de unión de Academias de
-la lengua, de literatura española é hispano-americana, de versos y de
-novelas, escritos y publicados en español en ese Nuevo-Mundo, no son
-meramente literarias, críticas ó filológicas: tienen mucho más alcance,
-aunque uno no se le quiera dar.
-
-No me parece que divago al decir lo que va dicho, con ocasión del
-excelente aunque modesto trabajo de usted que, si bien es meramente
-filológico, tiene mayor trascendencia[A].
-
-Nuestro Diccionario de la lengua castellana no es sólo el inventario de
-los vocablos que se emplean en Castilla, sino de los vocablos que se
-emplean en todo país culto donde se sigue hablando en castellano, donde
-el idioma oficial es nuestro idioma.
-
-Será provincialismo ó americanismo el vocablo que se emplee sólo en una
-provincia y que tenga á menudo su equivalente en otras; pero el vocablo
-que no tiene equivalente y que se emplea en más de una provincia ó en
-más de una república ó en regiones muy dilatadas, y más aun cuando
-designa un objeto natural, que acaso tiene su nombre científico, pero
-que no tiene otro nombre común ó vulgar, este vocablo, digo, siendo muy
-usual y corriente, es tan legítimo como el más antiguo y castizo, y debe
-ser incluído y definido en el Diccionario de la lengua castellana. La
-Academia Española no puede menos de incluirle en su Diccionario.
-
-Así como nosotros, los peninsulares europeos, hemos impuesto á los
-hispano-americanos un caudal de voces, que provienen del latín, del
-teuton, del griego, del árabe y del vascuence, los americanos nos
-imponen otras voces que provienen de idiomas del Nuevo Mundo y que
-designan, casi siempre, cosas de por ahí.
-
-Es curiosísimo el catálogo razonado que ha hecho usted de estas voces
-(de las usadas en la región rioplatense) y las definiciones y
-explicaciones que da sobre cada una de ellas. Sin duda, su libro de
-usted será documento justificativo de que los individuos de la Academia
-Española tengan que valerse y se valgan para aumentar su obra léxica en
-la edición décimotercera.
-
-Casi todos los vocablos que usted pone y explica en su libro, ó no están
-incluidos en nuestro Diccionario ó están mal ó insuficientemente
-definidos en él. Y sin embargo, no pocos de estos vocablos, á más de
-estar en poesías, en novelas, en relaciones de viajes y en otras obras
-en idioma castellano posteriores á la independencia, es casi seguro que
-se hallan en libros ó documentos españoles de antes de la independencia,
-escritos por los viajeros, misioneros, sabios y demás exploradores de
-esos países, que dieron á conocer en Europa su flora y su fauna.
-
-En los tiempos novísimos han estudiado y descrito la naturaleza de la
-América del Sur Humbold, Burmeister, Orbigny, Darwin, Martius y otros
-extranjeros; pero nuestros compatriotas se les adelantaron en todo, como
-lo demuestran los trabajos y publicaciones de Montenegro, Acosta, los
-padres Lozano, Cobo, Gumilla y Molina, Mutis, Oviedo, Azara, Pavón, Ruiz
-y otros cien, de que trae catálogo el Sr. Menéndez Pelayo en su _Ciencia
-española_.
-
-Los nombres, pues, que se dan ahí vulgarmente á plantas y árboles, aves,
-cuadrúpedos, peces, insectos y reptiles, no están fuera de nuestra
-lengua común española, por más que aparezcan y suenen, en nuestros
-oidos, como peregrinos é inusitados.
-
-Tal vez deban incluirse en nuestro Diccionario, si no lo están ya, y
-creo que no lo están, las más de las voces que usted define, como las
-siguientes:
-
-_Nombres de árboles, plantas y hierbas._--Aguaraibá, alpamato, arazá,
-biraró, burucuyá, caá, camalote, caraguatá, curí, chalchal, chañar,
-chilca, gegen, guayabira, guayacán, gembé, ibaró, isipó, lapacho,
-molle, ñandubay, ñapindá, ombú, pitanga, sarandí, sebil, tacuara,
-taruma, tataré, timbó, tipa, totora, urunday, yatay y yuyo.
-
-_Peces._--Bagre, manduví, manguruyú, pacú, patí y zurubí.
-
-_Aves._--Biguá, caburé, chingolo, macá, macaguá, ñacurutú, ñandú, urú,
-urutao y yacú.
-
-_Cuadrúpedos._--Aguará, bagual, cuatí, guazubirá, puma, tamanduá,
-tucutuco y tatú en vez de tato.
-
-_Insectos_, _reptiles_, etc.--Alua, camoatí, manganga, tambeyuá, tuco,
-yaguarú y yarará.
-
-Me dice usted en la amable dedicatoria con que me envía su libro, que,
-«caso de que me digne pasar la vista por él, me agradecerá mis
-advertencias.»
-
-Yo me prevalgo de este ruego para hacer algunas.
-
-Aunque usted describe bien los objetos naturales que sus vocablos
-designan, echo yo de menos, para mayor claridad y universal inteligencia
-del objeto, el nombre científico con que los naturalistas le marcan y
-señalan, y la familia en que le clasifican.
-
-Válganme algunos ejemplos. Empecemos por la voz _caá_. Usted, hablando
-con franqueza, no nos declara lo que significa en guaraní, y es menester
-inferirlo por conjeturas, y comparando lo que usted dice con lo que dice
-D. Miguel Colmeiro en su _Diccionario de los diversos nombres vulgares
-de muchas plantas usuales ó notables del antiguo y nuevo mundo_. _Caá_,
-con evidencia, ha de significar en guaraní planta, yerba, árbol: lo
-vegetal de modo genérico, y no solo _mate_, como usted afirma.
-Supongamos, no obstante, que _caá_ significa _mate_. Sin haber oído
-hablar jamás á los guaraníes y sin saber palabra de su idioma,
-cualquiera adivina el valor de ciertos adjetivos que entran á cada
-instante en composición de nombres; v. gr. _merí_, pequeño, y _guazú_,
-grande. Así vemos claro que _caamerí_ y _caaguazú_, y _caaquí_ y
-_caaminí_, todo es mate, según sean las hojas de que se compone grandes
-ó pequeñas, tiernas ó más ricas y jugosas.
-
-Hasta aquí todo va bien, y _caá_ y _mate_ pueden ser lo mismo; pero
-cuando nos define usted _caapau_, bosquecillo, conjunto de árboles
-aislado, vemos claro que _pau_ ha de significar conjunto ó montón, y
-_caá_ árbol, arbusto, planta, yerba, mata y no mate, á no ser por
-excelencia, como también llaman al mate _yerba_ por excelencia.
-
-El Sr. Colmeiro trae en su Diccionario todos estos compuestos de _caá_:
-caataya, caamerí, caapiá, caapeba, caapin, caatiguá y caavurana; y como
-con tales nombres se designan plantas gramíneas, meliáceas, ciperáceas,
-hipericineas y de otras cuantas y diversas familias, queda más
-demostrada la vaga generalidad del significado de la palabra _caá_.
-
-_Guayacán._ El Diccionario de la Academia Española trae también esta
-palabra; pero ¿el guayacán que describe es el mismo que describe usted?
-Yo creo que no. Usted nos describe el guayacán del Chaco y del Paraguay;
-la Academia el de las Antillas, y como Colmeiro me da diez especies de
-guayacanes ó guayacos, no sé con cuál quedarme. El guayacán ya es
-_diospyros lotus_, ya _guayacum sanctum_, ya _guayacum officinale_, ya
-_porliera higrométrica_, y ora pertenece á la familia de las
-leguminosas, ora á la de las ebenáceas, ora á otra familia.
-
-_Arazá._ No está en el Diccionario de la Academia. Colmeiro la trae, y
-pone, como usted, dos clases: el arazá arbóreo y el rastrero.
-Convendría, con todo, que dijese usted, como dice Colmeiro, que ambas
-clases pertenecen á la familia de las mirtaceas.
-
-Bastan los ejemplos aducidos, que para no cansar no aumento, á fin de
-comprender la conveniencia de determinar mejor los objetos que se
-describen.
-
-Diré ahora otro requisito que echo de menos en su libro de usted. Echo
-de menos las _autoridades_. Me explicaré.
-
-Nada hay más borroso é inseguro que los límites entre lo vulgar y lo
-técnico ó científico de las palabras. Cada día, á compás que se difunde
-la cultura, entran en el uso familiar, general y diario, centenares de
-vocablos que antes empleaban sólo los sabios, los peritos ó los maestros
-en los oficios, ciencias y artes á que los vocablos pertenecen. De aquí
-que todo Diccionario de la lengua de cualquier pueblo civilizado, sin
-ser y sin pretender ser enciclopédico, vaya incluyendo en su caudal
-mayor número de palabras técnicas, sabias ó como quieran llamarse. Pero
-aun así, importa poner un límite á esto, aunque el límite sea vago y no
-muy determinado.
-
-Dos indicios nos pueden servir de guía. Por muy patrióticos que seamos,
-no es dable que nos figuremos que somos un pueblo más docto, en este
-siglo, que el pueblo inglés ó el francés. Nuestro Diccionario de la
-lengua vulgar, no debe, pues, sin presumida soberbia, incluir más
-palabras técnicas que los Diccionarios de Webster y de Littré, pongo por
-caso.
-
-El otro indicio es más seguro. Consiste en citar uno ó más textos, en
-que esté empleado el vocablo, que se quiere incluir en el Diccionario,
-por autores discretos y juiciosos, que no escriban obra didáctica. En
-virtud de estos textos es lícito inferir que es de uso corriente el
-nuevo vocablo y debe añadirse al inventario de la riqueza léxica del
-idioma.
-
-Convengo en que á veces es de tal evidencia el uso frecuente de un
-vocablo que la autoridad ó el texto puede suprimirse. Así por ejemplo,
-_ombú_. El Diccionario de la Academia no trae _ombú_, y, sin embargo,
-apenas hay cuento ni poesía, ni escrito argentino de otra clase, donde
-no se mienten los _ombúes_.
-
-Es voz tan común por ahí como en esta Península _álamo_ ó _encina_.
-
-En ocasiones cita usted los textos, y así demuestra la necesidad de la
-introducción de la palabra en nuestro vulgar Diccionario. Sirva de
-ejemplo la voz _chaco_, montería de cierto género que dió nombre propio
-á la gran llanura que se extiende desde la cordillera de Tucuman hasta
-las márgenes del Río de la Plata. La voz _chaco_ está empleada por el
-padre Lozano, _Historia de la conquista del Paraguay_, etc., y por
-Argote de Molina en su _Discurso sobre el libro de montería del rey D.
-Alonso_.
-
-Con frecuencia falta texto autorizado que pruebe el empleo vulgar de la
-palabra, y, cuando haga usted nueva edición de su libro, conviene que le
-añada. El vocabulario ganaría mucho con esto; y esto ha de ser muy fácil
-para usted. Si usted no siempre lo ha hecho, es porque pensó sólo en sus
-paisanos uruguayos y argentinos al escribir su obra, y no en los demás
-pueblos de lengua española, donde vocablos comunísimos ahí tienen que
-aparecer exóticos.
-
-Su vocabulario de usted es además poco copioso é importa aumentarle. El
-número de palabras que faltan no debe ser corto, cuando yo, que conozco
-tan poco de la literatura de ese país, puedo citar palabras que en su
-vocabulario de usted no están incluídas. Así por ejemplo, _seibo_.
-Rafael Obligado, en una de sus más lindas composiciones, _En la ribera_,
-del Paraná se entiende, dice:
-
- El año que tú faltas,
- La flor de sus seibos,
- Como cansada de esperar tus sienes,
- Cuelga sus ramos de carmín marchitos.
-
-¿Será el seibo el árbol que llaman del Paraíso en Andalucía? ¿Quién
-sabe? Colmeiro no trae seibo, á no ser _seibo_ lo mismo que _ceibo_ ó
-_ceiba_, que está en Colmeiro y en el Diccionario vulgar.
-
-Otras veces, si bien usted define y aun cita textos, encuentro yo
-deficiente la definición.
-
-No basta decir que _camalote_ es «cierta planta acuática». Convendría
-saber algo más del _camalote_ en esta primera acepción. ¿De qué color,
-de qué tamaño, de qué forma son sus flores? Sobre la otra acepción de
-_camalote_ trae usted textos curiosísimos, que la explican bien. Es un
-conjunto de plantas del mismo nombre y de otras plantas, que forman como
-isla ó matorral, que flota y navega, y que suele ser tan grande, que
-asegura el Padre José de Parras que en su centro se ocultan con
-facilidad los indios con sus canoas, «y como pueden muy bien dar el
-rumbo á toda aquella armazón hacia los barcos, con poca diligencia
-suelen llegar á ellos, y estando inmediatos, se enderezan, arman
-gritería, y como logren alguna turbación en los españoles, ya los
-vencieron.»
-
-En Colmeiro no hay _camalote_ pero hay _camelote_, dando á la planta el
-nombre que se da á la tela. ¿Será este _camelote_ de Colmeiro el
-_camalote_ de usted?
-
-Su libro de usted me sugiere no pocas observaciones más, algunas de las
-cuales no quiero dejar de hacer, pero, por ser ya muy extensa esta
-carta, las dejo para otra.
-
-
-II.
-
-Muy señor mío: Es en verdad muy curioso que entre las palabras que usted
-incluye y define en su _Vocabulario_ haya bastantes que nos parezcan
-peregrinas, no porque no sean castellanas, sino porque han caído en
-desuso ó se derivan de otras que han caído en desuso en España. Así, por
-ejemplo, _bosta_, estiércol del ganado vacuno y caballar. En el
-Diccionario de la Academia no hay _bosta_, pero sí _bostar_, sustantivo
-anticuado, que significa establo para bueyes. Es término de la baja
-latinidad _bostarium_, y viene de _bos_ y de _stare_.
-
-Lo general, con todo, es que cada uno de los vocablos rioplatenses, que
-usted pone en su libro, provenga de alguna de las dos principales
-lenguas que se hablaban en esa vasta región cuando el descubrimiento y
-la conquista: la guaraní y la quichua. Las lenguas americanas son
-aglutinantes y se prestan á crear vocablos compuestos, que son como
-abreviada descripción del objeto que significan. De la lengua guaraní
-provienen la mayor parte de las voces que usted define; pero no son de
-aquellas voces que se usan en el Paraguay, donde se habla puro guaraní,
-ni de las empleadas en Corrientes y Misiones, donde se habla el guaraní
-mezclado con el castellano, sino de las que, según dice usted en su
-Prólogo, «el uso antiguo y constante ha incorporado á la lengua
-castellana en las Repúblicas Argentina y Oriental del Uruguay.» Las
-voces son, pues, castellanas, aunque en la lengua guaraní haya de
-buscarse su origen etimológico.
-
-Gloria grandísima ha sido de los misioneros españoles, no sólo el llevar
-á América plantas y animales útiles, industria y cultura de Europa, sino
-el mirar con evangélica solicitud por el bien de las tribus indígenas,
-cristianizándolas, difundiendo entre ellas la civilización del mundo
-antiguo y trasmitiendo á éste el conocimiento de aquellas rudimentarias
-ó decaídas civilizaciones, sus ideas religiosas, sus tradiciones y sus
-idiomas.
-
-Es lástima que este trabajo de los misioneros, sobre todo en lo tocante
-á gramáticas y diccionarios de idiomas de América, no sea tan
-generalmente apreciado como debiera por la escasez de ediciones de sus
-libros, que van siendo muy raros. El _Tesoro_, no obstante, _de la
-lengua guaraní_, arte y vocabulario del padre Antonio Ruiz de Montoya,
-de la compañía de Jesús, impreso en 1640, debe de haberse reimpreso
-últimamente en Leipzig.
-
-Usted, sin duda, se vale para su trabajo de esta obra del mencionado
-jesuíta, cuyo mérito pondera como merece Emilio Daireaux en su excelente
-libro, aunque á veces injustamente contrario á España, sobre _Buenos
-Aires, La Pampa y la Patagonia_.
-
-El guaraní, cuando llegaron á la América del Sur los españoles, era
-lengua tan difundida, que la llamaban general: la hablaban más de 400
-tribus, en el Paraguay, en el Brasil, en el Uruguay y en el Norte de la
-República Argentina. Las conquistas de los Incas, que procuraban imponer
-la lengua quichua á los vencidos, no lograron introducir muchos de sus
-vocablos ni en lengua guaraní, ni en la lengua de los araucanos.
-
-La lengua guaraní es aun la que más se habla en el territorio
-rioplatense, y sobre todo en el Paraguay y en Corrientes, y aunque
-destinada á morir, la que dejará más elementos léxicos al castellano. De
-la lengua guaraní, añade usted, proceden la mayor parte de las voces que
-el _Vocabulario_ contiene.
-
-En cada página, no obstante, hallo en el _Vocabulario_ de usted voces
-que proceden de otros idiomas, ó cuya etimología no determina usted con
-fijeza. Así, _machí_, curandero mágico, y _gualicho_, diablo, del
-araucano; _catinga_, mal olor de la transpiración de los negros, y
-_mandinga_, hechicería, palabras casi de seguro de procedencia africana;
-y otras palabras, muy empleadas por autores antiguos y modernos, cuya
-etimología se nos queda por averiguar. Sean ejemplo _baquia_ y
-_baquiano_ ó _baqueano_, que emplean el padre Parras, Azara y Vargas
-Machuca; _chacra_, granja ó cortijo que está en Azara y en el
-Diccionario de la Academia; _champan_, barca grande para navegar por los
-ríos; _chiripá_, pedazo de tela que se enreda á los muslos en vez de
-pantalones; _chumbé_, especie de faja; _galpon_, especie de cobertizo; y
-hasta la misma comunísima palabra _gaucho_, de la que nos deja usted sin
-etimología.
-
-En suma, si bien la obra de usted deja mucho que desear, es altamente
-meritoria, como primer ensayo, y muy digna de las discretas y
-autorizadas alabanzas que le tributa en la introducción crítica el Sr.
-D. Alejandro Magariños Cervantes, literato y poeta, tan conocido y
-estimado en España, donde residió largo tiempo.
-
-Algunos artículos de su _Vocabulario_ de usted, á más de enseñar
-siempre, son amenos y divertidos.
-
-Al leer, verbi gracia, lo que nos dice usted de los _ayacuáes_ no puede
-uno menos de pensar en los _microbios_, ahora en moda. Esos indios
-habían adivinado los _microbios_ antes de que el Sr. Pasteur los
-descubriera y estudiara tanto. Cada _ayacuá_ es un microbio, pero
-antropomórfico, y armado de arcos y de flechas, con las cuales, ó si no,
-con los dientes y con las uñas, produce las enfermedades y dolores
-humanos.
-
-En ocasiones, por amor á lo americano indígena, me parece que se
-encumbra usted demasiado y tal vez exagera. Noto esto en lo que dice
-usted sobre la palabra _Tupá_, nombre de Dios entre los guaraníes. Es
-evidente que á ser la etimología según usted asegura, ese nombre de Dios
-está lleno de cierta instintiva sabiduría. _Tu_ es el signo de
-admiración, y _pa_ el signo de interrogación: son dos interjecciones.
-Dios es, por consiguiente, para el guaraní, un ser á quien admira y no
-conoce, alguien cuya existencia, inmenso poder y admirables obras
-declara sin saber quién sea. Pero esta vaga y confusa noción de Dios,
-¿puede y debe equipararse como usted la equipara, á la noción que da la
-frase bíblica, _yo soy el que soy_? En mi sentir, no. El padre jesuíta
-Díaz Taño, citado por usted, se excedió algo de lo justo si sostuvo que
-los guaraníes designaban por _Tupá_ al criador, señor, principio, origen
-y causa de todas las cosas.
-
-La razón, el natural discurso y hasta los restos ó vestigios de una
-revelación primitiva no bastan á explicar la persistencia del concepto
-de un Dios único, con sus más esenciales atributos, entre gentes
-bárbaras ó salvajes. Este concepto no puede menos, aunque existiese con
-pureza en edad remota, de haberse viciado, desfigurado y corrompido con
-el andar del tiempo, y en un estado social de gran atraso ó decadencia.
-Por eso no creo yo, ó pongo muy en cuarentena, todas las teologías
-sublimes que tratan de sacarse, por análisis, de los nombres que dan á
-Dios muchos pueblos bárbaros ó completamente selváticos.
-
-Los jesuítas, no sólo por ahí, sino en otros varios países, han sido
-acusados de aceptar el nombre dado por los paganos é idólatras á su
-principal divinidad y de convertirle en el nombre del Dios verdadero.
-Yo, hasta donde me sea lícito intervenir retrospectivamente en esta
-disputa, lego y profano como soy, hallo que los jesuítas hacían bien;
-mas no porque el concepto que la palabra _Tupá_ despertaba en un guaraní
-fuese adecuado al concepto del verdadero Dios, sino porque la palabra
-_Tupá_ y el concepto que designaba eran lo que menos distaba entre ellos
-del nombre y concepto de Dios entre cristianos. La idea representada por
-la voz _Tupá_ era como bosquejo informe de la idea que tiene ó debe
-tener el cristiano del Sér Divino.
-
-Me parece, como á usted, que el obispo don Fray Bernardino de Cárdenas
-anduvo harto apasionado é injusto al promover acusaciones y
-persecuciones contra los jesuítas porque llamaban á Dios _Tupá_. Es
-indudable que este era el mejor modo que había en guaraní de llamarle.
-Más difícil sería de justificar á los Padres que en China, pongo por
-caso, tomaron los nombres de Li, Tai Kie y Xang Ti, para designar á
-nuestro Dios, porque estos nombres no eran de significación candorosa,
-vaga y confusa, para nombrar cierto sér poderoso é incógnito, sino
-términos de reflexiva y bien estudiada filosofía, la cual los define y
-les da el sentido determinado y claro de un panteísmo casi ateo. El Li
-es la materia prima, la sustancia única, y el Tai Kie la fuerza
-inherente en la materia, que la transforma de mil modos y produce vida y
-muerte, y da origen á todo el proceso de los séres con su variedad
-infinita. Bien dilucida esto el padre Fray Domingo Fernández Navarrete
-en el Tratado V de los que compuso sobre China, donde expone con
-profunda claridad las doctrinas de la secta literaria del Celeste
-Imperio.
-
-Los citados nombres chinos no podían emplearse ó al menos era
-inconveniente y ocasionado á grandes errores el emplearlos para nombrar
-á Dios, por lo mismo que los sabios chinos, ateos ó _monistas_, como se
-dice ahora, habían explicado bien su sentido. Mas por idéntica razón, á
-mi ver, no hay irreverencia, ni ocasión de error, en llamar á Dios
-_Tupá_, cuando se habla en guaraní y á los guaraníes. Lo indeterminado,
-vacío y confuso del concepto que encierra el vocablo _Tupá_ permite que
-el catequista ó misionero le determine, le llene y le aclare, con
-arreglo á la sana doctrina.
-
-Lo que yo censuro pues, aunque blandamente, es que usted se deje llevar
-del afecto al idioma que hablan ahí los indígenas, hasta el extremo de
-querer desentrañar, del seno de los vocablos, filosofías y sutilezas
-que, antes de la llegada de los europeos, no podían estar en la mente de
-los salvajes.
-
-Confieso, no obstante, que este arte, empleado por muchos, para sacar
-metafísicas y otros prodigios y refinamientos intelectuales de palabras
-y frases de idiomas primitivos, me divierte, aunque no me convence. Los
-pueblos arios, ¿quién ha de negar, pues dominan aún el mundo y extienden
-por él su superior civilización, que desde el principio, allá en su
-estado primitivo, eran muy inteligentes? Y sin embargo, ¿qué metafísica
-ocultaba ninguno de los nombres con que significaban la divinidad? Deva,
-Asura, Boga, Nara, Maniu, no esconden ninguna metafísica en sus letras.
-La metafísica vino después, por la reflexión, y ya entonces el vocablo
-evocó ó pudo evocar todos los conceptos con que la metafísica había
-enriquecido su significado.
-
-Como yo entiendo así las cosas, no creo en las resultas, pero me hacen
-muchísima gracia los esfuerzos de imaginación con que, triturando,
-exprimiendo y poniendo en prensa palabras, sacan algunos lingüistas
-chorros, ríos de ciencia de cada sílaba, de cada letra y aun de cada
-tilde. Nadie vence en esta habilidad á los vascófilos, entre quienes
-descuella Erro, y aun debiera descollar y ser más famoso mi discreto,
-inaudito é ingeniosísimo amigo D. Joaquín de Irizar y Moya, cuyos libros
-hicieron siempre mi delicia.
-
-Ultimamente he visto algunas de las obras de un príncipe ó _maginóo_
-tagalo llamado Paterno, el cual, con no inferior saber y con igual
-riqueza de fantasía que mi amigo Irizar, halla y revela portentos en la
-civilización antigua de la gente de su casta y saca de las letras del
-nombre de Dios en tagalo, Bathala, una teodicea exquisita como la de
-Leibnitz.
-
-Usted no va, ni con mucho, tan lejos con su _Tupá_; pero en fin, usted
-se entusiasma un poco, dando motivo á esta disgresión mía, que no
-considero del todo impertinente.
-
-Aplaudo, y si pudiera fomentaría, la propensión que hay en esas
-repúblicas y en el imperio del Brasil á estudiar con esmero, los usos,
-costumbres, historia, lenguaje y poesía de los indios, pero ni en verso
-ni en prosa está bien exagerar lo que valían por la cultura cuando
-llegaron los europeos. Fuera de los mexicanos, peruanos y chibchas, no
-había en América á fines del siglo XV sino tribus salvajes.
-
-El gran poeta brasileño Gonzalves Días pinta á estas tribus del modo más
-novelesco é interesante, pero les deja su salvajismo y hace bien.
-
-Dentro de este salvajismo caben perfectamente el denuedo en las lides,
-la fidelidad, la constancia y hasta la ternura amorosa y otras virtudes
-y excelencias. Lo que no cabe es cierto refinamiento en las ideas
-morales y religiosas, que harto generosamente se atribuye á los indios.
-Serían menester más pruebas, y no las hay ó no han llegado á mi noticia,
-para reconocer esas prendas en los guaraníes. Sus cantares, pues se
-dice que los tienen, y aun que son muy poetas, debieran recogerse y
-coleccionarse antes que desaparezcan del todo.
-
-En los araucanos, en cambio, lo que más se celebra es la oratoria. Como
-la lengua que hablan (de la que compuso excelente gramática el padre
-jesuíta Andrés Febres), es, según afirman, bellísima lengua, y como
-ellos son muy parlamentarios, y se reunen ó se reunían en juntas ó
-asambleas para deliberar sobre la política, tenían ocasión de pronunciar
-magníficos discursos llamados _coyaptucan_, donde dicen que hay gran
-riqueza de imágenes, apólogos y otros primores, todo sujeto á las más
-severas leyes de la buena retórica. Aun se conservan los nombres de
-algunos antiguos tribunos ó famosos oradores, como Lautaro y
-Machimalongo, y fragmentos de discursos ó discursos enteros de los que
-pronunciaron.
-
-Como quiera que sea, no ha de faltarme día en que venga más á propósito
-hablar de todo esto, entrando de lleno en el asunto, y no por incidencia
-y de refilón, al encomiar como se merece el _Vocabulario_ de usted, por
-cuyo envío le doy encarecidas gracias.
-
-
-
-
-NOVELA PARISIENSE MEJICANA
-
- _31 de mayo de 1889._
-
-(Á DOÑA CONCEPCIÓN JIMENO DE FLAQUER)
-
-
-Mi distinguida amiga: No sé cómo agradecer á usted el que se acuerde de
-mí y me envíe con frecuencia y en abundancia libros publicados en
-Méjico, por aquí casi desconocidos. Mi deseo es hablar de todos y darlos
-á conocer al público español; pero el tiempo y el humor me faltan.
-
-Entre los últimos libros que usted me ha remitido, hay uno que me agrada
-sobremanera. Su autor, D. José María Roa Bárcena, es de los hombres más
-eminentes y simpáticos de ese país. Conozco sus poesías líricas, que él
-mismo me ha enviado; pero sólo sé por fama, y tengo gran deseo de ver
-sus leyendas históricas de antes de la conquista española y sus eruditos
-trabajos en prosa como historiador del Anahuac.
-
-El Sr. Roa Bárcena es también novelista; y dan sin duda brillante prueba
-de su mérito en esta clase de escritos los _Varios cuentos_, reunidos
-en un precioso volumen, de que usted me regala un ejemplar. _Noche al
-raso_ es lindísima colección de anécdotas y cuadros de costumbres, donde
-el ingenio, el talento y la habilidad para narrar están realzados por la
-naturalidad del estilo y por la gracia y el primor de un lenguaje
-castizo y puro, sin la menor afectación de arcaismo. En el terrible
-cuento _Lanchitas_, la fantasía del autor y su arte y buena traza
-prestan apariencias de verosimilitud y hasta de realidad al prodigio más
-espantoso.
-
-En estos cuentos del Sr. Roa Bárcena, por lo mismo que están escritos en
-tan acendrado lenguaje castellano, se notan más los vocablos exóticos
-que designan objetos de por ahí, aunque rara vez acude el lector con
-éxito al Diccionario de la Academia para saberlo á punto fijo. Así, por
-ejemplo, _xícaro, zacatón, otate, cuilote, tapextle y abarrotero_.
-
-Dejo por hoy de decir más del Sr. Roa Bárcena, y no hablo de
-_Altamirano_, ni de _Peón y Contreras_, ni de los restantes libros
-remitidos por usted, porque voy á escribir sobre la obra de otro
-mejicano hace ya muchos años ausente de su patria, que estuvo en España
-bastante tiempo, y que después lleva pasados en París hasta hoy lo menos
-treinta y tres ó treinta y cuatro años.
-
-Se titula el libro de este mejicano expatriado _Al cielo por el
-sufrimiento_, y está escrito, como ya se entrevé por el título, en esa
-habla española, desteñida y cosmopolita, que ha de hablarse en París en
-cierto círculo elegante de hispano-americanos y de españoles residentes
-en aquella culta y amena capital, centro y foco de la civilización
-neolatina.
-
-No es menester análisis para señalar los galicismos del libro de que
-trato. Todo el libro es un galicismo sintético, digamoslo así; pero no
-lo digamos en son de censura. En este caso, parece la falta que señalo
-inevitable requisito del valer y del encanto que el libro tiene. Es la
-obra, no de un literato de profesión, sino de un hombre de mundo, que,
-casi involuntariamente, sin pretender escribir una novela, fija en el
-papel sus impresiones y sentimientos, y nos cuenta, con la mayor
-naturalidad y sencillez, sucesos que ha visto, y tal vez lo que él ha
-_vivido_.
-
-Franceses son los personajes del drama, francesas las costumbres que el
-autor describe, y la sociedad elegante de París y sus casas el medio
-ambiente y el lugar de la escena. Si se cambiasen la ortografía y la
-terminación de las palabras, el libro casi quedaría en francés, y, en mi
-sentir, competiría entonces con cualquiera novela de Feuillet, de Ohnet
-ó de Cherbuliez, ya que tendría más sinceridad y más verdad, aunque
-tuviese menos artificio. Es un espejo donde se ve con fidelidad lo mejor
-y más sano de cierto círculo de gentes, que, colocado entre las pasiones
-y apetitos de la baja plebe, los esfuerzos y faenas de una burguesía
-codiciosa y trabajadora, y el torbellino de los ricos viciosos y
-derrochadores, procura realizar una vida honrada y cómoda de sibaritismo
-honesto y juicioso, de elegancia católica, y de finura apacible,
-entreverada de devoción.
-
-Difícil es vivir en esta encopetada y graciosa Arcadia, llena de
-distinción, perfumada de buen tono, limpia y serena, y cuyos Melibeos y
-Filis deben tener, á fin de hacer su papel con desahogo, lo menos
-cincuenta ó sesenta mil pesetas de renta cada uno, y todos suma
-prudencia, arte y ciencia doméstico-económica, para no dejarse arrebatar
-por el atractivo del lujo, no gastar más de lo que tienen, no
-arruinarse, y no tener que salir de la Arcadia para irse á la Tebaida ó
-á cualquier otro retiro más ó menos penitente.
-
-Es indudable que existe en París uno ó más círculos de esta clase. Son
-como isla ó islas de reposo en medio de turbulento mar, lleno de sirtes,
-escollos y bajíos.
-
-No es utopia, sino realidad, esta á modo de nueva Jerusalem en germen y
-bosquejo, que surge del seno mismo de la moderna Babilonia. Llámanla,
-creo, _beau monde_ ó _monde comm’il faut_, y se contrapone á otros
-_mondes_, que se marcan con calificativos extraños, como _monde
-camelotte_, _demi monde_, _quart de monde_, _monde interlope_, etc.
-
-El autor de _Al cielo por el sufrimiento_, nos introduce en el círculo,
-ó en uno de los círculos de ese _beau monde_ de París, donde
-constantemente ha vivido, y nos le pinta con todos sus pormenores,
-resultando del cuadro cierta poesía natural y suave. Yo comparo su libro
-á un vaso gracioso, pongamos de cristal de Venecia, lleno de una poción,
-no muy dulce para que no empalague, ni muy amarga ó agria para que no
-ofenda al paladar, y donde se notan el sabor y el aroma de los
-ingredientes que la componen: vida devota de San Francisco de Sales;
-música religiosa de Cherubini, Beethoven, Mozart, Rossini y Niedelmeyer;
-bailes blancos y bailes rosas; trajes de Worth, Rouff, Laferrière, Felix
-y Pingard; sombreros de Virot ó de Isabel, y guisos de los Gouffé,
-Lavigne, Chenu, Pasquier, Canivet y sus rivales, discípulos y sucesores.
-
-De todo esto se disfruta en bellísimos salones centro del más refinado
-_confort_, y donde se ven acumulados, en artístico y aparente desorden,
-muñequitos de Sajonia, jarrones de Sèvres, tacitas y juguetes de plata
-holandeses, cuadros, estatuas y esmaltes, muebles Luis XV, telas Luis
-XIV, costosas baratijas Luis XVI, relojes de chimenea primer Imperio, y
-otra multitud de admirables _bibelots_ ó chirimbolos.
-
-Pero ya que estamos en este mundo hechicero y gratísimo, bueno será que
-diga yo á usted quién nos guía por él y lleva como de la mano.
-
-Aquí me entran ciertos escrúpulos. Yo he recibido el libro por el
-correo. Ignoro quién me le envía. Y dice el libro: _Edición privada_.
-Supongo que esto significa que el libro no es para el público; no se
-halla de venta. ¿Hasta qué punto, me interrogo, me será lícito
-criticarle, aunque en la crítica entre por más el elogio que la censura,
-porque la justicia así lo exige? Pero, al fin, me respondo: el libro
-está impreso, y, aunque no se venda, circulará. Nadie me encarga que
-guarde el secreto. No abuso, pues, demasiado de la publicidad. Ojalá que
-todos los abusos de este linaje fueran tan inocentes como el mío.
-
-Me mueve además á tratar del libro la buena amistad que á su autor
-profesamos, desde hace casi medio siglo, toda la sociedad de Madrid, y
-muy en particular mis parientes y mis amigos.
-
-El autor es D. José Manuel Hidalgo.
-
-Su nombre pertenece á la historia política, no sólo de Europa, sino del
-mundo, en la segunda mitad del siglo XIX. Su intención fué buena. Quiso
-enviar sosiego, prosperidad, ventura y mayor dosis de civilización á su
-patria. Si erró en los medios, _a i posteri l’ardua sentenza_.
-Importante fué su acción en todos aquellos sucesos que colocaron en el
-trono de Méjico al entusiasta y noble príncipe Maximiliano, cuya trágica
-muerte deplora él todavía.
-
-Toda la fingida narración que su libro contiene está impregnada de
-aquella blanda melancolía, propia de un alma religiosa, lastimada y
-herida por tremendas catástrofes y por solemnes desengaños. Esta
-melancolía, si blanda, profunda, brota del centro mismo de las
-elegancias, primores y refinamientos que el autor describe.
-
-La novela del Sr. Hidalgo, así por el candor inimitable con que está
-contada, como porque algunos de los lances no vienen dialécticamente
-justificados, según suele estarlo toda ficción, parece, más que novela,
-verdadera historia.
-
-A veces, lo confieso con cierto rubor, hay en la novela sublimidad y
-delicadezas de sentimiento, que dan tan crueles resultados, que yo,
-movido á compasión, siento deseo de ingerirme entre los personajes y de
-aconsejarles que transijan y sean menos severos.
-
-La condesa viuda de Hautmont es un dechado de talento, piedad, virtud y
-distinción aristocrática; pero la situación en que tiene al pobre Sr.
-Zentres es cruelísima. A la verdad, yo entiendo que, pasados cinco ó
-seis años de viudez sin ofender á Dios, sin faltar á la memoria de su
-primer marido, y muy en consonancia con todas las reglas y liturgias, la
-Condesa hubiera debido modificarse, ser menos cogotuda, casarse, en una
-palabra, con el Sr. Zentres, y no hacer de él un Tántalo de corbata
-blanca, un perpetuo _patito_ y un mártir crónico del amor mal pagado. Y
-todo esto teniéndole siempre al lado suyo, á modo de apéndice, que sabe
-Dios lo que dirían las malas lenguas: el gran Galeoto, que hasta en el
-mundo más _comm’il faut_ asiste y hace de las suyas.
-
-La lastimosa situación del Sr. Zentres me explica aquel capricho del
-infante D. Alfonso de Portugal, cuando ordenó al escritor que rehizo la
-historia de _Amadis de Gaula_ que cediese este héroe, hasta con permiso
-de la señora Oriana, á la tenaz y vehemente pasión de aquella otra
-princesa llamada Briolanja, que por él moría, sin remedio, de amores.
-Tanto me afligen las malas andanzas del Sr. Zentres, que respiro cuando
-después de la muerte de la Condesa, se hace él monje cartujo,
-considerando yo que el cuitado entra á hacer vida mucho menos penitente
-que la que antes hacía.
-
-Los opuestos caracteres de las dos hijas de la condesa, Ida y Lea, están
-bien trazados y seguidos. Ida, con un marido vanidoso y ligero, y ella
-vanidosa y ligera también, se deja arrebatar por la manía del esplendor
-y de la magnificencia; se arruina, es abandonada por el marido, que se
-va á California á buscar oro; y ella muere al cabo míseramente en el
-hospital. Lea es una santa; pero, con franqueza, yo hubiera deseado más
-justificación en el lance que la decide á ser Hermana de la Caridad. Lea
-no tiene tiempo, ocasión, ni razonable y suficiente motivo para amar de
-tal suerte á su novio, que le produzca desilusión tan profunda el que
-éste la abandone, la plante, por otra señorita que tiene cuatro ó cinco
-veces más dote. Hablemos claro, aunque no sea _comm’il faut_: lo que
-hizo el novio de Lea fué una verdadera porquería; no tiene otro nombre.
-Pero, ¿qué diantre? ¿No se había tratado su matrimonio con Lea, contando
-previamente los ochavos de él y la dote de ella? Lo feo del caso estuvo
-en faltar á la promesa de un convenio de aparcería porque se halla otro
-convenio que trae más ventaja; pero la fe amorosa quebrantada y los
-mismos amores apenas se descubren.
-
-Como quiera que sea, la vocación acude: Lea se hace Hermana de la
-Caridad; es una heroína y una santa, y todo ello está narrado con amor,
-con ternura, con fervor y caridad de cristiano.
-
-El libro de mi antiguo amigo el Sr. Hidalgo es muy moral, muy devoto y
-algo melancólico; mas no por eso deja de entretener y de interesar.
-Además de ser el libro moral y devoto, y asimismo ameno, es, como queda
-dicho, de alta elegancia, lo cual no está en oposición tampoco con la
-devoción, con la moralidad y con la limpieza de costumbres.
-
-Ya que el Sr. Hidalgo se lanzó, es de desear que persevere en el camino
-que ha tomado. Su cabeza ha de estar llena de noticias y de recuerdos de
-casos novelescos de la sociedad elegante de París, de aquella _high
-life_ central en que hace tantos años vive. ¿De qué variada cantidad de
-aventuras, amores, anécdotas y sucedidos de todo género, no podría
-valerse, si quisiese el señor Hidalgo, para componer, por docenas,
-novelas divertidísimas, sobre todo si no siguiese aislando mucho su
-_monde_ correcto y plenamente _comm’il faut_, y dejase que de vez en
-cuando hubiera en él irrupciones de los otros _mondes_, _interlope_,
-_camelotte_, etc., etc.? Hasta su misma calidad de extranjero haría que
-el Sr. Hidalgo viese y representase los objetos con mayor imparcialidad
-que los parisienses de nacimiento.
-
-No dudo que llegará ahí la novela del Sr. Hidalgo, y aconsejo á V. que
-la lea. Es lectura propia de señoras, y está dedicada á una que lo es
-muy principal: discreta y elegante hija de nuestra España: á doña
-Mercedes Alcalá Galiano, baronesa de Beyens.
-
-
-
-
-TABARÉ
-
- _30 de Septiembre de 1889._
-
-(A D. LUIS ALFONSO)
-
-
-Mi distinguido amigo: No puede usted figurarse cuán grande es mi
-gratitud á usted por las generosas alabanzas que ha dado á mis _Cartas
-Americanas_. Y, si bien yo soy algo egoísta, como cada hijo de vecino,
-no se lo agradezco tanto porque alabándome aumenta usted mi crédito de
-escritor, cuanto porque une usted sus esfuerzos á los míos en un trabajo
-que considero utilísimo.
-
-España y las que fueron sus colonias en América, convertidas hoy en
-dieciséis Repúblicas independientes, deben conservar una superior
-unidad, aun rotos los lazos políticos que las ligaban. El importante
-papel que España ha hecho en la Historia del mundo, sobre todo desde que
-su nacionalidad apareció plenamente á fines del siglo XV, imprime á
-cuanto proviene de España, por sangre, lengua, costumbres y leyes, un
-sello exclusivo y característico que no debe borrarse.
-
-Dicen que yo soy muy escéptico; pero creo en multitud de cosas en que
-los que pasan por creyentes no creen; y entre otras creo (por manera
-vaga y confusa, es verdad) en los espíritus colectivos. Mi fantasía
-transforma en realidad sustantiva lo que se llama el genio de un pueblo
-ó de una raza. Lo que es figura retórica para la generalidad de los
-hombres, para mí es ser viviente. Y al incurrir en tan atrevida
-prosopopeya, no me parece que incurro en paganismo ni en hegelianismo.
-¿Acaso no cabe mi suposición dentro del pensar cristiano? ¿No consta del
-Apocalipsis que tenían sendos ángeles tutelares las siete iglesias del
-Asia? ¿No es piadosa creencia la de que cada individuo tiene su ángel
-custodio? Pues entonces, ¿por qué no ha de tener cada pueblo y cada raza
-un ángel custodio de más alta categoría y trascendencia, que ordene las
-acciones de los hombres todos que á dicha raza pertenecen, en prescrita
-dirección y cierto sentido, para que formen, dentro de la obra total de
-la humanidad entera, una peculiar cultura? Esta, combinándose con el
-producto mental de otras grandes razas y nacionalidades constituye la
-civilización humana, varia y una en su riqueza, la cual, desde hace más
-de dos mil años, cinco ó seis predestinados pueblos de Europa han tenido
-y tienen la misión de crear y de difundir por el mundo.
-
-Mi razonamiento, y le llamo mío, no porque no le hayan hecho otras
-personas, sino porque yo le hago ahora, me induce y mueve, sin el menor
-escrúpulo de que alguien me acuse de herejía, á dar adoración y culto al
-genio, ó, si se quiere al ángel custodio de la gente española. Así es
-que yo, si bien deploro que aquel grande Imperio de España y sus Indias
-se desbaratase, todavía absuelvo á los insurgentes que se rebelaron
-contra el señor rey D. Fernando VII y acabaron por triunfar de él y
-sustraerse á su dominio; pero no absuelvo, ni absolveré nunca á los
-insurgentes contra el genio de España, y ora se rebelen en Ultramar, ora
-en nuestra misma Península, los tendré por rebeldes sacrílegos y lanzaré
-contra ellos mil excomuniones y anatemas.
-
-Disuelto ya el Imperio, no hay más recurso que resignarse; pero no debe
-disolverse, ni se disuelve, la iglesia, la comunidad, la cofradía ó como
-quiera llamarse, que venera y da culto al genio único que la guía y que
-la inspira. Todos debemos ser fieles y devotos á este genio. Yo, además,
-me he atrevido á constituirme, al escribir las _Cartas Americanas_, en
-uno de sus predicadores y misioneros. ¡Ojalá se me perdone el
-atrevimiento en gracia del fervor que le da vida en mi alma!
-
-Sea por lo que sea, pues no es del caso entrar aquí en tales honduras,
-la madre España, desde hace más de dos siglos, ha decaído, no sólo en
-poder político, sino en aquel otro poder de pensamiento que se impone á
-los espíritus y domina en el mundo de la inteligencia. Francia,
-Inglaterra y Alemania, son ahora reinas y señoras en esto, así como en
-las cosas materiales. De aquí algo como un vasallaje intelectual en que
-nos tienen. Van delante de nosotros por el camino del progreso, y como
-en la ciencia positiva y exacta no hay más que un camino, tenemos que
-seguir las huellas de dichas naciones. Esto ni puedo ni quiero negarlo
-yo. Ni negaré tampoco que, en todo lo que es _ciencia inexacta_,
-deslumbrados nosotros por los adelantamientos reales de los extranjeros,
-también solemos seguirlos ciegamente, y aceptar y aun exagerar sus
-sistemas, sofismas y especulaciones, los cuales acostumbran ellos á
-forjar con más primor, con más arte, y, sobre todo, con mayor autoridad,
-gracias al descaro, á la frescura y al aplomo soberbio que les presta la
-confianza de ser más atendidos por pertenecer á nación dominadora ó
-preponderante en el día. Parece, pues, inevitable y fatal que, desde
-hace dos siglos, nos mostremos como discípulos, como imitadores de los
-extranjeros, en teorías y doctrinas políticas y filosóficas. Las modas
-de todo esto vienen de París, como las modas de trajes, de muebles y de
-guisos.
-
-Entretanto, el genio de nuestra raza, ¿duerme, nos abandona ó qué hace?
-Aunque renegamos bastante de él, aunque olvidamos ó desdeñamos por
-anticuado y absurdo lo que nos inspiró en otras edades, yo entiendo que
-nos asiste y nos inspira aún, especialmente en todo aquello menos sujeto
-á progreso ó en que no se progresa; en todo aquello que flota, ó, más
-bien, vuela independiente y con plena libertad sobre el río impetuoso
-por donde van navegando los espíritus humanos.
-
-Es cierto que cuando nos hemos puesto á filosofar en sentido
-racionalista, ya hemos sido volterianos, ya secuaces de Condillac, ya de
-Cousin, ya de algún alemán en Alemania apenas estimado; ya de Kant, ya
-de Hegel, ya de Renouvier, ya de Comte y Littré. Es cierto que, cuando
-no hemos politiqueado por rutina ó pasión, sin ser los principios más
-que vanos pretextos, hemos tomado los guías más extraños. Los
-conservadores, por ejemplo, á un protestante infatuado y seco, que nos
-despreciaba hasta el extremo de creer que se podía explicar la historia
-de la civilización de Europa haciendo caso omiso de España; los
-ultra-conservadores ultra-católicos, á los sensualistas elocuentemente
-desatinados De Maistre y Bonald; y en esto han llegado á tal delirio
-nuestros entusiasmos y nuestro afán de ser arrendajos, que yo doy por
-seguro, y creo no equivocarme, que si Proudhon no se hubiera mostrado
-federalista en uno de sus libros, tal vez por odio y celos de francés á
-la unidad italiana, y si en España no hubiera habido un escritor y
-orador de valer y aficionadísimo á Proudhon, jamás en España le hubiera
-pasado á nadie por la cabeza que nos trocásemos en República federal,
-rompiendo la unidad nacional á tanta costa y después de tantos siglos
-apenas lograda.
-
-Pero es más: tal es ó ha sido el descuído, el olvido ó la corta
-estimación de nosotros mismos por nuestro propio pensamiento, que para
-volver á ser escolásticos en la patria del Doctor Eximio, de Victoria,
-de Melchor Cano y de Domingo de Soto, ha sido menester que nos impulsen
-Kleutgen, Van Wedingen, Liberatore, Prisco y otros tudescos, belgas é
-italianos.
-
-Hasta en literatura, en lo que tiene de preceptivo, crítico y teórico,
-hemos recibido el impulso de fuera: hemos sido clásicos á la francesa
-desde Luzán; y luego románticos, porque el romanticismo vino de París; y
-luego naturalistas para remedar á Daudet y á Zola.
-
-Por dicha, en medio de este vasallaje, se nota ya, desde hace años,
-cierto prurito de emancipación. Nuestro espíritu va como barco llevado á
-remolque, en el mar ó río del progreso; pero ya se siente agitado por el
-potente soplo del Genio de la raza, que tira á romper la cadena de los
-que nos van remolcando, y á dejarnos sueltos para que naveguemos por
-nuestra cuenta y riesgo.
-
-Traigo aquí todo esto para rectificar varias sentencias que me
-atribuyen, sin motivo, los pocos periódicos franceses y
-anglo-americanos que han hablado de mis _Cartas_. Ni yo desconozco todo
-el valer de la ciencia y del ingenio de Francia, ni propendo con astucia
-diplomática, como cree la _Revue Britannique_, á separar á los
-hispano-americanos de la alianza intelectual francesa, ni los acuso de
-imitadores de todo lo francés, como si nosotros no lo fuésemos, y como
-si ellos en tal imitación no nos imitasen.
-
-De este lado y del otro del Atlántico, veo y confieso, en la gente de
-lengua española, nuestra dependencia de lo francés, y, hasta cierto
-punto, la creo ineludible; pero ni yo rebajo el mérito de la ciencia y
-de la poesía en Francia para que sacudamos su yugo, ni quiero, para que
-lleguemos á ser independientes, que nos aislemos y no aceptemos la
-influencia justa que los pueblos civilizados deben ejercer unos sobre
-otros.
-
-Lo que yo sostengo es que nuestra admiración no debe ser ciega, ni
-nuestra imitación sin crítica, y que conviene tomar lo que tomemos con
-discernimiento y prudencia. Y sostengo además que, en Francia y en otros
-países, los que prestan hoy alguna atención á nuestra literatura
-contemporánea, la consideran más de reflejo de lo que es, y apenas nos
-conceden ya otra originalidad que la grotesca y villana de lo chulo y lo
-majo. Piensan en España, y sólo ven, en lo pasado, autos de fe y
-hervidero de frailes; y en lo presente, toros, navajas y castañuelas. Lo
-restante es francés todo.
-
-Mi protesta es contra esto. A pesar de la ineludible imitación, existe
-hoy, y ha existido siempre, en nuestra literatura, un fondo de
-originalidad grandísimo, el cual ha dado y da razón de sí y luz
-brillante en la poesía.
-
-Vea usted por qué me ha desazonado tanto la declaración de Clarín de que
-en España no hay ahora sino 2,50 poetas. ¿Qué nos queda, si la poesía se
-nos quita?
-
-Para consolarme, me explico dicha declaración de cierto modo, y entonces
-todo va bien. Para Clarín, el concepto de poeta es tan ideal y tan alto,
-que sólo dos españoles llegan hoy á él, y otro á la mitad de su
-idealidad y de su altura. Entendido así el negocio, no hay de qué
-quejarse en absoluto. Y si en lo relativo caben quejas, quien menos
-debiera darlas, con perdón sea dicho, es Manuel del Palacio; pues,
-poniendo aparte á Zorrilla, y sin calificar de ceros en poesía, y
-concediendo siquiera el valor de céntimos á Tamayo, Ferrari, Velarde,
-Rubí, Verdaguer, Alarcón, Fernández-Guerra, Teodoro Llorente, Miguel de
-los Santos Álvarez, Querol, Cañete, Narciso Campillo, Grilo, Correa,
-Cabestany, Echegaray, Menéndez y Pelayo, Molins, Cánovas, Cheste y
-otros, resulta que Clarín ensalza á Manuel del Palacio por cima de todos
-los citados señores, y le da cincuenta veces más valer que á cualquiera
-de ellos. Y como entre ellos no hay ninguno que pase por tonto, ni que
-no haya mostrado habilidad en otros asuntos en que se ha empleado, de
-presumir es que la ha mostrado también en la poesía, á no ser que sea la
-poesía tan sobrenatural y tan sublime, que sólo la alcancen dos, y uno
-medio la alcance.
-
-Infiero yo de aquí, no diré contra el sustancial pensamiento de Clarín
-sino contra los términos en que le expresa, que en España hay ahora
-muchos poetas; que nuestra poesía de hoy importa más que nuestra
-filosofía y que nuestras ciencias naturales, matemáticas, históricas y
-políticas; y que, tomando, no un momento solo, sino un período extenso,
-el siglo XIX, España no compite ni rivaliza por sus filósofos, sabios,
-historiadores, etc., pero sí compite y rivaliza por sus poetas, con
-Francia, Alemania, Inglaterra é Italia.
-
-Hay, pues, en España abundancia de poetas que, lleguen adonde lleguen en
-el _poetámetro_, ó instrumento para medir poetas, que ha de tener
-Clarín, no quedan por bajo del nivel de los que en tierras extrañas se
-califican de buenos; y algunos hay, pongo por caso Quintana, que bien
-pueden codearse con Chénier, con Manzoni, y con los más altos líricos
-ingleses, sin deberles nada, ni haberlos imitado ni conocido acaso.
-
-Lo que sí nos falta es público: lectores entusiastas. La plebe
-intelectual no lee, ó lee poco; le estorba lo negro, como se dice
-hablando con llaneza; y nuestros doctos padecen bastante de desconfianza
-en nuestro valer y de cierto desdén á lo español, de que nos han
-aficionado los extranjeros.
-
-En esta situación de los espíritus, es harto difícil mi empresa de
-agradar, interesar y persuadir con las _Cartas Americanas_. ¿Cómo va á
-creer quien apenas cree que hay algo bueno en Madrid, ó en Barcelona,
-que lo hay en Valparaíso, en Bogotá ó en Montevideo? Y ¿cómo, á no ser
-un santo, sin chispa de emulación, no se ha de afligir un poco el poeta
-de por aquí, á quien tal vez nadie hace caso, y á quien Clarín no
-calificaría de céntimo de poeta, de que yo importe tanto género similar
-ultramarino, que llegue á secuestrar la escasa atención y aprecio que
-pudieran concederle?
-
-A pesar de estos inconvenientes, como yo soy testarudo, he de proseguir
-en mi tarea. Y todo este preámbulo es para prevenir á usted
-favorablemente y darle á conocer á un poeta rioplatense, llamado Juan
-Zorrilla de San Martín, á quien, en mi sentir, no ha de tener en menos
-su tocayo español, nuestro laureado Zorrilla; y así, si empezamos por
-poner á éste, añadimos á Campoamor y á Núñez de Arce, y, adoptando la
-severidad de Clarín, contamos por medio-poeta al Zorrilla montevideano,
-sumándole con Manuel del Palacio, para componer otro entero, tendremos
-en todas las Españas cuatro poetas vivos y sincrónicos, lo cual se puede
-entender de suerte que sea muchísimo, cuando, por ejemplo, en Italia se
-habla con orgullo de _los cuatro poetas_, no contando más en la
-prolongación de una historia de seis siglos.
-
-Pero dejemos bromas á un lado; desechemos las medidas arbitrarias y las
-siempre odiosas y con frecuencia injustas comparaciones. Hablando con
-seriedad, y en absoluto, yo no digo que es, porque no reparto diplomas,
-pero digo que me parece Juan Zorrilla un excelente poeta; muy original,
-muy español y muy americano.
-
-La obra que me induce á pensar así, se titula _Tabaré_. Es un extenso
-poema, leyenda ó novela en verso.
-
-El autor me ha enviado de presente un ejemplar, por el que le doy
-encarecidas gracias.
-
-Antes de hablar del contenido del libro, conviene decir de su parte
-material que nos inspira envidia. En la Península ibérica jamás poeta
-alguno se ha visto mejor impreso, ni tan lujosamente, ni con tan buen
-gusto. _Tabaré_ es un hermoso volumen de 300 páginas, excelente papel,
-impresión clara y limpia, y lindo retrato del poeta grabado en
-acero.--Fecha: Montevideo, Barreiro y Ramos, editor, 1888.
-
-Hablemos ya del poema. Tiempo es, dirá usted, después de tan larga
-disertación preliminar. Y, sin embargo, lo preliminar no ha concluido.
-_Tabaré_ es muy americano, y yo quiero decir algo del americanismo en
-poesía.
-
-Empeñarse en buscar un sello especial y exclusivo que distinga una obra
-poética escrita en América, sería absurdo. Este sello, ó acude sin que
-le busquen, ó no acude. En esta ocasión ha acudido, y con omnímoda
-plenitud. Quiero significar que _Tabaré_ parece inspirado por el medio
-ambiente, por la naturaleza magnífica de la América del Sur, y por
-sentimientos, pasiones y formas de pensar, que no son sencillamente
-españoles, sino que, á más de serlo, se combinan con el sentir, el
-discurrir y el imaginar del indio bravo, concebidos, no ya por mera
-observación externa, sino por atavismo del sentido íntimo y por
-introversión en su profundidad, donde quien sabe penetrar lo suficiente,
-ya descubre al ángel, aunque él esté empecatado, ya descubre á la
-alimaña montaraz, aunque él sea suave y culto. Ello es que en _Tabaré_
-se siente y se conoce que los salvajes son de verdad, y no de convención
-y amañados ó contrahechos, como, por ejemplo, en _Atala_.
-
-Prescindiendo de novelas como las de Cooper, y de descripciones en
-prosa, en libros científicos y en relaciones de viajes, yo creía que, en
-poesía versificada, concisa por fuerza y en que no caben menudencias
-analíticas, los brasileños tenían hasta ahora la primacía en sentir y en
-expresar la hermosura y la grandeza de las escenas naturales del Nuevo
-Mundo. Leído _Tabaré_, me parece que Juan Zorrilla compite con ellos y
-los vence.
-
-No hay en _Tabaré_ las reminiscencias clásicas que en las epopeyas _El
-Uruguay_ y _Caramurú_, y todo está sentido con más originalidad y
-hondura y más tomado del natural inmediatamente. Carece acaso Juan
-Zorrilla del saber de Araujo Porto-Alegre, ó, si no carece, tiene la
-sobriedad y el buen gusto de no mostrar que sabe tan al pormenor y tan
-por experiencia y por ciencia los objetos que le rodean: las piedras,
-las plantas y los animales; pero no nos abruma, como Araujo
-Porto-Alegre, aun cuando más le admiramos, ó sea en _La destrucción de
-las florestas_, con tan rica enumeración descriptiva. El poema de Juan
-Zorrilla no es descriptivo: es acción, y muy interesante y conmovedora,
-por donde sus rápidas descripciones, que son el cuadro en que resaltan
-las figuras humanas, agradan y hieren más la imaginación, aunque sean
-esfumadas y vagas, y queden en segundo término. Al poeta brasileño á
-quien más se parece Juan Zorrilla es á Gonsalves Días.
-
-En la forma poética, Juan Zorrilla es de la escuela de Becquer, al cual,
-en ambos Mundos, y por donde quiera que suena ó se escribe la lengua de
-Cervantes, no se le ha de negar la gloria de haber creado escuela. No es
-fácil de explicar en qué consiste la manera _becqueriana_; pero, sin
-explicarlo, se comprende y se nota dónde la hay. Las asonancias del
-romance aplicadas á versos endecasílabos y eptasílabos alternados; la
-acumulación de símiles para representar la misma idea por varios lados y
-aspectos; una sencillez graciosa, que degenera á veces en prosaismo y en
-desaliñado abandono, pero que da á la elegancia lírica el carácter
-popular del romance y aun de la copla; el arte ó el acierto feliz de
-decir las cosas con tono sentencioso de revelación y misterio, y cierta
-vaguedad aérea, que no ata ni fija el pensamiento del lector en un punto
-concreto, sino que le deja libre y le solevanta y espolea para que
-busque lo inefable, y aun se figure que lo columbra ó lo oye á lo lejos
-en el eco remoto de la misma poesía que lee; de todo esto hay en
-Becquer, y de todo esto hay en Juan Zorrilla también.
-
-Lo nuevo en Juan Zorrilla es que, con ser su _Tabaré_ una narración, en
-parte de ella, en la primera sobre todo, narra y casi no narra. Parece
-el poema bella serie de poesías líricas, en las cuales la acción se va
-desenvolviendo. Cuando los personajes hablan, queda en duda si son ellos
-los que hablan ó si habla el poeta, en cuyo espíritu se reflejan con
-nitidez los sentimientos y las ideas que tienen los personajes de modo
-confuso, como quien no vuelve sobre su espíritu y le examina y analiza.
-
-Esta manera de poetizar se adapta muy bien al asunto de _Tabaré_.
-Tratado en prosa, dicho asunto daría lugar á un sutil análisis
-psicológico; tratado en verso, y como Juan Zorrilla le trata, su poesía,
-que no analiza ni discurre, porque no sería poesía si tal hiciera, ó
-sería poesía muy pesada, sobreexcita é inspira al lector para que él
-mismo haga los discursos y los análisis.
-
-El argumento de la obra cabe en muy breve resumen. El tremendo cacique
-Caracé, allá en la época de la reconquista, roba á una noble y gallarda
-doncella española y la hace madre. La desventurada, á pesar del amor á
-su hijo, no resiste la situación horrorosa en que se halla, la abyecta
-servidumbre en que ha caído, y las inclemencias de la vida selvática, y
-muere pronto dejando huérfano al mestizo. Este mestizo es Tabaré, héroe
-de la leyenda. Por sus venas corre mezclada la sangre del indio bravo,
-de la raza más feroz, más indómita, más despreciadora de la vida y más
-rebelde á toda la civilización, con la sangre europea, donde van
-infundidos los refinamientos de una educación de dos mil años,
-transmitida por herencia: las virtualidades, gérmenes y aptitudes que,
-desenvueltos luego y llegados á su plenitud y madurez en el adulto, le
-hacen señor de la tierra, capaz de los más altos ideales y digno de
-alcanzarlos.
-
-El poeta nos quiere pintar en su poema la desaparición irremediable de
-una raza, cuyo salvajismo enérgico, á par que la inhabilita para la vida
-civilizada, presta á su heroica lucha y á su final hundimiento el
-aspecto más trágico, excitando la admiración y la piedad. Esta raza es
-la de los _charrúas_, que combatieron fieramente contra los españoles
-hasta que no quedó un charrúa.
-
-_Tabaré_ es de esta raza, pero también es español: lleva en las venas,
-por misterio inexplicable, la civilización de Europa; inconsciente
-levadura ó fermento, que hierve y agita su organismo; savia que le
-remueve todo, sin acabar de brotar en flores y en frutos.
-
-_Tabaré_ quedó sin madre desde muy niño. No sabe nada; y por lo
-aprendido, es tan salvaje como los demás charrúas, mientras que, por lo
-no aprendido, por lo no formulado, ni hecho distinto y claro por virtud
-reveladora de la palabra, lleva en sí todos los elementos difusos é
-informes de las ideas y de los sentimientos más delicados y hermosos.
-
-No entremos aquí á defender ni á refutar esta teoría de la trasmisión
-hereditaria. Yo me limito á decir que ha de tener mucho de cierta, á mi
-ver, hasta donde no destruye la libertad y la responsabilidad humanas.
-No hay religión que no la acepte, admitiendo merecimientos y pecados
-originales. El vulgo la afirma con frecuencia en sus proverbios. La
-ciencia experimental del día va quizá más allá de lo justo en
-sostenerla, cayendo en determinismo y en fatalismo.
-
-Como quiera que sea, pues no nos incumbe dilucidar la verdad científica
-del alma de _Tabaré_, el valor estético de la creación es grande, y el
-arte y el ingenio que se requieren para dar forma, vida y movimiento á
-esta creación, tienen que ser poco comunes.
-
-Juan Zorrilla posee este arte y este ingenio. Ni el poeta penetra en lo
-profundo del alma de _Tabaré_, y se pone á analizarla, como haría un
-novelista psicológico; ni _Tabaré_ habla ni se explica á sí mismo, lo
-cual sería inverosímil. Y no obstante, el lirismo de Juan Zorrilla, como
-un ensalmo, como un conjuro mágico, evoca el espíritu de _Tabaré_, y nos
-le deja ver claramente, en su vida interior, en el móvil oculto de sus
-acciones, en sus afectos, en su vago pensar y en su complicada
-naturaleza.
-
-En la confluencia de los ríos San Salvador y Uruguay han fundado los
-españoles una aldea, fortaleza ó puesto avanzado. D. Gonzalo de Orgaz es
-el joven capitán de los valientes que mantienen allí la bandera de
-España. D. Gonzalo, á pesar del peligro del puesto, tiene consigo á su
-esposa Doña Luz, y á Blanca, su linda hermana.
-
-De vuelta D. Gonzalo de una excursión guerrera, trae á varios
-prisioneros charrúas. Entre ellos viene Tabaré. Tabaré ve á Blanca. Las
-raras emociones que al verla agitan su pecho están descritas con tal
-sutileza, con arte tan delicado, que se comprende y se admira su vaga
-intensidad. Su idealismo parece real, naturalista y vivido. Se diría que
-todo el elemento materno de hombre civilizado que había en el espíritu
-de Tabaré, surge, á la vista de Blanca, desde el tenebroso fondo de su
-sér de salvaje. Es sentimiento sin nombre, arrobo indefinible, recuerdo
-confuso de allá de la infancia, cuando su madre vivía y le llevaba en
-sus brazos. Todo esto no lo dice el indio, porque sería falso que se
-entendiese él por reflexión, y que se explicase la devoción, la pureza,
-la limpia castidad, el religioso acatamiento y la admiración que Blanca
-le inspira. Todo esto no lo dice el poeta tampoco, como si el héroe,
-mudo ó incapaz de explicarse, tuviese intérprete ó comentador constante
-que le fuese traduciendo y glosando. Y todo esto, sin embargo, se ve y
-resulta de la poesía de Juan Zorrilla, por dificultad vencida y por arte
-pasmoso, que le dan, en mi sentir, extraordinario mérito y novedad
-inaudita. Es la más alambicada metafísica de amor puesta en cifra, y por
-instinto, en el estilo de los salvajes, y puesta con tal claridad, que
-la comprende el hombre civilizado capaz de comprenderla. No parece sino
-que el poeta guardaba en ánfora sellada el antiguo elixir amoroso con
-que se embriagaba Petrarca, y que, depurado por los siglos, le derrama
-en las selvas primitivas y entre las breñas y malezas, embalsamando el
-aire del recién descubierto país uruguayo.
-
-Tabaré, que está enfermo, infunde piedad y simpatía á Blanca y al P.
-Esteban,
-
- «Encarnación de aquellos misioneros
- Que del reguero de su sangre hacían
- La primer senda en medio del desierto,
- Y marcaban el sitio
- Hasta el cual penetraba el Evangelio,
- Con el cadáver solo y mutilado
- De algún mártir sin nombre y sin recuerdo.»
-
-Por intercesión del misionero y de Blanca, Tabaré queda libre, bajo su
-palabra de no fugarse de la colonia.
-
-Como Tabaré anda melancólico y ensimismado, excita más la piedad y el
-interés de Blanca, que le habla á veces. Si responde el indio, rompiendo
-su obstinado silencio, ó si el poeta responde por él, interpretando su
-mirada y sus ademanes, queda en esfumada indeterminación lírica. Á la
-verdad que lo que dice el indio es el sentir y el pensar del indio; pero
-apenas se concibe que el indio pudiera expresarlo. El encanto de la
-poesía vence esta dificultad, y aun saca de ella más hermosura.
-
-Blanca habló á _Tabaré_.
-
- «Él se detuvo, sin alzar la frente,
- Cual llamado á lo lejos;
- Cual si la voz tardara largo espacio
- En ir desde el oído al pensamiento.
- Quedó fijo; temblaba como el arpa
- Que ha sacudido el viento;
- Como el corcel que en su carrera escucha
- El bramido del tigre en el desierto.
- Así como una piedra,
- Al fondo del abismo descendiendo,
- Despierta temerosas resonancias,
- Voces lejanas, quejas y lamentos,
- La voz de la española
- Descendió al alma del salvaje enfermo,
- Y en ese abismo despertó la vida,
- La queja, el grito del dolor y el tiempo.»
-
-_Tabaré_ habla entonces á Blanca. Sus palabras carecen de orden y
-concierto. Brotan de sus labios como tropel de sombras y luces. El
-poeta es, pues, quien ordena este caos, y le trueca en bellas canciones
-americanas:
-
- «¡Oh! ¡sí! yo sé que acechas
- Mis horas de dolor;
- Sé que remedas alas de jilgueros
- Donde yo estoy.
- Yo sé que tú el secreto
- Conoces de mi sér,
- Y sé que tú te escondes en las nieblas...
- ¡Todo lo sé!
- Que gimes en el viento;
- Que nadas en la luz;
- Que ríes en la risa de las aguas
- Del _Iguazú_;
- Que miras en las altas
- Hogueras de _Tupá_,
- Y en las lunas de fuego fugitivas
- Que brillan al pasar.
- Tú, como el algarrobo,
- Sueño das á beber,
- Y das la sombra hermosa que envenena
- Como el _ahué_.
- Yo, temiendo tu sombra,
- Tiemblo y huyo de tí,
- Y tú en el despertar de mis memorias
- Vas tras de mí.»
-
-Luego habla el indio del recuerdo de su madre, que Blanca reanima en su
-mente:
-
- «Era así como tú... blanca y hermosa;
- Era así... como tú:
- Miraba con tus ojos, y en tu vida
- Puso su luz.
-
- Yo la ví sobre el cerro de las sombras
- Pálida y sin color.
- El indio niño no besó á su madre...
- No la lloró.
-
- * * * * *
-
- Hoy vive en tu mirada transparente
- Y en el espacio azul...
- Era así como tú la madre mía;
- Blanca y hermosa...; pero no eres tú.»
-
-El amor singular del indio hace que despunte en el alma de Blanca, como
-en el cielo sereno y puro, una remotísima é indecisa aurora de amor, tan
-indefinida, que se confunde con la piedad, con la conmiseración, con la
-caridad cristiana.
-
-En tal estado vaga _Tabaré_ en silencio por la colonia; y, de día, le
-juzgan loco, y por la noche, la gente crédula le imagina alma en pena ó
-fantasma.
-
-Varios soldados persiguen al fantasma y le acometen; _Tabaré_ se
-defiende, y quiebra entre sus fuertes dedos el asta de la lanza de un
-soldado. Hubiera muerto entonces, si no acude el P. Esteban y le salva.
-
-El lance ocurrido y la singular y sombría condición del indio, avivan
-las sospechas de Doña Luz y de otros sujetos de la colonia, que no creen
-posible que un charrúa se civilice y deje de ser una fiera, y, á pesar
-de la generosa y confiada resistencia de D. Gonzalo, éste cede al fin y
-despide á _Tabaré_, para que vuelva á los bosques, á su vida de indio
-bravo.
-
-La compasiva Blanca ve al indio antes de partir. En la mente del indio,
-Blanca sigue siendo un sér ideal:
-
- «Con alas invisibles en la espalda»,
-
-y en los ojos, con la luz de la aurora,
-
- «Que el seno oscuro de la noche aclara»;
-
-pero la arisca fiereza del indio, y su sér de charrúa indómito, que
-lucha dentro de su pecho con la suave y amorosa condición que heredó de
-su madre, se oponen en esta ocasión á que Blanca comprenda que el indio
-la quiere bien. Blanca cree que la odia y que odia á todos los
-cristianos.
-
-Después hay un momento supremo en el combate interior entre las dos
-naturalezas de Tabaré. Va á vencer la ternura, y el charrúa, el charrúa
-que nunca llora, ni se queja en medio de los más horribles suplicios, se
-abraza al P. Esteban y vierte en su sayal una lágrima. La reacción es
-más violenta entonces. La vergüenza, la ira de haber incurrido en aquel
-acto de debilidad, deshonroso para su casta, hace que Tabaré ruja como
-un tigre, se desprenda del fraile y huya á la selva.
-
-Los cantos siguientes del poema tienen el carácter de una epopeya
-trágica y sombría.
-
-La carrera frenética de Tabaré cuando vuelve ya á sus nativos bosques,
-es de gran riqueza de imaginación. Ni falta lo sobrenatural, como en
-los antiguos poemas. Juan Zorrilla llama á los espíritus, á los genios
-elementales del mundo americano primitivo, y todos acuden á su briosa
-evocación. Ellos que son inmortales y conocieron y trataron la raza
-extinguida de los huraños charrúas, salen de sus cavernas, descienden de
-las nubes, se hacen visibles en el aire, y, sacudiendo las osamentas y
-los cráneos, hundidos
-
- «En el profundo limo
- En que tienen las algas sus amores,
- Se arrastra el yacaré, duerme la raya,
- Y la tortuga sus nidadas pone»,
-
-revelan al poeta los ignorados pensamientos y sentimientos de aquellos
-salvajes. Es más: estos seres extra-humanos animan la naturaleza,
-intervienen como máquina en el poema y dan forma visible al delirio de
-Tabaré, errante por el bosque.
-
-No gusto de citar, porque lo que se cita, aislado y dislocado, pierde
-toda la belleza que nace del acorde en que está con el resto de la
-composición. Afirmo, pues, sin citar casi, que todo el vagar por el
-bosque del indio Tabaré es enérgica poesía, y de un brío gráfico y
-fantástico notables, donde lo real y lo ideal, lo observado y lo soñado,
-se mezclan y se funden íntimamente.
-
- «Al sentirlo pasar, las lagartijas
- Hacia sus cuevas corren,
- Y asoman las cabezas puntiagudas
- Y el largo cuerpo sin calor encogen.
- Y las ranas se callan un instante
- Mientras pasa, y sus voces,
- Como largos quejidos, á su espalda,
- Cuando ha pasado nuevamente se oyen.
- Y los nocturnos pájaros lo siguen
- En negras procesiones;
- El chajá dando saltos por el suelo,
- Chirriando esos murciélagos enormes,
- Que, como manchas de la misma sombra,
- La oscuridad recorren,
- Persiguiendo los átomos, ó huyendo
- Atolondrados de invisible azote.
- Detrás de cada tronco acurrucada
- Parece que se esconde
- Alguna cosa que, al pasar el indio,
- Sigue tras él con movimiento torpe.
- Él siente á sus espaldas ese mundo
- Que su alma sobrecoge;
- Mas no se vuelve, y apresura el paso,
- Y sigue, y sigue sin saber adónde.»
-
-Al fin, Tabaré se para rendido por la fiebre, y empieza su delirio, en
-que todos los espíritus de la naturaleza toman activa parte.
-
-Sigue después otro cuadro, que excede acaso en belleza al anterior. La
-inspiración del poeta, lejos de menguar, crece, según adelanta en su
-obra. Es un cuadro del más pujante naturalismo. No puede imaginarse
-aquelarre más espantoso que la escena real y vivida que el poeta ofrece
-á nuestros ojos. Ha muerto el cacique supremo de los charrúas, y éstos
-celebran los funerales. El sueño frío se entró por las venas del viejo
-cacique, y en balde los médicos le chuparon el vientre para arrancar el
-dardo que causaba su mal. Muerto ya, le preparan para el último viaje,
-embijándole horriblemente la cara con jugo de _urucú_ para que asuste á
-_Añang_ y á _Macachera_ y á los genios del aire. Los indios danzan
-ebrios en torno de diez hogueras. La descripción de las mujeres es de
-mano maestra. Danzan y cantan las mozas: las viejas, de cuclillas,
-mastican entre sus mandíbulas sin dientes algo que echan en el brebaje
-que está fermentando. Los parientes del difunto se cortan dedos, ó se
-arrancan pedazos de carne ó túrdigas de pellejo para mostrar su pesar.
-Todo esto no se refiere: casi se ve. Se huele la sangre vertida; se
-respira el humo de las hogueras; se perciben los cuerpos desnudos; y se
-oyen los cantares bárbaros, los aullidos y el resonar de los pies que
-bailan, y el silbar de las bolas y de las flechas y el choque de las
-lanzas. Los indios arman brava y fantástica pelea con los hijos del aire
-y de la noche, con los perros que roen las lunas, y con los vestiglos
-malditos que acuden á llevarse el espíritu del cadáver.
-
-Como digno remate de las ceremonias fúnebres, aparece el indio Yamandú,
-reclamando que le eleven al cacicato supremo. Sus méritos y servicios
-son notables. Nadie hace muecas más diabólicas para espantar al enemigo;
-nadie da en la lucha alaridos más feroces. En su toldo cuelgan cien
-cabelleras de adalides muertos por su propia mano; su pecho está
-adornado con largas sartas de dientes y de muelas de los _arachanes_
-vencidos de cuya piel retorcida ha formado la cuerda de su arco.
-
-Elegido ya ó reconocido como jefe, Yamandú excita á los indios á una
-expedición contra los españoles. No puedo resistir á la tentación de
-copiar aquí parte de su discurso:
-
- «¿Queréis matar al extranjero blanco?
- Seguid á Yamandú.
- Yo sé matarlo como al gato bravo
- De los bosques del Hum.
- Los cráneos de los pálidos guerreros
- Al indio servirán
- Para beber la chicha de algarrobas
- Y el jugo del palmar.
- Sus rayos no me ofenden, en su sangre
- Se hundirán nuestros pies:
- Sus cabelleras en las lanzas nuestras
- El viento ha de mover.
- Virgenes blancas que en los ojos tienen
- Hermosa claridad,
- Encenderán en nuestros libres valles
- Nuestro salvaje hogar.
- En esos días de las horas largas
- En que canta el _sabiá_,
- Y al pie de la barraca está el bañado
- Dormido en el juncal;
- En esas noches en que se oye á ratos
- El canto del _urú_,
- Las virgenes esclavas del charrúa
- Brillarán con su luz.
- Sus cuerpos son más blandos que el venado
- Que acaba de nacer,
- Y tiemblan como tiembla entre la hierba
- La verde _caicobé_.
- Sus cabellos parecen los renuevos
- Más tiernos del sauzal,
- Sus bocas se abren como el dulce fruto
- Que da el _burucuyá_.
- ¡Vamos! ¡Seguidme! El extranjero duerme,
- ¡Duerme en el Uruguay!
- ¡El sueño que en sus ojos se ha sentado,
- No se levantará!»
-
-En efecto: Yamandú ha visto también á Blanca. Ha nacido en su pecho una
-pasión muy diversa de la de Tabaré y más propia del salvaje. El ansia de
-robar y gozar á Blanca y el deseo de matar á los españoles le inspiran
-el plan de una sorpresa nocturna y de un asalto á la colonia de San
-Salvador. Los indios caminan ya tácita y cautelosamente hacia la
-colonia, durante la noche, mientras duerme la guarnición descuidada.
-
- «¿No veis entre las ramas asomarse
- Los temerosos rostros de los indios,
- Embijados de rojo, y dibujados
- Con trazos verdes, negros y amarillos?
- Las plumas de sus frentes se confunden
- Con las hojas del cardo; el remolino
- Del viento suave, al agitar las ramas,
- Descubre aquí y allá rostros cobrizos.»
-
-Salen del matorral, por donde iban medio agachados, y dan ocasión para
-que el poeta nos nombre á algunos.
-
- «Aquel es Ibipué. ¿Quién no conoce
- Al _tubichá_, tan fiero como listo,
- Que al avestruz alcanza y al venado,
- Y apresa entre las aguas al carpincho?
- Cayú es aquel que corre entre las chircas.
- Se le conoce en el profundo signo
- Que, con su hacha de piedra, le ha grabado
- En la cabeza el _arachan_ Siripo.
- ¿También tú, Guaycurú? De los cristianos
- Tú te dijiste servidor sumiso;
- Ese casco que llevas y esa adarga
- De Garay los ganaste en el servicio.
- Tú fuiste el mensajero de tu tribu:
- Rompiste en la rodilla tu macizo
- Arco de _ñandubay_, y en tu piragua,
- Ó á nado, en son de paz, cruzaste el río.
- ¿No es esa una mujer? Es Tabolía.
- Sabe arrancar la piel al enemigo,
- Y ya más de una de ellas ha colgado
- En el movible toldo de sus hijos.
- Ella no exprime el fruto del quebracho,
- Ni recoge en la selva para su indio
- La miel del _guabiyú_, ni lleva el toldo,
- Ni entona el _yaraví_ de triste ritmo.
- Tiene en su labio el signo del guerrero;
- Suena en la lucha su salvaje grito,
- Y en el desnudo seno apoya el arco
- En que viene la muerte á hacer su nido.»
-
-La expedición tiene, al principio, el éxito que Yamandú deseaba. San
-Salvador es sorprendido. La lucha es terrible, y bien pintada. Arden
-muchas casas. Los indios dan muerte á no pocos españoles; pero éstos se
-rehacen, y ponen en fuga á los invasores.
-
-Yamandú logra, no obstante, su principal objeto. En medio del tumulto,
-de la confusión y del horror de la batalla y del incendio, roba á
-Blanca, y se la lleva á la selva sagrada donde tiene su guarida.
-
-Sucédense luego la desesperada furia de don Gonzalo al saber el rapto de
-su hermana, su idea de que es Tabaré quien la ha robado, y su inútil
-persecución para libertarla.
-
-Entretanto, Yamandú ha llevado á Blanca á lo más esquivo del bosque,
-donde el terror impide que penetren los otros indios, que no son
-_payés_, como él. El es hechicero, y no teme; antes bien domina á los
-espectros y genios que siguen á Añanguazú.
-
-La situación es desesperada. Blanca yace en el suelo sin sentido. Vuelve
-en sí, y se mira en el centro de la selva. En la oscuridad medrosa ve
-relucir las lascivas pupilas de Yamandú, que aguarda que vuelva ella de
-su desmayo.
-
-Algo de inesperado ocurre entonces, sin que Blanca atine á darse cuenta.
-Oye crujido de ramas que se apartan con violencia; después pasos,
-después gritos ahogados, y al fin ruido como de una lucha muda y
-tremenda.
-
-En suma; Tabaré ha venido en socorro de Blanca: ha caído sobre Yamandú,
-y ha logrado matarle, estrujándole el pescuezo entre sus dedos.
-
-Contar, como quien escribe un índice, todos estos sucesos y el final
-desenlace, es destruir el efecto artístico, que pueden producir, y que,
-á mi ver, producen. Menester es, no obstante, llegar al final
-rápidamente.
-
-Tabaré salva á Blanca, que está casi exánime y la lleva hacia la
-colonia.
-
-D. Gonzalo, que sigue buscando á su hermana, ve al indio, que corre
-teniéndola en sus brazos, y á quien cree el raptor. D. Gonzalo ciego de
-ira se lanza sobre Tabaré y le atraviesa con su espada. Blanca, que
-comprende ya todo el amor, toda la sublime devoción del indio, se abraza
-estrechamente con él, moribundo; llora y le llama. Tabaré muere.
-
-Así termina la acción de la leyenda, cuya trascendencia y elevación
-merecen que de epopeya la califiquemos. El poeta, como Hugo Foscolo ha
-dicho de Homero, aplacando con su cantar las afligidas almas de los
-vencidos, ha trazado con alto estilo la inevitable, la providencial
-desaparición de las razas, que llegan á ponerse con la civilización en
-indómita rebeldía. El poeta, español de raza, ensalza á los españoles
-vencedores, como Homero ensalzaba á los griegos; pero las lágrimas son
-para Tabaré. Las lágrimas son para Héctor y Príamo. No hay una sola
-página del poema de Juan Zorrilla que no esté impregnada de tierna y
-piadosa melancolía. Sobre el americanismo del poeta están aquellos
-sentimientos fervorosos de caridad cristiana, de amor á todos los
-hombres, tan propios del alma española, y que resplandecían en los
-misioneros, en los legisladores de Indias, y á veces, cuando la codicia
-ó la ambición no los cegaba, hasta en los mismos tremendos
-conquistadores, por más que no todos fueran como D. Gonzalo de Orgaz,
-sino foragidos y desalmados aventureros.
-
-Lo que América debe á España es tanto é importa tanto, que el poeta,
-exaltado por el fervor de la sangre que lleva en sus venas, da á veces á
-España tales alabanzas, que, al llegar á España, tan postrada y abatida
-hoy, la consuelan y la sonrojan á la vez. El poeta imagina que acaso
-cuando en edad remotísima se hundió la Atlántida, no cabiendo su
-inmensidad en los mares resurgió ó sobrenadó en parte, formando ambas
-Américas, y separándose así de la parte capital que no se hundió: de
-España, que había sido y había de volver á ser su cabeza.
-
-El pueblo español es, para el poeta,
-
- «El pueblo altivo que, en la edad sin nombre,
- Era el cerebro acaso
- De aquel dorso gigante y misterioso,
- Ya sumergido en el abismo atlántico;
- Que, no teniendo en su profundo seno
- Para el coloso espacio,
- Dejó asomar sobre la vasta tumba,
- Miembro insepulto, el mundo americano.»
-
-Sin pretensión pedantesca, sino del modo propio de la poesía, hay y se
-agitan en el poema _Tabaré_ grandes problemas de libre albedrío,
-predestinación, determinismo y vocación de las razas: psicología,
-teodicea y filosofía de la historia. Al leer el poema, se levanta el
-espíritu del lector á estas altas especulaciones.
-
-Después de lo dicho hasta aquí, de sobra está añadir que me parece muy
-bueno el poema; y que hasta el severo Clarín ha de calificar á su autor,
-no de medio poeta sino de uno, y quizá de uno con colmo: colmo que no se
-atreverá á derribar su rasero, pasando sobre la medida.
-
-Mi carta se va haciendo interminable; pero me asalta un escrúpulo, y aun
-exponiéndome á pecar de pesado, quiero discurrir sobre él, á ver si le
-desvanezco.
-
-Á pesar de lo que he escrito y clamado contra el naturalismo, al fin,
-como soy un hombre de ahora y no de otra edad, y como las modas son
-contagiosas, yo, sin poderlo remediar, soy también algo _naturalista_.
-
-Mi escrúpulo es, pues, sobre la verosimilitud y hasta sobre la
-posibilidad de Tabaré. El hechizo de la poesía le hace parecer
-verosímil; pero ¿pudo ser Tabaré en la realidad de la vida? Aunque
-hubiera nacido de madre española, ¿no se crió como un salvaje? ¿De qué
-suerte, por lo tanto, aun concediendo mucho á la transmisión
-hereditaria, nació en su alma inculta pasión tan delicada, tan pura y
-tan fecunda en actos de heroísmo y abnegación, como en el alma de Don
-Quijote, después de leer todos los libros de Caballerías, ó como en el
-alma de sublime é ilustrado cortesano, ó caballero más ó menos andante,
-que ha estudiado á Platón, á León Hebreo, á Fonseca y al conde Baltasar
-Castiglione?
-
-Halm, el dramaturgo austriaco, nos representa un milagro por el estilo
-en _El hijo de las selvas_; pero aquel milagro, ó no es, ó no parece
-ser tan grande. La verosimilitud de lo milagroso crece en nuestra mente,
-no sé por qué, en razón directa de la distancia de siglos que de lo
-milagroso nos separa. Y por otra parte; ni los galos eran salvajes como
-los charrúas, ni en el alma del galo rudo y bárbaro de Halm, aparece la
-pasión delicada con la espontaneidad divina que en el alma de Tabaré. La
-joven griega le revela el amor por medio de la palabra: le explica los
-misterios celestiales de su espiritual pureza. Tabaré, con solo ver á
-Blanca, lo adivina todo.
-
-Esto es lo que se me antoja poco creíble. Y yo no me contento con
-responderme que, ya que el efecto es hermoso, debo prescindir de la
-realidad de la causa. No me basta esclamar: _Si non é vero é ben
-trovato_. _El quidlibet audendi_ no me tranquiliza. Por último: lo
-caótico, confuso, inefable, y para el mismo Tabaré no comprendido, de
-los afectos de su alma, no me resuelve la dificultad.
-
-Sólo la resuelve la teoría, expuesta ya por mí en otras ocasiones,
-acerca del poder revelador, religioso, suscitador de lo ideal, que
-ejerce la hermosura femenina.
-
-Los clásicos griegos nos dejaron en sus fábulas los indicios de este
-poder de civilización repentista.
-
-La hembra del hombre era abyecta, esclava, despreciada é inmunda. Se
-hace inventora de su propia beldad. Se pule, se atilda, se asea, y,
-añadiendo además un esfuerzo de voluntad artística é inspiradísima, crea
-el hechizo más grande y fascinador que cabe en los objetos materiales:
-crea á la mujer. Y la mujer es reina, es maga, es sibila, es profetisa
-desde entonces.
-
-Su dominio sobre los hombres crudos y fieros, ya para bien, ya para mal,
-es desde entonces inmenso.
-
-Yo creo en la _ginecocracia_ ó gobierno de la mujer en las edades
-primitivas. Donde quiera que la mujer se lava, se adorna y se pule, es
-reina y emperatriz de los hombres. En el país sabeo hubo reinas; reinas
-hubo en Otahiti. Cuando no hay reinas, hay musas que inspiran á los
-poetas, sibilas que columbran y manifiestan el porvenir, Egerias que
-dirigen á los Numas, Onfales que hacen que Hércules hile, Dalilas que
-cortan los cabellos á todo Sansón, y Circes que detienen, emboban y
-fijan á los Ulises vagabundos.
-
-Cuando lo trascendente, lo divino, lo inmortal y puro no ha brotado aún
-en el alma del hombre, la mujer, que ha encontrado su hermosura física,
-se lo revela todo, al revelársela. Como los rayos del sol de primavera
-hacen brotar de la tierra fragantes rosas, las miradas de la mujer hacen
-que brote la flor de lo ideal en el alma de los hombres.
-
-Así se explica la pasión de Tabaré, y queda firme como del más evidente
-realismo histórico y no como ensueño vano de la poesía.
-
-Corrobora mi creencia en este poder espiritualizante, catequizador,
-religioso de la mujer, ya elegantizada y bonita, merced á las artes
-cosméticas, al aseo y á la modesta y decente coquetería, que ha
-descubierto ella, un singular fenómeno que hoy se nota y que nos admira.
-
-El refinamiento, el exceso de la civilización conduce á muchos hombres
-eminentes y pensadores á un extremo donde sus espíritus tocan ya por un
-lado con los espíritus de los salvajes: á no concebir lo infinito
-desconocido sino como malhechor y diabólico: como el feo
-
- _Poter che ascoso a comun danno impera;_
-
-ó á negar su realidad para no tener que maldecirla ó blasfemar de ella.
-
-En esta situación, sobreviene la mujer, y produce el mismo efecto, que
-en el salvajismo, en la viciada y ponzoñosa quinta-esencia de la
-cultura. Leopardi vuelve á hallar, en las _donnas_ que celebra en sus
-cantos, á todas las divinidades de su Olimpo: Ingersoll, el ateo
-_yankee_, ama y adora á las _ladies_ y _misses_ como el trovador más
-rendido; Augusto Comte niega á Dios, y funda nueva religión, inspirado
-por la mujer, cuyo ideal modelo de pureza y de amor es la Virgen Madre;
-Cousin, harto de filosofar, y en su vejez, se enamora arcaica y
-retrospectivamente de Mad. de Longueville y de otras princesas y altas
-señoras de los tiempos de Luis XIV, y difunde su pasión amorosa en
-alabanzas tan tiernas, que suenan como amartelados suspiros; Michelet
-cae, en los últimos años de su vida, en un dulce deliquio, en un
-melancólico erotismo, que vierte en sus libros sobre el amor y sobre la
-mujer; y Renan, descollando entre todos, llega á dar á este erotismo,
-idólatra ó _hiperdúlico_, una fuerza frenética, profética y
-apocalíptica, que se nota en _La Abadesa de Jouarre_, y en el prólogo
-sobre todo de tan afrodisíaco drama.
-
-Demostrado así y patente el poder milagroso de la mujer para hacer que
-surja ó que resurja lo ideal en el alma del hombre, mis escrúpulos se
-disipan y la figura de Tabaré queda tan consistente y verdadera como las
-de los más históricos personajes.
-
-Aplaudamos, pues, á Juan Zorrilla, sin el menor reparo, ya que ha sabido
-dar á luz tan amena leyenda ó poema, sin apartarse un ápice de la verdad
-y siendo al mismo tiempo naturalista é idealista en su obra.
-
-
-
-
-LA POESÍA Y LA NOVELA EN EL ECUADOR
-
- _Julio de 1889._
-
-(AL SEÑOR D. JUAN LEÓN MERA)
-
-
-I.
-
-Muy estimado señor mío: En Washington y en Nueva York conocí y traté al
-Sr. Flores, actual presidente de esa república, cuyo ameno y franco
-trato me ganó la voluntad, haciéndome yo desde entonces muy amigo suyo y
-lisonjeándome de que él también lo es mío. En Bruselas, en París y aquí
-en Madrid, hemos vuelto á vernos, afirmándose más la amistad que ya nos
-profesábamos.
-
-Cuando el Sr. Flores partió de aquí para América á ocupar el alto puesto
-al que le han elevado sus merecimientos y la voluntad de sus
-conciudadanos me prometió enviarme las mejores producciones literarias
-de su país. Con gusto he visto que los cuidados y desvelos del gobierno
-y de la política no le han hecho olvidar su promesa. El Sr. Flores me ha
-enviado directamente algunos libros, y además ha excitado á usted á que
-me envíe sus obras, por todo lo cual debo estar y estoy muy agradecido
-al señor Flores.
-
-A usted también le agradezco mucho las remesas, y sobre todo la última,
-que más que ninguna otra me ha interesado.
-
-El libro de usted titulado _Ojeada histórico-crítica sobre la poesía en
-el Ecuador_, contiene noticias curiosas y muestra, además, el talento de
-escritor que usted posee y sus ideas y opiniones sobre puntos de la
-mayor importancia; pero lo que más me ha agradado es _Cumandá_.
-_Cumandá_ es una preciosa novela. Ni Cooper ni Chateaubriand han pintado
-mejor la vida de las selvas ni han sentido ni descrito más poéticamente
-que usted la exuberante naturaleza, libre aún del reformador y
-caprichoso poder del hombre civilizado.
-
-Impaciente estaba yo de hacer detenido examen de las obras de usted, y
-en particular de la mencionada novela, cuando leí en _La Epoca_,
-acreditado y juicioso periódico de esta capital, una muy grave acusación
-contra usted. Acusa á usted _La Epoca_ de odiar á España y de haberlo
-probado en varias ocasiones que cita.
-
-Luego añade: «Nuestro amigo D. Juan Valera puede tomar nota de este
-sucedido para sus notables _Cartas Americanas_.»
-
-Confieso que la lectura del suelto de _La Epoca_ me disgustó no poco.
-Harto sé yo que el odiar á España, aunque sea injusto, y el agraviarla,
-aunque es indigno y odioso, no impide que, en todo lo demás, las cosas
-sean como son, y no de otro modo; ni destruye el valor literario y
-poético de _Cumandá_, ni el talento y la discreción que en la _Ojeada_ y
-en otras obras de usted se advierten. Sin embargo, mi gratitud hacia
-usted por haberme enviado los libros no podía menos de enfriarse, á ser
-cierto que era un enemigo de mi patria quien me los enviaba, y mis
-alabanzas á dichos libros, aunque fuesen alabanzas merecidas, habían de
-sonar mal en mi boca y ser algo contrarias al patriotismo de que
-blasonamos los españoles.
-
-No me tranquilizaba yo con parodiar á Quintana aplicando á este caso
-aquello de
-
- «Inglés te aborrecí, héroe te admiro:»
-
-y diciendo: repruebo la conducta y las malas pasiones de usted con
-respecto á España: pero no puedo menos de celebrar á usted por sus
-escritos.
-
-Yo preferiría creer y hacer creer que los pecados de usted contra España
-no son tan grandes como _La Epoca_ supone. Movido de este deseo voy á
-ver si le logro en parte, empezando por defender á usted de la
-acusación, hasta donde pueda, antes de hablar por extenso de sus obras
-literarias, si bien de sus obras literarias tengo que hablar desde un
-principio, ya que en ellas aspiro á encontrar demostraciones claras de
-que usted no aborrece á España ni á los españoles.
-
-Antes de que la Academia Española eligiese á usted académico
-correspondiente, por lo cual en el suelto citado la censura _La Epoca_,
-había usted escrito no poco en prosa y en verso, haciéndose merecedor de
-aquella honra; pero usted, con extraordinaria modestia, no lo consideró
-así y creyó que debía hacer algo que fuese testimonio de su gratitud y
-de que la Academia no había hecho una elección desacertada. Entonces
-escribió usted _Cumandá_ y se la dedicó al director de la Academia ó más
-bien á la Academia misma, ya que usted ruega al director que presente la
-obra á la Academia, y termina diciendo: «Ojalá merezca su simpatía y
-benevolencia, y la mire siquiera como una florecilla extraña, hallada en
-el seno de ignotas selvas, y que, á fuer de extraña, tenga cabida en el
-inapreciable ramillete de las flores literarias de la madre patria.»
-
-En las pocas palabras del texto que copio hay una serie de afirmaciones
-contrarias á ese odio que á usted atribuyen. Admira usted y ensalza
-nuestra literatura; desea que su novela tenga cabida en ella, como
-florecilla extraña y selvática que se pone en _inapreciable_ ramillete
-de ricas flores; y llama, por último, _madre patria_ á esa España, á
-quien suponen que usted odia.
-
-Resulta, además, que _Cumandá_, que es á mi ver de lo más bello que como
-narración en prosa se ha escrito en la América española, debe su ser al
-deseo de usted de mostrar á la Academia su gratitud y suficiencia; todo
-lo cual redunda en gloria de España y es nuevo lazo de amistad entre
-ella y su antigua colonia, hoy República del Ecuador.
-
-Convengo, á pesar de lo dicho, en que no basta la prueba aducida para
-justificar á usted. El ánimo de todo hombre es inconsecuente y voltario.
-Pudo usted en aquella ocasión ser muy _hispanófilo_, sin dejar de ser
-_misohispano_ en otras mil ocasiones.
-
-La cuestión, no sólo por el caso singular de usted, sino por lo que
-tiene de general, merece ser tratada y dilucidada. Cedo, pues, al
-prurito de decir algo sobre ella. Esto hará sin duda que mis cartas á
-usted sean más en número y más extensas de lo que yo había pensado.
-
-Espero que usted y el público tendrán la paciencia de leerlas.
-
-Lo primero que noto es que las relaciones entre España y los americanos
-emancipados tienen que ser muy diversas de las relaciones entre yankees
-é ingleses. Entre los yankees no hay ó hay apenas elemento indígena. Ora
-porque los indios del territorio de los Estados Unidos fuesen más rudos
-é incivilizables, ora porque los europeos colonos, de raza inglesa,
-tuviesen menos caridad y menos paciencia y arte para domesticar, ello es
-lo cierto que no hay entre los yankees muy numerosa población india
-reducida al vivir culto y político, ni hay tanto mestizo de europeo y de
-indio como en las que fueron posesiones españolas. De aquí que á nadie
-se le ocurriese ni se le pudiese ocurrir entre los yankees, cuando se
-sustrajeron al dominio de la Gran Bretaña, la estrafalaria idea de que
-aquello era algo á modo de _reconquista_, como cuando los egipcios
-echaron á los hicsos, ó los españoles echaron á los moros, ó los griegos
-del Africa y del Peloponeso se libertaron de los turcos.
-
-En cambio, en casi todas las Repúblicas hispano-americanas se ha dicho,
-en verso y en prosa, algo de que la guerra de emancipación fué guerra de
-independencia y reconquista. El inca Huaina-Capac se aparece al poeta
-Olmedo, cuando celebra éste la Victoria de Junin sobre los españoles, y
-le profetiza la nueva victoria que los insurgentes han de alcanzar
-después en Ayacucho, como si los insurgentes fuesen indios y no
-españoles también, y como si tratasen de restablecer el antiguo imperio
-peruano y no repúblicas católicas, según el gusto y las doctrinas
-europeas.
-
-De aquí nacen motivos de enojo en abundancia y dificultades á montones,
-que hacen el trato entre españoles é hispano-americanos en extremo
-vidrioso ó sujeto á quiebras. Si les decimos que son españoles como
-nosotros suelen picarse, porque desean ser algo distinto y nuevo, y si
-no todos, muchos se pican también si los creemos indios ó semi-indios.
-
-Hay en los hispano-americanos, aun en los más discretos y sabidos, mil
-injustas contradicciones.
-
-«Las leyes de Indias, dicen, las Ordenanzas de Carlos V, las de D.
-Fernando de Aragón y de doña Isabel la Católica eran buenas y
-protectoras. Desde que el Papa declaró en una bula que los hijos de
-América eran hombres, los reyes de España dictaron leyes para ampararlos
-y favorecerlos; pero burlándose de esas leyes los colonos españoles
-maltrataron á los indios, los azotaron, los humillaron y los hicieron
-trabajar hasta morir, como si fuesen acémilas, etcétera, etc.» Al decir
-esto, los americanos de ahora no advierten que ellos son los que se
-condenan, si no son indios puros. Los que dictaron las leyes protectoras
-estaban aquí, y por aquí se han quedado; pero los verdugos codiciosos y
-empedernidos de los indios, lo probable es que, salvo raras excepciones,
-se quedasen todos por allá, y que esos antiespañoles, declamadores
-acerbos por pura filantropía, no sean otros sino sus descendientes.
-
-Tiene mucha gracia la disculpa á que acuden ustedes para explicar lo
-poco que han hecho por los indios en los sesenta ó setenta años que
-llevan de independencia. «Hemos abolido las _mitas_, dicen ustedes,
-hemos suprimido el tributo personal y hemos desechado el azote.» Pero
-¿se debe esto á la independencia, ó al progreso de la cultura y de la
-moralidad entre todos los pueblos cristianos? ¿Es posible que alguien
-crea de buena fe que si el Ecuador y Colombia fuesen hoy aún colonias
-españolas habría allí _mitas_, tributo personal, servidumbre y azotes?
-
-Independiente la que fué América española, lo mismo que si no fuese aún
-independiente, ya no puede haber ni hay esclavitud en ella. Los indios
-son libertos de la ley. Pero añade su ilustre compatriota de usted Juan
-Montalvo, á quien me complazco en citar, «son esclavos del abuso y de la
-costumbre.» En seguida describe elocuentemente los malos tratos y las
-faenas á que someten aún al indio en el Ecuador, y acaba por exclamar:
-«Si mi pluma tuviese don de lágrimas, yo escribiría un libro titulado
-_El Indio_, y haría llorar al mundo.» Y esto lo dice Juan Montalvo más
-de medio siglo después de que ese indio y el inca Huaina Capac
-triunfaron en Ayacucho de los pícaros españoles. Los españoles, no
-obstante, siguen teniendo la culpa de todo, aunque vencidos. Juan
-Montalvo lo declara: «No--dice;--nosotros no hemos hecho este sér
-humillado, estropeado moralmente, abandonado de Dios y de la suerte: los
-españoles nos le dejaron hecho y derecho, como es y como será por los
-siglos de los siglos.»
-
-Lo absurdo de este sofista declamador no merecería respuesta, si no
-estuviese algo del mismo sentimiento en la masa de la sangre de no pocos
-hispano-americanos, que así escupen contra el cielo y les cae encima:
-porque si son indios de sangre se declaran humillados, moralmente
-estropeados y abandonados de Dios por los siglos de los siglos: y si
-son españoles, reos de la muerte moral y de la condenación perpetua é
-irremediable de millones de séres humanos; y si son mestizos, son
-abominable amalgama de español y de indio, de la raza degradada y del
-cruel y tiránico verdugo que acertó á degradarla para siempre.
-
-Juan Montalvo dijo su frase, por decir una frase, sin saber lo que
-decía. No la hubiera dicho si la hubiera reflexionado: pero Juan
-Montalvo, y otros como él, y á veces usted entre ellos, por obra y
-gracia de su americanismo, creen otra cosa que los predispone contra
-nosotros, y, cuando creen ustedes esta cosa, es cuando apunta el odio
-contra España de que _La Epoca_ acusaba á usted.
-
-Creen ustedes y sostienen que América, en el momento en que los
-españoles la descubrieron, estaba progresando con plena autonomía, y
-próxima á crear y á difundir una magnífica civilización original y
-propia, cuyos focos principales estaban en los imperios de Méjico y del
-Perú y entre los chibchas de Nueva Granada: pero la llegada de los
-feroces españoles detuvo el desarrollo de esa civilización y ahogó en
-sangre y destruyó con fuego sus gérmenes todos.
-
-No hay que buscar este pensamiento en otros autores. Usted le expresa á
-menudo. Todo iba muy bien por ahí. La conquista de Tupac Yupanqui había
-civilizado el reino de Quito. Los _aravicos_, ó sea los poetas en
-lengua quichua, pululaban ahí lo mismo que en el Cuzco. La lengua
-quichua era un prodigio, un simbólico tesoro de misteriosas filosofías.
-Sólo el vocablo Pachacamac, con que en lengua quichua se designa á Dios,
-contiene sutil y profunda teodicea que el mero análisis gramatical
-descubre. Esta lengua había llegado á la perfección antes de la venida
-de los españoles. Según usted «se prestaba á la entonación de la oda
-heroica, á las vehementes estrofas del himno sacro, á la variedad de la
-poesía descriptiva, á los arranques del amor, á toda necesidad, á todo
-carácter y condición de metro, desde el festivo y punzante epigrama
-hasta el grave y dilatado género de la escena.» Claro está, pues, que
-los indios hasta literatura dramática tenían, y que el teatro era una de
-las más nobles diversiones de la corte de los incas.
-
-El florecimiento literario y el desenvolvimiento intelectual eran, pues,
-notables entre los peruanos y quiteños: pero llegaron los españoles y
-aquello fué el acabóse. Apenas quedó rastro de nada. «El poder
-exterminador de la conquista, exclama usted, arrancó de raíz el genio
-poético de los indios, y en su lugar hizo surgir de los abismos el
-espectáculo de la desolación y del espanto. El numen de la armonía no
-pudo vivir entre los vicios y la depravación de la gente española.»
-
-Infiérese de aquí que, no contentos los españoles con destruir la
-civilización indígena americana, despojaron á los indios de su inocencia
-y los pervirtieron.
-
-Esta mentida y decantada inocencia de América, que celebra Quintana en
-una de sus mejores odas, me trae á la memoria un terrible pasaje de la
-_Crónica del Perú_ de Pedro de Cieza, que presenta Leopardi en apoyo de
-su negro pesimismo y desesperada misantropía.
-
-«Los caciques de este valle de Nore--dice--buscaban por las tierras de
-sus enemigos todas las mujeres que podían; las cuales, traídas á sus
-casas, usaban con ellas como con las suyas propias, y si se empreñaban
-de ellos, los hijos que nacían los criaban con mucho regalo hasta que
-cumplían doce ó trece años: y desde esta edad, estando bien gordos, los
-comían con gran sabor, etc.» Y añade después: «Háceme tener por cierto
-lo que digo ver lo que pasó con el licenciado Juan de Vadillo (que en
-este año está en España, y si le preguntan lo que digo dirá ser verdad),
-y es que la primera vez que entraron cristianos españoles en estos
-valles, que fuimos yo y mis compañeros, vino de paz un señorete que
-había por nombre Nabonuco y traía consigo tres mujeres; y viniendo la
-noche, las dos de ellas se echaron á la larga encima de un tapete ó
-estera y la otra atravesada para servir de almohada, y el indio se echó
-encima de los cuerpos de ellas muy tendido, y tomó de la mano otra mujer
-hermosa.
-
-...Y como el licenciado Juan de Vadillo le viese de aquella suerte,
-preguntóle que para qué había traído aquella mujer que tenía de la mano;
-y mirándole al rostro el indio, respondió mansamente que para comerla...
-
-...Vadillo, oído esto, mostrando espantarse, le dijo:--¿Pues cómo siendo
-tu mujer has de comerla?--El cacique, alzando la voz, tornó á responder
-diciendo:--Mira, mira, y aun el hijo que pariere tengo también de
-comer.--Supo además Vadillo, por dicho de indios viejos, que «cuando los
-naturales de aquel valle iban á la guerra, á los indios que prendían
-hacían sus esclavos, á los cuales casaban con sus parientas y vecinas, y
-los hijos que habían en ellas aquellos esclavos los comían; y que
-después que los mismos esclavos eran muy viejos, y sin potencia para
-engendrar, los comían también á ellos.» Verdad es que Cieza explica con
-cierto candor la _inocencia_ de estos indios antropófagos, ya que el
-serlo «más lo tenían por valentía que por pecado.»
-
-Sin declamación ni sentimentalismo, aun suponiendo al español de
-entonces, y sobre todo al aventurero que iba á América, vicioso,
-depravadísimo, ignorante y cruel, todavía queda el peor de estos
-españoles muy por bajo de los indios salvajes ó semisalvajes, en vicios,
-depravación, crueldad é ignorancia.
-
-No es posible, por devastadores y malvados y fanáticos que supongamos á
-los españoles del tiempo de la conquista, que hiciesen desaparecer de
-la tierra americana y del alma y de la memoria de los indios todos los
-primores de su civilización, si en alguna parte los hubo.
-
-Para Méjico no deja usted de traer á cuento el auto de fe que de muchos
-manuscritos ó pinturas simbólicas hizo el arzobispo D. Juan de
-Zumárraga; pero ni ahí, ni en el Perú, hubo ni Zumárraga ni Omar que
-incendiase las bibliotecas, y sin embargo, ¿dónde están las odas, los
-dramas, las filosofías y las teologías que del Perú y del primitivo
-reino de Quito nos han conservado los doctos? Sólo cita usted una
-composición poética quichua sin atreverse á decir terminantemente que
-sea anterior á la venida de los españoles. Sin duda la compuso algún
-indio ya algo civilizado, á imitación de los versos de Castilla. Dice
-usted que es una poesía sencilla y graciosa que nos da idea de la
-genuina poesía de los antiguos indios. La poesía es breve, y ya es una
-ventaja. Consta de 76 sílabas, ó sea de 19 versos de á 4. Tres versos
-acaban en _munqui_ y dos en _súnqui_, y un verso entero es _cunuñunun_,
-por el cual se puede presumir lo melodioso de los otros.
-
-Los tales versos son la única reliquia que ostenta usted de la genuina
-civilización de esas tierras, donde no sólo había _aravicos_ ó poetas,
-sino también _amautas_ ó sabios y filósofos.
-
-Las coplas que trae usted además en lengua quichua, y la lamentación
-sobre la muerte de Atahualpa son ya de nuestro tiempo: obra de los
-_amautas_ y _aravicos_, que no se sepultaron como se sepultaron los más
-de ellos, «por no ver, como usted dice, las atrocidades de los blancos.»
-
-En suma, si fuésemos á dar crédito á los primeros capítulos de la
-_Ojeada_ de usted, España no llevó á América la civilización y la ley de
-gracia, sino la barbarie y todos los vicios. Nosotros empujamos á esa
-sociedad «en el abismo de tinieblas y de males, del cual la habían
-sacado la inteligencia, el raro tino político y la gran fuerza de
-voluntad de los incas;» lanzamos sobre América «una tempestad de vicios
-y crímenes;» y tratamos de aniquilar en todas partes los elementos de
-vida intelectual,» é hicimos «desaparecer la cultura de los indios entre
-el humo y los vapores de la matanza.»
-
-Todo esto lo decía usted en 1868. Si después no hubiera usted modificado
-sus opiniones, _La Epoca_ tendría razón en la advertencia que me hizo:
-usted odiaría á los españoles, y no sin fundamento, aunque erróneo.
-
-Desde 1868, usted ha cambiado mucho, como ya se verá. Por otra parte,
-aunque usted no hubiera cambiado, _Cumandá_ no dejaría de ser una
-preciosa novela.
-
-Antes, sin embargo, de hablar de _Cumandá_, quiero yo decir á usted
-algunas razones más para ver si desarraigo de su espíritu los restos que
-aun queden en él de ese fundamento erróneo que le movió á odiarnos como
-nación. Lo que es individualmente, yo calculo que no nos quiere usted
-mal, y por mi parte le estimo y aun me inclino á ser amigo de usted, á
-pesar de los errores, que supongo pasados.
-
-
-II.
-
-Muy estimado señor mío: Cada cual tiene su teoría para explicar la
-historia. Yo tengo la mía, que ni es nueva, ni inventada por mí, ni yo
-pretendo hacer que usted la acepte, si es que usted piensa de otro modo.
-Sólo voy á exponerla aquí en breves palabras para sentar la base en que
-se apoya lo que yo pienso sobre el soñado progreso y creciente
-civilización de los indios de América cuando llegaron por ahí los
-españoles.
-
-Dejo á un lado las árduas y profundas cuestiones, que tanto se rozan con
-las doctrinas religiosas, de si hubo ó no revelación primitiva, de si el
-linaje humano proviene todo de una pareja ó de muchas y de si apareció á
-la vez en varias regiones del globo ó en una sola. Tomemos el asunto
-menos _ab ovo_, y harto podemos afirmar sin que nadie se escandalice que
-el hombre, ó bien por olvido de la primitiva revelación y de la cultura
-que de ella había nacido, ó bien sin necesidad de olvidarlas, porque no
-las había tenido jamás, empezó en todos los países por el estado
-salvaje, ó cayó ó recayó en él por motivos diversos difíciles de
-explicar.
-
-Dicho estado, pues, ya inicial, ya por decadencia y corrupción, no
-coincide ni ha coincidido nunca en todos los países. Aun en el día, á
-pesar de los cómodos y rápidos medios de comunicación, hay salvajes en
-el centro de Africa y en algunas islas del mar del Sur y en varios
-lugares de América, mientras por acá gozamos de electricidad, vapor,
-fotografía, Submarino Peral, torre Eiffel y novelas naturalistas.
-
-Las diversas tribus y castas de hombres que viven en el mundo han ido
-siempre, en su marcha ascendente hacia la cultura, adelantadas unas y
-atrasadas otras. Los pueblos del Mediodía de Europa llevaban la
-delantera desde hace veinticinco siglos. Después, según dicen, los
-meridionales de Europa hemos decaído y nos hemos rezagado; pero sigue en
-Europa, y es ya casi indudable que seguirá por largo tiempo, el
-estandarte ó guión de la cultura, que hoy tienen entre manos franceses,
-alemanes é ingleses, y que tal vez aspiran á levantar también en alto
-los rusos.
-
-Como quiera que sea, y ora prevalezca una nación, ora otra, es evidente
-que la civilización de Europa prevalece, se difunde por el resto del
-mundo y le domina todo. La América de hoy, en lo humano y en lo culto,
-no es más que una parte de esta Europa transportada á ese nuevo y vasto
-continente. Hoy la civilización americana es una prolongación de la
-civilización europea. España, Portugal, Inglaterra y Francia han
-llevado ahí sus idiomas, sus ciencias, sus artes y su industria.
-
-Posible es que con el andar de los siglos, y en virtud del medio
-ambiente y de la mezcla de la sangre de los europeos con la sangre de
-los indios y hasta de los negros importados de Africa venga á resultar
-ahí algo extraño, nuevo, muy distinto, tal vez superior á lo de Europa;
-pero si esto ocurre me parece que tardará mucho en ocurrir, y por lo
-pronto, esto es, durante doscientos ó trescientos años (y fijo tan corto
-plazo porque el mundo va deprisa), seguirán ustedes siendo europeos
-trasplantados, y sus repúblicas, con relación á los Estados de Europa, á
-modo de mugrones, lo cual no es negar que cada uno de estos mugrones
-llegue á ser ó ya sea vid más lozana, robusta y fructífera que la vieja
-cepa de que brotó.
-
-Lo que yo sostengo es que ni el salvajismo de las tribus indígenas en
-general, ni la semicultura ó semibarbarie de peruanos, aztecas y
-chibchas, añadió nada á esa civilización que ahí llevamos y que ustedes
-mantienen y quizá mejoran y magnifican. Y aunque lo anterior al
-descubrimiento de América sea muy curioso de averiguar y muy ameno de
-saber, importa poco y entra por punto menos que nada en el acervo común
-de la riqueza científica, política, literaria y artística de ustedes,
-heredada de nosotros y acrecentada por el trabajo de ustedes, y no por
-ningún legado ó donativo de los indios.
-
-Pero, ¿qué donativo podían los indios hacer si nosotros destruimos con
-mano airada cuanto podía constituir el donativo? Esta es la tremenda
-acusación que ustedes nos hacen ó más bien que ustedes se hacen, pues
-sin duda ustedes son los más directos descendientes de aquellos feroces
-españoles que fueron á destruir civilización tan donosa.
-
-Un ilustre cubano, D. Rafael Merchan, que vive en Bogotá ahora, se
-extrema más que usted en esta acusación. Todo iba por ahí divinamente.
-Acaso habían sido Manco-Capac y Bochica más sabios que Sócrates y que
-Aristóteles. Acaso, si no llegamos ahí los españoles, los indios se
-perfeccionan, nos cogen la delantera, y son ellos los que vienen á
-Europa á civilizarnos. Si Colón, Cortés y Pizarro no van á América en
-los siglos XV y XVI, es probable que en el XVII los emperadores aztecas
-ó los incas nos hubieran enviado navegantes y conquistadores que
-hubieran descubierto, conquistado y civilizado la Europa allá á su modo.
-
-Por fortuna, los españoles madrugamos, fuimos por ahí antes de que los
-indios despertasen y viniesen, y dimos al traste con todo. «Todo
-pereció--dice el Sr. Merchan--razas, monumentos, libros, ídolos, cultos,
-ciencias, todo quedó destruído.»
-
-El Sr. Merchan dice, y dice bien, que los séres inteligentes, aunque no
-nos conozcamos y vivamos en regiones distintas, realizamos un
-pensamiento común y contribuimos á una grande obra. Pero los españoles
-fuimos por ahí y arrancamos medio mundo á esa elaboración universal. Y
-no contentos con arruinar la civilización americana quisimos borrar y
-borramos hasta la memoria de ella, arrasando «los monumentos más
-apreciables y convirtiendo ese Continente en una inmensa tumba de razas
-que tenían tanto que decirnos».
-
-Todo esto es una serie de suposiciones gratuitas del Sr. Merchan. Las
-razas indígenas de América no han perecido. Hoy acaso existen más indios
-en Méjico y en el Perú que los que había cuando la conquista; y si no
-hay más indios en el Paraguay, es por las guerras recientes que les han
-hecho los brasileños y argentinos. Todo cuanto los indios tenían que
-decirnos nos lo han dicho. Y si hoy Liborio Zerda, Antonio Bachiller y
-Morales y otros americanistas lo exponen, no faltaron, desde los
-primeros días del establecimiento de los españoles, sabios curiosos,
-misioneros llenos de caridad y de indulgencia y escritores sinceros que
-lo expusiesen con amor, más bien ponderando las virtudes y excelencias
-de los indios que denigrándolos.
-
-En suma, la historia de América, antes de Colón, es bastante oscura, mas
-no por culpa de los españoles, y lo que de esa historia se sabe más
-induce á creer lo contrario de lo que usted, el señor Merchan y el Sr.
-Montalvo, insinúan ó medio sostienen á veces.
-
-En vez de ese progreso que ustedes imaginan, los indios seguían en
-decadencia.
-
-Acaso si se retarda un siglo la llegada de los españoles, los imperios
-azteca, peruano y chibcha hubieran desaparecido, como ya habían
-desaparecido en América otras semi-civilizaciones, y acaso no hubieran
-hallado Pizarro, Cortés y Jiménez de Quesada, más que salvajes
-antropófagos, adoradores del diablo como los patagones y borinqueños, no
-sabiendo contar más que hasta diez, y _tatuados_ ó pintados con
-espantosos dibujos ó untados con grasas rancias y apestosas, en vez de
-andar vestidos.
-
-Indudablemente el salvajismo de los americanos de antes de la conquista
-europea, así como la semi-barbarie de varios pueblos del Nuevo Mundo y
-de Asia y de Africa, antes de ponerse en contacto con Europa, no indican
-que había ó hay ahí razas nuevas, que por sí solas puedan elevarse ó que
-están ó estuvieron en vía de elevarse á la civilización, sino más bien
-dan claro y triste indicio de razas antiguas, decaídas ó degradadas, que
-han perdido su civilización, si la tuvieron. De esas razas se puede
-afirmar lo que el Sr. Pí y Margall, citado por el propio señor Merchán,
-afirma de los guatemaltecos, al fijarse en los monumentos suntuosos y
-artísticos de Palenque y de Mitla: «Lejos de admitir, dice, que sean
-jóvenes aquellos pueblos, estoy por sospechar con Humboldt que estaban
-en decadencia á la llegada de los españoles y que habían perdido la
-memoria de lo que un tiempo fueron. Ignoraban hasta la existencia de
-esos grandiosos restos de una civilización pasada.» De esta civilización
-pasada ó remota de los pueblos de América, cuando llegaron los
-españoles, quedaban recuerdos ó restos, que es casi seguro que hubieran
-desaparecido también si no acude á tiempo aún la civilización europea á
-regenerar al salvaje ó al semi-salvaje americano.
-
-El guerrero español de la conquista sería cruel, codicioso, sin
-entrañas, todo lo malo que se quiera, con tal de que no se suponga, sin
-justicia alguna, que hubieran sido ó que fueron más suaves y benignos
-los alemanes ó los ingleses; pero no fueron españoles los que imaginaron
-que eran los indios de una raza inferior. Los españoles creyeron siempre
-que los indios eran sus hermanos, extraviados y decaídos, á quienes
-convenía traer al buen camino y levantar de su abatimiento y miseria.
-
-Los resultados dan testimonio de lo que digo. ¿Dónde están los indios
-civilizados por los yankees y convertidos en ciudadanos de la Gran
-República? Y en cambio, ¿no están Colombia, el Ecuador, Venezuela,
-Méjico y Guatemala, llenas de indios ó de mestizos, que son tan
-ciudadanos como los españoles de pura sangre? ¿No llegan esos indios ó
-esos mestizos á ser cuanto se puede ser en las sociedades libres? ¿Cómo
-comparar el espíritu democrático-católico de los españoles con la
-soberbia de la raza inglesa?
-
-Francamente, el escritor hispano-americano que, como usted nos trata tan
-mal y nos acusa de tantas maldades, si es español de pura sangre agravia
-y calumnia á sus antepasados, y si es indio puro, muestra la más negra
-ingratitud á los que le salvaron y regeneraron, y si es mestizo, reniega
-de la sangre española que puede tener en las venas, y hace creer que su
-sangre india se caldea más con el ardor de la envidia rencorosa que con
-el santo fuego de la gratitud.
-
-Si á esto se arrojase el escritor hispano-americano para sostener la
-verdad, yo no se lo echaría en cara. La verdad antes que todo, por
-amarga que sea. Pero, ¿dónde está el fundamento de verdad de las cosas
-que usted afirma? Basta enunciarlas, sin contradecirlas, para que ellas
-mismas se refuten y manifiesten lo absurdas que son. Nosotros
-_animalizamos_ al indio; destruimos los monumentos levantados por su
-genio sencillo y espiritual; borramos sus tradiciones históricas, y
-pusimos un abismo de ignorancia entre el siglo de Huaina Capac y
-Atahualpa y los siglos de los despóticos virreyes españoles. En fin,
-nosotros matamos la literatura quichua, salvo las coplitas que usted nos
-presenta, y que por mi parte no lamentaría mucho que se hubieran también
-perdido; é hicimos que los sabios indios que asesinamos se llevasen á la
-otra vida multitud de secretos admirables, con los cuales se hubiera
-enriquecido y ufanado hoy la ciencia.
-
-En fin, en su _Ojeada_ ó historia literaria del Ecuador, usted fantasea
-y finge una civilización americana que nosotros destruimos. Nuestra
-llegada fué como la irrupción de Alarico, de los vándalos ó de Atila, en
-lo más culto y brillante de Italia. Los indios, que estaban tan
-ilustrados, fueron _arrojados_ por nosotros _al ínfimo grado de
-ignorancia_, y ahí sobrevino la caliginosa oscuridad intelectual que
-hubo en Europa en los siglos medios. Todo el saber, perseguido por los
-españoles, se fué á refugiar en los colegios de los padres jesuítas y en
-otros conventos de frailes.
-
-Aseguro á usted que yo, á no haber sido provocado por _La Epoca_, no
-entraría con usted en estas discusiones. Mi intento, al escribir estas
-cartas, no es suscitar polémicas con los hispano-americanos, sino
-reanudar, hasta donde sea posible, las amistades que deben durar entre
-todos los hombres de sangre y de lengua españolas. Para ello no quiero
-adular á ustedes, sino dar á conocer en esta Península los mejores
-frutos de su ingenio, juzgándolos con justicia.
-
-La _Revue Britannique_ me hace el honor de hablar amablemente de estas
-cartas mías en uno de sus últimos números, elogiándome sobre todo por
-cierta habilidad diplomática de que por completo carezco. Se vale de
-rodeos y perífrasis, pero sostiene en realidad que yo elogio á ustedes
-demasiado, que los adulo para que se reconozcan ustedes españoles de
-origen y para que, encantusados ustedes por mí, de nuevo fraternicemos.
-
-Tiene razón la dicha Revista en que yo busco esta fraternidad, pero ni
-adulo á ustedes ni los encantuso para lograrlo y menos aun para sustraer
-á ustedes al influjo de Francia. Yo afirmo, porque lo creo, que son
-ustedes españoles, porque son de nuestra raza, porque hablan nuestro
-idioma, porque la civilización de ahí fué llevada ahí por España, sin
-que cuente por nada la _civilización india_, chibcha ó caribe; pero
-jamás pensé yo en robar á Francia su influjo en esas repúblicas, ni
-siquiera en censurar que ustedes se sometan á él en lo que tiene de
-bueno. Yo reconozco que España misma, por desgracia, está muy rezagada
-con respecto á Francia. Yo creo que Francia es una de las naciones más
-inteligentes del mundo, y la considero á la cabeza de los pueblos del
-Mediodía de Europa que hablan idiomas que provienen del latín. Soy tan
-dócil y transigente, que por más que me choque, soy capaz de aceptar la
-calificación genérica de pueblos latinos; pero no acierto á desechar, ni
-aquí en España, ni en las que fueron sus colonias, la especial
-calificación de españoles. Y deseo y espero que nuestra sangre tenga ahí
-y conserve la suficiente virtud y fuerza informante, digámoslo así, para
-preponderar en las mezclas con la sangre de los indígenas, y también con
-la sangre de otros pueblos de Europa, que la corriente de la emigración
-lleve á esas regiones.
-
-Dice la Revista, á que me refiero, que el vice-presidente de la
-República Argentina, Sr. Pellegrini, ha desmentido mis asertos en un
-discurso que pronunció en París, y que copia. Yo veo lo contrario; que
-el Sr. Pellegrini está de acuerdo conmigo. Aunque lleva un apellido
-italiano, ya se considera de casta española por el hecho de ser
-argentino; así lo afirmó en otro discurso que pronunció en Madrid; y si
-reconoce la hegemonía intelectual de Francia, ¿hace más por dicha, lleva
-á mayor extremo su entusiasmo, que el señor Castelar, á quien nadie
-acusa de renegar de su españolismo, en un artículo elocuentísimo
-publicado en el _Fígaro_ hace pocos días?
-
-En suma, yo no he de formar contra usted, ni contra ningún escritor
-hispano-americano, capítulo de culpas, porque sea demasiado entusiasta
-de Francia, porque celebre la violenta separación de ustedes y de la
-metrópoli, y porque cante en todos los tonos los triunfos de los
-insurgentes y las derrotas de los realistas; pero francamente, no se
-puede tolerar en silencio que afirmen ustedes que llevó España ahí la
-barbarie, que destruyó el saber indígena, y que (son palabras de usted)
-«el célebre Colón mostró la manera de atravesar el Océano, mas no la de
-trasladar á esas regiones las simientes de la civilización y las
-producciones de las grandes inteligencias.»
-
-Ya veremos, y con esto responderé á usted y á _La Epoca_, de qué suerte
-usted mismo, con dichosa y honrada contradicción, viene en sus libros á
-probar lo contrario: la acción civilizadora, la caridad ferviente, y la
-bondad de los elementos de cultura, importados en América por los
-hombres de nuestra raza.
-
-
-III.
-
-Descartando de su _Ojeada_ de usted toda la soñada civilización india y
-todo el enojo de usted contra España y tal vez sus remordimientos como
-de origen español por haber destruído tamaña preciosidad, vuelvo á la
-creencia del vulgo y me represento á los primitivos aventureros colonos
-llegando á un país de salvajes ó de semisalvajes luchando contra una
-naturaleza poderosa é inculta y tratando de fundar ahí y fundando
-colonias europeas.
-
-En este supuesto, y siguiendo la _Ojeada_ de usted, y resumiéndola
-mucho, hemos de confesar que no lo hicieron tan mal los aventureros
-españoles y que llevaron ahí los animales y las plantas útiles de
-Europa, y la agricultura y la industria, y la religión y la moral
-cristianas; que fundaron ciudades y que crearon para la civilización un
-Nuevo Mundo, que si llega un día á competir con el antiguo y á no ser
-inferior á la parte de él que colonizó la raza inglesa, nos dará
-satisfacción y gloria á los españoles peninsulares, los cuales por el
-lado filantrópico, ó dígase humanitario, hemos hecho más que los
-ingleses, ya que hemos civilizado á algunos indios y hemos procurado
-civilizarlos á todos hasta donde nosotros lo estábamos. Mas no podíamos
-dar, porque _nemo dat quod in se non habet_.
-
-Bajo la dominación de España hubo un clero en el Ecuador, el cual (usted
-lo confiesa) «se dedicó al cultivo de la inteligencia, puso en acción el
-habla y las razones para reducir las almas á la fe, tocó los resortes de
-la conciencia, despertó los instintos de moralidad y acertó á consolar
-grandes pesares». No contentos con esto, el gobierno y el clero de
-España fundaron allí buenas escuelas y ricas bibliotecas, donde, según
-usted afirma, «había preciosísimos manuscritos en todo ramo de
-literatura y aun sobre ciencias», lamentando usted que, después de
-declararse el Ecuador independiente, todo esto se haya tirado, se haya
-perdido ó se haya vendido á extranjeros, en vez de haberlo cuidado y
-aumentado. «Rubor nos causa decirlo, añade usted, porque no quisiéramos
-pasar por bárbaros; pero sólo en el Ecuador se ha visto gobierno que en
-vez de enriquecer un establecimiento de tal naturaleza, la biblioteca
-pública, la haya despojado de objetos que en otras naciones se hubieran
-conservado con veneración».
-
-Peor aun que con la biblioteca pública (que fué la de los padres
-jesuítas) se condujeron ustedes, ya independientes, con las bibliotecas
-de otros conventos. «Ni los gobiernos ni los prelados, dice usted, han
-tomado interés en que tales depósitos del saber humano se mejoren ó se
-conserven». Centenares de volúmenes se han vendido á real, sin duda
-para envolver alcarabea.
-
-Para que vea usted cuán imparcial y desapasionado soy, yo creo que usted
-exagera las pérdidas y la feroz destrucción de la literatura y de la
-ciencia coloniales por los ya libres ecuatorianos, como exageró antes la
-destrucción de la ciencia y de la literatura quichuas por sus
-conquistadores.
-
-La verdad debe de ser que en esa naciente colonia, tan remota, no pudo
-haber muy notables producciones literarias, durante el siglo XVI, cuando
-la colonia materialmente se establecía; ni tampoco en el siglo XVII,
-durante el cual la misma metrópoli estaba en decadencia y bastante
-inficionada por el culteranismo y por el fanatismo. Lástima es, con
-todo, que se hayan perdido escritos históricos, y algunos versos
-culteranos, como los de la poetisa quiteña doña Jerónima Velasco, á
-quien Lope eleva á las estrellas, en el _Laurel de Apolo_; la llama
-_divina_, y la coloca sobre Erina y Safo. Algo había de valer esta doña
-Jerónima, á pesar de la sabida prodigalidad de Lope en las alabanzas.
-
-Por lo demás, la poesía ecuatoriana del siglo XVII era extremadamente
-gongorina; y los poetas, jesuítas ó discípulos de jesuítas. El
-_Ramillete de varias flores poéticas_, publicado en Madrid en 1676 por
-el guayaquileño Jacinto Eria, nos da muestras de todo lo dicho,
-bastantes para consolarnos de que otras flores del mismo suelo y
-condición cayesen en el río del olvido y se perdieran, arrebatadas por
-la corriente, sin llegar á formar _ramilletes_ nuevos.
-
-Restaurado después el buen gusto, ya á mediados del siglo XVIII, empieza
-verdaderamente á florecer la literatura en el Ecuador. Sus más hábiles y
-dichosos cultivadores fueron aun los padres jesuítas, cuya tiránica
-expulsión de todos los dominios de España fué un mal grande para el
-Ecuador. Sacó de ahí el más fructífero centro de cultura y perjudicó
-mucho á las florecientes misiones en que los padres atraían á los indios
-á la vida pacífica y cristiana, á la agricultura y á la civilización.
-Aquellos jesuítas ecuatorianos fueron, como los españoles de la
-Península, á refugiarse en Italia, y en Italia dieron también claro
-testimonio de su saber y su ingenio.
-
-Sería adulación suponer que descolló entre estos jesuítas ecuatorianos
-ninguno de aquellos varones portentosos que se llaman _genios_; pero,
-¿cómo negar que hubo hombres de talento no común, no indignos compañeros
-de nuestros Islas, Hervás, Andrés y Lampillas, y que en Italia mostraron
-la ilustración que tuvo y difundió la Compañía, así en la Península como
-en sus más distantes colonias? El país en que se habían formado hombres
-como los padres Velasco, Aguirre, Rebolledo, Garrido, Andrade, Crespo,
-Arteta, Larrea, Viescas y Ullauri, era sin duda un país donde las letras
-se cultivaban con éxito y con esmero. Las poesías en castellano, en
-italiano y en latín, de estos expatriados jesuítas, son muy estimables.
-En mi sentir, usted se muestra con ellas más severo que indulgente.
-Entre los expulsados jesuítas ecuatorianos hubo también naturalistas,
-eruditos é historiadores. El padre Juan de Velasco, por ejemplo, nos ha
-dejado una interesante _Historia del Reino de Quito_.
-
-A pesar de la expulsión de los jesuítas, no se amortiguó ahí la antorcha
-del saber. Bien merece llamarse ilustrado en las colonias el gobierno de
-Carlos III y de sus sucesores hasta el momento en que se proclamó la
-independencia. La más brillante demostración de tal verdad la dieron los
-mismos eminentes americanos que tanto honraron á su patria en las Cortes
-de Cádiz, que pelearon por la independencia y que la cantaron en
-hermosos é inmortales versos. Sucre, Bolivar, Olmedo, Bello y muchos
-otros, bajo el régimen colonial habían sido educados.
-
-Olmedo es el más notable de los poetas hispano-americanos
-lírico-heroicos. Merecidos son los elogios que usted le tributa. Nada
-puedo añadir ni nada quiero rebajar tampoco. Mi querido amigo D. Manuel
-Cañete ha escrito un hermoso estudio sobre Olmedo, y usted reconoce que
-no le escatima los aplausos y que le perdona la dureza con que á veces
-nos trata, por la hermosura de la dicción y por la sublimidad poética y
-por la pasión de patriotismo exclusivo que al vate inspiraba entonces.
-
-Si yo procediese con enojo, y no con afecto, diría ahora: ¿Cómo fué que
-desde que ustedes sacudieron el pesado yugo de España (no hablamos aquí
-de ciencias, pues me limito á hablar de la poesía de que habla la
-_Ojeada_) apenas han tenido ustedes un buen poeta? La _Ojeada_ llega,
-creo, hasta 1868, y hasta entonces no cita usted autor de versos que se
-eleve sobre el nivel de la medianía.
-
-Casi todos los poetas son doctores: el doctor Riofrío, el doctor
-Carvajal, el doctor Corral, el doctor Cordero, el doctor Castro, el
-doctor Avilez, el doctor Córdoba. A todos estos doctores, y á otros que
-no lo son, los iguala usted en el tocar ó pulsar la lira. A todos, al
-ponerlos usted en su _Ojeada_, los pone en berlina, con delectación
-morosa, examinando sus composiciones y dejándolas harto mal paradas.
-
-Me admiro de la crueldad de usted, tal vez indispensable. En pradera
-regada por una mala pero fecundante fuente Hipocrene, donde crecen con
-viciosa lozanía tantas yerbas inútiles ó nocivas, que tal vez ahogan el
-trigo y las bellas flores que pudieran granar, ó abrirse y ofrecer
-alimento ó aroma, me le figuro á usted armado de terrible almocafre,
-escardando cuanto hay que escardar sin reparo y sin lástima.
-
-¿Qué estragos no hace su almocafre de usted en esa _Lira ecuatoriana_,
-jardín de selectas plantas reunidas por otro doctor, el doctor
-Molestina? El verdadero molesto ha sido usted, y no él. Usted declara
-que el desventurado doctor Molestina no anduvo feliz en la elección de
-las piezas: maldice la abundancia; asegura que se contentaría con diez
-composiciones dictadas por las musas, y exclama, por último, «cargue el
-demonio con todo lo demás, que acaso es obra suya.»
-
-Pero hablando con mayor seriedad, usted no es molesto sino al doctor
-Molestina y á los poetas que usted severamente censura. Su _Ojeada_ de
-usted está llena de excelentes consejos, de gracia, de discreción y de
-muy sana crítica. La pintura que hace usted de los vicios de la poesía
-en el Ecuador y en toda la América meridional es tan atinada y viva que
-no parece sino que puede aplicarse á los malos poetas que también
-abundan por aquí. La diferencia está en que aquí, salvo cuando la
-apasionada enemistad mueve la pluma, nadie critica á mi ver con la
-crudeza que usted critica. Tal vez suponemos que lo malo morirá de
-muerte natural, sin que el crítico lo mate. Tal vez templa aquí el rigor
-crítico la consideración que tan chistosamente aduce usted de que el
-poeta dice sus inmortales y maravillosos versos, inspirado por el Dios,
-de suerte, que cuando el Dios no le inspira, suele decir vulgaridades ó
-desatinos, y así, es menester sufrir éstos para que salgan aquéllos á
-relucir, pues el poeta mismo ignora cuándo le inspira el Dios, cuando no
-le inspira nadie, ó cuando le inspira y le empecata el diablo. En apoyo
-de esto cita usted, con oportunidad ingeniosa, ciertas elocuentes
-razones de Platón, y el ejemplo que Platón ofrece de un detestable
-poeta, llamado Tinico de Calcis, el cual acertó á hacer una magnífica
-oda. Lo singular es que usted después de traer tales argumentos en favor
-de la indulgencia, maldito el caso que de ellos hace, y sin considerar
-que los Tinicos de por ahí acaso escriban alguna otra oda tan magnífica
-ó más que la del de Calcis, me los pone de vuelta y media por las malas
-odas que ya han escrito.
-
-Apenas hay género de poesía lírica cuyos defectos no marque usted con
-juicio. Las políticas son artículos de fondo rimados, en _lenguaje
-gacetero_: «son arengas demagógicas, valentonadas quijotescas,
-exabruptos delirantes, disertaciones flemáticas ó exposiciones de
-proyectos maravillosos para el futuro engrandecimiento del pueblo.» Para
-aparentar que hay en ello poesía afirma usted que los autores ponen en
-sus coplas muchas interrogaciones é interjecciones, puntos suspensivos,
-ridículas hipérboles é insultos desaforados.
-
-En la poesía amatoria aún halla usted más feos lunares. Por lo común, el
-poeta que ya ha obtenido favores de una dama, ó por celoso ó por
-hastiado, la harta de desvergüenzas ó expresa con abominable
-encarecimiento
-
- El bien pasado y la ilusión perdida.
-
-Es graciosa esta cita de usted: es de un autor que ha dado á luz un tomo
-titulado _Tristezas del alma_, y habla del último beso dado á su
-querida:
-
- Beso postrero... sudario
- de la ilusión del primero,
- Vago, triste, lastimero
- Como el ay de la orfandad:
- Última flor arrancada
- Al árbol de los amores,
- Horrorosa campanada
- Que suena en la eternidad.
-
-Y usted añade con razón: «En materia de besos, bastantes disparates han
-dicho otros poetas; pero no hemos visto ni tenemos noticia de que
-ninguno haya llegado al extremo del autor de estos versos.»
-
-Mucha culpa de semejante disparatar la tiene, según usted, «el prurito
-de mostrarse descontento de la propia suerte, de lamentarse de males que
-no se sabe dónde están, de pintar una tristeza que está bien lejos del
-corazón, de fingir pasiones imposibles y deseos fuera de toda ley
-racional, y de llamar á la muerte cuando acaso menos se la desea».
-
-«Muchos amantes, dice usted en otro lugar, reconvienen á sus Nices, Lais
-ó Maritornes, dirigiéndoles billetes de eterna despedida, donde campean
-junto á un piropo desabrido una amarga burla, al lado de un mentiroso
-recuerdo una picante ironía, é ingerta en una tonta promesa una amenaza
-aún más tonta. Espronceda, con su canción delirante ó crapulosa, si así
-puede decirse, dirigida á Jarifa, es el maestro de nuestros poetas
-eróticos; pero los discípulos han sobrepujado tanto al vate español,
-que, si viviera, se avergonzaría de la frialdad de sus versos.»
-
-Justo y saludable es el enojo con que truena usted contra el afán de
-imitar al ya citado Espronceda, á Byron, á Lamartine y á Víctor Hugo,
-exagerando sus faltas y no acertando á reproducir sus bellezas. Los
-ejemplos que pone usted son curiosos. Hay un poeta que, para combinar
-bien lo fúnebre con lo orgiástico, nos describe un banquete celebrado
-por él en el cementerio, donde turba el augusto silencio de las tumbas
-con música irónica y carcajadas infernales. Hay otro que, en el día del
-juicio final, se presenta delante de Dios con su querida de la mano, le
-dice que aquélla es su señora, que es muy guapa, que su amor es su
-virtud, que no quiere más cielo que ella, y amenaza al que se atreva á
-disputársela. Y hay otro, por último, que escribe una leyenda, ó
-fragmento de una leyenda imitando _El Estudiante de Salamanca_, y dando
-á luz á un D. Félix Joaquín Zavala, que pretende echar la zancadilla á
-D. Félix de Montemar, nuestro compatriota.
-
-En suma, salvo algunas atenuaciones, salvo varias dedaditas de miel que
-suministra usted de vez en cuando, poco tienen que agradecer á usted los
-poetas de su tierra.--«Todo es pura palabrería, ruido insustancial,
-brillo falso.»--«La lengua está impíamente maltratada.»--«Ninguno
-reflexiona que cuando no hay verdad en los afectos, cuando las
-expresiones nacen de la cabeza y no del corazón, cuando se desecha lo
-natural por arrimarse sólo á los caprichos de la imaginación, propia ó
-extraña, no hay poesía, sino vano ruido de palabras; que no causa
-ninguna impresión agradable, sino mucho desabrimiento.»--Tales lindezas
-dice usted de su Parnaso.
-
-Movido usted quizás por el patriotismo, echa la culpa de tamaños males
-al materialismo, á la impiedad, á la carencia de ideales, al pesimismo,
-y á otros errores, con que contaminan á los poetas ecuatorianos los
-poetas europeos, que se les presentan como dechados y objetos da
-admiración. Pero acaso ¿son satánicos, impíos y desesperados todos los
-poetas que en Europa están de moda? No: las causas deben de ser otras, y
-no esas. Y por otra parte, aun siendo impíos, y satánicos y tétricos, lo
-cual es de lamentar, no se sigue que sean malos todos los poetas
-europeos. Buenos, egregios, eminentes pueden ser, á pesar de su
-satanismo y de su misantropía.
-
-Las causas verdaderas de los malos versos usted mismo las expone,
-rasgando sin compasión el vendaje y levantando los apósitos para catar
-las llagas.
-
-El capítulo XVIII de la _Ojeada_ es sangriento. Suelta usted la pluma y
-se arma del látigo para azotar á cuantos tienen los defectos, ó son
-causa ó resultado, ó ambas cosas, del mal estado de los estudios en esa
-república.
-
-Ahí viene usted á declarar que no se estudia nada bien, ni nada útil,
-que «no hay más que tres malos caminos y un despeñadero: la
-jurisprudencia desacreditada, el sacerdocio profanado, la medicina mal
-entendida y peor aplicada, y la vagancia.» Los más, prosigue usted, van
-al despeñadero, «por los malos hábitos adquiridos con los peores
-estudios.» Los que se dedican á la teología, á la abogacía ó á la
-medicina «carecen, en su mayor parte, de las aptitudes para tales
-ciencias.»
-
-Deplora usted luego que nadie se dedique á seguir otras carreras. Pero,
-¿cómo han de seguirlas, si en los colegios y Universidades sólo se
-enseña eso y mal? «Las ciencias exactas y naturales, la industria, las
-artes, los oficios tan necesarios al pueblo, no han merecido la atención
-de nuestros legisladores ó han sido mirados con frío desdén.»
-
-Eso mismo que se enseña puede inferirse de las palabras de usted que no
-se enseña bien ó que no se aprende. «¿Qué importa, exclama usted, con
-acerba ironía, que después de conquistados los grados y adquirido el
-pomposo título de _doctor_, subsista la ignorancia grande, redonda y
-cerrada? Este título da derechos que pueden convertirse en oro, aunque
-sea á despecho de toda razón y justicia.»
-
-Del capítulo que voy analizando, si le diésemos crédito y no viésemos
-acritud y exageración, deduciríamos que ahí bulle un enjambre de
-doctores sin doctrina, que no leen sino malas novelas, coplas inmorales,
-y cuanto de peor y de más desatinado, moral, social y racionalmente, se
-imprime en Europa, y sobre todo en Francia.
-
-Y aquí debo advertir que usted, si bien es anti-español á veces, por
-sobrado americanismo, es siempre ultraconservador, ferviente católico, y
-en política lo que hemos llamado por aquí _clerical_ ó _neocatólico_.
-Tal calidad debe tenerse en cuenta á fin de mitigar las diatribas de
-usted contra sus propios contemporáneos y paisanos.
-
-Termino esta carta aquí no sin asegurar á usted que, si bien me parece
-usted hombre apasionado, también me parece instruído, inteligente y
-dotado de muy briosa elocuencia, la cual resplandece en no pocas páginas
-de la _Ojeada_, y les presta animación y brillantez nada vulgares.
-
-
-IV.
-
-El suelto de _La Epoca_, acusando á usted de odiar á los españoles, ha
-dado ocasión á no poco de lo que he dicho en las anteriores cartas, y ha
-convertido casi en polémica lo que no quiero yo que lo sea. El Sr.
-Merchán, á quien cito en una de dichas cartas, se da por aludido y me
-honra dirigiéndome un escrito de 65 páginas de impresión á las que
-tendré que contestar. Quedo, pues, empeñado en disputas, contra toda mi
-intención y propósito, que no era otro que el de dar á conocer, hasta
-donde alcanzasen mis fuerzas, las obras literarias de los
-hispano-americanos, entre sus hermanos los españoles.
-
-Y ya que voy á empeñarme en esta controversia con el Sr. Merchán, quiero
-dar por terminado el amago de controversia que con usted he tenido, mas
-no sin poner antes las siguientes explicaciones ó aclaraciones.
-
-1.ª Que yo no creo en el odio de ustedes contra nosotros, sino en que la
-moda, la corriente de las ideas y sentimientos del día y nuestra
-propensión á dejarnos guiar por cuanto se les antoja decir, hasta contra
-nosotros mismos, á franceses, ingleses y alemanes, hace que ustedes
-vayan á veces más allá de lo justo en ponderar las crueldades y horrores
-de la conquista de América, sin advertir acaso que más culpados fueron
-los antepasados de ustedes que los nuestros, pues no es de creer que
-cuantos martirizaron, asesinaron y vejaron á los indios se volvieron á
-España, y sólo se quedaron por ahí los que los amaban y mimaban.
-
-2.ª Que fuesen los que fuesen los crímenes y atrocidades de nuestros
-antepasados (de ustedes y nuestros), al apoderarse de ese vasto
-continente, dado el punto de civilización moral que los europeos
-alcanzaban entonces, no es de presumir que hubieran sido más blandos
-otros europeos, si les hubiera tocado en suerte hacer lo que hicimos.
-
-3.ª Que yo lamento, como lamenta el más americano de los americanos, que
-los españoles, por fanatismo ó por desdén, destruyesen monumentos y
-perdiesen documentos de las semi-civilizaciones peruana, azteca y
-chibcha: pero ¿qué le hemos de hacer? _Sunt lacrimæ rerum._ Las
-conquistas, las invasiones y las revoluciones y cambios, no suelen
-hacerlos, ni nunca los hicieron, los hombres mansos y suaves, sino los
-más duros y fuertes. En estos casos, hay poco cuidado en conservar y hay
-no pequeño prurito de destruir: lo cual en los venideros tiempos se irá
-remediando; pero entonces ¿cómo se ha de extrañar que causasen graves
-daños los españoles? ¿Cuántos templos, cuántas estátuas magníficas,
-cuántos libros no destruirían los cristianos, al acabar con el
-gentilismo clásico? ¿Qué horrores no harían las hordas del Norte cuando
-pusieron término en España á la dominación romana? ¿Qué no harían los
-berberes contra los monumentos y documentos de la civilización
-romano-bizantino-visogótica que en España había, cuando destrozaron
-ellos el Imperio fundado por Alarico? Sería cuento de nunca acabar si
-siguiésemos con estas citas y comparaciones. Baste lo dicho para que
-recapacite todo hombre de buena fe y confiese, al menos allá en sus
-adentros, que valía bien poco lo que nosotros destruímos en América en
-cambio de lo que en América fundamos, creamos é importamos.
-
-4.ª Que la guerra de independencia y separación de esas Repúblicas y la
-Metrópoli no se puede comparar con la reconquista de España y expulsión
-de los moros, ni con la separación de Portugal de España, ni menos aun
-con las guerras entre España y los Países Bajos. Ahí lo que hubo fué una
-guerra civil de emancipación, entre gente de la misma casta, lengua y
-costumbres. Todo lo que ustedes ensalcen las hazañas, las virtudes y los
-talentos militares de Bolivar, Sucre, San Martín y demás héroes, nos
-halaga, en vez de ofendernos, y nos halaga por dos razones: porque
-nuestra derrota queda cohonestada, y porque esos héroes, que nos
-vencieron, hijos de España eran, España los había criado y educado, y á
-España habían ellos servido hasta el día en que se levantaron en armas
-contra ella.
-
-Y 5.ª Que yo no he sido impulsado por nadie para contradecir algo de lo
-que usted dice, sino que, al leerlo y al criticarlo, no podía menos de
-contradecirlo, sin que desee yo renovar la antigua polémica de usted con
-el Sr. Llorente Vázquez, ministro que fué de España en esa República:
-antes bien huyo de intervenir en dicha polémica. No he visto ni estátua
-ni pintura del Gran Mariscal de Ayacucho, que tenga á sus pies ó el
-león de España ó la bandera de España: pero, si algo tiene de enojoso
-para nosotros este modo de representar ustedes su triunfo, no pocos de
-los versos de usted, tan entusiastas de España y de sus antiguas
-glorias, nos desagravian por completo.
-
-Estas palabras, que usted pone en boca de Bolivar, nos deben dejar
-satisfechos:
-
- Ver con audaz mirada un nuevo mundo
- De ignoto mar dormido en el regazo,
- Y venciendo olas y enemigos vientos,
- Y avasallando dudas é ignorancias,
- Venir, tomarle, alzarle, y á otro mundo,
- Asombrado decir: ¡He aquí tu hermano!
- Y á las puntas fiar de cuatro aceros
- De sojuzgar naciones la árdua empresa,
- Gentes prostrando en número infinitas;
- Y arrancar al error millones de almas
- Y á la cruel barbarie; las sangrientas
- Aras despedazar, do el pecho humano
- En atroz agonía se agitaba;
- Quitar al sol el usurpado culto
- Y devolverle al Criador: triunfante
- La cruz alzar en los dorados templos:
- ¡Qué hazañas! ¡qué grandeza! ¡cuánta gloria!
- ¿Quién á envidiarlas no se inclina?
-
-Sobra con lo citado para probar que usted no es enemigo, ni denigrador
-de los españoles, sino encomiador y amigo de ellos, como español de
-sangre, de origen, de religión y de lengua.
-
-Por mi parte, terminada queda la discusión con usted. Si más adelante,
-la siguiere yo con el Sr. Merchán, más me excitará á ello la cortesía
-que el prurito de refutar sus opiniones.
-
-Ahora quiero hablar de _Cumandá_ y de otra novelita de usted. _Entre dos
-tías y un tío_, que he leído con grande interés y contento.
-
-Empezaré por la novelita, pues, aunque obra más reciente, es de menos
-importancia.
-
-El estilo y manera que tiene usted de escribir novelas, son
-verdaderamente originales porque son naturales. No hay género de
-literatura en que sea más difícil no caer en la imitación de lo francés
-ó de lo inglés, á no adoptar algo de arcáico y afectado, tomando por
-modelo nuestras antiguas novelas de los siglos XVI y XVII. Por dicha,
-usted evita ambos escollos. La naturalidad espontánea y sencilla salva á
-usted de remedar á nadie, y sin aspirar á la originalidad, la tiene
-usted, sin nada de rebuscado y de raro. En las narraciones de usted no
-se ve el arte, aunque sin duda le hay. Se diría que usted cuenta lo que
-ha visto ó lo que le han contado, como Dios le da á entender, y como si
-jamás hubieran contado otros ó usted los hubiera leído ú oído.
-
-Las descripciones de la gira campestre, de la quinta á orillas del río,
-de los amores de Juanita y Antonio, tan candorosos é inocentes, y del
-egoísmo de las tías, y de la casi irresponsable brutalidad del tío don
-Bonifacio, siempre borracho, parecen la pura realidad.
-
-Para que no sigan los amores de Juanita, porque Antonio es pobre, y
-doña Tecla cobra y disfruta la pensión de orfandad de su sobrina, doña
-Tecla envía á la muchacha, desde Ambato, donde vive, á Quito, donde
-reside Marta, su hermana. Doña Marta es una beata escrupulosa y
-asustadiza, que atormenta y muele á la pobre Juanita, más aún que doña
-Tecla. Un joven militar ve á Juanita en misa, la persigue, la piropea y
-la pretende, delante de doña Marta, que no le infunde respeto. Doña
-Marta, entonces, que es egoísta en extremo, y no quiere compromisos ni
-desazones, escribe á su hermana para que venga el tío Bonifacio y se
-lleve á Juanita á Ambato otra vez.
-
-En esta vuelta de Quito á Ambato, en este viaje, están el más vivo
-interés y la acción de la novela. Se nota que el autor, aunque ligero y
-sobrio en las descripciones, conoce á palmos el terreno: aquello no es
-fantástico, es real, y esta realidad hace que todo sea más interesante.
-
-Antonio, que sabe el viaje, ha dispuesto robar, durante el viaje, á
-Juanita. Todo lo ha preparado para robarla y casarse en seguida con
-ella, y se lo ha dicho á ella por medio de una carta.
-
-Sorprende el tío la carta, mientras Juanita duerme, en una posada en que
-hacen noche, y, como es un borracho crónico que presume de agudo y
-listo, toma con Juanita por atajos y veredas extraviadas, á fin de no
-tropezar con el raptor á quien debían acompañar dos amigos. La
-resistencia de Juanita á salirse del camino que debían seguir; la brutal
-violencia con que el tío pega al caballo de Juanita para que vaya por
-donde él quiere; y el cansancio y el terror de Juanita cuando la noche
-llega de nuevo y los sorprende cerca del río, que viene muy crecido,
-todo aumenta la ansiedad del lector y la compasión que Juanita inspira.
-
-Ya están cerca de Ambato: pero es menester antes vadear el río. Don
-Bonifacio, más valeroso que de costumbre, merced á frecuentes
-libaciones, halla á un hombre conocido suyo que le muestra el vado.
-Juanita se aterra más que nunca y no quiere pasar: pero el tío castiga
-el caballo de Juanita que al fin se echa al agua.
-
-Así llegan á la orilla opuesta. Don Bonifacio oye la voz de Juanita, que
-dice: ¡Jesús me valga! pero ve que el caballo de Juanita ha pasado y le
-sigue.
-
-De repente aparecen tres hombres á caballo. Don Bonifacio cree que son
-Antonio y sus dos amigos y se llena de terror. Los tres de á caballo
-corren en otra dirección que la que lleva don Bonifacio, quien ve, sin
-poderlo evitar, que el caballo de Juanita va con ellos.
-
-Desesperado llega don Bonifacio á Ambato. Cuenta el rapto á doña Tecla,
-cuyo furor es terrible. Se pone en movimiento la policía, y don
-Bonifacio con ella, y á la mañana siguiente encuentran á Antonio y á sus
-amigos en una quinta. Piden la entrega de la mujer robada, y niega el
-rapto Antonio. La buscan y no la encuentran. Por último, unos indios, en
-parihuelas hechas de ramaje, traen el cadáver de la infeliz Juanita, que
-han encontrado á la orilla del río. El caballo de Juanita, ya sin
-jinete, había seguido á los de los tres caminantes que ninguna relación
-tenían con Antonio y sus amigos.
-
-La desesperación de Antonio y la bestial estupefacción del tío Bonifacio
-no tuvieron límites con este desenlace. Doña Tecla lloró la muerte de
-Juanita. Su dolor crecía cuando llegaban los últimos días del mes y no
-podía cobrar la pensión.
-
-Contado todo esto, como yo lo cuento, no tiene gracia: pero, ¿cómo dar
-de otra suerte idea de una novela? Claro está que en Juanita y en
-Antonio, fuera del amor inocente y profundo que los anima y de la bondad
-de ambos, no hay muy marcada y distinta fisonomía, ni era posible
-dársela en tan corta novela: pero las dos tías y el tío, como caracteres
-cómicos, más fáciles de individualizar, están hábil y graciosamente
-pintados. Los usos y costumbres lo están también; y, durante la lectura,
-imagina uno que vive en el Ecuador, treinta ó cuarenta años hace.
-
-Muchísimas novelas se han escrito y se siguen escribiendo en toda la
-América española. No pocas de ellas merecerían ser más conocidas y
-leídas en España y por todo el mundo. Hay novelas chilenas, argentinas,
-peruanas, colombianas y mejicanas. Yo he leído ya bastantes, pero
-declaro que ninguna me ha hecho más impresión hasta ahora, y me ha
-parecido más española y más americana á la vez, mejor trazada y escrita
-que _Cumandá_. Aquello es en parte real y en parte poético y peregrino.
-
-El teatro, en que se desenvuelve la acción, es admirable y grandioso y
-está perfectamente descrito. El autor nos lleva á él, trepando por la
-cordillera de los Andes, pasando el río Chambo de rápida é impetuosa
-corriente, oyendo el ruido de la catarata de Agoyan, y mostrándonos,
-desde la cumbre del Abitahua, por una parte la ingente cordillera,
-coronada de hielo, y, á nuestros pies, la inmensa y verde llanura, la
-soledad sin límites, las selvas primitivas, frondosas y exuberantes, por
-donde corren, regándolas y fecundizándolas, el Napo, el Naray, el Tigre,
-el Morona, el Chambira, el Pastaza y otros muchos ríos caudalosos, que
-van á acrecentar la majestuosa grandeza del Amazonas.
-
-El autor nos hace penetrar en aquellos misteriosos y fértiles desiertos,
-por donde vagan tribus de indios salvajes. Allí, si por un lado oye el
-hombre una voz que le dice, ¡cuán pequeño, impotente é infeliz eres!;
-por otro lado, oye otra voz que le dice: eres rey de la naturaleza;
-estos son tus dominios. Excepto Dios y tu conciencia, aquí nadie te mira
-ni sojuzga tus actos.
-
-Tal es el sublime teatro de la acción de _Cumandá_. Las sombras de la
-espesa arboleda, las sendas incultas, la fragancia desconocida de las
-flores, el sonar de los vientos, el murmurar de las aguas, todo está
-descrito con verdadera magia de estilo.
-
-Se diría que el autor templa, excita y prepara el espíritu de los
-lectores, para que la extraña narración no le parezca extraña, sino
-natural y _vivida_.
-
-No me atrevo á contar la acción en resumen. No quiero destruir el
-efecto, que á todo el que lea la hermosa novela de usted debe causar su
-lectura.
-
-Los jesuítas, á costa de inmensos sacrificios, de valor y de
-sufrimiento, habían cristianizado á muchos de los más indómitos y fieros
-salvajes de aquellas regiones; y en ellas habían fundado no pocas
-aldeas. La pragmática sanción de Carlos III, expulsándolos, vino á
-deshacer en 1767, la obra de civilización tan noble y hábilmente
-empezada.
-
-El tiempo de la novela es á principios del siglo presente, en pleno
-salvajismo de aquellas apartadas comarcas.
-
-Hay, no obstante, una misión ó aldea de indios cristianos. El sacerdote
-que la dirige, es un rico hacendado, á quien, en una sublevación, los
-indios habían incendiado hacienda y casa, dando muerte á su mujer y á su
-hija.
-
-El hijo del misionero, que se había salvado y vivía con él en la misión,
-es el héroe de la novela. Sus castos amores con Cumandá, y las
-extraordinarias aventuras, á que dan ocasión estos amores, forman la
-bien urdida trama de la novela.
-
-¿Cómo negar, no obstante, que, desde cierto punto de vista, la novela
-tiene un grave defecto? La heroina, Cumandá, apenas es posible, á no
-intervenir un milagro: y de milagros no se habla. La hermosura moral y
-física del ser humano es obra artificial ó sobrenatural. O nace en un
-estado paradisiaco y de una revelación primitiva, de que por sus pecados
-cayó el hombre, ó renace por virtud de revelaciones sucesivas y de
-progresivos esfuerzos de voluntad y de inteligencia. La hermosura moral
-y física de la mujer, más delicada y limpia, que la del hombre, requiere
-aun mayor cuidado, esmero y esfuerzo, para que nazca y se conserve.
-Difícil de creer es, por lo tanto, que Cumandá, viviendo entre salvajes,
-feroces, viciosos, groserísimos, moral y materialmente sucios, y
-expuestos á las inclemencias de las estaciones, conserve su pureza
-virginal, y sea un primor de bonita, sin tocador, sin higiene y sin
-artes cosméticas é indumentarias. Cloe, en las _Pastorales de Longo_, no
-vive al cabo entre gente tan brutal, y toda su hermosura resulta además
-estéticamente verosímil, ya que Pan y las Ninfas la protejen y cuidan de
-ella. Cloe es un sér milagroso, y, para los que creían en Pan y en las
-Ninfas, en perfecto acuerdo con la verdad. Pero como Cumandá no tiene
-santo, ni santa, Dios, ni Diosa, ni hada, que tan bella y pura la haga y
-la conserve, es menester confesar que resulta dificultoso de creer que
-lo sea.
-
-En muestras de imparcialidad, yo no puedo menos de poner este reparo á
-la novela de usted: pero, saltando por cima, haciendo la vista gorda y
-creyendo á Cumandá posible y hasta verosímil, la novela de usted que,
-con el hechizo de su estilo nos induce á creer posible á Cumandá, es
-preciosa, ingeniosa, sentida, y llega á conmovernos en extremo.
-
-Fuera de Cumandá, todo parece real, sin objeción alguna. Las tribus
-jívaras y záparas, y las fiestas, guerras, intrigas, supersticiones y
-lances de dichas tribus y de los demás salvajes, están presentados tan
-de realce, que parece que se halla uno viviendo en aquellas incultas
-regiones.
-
-El curaca Yahuarmaqui, que significa el de las manos sangrientas, es
-como retrato fotográfico: él y los adornos de su persona y tienda, donde
-lucen las cabezas de sus enemigos, muertos por su mano: cabezas
-reducidas, por arte ingenioso de disección, al tamaño cada una de una
-naranjita.
-
-Carlos, héroe de la novela y amante de Cumandá, no tiene grande energía
-ni mucha ventura para libertar á su amada: pero, en fin, el pobre Carlos
-hace lo que puede. Cumandá, en cambio, es pasmosa por su serenidad y
-valentía. Cuando la casan con el curaca Yahuarmaqui, la inquietud y el
-temor llenan el alma de los lectores. El curaca, por dicha, tenía ya
-más de setenta años, y muere á tiempo: muere la noche misma en que debe
-poseer á Cumandá. Pero la desventurada muchacha, con la muerte de
-Yahuarmaqui, pasa de Herodes á Pilatos. La deben sacrificar como á la
-más querida de las mujeres del curaca para que le acompañe en la morada
-de los espíritus. La fuga nocturna de Cumandá, por las selvas, es muy
-interesante y conmovedora. Los lances de la novela se suceden con bien
-dispuesta rapidez para llegar al desenlace. Cumandá es una generosa
-heroina. Para salvar á Carlos, que ha caído prisionero, y para evitar á
-la misión una guerra con el sucesor de Yahuarmaqui y su tribu, se va
-Cumandá de la aldea del padre Domingo, donde había buscado refugio, y se
-entrega á los salvajes, que la sacrifican. Luego se descubre que Cumandá
-era la hija del padre Domingo, á quien éste creía muerta cuando
-incendiaron su hacienda, y á quien una india, movida á compasión, había
-salvado y criado á su manera. Todos los incidentes de la catástrofe, del
-reconocimiento, del dolor del padre Domingo y de Carlos, están
-hábilmente concertados. Aceptada la posibilidad de tan sublime, casta,
-pura y elegante Cumandá, haciendo entre salvajes, vida salvaje, la
-narración parece verosímil y con todos los caracteres de un suceso
-histórico.
-
-La verdad es que, dado el género, aunque rabien los _naturalistas_, la
-novela _Cumandá_ es mil veces más real, más imitada de la naturaleza,
-más producto de la observación y del conocimiento de los bosques, de los
-indios y de la vida primitiva, que casi todos los poemas, leyendas,
-cuentos y novelas, que sobre asunto semejante se han escrito.
-
-En mi sentir, usted ha producido en _Cumandá_ una joya literaria, que
-tal vez será popularísima cuando pase esta moda del _naturalismo_,
-contra la cual moda peca la heroina, aunque no pecan, sino que están muy
-conformes los demás personajes.
-
-Las dos novelas, que de usted conozco, me incitan á desear leer otras
-que haya usted escrito, ó que escriba usted otras para que las leamos.
-
-
-
-
-TRADICIONES PERUANAS
-
-(Á D. RICARDO PALMA)
-
-
-Muy estimado señor mío: Grandísimo gusto me ha dado el recibir y leer el
-libro que usted me envía, recién publicado en Lima con el título de
-_Ropa vieja_; lo que me aflige es la segunda parte del título: _Última
-serie de tradiciones_. En esas historias, que usted refiere como el
-vulgo y las viejas cuentan cuentos, donde hay, según usted afirma, algo
-de verdad y algo de mentira, yo no reconozco ni sospecho la mentira sino
-en las menudencias. Lo esencial y más de bulto es verdad todo, en mi
-sentir, salvo que usted borda la verdad, y la adorna con mil primores
-que la hacen divertida, bonita y alegre. Por esto me duele la frase
-amenazadora _Última serie de tradiciones_. Quisiera yo, y estoy seguro
-de que lo querrían muchos, que escribiese usted otros tres ó cuatro
-tomos más sobre los ya escritos. Yo tengo la firme persuasión de que no
-hay historia grave, severa y rica de documentos fehacientes, que venza
-á las _Tradiciones_ de usted, en dar idea clara de lo que fué el Perú
-hasta hace poco y en presentar su fiel retrato.
-
-Soy andaluz, y no lo puedo remediar ni disimular. Soy además y procuro
-ser optimista. Y como me parece esa gente que usted nos pinta, la flor y
-nata del hombre y de la mujer de Andalucía, que se han extremado y
-elevado á la tercera potencia al trasplantarse y al aclimatarse ahí,
-todo me cae en gracia y no me avengo con las declamaciones que hacen
-algunos críticos americanos, al elogiar la obra de usted como sin duda
-lo merece.
-
-¿Para qué he de ocultárselo á usted? Aunque soy muy entusiasta de la
-América _española_ ó dígase _latina_, ya que por no llamarla _española_
-le han puesto ustedes ese apodo, confieso que me aburre, más que me
-enoja, la manía de encarecer, con lamentos ó con maldiciones, todas las
-picardías, crueldades, estupideces y burradas, que dicen que los
-españoles hicimos por ahí. Se diría que los que fueron á hacerlas, las
-hicieron, y luego se volvieron á España, y no se quedaron en América
-sino los que no las hicieron. Se diría que la Inquisición, los autos de
-fe, las brujas y los herejes achicharrados, la enorme cantidad de monjas
-y de frailes, la afición á la holganza y á los amoríos, la ninguna
-afición á trabajar, y todos los demás vicios, horrores y defectos, los
-llevamos nosotros ahí, donde sólo había virtudes y perfecciones. Se
-diría que nada bueno llevamos nosotros á América, ni siquiera á ustedes,
-ya que, en este supuesto, ó no serían ustedes buenos, ó serían indios, ó
-nacerían ahí, no de padres y madres españoles, sino por generación
-espontánea. Y se diría, por último, que de todos los milagros que
-hicieron los santos que hubo en el Perú, tiene España la culpa, como si
-sólo en España y en sus colonias se hubieran hecho milagros, se hubieran
-quemado brujas, y hubiera sido la gente más inclinada al bureo que al
-estudio, al despilfarro que al ahorro, á divertirse, que á atarearse.
-
-Si aquellos polvos traen estos lodos; si de resultas de no haber
-filosofado bien, de haber sido holgazanes y fanáticos, y de los otros
-mil pecados de que se nos acusa, somos hoy más pobres, más débiles, más
-desgobernados y más infelices nosotros que los franceses y que los
-ingleses y alemanes, y ustedes que los yankees, no está bien que toda la
-culpa caiga sobre nosotros, y que los discursos de esos críticos sean
-una paráfrasis de aquello que dijo el cazo á la sartén: «quítate que me
-tiznas.»
-
-Procuremos enmendarnos aquí y ahí; arrepintámonos de nuestras culpas, y
-no juguemos con ellas á la pelota, arrojándonoslas unos á otros. ¿Quién
-sabe entonces, si es que la elevación de unas naciones sobre otras y el
-predominio nacen de merecimientos y no de circunstancias y de leyes
-históricas, que tal vez se sustraen á la voluntad humana, y que tal vez
-ni se prevén ni se explican por los entendimientos más agudos; quién
-sabe, digo, si volveremos á levantarnos de la postración y hundimiento
-en que nos hallamos ahora?
-
-Entretanto, lo mejor es que cesen las recriminaciones que á nada
-conducen; y lo peor es que cada español ó cada hispano-americano se crea
-ser excepcional y reniegue de su casta, en la cual se considera el único
-discreto, hábil, listo, laborioso, justo y benéfico.
-
-Va todo esto contra los críticos de ahí, que, al elogiar su obra de
-usted, nos maltratan. Nada va contra usted, que describe la época
-colonial como fué, pero con amor, piedad, é indulgencia filiales.
-
-Su obra de usted es amenísima: el asunto está despilfarrado, tan conciso
-es el estilo. Anécdotas, leyendas, cuentos, cuadros de costumbres,
-artículos críticos, todo se sucede con rapidez, prestando grata variedad
-á la obra, cuya unidad estriba en que todo concurre á pintar la
-sociedad, la vida y las costumbres peruanas, desde la llegada de
-Francisco Pizarro hasta casi nuestros días.
-
-En la manera de escribir de usted hay algo parecido á la manera de mi
-antiguo y grande amigo Serafín Estébanez Calderón, _El Solitario_;
-portentosa riqueza de voces, frases y giros, tomados alternativamente de
-boca del vulgo, de la gente que bulle en mercados y tabernas, y de los
-libros y demás escritos antiguos de los siglos XVI y XVII, y barajado
-todo ello y combinado con no pequeño artificio. En _El Solitario_ había
-más elegancia y atildamiento: en usted mucha más facilidad,
-espontaneidad y concisión.
-
-Por lo menos, las dos terceras partes de las historias que usted
-refiere, me saben á poco: me pesa de que no estén contadas con dos ó
-tres veces más detención y desarrollo. Algunas hay en las que veo
-materia bastante para una extensa novela, y que, sin embargo, apenas
-llenan un par de páginas de su libro de usted.
-
-Aunque es usted tan conciso, tiene usted el arte de animar las figuras,
-y dejarlas grabadas en la imaginación del lector. Los personajes que
-hace usted desfilar por delante de nosotros, vireyes, generales, jueces,
-frailes, beatas, mozas regocijadas, inquisidores, insurgentes y
-realistas nos parecen vivos y conocidos, como si en realidad los
-tratásemos.
-
-De cuanto queda dicho, infiero yo, y doy por cierto, que es usted un
-escritor muy original y de nota, cuya popularidad por toda la América
-española es fundadísima, cunde y no ha de ser efímera, sino muy
-duradera.
-
-Confieso que no sé á qué narración he de dar la preferencia. Apenas hay
-una que no me haya divertido ó interesado.
-
-Á la Protectora y á la Libertadora, ó dígase, á las amigas favoritas de
-San Martín y de Bolívar cuyas vidas y lances de amor y fortuna usted
-refiere, no me parece sino que las estoy viendo, cuando andaban
-triunfantes al lado de sus respectivos héroes.
-
-_El Clarin de Canterac_, que con su incesante toque á degüello se creía
-que iba á dar en Junin la victoria á los españoles, y que prisionero él,
-y ya vencidos los españoles, tuvo que meterse fraile para no ser
-fusilado, es historia tan singular, que apenas parece verdadera.
-
-Aun es más singular y más característica la historia de Fr. Pedro
-Marieluz, acérrimo enemigo de los insurgentes, á quienes creía herejes y
-excomulgados vitandos. Un jefe militar realista, cuyo nombre no quiero
-poner aquí, porque él ha figurado después mucho en España y usted le
-atribuye una crueldad espantosa, descubrió cierta conjuración, y prendió
-á trece de los principales conjurados. Por más que hizo, no logró el
-general arrancarles los secretos de la conjuración. Mandó entonces
-fusilarlos, no sin que antes el P. Marieluz los confesara. Los confesó,
-y fueron fusilados.
-
-Entonces quiso el general que el P. Marieluz le descubriese toda la
-trama, que sin duda en la confesión le habían dicho los trece. El fraile
-se negó, á pesar de halagos y amenazas.
-
---De rodillas, fraile,--dijo entonces el general.
-
-El fraile se puso de rodillas.
-
-El general exclamó luego:
-
---¡Preparen, apunten!
-
-Y, volviéndose á la víctima, dijo con voz imponente:
-
---Por última vez, en nombre del Rey, le intimo que declare.
-
---En nombre de Dios, me niego á declarar,--contestó el Fraile con acento
-débil, pero reposado.
-
---¡Fuego!...
-
-Y Fr. Pedro Marieluz, noble mártir de la Religión y del deber, cayó
-destrozado el pecho por las balas.
-
-Las historias cómicas y alegres abundan más, por dicha, que las
-trágicas, descollando por lo gráfico de las costumbres de por ahí, en
-otros días, _El motín de limeñas_, _La victoria de las camaroneras_ y
-_La querella de los barberos_.
-
-La historia de _El Capitán Zapata_, que no ocupa dos páginas enteras del
-libro de usted, se presta y aun convida á escribir una novela de
-aventuras extraordinarias, de dos ó tres volúmenes. ¿Vivió ese Capitán
-Zapata, ó le ha inventado usted? ¿Fué de cierto al Perú y se hizo rico
-con una mina del Potosí que descubrió y á la que dió su nombre? ¿Volvió
-rico á Cádiz y desapareció luego? El desenlace, real ó imaginado, no se
-sospecha. Peláez, el amigo y protegido de Zapata, vuelve á España
-también, y busca en balde á su protector y antiguo amigo. Cae, por
-último, Peláez en poder de corsarios, que le llevan á Argel, ¡Cuál no
-sería su sorpresa al encontrarse con que el Gran Visir era Zapata,
-morisco y musulmán disimulado antes, que, huyendo de la Inquisición, se
-había pasado á tierra de moros, con todo lo que en el Perú había ganado!
-
-Casi estoy por decidirme y declarar á usted que de cuantas tradiciones
-contiene esta última serie, ninguna me agrada tanto como _El alacrán de
-Fray Gómez_.
-
-Figura de verdad, en el siglo XVI, es el honrado castellano viejo,
-buhonero arruinado, que no tiene con que sustentar á su mujer é hijos,
-que no halla quien le preste quinientos duros, con los cuales entiende
-que lograría rehacerse, y que no se desespera, sino que, lleno de fe, y
-de confianza en Dios, acude á su siervo Fr. Gómez, que estaba en olor de
-santidad, y que es pobre, pero que sabe y suele hacer milagros.
-
-Fr. Gómez se compadece del buhonero; pero en su pobre celda no hay
-dinero ni alhajas, ni trasto que valga dos reales.
-
-De pronto ve Fr. Gómez cerca de la ventana, sobre la pared encalada, un
-alacrán que va corriendo. Arranca Fr. Gómez una hoja del libro devoto
-que leía, coge bonitamente el alacrán, y le envuelve en aquel papel.
-
---Tome, hermano, esta prenda, y acuda á un joyero que le prestará sobre
-ella el dinero que necesita.
-
-El buhonero llevó la prenda al joyero, que al verla se quedó pasmado.
-Era un alfiler ó prendedor magnífico, de oro con esmalte, el cuerpo una
-esmeralda, un enorme diamante la cabeza y dos rubíes los ojos.
-
-El joyero hubiera dado miles de duros sobre tan rica prenda: pero el
-castellano viejo no quiso tomar ni tomó sino quinientos, y por seis
-meses.
-
-Con aquel corto capital, en verdad bendito, prosperó y se enriqueció
-pronto el buhonero; desempeñó la joya y la devolvió á Fr. Gómez.
-
-Éste la sacó del papel, la puso en el sitio en que la había hallado, y
-dijo:
-
---¡Animalito de Dios, sigue tu camino!
-
-El alacrán echó á correr, y se largó á sus asuntos como si tal cosa.
-
-Para mi modo de sentir, este cuento es precioso, simbólico,
-instintivamente filosófico, de la más sana y alegre filosofía.
-
-Los juicios literarios, el discurso académico, todo lo demás, en suma,
-que el libro contiene, me parece muy bien asimismo. Sólo me pesa de su
-aborrecimiento de usted á los Jesuítas y de lo mal que los quiere y los
-trata. Pero, en fin, no hemos de estar de acuerdo en todo.
-
-Mil gracias por el envío de su divertidísimo libro.
-
-
-
-
-UN POLÍGRAFO ARGENTINO
-
-(AL SEÑOR DON SANTIAGO ESTRADA)
-
-
-I.
-
-Muy señor mío y distinguido amigo: Harto difícil es para mí el honroso
-encargo, que usted me da y que tanto me lisonjea, de poner algo como
-Prólogo en el tomo de sus obras que lleva por título Miscelánea. No
-extrañe usted, pues, y perdone mi tardanza en cumplir dicho encargo,
-aunque le acepté complacidísimo.
-
-Sé que usted hace imprimir y va á publicar á la vez en Barcelona otras
-varias obras suyas. El conjunto de ellas formará seis tomos, de los
-cuales sólo he leído aquel en que mi crítica debe emplearse.
-
-A usted mismo más le conozco de fama que de trato. Si no recuerdo mal,
-una vez sola tuve el gusto de estar conversando con usted por espacio de
-poco más de media hora. Esto y el decir de las gentes bastan á
-demostrarme la bondad de usted, su discreción y su ilustrado juicio:
-pero, como yo sigo mal la historia contemporánea de todos los países,
-ignoro qué partido es el de usted en la República de que es ciudadano,
-qué papel ha desempeñado en su política, y cuáles son sus aspiraciones é
-ideas.
-
-El tomo Miscelánea, que usted me envía, parece, por consiguiente, como
-reunión de datos para resolver un problema y para despejar una
-incógnita, ya que incógnita era para mí, antes de recibir dicho tomo, la
-importancia literaria de usted en su tierra.
-
-Para persona de mayor agudeza y de más honda penetración que las que yo
-poseo, esta ignorancia previa traería ventajas y contribuiría á dar
-superior lucimiento al desempeño de su tarea. Por el hilo, como se dice
-vulgarmente, sacaría el ovillo: y, sólo en vista de la Miscelánea
-formaría exacto y cabal concepto de la personalidad de usted y la
-expondría al público con firmeza. Lo que es yo, ó tengo que limitarme á
-hablar aisladamente del tomo Miscelánea ó me expongo á extraviarme al
-pretender adivinar.
-
-De sobra se me alcanza el propósito de usted al pedirme el Prólogo. Ha
-llegado á mi noticia que usted ha pedido también Prólogos para otros de
-sus libros á otros escritores españoles. Y en esto, así como en la
-circunstancia de imprimir usted todas sus obras en Barcelona, se ve
-patente el intento de que la edición que usted hace sea como muestra ó
-símbolo de la fraternidad de hispano-americanos y de españoles
-peninsulares y de la unidad indestructible de la civilización ibérica,
-cuyo lazo no rompen ni todas las ondas del Atlántico que entre nosotros
-se agitan, ni los recuerdos de una guerra, inevitable aunque fratricida,
-pero cuya sangre y cuyas lágrimas se orearon ya, dejando limpio y no
-marchito el lauro.
-
-Para usted, que es tan creyente y fervoroso católico, ha de ser de
-indiscutible verdad el criterio que me guía al considerar los
-acontecimientos humanos, porque sin suprimir en cada individuo la
-responsabilidad de las acciones, ya nobles y generosas, ya egoístas y
-perversas, y nacidas siempre de libre albedrío, veo en el conjunto algo
-de divina é indefectiblemente ordenado con soberana presciencia, por
-donde todo cuanto ocurre es lo mejor que puede ocurrir y todo cuanto se
-realiza y consuma es para bien, aunque parezca mal por lo pronto; de
-suerte que el refrán más verídico y piadoso es el que dice: «no hay mal
-que por bien no venga.» Aplicado esto á los casos particulares me
-compone una filosofía de la historia, en germen sin duda, poco sutil,
-nada profunda é ingeniosa, pero muy optimista y rica de esperanzas y de
-consuelos.
-
-La emancipación de las colonias españolas en el continente americano
-fué, pues, cuando debió ser, y no pudo ser ni después ni antes. España
-carecía de fuerza para mantener tanto imperio y era menester que se
-desbaratara. No hay que discutir si cada uno de los desmembrados
-fragmentos hubiera alcanzado más tarde mayor eficacia, á fin de
-constituir, sin largas convulsiones, dictaduras, tiranías y guerras
-civiles, un Estado libre, próspero y fuerte. Sin discutirlo yo, por fe
-en la invicta civilización europea, y en que la raza á que pertenezco
-fué y seguirá siendo una de las más hábiles y activas para crearla,
-conservarla y difundirla, jamás desconfié de nuestro destino; y, en los
-instantes más tristes y ominosos, cuando, al ver, en las nuevas
-Repúblicas, discordias, desquiciamiento y feroces tiranos, se
-pronosticaban ruinas, sobre las cuales otra raza de más valer vendría á
-entronizarse, jamás desesperé, no ya de la salud de la patria, sino de
-algo más amplio y sublime: de la salud de _mi gente_.
-
-Por lo expuesto comprenderá usted y ponderará mi alegría, al notar la
-naciente grandeza, la prosperidad, el brío y el orden, que se van
-mostrando en algunas de las Repúblicas que fueron colonias de España.
-Hay en ello, para todo español, no una satisfacción, sino un enjambre de
-satisfacciones de amor propio: la del padre que conoce en el hijo la
-nobleza de su sangre, anhelando que valga más que él y le supere: la del
-maestro ó tutor, que, cuando el discípulo ó pupilo se luce, se engríe
-imaginando que es parte en el triunfo la educación que le ha dado: y
-para mí, además, la del vidente que se deleita jactándose de que no
-salieron falsos sus vaticinios.
-
-En la situación actual de las Repúblicas hispano-americanas, y
-singularmente de la Argentina, concretándonos á aquella que cuenta á
-usted entre sus ilustres patricios, hay no poco de pueblo naciente y no
-poco también de prolongación de otro pueblo, que tuvo ya extensa vida y
-representó lucido papel en el teatro del mundo. Idioma, religión, leyes,
-costumbres, ciencias, letras y artes, todo lo han recibido ustedes de
-España. Este tesoro, que no debe desdeñarse para crear otro nuevo, sino
-aprovecharse para que crezca y se centuplique, consta de dos clases de
-riqueza; una exclusiva y peculiar de nuestra raza: otra común á toda la
-civilización europea. Conato de lo imposible sería prescindir de esto ó
-trastrocarlo adrede para hallar la originalidad y la novedad sin
-precedentes. Todo esto es harto sólido para que sirva de base sobre la
-cual pueda erigirse soberbio y nuevo edificio. Nada de esto debe
-desecharse para levantar desde los cimientos edificio nuevo.
-
-Por lo dicho, lo primero que elogio y lo primero que me es simpático en
-los escritos de usted es el espíritu conservador y castizo de que están
-impregnados. Ni tal espíritu perjudica á la originalidad individual del
-escritor. Para ser original no es necesario desfigurarse, ni
-disfrazarse, ni descastarse, ni dejar uno de ser quien es y ser otro. Y
-en cuanto á la originalidad colectiva, en cuanto al sello nacional y
-distinto, es seguro que ha de ponerse sobre la propia y común sustancia
-española y no sobre otro elemento de importación ó sobre materia extraña
-y prestada.
-
-La Miscelánea de usted es una colección de artículos de varios géneros,
-pero en todos prevalece lo moral y religioso.
-
-Más bien que de crítico-literarios pueden calificarse de filosóficos y
-doctrinales. En esto se asemejan, aunque van por opuesto camino, á los
-del ecuatoriano Juan Montalvo: á su _Espectador_ y á sus _Siete
-Tratados_. Montalvo y usted han escrito _ensayos_, como los que
-Montaigne llamó _ensayos_, y no como los ingleses, que suelen ser
-extractos y críticas de libros. Ustedes, con más libertad y sin tomar
-siempre ocasión de libro alguno, discurren sobre puntos diversos y
-componen sobre cada punto un tratadito ó disertación breve.
-
-En las tendencias, Montalvo y usted son muy distintos y en el estilo más
-aún. Montalvo es artificioso y afectadísimo: usted, espontáneo y
-natural. Montalvo aspira en demasía á decir cosas nuevas y á decirlas
-como nadie las ha dicho: quiere ser un primor, un dechado de forma.
-Usted aspira sólo á decir lo que siente y piensa, aunque sea lo que
-sienten y piensan los demás hombres; y á decirlo con orden y claridad,
-sin rebuscamiento ni rarezas.
-
-No hay que decir que yo prefiero lo último.
-
-Si usted tratase de ciencias exactas ó de observación, el crítico
-debería empezar por saber dichas ciencias, y luego decidir si era la
-verdad lo que usted decía. Pero las materias sobre las que usted
-diserta, salvo ciertos principios inconcusos, _quædam perennis
-philosophia_, en que debemos todos convenir y en que por dicha usted y
-yo convenimos, tienen tanto de opinables y de controvertibles, que sería
-en mí exceso de petulancia, ya el declarar á usted depositario y
-divulgador de la verdad, ya el impugnarle, haciendo patentes sus
-errores. Necesitaría yo además para esto, no componer un escrito corto,
-sino un libro tan voluminoso como el de usted.
-
-Si lo que usted sostiene es la recta doctrina, ya convencerán de ello
-las palabras de usted á quien las leyere, sin necesidad de que vengan
-las mías en su apoyo. Y si hubiere error en poco ó en mucho, ni yo me
-hallo con autoridad ni con capacidad para manifestarle, ni la misión de
-un _prologista_ es entrar en polémica con su _prologizado_.
-
-Lo que sí me incumbe decir, y lo que puedo decir por fortuna, y ésta, á
-mi ver, es grande alabanza, es que usted escribe _corde bono et fide non
-ficta_, con la sinceridad, con la convicción candorosa, que atrae la
-atención de los lectores, que les gana la voluntad, que los convence á
-veces, y que, cuando no los convence, los interesa y conmueve,
-convirtiéndolos, si no en correligionarios del dogma que se predica, en
-amigos y parciales entusiastas del predicador.
-
-Entienda usted bien que no quiero expresar con esto más de lo que
-expreso, ni mostrar mi escepticismo con reticencias. Lo único que yo
-quiero expresar y que expreso ahora es que, un libro que trata rápida y
-sumariamente sobre tantos y tan trascendentales asuntos sería ligereza y
-osadía, ora que yo en todo le declarase conforme á la verdad, ora que en
-poco ó en mucho le calificase de erróneo.
-
-Lo que sí puedo hacer y hago con sumo contento, sin salir de las dudas
-escépticas en que la modestia me ha encerrado, es calificar el libro de
-usted de libro sano, fruto de un entendimiento y de una voluntad sanos
-también ambos.
-
-Esta sanidad es, en mi sentir, el fundamento de toda buena obra de
-literatura; es la razón que ha de tener el crítico meramente literario,
-y no científico ni filosófico, para declarar buena la obra. Consiste
-dicha sanidad en no dejarse arrastrar de afectos torcidos, aunque sean
-sinceros; en poner por base el sentido común y no desecharle nunca,
-aunque sirva de trampolín para brincar por cima de él más allá de las
-estrellas; en no seguir una dialéctica viciosa por el empeño presuntuoso
-de parecer más sutil ó más profundo que el resto de los mortales; y en
-no incurrir en extravagancias para pasar por genios.
-
-La insania de que hablo no impide que el escritor sea tenido por grande;
-pero yo no gusto de él. Tal vez lo que dice está más conforme con lo que
-á mí me parece la verdad que lo que dice el escritor sano: pero el
-error de éste es más simpático y causa menos daño que la verdad en la
-boca ó en la pluma del otro. Prefiero á Voltaire renegando de todo dogma
-cristiano á Rousseau ensalzando los Evangelios; y menos mal me parece
-Carducci componiendo una oda á Satanás, donde su sola afectación es
-llamar Satanás á la personificación del ingenio humano, que
-Chateaubriand levantando _El genio del Cristianismo_ sobre un cúmulo de
-afectaciones.
-
-Declarado ya aquí como sentencia que es usted un escritor sincero,
-entusiasta sin extravío y sin empeñarse en ser entusiasta, y sano
-además, añadiré, como parecer individual mío, que me agrada en extremo
-su modo de pensar de usted, y que en lo más esencial siempre le apruebo
-y le aplaudo.
-
-Desde luego coincidimos en nuestra estética, fundamento de nuestra
-crítica. Cuanto dice usted en defensa del poeta colombiano Jorge Isaacs,
-en el artículo titulado _El ideal del poeta_, es, bien dicho, lo mismo
-que yo pienso y siento. Usted niega, como yo, que la poesía sea don
-funesto, cultivo del dolor; y entiende que no es deformidad ó enfermedad
-el _genio_, sino salud más completa, fecunda y dichosa, que la salud de
-que goza el vulgo.
-
-En el juicio que forma usted de Olegario Andrade estamos de acuerdo, si
-bien usted se muestra y puede mostrarse más severo que yo porque Andrade
-es su paisano.
-
-En todos los artículos de usted de asunto religioso son de admirar la
-ardiente devoción, la fe profunda y la espontánea elocuencia. Y á mí me
-encanta asimismo que la religiosidad de usted, lejos de estar reñida con
-el espíritu del siglo, con la creencia en el progreso y con el amor á la
-libertad, se combina con estas ideas y con estos sentimientos,
-purificándolos y santificándolos. No se funda la fe católica de usted en
-escepticismo y pesimismo, como la de Pascal, Bonald, De Maistre y
-Donoso, sino en optimismo y en confianza mesurada y justa en la razón
-humana. No es menester para amar á Dios odiar y despreciar al prójimo,
-antes por amor de Dios más se le ama y más se le respeta. Ni es menester
-para aceptar una revelación exterior, que viene á nosotros con la
-palabra, materialmente, ya por los oídos, ya por los ojos, sostener que
-la luz íntima que Dios nos ha dado, sólo sirve para descubrir é iluminar
-disparates.
-
-El libro de usted es muy ameno y tan variado que no acertaré á dar idea
-de todo él sin pecar de prolijo. Contiene cuadros de costumbres, como
-_Liberato_; crítica de bellas artes, como _El dolor concentrado_ y _Una
-estatua de Alonso Cano_; y encomios de personas ilustres, como los del
-padre Jordán y de Juana Manuela Gorriti, á la cual, lo confieso con
-vergüenza para prueba de la incomunicación intelectual en que hemos
-estado, no había yo oído mentar nunca, aunque usted afirma que comparte
-con la Avellaneda el imperio literario de la mujer americana en la
-América española. Y son tales las elocuentes alabanzas que da usted á la
-Gorriti, que, á ser justas también, y no exageradas por generosa
-benevolencia, á pesar de mi admiración por la Avellaneda, tengo que
-conceder á la Gorriti la primacía.
-
-En los artículos en que combate usted vicios sociales ó manías de moda,
-como la cremación y el suicidio, son de celebrar el saber que usted
-patentiza, la sencillez y el orden del estilo y el calor con que
-defiende sus opiniones.
-
-A mi ver, el más bello, sabio y erudito de estos artículos filosóficos,
-es aquel en que critica usted la obra de José María Ramos Mejía,
-titulada: _Las neurosis de los hombres célebres en la República
-Argentina_. Da motivos esta obra para que usted niegue las neurosis
-invencibles que destruyen la responsabilidad, para que haga una
-brillante defensa del libre albedrío y para que impugne el materialismo
-y no acepte el divorcio entre la razón y la fe, la religión y la
-ciencia.
-
-Su libro de usted, como todo libro bien escrito y lleno de saber y de
-talento, no sólo contiene muchas ideas, sino que las despierta en el
-ánimo de quien lee, ya por ampliación y deducción, ya por contradicción
-también; pero dejo de poner aquí las mías, para que no me acuse usted de
-pesadez, se arrepienta de haberme confiado el Prólogo, y perjudique éste
-el libro en vez de favorecerle.
-
-Baste que yo reconozca, para terminar, que el libro, por fortuna y
-mérito de usted, y para honra de las letras españolas, en toda su
-amplitud españolas, no necesita de recomendación ni de apoyo.
-
-Y si por el tomo conocido he de calcular el mérito de los cinco que no
-conozco aún, me atrevo á afirmar que el día de la aparición de los seis
-tomos será día fausto en los anales de nuestra total literatura.
-
-
-II.
-
-Mil gracias doy á usted por el ejemplar que me envía de sus obras
-completas. Son ocho tomos: no seis, como yo había entendido.
-
-Después de las alabanzas, merecidas y discretas, que hacen de usted, en
-prólogos, introducciones y apéndices, los Sres. D. Santiago de Liniers,
-su pariente de usted; D. Valentín Gómez, D. Pedro Bofill, D. Nilo María
-Fabra y D. Eduardo Bustillo, todo lo que yo diga parecerá pálido y frío.
-
-Quiero, no obstante, decir algo, á fin de mostrar que he leído todos los
-tomos y que los he leído con deleite.
-
-Elegantemente impresos en Barcelona, y como apadrinados, aunque no lo
-necesitan, por escritores peninsulares de nota, se diría que vienen á
-aumentar nuestra riqueza literaria, y que, sin dejar de ser argentinos,
-traen al tesoro intelectual de la Metrópoli nuevas y preciosas joyas.
-
-No hay en la colección trabajos muy extensos. En su mayor parte son
-artículos, tal vez publicados en periódicos, ó discursos, leídos ó
-pronunciados, en ocasiones solemnes, en el seno de juntas ó de
-asambleas.
-
-Da unidad al conjunto la personalidad del autor; pero esta unidad, por
-el estilo, por el carácter, por la fijeza y firme consecuencia de las
-opiniones, no es menos evidente que la que se nota en los Ensayos de
-Montaigne, de Carlyle, de Macaulay, ó del ecuatoriano Juan Montalvo.
-
-Los asuntos no pueden ofrecer mayor variedad. Ya escribe usted crítica
-literaria como Sainte-Beuve; ya de dramas y comedias como Janin y
-Lemaitre; ya de música como Scudo, y ya traza graciosos y ligeros
-cuadros de costumbres, como nuestros célebres Fígaro, El Solitario y El
-Curioso Parlante.
-
-En cuanto los ocho tomos contienen, luce usted su vasta lectura, su
-recto criterio, su viva y espléndida imaginación; lo bondadoso é
-indulgente de su índole que, más que á señalar defectos, le lleva á
-descubrir y celebrar bellezas; y el fervoroso entusiasmo y el amor
-entrañable con que se complace usted en realzarlas y en encomiarlas.
-
-Yo, que me precio de ser y soy tan benigno como usted, no soy, ni con
-mucho, tan entusiasta; y, lo confieso, siento cierto temor á lo
-exaltado y lírico del estilo. Cuando por extraña casualidad quiero
-emplearle, me parece que oigo á mi lado, arredrándome, la voz de Maese
-Pedro que dice: «no te encumbres, que toda afectación es mala.» Está
-claro que Maese Pedro habla conmigo, y para otros que se entusiasman ó
-finjen entusiasmarse y llenan lo que escriben de flores contrahechas,
-que no puede haber nada más cursi; pero Maese Pedro no habla para ni
-contra usted, que es naturalísimo y sencillísimo, y que solo _florea_
-cuando las flores brotan, sin que usted lo pueda remediar, _ex
-abundantia cordis_. En este caso, más es de envidiar que de censurar que
-las haya. Envidiable es, en todos sentidos, el ardor apasionado que hace
-que nazcan estas flores.
-
-Donde más me agrada en usted la tal poesía en prosa, que por ser natural
-no condeno sino que aplaudo y envidio, es en los elogios de mujeres.
-Nadie niega que es usted un estético apasionado de los buenos versos, de
-la declamación y de la música, ni menos que es un fervoroso católico;
-pero en mucho de lo que dice usted y en los retratos que hace de Adelina
-Patti, de Sara Bernhardt, de Lucía Pastor y hasta de Santa Rosa de Lima,
-creo descubrir (Dios me perdone si me equivoco) cierta morosa
-delectación y cierta vehemencia de afectos, que me caen muy en gracia,
-porque yo, á pesar de mis cansados años, soy todavía poco severo, pero
-que tal vez censuren los varones timoratos y graves, aunque no se
-atrevan á declarar que las susodichas delectación y vehemencia se
-opongan á la verdad católica, ni á la moral cristiana, ni que las
-anublen siquiera en lo más diminuto.
-
-Por otra parte, como usted no es menos vehemente y exaltado en sus
-amores y en sus alabanzas á otros objetos más altos y menos materiales
-que la mujer, me inclino á dar por cierto que hasta los más penitentes
-anacoretas perdonarán á usted lo que señalo, suponiendo que sea defecto
-ó más bien exceso.
-
-Dudo mucho de que haya argentino más patriota que usted, ni americano
-tampoco más amante de América: pero esto no entibia el amor de usted por
-la madre España. Sea prueba de este amor el siguiente elocuentísimo
-párrafo: «Saludadas Cádiz la pulcra, Jerez la laboriosa, Sevilla la
-poética, Córdoba la morisca, Valencia la fecunda, Barcelona la grande,
-Zaragoza la heróica, Madrid la histórica y coronada villa, cumple á mi
-lealtad declarar que América está envanecida de haber tenido por madre á
-la nación invicta que cantaba lo divino y lo humano con la lira de Lope
-y Calderón; pintaba lo místico y lo profano con los pinceles de Murillo
-y de Velázquez; esculpía el ideal de la eterna belleza con el cincel de
-Cano y Montañés; fustigaba las costumbres con la pluma de Cervantes y
-Quevedo, y clavaba el Lábaro del Redentor y la pica de sus soldados en
-lo conocido y desconocido de la tierra.»
-
-Estos elogios, reconcentrados aquí sintéticamente para España, se
-derraman asimismo con profusión generosa sobre los artistas y escritores
-de nuestra nación y de nuestros días, y muy particularmente sobre Tamayo
-y Baus, Echegaray y Rafael Calvo.
-
-Ni se crea por esto que usted es todo de almibar. Si no lo amargo, lo
-picante de la sátira sazona con frecuencia los escritos de usted y pone
-relieve en varios cuadros cómicos ó burlescos. El que se titula _El
-convite Barrientos_ es un modelo en su género. Acaso exagere usted la
-caricatura para provocar más la risa, pero siempre se ve la verdad, y, á
-pesar de la exageración, se reconoce la fidelidad de los retratos.
-
-Los cuadros de costumbres y las descripciones de usted son casi siempre
-ó divertidas ó interesantes: y para nosotros tienen además el atractivo
-de lo peregrino é inaudito que se combina con lo familiar, castizo y
-propio: nos representan escenas, lances y actos, en un mundo distinto
-del cual el Atlántico nos separa, animados y ejecutados por personas, en
-parte extrañas también, pero que proceden de nosotros, hablan nuestro
-idioma y llevan nuestros apellidos y nuestra sangre.
-
-Las obras de usted no son sólo de mero pasatiempo y de crítica artística
-y literaria. Las hay que encierran muy sana y ortodoxa filosofía y que
-son didácticas y ricas en noticias y documentos de no corto valer. En mi
-sentir, lo mejor en este género es un elogio fúnebre del Pontífice Pío
-IX, donde pone usted toda la ardiente religiosidad de su alma; la vida
-de Don Félix Frías, modelo de patriotas y de republicanos, ejemplo de
-caridad inagotable y dechado de fe católica; y por último, el estudio
-biográfico y la brillante apología que hace usted de su antepasado Don
-Santiago de Liniers. A mi ver, así para todo español, como para todo
-argentino de corazón, este héroe es más simpático y admirable en su
-derrota y en su muerte que en medio de sus triunfos contra los ingleses,
-en 1806 y 1807; que en la expulsión de los ingleses de Buenos Aires y en
-la ulterior defensa de aquella plaza, hazañas tan hermosamente cantadas
-por Maury y por Gallego.
-
-Liniers más motivo tenía de quejas que de gratitud al gobierno de
-España. Depuesto del mando se hallaba, cuando sobrevino la revolución, y
-fiel á su bandera como militar pundonoroso, se alzó en armas, en favor
-de la Metrópoli y del Rey contra los insurgentes colonos. Desbandada
-pronto la gente que acaudillaba, Liniers cayó en poder de los
-insurgentes, quienes le fusilaron en compañía de Allende, Moreno,
-Rodríguez y D. Juan Gutiérrez de la Concha, capitán de navío y
-Gobernador intendente de Córdoba de Tucumán. Antes de que los tiradores
-disparasen, dijo Liniers en alta voz: «Morimos orgullosos de nuestra
-fidelidad al Rey y á España.»
-
-¿Cómo extrañar, por muy argentino y por muy republicano que usted sea,
-que se enorgullezca de la heróica vida y mas heróica muerte de tan
-ilustre antepasado?
-
-La más extensa de las obras de usted, si pudiera considerarse como una
-sola obra, serían los dos tomos de viajes; pero, en realidad, estos dos
-tomos contienen cinco obras distintas: el viaje de Buenos Aires á
-Santiago de Chile, pasando por Montevideo, Córdoba, Altagracia, la
-Pampa, Achiras, San Luis y Mendoza, y salvando los Andes; el regreso á
-Buenos Aires, embarcado, por el estrecho de Magallanes; la excursión á
-las Sierras del Tandil, con la descripción de _la piedra movediza_,
-monumento acaso de una edad remota, y parecido á otros que de tiempo
-inmemorial subsisten en nuestras regiones europeas, y por último, las
-dos obras, en mi sentir mucho más importantes, que llevan por título _De
-Corrientes á Cumbarití_ y _De Valparaiso á la Oroya_.
-
-_De Corrientes á Cumbarití_ es un extraño escrito, pintura naturalmente
-poética de uno de los países más hermosos del mundo y documento
-histórico de grandísimo interés, ya que un testigo ocular describe en
-él, con vivos colores y conmovido acento, el fin de una guerra obstinada
-y sangrienta, en que el Paraguay quedó vencido. Son por cierto de
-admirar la devoción y la valentía de los paraguayos en defender su
-patria. He oído afirmar, y, aunque haya en ello exageración, es tremenda
-alabanza, que, al terminar la guerra, apenas quedaban á vida hombres de
-armas tomar en aquella República. Y es más admirable aun que fuera un
-tirano como el Presidente López quien tan generoso entusiasmo
-infundiese.
-
-Todo se explica, no obstante, cuando se considera la bondad, el brío, el
-candor y la condición enérgica y sufrida á la vez de los guaraníes, que
-constituyen la inmensa mayoría de aquel pueblo. Sobre tales prendas, que
-los guaraníes tienen por naturaleza, vienen á ponerse la severa
-disciplina de los jesuítas que los cristianizaron y el espíritu de
-obediencia que acertaron á inspirarles.
-
-Al leer la sencilla y conmovedora narración hecha por usted de la
-tragedia, que puso término á la tiranía de López, acudí á leer de nuevo
-libros que ya tenía casi olvidados, para explicarme la mal empleada
-heroicidad de los paraguayos: para hallar sus antecedentes y fundamento.
-
-El Padre Antonio Ruiz Montoya escribió y publicó en Madrid, en 1639, su
-_Conquista espiritual_. En este libro se expone cómo fueron los
-guaraníes convertidos por los jesuítas. Otro Padre tradujo el libro en
-guaraní, exornándole con más milagros. La traducción portuguesa del
-manuscrito guaraní, dada á luz por el literato brasileño Almeida
-Nogueira, nos ofrece la clave de todo. La aparición frecuente entre
-aquellos salvajes y la convivencia con ellos de ángeles y de demonios, y
-la repetida resurrección de difuntos, que venían á contar cuanto habían
-visto en el cielo y todas las delicias que allí se gozaban, y los
-tormentos espantosos y eternos del infierno, debieron de fanatizar
-aquellos ánimos sencillos predisponiéndolos á obedecer ciegamente á los
-Padres, á fin de ganar la gloria y de no padecer penas tan atroces é
-interminables.
-
-Acaso fué conveniente entonces aquel despilfarro de lo sobrenatural. Por
-él se logró infundir en los fieros corazones de los indios bravos la
-moral cristiana, y apartarlos de los vicios y de los crímenes y
-supersticiones de su pasada vida selvática. Por él, ó sea haciendo
-prodigios, humillaron los Padres á los _payés_ ó hechiceros, que también
-los hacían. Pero tal vez aquella educación religiosísima predispuso por
-demás á los indios á una docilidad y sumisión llenas de peligros,
-contribuyendo á hacer posible el advenimiento al poder del tremebundo
-Doctor Francia.
-
-Los jesuítas habían regimentado y subordinado la valentía de los indios,
-empleándola como un arma, contra españoles y portugueses.
-
-Es casi seguro que tenían los jesuítas razón. Muchos de los primeros
-aventureros, que iban á América, eran unos desalmados, de aquellos por
-quienes pudo decir el poeta:
-
- La codicia en los brazos de la suerte
- Se arroja al mar, la ira á las espadas,
- Y la ambición se ríe de la muerte.
-
-pero no era el medio mejor de amansarlos, y de procurar que los indios
-fraternizasen con ellos, el hacer que los indios formasen de ellos el
-concepto que expresan las siguientes palabras, tomadas de la traducción
-del manuscrito guaraní: «gente que sólo cuida de hacer cosas ruines, que
-destroza y mata; y, si alguien quiere librarse en balde de ser su
-esclavo, es maltratado como animal.»
-
-Cobraron, sin duda, los indios recelo y odio contra los europeos, y así
-los jesuítas lograron que se prestasen para no pervertirse á vivir
-secuestrados de todo trato y comercio exterior y que tan valerosamente
-combatieran bajo el mando de ellos contra las armas de España y Portugal
-reunidas; contienda que sirvió de cuadro á uno de los episodios de la
-más graciosa novela de Voltaire y de asunto al bello poema de J. Basilio
-de Gama, inspirado cantor de Lindoya.
-
-Sin duda esta educación jesuítica valió al Doctor Francia para ejercer
-su tiranía inaudita cuando nuestras colonias se emanciparon.
-
-No me atrevo yo á decidir si aquella paz ignorante, aquel aislamiento
-paraguayo y aquel despotismo del Doctor Francia fueron peores
-que las incesantes guerras civiles, los pronunciamientos y
-contra-pronunciamientos y los tiranuelos feroces que hubo en muchas
-repúblicas hispano-americanas. Digo sólo que el Paraguay progresó menos,
-aunque no hubo en él sacudimientos, ni trastornos: vivió tan aislado que
-nadie podía penetrar en él sin exponerse á quedar allí para siempre,
-como el sabio Bompland compañero de Humboldt: y que, muerto el Doctor
-Francia, le sucedió el Doctor López, manteniendo á los paraguayos bajo
-el mismo régimen, si bien con férula ó vara menos dura.
-
-Allá por los años de 1850, no sé quien persuadió á López, y López se
-dejó persuadir, de que debía abrir el Paraguay al comercio y trato
-humanos. Y López envió á su hijo á Europa de Ministro Plenipotenciario
-ubicuo, y de Europa fueron diplomáticos al Paraguay á celebrar tratados
-de comercio.
-
-A no dudarlo, López quiso desde entonces para su patria cierto progreso
-y cierta ilustración, que se fuesen logrando con pausa. Con mayor fuerza
-de voluntad hubo de quererlo su hijo, que había viajado por Europa, y
-que heredó la presidencia de su padre.
-
-Fuesen, pues, las que fuesen las causas de la guerra, que brasileños y
-argentinos hicieron al Paraguay, y cuya terminación, al espirar el año
-de 1869, usted tan elocuentemente describe, lo más que podrá afirmarse
-es que dicha guerra fué justa; que ni el Brasil ni ustedes la pudieron
-evitar; pero, francamente, yo no quiero considerarla un triunfo de la
-civilización y de la libertad sobre la barbarie y la tiranía; tiranía y
-barbarie hubieran acabado sin tanto estrago, aunque con mayor lentitud.
-No valía para adelantar aquellos bienes por algunos años pagar el
-adelanto con tal profusión de muertes, gastos y destrozos.
-
-Aquí, en España, tenemos un libro muy divertido que retrata fiel y
-cándidamente, en mi sentir, lo que era el Paraguay bajo la presidencia ó
-dominio del primer López. Si en España hubiese más afición á la lectura,
-el libro de que hablo sería muy leído: se hubieran hecho de él muchas
-ediciones. Quien le lee, ríe con gana y de veras de los lances,
-aventuras y observaciones del Sr. D. Ildefonso Antonio Bermejo, autor
-del libro, que pasó en el Paraguay cuatro ó cinco años al servicio del
-tirano. Cómicos y muy raros casos refiere, pero hay tal tono de buena
-fe, tan sincero y espontáneo estilo en todo, que ni por un instante
-asaltan dudas sobre la escrupulosa veracidad del relato.
-
-Todo él, y más aún la gloriosa defensa que hicieron los paraguayos de
-sus hogares y aun del mismo tirano, nos los presentan como mucho más
-simpáticos que los que á fuego y sangre fueron á pulirlos, á libertarlos
-y á hacerlos felices y cultos.
-
-Reza un añejo y cruel refrán: _la letra con sangre entra_. Hay
-desventuras ineludibles. Ocasión se ofrece á cada paso de repetir la tan
-repetida exclamación virgiliana: _Sunt lacrimæ rerun_; pero la verdad es
-que con tantas guerras y tan atroces como tienen ustedes en América
-desde que son independientes y libres, pierden ustedes no poca autoridad
-y crédito para vituperar las ferocidades de sus tatarabuelos los
-españoles que fueron á civilizar el Nuevo Mundo en los pasados siglos.
-
-El horrible método de acabar con la tiranía de López y de llevar la
-civilización á aquella tierra fertilísima, arranca de su piadoso corazón
-de usted, entre otras, estas sentidas voces:
-
-«Fermenta la putrefacción sobre una alfombra de flores marchitada por la
-pólvora. Cubre aquellos cadáveres, contraídos por los dolores,
-despedazados por la metralla ó desfigurados por la corrupción, un cielo
-espléndido del cual parece descender la vida. La selva impenetrable, el
-árbol frondoso, el agua estancada, parecen exigir al hombre su fuerza y
-su inteligencia para cumplir la misión que Dios le confiara. Pero el
-brazo del hombre ha sido abatido por la espada. Su cuerpo corrompido
-yace mezclado con los corceles muertos en la batalla. Solamente Job,
-colocado en medio de la miseria y podredumbre de la muerte, podría
-cantar en términos apropiados la desolación del Paraguay.»
-
-A estas y á otras no menos conmovedoras lamentaciones de usted sólo
-tengo que añadir mi deseo de que la paz restaure las fuerzas y sane y
-cicatrice las heridas que han tenido ustedes que hacer al Paraguay para
-que sea libre y más civilizado.
-
-La obra de usted, que cito la última, _De Valparaíso á la Oroya_, es la
-mejor de todas, en mi sentir, ó al menos la que me ha causado impresión
-más honda y más grata. Me parece amenísimo libro de viaje. El estilo de
-usted, animado y pintoresco, tiene la fuerza de trasladar en espíritu
-al lector á los lugares que va usted recorriendo y que tan bien
-describe. Más de sesenta autores, antiguos y modernos, ha consultado
-usted para componer su libro. Cada uno de ellos informará más
-circunstanciadamente, ya sobre las antigüedades é historia del Perú, ya
-sobre su geografía, fauna, flora y demás recursos y naturales riquezas,
-ya sobre su industria y su comercio: pero pocos ofrecerán al lector un
-conjunto tan variado é interesante. Su trabajo de usted es
-principalmente el resultado de la inspección ocular y de sus recuerdos,
-los cuales, avivados por la fantasía y el talento del escritor, producen
-en quien lee la ilusión de que visita con usted aquel magnífico país.
-Son bellísimas las descripciones de Arequipa, del Misti, del Cuzco y sus
-ruinas, de la ciudad de los reyes, del valle de Lurín y del antiguo
-templo del Dios Pachacamac.
-
-La pintura que hace usted del esplendor y florecimiento de Lima, la
-alegría de sus habitantes, la hermosura y gracia de sus mujeres, la
-riqueza de sus templos, la gala, el lujo y las joyas de su aristocracia,
-el tesoro artístico, en cuadros y antiguallas, que guardan el Museo
-Nacional, y las colecciones de los señores Ortiz de Ceballos y Dávila
-Condemarín, todo nos encanta y nos enorgullece á los españoles, ya que
-acertamos á fundar tan brillante colonia y á llevar á ella nuestra
-civilización y nuestras costumbres. Bastante nos apesadumbran y nos
-ponen contritos la consideración y la pena, que usted no deja de
-estimular, de las crueldades y actos vandálicos de Pizarro y los otros
-conquistadores: pero, sin poderlo remediar, tal vez para que sea menor
-el remordimiento colectivo, porque no quiero yo entrar en discusiones,
-nos sentimos inclinados á no creer por completo en tantas maravillas y
-en tantos bienes como se supone que hubo en el Perú, durante el imperio
-de los Incas. No me entra en la cabeza que hubiese entonces tantos
-millones de indios, hoy desaparecidos, ni menos que los indios que
-quedan sean más rudos y más miserables adorando á Cristo que adorando al
-sol, al Inca su pariente y al Dios Pachacamac, sobre cuyo nombre,
-condiciones, atributos y naturaleza, se funda sutil teodicea. Mucho me
-inclino á sospechar que la tal teodicea ha sido mejorada y hermoseada
-por la imaginación de personas ilustradas de nuestra edad ó por
-misioneros candorosos que quisieron descubrir en ella los rastros de la
-predicación de Santo Tomás ó de otro apóstol, que acertó á llegar hasta
-allí.
-
-Si antes de los Incas, hacia el siglo X de nuestra era, habían tenido
-los peruanos escritura hieroglífica, esta escritura se había perdido en
-tiempo de los Incas, lo cual implica un retroceso en la cultura. Cuando
-la aparición de los españoles, sólo había los _quipos_ ó nudos hechos
-con hilos de diversos colores. Por muy ingenioso que supongamos este
-arte y por muy hábiles y sagaces que fueran los _quipocamayos_ ó
-interpretadores de _quipos_, me parece que es menester sobrada buena
-voluntad y fe grande para aceptar como evidentes, gracias á los
-_quipos_, los datos cronológicos y estadísticos sobre la duración,
-riqueza y censo del imperio de los Incas y sobre la bienaventuranza de
-sus súbditos, antes de la feroz conquista española. En fin, sea como
-sea, el daño hecho está ya y no tiene remedio. Yo convengo en que los
-aventureros, que iban de España á las Indias solían ser unos desalmados,
-lo peor de cada casa: y convengo en que el Padre Valverde era un
-fanático; un fraile _trabucaire_, como diríamos ahora. Pero, por amor de
-Dios, ¿no se resiste ó repugna á todo recto juicio que matásemos á
-disgustos y á malos tratamientos á tantos millones de séres humanos?
-¿Cómo creer que déspotas como Viracocha, Pachacutec, Yupanquí,
-Huayna-Capac y Huascar, hacían más dichosos á sus súbditos, fomentaban
-más la población, las ciencias, las artes y la prosperidad, que los
-Gobernadores y Arzobispos, enviados á Lima por los católicos reyes de
-España, entre los cuales Arzobispos hubo santos y entre los cuales
-Gobernadores ó Virreyes los hubo tan buenos y tan filantrópicos como el
-conde de Superunda?
-
-Sin duda que los reyes de España eran despóticos también, pero ¿cómo
-habían de serlo tanto como los Incas?
-
-En fin, la misma enormidad de la acusación que se nos hace, destruye
-toda su fuerza. Sólo el apasionamiento y el afán de seguir las modas de
-París bastan á explicar que se crea que, en virtud de leyes paternales y
-protectoras de los indios, y yendo á Lima de Virreyes hombres eminentes,
-de lo más ilustre por saber, nacimiento y servicios, Hurtados de
-Mendoza, Toledos, Castros, Fernández de Córdoba, Velascos y
-Portocarreros, exterminásemos millones y millones de indios en poco más
-de trescientos años y convirtiésemos el Perú en un desierto.
-
-En resolución, yo entiendo, no sólo por lo muy español, sino por lo muy
-progresista que soy, que es tan absurdo y apasionado el suponer con
-_saudades_ un imperio de los Incas, maravilloso de bueno, cuya bondad
-destruyeron los españoles, como el imaginar una época de los Virreyes
-más floreciente y feliz que la época actual, cuando emancipado é
-independiente el Perú crece en población, riqueza y cultura, abre
-ferrocarriles que pronto salvarán los Andes, y se dispone á ser, á pesar
-de recientes contratiempos y desgracias, una grande y poderosa república
-y á convertir á Lima en una de las más bellas, populosas y espléndidas
-capitales del mundo.
-
-Los capítulos sobre Chorrillos, que es el Biarritz, el Trouville ó el
-Ostende peruano; y sobre la _quena_, flauta, música y canto de los
-indios, son poéticos y curiosos.
-
-Todo el libro, en suma, nos hace formar claro y hermoso concepto del
-Perú, en 1873, cuando usted le visitó. Ojalá que dentro de poco, en
-cercano porvenir, se vean ya realizadas para el Perú todas las
-halagüeñas y fundadas esperanzas que usted hace concebir y concibe.
-
-Y aquí termino esta larguísima carta, no sin reiterar á usted mi cordial
-y cumplida enhorabuena por la publicación de sus obras reunidas.
-
-
-
-
-LA RELIGIÓN DE LA HUMANIDAD
-
-(Á DON JUAN ENRIQUE LAGARRIGUE)
-
-
-I.
-
-Muy señor mío y querido amigo: Mi propósito de examinar y criticar la
-_Circular religiosa_ de usted, publicada en Santiago de Chile el día 6
-de Descartes del año 98 de la Gran Crisis, quedó apenas á medio cumplir
-ó en suspenso, por culpa de mis grandes quehaceres y de la dificultad de
-la empresa, superior sin duda á mis fuerzas. Impidió también que yo
-terminase aquel trabajo mi falta de fe en mí mismo, ó lo desengañadísimo
-que estoy de mi literatura. Años ha que padezco esta enfermedad mental ó
-manía, casi incurable, que excita á los hombres á escribir; pero jamás
-he creído en la utilidad de mis escritos. Mi justificación estaba y
-está, pues, en procurar que sean divertidos, y en que, ya que no
-instruyan al prójimo, le den agradable pasatiempo.
-
-En España toda persona que lee sabe más que yo, y toda persona que sabe
-menos que yo, ó no sabe leer tampoco, ó no quiere fatigarse leyendo.
-Carezco, pues, de público á quien enseñar; pero, ¿por qué, me digo no ha
-de haber personas á quienes entretengan mis escritos? Por pocas que sean
-estas personas, de ellas hago mi público, y á ellas me dirijo.
-
-Por lo expuesto comprenderá usted y disculpará en mí el tono de broma
-con que en mis cartas anteriores he tratado de las doctrinas de usted.
-Aun así no han faltado graves sujetos que me han reprendido por perder
-mi tiempo en exponer locuras, aunque sea para refutarlas. Todavía no he
-hallado á nadie que no califique de locuras las doctrinas que usted
-sostiene. Esto acabó de retraerme de seguir exponiéndolas y
-refutándolas.
-
-En tal disposición de ánimo me encontraba yo, cuando recibí desde París,
-donde su hermano de usted, Jorge, reside un libro de este _apóstol de la
-humanidad_, titulado _Lettres sur le positivisme_. El libro me venía
-dedicado con frases para mí tan cariñosas y lisonjeras, que hube de
-quedar á usted y á su hermano profundamente agradecido. Recibí después,
-con fecha 17 de Shakespeare del año 100 (25 de septiembre de 1888), una
-extensa carta (impresa en un folleto de 60 páginas), que usted me dirige
-sobre la _Religión de la Humanidad_. Y he recibido, por último, con
-singular dedicatoria autógrafa, otra carta de usted á la señora doña
-Emilia Pardo Bazán, sobre el mismo asunto, escrita el día 2 de
-Arquímedes del año 101 (27 de marzo de 1889 de nuestra era), también en
-Santiago de Chile.
-
-Contienen estos documentos, elegantemente impresos y escritos, unos en
-castellano y otros en francés, tan discretas y bien concertadas razones,
-tanta cortesía y tanto afecto amistoso para doña Emilia y para mí, que
-sería yo harto descortés é ingrato si no contestase con benevolencia.
-
-Prescindo, pues, de lo que me dicen ciertos espíritus que presumen de
-superiores y de invulnerables para toda idea que ellos no consideren
-sensata, y voy á contestar á usted, teniéndole por sensato y cuerdo, y
-además por excelente, bondadoso y sabio.
-
-Si yo hubiera de tener por locos á cuantos no piensan como yo y
-sostienen lo contrario, enteramente lo contrario, el planeta en que
-vivimos me parecería un manicomio. Lo más atinado, pues, y lo más
-caritativo, es pensar que todos tenemos juicio; que todos estamos de
-acuerdo en bastantes puntos, y que, si discordamos en otros, la
-discordancia es un bien, ya que sin ella no habría materia para escribir
-y para hablar, y nos aburriríamos de quedarnos callados, y se nos
-embotaría el entendimiento sin nada que le estimulase, aguzase y
-acicalase.
-
-Remueve, además, los escrúpulos que me arredraban, atajando el correr de
-mi pluma, la consideración de que son pocos los escritores que escriben
-para revelar inauditas verdades. Harto sé que yo no he abierto ni
-
- «Abriré nuevos senderos
- á la errante humanidad».
-
-pero ¿por qué no he de solazarme un rato charlando con ella, ó al menos
-con aquella mínima parte de ella tan desocupada y benigna que tenga
-vagar y paciencia para leerme?
-
-Con este presupuesto, voy á contestar á la amable carta de usted.
-
-Augusto Comte es el glorioso fundador de la secta que usted sigue,
-dividida hoy en dos ó más iglesias. Suponer que hasta cierto momento de
-su vida Augusto Comte fué juicioso, y que fué atinado cuanto dijo, y que
-después, con el mucho cavilar, se le descompusieron los sesos, y no
-acertó á decir sino disparates, se me antoja suposición arbitraria. O la
-locura de Augusto Comte está en toda su vida y en todos sus escritos, ó
-no hay ni hubo tal locura jamás[B].
-
-Para mí, tan desatinado es Augusto Comte al principio como al fin, pero
-yo respeto, aplaudo y admiro los desatinos cuando están hábilmente
-ordenados y entrelazados, é implican saber, entusiasmo é ingenio.
-
-La grande obra del maestro de ustedes era «dar á la filosofía el método
-positivo de las ciencias, y á las ciencias la unidad de conjunto de la
-filosofía».
-
-Cuando murió el Maestro, el 5 de diciembre de 1857, sus discípulos y
-apóstoles aseguraban todos que, salvo ligeras imperfecciones, dicha
-grande obra estaba realizada: había _filosofía positiva_; ciencia y
-filosofía se habían compenetrado y formaban completa unidad.
-
-Convengamos en lo uno; pero ¿cómo es posible convenir en lo completo?
-¿No quedaba, fuera de lo sabido por observación y por experiencia, mucho
-de incognoscible ó de incógnito? Mucho quedaba, y no me explico cómo no
-se ríe usted conmigo del donoso remedio que se ha buscado para este mal.
-Lo incógnito es incognoscible. La esfera del pensamiento humano se
-encoge y se achica para que sólo quepa en ella el conocimiento
-_verificado_. Todo otro conocimiento se llama conocimiento _imaginado_.
-Se le da el título de _absoluto_ ó de _ideal_, y se le declara
-inaccesible.
-
-Sea así. Vayamos más allá, si se quiere. Tratemos de suprimir lo
-absoluto, y no sólo de declararlo inaccesible. Repitamos con Littré: «El
-universo nos aparece hoy como un conjunto, cuyas causas están en él
-mismo, y que llamamos leyes. La inmanencia es la ciencia que explica el
-universo por causas que están en él. La inmanencia es directamente
-infinita, porque, desechando tipos y figuras, nos pone en inmediata
-relación con los motores eternos de un universo ilimitado, y descubre al
-pensamiento estupefacto y extasiado los mundos lanzados en el abismo del
-espacio y la vida lanzada en el abismo del tiempo.» Con más claridad y
-con menos pompa, esto significa que no hay Dios; que el mundo es eterno;
-que él mismo es causa y efecto; y que sin inteligencia crea
-inteligencia, sin voluntad ni saber impone leyes indefectibles, sin vida
-crea vidas, y sin ser persona produce personas. Fuera de lo absurdo,
-gratuito y pasmoso de tales afirmaciones clara se ve la contradicción en
-que Littré incurre. Ni una sola de esas afirmaciones es conocimiento
-_verificado_; nace de observación, de experiencia, de lo que él llama
-filosofía positiva ó ciencia pura. Luego es teología, aunque negativa:
-luego es metafísica; y al poner tales afirmaciones destruimos todo el
-sistema, y, en vez de sostener que pasó el período teológico y que pasó
-el período metafísico, y que hoy estamos ya en el período científico, en
-plena edad de razón, volvemos á ser teólogos ó metafísicos, aunque harto
-empecatados.
-
-Yo no tengo en este punto que refutar á Littré: él mismo se refuta y se
-retracta, con más recto aviso, diciendo: «No conocemos ni el origen ni
-el fin de las cosas y no hay razón para negar ni para afirmar que haya
-algo más allá de ese origen y de ese fin.» La doctrina ó filosofía
-positiva no niega, pues, ni afirma á Dios. La Naturaleza no vale para
-reemplazarle. «¿Quién es esa señora?»--preguntaba el conde José de
-Maistre. «Si la Naturaleza significa el conjunto de las cosas que nos
-son conocidas, este conocimiento es relativo como ellas; es
-experimental, y deja fuera las regiones de lo incognoscible: y si la
-Naturaleza es un poder infinito, autor y ordenador del Universo, no hay
-saber positivo que halle al cabo de sus investigaciones ese poder, que
-por lo tanto debemos pasar en silencio. Experimentalmente no sabemos
-nada de la eternidad de la materia ni de la hipótesis de Dios.»
-
-Ya se ve que Littré, en sus momentos más lúcidos, se declara neutral: ni
-afirma ni niega. Pone lo sobrenatural fuera de nuestro alcance; por cima
-de nuestro raciocinio. Pero, ¿no habrá otras facultades de nuestra alma,
-por cuya virtud se pueda llegar á él?
-
-Yo veo que este positivismo _agnóstico_ deja abierta la puerta á la
-imaginación, á la fe, á la intuición amorosa del alma afectiva, ó quién
-sabe á qué otras facultades y potencias, para tender el vuelo y
-explayarse por ese infinito inexplorado, y apartar de él la desesperada
-calificación de incognoscible.
-
-De aquí que, en mi sentir, por el positivismo de Augusto Comte podamos
-volver de nuevo á las más fervorosas creencias, como por el sensualismo
-de Condillac volvió á ellas el ya citado conde José de Maistre.
-
-¿Quién sabe si en el extremo del positivismo agnóstico, ó dígase del
-agnosticismo, no está ya cuajándose y brotando un misticismo flamante?
-En todo caso, esto sería lo que llama el vulgo _salto atrás_, y lo que
-llaman _atavismo_ los doctos. Según usted asegura, y según aseguran
-otros autores, Augusto Comte se inspiró en el conde José de Maistre,
-éste en el teósofo Saint-Martin, y Saint-Martin en aquel español ó
-portugués misteriosísimo que se firmaba Martinez Pascual, que escribió
-la _Reintegración de los seres_, influyó tanto en el florecimiento de
-los misticismos y teosofías del fin de la pasada centuria, y desapareció
-luego.
-
-Como quiera que ello sea, fuerza es convenir en que el más ilustre
-discípulo de Augusto Comte fué Emilio Littré, y en que Emilio Littré, á
-la muerte del Maestro, aceptó la herencia á beneficio de inventario,
-repudiando notable parte de ella. Otros la recogieron y la aceptaron
-toda con plena piedad, y de aquí el cisma, que aún dura.
-
-Para no confundirnos, llamaré al positivismo de Littré _no religioso_, y
-llamaré _religioso_ al positivismo de usted y de los que como usted
-piensan. Bueno es, no obstante, que se entienda desde luego que el
-positivismo no religioso de Littré puede concertarse un día, si ya no se
-concierta en algunos espíritus, con religión verdadera, y aun con
-teosofía y aun con misticismo exaltado, mientras que en el positivismo
-de ustedes, con ese vano y absurdo fantasma de religión que ponen
-ustedes, es imposible é incompatible toda religión que tenga algunas
-condiciones de tal.
-
-Hasta 1842, en que publicó Augusto Comte el tomo VI y último de su
-_Curso de filosofía positiva_ todos los hombres que le siguen y pueden
-contarse por positivistas, con más ó menos restricciones, correcciones ó
-aditamentos, como el citado Littré, Herberto Spencer, Stuart Mill,
-Lewes, Taine, Robinet, Huxley y otros, creen que Augusto Comte estaba
-sano; pero ya, en 1845, empieza el período patológico de la vida del
-maestro. Su locura es evidente y declarada para todos los dichos sabios,
-desde 1851, en que publica el Maestro su _Sistema de política positiva ó
-tratado de Sociología, instituyendo la religión de la humanidad_.
-
-Divididos así en dos el espíritu y la vida de Comte, tenemos un Comte
-loco y otro cuerdo. Los que le aceptan y glorifican hasta 1845 se
-consideran juiciosísimos, y declaran loco al Maestro durante los últimos
-doce años de su vida, y á todos ustedes, que le aceptan por completo,
-los dan por locos de remate, hablando sin rodeos y dejando á un lado las
-perífrasis y los eufemismos elegantes ó científicos de que ellos se
-valen al formular la declaración.
-
-Para el que, como yo, no es positivista, ni de una clase ni de otra;
-para el que entiende que no se acabó ya la teología, ni se acabó la
-metafísica á fin de que no haya más que ciencia, y para el que cree que
-toda ciencia es imposible sin metafísica y sin teología, tanto los
-positivistas no religiosos como los religiosos, se equivocan; pero, sin
-duda, en mi sentir, se equivocan más ustedes, los religiosos, sin que
-llame yo por eso á la equivocación locura, sino error ó extravío
-generoso nacido de un noble y puro sentimiento que en balde han querido
-ustedes ahogar en el alma.
-
-Yo no niego, además, que hay un procedimiento dialéctico en el
-pensamiento de Comte; que no funda su religión porque sí; que su
-religión no fué lo que vulgarmente llamamos una salida de tono.
-
-Lo que hay de más simpático en el positivismo es la crítica, á mi ver,
-imparcial, elevada, entusiasta y optimista con que juzga la historia,
-para marcar en ella el movimiento ascendente del humano linaje hacia la
-luz y hacia el bien, pasando por los estados teológico y metafísico para
-llegar al científico al cabo. En este progreso, los positivistas
-declaran, y usted confirma, que la creación más grande del hombre ha
-sido la Iglesia católica, institución soberana del orden social,
-comunidad de los pueblos en una misma fe, organismo tan alto y benéfico,
-que, como usted asegura jamás puede desaparecer. Y añade usted luego:
-«Lo que sí sucederá es que se perfeccione.» Y esta perfección fué muy
-extraña. Augusto Comte se convirtió en Padre Santo; apartó las personas
-reales de Dios y de la Virgen Madre, y puso en lugar de ellas, y
-usurpando sus nombres, dos figuras retóricas; y así fundó la religión
-de la humanidad ó el catolicismo positivo.
-
-¿Tienen alguna fuerza las razones que usted da en favor de su religión
-nueva; en alabanza de ese catolicismo _perfeccionado_? Yo entiendo que
-las razones de usted le destruyen por su base. «Augusto Comte, dice
-usted, no podía instituir su doctrina en nombre de Dios, porque, dada la
-_mentalidad_ de nuestro tiempo, no podía sentirse inspirado
-sobrenaturalmente. Hubiera faltado á la profunda sinceridad que le
-caracteriza».
-
-«Moisés y San Pablo, añade usted, influyeron grandemente en moralizar el
-mundo. Estos ilustres servidores de la humanidad fueron sinceros al
-atribuir á revelación divina los preceptos religiosos que dictó cada uno
-de ellos, porque sus respectivos medios sociales eran teológicos. En el
-medio social positivo que alcanzamos, creerse inspirado de Dios
-supondría una perturbación cerebral».
-
-A esto, y adoptando el severo criterio de usted, cualquiera podrá añadir
-que mayor perturbación cerebral supone aún, en el medio social positivo
-en que estamos viviendo, sin creerse inspirado por Dios, no sólo negando
-su inspiración, sino negándole á Él ó desconociéndole, ponerse á fundar
-religión nueva. Cualquiera otra determinación parece menos disparatada.
-Y, sin embargo, la determinación de ustedes tiene excusa, una vez
-aceptado el positivismo hasta donde Littré le acepta.
-
-El remate de su doctrina oficial es como un punto elevado, resbaladizo,
-con abismos por todas partes, donde se exige al positivista que se tenga
-en equilibrio, y donde el equilibrio no es posible. Es necesario caer en
-alguno de esos abismos.
-
-No es dado quedarse sin negar ni afirmar la materia eterna ó Dios. El
-positivista cae del escollo en que se ha encaramado aunque se agarre con
-las uñas, á fin de no caerse, á los preceptos de Littré, declarándose,
-con modestia, incompetente para decidir sobre tales asuntos.
-
-Lo más común es que caiga en el materialismo y en el ateísmo. Littré cae
-con frecuencia, como se lo prueba Caro en el extenso libro que ha
-escrito sobre él, y al que me remito.
-
-Y cae también la turbamulta de positivistas franceses, ingleses,
-alemanes y españoles, que con más ó menos pudor y disimulo van á seguir
-la bandera de Büchner, de Moleschott, de Carlos Vogt ó de Haeckel.
-
-El señor Menéndez y Pelayo, que ha estudiado bien todo esto en sus
-_Heterodoxos_, trae larga lista de secuaces del positivismo en España, y
-apenas hay uno que se haya quedado en la neutralidad modesta y
-antimetafísica: casi todos caen en el materialismo, descollando entre
-ellos el catalán Pompeyo Janer. Hasta los antiguos y nebulosos
-krausistas, empezando por don Nicolás Salmerón, han venido á dar en el
-positivismo en los últimos tiempos; pero todos estos positivistas
-españoles pertenecen á la secta no religiosa. Menéndez y Pelayo, cuya
-diligencia y erudición son admirables, sólo nos cita dos positivistas
-españoles religiosos: D. José Segundo Flórez y el naturalista cubano don
-Andrés Poey, ninguno de los cuales debe haber fundado iglesia entre
-nosotros. Si la ha fundado, estará escondida en tenebrosas catacumbas,
-cuando Menéndez y Pelayo, que todo lo escudriña, no ha dado con ella.
-Lícito es, pues, afirmar sintéticamente que en España no hay
-positivistas religiosos. La Religión de la Humanidad, no hace prosélitos
-por aquí. Estéril y desairada misión me parece esa que usted y su
-hermano quieren confiarnos, á doña Emilia Pardo Bazán y á mí, de ser en
-España los apóstoles de la Religión de la Humanidad: el Santiago y la
-Santa Teresa de esta nueva creencia.
-
-Las lisonjas, amonestaciones y consejos de usted son cantos de sirena, á
-los cuales doña Emilia y yo debemos tabicar con cera los oídos, imitando
-al prudente Ulises. Si los oyésemos, si nos dejásemos seducir, iríamos á
-parar al cómico martirio, no de la hoguera, no de la degollación, no de
-la estrangulación, sino de las silbas y de las burlas. España está muy
-hundida en el _negativismo_, como usted le llama: y no hay quien la
-saque de él á tres tirones. Lo que dice usted á doña Emilia es para
-deslumbrar á cualquiera, pero ella no es un cualquiera y no se dejará
-deslumbrar. Usted le dice, entre otras cosas: «Anhelo que revele usted
-la Religión de la Humanidad á las nobles españolas, sus compatriotas;
-que las haga influir en la conversión de sus padres, de sus esposos, de
-sus hijos descaminados en el _negativismo_; que convierta usted misma,
-exhortándolos fuertemente, á varios de los esclarecidos varones de
-España, para que se pongan al servicio de la grandiosa doctrina con la
-que tanto pueden enaltecer á su patria y al mundo entero; que su palabra
-circule radiante de unción, no sólo por la península ibérica, sino
-también por toda la América española, infundiendo convicciones tan
-sublimes como inquebrantables: que su santa y vigorosa elocuencia invada
-á París para concurrir á la regeneración definitiva de la gran ciudad
-por la cual se modelan todas las naciones; y que, cuando llegue la hora
-solemne de su transformación personal de la vida objetiva á la vida
-subjetiva (pasar de la vida objetiva á la vida subjetiva equivale á
-morirse entre los profanos), experimente usted el inefable goce de haber
-trabajado de todo corazón y con todas sus fuerzas por la Religión
-universal, y pase á incorporarse, resplandeciendo con eterna aureola, en
-la Humanidad, nuestro verdadero Sér Supremo, desde cuyo glorioso seno
-continuaría usted guiando almas con el inolvidable ejemplo de su
-abnegada labor, y con sus virtuosos y magistrales escritos».
-
-En medio del entusiasmo, de la elocuencia, del profundo convencimiento
-de usted, doña Emilia no podrá menos de reconocer la inanidad de sus
-promesas y lo inconsistente de ese Sér Supremo, en cuyo seno usted la
-coloca, y lo falso de su eternidad, ya que el día menos pensado se seca
-la Tierra, como parece que se secó la luna, ó se apaga el sol, ó se cae
-en él la Tierra, ú ocurre á la Tierra cualquier otro percance, y el Sér
-Supremo, inventado por Augusto Comte, tiene lastimoso fin, con toda la
-ciencia, con todas las invenciones y con todos los primores, y con todas
-las filosofías, más ó menos positivas, que ha ido confeccionando en unos
-cuantos siglos.
-
-Caro, en su libro sobre el positivismo, amenaza también á ustedes con la
-fin del mundo para demostrar la falsedad y la vanidad de la religión del
-progreso. «Entonces, el hombre y su civilización, sus esfuerzos, sus
-artes y sus ciencias, todo habrá sido. Todo perecerá con la vida de
-nuestro globo; y, si no queda en alguna parte un pensamiento que
-recuerde, y conciencias que recojan los resultados de tantos
-sacrificios, la tal religión del progreso es la burla más cruel del
-pobre animal humano, á quien inútilmente se ha turbado en su miserable
-dicha, y se ha espoleado para que corra en pos de quimeras y de
-perfecciones cuyo término es la nada.»
-
-Lo cierto es que, para evitar estos tropiezos y sostener el progreso
-indefinido en toda su grandeza, el positivismo vale poco, y es mil veces
-mejor _el perfeccionismo absoluto_ del Sr. Dosamantes. Con los cuerpos
-flúidos, dotados de la virtud de lanzarse á otros mundos, chico
-inconveniente sería que éste se hundiese ó acabase. Nos pondríamos en
-salvo y nos iríamos á planetas más bellos y más cómodos, diciendo: _Ahí
-queda eso_, como dicen que dijo el cura de Gabia.
-
-No hay, con todo, medio alguno de que ustedes acepten ni cuerpos
-flúidos, ni nada que sea equivalente. Son ustedes tan materialistas y
-tan ateos como el que más. La Religión de la humanidad es sólo poesía
-sin substancia y delirio vano.
-
-Como únicamente puede comprenderse la religión de ustedes es como uno de
-los mil arbitrios, el más ineficaz, á mi ver, á que apelan los
-pensadores de nuestros días, cuando, después de destruir la realidad
-superior é invisible dentro de lo conocido, buscan lo _ideal_, y hablan
-de él y quieren rendirle adoración y culto.
-
-Todo otro arbitrio para poner lo _ideal_, es, repito, más eficaz que el
-de ustedes. Aun suponiendo que la razón, la _mentalidad_ del siglo XIX
-como usted la llama, no logre columbrarle, ¿por qué hemos de negar que
-no logren columbrarle otras facultades del alma humana, y que no le vean
-y reconozcan, no sólo como _ideal_, sino como _real_, con limpia, clara
-y refulgente realidad objetiva, cuya luz acabe por penetrar en el
-universo concebido por la ciencia, y encerrado por ella en cárcel
-sombría, y al fin le ilumine y le explique?
-
-Yo confieso que no pocas de estas tentativas de realizar lo ideal, y de
-traerle al mundo de la ciencia, y de iluminar con él sus tinieblas, me
-son simpáticas, por disparatadas que sean. Por esto me hacen tanta
-gracia el _perfeccionismo absoluto_ del señor Dosamantes, el
-espiritismo, el budismo esotérico y otros sistemas así.
-
-Hay varias escuelas de ateísmo, todas, por desgracia muy florecientes
-ahora. Si sus principios no se hubieran infiltrado en las almas de mucha
-gente vulgar, que no ha estudiado nada y que filosofa sin saber que
-filosofa, y como por instinto, apenas tendría yo excusa para hablar de
-estas cosas con ligereza, y sin detenido estudio y reposo; pero yo, al
-discurrir sobre esto, no voy á revelar lo que se afirma en las cátedras
-y entre los muy doctos, sino que voy á tratar de ideas que corren y se
-difunden por las calles y por las plazas, que penetran en la vida social
-é influyen en ella.
-
-Aunque se me tilde de impropiedad en el lenguaje porque en lo falso y en
-lo absurdo no quepa más ni menos, yo empiezo por creer que, siendo
-absurdas todas las negaciones de Dios, hay unas más absurdas, y menos
-absurdas otras.
-
-Si el mundo es un valle de lágrimas sin esperanza en otra vida mejor; si
-todos los seres padecen; si la injusticia triunfa; si el orden físico y
-el orden moral no existen y si no hay más que desorden, como no hemos de
-suponer un poder infinito que se complazca en el dolor y en la miseria,
-ni tampoco hemos de fingir para soberano ordenador del mundo un sér
-benigno, pero sin fuerza y sin saber que basten á remediar lo malo, ó,
-mejor dicho, á no haberlo hecho, parece legítima consecuencia la
-negación de Dios. Lo falso está en las premisas, prescindiendo ahora de
-lo misterioso é inexplicable de que los seres obedezcan á ciertas leyes,
-aunque sean inicuas, sin que haya legislador que dé esas leyes; de que
-salga la conciencia de lo que no tiene conciencia, y de que brote un
-prurito certero y una voluntad eficaz de ser, sin persona donde la raíz
-de este prurito y de esta voluntad resida.
-
-Con todo: yo creo que el ateísmo pesimista de Leopardi, de Schopenhauer
-y de Hartmann, es el menos desatinado: hay en él no poco del budismo
-trasplantado á Europa.
-
-Pero cuando sostenemos que todo está divinamente concertado; que todo
-concurre y se encamina á la perfección de modo indefectible, se
-comprende mucho menos que nadie sea ateo.
-
-Augusto Comte, á mediados de este siglo descubrió y explicó las leyes
-por cuya virtud el linaje humano va encaminándose á una sublime y noble
-bienaventuranza á través de los períodos teológico, metafísico y, por
-último positivo; pero estas leyes que descubrió Augusto Comte estaban ya
-promulgadas y eran obedecidas desde el principio ó desde la eternidad;
-luego hubo inteligencia que las dictó y poder que las hizo obedecer
-desde entonces. Tan acertadas y bienhechoras leyes no las dictó ni las
-impuso el Gran Fetiche, que es la tierra que habitamos, ni el Gran
-Medio, que es el espacio en que la tierra se mueve, ni la Virgen-Madre,
-que es la Humanidad, nacida en virtud de estas leyes. El Sér Supremo
-positivista es uno y trino: es un compuesto del Gran Medio, del Gran
-Fetiche y de la Virgen-Madre; pero tampoco da las leyes: se limita á
-obedecerlas y á irse encaminando así á la perfección.
-
-Claro se ve que esta religión positivista es absurda para los teólogos y
-para los metafísicos; pero, digo la verdad, no comprendo el enojo, las
-burlas y las protestas contra ella de los positivistas no religiosos. Á
-mi ver, ustedes son tan lógicos como ellos, y además son más amenos. Con
-semejante fantasmagoría ó camelo de religión no se invalida ni se
-desnaturaliza la doctrina del Maestro. Ni ustedes vuelven á restablecer
-los agentes sobrenaturales del período teológico ni lo que llaman
-ustedes abstracciones realizadas del período metafísico, como Dios,
-esencia y causa: ustedes se limitan, para recreo y hechizo poético de
-los hombres, á personificar cosas harto reales y visibles, que no tienen
-nada de abstracción, á saber: el universo todo, el planeta en que
-habitamos y cuantos animales racionales le pueblan, considerándolos en
-su conjunto.
-
-No acusaré yo á ustedes de inconsecuentes, como otros los acusan,
-calificando su religión en lo tocante al culto de los héroes, de
-paganismo; y en lo tocante á la devoción fervorosa á las mujeres, de
-plagio de la devoción á la Virgen María de los católicos. No deroga la
-religión de ustedes, que no es religión, la ley positivista que hace de
-la religión el grado ínfimo en el desarrollo intelectual de los hombres.
-La religión de ustedes es un objeto artístico, un primor, un adorno, de
-mejor ó peor gusto, pero que, en lo esencial, ni quita ni pone.
-
-No hay que decir que yo no creo en la afirmación de Augusto Comte. Yo
-creo lo contrario. La religión es inmortal, es indestructible como
-ciencia y como sentimiento. Desde todos los puntos, desde aquellos que
-más distantes nos parecen, y por todos los caminos, cuando más pensamos
-apartarnos de la religión, de la metafísica y de la teología, volvemos á
-ellas, sin poder evitarlo. Si algún valor tiene la religión de ustedes,
-es el de la sombra, el del espectro, que distrae y fascina y tal vez
-impide á ustedes ó ver la verdadera religión que penetra en el
-positivismo, ó salir á buscarla, desde el seno de ese positivismo,
-siguiendo sus métodos, y apoyándose en él y tomándole como punto de
-partida.
-
-En contraposición á la vana religión de ustedes, he de permitirme
-decirles algo, dado lo poco que sé y creo penetrar, de los esfuerzos y
-tentativas para recobrar la religión verdadera y para hacer de ella una
-ciencia positiva en el seno del positivismo, completando así la
-enciclopedia de Augusto Comte, y añadiendo á sus seis ciencias, que se
-siguen y encadenan, otra más alta que es la teología.
-
-Bien puede asegurarse que Herberto Spencer ha mejorado y perfeccionado
-el positivismo, creando la _filosofía de la evolución_, por cuya virtud
-trata de explicarlo todo. Lo que se queda por explicar, ó es lo
-incognoscible en sí, ó la acción de lo incognoscible. Tenemos, pues, lo
-incognoscible fuera de la ciencia; pero algo es, ya que, al afirmar que
-no se deja conocer, lo afirmamos.
-
-De esta suerte Herberto Spencer, que procede al principio como Augusto
-Comte, considerando la religión como superstición y puerilidad, vuelve
-reflexivamente á la religión después de haber recorrido toda la ciencia.
-Herberto Spencer funda esta segunda religión reflexiva, la religión de
-lo incognoscible, y aun la pone por cima de toda la ciencia:
-inexpugnable, invencible é indestructible.
-
-«La omnipresencia, dice, de algo superior al entendimiento humano, es
-una creencia común á todas las religiones. Nada tiene que temer esta
-creencia de la lógica más severa. Es una verdad última de la mayor
-certidumbre, una verdad sobre la cual las religiones todas están de
-acuerdo, y está de acuerdo igualmente la ciencia. Hay un poder
-impenetrable, del cual es manifestación el Universo.»
-
-Fundada así la religión agnóstica, ya, según he leído en varios libros,
-hay en Inglaterra positivistas que han formado Iglesia para dar culto á
-este incognoscible, escondido siempre y presente siempre en todo. En el
-fondo de todos los fenómenos físicos y morales está lo incognoscible,
-está lo que nosotros llamamos Dios, y esto es lo que adoran.
-
-Para Herberto Spencer, tiempo, espacio, causa, substancia, movimiento,
-espíritu, son términos ininteligibles y llenos de contradicciones.
-
-No sabemos más que enlazar algunos fenómenos según la ley de
-continuidad. Resulta, pues, al último extremo del empirismo baconiano y
-del positivismo comtiano, un profundo misterio religioso. Detrás de cada
-objeto, en el centro de cada cosa, en nosotros mismos, está lo
-incognoscible, y todo es efecto de su perpetua é incesante operación
-divina.
-
-Apenas hay filósofos que no se contradigan, y Herberto Spencer no es
-excepción de la regla. Al lado de la modestia con que declara que casi
-no sabe nada, viene la inaudita y temeraria pretensión de explicarlo
-todo con su evolución universal. Empieza por la nebulosa primitiva, y,
-desde ella, con su evolución, nos va creando los astros, los fenómenos
-geológicos, la aparición de la vida, y luego el progreso de plantas y
-animales, y, por último, el desarrollo de la sensibilidad y de la
-inteligencia, las artes, los oficios, el saber, la formación de las
-sociedades, y su florecimiento y sus adelantos.
-
-Lo cierto es que, supuestos lo incognoscible y su perpetua operación
-divina, con decir _será lo que Dios quisiere_, estamos al cabo de toda
-dificultad, y no hay para qué calentarse la cabeza. Pero es lo malo que,
-al pretender explicarlo todo, como si hubiésemos arrebatado su secreto á
-lo incognoscible, incurrimos en dificultades nuevas. Aunque Dios, lo
-incognoscible, pudo hacer las cosas de mil modos distintos, que nosotros
-ni comprendemos ni imaginamos, desde el momento en que afirmamos que las
-hizo de un modo, tal vez incurrimos en error, y el error queda patente
-si se prueba que de ese modo no las hizo.
-
-Así entiendo yo que el sistema de la evolución universal de Herberto
-Spencer queda refutado por un libro de un discípulo del señor Pasteur,
-llamado Dionisio Cochin. El libro se titula _La evolución y la vida_, y
-recomiendo á usted su lectura.
-
-Acaso, leyéndole, venga usted á convencerse, como yo me he convencido,
-de que no hay una sola evolución, sino de que ha habido tres, ó dos por
-lo menos. Con la materia primera, y con leyes matemáticas, físicas y
-químicas, por mucho que se haya _evolucionado_, no ha podido aparecer la
-vida. La vida no se explica sin los gérmenes, sin otra intervención de
-lo incognoscible, sin algo como nueva creación, que marca nueva era y el
-principio de evolución más alta. Y no vale salvar la dificultad como la
-salva Sir Guillermo Thomson, imaginando que cayó en nuestro planeta un
-pedazo de astro viejo, todo cuajado de microbios. Esto sería trasladar
-la dificultad á ese astro viejo; endosársela, pero no resolverla.
-
-Con la aparición de la conciencia, del entendimiento, del sér humano,
-ocurre lo mismo.
-
-Entre lo que vive y lo que no vive, entre lo que piensa y lo que no
-piensa, no hay término medio; no hay eslabón que enlace la cadena y
-acredite como evidente la ley de continuidad. De la substancia viva más
-imperfecta á la substancia sin vida más hermosa y rica, al diamante, al
-cristal, al oro más puro, hay un abismo. Y desde el más grosero
-pensamiento al instinto más perfecto del animal, hay otro abismo
-también. Fuerza es, pues, admitir la solución de la continuidad de
-Herberto Spencer, y tres evoluciones en vez de una: la de la materia
-inorgánica, la de la vida y la de la conciencia.
-
-Ignoro si un señor llamado Enrique Drummond, es inglés, ó _yankee_. Sólo
-sé que, estando yo en los Estados Unidos, apareció allí y se puso muy en
-moda un libro suyo, impreso en Boston, que se titula _Leyes naturales en
-el mundo espiritual_.
-
-Aunque yo, según he confesado, sé poquísimo, y no tengo la pretensión de
-enseñar, y sólo escribo para divertirme y divertir, si puedo, á quien me
-lea, todavía, sin pasar de mero aficionado á sabio, tengo mis opiniones
-arraigadísimas, contra las cuales nada prevalece. Y una de estas
-opiniones es que el método empírico sirve para explicar los fenómenos y
-sus relaciones: para clasificar los seres y ponerlos como en un
-casillero; mas no para explicar las causas y elevarse á la metafísica,
-previamente desechada. Así, pues, yo considero falso el pensamiento
-fundamental de Enrique Drummond, y yo considero irrealizable su intento.
-
-Sin embargo, el intento de Enrique Drummond es tan sano y tan
-sublimemente benévolo y el arte y el discurso con que le realiza son tan
-ingeniosos, que no puedo resistir á la tentación de hacer aquí un
-extracto de su sistema.
-
-Así verá usted como la _mentalidad_, en este tercer período histórico
-llamado positivo, no excluye la religión ni la teología, sino que desde
-el seno del positivismo, y por métodos positivistas, volvemos á ellas. Y
-volvemos, no ya sólo á una religión metafísica, á una teología natural ó
-teodicea creada por el discurso, sino á la religión revelada, cristiana,
-positiva y católica.
-
-Usted y su hermano, que son tan entusiastas y tan devotos de San Pablo,
-de Santa Teresa de Jesús y de San Ignacio de Loyola, quién sabe si
-cuando vean que, sin dejar los carriles del positivismo, pueden llegar
-con Enrique Drummond á creer en lo que creyeron dichos Santos, no
-acabarán por abjurar de esa Religión de la Humanidad, sin más Dios que
-la Humanidad misma, y por volver al Catolicismo, el cual, dado, como yo
-creo, que la religión no ha concluído ni concluirá nunca, es la
-verdadera religión de la Humanidad: la religión definitiva.
-
-Pero tratar de esto requiere bastante extensión y capítulo aparte.
-
-
-II.
-
-En estos últimos días he recibido un nuevo folleto de usted (segunda
-carta á D. Zorobabel Rodríguez), por el cual veo que sigue usted
-predicando su Religión de la Humanidad, aunque asegura que no quiere
-polémicas. Yo no las quiero tampoco: pero necesito exponer las razones
-principales que me mueven á no convertirme, como usted me aconseja en la
-extensa carta que me escribió; y además, esto me da ocasión para
-discurrir y cavilar sobre la irreligión del día, sobre eso que usted
-llama la _mentalidad_, del período positivo en que estamos, _mentalidad_
-que se opone, según usted, á que creamos en nada sobrenatural, por donde
-San Pablo, San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola, y todos los
-mejores Santos del Calendario, y todos los más nobles y generosos héroes
-de la Historia, no creerían en Dios si viviesen ahora, y sólo á la
-Humanidad darían adoración y culto.
-
-Es innegable que el materialismo, el ateísmo y el positivismo, que es un
-ateísmo disimulado y vergonzante, florecen demasiado en el día, pero los
-positivistas y ateos se engañan en imaginar que el mundo es ya de ellos,
-y que esta edad es la de la razón, y que la de la fe pasó para siempre.
-
-Yo creo que estamos en plena edad de fe, y que, si el perderla implicase
-progreso, de poco progreso podríamos jactarnos.
-
-Todavía, á mediados de este siglo, en 1847, ha aparecido en Persia una
-religión nueva que ha hecho correr la sangre á ríos, y ha dado al mundo
-millares de mártires. La moral de esta religión es purísima y dulce; sus
-libros sagrados, muy poéticos; su creencia y su amor en Dios y á Dios,
-profundos. El Conde de Gobineau y el Sr. Franck, del Instituto de
-Francia, han expuesto su doctrina y escrito la historia de esta religión
-reciente, el _babismo_, cuyo dogma capital es la encarnación perpetua de
-Dios en diez y nueve personas.
-
-Se me dirá que esto ocurre en Persia, que es tierra de bárbaros; pero
-que en la culta Europa y en las otras regiones, por donde su
-civilización se ha difundido, no caben ya semejantes delirios.
-
-Nada más arbitrario que tal suposición. En pocas edades han aparecido
-más profetas y fundadores de religiones que en el día. Básteme citar al
-conde de Saint-Simón, á los polacos Wronski y Towianski, á los yankees
-Channing, Parker y José Smith, y al francés Hipólito Rodríguez, sin duda
-israelita de origen, que aspira á crear la religión universal y
-definitiva, combinando y reconciliando las tres hijas de la Biblia, las
-religiones de Moisés, Cristo y Mahoma, é interpretando con piedad
-profunda el apólogo famoso de Natán el Sabio.
-
-Harto sé que se me dirá que todos estos flamantes profetas estaban locos
-de atar; pero veamos, por otra parte, cómo sigue reinando el espíritu
-religioso, y habrá que decirme que está loco todo el humano linaje, ó
-habrá que confesar que la religión, la fe y la creencia en Dios son
-indestructibles.
-
-No voy á citar á ningún Padre de la Iglesia, ni á ningún apologista
-católico, sino al Sr. Vacherot, el cual entiende que Dios no existe sino
-en nuestra mente, que es nuestra hechura, y que desaparecerá con
-nosotros. Dios, sin embargo, para el Sr. Vacherot, está muy lejos de
-desaparecer.
-
-En su libro _La religión_, presume este autor que la religión pasará;
-que el linaje humano dará al cabo el salto progresivo del _estado
-religioso_ al _estado científico_; pero ¿quién sabe? El día en que se dé
-este salto, está aún á millares de años de nosotros.
-
-Mis libros están tan en desorden, que he andado media hora buscando uno
-muy divertido para citársele á usted con exactitud (á este propósito), y
-no he podido hallarle. Sea todo por Dios. Es este libro de un sabio
-francés, no recuerdo el nombre, el cual asegura que _La humanidad,
-considerada en su vida colectiva, no ha nacido aún_. Para este señor, el
-Sér Supremo de Augusto Comte es un Dios nonato. La Humanidad, según sus
-cálculos, nacerá dentro de catorce mil años, si mal no recuerdo.
-Compaginando esto ahora con lo que dice Vacherot sobre el salto del
-estado religioso al científico, me atrevo á prever que el tal salto no
-se hará hasta dentro de los mencionados catorce mil años.
-
-Por lo pronto tenemos á casi todos los hombres aferradísimos á la
-religión, y, por consiguiente, incapaces de elevarse á la vida
-colectiva.
-
-«Si tendemos la vista, dice Vacherot, por el inmenso imperio de las
-religiones, en pleno siglo XIX, este espectáculo desanimará á los
-librepensadores, que esperan ó creen llegado el reino de la razón en
-nuestro planeta, y tranquilizará á los creyentes, asustados con las
-conquistas de la incredulidad, en los tres últimos siglos.»
-
-En efecto: Vacherot echa sus cuentas, tomando los datos del primer libro
-de Geografía ó de Estadística que tiene en casa, y resulta que de mil
-doscientos millones de seres humanos, que pueblan el mundo, casi todos
-profesan alguna religión. Hay centenares de millones de cristianos, de
-budistas y de muslimes; y, lo que es más de lamentar para los filósofos,
-hasta las más antiguas supersticiones, sectas y religiones
-semiselváticas, persisten aún. El fetichismo y el chamanismo conservan
-millones de sectarios.
-
-¿Dónde está, pues, esa _mentalidad_, propia de la época, y que tan
-resueltamente prohibe, no ya seguir una religión positiva, sino creer
-en Dios racionalmente?
-
-En la carta que usted me escribe, en las que escribe á Doña Emilia y á
-D. Zorobabel, y en todos los otros escritos, habla usted de dicha
-_mentalidad_; pero ni me la enseña, ni yo la veo.
-
-Lo que yo veo y lo que ve todo el mundo es que, enfrente de la inmensa
-turba de creyentes, apenas habrá, esparcidos por toda la faz de la
-tierra, unos cuantos miles de librepensadores incrédulos.
-
-La _mentalidad_ de que usted habla no es, pues, general. Debe quedar
-reducida á los sabios y filósofos, ó, mejor diremos, á los sabios sólo,
-ya que usted no admite tampoco, en estos tiempos, la filosofía
-especulativa ó metafísica. Significa, sin duda, la tal _mentalidad_, que
-la ciencia y la religión son incompatibles en el estado de progreso á
-que la ciencia ha llegado.
-
-Si la ciencia se divulga, la incredulidad, sin la cual no hay ciencia,
-también debe divulgarse.
-
-Supongamos ahora que los pueblos bárbaros del Oriente inmóvil, y que las
-turbas rudas y sin ciencia de Europa y de América, y los semisalvajes de
-África, todos religiosos, á su modo cada uno, no deben contar por nada,
-y que el porvenir y los destinos del género humano dependen de los
-sabios, que casi todos viven en las grandes capitales. ¿Cuándo lograrán
-estos sabios difundir por donde quiera su _mentalidad_, como usted la
-llama?
-
-Lo más raro que hay en el caso es que muchos de esos sabios, aun de los
-más incrédulos, no desean que la incredulidad se divulgue, y hasta
-tienen miedo y horror á que el vulgo llegue á ser tan incrédulo como
-ellos. Unos miran la religión como freno para las turbas ignorantes y
-codiciosas; otros, como consuelo para los tristes, menesterosos y
-desvalidos. De aquí que muchos sabios de éstos se pongan muy
-sentimentales y melancólicos de matar la fe, después de soñar con que
-acaban de matarla. Ernesto Renan es de los melancólicos, si mira la
-religión como consuelo. Si la mira como freno, inventa mil diabluras,
-que parecen desatinos, para refrenar al vulgo de otra suerte.
-
-En uno de sus diálogos propone que la ciencia vuelva á ser oculta, y que
-los sabios formen algo como colegios sacerdotales, para que cuando el
-pueblo se subleve y haga alguna barbaridad, los sabios, que sabrán ya
-más que ahora, castiguen al pueblo con una buena peste, ó con
-terremotos, ó con inundaciones, ó con lluvias de fuego, ó con otras
-plagas.
-
-Interminable y enojosa tarea sería citar aquí textos de autores
-racionalistas que se lamentan y aterrorizan de que el vulgo se vaya
-_racionalizando_. Suponen que, perdida la fe, no adquirirá en cambio la
-ciencia, y se lanzará desbocado á satisfacer sus bestiales apetitos. El
-citado Vacherot manifiesta repetidas veces y muy elocuentemente estos
-temores. Tenemos, pues, no corta cantidad de sabios incrédulos que se
-inclinan á que sea la incredulidad exclusivo privilegio de los sabios.
-Por un lado, matan ó creen matar toda creencia religiosa en los libros
-que componen, y por otro lado, deploran con amargura que las creencias
-mueran. Se parecen á aquel Rey de un cuento oriental, que había dado su
-palabra real de decapitar á cuantos se pusiesen á adivinar cierto enigma
-y no le adivinasen. Los alrededores de la gran capital del referido Rey
-estaban llenos de cabezas cortadas, colocadas en sendos postes; pero,
-como el Rey tenía muy compasivo y buen corazón, no hacía más que llorar
-por aquellas muertes de que él mismo era causa, para no faltar á su
-palabra.
-
-Convengamos en que son dignos de risa los incrédulos llorones. Si es
-ilusión, si es mentira todo lo trascendente y divino, ¿por qué llorar su
-pérdida? El sabio, que consagra su vida a la verdad, ¿cómo puede
-figurarse que la verdad sea nociva y funesta? ¿Cómo da por cimiento á la
-ventura de sus semejantes, á su moralidad y á su bondad, el error, el
-engaño ó la falsía.
-
-Los positivistas ortodoxos como usted, y no pocos sabios incrédulos de
-otras escuelas, son en este punto más lógicos. Para unos, toda religión
-ha sido siempre contraria á la moral, á la dicha y al progreso; para
-otros, ha sido toda religión utilísima, indispensable, hasta hace muy
-poco, para todos esos altos fines; mas para todos ellos toda religión es
-perjudicial en el día, salvo la meramente alegórica que ustedes han
-inventado.
-
-No negaré que ustedes se contradicen menos; pero son ustedes pocos, y no
-todos muy firmes en su opinión. Al fundar la moral, sin el sostén y la
-base de una metafísica ó de una doctrina religiosa, tocan ustedes la
-dificultad; y á menudo vacilan. A veces salen ustedes por el registro
-que menos se prevé. Pondré de ello un ejemplo curiosísimo y algo
-chistoso.
-
-El Sr. Guyau ha escrito una obra titulada _La Irreligión_. Para él
-consiste el venturoso porvenir de nuestra especie en que la religión se
-acabe, y casi la da ya por acabada. Sin dificultad, á su ver, y del modo
-más llano, establece este sabio una moral excelente. Todo el orden
-social no sólo le explica, sino que le crea, como explicaba Laplace el
-orden del universo, _sin la hipótesis de Dios_; pero aquí vienen los
-apuros; donde menos se piensa salta la liebre. Los hombres ilustrados é
-irreligiosos querrán tener pocos hijos que mantener y educar, y las
-mujeres ilustradas é irreligiosas apenas querrán parir alguno que otro.
-Entretanto, las gentes ruines é indoctas, las razas inferiores, echarán
-al mundo con desmedida profusión infinidad de chiquillos. Por lo cual
-teme el Sr. Guyau que el linaje humano degenere; que los sabios
-disminuyan; que los pueblos más cultos, como Francia, se enflaquezcan y
-pierdan población, y que los negritos ú otros salvajes lo llenen y
-dominen todo. No recuerdo si el Sr. Guyau arbitra algún recurso para
-salvar esta dificultad; pero el caso es que la pone.
-
-Y no es de maravillar que ponga una sola, sino que no ponga muchas. Lo
-que es yo, por más que medito, no veo posible la moral, sin religión ó
-metafísica que la sirva de base.
-
-Prescindamos de toda revelación sobrenatural; no prestemos crédito sino
-á los dictados de nuestra razón; pero, aun así, si no afirmo un Dios
-legislador y hombres con alma responsable, con libre albedrío, capaces
-de vencer las naturales impurezas y de sobreponerse á los malos
-instintos para realizar la justicia, el bien y la caridad en el mundo,
-aun en contra de sus propios intereses, no veo que pueda fundarse
-racionalmente moral alguna.
-
-Cierto que el gran crítico Lessing separa el dogma cristiano de la moral
-de Cristo, como hacen ustedes. Para Lessing, la moral es independiente
-del dogma: independiente de ésta ó de aquélla determinada metafísica ó
-teología; pero Lessing no destruye por eso toda teología y toda
-metafísica; antes pone como cimiento firmísimo de la moral una
-metafísica perenne en sus principios radicales, una teodicea natural,
-que afirma á Dios, omnipresente en el universo, causa del orden y del
-progreso, revelándose gradualmente y educando al linaje humano por medio
-de sucesivas revelaciones. La religión natural, la metafísica perenne,
-aunque progresiva, no es para este sabio obra del natural discurso
-sólo, sino del natural discurso con auxilio y revelación de Dios.
-
-Ya ve usted cuánto dista Lessing de los positivistas de ahora. El género
-humano progresa y se educa, guiado por Dios, y, si Dios le deja de su
-mano, ni se educa ni progresa.
-
-¿Dónde está esa incompatibilidad que ustedes suponen, entre la ciencia y
-la religión, entre Dios y la razón humana, cuyo progreso en todo, según
-Lessing, es un resultado de la constante operación divina y de sus
-revelaciones, que se suceden en oportuna sazón, cuando ya el espíritu
-del hombre está en aptitud de recibirlas?
-
-Lejos de mí creer á usted malicioso. Yo creo á usted lleno de candor, y
-convencidísimo de sus errores; pero, al afirmar que la ciencia es
-incompatible con la religión, al poner entre ambas perpetuo conflicto,
-¿no comprende usted que induce á mucha gente sencilla á dar en
-irreligiosa y en atea, por no parecer poco ilustrada?
-
-Para tranquilidad de esta gente sencilla, bien puede asegurarse que, aun
-en el día, son más, muchos más, los sabios religiosos que los
-irreligiosos. La lista de los que creen en Dios, y hasta de los que son
-cristianos, vence en cantidad y en calidad á la lista de los sabios
-incrédulos. No hablo de filósofos, ni de doctores en ciencias morales y
-políticas: me limito á los que entienden y tratan las ciencias de la
-naturaleza. La química, la física, la geología, la astronomía, no se
-oponen, pues, á la fe, digan Draper y otros por el estilo lo que se les
-antoje. No son embusteros, ni hipócritas, Faraday, Murchison, Hugh
-Miller, Humphry Davy, Jorge Stephenson, el Padre Secchi, Cuvier,
-Flourens, Cauchy, Biot, los Ampère, Chevreul, Pasteur y otros mil, que
-sería prolijo ir aquí enumerando.
-
-A los que no hemos estudiado y sabemos poquísimo de ciencias naturales,
-á cada paso tratan los físicos, químicos y biólogos incrédulos de
-taparnos la boca, echándonos en cara nuestra ignorancia. Como no hemos
-estudiado lo que ellos, no atinamos á explicarnos el Universo sin Dios:
-la contradicción entre la razón y la ciencia. El mejor y más fácil modo
-de contestarles es citar á esos otros sabios que son de nuestra opinión,
-y á quienes no pueden recusar por ignorancia.
-
-En 1865 hubo en Inglaterra, que no es país muy atrasado, un _meeting_ ó
-asamblea de naturalistas, químicos, astrónomos, etc.; y seiscientos diez
-y siete, nada menos, escribieron, firmaron y publicaron un manifiesto,
-declarando que las ciencias que profesan no van contra Dios, ni contra
-la religión, ni siquiera contra la Biblia. Si algo inventan ó sostienen
-que parezca oponerse á la palabra de Dios ó á sus Sagradas Escrituras,
-ya es porque la ciencia es incompletísima aún, y se debe esperar que,
-cuando se complete, se conciliará todo; ya es porque hemos interpretado
-mal el sentido de las Sagradas Escrituras, de suerte que el
-descubrimiento científico no se opone á la misma palabra de Dios, sino á
-la torcida interpretación que le hemos dado.
-
-Ya ve usted cuán poco irreligiosa es la sana y más docta _mentalidad_
-del siglo presente.
-
-Toda religión tiene aun muchos creyentes y defensores, y la nuestra más
-que ninguna, aunque no he de negar yo que bastantes pequen con
-frecuencia por exceso de celo.
-
-La revelación divina no pudo hacerse toda de una vez y sobre todo. La
-marcha ascendente del linaje humano, la ley de la historia, el
-desenvolvimiento intelectual de las sociedades y de los individuos, todo
-esto no sería, ó las cosas serían de muy diversa manera, si Dios lo
-hubiera revelado todo en un solo momento: de un golpe. El hombre,
-además, ó natural ó sobrenaturalmente, hubiera sido hecho ó _rehecho_
-por muy diverso estilo, para que se prestase á recibir la revelación, á
-entenderla, y á que no fuese en balde. El maestro va por sus pasos
-contados enseñando á sus discípulos, y no les explica la lógica antes de
-la gramática, ni el cálculo integral antes de las cuatro reglas de la
-Aritmética.
-
-Si los primeros Patriarcas, y Abraham, y Jacob, hubieran enseñado toda
-la doctrina, nada hubiera tenido que revelar Moisés; y si Moisés lo
-hubiera enseñado todo, hubiera sido supérflua la revelación de Cristo.
-Cristo mismo, en la última cena, cuando se despide de sus discípulos,
-declara que aún no lo ha revelado todo. «Aún tengo que deciros muchas
-cosas, pone el texto de San Juan: mas no las podéis llevar ahora.» Esto
-es: ahora no os aprovecharían; no las comprenderíais bien. Y añade
-luego: «Mas cuando viniere aquel espíritu de verdad, os enseñará toda la
-verdad.» Lo cual, aunque se interprete con la más timorata
-interpretación, diciendo que eso que Cristo se dejó por decir se lo dijo
-á los Apóstoles después de resucitado y lo inspiró el Espíritu Santo
-cuando bajó sobre ellos, todavía es prueba evidente de que no es la
-revelación simultánea y completa, sino sucesiva, y adaptándose á la
-capacidad de los hombres á quienes se hace. En confirmación de lo cual
-viene bien aquello de San Pablo á los de Corinto, cuando les dice que
-los alimenta con leche y no con manjares sólidos que no pueden digerir
-todavía.
-
-Traigo aquí todo esto muy pertinentemente, ya que de no entenderlo se
-han seguido graves males. Bastantes sabios piadosísimos se han empeñado
-en probar que en la Biblia está todo y que Moisés sabía y revelaba
-cuanto hay que saber y revelar de física, química, matemáticas,
-paleontología, cosmogonía, etc.; y en cambio otros incrédulos, en esto
-no menos cándidos, se obstinan y se enorgullecen disputando con Moisés y
-probándole que no sabía el sistema de Copérnico, ni que el agua se
-componía de oxígeno y de hidrógeno, ni otras muchas cosas por el estilo.
-Los primeros deducen de esta disputa la verdad de la religión, y los
-segundos su incapacidad, su oposición á la ciencia y su mentira. Yo, sin
-ser sabio, en nombre de mi pobre sentido común, me atrevo á sostener que
-no tienen razón ni unos ni otros en sus deducciones.
-
-Entre los apologistas de la religión cristiana hay un inglés, Samuel
-Kinns, cuya seguridad y cuyos argumentos para probar la concordancia de
-la revelación y la ciencia pasman por inauditos é inesperados.
-
-Cuenta este señor que hay unos cerrajeros, paisanos suyos, Hobbs, Hart y
-Compañía, los cuales han inventado y fabricado ciertas llaves y
-cerraduras maravillosas, de que se vale el Banco de Inglaterra para
-poner á buen recaudo sus tesoros. Las guardas de cualquiera de estas
-llaves tienen 15 dientecillos movibles, que, colocándose, ya de un modo,
-ya de otro, dan lugar á 1.307.674.368.000 combinaciones. Con cualquiera
-combinación se echa la llave y sólo se desecha ó se abre con la
-combinación con que se ha cerrado. Hay pues, una sola probabilidad
-contra un billón y miles de millones, de que alguien abra sin saber la
-combinación.
-
-Sentado esto, y sentado que los días de la Creación no fueron días, sino
-largos períodos de millones de años, Samuel Kinns pone quince actos
-creadores en el orden en que los pone la ciencia, y los concierta, en el
-mismo orden, con quince frases ó expresiones bíblicas, que responden con
-exactitud á cada uno de esos actos. De esta suerte, imagina el
-apologista que deja demostrado que Moisés sabía, por revelación divina,
-todo lo que la ciencia ha descubierto, tres mil años después, acerca de
-la Creación del Mundo.
-
-Al más rudo, si recapacita un poco, asaltan varias dudas y razones
-contra semejante discurso. 1.ª ¿Lo que la ciencia ha descubierto, lo ha
-descubierto bien, ó saldremos el día menos pensado con que descubre otra
-cosa que invalida el descubrimiento de hoy? 2.ª ¿Dado que sea ya
-definitiva é inalterable la cosmogonía de la ciencia, hay ó no hay algo
-de arbitrario y de más ingenioso que sólido en la harmonía y ajuste
-perfecto de lo que dice la ciencia y de lo que dice la Biblia? Y 3.ª
-Aceptando por _verificado_ y evidente todo lo que la ciencia descubrió
-de la cosmogonía, y por no menos exacto su acuerdo perfectísimo con las
-palabras de Moisés, ¿qué objeto ni qué propósito tuvo Moisés, ya que
-sabía todo aquello, de decirlo ó ponerlo tan obscura y concisamente, que
-fuese logogrifo ó acertijo que nadie había de adivinar sino más de tres
-mil años después?
-
-Convengamos en que hubiera sido broma pesada, al menos por su duración,
-la que hubiera dado Moisés á todo el linaje humano, si sabiendo bien
-todo lo que ocurrió en el Universo desde su origen, lo hubiera dejado en
-cifra que sólo al cabo de treinta siglos se hubiera podido descifrar.
-¿No sería mejor y más piadoso entender que las Sagradas Escrituras
-están divinamente inspiradas en todo lo que se refiere á la moral y al
-dogma, y que, en otros puntos, cuando el redactor del libro no es
-testigo ocular, ó cuando trata de cosas que por inspección ocular no
-podían saberse, dice lo que en su tiempo se suponía ó se imaginaba?
-
-En virtud de esta distinción, á mi ver discreta, se evitarían lo menos
-las nueve décimas partes de las controversias entre los creyentes y los
-incrédulos: casi desaparecerían los supuestos ó fantásticos conflictos
-entre la religión y la ciencia.
-
-Uno de los más juiciosos apologistas que tiene hoy la religión
-cristiana, Mons. Van Weddingen, dice en sustancia lo mismo que estamos
-aquí diciendo. Cada Profeta, cada Padre de la Iglesia, según la física y
-la química de su tiempo, opinaba lo que mejor le parecía, y no es motivo
-para negarle ó concederle la cualidad de profeta ó de hombre inspirado
-por Dios, el que su opinión de entonces concuerde ó no con la opinión de
-ahora, ó, si se quiere, con la ya clara y manifiesta verdad de los
-físicos y de los químicos del día.
-
-Dios, directa, materialmente, digámoslo así, y como el maestro enseña á
-sus discípulos, bien se puede afirmar que no enseñó matemáticas,
-astronomía, biología ni antropología á nadie.
-
-Quedó, pues, cada hombre con aptitud y en libertad de inventar, de
-descubrir ó de forjarse los sistemas que sobre cada una de esas
-ciencias le parecieran más conformes á la verdad.
-
-Así, pues, y sirvan de ejemplo (refiriéndome siempre á Mons. Van
-Weddingen) San Basilio y San Gregorio de Nyssa que sostienen la
-espontánea generación de los gérmenes en la tierra y en el agua; y San
-Agustín, San Isidoro de Sevilla y otros Padres, que casi son
-darwinistas. Dios creó al principio, según ellos, ciertos gérmenes,
-_causas primordiales seminales_, que así las llaman, las cuales fueron
-poco á poco desenvolviéndose. En resolución, termina el apologista
-citado: «El sabio jesuita Pianciani ha demostrado doctamente que sobre
-estos puntos delicados se concede entera libertad á la interpretación de
-cada individuo. La fe queda salva si se reconocen los derechos del
-divino Creador, y la irreductibilidad del alma de los primeros hombres á
-las funciones meramente orgánicas». Lo cual significa que sobre
-cualquiera de dichos puntos puede el sabio, ó el que se figura que lo
-es, descubrir las verdades más inauditas ó imaginar los más enormes
-disparates, sin producir conflicto con la religión, siempre que convenga
-en que Dios lo creó todo y en que ni hay, ni hubo nunca, ser orgánico,
-que pueda llamarse hombre, sin que Dios infunda en él un alma inmortal
-hecha á imagen y semejanza suya.
-
-Yo me vuelvo todo ojos para hallar en los escritos de usted, y en otros
-escritos positivistas algo á modo de prueba de que estos dos conceptos,
-de Dios y del alma, son falsos. Lo que sí hallo es que, según usted, el
-concepto de Dios fué preparación indispensable para subir al grado de
-civilización á que hemos subido; pero ni usted ni nadie me dice qué día,
-ni qué mes, ni qué año, subimos á ese grado en que ya es menester
-desechar á Dios, ni por qué es menester desecharle.
-
-Sin embargo, visto que no trato yo de convertir á usted á ninguna
-religión positiva, como usted ha tratado de convertirme á la religión de
-la humanidad, voy á prescindir aquí de multitud de dificultades y hasta
-á dar por verdad varios errores, ó varias afirmaciones, que me parecen
-errores aunque no lo sean.
-
-Supongo, pues, que el período teológico pasó ya, ó dígase que no se debe
-ni se puede creer en revelación externa divina. Supongo, además, que
-también pasó ya para siempre el período metafísico, ó dígase que ya no
-se puede dar ni aceptar ciencia fundada en revelación interna divina, ó
-sea en lo absoluto, que se muestra en lo más íntimo y profundo de
-nuestro sér, y sobre lo cual estriba una ciencia fundamental _á priori_.
-
-Supuesto lo antedicho, no nos quedará sino la ciencia que ustedes llaman
-positiva: la ciencia que se funda en el empirismo, en las observaciones
-que hacemos valiéndonos de los sentidos.
-
-Quiero conceder, por último, que solo con esta ciencia, sin nada de
-metafísica que con ella se combine, no llegaremos jamás á una legítima
-demostración de la existencia de Dios: que todos los que han querido dar
-dicha demostración, cristianos y deístas, Fr. Luis de Granada, Newton,
-Voltaire, Flammarion, todos se han equivocado, según Kant lo prueba.
-
-Nos quedamos, pues con el positivismo escueto: con las seis ciencias de
-la Enciclopedia de Comte y de Littré. Pero si por ellas no podemos
-llegar á lo sobrenatural para afirmarle, ¿por qué ni cómo hemos de
-llegar para negarle?
-
-Aun tomándonos la libertad de negarle sin fundado motivo, no
-explicaríamos las cosas, sino que las confundiríamos y enredaríamos más.
-El recurso del _altruismo_ y del egoísmo para explicar lo bueno y lo
-malo, en moral, no vale, sin libre albedrío. Dice Vogt: «Si no me
-enseñan el alma, no creo que la hay»; dice Virchow, que como no ve el
-alma, no la acepta; y Feuerbach y cien otros aseguran que lo que piensa
-es el fósforo, lamentando mucho que, con tantas patatas como ahora se
-comen, los cerebros humanos se pongan pesadísimos é incapaces. En cuanto
-al vicio y á la virtud, harto sabida es la chistosa expresión de Taine:
-«El vicio y la virtud son productos químicos, como el vitriolo y el
-azúcar».
-
-Inventemos, pues, un sistema, saliéndonos del método experimental, y
-haciendo sobre esto la vista gorda. Demos de barato que no hubo al
-principio más que el éter, ó sea infinidad de cuerpecillos insecables,
-átomos dotados de fuerza eterna y de tres ó cuatro movimientos
-perpetuos, uno en línea recta, otro giratorio y otro de pegarse unos á
-otros y formar poliedros. Con tanto moverse estos átomos, vino á
-resultar que sus fuerzas se contrapusieron maravillosamente, y todo se
-paró y quedó en equilibrio; y hubo tinieblas y silencio; si no la nada,
-algo parecido. Pero de súbito se rompe el equilibrio (y no sabemos por
-qué, aunque no sabemos tampoco por qué se estableció), y el equilibrio
-ya roto, empezaron á formarse pelotitas luminosas, y fué la luz; y
-luego, según se ajustaban y combinaban los poliedros, que los hubo sin
-duda de varias clases además de las pelotitas, salían sólidos, y
-líquidos, y gases; y luego vida, y plantas, y bichos; y luego hombres, y
-conciencia, y pensamiento: y sociedad, é historia, y revoluciones, y
-guerra, y progreso, y todo cuanto hay hasta ahora, y hasta que á los
-átomos se les antoje volver á la inmovilidad primera ó sea al
-equilibrio, y nos quedemos otra vez á obscuras, ó dígase, todo silencio,
-tinieblas y muerte.
-
-Consideremos exacto todo esto como si lo hubiéramos visto, tocado y
-verificado. Y si el sistema no gusta, le modificaremos, ó expondremos el
-de otro sabio por el mismo estilo. Pero, entonces, ¿qué razón hay para
-que merezcan alabanza y gloria Augusto Comte y Catalina de Vaux, por
-haber sido dos turrones de azúcar? ¿Qué responsabilidad tiene, qué
-castigo merece el más infame criminal por haber sido un frasco de
-vitriolo? Si yo soy _altruista_, es porque los átomos que me componen
-me llevan al _altruismo_, y si soy egoísta, es porque mis átomos
-confederados se hallan muy á gusto con su confederación y no quieren
-romperla, aunque se lleve pateta todas las otras confederaciones
-existentes ó posibles.
-
-Usted y gran número de otros positivistas honrados no se conforman con
-ser sólo laboratorios de azúcar; y con que la virtud y la diabetes
-vengan á ser casi lo mismo. De aquí que hayan ustedes inventado ó
-aceptado esa fantasmagoría ó mojiganga del Ser-Supremo-Humanidad, que
-nada explica ni remedia.
-
-Abrazada la doctrina del positivismo, negada toda religión, negada toda
-metafísica, desengáñese usted, no hay más recurso que caer en el
-_agnosticismo_.
-
-Lo conocido, lo verificado por observación sensible y por experiencia,
-es como una isla, todo lo grande y hermosa que se quiera, pero
-circundada de mar tenebroso y sin límites. Esta isla, ¿quién sabe si
-tendrá cimientos que la mantengan firme en medio de ese mar, ó si
-flotará sin cimientos á merced de las olas? Lo desconocido no queda
-lejos, aunque en el centro de la isla nos pongamos, sino que la invade
-toda, y está hasta en el aire que en ella se respira. Desesperados
-muchos de los habitantes de la isla, todos ellos sabios, ó semisabios,
-han declarado lo desconocido incognoscible; pero algunos han recobrado
-la esperanza, y, con los medios que la isla da de sí, se han engolfado
-en el mar tenebroso y desconocido, á ver si le exploran. Uno de estos
-navegantes audaces es el Sr. Enrique Drummond, de que ya he hablado á
-usted, y de cuya navegación y descubrimientos tenía yo empeño en dar
-noticia, por ser tan curiosos: pero la empresa es atrevida y peligrosa y
-desisto de llevarla á cabo.
-
-Básteme afirmar que no es aislado capricho de Enrique Drummond esto de
-subir por la escala de las ciencias empíricas hasta la última y suprema
-hipótesis que lo explique todo, construyendo ó reconstruyendo la
-metafísica y singularmente la teodicea. En todos los países cultos se
-advierten síntomas de tan ineludible propensión, y de la actividad que,
-movido por ella, el espíritu humano va desplegando.
-
-En Francia acaba de aparecer un libro que llama ya la atención por el
-título sólo, y donde se nota el pensamiento fundamental de que aquí se
-trata. El libro se titula _El porvenir de la metafísica fundada en la
-experiencia_, por Alfredo Fouillée.
-
-En nuestra misma España ha aparecido otro libro, que apenas he tenido
-tiempo de hojear aún, pero en el cual, por lo poco que he visto,
-presiento que el movimiento intelectual del mundo me depara un auxiliar
-poderoso. El autor de este libro (cuyo nombre, Estanislao Sánchez Calvo,
-confieso que al recibir el libro conocí por vez primera) quiere
-reconstruir también la metafísica: descubrir lo incógnito, que no es
-incognoscible para él, partiendo de las ciencias positivas; probar, en
-suma, que lo inconsciente de Hartmann, que es, en efecto, inconsciente
-para nosotros, es, por eso mismo, lo maravilloso, lo estupendo, lo
-certero, lo infalible, lo rico de providencia y de inteligencia, que
-mueve desde el átomo hasta el organismo más complicado: pero que este
-motor, de quien tal vez no tenemos conciencia los que por él somos
-movidos, la tiene él de sí y en sí, y lo penetra y lo llena todo, siendo
-al mismo tiempo _todo y uno_, porque si las demás cosas son algo, y si
-no son nada porque no son él, es por el ser que él les da. En
-resolución: ese prurito de producir formas, vidas y evoluciones; esa
-energía constante de los séres que siguen inconcientemente su camino
-prescrito, y van á su fin en virtud de leyes indefectibles y eternas, es
-la incesante operación de lo inconsciente, el milagro perpetuo de lo
-que, siendo inconsciente para nosotros, es _supraconsciente_, y es Dios.
-
-El libro que expone y procura demostrar esta doctrina, con mucha ciencia
-y extraordinario ingenio, se titula _Filosofía de lo maravilloso
-positivo_. Su autor parte del positivismo; pero anhela fundar nueva
-metafísica y teología nueva, concurriendo, por lo menos, á probar, si no
-que el ateísmo es falso y que la vacía religión de la humanidad es
-absurda, que el ateísmo y la religión de la humanidad no contentan ni
-aquietan á nadie, ni valen para nada bueno.
-
-
-
-
-NOVELA-PROGRAMA
-
- _A la Sra. de R. G._
-
-
-Mi distinguida amiga: Hace ya meses que me envió usted un ejemplar de
-_Looking backward_, novela de Eduardo Bellamy, impresa en Boston en
-1889. En seguida dí á usted las gracias por su presente; pero, como
-tengo tantas cosas que leer y tantos asuntos á que atender, confieso que
-no leí la novela, y la dejé arrinconada.
-
-Pasó tiempo, y un día la novela cayó de nuevo por casualidad entre mis
-manos. Entonces reparé en una cosa en que no había reparado antes, y que
-no pudo menos de mover mi curiosidad hacia la novela. En letra mucho más
-menuda que el título y por bajo de él, decía la portada: _two hundredth
-thousand_.
-
-Estas tres palabras me dieron dentera, ó, si se quiere, envidia. Yo
-también soy autor, y no estoy exento de tener envidia á otros más
-dichosos autores.
-
-Las tres palabras indicaban que de la flamante novela se habían vendido
-ya doscientos mil ejemplares cuando se imprimió el que yo había
-recibido. Desde entonces hasta ahora ha pasado tiempo bastante para que
-se vendan otros cien mil. Bien se puede afirmar, pues, que lo menos
-trescientos mil ejemplares de _Looking backward_ han sido ya vendidos.
-
-En ese país y en Inglaterra hay mucha _librería circulante_, y los
-libros además se prestan sin dificultad. No es exageración suponer que
-cada ejemplar ha sido leído por diez personas. El señor Bellamy, por
-consiguiente, puede jactarse de que han leído ya su obra tres millones
-de séres humanos. Sobre esta satisfacción de amor propio debe de tener
-además el gusto más sólido y positivo, suponiendo que sus derechos de
-autor son por cada ejemplar no más que diez céntimos de _dollar_, de
-haber cobrado á estas horas por su trabajo treinta mil _dollars_, ó
-dígase bastante más de ciento cincuenta mil pesetas de nuestra moneda.
-Tan opimos derechos merecen, en verdad, el pomposo nombre de _royalty_,
-_realeza_, que tienen en inglés; mientras que los derechos de los
-autores españoles, salvo en rarísimos casos, debieran llamarse
-_beggary_, _mendicidad_ ó _pobretería_.
-
-Compungido yo y descorazonado por esta consideración, vengo á sospechar
-á veces si todo, y singularmente los escritores, estaremos en España muy
-por bajo del nivel intelectual de otros países. El que en España no se
-lea no basta á explicar que no se lean nuestros libros. Si fueran
-buenos, me digo, se traducirían y leerían en otros países, ó bien en
-otros países aprenderían el español para leernos. ¿No sucede esto por
-donde quiera, con los libros que se publican en Francia? En nuestra
-península, y en toda la extensión de la América hispano-parlante ¿para
-qué ocultarlo? Zola, Flaubert y Daudet son más estimados que Alarcón,
-que Pereda, y hasta que Pérez Galdós, y de seguro que se han leído y se
-han vendido más ejemplares de _Nana_ ó de _Germinal_, ó de _La Tierra_,
-que de _Sotileza_ ó de los _Episodios nacionales_.
-
-Con los libros en inglés aún no sucede esto tanto en las naciones que
-hablan nuestra lengua; pero los libros en inglés, si llegan á hacerse
-populares, no han menester de nuestro tributo.
-
-Harto se ve en _Looking backward_. Tal vez sea yo, hasta ahora, gracias
-al ejemplar que usted me envió de presente, el único español que sabe de
-dicho libro, y de dicho libro, con todo, se han vendido ya más
-ejemplares que de ninguna de las novelas de Zola: del más glorioso y á
-la moda entre los novelistas franceses.
-
-A pesar de cuanto acabo de exponer, quiero desechar mi abatimiento y mi
-modestia; y, sin rebajar el mérito del escritor extranjero, entiendo que
-son parte en la fama y en el provecho, que á menudo alcanza, lo bonachón
-y lo candoroso que es el público de otros países, donde se rodea al
-escritor de gran prestigio y se le presta autoridad que nosotros le
-quitamos.
-
-Nosotros no tenemos mala voluntad á los hombres de letras; pero las
-circunstancias nos encierran en círculo vicioso de difícil salida. Aquí
-no pocos hombres de mucho talento y bastantes de mediano medran, se
-enriquecen y encumbran, politiqueando, tratando de curar enfermedades ó
-defendiendo pleitos. El que compone libros, si no tiene rentas, ó bien
-si no tiene otras ingeniaturas, permanece siempre casi pordiosero. Y de
-ello inferimos, ya que el que compone libros está medio loco, ya que es
-incapaz de ser político hábil, abogado con clientes ó médico con
-enfermos, por donde se da á literaturas, como quien se da á perros,
-desengañado y desechado de profesiones más lucrativas.
-
-Pero salgamos de tan tristes meditaciones crematístico-literarias, y
-hablemos de la novela del Sr. Bellamy.
-
-Nada más rancio, trillado y manoseado que lo fundamental de su
-argumento. Es un caso de sueño ó letargo prolongadísimo, del cual se
-despierta al cabo. Ya de Epiménides de Creta, que vivió seis siglos
-antes de Cristo, se cuenta que estuvo durmiendo cincuenta y siete años.
-Hermotimo de Clazomene, que floreció poco después, echaba también
-siestas muy largas; con el aditamiento de que, mientras que su cuerpo
-dormía, su desatado espíritu se paseaba por todo el universo con la
-rapidez del rayo. En las edades cristianas, abundan más aún los
-durmientes, empezando por _los siete_, que, durante la persecución de
-Decio, se quedaron dormidos en una caverna, y despertaron ciento
-cincuenta y siete años después, hallando muy cambiadas las cosas del
-mundo y el cristianismo triunfante.
-
-No sé de país donde no haya cuentos, leyendas, comedias y zarzuelas que
-se fundan en esta base. Nosotros tenemos á nuestro D. Enrique de
-Villena, que desde el siglo XV estuvo hecho jigote, y apareció y surgió
-á nueva vida en _La redoma encantada_, de Hartzenbusch. Por lo común, no
-se requiere determinación tan heróica como la de hacerse jigote, ni
-siquiera se exige sueño, para dar un brinco en el tiempo, y plantarse de
-súbito dos, tres ó cuatro siglos más allá del punto de partida. Basta
-para ello un éxtasis, un arrobo ó la traslación real á medio más
-dichoso, donde el correr del tiempo es más raudo.
-
-Yo he leído un cuento japonés, en que un pescadorcillo es llevado á una
-isla encantada. Allí se casa con cierta mágica princesa. Vuelve á su
-tierra, en su sentir al cabo de un año, y reconoce que han pasado
-doscientos ó más, que no tiene ya ni padre, ni madre, ni perrito que le
-ladre, y que nadie en su tierra le recuerda. Atolondrado, abre entonces
-una cajita, don de su princesa, cajita que le debía servir, no
-abriéndola, para volver á la isla encantada; y sale de la cajita un
-vapor, á manera de nubecilla blanca, que en lo alto del aire se disipa.
-Entonces siente que caen sobre él, con todo su peso, los doscientos ó
-trescientos años que habían pasado; y pierde la lozanía de la juventud,
-y se trueca en un horrendo viejezuelo, que se encoge y consume hasta que
-muere.
-
-La _Leyenda áurea_, las vidas de los Padres del yermo, en todo país y en
-diversos idiomas, están llenas de casos semejantes, aunque menos
-lastimosos. Ya es un monje que se embelesa oyendo cantar un pajarillo,
-en un soto, cerca de su convento. Vuelve al convento, creyendo haber
-estado ausente una hora, y ha pasado un siglo. Longfellow ha puesto en
-verso una historia de esta clase. Ya, como en una preciosa leyenda
-italiana del siglo XIV, son dos monjes que se extravían en una selva;
-hallan una barca en la margen de apacible río; se embarcan, se dejan
-llevar de la corriente, y arriban al Paraíso terrenal. El querubín de la
-espada flamígera les da libre entrada; y Enoch y Elías los reciben y los
-agasajan, regalan y deleitan tan maravillosa y elegantemente, que se les
-hace muy cuesta arriba volver al convento, al cabo de una semana. Pero
-no hay más recurso que volver. Vuelven, y descubren que han pasado en el
-Paraíso terrenal la friolera de setecientos años.
-
-La invención, pues, del Sr. Bellamy nada tiene de inaudita. Su héroe,
-Julián West, se queda dormido, en un sueño magnético, y despierta ciento
-trece años después. Se duerme en 1887 y despierta en el año 2000 de
-nuestra Era.
-
-Se advierte en esto otro ingrediente capital, permítaseme la expresión
-farmacéutica, que entra en la confección de la novela del Sr. Bellamy.
-La novela es profética: nos pinta lo que serán el mundo y la humanidad
-dentro de poco más de un siglo.
-
-Tampoco es esto nuevo. Pinturas proféticas por el estilo, acaso más
-divertidas y más brillantes y pasmosas, se han hecho en casi todas las
-literaturas. ¿Dónde está, pues, el valer de la novela? ¿Cuál ha sido la
-causa de su extraordinaria popularidad? A mi ver, el valer de la novela
-es grande y la causa de los aplausos justísima. Consisten en la buena fe
-y en el fervor con que el Sr. Bellamy cree y espera en lo que profetiza
-con alegre y profundo optimismo.
-
-Sin duda que en Europa los descubrimientos é invenciones recientes de la
-ciencia experimental, la actividad fecunda de la industria, la facilidad
-de las comunicaciones, la creciente riqueza, las máquinas, el bienestar,
-el lujo y sus refinamientos, el telégrafo, el teléfono, el alumbrado
-eléctrico, las Exposiciones universales, los congresos de sabios y otras
-maravillas, han ensoberbecido y alentado por todo extremo á no pocos
-hombres, y les han hecho creer en un indefinido progreso humano; pero
-también esas mismas novedades, primores y adelantos, han influído, en
-sentido opuesto, en más hombres aún, volviéndolos canijos,
-descontentadizos, nerviosos y quejumbrosos.
-
-El pesimismo existe desde antes de Job y de Budha; pero pocas veces ha
-estado más divulgado, más razonado y más boyante que en el día. Pocas
-veces ha sido, además, más negro y desesperado en Europa: ya porque se
-afirma la mayor dificultad, cuando no la imposibilidad, de ilusiones, de
-ideales, de creencias, ó como quieran llamarse, que sirvan de
-compensación ó de consuelo; ya porque se abultan los peligros en la
-resolución de urgentes y temerosos problemas; ya porque los impacientes
-y furiosos quieren resolver estos problemas con desmedida violencia y
-por virtud de los más truculentos cataclismos.
-
-Inútil me parece detenerme en probar que, en Europa, y singularmente en
-la segunda mitad de este siglo que va llegando á su fin, hay más
-desesperación que esperanza, se ve obscuro y tempestuoso el porvenir, y
-son tétricas la filosofía y la literatura.
-
-La risueña amenidad de algunos reformadores sociales, como Fourier por
-ejemplo, sólo sirve ya para burlas. Los que en el día aspiran á
-reformadores, se llaman _nihilistas_, y aturden y aterrorizan á las
-clases conservadoras. Los poetas siguen siendo desesperados y satánicos,
-ó bien dimiten, por suponer que la poesía se acaba. Sus negaciones,
-maldiciones y furores, en vez de salir en verso y raptos líricos, que
-solían tomarse menos por lo serio, se ponen hoy en prosa, con el método,
-el orden y las pretensiones didácticas de una ciencia. En vez de
-Leopardi, Byron ó Baudelaire, tenemos á Schopenhauer. Las pasiones
-sublimes, los caracteres nobles y desinteresados, los dulces amores,
-las creencias profundas, todo lo ameno y hermoso se va arrojando de la
-narración escrita, donde se afirma que la imaginación no debe poner nada
-de su cosecha. Las obras, pues, de entretenimiento, las más leídas y
-admiradas, son cuadros horribles de vicios, maldades y miserias, en que
-el hombre, _bestia humana_, se revuelca en cieno y en sangre. La vida,
-en la realidad y en la ficción, aparece como una pesadilla cruel, ó como
-una estúpida é indigna farsa, que no merece ser _vivida_. El mejor
-término y remate de todo es morirse para descansar. La suprema
-bienaventuranza del mundo, la última victoria del saber y la más alta
-realizada aspiración del deseo, serían el _totalicidio_: que la ciencia
-nos hiciese poderosos para ahogar el necio prurito de vivir que fermenta
-en las cosas y matar el universo.
-
-Cierto es que la misma exageración de los clamores y de las blasfemias
-hace que á veces se tengan por fanfarronadas, y que el hombre sereno las
-ría y no las deplore; pero la insistencia y la generalidad de tantas
-quejas se sobreponen á la risa, anublan el ánimo más despejado, y
-angustian al fin y meten en un puño el corazón de más anchuras.
-
-En el conjunto, bien puede asegurarse que de ese otro lado del
-Atlántico, no hay que lamentar como endémica esta enfermedad del
-desconsuelo; reina cierta gallarda confianza en los futuros destinos de
-la humanidad. La tierra es nueva, vasta y pingüe, y cría savia
-abundante en cuanto se trasplanta en ella. Si de una cepa vetusta,
-cubierta de filoxera y carcomida por el honguillo, tomamos un buen
-sarmiento, y le metemos en tierra á alguna distancia, el mugrón se
-transforma pronto en otra sana y fructífera cepa. Así me figuro yo que
-ocurre quizá al anglo-americano en relación con el europeo. La
-prosperidad de esa gran República se diría que promete mayor auge é
-inmensa ventura para en adelante. Toda dificultad, en vez de desalentar,
-aumenta los bríos, y hasta regocija con la esperanza de vencerla. Hay
-ahí cierta emulación, cierta petulancia juvenil, que son útiles, porque
-persuaden á muchos de que América logrará lo que Europa no ha logrado;
-resolverá problemas que aquí tenemos por irresolubles, y realizará
-ideales que nosotros, ya cansados, agotados y viejos, abandonamos por
-irrealizables y quiméricos. _Excelsior_ es la hermosa y extraña divisa
-que llevan ustedes en la bandera. Los poetas de ahí están llenos de
-presentimientos dichosos, y no lloran y se quejan tan desoladamente como
-los nuestros. La vida para ellos no es lamentación, sino acción
-incesante, á fin de avanzar más cada día,
-
- _Still achieving, still pursuing,_
-
-y dejando en pos
-
- _Footprints on the sands of time,_
-
-como dice Longfellow, en su _Psalmo_. Todo vate quiere hoy ser ahí más
-profeta que en parte alguna. Su misión es profetizar y no cantar:
-
- _Life sings not now, but prophesies._
-
-Whittier es á modo de un Ezequiel de nuestro siglo. Con justicia se le
-saluda como al «cantor de la religión, de la libertad y de la humanidad,
-cuya palabra de santo fuego despierta la conciencia de una nación
-culpada y derrite las cadenas de los esclavos».
-
-La poesía lírica de ahí inculca en sus mejores obras que querer es
-poder. La voluntad tenaz, valerosa y desenfadada, rompe todo límite que
-el saber imperfecto pone á lo posible. Un buen _yankee_ (y permítame
-usted que llame así á sus paisanos, por no llamarlos anglo-americanos
-siempre) un buen _yankee_, digo, alentado por su soberbia esperanza, es
-como el Reco de la bella leyenda de Russell Lowell; no duda de lograr su
-anhelo, y se considera como _sobrehumanado_ para lograrle.
-
- «Reco no dudó ya de su ventura.
- Bajo sus pies á la ciudad volviendo,
- Pensó que ufano el suelo florecía;
- Que era más clara la amplitud del éter;
- Que alas para cruzarle le brotaban;
- Y que del sol los rayos, en sus venas
- Infundidos, prestaban á la sangre
- Calor salubre y levedad celeste.»
-
-Esta fe en el porvenir, esta exultación del espíritu, que nada deja
-fuera de su alcance, ha sido la Musa que ha inspirado su novela al
-señor Bellamy.
-
-Al espirar el siglo XX, ó dígase dentro de poco más de un siglo, la más
-portentosa revolución estará ya consumada; se habrá renovado la faz de
-la tierra; la condición humana habrá logrado mejoras extraordinarias
-materiales y morales, y la Jerusalén celeste, ó, si se quiere, la
-suspirada ciudad de Jauja, habrá bajado del cielo, y extenderá su feliz
-y dulcísimo imperio sobre todas las lenguas, tribus y naciones del
-mundo. No quiere decir esto que una Jauja conquistadora tendrá sometido
-el resto del mundo, sino que la Jauja ideal se realizará por donde
-quiera, y todo el mundo será Jauja.
-
-Entendámonos, sin embargo. La Jauja realizada en todas partes, no será
-la grosera y vulgar de que habla el proverbio; la Jauja donde se come,
-se bebe y no se trabaja. En el nuevo orden de cosas, en la flamante
-ciudad, no habrá nadie que no trabaje; hombres y mujeres serán
-trabajadores; pero merced á la ingeniosidad y primor de la maquinaria y
-á la superior organización del trabajo, el trabajo, lejos de ser
-fatigoso, será gratísimo.
-
-La vida estará lindamente arreglada. Hasta los veintiún años dura el
-período de la educación en el nuevo régimen. Las escuelas son tan
-buenas, que apenas hay quien salga de ellas sin ser un pozo de ciencia,
-diestro en todos los ejercicios corporales; así de fuerza como de
-agilidad y de gracia; sano, hermoso y robusto.
-
-Como ya no sobrevienen (estamos en el año 2000) guerras ni desazones, y
-vivimos en una paz plusquam-octaviana, ni hay quintas, ni mucho menos
-servicio militar obligatorio. ¿Y para qué, si tampoco hay generales ni
-ejército guerreador? De lo que no se puede prescindir es de ejército
-industrial, y todo individuo tiene que servir en este ejército
-admirablemente regimentado. Pero el servicio es cómodo y ameno, como ya
-hemos dicho, y á la edad de cuarenta y cinco años termina. Á la edad de
-cuarenta y cinco años recibe cada cual su licencia absoluta ó bien se
-jubila. Y no porque ya se le crea inútil, sino porque ya ha cumplido con
-la sociedad.
-
-Lejos de estar inútil el jubilado ó licenciado, puede asegurarse que
-está en lo mejor, en el cenit de su edad. La higiene pública y privada,
-la medicina, la cirugía y el arte culinario han progresado de tal
-suerte, que el término ordinario de la vida es ya de noventa años.
-Quedan, pues, después de la jubilación otros cuarenta y cinco años de
-huelga y reposo, durante los cuales todo hombre y toda mujer disfrutan
-de las invenciones, fiestas, riquezas, esplendores, magnificencias y
-deleites que el trabajo, la industria y el ingenio sociales han
-producido y siguen produciendo, cada día con mayor abundancia,
-delicadeza, chiste y tino.
-
-Dígole á usted, sin el menor sonrojo, que se me hace la boca agua al
-pensar en tan jubilante jubilación, en tan honrado y decoroso
-sibaritismo, y en tan verdadero _gaudeamus_ y _otium cum dignitate_.
-
-Algo he extrañado, pero no para censurar, sino para aplaudir, que el Sr.
-Bellamy, que tantas cosas reforma ó trueca, todo lo deja como está ahora
-en lo tocante á las artes cosméticas é indumentarias, _flirt_, noviazgos
-y belenes. Así da nueva prueba de que en amor y en belleza no hay más
-que pedir. Hemos llegado á la relativa perfección que, en lo humano,
-cabe en lo erótico y en lo estético. Lo que podrá conseguir el nuevo
-organismo social es democratizar la belleza, á saber: que haya más
-muchachas bonitas, y que no abunden las feas. También se conseguirá,
-implicado en el progreso del arte macrobiótica, que la hermosura y la
-edad de los amores duren doble ó triple.
-
-Me pasma que una cosa que aquí, en España, acabamos ahora de establecer
-como gran progreso, la deseche el Sr. Bellamy como barbaridad ó poco
-menos. Hablo del Jurado. Aunque en su República ó Utopía apenas ha de
-haber ignorantes, y en cambio ha de haber pocos pleitos que sentenciar y
-poquísimos delitos que castigar, todavía entiende el Sr. Bellamy que la
-ciencia del derecho es tan sublime y la administración de la justicia
-función tan egregia, que sólo á los sabios la confía, mirando como
-profanación sacrílega que cualquier ciudadano _lego_ intervenga en
-ella.
-
-Hay otro punto trascendental, en que (yo lo celebro) va el Sr. Bellamy
-contra la vulgar corriente progresista. No quiere que la mujer ejerza
-los mismos empleos públicos que el hombre, y sea, v. gr., alcaldesa,
-diputada, ministra, senadora ó académica. Todo esto le parece de una
-insufrible y antiestética ordinariez: lo que por acá llamamos _cursi_.
-La mujer, en su sistema, reinará en los salones; influirá en todo más
-que el hombre; inspirará á éste los más nobles sentimientos y altas
-ideas; le seguirá puliendo y gobernando y mandando, como ha sucedido
-siempre; y hará que él, por el afán de complacerla, enamorarla y
-servirla, sea ó procure ser dechado de virtudes y modelo de distinción;
-discreto, limpio, peripuesto y atildado.
-
-Encanta considerar lo mucho que se disfruta con el nuevo sistema ya
-establecido. La lucha entre el capital y el trabajo cesa por completo;
-No hay competencias entre fabricantes del mismo país, ni entre
-industrias de diversas naciones. Y no hay, por consiguiente, ni aduanas,
-ni derechos protectores, ni huelgas, ni ruinas y bancarrotas por
-competir. No hay tampoco un solo soldado que mantener, ni un solo barco
-de guerra que costear, ni instrumento de destrucción que pagar caro, ni
-bronce que fundir sino para campanas que repiquen, ni pólvora que gastar
-sino en salvas.
-
-Síguese de aquí la supresión de multitud de gastos tontísimos; del
-desorden y del despilfarro que la guerra industrial y la guerra de
-armas y aun la paz armada ocasionan, y de un enjambre de zánganos ó
-personas inútiles para la producción de la riqueza, ya que se emplean ó
-en dislocarla jugando á la Bolsa y en otras especulaciones y
-operaciones, ó en impedir ó aparentar que impiden que la disloquen,
-manteniendo lo que ahora se llama orden público, aunque, según el Sr.
-Bellamy, es un caos enmarañado.
-
-Resultará de tan atinada supresión que nademos en la abundancia, sin que
-ahogue la plétora de productos. Con el trabajo moderadísimo, que durante
-veinticuatro años ha de dar cada individuo, bastará y sobrará para que
-vivamos todos como unos nababos ó reyes durante noventa años.
-
-Varios descubrimientos científicos, previstos ó columbrados por el Sr.
-Bellamy, conspiran á este fin. El sol, la electricidad y otras energías
-ocultas en fluidos impalpables, ó en el éter primogenio, nos prestan
-calor, luz y fuerza productora y locomotora. En vez de enviar por el
-correo paquetes postales, van por tubería desde los almacenes, con una
-velocidad de todos los diablos, trajes, brinquillos, alhajas y hasta
-pianos de cola y coches de cuatro asientos. Tal modo de remitir, ó su
-artificio, se llama el _teléstolo_ ó el _telepístolo_, y es complemento
-del telégrafo y del teléfono.
-
-Este último, el teléfono quiero decir, se ha perfeccionado ya por tal
-extremo en nuestra _Utopía_, que cada cual le tiene en su casa, y sin
-salir de ella, oye, si quiere, óperas, comedias, sermones y conferencias
-de Ateneos y Universidades, sin perder nota, ni palabra, ni tilde.
-
-En resolución, sería cuento de nunca acabar si quisiese yo explicar
-aquí, con todos sus pormenores, lo bien que estará el mundo dentro de
-ciento trece años.
-
-Todo esto es maravilloso, pero lo es mil veces más lo que he sabido por
-cartas y periódicos de ahí, y singularmente por el número de Febrero
-último, que usted me ha enviado, del _Atlantic Monthly_, excelente
-Revista de literatura, ciencias y artes, que se publica en Boston.
-
-En los Estados Unidos ha entusiasmado _Looking backward_, no sólo como
-libro de mero pasatiempo, sino como programa práctico de renovación y
-salvación sociales.
-
-Más aún que en el triunfo anti-esclavista influyó la celebrada novela de
-la Sra. Harriet Beecher Stowe, se aspira á que influya la novela del Sr.
-Bellamy en otros triunfos más completos y en la realización de otras
-novedades mayores.
-
-Se ha formado un partido, _nationalist party_, del que es _Vademecum_ la
-novela _Looking backward_. El nuevo partido se organiza y cuenta ya con
-ciento ochenta clubs, esparcidos por varias poblaciones. Hasta ahora no
-ha acudido este partido á los comicios ó á las urnas electorales; pero
-acudirá pronto. Dicen que se han alistado en él más gente de refinada
-educación y más mujeres que obreros. Hay en él, añaden, _a large amount
-of intellect and comparatively little muscle_, como si dijésemos, pocos
-músculos y muchos nervios; pero, como quiera que sea, si es admirable
-que sobre un libro de imaginación, que sobre un ensueño poético, se
-funde un partido, no es menos admirable la calmosa serenidad con que se
-miran en los Estados Unidos estos movimientos socialistas, que por aquí
-asustan ó inquietan no poco á los burgueses y á los ricos.
-
-Yo tengo muy buena opinión de los ingleses y de sus descendientes los
-anglo-americanos. Creo que son ustedes menos _sensatos_ que lo que
-nosotros creemos y que lo que llamamos _ser sensatos_, esto es, que la
-sensibilidad y la fantasía son en ustedes poderosísimas. De aquí la
-facilidad con que se entusiasman por un libro ó por una teoría. Hará
-ocho años que Enrique George publicó una obra socialista, que se hizo
-tan famosa como la del Sr. Bellamy. También de ella se vendieron
-centenares de miles de ejemplares. Los conservadores de ahí, y no hay
-que negar que tienen gracia en esto, convierten en argumento contra las
-censuras de la actual sociedad, que se leen en tales obras, ese mismo
-pasmoso éxito que las obras obtienen. Bellamy y George describen al
-pueblo, antes de sus reformas, sumido en horrible pobreza, ignorante,
-rudo, por culpa de la sociedad. Por bajo de los ricos, dichosos y
-educados, hay, suponen, una hambrienta y ruda caterva de esclavos del
-trabajo. A lo cual los conservadores responden: «Si las cosas son así,
-¿de dónde salen los trescientos mil sujetos con dinero de sobra para
-comprar los libros de ustedes, y los millones de sujetos con tiempo y
-humor para divertirse leyéndolos? Si estuviesen hambrientos no leerían
-para distraer el hambre». Pero, en mi sentir, no tienen razón en esto
-los conservadores. Puede haber en un país de sesenta millones de
-habitantes trescientos mil compradores de un libro que valga tres
-pesetas y mucha hambre y mucha miseria además.
-
-El _Atlantic Monthly_ trae un extenso artículo de un Sr. Walker,
-refutando las doctrinas del señor Bellamy y del _partido nacionalista_.
-Yo, en ciertos puntos, doy la razón al Sr. Walker; en otros no puedo
-dársela, y en bastantes puntos, lo confieso, me apesadumbra que el Sr.
-Walker tenga razón. Es un dolor que ideal tan agradable se desvanezca;
-que se reduzca á ensueño fugaz un porvenir tan magnífico y próximo.
-
-La verdad es que, como el héroe de la novela, Julián West, se pasa
-durmiendo los ciento trece años durante los cuales cambia la faz del
-mundo, Julián West no ve cómo se verifica el cambio. Bellamy se guarda
-de decirlo, y su impugnador Walker no se hace cargo tampoco de esta
-importantísima mutación, completa ya en el segundo milenio de la Era
-Cristiana.
-
-Bellamy, cuando empezó á escribir su novela, puso el cambio mucho más
-tarde. La reaparición de Julián West, en el mundo renovado, ocurre en
-el tercer milenio; en el año de 3000. Después reflexionó Bellamy que, al
-poner tan largo plazo, si bien hacía la mutación mucho menos
-inverosímil, casi quitaba toda mira práctica á su libro, pues no se
-forma partido militante, ni se organizan clubs, ni se escriben
-_plataformas_ ó programas, por meramente posibilista que se sea, para
-realizar algo dentro de mil ciento trece años. Entonces rebajó mil años,
-y dejó sólo ciento trece.
-
-Por lo visto era indispensable, ó por lo menos conveniente y
-apocalíptico, que la renovación se nos revelase en un milenio. Durante
-mucho tiempo, en el horror y en las tinieblas de la Edad Media,
-imaginaron los hombres que la fin del mundo sería el año 1000. Ahora que
-vivimos mejor, hemos adelantado mucho y no debemos estar desesperados,
-importa imaginar, para el año de 2000, una risueña y deleitosa
-Apocalipsis.
-
-Al imaginarla y escribirla, nos presenta Bellamy su nueva Jauja, su
-nueva Jerusalén ya fundada; pero tiene la astucia de no hablar de la
-destrucción de la ciudad antigua sobre cuyas ruinas se levanta la nueva.
-
-Sin duda ha omitido esto, pasándolo en silencio mientras duerme Julián
-West, á fin de no aterrar al público.
-
-Supongamos perfectamente realizable el plan de Bellamy, sin que tenga
-cambio radical la humana naturaleza; todo por obra del mecanismo
-social.
-
-Para destruir el actual mecanismo, que tantos intereses sostiene, y para
-destruirle pacíficamente, por evolución, como Bellamy quiere que sea,
-así en la novela como en el programa publicado después por su partido,
-me parecen pocos los mil ciento trece años. Y si la destrucción ó la
-mudanza ha de ser sólo en ciento trece años, entonces no será por
-evolución, sino en virtud de una revolución tremenda y de encarnizadas y
-horribles guerras sociales. No de otra suerte se concibe que los que
-tienen se dejen despojar de cuanto tienen para que el pueblo se
-_incaute_ de ello, y, sin quedarse con nada, se lo entregue al Estado,
-que venga á ser, como representante y gerente de la nación, el único
-capitalista.
-
-Aunque para el despojo de los propietarios se valga la nación ó el
-Estado, su gerente, de mil habilidades, no conseguirá que no sea
-despojo, ni que tranquilamente se consume. El medio más suave que se ve
-es dar un plazo á los tenedores de papel de la deuda; pagarles hasta
-entonces algo más de tanto por ciento, y anunciar que después no
-cobrarán nada. Esto bastará para que los fondos bajen á cero y quede la
-deuda destruída. A todas las grandes empresas industriales se les podrá
-fijar un plazo también á cuya espiración todo será del Estado, como los
-ferrocarriles. Y en cuanto á los pequeños industriales, labriegos,
-terratenientes, etc., se les podrá ir poco á poco aumentando la
-contribución, hasta que adviertan que es una tontería quebrarse la
-cabeza cuidando de los instrumentos de producción, tierra, aperos de la
-labranza, etc., para entregar luego al Estado casi todo lo producido.
-Entonces dirán al Estado, quédate con todo, ó, sin que se lo digan, el
-Estado se quedará con todo para cobrarse de lo que deban á la Hacienda
-pública.
-
-De esta suerte, y á mi ver no sin violentísima oposición, que será
-menester sofocar, se logrará la primera parte del programa del Sr.
-Bellamy: que se convierta en hacienda pública cuanta hacienda haya.
-
-Verificada así la _incautación_ total, quedará por cumplir la segunda
-parte del programa, que me parece mucho más difícil todavía; que el
-Estado _incautador_ nos alimente, nos vista, nos divierta y nos regale á
-todos con esplendidez y elegancia, sin que cada uno de nosotros le dé
-más que el trabajo que podemos dar en un poquito más de la cuarta parte
-de nuestra vida, ya que las otras tres cuartas partes quedan para
-holgarnos.
-
-A toda persona profana se le ofrecen montes de dificultades para que se
-realice, sin tropiezo, plan tan exquisito. Lo primero que cree necesitar
-es una fe tan profunda y una confianza tan omnímoda en el Gobierno,
-convertido en capitalista, como la que Cristo en el Sermón de la
-Montaña, nos recomienda que tengamos en nuestro Padre que está en el
-cielo, el cual nos dará el pan de cada día y cuanto nos haga falta por
-añadidura, de suerte que, sin preocuparnos del día de mañana, viviremos
-como los pajaritos del aire, que no acopian trigo en graneros y Dios los
-alimenta. Lo segundo que nos asusta es la serie de borrascas
-parlamentarias y aun de pronunciamientos que habría (en España, pongo
-por caso) para quitarse el poder unos á otros, si el poder se extendiese
-á repartirlo todo, cuando hoy nos alborotamos tanto por repartir, quiero
-suponer, para que no se me tilde de exagerado, la tercera parte, á lo
-más. Y lo tercero que aterra es la inhabilidad vehementemente sospechada
-en que pudieran incurrir los encargados de dirigir todas las operaciones
-de la riqueza (producción, circulación y consumo), cuando hoy yerran
-tanto los Gobiernos, sin emplearse apenas sino en repartir y en
-consumir. Sabido es que lo más difícil de esta ciencia, arte y oficio de
-la riqueza, es el producirla. Repartirla y consumirla es mucho más
-llano; y hasta ahora los Gobiernos casi no se emplean sino en repartir y
-en consumir, á no ser que se considere producción el orden y la
-seguridad qué nos dan, ó que se presume que nos dan, por medio de la
-justicia y de la fuerza pública, para que los que producen algo lo
-produzcan tranquilamente y sin temor de que los depoje nadie, como no
-sea el Gobierno mismo.
-
-Milita en pro de la vehemente sospecha de incapacidad de todo Gobierno
-para producir la riqueza, esto es, para ser fabricante, agricultor ó
-comerciante, la consideración de que el Gobierno vende ó arrienda y no
-administra lo que posee. En España apenas ejerce ya por sí otra
-industria que la del banquero en el juego de la lotería, pues vende las
-tierras que eran del Estado, y arrienda sus minas, y arrienda, por
-último, el monopolio del tabaco, con lo cual el público fuma mejor y más
-barato.
-
-Todo esto lo dirán los no iniciados en las doctrinas y en el plan que
-expone en su novela Bellamy; pero los iniciados responderán que el nuevo
-artificio administrativo es tan prodigioso, que por su virtud, y no por
-la ciencia y buena maña de los administradores, ha de salir todo bien.
-Así, valiéndonos de un símil, cualquiera hallará absurdo el suponer que
-alguien, si ignora la música y no tiene ejercitadas y diestras las
-manos, toque en el piano, v. gr., la marcha del _Tannhauser_ de Wagner;
-pero merced á cierta maquinaria y á ciertos cartoncitos que se han
-inventado, todo hombre, y hasta un niño si no es manco, toca al piano lo
-que quiere dándole á un manubrio.
-
-Hay, pues, una nueva ciencia de la Administración, para cuyo estudio no
-es menester leerse el fárrago enorme, aunque _digesto_, recopilado por
-los Freixas y Clarianas, y Alcubillas. Basta con estudiar y empaparse
-bien en algunas páginas de _Looking backward_. Entonces, conocidos ó
-atisbados los recursos de que la nueva ciencia dispone, se cobra
-confianza, y se ve que hasta el más porro puede dar vuelta al manubrio
-administrativo.
-
-Algo del portento de su mecanismo se presiente al observar los buenos
-efectos que hasta el mecanismo administrativo de hoy, con ser tan
-complicado, produce en ocasiones.
-
-Cierto amigo mío (confieso que en extremo maldiciente) suponía sin
-motivo que un director general de Correos, que hubo muchos años ha,
-distaba bastante de ser un águila; y, sin embargo, añadía: ¿Quieren
-ustedes creer que recibo de diario todas las cartas que me escriben, sin
-que se extravíe una sola? De aquí infería él que la Administración era
-perfectísima, y que por sí sola hacía infaliblemente los servicios.
-
-Aplicada á los demás ramos esta perfección del de correos, queda
-resuelto el problema y triunfante el plan de Bellamy, salvo que en otros
-ramos se requiere mayor seguridad para no andar siempre con el alma en
-un hilo; porque, si ponemos á un lado un corto número de nobilísimas
-almas, el vulgo de ellas se preocupa, más que de recibir tiernas
-epístolas, de recibir el corporal alimento, y prefiere el cuervo de
-Elías á todas las palomas mensajeras, aunque sean las del propio carro
-de Venus.
-
-Pero, en fin, Bellamy afirma que por su sistema lo recibiremos todo con
-seguridad y regularidad indefectibles. El sistema de Bellamy merece,
-pues, ser examinado.
-
-Para mí no valen algunos prejuicios con que los descontentadizos ó
-incrédulos, desde luego y sin examen, le desechan.
-
-Imposible parece, dicen, que, siendo tan fácil la reforma, por cuya
-virtud habrá felicidad, paz y holganza universales, no se haya antes
-ocurrido á nadie la reforma. Pero esto tiene muy obvia contestación. De
-no pocas de las más benéficas invenciones de estos últimos tiempos se
-puede decir lo mismo. Desde antes que apareciese el linaje humano hay
-hulla ú hornaguera en nuestra mansión terrestre, y á nadie, hasta hace
-poco, se le antojó emplearla para combustible. Desde que hay ollas y se
-guisa, brinca la tapadera cuando hierve el caldo, y, si no sale el
-vapor, se quiebra la olla; pero nadie, hasta nuestros días, pensó en
-aplicar esta fuerza á la industria. Nadie ha ignorado jamás que el humo
-ó todo fluído más leve que aire, ó el aire mismo rarificado por el
-calor, sube y se sobrepone al aire más denso; pero, hasta fines del
-siglo pasado, nadie renovó con éxito, y por medios naturales, algo del
-arte de Dédalo, de Abaris y de Simón el Mago.
-
-¿No puede haber acontecido lo propio con el invento del Sr. Bellamy, y
-que de puro sencillo nadie diese con él hasta ahora?
-
-A esto se objeta que, siendo mil veces más importante por sus efectos la
-invención del señor Bellamy, parece antiprovidencial y harto caprichoso,
-ó sea contrario á las sabias leyes que deben presidir á la historia,
-que un sistema del que depende la redención de la humanidad haya tardado
-tanto en formularse. Pero este argumento tiene visos de ser de mala fe,
-aunque no lo sea. Nada nos da motivo para afirmar que el señor Bellamy
-presenta su plan como independiente del progreso realizado hasta hoy. La
-trabajosa y larga marcha de la humanidad no pudo ahorrarse con su plan.
-Bellamy, si hubiera nacido en tiempo de los Faraones, no hubiera podido
-inventarle ni divulgarle entonces. Bellamy, si es lícito aplicar á lo
-mundanal lo trascendente, y expresar lo profano con frases que remedan
-frases divinas, puede decir que no ha venido á derogar la ley de la
-historia, sino á que acabe de cumplirse, ó mejor dicho, á que siga
-cumpliéndose, ya que no se infiere tampoco de la lectura de _Looking
-backward_ que en el año de 2000 habrán llegado los hombres al término de
-su carrera, sino que habrán dado un gigantesco paso más, un salto
-estupendo, y á mi ver peligroso, en ese camino, cuya meta final él ni
-pone ni descubre.
-
- _His ego nec metas rerum nec tempora pono._
-
-Y aquí, aunque parezca inoportuna digresión, se me antoja comparar la
-cándida espontaneidad americana con el arte reflexivo de los franceses.
-Zola ha escrito ya quince ó veinte novelas, y siempre promete revelarnos
-en la última el enigma, darnos el resultado de todos sus estudios en la
-novela experimental, y exponernos su sistema. Bellamy, por el
-contrario, dice _cataplún_, y lanza su sistema de repente.
-
-Yo no atino á prever desde aquí si el _partido nacionalista_, que de él
-ha nacido, vendrá á importar tanto ó más que el libro de Enrique George
-y que la ingente asociación ú orden de los caballeros del trabajo,
-_Knights of labor_, en el movimiento de socialismo que se advierte por
-todas partes, y que ahí tiene cierto carácter optimista que me hace
-gracia: pero, á pesar de mis cortísimos conocimientos económicos, como
-yo tuviese humor y vagar para ello, aún había de escribir á usted largo,
-diciéndole mil cosas que me sugiere _Looking backward_ y lo escrito en
-contra por Walker.
-
-Entretanto, me complazco en repetir que me admira la serenidad y que
-simpatizo con la confianza regocijada que se nota en toda manifestación
-de ese pueblo joven.
-
-El plan de Bellamy no se limita á dar por resuelto el más difícil y
-temeroso de los problemas económicos, sino que resuelve ó da por
-resuelto también el magno problema de la paz y del desarme universales;
-sin decirnos cómo puede ser esto, cuando las naciones se arman más cada
-día, y cuando desde 1850 ha habido en el antiguo y en el Nuevo Mundo
-guerras tan sangrientas y costosas. Es de desear que el Sr. Bellamy
-escriba otra novela, ó la continuación de la misma, en que nos explique
-cómo además de haberse logrado el bienestar económico de cada nación,
-se habrá logrado también, en el año 2000, que las naciones no se
-combatan ni se amenacen como en el día.
-
-Dispénseme usted que me haya extendido tanto en darle mi opinión, aunque
-tan incompleta, sobre la novela que me ha remitido.
-
-
-FIN
-
-
-
-
-ÍNDICE
-
-
- Páginas.
-
-Al Excmo. Sr. D. Antonio Flores, presidente de la
-república del Ecuador v
-
-Nueva religión 1
-
-España desde Chile 47
-
-Vocabulario Rioplatense razonado 59
-
-Novela parisiense mejicana 81
-
-Tabaré 91
-
-La poesía y la novela en el Ecuador 127
-
-Tradiciones peruanas 179
-
-Un polígrafo argentino 189
-
-La religión de la humanidad 219
-
-Novela-programa 267
-
-
-NOTAS:
-
-[A] Trabajos parecidos al del Sr. Granada se han hecho en casi todas
-y para casi todas las regiones de América donde se habla español: por
-ejemplo, Pichardo para Cuba, Cuervo para Colombia, Arona para el Perú,
-y don Zorobabel Rodríguez para Chile.
-
-[B] Ya se entiende que no hay para qué tomar aquí en cuenta la locura
-declarada, que, durante algunos años, y sobre todo de 1826 á 1828,
-padeció Augusto Comte.
-
-
-
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of Nuevas cartas americanas, by Juan Valera
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK NUEVAS CARTAS AMERICANAS ***
-
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-things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
-even without complying with the full terms of this agreement. See
-paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
-Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
-and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
-works. See paragraph 1.E below.
-
-1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
-or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
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-1.E.9.
-
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- The Project Gutenberg eBook of Nuevas Cartas Americanas, por Juan Valera.
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-<pre>
-
-The Project Gutenberg EBook of Nuevas cartas americanas, by Juan Valera
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
-re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
-with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
-
-
-Title: Nuevas cartas americanas
-
-Author: Juan Valera
-
-Release Date: September 2, 2020 [EBook #63101]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK NUEVAS CARTAS AMERICANAS ***
-
-
-
-
-Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
-Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was
-produced from images available at The Internet Archive)
-
-
-
-
-
-
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-
-<hr class="full" />
-
-<div class="c">
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-</div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_i" id="page_i">{i}</a></span>&nbsp; </p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_ii" id="page_ii">{ii}</a></span>&nbsp; </p>
-
-<p class="cb">NUEVAS CARTAS AMERICANAS</p>
-
-<hr />
-
-<p class="cb">OBRAS DEL AUTOR</p>
-
-<div class="blockquot"><p><span class="smcap">Pepita Jiménez</span>; 12.ª edición; un vol.</p>
-
-<p><span class="smcap">Las ilusiones del Doctor Faustino</span>; dos vols.</p>
-
-<p><span class="smcap">Dafnis y Cloe</span> (traducción del griego); un vol.</p>
-
-<p><span class="smcap">Estudios críticos</span>, 2.ª edición; tres vols.</p>
-
-<p><span class="smcap">Disertaciones y juicios literarios</span>; dos vols.</p>
-
-<p><span class="smcap">Cuentos y diálogos</span>, un vol.</p>
-
-<p><span class="smcap">Algo de todo</span>; un vol.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pasarse de listo</span>; un vol.</p>
-
-<p><span class="smcap">Poesía y arte de los árabes en España y Sicilia</span><br /> (traducción del
-alemán), tres vols.</p>
-
-<p><span class="smcap">Doña Luz</span>; un vol.</p>
-
-<p><span class="smcap">Tentativas dramáticas</span>; un vol.</p>
-
-<p><span class="smcap">Canciones, romances y poemas</span>, un vol.</p>
-
-<p><span class="smcap">Cuentos, diálogos y fantasías</span>; un vol.</p>
-
-<p><span class="smcap">Nuevos estudios críticos</span>; un vol.</p>
-
-<p><span class="smcap">Pepita Jiménez y El Comendador Mendoza</span>; un vol.</p>
-
-<p><span class="smcap">Doña Luz y Pasarse de listo</span>; un vol.</p>
-
-<p><span class="smcap">Cartas Americanas</span>; 1.ª série, un vol.</p>
-
-<p><span class="smcap">Apuntes sobre el nuevo arte de escribir novelas</span>; un vol.</p>
-</div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_iii" id="page_iii">{iii}</a></span>&nbsp; </p>
-
-<hr />
-
-<p class="c">
-<big>JUAN VALERA</big><br />
-<br />
-(DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA)</p>
-
-<h1>NUEVAS<br />
-<br /><big>
-CARTAS AMERICANAS</big></h1>
-
-<p class="c">MADRID<br />
-LIBRERÍA DE FERNANDO FÉ<br />
-<i>Carrera de San Jerónimo, 2</i><br />
-<br />
-1890<br />
-<span class="pagenum"><a name="page_iv" id="page_iv">{iv}</a></span><br />
-<br />
-ES PROPIEDAD<br />
-DERECHOS RESERVADOS<br />
-<br />
-<br />
-MADRID, 1890.&mdash;<span class="smcap">Est. Tipográfico de Ricardo Fé</span><br />
-<i>Calle del Olmo, número 4.</i><br />
-<span class="pagenum"><a name="page_v" id="page_v">{v}</a></span></p>
-
-<hr />
-
-<p class="cb">
-<a href="#INDICE">AL ÍNDICE</a><br />
-</p>
-
-<hr />
-
-<h2><a name="AL_EXCMO_SENOR" id="AL_EXCMO_SENOR"></a>AL EXCMO. SEÑOR<br />
-<small>DON ANTONIO FLORES</small><br />
-<small>PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DEL ECUADOR</small></h2>
-
-<p>Mi querido amigo: Poco valen estas <span class="smcap">Nuevas cartas americanas</span>, pero me
-atrevo á dedicárselas, confiado en la bondadosa indulgencia de usted que
-les prestará el valer de que carecen.</p>
-
-<p>Aunque mi propósito al escribirlas es puramente literario, todavía, sin
-proponérmelo yo, lo literario trasciende en estos asuntos á la más alta
-esfera política.</p>
-
-<p>La unidad de civilización y de lengua, y en gran parte de raza también,
-persiste en España y en esas Repúblicas de América, á pesar de su
-emancipación é independencia de la metrópoli. Cuanto se escribe en
-español en ambos mundos es literatura española, y, á mi ver, al tratar
-yo de ella, propendo á mantener y á estrechar el lazo de cierta superior
-y amplia nacionalidad que nos une á todos.
-<span class="pagenum"><a name="page_vi" id="page_vi">{vi}</a></span></p>
-
-<p>Es evidente que yo, que siempre fuí un crítico suave, no había de ser
-severo con mis semi-compatriotas de Ultramar; pero también es evidente
-que ni debo ni quiero ganarme la voluntad de nadie con lisonjas. Además,
-á lo que muchos sujetos afirman, yo no sirvo para lisonjear, aunque lo
-desee. Suponen que me sucede, si bien en sentido contrario, lo que á
-aquel famoso profeta que fué, por orden del Rey de los hijos de Moab, á
-maldecir á los hijos de Israel. Levantó siete altares, sacrificó
-becerras, hizo otras ceremonias, y subió á un cerro, desde donde se
-oteaba la llanura en que los israelitas tenían desplegadas sus tiendas.
-Desde allí quiso maldecirlos, y Dios desató su lengua y le movió á
-entonar un cántico de bendiciones. Subió luego á otro cerro, volvió á
-querer maldecir y bendijo de nuevo, sin poderlo remediar. Si á mí, como
-aseguran, me sucede algo parecido, ya pueden ustedes confiar en que no
-hay adulación en mis alabanzas y no agradecérmelas, pues son
-involuntarias. Y cuando hubiere algo de censura, deberán perdonármelo
-también por el mismo motivo.</p>
-
-<p>Es aún más perdonable mi censura, si se atiende á que las más veces me
-induce á censurar, á pesar mío, la exageración con que algunos
-escritores de por ahí, por exceso de americanismo, ponderan las
-crueldades espantosas que come
-<span class="pagenum"><a name="page_vii" id="page_vii">{vii}</a></span>tieron los españoles de la conquista y
-del período colonial. Si esto hubiera llegado hasta el extremo que
-dichos escritores aseguran, yo no dejaría de aplaudir la maravillosa
-imparcialidad histórica con que sostendrían la verdad; pero no sabría yo
-disimular que, al sostenerla, arrojarían sobre ellos mayor injuria que
-sobre nosotros, porque la sangre española que corre por sus venas
-procede, más que la nuestra, de aquellos atroces foragidos, y la sangre
-india, en lo que de indios puedan tener, es de una raza que, según
-afirman Montalvo y otros, nosotros hemos envilecido y degradado para
-siempre con nuestros malos tratos y con nuestra brutal tiranía.</p>
-
-<p>Estas consecuencias son tan absurdas como las premisas de donde se
-sacan. Así trataré de probarlo detenidamente, aunque no gusto de
-polémicas, cuando replique, si tengo vagar y ánimo, á los Sres. Mera y
-Merchán que han escrito contradiciéndome.</p>
-
-<p>Entretanto me inclino á creer que mucho de lo que se dice contra
-nosotros se dice por el prurito de aparecer muy sentimentales y muy
-ilustrados á la moda de París y de Londres, sin que se advierta que ni
-franceses ni ingleses fueron nunca más que nosotros humanos y benignos.</p>
-
-<p>Fuera de este momentáneo extravío, el señor Mera es tan excelente sujeto
-como buen escri
-<span class="pagenum"><a name="page_viii" id="page_viii">{viii}</a></span>tor, y nos quiere bien. Nos aborrecería, y con razón
-sobrada, si entendiese que los españoles fueron á esa otra banda para
-echarlo todo á perder. Creamos, pues, como es justo, que los españoles
-fueron á América para extender en ella la civilización europea, por cuya
-virtud alcanzó América la potencia de igualarse con Europa y acaso de
-superarla en lo futuro.</p>
-
-<p>No quiero molestar á usted distrayéndole con más larga carta, de sus
-importantes cuidados.</p>
-
-<p>Adiós y créame siempre su afectísimo y buen amigo, q. b. s. m.,</p>
-
-<p class="rt">
-<span class="smcap">Juan Valera</span><br />
-<span class="pagenum"><a name="page_1" id="page_1">{1}</a></span></p>
-
-<h2><a name="NUEVA_RELIGION" id="NUEVA_RELIGION"></a>NUEVA RELIGIÓN<br />
-<small>(Á DON JUAN ENRIQUE LAGARRIGUE)</small></h2>
-
-<h3>I.</h3>
-
-<p>Muy amable y simpático señor mío: Hace ya mucho tiempo que recibí, con
-fina dedicatoria manuscrita, un ejemplar de la importante <i>Circular
-religiosa</i>, que imprimió y publicó usted en Santiago de Chile, en el día
-6 de Descartes del año 98 de la Gran Crisis, fecha que, en nuestra
-vulgar cronología, corresponde al día 13 de octubre de 1886.</p>
-
-<p>No extrañe usted mi largo silencio ni le atribuya á desdén.</p>
-
-<p>Su obra de usted fué leída al punto por mí con avidez y curiosidad, y
-releída luego varias veces con interés que ha ido siempre en aumento.</p>
-
-<p>Bien dijo el que dijo que el estilo es el hombre. Yo doy tal valer á la
-máxima, y me guío de tal suerte por ella, que creo conocer á usted,<span class="pagenum"><a name="page_2" id="page_2">{2}</a></span> con
-solo leerle, como si le hubiera tratado íntimamente toda mi vida. Hay,
-en cuanto usted expone, la más profunda convicción, el entusiasmo más
-fervoroso y el más puro amor por el bien de todo el humano linaje, por
-donde yo me persuado de que, en esa república, haga usted ó no
-prosélitos, ha de ser usted considerado como varón virtuosísimo y
-excelente, respetado y querido por todos sus conciudadanos.</p>
-
-<p>Cuando el Caballero del Verde Gabán, yendo de camino con D. Quijote y
-Sancho, explicó á éstos su modo de vivir, sentir y pensar, Sancho le
-halló tan bueno y tan ajustado, según diríamos ahora, á sus ideales, que
-penetrando hasta sus entrañas las frases del Caballero, se las
-derritieron de ternura y se las encendieron en afectos de amistad y
-veneración, movido de los cuales se apeó del asno y fué á besar los pies
-á aquel bendito hidalgo, á quien calificó y preconizó de santo á la
-gineta. Algo parecido me ocurrió á mí cuando hube leído la <i>Circular</i> de
-usted; y, abandonando mi espíritu sus vulgares ocupaciones, desechando
-sus cuidados prosáicos y mezquinos, apeándose también de su asno, saltó
-por montes y valles, atravesó el Atlántico, pasó la línea equinoccial,
-corrió por toda la extensión de la América del Sur, voló por cima de los
-Andes y llegó hasta la ciudad y casa de usted (calle de la Moneda, núm.
-9), donde dió á usted un abrazo muy apretado. Pero, como esta visita y
-esta muestra de mis simpatías se hicie<span class="pagenum"><a name="page_3" id="page_3">{3}</a></span>ron por arte etérea, ni usted ni
-el público se habrán percatado de nada, y así no juzgo excusado escribir
-á usted, aunque tarde, y hablar de las ideas y planes de usted, cuya
-bondad me seduce, aunque de su realización me quepan dudas.</p>
-
-<p>¿Quién sabe si lo que yo diga podrá ser útil por algún lado? Acaso valga
-mi escrito para divulgar en España el sistema de usted y ganarle
-parciales; acaso para remover inconvenientes; acaso para disipar estas ó
-aquellas de las dudas que, como he dicho, me asaltan.</p>
-
-<p>Los sistemas y pensamientos de los hombres son ó parecen mayores vistos
-desde lejos. Hay en ello algo de más mágico que en la linterna mágica.
-¿Cómo negar que Augusto Comte y su positivismo han ejercido y ejercen
-aún grande influjo en toda Europa? Difundida por el laborioso,
-infatigable, fecundo y sabio Emilio Littré, la doctrina del maestro se
-dilata, desde París, por todas las regiones de la tierra; pero el
-talento crítico, frío y excesivamente razonador de Littré, despoja de
-fervor la doctrina y hace que llegue tibia hasta nosotros, como la
-claridad de la luna. En cambio, en la mente de usted, como rayos de sol
-en espejo ustorio, convergen y se reúnen todas las llamas y fogosidades
-de Augusto Comte, que, reflejadas así, abrasan, funden y volatilizan los
-corazones.</p>
-
-<p>Es más, y vuelvo á mi símil de la linterna mágica; lo que pensado y
-expuesto en París por<span class="pagenum"><a name="page_4" id="page_4">{4}</a></span> Augusto Comte, visto de cerca, me parece pequeño,
-como es pequeña la figurilla pintada en el vidrio, toma en el espíritu
-de usted colosales y magníficas proporciones, como el espectro que va á
-larga distancia á proyectarse en cándido muro.</p>
-
-<p>En las elocuentes páginas de la <i>Circular</i> de usted palpitan brío tan
-noble, amor tan entrañable del bien de la humanidad y fe tan poderosa,
-que á pesar de mi maldito escepticismo hay momentos en que me dejo
-arrebatar y traspongo, parodiando á Moisés, á la cumbre del monte Nebo,
-y me parece que descubro la tierra prometida, ó por mejor decir, que veo
-renovada toda la faz de la tierra y que la nueva Jerusalem baja
-engalanada del cielo con vestiduras relucientes de fiesta sin fin y de
-perenne consorcio.</p>
-
-<p>Por desgracia no es todo oro lo que reluce, y quién sabe si encajará
-aquí como de molde la manoseada cita que dice:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i8">¡Lástima grande<br /></span>
-<span class="i0">que no sea verdad tanta belleza!<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Casi todos los preceptos que impone usted al género humano para que
-alcance sus más gloriosos destinos, son, á mi ver, tan sanos y
-beatificantes que no hay más que pedir, y si los siguiésemos sería el
-mundo un paraíso; pero aquí está el toque de la dificultad: en que usted
-va á predicar en desierto, como predicó mi santo y<span class="pagenum"><a name="page_5" id="page_5">{5}</a></span> otros, en que nadie
-va á hacer caso de usted y en que todos van á continuar en sus vicios y
-malas mañas.</p>
-
-<p>A usted se le antoja todo muy llano con tal de que el egoísmo se
-convierta en altruísmo; pero ¿de qué medio nos valdremos para hacer esta
-conversión? Yo no quisiera calumniar la naturaleza humana; yo reconozco,
-aplaudo y proclamo los arranques generosos de que es capaz; pero ¿no
-habrá en el fondo de nuestro sér algo de radicalmente egoísta? ¿Por qué
-pasa siempre por axiomática la sentencia de que la caridad bien ordenada
-empieza por uno mismo, sentencia que no pocas personas avillanan
-transformándola en esta otra: cada cual arrima el ascua á su sardina?
-Usted mismo destruye, contradice ó menoscaba el altruísmo en la
-sentencia capital que pone al frente de su bello discurso. Vivamos, dice
-usted, para los demás: la familia, la patria, la humanidad.</p>
-
-<p>Con esto concede usted cierta predilección á la patria sobre la
-humanidad, y á la familia sobre la patria, de suerte que mientras más
-estrecho es el círculo de los objetos amados, y más exclusivo es, y más
-cerca está de nuestra persona, como si fuese emanación ó irradiación de
-la persona misma, más activo es el amor que se le consagra. No hay
-razón, pues, para que la progresión de amor quede incompleta, sin el
-término que en el texto de usted le falta, y que viene á ponerse en él,
-natural y forzosamente, traído<span class="pagenum"><a name="page_6" id="page_6">{6}</a></span> por dialéctica impersonal é
-irresistible. Así es que el que lea el precepto y se decida á seguirle
-dirá en el fondo de su conciencia: yo amo y quiero amar á la humanidad y
-comprendida en la humanidad á la patria, y comprendida en la patria á mi
-familia, y comprendida en mi familia á mi persona. Con lo cual es
-indudable que todo irá comprendido en el amor de la humanidad como en
-superior predicamento: pero sucederá que mientras más alto y comprensivo
-sea el término en esta escala de lo amable, más vacío estará de razones
-y motivos para ser amado, ya que cada uno de los atributos que
-constituyen las diferencias es en lo amable una razón y un motivo más
-para que lo amemos.</p>
-
-<p>Amaremos á la humanidad por mil razones; pero dentro de la humanidad
-está la patria, para cuyo amor hay, sobre las mil, quinientas razones
-más; y dentro de la patria, la familia, con otras nuevas quinientas
-razones, lo menos, y dentro de la familia, uno mismo, con todas las
-razones que hay para amar á la humanidad, á la patria y á la familia, y
-además con nuevas razones, fundadas en aquellos predicados ó atributos
-que me diferencian, distinguen y determinan dentro de la humanidad, de
-la patria y de la familia. Resulta, pues, que el altruísmo es falso, que
-no se da dialécticamente, que sólo puede amarse uno á sí mismo sobre
-todas las cosas, como no sea á Dios á quien ame. En mi sentir, uno puede
-amar más que á sí mismo, no<span class="pagenum"><a name="page_7" id="page_7">{7}</a></span> sólo á Dios, sino á todas sus criaturas,
-cuando las ama por amor de Dios; pero sin este amor de Dios, uno se ama
-á sí mismo más que á nadie.</p>
-
-<p>Entiéndase que hablo, según dialéctica: con fundamento racional. Yo no
-niego que el ateo teórico ó práctico, el ateo que niega á Dios ó que le
-arrincona y neutraliza, arda en caridad, que él llama altruísmo, pero
-sostengo que entonces, con inconsecuencia dichosa y bella, ama á los
-demás séres por amor de Dios, sin saberlo, y negando á Dios, y no viendo
-el lazo misterioso que le une con los demás séres, y que es Dios y no
-puede ser sino Dios.</p>
-
-<p>En este caso, la efusión generosa del amor, que se sobrepone al egoísmo,
-provendrá de cierta inclinación sublime, de cierto ímpetu instintivo, de
-cierto ciego impulso del alma que nos lance á la devoción, al
-sacrificio, á buscar el bien de los demás, aun á costa del propio bien:
-pero un sistema tan sabio como el de Augusto Comte no debe ni puede
-fundarse en esto. Además, si el altruísmo fuese instintivo y congénito,
-no sería educable ó asequible por educación. ¿Cómo íbamos á convertir en
-altruísta al que fuese egoísta <i>a nativitate</i>?</p>
-
-<p>Y si se me dice que las ciencias sociales y políticas, exactas y
-naturales, van á ordenar tan lindamente las cosas que acaben por hacer
-de suerte que el interés bien entendido esté en ser altruísta, porque el
-bien general vendrá á ser el<span class="pagenum"><a name="page_8" id="page_8">{8}</a></span> mayor bien singular mío, y todo crimen,
-todo delito, toda infracción de la ley moral, no será sino un error, una
-mala inteligencia de mis propios intereses, una locura, en suma, diré
-que no me parece muy probable que las ciencias lleguen á conseguir
-tanto; pero que, si á tanto llegasen, no llegarían al altruísmo
-verdadero, sino á que el egoísmo bien entendido produjese los mismos
-efectos que el altruísmo más puro. Entonces, allá en la profundidad de
-cada conciencia, en las intenciones, habría devoción y caridad, ó
-sórdido interés y bellaquería; pero en toda acción ejecutada, no habría
-sino necedad ó discreción, cordura ó locura. Los hombres, en la vida
-práctica, no serían buenos ó malos, sino tontos ó discretos, cuerdos ó
-locos.</p>
-
-<p>Ya ve usted que yo vengo á parar á una conclusión contraria á la de
-usted. Quita usted á Dios como base de la moral, y yo concluyo, por
-todos los caminos que tomo, por no hallar moral sin el concepto de Dios,
-que le sirva de base. Y no por los premios y castigos con que la moral
-se sanciona, lo cual es un sofisma de todos los ateístas al uso, sino
-porque Dios es el objeto y el fin y la razón del amor, cuando el amor no
-hace que nos amemos sobre todas las cosas. Dios es el centro de todo
-bien, el foco de la caridad, la luz y el fuego, que enciende é ilumina
-los corazones. Si usted le apaga nos quedamos fríos y á oscuras.</p>
-
-<p>Yo me encanto de leer la purísima moral que<span class="pagenum"><a name="page_9" id="page_9">{9}</a></span> usted predica, y que no es
-otra moral sino la cristiana; pero como usted me quita á Dios y me apaga
-su luz, me entran ganas de decir á usted lo que le dijeron al mono que
-enseñaba la linterna mágica con la luz apagada:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">¿De qué sirve tu charla sempiterna,<br /></span>
-<span class="i0">si tienes apagada la linterna?<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>No, Sr. Lagarrigue, un creyente en Dios, que hace obras de virtud, no
-debe hacerlas por el egoísta interés de ganar el cielo, ni debe
-abstenerse del pecado para que no le echen á freir en las calderas de
-Pedro Botero, sino que debe decir á Dios:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">Aunque no hubiera cielo yo te amara<br /></span>
-<span class="i0">y aunque no hubiera infierno te temiera,<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p class="nind">y ser bueno por amor suyo, ó sea por amor del bien, no abstracto, sino
-vivo y personificado en Dios. Porque ¿dónde ha visto usted que nadie se
-enamore de abstracciones ó de generalidades sin sustancia?</p>
-
-<p>Yo soy más positivista que usted y que Augusto Comte, en el recto
-sentido de la palabra, y no me cabe en la cabeza que nadie ame lo ideal,
-sino como manifestación y apariencia, imagen ó trasunto de una realidad
-soberana, ni puedo convertir el nombre genérico que se da al conjunto de
-todos los hombres, y que es un concepto lógico vacío, en ser individuo,
-objeto de mi amor, á quien unas veces llame yo <i>Hu<span class="pagenum"><a name="page_10" id="page_10">{10}</a></span>manidad</i>, otras <i>Ente
-Supremo</i>, y otras <i>Virgen Madre</i>.</p>
-
-<p>Todavía comprendo yo, aunque no aplauda, que me niegue usted al real
-Ente Supremo y á la Virgen Madre, real y efectiva, á quien llaman los
-católicos María Santísima; pero lo que ya no se puede aguantar es que á
-la gran multitud de negros, chinos, europeos, hotentotes, cafres,
-indios, etc., me los sume usted bajo el denominador común de hombres y
-luego me convierta en Dios y en Virgen Madre esta suma.</p>
-
-<p>Enójese usted ó no conmigo, he de decirle la verdad. Me aflige ver que
-un entendimiento tan delicado y alto como el de usted, un juicio tan
-sano y un corazón tan recto y amoroso, se trastornen y echen á perder
-por esta pícara manía que nos entró, hace siglos, á casi todos los
-españoles de nación, ó casta y lengua, de seguir las modas de París. Yo
-confieso y declaro, sin envidia, si bien con algún estímulo de
-emulación, que en París todo se hace mejor y con más arte y gracia,
-desde la cocina y los trajes hasta los libros, pero elijamos, al menos,
-lo mejor con atento y atinado criterio, ya que no inventemos y hagamos
-algo original, no menos divertido, y no tan disparatado.</p>
-
-<p>De todos modos, el positivismo, tal como viene expuesto por usted en la
-<i>Circular</i>, con superior elocuencia de lenguaje que la de Augusto Comte,
-y con más poesía y entusiasmo que los de Emilio Littré, debe examinarse
-y refutarse hasta donde en cartas brevísimas sea posible.<span class="pagenum"><a name="page_11" id="page_11">{11}</a></span></p>
-
-<h3>II.</h3>
-
-<p>No comprendo que ningún optimista sea ateo, y menos comprendo aún que lo
-sea usted, que es el más optimista de cuantos optimistas he conocido.</p>
-
-<p>Aunque yo no aplauda, me explico al pesimista tétrico que no acierta á
-conciliar la bondad y el poder infinitos de Dios con el mal moral y
-físico que hay en el mundo, y niega á Dios, prefiriendo la negación á la
-blasfemia; pero, si el mal es transitorio y ha de venir al cabo á
-resolverse en bien, resulta la plena justificación de Dios y el cumplido
-acuerdo de su bondad y de su poder infinitos con la perfección y
-excelencia de su obra, la cual aparece sin mancha, en la plenitud del
-tiempo, así en cada singular criatura, como en el conjunto ó totalidad
-de la creación entera.</p>
-
-<p>A mi ver, usted hace el más elocuente discurso que puede hacerse contra
-los ateístas al sostener (no diré al probar) que todo está
-<i>divinamente</i>; que cuanto existe va caminando á un fin dichoso, y que
-esta escena del Universo y este drama de la Historia terminarán en el
-más alegre desenlace, en una fiesta espléndida y en un perenne regocijo.</p>
-
-<p>¿Por qué hemos de excluir de esta fiesta á Dios, que es, á lo que
-entiendo, quien nos la<span class="pagenum"><a name="page_12" id="page_12">{12}</a></span> prepara? Paso porque excluyamos de la fiesta al
-diablo, contra cuya voluntad y propósito se celebra; pero á Dios... me
-parece una ingratitud y una grosería.</p>
-
-<p>Y, sin embargo, hasta sobre lo de excluir al diablo hay no poco que
-decir. Discurramos, no metiéndonos en muchas honduras, sino como pudiera
-discurrir un racionalista de medianos alcances.</p>
-
-<p>Tal vez, diremos entonces, allá en el horror de la caída del Imperio
-romano y de la civilización antigua, y durante la ulterior tenebrosa
-barbarie que duró hasta el Renacimiento, hubo de corroborarse el dogma
-de las penas eternas; pero este dogma repugna á los hombres de nuestro
-siglo por oponerse, á lo que ellos imaginan, á la bondad del Altísimo, á
-quien convierte en tirano, enemigo de indultos y amnistías. ¿Quién sabe
-si, por esto, los más ilustres Padres de la Iglesia griega, y muy
-especialmente San Clemente de Alejandría, Orígenes y ambos Gregorios, de
-Nacianzo y de Nyssa, dejándose arrebatar por las sublimes esperanzas que
-había infundido en sus espíritus el cristianismo, concibieron la fin del
-mundo según el gusto de ahora, creyendo que todo se resolvería en bien y
-que hasta el diablo habría de reconciliarse con Dios y ser perdonado?
-¿Cómo excluirle de la magnificencia y pompa de la fiesta final y del
-júbilo perdurable? ¿Cómo no hacer que tenga término el dualismo, que la
-redención se complete, y<span class="pagenum"><a name="page_13" id="page_13">{13}</a></span> que haya bienaventuranza para todos, ora la
-obtengan unos más tarde y otros más temprano?</p>
-
-<p>Sea de ello lo que sea, no cabe duda en que, así en la teología de toda
-religión revelada, como en la teología natural, fundada sólo en humano y
-racional discurso, es gran prueba de la existencia de Dios y hábil
-refutación de los más válidos argumentos de los que la niegan el afirmar
-la bondad infinita de la Providencia soberana y omnipotente.</p>
-
-<p>Para llegar al error, lo mismo que para llegar á la verdad, hay cierto
-encadenamiento dialéctico. Cuando siguiéndolo, se llega por él á la
-verdad, la verdad brilla más clara. Cuando se va por él hasta el error,
-el sofisma se disimula, y el error tiene visos y vislumbres de razón y
-de ciencia. Y, por el contrario, el error anti-dialéctico, parece aún
-más disparatado, si cabe.</p>
-
-<p>Aplicado esto al ateísmo, se ve que el pesimista tiene fundamento
-racional en su extravío. Si todo está mal, si el hombre está condenado
-al infortunio, y si el Universo es un infierno y guerra perpétua la
-vida, preferible es negar á Dios á abominar de él. Pero si está bien
-todo, si nada puede estar mejor de lo que está, el ateísmo no se
-concibe.</p>
-
-<p>Para mí es de toda evidencia que, así en el fondo de mi alma, como en el
-fondo del alma de todo prójimo mío, dado que como usted, crea en la
-felicidad, y dado que espere salvación, redención, buen éxito en
-cualquiera cosa, está el<span class="pagenum"><a name="page_14" id="page_14">{14}</a></span> convencimiento profundo de que ni él, ni
-ningún semejante suyo, ni toda la suma de sus semejantes, basta á
-salvarle, á redimirle, á hacer su ventura, y á ordenar las cosas todas
-según un plan indefectible y diestramente trazado á fin de que vengan á
-parar en general bienaventuranza y en colmo de bienes. Tiene, pues, que
-suponer un sér inteligente y mil y mil veces más poderoso que él y que
-todos los hombres habidos y por haber en lo futuro, á quien deba tantos
-beneficios.</p>
-
-<p>De esta consideración, harto fácil de hacer, nace que yo juzgue muy
-desatinado el ateísmo optimista y que no me inspire temor; que resulte
-chistoso, por implicar de parte del ateo el más extremado alarde de
-pueril vanidad, y que provoque á risa.</p>
-
-<p>De la que á mí me cause espero yo que usted no se enoje. No recae en la
-persona, sino en la doctrina, que tantos y tantos filósofos y pensadores
-comparten hoy con usted, porque está de moda el ateísmo.</p>
-
-<p>Entienden estos sujetos, que se jactan de ilustrados y progresistas, que
-Dios entra en el número de los obstáculos tradicionales, supersticiones
-y abusos, que todo buen liberal debe suprimir; que Dios es contrario á
-la ciencia, que Dios es contrario al progreso, y que, pasada ya la edad
-de la fe, y viviendo, como vivimos, en la edad de la razón, es menester
-quitar á Dios del medio, como quien quita un estorbo. Así<span class="pagenum"><a name="page_15" id="page_15">{15}</a></span> pensaba en
-Europa Augusto Comte, así piensa la gran mayoría de sus discípulos, y
-así piensan y predican, usted en Chile, en Méjico D. Jesús Ceballos
-Dosamantes, á quien he escrito ya varias cartas, y en los Estados Unidos
-el coronel Roberto Ingersoll, de quien, por ser americano como usted y
-en Europa poco conocido, he de hablar con extensión en estas nuevas
-cartas que la <i>Circular</i> de usted me inspira.</p>
-
-<p>Para evitar logomaquias conviene distinguir bien á Dios en sí del
-concepto ó idea que de Dios nos formamos, por más que sólo le conocemos
-por este concepto ó idea, á la cual, univocándola con Dios, llamamos
-Dios.</p>
-
-<p>Debemos decir con el místico alemán Novalis: «Lo que se dice de Dios no
-me satisface, la <i>sobredivinidad</i> es mi luz y mi vida.» Esto es, que el
-verdadero Dios está muy por cima del concepto que yo de Dios me formo. Y
-si Dios está hoy muy por cima del concepto que de él me formo, ¿cuánto
-más no lo estaría del concepto que de él se formaban hasta los hombres
-de mayor santidad y de mayor entendimiento hace diez, veinte ó treinta
-siglos, en el seno de una sociedad bárbara y ruda, mucho menos moral,
-más ignorante y más cruel mil veces que la de ahora?</p>
-
-<p>Cierto ingenioso amigo mío, glosando á su modo la célebre frase de que
-Dios está <i>in fieri</i>, en el llegar á ser, lo cual es indudable si se
-aplica á nuestro humano, racional y limitado concepto de Dios, siempre
-deficiente aunque va<span class="pagenum"><a name="page_16" id="page_16">{16}</a></span> siempre creciendo, decía que Dios hoy le llevaba
-mucha ventaja, pero que dentro de cierto número de años, sería él y
-valdría él mucho más que Dios ahora. Ocurriría, no obstante, que Dios en
-este tiempo habría ganado tanto que se le adelantaría mil veces más que
-ahora se le adelanta, y así hasta lo infinito, por manera que jamás su
-mente, ni ninguna otra mente humana, lograría alcanzar y comprender á
-Dios.</p>
-
-<p>Despojado esto de su aparato paradoxal, que le da trazas de blasfemia,
-es afirmación juiciosa y hasta de mucha sustancia. Para el hombre que
-vive en la sucesión de los tiempos, y que vive breve y trabajosa vida,
-en el seno de las cosas finitas y caducas, no hay más forma de concebir
-á Dios que prestándole cuantas cualidades hay en el hombre, elevadas por
-la imaginación á infinita potencia. Si prescindimos, pues, del
-fetichismo más irracional y grosero ó de un simbolismo anti-estético que
-tal vez representa y adora las fuerzas naturales por medio de monstruos,
-no hay religión ni teodicea ó filosofía de lo divino que no sea
-antropomórfica. Sin duda por un esfuerzo de ingenio logramos abstraer de
-este concepto de Dios la sustancia material y reducirle á puro espíritu;
-pero este espíritu será siempre como el nuestro, magnificado y
-sublimado, en cuanto vemos en él de mejor ó mejor nos parece.</p>
-
-<p>De lo dicho se deduce que cuando la humanidad, en un período de
-civilización, ó el indi<span class="pagenum"><a name="page_17" id="page_17">{17}</a></span>viduo, en un momento de su vida en que se ha
-ilustrado y pulido algo más de lo que estaba, llega ó se figura que
-llega á ponerse por cima del concepto que de Dios tenía, le deseche por
-falso ó por incompleto. Entonces el que llega á tal situación de
-espíritu hace una de estas tres cosas: ó forma de Dios otro concepto más
-alto, ó venerando y respetando el concepto de Dios, que tuvo y que ha
-desechado, prescinde ya de Dios en sí, porque le niega ó le supone
-<i>incognoscible</i>, ó bien, no sólo niega á Dios, sino que se vuelve
-furioso contra todo concepto que de él ha formado hasta su tiempo la
-mente humana, en su marcha progresiva, á través de varias evoluciones.</p>
-
-<p>Esto último es lo más absurdo. Podemos llamarlo antiteísmo ó enemistad á
-Dios. D. Jesús Ceballos Dosamantes y el coronel Roberto Ingarsoll son de
-estos enemigos en el Nuevo Mundo. En este viejo mundo hay tantos, que
-llenaría yo pliegos enteros con sólo citar nombres de los más famosos.</p>
-
-<p>Por dicha, usted no pertenece á esta clase, sino á la clase de los que
-siguen el segundo camino. En esta clase hay mil grados y matices, pero,
-en fin, casi todos los que á ella pertenecen tienen el buen tino y mejor
-gusto de reverenciar las antiguas creencias religiosas, aun
-desechándolas ya. En ellas ven, en cada momento histórico, en cada
-evolución, la más fecunda causa de progreso y de mejora. El supremo sér
-que<span class="pagenum"><a name="page_18" id="page_18">{18}</a></span> imaginó el creyente fué, según ellos, el más alto ideal del hombre
-mismo objetivado, ó digase <i>exteriorizado</i>, para servirle de guía y de
-modelo.</p>
-
-<p>Augusto Comte, Littré y usted son así; pero usted de modo más terminante
-y claro supera y vence á sus maestros en esta veneración de Dios en la
-historia. Para usted no hay hombre que valga lo que San Pablo después de
-Cristo y después de Augusto Comte. San Pablo para usted hubiera sido el
-Apóstol de las gentes en el positivismo si hubiera nacido ahora, y el
-más ferviente deseo que usted muestra es el de que le salga ó le salte á
-Augusto Comte su respectivo San Pablo.</p>
-
-<p>El respeto de usted hacia lo pasado, la equidad de usted, el imparcial
-criterio con que usted practica la máxima de <i>distingue los tiempos y
-concordarás los derechos</i>, son tales que, después de San Pablo, no hay
-hombre á quien usted ensalce más (y yo le aplaudo y me adhiero á las
-alabanzas) que á nuestro admirable San Ignacio de Loyola.</p>
-
-<p>En todo esto, usted es fiel á Augusto Comte y á Emilio Littré; pero
-usted es más claro, más franco y más explícito. Caro, cuando nos pinta
-el estado del alma de Littré, después de haber negado, añade; «La
-filosofía positiva vino á calmar todas las fluctuaciones de su espíritu,
-fijando su nuevo punto de vista, que es tratar las teologías como un
-producto histórico de la evolución humana, y convencernos de lo
-<i>relativo</i> de<span class="pagenum"><a name="page_19" id="page_19">{19}</a></span> nuestro entendimiento, y no afirmar ni negar nada en
-presencia de un inmenso <i>incognoscible</i>.» En nombre de la evolución
-histórica, se reserva Littré el derecho de no ser «el menospreciador
-absoluto del cristianismo y de reconocer sus grandezas y sus
-beneficios.» Littré va más allá: Littré confiesa que «no siente ninguna
-repugnancia á prestar oído á las cosas antiguas que le hablan en secreto
-y le echan en cara el que las abandone».</p>
-
-<p>En esta situación de ánimo está usted lo mismo que Littré. Ambos piensan
-ustedes que hay incompatibilidad entre toda teología y el moderno
-concepto del mundo; pero ambos ven que las religiones entran en el
-tejido íntimo de la historia del desenvolvimiento humano, y así, al
-alabar este desenvolvimiento y la civilización á que nos ha traído,
-alaban las religiones que han creado é informado dicha civilización.</p>
-
-<p>Y sin embargo, ambos niegan ustedes toda religión, si bien la niegan, no
-porque quieren, sino porque suponen que no pueden menos de negarla.
-Parodiando á Pío IX, dicen ustedes: <i>Non possumus.</i></p>
-
-<p>Tenemos, pues, á ustedes ateos, imaginando que lo son á pesar suyo,
-porque en el concepto del Dios de los creyentes no cabe el concepto que,
-según la ciencia, tienen ustedes ó presumen tener de las cosas todas.</p>
-
-<p>El conflicto entre la razón y la fe, entre la religión y la ciencia, se
-diría que es la causa de<span class="pagenum"><a name="page_20" id="page_20">{20}</a></span> todo. No parece sino que es ahora nuevo y
-recién nacido este conflicto, cuando en realidad, y entendido, no del
-modo burdo que le entienden Draper, Büchner y otros materialistas, sino
-por estilo sublime, es conflicto que existe desde que hubo hombre que se
-puso á filosofar. Elevado este conflicto á su mayor altura, es raíz de
-lo que llaman los místicos <i>contemplación negativa</i>, por la cual negamos
-á Dios todo lo que por afirmación le atribuímos: destruímos el concepto
-de Dios que por afirmación nos hemos formado. Y así, copiando aquí las
-palabras del iluminado y extático padre fray Miguel de la Fuente, diré
-«que Dios no es sustancia, porque es más que sustancia; ni es sér,
-porque excede infinitamente á todo sér, ni es bondad, porque es mucho
-más que toda bondad; y que Dios, en su sér esencial, no es grande, ni
-hermoso, ni sabio, ni poderoso, como nosotros le conocemos y le
-entendemos, porque es de otra muy diferente manera, la cual no la pueden
-comprender ni alcanzar todos los entendimientos juntos de hombres y de
-ángeles.»&mdash;«De aquí que cuanto lo supremo de nuestra alma puede entender
-y pensar de Dios, no es Dios.» Muchos santos llaman á este altísimo
-conocimiento de Dios ignorancia pura, tinieblas de luz inaccesible y
-falta absoluta de proporción entre nuestra mente y el sér de Dios, por
-lo cual, quien aspire á conocerle ha de cerrar los ojos.</p>
-
-<p>Augusto Comte, Littré y usted los cierran sin<span class="pagenum"><a name="page_21" id="page_21">{21}</a></span> duda, pero de muy
-distinta manera, y así se quedan sin el concepto de Dios por afirmación
-y sin el más puro conocimiento de Dios que nace de la contemplación
-negativa.</p>
-
-<p>Y como conservan ustedes la aspiración y el sentimiento religiosos, ya
-sin objeto adecuado y condigno, inventan y procuran difundir la nueva
-religión atea de la humanidad y de su progreso.</p>
-
-<h3>III.</h3>
-
-<p>La moral que predica usted en su <i>Circular religiosa</i> es, á mi ver, la
-más pura moral cristiana, así en lo que es de precepto, cuya omisión ó
-infracción es pecado, como en lo sublime, que puede llamarse de
-exhortación y consejo, á donde no pueden llegar todos y que se pone como
-término de la aspiración virtuosa. Usted convida á sus prójimos al
-desinterés, á la devoción, al sacrificio. No hay virtud cristiana
-cardinal que usted no recomiende é inculque. La prudencia, la justicia,
-la paciencia, la generosidad, la longanimidad para perdonar las
-injurias, la fidelidad en amistades y en amores, y hasta la castidad y
-la continencia virgíneas. ¿Qué he de decir yo á esto sino que está muy
-bien? ¡Ojalá que fuésemos todos tan buenos como usted quiere, que ya
-andarían las cosas mejor y la tierra sería un trasunto ó antesala del
-Paraíso!<span class="pagenum"><a name="page_22" id="page_22">{22}</a></span></p>
-
-<p>La diferencia, con todo, entre la moral cristiana y la moral de usted y
-de los positivistas, no está en los preceptos y consejos, sino en la
-base en que éstos se fundan. La moral cristiana tiene base sólida y
-bastante para sostener todo el edificio. La moral de usted está en el
-aire, ó al menos fundada sobre terreno movedizo, inseguro é
-insuficiente. Usted, como Littré, funda la moral en razones empíricas y
-mezquinas. Esto en cuanto al principio. En cuanto al fin, yo hallo que
-ustedes los positivistas degradan y malean la moral sometiéndola á lo
-útil, aunque sea lo útil colectivo, y buscándole un fin práctico fuera
-de ella misma.</p>
-
-<p>Para mí, cuando están bien entendidos los términos, no hay discusión que
-valga contra la sentencia que dice: «El arte por el arte.» Y lo que digo
-en estética lo digo con más razón en moral. Yo no subordino lo bello á
-lo bueno, ¿cómo he de subordinar lo bueno á lo útil? Si lo subordinase,
-el fin justificaría los medios. La moralidad de cada acción se mediría
-por el provecho que sacásemos ó que supiésemos que de ella íbamos á
-sacar para muchas personas, ó para todas las que componen la nación ó
-para todas las que componen el linaje humano. Esto sería muy peligroso y
-nos llevaría, con pretexto ó motivo de hacer el bien, á incurrir en mil
-faltas y delitos, convirtiéndonos, con desmedida soberbia, en delegados
-y ejecutores de la Providencia ó del Destino.<span class="pagenum"><a name="page_23" id="page_23">{23}</a></span></p>
-
-<p>La Providencia, y para los que en ella no creen, el Destino inflexible,
-es quien convierte el mal en bien, y no nosotros. Identificando lo bueno
-y lo útil vendríamos á justificar mil actos horribles que no sería
-difícil probar que tuvieron dichosísimos resultados. Tal tirano hizo que
-triunfase en su país la unidad nacional, ejecutando infinitas
-barbaridades: tales bandidos fundaron la libertad y la independencia de
-su pueblo, y aun extremando el argumento, bien se podría sostener que
-Caifás y Poncio Pilatos son dignos de gratitud y de encomio, ya que
-concurrieron como el que más, á la Redención, haciendo que crucificasen
-á Cristo. Filósofos modernos y exegetas hay, como Bruno Bauer y otros,
-que han hecho, siguiendo este modo de argumentar, la más brillante
-apología de Judas Iscariote.</p>
-
-<p>En cambio, cuando la moral pone en ella misma su fin, y no convierte en
-instrumento providencial consciente á cada individuo, la máxima del fin
-justifica los medios queda condenada y aparece en su lugar la hermosa
-máxima que dice: <i>fiat justitia et ruat cœlum</i>.</p>
-
-<p>No vale la distinción entre el egoísmo y el altruísmo. No es para
-nosotros la utilidad más ó menos general la medida de la moralidad de
-las acciones. El hombre bueno ó justo hace lo que debe, suceda lo que
-suceda, aunque el universo se hunda.</p>
-
-<p>Para el que tiene fe todo es sencillo y no hay conflicto posible.
-Cualquier acto suyo es el cum<span class="pagenum"><a name="page_24" id="page_24">{24}</a></span>plimiento de un mandato del cielo. Acaso
-no prevé su utilidad; pero en un sentido elevado, en el plan divino del
-conjunto de las cosas y de los sucesos, su acto será útil, si bien él le
-hace, no porque va á ser útil, sino porque hay una ley que se le
-prescribe.</p>
-
-<p>Cuando en ocasiones, ó ya en la vida real, ó ya en dramas y novelas,
-vemos alguna virtud muy calamitosa, y sentimos cierto deseo de que el
-héroe ó la heroína de la historia afloje un poquito en virtud que tantos
-infortunios acarrea, es porque estamos relajados, es porque no damos
-grande importancia al precepto moral, con cuya infracción se evitarían
-por lo pronto las calamidades.</p>
-
-<p>No hace mucho tiempo asistí yo á la representación de un drama francés,
-cuya heroína es una comedianta.</p>
-
-<p>No es <i>La Tosca</i>; es otro nombre italiano de otra <i>prima donna</i>, del
-cual, por más que hago, no logro ahora acordarme. Pero el nombre importa
-poco. Lo que importa es el caso, y el caso es que la comedianta es tan
-severa y tan púdica que de resultas unos se suicidan, otros se matan en
-desafío, otros son perseguidos por no sé qué tirano, y otros se mueren
-de hambre y de miseria. Si la comedianta, en vez de ser tan cogotuda,
-hubiese sido, como hablando de la feroz Lucrecia dice Lope en cierto
-famoso soneto,</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">.....más blanda y menos necia,<br /></span>
-<span class="pagenum"><a name="page_25" id="page_25">{25}</a></span></div></div>
-</div>
-
-<p class="nind">se hubieran ahorrado todos aquellos trabajos y desazones.</p>
-
-<p>Pero claro está que esta idea de mirar la virtud como perjuicio y
-estorbo, ocurre porque la virtud es falsa, porque en el drama ó en el
-caso real se nota <i>sensiblería</i> de mal gusto que excita á tan grotesca
-broma.</p>
-
-<p>Cuentan que el infante D. Alfonso de Portugal disgustadísimo con que
-Amadís, por ser tan fiel á Oriana, tuviese tan desesperada á la princesa
-Briolanja, enamorada de él, hizo que el autor portugués de un nuevo
-Amadís, ablandase el corazón de este héroe y le moviese á ser
-caritativamente infiel, por donde se salvó la vida de aquella augusta y
-hermosa señora, y aun se dió vida á dos principillos gemelos, con ligero
-menoscabo de la gentil Oriana. Pero luego Garci-Ordóñez de Montalvo
-volvió á poner la verdad en su punto, y convirtió á Amadís á su
-inmaculada fidelidad primitiva, sin la cual no hubiera acabado jamás la
-aventura de la Insula Firme, pasando por debajo del arco de los leales
-amadores, porque la estatua encantada le hubiera derribado con el
-espantoso son de su trompeta, en vez de celebrar su honestidad y su
-triunfo con una clarinada melodiosa y apacible.</p>
-
-<p>Más patente se ve aún el peligro de subordinar lo bueno á lo útil, ó de
-identificar ambas calidades, en el cuento de Voltaire, titulado
-«Cosi-Santa», linda dama de Hipona, cuya fidelidad conyugal dió ocasión
-á crímenes y desven<span class="pagenum"><a name="page_26" id="page_26">{26}</a></span>turas, y que luego, con ser tres veces infiel y con
-tres distintos galanes, salvó la vida de su marido, de su hermano y de
-su hijo. Por donde supone Voltaire que Cosi-Santa murió en olor de
-santidad y hasta que la canonizaron y pusieron en su sepulcro:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">Chico mal y mucho bien.<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Y tal vez el infante D. Alfonso de Portugal y Voltaire y otros muchos
-sujetos así, de manga ancha, tendrían razón, si lo útil y lo bueno se
-confundiesen: si no hubiese, por cima y con plena independencia de toda
-utilidad, el deber, el decoro y la honra; si no resonase con imperio en
-el fondo de nuestra alma aquel mandato que tan bien expresa Juvenal, aun
-siendo gentil, estigmatizando al que consiente en</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i8">.....vítam preferre pudori<br /></span>
-<span class="i0">Et propter vitam vivendi perdere causas.<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Lo singular es que Littré, en el escrito titulado <i>Origen de la idea de
-justicia</i>, conviene en la distinción entre lo bueno y justo y lo útil.
-Dice que los que confunden lo útil con lo justo «causan detrimento al
-rigor de las nociones y á la claridad de las cosas.» Y confiesa también
-Littré que la inmoralidad inspira aversión; que es espontáneamente
-odiada y despreciada, aunque no cause ningún perjuicio. Después añade:
-«Cuando obedecemos á la justicia, obedecemos á convicciones muy
-semejantes á las que nos<span class="pagenum"><a name="page_27" id="page_27">{27}</a></span> impone la vista de la verdad. De ambos lados
-es mandato el asentimiento: ya el mandato se llame demostración, ya se
-llame deber.»</p>
-
-<p>Tenemos, pues, que el deber no nace empíricamente y por experiencia,
-sino que se impone con imperio y graba sus irrevocables preceptos en la
-conciencia por buril penetrante y con indeleble escritura.</p>
-
-<p>Imposible parece que, después de esta afirmación de lo absoluto, de lo
-imperativo y de lo independiente y superior á lo útil que es lo justo,
-venga Littré á fundar la idea de la justicia y de toda moral en la
-concordancia ó equilibrio de dos impulsos, del egoísmo y del altruísmo.
-Y más insuficiente, ruín y frágil aparece aún el fundamento de Littré
-cuando añade que dicho egoísmo y dicho altruísmo proceden de dos
-necesidades del hombre: la de alimentarse y la de propagar la especie.</p>
-
-<p>Aunque me tilden de criticón y descontentadizo, ¿cómo no he de reirme y
-burlarme de estos descubrimientos de la ciencia novísima, ciencia de
-experiencia, de observación, que no da brincos, que va con pies de plomo
-y con el método más severo, y que después de mucho afanar, se descuelga
-con semejantes antiguallas, olvidadas ya de puro sabidas?</p>
-
-<p>¿Quién ha de negar que dos cosas mueven al hombre, según afirma
-Aristóteles, chistosamente citado por el famoso Juan Ruiz, arcipreste de
-Hita; <i>mantenencia y ayuntamiento con fembra</i>? Es<span class="pagenum"><a name="page_28" id="page_28">{28}</a></span> verdad que el deseo
-de mantenerse y el de propagarse son los dos móviles primeros de todo
-sér con vida; de</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">Omes, aves, animalias, toda bestia de cueva.<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p class="nind">como sigue explicando el bueno de arcipreste; pero es desatino poner en
-el hambre y en la lujuria el origen de ideas, de sentimientos y de
-pasiones de superior elevación.</p>
-
-<p>Sin duda que el arcipreste no escasea merecidas alabanzas al amor,
-encareciendo sus benéficos milagros: al hombre rudo le vuelve <i>sotil</i>,
-al cobarde valiente, al perezoso listo, y al mudo <i>fablador lozano</i>;
-pero si dejamos á un lado agudezas y discreciones ingeniosas, y
-consideramos el asunto con juicio recto, jamás sacaremos del afán de
-mantenencia y de ayuntamiento nada que nos distinga mucho de las
-<i>animalias</i> y de las <i>bestias de cueva</i>. Nuestro altruísmo se quedará en
-raíz, en su embrión inicial y bestial, y no logrará elevarse sobre la
-tierra, transfigurado gloriosamente en amor de la patria, en amor de la
-humanidad toda, y hasta en amor de Dios, pues aunque para los
-positivistas no haya Dios, los positivistas no pueden negar que el amor
-de lo sobrenatural y divino se da en el alma humana, aunque carezca de
-objeto.</p>
-
-<p>El gorrión y el mico tienen más altruísmo inicial ó radical que nosotros
-y, sin embargo, no salen místicos, ni patriotas, ni mártires, entre los
-micos y entre los gorriones; y en pun<span class="pagenum"><a name="page_29" id="page_29">{29}</a></span>to á progreso y mejoras siguen
-estacionarios.</p>
-
-<p>Aun cuando concediésemos que el altruísmo no es más que el instinto
-sexual trasformado en devoción, todavía no explica esto la idea de la
-justicia. Al decir Littré que la justicia es el equilibrio entre el
-altruísmo y el egoísmo, pone sin caer en cuenta algo que no es altruísmo
-ni egoísmo: la causa de ese equilibrio, la virtud que tiene en su fiel
-la balanza, la justicia misma, que es la moderadora de ambas tendencias,
-en vez de nacer de ellas.</p>
-
-<p>Otro no menos sofístico origen empírico de la justicia imagina Littré:
-la idea de indemnización. Causamos un daño y es menester subsanarle, á
-fin de que el perjudicado no cause otro mayor mal.</p>
-
-<p>Para evitar que nadie se indemnice ó se vengue por su mano, se funda la
-autoridad pública. Y el castigo, además de ser como venganza, es como
-freno, es como escarmiento saludable.</p>
-
-<p>Littré queda satisfecho con su explicación; pero yo creo que nada ha
-explicado. Aun retrocediendo con la imaginación á siglos remotos y
-sociedades bárbaras, todavía no es la justicia ni venganza, ni
-indemnización, ni medio de conservar el orden por temor del castigo,
-sino la virtud que regula y ejerce la indemnización, el castigo y aun la
-venganza, á fin de que indemnización, venganza y castigo sean justos.</p>
-
-<p>Vuelvo, después de lo dicho, á mi primera<span class="pagenum"><a name="page_30" id="page_30">{30}</a></span> afirmación: la moral de usted
-es muy buena, pero carece de base.</p>
-
-<p>La moral no puede fundarse empíricamente; tiene que fundarse en una
-metafísica ó en una teología, y sus maestros de usted, Comte y Littré,
-arrojan del reino del espíritu á la teología y á la metafísica.</p>
-
-<p>La teología fué primero. Por ella se empezó á educar la humanidad,
-pasando sucesivamente por el fetichismo, el politeísmo y el monoteísmo.</p>
-
-<p>De la teología, que se fundaba en autoridad, se pasó á la metafísica,
-que quiso fundar en raciocinio el conocimiento de lo trascendental y
-absoluto. Pero según los maestros de usted, pasó la metafísica como la
-teología había pasado.</p>
-
-<p>Para ellos, en la historia de la civilización hay tres grandes períodos:
-el teológico, el metafísico y el positivo. Ahora estamos ya en el tercer
-período. El rasgo esencial que le caracteriza es el extrañamiento de la
-metafísica: su exclusión de la enciclopedia, de toda la ciencia, del
-cuadro de los conocimientos humanos. Este cuadro se compone de
-matemáticas, astronomía, física, química, biología y ciencia social.</p>
-
-<p>Littré se desata en alabanzas de tan rara y fecunda invención de su
-maestro, y la encuentra llena de armonía.</p>
-
-<p>No ve ó no quiere ver una gravísima discordancia que lo invalida todo.
-El método de la ciencia primera, de las matemáticas, es distinto del
-método de las otras ciencias y hace de<span class="pagenum"><a name="page_31" id="page_31">{31}</a></span> las matemáticas como órgano ó
-instrumento que habilita á la mente humana para adquirir la verdad.</p>
-
-<p>Las matemáticas parten de principios inconcusos y proceden por
-deducción. Las otras ciencias parten de la observación de los hechos y
-se elevan á las leyes generales. Resulta de aquí que para que la
-observación y la experiencia sean fecundas y no erróneas, tenemos en las
-matemáticas guía infalible, pero sólo en lo que se refiere á la
-cantidad, al más y al menos. Y como por desgracia no hay matemáticas de
-la calidad (sobre todo para los que niegan la metafísica), la
-experiencia y la observación dan mezquinísimos ó erróneos resultados en
-cuanto á la cantidad no se refiere.</p>
-
-<p>Esta carencia de guía en lo que no es meramente cantidad se nota cada
-vez más mientras más complicada va siendo la ciencia. En la astronomía
-apenas se nota, porque apenas se emplea la astronomía sino en medir y en
-pesar ó en evaluar masas, tamaños, fuerzas y movimientos. En física y en
-química, ya la carencia de matemáticas de calidad se advierte bastante
-más. En biología la dificultad crece, y por último en la ciencia social
-(moral y política) llega la dificultad á su colmo.</p>
-
-<p>Y sin embargo, á mi ver, el recto juicio, la elevación de miras y la
-serena imparcialidad en la contemplación y estudio de los sucesos
-humanos, se sobreponen en Comte, en Littré y en<span class="pagenum"><a name="page_32" id="page_32">{32}</a></span> usted, á esa ciega
-negación de la metafísica y hacen que, sin querer, empleen ustedes á
-veces la mejor metafísica á par que la niegan, y que digan y sostengan
-cosas que á mí me parecen razonables y justísimas, por más que no vea
-yo, ni nadie, cómo las infieren sólo de la observación, de la
-experiencia y de las matemáticas. Que hay un orden y un plan en la
-historia cuya ley es el progreso; que Europa está predestinada y cumple
-esta ley desde hace cerca de tres mil años; que las naciones que en la
-antigüedad hicieron más por este progreso fueron Grecia y Roma; que en
-los tiempos modernos ni los adelantos en las ciencias, ni la perfección
-de las bellas artes, ni el brillo de la literatura, ni el desarrollo de
-la industria se explicarían, como dice Littré, si se suprimiese uno solo
-de los grandes órganos del espíritu de la humanidad: Italia, España,
-Francia, Inglaterra y Alemania. Todo esto me parece muy atinado. Yo voy
-casi hasta á dar la razón á Littré cuando afirma que los tres tiranos
-más retrógrados, los que más se han opuesto á la ley del progreso, han
-sido Juliano el Apóstata, Felipe II y Napoleón I.</p>
-
-<p>Lo que me aflige y lo que me llevaría á perdonar á Juliano el Apóstata,
-á Felipe II y á Napoleón I el haber sido tan retrógrados, es la idea de
-usted de que el término de tanto progreso será convertir á la Santísima
-Trinidad en Humanidad, Tierra y Espacio, tres personas, una de las
-cuales, la Humanidad, es además la Virgen<span class="pagenum"><a name="page_33" id="page_33">{33}</a></span> Madre á quien, según usted
-asegura, hubiera adorado Fray Luis de Granada si hubiera vivido en
-nuestros días.</p>
-
-<p>Siento extenderme demasiado, pero yo deseo rebatir ciertas ideas de
-usted y de sus dos maestros, y demostrar que con Santísima Trinidad por
-el estilo y Virgen Madre tan rara, no son posibles moral, política y
-ciencia social con lógicos y sólidos fundamentos.</p>
-
-<h3>IV.</h3>
-
-<p>Cuando alguien censura la prolijidad y el reposo con que voy estudiando
-el folleto de usted, digo yo para disculparme que en él se tocan todas
-las cuestiones y que su propósito es la renovación del mundo, convertido
-en Edén luminoso, la paz perpétua, el <i>crecimiento harmónico de la
-sociocracia universal</i> y otras mil estupendas é inauditas felicidades.
-El asunto merece, pues, que le consideremos con atención.</p>
-
-<p>Todo ello y más ha de lograrse con una buena moral; la de usted es
-excelente, y yo no niego que la moral es medio adecuado y eficaz para
-llegar á donde nos proponemos.</p>
-
-<p>En lo que no estoy conforme es en que la buena moral pueda existir sin
-un fundamento metafísico ó religioso.</p>
-
-<p>No veo la necesidad, ni siquiera la conveniencia de esa impiedad de que
-usted hace alarde y<span class="pagenum"><a name="page_34" id="page_34">{34}</a></span> que cuenta hoy con ilustres divulgadores y
-apóstoles en todo el Nuevo Mundo.</p>
-
-<p>No demuestra esto que las creencias se vayan perdiendo ahí, sino la
-actividad intelectual y la libertad completa de conciencia y de palabra,
-la cual da razón de sí, tanto en el aumento y prosperidad de la Iglesia
-católica, que levanta en Nueva York y en otras grandes ciudades
-catedrales espléndidas, como en el nacimiento de sectas cristianas
-disidentes; como en la propagación de las más extrañas religiones, por
-ejemplo la de Budha, que ya tiene en Boston sectarios y templo; como en
-la predicación del ateísmo en todos sus grados.</p>
-
-<p>El más singular, ingenioso y elocuente predicador del ateísmo en toda
-América es, en mi sentir, el coronel Roberto Ingersoll. Hombre de no
-escaso saber, de variadísima lectura, atento y enterado de cuanto se
-piensa en Europa, se puede afirmar que es un positivista como usted.
-Véase lo que dice de Augusto Comte.</p>
-
-<p>«En el cerebro de este hombre grande despuntó la aurora del día dichoso
-en que la humanidad será la única religión, el bien el único Dios, la
-felicidad general el único propósito, la indemnización la única pena, el
-error el único pecado, y el afecto, guiado por la inteligencia, el único
-Salvador del mundo. Esta aurora enriqueció la pobreza de Augusto Comte,
-iluminó las tinieblas de su vida, pobló su soledad con millones de seres
-que han de nacer para la progresiva ven<span class="pagenum"><a name="page_35" id="page_35">{35}</a></span>tura, y llenó sus ojos de
-tiernas lágrimas de satisfacción y de orgullo. La gloria de Napoleón se
-disipará: sólo se recordarán sus crímenes: y Augusto Comte será
-fervorosamente acatado y amado como bienhechor de la especie humana.»</p>
-
-<p>A fin de llegar á esta meta en la carrera de nuestro progreso, á fin de
-entrar en el Edén y gozar de todos los sazonados frutos del árbol de la
-ciencia, importa arrojar á empellones al querubín de la superstición que
-defiende la puerta, y arrancar de su diestra la espada de fuego.</p>
-
-<p>Por esto Ingersoll es más enemigo que usted de la religión, y de Dios
-sobre todo.</p>
-
-<p>Para él, uno de los más benéficos sabios que hay ahora en la docta
-Alemania, es Ernesto Hæckel, «no sólo porque ha demostrado las teorías
-de Darwin, sino también la <i>monística</i> concepción del mundo. Hæckel ha
-demostrado que no hubo, ni hay, ni pudo haber Creador de cosa alguna.
-Ingersoll celebra mucho también á Herberto Spencer, pero se le deja
-atrás. Conviene con él en que toda ciencia nace de la observación de los
-sentidos: pero no se limita al <i>agnosticismo</i> de lo demás. Al poner lo
-desconocido, lo tal vez para siempre <i>incognoscible</i>, se afirma en
-cierto modo que existe ó que puede existir. Dios es, por lo menos, una
-conjetura. Y si para la ciencia de nada sirve, Dios queda para que el
-alma humana llegue á él por la fe y por el amor,<span class="pagenum"><a name="page_36" id="page_36">{36}</a></span> y de él se valga para
-fundar sociedad, leyes y preceptos morales.</p>
-
-<p>Nótese cómo del <i>agnosticismo</i> pudiéramos llegar á un sistema irracional
-profundamente religioso. Al cabo Bonald, de Maistre y Donoso Cortés, no
-llegaron de otra suerte á su empecatada y tiránica teocracia.</p>
-
-<p>De aquí que Ingersoll no se contente con ser <i>agnóstico</i>. No dice que no
-sabe de Dios, sino rotundamente niega que exista. Así lo va predicando
-por escrito y con la palabra hablada.</p>
-
-<p>Es Ingersoll alto y fuerte, hermoso de rostro, blanco y rubio, casi sin
-barba, simpático y elocuentísimo. Da conferencias en teatros y en
-grandes salones, ya á duro ya á dos duros la entrada, y la multitud
-acude á oirle y le aplaude con entusiasmo. Sus discursos tienen todos
-los tonos. Ya son tan floridos, líricos y abundantes como los de
-Castelar, á pesar de la concisión de la lengua inglesa, ya patéticos y
-tiernos, ya trágicos y terribles, ya chistosos y amenos hasta rayar en
-la chocarrería. Su casa está en Washington donde vive elegantísimamente,
-entre pinturas y lindos objetos de arte, pero de vez en cuando sale á
-predicar, y ya predica en Filadelfia, ya en Nueva Orleans, ya en San
-Francisco, ya en Chicago.</p>
-
-<p>Sus conferencias corren impresas en lujosas ediciones, de que se venden
-miles y miles de ejemplares.</p>
-
-<p>Para el vulgo pobre se ha hecho en Chicago<span class="pagenum"><a name="page_37" id="page_37">{37}</a></span> un Catecismo ó <i>Vademecum</i>,
-titulado <i>Ingersolia, joyas del pensamiento</i>, donde está reunido lo más
-sustancial y capital de este apóstol.</p>
-
-<p>Coincide Ingersoll con usted en el profundo, y á mi ver, sincero amor á
-la humanidad; pero se extrema más aún que usted en creer lo contrario de
-lo que piensan los deístas y los católicos: en que ese amor á la
-humanidad se funda en el amor de Dios. Para Ingersoll el amor de Dios se
-opone al de la humanidad, y por eso le odia. Uno de sus argumentos es
-decir que, si Dios se le llevase al cielo y él supiese allí que su
-mujer, ó algún hijo suyo, ó algún amigo, mientras que Dios le daba á él
-bienaventuranza, estaba atormentado en el infierno por toda una
-eternidad y con atroces castigos, sería él un villano y un miserable si
-no dijese á Dios: ó tráigame aquí también á los míos, y no me los
-maltrate tan ferozmente, ó envíeme con ellos, que yo no quiero esta
-infame gloria que me concede.</p>
-
-<p>Harto se nota que tales argumentos podrán ir contra determinados dogmas
-de ésta ó de aquella religión positiva, por los cuales dogmas volverán
-los teólogos de la dicha religión; pero en nada quebrantan la firmeza
-del alto concepto metafísico y racional que de Dios nos formamos.</p>
-
-<p>Por lo demás, en la moral y en los arreglos, usted é Ingersoll
-coinciden, salvo que en la <i>Circular</i> no entra usted en tantos
-pormenores como el yankee.<span class="pagenum"><a name="page_38" id="page_38">{38}</a></span></p>
-
-<p>Su moral parte de la sentencia famosa <i>mens sana in corpore sano</i>.</p>
-
-<p>De aquí que Ingersoll dé muchas reglas para la higiene y buena
-alimentación. <i>Good cooking is the basis of civilization.</i> La buena
-cocina, dice, es la base de la civilización. Así es que el Coronel
-recomienda á todas las mujeres que aprendan á guisar y á todos los
-maridos que den qué guisar en abundancia á sus mujeres. Sin esto no hay
-rica sangre en las venas, ni pensamientos sublimes, ni valor, ni
-paciencia, ni nobles impulsos. Todo proviene de buenos y suculentos
-<i>beefsteaks</i>. Así es que Ingersoll quiere que un beefsteak se haga muy
-bien: explica el modo de hacerle; y propone que se promulgue una ley
-castigando como un crimen, con bastantes días de cárcel en negro
-calabozo, al que ó á la que condimente un beefsteak malo, sobre todo
-echando á perder un buen solomillo. En suma, el arte culinario es para
-Ingersoll una de las bellas artes. Es como la música y la poesía, y
-además da sér á la poesía y á la música.</p>
-
-<p>Pero elevándose luego Ingersoll, no es menos sublime que usted en sus
-moralidades.</p>
-
-<p>La mujer no se puede quejar de los positivistas; todos la adoran, todos
-la ponen por las nubes. Ninguno quiere, es cierto, que sea electora, ni
-guerrera, ni diputada, ni ministra; pero es porque todos le dan más alta
-misión y más hermoso empleo. La mujer será la diosa, la santa, la musa,
-lo ideal, lo celeste. Cuando estemos<span class="pagenum"><a name="page_39" id="page_39">{39}</a></span> en pleno positivismo, la mujer,
-como dice usted, desplegará mayor virtud, alcanzará felicidad y gloria
-sin iguales. «Fuente inagotable de los más puros afectos, ella será el
-símbolo de la abnegación y de la ternura. En la más augusta de las
-funciones, la de madre, creará fervientes servidores de la humanidad; en
-su carácter de esposa, endulzará la existencia del hombre y le alentará
-al cumplimiento de sus deberes; como hija, fortalecerá en el padre el
-más altruísta de los sentimientos, la bondad. Para todas las condiciones
-sociales será la mujer divina Providencia. Su santa imagen resplandecerá
-en los altares, domésticos y públicos.»</p>
-
-<p>Antes de que llegue el triunfo del positivismo, la mujer hará más que el
-hombre para este triunfo. Usted así lo espera, y sobre todo de la mujer
-española ó de casta española, ya que es de la casta ó patria de la
-sublime Santa Teresa. Unas, las escritoras, guiarán á los hombres con
-sus escritos. Otras, presidiendo el salón social, ejercerán influjo
-intenso y saludable. «Coronadas de modestia, dulzura y pureza, reinarán
-sobre los hombres, encaminándolos con persuasivas insinuaciones al
-positivismo. Talentos perdidos, voluntades inertes, recibirán de ellas
-luz y vida. A cuantos las conozcan alcanzará su radiante inspiración. Y
-muchos seres decaidos, que veían ya cerrada la senda de una digna
-existencia, emprenderán, regenerados del todo y sin mirar hacia atrás,
-una fructuosa carrera de<span class="pagenum"><a name="page_40" id="page_40">{40}</a></span> servidores del linaje humano. Esas santas
-mujeres serán, ciertamente, madres espirituales de innumerables hombres,
-hechos de nuevo con su bendito influjo. Completamente desinteresadas en
-su celo religioso, gozarán de altruísta satisfacción al ver cómo
-aumentan los buenos obreros, crece la buena doctrina y la sociedad se
-reconstituye sobre bases inconmovibles.»</p>
-
-<p>Ingersoll no es menos entusiasta que usted de las mujeres. «Los hombres,
-dice, son encinas, las mujeres vides y los niños flores; y, si hay
-cielo, la familia es el cielo. El cielo está donde la mujer ama á su
-marido y el marido ama á su mujer y los redonditos brazos (<i>dimpled</i>,
-con hoyuelos) de los niños enlazan el cuello de ambos.»</p>
-
-<p>En el hogar está el templo, la bienaventuranza, la gloria del hombre, y
-de este templo es la mujer divinidad y sacerdotisa á la vez. Sin este
-templo, el mundo sería un horror, y los seres humanos bestias feroces.
-Así da Ingersoll á la mujer no menos redentora, beatificante é
-inspiradora misión que la que usted le atribuye. Para ello entra en
-pormenores y hasta prescribe que la mujer se vista y se adorne mucho,
-con aseo y de última moda. «Yo digo á toda muchacha y á toda mujer,
-aunque la tela del vestido sea barata y ordinaria, que el vestido esté
-cortado y hecho <i>in the fashion</i>. Gusto también de joyas. Alguien
-censura como uso bárbaro el llevar muchos dijes; pero, á mi ver, el
-llevarlos es la pri<span class="pagenum"><a name="page_41" id="page_41">{41}</a></span>mera prueba que da la persona bárbara de que desea
-civilizarse. El adorno está en nuestra condición natural, y tal deseo se
-advierte por donde quiera y en todo. A veces imagino que este deseo,
-sentido por la tierra, hizo brotar las flores, pintó las alas de
-mariposas y libélulas, cuajó las perlas en las conchas, y dió á los
-pájaros su plumaje y su canto. ¡Oh, mujeres solteras y casadas, si
-queréis ser amadas, adornaos, y si queréis estar bien adornadas, sed
-hermosas!»</p>
-
-<p>Justo es confesar que el respeto, el amor y la delicada consideración á
-la mujer en ningún país rayan más alto que en los Estados Unidos. Los
-hombres, luchando allí con la naturaleza para domarla y hacerla útil á
-nuestra especie, buscando ó creando la riqueza, y en otros negocios
-prácticos, que son raíz de la poesía, pero no son la poesía, dejan y
-casi prescriben que sean poéticas las mujeres. Ellas procuran cumplir la
-prescripción, y con frecuencia la cumplen. Suelen ser bonitas y
-gallardas. Con cierta libertad é independencia, que les dan el carácter
-y la costumbre, en los ademanes, en la palabra y hasta en el andar,
-tienen lozanía, majestad y brioso aunque honesto desenfado, como el de
-Diana cazadora. El respeto de que todos los hombres las rodean, sin
-piropearlas con impertinente grosería, cuando las ven solas, hace que
-puedan ir solas sin que las vigile ó las <i>chaperone</i> ninguna dueña. Y
-sin pedantería, sino naturalmente, estudian mucho de ciencias, y de
-literatura, y á<span class="pagenum"><a name="page_42" id="page_42">{42}</a></span> veces hablan varias lenguas vivas, y no es raro que
-sepan también latín y griego.</p>
-
-<p>De aquí que esa misión civilizadora, beatificante é inspiradora de la
-mujer, tal vez no se ve más clara, en parte alguna, que en los Estados
-Unidos.</p>
-
-<p>La hermana del actual presidente de aquella república, miss Rosa Isabel
-Cleveland, notable escritora, ha querido cifrar y condensar, en el más
-elocuente y sentido de sus Estudios, esta misión de la mujer. Estriba en
-una virtud que miss Cleveland llama <i>fe altruísta</i>, y éste es también el
-título de su Estudio.</p>
-
-<p>Por dicha para todos nosotros, aunque sea desgracia para usted, para
-Ingersoll, y aun para Comte y Littré, esta <i>fe altruísta</i>, ó dígase fe
-en otro y no sólo en uno mismo, brota, según la hermana del presidente,
-no de la negación de Dios, sino de la fe en Dios.</p>
-
-<p>La mujer es más capaz de fe que el hombre, y esto la habilita para
-ejercer una función social de la mayor trascendencia: descubrir la
-aptitud del amigo, del hijo, del hermano, del amante ó del esposo,
-revelar á él su propio valer, alentarle y entusiasmarle, y darle impulso
-para que cumpla su vocación y su destino.</p>
-
-<p>El prototipo y dechado de esta fe <i>altruísta</i> le halla miss Cleveland en
-Cadiyah, primera mujer de Mahoma, que descubrió cuánto valía Mahoma, y
-le amó y le animó y le confortó cuando por los hombres todos era
-desdeñado. El Pro<span class="pagenum"><a name="page_43" id="page_43">{43}</a></span>feta, victorioso ya y en toda su gloria, recordaba
-siempre con lágrimas de amor á su Cadiyah, que murió anciana, y no se
-consolaba de haberla perdido. Su hermosa y joven esposa, Ayesha, le
-dijo, «¿Por qué no te consuelas? ¿No era ya anciana? ¿No te ha dado
-Dios, en lugar suyo, otra mujer mejor?» El Profeta respondió entonces
-con efusión de honrada gratitud. «No hubo nunca mujer mejor que ella.
-Ella creyó en mí cuando los hombres me despreciaban.»</p>
-
-<p>Yo encuentro este oficio muy propio de la mujer y creo que ella con
-frecuencia le ha ejercido. Por cada Onfale, por cada Dalila, causa de
-perdición de Hércules y de Sansones, ha habido siempre miles de Cadiyahs
-para todos los Mahomas chicos y grandes.</p>
-
-<p>El oficio, sin embargo, no he de negar yo que es para la mujer harto
-peligroso. El primer peligro es el engaño en que puede caer la mujer,
-creyendo descubrir la aptitud de sabio, de poeta, de héroe ó de santo;
-en el hombre que tal vez la atrae y la fascina por otras aptitudes. Y es
-el segundo peligro que, aun no equivocándose en el descubrimiento de la
-buena aptitud, puede ocurrir que la mujer descubridora la halle en
-hombre que sea, en todo lo demás, indigno, perverso é ingrato. Cadiyah
-acertó en todo con su Mahoma; pero no acertó en todo, por ejemplo, Mad.
-de Warens con su Rousseau. Sin ella Rousseau quizás no hubiera sido
-nunca mucho más que lacayo; pero Rousseau, en lo tocante<span class="pagenum"><a name="page_44" id="page_44">{44}</a></span> á gratitud,
-siguió lacayo y se quedó á infinita distancia de Mahoma.</p>
-
-<p>Pongo aquí esto como aviso y reparo para que las mujeres, cuando
-<i>cadiyehen</i>, lo hagan con la debida circunspección; pero lejos de tirar
-á la invalidación del discurso de Miss Cleveland, le aplaudo y acepto la
-doctrina. Nada más útil y agradable que el <i>cadiyého</i>. Es verdad que
-madres y hermanas pueden ser Cadiyahs; pero lo más común es que lo sean
-las enamoradas. Por eso el <i>cadiyého</i> está en íntima relación con el
-<i>flirt</i>.</p>
-
-<p>En el Maestro de ustedes, en el Mahoma de ustedes, en Augusto Comte, se
-advierte la verdad de esto que digo. Su verdadera Cadiyah es la amiga;
-es Clotilde de Vaux. Las otras dos mujeres son como <i>a-lateres</i> y nada
-más.</p>
-
-<p>La una resucita en el recuerdo evocado por Clotilde: la otra es como
-apéndice del afecto á Clotilde: Rosalía Boyer, madre del Maestro, y
-Sofía Bliaux, su hija adoptiva.</p>
-
-<p>Entusiasmado usted con esto, coincide con miss Cleveland en la
-exaltación de la mujer y en su nobilísima misión de descubridora y
-aguzadora de aptitudes. Elocuentísimo está usted en todo esto, y
-quisiera yo citar mucho de lo que usted dice; pero aquí no cabe. Baste
-con algo.</p>
-
-<p>«Preciosa&mdash;dice usted&mdash;es la intervención de la mujer en las labores del
-hombre. Dada su índole altruísta, ella es quien sabe despertar las más
-santas emociones de donde sólo emanan acciones fecundas. En este sentido
-idealizóla la<span class="pagenum"><a name="page_45" id="page_45">{45}</a></span> antigüedad en las Musas, y la Edad Media en la Virgen
-Madre, que resume á las Musas completamente purificadas. Pero cábele al
-Dante la gloria insigne de haber cantado proféticamente en su
-maravilloso poema la función normal de la mujer. Es su amada Beatriz
-quien le salva de sus extravíos, quien disipa las dudas de su espíritu,
-quien <i>enciela</i> su alma.»</p>
-
-<p>De esta suerte convierte usted á Dante en uno de los precursores del
-positivismo.<span class="pagenum"><a name="page_47" id="page_47">{47}</a></span><span class="pagenum"><a name="page_46" id="page_46">{46}</a></span></p>
-
-<h2><a name="ESPANA_DESDE_CHILE" id="ESPANA_DESDE_CHILE"></a>ESPAÑA DESDE CHILE<br />
-<small>(Á DON JORGE HUNEEUS GANA)</small></h2>
-
-<p>No puede usted figurarse, distinguido y generoso amigo, el susto que me
-ha causado, sin quererlo ni preverlo.</p>
-
-<p>Hace justamente tres años recibí una carta de usted pidiéndome noticias
-sobre mi persona y escritos y sobre literatura española en general. Era
-tan amable la carta, que, si bien yo no conocía á usted y apenas atiné
-entonces á descifrar la firma, no quise dejar la carta sin contestación.
-Tomé la pluma y contesté á todo correr lo que se me ocurrió en aquel
-momento.</p>
-
-<p>Yo no hago borrador de nada mío, y menos de cartas. Aunque hiciera
-borrador no le guardaría.</p>
-
-<p>En cuanto á las cartas que recibo, rompo las más. Sólo reservo las muy
-interesantes. La de usted, sin lisonja, hubo de parecérmelo. Doy por
-evidente que la reservé sin romperla.<span class="pagenum"><a name="page_48" id="page_48">{48}</a></span></p>
-
-<p>Pero en el resultado final confieso que es idéntico que yo rasgue ó
-guarde las cartas. Guardarlas equivale á echarlas en un caos, en un
-abismo; tal es el desorden de mis papeles. Y cuando el cúmulo de ellos,
-que en este abismo cae, rebosa, digámoslo así, ya en una mudanza, ya en
-un viaje, ya sólo por obra y gracia de la limpieza ordinaria, la escoba
-del criado, el fuego ó bien otro elemento destructor se los lleva ó los
-consume.</p>
-
-<p>No ha de extrañar usted ni atribuir á poco aprecio de parte mía el que
-yo ignore si la carta de usted se destruyó ó está aún escondida entre
-papeles míos. Cúlpese mi falta de orden, falta que lamento, pero de la
-que nunca supe ni sabré enmendarme.</p>
-
-<p>Apunto aquí todo esto para explicar con franqueza por que á poco sin
-duda de recibir la carta de usted y de contestar á ella, tenía yo
-completamente olvidadas la carta y la contestación. A los tres años
-(perdónemelo usted) yo, dada mi condición natural, no podía recordar á
-usted ni menos que le había escrito.</p>
-
-<p>De aquí mi sorpresa y mi sobresalto cuando alguien que recibió, días
-antes que yo, los <i>Estudios sobre España</i>, me dijo que su autor, un
-chileno, publicaba en el citado libro cierta carta mía, donde le hablaba
-yo de literatura y de literatos españoles.</p>
-
-<p>¿Qué habré yo dicho, imaginando que mi carta no se daría al público con
-mi firma, y tal vez<span class="pagenum"><a name="page_49" id="page_49">{49}</a></span> en un momento de mal humor? Esta era la pregunta
-que yo me hacía.</p>
-
-<p>Luego que recibí los <i>Estudios sobre España</i>, busqué mi carta, la leí y
-se me quitó un peso de encima. Se me figura que estuve juicioso. Nada de
-censuras crueles contra nadie, y nada tampoco de encomios exagerados.
-Sólo tuve y tengo que lamentar mi absurdo olvido (tan á escape y sin
-pararme á pensar hube de escribir á usted) de no pocos nombres de
-personas ilustres en la lista que yo le enviaba. Por lo mismo que le
-tengo más presente y que en mi sentir vale más que los otros, no puse,
-por ejemplo, entre los autores dramáticos á D. Manuel Tamayo y Baus. No
-menté entre los poetas ni á Rubí, ni á Sánchez de Castro, ni á José
-Alcalá Galiano, que es á mi ver de los mejores, y además sobrino mío. En
-suma, omití nombres que por todos estilos eran más dignos de memoria
-para mí y para todo el mundo que bastantes de los que cité.</p>
-
-<p>Fuera de estos deplorables defectos, repito que mi carta me pareció
-juiciosa. Su lectura me devolvió la tranquilidad.</p>
-
-<p>Y no suponga usted que el haberla perdido implique algo de singular
-doblez en mi carácter; que yo por modo de ser propio, celebre en público
-y muerda en secreto. Nada más contrario á mi carácter. Lo que sucede es
-que, en el día, hay en España una propensión general á incurrir en ese
-vicio, contra el cual clamo yo siempre,<span class="pagenum"><a name="page_50" id="page_50">{50}</a></span> pero del que temo dejarme
-llevar como todos.</p>
-
-<p>Y no es falsía endémica, no es perversidad colectiva de la que todos
-estemos plagados; es que todos estamos muy abatidos y en el fondo del
-alma nos juzgamos con harta severidad. De aquí la maledicencia, sin que
-la cause la envidia ni otra pasión ruín. Y en cuanto al encomio público
-disparatado, que comunmente se llama ahora <i>bombo</i>, es una inevitable
-mala maña que hemos tomado. La llamo inevitable, porque son tales el
-tono y el estilo que prevalecen, que toda alabanza moderada y razonable
-suena como desdén y menosprecio.</p>
-
-<p>Dicho esto, que debo yo decir aunque me haga pesado, voy á hablar de su
-obra de usted. Consta de dos tomos (cerca de mil páginas entre los dos)
-tan llenos de noticias sobre mi país, que no me explico cómo me escribió
-usted pidiéndomelas cuando podía dármelas y cuando ahora en efecto me
-las da.</p>
-
-<p>Con vergüenza lo declaro: yo no he leído ni la quinta parte de los
-autores contemporáneos españoles, cuyas obras usted examina: ni por el
-nombre sólo conocía yo á la mitad de ellos. Se ve que usted ha hecho que
-le envíen á Santiago de Chile, y que ha estudiado con amor, cuanto en
-España se ha escrito y publicado en este siglo.</p>
-
-<p>Joven usted de poco más de veinte años, entusiasta y fervoroso amante de
-su patria, extiende este amor á la metrópoli, á la madre de<span class="pagenum"><a name="page_51" id="page_51">{51}</a></span> su patria,
-y se pinta y nos pinta una España vuelta á su más radiante esplendor,
-ilustradísima, fecunda hoy como nunca en claros ingenios, en poetas,
-sabios y artistas.</p>
-
-<p>Líbreme Dios de denigrar á mi país. Líbreme Dios hasta de formar de él
-pobre concepto. Pero no por modestia, sino por justicia, no quiero, ni
-puedo, ni debo aceptar tanta alabanza, como la generosidad de usted y su
-afecto filial nos prodigan. Si insisto en afirmar, como en mi primera
-carta á usted afirmaba, que «en España se nota hoy cierto florecimiento
-literario, y no se escribe poco», todavía hallo que, desde esta
-afirmación mía hasta el triunfante panegírico de usted, media distancia
-enorme. Por mi calidad de español me considero, pues, obligado á la más
-profunda gratitud hacia usted, y por lo que usted dice de mí, á gratitud
-aún más profunda; á mostrársela, y á declarar que rebajo nueve décimas
-partes de mi ración de elogios, atribuyéndolos á bondad magnánima de
-usted, y me doy por pagado y contento con la otra décima parte. No me es
-lícito disponer del incienso que usted da á los demás escritores
-españoles, pero me atrevo á aconsejarles que acepten sólo la mitad ó la
-tercera parte, y consideren el resto como despilfarro que usted hace,
-arrebatado por su cariñosa largueza.</p>
-
-<p>Esto nos conviene hacer, agradeciéndolo todo. Pero ¿es buen medio de
-agradecer, dirá usted, y si usted no lo dice no ha de faltar quien lo<span class="pagenum"><a name="page_52" id="page_52">{52}</a></span>
-diga, que los mismos encomiados echen en cara al autor los extravios de
-crítica que presuponen sus encomios.</p>
-
-<p>A esto respondo que no me queda otro recurso. Al libro de usted no puedo
-responder con el silencio, ni puedo tampoco faltar á la sinceridad en lo
-que responda. Por dicha, esos extravíos se justifican ó disculpan con
-razones que honran á usted muchísimo. Nacen de su entusiasmo juvenil y
-de su amor á los de su casta y lengua. Ya usted se corregirá en otros
-libros que escriba, y será justiciero ó más sobrio de admiración.</p>
-
-<p>Entretanto, aun exponiéndome á que digan los maldicientes que nosotros,
-á pesar de ser casi antípodas, nos escribimos para piropearnos y nos
-armamos de sendos turibulos eléctricos, á fin de que el incienso mutuo
-trasponga el Atlántico y la cordillera de los Andes y nos adule las
-narices, no quiero callarme ni dejar de sostener que me maravilla el
-extraordinario saber y la abundantísima lectura que su libro de usted
-demuestra.</p>
-
-<p>Cuadro completo de la España política, social, científica, artística y
-literaria, en el siglo presente, el libro está dividido en tres partes.
-La primera: Estudios generales. La segunda: Estudios bibliográficos. Y
-Estudios literarios, la tercera.</p>
-
-<p>En los tres Estudios se advierte un espíritu de contradicción, exaltado
-por <i>ese malhadado y<span class="pagenum"><a name="page_53" id="page_53">{53}</a></span> pretencioso menosprecio</i>, que, como dice usted,
-hay en Chile, aunque ya va de caída, contra todo lo español. Esto
-convierte su libro de usted en defensa ó apología; esto disculpa, en
-cierto modo, la exageración en las alabanzas.</p>
-
-<p>He de confesar á usted también que en ellas advierto desproporción: á
-saber, que con muchos es usted tan pródigo, que proporcionalmente es
-corto con otros. En absoluto, á casi todos, en mi sentir, empezando por
-mí, nos tasa usted en bastante más de lo que valemos.</p>
-
-<p>Como es usted tan joven, y como nos declara con delicada modestia que su
-libro no es libro, sino <i>notas y proyectos</i> para escribir un libro, los
-cuales <i>proyectos y notas</i> saca prematuramente á luz, cediendo á los
-ruegos de un amigo, mis observaciones no deben valer como censura. Si yo
-las pongo es para que valgan, aunque sean en daño mío, cuando aparezca
-esa otra obra más meditada y más completa que, según usted nos anuncia,
-acaso pueda escribir algún día.</p>
-
-<p>Dispénseme usted que insista, hasta con pesadez en mis reparos. Lo hago
-por el interés que usted me inspira, y que no tiene que agradecerme, ya
-que la apología de usted, si no pecase por desproporción ni por
-exageración, nos lisonjearía más y nos sería mucho más útil.</p>
-
-<p>Esa misma desproporción, que noto yo en sus juicios de usted, no nace de
-parcialidad apasionada, sino de que usted ó bien conoce á unos autores
-más y por eso los celebra más que á los<span class="pagenum"><a name="page_54" id="page_54">{54}</a></span> que conoce menos, ó bien por
-ser su obra un conjunto de estudios hace usted resaltar á los que son
-objeto especial de cada estudio, y deja á los otros eclipsados ó en la
-sombra. De aquí que Revilla, Bactrina y yo, salgamos mejor librados que
-los otros, salgamos encomiados con exceso.</p>
-
-<p>Fuera de esto, y cuando habla usted en general, muestra usted en sus
-juicios la equidad y el tino más benévolos, sin que los ofusque ningún
-espíritu de partido, del cual, por lo mismo que vive usted tan lejos, no
-puede dejarse influir.</p>
-
-<p>Así tienen, á mis ojos, tanta autoridad las sentencias de usted en
-desagravio de los autores españoles, injustamente maltratados por
-críticos españoles. Su voz de usted viene, desde el otro extremo del
-mundo, á dar la razón á quien la tiene y á tildar de injustas, de
-apasionadas y de falsas no pocas censuras.</p>
-
-<p>Salvo algún levísimo error en los pormenores, disculpable en quien
-escribe sobre cosas de aquí desde tan lejos, me parece usted
-discretísimo y guiado por alto é imparcial criterio, cuando dice que «la
-crítica estrecha y pequeña no se estila hoy sino cuando se quiere
-rebajar, con el insuficiente apoyo de yerros aislados y de versos
-sueltos, méritos verdaderos que por fortuna resisten siempre tan poco
-elevados ataques.»</p>
-
-<p>«Digan esto por mí, añade usted, las reputaciones de Zorrilla, Gil y
-Zárate, Rubí, Escosura, Mesonero Romanos, duque de Rivas, Mar<span class="pagenum"><a name="page_55" id="page_55">{55}</a></span>tínez de
-la Rosa y otros, que tan gloriosamente han resistido las malignas
-críticas de Villergas; las de Velarde, Ferrari, Cánovas y otros, que no
-han sufrido ni sufrirán nada con los sermones apasionados de Clarín: las
-de Echegaray, Cano y Sellés, que se abrillantan más cada día, á pesar de
-las nimias observaciones de Cañete; y las de Menéndez Pelayo, marqués de
-Valmar, marqués de Molins, conde de Cheste y otros más, para cuya justa
-apreciación el público ilustrado desprecia las pueriles invectivas de
-Venancio Gonzalez (Valbuena).»</p>
-
-<p>No quiero ni puedo extenderme más sobre la primera y la tercera parte de
-los <i>Estudios</i> de usted.</p>
-
-<p>Voy á decir algo sobre la parte segunda: sobre los curiosísimos
-<i>Estudios bibliográficos</i>.</p>
-
-<p>La idea de hacerlos, según usted mismo confiesa, se la sugirió á usted
-Menéndez Pelayo; pero es justo asegurar que, atendido el modestísimo
-título de <i>notas y proyectos</i>, la tal bibliografía es rica y no deja de
-estar á veces bien razonada ó comentada. Es un catálogo de libros
-franceses, italianos, ingleses, alemanes, hispano-americanos y yankees,
-que tratan de España, y que pasan de cuatrocientos, aunque usted sólo
-cita los que se han publicado desde 1808 hasta ahora.</p>
-
-<p>Ya que su obra de usted sobre España no es definitiva y ya que usted
-piensa mejorarla y completarla con el tiempo, usted me perdonará las
-siguientes observaciones y excitaciones:<span class="pagenum"><a name="page_56" id="page_56">{56}</a></span></p>
-
-<p>1.ª Que ponga en este catálogo orden que facilite buscar en él cualquier
-libro: ya sea el orden por materias, ya alfabético por nombres de
-autores, ya cronológico.</p>
-
-<p>2.ª Que añada cuantos libros faltan ó sepa usted que faltan por citar, á
-fin de que el catálogo sea completo en lo posible.</p>
-
-<p>Y 3.ª Que distinga mejor las obras de cuya lectura resulte un concepto
-bueno de España, aunque en parte se censuren muchas cosas de nuestro
-país; las obras que tiran á desacreditarnos y son una franca y horrible
-diatriba, como la del marqués de Custine, por ejemplo; y las obras más
-comunes donde á vuelta de pomposas alabanzas á lo pintoresco del
-paisaje, de los monumentos, de los trajes y de las costumbres, ya por
-odio, ya por ignorancia y ligereza, ya por afán de referir hechos
-portentosos y usos rarísimos, ya por el mal humor y la bilis que
-nuestros guisos y nuestro aceite han infundido, no pocos viajantes
-extranjeros han hecho de nosotros la más lastimosa caricatura. No he de
-negar que haya algún fundamento. ¿Qué individuo ni qué colectividad no
-ofrece lado que se preste á lo ridículo? Nosotros además hemos dado, si
-no motivo, pretexto á que se abulte lo que hay de grotesco en nosotros,
-abultándolo y ponderándolo con amor, y mirándolo como excelencias y
-grandezas de nuestro sér egregio. Así el entusiasmo por el salero y los
-discreteos rudos de Andalucía, por la desenvoltura de chulas y<span class="pagenum"><a name="page_57" id="page_57">{57}</a></span> majas,
-por los toros, por lo flamenco y por lo jitano, por los jaques,
-contrabandistas y demás gente del bronce, y por otros primores, que
-fuera de desear que nos entusiasmasen un poquito menos. Pero aun así,
-nada de esto justifica muchos chistes acedos de Dumas y de Gautier, y
-mil ofensivas invenciones de otros, entre los cuales descuella y
-resplandece el inglés Jorge Borrow, autor de <i>La Biblia en España</i>,
-libro por otra parte de los más amenos y disparatados que imaginarse
-pueden.</p>
-
-<p>No voy á defender aquí nuestro <i>romancero</i>, ni menos el <i>antiguo teatro
-español</i> y el espíritu que le informa. Esto me llevaría lejos y no hay
-para qué dilucidarlo ahora. Sólo digo que no acepto las siguientes
-expresiones de usted: «Víctor Hugo y el grande Alfredo de Musset, poetas
-que tan bien estudiaron y tan bien supieron asimilarse el jugo sabroso
-del antiguo romancero y del teatro clásico español.» Yo no veo en D.
-Páez, en la marquesa de Amaegui, en Gaztibelza el de la carabina, en
-Rui-Blas, en Hernani y en el viejo Silva, vigésimo nieto de Don Silvio,
-cónsul de Roma, sino <i>fantoches</i>, personajes embadurnados con falso
-<i>colorete local</i>, y por consiguiente <i>caricatos</i>.</p>
-
-<p>En resolución, yo no he de negar que usted y yo discrepamos en bastantes
-puntos. No se opone esto, sin embargo, á que yo aplauda el interesante
-trabajo de usted, á que me admire de lo mucho que usted ha leído y
-estudiado, á<span class="pagenum"><a name="page_58" id="page_58">{58}</a></span> que celebre, como es justo, la facilidad, pureza y
-elegancia de su estilo; á que convenga perfectamente con usted en ese
-empeño en que todos los hombres de lengua ó raza española nos
-confederemos intelectualmente y para ello nos conozcamos mejor; y, por
-último, á que, sin aceptar las pródigas y bondadosas alabanzas con que
-usted me honra, las agradezca con todo mi corazón, asegurándole que ya
-no me olvidaré nunca de usted, ni del beneficio recibido, ni del alto
-valer de su ingenio, del que espero frutos más sazonados y abundantes
-para gloria de las letras españolas, en su general acepción.<span class="pagenum"><a name="page_59" id="page_59">{59}</a></span></p>
-
-<h2><a name="VOCABULARIO_RIOPLATENSE_RAZONADO" id="VOCABULARIO_RIOPLATENSE_RAZONADO">
-</a>VOCABULARIO RIOPLATENSE<br /> RAZONADO<br />
-<small>(AL SEÑOR DON DANIEL GRANADA)</small></h2>
-
-<h3>I.</h3>
-
-<p>Muy señor mío: Con mucho placer he recibido y leído la interesante obra
-de usted cuyo título va por epígrafe, y que acaba de publicarse en
-Montevideo.</p>
-
-<p>Me parece que á usted le sucede lo mismo que á mí en lo tocante á
-pronosticar sobre el porvenir de la lengua castellana en esas regiones.
-No vemos sino allá, dentro de muchos siglos, la posibilidad de que se
-olvide ó se pierda por ahí dicha lengua, y salgan ustedes hablando
-italiano, francés ó algún idioma nuevo, mezcla de todos.</p>
-
-<p>Es verdad que el territorio rioplatense es inmenso y poco poblado aún.
-Sólo la República Argentina comprende cerca de tres millones de
-kilómetros cuadrados: mayor extensión que<span class="pagenum"><a name="page_60" id="page_60">{60}</a></span> Francia, Alemania, Inglaterra
-y España juntas. Y si añadimos las tierras del Uruguay y del Paraguay,
-la grandeza territorial de lo que llamamos país rioplatense se presta á
-contener y á alimentar en lo futuro centenares de millones de seres
-humanos. A fin de que tanta tierra sea poblada y cultivada, la
-inmigración entra ya y seguirá entrando por mucho. Cada año va la
-inmigración en aumento.</p>
-
-<p>Según los datos que me da Ernesto Van Bruyssel (<i>La Republique
-Argentine</i>), en 1886 sólo á Buenos Aires llegaron cerca de 70.000
-inmigrantes, y en 1887 más de 120.000. Si así continúa creciendo la
-inmigración, donde predomina el elemento italiano, tal vez dentro de
-diez ó doce años haya más gentes venidas de Italia que de origen
-español, desde las fronteras de Bolivia hasta el extremo austral de la
-Patagonia, y desde Buenos Aires y Montevideo hasta más allá de Mendoza.</p>
-
-<p>En los quince años que van desde 1855 á 1870 ha entrado en la República
-Argentina un millón de emigrados. Bien podemos, pues, calcular, no
-haciendo sino duplicar el número en los años que quedan de siglo, que al
-empezar el siglo <small>XX</small> habrá en la República Argentina cinco millones más
-de población no criolla, ó venida de fuera, y principalmente de Italia.
-Yo entiendo, con todo, que en el pueblo argentino hay fuerza informante
-para poner el sello de su propia nacionalidad á esta invasión pacífica y
-provechosa,<span class="pagenum"><a name="page_61" id="page_61">{61}</a></span> y que en 1900, lo mismo que en 1889, habrá allí una nación
-de carácter español y de lengua castellana, sólo que ahora consta esta
-nación de cuatro ó cinco millones de individuos y en 1900 acaso conste
-de 18 ó de 20 millones.</p>
-
-<p>El aumento de la población se infiere del aumento de la riqueza que la
-inmigración trae consigo. En veinte años, de 1866 á 1886, la renta del
-Estado argentino se ha quintuplicado. De nueve millones de duros ha
-subido á más de cuarenta y cinco. Durando la paz, con suponer igual
-aumento proporcional en otros veinte años, no es aventurado predecir que
-el presupuesto de ingresos de la República Argentina podrá ser, á
-principios del siglo <small>XX</small>, y sin recargar las contribuciones y sin
-aumentarlas, de más de doscientos millones de duros.</p>
-
-<p>Todo induce á presumir, que si no sobrevienen imprevistas
-perturbaciones, la principal Confederación del Río de la Plata, será en
-el siglo <small>XX</small> una potencia tan fuerte y rica como lo es ahora la república
-norte-americana de origen británico. Las huellas de este origen no se
-han borrado de entre los yankees. Natural es que no se borren tampoco
-entre los argentinos y uruguayos las huellas de su origen español.</p>
-
-<p>La lengua es el signo característico que tardará más en perderse. La
-lengua además no es lazo sólo que une entre sí á los argentinos, sino
-vínculo superior que no puede menos de estrechar y ligar en fraternal
-concierto á dicha repú<span class="pagenum"><a name="page_62" id="page_62">{62}</a></span>blica con muchas otras, todas, digámoslo así,
-oriundas de España, y que se extienden por las tres Américas, desde más
-allá de la Sierra Verde y del Río Bravo del Norte hasta la Tierra del
-Fuego.</p>
-
-<p>Las cuestiones de Gramática y de Diccionario, de unión de Academias de
-la lengua, de literatura española é hispano-americana, de versos y de
-novelas, escritos y publicados en español en ese Nuevo-Mundo, no son
-meramente literarias, críticas ó filológicas: tienen mucho más alcance,
-aunque uno no se le quiera dar.</p>
-
-<p>No me parece que divago al decir lo que va dicho, con ocasión del
-excelente aunque modesto trabajo de usted que, si bien es meramente
-filológico, tiene mayor trascendencia<a name="FNanchor_A_1" id="FNanchor_A_1"></a><a href="#Footnote_A_1" class="fnanchor">[A]</a>.</p>
-
-<p>Nuestro Diccionario de la lengua castellana no es sólo el inventario de
-los vocablos que se emplean en Castilla, sino de los vocablos que se
-emplean en todo país culto donde se sigue hablando en castellano, donde
-el idioma oficial es nuestro idioma.</p>
-
-<p>Será provincialismo ó americanismo el vocablo que se emplee sólo en una
-provincia y que tenga á menudo su equivalente en otras; pero el vocablo
-que no tiene equivalente y que se em<span class="pagenum"><a name="page_63" id="page_63">{63}</a></span>plea en más de una provincia ó en
-más de una república ó en regiones muy dilatadas, y más aun cuando
-designa un objeto natural, que acaso tiene su nombre científico, pero
-que no tiene otro nombre común ó vulgar, este vocablo, digo, siendo muy
-usual y corriente, es tan legítimo como el más antiguo y castizo, y debe
-ser incluído y definido en el Diccionario de la lengua castellana. La
-Academia Española no puede menos de incluirle en su Diccionario.</p>
-
-<p>Así como nosotros, los peninsulares europeos, hemos impuesto á los
-hispano-americanos un caudal de voces, que provienen del latín, del
-teuton, del griego, del árabe y del vascuence, los americanos nos
-imponen otras voces que provienen de idiomas del Nuevo Mundo y que
-designan, casi siempre, cosas de por ahí.</p>
-
-<p>Es curiosísimo el catálogo razonado que ha hecho usted de estas voces
-(de las usadas en la región rioplatense) y las definiciones y
-explicaciones que da sobre cada una de ellas. Sin duda, su libro de
-usted será documento justificativo de que los individuos de la Academia
-Española tengan que valerse y se valgan para aumentar su obra léxica en
-la edición décimotercera.</p>
-
-<p>Casi todos los vocablos que usted pone y explica en su libro, ó no están
-incluidos en nuestro Diccionario ó están mal ó insuficientemente
-definidos en él. Y sin embargo, no pocos de estos vocablos, á más de
-estar en poesías, en novelas,<span class="pagenum"><a name="page_64" id="page_64">{64}</a></span> en relaciones de viajes y en otras obras
-en idioma castellano posteriores á la independencia, es casi seguro que
-se hallan en libros ó documentos españoles de antes de la independencia,
-escritos por los viajeros, misioneros, sabios y demás exploradores de
-esos países, que dieron á conocer en Europa su flora y su fauna.</p>
-
-<p>En los tiempos novísimos han estudiado y descrito la naturaleza de la
-América del Sur Humbold, Burmeister, Orbigny, Darwin, Martius y otros
-extranjeros; pero nuestros compatriotas se les adelantaron en todo, como
-lo demuestran los trabajos y publicaciones de Montenegro, Acosta, los
-padres Lozano, Cobo, Gumilla y Molina, Mutis, Oviedo, Azara, Pavón, Ruiz
-y otros cien, de que trae catálogo el Sr. Menéndez Pelayo en su <i>Ciencia
-española</i>.</p>
-
-<p>Los nombres, pues, que se dan ahí vulgarmente á plantas y árboles, aves,
-cuadrúpedos, peces, insectos y reptiles, no están fuera de nuestra
-lengua común española, por más que aparezcan y suenen, en nuestros
-oidos, como peregrinos é inusitados.</p>
-
-<p>Tal vez deban incluirse en nuestro Diccionario, si no lo están ya, y
-creo que no lo están, las más de las voces que usted define, como las
-siguientes:</p>
-
-<p><i>Nombres de árboles, plantas y hierbas.</i>&mdash;Aguaraibá, alpamato, arazá,
-biraró, burucuyá, caá, camalote, caraguatá, curí, chalchal, chañar,
-chilca, gegen, guayabira, guayacán, gembé, iba<span class="pagenum"><a name="page_65" id="page_65">{65}</a></span>ró, isipó, lapacho,
-molle, ñandubay, ñapindá, ombú, pitanga, sarandí, sebil, tacuara,
-taruma, tataré, timbó, tipa, totora, urunday, yatay y yuyo.</p>
-
-<p><i>Peces.</i>&mdash;Bagre, manduví, manguruyú, pacú, patí y zurubí.</p>
-
-<p><i>Aves.</i>&mdash;Biguá, caburé, chingolo, macá, macaguá, ñacurutú, ñandú, urú,
-urutao y yacú.</p>
-
-<p><i>Cuadrúpedos.</i>&mdash;Aguará, bagual, cuatí, guazubirá, puma, tamanduá,
-tucutuco y tatú en vez de tato.</p>
-
-<p><i>Insectos</i>, <i>reptiles</i>, etc.&mdash;Alua, camoatí, manganga, tambeyuá, tuco,
-yaguarú y yarará.</p>
-
-<p>Me dice usted en la amable dedicatoria con que me envía su libro, que,
-«caso de que me digne pasar la vista por él, me agradecerá mis
-advertencias.»</p>
-
-<p>Yo me prevalgo de este ruego para hacer algunas.</p>
-
-<p>Aunque usted describe bien los objetos naturales que sus vocablos
-designan, echo yo de menos, para mayor claridad y universal inteligencia
-del objeto, el nombre científico con que los naturalistas le marcan y
-señalan, y la familia en que le clasifican.</p>
-
-<p>Válganme algunos ejemplos. Empecemos por la voz <i>caá</i>. Usted, hablando
-con franqueza, no nos declara lo que significa en guaraní, y es menester
-inferirlo por conjeturas, y comparando lo que usted dice con lo que dice
-D. Miguel Colmeiro en su <i>Diccionario de los diversos nombres vulga<span class="pagenum"><a name="page_66" id="page_66">{66}</a></span>res
-de muchas plantas usuales ó notables del antiguo y nuevo mundo</i>. <i>Caá</i>,
-con evidencia, ha de significar en guaraní planta, yerba, árbol: lo
-vegetal de modo genérico, y no solo <i>mate</i>, como usted afirma.
-Supongamos, no obstante, que <i>caá</i> significa <i>mate</i>. Sin haber oído
-hablar jamás á los guaraníes y sin saber palabra de su idioma,
-cualquiera adivina el valor de ciertos adjetivos que entran á cada
-instante en composición de nombres; v. gr. <i>merí</i>, pequeño, y <i>guazú</i>,
-grande. Así vemos claro que <i>caamerí</i> y <i>caaguazú</i>, y <i>caaquí</i> y
-<i>caaminí</i>, todo es mate, según sean las hojas de que se compone grandes
-ó pequeñas, tiernas ó más ricas y jugosas.</p>
-
-<p>Hasta aquí todo va bien, y <i>caá</i> y <i>mate</i> pueden ser lo mismo; pero
-cuando nos define usted <i>caapau</i>, bosquecillo, conjunto de árboles
-aislado, vemos claro que <i>pau</i> ha de significar conjunto ó montón, y
-<i>caá</i> árbol, arbusto, planta, yerba, mata y no mate, á no ser por
-excelencia, como también llaman al mate <i>yerba</i> por excelencia.</p>
-
-<p>El Sr. Colmeiro trae en su Diccionario todos estos compuestos de <i>caá</i>:
-caataya, caamerí, caapiá, caapeba, caapin, caatiguá y caavurana; y como
-con tales nombres se designan plantas gramíneas, meliáceas, ciperáceas,
-hipericineas y de otras cuantas y diversas familias, queda más
-demostrada la vaga generalidad del significado de la palabra <i>caá</i>.</p>
-
-<p><i>Guayacán.</i> El Diccionario de la Academia Española trae también esta
-palabra; pero ¿el gua<span class="pagenum"><a name="page_67" id="page_67">{67}</a></span>yacán que describe es el mismo que describe usted?
-Yo creo que no. Usted nos describe el guayacán del Chaco y del Paraguay;
-la Academia el de las Antillas, y como Colmeiro me da diez especies de
-guayacanes ó guayacos, no sé con cuál quedarme. El guayacán ya es
-<i>diospyros lotus</i>, ya <i>guayacum sanctum</i>, ya <i>guayacum officinale</i>, ya
-<i>porliera higrométrica</i>, y ora pertenece á la familia de las
-leguminosas, ora á la de las ebenáceas, ora á otra familia.</p>
-
-<p><i>Arazá.</i> No está en el Diccionario de la Academia. Colmeiro la trae, y
-pone, como usted, dos clases: el arazá arbóreo y el rastrero.
-Convendría, con todo, que dijese usted, como dice Colmeiro, que ambas
-clases pertenecen á la familia de las mirtaceas.</p>
-
-<p>Bastan los ejemplos aducidos, que para no cansar no aumento, á fin de
-comprender la conveniencia de determinar mejor los objetos que se
-describen.</p>
-
-<p>Diré ahora otro requisito que echo de menos en su libro de usted. Echo
-de menos las <i>autoridades</i>. Me explicaré.</p>
-
-<p>Nada hay más borroso é inseguro que los límites entre lo vulgar y lo
-técnico ó científico de las palabras. Cada día, á compás que se difunde
-la cultura, entran en el uso familiar, general y diario, centenares de
-vocablos que antes empleaban sólo los sabios, los peritos ó los maestros
-en los oficios, ciencias y artes á que los vocablos pertenecen. De aquí
-que todo Diccionario<span class="pagenum"><a name="page_68" id="page_68">{68}</a></span> de la lengua de cualquier pueblo civilizado, sin
-ser y sin pretender ser enciclopédico, vaya incluyendo en su caudal
-mayor número de palabras técnicas, sabias ó como quieran llamarse. Pero
-aun así, importa poner un límite á esto, aunque el límite sea vago y no
-muy determinado.</p>
-
-<p>Dos indicios nos pueden servir de guía. Por muy patrióticos que seamos,
-no es dable que nos figuremos que somos un pueblo más docto, en este
-siglo, que el pueblo inglés ó el francés. Nuestro Diccionario de la
-lengua vulgar, no debe, pues, sin presumida soberbia, incluir más
-palabras técnicas que los Diccionarios de Webster y de Littré, pongo por
-caso.</p>
-
-<p>El otro indicio es más seguro. Consiste en citar uno ó más textos, en
-que esté empleado el vocablo, que se quiere incluir en el Diccionario,
-por autores discretos y juiciosos, que no escriban obra didáctica. En
-virtud de estos textos es lícito inferir que es de uso corriente el
-nuevo vocablo y debe añadirse al inventario de la riqueza léxica del
-idioma.</p>
-
-<p>Convengo en que á veces es de tal evidencia el uso frecuente de un
-vocablo que la autoridad ó el texto puede suprimirse. Así por ejemplo,
-<i>ombú</i>. El Diccionario de la Academia no trae <i>ombú</i>, y, sin embargo,
-apenas hay cuento ni poesía, ni escrito argentino de otra clase, donde
-no se mienten los <i>ombúes</i>.</p>
-
-<p>Es voz tan común por ahí como en esta Península <i>álamo</i> ó <i>encina</i>.<span class="pagenum"><a name="page_69" id="page_69">{69}</a></span></p>
-
-<p>En ocasiones cita usted los textos, y así demuestra la necesidad de la
-introducción de la palabra en nuestro vulgar Diccionario. Sirva de
-ejemplo la voz <i>chaco</i>, montería de cierto género que dió nombre propio
-á la gran llanura que se extiende desde la cordillera de Tucuman hasta
-las márgenes del Río de la Plata. La voz <i>chaco</i> está empleada por el
-padre Lozano, <i>Historia de la conquista del Paraguay</i>, etc., y por
-Argote de Molina en su <i>Discurso sobre el libro de montería del rey D.
-Alonso</i>.</p>
-
-<p>Con frecuencia falta texto autorizado que pruebe el empleo vulgar de la
-palabra, y, cuando haga usted nueva edición de su libro, conviene que le
-añada. El vocabulario ganaría mucho con esto; y esto ha de ser muy fácil
-para usted. Si usted no siempre lo ha hecho, es porque pensó sólo en sus
-paisanos uruguayos y argentinos al escribir su obra, y no en los demás
-pueblos de lengua española, donde vocablos comunísimos ahí tienen que
-aparecer exóticos.</p>
-
-<p>Su vocabulario de usted es además poco copioso é importa aumentarle. El
-número de palabras que faltan no debe ser corto, cuando yo, que conozco
-tan poco de la literatura de ese país, puedo citar palabras que en su
-vocabulario de usted no están incluídas. Así por ejemplo, <i>seibo</i>.
-Rafael Obligado, en una de sus más lindas composiciones, <i>En la ribera</i>,
-del Paraná se entiende, dice:<span class="pagenum"><a name="page_70" id="page_70">{70}</a></span></p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i2">El año que tú faltas,<br /></span>
-<span class="i0">La flor de sus seibos,<br /></span>
-<span class="i0">Como cansada de esperar tus sienes,<br /></span>
-<span class="i0">Cuelga sus ramos de carmín marchitos.<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>¿Será el seibo el árbol que llaman del Paraíso en Andalucía? ¿Quién
-sabe? Colmeiro no trae seibo, á no ser <i>seibo</i> lo mismo que <i>ceibo</i> ó
-<i>ceiba</i>, que está en Colmeiro y en el Diccionario vulgar.</p>
-
-<p>Otras veces, si bien usted define y aun cita textos, encuentro yo
-deficiente la definición.</p>
-
-<p>No basta decir que <i>camalote</i> es «cierta planta acuática». Convendría
-saber algo más del <i>camalote</i> en esta primera acepción. ¿De qué color,
-de qué tamaño, de qué forma son sus flores? Sobre la otra acepción de
-<i>camalote</i> trae usted textos curiosísimos, que la explican bien. Es un
-conjunto de plantas del mismo nombre y de otras plantas, que forman como
-isla ó matorral, que flota y navega, y que suele ser tan grande, que
-asegura el Padre José de Parras que en su centro se ocultan con
-facilidad los indios con sus canoas, «y como pueden muy bien dar el
-rumbo á toda aquella armazón hacia los barcos, con poca diligencia
-suelen llegar á ellos, y estando inmediatos, se enderezan, arman
-gritería, y como logren alguna turbación en los españoles, ya los
-vencieron.»</p>
-
-<p>En Colmeiro no hay <i>camalote</i> pero hay <i>camelote</i>, dando á la planta el
-nombre que se da á la tela. ¿Será este <i>camelote</i> de Colmeiro el
-<i>camalote</i> de usted?<span class="pagenum"><a name="page_71" id="page_71">{71}</a></span></p>
-
-<p>Su libro de usted me sugiere no pocas observaciones más, algunas de las
-cuales no quiero dejar de hacer, pero, por ser ya muy extensa esta
-carta, las dejo para otra.</p>
-
-<h3>II.</h3>
-
-<p>Muy señor mío: Es en verdad muy curioso que entre las palabras que usted
-incluye y define en su <i>Vocabulario</i> haya bastantes que nos parezcan
-peregrinas, no porque no sean castellanas, sino porque han caído en
-desuso ó se derivan de otras que han caído en desuso en España. Así, por
-ejemplo, <i>bosta</i>, estiércol del ganado vacuno y caballar. En el
-Diccionario de la Academia no hay <i>bosta</i>, pero sí <i>bostar</i>, sustantivo
-anticuado, que significa establo para bueyes. Es término de la baja
-latinidad <i>bostarium</i>, y viene de <i>bos</i> y de <i>stare</i>.</p>
-
-<p>Lo general, con todo, es que cada uno de los vocablos rioplatenses, que
-usted pone en su libro, provenga de alguna de las dos principales
-lenguas que se hablaban en esa vasta región cuando el descubrimiento y
-la conquista: la guaraní y la quichua. Las lenguas americanas son
-aglutinantes y se prestan á crear vocablos compuestos, que son como
-abreviada descripción del objeto que significan. De la lengua guaraní
-provienen la mayor parte de las voces que usted define; pero no son de
-aquellas voces que<span class="pagenum"><a name="page_72" id="page_72">{72}</a></span> se usan en el Paraguay, donde se habla puro guaraní,
-ni de las empleadas en Corrientes y Misiones, donde se habla el guaraní
-mezclado con el castellano, sino de las que, según dice usted en su
-Prólogo, «el uso antiguo y constante ha incorporado á la lengua
-castellana en las Repúblicas Argentina y Oriental del Uruguay.» Las
-voces son, pues, castellanas, aunque en la lengua guaraní haya de
-buscarse su origen etimológico.</p>
-
-<p>Gloria grandísima ha sido de los misioneros españoles, no sólo el llevar
-á América plantas y animales útiles, industria y cultura de Europa, sino
-el mirar con evangélica solicitud por el bien de las tribus indígenas,
-cristianizándolas, difundiendo entre ellas la civilización del mundo
-antiguo y trasmitiendo á éste el conocimiento de aquellas rudimentarias
-ó decaídas civilizaciones, sus ideas religiosas, sus tradiciones y sus
-idiomas.</p>
-
-<p>Es lástima que este trabajo de los misioneros, sobre todo en lo tocante
-á gramáticas y diccionarios de idiomas de América, no sea tan
-generalmente apreciado como debiera por la escasez de ediciones de sus
-libros, que van siendo muy raros. El <i>Tesoro</i>, no obstante, <i>de la
-lengua guaraní</i>, arte y vocabulario del padre Antonio Ruiz de Montoya,
-de la compañía de Jesús, impreso en 1640, debe de haberse reimpreso
-últimamente en Leipzig.</p>
-
-<p>Usted, sin duda, se vale para su trabajo de<span class="pagenum"><a name="page_73" id="page_73">{73}</a></span> esta obra del mencionado
-jesuíta, cuyo mérito pondera como merece Emilio Daireaux en su excelente
-libro, aunque á veces injustamente contrario á España, sobre <i>Buenos
-Aires, La Pampa y la Patagonia</i>.</p>
-
-<p>El guaraní, cuando llegaron á la América del Sur los españoles, era
-lengua tan difundida, que la llamaban general: la hablaban más de 400
-tribus, en el Paraguay, en el Brasil, en el Uruguay y en el Norte de la
-República Argentina. Las conquistas de los Incas, que procuraban imponer
-la lengua quichua á los vencidos, no lograron introducir muchos de sus
-vocablos ni en lengua guaraní, ni en la lengua de los araucanos.</p>
-
-<p>La lengua guaraní es aun la que más se habla en el territorio
-rioplatense, y sobre todo en el Paraguay y en Corrientes, y aunque
-destinada á morir, la que dejará más elementos léxicos al castellano. De
-la lengua guaraní, añade usted, proceden la mayor parte de las voces que
-el <i>Vocabulario</i> contiene.</p>
-
-<p>En cada página, no obstante, hallo en el <i>Vocabulario</i> de usted voces
-que proceden de otros idiomas, ó cuya etimología no determina usted con
-fijeza. Así, <i>machí</i>, curandero mágico, y <i>gualicho</i>, diablo, del
-araucano; <i>catinga</i>, mal olor de la transpiración de los negros, y
-<i>mandinga</i>, hechicería, palabras casi de seguro de procedencia africana;
-y otras palabras, muy empleadas por autores antiguos y modernos, cuya
-eti<span class="pagenum"><a name="page_74" id="page_74">{74}</a></span>mología se nos queda por averiguar. Sean ejemplo <i>baquia</i> y
-<i>baquiano</i> ó <i>baqueano</i>, que emplean el padre Parras, Azara y Vargas
-Machuca; <i>chacra</i>, granja ó cortijo que está en Azara y en el
-Diccionario de la Academia; <i>champan</i>, barca grande para navegar por los
-ríos; <i>chiripá</i>, pedazo de tela que se enreda á los muslos en vez de
-pantalones; <i>chumbé</i>, especie de faja; <i>galpon</i>, especie de cobertizo; y
-hasta la misma comunísima palabra <i>gaucho</i>, de la que nos deja usted sin
-etimología.</p>
-
-<p>En suma, si bien la obra de usted deja mucho que desear, es altamente
-meritoria, como primer ensayo, y muy digna de las discretas y
-autorizadas alabanzas que le tributa en la introducción crítica el Sr.
-D. Alejandro Magariños Cervantes, literato y poeta, tan conocido y
-estimado en España, donde residió largo tiempo.</p>
-
-<p>Algunos artículos de su <i>Vocabulario</i> de usted, á más de enseñar
-siempre, son amenos y divertidos.</p>
-
-<p>Al leer, verbi gracia, lo que nos dice usted de los <i>ayacuáes</i> no puede
-uno menos de pensar en los <i>microbios</i>, ahora en moda. Esos indios
-habían adivinado los <i>microbios</i> antes de que el Sr. Pasteur los
-descubriera y estudiara tanto. Cada <i>ayacuá</i> es un microbio, pero
-antropomórfico, y armado de arcos y de flechas, con las cuales, ó si no,
-con los dientes y con las uñas, produce las enfermedades y dolores
-humanos.</p>
-
-<p>En ocasiones, por amor á lo americano indí<span class="pagenum"><a name="page_75" id="page_75">{75}</a></span>gena, me parece que se
-encumbra usted demasiado y tal vez exagera. Noto esto en lo que dice
-usted sobre la palabra <i>Tupá</i>, nombre de Dios entre los guaraníes. Es
-evidente que á ser la etimología según usted asegura, ese nombre de Dios
-está lleno de cierta instintiva sabiduría. <i>Tu</i> es el signo de
-admiración, y <i>pa</i> el signo de interrogación: son dos interjecciones.
-Dios es, por consiguiente, para el guaraní, un ser á quien admira y no
-conoce, alguien cuya existencia, inmenso poder y admirables obras
-declara sin saber quién sea. Pero esta vaga y confusa noción de Dios,
-¿puede y debe equipararse como usted la equipara, á la noción que da la
-frase bíblica, <i>yo soy el que soy</i>? En mi sentir, no. El padre jesuíta
-Díaz Taño, citado por usted, se excedió algo de lo justo si sostuvo que
-los guaraníes designaban por <i>Tupá</i> al criador, señor, principio, origen
-y causa de todas las cosas.</p>
-
-<p>La razón, el natural discurso y hasta los restos ó vestigios de una
-revelación primitiva no bastan á explicar la persistencia del concepto
-de un Dios único, con sus más esenciales atributos, entre gentes
-bárbaras ó salvajes. Este concepto no puede menos, aunque existiese con
-pureza en edad remota, de haberse viciado, desfigurado y corrompido con
-el andar del tiempo, y en un estado social de gran atraso ó decadencia.
-Por eso no creo yo, ó pongo muy en cuarentena, todas las teologías
-sublimes que tratan de sacarse, por análisis, de los nombres que dan á<span class="pagenum"><a name="page_76" id="page_76">{76}</a></span>
-Dios muchos pueblos bárbaros ó completamente selváticos.</p>
-
-<p>Los jesuítas, no sólo por ahí, sino en otros varios países, han sido
-acusados de aceptar el nombre dado por los paganos é idólatras á su
-principal divinidad y de convertirle en el nombre del Dios verdadero.
-Yo, hasta donde me sea lícito intervenir retrospectivamente en esta
-disputa, lego y profano como soy, hallo que los jesuítas hacían bien;
-mas no porque el concepto que la palabra <i>Tupá</i> despertaba en un guaraní
-fuese adecuado al concepto del verdadero Dios, sino porque la palabra
-<i>Tupá</i> y el concepto que designaba eran lo que menos distaba entre ellos
-del nombre y concepto de Dios entre cristianos. La idea representada por
-la voz <i>Tupá</i> era como bosquejo informe de la idea que tiene ó debe
-tener el cristiano del Sér Divino.</p>
-
-<p>Me parece, como á usted, que el obispo don Fray Bernardino de Cárdenas
-anduvo harto apasionado é injusto al promover acusaciones y
-persecuciones contra los jesuítas porque llamaban á Dios <i>Tupá</i>. Es
-indudable que este era el mejor modo que había en guaraní de llamarle.
-Más difícil sería de justificar á los Padres que en China, pongo por
-caso, tomaron los nombres de Li, Tai Kie y Xang Ti, para designar á
-nuestro Dios, porque estos nombres no eran de significación candorosa,
-vaga y confusa, para nombrar cierto sér poderoso é incógnito, sino
-términos de reflexiva y bien estudiada filosofía,<span class="pagenum"><a name="page_77" id="page_77">{77}</a></span> la cual los define y
-les da el sentido determinado y claro de un panteísmo casi ateo. El Li
-es la materia prima, la sustancia única, y el Tai Kie la fuerza
-inherente en la materia, que la transforma de mil modos y produce vida y
-muerte, y da origen á todo el proceso de los séres con su variedad
-infinita. Bien dilucida esto el padre Fray Domingo Fernández Navarrete
-en el Tratado V de los que compuso sobre China, donde expone con
-profunda claridad las doctrinas de la secta literaria del Celeste
-Imperio.</p>
-
-<p>Los citados nombres chinos no podían emplearse ó al menos era
-inconveniente y ocasionado á grandes errores el emplearlos para nombrar
-á Dios, por lo mismo que los sabios chinos, ateos ó <i>monistas</i>, como se
-dice ahora, habían explicado bien su sentido. Mas por idéntica razón, á
-mi ver, no hay irreverencia, ni ocasión de error, en llamar á Dios
-<i>Tupá</i>, cuando se habla en guaraní y á los guaraníes. Lo indeterminado,
-vacío y confuso del concepto que encierra el vocablo <i>Tupá</i> permite que
-el catequista ó misionero le determine, le llene y le aclare, con
-arreglo á la sana doctrina.</p>
-
-<p>Lo que yo censuro pues, aunque blandamente, es que usted se deje llevar
-del afecto al idioma que hablan ahí los indígenas, hasta el extremo de
-querer desentrañar, del seno de los vocablos, filosofías y sutilezas
-que, antes de la llegada de los europeos, no podían estar en la mente de
-los salvajes.<span class="pagenum"><a name="page_78" id="page_78">{78}</a></span></p>
-
-<p>Confieso, no obstante, que este arte, empleado por muchos, para sacar
-metafísicas y otros prodigios y refinamientos intelectuales de palabras
-y frases de idiomas primitivos, me divierte, aunque no me convence. Los
-pueblos arios, ¿quién ha de negar, pues dominan aún el mundo y extienden
-por él su superior civilización, que desde el principio, allá en su
-estado primitivo, eran muy inteligentes? Y sin embargo, ¿qué metafísica
-ocultaba ninguno de los nombres con que significaban la divinidad? Deva,
-Asura, Boga, Nara, Maniu, no esconden ninguna metafísica en sus letras.
-La metafísica vino después, por la reflexión, y ya entonces el vocablo
-evocó ó pudo evocar todos los conceptos con que la metafísica había
-enriquecido su significado.</p>
-
-<p>Como yo entiendo así las cosas, no creo en las resultas, pero me hacen
-muchísima gracia los esfuerzos de imaginación con que, triturando,
-exprimiendo y poniendo en prensa palabras, sacan algunos lingüistas
-chorros, ríos de ciencia de cada sílaba, de cada letra y aun de cada
-tilde. Nadie vence en esta habilidad á los vascófilos, entre quienes
-descuella Erro, y aun debiera descollar y ser más famoso mi discreto,
-inaudito é ingeniosísimo amigo D. Joaquín de Irizar y Moya, cuyos libros
-hicieron siempre mi delicia.</p>
-
-<p>Ultimamente he visto algunas de las obras de un príncipe ó <i>maginóo</i>
-tagalo llamado Pater<span class="pagenum"><a name="page_79" id="page_79">{79}</a></span>no, el cual, con no inferior saber y con igual
-riqueza de fantasía que mi amigo Irizar, halla y revela portentos en la
-civilización antigua de la gente de su casta y saca de las letras del
-nombre de Dios en tagalo, Bathala, una teodicea exquisita como la de
-Leibnitz.</p>
-
-<p>Usted no va, ni con mucho, tan lejos con su <i>Tupá</i>; pero en fin, usted
-se entusiasma un poco, dando motivo á esta disgresión mía, que no
-considero del todo impertinente.</p>
-
-<p>Aplaudo, y si pudiera fomentaría, la propensión que hay en esas
-repúblicas y en el imperio del Brasil á estudiar con esmero, los usos,
-costumbres, historia, lenguaje y poesía de los indios, pero ni en verso
-ni en prosa está bien exagerar lo que valían por la cultura cuando
-llegaron los europeos. Fuera de los mexicanos, peruanos y chibchas, no
-había en América á fines del siglo XV sino tribus salvajes.</p>
-
-<p>El gran poeta brasileño Gonzalves Días pinta á estas tribus del modo más
-novelesco é interesante, pero les deja su salvajismo y hace bien.</p>
-
-<p>Dentro de este salvajismo caben perfectamente el denuedo en las lides,
-la fidelidad, la constancia y hasta la ternura amorosa y otras virtudes
-y excelencias. Lo que no cabe es cierto refinamiento en las ideas
-morales y religiosas, que harto generosamente se atribuye á los indios.
-Serían menester más pruebas, y no las hay ó no han llegado á mi noticia,
-para reconocer esas prendas en los guaraníes. Sus cantares,<span class="pagenum"><a name="page_80" id="page_80">{80}</a></span> pues se
-dice que los tienen, y aun que son muy poetas, debieran recogerse y
-coleccionarse antes que desaparezcan del todo.</p>
-
-<p>En los araucanos, en cambio, lo que más se celebra es la oratoria. Como
-la lengua que hablan (de la que compuso excelente gramática el padre
-jesuíta Andrés Febres), es, según afirman, bellísima lengua, y como
-ellos son muy parlamentarios, y se reunen ó se reunían en juntas ó
-asambleas para deliberar sobre la política, tenían ocasión de pronunciar
-magníficos discursos llamados <i>coyaptucan</i>, donde dicen que hay gran
-riqueza de imágenes, apólogos y otros primores, todo sujeto á las más
-severas leyes de la buena retórica. Aun se conservan los nombres de
-algunos antiguos tribunos ó famosos oradores, como Lautaro y
-Machimalongo, y fragmentos de discursos ó discursos enteros de los que
-pronunciaron.</p>
-
-<p>Como quiera que sea, no ha de faltarme día en que venga más á propósito
-hablar de todo esto, entrando de lleno en el asunto, y no por incidencia
-y de refilón, al encomiar como se merece el <i>Vocabulario</i> de usted, por
-cuyo envío le doy encarecidas gracias.<span class="pagenum"><a name="page_81" id="page_81">{81}</a></span></p>
-
-<h2><a name="NOVELA_PARISIENSE_MEJICANA" id="NOVELA_PARISIENSE_MEJICANA"></a>NOVELA PARISIENSE MEJICANA</h2>
-
-<p class="rt">
-<i>31 de mayo de 1889.</i><br />
-</p>
-
-<p class="chead">(Á DOÑA CONCEPCIÓN JIMENO DE FLAQUER)</p>
-
-<p>Mi distinguida amiga: No sé cómo agradecer á usted el que se acuerde de
-mí y me envíe con frecuencia y en abundancia libros publicados en
-Méjico, por aquí casi desconocidos. Mi deseo es hablar de todos y darlos
-á conocer al público español; pero el tiempo y el humor me faltan.</p>
-
-<p>Entre los últimos libros que usted me ha remitido, hay uno que me agrada
-sobremanera. Su autor, D. José María Roa Bárcena, es de los hombres más
-eminentes y simpáticos de ese país. Conozco sus poesías líricas, que él
-mismo me ha enviado; pero sólo sé por fama, y tengo gran deseo de ver
-sus leyendas históricas de antes de la conquista española y sus eruditos
-trabajos en prosa como historiador del Anahuac.</p>
-
-<p>El Sr. Roa Bárcena es también novelista; y dan sin duda brillante prueba
-de su mérito en<span class="pagenum"><a name="page_82" id="page_82">{82}</a></span> esta clase de escritos los <i>Varios cuentos</i>, reunidos
-en un precioso volumen, de que usted me regala un ejemplar. <i>Noche al
-raso</i> es lindísima colección de anécdotas y cuadros de costumbres, donde
-el ingenio, el talento y la habilidad para narrar están realzados por la
-naturalidad del estilo y por la gracia y el primor de un lenguaje
-castizo y puro, sin la menor afectación de arcaismo. En el terrible
-cuento <i>Lanchitas</i>, la fantasía del autor y su arte y buena traza
-prestan apariencias de verosimilitud y hasta de realidad al prodigio más
-espantoso.</p>
-
-<p>En estos cuentos del Sr. Roa Bárcena, por lo mismo que están escritos en
-tan acendrado lenguaje castellano, se notan más los vocablos exóticos
-que designan objetos de por ahí, aunque rara vez acude el lector con
-éxito al Diccionario de la Academia para saberlo á punto fijo. Así, por
-ejemplo, <i>xícaro, zacatón, otate, cuilote, tapextle y abarrotero</i>.</p>
-
-<p>Dejo por hoy de decir más del Sr. Roa Bárcena, y no hablo de
-<i>Altamirano</i>, ni de <i>Peón y Contreras</i>, ni de los restantes libros
-remitidos por usted, porque voy á escribir sobre la obra de otro
-mejicano hace ya muchos años ausente de su patria, que estuvo en España
-bastante tiempo, y que después lleva pasados en París hasta hoy lo menos
-treinta y tres ó treinta y cuatro años.</p>
-
-<p>Se titula el libro de este mejicano expatriado <i>Al cielo por el
-sufrimiento</i>, y está escrito, como ya<span class="pagenum"><a name="page_83" id="page_83">{83}</a></span> se entrevé por el título, en esa
-habla española, desteñida y cosmopolita, que ha de hablarse en París en
-cierto círculo elegante de hispano-americanos y de españoles residentes
-en aquella culta y amena capital, centro y foco de la civilización
-neolatina.</p>
-
-<p>No es menester análisis para señalar los galicismos del libro de que
-trato. Todo el libro es un galicismo sintético, digamoslo así; pero no
-lo digamos en son de censura. En este caso, parece la falta que señalo
-inevitable requisito del valer y del encanto que el libro tiene. Es la
-obra, no de un literato de profesión, sino de un hombre de mundo, que,
-casi involuntariamente, sin pretender escribir una novela, fija en el
-papel sus impresiones y sentimientos, y nos cuenta, con la mayor
-naturalidad y sencillez, sucesos que ha visto, y tal vez lo que él ha
-<i>vivido</i>.</p>
-
-<p>Franceses son los personajes del drama, francesas las costumbres que el
-autor describe, y la sociedad elegante de París y sus casas el medio
-ambiente y el lugar de la escena. Si se cambiasen la ortografía y la
-terminación de las palabras, el libro casi quedaría en francés, y, en mi
-sentir, competiría entonces con cualquiera novela de Feuillet, de Ohnet
-ó de Cherbuliez, ya que tendría más sinceridad y más verdad, aunque
-tuviese menos artificio. Es un espejo donde se ve con fidelidad lo mejor
-y más sano de cierto círculo de gentes, que, colocado entre las pasiones
-y apetitos de la baja plebe, los esfuerzos<span class="pagenum"><a name="page_84" id="page_84">{84}</a></span> y faenas de una burguesía
-codiciosa y trabajadora, y el torbellino de los ricos viciosos y
-derrochadores, procura realizar una vida honrada y cómoda de sibaritismo
-honesto y juicioso, de elegancia católica, y de finura apacible,
-entreverada de devoción.</p>
-
-<p>Difícil es vivir en esta encopetada y graciosa Arcadia, llena de
-distinción, perfumada de buen tono, limpia y serena, y cuyos Melibeos y
-Filis deben tener, á fin de hacer su papel con desahogo, lo menos
-cincuenta ó sesenta mil pesetas de renta cada uno, y todos suma
-prudencia, arte y ciencia doméstico-económica, para no dejarse arrebatar
-por el atractivo del lujo, no gastar más de lo que tienen, no
-arruinarse, y no tener que salir de la Arcadia para irse á la Tebaida ó
-á cualquier otro retiro más ó menos penitente.</p>
-
-<p>Es indudable que existe en París uno ó más círculos de esta clase. Son
-como isla ó islas de reposo en medio de turbulento mar, lleno de sirtes,
-escollos y bajíos.</p>
-
-<p>No es utopia, sino realidad, esta á modo de nueva Jerusalem en germen y
-bosquejo, que surge del seno mismo de la moderna Babilonia. Llámanla,
-creo, <i>beau monde</i> ó <i>monde comm’il faut</i>, y se contrapone á otros
-<i>mondes</i>, que se marcan con calificativos extraños, como <i>monde
-camelotte</i>, <i>demi monde</i>, <i>quart de monde</i>, <i>monde interlope</i>, etc.</p>
-
-<p>El autor de <i>Al cielo por el sufrimiento</i>, nos introduce en el círculo,
-ó en uno de los círculos de ese <i>beau monde</i> de París, donde
-constantemente<span class="pagenum"><a name="page_85" id="page_85">{85}</a></span> ha vivido, y nos le pinta con todos sus pormenores,
-resultando del cuadro cierta poesía natural y suave. Yo comparo su libro
-á un vaso gracioso, pongamos de cristal de Venecia, lleno de una poción,
-no muy dulce para que no empalague, ni muy amarga ó agria para que no
-ofenda al paladar, y donde se notan el sabor y el aroma de los
-ingredientes que la componen: vida devota de San Francisco de Sales;
-música religiosa de Cherubini, Beethoven, Mozart, Rossini y Niedelmeyer;
-bailes blancos y bailes rosas; trajes de Worth, Rouff, Laferrière, Felix
-y Pingard; sombreros de Virot ó de Isabel, y guisos de los Gouffé,
-Lavigne, Chenu, Pasquier, Canivet y sus rivales, discípulos y sucesores.</p>
-
-<p>De todo esto se disfruta en bellísimos salones centro del más refinado
-<i>confort</i>, y donde se ven acumulados, en artístico y aparente desorden,
-muñequitos de Sajonia, jarrones de Sèvres, tacitas y juguetes de plata
-holandeses, cuadros, estatuas y esmaltes, muebles Luis XV, telas Luis
-XIV, costosas baratijas Luis XVI, relojes de chimenea primer Imperio, y
-otra multitud de admirables <i>bibelots</i> ó chirimbolos.</p>
-
-<p>Pero ya que estamos en este mundo hechicero y gratísimo, bueno será que
-diga yo á usted quién nos guía por él y lleva como de la mano.</p>
-
-<p>Aquí me entran ciertos escrúpulos. Yo he recibido el libro por el
-correo. Ignoro quién me le envía. Y dice el libro: <i>Edición privada</i>.
-Supongo que esto significa que el libro no es para el pú<span class="pagenum"><a name="page_86" id="page_86">{86}</a></span>blico; no se
-halla de venta. ¿Hasta qué punto, me interrogo, me será lícito
-criticarle, aunque en la crítica entre por más el elogio que la censura,
-porque la justicia así lo exige? Pero, al fin, me respondo: el libro
-está impreso, y, aunque no se venda, circulará. Nadie me encarga que
-guarde el secreto. No abuso, pues, demasiado de la publicidad. Ojalá que
-todos los abusos de este linaje fueran tan inocentes como el mío.</p>
-
-<p>Me mueve además á tratar del libro la buena amistad que á su autor
-profesamos, desde hace casi medio siglo, toda la sociedad de Madrid, y
-muy en particular mis parientes y mis amigos.</p>
-
-<p>El autor es D. José Manuel Hidalgo.</p>
-
-<p>Su nombre pertenece á la historia política, no sólo de Europa, sino del
-mundo, en la segunda mitad del siglo <small>XIX</small>. Su intención fué buena. Quiso
-enviar sosiego, prosperidad, ventura y mayor dosis de civilización á su
-patria. Si erró en los medios, <i>a i posteri l’ardua sentenza</i>.
-Importante fué su acción en todos aquellos sucesos que colocaron en el
-trono de Méjico al entusiasta y noble príncipe Maximiliano, cuya trágica
-muerte deplora él todavía.</p>
-
-<p>Toda la fingida narración que su libro contiene está impregnada de
-aquella blanda melancolía, propia de un alma religiosa, lastimada y
-herida por tremendas catástrofes y por solemnes desengaños. Esta
-melancolía, si blanda, profunda, brota del centro mismo de las
-elegancias,<span class="pagenum"><a name="page_87" id="page_87">{87}</a></span> primores y refinamientos que el autor describe.</p>
-
-<p>La novela del Sr. Hidalgo, así por el candor inimitable con que está
-contada, como porque algunos de los lances no vienen dialécticamente
-justificados, según suele estarlo toda ficción, parece, más que novela,
-verdadera historia.</p>
-
-<p>A veces, lo confieso con cierto rubor, hay en la novela sublimidad y
-delicadezas de sentimiento, que dan tan crueles resultados, que yo,
-movido á compasión, siento deseo de ingerirme entre los personajes y de
-aconsejarles que transijan y sean menos severos.</p>
-
-<p>La condesa viuda de Hautmont es un dechado de talento, piedad, virtud y
-distinción aristocrática; pero la situación en que tiene al pobre Sr.
-Zentres es cruelísima. A la verdad, yo entiendo que, pasados cinco ó
-seis años de viudez sin ofender á Dios, sin faltar á la memoria de su
-primer marido, y muy en consonancia con todas las reglas y liturgias, la
-Condesa hubiera debido modificarse, ser menos cogotuda, casarse, en una
-palabra, con el Sr. Zentres, y no hacer de él un Tántalo de corbata
-blanca, un perpetuo <i>patito</i> y un mártir crónico del amor mal pagado. Y
-todo esto teniéndole siempre al lado suyo, á modo de apéndice, que sabe
-Dios lo que dirían las malas lenguas: el gran Galeoto, que hasta en el
-mundo más <i>comm’il faut</i> asiste y hace de las suyas.</p>
-
-<p>La lastimosa situación del Sr. Zentres me explica aquel capricho del
-infante D. Alfonso<span class="pagenum"><a name="page_88" id="page_88">{88}</a></span> de Portugal, cuando ordenó al escritor que rehizo la
-historia de <i>Amadis de Gaula</i> que cediese este héroe, hasta con permiso
-de la señora Oriana, á la tenaz y vehemente pasión de aquella otra
-princesa llamada Briolanja, que por él moría, sin remedio, de amores.
-Tanto me afligen las malas andanzas del Sr. Zentres, que respiro cuando
-después de la muerte de la Condesa, se hace él monje cartujo,
-considerando yo que el cuitado entra á hacer vida mucho menos penitente
-que la que antes hacía.</p>
-
-<p>Los opuestos caracteres de las dos hijas de la condesa, Ida y Lea, están
-bien trazados y seguidos. Ida, con un marido vanidoso y ligero, y ella
-vanidosa y ligera también, se deja arrebatar por la manía del esplendor
-y de la magnificencia; se arruina, es abandonada por el marido, que se
-va á California á buscar oro; y ella muere al cabo míseramente en el
-hospital. Lea es una santa; pero, con franqueza, yo hubiera deseado más
-justificación en el lance que la decide á ser Hermana de la Caridad. Lea
-no tiene tiempo, ocasión, ni razonable y suficiente motivo para amar de
-tal suerte á su novio, que le produzca desilusión tan profunda el que
-éste la abandone, la plante, por otra señorita que tiene cuatro ó cinco
-veces más dote. Hablemos claro, aunque no sea <i>comm’il faut</i>: lo que
-hizo el novio de Lea fué una verdadera porquería; no tiene otro nombre.
-Pero, ¿qué diantre? ¿No se había tratado su matrimonio con Lea, contando
-pre<span class="pagenum"><a name="page_89" id="page_89">{89}</a></span>viamente los ochavos de él y la dote de ella? Lo feo del caso estuvo
-en faltar á la promesa de un convenio de aparcería porque se halla otro
-convenio que trae más ventaja; pero la fe amorosa quebrantada y los
-mismos amores apenas se descubren.</p>
-
-<p>Como quiera que sea, la vocación acude: Lea se hace Hermana de la
-Caridad; es una heroína y una santa, y todo ello está narrado con amor,
-con ternura, con fervor y caridad de cristiano.</p>
-
-<p>El libro de mi antiguo amigo el Sr. Hidalgo es muy moral, muy devoto y
-algo melancólico; mas no por eso deja de entretener y de interesar.
-Además de ser el libro moral y devoto, y asimismo ameno, es, como queda
-dicho, de alta elegancia, lo cual no está en oposición tampoco con la
-devoción, con la moralidad y con la limpieza de costumbres.</p>
-
-<p>Ya que el Sr. Hidalgo se lanzó, es de desear que persevere en el camino
-que ha tomado. Su cabeza ha de estar llena de noticias y de recuerdos de
-casos novelescos de la sociedad elegante de París, de aquella <i>high
-life</i> central en que hace tantos años vive. ¿De qué variada cantidad de
-aventuras, amores, anécdotas y sucedidos de todo género, no podría
-valerse, si quisiese el señor Hidalgo, para componer, por docenas,
-novelas divertidísimas, sobre todo si no siguiese aislando mucho su
-<i>monde</i> correcto y plenamente <i>comm’il faut</i>, y dejase que de vez en
-cuando hubiera en él irrupciones de los otros <i>mondes</i>, <i>inter<span class="pagenum"><a name="page_90" id="page_90">{90}</a></span>lope</i>,
-<i>camelotte</i>, etc., etc.? Hasta su misma calidad de extranjero haría que
-el Sr. Hidalgo viese y representase los objetos con mayor imparcialidad
-que los parisienses de nacimiento.</p>
-
-<p>No dudo que llegará ahí la novela del Sr. Hidalgo, y aconsejo á V. que
-la lea. Es lectura propia de señoras, y está dedicada á una que lo es
-muy principal: discreta y elegante hija de nuestra España: á doña
-Mercedes Alcalá Galiano, baronesa de Beyens.<span class="pagenum"><a name="page_91" id="page_91">{91}</a></span></p>
-
-<h2><a name="TABARE" id="TABARE"></a>TABARÉ</h2>
-
-<p class="rt">
-<i>30 de Septiembre de 1889.</i><br />
-</p>
-
-<p class="chead">(A D. LUIS ALFONSO)</p>
-
-<p>Mi distinguido amigo: No puede usted figurarse cuán grande es mi
-gratitud á usted por las generosas alabanzas que ha dado á mis <i>Cartas
-Americanas</i>. Y, si bien yo soy algo egoísta, como cada hijo de vecino,
-no se lo agradezco tanto porque alabándome aumenta usted mi crédito de
-escritor, cuanto porque une usted sus esfuerzos á los míos en un trabajo
-que considero utilísimo.</p>
-
-<p>España y las que fueron sus colonias en América, convertidas hoy en
-dieciséis Repúblicas independientes, deben conservar una superior
-unidad, aun rotos los lazos políticos que las ligaban. El importante
-papel que España ha hecho en la Historia del mundo, sobre todo desde que
-su nacionalidad apareció plenamente á fines del siglo <small>XV</small>, imprime á
-cuanto proviene de España, por sangre, lengua, costumbres y leyes,<span class="pagenum"><a name="page_92" id="page_92">{92}</a></span> un
-sello exclusivo y característico que no debe borrarse.</p>
-
-<p>Dicen que yo soy muy escéptico; pero creo en multitud de cosas en que
-los que pasan por creyentes no creen; y entre otras creo (por manera
-vaga y confusa, es verdad) en los espíritus colectivos. Mi fantasía
-transforma en realidad sustantiva lo que se llama el genio de un pueblo
-ó de una raza. Lo que es figura retórica para la generalidad de los
-hombres, para mí es ser viviente. Y al incurrir en tan atrevida
-prosopopeya, no me parece que incurro en paganismo ni en hegelianismo.
-¿Acaso no cabe mi suposición dentro del pensar cristiano? ¿No consta del
-Apocalipsis que tenían sendos ángeles tutelares las siete iglesias del
-Asia? ¿No es piadosa creencia la de que cada individuo tiene su ángel
-custodio? Pues entonces, ¿por qué no ha de tener cada pueblo y cada raza
-un ángel custodio de más alta categoría y trascendencia, que ordene las
-acciones de los hombres todos que á dicha raza pertenecen, en prescrita
-dirección y cierto sentido, para que formen, dentro de la obra total de
-la humanidad entera, una peculiar cultura? Esta, combinándose con el
-producto mental de otras grandes razas y nacionalidades constituye la
-civilización humana, varia y una en su riqueza, la cual, desde hace más
-de dos mil años, cinco ó seis predestinados pueblos de Europa han tenido
-y tienen la misión de crear y de difundir por el mundo.<span class="pagenum"><a name="page_93" id="page_93">{93}</a></span></p>
-
-<p>Mi razonamiento, y le llamo mío, no porque no le hayan hecho otras
-personas, sino porque yo le hago ahora, me induce y mueve, sin el menor
-escrúpulo de que alguien me acuse de herejía, á dar adoración y culto al
-genio, ó, si se quiere al ángel custodio de la gente española. Así es
-que yo, si bien deploro que aquel grande Imperio de España y sus Indias
-se desbaratase, todavía absuelvo á los insurgentes que se rebelaron
-contra el señor rey D. Fernando VII y acabaron por triunfar de él y
-sustraerse á su dominio; pero no absuelvo, ni absolveré nunca á los
-insurgentes contra el genio de España, y ora se rebelen en Ultramar, ora
-en nuestra misma Península, los tendré por rebeldes sacrílegos y lanzaré
-contra ellos mil excomuniones y anatemas.</p>
-
-<p>Disuelto ya el Imperio, no hay más recurso que resignarse; pero no debe
-disolverse, ni se disuelve, la iglesia, la comunidad, la cofradía ó como
-quiera llamarse, que venera y da culto al genio único que la guía y que
-la inspira. Todos debemos ser fieles y devotos á este genio. Yo, además,
-me he atrevido á constituirme, al escribir las <i>Cartas Americanas</i>, en
-uno de sus predicadores y misioneros. ¡Ojalá se me perdone el
-atrevimiento en gracia del fervor que le da vida en mi alma!</p>
-
-<p>Sea por lo que sea, pues no es del caso entrar aquí en tales honduras,
-la madre España, desde hace más de dos siglos, ha decaído, no sólo en<span class="pagenum"><a name="page_94" id="page_94">{94}</a></span>
-poder político, sino en aquel otro poder de pensamiento que se impone á
-los espíritus y domina en el mundo de la inteligencia. Francia,
-Inglaterra y Alemania, son ahora reinas y señoras en esto, así como en
-las cosas materiales. De aquí algo como un vasallaje intelectual en que
-nos tienen. Van delante de nosotros por el camino del progreso, y como
-en la ciencia positiva y exacta no hay más que un camino, tenemos que
-seguir las huellas de dichas naciones. Esto ni puedo ni quiero negarlo
-yo. Ni negaré tampoco que, en todo lo que es <i>ciencia inexacta</i>,
-deslumbrados nosotros por los adelantamientos reales de los extranjeros,
-también solemos seguirlos ciegamente, y aceptar y aun exagerar sus
-sistemas, sofismas y especulaciones, los cuales acostumbran ellos á
-forjar con más primor, con más arte, y, sobre todo, con mayor autoridad,
-gracias al descaro, á la frescura y al aplomo soberbio que les presta la
-confianza de ser más atendidos por pertenecer á nación dominadora ó
-preponderante en el día. Parece, pues, inevitable y fatal que, desde
-hace dos siglos, nos mostremos como discípulos, como imitadores de los
-extranjeros, en teorías y doctrinas políticas y filosóficas. Las modas
-de todo esto vienen de París, como las modas de trajes, de muebles y de
-guisos.</p>
-
-<p>Entretanto, el genio de nuestra raza, ¿duerme, nos abandona ó qué hace?
-Aunque renegamos bastante de él, aunque olvidamos ó desde<span class="pagenum"><a name="page_95" id="page_95">{95}</a></span>ñamos por
-anticuado y absurdo lo que nos inspiró en otras edades, yo entiendo que
-nos asiste y nos inspira aún, especialmente en todo aquello menos sujeto
-á progreso ó en que no se progresa; en todo aquello que flota, ó, más
-bien, vuela independiente y con plena libertad sobre el río impetuoso
-por donde van navegando los espíritus humanos.</p>
-
-<p>Es cierto que cuando nos hemos puesto á filosofar en sentido
-racionalista, ya hemos sido volterianos, ya secuaces de Condillac, ya de
-Cousin, ya de algún alemán en Alemania apenas estimado; ya de Kant, ya
-de Hegel, ya de Renouvier, ya de Comte y Littré. Es cierto que, cuando
-no hemos politiqueado por rutina ó pasión, sin ser los principios más
-que vanos pretextos, hemos tomado los guías más extraños. Los
-conservadores, por ejemplo, á un protestante infatuado y seco, que nos
-despreciaba hasta el extremo de creer que se podía explicar la historia
-de la civilización de Europa haciendo caso omiso de España; los
-ultra-conservadores ultra-católicos, á los sensualistas elocuentemente
-desatinados De Maistre y Bonald; y en esto han llegado á tal delirio
-nuestros entusiasmos y nuestro afán de ser arrendajos, que yo doy por
-seguro, y creo no equivocarme, que si Proudhon no se hubiera mostrado
-federalista en uno de sus libros, tal vez por odio y celos de francés á
-la unidad italiana, y si en España no hubiera habido un escritor y
-orador de valer y<span class="pagenum"><a name="page_96" id="page_96">{96}</a></span> aficionadísimo á Proudhon, jamás en España le hubiera
-pasado á nadie por la cabeza que nos trocásemos en República federal,
-rompiendo la unidad nacional á tanta costa y después de tantos siglos
-apenas lograda.</p>
-
-<p>Pero es más: tal es ó ha sido el descuído, el olvido ó la corta
-estimación de nosotros mismos por nuestro propio pensamiento, que para
-volver á ser escolásticos en la patria del Doctor Eximio, de Victoria,
-de Melchor Cano y de Domingo de Soto, ha sido menester que nos impulsen
-Kleutgen, Van Wedingen, Liberatore, Prisco y otros tudescos, belgas é
-italianos.</p>
-
-<p>Hasta en literatura, en lo que tiene de preceptivo, crítico y teórico,
-hemos recibido el impulso de fuera: hemos sido clásicos á la francesa
-desde Luzán; y luego románticos, porque el romanticismo vino de París; y
-luego naturalistas para remedar á Daudet y á Zola.</p>
-
-<p>Por dicha, en medio de este vasallaje, se nota ya, desde hace años,
-cierto prurito de emancipación. Nuestro espíritu va como barco llevado á
-remolque, en el mar ó río del progreso; pero ya se siente agitado por el
-potente soplo del Genio de la raza, que tira á romper la cadena de los
-que nos van remolcando, y á dejarnos sueltos para que naveguemos por
-nuestra cuenta y riesgo.</p>
-
-<p>Traigo aquí todo esto para rectificar varias sentencias que me
-atribuyen, sin motivo, los pocos periódicos franceses y
-anglo-americanos<span class="pagenum"><a name="page_97" id="page_97">{97}</a></span> que han hablado de mis <i>Cartas</i>. Ni yo desconozco todo
-el valer de la ciencia y del ingenio de Francia, ni propendo con astucia
-diplomática, como cree la <i>Revue Britannique</i>, á separar á los
-hispano-americanos de la alianza intelectual francesa, ni los acuso de
-imitadores de todo lo francés, como si nosotros no lo fuésemos, y como
-si ellos en tal imitación no nos imitasen.</p>
-
-<p>De este lado y del otro del Atlántico, veo y confieso, en la gente de
-lengua española, nuestra dependencia de lo francés, y, hasta cierto
-punto, la creo ineludible; pero ni yo rebajo el mérito de la ciencia y
-de la poesía en Francia para que sacudamos su yugo, ni quiero, para que
-lleguemos á ser independientes, que nos aislemos y no aceptemos la
-influencia justa que los pueblos civilizados deben ejercer unos sobre
-otros.</p>
-
-<p>Lo que yo sostengo es que nuestra admiración no debe ser ciega, ni
-nuestra imitación sin crítica, y que conviene tomar lo que tomemos con
-discernimiento y prudencia. Y sostengo además que, en Francia y en otros
-países, los que prestan hoy alguna atención á nuestra literatura
-contemporánea, la consideran más de reflejo de lo que es, y apenas nos
-conceden ya otra originalidad que la grotesca y villana de lo chulo y lo
-majo. Piensan en España, y sólo ven, en lo pasado, autos de fe y
-hervidero de frailes; y en lo presente, toros, navajas y castañuelas. Lo
-restante es francés todo.<span class="pagenum"><a name="page_98" id="page_98">{98}</a></span></p>
-
-<p>Mi protesta es contra esto. A pesar de la ineludible imitación, existe
-hoy, y ha existido siempre, en nuestra literatura, un fondo de
-originalidad grandísimo, el cual ha dado y da razón de sí y luz
-brillante en la poesía.</p>
-
-<p>Vea usted por qué me ha desazonado tanto la declaración de Clarín de que
-en España no hay ahora sino 2,50 poetas. ¿Qué nos queda, si la poesía se
-nos quita?</p>
-
-<p>Para consolarme, me explico dicha declaración de cierto modo, y entonces
-todo va bien. Para Clarín, el concepto de poeta es tan ideal y tan alto,
-que sólo dos españoles llegan hoy á él, y otro á la mitad de su
-idealidad y de su altura. Entendido así el negocio, no hay de qué
-quejarse en absoluto. Y si en lo relativo caben quejas, quien menos
-debiera darlas, con perdón sea dicho, es Manuel del Palacio; pues,
-poniendo aparte á Zorrilla, y sin calificar de ceros en poesía, y
-concediendo siquiera el valor de céntimos á Tamayo, Ferrari, Velarde,
-Rubí, Verdaguer, Alarcón, Fernández-Guerra, Teodoro Llorente, Miguel de
-los Santos Álvarez, Querol, Cañete, Narciso Campillo, Grilo, Correa,
-Cabestany, Echegaray, Menéndez y Pelayo, Molins, Cánovas, Cheste y
-otros, resulta que Clarín ensalza á Manuel del Palacio por cima de todos
-los citados señores, y le da cincuenta veces más valer que á cualquiera
-de ellos. Y como entre ellos no hay ninguno que pase por tonto, ni que
-no haya mostrado habilidad en otros asuntos<span class="pagenum"><a name="page_99" id="page_99">{99}</a></span> en que se ha empleado, de
-presumir es que la ha mostrado también en la poesía, á no ser que sea la
-poesía tan sobrenatural y tan sublime, que sólo la alcancen dos, y uno
-medio la alcance.</p>
-
-<p>Infiero yo de aquí, no diré contra el sustancial pensamiento de Clarín
-sino contra los términos en que le expresa, que en España hay ahora
-muchos poetas; que nuestra poesía de hoy importa más que nuestra
-filosofía y que nuestras ciencias naturales, matemáticas, históricas y
-políticas; y que, tomando, no un momento solo, sino un período extenso,
-el siglo <small>XIX</small>, España no compite ni rivaliza por sus filósofos, sabios,
-historiadores, etc., pero sí compite y rivaliza por sus poetas, con
-Francia, Alemania, Inglaterra é Italia.</p>
-
-<p>Hay, pues, en España abundancia de poetas que, lleguen adonde lleguen en
-el <i>poetámetro</i>, ó instrumento para medir poetas, que ha de tener
-Clarín, no quedan por bajo del nivel de los que en tierras extrañas se
-califican de buenos; y algunos hay, pongo por caso Quintana, que bien
-pueden codearse con Chénier, con Manzoni, y con los más altos líricos
-ingleses, sin deberles nada, ni haberlos imitado ni conocido acaso.</p>
-
-<p>Lo que sí nos falta es público: lectores entusiastas. La plebe
-intelectual no lee, ó lee poco; le estorba lo negro, como se dice
-hablando con llaneza; y nuestros doctos padecen bastante de desconfianza
-en nuestro valer y de cierto desdén<span class="pagenum"><a name="page_100" id="page_100">{100}</a></span> á lo español, de que nos han
-aficionado los extranjeros.</p>
-
-<p>En esta situación de los espíritus, es harto difícil mi empresa de
-agradar, interesar y persuadir con las <i>Cartas Americanas</i>. ¿Cómo va á
-creer quien apenas cree que hay algo bueno en Madrid, ó en Barcelona,
-que lo hay en Valparaíso, en Bogotá ó en Montevideo? Y ¿cómo, á no ser
-un santo, sin chispa de emulación, no se ha de afligir un poco el poeta
-de por aquí, á quien tal vez nadie hace caso, y á quien Clarín no
-calificaría de céntimo de poeta, de que yo importe tanto género similar
-ultramarino, que llegue á secuestrar la escasa atención y aprecio que
-pudieran concederle?</p>
-
-<p>A pesar de estos inconvenientes, como yo soy testarudo, he de proseguir
-en mi tarea. Y todo este preámbulo es para prevenir á usted
-favorablemente y darle á conocer á un poeta rioplatense, llamado Juan
-Zorrilla de San Martín, á quien, en mi sentir, no ha de tener en menos
-su tocayo español, nuestro laureado Zorrilla; y así, si empezamos por
-poner á éste, añadimos á Campoamor y á Núñez de Arce, y, adoptando la
-severidad de Clarín, contamos por medio-poeta al Zorrilla montevideano,
-sumándole con Manuel del Palacio, para componer otro entero, tendremos
-en todas las Españas cuatro poetas vivos y sincrónicos, lo cual se puede
-entender de suerte que sea muchísimo, cuando, por ejemplo, en Italia se
-habla con orgullo de <i>los cuatro poetas</i>, no<span class="pagenum"><a name="page_101" id="page_101">{101}</a></span> contando más en la
-prolongación de una historia de seis siglos.</p>
-
-<p>Pero dejemos bromas á un lado; desechemos las medidas arbitrarias y las
-siempre odiosas y con frecuencia injustas comparaciones. Hablando con
-seriedad, y en absoluto, yo no digo que es, porque no reparto diplomas,
-pero digo que me parece Juan Zorrilla un excelente poeta; muy original,
-muy español y muy americano.</p>
-
-<p>La obra que me induce á pensar así, se titula <i>Tabaré</i>. Es un extenso
-poema, leyenda ó novela en verso.</p>
-
-<p>El autor me ha enviado de presente un ejemplar, por el que le doy
-encarecidas gracias.</p>
-
-<p>Antes de hablar del contenido del libro, conviene decir de su parte
-material que nos inspira envidia. En la Península ibérica jamás poeta
-alguno se ha visto mejor impreso, ni tan lujosamente, ni con tan buen
-gusto. <i>Tabaré</i> es un hermoso volumen de 300 páginas, excelente papel,
-impresión clara y limpia, y lindo retrato del poeta grabado en
-acero.&mdash;Fecha: Montevideo, Barreiro y Ramos, editor, 1888.</p>
-
-<p>Hablemos ya del poema. Tiempo es, dirá usted, después de tan larga
-disertación preliminar. Y, sin embargo, lo preliminar no ha concluido.
-<i>Tabaré</i> es muy americano, y yo quiero decir algo del americanismo en
-poesía.</p>
-
-<p>Empeñarse en buscar un sello especial y exclusivo que distinga una obra
-poética escrita en América, sería absurdo. Este sello, ó acude sin<span class="pagenum"><a name="page_102" id="page_102">{102}</a></span> que
-le busquen, ó no acude. En esta ocasión ha acudido, y con omnímoda
-plenitud. Quiero significar que <i>Tabaré</i> parece inspirado por el medio
-ambiente, por la naturaleza magnífica de la América del Sur, y por
-sentimientos, pasiones y formas de pensar, que no son sencillamente
-españoles, sino que, á más de serlo, se combinan con el sentir, el
-discurrir y el imaginar del indio bravo, concebidos, no ya por mera
-observación externa, sino por atavismo del sentido íntimo y por
-introversión en su profundidad, donde quien sabe penetrar lo suficiente,
-ya descubre al ángel, aunque él esté empecatado, ya descubre á la
-alimaña montaraz, aunque él sea suave y culto. Ello es que en <i>Tabaré</i>
-se siente y se conoce que los salvajes son de verdad, y no de convención
-y amañados ó contrahechos, como, por ejemplo, en <i>Atala</i>.</p>
-
-<p>Prescindiendo de novelas como las de Cooper, y de descripciones en
-prosa, en libros científicos y en relaciones de viajes, yo creía que, en
-poesía versificada, concisa por fuerza y en que no caben menudencias
-analíticas, los brasileños tenían hasta ahora la primacía en sentir y en
-expresar la hermosura y la grandeza de las escenas naturales del Nuevo
-Mundo. Leído <i>Tabaré</i>, me parece que Juan Zorrilla compite con ellos y
-los vence.</p>
-
-<p>No hay en <i>Tabaré</i> las reminiscencias clásicas que en las epopeyas <i>El
-Uruguay</i> y <i>Caramurú</i>, y todo está sentido con más originalidad y
-hon<span class="pagenum"><a name="page_103" id="page_103">{103}</a></span>dura y más tomado del natural inmediatamente. Carece acaso Juan
-Zorrilla del saber de Araujo Porto-Alegre, ó, si no carece, tiene la
-sobriedad y el buen gusto de no mostrar que sabe tan al pormenor y tan
-por experiencia y por ciencia los objetos que le rodean: las piedras,
-las plantas y los animales; pero no nos abruma, como Araujo
-Porto-Alegre, aun cuando más le admiramos, ó sea en <i>La destrucción de
-las florestas</i>, con tan rica enumeración descriptiva. El poema de Juan
-Zorrilla no es descriptivo: es acción, y muy interesante y conmovedora,
-por donde sus rápidas descripciones, que son el cuadro en que resaltan
-las figuras humanas, agradan y hieren más la imaginación, aunque sean
-esfumadas y vagas, y queden en segundo término. Al poeta brasileño á
-quien más se parece Juan Zorrilla es á Gonsalves Días.</p>
-
-<p>En la forma poética, Juan Zorrilla es de la escuela de Becquer, al cual,
-en ambos Mundos, y por donde quiera que suena ó se escribe la lengua de
-Cervantes, no se le ha de negar la gloria de haber creado escuela. No es
-fácil de explicar en qué consiste la manera <i>becqueriana</i>; pero, sin
-explicarlo, se comprende y se nota dónde la hay. Las asonancias del
-romance aplicadas á versos endecasílabos y eptasílabos alternados; la
-acumulación de símiles para representar la misma idea por varios lados y
-aspectos; una sencillez graciosa, que degenera á veces en prosaismo y en
-desaliñado abandono, pero que<span class="pagenum"><a name="page_104" id="page_104">{104}</a></span> da á la elegancia lírica el carácter
-popular del romance y aun de la copla; el arte ó el acierto feliz de
-decir las cosas con tono sentencioso de revelación y misterio, y cierta
-vaguedad aérea, que no ata ni fija el pensamiento del lector en un punto
-concreto, sino que le deja libre y le solevanta y espolea para que
-busque lo inefable, y aun se figure que lo columbra ó lo oye á lo lejos
-en el eco remoto de la misma poesía que lee; de todo esto hay en
-Becquer, y de todo esto hay en Juan Zorrilla también.</p>
-
-<p>Lo nuevo en Juan Zorrilla es que, con ser su <i>Tabaré</i> una narración, en
-parte de ella, en la primera sobre todo, narra y casi no narra. Parece
-el poema bella serie de poesías líricas, en las cuales la acción se va
-desenvolviendo. Cuando los personajes hablan, queda en duda si son ellos
-los que hablan ó si habla el poeta, en cuyo espíritu se reflejan con
-nitidez los sentimientos y las ideas que tienen los personajes de modo
-confuso, como quien no vuelve sobre su espíritu y le examina y analiza.</p>
-
-<p>Esta manera de poetizar se adapta muy bien al asunto de <i>Tabaré</i>.
-Tratado en prosa, dicho asunto daría lugar á un sutil análisis
-psicológico; tratado en verso, y como Juan Zorrilla le trata, su poesía,
-que no analiza ni discurre, porque no sería poesía si tal hiciera, ó
-sería poesía muy pesada, sobreexcita é inspira al lector para que él
-mismo haga los discursos y los análisis.</p>
-
-<p>El argumento de la obra cabe en muy breve<span class="pagenum"><a name="page_105" id="page_105">{105}</a></span> resumen. El tremendo cacique
-Caracé, allá en la época de la reconquista, roba á una noble y gallarda
-doncella española y la hace madre. La desventurada, á pesar del amor á
-su hijo, no resiste la situación horrorosa en que se halla, la abyecta
-servidumbre en que ha caído, y las inclemencias de la vida selvática, y
-muere pronto dejando huérfano al mestizo. Este mestizo es Tabaré, héroe
-de la leyenda. Por sus venas corre mezclada la sangre del indio bravo,
-de la raza más feroz, más indómita, más despreciadora de la vida y más
-rebelde á toda la civilización, con la sangre europea, donde van
-infundidos los refinamientos de una educación de dos mil años,
-transmitida por herencia: las virtualidades, gérmenes y aptitudes que,
-desenvueltos luego y llegados á su plenitud y madurez en el adulto, le
-hacen señor de la tierra, capaz de los más altos ideales y digno de
-alcanzarlos.</p>
-
-<p>El poeta nos quiere pintar en su poema la desaparición irremediable de
-una raza, cuyo salvajismo enérgico, á par que la inhabilita para la vida
-civilizada, presta á su heroica lucha y á su final hundimiento el
-aspecto más trágico, excitando la admiración y la piedad. Esta raza es
-la de los <i>charrúas</i>, que combatieron fieramente contra los españoles
-hasta que no quedó un charrúa.</p>
-
-<p><i>Tabaré</i> es de esta raza, pero también es español: lleva en las venas,
-por misterio inexplicable, la civilización de Europa; inconsciente
-le<span class="pagenum"><a name="page_106" id="page_106">{106}</a></span>vadura ó fermento, que hierve y agita su organismo; savia que le
-remueve todo, sin acabar de brotar en flores y en frutos.</p>
-
-<p><i>Tabaré</i> quedó sin madre desde muy niño. No sabe nada; y por lo
-aprendido, es tan salvaje como los demás charrúas, mientras que, por lo
-no aprendido, por lo no formulado, ni hecho distinto y claro por virtud
-reveladora de la palabra, lleva en sí todos los elementos difusos é
-informes de las ideas y de los sentimientos más delicados y hermosos.</p>
-
-<p>No entremos aquí á defender ni á refutar esta teoría de la trasmisión
-hereditaria. Yo me limito á decir que ha de tener mucho de cierta, á mi
-ver, hasta donde no destruye la libertad y la responsabilidad humanas.
-No hay religión que no la acepte, admitiendo merecimientos y pecados
-originales. El vulgo la afirma con frecuencia en sus proverbios. La
-ciencia experimental del día va quizá más allá de lo justo en
-sostenerla, cayendo en determinismo y en fatalismo.</p>
-
-<p>Como quiera que sea, pues no nos incumbe dilucidar la verdad científica
-del alma de <i>Tabaré</i>, el valor estético de la creación es grande, y el
-arte y el ingenio que se requieren para dar forma, vida y movimiento á
-esta creación, tienen que ser poco comunes.</p>
-
-<p>Juan Zorrilla posee este arte y este ingenio. Ni el poeta penetra en lo
-profundo del alma de <i>Tabaré</i>, y se pone á analizarla, como haría un
-novelista psicológico; ni <i>Tabaré</i> habla ni se ex<span class="pagenum"><a name="page_107" id="page_107">{107}</a></span>plica á sí mismo, lo
-cual sería inverosímil. Y no obstante, el lirismo de Juan Zorrilla, como
-un ensalmo, como un conjuro mágico, evoca el espíritu de <i>Tabaré</i>, y nos
-le deja ver claramente, en su vida interior, en el móvil oculto de sus
-acciones, en sus afectos, en su vago pensar y en su complicada
-naturaleza.</p>
-
-<p>En la confluencia de los ríos San Salvador y Uruguay han fundado los
-españoles una aldea, fortaleza ó puesto avanzado. D. Gonzalo de Orgaz es
-el joven capitán de los valientes que mantienen allí la bandera de
-España. D. Gonzalo, á pesar del peligro del puesto, tiene consigo á su
-esposa Doña Luz, y á Blanca, su linda hermana.</p>
-
-<p>De vuelta D. Gonzalo de una excursión guerrera, trae á varios
-prisioneros charrúas. Entre ellos viene Tabaré. Tabaré ve á Blanca. Las
-raras emociones que al verla agitan su pecho están descritas con tal
-sutileza, con arte tan delicado, que se comprende y se admira su vaga
-intensidad. Su idealismo parece real, naturalista y vivido. Se diría que
-todo el elemento materno de hombre civilizado que había en el espíritu
-de Tabaré, surge, á la vista de Blanca, desde el tenebroso fondo de su
-sér de salvaje. Es sentimiento sin nombre, arrobo indefinible, recuerdo
-confuso de allá de la infancia, cuando su madre vivía y le llevaba en
-sus brazos. Todo esto no lo dice el indio, porque sería falso que se
-entendiese él por reflexión, y que se explica<span class="pagenum"><a name="page_108" id="page_108">{108}</a></span>se la devoción, la pureza,
-la limpia castidad, el religioso acatamiento y la admiración que Blanca
-le inspira. Todo esto no lo dice el poeta tampoco, como si el héroe,
-mudo ó incapaz de explicarse, tuviese intérprete ó comentador constante
-que le fuese traduciendo y glosando. Y todo esto, sin embargo, se ve y
-resulta de la poesía de Juan Zorrilla, por dificultad vencida y por arte
-pasmoso, que le dan, en mi sentir, extraordinario mérito y novedad
-inaudita. Es la más alambicada metafísica de amor puesta en cifra, y por
-instinto, en el estilo de los salvajes, y puesta con tal claridad, que
-la comprende el hombre civilizado capaz de comprenderla. No parece sino
-que el poeta guardaba en ánfora sellada el antiguo elixir amoroso con
-que se embriagaba Petrarca, y que, depurado por los siglos, le derrama
-en las selvas primitivas y entre las breñas y malezas, embalsamando el
-aire del recién descubierto país uruguayo.</p>
-
-<p>Tabaré, que está enfermo, infunde piedad y simpatía á Blanca y al P.
-Esteban,</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">«Encarnación de aquellos misioneros<br /></span>
-<span class="i0">Que del reguero de su sangre hacían<br /></span>
-<span class="i0">La primer senda en medio del desierto,<br /></span>
-<span class="i0">Y marcaban el sitio<br /></span>
-<span class="i0">Hasta el cual penetraba el Evangelio,<br /></span>
-<span class="i0">Con el cadáver solo y mutilado<br /></span>
-<span class="i0">De algún mártir sin nombre y sin recuerdo.»<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Por intercesión del misionero y de Blanca,<span class="pagenum"><a name="page_109" id="page_109">{109}</a></span> Tabaré queda libre, bajo su
-palabra de no fugarse de la colonia.</p>
-
-<p>Como Tabaré anda melancólico y ensimismado, excita más la piedad y el
-interés de Blanca, que le habla á veces. Si responde el indio, rompiendo
-su obstinado silencio, ó si el poeta responde por él, interpretando su
-mirada y sus ademanes, queda en esfumada indeterminación lírica. Á la
-verdad que lo que dice el indio es el sentir y el pensar del indio; pero
-apenas se concibe que el indio pudiera expresarlo. El encanto de la
-poesía vence esta dificultad, y aun saca de ella más hermosura.</p>
-
-<p>Blanca habló á <i>Tabaré</i>.</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i2">«Él se detuvo, sin alzar la frente,<br /></span>
-<span class="i0">Cual llamado á lo lejos;<br /></span>
-<span class="i0">Cual si la voz tardara largo espacio<br /></span>
-<span class="i0">En ir desde el oído al pensamiento.<br /></span>
-<span class="i0">Quedó fijo; temblaba como el arpa<br /></span>
-<span class="i0">Que ha sacudido el viento;<br /></span>
-<span class="i0">Como el corcel que en su carrera escucha<br /></span>
-<span class="i0">El bramido del tigre en el desierto.<br /></span>
-<span class="i0">Así como una piedra,<br /></span>
-<span class="i0">Al fondo del abismo descendiendo,<br /></span>
-<span class="i0">Despierta temerosas resonancias,<br /></span>
-<span class="i0">Voces lejanas, quejas y lamentos,<br /></span>
-<span class="i0">La voz de la española<br /></span>
-<span class="i0">Descendió al alma del salvaje enfermo,<br /></span>
-<span class="i0">Y en ese abismo despertó la vida,<br /></span>
-<span class="i0">La queja, el grito del dolor y el tiempo.»<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p><i>Tabaré</i> habla entonces á Blanca. Sus palabras carecen de orden y
-concierto. Brotan de sus la<span class="pagenum"><a name="page_110" id="page_110">{110}</a></span>bios como tropel de sombras y luces. El
-poeta es, pues, quien ordena este caos, y le trueca en bellas canciones
-americanas:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i2">«¡Oh! ¡sí! yo sé que acechas<br /></span>
-<span class="i0">Mis horas de dolor;<br /></span>
-<span class="i0">Sé que remedas alas de jilgueros<br /></span>
-<span class="i0">Donde yo estoy.<br /></span>
-<span class="i0">Yo sé que tú el secreto<br /></span>
-<span class="i0">Conoces de mi sér,<br /></span>
-<span class="i0">Y sé que tú te escondes en las nieblas...<br /></span>
-<span class="i0">¡Todo lo sé!<br /></span>
-<span class="i0">Que gimes en el viento;<br /></span>
-<span class="i0">Que nadas en la luz;<br /></span>
-<span class="i0">Que ríes en la risa de las aguas<br /></span>
-<span class="i0">Del <i>Iguazú</i>;<br /></span>
-<span class="i0">Que miras en las altas<br /></span>
-<span class="i0">Hogueras de <i>Tupá</i>,<br /></span>
-<span class="i0">Y en las lunas de fuego fugitivas<br /></span>
-<span class="i0">Que brillan al pasar.<br /></span>
-<span class="i0">Tú, como el algarrobo,<br /></span>
-<span class="i0">Sueño das á beber,<br /></span>
-<span class="i0">Y das la sombra hermosa que envenena<br /></span>
-<span class="i0">Como el <i>ahué</i>.<br /></span>
-<span class="i0">Yo, temiendo tu sombra,<br /></span>
-<span class="i0">Tiemblo y huyo de tí,<br /></span>
-<span class="i0">Y tú en el despertar de mis memorias<br /></span>
-<span class="i0">Vas tras de mí.»<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Luego habla el indio del recuerdo de su madre, que Blanca reanima en su
-mente:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i2">«Era así como tú... blanca y hermosa;<br /></span>
-<span class="i0">Era así... como tú:<br /></span>
-<span class="i0">Miraba con tus ojos, y en tu vida<br /></span>
-<span class="i0">Puso su luz.<span class="pagenum"><a name="page_111" id="page_111">{111}</a></span><br /></span>
-</div><div class="stanza">
-<span class="i0">Yo la ví sobre el cerro de las sombras<br /></span>
-<span class="i0">Pálida y sin color.<br /></span>
-<span class="i0">El indio niño no besó á su madre...<br /></span>
-<span class="i0">No la lloró.<br /></span>
-
-<span class="i4">. . . . . . . . . . . . <br /></span>
-
-<span class="i0">Hoy vive en tu mirada transparente<br /></span>
-<span class="i0">Y en el espacio azul...<br /></span>
-<span class="i0">Era así como tú la madre mía;<br /></span>
-<span class="i0">Blanca y hermosa...; pero no eres tú.»<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>El amor singular del indio hace que despunte en el alma de Blanca, como
-en el cielo sereno y puro, una remotísima é indecisa aurora de amor, tan
-indefinida, que se confunde con la piedad, con la conmiseración, con la
-caridad cristiana.</p>
-
-<p>En tal estado vaga <i>Tabaré</i> en silencio por la colonia; y, de día, le
-juzgan loco, y por la noche, la gente crédula le imagina alma en pena ó
-fantasma.</p>
-
-<p>Varios soldados persiguen al fantasma y le acometen; <i>Tabaré</i> se
-defiende, y quiebra entre sus fuertes dedos el asta de la lanza de un
-soldado. Hubiera muerto entonces, si no acude el P. Esteban y le salva.</p>
-
-<p>El lance ocurrido y la singular y sombría condición del indio, avivan
-las sospechas de Doña Luz y de otros sujetos de la colonia, que no creen
-posible que un charrúa se civilice y deje de ser una fiera, y, á pesar
-de la generosa y confiada resistencia de D. Gonzalo, éste cede al fin y
-despide á <i>Tabaré</i>, para que vuelva á los bosques, á su vida de indio
-bravo.</p>
-
-<p>La compasiva Blanca ve al indio antes de<span class="pagenum"><a name="page_112" id="page_112">{112}</a></span> partir. En la mente del indio,
-Blanca sigue siendo un sér ideal:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">«Con alas invisibles en la espalda»,<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p class="nind">y en los ojos, con la luz de la aurora,</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">«Que el seno oscuro de la noche aclara»;<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p class="nind">pero la arisca fiereza del indio, y su sér de charrúa indómito, que
-lucha dentro de su pecho con la suave y amorosa condición que heredó de
-su madre, se oponen en esta ocasión á que Blanca comprenda que el indio
-la quiere bien. Blanca cree que la odia y que odia á todos los
-cristianos.</p>
-
-<p>Después hay un momento supremo en el combate interior entre las dos
-naturalezas de Tabaré. Va á vencer la ternura, y el charrúa, el charrúa
-que nunca llora, ni se queja en medio de los más horribles suplicios, se
-abraza al P. Esteban y vierte en su sayal una lágrima. La reacción es
-más violenta entonces. La vergüenza, la ira de haber incurrido en aquel
-acto de debilidad, deshonroso para su casta, hace que Tabaré ruja como
-un tigre, se desprenda del fraile y huya á la selva.</p>
-
-<p>Los cantos siguientes del poema tienen el carácter de una epopeya
-trágica y sombría.</p>
-
-<p>La carrera frenética de Tabaré cuando vuelve ya á sus nativos bosques,
-es de gran riqueza<span class="pagenum"><a name="page_113" id="page_113">{113}</a></span> de imaginación. Ni falta lo sobrenatural, como en
-los antiguos poemas. Juan Zorrilla llama á los espíritus, á los genios
-elementales del mundo americano primitivo, y todos acuden á su briosa
-evocación. Ellos que son inmortales y conocieron y trataron la raza
-extinguida de los huraños charrúas, salen de sus cavernas, descienden de
-las nubes, se hacen visibles en el aire, y, sacudiendo las osamentas y
-los cráneos, hundidos</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i2">«En el profundo limo<br /></span>
-<span class="i0">En que tienen las algas sus amores,<br /></span>
-<span class="i0">Se arrastra el yacaré, duerme la raya,<br /></span>
-<span class="i0">Y la tortuga sus nidadas pone»,<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p class="nind">revelan al poeta los ignorados pensamientos y sentimientos de aquellos
-salvajes. Es más: estos seres extra-humanos animan la naturaleza,
-intervienen como máquina en el poema y dan forma visible al delirio de
-Tabaré, errante por el bosque.</p>
-
-<p>No gusto de citar, porque lo que se cita, aislado y dislocado, pierde
-toda la belleza que nace del acorde en que está con el resto de la
-composición. Afirmo, pues, sin citar casi, que todo el vagar por el
-bosque del indio Tabaré es enérgica poesía, y de un brío gráfico y
-fantástico notables, donde lo real y lo ideal, lo observado y lo soñado,
-se mezclan y se funden íntimamente.</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i2">«Al sentirlo pasar, las lagartijas<br /></span>
-<span class="i0">Hacia sus cuevas corren,<span class="pagenum"><a name="page_114" id="page_114">{114}</a></span><br /></span>
-<span class="i0">Y asoman las cabezas puntiagudas<br /></span>
-<span class="i0">Y el largo cuerpo sin calor encogen.<br /></span>
-<span class="i0">Y las ranas se callan un instante<br /></span>
-<span class="i0">Mientras pasa, y sus voces,<br /></span>
-<span class="i0">Como largos quejidos, á su espalda,<br /></span>
-<span class="i0">Cuando ha pasado nuevamente se oyen.<br /></span>
-<span class="i0">Y los nocturnos pájaros lo siguen<br /></span>
-<span class="i0">En negras procesiones;<br /></span>
-<span class="i0">El chajá dando saltos por el suelo,<br /></span>
-<span class="i0">Chirriando esos murciélagos enormes,<br /></span>
-<span class="i0">Que, como manchas de la misma sombra,<br /></span>
-<span class="i0">La oscuridad recorren,<br /></span>
-<span class="i0">Persiguiendo los átomos, ó huyendo<br /></span>
-<span class="i0">Atolondrados de invisible azote.<br /></span>
-<span class="i0">Detrás de cada tronco acurrucada<br /></span>
-<span class="i0">Parece que se esconde<br /></span>
-<span class="i0">Alguna cosa que, al pasar el indio,<br /></span>
-<span class="i0">Sigue tras él con movimiento torpe.<br /></span>
-<span class="i0">Él siente á sus espaldas ese mundo<br /></span>
-<span class="i0">Que su alma sobrecoge;<br /></span>
-<span class="i0">Mas no se vuelve, y apresura el paso,<br /></span>
-<span class="i0">Y sigue, y sigue sin saber adónde.»<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Al fin, Tabaré se para rendido por la fiebre, y empieza su delirio, en
-que todos los espíritus de la naturaleza toman activa parte.</p>
-
-<p>Sigue después otro cuadro, que excede acaso en belleza al anterior. La
-inspiración del poeta, lejos de menguar, crece, según adelanta en su
-obra. Es un cuadro del más pujante naturalismo. No puede imaginarse
-aquelarre más espantoso que la escena real y vivida que el poeta ofrece
-á nuestros ojos. Ha muerto el cacique supremo de los charrúas, y éstos
-celebran los funerales. El sueño frío se entró por las venas del viejo
-ca<span class="pagenum"><a name="page_115" id="page_115">{115}</a></span>cique, y en balde los médicos le chuparon el vientre para arrancar el
-dardo que causaba su mal. Muerto ya, le preparan para el último viaje,
-embijándole horriblemente la cara con jugo de <i>urucú</i> para que asuste á
-<i>Añang</i> y á <i>Macachera</i> y á los genios del aire. Los indios danzan
-ebrios en torno de diez hogueras. La descripción de las mujeres es de
-mano maestra. Danzan y cantan las mozas: las viejas, de cuclillas,
-mastican entre sus mandíbulas sin dientes algo que echan en el brebaje
-que está fermentando. Los parientes del difunto se cortan dedos, ó se
-arrancan pedazos de carne ó túrdigas de pellejo para mostrar su pesar.
-Todo esto no se refiere: casi se ve. Se huele la sangre vertida; se
-respira el humo de las hogueras; se perciben los cuerpos desnudos; y se
-oyen los cantares bárbaros, los aullidos y el resonar de los pies que
-bailan, y el silbar de las bolas y de las flechas y el choque de las
-lanzas. Los indios arman brava y fantástica pelea con los hijos del aire
-y de la noche, con los perros que roen las lunas, y con los vestiglos
-malditos que acuden á llevarse el espíritu del cadáver.</p>
-
-<p>Como digno remate de las ceremonias fúnebres, aparece el indio Yamandú,
-reclamando que le eleven al cacicato supremo. Sus méritos y servicios
-son notables. Nadie hace muecas más diabólicas para espantar al enemigo;
-nadie da en la lucha alaridos más feroces. En su toldo cuelgan cien
-cabelleras de adalides muertos por su propia mano; su pecho está
-adornado con<span class="pagenum"><a name="page_116" id="page_116">{116}</a></span> largas sartas de dientes y de muelas de los <i>arachanes</i>
-vencidos de cuya piel retorcida ha formado la cuerda de su arco.</p>
-
-<p>Elegido ya ó reconocido como jefe, Yamandú excita á los indios á una
-expedición contra los españoles. No puedo resistir á la tentación de
-copiar aquí parte de su discurso:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i2">«¿Queréis matar al extranjero blanco?<br /></span>
-<span class="i0">Seguid á Yamandú.<br /></span>
-<span class="i0">Yo sé matarlo como al gato bravo<br /></span>
-<span class="i0">De los bosques del Hum.<br /></span>
-<span class="i0">Los cráneos de los pálidos guerreros<br /></span>
-<span class="i0">Al indio servirán<br /></span>
-<span class="i0">Para beber la chicha de algarrobas<br /></span>
-<span class="i0">Y el jugo del palmar.<br /></span>
-<span class="i0">Sus rayos no me ofenden, en su sangre<br /></span>
-<span class="i0">Se hundirán nuestros pies:<br /></span>
-<span class="i0">Sus cabelleras en las lanzas nuestras<br /></span>
-<span class="i0">El viento ha de mover.<br /></span>
-<span class="i0">Virgenes blancas que en los ojos tienen<br /></span>
-<span class="i0">Hermosa claridad,<br /></span>
-<span class="i0">Encenderán en nuestros libres valles<br /></span>
-<span class="i0">Nuestro salvaje hogar.<br /></span>
-<span class="i0">En esos días de las horas largas<br /></span>
-<span class="i0">En que canta el <i>sabiá</i>,<br /></span>
-<span class="i0">Y al pie de la barraca está el bañado<br /></span>
-<span class="i0">Dormido en el juncal;<br /></span>
-<span class="i0">En esas noches en que se oye á ratos<br /></span>
-<span class="i0">El canto del <i>urú</i>,<br /></span>
-<span class="i0">Las virgenes esclavas del charrúa<br /></span>
-<span class="i0">Brillarán con su luz.<br /></span>
-<span class="i0">Sus cuerpos son más blandos que el venado<br /></span>
-<span class="i0">Que acaba de nacer,<br /></span>
-<span class="i0">Y tiemblan como tiembla entre la hierba<br /></span>
-<span class="i0">La verde <i>caicobé</i>.<span class="pagenum"><a name="page_117" id="page_117">{117}</a></span><br /></span>
-<span class="i0">Sus cabellos parecen los renuevos<br /></span>
-<span class="i0">Más tiernos del sauzal,<br /></span>
-<span class="i0">Sus bocas se abren como el dulce fruto<br /></span>
-<span class="i0">Que da el <i>burucuyá</i>.<br /></span>
-<span class="i0">¡Vamos! ¡Seguidme! El extranjero duerme,<br /></span>
-<span class="i0">¡Duerme en el Uruguay!<br /></span>
-<span class="i0">¡El sueño que en sus ojos se ha sentado,<br /></span>
-<span class="i0">No se levantará!»<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>En efecto: Yamandú ha visto también á Blanca. Ha nacido en su pecho una
-pasión muy diversa de la de Tabaré y más propia del salvaje. El ansia de
-robar y gozar á Blanca y el deseo de matar á los españoles le inspiran
-el plan de una sorpresa nocturna y de un asalto á la colonia de San
-Salvador. Los indios caminan ya tácita y cautelosamente hacia la
-colonia, durante la noche, mientras duerme la guarnición descuidada.</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i2">«¿No veis entre las ramas asomarse<br /></span>
-<span class="i0">Los temerosos rostros de los indios,<br /></span>
-<span class="i0">Embijados de rojo, y dibujados<br /></span>
-<span class="i0">Con trazos verdes, negros y amarillos?<br /></span>
-<span class="i0">Las plumas de sus frentes se confunden<br /></span>
-<span class="i0">Con las hojas del cardo; el remolino<br /></span>
-<span class="i0">Del viento suave, al agitar las ramas,<br /></span>
-<span class="i0">Descubre aquí y allá rostros cobrizos.»<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Salen del matorral, por donde iban medio agachados, y dan ocasión para
-que el poeta nos nombre á algunos.</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">«Aquel es Ibipué. ¿Quién no conoce<br /></span>
-<span class="i0">Al <i>tubichá</i>, tan fiero como listo,<span class="pagenum"><a name="page_118" id="page_118">{118}</a></span><br /></span>
-<span class="i0">Que al avestruz alcanza y al venado,<br /></span>
-<span class="i0">Y apresa entre las aguas al carpincho?<br /></span>
-<span class="i0">Cayú es aquel que corre entre las chircas.<br /></span>
-<span class="i0">Se le conoce en el profundo signo<br /></span>
-<span class="i0">Que, con su hacha de piedra, le ha grabado<br /></span>
-<span class="i0">En la cabeza el <i>arachan</i> Siripo.<br /></span>
-<span class="i0">¿También tú, Guaycurú? De los cristianos<br /></span>
-<span class="i0">Tú te dijiste servidor sumiso;<br /></span>
-<span class="i0">Ese casco que llevas y esa adarga<br /></span>
-<span class="i0">De Garay los ganaste en el servicio.<br /></span>
-<span class="i0">Tú fuiste el mensajero de tu tribu:<br /></span>
-<span class="i0">Rompiste en la rodilla tu macizo<br /></span>
-<span class="i0">Arco de <i>ñandubay</i>, y en tu piragua,<br /></span>
-<span class="i0">Ó á nado, en son de paz, cruzaste el río.<br /></span>
-<span class="i0">¿No es esa una mujer? Es Tabolía.<br /></span>
-<span class="i0">Sabe arrancar la piel al enemigo,<br /></span>
-<span class="i0">Y ya más de una de ellas ha colgado<br /></span>
-<span class="i0">En el movible toldo de sus hijos.<br /></span>
-<span class="i0">Ella no exprime el fruto del quebracho,<br /></span>
-<span class="i0">Ni recoge en la selva para su indio<br /></span>
-<span class="i0">La miel del <i>guabiyú</i>, ni lleva el toldo,<br /></span>
-<span class="i0">Ni entona el <i>yaraví</i> de triste ritmo.<br /></span>
-<span class="i0">Tiene en su labio el signo del guerrero;<br /></span>
-<span class="i0">Suena en la lucha su salvaje grito,<br /></span>
-<span class="i0">Y en el desnudo seno apoya el arco<br /></span>
-<span class="i0">En que viene la muerte á hacer su nido.»<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>La expedición tiene, al principio, el éxito que Yamandú deseaba. San
-Salvador es sorprendido. La lucha es terrible, y bien pintada. Arden
-muchas casas. Los indios dan muerte á no pocos españoles; pero éstos se
-rehacen, y ponen en fuga á los invasores.</p>
-
-<p>Yamandú logra, no obstante, su principal objeto. En medio del tumulto,
-de la confusión y del horror de la batalla y del incendio, roba á<span class="pagenum"><a name="page_119" id="page_119">{119}</a></span>
-Blanca, y se la lleva á la selva sagrada donde tiene su guarida.</p>
-
-<p>Sucédense luego la desesperada furia de don Gonzalo al saber el rapto de
-su hermana, su idea de que es Tabaré quien la ha robado, y su inútil
-persecución para libertarla.</p>
-
-<p>Entretanto, Yamandú ha llevado á Blanca á lo más esquivo del bosque,
-donde el terror impide que penetren los otros indios, que no son
-<i>payés</i>, como él. El es hechicero, y no teme; antes bien domina á los
-espectros y genios que siguen á Añanguazú.</p>
-
-<p>La situación es desesperada. Blanca yace en el suelo sin sentido. Vuelve
-en sí, y se mira en el centro de la selva. En la oscuridad medrosa ve
-relucir las lascivas pupilas de Yamandú, que aguarda que vuelva ella de
-su desmayo.</p>
-
-<p>Algo de inesperado ocurre entonces, sin que Blanca atine á darse cuenta.
-Oye crujido de ramas que se apartan con violencia; después pasos,
-después gritos ahogados, y al fin ruido como de una lucha muda y
-tremenda.</p>
-
-<p>En suma; Tabaré ha venido en socorro de Blanca: ha caído sobre Yamandú,
-y ha logrado matarle, estrujándole el pescuezo entre sus dedos.</p>
-
-<p>Contar, como quien escribe un índice, todos estos sucesos y el final
-desenlace, es destruir el efecto artístico, que pueden producir, y que,
-á mi ver, producen. Menester es, no obstante, llegar al final
-rápidamente.<span class="pagenum"><a name="page_120" id="page_120">{120}</a></span></p>
-
-<p>Tabaré salva á Blanca, que está casi exánime y la lleva hacia la
-colonia.</p>
-
-<p>D. Gonzalo, que sigue buscando á su hermana, ve al indio, que corre
-teniéndola en sus brazos, y á quien cree el raptor. D. Gonzalo ciego de
-ira se lanza sobre Tabaré y le atraviesa con su espada. Blanca, que
-comprende ya todo el amor, toda la sublime devoción del indio, se abraza
-estrechamente con él, moribundo; llora y le llama. Tabaré muere.</p>
-
-<p>Así termina la acción de la leyenda, cuya trascendencia y elevación
-merecen que de epopeya la califiquemos. El poeta, como Hugo Foscolo ha
-dicho de Homero, aplacando con su cantar las afligidas almas de los
-vencidos, ha trazado con alto estilo la inevitable, la providencial
-desaparición de las razas, que llegan á ponerse con la civilización en
-indómita rebeldía. El poeta, español de raza, ensalza á los españoles
-vencedores, como Homero ensalzaba á los griegos; pero las lágrimas son
-para Tabaré. Las lágrimas son para Héctor y Príamo. No hay una sola
-página del poema de Juan Zorrilla que no esté impregnada de tierna y
-piadosa melancolía. Sobre el americanismo del poeta están aquellos
-sentimientos fervorosos de caridad cristiana, de amor á todos los
-hombres, tan propios del alma española, y que resplandecían en los
-misioneros, en los legisladores de Indias, y á veces, cuando la codicia
-ó la ambición no los cegaba, hasta en los mismos tremendos
-conquistadores, por más<span class="pagenum"><a name="page_121" id="page_121">{121}</a></span> que no todos fueran como D. Gonzalo de Orgaz,
-sino foragidos y desalmados aventureros.</p>
-
-<p>Lo que América debe á España es tanto é importa tanto, que el poeta,
-exaltado por el fervor de la sangre que lleva en sus venas, da á veces á
-España tales alabanzas, que, al llegar á España, tan postrada y abatida
-hoy, la consuelan y la sonrojan á la vez. El poeta imagina que acaso
-cuando en edad remotísima se hundió la Atlántida, no cabiendo su
-inmensidad en los mares resurgió ó sobrenadó en parte, formando ambas
-Américas, y separándose así de la parte capital que no se hundió: de
-España, que había sido y había de volver á ser su cabeza.</p>
-
-<p>El pueblo español es, para el poeta,</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">«El pueblo altivo que, en la edad sin nombre,<br /></span>
-<span class="i0">Era el cerebro acaso<br /></span>
-<span class="i0">De aquel dorso gigante y misterioso,<br /></span>
-<span class="i0">Ya sumergido en el abismo atlántico;<br /></span>
-<span class="i0">Que, no teniendo en su profundo seno<br /></span>
-<span class="i0">Para el coloso espacio,<br /></span>
-<span class="i0">Dejó asomar sobre la vasta tumba,<br /></span>
-<span class="i0">Miembro insepulto, el mundo americano.»<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Sin pretensión pedantesca, sino del modo propio de la poesía, hay y se
-agitan en el poema <i>Tabaré</i> grandes problemas de libre albedrío,
-predestinación, determinismo y vocación de las razas: psicología,
-teodicea y filosofía de la historia. Al leer el poema, se levanta el
-espíritu del lector á estas altas especulaciones.</p>
-
-<p>Después de lo dicho hasta aquí, de sobra es<span class="pagenum"><a name="page_122" id="page_122">{122}</a></span>tá añadir que me parece muy
-bueno el poema; y que hasta el severo Clarín ha de calificar á su autor,
-no de medio poeta sino de uno, y quizá de uno con colmo: colmo que no se
-atreverá á derribar su rasero, pasando sobre la medida.</p>
-
-<p>Mi carta se va haciendo interminable; pero me asalta un escrúpulo, y aun
-exponiéndome á pecar de pesado, quiero discurrir sobre él, á ver si le
-desvanezco.</p>
-
-<p>Á pesar de lo que he escrito y clamado contra el naturalismo, al fin,
-como soy un hombre de ahora y no de otra edad, y como las modas son
-contagiosas, yo, sin poderlo remediar, soy también algo <i>naturalista</i>.</p>
-
-<p>Mi escrúpulo es, pues, sobre la verosimilitud y hasta sobre la
-posibilidad de Tabaré. El hechizo de la poesía le hace parecer
-verosímil; pero ¿pudo ser Tabaré en la realidad de la vida? Aunque
-hubiera nacido de madre española, ¿no se crió como un salvaje? ¿De qué
-suerte, por lo tanto, aun concediendo mucho á la transmisión
-hereditaria, nació en su alma inculta pasión tan delicada, tan pura y
-tan fecunda en actos de heroísmo y abnegación, como en el alma de Don
-Quijote, después de leer todos los libros de Caballerías, ó como en el
-alma de sublime é ilustrado cortesano, ó caballero más ó menos andante,
-que ha estudiado á Platón, á León Hebreo, á Fonseca y al conde Baltasar
-Castiglione?</p>
-
-<p>Halm, el dramaturgo austriaco, nos representa un milagro por el estilo
-en <i>El hijo de las selvas</i>; pe<span class="pagenum"><a name="page_123" id="page_123">{123}</a></span>ro aquel milagro, ó no es, ó no parece
-ser tan grande. La verosimilitud de lo milagroso crece en nuestra mente,
-no sé por qué, en razón directa de la distancia de siglos que de lo
-milagroso nos separa. Y por otra parte; ni los galos eran salvajes como
-los charrúas, ni en el alma del galo rudo y bárbaro de Halm, aparece la
-pasión delicada con la espontaneidad divina que en el alma de Tabaré. La
-joven griega le revela el amor por medio de la palabra: le explica los
-misterios celestiales de su espiritual pureza. Tabaré, con solo ver á
-Blanca, lo adivina todo.</p>
-
-<p>Esto es lo que se me antoja poco creíble. Y yo no me contento con
-responderme que, ya que el efecto es hermoso, debo prescindir de la
-realidad de la causa. No me basta esclamar: <i>Si non é vero é ben
-trovato</i>. <i>El quidlibet audendi</i> no me tranquiliza. Por último: lo
-caótico, confuso, inefable, y para el mismo Tabaré no comprendido, de
-los afectos de su alma, no me resuelve la dificultad.</p>
-
-<p>Sólo la resuelve la teoría, expuesta ya por mí en otras ocasiones,
-acerca del poder revelador, religioso, suscitador de lo ideal, que
-ejerce la hermosura femenina.</p>
-
-<p>Los clásicos griegos nos dejaron en sus fábulas los indicios de este
-poder de civilización repentista.</p>
-
-<p>La hembra del hombre era abyecta, esclava, despreciada é inmunda. Se
-hace inventora de<span class="pagenum"><a name="page_124" id="page_124">{124}</a></span> su propia beldad. Se pule, se atilda, se asea, y,
-añadiendo además un esfuerzo de voluntad artística é inspiradísima, crea
-el hechizo más grande y fascinador que cabe en los objetos materiales:
-crea á la mujer. Y la mujer es reina, es maga, es sibila, es profetisa
-desde entonces.</p>
-
-<p>Su dominio sobre los hombres crudos y fieros, ya para bien, ya para mal,
-es desde entonces inmenso.</p>
-
-<p>Yo creo en la <i>ginecocracia</i> ó gobierno de la mujer en las edades
-primitivas. Donde quiera que la mujer se lava, se adorna y se pule, es
-reina y emperatriz de los hombres. En el país sabeo hubo reinas; reinas
-hubo en Otahiti. Cuando no hay reinas, hay musas que inspiran á los
-poetas, sibilas que columbran y manifiestan el porvenir, Egerias que
-dirigen á los Numas, Onfales que hacen que Hércules hile, Dalilas que
-cortan los cabellos á todo Sansón, y Circes que detienen, emboban y
-fijan á los Ulises vagabundos.</p>
-
-<p>Cuando lo trascendente, lo divino, lo inmortal y puro no ha brotado aún
-en el alma del hombre, la mujer, que ha encontrado su hermosura física,
-se lo revela todo, al revelársela. Como los rayos del sol de primavera
-hacen brotar de la tierra fragantes rosas, las miradas de la mujer hacen
-que brote la flor de lo ideal en el alma de los hombres.</p>
-
-<p>Así se explica la pasión de Tabaré, y queda firme como del más evidente
-realismo histórico y no como ensueño vano de la poesía.<span class="pagenum"><a name="page_125" id="page_125">{125}</a></span></p>
-
-<p>Corrobora mi creencia en este poder espiritualizante, catequizador,
-religioso de la mujer, ya elegantizada y bonita, merced á las artes
-cosméticas, al aseo y á la modesta y decente coquetería, que ha
-descubierto ella, un singular fenómeno que hoy se nota y que nos admira.</p>
-
-<p>El refinamiento, el exceso de la civilización conduce á muchos hombres
-eminentes y pensadores á un extremo donde sus espíritus tocan ya por un
-lado con los espíritus de los salvajes: á no concebir lo infinito
-desconocido sino como malhechor y diabólico: como el feo</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0"><i>Poter che ascoso a comun danno impera;</i><br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>ó á negar su realidad para no tener que maldecirla ó blasfemar de ella.</p>
-
-<p>En esta situación, sobreviene la mujer, y produce el mismo efecto, que
-en el salvajismo, en la viciada y ponzoñosa quinta-esencia de la
-cultura. Leopardi vuelve á hallar, en las <i>donnas</i> que celebra en sus
-cantos, á todas las divinidades de su Olimpo: Ingersoll, el ateo
-<i>yankee</i>, ama y adora á las <i>ladies</i> y <i>misses</i> como el trovador más
-rendido; Augusto Comte niega á Dios, y funda nueva religión, inspirado
-por la mujer, cuyo ideal modelo de pureza y de amor es la Virgen Madre;
-Cousin, harto de filosofar, y en su vejez, se enamora arcaica y
-retrospectivamente de Mad. de Longueville y de otras princesas y altas
-señoras de los tiempos de Luis XIV, y difunde su pasión amorosa en
-alabanzas tan tier<span class="pagenum"><a name="page_126" id="page_126">{126}</a></span>nas, que suenan como amartelados suspiros; Michelet
-cae, en los últimos años de su vida, en un dulce deliquio, en un
-melancólico erotismo, que vierte en sus libros sobre el amor y sobre la
-mujer; y Renan, descollando entre todos, llega á dar á este erotismo,
-idólatra ó <i>hiperdúlico</i>, una fuerza frenética, profética y
-apocalíptica, que se nota en <i>La Abadesa de Jouarre</i>, y en el prólogo
-sobre todo de tan afrodisíaco drama.</p>
-
-<p>Demostrado así y patente el poder milagroso de la mujer para hacer que
-surja ó que resurja lo ideal en el alma del hombre, mis escrúpulos se
-disipan y la figura de Tabaré queda tan consistente y verdadera como las
-de los más históricos personajes.</p>
-
-<p>Aplaudamos, pues, á Juan Zorrilla, sin el menor reparo, ya que ha sabido
-dar á luz tan amena leyenda ó poema, sin apartarse un ápice de la verdad
-y siendo al mismo tiempo naturalista é idealista en su obra.<span class="pagenum"><a name="page_127" id="page_127">{127}</a></span></p>
-
-<h2><a name="LA_POESIA_Y_LA_NOVELA_EN_EL_ECUADOR" id="LA_POESIA_Y_LA_NOVELA_EN_EL_ECUADOR"></a>LA POESÍA Y LA NOVELA EN EL ECUADOR</h2>
-
-<p class="rt">
-<i>Julio de 1889.</i><br />
-</p>
-
-<p class="chead">(AL SEÑOR D. JUAN LEÓN MERA)</p>
-
-<h3>I.</h3>
-
-<p>Muy estimado señor mío: En Washington y en Nueva York conocí y traté al
-Sr. Flores, actual presidente de esa república, cuyo ameno y franco
-trato me ganó la voluntad, haciéndome yo desde entonces muy amigo suyo y
-lisonjeándome de que él también lo es mío. En Bruselas, en París y aquí
-en Madrid, hemos vuelto á vernos, afirmándose más la amistad que ya nos
-profesábamos.</p>
-
-<p>Cuando el Sr. Flores partió de aquí para América á ocupar el alto puesto
-al que le han elevado sus merecimientos y la voluntad de sus
-conciudadanos me prometió enviarme las mejores producciones literarias
-de su país. Con gusto he visto que los cuidados y desvelos del gobierno
-y de la política no le han hecho olvidar su promesa. El Sr. Flores me ha
-enviado directamente algunos libros, y además ha excitado<span class="pagenum"><a name="page_128" id="page_128">{128}</a></span> á usted á que
-me envíe sus obras, por todo lo cual debo estar y estoy muy agradecido
-al señor Flores.</p>
-
-<p>A usted también le agradezco mucho las remesas, y sobre todo la última,
-que más que ninguna otra me ha interesado.</p>
-
-<p>El libro de usted titulado <i>Ojeada histórico-crítica sobre la poesía en
-el Ecuador</i>, contiene noticias curiosas y muestra, además, el talento de
-escritor que usted posee y sus ideas y opiniones sobre puntos de la
-mayor importancia; pero lo que más me ha agradado es <i>Cumandá</i>.
-<i>Cumandá</i> es una preciosa novela. Ni Cooper ni Chateaubriand han pintado
-mejor la vida de las selvas ni han sentido ni descrito más poéticamente
-que usted la exuberante naturaleza, libre aún del reformador y
-caprichoso poder del hombre civilizado.</p>
-
-<p>Impaciente estaba yo de hacer detenido examen de las obras de usted, y
-en particular de la mencionada novela, cuando leí en <i>La Epoca</i>,
-acreditado y juicioso periódico de esta capital, una muy grave acusación
-contra usted. Acusa á usted <i>La Epoca</i> de odiar á España y de haberlo
-probado en varias ocasiones que cita.</p>
-
-<p>Luego añade: «Nuestro amigo D. Juan Valera puede tomar nota de este
-sucedido para sus notables <i>Cartas Americanas</i>.»</p>
-
-<p>Confieso que la lectura del suelto de <i>La Epoca</i> me disgustó no poco.
-Harto sé yo que el odiar á España, aunque sea injusto, y el agraviarla,
-aunque es indigno y odioso, no impide que, en<span class="pagenum"><a name="page_129" id="page_129">{129}</a></span> todo lo demás, las cosas
-sean como son, y no de otro modo; ni destruye el valor literario y
-poético de <i>Cumandá</i>, ni el talento y la discreción que en la <i>Ojeada</i> y
-en otras obras de usted se advierten. Sin embargo, mi gratitud hacia
-usted por haberme enviado los libros no podía menos de enfriarse, á ser
-cierto que era un enemigo de mi patria quien me los enviaba, y mis
-alabanzas á dichos libros, aunque fuesen alabanzas merecidas, habían de
-sonar mal en mi boca y ser algo contrarias al patriotismo de que
-blasonamos los españoles.</p>
-
-<p>No me tranquilizaba yo con parodiar á Quintana aplicando á este caso
-aquello de</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">«Inglés te aborrecí, héroe te admiro:»<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p class="nind">y diciendo: repruebo la conducta y las malas pasiones de usted con
-respecto á España: pero no puedo menos de celebrar á usted por sus
-escritos.</p>
-
-<p>Yo preferiría creer y hacer creer que los pecados de usted contra España
-no son tan grandes como <i>La Epoca</i> supone. Movido de este deseo voy á
-ver si le logro en parte, empezando por defender á usted de la
-acusación, hasta donde pueda, antes de hablar por extenso de sus obras
-literarias, si bien de sus obras literarias tengo que hablar desde un
-principio, ya que en ellas aspiro á encontrar demostraciones claras de
-que usted no aborrece á España ni á los españoles.<span class="pagenum"><a name="page_130" id="page_130">{130}</a></span></p>
-
-<p>Antes de que la Academia Española eligiese á usted académico
-correspondiente, por lo cual en el suelto citado la censura <i>La Epoca</i>,
-había usted escrito no poco en prosa y en verso, haciéndose merecedor de
-aquella honra; pero usted, con extraordinaria modestia, no lo consideró
-así y creyó que debía hacer algo que fuese testimonio de su gratitud y
-de que la Academia no había hecho una elección desacertada. Entonces
-escribió usted <i>Cumandá</i> y se la dedicó al director de la Academia ó más
-bien á la Academia misma, ya que usted ruega al director que presente la
-obra á la Academia, y termina diciendo: «Ojalá merezca su simpatía y
-benevolencia, y la mire siquiera como una florecilla extraña, hallada en
-el seno de ignotas selvas, y que, á fuer de extraña, tenga cabida en el
-inapreciable ramillete de las flores literarias de la madre patria.»</p>
-
-<p>En las pocas palabras del texto que copio hay una serie de afirmaciones
-contrarias á ese odio que á usted atribuyen. Admira usted y ensalza
-nuestra literatura; desea que su novela tenga cabida en ella, como
-florecilla extraña y selvática que se pone en <i>inapreciable</i> ramillete
-de ricas flores; y llama, por último, <i>madre patria</i> á esa España, á
-quien suponen que usted odia.</p>
-
-<p>Resulta, además, que <i>Cumandá</i>, que es á mi ver de lo más bello que como
-narración en prosa se ha escrito en la América española, debe su ser al
-deseo de usted de mostrar á la Acade<span class="pagenum"><a name="page_131" id="page_131">{131}</a></span>mia su gratitud y suficiencia; todo
-lo cual redunda en gloria de España y es nuevo lazo de amistad entre
-ella y su antigua colonia, hoy República del Ecuador.</p>
-
-<p>Convengo, á pesar de lo dicho, en que no basta la prueba aducida para
-justificar á usted. El ánimo de todo hombre es inconsecuente y voltario.
-Pudo usted en aquella ocasión ser muy <i>hispanófilo</i>, sin dejar de ser
-<i>misohispano</i> en otras mil ocasiones.</p>
-
-<p>La cuestión, no sólo por el caso singular de usted, sino por lo que
-tiene de general, merece ser tratada y dilucidada. Cedo, pues, al
-prurito de decir algo sobre ella. Esto hará sin duda que mis cartas á
-usted sean más en número y más extensas de lo que yo había pensado.</p>
-
-<p>Espero que usted y el público tendrán la paciencia de leerlas.</p>
-
-<p>Lo primero que noto es que las relaciones entre España y los americanos
-emancipados tienen que ser muy diversas de las relaciones entre yankees
-é ingleses. Entre los yankees no hay ó hay apenas elemento indígena. Ora
-porque los indios del territorio de los Estados Unidos fuesen más rudos
-é incivilizables, ora porque los europeos colonos, de raza inglesa,
-tuviesen menos caridad y menos paciencia y arte para domesticar, ello es
-lo cierto que no hay entre los yankees muy numerosa población india
-reducida al vivir culto y político, ni hay tanto mestizo de europeo y de
-indio como en las que<span class="pagenum"><a name="page_132" id="page_132">{132}</a></span> fueron posesiones españolas. De aquí que á nadie
-se le ocurriese ni se le pudiese ocurrir entre los yankees, cuando se
-sustrajeron al dominio de la Gran Bretaña, la estrafalaria idea de que
-aquello era algo á modo de <i>reconquista</i>, como cuando los egipcios
-echaron á los hicsos, ó los españoles echaron á los moros, ó los griegos
-del Africa y del Peloponeso se libertaron de los turcos.</p>
-
-<p>En cambio, en casi todas las Repúblicas hispano-americanas se ha dicho,
-en verso y en prosa, algo de que la guerra de emancipación fué guerra de
-independencia y reconquista. El inca Huaina-Capac se aparece al poeta
-Olmedo, cuando celebra éste la Victoria de Junin sobre los españoles, y
-le profetiza la nueva victoria que los insurgentes han de alcanzar
-después en Ayacucho, como si los insurgentes fuesen indios y no
-españoles también, y como si tratasen de restablecer el antiguo imperio
-peruano y no repúblicas católicas, según el gusto y las doctrinas
-europeas.</p>
-
-<p>De aquí nacen motivos de enojo en abundancia y dificultades á montones,
-que hacen el trato entre españoles é hispano-americanos en extremo
-vidrioso ó sujeto á quiebras. Si les decimos que son españoles como
-nosotros suelen picarse, porque desean ser algo distinto y nuevo, y si
-no todos, muchos se pican también si los creemos indios ó semi-indios.</p>
-
-<p>Hay en los hispano-americanos, aun en los<span class="pagenum"><a name="page_133" id="page_133">{133}</a></span> más discretos y sabidos, mil
-injustas contradicciones.</p>
-
-<p>«Las leyes de Indias, dicen, las Ordenanzas de Carlos V, las de D.
-Fernando de Aragón y de doña Isabel la Católica eran buenas y
-protectoras. Desde que el Papa declaró en una bula que los hijos de
-América eran hombres, los reyes de España dictaron leyes para ampararlos
-y favorecerlos; pero burlándose de esas leyes los colonos españoles
-maltrataron á los indios, los azotaron, los humillaron y los hicieron
-trabajar hasta morir, como si fuesen acémilas, etcétera, etc.» Al decir
-esto, los americanos de ahora no advierten que ellos son los que se
-condenan, si no son indios puros. Los que dictaron las leyes protectoras
-estaban aquí, y por aquí se han quedado; pero los verdugos codiciosos y
-empedernidos de los indios, lo probable es que, salvo raras excepciones,
-se quedasen todos por allá, y que esos antiespañoles, declamadores
-acerbos por pura filantropía, no sean otros sino sus descendientes.</p>
-
-<p>Tiene mucha gracia la disculpa á que acuden ustedes para explicar lo
-poco que han hecho por los indios en los sesenta ó setenta años que
-llevan de independencia. «Hemos abolido las <i>mitas</i>, dicen ustedes,
-hemos suprimido el tributo personal y hemos desechado el azote.» Pero
-¿se debe esto á la independencia, ó al progreso de la cultura y de la
-moralidad entre todos los pueblos cristianos? ¿Es posible que alguien
-crea<span class="pagenum"><a name="page_134" id="page_134">{134}</a></span> de buena fe que si el Ecuador y Colombia fuesen hoy aún colonias
-españolas habría allí <i>mitas</i>, tributo personal, servidumbre y azotes?</p>
-
-<p>Independiente la que fué América española, lo mismo que si no fuese aún
-independiente, ya no puede haber ni hay esclavitud en ella. Los indios
-son libertos de la ley. Pero añade su ilustre compatriota de usted Juan
-Montalvo, á quien me complazco en citar, «son esclavos del abuso y de la
-costumbre.» En seguida describe elocuentemente los malos tratos y las
-faenas á que someten aún al indio en el Ecuador, y acaba por exclamar:
-«Si mi pluma tuviese don de lágrimas, yo escribiría un libro titulado
-<i>El Indio</i>, y haría llorar al mundo.» Y esto lo dice Juan Montalvo más
-de medio siglo después de que ese indio y el inca Huaina Capac
-triunfaron en Ayacucho de los pícaros españoles. Los españoles, no
-obstante, siguen teniendo la culpa de todo, aunque vencidos. Juan
-Montalvo lo declara: «No&mdash;dice;&mdash;nosotros no hemos hecho este sér
-humillado, estropeado moralmente, abandonado de Dios y de la suerte: los
-españoles nos le dejaron hecho y derecho, como es y como será por los
-siglos de los siglos.»</p>
-
-<p>Lo absurdo de este sofista declamador no merecería respuesta, si no
-estuviese algo del mismo sentimiento en la masa de la sangre de no pocos
-hispano-americanos, que así escupen contra el cielo y les cae encima:
-porque si son indios de sangre se declaran humillados, moralmente
-es<span class="pagenum"><a name="page_135" id="page_135">{135}</a></span>tropeados y abandonados de Dios por los siglos de los siglos: y si
-son españoles, reos de la muerte moral y de la condenación perpetua é
-irremediable de millones de séres humanos; y si son mestizos, son
-abominable amalgama de español y de indio, de la raza degradada y del
-cruel y tiránico verdugo que acertó á degradarla para siempre.</p>
-
-<p>Juan Montalvo dijo su frase, por decir una frase, sin saber lo que
-decía. No la hubiera dicho si la hubiera reflexionado: pero Juan
-Montalvo, y otros como él, y á veces usted entre ellos, por obra y
-gracia de su americanismo, creen otra cosa que los predispone contra
-nosotros, y, cuando creen ustedes esta cosa, es cuando apunta el odio
-contra España de que <i>La Epoca</i> acusaba á usted.</p>
-
-<p>Creen ustedes y sostienen que América, en el momento en que los
-españoles la descubrieron, estaba progresando con plena autonomía, y
-próxima á crear y á difundir una magnífica civilización original y
-propia, cuyos focos principales estaban en los imperios de Méjico y del
-Perú y entre los chibchas de Nueva Granada: pero la llegada de los
-feroces españoles detuvo el desarrollo de esa civilización y ahogó en
-sangre y destruyó con fuego sus gérmenes todos.</p>
-
-<p>No hay que buscar este pensamiento en otros autores. Usted le expresa á
-menudo. Todo iba muy bien por ahí. La conquista de Tupac Yupanqui había
-civilizado el reino de Quito. Los<span class="pagenum"><a name="page_136" id="page_136">{136}</a></span> <i>aravicos</i>, ó sea los poetas en
-lengua quichua, pululaban ahí lo mismo que en el Cuzco. La lengua
-quichua era un prodigio, un simbólico tesoro de misteriosas filosofías.
-Sólo el vocablo Pachacamac, con que en lengua quichua se designa á Dios,
-contiene sutil y profunda teodicea que el mero análisis gramatical
-descubre. Esta lengua había llegado á la perfección antes de la venida
-de los españoles. Según usted «se prestaba á la entonación de la oda
-heroica, á las vehementes estrofas del himno sacro, á la variedad de la
-poesía descriptiva, á los arranques del amor, á toda necesidad, á todo
-carácter y condición de metro, desde el festivo y punzante epigrama
-hasta el grave y dilatado género de la escena.» Claro está, pues, que
-los indios hasta literatura dramática tenían, y que el teatro era una de
-las más nobles diversiones de la corte de los incas.</p>
-
-<p>El florecimiento literario y el desenvolvimiento intelectual eran, pues,
-notables entre los peruanos y quiteños: pero llegaron los españoles y
-aquello fué el acabóse. Apenas quedó rastro de nada. «El poder
-exterminador de la conquista, exclama usted, arrancó de raíz el genio
-poético de los indios, y en su lugar hizo surgir de los abismos el
-espectáculo de la desolación y del espanto. El numen de la armonía no
-pudo vivir entre los vicios y la depravación de la gente española.»</p>
-
-<p>Infiérese de aquí que, no contentos los espa<span class="pagenum"><a name="page_137" id="page_137">{137}</a></span>ñoles con destruir la
-civilización indígena americana, despojaron á los indios de su inocencia
-y los pervirtieron.</p>
-
-<p>Esta mentida y decantada inocencia de América, que celebra Quintana en
-una de sus mejores odas, me trae á la memoria un terrible pasaje de la
-<i>Crónica del Perú</i> de Pedro de Cieza, que presenta Leopardi en apoyo de
-su negro pesimismo y desesperada misantropía.</p>
-
-<p>«Los caciques de este valle de Nore&mdash;dice&mdash;buscaban por las tierras de
-sus enemigos todas las mujeres que podían; las cuales, traídas á sus
-casas, usaban con ellas como con las suyas propias, y si se empreñaban
-de ellos, los hijos que nacían los criaban con mucho regalo hasta que
-cumplían doce ó trece años: y desde esta edad, estando bien gordos, los
-comían con gran sabor, etc.» Y añade después: «Háceme tener por cierto
-lo que digo ver lo que pasó con el licenciado Juan de Vadillo (que en
-este año está en España, y si le preguntan lo que digo dirá ser verdad),
-y es que la primera vez que entraron cristianos españoles en estos
-valles, que fuimos yo y mis compañeros, vino de paz un señorete que
-había por nombre Nabonuco y traía consigo tres mujeres; y viniendo la
-noche, las dos de ellas se echaron á la larga encima de un tapete ó
-estera y la otra atravesada para servir de almohada, y el indio se echó
-encima de los cuerpos de ellas muy tendido, y tomó de la mano otra mujer
-hermosa.<span class="pagenum"><a name="page_138" id="page_138">{138}</a></span></p>
-
-<p>...Y como el licenciado Juan de Vadillo le viese de aquella suerte,
-preguntóle que para qué había traído aquella mujer que tenía de la mano;
-y mirándole al rostro el indio, respondió mansamente que para comerla...</p>
-
-<p>...Vadillo, oído esto, mostrando espantarse, le dijo:&mdash;¿Pues cómo siendo
-tu mujer has de comerla?&mdash;El cacique, alzando la voz, tornó á responder
-diciendo:&mdash;Mira, mira, y aun el hijo que pariere tengo también de
-comer.&mdash;Supo además Vadillo, por dicho de indios viejos, que «cuando los
-naturales de aquel valle iban á la guerra, á los indios que prendían
-hacían sus esclavos, á los cuales casaban con sus parientas y vecinas, y
-los hijos que habían en ellas aquellos esclavos los comían; y que
-después que los mismos esclavos eran muy viejos, y sin potencia para
-engendrar, los comían también á ellos.» Verdad es que Cieza explica con
-cierto candor la <i>inocencia</i> de estos indios antropófagos, ya que el
-serlo «más lo tenían por valentía que por pecado.»</p>
-
-<p>Sin declamación ni sentimentalismo, aun suponiendo al español de
-entonces, y sobre todo al aventurero que iba á América, vicioso,
-depravadísimo, ignorante y cruel, todavía queda el peor de estos
-españoles muy por bajo de los indios salvajes ó semisalvajes, en vicios,
-depravación, crueldad é ignorancia.</p>
-
-<p>No es posible, por devastadores y malvados y fanáticos que supongamos á
-los españoles del<span class="pagenum"><a name="page_139" id="page_139">{139}</a></span> tiempo de la conquista, que hiciesen desaparecer de
-la tierra americana y del alma y de la memoria de los indios todos los
-primores de su civilización, si en alguna parte los hubo.</p>
-
-<p>Para Méjico no deja usted de traer á cuento el auto de fe que de muchos
-manuscritos ó pinturas simbólicas hizo el arzobispo D. Juan de
-Zumárraga; pero ni ahí, ni en el Perú, hubo ni Zumárraga ni Omar que
-incendiase las bibliotecas, y sin embargo, ¿dónde están las odas, los
-dramas, las filosofías y las teologías que del Perú y del primitivo
-reino de Quito nos han conservado los doctos? Sólo cita usted una
-composición poética quichua sin atreverse á decir terminantemente que
-sea anterior á la venida de los españoles. Sin duda la compuso algún
-indio ya algo civilizado, á imitación de los versos de Castilla. Dice
-usted que es una poesía sencilla y graciosa que nos da idea de la
-genuina poesía de los antiguos indios. La poesía es breve, y ya es una
-ventaja. Consta de 76 sílabas, ó sea de 19 versos de á 4. Tres versos
-acaban en <i>munqui</i> y dos en <i>súnqui</i>, y un verso entero es <i>cunuñunun</i>,
-por el cual se puede presumir lo melodioso de los otros.</p>
-
-<p>Los tales versos son la única reliquia que ostenta usted de la genuina
-civilización de esas tierras, donde no sólo había <i>aravicos</i> ó poetas,
-sino también <i>amautas</i> ó sabios y filósofos.</p>
-
-<p>Las coplas que trae usted además en lengua quichua, y la lamentación
-sobre la muerte de<span class="pagenum"><a name="page_140" id="page_140">{140}</a></span> Atahualpa son ya de nuestro tiempo: obra de los
-<i>amautas</i> y <i>aravicos</i>, que no se sepultaron como se sepultaron los más
-de ellos, «por no ver, como usted dice, las atrocidades de los blancos.»</p>
-
-<p>En suma, si fuésemos á dar crédito á los primeros capítulos de la
-<i>Ojeada</i> de usted, España no llevó á América la civilización y la ley de
-gracia, sino la barbarie y todos los vicios. Nosotros empujamos á esa
-sociedad «en el abismo de tinieblas y de males, del cual la habían
-sacado la inteligencia, el raro tino político y la gran fuerza de
-voluntad de los incas;» lanzamos sobre América «una tempestad de vicios
-y crímenes;» y tratamos de aniquilar en todas partes los elementos de
-vida intelectual,» é hicimos «desaparecer la cultura de los indios entre
-el humo y los vapores de la matanza.»</p>
-
-<p>Todo esto lo decía usted en 1868. Si después no hubiera usted modificado
-sus opiniones, <i>La Epoca</i> tendría razón en la advertencia que me hizo:
-usted odiaría á los españoles, y no sin fundamento, aunque erróneo.</p>
-
-<p>Desde 1868, usted ha cambiado mucho, como ya se verá. Por otra parte,
-aunque usted no hubiera cambiado, <i>Cumandá</i> no dejaría de ser una
-preciosa novela.</p>
-
-<p>Antes, sin embargo, de hablar de <i>Cumandá</i>, quiero yo decir á usted
-algunas razones más para ver si desarraigo de su espíritu los restos que
-aun queden en él de ese fundamento erróneo que le movió á odiarnos como
-nación. Lo<span class="pagenum"><a name="page_141" id="page_141">{141}</a></span> que es individualmente, yo calculo que no nos quiere usted
-mal, y por mi parte le estimo y aun me inclino á ser amigo de usted, á
-pesar de los errores, que supongo pasados.</p>
-
-<h3>II.</h3>
-
-<p>Muy estimado señor mío: Cada cual tiene su teoría para explicar la
-historia. Yo tengo la mía, que ni es nueva, ni inventada por mí, ni yo
-pretendo hacer que usted la acepte, si es que usted piensa de otro modo.
-Sólo voy á exponerla aquí en breves palabras para sentar la base en que
-se apoya lo que yo pienso sobre el soñado progreso y creciente
-civilización de los indios de América cuando llegaron por ahí los
-españoles.</p>
-
-<p>Dejo á un lado las árduas y profundas cuestiones, que tanto se rozan con
-las doctrinas religiosas, de si hubo ó no revelación primitiva, de si el
-linaje humano proviene todo de una pareja ó de muchas y de si apareció á
-la vez en varias regiones del globo ó en una sola. Tomemos el asunto
-menos <i>ab ovo</i>, y harto podemos afirmar sin que nadie se escandalice que
-el hombre, ó bien por olvido de la primitiva revelación y de la cultura
-que de ella había nacido, ó bien sin necesidad de olvidarlas, porque no
-las había tenido jamás, empezó en todos los países por el estado
-salvaje, ó cayó ó recayó en él por motivos diversos difíciles de
-explicar.<span class="pagenum"><a name="page_142" id="page_142">{142}</a></span></p>
-
-<p>Dicho estado, pues, ya inicial, ya por decadencia y corrupción, no
-coincide ni ha coincidido nunca en todos los países. Aun en el día, á
-pesar de los cómodos y rápidos medios de comunicación, hay salvajes en
-el centro de Africa y en algunas islas del mar del Sur y en varios
-lugares de América, mientras por acá gozamos de electricidad, vapor,
-fotografía, Submarino Peral, torre Eiffel y novelas naturalistas.</p>
-
-<p>Las diversas tribus y castas de hombres que viven en el mundo han ido
-siempre, en su marcha ascendente hacia la cultura, adelantadas unas y
-atrasadas otras. Los pueblos del Mediodía de Europa llevaban la
-delantera desde hace veinticinco siglos. Después, según dicen, los
-meridionales de Europa hemos decaído y nos hemos rezagado; pero sigue en
-Europa, y es ya casi indudable que seguirá por largo tiempo, el
-estandarte ó guión de la cultura, que hoy tienen entre manos franceses,
-alemanes é ingleses, y que tal vez aspiran á levantar también en alto
-los rusos.</p>
-
-<p>Como quiera que sea, y ora prevalezca una nación, ora otra, es evidente
-que la civilización de Europa prevalece, se difunde por el resto del
-mundo y le domina todo. La América de hoy, en lo humano y en lo culto,
-no es más que una parte de esta Europa transportada á ese nuevo y vasto
-continente. Hoy la civilización americana es una prolongación de la
-civilización europea. España, Portugal, Inglaterra y Francia<span class="pagenum"><a name="page_143" id="page_143">{143}</a></span> han
-llevado ahí sus idiomas, sus ciencias, sus artes y su industria.</p>
-
-<p>Posible es que con el andar de los siglos, y en virtud del medio
-ambiente y de la mezcla de la sangre de los europeos con la sangre de
-los indios y hasta de los negros importados de Africa venga á resultar
-ahí algo extraño, nuevo, muy distinto, tal vez superior á lo de Europa;
-pero si esto ocurre me parece que tardará mucho en ocurrir, y por lo
-pronto, esto es, durante doscientos ó trescientos años (y fijo tan corto
-plazo porque el mundo va deprisa), seguirán ustedes siendo europeos
-trasplantados, y sus repúblicas, con relación á los Estados de Europa, á
-modo de mugrones, lo cual no es negar que cada uno de estos mugrones
-llegue á ser ó ya sea vid más lozana, robusta y fructífera que la vieja
-cepa de que brotó.</p>
-
-<p>Lo que yo sostengo es que ni el salvajismo de las tribus indígenas en
-general, ni la semicultura ó semibarbarie de peruanos, aztecas y
-chibchas, añadió nada á esa civilización que ahí llevamos y que ustedes
-mantienen y quizá mejoran y magnifican. Y aunque lo anterior al
-descubrimiento de América sea muy curioso de averiguar y muy ameno de
-saber, importa poco y entra por punto menos que nada en el acervo común
-de la riqueza científica, política, literaria y artística de ustedes,
-heredada de nosotros y acrecentada por el trabajo de ustedes, y no por
-ningún legado ó donativo de los indios.<span class="pagenum"><a name="page_144" id="page_144">{144}</a></span></p>
-
-<p>Pero, ¿qué donativo podían los indios hacer si nosotros destruimos con
-mano airada cuanto podía constituir el donativo? Esta es la tremenda
-acusación que ustedes nos hacen ó más bien que ustedes se hacen, pues
-sin duda ustedes son los más directos descendientes de aquellos feroces
-españoles que fueron á destruir civilización tan donosa.</p>
-
-<p>Un ilustre cubano, D. Rafael Merchan, que vive en Bogotá ahora, se
-extrema más que usted en esta acusación. Todo iba por ahí divinamente.
-Acaso habían sido Manco-Capac y Bochica más sabios que Sócrates y que
-Aristóteles. Acaso, si no llegamos ahí los españoles, los indios se
-perfeccionan, nos cogen la delantera, y son ellos los que vienen á
-Europa á civilizarnos. Si Colón, Cortés y Pizarro no van á América en
-los siglos <small>XV</small> y <small>XVI</small>, es probable que en el <small>XVII</small> los emperadores aztecas
-ó los incas nos hubieran enviado navegantes y conquistadores que
-hubieran descubierto, conquistado y civilizado la Europa allá á su modo.</p>
-
-<p>Por fortuna, los españoles madrugamos, fuimos por ahí antes de que los
-indios despertasen y viniesen, y dimos al traste con todo. «Todo
-pereció&mdash;dice el Sr. Merchan&mdash;razas, monumentos, libros, ídolos, cultos,
-ciencias, todo quedó destruído.»</p>
-
-<p>El Sr. Merchan dice, y dice bien, que los séres inteligentes, aunque no
-nos conozcamos y vivamos en regiones distintas, realizamos un<span class="pagenum"><a name="page_145" id="page_145">{145}</a></span>
-pensamiento común y contribuimos á una grande obra. Pero los españoles
-fuimos por ahí y arrancamos medio mundo á esa elaboración universal. Y
-no contentos con arruinar la civilización americana quisimos borrar y
-borramos hasta la memoria de ella, arrasando «los monumentos más
-apreciables y convirtiendo ese Continente en una inmensa tumba de razas
-que tenían tanto que decirnos».</p>
-
-<p>Todo esto es una serie de suposiciones gratuitas del Sr. Merchan. Las
-razas indígenas de América no han perecido. Hoy acaso existen más indios
-en Méjico y en el Perú que los que había cuando la conquista; y si no
-hay más indios en el Paraguay, es por las guerras recientes que les han
-hecho los brasileños y argentinos. Todo cuanto los indios tenían que
-decirnos nos lo han dicho. Y si hoy Liborio Zerda, Antonio Bachiller y
-Morales y otros americanistas lo exponen, no faltaron, desde los
-primeros días del establecimiento de los españoles, sabios curiosos,
-misioneros llenos de caridad y de indulgencia y escritores sinceros que
-lo expusiesen con amor, más bien ponderando las virtudes y excelencias
-de los indios que denigrándolos.</p>
-
-<p>En suma, la historia de América, antes de Colón, es bastante oscura, mas
-no por culpa de los españoles, y lo que de esa historia se sabe más
-induce á creer lo contrario de lo que usted, el señor Merchan y el Sr.
-Montalvo, insinúan ó medio sostienen á veces.<span class="pagenum"><a name="page_146" id="page_146">{146}</a></span></p>
-
-<p>En vez de ese progreso que ustedes imaginan, los indios seguían en
-decadencia.</p>
-
-<p>Acaso si se retarda un siglo la llegada de los españoles, los imperios
-azteca, peruano y chibcha hubieran desaparecido, como ya habían
-desaparecido en América otras semi-civilizaciones, y acaso no hubieran
-hallado Pizarro, Cortés y Jiménez de Quesada, más que salvajes
-antropófagos, adoradores del diablo como los patagones y borinqueños, no
-sabiendo contar más que hasta diez, y <i>tatuados</i> ó pintados con
-espantosos dibujos ó untados con grasas rancias y apestosas, en vez de
-andar vestidos.</p>
-
-<p>Indudablemente el salvajismo de los americanos de antes de la conquista
-europea, así como la semi-barbarie de varios pueblos del Nuevo Mundo y
-de Asia y de Africa, antes de ponerse en contacto con Europa, no indican
-que había ó hay ahí razas nuevas, que por sí solas puedan elevarse ó que
-están ó estuvieron en vía de elevarse á la civilización, sino más bien
-dan claro y triste indicio de razas antiguas, decaídas ó degradadas, que
-han perdido su civilización, si la tuvieron. De esas razas se puede
-afirmar lo que el Sr. Pí y Margall, citado por el propio señor Merchán,
-afirma de los guatemaltecos, al fijarse en los monumentos suntuosos y
-artísticos de Palenque y de Mitla: «Lejos de admitir, dice, que sean
-jóvenes aquellos pueblos, estoy por sospechar con Humboldt que estaban
-en decadencia á la llegada de los españoles y que habían<span class="pagenum"><a name="page_147" id="page_147">{147}</a></span> perdido la
-memoria de lo que un tiempo fueron. Ignoraban hasta la existencia de
-esos grandiosos restos de una civilización pasada.» De esta civilización
-pasada ó remota de los pueblos de América, cuando llegaron los
-españoles, quedaban recuerdos ó restos, que es casi seguro que hubieran
-desaparecido también si no acude á tiempo aún la civilización europea á
-regenerar al salvaje ó al semi-salvaje americano.</p>
-
-<p>El guerrero español de la conquista sería cruel, codicioso, sin
-entrañas, todo lo malo que se quiera, con tal de que no se suponga, sin
-justicia alguna, que hubieran sido ó que fueron más suaves y benignos
-los alemanes ó los ingleses; pero no fueron españoles los que imaginaron
-que eran los indios de una raza inferior. Los españoles creyeron siempre
-que los indios eran sus hermanos, extraviados y decaídos, á quienes
-convenía traer al buen camino y levantar de su abatimiento y miseria.</p>
-
-<p>Los resultados dan testimonio de lo que digo. ¿Dónde están los indios
-civilizados por los yankees y convertidos en ciudadanos de la Gran
-República? Y en cambio, ¿no están Colombia, el Ecuador, Venezuela,
-Méjico y Guatemala, llenas de indios ó de mestizos, que son tan
-ciudadanos como los españoles de pura sangre? ¿No llegan esos indios ó
-esos mestizos á ser cuanto se puede ser en las sociedades libres? ¿Cómo
-comparar el espíritu democrático-católico de los españoles con la
-soberbia de la raza inglesa?<span class="pagenum"><a name="page_148" id="page_148">{148}</a></span></p>
-
-<p>Francamente, el escritor hispano-americano que, como usted nos trata tan
-mal y nos acusa de tantas maldades, si es español de pura sangre agravia
-y calumnia á sus antepasados, y si es indio puro, muestra la más negra
-ingratitud á los que le salvaron y regeneraron, y si es mestizo, reniega
-de la sangre española que puede tener en las venas, y hace creer que su
-sangre india se caldea más con el ardor de la envidia rencorosa que con
-el santo fuego de la gratitud.</p>
-
-<p>Si á esto se arrojase el escritor hispano-americano para sostener la
-verdad, yo no se lo echaría en cara. La verdad antes que todo, por
-amarga que sea. Pero, ¿dónde está el fundamento de verdad de las cosas
-que usted afirma? Basta enunciarlas, sin contradecirlas, para que ellas
-mismas se refuten y manifiesten lo absurdas que son. Nosotros
-<i>animalizamos</i> al indio; destruimos los monumentos levantados por su
-genio sencillo y espiritual; borramos sus tradiciones históricas, y
-pusimos un abismo de ignorancia entre el siglo de Huaina Capac y
-Atahualpa y los siglos de los despóticos virreyes españoles. En fin,
-nosotros matamos la literatura quichua, salvo las coplitas que usted nos
-presenta, y que por mi parte no lamentaría mucho que se hubieran también
-perdido; é hicimos que los sabios indios que asesinamos se llevasen á la
-otra vida multitud de secretos admirables, con los cuales se hubiera
-enriquecido y ufanado hoy la ciencia.</p>
-
-<p>En fin, en su <i>Ojeada</i> ó historia literaria del<span class="pagenum"><a name="page_149" id="page_149">{149}</a></span> Ecuador, usted fantasea
-y finge una civilización americana que nosotros destruimos. Nuestra
-llegada fué como la irrupción de Alarico, de los vándalos ó de Atila, en
-lo más culto y brillante de Italia. Los indios, que estaban tan
-ilustrados, fueron <i>arrojados</i> por nosotros <i>al ínfimo grado de
-ignorancia</i>, y ahí sobrevino la caliginosa oscuridad intelectual que
-hubo en Europa en los siglos medios. Todo el saber, perseguido por los
-españoles, se fué á refugiar en los colegios de los padres jesuítas y en
-otros conventos de frailes.</p>
-
-<p>Aseguro á usted que yo, á no haber sido provocado por <i>La Epoca</i>, no
-entraría con usted en estas discusiones. Mi intento, al escribir estas
-cartas, no es suscitar polémicas con los hispano-americanos, sino
-reanudar, hasta donde sea posible, las amistades que deben durar entre
-todos los hombres de sangre y de lengua españolas. Para ello no quiero
-adular á ustedes, sino dar á conocer en esta Península los mejores
-frutos de su ingenio, juzgándolos con justicia.</p>
-
-<p>La <i>Revue Britannique</i> me hace el honor de hablar amablemente de estas
-cartas mías en uno de sus últimos números, elogiándome sobre todo por
-cierta habilidad diplomática de que por completo carezco. Se vale de
-rodeos y perífrasis, pero sostiene en realidad que yo elogio á ustedes
-demasiado, que los adulo para que se reconozcan ustedes españoles de
-origen y para que, encantusados ustedes por mí, de nuevo fraternicemos.<span class="pagenum"><a name="page_150" id="page_150">{150}</a></span></p>
-
-<p>Tiene razón la dicha Revista en que yo busco esta fraternidad, pero ni
-adulo á ustedes ni los encantuso para lograrlo y menos aun para sustraer
-á ustedes al influjo de Francia. Yo afirmo, porque lo creo, que son
-ustedes españoles, porque son de nuestra raza, porque hablan nuestro
-idioma, porque la civilización de ahí fué llevada ahí por España, sin
-que cuente por nada la <i>civilización india</i>, chibcha ó caribe; pero
-jamás pensé yo en robar á Francia su influjo en esas repúblicas, ni
-siquiera en censurar que ustedes se sometan á él en lo que tiene de
-bueno. Yo reconozco que España misma, por desgracia, está muy rezagada
-con respecto á Francia. Yo creo que Francia es una de las naciones más
-inteligentes del mundo, y la considero á la cabeza de los pueblos del
-Mediodía de Europa que hablan idiomas que provienen del latín. Soy tan
-dócil y transigente, que por más que me choque, soy capaz de aceptar la
-calificación genérica de pueblos latinos; pero no acierto á desechar, ni
-aquí en España, ni en las que fueron sus colonias, la especial
-calificación de españoles. Y deseo y espero que nuestra sangre tenga ahí
-y conserve la suficiente virtud y fuerza informante, digámoslo así, para
-preponderar en las mezclas con la sangre de los indígenas, y también con
-la sangre de otros pueblos de Europa, que la corriente de la emigración
-lleve á esas regiones.</p>
-
-<p>Dice la Revista, á que me refiero, que el vice-presidente de la
-República Argentina, Sr. Pelle<span class="pagenum"><a name="page_151" id="page_151">{151}</a></span>grini, ha desmentido mis asertos en un
-discurso que pronunció en París, y que copia. Yo veo lo contrario; que
-el Sr. Pellegrini está de acuerdo conmigo. Aunque lleva un apellido
-italiano, ya se considera de casta española por el hecho de ser
-argentino; así lo afirmó en otro discurso que pronunció en Madrid; y si
-reconoce la hegemonía intelectual de Francia, ¿hace más por dicha, lleva
-á mayor extremo su entusiasmo, que el señor Castelar, á quien nadie
-acusa de renegar de su españolismo, en un artículo elocuentísimo
-publicado en el <i>Fígaro</i> hace pocos días?</p>
-
-<p>En suma, yo no he de formar contra usted, ni contra ningún escritor
-hispano-americano, capítulo de culpas, porque sea demasiado entusiasta
-de Francia, porque celebre la violenta separación de ustedes y de la
-metrópoli, y porque cante en todos los tonos los triunfos de los
-insurgentes y las derrotas de los realistas; pero francamente, no se
-puede tolerar en silencio que afirmen ustedes que llevó España ahí la
-barbarie, que destruyó el saber indígena, y que (son palabras de usted)
-«el célebre Colón mostró la manera de atravesar el Océano, mas no la de
-trasladar á esas regiones las simientes de la civilización y las
-producciones de las grandes inteligencias.»</p>
-
-<p>Ya veremos, y con esto responderé á usted y á <i>La Epoca</i>, de qué suerte
-usted mismo, con dichosa y honrada contradicción, viene en sus libros á
-probar lo contrario: la acción civilizadora, la caridad ferviente, y la
-bondad de los ele<span class="pagenum"><a name="page_152" id="page_152">{152}</a></span>mentos de cultura, importados en América por los
-hombres de nuestra raza.</p>
-
-<h3>III.</h3>
-
-<p>Descartando de su <i>Ojeada</i> de usted toda la soñada civilización india y
-todo el enojo de usted contra España y tal vez sus remordimientos como
-de origen español por haber destruído tamaña preciosidad, vuelvo á la
-creencia del vulgo y me represento á los primitivos aventureros colonos
-llegando á un país de salvajes ó de semisalvajes luchando contra una
-naturaleza poderosa é inculta y tratando de fundar ahí y fundando
-colonias europeas.</p>
-
-<p>En este supuesto, y siguiendo la <i>Ojeada</i> de usted, y resumiéndola
-mucho, hemos de confesar que no lo hicieron tan mal los aventureros
-españoles y que llevaron ahí los animales y las plantas útiles de
-Europa, y la agricultura y la industria, y la religión y la moral
-cristianas; que fundaron ciudades y que crearon para la civilización un
-Nuevo Mundo, que si llega un día á competir con el antiguo y á no ser
-inferior á la parte de él que colonizó la raza inglesa, nos dará
-satisfacción y gloria á los españoles peninsulares, los cuales por el
-lado filantrópico, ó dígase humanitario, hemos hecho más que los
-ingleses, ya que hemos civilizado á algunos indios y hemos procurado
-civilizarlos á todos hasta don<span class="pagenum"><a name="page_153" id="page_153">{153}</a></span>de nosotros lo estábamos. Mas no podíamos
-dar, porque <i>nemo dat quod in se non habet</i>.</p>
-
-<p>Bajo la dominación de España hubo un clero en el Ecuador, el cual (usted
-lo confiesa) «se dedicó al cultivo de la inteligencia, puso en acción el
-habla y las razones para reducir las almas á la fe, tocó los resortes de
-la conciencia, despertó los instintos de moralidad y acertó á consolar
-grandes pesares». No contentos con esto, el gobierno y el clero de
-España fundaron allí buenas escuelas y ricas bibliotecas, donde, según
-usted afirma, «había preciosísimos manuscritos en todo ramo de
-literatura y aun sobre ciencias», lamentando usted que, después de
-declararse el Ecuador independiente, todo esto se haya tirado, se haya
-perdido ó se haya vendido á extranjeros, en vez de haberlo cuidado y
-aumentado. «Rubor nos causa decirlo, añade usted, porque no quisiéramos
-pasar por bárbaros; pero sólo en el Ecuador se ha visto gobierno que en
-vez de enriquecer un establecimiento de tal naturaleza, la biblioteca
-pública, la haya despojado de objetos que en otras naciones se hubieran
-conservado con veneración».</p>
-
-<p>Peor aun que con la biblioteca pública (que fué la de los padres
-jesuítas) se condujeron ustedes, ya independientes, con las bibliotecas
-de otros conventos. «Ni los gobiernos ni los prelados, dice usted, han
-tomado interés en que tales depósitos del saber humano se mejoren ó se
-conserven». Centenares de volúmenes se han<span class="pagenum"><a name="page_154" id="page_154">{154}</a></span> vendido á real, sin duda
-para envolver alcarabea.</p>
-
-<p>Para que vea usted cuán imparcial y desapasionado soy, yo creo que usted
-exagera las pérdidas y la feroz destrucción de la literatura y de la
-ciencia coloniales por los ya libres ecuatorianos, como exageró antes la
-destrucción de la ciencia y de la literatura quichuas por sus
-conquistadores.</p>
-
-<p>La verdad debe de ser que en esa naciente colonia, tan remota, no pudo
-haber muy notables producciones literarias, durante el siglo XVI, cuando
-la colonia materialmente se establecía; ni tampoco en el siglo XVII,
-durante el cual la misma metrópoli estaba en decadencia y bastante
-inficionada por el culteranismo y por el fanatismo. Lástima es, con
-todo, que se hayan perdido escritos históricos, y algunos versos
-culteranos, como los de la poetisa quiteña doña Jerónima Velasco, á
-quien Lope eleva á las estrellas, en el <i>Laurel de Apolo</i>; la llama
-<i>divina</i>, y la coloca sobre Erina y Safo. Algo había de valer esta doña
-Jerónima, á pesar de la sabida prodigalidad de Lope en las alabanzas.</p>
-
-<p>Por lo demás, la poesía ecuatoriana del siglo <small>XVII</small> era extremadamente
-gongorina; y los poetas, jesuítas ó discípulos de jesuítas. El
-<i>Ramillete de varias flores poéticas</i>, publicado en Madrid en 1676 por
-el guayaquileño Jacinto Eria, nos da muestras de todo lo dicho,
-bastantes para consolarnos de que otras flores del mismo suelo<span class="pagenum"><a name="page_155" id="page_155">{155}</a></span> y
-condición cayesen en el río del olvido y se perdieran, arrebatadas por
-la corriente, sin llegar á formar <i>ramilletes</i> nuevos.</p>
-
-<p>Restaurado después el buen gusto, ya á mediados del siglo XVIII, empieza
-verdaderamente á florecer la literatura en el Ecuador. Sus más hábiles y
-dichosos cultivadores fueron aun los padres jesuítas, cuya tiránica
-expulsión de todos los dominios de España fué un mal grande para el
-Ecuador. Sacó de ahí el más fructífero centro de cultura y perjudicó
-mucho á las florecientes misiones en que los padres atraían á los indios
-á la vida pacífica y cristiana, á la agricultura y á la civilización.
-Aquellos jesuítas ecuatorianos fueron, como los españoles de la
-Península, á refugiarse en Italia, y en Italia dieron también claro
-testimonio de su saber y su ingenio.</p>
-
-<p>Sería adulación suponer que descolló entre estos jesuítas ecuatorianos
-ninguno de aquellos varones portentosos que se llaman <i>genios</i>; pero,
-¿cómo negar que hubo hombres de talento no común, no indignos compañeros
-de nuestros Islas, Hervás, Andrés y Lampillas, y que en Italia mostraron
-la ilustración que tuvo y difundió la Compañía, así en la Península como
-en sus más distantes colonias? El país en que se habían formado hombres
-como los padres Velasco, Aguirre, Rebolledo, Garrido, Andrade, Crespo,
-Arteta, Larrea, Viescas y Ullauri, era sin duda un país donde las letras
-se cultivaban<span class="pagenum"><a name="page_156" id="page_156">{156}</a></span> con éxito y con esmero. Las poesías en castellano, en
-italiano y en latín, de estos expatriados jesuítas, son muy estimables.
-En mi sentir, usted se muestra con ellas más severo que indulgente.
-Entre los expulsados jesuítas ecuatorianos hubo también naturalistas,
-eruditos é historiadores. El padre Juan de Velasco, por ejemplo, nos ha
-dejado una interesante <i>Historia del Reino de Quito</i>.</p>
-
-<p>A pesar de la expulsión de los jesuítas, no se amortiguó ahí la antorcha
-del saber. Bien merece llamarse ilustrado en las colonias el gobierno de
-Carlos III y de sus sucesores hasta el momento en que se proclamó la
-independencia. La más brillante demostración de tal verdad la dieron los
-mismos eminentes americanos que tanto honraron á su patria en las Cortes
-de Cádiz, que pelearon por la independencia y que la cantaron en
-hermosos é inmortales versos. Sucre, Bolivar, Olmedo, Bello y muchos
-otros, bajo el régimen colonial habían sido educados.</p>
-
-<p>Olmedo es el más notable de los poetas hispano-americanos
-lírico-heroicos. Merecidos son los elogios que usted le tributa. Nada
-puedo añadir ni nada quiero rebajar tampoco. Mi querido amigo D. Manuel
-Cañete ha escrito un hermoso estudio sobre Olmedo, y usted reconoce que
-no le escatima los aplausos y que le perdona la dureza con que á veces
-nos trata, por la hermosura de la dicción y por la subli<span class="pagenum"><a name="page_157" id="page_157">{157}</a></span>midad poética y
-por la pasión de patriotismo exclusivo que al vate inspiraba entonces.</p>
-
-<p>Si yo procediese con enojo, y no con afecto, diría ahora: ¿Cómo fué que
-desde que ustedes sacudieron el pesado yugo de España (no hablamos aquí
-de ciencias, pues me limito á hablar de la poesía de que habla la
-<i>Ojeada</i>) apenas han tenido ustedes un buen poeta? La <i>Ojeada</i> llega,
-creo, hasta 1868, y hasta entonces no cita usted autor de versos que se
-eleve sobre el nivel de la medianía.</p>
-
-<p>Casi todos los poetas son doctores: el doctor Riofrío, el doctor
-Carvajal, el doctor Corral, el doctor Cordero, el doctor Castro, el
-doctor Avilez, el doctor Córdoba. A todos estos doctores, y á otros que
-no lo son, los iguala usted en el tocar ó pulsar la lira. A todos, al
-ponerlos usted en su <i>Ojeada</i>, los pone en berlina, con delectación
-morosa, examinando sus composiciones y dejándolas harto mal paradas.</p>
-
-<p>Me admiro de la crueldad de usted, tal vez indispensable. En pradera
-regada por una mala pero fecundante fuente Hipocrene, donde crecen con
-viciosa lozanía tantas yerbas inútiles ó nocivas, que tal vez ahogan el
-trigo y las bellas flores que pudieran granar, ó abrirse y ofrecer
-alimento ó aroma, me le figuro á usted armado de terrible almocafre,
-escardando cuanto hay que escardar sin reparo y sin lástima.</p>
-
-<p>¿Qué estragos no hace su almocafre de usted en esa <i>Lira ecuatoriana</i>,
-jardín de selectas plan<span class="pagenum"><a name="page_158" id="page_158">{158}</a></span>tas reunidas por otro doctor, el doctor
-Molestina? El verdadero molesto ha sido usted, y no él. Usted declara
-que el desventurado doctor Molestina no anduvo feliz en la elección de
-las piezas: maldice la abundancia; asegura que se contentaría con diez
-composiciones dictadas por las musas, y exclama, por último, «cargue el
-demonio con todo lo demás, que acaso es obra suya.»</p>
-
-<p>Pero hablando con mayor seriedad, usted no es molesto sino al doctor
-Molestina y á los poetas que usted severamente censura. Su <i>Ojeada</i> de
-usted está llena de excelentes consejos, de gracia, de discreción y de
-muy sana crítica. La pintura que hace usted de los vicios de la poesía
-en el Ecuador y en toda la América meridional es tan atinada y viva que
-no parece sino que puede aplicarse á los malos poetas que también
-abundan por aquí. La diferencia está en que aquí, salvo cuando la
-apasionada enemistad mueve la pluma, nadie critica á mi ver con la
-crudeza que usted critica. Tal vez suponemos que lo malo morirá de
-muerte natural, sin que el crítico lo mate. Tal vez templa aquí el rigor
-crítico la consideración que tan chistosamente aduce usted de que el
-poeta dice sus inmortales y maravillosos versos, inspirado por el Dios,
-de suerte, que cuando el Dios no le inspira, suele decir vulgaridades ó
-desatinos, y así, es menester sufrir éstos para que salgan aquéllos á
-relucir, pues el poeta mismo ignora cuándo le inspira el Dios, cuando no
-le inspira nadie, ó cuando le<span class="pagenum"><a name="page_159" id="page_159">{159}</a></span> inspira y le empecata el diablo. En apoyo
-de esto cita usted, con oportunidad ingeniosa, ciertas elocuentes
-razones de Platón, y el ejemplo que Platón ofrece de un detestable
-poeta, llamado Tinico de Calcis, el cual acertó á hacer una magnífica
-oda. Lo singular es que usted después de traer tales argumentos en favor
-de la indulgencia, maldito el caso que de ellos hace, y sin considerar
-que los Tinicos de por ahí acaso escriban alguna otra oda tan magnífica
-ó más que la del de Calcis, me los pone de vuelta y media por las malas
-odas que ya han escrito.</p>
-
-<p>Apenas hay género de poesía lírica cuyos defectos no marque usted con
-juicio. Las políticas son artículos de fondo rimados, en <i>lenguaje
-gacetero</i>: «son arengas demagógicas, valentonadas quijotescas,
-exabruptos delirantes, disertaciones flemáticas ó exposiciones de
-proyectos maravillosos para el futuro engrandecimiento del pueblo.» Para
-aparentar que hay en ello poesía afirma usted que los autores ponen en
-sus coplas muchas interrogaciones é interjecciones, puntos suspensivos,
-ridículas hipérboles é insultos desaforados.</p>
-
-<p>En la poesía amatoria aún halla usted más feos lunares. Por lo común, el
-poeta que ya ha obtenido favores de una dama, ó por celoso ó por
-hastiado, la harta de desvergüenzas ó expresa con abominable
-encarecimiento</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">El bien pasado y la ilusión perdida.<br /></span>
-<span class="pagenum"><a name="page_160" id="page_160">{160}</a></span></div></div>
-</div>
-
-<p>Es graciosa esta cita de usted: es de un autor que ha dado á luz un tomo
-titulado <i>Tristezas del alma</i>, y habla del último beso dado á su
-querida:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i2">Beso postrero... sudario<br /></span>
-<span class="i0">de la ilusión del primero,<br /></span>
-<span class="i0">Vago, triste, lastimero<br /></span>
-<span class="i0">Como el ay de la orfandad:<br /></span>
-<span class="i0">Última flor arrancada<br /></span>
-<span class="i0">Al árbol de los amores,<br /></span>
-<span class="i0">Horrorosa campanada<br /></span>
-<span class="i0">Que suena en la eternidad.<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Y usted añade con razón: «En materia de besos, bastantes disparates han
-dicho otros poetas; pero no hemos visto ni tenemos noticia de que
-ninguno haya llegado al extremo del autor de estos versos.»</p>
-
-<p>Mucha culpa de semejante disparatar la tiene, según usted, «el prurito
-de mostrarse descontento de la propia suerte, de lamentarse de males que
-no se sabe dónde están, de pintar una tristeza que está bien lejos del
-corazón, de fingir pasiones imposibles y deseos fuera de toda ley
-racional, y de llamar á la muerte cuando acaso menos se la desea».</p>
-
-<p>«Muchos amantes, dice usted en otro lugar, reconvienen á sus Nices, Lais
-ó Maritornes, dirigiéndoles billetes de eterna despedida, donde campean
-junto á un piropo desabrido una amarga burla, al lado de un mentiroso
-recuerdo una picante ironía, é ingerta en una tonta promesa<span class="pagenum"><a name="page_161" id="page_161">{161}</a></span> una amenaza
-aún más tonta. Espronceda, con su canción delirante ó crapulosa, si así
-puede decirse, dirigida á Jarifa, es el maestro de nuestros poetas
-eróticos; pero los discípulos han sobrepujado tanto al vate español,
-que, si viviera, se avergonzaría de la frialdad de sus versos.»</p>
-
-<p>Justo y saludable es el enojo con que truena usted contra el afán de
-imitar al ya citado Espronceda, á Byron, á Lamartine y á Víctor Hugo,
-exagerando sus faltas y no acertando á reproducir sus bellezas. Los
-ejemplos que pone usted son curiosos. Hay un poeta que, para combinar
-bien lo fúnebre con lo orgiástico, nos describe un banquete celebrado
-por él en el cementerio, donde turba el augusto silencio de las tumbas
-con música irónica y carcajadas infernales. Hay otro que, en el día del
-juicio final, se presenta delante de Dios con su querida de la mano, le
-dice que aquélla es su señora, que es muy guapa, que su amor es su
-virtud, que no quiere más cielo que ella, y amenaza al que se atreva á
-disputársela. Y hay otro, por último, que escribe una leyenda, ó
-fragmento de una leyenda imitando <i>El Estudiante de Salamanca</i>, y dando
-á luz á un D. Félix Joaquín Zavala, que pretende echar la zancadilla á
-D. Félix de Montemar, nuestro compatriota.</p>
-
-<p>En suma, salvo algunas atenuaciones, salvo varias dedaditas de miel que
-suministra usted de vez en cuando, poco tienen que agradecer á usted los
-poetas de su tierra.&mdash;«Todo es pura<span class="pagenum"><a name="page_162" id="page_162">{162}</a></span> palabrería, ruido insustancial,
-brillo falso.»&mdash;«La lengua está impíamente maltratada.»&mdash;«Ninguno
-reflexiona que cuando no hay verdad en los afectos, cuando las
-expresiones nacen de la cabeza y no del corazón, cuando se desecha lo
-natural por arrimarse sólo á los caprichos de la imaginación, propia ó
-extraña, no hay poesía, sino vano ruido de palabras; que no causa
-ninguna impresión agradable, sino mucho desabrimiento.»&mdash;Tales lindezas
-dice usted de su Parnaso.</p>
-
-<p>Movido usted quizás por el patriotismo, echa la culpa de tamaños males
-al materialismo, á la impiedad, á la carencia de ideales, al pesimismo,
-y á otros errores, con que contaminan á los poetas ecuatorianos los
-poetas europeos, que se les presentan como dechados y objetos da
-admiración. Pero acaso ¿son satánicos, impíos y desesperados todos los
-poetas que en Europa están de moda? No: las causas deben de ser otras, y
-no esas. Y por otra parte, aun siendo impíos, y satánicos y tétricos, lo
-cual es de lamentar, no se sigue que sean malos todos los poetas
-europeos. Buenos, egregios, eminentes pueden ser, á pesar de su
-satanismo y de su misantropía.</p>
-
-<p>Las causas verdaderas de los malos versos usted mismo las expone,
-rasgando sin compasión el vendaje y levantando los apósitos para catar
-las llagas.</p>
-
-<p>El capítulo XVIII de la <i>Ojeada</i> es sangriento. Suelta usted la pluma y
-se arma del látigo para<span class="pagenum"><a name="page_163" id="page_163">{163}</a></span> azotar á cuantos tienen los defectos, ó son
-causa ó resultado, ó ambas cosas, del mal estado de los estudios en esa
-república.</p>
-
-<p>Ahí viene usted á declarar que no se estudia nada bien, ni nada útil,
-que «no hay más que tres malos caminos y un despeñadero: la
-jurisprudencia desacreditada, el sacerdocio profanado, la medicina mal
-entendida y peor aplicada, y la vagancia.» Los más, prosigue usted, van
-al despeñadero, «por los malos hábitos adquiridos con los peores
-estudios.» Los que se dedican á la teología, á la abogacía ó á la
-medicina «carecen, en su mayor parte, de las aptitudes para tales
-ciencias.»</p>
-
-<p>Deplora usted luego que nadie se dedique á seguir otras carreras. Pero,
-¿cómo han de seguirlas, si en los colegios y Universidades sólo se
-enseña eso y mal? «Las ciencias exactas y naturales, la industria, las
-artes, los oficios tan necesarios al pueblo, no han merecido la atención
-de nuestros legisladores ó han sido mirados con frío desdén.»</p>
-
-<p>Eso mismo que se enseña puede inferirse de las palabras de usted que no
-se enseña bien ó que no se aprende. «¿Qué importa, exclama usted, con
-acerba ironía, que después de conquistados los grados y adquirido el
-pomposo título de <i>doctor</i>, subsista la ignorancia grande, redonda y
-cerrada? Este título da derechos que pueden convertirse en oro, aunque
-sea á despecho de toda razón y justicia.»<span class="pagenum"><a name="page_164" id="page_164">{164}</a></span></p>
-
-<p>Del capítulo que voy analizando, si le diésemos crédito y no viésemos
-acritud y exageración, deduciríamos que ahí bulle un enjambre de
-doctores sin doctrina, que no leen sino malas novelas, coplas inmorales,
-y cuanto de peor y de más desatinado, moral, social y racionalmente, se
-imprime en Europa, y sobre todo en Francia.</p>
-
-<p>Y aquí debo advertir que usted, si bien es anti-español á veces, por
-sobrado americanismo, es siempre ultraconservador, ferviente católico, y
-en política lo que hemos llamado por aquí <i>clerical</i> ó <i>neocatólico</i>.
-Tal calidad debe tenerse en cuenta á fin de mitigar las diatribas de
-usted contra sus propios contemporáneos y paisanos.</p>
-
-<p>Termino esta carta aquí no sin asegurar á usted que, si bien me parece
-usted hombre apasionado, también me parece instruído, inteligente y
-dotado de muy briosa elocuencia, la cual resplandece en no pocas páginas
-de la <i>Ojeada</i>, y les presta animación y brillantez nada vulgares.</p>
-
-<h3>IV.</h3>
-
-<p>El suelto de <i>La Epoca</i>, acusando á usted de odiar á los españoles, ha
-dado ocasión á no poco de lo que he dicho en las anteriores cartas, y ha
-convertido casi en polémica lo que no quiero yo<span class="pagenum"><a name="page_165" id="page_165">{165}</a></span> que lo sea. El Sr.
-Merchán, á quien cito en una de dichas cartas, se da por aludido y me
-honra dirigiéndome un escrito de 65 páginas de impresión á las que
-tendré que contestar. Quedo, pues, empeñado en disputas, contra toda mi
-intención y propósito, que no era otro que el de dar á conocer, hasta
-donde alcanzasen mis fuerzas, las obras literarias de los
-hispano-americanos, entre sus hermanos los españoles.</p>
-
-<p>Y ya que voy á empeñarme en esta controversia con el Sr. Merchán, quiero
-dar por terminado el amago de controversia que con usted he tenido, mas
-no sin poner antes las siguientes explicaciones ó aclaraciones.</p>
-
-<p>1.ª Que yo no creo en el odio de ustedes contra nosotros, sino en que la
-moda, la corriente de las ideas y sentimientos del día y nuestra
-propensión á dejarnos guiar por cuanto se les antoja decir, hasta contra
-nosotros mismos, á franceses, ingleses y alemanes, hace que ustedes
-vayan á veces más allá de lo justo en ponderar las crueldades y horrores
-de la conquista de América, sin advertir acaso que más culpados fueron
-los antepasados de ustedes que los nuestros, pues no es de creer que
-cuantos martirizaron, asesinaron y vejaron á los indios se volvieron á
-España, y sólo se quedaron por ahí los que los amaban y mimaban.</p>
-
-<p>2.ª Que fuesen los que fuesen los crímenes y atrocidades de nuestros
-antepasados (de ustedes y nuestros), al apoderarse de ese vasto
-con<span class="pagenum"><a name="page_166" id="page_166">{166}</a></span>tinente, dado el punto de civilización moral que los europeos
-alcanzaban entonces, no es de presumir que hubieran sido más blandos
-otros europeos, si les hubiera tocado en suerte hacer lo que hicimos.</p>
-
-<p>3.ª Que yo lamento, como lamenta el más americano de los americanos, que
-los españoles, por fanatismo ó por desdén, destruyesen monumentos y
-perdiesen documentos de las semi-civilizaciones peruana, azteca y
-chibcha: pero ¿qué le hemos de hacer? <i>Sunt lacrimæ rerum.</i> Las
-conquistas, las invasiones y las revoluciones y cambios, no suelen
-hacerlos, ni nunca los hicieron, los hombres mansos y suaves, sino los
-más duros y fuertes. En estos casos, hay poco cuidado en conservar y hay
-no pequeño prurito de destruir: lo cual en los venideros tiempos se irá
-remediando; pero entonces ¿cómo se ha de extrañar que causasen graves
-daños los españoles? ¿Cuántos templos, cuántas estátuas magníficas,
-cuántos libros no destruirían los cristianos, al acabar con el
-gentilismo clásico? ¿Qué horrores no harían las hordas del Norte cuando
-pusieron término en España á la dominación romana? ¿Qué no harían los
-berberes contra los monumentos y documentos de la civilización
-romano-bizantino-visogótica que en España había, cuando destrozaron
-ellos el Imperio fundado por Alarico? Sería cuento de nunca acabar si
-siguiésemos con estas citas y comparaciones. Baste lo dicho para que
-recapacite todo hom<span class="pagenum"><a name="page_167" id="page_167">{167}</a></span>bre de buena fe y confiese, al menos allá en sus
-adentros, que valía bien poco lo que nosotros destruímos en América en
-cambio de lo que en América fundamos, creamos é importamos.</p>
-
-<p>4.ª Que la guerra de independencia y separación de esas Repúblicas y la
-Metrópoli no se puede comparar con la reconquista de España y expulsión
-de los moros, ni con la separación de Portugal de España, ni menos aun
-con las guerras entre España y los Países Bajos. Ahí lo que hubo fué una
-guerra civil de emancipación, entre gente de la misma casta, lengua y
-costumbres. Todo lo que ustedes ensalcen las hazañas, las virtudes y los
-talentos militares de Bolivar, Sucre, San Martín y demás héroes, nos
-halaga, en vez de ofendernos, y nos halaga por dos razones: porque
-nuestra derrota queda cohonestada, y porque esos héroes, que nos
-vencieron, hijos de España eran, España los había criado y educado, y á
-España habían ellos servido hasta el día en que se levantaron en armas
-contra ella.</p>
-
-<p>Y 5.ª Que yo no he sido impulsado por nadie para contradecir algo de lo
-que usted dice, sino que, al leerlo y al criticarlo, no podía menos de
-contradecirlo, sin que desee yo renovar la antigua polémica de usted con
-el Sr. Llorente Vázquez, ministro que fué de España en esa República:
-antes bien huyo de intervenir en dicha polémica. No he visto ni estátua
-ni pintura del Gran Mariscal de Ayacucho, que tenga á<span class="pagenum"><a name="page_168" id="page_168">{168}</a></span> sus pies ó el
-león de España ó la bandera de España: pero, si algo tiene de enojoso
-para nosotros este modo de representar ustedes su triunfo, no pocos de
-los versos de usted, tan entusiastas de España y de sus antiguas
-glorias, nos desagravian por completo.</p>
-
-<p>Estas palabras, que usted pone en boca de Bolivar, nos deben dejar
-satisfechos:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i2">Ver con audaz mirada un nuevo mundo<br /></span>
-<span class="i0">De ignoto mar dormido en el regazo,<br /></span>
-<span class="i0">Y venciendo olas y enemigos vientos,<br /></span>
-<span class="i0">Y avasallando dudas é ignorancias,<br /></span>
-<span class="i0">Venir, tomarle, alzarle, y á otro mundo,<br /></span>
-<span class="i0">Asombrado decir: ¡He aquí tu hermano!<br /></span>
-<span class="i0">Y á las puntas fiar de cuatro aceros<br /></span>
-<span class="i0">De sojuzgar naciones la árdua empresa,<br /></span>
-<span class="i0">Gentes prostrando en número infinitas;<br /></span>
-<span class="i0">Y arrancar al error millones de almas<br /></span>
-<span class="i0">Y á la cruel barbarie; las sangrientas<br /></span>
-<span class="i0">Aras despedazar, do el pecho humano<br /></span>
-<span class="i0">En atroz agonía se agitaba;<br /></span>
-<span class="i0">Quitar al sol el usurpado culto<br /></span>
-<span class="i0">Y devolverle al Criador: triunfante<br /></span>
-<span class="i0">La cruz alzar en los dorados templos:<br /></span>
-<span class="i0">¡Qué hazañas! ¡qué grandeza! ¡cuánta gloria!<br /></span>
-<span class="i0">¿Quién á envidiarlas no se inclina?<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Sobra con lo citado para probar que usted no es enemigo, ni denigrador
-de los españoles, sino encomiador y amigo de ellos, como español de
-sangre, de origen, de religión y de lengua.</p>
-
-<p>Por mi parte, terminada queda la discusión con usted. Si más adelante,
-la siguiere yo con<span class="pagenum"><a name="page_169" id="page_169">{169}</a></span> el Sr. Merchán, más me excitará á ello la cortesía
-que el prurito de refutar sus opiniones.</p>
-
-<p>Ahora quiero hablar de <i>Cumandá</i> y de otra novelita de usted. <i>Entre dos
-tías y un tío</i>, que he leído con grande interés y contento.</p>
-
-<p>Empezaré por la novelita, pues, aunque obra más reciente, es de menos
-importancia.</p>
-
-<p>El estilo y manera que tiene usted de escribir novelas, son
-verdaderamente originales porque son naturales. No hay género de
-literatura en que sea más difícil no caer en la imitación de lo francés
-ó de lo inglés, á no adoptar algo de arcáico y afectado, tomando por
-modelo nuestras antiguas novelas de los siglos <small>XVI</small> y <small>XVII</small>. Por dicha,
-usted evita ambos escollos. La naturalidad espontánea y sencilla salva á
-usted de remedar á nadie, y sin aspirar á la originalidad, la tiene
-usted, sin nada de rebuscado y de raro. En las narraciones de usted no
-se ve el arte, aunque sin duda le hay. Se diría que usted cuenta lo que
-ha visto ó lo que le han contado, como Dios le da á entender, y como si
-jamás hubieran contado otros ó usted los hubiera leído ú oído.</p>
-
-<p>Las descripciones de la gira campestre, de la quinta á orillas del río,
-de los amores de Juanita y Antonio, tan candorosos é inocentes, y del
-egoísmo de las tías, y de la casi irresponsable brutalidad del tío don
-Bonifacio, siempre borracho, parecen la pura realidad.</p>
-
-<p>Para que no sigan los amores de Juanita,<span class="pagenum"><a name="page_170" id="page_170">{170}</a></span> porque Antonio es pobre, y
-doña Tecla cobra y disfruta la pensión de orfandad de su sobrina, doña
-Tecla envía á la muchacha, desde Ambato, donde vive, á Quito, donde
-reside Marta, su hermana. Doña Marta es una beata escrupulosa y
-asustadiza, que atormenta y muele á la pobre Juanita, más aún que doña
-Tecla. Un joven militar ve á Juanita en misa, la persigue, la piropea y
-la pretende, delante de doña Marta, que no le infunde respeto. Doña
-Marta, entonces, que es egoísta en extremo, y no quiere compromisos ni
-desazones, escribe á su hermana para que venga el tío Bonifacio y se
-lleve á Juanita á Ambato otra vez.</p>
-
-<p>En esta vuelta de Quito á Ambato, en este viaje, están el más vivo
-interés y la acción de la novela. Se nota que el autor, aunque ligero y
-sobrio en las descripciones, conoce á palmos el terreno: aquello no es
-fantástico, es real, y esta realidad hace que todo sea más interesante.</p>
-
-<p>Antonio, que sabe el viaje, ha dispuesto robar, durante el viaje, á
-Juanita. Todo lo ha preparado para robarla y casarse en seguida con
-ella, y se lo ha dicho á ella por medio de una carta.</p>
-
-<p>Sorprende el tío la carta, mientras Juanita duerme, en una posada en que
-hacen noche, y, como es un borracho crónico que presume de agudo y
-listo, toma con Juanita por atajos y veredas extraviadas, á fin de no
-tropezar con el raptor á quien debían acompañar dos amigos.<span class="pagenum"><a name="page_171" id="page_171">{171}</a></span> La
-resistencia de Juanita á salirse del camino que debían seguir; la brutal
-violencia con que el tío pega al caballo de Juanita para que vaya por
-donde él quiere; y el cansancio y el terror de Juanita cuando la noche
-llega de nuevo y los sorprende cerca del río, que viene muy crecido,
-todo aumenta la ansiedad del lector y la compasión que Juanita inspira.</p>
-
-<p>Ya están cerca de Ambato: pero es menester antes vadear el río. Don
-Bonifacio, más valeroso que de costumbre, merced á frecuentes
-libaciones, halla á un hombre conocido suyo que le muestra el vado.
-Juanita se aterra más que nunca y no quiere pasar: pero el tío castiga
-el caballo de Juanita que al fin se echa al agua.</p>
-
-<p>Así llegan á la orilla opuesta. Don Bonifacio oye la voz de Juanita, que
-dice: ¡Jesús me valga! pero ve que el caballo de Juanita ha pasado y le
-sigue.</p>
-
-<p>De repente aparecen tres hombres á caballo. Don Bonifacio cree que son
-Antonio y sus dos amigos y se llena de terror. Los tres de á caballo
-corren en otra dirección que la que lleva don Bonifacio, quien ve, sin
-poderlo evitar, que el caballo de Juanita va con ellos.</p>
-
-<p>Desesperado llega don Bonifacio á Ambato. Cuenta el rapto á doña Tecla,
-cuyo furor es terrible. Se pone en movimiento la policía, y don
-Bonifacio con ella, y á la mañana siguiente encuentran á Antonio y á sus
-amigos en una quinta. Piden la entrega de la mujer robada, y niega<span class="pagenum"><a name="page_172" id="page_172">{172}</a></span> el
-rapto Antonio. La buscan y no la encuentran. Por último, unos indios, en
-parihuelas hechas de ramaje, traen el cadáver de la infeliz Juanita, que
-han encontrado á la orilla del río. El caballo de Juanita, ya sin
-jinete, había seguido á los de los tres caminantes que ninguna relación
-tenían con Antonio y sus amigos.</p>
-
-<p>La desesperación de Antonio y la bestial estupefacción del tío Bonifacio
-no tuvieron límites con este desenlace. Doña Tecla lloró la muerte de
-Juanita. Su dolor crecía cuando llegaban los últimos días del mes y no
-podía cobrar la pensión.</p>
-
-<p>Contado todo esto, como yo lo cuento, no tiene gracia: pero, ¿cómo dar
-de otra suerte idea de una novela? Claro está que en Juanita y en
-Antonio, fuera del amor inocente y profundo que los anima y de la bondad
-de ambos, no hay muy marcada y distinta fisonomía, ni era posible
-dársela en tan corta novela: pero las dos tías y el tío, como caracteres
-cómicos, más fáciles de individualizar, están hábil y graciosamente
-pintados. Los usos y costumbres lo están también; y, durante la lectura,
-imagina uno que vive en el Ecuador, treinta ó cuarenta años hace.</p>
-
-<p>Muchísimas novelas se han escrito y se siguen escribiendo en toda la
-América española. No pocas de ellas merecerían ser más conocidas y
-leídas en España y por todo el mundo. Hay novelas chilenas, argentinas,
-peruanas, colombianas y mejicanas. Yo he leído ya bastantes, pero<span class="pagenum"><a name="page_173" id="page_173">{173}</a></span>
-declaro que ninguna me ha hecho más impresión hasta ahora, y me ha
-parecido más española y más americana á la vez, mejor trazada y escrita
-que <i>Cumandá</i>. Aquello es en parte real y en parte poético y peregrino.</p>
-
-<p>El teatro, en que se desenvuelve la acción, es admirable y grandioso y
-está perfectamente descrito. El autor nos lleva á él, trepando por la
-cordillera de los Andes, pasando el río Chambo de rápida é impetuosa
-corriente, oyendo el ruido de la catarata de Agoyan, y mostrándonos,
-desde la cumbre del Abitahua, por una parte la ingente cordillera,
-coronada de hielo, y, á nuestros pies, la inmensa y verde llanura, la
-soledad sin límites, las selvas primitivas, frondosas y exuberantes, por
-donde corren, regándolas y fecundizándolas, el Napo, el Naray, el Tigre,
-el Morona, el Chambira, el Pastaza y otros muchos ríos caudalosos, que
-van á acrecentar la majestuosa grandeza del Amazonas.</p>
-
-<p>El autor nos hace penetrar en aquellos misteriosos y fértiles desiertos,
-por donde vagan tribus de indios salvajes. Allí, si por un lado oye el
-hombre una voz que le dice, ¡cuán pequeño, impotente é infeliz eres!;
-por otro lado, oye otra voz que le dice: eres rey de la naturaleza;
-estos son tus dominios. Excepto Dios y tu conciencia, aquí nadie te mira
-ni sojuzga tus actos.</p>
-
-<p>Tal es el sublime teatro de la acción de <i>Cumandá</i>. Las sombras de la
-espesa arboleda, las sendas incultas, la fragancia desconocida de las<span class="pagenum"><a name="page_174" id="page_174">{174}</a></span>
-flores, el sonar de los vientos, el murmurar de las aguas, todo está
-descrito con verdadera magia de estilo.</p>
-
-<p>Se diría que el autor templa, excita y prepara el espíritu de los
-lectores, para que la extraña narración no le parezca extraña, sino
-natural y <i>vivida</i>.</p>
-
-<p>No me atrevo á contar la acción en resumen. No quiero destruir el
-efecto, que á todo el que lea la hermosa novela de usted debe causar su
-lectura.</p>
-
-<p>Los jesuítas, á costa de inmensos sacrificios, de valor y de
-sufrimiento, habían cristianizado á muchos de los más indómitos y fieros
-salvajes de aquellas regiones; y en ellas habían fundado no pocas
-aldeas. La pragmática sanción de Carlos III, expulsándolos, vino á
-deshacer en 1767, la obra de civilización tan noble y hábilmente
-empezada.</p>
-
-<p>El tiempo de la novela es á principios del siglo presente, en pleno
-salvajismo de aquellas apartadas comarcas.</p>
-
-<p>Hay, no obstante, una misión ó aldea de indios cristianos. El sacerdote
-que la dirige, es un rico hacendado, á quien, en una sublevación, los
-indios habían incendiado hacienda y casa, dando muerte á su mujer y á su
-hija.</p>
-
-<p>El hijo del misionero, que se había salvado y vivía con él en la misión,
-es el héroe de la novela. Sus castos amores con Cumandá, y las
-extraordinarias aventuras, á que dan ocasión es<span class="pagenum"><a name="page_175" id="page_175">{175}</a></span>tos amores, forman la
-bien urdida trama de la novela.</p>
-
-<p>¿Cómo negar, no obstante, que, desde cierto punto de vista, la novela
-tiene un grave defecto? La heroina, Cumandá, apenas es posible, á no
-intervenir un milagro: y de milagros no se habla. La hermosura moral y
-física del ser humano es obra artificial ó sobrenatural. O nace en un
-estado paradisiaco y de una revelación primitiva, de que por sus pecados
-cayó el hombre, ó renace por virtud de revelaciones sucesivas y de
-progresivos esfuerzos de voluntad y de inteligencia. La hermosura moral
-y física de la mujer, más delicada y limpia, que la del hombre, requiere
-aun mayor cuidado, esmero y esfuerzo, para que nazca y se conserve.
-Difícil de creer es, por lo tanto, que Cumandá, viviendo entre salvajes,
-feroces, viciosos, groserísimos, moral y materialmente sucios, y
-expuestos á las inclemencias de las estaciones, conserve su pureza
-virginal, y sea un primor de bonita, sin tocador, sin higiene y sin
-artes cosméticas é indumentarias. Cloe, en las <i>Pastorales de Longo</i>, no
-vive al cabo entre gente tan brutal, y toda su hermosura resulta además
-estéticamente verosímil, ya que Pan y las Ninfas la protejen y cuidan de
-ella. Cloe es un sér milagroso, y, para los que creían en Pan y en las
-Ninfas, en perfecto acuerdo con la verdad. Pero como Cumandá no tiene
-santo, ni santa, Dios, ni Diosa, ni hada, que tan bella y pura la haga y
-la con<span class="pagenum"><a name="page_176" id="page_176">{176}</a></span>serve, es menester confesar que resulta dificultoso de creer que
-lo sea.</p>
-
-<p>En muestras de imparcialidad, yo no puedo menos de poner este reparo á
-la novela de usted: pero, saltando por cima, haciendo la vista gorda y
-creyendo á Cumandá posible y hasta verosímil, la novela de usted que,
-con el hechizo de su estilo nos induce á creer posible á Cumandá, es
-preciosa, ingeniosa, sentida, y llega á conmovernos en extremo.</p>
-
-<p>Fuera de Cumandá, todo parece real, sin objeción alguna. Las tribus
-jívaras y záparas, y las fiestas, guerras, intrigas, supersticiones y
-lances de dichas tribus y de los demás salvajes, están presentados tan
-de realce, que parece que se halla uno viviendo en aquellas incultas
-regiones.</p>
-
-<p>El curaca Yahuarmaqui, que significa el de las manos sangrientas, es
-como retrato fotográfico: él y los adornos de su persona y tienda, donde
-lucen las cabezas de sus enemigos, muertos por su mano: cabezas
-reducidas, por arte ingenioso de disección, al tamaño cada una de una
-naranjita.</p>
-
-<p>Carlos, héroe de la novela y amante de Cumandá, no tiene grande energía
-ni mucha ventura para libertar á su amada: pero, en fin, el pobre Carlos
-hace lo que puede. Cumandá, en cambio, es pasmosa por su serenidad y
-valentía. Cuando la casan con el curaca Yahuarmaqui, la inquietud y el
-temor llenan el alma de los lec<span class="pagenum"><a name="page_177" id="page_177">{177}</a></span>tores. El curaca, por dicha, tenía ya
-más de setenta años, y muere á tiempo: muere la noche misma en que debe
-poseer á Cumandá. Pero la desventurada muchacha, con la muerte de
-Yahuarmaqui, pasa de Herodes á Pilatos. La deben sacrificar como á la
-más querida de las mujeres del curaca para que le acompañe en la morada
-de los espíritus. La fuga nocturna de Cumandá, por las selvas, es muy
-interesante y conmovedora. Los lances de la novela se suceden con bien
-dispuesta rapidez para llegar al desenlace. Cumandá es una generosa
-heroina. Para salvar á Carlos, que ha caído prisionero, y para evitar á
-la misión una guerra con el sucesor de Yahuarmaqui y su tribu, se va
-Cumandá de la aldea del padre Domingo, donde había buscado refugio, y se
-entrega á los salvajes, que la sacrifican. Luego se descubre que Cumandá
-era la hija del padre Domingo, á quien éste creía muerta cuando
-incendiaron su hacienda, y á quien una india, movida á compasión, había
-salvado y criado á su manera. Todos los incidentes de la catástrofe, del
-reconocimiento, del dolor del padre Domingo y de Carlos, están
-hábilmente concertados. Aceptada la posibilidad de tan sublime, casta,
-pura y elegante Cumandá, haciendo entre salvajes, vida salvaje, la
-narración parece verosímil y con todos los caracteres de un suceso
-histórico.</p>
-
-<p>La verdad es que, dado el género, aunque rabien los <i>naturalistas</i>, la
-novela <i>Cumandá</i> es mil<span class="pagenum"><a name="page_178" id="page_178">{178}</a></span> veces más real, más imitada de la naturaleza,
-más producto de la observación y del conocimiento de los bosques, de los
-indios y de la vida primitiva, que casi todos los poemas, leyendas,
-cuentos y novelas, que sobre asunto semejante se han escrito.</p>
-
-<p>En mi sentir, usted ha producido en <i>Cumandá</i> una joya literaria, que
-tal vez será popularísima cuando pase esta moda del <i>naturalismo</i>,
-contra la cual moda peca la heroina, aunque no pecan, sino que están muy
-conformes los demás personajes.</p>
-
-<p>Las dos novelas, que de usted conozco, me incitan á desear leer otras
-que haya usted escrito, ó que escriba usted otras para que las leamos.<span class="pagenum"><a name="page_179" id="page_179">{179}</a></span></p>
-
-<h2><a name="TRADICIONES_PERUANAS" id="TRADICIONES_PERUANAS"></a>TRADICIONES PERUANAS<br />
-<small>(Á D. RICARDO PALMA)</small></h2>
-
-<p>Muy estimado señor mío: Grandísimo gusto me ha dado el recibir y leer el
-libro que usted me envía, recién publicado en Lima con el título de
-<i>Ropa vieja</i>; lo que me aflige es la segunda parte del título: <i>Última
-serie de tradiciones</i>. En esas historias, que usted refiere como el
-vulgo y las viejas cuentan cuentos, donde hay, según usted afirma, algo
-de verdad y algo de mentira, yo no reconozco ni sospecho la mentira sino
-en las menudencias. Lo esencial y más de bulto es verdad todo, en mi
-sentir, salvo que usted borda la verdad, y la adorna con mil primores
-que la hacen divertida, bonita y alegre. Por esto me duele la frase
-amenazadora <i>Última serie de tradiciones</i>. Quisiera yo, y estoy seguro
-de que lo querrían muchos, que escribiese usted otros tres ó cuatro
-tomos más sobre los ya escritos. Yo tengo la firme persuasión de que no
-hay historia<span class="pagenum"><a name="page_180" id="page_180">{180}</a></span> grave, severa y rica de documentos fehacientes, que venza
-á las <i>Tradiciones</i> de usted, en dar idea clara de lo que fué el Perú
-hasta hace poco y en presentar su fiel retrato.</p>
-
-<p>Soy andaluz, y no lo puedo remediar ni disimular. Soy además y procuro
-ser optimista. Y como me parece esa gente que usted nos pinta, la flor y
-nata del hombre y de la mujer de Andalucía, que se han extremado y
-elevado á la tercera potencia al trasplantarse y al aclimatarse ahí,
-todo me cae en gracia y no me avengo con las declamaciones que hacen
-algunos críticos americanos, al elogiar la obra de usted como sin duda
-lo merece.</p>
-
-<p>¿Para qué he de ocultárselo á usted? Aunque soy muy entusiasta de la
-América <i>española</i> ó dígase <i>latina</i>, ya que por no llamarla <i>española</i>
-le han puesto ustedes ese apodo, confieso que me aburre, más que me
-enoja, la manía de encarecer, con lamentos ó con maldiciones, todas las
-picardías, crueldades, estupideces y burradas, que dicen que los
-españoles hicimos por ahí. Se diría que los que fueron á hacerlas, las
-hicieron, y luego se volvieron á España, y no se quedaron en América
-sino los que no las hicieron. Se diría que la Inquisición, los autos de
-fe, las brujas y los herejes achicharrados, la enorme cantidad de monjas
-y de frailes, la afición á la holganza y á los amoríos, la ninguna
-afición á trabajar, y todos los demás vicios, horrores y defectos, los
-llevamos nosotros ahí, donde sólo había virtudes<span class="pagenum"><a name="page_181" id="page_181">{181}</a></span> y perfecciones. Se
-diría que nada bueno llevamos nosotros á América, ni siquiera á ustedes,
-ya que, en este supuesto, ó no serían ustedes buenos, ó serían indios, ó
-nacerían ahí, no de padres y madres españoles, sino por generación
-espontánea. Y se diría, por último, que de todos los milagros que
-hicieron los santos que hubo en el Perú, tiene España la culpa, como si
-sólo en España y en sus colonias se hubieran hecho milagros, se hubieran
-quemado brujas, y hubiera sido la gente más inclinada al bureo que al
-estudio, al despilfarro que al ahorro, á divertirse, que á atarearse.</p>
-
-<p>Si aquellos polvos traen estos lodos; si de resultas de no haber
-filosofado bien, de haber sido holgazanes y fanáticos, y de los otros
-mil pecados de que se nos acusa, somos hoy más pobres, más débiles, más
-desgobernados y más infelices nosotros que los franceses y que los
-ingleses y alemanes, y ustedes que los yankees, no está bien que toda la
-culpa caiga sobre nosotros, y que los discursos de esos críticos sean
-una paráfrasis de aquello que dijo el cazo á la sartén: «quítate que me
-tiznas.»</p>
-
-<p>Procuremos enmendarnos aquí y ahí; arrepintámonos de nuestras culpas, y
-no juguemos con ellas á la pelota, arrojándonoslas unos á otros. ¿Quién
-sabe entonces, si es que la elevación de unas naciones sobre otras y el
-predominio nacen de merecimientos y no de circunstancias y de leyes
-históricas, que tal vez se sus<span class="pagenum"><a name="page_182" id="page_182">{182}</a></span>traen á la voluntad humana, y que tal vez
-ni se prevén ni se explican por los entendimientos más agudos; quién
-sabe, digo, si volveremos á levantarnos de la postración y hundimiento
-en que nos hallamos ahora?</p>
-
-<p>Entretanto, lo mejor es que cesen las recriminaciones que á nada
-conducen; y lo peor es que cada español ó cada hispano-americano se crea
-ser excepcional y reniegue de su casta, en la cual se considera el único
-discreto, hábil, listo, laborioso, justo y benéfico.</p>
-
-<p>Va todo esto contra los críticos de ahí, que, al elogiar su obra de
-usted, nos maltratan. Nada va contra usted, que describe la época
-colonial como fué, pero con amor, piedad, é indulgencia filiales.</p>
-
-<p>Su obra de usted es amenísima: el asunto está despilfarrado, tan conciso
-es el estilo. Anécdotas, leyendas, cuentos, cuadros de costumbres,
-artículos críticos, todo se sucede con rapidez, prestando grata variedad
-á la obra, cuya unidad estriba en que todo concurre á pintar la
-sociedad, la vida y las costumbres peruanas, desde la llegada de
-Francisco Pizarro hasta casi nuestros días.</p>
-
-<p>En la manera de escribir de usted hay algo parecido á la manera de mi
-antiguo y grande amigo Serafín Estébanez Calderón, <i>El Solitario</i>;
-portentosa riqueza de voces, frases y giros, tomados alternativamente de
-boca del vulgo, de la gente que bulle en mercados y tabernas, y de<span class="pagenum"><a name="page_183" id="page_183">{183}</a></span> los
-libros y demás escritos antiguos de los siglos <small>XVI</small> y <small>XVII</small>, y barajado
-todo ello y combinado con no pequeño artificio. En <i>El Solitario</i> había
-más elegancia y atildamiento: en usted mucha más facilidad,
-espontaneidad y concisión.</p>
-
-<p>Por lo menos, las dos terceras partes de las historias que usted
-refiere, me saben á poco: me pesa de que no estén contadas con dos ó
-tres veces más detención y desarrollo. Algunas hay en las que veo
-materia bastante para una extensa novela, y que, sin embargo, apenas
-llenan un par de páginas de su libro de usted.</p>
-
-<p>Aunque es usted tan conciso, tiene usted el arte de animar las figuras,
-y dejarlas grabadas en la imaginación del lector. Los personajes que
-hace usted desfilar por delante de nosotros, vireyes, generales, jueces,
-frailes, beatas, mozas regocijadas, inquisidores, insurgentes y
-realistas nos parecen vivos y conocidos, como si en realidad los
-tratásemos.</p>
-
-<p>De cuanto queda dicho, infiero yo, y doy por cierto, que es usted un
-escritor muy original y de nota, cuya popularidad por toda la América
-española es fundadísima, cunde y no ha de ser efímera, sino muy
-duradera.</p>
-
-<p>Confieso que no sé á qué narración he de dar la preferencia. Apenas hay
-una que no me haya divertido ó interesado.</p>
-
-<p>Á la Protectora y á la Libertadora, ó dígase, á las amigas favoritas de
-San Martín y de Bo<span class="pagenum"><a name="page_184" id="page_184">{184}</a></span>lívar cuyas vidas y lances de amor y fortuna usted
-refiere, no me parece sino que las estoy viendo, cuando andaban
-triunfantes al lado de sus respectivos héroes.</p>
-
-<p><i>El Clarin de Canterac</i>, que con su incesante toque á degüello se creía
-que iba á dar en Junin la victoria á los españoles, y que prisionero él,
-y ya vencidos los españoles, tuvo que meterse fraile para no ser
-fusilado, es historia tan singular, que apenas parece verdadera.</p>
-
-<p>Aun es más singular y más característica la historia de Fr. Pedro
-Marieluz, acérrimo enemigo de los insurgentes, á quienes creía herejes y
-excomulgados vitandos. Un jefe militar realista, cuyo nombre no quiero
-poner aquí, porque él ha figurado después mucho en España y usted le
-atribuye una crueldad espantosa, descubrió cierta conjuración, y prendió
-á trece de los principales conjurados. Por más que hizo, no logró el
-general arrancarles los secretos de la conjuración. Mandó entonces
-fusilarlos, no sin que antes el P. Marieluz los confesara. Los confesó,
-y fueron fusilados.</p>
-
-<p>Entonces quiso el general que el P. Marieluz le descubriese toda la
-trama, que sin duda en la confesión le habían dicho los trece. El fraile
-se negó, á pesar de halagos y amenazas.</p>
-
-<p>&mdash;De rodillas, fraile,&mdash;dijo entonces el general.</p>
-
-<p>El fraile se puso de rodillas.</p>
-
-<p>El general exclamó luego:</p>
-
-<p>&mdash;¡Preparen, apunten!<span class="pagenum"><a name="page_185" id="page_185">{185}</a></span></p>
-
-<p>Y, volviéndose á la víctima, dijo con voz imponente:</p>
-
-<p>&mdash;Por última vez, en nombre del Rey, le intimo que declare.</p>
-
-<p>&mdash;En nombre de Dios, me niego á declarar,&mdash;contestó el Fraile con acento
-débil, pero reposado.</p>
-
-<p>&mdash;¡Fuego!...</p>
-
-<p>Y Fr. Pedro Marieluz, noble mártir de la Religión y del deber, cayó
-destrozado el pecho por las balas.</p>
-
-<p>Las historias cómicas y alegres abundan más, por dicha, que las
-trágicas, descollando por lo gráfico de las costumbres de por ahí, en
-otros días, <i>El motín de limeñas</i>, <i>La victoria de las camaroneras</i> y
-<i>La querella de los barberos</i>.</p>
-
-<p>La historia de <i>El Capitán Zapata</i>, que no ocupa dos páginas enteras del
-libro de usted, se presta y aun convida á escribir una novela de
-aventuras extraordinarias, de dos ó tres volúmenes. ¿Vivió ese Capitán
-Zapata, ó le ha inventado usted? ¿Fué de cierto al Perú y se hizo rico
-con una mina del Potosí que descubrió y á la que dió su nombre? ¿Volvió
-rico á Cádiz y desapareció luego? El desenlace, real ó imaginado, no se
-sospecha. Peláez, el amigo y protegido de Zapata, vuelve á España
-también, y busca en balde á su protector y antiguo amigo. Cae, por
-último, Peláez en poder de corsarios, que le llevan á Argel, ¡Cuál no
-sería su sorpresa al encontrarse con que el Gran Visir era Zapata,<span class="pagenum"><a name="page_186" id="page_186">{186}</a></span>
-morisco y musulmán disimulado antes, que, huyendo de la Inquisición, se
-había pasado á tierra de moros, con todo lo que en el Perú había ganado!</p>
-
-<p>Casi estoy por decidirme y declarar á usted que de cuantas tradiciones
-contiene esta última serie, ninguna me agrada tanto como <i>El alacrán de
-Fray Gómez</i>.</p>
-
-<p>Figura de verdad, en el siglo <small>XVI</small>, es el honrado castellano viejo,
-buhonero arruinado, que no tiene con que sustentar á su mujer é hijos,
-que no halla quien le preste quinientos duros, con los cuales entiende
-que lograría rehacerse, y que no se desespera, sino que, lleno de fe, y
-de confianza en Dios, acude á su siervo Fr. Gómez, que estaba en olor de
-santidad, y que es pobre, pero que sabe y suele hacer milagros.</p>
-
-<p>Fr. Gómez se compadece del buhonero; pero en su pobre celda no hay
-dinero ni alhajas, ni trasto que valga dos reales.</p>
-
-<p>De pronto ve Fr. Gómez cerca de la ventana, sobre la pared encalada, un
-alacrán que va corriendo. Arranca Fr. Gómez una hoja del libro devoto
-que leía, coge bonitamente el alacrán, y le envuelve en aquel papel.</p>
-
-<p>&mdash;Tome, hermano, esta prenda, y acuda á un joyero que le prestará sobre
-ella el dinero que necesita.</p>
-
-<p>El buhonero llevó la prenda al joyero, que al verla se quedó pasmado.
-Era un alfiler ó prendedor magnífico, de oro con esmalte, el cuerpo<span class="pagenum"><a name="page_187" id="page_187">{187}</a></span> una
-esmeralda, un enorme diamante la cabeza y dos rubíes los ojos.</p>
-
-<p>El joyero hubiera dado miles de duros sobre tan rica prenda: pero el
-castellano viejo no quiso tomar ni tomó sino quinientos, y por seis
-meses.</p>
-
-<p>Con aquel corto capital, en verdad bendito, prosperó y se enriqueció
-pronto el buhonero; desempeñó la joya y la devolvió á Fr. Gómez.</p>
-
-<p>Éste la sacó del papel, la puso en el sitio en que la había hallado, y
-dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¡Animalito de Dios, sigue tu camino!</p>
-
-<p>El alacrán echó á correr, y se largó á sus asuntos como si tal cosa.</p>
-
-<p>Para mi modo de sentir, este cuento es precioso, simbólico,
-instintivamente filosófico, de la más sana y alegre filosofía.</p>
-
-<p>Los juicios literarios, el discurso académico, todo lo demás, en suma,
-que el libro contiene, me parece muy bien asimismo. Sólo me pesa de su
-aborrecimiento de usted á los Jesuítas y de lo mal que los quiere y los
-trata. Pero, en fin, no hemos de estar de acuerdo en todo.</p>
-
-<p>Mil gracias por el envío de su divertidísimo libro.<span class="pagenum"><a name="page_189" id="page_189">{189}</a></span><span class="pagenum"><a name="page_188" id="page_188">{188}</a></span></p>
-
-<h2><a name="UN_POLIGRAFO_ARGENTINO" id="UN_POLIGRAFO_ARGENTINO"></a>UN POLÍGRAFO ARGENTINO<br />
-<small>(AL SEÑOR DON SANTIAGO ESTRADA)</small></h2>
-
-<h3>I.</h3>
-
-<p>Muy señor mío y distinguido amigo: Harto difícil es para mí el honroso
-encargo, que usted me da y que tanto me lisonjea, de poner algo como
-Prólogo en el tomo de sus obras que lleva por título <small>Miscelánea</small>. No
-extrañe usted, pues, y perdone mi tardanza en cumplir dicho encargo,
-aunque le acepté complacidísimo.</p>
-
-<p>Sé que usted hace imprimir y va á publicar á la vez en Barcelona otras
-varias obras suyas. El conjunto de ellas formará seis tomos, de los
-cuales sólo he leído aquel en que mi crítica debe emplearse.</p>
-
-<p>A usted mismo más le conozco de fama que de trato. Si no recuerdo mal,
-una vez sola tuve el gusto de estar conversando con usted por espacio de
-poco más de media hora. Esto y el decir de las gentes bastan á
-demostrarme la bondad de usted, su discreción y su ilustrado juicio:<span class="pagenum"><a name="page_190" id="page_190">{190}</a></span>
-pero, como yo sigo mal la historia contemporánea de todos los países,
-ignoro qué partido es el de usted en la República de que es ciudadano,
-qué papel ha desempeñado en su política, y cuáles son sus aspiraciones é
-ideas.</p>
-
-<p>El tomo <small>Miscelánea</small>, que usted me envía, parece, por consiguiente, como
-reunión de datos para resolver un problema y para despejar una
-incógnita, ya que incógnita era para mí, antes de recibir dicho tomo, la
-importancia literaria de usted en su tierra.</p>
-
-<p>Para persona de mayor agudeza y de más honda penetración que las que yo
-poseo, esta ignorancia previa traería ventajas y contribuiría á dar
-superior lucimiento al desempeño de su tarea. Por el hilo, como se dice
-vulgarmente, sacaría el ovillo: y, sólo en vista de la <small>Miscelánea</small>
-formaría exacto y cabal concepto de la personalidad de usted y la
-expondría al público con firmeza. Lo que es yo, ó tengo que limitarme á
-hablar aisladamente del tomo <small>Miscelánea</small> ó me expongo á extraviarme al
-pretender adivinar.</p>
-
-<p>De sobra se me alcanza el propósito de usted al pedirme el Prólogo. Ha
-llegado á mi noticia que usted ha pedido también Prólogos para otros de
-sus libros á otros escritores españoles. Y en esto, así como en la
-circunstancia de imprimir usted todas sus obras en Barcelona, se ve
-patente el intento de que la edición que usted hace sea como muestra ó
-símbolo de la fraternidad de hispano-americanos y de españoles
-pe<span class="pagenum"><a name="page_191" id="page_191">{191}</a></span>ninsulares y de la unidad indestructible de la civilización ibérica,
-cuyo lazo no rompen ni todas las ondas del Atlántico que entre nosotros
-se agitan, ni los recuerdos de una guerra, inevitable aunque fratricida,
-pero cuya sangre y cuyas lágrimas se orearon ya, dejando limpio y no
-marchito el lauro.</p>
-
-<p>Para usted, que es tan creyente y fervoroso católico, ha de ser de
-indiscutible verdad el criterio que me guía al considerar los
-acontecimientos humanos, porque sin suprimir en cada individuo la
-responsabilidad de las acciones, ya nobles y generosas, ya egoístas y
-perversas, y nacidas siempre de libre albedrío, veo en el conjunto algo
-de divina é indefectiblemente ordenado con soberana presciencia, por
-donde todo cuanto ocurre es lo mejor que puede ocurrir y todo cuanto se
-realiza y consuma es para bien, aunque parezca mal por lo pronto; de
-suerte que el refrán más verídico y piadoso es el que dice: «no hay mal
-que por bien no venga.» Aplicado esto á los casos particulares me
-compone una filosofía de la historia, en germen sin duda, poco sutil,
-nada profunda é ingeniosa, pero muy optimista y rica de esperanzas y de
-consuelos.</p>
-
-<p>La emancipación de las colonias españolas en el continente americano
-fué, pues, cuando debió ser, y no pudo ser ni después ni antes. España
-carecía de fuerza para mantener tanto imperio y era menester que se
-desbaratara. No hay que discutir si cada uno de los desmembrados
-frag<span class="pagenum"><a name="page_192" id="page_192">{192}</a></span>mentos hubiera alcanzado más tarde mayor eficacia, á fin de
-constituir, sin largas convulsiones, dictaduras, tiranías y guerras
-civiles, un Estado libre, próspero y fuerte. Sin discutirlo yo, por fe
-en la invicta civilización europea, y en que la raza á que pertenezco
-fué y seguirá siendo una de las más hábiles y activas para crearla,
-conservarla y difundirla, jamás desconfié de nuestro destino; y, en los
-instantes más tristes y ominosos, cuando, al ver, en las nuevas
-Repúblicas, discordias, desquiciamiento y feroces tiranos, se
-pronosticaban ruinas, sobre las cuales otra raza de más valer vendría á
-entronizarse, jamás desesperé, no ya de la salud de la patria, sino de
-algo más amplio y sublime: de la salud de <i>mi gente</i>.</p>
-
-<p>Por lo expuesto comprenderá usted y ponderará mi alegría, al notar la
-naciente grandeza, la prosperidad, el brío y el orden, que se van
-mostrando en algunas de las Repúblicas que fueron colonias de España.
-Hay en ello, para todo español, no una satisfacción, sino un enjambre de
-satisfacciones de amor propio: la del padre que conoce en el hijo la
-nobleza de su sangre, anhelando que valga más que él y le supere: la del
-maestro ó tutor, que, cuando el discípulo ó pupilo se luce, se engríe
-imaginando que es parte en el triunfo la educación que le ha dado: y
-para mí, además, la del vidente que se deleita jactándose de que no
-salieron falsos sus vaticinios.<span class="pagenum"><a name="page_193" id="page_193">{193}</a></span></p>
-
-<p>En la situación actual de las Repúblicas hispano-americanas, y
-singularmente de la Argentina, concretándonos á aquella que cuenta á
-usted entre sus ilustres patricios, hay no poco de pueblo naciente y no
-poco también de prolongación de otro pueblo, que tuvo ya extensa vida y
-representó lucido papel en el teatro del mundo. Idioma, religión, leyes,
-costumbres, ciencias, letras y artes, todo lo han recibido ustedes de
-España. Este tesoro, que no debe desdeñarse para crear otro nuevo, sino
-aprovecharse para que crezca y se centuplique, consta de dos clases de
-riqueza; una exclusiva y peculiar de nuestra raza: otra común á toda la
-civilización europea. Conato de lo imposible sería prescindir de esto ó
-trastrocarlo adrede para hallar la originalidad y la novedad sin
-precedentes. Todo esto es harto sólido para que sirva de base sobre la
-cual pueda erigirse soberbio y nuevo edificio. Nada de esto debe
-desecharse para levantar desde los cimientos edificio nuevo.</p>
-
-<p>Por lo dicho, lo primero que elogio y lo primero que me es simpático en
-los escritos de usted es el espíritu conservador y castizo de que están
-impregnados. Ni tal espíritu perjudica á la originalidad individual del
-escritor. Para ser original no es necesario desfigurarse, ni
-disfrazarse, ni descastarse, ni dejar uno de ser quien es y ser otro. Y
-en cuanto á la originalidad colectiva, en cuanto al sello nacional y
-distinto, es seguro que ha de ponerse sobre la propia y co<span class="pagenum"><a name="page_194" id="page_194">{194}</a></span>mún sustancia
-española y no sobre otro elemento de importación ó sobre materia extraña
-y prestada.</p>
-
-<p>La <small>Miscelánea</small> de usted es una colección de artículos de varios géneros,
-pero en todos prevalece lo moral y religioso.</p>
-
-<p>Más bien que de crítico-literarios pueden calificarse de filosóficos y
-doctrinales. En esto se asemejan, aunque van por opuesto camino, á los
-del ecuatoriano Juan Montalvo: á su <i>Espectador</i> y á sus <i>Siete
-Tratados</i>. Montalvo y usted han escrito <i>ensayos</i>, como los que
-Montaigne llamó <i>ensayos</i>, y no como los ingleses, que suelen ser
-extractos y críticas de libros. Ustedes, con más libertad y sin tomar
-siempre ocasión de libro alguno, discurren sobre puntos diversos y
-componen sobre cada punto un tratadito ó disertación breve.</p>
-
-<p>En las tendencias, Montalvo y usted son muy distintos y en el estilo más
-aún. Montalvo es artificioso y afectadísimo: usted, espontáneo y
-natural. Montalvo aspira en demasía á decir cosas nuevas y á decirlas
-como nadie las ha dicho: quiere ser un primor, un dechado de forma.
-Usted aspira sólo á decir lo que siente y piensa, aunque sea lo que
-sienten y piensan los demás hombres; y á decirlo con orden y claridad,
-sin rebuscamiento ni rarezas.</p>
-
-<p>No hay que decir que yo prefiero lo último.</p>
-
-<p>Si usted tratase de ciencias exactas ó de observación, el crítico
-debería empezar por saber<span class="pagenum"><a name="page_195" id="page_195">{195}</a></span> dichas ciencias, y luego decidir si era la
-verdad lo que usted decía. Pero las materias sobre las que usted
-diserta, salvo ciertos principios inconcusos, <i>quædam perennis
-philosophia</i>, en que debemos todos convenir y en que por dicha usted y
-yo convenimos, tienen tanto de opinables y de controvertibles, que sería
-en mí exceso de petulancia, ya el declarar á usted depositario y
-divulgador de la verdad, ya el impugnarle, haciendo patentes sus
-errores. Necesitaría yo además para esto, no componer un escrito corto,
-sino un libro tan voluminoso como el de usted.</p>
-
-<p>Si lo que usted sostiene es la recta doctrina, ya convencerán de ello
-las palabras de usted á quien las leyere, sin necesidad de que vengan
-las mías en su apoyo. Y si hubiere error en poco ó en mucho, ni yo me
-hallo con autoridad ni con capacidad para manifestarle, ni la misión de
-un <i>prologista</i> es entrar en polémica con su <i>prologizado</i>.</p>
-
-<p>Lo que sí me incumbe decir, y lo que puedo decir por fortuna, y ésta, á
-mi ver, es grande alabanza, es que usted escribe <i>corde bono et fide non
-ficta</i>, con la sinceridad, con la convicción candorosa, que atrae la
-atención de los lectores, que les gana la voluntad, que los convence á
-veces, y que, cuando no los convence, los interesa y conmueve,
-convirtiéndolos, si no en correligionarios del dogma que se predica, en
-amigos y parciales entusiastas del predicador.</p>
-
-<p>Entienda usted bien que no quiero expresar<span class="pagenum"><a name="page_196" id="page_196">{196}</a></span> con esto más de lo que
-expreso, ni mostrar mi escepticismo con reticencias. Lo único que yo
-quiero expresar y que expreso ahora es que, un libro que trata rápida y
-sumariamente sobre tantos y tan trascendentales asuntos sería ligereza y
-osadía, ora que yo en todo le declarase conforme á la verdad, ora que en
-poco ó en mucho le calificase de erróneo.</p>
-
-<p>Lo que sí puedo hacer y hago con sumo contento, sin salir de las dudas
-escépticas en que la modestia me ha encerrado, es calificar el libro de
-usted de libro sano, fruto de un entendimiento y de una voluntad sanos
-también ambos.</p>
-
-<p>Esta sanidad es, en mi sentir, el fundamento de toda buena obra de
-literatura; es la razón que ha de tener el crítico meramente literario,
-y no científico ni filosófico, para declarar buena la obra. Consiste
-dicha sanidad en no dejarse arrastrar de afectos torcidos, aunque sean
-sinceros; en poner por base el sentido común y no desecharle nunca,
-aunque sirva de trampolín para brincar por cima de él más allá de las
-estrellas; en no seguir una dialéctica viciosa por el empeño presuntuoso
-de parecer más sutil ó más profundo que el resto de los mortales; y en
-no incurrir en extravagancias para pasar por genios.</p>
-
-<p>La insania de que hablo no impide que el escritor sea tenido por grande;
-pero yo no gusto de él. Tal vez lo que dice está más conforme con lo que
-á mí me parece la verdad que lo que dice<span class="pagenum"><a name="page_197" id="page_197">{197}</a></span> el escritor sano: pero el
-error de éste es más simpático y causa menos daño que la verdad en la
-boca ó en la pluma del otro. Prefiero á Voltaire renegando de todo dogma
-cristiano á Rousseau ensalzando los Evangelios; y menos mal me parece
-Carducci componiendo una oda á Satanás, donde su sola afectación es
-llamar Satanás á la personificación del ingenio humano, que
-Chateaubriand levantando <i>El genio del Cristianismo</i> sobre un cúmulo de
-afectaciones.</p>
-
-<p>Declarado ya aquí como sentencia que es usted un escritor sincero,
-entusiasta sin extravío y sin empeñarse en ser entusiasta, y sano
-además, añadiré, como parecer individual mío, que me agrada en extremo
-su modo de pensar de usted, y que en lo más esencial siempre le apruebo
-y le aplaudo.</p>
-
-<p>Desde luego coincidimos en nuestra estética, fundamento de nuestra
-crítica. Cuanto dice usted en defensa del poeta colombiano Jorge Isaacs,
-en el artículo titulado <i>El ideal del poeta</i>, es, bien dicho, lo mismo
-que yo pienso y siento. Usted niega, como yo, que la poesía sea don
-funesto, cultivo del dolor; y entiende que no es deformidad ó enfermedad
-el <i>genio</i>, sino salud más completa, fecunda y dichosa, que la salud de
-que goza el vulgo.</p>
-
-<p>En el juicio que forma usted de Olegario Andrade estamos de acuerdo, si
-bien usted se muestra y puede mostrarse más severo que yo porque Andrade
-es su paisano.<span class="pagenum"><a name="page_198" id="page_198">{198}</a></span></p>
-
-<p>En todos los artículos de usted de asunto religioso son de admirar la
-ardiente devoción, la fe profunda y la espontánea elocuencia. Y á mí me
-encanta asimismo que la religiosidad de usted, lejos de estar reñida con
-el espíritu del siglo, con la creencia en el progreso y con el amor á la
-libertad, se combina con estas ideas y con estos sentimientos,
-purificándolos y santificándolos. No se funda la fe católica de usted en
-escepticismo y pesimismo, como la de Pascal, Bonald, De Maistre y
-Donoso, sino en optimismo y en confianza mesurada y justa en la razón
-humana. No es menester para amar á Dios odiar y despreciar al prójimo,
-antes por amor de Dios más se le ama y más se le respeta. Ni es menester
-para aceptar una revelación exterior, que viene á nosotros con la
-palabra, materialmente, ya por los oídos, ya por los ojos, sostener que
-la luz íntima que Dios nos ha dado, sólo sirve para descubrir é iluminar
-disparates.</p>
-
-<p>El libro de usted es muy ameno y tan variado que no acertaré á dar idea
-de todo él sin pecar de prolijo. Contiene cuadros de costumbres, como
-<i>Liberato</i>; crítica de bellas artes, como <i>El dolor concentrado</i> y <i>Una
-estatua de Alonso Cano</i>; y encomios de personas ilustres, como los del
-padre Jordán y de Juana Manuela Gorriti, á la cual, lo confieso con
-vergüenza para prueba de la incomunicación intelectual en que hemos
-estado, no había yo oído mentar nunca, aunque usted afirma que comparte
-con la Avellaneda el im<span class="pagenum"><a name="page_199" id="page_199">{199}</a></span>perio literario de la mujer americana en la
-América española. Y son tales las elocuentes alabanzas que da usted á la
-Gorriti, que, á ser justas también, y no exageradas por generosa
-benevolencia, á pesar de mi admiración por la Avellaneda, tengo que
-conceder á la Gorriti la primacía.</p>
-
-<p>En los artículos en que combate usted vicios sociales ó manías de moda,
-como la cremación y el suicidio, son de celebrar el saber que usted
-patentiza, la sencillez y el orden del estilo y el calor con que
-defiende sus opiniones.</p>
-
-<p>A mi ver, el más bello, sabio y erudito de estos artículos filosóficos,
-es aquel en que critica usted la obra de José María Ramos Mejía,
-titulada: <i>Las neurosis de los hombres célebres en la República
-Argentina</i>. Da motivos esta obra para que usted niegue las neurosis
-invencibles que destruyen la responsabilidad, para que haga una
-brillante defensa del libre albedrío y para que impugne el materialismo
-y no acepte el divorcio entre la razón y la fe, la religión y la
-ciencia.</p>
-
-<p>Su libro de usted, como todo libro bien escrito y lleno de saber y de
-talento, no sólo contiene muchas ideas, sino que las despierta en el
-ánimo de quien lee, ya por ampliación y deducción, ya por contradicción
-también; pero dejo de poner aquí las mías, para que no me acuse usted de
-pesadez, se arrepienta de haberme confiado el Prólogo, y perjudique éste
-el libro en vez de favorecerle.<span class="pagenum"><a name="page_200" id="page_200">{200}</a></span></p>
-
-<p>Baste que yo reconozca, para terminar, que el libro, por fortuna y
-mérito de usted, y para honra de las letras españolas, en toda su
-amplitud españolas, no necesita de recomendación ni de apoyo.</p>
-
-<p>Y si por el tomo conocido he de calcular el mérito de los cinco que no
-conozco aún, me atrevo á afirmar que el día de la aparición de los seis
-tomos será día fausto en los anales de nuestra total literatura.</p>
-
-<h3>II.</h3>
-
-<p>Mil gracias doy á usted por el ejemplar que me envía de sus obras
-completas. Son ocho tomos: no seis, como yo había entendido.</p>
-
-<p>Después de las alabanzas, merecidas y discretas, que hacen de usted, en
-prólogos, introducciones y apéndices, los Sres. D. Santiago de Liniers,
-su pariente de usted; D. Valentín Gómez, D. Pedro Bofill, D. Nilo María
-Fabra y D. Eduardo Bustillo, todo lo que yo diga parecerá pálido y frío.</p>
-
-<p>Quiero, no obstante, decir algo, á fin de mostrar que he leído todos los
-tomos y que los he leído con deleite.</p>
-
-<p>Elegantemente impresos en Barcelona, y como apadrinados, aunque no lo
-necesitan, por escritores peninsulares de nota, se diría que vienen á
-aumentar nuestra riqueza literaria, y que, sin<span class="pagenum"><a name="page_201" id="page_201">{201}</a></span> dejar de ser argentinos,
-traen al tesoro intelectual de la Metrópoli nuevas y preciosas joyas.</p>
-
-<p>No hay en la colección trabajos muy extensos. En su mayor parte son
-artículos, tal vez publicados en periódicos, ó discursos, leídos ó
-pronunciados, en ocasiones solemnes, en el seno de juntas ó de
-asambleas.</p>
-
-<p>Da unidad al conjunto la personalidad del autor; pero esta unidad, por
-el estilo, por el carácter, por la fijeza y firme consecuencia de las
-opiniones, no es menos evidente que la que se nota en los Ensayos de
-Montaigne, de Carlyle, de Macaulay, ó del ecuatoriano Juan Montalvo.</p>
-
-<p>Los asuntos no pueden ofrecer mayor variedad. Ya escribe usted crítica
-literaria como Sainte-Beuve; ya de dramas y comedias como Janin y
-Lemaitre; ya de música como Scudo, y ya traza graciosos y ligeros
-cuadros de costumbres, como nuestros célebres Fígaro, El Solitario y El
-Curioso Parlante.</p>
-
-<p>En cuanto los ocho tomos contienen, luce usted su vasta lectura, su
-recto criterio, su viva y espléndida imaginación; lo bondadoso é
-indulgente de su índole que, más que á señalar defectos, le lleva á
-descubrir y celebrar bellezas; y el fervoroso entusiasmo y el amor
-entrañable con que se complace usted en realzarlas y en encomiarlas.</p>
-
-<p>Yo, que me precio de ser y soy tan benigno como usted, no soy, ni con
-mucho, tan entusiasta; y, lo confieso, siento cierto temor á lo
-exal<span class="pagenum"><a name="page_202" id="page_202">{202}</a></span>tado y lírico del estilo. Cuando por extraña casualidad quiero
-emplearle, me parece que oigo á mi lado, arredrándome, la voz de Maese
-Pedro que dice: «no te encumbres, que toda afectación es mala.» Está
-claro que Maese Pedro habla conmigo, y para otros que se entusiasman ó
-finjen entusiasmarse y llenan lo que escriben de flores contrahechas,
-que no puede haber nada más cursi; pero Maese Pedro no habla para ni
-contra usted, que es naturalísimo y sencillísimo, y que solo <i>florea</i>
-cuando las flores brotan, sin que usted lo pueda remediar, <i>ex
-abundantia cordis</i>. En este caso, más es de envidiar que de censurar que
-las haya. Envidiable es, en todos sentidos, el ardor apasionado que hace
-que nazcan estas flores.</p>
-
-<p>Donde más me agrada en usted la tal poesía en prosa, que por ser natural
-no condeno sino que aplaudo y envidio, es en los elogios de mujeres.
-Nadie niega que es usted un estético apasionado de los buenos versos, de
-la declamación y de la música, ni menos que es un fervoroso católico;
-pero en mucho de lo que dice usted y en los retratos que hace de Adelina
-Patti, de Sara Bernhardt, de Lucía Pastor y hasta de Santa Rosa de Lima,
-creo descubrir (Dios me perdone si me equivoco) cierta morosa
-delectación y cierta vehemencia de afectos, que me caen muy en gracia,
-porque yo, á pesar de mis cansados años, soy todavía poco severo, pero
-que tal vez censuren los varones timoratos y graves, aunque no se
-atrevan á declarar que las susodichas delecta<span class="pagenum"><a name="page_203" id="page_203">{203}</a></span>ción y vehemencia se
-opongan á la verdad católica, ni á la moral cristiana, ni que las
-anublen siquiera en lo más diminuto.</p>
-
-<p>Por otra parte, como usted no es menos vehemente y exaltado en sus
-amores y en sus alabanzas á otros objetos más altos y menos materiales
-que la mujer, me inclino á dar por cierto que hasta los más penitentes
-anacoretas perdonarán á usted lo que señalo, suponiendo que sea defecto
-ó más bien exceso.</p>
-
-<p>Dudo mucho de que haya argentino más patriota que usted, ni americano
-tampoco más amante de América: pero esto no entibia el amor de usted por
-la madre España. Sea prueba de este amor el siguiente elocuentísimo
-párrafo: «Saludadas Cádiz la pulcra, Jerez la laboriosa, Sevilla la
-poética, Córdoba la morisca, Valencia la fecunda, Barcelona la grande,
-Zaragoza la heróica, Madrid la histórica y coronada villa, cumple á mi
-lealtad declarar que América está envanecida de haber tenido por madre á
-la nación invicta que cantaba lo divino y lo humano con la lira de Lope
-y Calderón; pintaba lo místico y lo profano con los pinceles de Murillo
-y de Velázquez; esculpía el ideal de la eterna belleza con el cincel de
-Cano y Montañés; fustigaba las costumbres con la pluma de Cervantes y
-Quevedo, y clavaba el Lábaro del Redentor y la pica de sus soldados en
-lo conocido y desconocido de la tierra.»</p>
-
-<p>Estos elogios, reconcentrados aquí sintética<span class="pagenum"><a name="page_204" id="page_204">{204}</a></span>mente para España, se
-derraman asimismo con profusión generosa sobre los artistas y escritores
-de nuestra nación y de nuestros días, y muy particularmente sobre Tamayo
-y Baus, Echegaray y Rafael Calvo.</p>
-
-<p>Ni se crea por esto que usted es todo de almibar. Si no lo amargo, lo
-picante de la sátira sazona con frecuencia los escritos de usted y pone
-relieve en varios cuadros cómicos ó burlescos. El que se titula <i>El
-convite Barrientos</i> es un modelo en su género. Acaso exagere usted la
-caricatura para provocar más la risa, pero siempre se ve la verdad, y, á
-pesar de la exageración, se reconoce la fidelidad de los retratos.</p>
-
-<p>Los cuadros de costumbres y las descripciones de usted son casi siempre
-ó divertidas ó interesantes: y para nosotros tienen además el atractivo
-de lo peregrino é inaudito que se combina con lo familiar, castizo y
-propio: nos representan escenas, lances y actos, en un mundo distinto
-del cual el Atlántico nos separa, animados y ejecutados por personas, en
-parte extrañas también, pero que proceden de nosotros, hablan nuestro
-idioma y llevan nuestros apellidos y nuestra sangre.</p>
-
-<p>Las obras de usted no son sólo de mero pasatiempo y de crítica artística
-y literaria. Las hay que encierran muy sana y ortodoxa filosofía y que
-son didácticas y ricas en noticias y documentos de no corto valer. En mi
-sentir, lo mejor en este género es un elogio fúnebre del Pontífice<span class="pagenum"><a name="page_205" id="page_205">{205}</a></span> Pío
-IX, donde pone usted toda la ardiente religiosidad de su alma; la vida
-de Don Félix Frías, modelo de patriotas y de republicanos, ejemplo de
-caridad inagotable y dechado de fe católica; y por último, el estudio
-biográfico y la brillante apología que hace usted de su antepasado Don
-Santiago de Liniers. A mi ver, así para todo español, como para todo
-argentino de corazón, este héroe es más simpático y admirable en su
-derrota y en su muerte que en medio de sus triunfos contra los ingleses,
-en 1806 y 1807; que en la expulsión de los ingleses de Buenos Aires y en
-la ulterior defensa de aquella plaza, hazañas tan hermosamente cantadas
-por Maury y por Gallego.</p>
-
-<p>Liniers más motivo tenía de quejas que de gratitud al gobierno de
-España. Depuesto del mando se hallaba, cuando sobrevino la revolución, y
-fiel á su bandera como militar pundonoroso, se alzó en armas, en favor
-de la Metrópoli y del Rey contra los insurgentes colonos. Desbandada
-pronto la gente que acaudillaba, Liniers cayó en poder de los
-insurgentes, quienes le fusilaron en compañía de Allende, Moreno,
-Rodríguez y D. Juan Gutiérrez de la Concha, capitán de navío y
-Gobernador intendente de Córdoba de Tucumán. Antes de que los tiradores
-disparasen, dijo Liniers en alta voz: «Morimos orgullosos de nuestra
-fidelidad al Rey y á España.»</p>
-
-<p>¿Cómo extrañar, por muy argentino y por muy<span class="pagenum"><a name="page_206" id="page_206">{206}</a></span> republicano que usted sea,
-que se enorgullezca de la heróica vida y mas heróica muerte de tan
-ilustre antepasado?</p>
-
-<p>La más extensa de las obras de usted, si pudiera considerarse como una
-sola obra, serían los dos tomos de viajes; pero, en realidad, estos dos
-tomos contienen cinco obras distintas: el viaje de Buenos Aires á
-Santiago de Chile, pasando por Montevideo, Córdoba, Altagracia, la
-Pampa, Achiras, San Luis y Mendoza, y salvando los Andes; el regreso á
-Buenos Aires, embarcado, por el estrecho de Magallanes; la excursión á
-las Sierras del Tandil, con la descripción de <i>la piedra movediza</i>,
-monumento acaso de una edad remota, y parecido á otros que de tiempo
-inmemorial subsisten en nuestras regiones europeas, y por último, las
-dos obras, en mi sentir mucho más importantes, que llevan por título <i>De
-Corrientes á Cumbarití</i> y <i>De Valparaiso á la Oroya</i>.</p>
-
-<p><i>De Corrientes á Cumbarití</i> es un extraño escrito, pintura naturalmente
-poética de uno de los países más hermosos del mundo y documento
-histórico de grandísimo interés, ya que un testigo ocular describe en
-él, con vivos colores y conmovido acento, el fin de una guerra obstinada
-y sangrienta, en que el Paraguay quedó vencido. Son por cierto de
-admirar la devoción y la valentía de los paraguayos en defender su
-patria. He oído afirmar, y, aunque haya en ello exageración, es tremenda
-alabanza, que, al terminar la guerra, apenas quedaban á vida hom<span class="pagenum"><a name="page_207" id="page_207">{207}</a></span>bres de
-armas tomar en aquella República. Y es más admirable aun que fuera un
-tirano como el Presidente López quien tan generoso entusiasmo
-infundiese.</p>
-
-<p>Todo se explica, no obstante, cuando se considera la bondad, el brío, el
-candor y la condición enérgica y sufrida á la vez de los guaraníes, que
-constituyen la inmensa mayoría de aquel pueblo. Sobre tales prendas, que
-los guaraníes tienen por naturaleza, vienen á ponerse la severa
-disciplina de los jesuítas que los cristianizaron y el espíritu de
-obediencia que acertaron á inspirarles.</p>
-
-<p>Al leer la sencilla y conmovedora narración hecha por usted de la
-tragedia, que puso término á la tiranía de López, acudí á leer de nuevo
-libros que ya tenía casi olvidados, para explicarme la mal empleada
-heroicidad de los paraguayos: para hallar sus antecedentes y fundamento.</p>
-
-<p>El Padre Antonio Ruiz Montoya escribió y publicó en Madrid, en 1639, su
-<i>Conquista espiritual</i>. En este libro se expone cómo fueron los
-guaraníes convertidos por los jesuítas. Otro Padre tradujo el libro en
-guaraní, exornándole con más milagros. La traducción portuguesa del
-manuscrito guaraní, dada á luz por el literato brasileño Almeida
-Nogueira, nos ofrece la clave de todo. La aparición frecuente entre
-aquellos salvajes y la convivencia con ellos de ángeles y de demonios, y
-la repetida resurrección de difuntos, que venían á contar cuanto habían
-vis<span class="pagenum"><a name="page_208" id="page_208">{208}</a></span>to en el cielo y todas las delicias que allí se gozaban, y los
-tormentos espantosos y eternos del infierno, debieron de fanatizar
-aquellos ánimos sencillos predisponiéndolos á obedecer ciegamente á los
-Padres, á fin de ganar la gloria y de no padecer penas tan atroces é
-interminables.</p>
-
-<p>Acaso fué conveniente entonces aquel despilfarro de lo sobrenatural. Por
-él se logró infundir en los fieros corazones de los indios bravos la
-moral cristiana, y apartarlos de los vicios y de los crímenes y
-supersticiones de su pasada vida selvática. Por él, ó sea haciendo
-prodigios, humillaron los Padres á los <i>payés</i> ó hechiceros, que también
-los hacían. Pero tal vez aquella educación religiosísima predispuso por
-demás á los indios á una docilidad y sumisión llenas de peligros,
-contribuyendo á hacer posible el advenimiento al poder del tremebundo
-Doctor Francia.</p>
-
-<p>Los jesuítas habían regimentado y subordinado la valentía de los indios,
-empleándola como un arma, contra españoles y portugueses.</p>
-
-<p>Es casi seguro que tenían los jesuítas razón. Muchos de los primeros
-aventureros, que iban á América, eran unos desalmados, de aquellos por
-quienes pudo decir el poeta:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">La codicia en los brazos de la suerte<br /></span>
-<span class="i0">Se arroja al mar, la ira á las espadas,<br /></span>
-<span class="i0">Y la ambición se ríe de la muerte.<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p class="nind">pero no era el medio mejor de amansarlos, y de procurar que los indios
-fraternizasen con<span class="pagenum"><a name="page_209" id="page_209">{209}</a></span> ellos, el hacer que los indios formasen de ellos el
-concepto que expresan las siguientes palabras, tomadas de la traducción
-del manuscrito guaraní: «gente que sólo cuida de hacer cosas ruines, que
-destroza y mata; y, si alguien quiere librarse en balde de ser su
-esclavo, es maltratado como animal.»</p>
-
-<p>Cobraron, sin duda, los indios recelo y odio contra los europeos, y así
-los jesuítas lograron que se prestasen para no pervertirse á vivir
-secuestrados de todo trato y comercio exterior y que tan valerosamente
-combatieran bajo el mando de ellos contra las armas de España y Portugal
-reunidas; contienda que sirvió de cuadro á uno de los episodios de la
-más graciosa novela de Voltaire y de asunto al bello poema de J. Basilio
-de Gama, inspirado cantor de Lindoya.</p>
-
-<p>Sin duda esta educación jesuítica valió al Doctor Francia para ejercer
-su tiranía inaudita cuando nuestras colonias se emanciparon.</p>
-
-<p>No me atrevo yo á decidir si aquella paz ignorante, aquel aislamiento
-paraguayo y aquel despotismo del Doctor Francia fueron peores que las
-incesantes guerras civiles, los pronunciamientos y
-contra-pronunciamientos y los tiranuelos feroces que hubo en muchas
-repúblicas hispano-americanas. Digo sólo que el Paraguay progresó menos,
-aunque no hubo en él sacudimientos, ni trastornos: vivió tan aislado que
-nadie podía penetrar en él sin exponerse á quedar allí para siempre,
-como el sabio Bompland com<span class="pagenum"><a name="page_210" id="page_210">{210}</a></span>pañero de Humboldt: y que, muerto el Doctor
-Francia, le sucedió el Doctor López, manteniendo á los paraguayos bajo
-el mismo régimen, si bien con férula ó vara menos dura.</p>
-
-<p>Allá por los años de 1850, no sé quien persuadió á López, y López se
-dejó persuadir, de que debía abrir el Paraguay al comercio y trato
-humanos. Y López envió á su hijo á Europa de Ministro Plenipotenciario
-ubicuo, y de Europa fueron diplomáticos al Paraguay á celebrar tratados
-de comercio.</p>
-
-<p>A no dudarlo, López quiso desde entonces para su patria cierto progreso
-y cierta ilustración, que se fuesen logrando con pausa. Con mayor fuerza
-de voluntad hubo de quererlo su hijo, que había viajado por Europa, y
-que heredó la presidencia de su padre.</p>
-
-<p>Fuesen, pues, las que fuesen las causas de la guerra, que brasileños y
-argentinos hicieron al Paraguay, y cuya terminación, al espirar el año
-de 1869, usted tan elocuentemente describe, lo más que podrá afirmarse
-es que dicha guerra fué justa; que ni el Brasil ni ustedes la pudieron
-evitar; pero, francamente, yo no quiero considerarla un triunfo de la
-civilización y de la libertad sobre la barbarie y la tiranía; tiranía y
-barbarie hubieran acabado sin tanto estrago, aunque con mayor lentitud.
-No valía para adelantar aquellos bienes por algunos años pagar el
-adelanto con tal profusión de muertes, gastos y destrozos.<span class="pagenum"><a name="page_211" id="page_211">{211}</a></span></p>
-
-<p>Aquí, en España, tenemos un libro muy divertido que retrata fiel y
-cándidamente, en mi sentir, lo que era el Paraguay bajo la presidencia ó
-dominio del primer López. Si en España hubiese más afición á la lectura,
-el libro de que hablo sería muy leído: se hubieran hecho de él muchas
-ediciones. Quien le lee, ríe con gana y de veras de los lances,
-aventuras y observaciones del Sr. D. Ildefonso Antonio Bermejo, autor
-del libro, que pasó en el Paraguay cuatro ó cinco años al servicio del
-tirano. Cómicos y muy raros casos refiere, pero hay tal tono de buena
-fe, tan sincero y espontáneo estilo en todo, que ni por un instante
-asaltan dudas sobre la escrupulosa veracidad del relato.</p>
-
-<p>Todo él, y más aún la gloriosa defensa que hicieron los paraguayos de
-sus hogares y aun del mismo tirano, nos los presentan como mucho más
-simpáticos que los que á fuego y sangre fueron á pulirlos, á libertarlos
-y á hacerlos felices y cultos.</p>
-
-<p>Reza un añejo y cruel refrán: <i>la letra con sangre entra</i>. Hay
-desventuras ineludibles. Ocasión se ofrece á cada paso de repetir la tan
-repetida exclamación virgiliana: <i>Sunt lacrimæ rerun</i>; pero la verdad es
-que con tantas guerras y tan atroces como tienen ustedes en América
-desde que son independientes y libres, pierden ustedes no poca autoridad
-y crédito para vituperar las ferocidades de sus tatarabuelos los
-españoles que fueron á civilizar el Nuevo Mundo en los pasados siglos.<span class="pagenum"><a name="page_212" id="page_212">{212}</a></span></p>
-
-<p>El horrible método de acabar con la tiranía de López y de llevar la
-civilización á aquella tierra fertilísima, arranca de su piadoso corazón
-de usted, entre otras, estas sentidas voces:</p>
-
-<p>«Fermenta la putrefacción sobre una alfombra de flores marchitada por la
-pólvora. Cubre aquellos cadáveres, contraídos por los dolores,
-despedazados por la metralla ó desfigurados por la corrupción, un cielo
-espléndido del cual parece descender la vida. La selva impenetrable, el
-árbol frondoso, el agua estancada, parecen exigir al hombre su fuerza y
-su inteligencia para cumplir la misión que Dios le confiara. Pero el
-brazo del hombre ha sido abatido por la espada. Su cuerpo corrompido
-yace mezclado con los corceles muertos en la batalla. Solamente Job,
-colocado en medio de la miseria y podredumbre de la muerte, podría
-cantar en términos apropiados la desolación del Paraguay.»</p>
-
-<p>A estas y á otras no menos conmovedoras lamentaciones de usted sólo
-tengo que añadir mi deseo de que la paz restaure las fuerzas y sane y
-cicatrice las heridas que han tenido ustedes que hacer al Paraguay para
-que sea libre y más civilizado.</p>
-
-<p>La obra de usted, que cito la última, <i>De Valparaíso á la Oroya</i>, es la
-mejor de todas, en mi sentir, ó al menos la que me ha causado impresión
-más honda y más grata. Me parece amenísimo libro de viaje. El estilo de
-usted, animado y pintoresco, tiene la fuerza de trasladar en es<span class="pagenum"><a name="page_213" id="page_213">{213}</a></span>píritu
-al lector á los lugares que va usted recorriendo y que tan bien
-describe. Más de sesenta autores, antiguos y modernos, ha consultado
-usted para componer su libro. Cada uno de ellos informará más
-circunstanciadamente, ya sobre las antigüedades é historia del Perú, ya
-sobre su geografía, fauna, flora y demás recursos y naturales riquezas,
-ya sobre su industria y su comercio: pero pocos ofrecerán al lector un
-conjunto tan variado é interesante. Su trabajo de usted es
-principalmente el resultado de la inspección ocular y de sus recuerdos,
-los cuales, avivados por la fantasía y el talento del escritor, producen
-en quien lee la ilusión de que visita con usted aquel magnífico país.
-Son bellísimas las descripciones de Arequipa, del Misti, del Cuzco y sus
-ruinas, de la ciudad de los reyes, del valle de Lurín y del antiguo
-templo del Dios Pachacamac.</p>
-
-<p>La pintura que hace usted del esplendor y florecimiento de Lima, la
-alegría de sus habitantes, la hermosura y gracia de sus mujeres, la
-riqueza de sus templos, la gala, el lujo y las joyas de su aristocracia,
-el tesoro artístico, en cuadros y antiguallas, que guardan el Museo
-Nacional, y las colecciones de los señores Ortiz de Ceballos y Dávila
-Condemarín, todo nos encanta y nos enorgullece á los españoles, ya que
-acertamos á fundar tan brillante colonia y á llevar á ella nuestra
-civilización y nuestras costumbres. Bastante nos apesadumbran y nos
-ponen con<span class="pagenum"><a name="page_214" id="page_214">{214}</a></span>tritos la consideración y la pena, que usted no deja de
-estimular, de las crueldades y actos vandálicos de Pizarro y los otros
-conquistadores: pero, sin poderlo remediar, tal vez para que sea menor
-el remordimiento colectivo, porque no quiero yo entrar en discusiones,
-nos sentimos inclinados á no creer por completo en tantas maravillas y
-en tantos bienes como se supone que hubo en el Perú, durante el imperio
-de los Incas. No me entra en la cabeza que hubiese entonces tantos
-millones de indios, hoy desaparecidos, ni menos que los indios que
-quedan sean más rudos y más miserables adorando á Cristo que adorando al
-sol, al Inca su pariente y al Dios Pachacamac, sobre cuyo nombre,
-condiciones, atributos y naturaleza, se funda sutil teodicea. Mucho me
-inclino á sospechar que la tal teodicea ha sido mejorada y hermoseada
-por la imaginación de personas ilustradas de nuestra edad ó por
-misioneros candorosos que quisieron descubrir en ella los rastros de la
-predicación de Santo Tomás ó de otro apóstol, que acertó á llegar hasta
-allí.</p>
-
-<p>Si antes de los Incas, hacia el siglo X de nuestra era, habían tenido
-los peruanos escritura hieroglífica, esta escritura se había perdido en
-tiempo de los Incas, lo cual implica un retroceso en la cultura. Cuando
-la aparición de los españoles, sólo había los <i>quipos</i> ó nudos hechos
-con hilos de diversos colores. Por muy ingenioso que supongamos este
-arte y por muy hábiles y<span class="pagenum"><a name="page_215" id="page_215">{215}</a></span> sagaces que fueran los <i>quipocamayos</i> ó
-interpretadores de <i>quipos</i>, me parece que es menester sobrada buena
-voluntad y fe grande para aceptar como evidentes, gracias á los
-<i>quipos</i>, los datos cronológicos y estadísticos sobre la duración,
-riqueza y censo del imperio de los Incas y sobre la bienaventuranza de
-sus súbditos, antes de la feroz conquista española. En fin, sea como
-sea, el daño hecho está ya y no tiene remedio. Yo convengo en que los
-aventureros, que iban de España á las Indias solían ser unos desalmados,
-lo peor de cada casa: y convengo en que el Padre Valverde era un
-fanático; un fraile <i>trabucaire</i>, como diríamos ahora. Pero, por amor de
-Dios, ¿no se resiste ó repugna á todo recto juicio que matásemos á
-disgustos y á malos tratamientos á tantos millones de séres humanos?
-¿Cómo creer que déspotas como Viracocha, Pachacutec, Yupanquí,
-Huayna-Capac y Huascar, hacían más dichosos á sus súbditos, fomentaban
-más la población, las ciencias, las artes y la prosperidad, que los
-Gobernadores y Arzobispos, enviados á Lima por los católicos reyes de
-España, entre los cuales Arzobispos hubo santos y entre los cuales
-Gobernadores ó Virreyes los hubo tan buenos y tan filantrópicos como el
-conde de Superunda?</p>
-
-<p>Sin duda que los reyes de España eran despóticos también, pero ¿cómo
-habían de serlo tanto como los Incas?</p>
-
-<p>En fin, la misma enormidad de la acusación<span class="pagenum"><a name="page_216" id="page_216">{216}</a></span> que se nos hace, destruye
-toda su fuerza. Sólo el apasionamiento y el afán de seguir las modas de
-París bastan á explicar que se crea que, en virtud de leyes paternales y
-protectoras de los indios, y yendo á Lima de Virreyes hombres eminentes,
-de lo más ilustre por saber, nacimiento y servicios, Hurtados de
-Mendoza, Toledos, Castros, Fernández de Córdoba, Velascos y
-Portocarreros, exterminásemos millones y millones de indios en poco más
-de trescientos años y convirtiésemos el Perú en un desierto.</p>
-
-<p>En resolución, yo entiendo, no sólo por lo muy español, sino por lo muy
-progresista que soy, que es tan absurdo y apasionado el suponer con
-<i>saudades</i> un imperio de los Incas, maravilloso de bueno, cuya bondad
-destruyeron los españoles, como el imaginar una época de los Virreyes
-más floreciente y feliz que la época actual, cuando emancipado é
-independiente el Perú crece en población, riqueza y cultura, abre
-ferrocarriles que pronto salvarán los Andes, y se dispone á ser, á pesar
-de recientes contratiempos y desgracias, una grande y poderosa república
-y á convertir á Lima en una de las más bellas, populosas y espléndidas
-capitales del mundo.</p>
-
-<p>Los capítulos sobre Chorrillos, que es el Biarritz, el Trouville ó el
-Ostende peruano; y sobre la <i>quena</i>, flauta, música y canto de los
-indios, son poéticos y curiosos.</p>
-
-<p>Todo el libro, en suma, nos hace formar claro y hermoso concepto del
-Perú, en 1873, cuando<span class="pagenum"><a name="page_217" id="page_217">{217}</a></span> usted le visitó. Ojalá que dentro de poco, en
-cercano porvenir, se vean ya realizadas para el Perú todas las
-halagüeñas y fundadas esperanzas que usted hace concebir y concibe.</p>
-
-<p>Y aquí termino esta larguísima carta, no sin reiterar á usted mi cordial
-y cumplida enhorabuena por la publicación de sus obras reunidas.<span class="pagenum"><a name="page_219" id="page_219">{219}</a></span><span class="pagenum"><a name="page_218" id="page_218">{218}</a></span></p>
-
-<h2><a name="LA_RELIGION_DE_LA_HUMANIDAD" id="LA_RELIGION_DE_LA_HUMANIDAD"></a>LA RELIGIÓN DE LA HUMANIDAD<br />
-<small>(Á DON JUAN ENRIQUE LAGARRIGUE)</small></h2>
-
-<h3>I.</h3>
-
-<p>Muy señor mío y querido amigo: Mi propósito de examinar y criticar la
-<i>Circular religiosa</i> de usted, publicada en Santiago de Chile el día 6
-de Descartes del año 98 de la Gran Crisis, quedó apenas á medio cumplir
-ó en suspenso, por culpa de mis grandes quehaceres y de la dificultad de
-la empresa, superior sin duda á mis fuerzas. Impidió también que yo
-terminase aquel trabajo mi falta de fe en mí mismo, ó lo desengañadísimo
-que estoy de mi literatura. Años ha que padezco esta enfermedad mental ó
-manía, casi incurable, que excita á los hombres á escribir; pero jamás
-he creído en la utilidad de mis escritos. Mi justificación estaba y
-está, pues, en procurar que sean divertidos, y en que, ya que no
-instruyan al prójimo, le den agradable pasatiempo.<span class="pagenum"><a name="page_220" id="page_220">{220}</a></span></p>
-
-<p>En España toda persona que lee sabe más que yo, y toda persona que sabe
-menos que yo, ó no sabe leer tampoco, ó no quiere fatigarse leyendo.
-Carezco, pues, de público á quien enseñar; pero, ¿por qué, me digo no ha
-de haber personas á quienes entretengan mis escritos? Por pocas que sean
-estas personas, de ellas hago mi público, y á ellas me dirijo.</p>
-
-<p>Por lo expuesto comprenderá usted y disculpará en mí el tono de broma
-con que en mis cartas anteriores he tratado de las doctrinas de usted.
-Aun así no han faltado graves sujetos que me han reprendido por perder
-mi tiempo en exponer locuras, aunque sea para refutarlas. Todavía no he
-hallado á nadie que no califique de locuras las doctrinas que usted
-sostiene. Esto acabó de retraerme de seguir exponiéndolas y
-refutándolas.</p>
-
-<p>En tal disposición de ánimo me encontraba yo, cuando recibí desde París,
-donde su hermano de usted, Jorge, reside un libro de este <i>apóstol de la
-humanidad</i>, titulado <i>Lettres sur le positivisme</i>. El libro me venía
-dedicado con frases para mí tan cariñosas y lisonjeras, que hube de
-quedar á usted y á su hermano profundamente agradecido. Recibí después,
-con fecha 17 de Shakespeare del año 100 (25 de septiembre de 1888), una
-extensa carta (impresa en un folleto de 60 páginas), que usted me dirige
-sobre la <i>Religión de la Humanidad</i>. Y he recibido, por último, con
-singular dedicatoria autógrafa, otra carta de usted á la señora<span class="pagenum"><a name="page_221" id="page_221">{221}</a></span> doña
-Emilia Pardo Bazán, sobre el mismo asunto, escrita el día 2 de
-Arquímedes del año 101 (27 de marzo de 1889 de nuestra era), también en
-Santiago de Chile.</p>
-
-<p>Contienen estos documentos, elegantemente impresos y escritos, unos en
-castellano y otros en francés, tan discretas y bien concertadas razones,
-tanta cortesía y tanto afecto amistoso para doña Emilia y para mí, que
-sería yo harto descortés é ingrato si no contestase con benevolencia.</p>
-
-<p>Prescindo, pues, de lo que me dicen ciertos espíritus que presumen de
-superiores y de invulnerables para toda idea que ellos no consideren
-sensata, y voy á contestar á usted, teniéndole por sensato y cuerdo, y
-además por excelente, bondadoso y sabio.</p>
-
-<p>Si yo hubiera de tener por locos á cuantos no piensan como yo y
-sostienen lo contrario, enteramente lo contrario, el planeta en que
-vivimos me parecería un manicomio. Lo más atinado, pues, y lo más
-caritativo, es pensar que todos tenemos juicio; que todos estamos de
-acuerdo en bastantes puntos, y que, si discordamos en otros, la
-discordancia es un bien, ya que sin ella no habría materia para escribir
-y para hablar, y nos aburriríamos de quedarnos callados, y se nos
-embotaría el entendimiento sin nada que le estimulase, aguzase y
-acicalase.</p>
-
-<p>Remueve, además, los escrúpulos que me arredraban, atajando el correr de
-mi pluma, la con<span class="pagenum"><a name="page_222" id="page_222">{222}</a></span>sideración de que son pocos los escritores que escriben
-para revelar inauditas verdades. Harto sé que yo no he abierto ni</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i2">«Abriré nuevos senderos<br /></span>
-<span class="i0">á la errante humanidad».<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p class="nind">pero ¿por qué no he de solazarme un rato charlando con ella, ó al menos
-con aquella mínima parte de ella tan desocupada y benigna que tenga
-vagar y paciencia para leerme?</p>
-
-<p>Con este presupuesto, voy á contestar á la amable carta de usted.</p>
-
-<p>Augusto Comte es el glorioso fundador de la secta que usted sigue,
-dividida hoy en dos ó más iglesias. Suponer que hasta cierto momento de
-su vida Augusto Comte fué juicioso, y que fué atinado cuanto dijo, y que
-después, con el mucho cavilar, se le descompusieron los sesos, y no
-acertó á decir sino disparates, se me antoja suposición arbitraria. O la
-locura de Augusto Comte está en toda su vida y en todos sus escritos, ó
-no hay ni hubo tal locura jamás<a name="FNanchor_B_2" id="FNanchor_B_2"></a><a href="#Footnote_B_2" class="fnanchor">[B]</a>.</p>
-
-<p>Para mí, tan desatinado es Augusto Comte al principio como al fin, pero
-yo respeto, aplaudo y admiro los desatinos cuando están hábilmente
-ordenados y entrelazados, é implican saber, entusiasmo é ingenio.</p>
-
-<p>La grande obra del maestro de ustedes era<span class="pagenum"><a name="page_223" id="page_223">{223}</a></span> «dar á la filosofía el método
-positivo de las ciencias, y á las ciencias la unidad de conjunto de la
-filosofía».</p>
-
-<p>Cuando murió el Maestro, el 5 de diciembre de 1857, sus discípulos y
-apóstoles aseguraban todos que, salvo ligeras imperfecciones, dicha
-grande obra estaba realizada: había <i>filosofía positiva</i>; ciencia y
-filosofía se habían compenetrado y formaban completa unidad.</p>
-
-<p>Convengamos en lo uno; pero ¿cómo es posible convenir en lo completo?
-¿No quedaba, fuera de lo sabido por observación y por experiencia, mucho
-de incognoscible ó de incógnito? Mucho quedaba, y no me explico cómo no
-se ríe usted conmigo del donoso remedio que se ha buscado para este mal.
-Lo incógnito es incognoscible. La esfera del pensamiento humano se
-encoge y se achica para que sólo quepa en ella el conocimiento
-<i>verificado</i>. Todo otro conocimiento se llama conocimiento <i>imaginado</i>.
-Se le da el título de <i>absoluto</i> ó de <i>ideal</i>, y se le declara
-inaccesible.</p>
-
-<p>Sea así. Vayamos más allá, si se quiere. Tratemos de suprimir lo
-absoluto, y no sólo de declararlo inaccesible. Repitamos con Littré: «El
-universo nos aparece hoy como un conjunto, cuyas causas están en él
-mismo, y que llamamos leyes. La inmanencia es la ciencia que explica el
-universo por causas que están en él. La inmanencia es directamente
-infinita, porque, desechando tipos y figuras, nos pone en inmediata<span class="pagenum"><a name="page_224" id="page_224">{224}</a></span>
-relación con los motores eternos de un universo ilimitado, y descubre al
-pensamiento estupefacto y extasiado los mundos lanzados en el abismo del
-espacio y la vida lanzada en el abismo del tiempo.» Con más claridad y
-con menos pompa, esto significa que no hay Dios; que el mundo es eterno;
-que él mismo es causa y efecto; y que sin inteligencia crea
-inteligencia, sin voluntad ni saber impone leyes indefectibles, sin vida
-crea vidas, y sin ser persona produce personas. Fuera de lo absurdo,
-gratuito y pasmoso de tales afirmaciones clara se ve la contradicción en
-que Littré incurre. Ni una sola de esas afirmaciones es conocimiento
-<i>verificado</i>; nace de observación, de experiencia, de lo que él llama
-filosofía positiva ó ciencia pura. Luego es teología, aunque negativa:
-luego es metafísica; y al poner tales afirmaciones destruimos todo el
-sistema, y, en vez de sostener que pasó el período teológico y que pasó
-el período metafísico, y que hoy estamos ya en el período científico, en
-plena edad de razón, volvemos á ser teólogos ó metafísicos, aunque harto
-empecatados.</p>
-
-<p>Yo no tengo en este punto que refutar á Littré: él mismo se refuta y se
-retracta, con más recto aviso, diciendo: «No conocemos ni el origen ni
-el fin de las cosas y no hay razón para negar ni para afirmar que haya
-algo más allá de ese origen y de ese fin.» La doctrina ó filosofía
-positiva no niega, pues, ni afirma á Dios. La Naturaleza no vale para
-reemplazarle. «¿Quién es esa seño<span class="pagenum"><a name="page_225" id="page_225">{225}</a></span>ra?»&mdash;preguntaba el conde José de
-Maistre. «Si la Naturaleza significa el conjunto de las cosas que nos
-son conocidas, este conocimiento es relativo como ellas; es
-experimental, y deja fuera las regiones de lo incognoscible: y si la
-Naturaleza es un poder infinito, autor y ordenador del Universo, no hay
-saber positivo que halle al cabo de sus investigaciones ese poder, que
-por lo tanto debemos pasar en silencio. Experimentalmente no sabemos
-nada de la eternidad de la materia ni de la hipótesis de Dios.»</p>
-
-<p>Ya se ve que Littré, en sus momentos más lúcidos, se declara neutral: ni
-afirma ni niega. Pone lo sobrenatural fuera de nuestro alcance; por cima
-de nuestro raciocinio. Pero, ¿no habrá otras facultades de nuestra alma,
-por cuya virtud se pueda llegar á él?</p>
-
-<p>Yo veo que este positivismo <i>agnóstico</i> deja abierta la puerta á la
-imaginación, á la fe, á la intuición amorosa del alma afectiva, ó quién
-sabe á qué otras facultades y potencias, para tender el vuelo y
-explayarse por ese infinito inexplorado, y apartar de él la desesperada
-calificación de incognoscible.</p>
-
-<p>De aquí que, en mi sentir, por el positivismo de Augusto Comte podamos
-volver de nuevo á las más fervorosas creencias, como por el sensualismo
-de Condillac volvió á ellas el ya citado conde José de Maistre.</p>
-
-<p>¿Quién sabe si en el extremo del positivismo agnóstico, ó dígase del
-agnosticismo, no está ya<span class="pagenum"><a name="page_226" id="page_226">{226}</a></span> cuajándose y brotando un misticismo flamante?
-En todo caso, esto sería lo que llama el vulgo <i>salto atrás</i>, y lo que
-llaman <i>atavismo</i> los doctos. Según usted asegura, y según aseguran
-otros autores, Augusto Comte se inspiró en el conde José de Maistre,
-éste en el teósofo Saint-Martin, y Saint-Martin en aquel español ó
-portugués misteriosísimo que se firmaba Martinez Pascual, que escribió
-la <i>Reintegración de los seres</i>, influyó tanto en el florecimiento de
-los misticismos y teosofías del fin de la pasada centuria, y desapareció
-luego.</p>
-
-<p>Como quiera que ello sea, fuerza es convenir en que el más ilustre
-discípulo de Augusto Comte fué Emilio Littré, y en que Emilio Littré, á
-la muerte del Maestro, aceptó la herencia á beneficio de inventario,
-repudiando notable parte de ella. Otros la recogieron y la aceptaron
-toda con plena piedad, y de aquí el cisma, que aún dura.</p>
-
-<p>Para no confundirnos, llamaré al positivismo de Littré <i>no religioso</i>, y
-llamaré <i>religioso</i> al positivismo de usted y de los que como usted
-piensan. Bueno es, no obstante, que se entienda desde luego que el
-positivismo no religioso de Littré puede concertarse un día, si ya no se
-concierta en algunos espíritus, con religión verdadera, y aun con
-teosofía y aun con misticismo exaltado, mientras que en el positivismo
-de ustedes, con ese vano y absurdo fantasma de religión que ponen
-ustedes, es imposible é incompatible toda<span class="pagenum"><a name="page_227" id="page_227">{227}</a></span> religión que tenga algunas
-condiciones de tal.</p>
-
-<p>Hasta 1842, en que publicó Augusto Comte el tomo VI y último de su
-<i>Curso de filosofía positiva</i> todos los hombres que le siguen y pueden
-contarse por positivistas, con más ó menos restricciones, correcciones ó
-aditamentos, como el citado Littré, Herberto Spencer, Stuart Mill,
-Lewes, Taine, Robinet, Huxley y otros, creen que Augusto Comte estaba
-sano; pero ya, en 1845, empieza el período patológico de la vida del
-maestro. Su locura es evidente y declarada para todos los dichos sabios,
-desde 1851, en que publica el Maestro su <i>Sistema de política positiva ó
-tratado de Sociología, instituyendo la religión de la humanidad</i>.</p>
-
-<p>Divididos así en dos el espíritu y la vida de Comte, tenemos un Comte
-loco y otro cuerdo. Los que le aceptan y glorifican hasta 1845 se
-consideran juiciosísimos, y declaran loco al Maestro durante los últimos
-doce años de su vida, y á todos ustedes, que le aceptan por completo,
-los dan por locos de remate, hablando sin rodeos y dejando á un lado las
-perífrasis y los eufemismos elegantes ó científicos de que ellos se
-valen al formular la declaración.</p>
-
-<p>Para el que, como yo, no es positivista, ni de una clase ni de otra;
-para el que entiende que no se acabó ya la teología, ni se acabó la
-metafísica á fin de que no haya más que ciencia, y para el que cree que
-toda ciencia es imposible sin metafísica y sin teología, tanto los
-positivistas<span class="pagenum"><a name="page_228" id="page_228">{228}</a></span> no religiosos como los religiosos, se equivocan; pero, sin
-duda, en mi sentir, se equivocan más ustedes, los religiosos, sin que
-llame yo por eso á la equivocación locura, sino error ó extravío
-generoso nacido de un noble y puro sentimiento que en balde han querido
-ustedes ahogar en el alma.</p>
-
-<p>Yo no niego, además, que hay un procedimiento dialéctico en el
-pensamiento de Comte; que no funda su religión porque sí; que su
-religión no fué lo que vulgarmente llamamos una salida de tono.</p>
-
-<p>Lo que hay de más simpático en el positivismo es la crítica, á mi ver,
-imparcial, elevada, entusiasta y optimista con que juzga la historia,
-para marcar en ella el movimiento ascendente del humano linaje hacia la
-luz y hacia el bien, pasando por los estados teológico y metafísico para
-llegar al científico al cabo. En este progreso, los positivistas
-declaran, y usted confirma, que la creación más grande del hombre ha
-sido la Iglesia católica, institución soberana del orden social,
-comunidad de los pueblos en una misma fe, organismo tan alto y benéfico,
-que, como usted asegura jamás puede desaparecer. Y añade usted luego:
-«Lo que sí sucederá es que se perfeccione.» Y esta perfección fué muy
-extraña. Augusto Comte se convirtió en Padre Santo; apartó las personas
-reales de Dios y de la Virgen Madre, y puso en lugar de ellas, y
-usurpando sus nombres, dos figuras retóricas; y<span class="pagenum"><a name="page_229" id="page_229">{229}</a></span> así fundó la religión
-de la humanidad ó el catolicismo positivo.</p>
-
-<p>¿Tienen alguna fuerza las razones que usted da en favor de su religión
-nueva; en alabanza de ese catolicismo <i>perfeccionado</i>? Yo entiendo que
-las razones de usted le destruyen por su base. «Augusto Comte, dice
-usted, no podía instituir su doctrina en nombre de Dios, porque, dada la
-<i>mentalidad</i> de nuestro tiempo, no podía sentirse inspirado
-sobrenaturalmente. Hubiera faltado á la profunda sinceridad que le
-caracteriza».</p>
-
-<p>«Moisés y San Pablo, añade usted, influyeron grandemente en moralizar el
-mundo. Estos ilustres servidores de la humanidad fueron sinceros al
-atribuir á revelación divina los preceptos religiosos que dictó cada uno
-de ellos, porque sus respectivos medios sociales eran teológicos. En el
-medio social positivo que alcanzamos, creerse inspirado de Dios
-supondría una perturbación cerebral».</p>
-
-<p>A esto, y adoptando el severo criterio de usted, cualquiera podrá añadir
-que mayor perturbación cerebral supone aún, en el medio social positivo
-en que estamos viviendo, sin creerse inspirado por Dios, no sólo negando
-su inspiración, sino negándole á Él ó desconociéndole, ponerse á fundar
-religión nueva. Cualquiera otra determinación parece menos disparatada.
-Y, sin embargo, la determinación de ustedes tiene excusa, una vez
-aceptado el positivismo hasta donde Littré le acepta.<span class="pagenum"><a name="page_230" id="page_230">{230}</a></span></p>
-
-<p>El remate de su doctrina oficial es como un punto elevado, resbaladizo,
-con abismos por todas partes, donde se exige al positivista que se tenga
-en equilibrio, y donde el equilibrio no es posible. Es necesario caer en
-alguno de esos abismos.</p>
-
-<p>No es dado quedarse sin negar ni afirmar la materia eterna ó Dios. El
-positivista cae del escollo en que se ha encaramado aunque se agarre con
-las uñas, á fin de no caerse, á los preceptos de Littré, declarándose,
-con modestia, incompetente para decidir sobre tales asuntos.</p>
-
-<p>Lo más común es que caiga en el materialismo y en el ateísmo. Littré cae
-con frecuencia, como se lo prueba Caro en el extenso libro que ha
-escrito sobre él, y al que me remito.</p>
-
-<p>Y cae también la turbamulta de positivistas franceses, ingleses,
-alemanes y españoles, que con más ó menos pudor y disimulo van á seguir
-la bandera de Büchner, de Moleschott, de Carlos Vogt ó de Haeckel.</p>
-
-<p>El señor Menéndez y Pelayo, que ha estudiado bien todo esto en sus
-<i>Heterodoxos</i>, trae larga lista de secuaces del positivismo en España, y
-apenas hay uno que se haya quedado en la neutralidad modesta y
-antimetafísica: casi todos caen en el materialismo, descollando entre
-ellos el catalán Pompeyo Janer. Hasta los antiguos y nebulosos
-krausistas, empezando por don Nicolás Salmerón, han venido á dar en el
-positivismo en los últimos tiempos; pero todos estos<span class="pagenum"><a name="page_231" id="page_231">{231}</a></span> positivistas
-españoles pertenecen á la secta no religiosa. Menéndez y Pelayo, cuya
-diligencia y erudición son admirables, sólo nos cita dos positivistas
-españoles religiosos: D. José Segundo Flórez y el naturalista cubano don
-Andrés Poey, ninguno de los cuales debe haber fundado iglesia entre
-nosotros. Si la ha fundado, estará escondida en tenebrosas catacumbas,
-cuando Menéndez y Pelayo, que todo lo escudriña, no ha dado con ella.
-Lícito es, pues, afirmar sintéticamente que en España no hay
-positivistas religiosos. La Religión de la Humanidad, no hace prosélitos
-por aquí. Estéril y desairada misión me parece esa que usted y su
-hermano quieren confiarnos, á doña Emilia Pardo Bazán y á mí, de ser en
-España los apóstoles de la Religión de la Humanidad: el Santiago y la
-Santa Teresa de esta nueva creencia.</p>
-
-<p>Las lisonjas, amonestaciones y consejos de usted son cantos de sirena, á
-los cuales doña Emilia y yo debemos tabicar con cera los oídos, imitando
-al prudente Ulises. Si los oyésemos, si nos dejásemos seducir, iríamos á
-parar al cómico martirio, no de la hoguera, no de la degollación, no de
-la estrangulación, sino de las silbas y de las burlas. España está muy
-hundida en el <i>negativismo</i>, como usted le llama: y no hay quien la
-saque de él á tres tirones. Lo que dice usted á doña Emilia es para
-deslumbrar á cualquiera, pero ella no es un cualquiera y no se dejará
-deslumbrar. Usted le dice, entre otras cosas:<span class="pagenum"><a name="page_232" id="page_232">{232}</a></span> «Anhelo que revele usted
-la Religión de la Humanidad á las nobles españolas, sus compatriotas;
-que las haga influir en la conversión de sus padres, de sus esposos, de
-sus hijos descaminados en el <i>negativismo</i>; que convierta usted misma,
-exhortándolos fuertemente, á varios de los esclarecidos varones de
-España, para que se pongan al servicio de la grandiosa doctrina con la
-que tanto pueden enaltecer á su patria y al mundo entero; que su palabra
-circule radiante de unción, no sólo por la península ibérica, sino
-también por toda la América española, infundiendo convicciones tan
-sublimes como inquebrantables: que su santa y vigorosa elocuencia invada
-á París para concurrir á la regeneración definitiva de la gran ciudad
-por la cual se modelan todas las naciones; y que, cuando llegue la hora
-solemne de su transformación personal de la vida objetiva á la vida
-subjetiva (pasar de la vida objetiva á la vida subjetiva equivale á
-morirse entre los profanos), experimente usted el inefable goce de haber
-trabajado de todo corazón y con todas sus fuerzas por la Religión
-universal, y pase á incorporarse, resplandeciendo con eterna aureola, en
-la Humanidad, nuestro verdadero Sér Supremo, desde cuyo glorioso seno
-continuaría usted guiando almas con el inolvidable ejemplo de su
-abnegada labor, y con sus virtuosos y magistrales escritos».</p>
-
-<p>En medio del entusiasmo, de la elocuencia, del profundo convencimiento
-de usted, doña Emi<span class="pagenum"><a name="page_233" id="page_233">{233}</a></span>lia no podrá menos de reconocer la inanidad de sus
-promesas y lo inconsistente de ese Sér Supremo, en cuyo seno usted la
-coloca, y lo falso de su eternidad, ya que el día menos pensado se seca
-la Tierra, como parece que se secó la luna, ó se apaga el sol, ó se cae
-en él la Tierra, ú ocurre á la Tierra cualquier otro percance, y el Sér
-Supremo, inventado por Augusto Comte, tiene lastimoso fin, con toda la
-ciencia, con todas las invenciones y con todos los primores, y con todas
-las filosofías, más ó menos positivas, que ha ido confeccionando en unos
-cuantos siglos.</p>
-
-<p>Caro, en su libro sobre el positivismo, amenaza también á ustedes con la
-fin del mundo para demostrar la falsedad y la vanidad de la religión del
-progreso. «Entonces, el hombre y su civilización, sus esfuerzos, sus
-artes y sus ciencias, todo habrá sido. Todo perecerá con la vida de
-nuestro globo; y, si no queda en alguna parte un pensamiento que
-recuerde, y conciencias que recojan los resultados de tantos
-sacrificios, la tal religión del progreso es la burla más cruel del
-pobre animal humano, á quien inútilmente se ha turbado en su miserable
-dicha, y se ha espoleado para que corra en pos de quimeras y de
-perfecciones cuyo término es la nada.»</p>
-
-<p>Lo cierto es que, para evitar estos tropiezos y sostener el progreso
-indefinido en toda su grandeza, el positivismo vale poco, y es mil veces
-mejor <i>el perfeccionismo absoluto</i> del Sr. Dosamantes. Con los cuerpos
-flúidos, dotados de la virtud<span class="pagenum"><a name="page_234" id="page_234">{234}</a></span> de lanzarse á otros mundos, chico
-inconveniente sería que éste se hundiese ó acabase. Nos pondríamos en
-salvo y nos iríamos á planetas más bellos y más cómodos, diciendo: <i>Ahí
-queda eso</i>, como dicen que dijo el cura de Gabia.</p>
-
-<p>No hay, con todo, medio alguno de que ustedes acepten ni cuerpos
-flúidos, ni nada que sea equivalente. Son ustedes tan materialistas y
-tan ateos como el que más. La Religión de la humanidad es sólo poesía
-sin substancia y delirio vano.</p>
-
-<p>Como únicamente puede comprenderse la religión de ustedes es como uno de
-los mil arbitrios, el más ineficaz, á mi ver, á que apelan los
-pensadores de nuestros días, cuando, después de destruir la realidad
-superior é invisible dentro de lo conocido, buscan lo <i>ideal</i>, y hablan
-de él y quieren rendirle adoración y culto.</p>
-
-<p>Todo otro arbitrio para poner lo <i>ideal</i>, es, repito, más eficaz que el
-de ustedes. Aun suponiendo que la razón, la <i>mentalidad</i> del siglo <small>XIX</small>
-como usted la llama, no logre columbrarle, ¿por qué hemos de negar que
-no logren columbrarle otras facultades del alma humana, y que no le vean
-y reconozcan, no sólo como <i>ideal</i>, sino como <i>real</i>, con limpia, clara
-y refulgente realidad objetiva, cuya luz acabe por penetrar en el
-universo concebido por la ciencia, y encerrado por ella en cárcel
-sombría, y al fin le ilumine y le explique?</p>
-
-<p>Yo confieso que no pocas de estas tentativas de realizar lo ideal, y de
-traerle al mundo de la<span class="pagenum"><a name="page_235" id="page_235">{235}</a></span> ciencia, y de iluminar con él sus tinieblas, me
-son simpáticas, por disparatadas que sean. Por esto me hacen tanta
-gracia el <i>perfeccionismo absoluto</i> del señor Dosamantes, el
-espiritismo, el budismo esotérico y otros sistemas así.</p>
-
-<p>Hay varias escuelas de ateísmo, todas, por desgracia muy florecientes
-ahora. Si sus principios no se hubieran infiltrado en las almas de mucha
-gente vulgar, que no ha estudiado nada y que filosofa sin saber que
-filosofa, y como por instinto, apenas tendría yo excusa para hablar de
-estas cosas con ligereza, y sin detenido estudio y reposo; pero yo, al
-discurrir sobre esto, no voy á revelar lo que se afirma en las cátedras
-y entre los muy doctos, sino que voy á tratar de ideas que corren y se
-difunden por las calles y por las plazas, que penetran en la vida social
-é influyen en ella.</p>
-
-<p>Aunque se me tilde de impropiedad en el lenguaje porque en lo falso y en
-lo absurdo no quepa más ni menos, yo empiezo por creer que, siendo
-absurdas todas las negaciones de Dios, hay unas más absurdas, y menos
-absurdas otras.</p>
-
-<p>Si el mundo es un valle de lágrimas sin esperanza en otra vida mejor; si
-todos los seres padecen; si la injusticia triunfa; si el orden físico y
-el orden moral no existen y si no hay más que desorden, como no hemos de
-suponer un poder infinito que se complazca en el dolor y en la miseria,
-ni tampoco hemos de fingir para soberano ordenador del mundo un sér
-benigno,<span class="pagenum"><a name="page_236" id="page_236">{236}</a></span> pero sin fuerza y sin saber que basten á remediar lo malo, ó,
-mejor dicho, á no haberlo hecho, parece legítima consecuencia la
-negación de Dios. Lo falso está en las premisas, prescindiendo ahora de
-lo misterioso é inexplicable de que los seres obedezcan á ciertas leyes,
-aunque sean inicuas, sin que haya legislador que dé esas leyes; de que
-salga la conciencia de lo que no tiene conciencia, y de que brote un
-prurito certero y una voluntad eficaz de ser, sin persona donde la raíz
-de este prurito y de esta voluntad resida.</p>
-
-<p>Con todo: yo creo que el ateísmo pesimista de Leopardi, de Schopenhauer
-y de Hartmann, es el menos desatinado: hay en él no poco del budismo
-trasplantado á Europa.</p>
-
-<p>Pero cuando sostenemos que todo está divinamente concertado; que todo
-concurre y se encamina á la perfección de modo indefectible, se
-comprende mucho menos que nadie sea ateo.</p>
-
-<p>Augusto Comte, á mediados de este siglo descubrió y explicó las leyes
-por cuya virtud el linaje humano va encaminándose á una sublime y noble
-bienaventuranza á través de los períodos teológico, metafísico y, por
-último positivo; pero estas leyes que descubrió Augusto Comte estaban ya
-promulgadas y eran obedecidas desde el principio ó desde la eternidad;
-luego hubo inteligencia que las dictó y poder que las hizo obedecer
-desde entonces. Tan acertadas y bienhechoras leyes no las dictó ni las
-impuso el Gran Fetiche, que es la tierra que habitamos, ni el<span class="pagenum"><a name="page_237" id="page_237">{237}</a></span> Gran
-Medio, que es el espacio en que la tierra se mueve, ni la Virgen-Madre,
-que es la Humanidad, nacida en virtud de estas leyes. El Sér Supremo
-positivista es uno y trino: es un compuesto del Gran Medio, del Gran
-Fetiche y de la Virgen-Madre; pero tampoco da las leyes: se limita á
-obedecerlas y á irse encaminando así á la perfección.</p>
-
-<p>Claro se ve que esta religión positivista es absurda para los teólogos y
-para los metafísicos; pero, digo la verdad, no comprendo el enojo, las
-burlas y las protestas contra ella de los positivistas no religiosos. Á
-mi ver, ustedes son tan lógicos como ellos, y además son más amenos. Con
-semejante fantasmagoría ó camelo de religión no se invalida ni se
-desnaturaliza la doctrina del Maestro. Ni ustedes vuelven á restablecer
-los agentes sobrenaturales del período teológico ni lo que llaman
-ustedes abstracciones realizadas del período metafísico, como Dios,
-esencia y causa: ustedes se limitan, para recreo y hechizo poético de
-los hombres, á personificar cosas harto reales y visibles, que no tienen
-nada de abstracción, á saber: el universo todo, el planeta en que
-habitamos y cuantos animales racionales le pueblan, considerándolos en
-su conjunto.</p>
-
-<p>No acusaré yo á ustedes de inconsecuentes, como otros los acusan,
-calificando su religión en lo tocante al culto de los héroes, de
-paganismo; y en lo tocante á la devoción fervorosa á las<span class="pagenum"><a name="page_238" id="page_238">{238}</a></span> mujeres, de
-plagio de la devoción á la Virgen María de los católicos. No deroga la
-religión de ustedes, que no es religión, la ley positivista que hace de
-la religión el grado ínfimo en el desarrollo intelectual de los hombres.
-La religión de ustedes es un objeto artístico, un primor, un adorno, de
-mejor ó peor gusto, pero que, en lo esencial, ni quita ni pone.</p>
-
-<p>No hay que decir que yo no creo en la afirmación de Augusto Comte. Yo
-creo lo contrario. La religión es inmortal, es indestructible como
-ciencia y como sentimiento. Desde todos los puntos, desde aquellos que
-más distantes nos parecen, y por todos los caminos, cuando más pensamos
-apartarnos de la religión, de la metafísica y de la teología, volvemos á
-ellas, sin poder evitarlo. Si algún valor tiene la religión de ustedes,
-es el de la sombra, el del espectro, que distrae y fascina y tal vez
-impide á ustedes ó ver la verdadera religión que penetra en el
-positivismo, ó salir á buscarla, desde el seno de ese positivismo,
-siguiendo sus métodos, y apoyándose en él y tomándole como punto de
-partida.</p>
-
-<p>En contraposición á la vana religión de ustedes, he de permitirme
-decirles algo, dado lo poco que sé y creo penetrar, de los esfuerzos y
-tentativas para recobrar la religión verdadera y para hacer de ella una
-ciencia positiva en el seno del positivismo, completando así la
-enciclopedia de Augusto Comte, y añadiendo á sus seis<span class="pagenum"><a name="page_239" id="page_239">{239}</a></span> ciencias, que se
-siguen y encadenan, otra más alta que es la teología.</p>
-
-<p>Bien puede asegurarse que Herberto Spencer ha mejorado y perfeccionado
-el positivismo, creando la <i>filosofía de la evolución</i>, por cuya virtud
-trata de explicarlo todo. Lo que se queda por explicar, ó es lo
-incognoscible en sí, ó la acción de lo incognoscible. Tenemos, pues, lo
-incognoscible fuera de la ciencia; pero algo es, ya que, al afirmar que
-no se deja conocer, lo afirmamos.</p>
-
-<p>De esta suerte Herberto Spencer, que procede al principio como Augusto
-Comte, considerando la religión como superstición y puerilidad, vuelve
-reflexivamente á la religión después de haber recorrido toda la ciencia.
-Herberto Spencer funda esta segunda religión reflexiva, la religión de
-lo incognoscible, y aun la pone por cima de toda la ciencia:
-inexpugnable, invencible é indestructible.</p>
-
-<p>«La omnipresencia, dice, de algo superior al entendimiento humano, es
-una creencia común á todas las religiones. Nada tiene que temer esta
-creencia de la lógica más severa. Es una verdad última de la mayor
-certidumbre, una verdad sobre la cual las religiones todas están de
-acuerdo, y está de acuerdo igualmente la ciencia. Hay un poder
-impenetrable, del cual es manifestación el Universo.»</p>
-
-<p>Fundada así la religión agnóstica, ya, según he leído en varios libros,
-hay en Inglaterra positivistas que han formado Iglesia para dar<span class="pagenum"><a name="page_240" id="page_240">{240}</a></span> culto á
-este incognoscible, escondido siempre y presente siempre en todo. En el
-fondo de todos los fenómenos físicos y morales está lo incognoscible,
-está lo que nosotros llamamos Dios, y esto es lo que adoran.</p>
-
-<p>Para Herberto Spencer, tiempo, espacio, causa, substancia, movimiento,
-espíritu, son términos ininteligibles y llenos de contradicciones.</p>
-
-<p>No sabemos más que enlazar algunos fenómenos según la ley de
-continuidad. Resulta, pues, al último extremo del empirismo baconiano y
-del positivismo comtiano, un profundo misterio religioso. Detrás de cada
-objeto, en el centro de cada cosa, en nosotros mismos, está lo
-incognoscible, y todo es efecto de su perpetua é incesante operación
-divina.</p>
-
-<p>Apenas hay filósofos que no se contradigan, y Herberto Spencer no es
-excepción de la regla. Al lado de la modestia con que declara que casi
-no sabe nada, viene la inaudita y temeraria pretensión de explicarlo
-todo con su evolución universal. Empieza por la nebulosa primitiva, y,
-desde ella, con su evolución, nos va creando los astros, los fenómenos
-geológicos, la aparición de la vida, y luego el progreso de plantas y
-animales, y, por último, el desarrollo de la sensibilidad y de la
-inteligencia, las artes, los oficios, el saber, la formación de las
-sociedades, y su florecimiento y sus adelantos.</p>
-
-<p>Lo cierto es que, supuestos lo incognoscible y su perpetua operación
-divina, con decir <i>será<span class="pagenum"><a name="page_241" id="page_241">{241}</a></span> lo que Dios quisiere</i>, estamos al cabo de toda
-dificultad, y no hay para qué calentarse la cabeza. Pero es lo malo que,
-al pretender explicarlo todo, como si hubiésemos arrebatado su secreto á
-lo incognoscible, incurrimos en dificultades nuevas. Aunque Dios, lo
-incognoscible, pudo hacer las cosas de mil modos distintos, que nosotros
-ni comprendemos ni imaginamos, desde el momento en que afirmamos que las
-hizo de un modo, tal vez incurrimos en error, y el error queda patente
-si se prueba que de ese modo no las hizo.</p>
-
-<p>Así entiendo yo que el sistema de la evolución universal de Herberto
-Spencer queda refutado por un libro de un discípulo del señor Pasteur,
-llamado Dionisio Cochin. El libro se titula <i>La evolución y la vida</i>, y
-recomiendo á usted su lectura.</p>
-
-<p>Acaso, leyéndole, venga usted á convencerse, como yo me he convencido,
-de que no hay una sola evolución, sino de que ha habido tres, ó dos por
-lo menos. Con la materia primera, y con leyes matemáticas, físicas y
-químicas, por mucho que se haya <i>evolucionado</i>, no ha podido aparecer la
-vida. La vida no se explica sin los gérmenes, sin otra intervención de
-lo incognoscible, sin algo como nueva creación, que marca nueva era y el
-principio de evolución más alta. Y no vale salvar la dificultad como la
-salva Sir Guillermo Thomson, imaginando que cayó en nuestro planeta un
-pedazo de astro viejo, todo cua<span class="pagenum"><a name="page_242" id="page_242">{242}</a></span>jado de microbios. Esto sería trasladar
-la dificultad á ese astro viejo; endosársela, pero no resolverla.</p>
-
-<p>Con la aparición de la conciencia, del entendimiento, del sér humano,
-ocurre lo mismo.</p>
-
-<p>Entre lo que vive y lo que no vive, entre lo que piensa y lo que no
-piensa, no hay término medio; no hay eslabón que enlace la cadena y
-acredite como evidente la ley de continuidad. De la substancia viva más
-imperfecta á la substancia sin vida más hermosa y rica, al diamante, al
-cristal, al oro más puro, hay un abismo. Y desde el más grosero
-pensamiento al instinto más perfecto del animal, hay otro abismo
-también. Fuerza es, pues, admitir la solución de la continuidad de
-Herberto Spencer, y tres evoluciones en vez de una: la de la materia
-inorgánica, la de la vida y la de la conciencia.</p>
-
-<p>Ignoro si un señor llamado Enrique Drummond, es inglés, ó <i>yankee</i>. Sólo
-sé que, estando yo en los Estados Unidos, apareció allí y se puso muy en
-moda un libro suyo, impreso en Boston, que se titula <i>Leyes naturales en
-el mundo espiritual</i>.</p>
-
-<p>Aunque yo, según he confesado, sé poquísimo, y no tengo la pretensión de
-enseñar, y sólo escribo para divertirme y divertir, si puedo, á quien me
-lea, todavía, sin pasar de mero aficionado á sabio, tengo mis opiniones
-arraigadísimas, contra las cuales nada prevalece. Y una de estas
-opiniones es que el método empírico<span class="pagenum"><a name="page_243" id="page_243">{243}</a></span> sirve para explicar los fenómenos y
-sus relaciones: para clasificar los seres y ponerlos como en un
-casillero; mas no para explicar las causas y elevarse á la metafísica,
-previamente desechada. Así, pues, yo considero falso el pensamiento
-fundamental de Enrique Drummond, y yo considero irrealizable su intento.</p>
-
-<p>Sin embargo, el intento de Enrique Drummond es tan sano y tan
-sublimemente benévolo y el arte y el discurso con que le realiza son tan
-ingeniosos, que no puedo resistir á la tentación de hacer aquí un
-extracto de su sistema.</p>
-
-<p>Así verá usted como la <i>mentalidad</i>, en este tercer período histórico
-llamado positivo, no excluye la religión ni la teología, sino que desde
-el seno del positivismo, y por métodos positivistas, volvemos á ellas. Y
-volvemos, no ya sólo á una religión metafísica, á una teología natural ó
-teodicea creada por el discurso, sino á la religión revelada, cristiana,
-positiva y católica.</p>
-
-<p>Usted y su hermano, que son tan entusiastas y tan devotos de San Pablo,
-de Santa Teresa de Jesús y de San Ignacio de Loyola, quién sabe si
-cuando vean que, sin dejar los carriles del positivismo, pueden llegar
-con Enrique Drummond á creer en lo que creyeron dichos Santos, no
-acabarán por abjurar de esa Religión de la Humanidad, sin más Dios que
-la Humanidad misma, y por volver al Catolicismo, el cual, dado, como yo
-creo, que la religión no ha concluído ni concluirá nunca, es la
-verdadera re<span class="pagenum"><a name="page_244" id="page_244">{244}</a></span>ligión de la Humanidad: la religión definitiva.</p>
-
-<p>Pero tratar de esto requiere bastante extensión y capítulo aparte.</p>
-
-<h3>II.</h3>
-
-<p>En estos últimos días he recibido un nuevo folleto de usted (segunda
-carta á D. Zorobabel Rodríguez), por el cual veo que sigue usted
-predicando su Religión de la Humanidad, aunque asegura que no quiere
-polémicas. Yo no las quiero tampoco: pero necesito exponer las razones
-principales que me mueven á no convertirme, como usted me aconseja en la
-extensa carta que me escribió; y además, esto me da ocasión para
-discurrir y cavilar sobre la irreligión del día, sobre eso que usted
-llama la <i>mentalidad</i>, del período positivo en que estamos, <i>mentalidad</i>
-que se opone, según usted, á que creamos en nada sobrenatural, por donde
-San Pablo, San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola, y todos los
-mejores Santos del Calendario, y todos los más nobles y generosos héroes
-de la Historia, no creerían en Dios si viviesen ahora, y sólo á la
-Humanidad darían adoración y culto.</p>
-
-<p>Es innegable que el materialismo, el ateísmo y el positivismo, que es un
-ateísmo disimulado y vergonzante, florecen demasiado en el día, pero los
-positivistas y ateos se engañan en imaginar que el mundo es ya de ellos,
-y que esta<span class="pagenum"><a name="page_245" id="page_245">{245}</a></span> edad es la de la razón, y que la de la fe pasó para siempre.</p>
-
-<p>Yo creo que estamos en plena edad de fe, y que, si el perderla implicase
-progreso, de poco progreso podríamos jactarnos.</p>
-
-<p>Todavía, á mediados de este siglo, en 1847, ha aparecido en Persia una
-religión nueva que ha hecho correr la sangre á ríos, y ha dado al mundo
-millares de mártires. La moral de esta religión es purísima y dulce; sus
-libros sagrados, muy poéticos; su creencia y su amor en Dios y á Dios,
-profundos. El Conde de Gobineau y el Sr. Franck, del Instituto de
-Francia, han expuesto su doctrina y escrito la historia de esta religión
-reciente, el <i>babismo</i>, cuyo dogma capital es la encarnación perpetua de
-Dios en diez y nueve personas.</p>
-
-<p>Se me dirá que esto ocurre en Persia, que es tierra de bárbaros; pero
-que en la culta Europa y en las otras regiones, por donde su
-civilización se ha difundido, no caben ya semejantes delirios.</p>
-
-<p>Nada más arbitrario que tal suposición. En pocas edades han aparecido
-más profetas y fundadores de religiones que en el día. Básteme citar al
-conde de Saint-Simón, á los polacos Wronski y Towianski, á los yankees
-Channing, Parker y José Smith, y al francés Hipólito Rodríguez, sin duda
-israelita de origen, que aspira á crear la religión universal y
-definitiva, combinando y reconciliando las tres hijas de la Biblia, las
-religiones de Moisés, Cristo y Mahoma,<span class="pagenum"><a name="page_246" id="page_246">{246}</a></span> é interpretando con piedad
-profunda el apólogo famoso de Natán el Sabio.</p>
-
-<p>Harto sé que se me dirá que todos estos flamantes profetas estaban locos
-de atar; pero veamos, por otra parte, cómo sigue reinando el espíritu
-religioso, y habrá que decirme que está loco todo el humano linaje, ó
-habrá que confesar que la religión, la fe y la creencia en Dios son
-indestructibles.</p>
-
-<p>No voy á citar á ningún Padre de la Iglesia, ni á ningún apologista
-católico, sino al Sr. Vacherot, el cual entiende que Dios no existe sino
-en nuestra mente, que es nuestra hechura, y que desaparecerá con
-nosotros. Dios, sin embargo, para el Sr. Vacherot, está muy lejos de
-desaparecer.</p>
-
-<p>En su libro <i>La religión</i>, presume este autor que la religión pasará;
-que el linaje humano dará al cabo el salto progresivo del <i>estado
-religioso</i> al <i>estado científico</i>; pero ¿quién sabe? El día en que se dé
-este salto, está aún á millares de años de nosotros.</p>
-
-<p>Mis libros están tan en desorden, que he andado media hora buscando uno
-muy divertido para citársele á usted con exactitud (á este propósito), y
-no he podido hallarle. Sea todo por Dios. Es este libro de un sabio
-francés, no recuerdo el nombre, el cual asegura que <i>La humanidad,
-considerada en su vida colectiva, no ha nacido aún</i>. Para este señor, el
-Sér Supremo de Augusto Comte es un Dios nonato. La Humanidad, según<span class="pagenum"><a name="page_247" id="page_247">{247}</a></span> sus
-cálculos, nacerá dentro de catorce mil años, si mal no recuerdo.
-Compaginando esto ahora con lo que dice Vacherot sobre el salto del
-estado religioso al científico, me atrevo á prever que el tal salto no
-se hará hasta dentro de los mencionados catorce mil años.</p>
-
-<p>Por lo pronto tenemos á casi todos los hombres aferradísimos á la
-religión, y, por consiguiente, incapaces de elevarse á la vida
-colectiva.</p>
-
-<p>«Si tendemos la vista, dice Vacherot, por el inmenso imperio de las
-religiones, en pleno siglo XIX, este espectáculo desanimará á los
-librepensadores, que esperan ó creen llegado el reino de la razón en
-nuestro planeta, y tranquilizará á los creyentes, asustados con las
-conquistas de la incredulidad, en los tres últimos siglos.»</p>
-
-<p>En efecto: Vacherot echa sus cuentas, tomando los datos del primer libro
-de Geografía ó de Estadística que tiene en casa, y resulta que de mil
-doscientos millones de seres humanos, que pueblan el mundo, casi todos
-profesan alguna religión. Hay centenares de millones de cristianos, de
-budistas y de muslimes; y, lo que es más de lamentar para los filósofos,
-hasta las más antiguas supersticiones, sectas y religiones
-semiselváticas, persisten aún. El fetichismo y el chamanismo conservan
-millones de sectarios.</p>
-
-<p>¿Dónde está, pues, esa <i>mentalidad</i>, propia de la época, y que tan
-resueltamente prohibe, no ya<span class="pagenum"><a name="page_248" id="page_248">{248}</a></span> seguir una religión positiva, sino creer
-en Dios racionalmente?</p>
-
-<p>En la carta que usted me escribe, en las que escribe á Doña Emilia y á
-D. Zorobabel, y en todos los otros escritos, habla usted de dicha
-<i>mentalidad</i>; pero ni me la enseña, ni yo la veo.</p>
-
-<p>Lo que yo veo y lo que ve todo el mundo es que, enfrente de la inmensa
-turba de creyentes, apenas habrá, esparcidos por toda la faz de la
-tierra, unos cuantos miles de librepensadores incrédulos.</p>
-
-<p>La <i>mentalidad</i> de que usted habla no es, pues, general. Debe quedar
-reducida á los sabios y filósofos, ó, mejor diremos, á los sabios sólo,
-ya que usted no admite tampoco, en estos tiempos, la filosofía
-especulativa ó metafísica. Significa, sin duda, la tal <i>mentalidad</i>, que
-la ciencia y la religión son incompatibles en el estado de progreso á
-que la ciencia ha llegado.</p>
-
-<p>Si la ciencia se divulga, la incredulidad, sin la cual no hay ciencia,
-también debe divulgarse.</p>
-
-<p>Supongamos ahora que los pueblos bárbaros del Oriente inmóvil, y que las
-turbas rudas y sin ciencia de Europa y de América, y los semisalvajes de
-África, todos religiosos, á su modo cada uno, no deben contar por nada,
-y que el porvenir y los destinos del género humano dependen de los
-sabios, que casi todos viven en las grandes capitales. ¿Cuándo lograrán
-estos sabios difundir por donde quiera su <i>mentalidad</i>, como usted la
-llama?<span class="pagenum"><a name="page_249" id="page_249">{249}</a></span></p>
-
-<p>Lo más raro que hay en el caso es que muchos de esos sabios, aun de los
-más incrédulos, no desean que la incredulidad se divulgue, y hasta
-tienen miedo y horror á que el vulgo llegue á ser tan incrédulo como
-ellos. Unos miran la religión como freno para las turbas ignorantes y
-codiciosas; otros, como consuelo para los tristes, menesterosos y
-desvalidos. De aquí que muchos sabios de éstos se pongan muy
-sentimentales y melancólicos de matar la fe, después de soñar con que
-acaban de matarla. Ernesto Renan es de los melancólicos, si mira la
-religión como consuelo. Si la mira como freno, inventa mil diabluras,
-que parecen desatinos, para refrenar al vulgo de otra suerte.</p>
-
-<p>En uno de sus diálogos propone que la ciencia vuelva á ser oculta, y que
-los sabios formen algo como colegios sacerdotales, para que cuando el
-pueblo se subleve y haga alguna barbaridad, los sabios, que sabrán ya
-más que ahora, castiguen al pueblo con una buena peste, ó con
-terremotos, ó con inundaciones, ó con lluvias de fuego, ó con otras
-plagas.</p>
-
-<p>Interminable y enojosa tarea sería citar aquí textos de autores
-racionalistas que se lamentan y aterrorizan de que el vulgo se vaya
-<i>racionalizando</i>. Suponen que, perdida la fe, no adquirirá en cambio la
-ciencia, y se lanzará desbocado á satisfacer sus bestiales apetitos. El
-citado Vacherot manifiesta repetidas veces y muy elocuentemente estos
-temores. Tenemos, pues, no corta<span class="pagenum"><a name="page_250" id="page_250">{250}</a></span> cantidad de sabios incrédulos que se
-inclinan á que sea la incredulidad exclusivo privilegio de los sabios.
-Por un lado, matan ó creen matar toda creencia religiosa en los libros
-que componen, y por otro lado, deploran con amargura que las creencias
-mueran. Se parecen á aquel Rey de un cuento oriental, que había dado su
-palabra real de decapitar á cuantos se pusiesen á adivinar cierto enigma
-y no le adivinasen. Los alrededores de la gran capital del referido Rey
-estaban llenos de cabezas cortadas, colocadas en sendos postes; pero,
-como el Rey tenía muy compasivo y buen corazón, no hacía más que llorar
-por aquellas muertes de que él mismo era causa, para no faltar á su
-palabra.</p>
-
-<p>Convengamos en que son dignos de risa los incrédulos llorones. Si es
-ilusión, si es mentira todo lo trascendente y divino, ¿por qué llorar su
-pérdida? El sabio, que consagra su vida a la verdad, ¿cómo puede
-figurarse que la verdad sea nociva y funesta? ¿Cómo da por cimiento á la
-ventura de sus semejantes, á su moralidad y á su bondad, el error, el
-engaño ó la falsía.</p>
-
-<p>Los positivistas ortodoxos como usted, y no pocos sabios incrédulos de
-otras escuelas, son en este punto más lógicos. Para unos, toda religión
-ha sido siempre contraria á la moral, á la dicha y al progreso; para
-otros, ha sido toda religión utilísima, indispensable, hasta hace muy
-poco, para todos esos altos fines; mas para todos ellos toda religión es
-perjudicial en el día, salvo<span class="pagenum"><a name="page_251" id="page_251">{251}</a></span> la meramente alegórica que ustedes han
-inventado.</p>
-
-<p>No negaré que ustedes se contradicen menos; pero son ustedes pocos, y no
-todos muy firmes en su opinión. Al fundar la moral, sin el sostén y la
-base de una metafísica ó de una doctrina religiosa, tocan ustedes la
-dificultad; y á menudo vacilan. A veces salen ustedes por el registro
-que menos se prevé. Pondré de ello un ejemplo curiosísimo y algo
-chistoso.</p>
-
-<p>El Sr. Guyau ha escrito una obra titulada <i>La Irreligión</i>. Para él
-consiste el venturoso porvenir de nuestra especie en que la religión se
-acabe, y casi la da ya por acabada. Sin dificultad, á su ver, y del modo
-más llano, establece este sabio una moral excelente. Todo el orden
-social no sólo le explica, sino que le crea, como explicaba Laplace el
-orden del universo, <i>sin la hipótesis de Dios</i>; pero aquí vienen los
-apuros; donde menos se piensa salta la liebre. Los hombres ilustrados é
-irreligiosos querrán tener pocos hijos que mantener y educar, y las
-mujeres ilustradas é irreligiosas apenas querrán parir alguno que otro.
-Entretanto, las gentes ruines é indoctas, las razas inferiores, echarán
-al mundo con desmedida profusión infinidad de chiquillos. Por lo cual
-teme el Sr. Guyau que el linaje humano degenere; que los sabios
-disminuyan; que los pueblos más cultos, como Francia, se enflaquezcan y
-pierdan población, y que los negritos ú otros salvajes lo llenen y
-dominen todo. No<span class="pagenum"><a name="page_252" id="page_252">{252}</a></span> recuerdo si el Sr. Guyau arbitra algún recurso para
-salvar esta dificultad; pero el caso es que la pone.</p>
-
-<p>Y no es de maravillar que ponga una sola, sino que no ponga muchas. Lo
-que es yo, por más que medito, no veo posible la moral, sin religión ó
-metafísica que la sirva de base.</p>
-
-<p>Prescindamos de toda revelación sobrenatural; no prestemos crédito sino
-á los dictados de nuestra razón; pero, aun así, si no afirmo un Dios
-legislador y hombres con alma responsable, con libre albedrío, capaces
-de vencer las naturales impurezas y de sobreponerse á los malos
-instintos para realizar la justicia, el bien y la caridad en el mundo,
-aun en contra de sus propios intereses, no veo que pueda fundarse
-racionalmente moral alguna.</p>
-
-<p>Cierto que el gran crítico Lessing separa el dogma cristiano de la moral
-de Cristo, como hacen ustedes. Para Lessing, la moral es independiente
-del dogma: independiente de ésta ó de aquélla determinada metafísica ó
-teología; pero Lessing no destruye por eso toda teología y toda
-metafísica; antes pone como cimiento firmísimo de la moral una
-metafísica perenne en sus principios radicales, una teodicea natural,
-que afirma á Dios, omnipresente en el universo, causa del orden y del
-progreso, revelándose gradualmente y educando al linaje humano por medio
-de sucesivas revelaciones. La religión natural, la metafísica perenne,
-aunque progresiva,<span class="pagenum"><a name="page_253" id="page_253">{253}</a></span> no es para este sabio obra del natural discurso
-sólo, sino del natural discurso con auxilio y revelación de Dios.</p>
-
-<p>Ya ve usted cuánto dista Lessing de los positivistas de ahora. El género
-humano progresa y se educa, guiado por Dios, y, si Dios le deja de su
-mano, ni se educa ni progresa.</p>
-
-<p>¿Dónde está esa incompatibilidad que ustedes suponen, entre la ciencia y
-la religión, entre Dios y la razón humana, cuyo progreso en todo, según
-Lessing, es un resultado de la constante operación divina y de sus
-revelaciones, que se suceden en oportuna sazón, cuando ya el espíritu
-del hombre está en aptitud de recibirlas?</p>
-
-<p>Lejos de mí creer á usted malicioso. Yo creo á usted lleno de candor, y
-convencidísimo de sus errores; pero, al afirmar que la ciencia es
-incompatible con la religión, al poner entre ambas perpetuo conflicto,
-¿no comprende usted que induce á mucha gente sencilla á dar en
-irreligiosa y en atea, por no parecer poco ilustrada?</p>
-
-<p>Para tranquilidad de esta gente sencilla, bien puede asegurarse que, aun
-en el día, son más, muchos más, los sabios religiosos que los
-irreligiosos. La lista de los que creen en Dios, y hasta de los que son
-cristianos, vence en cantidad y en calidad á la lista de los sabios
-incrédulos. No hablo de filósofos, ni de doctores en ciencias morales y
-políticas: me limito á los que entienden y tratan las ciencias de la
-naturaleza. La química, la física, la geología, la astronomía, no<span class="pagenum"><a name="page_254" id="page_254">{254}</a></span> se
-oponen, pues, á la fe, digan Draper y otros por el estilo lo que se les
-antoje. No son embusteros, ni hipócritas, Faraday, Murchison, Hugh
-Miller, Humphry Davy, Jorge Stephenson, el Padre Secchi, Cuvier,
-Flourens, Cauchy, Biot, los Ampère, Chevreul, Pasteur y otros mil, que
-sería prolijo ir aquí enumerando.</p>
-
-<p>A los que no hemos estudiado y sabemos poquísimo de ciencias naturales,
-á cada paso tratan los físicos, químicos y biólogos incrédulos de
-taparnos la boca, echándonos en cara nuestra ignorancia. Como no hemos
-estudiado lo que ellos, no atinamos á explicarnos el Universo sin Dios:
-la contradicción entre la razón y la ciencia. El mejor y más fácil modo
-de contestarles es citar á esos otros sabios que son de nuestra opinión,
-y á quienes no pueden recusar por ignorancia.</p>
-
-<p>En 1865 hubo en Inglaterra, que no es país muy atrasado, un <i>meeting</i> ó
-asamblea de naturalistas, químicos, astrónomos, etc.; y seiscientos diez
-y siete, nada menos, escribieron, firmaron y publicaron un manifiesto,
-declarando que las ciencias que profesan no van contra Dios, ni contra
-la religión, ni siquiera contra la Biblia. Si algo inventan ó sostienen
-que parezca oponerse á la palabra de Dios ó á sus Sagradas Escrituras,
-ya es porque la ciencia es incompletísima aún, y se debe esperar que,
-cuando se complete, se conciliará todo; ya es porque hemos interpretado
-mal el sentido de las Sagradas Es<span class="pagenum"><a name="page_255" id="page_255">{255}</a></span>crituras, de suerte que el
-descubrimiento científico no se opone á la misma palabra de Dios, sino á
-la torcida interpretación que le hemos dado.</p>
-
-<p>Ya ve usted cuán poco irreligiosa es la sana y más docta <i>mentalidad</i>
-del siglo presente.</p>
-
-<p>Toda religión tiene aun muchos creyentes y defensores, y la nuestra más
-que ninguna, aunque no he de negar yo que bastantes pequen con
-frecuencia por exceso de celo.</p>
-
-<p>La revelación divina no pudo hacerse toda de una vez y sobre todo. La
-marcha ascendente del linaje humano, la ley de la historia, el
-desenvolvimiento intelectual de las sociedades y de los individuos, todo
-esto no sería, ó las cosas serían de muy diversa manera, si Dios lo
-hubiera revelado todo en un solo momento: de un golpe. El hombre,
-además, ó natural ó sobrenaturalmente, hubiera sido hecho ó <i>rehecho</i>
-por muy diverso estilo, para que se prestase á recibir la revelación, á
-entenderla, y á que no fuese en balde. El maestro va por sus pasos
-contados enseñando á sus discípulos, y no les explica la lógica antes de
-la gramática, ni el cálculo integral antes de las cuatro reglas de la
-Aritmética.</p>
-
-<p>Si los primeros Patriarcas, y Abraham, y Jacob, hubieran enseñado toda
-la doctrina, nada hubiera tenido que revelar Moisés; y si Moisés lo
-hubiera enseñado todo, hubiera sido supérflua la revelación de Cristo.
-Cristo mismo, en la última cena, cuando se despide de sus discípulos,<span class="pagenum"><a name="page_256" id="page_256">{256}</a></span>
-declara que aún no lo ha revelado todo. «Aún tengo que deciros muchas
-cosas, pone el texto de San Juan: mas no las podéis llevar ahora.» Esto
-es: ahora no os aprovecharían; no las comprenderíais bien. Y añade
-luego: «Mas cuando viniere aquel espíritu de verdad, os enseñará toda la
-verdad.» Lo cual, aunque se interprete con la más timorata
-interpretación, diciendo que eso que Cristo se dejó por decir se lo dijo
-á los Apóstoles después de resucitado y lo inspiró el Espíritu Santo
-cuando bajó sobre ellos, todavía es prueba evidente de que no es la
-revelación simultánea y completa, sino sucesiva, y adaptándose á la
-capacidad de los hombres á quienes se hace. En confirmación de lo cual
-viene bien aquello de San Pablo á los de Corinto, cuando les dice que
-los alimenta con leche y no con manjares sólidos que no pueden digerir
-todavía.</p>
-
-<p>Traigo aquí todo esto muy pertinentemente, ya que de no entenderlo se
-han seguido graves males. Bastantes sabios piadosísimos se han empeñado
-en probar que en la Biblia está todo y que Moisés sabía y revelaba
-cuanto hay que saber y revelar de física, química, matemáticas,
-paleontología, cosmogonía, etc.; y en cambio otros incrédulos, en esto
-no menos cándidos, se obstinan y se enorgullecen disputando con Moisés y
-probándole que no sabía el sistema de Copérnico, ni que el agua se
-componía de oxígeno y de hidrógeno, ni otras muchas cosas por el estilo.
-Los primeros deducen de esta disputa la<span class="pagenum"><a name="page_257" id="page_257">{257}</a></span> verdad de la religión, y los
-segundos su incapacidad, su oposición á la ciencia y su mentira. Yo, sin
-ser sabio, en nombre de mi pobre sentido común, me atrevo á sostener que
-no tienen razón ni unos ni otros en sus deducciones.</p>
-
-<p>Entre los apologistas de la religión cristiana hay un inglés, Samuel
-Kinns, cuya seguridad y cuyos argumentos para probar la concordancia de
-la revelación y la ciencia pasman por inauditos é inesperados.</p>
-
-<p>Cuenta este señor que hay unos cerrajeros, paisanos suyos, Hobbs, Hart y
-Compañía, los cuales han inventado y fabricado ciertas llaves y
-cerraduras maravillosas, de que se vale el Banco de Inglaterra para
-poner á buen recaudo sus tesoros. Las guardas de cualquiera de estas
-llaves tienen 15 dientecillos movibles, que, colocándose, ya de un modo,
-ya de otro, dan lugar á 1.307.674.368.000 combinaciones. Con cualquiera
-combinación se echa la llave y sólo se desecha ó se abre con la
-combinación con que se ha cerrado. Hay pues, una sola probabilidad
-contra un billón y miles de millones, de que alguien abra sin saber la
-combinación.</p>
-
-<p>Sentado esto, y sentado que los días de la Creación no fueron días, sino
-largos períodos de millones de años, Samuel Kinns pone quince actos
-creadores en el orden en que los pone la ciencia, y los concierta, en el
-mismo orden, con quince frases ó expresiones bíblicas, que responden con
-exactitud á cada uno de esos actos. De<span class="pagenum"><a name="page_258" id="page_258">{258}</a></span> esta suerte, imagina el
-apologista que deja demostrado que Moisés sabía, por revelación divina,
-todo lo que la ciencia ha descubierto, tres mil años después, acerca de
-la Creación del Mundo.</p>
-
-<p>Al más rudo, si recapacita un poco, asaltan varias dudas y razones
-contra semejante discurso. 1.ª ¿Lo que la ciencia ha descubierto, lo ha
-descubierto bien, ó saldremos el día menos pensado con que descubre otra
-cosa que invalida el descubrimiento de hoy? 2.ª ¿Dado que sea ya
-definitiva é inalterable la cosmogonía de la ciencia, hay ó no hay algo
-de arbitrario y de más ingenioso que sólido en la harmonía y ajuste
-perfecto de lo que dice la ciencia y de lo que dice la Biblia? Y 3.ª
-Aceptando por <i>verificado</i> y evidente todo lo que la ciencia descubrió
-de la cosmogonía, y por no menos exacto su acuerdo perfectísimo con las
-palabras de Moisés, ¿qué objeto ni qué propósito tuvo Moisés, ya que
-sabía todo aquello, de decirlo ó ponerlo tan obscura y concisamente, que
-fuese logogrifo ó acertijo que nadie había de adivinar sino más de tres
-mil años después?</p>
-
-<p>Convengamos en que hubiera sido broma pesada, al menos por su duración,
-la que hubiera dado Moisés á todo el linaje humano, si sabiendo bien
-todo lo que ocurrió en el Universo desde su origen, lo hubiera dejado en
-cifra que sólo al cabo de treinta siglos se hubiera podido descifrar.
-¿No sería mejor y más piadoso entender que las<span class="pagenum"><a name="page_259" id="page_259">{259}</a></span> Sagradas Escrituras
-están divinamente inspiradas en todo lo que se refiere á la moral y al
-dogma, y que, en otros puntos, cuando el redactor del libro no es
-testigo ocular, ó cuando trata de cosas que por inspección ocular no
-podían saberse, dice lo que en su tiempo se suponía ó se imaginaba?</p>
-
-<p>En virtud de esta distinción, á mi ver discreta, se evitarían lo menos
-las nueve décimas partes de las controversias entre los creyentes y los
-incrédulos: casi desaparecerían los supuestos ó fantásticos conflictos
-entre la religión y la ciencia.</p>
-
-<p>Uno de los más juiciosos apologistas que tiene hoy la religión
-cristiana, Mons. Van Weddingen, dice en sustancia lo mismo que estamos
-aquí diciendo. Cada Profeta, cada Padre de la Iglesia, según la física y
-la química de su tiempo, opinaba lo que mejor le parecía, y no es motivo
-para negarle ó concederle la cualidad de profeta ó de hombre inspirado
-por Dios, el que su opinión de entonces concuerde ó no con la opinión de
-ahora, ó, si se quiere, con la ya clara y manifiesta verdad de los
-físicos y de los químicos del día.</p>
-
-<p>Dios, directa, materialmente, digámoslo así, y como el maestro enseña á
-sus discípulos, bien se puede afirmar que no enseñó matemáticas,
-astronomía, biología ni antropología á nadie.</p>
-
-<p>Quedó, pues, cada hombre con aptitud y en libertad de inventar, de
-descubrir ó de forjarse<span class="pagenum"><a name="page_260" id="page_260">{260}</a></span> los sistemas que sobre cada una de esas
-ciencias le parecieran más conformes á la verdad.</p>
-
-<p>Así, pues, y sirvan de ejemplo (refiriéndome siempre á Mons. Van
-Weddingen) San Basilio y San Gregorio de Nyssa que sostienen la
-espontánea generación de los gérmenes en la tierra y en el agua; y San
-Agustín, San Isidoro de Sevilla y otros Padres, que casi son
-darwinistas. Dios creó al principio, según ellos, ciertos gérmenes,
-<i>causas primordiales seminales</i>, que así las llaman, las cuales fueron
-poco á poco desenvolviéndose. En resolución, termina el apologista
-citado: «El sabio jesuita Pianciani ha demostrado doctamente que sobre
-estos puntos delicados se concede entera libertad á la interpretación de
-cada individuo. La fe queda salva si se reconocen los derechos del
-divino Creador, y la irreductibilidad del alma de los primeros hombres á
-las funciones meramente orgánicas». Lo cual significa que sobre
-cualquiera de dichos puntos puede el sabio, ó el que se figura que lo
-es, descubrir las verdades más inauditas ó imaginar los más enormes
-disparates, sin producir conflicto con la religión, siempre que convenga
-en que Dios lo creó todo y en que ni hay, ni hubo nunca, ser orgánico,
-que pueda llamarse hombre, sin que Dios infunda en él un alma inmortal
-hecha á imagen y semejanza suya.</p>
-
-<p>Yo me vuelvo todo ojos para hallar en los escritos de usted, y en otros
-escritos positivistas algo á modo de prueba de que estos dos con<span class="pagenum"><a name="page_261" id="page_261">{261}</a></span>ceptos,
-de Dios y del alma, son falsos. Lo que sí hallo es que, según usted, el
-concepto de Dios fué preparación indispensable para subir al grado de
-civilización á que hemos subido; pero ni usted ni nadie me dice qué día,
-ni qué mes, ni qué año, subimos á ese grado en que ya es menester
-desechar á Dios, ni por qué es menester desecharle.</p>
-
-<p>Sin embargo, visto que no trato yo de convertir á usted á ninguna
-religión positiva, como usted ha tratado de convertirme á la religión de
-la humanidad, voy á prescindir aquí de multitud de dificultades y hasta
-á dar por verdad varios errores, ó varias afirmaciones, que me parecen
-errores aunque no lo sean.</p>
-
-<p>Supongo, pues, que el período teológico pasó ya, ó dígase que no se debe
-ni se puede creer en revelación externa divina. Supongo, además, que
-también pasó ya para siempre el período metafísico, ó dígase que ya no
-se puede dar ni aceptar ciencia fundada en revelación interna divina, ó
-sea en lo absoluto, que se muestra en lo más íntimo y profundo de
-nuestro sér, y sobre lo cual estriba una ciencia fundamental <i>á priori</i>.</p>
-
-<p>Supuesto lo antedicho, no nos quedará sino la ciencia que ustedes llaman
-positiva: la ciencia que se funda en el empirismo, en las observaciones
-que hacemos valiéndonos de los sentidos.</p>
-
-<p>Quiero conceder, por último, que solo con esta ciencia, sin nada de
-metafísica que con ella se combine, no llegaremos jamás á una legítima<span class="pagenum"><a name="page_262" id="page_262">{262}</a></span>
-demostración de la existencia de Dios: que todos los que han querido dar
-dicha demostración, cristianos y deístas, Fr. Luis de Granada, Newton,
-Voltaire, Flammarion, todos se han equivocado, según Kant lo prueba.</p>
-
-<p>Nos quedamos, pues con el positivismo escueto: con las seis ciencias de
-la Enciclopedia de Comte y de Littré. Pero si por ellas no podemos
-llegar á lo sobrenatural para afirmarle, ¿por qué ni cómo hemos de
-llegar para negarle?</p>
-
-<p>Aun tomándonos la libertad de negarle sin fundado motivo, no
-explicaríamos las cosas, sino que las confundiríamos y enredaríamos más.
-El recurso del <i>altruismo</i> y del egoísmo para explicar lo bueno y lo
-malo, en moral, no vale, sin libre albedrío. Dice Vogt: «Si no me
-enseñan el alma, no creo que la hay»; dice Virchow, que como no ve el
-alma, no la acepta; y Feuerbach y cien otros aseguran que lo que piensa
-es el fósforo, lamentando mucho que, con tantas patatas como ahora se
-comen, los cerebros humanos se pongan pesadísimos é incapaces. En cuanto
-al vicio y á la virtud, harto sabida es la chistosa expresión de Taine:
-«El vicio y la virtud son productos químicos, como el vitriolo y el
-azúcar».</p>
-
-<p>Inventemos, pues, un sistema, saliéndonos del método experimental, y
-haciendo sobre esto la vista gorda. Demos de barato que no hubo al
-principio más que el éter, ó sea infinidad de cuerpecillos insecables,
-átomos dotados de fuerza eterna y de tres ó cuatro movimientos
-perpe<span class="pagenum"><a name="page_263" id="page_263">{263}</a></span>tuos, uno en línea recta, otro giratorio y otro de pegarse unos á
-otros y formar poliedros. Con tanto moverse estos átomos, vino á
-resultar que sus fuerzas se contrapusieron maravillosamente, y todo se
-paró y quedó en equilibrio; y hubo tinieblas y silencio; si no la nada,
-algo parecido. Pero de súbito se rompe el equilibrio (y no sabemos por
-qué, aunque no sabemos tampoco por qué se estableció), y el equilibrio
-ya roto, empezaron á formarse pelotitas luminosas, y fué la luz; y
-luego, según se ajustaban y combinaban los poliedros, que los hubo sin
-duda de varias clases además de las pelotitas, salían sólidos, y
-líquidos, y gases; y luego vida, y plantas, y bichos; y luego hombres, y
-conciencia, y pensamiento: y sociedad, é historia, y revoluciones, y
-guerra, y progreso, y todo cuanto hay hasta ahora, y hasta que á los
-átomos se les antoje volver á la inmovilidad primera ó sea al
-equilibrio, y nos quedemos otra vez á obscuras, ó dígase, todo silencio,
-tinieblas y muerte.</p>
-
-<p>Consideremos exacto todo esto como si lo hubiéramos visto, tocado y
-verificado. Y si el sistema no gusta, le modificaremos, ó expondremos el
-de otro sabio por el mismo estilo. Pero, entonces, ¿qué razón hay para
-que merezcan alabanza y gloria Augusto Comte y Catalina de Vaux, por
-haber sido dos turrones de azúcar? ¿Qué responsabilidad tiene, qué
-castigo merece el más infame criminal por haber sido un frasco de
-vitriolo? Si yo soy <i>altruista</i>, es porque los átomos<span class="pagenum"><a name="page_264" id="page_264">{264}</a></span> que me componen
-me llevan al <i>altruismo</i>, y si soy egoísta, es porque mis átomos
-confederados se hallan muy á gusto con su confederación y no quieren
-romperla, aunque se lleve pateta todas las otras confederaciones
-existentes ó posibles.</p>
-
-<p>Usted y gran número de otros positivistas honrados no se conforman con
-ser sólo laboratorios de azúcar; y con que la virtud y la diabetes
-vengan á ser casi lo mismo. De aquí que hayan ustedes inventado ó
-aceptado esa fantasmagoría ó mojiganga del Ser-Supremo-Humanidad, que
-nada explica ni remedia.</p>
-
-<p>Abrazada la doctrina del positivismo, negada toda religión, negada toda
-metafísica, desengáñese usted, no hay más recurso que caer en el
-<i>agnosticismo</i>.</p>
-
-<p>Lo conocido, lo verificado por observación sensible y por experiencia,
-es como una isla, todo lo grande y hermosa que se quiera, pero
-circundada de mar tenebroso y sin límites. Esta isla, ¿quién sabe si
-tendrá cimientos que la mantengan firme en medio de ese mar, ó si
-flotará sin cimientos á merced de las olas? Lo desconocido no queda
-lejos, aunque en el centro de la isla nos pongamos, sino que la invade
-toda, y está hasta en el aire que en ella se respira. Desesperados
-muchos de los habitantes de la isla, todos ellos sabios, ó semisabios,
-han declarado lo desconocido incognoscible; pero algunos han recobrado
-la esperanza, y, con los medios que la isla da de sí, se han engolfado
-en el mar tenebro<span class="pagenum"><a name="page_265" id="page_265">{265}</a></span>so y desconocido, á ver si le exploran. Uno de estos
-navegantes audaces es el Sr. Enrique Drummond, de que ya he hablado á
-usted, y de cuya navegación y descubrimientos tenía yo empeño en dar
-noticia, por ser tan curiosos: pero la empresa es atrevida y peligrosa y
-desisto de llevarla á cabo.</p>
-
-<p>Básteme afirmar que no es aislado capricho de Enrique Drummond esto de
-subir por la escala de las ciencias empíricas hasta la última y suprema
-hipótesis que lo explique todo, construyendo ó reconstruyendo la
-metafísica y singularmente la teodicea. En todos los países cultos se
-advierten síntomas de tan ineludible propensión, y de la actividad que,
-movido por ella, el espíritu humano va desplegando.</p>
-
-<p>En Francia acaba de aparecer un libro que llama ya la atención por el
-título sólo, y donde se nota el pensamiento fundamental de que aquí se
-trata. El libro se titula <i>El porvenir de la metafísica fundada en la
-experiencia</i>, por Alfredo Fouillée.</p>
-
-<p>En nuestra misma España ha aparecido otro libro, que apenas he tenido
-tiempo de hojear aún, pero en el cual, por lo poco que he visto,
-presiento que el movimiento intelectual del mundo me depara un auxiliar
-poderoso. El autor de este libro (cuyo nombre, Estanislao Sánchez Calvo,
-confieso que al recibir el libro conocí por vez primera) quiere
-reconstruir también la metafísica: descubrir lo incógnito, que no es
-incognoscible para él, partiendo de las ciencias posi<span class="pagenum"><a name="page_266" id="page_266">{266}</a></span>tivas; probar, en
-suma, que lo inconsciente de Hartmann, que es, en efecto, inconsciente
-para nosotros, es, por eso mismo, lo maravilloso, lo estupendo, lo
-certero, lo infalible, lo rico de providencia y de inteligencia, que
-mueve desde el átomo hasta el organismo más complicado: pero que este
-motor, de quien tal vez no tenemos conciencia los que por él somos
-movidos, la tiene él de sí y en sí, y lo penetra y lo llena todo, siendo
-al mismo tiempo <i>todo y uno</i>, porque si las demás cosas son algo, y si
-no son nada porque no son él, es por el ser que él les da. En
-resolución: ese prurito de producir formas, vidas y evoluciones; esa
-energía constante de los séres que siguen inconcientemente su camino
-prescrito, y van á su fin en virtud de leyes indefectibles y eternas, es
-la incesante operación de lo inconsciente, el milagro perpetuo de lo
-que, siendo inconsciente para nosotros, es <i>supraconsciente</i>, y es Dios.</p>
-
-<p>El libro que expone y procura demostrar esta doctrina, con mucha ciencia
-y extraordinario ingenio, se titula <i>Filosofía de lo maravilloso
-positivo</i>. Su autor parte del positivismo; pero anhela fundar nueva
-metafísica y teología nueva, concurriendo, por lo menos, á probar, si no
-que el ateísmo es falso y que la vacía religión de la humanidad es
-absurda, que el ateísmo y la religión de la humanidad no contentan ni
-aquietan á nadie, ni valen para nada bueno.<span class="pagenum"><a name="page_267" id="page_267">{267}</a></span></p>
-
-<h2><a name="NOVELA-PROGRAMA" id="NOVELA-PROGRAMA"></a>NOVELA-PROGRAMA</h2>
-
-<p class="rt">
-<i>A la Sra. de R. G.</i><br />
-</p>
-
-<p>Mi distinguida amiga: Hace ya meses que me envió usted un ejemplar de
-<i>Looking backward</i>, novela de Eduardo Bellamy, impresa en Boston en
-1889. En seguida dí á usted las gracias por su presente; pero, como
-tengo tantas cosas que leer y tantos asuntos á que atender, confieso que
-no leí la novela, y la dejé arrinconada.</p>
-
-<p>Pasó tiempo, y un día la novela cayó de nuevo por casualidad entre mis
-manos. Entonces reparé en una cosa en que no había reparado antes, y que
-no pudo menos de mover mi curiosidad hacia la novela. En letra mucho más
-menuda que el título y por bajo de él, decía la portada: <i>two hundredth
-thousand</i>.</p>
-
-<p>Estas tres palabras me dieron dentera, ó, si se quiere, envidia. Yo
-también soy autor, y no estoy exento de tener envidia á otros más
-dichosos autores.</p>
-
-<p>Las tres palabras indicaban que de la flamante novela se habían vendido
-ya doscientos mil<span class="pagenum"><a name="page_268" id="page_268">{268}</a></span> ejemplares cuando se imprimió el que yo había
-recibido. Desde entonces hasta ahora ha pasado tiempo bastante para que
-se vendan otros cien mil. Bien se puede afirmar, pues, que lo menos
-trescientos mil ejemplares de <i>Looking backward</i> han sido ya vendidos.</p>
-
-<p>En ese país y en Inglaterra hay mucha <i>librería circulante</i>, y los
-libros además se prestan sin dificultad. No es exageración suponer que
-cada ejemplar ha sido leído por diez personas. El señor Bellamy, por
-consiguiente, puede jactarse de que han leído ya su obra tres millones
-de séres humanos. Sobre esta satisfacción de amor propio debe de tener
-además el gusto más sólido y positivo, suponiendo que sus derechos de
-autor son por cada ejemplar no más que diez céntimos de <i>dollar</i>, de
-haber cobrado á estas horas por su trabajo treinta mil <i>dollars</i>, ó
-dígase bastante más de ciento cincuenta mil pesetas de nuestra moneda.
-Tan opimos derechos merecen, en verdad, el pomposo nombre de <i>royalty</i>,
-<i>realeza</i>, que tienen en inglés; mientras que los derechos de los
-autores españoles, salvo en rarísimos casos, debieran llamarse
-<i>beggary</i>, <i>mendicidad</i> ó <i>pobretería</i>.</p>
-
-<p>Compungido yo y descorazonado por esta consideración, vengo á sospechar
-á veces si todo, y singularmente los escritores, estaremos en España muy
-por bajo del nivel intelectual de otros países. El que en España no se
-lea no basta á explicar que no se lean nuestros libros. Si fue<span class="pagenum"><a name="page_269" id="page_269">{269}</a></span>ran
-buenos, me digo, se traducirían y leerían en otros países, ó bien en
-otros países aprenderían el español para leernos. ¿No sucede esto por
-donde quiera, con los libros que se publican en Francia? En nuestra
-península, y en toda la extensión de la América hispano-parlante ¿para
-qué ocultarlo? Zola, Flaubert y Daudet son más estimados que Alarcón,
-que Pereda, y hasta que Pérez Galdós, y de seguro que se han leído y se
-han vendido más ejemplares de <i>Nana</i> ó de <i>Germinal</i>, ó de <i>La Tierra</i>,
-que de <i>Sotileza</i> ó de los <i>Episodios nacionales</i>.</p>
-
-<p>Con los libros en inglés aún no sucede esto tanto en las naciones que
-hablan nuestra lengua; pero los libros en inglés, si llegan á hacerse
-populares, no han menester de nuestro tributo.</p>
-
-<p>Harto se ve en <i>Looking backward</i>. Tal vez sea yo, hasta ahora, gracias
-al ejemplar que usted me envió de presente, el único español que sabe de
-dicho libro, y de dicho libro, con todo, se han vendido ya más
-ejemplares que de ninguna de las novelas de Zola: del más glorioso y á
-la moda entre los novelistas franceses.</p>
-
-<p>A pesar de cuanto acabo de exponer, quiero desechar mi abatimiento y mi
-modestia; y, sin rebajar el mérito del escritor extranjero, entiendo que
-son parte en la fama y en el provecho, que á menudo alcanza, lo bonachón
-y lo candoroso que es el público de otros países, donde se rodea al
-escritor de gran prestigio y se le presta autoridad que nosotros le
-quitamos.<span class="pagenum"><a name="page_270" id="page_270">{270}</a></span></p>
-
-<p>Nosotros no tenemos mala voluntad á los hombres de letras; pero las
-circunstancias nos encierran en círculo vicioso de difícil salida. Aquí
-no pocos hombres de mucho talento y bastantes de mediano medran, se
-enriquecen y encumbran, politiqueando, tratando de curar enfermedades ó
-defendiendo pleitos. El que compone libros, si no tiene rentas, ó bien
-si no tiene otras ingeniaturas, permanece siempre casi pordiosero. Y de
-ello inferimos, ya que el que compone libros está medio loco, ya que es
-incapaz de ser político hábil, abogado con clientes ó médico con
-enfermos, por donde se da á literaturas, como quien se da á perros,
-desengañado y desechado de profesiones más lucrativas.</p>
-
-<p>Pero salgamos de tan tristes meditaciones crematístico-literarias, y
-hablemos de la novela del Sr. Bellamy.</p>
-
-<p>Nada más rancio, trillado y manoseado que lo fundamental de su
-argumento. Es un caso de sueño ó letargo prolongadísimo, del cual se
-despierta al cabo. Ya de Epiménides de Creta, que vivió seis siglos
-antes de Cristo, se cuenta que estuvo durmiendo cincuenta y siete años.
-Hermotimo de Clazomene, que floreció poco después, echaba también
-siestas muy largas; con el aditamiento de que, mientras que su cuerpo
-dormía, su desatado espíritu se paseaba por todo el universo con la
-rapidez del rayo. En las edades cristianas, abundan más aún los
-durmientes, empezando por <i>los siete</i>, que, durante la persecu<span class="pagenum"><a name="page_271" id="page_271">{271}</a></span>ción de
-Decio, se quedaron dormidos en una caverna, y despertaron ciento
-cincuenta y siete años después, hallando muy cambiadas las cosas del
-mundo y el cristianismo triunfante.</p>
-
-<p>No sé de país donde no haya cuentos, leyendas, comedias y zarzuelas que
-se fundan en esta base. Nosotros tenemos á nuestro D. Enrique de
-Villena, que desde el siglo <small>XV</small> estuvo hecho jigote, y apareció y surgió
-á nueva vida en <i>La redoma encantada</i>, de Hartzenbusch. Por lo común, no
-se requiere determinación tan heróica como la de hacerse jigote, ni
-siquiera se exige sueño, para dar un brinco en el tiempo, y plantarse de
-súbito dos, tres ó cuatro siglos más allá del punto de partida. Basta
-para ello un éxtasis, un arrobo ó la traslación real á medio más
-dichoso, donde el correr del tiempo es más raudo.</p>
-
-<p>Yo he leído un cuento japonés, en que un pescadorcillo es llevado á una
-isla encantada. Allí se casa con cierta mágica princesa. Vuelve á su
-tierra, en su sentir al cabo de un año, y reconoce que han pasado
-doscientos ó más, que no tiene ya ni padre, ni madre, ni perrito que le
-ladre, y que nadie en su tierra le recuerda. Atolondrado, abre entonces
-una cajita, don de su princesa, cajita que le debía servir, no
-abriéndola, para volver á la isla encantada; y sale de la cajita un
-vapor, á manera de nubecilla blanca, que en lo alto del aire se disipa.
-Entonces siente que caen sobre él, con todo su peso, los doscientos ó
-trescientos años que habían pasado; y pierde la lo<span class="pagenum"><a name="page_272" id="page_272">{272}</a></span>zanía de la juventud,
-y se trueca en un horrendo viejezuelo, que se encoge y consume hasta que
-muere.</p>
-
-<p>La <i>Leyenda áurea</i>, las vidas de los Padres del yermo, en todo país y en
-diversos idiomas, están llenas de casos semejantes, aunque menos
-lastimosos. Ya es un monje que se embelesa oyendo cantar un pajarillo,
-en un soto, cerca de su convento. Vuelve al convento, creyendo haber
-estado ausente una hora, y ha pasado un siglo. Longfellow ha puesto en
-verso una historia de esta clase. Ya, como en una preciosa leyenda
-italiana del siglo XIV, son dos monjes que se extravían en una selva;
-hallan una barca en la margen de apacible río; se embarcan, se dejan
-llevar de la corriente, y arriban al Paraíso terrenal. El querubín de la
-espada flamígera les da libre entrada; y Enoch y Elías los reciben y los
-agasajan, regalan y deleitan tan maravillosa y elegantemente, que se les
-hace muy cuesta arriba volver al convento, al cabo de una semana. Pero
-no hay más recurso que volver. Vuelven, y descubren que han pasado en el
-Paraíso terrenal la friolera de setecientos años.</p>
-
-<p>La invención, pues, del Sr. Bellamy nada tiene de inaudita. Su héroe,
-Julián West, se queda dormido, en un sueño magnético, y despierta ciento
-trece años después. Se duerme en 1887 y despierta en el año 2000 de
-nuestra Era.</p>
-
-<p>Se advierte en esto otro ingrediente capital, permítaseme la expresión
-farmacéutica, que en<span class="pagenum"><a name="page_273" id="page_273">{273}</a></span>tra en la confección de la novela del Sr. Bellamy.
-La novela es profética: nos pinta lo que serán el mundo y la humanidad
-dentro de poco más de un siglo.</p>
-
-<p>Tampoco es esto nuevo. Pinturas proféticas por el estilo, acaso más
-divertidas y más brillantes y pasmosas, se han hecho en casi todas las
-literaturas. ¿Dónde está, pues, el valer de la novela? ¿Cuál ha sido la
-causa de su extraordinaria popularidad? A mi ver, el valer de la novela
-es grande y la causa de los aplausos justísima. Consisten en la buena fe
-y en el fervor con que el Sr. Bellamy cree y espera en lo que profetiza
-con alegre y profundo optimismo.</p>
-
-<p>Sin duda que en Europa los descubrimientos é invenciones recientes de la
-ciencia experimental, la actividad fecunda de la industria, la facilidad
-de las comunicaciones, la creciente riqueza, las máquinas, el bienestar,
-el lujo y sus refinamientos, el telégrafo, el teléfono, el alumbrado
-eléctrico, las Exposiciones universales, los congresos de sabios y otras
-maravillas, han ensoberbecido y alentado por todo extremo á no pocos
-hombres, y les han hecho creer en un indefinido progreso humano; pero
-también esas mismas novedades, primores y adelantos, han influído, en
-sentido opuesto, en más hombres aún, volviéndolos canijos,
-descontentadizos, nerviosos y quejumbrosos.</p>
-
-<p>El pesimismo existe desde antes de Job y de Budha; pero pocas veces ha
-estado más divul<span class="pagenum"><a name="page_274" id="page_274">{274}</a></span>gado, más razonado y más boyante que en el día. Pocas
-veces ha sido, además, más negro y desesperado en Europa: ya porque se
-afirma la mayor dificultad, cuando no la imposibilidad, de ilusiones, de
-ideales, de creencias, ó como quieran llamarse, que sirvan de
-compensación ó de consuelo; ya porque se abultan los peligros en la
-resolución de urgentes y temerosos problemas; ya porque los impacientes
-y furiosos quieren resolver estos problemas con desmedida violencia y
-por virtud de los más truculentos cataclismos.</p>
-
-<p>Inútil me parece detenerme en probar que, en Europa, y singularmente en
-la segunda mitad de este siglo que va llegando á su fin, hay más
-desesperación que esperanza, se ve obscuro y tempestuoso el porvenir, y
-son tétricas la filosofía y la literatura.</p>
-
-<p>La risueña amenidad de algunos reformadores sociales, como Fourier por
-ejemplo, sólo sirve ya para burlas. Los que en el día aspiran á
-reformadores, se llaman <i>nihilistas</i>, y aturden y aterrorizan á las
-clases conservadoras. Los poetas siguen siendo desesperados y satánicos,
-ó bien dimiten, por suponer que la poesía se acaba. Sus negaciones,
-maldiciones y furores, en vez de salir en verso y raptos líricos, que
-solían tomarse menos por lo serio, se ponen hoy en prosa, con el método,
-el orden y las pretensiones didácticas de una ciencia. En vez de
-Leopardi, Byron ó Baudelaire, tenemos á Schopenhauer. Las pasiones
-sublimes, los caracteres nobles y desin<span class="pagenum"><a name="page_275" id="page_275">{275}</a></span>teresados, los dulces amores,
-las creencias profundas, todo lo ameno y hermoso se va arrojando de la
-narración escrita, donde se afirma que la imaginación no debe poner nada
-de su cosecha. Las obras, pues, de entretenimiento, las más leídas y
-admiradas, son cuadros horribles de vicios, maldades y miserias, en que
-el hombre, <i>bestia humana</i>, se revuelca en cieno y en sangre. La vida,
-en la realidad y en la ficción, aparece como una pesadilla cruel, ó como
-una estúpida é indigna farsa, que no merece ser <i>vivida</i>. El mejor
-término y remate de todo es morirse para descansar. La suprema
-bienaventuranza del mundo, la última victoria del saber y la más alta
-realizada aspiración del deseo, serían el <i>totalicidio</i>: que la ciencia
-nos hiciese poderosos para ahogar el necio prurito de vivir que fermenta
-en las cosas y matar el universo.</p>
-
-<p>Cierto es que la misma exageración de los clamores y de las blasfemias
-hace que á veces se tengan por fanfarronadas, y que el hombre sereno las
-ría y no las deplore; pero la insistencia y la generalidad de tantas
-quejas se sobreponen á la risa, anublan el ánimo más despejado, y
-angustian al fin y meten en un puño el corazón de más anchuras.</p>
-
-<p>En el conjunto, bien puede asegurarse que de ese otro lado del
-Atlántico, no hay que lamentar como endémica esta enfermedad del
-desconsuelo; reina cierta gallarda confianza en los futuros destinos de
-la humanidad. La tierra es nueva,<span class="pagenum"><a name="page_276" id="page_276">{276}</a></span> vasta y pingüe, y cría savia
-abundante en cuanto se trasplanta en ella. Si de una cepa vetusta,
-cubierta de filoxera y carcomida por el honguillo, tomamos un buen
-sarmiento, y le metemos en tierra á alguna distancia, el mugrón se
-transforma pronto en otra sana y fructífera cepa. Así me figuro yo que
-ocurre quizá al anglo-americano en relación con el europeo. La
-prosperidad de esa gran República se diría que promete mayor auge é
-inmensa ventura para en adelante. Toda dificultad, en vez de desalentar,
-aumenta los bríos, y hasta regocija con la esperanza de vencerla. Hay
-ahí cierta emulación, cierta petulancia juvenil, que son útiles, porque
-persuaden á muchos de que América logrará lo que Europa no ha logrado;
-resolverá problemas que aquí tenemos por irresolubles, y realizará
-ideales que nosotros, ya cansados, agotados y viejos, abandonamos por
-irrealizables y quiméricos. <i>Excelsior</i> es la hermosa y extraña divisa
-que llevan ustedes en la bandera. Los poetas de ahí están llenos de
-presentimientos dichosos, y no lloran y se quejan tan desoladamente como
-los nuestros. La vida para ellos no es lamentación, sino acción
-incesante, á fin de avanzar más cada día,</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0"><i>Still achieving, still pursuing,</i><br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p class="nind">y dejando en pos</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0"><i>Footprints on the sands of time,</i><br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p class="nind">como dice Longfellow, en su <i>Psalmo</i>. Todo vate<span class="pagenum"><a name="page_277" id="page_277">{277}</a></span> quiere hoy ser ahí más
-profeta que en parte alguna. Su misión es profetizar y no cantar:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0"><i>Life sings not now, but prophesies.</i><br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Whittier es á modo de un Ezequiel de nuestro siglo. Con justicia se le
-saluda como al «cantor de la religión, de la libertad y de la humanidad,
-cuya palabra de santo fuego despierta la conciencia de una nación
-culpada y derrite las cadenas de los esclavos».</p>
-
-<p>La poesía lírica de ahí inculca en sus mejores obras que querer es
-poder. La voluntad tenaz, valerosa y desenfadada, rompe todo límite que
-el saber imperfecto pone á lo posible. Un buen <i>yankee</i> (y permítame
-usted que llame así á sus paisanos, por no llamarlos anglo-americanos
-siempre) un buen <i>yankee</i>, digo, alentado por su soberbia esperanza, es
-como el Reco de la bella leyenda de Russell Lowell; no duda de lograr su
-anhelo, y se considera como <i>sobrehumanado</i> para lograrle.</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i2">«Reco no dudó ya de su ventura.<br /></span>
-<span class="i0">Bajo sus pies á la ciudad volviendo,<br /></span>
-<span class="i0">Pensó que ufano el suelo florecía;<br /></span>
-<span class="i0">Que era más clara la amplitud del éter;<br /></span>
-<span class="i0">Que alas para cruzarle le brotaban;<br /></span>
-<span class="i0">Y que del sol los rayos, en sus venas<br /></span>
-<span class="i0">Infundidos, prestaban á la sangre<br /></span>
-<span class="i0">Calor salubre y levedad celeste.»<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Esta fe en el porvenir, esta exultación del espíritu, que nada deja
-fuera de su alcance, ha<span class="pagenum"><a name="page_278" id="page_278">{278}</a></span> sido la Musa que ha inspirado su novela al
-señor Bellamy.</p>
-
-<p>Al espirar el siglo <small>XX</small>, ó dígase dentro de poco más de un siglo, la más
-portentosa revolución estará ya consumada; se habrá renovado la faz de
-la tierra; la condición humana habrá logrado mejoras extraordinarias
-materiales y morales, y la Jerusalén celeste, ó, si se quiere, la
-suspirada ciudad de Jauja, habrá bajado del cielo, y extenderá su feliz
-y dulcísimo imperio sobre todas las lenguas, tribus y naciones del
-mundo. No quiere decir esto que una Jauja conquistadora tendrá sometido
-el resto del mundo, sino que la Jauja ideal se realizará por donde
-quiera, y todo el mundo será Jauja.</p>
-
-<p>Entendámonos, sin embargo. La Jauja realizada en todas partes, no será
-la grosera y vulgar de que habla el proverbio; la Jauja donde se come,
-se bebe y no se trabaja. En el nuevo orden de cosas, en la flamante
-ciudad, no habrá nadie que no trabaje; hombres y mujeres serán
-trabajadores; pero merced á la ingeniosidad y primor de la maquinaria y
-á la superior organización del trabajo, el trabajo, lejos de ser
-fatigoso, será gratísimo.</p>
-
-<p>La vida estará lindamente arreglada. Hasta los veintiún años dura el
-período de la educación en el nuevo régimen. Las escuelas son tan
-buenas, que apenas hay quien salga de ellas sin ser un pozo de ciencia,
-diestro en todos los ejercicios corporales; así de fuerza como de<span class="pagenum"><a name="page_279" id="page_279">{279}</a></span>
-agilidad y de gracia; sano, hermoso y robusto.</p>
-
-<p>Como ya no sobrevienen (estamos en el año 2000) guerras ni desazones, y
-vivimos en una paz plusquam-octaviana, ni hay quintas, ni mucho menos
-servicio militar obligatorio. ¿Y para qué, si tampoco hay generales ni
-ejército guerreador? De lo que no se puede prescindir es de ejército
-industrial, y todo individuo tiene que servir en este ejército
-admirablemente regimentado. Pero el servicio es cómodo y ameno, como ya
-hemos dicho, y á la edad de cuarenta y cinco años termina. Á la edad de
-cuarenta y cinco años recibe cada cual su licencia absoluta ó bien se
-jubila. Y no porque ya se le crea inútil, sino porque ya ha cumplido con
-la sociedad.</p>
-
-<p>Lejos de estar inútil el jubilado ó licenciado, puede asegurarse que
-está en lo mejor, en el cenit de su edad. La higiene pública y privada,
-la medicina, la cirugía y el arte culinario han progresado de tal
-suerte, que el término ordinario de la vida es ya de noventa años.
-Quedan, pues, después de la jubilación otros cuarenta y cinco años de
-huelga y reposo, durante los cuales todo hombre y toda mujer disfrutan
-de las invenciones, fiestas, riquezas, esplendores, magnificencias y
-deleites que el trabajo, la industria y el ingenio sociales han
-producido y siguen produciendo, cada día con mayor abundancia,
-delicadeza, chiste y tino.</p>
-
-<p>Dígole á usted, sin el menor sonrojo, que se me hace la boca agua al
-pensar en tan jubilan<span class="pagenum"><a name="page_280" id="page_280">{280}</a></span>te jubilación, en tan honrado y decoroso
-sibaritismo, y en tan verdadero <i>gaudeamus</i> y <i>otium cum dignitate</i>.</p>
-
-<p>Algo he extrañado, pero no para censurar, sino para aplaudir, que el Sr.
-Bellamy, que tantas cosas reforma ó trueca, todo lo deja como está ahora
-en lo tocante á las artes cosméticas é indumentarias, <i>flirt</i>, noviazgos
-y belenes. Así da nueva prueba de que en amor y en belleza no hay más
-que pedir. Hemos llegado á la relativa perfección que, en lo humano,
-cabe en lo erótico y en lo estético. Lo que podrá conseguir el nuevo
-organismo social es democratizar la belleza, á saber: que haya más
-muchachas bonitas, y que no abunden las feas. También se conseguirá,
-implicado en el progreso del arte macrobiótica, que la hermosura y la
-edad de los amores duren doble ó triple.</p>
-
-<p>Me pasma que una cosa que aquí, en España, acabamos ahora de establecer
-como gran progreso, la deseche el Sr. Bellamy como barbaridad ó poco
-menos. Hablo del Jurado. Aunque en su República ó Utopía apenas ha de
-haber ignorantes, y en cambio ha de haber pocos pleitos que sentenciar y
-poquísimos delitos que castigar, todavía entiende el Sr. Bellamy que la
-ciencia del derecho es tan sublime y la administración de la justicia
-función tan egregia, que sólo á los sabios la confía, mirando como
-profanación sacrílega que cualquier ciudadano <i>lego</i> intervenga en
-ella.<span class="pagenum"><a name="page_281" id="page_281">{281}</a></span></p>
-
-<p>Hay otro punto trascendental, en que (yo lo celebro) va el Sr. Bellamy
-contra la vulgar corriente progresista. No quiere que la mujer ejerza
-los mismos empleos públicos que el hombre, y sea, v. gr., alcaldesa,
-diputada, ministra, senadora ó académica. Todo esto le parece de una
-insufrible y antiestética ordinariez: lo que por acá llamamos <i>cursi</i>.
-La mujer, en su sistema, reinará en los salones; influirá en todo más
-que el hombre; inspirará á éste los más nobles sentimientos y altas
-ideas; le seguirá puliendo y gobernando y mandando, como ha sucedido
-siempre; y hará que él, por el afán de complacerla, enamorarla y
-servirla, sea ó procure ser dechado de virtudes y modelo de distinción;
-discreto, limpio, peripuesto y atildado.</p>
-
-<p>Encanta considerar lo mucho que se disfruta con el nuevo sistema ya
-establecido. La lucha entre el capital y el trabajo cesa por completo;
-No hay competencias entre fabricantes del mismo país, ni entre
-industrias de diversas naciones. Y no hay, por consiguiente, ni aduanas,
-ni derechos protectores, ni huelgas, ni ruinas y bancarrotas por
-competir. No hay tampoco un solo soldado que mantener, ni un solo barco
-de guerra que costear, ni instrumento de destrucción que pagar caro, ni
-bronce que fundir sino para campanas que repiquen, ni pólvora que gastar
-sino en salvas.</p>
-
-<p>Síguese de aquí la supresión de multitud de gastos tontísimos; del
-desorden y del despilfarro<span class="pagenum"><a name="page_282" id="page_282">{282}</a></span> que la guerra industrial y la guerra de
-armas y aun la paz armada ocasionan, y de un enjambre de zánganos ó
-personas inútiles para la producción de la riqueza, ya que se emplean ó
-en dislocarla jugando á la Bolsa y en otras especulaciones y
-operaciones, ó en impedir ó aparentar que impiden que la disloquen,
-manteniendo lo que ahora se llama orden público, aunque, según el Sr.
-Bellamy, es un caos enmarañado.</p>
-
-<p>Resultará de tan atinada supresión que nademos en la abundancia, sin que
-ahogue la plétora de productos. Con el trabajo moderadísimo, que durante
-veinticuatro años ha de dar cada individuo, bastará y sobrará para que
-vivamos todos como unos nababos ó reyes durante noventa años.</p>
-
-<p>Varios descubrimientos científicos, previstos ó columbrados por el Sr.
-Bellamy, conspiran á este fin. El sol, la electricidad y otras energías
-ocultas en fluidos impalpables, ó en el éter primogenio, nos prestan
-calor, luz y fuerza productora y locomotora. En vez de enviar por el
-correo paquetes postales, van por tubería desde los almacenes, con una
-velocidad de todos los diablos, trajes, brinquillos, alhajas y hasta
-pianos de cola y coches de cuatro asientos. Tal modo de remitir, ó su
-artificio, se llama el <i>teléstolo</i> ó el <i>telepístolo</i>, y es complemento
-del telégrafo y del teléfono.</p>
-
-<p>Este último, el teléfono quiero decir, se ha perfeccionado ya por tal
-extremo en nuestra <i>Utopía</i>,<span class="pagenum"><a name="page_283" id="page_283">{283}</a></span> que cada cual le tiene en su casa, y sin
-salir de ella, oye, si quiere, óperas, comedias, sermones y conferencias
-de Ateneos y Universidades, sin perder nota, ni palabra, ni tilde.</p>
-
-<p>En resolución, sería cuento de nunca acabar si quisiese yo explicar
-aquí, con todos sus pormenores, lo bien que estará el mundo dentro de
-ciento trece años.</p>
-
-<p>Todo esto es maravilloso, pero lo es mil veces más lo que he sabido por
-cartas y periódicos de ahí, y singularmente por el número de Febrero
-último, que usted me ha enviado, del <i>Atlantic Monthly</i>, excelente
-Revista de literatura, ciencias y artes, que se publica en Boston.</p>
-
-<p>En los Estados Unidos ha entusiasmado <i>Looking backward</i>, no sólo como
-libro de mero pasatiempo, sino como programa práctico de renovación y
-salvación sociales.</p>
-
-<p>Más aún que en el triunfo anti-esclavista influyó la celebrada novela de
-la Sra. Harriet Beecher Stowe, se aspira á que influya la novela del Sr.
-Bellamy en otros triunfos más completos y en la realización de otras
-novedades mayores.</p>
-
-<p>Se ha formado un partido, <i>nationalist party</i>, del que es <i>Vademecum</i> la
-novela <i>Looking backward</i>. El nuevo partido se organiza y cuenta ya con
-ciento ochenta clubs, esparcidos por varias poblaciones. Hasta ahora no
-ha acudido este partido á los comicios ó á las urnas electorales; pero
-acudirá pronto. Dicen que se han alistado en él<span class="pagenum"><a name="page_284" id="page_284">{284}</a></span> más gente de refinada
-educación y más mujeres que obreros. Hay en él, añaden, <i>a large amount
-of intellect and comparatively little muscle</i>, como si dijésemos, pocos
-músculos y muchos nervios; pero, como quiera que sea, si es admirable
-que sobre un libro de imaginación, que sobre un ensueño poético, se
-funde un partido, no es menos admirable la calmosa serenidad con que se
-miran en los Estados Unidos estos movimientos socialistas, que por aquí
-asustan ó inquietan no poco á los burgueses y á los ricos.</p>
-
-<p>Yo tengo muy buena opinión de los ingleses y de sus descendientes los
-anglo-americanos. Creo que son ustedes menos <i>sensatos</i> que lo que
-nosotros creemos y que lo que llamamos <i>ser sensatos</i>, esto es, que la
-sensibilidad y la fantasía son en ustedes poderosísimas. De aquí la
-facilidad con que se entusiasman por un libro ó por una teoría. Hará
-ocho años que Enrique George publicó una obra socialista, que se hizo
-tan famosa como la del Sr. Bellamy. También de ella se vendieron
-centenares de miles de ejemplares. Los conservadores de ahí, y no hay
-que negar que tienen gracia en esto, convierten en argumento contra las
-censuras de la actual sociedad, que se leen en tales obras, ese mismo
-pasmoso éxito que las obras obtienen. Bellamy y George describen al
-pueblo, antes de sus reformas, sumido en horrible pobreza, ignorante,
-rudo, por culpa de la sociedad. Por bajo de los ricos, dichosos y
-educados, hay, suponen, una hambrienta y<span class="pagenum"><a name="page_285" id="page_285">{285}</a></span> ruda caterva de esclavos del
-trabajo. A lo cual los conservadores responden: «Si las cosas son así,
-¿de dónde salen los trescientos mil sujetos con dinero de sobra para
-comprar los libros de ustedes, y los millones de sujetos con tiempo y
-humor para divertirse leyéndolos? Si estuviesen hambrientos no leerían
-para distraer el hambre». Pero, en mi sentir, no tienen razón en esto
-los conservadores. Puede haber en un país de sesenta millones de
-habitantes trescientos mil compradores de un libro que valga tres
-pesetas y mucha hambre y mucha miseria además.</p>
-
-<p>El <i>Atlantic Monthly</i> trae un extenso artículo de un Sr. Walker,
-refutando las doctrinas del señor Bellamy y del <i>partido nacionalista</i>.
-Yo, en ciertos puntos, doy la razón al Sr. Walker; en otros no puedo
-dársela, y en bastantes puntos, lo confieso, me apesadumbra que el Sr.
-Walker tenga razón. Es un dolor que ideal tan agradable se desvanezca;
-que se reduzca á ensueño fugaz un porvenir tan magnífico y próximo.</p>
-
-<p>La verdad es que, como el héroe de la novela, Julián West, se pasa
-durmiendo los ciento trece años durante los cuales cambia la faz del
-mundo, Julián West no ve cómo se verifica el cambio. Bellamy se guarda
-de decirlo, y su impugnador Walker no se hace cargo tampoco de esta
-importantísima mutación, completa ya en el segundo milenio de la Era
-Cristiana.</p>
-
-<p>Bellamy, cuando empezó á escribir su novela, puso el cambio mucho más
-tarde. La reapa<span class="pagenum"><a name="page_286" id="page_286">{286}</a></span>rición de Julián West, en el mundo renovado, ocurre en
-el tercer milenio; en el año de 3000. Después reflexionó Bellamy que, al
-poner tan largo plazo, si bien hacía la mutación mucho menos
-inverosímil, casi quitaba toda mira práctica á su libro, pues no se
-forma partido militante, ni se organizan clubs, ni se escriben
-<i>plataformas</i> ó programas, por meramente posibilista que se sea, para
-realizar algo dentro de mil ciento trece años. Entonces rebajó mil años,
-y dejó sólo ciento trece.</p>
-
-<p>Por lo visto era indispensable, ó por lo menos conveniente y
-apocalíptico, que la renovación se nos revelase en un milenio. Durante
-mucho tiempo, en el horror y en las tinieblas de la Edad Media,
-imaginaron los hombres que la fin del mundo sería el año 1000. Ahora que
-vivimos mejor, hemos adelantado mucho y no debemos estar desesperados,
-importa imaginar, para el año de 2000, una risueña y deleitosa
-Apocalipsis.</p>
-
-<p>Al imaginarla y escribirla, nos presenta Bellamy su nueva Jauja, su
-nueva Jerusalén ya fundada; pero tiene la astucia de no hablar de la
-destrucción de la ciudad antigua sobre cuyas ruinas se levanta la nueva.</p>
-
-<p>Sin duda ha omitido esto, pasándolo en silencio mientras duerme Julián
-West, á fin de no aterrar al público.</p>
-
-<p>Supongamos perfectamente realizable el plan de Bellamy, sin que tenga
-cambio radical la hu<span class="pagenum"><a name="page_287" id="page_287">{287}</a></span>mana naturaleza; todo por obra del mecanismo
-social.</p>
-
-<p>Para destruir el actual mecanismo, que tantos intereses sostiene, y para
-destruirle pacíficamente, por evolución, como Bellamy quiere que sea,
-así en la novela como en el programa publicado después por su partido,
-me parecen pocos los mil ciento trece años. Y si la destrucción ó la
-mudanza ha de ser sólo en ciento trece años, entonces no será por
-evolución, sino en virtud de una revolución tremenda y de encarnizadas y
-horribles guerras sociales. No de otra suerte se concibe que los que
-tienen se dejen despojar de cuanto tienen para que el pueblo se
-<i>incaute</i> de ello, y, sin quedarse con nada, se lo entregue al Estado,
-que venga á ser, como representante y gerente de la nación, el único
-capitalista.</p>
-
-<p>Aunque para el despojo de los propietarios se valga la nación ó el
-Estado, su gerente, de mil habilidades, no conseguirá que no sea
-despojo, ni que tranquilamente se consume. El medio más suave que se ve
-es dar un plazo á los tenedores de papel de la deuda; pagarles hasta
-entonces algo más de tanto por ciento, y anunciar que después no
-cobrarán nada. Esto bastará para que los fondos bajen á cero y quede la
-deuda destruída. A todas las grandes empresas industriales se les podrá
-fijar un plazo también á cuya espiración todo será del Estado, como los
-ferrocarriles. Y en cuanto á los pequeños industriales, labriegos,
-terratenientes, etc., se les po<span class="pagenum"><a name="page_288" id="page_288">{288}</a></span>drá ir poco á poco aumentando la
-contribución, hasta que adviertan que es una tontería quebrarse la
-cabeza cuidando de los instrumentos de producción, tierra, aperos de la
-labranza, etc., para entregar luego al Estado casi todo lo producido.
-Entonces dirán al Estado, quédate con todo, ó, sin que se lo digan, el
-Estado se quedará con todo para cobrarse de lo que deban á la Hacienda
-pública.</p>
-
-<p>De esta suerte, y á mi ver no sin violentísima oposición, que será
-menester sofocar, se logrará la primera parte del programa del Sr.
-Bellamy: que se convierta en hacienda pública cuanta hacienda haya.</p>
-
-<p>Verificada así la <i>incautación</i> total, quedará por cumplir la segunda
-parte del programa, que me parece mucho más difícil todavía; que el
-Estado <i>incautador</i> nos alimente, nos vista, nos divierta y nos regale á
-todos con esplendidez y elegancia, sin que cada uno de nosotros le dé
-más que el trabajo que podemos dar en un poquito más de la cuarta parte
-de nuestra vida, ya que las otras tres cuartas partes quedan para
-holgarnos.</p>
-
-<p>A toda persona profana se le ofrecen montes de dificultades para que se
-realice, sin tropiezo, plan tan exquisito. Lo primero que cree necesitar
-es una fe tan profunda y una confianza tan omnímoda en el Gobierno,
-convertido en capitalista, como la que Cristo en el Sermón de la
-Montaña, nos recomienda que tengamos en nuestro Padre que está en el
-cielo, el cual nos dará el<span class="pagenum"><a name="page_289" id="page_289">{289}</a></span> pan de cada día y cuanto nos haga falta por
-añadidura, de suerte que, sin preocuparnos del día de mañana, viviremos
-como los pajaritos del aire, que no acopian trigo en graneros y Dios los
-alimenta. Lo segundo que nos asusta es la serie de borrascas
-parlamentarias y aun de pronunciamientos que habría (en España, pongo
-por caso) para quitarse el poder unos á otros, si el poder se extendiese
-á repartirlo todo, cuando hoy nos alborotamos tanto por repartir, quiero
-suponer, para que no se me tilde de exagerado, la tercera parte, á lo
-más. Y lo tercero que aterra es la inhabilidad vehementemente sospechada
-en que pudieran incurrir los encargados de dirigir todas las operaciones
-de la riqueza (producción, circulación y consumo), cuando hoy yerran
-tanto los Gobiernos, sin emplearse apenas sino en repartir y en
-consumir. Sabido es que lo más difícil de esta ciencia, arte y oficio de
-la riqueza, es el producirla. Repartirla y consumirla es mucho más
-llano; y hasta ahora los Gobiernos casi no se emplean sino en repartir y
-en consumir, á no ser que se considere producción el orden y la
-seguridad qué nos dan, ó que se presume que nos dan, por medio de la
-justicia y de la fuerza pública, para que los que producen algo lo
-produzcan tranquilamente y sin temor de que los depoje nadie, como no
-sea el Gobierno mismo.</p>
-
-<p>Milita en pro de la vehemente sospecha de incapacidad de todo Gobierno
-para producir la<span class="pagenum"><a name="page_290" id="page_290">{290}</a></span> riqueza, esto es, para ser fabricante, agricultor ó
-comerciante, la consideración de que el Gobierno vende ó arrienda y no
-administra lo que posee. En España apenas ejerce ya por sí otra
-industria que la del banquero en el juego de la lotería, pues vende las
-tierras que eran del Estado, y arrienda sus minas, y arrienda, por
-último, el monopolio del tabaco, con lo cual el público fuma mejor y más
-barato.</p>
-
-<p>Todo esto lo dirán los no iniciados en las doctrinas y en el plan que
-expone en su novela Bellamy; pero los iniciados responderán que el nuevo
-artificio administrativo es tan prodigioso, que por su virtud, y no por
-la ciencia y buena maña de los administradores, ha de salir todo bien.
-Así, valiéndonos de un símil, cualquiera hallará absurdo el suponer que
-alguien, si ignora la música y no tiene ejercitadas y diestras las
-manos, toque en el piano, v. gr., la marcha del <i>Tannhauser</i> de Wagner;
-pero merced á cierta maquinaria y á ciertos cartoncitos que se han
-inventado, todo hombre, y hasta un niño si no es manco, toca al piano lo
-que quiere dándole á un manubrio.</p>
-
-<p>Hay, pues, una nueva ciencia de la Administración, para cuyo estudio no
-es menester leerse el fárrago enorme, aunque <i>digesto</i>, recopilado por
-los Freixas y Clarianas, y Alcubillas. Basta con estudiar y empaparse
-bien en algunas páginas de <i>Looking backward</i>. Entonces, conocidos ó
-atisbados los recursos de que la nueva ciencia dispo<span class="pagenum"><a name="page_291" id="page_291">{291}</a></span>ne, se cobra
-confianza, y se ve que hasta el más porro puede dar vuelta al manubrio
-administrativo.</p>
-
-<p>Algo del portento de su mecanismo se presiente al observar los buenos
-efectos que hasta el mecanismo administrativo de hoy, con ser tan
-complicado, produce en ocasiones.</p>
-
-<p>Cierto amigo mío (confieso que en extremo maldiciente) suponía sin
-motivo que un director general de Correos, que hubo muchos años ha,
-distaba bastante de ser un águila; y, sin embargo, añadía: ¿Quieren
-ustedes creer que recibo de diario todas las cartas que me escriben, sin
-que se extravíe una sola? De aquí infería él que la Administración era
-perfectísima, y que por sí sola hacía infaliblemente los servicios.</p>
-
-<p>Aplicada á los demás ramos esta perfección del de correos, queda
-resuelto el problema y triunfante el plan de Bellamy, salvo que en otros
-ramos se requiere mayor seguridad para no andar siempre con el alma en
-un hilo; porque, si ponemos á un lado un corto número de nobilísimas
-almas, el vulgo de ellas se preocupa, más que de recibir tiernas
-epístolas, de recibir el corporal alimento, y prefiere el cuervo de
-Elías á todas las palomas mensajeras, aunque sean las del propio carro
-de Venus.</p>
-
-<p>Pero, en fin, Bellamy afirma que por su sistema lo recibiremos todo con
-seguridad y regularidad indefectibles. El sistema de Bellamy merece,
-pues, ser examinado.<span class="pagenum"><a name="page_292" id="page_292">{292}</a></span></p>
-
-<p>Para mí no valen algunos prejuicios con que los descontentadizos ó
-incrédulos, desde luego y sin examen, le desechan.</p>
-
-<p>Imposible parece, dicen, que, siendo tan fácil la reforma, por cuya
-virtud habrá felicidad, paz y holganza universales, no se haya antes
-ocurrido á nadie la reforma. Pero esto tiene muy obvia contestación. De
-no pocas de las más benéficas invenciones de estos últimos tiempos se
-puede decir lo mismo. Desde antes que apareciese el linaje humano hay
-hulla ú hornaguera en nuestra mansión terrestre, y á nadie, hasta hace
-poco, se le antojó emplearla para combustible. Desde que hay ollas y se
-guisa, brinca la tapadera cuando hierve el caldo, y, si no sale el
-vapor, se quiebra la olla; pero nadie, hasta nuestros días, pensó en
-aplicar esta fuerza á la industria. Nadie ha ignorado jamás que el humo
-ó todo fluído más leve que aire, ó el aire mismo rarificado por el
-calor, sube y se sobrepone al aire más denso; pero, hasta fines del
-siglo pasado, nadie renovó con éxito, y por medios naturales, algo del
-arte de Dédalo, de Abaris y de Simón el Mago.</p>
-
-<p>¿No puede haber acontecido lo propio con el invento del Sr. Bellamy, y
-que de puro sencillo nadie diese con él hasta ahora?</p>
-
-<p>A esto se objeta que, siendo mil veces más importante por sus efectos la
-invención del señor Bellamy, parece antiprovidencial y harto caprichoso,
-ó sea contrario á las sabias leyes que de<span class="pagenum"><a name="page_293" id="page_293">{293}</a></span>ben presidir á la historia,
-que un sistema del que depende la redención de la humanidad haya tardado
-tanto en formularse. Pero este argumento tiene visos de ser de mala fe,
-aunque no lo sea. Nada nos da motivo para afirmar que el señor Bellamy
-presenta su plan como independiente del progreso realizado hasta hoy. La
-trabajosa y larga marcha de la humanidad no pudo ahorrarse con su plan.
-Bellamy, si hubiera nacido en tiempo de los Faraones, no hubiera podido
-inventarle ni divulgarle entonces. Bellamy, si es lícito aplicar á lo
-mundanal lo trascendente, y expresar lo profano con frases que remedan
-frases divinas, puede decir que no ha venido á derogar la ley de la
-historia, sino á que acabe de cumplirse, ó mejor dicho, á que siga
-cumpliéndose, ya que no se infiere tampoco de la lectura de <i>Looking
-backward</i> que en el año de 2000 habrán llegado los hombres al término de
-su carrera, sino que habrán dado un gigantesco paso más, un salto
-estupendo, y á mi ver peligroso, en ese camino, cuya meta final él ni
-pone ni descubre.</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0"><i>His ego nec metas rerum nec tempora pono.</i><br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Y aquí, aunque parezca inoportuna digresión, se me antoja comparar la
-cándida espontaneidad americana con el arte reflexivo de los franceses.
-Zola ha escrito ya quince ó veinte novelas, y siempre promete revelarnos
-en la última el enigma, darnos el resultado de todos sus estudios en la
-novela experimental, y exponernos<span class="pagenum"><a name="page_294" id="page_294">{294}</a></span> su sistema. Bellamy, por el
-contrario, dice <i>cataplún</i>, y lanza su sistema de repente.</p>
-
-<p>Yo no atino á prever desde aquí si el <i>partido nacionalista</i>, que de él
-ha nacido, vendrá á importar tanto ó más que el libro de Enrique George
-y que la ingente asociación ú orden de los caballeros del trabajo,
-<i>Knights of labor</i>, en el movimiento de socialismo que se advierte por
-todas partes, y que ahí tiene cierto carácter optimista que me hace
-gracia: pero, á pesar de mis cortísimos conocimientos económicos, como
-yo tuviese humor y vagar para ello, aún había de escribir á usted largo,
-diciéndole mil cosas que me sugiere <i>Looking backward</i> y lo escrito en
-contra por Walker.</p>
-
-<p>Entretanto, me complazco en repetir que me admira la serenidad y que
-simpatizo con la confianza regocijada que se nota en toda manifestación
-de ese pueblo joven.</p>
-
-<p>El plan de Bellamy no se limita á dar por resuelto el más difícil y
-temeroso de los problemas económicos, sino que resuelve ó da por
-resuelto también el magno problema de la paz y del desarme universales;
-sin decirnos cómo puede ser esto, cuando las naciones se arman más cada
-día, y cuando desde 1850 ha habido en el antiguo y en el Nuevo Mundo
-guerras tan sangrientas y costosas. Es de desear que el Sr. Bellamy
-escriba otra novela, ó la continuación de la misma, en que nos explique
-cómo además de haberse logrado el bienestar económico de cada na<span class="pagenum"><a name="page_295" id="page_295">{295}</a></span>ción,
-se habrá logrado también, en el año 2000, que las naciones no se
-combatan ni se amenacen como en el día.</p>
-
-<p>Dispénseme usted que me haya extendido tanto en darle mi opinión, aunque
-tan incompleta, sobre la novela que me ha remitido.</p>
-
-<p class="fint">FIN<span class="pagenum"><a name="page_297" id="page_297">{297}</a></span><span class="pagenum"><a name="page_296" id="page_296">{296}</a></span></p>
-
-<hr />
-
-<h2><a name="INDICE" id="INDICE"></a>ÍNDICE</h2>
-
-<table border="0" cellpadding="2" cellspacing="0" summary="">
-<tr><td></td><td class="rt"><small>Páginas.</small></td></tr>
-<tr><td valign="top"><a href="#AL_EXCMO_SENOR">Al Excmo. Sr. D. Antonio Flores, presidente de la
-república del Ecuador</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_v">v</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><a href="#NUEVA_RELIGION">Nueva religión</a> </td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_1">1</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><a href="#ESPANA_DESDE_CHILE">España desde Chile</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_47">47</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><a href="#VOCABULARIO_RIOPLATENSE_RAZONADO">Vocabulario Rioplatense razonado</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_59">59</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><a href="#NOVELA_PARISIENSE_MEJICANA">Novela parisiense mejicana</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_81">81</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><a href="#TABARE">Tabaré</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_91">91</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><a href="#LA_POESIA_Y_LA_NOVELA_EN_EL_ECUADOR">La poesía y la novela en el Ecuador</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_127">127</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><a href="#TRADICIONES_PERUANAS">Tradiciones peruanas</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_179">179</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><a href="#UN_POLIGRAFO_ARGENTINO">Un polígrafo argentino</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_189">189</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><a href="#LA_RELIGION_DE_LA_HUMANIDAD">La religión de la humanidad</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_219">219</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><a href="#NOVELA-PROGRAMA">Novela-programa</a></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_267">267</a></td></tr>
-</table>
-
-<div class="footnotes"><p class="cb">NOTAS:</p>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_A_1" id="Footnote_A_1"></a><a href="#FNanchor_A_1"><span class="label">[A]</span></a> Trabajos parecidos al del Sr. Granada se han hecho en casi
-todas y para casi todas las regiones de América donde se habla español:
-por ejemplo, Pichardo para Cuba, Cuervo para Colombia, Arona para el
-Perú, y don Zorobabel Rodríguez para Chile.</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_B_2" id="Footnote_B_2"></a><a href="#FNanchor_B_2"><span class="label">[B]</span></a> Ya se entiende que no hay para qué tomar aquí en cuenta la
-locura declarada, que, durante algunos años, y sobre todo de 1826 á
-1828, padeció Augusto Comte.</p></div>
-
-</div>
-<hr class="full" />
-
-
-
-
-
-
-
-<pre>
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of Nuevas cartas americanas, by Juan Valera
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK NUEVAS CARTAS AMERICANAS ***
-
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