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You may copy it, give it away or re-use it under the terms of -the Project Gutenberg License included with this eBook or online at -www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - -Title: Guerra de Granada: Hecha por el rey D. Felipe II, contra los Moriscos de aquel reino, sus rebeldes; Seguida de la vida del Lazarillo de Tormes, sus fortunas y adversidades - -Author: Diego Hurtado de Mendoza - -Release Date: December 26, 2019 [EBook #61022] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK GUERRA DE GRANADA: HECHA POR *** - - - - -Produced by Nahum Maso i Carcases, Ramon Pajares Box and -the Online Distributed Proofreading Team at -http://www.pgdp.net (This file was produced from images -generously made available by The Internet Archive/American -Libraries.) - - - - - - - - - - Notas del Transcriptor - -Se han respetado la grafía y la acentuación del original, así como las -inconsistencias en éstas. - -Se han corregido los errores obvios de imprenta. - -Las notas a pie de página se han renumerado y situado al final del -párrafo correspondiente mientras que la notas al margen se han -situado al principio de éste. - -El texto en versalita se ha sustituido por mayúsculas mientras que el -texto en cursiva se indica entre _guiones bajos_. - -Las páginas en blanco presentes en el original se han eliminado en la -versión electrónica. - - * * * * * - - - - - [Ilustración: D. DIEGO HURTADO DE MENDOZA.] - - - - - GUERRA - - DE GRANADA - - HECHA POR EL REY D. FELIPE II - - CONTRA LOS MORISCOS DE AQUEL REINO, SUS REBELDES. - - HISTORIA ESCRITA POR - - D. Diego Hurtado de Mendoza. - - SEGUIDA DE - - LA VIDA DEL LAZARILLO DE TORMES, - - SUS FORTUNAS Y ADVERSIDADES. - - por el mismo autor. - - [Ilustración] - - Barcelona. - - IMPRENTA DE JUAN OLIVERES, EDITOR, - - CALLE DE ESCUDELLERS, N. 53. - - 1842. - - - - - El Editor. - - -BASTARIA citar la advertencia que precede á la última edicion de esta -obra hecha en Valencia, para acreditar que nos sirve de texto en la -reimpresion de esta historia un ejemplar de los mas cuidadosamente -impresos; pero no lo creemos necesario, cuando se deja entender -facilmente que para hacer ventajosa nuestra edicion debíamos valernos -de la mejor conocida. Son sin embargo demasiado buenas para omitidas -las líneas siguientes. - -«Preferí por lo mismo la última edicion de 1776 como el texto mas -seguro y completo, si bien noté que no se habia guardado la exactitud -debida al copiar los pasajes publicados por Iriarte; pues he tenido -que verificar diez correcciones, algunas harto importantes, para -restituirlos á su verdadera y genuina lectura. Tambien he observado -en ella _modernizadas_ algunas voces de la edicion primitiva, la -cual ha llegado á mis manos, cuando esta andaba ya muy adelantada -y no podia dejar de seguirse el plan adoptado desde el principio. -Aprovecho esta ocasion para manifestar francamente, que en un texto -de nuestra lengua, tan respetable por su antigüedad como por su -diccion castiza, me sonarian mejor _agora_, _antigo_, _auctoridad_, -_baptizado_, _captivar_, _captivo_, _delictos_, _dubdoso_, _ducientos_, -_escriptores_, _Filipe_, _fructo_, _impeto_, _mesmo_, _perjudicial_, -_proprio_, _succeso_, _tiniendo_ y _via_, porque de este modo los -pronunciaban Mendoza y muchos de sus contemporáneos. Con todo no ha -sido inútil aquella adquisicion para rectificar algunos lugares de los -dos libros últimos.» - -«He colocado al fin los párrafos del conde de Portalegre con que se -completaba en las cuatro primeras ediciones el libro III, á fin de que -ni este trozo, que ahora ya no es necesario, se eche de menos en la -presente. He resucitado además el prólogo de Luis Tribaldos, suprimido -en la última, tanto por no privarle de la gloria de ser el primero que -publicó la _Historia de la guerra de Granada_, como por explicarse allí -los motivos de la tardanza en darla á luz y la escrupulosidad con que -se siguió un manuscrito digno de toda fe. De los sumarios marginales, -que no son parto de D. Diego de Mendoza ni aun de Tribaldos, solo he -dejado, como notas al pie de las respectivas páginas, los pocos que -sirven realmente para aclarar ó ilustrar la historia.» - -«Hubiera sido de desear que el primer editor y los que le siguieron -hubiesen tenido el cuidado de despejar algo, por medio de una buena -puntuacion, la oscuridad á que da márgen frecuentemente el estilo -cortado y conciso de nuestro historiador. «Ningun escritor» (observa -con razon Capmany en el tomo III del _Teatro histórico-crítico de la -elocuencia española_) «necesitaba de mayor exactitud en la puntuacion -ortográfica, y cabalmente ninguno la ha merecido mas desatinada y -monstruosa de sus editores, acabando por la impresion de Valencia de -1776, á pesar del esmero que allí se promete y no se cumple. Admira -como se han hallado lectores que se confiesen enamorados de las ideas y -estilo de este historiador; siendo imposible que leyendo las cláusulas -desatadas ó confundidas por la perversa ortografía, comprendan -claramente el sentido del escrito ni la mente del escritor.» Puedo -decir con ingenuidad que he aspirado á reparar este daño; mas lejos -de lisonjearme de haberlo conseguido cual quisiera, creo imposible -lograrlo en muchos pasajes, á no alterar el texto. No debe olvidarse -que la primera edicion se hizo á vista de una copia, y no del original, -y que ó bien la muerte subrecogió á Hurtado de Mendoza cuando acaba de -formar el bosquejo de su historia; ó pensando dejarla inédita, quedó -sin aquella última mano, reservada á la lectura de las primeras y -segundas pruebas de la impresion, y aun falta de la lima que suele dar -el autor á sus escritos despues de concluidos. Como quiera, no nos es -permitido tocar ahora en lo mas mínimo la produccion, ó el borrador, -ó sean los primeros apuntes de aquel grande hombre. Descúbrense en -ellos, á pesar de ciertos lunares, todas las dotes de un historiador -sesudo é imparcial, el puro y enérgico lenguaje de nuestros mayores, -y los golpes maestros que en tres ó cuatro palabras describen un -hecho importante, ó caracterizan con igual precision los personajes -de su historia. Al artista que contempla con asombro las formas, el -sobresalto y el expresivo dolor de las varias figuras que componen el -admirable grupo del Laocoonte, jamás le ocurre pararse en la cortedad -de la pierna de uno de los muchachos; imperfeccion que siendo debida á -falta del mármol, en nada rebaja el mérito del escultor griego. Así los -que leen con ojos inteligentes esta historia, hallan sobradas bellezas -que les arrebaten el ánimo, para hacer alto en lijeros descuidos, que -solo procuran abultar los que nunca serán capaces de escribir el trozo -mas débil de tan sublime modelo.» - -Publicamos á continuacion de la _Guerra de Granada_ la _Vida del -Lazarillo de Tormes_ que es sin disputa trabajo de nuestro autor, -pues por tal le reconocen y han reconocido todos los literatos, si se -exceptúa á Fr. José de Sigüenza, que como verá quien la vida de Mendoza -leyere, lo atribuyó á un religioso gerónimo. Pero es de advertir que -los frailes hacian como algunos maniáticos anticuarios, que para -honrar el país en donde están ó en que nacieron se remontan á los -siglos fabulosos, y á trueque de dar mayor antigüedad á una ciudad -ó suponerla tal ó tal otro fundador, desmienten, niegan, critican y -zahieren á diestro y á siniestro para ganar una honrilla ilusoria. -Fraile ha habido que para dar prez á su órden habria hecho cristiano á -Virgilio, y puéstole un sayal por añadidura para hacer la Eneida obra -de un fraile. Dejemos pues aparte el voto de Sigüenza y no le quitemos -á Mendoza el honor de haber dado á luz el _Lazarillo_. Obra amena y de -agradable entretenimiento pertenece á otro género muy diferente y á -otro estilo que la _Guerra de Granada_, y esta seria ya una razon para -que la diésemos en el _Tesoro_, cuando no fuese la produccion segunda -del autor en mérito y valor literario. - - - - - LUIS TRIBALDOS DE TOLEDO - - AL LECTOR. - - -SIENDO don Diego de Mendoza de los sugetos de España mas conocidos en -toda Europa, fuera cosa superflua ponerme á describirle; principalmente -habiéndolo hecho en pocos pero elegantes renglones el señor don -Baltasar de Zuñiga. Tampoco me detendré en alabar esta historia, ni -en probar que es absolutamente la mejor que se escribió en nuestra -lengua; porque ningun docto lo niega, y pudieráseme preguntar lo que -Archidamo, lacedemonio, á quien le leia un elogio de Hércules: _¿Et -quis vituperat?_ Solamente diré, qué causas hubo para no publicarse -antes; las que me movieron á hacerlo agora; qué ejemplar seguí en esta -edicion, y qué márgenes. - -Cuanto á lo primero, es muy sabido y muy antiguo en el mundo el odio -á la verdad, y muy ordinario padecer trabajos y contradiciones los -que la dicen, y aun mas los que la escriben. Del conocimiento de -este principio nace, que todos los historiadores cuerdos y prudentes -emprenden lo sucedido antes de sus tiempos, ó guardan la publicacion -de los hechos presentes para siglo en que ya no vivan los de quien -ha de tratar su narracion. Por esto nuestro don Diego determinó no -publicar en su vida esta historia, y solo quiso, con la libertad que -no solo en él, mas en toda aquella ilustrísima casa de Mondejar es -natural dejar á los venideros entera noticia de lo que realmente se -obró en la guerra de Granada; y pudo bien alcanzarla, por su agudeza -y buen juicio; por tio del general que la comenzó, adonde todo venia -á parar; por hallarse en el mismo reino, y aun presente á mucho de lo -que escribe: afectó la verdad, y consiguióla, como conocerá facilmente -quien cotejare este libro con cuantos en la materia han salido. Porque -en ninguno leemos nuestras culpas ó yerros tan sin rebozo; la virtud, ó -razon tan bien pintada; los sucesos todos tan verisímiles: marcas por -las cuales se gobiernan los lectores en el crédito de lo que no vieron. -La determinacion de don Diego me prueban unas gravísimas palabras, -escritas de su letra, al principio de un traslado de esta historia -que presentó á un amigo suyo, en que juntamente pronostica lo que hoy -vemos. «Veniet, qui conditam, et sæculi sui malignitate compressam -veritatem, dies publicet. Paucis natus est, qui populum ætatis suæ -cogitat. Multa annorum millia, multa populorum supervenient: ad illa -respice. Etiamsi omnibus tecum viventibus silentium livor indixerit, -venient, qui sine offensa, qui sine gratia judicent.» Senec. Epistol. -79. Dije que no quiso sacarla: añado, que ni pudo, porque no la dejó -acabada, y le falta aun la última mano; lo que luego se echa de ver -en repetir cosas, que bastaban una vez dichas: como la significacion -de atajar y atajadores, los daños de la milicia concejil, y otras de -este jaez; y aun mas de algunas notables omisiones que hacen bulto, y -muestran falta, cual la de la toma de Galera, y muerte de Luis Quijada, -advertida y elegantemente suplida por el gran conde de Portalegre; y -otra no menor, cuando siendo encomendado lo de la sierra de Ronda á -los dos duques de Medina Sidonia y de Arcos, cuenta muy extensamente -el progreso de este; pero en el otro hace tan alto silencio, que -ni aun nos declara las causas de no venir á la empresa; siendo así -que para ello debió un tan gran señor tenerlas, y aun muchas, y muy -justificadas. Otras faltas apuntara, mas basten estas dos para ejemplo. -Muerto don Diego, viviendo aun personas que él nombraba, duraba el -impedimento, que en vida: demás de que los eruditos, á quien semejantes -cuidados tocan, quieren mas ganar fama con escritos propios, que -aprovechar á la república con dar á luz los ajenos. - -Cuanto á lo segundo, hoy que son ya pasados cerca de sesenta años, y -no hay vivo ninguno de los que aquí se nombran, cesa ya el peligro -de la escritura, no doliendo á nadie verse allí mas ó menos lucido; -y aunque hay de ellos ilustrísimos descendientes, ó parientes, por -haber militado en esta guerra una muy gran parte de la nobleza de -España, seria demasiado melindre, y aun desconfianza, celar alguna -faltilla del difunto, que les toca, cuando ninguna de las que se -notan es mortal, ni de las que disminuyen la honra ó la fama; porque -estas no las hubo, ni se cometieron, ni don Diego, siendo quien era, -se habia de olvidar tanto de sus obligaciones, que las perpetuase, -aun cuando se hubieran cometido. Porque la historia escríbese para -provecho y utilidad de los venideros, enseñándolos, y honrándolos, no -corriéndolos, ó afrentándolos, aun cuando para escarmiento quiera tal -vez ensangrentarse la pluma. Tampoco me acordaba el quedar imperfecta; -pues si este Júpiter olímpico, estando sentado, toca con la cabeza el -techo del templo, ¿adónde llegara con ella, si se le levantara en pie? -¿adónde, si le colocaran y subieran en una basis? - -En esta edicion lo que principalmente procuré, fue puntualidad, sin dar -lugar á ninguna conjetura, ni enmendar alguno por juicio propio: cotejé -varios manuscritos, hallándolos entre sí muy diferentes, hasta que me -abracé con el último, y sin duda alguna el mas original, que es uno del -duque de Aveiro, en forma de cuarto, trasladado de mano del comendador -Juan Bautista Labaña, y corregido de la del conde de Portalegre, con -el cual conocí cuan en balde habia cansádome con otros. Este texto -es el que sigo, sin alterarle en nada, y es el genuino, y propio, de -quien en su introduccion habla aquel gran conde. Deseaba yo ornar las -márgenes con lugares de autores clásicos, bien imitados por el nuestro, -y no me fuera muy difícil juntarlos, mas guardándolo para la postre, -me sobrevino esta enfermedad tan larga y pesada que me imposibilitó: -y porque se me da mucha priesa, los guardo para segunda edicion, -si acaso hubiere, que espero serán muy gratos á los doctos. Dábame -pesadumbre que fuese esta gran obra tan desnuda, que ni unos sumarios -llevase, hasta que se me acordó de los que leí en un manuscrito de -esta historia, que ha tres años me prestó aquí un caballero, que agora -está en Lisboa; adonde al amigo que atiende á la edicion, encargué -buscarlos, y ponerlos; y segun veo en los veinte pliegos que ya están -impresos, cuando esto escribo, podrán servir en el interin; y esto es -cuanto se me ofrece decir al lector. - - - - - NOTICIAS - - DE LA VIDA - - DE D. DIEGO HURTADO DE MENDOZA. - - -SIENDO las vidas de los varones ilustres eficacísimos ejemplares, que -persuaden prácticamente á la imitacion de sus acciones, determiné -escribir la de D. Diego Hurtado de Mendoza, excelente escritor y -discretísimo político; para que al mismo tiempo que de su historia de -Granada, se tenga noticia de sus estudios, aplicacion y manejo en los -negocios públicos, que fueron los que le proporcionaron para escribir -con tanto acierto. - -Nació en la ciudad de Granada á fines del año 1503, ó principios del -siguiente: su padre, uno de los mas célebres generales que sirvieron á -los Reyes Católicos en la conquista de aquel reino, fue D. Iñigo Lopez -de Mendoza, segundo conde de Tendilla, y primer marqués de Mondejar, -hijo del conde de Tendilla, que fue hermano entero del duque del -Infantado, D. Diego Hurtado de Mendoza, y ambos hijos del célebre D. -Iñigo de Mendoza primer marqués de Santillana; su madre D.ª Francisca -Pacheco segunda mujer del marqués, é hija de D. Juan Pacheco marqués -de Villena, y primer duque de Escalona[1]. Fue el quinto entre sus -hermanos, que todos han merecido loable recomendacion en nuestra -historia: D. Luis el primogénito, capitan general del reino de Granada, -y despues presidente del Consejo: D. Antonio virey en ambas Américas: -D. Francisco obispo de Jaen; y D. Bernardino de Mendoza, general de -las galeras de España: consta tambien que tuvo dos hermanas, Doña -Isabel, que casó con D. Juan Padilla, y Doña Maria, mujer de D. Antonio -Hurtado, conde de Monteagudo[2]. - - [1] _D. Luis de Salazar y Castro_, Hist. gener. de la Casa - de Lara. - - [2] _Nicol. Ant._ Bibl. Hisp. _verb._ Didac. Hurtado de Mendoza. - -No hay pruebas para persuadir naciese en Toledo, como quiso D. Tomás -Tamayo de Vargas, y consta que sus padres permanecieron en Granada -todos aquellos años, por ser necesaria su presencia en ciudad recien -conquistada, inquieta y sospechosa, y que con motivo del excesivo celo -del cardenal Jimenez por la conversion de los mahometanos, se levantó -al fin en el mes de diciembre de 1499, y duraron los movimientos de -aquel reino casi dos años[3]. - - [3] _Marmol_, Hist. de la Rebelion, _lib._ I, _cap._ XVI. - -No es creible que por huir de aquel peligro, se retirase á Toledo la -marquesa, heroina de ánimo tan varonil, que en la fuerza del alboroto -del Albaicin, luego que el marqués llegó á sosegar los sediciosos, se -quedó con sus hijos pequeños, en una casa junto á la mezquita mayor, á -manera de rehenes[4]. - - [4] _Marmol_, ibid. - -Logró D. Diego particular instruccion en su niñez, y verosimilmente la -mayor parte de ella de Pedro Mártir de Angleria; pues habiendo este -instruido á todos los magnates de aquel tiempo, viviendo en Granada, y -estando tan obligado á los Mendozas, que el primer conde de Tendilla -le trajo á España, y mantuvo estrecha comunicacion con el padre de D. -Diego[5], franquearia á este la instruccion que con menor obligacion -habia comunicado á los demás. Aprendió allí gramática, y algunas -nociones de la lengua arábiga, que cultivó toda su vida. Pasó despues -á Salamanca, donde estudió las lenguas latina y griega, filosofía y -derecho civil y canónico. En aquel tiempo fue cuando parece escribió -por entretenimiento, y como descanso de mas graves estudios, _La vida -del Lazarillo de Tormes_, obra ingeniosa, de buen lenguaje, y singular -invencion: Fr. Josef de Sigüenza afirma que el autor del _Lazarillo_ -fue Fr. Juan de Ortega, religioso gerónimo, pero generalmente se cree -que fue D. Diego de Mendoza. - - [5] _Petr. Mart. Angler._ Ep. 521 _et_ 630. - -Inclinado por su genio á engolfarse en acciones de mayor estrépito y -renombre, pasó á Italia, y militó muchos años. No constan en particular -las guerras, ni batallas en que se halló, pero hablando él mismo del -mal aparejo y desórdenes que veía en la guerra de Granada, los compara -con los _numerosos ejércitos en que yo me hallé_, dice, _guiados por el -emperador D. Cárlos, y otros por el rey Francisco de Francia_; de donde -se puede conjeturar se halló en el ejército que sitió á Marsella en -1524, y en la batalla de Pavía, en que afirma Sandoval se distinguió la -compañía de D. Diego de Mendoza, que es favorable conjetura para creer -fuese nuestro autor; si bien eran algunos los que en aquel tiempo se -conocian con el mismo nombre y apellido, que no se puede afirmar por -cosa cierta. - -Igualmente es verosímil que concurrió á la guerra que se hizo contra -Lautrec sobre el ducado de Milan, y á la batalla de la Bicoca en 1522, -así como á la entrada de Cárlos V en Francia el año 1536. Lo cierto es, -que aun siguiendo la inquietud y estruendo de las armas, manifestaba su -ardiente inclinacion á la literatura, y en el tiempo del invierno en -que aquellas regularmente permitian mas descanso y ociosidad, dejaba -los cuarteles y pasaba á las mas célebres universidades, como Bolonia, -Padua, Roma y otras, para aprender de los maestros de mayor mérito, -matemáticas, filosofía y otras ciencias[6]. Oyó entre otros á Agustin -Nifo y á Juan Montesdoca, famoso filósofo sevillano, muy aplaudido y -premiado en las universidades de Italia, y que murió en 1532[7]. - - [6] _Morales_, _en la_ Dedicat. de las Antigüedades. - - [7] _Nicol. Ant._, Bibliot. - -Sus talentos, aplicacion y distinguida estirpe le hicieron tan -recomendable á Cárlos V, que formando concepto muy sublime de las -prendas de D. Diego, le apreció mucho en tiempo de su imperio, y le -confió los negocios y embajadas mas críticas de su reinado. En 1538 se -hallaba ya de embajador en Venecia. El año antes habia hecho la liga -santa contra el turco, el papa, el emperador, y los venecianos; y no -correspondiendo las ventajas á los deseos de la señoría, desconfiaba -ya, y temia mayores pérdidas: y como las instrucciones del embajador -tenian por objeto mantenerla firme contra el turco, y que no se -aliase con la Francia; luego que advirtió D. Diego las zozobras de -los senadores, y que habian destinado á Constantinopla á Lorenzo -Gritti para tratar de paces, hizo presente en una audiencia secreta -con elocuente vehemencia, aunque con igual modestia, sabia que la -república intentaba ajustar paces sin incluir á su soberano, que estaba -dispuesto á continuar la guerra, y aun asistir en la armada[8]. Pintó -la incierta fe de los bárbaros diferentes en costumbres, religion, en -leyes, y enemiguísimos de los cristianos, el sincero objeto de los -aliados, por defender la iglesia, y oprimir á sus enemigos; que si en -la pasada campaña no se habian logrado las esperanzas que esperaron -se podian resarcir los daños en la primera ocasion, humillar al -enemigo comun, y recobrar muchas de sus conquistas. Que si hacian -las paces, y el emperador quedase en guerra, no disminuirian gastos, -pues debian mantenerse armados, y perdian la esperanza de la mejora -que podian tener, perseverando en la alianza. Concluyó que confiaba -en la prudencia del senado, no querria buscar pretexto para abandonar -la liga, ni preferir á esta las paces siempre peligrosas con el -turco. Fue la respuesta, que habiendo sido infructuosa la liga años -anteriores, y habiendo propuesto el rey de Francia una tregua general -á todos los príncipes cristianos en Constantinopla, seria muy útil -su aceptacion, para que el César se dispusiese á las expediciones -que meditaba en Levante. Alcanzó en efecto Gritti con gran trabajo -treguas por tres meses, sin quedar esperanza de la tregua universal, -cuyo nombre aborrecian los turcos por el odio que tenian á Cárlos V. -Ajustaron paces despues, y para ellas influyó mucho Francisco I, rey -de Francia, que por contrarestar á Cárlos V estaba coligado con el -turco, y entre otros le envió dos embajadores, César Fragoso, genovés, -y Antonio Rincon, español, que muertos en el Pó por soldados españoles, -y registrados, les encontraron las instrucciones, y entre ellas muchas -concernientes á Venecia, y contrarias á sus intereses[9]. Dirigiólas el -marqués del Basto á D. Diego, y este las hizo presentes al senado, para -que comprendiese las potencias en que debia fiarse, y cuan gran yerro -habia cometido en abandonar la liga del emperador, procurando mantener -y afianzar la amistad del rey de Francia, que como constaba en aquellas -instrucciones, no cuidaba de los intereses de la república. - - [8] _Diedo_, Storia di Venecia, _tom._ II, _lib._ II. - - [9] _Ulloa_, Vita di Carlo V, _lib._ III. - -Además de desempeñar la embajada con esplendor, perseveró con teson en -el estudio, y sobre todo puso particular esmero en juntar manuscritos -griegos, en hacerlos copiar á gran costa, buscarlos y traerlos de los -mas remotos senos de la Grecia; de suerte que envió hasta la Tesalia -y monte Athos á Nicolás Sofiano, natural de Corcira, á investigar y -copiar cuanto hallase recomendable de la erudicion griega. Valióse -tambien de Arnoldo Ardenio, doctísimo griego, para que le trasladase -con extraordinarios gastos muchos códices manuscritos de varias -bibliotecas, y particularmente de la que fue del cardenal Besarion. - -Por su medio logró la Europa muchas obras que aun no habia visto, -y quizás no veria, de los mas célebres autores griegos, sagrados y -profanos, como son san Basilio, san Gregorio Nacianceno, san Cirilo -Alejandrino, todo Arquimedes, Heron, Apiano, y otros[10]. De su -biblioteca se publicaron las obras completas de Josefo; pero lo que -principalmente la ha hecho memorable fue el regalo que le hizo el gran -turco Soliman, por haberle enviado un cautivo, que amaba con extremo, -libre y sin rescate, aunque Don Diego lo compró á gran precio de los -que le habian hecho prisionero. El gran señor queria manifestar su -agradecimiento con dones correspondientes á su grandeza, pero D. Diego -admitió solo una recompensa propia de la nobleza de su nacimiento, y -del desinterés de un ministro público. La señoría de Venecia se hallaba -con extrema escasez de granos, y por sacarla de tan estrecho ahogo, -pidió á Soliman permitiese á los vasallos de Venecia comprar libremente -trigo en los estados turcos, y conducirlo á los de la república. Logró -esta súplica, y otra segunda, que fue la remision de muchos manuscritos -griegos, que preferia á los mas ricos tesoros. Varian mucho los autores -sobre el número de ellos: Andrés Escoto no duda asegurar, que recibió -una nave cargada de manuscritos: Claudio Clemente copia las mismas -palabras en la historia de la biblioteca del Escurial: Ambrosio de -Morales y D. Nicolás Antonio aseguran que fueron seis arcas llenas: -últimamente D. Juan de Iriarte en la Biblioteca de los manuscritos -griegos de la librería real de esta corte, obra recomendable por su -mérito y por las muchas noticias que da de varios escritos apreciables -de célebres autores aun no publicados, rebaja extraordinariamente el -número de volúmenes; y persuadido del catálogo de los manuscritos -griegos de D. Diego que copió de un códice propio de la librería del -duque de Alba, asegura que no fueron mas que treinta y un volúmenes; -cuyo catálogo inserta en dicha biblioteca. - - [10] _Morales_, Antigüedades de España en la _Dedicat. Alphon. - Ciacon_, Bibliot. _verb._ Diegus: _Nicol. Ant._, Bibliot. - -Esta es la noticia que nos queda de tan celebrado don, y no es difícil -resolver cual de las relaciones sea la verdadera; pues aunque de -una parte es inmenso el número que dan á entender Andrés Escoto y -Claudio Clemente, por otra es muy diminuto el que asigna el mencionado -catálogo; ni sabemos quien le formó, ni si copió todos los que vinieron -de Constantinopla: pudo tal vez elegir los mas selectos, ó aquellos -de quien tuvo noticia, sino es que creamos lo hizo cuando ya estaba -deshecha la librería de D. Diego, y solo numeró los códices que -restaban. Parece pues mas verosímil y cierta la relacion de Don Nicolás -Antonio; y así creemos que ni fue tanta la copia que pondera Escoto, ni -tan pequeña como expresa el catálogo, que á la verdad ni corresponde al -eco que corrió y corre en toda la Europa del mencionado regalo; ni á la -grandeza de Soliman, que no sabemos fuese avaro de estas riquezas que -poseia en tanta abundancia y que tan poco le servian. Sobre todo deja -fuera de duda la verdad de la relacion de Morales, el haberla hecho -este en una dedicatoria dirigida al mismo D. Diego, á quien conocia, y -á quien trataba; á quien consultaba, y á quien habria oido muchas veces -la verdadera narracion. - -De la diligencia de D. Diego en adquirir los manuscritos se convence -la extravagante y atrevida maledicencia de Schochio, que fingió que -para juntar la biblioteca que meditaba, hurtó los manuscritos griegos -que dejó el cardenal Besarion á la república de Venecia, con tal -sutileza, dice, que no se puede pensar mayor. Asegura que ya se habia -venido á España cuando se advirtió que en lugar de aquellos habia -puesto otros libros vulgares de igual volúmen, para que de ese modo -no se descubriese tan facilmente el hurto. ¿Pero de quién habla este -beocio? ¿Juzga acaso este tardo aleman que D. Diego de Mendoza era -algun Glareano, algun Sciopio, ú otro oscuro gramático? Hay mucha -diferencia entre los sabios: el nacimiento y la crianza dan ideas muy -diferentes: el empleo y las riquezas de D. Diego le facilitaban la -ejecucion de sus designios. ¿Qué particular hizo mayores gastos? ¿Quién -tuvo valor para enviar á sus expensas á buscar manuscritos en los -mas retirados senos de la Grecia? ¿Ni quién logró circunstancias mas -oportunas? Además de esto se mantuvo muchos años en Venecia, incierto -si permaneceria ó no en aquella ciudad; ¿pues cómo podria cometer tal -desacierto sin exponerse á que lo descubrieran antes de retirarse? ¿Y -qué pruebas expone Schochio? ¿qué autores cita para apoyar proposicion -tan atrevida? Quede pues por cierto que afirma lo que él seria capaz de -cometer, y que creyó era algun Schochio el embajador de Cárlos V. - -Era su casa la mansion de las personas eruditas, trataba á los sabios -de Italia con la estimacion de hombre que lo era. En el senado era un -Demóstenes, y un Sócrates en casa. En aquel admiraban el torrente de su -elocuencia los senadores; y en esta embelesaba con su erudicion, con -sus noticias y discursos filosóficos, á los cardenales, obispos, nobles -y literatos que con gran frecuencia le visitaban. - -Buen testigo es Paulo Manucio, celebérrimo humanista, que en aquel -tiempo le dedicó las obras filosóficas de Ciceron, corregidas con -sumo esmero; si bien dice, que ya D. Diego con su continua lectura -y perspicacia habria hecho las mismas ó mas enmiendas. De aquella -dedicatoria sabemos que se aplicaba principalmente á la filosofía; -que tuvo una hermana sabia, muy instruida en la lengua latina, é -igualmente valerosa, y que el dictámen de D. Diego en órden á la -enseñanza de la juventud, era que gastasen el largo tiempo que dedican -á la lengua latina, en aprender las ciencias en la lengua materna, como -lo persuadió antes el cardenal Alcolti, que posaba en casa D. Diego. -Favoreció á muchos griegos que llegaban huyendo de la penosa esclavitud -del turco. Lázaro Bonamico le dirigió por este tiempo, ó poco despues -una carta latina en verso heróico, en que describiendo el método -de vida y estudios que él disfrutaba, le persuade se entregue á su -genio, esto es, al estudio y consideracion de la naturaleza; realza su -aplicacion á la filosofía, su vigilancia en procurar los intereses del -César, y resistir al turco, enemigo comun, pondera su elocuencia, la -estimacion que de su persona hacian los senadores, el socorro de trigo -que por su causa evitó una horrible hambre en los estados venecianos, -su generosidad en enviar á la Grecia personas que trajesen antiguos -monumentos; y últimamente lo acepto que era á Cárlos V, y como se -aprovechaba del valimiento, para que perdonase á unos, y favoreciese á -otros. - -En estas ocupaciones pasaba, cuando le nombró el César gobernador de -la república de Sena, sin que dejase, á lo que parece, la embajada de -Venecia. Es Sena una ciudad de Toscana á cinco leguas de Florencia, -rica, populosa, amiga de su libertad, que conservó por muchos siglos -como república independiente; la discordia al fin dividió sus -habitantes, que por último recurso acudieron al emperador, á quien -pidieron patrocinio para poner freno á algunos ciudadanos turbulentos. -Condescendió Cárlos V y envió á D. Diego de Mendoza, que informado -de todas las disensiones, del orígen de ellas, y de los intereses -particulares que movian á los seneses, procuró vencer por buenos -términos todos los inconvenientes, y mantener los ciudadanos en -tranquilidad[11]. Sin duda manifiesta el afecto que tenia á aquella -república en una representacion vehemente que hizo al emperador cuando -pasó por la Italia el año de 1543, para asegurar aquellas costas del -desembarco é invasion que amenazaba el turco, movido por Francisco I -rey de Francia. - - [11] _Sandoval_, Hist. de Cárlos V, _tom._ II, _lib._ - XXXI, § 29. - -Hallábase el César exhausto de dinero; tomó del rey de Portugal -cuantiosas sumas, vendió á Cosme de Medicis, duque de Florencia, las -fortalezas de Florencia y Liorna en ciento y cincuenta mil ducados, y -estuvo en Bugeto con el pontífice, que vino á verle con el pretexto -de ponerle en paz con el rey de Francia, y de adelantar el concilio -tridentino; pero principalmente con el designio de comprar los -estados de Milan y Sena para su nieto Octavio de Farnese. La escasez -de dinero con que se hallaba el emperador le hacian, aunque con -alguna repugnancia, dar oidos á estas cosas, y sin duda se hubiera -efectuado la venta, á no haberle hecho D. Diego de Mendoza una -representacion[12], en que exponia al emperador el deshonor que le -resultaba de efectuar esta contrata, como lo mal que habia hecho en -lo antecedente de las fortalezas de Florencia y Liorna: extendíase -despues sobre la conducta del pontífice, sobre los trabajos que -habia ocasionado al emperador, y como movió al rey de Francia, y -consiguientemente al turco. Esta representacion tuvo el efecto que -deseaba el autor de ella: desistió el emperador, pasó á Alemania -dejando á D. Diego las instrucciones que debian dirigirle en la -asistencia al concilio tridentino, que á grandes distancias de la -cristiandad, y principalmente del emperador, habia convocado el papa -Paulo III en bula de 22 de mayo de 1542. Despues de muchas dilaciones, -inconvenientes y dudas sobre el lugar en que debia celebrarse, se habia -elegido á Trento, ciudad que parte los términos de Italia y Alemania, y -sujeta á Cristóbal Madrucci, obispo de ella, y poco despues cardenal. - - [12] _La trae Sandoval en la_ Hist. de Cárlos V, _tom._ II, - _lib._ XXV, § 30. - -Ya el emperador habia expedido sus poderes desde Barcelona en 18 de -octubre de 1542, nombrando sus embajadores al gran canciller Granvela, -su hijo el obispo de Arras, y D. Diego de Mendoza, quienes llegaron -á Trento en 8 de enero de 1543; pues aunque el marqués de Aguilar -embajador en Roma estaba tambien nombrado, no se apartó de aquella -capital[13]. Daba el emperador á todos cuatro en comun, y á cada uno -en particular, poder y autoridad, para que representasen su persona, -defendiesen y promoviesen sus derechos, y mantuviesen sus prerogativas, -tanto como emperador, cuanto como rey de España, y señor de sus -restantes dominios. Visitaron los embajadores á los legados, que eran -los cardenales Moron, Paris y Polo, y extrañando la poca concurrencia -de padres, preguntaron si las demás naciones habian prometido su -asistencia al concilio, y en que términos debian ejercer la autoridad -de embajadores en aquel congreso; evacuadas ambas preguntas, quiso el -gran canciller exponer en la iglesia mayor con toda solemnidad los -poderes que traía del emperador, y manifestar los motivos de no asistir -personalmente. Resistiéronse los legados, hubo amargas quejas; pero en -fin se convino en que fuesen recibidos al siguiente dia públicamente -en casa del legado Paris, el mas antiguo de los tres cardenales. El -obispo de Arras expuso en una larga oracion, y ante gran concurso de -gentes, los deseos y diligencias del emperador porque se celebrase el -concilio: exhibieron sus poderes, é instaron en que se acelerase la -venida de los prelados y teólogos italianos, y se estimulase á los -franceses, pues ellos estaban prontos á permanecer allí, ó pasar á -solicitar los obispos de Alemania. En efecto, Granvela por dar mayor -calor á la celebracion del concilio, pues veía los pocos prelados que -habian concurrido, daba á entender seria mas conveniente un concilio -nacional en Alemania; proposicion que alteraba en extremo á los -legados y á la corte romana. Al fin padre é hijo pasaron á la junta de -Norimberg, y D. Diego quedó algunos meses en Trento. En este tiempo -hizo la representacion mencionada sobre la venta de Milan, y viendo que -los obispos de España no concurrian tan presto, y que muchos de los -que vinieron á Trento se habian retirado, se volvió á su embajada de -Venecia con grande sentimiento de los legados y del papa, que se quejó -al emperador, pero al fin se aprobó su conducta, y expidió una bula, -en que exponiendo las discordias sobrevenidas entre el rey Francisco -y Cárlos V, y juntamente el terror que infundia en toda la Italia el -turco con sus armas, retardaba el concilio á tiempo mas oportuno[14]. - - [13] _Palavic._, Hist. Conc. Trident. _lib._ V, _cap._ IV. - - [14] _Palavic._, _lib._ V, _cap._ IV, _n. 16_. - -En 24 de agosto del año 1534 dirigió un diploma á Cárlos V exhortándole -á la paz, que efectuada con Francia proporcionó la nueva indiccion -del concilio para 15 de mayo de 1545, aunque se prorogó el principio -de él hasta 13 de diciembre. Por marzo volvió D. Diego de Venecia á -Trento; y ajustadas las ceremonias con que se le habia de tratar, -pretendió exponer en la iglesia mayor, lugar destinado á las sesiones -del concilio, las cartas que le autorizaban, pero se convino en -presentarlas en casa de los legados cardenales del Monte y Santa Cruz, -donde manifestó sus poderes, y juntamente expuso en una oracion latina -las intenciones del César, y el sincero ánimo en que se hallaba de -concurrir por su parte á dar cumplimiento á los deseos de toda la -cristiandad[15]. Halláronse presentes el cardenal Madrucci, en cuya -casa habitaban los legados y los obispos que hasta entonces habian -concurrido, que fueron Tomás Copeggi de Feltre, Tomás de San Félix -de la Cava, y Fr. Cornelio Muso, franciscano, obispo de Bitonto, y -el mas elocuente predicador de su tiempo. Á 8 de abril llegaron los -embajadores del rey de romanos; celebróse una solemne congregacion para -recibirlos; y en ella pretendió D. Diego preceder al cardenal Madrucci, -y sentarse despues de los legados, alegando que pues representaba al -emperador, debia tener asiento en el mismo lugar que ocuparia S. M. -Cesárea. Urgia el tiempo, y por no ser molesto, ni inutilizar aquella -junta, convino en colocarse de modo, que ni cedia ni tomaba precedencia -alguna. - - [15] _Palavic._, _lib._ V, _cap._ VIII, _n. 9_. - -Volvió en otra ocasion á instar sobre lo mismo, diciendo que si se -hallasen juntos el padre santo y el emperador, ninguno podia pretender -ponerse en medio, y que lo mismo debian observar las personas que los -representaban; añadiendo que obraba con el parecer y consejo de hombres -doctos. Respondieron los legados en términos generales se hallaban -dispuestos á dar á cada uno su debido lugar; pero que por sí mismos no -tomaban resolucion sobre sus pretensiones; y que era necesario aguardar -la respuesta de Roma sobre ellas. Convino gustoso el embajador, porque -como sabia la grande autoridad que los emperadores habian tenido -siempre en los concilios, esperaba se hallasen en los archivos romanos -documentos incontestables que autorizasen su preeminencia: añadió -estaba pronto á ceder fuera del concilio á cualquier sacerdote, pero en -él, nadie despues del papa tenia mayor autoridad y preeminencia que su -príncipe[16]. - - [16] _Palavic._, _lib._ V, _cap._ VII, _n. 9_; - _Liter. Legat., 12 et 16; Martii_. - -Los legados deseaban principiar el concilio; pero el corto número de -obispos que hasta entonces habian llegado, y otros motivos que tenia el -emperador, obligaban á D. Diego á detenerlo con sus justos y fundados -reparos. - -Ocupábase entre tanto en sus estudios; buscaba el trato de las personas -sabias, y ofreciéndose celebrar el nacimiento del infante de España -el príncipe D. Cárlos, acaecido en 8 de julio de 1545, dispuso tres -solemnes fiestas, en que oraron el obispo de San Marcos, napolitano, -sabio en latin y griego, Fr. Domingo Soto, y el elocuente fray Cornelio -Muso. - -Los cuidados, la aplicacion, ó la mudanza de aires alteraron su salud, -y comenzó á padecer unas cuartanas, que le obligaron á retirarse -á Venecia, y le molestaron muchos meses; pero no por esto dejó de -cuidar de Sena, de su embajada de Venecia, y de lo del concilio, -donde pasaba algunas veces. Al fin celebrado el congreso de Worms, le -ordenó el emperador asistiese en Trento, porque no se dijese quedaba -por sus ministros dar principio al concilio. En 13 de diciembre de -1545 se hizo la abertura tan deseada, con la mayor solemnidad, y se -celebró la primera sesion, y en 7 de enero de 1546 la segunda, á las -que no pudiendo asistir D. Diego por hallarse enfermo en Venecia, -envió su secretario Alonso Zorrilla, para que hiciese presente su -indisposicion[17]. La sesion tercera se tuvo en 4 de febrero del mismo -año, y despues de la cuarta llegó á Trento D. Francisco de Toledo, -embajador de Cárlos V, porque reconociendo D. Diego la terquedad de su -indisposicion, y cuan necesaria era la asistencia de los embajadores -imperiales, habia suplicado al César enviase otro en su lugar, como se -le concedió, con la circunstancia de que el compañero ejerciese por -sí solo las funciones de la embajada, ó en compañía de D. Diego, si -la salud de este lo permitiese. D. Francisco pasó despues de cuatro -dias á Padua á visitar á su compañero, para que le enterase á fondo de -las instrucciones del emperador, de las de los legados, y del método -que era menester seguir en un congreso tan sagrado y de tan delicadas -circunstancias[18]. - - [17] _Palavic._, _lib._ V, _cap._ XVII, _n. 7_. - - [18] _Palavic._, _lib._ VI, _cap._ XIII, _n. 1_. - -Aun sin estar libre de sus cuartanas, que fueron tan perniciosas que -se llegó á temer de su vida, pasó de Padua á Trento á instancias de -D. Francisco de Toledo, que volvió á visitarle, y del doctor Paez de -Castro, que vino en su compañía; y juzgaron los padres tan necesaria su -asistencia á la congregacion general que precedió á la sesion quinta, -que la difirieron un dia, porque en el que se habia de celebrar, era el -mismo en que sobrevendria la fiebre á D. Diego. Queriendo los legados -proceder á la decision de los dogmas, D. Diego aconsejó á Don Martin -Perez de Ayala (que habia llegado á Trento en el mes de setiembre de -1546, y le habia aposentado despues de muchos ruegos en su propia -casa, tanto por el aprecio que hacia de sus virtudes y literatura, -como porque habia sido confesor de su hermano el obispo de Jaen, ya -muerto desde el año de 43), que como tan instruido en la materia _de -justificatione_, que á la sazon querian decidir, manifestase el modo de -pensar de los herejes, y notase las decisiones que pretendian hacer los -legados por diminutas, y que no comprendian todos los errores de los -protestantes. D. Martin Perez de Ayala pidió audiencia, peroró en ella -una hora, expuso la materia, y de tal modo pintó sus consecuencias, -que se examinó la doctrina mas de otros cuatro meses[19]. Aunque D. -Diego rara vez concurria á las congregaciones particulares á causa de -su indisposicion, quiso no obstante asistir á aquella en que fueron -recibidos los embajadores de Francia, por dar mas solemnidad al acto, -y manifestarles su buen ánimo, y la armonía que deseaba entablar, y -mantener con ellos[20]. - - [19] Vida de D. Martin Perez de Ayala, _arzobispo de Valencia, - escrita por el mismo_. _MS._ - - [20] _Palavic._, _lib._ VIII, _cap._ V, _n. 4_. - -Por estos dias se publicó impresa en Venecia la Suma de los Concilios -de fray Bartolomé Carranza, dominicano, famoso por su valimiento y -su caida, dedicada á D. Diego, que respondió al autor en una carta -latina aunque breve, elocuente y nerviosa. Juan Paez de Castro, célebre -doctor cronista y capellan de honor de Felipe II, habia pasado á -aquella ciudad recomendado á D. Diego por Gerónimo de Zurita, exacto -historiador de Aragon, y por Gonzalo Perez, secretario de Felipe II, -conocido por la traduccion de la Odisea, y mucho mas por los excesos -de su hijo Antonio Perez. Procuró D. Diego adelantarle, comunicóle -sus libros, quiso llevarle á vivir consigo, animóle á estudiar con -teson, y á trabajar principalmente en la inteligencia y restitucion de -los autores antiguos. Consta por las cartas de aquel sabio escritas -á Gerónimo de Zurita, que habia leido la traduccion al castellano de -la mecánica de Aristóteles hecha por D. Diego, quien tambien le habia -hecho glosas: «Es tan bueno y tan humano, dice hablando de D. Diego, -que puede V. decir: _Nil oriturum alias, nil ortum tale fatentes_. Su -erudicion es muy varia, y extraña; es gran aristotélico y matemático; -latino y griego, que no hay quien se le pare; al fin es un hombre muy -absoluto. Los libros que aquí ha traido son muchos, y son en tres -maneras: unos de mano griegos en gran copia; otros impresos en todas -facultades; otros de los luteranos: todos estos están públicos para -quien los pide, si no son los luteranos, que no se dan sino á los -hombres que tienen necesidad de los ver para el concilio. Ha sido tan -gran cosa esta, y tan grandemente dispuesta, que allende de grandes -costas que ha excusado, ha dado gran luz á todos, que ni supieran que -libros eran necesarios, ni de donde se habian de traer; á lo menos yo -no sabia que hacerme en este lugar. Tienen todos creido que medrará -mucho concluido este concilio, y que S. M. le hará obispo, y su -santidad cardenal: plega á Dios que sea así, y en él estará todo bien -empleado[21].» Así se explica aquel sabio aragonés, testigo ocular de -las ocupaciones de D. Diego; y lo mismo aseguran cuantos eruditos le -trataron. Eran por cierto necesarios testimonios tan irrefragables para -creer que un político entregado á conocer, y manejar los intereses y -ánimos de los soberanos, encargado de negocios gravísimos, atento á -tantas formalidades como la vanidad ha introducido en aquella carrera, -tuviese el tiempo, la aficion, y la abstraccion que se requiere para -estudios tan profundos. El mismo D. Diego dice en una carta que en su -vejez escribió á Zurita: «Estoy maravillado de los muchos libros que -hallo leidos habiendo aprendido tan poco de ellos[22].» Anotaba lo que -leía, y como los viajes le imposibilitaban llevar consigo su librería, -le acaeció ilustrar tres y cuatro diferentes ejemplares manuscritos, -ó impresos de un mismo autor. Agregaba la curiosidad de las monedas -antiguas, de que habia hecho un gran tesoro. Ocurria á tantos gastos -la liberalidad de Cárlos V, que por este tiempo le libró 9,000 ducados -de ciertas cuentas, y le añadió una pension de 1,500 con el fin, segun -parece, de destinarle embajador á Roma. - - [21] _Dormer_, Progresos de la Hist. del reino de Aragon, _lib._ - IV, _cap._ XI; Cartas de D. Juan Paez de Castro, - _fol._ 465. - - [22] _Ibid._, Carta de D. Diego de Mendoza, _escrita á Zurita_, - _fol._ 593. - -Á este tiempo declaró el emperador la guerra á los protestantes: toda -Alemania se conmovió, algunos padres del concilio meditaban ausentarse, -y aun los legados juzgaban oportuna la traslacion ó interrupcion del -concilio, asustados del riesgo en que creían hallarse, por estar tan -inmediato Trento á los paises enemigos. D. Diego sintió en extremo -esta resolucion de algunos; hizo presente, que habiendo emprendido el -emperador aquella guerra á favor de la religion, y principalmente á -favor del concilio, le seria muy dolorosa la retardacion de este, y -que no era buena correspondencia que el César emprendiese guerra de -tanta consecuencia por mantener el concilio, y se disolviese este por -causa de la misma guerra[23]. Pasó poco despues á Venecia, y antes se -despidió de los padres dia 17 de julio por la tarde, en que se celebró -junta con el motivo de la alteracion que habia ocurrido por la mañana, -entre Dionisio Sanetin, obispo de Chiron, y el obispo de la Cava[24]. - - [23] _Palavic._, _lib._ VIII, _cap._ V, _n. 5_. - - [24] _Ibid._, _cap._ VI, _n. 1 et 2_. - -En Venecia se quejó amargamente á aquella señoría de las desconfianzas -que habian tenido del emperador, y de que en fuerza de ellas hubiesen -sospechado que Cárlos V intentaba sujetar toda la Alemania con pretexto -de religion; por cuya causa habia procurado la señoría disuadir al -pontífice la confederacion con el César, y habia recibido embajadores -de las potencias enemigas. La respuesta fue excusar la señoría lo que -se decia haber efectuado, y aparentar grande adhesion á los intereses -del emperador. - -Regresó á Trento, y volvióse á tratar de la traslacion del concilio, -ya porque los legados recelaban de la inmediacion de los enemigos, -ya porque se hallaban disgustados en Trento. D. Diego, á quien habia -escrito el César su voluntad, expuso en una junta cuanto resistía este -á la traslacion, de suerte que ninguna cosa podian proponerle mas -repugnante, que la ejecucion de tales designios: manifestó con brio -y elocuencia cuantas consecuencias podian resultar[25]. Poco despues -se retiró D. Diego á Venecia, y D. Francisco de Toledo á Florencia, -dejando en su lugar á los cardenales Madrucci y Pacheco, que siguieron -con teson el empeño del César, aunque no con mucha felicidad, pues se -celebró la sexta sesion el 13 de enero de 1547, y se publicó el decreto -sobre la justificacion; y aunque D. Diego facilmente podia volver á -Trento desde Venecia, se mantuvo en esta capital. - - [25] _Palavic._, _lib._ VIII, _cap._ VIII. - -El emperador creyó que enviando á la corte de Roma á D. Diego, que -la conocia exactamente, aceleraria las cosas del concilio. En efecto -pasó de embajador al pontífice en 1547 llevando en su compañía á D. -Martin Perez de Ayala. Pasó por Venecia, Bolonia, Florencia, Capilla, -Risa, Luna, donde se detuvo el mes de febrero y marzo, muy cortejado -del duque de Pomblin, con quien tenia que tratar varios encargos del -emperador. Por pascua de resurreccion entró en Roma con el mayor -triunfo y pompa que hasta allí habia entrado embajador alguno[26]: -hizo poco despues presente al pontífice en un escrito las razones del -emperador á favor del concilio, y los motivos que tenia para oponerse -á la traslacion, ó suspension. El pontífice respondió apoyando la -traslacion del concilio; y entre tanto se celebró la séptima sesion -en 3 de marzo de 1548, é insistiendo los romanos en la traslacion, -se valieron de la casualidad de haber muerto dos prelados, y algunos -familiares de los legados para aparentar que habia peste. Opusiéronse -con ardor los españoles, principalmente el cardenal Pacheco, pero al -fin se resolvió la traslacion á Bolonia en la octava sesion celebrada -en 11 de marzo, prevaleciendo cuarenta y cuatro votos contra doce que -se opusieron, casi todos españoles. Estos dieron inmediato aviso al -emperador, que cuatro horas despues de sabida la noticia, envió una -posta á Roma, para que antes que el papa confirmase la traslacion, y se -estableciesen los padres en Bolonia, se volviesen á Trento. Entre tanto -habia vuelto á Roma D. Diego de Mendoza, y con su gran teson y eficacia -logró se detuviesen todas las determinaciones en Bolonia. Mandó el -pontífice á los legados no declarasen por legítima la traslacion, sino -que prorogasen la sesion, como la prorogaron en la que se celebró el 21 -de abril[27]. - - [26] _Martin Perez de Ayala en su_ Vida. - - [27] _Palavic._, _lib._ XXIII, _cap._ XIII, _usque ad_ XX. - -Empeñado Cárlos V en que el concilio volviese á Trento, mandó al -cardenal Madrucci, que habia pasado á verle á Alemania, fuese á Roma, -y de acuerdo con D. Diego de Mendoza persuadiesen al pontífice el -restablecimiento del concilio por todos los medios que pudiesen. Dióle -varias instrucciones para que las pusiese en ejecucion D. Diego, en -caso que el papa no asintiese á peticiones tan justas. En efecto todo -fue en Roma en vano, pues aunque D. Diego proponia que volverian -á la ciudad de Plasencia, que por aquellos dias habia sacudido el -yugo de los Farneses, pedia que primero se diese gusto al emperador -trasladando el concilio. El pontífice juntó los cardenales, manifestó -su agradecimiento al celo y buenos oficios del emperador, pero rehusó -volver el concilio á Trento; y preguntándole al cardenal Madrucci, si -queria oir el dictámen de los cardenales sobre la materia, respondió -Madrucci: que D. Diego de Mendoza tenia que exponer aun á su beatitud -y al sacro colegio otras órdenes del emperador. Cinco dias despues se -presentó D. Diego, pidió pública audiencia, y que asistiesen á ella -los embajadores de otros príncipes, para hacer una protesta con toda -formalidad; expuso en ella la necesidad de volver el concilio á Trento, -y los gravísimos inconvenientes que se originarian de la tardanza: -interrumpióle el pontífice muchas veces, imputó la culpa á los padres -de Trento, y añadió que deliberaria con los cardenales la respuesta: -retiróse D. Diego, y convinieron en consultar á los padres de Bolonia, -quienes respondieron no rehusarian la traslacion á Trento; pero que era -exponer la iglesia universal á mayores perturbaciones: manifestaban la -conveniencia y facilidad de que los de Trento volviesen á Bolonia; y en -resolucion dejaban las cosas en el mismo estado, y la determinacion en -la voluntad del pontífice[28]. - - [28] _Palavic._, _lib._ X, _cap._ VI, _usq. ad_ XV. - -Informado por D. Diego el emperador de las intenciones de la corte -romana, ordenó á Francisco de Vargas y á Martin Soria Velasco, sus -procuradores, protestasen tambien en Bolonia, como lo ejecutaron con -todas las formalidades de derecho; pero no recibiendo sino respuestas -generales, se ausentaron de Bolonia al siguiente dia[29]. - - [29] _Ibid._ - -Todas estas contestaciones fueron leves respecto de la protesta -que volvió á hacer en Roma D. Diego, luego que tuvo noticia de la -que acababan de hacer los procuradores. Pidió audiencia pública al -pontífice, asistencia de los cardenales, el concurso de todos los -embajadores, y se presentó con toda ceremonia en aquel silencioso -congreso, é hincado de rodillas con la gravedad de su carácter leyó en -nombre del emperador una vehementísima protesta, y acabada se volvió á -los cardenales, y les intimó lo mismo, caso que el pontífice no pusiese -remedio: añadió las fórmulas del derecho, puso por testigos á todos los -presentes, y pidió á todos los secretarios pusiesen en las actas su -protesta. Oyóse con gran silencio el discurso, nadie le interrumpió, y -en todos hizo la impresion que se deja entender, de un emperador tan -poderoso é irritado[30]. - - [30] _Palavic._, _lib._ X, _cap._ VI, _usq. ad_ XV. - -El pontífice dijo á D. Diego se le daria respuesta en el inmediato -consistorio, en el que se leyó una compuesta por el cardenal Polo, -en que repetia las razones generales, celo del papa, trabajo, y -peligro del concilio, y tomaba por medio en ella imputar á excesos del -embajador las proposiciones mas vehementes de la protesta; de suerte -que decia ser írrita, porque el encargo que el emperador habia hecho á -D. Diego era, no de entablar contestacion alguna con el papa, sino de -quejarse ante su beatitud como juez de los padres de Bolonia: refutó -pues las razones del embajador, quien al acabar de oir la respuesta, -volvió á protestar, negó haberse excedido, y pidió que de lo actuado -no parase perjuicio á su soberano[31]. Sentido el papa, y confiado en -la liga con Francia, y en otros tratados políticos, respondió en otra -ocasion á varias instancias de D. Diego, «parase mientes en que estaba -en su casa, y que no se excediese:» á lo que respondió: «era caballero, -y su padre lo habia sido, y como tal habia de hacer al pie de la letra, -lo que su señor le mandaba, sin temor alguno de su santidad, guardando -siempre la reverencia que se debe á un vicario de Cristo, y que siendo -ministro del emperador, su casa era donde quiera que pusiese los pies, -y allí estaba seguro.» - - [31] _Ibid._ - -En los quince dias inmediatos se proyectaron varios medios para la -reconciliacion, particularmente por los italianos, que temian mas -ruidoso rompimiento; pero manteniéndose D. Diego firme, nada se -efectuó. En situacion tan difícil eligió el papa suspender el concilio: -D. Diego se opuso con la mayor eficacia; intimó al papa protestaria -mas fuertemente; pensáronse varios medios para restablecer la paz; -todo tenia sus inconvenientes, nada se efectuó, y en tan congojosa -incertidumbre murió Paulo III, á 10 de noviembre de 1549. Ascendió al -pontificado en 7 de febrero del siguiente año el cardenal Juan Maria de -Monte, que habia sido legado del concilio[32], quien tenia muy conocido -el mérito de D. Diego, y le estimaba tanto, que ya por su amistad, ya -porque esperaba llegaria por él á restablecer la buena armonía con -el César, y á recaudar los derechos de la Santa Sede sobre Parma y -Plasencia; concedió por solas sus súplicas el perdon á Ascanio Colona, -y le volvió todos los lugares y honores de que le habia despojado -muchos años antes su antecesor[33]. Pero en lo que mas se conoció su -amistad, ó su celo, fue en rendirse á las repetidas instancias que -le hizo para restablecer el concilio. Determinóse á ejecutarlo así, -y acelerar la determinacion, principalmente porque D. Diego le hizo -presente que el emperador pedia pronta respuesta sobre este punto, -significando que las resoluciones que habia de tomar en la dieta de -Augusta, asignada para 24 de junio, serian adversas ó favorables segun -la resolucion del papa. En efecto este expidió un diploma, para que se -diese principio al concilio en 1.º de mayo de 1551, y así se ejecutó, -asistiendo de embajador del César D. Francisco de Toledo, que llegó á -Trento en 29 de abril del mismo año[34]. - - [32] _Palavic._, _lib._ II, _cap._ V _et_ VIII. - - [33] _Palavic._, _cap._ VII. - - [34] _Ibid._, _cap._ XI. - -Por este tiempo se mantenia D. Diego en Sena, cuyos habitantes de dia -en dia se precipitaban mas. Habia en la ciudad dos bandos principales, -el de Danove afecto á los españoles; y el restante pueblo muy adverso; -y comprendiendo el gobernador por las enemistades de los particulares, -la imposibilidad de sujetarlos por la via de la moderacion y buen -término, como habia procurado en los principios, se arrimó á los -primeros, y cargó reciamente la mano sobre los contrarios para -sujetarlos. Habia edificado una fortaleza junto á la puerta Camoria, -camino de Florencia, y mandó que todo el pueblo condujese allí sus -armas, tratándolos con gran severidad y absoluto despotismo; pues -aquellos ánimos enconados requerian remedios mas fuertes que su encono: -estaban sumamente cansados de los españoles, y resueltos á sacudir -el yugo; buscaron el apoyo de los franceses, que le concedieron con -gran prontitud y complacencia, persuadidos les seria aquella ciudad -un seguro puerto, desde donde se extenderian á toda la Italia, como -pretendia Enrique II. Exasperados los seneses mas y mas, y llenos de -audacia con la proteccion de los franceses, hacian cuanto daño podian -á los españoles; y un dia que D. Diego paseaba á caballo al rededor -de la fortaleza, dispararon contra él y le mataron el caballo. No se -atemorizó por esto: pasó á Roma, y para conservar á Sena, y lo demás -que pudiese, pues sabia la venida de la armada turquesca contra las -costas de Italia, levantó tres mil italianos, los entregó al conde -Petillano, su íntimo amigo, disimulado enemigo de los españoles. En -conclusion Sena se levantó, sitiaron la fortaleza, levantaron tropa, -recibieron socorros y capitanes de Francia, y D. Diego, luego que tuvo -la noticia, se valió de Ascanio de la Corna, nepote del pontífice, -y llevándole consigo fue á Perugi, y al castillo de la Piebe, -confinantes á Sena, para proveer de allí lo que fuere conveniente; pero -considerando las muchas fuerzas de los seneses, dejó allí á Ascanio, -pasó á Liorna, y en naves del duque de Florencia se fue á Orbitelo, -adonde juzgaba querian dirigirse los enemigos. Al fin el marqués de -Mariñano, general de los imperiales, venció á Pedro Stroci, general -enemigo, sitió á Sena, y á los quince meses de sitio la rindió con -condiciones muy humanas y decorosas al emperador en 22 de abril de -1555[35]. - - [35] _Ulloa_, Vita di Carlo V, _lib._ V. - -Viendo el César que se necesitaba de mas continuo cuidado, nombró por -gobernador de Sena y sus dependencias al cardenal D. Francisco de -Mendoza, que como pariente de D. Diego habia contribuido mucho para -enviar socorros, y para que el duque de Florencia se resolviese á -defender el partido del emperador. D. Diego parece habia vuelto á Roma -á continuar su influjo sobre el concilio; y allí ocurrió que habiendo -faltado al respeto debido al emperador el barrachelo ó alguacil cabeza -de los esbirros, le hizo castigar; por lo que indignado el pontífice, -dió quejas al emperador, quien sabia muy bien no gustaba aquella corte -de D. Diego, porque la tenia muy comprendida; y así resolvió apartarle -de aquella embajada, y á principios del año 1551 habia enviado por -embajador extraordinario á Roma á D. Juan Manrique de Lara, hijo de -los duques de Nájera, con órden de que si no se hallaba en aquella -capital D. Diego, pasase por Sena donde estaria, y le comunicase las -instrucciones, para que como informado en los negocios, le advirtiese -y dirigiese en el manejo necesario y ejecucion de las órdenes que -llevaba. En el mismo año volvió otra vez Manrique á Roma, y escribiendo -al César el pontífice, le dice entre otras cosas, que no diese oidos -á malas lenguas que no comprendian las entradas de su corazon, ni él -se las queria descubrir; que no decia esto por D. Diego de Mendoza, -á quien queria mucho por su valor é ingenio, y depositaba en él la -misma fe que S. M.; pero que donde se trataba el interés público, el -particular y privado podian poco con él[36]. Esto fue en el tiempo en -que se ocupaba D. Diego de Mendoza en levantar gente en la Romanía, -tanto para defender las costas de Italia de los turcos, como para -enviar á las de África amenazadas por este enemigo comun, y así remitió -mil italianos y muchos pertrechos con Antonio Doria y D. Berenguer de -Requesens. - - [36] _Sandoval_, Hist. de Cárlos V, _tom._ III, - _lib._ XXXI, § 9. - -Parece se volvió á España por los años 1554, donde se mantuvo en -el consejo de estado, y acompañó á Felipe II en la gran jornada de -San Quintin el año 1557, como él mismo da á entender ponderando el -número, provision y buen órden de aquel ejército. Vuelto á la corte de -España se mantuvo en ella, no con la aceptacion de político tan sabio -como era, y de quien habia hecho tanta estima Cárlos V, ya porque su -conducta en la Italia no agradó á Felipe II, ó ya, porque como él mismo -decia quien decae en el valimiento, decae muchos grados. - -Algun tiempo antes escribió dos célebres cartas críticas, agudas, -elocuentes, y llenas de los mas delicados primores del lenguaje -castellano sobre la Historia de la guerra de Cárlos V contra los -luteranos, que publicó en folio en 1552 Pedro Salazar. Tomó el disfraz -del bachiller Arcade: en la primera le critica abiertamente; y en la -segunda aparenta que le excusa, pero le agrava con igual acrimonia sus -yerros[37]. - - [37] _Nicol. Ant._, Bibliot. _verb._ Petrus de Salazar. - -Acaecióle tambien, que hallándose en palacio tuvo palabras muy pesadas -con cierto caballero, de suerte que se vió en la necesidad de quitarle -un puñal, y arrojarlo por un balcon. Desagradó mucho al rey D. Felipe -este hecho ruidoso; parece le mandó prender, como se infiere de algunos -lugares de sus poesías, y aun salió desterrado de la corte en la edad -de 64 años que habia gastado en importantes servicios de la corona. No -quebrantó su constante ánimo esta desgracia, y procuró justificarse en -una carta escrita á un ilustrísimo señor que quizá seria D. Diego de -Espinosa, obispo de Sigüenza y presidente de Castilla, de que hay copia -entre los manuscritos de Alvar Gomez de Castro en la Biblioteca Real. -En ella se mencionan varios lances mucho mas pesados que el suyo, sin -que se hubiese procedido contra los que los cometieron con tanto rigor, -y acaba así: «Pudiera traer muchos ejemplos demás de estos de hombres -que se ha disimulado con ellos, ó han sido restituidos brevemente, -y no fueron tenidos por locos; solo D. Diego de Mendoza anda por -puertas ajenas, porque de 64 años tornando por sí, echó un puñal en -los corredores de palacio, sin poder excusarlo, ni exceder de lo que -bastaba. Y porque no me tengan por historiador, dejo de poner otros -muchos ejemplos, y si estos no bastaren, allá irá mi mudo que hablará -por todos.» - -No bastaron sus disculpas para aplacar el ánimo de Felipe II: se retiró -despues á Granada donde vivió tranquilamente en el estudio, separado -de los negocios públicos, aunque previendo las alteraciones que -sobrevendrian en aquel reino por causa de los moriscos, y poca armonía -del capitan general y presidente de la chancillería, como se vió en el -año de 1568, 69 y 70 que principió y duró aquella guerra, _parte de la -cual vió_ D. Diego _y parte oyó de las personas que en ella pusieron -las manos y el entendimiento_: así la escribió con verdad y con tan -útiles reflexiones, que con dificultad se hallará otra en castellano -que la iguale, y ninguna que la exceda. - -Mantúvose en Granada todos aquellos años entregado á sus estudios, sin -que dejase la diversion de la poesía, como se ve en la cancion que -dirigió á D. Diego de Espinosa, presidente de Castilla, celebrando -el capelo que la Santidad de Pio V le confirió en marzo de 1568: en -ella le trata como amigo é insinua en la última estrofa lo que padecia -desterrado. Allí era consultado de los sabios sobre las ciencias, -principalmente sobre las antigüedades de España, como consta de -Ambrosio Morales en la dedicatoria que dirigió á D. Diego, donde -confiesa su extraordinaria erudicion en la geografía, y su gran juicio -y exactitud en averiguar qué sitios y pueblos modernos corresponden -á los nombres de los lugares y ciudades antiguas, para lo cual hacia -muy útil uso de las lenguas griega, hebrea y árabe, que nunca dejó -de cultivar; y en este tiempo particularmente se dedicó á investigar -las antigüedades arábigas, convidado de los muchos monumentos que se -encontraban en Granada. Juntó mas de cuatrocientos códices árabes de -erudicion muy recóndita, como lo aseguró á Gerónimo de Zurita con quien -tuvo particular amistad, y á quien habia servido con fineza, procurando -vencer los obstáculos que los émulos de aquel historiador opusieron á -los Anales de Aragon. Comunicóle tambien algunas noticias para ellos -con deseo de que insertase su nombre en aquella historia cuando ya casi -iba á cumplir setenta años, como lo dice en carta de 9 de diciembre de -1573: de donde se infiere con certeza el tiempo de su nacimiento[38]. - - [38] _Dormer_, Progresos, _lib._ IV, _cap._ XII; - Carta de D. Diego de Mendoza, _fol. 502_. - -Por este tiempo en que la avanzada edad y enfermedades le iban -postrando el ánimo, buscó consuelo en la comunicacion con Santa Teresa -de Jesus, que le escribió una respuesta complaciéndose la santa, y -otras religiosas que nuestro autor comunicaba, por la resolucion que -habia tomado de aspirar á la virtud; nota en la misma carta que era muy -conocido y estimado del padre fray Gerónimo Gracian, que acompañó á la -santa en el restablecimiento de su reforma, que segun se infiere del -contexto de ella, habia pedido D. Diego en dia determinado particulares -oraciones, y la santa le responde, tenian concertado comulgar todas -aquel dia por D. Diego, y ocuparlo lo mejor que pudiesen[39]. No -vivió mucho tiempo despues de esta comunicacion. Parece que Felipe II -le permitió venir á la corte, ó para justificarse, ó para liquidar -algunos asuntos pendientes. Encomendó á Zurita le buscase vivienda -proporcionada, é inmediata á la suya: juntó sus libros que ofreció al -rey[40]: se puso en camino; á pocos dias de haber llegado á Madrid le -acometió la última enfermedad, procedida del pasmo de una pierna, y le -acabó la vida en abril de 1575, aunque Chacon en su Biblioteca afirma -murió en 1577. - - [39] Cartas de Sta. Teresa de Jesus, _tom._ I, _carta_ XI. - - [40] _Dormer_, Progresos, _lib._ IV, _cap._ XII; - Cartas de D. Diego de Mendoza, _fol. 503_. - -En 1610 publicó en un tomo en cuarto impreso en Madrid algunas de sus -poesías Fr. Juan Diaz Hidalgo, del hábito de San Juan, que las escogió -entre otras muchas del autor con este título: _Obras del insigne -caballero D. Diego de Mendoza, embajador del emperador Cárlos V en -Roma_, y le dedicó á D. Iñigo Lopez de Mendoza, cuarto marqués de -Mondejar. Dejó de publicar otras muchas, ya por lo raro de las materias -de que tratan, ya porque no son para que vayan en manos de todos. - -Pero lo que mas crédito le ha dado entre los sabios es la Historia de -la guerra de Granada, de la cual, si se hubiese de hacer una analísis -exacta, era menester dilatarse mucho; con todo no podemos dejar de -notar que nuestro autor refiere en ella, no solo las acciones, sino -que copia con viveza los ánimos, caractéres, é intenciones de los -personajes; descubre las causas de las resoluciones, ó diferentes, -ó encontradas; nota las competencias fútiles é intempestivas y los -intereses particulares; é internándose en los corazones, los delinea -con tanta exactitud, que en vista de los sucesos convence no podian -pensar de otra manera. Pinta los enemigos como fueron, pero confiesa -nuestro descuido y pérdidas, reconoce sus yerros, pero manifiesta los -excesos de nuestras tropas: alaba á los moros cuando lo merecen, y -vitupera los defectos en que alguna vez incurrió su mismo hermano. En -fin yo no encuentro quien haya imitado con mas acierto á Salustio y -á Tácito, á quienes imita en las sentencias y estilo: la proposicion -es imitacion de la historia de Tácito, la oracion del Zaguer es -elocuentísima, concisa, muy nerviosa, cortada al aire de Demóstenes. -Las digresiones, aunque son en gran número, ganan la atencion por -su novedad, y porque toca en ellas muchos usos de nuestra antigua -milicia. El lenguaje y estilo son á juicio de D. Juan de Palafox -lo mejor que tenemos en castellano, y D. Nicolás Antonio coloca su -elocuencia inmediata á la verbosidad de fray Luis de Granada. Verdad -es que algunos le notan de que se vale de términos muy latinizados, ó -muy oscuros; pero esto puede ser porque así se usasen en su tiempo, ó -porque los creía mas puros mientras menos apartados de su orígen. - -Por los hechos y escritos referidos, se puede hacer juicio de su ánimo -y carácter; tuvo religion sin mezcla de supersticiones; fue tenaz y -constante en los empeños que emprendia; resuelto é incapaz de miedo -en la ejecucion de ellos, zeloso del bien público que defendia, aun -exponiendo su persona; diestro en el manejo de los negocios, perspicaz -en el conocimiento de las personas, de las que se valia el tiempo -que le aprovechaban. Esto como ministro público. Como particular era -afable, humano, amigo y protector de los sabios, inclinado á honestas -diversiones, á la conversacion de hombres doctos, los que trató como -amigos. Declinaba tal vez en algunas chanzas y agudezas satíricas, como -lo manifiestan muchas de sus poesías inéditas, y algunas impresas. Aun -hablando del gravísimo empleo de embajador, se burla delicadamente, y -escribe así á D. Luis de Zúñiga: - - _¡O embajadores puros majaderos! - Que si los reyes quieren engañar, - Comienzan por nosotros los primeros._ - -La gloria inmortal con que este grande hombre corrió la carrera -militar, política y literaria, merece sin duda un elogio histórico -mas bien acabado que el que le hemos dado; mas por ahora solo puede -satisfacerse á los curiosos con este leve diseño: tal vez otro pincel -mas diestro nos dará con el tiempo retrato mas vivo de las prendas que -adornaron á este excelente escritor y discretísimo político. - - - - - LIBRO I. - - -Mi propósito es escribir la guerra que el rey católico de España -D. Felipe el II., hijo del nunca vencido emperador D. Cárlos, tuvo -en el reino de Granada contra los rebeldes nuevamente convertidos: -parte de la cual yo vi, y parte entendí de personas que en ella -pusieron las manos y el entendimiento. Bien sé que muchas cosas -de las que escribiere parecerán á algunos livianas y menudas para -historia, comparadas á las grandes que de España se hallan escritas: -guerras largas de varios sucesos; tomas y desolaciones de ciudades -populosas; reyes vencidos y presos; discordias entre padres é hijos, -hermanos y hermanas, suegros y yernos; desposeidos, restituidos, y -otra vez desposeidos, muertos á hierro; acabados linajes; mudadas -sucesiones de reinos: libre y extendido campo, y ancha salida para los -escritores. Yo escogí camino mas estrecho, trabajoso, estéril, y sin -gloria; pero provechoso, y de fruto para los que adelante vinieren: -comienzos bajos, rebelion de salteadores, junta de esclavos, tumulto de -villanos, competencias, odios, ambiciones, y pretensiones; dilacion de -provisiones, falta de dinero, inconvenientes ó no creidos, ó tenidos -en poco; remision y flojedad en ánimos acostumbrados á entender, -proveer, y disimular mayores cosas: y así no será cuidado perdido -considerar de cuan livianos principios y causas particulares se viene -á colmo de grandes trabajos, dificultades y daños públicos, y cuasi -fuera de remedio. Veráse una guerra, al parecer tenida en poco, y -liviana dentro en casa, mas fuera estimada y de gran coyuntura; que en -cuanto duró tuvo atentos, y no sin esperanza, los ánimos de príncipes -amigos y enemigos, lejos y cerca: primero cubierta y sobresanada, y -al fin descubierta, parte con el miedo y la industria, y parte criada -con el arte y ambicion. La gente que dije, pocos á pocos junta, -representada en forma de ejércitos; necesitada España á mover sus -fuerzas, para atajar el fuego; el rey salir de su reposo, y acercarse -á ella; encomendar la empresa á D. Juan de Austria su hermano, hijo -del emperador D. Cárlos, á quien la obligacion de las victorias del -padre moviese á dar la cuenta de sí, que nos muestra el suceso. En -fin pelearse cada dia con enemigos; frio, calor, hambre; falta de -municiones, de aparejos en todas partes; daños nuevos, muertes á la -continua: hasta que vimos á los enemigos, nacion belicosa, entera, -armada, y confiada en el sitio, en el favor de los bárbaros y turcos, -vencida, rendida, sacada de su tierra, y desposeida de sus casas y -bienes; presos y atados hombres y mujeres; niños cautivos vendidos en -almoneda, ó llevados á habitar á tierras lejos de la suya: cautiverio -y transmigracion no menor, que las que de otras gentes se leen por -las historias. Victoria dudosa, y de sucesos tan peligrosos, que -alguna vez se tuvo duda si éramos nosotros, ó los enemigos, los á -quien Dios queria castigar: hasta que el fin de ella descubrió, que -nosotros éramos los amenazados, y ellos los castigados. Agradezcan y -acepten esta mi voluntad libre, y lejos de todas las cosas de odio ó -de amor, los que quisieren tomar ejemplo, ó escarmiento; que esto solo -pretendo por remuneracion de mi trabajo, sin que de mi nombre quede -otra memoria. Y porque mejor se entienda lo adelante, diré algo de la -fundacion de Granada, qué gentes la poblaron al principio, como se -mezclaron, como hubo este nombre, en quien comenzó el reino de ella; -puesto que no sea conforme á la opinion de muchos; pero será lo que -hallé en los libros arábigos de la tierra, y los de Muley Hacén rey de -Túnez, y lo que hasta hoy queda en la memoria de los hombres, haciendo -á los autores cargo de la verdad. - -[Nota al margen: 724.] - -[Nota al margen: 1014.] - -La ciudad de Granada, segun entiendo, fue poblacion de los de Damasco, -que vinieron con Tarif su capitan, y diez años despues que los -alárabes echaron á los godos del señorío de España, la escogieron -por habitacion; porque en el suelo y aire parecia mas á su tierra. -Primero asentaron en Libira, que antiguamente llamaban Illiberis, y -nosotros Elvira, puesta en el monte contrario de donde ahora está la -ciudad, lugar falto de agua, de poco aprovechamiento, dicho el cerro -de los Infantes; porque en él tuvieron su campo los infantes D. Pedro -y D. Juan, cuando murieron rotos por Ozmin, capitan del rey Ismael. -Era Granada uno de los pueblos de Iberia, y habia en él la gente que -dejó Tarif Abentiet despues de haberla tomado por luengo cerco; pero -poca, pobre, y de varias naciones, como sobras del lugar destruido. No -tuvieron rey hasta Habúz Aben Habúz, que juntó los moradores de uno y -otro lugar, fundando ciudad á la torre de San José, que llamaban de -los Judíos, en el alcazava; y su morada en la casa del Gallo, á San -Cristóval en el Albaicin. Puso en el alto su estatua á caballo con -lanza y adarga, que á manera de veleta se revuelve á todas partes, y -letras que dicen: _Dijo Habúz Aben Habúz el sabio, que así se debe -defender el Andalucía_. Dicen, que del nombre de Naath su mujer, y por -mirar al poniente (que en su lengua llaman garb) la llamó Garbnaath, -como Naath la del poniente. Los alárabes y asianos hablan de los -sitios, como escriben; al contrario y revés que las gentes de Europa. -Otros, que de una cueva á la puerta de Bibataubin, morada de la Cava, -hija del conde Julian el traidor, y de Nata, que era su nombre propio, -se llamó Garnata, la cueva de Nata. Porque el de la Cava todas las -historias arábigas afirman, que le fue puesto por haber entregado su -voluntad al rey de España D. Rodrigo; y en la lengua de los alárabes -cava quiere decir mujer liberal de su cuerpo. En Granada dura este -nombre por algunas partes; y la memoria en el soto y torre de Roma, -donde los moros afirman haber morado; no embargante que los que tratan -de la destruccion de España ponen que padre é hija murieron en Ceuta. Y -los edificios que se muestran de lejos á la mar sobre el monte, entre -las Quejinas y Jarjuel al poniente de Argel, que llaman sepulcro de la -Cava cristiana, cierto es haber sido un templo de la ciudad de Cesarea -hoy destruida, y en otros tiempos cabeza de la Mauritania, á quien dió -el nombre de cesariense. Lo de la amiga del rey Abenhut, y la compra -que hizo á ejemplo de Dido la de Cartago, cercando con un cuero de -buey cercenado el sitio donde ahora está la ciudad, los mismos moros -lo tienen por fabuloso. Pero lo que se tiene por mas verdadero entre -ellos y se halla en la antigüedad de sus escrituras, es haber tomado el -nombre de una cueva, que atraviesa de aquella parte de la ciudad hasta -la aldea que llaman Alfacar, que en mi niñez yo vi abierta, y tenida -por lugar religioso, donde los ancianos de aquella nacion curaban -personas tocadas de la enfermedad que dicen demonio. Esto cuanto al -nombre que tuvo en la edad de los moros; tanta variedad hay en las -historias arábigas, aunque las llaman ellos escrituras de la verdad. En -la nuestra conformando el sonido del vocablo con la lengua castellana, -la decimos Granada, por ser abundante. Habúz Aben Habúz deshizo el -reino de Córdoba, y puso á Idriz en el señorío del Andalucía. Con esto, -con el desasosiego de las ciudades comarcanas, con las guerras que los -reyes de Castilla hacian, con la destruccion de algunas, juntos los dos -pueblos en uno, fue maravilla en cuan poco tiempo Granada vino á mucha -grandeza. Desde entonces no faltaron reyes en ella hasta Abenhut, que -echó de España los almoades, é hizo á Almería cabeza del reino. Muerto -Abenhut á manos de los suyos, con el poder y armas del rey santo D. -Fernando el III, tomaron los de Granada por rey á Mahamet Alhamar, que -era señor de Arjona, y volvió la silla del reino de Granada, la cual -fue en tanto crecimiento, que en tiempo del rey Bulhaxix, cuando estaba -en mayor prosperidad, tenia setenta mil casas, segun dicen los moros; y -en alguna edad hizo tormenta, y en muchas puso cuidado á los reyes de -Castilla. Hay fama que Bulhaxix halló el alquimia, y con el dinero de -ella cercó el Albaicin: dividióle de la ciudad; y edificó el Alhambra -con la torre que llaman de Comares (porque cupo á los de Comares -fundalla); aposento real y nombrado, segun su manera de edificio, que -despues acrecentaron diez reyes sucesores suyos, cuyos retratos se -ven en una sala; alguno de ellos conocido en nuestro tiempo por los -ancianos de la tierra. - -[Nota al margen: 1492.] - -Ganaron á Granada los reyes llamados Católicos Fernando é Isabel, -despues de haber ellos y sus pasados sojuzgado y echado los moros de -España en guerra continua de setecientos setenta y cuatro años, y -cuarenta y cuatro reyes; acabada en tiempo, que vimos al rey último -Boabdelí (con grande exaltacion de la fe cristiana) desposeido de -su reino y ciudad y tornado á su primera patria allende la mar. -Recibieron las llaves de la ciudad en nombre de señorío, como es -costumbre de España: entraron al Alhambra, donde pusieron por alcaide -y capitan general á D. Iñigo Lopez de Mendoza conde de Tendilla, -hombre de prudencia en negocios graves, de ánimo firme, asegurado -con luenga experiencia de reencuentros y batallas ganadas, lugares -defendidos contra moros en la misma guerra; y por prelado pusieron á -fray Fernando de Talavera, religioso de la órden de san Hierónimo, -cuyo ejemplo de vida y santidad España celebra, y de los que viven, -algunos hay testigos de sus milagros. Diéronles compañía calificada y -conveniente para fundar república nueva; que habia de ser cabeza de -reino, escudo y defension contra los moros de África, que en otros -tiempos fueron sus conquistadores. Mas no bastaron estas provisiones -aunque juntas, para que los moros (cuyos ánimos eran desasosegados y -ofendidos) no se levantasen en el Albaicin, temiendo ser echados de -la ley, como del estado: porque los reyes, queriendo que en todo el -reino fuesen cristianos, enviaron á fray Francisco Jimenez, que fue -arzobispo de Toledo y cardenal, para que los persuadiese; mas ellos, -gente dura, pertinaz, nuevamente conquistada, estuvieron rehacios. -Tomóse concierto, que los renegados, ó hijos de renegados tornasen -á nuestra fe, y los demás quedasen en su ley por entonces. Tampoco -esto se observaba, hasta que subió al Albaicin un alguacil, llamado -Barrionuevo, á prender dos hermanos renegados en casa de la madre. -Alborotóse el pueblo, tomaron las armas, mataron al alguacil, y -barrearon las calles que bajan á la ciudad; eligieron cuarenta hombres -autores del motin para que los gobernasen, como acontece en las cosas -de justicia escrupulosamente fuera de ocasion ejecutadas. Subió el -conde de Tendilla al Albaicin, y despues de habérsele hecho alguna -resistencia apedreándole el adarga (que es entre ellos respuesta de -rompimiento), se la tornó á enviar: al fin la recibieron, y pusiéronse -en manos de los reyes, con dejar sus haciendas á los que quisiesen -quedar cristianos en la tierra, conservar su hábito y lengua, no entrar -la inquisicion hasta ciertos años, pagar fardas y las guardas; dióles -el conde por seguridad sus hijos en rehenes. Hecho esto salieron -huyendo los cuarenta electos, y levantaron á Guejar, Lanjaron, Andarax; -y últimamente Sierra Bermeja, nombrada por la muerte de D. Alonso de -Aguilar, uno de los mas celebrados capitanes de España, grande en -estado y linaje. Sosegó el conde de Tendilla y concertó el motin de -Albaicin; tomó á Guejar, parte por fuerza, parte rendida sin condicion, -pasando á cuchillo los moradores y defensores. En la cual empresa, -dicen que por no ir á Sierra Bermeja, debajo de D. Alonso de Aguilar su -hermano, con quien tuvo emulacion, se halló á servir, y fue el primero -que por fuerza entró en el barrio de abajo, Gonzalo Fernandez de -Córdoba, que vivia á la sazon en Loja desdeñado de los Reyes Católicos, -abriendo ya el camino para el título de gran capitan, que á solas dos -personas fue concedido en tantos siglos: una entre los griegos caido -el imperio en tiempo de los emperadores Comnenos como á restaurador y -defensor del Andrónico Contestephano llamándole _megaduca_, vocablo -bárbaramente compuesto de griego y latino, como acontece con los -estados perderse la elegancia de las lenguas: otra á Gonzalo Fernandez -entre los españoles y latinos, por la gloria de tantas victorias -suyas, como viven y vivirán en la memoria del mundo. Halláronse allí -entre otros Alarcon sin ejercicio de guerra, y Antonio de Leiva, mozo -teniente de la compañía de Juan de Leiva su padre, y despues sucesor -en Lombardía de muchos capitanes generales señalados, y á ninguno de -ellos inferior en victorias. La presencia del Rey Católico dió fin con -mayor autoridad á esta guerra; mas guardóse el rincon de Sierra Bermeja -para la muerte de D. Alonso de Aguilar, que ganada la sierra, y rotos -los moros fue necesitado á quedar en ella con la oscuridad de la noche, -y con ella misma le acometieron los enemigos rompiendo su vanguardia. -Murió D. Alonso peleando, y salvóse su hijo D. Pedro entre los muertos: -salió el conde de Ureña, aunque dando ocasion á los cantares y libertad -española; pero como buen caballero. - -Sosegada esta rebelion tambien por concierto, diéronse los Reyes -Católicos á restaurar y mejorar á Granada en religion, gobierno y -edificios: establecieron el cabildo, bautizaron los moros, trujeron la -chancillería, y dende á algunos años vino la inquisicion. Gobernábase -la ciudad y reino como entre pobladores y compañeros con una forma -de justicia arbitraria, unidos los pensamientos, las resoluciones -encaminadas en comun al bien público: esto se acabó con la vida de -los viejos. Entraron los celos; la division sobre causas livianas -entre los ministros de justicia y de guerra, las concordias en -escrito confirmadas por cédulas; traido el entendimiento de ellas -por cada una de las partes á su opinion; la ambicion de querer la -una no sufrir igual, y la otra conservar la superioridad, tratada -con mas disimulacion que modestia. Duraron estos principios de -discordia disimulada y manera de conformidad sospechosa el tiempo -de D. Luis Hurtado de Mendoza[41], hijo de D. Iñigo, hombre de gran -sufrimiento y templanza; mas sucediendo otros, aunque de conversacion -blanda y humana, de condicion escrupulosa y propia; fuese apartando -este oficio del arbitrio militar, fundándose en la legalidad y -derechos, y subiéndose hasta el peligro de la autoridad, cuanto á -las preeminencias: cosas que cuando estiradamente se juntan, son -aborrecidas de los menores y sospechosas á los iguales. Vínose á causas -y pasiones particulares, hasta pedir jueces de términos; no para -divisiones ó suertes de tierras, como los romanos y nuestros pasados; -sino con voz de restituir al rey ó al público lo que le tenian ocupado, -y intento de echar algunos de sus heredamientos. Este fue uno de los -principios en la destruccion de Granada comun á muchas naciones; -porque los cristianos nuevos, gente sin lengua y sin favor, encogida -y mostrada á servir, veían condenarse y quitar ó partir las haciendas -que habian poseido, comprado, ó heredado de sus abuelos, sin ser oidos. -Juntáronse con estos inconvenientes y divisiones, otros de mayor -importancia, nacidos de principios honestos, que tomaremos de mas alto. - - [41] Este D. Luis fue el segundo marqués de Mondejar y - presidente de Castilla. - -Pusieron los Reyes Católicos el gobierno de la justicia y cosas -públicas en manos de letrados, gente media entre los grandes y -pequeños, sin ofensa de los unos ni de los otros: cuya profesion -eran letras legales, comedimiento, secreto, verdad, vida llana y sin -corrupcion de costumbres; no visitar, no recibir dones, no profesar -estrecheza de amistades; no vestir, ni gastar suntuosamente, blandura -y humanidad en su trato, juntarse á horas señaladas para oir causas, -ó para determinallas, y tratar del bien público. Á su cabeza llaman -presidente, mas porque preside á lo que se trata, y ordena lo que se -ha de tratar, y prohibe cualquier desórden, que porque los manda. -Esta manera de gobierno, establecida entonces con menos diligencia, -se ha ido extendiendo por toda la cristiandad, y está hoy en el colmo -de poder y autoridad: tal es su profesion de vida en comun, aunque -en particular haya algunos que se desvien. Á la suprema congregacion -llaman consejo real, y á las demás chancillerías, diversos nombres -en España, segun la diversidad de las provincias. Á los que tratan -en Castilla lo civil llaman oidores; y á los que tratan lo criminal -alcaldes (que en cierta manera son sujetos á los oidores): los unos y -los otros por la mayor parte ambiciosos de oficios ajenos y profesion -que no es suya, especialmente la militar; persuadidos del ser de su -facultad, que (segun dicen) es noticia de cosas divinas y humanas, y -ciencia de lo que es justo é injusto; y por esto amigos en particular -de traer por todo, como superiores, su autoridad, y apuralla á veces -hasta grandes inconvenientes, y raices de los que agora se han visto. -Porque en la profesion de la guerra se ofrecen casos que á los que no -tienen plática de ella parecen negligencias; y si los procuran emendar, -cáese en imposibilidades y lazos, que no se pueden desenvolver; aunque -en ausencia se juzgan diferentemente. Estiraba el capitan general su -cargo sin equidad, y procuraban los ministros de justicia emendallo. -Esta competencia fue causa que menudeasen quejas y capítulos al rey; -con que cansados los consejeros, y él con ellos, las provisiones -saliesen varias, ó ningunas, perdiendo con la oportunidad el crédito; -y se proveyesen algunas cosas de pura justicia, que atenta la calidad -de los tiempos, manera de las gentes, diversidad de ocasiones requerian -templanza ó dilacion. Todo lo de hasta aquí se ha dicho por ejemplo, -y como muestra de mayores casos; con fin que se vea de cuan livianos -principios se viene á ocasiones de grande importancia, guerras, -hambres, mortandades, ruinas de estados, y á veces de los señores de -ellos. Tan atenta es la providencia divina á gobernar el mundo y sus -partes, por órden de principios, y causas livianas que van creciendo -por edades, si los hombres las quisiesen buscar con atencion. - -Habia en el reino de Granada costumbre antigua, como la hay en otras -partes, que los autores de delitos se salvasen, y estuviesen seguros en -lugares de señorío; cosa que mirada en comun, y por la haz, se juzgaba -que daba causa á mas delitos, favor á los malhechores, impedimento á -la justicia, y desautoridad á los ministros de ella. Pareció por estos -inconvenientes, y por ejemplo de otros estados, mandar que los señores -no acogiesen gentes de esta calidad en sus tierras, confiados que -bastaba solo el nombre de justicia para castigallos donde quiera que -anduviesen. Manteníase esta gente con sus oficios en aquellos lugares, -casábanse, labraban la tierra, dábanse á vida sosegada. Tambien les -prohibieron la inmunidad de las iglesias arriba de tres dias; mas -despues que les quitaron los refugios, perdieron la esperanza de -seguridad, y diéronse á vivir por las montañas, hacer fuerzas, saltear -caminos, robar y matar. Entró luego la duda tras el inconveniente, -sobre á que tribunal tocaba el castigo, nacida de competencia de -jurisdicciones; y no obstante que los generales acostumbrasen hacer -estos castigos, como parte del oficio de la guerra; cargaron á color -de ser negocio criminal, la relacion apasionada ó libre de la ciudad, -y la autoridad de la audiencia, y púsose en manos de los alcaldes, no -excluyendo en parte al capitan general. Dióseles facultad para tomar á -sueldo cierto número de gente repartida pocos á pocos, á que usurpando -el nombre llamaban cuadrillas; ni bastantes para asegurar, ni fuertes -para resistir. Del desden, de la flaqueza de provision, de la poca -experiencia de los ministros en cargo que participaba de guerra, nació -el descuido, ó fuese negligencia ó voluntad de cada uno que no acertase -su émulo. En fin fue causa de crecer estos salteadores (monfíes los -llamaban en lengua morisca), en tanto número, que para oprimillos ó -para reprimillos no bastaban las unas ni las otras fuerzas. Este fue el -cimiento sobre que fundaron sus esperanzas los ánimos escandalizados -y ofendidos; y estos hombres fueron el instrumento principal de la -guerra. Todo esto parecia al comun cosa escandalosa; pero la razon de -los hombres, ó la providencia divina (que es lo mas cierto), mostró -con el suceso, que fue cosa guiada para que el mal no fuese adelante, -y estos reinos quedasen asegurados mientras fuese su voluntad. -Siguiéronse luego ofensas en su ley, en las haciendas, y en el uso de -la vida, así cuanto á la necesidad, como cuanto al regalo, á que es -demasiadamente dada esta nacion; porque la inquisicion los comenzó á -apretar mas de lo ordinario. El rey les mandó dejar la habla morisca, -y con ella el comercio y comunicacion entre sí; quitóseles el servicio -de los esclavos negros á quienes criaban con esperanzas de hijos, -el hábito morisco en que tenian empleado gran caudal: obligáronlos -á vestir castellano con mucha costa, que las mujeres trujesen los -rostros descubiertos, que las casas acostumbradas á estar cerradas -estuviesen abiertas: lo uno y lo otro tan grave de sufrir entre -gente zelosa. Hubo fama que les mandaban tomar los hijos, y pasallos -á Castilla: vedáronles el uso de los baños, que eran su limpieza y -entretenimiento; primero les habian prohibido la música, cantares, -fiestas, bodas conforme á su costumbre, y cualesquier juntas de -pasatiempo. Salió todo esto junto, sin guardia ni provision de gente; -sin reforzar presidios viejos, ó firmar otros nuevos. Y aunque los -moriscos estuviesen prevenidos de lo que habia de ser, les hizo tanta -impresion, que antes pensaron en la venganza que en el remedio. Años -habia que trataban de entregar el reino á los príncipes de Berbería, -ó al turco; mas la grandeza del negocio, el poco aparejo de armas, -vituallas, navíos, lugar fuerte donde hiciesen cabeza, el poder grande -del emperador, y del rey Felipe su hijo, enfrenaba las esperanzas, é -imposibilitaba las resoluciones, especialmente estando en pie nuestras -plazas mantenidas en la costa de África, las fuerzas del turco tan -lejos, las de los cosarios de Argel mas ocupadas en presas y provecho -particular, que en empresas difíciles de tierra. Fuéronseles con estas -dificultades dilatando los designios, apartándose ellos de los del -reino de Valencia, gente menos ofendida, y mas armada. En fin creciendo -igualmente nuestro espacio por una parte, y por otra los excesos de los -enemigos tantos en número, que ni podian ser castigados por manos de -justicia, ni por tan poca gente como la del capitan general; eran ya -sospechosas sus fuerzas para encubiertas, aunque flacas para puestas en -ejecucion. El pueblo de cristianos viejos adivinaba la verdad, cesaba -el comercio y paso de Granada á los lugares de la costa: todo era -confusion, sospecha, temor; sin resolver, proveer, ni ejecutar. Vista -por ellos esta manera en nosotros, y temiendo que con mayor aparejo les -contraviniésemos, determinaron algunos de los principales de juntarse -en Cadiar, lugar entre Granada, y la mar, y el rio de Almería, á la -entrada de la Alpujarra. Tratóse del cuando y como se debian descubrir -unos á otros, de la manera del tratado y ejecucion: acordaron que -fuese en la fuerza del invierno; porque las noches largas les diesen -tiempo para salir de la montaña y llegar á Granada, y á una necesidad -tornarse á recoger y poner en salvo, cuando nuestras galeras reposaban -repartidas por los invernaderos y desarmadas; la noche de navidad, que -la gente de todos los pueblos está en las iglesias, solas las casas, y -las personas ocupadas en oraciones y sacrificios; cuando descuidados, -desarmados, torpes con el frio, suspensos con la devocion, facilmente -podian ser oprimidos de gente atenta, armada, suelta, y acostumbrada -á saltos semejantes. Que se juntasen á un tiempo cuatro mil hombres -de la Alpujarra, con los del Albaicin, y acometiesen la ciudad, y el -Alhambra, parte por la puerta, parte con escalas; plaza guardada mas -con la autoridad que con la fuerza: y por que sabian que el Alhambra, -no podia dejar de aprovecharse de la artillería, acordaron que los -moriscos de la vega tuviesen por contraseña las primeras dos piezas -que se disparasen, para que en un tiempo acudiesen á las puertas de -la ciudad, las forzasen, entrasen por ellas y por los portillos; -corriesen las calles, y con el fuego y con el hierro no perdonasen á -persona, ni á edificio. Descubrir el tratado sin ser sentidos y entre -muchos, era dificultoso: pareció que los casados lo descubriesen á los -casados, los viudos á los viudos, los mancebos á los mancebos; pero á -tiento, probando las voluntades y el secreto de cada uno. Habian ya -muchos años antes enviado á solicitar con personas ciertas no solamente -á los príncipes de Berbería, mas al emperador de los turcos dentro -en Constantinopla, que los socorriese, y sacase de servidumbre, y -postreramente al rey de Argel pedido armada de levante y poniente en -su favor; porque faltos de capitanes, de cabezas, de plazas fuertes, -de gente diestra, de armas, no se hallaron poderosos para tomar, y -proseguir á solas tan gran empresa. Demás de esto resolvieron proveerse -de vitualla, elegir lugar en la montaña donde guardalla, fabricar -armas, reparar las que de mucho tiempo tenian escondidas, comprar -nuevas, y avisar de nuevo á los reyes de Argel, Fez, señor de Tituan, -de esta resolucion y preparaciones. Con tal acuerdo partieron aquella -habla; gente á quien el regalo, el vicio, la riqueza, la abundancia de -las cosas necesarias, el vivir luengamente en gobierno de justicia é -igualdad desasosegaba, y traía en continuo pensamiento. - -Dende á pocos dias se juntaron otra vez con los principales del -Albaicin en Churriana fuera de Granada, á tratar del mismo negocio. -Habíanles prohibido, como arriba se dijo, todas las juntas en que -concurria número de gente; pero teniendo el rey y el prelado mas -respeto á Dios que al peligro, se les habia concedido que hiciesen -un hospital y cofradía de cristianos nuevos, que llamaron de la -Resurreccion. (Dicen en español cofradía una junta de personas, que -prometen hermandad en oficios divinos y religiosos con obras.) En -dias señalados concurrian en el hospital á tratar de su rebelion -con esta cubierta; y para tener certinidad de sus fuerzas, enviaron -personas pláticas de la tierra por todos los lugares del reino, que -con ocasion de pedir limosna reconociesen las partes de él á propósito -para acogerse, para recibir los enemigos, para traellos por caminos -mas breves, mas secretos, mas seguros, con mas aparejo de vituallas; y -estos echasen un pedido á manera de limosna, que los de veinte y cuatro -años hasta cuarenta y cinco contribuyesen diferentemente de los viejos, -mujeres, niños, y impedidos: con tal astucia reconocieron el número de -la gente útil para tomar armas, y la que habia armada en el reino. - -[Nota al margen: 1568.] - -Estos y otros indicios, y los delitos de los monfíes mas públicos, -graves y á menudo que solian, dieron ocasion al marqués de -Mondejar[42], al conde Tendilla su hijo, á cuyo cargo estaba la -guerra, á D. Pedro de Deza, presidente de la chancillería, caballero -que habia pasado por todos los oficios de su profesion, y dado buena -cuenta de ellos, al arzobispo, á los jueces de inquisicion, de poner -nuevo cuidado y diligencia en descubrir los motivos de estos hombres, -y asegurarse parte con lo que podian, y parte con acudir al rey y -pedir mayores fuerzas cada uno segun su oficio, para hacer justicia, -y reprimir la insolencia; que este nombre le ponian, como á cosa -incierta, hasta que estando el marqués de Mondejar en Madrid, fue -avisado el rey mas particularmente. Partió el marqués en diligencia, y -llevó comision para crecer en la guardia del reino alguna poca gente, -pero la que pareció que bastaba en aquella ocasion, y en las que se -ofreciesen por mar contra los moros berberíes. Mas las personas á cuyo -cargo era la provision, aunque se creyeron los avisos; ó importunados -con el menudear de ellos, ó juzgando á los autores por mas ambiciosos -que diligentes, hicieron provision tan pequeña, que bastó para mover -las causas de la enfermedad, y no para remedialla; como suelen -medicinas flojas en cuerpos llenos. Por lo cual, vistas por los monfíes -y principales de la conjuracion las diligencias que se hacian de parte -de los ministros para apurar la verdad del tratado; el temor de ser -prevenidos, y la avilanteza de nuestras pocas fuerzas, los acució á -resolverse sin aguardar socorro, con solo avisar á Berbería del término -en que las cosas se hallaban, y solicitar gente y armas con la armada, -dando por contraseño que entre los navíos que viniesen de Argel y -Tituan trajesen las capitanas una vela colorada, y que los navíos de -Tituan acudiesen á la costa de Marbella para dar calor á la sierra -de Ronda y tierra de Málaga; y los de Argel á cabo de Gata, que los -romanos llamaban promontorio de Caridemo, para socorrer á la Alpujarra -y rios de Almería y Almazora, y mover con la vecindad los ánimos de la -gente sosegada en el reino de Valencia. Mas estos estuvieron siempre -firmes: ó que en la memoria de los viejos quedase el mal suceso de la -sierra de Espadan en tiempo del emperador Cárlos; ó que teniendo por -liviandad el tratado, y dificultosa la empresa, esperasen á ver como -se movia la generalidad, con que fuerzas, fundamento, y certeza de -esperanzas en Berbería. Enviaron á Argel al Partal que vivia en Narila, -lugar del partido de Cadiar, hombre rico, diligente y tan cuerdo, que -la segunda vez que fue á Berbería, llevó su hacienda y dos hermanos, -y se quedó en Argel. Este y el Jeniz, que despues vendió y mató al -Abenabó su señor, á quien ellos levantaron por segundo rey, estaban en -aquella congregacion como diputados en nombre de toda la Alpujarra; -y por tener alguna cabeza en quien se mantuviesen unidos, mas que -por sujetarse á otras sino á las que el rey de Argel los nombrase, -resolvieron en veinte y siete de setiembre hacer rey[43], persuadidos -con la razon de D. Fernando de Valor, el zaguer, que en su lengua -quiere decir el menor, á quien por otro nombre llamaban Aben Jauhar, -hombre de gran autoridad y de consejo maduro, entendido en las cosas -del reino y de su ley. Este viendo que la grandeza del hecho traía -miedo, dilacion, diversidad de casos; mudanzas de pareceres, los juntó -en casa de Zinzan en el Albaicin, y les habló: - - [42] El tercer marqués de Mondejar es el que de aquí adelante - siempre se nombra: llamóse don Iñigo y fue virey de Valencia y - Nápoles, y sobrino del autor. - - [43] Algo difiere Marmol, _lib._ IV, cap. 7, véase. - -«Poniéndoles delante la opresion en que estaban, sujetos á hombres -públicos y particulares, no menos esclavos que si lo fuesen. -Mujeres, hijos, haciendas, y sus propias personas en poder y -arbitrio de enemigos, sin esperanza en muchos siglos de verse fuera -de tal servidumbre: sufriendo tantos tiranos como vecinos, nuevas -imposiciones, nuevos tributos, y privados del refugio de los lugares -de señorío, donde los culpados, puesto que por accidentes ó por -venganzas (esta es la causa entre ellos mas justificada), se aseguran: -echados de la inmunidad y franqueza de las iglesias, donde por otra -parte los mandaban asistir á los oficios divinos con penas de dinero; -hechos sujetos de enriquecer clérigos; no tener acogida á Dios ni -á los hombres; tratados y tenidos como moros entre los cristianos -para ser menospreciados, y como cristianos entre los moros para no -ser creidos ni ayudados. Excluidos de la vida y conversacion de -personas, mándannos que no hablemos nuestra lengua; y no entendemos -la castellana: ¿en qué lengua habemos de comunicar los conceptos, y -pedir ó dar las cosas, sin que no puede estar el trato de los hombres? -Aun á los animales no se vedan las voces humanas. ¿Quién quita que -el hombre de lengua castellana no pueda tener la ley del Profeta, y -el de la lengua morisca la ley de Jesus? Llaman á nuestros hijos á -sus congregaciones y casas de letras: enséñanles artes que nuestros -mayores prohibieron aprenderse, porque no se confundiese la puridad, -y se hiciese litigiosa la verdad de la ley. Cada hora nos amenazan -quitarlos de los brazos de sus madres, y de la crianza de sus padres, -y pasarlos á tierras ajenas, donde olviden nuestra manera de vida, y -aprendan á ser enemigos de los padres que los engendramos, y de las -madres que los parieron. Mándannos dejar nuestro hábito, y vestir -el castellano. Vístense entre ellos los tudescos de una manera, los -franceses de otra, los griegos de otra, los frailes de otra, los mozos -de otra, y de otra los viejos: cada nacion, cada profesion y cada -estado usa su manera de vestido, y todos son cristianos; y nosotros -moros, porque vestimos á la morisca, como si trujésemos la ley en -el vestido, y no en el corazon. Las haciendas no son bastantes para -comprar vestidos para dueños y familias; del hábito que traíamos no -podemos disponer, porque nadie compra lo que no ha de traer; para -traello es prohibido, para vendello es inútil. Cuando en una casa se -prohibiere el antiguo, y comprare el nuevo del caudal que teníamos -para sustentarnos, ¿de qué viviremos? Si queremos mendigar nadie nos -socorrerá como á pobres, porque somos pelados como ricos: nadie nos -ayudará, porque los moriscos padecemos esta miseria y pobreza, que los -cristianos no nos tienen por prójimos. Nuestros pasados quedaron tan -pobres en la tierra de las guerras contra Castilla, que casando su hija -el alcaide de Loja, grande y señalado capitan que llamaban Alatar, -deudo de algunos de los que aquí nos hallamos, hubo de buscar vestidos -prestados para la boda. ¿Con qué haciendas, con qué trato, con qué -servicio ó industria, en qué tiempo adquiriremos riqueza para perder -unos hábitos y comprar otros? Quítannos el servicio de los esclavos -negros; los blancos no nos eran permitidos por ser de nuestra nacion: -habíamoslos comprado, criado, mantenido: ¿esta pérdida sobre las otras? -¿Qué harán los que no tuvieren hijos que los sirvan, ni hacienda con -que mantener criados si enferman, si se inhabilitan, si envejecen, -sino prevenir la muerte? Van nuestras mujeres, nuestras hijas, tapadas -las caras, ellas mismas á servirse y proveerse de lo necesario á sus -casas; mándanles descubrir los rostros: si son vistas, serán codiciadas -y aun requeridas; y veráse quien son las que dieron la avilanteza al -atrevimiento de mozos y viejos. Mándannos tener abiertas las puertas -que nuestros pasados con tanta religion y cuidado tuvieron cerradas, -no las puertas, sino las ventanas y resquicios de casa. ¿Hemos de ser -sujetos de ladrones, de malhechores, de atrevidos y desvergonzados -adúlteros, y que estos tengan dias determinados y horas ciertas, cuando -sepan que pueden hurtar nuestras haciendas, ofender nuestras personas, -violar nuestras honras? No solamente nos quitan la seguridad, la -hacienda, la honra, el servicio, sino tambien los entretenimientos; así -los que se introdujeron por la autoridad, reputacion y demostraciones -de alegría en las bodas, zambras, bailes, músicas, comidas; como los -que son necesarios para la limpieza, convenientes para la salud. -¿Vivirán nuestras mujeres sin baños, introduccion tan antigua? -¿Veránlas en sus casas tristes, sucias, enfermas, donde tenian la -limpieza por contentamiento, por vestido, por sanidad? Representóles -el estado de la cristiandad; las divisiones entre herejes y católicos -en Francia; la rebelion de Flandes; Inglaterra sospechosa; y los -flamencos huidos solicitando en Alemania á los príncipes de ella. -El rey falto de dineros y gente plática, mal armadas las galeras, -proveidas á remiendos, la chusma libre; los capitanes y hombres de cabo -descontentos, como forzados. Si previniesen no solamente el reino de -Granada, pero parte del Andalucía que tuvieron sus pasados, y agora -poseen sus enemigos, pueden ocupar con el primer ímpetu; ó mantenerse -en su tierra, cuando se contenten con ella sin pasar adelante. Montaña -áspera, valles al abismo, sierras al cielo, caminos estrechos, -barrancos y derrumbaderos sin salida: ellos gente suelta, plática -en el campo, mostrada á sufrir calor, frio, sed, hambre; igualmente -diligentes y animosos al acometer, prestos á desparcirse y juntarse: -españoles contra españoles, muchos en número, proveidos de vitualla, -no tan faltos de armas que para los principios no les basten; y en -lugar de las que no tienen, las piedras delante de los pies, que contra -gente desarmada son armas bastantes. Y cuanto á los que se hallaban -presentes, que en vano se habian juntado, si cualquiera de ellos no -tuviera confianza del otro que era suficiente para dar cobro á tan gran -hecho, y si, como siendo sentidos habian de ser compañeros en la culpa -y el castigo, no fuesen despues parte en las esperanzas y frutos de -ellas, llevándolas al cabo. Cuanto mas que ni las ofensas podian ser -vengadas, ni deshechos los agravios, ni sus vidas y casas mantenidas, -y ellos fuera de servidumbre; sino por medio del hierro, de la union y -concordia, y una determinada resolucion con todas sus fuerzas juntas. -Para lo cual era necesario elegir cabeza de ellos mismos, ó fuese -con nombre de jeque, ó de capitan, ó de alcaide, ó de rey, si les -pluguiese, que los tuviese juntos en justicia y seguridad.» - -Jeque llaman ellos el mas honrado de una generacion, quiere decir, el -mas anciano: á estos dan el gobierno con autoridad de vida y muerte. Y -porque esta nacion se vence tanto mas de la vanidad de la astrología y -adivinanzas, cuanto mas vecinos estuvieron sus pasados de Caldea, donde -la ciencia tuvo principio, no dejó de acordalles á este propósito, -cuantos años atrás por boca de grandes sabios en movimiento y lumbre de -estrellas, y profetas en su ley, estaba declarado, que se levantarian á -tornar por sí; cobrarian la tierra y reinos que sus pasados perdieron, -hasta señalar el mismo año despues que Mahoma les dió la ley (hegira -le llaman ellos en su cuenta, que quiere decir el destierro, porque -la dió siendo desterrado de Meca), y venia justo con esta rebelion. -Representóles prodigios y apariencias extraordinarias de gente armada -en el aire á las faldas de Sierra Nevada, aves de desusada manera -dentro en Granada, partos monstruosos de animales en tierra de Baza, -y trabajos del sol con el eclipse de los años pasados, que mostraban -adversidad á los cristianos, á quien ellos atribuyen el favor, ó -disfavor de este planeta; como á sí el de la luna. - -Tal fue la habla que D. Fernando el zaguer les hizo; con que quedaron -animados, indignados y resueltos en general de rebelarse presto, y en -particular de elegir rey de su nacion; pero no quedaron determinados en -el cuando precisamente, ni á quien. Una cosa muy de notar califica los -principios de esta rebelion, que gente de mediana condicion mostrada á -guardar poco secreto y hablar juntos, callasen tanto tiempo, y tantos -hombres, en tierra donde hay alcaldes de corte y inquisidores, cuya -profesion es descubrir delitos. Habia entre ellos un mancebo llamado -D. Fernando de Valor, sobrino de D. Fernando el zaguer, cuyos abuelos -se llamaron Hernandos y de Valor, porque vivian en Valor, el alto, -lugar de la Alpujarra puesto cuasi en la cumbre de la montaña: era -descendiente del linaje de Aben Humeya, uno de los nietos de Mahoma, -hijos de su hija, que en tiempos antiguos tuvieron el reino de Córdoba -y el Andalucía; rico de rentas, callado y ofendido, cuyo padre estaba -preso por delitos en las cárceles de Granada. En este pusieron los -ojos; así porque les movió la hacienda, el linaje, la autoridad del -tio; como porque habia vengado la ofensa del padre matando secretamente -uno de los acusadores, y parte de los testigos. De esta resolucion, -aunque no tan en particular, hubo noticia, y fue el rey avisado; pero -estaba el negocio cierto y el tiempo en duda: y, como suele acontecer -á las provisiones en que se junta la dificultad con el temor, cada -uno de los consejeros era en que se atajase con mayor poder; pero -juntos juzgaban ser el remedio fácil, y las fuerzas de los ministros -bastantes, el dinero poco necesario, porque habia de salir del mismo -negocio; y menospreciaban esto, encareciendo el remedio de mayores -cosas: porque los estados de Flandes desasosegados por el príncipe de -Orange eran recien pacificados por el duque de Alba. Mas, puesto que -las fuerzas del rey, y la experiencia del duque capitan, criado debajo -de la disciplina del emperador, testigo y parte en sus victorias, -bastasen para mayores empresas; todavía lo que se temia de parte -de Inglaterra, y las fuerzas de los hugonotes en Francia, algunas -sospechas de príncipes de Alemania, y designios de Italia, daban -cuidado; y tanto mayor por ser la rebelion de Flandes por causas de -religion comunes con los franceses, ingleses, y alemanes; y por quejas -de tributos, y gravezas comunes con todos los que son vasallos, aunque -sean livianas y ellos bien tratados. Esto dió á los enemigos mayor -avilanteza, y á nosotros causa de dilacion. Comenzaron á juntar mas al -descubierto gente de todas maneras: si hombre ocioso habia perdido su -hacienda, malbaratándola por redimir delitos; si homicida, salteador -ó condenado en juicio, ó que temiese por culpas que lo seria; los -que se mantenian de perjurios, robos, muertes; los que la maldad, la -pobreza, los delitos traían desasosegados, fueron autores ó ministros -de esta rebelion. Si algun bueno habia y fuera de semejantes vicios, -con el ejemplo y conversacion de los malos brevemente se tornaba como -ellos; porque cuando el vínculo de la vergüenza se rompe entre los -buenos, mas desenfrenados son en las maldades que los peores. En fin -el temor de que eran descubiertos, y seria prevenida su determinacion -con el castigo, movió á los que gobernaban el negocio, y entre ellos -á D. Fernando el zaguer, á pensar en algun caso con que obligasen y -necesitasen al pueblo á salir de tibieza, y tomar las armas. Juntáronse -tercera vez las cabezas de la conjuracion y otras, con veinte y seis -personas del Alpujarra á San Miguel en casa del Hardon, hombre señalado -entre ellos, á quien mandó el duque de Arcos despues justiciar. Posaba -en la casa del Carcí, yerno suyo: eligieron á D. Fernando de Valor -por rey con esta solemnidad: los viudos á un cabo, los por casar á -otro, los casados á otro, y las mujeres á otra parte. Leyó uno de sus -sacerdotes, que llaman faquíes, cierta profecía hecha en el año de los -árabes de... y comprobada por la autoridad de su ley, consideraciones -de cursos y puntos de estrellas en el cielo, que trataba de su libertad -por mano de un mozo de linaje real, que habia de ser bautizado y hereje -de su ley, porque en lo público profesaria la de los cristianos. -Dijo que esto concurria en D. Fernando, y concertaba con el tiempo. -Vistiéronle de púrpura, y pusiéronle á torno del cuello y espaldas una -insignia colorada á manera de faja. Tendieron cuatro banderas en el -suelo, á las cuatro partes del mundo, y él hizo su oracion inclinándose -sobre las banderas, el rostro al oriente (zalá la llaman ellos), y -juramento de morir en su ley y en el reino; defendiéndola á ella, y á -él, y á sus vasallos. En esto levantó el pie; y en señal de general -obediencia postróse Aben Farax en nombre de todos, y besó la tierra -donde el nuevo rey tenia la planta. Á este hizo su justicia mayor: -lleváronle en hombros, levantáronle en alto diciendo: _Dios ensalce á -Mahomet Aben Humeya rey de Granada y de Córdoba_. Tal era la antigua -ceremonia con que elegian los reyes de la Andalucía, y despues los de -Granada. Escribieron cartas los capitanes de la gente á los compañeros -en la conjuracion; señalaron dia y hora para ejecutalla; fueron los que -tenian cargos á sus partidos. Nombró Aben Humeya por capitan general á -su tio Aben Jauhar, que partió luego para Cadiar, donde tenia casa y -hacienda. - -Pasaba el capitan Herrera á la sazon de Granada para Abra con cuarenta -caballos, y vino á hacer la noche en Cadiar. Mas Aben Jauhar el -zaguer, vista la ocasion tan á su propósito, habló con los vecinos -persuadiéndoles que cada uno matase á su huésped. No fueron perezosos; -porque pasada la media noche no hubo dificultad en matar muchos á -pocos, armados á desarmados, prevenidos á seguros y torpes con el -sueño, con el cansancio, con el vino: pasaron al capitan y á los -soldados por la espada. Venida la mañana juntáronse, y tomaron lo -áspero de la sierra, como gente levantada; donde ni hubo tiempo ni -aparejo para castigallos. Este fue el primer exceso y mas descubierto -con que los enemigos, ó por fuerza ó por voluntad fueron necesitados -á tomar las armas sin otra respuesta de Berbería mas de esperanzas, -y esas generales. Era entonces Selim el II, emperador de los turcos -recien heredado, victorioso por la toma de Zigueto, plaza fuerte -y proveida en Hungría: habia hecho nueva tregua con el emperador -Maximiliano el II, concertándose con el sofí por la parte de Armenia, y -por la de Suria con los jeques alárabes que le trabajaban sus confines, -y con los genízaros, infantería que se suele desasosegar con la entrada -de nuevo señor. Tenia en el ánimo las empresas que descubrió contra -venecianos en Cipro, contra el rey de Túnez en Berbería; y que como no -le convenia repartir sus fuerzas en muchas partes, así le convenia que -las del rey católico estuviesen repartidas y ocupadas. Dícese, que en -este tiempo vino del rey de Argel respuesta á los moriscos animándolos -á perseverar en la prosecucion del tratado, pero excusándose de enviar -el armada, con que esperaba órden de Constantinopla. El rey de Fez, -como religioso en su ley, y del linaje de los Jarifes, tenidos entre -los moros por santos, les prometió mas resuelto socorro. Todavía -vinieron por medio de personas fiadas á tratar ambos reyes de la -calidad del caso, de la posibilidad de los moriscos; y midiendo sus -fuerzas de mar y tierra con las del rey de España, hallaron no ser -bastantes para contrastalle: y aunque se confederaron, solo fue para -que el rey de Argel hiciese la empresa de Túnez y Biserta, en tanto -que el rey D. Felipe estaba ocupado en allanar la rebelion de Granada; -y juntamente permitir que de sus tierras fuese alguna gente á sueldo -en especial de moros andaluces, que se habian pasado á Berbería; y -mercaderes pudiesen cargar armas, municiones, vitualla, con que los -moriscos fuesen por sus dineros socorridos. - -Alpujarra llaman toda la montaña sujeta á Granada, como corre de -levante á poniente prolongándose entre tierra de Granada y la mar, diez -y siete leguas en largo, y once en lo mas ancho, poco mas ó menos: -estéril y áspera de suyo, sino donde hay vegas; pero con la industria -de los moriscos (que ningun espacio de tierra dejan perder), tratable y -cultivada, abundante de frutos y ganados y cria de sedas. Esta montaña -como era principal en la rebelion, así la escogieron por sitio en -que mantener la guerra, por tener la mar donde esperaba socorro, por -la dificultad de los pasos y calidad de la tierra, por la gente que -entre ellos es tenida por brava. Habian ya pensado rebelarse otras dos -veces antes, una jueves santo, otra por setiembre de este año: tenian -prevenido á Aluch Alí con el armada de Argel; mas él entendiendo que el -conde de Tendilla estaba avisado y aguardándole en el campo, volvió, -dejándose de la empresa, con el armada á Berbería. En fin á los veinte -y tres de diciembre, luego que sucedió el caso de Cadiar, la misma -gente con las armas mojadas en la sangre de aquellos pocos, salieron en -público; movieron los lugares comarcanos y los demás de la Alpujarra, -y rio de Almería, con quien tenian comun el tratado, enviando por -corredores, y para descubrir los ánimos y motivo de la gente de Granada -y la Vega, á Farax Aben Farax con hasta ciento y cincuenta hombres, -gente suelta y desmandada, escogida entre los que mayor obligacion y -mas esfuerzo tenian. Ellos recogiendo la que se les llegaba, tomaron -resolucion de acometer á Granada, y caminaron para ella con hasta -seis mil hombres mal armados, pero juntos y con buena órden, segun su -costumbre. - -En España no habia galeras: el poder del rey ocupado en regiones -apartadas, y el reino fuera de tal cuidado, todo seguro, todo sosegado: -que tal estado era el que á ellos parecia mas á su propósito. Los -ministros y gente en Granada mas sospechosa, que proveida; como pasa -donde hay miedo y confusion. Pero fue acontecimiento hacer aquella -noche tan mal tiempo, y caer tanta nieve en la sierra que llaman -Nevada y antiguamente Soloria, y los moros Solaira; que cegó los pasos -y veredas cuanto bastaba, para que tanto número de gente no pudiese -llegar. Mas Farax con los ciento y cincuenta hombres poco antes del -amanecer entró por la puerta alta de Guadix, donde junta con Granada el -camino de la sierra, con instrumentos y gaitas, como es su costumbre. -Llegaron al Albaicin, corrieron las calles, procuraron levantar el -pueblo haciendo promesas, pregonando sueldo de parte de los reyes de -Fez y Argel, y afirmando que con gruesas armadas eran llegados á la -costa del reino de Granada: cosa que escandalizó y atemorizó los ánimos -presentes; y á los ausentes dió tanto mas en que pensar, cuanto mas -lejos se hallaban: porque semejantes acaecimientos, cuanto mas se van -apartando de su principio, tanto parecen mayores, y se juzgan con mayor -encarecimiento. ¡Y qué en un reino pacífico, lleno de armas, prudencia, -justicia, riquezas; gobernado por el rey que pocos años antes habia -hecho en persona el mayor principio que nunca hizo rey en España; -vencido en un año dos batallas; ocupado por fuerza tres plazas al poder -de Francia; compuesto negocio tan desconfiado como la restitucion del -duque de Saboya; hecho por sus capitanes otras empresas; atravesado -sus banderas de Italia á Flandes (viaje al parecer imposible), por -tierras y gentes, que despues de las armas romanas nunca vieron otras -en su comarca; pacificado sus estados con victorias, con sangre, con -castigos; dentro, en el reposo, en la seguridad de su reino, en ciudad -poblada por la mayor parte de cristianos, tanto mar en medio, tantas -galeras nuestras; entrase gente armada con espadas de tantos hombres -por medio de la ciudad, apellidando nombres de reyes infieles enemigos! -Estado poco seguro es el de quien se descuida, creyendo que por sola su -autoridad nadie se puede atrever á ofendelle. Los moriscos, hombres mas -prevenidos que diestros, esperaban por horas la gente de la Alpujarra: -salian el Tagari y Monfarrix, dos capitanes, todas las noches al -cerro de Santa Helena por reconocer; y salieron la noche antes con -cincuenta hombres escogidos, y diez y siete escalas grandes, para -juntándose con Farax entrar en el Alhambra; mas visto que no venian al -tiempo, escondiendo las escalas en una cueva se volvieron, sin salir -la siguiente noche, pareciéndoles, como poco pláticos de semejantes -casos, que la tempestad estorbaria á venir tanta gente junta, con que -pudiesen ellos y sus compañeros poner en ejecucion el tratado del -Alhambra; debiéndose esperar semejante noche para escalarla. Mas los -del Albaicin estuvieron sosegados en las casas, cerradas las puertas, -como ignorantes del tratado, oyendo el pregon; porque aunque se hubiese -comunicado con ellos, no con todos en general ni particularmente; ni -estaban todos ciertos del dia (aunque se dilató poco la venida), ni -del número de la gente, ni de la órden con que entraban, ni de la -que en lo por venir temian. Díjose, que uno de los viejos abriendo -la ventana, preguntó: _cuantos eran_, y respondiéndole: _seis mil_, -cerró, y dijo: _pocos sois, y venis presto_, dando á entender que -habian primero de comenzar por el Alhambra, y despues venir por el -Albaicin, y con las fuerzas del rey de Argel. Tampoco se movieron los -de la Vega, que seguian á los del Albaicin; especialmente no oyendo -la artillería del Alhambra que tenian por contraseño. Habia entre los -que gobernaban la ciudad emulacion y voluntades diferentes; pero no -por esto así ellos como la gente principal y pueblo, dejaron de hacer -la parte que tocaba á cada uno. Estúvose la noche en armas; tuvo el -conde de Tendilla el Alhambra á punto, escandalizado de la música -morisca, cosa en aquel tiempo ya desusada; pero avisado de lo que era, -con mejor guardia. El marqués, aunque no tenia noticia del contraseño -que los moros habian dado á la gente de la Vega, y él le tenia dado -á la gente de la ciudad, que en la ocasion habia de disparar tres -piezas; temiendo que si se hacia pensasen los moros que estaba en -aprieto, y acometiesen el Alhambra, en que habia poca guardia, mandó -que ningun movimiento se hiciese, ni se pidiese gente á la ciudad; que -fue la salvacion del peligro, aunque proveido á otro propósito; porque -acudiendo los moriscos de la Vega al contraseño, necesitaban á los -del Albaicin á declararse y juntarse con ellos, y como descubiertos -combatir la ciudad. Bajó el conde á la plaza nueva y puso la gente en -órden: acudieron muchos de los forasteros y de la ciudad, personas -principales, al presidente D. Pedro de Deza por su oficio, por el -cuidado que le habian visto poner en descubrir y atajar el tratado, -por su afabilidad, buena manera generalmente con todos, y algunos por -la diferencia de voluntades que conocian entre él y el marqués de -Mondejar. Este, con solos cuatro de á caballo y el corregidor, subió -al Albaicin, mas por reconocer lo pasado, que suspender el daño que se -esperaba, ó asosegar los ánimos que ya tenia por perdidos, contento -con alargar algun dia el peligro; mostrando confianza, y gozar del -tiempo que fuese comun á ellos, para ver como procedian sus valedores; -y á él para armarse y proveerse de lo necesario, y resistir á los -unos y á los otros. Hablóles: «encareció su lealtad y firmeza, su -prudencia en no dar crédito á la liviandad de pocos y perdidos, sin -prendas, livianos; hombres que con las culpas ajenas pensaban redimir -sus delitos ó adelantarse. Tal confianza se habia hecho siempre, y -en casos tan calificados de la voluntad que tenian al servicio del -rey, poniendo personas, haciendas y vidas con tanta obediencia á -los ministros; ofreciéndose de ser testigo, y representador de su -fe y servicios, intercediendo con el rey para que fuesen conocidos, -estimados y remunerados.» Pero ellos respondiendo pocas palabras, y -esas mas con semblante de culpados y arrepentidos que de determinados, -ofrecieron la obra y perseverancia que habian mostrado en todas las -ocasiones; y pareciéndole al marqués bastar aquello sin quitalles el -miedo que tenian del pueblo, se bajó á la ciudad. Habia ya enviado á -reconocer los enemigos; porque ni del propósito, ni del número, ni de -la calidad de ellos, ni de las espaldas con que habian entrado se tenia -certeza, ni del camino que hacian. Refirieron que habiendo parado en -la casa de las Gallinas, atravesaban el Genil la vuelta de la sierra; -puso recaudo en los lugares que convenia; encomendó al corregidor la -guardia de la ciudad; dejó en el Alhambra donde habia pocos soldados -mal pagados, y estos de á caballo, el recaudo que bastaba, juntando á -este los criados y allegados del conde de Tendilla, personas de crédito -y amistades en la ciudad. Él con la caballería que se halló, siguió -á los enemigos llevando consigo á su yerno y hijos[44]: siguiéronle, -parte por servir al rey, parte por amistad, ó por probar sus personas, -por curiosidad de ver toda la gente desocupada y principal que se -hallaba en la ciudad. Salió con la gente de su casa el conde de Miranda -D. Pedro de Zúñiga[45], que á la sazon residia en pleitos, grande, -igual en estado y linaje: eran todos pocos, pero calificados. Mas los -enemigos, visto que los vecinos del Albaicin estaban quedos, y los de -la Vega no acudian; con haber muerto un soldado, herido otro, saqueado -una tienda y otra como en señal de que habian entrado, tomaron el -camino que habian traido, y por las espaldas de la Alhambra prolongando -la muralla, llegaron á la casa que por estar sobre el rio llamaban los -moros Dar-al-huet, y nosotros de las Gallinas, segun los atajadores -habian referido. Pararon á almorzar, y estuvieron hasta las ocho de la -mañana; todo guiado por Farax para mostrar que habia cumplido con la -comision, y acusar á los del Albaicin ó su miedo ó su desconfianza, -y aun con esperanza que llegada la gente de la Alpujarra harian mas -movimiento. Pero despues que ni lo uno ni lo otro le sucedió, acogióse -al camino de Nigueles arrimándose á la falda de la montaña, y puesto en -lo áspero, caminó haciendo muestra que esperaba. Pocos de la compañía -del marqués alcanzaron á mostrarse, y ninguno llegó á las manos por la -aspereza del sitio; aunque le siguieron por el paso del rio de Monachil -hasta atravesar el barranco, y de allí al paraje de Dilar, por donde -entraron sin daño en lo mas áspero. - - [44] Era este yerno D. Alonso de Cárdenas, que despues por muerte - de su padre fue conde de la Puebla. - - [45] Fue este D. Pedro conde de Miranda, hermano y suegro del que - en nuestros dias fue presidente de Italia y de Castilla. - -Duró este seguimiento hasta el anochecer, que pareció al marqués poco -necesario quedar allí, y mucho proveer á la guarda y seguridad de la -ciudad; temeroso que juntándose los moriscos del Albaicin con los de la -Vega, la acometerian sola de gente y desarmada. Tornó una hora antes de -media noche; y sin perder tiempo comenzó á prevenir y llamar la gente -que pudo, sin dineros, y que estaba mas cerca; los que por servir al -rey, los que por su seguridad, por amistad del marqués, memoria del -padre y abuelo, cuya fama era grande en aquel reino, por esperanza de -ganar, por el ruido ó vanidad de la guerra, quisieron juntarse. Hizo -llamamientos generales pidiendo gente á las ciudades y señores de la -Andalucía, á cada uno conforme á la obligacion antigua y usanza de los -concejos, que era venir la gente á su costa el tiempo que duraba la -comida que podia traer á los hombros (talegas las llamaban los pasados, -y nosotros ahora mochilas). Contábase para una semana; mas acabada -servian tres meses pagados por sus pueblos enteramente, y seis meses -adelante pagaban los pueblos la mitad, y otra mitad el rey: tornaban -estos á sus casas, venian otros; manera de levantarse gente dañosa -para la guerra y para ella, porque siempre era nueva. Esta obligacion -tenian como pobladores por razon del sueldo que el rey les repartia por -heredades, cuando se ganaba algun lugar de los enemigos. Llamó tambien -á soldados particulares aunque ocupados en otras partes; á los que -vivian al sueldo del rey, á los que olvidadas ó colgadas las esperanzas -y armas reposaban en sus casas. Proveyó de armas y de vituallas; envió -espías por todas partes á calar el motivo de los enemigos; avisó y -pidió dinero al rey, para resistillos y asegurar la ciudad. Mas en ella -era el miedo mayor que la causa: cualquier sospecha daba desasosiego, -y ponia los vecinos en arma; discurrir á diversas partes, de ahí -volver á casa; medir el peligro cada uno con su temor, trocados de -continua paz en continua alteracion, tristeza, turbacion, y priesa; -no fiar de persona ni de lugar; las mujeres á unas y á otras partes -preguntar, visitar templos: muchas de las principales se acogieron á -la Alhambra, otras con sus familias salieron por mayor seguridad á -lugares de la comarca. Estaban las casas yermas y las tiendas cerradas; -suspenso el trato; mudadas las horas de oficios divinos y humanos; -atentos los religiosos y ocupados en oraciones y plegarias, como se -suele en tiempo y punto de grandes peligros. Llegó en las primeras la -gente de las villas sujetas á Granada, la de Alcalá y Loja: envió el -marqués una compañía que sacase los cristianos viejos que estaban en -Restaval, cierto que el primer acometimiento seria contra ellos: en -Durcal puso dos compañías, porque los enemigos no pasasen á Granada sin -quedar guarnicion de gente á las espaldas; y á D. Diego de Quesada con -una compañía de infantería y otra de caballos en guarda de la puente -de Tablate, paso derecho de la Alpujarra á Granada. El presidente -aliviado ya del peligro presente, comenzó á pensar con mas libertad en -el servicio del rey, ó en la emulacion contra el marqués de Mondejar: -escribió á D. Luis Fajardo, marqués de Velez, que era adelantado del -reino de Murcia y capitan general en la provincia de Cartagena (ciudad -nombrada mas por la seguridad del puerto y por la destruicion que en -ella hizo Scipion el Africano, que por la grandeza ó suntuosidad del -edificio), animándole á juntar gente de aquellas provincias y de sus -deudos y amigos, y entrar en el rio de Almería; donde haria servicio al -rey, socorreria aquella ciudad que de mar y tierra estaba en peligro, -y aprovecharia á la gente con las riquezas de los enemigos. Era el -marqués tenido por diligente y animoso; y entre él y el marqués de -Mondejar hubo siempre diferencias y alongamiento de voluntad, traido -dende los padres y abuelos. El de Velez sirvió al emperador en las -empresas de Túnez y Provenza, el de Mondejar en la de Argel; ambos -tenian noticia de la tierra donde cada uno de ellos servia. Comenzó -el de Velez á ponerse en órden, á juntar gente, parte á sueldo de su -hacienda, parte de amigos. - -Entre tanto el nuevo electo rey de Granada, en cuanto le duró la -esperanza que el Albaicin y la Vega habian de hacer movimiento, estuvo -quedo; mas como vió tan sosegada la gente, y las voluntades con tan -poca demostracion, salió solo camino de la Alpujarra: encontráronle -á la salida de Lanjaron, á pie, el caballo del diestro; pero siendo -avisado que no pasase adelante, porque la tierra estaba alborotada, -subió en su caballo, y con mas priesa tomó el camino de Valor. Habian -los moriscos levantados hecho de sí dos partes; una llevó el camino de -Orgiba, lugar del duque de Sesa (que fue de su abuelo el Gran Capitan) -entre Granada y la entrada de la Alpujarra, al levante tierra de -Almería, al poniente la de Salobreña y Almuñecar, al norte la misma -Granada, al mediodia la mar con muchas calas donde se podian acoger -navíos grandes. Sobre esta villa como mas importante se pusieron -dos mil hombres repartidos en veinte banderas: las cabezas eran el -alcaide de Mecina y el corcení de Motril. Fueron los cristianos viejos -avisados, que serian como ciento y sesenta personas, hombres, mujeres -y niños: recogiólos en la torre de Gaspar de Saravia, que estaba por -el duque. Mas los moros comenzaron á combatirla; pusieron arcabucería -en la torre de la iglesia, que los cristianos saltando fuera echaron -de ella: llegáronse á picar la muralla con una manta, la cual les -desbarataron echando piedras y quemándola con aceite y fuego; quisieron -quemar las puertas, pero halláronlas ciegas con tierra y piedra. -Amonestábalos á menudo un almuedano desde la iglesia con gran voz, que -se rindiesen á su rey Aben Humeya. (Dicen almuedano al hombre que á -voces los convoca á oracion; porque en su ley se les prohibe el uso -de las campanas.) Llamaron á un vicario de Poqueira, hombre entre -unos y los otros de autoridad y crédito, para que los persuadiese á -entregarse; certificándoles que Granada y el Alhambra estaban ya en -poder de los moros: prometian la vida y libertad al que se rindiese, -y al que se tornase moro la hacienda y otros bienes para él y sus -sucesores: tales eran los sermones que les hacian. La otra banda de -gente caminó derecho á Granada á hacer espaldas á Farax Aben Farax y -á los que enviaron, y á recibir al que ellos llamaban rey, á quien -encontraron cerca de Lanjaron, y pasaron con él adelante hasta Durcal. -Pero entendiendo que el marqués habia dejado puesta guarnicion en él, -volvieron á Valor el alto, y de allí á un barrio que llaman Laujar -en el medio de la Alpujarra; adonde con la misma solemnidad que en -Granada, le alzaron en hombros y le eligieron por su rey. Allí acabó -de repartir los oficios, alcaidías, alguacilazgos por comarcas (á que -ellos llaman en su lengua tahas), y por valles, y declaró por capitan -general á su tio Aben Jauhar que llamaban D. Fernando el zaguer, y por -su alguacil mayor á Farax Aben Farax: (alguacil dicen ellos al primer -oficio despues de la persona del rey, que tiene libre poder en la vida -y muerte de los hombres sin consultarlo). Vistiéronle de púrpura; -pusiéronle casa como á los reyes de Granada, segun que lo oyeron á -sus pasados. Tomó tres mujeres; una con quien él tenia conversacion -y la trujo consigo, otra del rio de Almanzora, y otra de Tavernas; -porque con el deudo tuviese aquella provincia mas obligada, sin otra -con quien él primero fue casado, hija de uno que llamaban Rojas. Mas -dende á pocos dias mandó matar al suegro y dos cuñados, porque no -quisieron tomar su ley: dejó la mujer, perdonó la suegra, porque la -habia parido, y quiso gracias por ello como piadoso. Comenzaron por el -Alpujarra, rio de Almería, Bolodui, y otras partes á perseguir á los -cristianos viejos, profanar y quemar las iglesias con el sacramento, -martirizar religiosos y cristianos, que, ó por ser contrarios á su -ley, ó por haberlos dotrinado en la nuestra, ó por haberlos ofendido, -les eran odiosos. En Guecija, lugar del rio de Almería, quemaron por -voto un convento de frailes agustinos, que se recogieron á la torre, -echándoles por un horado de lo alto aceite hirviendo: sirviéndose de la -abundancia que Dios les dió en aquella tierra, para ahogar sus frailes. -Inventaban nuevos géneros de tormentos: al cura de Mairena hincheron -de pólvora y pusiéronle fuego; al vicario enterraron vivo hasta la -cinta, y jugáronle á las saetadas; á otros lo mismo, dejándolos morir -de hambre. Cortaron á otros miembros, y entregáronlos á las mujeres, -que con agujas los matasen: á quien apedrearon, á quien acañaverearon, -desollaron, despeñaron; y á los hijos de Arze, alcaide de la Peza, -uno degollaron, y otro crucificaron, azotándole, y hiriéndole en el -costado primero que muriese. Sufriólo el mozo, y mostró contentarse -de la muerte conforme á la de nuestro Redentor, aunque en la vida fue -todo al contrario; y murió confortando al hermano que descabezaron. -Estas crueldades hicieron los ofendidos por vengarse; los monfíes por -costumbre convertida en naturaleza. Las cabezas, ó las persuadian, ó -las consentian: los justificados las miraban y loaban, por tener al -pueblo mas culpado, mas obligado, mas desconfiado, y sin esperanzas -de perdon: permitíalo el nuevo rey, y á veces lo mandaba. Fue gran -testimonio de nuestra fe, y de compararse con la del tiempo de los -apóstoles, que en tanto número de gente como murió á manos de infieles, -ninguno hubo (aunque todos ó los mas fuesen requiridos y persuadidos -con seguridad, autoridad y riquezas, y amenazados y puestas las -amenazas en obra) que quisiese renegar; antes con humildad y paciencia -cristiana las madres confortaban á los hijos, los niños á las madres, -los sacerdotes al pueblo, y los mas distraidos se ofrecian con mas -voluntad al martirio. Duró esta persecucion cuanto el calor de la -rebelion y la furia de las venganzas; resistiendo Aben Jauhar y otros -tan blandamente, que encendian mas lo uno y lo otro. Mas el rey, porque -no pareciese que tantas crueldades se hacian con su autoridad, mandó -pregonar que ninguno matase niño de diez años abajo, ni mujer ni hombre -sin causa. En cuanto esto pasaba envió á Berbería á su hermano (que ya -llamaban Abdalá) con presente de cautivos y la nueva de su eleccion -al rey de Argel, la obediencia al señor de los turcos: dióle comision -que pidiese ayuda para mantener el reino. Tras él envió á Hernando el -Habaqui á tomar turcos á sueldo, de quien adelante se hará memoria. Mas -este dejando concertados soldados, trajo consigo un turco llamado Dali, -capitan, con armas y mercaderes, en una fusta. Recibió el rey de Argel -á Abdalá como á hermano del rey: regalóle y vistióle de paños de seda; -envióle á Constantinopla, mas por entretener al hermano con esperanzas, -que por dalle socorro. En este mismo tiempo se acabaron de rebelar los -demás lugares del rio de Almería. - -Estaba entonces en Dalias Diego de la Gasca, capitan de Adra, -que habiendo entendido el motin víspera de Navidad (dia señalado -generalmente para rebelarse todo el reino), iba por reconocer á -Ujijar; mas hallándola levantada, fue seguido de los enemigos hasta -encerralle en Adra, lugar guardado á la marina, asentado cuasi donde -los antiguos llamaban Abdera; que Pedro Verdugo, proveedor de Málaga, -con barcos basteció de gente y vituallas, luego que entendió la -muerte del capitan Herrera en Cadiar. Pasaron adelante visto el poco -efecto que hacian en Adra, y juntando con su misma gente hasta mil y -cuatrocientos hombres con un moro que llamaban el Ramí, ocuparon el -Chitre (Chutre le dicen otros), sitio fuerte junto á Almería, creyendo -que los moriscos vecinos de la ciudad tomarian las armas contra los -cristianos viejos: escribieron y enviaron personas ciertas á solicitar -entre otros á D. Alonso de Vanegas, hombre noble de gran autoridad, que -con la carta cerrada se fue al ayuntamiento de los regidores; y leida, -pensando un poco cayó desmayado, mas tornándole los otros regidores y -reprendiéndole, respondió: _recia tentacion es la del reino_; y dióles -la carta en que parecia como le ofrecian tomalle por rey de Almería. -Vivió doliente dende entonces, pero leal y ocupado en el servicio del -rey. Estaba D. García de Villarroel, yerno de D. Juan, el que murió -dende á poco en las Guajaras, por capitan ordinario en Almería, y -tomando la gente de la ciudad y la suya, dió sobre los enemigos otro -dia al amanecer, pensando ellos que venia gente en su ayuda: rompiólos, -y mató al Ramí con algunos. Los que de allí escaparon, juntándose -con otra banda del Cehel, y llevando á Hocaid de Motril por capitan, -tomaron á Castil de Ferro, tenencia del duque de Sesa por tratado, -matando la gente, sino á Machin el tuerto que se la vendió. De ahí -pasaron á Motril, juntaron una parte del pueblo, y llevaron casas -de moriscos volviendo sobre Adra; de donde salió Gasca con cuarenta -caballos y noventa arcabuceros á reconocellos, y apartándose llamó un -trompeta, cuyo nombre era Santiago, para enviar á mandar la gente; -mas fue tan alta la voz, que pudieron oilla los soldados, y creyendo -que dijese Santiago, como es costumbre de España para acometer los -enemigos, arremetieron sin mas órden. Juntóse Diego de la Gasca con -ellos, y fueron cuasi rotos los moros, retirándose con pérdida de cien -hombres á la sierra. Iban estas nuevas cada dia creciendo; menudeaban -los avisos del aprieto en que estaban los de la torre en Orgiba; que -los moros de Berbería habian prometido gran socorro; que amenazaban á -Almería y otros lugares aunque guardados en la marina, proveidos con -poca gente. Temia el marqués si grueso número se acercase á Granada, -que desasosegarian el Albaicin, levantarian las aldeas de la Vega, y -tanto mayores fuerzas cobrarian, cuanto se tardase mas la resistencia: -daríase ánimo á los turcos de Berbería de pasar á socorrellos con -mayor priesa, confianza y esperanza; fortificarian plazas en que -recogerse, y no les faltarian personas pláticas de esto y de la guerra -entre otras naciones que les ayudasen, y firmarian el nombre de reino; -puesto que vano y sin fundamento, perjudicial y odioso á los oidos del -señor natural, por grande y poderoso que sea; daríase avilanteza á los -descontentos, para pensar novedades. - -Estando las cosas en estos términos vino Aben Humeya con la gente -que tenia sobre Tablate, y trabando con don Diego de Quesada una -escaramuza gruesa, cargó tanta gente de enemigos, que le necesitó á -dejar la puente, y retirarse á Durcal. Estas razones y el caso de D. -Diego fueron parte para que el marqués, con la gente que se hallaba, -saliese de Granada á resistillos, hasta que viniese mas número con que -acometellos á la iguala; dejando proveido á la guarda y seguridad de -la ciudad y Alhambra á su hijo el conde de Tendilla por su teniente; -al corregidor el sosiego, el gobierno, la provision de vituallas, la -correspondencia de avisar al uno y al otro, con el presidente, de -cuya autoridad se valiesen en las ocasiones. Salió de Granada á los -tres de hebrero con propósito de socorrer á Orgiba: vino á Alhendin, -y de allí al Padul. La gente que sacó fueron ochocientos infantes y -doscientos caballos; demás de estos, los hombres principales, que ó -con edad, ó con enfermedad ó con ocupaciones públicas no se excusaron, -seguíanle, mirábanle como á salvador de la tierra, olvidada por -entonces ó disimulada la pasion. Paró en el Padul pensando esperar -allí la gente de la Andalucía sin dinero, sin vitualla, sin bagajes: -con tan poca gente tomó la empresa; pero la misma noche á la segunda -guardia oyéndose golpes de arcabuz en Durcal, creyendo todos que los -enemigos habian acometido la guardia que allí estaba, partió con la -caballería: halló que sintiendo su venida por el ruido de los caballos -en el cascajo del rio, se habian retirado con la escuridad de la noche, -dejando el lugar y llevando herida alguna gente; y el marqués para -no darles avilanteza, tornando al Padul, acordó hacer en Durcal la -masa. En tiempo de tres dias llegaron cuatro banderas de Baeza, con -que crecia el marqués á mil y ochocientos infantes, y una compañía de -noventa caballos; y teniendo aviso del trabajo en que estaban los de -Orgiba, y que Aben Humeya juntaba gente para estorballe el paso de -Tablate, salió de Durcal. - -Entre tanto el conde de Tendilla recibia y alojaba la gente de las -ciudades y señores en el Albaicin; y porque no bastaba para asegurarse -de los moriscos de la ciudad y la tierra, y proveer á su padre de -gente, nombró diez y siete capitanes, parte hijos de señores, parte -caballeros de la ciudad, parte soldados, pero todos personas de -crédito: aposentólos, y mantúvolos sin pagas con alojamientos y -contribuciones. El marqués, dejando guardia en Durcal, paró aquella -noche en Elchite, de donde partió en órden camino de la puente; y -habiendo enviado una compañía de caballos con alguna arcabucería á -recoger la gente que habia quedado atrás, para que asegurasen los -bagajes y embarazos, y mandado volver á Granada los desarmados que -vinieron de la Andalucía; tuvo aviso que los enemigos le esperaban, -parte en la ladera, parte en la salida de la misma puente, y la estaban -rompiendo. Eran todos cuasi tres mil y quinientos hombres, los mas de -ellos armados de arcabuces y ballestas, los otros con hondas y armas -enhastadas: comenzóse una escaramuza trabada; mas el marqués, visto -que remolinaban algunas picas de su escuadron, arremetió adelante con -la gente particular de manera, que apretó los enemigos hasta forzarlos -á dejar la puente, y pasó una banda de arcabucería por lo que de ella -quedaba entero. Con esta carga fueron rotos del todo, retrayéndose en -poca órden á lo alto de la montaña. Algunos arcabuceros llegaron á -Lanjaron, y entraron en el castillo que estaba desamparado: reparóse -la puente con puertas, con rama, con madera que se trajo del lugar de -Tablate, por donde pasó la caballería: el resto del campo se aposentó -en él sin seguir los enemigos, por ser ya tarde y haberse ellos acogido -á lo fuerte, donde los caballos no les podian dañar. El dia siguiente, -dejando en la puente al capitan Valdivia con su compañía para seguridad -de las escoltas que iban de Granada á la Alpujarra, por ser paso de -importancia, tomó el camino de Orgiba donde los enemigos le esperaban -al paso en la cuesta de Lanjaron; y habiendo sacado una banda de -arcabucería con algunos caballos, mandó á don Francisco su hijo[46], -que con ellos se mejorase en lo alto de la montaña, yendo él su camino -derecho sin estorbo; porque Aben Humeya, con miedo que le tomasen los -nuestros las cumbres que tenia para su acogida, dejó libre el paso; -aunque la noche antes habia tenido su campo enfrente del nuestro con -muchas lumbres y música en su manera, amenazando nuestra gente y -apercibiéndola para otro dia á la batalla. Llegado el marqués á Orgiba -socorrió la torre, en término que si tardara, era necesario perderse -por falta de agua y vitualla, cansados de velar y resistir. He querido -hacer tan particular memoria del caso de Orgiba, porque en él hubo -todos los accidentes que en un cerco de grande importancia; sitiados y -combatidos, quitadas las defensas, salidas de los de dentro contra los -cercadores, á falta de artillería picados los muros, al fin hambreados, -socorridos con la diligencia que ciudades ó plazas importantes; hasta -juntarse dos campos tales cuales entonces los habia, uno á estorbar, -otro á socorrer, darse batalla donde intervino persona y nombre de -rey. Socorrida y proveida Orgiba de vitualla, municion y gente, la -que bastaba para asegurar las espaldas al campo, mandando volver á -Granada á órden del conde su hijo cuatro compañías de caballería, y una -de infantería para guarda de la ciudad, partió contra Poqueira donde -tuvo aviso que Aben Humeya habia parado resuelto de combatir: juntó -con su gente dos compañías, una de infantería y otra de caballos, que -le vino de Córdoba. Cerca del rio que divide el camino entre Orgiba y -Poqueira, descubrió los enemigos en el paso que llaman Alfajarali. Eran -cuatro mil hombres los principales que gobernaban apeados: hicieron -una ala delgada en medio, á los costados espesa de gente como es su -costumbre ordenar el escuadron; á la mano derecha, cubiertos con un -cerro, habia emboscados quinientos arcabuceros y ballesteros; demás -de esto otra emboscada en lo hondo del barranco, luego pasado el rio, -de mucho mayor número de gente. La que el marqués llevaba serian -dos mil infantes y trescientos caballos en un escuadron prolongado -guarnecido de arcabucería y mangas, segun la dificultad del camino. La -caballería, parte en la retaguardia, parte á un lado, donde la tierra -era tal que podian mandarse los caballos; pero guarnecida asimismo -de alguna infantería: porque en aquella tierra, aunque los caballos -sirvan mas para atemorizar que para ofender, todavía son provechosos. -Apartó del escuadron dos bandas de arcabucería y cien caballos, con -que su hijo D. Francisco fuese á tomar las cumbres de la montaña: -en esta órden bajando al rio, comenzó á subir escaramuzando con los -enemigos; mas ellos, cuando pensaron que nuestra gente iba cansada, -acometieron por la frente, por el costado, y por la retaguardia, todo -á un tiempo; de manera que cuasi una hora se peleó con ellos á todas -partes y á las espaldas, no sin igualdad y peligro; porque la una -banda de arcabucería estuvo en términos de desórden, y la caballería -lo mismo; pero socorrió el marqués con su persona los caballos, y -enviando socorro á los infantes. Viendo los enemigos que les tomaba -los altos nuestra arcabucería, ya rotos se recogieron á ellos con -tiempo, desamparando el paso. Siguióse el alcance mas de media legua -hasta un lugar que dicen Lubien: la noche y el cansancio estorbó que -no se pasase adelante; murieron de ellos en este rencuentro cuasi -seiscientos, de los nuestros siete; hubo muchos heridos de arcabuces -y ballestas. Don Francisco de Mendoza, hijo del marqués, y D. Alonso -Portocarrero, fueron aquel dia buenos caballeros, entre otros que allí -se hallaron: D. Francisco cercado y fuera de la silla, se defendió con -daño de los enemigos rompiendo por medio. D. Alonso, herido de dos -saetadas con yerba, peleó hasta caer trabado del veneno usado dende -los tiempos antiguos entre cazadores. Mas porque se va perdiendo el -uso de ella con el de los arcabuces, como se olvidan muchas cosas con -la novedad de otras, diré algo de su naturaleza. Hay dos maneras, una -que se hace en Castilla en las montañas de Bejar y Guadarrama (á este -monte llamaban los antiguos Orospeda, y al otro Idubeda), cociendo el -zumo de vedegambre á que en lengua romana y griega dicen eléboro negro -hasta que hace correa, y curándolo al sol, lo espesan y dan fuerza[47]; -su olor agudo no sin suavidad, su color escuro, que tira á rubio. Otra -se hace en las montañas nevadas de Granada de la misma manera, pero de -la yerba que los moros dicen rejalgar, nosotros yerba, los romanos y -griegos acónito, y porque mata los lobos, lycoctónos; color negro, olor -grave, prende mas presto, daña mucha carne: los accidentes en ambas los -mismos, frio, torpeza, privacion de vista, revolvimiento de estómago, -arcadas, espumajos, desflaquecimiento de fuerzas hasta caer. Envuélvese -la ponzoña con la sangre donde quier que la halla, y aunque toque la -yerba á la que corre fuera de la herida, se retira con ella, y la lleva -consigo por las venas al corazon, donde ya no tiene remedio; mas antes -que llegue hay todos los generales: chúpanla para tirarla á fuera, -aunque con peligro; psyllos llamaban en lengua de Egipto á los hombres -que tenian este oficio[48]. El particular remedio es zumo de membrillo, -fruta tan enemiga de esta yerba, que donde quier que la alcanza el -olor, le quita la fuerza; zumo de retama, cuyas hojas machacadas he yo -visto lanzar de suyo por la herida cuanto pueden buscando el veneno -hasta topallo, y tiralle fuera: tal es la manera de esta ponzoña, con -cuyo zumo untan las saetas envueltas en lino porque se detenga. La -simplicidad de nuestros pasados, que no conocieron manera de matar -personas sino á hierro, puso á todo género de veneno nombre de yerbas: -usóse en tiempos antiguos en las montañas de Abruzzo, en las de Candia, -en las de Persia: en los nuestros en los Alpes que llaman Monsenis hay -cierta yerba poco diferente, dicha tora, con que matan la caza, y otra -que dicen antora, á manera de dictamno, que la cura. - - [46] Este D. Francisco es el almirante de Aragon, que despues - de varios casos y fortunas se ordenó de clérigo y fue obispo - de Sigüenza. - - [47] Algo difiere de lo que dice Laguna sobre Dioscórides, lib. - IV, cap. 79 y cap. 153. - - [48] Plin. lib. VII, cap. 2, y lib. VIII, cap. 25. - -Entróse Poqueira, lugar tan fuerte, que con poca resistencia se -defendiera contra mucho mayores fuerzas. Los moros confiándose del -sitio le habian escogido por depósito de sus riquezas, de sus mujeres, -hijos, y vitualla: todo se dió á saco; los soldados ganaron cantidad -de oro, ropa, esclavos, la vitualla se aprovechó cuanto pudo; mas la -priesa de caminar en seguimiento de los enemigos, porque en ninguna -parte se firmasen, y la falta de bagajes en que la cargar y gente con -que aseguraba, fue causa de quemar la mayor parte, porque ellos no se -aprovechasen. Partió el marqués el dia siguiente de Poqueira, y vino -á Pitres, donde se detuvo curando los heridos, dando cobro á muchos -cautivos cristianos que libertó, ordenando las escoltas, y tomando -lengua. Alcanzáronle en este lugar dos compañías de caballos de Córdoba -y una de infantería: en él tuvo nueva como Aben Humeya con mayor número -de gente le esperaba en el puerto que llaman de Jubiles, lugar á su -parecer de ellos donde era imposible pasar sin pérdida. Mas queriendo -los enemigos tentar primero la fortuna de la guerra, saltearon nuestro -alojamiento con cinco banderas, en que habia ochocientos hombres: el -dia siguiente á mediodia, aprovechándose de la niebla y de la hora -del comer, acometieron por tres partes, y porfiaron de manera hasta -que llegaron á los cuerpos de guardia peleando, pero en ellos fueron -resistidos con pérdida de gente y dos banderas: hubo algunos heridos -de los nuestros. Sosegada y refrescada la gente, dejando los heridos -y embarazos con buena guardia, partió el marqués ahorrado contra Aben -Humeya; y por descuidarle escogió el camino áspero de Trevelez por -la cumbre de la sierra de Poqueira, donde algunos moros desmandados -desasosegaron nuestra retaguardia sin daño. Pasóse aquella noche fuera -de Trevelez sobre la nieve, con poco aparejo y frio demasiado. Habia -venido á Pitres un mensajero de Zaguer que decian Aben Jauhar, tio y -general de Aben Humeya, á pedir apuntamientos de paz; pero llevándole -el marqués consigo le respondió; _Que brevemente pensaba dalle la -respuesta, como convenia al servicio de Dios y del rey_. Dícese que ya -el zaguer andaba recatado de que Aben Humeya le buscase la muerte; y -continuando su camino para Jubiles con una compañía mas de infantería -y otra de caballos de Écija, cuyo capitan era Tello de Aguilar, llegó -á vista de Jubiles donde salió un cristiano viejo con tres moros á -entregalle el castillo. Habia dentro mujeres y hijos de los moros que -estaban en campo con Aben Humeya, gente inútil y de estorbo para quien -no tiene cuenta con las mujeres y niños, y algunos moros de paz viejos; -mas porque era necesario ocupar mucha gente para guardallos, y si -quedaran sin guarda se huyeran á los enemigos, mandó que los llevasen -á Jubiles. Acaeció, que un soldado de los atrevidos llegó á tentar una -mujer si traía dineros, y alguno de los moriscos (ó fuese marido ó -pariente) á defendella, de que se trabó tal ruido, que de los moriscos -cuasi ninguno quedó vivo; de las moriscas hubo muchas muertas, de los -nuestros algunos heridos, que con la escuridad de la noche se hacian -daño unos á otros. Dícese que hubo gente de los enemigos mezclada -para ver si con esta ocasion pudieran desordenar el campo, y que -arrepentidos de la entrega que el zaguer hizo, los padres, hermanos y -maridos de las moras quisieron procurar su libertad: la escuridad de la -noche y la confusion fue tanta, que ni capitanes ni oficiales pudieron -estorbar el daño. - - - - - LIBRO II. - - -En tanto que las cosas de la Alpujarra pasaban como tenemos dicho, -se juntaron hasta quinientos moros con dos capitanes, Giron de las -Albuñuelas y Nacoz de Niguels, á tentar la guardia, que el marqués -habia dejado en la puente de Tablate; teniendo por cierto que si -de allí la pudiesen apartar, se quitaria el paso y el aparejo á -las escoltas, y nuestro campo con falta de vituallas se desharia. -Vinieron sobre la puente hallándola falta de gente, y la que habia -desapercibida: acometieron con tanto denuedo, que la hicieron retirar; -parte no paró hasta Granada, muchos de ellos murieron sin pelear en el -alcance, parte se encerraron en una iglesia donde acabaron quemados, -con que la puente quedó por los enemigos. Mas el conde de Tendilla, -sabida la nueva, envió á llamar con diligencia á D. Álvaro Manrique, -capitan del marqués de Pliego, que con trescientos infantes y ochenta -caballos de su cargo estaba alojado dos leguas de Granada. Llegó -á la puente de Genil al amanecer, donde el conde le esperaba con -ochocientos infantes y ciento y veinte caballos: avisado del número de -los enemigos entrególes la gente, y dióle órden que peleando con ellos, -desembarazado el paso le dejase guardado, y él con el resto de ella -pasase á buscar al marqués. Cumplió D. Álvaro con su comision hallando -la puente libre, y los moros idos. - -En Jubiles llegó el capitan D. Diego de Mendoza enviado por el rey, -para que llevase relacion de la guerra, manera de como se gobernaba el -marqués, del estado en que las cosas se hallaban; porque los avisos -eran tan diferentes, que causaban confusion en las provisiones; como -no faltan personas que por pretensiones ó por pasion ó opinion ó buen -celo, culpan ó excusan las obras de los ministros. Partió el marqués -de Jubiles, vino á Cadiar donde fue la muerte del capitan Herrera; -de allí á Ujijar: en el camino mandó combatir una cueva, en que se -defendian encerrados cantidad de moros con sus mujeres y hijos, hasta -que con fuego y humo fueron tomados. Estando en Ujijar fue avisado -que Aben Humeya juntas todas sus fuerzas le esperaba en el paso de -Paterna tres leguas de Ujijar, y sin detenerse partió. Caminando le -vinieron dos moros de parte de Aben Humeya con nuevos partidos de -paz, mas el marqués sin respuesta los llevó consigo hasta dar con su -vanguardia en la de los enemigos; y en una quebrada junto á Iñiza -pelearon con harta pertinencia, por ser mas de cinco mil hombres y -mejor armados que en Jubiles: pero fueron rotos del todo tomándoles el -alto, y acometiéndolos con la caballería D. Alonso de Cárdenas, conde -de la Puebla: no se siguió el alcance por ser noche. Envió el marqués -doscientos caballos, que le siguieron hasta la nieve y aspereza de la -sierra, matando y cautivando; y él á dos horas de noche paró en Iñiza: -otro dia vino á Paterna; dióla á saco; no hallaron los soldados en -ella menos riqueza que en Poqueira. El rencuentro de Paterna fue la -postrera jornada en que Aben Humeya tuvo gente junta contra el marqués; -el cual partió sin detenerse para Andarax en seguimiento de las sobras -de los enemigos, habiendo enviado delante infantería y caballería á -buscallos en el llano, y en la sierra que dicen el Cehel cerca de la -mar: montaña buena para ganados, caza y pesca; aunque en algunas partes -falta de agua. Dicen los moros, que fue patrimonio del conde Julian el -traidor, y aun duran en ella y cerca memorias de su nombre; la torre, -la rambla Juliana, y Castil de Ferro. Llegado á Andarax envió á su -hijo D. Francisco con cuatro compañías de infantería y cien caballos á -Ohañez, donde entendió que se recogian enemigos; mas por avisos ciertos -del capitan de Adra supo que en él no habia cuarenta personas, y por -alguna falta de vituallas le mandó tornar. Recogió y envió á Granada -gran cantidad de cautivos cristianos, á quien habia dado libertad en -todos los pueblos que ganó y se le rindieron: recibió los lugares que -sin condicion se le entregaron. Estaba Diego de la Gasca sospechoso en -Adra, que los vecinos de Turon, lugar de los rendidos en Cehel, acogian -moros enemigos, y queriendo él por sí saber la verdad para dar aviso -al marqués, fue con su gente; mas no hallando moros entró de vuelta á -buscar cierta casa, de donde salió uno de ellos que le dió cierta carta -de aviso fingida, y al abrirla le metió un puñal por el vientre: hirió -tambien dos soldados antes que le matasen. Murió Gasca de las heridas, -y mandó en su testamento que las ganancias que habia hecho en la guerra -se repartiesen entre soldados pobres, huérfanos, viudas, mujeres y -hijas de soldados: era sobrino hijo de hermano de Gasca, obispo de -Sigüenza, que venció en una batalla á los Pizarros y pacificó el reino -del Perú. - -En el mismo tiempo, D. Luis Fajardo marqués de Velez, gran señor en el -reino de Murcia, solicitado, como dijimos, por cartas del presidente -de Granada, habia salido con sus amigos, deudos y allegados, á entrar -en el reino de Almería: era la gente que llevaba número de dos mil -infantes y trescientos caballos, la mayor parte escogidos. La primera -jornada fue combatir una gruesa banda de moros, que atravesaban -desmandados en Illar: de allí fue sobre Filix: tomóla, y saqueóla -enriqueciendo la gente; peleóse con harto riesgo y porfía; murieron -de los enemigos muchos, pero mas mujeres que hombres, entre ellos su -capitan, llamado Futei, natural de Zenette. Hecho esto, por falta de -vituallas se recogió á los lugares del rio de Almería; donde para -mantener la gente y su persona vino á Cosar de Canjayar, barranco -de la Hambre le llaman por otro nombre en su lengua, porque en él -se recogieron los moros, cuando el Rey Católico D. Fernando hizo la -empresa de Andarax en el primer levantamiento, donde pasaron tanta -hambre que cuasi todos murieron. - -La toma de Poqueira, Jubiles y Paterna puso temor á los enemigos, -porque tenian reputacion de fuertes, y indignacion por la pérdida -que en ellos hicieron de todas sus fortunas: comenzaron á recogerse -en lugares ásperos, ocupar las cumbres y riscos de las montañas -fortificando á su parecer lo que bastaba; pero no como gente plática, -antes ponian todas sus esperanzas y seguridad en esparcir, y dejando -la frente al enemigo pasar á las espaldas, mas con apariencia de -descabullirse, que de acometer. Pareció al marqués con estos sucesos -quedar llana toda la Alpujarra; y dando la vuelta por Andarax y Cadiar, -tornó á Orgiba, por estar mas en comarca de la mar, rio de Almería, -Granada, y la misma Alpujarra. Entre tanto, aunque la rebelion parecia -estar en el Alpujarra en términos de sosegada, echó raices por diversas -partes: á la parte de poniente por las Guajaras, tres lugares pequeños -juntos que parten la tierra de Almuñecar de la de Val de Leclin, -puestos en el valle que desciende al puerto de la Herradura; desdichado -por la pérdida de veinte y tres galeras anegadas con su capitan general -D. Juan de Mendoza, hombre de no menos industria y ánimo que su padre -D. Bernardino y otros de sus pasados, que en diversos tiempos valieron -en aquel ejercicio. El señor de uno de aquellos lugares, ó con ánimo -de tenellos pacíficos, ó de roballos y cautivar la gente, juntando -consigo hasta doscientos soldados desmandados de la costa, forzó á los -vecinos que le alojasen y contribuyesen extraordinariamente. Vista -por ellos la violencia dilatándolo hasta la noche, le acometieron de -improviso, y necesitaron á retraerse en la iglesia donde quemaron á él -y á los que entraron en su compañía. No dió tiempo á los malhechores la -presteza del caso para pensar en otro partido mas llano, que juntarse -llegando á sí de la gente de lugares vecinos tres mil personas de todas -edades, en que habia mil y quinientos hombres de provecho, armados -de arcabuces, ballestas, lanzas y gorguzes y parte hondas, como la -ira y la posibilidad les daba; y sin tomar capitan, de comun parecer -ocuparon dos peñones, uno alto de subida áspera y difícil, otro menor -y mas llano. Aquí pusieron su guardia, y se repararon sin traveses, -parte con piedra seca, parte con mantas y jalmas como rumbadas, á -falta de rama y tierra. Estos dos sitios escogieron para su seguridad, -juntando despues consigo algunos salteadores, Giron, Marcos el Zamar -capitanes, y otros hombres á quien convidaba la fortaleza del sitio, -el aparejo de la comarca, y la ocasion de las presas. Fue el marqués -avisado, que andaba visitando algunos lugares de la tierra como seguro -de tal novedad; y visto que el fuego se comenzaba por parte peligrosa -de lugares importantes guardados á la costa con poca gente, recelando -que saltase á la sierra de Bentomiz ó á la hoya y jarquia de Málaga, -deliberó partir con cuasi dos mil infantes y doscientos caballos, -avisando al conde que de Granada le reforzase con mas gente de pie y -de caballo. Eran los mas aventureros ó concejiles: tomó el camino de -las Guajaras dejando á sus espaldas lugares, como Ohañez y Valor el -alto, sospechosos y sobresaltados, aunque solos de gente segun los -avisos. Algunos le juzgaban, diciendo, que pudiera enviar otra persona -ó á su hijo el conde en su lugar; pero él escogió para sí la empresa -con este peligro: ó porque el rey vista la importancia del caso no le -proveyese de compañero, ó por entretener la gente en la ganancia. Tanto -puede la ambicion en los hombres puesto que sea loable, que aun de los -hijos se recatan. Sacar al conde de Granada, que le aseguraba la ciudad -á las espaldas y le proveía de gente y de vitualla, parecia consejo -peligroso; y partir la empresa con otro, despojarse de las cabezas; -que si muchas en número y calidad de personas, en experiencia eran -pocas. Estas dudas saneó con la presteza, porque antes que los enemigos -pensasen que partia, les puso las armas delante. Halláronse en toda la -jornada muchas personas principales, así del reino de Granada como de -la Andalucía, que en las ocasiones serán nombrados. Partió el marqués -de Andarax, y sin perder tiempo vino de Cadiar á Orgiba; y tomando -vitualla á Velez de Benabdalá, pasó el rio de Motril, la infantería á -las ancas de los caballos, y llegó á las Guajaras que están en medio. -Vino D. Alonso Portocarrero con mil soldados, ya sano de sus heridas, -y otras dos bandas de infantería, ciento y cincuenta caballos, gente -hecha en Granada, que enviaba el conde de Tendilla, el conde de -Santistévan con muchos deudos y amigos de su casa y vasallos suyos. -Mas los enemigos, como de improviso descubrieron el campo, comenzaron -á tomar el camino de los Peñones y víanse subir por la montaña con -mujeres y hijos. Viendo el marqués que se recogian á sus fuertes, envió -una compañía de arcabuceros á reconocerlos, y dañarlos si pudiesen; -pero dende á poco le trajo un soldado mandado del capitan, que por -ser los enemigos muchos y su gente poca, ni se atrevia á seguillos, -porque no le cargasen; ni á retirarse, porque no le rompiesen: pedia -para lo uno y lo otro mil hombres. Envióle alguna arcabucería, y él con -la gente que pudo llegar ordenada, le siguió hasta las Guajaras altas -por hacerle espaldas, donde alojó aquella noche con mal aparejo; pero -los unos y los otros sin temor, los nuestros por la confianza de la -victoria, los enemigos de la defensa. - -Entre los que allí vinieron á servir, fue uno D. Juan de Villarroel, -hijo de D. García de Villarroel, adelantado que fue de Cazorla, y -sobrino (segun fama) de fray Francisco Jimenez, cardenal y arzobispo -de Toledo, gobernador de España entre la muerte del Rey Católico -D. Fernando, y el reinado del emperador D. Cárlos. Era á la sazon -capitan de Almería, y servia de comisario general en el campo: -hombre de años, probado en empresas contra moros, pero de consejos -sutiles y peligrosos, que habia ganado gracia con hallar culpas en -capitanes generales, siendo á veces escuchado y al fin remunerado. -Este, por abrirse camino para algun nombre en aquella ocasion, -gastó la noche sin sueño en persuadir al marqués que le mandase con -cincuenta soldados á reconocer el fuerte de los enemigos; diciendo -que del alojamiento no se descubria el paso del peñon alto. Concurrió -el marqués, mostrando hacerlo mas por permision y licencia que -mandamiento, pero amonestándole que no pasase del cerro pequeño que -estaba entre su alojamiento y la cuesta; y que no llevase consigo -mas de cincuenta arcabuceros: blandura que suele poner á veces á los -que gobiernan en grandes y presentes peligros. Mas D. Juan pasando -el cerro comenzó á subir la cuesta sin parar, aunque fue llamado del -marqués; y á seguillo mucha gente principal y otros desmandados, ó -por acreditar sus personas, ó por codicia del robo. Pasaban ya los -que subian de ochocientos, sin poderlo el marqués estorbar; porque D. -Juan viéndose acrecentado con número de gente, y concibiendo en sí -mayores esperanzas, teniéndose por señor de la jornada, sin guardar -la órden que se le dió ni la que se daba en hechos semejantes, -desmandada la gente no con mas acierto que el que daba su voluntad á -cada uno; comenzó la subida con el ímpetu y priesa que suele quien va -ignorante de lo que puede acontecer; mas dende á poco con flojedad y -cansancio. Vista por los enemigos la desórden, hicieron muestra de -encubrirse con el peñon bajo dando apariencia de escapar: pensaron -los nuestros que huían, y apresuraron el paso; creció el cansancio, -oíanse tiros perdidos de arcabucería, voces de hombres desordenados, -víanse arremeter, parar, cruzar, mandar; movimientos segun el aliento -ó apetito de cada uno: en ochocientas personas mostrarse mas capitanes -que hombres, antes cada cual lo era de sí mismo: el hábito del capitan -un capote, una montera, una caña en la mano. No se estaba á media -cuesta, cuando la gente comenzó á pedir municion de mano en mano: -oyeron los enemigos la voz, peligrosa en semejantes ocasiones; y viendo -la desórden, saltaron fuera con el Zamar hasta cuarenta hombres; esos -con pocas armas y menos muestra de acometer: pero convidados del -aparejo, y ayudados de piedras que los del peñon echaban por la cuesta -y de alguna gente mas, dieron á los nuestros una carga harto retenida, -aunque bastante para que todos volviesen las espaldas con mas priesa -que habian subido, sin que hombre hiciese muestra de resistir, ni la -gente particular fuese parte para ello; antes los seguian, mostrando -querellos detener: fueron los moros creciendo, ejecutando, y matando -hasta cerca del arroyo. Murió D. Juan de Villarroel desalentado, con -la espada en la cinta, cuchilladas en la cabeza y las manos, segun se -reparaba: D. Luis Ponce de Leon, nieto de D. Luis Ponce, que herido de -muerte, y caido le despeñó un su criado por salvalle, y Juan Ronquillo, -veedor de las compañías de Granada, y un hijo solo del maestre de -campo Hernando de Oruña, viéndole su padre y todos peleando. Fueron -los muertos muchos mas que los que los seguian, y algunos ahogados -con el cansancio; los demás se salvaron, y entre ellos D. Gerónimo -de Padilla, hijo de Gutierre Lopez de Padilla, que herido y peleando -hasta que cayó, le sacó arrastrando por los pies un esclavo á quien -él dió libertad. El marqués, vista la desórden, y que los enemigos -crecian y venian mejorados, y prolongándose por la loma de la montaña -á tomarle las espaldas, encaminados á un cerro que le estaba encima, -envió á D. Alonso de Cárdenas con pocos arcabuceros que pudo recoger; -hombre suelto y de campo; el cual previno y aseguró el alto. Estaba -el marqués apeado con la caballería, las lanzas tendidas, guarnecido -de alguna arcabucería esperando los enemigos, y recogiendo la gente -que venia rota: pudo esta demostracion y su autoridad refrenar la -furia de los unos, detener y asegurar los otros, aunque con peligro y -trabajo. Otro dia al amanecer llegó la retaguardia: serian por todos -cinco mil y quinientos infantes, y cuatrocientos caballos; compañía -bastante para mayor empresa, si se hubiera de tener cuenta con solo el -número. Ordenó solo un escuadron por el temor de la gente que el dia de -antes habia recibido desgracia, guarnecido á los costados con mangas -prolongadas de arcabucería. Era el peñon por dos partes sin camino, mas -por la que se continuaba con la montaña habia salida menos áspera: aquí -mandó estar caballería y arcabucería apartada, pero cubierta; porque -vistos no estorbasen la huida. Son los moros cuando se ven encerrados -impetuosos y animosos para abrirse paso, mas abierto procuran salvarse -sin tornar el pecho al enemigo, y por esto si á alguna nacion se ha de -abrir lugar por donde se vayan, es á ellos. Acometiólos con esta órden, -y duró el combatir con pertinacia hasta la escuridad de la noche, los -unos animados, los otros indignados del suceso pasado: mandó tocar á -recoger, y alojó pegado con el fuerte, encomendando la guardia á los -que llegaron holgados. Puso la noche á los enemigos delante de los -ojos el peligro, el robo, la cautividad, la muerte; trájoles el miedo, -confusion y discordia, como en ánimos apretados que tienen tiempo -para discurrir: unos querian defenderse, otros rendirse, otros huir; -al fin salió la mayor parte de la gente forastera y monfíes con los -capitanes Giron y el Zamar, sacando las mujeres y niños que pudieron, -y quedó todavía número de gente de los naturales; y aunque flacamente -reparada, si tuvieran esfuerzo y cabezas, con el favor de lo pasado y -el aparejo del sitio solas mujeres bastaban á defenderse. Hicieron al -principio resistencia, ó que el desdeño de verse desamparados, ó la ira -los encendiese; pero apretados enflaquecieron, y dando lugar fueron -entrados por fuerza: no se perdonó con órden del marqués á persona ni á -edad: el robo fue grande, y mayor la muerte, especialmente de mujeres; -no faltó ambicion que se ofreciese á solicitalla, como cargo de mayor -importancia. Escapó Giron; fue preso y herido de un arcabucero por el -muslo el Zamar por salvar una hija suya doncella que no podia con el -trabajo del camino; y llevado á Granada le mandó atenazar el conde de -Tendilla, que hizo calificada la victoria. - -Tomado el fuerte de las Guajaras envió el marqués el campo con el conde -de Santistévan, que le esperase en Velez de Benabdalá; y fue á visitar -á Almuñecar, Salobreña, Motril, lugares á la marina guardados contra -los cosarios de Berbería, y quedó por entonces asegurada aquella tierra -hasta Ronda. Puso en el oficio de D. Juan de Villarroel á D. Francisco -de Mendoza su hijo; nombró veedores y otros oficiales de hacienda, -sin que el gobierno del campo no podia pasar. Pero no dejaron perder -sus émulos aquella ocasion de calumniarle, diciendo: ser él mismo -quien proveía, libraba, pagaba, repartia las contribuciones, presas, y -depósitos; pues sus hijos y criados lo hacian: cosa que los capitanes -generales suelen y deben huir. Pero la necesidad y la salida del -negocio mostró haber sido mas provechoso consejo para la hacienda del -rey en lo poco que se gastó con mucha gente y en mucho tiempo. Llegado -á Velez tornó á Orgiba, dióse á recibir gentes y pueblos que se venian -á rendir: entregaban las armas los que habitaban por toda la Alpujarra -y rio de Almería, y los que en las montañas andaban alzados rendíanse -á merced del rey sin condicion: traían mujeres, hijos, y haciendas; -comenzaban á poblar sus casas, ofrecíanse á ir con ellas á morar, como -y donde los enviasen; y si en la tierra los quisiesen dejar, mantener -guardia para defension y seguridad de ella, solamente que se les diesen -las vidas y libertad; pero aun estas dos condiciones no les admitió. -No por eso dejaban de venirse; dábales salvaguardia con que vivian -pacíficos, aunque no del todo asegurados; y hallando el campo lleno -de esclavos y cristianos libertados que comian la vitualla, depositó -quinientas moriscas en poder de sus padres, hermanos y maridos, y -sobre sus palabras las recibieron en Ujijar: y dende á poco envió -con alguaciles por ellas para volvellas á sus dueños, que sin faltar -personas las tornaron: cosa no vista en otro tiempo ó fuese el miedo -y la obediencia, ó fuese que restituían las mujeres de que hallan -abundancia en toda parte, y por esto son estimadas como alhaja; y los -hijos donde se los criasen; descargándose de bocas inútiles y embarazo -cojijoso; y aquí hizo particulares justicias de muchos culpados. - -Discurrian los soldados de veinte en veinte sin daño; dábanse á -descubrir personas y ropa escondida por la montaña; combatian cuevas -donde habia moriscos alzados: todo era esclavos, despojos, riquezas. -No eran por entonces tantas las desórdenes que los moriscos no las -pudiesen sufrir, ni tantos los autores que no pudiesen ser castigados; -pero fuéronse los unos con la ganancia, vinieron otros nuevos -codiciosos que mudaban el estado de paz en desasosiego, y de obediencia -en desconfianza. Vióse un tiempo en el cual los enemigos (ó estuviesen -rendidos, ó sobresanados) pudieran con facilidad y poca costa ser -oprimidos, y venirse al término que despues se vino de castigo, de -opresion, ó de destierro; ó sacándolos á morar en Castilla, poblar la -tierra de nuevos habitadores, sin pérdida de tanto tiempo, gente, y -dineros, sin hambre, sin enfermedad, sin violencia de vasallos. No son -los hombres jueces de los pensamientos y motivos de los reyes; pero -mucho puede en el ánimo de un príncipe ofendido por caso de rebelion -ó desacato, la relacion aunque interesada ó apasionada que le inclina -á rigor y venganza; porque cualquier tiempo que se dilata, aunque sea -para mayor oportunidad, le parece estorbo. - -En esto la gente de Granada, libre del miedo y de la necesidad, tornó -á la pasion acostumbrada: enviaban al rey personas de su ayuntamiento; -pedian nuevo general; nombraban al marqués de Velez, engrandeciendo -su valor, consejo, paciencia de trabajos, reputacion: partes que -aunque concurriesen en él, la mudanza de voluntades, y los mismos -oficios hechos en su perjuicio, dende á pocos dias que entonces en -su favor, mostraban no haberse movido los autores con fin de loallas -porque fuesen tales. Calumniaban al de Mondejar que permitia mucho -á sus oficiales; que no se guardaban las vituallas; que los ganados -pudiendo seguir el campo se llevaban á Granada; que no se ponia cobro -en los quintos y hacienda del rey; que teniendo presidente cabeza -en los negocios de justicia, tantas personas graves y de consejo en -la chancillería, un ayuntamiento de ciudad, un corregidor solícito, -tantos hombres prudentes; no solamente no les comunicaba las ocasiones -en general, pero de los sucesos no les daba parte por escrito, ni -de palabra; antes indignado por competencias de jurisdicciones, -preeminencias de asientos ó manera de mandar, sabian de otros antes -la causa porque se les mandaba, que recibiesen el mandamiento. Loaban -la diligencia del presidente en descubrir los tratados, los consejos, -los pensamientos de los enemigos; entretener la gente de la ciudad; -exhortar á los señores del reino que tomasen las armas, en particular -al marqués de Velez, y otras demostraciones que atribuidas al servicio -del rey eran juzgadas por honestas, y á su particular por tolerables: -empresas de reputacion y autoridad, no desdeñando, ni ofendiéndola; y -que en fin como quiera eran de suyo provechosas al beneficio público: -que la guerra no estaba acabada, pues los enemigos aun quedaban en pie; -que las armas entregadas eran inútiles y viejas: mostrábanse indignados -y rebeldes, resueltos á no mandarse por el marqués. Los alcaldes -(oficio usado á seguir el rigor de la justicia y aun el de la venganza, -porque cualquiera dilacion ó estorbo tienen por desacato) culpaban -la tibieza en el castigar; recibir á merced y amparar gente traidora -á Dios y al rey; las armas en la mano de padre y hijo; oprimida la -justicia y el gobierno; llena Granada de moros, mal defendida de -cristianos; muchos soldados y pocos hombres; peligros de enemigos y -defensores, deshaciendo por un cabo la guerra y criándola por otro. -Por el contrario los amigos y allegados del marqués y su casa decian: -que la guerra era libre, los oficiales y soldados concejiles, y esos -sin sueldo, movidos de su casa por la ganancia; los ganados habidos -de los enemigos; que por todo se hallaria que la carne y el trigo y -cebada se aprovechaba de dia en dia; que mal se podian fundar presidios -para guarda de vitualla con tan poca gente, ni asegurar las espaldas -sino andando tan pegados con los enemigos, que les mostrasen cada -hora las cuerdas de los arcabuces y los hierros de las picas; que los -quintos tenian oficiales del rey en quien se depositaban, y pasaban por -almonedas; que los oficios eran tan apartados, y los consejos de la -guerra requerian tanto secreto, que fuera de ella no se acostumbraba -comunicarlos con personas de otra profesion, aunque mas autoridad -tuviesen; porque como plática extraña de sus oficios, no sabian en que -lugar se debia poner el secreto; que tras el publicar venia el yerro, y -tras el yerro el castigo; y que como el presidente y oidores ó alcaldes -no le comunicaban los secretos de su acuerdo, así él no comunicaba con -ellos los de la guerra, ni se vian, ni habia causas porque hubiese -esta desigualdad, ó fuese autoridad ó superioridad. De lo que tocaba -al corregidor y la ciudad burlaban, como cosa de concejo y mezcla de -hombres desigual. Que los que eran para entender la guerra andaban -en ella y servian ellos ó sus hijos al rey, y obedecian al marqués -sin pasion. Que los cumplimientos eran parte de buena crianza; y cada -uno si queria ser mal quisto, podia ser mal criado. Que trayendo tan -á la continua la lanza en la mano, mal podia desembarazalla para la -pluma. Que la guerra era acabada, segun las muestras, y el castigo -se guardaria para la voluntad del rey, y entonces tenian su lugar la -mano y la indignacion de las justicias; y si decian que sobresanada -porque estaban los enemigos en pie y armados, lo sobresanado ó acabado, -lo armado y desarmado es todo uno, cuando los enemigos, ó se rinden, -ó están de manera que pueden ser oprimidos sin resistencia, como lo -estaban á la sazon los del reino y la ciudad de Granada. Que de aquello -servia la gente en el Albaicin y la Vega, la cual como entretenida con -alojamientos y sin pagas, no podia sino dar pesadumbre y desordenarse; -ni como poco plática saber la guerra tan de molde que no se les -pareciese que eran nuevos. Pero la carga de lo uno y de lo otro estaba -sobre los enemigos, á quien ellos decian que se habia de dar riguroso -castigo: lo cual aunque se diferia, no se olvidaba; que espantallos -sin tiempo era perder el fin y las comodidades que se podian sacar de -ellos; que las personas cuando eran tales siempre serian provechosas, -especialmente las que sirviesen á su costa, como la del marqués de -Velez, probada para cualquier gran cargo que estuviese sin dueño. - -Mas el marqués, hombre de estrecha y rigurosa disciplina, criado al -favor de su abuelo y padre en gran oficio, sin igual ni contradictor, -impaciente de tomar compañía; comunicaba sus consejos consigo mismo, y -algunos con las personas que tenia cabe sí pláticas en la guerra, que -eran pocas: de las apariencias, aunque eran comunes á todos, á ninguno -daba parte; antes ocasion á algunos (especialmente á mozos y vanos), -de mostrarse quejosos. Tomó la empresa sin dineros, sin municion, sin -vitualla, con poca gente y esa concejil, mal pagada y por esto no bien -disciplinada; mantenida del robo, y á trueco de alcanzar ó conservar -este, mucha libertad, poca vergüenza, y menos honra; excepto los -particulares que á su costa venian de toda España á servir al rey, y -eran los primeros á poner las manos en los enemigos. Tuvo siempre por -principal fin pegarse con ellos; no dejar que se afirmasen en lugar ni -juntasen cuerpo; acometellos, apretallos, seguillos; no dalles ocasion -á que le siguiesen, ni mostrarles las espaldas aunque fuese para su -provecho; recibir los que de ellos viniesen á rendirse; disminuillos y -desarmallos, y á la fin oprimillos; para que poniéndoles guarniciones -con un pequeño ejército, pudiese el rey castigar los culpados, -desterrar los sospechosos, deshabitar el reino, si le pluguiese pasar -los moradores á otra parte: todo con seguridad y sin costa, antes á la -de ellos mismos. Hizo muchas veces al rey cierto del término en que las -cosas se hallaban: y aunque guiando ejércitos no hubiese venido otras -veces á las manos con los enemigos, todavía con la plática que tenia de -la manera del guerrear de estos, aprendida de padres y abuelos y otros -de su linaje que tuvieron continuas guerras con los moros, los trajo á -tal estado y en tan breve tiempo, como el de un mes; no embargante que -muchas veces se le escribiese, que procediese con ellos atentamente. -Puesta la guerra en estos términos, túvola por acabada facilitando lo -que estaba por hacer; con que se hizo mas odioso, pareciendo á hombres -ausentes cuerdos y de experiencia, que habia de retoñecer con mayor -fuerza como el tiempo diese lugar, y las esperanzas de Berbería se -calentasen, y los castigos y reformaciones comenzasen á ejecutarse: y -tuvieron por largo el negocio, por ser de montaña contra gente suelta y -plática de ella, y otras causas, que por nuestra parte se les habian de -dar. - -En este mismo tiempo comenzó á descubrirse la guerra en el rio de -Almería, con la ida del marqués de Mondejar á las Guajaras y tierra de -Almuñecar. Ohañez es un lugar puesto entre dos rios en los confines -de la Alpujarra, marquesado de Zenette, y tierra de Almería: aquí -se recogieron moros que andaban huidos en la montaña (sobras de -los rencuentros pasados), convidados de la fortaleza del sitio, y -persuadidos por el Tahalí, á quien tomaron por capitan. Pusieron mil -hombres á la guardia del lugar donde habian encerrado sus hijos, -mujeres y haciendas; sin otro mayor número que defendian la tierra, -todos determinados á pelear. - -Estaba el marqués de Velez en el rio de Almería entretenido con parte -de la gente del reino de Murcia; y la demás era vuelta, como es -costumbre, rica de la ganancia: esperaba órden del rey si tornaria á -la tierra de Cartagena, que confina con el reino de Granada por el rio -de Mojacar, que los antiguos llamaban Murgis; ampararia la tierra del -rey, y la suya vecina á la mar; defenderia que los moros del reino de -Granada no pasasen por aquella parte á desasosegar los del reino de -Valencia; recelado y cuasi cierto peligro en la primera ocasion de -pérdida nuestra importante: y convenia (ocupado el marqués de Mondejar -en las Guajaras) atajar el fuego de las espaldas. No habia en pie armas -tan cerca como estas, solicitadas por el presidente de Granada, mas -despues con aprobacion del rey. - -Los que igualmente juzgaban lo bueno que lo malo, atribuían á -pasion esta diligencia, por excluir ó dar compañero al marqués de -Mondejar; pero las personas libres, á buena provision y en conveniente -conyuntura. Movióse el marqués de Velez con tres mil infantes y -trescientos caballos contra los enemigos, que le esperaban á la subida -de la montaña en un paso áspero y dificultoso: combatiólos y rompiólos -no sin dificultad; donde se mostró por su persona buen caballero. Mas -los enemigos recogiéndose á Ohañez estuvieron á la defensa. Acometiólos -con pocas armas, y rompiólos segunda vez; murieron cuasi doscientos -hombres con Tahalí su capitan, y en la entrada muchas mujeres; de los -nuestros algunos: salváronse de los moros por las espaldas del lugar -la mayor parte que estaba á la defensa sin ser seguidos; y pudieran, -si algun capitan plático los gobernara, hacer daño á los nuestros -embebecidos y cargados con el saco. Fue grande la importancia del hecho -por la ocasion. Á las gradas de la iglesia halló el marqués cortadas -veinte cabezas de doncellas, los cabellos tendidos, puestas por órden, -que los de aquella tierra cuando el rio de Almería se rebeló, en una -junta que tuvieron en Guecija, prometieron sacrificar juntamente con -veinte sacerdotes adoradores de los ídolos (que tal nombre dan á las -imágenes); porque Dios y su profeta Mahoma los ayudase. Poco antes -que el marqués entrase habian degollado las doncellas: los sacerdotes -hicieron mayor defensa; mas con quemar veinte frailes ahogados en -aceite hirviendo, pagaron el voto en la misma Guecija. ¡Cruel y -abominable religion, aplacar á Dios con vida y sangre inocente; pero -usada dende los tiempos antiguos en África, traida de Tiro, introducida -en la ciudad de Cartago por Dido su fundadora: tan guardada hasta -nuestros tiempos entre los moradores de aquella region, que es fama -que en la gran empresa que el emperador D. Cárlos, vencedor de muchas -gentes, hizo contra Barbarroja, tirano de Túnez, sacrificaron los moros -del cabo de Cartago cinco niños cristianos al tiempo que descubrieron -nuestra armada, á reverencia de cinco lugares que tienen en el alcoran, -donde se inclinan porque Dios los ampare y defienda en los peligros! El -marqués, habido este suceso en su favor, se recogió con la gente que -con él quiso quedar en Terque, lugar del rio de Almería, corriendo por -la tierra. - -Las cosas de Granada estaban en el estado que tengo dicho. El rey habia -enviado á D. Antonio de Luna, hijo de D. Álvaro de Luna, y á D. Juan -de Mendoza, hombres de gran linaje, pláticos en la guerra, que habian -tenido cargos, y dado buena cuenta de ellos, para que asistiesen con el -conde de Tendilla como consejeros, estando á la órden que él les diese -en ausencia del marqués su padre; avisando al conde de la provision -con palabras blandas y comedidas; para que con ellos pudiese descargar -parte del trabajo. Puso el conde á D. Juan dentro en la ciudad con la -infantería cuyas armas habia profesado; y á D. Antonio á la guarda de -la Vega con doscientos caballos y parte tambien de la infantería. - -Llegado el marqués de Mondejar á Orgiba continuando su propósito, -ocupóse en recibir pueblos y gente, que sin condicion venian á -rendirse con las armas; y en perseguir las sobras del campo de Aben -Humeya, su persona, parientes y allegados, que eran muchos, y con -él andaban huidos por las montañas. Estaba aun Valor, el alto, por -rendirse, pero sosegado; adonde tuvo aviso que Aben Humeya se recogia -con treinta hombres en las casas de su padre, y en Mecina su tio -Aben Jauhar. Envió dos compañías de infantería que no los hallando -se tornaron con haber saqueado á Valor y Mecina, mas á los de Mecina -que estaban con salvaguardia, mandó volver la ropa y cautivos dende -á poco. Fue tambien avisado que en el mismo lugar se escondia Aben -Humeya con ocho personas, y envió dos escuadras con sendos adalides -pláticos de la tierra con órden que vivo ó muerto le hubiesen á las -manos. Llaman adalides en lengua castellana á las guias y cabezas de -gente del campo, que entran á correr tierra de enemigos; y á la gente -llamaban almogávares: antiguamente fue calificado el cargo de adalides; -elegíanlos sus almogávares; saludábanlos por su nombre levantándolos -en alto de pies en un escudo: por el rastro conocen las pisadas de -cualquiera fiera ó persona, y con tanta presteza que no se detienen -á conjeturar; resolviendo por señales, á juicio de quien las mira -livianas, mas al suyo tan ciertas, que cuando han encontrado con lo que -buscan, parece maravilla ó envahimiento. No hallaron en Valor, el alto, -rastro de Aben Humeya, pero en el bajo oyeron chasquido de jugar á la -ballesta, músicas, canto y regocijo de tanta gente, que no la osando -acometer se tornaron á dar aviso. Envió dos capitanes, Antonio de -Ávila y Álvaro de Flores, con trescientos arcabuceros escogidos entre -la gente que á la sazon habia quedado, que era poca, porque con la -ganancia de los Guajaras, y con tener por acabada la guerra se habian -ido á sus casas, hombres levantados sin pagas, sin el son de la caja, -concejiles; que tienen el robo por sueldo, y la codicia por superior. -Fueron con estos trescientos, otros mas de quinientos aventureros y -mochileros á hurto, sin que guarda ó diligencia pudiese estorballo. -Llevaron los capitanes órden de palabra, que tomasen y atajasen los -caminos, cercasen el lugar, y sin que la gente entrase dentro, llamasen -los regidores y principales; requiriésenlos que entregasen Aben Humeya -que se llamaba rey; y en caso que se excusasen, con personas deputadas -por ellos mismos y por los capitanes, le buscasen por las casas; y no -pareciendo trajesen los regidores presos ante el marqués, sin hacer -otro daño en el lugar. Partiendo con esta resolucion, y antes que -llegasen á Valor, donde se descubre la punta de Castil de Ferro, los -alcanzó Ampuero, capitan de campaña, y les dió la misma órden por -escrito; añadiendo que si gente de salvaguardia ó de Valor, el alto, -la hallasen en el bajo, la dejasen estar. Mas Antonio de Ávila, que ya -traía consigo la mala fortuna, dicen que respondió: _que si en algo se -excediese de la órden, todo seria dar culpa á los soldados_. Llegando á -Valor tomaron los caminos; cercaron el lugar: salieron los principales -á ofrecer favor, diligencia, vituallas; mas los que vinieron al cuartel -de Antonio de Ávila fueron muertos sin ser oidos. Alteróse el lugar; -entraron los soldados matando y saqueando; juntáronseles los de Álvaro -Flores, que para esto eran todos en uno; murieron algunos moriscos, que -no pudieron defenderse ni huir; fue robada la tierra, y los soldados -recogieron el robo en la iglesia diciendo los capitanes: que su órden -era llevar los moriscos presos, y no podian de otra manera cumplir con -ella. Mas los moriscos visto el daño, hicieron ahumadas á los suyos -que andaban por la montaña, y á los que cerca estaban escondidos: los -nuestros al nacer del dia partiendo la presa, en que habia ochocientos -cautivos y mucha ropa, las bestias y ellos cargados, tomaron el camino -de Orgiba, los embarazos y presas en medio. Partida la vanguardia, -mostróse á la retaguardia Abenzaba, capitan de Aben Humeya en aquel -partido, con trescientos hombres como de paz: requeríalos con la -salvaguardia; que dejando las personas cautivas llevasen el resto; mas -viendo cuan poco les aprovechaba comenzaron á picallos y desordenallos, -hasta que á la cubierta de un viso dieron en la emboscada de doscientos -hombres, y volviéndose á las mujeres les dijeron: _Damas, no vais con -tan ruin gente_. Juntamente con estas palabras el Partal, hombre cuerdo -y valiente, uno de cinco hermanos todos de este nombre que vivian en -Narila, acometió la retaguardia por el costado; mas los soldados por no -desamparar la presa hicieron poca resistencia: la vanguardia caminaba -cuanto podia sin hacer alto ni descargarse de la presa, y todos iban -ya ahilados; los delanteros por llegar á Orgiba; los postreros por -juntarse con los delanteros: en fin del todo puestos en rota sin -osar defenderse ni huir, muertos los capitanes y oficiales, rendidos -los soldados y degollados: con la presa á cuestas ó en los brazos, -salváronse entre todos como cuarenta; los demás fueron muertos sin -recibir á prision; ni perder los enemigos hombre, de quinientos que se -juntaron. Como sucedió el caso, enviaron á excusarse con el marqués, -cargando la culpa á los capitanes, y ofreciendo estar á justicia. Mas -él entendida la desgracia puso en Orgiba mayor guardia, repartió los -cuarteles á la caballería como quien esperaba los enemigos: llegó -el mismo dia el aviso á Granada; y el conde Tendilla despachó á D. -Antonio de Luna con mil infantes y cien caballos, y órden que llegado á -Lanjaron hasta donde era el peligro, dejando la gente en lugar seguro -y el gobierno al sarjento mayor, tornase á Granada. Llegaron á Orgiba -dentro el tercero dia que el caso aconteció; reforzó las guardias en el -Alhambra, en la ciudad y la Vega; porque los moriscos favorecidos con -este suceso no intentasen novedad. - -Habia escrito el rey al marqués, que temporizase con los enemigos no se -poniendo en ocasion de peligro; temeroso de nuestra gente por ser toda -número, excepto los particulares. Representábansele los inconvenientes -que en una desgracia pueden suceder; acabarse de levantar el reino, -venir los de Berbería en ocasion que las armas del gran turco se -comenzaban á mostrar en Levante; incierto donde pararia tan gran -armada, aunque se veía que amenazase á Cipro. Parecíanle las fuerzas -del marqués pocas para mantener lo de dentro y fuera de Granada; -tenia lo pasado mas por correrías, escaramuzas y progresos de gente -desarmada, que por guerra cumplida. El general calumniado en la ciudad, -que le tenia de hacer espaldas; de donde habia de salir el nervio de -la guerra; la voluntad de algunas ciudades y señores en Andalucía no -muy conformes con la suya; los soldados descontentos; y no faltaban -pretensiones de personas que andaban cerca de los príncipes, ó á las -orejas de quien anda cerca de ellos. Pareció por entonces consejo de -necesidad suspender las armas, y tanto mas cuando llegó la nueva de -la desgracia acontecida en Valor. Escribióse al marqués resolutamente -que no hiciese movimiento; y porque la autoridad que tenia en aquella -tierra era grande, y la costumbre de mandar muy arraigada de padre y -abuelo, y parecia que en reino extendido y tierra doblada no podia dar -cobro á tantas partes, como la experiencia lo mostraba, porque estando -en Orgiba, se levantaron las Guajaras, y yendo á las Guajaras, Obañez; -acordó dividir la empresa dando al marqués de Velez cargo de los rios -de Almería y Almanzora, tierra de Baza y Guadix, y al de Mondejar el -resto del reino de Granada; enviar á ella por superior de todo á su -hermano D. Juan de Austria; por ventura resoluto á descomponer al uno -y al otro, y cierto de que ninguno de ellos se tenia por agraviado: -pues con la autoridad y nombre de su hermano cesaban todos los oficios; -los pueblos se mandarian con mayor facilidad; contribuirian todos mas -contentos; servirian mas listos teniendo cerca del rey á su hermano -por testigo; los soldados un general que los gratificase y adelantase; -la eleccion daria mayor sonido entre naciones apartadas, suspenderia -los ánimos de los bárbaros, quitaríales la avilanteza de armar, -imposibilitaríalos de hacer el socorro formado como empresa difícil y -sin efecto; ocuparia á D. Juan en hechos de tierra, como lo estaba en -los de mar; haríale plático en lo uno y en lo otro: mozo despierto, -deseoso de emplear y acreditar su persona, á quien despertaba la gloria -del padre y la virtud del hermano. Decíase tambien que en esta empresa -el rey deseaba ver el ánimo del marqués de Mondejar inclinado á mayores -demostraciones de rigor, por la venganza del desacato divino y humano, -por la rebelion, por el ejemplo de otros pueblos. Encendian esta -opinion relaciones y pareceres de personas, que cualquiera cosa donde -no ponen las manos les parece fácil, sin medir tiempo ni posibilidad, -presente ó porvenir, y de otras apasionadas; no sin artificio y -entendimiento de unas con otras. Mas los príncipes toman lo que les -conviene de las relaciones, dejando la pasion para su dueño. - -Estando las cosas en tales términos, con el suceso de Valor tomaron -los enemigos ánimo para descubrirse, y Aben Humeya entró con mayor -autoridad y diligencia en el gobierno; no como cabeza de pueblos -rogados ó gente esparcida sin órden, sino como rey y señor. Siguió -nuestra órden de guerra; repartió la gente por escuadras, juntóla en -compañías; nombró capitanes; mandó que aquellos y no otros arbolasen -banderas; púsolos debajo de coroneles, y cada partido que estuviese al -gobierno de uno que dicen alcaide (tahas llaman ellos á los partidos -de tahar, que en su lengua quiere decir sujetarse): este mandaba lo de -la guerra; nombre entre ellos usado dende tiempos antiguos, y puesto -por nosotros á los que tienen fortalezas en guarda. Para seguridad -de su persona pagó arcabucería de guardia, que fue creciendo hasta -cuatrocientos hombres; levantó un estandarte bermejo, que mostraba el -lugar de la persona del rey á manera de guion. - -Del principio de esta ceremonia en los reyes de Granada, olvidada por -haber pasado el reino á los de Castilla, diremos ahora. Muerto Abenhut -que tenia á Almería por cabeza del reino, tomaron (como dijimos) por -rey en Granada á Mahamet Alhamar, que quiere decir el Bermejo. Cuando -el Santo rey D. Fernando el III vino sobre Sevilla, hallóse con mucha -caballería este Mahamet á servir en aquella empresa, por haberle -ayudado el rey D. Fernando á tomar el reino: parecióle autoridad el -uso de guion, agradecimiento y honra poner en él la color y banda, que -traen los reyes de Castilla. Armóle caballero el rey el dia que entró -en Sevilla; dióle el estandarte por armas para él y los que fuesen -reyes en Granada; la banda de oro en campo rojo con dos cabezas de -sierpes á los cabos, segun la traen en su guion los reyes de Castilla; -añadió él las letras azules que dicen: _no hay otro vencedor sino -Dios_: por timbre tomó dos leones coronados que sobre las cabezas -sostienen el escudo; traen el timbre debajo de las armas, como nosotros -encima; porque así escriben y muestran los sitios, y cuentan las partes -del cielo y la tierra, al contrario de nosotros. Mas las armas antiguas -de los reyes de la Andalucía eran una llave azul en campo de plata; -fundándose en ciertas palabras del alcoran, y dando á entender que con -la destreza y el hierro abrieron por Gibraltar la puerta á la conquista -de poniente; y de allí llaman á Gibraltar por otro nombre, el monte -de la Llave. Hoy duran sobre la principal puerta de la Alhambra estas -armas con letras, que declaran la causa y el autor del castillo. - -Hacia con los suyos Aben Humeya su residencia en los lugares de Valor -y Poqueira, y en los que están en lo áspero de la Alpujarra; comiendo -la vitualla que tenian encerrada y la que hallaban sin dueño, con -mayor abundancia y á mas bajos precios que nosotros. Las rentas que -para mantenimiento del reino le señalaron fueron el diezmo de los -frutos y el quinto de las presas, y mas lo que tiránicamente quitaba -á sus súbditos. De esta manera se detuvieron, el marqués de Mondejar -rehaciéndose de gente en Orgiba, incierto en que pararia la suspension -del rey; y Aben Humeya gozando del tiempo, cobrando fuerzas, esperando -el socorro de Berbería para mantener la guerra, ó navíos en que pasarse -y desamparar la tierra. - -Estando las armas en este silencio; porque el bullicio no cesase en -alguna parte, sucedió en Granada un caso aunque liviano, que por -ser en ocasion y no pensado escandalizó. Habia en la cárcel de la -chancillería hasta ciento y cincuenta moriscos presos; parte por -seguridad (que eran escandalosos), parte por delitos ó sospecha de -ellos; todos como de los mas ricos y acreditados en la ciudad, así de -los mas inhábiles para las armas; gente dada á trato y regalo. Contra -estos se levantó voz á media noche estando los hombres en sosiego, que -procuraban quebrantar las prisiones, matar las guardias, salir de las -cárceles, y juntos con los moros de la Vega y Alpujarra levantar el -Albaicin, degollar los cristianos, escalar el Alhambra, y apoderarse -de Granada; empresa difícil para sueltos y muchos y experimentados, -aunque con menos recatamiento se estuviera. Mas no dejó de tener este -movimiento algunas causas; porque hubo informacion que lo trataban; -y deposiciones de testigos, que en ánimos sospechosos lo imposible -hacen parecer fácil. Acrecentaron la sospecha algunas escalas, aunque -de esparto, anchas y fuertes, fabricadas para escalar muralla, que el -conde halló en cierta cueva al cerro de Santa Elena; pertrecho que -los moros guardaban para entrar en el Alhambra la noche que vinieron -al Albaicin, como está dicho. Alborotado el pueblo, corrió á las -cárceles con autoridad de justicia, acriminando los ministros el caso y -acrecentando la indignacion: mataron cuasi todos los moriscos presos, -puesto que algunos hiciesen defensa con las armas que hallaban á mano, -como piedras, vasos, madera, poniendo tiempo entre la ira del pueblo -y su muerte. Habia en ellos culpados en pláticas y demostraciones, y -todos en deseo; gente flaca, liviana, inhábil para todo, sino para dar -ocasion á su desventura. - -No dejaban los moros en todo tiempo de procurar algun lugar de nombre -en la costa para dar reputacion á su empresa, y acoger armada de -Berbería; pero su principal intento se encaminaba á tomar á Almería, -ciudad asentada en sitio mas á propósito que Málaga, y despues de ella -la mas importante; habitada de moriscos y cristianos viejos, cerca de -los puertos de cabo de Gata, y de abundancia de carne, pan, aceite, -frutas; puesta á la entrada de muchos valles que unos llevan á la parte -del maestral á Granada, y otros á la del griego al rio de Almanzora y -tierra de Baza; al levante la de Cartagena, y al poniente Almuñecar y -Velez Málaga. En tiempo de romanos y godos fue (como ahora) cabeza de -provincia llamada Virgi; y en el de los moros, de reino, despues que -fueron echados de Córdoba. Pobláronla los de Tiro que vinieron á Cádiz, -poco apartada de la mar; los moros por la comodidad del agua pasaron -la poblacion adonde ahora está. Destruyóla el emperador de España D. -Alonso el VII, trayendo á sueldo el conde de Barcelona, con sesenta -galeras y ciento y sesenta y tres navíos de genoveses con Balduino y -Ansaldo de Oria, generales de la armada; á quien el rey dió por cuenta -de sus sueldos el vaso verde que hoy muestran en San Juan, y dicen ser -esmeralda: y puédese creer sin maravilla, vista la grandeza de los que -comienzan á venir del Nuevo Mundo, y la que refieren algunos antiguos -escritores. Esto tratan nuestras historias; aunque las de genoveses -refieren haberle tomado en la conquista de Cesarea en Asia, siendo -su capitan Guillelmo que llamaban Cabeza de Martillo: quede la fe de -esto al arbitrio de los que leen. Tornó á restaurar la ciudad Abenhut. -Cerca del nombre, aprendí de los moros naturales, que por la fábrica -de espejos de que habia gran trato, la llamaron Almería; tierra de -espejos quiere decir, porque al espejo llaman meri. Dicen los moros -valencianos, que por espejo del reino le pusieron este nombre. Las -historias arábigas, que en gran parte son fabulosas, cuentan que en lo -mas alto habia un espejo semejante al que se finge de la Coruña, en -que se descubrian las armadas. La memoria de los antiguos antes de los -moros es, que habia atalaya, á que los latinos llamaban _specula_, como -en la misma Coruña, para encaminar y mostrar los navíos que venian á -la costa, y de allí le dieron el nombre. Pero el autor que yo sigo, y -entre los arábigos tiene mas crédito, dice que cuando los moros ganada -España se quisieron volver á sus casas, para detenellos, les dieron -á poblar á cada uno la tierra que mas parecia á la suya; y á estas -provincias llamaron Coras, que quiere decir tanto, como la redondez -de la tierra que descubre la vista: horizonte la podrian llamar los -curiosos de vocablos. Los de Almería[49], ciudad populosa en la -provincia de Frigia, donde fue cabeza la gran Troya, escogieron á Virgi -por habitacion; porque les pareció semejante á su ciudad, y le dieron -su nombre, como dijimos que los de Damasco dieron el suyo á Granada. -Fue Almería la de Asia destruida por el emperador Constancio, en tiempo -de Mauhía IV, sucesor de Mahoma. Pues viendo el rey que los moros -insistian tanto en la empresa de Almería, y si la ocupasen seria tener -la puerta del reino, y fundar en ella nombre y cabeza segun la tuvieron -en otros tiempos; aunque por D. García de Villarroel se guardase con -bastante diligencia, quiso guardarla con mas autoridad. Mandó que por -entonces tuviese el cargo con mayor número de gente D. Francisco de -Córdoba que vivia retirado en su casa: hombre plático en la guerra -contra los moros, y que habia seguido al emperador en algunas; criado -debajo del amaestramiento de dos grandes capitanes, uno D. Martin de -Córdoba, su padre, conde de Alcaudete; otro D. Bernardino de Mendoza -su tio. Estando en Almería D. Francisco, llegó Gil de Andrada con las -galeras de su cargo y otras con que guardaba la costa; y teniendo ambos -aviso que en la sierra de Gador se recogia gran número de moros con -sus mujeres y hijos, (sobras de gente corrida por los marqueses de -Mondejar y Velez), acompañados de treinta turcos, temiendo que juntos -con otros le desasosegasen á Almería; juntó gente de la tierra, de -la guardia de ella, y de las galeras hasta setecientos arcabuceros y -cuarenta caballos; fue sobre ellos, que estaban fuertes, y á su pesar -defendidos con algun reparo de manos y aspereza del lugar: á la tierra -llaman Alcudia, y al pueblo Inox, pocas leguas de Almería. Estuvo -detenido cuasi cuatro dias (por ser malo el tiempo en fin de enero), -al pie de la montaña, y cuasi desconfiado de la empresa: resolvióse á -combatillos por dos partes, aunque era difícil la subida; hicieron la -defensa que pudieron con piedras y gorguces, porque en tanto número -como mil y quinientos hombres habia solos cuarenta arcabuceros y -ballesteros: fueron rotos, murieron muchos, y con mas pertinacia que -los de otras partes; porque hasta las mujeres meneaban las armas: hubo -cautivos cuasi dos mil personas; saliéronse los moros y entre ellos -el capitan llamado Corcuz de Dalias, para caer despues en las manos -de los nuestros cerca de Vera, y morir en Adra sacados los ojos, con -un cencerro al cuello, entregado á los muchachos, por los daños que -siendo cosario habia hecho en aquella costa. Tornó D. Francisco la -gente á Almería rica y contenta: dividió la presa entre los soldados; -proveyó de esclavos las galeras; mas dende á pocos dias entendiendo -como el marqués de Velez venia por general de toda aquella provincia, -y pareciéndole que bastaba para la ciudad un solo defensor, pidió -licencia y habida del rey tornó á su casa. - - [49] Amorío la llama en su geografía Ptolomeo, lib. V, c. 2. - -Crecia la libertad por todo y la permision de los ministros, unos -mostrando contentarse, otros no castigando: hombres á quien las -desórdenes de nuestros soldados parecian venganzas, otros á quien -no pesaba que creciesen estas, y se diese ocasion á que el resto de -los moriscos que estaba pacífico tomase las armas. Juntábanseles los -ministros de justicia, pertinaces de su opinion, impacientes de esperar -tiempo para el castigo, poco pláticos de temporizar hasta la ocasion; -el interés de los que desean acrecentar los inconvenientes, la avaricia -de los soldados, y por ventura la indignacion del príncipe, la voz del -pueblo, y quien sabe si la de Dios, para que el castigo fuese general, -como habia sido la ofensa. - -Estaba por rebelar la Vega de Granada, de donde y de la tierra á la -redonda cada dia se pasaba gente y lugares enteros á los enemigos, -excusándose con que no podian sufrir los robos de personas y haciendas, -las fuerzas de hijas y mujeres, los cautiverios, las muertes. Estaba -sosegada la serranía y el habaral de Bonda, la hoya y jarquia de -Málaga, la sierra de Bentomiz, el rio de Bolodui, la hoya y tierra de -Baza, Guescar, el rio de Almanzora, la sierra de Filabres, el Albaicin -y barrios de Granada poblados de moriscos. Habia levantados algunos -lugares en tierra de Almuñecar, el Val de Leclin, el Alpujarra, tierra -de Guadix, marquesado de Zenette, rio de Almería, que en esto se -encierra todo el reino de Granada poblado de moriscos. Mas Aben Humeya -no perdia ocasion de solicitallos por medio de personas, que tenian -entre ellos autoridad, ó deudos de las mujeres con quien se habian -casado: usaba de blandura general; queria ser tenido por cabeza, y -no por rey: la crueldad, la codicia cubierta engañó á muchos en los -principios; pero no á su tio Aben Jauhar, que dejando parte del dinero -y riquezas en poder del sobrino, llevando lo mejor consigo, resoluto de -huir á Berbería, mostró ir á solicitar el levantamiento de la sierra de -Bentomiz: vino á Portugos, donde murió de dolor de la hijada, viejo, -descontento y arrepentido. Mostró Aben Humeya descontentamiento, mas -por haberle la enfermedad quitado el cuchillo de las manos, que por la -falta del tio: tomóle los dineros y hacienda con ocasion de entregarse -de mucha, que habia entrado en su poder de diezmos y quintos. Tal fue -la fin de don Fernando el zaguer Aben Jauhar, cabeza del levantamiento -en la Alpujarra, inventor del nombre de rey entre los moros de Granada; -poderoso para hacer señor á quien le quitó la hacienda y fue causa de -su muerte: tal el desagradecimiento de Aben Humeya contra su sangre, -que le habia dado señorío y título de rey, pudiéndolo tomar para sí. -Mas así á los príncipes verdaderos como á los tiranos son agradables -los servicios, en cuanto parece que se pueden pagar; pero cuando pasan -muy adelante, dase aborrecimiento en lugar de merced. - -Acabó de resolverse el rey en la venida de su hermano á Granada, para -emplealle en empresa que puesto que de suyo fuese menuda, era de -muchos cabos peligrosa, por la vecindad de Berbería; y queriéndose -llevar por violencia, larga: por ser guerra de montaña, en ocasion -que el rey de Argel estaba armado, y la armada del gran turco junta -contra venecianos. Hizo dos provisiones; una en D. Luis de Requesens -que estaba por embajador en Roma, teniente de D. Juan de Austria en -la mar, para que con las galeras de su cargo que habia en Italia, y -trayendo las banderas del reino de que D. Pedro de Padilla era maestro -de campo, viniese á hacer espaldas á la empresa, poniendo la gente en -tierra, donde á D. Juan pareciese que podia aprovechar; y juntando -con sus galeras las de España, cuyo capitan era D. Sancho de Leiva, -hijo de Sancho Martinez de Leiva, estorbase el socorro que podia venir -de Berbería á los enemigos; proveyese de vitualla y municiones las -plazas del reino de Granada que están á la costa, y al ejército cuando -estuviese en parte á propósito. Otra provision (resoluto de hacer la -guerra con mayores fuerzas) fue mandar al marqués de Mondejar que -estaba en Orgiba para salir en campo, que dejando en su lugar á D. -Antonio de Luna ó á D. Juan de Mendoza, cual de ellos le pareciese, con -expresa órden que no innovasen ni hiciesen la guerra, viniese á Granada -para recibir á D. Juan y asistir con él en consejo, juntamente con los -que hubiesen de tratar los negocios de paz y guerra, no dejando el uso -de su oficio, como capitan general de la gente ordinaria del reino de -Granada: ó si mejor le pareciese, quedase en Orgiba á hacer la guerra, -guardando en todo la órden que D. Juan de Austria su hermano le diese, -á quien enviaba por cabeza y señor de la empresa. Pareció al marqués -escoger la asistencia en consejo; ó porque con la plática de la guerra -pasada, con el conocimiento de la tierra y gente, y con el ejercicio -de aquella manera de milicia en que se habia criado (aunque en todo -diferente de la ordinaria), esperaba que el crédito y el gobierno -pararia en su parecer, y la ejecucion en su mano; ó temiendo quedar -debajo de mano ajena, y ser mal proveido, mandado y á veces calumniado -ó reprendido como ausente, dejó á D. Juan de Mendoza contento, regalado -y honrado en Orgiba; por ser hombre plático, mas desocupado, de su -nombre, y con cuyos deudos tenia antigua amistad (aunque algunos creen -que en ello no hizo su provecho); y vino á Granada. Salido de Orgiba, -estuvo aquella frontera sosegada, sin hacer ni recibir daño de los -enemigos; discurriendo ellos á una y otra parte con libertad. - -Llegó D. Juan de Austria trayendo consigo á Luis Quijada (plático en -gobernar infantería, cuyo cargo habia tenido en tiempo del emperador), -hombre de gran autoridad, por voluntad del rey, que le remitió la suma -de todo lo que tocaba al gobierno de la persona y consejo del hermano; -y por la crianza que habia hecho en él por mandado del emperador. Fue -recibido D. Juan con grandes demostraciones y confianza, sin dejar -ninguna manera de ceremonia excepto las ordinarias que se suelen hacer -á los reyes; y aun la lisonja (que su verdad está en las palabras) se -extendió á llamarle alteza, no embargante que hubiese órden expresa -del rey, para que sus ministros y consejeros le llamasen excelencia, -y él no se consintiese llamar de sus criados otro título. Posó en las -casas de la audiencia por estar en medio de la ciudad; casas de mala -ventura las llamaban en su tiempo los moros, y así de ellas salió su -perdicion. Llegó dende á pocos dias Gonzalo Hernandez de Córdoba, -duque de Sesa, nieto del Gran Capitan, que despues de haber dejado el -gobierno del estado de Milan, conformando mas su voluntad con la de sus -émulos que con la del rey, vivia en su casa libre de negocios aunque -no de pretensiones: fue llamado para consejo, y uno de los ministros -de esta empresa, como quien habia dado buena cuenta de las que en -Lombardía tuvo á su cargo. Lo primero que se trató fue procurar que se -asegurase Granada contra el peligro de los enemigos declarados fuera, y -sospechosos dentro; visitar la gente que estaba alojada en el Albaicin -y otras partes, por la ciudad y la Vega, y en frontera contra los -enemigos; repartir y mudar las guardias al parecer con mas curiosidad -que necesidad de los muros adentro; y aun quedó muchos meses de parte -del realejo sin guardia á discrecion de pocos enemigos. En el campo -andaban solas dos cuadrillas, ningunos atajadores por la tierra; que -daba avilanteza á los contrarios de inquietar la ciudad, y á nosotros -causa de correr las calles á un cabo y á otro, y algunas veces salir -desalumbrados, inciertos del camino que llevaban. Atajadores llaman -entre gente del campo hombres de á pie y de á caballo, diputados á -rodear la tierra, para ver si han entrado enemigos en ella ó salido. -Era excusable esta manera de defensa por ser aventurera la gente, -muchas banderas de poco número, mantenidas sin pagas con solos -alojamientos; la ciudad grande, continuada con la montaña; los pasos -como pocos y ciertos en tiempo de nieve, así muchos y inciertos estando -desnevada la sierra; un ejército en Orgiba, que los moros habian de -dejar á las espaldas viniendo á Granada, aunque lejos. - -El propósito requiere tratar brevemente del asiento de Granada por -clareza de lo que se escribe. Es puesta parte en monte, y parte en -llano: el llano se extiende por un cabo y otro de un pequeño rio que -llaman Darro, que la divide por medio; nace en la sierra Nevada poco -lejos de las fuentes de Genil, pero no en lo nevado; de aire y agua -tan saludable, que los enfermos salen á repararse, y los moros venian -de Berbería á tomar salud en su ribera, donde se coge oro; y entre los -viejos hay fama, que el rey de España D. Rodrigo tenia riquísimas minas -debajo de un cerro, que dicen del sol. Está lo áspero de la ciudad en -cuatro montes: el Alhambra á levante, edificio de muchos reyes, con la -casa real; y San Francisco, sepultura del marqués D. Iñigo de Mendoza, -primer alcaide y general, humilde edificio, mas nombrado por esto; -fuerza hecha para sojuzgar la parte de la ciudad que no descubre la -Alhambra, con el arrabal de la Churra y calle de los Gomeres que todo -se continúa con la sierra de Guejar. El Antequeruela, y las torres -Bermejas, que llaman Mauror, á mediodia. El Albaicin, que mira al norte -con el Hajariz; y como vuelve por la calle de Elvira la ladera que -dicen Zenette por ser áspera. El Alcazava cuasi fuera de la ciudad á -mano derecha de la puerta de Elvira que mira al poniente. Con estos -dos montes Albaicin y Alcazava se continúa la sierra de Cogollos, y la -que decimos del Puntal. En torno de estos montes y la falda de ellos, -se extienden los edificios por lo llano hasta llegar al rio Genil que -pasa por defuera. Al principio de la ciudad, la plaza Nueva sobre una -puente; y cuasi al fin, la de Bibarrambla, grande, cuadrada, que toma -nombre de la puerta; ambas plazas juntadas con la calle de Zacatin: -antes la iglesia mayor, templo el mas suntuoso despues del Vaticano de -San Pedro, la capilla en que están enterrados los reyes D. Fernando -y D.ª Isabel, conquistadores de Granada, con sus hijos y yernos. El -Alcaicería, que hasta ahora guarda el nombre romano de César (á quien -los árabes en su lengua llaman Caizar), como casa de César. Dicen las -historias arábigas y algunas griegas, que por encerrarse y marcarse -dentro la seda que se vende y compra en todo el reino la llaman de -esa manera, dende que el emperador Justino concedió por privilegio -á los árabes scenitas, que solos pudiesen crialla y beneficialla: -mas extendiendo debajo de Mahoma y sus sucesores su poder por el -mundo, llevaron consigo el uso de ella, y pusieron aquel nombre á las -casas donde se contrataba; en que despues se recogieron otras muchas -mercaderías, que pagaban derechos á los emperadores, y perdido el -imperio á los reyes. Fuera de la ciudad el hospital real fabricado de -los reyes D. Fernando y D.ª Isabel, San Hierónimo, suntuoso sepulcro -del gran capitan Gonzalo Hernandez, y memoria de sus victorias: el rio -Genil, que cuasi toca los edificios, dicho de los antiguos Singilia, -que nace en la sierra Nevada, á quien llamaban Solaria y los moros -Solaira, de dos lagunas que están en el monte cuasi mas alto, de -donde se descubre la mar, y algunos presumen ver de allí la tierra de -Berbería. En ellas no se halla suelo ni otra salida sino la del rio; -cuyas fuentes tienen los moradores por religion, diciendo que horadan -el monte por milagro de un santo que está sepultado en otro monte -contrario dicho Sant Alcazaren. Va primero al norte, y pequeño; mas -en poco camino, grande con las nieves cuando se deshacen y arroyos -que se le juntan. Á una y otra parte moraban pueblos, que ahora aun -el nombre de ellos no queda; iliberitanos ó liberinos en tiempo de -los antiguos españoles, lo que decimos Elvira, en cuyo lugar entró -Granada; ilurconeses, pequeños cortijos; la torrecilla, y la torre de -Roma, recreacion de la Cava romana, hija del conde Julian el traidor: -todo poblaciones de los soldados que acompañaron á Baco en la empresa -de España; segun muestran los nombres y muchos letreros y imágenes, en -que se ven esculpidas procesiones y personajes que representan juegos -y ceremonias del mismo Baco á quien tuvieron por dios; todo esto en la -Vega. Despues Loja, Antequera, dicha Singilia del nombre del mismo rio, -Écija dicha Astigis, colonias de romanos antiguamente, hoy ciudades -populosas en el Andalucía por donde pasa; hasta que haciendo mayor á -Guadalquivir, deja en él aguas y nombre. - -Cesaron los oficios de guerra y gobierno, excepto de justicia, con -la presencia de D. Juan. Su comision fue sin limitacion ninguna; mas -su libertad tan atada, que de cosa grande ni pequeña podia disponer -sin comunicacion y parecer de los consejeros, y mandado del rey; -salvo deshacer ó estorbar, que para esto la voluntad es comision: -mozo afable, modesto, amigo de complacer, atento á los oficios de -guerra, animoso, deseoso de emplear su persona. Acrecentaba estas -partes la gloria del padre, la grandeza del hermano, las victorias -del uno y del otro. Lo primero en que se ocupó fue en reformar los -excesos de capitanes y soldados en alojamientos contribuciones, -aprovechamientos de pagas; estrechando la costa, aunque no atajando -las causas de la desórden. En aquellos principios D. Juan era poco -ayudado de la experiencia, aunque mucho de ingenio y habilidad. Luis -Quijada, áspero, riguroso, atado á la letra, que tuvo la primera órden -de guerra en la postrera empresa del emperador contra el rey Henrico -II de Francia, siempre mandado. Él y el duque de Sesa acostumbrados á -tratar gente plática, con menos licencia, mas proveida, mayores pagas y -mas ordinarias en Flandes, en Lombardía, lejos cada uno de su tierra; -do convenia esperar pagas, contentarse con los alojamientos, antes -que tornar á España, la mar en medio: todo aquí por el contrario. El -marqués de Mondejar tambien capitan general antes que soldado, criado á -las órdenes de su abuelo y padre, al poco sueldo, á las limitaciones de -la milicia castellana; no guiar ejércitos, poca gente, menos ejercicio -de guerra abierta. El presidente sin plática de lo uno y de lo otro: la -aspereza de unos, la blandura de otros, la limitacion de todos, causaba -irresolucion de provisiones y otros inconvenientes; no faltaron algunos -de la opinion del marqués de Mondejar, que daban la guerra por acabada. -Habia pocos oficiales de pluma, perdian los soldados el respeto, -hacíase costumbre del vicio, envilecíase el buen nombre y reputacion de -la milicia: apocóse tanto la gente, que fue necesario tratar de nuevo -con las ciudades no solo del Andalucía y Estremadura, mas con las mas -apartadas de Castilla que enviasen suplemento de ella; y vinieron las -de mas cerca, con que parecia remediarse la falta. - -Regalaba y armaba Aben Humeya los que se iban á él: tornó á solicitar -con personas ciertas los príncipes de Berbería, segun parecia por -las respuestas que fueron tomadas: envió dineros, ropa, cautivos; -acercóse á nuestros presidios, especialmente á Orgiba, donde entendió -que faltaba vitualla. Aunque D. Juan de Mendoza mantenia la gente -disciplinada, ocupada en fortificar el lugar segun la flaqueza de él, -mandó D. Juan que fuese del Padul proveido, y llevase la escolta á su -cargo Juan de Chaves de Orellana, uno de los capitanes que trujeron la -gente de Trujillo. Mas él por estar enfermo envió su alférez llamado -Moriz con la compañía; hidalgo, pero poco proveido y muy libre: caminó -con doscientos y cincuenta soldados; hombres, si tuvieran cabeza. -Entendieron los moros la salida de la escolta por sus atalayas; -juntáronse trescientos arcabuceros y ballesteros mandados por el Macox, -hombre diestro y plático de la tierra; á quien despues prendió D. -Fernando de Mendoza, cabeza de las cuadrillas, y mandó justiciar el -duque de Arcos en Granada. Emboscó parte en la cuesta de Talera y un -arroyo que la divide del lugar, parte en las mismas casas; y dejándolos -pasar la primera emboscada, acometió á un tiempo á los que iban en la -rezaga y los delanteros. Peleóse en una y otra parte, pero fueron rotos -los nuestros, y murieron todos; con ellos el alférez por no reconocer; -y aun dicen que borracho, mas de confianza que de vino: perdiéronse -bagajes, bagajeros, y la vitualla, sin escapar mas de dos personas: hoy -se ven blanquear los huesos, no lejos del camino. Túvose de este caso -tanto secreto, que primero se supo de los enemigos. Mas porque muchos -moriscos de paz, especialmente de las Albuñuelas, se hallaron con el -Macox, y porque los vecinos de aquel lugar acogian y daban vitualla á -los moros, y con ellos tenian continua plática; pareció que debian ser -castigados y el lugar destruido, así por ejemplo de otros, como por -entretener con algun cebo justificado, la gente que estaba ociosa y -descontenta. Es las Albuñuelas lugar asentado en la falda de la montaña -á la entrada de Val de Lecrin, depósito de todos los frutos y riquezas -del mismo valle, cinco leguas de Granada, en tres barrios, uno apartado -de otro, la gente mas pulida y ciudadana que los otros de la sierra, -tenidos los hombres por valientes y que pudieron resistir las armas -del Rey Católico D. Fernando hasta concertarse con ventaja. Mandóse -á D. Antonio de Luna, capitan de la Vega, que con cinco banderas de -infantería y doscientos caballos amaneciese sobre el lugar, degollase -los hombres, hiciese cautiva toda manera de persona, robase, quemase, -asolase las casas. Mas D. Antonio, hombre cuidadoso y diligente, ó que -no midiese el tiempo, ó que la gente caminase con pereza, llegó cuando -los vecinos parte eran huidos á la montaña, parte estaban prevenidos -en defensa de las calles y casas; con un moro por capitan, llamado -Lope. Anduvo la ejecucion tan espaciosa, la gente tan tibia, que de -los enemigos murieron pocos, y de esos los mas viejos, perezosos y -enfermos; y de los nuestros algunos: cautiváronse niños y mujeres, los -que no pudieron escapar á lo alto; fue saqueado el uno de los tres -barrios, y el escarmiento de los enemigos tan liviano, que saliendo por -una parte nuestra gente, entraba la suya por otra: habitaron las casas, -segaron sus panes aquel año, y sembraron sin estorbo para el siguiente. - -Estaban las cosas calladas y suspensas sin el continuo desasosiego -que daban los moros en la ciudad: gobernábalos en la parte que cae el -valle y la Vega un capitan llamado Nacoz (que en su lengua quiere decir -campana), mostrándose á todas horas y en todos lugares. Ya se habian -encontrado él y D. Antonio de Luna con número cuasi igual de gente de -á pie, aunque con ventaja D. Antonio por la caballería que llevaba: se -partieron con igualdad, cuasi sin poner manos á las armas; poniéndose -el Nacoz en salvo; el barranco en medio de su gente y nuestra -caballería. Dicen que de allí atravesó la sierra de la Almijara, y por -Almuñecar con su hacienda y familia pasó á Berbería. - -Visto por D. Juan que los enemigos crecian en número y experiencia; -que eran avisados por los moriscos de Granada, ayudados con vitualla, -reforzados con parte de la gente moza de la ciudad y la Vega; que no -cesaban las pláticas y tratados; el concierto de poner en ejecucion el -primero aun estaba en pie; que tenian señado el dia y hora cierta para -acometer la ciudad; número de gente determinado; capitanes nombrados -Giron, Nacoz, uno de los Partales, Farax, Chacon, Rendati, moriscos; -Caracax y Hhosceni, turcos, y Dali, capitan general de todos, venido -por mandado del rey de Argel; dió aviso de todo encareciendo el peligro -por parte de los enemigos, si se juntaban con los de Granada y la Vega, -y de los nuestros por la flaqueza que sentian en la gente comun, por la -corrupcion de costumbres y órden de guerra. - -Mandó el rey que todos los moriscos habitantes en Granada saliesen -á vivir repartidos por lugares de Castilla y el Andalucía; porque -morando en la ciudad no podian dejar de mantenerse vivas las pláticas -y esperanzas, dentro y fuera. Habia entre los nuestros sospechas, -desasosiego, poca seguridad: parecia á los que no tenian experiencia -de mantener pueblos oprimiendo ó engañando á los enemigos de dentro -y resistiendo á los de fuera, estar en manifiesto peligro. Con tal -resolucion ordenó D. Juan á los veinte y tres de junio, que encerrasen -todos los moriscos en las iglesias de sus parroquias: ya era llegada -gente de las ciudades á sueldo del rey, y se estaba con mas seguridad. -Puso la ciudad en arma; la caballería y la infantería repartida por -sus cuarteles: ordenó al marqués de Mondejar que subiendo al Albaicin -se mostrase á los moriscos, y con su autoridad los persuadiese á -encerrarse llanamente. Recogidos que fueron de esta manera, mandáronlos -ir al hospital real fuera Granada un tiro de arcabuz: anduvo D. Juan -por las calles con guardas de á caballo y guion; viólos recoger -inciertos de lo que habia de ser de ellos; mostraban una manera de -obediencia forzada, los rostros en el suelo con mayor tristeza que -arrepentimiento; ni de esto dejaron de dar alguna señal; que uno de -ellos hirió al que halló cerca de sí: dícese que con acometimiento -contra D. Juan, pero lo cierto no se pudo averiguar porque fue luego -hecho pedazos: yo que me hallé presente diria, que fue movimiento de -ira contra el soldado, y no resolucion pensada. Quedaron las mujeres -en sus casas algun dia, para vender la ropa y buscar dineros con que -seguir y mantener sus maridos. Salieron atadas las manos, puestos en -la cuerda, con guarda de infantería y caballería por una y otra parte, -encomendados á personas que tuviesen cargo de irlos dejando en lugares -ciertos de Andalucía, y guardallos; tanto porque no huyesen, como -porque no recibiesen injuria. Quedaron pocos mercaderes y oficiales, -para el servicio y trato de la ciudad: algunos á contemplacion y por -intereses de amigos. Muchos de los mancebos que adivinaron la mala -ventura huyeron á la sierra, donde la hallaban mayor; los que salieron -por todos tres mil y quinientos; el número de mujeres mucho mayor. Fue -salida de harta compasion para quien los vió acomodados y regalados en -sus casas: muchos murieron por los caminos de trabajo, de cansancio, de -pesar, de hambre, á hierro, por mano de los mismos que los habian de -guardar, robados, vendidos por cautivos. - -Ya el rey habia enviado personas que tuviesen cuenta con su hacienda, -porque antes no las habia, como en negocio de que presto se vernia -al fin; contador, pagador, veedor general y particulares; dentro -en consejo al licenciado Muñatones que habia servido de alcalde de -corte al emperador en sus jornadas y de su consejo: hombre hidalgo -y limpio, y en diversos tiempos de próspera y contraria fortuna. -Como los moriscos salieron de Granada, perdióse la comodidad de -los soldados; cesaron los alojamientos, camas, fuego, vasos: cosas -que se dan en hospedaje, sin que la gente no puede vivir ni cómoda -ni suficientemente. Aun para la ciudad y soldados no estaba hecha -provision de vitualla, pero entraron á mantener la gente con socorros, -mudando término y propósito. Fue mayor el aprovechamiento de los -capitanes y oficiales de guerra con los socorros y raciones, cuanto -mas á menudo se tomaban las nuestras: entraban á ellas en lugar de -soldados vecinos del pueblo; sucedieron á cumplir la hacienda del rey, -en lugar de los moriscos los bagajeros y vivanderos rescatados: por -todo se robaba á amigos, como á enemigos; á cristianos, como á moros; -padecian los soldados, adolecian, íbanse, crecieron las desórdenes y -compasiones por la Vega. Nació una opinion entre los ministros, la cual -como provechosa donde el pueblo es enemigo y la gente poca; así errada, -donde no hay pueblo contrario, y fue que no se debian tomar muestras, -porque los enemigos no entendiesen cuan pocos eran los soldados, y que -se debia permitir la licencia y excesos, porque no se amotinasen ni -huyesen. La gente de la ciudad era mucha, buena, y armada; los moriscos -fuera, los soldados no tan pocos, que no fuesen superiores (juntos con -el pueblo) á los enemigos; guarda de á pie y de á caballo en la Vega; -armado en Orgiba D. Juan de Mendoza: ¿qué temor ó recatamiento podia -estorbar el remedio de inconvenientes, que eran causa de poner en -peligro la empresa, y de que los moros de la Vega no pudiendo sufrir -tanto maltratamiento, yéndose á la sierra acrecentasen el número de los -enemigos? Duró tantos meses esta manera de gobierno, que dió causa á -intenciones libres y sospechosas de pensar, que no faltaban personas -á quien contentase, que creciendo los inconvenientes, fuese mayor la -necesidad. - -Declaró el rey, como estaba acordado, que el marqués de Velez tuviese -cargo de los partidos de Almería, Guadix, Baza, rio de Almanzora, -sierra de Filabres; y queriendo salir contra los enemigos, parecióle -asegurar el puerto que dicen de la Ravaha, paso de la Alpujarra para -tierra de Guadix y Granada: mandó que con cuatrocientos hombres -enviados de Guadix, Gonzalo Fernandez, capitan viejo, plático en las -escaramuzas de Oran, tomase lo alto del puerto, y se hiciese fuerte -hasta tener órden suya. Comenzó á subir la montaña sin reconocer; mas -los moros que estaban cubiertos en lo alto y en lo hondo del camino, -dejando subir parte de la gente, echaron cuarenta arcabuceros que -acometiesen la frente, y por el costado dieron cien hombres, hasta -ponellos en desórden; y cargándolos en rota, murió la mayor parte -huyendo: perdiéronse las armas, municion y vitualla que llevaban; -poca gente tornó á Guadix con el capitan. D. Juan, temeroso que los -enemigos cargasen á la parte de Guadix, proveyó para guardia de ella á -Francisco de Molina, que sirvió de capitan al emperador en las guerras -de Alemania. - -Con el suceso de la Ravaha se levantó la sierra de Bentomiz, y -tierra de Velez Málaga: no hicieron los excesos que en el Alpujarra, -antes contentándose con recoger la ropa á lugares fuertes sin hacer -daños, echaron bando que ninguno matase ó cautivase cristianos, -quemase iglesia, tomase bienes de cristianos ó de moros que no se -quisiesen recoger con ellos: fortificaron para refugio y seguridad -de sus personas un monte llamado Frejiliana la vieja, á diferencia -de la nueva cerca de él, deshabitado de muchos tiempos: los antiguos -españoles y romanos le llamaron Saxifirmum. Estuvieron de esta manera -tanto mas sospechosos á Velez, cuanto procedian mas justificadamente, -sin comunicacion ó comercio en el Alpujarra. Mas Arévalo de Suazo, -corregidor de Málaga y Velez, avisado primero por cartas de D. -Juan como los moriscos de aquella sierra estaban para levantarse y -ocupar á Velez, movido por la razon de que se podia continuar aquel -levantamiento por la hoya y jarquia de Málaga, hasta tierra de Ronda, -si con tiempo no se atajase, y con alguna esperanza de pacificar los -moros por via de concierto; partió de Málaga con cuatrocientos infantes -y cincuenta caballos, llegó á Velez y hizo salir del fuerte la gente -del pueblo que habia desamparado lo llano: puso el lugar en defensa: -socorrió el castillo de Caniles, lugar del marqués de Comares, que -estaba en aprieto, echando los moros de la tierra, los cuales y los de -Sedella se fueron á juntar con los de toda la sierra, y á un tiempo -descubrieron el levantamiento que tengo dicho. Volvió á Velez Suazo -juntando mil y quinientos infantes con la caballería que se hallaba, -y entendiendo que se recogian y fortificaban en la sierra, quiso ir á -reconocellos y en ocasion combatillos. Hallólos en Frejiliana la vieja -fortificados: el general de ellos era Gomel, y tenia consigo otros -capitanes; todos se mandaban por la autoridad de Benaguazil. Pero en -la subida de la montaña creyendo que bastaria mostralles las armas, -trabó la gente desmandada una escaramuza, y siguiéronla dos banderas de -infantería sin órden, y sin podellos Arévalo de Suazo retirar; harto -ocupado en estorbar que el resto no saliese tras ellos. Mas los moros, -que habian hecho rostro á la escaramuza, viendo la gente que cargaba -de nuevo y conociendo la desórden, comenzáronse á retirar hasta sus -reparos; y saltando fuera golpe de arcabuceros y ballesteros, apretaron -nuestra gente cuasi puesta en rota ejecutándola hasta lo llano. Arévalo -de Suazo, parte acometiendo, parte retirando y amparando la gente, -volvió con ella (algunos muertos y pocos heridos) á Velez, donde estuvo -á la guarda del lugar y la tierra; y los moros volvieron á continuar su -fuerte. D. Juan visto el caso, y pareciéndole dar dueño á la empresa -que la hiciese á menos costa y con mas autoridad, aunque en Arévalo -de Suazo no hubiese como no hubo falta, ofreció aquella jornada por -mandado del rey á D. Diego de Córdoba marqués de Comares, gran señor en -el Andalucía, y fuera de ella de mayores esperanzas, que tenia parte de -su estado en aquella montaña pacífico y guardado; pero fue la oferta de -manera, que justificadamente pudo excusarse. - -En este tiempo se declararon los preparamientos del rey de Argel ser -contra el de Túnez Mulei Hamida; y el rey de Fez se quietó. Partió -el de Argel con siete mil infantes turcos y andaluces y doce mil -caballos, parte de su sueldo y parte alárabes que labraban la tierra: -juntáronse á una legua de Beja, ciudad grande, y veinte de Túnez; mas -el rey de Túnez fue roto, y salvóse con doscientos caballos hácia -la tierra que dicen de los dátiles. Perdió á Beja y Túnez que ahora -está en poder de turcos, y á Biserta que comenzaron á fortificar, -lugar de comarca provechoso para quien lo ocupare y pudiere mantener; -Hippon Diarritos le llamaron los griegos, á diferencia de Bona: púsole -el nombre Agatócles, tirano de Sicilia en la gran empresa que tuvo -contra los cartagineses. Mas por quitar duda y oscuridad, diré lo que -entiendo de estos reinos. El de Fez fue reino de Siphax, que tuvo -guerra contra los romanos, de quien tanta memoria hacen sus historias. -Despues de varias mudanzas, edificó la ciudad Idriz, del linaje de -Alí, que conquistó á Berbería y en memoria tienen su alfanje colgado -en el templo principal con gran veneracion. Dióle el nombre del rio -que pasa por medio, llamado entonces Fez. Juntó los edificios Juseph -Miramarazohir Aben Jacob, del linaje de los de Benimerin, que fue -vencido del rey D. Alonso en la batalla de Tarifa; y por la comodidad -de guerrear contra el rey de Tremecen la hizo de nuevo cabeza del reino -poseido al presente por los hijos de Jarife; hombre que de predicador y -tenido por santo y del linaje de Mahoma, vino, juntando las armas con -la religion, al señorío de Marruecos y Fez, como lo han hecho muchos -de su secta en África, comenzando de Mahoma hasta los almoravides, -los almohades, los beni-merines, los beni-oaticis, y jarifes que hoy -son; todos religiosos y armados, y que por este medio vinieron á la -alteza del reino. El de Túnez tuvo mayor antigüedad por fundarse en las -sobras de la gran Cartago destruida por Scipion Africano, y vuelta á -restaurar primero por los cónsules romanos y por Tiberio Graco, despues -mudado el sitio á lo llano por César Augusto, y habitada de romanos, -poseida de los emperadores, ganada por los vándalos, y recuperada por -Belisario, capitan del emperador Justiniano; siempre tenida por la -tercia parte del imperio griego hasta el tiempo de los alárabes; que -fue por Occuba Ben-Nafic, capitan de Mauhía, sojuzgada, venciendo y -matando al conde Gregorio, lugarteniente del emperador Constantino, -hijo de Constante, con setenta mil caballeros cristianos en la gran -batalla junto á África, que los moros llaman Mehedia (del nombre de -un su príncipe dicho Moahedin), y los romanos Adrumentum, ahora lugar -destruido por el ejército del emperador D. Cárlos. Las armas con que -se halló el conde Gregorio, á quien los alárabes llaman Groguir, dicen -que fueron muchas mujeres en torno bien aderezadas y hermosas; él en -una litera de hombros con piedras preciosas cubierta de paño de oro, -y dos mancebos que con mosqueadores de plumas de pavo le quitaban el -polvo. Mauhía ocupó á Cartago por entrega de María, hija del conde -Gregorio, con pacto que casase con ella, mas descontento del casamiento -la dejó: deshabitó á Cartago; pasó la poblacion donde ahora es Túnez, -que entonces era pequeño lugar y siempre del mismo nombre. Quedaron -repartidos los romanos en doce aldeas, que hoy son de labradores moros -en el cabo que llaman de Cartago, donde fue la ciudad competidora de -Roma; el nombre de ella dura en un pequeño pueblo, y ese sin gente: -tantas mudanzas hace el mundo, y tan poca seguridad hay en los estados. -Gobernóse Túnez en forma de república hasta los tiempos de Miramamolin -Juseph, que envió á Abdeluahhed su capitan, natural de Sevilla, que los -gobernó y sujetó con ocasion de defendellos contra los alárabes; cuyo -hijo quedó por señor y fue el primero rey de Túnez hasta Muztancoz que -ennobleció la ciudad, y dende él á Hamida, que hoy reina sin perderse -la sucesion, segun la verdad de sus historias, cegando ó matando los -padres á los hijos, ó los hijos á los padres, como hizo Hamida que -cegó á Mulei Hacen su padre, y le quitó el reino, en que el emperador -D. Cárlos, vencedor de muchas gentes, le habia restituido, echando á -Barbarroja tirano de él, puesto por mano del gran señor de los turcos. - -Menores fueron los principios del señorío de Argel, que hoy está en -mayor grandeza: al lugar llaman los moros Algezair por una isla que -tenia delante; nosotros le llamamos Argel; antiguamente se pobló de -los moradores de Cesarea, que ahora se llama Sarjel. Estuvo siempre en -el señorío de los reyes godos de España hasta que vinieron los moros, -y en tiempo de ellos fue lugar de poco momento regido por jeques. Mas -despues el rey D. Fernando el Católico hizo tributario al señor, y -edificó el Peñon. Muerto el rey, el cardenal Fr. Francisco Jimenez, -Gobernador de España en los principios del reinado del emperador D. -Cárlos, tomó á Bugía (casa real del rey Bocho de Mauritania, dicha -por esto de su nombre, segun los alárabes), y quiso crecer el tributo -moviendo nuevo concierto con el jeque; ofendidos los moros, reprendido -y arrepentido el señor, se retiró. El cardenal, hombre de su condicion -armígero, y aun desasosegado, armó contra él haciendo capitanes á Diego -de Vera y Juan del Rio: juntóse esta armada á manera de arrendamiento; -que todos los que tenian oficios menores, si los querian pasar en sus -hijos por una vida, fuesen á servir, ó llevasen ó diesen en su lugar -tantos hombres, segun la importancia del oficio. Perdióse la armada -por mal tiempo, confusion y poca plática de los que gobernaban, y -esta fue la primera pérdida que se hizo sobre Argel. Mas el jeque, -temiendo que con mayores fuerzas se renovaria la guerra, trajo por -huésped y soldado á Barbarroja, hermano del que fue tirano de Túnez, -que entonces era su lugarteniente y secretario; venidos á la grandeza -que tuvieron, de capitanes de un bergantin. Habia tentado Barbarroja -Horux (que así se llamaba el mayor) la empresa de Bugía; perdido el -tiempo, la gente, un brazo, y el armada; recogídose con cuarenta turcos -á un pequeño castillo, de donde el jeque otra vez le trajo al sueldo; -mas él, juntándose con los principales, mató al jeque llamado Selin -Etenri estando comiendo en un baño: hízose señor y llamóse rey. Dende -á poco salió para la empresa de Tremecen, y ocupado aquel reino quedó -por señor; y su hermano Harradin por gobernador en Argel; mas echado -despues de Tremecen por los capitanes del alcaide de los donceles, -abuelo de este marqués de Comares, que era entonces general de Oran; y -muerto huyendo, quedó el reino de Argel en poder del hermano. Habia D. -Hugo de Moncada hecho tributarios los gelves despues de algunos años de -la pérdida del conde Pedro Navarro, y muerte de D. García de Toledo, -hijo del duque de Alba D. Fadrique, padre del duque D. Fernando que hoy -gobierna los estados de Flandes: y tornando con el armada por mandado -del emperador sobre Argel, con intento de destruilla y asegurar la -marina de España, tentó desdichadamente la venganza de Diego de Vera y -Juan del Rio; porque con tormenta perdió mucha parte de la armada, y -echando gente en tierra para defender los que se iban á ella con miedo -de la mar, perdió tambien lo uno y lo otro. Crecieron las fuerzas de -Barbarroja; extendióse por la tierra adentro su poder; deshizo el Peñon -que era isla; continuóla con la tierra firme; ocupó los lugares de la -mar Sarjel, Guijan, Brica, y el reino de Túnez aunque pequeño. Vino á -noticia del señor de los turcos, que pretendia por seguridad y paz de -sus hijos ocupar á África y poner en Túnez á Bayaceto que se mató á sí -mismo: adelantó á Barbarroja en fuerzas y autoridad por conseguir este -fin y poner al emperador en estrecho y necesidad. Dióle mayor armada -con que ocupase y afirmase el reino de Túnez, de donde echado por el -emperador pasó á Constantinopla: quedó general de la armada del turco, -y despues favorecido y honrado hasta que murió; tenido en mas por -haberle vencido el emperador; porque los vencedores honrados honran á -los vencidos. Quedó el reino de Argel en poder de gobernadores enviados -por el turco; mas el emperador, temiendo la poca seguridad que tenia -en sus estados con la grandeza de los turcos en Argel, y hallándose en -Alemania al tiempo que el gran turco venia sobre ella, mal proveido -de dineros para resistille, no quiso obligarse á la empresa. Quedar -sin salir á ella en Alemania, era poca reputacion; tomó por expediente -la de Argel, donde fue roto de la tormenta: retiróse por tierra á -Bugía, perdiendo mucha parte de la armada, pero salvó el ejército y la -reputacion, con gloria de sufrido, de diestro y valeroso capitan. De -allí crecieron sin resistencia las fuerzas de los señores de Argel; -tomaron á Tremecen, á Bugía; y por su órden los cosarios á Jayona, -de los moros; á Tripol, de la órden de San Juan: rompieron diversas -armadas de galeras sin otra adversidad mas que la pérdida que hicieron -de su armada en la batalla que D. Bernardino de Mendoza ganó á Alí -Hamete y Cara Mami, sus capitanes, sobre la isla de Arbolan. Por este -camino vino el reino de Argel á la grandeza que ahora tiene. - - - - - LIBRO III. - - -Entretenia el gran turco los moros del reino de Granada con esperanzas, -por medio del rey de Argel, para ocupar, como dijimos, las fuerzas del -rey D. Felipe en tanto que las suyas estaban puestas contra venecianos; -con quien (dando á entender que las despreciaba) ninguna ocasion de -su provecho, aunque pequeña, dejaba pasar. Entre tanto el comendador -mayor D. Luis de Requesens sacó del reino y embarcó la infantería -española en las galeras de Italia, dejando órden á D. Álvaro de Bazan, -que con las catorce de Nápoles, que eran á su cargo, y tres banderas -de infantería española, corriese las islas y asegurase aquellos mares -contra los cosarios turcos. Vino á Civitavieja; de allí á puerto -Santo Stéfano, donde juntando consigo nueve galeras y una galeota del -duque de Florencia, estorbado de los tiempos entró en Marsella. Dende -á poco pareciendo bonanza, continuó su viaje; mas entrando la noche -comenzó el narbonés á refrescar, viento que levanta grandes tormentas -en aquel golfo, y travesia para la costa de Berbería, aunque lejos: -tres dias corrió la armada tan deshecha fortuna, que se perdieron unas -galeras de otras; rompieron remos, velas, árboles, timones: y en fin -la capitana sola pudo tomar á Menorca, y dende allí á Palamós: donde -los turcos forzados confiándose en la flaqueza de los nuestros por -el no dormir y continuo trabajo, tentaron levantarse con la galera; -pero sentidos, hizo el comendador mayor justicia de treinta. Nueve -galeras de las otras siguieron la derrota de la capitana; cuatro se -perdieron con la gente y chusma; la una que era de Estéfano de Mari, -gentil hombre genovés, en presencia de todas en el golfo embistió por -el costado á otra, y fue la embestida salva, y á fondo la que embistió: -acaecimiento visto pocas veces en la mar; las demás dieron al través -en Córcega y Cerdeña, ó aportaron en otras partes con pérdida de la -ropa, vitualla, municiones y aparejos; aunque sin daño de la gente. -Luego que pasó la tormenta llegó D. Álvaro de Bazan á Cerdeña con las -galeras de Nápoles: puso en órden cinco de las que habian quedado para -navegar: en ellas y en las suyas embarcó los soldados que pudo; llegó á -Palamós, y juntándose con el comendador mayor, navegaron la costa del -reino de Granada, á tiempo que poco habia fuera el suceso de Bentomiz y -otras ocasiones, mas en favor de los moros que nuestro. Llevó consigo -de Cartagena las galeras de España que traía D. Sancho de Leiva; y -tornando D. Álvaro á guardar la costa de Italia, él partió con veinte y -cinco galeras para Málaga. Mas al pasar, avisado por Arévalo de Suazo -de lo sucedido en Bentomiz, envió con D. Miguel de Moncada á continuar -con D. Juan su intento, y el peligro en que estaba toda aquella tierra, -si no se ponia remedio con brevedad, sin esperar consulta del rey. -Puso entre tanto sus galeras en órden; armó y rehizo la infantería que -serian en diez banderas mil soldados viejos, y quinientos de galera; -juntó y armó de Málaga, Velez y Antequera, por medio de Arévalo de -Suazo y Pedro Verdugo, tres mil infantes. Volvió D. Miguel con la -comision de D. Juan, y partió el comendador mayor á combatir los -enemigos. Llegado á Torrox, envió á D. Martin de Padilla, hijo del -adelantado de Castilla, con alguna infantería suelta para reconocer el -fuerte de Frejiliana, y volvió trayendo consigo algun ganado. Púsose al -pie de la montaña; y despues de haber reconocido de mas cerca, dió la -frente á D. Pedro de Padilla con parte de sus banderas y otras hasta -mil infantes, y mandóle subir derecho. Á D. Juan de Cárdenas[50], hijo -del conde de Miranda, mandó subir con cuatrocientos aventureros y otra -gente plática de las banderas de Italia por la parte de la mar, y por -la otra á D. Martin de Padilla con trescientos soldados de galera y -algunos de Málaga y Velez: los demás que acometiesen por las espaldas -del fuerte, donde parece que la subida estaba mas áspera, y por esto -menos guardada, y estos mandó que llevase Arévalo de Suazo con alguna -caballería por guarda de la ladera y del agua. Mas D. Pedro, aunque -de su niñez criado á las armas y modestia del emperador, soldado suyo -en las guerras de Flandes, despreciando con palabras la órden del -comendador mayor, la cual era que los unos esperasen á los otros hasta -estar igualados (porque parte de ellos iban por rodeos), y entonces -arremetiesen á un tiempo; arremetió sin él y llegó primero por el -camino derecho. - - [50] Este D. Juan de Cárdenas fue despues conde de Miranda, - virey de Nápoles, presidente de Italia y Castilla. - -Los enemigos estuvieron á la defensa como gente plática, y juntos -resistieron con mas daño de los nuestros que suyo; pero al fin, dado -lugar á que nuestros armados se pegasen con el fuerte, y comenzasen -con las picas á desviarlos y á derribar las piedras de él, y los -arcabuceros á quitar traveses, estuvieron firmes hasta que salió un -turco de galera enviado por el comendador mayor á reconocer dentro, -con promesa de la libertad. Este dió aviso de la dificultad que habia -por la parte que eran acometidos, y cuanto mas fácil seria la entrada -al lado y espaldas. Partió la gente, y combatiólos por donde el turco -decia: lo mismo hicieron los enemigos para resistir, pero con mucho -daño de los nuestros, que eran heridos y muertos de su arcabucería, -al prolongarse por el reparo. Todavía partidas las fuerzas con esto, -aflojaron los que estaban á la frente; y D. Juan de Cárdenas tuvo -tiempo de llegar, lo mismo la gente de Málaga y Velez, que iba por -las espaldas. Mas los moros, viéndose por una y otra parte apretados, -salieron por la del maestral que estaba mas áspera y desocupada como -dos mil personas, y entre ellos mil hombres los mas sueltos y pláticos -de la tierra: fue porfiado por ambas partes el combate hasta venir á -las espadas, de que los moros se aprovechan menos que nosotros, por -tener las suyas un filo, y no herir ellos de punta. Con la salida -de estos y sus capitanes tuvieron los nuestros menos resistencia: -entraron por fuerza por la parte mas difícil y no tan guardada que -tocó á Arévalo de Suazo, donde él fue buen caballero, y buena la -gente de Málaga y Velez; pero no entraron con tanta furia, que no -diesen lugar á los que combatian de D. Pedro de Padilla y á los demás, -para que tambien entrasen al mismo tiempo. Murieron de los enemigos -dentro del fuerte quinientos hombres, la mayor parte viejos: mujeres -y niños cuasi mil y trescientos con el ímpetu y enojo de la entrada y -despues de salidos en el alcance; y heridos otros cerca de quinientos. -Cautiváronse cuasi dos mil personas: los capitanes Garral, y el Melilú, -general de todos, con la gente que salió, vinieron destrozados á Valor, -donde Aben Humeya los recogió, y mandó dende á pocos dias tornar al -mismo Frejiliana. Mas el Melilú, rico y de ánimo, hizo ahorcar á Chacon -que trataba con los cristianos, por una carta de su mujer que le -hallaron, en que le persuadia á dejar la guerra y concertarse. Dícese -que en el fuerte los viejos de concierto se ofrecieron á la muerte, -porque los mozos se saliesen en el entre tanto; al revés de lo que -suele acontecer y de la órden que guarda naturaleza, como quier que -los mozos sean animosos para ejecutar y defender á los que mandan; y -los viejos para mandar, y naturalmente mas flacos de ánimo que cuando -eran mozos. De los nuestros fueron heridos mas de seiscientos, y entre -ellos de saeta D. Juan de Cárdenas, que fue aquel dia buen caballero. -Entre otros murieron peleando D. Pedro de Sandoval, sobrino del -obispo de Osma, y pasados de trescientos soldados, parte aquel dia, -y parte de heridas en Málaga, donde los mandó el comendador mayor, y -vender y repartir la presa entre todos, á cada uno segun le tocaba, -repartiéndoles tambien el quinto del rey. - -Es el vender las presas y dar las partes costumbre de España; y el -quinto derecho antiguo de los reyes dende el primer rey D. Pelayo, -cuando eran pocas las facultades para su mantenimiento; ahora porque -son grandes, llévanlo por reconocimiento y señorío: mas el hacer los -reyes merced de él en comun y por señal de premio á los que pelean, es -causa de mayor ánimo; como por el contrario á cada uno lo que ganare -y á todos el quinto generalmente cuando vienen á la guerra, ocasion -para que todos vengan á servir en las empresas con mayor voluntad. Pero -esta se trueca en codicia, y cada uno tiene por tan propio lo que gana, -que deja por guardallo, el oficio de soldado, de que nacen grandes -inconvenientes en ánimos bajos y poco pláticos; que unos huyen con la -presa, otros se dejan matar sobre ella de los enemigos, impedidos y -enflaquecidos, otros desamparadas las banderas, vuelven á sus tierras -con la ganancia. Viénense por este camino á deshacer los ejércitos -hechos de gente natural, que campean dentro en casa: el ejemplo se ve -en Italia entre los naturales, como se ha visto en esta guerra dentro -en España. - -El buen suceso de Frejiliana sosegó la tierra de Málaga y la de Ronda -por entonces: el comendador mayor se dió á guardar la costa, á proveer -con las galeras los lugares de la marina; mas en tierra de Granada, -el mal tratamiento que los soldados y vecinos hacian á los moriscos -de la Vega, la carga de alojamientos, contribuciones y composiciones, -la resolucion que se tomó de destruir las Albuñuelas flacamente -ejecutada; dió ocasion á que muchos pueblos que estaban sobresanados, -se declarasen, y subiesen á la sierra con sus familias y ropa. Entre -estos fue el rio de Bolodui á la parte de Guadix, y á la de Granada -Guejar, que en su calidad no dió poco desasosiego. La gente de ella -recogiendo su ropa y dineros, llevando la vitualla, y dejando escondida -la que no pudieron, con los que quisieron seguillos, se alzaron en la -montaña, cuasi sin habitacion por la aspereza, nieve y frio. Quiso D. -Juan reconocer el sitio del lugar llevando á Luis Quijada y al duque de -Sesa; tratóse si lo debia mantener, ó dejar; no pareció por entonces -necesario para la seguridad de Granada mantenerle y fortificarle como -flaco y de poca importancia; pero la necesidad mostró lo contrario, y -en fin se dejó; ó porque no bastase la gente que en la ciudad habia -de sueldo á asegurar á Granada todo á un tiempo, y socorrer en una -necesidad á Guejar como la razon lo requeria; ó que no cayesen en que -los enemigos se atreverian á fundar guarnicion en ella tan cerca de -nosotros, ó, como dice el pueblo (que escudriña las intenciones sin -perdonar sospecha, con razon ó sin ella), por criar la guerra entre las -manos; celosos del favor en que estaba el marqués de Velez, y hartos -de la ociosidad propia, y ambiciosos de ocuparse, aunque con gasto -de gente y hacienda: decíase que fuera necesario sacar un presidio -razonable á Guejar, como despues se hizo lejos de Granada para mantener -los lugares de en medio: cada uno sin examinar causas ni posibilidad, -se hacia juez de sus superiores. - -Mas el rey, viendo que su hermano estaba ocupado en defender á Granada -y su tierra, y que teniendo la masa de todo el gobierno, era necesario -un capitan que fuese dueño de la ejecucion, nombró por general de toda -la empresa al marqués de Velez, que entonces estaba en gran favor, -por haber salido á servir á su costa. Sucedióle dichosamente tener á -su cargo ya la mitad del reino, calor de amigos y deudos; cosas que -cuando caen sobre fundamento, inclinan mucho los reyes. Á esto se juntó -haberse ofrecido por sus cartas á echar á Aben Humeya el tirano, que -así se llamaba; y acabar la guerra del reino de Granada con cinco mil -hombres y trescientos caballos pagados y mantenidos; que fue la causa -mas principal de encomendalle el negocio. Á muchos cuerdos parece, -que ninguno debe de cargar sobre sí obligacion determinada, que el -cumplilla, ó el estorbo de ella esté en mano de otro. Fue la eleccion -del marqués (á lo que el pueblo de Granada juzgaba, y algunos colegian -de las palabras y continente) harto contra voluntad de los que estaban -cerca de D. Juan, pareciéndoles que quitaba el rey á cada uno de las -manos la honra de esta empresa. - -Habian crecido las fuerzas de Aben Humeya, y venídole número de turcos -y capitanes pláticos segun su manera de guerra; moros berberíes, armas -parte traidas, parte tomadas á los nuestros, vituallas en abundancia, -la gente mas, y mas plática de la guerra. Estaba el rey con cuidado de -que la gente y las provisiones se hacian de espacio; y pareciéndole -que llegarse él mas al reino de Granada, seria gran parte para que las -ciudades y señores de España se moviesen con mayor calor, y ayudasen -con mas gente y mas presto, y que con el nombre y autoridad de su -venida los príncipes de Berbería andarian retenidos en dar socorro, -ciertos que la guerra se habia de tomar con mayores fuerzas; acabada, -con todas ellas cargar sobre sus estados, mandó llamar cortes en -Córdoba para dia señalado, adonde se comenzaron á juntar procuradores -de las ciudades, y hacer los aposentos. - -Salió el marqués de Velez de Terque por estorbar el socorro que los -moros de Berbería continuamente traían de gente, armas y vitualla, y -los de la Alpujarra recebian por la parte de Almería. Vino á Berja -(que antiguamente tenia el mismo nombre), donde quiso esperar la -gente pagada y la que daban los lugares de la Andalucía. Mas Aben -Humeya, entendiendo que estaba el marqués con poca gente y descuidado, -resolvió combatille antes que juntase el campo. Dicen los moros haber -tenido plática con algunos esclavos, que escondiesen los frenos de los -caballos; pero esto no se entendió entre nosotros: y porque los moros -como gente de pie y sin picas recelaban la caballería, quiso combatille -dentro del lugar antes del dia. Llamó la gente del rio de Almería, -la del Bolodui, la de la Alpujarra, los que quisieron venir del rio -de Almanzora, cuatrocientos turcos y berberíes: eran por todos cuasi -tres mil arcabuceros y ballesteros, y dos mil con armas enhastadas. -Echó delante un capitan que le servia de secretario, llamado Mojajar, -que con trescientos arcabuceros entrase derecho á las casas donde el -marqués posaba, diese en la centinela (lo que ahora llamamos centinela, -amigos de vocablos extranjeros, llamaban nuestros españoles en la -noche, escucha, en el dia, atalaya; nombres harto mas propios para su -oficio), llegando con ella á un tiempo el arma y ellos, en el cuerpo -de guardia: siguióle otra gente, y él quedó en la retaguardia sobre -un macho, y vestido de grana[51]. Mas el marqués, que estaba avisado -por una lengua que los nuestros le trujeron, atravesó algunas calles -que daban en la plaza; puso la arcabucería á las puertas y ventanas; -tomó las salidas, dejando libres las entradas por donde entendió que -los enemigos vendrian; y mandó estar apercebida la caballería y con -ella su hijo D. Diego Fajardo: abrió camino para salir fuera, y con -esta órden esperó á los enemigos. Entró Mojajar por la calle que va -derecha á dar á la plaza, al principio con furia; despues espantado -y recatado de hallar la villa sin guardia, olió humo de cuerdas; y -antes que se recatase, sintió de una y otra parte jugar y hacerle daño -la arcabucería. Mas queriendo resistir la gente con alguna otra que -le habia seguido, no pudo; salióse con pocos y desordenadamente al -campo. El marqués, con la caballería y alguna arcabucería, á un tiempo -saltó fuera con D. Diego su hijo, D. Juan su hermano, D. Bernardino -de Mendoza, hijo del conde de Coruña, D. Diego de Leiva, hijo natural -del señor Antonio de Leiva, y otros caballeros; dió en los que se -retiraban y en la gente que estaba para hacelles espaldas; rompiólos -otra vez; pero aunque la tierra fuese llana, impedida la caballería de -las matas y de la arcabucería de los turcos y moros que se retiraban -con órden, no pudo acabar de deshacer los enemigos. Murieron de -ellos cuasi seiscientos hombres; Aben Humeya tornó la gente rota á -la sierra, y el marqués á Berja. Al rey dió noticia, pero á D. Juan -poca y tarde; hombre preciado de las manos mas que de la escritura; ó -que queria darlo á entender, siendo enseñado en letras y estudioso. -Comenzó D. Juan con órden del rey á reforzar el campo del marqués; -antes á formarlo de nuevo: puso con dos mil hombres á D. Rodrigo de -Benavides en la guarda de Guadix; á Francisco de Molina envió con cinco -banderas á la de Orgiba; mandó pasar á D. Juan de Mendoza con cuasi -cuatro mil infantes y ciento y cincuenta caballos adonde el marqués -estaba; y al comendador mayor, que tomando las banderas de D. Pedro -de Padilla (rehechas ya del daño que recibieron en Frejiliana), las -pusiese en Adra, donde el marqués vino de Berja á hacer la masa. Llegó -D. Sancho de Leiva á un mismo tiempo con mil y quinientos catalanes -de los que llaman delados, que por las montañas andan huidos de las -justicias, condenados y haciendo delitos, que por ser perdonados -vinieron los mas de ellos á servir en esta guerra: era su cabeza Antic -Sarriera, caballero catalan; las armas sendos arcabuces largos, y dos -pistoletes de que se saben aprovechar. Llegó Lorenzo Tellez de Silva, -marqués de la Favara, caballero portugués, con setecientos soldados, la -mayor parte hechos en Granada y á su costa: atravesó sin daño por el -Alpujarra entre las fuerzas de los enemigos; y por tenerlos ocupados -en el entretanto que se juntaba el ejército, y las guarniciones de -Tablate, Durcal y el Padul seguras (á quien amenazaban los moros del -valle, y los que habian tornado á las Albuñuelas); por impedir asimismo -que estos no se juntasen con los que estaban en la sierra de Guejar -y con otros de la Alpujarra; por estorbar tambien el desasosiego en -que ponian á Granada con correrías de poca gente, y por quitalles la -cogida de los panes del valle; mandó D. Juan que D. Antonio de Luna -con mil infantes y doscientos caballos fuese á hacer este efecto, -quemando y destruyendo á Restaval, Pinillos, Belejij, Concha, y, como -dije, el valle hasta las Albuñuelas. Partió con la misma órden y á la -misma hora, que cuando fue á quemallas la vez pasada, pero con desigual -fortuna; porque llegando tarde, halló los moros levantados por el -campo, y en sus labores con las armas en la mano: tuvieron tiempo para -alzar sus mujeres, hijos, y ganados, y ellos juntarse, llevando por -capitanes á Rendati, hombre señalado, y á Lope, el de las Albuñuelas, -ayudados con el sitio de la tiera barrancosa. Acometieron la gente de -D. Antonio, ocupada en quemar y robar; que pudo con dificultad, aunque -con poca pérdida, resistir y recogerse, siguiéndole y combatiéndole -por el valle abajo malo para la caballería. Mas D. Antonio, ayudándole -D. García Manrique, hijo del marqués de Aguilar, y Lázaro de Heredia, -capitan de infantería, haciendo á veces de la vanguardia retaguardia, -á veces por el contrario tomando algunos pasos con la arcabucería, -se fue retirando hasta salir á lo raso, que los enemigos con temor -de la caballería le dejaron. Murió en esta refriega apartado de D. -Antonio el capitan Céspedes á manos de Rendati con veinte soldados -de su compañía peleando, sesenta huyendo; los demás se salvaron á -Tablate donde estaba de guardia. No fue socorrido por estar ocupada la -infantería quemando y robando sin podellos mandar D. Antonio. Tampoco -llegó D. García (á quien envió con cuarenta caballos), por ser lejos -y áspera la montaña, los enemigos muchos. Pero el vulgo ignorante, y -mostrado á juzgar á tiento, no dejaba de culpar al uno y al otro; que -con mostrar D. Antonio la caballería de lo alto en las eras del lugar, -los enemigos fueran retenidos ó se retiraran; que D. García pudiera -llegar mas á tiempo y Céspedes recogerse á ciertos edificios viejos, -que tenia cerca; que D. Antonio le tenia mala voluntad dende antes, y -que entonces habia salido sin órden suya de Tablate, habiéndole mandado -que no saliese. Á mí que sé la tierra, paréceme imposible ser socorrido -con tiempo, aunque los soldados quisieran mandarse, ni hubiera enemigos -en medio y á las espaldas. Tal fue la muerte de Céspedes, caballero -natural de Ciudad Real, que habia traido la gente á su costa, cuyas -fuerzas fueron excesivas y nombradas por toda España; acopañólas hasta -la fin con ánimo, estatura, voz y armas descomunales. Volvió D. Antonio -con haber quemado alguna vitualla, trayendo presa de ganado á Granada, -donde menudeaban los rebatos; las cabezas de la milicia corrian á una -y otra parte, mas armados que ciertos donde hallar los enemigos; los -cuales dando armas por un cabo, llevaban de otro los ganados. Habia -D. Juan ya proveido que D. Luis de Córdoba con doscientos caballos y -alguna infantería recogiese á Granada y á la Vega los de la tierra: -comision de poco mas fruto, que de aprovechar á los que los hurtaron; -porque no se pudiendo mantener, fue necesario volvellos á sus lugares -faltos de la mitad, donde fueron comunes á nosotros y á los enemigos. - - [51] Con mayor moderacion y verisimilitud escribe esta victoria - nuestro autor que otros. - -Hallábase entretanto el marqués de Velez en Adra (lugar antiguamente -edificado cerca de donde ahora es, que llamaban Abdera), con cuasi -dos mil infantes y setecientos caballos: gente armada, plática, y que -ninguna empresa rehusara por difícil, extendida su reputacion por -España con el suceso de Berja, su persona subida en mayor crédito. -Venian muchos particulares á buscar la guerra, acrecentando el número y -calidad del ejército; pero la esterilidad del año, la falta de dinero, -la pobreza de los que en Málaga fabricaban bizcocho, y la poca gana -de fabricarlo por las continuas y escrupulosas reformaciones antes de -la guerra, la falta de recuas por la carestía, la de vivanderos que -suelen entretener los ejércitos con refrescos, y con esto las resacas -de la mar que en Málaga estorban á veces el cargar, y las mesmas el -descargar en Adra, fue causa que las galeras no proveyesen de tanto -bastimento y tan á la continua. Era algunas veces mantenido el campo -de solo pescado, que en aquella costa suele ser ordinario; cesaban las -ganancias de los soldados con la ociosidad; faltaban las esperanzas á -los que venian cebados de ellas; deteníanse las pagas: comenzó la gente -de descontentarse á tomar libertad y hablar como suelen en sus cabezas. -El general, hombre entrado en edad y por esto mas en cólera, mostrado á -ser respetado y aun temido; cualquiera cosa le ofendia: dióse á olvidar -á unos, tener poca cuenta con otros, tratar á otros con aspereza; oía -palabras sin respeto, y oíanlas de él. Un campo grueso, armado, lleno -de gente particular, que bastaba á la empresa de Berbería, comenzó -á entorpecerse nadando y comiendo pescados frescos; no seguir los -enemigos habiéndolos rompido; no conocer el favor de la victoria; -dejarlos engrosar, afirmar, romper los pasos, armarse, proveerse, criar -guerra en las puertas de España. Fue el marqués juntamente avisado y -requerido de personas que veían el daño, y temian el inconveniente, -que con la vitualla bastante para ocho dias saliese en busca de Aben -Humeya. Por estos términos comenzó á ser mal quisto del comun, y de -allí á pegarse la mala voluntad en los principales, aborrecerse él de -todos y de todo, y todos de él. - -Al contrario de lo que al marqués de Mondejar aconteció; que de los -principales vino á pegarse en el pueblo; pero con mas paciencia y -modestia suya, dicen que con igual arrogancia. Yo no vi el proceder -del uno ni del otro; pero á mi opinion ambos fueron culpados, sin -haber hecho errores en su oficio, y fuera de él, con poca causa y esa -comun en algunos otros generales de mayores ejércitos. Y tornando á lo -presente, nunca el marqués de Velez se halló tan proveido de vitualla, -que le sobrase en el comer ordinario de cada dia para llevar consigo -cuantidad, que pudiese gastar á la larga; pero vista la falta de ella, -la poca seguridad que se tenia de la mar; pareciéndole que de Granada -y el Andalucía, Guadix, y marquesado de Zenette, y de allí por los -puertos de la Ravaha y Loh que atraviesan la sierra hasta la Alpujarra, -podia ser proveido; escribió á D. Juan (aunque lo solia hacer pocas -veces), que le mandase tener hecha la provision en la Calahorra; porque -con ella y la que viniese por mar, se pudiese mantener el ejército en -la Alpujarra y echar de ella los enemigos. - -El comendador mayor, segun el poco aparejo, ninguna diligencia posible -dejaba de hacer aunque fuese con peligro, hasta que tuvo en Adra puesta -vitualla de respeto por tanto tiempo, que ayudado el marqués con alguna -de otra parte (aunque fuese habida de los enemigos), podia guerrear -sin hambre, y esperar la de Guadix: mas viendo que el marqués incierto -de la provision que hallaria en la Calahorra se detenia, dábale priesa -en público, y requeríale en consejo que saliese contra los enemigos. -Mas dando el marqués razones por donde no convenia salir tan presto, -dicen que pasó tan adelante, que en presencia de personas graves y en -un consejo, le dijo: _Que no lo haciendo, tomaria él la gente y saldria -con ella en campo_. - -En Granada ninguna diligencia se hizo para proveer al marqués; porque, -pues no replicaba, tuvieron creido que no tenia necesidad, y que estaba -proveido bastantemente en Adra, de donde era el camino mas cauto -y seguro: tenian por dificultoso el de la Calahorra; los enemigos -muchos, las recuas pocas, la tierra muy áspera, de la cual decian que -el marqués era poco plático. Mas el pueblo, acostumbrado ya á hacerse -juez, culpábale de mal sufrido en palabras y obras igualmente, con la -gente particular y comun; á sus oficiales de liberales en distribuir -lo voluntario, y en lo necesario estrechos; detenerse en Adra buscando -causas para criar la guerra, tenido en otras cosas por diligente: -escribíanse cartas, que no faltaba adonde cayesen á tiempo; disminuíase -por horas la gracia de los sucesos pasados: decian que de ello no -pesaba á D. Juan, ni á los que le estaban cerca: era su parcial solo -el presidente, pero ese algunas veces ó no era llamado, ó le excluían -de los consejos á horas y lugares, aunque tenia plática de las cosas -del reino y alteraciones pasadas. Pasó este apuntamiento hasta ser -avisado el consejo por cartas de personas y ministros importantes -(segun el pueblo decia), y aun reprendido, que parecia desautoridad y -poca confianza, no llamar un hombre grave de experiencia y dignidad. -Pero no era de maravillar que el vulgo hiciese semejantes juicios; pues -por otra parte se atrevia á escudriñar lo intrínseco de las cosas, y -examinar las intenciones del consejo. - -Decian que el duque de Sesa y el marqués de Velez eran amigos, mas por -voluntad suya que del duque: no embargante que fuesen tio y sobrino. -El marqués de Mondejar y el duque émulos de padres y abuelos sobre la -vivienda de Granada, aunque en público profesasen amistad: antigua -la enemistad entre los marqueses y sus padres, renovada por causas y -preeminencias de cargos y jurisdicciones; lo mismo el de Mondejar y -el presidente, hasta ser maldicientes en procesos el uno contra el -otro: Luis Quijada envidioso del de Velez, ofendido del de Mondejar; -porque siendo conde de Tendilla, no quiso consentir al marqués su -padre que le diese por mujer una hija que le pidió con instancia; -amigo intrínseco de Eraso, y de otros enemigos de la casa del marqués. -El duque de Feria[52], enemigo atrevido de lengua y por escrito del -marqués de Mondejar; ambos dende el tiempo de D. Bernardino de Mendoza, -cuya autoridad despues de muerto los ofendia. El duque de Sesa y -Luis Quijada á veces tan conformes, cuanto bastaba para excluir los -marqueses, y á veces sobresanados por la pretension de las empresas: -hablabánse bien, pero huraños y recatados, y todos sospechosos á la -redonda. Entreteníase Muñatones mostrado á sufrir y disimular, culpando -las faltas de proveedores y aprovechamientos de capitanes, lo uno y lo -otro sin remedio. D. Juan como no era suyo, contentábale cualquiera -sombra de libertad: atado á sus comisiones, sin nombramiento de -oficiales, sin distribucion de dinero, armas y municiones y vituallas, -si las libranzas no venian pasadas de Luis Quijada; que en esto y en -otras cosas no dejaba (con algunas muestras de arrogancia) de dar á -entender lo que podia, aunque fuese con quiebra de la autoridad de D. -Juan; que entendia todos estos movimientos, pero sufríalos con mas -paciencia que disimulacion: solamente le parecia desautoridad que el -marqués de Mondejar ó el conde su hijo usasen sus oficios, aunque no -estaban excluidos ni suspendidos por el rey. Tampoco dejaron de sonarse -cosquillas de mozos y otros, que las acrecentaban entre el conde y -ellos: tal era la apariencia del gobierno. Pero no por eso se dejaba de -pensar y poner en ejecucion lo que parecia mejor al beneficio público y -servicio del rey: porque los ministros y consejeros no entran con las -enemistades y descontentamientos al lugar donde se juntan, y aunque -tengan diferencia de pareceres, cada uno encamina el suyo á lo que -conviene; pero los escritores como no deben aprobar semejantes juicios, -tampoco los deben callar cuando escriben con fin de fundar en la -historia ejemplos, por donde los hombres huyan lo malo y sigan lo bueno. - - [52] Solo esto del duque de Feria no entiendo bien, si bien por - concordar todos los manuscritos, no me atreví á quitarlo. - -[Nota al margen: 1569.] - -Dende los diez de junio á los veinte y siete de julio estuvo el -marqués de Velez en Adra sin hacer efecto; hasta que entendiendo que -Aben Humeya se rehacia, partió con diez mil infantes y setecientos -caballos, gente, como dije, ejercitada y armada, pero ya descontenta: -llevó vitualla para ocho dias; el principio de su salida fue con alguna -desórden. Mandó repartir la vanguardia, retaguardia y batalla por -tercios; que la vanguardia llevase el primer dia D. Juan de Mendoza, el -segundo D. Pedro de Padilla; y habiendo ordenado el número de bagajes -que debia llevar cada tercio, fue informado que D. Juan llevaba mas -número de ellos; y puesto que fuesen de los soldados particulares, -ganados y mantenidos para su comodidad, y aunque iban para no volver á -Adra; mandó tornar D. Juan al alojamiento con la vanguardia, pudiéndole -enviar á contar los embarazos y reformarlos; cosa no acontecida en -la guerra sin grande y peligrosa ocasion; con que dió á los enemigos -ganado tiempo de dos dias, y á nosotros perdido. Salió el dia siguiente -con haber hallado poco ó ningun yerro que reformar; llevó la misma -órden, añadiendo, que la batalla fuese tan pegada con la vanguardia, y -la retaguardia con la batalla, que donde la una levantase los pies, los -pusiese la otra, guardando el lugar á los impedimentos; la caballería -á un lado y á otro; su persona en la batalla, porque los enemigos no -tuviesen espacio de entrar. Vino á Berja, y de allí fue por el llano -que dicen de Lucainena, donde al cabo de él vieron algunos enemigos -con quien se escaramuzó sin daño de las partes; mostrando Aben Humeya -su vanguardia en que habia tres mil arcabuceros, pocos ballesteros; -pero encontinente subió á la sierra: la nuestra alojó en el llano, -y el marqués en Ujijar donde se detuvo un dia, y mas el que caminó: -dilacion contra opinion de los pláticos, y que dió espacio á los -enemigos de alzar sus mujeres, hijos y ropa, esconder y quemar la -vitualla, todo á vista y media legua de nuestro campo. El dia siguiente -salió del alojamiento: los enemigos mostrándose en ala, como es su -costumbre, y dando grita acometieron á D. Pedro de Padilla (á quien -aquel dia tocaba la vanguardia), con determinacion, á lo que se veía, -de dar batalla. Eran seis mil hombres entre arcabuceros y ballesteros, -algunos con armas enhastadas; víase andar entre ellos cruzando Aben -Humeya bien conocido, vestido de colorado, con su estandarte delante; -traía consigo los alcaides, y capitanes moriscos y turcos que eran de -nombre. Salió á ellos D. Pedro con sus banderas y con los aventureros -que llevaba el marqués de la Favara, y resistiendo su ímpetu, los hizo -retirar cuasi todos: pero fueron poco seguidos; porque al marqués -de Velez pareció que bastaba resistillos, ganalles el alojamiento, -y esparcillos. Retiráronse á lo áspero de la montaña con pérdida de -solos quince hombres: fue aquel dia buen caballero el marqués de la -Favara, que apartado con algunos particulares que le siguieron, se -adelantó, peleó, y siguió los enemigos; lo mismo hizo D. Diego Fajardo -con otros. Aben Humeya apretado huyó con ocho caballos á la montaña, -y dejarretándolos, se salvó á pie; el resto de su gente se repartió -sin mas pelear por toda ella: hombres de paso, resolutos á tentar y -no hacer jornada; cebados con esperanzas de ser por horas socorridos -ó de gente para resistir, ó de navíos para pasar en Berbería; y esta -flaqueza los trujo á perdicion. Contentóse el marqués con rompellos, -ganalles el alojamiento, y esparcillos; teniendo que bastaba, sin -seguir el alcance, para sacallos de la Alpujarra; ó que esperase mayor -desórden, ó que le pareciese que se aventuraba en dar la batalla el -reino de Granada, y que para el nombre bastaba lo hecho: hallóse tan -cerca del camino, que con doscientos caballos acordó pasar aquella -noche á reconocer la vitualla á la Calahorra, donde no hallando que -comer, volvió otro dia al campo, que estaba alojado en Valor el alto y -bajo. Detúvose en estos dos lugares diez dias, comiendo la vitualla que -trajo y alguna que se halló de los enemigos sin hacer efecto, esperando -la provision que de Granada se habia de enviar á la Calahorra, y -teniendo por incierta y poca la de Adra; y aunque los ministros á -quien tocaba afirmasen que las galeras habian traido en abundancia, -resolvió mudarse á la Calahorra, fortaleza y casa de los marqueses de -Zenette, patrimonio del conde Julian en tiempo de godos, que en el -de moros tuvieron los Zenettes venidos de Berbería, una de las cinco -generaciones descendientes de los alárabes que poblaron y conquistaron -á África. Tuvo el marqués por mejor consejo dejar á los enemigos la mar -y la montaña, que seguillos por tierra áspera y sin vitualla, con gente -cansada, descontenta y hambrienta; y asegurar tierra de Guadix, Baza, -rio de Almanzora, Filabres, que andaba por levantarse, y allanar el rio -de Bolodui que ya estaba levantado, comer la vitualla de Guadix y el -marquesado. - -Mas la gente con la ociosidad, hambre y descomodidad de aposentos, -comenzó á adolecer y morir. Ningun animal hay mas delicado que un campo -junto, aunque cada hombre por sí sea recio y sufridor de trabajo; -cualquier mudanza de aires, de aguas, de mantenimientos, de vinos; -cualquier frio, lluvia, falta de limpieza, de sueño, de camas, le -adolece y deshace; y al fin todas las enfermedades le son contagiosas. -Andaban corrillos, quejas, libertad, derramamientos de soldados por -unas y otras partes, que escogian por mejor venir en manos de los -enemigos: íbanse cuasi por compañías sin órden ni respeto de capitanes. -Como el paradero de estos descontentamientos, ó es amotinarse, ó un -desarrancarse pocos á pocos, vino á suceder así hasta quedar las -banderas sin hombres; y tan adelante pasó la desórden, que se juntaron -cuatrocientos arcabuceros, y con las mechas en las serpentinas -salieron á vista del campo: fue D. Diego Fajardo hijo del marqués por -detenerlos, á quien dieron por respuesta un arcabuzazo en la mano y el -costado, de que peligró, y quedó manco. La mayor parte de la gente que -el marqués envió con él, se juntó con ellos y fueron de compañía; tanto -en tan breve tiempo habia crecido el odio y desacato. - -En fin llegado y alojado en el lugar, temiendo de su persona pasó á -posar en la fortaleza: la gente se aposentó en el campo comiendo á -libra escasa de pan por soldado sin otra vianda; pero dende á pocos -dias dos libras por dia, y una de carne de cabra por semana; los dias -de pescado algun ajo y una cebolla por hombre, que esto tenian por -abundancia: sufrieron mucho las banderas de Nápoles con el nombre de -soldados viejos, y la gente particular; quedaron en pie cuasi solas -estas compañías y doscientos caballos. Tal fue el suceso de aquella -jornada en que los enemigos vencidos quedaron con la mar y tierra, -mayores fuerzas y reputacion; y los vencedores sin ella, faltos de lo -uno y de lo otro. - -En el mismo tiempo los vecinos del Padul, á tres leguas de Granada, se -quejaban que habian tenido y mantenido mucho tiempo gruesa guarnicion, -que no podian sufrir el trabajo, ni mantener los hombres y caballos. -Pidieron que ó se mudase la guardia ó se disminuyese, ó los llevasen -á ellos á vivir en otro lugar. Vínose en esto; y salidos ellos, la -siguiente noche juntándose con los moros de la sierra, dieron en la -guarnicion, mataron treinta soldados, y hirieron muchos acogiéndose á -lo áspero: cuando el socorro de Granada llegó, halló hecho el daño y á -ellos en salvo. - -La desórden del campo del marqués puso cuidado á D. Juan de proveer -en lo que tocaba á tierra de Baza; porque la ciudad estaba sin mas -guardia, que la de los vecinos. Envió á D. Antonio de Luna con mil -infantes y doscientos caballos, que estuvo dende medio agosto hasta -medio noviembre sin acontecer novedad ó cosa señalada, mas del -aprovechamiento de los soldados, mostrados á hacer presas contra amigos -y enemigos. Puso en su lugar á D. García Manrique á la guardia de la -Vega, sin nombre ó título de oficio. Vióse una vez con los enemigos, -matándoles alguna gente sin daño de la suya. - -Entre tanto no cesaban las envidias y pláticas contra los marqueses, -especialmente las antiguas contra el de Mondejar; porque aunque -sus compañeros en la suficiencia fuesen iguales, vióse que en el -conocimiento de la tierra y de la gente donde y con quien habia hecho -la vida, y en las provisiones por el luengo uso de proveer armadas, era -su parecer mas aprobado que apacible; pero siempre seguido, hasta que -el marqués de Velez subió en favor y vino á ser señor de las armas. -Entonces dejaron al de Mondejar, y tornaron á deshacer las cosas bien -hechas del de Velez. Mas cuando este comenzó á faltar de la gracia -particular y general, tornaron sobre el de Mondejar; y temiendo que -las armas de que estaba despojado tornasen á sus manos, claramente le -excluían de los consejos, calumniaban sus pareceres, publicaban por -una parte las resoluciones y por otra hacíanle autor del poco secreto; -parecíales que en algun tiempo habia de seguirse su opinion cuanto al -recibir los moriscos y despues oprimillos, que cesarian las armas y por -esto la necesidad de las personas por quien eran tratadas. - -Estaban nuestras compañías tan llenas de moros aljamiados, que donde -quiera se mantenian espías: las mujeres, los niños esclavos, los -mismos cristianos viejos daban avisos, vendian sus armas y municion, -calzado, paño, y vituallas á los moros. El rey por una parte informado -de la dificultad de la empresa, por otra dando crédito á los que -la facilitaban, vistos los gastos que se hacian, y pareciéndole -que el marqués de Mondejar, émulo del de Velez y de otros, aunque -no daba ocasion á quejas, daba avilanteza á que se descargasen de -culpas, diciendo que por tener él mano en los negocios eran ellos -mal proveidos, y que la ciudad descontenta de él, y persuadida por -el corregidor Juan Rodriguez de Villafuerte que era interesado, y -del presidente que le hacia espaldas, de mejor gana contribuiria con -dinero, gente y vitualla hallándose ausente que presente, que de -ninguno podia informarse mas clara y particularmente; envióle á mandar -que con diligencia viniese á Madrid: algunos dicen que en conformidad -de sus compañeros. El suceso mostró, que la intencion del rey era -apartalle de los negocios. Mas porque se vea como los príncipes -pudiendo resolutamente mandar, quieren justificar sus voluntades con -alguna honesta razon, he puesto las palabras de la carta. - -«Marqués de Mondejar, primo, nuestro capitan general del reino de -Granada. Porque queremos tener relacion del estado en que al presente -están las cosas de ese reino, y lo que converná proveer para el remedio -de ellas, os encargamos que en recibiendo esta os pongais en camino, -y vengais luego á esta nuestra corte para informarnos de lo que está -dicho, como persona que tiene tanta noticia de ellas: que en ello, y en -que lo hagais con toda la brevedad, nos ternemos por muy servidos. Dada -en Madrid á 3 de setiembre de 1569.» - -Llegó el marqués, y fue bien recebido del rey, y algunas veces le -informó á solas: de los ministros fue tratado con mas demonstracion de -cortesía que contentamiento: nunca fue llamado en consejo; mostrando -estar informados á la larga por otra via. Muñatones, plático de -semejantes llamamientos, y falto de un ojo, dijo como le mostraron la -carta: _que le sacasen el otro, si el marqués tornaba de allá durante -la guerra_. Anduvo muchos dias como suspendido y agraviado, cierto que -siempre habia seguido la voluntad del rey y de solo ella hecho caudal. -Mas entre los reyes y sus ministros, la parte de los reyes es la mas -flaca; no embargante la informacion que el marqués dió, eran tantas y -tan contrarias unas de otras las que se enviaban, que pareció juntar -con ellas la de D. Enrique Manrique, alcaide que fue del castillo de -Milan, y habiéndolo él dejado, estaba descansando en su casa. Pasó por -Granada entendiendo lo de allí; vino á do el marqués de Velez estaba; -y partió sin otra cosa de nuevo mas de errores en la guerra, cargos -de unos ministros á otros dados por via de justificacion, necesidad -de cargar con mayores fuerzas, crecidas las de los enemigos con la -disminucion de las nuestras. - -Pareció á los ministros la gente con que el marqués habia ofrecido -echar los enemigos de la tierra, poca, y la oferta menos pensada; pues -con doblado número no se hizo mayor efecto: y no dejaron de deshacelle -el buen suceso, con decir que los moros muertos habian sido menos de lo -que se escribió. Pero el rey tomando la parte del marqués respondió: -_que habia sido importante desbaratar y partir los enemigos, aunque -no con tanto daño de ellos como se dijo_; y esto mas por reprimir -alguna intencion que se descubria contra el marqués, que por alaballe, -como se vió dende á poco. Decia el marqués que la falta de vitualla -habia sido causa de haberse deshecho su campo; cargaba á D. Juan, al -consejo de Granada; quedó la suma de todo su campo en pocos mas de mil -y quinientos infantes y doscientos caballos: en fin fue necesitado á -recogerse dentro en el lugar, atrincherarse, y aun derribar casas por -parecerle el sitio grande. Mas dende á pocos dias enviaron de Granada -tanta provision, que no habiendo á quien repartilla, ni buena órden, -valian cien libras de pan un real. - -No estaba Granada por esto mas proveida de vitualla, ni se hacian los -partidos de ella con mayor recatamiento, aunque el presidente remediaba -parte del daño con industria; ni en lo que tocaba á la gente y pagas se -guardaban las órdenes de D. Juan, á quien tampoco perdonaba el pueblo -de Granada; libre y atrevido en el hablar, pero en presencia de los -superiores siervo y apocado; movido á creer y afirmar facilmente sin -diferencia lo verdadero y lo falso; publicar nuevas ó perjudiciales ó -favorables, seguillas con pertinacia: ciudad nueva, cuerpo compuesto de -pobladores de diversas partes, que fueron pobres y desacomodados en sus -tierras, ó movidos á venir á esta por la ganancia; sobras de los que no -quisieron quedar en sus casas, cuando los Reyes católicos la mandaron -poblar; como es en los lugares, que se habitan de nuevo. No se dice -esto porque en Granada no haya tambien nobleza escogida por los mesmos -reyes cuando la república se fundó, venida de personas excelentes en -letras, á quien su profesion hizo ricos, y los descendientes de unos -y otros nobles de linaje ó de ánimo y virtud, como en esta guerra lo -mostraron no solamente ellos, pero el comun; mas porque tales son -las ciudades nuevas, hasta que envejeciéndose la virtud y riqueza, -la nobleza se funda. Discurrian las intenciones libres por todos sin -perdonar á ninguno, y las lenguas por los que osaban, y no sin causa; -porque en guerra de mucha gente, de largo tiempo, varia de sucesos, -nunca faltan casos que loar ó condenar. Las compañías de Granada eran -tan faltas y mal disciplinadas, que ni con ellas se podia estar dentro, -ni salir fuera; pero la mayor desórden fue que habiendo mandado el rey -castigar con rigor los soldados que se venian del marqués de Velez, y -procurando D. Juan que se pusiese en ejecucion; cansados los ministros -de ejecutar y D. Juan de mandar, visto lo poco que aprovechaba, se tomó -expediente de callar; y por no quedar del todo sin gente, consentir -que las compañías se hinchiesen de la que desamparaba las banderas -del marqués, no sin alguna sombra de negligencia ó voluntad; la cual -fue causa de que viniese el campo á quedar deshecho, y los enemigos -señores de mar y tierra, campeando Aben Humeya con siete mil hombres, -quinientos turcos y berberíes, sesenta caballos; mas para autoridad que -necesidad. - -Ya Jergal en el rio de Almería, lugar del conde de la Puebla, se -habia levantado á instancia de Portocarrero mayordomo suyo: ó por la -habilidad ó por el barato ocupó la fortaleza con poca artillería y -armas, y echando de ella al alcaide puso gente dentro; mas él dende -á poco dió en las manos del conde de Tendilla, y fue atenazado en -Granada. Estaba tambien levantado el valle y rio de Bolodui, paso -entre tierra de Guadix, Baza y la mar confinante con el Alpujarra. El -marqués por tener ocupada la gente, darle alguna ganancia, mantener la -reputacion de la guerra, determinó ir en persona sobre él, habiéndolo -consultado con el rey, que le remitió la ida ó á allí, ó á tierra de -Baza en caso que la gente no fuese tan poca, que no llegase á número -de los cinco mil hombres. Llevando pues á D. Juan de Mendoza sin -gente, con la de D. Pedro de Padilla, y parte de la que D. Rodrigo -de Benavides tenia en Guadix, alguna otra de amigos y allegados que -seguian la guerra, doscientos y cincuenta caballos, partió á deshacer -una masa de gente que entendió juntarse en Bolodui, temiendo que -dañase tierra de Baza, y pusiesen á D. Antonio de Luna en necesidad, -y juntándose con ellos Aben Humeya, pasase el daño adelante. Partió -de la Calahorra, vino á Fiñana, llevando la vanguardia D. Pedro de -Padilla con las banderas de Nápoles. Habia nueve leguas de Fiñana al -lugar donde los enemigos se recogian; mas no pudiendo caminar á pie los -soldados tan gran trecho, fueron necesitados á quedar la noche cansados -y mojados (porque el rio se pasa muchas veces), á dos leguas de los -enemigos; inconveniente que acontece á los que no miden el tiempo -con la tierra, con la calidad y posibilidad de la gente. Los moros, -apercebidos de la venida de los nuestros, dieron avisos con fuegos -por toda la tierra, alzaron la ropa y personas que pudieron. Habíase -adelantado con la caballería el marqués tomando consigo cuatrocientos -arcabuceros á las ancas de los caballos y bagajes; mas cansados unos -y otros dejaron la mayor parte. Los enemigos aguardando ora á un paso -del rio, ora á otro, segun vian que nuestra caballería se movia, ora -haciendo alguna resistencia, se acogieron á la sierra. Dejaban muchos -bagajes, mujeres y niños, en que los soldados se ocupasen; y viéndolos -embarazados con el robo, sin espaldas de arcabucería, hicieron vuelta, -cargando de manera, que los nuestros fueron necesitados á retirarse -con pérdida, no sin alguna desórden, aunque todavía con mucho de la -presa. Parte de la caballería se acogió fuera de tiempo, disculpándose -que no se les hubiese dado la órden, ni esperado la arcabucería que -dejaban atrás. Pero el marqués viendo que la retirada era por conservar -el robo (causa que puede con la gente mas que otra), envió persona con -veinte caballos y algunos arcabuceros, que con autoridad de justicia -quitase á la caballería la presa, para que despues se repartiese -igualmente, llamando á la parte los soldados de D. Pedro de Padilla -que quedaron atrás. El comisario, hallando alguna contradiccion, -compró tres esclavas: una de las cuales se ofreció á descubrille gran -cantidad de ropa y dineros; mas ella viéndose en la parte que deseaba -hizo señas, á que se juntaron muchos moros: mataron algunos caballos -y todos los arcabuceros; salvóse el comisario á la parte contraria -del marqués, corriendo hasta Almería diez leguas de donde comenzó á -salvarse, y todas por tierras de enemigos: quedaron los caballos con -la presa, pero tan ocupados, que fueron de poco provecho, y el marqués -por esto tornó retirándose con órden (aunque cargándole los enemigos) -hasta juntar consigo la gente de D. Pedro. Dende allí vino á Fiñana con -mucha parte de la cabalgada, y con igual daño de muertos y heridos. -Mas entendiendo que los moros de la sierra de Baza y rio de Almanzor -andaban en cuadrillas, y desasosegaban la tierra, temiendo que llevasen -tras sí los lugares de aquella provincia, y Filabres, donde tenia su -estado, gruesos y fuertes, y que las fuerzas de D. Antonio de Luna no -serian bastantes á resistillos; partió en principio de invierno, con -mil infantes y doscientos y cincuenta caballos que tenia, para Baza. -Pero D. Antonio, hombre prevenido (dicen que con órden de D. Juan), -dejó la gente antes que llegase el marqués, y volvió á servir su cargo -en Granada; ó por haber oido que no se entendia blandamente con las -cabezas de la gente; ó porque tuvo por mas á propósito de su autoridad -ser mandado de D. Juan, que entonces gastaba su tiempo en mantener á -Granada á manera de sitiado, contra las correrías de los enemigos: -descontento y ocioso igualmente, mas deseando y procurando comision del -rey para emplear su persona en cosa de mayor momento. Las cabezas de su -gente con cualquier liviana ocasion no dejaban de mostrarse en todas -partes de la ciudad, corriendo las calles armados (puesto que vacía de -enemigos) inciertos á que parte fuese el peligro, siguiendo esos pocos -por las mismas pisadas que salian, sin haber atajado la tierra, hasta -dejallos en salvo y recogidos á la montaña. Llaman atajar la tierra en -lengua de hombres del campo, rodealla al anochecer y venir de dia para -ver por los rastros, que gente de enemigos y por que parte ha entrado -ó salido. Esta diligencia hacen todos los dias personas ciertas de pie -y de caballo, puestos en postas que cercan á la redonda la comarca, y -llámanlos atajadores, oficio de por sí y apartado del de los soldados; -porque no se hacia esta diligencia en tierra escura y doblada, y en -lugar que aunque grande, no era el circuito extendido, y eran los pasos -ciertos, no pude entender la causa. - -Aben Humeya, viéndose libre del marqués de Velez, con los siete mil -hombres que tenia se puso sobre Adra con ánimo de tomar el lugar, que -pensaba estar desamparado; mas viendo que perdia el tiempo, pasó á -Berja, y quísola batir con dos piezas; pero levantóse de allí: corrió y -estragó la tierra del marqués de Velez, el lugar de las Cuevas; quemó -los jardines, dañó los estanques, todo guardado con curiosidad de mucho -tiempo para recreacion; acometiendo llegar á los Velez en sierra de -Filabres, tornó á Andarax, donde como asegurado de la fortuna vivia ya -con estado de rey; pero con arbitrio de tirano, señor de las haciendas -y personas, tenido por manso engañaba con palabras blandas; mas para -quien recatadamente le miraba, oscuras y suspensas, de mayor autoridad -que crédito: codicia en lo hondo del pecho, rigor nunca descubierto -sino cuando habia ofendido, y entonces sosegado como si hubiera hecho -beneficio, queria gracias de ello. Contaba el dinero y los dias á quien -mas familiar trataba con él, y algunos de estos á que pensaba ofender -escogia por compañeros de sus consejos y conversacion. Tal era Aben -Humeya; y puesto que entre nosotros fuese tenido por inocente y llamado -D. Hernandillo de Valor, el oficio descubrió cual es el hombre. Con -todo esto duró algunos dias que le hacian entender que era bien quisto, -y él lo creía, ignorante de su condicion; hasta que el vulgo comenzó á -tratar de su manera, de su vida, de su gobierno, todo con libertad y -desprecio, como riguroso y tenido en poco. Apartáronse de su servicio -descontentas algunas cabezas, que tomaron avilanteza; en tierra -de Granada, el Nacoz; en la de Beza, Maleque; en la de Almuñecar, -Giron; en la de Velez, Garral; en el rio de Almería, Mojajar; en el -de Almanzora, Aben Mequenun, que decian Portocarrero, hijo del que -levantó á Jergal; y al fin Farax, uno de los principales que fueron en -hacelle rey. Cargábanle culpas, escarnecíanle; burlaban de su condicion -sus mismos consejeros: señales que por la mayor parte preceden á la -destruicion del tirano. Quejábanse los turcos, entre otros muchos, que -habiendo dejado su tierra por venir á serville, no los ocupaba donde -ganasen: descontentos y entretenidos con sueldos ordinarios. Mas él, -espacioso, irresoluto hasta su daño, tanto dilató la respuesta que se -enemistó con ellos, habiéndolos traido para su seguridad; y despues -proveyó fuera de tiempo. Traía en el ánimo quemar y destruir á Motril, -lugar guardado con alguna ventaja de como solia; pero grande, abierto, -llano, y á la marina. Mas por descuidar los nuestros, acordó enviar -fingidamente los turcos (para mandallos tornar) á las Albuñuelas, -frontera de Granada, mostrando querer que fuesen regalados y mantenidos -en el vicio y abundancia del valle de Lecrin, el uno de tres barrios -fuertes, las espaldas á la sierra. Entre los amigos de quien mas fiaba, -era uno Abdalá Abenabó de Mecina de Bombaron, primo suyo, y tambien de -la sangre de Aben Humeya, alcaide de los alcaides, tenido por cuerdo -y animoso, de buena palabra, comunmente respetado, usado al campo, y -entretenido mas en criar ganados que en el vicio del lugar. Á este -mandó ir por comisario general para que los alojase y mandase, y los -capitanes estuviesen á su obediencia; dióle órden que donde le tomase -otro mandado suyo tornase con ellos y la mas gente que pudiese juntar, -trayendo vitualla para seis dias; que él avisaria del lugar donde debia -ir. Partieron seiscientos hombres, cuatrocientos turcos y doscientos -berberíes en el mismo hábito, todos arcabuceros; eran sus capitanes á -la sazon Hhusceni y Carabaji. Apenas llegaron á Cadiar, cuando Aben -Humeya despachó un correo dando gran priesa que volviesen aquella -noche á Ferreira. De aquí se tramó su muerte. Trataré de mas lejos la -verdadera causa de ella, por haberse publicado diferentemente. - -El principio fue descontentamiento de los turcos, mostrados á mandar -su rey en Berbería; temor que de él tenian sus amigos; poca seguridad -de las personas y haciendas; sospechas que se entendia con nosotros. Y -el tratado fue tal luego que le eligieron, que ninguno en su compañía -tuviese morisca por amiga, sino por legítima mujer; y guardábase -esto generalmente. Mas habia entre las mujeres una viuda, mujer que -fuera de Vicente de Rojas, pariente de Rojas, suegro de Aben Humeya: -mujer igualmente hermosa y de linaje, buena gracia, buena razon en -cualquier propósito, ataviada con mas elegancia que honestidad; -diestra en tocar un laud, cantar, bailar á su manera y á la nuestra, -amiga de recoger voluntades y conservallas. Á esta se llegó un primo -suyo, como es costumbre entre parientes, despues de muerto el marido -en la guerra, de quien Aben Humeya se fiaba, llamado Diego Alguacil; -vivian juntos, comunicábanse mas que familiarmente: trataba él con -Aben Humeya loando sus buenas partes y conversacion, tanto que á -desearla ver le inclinó; y contento de ella, por no ofender al amigo, -disimulábalo; ausentábale con comisiones: pudo en fin mas el apetito -que el respeto; y mandó al primo que no embargante que fuese casado -con otra, la tomase por mujer; rehusándolo, trújola el rey como en -depósito á su casa, y usó de ella por amiga. Avisó de ello la viuda á -su primo mostrando descontentamiento, ofendida entre tantas mujeres -de no ser tenida por una de ellas; estar forzada, y holgar de verse -fuera de sujecion, habiendo aparejo; que Aben Humeya, celoso de él y -sospechoso de venganza, buscaba ocasion para matalle. Huyó Alguacil, -y juntándose con una cuadrilla de mozos ofendidos por otras causas, -andaba recatado sin entrar en Valor. Mas dende á pocos dias supo de -la misma como Aben Humeya enviaba los turcos á cierta empresa, yendo -á juntarse con ellos por la ganancia; trújole á las manos el caso al -mensajero, y sabiendo de él como iba á llamar los turcos, le mató; y -tomándole las cartas usó de semejante ardid, que el conde Julian con -los capitanes del rey D. Rodrigo en Ceuta. No sabia escribir Aben -Humeya, y firmar mal en arábigo; pero servíale de secretario y firmaba -algunas veces por él un sobrino del Alguacil, que á la sazon se halló -con su tio; él tambien agraviado. En lugar de la carta escribieron -otra para Abenabó en que le mandaba que tornando aquella noche con los -turcos á Mecina, y juntándose con la gente de la tierra y cien hombres -que llevaria consigo Diego Alguacil, los degollase con sus capitanes -durmiendo y cansados; lo mismo hiciese de Alguacil, despues de haberse -valido de él. Envió con esta carta un hombre de confianza, midiendo el -tiempo de manera que llegasen él y el mensajero á Cadiar, cuasi á una -misma hora. Dió el hombre la carta poco antes, y llegó Diego Alguacil, -hallando confuso y maravillado á Abenabó: díjole como traía la gente -consigo; mas que no pensaba hallarse en tal crueldad, por ser personas -que habian venido á favorecer su casta fiados de él, y ellos puesto la -vida por sus haciendas, por su libertad y por sus vidas: cansados ya -de servir á un hombre voluntario, ingrato, cruel, ¿qué podian esperar -sino lo mismo? Bueno de palabras, mas de ánimo malo y perverso; que no -habia mujeres, no haciendas, no vidas con que hartar el apetito, la -sed de dinero y sangre. Pasó Hhusceni, capitan de los turcos (persona -de crédito entre ellos, tenido por cuerdo, valiente y amigo del rey), -antes que Abenabó le respondiese; quísole hablar alterado, y Abenabó, ó -porque el otro no le previniese, ó con temor que le matasen los turcos, -ó con ambicion y cebo del reino, mostró la carta á Caravaji y Hhusceni, -en que hacia compañero suyo en la traicion á Diego Alguacil, y de los -turcos en la muerte; dicen que todo á un tiempo: sacó el mesmo Alguacil -una conficion que suelen usar para salir de sí cuando han de pelear -y á veces para emborracharse, hecha con apio y simiente de cáñamo, -fuerte para dormir sueño pesado; esta, dijo, que habian de dar á los -capitanes y cabezas en la cena con el beber, sedientos y cansados del -camino, á manera de la que llaman los alárabes alhajij. Entendiendo -el hecho, resolvieron entre sí de descomponer y matar á Aben Humeya, -parte por asegurarse, parte por roballe, persuadiéndose que tenia gran -tesoro, y hacer á Abenabó cabeza. Juntaron consigo la gente de Diego -Alguacil, y con silencio caminaron hasta Andarax, donde Aben Humeya -estaba: aseguraron la centinela como personas conocidas, y que se sabia -habellos enviado á llamar. Pasaron el cuerpo de guardia, entraron en -la casa que era en el barrio llamado Laujar, quebraron las puertas -del aposento: halláronle desnudo, medio dormido, y vilmente entre el -miedo y el sueño, y dos mujeres, embarazado de ellas, especialmente -de la viuda amiga de Diego Alguacil que se abrazó con él, fue preso -en presencia de los que él trataba familiarmente: hombres bajos (que -á tales tenia mayor inclinacion, y daba crédito), criados suyos, -el Mejuar, Barzana, Deliar, Juan Cortés de Pliego y su escribano -que era del Deire; teniendo veinte y cuatro hombres dentro en casa, -cuatrocientos de guardia, mil y seiscientos alojados en el lugar, no -hizo resistencia: ninguno hubo que tomase las armas, ni volviese de -palabra por él. Mas como solo el que es rey puede mostrar á ser rey -un hombre; así solo el que es hombre puede mostrar á ser hombre un -rey. Faltó maestro á Aben Humeya para lo uno y lo otro; porque ni supo -proveer y mandar como rey, ni resistir como hombre. Atáronle las manos -con un almaizar, juntáronse Abenabó, los capitanes, y Diego Alguacil -delante de la mujer á tratar del delito y la pena, en su presencia -leyéronle y mostráronle la carta, que él como inocente y maravillado -negó: conoció la letra del pariente de Diego Alguacil; dijo que era su -enemigo, que los turcos no tenian autoridad para juzgalle; protestóles -de parte de Mahoma, del emperador de los turcos, y del rey de Argel, -que le tuviesen preso dando noticia de ello y admitiendo sus defensas. -Mas la razon tuvo poca fuerza con hombres culpados y prendados en -un mismo delito, y codiciosos de sus bienes: saqueáronle la casa, -repartiéronse las mujeres, dineros, ropa, desarmaron y robaron la -guardia; juntáronse con los capitanes y soldados, y otro dia de mañana -determinaron su muerte. Eligieron á Abenabó por cabeza en público, -segun lo habian acordado en secreto, aunque mostró sentimiento y -rehusallo, todo en presencia de Aben Humeya, el cual dijo, que nunca -su intencion habia sido ser moro; mas que habia aceptado el reino por -vengarse de las injurias, que á él y á su padre habian hecho los jueces -del rey D. Felipe, especialmente quitándole un puñal y tratándole -como á un villano, siendo caballero de tan gran casta; pero que él -estaba vengado y satisfecho, lo mismo de sus enemigos, de los amigos y -parientes de ellos, de los que le habian acusado y atestiguado contra -él y su padre, ahorcándolos, cortándoles las cabezas, quitándoles las -mujeres y haciendas: que pues habia cumplido su voluntad, cumpliesen -ellos la suya. Cuanto á la eleccion de Abenabó, que iba contento; -porque sabia que haria presto el mismo fin: que moria en la ley de los -cristianos, en que habia tenido intencion de vivir, si la muerte no le -previniera. Ahogáronle dos hombres: uno tirándole de una parte y otro -de otra de la cuerda, que le cruzaron en la garganta; él mismo se dió -la vuelta como le hiciesen menos mal; concertó la ropa, cubrióse el -rostro. - -Tal fin hizo Aben Humeya, en quien despues de tantos años revivió -la memoria de aquel linaje, que fue uno de los en cuya mano estuvo -la mayor parte de lo que entonces se sabia en el mundo. La ocasion -convida á considerar, que como todo lo que en él vemos se mantenga -por partes, que juntas le dan el ser, y una de ellas sea las castas -ó linajes de los hombres; estas como en unos tiempos parece estar -acabadas hasta venir á pobres labradores, así en otros salen y suben -hasta venir á grandes reyes. Pero muchas veces el Hacedor de todo no -hallando sujeto aparejado, produce cosas diminuidas semejantes á las -grandes, como fruto en tierra cansada ó olvidada; ó como queriendo -hacer hombre hace enano, por falta de sujeto, de tiempo, de lugar. No -habia en el pueblo de Granada moriscos, fuerzas, ocasion, ni aparejo, -para crear y mantener rey: salió de un comun consentimiento de muchas -voluntades juntas (hombres que se tenian por agraviados y ofendidos), -hecho un tirano con sombra y nombre de rey; y este descendiente de -casta olvidada, mas que tanto tiempo habia señoreado. Dicen que de una -sola hija que tuvo Mahoma llamada Fátima, y de Hali Abenseib vinieron -dos linajes; uno de Aben Humeya[53], otro de Abenhabet, cuya cabeza fue -Abdalá Abenhabet Miramamolin, señor de España, que echó los berberíes -del reino de ella, y el postrero Juseph Hali Atan, á quien echó del -reino Abdurrabi Menhadali, cabeza del linaje de Aben Humeya, hasta el -último Hiscen que reinó en discordia, que habiéndole los de Córdoba -echado del reino con ayuda de Habúz, rey de Granada, uno del mismo -linaje escogió ser electo rey por un solo dia, con condicion que le -matasen pasadas las veinte y cuatro horas: eligiéronle, y matáronle, y -acabaron juntos el linaje de Aben Humeya, y el reino de Córdoba. Los -que descendian de este rey de un dia vinieron á poblar las montañas -de Granada; y los moros establecieron por ley, que ninguno del linaje -de Aben Humeya pudiese reinar en Córdoba. Porque si despues reinaron -en el Andalucía los almoravides, y almohades, y el linaje de Abenhut, -ya no tuvieron á Córdoba por cabeza del reino, hasta que vino á poder -del santo rey D. Fernando el Tercero. Esto se ha dicho por muestra, y -acordar que no hay reino perpetuo, pues vino á desvanecerse un reino -tan poderoso, como fue el de Córdoba. - - [53] Antigüedad y orígen de Aben Humeya, si bien contada con gran - diferencia de lo que dicen Garibai, Mármol, y otros. - -Tomado por cabeza Abdalá Abenabó, diéronle mando sobre todo por tres -meses, hasta que viniese confirmacion del rey de Argel y título de rey; -envió con Ben Daud, morisco tintorero en Granada, inventor y tramador -del levantamiento, á dar nueva de su eleccion al rey de Argel: dióle -dineros y oro para presentar; diéronle los capitanes cada uno por su -parte ayuda con que fuese, y quedó allá; y envió la aprobacion mucho -antes del tiempo. Hicieron con Abenabó la ceremonia, pusiéronle en -la mano izquierda un estandarte y en la derecha una espada desnuda; -vistiéronle de colorado, levantáronle en alto, y mostráronle al pueblo, -diciendo: _Dios ensalce al rey de la Andalucía y Granada Abdalá -Abenabó_: diéronle generalmente la obediencia los pueblos de moriscos -que no la habian dado á Mahomet Aben Humeya, y los capitanes, exceptos -Aben Mequenun que llamaban Portocarrero, hijo del que levantó á Jergal -con cuatrocientos hombres en el rio de Almanzora, que tambien el -duque de Arcos mandó justiciar en Granada; y en tierra de Almuñecar y -Almijara, Giron el Archidoni, que murió reducido y perdonado en Jayena. -Hizo repartimiento de las alcaidías y gobierno en hombres naturales -de las mismas tahas: escogió para su consejo seis personas demás de -los capitanes turcos Caracax, y D. Dali capitan; porque Caravaji, -luego como se hizo la eleccion, partió á Berbería con ocasion de traer -gente. Eligió por capitan general para los rios de Almería, Bolodui, -y Almanzora, sierras de Baza y Filabres, tierra del marquesado de -Zenette y Guadix, al que llamaban el Habaqui[54], por cuyo parecer se -gobernaba en todo: otro de Sierra Nevada, tierra de Velez, el valle, -el Alpujarra, y Granada, á quien decian Joaibi de Guejar: á estos -obedecian los otros capitanes de tahas; por alguacil, que despues del -rey es el supremo magistrado, á su hermano Muhamet Abenabó. Envió á -Hoscein con otro presente de cautivos al rey de Argel, pidiéndole gente -y armas: juntó un ejército ordinario de cuatro mil arcabuceros, que -alojase la cuarta parte cerca de su persona; la guardia de doscientos -arcabuceros; fuera del lugar las centinelas apartadas y perdidas, que -ni se acogen al cuerpo de guardia, sino á lo alto ó lejos, ni se les -da otro nombre mas de un contraseño de los caminos, que es dejar pasar -solamente al que viniere por parte señalada, y á los que vinieren -por otra parte detenellos ó dar arma; dende allí avisan por donde -vienen los enemigos. Tienen siempre atalayas de noche y de dia por las -cumbres; llaman al sarjento mayor alguacil de la guardia, que reparte -y requiere las centinelas, ordena la gente, alójala, hace justicia en -el cuerpo de guardia: dentro en la casa residen veinte arcabuceros, á -que dicen porteros. Fue poco á poco comprando y proveyéndose de armas -traidas de Berbería, ó habidas de las presas en gran cuantitad, que -repartió á bajos precios entre la gente: llegó de esta manera á tener -ocho mil arcabuceros; el sueldo de los turcos eran ocho ducados al mes, -el de los moriscos la comida. Con estos principios de gobierno, con la -necesidad de cabeza, con la reputacion de valiente y hombre del campo, -con la afabilidad, gravedad, autoridad de la presencia, con haber -padecido en la persona por tormentos siendo esclavo, fue bien quisto, -respetado, obedecido, tenido como rey generalmente de todos. - - [54] Hierónimo el Melech dice Mármol porque el Habaqui fue - embajador á Berbería. - -Mandó en este tiempo D. Juan que Pedro de Mendoza fuese á visitar -el presidio de Orgiba con órden que sirviese en lugar de Francisco -de Molina, porque entendia estar indispuesto, sabiendo que Abenabó -nuevo rey juntaba gente para venir sobre la plaza. Mas sucedió una -novedad trasordinaria siendo siete leguas de Granada, como las que -suelen acontecer en las Indias á tres mil de España; que de cinco -banderas, sola una con su capitan D. García de Montalvo quedó libre sin -amotinarse; y acusando á Francisco de Molina á una voz de estar loco, -y pedian por cabeza á Pedro de Mendoza. Las señales que daban de su -locura; que los apretaba con rigor á las guardias, que estando enfermo -los requeria, que no dormia de noche, hombre rico y recatado, que falto -de gente particular ayudaba con dineros á los que enviaba con licencia -por cobrar crédito, para que viniesen otros; repartia la vitualla -por tasa como quien sospechaba cerco. Pero visto que se encaminaba á -motin, quiso prender los capitanes; y sosegándolos, procuró que Pedro -de Mendoza saliese de Orgiba: mas por satisfacer la gente que estaba -ociosa y descontenta, y proveerse de vitualla, envió la compañía -de Antonio Moreno con su alférez Vilches á correr en el Cehel; que -atajados por los moros en el barranco de Tarascon, fueron todos muertos -sin escapar mas de tres soldados. - -Abenabó con esta ocasion proveyó á Castil de Ferro de armas, artillería -y vitualla, puso dentro cincuenta turcos con su capitan llamado Leandro -para que pudiese recibir el socorro que traeria Caravaji con el armada -de Argel, y en persona vino sobre Orgiba, movido por quejas de los -pueblos comarcanos, y daños que continuamente recibian de la guarnicion -que en ella residia. Eran los capitanes moros, Berbuz, Rendati, -Macox; y turcos, Dali capitan á quien dejó cabeza de la empresa y de -la gente. Apretaron el lugar, mostraron quererle hambrear; fuéronse -con trincheas llegando hasta las casas; vínoles gente, y entraron -en ellas: señoreáronlas de manera, que descubrian la plaza, y los -nuestros no atravesaban ni estaban á los reparos sin ser enclavados: -tomaban por dias el agua peleando; era la hambre y la sed mayor que -el temor de los enemigos. Dió Francisco de Molina aviso, y pareció -á D. Juan que el duque de Sesa la socorriese, por la experiencia, -por la gracia y autoridad con la gente, ser del consejo, y el lugar -suyo; detúvose algunos dias esperando la vitualla con harta dilacion: -partió con seis mil infantes y trescientos caballos, mas número de -gente que de hombres, la mayor parte concejil: pero en Acequia le tomó -la gota, enfermedad ordinaria suya, y tan recia que le inhabilitaba -la persona, aunque dejándole libre el entendimiento. Trató D. Juan -de enviar á Luis Quijada en su lugar, no sin ambicion; pero el duque -mejoró, y en principio de noviembre envió dende Acequia á Vilches, que -por otro nombre llamaban Pie de palo, buen hombre de campo, plático -de la tierra, que con cuatro compañías de infantería en que habia -ochocientos hombres, dejando á la mano derecha á Lanjaron, hiciese el -camino por lo áspero de la montaña, desusado muchos años, pero posible -para caballería; y que reconociendo el barranco que atraviesa el camino -de Orgiba, tomase lo alto de la montaña y estuviese quedo, adonde el -camino de Lanjaron hace la vuelta cerca de Orgiba, de allí diese aviso -á Francisco de Molina: y por asegurar á Vilches envió á sus espaldas -otros ochocientos hombres, siguiendo él con el resto de la gente y -caballería, sospechoso que los unos y los otros habrian menester -socorro. - -Mas los moros, que tenian no solamente aviso de la salida de Acequia, -pero atalayas por todo, que con señas contaban á los nuestros los -pasos, dándolas de una en otra hasta Orgiba, hicieron de sí dos partes: -una quedó sobre Orgiba, y otra de la demás gente salió con sus banderas -á esperar al duque. Estos fueron Hhusceni y Dali, encubriéndose parte -de la gente. Comenzó Dali capitan á mostrarse tarde, y entretenerle -escaramuzando. Entre tanto apartaron seiscientos hombres, cuatrocientos -con Rendati que se emboscó á las espaldas de Vilches, y Macox adelante -al entrar de lo llano tomando el camino de Acequia de las tres peñas -(llaman los moros á aquel lugar Calat el Hhajar en su lengua), cosa -pocas veces vista, y de hombres muy pláticos en la tierra, apartarse -tanta gente escaramuzando, y emboscarse sin ser sentida, ni de los -que estaban en la frente, ni de los que venian á las espaldas. Cayó -la tarde, y cargó Dali capitan reforzando la escaramuza á la parte -del barranco cerca de la agua; de manera que á los nuestros pareció -retirarse adonde entendian que venia el duque, pero con órden. -Descubrióse la primera emboscada, y fueron cargados tan recio que -hallándose lejos del socorro y que apuntaba la noche, cuasi rotos se -recogieron á un alto cerca del barranco, con propósito de esperar, -hechos fuertes; donde pudieran estar seguros, aunque con algun daño, si -el capitan Perea tuviera sufrimiento; pero viendo el socorro, echóse -por el barranco y la gente tras él; donde seguido de los moros fue -muerto peleando con parte de los que iban con él, y pasando adelante -cargaron hasta llegar á dar en el duque ya de noche, que los socorrió -y retiró: pero dando en la segunda emboscada de Macox, apretado por -una parte de los enemigos, por otra incierto del camino y de la tierra -con la escuridad, y confuso con el miedo que la gente llevaba, que le -iban faltando, fue necesitado á hacer frente á los enemigos por su -persona: quedaron con él D. Gabriel su tio, D. Luis de Córdoba, D. Luis -de Cardona, D. Juan de Mendoza, y otros caballeros y gente particular; -muchos de ellos apeados con la infantería dando cargas y siendo -seguidos hasta cerca del alojamiento; dicen que si los moros cargaran -como al principio, estuviera en peligro la jornada. Pero el daño estuvo -en que Pie de palo partiese á hora, que el dia no le bastó al duque -para llegar á Orgiba con sol, ni para socorrerle. Engaña el tiempo en -el reino de Granada á muchos hombres que no le miden por la aspereza -de la tierra, hondura de los barrancos, y estrecheza de los caminos. -Murieron de los nuestros cuatrocientos hombres, y perdieron muchas -armas, segun los moros, gente vana que acrecienta sus prosperidades; -mas segun nosotros (que en esta guerra nos mostramos á disimular, y -encubrir las pérdidas) solos sesenta; lo uno ó lo otro con daño de los -enemigos, y reputacion del duque. De noche sospechoso de la gente, -apretado de los enemigos, impedido de la persona, tuvo libertad para -poner en ejecucion lo que se ofrecia proveer á toda parte, resolucion -para apartar los enemigos, y autoridad para detener los nuestros que -habian comenzado á huir, recogiéndose á Acequia cuasi á media noche: -larga y trabajosa retirada de tres grandes leguas, dos siendo cargada -su gente. - -Y considerando yo las causas, porque nacion tan animosa, tan aparejada -á sufrir trabajos, tan puesta en el punto de lealtad, tan vana de -sus honras (que no es en la guerra la parte de menos importancia), -obrase en esta al contrario de su valentía y valor, truje á la memoria -numerosos ejércitos disciplinados y reputados en que yo me hallé, -guiados por el emperador D. Cárlos, uno de los mayores capitanes que -hubo en muchos siglos; otros por el rey Francisco de Francia su émulo, -y hombre de no menos ánimo y experiencia. Ninguno mas armado, mas -disciplinado, mas cumplido en todas sus partes, mas plático, abundado -de dinero, de vitualla, de artillería, de municion, de soldados -particulares, de gente aventurera de corte, de cabezas, capitanes -y oficiales, me parece haber visto ni oido decir, que el ejército -que D. Felipe II rey de España, su hijo, tuvo contra Enrique II de -Francia, hijo de Francisco, sobre Durlan, en defension de los estados -de Flandes, cuando hizo la paz tan nombrada por el mundo, de que salió -la restitucion del duque Filiberto de Saboya, negocio tan desconfiado. -Como por el contrario, ninguno he visto hecho tan á remiendos, tan -desordenado, tan cortamente proveido, y con tanto disperdiciamiento y -pérdida de tiempo y dinero; los soldados iguales en miedo, en codicia, -en poca perseverancia y ninguna disciplina. Las causas pienso haber -sido, comenzarse la guerra en tiempo del marqués de Mondejar con gente -concejil aventurera, á quien la codicia, el robo, la flaqueza y las -pocas armas que se persuadieron de los enemigos al principio, convidó -á salir de sus casas cuasi sin órden de cabezas ó banderas: tenian sus -lugares cerca, con cualquier presa tornaban á ellos; salian nuevos á la -guerra, estaban nuevos, volvian nuevos. Mas el tiempo que el marqués -de Mondejar, hombre de ánimo y diligencia, que conocia las condiciones -de los amigos y enemigos, anduvo pegado con ellos, á las manos, en -toda hora, en todo lugar, por medio de los hombres particulares que -le seguian, estuvieron estas faltas encubiertas. Pero despues que los -enemigos se repartieron, acontecieron desgracias por donde quedaron -desarmados los nuestros y armados ellos; comunicábase el miedo de unos -en otros; que como sea el vicio mas perjudicial en la guerra, así es -el mas contagioso: no se repartian las presas en comun, era de cada -uno lo que tomaba, como tal lo guardaba, huían con ello sin union, sin -respondencia; dejábanse matar abrazados ó cargados con el robo, y donde -no le esperaban, ó no salian, ó en saliendo, tornaban á casa; guerra de -montaña, poca provision, menos aparejo para ella, dormir en tierra, no -beber vino, las pagas en vitualla, tocar poco dinero ó ninguno: cesando -la codicia del interese, cesaba el sufrir trabajo: pobres, hambrientos, -impacientes, adolecian, morian, ó huyéndose los mataban; cualquier -partido de estos escogian por mas ventajoso que durar en la guerra, -cuando no traían la ganancia entre las manos. De los capitanes, algunos -cansados ya de mandar, reprender, castigar, sufrir sus soldados, se -daban á las mismas costumbres de la gente, y tales eran los campos que -de ella se juntaban. Pero tambien hubo algunos hombres entre los que -vinieron enviados por las ciudades, á quien la vergüenza y la hidalguía -era freno. Tambien la gente enviada por los señores, escogida, igual, -disciplinada, y la que particularmente venia á servir con sus manos, -movidos por obligacion de virtud y deseo de acreditar sus personas, -animosa, obediente, presente á cualquiera peligro: tantos capitanes ó -soldados, como personas; y en fin autores y ministros de la vitoria. -Los soldados y personas de Granada todos aprobaron para ser loados. No -parecerá filosofía sin provecho para lo porvenir esta mi consideracion -verdadera, aunque experimentada con daño y costa nuestra. - -Envió el duque á dar noticia de lo que pasaba á Francisco de Molina, -mandándole, que en caso que no se pudiese detener, desamparase la -plaza y se retirase por el camino de Motril; porque el de Lanjaron -tenian ocupado los enemigos, y no le podia socorrer. Mas ellos no -curaron de tornar sobre Orgiba, así porque en ella y en la refriega -que tuvieron, habian perdido gente y muchos heridos, como porque -les pareció que bastaba tener á Francisco de Molina corto con poca -gente, y ellos hacer rostro á la del duque, estorbar el daño que podia -hacer en los lugares del valle, que tenian como propios. Francisco de -Molina, con la órden del duque conforme á la que él tenia de D. Juan, -teniendo por cierto que si volvieran sobre él, se perderia sin agua, -ni vitualla, enclavó y enterró algunas piezas que no pudo llevar, -recogió los enfermos y embarazos en medio, tomó el camino de Motril -libre de los enemigos; donde llegó con toda la gente que salió, y con -poca pérdida en el fuerte: dando harto contraria muestra del suceso en -el cerco y retirada, de lo que la desvergüenza de los soldados habia -publicado; desamparóse por ser corta la provision de vituallas, lugar -que habia costado muchas, mucho tiempo, mucha gente y trabajo mantener -y socorrer; fue el primero y solo que los enemigos tomaron por cerco; -deshicieron las trincheas, quemaron y destruyeron la tierra, llevaron -dos piezas aunque enclavadas. Tomáronse dos moros con cartas que los -capitanes escribian á la gente de las Albuñuelas, y el valle, y otras -partes, certificándoles la venida del duque á socorrer á Orgiba, y -animándolos que siguiesen su retaguardia; porque ellos con la gente que -tenian se les mostrarian á la frente, como le estorbasen el socorro ó -les combatiesen con ventaja. No estuvieron ociosos el tiempo que él se -detuvo en Acequia; porque bajaron por Guejar y el Puntal á la Vega, -llevaron ganados, quemaron á Mairena hasta media legua de Granada, -acogiéndose sin pérdida y con la presa, por divertir, ó porque la -guerra pareciese con igualdad. Esperó en Acequia por entender el motivo -de los enemigos y entretenellos que no diesen estorbo á la retirada de -Francisco de Molina, y por su indisposicion, con falta de vitualla, y -descontentamiento de la gente: por esto y la ociosidad, y por ser ya -el mes de noviembre y la sementera en la mano, se comenzó á deshacer -el campo. Mas llamado por D. Juan, salió por las Albuñuelas con poca -gente, y esa temerosa por lo sucedido (trataban los turcos de ponerse -de guarnicion en aquel lugar), y caminando el dia, los enemigos al -costado, llegó temprano sin acercarse los unos á los otros, dando culpa -á las guias: quemó el un barrio, y despues de haber enviado á D. Luis -de Córdoba á quemar á Restaval, Belejij, Concha, y otros lugares del -valle que D. Antonio de Luna dejó enteros, y dejado á Pedro de Mendoza -con seiscientos hombres alojado en el otro barrio, tornó á Granada, -donde halló á D. Juan ocupado en la reformacion de la infantería, -provisiones de vitualla y otras cosas, por medio y industria de -Francisco Gutierrez de Cuellar, del consejo, á quien el rey envió -particularmente á mirar por su hacienda; caballero prudente, plático en -la administracion de ella, bueno para todo. - -Habian las desórdenes pasado tan adelante, que fue necesario para -remediallas hacer demostracion no vista ni leida en los tiempos pasados -en la guerra; suspender treinta y dos capitanes de cuarenta y uno que -habia, con nombre de reformacion: pero no se remedió por eso; que el -gobierno de las compañías quedó á sus mismos alféreces, de quien suele -salir el daño. Porque como se nombran capitanes sin crédito de gente ó -dineros, encomiendan sus banderas á los alféreces, y oficiales que les -ayudan á hacer las compañías gastando dinero con los soldados, de quien -no pueden desquitarse tomándoselo de las pagas, porque se les desharian -las compañías, y procuran hacello engañando en el número. Pero los -capitanes y oficiales cuasi todos engañan en las pagas; aunque unos -las ponen en calificar soldados y entretenellos con pagar ventajas, ó -darles de comer; y estos son tolerables: otros son perniciosos y aun -tenidos como traidores, porque engañan á su señor en cosa que le hacen -perder la honra, el estado y la vida, fiándose de ellos, y estos son -los que para sí hacen ganancia con las compañías, teniendo menos gente, -ó robando los huéspedes, ó componiéndolos: la misma reformacion se -hizo en los comisarios, partidos, y distribucion de vituallas, armas y -municiones. - -En el tiempo que el duque de Sesa partió para el socorro de Orgiba, y -D. Juan entendia en reformar las desórdenes, se alzó Galera, una legua -de Guescar en tierra de Baza; lugar fuerte para ofender y desasosegar -la comarca en el paso de Cartagena al reino de Granada, y no lejos -del de Valencia. Mas los de Guescar, entendiendo el levantamiento, -fueron sobre el lugar con mil y doscientos hombres y alguna caballería; -estuvieron hasta tercero dia; y sin hacer mas de salvar cuarenta -cristianos viejos que estaban retirados en la iglesia, se tornaron. -Habian entrado en Galera por mandado de Abenabó cien arcabuceros -turcos y berberíes con el Maleh, alcaide del partido, y era capitan de -ellos Caravajal, turco, que saltó fuera cargando en la retaguardia, -y poniéndolos en desórden les quitó la presa de ganados y mató pocos -hombres, de que los de Guescar indignados mataron algunos moriscos -por la ciudad, y en la casa del gobernador donde se habian recogido: -quemaron parte de ella, saquearon y quemaron otras en Guescar, ciudad -de los confines del reino de Murcia y Granada, patrimonio que fue del -rey católico D. Fernando, y dada en satisfaccion de servicios al duque -de Alba D. Fadrique de Toledo; pueblo rico, gente áspera y á veces mal -mandada, descontenta de ser sujeta á otro sino al rey; y desasosegada -con este estado que tiene, procura trocalle con otros, que á veces -desasosiegan mas. - -Levantóse de ahí á pocos dias Orce, una legua de Galera, que los -antiguos llamaron Urci; y estando los de Guescar preparándose para ir -á allanarla ó destruirla, los vecinos cristianos nuevos que habian -quedado, indignados metieron de noche sin ser sentidos al Maleh con -trescientos hombres en sus casas, que dejó emboscados en los lavaderos -hasta dos mil, y en ellos trescientos turcos y berberíes, que se habian -juntado para el efecto: mas los de la ciudad que tuvieron noticia, -vueltas contra ellos las armas, peleando los echaron fuera con daño -y rotos; y dando con el mesmo ímpetu en la emboscada, la rompieron -matando seiscientos hombres. Fuera la vitoria del todo, si los turcos y -berberíes no resistieran reparando la gente, y haciendo retirar parte -de ella con alguna órden. Ya Abenabó habia hecho declarar todo el rio -de Almanzora (que en arábigo quiere decir de la vitoria) con Purchena -(en otro tiempo llamada de los antiguos Illipula grande, á diferencia -de otra menor, ribera de Guadalquivir), la sierra de Filabres y los -lugares de tierra de Baza. Quedaban Seron, y Tijola del duque de -Escalona: Tijola inexpugnable, pero falta de agua. Envió sobre Seron, -y saliéndose la guardia, prendió el alcaide (algunos dicen que por -su voluntad); tomó armas, municion, vitualla, doce piezas de bronce. -Tijola siguió á Seron: de esta manera quedaron levantados todos los -moriscos del reino, sino los de la hoya de Málaga y serranía de Ronda. - -Estos motivos, y la priesa que el rey daba á reforzar el campo del -marqués de Velez que estaba en Baza, enviando caballeros principales de -su casa por las ciudades á solicitar gente, que saliese antes que los -enemigos tomasen fuerzas, apresuró al marqués con la gente que trajo de -la Peza, y la que D. Antonio de Luna dejó en Baza, y la que se juntó de -Guescar y otras partes, por todos cuatro mil infantes, y trescientos -y cincuenta caballos, á ponerse sobre Galera: el Maleh y su hijo -desampararon el lugar, desconfiados que se pudiese mantener. Caravajal, -turco, dende á dos dias que el marqués llegó, juntó el pueblo; -persuadiólos que salvasen la gente, la ropa, y á sí mismos, pues -tenian aparejo y la sierra cerca; y diciéndole que dentro en sus casas -querian morir, les respondió: que aun no era llegado el tiempo, ni -era su oficio morir; que se salvasen y dejasen aquello para otros que -venian brevemente á morir por ellos. Mas visto que estaban pertinaces, -con ciento y treinta turcos y berberíes dando una arma de noche á los -nuestros, se salió con su gente y dinero, sin recibir daño; y vino por -mandado de Abenabó á residir en Guejar con los otros capitanes. - -Habian los enemigos (como dijimos) entrado en ella, fundado frontera, -atajado con una trinchea de piedra seca de monte á monte el trecho, -que llaman la Silla; manteníanse contra Granada, hacian presas, -solicitando pueblos que se levantasen, recogiendo y regalando los -que se alzaban. Á veces estaban en ella cuatro mil, á veces menos, y -de ordinario seiscientos hombres segun las ocasiones; eran capitanes -Joaibi, natural del lugar, por otro nombre llamado Pedro de Mendoza -(que este apellido tomaban muchos por la naturaleza que tenia en la -tierra la casta del marqués D. Iñigo Lopez de Mendoza, primer capitan -general), Hocein, Caracajal, turco, Chocon (que en su lengua quiere -decir degollador), Macox, Mojajar, y otros. Crecia el desasosiego de -la ciudad, y parecia estarse con menos seguridad, pero en nada se via -acrecentada la manera de la defensa, descubierta la parte de la ciudad -que llaman Realejo frontera á los enemigos, el barrio de Antequeruela -no sin peligro muchos meses, muy á menudo los apercebimientos, que se -hacian de persona en persona y con secreto, mostrando que los enemigos -vernian cada noche á dar en la ciudad, las mas veces por esta parte. -Al fin se achicó la puerta que dicen de los molinos, y se puso una -compañía de guardia en Antequeruela, pero no que se atajasen los -caminos de Facar, Veas, el Puntal; maravillándose los que no tienen -noticia de las causas, ó licencia de escudriñallas, como se encarecian -tanto las fuerzas de los enemigos y el peligro, y se estaba con tan -flaca guardia: en fin se puso una concejil en la puerta de los Molinos; -reforzóse la de Antequeruela; púsose guardia en los Mártires, y en -Pinillos, y Cenes (presidios todos contra Guejar), y á don Gerónimo -de Padilla mandaron estar en Santa Fe con una compañía de caballos -para asegurar el llano de Loja, demás de la guardia de la Vega. Púsose -caballería en Iznalloz, pero todo no estorbaba que hasta las puertas de -Granada se hiciesen á la continua presas. - -Estando en estos términos, comenzó el marqués de Velez á batir á Galera -con seis piezas de bronce, y dos bombardas de hierro, de espacio y -con poco fruto. Saltaban fuera los moros á menudo, haciendo daño sin -recebillo. - -[Nota al margen: 1569.] - -Cargó D. Juan la mano con el rey, como agraviado que le hubiese mandado -venir á Granada en tiempo que todos estaban ocupados, por tenelle -ocioso, siendo el que menos convenia holgar; mostrábale deseo de -emplear su persona; hijo y hermano de tan grandes príncipes, en cuya -casa habian entrado tantas vitorias; mozo, no conocido de la gente; el -espacio con que se trataba la guerra en Almanzora, el atrevimiento de -los enemigos, la Alpujarrra sin guarniciones, la mar desproveida, los -moros en Guejar, lo que convenia tomar el negocio con mayores fuerzas y -calor. Pareció al rey apretar los enemigos, acometiéndolos á un tiempo -con dos campos; uno por el rio de Almanzora á cargo de D. Juan, con -quien asistiesen el marqués de Velez, el comendador mayor de Castilla, -y Luis Quijada; otro por el Alpujarra con el duque de Sesa; y por no -dejar embarazo tan importante como enemigos á las espaldas, mandó que -antes de su partida viniese sobre Guescar. El nombre de la salida fue -(porque el de Velez no se hubiese por ofendido) dar órden en lo que -tocaba á Guadix y Baza, como habia sido con el marqués de Mondejar, -darla en lo de Granada. Estando Guejar y Galera por los enemigos, -cualquier otra empresa parecia difícil, y el peligro cierto: en Guejar, -por dejarlos á las espaldas; en Galera, porque podia saltar la rebelion -en el reino de Valencia, y con la tardanza conservarse los moros en sus -plazas, Purchena, Seron, Tijola, Jergal, Cantoria, Castil de Ferro, y -otras. Partió el comendador mayor de Cartagena por órden de D. Juan -con ocho piezas de campo, trescientos carros de vitualla, municion, -y armas. El marqués, aunque entendiendo la ida de D. Juan, mostraba -algun sentimiento, no dejó de verse con el comendador mayor, que -proveyéndole de vitualla y municion, pasó á esperar D. Juan en Baza. -Dicen, y confiesalo el comendador mayor, que escribió al rey, como el -marqués no le parecia á propósito para dar cobro á la empresa del reino -de Granada, y que las cartas vinieron á las manos del marqués primero -que á las del rey; mas leyólas, y disimulólas; ó fuese pensando que la -necesidad habia de traelle tiempo á las manos, en que diese á conocer -lo contrario; ó cansado y ofendido, dando á entender que la peor parte -seria de quien no le emplease. Eran ya los quince de diciembre, y no -parecia señal ni esperanza de que se hiciese efecto contra Galera. Mas -el rey solicitaba con diligencia los señores de la Andalucía, y las -ciudades de España; pidiendo nueva gente para la empresa y salida de D. -Juan, y enviando personas calificadas de su casa á procurallo. - -Llegó la órden para que D. Juan hiciese la jornada de Guejar, primero -que partiese para Guadix y Baza: habíase enviado muchas veces á -reconocer el lugar con personas pláticas; lo que referian era, que -dentro estaban siete mil arcabuceros y ballesteros resolutos á venir -una noche sobre Granada (número que si de mujeres y hombres ellos lo -tuvieran, y no les faltaran cabezas y experiencia, era bastante para -forzar la ciudad); que estaban fortificados y empantanaban la Vega; que -allanaban el camino que va por la sierra á la Alpujarra para recebir -gente. Tanto mas puede el recelo que la verdad, aunque cargue sobre -personas sin sobresalto. Todavía no fueron del todo creidos los que -daban el aviso; pero reforzáronse las guardias con mas diligencia, -y difirióse la ida de D. Juan hasta que mas gente de las ciudades y -señores fuese llegada. Por hacer la jornada con mas seguridad envió á -D. García Manrique y Tello de Aguilar, que reconociesen el lugar de -noche, y la mañana hasta el dia: lo que trujeron fue, que dentro habia -mas de cuatro mil infantes; no haber visto fuego á las trincheas ni -en el cuerpo de guardia: no humo aun para encender las cuerdas en el -corazon del invierno (tierra frigidísima y á la falda de la nieve); -no trocar las guardias, no cruzar á la mañana gente de las casas á -la trinchea ó de la trinchea á las casas, no acudir con el arma á la -trinchea: atribuíase todo á señales de gran recatamiento; pero á juicio -de algunas personas pláticas, de lugar desamparado. Notaban que en -tanto tiempo, tan cerca, lugar abierto y pequeño, se sospechase y no se -supiese cierto el número de la gente, pudiéndose contar por cabezas ó -por la comida, y que todos afirmasen pasar de seis mil hombres, y los -reconocedores de cuatro mil, llegando tan cerca, y trayendo señales de -poca gente ó ninguna. Pareció que seria conveniente servirse de los -capitanes que habian sido suspendidos, porque la gente se gobernaria -mejor por ellos, y los mas eran personas de experiencia. Mandáronles -tomar sus compañías, y todos lo quisieron hacer, pudiendo emplear sus -personas, sin volver á los cargos de que una vez fueron echados. - -[Nota al margen: 1569.] - -Habia costumbre en el Alhambra de salir los capitanes generales y -alcaides cuando se ofrecia necesidad, dejando en la guardia de ella -personas de su linaje y suficientes. Mostraba el conde de Tendilla -títulos suyos, de su padre, abuelo, y bisabuelo, de capitanes generales -de la ciudad sin el cargo del reino, y pretendia salir con la gente -de ella. Pero Juan Rodriguez de Villafuerte, que entonces era tenido -por enemigo suyo declarado, pretendia que como corregidor le tocase: -traía ejemplo de Málaga donde el corregidor tenia cargo de la gente, -no obstante que el alcaide tuviese título de capitan de la ciudad; mas -ó fuese mandamiento expreso, ó inclinacion á otros, ó desabrimiento -particular con la casa ó persona del conde, no obstante las cédulas, y -que la profesion de Juan Rodriguez fuese otra que armas, hizo D. Juan -una manera de pleito de la pretension del conde, y remitió el negocio -al consejo del rey; quitándole el uso de su oficio, y dándole á Juan -Rodriguez, que aquel dia llevó cargo de la gente de la ciudad y le tuvo -otros muchos. Partió á los veinte y tres de diciembre con nueve mil -infantes, seiscientos caballos, ocho piezas de campo. Habia dos caminos -de Granada á Guejar; uno por la mano izquierda y los altos, y este -llevó él con cinco mil infantes y cuatrocientos caballos: llevaba Luis -Quijada la vanguardia con dos mil, donde iba su persona; á D. García -Manrique encomendó la caballería; y la retaguardia con la artillería, -municion y vitualla (donde iba su guion) al licenciado Pedro Lopez de -Mesa y á D. Francisco de Solis, ambos caballeros cuerdos, pero sin -ejercicio de guerra: lo cual dió ocasion á pensar, que la empresa -fuese fingida, y D. Juan cierto que el lugar estaba desamparado; pues -encomendaba á personas pacíficas lugar adonde podia haber peligro y -era menester experiencia; dando al duque el camino del rio mas breve -con cuatro mil infantes y trescientos caballos, en que iba la gente de -la ciudad. Aquella noche se aposentó en Veas, dos leguas de Granada, -y otras tantas de Guejar, con órden que juntos por diversas partes -llegasen á un tiempo, y combatiesen los enemigos, para que los que del -uno escapasen diesen en el otro; pero quedóles abierto el camino de la -sierra. D. Diego de Quesada, á quien tenia por plático de la tierra, -iba por guia del campo de D. Juan, aunque otros hubiese en la compañía -tan soldados, criados en aquella tierra, y mas pláticos en ella, segun -lo mostró el suceso. Estaban á la guardia del lugar ciento y veinte -turcos y berberíes con Caravajal que estuvo en Galera, cuatrocientos -y treinta de la tierra, todos arcabuceros; la cabeza era Joaibi, los -capitanes Cholon, Macox, y Rendati, y el Partal por sarjento mayor; -venidos, segun se entendió, solo por la ganancia de las presas, con -la seguridad de la montaña, y mudábanse por meses; muchas mujeres, -muchachos y viejos de los lugares vecinos, que no querian apartarse -de sus casas, proveidos de pan y carne en abundancia; y dicen ellos, -que nunca hubo mas gente ordinaria. Entendieron dias antes la ida de -D. Juan, y tuvieron tiempo de salvar lo mejor de su ropa, sus personas -y ganados. El dia antes que D. García y Tello de Aguilar fueron á -reconocer avisando la gente, partieron los turcos á la Alpujarra; y de -los moros, el dia antes que D. Juan llegase, salieron cuatrocientos -hombres con Partal, y el Macox, y Rendati á la Vega en ocasion de -correr nuestras espaldas, y hicieron daño el mismo dia que llegó D. -Juan: quedaron en Guejar ochenta hombres con Joaibi para retirar el -removiente de la gente inútil, y ropa. Partieron á un tiempo de Granada -el duque, y D. Juan de Veas al amanecer: hay pocos hombres del campo -que sepan caminar bien de noche la tierra que han visto de dia; esta -era toda de un color igual aunque doblada, que dió causa á la guia de -engañarse cuasi en la salida del lugar, y á D. Juan de gastar tiempo. -Con todo se detuvo, esperando el dia, incierto del camino que haria el -duque, y avisando las atalayas de los moros con fuegos á los suyos de -lo que ambos hacian. Mas el duque caminó por derecho: envió delante á -D. Juan de Mendoza, que halló la trinchea desamparada sino de diez ó -doce viejos, que de pesados escogieron quedar á morir en ella, estos -fueron acometidos y degollados. Entrado y saqueado el lugar por la -gente que D. Juan de Mendoza llevaba de vanguardia, vieron subir por -la sierra mujeres y niños, bagajes cargados, con espaldas de sesenta -arcabuceros y ballesteros, que haciendo vuelta sobre los nuestros -en defensa de su ropa, se salvaron de espacio, aunque seguidos poco -trecho y detenidamente; pero lo que se pudo, y con mas daño nuestro -que suyo: murieron entre hombres y mujeres sesenta personas, y fueron -cautivas otras tantas; la demás gente por la sierra fueron á parar en -Valor y Poqueira y otros lugares de la Alpujarra: húbose mucho trigo -y ganado mayor; de nuestra gente murieron cuarenta soldados, porque -los moros en lo áspero de la tierra y entre las matas cubiertos con -las tocas de las mujeres, esperaban á nuestros soldados que pensando -ser mujeres llegasen á cautivallas, y los arcabuceasen. Entre ellos -murió el capitan Quijada siguiendo el alcance, desatinado de una -pedrada que una mujer le dió en la cabeza. D. Juan apartándose del -lugar dos leguas, ora acercándose á menos de un cuarto por camino que -todo se podia correr, se halló pasado mediodia sobre Guejar, dentro -de la trinchea de los enemigos en el cerro que llaman la Silla: llevó -la gente ordenada; y á los que nos hallamos en las empresas del -emperador, parecia ver en el hijo una imágen del ánimo y provision del -padre, y un deseo de hallarse presente en todo, en especial con los -enemigos. Descubrió de lo alto á la gente del duque delante del lugar -en escuadron, y tan de improviso que Luis Quijada envió con D. Gomez -de Guzman de mano en mano á pedir artillería, pensando que fuesen -enemigos, ó dando á entender que lo pensaba. Esta voz se continuó con -mucha priesa; y caminando con dos pezezuelas, llegó D. Luis de Córdoba -de parte del duque con el aviso, que los enemigos iban rotos y los -nuestros estaban dentro en el lugar. Quedamos espantados como Luis -Quijada no conoció nuestras banderas y órden de escuadron dende tan -cerca, hombre plático en la guerra, y de buena vista; y como el duque -enviaba á decir que los enemigos iban rotos, no habiendo enemigos. -Mostró D. Juan contentamiento del buen suceso, y queja del agravio de -que le hubiesen guiado por tanto rodeo que no alcanzase á ver enemigos. -Pero D. Diego de Quesada se excusaba, con que en consejo se le mandó -que guiase por parte segura; y Luis Quijada le dijo, que por donde -no peligrase la persona de D. Juan; que él no sabia como cumplir su -comision mas á la letra que guiando siempre cubierto y dos leguas de -los enemigos. Tuvo la toma de Guejar mas nombre lejos, que cerca; mas -congratulaciones, que enemigos. Volvieron la misma noche á Granada D. -Juan y el duque de Sesa; mandó quedar á D. Juan de Mendoza en Guejar -con gruesa guardia por algunos dias, y despues á D. Juan de Alarcon con -las banderas de su cargo; dende á pocos dias á D. Francisco de Mendoza, -reparado y trincheado un fuerte, pero con poca gente. Decian que si -cuando los moros desampararon el lugar y D. Juan fue á reconocelle, se -hubiera hecho el fuerte (que podia en una noche) y puesto en él una -pequeña guardia, como se hizo en Tablate, se salvaran pasadas de tres -mil personas, que murieron á manos de los enemigos, mucha pérdida de -ganado, reputacion y tiempo, el nombre de guerra, desasosiego de noche -y dia; todo hecho por mano de poca gente. - -Dende este dia parece que D. Juan alumbrado comenzó á pensar en las -gracias de vitoria tan fácil, y buscadas las causas para conseguilla, -hacer y proveer por su persona lo que se ofrecia, con mayor beneficio -y mas breve despacho. Extendióse por España la fama de su ida sobre -Galera, y movióse la nobleza de ella con tanto calor, que fue necesario -dar el rey á entender que no era con su voluntad ir caballeros sin -licencia á servir en aquella empresa. Enviaron las ciudades nueva -gente de á pie y de caballo: crecieron algunas (que no tenian propios) -los precios á las vituallas, para gastos de la guerra; otras entre -cinco vecinos mantenian un soldado. Entraron el tiempo que duró la -masa pasadas de ciento y veinte banderas con capitanes naturales de -sus pueblos, personas calificadas, sin la gente que vino al sueldo -pagado por el rey, que fue la tercia parte: tanta reputacion pudo dar -á los enemigos la voluntad de venganza. Mandó D. Juan (que ya era -señor de sí mismo, y de todo) que una parte de la masa se hiciese en -el mismo campo del marqués de Velez, pasando la gente por Guadix; y -otra, pasando por Granada en las Albuñuelas, donde estuviese D. Juan -de Mendoza á recogella, y hacer provision de vitualla. Ordenó que el -duque de Sesa quedase su lugarteniente en Granada, pasase á posar en el -mismo aposento que él tenia en la chancillería; y que formado su campo, -partiese por Orgiba contra el Alpujarra, á un mismo tiempo que él para -Galera, por divertir las fuerzas de los enemigos. - -Mas Abdalá Abenabó, indignado del suceso de Guejar, quiso recompensar -la fortuna y la reputacion, procurando ocupar algun lugar de nombre -en la costa. Escogió tres mil hombres, y en un tiempo con escalas y -como pudo acometieron de noche á Almuñecar, que los antiguos llamaban -Manoba, y á Salobreña, que llamaban Selambina: pero el capitan de -Almuñecar resistió retenidamente por ser de noche, y con algun daño -de los enemigos, que dejando las escalas se acogieron á la sierra, -donde corrian de continuo la comarca; lo mismo hicieron los que iban -á Salobreña, que rebotados por D. Diego Ramirez, alcaide de ella, con -dificultad, por aguardarse con menos gente, se retiraron juntándose -con la compañía. Visto Abenabó que sus empresas le salian inciertas, -y que las fuerzas de España se juntaban contra él, envió de nuevo al -alcaide Hoceni á Argel solicitando gente para mantener, ó navíos para -desamparar la tierra y pasarse; y juntamente con él un moro suyo á -Constantinopla. Dicen que llegados á Argel hallaron órden del señor de -los turcos, para que fuese socorrido. - -En el mismo tiempo batia el marqués á Galera con poco efecto, -defendíanse los vecinos, y reparaban el daño facilmente; saltaban -algunas veces fuera; y entre ellas, trabando una gruesa escaramuza, -cargaron nuestra gente de manera, que matando al capitan Leon y veinte -soldados, cuasi pusieron en rota el cuartel; pero retiráronse cargados -sin daño: colgaron de la muralla la cabeza del capitan y otras, y el -marqués partió á Guescar un dia por rehacerse de gente; volviendo -trajo consigo pocos soldados. Mas D. Juan partió de Granada con tres -mil infantes y cuatrocientos caballos á juntarse con el marqués; vino -á Guadix, que los antiguos llamaban Acci, pueblo en España grande, y -cabeza de provincia como agora lo es: adoraban los moradores al sol en -forma de piedra redonda y negra; aun hoy en dia se hallan por la tierra -algunas de ellas con rayos en torno. La nobleza y gente de la ciudad -han mantenido el lugar, viéndose á menudo con los moros, y partiéndose -de ellos con ventaja. De Guadix vino de espacio á Baza, que llamaban -los antiguos como los moros Basta, cabeza de una gran partida de la -Andalucía, que del nombre de la ciudad decian Bastetania, en que habia -muchas provincias. Y de allí á Guescar, donde el marqués estaba con -su gente, la cual junta con la de la ciudad y tierra hicieron gran -recibimiento y salva, mostrando mucha alegría con la venida de D. -Juan. Solo el marqués salió descontento á recibirle, por ver que habia -de obedecer, siendo poco antes obedecido y temido. Mas D. Juan le -recibió con alegre y blando acogimiento, y aunque sintió su disgusto, -le saludó y abrazó con mucha serenidad, diciéndole: «Marqués ilustre, -vuestra fama con mucha razon os engrandece, y atribuyo á buena suerte -haberse ofrecido ocasion de conoceros. Estad cierto, que mi autoridad -no acortará la vuestra; pues quiero que os entretengais conmigo, y -que seais obedecido de toda mi gente, haciéndolo yo asimismo como -hijo vuestro, acatando vuestro valor y canas, y amparándome en todas -ocasiones de vuestros consejos.» Á estas ofertas respondió el marqués -por los términos extraños que siempre usó, aunque medido con su -grandeza, diciendo: «Yo soy el que mas ha deseado conocer de mi rey un -tal hermano, y quien mas ganara de ser soldado de tan alto príncipe; -mas si respondo á lo que siempre profesé, irme quiero á mi casa, pues -no conviene á mi edad anciana haber de ser cabo de escuadra.» Fue la -respuesta muy notada, así de sentenciosa y grave, cuanto aguda, y -así el marqués fue breve en su jornada, porque tarde ó nunca mudó de -consejo. Entró D. Juan en consejo sobre lo de Galera, y despues de -haberla reconocido, se determinó de ir sobre ella y ponerle cerco. - - - - - LIBRO IV. - - -Luego que D. Juan salió de Granada, fue á posar el duque en casa del -presidente, conforme á la órden que tenia de D. Juan. Comenzóse á -entender en la provision de vitualla en Guadix, Baza y Cartagena, -lugares de Andalucía, y la comarca, para proveer el campo de D. -Juan; y en Granada y su tierra el del duque: pero de espacio, y con -alguna confusion, por la poca plática, y desórdenes de comisarios -y tenedores, inclinados todos á hacer ganancias, y extorsiones con -el rey y particulares: y aunque Francisco Gutierrez fue parte para -atajar la corrupcion, no lo era él ni otro para remedialla del todo. -Salió el duque de Granada á 21 de hebrero de 1570, quedando por cabeza -y gobierno de paz y guerra el presidente; y por ser eclesiástico, -quedó D. Gabriel de Córdoba para el de guerra, y ejecutar lo que el -presidente mandase, que daba el nombre; y hacia el oficio de general un -consejo formado de tres oidores, auditor general, Francisco Gutierrez -de Cuellar, el corregidor de Granada; quedaron á la guarda de la ciudad -cuatro mil infantes: hacíase con la misma diligencia con el Albaicin -despoblado, Guejar en presidio nuestro, guardada la Vega, con las -mismas centinelas, las postas, los cuerpos de guarda, los presidios en -Cenes y Pinillos, que cuando la Vega estaba sospechosa, el Albaicin -lleno de enemigos, Guejar en su poder: y duró esta costa y recato hasta -la vuelta de D. Juan, ó fuese por olvido, ó por otras causas el guardar -contra los de dentro y los de fuera. ¡Qué cosa para los curiosos que -vieron al Sr. Antonio de Leiva teniendo sobre sí el campo de la liga, -cuarenta mil infantes, nueve mil caballos, y la ciudad enemiga; él con -solos siete mil infantes enfrenalla, resistir los enemigos, sitiar -el castillo, y al fin tomallo, echar y seguir los enemigos, fuertes, -armados, unidos, la flor de Italia soldados y capitanes! Vino al Padul -el mismo dia que salia de Granada, donde en Acequia se detuvo muchos -dias esperando gente y vituallas; y haciendo reducto en Acequia y -las Albuñuelas para asegurarse las espaldas, y asegurar á Granada -en un caso contrario ó furia de enemigos, y el paso á las escoltas -que partiesen de la ciudad á su campo: otro fuerte en las Guajaras, -para asegurar aquella tierra y los peñones, donde otra vez los echó -el marqués de Mondejar; y por dar tiempo á Don Juan para que juntos -entrasen en el rio de Almanzora y Alpujarra. Allí le fue á visitar el -presidente, y dar priesa á su salida: tomó el camino de Orgiba con ocho -mil infantes y trescientos y cincuenta caballos. Iban con él muchos -caballeros de la Andalucía, muchos de Granada, parte con cargos, y -parte por voluntad. Llegó sin que los enemigos le diesen estorbo, -aunque se mostraron pocos y desordenados al paso de Lanjaron y de Cañar. - -Mientras el duque se ocupaba en esto, salió D. Juan de Austria de Baza -con su campo para Galera, adonde puso su cerco enviando á reconocella; -y considerando primero el daño que de un castillo que estaba en la -parte alta les podia venir, se trató de minalla, y habiendo hecho -algunas minas, les pusieron fuego, con que cayó un gran pedazo del -muro con muerte de algunos de los moros cercados. Algunos soldados de -los nuestros, de ánimos alboratados, arremetieron luego por medio del -humo y confusion sin aguardar tiempo ni órden conveniente, á los cuales -siguieron otros muchos y al fin gran parte del ejército, procurando -embestir la fortaleza por el destrozo que las minas habian hecho, todo -sin hacer efecto, por estar un peñon delante. Los enemigos estaban -puestos en arma, y haciendo á su salvo mucho daño en los cristianos con -muchas rociadas de arcabuces y flechas, sin ser necesaria la puntería, -porque no echaban arma que diese en vacío, sin que esto fuese parte -para hacer retirar los ánimos obstinados de los soldados, ni ninguna -prevencion ni diligencia de oficiales y capitanes. Tanto que necesitó -á D. Juan de Austria á ponerse con su persona al remedio del daño, y -no con poco peligro de la vida; porque andando con suma diligencia y -valor persuadiendo á los soldados que se retirasen sin olvidarse de -las armas, fue herido en el peto con un balazo, que aunque no hizo -daño en su persona, escandalizó mucho á todo el campo, particularmente -á su ayo Luis Quijada que nunca le desamparaba, cuyas persuasiones -obligaron á D. Juan á retirarse por el inconveniente que se sigue en -un ejército del peligro de su general. Mas ordenó al capitan D. Pedro -de Rios y Sotomayor que con diligencia hiciese retirar la gente porque -no se recibiese mas daño; el cual entró por medio de los nuestros con -una espada y rodela, á tiempo que se conocia alguna mejoría de nuestra -parte, diciendo: _Afuera, soldados, retirarse afuera, que así lo manda -nuestro príncipe_. Habia ya cesado algun tanto el alarido y voces, de -suerte que se oían claro las cajas á recoger, y todo junto fue parte -para que tuviese fin este asalto tan inadvertido. Aquí se mostró buen -caballero D. Gaspar de Sámano y Quiñones; porque habiendo con grande -esfuerzo y valentía subido de los primeros en el lugar mas alto del -muro, y sustentado con la mano el cuerpo para hacer un salto dentro, -le fueron cortados los dedos por un turco que se halló cerca de él, -sin que esto le perturbase nada de su valor echó la otra mano y porfió -á salir con su intento, y saltar del muro adentro, mas no dándole -lugar los enemigos, le fue resistido de manera que dieron con él del -muro abajo. No fue parte este daño para que á los nuestros les faltase -voluntad de continuarle segunda vez otro dia, y así lo pidieron á D. -Juan: el cual pareciéndole no ser bien poner su gente en mas riesgo -con tan poco fruto, y tratádose en consejo mandó que hiciesen un par -de minas para que en este tiempo se entretuviesen y descansasen los -soldados. Los enemigos considerando su peligro cercano y la tardanza -de socorro, despacharon á Abenabó pidiéndole favor, á lo cual Abenabó -cumplió con solas esperanzas, porque la diligencia del duque en lo del -Alpujarra le traía sobre aviso, temeroso y puesto en armas. Acabadas -las minas mandó D. Juan que se encendiesen la una una hora antes que -la otra. Hízose, y la primera rompió catorce brazas de muralla, aunque -con poco daño de los cercados, por estar prevenidos en el hecho; y -así seguros de mas ofensa se opusieron á la defensa de lo que estaba -abierto, unos trayendo tierra, madera y fagina para remediarlo, y otros -procurando ofender con mucha priesa de tiros continuos: y estando en -esto sucedió luego la otra mina que derribando todo lo de aquella parte -hizo gran estrago en los enemigos, y tras esto cargando la artillería -de nuestra parte se comenzó el asalto muy riguroso; porque no teniendo -los moros defensa que los encubriese y amparase, eran forzados á dejar -el muro con pérdida de muchas vidas: adonde se mostró buen caballero -por su persona D. Sancho de Avellaneda herido del dia antes, haciendo -muchas muestras de gran valor entre los enemigos, hasta que de un -flechazo y una bala todo junto murió. Siguióse la victoria por nuestra -parte hasta que del todo se rindió Galera, sin dejar en ella cosa -que la contrastase que todo no lo pasasen á cuchillo. Repartióse el -despojo y presa que en ella habia, y púsose el lugar á fuego, y así por -no dejar nido para rebelados, como porque de los cuerpos muertos no -resultase alguna corrupcion: lo cual todo acabado ordenó D. Juan que el -ejército marchase para Baza adonde fue recibido con mucho regocijo. - -Hallábase Abenabó en Andarax resoluto de dejar al duque el paso de -la Alpujarra, combatille los alojamientos, atajarle las escoltas, -cierto que la gente cansada, hambrienta, sin ganancia, le dejaria. -Este dicen que fue parecer de los turcos, ó que le tuviesen por mas -seguro, ó que hubiesen comenzado á tratar con D. Juan de su tornada á -Berbería, como lo hicieron, y no quisiesen despertar ocasiones con que -se rompiese el tratado. Pero á quien considera la manera que en esta -guerra se tuvo de proceder por su parte desde el principio hasta el -fin, pareceránle hombres que procuraban detenerse, sin hacer jornada, -por falta de cabezas y gente diestra, ó con esperanza de ser socorridos -para conservarse en la tierra, ó de armada para irse á Berbería con -sus mujeres, hijos, y haciendas: y así teniendo muchas ocasiones, las -dejaron perder como irresolutos y poco pláticos. Partió de Orgiba -el duque, despues de haberse detenido en fortificarla y esperar la -entrada de D. Juan treinta dias, la vuelta de Poqueira: mas Abenabó, -teniendo aviso que el duque partia, y que de Granada pasara una gruesa -escolta al cargo del capitan Andrés de Mesa, con cuatrocientos soldados -de guarda y algunos caballos, púsose delante en el camino que va á -Jubiles por donde el duque habia de pasar, haciendo muestra de mucha -gente, y tener ocupadas las cumbres: trabó una gruesa escaramuza con la -arcabucería del duque, haciendo espaldas con cuasi seis mil hombres en -cuatro batallas. Reforzó el duque la escaramuza apartando los enemigos -con la artillería; y tomó el camino de Poqueira por el rodeo: los -enemigos creyendo que el duque les tomaba las espaldas, desampararon -el sitio: mas en el tiempo que duró la escaramuza acometieron á la -escolta de Andrés de Mesa, en la cuesta de Lanjaron, Dali capitan turco -y el Macox con mil hombres, y rompiéronla sin matar ó cautivar mas de -quince: solo se ocuparon en derramar vituallas, matar bagajes, escoger -y llevar otros cargados: pelearon al principio, pero poco; mataron -el caballo á D. Pedro de Velasco, que aquel dia fue buen caballero -y salvóse á las ancas de otro. Enviábale el rey á dar priesa en la -salida del duque, y llevar relacion del campo, y mandar lo que se -habia de hacer. Súpose de un moro á quien cautivaron tres soldados que -solo siguieron el campo de Abenabó, como su intento solo habia sido -entretener al duque: pero él luego que entendió el caso de Andrés de -Mesa, mas por sospechas que por aviso, envió caballería que le hiciese -espaldas, y llegaron á tiempo que hicieron provecho en salvar la gente -ya rota, y parte de la escolta. Hecho esto se siguió el camino de los -aljibes entre Ferreira y rio de Cadiar por el de Jubiles, y aquella -noche tarde hizo alojamiento en ellos. Tenia la guardia Joaibi con -quinientos arcabuceros, que viendo alojar los nuestros tarde y con -cansancio y por esto con alguna desórden, dió en el campo, y túvole -en arma gran parte de la noche, llegando hácia el cuerpo de guardia, -y matando alguna gente desmandada, pero fue resistido sin seguillo, -por no dar ocasion á la gente que se desordenase de noche. Dicen que -si los enemigos aquella noche cargaran, que se corria peligro; porque -la confusion fue grande, y la palabra entre la gente comun, viles, -que mostraba miedo: mas valió el ánimo y la resolucion de la gente -particular, y la provision del duque enderezada á deshacer los enemigos -sin aventurar un dia de jornada: en que parecian conformarse Abenabó y -él; porque cada uno pensaba deshacer al otro y rompelle con el tiempo -y falta de vitualla, y salieron ambos con su pretension. Envió Abenabó -á retirar al Joaibi, siguiendo el parecer de los turcos, y despues -por bando público mandó, que sin órden suya no se escaramuzase, ni -desasosegasen nuestro campo. Vino el duque á Jubiles por el camino de -Ferreira, adonde halló el castillo desamparado, y comenzado á reparar, -envió á D. Luis de Córdoba, y á D. Luis de Cardona, con cada mil -infantes, y ciento y cincuenta caballos, que corriesen la tierra á una -y otra parte, pero no hallaron sino algunas mujeres y niños: y llegó á -Ujijar, sin dejar los moros de mostrarse á la retaguardia, y de allí -sin estorbo á Valor, donde se alojaron. - -Salió D. Juan de Baza la vuelta de Seron con intento de combatilla, -y llegando con su campo á vista de Caniles, recibió cartas del duque -pidiéndole con grande instancia la brevedad de su venida, proponiéndole -ser toda la importancia para que hubiese fin la guerra del Alpujarra, -dando por último remedio que se juntasen los dos campos, y cogiesen -en medio á Abenabó. Pareciéndole á D. Juan este buen medio, sin mas -detenerse caminó la vuelta del campo del duque, y marchando el suyo -llegaron á vista de Seron, donde algunos pocos soldados desmandados -viendo los moros tan puestos en defensa, no lo pudiendo sufrir, se -movieron á quererlos combatir (contra el presupuesto de D. Juan) -diciendo en alta voz: nuestro príncipe piensa vanamente, si pretende -pasar de aquí sin castigar esta desvergüenza, y diciendo: Cierra, -cierra, Santiago y á ellos, los siguieron otros muchos incitados de -su ejemplo, y tras ellos toda la demás gente sin que valiese ninguna -resistencia; y sin mas autoridad ni órden embistieron el lugar con tan -grande ímpetu, que aunque salieron los moros de Tijola, no fue parte -para que dejasen de allanar el lugar del primer asalto, y le metiesen -á sacomano: aunque no les salió á algunos tan barata esta jornada, la -cual lo poco que duró fue bien reñida, y adonde entre otros fue herido -Luis Quijada de un peligroso balazo que le quitó la vida con grande -sentimiento de D. Juan conforme al mucho amor que le tenia. No tuvo -aun casi lugar D. Juan de atender á este sentimiento, provocado de mil -moros que se metieron en Seron, y le dieron ocasion de mas batalla; y -no la rehusando, volvió sobre ellos con deseo de acabar esta ocasion -por acudir á las cosas del Alpujarra, lo cual hizo despues de algunas -dificultades livianas con un asalto que fue el remate de esta vitoria. -Este dia se señaló D. Lope de Acuña, mostrando bien el gran ser de que -siempre estuvo acompañado en muchas ocasiones. - -Abenabó, visto que el duque de Sesa estaba en el corazon de la -Alpujarra, repartió su campo y la gente de vecinos que traía consigo; -puso ochocientos hombres entre el duque y Orgiba, para estorbar las -escoltas de Granada; envió mil con Mojajar á la sierra de Gador, y á -lo de Andarax, Adra, y tierra de Almería: seiscientos con Garral á la -sierra de Bentomiz, de donde habia salido D. Antonio de Luna, dejando -proveido el fuerte de Competa, para correr tierra de Velez; envió -parte de su gente á la sierra Nevada y el Puntal, que corriesen lo -de Granada: quedó él con cuatro mil arcabuceros y ballesteros, y de -estos traía los dos mil sobre el campo del duque, que con la pérdida -de la escolta estaba en necesidad de mantenimientos: pero entretúvose -con fruta seca, pescado y aceite, y algun refresco que Pedro Verdugo -le enviaba de Málaga, hasta que viendo por todas partes ocupados los -pasos: mandó al marqués de la Favara, que con mil hombres y cien -caballos, y gran número de bagajes atravesase el puerto de la Ravaha, -y cargase de vitualla en la Calahorra: porque fuese dos veces nombrada -con hambre y hierro en daño nuestro; adonde habia hecha provision, y -tan poco camino que en un dia se podia ir y venir. Dicen que el marqués -rehusó la gente que se le daba, por ser la que vino de Sevilla, pero -no la jornada; y siendo asegurado que fuese cual convenia, partió -antes de amanecer con las compañías de Sevilla, y sesenta caballos -de retaguardia: y él con trescientos infantes y cuarenta caballos de -vanguardia; los embarazos de bagajes, y bagajeros, enfermos, esclavos -en medio; la escolta guarnecida de una y otra parte con arcabucería. -Mas porque parece que en la gente de Sevilla se pone mácula, siendo de -las mas calificadas ciudades que hay en el mundo, hase de entender, que -en ella como en todas las otras se juntan tres suertes de personas: -unas naturales, y estos cuasi así la nobleza como el pueblo son -discretos, animosos, ricos, atienden á vivir con sus haciendas ó de -sus manos; pocos salen á buscar su vida fuera, por estar en casa bien -acomodados: hay tambien extranjeros, á quien el trato de las Indias, la -grandeza de la ciudad, la ocasion de ganancia ha hecho naturales, bien -ocupados en sus negocios, sin salir á otros; mas los hombres forasteros -que de otras partes se juntan al nombre de las armadas, al concurso de -las riquezas, gente ociosa, corrillera, pendenciera, tahura, hacen de -las mujeres públicas ganancia particular, movida por el humo de las -viandas; estos como se mueven por el dinero que se da de mano á mano, -por el sonido de las cajas, listas de las banderas; así facilmente las -desamparan, con el temor de ellas en cualquier necesidad apretada, y á -veces por voluntad: tal era la gente que salió en guardia de aquella -escolta. El marqués, sin noticia de los enemigos ni de la tierra, sin -ocupar lugares ventajosos, y confiado que la retaguardia haria lo -mismo, como quien llevaba en el ánimo la necesidad en que dejaba el -campo, y no que la diligencia fuera de tiempo es por la mayor parte -dañosa comenzó á caminar aprisa con la vanguardia: pero los últimos -que aun sin impedimento suelen de suyo detenerse y hacer cola, porque -el delantero no espera, y estorba á los que le siguen, y el postrero -es estorbado, y espera; abrieron mucho espacio entre sí, y la escolta -hizo lo mismo entre sí y la vanguardia. Mas Abenabó, incierto por donde -caminaria tanto número de gente, mandó al alcaide Alarabi, á cuyo cargo -estaba la tierra del Zenette, que siguiese con quinientos hombres -(Zenette llaman aquella provincia, ó por ser áspera, ó por haber sido -poblada de los Zenettes; uno de cinco linajes alárabes que conquistaron -á África y pasaron en España, que es lo mas cierto). Partió el Alarabi -su gente en tres partes, él con cien hombres quiso dar en la escolta: -al Piceni de Guejar con doscientos ordenó que acometiese la retaguardia -por la frente: y al Martel del Zenette con otros doscientos la rezaga -de la vanguardia, entrando entre la escolta y ella, al tiempo que -él diese en la escolta; y en caso que no le viesen cargar con toda -la gente, que estuviesen quedos y emboscados, dejándola pasar. Los -nuestros parándose á robar pocas vacas y mujeres, que por ventura -los enemigos habian soltado para dividirlos y desordenarlos, fueron -acometidos del Alarabi con solos cuatro arcabuceros por la escolta, -cargados de otros treinta que les hacian espaldas, y puestos en -confusion: tras esto cargó el resto de la gente del Alarabi, que -rompió del todo la escolta, sin hacer resistencia los que iban á la -defensa. Dió el Piceni en la caballería, que era de retaguardia, la -cual rompió, y ella la infantería; lo mismo hizo Martel con los últimos -de la vanguardia del marqués al arroyo de Vayarzal, lo uno y lo otro -tan callando, que no se sintió voz ni palabra. Iba el Piceni ejecutando -la retaguardia de manera, que parecia á los nuestros que lo vian ir -ejecutando al Martel. Siguieron este alcance sin volver la caballería, -ni rehacerse la infantería hasta cerca de la Calahorra, todos á una, -matando el Alarabi enfermos y bagajeros, y desviando bagajes; llegó el -arma con el silencio y miedo de los nuestros al marqués tan tarde, que -no pudo remediar el inconveniente, aunque con veinte caballos y algunos -arcabuceros procuró llegar: murieron muchos enfermos que iban en la -escolta, muchos de los moros y bagajeros; entre estos y soldados cuasi -mil personas: quitaron setenta moriscas cautivas, y lleváronse mas de -trescientas bestias sin las que mataron; cautivaron quince hombres, -no perdieron uno, aconteció esta desgracia en 16 de abril. Llevó el -marqués las sobras de la gente rota y lo demás de lo que pudo salvar á -la Calahorra, y reformándose de gente en Guadix, salió adonde estaba D. -Juan. Los enemigos, habiendo puesto la presa en cobro, quedaron seis -dias en el paso y por la sierra. - -Mas el duque entendiendo la desgracia, y el poco aparejo de proveerse -por la parte de Guadix, fiando poco de la gente, quiso acercarse mas -á la mar por haber vitualla de Málaga; y por ser el abril entrado, y -dar el gasto á los panes, quitar á los enemigos el paso para Berbería, -vino á Verja ya despues de haber talado la cogida en el Alpujarra: -y hizo lo mismo en el campo de Dalias, donde tenian las esperanzas -de cebada y grano. Al alojar en Verja hubo una pequeña escaramuza, -en que murieron de los nuestros algunos; de los moros segun ellos -cuarenta. Mas la hambre y poca ganancia, y el trabajo de la guerra, -y la costumbre de servir á su voluntad y no á la de quien los manda, -pudo con los soldados tanto, que sin respeto de que hubiesen sido bien -tratados de palabra, y ayudados de obra, con dinero, con vitualla, -quitando lo uno y lo otro á la gente de su casa, y á veces á su -persona, se desranchaban como habian hecho con el marqués de Velez: -pero acostumbrado á ver y sufrir semejantes vueltas en los soldados, -vino de Verja á Adra, donde tuvo mas vitualla, aunque no mas sosiego -con la gente: parecíales desacato culparle, y volvianse contra D. Juan -de Mendoza, y decian palabras sin causa; acriminábanle la muerte de -un soldado de quien hizo justicia como juez, porque debia ser loado; -amenazaban, protestaban de no quedar á su gobierno; excusábanse de D. -Juan que ya andaba entre ellos recatado: no dejaban de poner bolatines -(llaman ellos bolatines, las cédulas que de noche esparcen con las -quejas contra sus cabezas cuando andan en celo para amotinarse, en que -declaran su ánimo, y mueven los no determinados con quejas y causas -de sus cabezas); saliéronse de Adra trescientos arcabuceros, ó fuese, -segun ellos publicaban, haciendo escolta á un correo: y dando en los -enemigos fueron los doscientos y treinta muertos por el alcaide Alarabi -y el Mojajar, y cautivos setenta: no se supo mas de lo que los moros -refieren, y que entendiendo de uno de los cautivos como nuestro campo -habia desalojado de Ujijar con pérdida y desórden, y dejado municiones -escondidas, sacaron de un aljibe cantidad de plomo, municiones y -embarazos. En el mismo tiempo mataron los moros, que Abenabó enviaba -la vuelta de Bentomiz, gente de sus casas que iban á Salobreña, y -entre ellos mercaderes italianos y españoles, tomándoles el dinero: -y los que envió hácia Granada cautivaron peleando con muchas heridas -á D. Diego Osorio, que venia con despachos del rey para D. Juan y el -duque, en que se trataba la resolucion de la guerra, y concierto que se -habia platicado con los moros y turcos por mano del Habaqui; matáronle -veinte arcabuceros de escolta, y él tuvo manera como soltarse; y aunque -herido, vino sin las cartas á Adra. - -Ya D. Juan trataba con calor la reduccion de los moros, y la ida de los -turcos á Berbería: mas algunos de los ministros (ó que les pareciese -hacer su parte, y prevenir las gracias á D. Juan, ó que mas facilmente -se podia acabar, cuanto por mas partes se tratase con ellos) metiéronse -á platicar de conciertos (dicen que algunos sobresanadamente) y dejaban -de condenar la manera del trato que D. Juan traía, holgando que se -publicasen por concedidas las condiciones que los enemigos pedian, -aunque exorbitantes. Por otra parte en Granada cuanto á la guerra se -procedia con toda seguridad en el gobierno del presidente; pero cuanto -á la paz con licencia, en el tratamiento que se hacia á los moriscos -reducidos, y que venian á reducirse, y poniendo algunos impedimentos, -y mostrando celos de D. Alonso Menegas, enviaban moriscos á toda -Castilla: sacaban los ministros muchos para galeras, denostaban á los -que se iban á rendir, y por livianas causas los daban por cautivos, su -ropa perdida; trataban del encierro como perjudicial, ayudábanse por -vias indirectas del cabildo de la ciudad que estaba oprimido y sujeto -á la voluntad de pocos, todo en ocasion de estorbo: no dando cuenta -particular á D. Juan para que él la diese al rey, haciendo cabeza de -sí mismos, escribiendo primero por su parte con palabras sobresanadas, -tocaban á veces en su autoridad, ó fuese (segun el pueblo) para que -las armas no les saliesen de las manos, ó ambiciones de su opinion, -por excluir toda manera de medios, que no fuese sangre, ofendidos que -pasase algo sin darles cuenta particular. Los efectos manifiestos -daban licencia para que fuesen juzgados diversamente, y todos en daño -del negocio; y aun añadian que estando el rey en Córdoba, no faltaba -atrevimiento para escribir trocadamente, y hacer negociacion del -estorbo, sospechando él alguna cosa: atrevimiento que suele acontecer á -los que andan por las Indias, con los que desde España los gobiernan; -por donde hay mas que maravillar de la disimulacion que los reyes -tienen cuando siguen sus pretensiones, que pasan por los estorbos sin -dar á entender que son ofendidos. - -Tenia el duque avisos ansí por espías como por cartas tomadas, que los -turcos se armaban para socorrer á Abenabó, por la parte de Castil de -Ferro, aunque pequeño, á propósito para desembarcar gente, y por el -aparejo de la Rambla juntarse seguramente con los enemigos. Parecíale -que si esto se hacia, deshaciéndose por horas de su gente, podia ser -ofendido, ó á lo menos encerrado con poca reputacion nuestra, y mucha -de ellos. Acordó combatir aquella plaza y los enemigos, si viniesen á -socorrerla; y trujo por mar de Almería piezas de batir, púsose sobre -ella, repartió los cuarteles, vinieron las galeras en ayuda y para -impedir el socorro de Argel, encomendó la batería al marqués de la -Favara, que puso diligencia en asentarla. Llegóse y combatió por mar -con las galeras, y por tierra con tanta priesa, que abrió portillo -para batalla. Murieron dentro algunos con la artillería, y entre -los principales Leandro; á cuyo cargo estaba el castillo, sin otro -daño nuestro mas del poco que sus piezas hicieron en una galera. Los -soldados turcos y moros que estaban á la defensa, que eran cincuenta y -dos, desconfiados del socorro de Berbería, sus armas en las manos y una -mujer consigo, salieron por la batería y nuestras centinelas, con la -escuridad de la noche y confusion de la arma, guiándolos Mevaebal, su -capitan, que dos dias antes habia entrado. Es fama (que de los nuestros -procedió) que de ellos murieron doce, pero no se vieron en nuestro -campo, y refieren los moros que todos llegaron al de Abenabó, algunos -de ellos heridos. Desamparado Castil de Ferro envió por la mañana á D. -Juan de Mendoza y al marqués de la Favara y otros, que se apoderasen de -él. Hallaron dentro algunos viejos, y berberíes, y turcos mercaderes, -hasta veinte hombres, y diez y siete mujeres de moriscos que las -tenian para embarcar, alguna ropa, veinte quintales de bizcocho, y la -artillería que antes estaba en el castillo poca y ruin. Entendióse por -uno de estos moros que estándole batiendo llegaron catorce galeras de -turcos con socorro, y se tornaron oyendo el ruido de la artillería. -Sonó la toma de Castil de Ferro, tanto por el aparejo y la importancia -del sitio, por haber sido perdido y recuperado, por ser en ocasion que -los enemigos venian á darle socorro, cuanto por la calidad del hecho. - -En el mismo tiempo envió D. Juan á D. Antonio de Luna con mil y -quinientos infantes de la tierra, las compañías del duque de Sesa y -Alcalá, y la caballería de los duques de Medina Sidonia y Arcos, para -que asegurase la tierra de Velez Málaga contra los que en Frijiliana -se habian recogido. Salió de Antequera con esta gente, mas con poco -trabajo, escaramuzando á veces, unas con ventaja suya, otras de los -moros, comenzó un fuerte en Competa, legua y media de Frijiliana, lugar -que fue donde antiguamente se juntaban de la comarca en una feria, y -por esto le llamaban los romanos _Compita_, agora piedras y cimientos -viejos, como quedaron muchos en el reino de Granada: otro hizo en el -Saliar; y con haber enviado mil hombres á correr el rio de Chillar, y -tornado con poca presa y pérdida igual, dejando en los fuertes cada dos -compañías, volvió la gente á Antequera, y él á su casa con licencia. -Recogióse el duque con su campo en Adra esperando en que pararia la -plática que se traía con el Habaqui, donde fue proveido de Málaga por -Pedro Verdugo bastantemente, y con algun regalo. Pasaban seguras las -escoltas de su campo al de Don Juan; pero los soldados, gente libre y -disoluta, á quien por entonces la falta de pagas y vitualla habia dado -mas licencia, y quitado á los ministros el aparejo de castigarlos, -estaban con igual descontentamiento en la abundancia que en la hambre; -huían como, y por donde, y siempre que podian; de tantas compañías -quedaron solos mil y quinientos hombres, los mas de ellos particulares -y caballeros que seguian al duque por amistad; con ellos mantenia y -aseguraba mar y tierra. Tornó el rey á Córdoba por Jaen y por Ubeda y -Baeza, remitiendo la conclusion de las cortes para Madrid donde llegó. - -No era negocio de menos importancia y peligro lo de la sierra de Ronda, -porque estaba cubierto, y los ánimos de los moriscos con la misma -indignacion que los de la Alpujarra y rio de Almería y Almanzora: -montaña áspera y difícil, de pasos estrechos, rotos en muchas partes, -ó atajados con piedras mal puestas, y árboles cortados y atravesados; -aparejos de gente prevenida. El consejo mas seguro pareció al rey, -antes que se acabasen de declarar, asegurarse, sacándolos fuera de la -tierra con sus familias como á los demás. Para esto mandó á D. Juan -que enviase á Don Antonio de Luna con la gente que le pareciese, y que -por halagos y con palabras blandas, sin hacerles fuerza ni agravio, ó -darles ocasion de tomar las armas, los pusiese en tierra de Castilla -adentro, enviando con ellos guarda bastante. Recibida la órden de D. -Juan partió D. Antonio de Antequera á 20 de mayo, llevando consigo dos -mil y quinientos infantes de guarda de aquella ciudad, y cincuenta -caballos. Era toda la gente que D. Antonio sacó de Ronda cuatro mil -y quinientos infantes, y ciento y diez caballos. El dia que partió, -envió á Pedro Bermudez, á quien el rey habia enviado á la guardia de -aquella ciudad, para que con quinientos infantes en Jubrique, pueblo -de importancia y lugar á propósito, estuviese haciendo espaldas á los -que habian de sacar los moriscos: juntamente repartió las compañías -por otros lugares de la tierra; dándoles órden que en una hora todos á -un tiempo comenzasen á sacar los moros de sus casas. Partieron el sol -levantado á las ocho horas de la mañana. Mas los moros, que estaban -sospechosos y recatados, como descubrieron nuestra gente, subiéronse -con sus armas á la montaña, desamparando casas, mujeres, hijos y -ganados: comenzaron á robar los soldados (como es costumbre), cargarse -de ropa, hacer esclavos toda manera de gente, hiriendo, matando sin -diferencia á quien daba alguna manera de estorbo. Vista por los -moros la desórden, bajaban por la sierra, mataban los soldados, que -codiciosos y embebidos con el robo desampararon la defensa de sí mismos -y de sus banderas: iba esta desórden creciendo con la escuridad de la -noche: mas Pedro Bermudez, hombre usado en la guerra, dejando alguna -gente en la iglesia de Jubrique á la guarda de las mujeres, niños y -viejos, que allí tenia recogidos, escogió fuera del lugar sitio fuerte -donde se recogiese: entraron los moros en el lugar, y combatiendo la -iglesia sacaron los que en ella estaban encerrados, quemándola con los -soldados sin que pudiesen ser socorridos: luego acometieron á Pedro -Bermudez, que perdió cuarenta hombres en el combate, y hubo algunos -heridos de una y otra parte, y con tanto se acogieron los enemigos á la -sierra. - -Vista por D. Antonio la desórden, y lo poco se habia hecho, retiró -las banderas con hasta mil y doscientas personas; pero con muchos -esclavos y esclavas, ropa y ganado en poder de los soldados, sin ser -parte para estorbarlo: recogióse á Ronda, donde, y en la comarca la -gente públicamente vendia la presa, como si fuera ganada de enemigos. -Deshízose todo aquel pequeño campo, como suelen los hombres que han -hecho ganancia, y temen por ello castigo; pues enviando la gente -que sacó de Antequera á sus aposentos, y cuasi las mil y doscientas -personas á Castilla sin hacer mas efecto, partió para Sevilla á dar -al rey cuenta del suceso. Cargaban á D. Antonio los de Ronda y los -moros juntamente: los de Ronda, que habiendo de amanecer sobre los -lugares, habia sacado la gente á las ocho del dia, y que la habia -dividido en muchas partes; que habia dado confusa la órden dejando -libertad á los capitanes: los moros, que les habian quebrantado la -seguridad y palabra del rey que tenian como por religion ó vínculo -inviolable; que estando resueltos de obedecer á los mandamientos de su -señor natural, les habian por este acatamiento y sacrificio que hacian -de sus casas, mujeres y hijos, y de sí mismos, robado y dejado por -hacienda y libertad, las armas que tenian en las manos, y la aspereza -y esterilidad de la montaña, donde por salvar las vidas se habian -acogido, aparejados á dejarlo todo, si les restituían las mujeres y -hijos, y viejos cautivos, y ropa que con mediana diligencia pudiese -cobrarse. Habia tantos interesados, que por solo esto fueron tenidos -por enemigos; no embargante que se hallase haberse movido provocados y -en defension de sus vidas. Excusábase D. Antonio con haber repartido la -gente como convenia por tierra áspera y no conocida; poderse caminar -mal de noche; que partida la gente, á ciegas, deshilada, facilmente -pudiera ser salteada y oprimida de enemigos avisados, pláticos en los -pasos, y cubiertos con la escuridad de la noche; la gente libre, mal -mandada, peor disciplinada, que no conoce capitanes ni oficiales, -que aun el sonido de la caja no entendian; sin órden, sin señal de -guerra, solamente atentos al regalo de sus casas, y al robo de las -ajenas: fueron admitidas las razones de D. Antonio por ser caballero de -verdad y de crédito, y dada toda la culpa á la desórden de la gente, -confirmada ya con muchos sucesos en daño suyo. - -Ido D. Antonio, salió la gente de la comarca, cristianos viejos, á -robar por los lugares, mujeres, niños, ganados; sobras de la de D. -Antonio que fue como he dicho creido, por tenerse buen crédito de -su persona, y por no tenerse bueno por entonces de los soldados en -comun. Mas los enemigos persuadidos de los que habian huido de la -Alpujarra, y libres de todos los embarazos, despojados de lo que -se suele querer bien y dar cuidado, comenzaron á hacer la guerra -descubiertamente, recoger las mujeres, hijos y vitualla que les habia -quedado; fortificarse en sierra Bermeja y sierra de Istan; tomar la -mar á las espaldas para recibir socorro de Berbería, y bajar hasta las -puertas de Ronda; desasosegar la tierra, robar ganados, cautivar, matar -labradores, no como salteadores, sino como enemigos declarados. Estaba -como tengo dicho á la sazon el rey D. Felipe en Sevilla, suplicado por -la ciudad, que viniese á recibir en ella servicio. - -Sevilla es en nuestro tiempo de las célebres, ricas y populosas -ciudades del mundo: concurren á ella mercaderes de todo poniente, -especialmente del nuevo mundo que llamamos Indias, con oro, plata, -piedras, esmeraldas, poco menores que las que maravillaba la antigüedad -en tiempo de los reyes de Egipto: pero en gran abundancia, cueros y -azúcar, y la yerba que sucede en lugar de púrpura, ó (por usar del -vocablo arábigo y comun) carmesí; cochinilla la llaman los indios, -donde ella se cria. Fue Sevilla la segunda escala que pobladores -de España hicieron, cuando con el gran rey y capitan Baco (á quien -llamaban Libero por otro nombre) vinieron á conquistar el mundo. La -ocasion nos convida tratando de tan gran ciudad á declarar nuestra -opinion, como en cosa tan dudosa por su antigüedad, acerca de la -fundacion de ella, y del nombre de toda España. Dese la autoridad á -los escritores, y el crédito á las conjeturas. Marco Varron, autor -gravísimo, y diligente en buscar los principios de los pueblos, dice -(segun Plinio refiere) que en España vinieron los persas, iberos y -fenices, todas naciones de oriente, con Baco. Por este se entiende -tambien haber sido hecha la empresa de la India, segun los escritos -de Nono, poeta griego, que compuso de los hechos de Baco, y llamó -Dionysiaca, porque se llamaba, demás del nombre de Baco, y Libero, -Dionysio. Dice tambien Salustio en sus historias haber él mismo pasado -en Berbería, y dado principio á muchas naciones: con este Baco vinieron -capitanes hombres señalados, y mujeres que celebraban su nombre, uno -de los cuales se llamó Luso; y una de las mujeres Lyssa, que dice el -mismo Marco Varron haber dado el nombre á la parte de Portugal, que -antiguamente llamaban Lusitania. Tuvo Baco un lugarteniente que dijeron -Pan, hombre áspero y rústico, á quien la antigüedad honró por Dios de -los pastores, ó quizá eran conformes en el nombre; pero por intervenir -en las procesiones ó fiestas de Baco el Pan, se puede creer ser el -mismo: este Pan, dice Varron que dió nombre á toda España, y lo mismo -Appiano Alejandrino en sus historias, en el libro que llaman Español, -y en griego Iberice. _Panios_ quiere decir cosa de Pan; y el _hi_, que -tiene delante, dice el artículo, que juntado con el _panios_, dirá -la tierra ó provincia de Pan[55]: quedó á los españoles el vocablo -griego, ni mas ni menos que los griegos lo pronuncian, ambiciosos de -dar nombre en su lengua á las naciones hispánicas; y pronunciámoslo -nosotros España: de aquí vino á decirse que Hispan, ó el Pan que los -griegos llaman lugarteniente, fue sobrino de Hércules, y que dió el -nombre á España. Lo cierto es que Baco dejó por aquella comarca lugares -del nombre de los que le seguian; y que dos veces vino el que llamaron -Hércules, ó fuesen dos Hércules en aquella parte de España. El nombre -pudo venir á Sevilla de haber sido poblada, cuando la segunda vez -Hércules, ó fuese Baco, ó fuese Hércules tebano vino en España; y si -así fue, presupuesto que en la lengua griega _palin_ quiere decir otra -vez, y _hi_, la, el nombre de Hispalis querrá decir la de otra vez, -porque los griegos son fáciles en acabar en la letra _s_. Demás del -concurso de mercaderes y extranjeros, moran en Sevilla tantos señores -y caballeros principales, como suele haber en un gran reino; entre -ellos hay dos casas ambas venidas del reino de Leon, ambas de grande -autoridad y grande nobleza, y en que unos, ó otros tiempos no faltaron -grandes capitanes: una la casa de Guzman duques de Medina Sidonia, que -en tiempo antiguo fue poblacion de los de Tiro, poco despues de poblada -Cádiz, destruida por los griegos y gente de la tierra, restaurada por -los moros segun el nombre lo muestra; porque en su lengua _medina_ -quiere decir lo que en la nuestra puebla; como si dijésemos la puebla -de Sidonia: este linaje moró gran tiempo en las montañas de Leon, y -vinieron con el rey D. Alonso el VI á la conquista de Toledo, y de allí -con el rey D. Fernando el III á la de Sevilla, dejando un lugar de su -nombre, de donde tomaron el nombre con otros treinta y ocho lugares -de que entonces eran ya señores. El fundador de la casa fue el que, -guardando á Tarifa, echó el cuchillo con que degollaron á su hijo que -tenia por hostaje, por no rendir él la tierra á los moros. La otra -casa es de los Ponces de Leon, descendientes del conde Hernan Ponce -que murió en el portillo de Leon, cuando Almanzor, rey de Córdoba, -la tomó; dicen traer su orígen de los romanos que poblaron á Leon, y -su nombre de la misma ciudad; duques en otro tiempo de Cádiz hasta -el que escaló á Alhama, y dió principio á la guerra de Granada, y -despues que sus nietos fueron en tutorías despojados del estado por -los reyes D. Fernando y D.ª Isabel, se llamaron duques de Arcos, que -los antiguos españoles decian Arcobrica, poblacion de las primeras de -España, antes que viniesen los de Tiro á poblar Cádiz. Los señores -de aquestas dos casas siempre fueron émulos de aquella ciudad, y aun -cabezas á quien se arrimaban otras muchas de la Andalucía: de la de -Medina era señor D. Alonso de Guzman, mozo de grandes esperanzas; de -la de Arcos D. Luis Ponce de Leon, hombre que en la empresa de Durlan -habia seguido sin sueldo las banderas del rey D. Felipe, inclinado y -atento á la arte de la guerra: á estos dos grandes encomendó el rey -el sosiego y pacificacion de la sierra de Ronda, por tener á ella -vecinos sus estados. Grandes llaman en España los señores á quien el -rey manda cubrir la cabeza, sentar en actos y lugares públicos, y la -reina se levanta del estrado á recibir á ellos y á sus mujeres, y -les manda dar por honra cojin en que se sienten, ceremonias que van -y vienen con los tiempos y voluntades de los príncipes; pero firmes -en España en solas doce casas[56], entre las cuales estas dos son y -fueron de grande autoridad. Despues que creció el favor y la riqueza, -por merced de los reyes han acrecentádose muchas. Dió poder el rey á -estos dos príncipes, para que en su nombre concertasen y recogiesen -los moriscos, y les volviesen las mujeres, hijos y muebles, y los -enviasen por España la tierra adentro; pues no habian sido partícipes -en la rebelion, y lo sucedido habia sido mas por culpa de ministros -que por la suya. Tenia el duque de Arcos una parte de su estado en la -serranía de Ronda, que hubo su casa por desigual recompensa de Cádiz, -en tiempo de tutorías; parecióle por aprovechar llegarse á Casares, -lugar suyo, y dende mas cerca tratar con los moros: envió una lengua -que fue y volvió no sin peligro; lo que trajo es, que á ellos les -pesaba de lo acontecido; que por personas suyas vendrian á tratar con -el duque, donde y como él mandase, y se reducirian y harian lo que -se les ordenase con ciertas condiciones. Esto afirmaron en nombre de -todos el Alarabique y el Ataifar, hombres de gran autoridad y por quien -ellos se gobernaban; bajó el Alarabique y el Ataifar á una hermita -fuera de Casares, y con ellos una persona en nombre de cada pueblo -de los levantados. Mas el duque, por escandalizarlos menos y mostrar -confianza, vino con pocos: osadía de que suelen suceder inconvenientes -á las personas de tanta calidad. Hablóles, persuadióles con eficacia, -y ellos respondieron lo mismo, dando firmados sus capítulos; y con -decir que daria aviso al rey, se partió de ellos; mas antes que la -respuesta del rey volviese, le vino mandamiento, que juntando la gente -de las ciudades de la Andalucía vecinas á Ronda, estuviese á punto para -hacer la guerra, en caso que los moros no se quisiesen reducir: mandó -apercibir la gente de Andalucía y de los señores de ella, de á pie y de -á caballo, con vitualla para quince dias, que era lo que parecia que -bastase para dar fin á esta guerra: en el entretanto que la gente se -juntaba, le vino voluntad de ver y reconocer el fuerte de Calalui en -sierra Bermeja[57], que los moros llaman Gebalhamar, adonde en tiempos -pasados se perdieron D. Alonso de Aguilar y el conde de Ureña; D. -Alonso señalado capitan, y ambos grandes príncipes entre los andaluces: -el de Ureña abuelo suyo de parte de su madre; y D. Alonso bisabuelo de -su mujer. Salió de Casares descubriendo y asegurando los pasos de la -montaña; provision necesaria por la poca seguridad en acontecimientos -de guerra, y poca certeza de la fortuna. Comenzaron á subir la sierra, -donde se decia que los cuerpos habian quedado sin sepultura: triste -y aborrecible vista y memoria: habia entre los que miraban nietos y -descendientes de los muertos, ó personas que por oidas conocian ya -los lugares desdichados. Lo primero dieron en la parte donde paró la -vanguardia con su capitan por la escuridad de la noche, lugar harto -extendido y sin mas fortificacion que la natural, entre el pie de la -montaña y el alojamiento de los moros; blanqueaban calaveras de hombres -y huesos de caballos amontonados, desparcidos, segun, como, y donde -habian parado; pedazos de armas, frenos, despojos de jaeces: vieron mas -adelante el fuerte de los enemigos, cuyas señales parecian pocas, y -bajas, y aportilladas: iban señalando los pláticos de la tierra donde -habian caido oficiales, capitanes, y gente particular: referian como -y donde se salvaron los que quedaron vivos, y entre ellos el conde de -Ureña y D. Pedro de Aguilar, hijo mayor de D. Alonso: en que lugar y -donde se retrajo D. Alonso y se defendia entre dos peñas; la herida -que el Ferí, cabeza de los moros le dió primero en la cabeza y despues -en el pecho, con que cayó; las palabras que le dijo andando á brazos: -_yo soy D. Alonso_; las que el Ferí le respondió cuando le heria: _tú -eres D. Alonso, mas yo soy el Ferí de Benastepar_, y que no fueron -tan desdichadas las heridas que dió D. Alonso, como las que recibió. -Lloráronle amigos y enemigos, y en aquel punto renovaron los soldados -el sentimiento; gente desagradecida, sino en las lágrimas. Mandó el -general hacer memoria por los muertos, y rogaron los soldados que -estaban presentes que reposasen en paz, inciertos si rogaban por deudos -ó por extraños; y esto les acrecentó la ira y el deseo de hallar gente -contra quien tomar venganza. - - [55] Sus dudas les quedan á los peritos en el griego, mas no es - este el lugar de disputarlas. - - [56] Ojalá nombrara los doce grandes de España firmes como nombró - solos estos dos, porque han crecido ya tanto los que dice haberse - acrecentado con el favor y la riqueza, que apenas los distinguimos - de aquellos originarios. - - [57] Calaluz le llama Zurita, p. 5, lib. IV, cap. XXXII. - -Vista la importancia del lugar, si los enemigos le ocupasen, envió -dende á poco el duque una bandera de infantería, que entrase en -el fuerte y lo guardase. Vino en este tiempo resolucion del rey -que concedia á los moros cuasi todo lo que le pedian que tocaba al -provecho de ellos, y comenzaron algunos á reducirse; pero con pocas -armas, diciendo, que los que en su campo quedaban no se las dejaban -traer. Habia entre los moros uno llamado el Melqui, hombre atrevido -y escandaloso, imputado de herejía, y suelto de las cárceles de la -inquisicion ido y vuelto á Tituan: este, ó que le parecia que perdia el -crédito de hasta entonces, ó que fuese obligado al príncipe de Tituan, -juntó el pueblo, que ya estaba resoluto á reducirse, disuadiéndole, y -afirmando lo que con ellos trataba el Alarabique ser engaño y falsedad, -haber recibido del duque nueve mil ducados, vendido por precio su -tierra, su costa, y los hijos, mujeres y personas de su ley: venidas -las galeras á Gibraltar, la gente levantada, las cuerdas en las manos -á punto, con que los principales habian de ser ahorcados: y el pueblo -atado y puesto perpetuamente al remo, para sufrir hambre, frio y -azotes, y seguir forzados la voluntad de sus enemigos, sin esperanza -de otra libertad sino la muerte. Tuvieron estas palabras y la persona -tanta fuerza, que se persuadió el pueblo ignorante, y tomando las armas -hicieron pedazos al Alarabique, y á otro compañero suyo berberí, que -era de la misma opinion: con esto mudaron de propósito, y quedaron mas -rebeldes que estaban: algunos que quisieran reducirse, estorbados por -el Melqui con guardas, y espantados con amenazas, dejaron de hacello: -los de Benahabiz, lugar de importancia en aquella montaña, enviaron por -el perdon del rey con propósito de reducirse; llevólo un moro llamado -el Barcoquí, juntamente con carta del duque para Marbella, y los que -guardaban el fuerte de Montemayor, que tuviesen cuenta con él y sus -compañeros, acompañándolos hasta dejarlos en lugar seguro: mas la gente -ó por codicia de algo (si lo llevaban) ó por estorbar la reduccion, -con que cesaria la guerra, hiciéronlo tan al contrario, que mataron al -Barcoquí: esta desórden mudó á los de Benahabiz, y confirmó la razon -del Melqui de manera, que no fue parte el castigo que el duque hizo -de ahorcar y echar en galeras los culpados, para estorbar el motin -general. Apercebida la gente, vino el duque á Ronda, donde hizo su -masa, y salió con cuatro mil infantes y ciento cincuenta caballos, á -ponerse algo mas camino que dos leguas de la sierra de Istan, donde los -enemigos le esperaban fortificados; lugar asperísimo y dificultoso de -subir, las espaldas á la mar; dejando en Ronda á Lope Zapata, hijo de -D. Luis Ponce, para que en su nombre recogiese y encaminase los moros -que viniesen á reducirse: vinieron pocos ó ningunos escandalizados del -caso del Barcoquí, y espantados, porque en Ronda y Marbella el pueblo -habia rompido la salvaguardia del duque y fe del rey, matando cuasi -cien moros al salir de los lugares. No le pareció al duque detenerse á -hacer el castigo; pero envió por juez al rey, que castigó los culpados -como convenia; y él caminó á la Fuenfria, donde se encendió fuego en -el campo, que puso en cuidado, ó fuese echado por los enemigos, ó por -descuido de alguno: el autor y el fuego cesó por industria y diligencia -del duque. - -El dia siguiente con mil infantes y alguna caballería reconoció el -fuerte de los enemigos desde la sierra de Arboto puesta en frente de -él, juntamente con el alojamiento y el lugar de la agua: y aunque -se mostraron los enemigos algo mas abajo fuera de su fuerte, no -fueron acometidos; ansí por ser cerca de la noche, como por esperar á -Arévalo de Suazo con la gente de Málaga. Entretanto puso su guardia -en la sierra de Arboto con harta contradiccion de los enemigos; -porque juntamente acometieron el alojamiento del duque, y trabaron -una escaramuza tan larga que duró tres horas, no muy apriesa, pero -bien extendida: eran ochocientos hombres arcabuceros y ballesteros, -y algunos con armas enhastadas: mas visto que con dos banderas de -arcabuceros les tomarian la cumbre, se retiraron á su fuerte con poco -daño de los nuestros, y alguno de los suyos. Reforzóse la guardia de -aquel sitio, por ser de importancia, con otras dos banderas; y era -ya llegado Arévalo de Suazo con dos mil infantes de Málaga y cien -caballos, con que se tomó resolucion de combatir los enemigos en su -fuerte al otro dia: á la parte del norte que la subida era mas difícil, -envió el duque á Pedro Bermudez con ciento y cincuenta infantes, -que tomase las dos cumbres, que suben al fuerte con dos banderas de -arcabuceros, haciéndoles espaldas con el rostro á la mano derecha Pedro -de Mendoza con otra tanta gente y la mesma órden, dejando entre sí y -Pedro Bermudez una parte de la montaña que los moros habian quemado, -porque las piedras que desde arriba se tirasen corriesen por mas -descubierto, y con menos estorbo: Arévalo de Suazo con la gente de su -cargo se seguia á la mano derecha, y con dos banderas de arcabucería -delante: mas á mano derecha de Arévalo de Suazo, Luis Ponce de Leon -con seiscientos arcabuceros por un pinar, camino menos embarazado que -los otros. El duque escogió para sí con el artillería y caballería y -mil y quinientos infantes, el lugar entre Pedro de Mendoza y Arévalo -de Suazo, como mas desembarazado, así mas descubierto: mandó á Pedro -de Mendoza con mil infantes y algun número de gastadores, que fuese -adelante aderezando los pasos para la caballería, y que todos al pasar -se cubriesen con la falda de la montaña y quebrada hácia el arroyo, -que á un tiempo comenzasen á subir igualmente y á pequeño paso, -guardando el aliento para su tiempo; quedaba con esta órden la montaña -cercada, sino por la parte de Istan, que no podia con la aspereza -recibir gente. Víanse unos á otros, y todos se podian cuasi dar las -manos: quedó resoluto combatir los enemigos otro dia á la mañana. Mas -los moros viendo que Pedro de Mendoza estaba mas desviado, y en parte -donde no podia con tanta diligencia ser socorrido, acometiéronle al -caer de la tarde con poca gente y desmandada, trabando una escaramuza -de tiros perdidos. Pedro de Mendoza, confiado de sí mismo, soldado -de mucho tiempo y no tanta experiencia, pudiendo guardar la órden y -contentarse con estar quedo y sin peligro, saltó á la escaramuza con -demasiado calor. Deshízose la gente por la montaña arriba sin órden, -sin guardar unos á otros: y los moros unas veces retirándose, otras -reparándose, parecian ir cerrando á los nuestros: visto el peligro y no -pudiéndolo ya estorbar Pedro de Mendoza (ó fuese recelo ó desconfianza -de su poca autoridad con la gente, aunque la habia tenido para meterla -delante), envió á avisar al duque, pero á tiempo que puesto que hubiese -enviado á retirarla tres capitanes, fue necesitado á tomar lo alto -para reconocer el lugar: el duque con los que con él se hallaban y -los que pudo retirar, atravesó donde estaban los que subian, y valió -tanto su autoridad, que la gente desmandada se detuvo, y los moros que -ya habian comenzado á desemboscarse y se mostraban á los enemigos, -vista la determinacion del duque se recogieron á su fuerte, en ocasion -de que estaba cerca la noche, y la gente de Pedro de Mendoza cansada -y desordenada, y se temian de algun desastre, especialmente los que -traían á la memoria el acontecimiento de D. Alonso de Aguilar por los -mismos términos. - -Hallóse el duque tan adelante, que vistas las celadas descubiertas, y -los moros puestos en órden de cargar á la gente que subia, y que era -imposible retirallos todos, quiso aprovecharse de la desórden; y con -la gente que traía consigo y la que habia recogido, todo á un tiempo -acometió á los enemigos, y pegóse con el fuerte de manera, que fue de -los primeros al entrar. Mas los moros, que no osaron esperar el ímpetu -de los nuestros, se descolgaron por lugares de la montaña, que era -luenga y continuada; y de allí se repartieron, unos á Rioverde, otros -á la vuelta de Istan, otros á la de Monda, y otros á la de sierra -Blanquilla; dejando de sus mujeres y hijos como cuatrocientas personas: -embarazo de guerra, y gente inútil que les comian los bastimentos, -quedando mas ahorrados para hacer la guerra por aquellas montañas: -todavía envió á seguir el alcance con poco fruto, por ser la noche -y tierra tan cerrada; él pasó en el fuerte de los enemigos sin ropa -ni vitualla; y visto que todos se habian esparcido, y que la montaña -quedaba desamparada, dejó el fuerte; y dando licencia á la gente de -Málaga con órden de correr la tierra á una y otra parte, pasó con la -resta de su campo á Istan, y envió cuatro compañías sin banderas: el -efecto que hicieron las tres, fue quemar dos barcas grandes que tenian -fabricadas para pasar á Tituan: la cuarta con su capitan Morillo, á -quien el duque mandó que corriese Rioverde, no guardando la órden, -dió en los enemigos no lejos de Monda, en un cerro que los de la -tierra llaman Alborno, á vista de Istan; y seguido, y rota la gente se -retiró: era el lugar tan cerca del campo, que se oyeron los golpes de -arcabuces, y con sospecha de lo que podia ser, se ordenó al capitan -Pedro de Mendoza socorriese y recogiese la gente. Mas llegando á vista -de los enemigos contentóse con solo recoger algunos que huían, y -estuvo sin pasar adelante, ó fuese temiendo alguna emboscada (aunque -el lugar era gran trecho descubierto), ó arrepentido de la demasiada -diligencia del dia antes en la sierra de Istan: murió la mayor parte de -la compañía y su capitan peleando. El mismo dia, los moros que andaban -repartidos encontraron con el alcaide de Ronda, y capitan Ascanio, -que con ciento y cincuenta soldados y otra gente habia salido sin -órden y sabiduría del duque, como hombres que no estaban á su cargo; -matáronlos con la mayor parte de la compañía: el mismo acometimiento -hicieron contra un correo, que partió del campo para Granada con -escolta de cien soldados, aunque con pérdida de algunos se recogió en -Monda. Entendiendo pues el duque que por la sierra andaba cuantidad -de moros, envió órden á Arévalo de Suazo que con la gente de Málaga -tornase á Monda; y á D. Sancho de Leiva, general de las galeras de -España, que enviase ochocientos infantes de la gente que andaba á su -cargo; y á Pedro Bermudez que viniese con la de Ronda, y él con la que -habia quedado se vino á esperarlos á Monda: de donde junta la gente -partió ahorrado sin estorbos la vuelta de Hojen, y allí le encontró -D. Alonso de Leiva, hijo de D. Sancho, con ochocientos soldados de -Galera. Entendíase que los moros esperaban á una legua, y con este -presupuesto ordenó el duque á Pedro Bermudez, que con mil arcabuceros -de los de su cargo tomase la mano izquierda, y á D. Alonso con la -gente que habia tenido fuese derecho á Hojen por un monte que dicen -el Negral; él con lo demás del campo siguió derecho el Corvachin, -tierra de grande aspereza: con esta órden se llegó á un tiempo al lugar -donde los enemigos habian estado, y de allí bajando hasta llegar á -vista de la Fuengirola, sin hallar otra cosa sino rastro de gente, y -sobras de comida (porque los moros recelándose que serian descubiertos -se habian esparcido como es su costumbre, y extendido por todas las -montañas) dió el duque licencia á D. Alonso que tornase á embarcarse; -y á Arévalo de Suazo á Málaga, corriendo primero la tierra: él volvió -á Monda y de allí á Marbella. Este lugar es el que los antiguos llaman -Barbesola: mas el que agora llamamos Monda, pienso que fue poblado de -los habitadores de Monda la vieja, tres leguas mas acá, donde parecen -señas y muestras mas claras de haber sido la antigua Monda, siguiendo -los moros que conquistaron á España su antigua costumbre, de pasar los -moradores de unos lugares á otros con el nombre del lugar que dejaban: -en Ronda y otras partes se ven estatuas y letreros traidos de Monda la -vieja; y en torno de ella, la campaña, atolladeros, y pantanos en el -arroyo de que Hirtio hace memoria en sus historias. - -Habia ya cumplido la gente de las ciudades y señores el tiempo que eran -obligados á servir por el llamamiento, y las aguas hartado la tierra -para sembrar: faltaba el provecho de la guerra, por la diligencia que -los moros ponian en las guardas por todo, en alzar y esconder la ropa, -mujeres y niños, en esparcirse pocos á pocos en las montañas, y gran -parte de ellos pasar á Berbería, donde con cualquier aparejo tenian -la traviesa corta y mas segura, no podian ser seguidos con ejército -formado, y el que habia se iba poco á poco deshaciendo: pareció -consejo de necesidad enviar la gente á sus casas, y el duque volver á -Ronda, guarnecer los lugares de donde con mayor facilidad los enemigos -pudiesen ser perseguidos y echados de la tierra, y andar tras de ellos -en cuadrillas, sin dejarlos reformar en alguna parte; mas detuvo la -gente de su estado ya diestros y ejercitados, que servian á su costa, -sin sueldo, ni raciones, dejó gente en Hojen, Istan, Monda, Tollox, -Guaro, Cartagima, Jubrique, y en Ronda, cabeza de toda la sierra. Habia -ya el rey avisado al duque como se determinaba á un tiempo sacar los -moros de Granada á poblar Castilla, y que estuviese apercebido para -cuando le llegase la órden de D. Juan de Austria. Cuando esto pasaba, -llegaron las cartas de D. Juan en que decia como la salida de los moros -de todo el reino seria el postrero dia de octubre; encomendábale el -secreto hasta el dia que el bando se publicase, apercebíale para la -ejecucion en tierra de Ronda; enviábale la patente en blanco para que -el duque hinchiese la persona que le pareciese mas á propósito. - -Echando el bando, mandó recoger en el castillo de Ronda los moros de -paces con su ropa, hijos, y mujeres, y en la patente hinchió el nombre -de Flores de Benavides, corregidor de Gibraltar, ordenándole con -seiscientos hombres de guarda llevar cuasi mil y doscientas personas -que serian los reducidos, hasta dejallos en Illora; para que juntos -fuesen á Castilla con otros de la Vega de Granada. Era ya entrado el -mes de noviembre, con el frio y las aguas en mayor cuantidad; los -enemigos creyendo que por ir los rios mayores, y las avenidas en las -montañas dificultar mas los pasos, ellos podian extenderse por la -tierra, y nuestra gente ocupada en labrar la suya, se juntaban con -dificultad: en todas partes y á todas horas desasosegaban la tierra de -Ronda y Marbella, cautivando labradores, llevando ganados, y salteando -caminos hasta cuasi las puertas de Ronda: acogíanse en las vertientes -de Rioverde, á quien los antiguos llamaban Barbesola, del nombre de la -ciudad que agora llamamos Marbella, y de allí en las cumbres y contorno -de sierra Blanquilla. El duque por el menudear de los avisos, y por -excusar los daños, que aunque no fuesen señalados eran continuos, por -castigar los enemigos que habian en Rioverde y en la sierra del Alborno -muerto nuestra gente: porque de la Alpujarra por una parte, y por otra -con la vecindad de Berbería no se criase en aquella montaña nido; -determinó rematar la empresa, combatir los enemigos, y desarraigallos -ó acaballos del todo; salió de Ronda con mil y quinientos arcabuceros -de la guardia de ella, y gente de señores, y mil de sus vasallos, -y con la caballería que pudo juntar improvisamente: mas antes que -llegase, entendió por avisos de espías, y algunos que se pasaron de -los enemigos, que el número poco mas ó menos era de tres mil; los -dos mil de ellos arcabuceros gobernados por el Melqui, hombre entre -ellos diligente, animoso, y ofendido, ido y venido á Tituan; que -tenian atajados los pasos con grandes piedras, árboles atravesados; -que estaban resolutos de morir defendiendo la sierra: ordenó á Pedro -de Mendoza que con seiscientos arcabuceros caminase derecho á la boca -del Rioverde, por el pie de la sierra; y á Lope Zapata, con otros -seiscientos á Gaimon, á la parte de las viñas de Monda: iban estos dos -capitanes el uno del otro media legua, y entre ambos iba el duque con -el resto de la infantería y caballería; ordenó á Pedro Bermudez, y á -Cárlos de Villegas que estaba á la guarda de Istan y Hojen, con dos -compañías y cincuenta caballos, que se saliesen á un mismo tiempo y con -doscientos arcabuceros tomasen lo alto de la sierra, y las espaldas -de los enemigos; que Arévalo de Suazo partiese de Málaga, y con mil y -doscientos soldados y cincuenta caballos acudiese á la parte de Monda. -Todos á un tiempo partieron á la noche para hallarse á la mañana con -los enemigos; mas ellos avisados por un golpe de arcabuz que habian -oido entre la gente de Setenil, mudáronse del lugar, mejorándose á la -parte de Pedro de Mendoza que era el postrero, por tener la salida mas -abierta comenzó á subir el duque, y Pedro de Mendoza que estaba mas -cerca á pelear con igualdad, y ellos á mejorarse. El duque, aunque -algo apartado, oyendo los golpes de arcabuz, y visto que se peleaba -por aquella parte de Pedro de Mendoza se mejoró; y por la ladera -descubriendo la escaramuza, con la caballería y con lo que pudo de -arcabucería, acometió los enemigos; llevando cerca de sí á su hijo, -mozo cuasi de trece años, D. Luis Ponce de Leon, cosa usada en otra -edad en aquella casa de los Ponces de Leon, criarse los muchachos -peleando con los moros y tener á sus padres por maestros: porfiaron -algun tanto los enemigos; mas no pudiendo resistir, tomaron lo alto de -la sierra, y de allí se repartieron á unas y otras partes. Murieron -mas de cien hombres y entre ellos el Melqui su capitan; y si Pedro -Bermudez y Villegas salieran á la hora que se les ordenó, hiciérase -mayor efecto. Habido este buen suceso, repartió el duque la gente que -pudo por cuadrillas para seguir el alcance; cautivaron á las mujeres, y -niños, y ropa que les habia quedado; mataron en este seguimiento otros -ochenta. Quedaron los moros tan escarmentados, que ni por engaño ni por -fuerza los pudieron hallar juntos en parte de la montaña, y buscaron -tambien la sierra que llaman de Daidin, y el mismo duque repartió el -campo en cuadrillas, pero tampoco se hallaron personas juntas: con -esto, él se tornó á Ronda, y aquella guerra quedó acabada, la tierra -libre de los enemigos, parte muertos, y parte esparcidos, ó idos á -Berbería. - -He querido tratar tan particularmente de esta guerra de Ronda; lo uno -porque fue varia en su manera, y hecha con gran sufrimiento del capitan -general, y con gente concejil, sin la que los señores enviaron, y la -mayor parte del mismo duque de Arcos: y aunque en ella no hubo grandes -rencuentros, ni pueblos tomados por fuerza, no se trató con menos -cuidado y determinacion, que las de otras partes de este reino; ni -hubo menos desórdenes que corregir cuando el duque la tomó á su cargo: -guerra comenzada, y suspendida por falta de gente, de dineros, de -vitualla, tornada á restaurar sin lo uno y sin lo otro: pero sola ella -acabada del todo, y fuera de pretensiones, emulaciones, ó envidias. Lo -otro por haberse en tiempos antiguos recogido en aquellas partes las -fuerzas del mundo, y competido César, y los hijos de Pompeyo, cabezas -de él, sobre cual quedaria con el señorío de todo, hasta que la fortuna -determinó por César, dos leguas de donde está agora Ronda, y tres de -la que llamamos Monda, en la gran batalla cerca de Monda la vieja, -donde hoy dia, como tengo dicho, se ven impresas señales de despojos, -de armas y caballos; y ven los moradores encontrarse por el aire -escuadrones; óyense voces como de personas que acometen: estantiguas -llama el vulgo español á semejantes apariencias ó fantasmas, que -el vaho de la tierra cuando el sol sale ó se pone forma en el aire -bajo, como se ven en el alto las nubes formadas en varias figuras y -semejanzas. - -Estaba D. Juan en Granada con el duque[58] y el comendador mayor, -acudiendo á lo que se ofrecia, y por dar remate á cosas, y fin de los -enemigos que quedaban, ordenó que el comendador mayor con la gente que -se pudo juntar, parte de la propia ciudad, y parte de los que se habian -venido de su campo, y del campo del duque, que por todos serian siete -mil personas, llevasen delante, y ante todas las cosas bastimento y -municion que bastase para dos meses, y que esto se guardase en Orgiba; -y con esta prevencion partió el campo la vuelta de la Alpujarra. -Llegados á Lanjaron, por mandado del general se dió un rebato falso, -porque la gente no estuviese descuidada; otro dia llegaron á Orgiba, -y en ella reposó el campo tres dias, tomando la órden que se habia -de tener para hallar los enemigos, porque andaban esparcidos por la -tierra. El cuarto dia salió la gente hechas dos mangas de á mil hombres -cada una, con órden que la una, de la otra fuese desviada cuatro -leguas, guiando la una á la mano derecha y la otra á la siniestra, y -el resto del campo por medio: de esta suerte corrieron la tierra hasta -llegar á Pitres de Ferreira, y dejando allí presidio de quinientos -hombres, pasaron adelante hasta Portugos, y allí dejaron cien hombres, -y en Cadiar trescientos con el capitan Berrío. Aquí tuvo nuevas el -comendador mayor que los moros se habian retirado al Cehel, costa de la -mar, por ser tierra áspera y de muchos jarales: mandó á D. Miguel de -Moncada que con mil y doscientos hombres corriese aquella tierra; halló -parte de ellos, y matando siete moros, cautivó doscientas personas -entre moras y muchachos, y ropa y despojos: perdió solo un soldado que -engañado de una mora le hizo entender que en una choza tenia mucha -riqueza, y al entrar en ella le dió con una almarada por debajo del -brazo, y lo mató. Volvió D. Miguel con la cabalgada á Cadiar donde -quedó el campo; de aquí envió el comendador mayor mil hombres á Ujijar -de la Alpujarra, para que en ella hiciesen presidio, y dejando en él -trescientos soldados fuesen á Donduron, y dejasen allí una compañía -de cien hombres con su capitan, y en Ayator otros ciento, y en Berja -otros ciento, con órden que todos corriesen la tierra cada dia, dejando -guarda en los presidios. Mandó á D. Lope de Figueroa, que con mil y -quinientos infantes y algunos caballos corriese el rio de Almería y -toda aquella sierra, con el Bolodui y tierra de Gueneja, y que juntando -consigo la gente que salia de Almería: corriese la tierra de Jerez -á Fiñana, y rio de Almanzora: volvió á Granada, dejando presidio en -las Guajaras altas y bajas, y en Velez de Benaudalla, y en todos los -presidios bastimento y municion para algunos dias. - - [58] Este duque es necesariamente el de Sesa, porque el de Arcos - no se vió con D. Juan. - -Luego que llegó á Granada, proveyó D. Juan otros capitanes de -cuadrillas, que fueron Juan Carrillo Paniagua, Camacho, Reinaldos, -y otros; y hecho esto, D. Juan con el duque y el comendador mayor -se partió á Madrid; y de allí á la armada de la liga, dejando á D. -Pedro de Deza, presidente de Granada, con título de capitan general, -y en Almería por general de la infantería á D. Francisco de Córdoba, -descendiente de aquella cama de Leones del conde D. Martin. Corrian -la tierra á menudo las cuadrillas, metian en Granada moros y moras, y -no habia semana que no hubiese cabalgada. Al entrar en la puerta de -las Manos, hacian salva subiendo por el Zacatin arriba, hasta llegar -á la chancillería; daban noticia al presidente para que viese lo que -traían, y entregaban los moros en la cárcel, y de cada uno les daban -veinte ducados, como está dicho: atenazaban y ahorcaban los capitanes y -moros señalados, y los demás llevaban á galeras, que sirviesen al remo -esclavos del rey. - -Entre estos trujeron un moro natural de Granada llamado Farax: este -como supiese la voluntad de Gonzalo el Jeniz, alcaide sobre los -alcaides, y de sus sobrinos Alonso y Andrés el Jeniz, y otros muchos, -que era de entregarse y reducirse, si se les concediese perdon, llamó á -Francisco Barredo, dándole parte de la voluntad y propósito que muchos -moros tenian, y aun de matar á su rey si no se quisiese reducir con -ellos; para lo cual convenia que procurase verse con Gonzalo el Jeniz, -que era uno de los que mas lo deseaban: sabido esto, Francisco Barredo -se fue á las Alpujarras, y en llegando al presidio de Cadiar[59], sacó -de una bóveda del castillo un moro que tenian preso, y le dió una carta -para Gonzalo el Jeniz, en que le hacia saber la causa de su venida; que -viese la órden que habia de tener para verse con él: recibida la carta -respondió, que otro dia al amanecer, se viniese á un cerro media legua -de Cadiar, y que adonde viese una cruz en lo alto le aguardase soltando -la escopeta tres veces por contraseña: fue, y hecha la seña llegó el -Jeniz, sus sobrinos, y otros moros, mostrando mucha alegría de velle: -lo que trataron fue, que si le traía perdon del rey para él, y los -que se quisiesen reducir, que les entregaria á Abenabó su rey muerto -ó vivo: con esto se despidió, prometiéndoles de hacello y ponello por -obra, y avisallos de la voluntad del rey: vino á Granada Francisco -Barredo, dió cuenta al presidente de lo que habia pasado con Gonzalo -el Jeniz, y lo que le habia prometido: dió el presidente aviso al rey; -que visto lo que prometia el Jeniz le concedió perdon á él, y á todos -los que con él viniesen: vino la cédula real al presidente, que visto -que no habia quien con veras lo pudiese hacer, hizo llamar á Barredo, -y entregándole la cédula le pidió con las veras y recato que en tal -negocio convenia lo hiciese. - - [59] Zatabarile llama Mármol. - -Recibida la cédula, se partió, y llegó á Cadiar con el moro que antes -habia llevado la carta: avisóle como tenia lo que pedia, que se viese -con él en el sitio y lugar que antes se habian visto: llegado el Jeniz, -y vista la cédula y perdon la besó, y puso sobre su cabeza: lo mismo -hicieron los que con él venian: y despidiéndose de él, fueron á poner -en ejecucion lo concertado. Francisco Barredo se volvió al castillo -de Verchul, porque allí le dijo el Jeniz que le aguardase; Gonzalo el -Jeniz y los demás acordaron para hacello á su salvo, que seria bien -que uno de ellos fuese á Abdalá Abenabó, y de su parte le dijese que -la noche siguiente se viese con él en las cuevas de Verchul, porque -tenia que platicar con él cosas que convenian á todos. Sabido por -Abenabó, vino aquella noche á las cuevas solo con un moro de quien se -fiaba mas que de ninguno; y antes que llegase á las cuevas despidió -veinte tiradores que de ordinario le acompañaban, todo á fin de que no -supiesen adonde tenia la noche: saludóle Gonzalo el Jeniz diciéndole: -_Abdalá Abenabó, lo que te quiero decir es, que mires estas cuevas; -que están llenas de gente desventurada, así de enfermos, como de -viudas y huérfanos; y ser las cosas llegadas á tales términos, que si -todos no se daban á merced del rey, serian muertos y destruidos; y -haciéndolo, quedarian libres de tan gran miseria._ Cuando Abenabó oyó -las palabras del Jeniz, dió un grito que pareció se le habia arrancado -el alma, y echando fuego por los ojos le dijo: _¡Cómo, Jeniz! ¿para -esto me llamabas? ¿Tal traicion me tenias guardada en tu pecho? No me -hables mas, ni te vea yo_; y diciendo esto, se fue para la boca de la -cueva: mas un moro que se decia Cubayas, le asió los brazos por detrás, -y uno de los sobrinos del Jeniz le dió con el mocho de la escopeta en -la cabeza, y le aturdió; y el Jeniz le dió con una losa y le acabó de -matar: tomaron el cuerpo, y envuelto en unos zarzos de cañas le echaron -la cueva abajo, y esa noche le llevaron sobre un macho á Verchul, -adonde hallaron á Francisco Barredo y á su hermano Andrés Barredo: allí -le abrieron y sacaron las tripas, hinchiendo el cuerpo de paja. Hecho -esto, Francisco Barredo requirió á los soldados del presidio y á su -capitan, que le diese ayuda y favor para llevarle á Granada: visto el -requerimiento le acompañaron; y en el camino encontraron con doscientos -y cincuenta moros de paz, que sabida la muerte de Abenabó, y el nuevo -perdon que el rey daba, llegaron á reducirse. Vinieron á Armilla, lugar -de la Vega, y allí le pusieron caballero en un macho de albarda, y una -tabla en las espaldas, que sustentaba el cuerpo, que todos le viesen; -los moros de paz iban delante, y los soldados y Francisco Barredo -detrás. Llegados á Granada, al entrar de la plaza de Bibarrambla, -hicieron salva; lo propio en llegando á la chancillería; allí á -vista del presidente le cortaron la cabeza, y el cuerpo entregaron á -los muchachos, que despues de habello arrastrado por la ciudad, lo -quemaron: la cabeza pusieron encima de la puerta de la ciudad, la que -dicen puerta del Rastro, colgada de una escarpia á la parte de dentro, -y encima una jaula de palo, y un título en ella que decia: - - ESTA ES LA CABEZA DEL - TRAIDOR DE ABENABÓ. - NADIE LA QUITE - SO PENA DE MUERTE. - -Tal fin hizo este moro, á quien ellos tuvieron por rey despues de Aben -Humeya: los moros que quedaban, unos se dieron de paz, y otros se -pasaron á Berbería; y á los demás las cuadrillas, y la frialdad de la -sierra, y mal pasar los acabó; y feneció la guerra y levantamiento. - -Quedó la tierra despoblada y destruida: vino gente de toda España á -poblarla, y dábanles las haciendas de los moriscos con un pequeño -tributo que pagan cada un año: á Francisco Barredo le hizo el rey -merced de seis mil ducados, y que estos se los diesen en bienes raices -de los moriscos, y una casa en la calle de la Águila, que era de un -mudejar echado del reino: despues pasó en Berbería algunas veces á -rescatar cautivos, y en un convite le mataron. - - - FIN DE LA GUERRA DE GRANADA. - - - - - DISCURSO - - DEL CONDE DE PORTALEGRE, - - con que suplió lo que faltaba en las primeras ediciones al fin del - libro tercero de esta historia. - - -Hemos llegado á un peligroso paso, donde D. Diego deja la historia -rota por desgracia, si no fue de industria, para ganar honra con la -comparacion del que la pretendiese continuar. Porque sea quien fuere, -lo añadido seria de estofa mucho menos fina: y aunque se hallarán -(cuando esto se escribe) testigos vivos y de vista, por cuya relacion -se pudiera proseguir cumplidamente lo que falta, será lo mas seguro -hacer sumario de esta quiebra, y no suplemento; imitando antes á Floro -con Livio, que á Hirtio con César: pues no le bastó ser tan docto, tan -curioso, testigo de sus empresas, y camarada (como dicen los soldados), -para que no se vea muy clara la ventaja que hace el estilo de los -Comentarios al suyo. En el trozo que se corta se contiene la segunda -salida del señor D. Juan en campaña, el sitio peligroso y porfiado de -la villa de Galera, la expugnacion de aquella plaza, la muerte de Luis -Quijada desgraciada y lastimosa, el suceso de Seron y de Tijola; cosas -todas de gran consecuencia y consideracion, si D. Diego las escribiera, -haciendo á su modo anatomía de los afectos de los ministros, y de las -obras de los soldados. Mas pues no se puede restaurar lo que se perdió -(si algun dia no se descubre) contentémonos con saber que: - -De Baza fue el señor D. Juan á Guescar; de donde salió el marqués de -los Velez á encontrarle, y tornó acompañándole con muestras de mucha -cortesía y satisfaccion, hasta ponerle á la puerta de la posada donde -habia de alojar. De allí tomó licencia sin apearse, admirándose los -presentes; y con un trompeta delante y cinco ó seis gentiles hombres, -se retiró (sin detenerse) á su casa; de donde no salió despues; porque, -segun se decia, no se quiso acomodar á servir con cargo que no fuese -supremo. - -De Guescar fue D. Juan á reconocer á Galera con Luis Quijada y el -comendador mayor: reconocida, hizo venir el ejército, sitióla por -todas partes, y alojóse en el puesto de donde el marqués se habia -levantado. El sitio de aquella villa la hace muy fuerte; porque está -en una eminencia sin padrastros, y estrechándose va bajando hasta el -rio, acabando en punta con la figura de una proa de galera, de que -toma el nombre, dejando en lo alto la popa. Están las casas arrimadas -á la montaña, y esta es su fortaleza, y la razon porque puede excusar -la muralla; porque siendo casamuro, la bala que pasa las casas sale y -métese en la montaña, y así viene á ser lo mismo batir aquella tierra, -que batir un monte. No se habia esto experimentado con la batería del -marqués, porque no tenia sino cuatro lombardas antiguas del tiempo del -rey D. Fernando (como se dijo atrás) que con balas de piedra blanda, no -hacian efecto ninguno. Por lo cual hizo D. Juan venir algunas piezas -gruesas de bronce de Cartagena, Sabiote y Cazorla. Atrincheróse con -gran cuantidad de sacas de lana; porque faltaba tierra, y sobraba lana -de los lavaderos, que tenian en Guescar los ginoveses que la compran -para llevar á Italia; no poniendo las sacas por costado sino de punta, -por hacer mas ancha la trinchea: sucedió con todo alguna vez penetrar -una bala de escopeta turquesa la saca, y matar al soldado que estaba -detrás, con seguridad á su parecer. Batióse Galera con poco efecto, -porque teniendo la muralla delgada, no hacian las balas ruina, sino -agujeros, pasando de claro, los cuales servian despues á los enemigos -de troneras. Diósele el asalto por dos partes, y fueron rebotados los -nuestros con notable daño en la superior, por no se haber hecho buena -batería; y en la mas baja, por la eminencia de los terrados, de donde -los ofendian los moros con gran ventaja, como tambien lo hicieron en -algunas salidas, que costaron mucha sangre nuestra y suya; y en una -degollaron cuasi entera la compañía de catalanes que traía D. Juan -Buil. Con estos sucesos pareció que no se podia ganar la plaza por -batería, y comenzóse á minar secretamente; pero no se les pudo esconder -á los enemigos la mina; la cual reconocieron, y la publicaban á voces -de la muralla; visto esto, se ordenó que se hiciese juntamente, por -consejo (segun dicen) del capitan Juan Despuche, con intento de hacer -demostracion que se arremetia, moviéndose los escuadrones hasta ciertas -señales que estaban puestas, para que volando la primera, se engañasen -los moros, creyendo que era pasado el peligro, y saliesen á la defensa. -Sucedió ni mas ni menos, y dióse fuego á la segunda; la cual hizo tanta -obra, que los voló hasta la plaza de armas, sin dejar hombre vivo -de cuantos estaban á la frente: subieron los nuestros con trabajo, -pero sin peligro, y plantaron las banderas en lo mas alto, que fue -la ocasion de desconfiarlos del todo, y de rendirse sin resistencia: -degolláronlos, sin excepcion de sexo ni edad, por espacio de dos horas. -Cansóse el señor D. Juan y mandó envainar la furia de los soldados, -y que cesase la sangre. Murieron sobre esta fuerza veinte y cuatro -capitanes, cosa no vista hasta entonces; despues dicen los de Flandes, -que compraron al mismo precio las villas de Harlen y Mastrich, con que -se confirma la opinion de los antiguos, que llaman á nuestra nacion -pródiga de la vida, y anticipadora de la muerte. - -De Galera caminó el campo á Caniles la vuelta de Serona. Pasó Luis -Quijada con la vanguardia á reconocerle, y hallándole desamparado, -porque la gente se subió á la montaña, se desmandaron algunos de -los nuestros, y entraron sin órden á saquear la tierra; los moros -los vieron, y bajaron de lo alto, dieron sobre ellos, y pusiéronles -en huida, tomándolos de sobresalto ocupados en el saco. Llegó Luis -Quijada á recogerlos, y amparándolos, y metiéndolos en escuadron, -fue herido desde arriba de un arcabuzazo en el hombro, de que murió -en pocos dias. Era hijo de Gutierre Quijada, señor de Villa García, -famoso justador al modo castellano antiguo; sirvió al emperador de -paje, subiendo por todos los grados de la casa de Borgoña hasta ser su -mayordomo, y coronel de la infantería española, que ganó á Teruana, -plaza muy nombrada en Picardía; y solo este caballero escogió, cuando -dejó sus reinos, para que le sirviese y acompañase en el monasterio -de Yuste, haciendo el oficio de mayordomo mayor de pequeña casa y de -gran príncipe. Dejóle encargado secretamente á D. Juan de Austria -su hijo natural; crióle sin decirle que lo era, hasta el tiempo en -que quiso el rey su hermano que le descubriese, siendo entonces Luis -Quijada caballerizo mayor del príncipe D. Cárlos, y despues del consejo -de estado, y presidente de las Indias. La desgracia subió de punto -por no dejar hijos. Sintió y lloró su muerte el señor D. Juan, como -de persona que le habia criado, y á quien tanto debia. Detúvose en -aquel alojamiento algunos dias con muchas necesidades; los moros se -recogieron en Tijola y Purchena, y representáronse en este tiempo á -nuestro campo tres ó cuatro veces con cuatro mil peones y cuarenta -ó cincuenta caballos, extendiendo las mangas hasta tiro de escopeta -de los nuestros. Ordenóse, que so pena de la vida ninguno trabase -escaramuza con ellos, y así tornaron siempre sin hacer, ni recibir -daño; y el campo se movió para ir sobre Tijola, y ellos se retiraron -á Purchena, dejando á Tijola bien guarnecida de gente, y municionada. -Sitióse á la redonda; mas la tierra es tan áspera, que hubo gran -dificultad en subir la artillería donde pudiese hacer efecto: en fin se -subió con grande industria, y se les quitaron las defensas con ella; -habíase de batir mas de propósito el dia siguiente, pero los moros no -lo esperaron, y saliéronse á las diez de aquella noche por diversas -partes, habiendo hurtado el nombre al ejército (cosa muy rara), y -dándole todos á las primeras postas á un mismo tiempo, rompieron -por los cuerpos de guardia, y salieron á la campaña. Perdiéronse -tantos en esta salida, que los menos se salvaron. Por la mañana se -siguió el alcance á los desmandados hasta Purchena, que se rindió sin -resistencia, porque la gente estaba ya fuera, y no habia sino mujeres, -pocos hombres, y alguna ropa. Algunos de los nuestros quedaron dentro, -los mas pasaron siguiendo á los enemigos hasta el rio de Macael. D. -Juan pasó de Tijola á Purchena, y guarnecióla; de allí fue dejando -presidios en Cantoria, Tavernas, Frejiliana y Almería, y llegó á -Andarax: donde se juntaron el duque de Sesa y el comendador mayor. -Venia el duque de hacer su jornada, que concurrió con la misma de -Galera que se ha referido en este sumario; tornando á atar el hilo de -la historia de D. Diego en el libro siguiente. - - - - - LA VIDA - - DEL - - LAZARILLO DE TORMES, - - SUS FORTUNAS Y ADVERSIDADES. - - POR - - D. Diego Hurtado de Mendoza. - - - - - PRÓLOGO. - - -Yo por bien tengo que cosas tan señaladas y por ventura nunca oidas ni -vistas vengan á noticia de muchos, y no se entierren en la sepultura -del olvido; pues podria ser que alguno que las lea, halle algo que le -agrade, y á los que no ahondaren tanto, los deleite. Y á este propósito -dice Plinio: que no hay libro por malo que sea, que no tenga alguna -cosa buena; mayormente que los gustos no son todos unos, mas lo que uno -no come, otro se pierde por ello; y así vemos cosas tenidas en poco de -algunos, que de otros no lo son. Y por esto ninguna cosa se deberia -romper ni echar á mal (si muy detestable no fuese), sino que á todos -se comunicase, mayormente siendo sin perjuicio, y pudiendo sacar de -ella algun fruto. Porque si así no fuese, muy pocos escribirian para -uno solo, pues no se hace sin trabajo; y quieren, ya que lo pasan, ser -recompensados, no con dineros, mas con que lean y vean sus obras, y si -hay de que, se las alaben. Y á este propósito dice Tulio: _la honra -cria las artes_. ¿Quién piensa que el soldado que es primero en la -escala, tiene mas aborrecido el vivir? no por cierto; mas el deseo de -la alabanza le hace ponerse al peligro; y así en las artes y letras -es lo mismo. Predica muy bien el presentado, y es hombre que desea -mucho el provecho de las ánimas; mas pregunten á su merced, si le pesa -cuando le dicen: ¡ó qué maravillosamente lo ha hecho V. R.ª! Justó muy -ruinmente el Sr. D. Fulano, y dió el sayete de armas al truhan, porque -le loaba de haber llevado muy buenas lanzas: ¿qué hiciera si fuera -verdad? Y todo va de esta manera: que confesando yo no ser mas santo -que mis vecinos, de esta nonada que en este grosero estilo escribo, -no me pesará que hayan parte y se huelguen con ello todos los que -en ella algun gusto hallaren, y vean que vive un hombre con tantas -fortunas, peligros y adversidades. Suplico á vuestra merced reciba el -pobre servicio de mano de quien le hiciera mas rico, si su poder y -deseo se conformaran. Y pues vuestra merced escribe se le escriba y -relate el caso muy por extenso, parecióme no tomarle del medio, sino -del principio, porque se tenga entera noticia de mi persona; y tambien -porque consideren los que heredaron nobles estados, cuan poco se les -debe, pues fortuna fue con ellos parcial; y cuanto mas hicieron los -que, siéndoles contraria, con fuerza y maña remando salieron á buen -puerto. - - - - - LA VIDA - - DEL - - LAZARILLO DE TORMES, - - SUS FORTUNAS Y ADVERSIDADES. - - - - - Cuenta Lázaro su vida y quien era su padre. - - -Pues sepa vuestra merced ante todas cosas, que á mi llaman Lázaro de -Tormes, hijo de Tomé Gonzalez y de Antonia Perez, naturales de Tejares, -aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue dentro del rio Tormes, por la -cual causa tomé el sobrenombre, y fue de esta manera. Mi padre (que -Dios perdone) tenia cargo de proveer una molienda de una aceña que está -ribera de aquel rio, en la cual fue molinero mas de quince años: y -estando mi madre una noche en la aceña preñada de mi, tomóla el parto y -parióme allí, de manera que con verdad me puedo decir nacido en el rio. -Pues siendo yo niño de ocho años, achacaron á mi padre ciertas sangrías -mal hechas en los costales de los que allí á moler venian, por lo -cual fue preso, confesó y no negó, y padeció persecucion de justicia. -Espero en Dios que está en gloria, pues el evangelio los llama -bienaventurados. En este tiempo se hizo cierta armada contra los moros, -entre los cuales fue mi padre, que á la sazon estaba desterrado por el -desastre ya dicho, con cargo de acemilero de un caballero que allá fue, -y con su señor, como leal criado, feneció su vida. Mi viuda madre, como -sin marido y sin abrigo se viese, determinó arrimarse á los buenos por -ser uno de ellos, y vínose á vivir á la ciudad, y alquiló una casilla, -y metíase á guisar de comer á ciertos estudiantes, y limpiaba la ropa -á ciertos mozos de caballos del comendador de la Magdalena, de manera -que frecuentando las caballerizas, ella y un hombre moreno de aquellos -que las bestias curaban, vinieron en conocimiento. Este algunas veces -se venia á nuestra casa, y se iba á la mañana. Otras veces de dia -llegaba á la puerta en achaque de comprar huevos, y entrábase en la -casa. Yo al principio de su entrada pesábame de ella, y hacíame miedo, -viendo el color y mal gesto que tenia; mas de que vi que con su venida -mejoraba el comer, fuíle queriendo bien; porque siempre traía pan, -pedazos de carne, y en el invierno leña con que nos calentábamos; -de manera que continuando la posada y conversacion, mi madre vínose -á darme un negrito, el cual yo brincaba y ayudaba á calentar. Y -acuérdome que estando el negro de mi padrastro trabajando con el -mozuelo, como el niño veía á mi madre y á mi blancos, y á él no, huía -de él con miedo para mi madre, y señalando con el dedo decia: madre, -coco; respondiendo él riendo, hideputa. Yo, aunque muy muchacho, noté -aquella palabra de mi hermanico, y dije entre mi: cuantos debe haber -en el mundo que huyen de otros, porque no se ven á sí mismos. Quiso -nuestra fortuna que la conversacion del Zayde (que así se llamaba) -llegó á oidos del mayordomo; y hecha pesquisa, hallóse que la mitad por -medio de la cebada que para las bestias le daban, hurtaba; y salvados, -leña, almohazas, mandiles, y las mantas y sábanas de los caballos -hacia perdidas: y cuando otra cosa no tenia, las bestias desherraba; -y con todo esto acudia á mi madre para criar á mi hermanico. No nos -maravillamos de un clérigo ni de un fraile, porque el uno hurta de -los pobres y el otro de su casa para sus devotas y para ayuda de otro -tanto, cuando á un pobre esclavo el amor le animaba á esto. Y probósele -cuanto digo y aun mas; porque á mi con amenazas me preguntaban, y -como niño respondia y descubria cuanto sabia con miedo, hasta ciertas -herraduras que por mandado de mi madre á un herrero vendí. Al triste -de mi padrastro azotaron y pringaron, y á mi madre pusieron pena por -justicia sobre el acostumbrado centenario, que en casa del sobredicho -comendador no entrase, ni al lastimado Zayde en la suya acogiese. Por -no echar la soga tras el caldero, la triste se esforzó y cumplió la -sentencia; y por evitar peligro y quitarse de malas lenguas, se fue á -servir á los que al presente vivian en el meson de la Solana, y allí -padeciendo mil importunidades acabó de criar á mi hermanico hasta que -supo andar: y á mi hasta ser buen mozuelo, que iba á los huéspedes por -vino, candelas y por lo demás que me mandaban. - -En este tiempo vino á posar al meson un ciego, el cual pareciéndole que -yo seria para adestrarle, me pidió á mi madre, y ella me encomendó á -él, diciéndole como era hijo de un buen hombre, el cual por ensalzar -la fe, habia muerto en la batalla de los Gelves; y que ella confiaba -en Dios que no saldria peor hombre que mi padre, y que le rogaba me -tratase bien y mirase por mi, pues era huérfano. Él respondió que -así lo haria y que me recibia, no por mozo, sino por hijo; y así le -comencé á servir y adestrar á mi nuevo y viejo amo. Como estuvimos en -Salamanca algunos dias, pareciéndole á mi amo que no era la ganancia á -su contento, determinó irse de allí. Y cuando nos hubimos de partir, -yo fuí á ver á mi madre, y ambos llorando, me dió su bendicion y dijo: -hijo, ya sé que no te veré mas; procura ser bueno, y Dios te guie. -Criado te he, y con buen amo te he puesto, válete por ti. Y así me fuí -para mi amo, que esperándome estaba. - -Salimos de Salamanca, y llegando á la puente, está á la entrada de ella -un animal de piedra que casi tiene forma de toro; y el ciego mandóme -que llegase cerca del animal, y allí puesto dijo: Lázaro, llega el oido -de este toro, y oirás gran ruido dentro de él. Yo simplemente llegué, -creyendo ser así; y como sintió que tenia la cabeza á par de la piedra, -afirmó recio la mano y dióme una gran calabazada en el diablo del toro, -que mas de tres dias me duró el dolor de la cornada; y díjome: necio, -aprende que el mozo del ciego un punto ha de saber mas que el diablo, y -rió mucho de la burla. - -Parecióme que en aquel instante disperté de la simpleza en que, como -niño, dormido estaba, y dije entre mi: verdad dice este, que me cumple -avivar el ojo y avisar, pues solo soy, y pensar como me sepa valer. -Comenzamos nuestro camino, y en muy pocos dias me mostró jerigonza. -Y como me viese de buen ingenio, holgábase mucho y decia: yo oro ni -plata no te lo puedo dar, mas avisos para vivir, muchos te mostraré. Y -fue así, que despues de Dios este me dió la vida, y siendo ciego, me -alumbró y adestró en la carrera de vivir. Huelgo de contar á vuestra -merced estas niñerías, para mostrar, cuanta virtud sea saber los -hombres subir siendo bajos; y dejarse bajar, siendo altos, cuanto vicio. - -Pues tornando al bueno de mi ciego y contando sus cosas, vuestra merced -sepa que desde que Dios crió el mundo, ninguno formó mas astuto ni -sagaz. En su oficio era un águila. Ciento y tantas oraciones sabia -de coro, un tono bajo, reposado y muy sonable, que hacia resonar la -iglesia donde rezaba; un rostro humilde y devoto, que con muy buen -continente ponia cuando rezaba, sin hacer gestos ni visajes con boca ni -ojos, como otros suelen hacer. Allende de esto tenia otras mil formas -y maneras para sacar el dinero. Decia saber oraciones para muchos y -diversos efectos; para mujeres que no parian; para las que estaban de -parto; para las que eran mal casadas, que sus maridos las quisiesen -bien. Echaba pronósticos á las preñadas, si traían hijo ó hija; pues -en caso de medicina decia que Galeno no supo la mitad que él; para -muelas, desmayos, males de comadre. Finalmente nadie le decia padecer -alguna pasion, que luego no le decia: haced esto, hareis estotro, coced -tal yerba, tomad tal raiz. Con esto andábase todo el mundo tras él, -especialmente mujeres, que, cuanto les decia, creían. De estas sacaba -él grandes provechos con las artes que digo, y ganaba mas en un mes -que cien ciegos en un año. Mas tambien quiero que sepa vuestra merced, -que con todo lo que adquiria y tenia, jamás tan avariento ni mezquino -hombre no vi; tanto que me mataba á mi de hambre, y así no me remediaba -de lo necesario. Digo verdad: si con mi sutileza y buenas mañas no me -supiera remediar, muchas veces me finara de hambre. Mas con todo su -saber y aviso le contraminaba de tal suerte, que siempre ó las mas -veces me cabia lo mas y mejor. Para esto le hacia burlas endiabladas, -de las cuales contaré algunas, aunque no todas á mi favor. Él traía el -pan y todas las otras cosas en un fardel de lienzo, que por la boca se -cerraba con una argolla de hierro y su candado y llave; y el meter de -las cosas y sacarlas, era con tanta vigilancia y tan por contadero, -que no bastara todo el mundo á hacerle menos una migaja. Mas yo tomaba -aquella laceria que el me daba, la cual en menos de dos bocados era -despachada: y despues que cerraba el candado y se descuidaba, pensando -que yo estaba entendiendo en otras cosas; por un poco de costura que -muchas veces de un lado del fardel descosia y tornaba á coser, sangraba -el avariento fardel, sacando no por tasa pan, mas buenos pedazos, -torreznos y longanizas. Y así buscaba conveniente tiempo para rehacer, -no la chaza, sino la endiablada falta que el mal ciego me faltaba. -Todo lo que podia sisar y hurtar, traía en medias blancas; y cuando le -mandaban rezar y le daban blancas, como él carecia de vista, no habia -el que se la daba amagado con ella, cuando yo la tenia lanzada en la -boca y la media aparejada, que por presto que él echaba la mano, ya iba -de mi cambio aniquilada en la mitad del justo precio. Quejábaseme el -mal ciego, porque al tiento luego conocia y sentia, que no era blanca -entera, y decia: ¿qué diablo es esto, que despues que conmigo estais, -no me dan sino medias blancas, y de antes una blanca y un maravedí -hartas veces me pagaban? en ti debe de estar esta desdicha. - -Tambien él abreviaba el rezar y la mitad de la oracion no acababa, -porque me tenia mandado, que en yéndose el que le mandaba rezar, le -tirase por el cabo del capuz. Yo así lo hacia, y luego él tornaba á dar -voces, diciendo mandan rezar tal y tal oracion, como suelen decir. - -Usaba poner cabe sí un jarrillo de vino cuando comíamos; yo muy de -presto le asia y daba un par de besos callados, y tornábale á su lugar; -mas duróme poco, que en los tragos conocia la falta: y por reservar -su vino á salvo, nunca despues desamparaba el jarro; antes le tenia -por el asa asido. Mas no habia piedra iman, que así trajese a sí como -yo con una paja de centeno que para aquel menester tenia hecha; la -cual metiéndola en la boca del jarro, chupando el vino, le dejaba á -buenas noches. Mas como fuese el traidor tan astuto, pienso que me -sintió; y dende en adelante mudó de propósito, y asentaba su jarro -entre las piernas y tapábale con la mano, y así bebia seguro. Yo como -estaba hecho al vino, moria por él; y viendo que aquel remedio de la -paja no me aprovechaba ni valia, acordé en el suelo del jarro hacerle -una fuentecilla y agujero sutil, y delicadamente con una muy delgada -tortilla de cera taparle. - -Al tiempo de comer, fingiendo haber frio, entrábame entre las piernas -del triste ciego á calentarme en la pobrecilla lumbre que teníamos; y -al calor de ella, luego derretida la cera, por ser muy poca, comenzaba -la fuentecilla á destilarme en la boca, la cual yo de tal manera ponia, -que maldita la gota que se perdia. Cuando el pobrete iba á beber, no -hallaba nada: espantábase, maldecíase, daba al diablo el jarro y el -vino, no sabiendo que podia ser. No direis tio, que os lo bebo yo, -decia, pues no le quitais de la mano. Tantas vueltas y tientos dió al -jarro, que se halló la fuente y cayó en la burla; mas así lo disimuló -como si no lo hubiera sentido; y luego otro dia, teniendo yo rezumando -mi jarro como solia, no pensando el daño que me estaba aparejado, ni -que el mal ciego me sentia, sentéme como solia, estando recibiendo -aquellos dulces tragos, mi cara puesta hácia el cielo, un poco cerrados -los ojos, por mejor gustar el sabroso licor. Sintió el desesperado -ciego que ahora tenia tiempo de tomar de mí venganza, y con toda su -fuerza alzando con dos manos aquel dulce y amargo jarro, le dejó caer -sobre mi boca, ayudándose, como digo, con todo su poder; de manera que -el pobre Lázaro, que á nada de esto se aguardaba, antes si, como otras -veces, estaba descuidado y gozoso, verdaderamente le pareció, que el -cielo con todo lo que en él hay, le habia caido encima. Fue tal el -golpecillo, que me desatinó y sacó de sentido, y el jarrazo tan grande, -que los pedazos de él se me metieron por la cara, rompiéndomela por -muchas partes, y me quebró los dientes, sin los cuales hasta hoy dia me -quedé. Desde aquella hora quise mal al mal ciego: y aunque me queria y -regalaba y me curaba, bien vi que se habia holgado del cruel castigo. -Lavóme con vino las roturas que con los pedazos del jarro me habia -hecho, y sonriéndose decia: que te parece, Lázaro, lo que te enfermó, -te sana y da salud, y otros donaires que á mi gusto no lo eran. Ya que -estuve medio bueno de mi negra trepa y cardenales, considerando que á -pocos golpes tales el cruel ciego ahorraria de mi, quise yo ahorrar de -él: mas no lo hice tan presto, por hacerlo mas á mi salvo y provecho. - -Aunque yo quisiera asentar mi corazon y perdonarle el jarrazo, no daba -lugar el mal tratamiento que el mal ciego desde allí adelante me hacia; -que sin causa ni razon me heria, dándome coscorrones y repelándome. Y -si alguno le decia, por qué me trataba tan mal, luego contaba el cuento -del jarro, diciendo: ¿pensais que este mi mozo es algun inocente? -pues oid si el demonio ensayara otra tal hazaña. Santiguándose los -que le oían, decian: mira, quien pensara de un muchacho tan pequeño -tal ruindad, y se reían mucho del artificio, y decíanle: castigadle, -castigadle, que de Dios lo habreis. Y él con aquello nunca otra cosa -hacia: y en esto yo siempre le llevaba por los peores caminos, y -adrede por hacerle mal y daño. Si habia piedras, por ellas; si lodo, -por lo mas alto: que aunque yo no iba por lo mas enjuto, holgábame -de quebrarme un ojo, por quebrar dos al que ninguno tenia. Con esto -siempre con el cabo alto del tiento me atentaba el colodrillo, el cual -siempre traía lleno de tolondrones y pelado de sus manos. Y aunque yo -juraba no hacerlo con malicia, sino por no hallar mejor camino, no -me aprovechaba, ni me creía; mas tal era el sentido y el grandísimo -entendimiento del traidor. - -Y porque vea vuestra merced á cuanto se extendia el ingenio de este -astuto ciego, contaré un caso de muchos que con él me acaecieron, en el -cual me parece dió bien á entender su grande astucia. Cuando salimos de -Salamanca, su motivo fue venir á tierra de Toledo, porque decia ser la -gente mas rica, aunque no muy limosnera. Arrimábase á este refran: _mas -da el duro que el desnudo_. Y vinimos á este camino por los mejores -lugares. Donde hallaba buena acogida y ganancia, deteníamonos; donde -no, al tercero dia hacíamos San Juan. Acaeció que llegando á un lugar -que llaman _Almorox_, al tiempo que cogian las uvas, un vendimiador -le dió un racimo de ellas en limosna; y como suelen ir los cestos -maltratados, y tambien porque la uva en aquel tiempo está muy madura, -desgranábasele el racimo en la mano. Al echarle en el fardel, tornábase -mosto; y de lo que á él se llegaba, acordó de hacer un banquete, así -por no poder llevarlo, como por contentarme; en aquel dia me habia -dado muchos rodillazos y golpes. Sentámonos en un valladar, y dijo: -ahora quiero yo usar contigo de una liberalidad, y es que ambos comamos -este racimo de uvas, y que hayas de él tanta parte como yo. Partir lo -hemos de esta manera: tu picarás una vez, y yo otra, con tal que me -prometas no tomar cada vez mas que una, y yo haré lo mismo hasta que -le acabemos, y de esta suerte no habrá engaño. Hecho así el concierto -comenzamos, mas luego al segundo lance el traidor mudó propósito, y -comenzó á tomar de dos en dos, considerando que yo deberia hacer lo -mismo. Como vi que él quebraba la postura, no me contenté con ir á la -par con él, mas aun pasaba adelante, dos á dos y tres á tres, y como -podia las comia. Acabado el racimo, estuvo un poco con el escobajo en -la mano, y meneando la cabeza, dijo: Lázaro, engañado me has: juraré yo -á Dios que has tu comido las uvas tres á tres. No comí, dije yo: ¿mas -porqué sospechais eso? Respondió el sagacísimo ciego, ¿sabes en qué veo -que las comiste tres á tres? en que comia yo dos á dos, y callabas. -Reíme entre mí, y aunque muchacho, noté la discreta consideracion -del ciego. Mas por no ser prolijo, dejo de contar muchas cosas así -graciosas como de notar, que con este mi primer amo me acaecieron; y -quiero decir el despidiente, y con él acabar. Estábamos en Escalona, -villa del duque della, y dióme un pedazo de longaniza que le asase. -Ya que la longaniza habia pringado, y comídose las pringadas, sacó un -maravedí de la bolsa, y mandóme que fuese por vino á la taberna. Púsome -el demonio el aparejo delante los ojos, el cual (como suelen decir) -hace el ladron: y fue que habia cabe el fuego un nabo pequeño larguillo -y ruinoso, y tal que por no ser para la olla, debió de ser echado -allí. Y como al presente nadie estuviese sino él y yo solos, como me -vi con apetito goloso, habiéndome puesto dentro el sabroso olor de la -longaniza, del cual solamente sabia que habia de gozar, no mirando que -me podria suceder, pospuesto todo el temor por cumplir con el deseo, en -tanto que él sacaba de la bolsa el dinero, saqué la longaniza, y muy -presto metí el sobredicho nabo en el asador: el cual mi amo, dándome el -dinero para el vino, tomó y comenzó á dar vueltas al fuego, queriendo -asar al que de ser cocido por sus deméritos habia escapado. Yo fuí por -el vino, con el cual no tardé en despachar la longaniza: y cuando vine, -hallé al pecador del ciego que tenia entre dos rebanadas apretado el -nabo, el cual aun no habia conocido, por no haber tentado con la mano. -Como tomase las rebanadas y mordiese en ellas, pensando tambien llevar -parte de la longaniza, hallóse frio con el frio nabo, alteróse y dijo: -¿qué es esto, Lazarillo? Lazaredo de mi, dije yo, si quereis á mi echar -algo ¿no vengo yo de traer el vino? alguno estaba ahí, y por burlarse -haria esto. No, no, dijo él, que yo no he dejado el asador de la mano; -no es posible. Yo torné á jurar y perjurar que estaba libre de aquel -trueco y cambio; mas poco me aprovechó, pues á las astucias del maldito -ciego nada se le escondia. Levantóse y asióme por la cabeza y llegóse á -olerme, y como debió sentir el huelgo á uso de buen podenco, por mejor -satisfacerse de la verdad, y con la gran agonía que llevaba, asiéndome -con las manos, abrióme la boca mas de su derecho, y desatentadamente -metia la nariz, la cual él tenia luenga y afilada, que en aquella sazon -con el enojo se habia aumentado un palmo, con el pico de la cual me -llegó á la gulilla. Con esto y con el gran miedo que tenia, y con la -brevedad del tiempo, la negra longaniza aun no habia hecho asiento en -el estómago; y lo mas principal, con el destiendo de la cumplidísima -nariz, medio casi ahogado me tuvo: todas estas cosas se juntaron y -fueron causa que el hecho y golosina se manifestase, y lo suyo fuese -vuelto á su dueño: de manera que antes que el mal ciego sacase de mi -boca su trompa, tal alteracion sintió mi estómago, que le dió con el -hurto en ella, de suerte que su nariz y la negra mal mascada longaniza -á un tiempo salieron de mi boca. ¡O gran Dios, quién estuviera á -aquella hora sepultado, que muerto ya lo estaba! Fue tal el coraje del -perverso ciego, que si al ruido no acudieran, pienso no me dejara con -la vida. - -Sacáronme dentre sus manos, dejándoselas llenas de aquellos pocos -cabellos que tenia, arañada la cara y rascuñado el pescuezo y la -garganta: y esto bien lo merecia, pues por su maldad me venian tantas -persecuciones. Contaba el mal ciego á todos cuantos allí se allegaban -mis desastres, y dábales cuenta una y otra vez, así de la del jarro, -como de la del racimo, y ahora de lo presente. Era la risa de todos tan -grande, que toda la gente, que por la calle pasaba, entraba á ver la -fiesta. Mas con tanta gracia y donaire contaba el ciego mis hazañas, -que aunque yo estaba tan maltratado y llorando, me parecia que hacia -sin justicia en no se las reir. Y en cuanto esto pasaba, á la memoria -me vino una cobardía y flojedad que hice porque me maldecia, y fue no -dejarle sin narices, pues tan buen tiempo tuve para ello, que la mitad -del camino estaba andado, que con solo apretar los dientes, se me -quedaran en casa, y con ser de aquel malvado por ventura lo retuviera -mejor mi estómago, que retuvo la longaniza, y no pareciendo ellas, -pudiera negar la demanda. Pluguiera á Dios que lo hubiera hecho, que -esto fuera así que así. Hiciéronnos amigos la mesonera y los que allí -estaban, y con el vino que para beber le habia traido, laváronme la -cara y la garganta, sobre lo cual discantaba el mal ciego donaires, -diciendo: por verdad, mas vino me gasta este mozo en lavatorios al -cabo del año, que yo no bebo en dos. Y luego contaba cuantas veces me -habia descalabrado y harpado la cara, y con vino luego sanaba. Yo te -digo, dijo, que si hombre en el mundo ha de ser bienaventurado con -vino, que serás tu; y reían mucho los que me lavaban con esto, aunque -yo renegaba. Mas el pronóstico del ciego no salió mentiroso, y despues -acá muchas veces me acuerdo de aquel hombre que sin duda debia tener -espíritu de profecía; y me pesa de los sinsabores que le hice, aunque -bien se lo pagué, considerando, lo que aquel dia me dijo, salirme tan -verdadero como adelante vuestra merced oirá. - -Visto esto y las malas burlas que el ciego burlaba de mi, determiné de -todo en todo dejarle, como lo traía pensado y lo tenia en voluntad: -con este postrer juego que me hizo afirmélo mas. Y fue así, que luego -otro dia salimos por la villa á pedir limosna, y habia llovido mucho -la noche antes, y el dia tambien llovia; y andaba rezando debajo de -unos portales que en aquel pueblo habia, donde no nos mojábamos. Mas -como la noche se venia y el llover no cesaba, díjome el ciego: Lázaro, -esta agua es muy porfiada, y cuanto la noche mas cierra, mas recia: -acojámonos á la posada con tiempo. Para ir á allá habíamos de pasar -un arroyo que con la mucha agua iba grande, yo le dije: tio el arroyo -va muy ancho; mas si quereis, yo veo por donde travesemos mas aina -sin mojarnos, porque se estrecha allí mucho, y saltando pasaremos á -pie enjuto. Parecióle buen consejo, y dijo: discreto eres, por esto -te quiero bien: llévame á ese lugar donde el arroyo se angosta, que -ahora es invierno y sabe mal el agua, y mas llevar los pies mojados. -Yo que vi el aparejo á mi deseo, saquéle debajo los portales y llevéle -derecho de un pilar ó poste de piedra que en la plaza estaba, sobre el -cual y sobre otros cargaban saledizos de aquellas casas, y díjele: tio, -este es el paso mas angosto que en el arroyo hay. Como llovia recio y -el triste se mojaba, y con la priesa que llevábamos de salir del agua -que encima nos caía, y lo mas principal porque Dios le cegó aquella -hora el entendimiento, fue por darme de él venganza. Creyóse de mi, y -dijo, ponme bien derecho, y salta tu el arroyo. Yo le puse bien derecho -en frente del pilar, y doy un salto y póngome detrás del poste, como -quien espera tope de toro, y díjele: sus, saltad todo lo que podais, -porque deis de este cabo del agua. Aun apenas lo habia acabado de -decir, cuando se abalanza el pobre ciego como cabron, de toda su fuerza -arremete, tomando un paso atrás de la corrida para hacer mayor salto; -y da con la cabeza en el poste que sonó tan recio como si diera con -una gran calabaza, y cayó luego para atrás medio muerto y hendida la -cabeza. ¿Cómo oliste la longaniza, y no el poste? pues oledle, dije yo. -Y dejéle en poder de mucha gente que le habia ido á socorrer, y tomé -la puerta de la villa en los pies de un trote; y antes que la noche -viniese, di conmigo en Torrijo. No supe mas lo que Dios de él hizo, ni -curé de saberlo. - - - - - Como Lázaro se asentó con un clérigo, - y de las cosas que con él pasó. - - -Otro dia no pareciéndome estar allí seguro, fuíme á un lugar que llaman -Maqueda, adonde me toparon mis pecados con un clérigo, que llegando -á pedir limosna, me preguntó si sabia ayudar á misa. Yo dije que sí, -como era verdad; que aunque maltratado, mil cosas buenas me mostró el -pecador del ciego, y una de ellas fue esta. Finalmente, el clérigo me -recibió por suyo. - -Escapé del trueno y di en el relámpago, porque era el ciego para con -este un Alejandro Magno, con ser la misma avaricia, como he contado. -No digo mas, sino que toda la laceria del mundo estada encerrada en -este. No sé si de su cosecha era, ó lo habia añejado con el hábito -de clerecía. Él tenia una arca vieja cerrada con su llave, la cual -traía atada con una agujeta del paletoque: y en viniendo el bodigo de -la iglesia, por su mano era luego allí lanzado, y tornaba á cerrar -el arca. En toda la casa no habia ninguna cosa de comer, como suele -estar en otras algun tocino colgado al humero, algun queso puesto en -alguna tabla ó en el armario, algun canastillo con algunos pedazos de -pan que de la mesa sobran, que me parece á mi, que aunque de ello no -me aprovechara, con la vista de ello me consolara. Solamente habia -una horca de cebollas y debajo llave en una cámara en lo alto de la -casa. De estas tenia yo de racion una para cada cuatro dias; y cuando -le pedia la llave para ir por ella, si alguno estaba presente, echaba -mano al falsopeto, y con gran continencia la desataba y me la daba, -diciendo: toma, y vuélvela luego, no hagas sino golosinar, como si -debajo de ella estuvieran todas las conservas de Valencia, con no haber -en la dicha cámara, como dije, maldita la otra cosa que las cebollas -colgadas de un clavo, las cuales él tenia tan bien por cuenta, que -si por mal de mis pecados me desmandara á mas de mi tasa, me costara -caro. Finalmente yo me finaba de hambre, pues ya que conmigo tenia poca -caridad, consigo usaba mas. Cinco blancas de carne era su ordinario -para comer y cenar; verdad es que partia conmigo del caldo: que de -la carne, como la hay en el ojo, sino un poco de pan: y pluguiera á -Dios que me demediara. Los sábados cómense en esta tierra cabezas de -carnero, y enviábame por una que costaba tres maravedís. Aquella la -cocia, y comia los ojos y la lengua, y el corazon y sesos, y la carne -que en las quijadas tenia: dábame todos los huesos roidos, y dábamelos -en el plato, diciendo: toma, come, triunfa, que para ti es el mundo: -mejor vida tienes que el papa. Tal te la dé Dios, decia yo paso entre -mi. - -Al cabo de tres semanas que estuve con él, vine á tanta flaqueza que -no me podia tener en las piernas de pura hambre. Vime claramente ya en -la sepultura, si Dios y mi saber no me remediaran. Para usar de mis -mañas no tenia aparejo, por no tener en que darle asalto: y aunque -algo hubiera, no pudiera cegarle, como hacia al que Dios perdone, si -de aquella calabazada feneció: que todavía aunque astuto, con faltarle -aquel preciado sentido, no me sentia. Mas estotro, ninguno hay que tan -aguda vista tuviese, como él tenia. Cuando al ofertorio estábamos, -ninguna blanca en la concha caía, que no era de él registrada. El un -ojo tenia en la gente, y el otro en mis manos. Bailábanme los ojos en -el cajo, como si fueran de azogue. Cuantas blancas ofrecian, tenia por -cuenta. Acabado el ofrecer, luego me quitaba la concheta, y la ponia -sobre el altar. No fuí yo señor de asirle una blanca, todo el tiempo -que con él viví, ó por mejor decir, morí. De la taberna nunca le traje -una blanca de vino, mas aquel poco que de la ofrenda habia metido en -su arca, compasaba de tal forma que le duraba toda la semana. Y por -ocultar su gran mezquindad, decíame: mira mozo, los sacerdotes han -de ser muy templados en su comer y beber; por esto yo no me desmando -como otros. Mas el lacerado mentia falsamente, porque en cofradías y -mortuorios que rezábamos á costa ajena, comia como lobo, y bebia mas -que un saludador. Y porque dije mortuorios, Dios me perdone, que jamás -fuí enemigo de la naturaleza humana sino entonces: y esto era, porque -comíamos bien y me hartaba. Deseaba y aun rogaba á Dios que cada dia -matase el suyo. Cuando dábamos sacramento á los enfermos, especialmente -la extremauncion, como manda el clérigo rezar á los que están allí, -yo cierto no era el postrero de la oracion; y con todo mi corazon y -buena voluntad rogaba al Señor, no que le echase á la parte que mas -servido fuese, como se suele decir, mas que le llevase de este mundo. Y -cuando alguno de estos escapaba, (Dios me lo perdone) mil veces le daba -al diablo, y el que se moria, otras tantas bendiciones llevaba de mi -dichas. - -En todo el tiempo que allí estuve, que serian cuasi seis meses, solas -veinte personas fallecieron, y estas bien creo que las maté yo, ó por -mejor decir, murieron á mi recuesta: porque viendo el Señor mi rabiosa -y continua muerte, pienso que se holgaba de matarlos por darme á mi -vida. Mas de lo que al presente padecia, remedio no hallaba, que si -el dia que enterrábamos, yo vivia, los dias que no habia muerto, por -quedar bien vezado de la hartura, tornando á mi cotidiana hambre, mas -lo sentia; de manera que en nada hallaba descanso, salvo en la muerte, -que yo tambien para mi como para ellos otros deseaba algunas veces. Mas -no la veía, aunque estaba siempre en mi. - -Pensé muchas veces irme de aquel mezquino amo, mas por dos cosas lo -dejaba. La primera por no atraverme á mis piernas, por temor de la -flaqueza que de pura hambre me tenia; y la otra, consideraba y decia: -yo he tenido dos amos; el primero traíame muerto de hambre, y dejándole -topé con estotro que me tiene ya con ella en la sepultura; pues si de -este desisto y doy en otro mas bajo, ¡qué será sino fenecer! Con esto -no me osaba menear, porque tenia por fe que todos los grados habia de -hallar mas ruines, y á bajar otro punto, no soñara Lázaro ni se oyera -en el mundo. - -Pues estando en tal afliccion, que le plegue al Señor librar de ella -á todo fiel cristiano; y sin saber darme consejo, viéndome ir de mal -en peor; un dia que el cuitado, ruin y lacerado de mi amo habia ido -fuera del lugar, llegó acaso á mi puerta un calderero, el cual yo creo -que fue ángel enviado á mi por la mano de Dios en aquel hábito, y -preguntóme si tenia algo que adobar. - -En mi tenias bien que hacer; y no haríais poco, si me remediáseis, -dije paso que no me oyó. Mas como no era tiempo de gastarlo en decir -gracias, alumbrado por el Espíritu santo, le dije, tio una llave de -esta arca he perdido, y temo mi señor me azote: por vuestra vida veais, -si en estas que traeis, alguna hay que le haga, que yo os lo pagaré. -Comenzó á probar el angélico calderero una y otra de un gran sartal que -de ellas traía, y yo á ayudarle con mis flacas oraciones: cuando no me -cato, veo en figura de panes, como dicen, la cara de Dios dentro del -arca: y abierta, díjele: yo no tengo dinero que daros por la llave, mas -tomad de ahí el pago. El tomó un bodigo de aquellos, el que mejor le -pareció; y dejándome mi llave, se fue muy contento, dejándome mas á mí. -Mas no toqué en nada por el presente, porque no fuese la falta sentida; -y aun porque me vi de tanto bien señor, parecióme que la hambre no se -me osaba llegar. - -Vino el mísero de mi amo, y quiso Dios no miró en la oblada que el -ángel habia llevado; y otro dia saliendo de casa, abro mi paraiso -panal y tomo entre las manos y dientes un bodigo, y en dos credos le -hice invisible, no olvidándoseme el arca abierta: y comienzo á barrer -la casa con mucha alegría, pareciéndome con aquel remedio remediar de -allí en adelante la triste vida, y así estuve con ello aquel dia y otro -gozoso. Mas no estaba en mi dicha que me durase mucho aquel descanso, -porque luego al tercero dia me vino la terciana derecha, y fue que -veo á deshora al que mataba de hambre sobre nuestra arca, volviendo y -revolviendo y tornando contar los panes. Yo disimulaba, y en mi secreta -oracion, devociones y plegarias decia san Juan y ciégale. - -Despues que estuvo un gran rato echando la cuenta, por dias y dedos -contando, dijo: si no tuviera á tan buen recaudo esta arca, yo dijera -que me habian tomado de ella panes; pero de hoy mas, solo por cerrar -puerta á la sospecha, quiero tener buena cuenta con ellos, nueve quedan -y un pedazo. Nuevas malas te dé Dios, dije entre mí; parecióme con -lo que dijo, pasarme el corazon con saeta de montero, y comenzóme el -estómago á escarbar de hambre, viéndose puesto en la dieta pasada. Fue -fuera de casa, y yo por consolarme abro el arca, y como vi el pan, -comencéle á adorar (no osando recibirle), contélos, si á dicha el -lacerado se errara; y hallé su cuenta mas verdadera que yo quisiera. Lo -mas que yo pude hacer, fue dar en ellos mil besos: y lo mas delicado -que yo pude, del partido partí un poco al pelo que él estaba, y con -aquel pasé aquel dia, no tan alegre como el pasado. - -Mas como la hambre creciese, mayormente que tenia el estómago hecho -á mas pan aquellos dos ó tres dias ya dichos, moria de mala muerte; -tanto que otra cosa no hacia en viéndome solo, sino abrir y cerrar el -arca y contemplar en aquella cara de Dios, que así dicen los niños. Mas -el mismo Dios que socorre á los afligidos, viéndome en tal estrecho, -trajo á mi memoria un pequeño remedio, que considerando entre mi, -dije: este arcon es viejo, grande y roto por algunas partes; aunque -con pequeños agujeros, puédese pensar que ratones entrando en él hacen -daño á este pan. Sacarlo enteramente, no es cosa conveniente, porque -verá la falta el que en tanta me hace vivir. Esto bien se sufre. Y -comienzo á desmigajar el pan sobre unos no muy costosos manteles que -allí estaban, tomo uno y dejo otro: de manera que en cada cual de tres -ó cuatro desmigajo su poco, y despues como quien toma grajea, lo comí -y algo me consolé. Mas él como viniese á comer y abriese el arca, vió -el mal pesar, y sin duda creyó ser ratones los que el daño habian -hecho, porque estaba muy al propio contrahecho de como ellos le suelen -hacer. Miró toda el arca de un cabo á otro, y vióla ciertos agujeros -por do sospechaba habian entrado, llamóme diciendo: Lázaro, mira que -persecucion ha venido aquesta noche por nuestro pan. Yo híceme muy -maravillado, preguntándole qué seria. ¿Qué ha de ser? dijo él; ratones -que no dejan cosa á vida. Pusímonos á comer, y quiso Dios que aun en -esto me fue bien; que me cupo mas pan que la laceria que me solia dar, -porque rayó con un cuchillo todo lo que pensó ser ratonado, diciendo: -cómete eso, que el raton cosa limpia es. Y así aquel dia añadiendo -la racion del trabajo de mis manos ó de mis uñas, por mejor decir, -acabamos de comer, aunque yo nunca empezaba. Y luego me vino otro -sobresalto, que fue verle andar solícito, quitando clavos de paredes -y buscando tablillas, con las cuales clavó y cerró todos los agujeros -de la vieja arca. ¿O señor mio? dije yo entonces; ¡á cuánta miseria, -fortuna y desastres estamos expuestos los nacidos! ¡y cuán poco duran -los placeres de esta nuestra trabajosa vida! Heme aquí, que pensaba, -con este pobre y triste remedio remediar y pasar mi laceria, y estaba -ya cuanto que alegre y de buena aventura. Mas no quiso mi desdicha, -despertando á este lazaredo de mi amo, y poniéndole mas diligencia de -la que él de suyo se tenia (pues los míseros por la mayor parte nunca -de aquella carecen), ahora cerrando los agujeros del arca, cerrase la -puerta á mi consuelo y la abriese á mis trabajos. - -Así lamentaba yo en tanto que mi solícito carpintero con muchos clavos -y tablillas dió fin á sus obras, diciendo: ahora, dueños traidores -ratones, os conviene mudar propósito que en esta casa mala medra teneis. - -De que salió de su casa, voy á ver la obra, y hallé que no dejó en -la triste y vieja arca agujero ni aun por donde pudiese entrar un -mosquito. Abro con mi desaprovechada llave, sin esperanza de sacar -provecho; y vi los dos ó tres panes comenzados, los que mi amo creyó -ser ratonados; y de ellos todavía saqué alguna laceria, tocándolos muy -lijeramente á uso de esgrimidor diestro. - -Como la necesidad sea tan gran maestra, viéndome con tanta hambre, -noche y dia estaba pensando la manera que tenia para sustentar el -vivir: y pienso para hallar estos negros remedios que me era luz la -hambre, pues dicen que el ingenio con ella se avisa, y al contrario -con la hartura; y así era por cierto en mi. Pues estando una noche -desvelado en este pensamiento, pensando como me podria valer y -aprovechar del arca, sentí que mi amo dormia, porque lo mostraba con -roncar y en unos resoplidos grandes que daba cuando estaba durmiendo. -Levantéme muy quedito, y habiendo en el dia pensado lo que habia de -hacer, y dejado un cuchillo viejo que por allí andaba en parte do le -hallase, voyme á la triste arca, y por do habia mirado tener menos -defensa, la acometí con el cuchillo, que á manera de barreno de él usé: -y como la antiquísima arca, por ser de tantos años, la hallase sin -fuerza y corazon, antes muy blanda y carcomida, luego se me rindió, y -consintió en su costado por mi remedio un buen agujero. Esto hecho, -abro muy paso la llagada arca, y al tiento de pan que hallé partido, -hice segun de suso está escrito. Y con aquello algun tanto consolado, -tornando á cerrar me volví á mis pajas, en las cuales reposé y dormí un -poco, lo cual yo hacia mal, y echábalo al no comer: y así seria, porque -cierto en aquel tiempo no me debian de quitar el sueño los cuidados del -rey de Francia. - -Otro dia fue por el señor mi amo visto el daño, así del pan como del -agujero que yo habia hecho, y comenzó á dar al diablo los ratones y -decir: ¿qué diremos á esto? nunca haber sentido ratones en esta casa -sino ahora. Y sin duda debia de decir verdad, porque si casa habia de -haber en el reino justamente de ellos privilegiada, aquella de razon -habia de ser, porque no suelen morar donde no hay que comer. Torna á -buscar clavos por la casa y por las paredes, y tablillas para taparlos. -Venida la noche y su reposo, luego era puesto en pie con mi aparejo, y -cuantos él tapaba de dia, destapaba yo de noche. - -En tal manera fue, y tal priesa nos dimos, que sin duda por esto se -debió de decir: donde una puerta se cierra, otra se abre. Finalmente -parecíamos tener á destajo la tela de Penélope, pues cuanto él tejia -de dia, rompia yo la noche. Y en pocos dias y noches pusimos la pobre -dispensa de tal forma, que quien quisiera propiamente de ella hablar, -mas coraza vieja de otro tiempo que no arca la llamara, segun la -clavazon y tachuelas que sobre sí tenia. De que vió no aprovecharle -nada su remedio, dijo: esta arca está tan maltratada, y es de madera -tan vieja y flaca, que no habrá raton de quien se defienda, y va ya tal -que si andamos mas con ella, nos dejará sin guarda; y aun lo peor es, -que aunque hace poca, todavía hará falta faltando, y me pondrá en costa -de otros tres ó cuatro reales. El mejor remedio que hallo, pues el de -hasta aquí no aprovecha, es armar por dentro á estos ratones malditos. -Luego buscó prestada una ratonera, y con cortezas de queso que á los -vecinos pedia, continuo el gato estaba armado dentro del arca: lo -cual era para mi singular ausilio, porque puesto el caso que yo no -habia menester muchas salsas para comer, todavía me holgaba con las -cortezas de queso que de la ratonera sacaba, y sin esto no perdonaba -el ratonar del bodigo. Como hallase el pan ratonado y el queso comido, -y no cayese el raton que lo comia, dábase al diablo y preguntaba á los -vecinos que podria ser, comer el queso y sacarlo de la ratonera, y no -caer ni quedar dentro el raton, y hallar caida la trampilla del gato. -Acordaron los vecinos no ser el raton el que este daño hacia, porque no -podria menos de haber caido alguna vez. Díjole un vecino: en nuestra -casa yo me acuerdo que solia andar una culebra, y esta debe de ser -sin duda; y lleva razon, que como es larga, tiene lugar de tomar el -cebo; y aunque la coja la trampilla encima, como no entre toda dentro, -tórnase á salir. Cuadró á todos lo que aquel dijo, y alteró mucho á mi -amo; y de allí en adelante no dormia tan á sueño suelto, que cualquier -gusano de la madera que de noche sonase, pensaba ser la culebra que -le roia el arca. Luego era puesto en pie, y con un garrote que á la -cabecera (desde que aquello le dijeron) ponia, daba en la pecadora del -arca grandes garrotazos, pensando espantar la culebra. Á los vecinos -despertaba con el estruendo que hacia, y á mi no dejaba dormir. Íbase á -mis pajas y trastornábalas y á mi con ellas, pensando que se iba para -mi, y se envolvia en mis pajas ó en mi sayo, porque le decian que de -noche acaecia á estos animales buscando calor irse á las cunas donde -están criaturas, y aun morderlas y hacerlas peligrar. Yo las mas veces -hacia del dormido, y en la mañana decíame él: ¿esta noche, mozo, no -sentiste nada? pues tras la culebra anduve, y aun pienso se ha de ir -para ti á la cama, que son muy frias y buscan calor. Plegue á Dios que -no me muerda, decia yo, que harto miedo la tengo. De esta manera andaba -tan elevado y levantado del sueño, que la culebra, ó el culebro por -mejor decir, no osaba roer de noche ni levantarse al arca: mas de dia -mientras estaba en la iglesia ó por el lugar, hacia mis saltos. - -Los cuales daños viendo él, y el poco remedio que les podia poner, -andaba de noche, como digo, hecho trasgo. Yo hube miedo que con -aquellas diligencias no me topase con la llave que debajo de las pajas -tenia, y parecióme lo mas seguro meterla de noche en la boca, porque ya -desde que viví con el ciego, la tenia tan hecha bolsa, que me acaeció -tener en ella doce ó quince maravedís todo en medias blancas, sin que -me estorbase el comer; porque de otra manera no era señor de una blanca -que el maldito ciego no cayese con ella, no dejando costura ni remedio -que no me buscaba muy á menudo. Pues así como digo, metia cada noche la -llave en la boca, y dormia sin recelo que el brujo de mi amo cayese con -ella. - -Quisieron mis hados, ó por mejor decir, mis pecados, que una noche -que estaba durmiendo, la llave se me puso en la boca, que abierta -debia tener, de tal manera y postura, que el aire y resoplo que ya -durmiendo echaba, salia por lo hueco de la llave que de cañuto era, -y silbaba (segun mi desastre quiso) muy recio: de tal manera que el -sobresaltado de mi amo lo oyó, y creyó sin duda ser el silbo de la -culebra; y cierto lo debia parecer. Levantóse muy paso con su garrote -en la mano, y al tiento y sonido de la culebra se llegó á mi con mucha -quietud, por no ser sentido de la culebra; y como cerca se vió, pensó -que allí en las pajas do yo estaba echado, al calor mio se habia -venido. Levantando bien el palo, pensando tenerla debajo, y darle tal -garrotazo que la matase, con toda su fuerza me descarga en la cabeza -tan gran golpe, que sin ningun sentido y muy mal descalabrado me dejó. -Como sintió que me habia dado, segun yo debia hacer gran sentimiento -con el fiero golpe; contaba él que se habia llegado á mi, y dándome -grandes voces y llamándome procuró recordarme. Mas como me tocase con -las manos, tentó la mucha sangre que se me iba, y conoció el daño que -me habia hecho; y con mucha priesa fue á buscar lumbre; y llegando con -ella, hallóme quejando, todavía con mi llave en la boca, que nunca la -desamparé, la mitad fuera, bien que de aquella manera que debia estar -al tiempo que silbaba con ella. Espantado el matador de culebras que -podria ser aquella llave, miróla sacándomela del todo de la boca, y -vió lo que era, porque en las guardas nada de la suya diferenciaba. -Fue luego á probarla, y con ella probó el maleficio. Debió de decir el -cruel cazador: el raton y culebra que me daban guerra y me comian mi -hacienda, he hallado. - -De lo que sucedió en aquellos tres dias siguientes ninguna seña daré, -porque los tuve en el vientre de la ballena; mas esto que he contado, -oí (despues que en mi torné) decir á mi amo, el cual á cuantos allí -venian, lo contaba por extenso. Al cabo de tres dias, yo torné en mi -sentido, y vime echado en mis pajas, la cabeza toda emplastada, y llena -de aceites y ungüentos, y espantado dije: ¿qué es esto? Respondióme el -cruel sacerdote: á fe que los ratones y culebras que me destruían, ya -los he cazado. Y miré por mi, y vime tan maltratado que luego sospeché -mi mal. Á esta hora entró una vieja que ensalmaba y los vecinos, y -comiénzanme á quitar trapos de la cabeza y curar el garrotazo; y como -me hallaron vuelto en mi sentido, holgáronse mucho, y dijeron: pues -ha tornado en su acuerdo, placerá á Dios no será nada. Tornaron de -nuevo á contar mis cuitas y á reirlas, y yo pecador á llorarlas. Con -todo esto diéronme de comer que estaba transido de hambre, y apenas me -pudieron remediar: y así de poco en poco á los quince dias me levanté y -estuve sin peligro, mas no sin hambre y medio sano. Luego otro dia que -fuí levantado, el señor mi amo me tomó por la mano y sacóme la puerta -fuera, y puesto en la calle díjome: Lázaro, de hoy mas eres tuyo y no -mio; busca amo y vete con Dios, que yo no quiero en mi compañía tan -diligente servidor. No es posible sino que hayas sido mozo de ciego, -y santiguándose de mi, como si yo estuviera endemoniado, se volvió á -meter en casa y cerrar su puerta. - - - - - Como Lázaro se asentó con un escudero, - y de lo que le acaeció con él. - - -De esta manera me fue forzado sacar fuerzas de flaqueza, y poco á poco -con ayuda de las buenas gentes di conmigo en esta insigne ciudad de -Toledo, en donde, con la merced de Dios de allí á quince dias se me -cerró la herida. - -Mientras estaba malo, siempre me daban alguna limosna, mas despues que -estuve sano, todos me decian: tu bellaco y gallofero eres; busca, busca -un amo á quien sirvas. ¿Y adónde se hallará ese, decia yo entre mi, si -Dios ahora de nuevo, como crió el mundo, no le criase? - -Andando así discurriendo de puerta en puerta con harto poco remedio -(porque ya la caridad se subió al cielo), topé con un escudero que iba -por la calle con razonable vestido, bien peinado, su paso y compás en -órden. Miróme, y yo á él, y díjome: ¿muchacho, buscas amo? yo le dije: -si señor. Pues vente tras mi, me respondió, que Dios te ha hecho merced -en topar conmigo: alguna buena oracion rezaste hoy. Yo seguíle dando -gracias á Dios por lo que oí, y tambien que me parecia segun su hábito -y continente ser el que yo habia menester. Era de mañana cuando este mi -tercero amo topé, y llevóme tras sí gran parte de la ciudad. Pasamos -por las plazas do se vendian pan y otras provisiones, y yo pensaba y -aun deseaba que allí me cargase de lo que se vendia, porque esta era -propia hora cuando se suele proveer de lo necesario: mas muy á tendido -paso pasaba por estas cosas. Por ventura no lo ve aquí á su contento, -decia yo, y querrá que lo compremos en otro cabo. - -De esta manera anduvimos, hasta que dieron las once: entonces se entró -en la Iglesia mayor y yo tras él, y muy devotamente le vi oir misa -y los otros oficios divinos, hasta que todo fue acabado; y la gente -ida, entonces salimos de la iglesia, y á buen paso tendido comenzamos -á ir por una calle abajo. Yo iba el mas alegre del mundo en ver que -no nos habíamos ocupado en buscar de comer: bien consideré que debia -ser hombre mi nuevo amo que se proveía en junto, y que ya la comida -estaria á punto, y tal como deseaba y aun la habia menester. En este -tiempo dió el reloj la una despues del mediodia, y llegamos á una casa -ante la cual mi amo se paró y yo con él; y derribando el cabo de la -capa sobre el lado izquierdo, sacó una llave de la manga y abrió su -puerta. Entramos en casa, la cual tenia la entrada obscura y lóbrega, -de tal manera que parecia que ponia temor á los que en ella entraban, -aunque dentro de ella estaba un patio pequeño y razonables cámaras. De -que fuímos entrados, quita de sobre sí su capa, y preguntando si tenia -las manos limpias, la sacudimos y doblamos, y muy limpiamente soplando -un poyo que allí estaba, la puso en él. Hecho esto, sentóse cabo de -ella, preguntándome muy por extenso de donde era, y como habia venido -á aquella ciudad: y yo le di mas larga cuenta que quisiera, porque me -parecia mas conveniente hora de mandar poner la mesa y escudillar la -olla, que de lo que me pedia. Esto hecho, estuvo así un poco, y yo -luego vi mala señal, por ser ya casi las dos, y no verle mas aliento de -comer que á un muerto. Despues de esto consideraba aquel tener cerrada -la puerta con llave, ni sentir arriba ni abajo pasos de viva persona -por la casa. Todo lo que habia visto eran paredes, sin ver en ella -silleta ni tajo, ni banco, ni mesa, ni aun tal arca como el de marras. -Finalmente ella parecia casa encantada. - -Estando así díjome: ¿tú mozo has comido? No señor, dije yo, que aun no -eran dadas las ocho, cuando con vuestra merced encontré. - -Pues aunque de mañana, dijo él, yo habia almorzado, y cuando así como -algo, hágote saber que hasta la noche me estoy así: por eso pásate como -pudieres, que despues cenaremos. - -Vuestra merced crea, cuando esto le oí, que estuve en poco de caer -de mi estado, no tanto de hambre, como por conocer de todo en todo -la fortuna serme adversa. Allí se me representaron de nuevo mis -fatigas, y torné á llorar mis trabajos. Allí se me vino á la memoria -la consideracion que hacia cuando me pensaba ir del clérigo, diciendo -que aunque aquel era desventurado y mísero, por ventura toparia con -otro peor. Finalmente allí lloré mi trabajosa vida pasada, y mi cercana -muerte venidera; y con todo, disimulando lo mejor que pude, le dije: -señor, mozo soy que no me fatigo mucho por comer, bendito Dios. De eso -me podré yo alabar entre todos mis iguales por de mejor garganta, y así -fuí yo loado de ella hasta hoy dia de los amos que yo he tenido. Virtud -es esa, dijo él; y por eso te querré yo mas, porque el hartarse es de -los puercos, y el comer regaladamente es de los hombres de bien. Bien -te he entendido, dije yo entre mi: maldita tanta medicina y bondad como -aquestos mis amos que yo hallo, hallan en la hambre. - -Púsome á un cabo del portal, y saqué unos pedazos de pan del seno, que -me habian quedado de los de por Dios. Él, que vió esto, díjome, ven -acá, mozo, ¿qué comes? Yo lleguéme á él, y mostréle el pan. Tomóme él -un pedazo de tres que eran, el mejor y mas grande, y díjome por mi vida -que parece este buen pan. Y como ahora, dije yo, ¡señor, es bueno! Sí -á fe, dijo él: ¿adónde le hubiste? si es amasado de manos limpias. No -sé yo eso, le dije, mas á mi no me pone asco el sabor de ello. Así -plegue á Dios, dijo el pobre de mi amo; y llevándole á la boca, comenzó -á dar en él tan fieros bocados, como yo en el otro. Sabrosísimo pan -está, dijo, por Dios. Y como le sentí de que pie cojeaba, dime priesa, -porque le vi en disposicion que si acababa antes que yo, se comediria á -ayudarme á lo que me quedase; y con esto acabamos casi á una. Comenzó á -sacudir con las manos unas pocas de migajas y bien menudas, que en los -pechos se le habian quedado, y entró en una camareta que allí estaba, -y sacó un jarro desbocado y no muy nuevo; y despues que hubo bebido, -convidóme con él. Yo por hacer del continente, dije: señor, no bebo -vino. Agua es, me respondió, bien puedes beber. Entonces tomé el jarro -y bebí no mucho, porque de sed no era mi congoja. - -Así estuvimos hasta la noche, hablando en cosas que me preguntaba, á -las cuales yo le respondí lo mejor que supe. En este tiempo metióme en -la cámara donde estaba el jarro de que bebimos, y díjome: mozo, párate -allí, y verás como hacemos esta cama, para que la sepas hacer de aquí -adelante. Púseme de un cabo y él del otro, é hicimos la negra cama, en -la cual no habia mucho que hacer; porque ella tenia sobre unos bancos -un cañizo, sobre el cual estaba tendida la ropa, que por no estar -muy continuada á lavar, no parecia colchon, aunque servia de él con -harta menos lana que era menester. Aquel tendimos haciendo cuenta de -ablandarle, lo cual era imposible, porque de lo duro mal se puede hacer -blando. El diablo del enjalma maldita la cosa tenia dentro de sí, que -puesto sobre el cañizo, todas las cañas se señalaban y parecian á lo -propio entrecuesto de flaquísimo puerco. Sobre aquel hambriento colchon -pusimos un cobertor del mismo jaez, del cual el color yo no pude -alcanzar. - -Hecha la cama y la noche venida, díjome: Lázaro, ya es tarde, de aquí -á la plaza hay un gran trecho: tambien en esta ciudad andan muchos -ladrones, que siendo de noche capean, pasemos como podamos, y mañana -viniendo el dia, Dios hará merced; porque yo por estar solo no estoy -proveido, antes he comido estos dias por allí fuera; mas ahora hacerlo -hemos de otra manera. Señor, de mi, dije yo, ninguna pena tenga vuestra -merced, que bien sé pasar una noche y aun mas, si es menester, sin -comer. Vivirás mas sano, me respondió; porque, como decíamos hoy, no -hay tal cosa en el mundo para vivir mucho que comer poco. Si por esa -via es, dije entre mi, nunca yo moriré, que siempre he guardado esa -regla por fuerza, y aun espero en mi desdicha tenerla toda mi vida. - -Acostóse en la cama, poniendo por cabezera las calzas y el jubon, y -mandóme echar á sus pies; lo cual yo hice; mas maldito el sueño que yo -dormí, porque las cañas y mis salidos huesos en toda la noche dejaron -de risar y encenderse, que con mis trabajos, males y hambre, pienso -que en mi cuerpo no habia libra de carne: y tambien como aquel dia no -habia comido casi nada, rabiaba de hambre, la cual con el sueño no -tenia amistad. Maldíjeme mil veces (Dios me lo perdone) y á mi ruin -fortuna allí lo mas de la noche; y lo peor, no osándome revolver por no -despertarle, pedia á Dios muchas veces la muerte. - -La mañana venida levantámonos, y comienza á limpiar y sacudir sus -calzas y jubon, sayo y capa, y yo que le servia de pelillo, y vísteseme -muy á su placer despacio, echéle aguamanos. Peinóse, y púsose su espada -en el talabarte, y al tiempo que la ponia, díjome, ¡ó si supieses, -mozo, que pieza es esta! no hay marco de oro en el mundo por el que yo -la diese: mas así ninguna de cuantas Antonio hizo, no acertó á ponerle -los aceros tan prestos como esta los tiene: y sacóla de la vaina, y -tentóla con los dedos, diciendo, vesla aquí, yo me obligo con ella á -cercenar un copo de lana. Y yo, dije entre mí, con mis dientes, aunque -no son de acero, un pan de cuatro libras. - -Tornóla á meter y ciñósela, y un sartal de cuentas gruesas del -talabarte, y con un paso sosegado y el cuerpo derecho, haciendo con él -y con la cabeza gentiles meneos, echando el cabo de la capa sobre el -hombro y á veces so el brazo, y poniendo la mano derecha en el costado, -salió por la puerta, diciendo: Lázaro, mira por la casa en tanto que -voy á oir misa, y haz la cama, y vé por la vasija de agua al rio que -aquí bajo está, y cierra la puerta con llave, no nos hurten algo, y -ponla aquí al quicio, porque si yo viniere en tanto, pueda entrar. -Y súbese por la calle arriba con tan gentil semblante y continente, -que quien no le conociera, pensara ser muy cercano pariente al Conde -de Arcos, ó á lo menos camarero que le daba de vestir. ¿Á quién no -engañara aquella buena disposicion y razonable capa y sayo? ¿y quién -pensará que aquel gentil hombre se pasó ayer todo el dia con aquel -mendrugo de pan, que su criado Lázaro trajo un dia y noche en el arca -de su seno, do no se le podia pegar mucha limpieza? ¿y hoy lavándose -las manos y cara, á falta de paño de manos, se hacia servir de la -halda del sayo? nadie por cierto lo sospechara. ¡O señor, y cuántos de -aquestos debeis vos tener por el mundo derramados, que padecen por la -negra que llaman honra lo que por vos no sufririan! - -Así estaba yo á la puerta, mirando y considerando estas cosas, hasta -que el señor mi amo traspuso la larga y angosta calle. Tornéme á entrar -en casa, y en un _credo_ la anduve toda alto y bajo sin hacer represa -ni hallar en qué. - -Hago la negra y dura cama, y tomo el jarro y doy conmigo en el rio, -donde en una huerta vi á mi amo en gran requesta con dos rebozadas -mujeres, al parecer de las que en aquel lugar no hacen falta; antes -muchas tienen por estilo de irse á las mañanicas del verano á refrescar -y almorzar, sin llevar qué, por aquellas frescas riberas, con confianza -que no ha de faltar quien se lo dé, segun las tienen puestas en esta -costumbre aquellos hidalgos de lugar. Y como digo, él estaba entre -ellas hecho un Macías, diciéndoles mas dulzuras que Ovidio escribió. -Pero como sintieron de él que estaba bien enternecido, no se les -hizo de vergüenza pedirle de almorzar con el acostumbrado pago. Él, -sintiéndose tan frio de bolsa cuanto caliente del estómago, tomóle -tal calofrío que le robó la color del gesto, y comenzó á turbarse en -la plática, y á poner excusas no válidas. Ellas que debian ser bien -instituidas, como le sintieron la enfermedad, dejáronle para el que -era. Yo que estaba comiendo ciertos tronchos de berzas, con los cuales -me desayuné con mucha diligencia como mozo nuevo, sin ser visto de mi -amo, torné á casa, de la cual pensé barrer alguna parte que bien era -menester, mas no hallé con qué. - -Púseme á pensar que haria, y parecióme esperar á mi amo hasta que el -dia demediase, y si viniese y por ventura trajese algo que comiésemos; -mas en vano fue mi esperanza. Desde que vi ser las dos y no venia, y -la hambre me aquejaba, cierro la puerta y pongo la llave do mandó y -tórnome á mi menester con baja y enferma voz; é inclinadas mis manos en -los senos, puesto Dios ante mis ojos y la lengua en su nombre, comienzo -á pedir pan por las puertas y casas mas grandes que me parecia. Mas -como yo este oficio le hubiese mamado en leche, quiero decir que con el -gran maestro el ciego le aprendí, tan suficiente discípulo salí, que -aunque en este pueblo no habia caridad, ni el año fuese muy abundante, -tan buena maña me di, que antes que el reloj diese las cuatro, ya yo -tenia otras tantas libras de pan enfiladas en el cuerpo, y mas de -otras dos en las mangas y senos. Volvíme á la posada, y al pasar por -la tripería, pedí á una de aquellas mujeres, y dióme un pedazo de uña -de vaca con otras pocas de tripas cocidas. Cuando llegué á casa, ya el -bueno de mi amo estaba en ella, doblada su capa y puesta en el poyo, -y él paseándose por el patio. Como entré, vínose para mi, y pensé que -me queria reñir la tardanza; mas mejor lo hizo Dios. Preguntóme de -do venia; yo le dije: señor, hasta que dieron las dos, estuve aquí; -y desde que vi que vuestra merced no venia, fuíme por esa ciudad á -encomendarme á las buenas gentes, y hanme dado esto que veis. Mostréle -el pan y las tripas que en un cabo de la halda traía. Á lo cual él -mostró buen semblante, y dijo: pues esperado te he á comer, y desde que -vi que no veniste, comí, mas tu haces como hombre de bien en eso, que -mas vale pedirlo por Dios que no hurtarlo, y así él me ayude como ello -me parece bien, y solamente te encomiendo no sepan que vives conmigo, -por lo que toca á mi honra; aunque bien creo que será secreto, segun -lo poco que en este pueblo soy conocido; nunca á él yo hubiera de -venir. De eso pierda, señor, cuidado, le dije yo; que maldito aquel -que ninguno tiene que pedirme esa cuenta, ni yo de darla. Ahora pues, -come pecador, dijo él, que si á Dios place, presto nos veremos sin -necesidad, aunque te digo que despues que en esta casa entré, nunca -bien me ha ido, debe de ser de mal suelo, que hay casas desdichadas y -de mal pie, que á los que viven en ellas pegan la desdicha. Esta debe -de ser sin duda de ellas; mas yo te prometo, acabado el mes, no quede -en ella, aunque me la den por mia. - -Sentéme al cabo del poyo, y porque no me tuviese por gloton, callé -la merienda, y comienzo á cenar y morder en mis tripas y pan. -Disimuladamente miraba al desventurado señor mio, que no partia sus -ojos de mis faldas, que á aquella sazon servian de plato. Tanta lástima -haya Dios de mi, como yo habia de él, porque sentí lo que sentia, y -muchas veces habia por ello pasado, y pasaba cada dia. Pensaba si -seria bien convidarle, mas por haberme dicho que habia comido, temíame -no acetaria el convite. Finalmente yo deseaba que el pecador ayudase -á su trabajo del mio y se desayunase, como el dia antes hizo; pues -habia mejor aparejo, por ser mejor la vianda y menos mi hambre. Quiso -Dios cumplir mi deseo, y aun pienso que el suyo, porque como comencé á -comer, él se andaba paseando. Llegóse á mí, y díjome, dígote, Lázaro -que tienes en comer la mejor gracia que en mi vida vi á hombre, y que -nadie te lo ve hacer, que no le pongas gana, aunque no la tenga. La muy -buena que tu tienes (dije yo entre mi) te hace parecer la mia hermosa. -Con todo parecióme ayudarle, pues se ayudaba y me abria camino para -ello, y díjele; señor, el buen aparejo hace buen artífice. Este pan -está sabrosísimo, y esta uña de vaca está tan bien cocida y sazonada, -que no habrá á quien no convide con su sabor. ¿Uña de vaca es? preguntó -él. Si señor, le dije yo. Dígote, dijo él, que es el mejor bocado del -mundo, y que no hay faisan que así me sepa. Pues pruebe, señor, dije -yo, y verá que tal está. Póngole en las uñas la otra y tres ó cuatro -raciones de pan de lo mas blanco. Asentóseme al lado, y comienza á -comer, como aquel que lo habia ganado, royendo cada huesecillo de -aquellos mejor que un galgo suyo lo hiciera. - -Con almodrote, decia, es este singular manjar. Con mejor salsa lo comes -tu, respondí yo paso. Por Dios, dijo él, que me ha sabido, como si no -hubiera hoy comido bocado. Así me vengan los buenos años como es ello, -dije yo entre mi. Pidióme el jarro del agua, y díselo como lo habia -traido. Es señal, que pues no le faltaba el agua, que le habia á mi amo -sobrado la comida. Bebimos, y muy contentos nos fuímos á dormir, como -la noche pasada. Y por evitar prolijidad, de esta manera estuvimos ocho -ó diez dias, yéndose el pecador en la mañana con aquel contento y paso -contado á papar aire por las calles, teniendo en el pobre Lázaro una -cabeza de lobo. - -Contemplaba yo muchas veces mi desastre, que escapando de los amos -ruines que habia tenido, y buscando mejoría, viniese á topar con quien -no solo no me mantuviese, mas á quien yo habia de mantener. - -Con todo le queria bien, con ver que no tenia ni podia mas, y antes le -habia lástima que enemistad: y muchas veces, por llevar á la posada con -que él lo pasase, yo lo pasaba mal: porque una mañana levantándose el -triste en camisa, subió á lo alto de la casa á hacer sus menesteres, -y en tanto yo por salir de sospecha desenvolvíle el jupo y las calzas -que á la cabecera dejó, y hallé una bolsilla de terciopelo raso, -hecha cien dobleces, y sin maldita la blanca ni señal que la hubiese -tenido mucho tiempo. Este, decia yo, es pobre, y nadie da lo que no -tiene: mas el avariento ciego y el malaventurado mezquino clérigo, que -con dárselo Dios á ambos, al uno de mano besada, y al otro de lengua -suelta, me mataban de hambre. Aquellos es justo desamar, y aqueste es -de haber mancilla. Dios me es testigo, que hoy dia cuando topo con -alguno de su hábito con aquel paso y pompa, le he lástima, con pensar -si padece lo que á aquel le vi sufrir, al cual con toda su pobreza -holgaria de servir mas que á los otros, por lo que he dicho. Solo tenia -de él un poco de descontento; que quisiera yo que no tuviera tanta -presuncion, mas que abajara un poco su fantasía con lo mucho que subia -su necesidad. Mas segun me parece, es regla ya entre ellos usada y -guardada, que aunque no haya cornado de trueco, ha de andar el birrete -en su lugar: el Señor lo remedie, que ya con este mal han de morir. - -Pues estando yo en tal estado pasando la vida que digo, quiso mi mala -fortuna que de perseguirme no era satisfecha, que en aquella trabajada -y vergonzosa vivienda no durase. Y fue, como aquel año esta tierra -fuese estéril de pan, acordó el Ayuntamiento, que todos los pobres -extranjeros se fuesen de la ciudad; con pregon, que el que de allí -adelante topasen, fuese punido con azotes. Y así ejecutando la ley, -desde á cuatro dias que el pregon se dió, vi llevar una procesion -de pobres azotando por las cuatro calles: lo cual me puso tan gran -espanto, que nunca osé desmandarme á demandar. Aquí viera, quien verlo -pudiera, la abstinencia de mi casa, la tristeza y silencio de los -moradores de ella; tanto que nos acaeció estar dos ó tres dias sin -comer bocado ni hablar palabra. Á mi diéronme la vida unas mujercillas -hilanderas de algodon, que hacian botones y vivian á par de nosotros, -con las cuales yo tuve vecindad y conocimiento; que la laceria que les -traían, me daban alguna cosilla, con la cual muy pasado me pasaba. - -Y no tenia tanta lástima de mi como del lastimado de mi amo, que en -ocho dias maldito el bocado que comió; á lo menos en casa bien los -estuvimos sin comer: no sé yo como ó donde andaba, y que comia; y verle -venir á mediodia la calle abajo, con estirado cuerpo mas largo que -galgo de buena casta; y por lo que tocaba á su negra que dicen honra, -tomaba una paja de las que aun asaz no habia en casa, y salia á la -puerta escarbando los que nada entre sí tenian, quejándose todavía de -aquel mal solar, diciendo: malo está de ver, que la desdicha de esta -vivienda lo hace. Como ves, es lóbrega, triste y obscura, mientras aquí -estuviéremos, hemos de padecer; ya deseo se acabe este mes por salir de -ella. - -Pues estando en esta afligida y hambrienta persecucion, un dia, no sé -por cual dicha ó ventura, en el poder de mi amo entró un real, con el -cual vino á casa tan ufano, como si tuviera el tesoro de Venecia, y -con gesto muy alegre y risueño me lo dió diciendo; toma, Lázaro, que -Dios ya va abriendo su mano: vé á la plaza, y merca pan, vino y carne; -quebremos el ojo al diablo. Y mas te hago saber, porque te huelgues, -que he alquilado otra casa, y en esta desastrada no hemos de estar mas -en cumpliendo el mes. Maldita sea ella y el que en ella puso la primera -teja, que con mal en ella entré. Por nuestro Señor, cuanto ha que en -ella vivo, gota de vino ni bocado de carne no he comido, ni he habido -descanso ninguno, mas tal vista tiene, y tal obscuridad y tristeza. Vé -y ven presto, y comamos hoy como condes. Tomo mi real y jarro, y á los -pies dándoles priesa, comienzo á subir mi calle, encaminando mis pasos -para la plaza muy contento y alegre. Mas ¿qué me aprovecha, si está -constituido en mi triste fortuna, que ningun gozo me venga sin zozobra? -Y así fue este, porque yendo la calle arriba, echando mi cuenta en lo -que le emplearia que fuese mejor y mas provechosamente gastado, dando -infinitas gracias á Dios que á mi amo habia hecho con dinero, á deshora -me vino al encuentro un muerto, que por la calle abajo muchos clérigos, -y gente en unas andas traían. Arriméme á la pared por darles lugar, y -así que el cuerpo pasó, venia luego á par del féretro una que debia ser -la mujer del difunto, cargada de luto y con ella otras muchas mujeres; -la cual iba llorando á grandes voces, y diciendo: ¡marido y señor mio, -adónde me os llevan! ¡á la casa triste y desdichada, á la casa lóbrega -y obscura, á la casa donde nunca comen ni beben! Yo que aquello oí, -juntóseme el cielo con la tierra, y dije: ¡ó desdichado de mi! para mi -casa llevan este muerto. - -Dejo el camino que llevaba, y hendí por medio de la gente, y vuelvo por -la calle abajo á todo el mas correr que pude para mi casa; y entrando -en ella, cierro á grande priesa, invocando el ausilio y favor de mi -amo, abrazándome de él, que me venga á ayudar y á defender la entrada. -El cual algo alterado, pensando que fuese otra cosa, me dijo: ¿qué es -eso, mozo? ¿qué voces das? ¿qué has, porqué cierras la puerta con tal -furia? O señor, dije yo, acuda aquí, que nos traen acá un muerto. ¿Cómo -así, respondió él? Aquí arriba le encontré, dije yo, y venia diciendo -su mujer: ¡marido y señor mio, adónde os llevan! ¡á la casa lóbrega y -obscura, á la casa triste y desdichada, á la casa donde nunca comen ni -beben! acá, señor, nos le traen. Y ciertamente cuando mi amo esto oyó, -aunque no tenia porque estar muy risueño, rió tanto, que muy gran rato -estuvo sin poder hablar. En este tiempo tenia ya yo echada el aldaba á -la puerta, y puesto el hombro en ella por mas defensa. Pasó la gente -con su muerto, y yo todavía me recelaba que nos le habian de meter en -casa. Y luego que fue ya mas harto de reir que de comer, el bueno de mi -amo díjome: verdad es, Lázaro, segun la viuda iba diciendo, tu tuviste -razon de pensar lo que pensaste; mas pues Dios lo ha hecho mejor y -pasan adelante, abre, abre, y ve por de comer. - -Dejadlos, señor, acaben de pasar la calle, dije yo. Al fin vino mi amo -á la puerta de la calle, y ábrela esforzándome; que bien era menester -segun el miedo y alteracion, y me tornó á encaminar. - -Mas aunque comimos bien aquel dia, maldito el gusto yo tomaba en ello, -ni en aquellos tres dias torné en mi color; y mi amo muy risueño todas -las veces que se acordaba de aquella mi consideracion. - -De esta manera estuve con mi tercero y pobre amo, que fue este -escudero, algunos dias, y en todos deseando saber la intencion de su -venida y estada en esta tierra, porque desde el primer dia que con él -asenté, le conocí ser extranjero por el poco conocimiento y trato que -con los naturales de ella tenia. Al cabo se cumplió mi deseo y supe -lo que deseaba; porque un dia que habíamos comido razonablemente y -estaba algo contento, contóme su historia, y díjome ser de Castilla la -Vieja, que habia dejado su tierra no mas de por no quitar el bonete á -un caballero, vecino suyo. Señor, dije yo, si él era lo que decis y -tenia mas que vos, no errábais en quitárselo primero, pues decis que -él tambien os lo quitaba. Si es, y si tiene, y tambien me le quitaba -él á mí; mas de cuantas veces yo se le quitaba primero, no fuera malo -comedirse él alguna y ganarme por la mano. Paréceme, señor, le dije -yo, que en eso no mirara, mayormente con mis mayores que yo, y que -tienen mas. Eres muchacho, me respondió, y no sientes las cosas de -la honra, en que el dia de hoy está todo el caudal de los hombres de -bien. Pues hágote saber, que yo soy, como ves, un escudero; mas vótote -á Dios, si al conde topo en la calle, y no me quita muy bien quitado -del todo el bonete, que otra vez que venga, me sepa yo entrar en una -casa, fingiendo yo en ella algun negocio, ó atravesar otra calle, si -la hay antes que llegue á mi, por no quitársele: que un hidalgo no -debe á otro que á Dios y al rey nada, ni es justo, siendo hombre de -bien, se descuide de un punto de tener en mucho su persona. Acuérdome -que un dia deshonré en mi tierra á un oficial, y quise poner en él las -manos, porque cada vez que le topaba, me decia: mantenga Dios á vuestra -merced. Vos, D. Villano Ruin, le dije yo, ¿porqué no sois bien criado? -manténgaos Dios, me habeis de decir, como si fuese quien quiera. De -allí adelante de aquí acullá me quitaba el bonete, y hablaba como -debia. ¿Y no es buena manera de saludar un hombre á otro, dije yo, -decirle que le mantenga Dios? Mira, mozo, dijo él, á los hombres de -poca arte dicen eso, mas á los mas altos como yo, no les han de hablar -menos de: beso las manos de vuestra merced: ó por lo menos, bésoos, -señor las manos, si el que me habla es caballero. Y así de aquel de mi -tierra que me atestaba de mantenimiento, nunca mas le quise sufrir, -ni sufriria á hombre del mundo del rey abajo, que manténgaos Dios, -me diga. Pecador de mi, dije yo, por eso tiene tan poco cuidado de -mantenerte, pues no sufre que nadie se lo ruegue. Mayormente, dijo, que -no soy tan pobre que no tenga en mi tierra un solar de casas, que á -estar ellas en pie y bien labradas, diez y seis leguas de donde nací, -en aquella costanilla de Valladolid, valdrian mas de doscientos mil -maravedís, segun se podrian hacer grandes y buenas. Y tengo un palomar -que á no estar derribado, como está, daria cada año mas de doscientos -palominos; y otras cosas que me callo, que dejé por lo que tocaba á mi -honra: y vine á esta ciudad, pensando que hallaria un buen asiento, mas -no me ha sucedido como pensé. Canónigos y señores de la iglesia muchos -hallo, mas es gente tan limitada, que no les sacará de su paso todo el -mundo. Caballeros de media talla tambien me ruegan, mas servir á estos -es gran trabajo, porque de hombre os habeis de convertir en malilla, -y sino anda con Dios, os dicen: y las mas veces son los pagamentos á -largos plazos, y las mas ciertas comido por servido. Ya cuando quieren -reformar conciencia, y satisfaceros vuestros sudores, sois librado -en la recámara en un sudado jubon, ó raida capa ó sayo. Ya cuando -asienta hombre con un señor de título, todavía pasa su laceria; ¿pues -por ventura no hay en mi habilidad para servir y contentar á estos? -Por Dios si con él topase, muy gran privado suyo pienso que fuese, y -que mil servicios le hiciese, porque yo sabria mentirle tan bien como -otro, y agradarle á las mil maravillas; reirle mucho sus donaires y -costumbres, aunque no fuesen las mejores del mundo: nunca decirle cosa -que le pesase, aunque mucho le cumpliese; ser muy diligente en su -persona en dicho y hecho; no matarme por no hacer bien las cosas que -él no habia de ver, y ponerme á reñir, donde él lo viese, con la gente -de su servicio, porque pareciese tener gran cuidado de lo que á él -tocaba; si riñese con alguno su criado, dar unos puntillos agudos para -encenderle la ira, y que pareciesen en favor del culpado; decirle bien -de lo que bien le estuviese, y por el contrario ser malicioso mofador; -hablar mal de los de casa y de los de fuera; pesquisar y procurar saber -vidas ajenas, para contárselas, y otras muchas galas de esta calidad, -que hoy dia se usan en palacio, y á los señores de él parecen bien, y -no quieren ver en sus casas hombres virtuosos; antes los aborrecen y -tienen en poco, y llaman necios, y que no son personas de negocios, ni -con quien el señor se puede descuidar. Y con estos los astutos usan, -como digo, el dia de hoy de lo que yo usaria; mas no quiere mi ventura -que le halle. - -De esta manera lamentaba tambien su adversa fortuna mi amo, dándome -relacion de su persona valerosa. Pues estando en esto, entró por la -puerta un hombre y una vieja; el hombre le pide el alquiler de la casa, -y la vieja el de la cama. Hacen cuenta, y de dos meses le alcanzaron lo -que él en un año no alcanzara: pienso que fueron doce ó trece reales. -Y él les dió muy buena respuesta, que saldria á la plaza á trocar una -pieza de á dos, y que á la tarde volviesen. Mas su salida fue sin -vuelta; por manera que á la tarde ellos volvieron, mas fue tarde: yo -les dije, que aun no era venido. - -Venida la mañana, los acreedores vuelven y preguntan por el vecino; -mas á estotra puerta. Las mujeres les responden: veis aquí su mozo, -y la llave de la puerta. Ellos me preguntaron por él, y díjeles que -no sabia adonde estaba, y que tampoco habia vuelto á casa, desde que -salió á trocar la pieza, y que pensaba que de mi y de ellos se habia -ido con el trueco. Luego que esto me oyeron, van por un alguacil y -un escribano, y he aquí que los dos vuelven luego con ellos, y toman -la llave y llámanme, y llaman testigos y abren la puerta, y entran -á embargar la hacienda de mi amo hasta ser pagados de su deuda. -Anduvieron toda la casa, y halláronla desembarazada como he contado, y -dícenme: ¿qué es de la hacienda de tu amo? ¿sus arcas y paños de pared, -y alhajas de casa? No sé yo eso, les respondí. Sin duda, dicen ellos, -esta noche lo deben de haber alzado y llevado á alguna parte. Señor -alguacil, prended á este mozo, que él sabe donde está. En esto vino el -alguacil, y echóme mano por el collar del jubon, diciéndome; muchacho, -tu eres preso, si no descubres los bienes de este amo tuyo. Yo como -en otra tal no me hubiese visto, porque asido del collar, sí, habia -sido muchas veces, mas era mansamente de él trabado, para que mostrase -el camino al que no veía; yo tuve mucho miedo, y llorando prometíle -decir lo que me preguntaban. Bien está, dicen ellos: pues dí lo que -sabes y no hayas temor. Sentóse el escribano en un poyo para escribir -el inventario, preguntándome que tenia. Señores, dije yo, lo que este -amo mio tiene, segun él me dijo, es un muy buen solar de casas, y un -palomar derribado. Bien está, dicen ellos. Por poco que eso valga, -hay para reintegrarnos de la deuda: ¿Y á qué parte de la ciudad tiene -eso, me preguntaron? En su tierra, les respondí. Por Dios que está -bueno el negocio, dijeron ellos, ¿y á dónde es su tierra? De Castilla -la Vieja me dijo que él era, les dije. Riéronse mucho el alguacil y -el escribano, diciendo: bastante relacion es esta para cobrar vuestra -deuda, aunque mejor fuese. Las vecinas que estaban presentes dijeron: -señores, este es un niño inocente, y ha pocos dias que está con ese -escudero, y no sabe de él mas que vuestras mercedes, sino cuanto el -pecadorcico se llega aquí á nuestra casa, y le damos de comer lo que -podemos por amor de Dios, y á la noche se va á dormir con él. - -Vista mi inocencia, dejáronme dándome por libre: y el alguacil y el -escribano piden al hombre y á la mujer sus derechos, sobre lo cual -tuvieron gran contienda y ruido; porque ellos alegaron no ser obligados -á pagar, pues no habia de qué, ni se hacia el embargo. Los otros -decian, que habian dejado de ir á otro negocio que les importaba mas -por venir á aquel. Finalmente despues de dadas muchas voces, al cabo -carga un porqueron con el viejo alfamar de la vieja, y aunque no iba -muy cargado, allá iban todos cinco dando voces: no sé en que paró. Creo -yo que el pecador alfamar pagara por todos; y bien se empleaba, pues -al tiempo que habia de reposar y descansar de los trabajos pasados, se -andaba alquilando. - -Así como he contado, me dejó mi pobre tercero amo, do acabé de conocer -mi ruin dicha: pues señalándose todo lo que podia contra mi, hacia -mis negocios tan al revés, que los amos que suelen ser dejados de los -mozos, en mí no fuese así, mas que mi amo me dejase y huyese de mi. - - - - - Como Lázaro se asentó con un fraile de la Merced, - y de lo que le acaeció con él. - - -Hube de buscar el cuarto, y este fue un fraile de la Merced, adonde las -mujercillas que digo me encaminaron, al cual ellas llamaban pariente: -gran enemigo del coro y de comer en el convento, perdido por andar -fuera, amicísimo de negocios seglares y visitas; tanto que pienso que -rompia él mas zapatos que todo el convento. Este me dió los primeros -zapatos que rompí en mi vida, mas no me duraron ocho dias, ni yo pude -con su trote durar mas. Y por esto y por otras cosillas que no digo, -salí de él. - - - - - Como Lázaro se asienta con un bulero, - y de las cosas que con él pasó. - - -En el quinto por mi ventura di, que fue un bulero, el mas desenvuelto, -y desvergonzado, y el mayor echador de ellas que jamás yo vi ni ver -espero, ni pienso, ni nadie vió: porque tenia y buscaba modos y -maneras, y muy sutiles invenciones. En entrando en los lugares do -habian de presentar la bula, primero presentaba á los clérigos ó curas -algunas cosillas no de mucho valor ni substancia. Una lechuga murciana, -si era por el tiempo; un par de limas ó naranjas, un melocoton, un par -de duraznos, ó á cada uno sus sendas peras verdiñales. Así procuraba -tenerlos propicios, porque favoreciesen su negocio y llamasen á sus -feligreses á tomar la bula, ofreciéndole á él las gracias. Informábase -de la suficiencia de ellos: si decian que entendian no hablaba palabra -en latin, por no dar tropezon: mas aprovechábase de un gentil y bien -cortado romance y desenvueltísima lengua. Y si sabia que los dichos -clérigos eran de los reverendos, digo, que mas con dineros que con -letras y con reverendas se ordenan, hacíase entre ellos un Santo Tomás, -y hablaba dos horas en latin, á lo menos que lo parecia, aunque no lo -era. Cuando por bien no le tomaban las bulas, buscaba como por mal se -las tomasen, y para aquello hacia molestias al pueblo, y otras veces -con mañosos artificios. Y porque todos los que veía hacer, seria largo -de contar, diré uno muy sutil y donoso, con el cual probaré bien su -suficiencia. En un lugar de la Sagra de Toledo habia predicado dos -ó tres dias, haciendo sus acostumbradas diligencias, y no le habian -tomado bula, ni á mi ver tenian intencion de tomársela; y él estaba -dado al diablo con aquello. Y pensando que hacer se acordó de convidar -al pueblo á otro dia de mañana para despedir la bula. Y esa noche -despues de cenar pusiéronse á jugar la colacion él y el alguacil, y -sobre el juego vinieron á reñir y á haber palabras. Sobre esto el señor -comisario, mi señor, tomó un lanzon que en el portal do jugaban estaba. -El alguacil puso mano á su espada, que en la cinta tenia. Al ruido y -voces que todos dimos, acuden los huéspedes y vecinos, y métense en -medio; y ellos muy enojados, procurándose desembarazar de los que en -medio estaban, para matarse. Mas como la gente al gran ruido cargase, -y la casa estuviese llena de ella, viendo que no podian afrentarse con -las armas, decíanse palabras injuriosas, entre las cuales el alguacil -dijo á mi amo, que era falsario, y las bulas que predicaba eran falsas. -Finalmente los del pueblo viendo que no bastaban para ponerlos en paz, -acordaron de llevar al alguacil de la posada á otra parte; y así quedó -mi amo muy enojado. Y despues que los huéspedes y vecinos le hubieron -rogado que perdiese el enojo y se fuese á dormir, así nos echamos todos. - -La mañana venida mi amo se fue á la iglesia, y mandó tañer á misa y -al sermon para despedir la bula: y el pueblo se juntó, el cual andaba -murmurando de las bulas, diciendo como eran falsas, y que el mismo -alguacil riñendo lo habia descubierto: de manera que tras que tenian -mala gana de tomarla, con aquello del todo la aborrecieron. El señor -comisario se subió al púlpito, y comienza su sermon, y á animar la -gente á que no quedasen sin tanto bien é indulgencia como la santa bula -traía. Estando en lo mejor del sermon entró por la parte de la iglesia -el alguacil; y luego que hizo oracion, levantóse, y con voz alta y -pausada cuerdamente comenzó á decir: - -Buenos hombres, oidme una palabra, que despues oireis á quien -quisiéreis. Yo vine aquí con este echacuervos que os predica, el cual -me engañó y dijo que le favoreciese en este negocio, y que partiríamos -la ganancia. Y ahora visto el daño que haria á mi conciencia y á -vuestras haciendas, arrepentido de lo hecho os declaro claramente que -las bulas que predica son falsas, y que no le creais ni las tomeis, -y que yo _directè_ ni _indirectè_ no soy parte en ellas, y que desde -ahora dejo la vara y doy con ella en el suelo: y si en algun tiempo -este fuese castigado por la falsedad, que vosotros me seais testigos -como yo no soy con él, ni le doy á ello ayuda, antes os desengaño y -declaro su maldad, y acabó su razonamiento. - -Algunos hombres honrados que allí estaban, se quisieron levantar, y -echar al alguacil fuera de la iglesia por evitar escándalo, mas mi amo -les fue á la mano, y mandó á todos que so pena de excomunion no le -estorbasen, mas que le dejasen decir todo lo que quisiese; y así él -tambien tuvo silencio, mientras el alguacil dijo todo lo que he dicho. - -Como calló, mi amo le preguntó si queria decir mas, que lo dijese. El -alguacil dijo: harto mas hay que decir de vos y de vuestra falsedad, -mas por ahora basta. - -El señor comisario se hincó de rodillas en el púlpito, y puestas las -manos y mirando al cielo dijo así: Señor Dios, á quien ninguna cosa -es escondida, antes todas manifiestas, y á quien nada es imposible, -antes todo posible; tu sabes la verdad, y cuan injustamente yo soy -afrentado. En lo que á mi toca, yo le perdono, porque tu, Señor, me -perdones. No mires aquel, que no sabe lo que hace ni dice: mas la -injuria á ti hecha, te suplico y por justicia te pido, no disimules, -porque alguno que está aquí, que por ventura pensó tomar aquesta santa -bula, dando crédito á las falsas palabras de aquel hombre, lo dejará -de hacer. Y pues es con tanto perjuicio del prójimo, te suplico yo, -Señor, no le desimules, mas luego muestra aquí milagro, y sea de esta -manera, que si es verdad lo que aquel dice y que yo traigo maldad y -falsedad, este púlpito se hunda conmigo y meta siete estados debajo de -tierra, do él ni yo jamás parezcamos. Y si es verdad lo que yo digo, y -aquel persuadido por el demonio (por quitar y privar á los que están -presentes de tan gran bien) dice maldad, tambien sea castigado, y de -todos conocida su malicia. - -Apenas habia acabado su oracion el devoto señor mio, cuando el negro -alguacil cae de su estado, y da tal golpe en el suelo, que la iglesia -toda hizo resonar; y comenzó á bramar y echar espumarajos por la boca -y torcerla, y hacer visajes con el gesto, dando de pie y de mano, -revolviéndose por aquellos suelos á una parte y á otra. El estruendo y -voces de la gente era tan grande, que no se oían unos á otros. Algunos -estaban espantados y temerosos. Unos dicen: el Señor le socorra y -valga; otros: bien se le emplea, pues levantaba tan falso testimonio. - -Finalmente algunos que allí estaban, y á mi parecer no sin harto temor, -se llegaron y le trabaron de los brazos, con los cuales daba fuertes -puñadas á los que cerca de él estaban. Otros le tiraban por las piernas -y tenian reciamente, porque no habia mula falsa en el mundo que tan -recias coces tirase: y así le tuvieron un gran rato; porque mas de -quince hombres estaban sobre él, y á todos daba las manos llenas, y si -se descuidaban, en los hocicos. - -Á todo esto el señor mi amo estaba en el púlpito de rodillas, las manos -y los ojos puestos en el cielo, transportado en la divina esencia, que -el planto y ruido y voces que en la iglesia habia, no eran parte para -apartarle de su divina contemplacion. Aquellos buenos hombres llegaron -á él, y dando voces le despertaron y le suplicaron quisiese socorrer á -aquel pobre que estaba muriendo, y que no mirase á las cosas pasadas -ni á sus dichos malos, pues ya de ellos tenia el pago; mas si en algo -podia aprovechar para librarle del peligro y pasion que padecia, por -amor de Dios lo hiciese, pues ellos veían clara la culpa del culpado -y la verdad y bondad suya, pues á su peticion y venganza el Señor no -alargó el castigo. - -El señor comisario, como quien despierta de un dulce sueño, los miró, -y miró al delincuente y á todos los que al rededor estaban, y muy -pausadamente les dijo: buenos hombres, vosotros nunca habíais de -rogar por un hombre en quien Dios tan señaladamente se ha señalado. -Mas pues él nos manda, que no volvamos mal por mal y perdonemos las -injurias, con confianza podremos suplicar, que le cumpla lo que nos -manda, y su Magestad perdone á este que le ofendió, poniendo en su -santa fe obstáculo. Vamos todos á suplicarle. Y así bajó del púlpito y -encomendóles, que muy devotamente suplicasen á nuestro Señor tuviese -por bien de perdonar á aquel pecador, y volverle en su salud y sano -juicio, y lanzar de él el demonio, si su Magestad habia permitido que -por su gran pecado en él entrase. Todos se hincaron de rodillas, y -delante del altar con los clérigos comenzaban á cantar con voz baja una -letanía, y viniendo él con la cruz y agua bendita, despues de haber -sobre él cantado, el señor mi amo, puestas las manos al cielo y los -ojos, que casi nada se le parecia sino un poco de blanco, comienza una -oracion no menos larga que devota, con la cual hizo llorar á toda la -gente, como suelen hacer en los sermones de la pasion de predicador y -auditorio devoto; suplicando á nuestro Señor, pues no queria la muerte -del pecador, sino su vida y arrepentimiento, que á aquel encaminado por -el demonio y persuadido de la muerte y pecado, le quisiese perdonar y -dar vida y salud, para que se arrepintiese y confesase sus pecados. -Y esto hecho, mandó traer la bula y puso en la cabeza, y luego el -pecador del alguacil comenzó poco á poco á estar mejor y tornar en -sí. Y luego que fue bien vuelto en su acuerdo, echóse á los pies del -señor comisario, y demandóle perdon, confesó haber dicho aquello por -la boca y mandamiento del demonio, lo uno por hacer el daño y vengarse -del enojo, lo otro y mas principal, porque el demonio recibia mucha -pena del bien que allí se hiciera en tomar la bula. El señor mi amo le -perdonó, y fueron hechas las amistades; y á tomar la bula hubo tanta -priesa, que casi ánima viviente en el lugar no quedó sin ella; marido y -mujer, hijos é hijas, mozos y mozas. - -Divulgóse la nueva de lo acaecido por los lugares comarcanos: y cuando -á ellos llegábamos, no era menester sermon ni ir á la iglesia; que á -la posada la venian á tomar, como si fueran peras que se dieran de -balde: de manera que en diez ó doce lugares de aquellos alrededores -donde fuímos, echó el Señor mi amo otras tantas mil bulas sin predicar -sermon. Cuando hizo el ensayo, confieso mi pecado que tambien fuí de -ello espantado, y creí que así era como otros muchos. Mas con ver -despues la risa y burla que mi amo y el alguacil llevaban y hacian -del negocio, conocí como habia sido industriado por el industrioso é -inventivo de mi amo; y aunque muchacho, cayóme mucho en gracia, y dije -entre mi: ¿cuántas de estas deben de hacer estos burladores entre la -inocente gente? - -Finalmente estuve con este mi quinto amo cerca de cuatro meses, en los -cuales pasé tambien hartas fatigas. - - - - - Como Lázaro se asentó con un capellan, - y lo que con él pasó. - - -Despues de esto asenté con un maestro de pintar panderos, para molerle -los colores; y tambien sufrí mil males. - -Siendo ya en este tiempo buen mozuelo, entrando un dia en la Iglesia -mayor, un capellan de ella me recibió por suyo, y púsome en poder un -buen asno y cuatro cántaros y un azote, y comencé á echar agua por la -ciudad. - -Este fue el primer escalon que yo subí para venir á alcanzar buena -vida, porque mi boca era medida. Daba cada dia á mi amo treinta -maravedís ganados, y los sábados ganaba por mi, y todo lo demás entre -semana de treinta maravedís. Fueme tan bien en el oficio, que al cabo -de cuatro años que le usé, con poner en la ganancia buen recaudo, -ahorré para vestirme muy honradamente de la ropa vieja, de la cual -compré un jubon de fustan viejo, y un sayo raido de manga tranzada y -puerta, y una capa que habia sido frisada, y una espada de las viejas -primeras de Cuellar. Luego que me vi en hábito de hombre de bien, dije -á mi amo se tomase su asno que no queria mas seguir aquel oficio. - - - - - Como Lázaro asienta con un alguacil, - y de lo que le acaeció con él. - - -Despedido del capellan, asenté por hombre de justicia con un alguacil, -mas muy poco viví con él, por parecerme oficio peligroso, mayormente -que una noche nos corrieron á mi y á mi amo á pedradas y á palos -unos retraidos; y á mi amo que esperó, trataron mal, mas á mi no me -alcanzaron. - -Con esto renegué del trato. Y pensando en qué modo de vivir haria mi -asiento por tener descanso y ganar algo para la vejez, quiso Dios -alumbrarme, y ponerme en camino y manera provechosa; y con favor que -tuve de amigos y señores, todos mis trabajos y fatigas hasta entonces -pasados fueron pagados con alcanzar lo que procuré, que fue un oficio -real, viendo que no hay nadie que medre, sino los que le tienen: en el -cual el dia de hoy yo vivo y resido á servicio de Dios y de vuestra -merced. Y es que tengo cargo de pregonar los vinos que en esta ciudad -se venden, y en almonedas y cosas perdidas; acompañar á los que padecen -persecuciones por justicia, y declarar á voces sus delitos: pregonero, -hablando en buen romance. Hame sucedido tan bien y yo le he usado tan -facilmente, que casi todas las cosas al oficio tocantes pasan por mi -mano; tanto que en toda la ciudad el que ha de echar vino á vender ó -algo, si Lázaro de Tormes no entiende en ello, hacen cuenta de no sacar -provecho. - -En este tiempo viendo mi habilidad y buen vivir, teniendo noticia de -mi persona el señor arcipreste de San Salvador, mi señor, y servidor -y amigo de vuestra merced, porque le pregonaba sus vinos, procuró -casarme con una criada suya. Y visto por mi que de tal persona no podia -venir sino bien y favor, acordé de hacerlo, y así me casé con ella; -y hasta ahora no estoy arrepentido, porque fuera de ser buena hija, -diligente y servicial, tengo en mi señor Arcipreste todo favor y ayuda: -y siempre en el año le da en veces al pie de una carga de trigo, por -las pascuas su carne, y cuando el par de los bodigos, las calzas viejas -que deja, é hízonos alquilar una casilla á par de la suya. Los domingos -y fiestas casi todas las comíamos en su casa: mas malas lenguas que -nunca faltaron, no nos dejan vivir, diciendo no sé qué: que ven á mi -mujer irle á hacer la cama y guisarle de comer. Y mejor les ayude Dios -que ellos dicen la verdad, porque además de no ser ella mujer que se -pague de estas burlas, mi señor me ha prometido lo que pienso cumplirá, -que el me habló un dia muy largo delante de ella, y me dijo: Lázaro de -Tormes, quien ha de mirar á dichos de malas lenguas, nunca medrará. -Digo esto, porque no me maravillaria, alguno viendo entrar en mi casa -tu mujer y salir de ella. Ella entra muy á tu honra y suya, y esto te -lo prometo. Por tanto no mires á lo que pueden decir, sino á lo que te -toca, digo, á tu provecho. Señor le dije, yo determiné de arrimarme -á los buenos. Verdad es que algunos de mis amigos me han dicho algo -de eso, y aun por mas de tres veces me han certificado, que antes -que conmigo casase habia parido tres veces, hablando con reverencia -de vuestra merced, porque está ella delante. Entonces mi mujer echó -juramentos sobre sí, que yo pensé la casa se hundiera con nosotros: y -despues tornóse á llorar y á echar mil maldiciones sobre quien conmigo -la habia casado: en tal manera que quisiera ser muerto, antes que se -me hubiera soltado aquella palabra de la boca. Mas yo de un cabo y mi -señor de otro, tanto le dijimos y otorgamos, que cesó su llanto, con -juramento que le hice de nunca mas en mi vida mentarle nada de aquello, -y que yo holgaba y habia por bien de que ella entrase y saliese de -noche y de dia, pues estaba bien seguro de su bondad. Y así quedamos -todos tres bien conformes. Hasta el dia de hoy nunca nadie nos oyó -sobre el caso; antes cuando alguno siento que quiere decir algo de -ella, le atajo y le digo: mira, si sois mi amigo, no me digais cosa que -me pese, que no tengo por mi amigo al que me hace pesar, mayormente si -me quieren meter mal con mi mujer, que es la cosa del mundo que yo mas -quiero, y la amo mas que á mi, y me hace Dios con ella mil mercedes y -mas bien que yo merezco, que yo juraré sobre la hostia consagrada, que -es tan buena mujer como vive dentro de las puertas de Toledo, y quien -otra cosa me dijere, me mataré con él. De esta manera no me dicen nada, -y yo tengo paz en mi casa. - -Esto fue el mismo año que nuestro victorioso emperador en esta insigne -ciudad de Toledo entró y tuvo en ella cortes, y se hicieron grandes -regocijos y fiestas, como vuestra merced habrá oido. - - - - - Da cuenta Lázaro de la amistad que tuvo en Toledo - con unos tudescos, y lo que con ellos pasaba. - - -En este tiempo estaba en mi prosperidad y en la cumbre de toda buena -fortuna: y como yo siempre anduviese acompañado de una buena galleta, -de unos buenos frutos que en esta tierra se crian para muestra de -lo que pregonaba, cobré tantos amigos y señores así naturales como -extranjeros, que do quiera que llegaba, no habia para mi puerta -cerrada, y en tanta manera me vi favorecido, que me parece si entonces -matara á un hombre, ó me acaeciera algun caso recio, hallara todo -el mundo de mi bando y tuviera en aquellos mis señores todo favor -y socorro. Mas yo nunca los dejaba boquisecos, queriéndolos llevar -conmigo á lo mejor que yo habia echado en la ciudad, en donde hacíamos -la buena y espléndida vida. Allí nos aconteció muchas veces entrar en -nuestros pies y salir en ajenos: y lo mejor de esto es que todo este -tiempo maldita la blanca Lázaro de Tormes gastó ni se la consentian -gastar. Antes si alguna vez yo de industria echaba mano á la bolsa -fingiendo quererlo pagar tomábanlo por afrenta, y mirábanme con alguna -ira, y decian: _nite_, _nite_, _asticot_, _lanz_; reprendiéndome y -diciendo: que donde ellos estaban, nadie habia de pagar blanca. Yo con -aquello moríame de amores de tal gente, porque no solo esto, mas de -perniles de tocino, pedazos de piernas de carnero, cocidas en aquellos -cordiales vinos, con mucha de la fina especie, y de sobras de cecinas -y de pan me henchian la falda y los senos cada vez que nos juntábamos, -que tenia en mi casa de comer yo y mi mujer hasta hartar una semana -entera. Acordábame en estas harturas de mis hambres pasadas, y alababa -al Señor y dábale gracias, que así andan las cosas y tiempos. - -Mas como dice el refran: _quien bien te hará, ó se te irá, ó se -morirá_. Así me acaeció, que se mudó la gran corte como hacer suele, -y al partir fuí muy requerido de aquellos mis grandes amigos me -fuese con ellos, y que me harian y acontecerian. Mas acordándome del -proverbio que dice: _mas vale el mal conocido que el bien por conocer_, -agradeciéndoles su buena voluntad, con muchos abrazos y tristeza me -despedí de ellos. Y cierto, si casado no fuera, no dejara su compañía, -por ser gente hecha muy á mi gusto y condicion: y es vida graciosa la -que viven, no fantásticos ni presuntuosos, sin escrúpulo ni asco de -entrarse en cualquier bodegon la gorra quitada, si el vino lo merece: -gente llana y honrada, y tal y tan bien proveida, que no me la dé Dios -peor, cuando buena sed tuviere. Mas el amor de la mujer y de la patria, -que ya por mia tengo, pues como dicen; _¿de dó eres, hombre?_ tiraron -por mi. Y así me quedé en esta ciudad, aunque muy conocido de los -moradores de ella, con mucha soledad de los amigos y vida cortesana. - -Estuve muy á mi placer, con acrecentamiento de alegría y linaje por el -nacimiento de una hermosa niña, que en estos medios mi mujer parió, -y que aunque yo tenia alguna sospecha, ella me juró que era mia: -hasta que á la fortuna le pareció haberme mucho olvidado, y ser justo -tornarme á mostrar su airado y severo gesto cruel, y aguarme estos -pocos años de sabrosa y descansada vida con otros tantos de trabajos -y amarga muerte. ¡O gran Dios! y ¡quién podrá escribir un infortunio -tan desastrado, y acaecimiento tan sin dicha, que no deje holgar el -tintero, poniendo la pluma á sus ojos! - - - FIN DEL LAZARILLO DE TORMES. - - - - - ÍNDICE. - - - _Pág._ - - EL EDITOR. I - - LUIS TRIBALDOS DE TOLEDO AL LECTOR. V - - NOTICIAS DE LA VIDA DE D. DIEGO HURTADO DE MENDOZA. IX - - Libro I. 1 - - Libro II. 43 - - Libro III. 88 - - Libro IV. 141 - - DISCURSO DEL CONDE DE PORTALEGRE. 178 - - - LA VIDA DEL LAZARILLO DE TORMES. - - PRÓLOGO DEL AUTOR. 185 - - Cuenta Lázaro su vida y quien era su padre. 187 - - Como Lázaro se asentó con un clérigo, y de las cosas que con él - pasó. 198 - - Como Lázaro se asentó con un escudero, y de lo que le acaeció - con él. 209 - - Como Lázaro se asentó con un fraile de la Merced, y de lo que le - acaeció con él. 225 - - Como Lázaro se asienta con un bulero, y de las cosas que con él - pasó. 226 - - Como Lázaro se asentó con un capellan, y lo que con él pasó. 231 - - Como Lázaro asienta con un alguacil, y de lo que le acaeció - con él. 232 - - Da cuenta Lázaro de la amistad que tuvo en Toledo con unos - tudescos y lo que con ellos pasaba. 234 - - - FIN DEL ÍNDICE. - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Guerra de Granada: Hecha por el rey D. -Felipe II, contra los Moriscos de aquel reino, sus rebeldes; Seguida de la vida del Lazarillo de Tormes, sus fortunas y adversidades, by Diego Hurtado de Mendoza - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK GUERRA DE GRANADA: HECHA POR *** - -***** This file should be named 61022-8.txt or 61022-8.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/6/1/0/2/61022/ - -Produced by Nahum Maso i Carcases, Ramon Pajares Box and -the Online Distributed Proofreading Team at -http://www.pgdp.net (This file was produced from images -generously made available by The Internet Archive/American -Libraries.) - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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Felipe II contra los moriscos de aquel reino, sus reveldes" seguida de - "La vida del Lazarillo de Tormes, sus fortunas y adversidades" - by D. Diego Hurtado de Mendoza—A Project Gutenberg eBook. - </title> - <link rel="coverpage" href="images/cover.jpg" /> - <style type="text/css"> - /* body */ - body {margin-left: 10%; margin-right: 10%;} - div.body-with {max-width: 35em; margin-left: auto; margin-right: auto;} - - /* headings */ - h1, h2, h3 {text-align: center; clear: both;} - h2, h3 {margin-top: 4em; margin-bottom: 1.5em;} - h3.smtop {margin-top: 1em; margin-bottom: 1.5em;} - - /* font sizes */ - .xxlarge {font-size: xx-large;} - .xlarge {font-size: x-large;} - .large {font-size: large;} - .small {font-size: small;} - .xsmall {font-size: x-small;} - .smaller {font-size: 0.85em;} - - /* font weight */ - .bold {font-weight: bold;} - - /* small caps */ - .smcap {font-variant: small-caps;} - .lowercase {text-transform: lowercase;} - - /* paragraphs */ - p {margin-top: .25em; text-align: justify; text-indent: 1.5em; margin-bottom: .25em;} - .no-indent {text-indent: inherit;} - .p1 {margin-top: 1em;} - .p2 {margin-top: 2em;} - .p4 {margin-top: 4em;} - - /* text alignment */ - .center {text-align: center;} - - /* horizontal rule */ - hr.chap, hr.tn {width: 65%; margin-left: 17.5%; margin-right: 17.5%; margin-top: 2em; margin-bottom: 2em; clear: both;} - hr.title-short {width: 2.5em; margin-left: auto; margin-right: auto; margin-top: 1em; margin-bottom: 1em; text-align: center;} - hr.title-xshort {width: 2.5em; margin-left: auto; margin-right: auto; margin-top: 0em; margin-bottom: 0em; text-align: center;} - - /* page numbers */ - .pagenum {position: absolute; left: 92%; font-size: smaller; text-align: right; - font-weight: normal; /* no bold */ font-style: normal; /* no italic */ font-variant: normal; /* no small cap */ - margin: 0em; /* no margin */ padding: 0em; /* no padding */ text-indent: 0em; /* no indent */} - - /* Images and Illustrations */ - .figcenter {margin: auto; text-align: center; margin-top: 2em;} - - /* Poetry */ - .poetry-container {text-align: center;} - .poem {display: inline-block; text-align: left;} - .stanza {margin: .5em auto;} - .poem .i0 {display: block; margin-left: 0em;} - - /* tables */ - table {margin-left: auto; margin-right: auto; margin-top: 1em; margin-bottom: 1em;} - .tdt {vertical-align: top;} - .tdb {vertical-align: bottom;} - .tdr {text-align: right;} - .tdj {text-align: justify;} - .tdc {text-align: center;} - .tdh {padding-left: 0.75em; text-indent: -0.75em;} - .tdp {padding-top: 1em; padding-bottom: 1em;} - .tdpr {padding-right: 1em;} - - /* Transcriber's notes */ - .transnote {background-color: #E6E6FA; color: black; font-size:smaller; padding: 2%; - margin-left: auto; margin-right: auto; font-family:sans-serif, serif;} - - /* Footnotes */ - .footnote {margin-left: 0%; margin-top: 0.5em; text-decoration: none;} - .footnote a {text-decoration: none;} - .fnanchor {vertical-align: super; font-size: .8em; text-decoration: none;} - - /* Sidenotes */ - .sidenote {text-indent: 0em; text-align: right; min-width: 2.5em; max-width: 2.5em; padding-bottom: .3em; padding-top: .3em; padding-left: .3em; - padding-right: .3em; margin-left: 1em; float: right; clear: right; margin-top: .25em; margin-bottom: .3em; font-size: smaller; - color: black; border: thin solid;} - - /* Images */ - img {max-width: 100%; height: auto;} - .figcenter {margin: auto; text-align: center; margin-top: 1em; margin-bottom: 1em;} - .caption p {max-width: 600px; margin: auto; text-indent: inherit; text-align: center; font-size: 0.9em;} - - /* Media */ - @media handheld - { - .chapter {page-break-inside: avoid;} - body {width: 90%; margin-left: auto; margin-right: auto;} - div.body-with {max-width: inherit;} - table {width: 98%; margin-left: auto; margin-right: auto;} - .sidenote {float: right; clear: none;} - .poem {display: block; margin-left: 1.5em;} - hr.chap {display: none; visibility: hidden;} - hr.tn {width: 20%; margin-left: auto; margin-right: auto; margin-top: 2em; margin-bottom: 2em;} - } - </style> - </head> -<body> - - -<pre> - -The Project Gutenberg EBook of Guerra de Granada: Hecha por el rey D. -Felipe II, contra los Moriscos de aquel reino, sus rebeldes; Seguida de la vida del Lazarillo de Tormes, sus fortunas y adversidades, by Diego Hurtado de Mendoza - -This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most -other parts of the world at no cost and with almost no restrictions -whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of -the Project Gutenberg License included with this eBook or online at -www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - -Title: Guerra de Granada: Hecha por el rey D. Felipe II, contra los Moriscos de aquel reino, sus rebeldes; Seguida de la vida del Lazarillo de Tormes, sus fortunas y adversidades - -Author: Diego Hurtado de Mendoza - -Release Date: December 26, 2019 [EBook #61022] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK GUERRA DE GRANADA: HECHA POR *** - - - - -Produced by Nahum Maso i Carcases, Ramon Pajares Box and -the Online Distributed Proofreading Team at -http://www.pgdp.net (This file was produced from images -generously made available by The Internet Archive/American -Libraries.) - - - - - - -</pre> - - -<div class="body-with"> - - -<hr class="tn" /> -<div class="transnote"> -<p class="no-indent center bold">Notas del Transcriptor</p> - -<p>Se han respetado la grafía y la acentuación del original, así como -las inconsistencias en éstas.</p> - -<p>Se han corregido los errores obvios de imprenta.</p> - -<p>Las notas a pie de página se han renumerado y agrupado al final del -libro correspondiente.</p> - -<p>Ciertos navegadores y lectores de libros electrónicos podrían -mostrar el texto en versalita en mayúsculas/minúsculas.</p> - -<p>El índice se encuentra al final del libro y es accesible mediante -el enlace: <a href="#Page_237">«ÍNDICE»</a>.</p> - -<p>Las páginas en blanco presentes en el original se han eliminado en -la versión electrónica.</p> -</div> -<hr class="tn" /> - - - -<div class="chapter"> - -<div class="figcenter" style="width: 400px;"> -<img src="images/illust01.jpg" width="400" height="444" alt="Ilustración de D. Diego Hurtado de Mendoza" /> -<div class="caption"><p>D. DIEGO HURTADO DE MENDOZA.</p></div> -</div> -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<h1> -<span class="xlarge">GUERRA</span> -<br /> -<span class="xxlarge">DE GRANADA</span> -<br /> -<span class="large">HECHA POR EL REY D. FELIPE II</span> -<br /> -<span class="small">CONTRA LOS MORISCOS DE AQUEL REINO, SUS REBELDES.</span></h1> - -<p class="p1 center no-indent small">HISTORIA ESCRITA POR</p> - -<p class="p1 center no-indent large">D. Diego Hurtado de Mendoza.</p> - -<p class="p2 center no-indent small">SEGUIDA DE</p> - -<p class="p1 center no-indent large bold">LA VIDA DEL LAZARILLO DE TORMES,</p> - -<p class="p1 center no-indent bold">SUS FORTUNAS Y ADVERSIDADES.</p> - -<p class="p1 center no-indent small">por el mismo autor.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 150px;"> -<img src="images/illust02.jpg" width="150" height="125" alt="Ilustración imprenta de Juan Oliveres" /> -</div> - -<p class="center no-indent xlarge">Barcelona.</p> -<p class="center no-indent">IMPRENTA DE JUAN OLIVERES, EDITOR,</p> -<p class="center no-indent small">CALLE DE ESCUDELLERS, N. 53.</p> -<hr class="title-xshort" /> -<p class="center no-indent">1842.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_i" id="Page_i">[i]</a></span></p> - -<h2>El Editor.</h2> - - -<p><span class="smcap">Bastaria</span> citar la advertencia que precede á la última edicion -de esta obra hecha en Valencia, para acreditar que -nos sirve de texto en la reimpresion de esta historia un -ejemplar de los mas cuidadosamente impresos; pero no lo -creemos necesario, cuando se deja entender facilmente que -para hacer ventajosa nuestra edicion debíamos valernos de -la mejor conocida. Son sin embargo demasiado buenas para -omitidas las líneas siguientes.</p> - -<p>«Preferí por lo mismo la última edicion de 1776 como el -texto mas seguro y completo, si bien noté que no se habia -guardado la exactitud debida al copiar los pasajes publicados -por Iriarte; pues he tenido que verificar diez correcciones, -algunas harto importantes, para restituirlos á su verdadera -y genuina lectura. Tambien he observado en ella -<i>modernizadas</i> algunas voces de la edicion primitiva, la cual -ha llegado á mis manos, cuando esta andaba ya muy adelantada -y no podia dejar de seguirse el plan adoptado desde -el principio. Aprovecho esta ocasion para manifestar -francamente, que en un texto de nuestra lengua, tan respetable -por su antigüedad como por su diccion castiza, me -sonarian mejor <i>agora</i>, <i>antigo</i>, <i>auctoridad</i>, <i>baptizado</i>, <i>captivar</i>, -<i>captivo</i>, <i>delictos</i>, <i>dubdoso</i>, <i>ducientos</i>, <i>escriptores</i>, <i>Filipe</i>, -<i>fructo</i>, <i>impeto</i>, <i>mesmo</i>, <i>perjudicial</i>, <i>proprio</i>, <i>succeso</i>, -<i>tiniendo</i> y <i>via</i>, porque de este modo los pronunciaban Mendoza -y muchos de sus contemporáneos. Con todo no ha sido -inútil aquella adquisicion para rectificar algunos lugares -de los dos libros últimos.»</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_ii" id="Page_ii">[ii]</a></span></p> - -<p>«He colocado al fin los párrafos del conde de Portalegre -con que se completaba en las cuatro primeras ediciones -el libro III, á fin de que ni este trozo, que ahora ya no es -necesario, se eche de menos en la presente. He resucitado -además el prólogo de Luis Tribaldos, suprimido en la última, -tanto por no privarle de la gloria de ser el primero -que publicó la <i>Historia de la guerra de Granada</i>, como por -explicarse allí los motivos de la tardanza en darla á luz y la -escrupulosidad con que se siguió un manuscrito digno de -toda fe. De los sumarios marginales, que no son parto de -D. Diego de Mendoza ni aun de Tribaldos, solo he dejado, -como notas al pie de las respectivas páginas, los pocos que -sirven realmente para aclarar ó ilustrar la historia.»</p> - -<p>«Hubiera sido de desear que el primer editor y los que le -siguieron hubiesen tenido el cuidado de despejar algo, por -medio de una buena puntuacion, la oscuridad á que da -márgen frecuentemente el estilo cortado y conciso de nuestro -historiador. «Ningun escritor» (observa con razon -Capmany en el tomo III del <i>Teatro histórico-crítico de la -elocuencia española</i>) «necesitaba de mayor exactitud en -la puntuacion ortográfica, y cabalmente ninguno la ha -merecido mas desatinada y monstruosa de sus editores, -acabando por la impresion de Valencia de 1776, á pesar -del esmero que allí se promete y no se cumple. Admira -como se han hallado lectores que se confiesen enamorados -de las ideas y estilo de este historiador; siendo imposible -que leyendo las cláusulas desatadas ó confundidas por la -perversa ortografía, comprendan claramente el sentido -del escrito ni la mente del escritor.» Puedo decir con ingenuidad -que he aspirado á reparar este daño; mas lejos -de lisonjearme de haberlo conseguido cual quisiera, creo -imposible lograrlo en muchos pasajes, á no alterar el texto. -No debe olvidarse que la primera edicion se hizo á vista -de una copia, y no del original, y que ó bien la muerte -subrecogió á Hurtado de Mendoza cuando acaba de formar -el bosquejo de su historia; ó pensando dejarla inédita, quedó<span class="pagenum"><a name="Page_iii" id="Page_iii">[iii]</a></span> -sin aquella última mano, reservada á la lectura de las -primeras y segundas pruebas de la impresion, y aun falta -de la lima que suele dar el autor á sus escritos despues de -concluidos. Como quiera, no nos es permitido tocar ahora -en lo mas mínimo la produccion, ó el borrador, ó sean los -primeros apuntes de aquel grande hombre. Descúbrense -en ellos, á pesar de ciertos lunares, todas las dotes de un -historiador sesudo é imparcial, el puro y enérgico lenguaje -de nuestros mayores, y los golpes maestros que en tres -ó cuatro palabras describen un hecho importante, ó caracterizan -con igual precision los personajes de su historia. Al -artista que contempla con asombro las formas, el sobresalto -y el expresivo dolor de las varias figuras que componen el admirable -grupo del Laocoonte, jamás le ocurre pararse en la -cortedad de la pierna de uno de los muchachos; imperfeccion -que siendo debida á falta del mármol, en nada rebaja -el mérito del escultor griego. Así los que leen con ojos inteligentes -esta historia, hallan sobradas bellezas que les -arrebaten el ánimo, para hacer alto en lijeros descuidos, -que solo procuran abultar los que nunca serán capaces de -escribir el trozo mas débil de tan sublime modelo.»</p> - -<p>Publicamos á continuacion de la <i>Guerra de Granada</i> la -<i>Vida del Lazarillo de Tormes</i> que es sin disputa trabajo de -nuestro autor, pues por tal le reconocen y han reconocido -todos los literatos, si se exceptúa á Fr. José de Sigüenza, -que como verá quien la vida de Mendoza leyere, lo atribuyó -á un religioso gerónimo. Pero es de advertir que los frailes -hacian como algunos maniáticos anticuarios, que para -honrar el país en donde están ó en que nacieron se remontan -á los siglos fabulosos, y á trueque de dar mayor antigüedad -á una ciudad ó suponerla tal ó tal otro fundador, desmienten, -niegan, critican y zahieren á diestro y á siniestro -para ganar una honrilla ilusoria. Fraile ha habido que para -dar prez á su órden habria hecho cristiano á Virgilio, y -puéstole un sayal por añadidura para hacer la Eneida obra -de un fraile. Dejemos pues aparte el voto de Sigüenza y no<span class="pagenum"><a name="Page_iv" id="Page_iv">[iv]</a></span> -le quitemos á Mendoza el honor de haber dado á luz el <i>Lazarillo</i>. -Obra amena y de agradable entretenimiento pertenece -á otro género muy diferente y á otro estilo que la <i>Guerra -de Granada</i>, y esta seria ya una razon para que la diésemos -en el <i>Tesoro</i>, cuando no fuese la produccion segunda -del autor en mérito y valor literario.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_v" id="Page_v">[v]</a></span></p> - -<h2>LUIS TRIBALDOS DE TOLEDO -<br /><br /> -<span class="smaller">AL LECTOR</span>.</h2> - - -<p><span class="smcap">Siendo</span> don Diego de Mendoza de los sugetos de España -mas conocidos en toda Europa, fuera cosa superflua ponerme -á describirle; principalmente habiéndolo hecho -en pocos pero elegantes renglones el señor don Baltasar -de Zuñiga. Tampoco me detendré en alabar esta historia, -ni en probar que es absolutamente la mejor que se -escribió en nuestra lengua; porque ningun docto lo niega, -y pudieráseme preguntar lo que Archidamo, lacedemonio, -á quien le leia un elogio de Hércules: <i>¿Et -quis vituperat?</i> Solamente diré, qué causas hubo para no -publicarse antes; las que me movieron á hacerlo agora; -qué ejemplar seguí en esta edicion, y qué márgenes.</p> - -<p>Cuanto á lo primero, es muy sabido y muy antiguo -en el mundo el odio á la verdad, y muy ordinario padecer -trabajos y contradiciones los que la dicen, y aun -mas los que la escriben. Del conocimiento de este principio -nace, que todos los historiadores cuerdos y prudentes -emprenden lo sucedido antes de sus tiempos, ó -guardan la publicacion de los hechos presentes para siglo -en que ya no vivan los de quien ha de tratar su narracion. -Por esto nuestro don Diego determinó no publicar -en su vida esta historia, y solo quiso, con la libertad -que no solo en él, mas en toda aquella ilustrísima casa -de Mondejar es natural dejar á los venideros entera noticia -de lo que realmente se obró en la guerra de Granada;<span class="pagenum"><a name="Page_vi" id="Page_vi">[vi]</a></span> -y pudo bien alcanzarla, por su agudeza y buen juicio; -por tio del general que la comenzó, adonde todo -venia á parar; por hallarse en el mismo reino, y aun -presente á mucho de lo que escribe: afectó la verdad, -y consiguióla, como conocerá facilmente quien cotejare -este libro con cuantos en la materia han salido. Porque -en ninguno leemos nuestras culpas ó yerros tan sin rebozo; -la virtud, ó razon tan bien pintada; los sucesos -todos tan verisímiles: marcas por las cuales se gobiernan -los lectores en el crédito de lo que no vieron. La -determinacion de don Diego me prueban unas gravísimas -palabras, escritas de su letra, al principio de un -traslado de esta historia que presentó á un amigo suyo, -en que juntamente pronostica lo que hoy vemos. «Veniet, -qui conditam, et sæculi sui malignitate compressam -veritatem, dies publicet. Paucis natus est, qui populum -ætatis suæ cogitat. Multa annorum millia, multa -populorum supervenient: ad illa respice. Etiamsi -omnibus tecum viventibus silentium livor indixerit, -venient, qui sine offensa, qui sine gratia judicent.» -Senec. Epistol. 79. Dije que no quiso sacarla: añado, -que ni pudo, porque no la dejó acabada, y le falta -aun la última mano; lo que luego se echa de ver en -repetir cosas, que bastaban una vez dichas: como la significacion -de atajar y atajadores, los daños de la milicia -concejil, y otras de este jaez; y aun mas de algunas -notables omisiones que hacen bulto, y muestran -falta, cual la de la toma de Galera, y muerte de Luis -Quijada, advertida y elegantemente suplida por el gran -conde de Portalegre; y otra no menor, cuando siendo -encomendado lo de la sierra de Ronda á los dos duques de -Medina Sidonia y de Arcos, cuenta muy extensamente -el progreso de este; pero en el otro hace tan alto silencio,<span class="pagenum"><a name="Page_vii" id="Page_vii">[vii]</a></span> -que ni aun nos declara las causas de no venir á la -empresa; siendo así que para ello debió un tan gran -señor tenerlas, y aun muchas, y muy justificadas. Otras -faltas apuntara, mas basten estas dos para ejemplo. Muerto -don Diego, viviendo aun personas que él nombraba, -duraba el impedimento, que en vida: demás de que los -eruditos, á quien semejantes cuidados tocan, quieren -mas ganar fama con escritos propios, que aprovechar á la -república con dar á luz los ajenos.</p> - -<p>Cuanto á lo segundo, hoy que son ya pasados cerca -de sesenta años, y no hay vivo ninguno de los que aquí -se nombran, cesa ya el peligro de la escritura, no doliendo -á nadie verse allí mas ó menos lucido; y aunque -hay de ellos ilustrísimos descendientes, ó parientes, por -haber militado en esta guerra una muy gran parte de -la nobleza de España, seria demasiado melindre, y aun -desconfianza, celar alguna faltilla del difunto, que les -toca, cuando ninguna de las que se notan es mortal, -ni de las que disminuyen la honra ó la fama; porque estas -no las hubo, ni se cometieron, ni don Diego, siendo -quien era, se habia de olvidar tanto de sus obligaciones, -que las perpetuase, aun cuando se hubieran cometido. -Porque la historia escríbese para provecho y utilidad -de los venideros, enseñándolos, y honrándolos, no -corriéndolos, ó afrentándolos, aun cuando para escarmiento -quiera tal vez ensangrentarse la pluma. Tampoco -me acordaba el quedar imperfecta; pues si este Júpiter -olímpico, estando sentado, toca con la cabeza el -techo del templo, ¿adónde llegara con ella, si se le levantara -en pie? ¿adónde, si le colocaran y subieran en -una basis?</p> - -<p>En esta edicion lo que principalmente procuré, fue -puntualidad, sin dar lugar á ninguna conjetura, ni enmendar<span class="pagenum"><a name="Page_viii" id="Page_viii">[viii]</a></span> -alguno por juicio propio: cotejé varios manuscritos, -hallándolos entre sí muy diferentes, hasta que -me abracé con el último, y sin duda alguna el mas -original, que es uno del duque de Aveiro, en forma -de cuarto, trasladado de mano del comendador Juan -Bautista Labaña, y corregido de la del conde de Portalegre, -con el cual conocí cuan en balde habia cansádome -con otros. Este texto es el que sigo, sin alterarle -en nada, y es el genuino, y propio, de quien en su introduccion -habla aquel gran conde. Deseaba yo ornar -las márgenes con lugares de autores clásicos, bien imitados -por el nuestro, y no me fuera muy difícil juntarlos, -mas guardándolo para la postre, me sobrevino esta -enfermedad tan larga y pesada que me imposibilitó: -y porque se me da mucha priesa, los guardo para segunda -edicion, si acaso hubiere, que espero serán muy -gratos á los doctos. Dábame pesadumbre que fuese esta -gran obra tan desnuda, que ni unos sumarios llevase, -hasta que se me acordó de los que leí en un manuscrito -de esta historia, que ha tres años me prestó aquí un caballero, -que agora está en Lisboa; adonde al amigo que -atiende á la edicion, encargué buscarlos, y ponerlos; y -segun veo en los veinte pliegos que ya están impresos, -cuando esto escribo, podrán servir en el interin; y esto -es cuanto se me ofrece decir al lector.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_ix" id="Page_ix">[ix]</a></span></p> - -<h2>NOTICIAS -<br /><br /> -<span class="smaller">DE LA VIDA</span> -<br /><br /> -DE D. DIEGO HURTADO DE MENDOZA.</h2> - - -<p><span class="smcap">Siendo</span> las vidas de los varones ilustres eficacísimos ejemplares, -que persuaden prácticamente á la imitacion de sus acciones, determiné -escribir la de D. Diego Hurtado de Mendoza, excelente escritor -y discretísimo político; para que al mismo tiempo que de su historia -de Granada, se tenga noticia de sus estudios, aplicacion y manejo en -los negocios públicos, que fueron los que le proporcionaron para escribir -con tanto acierto.</p> - -<p>Nació en la ciudad de Granada á fines del año 1503, ó principios del -siguiente: su padre, uno de los mas célebres generales que sirvieron -á los Reyes Católicos en la conquista de aquel reino, fue D. Iñigo Lopez -de Mendoza, segundo conde de Tendilla, y primer marqués de -Mondejar, hijo del conde de Tendilla, que fue hermano entero del -duque del Infantado, D. Diego Hurtado de Mendoza, y ambos hijos -del célebre D. Iñigo de Mendoza primer marqués de Santillana; su -madre D.ª Francisca Pacheco segunda mujer del marqués, é hija de -D. Juan Pacheco marqués de Villena, y primer duque de Escalona<a name="FNanchor_1_1" id="FNanchor_1_1"></a><a href="#Footnote_1_1" class="fnanchor">[1]</a>. -Fue el quinto entre sus hermanos, que todos han merecido loable recomendacion -en nuestra historia: D. Luis el primogénito, capitan -general del reino de Granada, y despues presidente del Consejo: -D. Antonio virey en ambas Américas: D. Francisco obispo de Jaen; y -D. Bernardino de Mendoza, general de las galeras de España: consta -tambien que tuvo dos hermanas, Doña Isabel, que casó con D. Juan -Padilla, y Doña Maria, mujer de D. Antonio Hurtado, conde de Monteagudo<a name="FNanchor_2_2" id="FNanchor_2_2"></a><a href="#Footnote_2_2" class="fnanchor">[2]</a>.</p> - -<p>No hay pruebas para persuadir naciese en Toledo, como quiso -D. Tomás Tamayo de Vargas, y consta que sus padres permanecieron -en Granada todos aquellos años, por ser necesaria su presencia en -ciudad recien conquistada, inquieta y sospechosa, y que con motivo -del excesivo celo del cardenal Jimenez por la conversion de los mahometanos,<span class="pagenum"><a name="Page_x" id="Page_x">[x]</a></span> -se levantó al fin en el mes de diciembre de 1499, y duraron -los movimientos de aquel reino casi dos años<a name="FNanchor_3_3" id="FNanchor_3_3"></a><a href="#Footnote_3_3" class="fnanchor">[3]</a>.</p> - -<p>No es creible que por huir de aquel peligro, se retirase á Toledo la -marquesa, heroina de ánimo tan varonil, que en la fuerza del alboroto -del Albaicin, luego que el marqués llegó á sosegar los sediciosos, -se quedó con sus hijos pequeños, en una casa junto á la mezquita -mayor, á manera de rehenes<a name="FNanchor_4_4" id="FNanchor_4_4"></a><a href="#Footnote_4_4" class="fnanchor">[4]</a>.</p> - -<p>Logró D. Diego particular instruccion en su niñez, y verosimilmente -la mayor parte de ella de Pedro Mártir de Angleria; pues habiendo -este instruido á todos los magnates de aquel tiempo, viviendo en -Granada, y estando tan obligado á los Mendozas, que el primer conde -de Tendilla le trajo á España, y mantuvo estrecha comunicacion con -el padre de D. Diego<a name="FNanchor_5_5" id="FNanchor_5_5"></a><a href="#Footnote_5_5" class="fnanchor">[5]</a>, franquearia á este la instruccion que con -menor obligacion habia comunicado á los demás. Aprendió allí gramática, -y algunas nociones de la lengua arábiga, que cultivó toda su -vida. Pasó despues á Salamanca, donde estudió las lenguas latina y -griega, filosofía y derecho civil y canónico. En aquel tiempo fue cuando -parece escribió por entretenimiento, y como descanso de mas -graves estudios, <i>La vida del Lazarillo de Tormes</i>, obra ingeniosa, de -buen lenguaje, y singular invencion: Fr. Josef de Sigüenza afirma que -el autor del <i>Lazarillo</i> fue Fr. Juan de Ortega, religioso gerónimo, pero -generalmente se cree que fue D. Diego de Mendoza.</p> - -<p>Inclinado por su genio á engolfarse en acciones de mayor estrépito -y renombre, pasó á Italia, y militó muchos años. No constan en particular -las guerras, ni batallas en que se halló, pero hablando él mismo -del mal aparejo y desórdenes que veía en la guerra de Granada, -los compara con los <i>numerosos ejércitos en que yo me hallé</i>, dice, <i>guiados -por el emperador D. Cárlos, y otros por el rey Francisco de Francia</i>; -de donde se puede conjeturar se halló en el ejército que sitió á Marsella -en 1524, y en la batalla de Pavía, en que afirma Sandoval se -distinguió la compañía de D. Diego de Mendoza, que es favorable conjetura -para creer fuese nuestro autor; si bien eran algunos los que en -aquel tiempo se conocian con el mismo nombre y apellido, que no -se puede afirmar por cosa cierta.</p> - -<p>Igualmente es verosímil que concurrió á la guerra que se hizo contra -Lautrec sobre el ducado de Milan, y á la batalla de la Bicoca en -1522, así como á la entrada de Cárlos V en Francia el año 1536. Lo cierto -es, que aun siguiendo la inquietud y estruendo de las armas, manifestaba -su ardiente inclinacion á la literatura, y en el tiempo del -invierno en que aquellas regularmente permitian mas descanso y -ociosidad, dejaba los cuarteles y pasaba á las mas célebres universidades,<span class="pagenum"><a name="Page_xi" id="Page_xi">[xi]</a></span> -como Bolonia, Padua, Roma y otras, para aprender de los -maestros de mayor mérito, matemáticas, filosofía y otras ciencias<a name="FNanchor_6_6" id="FNanchor_6_6"></a><a href="#Footnote_6_6" class="fnanchor">[6]</a>. -Oyó entre otros á Agustin Nifo y á Juan Montesdoca, famoso filósofo -sevillano, muy aplaudido y premiado en las universidades de -Italia, y que murió en 1532<a name="FNanchor_7_7" id="FNanchor_7_7"></a><a href="#Footnote_7_7" class="fnanchor">[7]</a>.</p> - -<p>Sus talentos, aplicacion y distinguida estirpe le hicieron tan recomendable -á Cárlos V, que formando concepto muy sublime de las -prendas de D. Diego, le apreció mucho en tiempo de su imperio, y -le confió los negocios y embajadas mas críticas de su reinado. En 1538 -se hallaba ya de embajador en Venecia. El año antes habia hecho la -liga santa contra el turco, el papa, el emperador, y los venecianos; y -no correspondiendo las ventajas á los deseos de la señoría, desconfiaba -ya, y temia mayores pérdidas: y como las instrucciones del embajador -tenian por objeto mantenerla firme contra el turco, y que no se -aliase con la Francia; luego que advirtió D. Diego las zozobras de los -senadores, y que habian destinado á Constantinopla á Lorenzo Gritti -para tratar de paces, hizo presente en una audiencia secreta con elocuente -vehemencia, aunque con igual modestia, sabia que la república -intentaba ajustar paces sin incluir á su soberano, que estaba -dispuesto á continuar la guerra, y aun asistir en la armada<a name="FNanchor_8_8" id="FNanchor_8_8"></a><a href="#Footnote_8_8" class="fnanchor">[8]</a>. Pintó -la incierta fe de los bárbaros diferentes en costumbres, religion, en -leyes, y enemiguísimos de los cristianos, el sincero objeto de los -aliados, por defender la iglesia, y oprimir á sus enemigos; que si en -la pasada campaña no se habian logrado las esperanzas que esperaron -se podian resarcir los daños en la primera ocasion, humillar al enemigo -comun, y recobrar muchas de sus conquistas. Que si hacian las -paces, y el emperador quedase en guerra, no disminuirian gastos, -pues debian mantenerse armados, y perdian la esperanza de la mejora -que podian tener, perseverando en la alianza. Concluyó que confiaba -en la prudencia del senado, no querria buscar pretexto para -abandonar la liga, ni preferir á esta las paces siempre peligrosas con -el turco. Fue la respuesta, que habiendo sido infructuosa la liga años -anteriores, y habiendo propuesto el rey de Francia una tregua general -á todos los príncipes cristianos en Constantinopla, seria muy útil -su aceptacion, para que el César se dispusiese á las expediciones que -meditaba en Levante. Alcanzó en efecto Gritti con gran trabajo treguas -por tres meses, sin quedar esperanza de la tregua universal, cuyo -nombre aborrecian los turcos por el odio que tenian á Cárlos V. Ajustaron -paces despues, y para ellas influyó mucho Francisco I, rey de -Francia, que por contrarestar á Cárlos V estaba coligado con el turco, -y entre otros le envió dos embajadores, César Fragoso, genovés, y<span class="pagenum"><a name="Page_xii" id="Page_xii">[xii]</a></span> -Antonio Rincon, español, que muertos en el Pó por soldados españoles, -y registrados, les encontraron las instrucciones, y entre ellas -muchas concernientes á Venecia, y contrarias á sus intereses<a name="FNanchor_9_9" id="FNanchor_9_9"></a><a href="#Footnote_9_9" class="fnanchor">[9]</a>. Dirigiólas -el marqués del Basto á D. Diego, y este las hizo presentes al -senado, para que comprendiese las potencias en que debia fiarse, y -cuan gran yerro habia cometido en abandonar la liga del emperador, -procurando mantener y afianzar la amistad del rey de Francia, que -como constaba en aquellas instrucciones, no cuidaba de los intereses -de la república.</p> - -<p>Además de desempeñar la embajada con esplendor, perseveró con -teson en el estudio, y sobre todo puso particular esmero en juntar -manuscritos griegos, en hacerlos copiar á gran costa, buscarlos y -traerlos de los mas remotos senos de la Grecia; de suerte que envió -hasta la Tesalia y monte Athos á Nicolás Sofiano, natural de Corcira, -á investigar y copiar cuanto hallase recomendable de la erudicion -griega. Valióse tambien de Arnoldo Ardenio, doctísimo griego, para -que le trasladase con extraordinarios gastos muchos códices manuscritos -de varias bibliotecas, y particularmente de la que fue del cardenal -Besarion.</p> - -<p>Por su medio logró la Europa muchas obras que aun no habia visto, -y quizás no veria, de los mas célebres autores griegos, sagrados y profanos, -como son san Basilio, san Gregorio Nacianceno, san Cirilo -Alejandrino, todo Arquimedes, Heron, Apiano, y otros<a name="FNanchor_10_10" id="FNanchor_10_10"></a><a href="#Footnote_10_10" class="fnanchor">[10]</a>. De su -biblioteca se publicaron las obras completas de Josefo; pero lo que -principalmente la ha hecho memorable fue el regalo que le hizo el -gran turco Soliman, por haberle enviado un cautivo, que amaba con -extremo, libre y sin rescate, aunque Don Diego lo compró á gran -precio de los que le habian hecho prisionero. El gran señor queria -manifestar su agradecimiento con dones correspondientes á su grandeza, -pero D. Diego admitió solo una recompensa propia de la nobleza -de su nacimiento, y del desinterés de un ministro público. La señoría -de Venecia se hallaba con extrema escasez de granos, y por sacarla -de tan estrecho ahogo, pidió á Soliman permitiese á los vasallos -de Venecia comprar libremente trigo en los estados turcos, y -conducirlo á los de la república. Logró esta súplica, y otra segunda, -que fue la remision de muchos manuscritos griegos, que preferia á -los mas ricos tesoros. Varian mucho los autores sobre el número -de ellos: Andrés Escoto no duda asegurar, que recibió una nave -cargada de manuscritos: Claudio Clemente copia las mismas palabras -en la historia de la biblioteca del Escurial: Ambrosio de Morales y -D. Nicolás Antonio aseguran que fueron seis arcas llenas: últimamente<span class="pagenum"><a name="Page_xiii" id="Page_xiii">[xiii]</a></span> -D. Juan de Iriarte en la Biblioteca de los manuscritos griegos de la -librería real de esta corte, obra recomendable por su mérito y por las -muchas noticias que da de varios escritos apreciables de célebres autores -aun no publicados, rebaja extraordinariamente el número de -volúmenes; y persuadido del catálogo de los manuscritos griegos de -D. Diego que copió de un códice propio de la librería del duque de -Alba, asegura que no fueron mas que treinta y un volúmenes; cuyo -catálogo inserta en dicha biblioteca.</p> - -<p>Esta es la noticia que nos queda de tan celebrado don, y no es difícil -resolver cual de las relaciones sea la verdadera; pues aunque de -una parte es inmenso el número que dan á entender Andrés Escoto y -Claudio Clemente, por otra es muy diminuto el que asigna el mencionado -catálogo; ni sabemos quien le formó, ni si copió todos los que -vinieron de Constantinopla: pudo tal vez elegir los mas selectos, ó -aquellos de quien tuvo noticia, sino es que creamos lo hizo cuando -ya estaba deshecha la librería de D. Diego, y solo numeró los códices -que restaban. Parece pues mas verosímil y cierta la relacion de Don -Nicolás Antonio; y así creemos que ni fue tanta la copia que pondera -Escoto, ni tan pequeña como expresa el catálogo, que á la verdad ni -corresponde al eco que corrió y corre en toda la Europa del mencionado -regalo; ni á la grandeza de Soliman, que no sabemos fuese avaro -de estas riquezas que poseia en tanta abundancia y que tan poco le -servian. Sobre todo deja fuera de duda la verdad de la relacion de -Morales, el haberla hecho este en una dedicatoria dirigida al mismo -D. Diego, á quien conocia, y á quien trataba; á quien consultaba, y á -quien habria oido muchas veces la verdadera narracion.</p> - -<p>De la diligencia de D. Diego en adquirir los manuscritos se convence -la extravagante y atrevida maledicencia de Schochio, que fingió que -para juntar la biblioteca que meditaba, hurtó los manuscritos griegos -que dejó el cardenal Besarion á la república de Venecia, con tal sutileza, -dice, que no se puede pensar mayor. Asegura que ya se habia -venido á España cuando se advirtió que en lugar de aquellos habia -puesto otros libros vulgares de igual volúmen, para que de ese modo -no se descubriese tan facilmente el hurto. ¿Pero de quién habla este -beocio? ¿Juzga acaso este tardo aleman que D. Diego de Mendoza era -algun Glareano, algun Sciopio, ú otro oscuro gramático? Hay mucha -diferencia entre los sabios: el nacimiento y la crianza dan ideas muy -diferentes: el empleo y las riquezas de D. Diego le facilitaban la ejecucion -de sus designios. ¿Qué particular hizo mayores gastos? ¿Quién -tuvo valor para enviar á sus expensas á buscar manuscritos en los -mas retirados senos de la Grecia? ¿Ni quién logró circunstancias mas -oportunas? Además de esto se mantuvo muchos años en Venecia, incierto -si permaneceria ó no en aquella ciudad; ¿pues cómo podria cometer -tal desacierto sin exponerse á que lo descubrieran antes de -retirarse? ¿Y qué pruebas expone Schochio? ¿qué autores cita para<span class="pagenum"><a name="Page_xiv" id="Page_xiv">[xiv]</a></span> -apoyar proposicion tan atrevida? Quede pues por cierto que afirma -lo que él seria capaz de cometer, y que creyó era algun Schochio el -embajador de Cárlos V.</p> - -<p>Era su casa la mansion de las personas eruditas, trataba á los sabios -de Italia con la estimacion de hombre que lo era. En el senado era un -Demóstenes, y un Sócrates en casa. En aquel admiraban el torrente -de su elocuencia los senadores; y en esta embelesaba con su erudicion, -con sus noticias y discursos filosóficos, á los cardenales, obispos, -nobles y literatos que con gran frecuencia le visitaban.</p> - -<p>Buen testigo es Paulo Manucio, celebérrimo humanista, que en aquel -tiempo le dedicó las obras filosóficas de Ciceron, corregidas con sumo -esmero; si bien dice, que ya D. Diego con su continua lectura y perspicacia -habria hecho las mismas ó mas enmiendas. De aquella dedicatoria -sabemos que se aplicaba principalmente á la filosofía; que tuvo -una hermana sabia, muy instruida en la lengua latina, é igualmente -valerosa, y que el dictámen de D. Diego en órden á la enseñanza de -la juventud, era que gastasen el largo tiempo que dedican á la lengua -latina, en aprender las ciencias en la lengua materna, como lo -persuadió antes el cardenal Alcolti, que posaba en casa D. Diego. Favoreció -á muchos griegos que llegaban huyendo de la penosa esclavitud -del turco. Lázaro Bonamico le dirigió por este tiempo, ó poco -despues una carta latina en verso heróico, en que describiendo el -método de vida y estudios que él disfrutaba, le persuade se entregue -á su genio, esto es, al estudio y consideracion de la naturaleza; realza -su aplicacion á la filosofía, su vigilancia en procurar los intereses -del César, y resistir al turco, enemigo comun, pondera su elocuencia, -la estimacion que de su persona hacian los senadores, el socorro de -trigo que por su causa evitó una horrible hambre en los estados venecianos, -su generosidad en enviar á la Grecia personas que trajesen -antiguos monumentos; y últimamente lo acepto que era á Cárlos V, -y como se aprovechaba del valimiento, para que perdonase á unos, -y favoreciese á otros.</p> - -<p>En estas ocupaciones pasaba, cuando le nombró el César gobernador -de la república de Sena, sin que dejase, á lo que parece, la embajada -de Venecia. Es Sena una ciudad de Toscana á cinco leguas de -Florencia, rica, populosa, amiga de su libertad, que conservó por -muchos siglos como república independiente; la discordia al fin dividió -sus habitantes, que por último recurso acudieron al emperador, á -quien pidieron patrocinio para poner freno á algunos ciudadanos turbulentos. -Condescendió Cárlos V y envió á D. Diego de Mendoza, que -informado de todas las disensiones, del orígen de ellas, y de los intereses -particulares que movian á los seneses, procuró vencer por -buenos términos todos los inconvenientes, y mantener los ciudadanos -en tranquilidad<a name="FNanchor_11_11" id="FNanchor_11_11"></a><a href="#Footnote_11_11" class="fnanchor">[11]</a>. Sin duda manifiesta el afecto que tenia á<span class="pagenum"><a name="Page_xv" id="Page_xv">[xv]</a></span> -aquella república en una representacion vehemente que hizo al emperador -cuando pasó por la Italia el año de 1543, para asegurar aquellas -costas del desembarco é invasion que amenazaba el turco, movido -por Francisco I rey de Francia.</p> - -<p>Hallábase el César exhausto de dinero; tomó del rey de Portugal -cuantiosas sumas, vendió á Cosme de Medicis, duque de Florencia, las -fortalezas de Florencia y Liorna en ciento y cincuenta mil ducados, -y estuvo en Bugeto con el pontífice, que vino á verle con el pretexto -de ponerle en paz con el rey de Francia, y de adelantar el concilio tridentino; -pero principalmente con el designio de comprar los estados -de Milan y Sena para su nieto Octavio de Farnese. La escasez de dinero -con que se hallaba el emperador le hacian, aunque con alguna -repugnancia, dar oidos á estas cosas, y sin duda se hubiera efectuado -la venta, á no haberle hecho D. Diego de Mendoza una representacion<a name="FNanchor_12_12" id="FNanchor_12_12"></a><a href="#Footnote_12_12" class="fnanchor">[12]</a>, -en que exponia al emperador el deshonor que le resultaba -de efectuar esta contrata, como lo mal que habia hecho en lo antecedente -de las fortalezas de Florencia y Liorna: extendíase despues -sobre la conducta del pontífice, sobre los trabajos que habia ocasionado -al emperador, y como movió al rey de Francia, y consiguientemente -al turco. Esta representacion tuvo el efecto que deseaba el -autor de ella: desistió el emperador, pasó á Alemania dejando á -D. Diego las instrucciones que debian dirigirle en la asistencia al concilio -tridentino, que á grandes distancias de la cristiandad, y principalmente -del emperador, habia convocado el papa Paulo III en bula -de 22 de mayo de 1542. Despues de muchas dilaciones, inconvenientes -y dudas sobre el lugar en que debia celebrarse, se habia elegido á -Trento, ciudad que parte los términos de Italia y Alemania, y sujeta á -Cristóbal Madrucci, obispo de ella, y poco despues cardenal.</p> - -<p>Ya el emperador habia expedido sus poderes desde Barcelona en 18 -de octubre de 1542, nombrando sus embajadores al gran canciller -Granvela, su hijo el obispo de Arras, y D. Diego de Mendoza, quienes -llegaron á Trento en 8 de enero de 1543; pues aunque el marqués -de Aguilar embajador en Roma estaba tambien nombrado, no se apartó -de aquella capital<a name="FNanchor_13_13" id="FNanchor_13_13"></a><a href="#Footnote_13_13" class="fnanchor">[13]</a>. Daba el emperador á todos cuatro en comun, y -á cada uno en particular, poder y autoridad, para que representasen -su persona, defendiesen y promoviesen sus derechos, y mantuviesen -sus prerogativas, tanto como emperador, cuanto como rey de España, -y señor de sus restantes dominios. Visitaron los embajadores á -los legados, que eran los cardenales Moron, Paris y Polo, y extrañando -la poca concurrencia de padres, preguntaron si las demás naciones -habian prometido su asistencia al concilio, y en que términos debian -ejercer la autoridad de embajadores en aquel congreso; evacuadas<span class="pagenum"><a name="Page_xvi" id="Page_xvi">[xvi]</a></span> -ambas preguntas, quiso el gran canciller exponer en la iglesia mayor -con toda solemnidad los poderes que traía del emperador, y manifestar -los motivos de no asistir personalmente. Resistiéronse los legados, -hubo amargas quejas; pero en fin se convino en que fuesen recibidos -al siguiente dia públicamente en casa del legado Paris, el mas antiguo -de los tres cardenales. El obispo de Arras expuso en una larga oracion, -y ante gran concurso de gentes, los deseos y diligencias del emperador -porque se celebrase el concilio: exhibieron sus poderes, é instaron -en que se acelerase la venida de los prelados y teólogos italianos, -y se estimulase á los franceses, pues ellos estaban prontos á permanecer -allí, ó pasar á solicitar los obispos de Alemania. En efecto, -Granvela por dar mayor calor á la celebracion del concilio, pues veía -los pocos prelados que habian concurrido, daba á entender seria mas -conveniente un concilio nacional en Alemania; proposicion que alteraba -en extremo á los legados y á la corte romana. Al fin padre é hijo -pasaron á la junta de Norimberg, y D. Diego quedó algunos meses en -Trento. En este tiempo hizo la representacion mencionada sobre la -venta de Milan, y viendo que los obispos de España no concurrian -tan presto, y que muchos de los que vinieron á Trento se habian retirado, -se volvió á su embajada de Venecia con grande sentimiento de -los legados y del papa, que se quejó al emperador, pero al fin se aprobó -su conducta, y expidió una bula, en que exponiendo las discordias -sobrevenidas entre el rey Francisco y Cárlos V, y juntamente el -terror que infundia en toda la Italia el turco con sus armas, retardaba -el concilio á tiempo mas oportuno<a name="FNanchor_14_14" id="FNanchor_14_14"></a><a href="#Footnote_14_14" class="fnanchor">[14]</a>.</p> - -<p>En 24 de agosto del año 1534 dirigió un diploma á Cárlos V exhortándole -á la paz, que efectuada con Francia proporcionó la nueva -indiccion del concilio para 15 de mayo de 1545, aunque se prorogó -el principio de él hasta 13 de diciembre. Por marzo volvió D. Diego de -Venecia á Trento; y ajustadas las ceremonias con que se le habia de -tratar, pretendió exponer en la iglesia mayor, lugar destinado á las -sesiones del concilio, las cartas que le autorizaban, pero se convino -en presentarlas en casa de los legados cardenales del Monte y -Santa Cruz, donde manifestó sus poderes, y juntamente expuso en -una oracion latina las intenciones del César, y el sincero ánimo en -que se hallaba de concurrir por su parte á dar cumplimiento á los deseos -de toda la cristiandad<a name="FNanchor_15_15" id="FNanchor_15_15"></a><a href="#Footnote_15_15" class="fnanchor">[15]</a>. Halláronse presentes el cardenal Madrucci, -en cuya casa habitaban los legados y los obispos que hasta -entonces habian concurrido, que fueron Tomás Copeggi de Feltre, -Tomás de San Félix de la Cava, y Fr. Cornelio Muso, franciscano, -obispo de Bitonto, y el mas elocuente predicador de su tiempo. Á 8 -de abril llegaron los embajadores del rey de romanos; celebróse una<span class="pagenum"><a name="Page_xvii" id="Page_xvii">[xvii]</a></span> -solemne congregacion para recibirlos; y en ella pretendió D. Diego -preceder al cardenal Madrucci, y sentarse despues de los legados, -alegando que pues representaba al emperador, debia tener asiento -en el mismo lugar que ocuparia S. M. Cesárea. Urgia el tiempo, y por -no ser molesto, ni inutilizar aquella junta, convino en colocarse de -modo, que ni cedia ni tomaba precedencia alguna.</p> - -<p>Volvió en otra ocasion á instar sobre lo mismo, diciendo que si se -hallasen juntos el padre santo y el emperador, ninguno podia pretender -ponerse en medio, y que lo mismo debian observar las personas -que los representaban; añadiendo que obraba con el parecer y -consejo de hombres doctos. Respondieron los legados en términos -generales se hallaban dispuestos á dar á cada uno su debido lugar; pero -que por sí mismos no tomaban resolucion sobre sus pretensiones; -y que era necesario aguardar la respuesta de Roma sobre ellas. Convino -gustoso el embajador, porque como sabia la grande autoridad -que los emperadores habian tenido siempre en los concilios, esperaba -se hallasen en los archivos romanos documentos incontestables -que autorizasen su preeminencia: añadió estaba pronto á ceder fuera -del concilio á cualquier sacerdote, pero en él, nadie despues del -papa tenia mayor autoridad y preeminencia que su príncipe<a name="FNanchor_16_16" id="FNanchor_16_16"></a><a href="#Footnote_16_16" class="fnanchor">[16]</a>.</p> - -<p>Los legados deseaban principiar el concilio; pero el corto número -de obispos que hasta entonces habian llegado, y otros motivos que -tenia el emperador, obligaban á D. Diego á detenerlo con sus justos -y fundados reparos.</p> - -<p>Ocupábase entre tanto en sus estudios; buscaba el trato de las personas -sabias, y ofreciéndose celebrar el nacimiento del infante de -España el príncipe D. Cárlos, acaecido en 8 de julio de 1545, dispuso -tres solemnes fiestas, en que oraron el obispo de San Marcos, napolitano, -sabio en latin y griego, Fr. Domingo Soto, y el elocuente fray -Cornelio Muso.</p> - -<p>Los cuidados, la aplicacion, ó la mudanza de aires alteraron su -salud, y comenzó á padecer unas cuartanas, que le obligaron á retirarse -á Venecia, y le molestaron muchos meses; pero no por esto -dejó de cuidar de Sena, de su embajada de Venecia, y de lo del concilio, -donde pasaba algunas veces. Al fin celebrado el congreso de -Worms, le ordenó el emperador asistiese en Trento, porque no se -dijese quedaba por sus ministros dar principio al concilio. En 13 -de diciembre de 1545 se hizo la abertura tan deseada, con la mayor -solemnidad, y se celebró la primera sesion, y en 7 de enero de 1546 -la segunda, á las que no pudiendo asistir D. Diego por hallarse enfermo -en Venecia, envió su secretario Alonso Zorrilla, para que hiciese -presente su indisposicion<a name="FNanchor_17_17" id="FNanchor_17_17"></a><a href="#Footnote_17_17" class="fnanchor">[17]</a>. La sesion tercera se tuvo en 4 de febrero<span class="pagenum"><a name="Page_xviii" id="Page_xviii">[xviii]</a></span> -del mismo año, y despues de la cuarta llegó á Trento D. Francisco -de Toledo, embajador de Cárlos V, porque reconociendo D. Diego la -terquedad de su indisposicion, y cuan necesaria era la asistencia de -los embajadores imperiales, habia suplicado al César enviase otro en -su lugar, como se le concedió, con la circunstancia de que el compañero -ejerciese por sí solo las funciones de la embajada, ó en compañía -de D. Diego, si la salud de este lo permitiese. D. Francisco pasó despues -de cuatro dias á Padua á visitar á su compañero, para que le enterase -á fondo de las instrucciones del emperador, de las de los legados, -y del método que era menester seguir en un congreso tan sagrado -y de tan delicadas circunstancias<a name="FNanchor_18_18" id="FNanchor_18_18"></a><a href="#Footnote_18_18" class="fnanchor">[18]</a>.</p> - -<p>Aun sin estar libre de sus cuartanas, que fueron tan perniciosas que -se llegó á temer de su vida, pasó de Padua á Trento á instancias de -D. Francisco de Toledo, que volvió á visitarle, y del doctor Paez de -Castro, que vino en su compañía; y juzgaron los padres tan necesaria -su asistencia á la congregacion general que precedió á la sesion quinta, -que la difirieron un dia, porque en el que se habia de celebrar, -era el mismo en que sobrevendria la fiebre á D. Diego. Queriendo los -legados proceder á la decision de los dogmas, D. Diego aconsejó á Don -Martin Perez de Ayala (que habia llegado á Trento en el mes de setiembre -de 1546, y le habia aposentado despues de muchos ruegos en -su propia casa, tanto por el aprecio que hacia de sus virtudes y literatura, -como porque habia sido confesor de su hermano el obispo de -Jaen, ya muerto desde el año de 43), que como tan instruido en la -materia <i>de justificatione</i>, que á la sazon querian decidir, manifestase el -modo de pensar de los herejes, y notase las decisiones que pretendian -hacer los legados por diminutas, y que no comprendian todos -los errores de los protestantes. D. Martin Perez de Ayala pidió audiencia, -peroró en ella una hora, expuso la materia, y de tal modo pintó -sus consecuencias, que se examinó la doctrina mas de otros cuatro -meses<a name="FNanchor_19_19" id="FNanchor_19_19"></a><a href="#Footnote_19_19" class="fnanchor">[19]</a>. Aunque D. Diego rara vez concurria á las congregaciones -particulares á causa de su indisposicion, quiso no obstante asistir á -aquella en que fueron recibidos los embajadores de Francia, por dar -mas solemnidad al acto, y manifestarles su buen ánimo, y la armonía -que deseaba entablar, y mantener con ellos<a name="FNanchor_20_20" id="FNanchor_20_20"></a><a href="#Footnote_20_20" class="fnanchor">[20]</a>.</p> - -<p>Por estos dias se publicó impresa en Venecia la Suma de los Concilios -de fray Bartolomé Carranza, dominicano, famoso por su valimiento -y su caida, dedicada á D. Diego, que respondió al autor en -una carta latina aunque breve, elocuente y nerviosa. Juan Paez de -Castro, célebre doctor cronista y capellan de honor de Felipe II, habia<span class="pagenum"><a name="Page_xix" id="Page_xix">[xix]</a></span> -pasado á aquella ciudad recomendado á D. Diego por Gerónimo -de Zurita, exacto historiador de Aragon, y por Gonzalo Perez, secretario -de Felipe II, conocido por la traduccion de la Odisea, y mucho -mas por los excesos de su hijo Antonio Perez. Procuró D. Diego -adelantarle, comunicóle sus libros, quiso llevarle á vivir consigo, -animóle á estudiar con teson, y á trabajar principalmente en la inteligencia -y restitucion de los autores antiguos. Consta por las cartas de -aquel sabio escritas á Gerónimo de Zurita, que habia leido la traduccion -al castellano de la mecánica de Aristóteles hecha por D. Diego, -quien tambien le habia hecho glosas: «Es tan bueno y tan humano, -dice hablando de D. Diego, que puede V. decir: <i>Nil oriturum alias, -nil ortum tale fatentes</i>. Su erudicion es muy varia, y extraña; es gran -aristotélico y matemático; latino y griego, que no hay quien se le -pare; al fin es un hombre muy absoluto. Los libros que aquí ha traido -son muchos, y son en tres maneras: unos de mano griegos en -gran copia; otros impresos en todas facultades; otros de los luteranos: -todos estos están públicos para quien los pide, si no son los luteranos, -que no se dan sino á los hombres que tienen necesidad de los -ver para el concilio. Ha sido tan gran cosa esta, y tan grandemente -dispuesta, que allende de grandes costas que ha excusado, ha dado -gran luz á todos, que ni supieran que libros eran necesarios, ni de -donde se habian de traer; á lo menos yo no sabia que hacerme en -este lugar. Tienen todos creido que medrará mucho concluido este -concilio, y que S. M. le hará obispo, y su santidad cardenal: plega -á Dios que sea así, y en él estará todo bien empleado<a name="FNanchor_21_21" id="FNanchor_21_21"></a><a href="#Footnote_21_21" class="fnanchor">[21]</a>.» Así -se explica aquel sabio aragonés, testigo ocular de las ocupaciones de -D. Diego; y lo mismo aseguran cuantos eruditos le trataron. Eran por -cierto necesarios testimonios tan irrefragables para creer que un político -entregado á conocer, y manejar los intereses y ánimos de los -soberanos, encargado de negocios gravísimos, atento á tantas formalidades -como la vanidad ha introducido en aquella carrera, tuviese -el tiempo, la aficion, y la abstraccion que se requiere para estudios -tan profundos. El mismo D. Diego dice en una carta que en su -vejez escribió á Zurita: «Estoy maravillado de los muchos libros que -hallo leidos habiendo aprendido tan poco de ellos<a name="FNanchor_22_22" id="FNanchor_22_22"></a><a href="#Footnote_22_22" class="fnanchor">[22]</a>.» Anotaba lo -que leía, y como los viajes le imposibilitaban llevar consigo su librería, -le acaeció ilustrar tres y cuatro diferentes ejemplares manuscritos, -ó impresos de un mismo autor. Agregaba la curiosidad de las -monedas antiguas, de que habia hecho un gran tesoro. Ocurria á tantos -gastos la liberalidad de Cárlos V, que por este tiempo le libró<span class="pagenum"><a name="Page_xx" id="Page_xx">[xx]</a></span> -9,000 ducados de ciertas cuentas, y le añadió una pension de 1,500 con -el fin, segun parece, de destinarle embajador á Roma.</p> - -<p>Á este tiempo declaró el emperador la guerra á los protestantes: -toda Alemania se conmovió, algunos padres del concilio meditaban -ausentarse, y aun los legados juzgaban oportuna la traslacion ó interrupcion -del concilio, asustados del riesgo en que creían hallarse, -por estar tan inmediato Trento á los paises enemigos. D. Diego sintió -en extremo esta resolucion de algunos; hizo presente, que habiendo -emprendido el emperador aquella guerra á favor de la religion, y -principalmente á favor del concilio, le seria muy dolorosa la retardacion -de este, y que no era buena correspondencia que el César emprendiese -guerra de tanta consecuencia por mantener el concilio, y -se disolviese este por causa de la misma guerra<a name="FNanchor_23_23" id="FNanchor_23_23"></a><a href="#Footnote_23_23" class="fnanchor">[23]</a>. Pasó poco despues -á Venecia, y antes se despidió de los padres dia 17 de julio por -la tarde, en que se celebró junta con el motivo de la alteracion que -habia ocurrido por la mañana, entre Dionisio Sanetin, obispo de Chiron, -y el obispo de la Cava<a name="FNanchor_24_24" id="FNanchor_24_24"></a><a href="#Footnote_24_24" class="fnanchor">[24]</a>.</p> - -<p>En Venecia se quejó amargamente á aquella señoría de las desconfianzas -que habian tenido del emperador, y de que en fuerza de ellas -hubiesen sospechado que Cárlos V intentaba sujetar toda la Alemania -con pretexto de religion; por cuya causa habia procurado la señoría -disuadir al pontífice la confederacion con el César, y habia recibido -embajadores de las potencias enemigas. La respuesta fue excusar la -señoría lo que se decia haber efectuado, y aparentar grande adhesion -á los intereses del emperador.</p> - -<p>Regresó á Trento, y volvióse á tratar de la traslacion del concilio, -ya porque los legados recelaban de la inmediacion de los enemigos, -ya porque se hallaban disgustados en Trento. D. Diego, á quien habia -escrito el César su voluntad, expuso en una junta cuanto resistía -este á la traslacion, de suerte que ninguna cosa podian proponerle -mas repugnante, que la ejecucion de tales designios: manifestó con -brio y elocuencia cuantas consecuencias podian resultar<a name="FNanchor_25_25" id="FNanchor_25_25"></a><a href="#Footnote_25_25" class="fnanchor">[25]</a>. Poco despues -se retiró D. Diego á Venecia, y D. Francisco de Toledo á Florencia, -dejando en su lugar á los cardenales Madrucci y Pacheco, que -siguieron con teson el empeño del César, aunque no con mucha felicidad, -pues se celebró la sexta sesion el 13 de enero de 1547, y se -publicó el decreto sobre la justificacion; y aunque D. Diego facilmente -podia volver á Trento desde Venecia, se mantuvo en esta capital.</p> - -<p>El emperador creyó que enviando á la corte de Roma á D. Diego, -que la conocia exactamente, aceleraria las cosas del concilio. En<span class="pagenum"><a name="Page_xxi" id="Page_xxi">[xxi]</a></span> -efecto pasó de embajador al pontífice en 1547 llevando en su compañía -á D. Martin Perez de Ayala. Pasó por Venecia, Bolonia, Florencia, -Capilla, Risa, Luna, donde se detuvo el mes de febrero y -marzo, muy cortejado del duque de Pomblin, con quien tenia que -tratar varios encargos del emperador. Por pascua de resurreccion entró -en Roma con el mayor triunfo y pompa que hasta allí habia entrado -embajador alguno<a name="FNanchor_26_26" id="FNanchor_26_26"></a><a href="#Footnote_26_26" class="fnanchor">[26]</a>: hizo poco despues presente al pontífice -en un escrito las razones del emperador á favor del concilio, y los -motivos que tenia para oponerse á la traslacion, ó suspension. El -pontífice respondió apoyando la traslacion del concilio; y entre tanto -se celebró la séptima sesion en 3 de marzo de 1548, é insistiendo -los romanos en la traslacion, se valieron de la casualidad de haber -muerto dos prelados, y algunos familiares de los legados para aparentar -que habia peste. Opusiéronse con ardor los españoles, principalmente -el cardenal Pacheco, pero al fin se resolvió la traslacion á Bolonia -en la octava sesion celebrada en 11 de marzo, prevaleciendo -cuarenta y cuatro votos contra doce que se opusieron, casi todos españoles. -Estos dieron inmediato aviso al emperador, que cuatro horas -despues de sabida la noticia, envió una posta á Roma, para que -antes que el papa confirmase la traslacion, y se estableciesen los padres -en Bolonia, se volviesen á Trento. Entre tanto habia vuelto á -Roma D. Diego de Mendoza, y con su gran teson y eficacia logró se -detuviesen todas las determinaciones en Bolonia. Mandó el pontífice -á los legados no declarasen por legítima la traslacion, sino que prorogasen -la sesion, como la prorogaron en la que se celebró el 21 de -abril<a name="FNanchor_27_27" id="FNanchor_27_27"></a><a href="#Footnote_27_27" class="fnanchor">[27]</a>.</p> - -<p>Empeñado Cárlos V en que el concilio volviese á Trento, mandó al -cardenal Madrucci, que habia pasado á verle á Alemania, fuese á Roma, -y de acuerdo con D. Diego de Mendoza persuadiesen al pontífice -el restablecimiento del concilio por todos los medios que pudiesen. -Dióle varias instrucciones para que las pusiese en ejecucion D. Diego, -en caso que el papa no asintiese á peticiones tan justas. En efecto -todo fue en Roma en vano, pues aunque D. Diego proponia que -volverian á la ciudad de Plasencia, que por aquellos dias habia sacudido -el yugo de los Farneses, pedia que primero se diese gusto al -emperador trasladando el concilio. El pontífice juntó los cardenales, -manifestó su agradecimiento al celo y buenos oficios del emperador, -pero rehusó volver el concilio á Trento; y preguntándole al cardenal -Madrucci, si queria oir el dictámen de los cardenales sobre la -materia, respondió Madrucci: que D. Diego de Mendoza tenia que exponer -aun á su beatitud y al sacro colegio otras órdenes del emperador. -Cinco dias despues se presentó D. Diego, pidió pública audiencia,<span class="pagenum"><a name="Page_xxii" id="Page_xxii">[xxii]</a></span> -y que asistiesen á ella los embajadores de otros príncipes, para -hacer una protesta con toda formalidad; expuso en ella la necesidad -de volver el concilio á Trento, y los gravísimos inconvenientes que -se originarian de la tardanza: interrumpióle el pontífice muchas veces, -imputó la culpa á los padres de Trento, y añadió que deliberaria -con los cardenales la respuesta: retiróse D. Diego, y convinieron -en consultar á los padres de Bolonia, quienes respondieron no rehusarian -la traslacion á Trento; pero que era exponer la iglesia universal -á mayores perturbaciones: manifestaban la conveniencia y facilidad -de que los de Trento volviesen á Bolonia; y en resolucion dejaban -las cosas en el mismo estado, y la determinacion en la voluntad -del pontífice<a name="FNanchor_28_28" id="FNanchor_28_28"></a><a href="#Footnote_28_28" class="fnanchor">[28]</a>.</p> - -<p>Informado por D. Diego el emperador de las intenciones de la corte -romana, ordenó á Francisco de Vargas y á Martin Soria Velasco, sus -procuradores, protestasen tambien en Bolonia, como lo ejecutaron -con todas las formalidades de derecho; pero no recibiendo sino respuestas -generales, se ausentaron de Bolonia al siguiente dia<a name="FNanchor_29_29" id="FNanchor_29_29"></a><a href="#Footnote_29_29" class="fnanchor">[29]</a>.</p> - -<p>Todas estas contestaciones fueron leves respecto de la protesta que -volvió á hacer en Roma D. Diego, luego que tuvo noticia de la que -acababan de hacer los procuradores. Pidió audiencia pública al pontífice, -asistencia de los cardenales, el concurso de todos los embajadores, y -se presentó con toda ceremonia en aquel silencioso congreso, é hincado -de rodillas con la gravedad de su carácter leyó en nombre del emperador -una vehementísima protesta, y acabada se volvió á los cardenales, -y les intimó lo mismo, caso que el pontífice no pusiese remedio: -añadió las fórmulas del derecho, puso por testigos á todos los presentes, -y pidió á todos los secretarios pusiesen en las actas su protesta. -Oyóse con gran silencio el discurso, nadie le interrumpió, y en todos -hizo la impresion que se deja entender, de un emperador tan poderoso -é irritado<a name="FNanchor_30_30" id="FNanchor_30_30"></a><a href="#Footnote_30_30" class="fnanchor">[30]</a>.</p> - -<p>El pontífice dijo á D. Diego se le daria respuesta en el inmediato -consistorio, en el que se leyó una compuesta por el cardenal Polo, -en que repetia las razones generales, celo del papa, trabajo, y peligro -del concilio, y tomaba por medio en ella imputar á excesos del -embajador las proposiciones mas vehementes de la protesta; de -suerte que decia ser írrita, porque el encargo que el emperador habia -hecho á D. Diego era, no de entablar contestacion alguna con el papa, -sino de quejarse ante su beatitud como juez de los padres de Bolonia: -refutó pues las razones del embajador, quien al acabar de oir -la respuesta, volvió á protestar, negó haberse excedido, y pidió que<span class="pagenum"><a name="Page_xxiii" id="Page_xxiii">[xxiii]</a></span> -de lo actuado no parase perjuicio á su soberano<a name="FNanchor_31_31" id="FNanchor_31_31"></a><a href="#Footnote_31_31" class="fnanchor">[31]</a>. Sentido el papa, -y confiado en la liga con Francia, y en otros tratados políticos, respondió -en otra ocasion á varias instancias de D. Diego, «parase mientes -en que estaba en su casa, y que no se excediese:» á lo que respondió: -«era caballero, y su padre lo habia sido, y como tal habia -de hacer al pie de la letra, lo que su señor le mandaba, sin temor -alguno de su santidad, guardando siempre la reverencia que se debe -á un vicario de Cristo, y que siendo ministro del emperador, su -casa era donde quiera que pusiese los pies, y allí estaba seguro.»</p> - -<p>En los quince dias inmediatos se proyectaron varios medios para -la reconciliacion, particularmente por los italianos, que temian mas -ruidoso rompimiento; pero manteniéndose D. Diego firme, nada se -efectuó. En situacion tan difícil eligió el papa suspender el concilio: -D. Diego se opuso con la mayor eficacia; intimó al papa protestaria -mas fuertemente; pensáronse varios medios para restablecer la paz; -todo tenia sus inconvenientes, nada se efectuó, y en tan congojosa -incertidumbre murió Paulo III, á 10 de noviembre de 1549. Ascendió -al pontificado en 7 de febrero del siguiente año el cardenal Juan -Maria de Monte, que habia sido legado del concilio<a name="FNanchor_32_32" id="FNanchor_32_32"></a><a href="#Footnote_32_32" class="fnanchor">[32]</a>, quien tenia -muy conocido el mérito de D. Diego, y le estimaba tanto, que -ya por su amistad, ya porque esperaba llegaria por él á restablecer la -buena armonía con el César, y á recaudar los derechos de la Santa -Sede sobre Parma y Plasencia; concedió por solas sus súplicas el perdon -á Ascanio Colona, y le volvió todos los lugares y honores de -que le habia despojado muchos años antes su antecesor<a name="FNanchor_33_33" id="FNanchor_33_33"></a><a href="#Footnote_33_33" class="fnanchor">[33]</a>. Pero en -lo que mas se conoció su amistad, ó su celo, fue en rendirse á las repetidas -instancias que le hizo para restablecer el concilio. Determinóse -á ejecutarlo así, y acelerar la determinacion, principalmente -porque D. Diego le hizo presente que el emperador pedia pronta respuesta -sobre este punto, significando que las resoluciones que habia -de tomar en la dieta de Augusta, asignada para 24 de junio, serian -adversas ó favorables segun la resolucion del papa. En efecto este -expidió un diploma, para que se diese principio al concilio en 1.º de -mayo de 1551, y así se ejecutó, asistiendo de embajador del César -D. Francisco de Toledo, que llegó á Trento en 29 de abril del mismo -año<a name="FNanchor_34_34" id="FNanchor_34_34"></a><a href="#Footnote_34_34" class="fnanchor">[34]</a>.</p> - -<p>Por este tiempo se mantenia D. Diego en Sena, cuyos habitantes -de dia en dia se precipitaban mas. Habia en la ciudad dos bandos -principales, el de Danove afecto á los españoles; y el restante pueblo -muy adverso; y comprendiendo el gobernador por las enemistades de<span class="pagenum"><a name="Page_xxiv" id="Page_xxiv">[xxiv]</a></span> -los particulares, la imposibilidad de sujetarlos por la via de la moderacion -y buen término, como habia procurado en los principios, -se arrimó á los primeros, y cargó reciamente la mano sobre los contrarios -para sujetarlos. Habia edificado una fortaleza junto á la puerta -Camoria, camino de Florencia, y mandó que todo el pueblo condujese -allí sus armas, tratándolos con gran severidad y absoluto despotismo; -pues aquellos ánimos enconados requerian remedios mas -fuertes que su encono: estaban sumamente cansados de los españoles, -y resueltos á sacudir el yugo; buscaron el apoyo de los franceses, -que le concedieron con gran prontitud y complacencia, persuadidos -les seria aquella ciudad un seguro puerto, desde donde se extenderian -á toda la Italia, como pretendia Enrique II. Exasperados -los seneses mas y mas, y llenos de audacia con la proteccion de los -franceses, hacian cuanto daño podian á los españoles; y un dia que -D. Diego paseaba á caballo al rededor de la fortaleza, dispararon -contra él y le mataron el caballo. No se atemorizó por esto: pasó á -Roma, y para conservar á Sena, y lo demás que pudiese, pues sabia -la venida de la armada turquesca contra las costas de Italia, levantó -tres mil italianos, los entregó al conde Petillano, su íntimo -amigo, disimulado enemigo de los españoles. En conclusion Sena se -levantó, sitiaron la fortaleza, levantaron tropa, recibieron socorros -y capitanes de Francia, y D. Diego, luego que tuvo la noticia, se -valió de Ascanio de la Corna, nepote del pontífice, y llevándole consigo -fue á Perugi, y al castillo de la Piebe, confinantes á Sena, para -proveer de allí lo que fuere conveniente; pero considerando las muchas -fuerzas de los seneses, dejó allí á Ascanio, pasó á Liorna, y -en naves del duque de Florencia se fue á Orbitelo, adonde juzgaba -querian dirigirse los enemigos. Al fin el marqués de Mariñano, general -de los imperiales, venció á Pedro Stroci, general enemigo, sitió -á Sena, y á los quince meses de sitio la rindió con condiciones muy -humanas y decorosas al emperador en 22 de abril de 1555<a name="FNanchor_35_35" id="FNanchor_35_35"></a><a href="#Footnote_35_35" class="fnanchor">[35]</a>.</p> - -<p>Viendo el César que se necesitaba de mas continuo cuidado, nombró -por gobernador de Sena y sus dependencias al cardenal D. Francisco -de Mendoza, que como pariente de D. Diego habia contribuido -mucho para enviar socorros, y para que el duque de Florencia se resolviese -á defender el partido del emperador. D. Diego parece habia -vuelto á Roma á continuar su influjo sobre el concilio; y allí ocurrió -que habiendo faltado al respeto debido al emperador el barrachelo ó -alguacil cabeza de los esbirros, le hizo castigar; por lo que indignado -el pontífice, dió quejas al emperador, quien sabia muy bien no -gustaba aquella corte de D. Diego, porque la tenia muy comprendida; -y así resolvió apartarle de aquella embajada, y á principios del año -1551 habia enviado por embajador extraordinario á Roma á D. Juan<span class="pagenum"><a name="Page_xxv" id="Page_xxv">[xxv]</a></span> -Manrique de Lara, hijo de los duques de Nájera, con órden de que si -no se hallaba en aquella capital D. Diego, pasase por Sena donde estaria, -y le comunicase las instrucciones, para que como informado en -los negocios, le advirtiese y dirigiese en el manejo necesario y ejecucion -de las órdenes que llevaba. En el mismo año volvió otra vez Manrique -á Roma, y escribiendo al César el pontífice, le dice entre otras -cosas, que no diese oidos á malas lenguas que no comprendian las -entradas de su corazon, ni él se las queria descubrir; que no decia -esto por D. Diego de Mendoza, á quien queria mucho por su valor é -ingenio, y depositaba en él la misma fe que S. M.; pero que donde -se trataba el interés público, el particular y privado podian poco con -él<a name="FNanchor_36_36" id="FNanchor_36_36"></a><a href="#Footnote_36_36" class="fnanchor">[36]</a>. Esto fue en el tiempo en que se ocupaba D. Diego de Mendoza -en levantar gente en la Romanía, tanto para defender las costas de -Italia de los turcos, como para enviar á las de África amenazadas -por este enemigo comun, y así remitió mil italianos y muchos pertrechos -con Antonio Doria y D. Berenguer de Requesens.</p> - -<p>Parece se volvió á España por los años 1554, donde se mantuvo en -el consejo de estado, y acompañó á Felipe II en la gran jornada de -San Quintin el año 1557, como él mismo da á entender ponderando el -número, provision y buen órden de aquel ejército. Vuelto á la corte de -España se mantuvo en ella, no con la aceptacion de político tan sabio -como era, y de quien habia hecho tanta estima Cárlos V, ya porque -su conducta en la Italia no agradó á Felipe II, ó ya, porque como él -mismo decia quien decae en el valimiento, decae muchos grados.</p> - -<p>Algun tiempo antes escribió dos célebres cartas críticas, agudas, -elocuentes, y llenas de los mas delicados primores del lenguaje castellano -sobre la Historia de la guerra de Cárlos V contra los luteranos, -que publicó en folio en 1552 Pedro Salazar. Tomó el disfraz del -bachiller Arcade: en la primera le critica abiertamente; y en la segunda -aparenta que le excusa, pero le agrava con igual acrimonia sus -yerros<a name="FNanchor_37_37" id="FNanchor_37_37"></a><a href="#Footnote_37_37" class="fnanchor">[37]</a>.</p> - -<p>Acaecióle tambien, que hallándose en palacio tuvo palabras muy -pesadas con cierto caballero, de suerte que se vió en la necesidad de -quitarle un puñal, y arrojarlo por un balcon. Desagradó mucho al rey -D. Felipe este hecho ruidoso; parece le mandó prender, como se infiere -de algunos lugares de sus poesías, y aun salió desterrado de la -corte en la edad de 64 años que habia gastado en importantes servicios -de la corona. No quebrantó su constante ánimo esta desgracia, y -procuró justificarse en una carta escrita á un ilustrísimo señor -que quizá seria D. Diego de Espinosa, obispo de Sigüenza y presidente -de Castilla, de que hay copia entre los manuscritos de Alvar Gomez -de Castro en la Biblioteca Real. En ella se mencionan varios lances<span class="pagenum"><a name="Page_xxvi" id="Page_xxvi">[xxvi]</a></span> -mucho mas pesados que el suyo, sin que se hubiese procedido -contra los que los cometieron con tanto rigor, y acaba así: «Pudiera -traer muchos ejemplos demás de estos de hombres que se ha disimulado -con ellos, ó han sido restituidos brevemente, y no fueron tenidos -por locos; solo D. Diego de Mendoza anda por puertas ajenas, -porque de 64 años tornando por sí, echó un puñal en los corredores -de palacio, sin poder excusarlo, ni exceder de lo que bastaba. Y porque -no me tengan por historiador, dejo de poner otros muchos ejemplos, -y si estos no bastaren, allá irá mi mudo que hablará por -todos.»</p> - -<p>No bastaron sus disculpas para aplacar el ánimo de Felipe II: se retiró -despues á Granada donde vivió tranquilamente en el estudio, -separado de los negocios públicos, aunque previendo las alteraciones -que sobrevendrian en aquel reino por causa de los moriscos, y -poca armonía del capitan general y presidente de la chancillería, como -se vió en el año de 1568, 69 y 70 que principió y duró aquella -guerra, <i>parte de la cual vió</i> D. Diego <i>y parte oyó de las personas que en -ella pusieron las manos y el entendimiento</i>: así la escribió con verdad y -con tan útiles reflexiones, que con dificultad se hallará otra en castellano -que la iguale, y ninguna que la exceda.</p> - -<p>Mantúvose en Granada todos aquellos años entregado á sus estudios, -sin que dejase la diversion de la poesía, como se ve en la cancion -que dirigió á D. Diego de Espinosa, presidente de Castilla, celebrando -el capelo que la Santidad de Pio V le confirió en marzo de -1568: en ella le trata como amigo é insinua en la última estrofa lo -que padecia desterrado. Allí era consultado de los sabios sobre las -ciencias, principalmente sobre las antigüedades de España, como -consta de Ambrosio Morales en la dedicatoria que dirigió á D. Diego, -donde confiesa su extraordinaria erudicion en la geografía, y su gran -juicio y exactitud en averiguar qué sitios y pueblos modernos corresponden -á los nombres de los lugares y ciudades antiguas, para lo cual -hacia muy útil uso de las lenguas griega, hebrea y árabe, que nunca -dejó de cultivar; y en este tiempo particularmente se dedicó á investigar -las antigüedades arábigas, convidado de los muchos monumentos -que se encontraban en Granada. Juntó mas de cuatrocientos códices -árabes de erudicion muy recóndita, como lo aseguró á Gerónimo de -Zurita con quien tuvo particular amistad, y á quien habia servido con -fineza, procurando vencer los obstáculos que los émulos de aquel historiador -opusieron á los Anales de Aragon. Comunicóle tambien algunas -noticias para ellos con deseo de que insertase su nombre en -aquella historia cuando ya casi iba á cumplir setenta años, como lo -dice en carta de 9 de diciembre de 1573: de donde se infiere con certeza -el tiempo de su nacimiento<a name="FNanchor_38_38" id="FNanchor_38_38"></a><a href="#Footnote_38_38" class="fnanchor">[38]</a>.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_xxvii" id="Page_xxvii">[xxvii]</a></span></p> - -<p>Por este tiempo en que la avanzada edad y enfermedades le iban -postrando el ánimo, buscó consuelo en la comunicacion con Santa Teresa -de Jesus, que le escribió una respuesta complaciéndose la santa, -y otras religiosas que nuestro autor comunicaba, por la resolucion que -habia tomado de aspirar á la virtud; nota en la misma carta que era -muy conocido y estimado del padre fray Gerónimo Gracian, que acompañó -á la santa en el restablecimiento de su reforma, que segun se -infiere del contexto de ella, habia pedido D. Diego en dia determinado -particulares oraciones, y la santa le responde, tenian concertado comulgar -todas aquel dia por D. Diego, y ocuparlo lo mejor que pudiesen<a name="FNanchor_39_39" id="FNanchor_39_39"></a><a href="#Footnote_39_39" class="fnanchor">[39]</a>. -No vivió mucho tiempo despues de esta comunicacion. Parece -que Felipe II le permitió venir á la corte, ó para justificarse, ó para -liquidar algunos asuntos pendientes. Encomendó á Zurita le buscase -vivienda proporcionada, é inmediata á la suya: juntó sus libros -que ofreció al rey<a name="FNanchor_40_40" id="FNanchor_40_40"></a><a href="#Footnote_40_40" class="fnanchor">[40]</a>: se puso en camino; á pocos dias de haber llegado -á Madrid le acometió la última enfermedad, procedida del pasmo -de una pierna, y le acabó la vida en abril de 1575, aunque Chacon en -su Biblioteca afirma murió en 1577.</p> - -<p>En 1610 publicó en un tomo en cuarto impreso en Madrid algunas de -sus poesías Fr. Juan Diaz Hidalgo, del hábito de San Juan, que las escogió -entre otras muchas del autor con este título: <i>Obras del insigne caballero -D. Diego de Mendoza, embajador del emperador Cárlos V en Roma</i>, -y le dedicó á D. Iñigo Lopez de Mendoza, cuarto marqués de Mondejar. -Dejó de publicar otras muchas, ya por lo raro de las materias de -que tratan, ya porque no son para que vayan en manos de todos.</p> - -<p>Pero lo que mas crédito le ha dado entre los sabios es la Historia de -la guerra de Granada, de la cual, si se hubiese de hacer una analísis -exacta, era menester dilatarse mucho; con todo no podemos dejar de -notar que nuestro autor refiere en ella, no solo las acciones, sino que -copia con viveza los ánimos, caractéres, é intenciones de los personajes; -descubre las causas de las resoluciones, ó diferentes, ó encontradas; -nota las competencias fútiles é intempestivas y los intereses -particulares; é internándose en los corazones, los delinea con tanta -exactitud, que en vista de los sucesos convence no podian pensar de -otra manera. Pinta los enemigos como fueron, pero confiesa nuestro -descuido y pérdidas, reconoce sus yerros, pero manifiesta los excesos -de nuestras tropas: alaba á los moros cuando lo merecen, y vitupera -los defectos en que alguna vez incurrió su mismo hermano. En -fin yo no encuentro quien haya imitado con mas acierto á Salustio y á -Tácito, á quienes imita en las sentencias y estilo: la proposicion es -imitacion de la historia de Tácito, la oracion del Zaguer es elocuentísima,<span class="pagenum"><a name="Page_xxviii" id="Page_xxviii">[xxviii]</a></span> -concisa, muy nerviosa, cortada al aire de Demóstenes. Las -digresiones, aunque son en gran número, ganan la atencion por su -novedad, y porque toca en ellas muchos usos de nuestra antigua -milicia. El lenguaje y estilo son á juicio de D. Juan de Palafox lo mejor -que tenemos en castellano, y D. Nicolás Antonio coloca su elocuencia -inmediata á la verbosidad de fray Luis de Granada. Verdad es que algunos -le notan de que se vale de términos muy latinizados, ó muy -oscuros; pero esto puede ser porque así se usasen en su tiempo, ó -porque los creía mas puros mientras menos apartados de su orígen.</p> - -<p>Por los hechos y escritos referidos, se puede hacer juicio de su ánimo -y carácter; tuvo religion sin mezcla de supersticiones; fue tenaz -y constante en los empeños que emprendia; resuelto é incapaz de -miedo en la ejecucion de ellos, zeloso del bien público que defendia, -aun exponiendo su persona; diestro en el manejo de los negocios, -perspicaz en el conocimiento de las personas, de las que se valia el -tiempo que le aprovechaban. Esto como ministro público. Como particular -era afable, humano, amigo y protector de los sabios, inclinado -á honestas diversiones, á la conversacion de hombres doctos, los -que trató como amigos. Declinaba tal vez en algunas chanzas y agudezas -satíricas, como lo manifiestan muchas de sus poesías inéditas, y -algunas impresas. Aun hablando del gravísimo empleo de embajador, -se burla delicadamente, y escribe así á D. Luis de Zúñiga:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="i0"><i>¡O embajadores puros majaderos!</i></div> -<div class="i0"><i>Que si los reyes quieren engañar,</i></div> -<div class="i0"><i>Comienzan por nosotros los primeros.</i></div> -</div></div></div> - -<p>La gloria inmortal con que este grande hombre corrió la carrera militar, -política y literaria, merece sin duda un elogio histórico mas -bien acabado que el que le hemos dado; mas por ahora solo puede satisfacerse -á los curiosos con este leve diseño: tal vez otro pincel mas -diestro nos dará con el tiempo retrato mas vivo de las prendas que -adornaron á este excelente escritor y discretísimo político.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_1" id="Page_1">[1]</a></span></p> - -<h2>LIBRO I.</h2> - - -<p>Mi propósito es escribir la guerra que el rey católico de -España D. Felipe el II., hijo del nunca vencido emperador -D. Cárlos, tuvo en el reino de Granada contra los rebeldes -nuevamente convertidos: parte de la cual yo vi, y parte -entendí de personas que en ella pusieron las manos y el -entendimiento. Bien sé que muchas cosas de las que escribiere -parecerán á algunos livianas y menudas para historia, -comparadas á las grandes que de España se hallan escritas: -guerras largas de varios sucesos; tomas y desolaciones de -ciudades populosas; reyes vencidos y presos; discordias -entre padres é hijos, hermanos y hermanas, suegros y yernos; -desposeidos, restituidos, y otra vez desposeidos, muertos -á hierro; acabados linajes; mudadas sucesiones de reinos: -libre y extendido campo, y ancha salida para los escritores. -Yo escogí camino mas estrecho, trabajoso, estéril, -y sin gloria; pero provechoso, y de fruto para los que -adelante vinieren: comienzos bajos, rebelion de salteadores, -junta de esclavos, tumulto de villanos, competencias, -odios, ambiciones, y pretensiones; dilacion de provisiones, -falta de dinero, inconvenientes ó no creidos, ó tenidos en poco; -remision y flojedad en ánimos acostumbrados á entender, -proveer, y disimular mayores cosas: y así no será cuidado -perdido considerar de cuan livianos principios y causas particulares -se viene á colmo de grandes trabajos, dificultades y -daños públicos, y cuasi fuera de remedio. Veráse una guerra, -al parecer tenida en poco, y liviana dentro en casa, mas<span class="pagenum"><a name="Page_2" id="Page_2">[2]</a></span> -fuera estimada y de gran coyuntura; que en cuanto duró -tuvo atentos, y no sin esperanza, los ánimos de príncipes -amigos y enemigos, lejos y cerca: primero cubierta y sobresanada, -y al fin descubierta, parte con el miedo y la industria, -y parte criada con el arte y ambicion. La gente que -dije, pocos á pocos junta, representada en forma de ejércitos; -necesitada España á mover sus fuerzas, para atajar -el fuego; el rey salir de su reposo, y acercarse á ella; encomendar -la empresa á D. Juan de Austria su hermano, hijo -del emperador D. Cárlos, á quien la obligacion de las victorias -del padre moviese á dar la cuenta de sí, que nos muestra -el suceso. En fin pelearse cada dia con enemigos; frio, -calor, hambre; falta de municiones, de aparejos en todas -partes; daños nuevos, muertes á la continua: hasta que -vimos á los enemigos, nacion belicosa, entera, armada, -y confiada en el sitio, en el favor de los bárbaros y turcos, -vencida, rendida, sacada de su tierra, y desposeida de sus -casas y bienes; presos y atados hombres y mujeres; niños -cautivos vendidos en almoneda, ó llevados á habitar á tierras -lejos de la suya: cautiverio y transmigracion no menor, -que las que de otras gentes se leen por las historias. Victoria -dudosa, y de sucesos tan peligrosos, que alguna vez se -tuvo duda si éramos nosotros, ó los enemigos, los á quien -Dios queria castigar: hasta que el fin de ella descubrió, -que nosotros éramos los amenazados, y ellos los castigados. -Agradezcan y acepten esta mi voluntad libre, y lejos de todas -las cosas de odio ó de amor, los que quisieren tomar -ejemplo, ó escarmiento; que esto solo pretendo por remuneracion -de mi trabajo, sin que de mi nombre quede otra -memoria. Y porque mejor se entienda lo adelante, diré algo -de la fundacion de Granada, qué gentes la poblaron al -principio, como se mezclaron, como hubo este nombre, -en quien comenzó el reino de ella; puesto que no sea conforme -á la opinion de muchos; pero será lo que hallé en los -libros arábigos de la tierra, y los de Muley Hacén rey de -Túnez, y lo que hasta hoy queda en la memoria de los hombres,<span class="pagenum"><a name="Page_3" id="Page_3">[3]</a></span> -haciendo á los autores cargo de la verdad.</p> - -<p>La ciudad de Granada, segun entiendo, fue poblacion<span class="sidenote">724.</span> -de los de Damasco, que vinieron con Tarif su -capitan, y diez años despues que los alárabes echaron á -los godos del señorío de España, la escogieron por habitacion; -porque en el suelo y aire parecia mas á su tierra. Primero -asentaron en Libira, que antiguamente llamaban -Illiberis, y nosotros Elvira, puesta en el monte contrario -de donde ahora está la ciudad, lugar falto de agua, de poco -aprovechamiento, dicho el cerro de los Infantes; porque en -él tuvieron su campo los infantes D. Pedro y D. Juan, -cuando murieron rotos por Ozmin, capitan del rey Ismael. -Era Granada uno de los pueblos de Iberia, y habia en él -la gente que dejó Tarif Abentiet despues de haberla tomado -por luengo cerco; pero poca, pobre, y de varias naciones, -como sobras del lugar destruido. No tuvieron rey hasta<span class="sidenote">1014.</span> -Habúz Aben Habúz, que juntó los moradores de -uno y otro lugar, fundando ciudad á la torre de San José, -que llamaban de los Judíos, en el alcazava; y su morada -en la casa del Gallo, á San Cristóval en el Albaicin. Puso -en el alto su estatua á caballo con lanza y adarga, que á -manera de veleta se revuelve á todas partes, y letras que -dicen: <i>Dijo Habúz Aben Habúz el sabio, que así se debe defender -el Andalucía</i>. Dicen, que del nombre de Naath su mujer, -y por mirar al poniente (que en su lengua llaman -garb) la llamó Garbnaath, como Naath la del poniente. Los -alárabes y asianos hablan de los sitios, como escriben; al -contrario y revés que las gentes de Europa. Otros, que de -una cueva á la puerta de Bibataubin, morada de la Cava, -hija del conde Julian el traidor, y de Nata, que era su nombre -propio, se llamó Garnata, la cueva de Nata. Porque el -de la Cava todas las historias arábigas afirman, que le fue -puesto por haber entregado su voluntad al rey de España -D. Rodrigo; y en la lengua de los alárabes cava quiere decir -mujer liberal de su cuerpo. En Granada dura este nombre -por algunas partes; y la memoria en el soto y torre<span class="pagenum"><a name="Page_4" id="Page_4">[4]</a></span> -de Roma, donde los moros afirman haber morado; no embargante -que los que tratan de la destruccion de España -ponen que padre é hija murieron en Ceuta. Y los edificios -que se muestran de lejos á la mar sobre el monte, entre -las Quejinas y Jarjuel al poniente de Argel, que llaman sepulcro -de la Cava cristiana, cierto es haber sido un templo -de la ciudad de Cesarea hoy destruida, y en otros tiempos -cabeza de la Mauritania, á quien dió el nombre de -cesariense. Lo de la amiga del rey Abenhut, y la compra -que hizo á ejemplo de Dido la de Cartago, cercando con un -cuero de buey cercenado el sitio donde ahora está la ciudad, -los mismos moros lo tienen por fabuloso. Pero lo que -se tiene por mas verdadero entre ellos y se halla en la antigüedad -de sus escrituras, es haber tomado el nombre de -una cueva, que atraviesa de aquella parte de la ciudad hasta -la aldea que llaman Alfacar, que en mi niñez yo vi abierta, -y tenida por lugar religioso, donde los ancianos de aquella -nacion curaban personas tocadas de la enfermedad que -dicen demonio. Esto cuanto al nombre que tuvo en la edad -de los moros; tanta variedad hay en las historias arábigas, -aunque las llaman ellos escrituras de la verdad. En la nuestra -conformando el sonido del vocablo con la lengua castellana, -la decimos Granada, por ser abundante. Habúz -Aben Habúz deshizo el reino de Córdoba, y puso á Idriz -en el señorío del Andalucía. Con esto, con el desasosiego -de las ciudades comarcanas, con las guerras que los reyes -de Castilla hacian, con la destruccion de algunas, juntos los -dos pueblos en uno, fue maravilla en cuan poco tiempo Granada -vino á mucha grandeza. Desde entonces no faltaron -reyes en ella hasta Abenhut, que echó de España los almoades, -é hizo á Almería cabeza del reino. Muerto Abenhut -á manos de los suyos, con el poder y armas del rey santo -D. Fernando el III, tomaron los de Granada por rey á -Mahamet Alhamar, que era señor de Arjona, y volvió la -silla del reino de Granada, la cual fue en tanto crecimiento, -que en tiempo del rey Bulhaxix, cuando estaba en mayor<span class="pagenum"><a name="Page_5" id="Page_5">[5]</a></span> -prosperidad, tenia setenta mil casas, segun dicen los moros; -y en alguna edad hizo tormenta, y en muchas puso -cuidado á los reyes de Castilla. Hay fama que Bulhaxix halló -el alquimia, y con el dinero de ella cercó el Albaicin: -dividióle de la ciudad; y edificó el Alhambra con la torre que -llaman de Comares (porque cupo á los de Comares fundalla); -aposento real y nombrado, segun su manera de edificio, -que despues acrecentaron diez reyes sucesores suyos, -cuyos retratos se ven en una sala; alguno de ellos conocido -en nuestro tiempo por los ancianos de la tierra.</p> - -<p>Ganaron á Granada los reyes llamados Católicos Fernando<span class="sidenote">1492.</span> -é Isabel, despues de haber ellos y sus pasados sojuzgado -y echado los moros de España en guerra continua de -setecientos setenta y cuatro años, y cuarenta y cuatro reyes; -acabada en tiempo, que vimos al rey último Boabdelí (con -grande exaltacion de la fe cristiana) desposeido de su reino y -ciudad y tornado á su primera patria allende la mar. Recibieron -las llaves de la ciudad en nombre de señorío, como es costumbre -de España: entraron al Alhambra, donde pusieron -por alcaide y capitan general á D. Iñigo Lopez de Mendoza -conde de Tendilla, hombre de prudencia en negocios graves, -de ánimo firme, asegurado con luenga experiencia de -reencuentros y batallas ganadas, lugares defendidos contra -moros en la misma guerra; y por prelado pusieron á fray -Fernando de Talavera, religioso de la órden de san Hierónimo, -cuyo ejemplo de vida y santidad España celebra, y -de los que viven, algunos hay testigos de sus milagros. Diéronles -compañía calificada y conveniente para fundar república -nueva; que habia de ser cabeza de reino, escudo y -defension contra los moros de África, que en otros tiempos -fueron sus conquistadores. Mas no bastaron estas provisiones -aunque juntas, para que los moros (cuyos ánimos eran desasosegados -y ofendidos) no se levantasen en el Albaicin, temiendo -ser echados de la ley, como del estado: porque los -reyes, queriendo que en todo el reino fuesen cristianos, enviaron -á fray Francisco Jimenez, que fue arzobispo de Toledo<span class="pagenum"><a name="Page_6" id="Page_6">[6]</a></span> -y cardenal, para que los persuadiese; mas ellos, gente -dura, pertinaz, nuevamente conquistada, estuvieron -rehacios. Tomóse concierto, que los renegados, ó hijos de -renegados tornasen á nuestra fe, y los demás quedasen en -su ley por entonces. Tampoco esto se observaba, hasta -que subió al Albaicin un alguacil, llamado Barrionuevo, á -prender dos hermanos renegados en casa de la madre. Alborotóse -el pueblo, tomaron las armas, mataron al alguacil, -y barrearon las calles que bajan á la ciudad; eligieron -cuarenta hombres autores del motin para que los gobernasen, -como acontece en las cosas de justicia escrupulosamente -fuera de ocasion ejecutadas. Subió el conde de Tendilla -al Albaicin, y despues de habérsele hecho alguna resistencia -apedreándole el adarga (que es entre ellos respuesta -de rompimiento), se la tornó á enviar: al fin la recibieron, -y pusiéronse en manos de los reyes, con dejar -sus haciendas á los que quisiesen quedar cristianos en la -tierra, conservar su hábito y lengua, no entrar la inquisicion -hasta ciertos años, pagar fardas y las guardas; dióles -el conde por seguridad sus hijos en rehenes. Hecho esto -salieron huyendo los cuarenta electos, y levantaron á Guejar, -Lanjaron, Andarax; y últimamente Sierra Bermeja, -nombrada por la muerte de D. Alonso de Aguilar, uno de -los mas celebrados capitanes de España, grande en estado -y linaje. Sosegó el conde de Tendilla y concertó el motin -de Albaicin; tomó á Guejar, parte por fuerza, parte rendida -sin condicion, pasando á cuchillo los moradores y defensores. -En la cual empresa, dicen que por no ir á Sierra Bermeja, -debajo de D. Alonso de Aguilar su hermano, con -quien tuvo emulacion, se halló á servir, y fue el primero -que por fuerza entró en el barrio de abajo, Gonzalo Fernandez -de Córdoba, que vivia á la sazon en Loja desdeñado -de los Reyes Católicos, abriendo ya el camino para el -título de gran capitan, que á solas dos personas fue concedido -en tantos siglos: una entre los griegos caido el imperio -en tiempo de los emperadores Comnenos como á restaurador<span class="pagenum"><a name="Page_7" id="Page_7">[7]</a></span> -y defensor del Andrónico Contestephano llamándole -<i>megaduca</i>, vocablo bárbaramente compuesto de griego y -latino, como acontece con los estados perderse la elegancia -de las lenguas: otra á Gonzalo Fernandez entre los españoles -y latinos, por la gloria de tantas victorias suyas, -como viven y vivirán en la memoria del mundo. Halláronse -allí entre otros Alarcon sin ejercicio de guerra, y Antonio -de Leiva, mozo teniente de la compañía de Juan de Leiva -su padre, y despues sucesor en Lombardía de muchos -capitanes generales señalados, y á ninguno de ellos inferior -en victorias. La presencia del Rey Católico dió fin con -mayor autoridad á esta guerra; mas guardóse el rincon de -Sierra Bermeja para la muerte de D. Alonso de Aguilar, que -ganada la sierra, y rotos los moros fue necesitado á quedar -en ella con la oscuridad de la noche, y con ella misma -le acometieron los enemigos rompiendo su vanguardia. Murió -D. Alonso peleando, y salvóse su hijo D. Pedro entre -los muertos: salió el conde de Ureña, aunque dando ocasion -á los cantares y libertad española; pero como buen caballero.</p> - -<p>Sosegada esta rebelion tambien por concierto, diéronse -los Reyes Católicos á restaurar y mejorar á Granada en religion, -gobierno y edificios: establecieron el cabildo, bautizaron -los moros, trujeron la chancillería, y dende á algunos -años vino la inquisicion. Gobernábase la ciudad y reino -como entre pobladores y compañeros con una forma de -justicia arbitraria, unidos los pensamientos, las resoluciones -encaminadas en comun al bien público: esto se acabó -con la vida de los viejos. Entraron los celos; la division sobre -causas livianas entre los ministros de justicia y de guerra, -las concordias en escrito confirmadas por cédulas; traido -el entendimiento de ellas por cada una de las partes á su -opinion; la ambicion de querer la una no sufrir igual, y -la otra conservar la superioridad, tratada con mas disimulacion -que modestia. Duraron estos principios de discordia -disimulada y manera de conformidad sospechosa el<span class="pagenum"><a name="Page_8" id="Page_8">[8]</a></span> -tiempo de D. Luis Hurtado de Mendoza<a name="FNanchor_41_41" id="FNanchor_41_41"></a><a href="#Footnote_41_41" class="fnanchor">[41]</a>, hijo de D. Iñigo, -hombre de gran sufrimiento y templanza; mas sucediendo -otros, aunque de conversacion blanda y humana, de condicion -escrupulosa y propia; fuese apartando este oficio -del arbitrio militar, fundándose en la legalidad y derechos, -y subiéndose hasta el peligro de la autoridad, cuanto á las -preeminencias: cosas que cuando estiradamente se juntan, -son aborrecidas de los menores y sospechosas á los iguales. -Vínose á causas y pasiones particulares, hasta pedir -jueces de términos; no para divisiones ó suertes de tierras, -como los romanos y nuestros pasados; sino con voz de restituir -al rey ó al público lo que le tenian ocupado, y intento -de echar algunos de sus heredamientos. Este fue uno de -los principios en la destruccion de Granada comun á muchas -naciones; porque los cristianos nuevos, gente sin lengua -y sin favor, encogida y mostrada á servir, veían condenarse -y quitar ó partir las haciendas que habian poseido, -comprado, ó heredado de sus abuelos, sin ser oidos. Juntáronse -con estos inconvenientes y divisiones, otros de mayor -importancia, nacidos de principios honestos, que tomaremos -de mas alto.</p> - -<p>Pusieron los Reyes Católicos el gobierno de la justicia y -cosas públicas en manos de letrados, gente media entre los -grandes y pequeños, sin ofensa de los unos ni de los otros: -cuya profesion eran letras legales, comedimiento, secreto, -verdad, vida llana y sin corrupcion de costumbres; no visitar, -no recibir dones, no profesar estrecheza de amistades; -no vestir, ni gastar suntuosamente, blandura y humanidad -en su trato, juntarse á horas señaladas para oir causas, ó -para determinallas, y tratar del bien público. Á su cabeza -llaman presidente, mas porque preside á lo que se trata, y -ordena lo que se ha de tratar, y prohibe cualquier desórden, -que porque los manda. Esta manera de gobierno, establecida<span class="pagenum"><a name="Page_9" id="Page_9">[9]</a></span> -entonces con menos diligencia, se ha ido extendiendo -por toda la cristiandad, y está hoy en el colmo de poder -y autoridad: tal es su profesion de vida en comun, aunque -en particular haya algunos que se desvien. Á la suprema -congregacion llaman consejo real, y á las demás chancillerías, -diversos nombres en España, segun la diversidad de -las provincias. Á los que tratan en Castilla lo civil llaman -oidores; y á los que tratan lo criminal alcaldes (que en -cierta manera son sujetos á los oidores): los unos y los -otros por la mayor parte ambiciosos de oficios ajenos y -profesion que no es suya, especialmente la militar; persuadidos -del ser de su facultad, que (segun dicen) es noticia -de cosas divinas y humanas, y ciencia de lo que es justo é -injusto; y por esto amigos en particular de traer por todo, -como superiores, su autoridad, y apuralla á veces hasta -grandes inconvenientes, y raices de los que agora se han -visto. Porque en la profesion de la guerra se ofrecen casos -que á los que no tienen plática de ella parecen negligencias; -y si los procuran emendar, cáese en imposibilidades -y lazos, que no se pueden desenvolver; aunque en ausencia -se juzgan diferentemente. Estiraba el capitan general -su cargo sin equidad, y procuraban los ministros de justicia -emendallo. Esta competencia fue causa que menudeasen -quejas y capítulos al rey; con que cansados los consejeros, -y él con ellos, las provisiones saliesen varias, ó ningunas, -perdiendo con la oportunidad el crédito; y se proveyesen -algunas cosas de pura justicia, que atenta la calidad de los -tiempos, manera de las gentes, diversidad de ocasiones requerian -templanza ó dilacion. Todo lo de hasta aquí se ha -dicho por ejemplo, y como muestra de mayores casos; -con fin que se vea de cuan livianos principios se viene -á ocasiones de grande importancia, guerras, hambres, -mortandades, ruinas de estados, y á veces de los señores -de ellos. Tan atenta es la providencia divina á gobernar -el mundo y sus partes, por órden de principios, -y causas livianas que van creciendo por edades, si los<span class="pagenum"><a name="Page_10" id="Page_10">[10]</a></span> -hombres las quisiesen buscar con atencion.</p> - -<p>Habia en el reino de Granada costumbre antigua, como -la hay en otras partes, que los autores de delitos se salvasen, -y estuviesen seguros en lugares de señorío; cosa que -mirada en comun, y por la haz, se juzgaba que daba causa -á mas delitos, favor á los malhechores, impedimento á -la justicia, y desautoridad á los ministros de ella. Pareció -por estos inconvenientes, y por ejemplo de otros estados, -mandar que los señores no acogiesen gentes de esta calidad -en sus tierras, confiados que bastaba solo el nombre -de justicia para castigallos donde quiera que anduviesen. -Manteníase esta gente con sus oficios en aquellos lugares, -casábanse, labraban la tierra, dábanse á vida sosegada. -Tambien les prohibieron la inmunidad de las iglesias arriba -de tres dias; mas despues que les quitaron los refugios, -perdieron la esperanza de seguridad, y diéronse á vivir -por las montañas, hacer fuerzas, saltear caminos, robar y -matar. Entró luego la duda tras el inconveniente, sobre á -que tribunal tocaba el castigo, nacida de competencia de -jurisdicciones; y no obstante que los generales acostumbrasen -hacer estos castigos, como parte del oficio de la guerra; -cargaron á color de ser negocio criminal, la relacion -apasionada ó libre de la ciudad, y la autoridad de la audiencia, -y púsose en manos de los alcaldes, no excluyendo en -parte al capitan general. Dióseles facultad para tomar á sueldo -cierto número de gente repartida pocos á pocos, á que -usurpando el nombre llamaban cuadrillas; ni bastantes -para asegurar, ni fuertes para resistir. Del desden, de la -flaqueza de provision, de la poca experiencia de los ministros -en cargo que participaba de guerra, nació el descuido, -ó fuese negligencia ó voluntad de cada uno que no -acertase su émulo. En fin fue causa de crecer estos salteadores -(monfíes los llamaban en lengua morisca), en tanto -número, que para oprimillos ó para reprimillos no bastaban -las unas ni las otras fuerzas. Este fue el cimiento sobre -que fundaron sus esperanzas los ánimos escandalizados<span class="pagenum"><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span> -y ofendidos; y estos hombres fueron el instrumento -principal de la guerra. Todo esto parecia al comun cosa -escandalosa; pero la razon de los hombres, ó la providencia -divina (que es lo mas cierto), mostró con el suceso, -que fue cosa guiada para que el mal no fuese adelante, y -estos reinos quedasen asegurados mientras fuese su voluntad. -Siguiéronse luego ofensas en su ley, en las haciendas, -y en el uso de la vida, así cuanto á la necesidad, como -cuanto al regalo, á que es demasiadamente dada esta -nacion; porque la inquisicion los comenzó á apretar mas -de lo ordinario. El rey les mandó dejar la habla morisca, -y con ella el comercio y comunicacion entre sí; quitóseles -el servicio de los esclavos negros á quienes criaban con esperanzas -de hijos, el hábito morisco en que tenian empleado -gran caudal: obligáronlos á vestir castellano con mucha -costa, que las mujeres trujesen los rostros descubiertos, -que las casas acostumbradas á estar cerradas estuviesen -abiertas: lo uno y lo otro tan grave de sufrir entre gente -zelosa. Hubo fama que les mandaban tomar los hijos, y -pasallos á Castilla: vedáronles el uso de los baños, que eran -su limpieza y entretenimiento; primero les habian prohibido -la música, cantares, fiestas, bodas conforme á su costumbre, -y cualesquier juntas de pasatiempo. Salió todo esto -junto, sin guardia ni provision de gente; sin reforzar presidios -viejos, ó firmar otros nuevos. Y aunque los moriscos -estuviesen prevenidos de lo que habia de ser, les hizo tanta -impresion, que antes pensaron en la venganza que en el -remedio. Años habia que trataban de entregar el reino á -los príncipes de Berbería, ó al turco; mas la grandeza -del negocio, el poco aparejo de armas, vituallas, navíos, -lugar fuerte donde hiciesen cabeza, el poder grande del -emperador, y del rey Felipe su hijo, enfrenaba las esperanzas, -é imposibilitaba las resoluciones, especialmente -estando en pie nuestras plazas mantenidas en la costa de -África, las fuerzas del turco tan lejos, las de los cosarios -de Argel mas ocupadas en presas y provecho particular,<span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span> -que en empresas difíciles de tierra. Fuéronseles con estas -dificultades dilatando los designios, apartándose ellos de -los del reino de Valencia, gente menos ofendida, y mas -armada. En fin creciendo igualmente nuestro espacio por -una parte, y por otra los excesos de los enemigos tantos en -número, que ni podian ser castigados por manos de justicia, -ni por tan poca gente como la del capitan general; -eran ya sospechosas sus fuerzas para encubiertas, aunque -flacas para puestas en ejecucion. El pueblo de cristianos -viejos adivinaba la verdad, cesaba el comercio y paso -de Granada á los lugares de la costa: todo era confusion, -sospecha, temor; sin resolver, proveer, ni ejecutar. Vista -por ellos esta manera en nosotros, y temiendo que con -mayor aparejo les contraviniésemos, determinaron algunos -de los principales de juntarse en Cadiar, lugar entre Granada, -y la mar, y el rio de Almería, á la entrada de la Alpujarra. -Tratóse del cuando y como se debian descubrir unos -á otros, de la manera del tratado y ejecucion: acordaron que -fuese en la fuerza del invierno; porque las noches largas les -diesen tiempo para salir de la montaña y llegar á Granada, -y á una necesidad tornarse á recoger y poner en salvo, -cuando nuestras galeras reposaban repartidas por los invernaderos -y desarmadas; la noche de navidad, que la gente -de todos los pueblos está en las iglesias, solas las casas, y -las personas ocupadas en oraciones y sacrificios; cuando -descuidados, desarmados, torpes con el frio, suspensos -con la devocion, facilmente podian ser oprimidos de gente -atenta, armada, suelta, y acostumbrada á saltos semejantes. -Que se juntasen á un tiempo cuatro mil hombres de la -Alpujarra, con los del Albaicin, y acometiesen la ciudad, y -el Alhambra, parte por la puerta, parte con escalas; plaza -guardada mas con la autoridad que con la fuerza: y por -que sabian que el Alhambra, no podia dejar de aprovecharse -de la artillería, acordaron que los moriscos de la vega tuviesen -por contraseña las primeras dos piezas que se disparasen, -para que en un tiempo acudiesen á las puertas de la<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span> -ciudad, las forzasen, entrasen por ellas y por los portillos; -corriesen las calles, y con el fuego y con el hierro no perdonasen -á persona, ni á edificio. Descubrir el tratado sin -ser sentidos y entre muchos, era dificultoso: pareció que -los casados lo descubriesen á los casados, los viudos á los -viudos, los mancebos á los mancebos; pero á tiento, probando -las voluntades y el secreto de cada uno. Habian ya -muchos años antes enviado á solicitar con personas ciertas -no solamente á los príncipes de Berbería, mas al emperador -de los turcos dentro en Constantinopla, que los socorriese, -y sacase de servidumbre, y postreramente al rey de -Argel pedido armada de levante y poniente en su favor; -porque faltos de capitanes, de cabezas, de plazas fuertes, -de gente diestra, de armas, no se hallaron poderosos para -tomar, y proseguir á solas tan gran empresa. Demás de esto -resolvieron proveerse de vitualla, elegir lugar en la montaña -donde guardalla, fabricar armas, reparar las que -de mucho tiempo tenian escondidas, comprar nuevas, y -avisar de nuevo á los reyes de Argel, Fez, señor de Tituan, -de esta resolucion y preparaciones. Con tal acuerdo partieron -aquella habla; gente á quien el regalo, el vicio, la -riqueza, la abundancia de las cosas necesarias, el vivir luengamente -en gobierno de justicia é igualdad desasosegaba, y -traía en continuo pensamiento.</p> - -<p>Dende á pocos dias se juntaron otra vez con los principales -del Albaicin en Churriana fuera de Granada, á tratar -del mismo negocio. Habíanles prohibido, como arriba se dijo, -todas las juntas en que concurria número de gente; -pero teniendo el rey y el prelado mas respeto á Dios que al -peligro, se les habia concedido que hiciesen un hospital y -cofradía de cristianos nuevos, que llamaron de la Resurreccion. -(Dicen en español cofradía una junta de personas, -que prometen hermandad en oficios divinos y religiosos -con obras.) En dias señalados concurrian en el hospital -á tratar de su rebelion con esta cubierta; y para tener -certinidad de sus fuerzas, enviaron personas pláticas de la<span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span> -tierra por todos los lugares del reino, que con ocasion de -pedir limosna reconociesen las partes de él á propósito para -acogerse, para recibir los enemigos, para traellos por caminos -mas breves, mas secretos, mas seguros, con mas aparejo -de vituallas; y estos echasen un pedido á manera de -limosna, que los de veinte y cuatro años hasta cuarenta y -cinco contribuyesen diferentemente de los viejos, mujeres, -niños, y impedidos: con tal astucia reconocieron el número -de la gente útil para tomar armas, y la que habia armada -en el reino.</p> - -<p>Estos y otros indicios, y los delitos de los monfíes mas -públicos, graves y á menudo que solian, dieron ocasion al -marqués de Mondejar<a name="FNanchor_42_42" id="FNanchor_42_42"></a><a href="#Footnote_42_42" class="fnanchor">[42]</a>, al conde Tendilla su hijo, á cuyo -cargo estaba la guerra, á D. Pedro de Deza, presidente -de la chancillería, caballero que habia pasado por todos los -oficios de su profesion, y dado buena cuenta de ellos, al -arzobispo, á los jueces de inquisicion, de poner nuevo cuidado -y diligencia en descubrir los motivos de estos hombres, -y asegurarse parte con lo que podian, y parte con acudir -al rey y pedir mayores fuerzas cada uno segun su oficio, -para hacer justicia, y reprimir la insolencia; que este nombre -le ponian, como á cosa incierta, hasta que estando el -marqués de Mondejar en Madrid, fue avisado el rey mas -particularmente. Partió el marqués en diligencia, y llevó -comision para crecer en la guardia del reino alguna poca -gente, pero la que pareció que bastaba en aquella ocasion, -y en las que se ofreciesen por mar contra los moros berberíes. -Mas las personas á cuyo cargo era la provision, -aunque se creyeron los avisos; ó importunados con el menudear -de ellos, ó juzgando á los autores por mas ambiciosos -que diligentes, hicieron provision tan pequeña, que -bastó para mover las causas de la enfermedad, y no para<span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span> -remedialla; como suelen medicinas flojas en cuerpos llenos. -Por lo cual, vistas por los monfíes y principales de -la conjuracion las diligencias que se hacian de parte de los -ministros para apurar la verdad del tratado; el temor de -ser prevenidos, y la avilanteza de nuestras pocas fuerzas, -los acució á resolverse sin aguardar socorro, con solo avisar -á Berbería del término en que las cosas se hallaban, -y solicitar gente y armas con la armada, dando por contraseño -que entre los navíos que viniesen de Argel y Tituan trajesen -las capitanas una vela colorada, y que los navíos de Tituan -acudiesen á la costa de Marbella para dar calor á la sierra -de Ronda y tierra de Málaga; y los de Argel á cabo de Gata, -que los romanos llamaban promontorio de Caridemo, para -socorrer á la Alpujarra y rios de Almería y Almazora, y -mover con la vecindad los ánimos de la gente sosegada en -el reino de Valencia. Mas estos estuvieron siempre firmes: ó -que en la memoria de los viejos quedase el mal suceso de -la sierra de Espadan en tiempo del emperador Cárlos; ó -que teniendo por liviandad el tratado, y dificultosa la empresa, -esperasen á ver como se movia la generalidad, con que -fuerzas, fundamento, y certeza de esperanzas en Berbería. -Enviaron á Argel al Partal que vivia en Narila, lugar del -partido de Cadiar, hombre rico, diligente y tan cuerdo, -que la segunda vez que fue á Berbería, llevó su hacienda -y dos hermanos, y se quedó en Argel. Este y el Jeniz, -que despues vendió y mató al Abenabó su señor, á quien -ellos levantaron por segundo rey, estaban en aquella congregacion -como diputados en nombre de toda la Alpujarra; -y por tener alguna cabeza en quien se mantuviesen unidos, -mas que por sujetarse á otras sino á las que el rey de Argel -los nombrase, resolvieron en veinte y siete de setiembre -hacer rey<a name="FNanchor_43_43" id="FNanchor_43_43"></a><a href="#Footnote_43_43" class="fnanchor">[43]</a>, persuadidos con la razon de D. Fernando<span class="sidenote">1568.</span> -de Valor, el zaguer, que en su lengua quiere -decir el menor, á quien por otro nombre llamaban Aben<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span> -Jauhar, hombre de gran autoridad y de consejo maduro, -entendido en las cosas del reino y de su ley. Este viendo -que la grandeza del hecho traía miedo, dilacion, diversidad -de casos; mudanzas de pareceres, los juntó en casa de -Zinzan en el Albaicin, y les habló:</p> - -<p>«Poniéndoles delante la opresion en que estaban, sujetos -á hombres públicos y particulares, no menos esclavos -que si lo fuesen. Mujeres, hijos, haciendas, y sus -propias personas en poder y arbitrio de enemigos, sin esperanza -en muchos siglos de verse fuera de tal servidumbre: -sufriendo tantos tiranos como vecinos, nuevas imposiciones, -nuevos tributos, y privados del refugio de -los lugares de señorío, donde los culpados, puesto que -por accidentes ó por venganzas (esta es la causa entre -ellos mas justificada), se aseguran: echados de la inmunidad -y franqueza de las iglesias, donde por otra parte los -mandaban asistir á los oficios divinos con penas de dinero; -hechos sujetos de enriquecer clérigos; no tener acogida -á Dios ni á los hombres; tratados y tenidos como -moros entre los cristianos para ser menospreciados, y -como cristianos entre los moros para no ser creidos ni -ayudados. Excluidos de la vida y conversacion de personas, -mándannos que no hablemos nuestra lengua; y no -entendemos la castellana: ¿en qué lengua habemos de -comunicar los conceptos, y pedir ó dar las cosas, sin -que no puede estar el trato de los hombres? Aun á los -animales no se vedan las voces humanas. ¿Quién quita -que el hombre de lengua castellana no pueda tener la ley -del Profeta, y el de la lengua morisca la ley de Jesus? -Llaman á nuestros hijos á sus congregaciones y casas de -letras: enséñanles artes que nuestros mayores prohibieron -aprenderse, porque no se confundiese la puridad, y -se hiciese litigiosa la verdad de la ley. Cada hora nos -amenazan quitarlos de los brazos de sus madres, y de -la crianza de sus padres, y pasarlos á tierras ajenas, donde -olviden nuestra manera de vida, y aprendan á ser<span class="pagenum"><a name="Page_17" id="Page_17">[17]</a></span> -enemigos de los padres que los engendramos, y de las -madres que los parieron. Mándannos dejar nuestro hábito, -y vestir el castellano. Vístense entre ellos los tudescos -de una manera, los franceses de otra, los griegos de -otra, los frailes de otra, los mozos de otra, y de otra los -viejos: cada nacion, cada profesion y cada estado usa su -manera de vestido, y todos son cristianos; y nosotros -moros, porque vestimos á la morisca, como si trujésemos -la ley en el vestido, y no en el corazon. Las haciendas -no son bastantes para comprar vestidos para dueños y -familias; del hábito que traíamos no podemos disponer, -porque nadie compra lo que no ha de traer; para traello -es prohibido, para vendello es inútil. Cuando en una casa -se prohibiere el antiguo, y comprare el nuevo del caudal -que teníamos para sustentarnos, ¿de qué viviremos? -Si queremos mendigar nadie nos socorrerá como á pobres, -porque somos pelados como ricos: nadie nos ayudará, -porque los moriscos padecemos esta miseria y pobreza, -que los cristianos no nos tienen por prójimos. Nuestros -pasados quedaron tan pobres en la tierra de las guerras -contra Castilla, que casando su hija el alcaide de Loja, -grande y señalado capitan que llamaban Alatar, deudo de -algunos de los que aquí nos hallamos, hubo de buscar vestidos -prestados para la boda. ¿Con qué haciendas, con -qué trato, con qué servicio ó industria, en qué tiempo -adquiriremos riqueza para perder unos hábitos y comprar -otros? Quítannos el servicio de los esclavos negros; -los blancos no nos eran permitidos por ser de nuestra nacion: -habíamoslos comprado, criado, mantenido: ¿esta -pérdida sobre las otras? ¿Qué harán los que no tuvieren -hijos que los sirvan, ni hacienda con que mantener criados -si enferman, si se inhabilitan, si envejecen, sino -prevenir la muerte? Van nuestras mujeres, nuestras hijas, -tapadas las caras, ellas mismas á servirse y proveerse -de lo necesario á sus casas; mándanles descubrir los rostros: -si son vistas, serán codiciadas y aun requeridas; y<span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span> -veráse quien son las que dieron la avilanteza al atrevimiento -de mozos y viejos. Mándannos tener abiertas las -puertas que nuestros pasados con tanta religion y cuidado -tuvieron cerradas, no las puertas, sino las ventanas -y resquicios de casa. ¿Hemos de ser sujetos de ladrones, -de malhechores, de atrevidos y desvergonzados adúlteros, -y que estos tengan dias determinados y horas ciertas, -cuando sepan que pueden hurtar nuestras haciendas, -ofender nuestras personas, violar nuestras honras? No -solamente nos quitan la seguridad, la hacienda, la honra, -el servicio, sino tambien los entretenimientos; así los -que se introdujeron por la autoridad, reputacion y demostraciones -de alegría en las bodas, zambras, bailes, -músicas, comidas; como los que son necesarios para -la limpieza, convenientes para la salud. ¿Vivirán nuestras -mujeres sin baños, introduccion tan antigua? ¿Veránlas -en sus casas tristes, sucias, enfermas, donde tenian -la limpieza por contentamiento, por vestido, por sanidad? -Representóles el estado de la cristiandad; las divisiones -entre herejes y católicos en Francia; la rebelion -de Flandes; Inglaterra sospechosa; y los flamencos huidos -solicitando en Alemania á los príncipes de ella. El rey -falto de dineros y gente plática, mal armadas las galeras, -proveidas á remiendos, la chusma libre; los capitanes y -hombres de cabo descontentos, como forzados. Si previniesen -no solamente el reino de Granada, pero parte del -Andalucía que tuvieron sus pasados, y agora poseen sus -enemigos, pueden ocupar con el primer ímpetu; ó mantenerse -en su tierra, cuando se contenten con ella sin -pasar adelante. Montaña áspera, valles al abismo, sierras -al cielo, caminos estrechos, barrancos y derrumbaderos -sin salida: ellos gente suelta, plática en el campo, -mostrada á sufrir calor, frio, sed, hambre; igualmente -diligentes y animosos al acometer, prestos á desparcirse -y juntarse: españoles contra españoles, muchos en número, -proveidos de vitualla, no tan faltos de armas que<span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span> -para los principios no les basten; y en lugar de las que -no tienen, las piedras delante de los pies, que contra -gente desarmada son armas bastantes. Y cuanto á los que -se hallaban presentes, que en vano se habian juntado, -si cualquiera de ellos no tuviera confianza del otro que -era suficiente para dar cobro á tan gran hecho, y si, como -siendo sentidos habian de ser compañeros en la culpa -y el castigo, no fuesen despues parte en las esperanzas y -frutos de ellas, llevándolas al cabo. Cuanto mas que ni -las ofensas podian ser vengadas, ni deshechos los agravios, -ni sus vidas y casas mantenidas, y ellos fuera de -servidumbre; sino por medio del hierro, de la union y -concordia, y una determinada resolucion con todas sus -fuerzas juntas. Para lo cual era necesario elegir cabeza -de ellos mismos, ó fuese con nombre de jeque, ó de capitan, -ó de alcaide, ó de rey, si les pluguiese, que los tuviese -juntos en justicia y seguridad.»</p> - -<p>Jeque llaman ellos el mas honrado de una generacion, -quiere decir, el mas anciano: á estos dan el gobierno con -autoridad de vida y muerte. Y porque esta nacion se vence -tanto mas de la vanidad de la astrología y adivinanzas, -cuanto mas vecinos estuvieron sus pasados de Caldea, donde -la ciencia tuvo principio, no dejó de acordalles á este -propósito, cuantos años atrás por boca de grandes sabios -en movimiento y lumbre de estrellas, y profetas en su ley, -estaba declarado, que se levantarian á tornar por sí; cobrarian -la tierra y reinos que sus pasados perdieron, hasta -señalar el mismo año despues que Mahoma les dió la ley -(hegira le llaman ellos en su cuenta, que quiere decir el -destierro, porque la dió siendo desterrado de Meca), y venia -justo con esta rebelion. Representóles prodigios y apariencias -extraordinarias de gente armada en el aire á las -faldas de Sierra Nevada, aves de desusada manera dentro -en Granada, partos monstruosos de animales en tierra de -Baza, y trabajos del sol con el eclipse de los años pasados, -que mostraban adversidad á los cristianos, á quien ellos<span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span> -atribuyen el favor, ó disfavor de este planeta; como á sí el -de la luna.</p> - -<p>Tal fue la habla que D. Fernando el zaguer les hizo; con -que quedaron animados, indignados y resueltos en general -de rebelarse presto, y en particular de elegir rey de su -nacion; pero no quedaron determinados en el cuando precisamente, -ni á quien. Una cosa muy de notar califica los -principios de esta rebelion, que gente de mediana condicion -mostrada á guardar poco secreto y hablar juntos, callasen -tanto tiempo, y tantos hombres, en tierra donde -hay alcaldes de corte y inquisidores, cuya profesion es descubrir -delitos. Habia entre ellos un mancebo llamado D. Fernando -de Valor, sobrino de D. Fernando el zaguer, cuyos -abuelos se llamaron Hernandos y de Valor, porque vivian -en Valor, el alto, lugar de la Alpujarra puesto cuasi en la -cumbre de la montaña: era descendiente del linaje de Aben -Humeya, uno de los nietos de Mahoma, hijos de su hija, -que en tiempos antiguos tuvieron el reino de Córdoba y el -Andalucía; rico de rentas, callado y ofendido, cuyo padre -estaba preso por delitos en las cárceles de Granada. En este -pusieron los ojos; así porque les movió la hacienda, el -linaje, la autoridad del tio; como porque habia vengado -la ofensa del padre matando secretamente uno de los acusadores, -y parte de los testigos. De esta resolucion, aunque -no tan en particular, hubo noticia, y fue el rey avisado; -pero estaba el negocio cierto y el tiempo en duda: y, como -suele acontecer á las provisiones en que se junta la dificultad -con el temor, cada uno de los consejeros era en que se -atajase con mayor poder; pero juntos juzgaban ser el remedio -fácil, y las fuerzas de los ministros bastantes, el dinero -poco necesario, porque habia de salir del mismo negocio; -y menospreciaban esto, encareciendo el remedio de -mayores cosas: porque los estados de Flandes desasosegados -por el príncipe de Orange eran recien pacificados por el -duque de Alba. Mas, puesto que las fuerzas del rey, y la -experiencia del duque capitan, criado debajo de la disciplina<span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span> -del emperador, testigo y parte en sus victorias, bastasen -para mayores empresas; todavía lo que se temia de -parte de Inglaterra, y las fuerzas de los hugonotes en Francia, -algunas sospechas de príncipes de Alemania, y designios -de Italia, daban cuidado; y tanto mayor por ser la rebelion -de Flandes por causas de religion comunes con los -franceses, ingleses, y alemanes; y por quejas de tributos, -y gravezas comunes con todos los que son vasallos, aunque -sean livianas y ellos bien tratados. Esto dió á los enemigos -mayor avilanteza, y á nosotros causa de dilacion. -Comenzaron á juntar mas al descubierto gente de todas maneras: -si hombre ocioso habia perdido su hacienda, malbaratándola -por redimir delitos; si homicida, salteador ó -condenado en juicio, ó que temiese por culpas que lo seria; -los que se mantenian de perjurios, robos, muertes; -los que la maldad, la pobreza, los delitos traían desasosegados, -fueron autores ó ministros de esta rebelion. Si algun -bueno habia y fuera de semejantes vicios, con el ejemplo -y conversacion de los malos brevemente se tornaba como -ellos; porque cuando el vínculo de la vergüenza se -rompe entre los buenos, mas desenfrenados son en las maldades -que los peores. En fin el temor de que eran descubiertos, -y seria prevenida su determinacion con el castigo, -movió á los que gobernaban el negocio, y entre ellos á -D. Fernando el zaguer, á pensar en algun caso con que -obligasen y necesitasen al pueblo á salir de tibieza, y tomar -las armas. Juntáronse tercera vez las cabezas de la -conjuracion y otras, con veinte y seis personas del Alpujarra -á San Miguel en casa del Hardon, hombre señalado -entre ellos, á quien mandó el duque de Arcos despues justiciar. -Posaba en la casa del Carcí, yerno suyo: eligieron -á D. Fernando de Valor por rey con esta solemnidad: los -viudos á un cabo, los por casar á otro, los casados á otro, -y las mujeres á otra parte. Leyó uno de sus sacerdotes, -que llaman faquíes, cierta profecía hecha en el año de los -árabes de... y comprobada por la autoridad de su ley, consideraciones<span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span> -de cursos y puntos de estrellas en el cielo, -que trataba de su libertad por mano de un mozo de linaje -real, que habia de ser bautizado y hereje de su ley, porque -en lo público profesaria la de los cristianos. Dijo que -esto concurria en D. Fernando, y concertaba con el tiempo. -Vistiéronle de púrpura, y pusiéronle á torno del cuello y -espaldas una insignia colorada á manera de faja. Tendieron -cuatro banderas en el suelo, á las cuatro partes del mundo, -y él hizo su oracion inclinándose sobre las banderas, el -rostro al oriente (zalá la llaman ellos), y juramento de -morir en su ley y en el reino; defendiéndola á ella, y á él, -y á sus vasallos. En esto levantó el pie; y en señal de general -obediencia postróse Aben Farax en nombre de todos, -y besó la tierra donde el nuevo rey tenia la planta. Á este -hizo su justicia mayor: lleváronle en hombros, levantáronle -en alto diciendo: <i>Dios ensalce á Mahomet Aben Humeya -rey de Granada y de Córdoba</i>. Tal era la antigua ceremonia -con que elegian los reyes de la Andalucía, y despues los de -Granada. Escribieron cartas los capitanes de la gente á los -compañeros en la conjuracion; señalaron dia y hora para -ejecutalla; fueron los que tenian cargos á sus partidos. -Nombró Aben Humeya por capitan general á su tio Aben -Jauhar, que partió luego para Cadiar, donde tenia casa y -hacienda.</p> - -<p>Pasaba el capitan Herrera á la sazon de Granada para -Abra con cuarenta caballos, y vino á hacer la noche en Cadiar. -Mas Aben Jauhar el zaguer, vista la ocasion tan á su -propósito, habló con los vecinos persuadiéndoles que cada -uno matase á su huésped. No fueron perezosos; porque pasada -la media noche no hubo dificultad en matar muchos á -pocos, armados á desarmados, prevenidos á seguros y torpes -con el sueño, con el cansancio, con el vino: pasaron -al capitan y á los soldados por la espada. Venida la mañana -juntáronse, y tomaron lo áspero de la sierra, como gente -levantada; donde ni hubo tiempo ni aparejo para castigallos. -Este fue el primer exceso y mas descubierto con que<span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span> -los enemigos, ó por fuerza ó por voluntad fueron necesitados -á tomar las armas sin otra respuesta de Berbería mas -de esperanzas, y esas generales. Era entonces Selim el II, -emperador de los turcos recien heredado, victorioso por la -toma de Zigueto, plaza fuerte y proveida en Hungría: habia -hecho nueva tregua con el emperador Maximiliano el II, -concertándose con el sofí por la parte de Armenia, y por la -de Suria con los jeques alárabes que le trabajaban sus confines, -y con los genízaros, infantería que se suele desasosegar -con la entrada de nuevo señor. Tenia en el ánimo las -empresas que descubrió contra venecianos en Cipro, contra -el rey de Túnez en Berbería; y que como no le convenia -repartir sus fuerzas en muchas partes, así le convenia -que las del rey católico estuviesen repartidas y ocupadas. -Dícese, que en este tiempo vino del rey de Argel respuesta -á los moriscos animándolos á perseverar en la prosecucion -del tratado, pero excusándose de enviar el armada, con que -esperaba órden de Constantinopla. El rey de Fez, como religioso -en su ley, y del linaje de los Jarifes, tenidos entre -los moros por santos, les prometió mas resuelto socorro. -Todavía vinieron por medio de personas fiadas á tratar ambos -reyes de la calidad del caso, de la posibilidad de los -moriscos; y midiendo sus fuerzas de mar y tierra con las del -rey de España, hallaron no ser bastantes para contrastalle: -y aunque se confederaron, solo fue para que el rey de Argel -hiciese la empresa de Túnez y Biserta, en tanto que el -rey D. Felipe estaba ocupado en allanar la rebelion de Granada; -y juntamente permitir que de sus tierras fuese alguna -gente á sueldo en especial de moros andaluces, que se -habian pasado á Berbería; y mercaderes pudiesen cargar -armas, municiones, vitualla, con que los moriscos fuesen -por sus dineros socorridos.</p> - -<p>Alpujarra llaman toda la montaña sujeta á Granada, como -corre de levante á poniente prolongándose entre tierra -de Granada y la mar, diez y siete leguas en largo, y once -en lo mas ancho, poco mas ó menos: estéril y áspera de<span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span> -suyo, sino donde hay vegas; pero con la industria de los -moriscos (que ningun espacio de tierra dejan perder), tratable -y cultivada, abundante de frutos y ganados y cria de -sedas. Esta montaña como era principal en la rebelion, -así la escogieron por sitio en que mantener la guerra, por tener -la mar donde esperaba socorro, por la dificultad de los -pasos y calidad de la tierra, por la gente que entre ellos es -tenida por brava. Habian ya pensado rebelarse otras dos -veces antes, una jueves santo, otra por setiembre de este -año: tenian prevenido á Aluch Alí con el armada de Argel; -mas él entendiendo que el conde de Tendilla estaba avisado -y aguardándole en el campo, volvió, dejándose de la -empresa, con el armada á Berbería. En fin á los veinte y -tres de diciembre, luego que sucedió el caso de Cadiar, la -misma gente con las armas mojadas en la sangre de aquellos -pocos, salieron en público; movieron los lugares comarcanos -y los demás de la Alpujarra, y rio de Almería, -con quien tenian comun el tratado, enviando por corredores, -y para descubrir los ánimos y motivo de la gente de -Granada y la Vega, á Farax Aben Farax con hasta ciento -y cincuenta hombres, gente suelta y desmandada, escogida -entre los que mayor obligacion y mas esfuerzo tenian. -Ellos recogiendo la que se les llegaba, tomaron resolucion -de acometer á Granada, y caminaron para ella con hasta -seis mil hombres mal armados, pero juntos y con buena -órden, segun su costumbre.</p> - -<p>En España no habia galeras: el poder del rey ocupado en -regiones apartadas, y el reino fuera de tal cuidado, todo seguro, -todo sosegado: que tal estado era el que á ellos parecia -mas á su propósito. Los ministros y gente en Granada -mas sospechosa, que proveida; como pasa donde hay miedo -y confusion. Pero fue acontecimiento hacer aquella noche -tan mal tiempo, y caer tanta nieve en la sierra que llaman -Nevada y antiguamente Soloria, y los moros Solaira; -que cegó los pasos y veredas cuanto bastaba, para que tanto -número de gente no pudiese llegar. Mas Farax con los<span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[25]</a></span> -ciento y cincuenta hombres poco antes del amanecer entró -por la puerta alta de Guadix, donde junta con Granada el -camino de la sierra, con instrumentos y gaitas, como es -su costumbre. Llegaron al Albaicin, corrieron las calles, -procuraron levantar el pueblo haciendo promesas, pregonando -sueldo de parte de los reyes de Fez y Argel, y afirmando -que con gruesas armadas eran llegados á la costa -del reino de Granada: cosa que escandalizó y atemorizó -los ánimos presentes; y á los ausentes dió tanto mas en que -pensar, cuanto mas lejos se hallaban: porque semejantes -acaecimientos, cuanto mas se van apartando de su principio, -tanto parecen mayores, y se juzgan con mayor encarecimiento. -¡Y qué en un reino pacífico, lleno de armas, -prudencia, justicia, riquezas; gobernado por el rey que -pocos años antes habia hecho en persona el mayor principio -que nunca hizo rey en España; vencido en un año dos -batallas; ocupado por fuerza tres plazas al poder de Francia; -compuesto negocio tan desconfiado como la restitucion -del duque de Saboya; hecho por sus capitanes otras empresas; -atravesado sus banderas de Italia á Flandes (viaje al -parecer imposible), por tierras y gentes, que despues de -las armas romanas nunca vieron otras en su comarca; -pacificado sus estados con victorias, con sangre, con castigos; -dentro, en el reposo, en la seguridad de su reino, en -ciudad poblada por la mayor parte de cristianos, tanto mar -en medio, tantas galeras nuestras; entrase gente armada -con espadas de tantos hombres por medio de la ciudad, -apellidando nombres de reyes infieles enemigos! Estado -poco seguro es el de quien se descuida, creyendo que por -sola su autoridad nadie se puede atrever á ofendelle. Los -moriscos, hombres mas prevenidos que diestros, esperaban -por horas la gente de la Alpujarra: salian el Tagari y -Monfarrix, dos capitanes, todas las noches al cerro de Santa -Helena por reconocer; y salieron la noche antes con cincuenta -hombres escogidos, y diez y siete escalas grandes, -para juntándose con Farax entrar en el Alhambra; mas visto<span class="pagenum"><a name="Page_26" id="Page_26">[26]</a></span> -que no venian al tiempo, escondiendo las escalas en una -cueva se volvieron, sin salir la siguiente noche, pareciéndoles, -como poco pláticos de semejantes casos, que la tempestad -estorbaria á venir tanta gente junta, con que pudiesen -ellos y sus compañeros poner en ejecucion el tratado -del Alhambra; debiéndose esperar semejante noche para -escalarla. Mas los del Albaicin estuvieron sosegados en las -casas, cerradas las puertas, como ignorantes del tratado, -oyendo el pregon; porque aunque se hubiese comunicado -con ellos, no con todos en general ni particularmente; ni -estaban todos ciertos del dia (aunque se dilató poco la venida), -ni del número de la gente, ni de la órden con que -entraban, ni de la que en lo por venir temian. Díjose, que -uno de los viejos abriendo la ventana, preguntó: <i>cuantos -eran</i>, y respondiéndole: <i>seis mil</i>, cerró, y dijo: <i>pocos sois, -y venis presto</i>, dando á entender que habian primero de comenzar -por el Alhambra, y despues venir por el Albaicin, -y con las fuerzas del rey de Argel. Tampoco se movieron -los de la Vega, que seguian á los del Albaicin; especialmente -no oyendo la artillería del Alhambra que tenian por contraseño. -Habia entre los que gobernaban la ciudad emulacion -y voluntades diferentes; pero no por esto así ellos como -la gente principal y pueblo, dejaron de hacer la parte -que tocaba á cada uno. Estúvose la noche en armas; tuvo -el conde de Tendilla el Alhambra á punto, escandalizado -de la música morisca, cosa en aquel tiempo ya desusada; -pero avisado de lo que era, con mejor guardia. El marqués, -aunque no tenia noticia del contraseño que los moros -habian dado á la gente de la Vega, y él le tenia dado á -la gente de la ciudad, que en la ocasion habia de disparar -tres piezas; temiendo que si se hacia pensasen los moros -que estaba en aprieto, y acometiesen el Alhambra, en -que habia poca guardia, mandó que ningun movimiento -se hiciese, ni se pidiese gente á la ciudad; que fue la salvacion -del peligro, aunque proveido á otro propósito; porque -acudiendo los moriscos de la Vega al contraseño, necesitaban<span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span> -á los del Albaicin á declararse y juntarse con ellos, -y como descubiertos combatir la ciudad. Bajó el conde á la -plaza nueva y puso la gente en órden: acudieron muchos -de los forasteros y de la ciudad, personas principales, al -presidente D. Pedro de Deza por su oficio, por el cuidado -que le habian visto poner en descubrir y atajar el tratado, -por su afabilidad, buena manera generalmente con todos, -y algunos por la diferencia de voluntades que conocian entre -él y el marqués de Mondejar. Este, con solos cuatro de -á caballo y el corregidor, subió al Albaicin, mas por reconocer -lo pasado, que suspender el daño que se esperaba, ó -asosegar los ánimos que ya tenia por perdidos, contento -con alargar algun dia el peligro; mostrando confianza, y -gozar del tiempo que fuese comun á ellos, para ver como -procedian sus valedores; y á él para armarse y proveerse -de lo necesario, y resistir á los unos y á los otros. Hablóles: -«encareció su lealtad y firmeza, su prudencia en no dar -crédito á la liviandad de pocos y perdidos, sin prendas, -livianos; hombres que con las culpas ajenas pensaban -redimir sus delitos ó adelantarse. Tal confianza se -habia hecho siempre, y en casos tan calificados de la voluntad -que tenian al servicio del rey, poniendo personas, -haciendas y vidas con tanta obediencia á los ministros; -ofreciéndose de ser testigo, y representador de su fe y -servicios, intercediendo con el rey para que fuesen conocidos, -estimados y remunerados.» Pero ellos respondiendo -pocas palabras, y esas mas con semblante de culpados -y arrepentidos que de determinados, ofrecieron la -obra y perseverancia que habian mostrado en todas las ocasiones; -y pareciéndole al marqués bastar aquello sin quitalles -el miedo que tenian del pueblo, se bajó á la ciudad. -Habia ya enviado á reconocer los enemigos; porque ni del -propósito, ni del número, ni de la calidad de ellos, ni de -las espaldas con que habian entrado se tenia certeza, ni del -camino que hacian. Refirieron que habiendo parado en la -casa de las Gallinas, atravesaban el Genil la vuelta de la<span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span> -sierra; puso recaudo en los lugares que convenia; encomendó -al corregidor la guardia de la ciudad; dejó en el Alhambra -donde habia pocos soldados mal pagados, y estos -de á caballo, el recaudo que bastaba, juntando á este los -criados y allegados del conde de Tendilla, personas de crédito -y amistades en la ciudad. Él con la caballería que se -halló, siguió á los enemigos llevando consigo á su yerno y -hijos<a name="FNanchor_44_44" id="FNanchor_44_44"></a><a href="#Footnote_44_44" class="fnanchor">[44]</a>: siguiéronle, parte por servir al rey, parte por -amistad, ó por probar sus personas, por curiosidad de ver -toda la gente desocupada y principal que se hallaba en la -ciudad. Salió con la gente de su casa el conde de Miranda -D. Pedro de Zúñiga<a name="FNanchor_45_45" id="FNanchor_45_45"></a><a href="#Footnote_45_45" class="fnanchor">[45]</a>, que á la sazon residia en pleitos, -grande, igual en estado y linaje: eran todos pocos, pero -calificados. Mas los enemigos, visto que los vecinos del Albaicin -estaban quedos, y los de la Vega no acudian; con -haber muerto un soldado, herido otro, saqueado una tienda -y otra como en señal de que habian entrado, tomaron -el camino que habian traido, y por las espaldas de la Alhambra -prolongando la muralla, llegaron á la casa que por -estar sobre el rio llamaban los moros Dar-al-huet, y nosotros -de las Gallinas, segun los atajadores habian referido. -Pararon á almorzar, y estuvieron hasta las ocho de la mañana; -todo guiado por Farax para mostrar que habia cumplido -con la comision, y acusar á los del Albaicin ó su miedo -ó su desconfianza, y aun con esperanza que llegada la -gente de la Alpujarra harian mas movimiento. Pero despues -que ni lo uno ni lo otro le sucedió, acogióse al camino -de Nigueles arrimándose á la falda de la montaña, y puesto -en lo áspero, caminó haciendo muestra que esperaba. Pocos -de la compañía del marqués alcanzaron á mostrarse, -y ninguno llegó á las manos por la aspereza del sitio; aunque -le siguieron por el paso del rio de Monachil hasta atravesar<span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span> -el barranco, y de allí al paraje de Dilar, por donde -entraron sin daño en lo mas áspero.</p> - -<p>Duró este seguimiento hasta el anochecer, que pareció -al marqués poco necesario quedar allí, y mucho proveer á -la guarda y seguridad de la ciudad; temeroso que juntándose -los moriscos del Albaicin con los de la Vega, la acometerian -sola de gente y desarmada. Tornó una hora antes -de media noche; y sin perder tiempo comenzó á prevenir -y llamar la gente que pudo, sin dineros, y que estaba mas -cerca; los que por servir al rey, los que por su seguridad, -por amistad del marqués, memoria del padre y abuelo, -cuya fama era grande en aquel reino, por esperanza de -ganar, por el ruido ó vanidad de la guerra, quisieron juntarse. -Hizo llamamientos generales pidiendo gente á las ciudades -y señores de la Andalucía, á cada uno conforme á la -obligacion antigua y usanza de los concejos, que era venir -la gente á su costa el tiempo que duraba la comida que podia -traer á los hombros (talegas las llamaban los pasados, -y nosotros ahora mochilas). Contábase para una semana; -mas acabada servian tres meses pagados por sus pueblos -enteramente, y seis meses adelante pagaban los pueblos la -mitad, y otra mitad el rey: tornaban estos á sus casas, venian -otros; manera de levantarse gente dañosa para la guerra -y para ella, porque siempre era nueva. Esta obligacion -tenian como pobladores por razon del sueldo que el rey les -repartia por heredades, cuando se ganaba algun lugar de -los enemigos. Llamó tambien á soldados particulares aunque -ocupados en otras partes; á los que vivian al sueldo -del rey, á los que olvidadas ó colgadas las esperanzas y armas -reposaban en sus casas. Proveyó de armas y de vituallas; -envió espías por todas partes á calar el motivo de los -enemigos; avisó y pidió dinero al rey, para resistillos y -asegurar la ciudad. Mas en ella era el miedo mayor que la -causa: cualquier sospecha daba desasosiego, y ponia los -vecinos en arma; discurrir á diversas partes, de ahí volver -á casa; medir el peligro cada uno con su temor, trocados<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span> -de continua paz en continua alteracion, tristeza, turbacion, -y priesa; no fiar de persona ni de lugar; las mujeres á -unas y á otras partes preguntar, visitar templos: muchas -de las principales se acogieron á la Alhambra, otras con -sus familias salieron por mayor seguridad á lugares de la -comarca. Estaban las casas yermas y las tiendas cerradas; -suspenso el trato; mudadas las horas de oficios divinos y -humanos; atentos los religiosos y ocupados en oraciones y -plegarias, como se suele en tiempo y punto de grandes peligros. -Llegó en las primeras la gente de las villas sujetas á -Granada, la de Alcalá y Loja: envió el marqués una compañía -que sacase los cristianos viejos que estaban en Restaval, -cierto que el primer acometimiento seria contra ellos: -en Durcal puso dos compañías, porque los enemigos no -pasasen á Granada sin quedar guarnicion de gente á las espaldas; -y á D. Diego de Quesada con una compañía de infantería -y otra de caballos en guarda de la puente de -Tablate, paso derecho de la Alpujarra á Granada. El presidente -aliviado ya del peligro presente, comenzó á pensar -con mas libertad en el servicio del rey, ó en la emulacion -contra el marqués de Mondejar: escribió á D. Luis Fajardo, -marqués de Velez, que era adelantado del reino de -Murcia y capitan general en la provincia de Cartagena (ciudad -nombrada mas por la seguridad del puerto y por la destruicion -que en ella hizo Scipion el Africano, que por la -grandeza ó suntuosidad del edificio), animándole á juntar -gente de aquellas provincias y de sus deudos y amigos, y -entrar en el rio de Almería; donde haria servicio al rey, -socorreria aquella ciudad que de mar y tierra estaba en peligro, -y aprovecharia á la gente con las riquezas de los enemigos. -Era el marqués tenido por diligente y animoso; y -entre él y el marqués de Mondejar hubo siempre diferencias -y alongamiento de voluntad, traido dende los padres y -abuelos. El de Velez sirvió al emperador en las empresas de -Túnez y Provenza, el de Mondejar en la de Argel; ambos -tenian noticia de la tierra donde cada uno de ellos servia.<span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span> -Comenzó el de Velez á ponerse en órden, á juntar gente, -parte á sueldo de su hacienda, parte de amigos.</p> - -<p>Entre tanto el nuevo electo rey de Granada, en cuanto -le duró la esperanza que el Albaicin y la Vega habian de hacer -movimiento, estuvo quedo; mas como vió tan sosegada -la gente, y las voluntades con tan poca demostracion, salió -solo camino de la Alpujarra: encontráronle á la salida de -Lanjaron, á pie, el caballo del diestro; pero siendo avisado -que no pasase adelante, porque la tierra estaba alborotada, -subió en su caballo, y con mas priesa tomó el camino de -Valor. Habian los moriscos levantados hecho de sí dos partes; -una llevó el camino de Orgiba, lugar del duque de Sesa -(que fue de su abuelo el Gran Capitan) entre Granada y la -entrada de la Alpujarra, al levante tierra de Almería, al -poniente la de Salobreña y Almuñecar, al norte la misma -Granada, al mediodia la mar con muchas calas donde se -podian acoger navíos grandes. Sobre esta villa como mas -importante se pusieron dos mil hombres repartidos en -veinte banderas: las cabezas eran el alcaide de Mecina y el -corcení de Motril. Fueron los cristianos viejos avisados, que -serian como ciento y sesenta personas, hombres, mujeres -y niños: recogiólos en la torre de Gaspar de Saravia, que -estaba por el duque. Mas los moros comenzaron á combatirla; -pusieron arcabucería en la torre de la iglesia, que los -cristianos saltando fuera echaron de ella: llegáronse á picar -la muralla con una manta, la cual les desbarataron -echando piedras y quemándola con aceite y fuego; quisieron -quemar las puertas, pero halláronlas ciegas con tierra y -piedra. Amonestábalos á menudo un almuedano desde la -iglesia con gran voz, que se rindiesen á su rey Aben Humeya. -(Dicen almuedano al hombre que á voces los convoca -á oracion; porque en su ley se les prohibe el uso de las -campanas.) Llamaron á un vicario de Poqueira, hombre -entre unos y los otros de autoridad y crédito, para que los -persuadiese á entregarse; certificándoles que Granada y el -Alhambra estaban ya en poder de los moros: prometian la<span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span> -vida y libertad al que se rindiese, y al que se tornase moro -la hacienda y otros bienes para él y sus sucesores: tales -eran los sermones que les hacian. La otra banda de gente -caminó derecho á Granada á hacer espaldas á Farax Aben -Farax y á los que enviaron, y á recibir al que ellos llamaban -rey, á quien encontraron cerca de Lanjaron, y pasaron -con él adelante hasta Durcal. Pero entendiendo que el -marqués habia dejado puesta guarnicion en él, volvieron á -Valor el alto, y de allí á un barrio que llaman Laujar en -el medio de la Alpujarra; adonde con la misma solemnidad -que en Granada, le alzaron en hombros y le eligieron -por su rey. Allí acabó de repartir los oficios, alcaidías, -alguacilazgos por comarcas (á que ellos llaman en su lengua -tahas), y por valles, y declaró por capitan general á su tio -Aben Jauhar que llamaban D. Fernando el zaguer, y por -su alguacil mayor á Farax Aben Farax: (alguacil dicen ellos -al primer oficio despues de la persona del rey, que tiene -libre poder en la vida y muerte de los hombres sin consultarlo). -Vistiéronle de púrpura; pusiéronle casa como á los -reyes de Granada, segun que lo oyeron á sus pasados. Tomó -tres mujeres; una con quien él tenia conversacion y -la trujo consigo, otra del rio de Almanzora, y otra de Tavernas; -porque con el deudo tuviese aquella provincia mas -obligada, sin otra con quien él primero fue casado, hija de -uno que llamaban Rojas. Mas dende á pocos dias mandó -matar al suegro y dos cuñados, porque no quisieron tomar -su ley: dejó la mujer, perdonó la suegra, porque la habia -parido, y quiso gracias por ello como piadoso. Comenzaron -por el Alpujarra, rio de Almería, Bolodui, y otras partes -á perseguir á los cristianos viejos, profanar y quemar -las iglesias con el sacramento, martirizar religiosos -y cristianos, que, ó por ser contrarios á su ley, ó -por haberlos dotrinado en la nuestra, ó por haberlos ofendido, -les eran odiosos. En Guecija, lugar del rio de Almería, -quemaron por voto un convento de frailes agustinos, -que se recogieron á la torre, echándoles por un horado<span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span> -de lo alto aceite hirviendo: sirviéndose de la abundancia -que Dios les dió en aquella tierra, para ahogar sus frailes. -Inventaban nuevos géneros de tormentos: al cura de -Mairena hincheron de pólvora y pusiéronle fuego; al vicario -enterraron vivo hasta la cinta, y jugáronle á las saetadas; -á otros lo mismo, dejándolos morir de hambre. Cortaron -á otros miembros, y entregáronlos á las mujeres, que -con agujas los matasen: á quien apedrearon, á quien acañaverearon, -desollaron, despeñaron; y á los hijos de Arze, -alcaide de la Peza, uno degollaron, y otro crucificaron, -azotándole, y hiriéndole en el costado primero que muriese. -Sufriólo el mozo, y mostró contentarse de la muerte -conforme á la de nuestro Redentor, aunque en la vida fue -todo al contrario; y murió confortando al hermano que -descabezaron. Estas crueldades hicieron los ofendidos por -vengarse; los monfíes por costumbre convertida en naturaleza. -Las cabezas, ó las persuadian, ó las consentian: los -justificados las miraban y loaban, por tener al pueblo mas -culpado, mas obligado, mas desconfiado, y sin esperanzas -de perdon: permitíalo el nuevo rey, y á veces lo mandaba. -Fue gran testimonio de nuestra fe, y de compararse con la -del tiempo de los apóstoles, que en tanto número de gente -como murió á manos de infieles, ninguno hubo (aunque -todos ó los mas fuesen requiridos y persuadidos con seguridad, -autoridad y riquezas, y amenazados y puestas las -amenazas en obra) que quisiese renegar; antes con humildad -y paciencia cristiana las madres confortaban á los hijos, -los niños á las madres, los sacerdotes al pueblo, y los -mas distraidos se ofrecian con mas voluntad al martirio. Duró -esta persecucion cuanto el calor de la rebelion y la furia -de las venganzas; resistiendo Aben Jauhar y otros tan blandamente, -que encendian mas lo uno y lo otro. Mas el rey, -porque no pareciese que tantas crueldades se hacian con -su autoridad, mandó pregonar que ninguno matase niño -de diez años abajo, ni mujer ni hombre sin causa. En cuanto -esto pasaba envió á Berbería á su hermano (que ya llamaban<span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span> -Abdalá) con presente de cautivos y la nueva de su -eleccion al rey de Argel, la obediencia al señor de los turcos: -dióle comision que pidiese ayuda para mantener el -reino. Tras él envió á Hernando el Habaqui á tomar turcos -á sueldo, de quien adelante se hará memoria. Mas este dejando -concertados soldados, trajo consigo un turco llamado -Dali, capitan, con armas y mercaderes, en una fusta. Recibió -el rey de Argel á Abdalá como á hermano del rey: -regalóle y vistióle de paños de seda; envióle á Constantinopla, -mas por entretener al hermano con esperanzas, que -por dalle socorro. En este mismo tiempo se acabaron de rebelar -los demás lugares del rio de Almería.</p> - -<p>Estaba entonces en Dalias Diego de la Gasca, capitan de -Adra, que habiendo entendido el motin víspera de Navidad -(dia señalado generalmente para rebelarse todo el reino), -iba por reconocer á Ujijar; mas hallándola levantada, fue -seguido de los enemigos hasta encerralle en Adra, lugar -guardado á la marina, asentado cuasi donde los antiguos -llamaban Abdera; que Pedro Verdugo, proveedor de Málaga, -con barcos basteció de gente y vituallas, luego que entendió -la muerte del capitan Herrera en Cadiar. Pasaron -adelante visto el poco efecto que hacian en Adra, y juntando -con su misma gente hasta mil y cuatrocientos hombres -con un moro que llamaban el Ramí, ocuparon el Chitre -(Chutre le dicen otros), sitio fuerte junto á Almería, -creyendo que los moriscos vecinos de la ciudad tomarian -las armas contra los cristianos viejos: escribieron y enviaron -personas ciertas á solicitar entre otros á D. Alonso de -Vanegas, hombre noble de gran autoridad, que con la -carta cerrada se fue al ayuntamiento de los regidores; y leida, -pensando un poco cayó desmayado, mas tornándole -los otros regidores y reprendiéndole, respondió: <i>recia tentacion -es la del reino</i>; y dióles la carta en que parecia como -le ofrecian tomalle por rey de Almería. Vivió doliente dende -entonces, pero leal y ocupado en el servicio del rey. Estaba -D. García de Villarroel, yerno de D. Juan, el que murió<span class="pagenum"><a name="Page_35" id="Page_35">[35]</a></span> -dende á poco en las Guajaras, por capitan ordinario en -Almería, y tomando la gente de la ciudad y la suya, dió -sobre los enemigos otro dia al amanecer, pensando ellos -que venia gente en su ayuda: rompiólos, y mató al Ramí -con algunos. Los que de allí escaparon, juntándose con -otra banda del Cehel, y llevando á Hocaid de Motril por capitan, -tomaron á Castil de Ferro, tenencia del duque de -Sesa por tratado, matando la gente, sino á Machin el tuerto -que se la vendió. De ahí pasaron á Motril, juntaron una -parte del pueblo, y llevaron casas de moriscos volviendo -sobre Adra; de donde salió Gasca con cuarenta caballos y -noventa arcabuceros á reconocellos, y apartándose llamó -un trompeta, cuyo nombre era Santiago, para enviar á -mandar la gente; mas fue tan alta la voz, que pudieron -oilla los soldados, y creyendo que dijese Santiago, como es -costumbre de España para acometer los enemigos, arremetieron -sin mas órden. Juntóse Diego de la Gasca con -ellos, y fueron cuasi rotos los moros, retirándose con pérdida -de cien hombres á la sierra. Iban estas nuevas cada dia -creciendo; menudeaban los avisos del aprieto en que estaban -los de la torre en Orgiba; que los moros de Berbería -habian prometido gran socorro; que amenazaban á Almería -y otros lugares aunque guardados en la marina, proveidos -con poca gente. Temia el marqués si grueso número -se acercase á Granada, que desasosegarian el Albaicin, levantarian -las aldeas de la Vega, y tanto mayores fuerzas -cobrarian, cuanto se tardase mas la resistencia: daríase -ánimo á los turcos de Berbería de pasar á socorrellos con -mayor priesa, confianza y esperanza; fortificarian plazas en -que recogerse, y no les faltarian personas pláticas de esto -y de la guerra entre otras naciones que les ayudasen, y -firmarian el nombre de reino; puesto que vano y sin fundamento, -perjudicial y odioso á los oidos del señor natural, -por grande y poderoso que sea; daríase avilanteza á los -descontentos, para pensar novedades.</p> - -<p>Estando las cosas en estos términos vino Aben Humeya<span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span> -con la gente que tenia sobre Tablate, y trabando con don -Diego de Quesada una escaramuza gruesa, cargó tanta gente -de enemigos, que le necesitó á dejar la puente, y retirarse -á Durcal. Estas razones y el caso de D. Diego fueron -parte para que el marqués, con la gente que se hallaba, -saliese de Granada á resistillos, hasta que viniese mas número -con que acometellos á la iguala; dejando proveido á -la guarda y seguridad de la ciudad y Alhambra á su hijo el -conde de Tendilla por su teniente; al corregidor el sosiego, -el gobierno, la provision de vituallas, la correspondencia -de avisar al uno y al otro, con el presidente, de cuya -autoridad se valiesen en las ocasiones. Salió de Granada á -los tres de hebrero con propósito de socorrer á Orgiba: vino -á Alhendin, y de allí al Padul. La gente que sacó fueron -ochocientos infantes y doscientos caballos; demás de estos, -los hombres principales, que ó con edad, ó con enfermedad -ó con ocupaciones públicas no se excusaron, seguíanle, -mirábanle como á salvador de la tierra, olvidada por entonces -ó disimulada la pasion. Paró en el Padul pensando -esperar allí la gente de la Andalucía sin dinero, sin vitualla, -sin bagajes: con tan poca gente tomó la empresa; pero -la misma noche á la segunda guardia oyéndose golpes de -arcabuz en Durcal, creyendo todos que los enemigos habian -acometido la guardia que allí estaba, partió con la caballería: -halló que sintiendo su venida por el ruido de los -caballos en el cascajo del rio, se habian retirado con la escuridad -de la noche, dejando el lugar y llevando herida alguna -gente; y el marqués para no darles avilanteza, tornando -al Padul, acordó hacer en Durcal la masa. En tiempo -de tres dias llegaron cuatro banderas de Baeza, con -que crecia el marqués á mil y ochocientos infantes, y una -compañía de noventa caballos; y teniendo aviso del trabajo -en que estaban los de Orgiba, y que Aben Humeya -juntaba gente para estorballe el paso de Tablate, salió de -Durcal.</p> - -<p>Entre tanto el conde de Tendilla recibia y alojaba la gente<span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span> -de las ciudades y señores en el Albaicin; y porque no -bastaba para asegurarse de los moriscos de la ciudad y la -tierra, y proveer á su padre de gente, nombró diez y siete -capitanes, parte hijos de señores, parte caballeros de la -ciudad, parte soldados, pero todos personas de crédito: -aposentólos, y mantúvolos sin pagas con alojamientos y -contribuciones. El marqués, dejando guardia en Durcal, -paró aquella noche en Elchite, de donde partió en órden -camino de la puente; y habiendo enviado una compañía -de caballos con alguna arcabucería á recoger la gente que -habia quedado atrás, para que asegurasen los bagajes y -embarazos, y mandado volver á Granada los desarmados -que vinieron de la Andalucía; tuvo aviso que los enemigos -le esperaban, parte en la ladera, parte en la salida de la -misma puente, y la estaban rompiendo. Eran todos cuasi -tres mil y quinientos hombres, los mas de ellos armados -de arcabuces y ballestas, los otros con hondas y armas enhastadas: -comenzóse una escaramuza trabada; mas el -marqués, visto que remolinaban algunas picas de su escuadron, -arremetió adelante con la gente particular de manera, -que apretó los enemigos hasta forzarlos á dejar la -puente, y pasó una banda de arcabucería por lo que de -ella quedaba entero. Con esta carga fueron rotos del todo, -retrayéndose en poca órden á lo alto de la montaña. Algunos -arcabuceros llegaron á Lanjaron, y entraron en el castillo -que estaba desamparado: reparóse la puente con puertas, -con rama, con madera que se trajo del lugar de Tablate, -por donde pasó la caballería: el resto del campo se -aposentó en él sin seguir los enemigos, por ser ya tarde y -haberse ellos acogido á lo fuerte, donde los caballos no les -podian dañar. El dia siguiente, dejando en la puente al capitan -Valdivia con su compañía para seguridad de las escoltas -que iban de Granada á la Alpujarra, por ser paso de importancia, -tomó el camino de Orgiba donde los enemigos -le esperaban al paso en la cuesta de Lanjaron; y habiendo -sacado una banda de arcabucería con algunos caballos,<span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span> -mandó á don Francisco su hijo<a name="FNanchor_46_46" id="FNanchor_46_46"></a><a href="#Footnote_46_46" class="fnanchor">[46]</a>, que con ellos se mejorase -en lo alto de la montaña, yendo él su camino derecho -sin estorbo; porque Aben Humeya, con miedo que le tomasen -los nuestros las cumbres que tenia para su acogida, -dejó libre el paso; aunque la noche antes habia tenido su -campo enfrente del nuestro con muchas lumbres y música -en su manera, amenazando nuestra gente y apercibiéndola -para otro dia á la batalla. Llegado el marqués á Orgiba socorrió -la torre, en término que si tardara, era necesario -perderse por falta de agua y vitualla, cansados de velar y -resistir. He querido hacer tan particular memoria del caso -de Orgiba, porque en él hubo todos los accidentes que en -un cerco de grande importancia; sitiados y combatidos, -quitadas las defensas, salidas de los de dentro contra los -cercadores, á falta de artillería picados los muros, al fin -hambreados, socorridos con la diligencia que ciudades ó -plazas importantes; hasta juntarse dos campos tales cuales -entonces los habia, uno á estorbar, otro á socorrer, darse -batalla donde intervino persona y nombre de rey. Socorrida -y proveida Orgiba de vitualla, municion y gente, la que -bastaba para asegurar las espaldas al campo, mandando -volver á Granada á órden del conde su hijo cuatro compañías -de caballería, y una de infantería para guarda de la -ciudad, partió contra Poqueira donde tuvo aviso que Aben -Humeya habia parado resuelto de combatir: juntó con su -gente dos compañías, una de infantería y otra de caballos, -que le vino de Córdoba. Cerca del rio que divide el camino -entre Orgiba y Poqueira, descubrió los enemigos en el paso -que llaman Alfajarali. Eran cuatro mil hombres los principales -que gobernaban apeados: hicieron una ala delgada -en medio, á los costados espesa de gente como es su costumbre -ordenar el escuadron; á la mano derecha, cubiertos -con un cerro, habia emboscados quinientos arcabuceros<span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span> -y ballesteros; demás de esto otra emboscada en lo hondo -del barranco, luego pasado el rio, de mucho mayor -número de gente. La que el marqués llevaba serian dos mil -infantes y trescientos caballos en un escuadron prolongado -guarnecido de arcabucería y mangas, segun la dificultad -del camino. La caballería, parte en la retaguardia, parte á -un lado, donde la tierra era tal que podian mandarse los -caballos; pero guarnecida asimismo de alguna infantería: -porque en aquella tierra, aunque los caballos sirvan mas -para atemorizar que para ofender, todavía son provechosos. -Apartó del escuadron dos bandas de arcabucería y cien -caballos, con que su hijo D. Francisco fuese á tomar las -cumbres de la montaña: en esta órden bajando al rio, comenzó -á subir escaramuzando con los enemigos; mas ellos, -cuando pensaron que nuestra gente iba cansada, acometieron -por la frente, por el costado, y por la retaguardia, -todo á un tiempo; de manera que cuasi una hora se peleó -con ellos á todas partes y á las espaldas, no sin igualdad -y peligro; porque la una banda de arcabucería estuvo en -términos de desórden, y la caballería lo mismo; pero socorrió -el marqués con su persona los caballos, y enviando -socorro á los infantes. Viendo los enemigos que les tomaba -los altos nuestra arcabucería, ya rotos se recogieron á ellos -con tiempo, desamparando el paso. Siguióse el alcance mas -de media legua hasta un lugar que dicen Lubien: la noche -y el cansancio estorbó que no se pasase adelante; murieron -de ellos en este rencuentro cuasi seiscientos, de los nuestros -siete; hubo muchos heridos de arcabuces y ballestas. Don -Francisco de Mendoza, hijo del marqués, y D. Alonso Portocarrero, -fueron aquel dia buenos caballeros, entre otros -que allí se hallaron: D. Francisco cercado y fuera de la silla, -se defendió con daño de los enemigos rompiendo por medio. -D. Alonso, herido de dos saetadas con yerba, peleó hasta -caer trabado del veneno usado dende los tiempos antiguos -entre cazadores. Mas porque se va perdiendo el uso de ella -con el de los arcabuces, como se olvidan muchas cosas con<span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span> -la novedad de otras, diré algo de su naturaleza. Hay dos -maneras, una que se hace en Castilla en las montañas de -Bejar y Guadarrama (á este monte llamaban los antiguos -Orospeda, y al otro Idubeda), cociendo el zumo de vedegambre -á que en lengua romana y griega dicen eléboro -negro hasta que hace correa, y curándolo al sol, lo espesan -y dan fuerza<a name="FNanchor_47_47" id="FNanchor_47_47"></a><a href="#Footnote_47_47" class="fnanchor">[47]</a>; su olor agudo no sin suavidad, -su color escuro, que tira á rubio. Otra se hace en -las montañas nevadas de Granada de la misma manera, -pero de la yerba que los moros dicen rejalgar, nosotros -yerba, los romanos y griegos acónito, y porque mata -los lobos, lycoctónos; color negro, olor grave, prende -mas presto, daña mucha carne: los accidentes en ambas -los mismos, frio, torpeza, privacion de vista, revolvimiento -de estómago, arcadas, espumajos, desflaquecimiento de -fuerzas hasta caer. Envuélvese la ponzoña con la sangre -donde quier que la halla, y aunque toque la yerba á la -que corre fuera de la herida, se retira con ella, y la lleva -consigo por las venas al corazon, donde ya no tiene remedio; -mas antes que llegue hay todos los generales: chúpanla -para tirarla á fuera, aunque con peligro; psyllos llamaban -en lengua de Egipto á los hombres que tenian este oficio<a name="FNanchor_48_48" id="FNanchor_48_48"></a><a href="#Footnote_48_48" class="fnanchor">[48]</a>. -El particular remedio es zumo de membrillo, fruta -tan enemiga de esta yerba, que donde quier que la alcanza -el olor, le quita la fuerza; zumo de retama, cuyas hojas -machacadas he yo visto lanzar de suyo por la herida cuanto -pueden buscando el veneno hasta topallo, y tiralle fuera: -tal es la manera de esta ponzoña, con cuyo zumo untan las -saetas envueltas en lino porque se detenga. La simplicidad -de nuestros pasados, que no conocieron manera de matar -personas sino á hierro, puso á todo género de veneno nombre -de yerbas: usóse en tiempos antiguos en las montañas<span class="pagenum"><a name="Page_41" id="Page_41">[41]</a></span> -de Abruzzo, en las de Candia, en las de Persia: en los -nuestros en los Alpes que llaman Monsenis hay cierta yerba -poco diferente, dicha tora, con que matan la caza, y -otra que dicen antora, á manera de dictamno, que la cura.</p> - -<p>Entróse Poqueira, lugar tan fuerte, que con poca resistencia -se defendiera contra mucho mayores fuerzas. Los -moros confiándose del sitio le habian escogido por depósito -de sus riquezas, de sus mujeres, hijos, y vitualla: todo se -dió á saco; los soldados ganaron cantidad de oro, ropa, esclavos, -la vitualla se aprovechó cuanto pudo; mas la priesa -de caminar en seguimiento de los enemigos, porque en -ninguna parte se firmasen, y la falta de bagajes en que la -cargar y gente con que aseguraba, fue causa de quemar la -mayor parte, porque ellos no se aprovechasen. Partió el -marqués el dia siguiente de Poqueira, y vino á Pitres, -donde se detuvo curando los heridos, dando cobro á muchos -cautivos cristianos que libertó, ordenando las escoltas, -y tomando lengua. Alcanzáronle en este lugar dos -compañías de caballos de Córdoba y una de infantería: en -él tuvo nueva como Aben Humeya con mayor número de -gente le esperaba en el puerto que llaman de Jubiles, lugar -á su parecer de ellos donde era imposible pasar sin pérdida. -Mas queriendo los enemigos tentar primero la fortuna de -la guerra, saltearon nuestro alojamiento con cinco banderas, -en que habia ochocientos hombres: el dia siguiente á -mediodia, aprovechándose de la niebla y de la hora del -comer, acometieron por tres partes, y porfiaron de manera -hasta que llegaron á los cuerpos de guardia peleando, pero -en ellos fueron resistidos con pérdida de gente y dos banderas: -hubo algunos heridos de los nuestros. Sosegada y -refrescada la gente, dejando los heridos y embarazos con -buena guardia, partió el marqués ahorrado contra Aben -Humeya; y por descuidarle escogió el camino áspero de -Trevelez por la cumbre de la sierra de Poqueira, donde -algunos moros desmandados desasosegaron nuestra retaguardia -sin daño. Pasóse aquella noche fuera de Trevelez<span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span> -sobre la nieve, con poco aparejo y frio demasiado. Habia -venido á Pitres un mensajero de Zaguer que decian -Aben Jauhar, tio y general de Aben Humeya, á pedir -apuntamientos de paz; pero llevándole el marqués consigo -le respondió; <i>Que brevemente pensaba dalle la respuesta, -como convenia al servicio de Dios y del rey</i>. Dícese que ya -el zaguer andaba recatado de que Aben Humeya le buscase -la muerte; y continuando su camino para Jubiles con una -compañía mas de infantería y otra de caballos de Écija, -cuyo capitan era Tello de Aguilar, llegó á vista de Jubiles -donde salió un cristiano viejo con tres moros á entregalle -el castillo. Habia dentro mujeres y hijos de los moros que -estaban en campo con Aben Humeya, gente inútil y de estorbo -para quien no tiene cuenta con las mujeres y niños, -y algunos moros de paz viejos; mas porque era necesario -ocupar mucha gente para guardallos, y si quedaran sin -guarda se huyeran á los enemigos, mandó que los llevasen -á Jubiles. Acaeció, que un soldado de los atrevidos llegó á -tentar una mujer si traía dineros, y alguno de los moriscos -(ó fuese marido ó pariente) á defendella, de que se trabó -tal ruido, que de los moriscos cuasi ninguno quedó vivo; -de las moriscas hubo muchas muertas, de los nuestros algunos -heridos, que con la escuridad de la noche se hacian -daño unos á otros. Dícese que hubo gente de los enemigos -mezclada para ver si con esta ocasion pudieran desordenar -el campo, y que arrepentidos de la entrega que el zaguer -hizo, los padres, hermanos y maridos de las moras quisieron -procurar su libertad: la escuridad de la noche y la -confusion fue tanta, que ni capitanes ni oficiales pudieron -estorbar el daño.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span></p> - -<h2>LIBRO II.</h2> - - -<p>En tanto que las cosas de la Alpujarra pasaban como tenemos -dicho, se juntaron hasta quinientos moros con dos -capitanes, Giron de las Albuñuelas y Nacoz de Niguels, á -tentar la guardia, que el marqués habia dejado en la puente -de Tablate; teniendo por cierto que si de allí la pudiesen -apartar, se quitaria el paso y el aparejo á las escoltas, y -nuestro campo con falta de vituallas se desharia. Vinieron -sobre la puente hallándola falta de gente, y la que habia -desapercibida: acometieron con tanto denuedo, que la hicieron -retirar; parte no paró hasta Granada, muchos de -ellos murieron sin pelear en el alcance, parte se encerraron -en una iglesia donde acabaron quemados, con que la -puente quedó por los enemigos. Mas el conde de Tendilla, -sabida la nueva, envió á llamar con diligencia á D. Álvaro -Manrique, capitan del marqués de Pliego, que con trescientos -infantes y ochenta caballos de su cargo estaba alojado -dos leguas de Granada. Llegó á la puente de Genil al amanecer, -donde el conde le esperaba con ochocientos infantes -y ciento y veinte caballos: avisado del número de los enemigos -entrególes la gente, y dióle órden que peleando con -ellos, desembarazado el paso le dejase guardado, y él con -el resto de ella pasase á buscar al marqués. Cumplió D. Álvaro -con su comision hallando la puente libre, y los moros -idos.</p> - -<p>En Jubiles llegó el capitan D. Diego de Mendoza enviado -por el rey, para que llevase relacion de la guerra, manera<span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span> -de como se gobernaba el marqués, del estado en que las cosas -se hallaban; porque los avisos eran tan diferentes, que -causaban confusion en las provisiones; como no faltan personas -que por pretensiones ó por pasion ó opinion ó buen -celo, culpan ó excusan las obras de los ministros. Partió el -marqués de Jubiles, vino á Cadiar donde fue la muerte del -capitan Herrera; de allí á Ujijar: en el camino mandó combatir -una cueva, en que se defendian encerrados cantidad -de moros con sus mujeres y hijos, hasta que con fuego y -humo fueron tomados. Estando en Ujijar fue avisado que -Aben Humeya juntas todas sus fuerzas le esperaba en el -paso de Paterna tres leguas de Ujijar, y sin detenerse partió. -Caminando le vinieron dos moros de parte de Aben Humeya -con nuevos partidos de paz, mas el marqués sin respuesta -los llevó consigo hasta dar con su vanguardia en la -de los enemigos; y en una quebrada junto á Iñiza pelearon -con harta pertinencia, por ser mas de cinco mil hombres -y mejor armados que en Jubiles: pero fueron rotos del todo -tomándoles el alto, y acometiéndolos con la caballería -D. Alonso de Cárdenas, conde de la Puebla: no se siguió -el alcance por ser noche. Envió el marqués doscientos caballos, -que le siguieron hasta la nieve y aspereza de la sierra, -matando y cautivando; y él á dos horas de noche paró -en Iñiza: otro dia vino á Paterna; dióla á saco; no hallaron -los soldados en ella menos riqueza que en Poqueira. El -rencuentro de Paterna fue la postrera jornada en que Aben -Humeya tuvo gente junta contra el marqués; el cual partió -sin detenerse para Andarax en seguimiento de las sobras -de los enemigos, habiendo enviado delante infantería y caballería -á buscallos en el llano, y en la sierra que dicen el -Cehel cerca de la mar: montaña buena para ganados, caza -y pesca; aunque en algunas partes falta de agua. Dicen los -moros, que fue patrimonio del conde Julian el traidor, y -aun duran en ella y cerca memorias de su nombre; la torre, -la rambla Juliana, y Castil de Ferro. Llegado á Andarax envió -á su hijo D. Francisco con cuatro compañías de infantería<span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span> -y cien caballos á Ohañez, donde entendió que se recogian -enemigos; mas por avisos ciertos del capitan de -Adra supo que en él no habia cuarenta personas, y por alguna -falta de vituallas le mandó tornar. Recogió y envió á -Granada gran cantidad de cautivos cristianos, á quien habia -dado libertad en todos los pueblos que ganó y se le rindieron: -recibió los lugares que sin condicion se le entregaron. -Estaba Diego de la Gasca sospechoso en Adra, que los -vecinos de Turon, lugar de los rendidos en Cehel, acogian -moros enemigos, y queriendo él por sí saber la verdad para -dar aviso al marqués, fue con su gente; mas no hallando -moros entró de vuelta á buscar cierta casa, de donde -salió uno de ellos que le dió cierta carta de aviso fingida, y -al abrirla le metió un puñal por el vientre: hirió tambien -dos soldados antes que le matasen. Murió Gasca de las heridas, -y mandó en su testamento que las ganancias que habia -hecho en la guerra se repartiesen entre soldados pobres, -huérfanos, viudas, mujeres y hijas de soldados: era -sobrino hijo de hermano de Gasca, obispo de Sigüenza, -que venció en una batalla á los Pizarros y pacificó el reino -del Perú.</p> - -<p>En el mismo tiempo, D. Luis Fajardo marqués de Velez, -gran señor en el reino de Murcia, solicitado, como dijimos, -por cartas del presidente de Granada, habia salido -con sus amigos, deudos y allegados, á entrar en el reino -de Almería: era la gente que llevaba número de dos mil infantes -y trescientos caballos, la mayor parte escogidos. La -primera jornada fue combatir una gruesa banda de moros, -que atravesaban desmandados en Illar: de allí fue sobre -Filix: tomóla, y saqueóla enriqueciendo la gente; peleóse -con harto riesgo y porfía; murieron de los enemigos muchos, -pero mas mujeres que hombres, entre ellos su capitan, -llamado Futei, natural de Zenette. Hecho esto, por -falta de vituallas se recogió á los lugares del rio de Almería; -donde para mantener la gente y su persona vino á Cosar -de Canjayar, barranco de la Hambre le llaman por otro<span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span> -nombre en su lengua, porque en él se recogieron los moros, -cuando el Rey Católico D. Fernando hizo la empresa -de Andarax en el primer levantamiento, donde pasaron -tanta hambre que cuasi todos murieron.</p> - -<p>La toma de Poqueira, Jubiles y Paterna puso temor á los -enemigos, porque tenian reputacion de fuertes, y indignacion -por la pérdida que en ellos hicieron de todas sus fortunas: -comenzaron á recogerse en lugares ásperos, ocupar -las cumbres y riscos de las montañas fortificando á su parecer -lo que bastaba; pero no como gente plática, antes ponian -todas sus esperanzas y seguridad en esparcir, y dejando -la frente al enemigo pasar á las espaldas, mas con apariencia -de descabullirse, que de acometer. Pareció al marqués -con estos sucesos quedar llana toda la Alpujarra; y -dando la vuelta por Andarax y Cadiar, tornó á Orgiba, por -estar mas en comarca de la mar, rio de Almería, Granada, -y la misma Alpujarra. Entre tanto, aunque la rebelion parecia -estar en el Alpujarra en términos de sosegada, echó -raices por diversas partes: á la parte de poniente por las -Guajaras, tres lugares pequeños juntos que parten la tierra -de Almuñecar de la de Val de Leclin, puestos en el valle -que desciende al puerto de la Herradura; desdichado por la -pérdida de veinte y tres galeras anegadas con su capitan general -D. Juan de Mendoza, hombre de no menos industria -y ánimo que su padre D. Bernardino y otros de sus pasados, -que en diversos tiempos valieron en aquel ejercicio. El señor -de uno de aquellos lugares, ó con ánimo de tenellos pacíficos, -ó de roballos y cautivar la gente, juntando consigo -hasta doscientos soldados desmandados de la costa, forzó á -los vecinos que le alojasen y contribuyesen extraordinariamente. -Vista por ellos la violencia dilatándolo hasta la noche, -le acometieron de improviso, y necesitaron á retraerse -en la iglesia donde quemaron á él y á los que entraron -en su compañía. No dió tiempo á los malhechores la presteza -del caso para pensar en otro partido mas llano, que juntarse -llegando á sí de la gente de lugares vecinos tres mil<span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span> -personas de todas edades, en que habia mil y quinientos -hombres de provecho, armados de arcabuces, ballestas, -lanzas y gorguzes y parte hondas, como la ira y la posibilidad -les daba; y sin tomar capitan, de comun parecer ocuparon -dos peñones, uno alto de subida áspera y difícil, -otro menor y mas llano. Aquí pusieron su guardia, y se -repararon sin traveses, parte con piedra seca, parte con mantas -y jalmas como rumbadas, á falta de rama y tierra. Estos -dos sitios escogieron para su seguridad, juntando despues -consigo algunos salteadores, Giron, Marcos el Zamar -capitanes, y otros hombres á quien convidaba la fortaleza -del sitio, el aparejo de la comarca, y la ocasion de -las presas. Fue el marqués avisado, que andaba visitando -algunos lugares de la tierra como seguro de tal novedad; y -visto que el fuego se comenzaba por parte peligrosa de lugares -importantes guardados á la costa con poca gente, recelando -que saltase á la sierra de Bentomiz ó á la hoya y jarquia -de Málaga, deliberó partir con cuasi dos mil infantes -y doscientos caballos, avisando al conde que de Granada -le reforzase con mas gente de pie y de caballo. Eran los -mas aventureros ó concejiles: tomó el camino de las Guajaras -dejando á sus espaldas lugares, como Ohañez y Valor -el alto, sospechosos y sobresaltados, aunque solos de gente -segun los avisos. Algunos le juzgaban, diciendo, que -pudiera enviar otra persona ó á su hijo el conde en su lugar; -pero él escogió para sí la empresa con este peligro: ó -porque el rey vista la importancia del caso no le proveyese -de compañero, ó por entretener la gente en la ganancia. -Tanto puede la ambicion en los hombres puesto que sea -loable, que aun de los hijos se recatan. Sacar al conde de -Granada, que le aseguraba la ciudad á las espaldas y le -proveía de gente y de vitualla, parecia consejo peligroso; y -partir la empresa con otro, despojarse de las cabezas; que -si muchas en número y calidad de personas, en experiencia -eran pocas. Estas dudas saneó con la presteza, porque antes -que los enemigos pensasen que partia, les puso las armas<span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span> -delante. Halláronse en toda la jornada muchas personas -principales, así del reino de Granada como de la Andalucía, -que en las ocasiones serán nombrados. Partió el -marqués de Andarax, y sin perder tiempo vino de Cadiar -á Orgiba; y tomando vitualla á Velez de Benabdalá, pasó -el rio de Motril, la infantería á las ancas de los caballos, y -llegó á las Guajaras que están en medio. Vino D. Alonso -Portocarrero con mil soldados, ya sano de sus heridas, y -otras dos bandas de infantería, ciento y cincuenta caballos, -gente hecha en Granada, que enviaba el conde de -Tendilla, el conde de Santistévan con muchos deudos y -amigos de su casa y vasallos suyos. Mas los enemigos, como -de improviso descubrieron el campo, comenzaron á -tomar el camino de los Peñones y víanse subir por la montaña -con mujeres y hijos. Viendo el marqués que se recogian -á sus fuertes, envió una compañía de arcabuceros á reconocerlos, -y dañarlos si pudiesen; pero dende á poco le -trajo un soldado mandado del capitan, que por ser los enemigos -muchos y su gente poca, ni se atrevia á seguillos, -porque no le cargasen; ni á retirarse, porque no le rompiesen: -pedia para lo uno y lo otro mil hombres. Envióle -alguna arcabucería, y él con la gente que pudo llegar ordenada, -le siguió hasta las Guajaras altas por hacerle espaldas, -donde alojó aquella noche con mal aparejo; pero los -unos y los otros sin temor, los nuestros por la confianza -de la victoria, los enemigos de la defensa.</p> - -<p>Entre los que allí vinieron á servir, fue uno D. Juan de -Villarroel, hijo de D. García de Villarroel, adelantado que -fue de Cazorla, y sobrino (segun fama) de fray Francisco -Jimenez, cardenal y arzobispo de Toledo, gobernador de -España entre la muerte del Rey Católico D. Fernando, y -el reinado del emperador D. Cárlos. Era á la sazon capitan -de Almería, y servia de comisario general en el campo: -hombre de años, probado en empresas contra moros, pero -de consejos sutiles y peligrosos, que habia ganado gracia -con hallar culpas en capitanes generales, siendo á veces<span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span> -escuchado y al fin remunerado. Este, por abrirse camino -para algun nombre en aquella ocasion, gastó la noche sin -sueño en persuadir al marqués que le mandase con cincuenta -soldados á reconocer el fuerte de los enemigos; diciendo -que del alojamiento no se descubria el paso del peñon alto. -Concurrió el marqués, mostrando hacerlo mas por permision -y licencia que mandamiento, pero amonestándole que -no pasase del cerro pequeño que estaba entre su alojamiento -y la cuesta; y que no llevase consigo mas de cincuenta -arcabuceros: blandura que suele poner á veces á los que -gobiernan en grandes y presentes peligros. Mas D. Juan pasando -el cerro comenzó á subir la cuesta sin parar, aunque -fue llamado del marqués; y á seguillo mucha gente -principal y otros desmandados, ó por acreditar sus personas, -ó por codicia del robo. Pasaban ya los que subian -de ochocientos, sin poderlo el marqués estorbar; porque -D. Juan viéndose acrecentado con número de gente, y concibiendo -en sí mayores esperanzas, teniéndose por señor -de la jornada, sin guardar la órden que se le dió ni la que -se daba en hechos semejantes, desmandada la gente no con -mas acierto que el que daba su voluntad á cada uno; comenzó -la subida con el ímpetu y priesa que suele quien -va ignorante de lo que puede acontecer; mas dende á poco -con flojedad y cansancio. Vista por los enemigos la desórden, -hicieron muestra de encubrirse con el peñon bajo -dando apariencia de escapar: pensaron los nuestros que -huían, y apresuraron el paso; creció el cansancio, oíanse -tiros perdidos de arcabucería, voces de hombres desordenados, -víanse arremeter, parar, cruzar, mandar; movimientos -segun el aliento ó apetito de cada uno: en ochocientas -personas mostrarse mas capitanes que hombres, antes cada -cual lo era de sí mismo: el hábito del capitan un capote, -una montera, una caña en la mano. No se estaba á media -cuesta, cuando la gente comenzó á pedir municion de mano -en mano: oyeron los enemigos la voz, peligrosa en semejantes -ocasiones; y viendo la desórden, saltaron fuera<span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span> -con el Zamar hasta cuarenta hombres; esos con pocas armas -y menos muestra de acometer: pero convidados del -aparejo, y ayudados de piedras que los del peñon echaban -por la cuesta y de alguna gente mas, dieron á los nuestros -una carga harto retenida, aunque bastante para que todos -volviesen las espaldas con mas priesa que habian subido, -sin que hombre hiciese muestra de resistir, ni la gente particular -fuese parte para ello; antes los seguian, mostrando -querellos detener: fueron los moros creciendo, ejecutando, -y matando hasta cerca del arroyo. Murió D. Juan de Villarroel -desalentado, con la espada en la cinta, cuchilladas -en la cabeza y las manos, segun se reparaba: D. Luis Ponce -de Leon, nieto de D. Luis Ponce, que herido de muerte, -y caido le despeñó un su criado por salvalle, y Juan Ronquillo, -veedor de las compañías de Granada, y un hijo solo -del maestre de campo Hernando de Oruña, viéndole su padre -y todos peleando. Fueron los muertos muchos mas que -los que los seguian, y algunos ahogados con el cansancio; -los demás se salvaron, y entre ellos D. Gerónimo de Padilla, -hijo de Gutierre Lopez de Padilla, que herido y peleando -hasta que cayó, le sacó arrastrando por los pies un esclavo -á quien él dió libertad. El marqués, vista la desórden, -y que los enemigos crecian y venian mejorados, y -prolongándose por la loma de la montaña á tomarle las espaldas, -encaminados á un cerro que le estaba encima, envió -á D. Alonso de Cárdenas con pocos arcabuceros que -pudo recoger; hombre suelto y de campo; el cual previno -y aseguró el alto. Estaba el marqués apeado con la caballería, -las lanzas tendidas, guarnecido de alguna arcabucería -esperando los enemigos, y recogiendo la gente que venia -rota: pudo esta demostracion y su autoridad refrenar la furia -de los unos, detener y asegurar los otros, aunque con -peligro y trabajo. Otro dia al amanecer llegó la retaguardia: -serian por todos cinco mil y quinientos infantes, y cuatrocientos -caballos; compañía bastante para mayor empresa, si -se hubiera de tener cuenta con solo el número. Ordenó solo<span class="pagenum"><a name="Page_51" id="Page_51">[51]</a></span> -un escuadron por el temor de la gente que el dia de antes -habia recibido desgracia, guarnecido á los costados con -mangas prolongadas de arcabucería. Era el peñon por dos -partes sin camino, mas por la que se continuaba con la -montaña habia salida menos áspera: aquí mandó estar caballería -y arcabucería apartada, pero cubierta; porque vistos no -estorbasen la huida. Son los moros cuando se ven encerrados -impetuosos y animosos para abrirse paso, mas abierto -procuran salvarse sin tornar el pecho al enemigo, y por -esto si á alguna nacion se ha de abrir lugar por donde se -vayan, es á ellos. Acometiólos con esta órden, y duró el -combatir con pertinacia hasta la escuridad de la noche, los -unos animados, los otros indignados del suceso pasado: -mandó tocar á recoger, y alojó pegado con el fuerte, encomendando -la guardia á los que llegaron holgados. Puso -la noche á los enemigos delante de los ojos el peligro, el -robo, la cautividad, la muerte; trájoles el miedo, confusion -y discordia, como en ánimos apretados que tienen tiempo -para discurrir: unos querian defenderse, otros rendirse, -otros huir; al fin salió la mayor parte de la gente forastera -y monfíes con los capitanes Giron y el Zamar, sacando -las mujeres y niños que pudieron, y quedó todavía número -de gente de los naturales; y aunque flacamente reparada, -si tuvieran esfuerzo y cabezas, con el favor de lo pasado -y el aparejo del sitio solas mujeres bastaban á defenderse. -Hicieron al principio resistencia, ó que el desdeño -de verse desamparados, ó la ira los encendiese; -pero apretados enflaquecieron, y dando lugar fueron entrados -por fuerza: no se perdonó con órden del marqués á -persona ni á edad: el robo fue grande, y mayor la muerte, -especialmente de mujeres; no faltó ambicion que se ofreciese -á solicitalla, como cargo de mayor importancia. Escapó -Giron; fue preso y herido de un arcabucero por el -muslo el Zamar por salvar una hija suya doncella que no -podia con el trabajo del camino; y llevado á Granada le -mandó atenazar el conde de Tendilla, que hizo calificada -la victoria.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span></p> - -<p>Tomado el fuerte de las Guajaras envió el marqués el -campo con el conde de Santistévan, que le esperase en Velez -de Benabdalá; y fue á visitar á Almuñecar, Salobreña, -Motril, lugares á la marina guardados contra los cosarios -de Berbería, y quedó por entonces asegurada aquella tierra -hasta Ronda. Puso en el oficio de D. Juan de Villarroel á -D. Francisco de Mendoza su hijo; nombró veedores y otros -oficiales de hacienda, sin que el gobierno del campo no podia -pasar. Pero no dejaron perder sus émulos aquella ocasion -de calumniarle, diciendo: ser él mismo quien proveía, -libraba, pagaba, repartia las contribuciones, presas, y depósitos; -pues sus hijos y criados lo hacian: cosa que los -capitanes generales suelen y deben huir. Pero la necesidad -y la salida del negocio mostró haber sido mas provechoso -consejo para la hacienda del rey en lo poco que se gastó -con mucha gente y en mucho tiempo. Llegado á Velez tornó -á Orgiba, dióse á recibir gentes y pueblos que se venian -á rendir: entregaban las armas los que habitaban por toda -la Alpujarra y rio de Almería, y los que en las montañas -andaban alzados rendíanse á merced del rey sin condicion: -traían mujeres, hijos, y haciendas; comenzaban á poblar -sus casas, ofrecíanse á ir con ellas á morar, como y donde -los enviasen; y si en la tierra los quisiesen dejar, mantener -guardia para defension y seguridad de ella, solamente -que se les diesen las vidas y libertad; pero aun estas dos condiciones -no les admitió. No por eso dejaban de venirse; dábales -salvaguardia con que vivian pacíficos, aunque no del -todo asegurados; y hallando el campo lleno de esclavos y -cristianos libertados que comian la vitualla, depositó quinientas -moriscas en poder de sus padres, hermanos y maridos, -y sobre sus palabras las recibieron en Ujijar: y dende -á poco envió con alguaciles por ellas para volvellas á -sus dueños, que sin faltar personas las tornaron: cosa no -vista en otro tiempo ó fuese el miedo y la obediencia, ó -fuese que restituían las mujeres de que hallan abundancia -en toda parte, y por esto son estimadas como alhaja; y los<span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span> -hijos donde se los criasen; descargándose de bocas inútiles -y embarazo cojijoso; y aquí hizo particulares justicias de -muchos culpados.</p> - -<p>Discurrian los soldados de veinte en veinte sin daño; dábanse -á descubrir personas y ropa escondida por la montaña; -combatian cuevas donde habia moriscos alzados: todo -era esclavos, despojos, riquezas. No eran por entonces tantas -las desórdenes que los moriscos no las pudiesen sufrir, -ni tantos los autores que no pudiesen ser castigados; pero -fuéronse los unos con la ganancia, vinieron otros nuevos -codiciosos que mudaban el estado de paz en desasosiego, y -de obediencia en desconfianza. Vióse un tiempo en el cual -los enemigos (ó estuviesen rendidos, ó sobresanados) pudieran -con facilidad y poca costa ser oprimidos, y venirse -al término que despues se vino de castigo, de opresion, ó -de destierro; ó sacándolos á morar en Castilla, poblar la -tierra de nuevos habitadores, sin pérdida de tanto tiempo, -gente, y dineros, sin hambre, sin enfermedad, sin violencia -de vasallos. No son los hombres jueces de los pensamientos -y motivos de los reyes; pero mucho puede en el ánimo -de un príncipe ofendido por caso de rebelion ó desacato, -la relacion aunque interesada ó apasionada que le inclina á -rigor y venganza; porque cualquier tiempo que se dilata, -aunque sea para mayor oportunidad, le parece estorbo.</p> - -<p>En esto la gente de Granada, libre del miedo y de la necesidad, -tornó á la pasion acostumbrada: enviaban al rey -personas de su ayuntamiento; pedian nuevo general; nombraban -al marqués de Velez, engrandeciendo su valor, -consejo, paciencia de trabajos, reputacion: partes que -aunque concurriesen en él, la mudanza de voluntades, y -los mismos oficios hechos en su perjuicio, dende á pocos -dias que entonces en su favor, mostraban no haberse movido -los autores con fin de loallas porque fuesen tales. Calumniaban -al de Mondejar que permitia mucho á sus oficiales; -que no se guardaban las vituallas; que los ganados -pudiendo seguir el campo se llevaban á Granada; que no<span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span> -se ponia cobro en los quintos y hacienda del rey; que -teniendo presidente cabeza en los negocios de justicia, -tantas personas graves y de consejo en la chancillería, -un ayuntamiento de ciudad, un corregidor solícito, tantos -hombres prudentes; no solamente no les comunicaba -las ocasiones en general, pero de los sucesos no les daba -parte por escrito, ni de palabra; antes indignado por competencias -de jurisdicciones, preeminencias de asientos ó -manera de mandar, sabian de otros antes la causa porque -se les mandaba, que recibiesen el mandamiento. Loaban la -diligencia del presidente en descubrir los tratados, los consejos, -los pensamientos de los enemigos; entretener la gente -de la ciudad; exhortar á los señores del reino que tomasen -las armas, en particular al marqués de Velez, y otras -demostraciones que atribuidas al servicio del rey eran juzgadas -por honestas, y á su particular por tolerables: empresas -de reputacion y autoridad, no desdeñando, ni ofendiéndola; -y que en fin como quiera eran de suyo provechosas -al beneficio público: que la guerra no estaba acabada, -pues los enemigos aun quedaban en pie; que las -armas entregadas eran inútiles y viejas: mostrábanse indignados -y rebeldes, resueltos á no mandarse por el marqués. -Los alcaldes (oficio usado á seguir el rigor de la justicia -y aun el de la venganza, porque cualquiera dilacion -ó estorbo tienen por desacato) culpaban la tibieza en el -castigar; recibir á merced y amparar gente traidora á Dios -y al rey; las armas en la mano de padre y hijo; oprimida -la justicia y el gobierno; llena Granada de moros, mal defendida -de cristianos; muchos soldados y pocos hombres; -peligros de enemigos y defensores, deshaciendo por un cabo -la guerra y criándola por otro. Por el contrario los amigos -y allegados del marqués y su casa decian: que la guerra -era libre, los oficiales y soldados concejiles, y esos sin sueldo, -movidos de su casa por la ganancia; los ganados habidos -de los enemigos; que por todo se hallaria que la carne -y el trigo y cebada se aprovechaba de dia en dia; que mal<span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span> -se podian fundar presidios para guarda de vitualla con tan -poca gente, ni asegurar las espaldas sino andando tan pegados -con los enemigos, que les mostrasen cada hora las -cuerdas de los arcabuces y los hierros de las picas; que los -quintos tenian oficiales del rey en quien se depositaban, y -pasaban por almonedas; que los oficios eran tan apartados, -y los consejos de la guerra requerian tanto secreto, que -fuera de ella no se acostumbraba comunicarlos con personas -de otra profesion, aunque mas autoridad tuviesen; -porque como plática extraña de sus oficios, no sabian en -que lugar se debia poner el secreto; que tras el publicar -venia el yerro, y tras el yerro el castigo; y que como el -presidente y oidores ó alcaldes no le comunicaban los secretos -de su acuerdo, así él no comunicaba con ellos los de -la guerra, ni se vian, ni habia causas porque hubiese esta -desigualdad, ó fuese autoridad ó superioridad. De lo que -tocaba al corregidor y la ciudad burlaban, como cosa de concejo -y mezcla de hombres desigual. Que los que eran para -entender la guerra andaban en ella y servian ellos ó sus hijos -al rey, y obedecian al marqués sin pasion. Que los cumplimientos -eran parte de buena crianza; y cada uno si queria -ser mal quisto, podia ser mal criado. Que trayendo tan á -la continua la lanza en la mano, mal podia desembarazalla -para la pluma. Que la guerra era acabada, segun las muestras, -y el castigo se guardaria para la voluntad del rey, y -entonces tenian su lugar la mano y la indignacion de las -justicias; y si decian que sobresanada porque estaban los -enemigos en pie y armados, lo sobresanado ó acabado, lo -armado y desarmado es todo uno, cuando los enemigos, ó -se rinden, ó están de manera que pueden ser oprimidos sin -resistencia, como lo estaban á la sazon los del reino y la -ciudad de Granada. Que de aquello servia la gente en el Albaicin -y la Vega, la cual como entretenida con alojamientos -y sin pagas, no podia sino dar pesadumbre y desordenarse; -ni como poco plática saber la guerra tan de molde que no se -les pareciese que eran nuevos. Pero la carga de lo uno y de lo<span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span> -otro estaba sobre los enemigos, á quien ellos decian que se -habia de dar riguroso castigo: lo cual aunque se diferia, no -se olvidaba; que espantallos sin tiempo era perder el fin y -las comodidades que se podian sacar de ellos; que las personas -cuando eran tales siempre serian provechosas, especialmente -las que sirviesen á su costa, como la del marqués -de Velez, probada para cualquier gran cargo que estuviese -sin dueño.</p> - -<p>Mas el marqués, hombre de estrecha y rigurosa disciplina, -criado al favor de su abuelo y padre en gran oficio, sin -igual ni contradictor, impaciente de tomar compañía; comunicaba -sus consejos consigo mismo, y algunos con las -personas que tenia cabe sí pláticas en la guerra, que eran -pocas: de las apariencias, aunque eran comunes á todos, -á ninguno daba parte; antes ocasion á algunos (especialmente -á mozos y vanos), de mostrarse quejosos. Tomó la -empresa sin dineros, sin municion, sin vitualla, con poca -gente y esa concejil, mal pagada y por esto no bien disciplinada; -mantenida del robo, y á trueco de alcanzar ó conservar -este, mucha libertad, poca vergüenza, y menos -honra; excepto los particulares que á su costa venian de -toda España á servir al rey, y eran los primeros á poner las -manos en los enemigos. Tuvo siempre por principal fin pegarse -con ellos; no dejar que se afirmasen en lugar ni juntasen -cuerpo; acometellos, apretallos, seguillos; no dalles -ocasion á que le siguiesen, ni mostrarles las espaldas aunque -fuese para su provecho; recibir los que de ellos viniesen -á rendirse; disminuillos y desarmallos, y á la fin oprimillos; -para que poniéndoles guarniciones con un pequeño -ejército, pudiese el rey castigar los culpados, desterrar los -sospechosos, deshabitar el reino, si le pluguiese pasar los -moradores á otra parte: todo con seguridad y sin costa, -antes á la de ellos mismos. Hizo muchas veces al rey cierto -del término en que las cosas se hallaban: y aunque guiando -ejércitos no hubiese venido otras veces á las manos con -los enemigos, todavía con la plática que tenia de la manera<span class="pagenum"><a name="Page_57" id="Page_57">[57]</a></span> -del guerrear de estos, aprendida de padres y abuelos y -otros de su linaje que tuvieron continuas guerras con los -moros, los trajo á tal estado y en tan breve tiempo, como -el de un mes; no embargante que muchas veces se le escribiese, -que procediese con ellos atentamente. Puesta la guerra -en estos términos, túvola por acabada facilitando lo que -estaba por hacer; con que se hizo mas odioso, pareciendo -á hombres ausentes cuerdos y de experiencia, que habia -de retoñecer con mayor fuerza como el tiempo diese lugar, -y las esperanzas de Berbería se calentasen, y los castigos y -reformaciones comenzasen á ejecutarse: y tuvieron por largo -el negocio, por ser de montaña contra gente suelta y -plática de ella, y otras causas, que por nuestra parte se les -habian de dar.</p> - -<p>En este mismo tiempo comenzó á descubrirse la guerra en -el rio de Almería, con la ida del marqués de Mondejar á las -Guajaras y tierra de Almuñecar. Ohañez es un lugar puesto -entre dos rios en los confines de la Alpujarra, marquesado -de Zenette, y tierra de Almería: aquí se recogieron moros -que andaban huidos en la montaña (sobras de los rencuentros -pasados), convidados de la fortaleza del sitio, y persuadidos -por el Tahalí, á quien tomaron por capitan. Pusieron -mil hombres á la guardia del lugar donde habian encerrado -sus hijos, mujeres y haciendas; sin otro mayor -número que defendian la tierra, todos determinados á pelear.</p> - -<p>Estaba el marqués de Velez en el rio de Almería entretenido -con parte de la gente del reino de Murcia; y la demás -era vuelta, como es costumbre, rica de la ganancia: -esperaba órden del rey si tornaria á la tierra de Cartagena, -que confina con el reino de Granada por el rio de Mojacar, -que los antiguos llamaban Murgis; ampararia la tierra -del rey, y la suya vecina á la mar; defenderia que los moros -del reino de Granada no pasasen por aquella parte á -desasosegar los del reino de Valencia; recelado y cuasi cierto -peligro en la primera ocasion de pérdida nuestra importante:<span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span> -y convenia (ocupado el marqués de Mondejar en las -Guajaras) atajar el fuego de las espaldas. No habia en pie -armas tan cerca como estas, solicitadas por el presidente -de Granada, mas despues con aprobacion del rey.</p> - -<p>Los que igualmente juzgaban lo bueno que lo malo, atribuían -á pasion esta diligencia, por excluir ó dar compañero -al marqués de Mondejar; pero las personas libres, á -buena provision y en conveniente conyuntura. Movióse el -marqués de Velez con tres mil infantes y trescientos caballos -contra los enemigos, que le esperaban á la subida de -la montaña en un paso áspero y dificultoso: combatiólos y -rompiólos no sin dificultad; donde se mostró por su persona -buen caballero. Mas los enemigos recogiéndose á Ohañez -estuvieron á la defensa. Acometiólos con pocas armas, y -rompiólos segunda vez; murieron cuasi doscientos hombres -con Tahalí su capitan, y en la entrada muchas mujeres; -de los nuestros algunos: salváronse de los moros por -las espaldas del lugar la mayor parte que estaba á la defensa -sin ser seguidos; y pudieran, si algun capitan plático -los gobernara, hacer daño á los nuestros embebecidos y -cargados con el saco. Fue grande la importancia del hecho -por la ocasion. Á las gradas de la iglesia halló el marqués -cortadas veinte cabezas de doncellas, los cabellos tendidos, -puestas por órden, que los de aquella tierra cuando el rio -de Almería se rebeló, en una junta que tuvieron en Guecija, -prometieron sacrificar juntamente con veinte sacerdotes -adoradores de los ídolos (que tal nombre dan á las imágenes); -porque Dios y su profeta Mahoma los ayudase. Poco -antes que el marqués entrase habian degollado las doncellas: -los sacerdotes hicieron mayor defensa; mas con quemar -veinte frailes ahogados en aceite hirviendo, pagaron -el voto en la misma Guecija. ¡Cruel y abominable religion, -aplacar á Dios con vida y sangre inocente; pero usada dende -los tiempos antiguos en África, traida de Tiro, introducida -en la ciudad de Cartago por Dido su fundadora: tan -guardada hasta nuestros tiempos entre los moradores de<span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span> -aquella region, que es fama que en la gran empresa que el -emperador D. Cárlos, vencedor de muchas gentes, hizo -contra Barbarroja, tirano de Túnez, sacrificaron los moros -del cabo de Cartago cinco niños cristianos al tiempo que -descubrieron nuestra armada, á reverencia de cinco lugares -que tienen en el alcoran, donde se inclinan porque Dios -los ampare y defienda en los peligros! El marqués, habido -este suceso en su favor, se recogió con la gente que con él -quiso quedar en Terque, lugar del rio de Almería, corriendo -por la tierra.</p> - -<p>Las cosas de Granada estaban en el estado que tengo dicho. -El rey habia enviado á D. Antonio de Luna, hijo de -D. Álvaro de Luna, y á D. Juan de Mendoza, hombres de -gran linaje, pláticos en la guerra, que habian tenido cargos, -y dado buena cuenta de ellos, para que asistiesen con -el conde de Tendilla como consejeros, estando á la órden -que él les diese en ausencia del marqués su padre; avisando -al conde de la provision con palabras blandas y comedidas; -para que con ellos pudiese descargar parte del trabajo. -Puso el conde á D. Juan dentro en la ciudad con la infantería -cuyas armas habia profesado; y á D. Antonio á la guarda -de la Vega con doscientos caballos y parte tambien de -la infantería.</p> - -<p>Llegado el marqués de Mondejar á Orgiba continuando -su propósito, ocupóse en recibir pueblos y gente, que sin -condicion venian á rendirse con las armas; y en perseguir -las sobras del campo de Aben Humeya, su persona, parientes -y allegados, que eran muchos, y con él andaban -huidos por las montañas. Estaba aun Valor, el alto, por -rendirse, pero sosegado; adonde tuvo aviso que Aben Humeya -se recogia con treinta hombres en las casas de su padre, -y en Mecina su tio Aben Jauhar. Envió dos compañías -de infantería que no los hallando se tornaron con haber -saqueado á Valor y Mecina, mas á los de Mecina que estaban -con salvaguardia, mandó volver la ropa y cautivos -dende á poco. Fue tambien avisado que en el mismo lugar<span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span> -se escondia Aben Humeya con ocho personas, y envió dos -escuadras con sendos adalides pláticos de la tierra con órden -que vivo ó muerto le hubiesen á las manos. Llaman -adalides en lengua castellana á las guias y cabezas de gente -del campo, que entran á correr tierra de enemigos; y á la -gente llamaban almogávares: antiguamente fue calificado el -cargo de adalides; elegíanlos sus almogávares; saludábanlos -por su nombre levantándolos en alto de pies en un escudo: -por el rastro conocen las pisadas de cualquiera fiera -ó persona, y con tanta presteza que no se detienen á conjeturar; -resolviendo por señales, á juicio de quien las mira -livianas, mas al suyo tan ciertas, que cuando han encontrado -con lo que buscan, parece maravilla ó envahimiento. -No hallaron en Valor, el alto, rastro de Aben Humeya, -pero en el bajo oyeron chasquido de jugar á la ballesta, -músicas, canto y regocijo de tanta gente, que no la osando -acometer se tornaron á dar aviso. Envió dos capitanes, Antonio -de Ávila y Álvaro de Flores, con trescientos arcabuceros -escogidos entre la gente que á la sazon habia quedado, -que era poca, porque con la ganancia de los Guajaras, -y con tener por acabada la guerra se habian ido á sus casas, -hombres levantados sin pagas, sin el son de la caja, -concejiles; que tienen el robo por sueldo, y la codicia por -superior. Fueron con estos trescientos, otros mas de quinientos -aventureros y mochileros á hurto, sin que guarda -ó diligencia pudiese estorballo. Llevaron los capitanes órden -de palabra, que tomasen y atajasen los caminos, cercasen -el lugar, y sin que la gente entrase dentro, llamasen -los regidores y principales; requiriésenlos que entregasen -Aben Humeya que se llamaba rey; y en caso que se -excusasen, con personas deputadas por ellos mismos y por -los capitanes, le buscasen por las casas; y no pareciendo -trajesen los regidores presos ante el marqués, sin hacer -otro daño en el lugar. Partiendo con esta resolucion, y antes -que llegasen á Valor, donde se descubre la punta de -Castil de Ferro, los alcanzó Ampuero, capitan de campaña,<span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span> -y les dió la misma órden por escrito; añadiendo que si gente -de salvaguardia ó de Valor, el alto, la hallasen en el bajo, -la dejasen estar. Mas Antonio de Ávila, que ya traía -consigo la mala fortuna, dicen que respondió: <i>que si en algo -se excediese de la órden, todo seria dar culpa á los soldados</i>. -Llegando á Valor tomaron los caminos; cercaron el lugar: -salieron los principales á ofrecer favor, diligencia, vituallas; -mas los que vinieron al cuartel de Antonio de Ávila -fueron muertos sin ser oidos. Alteróse el lugar; entraron -los soldados matando y saqueando; juntáronseles los -de Álvaro Flores, que para esto eran todos en uno; murieron -algunos moriscos, que no pudieron defenderse ni -huir; fue robada la tierra, y los soldados recogieron el robo -en la iglesia diciendo los capitanes: que su órden era -llevar los moriscos presos, y no podian de otra manera -cumplir con ella. Mas los moriscos visto el daño, hicieron -ahumadas á los suyos que andaban por la montaña, y á los -que cerca estaban escondidos: los nuestros al nacer del -dia partiendo la presa, en que habia ochocientos cautivos -y mucha ropa, las bestias y ellos cargados, tomaron el -camino de Orgiba, los embarazos y presas en medio. Partida -la vanguardia, mostróse á la retaguardia Abenzaba, -capitan de Aben Humeya en aquel partido, con trescientos -hombres como de paz: requeríalos con la salvaguardia; que -dejando las personas cautivas llevasen el resto; mas viendo -cuan poco les aprovechaba comenzaron á picallos y desordenallos, -hasta que á la cubierta de un viso dieron en la emboscada -de doscientos hombres, y volviéndose á las mujeres -les dijeron: <i>Damas, no vais con tan ruin gente</i>. Juntamente -con estas palabras el Partal, hombre cuerdo y valiente, -uno de cinco hermanos todos de este nombre que -vivian en Narila, acometió la retaguardia por el costado; -mas los soldados por no desamparar la presa hicieron poca -resistencia: la vanguardia caminaba cuanto podia sin hacer -alto ni descargarse de la presa, y todos iban ya ahilados; -los delanteros por llegar á Orgiba; los postreros por juntarse<span class="pagenum"><a name="Page_62" id="Page_62">[62]</a></span> -con los delanteros: en fin del todo puestos en rota sin -osar defenderse ni huir, muertos los capitanes y oficiales, -rendidos los soldados y degollados: con la presa á cuestas -ó en los brazos, salváronse entre todos como cuarenta; los -demás fueron muertos sin recibir á prision; ni perder los -enemigos hombre, de quinientos que se juntaron. Como sucedió -el caso, enviaron á excusarse con el marqués, cargando -la culpa á los capitanes, y ofreciendo estar á justicia. -Mas él entendida la desgracia puso en Orgiba mayor -guardia, repartió los cuarteles á la caballería como quien -esperaba los enemigos: llegó el mismo dia el aviso á Granada; -y el conde Tendilla despachó á D. Antonio de Luna -con mil infantes y cien caballos, y órden que llegado á Lanjaron -hasta donde era el peligro, dejando la gente en lugar -seguro y el gobierno al sarjento mayor, tornase á Granada. -Llegaron á Orgiba dentro el tercero dia que el caso -aconteció; reforzó las guardias en el Alhambra, en la ciudad -y la Vega; porque los moriscos favorecidos con este -suceso no intentasen novedad.</p> - -<p>Habia escrito el rey al marqués, que temporizase con -los enemigos no se poniendo en ocasion de peligro; temeroso -de nuestra gente por ser toda número, excepto los -particulares. Representábansele los inconvenientes que -en una desgracia pueden suceder; acabarse de levantar -el reino, venir los de Berbería en ocasion que las armas -del gran turco se comenzaban á mostrar en Levante; -incierto donde pararia tan gran armada, aunque se -veía que amenazase á Cipro. Parecíanle las fuerzas del marqués -pocas para mantener lo de dentro y fuera de Granada; -tenia lo pasado mas por correrías, escaramuzas y -progresos de gente desarmada, que por guerra cumplida. -El general calumniado en la ciudad, que le tenia de hacer -espaldas; de donde habia de salir el nervio de la guerra; la -voluntad de algunas ciudades y señores en Andalucía no -muy conformes con la suya; los soldados descontentos; y -no faltaban pretensiones de personas que andaban cerca<span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span> -de los príncipes, ó á las orejas de quien anda cerca de -ellos. Pareció por entonces consejo de necesidad suspender -las armas, y tanto mas cuando llegó la nueva de la desgracia -acontecida en Valor. Escribióse al marqués resolutamente -que no hiciese movimiento; y porque la autoridad -que tenia en aquella tierra era grande, y la costumbre de -mandar muy arraigada de padre y abuelo, y parecia que -en reino extendido y tierra doblada no podia dar cobro á -tantas partes, como la experiencia lo mostraba, porque estando -en Orgiba, se levantaron las Guajaras, y yendo á las -Guajaras, Obañez; acordó dividir la empresa dando al marqués -de Velez cargo de los rios de Almería y Almanzora, -tierra de Baza y Guadix, y al de Mondejar el resto del reino -de Granada; enviar á ella por superior de todo á su hermano -D. Juan de Austria; por ventura resoluto á descomponer -al uno y al otro, y cierto de que ninguno de ellos se -tenia por agraviado: pues con la autoridad y nombre de su -hermano cesaban todos los oficios; los pueblos se mandarian -con mayor facilidad; contribuirian todos mas contentos; -servirian mas listos teniendo cerca del rey á su hermano -por testigo; los soldados un general que los gratificase y -adelantase; la eleccion daria mayor sonido entre naciones -apartadas, suspenderia los ánimos de los bárbaros, quitaríales -la avilanteza de armar, imposibilitaríalos de hacer el -socorro formado como empresa difícil y sin efecto; ocuparia -á D. Juan en hechos de tierra, como lo estaba en los de -mar; haríale plático en lo uno y en lo otro: mozo despierto, -deseoso de emplear y acreditar su persona, á quien despertaba -la gloria del padre y la virtud del hermano. Decíase -tambien que en esta empresa el rey deseaba ver el ánimo -del marqués de Mondejar inclinado á mayores demostraciones -de rigor, por la venganza del desacato divino y humano, -por la rebelion, por el ejemplo de otros pueblos. Encendian -esta opinion relaciones y pareceres de personas, -que cualquiera cosa donde no ponen las manos les parece -fácil, sin medir tiempo ni posibilidad, presente ó porvenir,<span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span> -y de otras apasionadas; no sin artificio y entendimiento de -unas con otras. Mas los príncipes toman lo que les conviene -de las relaciones, dejando la pasion para su dueño.</p> - -<p>Estando las cosas en tales términos, con el suceso de Valor -tomaron los enemigos ánimo para descubrirse, y Aben -Humeya entró con mayor autoridad y diligencia en el gobierno; -no como cabeza de pueblos rogados ó gente esparcida -sin órden, sino como rey y señor. Siguió nuestra órden -de guerra; repartió la gente por escuadras, juntóla en compañías; -nombró capitanes; mandó que aquellos y no otros -arbolasen banderas; púsolos debajo de coroneles, y cada -partido que estuviese al gobierno de uno que dicen alcaide -(tahas llaman ellos á los partidos de tahar, que en su lengua -quiere decir sujetarse): este mandaba lo de la guerra; -nombre entre ellos usado dende tiempos antiguos, y puesto -por nosotros á los que tienen fortalezas en guarda. Para -seguridad de su persona pagó arcabucería de guardia, que -fue creciendo hasta cuatrocientos hombres; levantó un estandarte -bermejo, que mostraba el lugar de la persona del -rey á manera de guion.</p> - -<p>Del principio de esta ceremonia en los reyes de Granada, -olvidada por haber pasado el reino á los de Castilla, diremos -ahora. Muerto Abenhut que tenia á Almería por cabeza del -reino, tomaron (como dijimos) por rey en Granada á Mahamet -Alhamar, que quiere decir el Bermejo. Cuando el -Santo rey D. Fernando el III vino sobre Sevilla, hallóse con -mucha caballería este Mahamet á servir en aquella empresa, -por haberle ayudado el rey D. Fernando á tomar el reino: -parecióle autoridad el uso de guion, agradecimiento y -honra poner en él la color y banda, que traen los reyes -de Castilla. Armóle caballero el rey el dia que entró -en Sevilla; dióle el estandarte por armas para él y los que -fuesen reyes en Granada; la banda de oro en campo rojo -con dos cabezas de sierpes á los cabos, segun la traen en -su guion los reyes de Castilla; añadió él las letras azules que -dicen: <i>no hay otro vencedor sino Dios</i>: por timbre tomó dos<span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span> -leones coronados que sobre las cabezas sostienen el escudo; -traen el timbre debajo de las armas, como nosotros encima; -porque así escriben y muestran los sitios, y cuentan -las partes del cielo y la tierra, al contrario de nosotros. Mas -las armas antiguas de los reyes de la Andalucía eran una -llave azul en campo de plata; fundándose en ciertas palabras -del alcoran, y dando á entender que con la destreza -y el hierro abrieron por Gibraltar la puerta á la conquista -de poniente; y de allí llaman á Gibraltar por otro nombre, -el monte de la Llave. Hoy duran sobre la principal puerta -de la Alhambra estas armas con letras, que declaran la causa -y el autor del castillo.</p> - -<p>Hacia con los suyos Aben Humeya su residencia en los -lugares de Valor y Poqueira, y en los que están en lo áspero -de la Alpujarra; comiendo la vitualla que tenian encerrada -y la que hallaban sin dueño, con mayor abundancia -y á mas bajos precios que nosotros. Las rentas que para -mantenimiento del reino le señalaron fueron el diezmo de -los frutos y el quinto de las presas, y mas lo que tiránicamente -quitaba á sus súbditos. De esta manera se detuvieron, -el marqués de Mondejar rehaciéndose de gente en Orgiba, -incierto en que pararia la suspension del rey; y Aben -Humeya gozando del tiempo, cobrando fuerzas, esperando -el socorro de Berbería para mantener la guerra, ó navíos -en que pasarse y desamparar la tierra.</p> - -<p>Estando las armas en este silencio; porque el bullicio no -cesase en alguna parte, sucedió en Granada un caso aunque -liviano, que por ser en ocasion y no pensado escandalizó. -Habia en la cárcel de la chancillería hasta ciento y -cincuenta moriscos presos; parte por seguridad (que eran -escandalosos), parte por delitos ó sospecha de ellos; todos -como de los mas ricos y acreditados en la ciudad, así de los -mas inhábiles para las armas; gente dada á trato y regalo. -Contra estos se levantó voz á media noche estando los hombres -en sosiego, que procuraban quebrantar las prisiones, -matar las guardias, salir de las cárceles, y juntos con los<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span> -moros de la Vega y Alpujarra levantar el Albaicin, degollar -los cristianos, escalar el Alhambra, y apoderarse de Granada; -empresa difícil para sueltos y muchos y experimentados, -aunque con menos recatamiento se estuviera. Mas no -dejó de tener este movimiento algunas causas; porque hubo -informacion que lo trataban; y deposiciones de testigos, -que en ánimos sospechosos lo imposible hacen parecer fácil. -Acrecentaron la sospecha algunas escalas, aunque de -esparto, anchas y fuertes, fabricadas para escalar muralla, -que el conde halló en cierta cueva al cerro de Santa Elena; -pertrecho que los moros guardaban para entrar en el Alhambra -la noche que vinieron al Albaicin, como está dicho. -Alborotado el pueblo, corrió á las cárceles con autoridad -de justicia, acriminando los ministros el caso y acrecentando -la indignacion: mataron cuasi todos los moriscos presos, -puesto que algunos hiciesen defensa con las armas que hallaban -á mano, como piedras, vasos, madera, poniendo -tiempo entre la ira del pueblo y su muerte. Habia en ellos -culpados en pláticas y demostraciones, y todos en deseo; -gente flaca, liviana, inhábil para todo, sino para dar ocasion -á su desventura.</p> - -<p>No dejaban los moros en todo tiempo de procurar algun -lugar de nombre en la costa para dar reputacion á su empresa, -y acoger armada de Berbería; pero su principal intento -se encaminaba á tomar á Almería, ciudad asentada en -sitio mas á propósito que Málaga, y despues de ella la mas -importante; habitada de moriscos y cristianos viejos, cerca -de los puertos de cabo de Gata, y de abundancia de carne, -pan, aceite, frutas; puesta á la entrada de muchos valles que -unos llevan á la parte del maestral á Granada, y otros á la -del griego al rio de Almanzora y tierra de Baza; al levante -la de Cartagena, y al poniente Almuñecar y Velez Málaga. -En tiempo de romanos y godos fue (como ahora) cabeza de -provincia llamada Virgi; y en el de los moros, de reino, -despues que fueron echados de Córdoba. Pobláronla los de -Tiro que vinieron á Cádiz, poco apartada de la mar; los<span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span> -moros por la comodidad del agua pasaron la poblacion -adonde ahora está. Destruyóla el emperador de España -D. Alonso el VII, trayendo á sueldo el conde de Barcelona, -con sesenta galeras y ciento y sesenta y tres navíos de genoveses -con Balduino y Ansaldo de Oria, generales de la armada; -á quien el rey dió por cuenta de sus sueldos el vaso -verde que hoy muestran en San Juan, y dicen ser esmeralda: -y puédese creer sin maravilla, vista la grandeza -de los que comienzan á venir del Nuevo Mundo, y la que -refieren algunos antiguos escritores. Esto tratan nuestras -historias; aunque las de genoveses refieren haberle tomado -en la conquista de Cesarea en Asia, siendo su capitan Guillelmo -que llamaban Cabeza de Martillo: quede la fe de esto -al arbitrio de los que leen. Tornó á restaurar la ciudad -Abenhut. Cerca del nombre, aprendí de los moros naturales, -que por la fábrica de espejos de que habia gran trato, la llamaron -Almería; tierra de espejos quiere decir, porque al espejo -llaman meri. Dicen los moros valencianos, que por espejo -del reino le pusieron este nombre. Las historias arábigas, -que en gran parte son fabulosas, cuentan que en lo mas -alto habia un espejo semejante al que se finge de la Coruña, -en que se descubrian las armadas. La memoria de los antiguos -antes de los moros es, que habia atalaya, á que los latinos -llamaban <i>specula</i>, como en la misma Coruña, para -encaminar y mostrar los navíos que venian á la costa, y de -allí le dieron el nombre. Pero el autor que yo sigo, y entre -los arábigos tiene mas crédito, dice que cuando los moros -ganada España se quisieron volver á sus casas, para detenellos, -les dieron á poblar á cada uno la tierra que mas -parecia á la suya; y á estas provincias llamaron Coras, que -quiere decir tanto, como la redondez de la tierra que descubre -la vista: horizonte la podrian llamar los curiosos de -vocablos. Los de Almería<a name="FNanchor_49_49" id="FNanchor_49_49"></a><a href="#Footnote_49_49" class="fnanchor">[49]</a>, ciudad populosa en la provincia -de Frigia, donde fue cabeza la gran Troya, escogieron<span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span> -á Virgi por habitacion; porque les pareció semejante á -su ciudad, y le dieron su nombre, como dijimos que los -de Damasco dieron el suyo á Granada. Fue Almería la de -Asia destruida por el emperador Constancio, en tiempo de -Mauhía IV, sucesor de Mahoma. Pues viendo el rey que los -moros insistian tanto en la empresa de Almería, y si la -ocupasen seria tener la puerta del reino, y fundar en ella -nombre y cabeza segun la tuvieron en otros tiempos; aunque -por D. García de Villarroel se guardase con bastante -diligencia, quiso guardarla con mas autoridad. Mandó que -por entonces tuviese el cargo con mayor número de gente -D. Francisco de Córdoba que vivia retirado en su casa: -hombre plático en la guerra contra los moros, y que habia -seguido al emperador en algunas; criado debajo del amaestramiento -de dos grandes capitanes, uno D. Martin de Córdoba, -su padre, conde de Alcaudete; otro D. Bernardino -de Mendoza su tio. Estando en Almería D. Francisco, llegó -Gil de Andrada con las galeras de su cargo y otras con que -guardaba la costa; y teniendo ambos aviso que en la sierra -de Gador se recogia gran número de moros con sus mujeres -y hijos, (sobras de gente corrida por los marqueses de -Mondejar y Velez), acompañados de treinta turcos, temiendo -que juntos con otros le desasosegasen á Almería; juntó -gente de la tierra, de la guardia de ella, y de las galeras -hasta setecientos arcabuceros y cuarenta caballos; fue sobre -ellos, que estaban fuertes, y á su pesar defendidos con -algun reparo de manos y aspereza del lugar: á la tierra -llaman Alcudia, y al pueblo Inox, pocas leguas de Almería. -Estuvo detenido cuasi cuatro dias (por ser malo el tiempo -en fin de enero), al pie de la montaña, y cuasi desconfiado -de la empresa: resolvióse á combatillos por dos partes, -aunque era difícil la subida; hicieron la defensa que pudieron -con piedras y gorguces, porque en tanto número -como mil y quinientos hombres habia solos cuarenta arcabuceros -y ballesteros: fueron rotos, murieron muchos, y -con mas pertinacia que los de otras partes; porque hasta<span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span> -las mujeres meneaban las armas: hubo cautivos cuasi dos -mil personas; saliéronse los moros y entre ellos el capitan -llamado Corcuz de Dalias, para caer despues en las manos -de los nuestros cerca de Vera, y morir en Adra sacados los -ojos, con un cencerro al cuello, entregado á los muchachos, -por los daños que siendo cosario habia hecho en -aquella costa. Tornó D. Francisco la gente á Almería rica y -contenta: dividió la presa entre los soldados; proveyó de -esclavos las galeras; mas dende á pocos dias entendiendo -como el marqués de Velez venia por general de toda aquella -provincia, y pareciéndole que bastaba para la ciudad -un solo defensor, pidió licencia y habida del rey tornó á -su casa.</p> - -<p>Crecia la libertad por todo y la permision de los ministros, -unos mostrando contentarse, otros no castigando: -hombres á quien las desórdenes de nuestros soldados parecian -venganzas, otros á quien no pesaba que creciesen estas, -y se diese ocasion á que el resto de los moriscos que -estaba pacífico tomase las armas. Juntábanseles los ministros -de justicia, pertinaces de su opinion, impacientes de -esperar tiempo para el castigo, poco pláticos de temporizar -hasta la ocasion; el interés de los que desean acrecentar los -inconvenientes, la avaricia de los soldados, y por ventura -la indignacion del príncipe, la voz del pueblo, y quien sabe -si la de Dios, para que el castigo fuese general, como -habia sido la ofensa.</p> - -<p>Estaba por rebelar la Vega de Granada, de donde y de la -tierra á la redonda cada dia se pasaba gente y lugares enteros -á los enemigos, excusándose con que no podian sufrir -los robos de personas y haciendas, las fuerzas de hijas y -mujeres, los cautiverios, las muertes. Estaba sosegada la -serranía y el habaral de Bonda, la hoya y jarquia de Málaga, -la sierra de Bentomiz, el rio de Bolodui, la hoya y -tierra de Baza, Guescar, el rio de Almanzora, la sierra de -Filabres, el Albaicin y barrios de Granada poblados de -moriscos. Habia levantados algunos lugares en tierra de Almuñecar,<span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span> -el Val de Leclin, el Alpujarra, tierra de Guadix, -marquesado de Zenette, rio de Almería, que en esto se encierra -todo el reino de Granada poblado de moriscos. Mas -Aben Humeya no perdia ocasion de solicitallos por medio -de personas, que tenian entre ellos autoridad, ó deudos de -las mujeres con quien se habian casado: usaba de blandura -general; queria ser tenido por cabeza, y no por rey: la -crueldad, la codicia cubierta engañó á muchos en los principios; -pero no á su tio Aben Jauhar, que dejando parte -del dinero y riquezas en poder del sobrino, llevando lo -mejor consigo, resoluto de huir á Berbería, mostró ir á solicitar -el levantamiento de la sierra de Bentomiz: vino á -Portugos, donde murió de dolor de la hijada, viejo, descontento -y arrepentido. Mostró Aben Humeya descontentamiento, -mas por haberle la enfermedad quitado el cuchillo -de las manos, que por la falta del tio: tomóle los dineros -y hacienda con ocasion de entregarse de mucha, que -habia entrado en su poder de diezmos y quintos. Tal fue -la fin de don Fernando el zaguer Aben Jauhar, cabeza del -levantamiento en la Alpujarra, inventor del nombre de rey -entre los moros de Granada; poderoso para hacer señor á -quien le quitó la hacienda y fue causa de su muerte: tal el -desagradecimiento de Aben Humeya contra su sangre, que -le habia dado señorío y título de rey, pudiéndolo tomar para -sí. Mas así á los príncipes verdaderos como á los tiranos -son agradables los servicios, en cuanto parece que se pueden -pagar; pero cuando pasan muy adelante, dase aborrecimiento -en lugar de merced.</p> - -<p>Acabó de resolverse el rey en la venida de su hermano á -Granada, para emplealle en empresa que puesto que de -suyo fuese menuda, era de muchos cabos peligrosa, por la -vecindad de Berbería; y queriéndose llevar por violencia, -larga: por ser guerra de montaña, en ocasion que el rey -de Argel estaba armado, y la armada del gran turco junta -contra venecianos. Hizo dos provisiones; una en D. Luis -de Requesens que estaba por embajador en Roma, teniente<span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span> -de D. Juan de Austria en la mar, para que con las galeras -de su cargo que habia en Italia, y trayendo las banderas -del reino de que D. Pedro de Padilla era maestro -de campo, viniese á hacer espaldas á la empresa, poniendo -la gente en tierra, donde á D. Juan pareciese que podia -aprovechar; y juntando con sus galeras las de España, cuyo -capitan era D. Sancho de Leiva, hijo de Sancho Martinez -de Leiva, estorbase el socorro que podia venir de Berbería -á los enemigos; proveyese de vitualla y municiones -las plazas del reino de Granada que están á la costa, y al -ejército cuando estuviese en parte á propósito. Otra provision -(resoluto de hacer la guerra con mayores fuerzas) -fue mandar al marqués de Mondejar que estaba en Orgiba -para salir en campo, que dejando en su lugar á D. Antonio -de Luna ó á D. Juan de Mendoza, cual de ellos le pareciese, -con expresa órden que no innovasen ni hiciesen la -guerra, viniese á Granada para recibir á D. Juan y asistir -con él en consejo, juntamente con los que hubiesen de -tratar los negocios de paz y guerra, no dejando el uso de -su oficio, como capitan general de la gente ordinaria del -reino de Granada: ó si mejor le pareciese, quedase en Orgiba -á hacer la guerra, guardando en todo la órden que -D. Juan de Austria su hermano le diese, á quien enviaba -por cabeza y señor de la empresa. Pareció al marqués escoger -la asistencia en consejo; ó porque con la plática de la -guerra pasada, con el conocimiento de la tierra y gente, y -con el ejercicio de aquella manera de milicia en que se -habia criado (aunque en todo diferente de la ordinaria), -esperaba que el crédito y el gobierno pararia en su parecer, -y la ejecucion en su mano; ó temiendo quedar debajo de -mano ajena, y ser mal proveido, mandado y á veces calumniado -ó reprendido como ausente, dejó á D. Juan de -Mendoza contento, regalado y honrado en Orgiba; por ser -hombre plático, mas desocupado, de su nombre, y con -cuyos deudos tenia antigua amistad (aunque algunos creen -que en ello no hizo su provecho); y vino á Granada. Salido<span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span> -de Orgiba, estuvo aquella frontera sosegada, sin hacer -ni recibir daño de los enemigos; discurriendo ellos á una -y otra parte con libertad.</p> - -<p>Llegó D. Juan de Austria trayendo consigo á Luis Quijada -(plático en gobernar infantería, cuyo cargo habia tenido -en tiempo del emperador), hombre de gran autoridad, -por voluntad del rey, que le remitió la suma de todo lo -que tocaba al gobierno de la persona y consejo del hermano; -y por la crianza que habia hecho en él por mandado del -emperador. Fue recibido D. Juan con grandes demostraciones -y confianza, sin dejar ninguna manera de ceremonia -excepto las ordinarias que se suelen hacer á los reyes; -y aun la lisonja (que su verdad está en las palabras) -se extendió á llamarle alteza, no embargante que hubiese -órden expresa del rey, para que sus ministros y consejeros -le llamasen excelencia, y él no se consintiese llamar de -sus criados otro título. Posó en las casas de la audiencia por -estar en medio de la ciudad; casas de mala ventura las llamaban -en su tiempo los moros, y así de ellas salió su perdicion. -Llegó dende á pocos dias Gonzalo Hernandez de -Córdoba, duque de Sesa, nieto del Gran Capitan, que despues -de haber dejado el gobierno del estado de Milan, -conformando mas su voluntad con la de sus émulos que -con la del rey, vivia en su casa libre de negocios aunque -no de pretensiones: fue llamado para consejo, y uno de -los ministros de esta empresa, como quien habia dado buena -cuenta de las que en Lombardía tuvo á su cargo. Lo -primero que se trató fue procurar que se asegurase Granada -contra el peligro de los enemigos declarados fuera, y -sospechosos dentro; visitar la gente que estaba alojada en -el Albaicin y otras partes, por la ciudad y la Vega, y en -frontera contra los enemigos; repartir y mudar las guardias -al parecer con mas curiosidad que necesidad de los -muros adentro; y aun quedó muchos meses de parte del -realejo sin guardia á discrecion de pocos enemigos. En el -campo andaban solas dos cuadrillas, ningunos atajadores<span class="pagenum"><a name="Page_73" id="Page_73">[73]</a></span> -por la tierra; que daba avilanteza á los contrarios de inquietar -la ciudad, y á nosotros causa de correr las calles -á un cabo y á otro, y algunas veces salir desalumbrados, -inciertos del camino que llevaban. Atajadores llaman entre -gente del campo hombres de á pie y de á caballo, diputados -á rodear la tierra, para ver si han entrado enemigos en -ella ó salido. Era excusable esta manera de defensa por ser -aventurera la gente, muchas banderas de poco número, -mantenidas sin pagas con solos alojamientos; la ciudad -grande, continuada con la montaña; los pasos como pocos -y ciertos en tiempo de nieve, así muchos y inciertos estando -desnevada la sierra; un ejército en Orgiba, que los -moros habian de dejar á las espaldas viniendo á Granada, -aunque lejos.</p> - -<p>El propósito requiere tratar brevemente del asiento de -Granada por clareza de lo que se escribe. Es puesta parte -en monte, y parte en llano: el llano se extiende por un -cabo y otro de un pequeño rio que llaman Darro, que la -divide por medio; nace en la sierra Nevada poco lejos de -las fuentes de Genil, pero no en lo nevado; de aire y agua -tan saludable, que los enfermos salen á repararse, y los -moros venian de Berbería á tomar salud en su ribera, donde -se coge oro; y entre los viejos hay fama, que el rey de -España D. Rodrigo tenia riquísimas minas debajo de un cerro, -que dicen del sol. Está lo áspero de la ciudad en cuatro -montes: el Alhambra á levante, edificio de muchos reyes, -con la casa real; y San Francisco, sepultura del marqués -D. Iñigo de Mendoza, primer alcaide y general, humilde -edificio, mas nombrado por esto; fuerza hecha para sojuzgar -la parte de la ciudad que no descubre la Alhambra, -con el arrabal de la Churra y calle de los Gomeres que todo -se continúa con la sierra de Guejar. El Antequeruela, y -las torres Bermejas, que llaman Mauror, á mediodia. El -Albaicin, que mira al norte con el Hajariz; y como vuelve -por la calle de Elvira la ladera que dicen Zenette por -ser áspera. El Alcazava cuasi fuera de la ciudad á mano derecha<span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span> -de la puerta de Elvira que mira al poniente. Con estos -dos montes Albaicin y Alcazava se continúa la sierra -de Cogollos, y la que decimos del Puntal. En torno de -estos montes y la falda de ellos, se extienden los edificios -por lo llano hasta llegar al rio Genil que pasa por defuera. -Al principio de la ciudad, la plaza Nueva sobre una puente; -y cuasi al fin, la de Bibarrambla, grande, cuadrada, que -toma nombre de la puerta; ambas plazas juntadas con la calle -de Zacatin: antes la iglesia mayor, templo el mas suntuoso -despues del Vaticano de San Pedro, la capilla en que están -enterrados los reyes D. Fernando y D.ª Isabel, conquistadores -de Granada, con sus hijos y yernos. El Alcaicería, -que hasta ahora guarda el nombre romano de César (á -quien los árabes en su lengua llaman Caizar), como casa -de César. Dicen las historias arábigas y algunas griegas, -que por encerrarse y marcarse dentro la seda que se vende -y compra en todo el reino la llaman de esa manera, dende -que el emperador Justino concedió por privilegio á los -árabes scenitas, que solos pudiesen crialla y beneficialla: -mas extendiendo debajo de Mahoma y sus sucesores su poder -por el mundo, llevaron consigo el uso de ella, y pusieron -aquel nombre á las casas donde se contrataba; en -que despues se recogieron otras muchas mercaderías, que -pagaban derechos á los emperadores, y perdido el imperio -á los reyes. Fuera de la ciudad el hospital real fabricado -de los reyes D. Fernando y D.ª Isabel, San Hierónimo, -suntuoso sepulcro del gran capitan Gonzalo Hernandez, y -memoria de sus victorias: el rio Genil, que cuasi toca los -edificios, dicho de los antiguos Singilia, que nace en la sierra -Nevada, á quien llamaban Solaria y los moros Solaira, -de dos lagunas que están en el monte cuasi mas alto, de -donde se descubre la mar, y algunos presumen ver de allí -la tierra de Berbería. En ellas no se halla suelo ni otra salida -sino la del rio; cuyas fuentes tienen los moradores por -religion, diciendo que horadan el monte por milagro de un -santo que está sepultado en otro monte contrario dicho Sant<span class="pagenum"><a name="Page_75" id="Page_75">[75]</a></span> -Alcazaren. Va primero al norte, y pequeño; mas en poco -camino, grande con las nieves cuando se deshacen y arroyos -que se le juntan. Á una y otra parte moraban pueblos, -que ahora aun el nombre de ellos no queda; iliberitanos -ó liberinos en tiempo de los antiguos españoles, lo que decimos -Elvira, en cuyo lugar entró Granada; ilurconeses, -pequeños cortijos; la torrecilla, y la torre de Roma, recreacion -de la Cava romana, hija del conde Julian el traidor: -todo poblaciones de los soldados que acompañaron á -Baco en la empresa de España; segun muestran los nombres -y muchos letreros y imágenes, en que se ven esculpidas -procesiones y personajes que representan juegos y ceremonias -del mismo Baco á quien tuvieron por dios; todo -esto en la Vega. Despues Loja, Antequera, dicha Singilia -del nombre del mismo rio, Écija dicha Astigis, colonias -de romanos antiguamente, hoy ciudades populosas en el -Andalucía por donde pasa; hasta que haciendo mayor á -Guadalquivir, deja en él aguas y nombre.</p> - -<p>Cesaron los oficios de guerra y gobierno, excepto de justicia, -con la presencia de D. Juan. Su comision fue sin limitacion -ninguna; mas su libertad tan atada, que de cosa -grande ni pequeña podia disponer sin comunicacion y parecer -de los consejeros, y mandado del rey; salvo deshacer -ó estorbar, que para esto la voluntad es comision: mozo -afable, modesto, amigo de complacer, atento á los oficios -de guerra, animoso, deseoso de emplear su persona. Acrecentaba -estas partes la gloria del padre, la grandeza del -hermano, las victorias del uno y del otro. Lo primero en -que se ocupó fue en reformar los excesos de capitanes y -soldados en alojamientos contribuciones, aprovechamientos -de pagas; estrechando la costa, aunque no atajando las -causas de la desórden. En aquellos principios D. Juan era -poco ayudado de la experiencia, aunque mucho de ingenio -y habilidad. Luis Quijada, áspero, riguroso, atado á la letra, -que tuvo la primera órden de guerra en la postrera -empresa del emperador contra el rey Henrico II de Francia,<span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span> -siempre mandado. Él y el duque de Sesa acostumbrados -á tratar gente plática, con menos licencia, mas proveida, -mayores pagas y mas ordinarias en Flandes, en -Lombardía, lejos cada uno de su tierra; do convenia esperar -pagas, contentarse con los alojamientos, antes que -tornar á España, la mar en medio: todo aquí por el contrario. -El marqués de Mondejar tambien capitan general -antes que soldado, criado á las órdenes de su abuelo y padre, -al poco sueldo, á las limitaciones de la milicia castellana; -no guiar ejércitos, poca gente, menos ejercicio de -guerra abierta. El presidente sin plática de lo uno y de lo -otro: la aspereza de unos, la blandura de otros, la limitacion -de todos, causaba irresolucion de provisiones y otros -inconvenientes; no faltaron algunos de la opinion del -marqués de Mondejar, que daban la guerra por acabada. Habia -pocos oficiales de pluma, perdian los soldados el respeto, -hacíase costumbre del vicio, envilecíase el buen nombre -y reputacion de la milicia: apocóse tanto la gente, que -fue necesario tratar de nuevo con las ciudades no solo del -Andalucía y Estremadura, mas con las mas apartadas de -Castilla que enviasen suplemento de ella; y vinieron las -de mas cerca, con que parecia remediarse la falta.</p> - -<p>Regalaba y armaba Aben Humeya los que se iban á él: -tornó á solicitar con personas ciertas los príncipes de Berbería, -segun parecia por las respuestas que fueron tomadas: -envió dineros, ropa, cautivos; acercóse á nuestros -presidios, especialmente á Orgiba, donde entendió que faltaba -vitualla. Aunque D. Juan de Mendoza mantenia la gente -disciplinada, ocupada en fortificar el lugar segun la flaqueza -de él, mandó D. Juan que fuese del Padul proveido, -y llevase la escolta á su cargo Juan de Chaves de Orellana, -uno de los capitanes que trujeron la gente de Trujillo. Mas -él por estar enfermo envió su alférez llamado Moriz con -la compañía; hidalgo, pero poco proveido y muy libre: -caminó con doscientos y cincuenta soldados; hombres, si -tuvieran cabeza. Entendieron los moros la salida de la escolta<span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span> -por sus atalayas; juntáronse trescientos arcabuceros -y ballesteros mandados por el Macox, hombre diestro y -plático de la tierra; á quien despues prendió D. Fernando -de Mendoza, cabeza de las cuadrillas, y mandó justiciar el -duque de Arcos en Granada. Emboscó parte en la cuesta de -Talera y un arroyo que la divide del lugar, parte en las mismas -casas; y dejándolos pasar la primera emboscada, acometió -á un tiempo á los que iban en la rezaga y los delanteros. -Peleóse en una y otra parte, pero fueron rotos -los nuestros, y murieron todos; con ellos el alférez por no -reconocer; y aun dicen que borracho, mas de confianza -que de vino: perdiéronse bagajes, bagajeros, y la vitualla, -sin escapar mas de dos personas: hoy se ven blanquear -los huesos, no lejos del camino. Túvose de este caso tanto -secreto, que primero se supo de los enemigos. Mas porque -muchos moriscos de paz, especialmente de las Albuñuelas, -se hallaron con el Macox, y porque los vecinos de -aquel lugar acogian y daban vitualla á los moros, y con -ellos tenian continua plática; pareció que debian ser castigados -y el lugar destruido, así por ejemplo de otros, como -por entretener con algun cebo justificado, la gente que estaba -ociosa y descontenta. Es las Albuñuelas lugar asentado -en la falda de la montaña á la entrada de Val de Lecrin, -depósito de todos los frutos y riquezas del mismo valle, cinco -leguas de Granada, en tres barrios, uno apartado de -otro, la gente mas pulida y ciudadana que los otros de la -sierra, tenidos los hombres por valientes y que pudieron -resistir las armas del Rey Católico D. Fernando hasta concertarse -con ventaja. Mandóse á D. Antonio de Luna, capitan -de la Vega, que con cinco banderas de infantería y -doscientos caballos amaneciese sobre el lugar, degollase -los hombres, hiciese cautiva toda manera de persona, robase, -quemase, asolase las casas. Mas D. Antonio, hombre -cuidadoso y diligente, ó que no midiese el tiempo, ó que -la gente caminase con pereza, llegó cuando los vecinos -parte eran huidos á la montaña, parte estaban prevenidos<span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span> -en defensa de las calles y casas; con un moro por capitan, -llamado Lope. Anduvo la ejecucion tan espaciosa, la gente -tan tibia, que de los enemigos murieron pocos, y de -esos los mas viejos, perezosos y enfermos; y de los nuestros -algunos: cautiváronse niños y mujeres, los que no -pudieron escapar á lo alto; fue saqueado el uno de los tres -barrios, y el escarmiento de los enemigos tan liviano, que -saliendo por una parte nuestra gente, entraba la suya por -otra: habitaron las casas, segaron sus panes aquel año, y -sembraron sin estorbo para el siguiente.</p> - -<p>Estaban las cosas calladas y suspensas sin el continuo -desasosiego que daban los moros en la ciudad: gobernábalos -en la parte que cae el valle y la Vega un capitan llamado -Nacoz (que en su lengua quiere decir campana), mostrándose -á todas horas y en todos lugares. Ya se habian encontrado -él y D. Antonio de Luna con número cuasi igual -de gente de á pie, aunque con ventaja D. Antonio por la caballería -que llevaba: se partieron con igualdad, cuasi -sin poner manos á las armas; poniéndose el Nacoz en -salvo; el barranco en medio de su gente y nuestra caballería. -Dicen que de allí atravesó la sierra de la Almijara, -y por Almuñecar con su hacienda y familia pasó á Berbería.</p> - -<p>Visto por D. Juan que los enemigos crecian en número -y experiencia; que eran avisados por los moriscos de Granada, -ayudados con vitualla, reforzados con parte de la -gente moza de la ciudad y la Vega; que no cesaban las pláticas -y tratados; el concierto de poner en ejecucion el primero -aun estaba en pie; que tenian señado el dia y hora -cierta para acometer la ciudad; número de gente determinado; -capitanes nombrados Giron, Nacoz, uno de los Partales, -Farax, Chacon, Rendati, moriscos; Caracax y -Hhosceni, turcos, y Dali, capitan general de todos, venido -por mandado del rey de Argel; dió aviso de todo encareciendo -el peligro por parte de los enemigos, si se juntaban -con los de Granada y la Vega, y de los nuestros por la flaqueza<span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span> -que sentian en la gente comun, por la corrupcion -de costumbres y órden de guerra.</p> - -<p>Mandó el rey que todos los moriscos habitantes en Granada -saliesen á vivir repartidos por lugares de Castilla y el -Andalucía; porque morando en la ciudad no podian dejar -de mantenerse vivas las pláticas y esperanzas, dentro y fuera. -Habia entre los nuestros sospechas, desasosiego, poca -seguridad: parecia á los que no tenian experiencia de mantener -pueblos oprimiendo ó engañando á los enemigos de -dentro y resistiendo á los de fuera, estar en manifiesto peligro. -Con tal resolucion ordenó D. Juan á los veinte y tres -de junio, que encerrasen todos los moriscos en las iglesias -de sus parroquias: ya era llegada gente de las ciudades á -sueldo del rey, y se estaba con mas seguridad. Puso la ciudad -en arma; la caballería y la infantería repartida por sus -cuarteles: ordenó al marqués de Mondejar que subiendo al -Albaicin se mostrase á los moriscos, y con su autoridad los -persuadiese á encerrarse llanamente. Recogidos que fueron -de esta manera, mandáronlos ir al hospital real fuera Granada -un tiro de arcabuz: anduvo D. Juan por las calles con -guardas de á caballo y guion; viólos recoger inciertos de lo -que habia de ser de ellos; mostraban una manera de obediencia -forzada, los rostros en el suelo con mayor tristeza -que arrepentimiento; ni de esto dejaron de dar alguna señal; -que uno de ellos hirió al que halló cerca de sí: dícese -que con acometimiento contra D. Juan, pero lo cierto no -se pudo averiguar porque fue luego hecho pedazos: yo que -me hallé presente diria, que fue movimiento de ira contra -el soldado, y no resolucion pensada. Quedaron las mujeres -en sus casas algun dia, para vender la ropa y buscar dineros -con que seguir y mantener sus maridos. Salieron atadas -las manos, puestos en la cuerda, con guarda de infantería -y caballería por una y otra parte, encomendados á -personas que tuviesen cargo de irlos dejando en lugares -ciertos de Andalucía, y guardallos; tanto porque no huyesen, -como porque no recibiesen injuria. Quedaron pocos<span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span> -mercaderes y oficiales, para el servicio y trato de la ciudad: -algunos á contemplacion y por intereses de amigos. Muchos -de los mancebos que adivinaron la mala ventura huyeron -á la sierra, donde la hallaban mayor; los que salieron -por todos tres mil y quinientos; el número de mujeres mucho -mayor. Fue salida de harta compasion para quien los -vió acomodados y regalados en sus casas: muchos murieron -por los caminos de trabajo, de cansancio, de pesar, de -hambre, á hierro, por mano de los mismos que los habian -de guardar, robados, vendidos por cautivos.</p> - -<p>Ya el rey habia enviado personas que tuviesen cuenta -con su hacienda, porque antes no las habia, como en negocio -de que presto se vernia al fin; contador, pagador, -veedor general y particulares; dentro en consejo al licenciado -Muñatones que habia servido de alcalde de corte al -emperador en sus jornadas y de su consejo: hombre hidalgo -y limpio, y en diversos tiempos de próspera y contraria -fortuna. Como los moriscos salieron de Granada, perdióse -la comodidad de los soldados; cesaron los alojamientos, -camas, fuego, vasos: cosas que se dan en hospedaje, sin -que la gente no puede vivir ni cómoda ni suficientemente. -Aun para la ciudad y soldados no estaba hecha provision -de vitualla, pero entraron á mantener la gente con socorros, -mudando término y propósito. Fue mayor el aprovechamiento -de los capitanes y oficiales de guerra con los socorros -y raciones, cuanto mas á menudo se tomaban las -nuestras: entraban á ellas en lugar de soldados vecinos del -pueblo; sucedieron á cumplir la hacienda del rey, en lugar -de los moriscos los bagajeros y vivanderos rescatados: -por todo se robaba á amigos, como á enemigos; á cristianos, -como á moros; padecian los soldados, adolecian, -íbanse, crecieron las desórdenes y compasiones por la Vega. -Nació una opinion entre los ministros, la cual como -provechosa donde el pueblo es enemigo y la gente poca; -así errada, donde no hay pueblo contrario, y fue que no -se debian tomar muestras, porque los enemigos no entendiesen<span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span> -cuan pocos eran los soldados, y que se debia permitir -la licencia y excesos, porque no se amotinasen ni -huyesen. La gente de la ciudad era mucha, buena, y armada; -los moriscos fuera, los soldados no tan pocos, que -no fuesen superiores (juntos con el pueblo) á los enemigos; -guarda de á pie y de á caballo en la Vega; armado en Orgiba -D. Juan de Mendoza: ¿qué temor ó recatamiento podia -estorbar el remedio de inconvenientes, que eran causa de -poner en peligro la empresa, y de que los moros de la Vega -no pudiendo sufrir tanto maltratamiento, yéndose á la -sierra acrecentasen el número de los enemigos? Duró tantos -meses esta manera de gobierno, que dió causa á intenciones -libres y sospechosas de pensar, que no faltaban personas -á quien contentase, que creciendo los inconvenientes, -fuese mayor la necesidad.</p> - -<p>Declaró el rey, como estaba acordado, que el marqués -de Velez tuviese cargo de los partidos de Almería, Guadix, -Baza, rio de Almanzora, sierra de Filabres; y queriendo -salir contra los enemigos, parecióle asegurar el puerto que -dicen de la Ravaha, paso de la Alpujarra para tierra de -Guadix y Granada: mandó que con cuatrocientos hombres -enviados de Guadix, Gonzalo Fernandez, capitan viejo, -plático en las escaramuzas de Oran, tomase lo alto del puerto, -y se hiciese fuerte hasta tener órden suya. Comenzó á -subir la montaña sin reconocer; mas los moros que estaban -cubiertos en lo alto y en lo hondo del camino, dejando -subir parte de la gente, echaron cuarenta arcabuceros que -acometiesen la frente, y por el costado dieron cien hombres, -hasta ponellos en desórden; y cargándolos en rota, -murió la mayor parte huyendo: perdiéronse las armas, municion -y vitualla que llevaban; poca gente tornó á Guadix -con el capitan. D. Juan, temeroso que los enemigos cargasen -á la parte de Guadix, proveyó para guardia de ella á -Francisco de Molina, que sirvió de capitan al emperador -en las guerras de Alemania.</p> - -<p>Con el suceso de la Ravaha se levantó la sierra de Bentomiz,<span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span> -y tierra de Velez Málaga: no hicieron los excesos que -en el Alpujarra, antes contentándose con recoger la ropa -á lugares fuertes sin hacer daños, echaron bando que ninguno -matase ó cautivase cristianos, quemase iglesia, tomase -bienes de cristianos ó de moros que no se quisiesen recoger -con ellos: fortificaron para refugio y seguridad de -sus personas un monte llamado Frejiliana la vieja, á diferencia -de la nueva cerca de él, deshabitado de muchos tiempos: -los antiguos españoles y romanos le llamaron Saxifirmum. -Estuvieron de esta manera tanto mas sospechosos á Velez, -cuanto procedian mas justificadamente, sin comunicacion -ó comercio en el Alpujarra. Mas Arévalo de Suazo, corregidor -de Málaga y Velez, avisado primero por cartas de -D. Juan como los moriscos de aquella sierra estaban para -levantarse y ocupar á Velez, movido por la razon de que -se podia continuar aquel levantamiento por la hoya y jarquia -de Málaga, hasta tierra de Ronda, si con tiempo no se -atajase, y con alguna esperanza de pacificar los moros por -via de concierto; partió de Málaga con cuatrocientos infantes -y cincuenta caballos, llegó á Velez y hizo salir del fuerte -la gente del pueblo que habia desamparado lo llano: puso -el lugar en defensa: socorrió el castillo de Caniles, lugar -del marqués de Comares, que estaba en aprieto, echando -los moros de la tierra, los cuales y los de Sedella se fueron -á juntar con los de toda la sierra, y á un tiempo descubrieron -el levantamiento que tengo dicho. Volvió á Velez -Suazo juntando mil y quinientos infantes con la caballería -que se hallaba, y entendiendo que se recogian y fortificaban -en la sierra, quiso ir á reconocellos y en ocasion combatillos. -Hallólos en Frejiliana la vieja fortificados: el general -de ellos era Gomel, y tenia consigo otros capitanes; todos -se mandaban por la autoridad de Benaguazil. Pero en -la subida de la montaña creyendo que bastaria mostralles -las armas, trabó la gente desmandada una escaramuza, y -siguiéronla dos banderas de infantería sin órden, y sin podellos -Arévalo de Suazo retirar; harto ocupado en estorbar<span class="pagenum"><a name="Page_83" id="Page_83">[83]</a></span> -que el resto no saliese tras ellos. Mas los moros, que habian -hecho rostro á la escaramuza, viendo la gente que cargaba -de nuevo y conociendo la desórden, comenzáronse á -retirar hasta sus reparos; y saltando fuera golpe de arcabuceros -y ballesteros, apretaron nuestra gente cuasi puesta -en rota ejecutándola hasta lo llano. Arévalo de Suazo, -parte acometiendo, parte retirando y amparando la gente, -volvió con ella (algunos muertos y pocos heridos) á Velez, -donde estuvo á la guarda del lugar y la tierra; y los moros -volvieron á continuar su fuerte. D. Juan visto el caso, y -pareciéndole dar dueño á la empresa que la hiciese á menos -costa y con mas autoridad, aunque en Arévalo de Suazo -no hubiese como no hubo falta, ofreció aquella jornada -por mandado del rey á D. Diego de Córdoba marqués de Comares, -gran señor en el Andalucía, y fuera de ella de mayores -esperanzas, que tenia parte de su estado en aquella -montaña pacífico y guardado; pero fue la oferta de manera, -que justificadamente pudo excusarse.</p> - -<p>En este tiempo se declararon los preparamientos del rey -de Argel ser contra el de Túnez Mulei Hamida; y el rey de -Fez se quietó. Partió el de Argel con siete mil infantes turcos -y andaluces y doce mil caballos, parte de su sueldo -y parte alárabes que labraban la tierra: juntáronse á -una legua de Beja, ciudad grande, y veinte de Túnez; -mas el rey de Túnez fue roto, y salvóse con doscientos -caballos hácia la tierra que dicen de los dátiles. Perdió -á Beja y Túnez que ahora está en poder de turcos, -y á Biserta que comenzaron á fortificar, lugar de -comarca provechoso para quien lo ocupare y pudiere mantener; -Hippon Diarritos le llamaron los griegos, á diferencia -de Bona: púsole el nombre Agatócles, tirano de Sicilia -en la gran empresa que tuvo contra los cartagineses. -Mas por quitar duda y oscuridad, diré lo que entiendo de -estos reinos. El de Fez fue reino de Siphax, que tuvo guerra -contra los romanos, de quien tanta memoria hacen sus -historias. Despues de varias mudanzas, edificó la ciudad<span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span> -Idriz, del linaje de Alí, que conquistó á Berbería y en memoria -tienen su alfanje colgado en el templo principal con -gran veneracion. Dióle el nombre del rio que pasa por medio, -llamado entonces Fez. Juntó los edificios Juseph Miramarazohir -Aben Jacob, del linaje de los de Benimerin, que -fue vencido del rey D. Alonso en la batalla de Tarifa; y por -la comodidad de guerrear contra el rey de Tremecen la hizo -de nuevo cabeza del reino poseido al presente por los hijos de -Jarife; hombre que de predicador y tenido por santo y del -linaje de Mahoma, vino, juntando las armas con la religion, -al señorío de Marruecos y Fez, como lo han hecho muchos de -su secta en África, comenzando de Mahoma hasta los almoravides, -los almohades, los beni-merines, los beni-oaticis, -y jarifes que hoy son; todos religiosos y armados, y que -por este medio vinieron á la alteza del reino. El de Túnez -tuvo mayor antigüedad por fundarse en las sobras de -la gran Cartago destruida por Scipion Africano, y vuelta á -restaurar primero por los cónsules romanos y por Tiberio -Graco, despues mudado el sitio á lo llano por César Augusto, -y habitada de romanos, poseida de los emperadores, -ganada por los vándalos, y recuperada por Belisario, capitan -del emperador Justiniano; siempre tenida por la tercia -parte del imperio griego hasta el tiempo de los alárabes; que -fue por Occuba Ben-Nafic, capitan de Mauhía, sojuzgada, -venciendo y matando al conde Gregorio, lugarteniente del -emperador Constantino, hijo de Constante, con setenta mil -caballeros cristianos en la gran batalla junto á África, que -los moros llaman Mehedia (del nombre de un su príncipe -dicho Moahedin), y los romanos Adrumentum, ahora lugar -destruido por el ejército del emperador D. Cárlos. Las -armas con que se halló el conde Gregorio, á quien los alárabes -llaman Groguir, dicen que fueron muchas mujeres -en torno bien aderezadas y hermosas; él en una litera de -hombros con piedras preciosas cubierta de paño de oro, y -dos mancebos que con mosqueadores de plumas de pavo le -quitaban el polvo. Mauhía ocupó á Cartago por entrega de<span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span> -María, hija del conde Gregorio, con pacto que casase con -ella, mas descontento del casamiento la dejó: deshabitó á -Cartago; pasó la poblacion donde ahora es Túnez, que entonces -era pequeño lugar y siempre del mismo nombre. -Quedaron repartidos los romanos en doce aldeas, que hoy -son de labradores moros en el cabo que llaman de Cartago, -donde fue la ciudad competidora de Roma; el nombre de -ella dura en un pequeño pueblo, y ese sin gente: tantas -mudanzas hace el mundo, y tan poca seguridad hay en los -estados. Gobernóse Túnez en forma de república hasta los -tiempos de Miramamolin Juseph, que envió á Abdeluahhed -su capitan, natural de Sevilla, que los gobernó y sujetó con -ocasion de defendellos contra los alárabes; cuyo hijo quedó -por señor y fue el primero rey de Túnez hasta Muztancoz -que ennobleció la ciudad, y dende él á Hamida, que hoy -reina sin perderse la sucesion, segun la verdad de sus historias, -cegando ó matando los padres á los hijos, ó los hijos -á los padres, como hizo Hamida que cegó á Mulei Hacen su -padre, y le quitó el reino, en que el emperador D. Cárlos, -vencedor de muchas gentes, le habia restituido, echando á -Barbarroja tirano de él, puesto por mano del gran señor de -los turcos.</p> - -<p>Menores fueron los principios del señorío de Argel, que -hoy está en mayor grandeza: al lugar llaman los moros Algezair -por una isla que tenia delante; nosotros le llamamos -Argel; antiguamente se pobló de los moradores de Cesarea, -que ahora se llama Sarjel. Estuvo siempre en el señorío de -los reyes godos de España hasta que vinieron los moros, y -en tiempo de ellos fue lugar de poco momento regido por -jeques. Mas despues el rey D. Fernando el Católico hizo tributario -al señor, y edificó el Peñon. Muerto el rey, el cardenal -Fr. Francisco Jimenez, Gobernador de España en los -principios del reinado del emperador D. Cárlos, tomó á -Bugía (casa real del rey Bocho de Mauritania, dicha por -esto de su nombre, segun los alárabes), y quiso crecer el -tributo moviendo nuevo concierto con el jeque; ofendidos<span class="pagenum"><a name="Page_86" id="Page_86">[86]</a></span> -los moros, reprendido y arrepentido el señor, se retiró. El -cardenal, hombre de su condicion armígero, y aun desasosegado, -armó contra él haciendo capitanes á Diego de -Vera y Juan del Rio: juntóse esta armada á manera de arrendamiento; -que todos los que tenian oficios menores, si -los querian pasar en sus hijos por una vida, fuesen á servir, -ó llevasen ó diesen en su lugar tantos hombres, segun -la importancia del oficio. Perdióse la armada por mal tiempo, -confusion y poca plática de los que gobernaban, y esta -fue la primera pérdida que se hizo sobre Argel. Mas el jeque, -temiendo que con mayores fuerzas se renovaria la -guerra, trajo por huésped y soldado á Barbarroja, hermano -del que fue tirano de Túnez, que entonces era su lugarteniente -y secretario; venidos á la grandeza que tuvieron, -de capitanes de un bergantin. Habia tentado Barbarroja -Horux (que así se llamaba el mayor) la empresa de Bugía; -perdido el tiempo, la gente, un brazo, y el armada; recogídose -con cuarenta turcos á un pequeño castillo, de donde -el jeque otra vez le trajo al sueldo; mas él, juntándose con -los principales, mató al jeque llamado Selin Etenri estando -comiendo en un baño: hízose señor y llamóse rey. Dende -á poco salió para la empresa de Tremecen, y ocupado -aquel reino quedó por señor; y su hermano Harradin por -gobernador en Argel; mas echado despues de Tremecen -por los capitanes del alcaide de los donceles, abuelo de este -marqués de Comares, que era entonces general de Oran; -y muerto huyendo, quedó el reino de Argel en poder del -hermano. Habia D. Hugo de Moncada hecho tributarios los -gelves despues de algunos años de la pérdida del conde Pedro -Navarro, y muerte de D. García de Toledo, hijo del -duque de Alba D. Fadrique, padre del duque D. Fernando -que hoy gobierna los estados de Flandes: y tornando con -el armada por mandado del emperador sobre Argel, con -intento de destruilla y asegurar la marina de España, tentó -desdichadamente la venganza de Diego de Vera y Juan del -Rio; porque con tormenta perdió mucha parte de la armada,<span class="pagenum"><a name="Page_87" id="Page_87">[87]</a></span> -y echando gente en tierra para defender los que se iban -á ella con miedo de la mar, perdió tambien lo uno y lo -otro. Crecieron las fuerzas de Barbarroja; extendióse por la -tierra adentro su poder; deshizo el Peñon que era isla; continuóla -con la tierra firme; ocupó los lugares de la mar Sarjel, -Guijan, Brica, y el reino de Túnez aunque pequeño. -Vino á noticia del señor de los turcos, que pretendia por -seguridad y paz de sus hijos ocupar á África y poner en Túnez -á Bayaceto que se mató á sí mismo: adelantó á Barbarroja -en fuerzas y autoridad por conseguir este fin y poner -al emperador en estrecho y necesidad. Dióle mayor armada -con que ocupase y afirmase el reino de Túnez, de donde -echado por el emperador pasó á Constantinopla: quedó general -de la armada del turco, y despues favorecido y honrado -hasta que murió; tenido en mas por haberle vencido -el emperador; porque los vencedores honrados honran á -los vencidos. Quedó el reino de Argel en poder de gobernadores -enviados por el turco; mas el emperador, temiendo -la poca seguridad que tenia en sus estados con la grandeza -de los turcos en Argel, y hallándose en Alemania al tiempo -que el gran turco venia sobre ella, mal proveido de dineros -para resistille, no quiso obligarse á la empresa. Quedar -sin salir á ella en Alemania, era poca reputacion; tomó -por expediente la de Argel, donde fue roto de la tormenta: -retiróse por tierra á Bugía, perdiendo mucha parte de la -armada, pero salvó el ejército y la reputacion, con gloria -de sufrido, de diestro y valeroso capitan. De allí crecieron -sin resistencia las fuerzas de los señores de Argel; tomaron -á Tremecen, á Bugía; y por su órden los cosarios á Jayona, -de los moros; á Tripol, de la órden de San Juan: rompieron -diversas armadas de galeras sin otra adversidad mas -que la pérdida que hicieron de su armada en la batalla que -D. Bernardino de Mendoza ganó á Alí Hamete y Cara Mami, -sus capitanes, sobre la isla de Arbolan. Por este camino -vino el reino de Argel á la grandeza que ahora tiene.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span></p> - -<h2>LIBRO III.</h2> - - -<p>Entretenia el gran turco los moros del reino de Granada -con esperanzas, por medio del rey de Argel, para ocupar, -como dijimos, las fuerzas del rey D. Felipe en tanto que las -suyas estaban puestas contra venecianos; con quien (dando -á entender que las despreciaba) ninguna ocasion de su -provecho, aunque pequeña, dejaba pasar. Entre tanto el -comendador mayor D. Luis de Requesens sacó del reino y -embarcó la infantería española en las galeras de Italia, dejando -órden á D. Álvaro de Bazan, que con las catorce de -Nápoles, que eran á su cargo, y tres banderas de infantería -española, corriese las islas y asegurase aquellos mares -contra los cosarios turcos. Vino á Civitavieja; de allí á puerto -Santo Stéfano, donde juntando consigo nueve galeras y -una galeota del duque de Florencia, estorbado de los tiempos -entró en Marsella. Dende á poco pareciendo bonanza, -continuó su viaje; mas entrando la noche comenzó el narbonés -á refrescar, viento que levanta grandes tormentas -en aquel golfo, y travesia para la costa de Berbería, aunque -lejos: tres dias corrió la armada tan deshecha fortuna, -que se perdieron unas galeras de otras; rompieron remos, -velas, árboles, timones: y en fin la capitana sola pudo -tomar á Menorca, y dende allí á Palamós: donde los -turcos forzados confiándose en la flaqueza de los nuestros -por el no dormir y continuo trabajo, tentaron levantarse -con la galera; pero sentidos, hizo el comendador mayor<span class="pagenum"><a name="Page_89" id="Page_89">[89]</a></span> -justicia de treinta. Nueve galeras de las otras siguieron la -derrota de la capitana; cuatro se perdieron con la gente y -chusma; la una que era de Estéfano de Mari, gentil hombre -genovés, en presencia de todas en el golfo embistió por -el costado á otra, y fue la embestida salva, y á fondo la -que embistió: acaecimiento visto pocas veces en la mar; las -demás dieron al través en Córcega y Cerdeña, ó aportaron -en otras partes con pérdida de la ropa, vitualla, municiones -y aparejos; aunque sin daño de la gente. Luego que -pasó la tormenta llegó D. Álvaro de Bazan á Cerdeña con -las galeras de Nápoles: puso en órden cinco de las que habian -quedado para navegar: en ellas y en las suyas embarcó -los soldados que pudo; llegó á Palamós, y juntándose -con el comendador mayor, navegaron la costa del reino de -Granada, á tiempo que poco habia fuera el suceso de Bentomiz -y otras ocasiones, mas en favor de los moros que -nuestro. Llevó consigo de Cartagena las galeras de España -que traía D. Sancho de Leiva; y tornando D. Álvaro á -guardar la costa de Italia, él partió con veinte y cinco galeras -para Málaga. Mas al pasar, avisado por Arévalo de -Suazo de lo sucedido en Bentomiz, envió con D. Miguel de -Moncada á continuar con D. Juan su intento, y el peligro -en que estaba toda aquella tierra, si no se ponia remedio -con brevedad, sin esperar consulta del rey. Puso entre -tanto sus galeras en órden; armó y rehizo la infantería que -serian en diez banderas mil soldados viejos, y quinientos -de galera; juntó y armó de Málaga, Velez y Antequera, por -medio de Arévalo de Suazo y Pedro Verdugo, tres mil infantes. -Volvió D. Miguel con la comision de D. Juan, y partió -el comendador mayor á combatir los enemigos. Llegado -á Torrox, envió á D. Martin de Padilla, hijo del adelantado -de Castilla, con alguna infantería suelta para reconocer el -fuerte de Frejiliana, y volvió trayendo consigo algun ganado. -Púsose al pie de la montaña; y despues de haber reconocido -de mas cerca, dió la frente á D. Pedro de Padilla -con parte de sus banderas y otras hasta mil infantes, y<span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span> -mandóle subir derecho. Á D. Juan de Cárdenas<a name="FNanchor_50_50" id="FNanchor_50_50"></a><a href="#Footnote_50_50" class="fnanchor">[50]</a>, hijo -del conde de Miranda, mandó subir con cuatrocientos aventureros -y otra gente plática de las banderas de Italia por la -parte de la mar, y por la otra á D. Martin de Padilla con -trescientos soldados de galera y algunos de Málaga y Velez: -los demás que acometiesen por las espaldas del fuerte, -donde parece que la subida estaba mas áspera, y por esto -menos guardada, y estos mandó que llevase Arévalo de -Suazo con alguna caballería por guarda de la ladera y del -agua. Mas D. Pedro, aunque de su niñez criado á las armas -y modestia del emperador, soldado suyo en las guerras de -Flandes, despreciando con palabras la órden del comendador -mayor, la cual era que los unos esperasen á los otros -hasta estar igualados (porque parte de ellos iban por rodeos), -y entonces arremetiesen á un tiempo; arremetió -sin él y llegó primero por el camino derecho.</p> - -<p>Los enemigos estuvieron á la defensa como gente plática, -y juntos resistieron con mas daño de los nuestros que suyo; -pero al fin, dado lugar á que nuestros armados se pegasen -con el fuerte, y comenzasen con las picas á desviarlos -y á derribar las piedras de él, y los arcabuceros á quitar -traveses, estuvieron firmes hasta que salió un turco de galera -enviado por el comendador mayor á reconocer dentro, -con promesa de la libertad. Este dió aviso de la dificultad -que habia por la parte que eran acometidos, y cuanto mas -fácil seria la entrada al lado y espaldas. Partió la gente, y -combatiólos por donde el turco decia: lo mismo hicieron -los enemigos para resistir, pero con mucho daño de los -nuestros, que eran heridos y muertos de su arcabucería, -al prolongarse por el reparo. Todavía partidas las fuerzas -con esto, aflojaron los que estaban á la frente; y D. Juan de -Cárdenas tuvo tiempo de llegar, lo mismo la gente de Málaga -y Velez, que iba por las espaldas. Mas los moros, viéndose<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span> -por una y otra parte apretados, salieron por la del maestral -que estaba mas áspera y desocupada como dos mil personas, -y entre ellos mil hombres los mas sueltos y pláticos -de la tierra: fue porfiado por ambas partes el combate hasta -venir á las espadas, de que los moros se aprovechan -menos que nosotros, por tener las suyas un filo, y no herir -ellos de punta. Con la salida de estos y sus capitanes tuvieron -los nuestros menos resistencia: entraron por fuerza -por la parte mas difícil y no tan guardada que tocó á -Arévalo de Suazo, donde él fue buen caballero, y buena -la gente de Málaga y Velez; pero no entraron con tanta furia, -que no diesen lugar á los que combatian de D. Pedro -de Padilla y á los demás, para que tambien entrasen al mismo -tiempo. Murieron de los enemigos dentro del fuerte -quinientos hombres, la mayor parte viejos: mujeres y niños -cuasi mil y trescientos con el ímpetu y enojo de la entrada -y despues de salidos en el alcance; y heridos otros -cerca de quinientos. Cautiváronse cuasi dos mil personas: -los capitanes Garral, y el Melilú, general de todos, con la -gente que salió, vinieron destrozados á Valor, donde Aben -Humeya los recogió, y mandó dende á pocos dias tornar al -mismo Frejiliana. Mas el Melilú, rico y de ánimo, hizo -ahorcar á Chacon que trataba con los cristianos, por una -carta de su mujer que le hallaron, en que le persuadia á -dejar la guerra y concertarse. Dícese que en el fuerte los -viejos de concierto se ofrecieron á la muerte, porque los -mozos se saliesen en el entre tanto; al revés de lo que suele -acontecer y de la órden que guarda naturaleza, como -quier que los mozos sean animosos para ejecutar y defender -á los que mandan; y los viejos para mandar, y naturalmente -mas flacos de ánimo que cuando eran mozos. De -los nuestros fueron heridos mas de seiscientos, y entre -ellos de saeta D. Juan de Cárdenas, que fue aquel dia buen -caballero. Entre otros murieron peleando D. Pedro de Sandoval, -sobrino del obispo de Osma, y pasados de trescientos -soldados, parte aquel dia, y parte de heridas en Málaga,<span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span> -donde los mandó el comendador mayor, y vender y repartir -la presa entre todos, á cada uno segun le tocaba, repartiéndoles -tambien el quinto del rey.</p> - -<p>Es el vender las presas y dar las partes costumbre de -España; y el quinto derecho antiguo de los reyes dende el -primer rey D. Pelayo, cuando eran pocas las facultades para -su mantenimiento; ahora porque son grandes, llévanlo -por reconocimiento y señorío: mas el hacer los reyes merced -de él en comun y por señal de premio á los que pelean, -es causa de mayor ánimo; como por el contrario á cada -uno lo que ganare y á todos el quinto generalmente cuando -vienen á la guerra, ocasion para que todos vengan á servir -en las empresas con mayor voluntad. Pero esta se trueca -en codicia, y cada uno tiene por tan propio lo que gana, -que deja por guardallo, el oficio de soldado, de que nacen -grandes inconvenientes en ánimos bajos y poco pláticos; -que unos huyen con la presa, otros se dejan matar -sobre ella de los enemigos, impedidos y enflaquecidos, -otros desamparadas las banderas, vuelven á sus tierras con -la ganancia. Viénense por este camino á deshacer los ejércitos -hechos de gente natural, que campean dentro en casa: -el ejemplo se ve en Italia entre los naturales, como se -ha visto en esta guerra dentro en España.</p> - -<p>El buen suceso de Frejiliana sosegó la tierra de Málaga y -la de Ronda por entonces: el comendador mayor se dió á -guardar la costa, á proveer con las galeras los lugares de -la marina; mas en tierra de Granada, el mal tratamiento -que los soldados y vecinos hacian á los moriscos de la Vega, -la carga de alojamientos, contribuciones y composiciones, -la resolucion que se tomó de destruir las Albuñuelas -flacamente ejecutada; dió ocasion á que muchos pueblos -que estaban sobresanados, se declarasen, y subiesen á la -sierra con sus familias y ropa. Entre estos fue el rio de Bolodui -á la parte de Guadix, y á la de Granada Guejar, que -en su calidad no dió poco desasosiego. La gente de ella recogiendo -su ropa y dineros, llevando la vitualla, y dejando<span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span> -escondida la que no pudieron, con los que quisieron seguillos, -se alzaron en la montaña, cuasi sin habitacion por -la aspereza, nieve y frio. Quiso D. Juan reconocer el sitio -del lugar llevando á Luis Quijada y al duque de Sesa; tratóse -si lo debia mantener, ó dejar; no pareció por entonces -necesario para la seguridad de Granada mantenerle y fortificarle -como flaco y de poca importancia; pero la necesidad -mostró lo contrario, y en fin se dejó; ó porque no bastase -la gente que en la ciudad habia de sueldo á asegurar á Granada -todo á un tiempo, y socorrer en una necesidad á -Guejar como la razon lo requeria; ó que no cayesen en que -los enemigos se atreverian á fundar guarnicion en ella tan -cerca de nosotros, ó, como dice el pueblo (que escudriña -las intenciones sin perdonar sospecha, con razon ó sin ella), -por criar la guerra entre las manos; celosos del favor en -que estaba el marqués de Velez, y hartos de la ociosidad -propia, y ambiciosos de ocuparse, aunque con gasto de -gente y hacienda: decíase que fuera necesario sacar un -presidio razonable á Guejar, como despues se hizo lejos de -Granada para mantener los lugares de en medio: cada uno -sin examinar causas ni posibilidad, se hacia juez de sus superiores.</p> - -<p>Mas el rey, viendo que su hermano estaba ocupado en -defender á Granada y su tierra, y que teniendo la masa -de todo el gobierno, era necesario un capitan que fuese -dueño de la ejecucion, nombró por general de toda la empresa -al marqués de Velez, que entonces estaba en gran favor, -por haber salido á servir á su costa. Sucedióle dichosamente -tener á su cargo ya la mitad del reino, calor de -amigos y deudos; cosas que cuando caen sobre fundamento, -inclinan mucho los reyes. Á esto se juntó haberse ofrecido -por sus cartas á echar á Aben Humeya el tirano, que -así se llamaba; y acabar la guerra del reino de Granada con -cinco mil hombres y trescientos caballos pagados y mantenidos; -que fue la causa mas principal de encomendalle el -negocio. Á muchos cuerdos parece, que ninguno debe de<span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span> -cargar sobre sí obligacion determinada, que el cumplilla, -ó el estorbo de ella esté en mano de otro. Fue la eleccion -del marqués (á lo que el pueblo de Granada juzgaba, y algunos -colegian de las palabras y continente) harto contra -voluntad de los que estaban cerca de D. Juan, pareciéndoles -que quitaba el rey á cada uno de las manos la honra de -esta empresa.</p> - -<p>Habian crecido las fuerzas de Aben Humeya, y venídole -número de turcos y capitanes pláticos segun su manera de -guerra; moros berberíes, armas parte traidas, parte tomadas -á los nuestros, vituallas en abundancia, la gente mas, -y mas plática de la guerra. Estaba el rey con cuidado de -que la gente y las provisiones se hacian de espacio; y pareciéndole -que llegarse él mas al reino de Granada, seria -gran parte para que las ciudades y señores de España se -moviesen con mayor calor, y ayudasen con mas gente y -mas presto, y que con el nombre y autoridad de su venida -los príncipes de Berbería andarian retenidos en dar socorro, -ciertos que la guerra se habia de tomar con mayores -fuerzas; acabada, con todas ellas cargar sobre sus estados, -mandó llamar cortes en Córdoba para dia señalado, adonde -se comenzaron á juntar procuradores de las ciudades, y -hacer los aposentos.</p> - -<p>Salió el marqués de Velez de Terque por estorbar el socorro -que los moros de Berbería continuamente traían de -gente, armas y vitualla, y los de la Alpujarra recebian por -la parte de Almería. Vino á Berja (que antiguamente tenia -el mismo nombre), donde quiso esperar la gente pagada y -la que daban los lugares de la Andalucía. Mas Aben Humeya, -entendiendo que estaba el marqués con poca gente y -descuidado, resolvió combatille antes que juntase el campo. -Dicen los moros haber tenido plática con algunos esclavos, -que escondiesen los frenos de los caballos; pero esto no se -entendió entre nosotros: y porque los moros como gente -de pie y sin picas recelaban la caballería, quiso combatille -dentro del lugar antes del dia. Llamó la gente del rio de Almería,<span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span> -la del Bolodui, la de la Alpujarra, los que quisieron -venir del rio de Almanzora, cuatrocientos turcos y berberíes: -eran por todos cuasi tres mil arcabuceros y ballesteros, -y dos mil con armas enhastadas. Echó delante un capitan -que le servia de secretario, llamado Mojajar, que con -trescientos arcabuceros entrase derecho á las casas donde -el marqués posaba, diese en la centinela (lo que ahora llamamos -centinela, amigos de vocablos extranjeros, llamaban -nuestros españoles en la noche, escucha, en el dia, -atalaya; nombres harto mas propios para su oficio), llegando -con ella á un tiempo el arma y ellos, en el cuerpo de -guardia: siguióle otra gente, y él quedó en la retaguardia -sobre un macho, y vestido de grana<a name="FNanchor_51_51" id="FNanchor_51_51"></a><a href="#Footnote_51_51" class="fnanchor">[51]</a>. Mas el marqués, -que estaba avisado por una lengua que los nuestros le trujeron, -atravesó algunas calles que daban en la plaza; puso -la arcabucería á las puertas y ventanas; tomó las salidas, -dejando libres las entradas por donde entendió que los enemigos -vendrian; y mandó estar apercebida la caballería y -con ella su hijo D. Diego Fajardo: abrió camino para salir -fuera, y con esta órden esperó á los enemigos. Entró Mojajar -por la calle que va derecha á dar á la plaza, al principio -con furia; despues espantado y recatado de hallar la villa -sin guardia, olió humo de cuerdas; y antes que se recatase, -sintió de una y otra parte jugar y hacerle daño la arcabucería. -Mas queriendo resistir la gente con alguna otra que -le habia seguido, no pudo; salióse con pocos y desordenadamente -al campo. El marqués, con la caballería y alguna -arcabucería, á un tiempo saltó fuera con D. Diego su hijo, -D. Juan su hermano, D. Bernardino de Mendoza, hijo del -conde de Coruña, D. Diego de Leiva, hijo natural del señor -Antonio de Leiva, y otros caballeros; dió en los que se retiraban -y en la gente que estaba para hacelles espaldas; -rompiólos otra vez; pero aunque la tierra fuese llana, impedida<span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span> -la caballería de las matas y de la arcabucería de los -turcos y moros que se retiraban con órden, no pudo acabar -de deshacer los enemigos. Murieron de ellos cuasi seiscientos -hombres; Aben Humeya tornó la gente rota á la -sierra, y el marqués á Berja. Al rey dió noticia, pero á D. -Juan poca y tarde; hombre preciado de las manos mas que -de la escritura; ó que queria darlo á entender, siendo enseñado -en letras y estudioso. Comenzó D. Juan con órden -del rey á reforzar el campo del marqués; antes á formarlo -de nuevo: puso con dos mil hombres á D. Rodrigo de Benavides -en la guarda de Guadix; á Francisco de Molina envió -con cinco banderas á la de Orgiba; mandó pasar á D. -Juan de Mendoza con cuasi cuatro mil infantes y ciento y -cincuenta caballos adonde el marqués estaba; y al comendador -mayor, que tomando las banderas de D. Pedro de -Padilla (rehechas ya del daño que recibieron en Frejiliana), -las pusiese en Adra, donde el marqués vino de Berja á hacer -la masa. Llegó D. Sancho de Leiva á un mismo tiempo -con mil y quinientos catalanes de los que llaman delados, -que por las montañas andan huidos de las justicias, condenados -y haciendo delitos, que por ser perdonados vinieron -los mas de ellos á servir en esta guerra: era su cabeza Antic -Sarriera, caballero catalan; las armas sendos arcabuces -largos, y dos pistoletes de que se saben aprovechar. Llegó -Lorenzo Tellez de Silva, marqués de la Favara, caballero -portugués, con setecientos soldados, la mayor parte hechos -en Granada y á su costa: atravesó sin daño por el Alpujarra -entre las fuerzas de los enemigos; y por tenerlos ocupados -en el entretanto que se juntaba el ejército, y las guarniciones -de Tablate, Durcal y el Padul seguras (á quien amenazaban -los moros del valle, y los que habian tornado á las -Albuñuelas); por impedir asimismo que estos no se juntasen -con los que estaban en la sierra de Guejar y con otros -de la Alpujarra; por estorbar tambien el desasosiego en -que ponian á Granada con correrías de poca gente, y por -quitalles la cogida de los panes del valle; mandó D. Juan<span class="pagenum"><a name="Page_97" id="Page_97">[97]</a></span> -que D. Antonio de Luna con mil infantes y doscientos caballos -fuese á hacer este efecto, quemando y destruyendo -á Restaval, Pinillos, Belejij, Concha, y, como dije, el valle -hasta las Albuñuelas. Partió con la misma órden y á la misma -hora, que cuando fue á quemallas la vez pasada, pero -con desigual fortuna; porque llegando tarde, halló los moros -levantados por el campo, y en sus labores con las armas -en la mano: tuvieron tiempo para alzar sus mujeres, -hijos, y ganados, y ellos juntarse, llevando por capitanes -á Rendati, hombre señalado, y á Lope, el de las Albuñuelas, -ayudados con el sitio de la tiera barrancosa. Acometieron -la gente de D. Antonio, ocupada en quemar y robar; -que pudo con dificultad, aunque con poca pérdida, resistir -y recogerse, siguiéndole y combatiéndole por el valle -abajo malo para la caballería. Mas D. Antonio, ayudándole -D. García Manrique, hijo del marqués de Aguilar, y Lázaro -de Heredia, capitan de infantería, haciendo á veces de la -vanguardia retaguardia, á veces por el contrario tomando -algunos pasos con la arcabucería, se fue retirando hasta -salir á lo raso, que los enemigos con temor de la caballería -le dejaron. Murió en esta refriega apartado de D. Antonio el -capitan Céspedes á manos de Rendati con veinte soldados de -su compañía peleando, sesenta huyendo; los demás se salvaron -á Tablate donde estaba de guardia. No fue socorrido -por estar ocupada la infantería quemando y robando sin -podellos mandar D. Antonio. Tampoco llegó D. García (á -quien envió con cuarenta caballos), por ser lejos y áspera -la montaña, los enemigos muchos. Pero el vulgo ignorante, -y mostrado á juzgar á tiento, no dejaba de culpar al uno -y al otro; que con mostrar D. Antonio la caballería de lo -alto en las eras del lugar, los enemigos fueran retenidos ó -se retiraran; que D. García pudiera llegar mas á tiempo y -Céspedes recogerse á ciertos edificios viejos, que tenia cerca; -que D. Antonio le tenia mala voluntad dende antes, y -que entonces habia salido sin órden suya de Tablate, habiéndole -mandado que no saliese. Á mí que sé la tierra,<span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span> -paréceme imposible ser socorrido con tiempo, aunque los -soldados quisieran mandarse, ni hubiera enemigos en medio -y á las espaldas. Tal fue la muerte de Céspedes, caballero -natural de Ciudad Real, que habia traido la gente á su -costa, cuyas fuerzas fueron excesivas y nombradas por toda -España; acopañólas hasta la fin con ánimo, estatura, -voz y armas descomunales. Volvió D. Antonio con haber -quemado alguna vitualla, trayendo presa de ganado á Granada, -donde menudeaban los rebatos; las cabezas de la -milicia corrian á una y otra parte, mas armados que ciertos -donde hallar los enemigos; los cuales dando armas por -un cabo, llevaban de otro los ganados. Habia D. Juan ya -proveido que D. Luis de Córdoba con doscientos caballos y -alguna infantería recogiese á Granada y á la Vega los de la -tierra: comision de poco mas fruto, que de aprovechar á -los que los hurtaron; porque no se pudiendo mantener, -fue necesario volvellos á sus lugares faltos de la mitad, -donde fueron comunes á nosotros y á los enemigos.</p> - -<p>Hallábase entretanto el marqués de Velez en Adra (lugar -antiguamente edificado cerca de donde ahora es, que llamaban -Abdera), con cuasi dos mil infantes y setecientos -caballos: gente armada, plática, y que ninguna empresa -rehusara por difícil, extendida su reputacion por España -con el suceso de Berja, su persona subida en mayor crédito. -Venian muchos particulares á buscar la guerra, acrecentando -el número y calidad del ejército; pero la esterilidad -del año, la falta de dinero, la pobreza de los que en -Málaga fabricaban bizcocho, y la poca gana de fabricarlo -por las continuas y escrupulosas reformaciones antes de la -guerra, la falta de recuas por la carestía, la de vivanderos -que suelen entretener los ejércitos con refrescos, y con esto -las resacas de la mar que en Málaga estorban á veces el -cargar, y las mesmas el descargar en Adra, fue causa que -las galeras no proveyesen de tanto bastimento y tan á la -continua. Era algunas veces mantenido el campo de solo -pescado, que en aquella costa suele ser ordinario; cesaban<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span> -las ganancias de los soldados con la ociosidad; faltaban las -esperanzas á los que venian cebados de ellas; deteníanse -las pagas: comenzó la gente de descontentarse á tomar libertad -y hablar como suelen en sus cabezas. El general, -hombre entrado en edad y por esto mas en cólera, mostrado -á ser respetado y aun temido; cualquiera cosa le ofendia: -dióse á olvidar á unos, tener poca cuenta con otros, -tratar á otros con aspereza; oía palabras sin respeto, y -oíanlas de él. Un campo grueso, armado, lleno de gente -particular, que bastaba á la empresa de Berbería, comenzó -á entorpecerse nadando y comiendo pescados frescos; no -seguir los enemigos habiéndolos rompido; no conocer el -favor de la victoria; dejarlos engrosar, afirmar, romper -los pasos, armarse, proveerse, criar guerra en las puertas -de España. Fue el marqués juntamente avisado y requerido -de personas que veían el daño, y temian el inconveniente, -que con la vitualla bastante para ocho dias saliese en busca -de Aben Humeya. Por estos términos comenzó á ser mal -quisto del comun, y de allí á pegarse la mala voluntad en -los principales, aborrecerse él de todos y de todo, y todos -de él.</p> - -<p>Al contrario de lo que al marqués de Mondejar aconteció; -que de los principales vino á pegarse en el pueblo; pero -con mas paciencia y modestia suya, dicen que con igual -arrogancia. Yo no vi el proceder del uno ni del otro; pero -á mi opinion ambos fueron culpados, sin haber hecho errores -en su oficio, y fuera de él, con poca causa y esa comun -en algunos otros generales de mayores ejércitos. Y tornando -á lo presente, nunca el marqués de Velez se halló tan -proveido de vitualla, que le sobrase en el comer ordinario -de cada dia para llevar consigo cuantidad, que pudiese gastar -á la larga; pero vista la falta de ella, la poca seguridad -que se tenia de la mar; pareciéndole que de Granada y el -Andalucía, Guadix, y marquesado de Zenette, y de allí -por los puertos de la Ravaha y Loh que atraviesan la sierra -hasta la Alpujarra, podia ser proveido; escribió á D. Juan<span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span> -(aunque lo solia hacer pocas veces), que le mandase tener -hecha la provision en la Calahorra; porque con ella y la -que viniese por mar, se pudiese mantener el ejército en la -Alpujarra y echar de ella los enemigos.</p> - -<p>El comendador mayor, segun el poco aparejo, ninguna -diligencia posible dejaba de hacer aunque fuese con peligro, -hasta que tuvo en Adra puesta vitualla de respeto por tanto -tiempo, que ayudado el marqués con alguna de otra parte -(aunque fuese habida de los enemigos), podia guerrear -sin hambre, y esperar la de Guadix: mas viendo que el -marqués incierto de la provision que hallaria en la Calahorra -se detenia, dábale priesa en público, y requeríale en -consejo que saliese contra los enemigos. Mas dando el marqués -razones por donde no convenia salir tan presto, dicen -que pasó tan adelante, que en presencia de personas graves -y en un consejo, le dijo: <i>Que no lo haciendo, tomaria él la -gente y saldria con ella en campo</i>.</p> - -<p>En Granada ninguna diligencia se hizo para proveer al -marqués; porque, pues no replicaba, tuvieron creido que -no tenia necesidad, y que estaba proveido bastantemente -en Adra, de donde era el camino mas cauto y seguro: tenian -por dificultoso el de la Calahorra; los enemigos muchos, -las recuas pocas, la tierra muy áspera, de la cual decian -que el marqués era poco plático. Mas el pueblo, acostumbrado -ya á hacerse juez, culpábale de mal sufrido en -palabras y obras igualmente, con la gente particular y comun; -á sus oficiales de liberales en distribuir lo voluntario, -y en lo necesario estrechos; detenerse en Adra buscando -causas para criar la guerra, tenido en otras cosas -por diligente: escribíanse cartas, que no faltaba adonde -cayesen á tiempo; disminuíase por horas la gracia de los -sucesos pasados: decian que de ello no pesaba á D. Juan, -ni á los que le estaban cerca: era su parcial solo el presidente, -pero ese algunas veces ó no era llamado, ó le excluían -de los consejos á horas y lugares, aunque tenia plática -de las cosas del reino y alteraciones pasadas. Pasó este<span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span> -apuntamiento hasta ser avisado el consejo por cartas de -personas y ministros importantes (segun el pueblo decia), -y aun reprendido, que parecia desautoridad y poca -confianza, no llamar un hombre grave de experiencia y -dignidad. Pero no era de maravillar que el vulgo hiciese semejantes -juicios; pues por otra parte se atrevia á escudriñar -lo intrínseco de las cosas, y examinar las intenciones -del consejo.</p> - -<p>Decian que el duque de Sesa y el marqués de Velez eran -amigos, mas por voluntad suya que del duque: no embargante -que fuesen tio y sobrino. El marqués de Mondejar y -el duque émulos de padres y abuelos sobre la vivienda de -Granada, aunque en público profesasen amistad: antigua -la enemistad entre los marqueses y sus padres, renovada -por causas y preeminencias de cargos y jurisdicciones; lo -mismo el de Mondejar y el presidente, hasta ser maldicientes -en procesos el uno contra el otro: Luis Quijada envidioso -del de Velez, ofendido del de Mondejar; porque siendo conde -de Tendilla, no quiso consentir al marqués su padre que -le diese por mujer una hija que le pidió con instancia; -amigo intrínseco de Eraso, y de otros enemigos de la casa -del marqués. El duque de Feria<a name="FNanchor_52_52" id="FNanchor_52_52"></a><a href="#Footnote_52_52" class="fnanchor">[52]</a>, enemigo atrevido de -lengua y por escrito del marqués de Mondejar; ambos dende -el tiempo de D. Bernardino de Mendoza, cuya autoridad -despues de muerto los ofendia. El duque de Sesa y Luis -Quijada á veces tan conformes, cuanto bastaba para excluir -los marqueses, y á veces sobresanados por la pretension -de las empresas: hablabánse bien, pero huraños y recatados, -y todos sospechosos á la redonda. Entreteníase Muñatones -mostrado á sufrir y disimular, culpando las faltas de -proveedores y aprovechamientos de capitanes, lo uno y lo -otro sin remedio. D. Juan como no era suyo, contentábale -cualquiera sombra de libertad: atado á sus comisiones,<span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span> -sin nombramiento de oficiales, sin distribucion de dinero, -armas y municiones y vituallas, si las libranzas no venian -pasadas de Luis Quijada; que en esto y en otras cosas no -dejaba (con algunas muestras de arrogancia) de dar á entender -lo que podia, aunque fuese con quiebra de la autoridad -de D. Juan; que entendia todos estos movimientos, -pero sufríalos con mas paciencia que disimulacion: solamente -le parecia desautoridad que el marqués de Mondejar -ó el conde su hijo usasen sus oficios, aunque no estaban -excluidos ni suspendidos por el rey. Tampoco dejaron -de sonarse cosquillas de mozos y otros, que las acrecentaban -entre el conde y ellos: tal era la apariencia del gobierno. -Pero no por eso se dejaba de pensar y poner en ejecucion -lo que parecia mejor al beneficio público y servicio -del rey: porque los ministros y consejeros no entran con -las enemistades y descontentamientos al lugar donde se -juntan, y aunque tengan diferencia de pareceres, cada -uno encamina el suyo á lo que conviene; pero los escritores -como no deben aprobar semejantes juicios, tampoco -los deben callar cuando escriben con fin de fundar en la -historia ejemplos, por donde los hombres huyan lo malo -y sigan lo bueno.</p> - -<p>Dende los diez de junio á los veinte y siete de julio<span class="sidenote">1569.</span> -estuvo el marqués de Velez en Adra sin hacer efecto; -hasta que entendiendo que Aben Humeya se rehacia, partió -con diez mil infantes y setecientos caballos, gente, como -dije, ejercitada y armada, pero ya descontenta: llevó -vitualla para ocho dias; el principio de su salida fue con -alguna desórden. Mandó repartir la vanguardia, retaguardia -y batalla por tercios; que la vanguardia llevase el primer -dia D. Juan de Mendoza, el segundo D. Pedro de Padilla; -y habiendo ordenado el número de bagajes que debia -llevar cada tercio, fue informado que D. Juan llevaba mas -número de ellos; y puesto que fuesen de los soldados particulares, -ganados y mantenidos para su comodidad, y aunque -iban para no volver á Adra; mandó tornar D. Juan al<span class="pagenum"><a name="Page_103" id="Page_103">[103]</a></span> -alojamiento con la vanguardia, pudiéndole enviar á contar -los embarazos y reformarlos; cosa no acontecida en la -guerra sin grande y peligrosa ocasion; con que dió á los -enemigos ganado tiempo de dos dias, y á nosotros perdido. -Salió el dia siguiente con haber hallado poco ó ningun -yerro que reformar; llevó la misma órden, añadiendo, que -la batalla fuese tan pegada con la vanguardia, y la retaguardia -con la batalla, que donde la una levantase los -pies, los pusiese la otra, guardando el lugar á los impedimentos; -la caballería á un lado y á otro; su persona en -la batalla, porque los enemigos no tuviesen espacio de entrar. -Vino á Berja, y de allí fue por el llano que dicen de -Lucainena, donde al cabo de él vieron algunos enemigos -con quien se escaramuzó sin daño de las partes; mostrando -Aben Humeya su vanguardia en que habia tres mil -arcabuceros, pocos ballesteros; pero encontinente subió -á la sierra: la nuestra alojó en el llano, y el marqués en -Ujijar donde se detuvo un dia, y mas el que caminó: dilacion -contra opinion de los pláticos, y que dió espacio á -los enemigos de alzar sus mujeres, hijos y ropa, esconder -y quemar la vitualla, todo á vista y media legua de nuestro -campo. El dia siguiente salió del alojamiento: los enemigos -mostrándose en ala, como es su costumbre, y dando -grita acometieron á D. Pedro de Padilla (á quien aquel dia -tocaba la vanguardia), con determinacion, á lo que se veía, -de dar batalla. Eran seis mil hombres entre arcabuceros y -ballesteros, algunos con armas enhastadas; víase andar -entre ellos cruzando Aben Humeya bien conocido, vestido -de colorado, con su estandarte delante; traía consigo los -alcaides, y capitanes moriscos y turcos que eran de nombre. -Salió á ellos D. Pedro con sus banderas y con los aventureros -que llevaba el marqués de la Favara, y resistiendo -su ímpetu, los hizo retirar cuasi todos: pero fueron -poco seguidos; porque al marqués de Velez pareció que -bastaba resistillos, ganalles el alojamiento, y esparcillos. -Retiráronse á lo áspero de la montaña con pérdida de solos<span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span> -quince hombres: fue aquel dia buen caballero el marqués -de la Favara, que apartado con algunos particulares que le -siguieron, se adelantó, peleó, y siguió los enemigos; lo -mismo hizo D. Diego Fajardo con otros. Aben Humeya apretado -huyó con ocho caballos á la montaña, y dejarretándolos, -se salvó á pie; el resto de su gente se repartió sin -mas pelear por toda ella: hombres de paso, resolutos á tentar -y no hacer jornada; cebados con esperanzas de ser por -horas socorridos ó de gente para resistir, ó de navíos para -pasar en Berbería; y esta flaqueza los trujo á perdicion. -Contentóse el marqués con rompellos, ganalles el alojamiento, -y esparcillos; teniendo que bastaba, sin seguir el -alcance, para sacallos de la Alpujarra; ó que esperase mayor -desórden, ó que le pareciese que se aventuraba en dar -la batalla el reino de Granada, y que para el nombre bastaba -lo hecho: hallóse tan cerca del camino, que con doscientos -caballos acordó pasar aquella noche á reconocer la -vitualla á la Calahorra, donde no hallando que comer, volvió -otro dia al campo, que estaba alojado en Valor el alto -y bajo. Detúvose en estos dos lugares diez dias, comiendo -la vitualla que trajo y alguna que se halló de los enemigos -sin hacer efecto, esperando la provision que de Granada -se habia de enviar á la Calahorra, y teniendo por incierta -y poca la de Adra; y aunque los ministros á quien tocaba -afirmasen que las galeras habian traido en abundancia, -resolvió mudarse á la Calahorra, fortaleza y casa de los marqueses -de Zenette, patrimonio del conde Julian en tiempo -de godos, que en el de moros tuvieron los Zenettes venidos -de Berbería, una de las cinco generaciones descendientes -de los alárabes que poblaron y conquistaron á África. -Tuvo el marqués por mejor consejo dejar á los enemigos la -mar y la montaña, que seguillos por tierra áspera y sin vitualla, -con gente cansada, descontenta y hambrienta; y -asegurar tierra de Guadix, Baza, rio de Almanzora, Filabres, -que andaba por levantarse, y allanar el rio de Bolodui -que ya estaba levantado, comer la vitualla de Guadix -y el marquesado.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span></p> - -<p>Mas la gente con la ociosidad, hambre y descomodidad -de aposentos, comenzó á adolecer y morir. Ningun animal -hay mas delicado que un campo junto, aunque cada hombre -por sí sea recio y sufridor de trabajo; cualquier mudanza -de aires, de aguas, de mantenimientos, de vinos; -cualquier frio, lluvia, falta de limpieza, de sueño, de camas, -le adolece y deshace; y al fin todas las enfermedades le son -contagiosas. Andaban corrillos, quejas, libertad, derramamientos -de soldados por unas y otras partes, que escogian -por mejor venir en manos de los enemigos: íbanse -cuasi por compañías sin órden ni respeto de capitanes. Como -el paradero de estos descontentamientos, ó es amotinarse, -ó un desarrancarse pocos á pocos, vino á suceder así -hasta quedar las banderas sin hombres; y tan adelante pasó -la desórden, que se juntaron cuatrocientos arcabuceros, -y con las mechas en las serpentinas salieron á vista del -campo: fue D. Diego Fajardo hijo del marqués por detenerlos, -á quien dieron por respuesta un arcabuzazo en la -mano y el costado, de que peligró, y quedó manco. La mayor -parte de la gente que el marqués envió con él, se juntó -con ellos y fueron de compañía; tanto en tan breve tiempo -habia crecido el odio y desacato.</p> - -<p>En fin llegado y alojado en el lugar, temiendo de su persona -pasó á posar en la fortaleza: la gente se aposentó en -el campo comiendo á libra escasa de pan por soldado sin -otra vianda; pero dende á pocos dias dos libras por dia, y -una de carne de cabra por semana; los dias de pescado algun -ajo y una cebolla por hombre, que esto tenian por -abundancia: sufrieron mucho las banderas de Nápoles con -el nombre de soldados viejos, y la gente particular; quedaron -en pie cuasi solas estas compañías y doscientos caballos. -Tal fue el suceso de aquella jornada en que los enemigos -vencidos quedaron con la mar y tierra, mayores fuerzas -y reputacion; y los vencedores sin ella, faltos de lo -uno y de lo otro.</p> - -<p>En el mismo tiempo los vecinos del Padul, á tres leguas<span class="pagenum"><a name="Page_106" id="Page_106">[106]</a></span> -de Granada, se quejaban que habian tenido y mantenido -mucho tiempo gruesa guarnicion, que no podian sufrir el -trabajo, ni mantener los hombres y caballos. Pidieron que -ó se mudase la guardia ó se disminuyese, ó los llevasen á -ellos á vivir en otro lugar. Vínose en esto; y salidos ellos, -la siguiente noche juntándose con los moros de la sierra, -dieron en la guarnicion, mataron treinta soldados, y hirieron -muchos acogiéndose á lo áspero: cuando el socorro -de Granada llegó, halló hecho el daño y á ellos en salvo.</p> - -<p>La desórden del campo del marqués puso cuidado á D. -Juan de proveer en lo que tocaba á tierra de Baza; porque -la ciudad estaba sin mas guardia, que la de los vecinos. -Envió á D. Antonio de Luna con mil infantes y doscientos -caballos, que estuvo dende medio agosto hasta medio noviembre -sin acontecer novedad ó cosa señalada, mas del -aprovechamiento de los soldados, mostrados á hacer presas -contra amigos y enemigos. Puso en su lugar á D. García -Manrique á la guardia de la Vega, sin nombre ó título de -oficio. Vióse una vez con los enemigos, matándoles alguna -gente sin daño de la suya.</p> - -<p>Entre tanto no cesaban las envidias y pláticas contra los -marqueses, especialmente las antiguas contra el de Mondejar; -porque aunque sus compañeros en la suficiencia fuesen -iguales, vióse que en el conocimiento de la tierra y de -la gente donde y con quien habia hecho la vida, y en las -provisiones por el luengo uso de proveer armadas, era su -parecer mas aprobado que apacible; pero siempre seguido, -hasta que el marqués de Velez subió en favor y vino á ser -señor de las armas. Entonces dejaron al de Mondejar, y -tornaron á deshacer las cosas bien hechas del de Velez. Mas -cuando este comenzó á faltar de la gracia particular y general, -tornaron sobre el de Mondejar; y temiendo que las -armas de que estaba despojado tornasen á sus manos, claramente -le excluían de los consejos, calumniaban sus pareceres, -publicaban por una parte las resoluciones y por -otra hacíanle autor del poco secreto; parecíales que en algun<span class="pagenum"><a name="Page_107" id="Page_107">[107]</a></span> -tiempo habia de seguirse su opinion cuanto al recibir -los moriscos y despues oprimillos, que cesarian las armas -y por esto la necesidad de las personas por quien eran tratadas.</p> - -<p>Estaban nuestras compañías tan llenas de moros aljamiados, -que donde quiera se mantenian espías: las mujeres, -los niños esclavos, los mismos cristianos viejos daban avisos, -vendian sus armas y municion, calzado, paño, y vituallas -á los moros. El rey por una parte informado de la -dificultad de la empresa, por otra dando crédito á los que -la facilitaban, vistos los gastos que se hacian, y pareciéndole -que el marqués de Mondejar, émulo del de Velez y de -otros, aunque no daba ocasion á quejas, daba avilanteza á -que se descargasen de culpas, diciendo que por tener él -mano en los negocios eran ellos mal proveidos, y que la -ciudad descontenta de él, y persuadida por el corregidor -Juan Rodriguez de Villafuerte que era interesado, y del -presidente que le hacia espaldas, de mejor gana contribuiria -con dinero, gente y vitualla hallándose ausente que presente, -que de ninguno podia informarse mas clara y particularmente; -envióle á mandar que con diligencia viniese á -Madrid: algunos dicen que en conformidad de sus compañeros. -El suceso mostró, que la intencion del rey era apartalle -de los negocios. Mas porque se vea como los príncipes -pudiendo resolutamente mandar, quieren justificar sus voluntades -con alguna honesta razon, he puesto las palabras -de la carta.</p> - -<p>«Marqués de Mondejar, primo, nuestro capitan general -del reino de Granada. Porque queremos tener relacion -del estado en que al presente están las cosas de ese reino, -y lo que converná proveer para el remedio de ellas, os -encargamos que en recibiendo esta os pongais en camino, -y vengais luego á esta nuestra corte para informarnos de -lo que está dicho, como persona que tiene tanta noticia -de ellas: que en ello, y en que lo hagais con toda la brevedad, -nos ternemos por muy servidos. Dada en Madrid -á 3 de setiembre de 1569.»</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span></p> - -<p>Llegó el marqués, y fue bien recebido del rey, y algunas -veces le informó á solas: de los ministros fue tratado con -mas demonstracion de cortesía que contentamiento: nunca -fue llamado en consejo; mostrando estar informados á la -larga por otra via. Muñatones, plático de semejantes llamamientos, -y falto de un ojo, dijo como le mostraron la -carta: <i>que le sacasen el otro, si el marqués tornaba de allá -durante la guerra</i>. Anduvo muchos dias como suspendido y -agraviado, cierto que siempre habia seguido la voluntad -del rey y de solo ella hecho caudal. Mas entre los reyes y -sus ministros, la parte de los reyes es la mas flaca; no embargante -la informacion que el marqués dió, eran tantas y -tan contrarias unas de otras las que se enviaban, que pareció -juntar con ellas la de D. Enrique Manrique, alcaide -que fue del castillo de Milan, y habiéndolo él dejado, -estaba descansando en su casa. Pasó por Granada -entendiendo lo de allí; vino á do el marqués de Velez estaba; -y partió sin otra cosa de nuevo mas de errores en la -guerra, cargos de unos ministros á otros dados por via de -justificacion, necesidad de cargar con mayores fuerzas, -crecidas las de los enemigos con la disminucion de las -nuestras.</p> - -<p>Pareció á los ministros la gente con que el marqués habia -ofrecido echar los enemigos de la tierra, poca, y la -oferta menos pensada; pues con doblado número no se hizo -mayor efecto: y no dejaron de deshacelle el buen suceso, -con decir que los moros muertos habian sido menos de -lo que se escribió. Pero el rey tomando la parte del marqués -respondió: <i>que habia sido importante desbaratar y partir -los enemigos, aunque no con tanto daño de ellos como se -dijo</i>; y esto mas por reprimir alguna intencion que se descubria -contra el marqués, que por alaballe, como se vió -dende á poco. Decia el marqués que la falta de vitualla habia -sido causa de haberse deshecho su campo; cargaba á D. -Juan, al consejo de Granada; quedó la suma de todo su -campo en pocos mas de mil y quinientos infantes y doscientos<span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span> -caballos: en fin fue necesitado á recogerse dentro -en el lugar, atrincherarse, y aun derribar casas por parecerle -el sitio grande. Mas dende á pocos dias enviaron de -Granada tanta provision, que no habiendo á quien repartilla, -ni buena órden, valian cien libras de pan un real.</p> - -<p>No estaba Granada por esto mas proveida de vitualla, ni -se hacian los partidos de ella con mayor recatamiento, aunque -el presidente remediaba parte del daño con industria; -ni en lo que tocaba á la gente y pagas se guardaban las órdenes -de D. Juan, á quien tampoco perdonaba el pueblo de -Granada; libre y atrevido en el hablar, pero en presencia -de los superiores siervo y apocado; movido á creer y afirmar -facilmente sin diferencia lo verdadero y lo falso; publicar -nuevas ó perjudiciales ó favorables, seguillas con pertinacia: -ciudad nueva, cuerpo compuesto de pobladores de -diversas partes, que fueron pobres y desacomodados en sus -tierras, ó movidos á venir á esta por la ganancia; sobras de -los que no quisieron quedar en sus casas, cuando los Reyes -católicos la mandaron poblar; como es en los lugares, que -se habitan de nuevo. No se dice esto porque en Granada no -haya tambien nobleza escogida por los mesmos reyes cuando -la república se fundó, venida de personas excelentes en -letras, á quien su profesion hizo ricos, y los descendientes -de unos y otros nobles de linaje ó de ánimo y virtud, como -en esta guerra lo mostraron no solamente ellos, pero -el comun; mas porque tales son las ciudades nuevas, hasta -que envejeciéndose la virtud y riqueza, la nobleza se funda. -Discurrian las intenciones libres por todos sin perdonar -á ninguno, y las lenguas por los que osaban, y no sin causa; -porque en guerra de mucha gente, de largo tiempo, -varia de sucesos, nunca faltan casos que loar ó condenar. -Las compañías de Granada eran tan faltas y mal disciplinadas, -que ni con ellas se podia estar dentro, ni salir fuera; -pero la mayor desórden fue que habiendo mandado el rey -castigar con rigor los soldados que se venian del marqués -de Velez, y procurando D. Juan que se pusiese en ejecucion;<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span> -cansados los ministros de ejecutar y D. Juan de mandar, -visto lo poco que aprovechaba, se tomó expediente de -callar; y por no quedar del todo sin gente, consentir que -las compañías se hinchiesen de la que desamparaba las -banderas del marqués, no sin alguna sombra de negligencia -ó voluntad; la cual fue causa de que viniese el campo -á quedar deshecho, y los enemigos señores de mar y tierra, -campeando Aben Humeya con siete mil hombres, quinientos -turcos y berberíes, sesenta caballos; mas para autoridad -que necesidad.</p> - -<p>Ya Jergal en el rio de Almería, lugar del conde de la -Puebla, se habia levantado á instancia de Portocarrero mayordomo -suyo: ó por la habilidad ó por el barato ocupó la -fortaleza con poca artillería y armas, y echando de ella al -alcaide puso gente dentro; mas él dende á poco dió en las -manos del conde de Tendilla, y fue atenazado en Granada. -Estaba tambien levantado el valle y rio de Bolodui, paso -entre tierra de Guadix, Baza y la mar confinante con el Alpujarra. -El marqués por tener ocupada la gente, darle alguna -ganancia, mantener la reputacion de la guerra, determinó -ir en persona sobre él, habiéndolo consultado con -el rey, que le remitió la ida ó á allí, ó á tierra de Baza en -caso que la gente no fuese tan poca, que no llegase á número -de los cinco mil hombres. Llevando pues á D. Juan de -Mendoza sin gente, con la de D. Pedro de Padilla, y parte -de la que D. Rodrigo de Benavides tenia en Guadix, alguna -otra de amigos y allegados que seguian la guerra, doscientos -y cincuenta caballos, partió á deshacer una masa de -gente que entendió juntarse en Bolodui, temiendo que dañase -tierra de Baza, y pusiesen á D. Antonio de Luna en -necesidad, y juntándose con ellos Aben Humeya, pasase el -daño adelante. Partió de la Calahorra, vino á Fiñana, llevando -la vanguardia D. Pedro de Padilla con las banderas -de Nápoles. Habia nueve leguas de Fiñana al lugar donde -los enemigos se recogian; mas no pudiendo caminar á pie -los soldados tan gran trecho, fueron necesitados á quedar<span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span> -la noche cansados y mojados (porque el rio se pasa muchas -veces), á dos leguas de los enemigos; inconveniente que -acontece á los que no miden el tiempo con la tierra, con la -calidad y posibilidad de la gente. Los moros, apercebidos -de la venida de los nuestros, dieron avisos con fuegos por -toda la tierra, alzaron la ropa y personas que pudieron. -Habíase adelantado con la caballería el marqués tomando -consigo cuatrocientos arcabuceros á las ancas de los caballos -y bagajes; mas cansados unos y otros dejaron la mayor -parte. Los enemigos aguardando ora á un paso del rio, -ora á otro, segun vian que nuestra caballería se movia, ora -haciendo alguna resistencia, se acogieron á la sierra. Dejaban -muchos bagajes, mujeres y niños, en que los soldados -se ocupasen; y viéndolos embarazados con el robo, -sin espaldas de arcabucería, hicieron vuelta, cargando de -manera, que los nuestros fueron necesitados á retirarse -con pérdida, no sin alguna desórden, aunque todavía con -mucho de la presa. Parte de la caballería se acogió fuera de -tiempo, disculpándose que no se les hubiese dado la órden, -ni esperado la arcabucería que dejaban atrás. Pero el marqués -viendo que la retirada era por conservar el robo (causa -que puede con la gente mas que otra), envió persona -con veinte caballos y algunos arcabuceros, que con autoridad -de justicia quitase á la caballería la presa, para que -despues se repartiese igualmente, llamando á la parte los -soldados de D. Pedro de Padilla que quedaron atrás. El comisario, -hallando alguna contradiccion, compró tres esclavas: -una de las cuales se ofreció á descubrille gran cantidad -de ropa y dineros; mas ella viéndose en la parte que deseaba -hizo señas, á que se juntaron muchos moros: mataron -algunos caballos y todos los arcabuceros; salvóse el comisario -á la parte contraria del marqués, corriendo hasta Almería -diez leguas de donde comenzó á salvarse, y todas -por tierras de enemigos: quedaron los caballos con la presa, -pero tan ocupados, que fueron de poco provecho, y el -marqués por esto tornó retirándose con órden (aunque<span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span> -cargándole los enemigos) hasta juntar consigo la gente de -D. Pedro. Dende allí vino á Fiñana con mucha parte de la -cabalgada, y con igual daño de muertos y heridos. Mas entendiendo -que los moros de la sierra de Baza y rio de Almanzor -andaban en cuadrillas, y desasosegaban la tierra, -temiendo que llevasen tras sí los lugares de aquella provincia, -y Filabres, donde tenia su estado, gruesos y fuertes, -y que las fuerzas de D. Antonio de Luna no serian bastantes -á resistillos; partió en principio de invierno, con mil infantes -y doscientos y cincuenta caballos que tenia, para -Baza. Pero D. Antonio, hombre prevenido (dicen que con -órden de D. Juan), dejó la gente antes que llegase el -marqués, y volvió á servir su cargo en Granada; ó por haber -oido que no se entendia blandamente con las cabezas -de la gente; ó porque tuvo por mas á propósito de su autoridad -ser mandado de D. Juan, que entonces gastaba su tiempo -en mantener á Granada á manera de sitiado, contra las -correrías de los enemigos: descontento y ocioso igualmente, -mas deseando y procurando comision del rey para emplear su -persona en cosa de mayor momento. Las cabezas de su gente -con cualquier liviana ocasion no dejaban de mostrarse en -todas partes de la ciudad, corriendo las calles armados -(puesto que vacía de enemigos) inciertos á que parte fuese -el peligro, siguiendo esos pocos por las mismas pisadas que -salian, sin haber atajado la tierra, hasta dejallos en salvo y -recogidos á la montaña. Llaman atajar la tierra en lengua de -hombres del campo, rodealla al anochecer y venir de dia -para ver por los rastros, que gente de enemigos y por que -parte ha entrado ó salido. Esta diligencia hacen todos los -dias personas ciertas de pie y de caballo, puestos en postas -que cercan á la redonda la comarca, y llámanlos atajadores, -oficio de por sí y apartado del de los soldados; porque -no se hacia esta diligencia en tierra escura y doblada, -y en lugar que aunque grande, no era el circuito -extendido, y eran los pasos ciertos, no pude entender la -causa.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_113" id="Page_113">[113]</a></span></p> - -<p>Aben Humeya, viéndose libre del marqués de Velez, con -los siete mil hombres que tenia se puso sobre Adra con -ánimo de tomar el lugar, que pensaba estar desamparado; -mas viendo que perdia el tiempo, pasó á Berja, y quísola -batir con dos piezas; pero levantóse de allí: corrió y estragó -la tierra del marqués de Velez, el lugar de las Cuevas; -quemó los jardines, dañó los estanques, todo guardado con -curiosidad de mucho tiempo para recreacion; acometiendo -llegar á los Velez en sierra de Filabres, tornó á Andarax, -donde como asegurado de la fortuna vivia ya con estado de -rey; pero con arbitrio de tirano, señor de las haciendas y -personas, tenido por manso engañaba con palabras blandas; -mas para quien recatadamente le miraba, oscuras y -suspensas, de mayor autoridad que crédito: codicia en lo -hondo del pecho, rigor nunca descubierto sino cuando habia -ofendido, y entonces sosegado como si hubiera hecho -beneficio, queria gracias de ello. Contaba el dinero y los -dias á quien mas familiar trataba con él, y algunos de estos -á que pensaba ofender escogia por compañeros de sus -consejos y conversacion. Tal era Aben Humeya; y puesto -que entre nosotros fuese tenido por inocente y llamado D. -Hernandillo de Valor, el oficio descubrió cual es el hombre. -Con todo esto duró algunos dias que le hacian entender que -era bien quisto, y él lo creía, ignorante de su condicion; -hasta que el vulgo comenzó á tratar de su manera, de su -vida, de su gobierno, todo con libertad y desprecio, como -riguroso y tenido en poco. Apartáronse de su servicio descontentas -algunas cabezas, que tomaron avilanteza; en -tierra de Granada, el Nacoz; en la de Beza, Maleque; en -la de Almuñecar, Giron; en la de Velez, Garral; en el rio -de Almería, Mojajar; en el de Almanzora, Aben Mequenun, -que decian Portocarrero, hijo del que levantó á Jergal; y -al fin Farax, uno de los principales que fueron en hacelle -rey. Cargábanle culpas, escarnecíanle; burlaban de su condicion -sus mismos consejeros: señales que por la mayor -parte preceden á la destruicion del tirano. Quejábanse los turcos,<span class="pagenum"><a name="Page_114" id="Page_114">[114]</a></span> -entre otros muchos, que habiendo dejado su tierra por -venir á serville, no los ocupaba donde ganasen: descontentos -y entretenidos con sueldos ordinarios. Mas él, espacioso, -irresoluto hasta su daño, tanto dilató la respuesta que se -enemistó con ellos, habiéndolos traido para su seguridad; -y despues proveyó fuera de tiempo. Traía en el ánimo quemar -y destruir á Motril, lugar guardado con alguna ventaja -de como solia; pero grande, abierto, llano, y á la marina. -Mas por descuidar los nuestros, acordó enviar fingidamente -los turcos (para mandallos tornar) á las Albuñuelas, frontera -de Granada, mostrando querer que fuesen regalados -y mantenidos en el vicio y abundancia del valle de Lecrin, -el uno de tres barrios fuertes, las espaldas á la sierra. Entre -los amigos de quien mas fiaba, era uno Abdalá Abenabó -de Mecina de Bombaron, primo suyo, y tambien de la sangre -de Aben Humeya, alcaide de los alcaides, tenido por -cuerdo y animoso, de buena palabra, comunmente respetado, -usado al campo, y entretenido mas en criar ganados -que en el vicio del lugar. Á este mandó ir por comisario general -para que los alojase y mandase, y los capitanes estuviesen -á su obediencia; dióle órden que donde le tomase -otro mandado suyo tornase con ellos y la mas gente que pudiese -juntar, trayendo vitualla para seis dias; que él avisaria -del lugar donde debia ir. Partieron seiscientos hombres, -cuatrocientos turcos y doscientos berberíes en el mismo -hábito, todos arcabuceros; eran sus capitanes á la sazon -Hhusceni y Carabaji. Apenas llegaron á Cadiar, cuando -Aben Humeya despachó un correo dando gran priesa que -volviesen aquella noche á Ferreira. De aquí se tramó su -muerte. Trataré de mas lejos la verdadera causa de ella, -por haberse publicado diferentemente.</p> - -<p>El principio fue descontentamiento de los turcos, mostrados -á mandar su rey en Berbería; temor que de él tenian -sus amigos; poca seguridad de las personas y haciendas; -sospechas que se entendia con nosotros. Y el tratado fue tal -luego que le eligieron, que ninguno en su compañía tuviese<span class="pagenum"><a name="Page_115" id="Page_115">[115]</a></span> -morisca por amiga, sino por legítima mujer; y guardábase -esto generalmente. Mas habia entre las mujeres una -viuda, mujer que fuera de Vicente de Rojas, pariente de -Rojas, suegro de Aben Humeya: mujer igualmente hermosa -y de linaje, buena gracia, buena razon en cualquier -propósito, ataviada con mas elegancia que honestidad; -diestra en tocar un laud, cantar, bailar á su manera y á la -nuestra, amiga de recoger voluntades y conservallas. Á esta -se llegó un primo suyo, como es costumbre entre parientes, -despues de muerto el marido en la guerra, de quien -Aben Humeya se fiaba, llamado Diego Alguacil; vivian juntos, -comunicábanse mas que familiarmente: trataba él con -Aben Humeya loando sus buenas partes y conversacion, -tanto que á desearla ver le inclinó; y contento de ella, por -no ofender al amigo, disimulábalo; ausentábale con comisiones: -pudo en fin mas el apetito que el respeto; y mandó -al primo que no embargante que fuese casado con otra, la tomase -por mujer; rehusándolo, trújola el rey como en depósito -á su casa, y usó de ella por amiga. Avisó de ello la -viuda á su primo mostrando descontentamiento, ofendida -entre tantas mujeres de no ser tenida por una de ellas; estar -forzada, y holgar de verse fuera de sujecion, habiendo -aparejo; que Aben Humeya, celoso de él y sospechoso de -venganza, buscaba ocasion para matalle. Huyó Alguacil, y -juntándose con una cuadrilla de mozos ofendidos por otras -causas, andaba recatado sin entrar en Valor. Mas dende á -pocos dias supo de la misma como Aben Humeya enviaba -los turcos á cierta empresa, yendo á juntarse con ellos por -la ganancia; trújole á las manos el caso al mensajero, y -sabiendo de él como iba á llamar los turcos, le mató; y tomándole -las cartas usó de semejante ardid, que el conde -Julian con los capitanes del rey D. Rodrigo en Ceuta. No sabia -escribir Aben Humeya, y firmar mal en arábigo; pero -servíale de secretario y firmaba algunas veces por él un sobrino -del Alguacil, que á la sazon se halló con su tio; él -tambien agraviado. En lugar de la carta escribieron otra<span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span> -para Abenabó en que le mandaba que tornando aquella noche -con los turcos á Mecina, y juntándose con la gente de -la tierra y cien hombres que llevaria consigo Diego Alguacil, -los degollase con sus capitanes durmiendo y cansados; -lo mismo hiciese de Alguacil, despues de haberse valido de -él. Envió con esta carta un hombre de confianza, midiendo -el tiempo de manera que llegasen él y el mensajero á -Cadiar, cuasi á una misma hora. Dió el hombre la carta poco -antes, y llegó Diego Alguacil, hallando confuso y maravillado -á Abenabó: díjole como traía la gente consigo; mas -que no pensaba hallarse en tal crueldad, por ser personas -que habian venido á favorecer su casta fiados de él, y ellos -puesto la vida por sus haciendas, por su libertad y por sus -vidas: cansados ya de servir á un hombre voluntario, ingrato, -cruel, ¿qué podian esperar sino lo mismo? Bueno -de palabras, mas de ánimo malo y perverso; que no habia -mujeres, no haciendas, no vidas con que hartar el apetito, -la sed de dinero y sangre. Pasó Hhusceni, capitan de los -turcos (persona de crédito entre ellos, tenido por cuerdo, -valiente y amigo del rey), antes que Abenabó le respondiese; -quísole hablar alterado, y Abenabó, ó porque el otro -no le previniese, ó con temor que le matasen los turcos, ó -con ambicion y cebo del reino, mostró la carta á Caravaji y -Hhusceni, en que hacia compañero suyo en la traicion á -Diego Alguacil, y de los turcos en la muerte; dicen que todo -á un tiempo: sacó el mesmo Alguacil una conficion que -suelen usar para salir de sí cuando han de pelear y á veces -para emborracharse, hecha con apio y simiente de cáñamo, -fuerte para dormir sueño pesado; esta, dijo, que habian de -dar á los capitanes y cabezas en la cena con el beber, sedientos -y cansados del camino, á manera de la que llaman -los alárabes alhajij. Entendiendo el hecho, resolvieron entre -sí de descomponer y matar á Aben Humeya, parte por -asegurarse, parte por roballe, persuadiéndose que tenia -gran tesoro, y hacer á Abenabó cabeza. Juntaron consigo -la gente de Diego Alguacil, y con silencio caminaron hasta<span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span> -Andarax, donde Aben Humeya estaba: aseguraron la centinela -como personas conocidas, y que se sabia habellos enviado -á llamar. Pasaron el cuerpo de guardia, entraron en -la casa que era en el barrio llamado Laujar, quebraron las -puertas del aposento: halláronle desnudo, medio dormido, -y vilmente entre el miedo y el sueño, y dos mujeres, embarazado -de ellas, especialmente de la viuda amiga de Diego -Alguacil que se abrazó con él, fue preso en presencia -de los que él trataba familiarmente: hombres bajos (que -á tales tenia mayor inclinacion, y daba crédito), criados -suyos, el Mejuar, Barzana, Deliar, Juan Cortés de Pliego y -su escribano que era del Deire; teniendo veinte y cuatro hombres -dentro en casa, cuatrocientos de guardia, mil y seiscientos -alojados en el lugar, no hizo resistencia: ninguno hubo -que tomase las armas, ni volviese de palabra por él. Mas -como solo el que es rey puede mostrar á ser rey un hombre; -así solo el que es hombre puede mostrar á ser hombre -un rey. Faltó maestro á Aben Humeya para lo uno y lo -otro; porque ni supo proveer y mandar como rey, ni resistir -como hombre. Atáronle las manos con un almaizar, -juntáronse Abenabó, los capitanes, y Diego Alguacil delante -de la mujer á tratar del delito y la pena, en su presencia -leyéronle y mostráronle la carta, que él como inocente y -maravillado negó: conoció la letra del pariente de Diego -Alguacil; dijo que era su enemigo, que los turcos no tenian -autoridad para juzgalle; protestóles de parte de Mahoma, -del emperador de los turcos, y del rey de Argel, que le tuviesen -preso dando noticia de ello y admitiendo sus defensas. -Mas la razon tuvo poca fuerza con hombres culpados y -prendados en un mismo delito, y codiciosos de sus bienes: -saqueáronle la casa, repartiéronse las mujeres, dineros, -ropa, desarmaron y robaron la guardia; juntáronse con los -capitanes y soldados, y otro dia de mañana determinaron su -muerte. Eligieron á Abenabó por cabeza en público, segun -lo habian acordado en secreto, aunque mostró sentimiento -y rehusallo, todo en presencia de Aben Humeya, el cual<span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span> -dijo, que nunca su intencion habia sido ser moro; mas -que habia aceptado el reino por vengarse de las injurias, -que á él y á su padre habian hecho los jueces del rey D. Felipe, -especialmente quitándole un puñal y tratándole como -á un villano, siendo caballero de tan gran casta; pero que -él estaba vengado y satisfecho, lo mismo de sus enemigos, -de los amigos y parientes de ellos, de los que le habian -acusado y atestiguado contra él y su padre, ahorcándolos, -cortándoles las cabezas, quitándoles las mujeres y haciendas: -que pues habia cumplido su voluntad, cumpliesen -ellos la suya. Cuanto á la eleccion de Abenabó, que iba contento; -porque sabia que haria presto el mismo fin: que moria -en la ley de los cristianos, en que habia tenido intencion -de vivir, si la muerte no le previniera. Ahogáronle dos -hombres: uno tirándole de una parte y otro de otra de la -cuerda, que le cruzaron en la garganta; él mismo se dió la -vuelta como le hiciesen menos mal; concertó la ropa, cubrióse -el rostro.</p> - -<p>Tal fin hizo Aben Humeya, en quien despues de tantos -años revivió la memoria de aquel linaje, que fue uno de -los en cuya mano estuvo la mayor parte de lo que entonces -se sabia en el mundo. La ocasion convida á considerar, que -como todo lo que en él vemos se mantenga por partes, que -juntas le dan el ser, y una de ellas sea las castas ó linajes -de los hombres; estas como en unos tiempos parece estar -acabadas hasta venir á pobres labradores, así en otros salen -y suben hasta venir á grandes reyes. Pero muchas veces -el Hacedor de todo no hallando sujeto aparejado, produce -cosas diminuidas semejantes á las grandes, como fruto -en tierra cansada ó olvidada; ó como queriendo hacer -hombre hace enano, por falta de sujeto, de tiempo, de -lugar. No habia en el pueblo de Granada moriscos, fuerzas, -ocasion, ni aparejo, para crear y mantener rey: salió -de un comun consentimiento de muchas voluntades juntas -(hombres que se tenian por agraviados y ofendidos), hecho -un tirano con sombra y nombre de rey; y este descendiente<span class="pagenum"><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span> -de casta olvidada, mas que tanto tiempo habia señoreado. -Dicen que de una sola hija que tuvo Mahoma llamada -Fátima, y de Hali Abenseib vinieron dos linajes; uno de -Aben Humeya<a name="FNanchor_53_53" id="FNanchor_53_53"></a><a href="#Footnote_53_53" class="fnanchor">[53]</a>, otro de Abenhabet, cuya cabeza fue -Abdalá Abenhabet Miramamolin, señor de España, que -echó los berberíes del reino de ella, y el postrero Juseph -Hali Atan, á quien echó del reino Abdurrabi Menhadali, -cabeza del linaje de Aben Humeya, hasta el último Hiscen -que reinó en discordia, que habiéndole los de Córdoba -echado del reino con ayuda de Habúz, rey de Granada, -uno del mismo linaje escogió ser electo rey por un solo dia, -con condicion que le matasen pasadas las veinte y cuatro -horas: eligiéronle, y matáronle, y acabaron juntos el linaje -de Aben Humeya, y el reino de Córdoba. Los que descendian -de este rey de un dia vinieron á poblar las montañas -de Granada; y los moros establecieron por ley, que -ninguno del linaje de Aben Humeya pudiese reinar en -Córdoba. Porque si despues reinaron en el Andalucía los almoravides, -y almohades, y el linaje de Abenhut, ya no -tuvieron á Córdoba por cabeza del reino, hasta que vino á -poder del santo rey D. Fernando el Tercero. Esto se ha dicho -por muestra, y acordar que no hay reino perpetuo, -pues vino á desvanecerse un reino tan poderoso, como fue -el de Córdoba.</p> - -<p>Tomado por cabeza Abdalá Abenabó, diéronle mando sobre -todo por tres meses, hasta que viniese confirmacion -del rey de Argel y título de rey; envió con Ben Daud, morisco -tintorero en Granada, inventor y tramador del levantamiento, -á dar nueva de su eleccion al rey de Argel: dióle -dineros y oro para presentar; diéronle los capitanes cada -uno por su parte ayuda con que fuese, y quedó allá; y envió -la aprobacion mucho antes del tiempo. Hicieron con -Abenabó la ceremonia, pusiéronle en la mano izquierda un<span class="pagenum"><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span> -estandarte y en la derecha una espada desnuda; vistiéronle -de colorado, levantáronle en alto, y mostráronle al pueblo, -diciendo: <i>Dios ensalce al rey de la Andalucía y Granada -Abdalá Abenabó</i>: diéronle generalmente la obediencia -los pueblos de moriscos que no la habian dado á Mahomet -Aben Humeya, y los capitanes, exceptos Aben Mequenun -que llamaban Portocarrero, hijo del que levantó á Jergal -con cuatrocientos hombres en el rio de Almanzora, que -tambien el duque de Arcos mandó justiciar en Granada; y -en tierra de Almuñecar y Almijara, Giron el Archidoni, -que murió reducido y perdonado en Jayena. Hizo repartimiento -de las alcaidías y gobierno en hombres naturales de -las mismas tahas: escogió para su consejo seis personas -demás de los capitanes turcos Caracax, y D. Dali capitan; -porque Caravaji, luego como se hizo la eleccion, partió -á Berbería con ocasion de traer gente. Eligió por capitan -general para los rios de Almería, Bolodui, y Almanzora, -sierras de Baza y Filabres, tierra del marquesado de Zenette -y Guadix, al que llamaban el Habaqui<a name="FNanchor_54_54" id="FNanchor_54_54"></a><a href="#Footnote_54_54" class="fnanchor">[54]</a>, por cuyo parecer -se gobernaba en todo: otro de Sierra Nevada, tierra -de Velez, el valle, el Alpujarra, y Granada, á quien decian -Joaibi de Guejar: á estos obedecian los otros capitanes -de tahas; por alguacil, que despues del rey es el supremo -magistrado, á su hermano Muhamet Abenabó. Envió -á Hoscein con otro presente de cautivos al rey de Argel, -pidiéndole gente y armas: juntó un ejército ordinario de -cuatro mil arcabuceros, que alojase la cuarta parte cerca de -su persona; la guardia de doscientos arcabuceros; fuera -del lugar las centinelas apartadas y perdidas, que ni se -acogen al cuerpo de guardia, sino á lo alto ó lejos, ni se les -da otro nombre mas de un contraseño de los caminos, que -es dejar pasar solamente al que viniere por parte señalada, -y á los que vinieren por otra parte detenellos ó dar arma;<span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span> -dende allí avisan por donde vienen los enemigos. Tienen -siempre atalayas de noche y de dia por las cumbres; -llaman al sarjento mayor alguacil de la guardia, que reparte -y requiere las centinelas, ordena la gente, alójala, -hace justicia en el cuerpo de guardia: dentro en la casa residen -veinte arcabuceros, á que dicen porteros. Fue poco á -poco comprando y proveyéndose de armas traidas de Berbería, -ó habidas de las presas en gran cuantitad, que repartió -á bajos precios entre la gente: llegó de esta manera -á tener ocho mil arcabuceros; el sueldo de los turcos eran -ocho ducados al mes, el de los moriscos la comida. Con estos -principios de gobierno, con la necesidad de cabeza, con -la reputacion de valiente y hombre del campo, con la afabilidad, -gravedad, autoridad de la presencia, con haber -padecido en la persona por tormentos siendo esclavo, fue -bien quisto, respetado, obedecido, tenido como rey generalmente -de todos.</p> - -<p>Mandó en este tiempo D. Juan que Pedro de Mendoza -fuese á visitar el presidio de Orgiba con órden que sirviese -en lugar de Francisco de Molina, porque entendia estar indispuesto, -sabiendo que Abenabó nuevo rey juntaba gente -para venir sobre la plaza. Mas sucedió una novedad trasordinaria -siendo siete leguas de Granada, como las que suelen -acontecer en las Indias á tres mil de España; que de -cinco banderas, sola una con su capitan D. García de Montalvo -quedó libre sin amotinarse; y acusando á Francisco -de Molina á una voz de estar loco, y pedian por cabeza á -Pedro de Mendoza. Las señales que daban de su locura; que -los apretaba con rigor á las guardias, que estando enfermo -los requeria, que no dormia de noche, hombre rico y recatado, -que falto de gente particular ayudaba con dineros -á los que enviaba con licencia por cobrar crédito, para -que viniesen otros; repartia la vitualla por tasa como quien -sospechaba cerco. Pero visto que se encaminaba á motin, -quiso prender los capitanes; y sosegándolos, procuró que -Pedro de Mendoza saliese de Orgiba: mas por satisfacer la<span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span> -gente que estaba ociosa y descontenta, y proveerse de vitualla, -envió la compañía de Antonio Moreno con su alférez -Vilches á correr en el Cehel; que atajados por los moros -en el barranco de Tarascon, fueron todos muertos sin -escapar mas de tres soldados.</p> - -<p>Abenabó con esta ocasion proveyó á Castil de Ferro de -armas, artillería y vitualla, puso dentro cincuenta turcos -con su capitan llamado Leandro para que pudiese recibir -el socorro que traeria Caravaji con el armada de Argel, y -en persona vino sobre Orgiba, movido por quejas de los -pueblos comarcanos, y daños que continuamente recibian -de la guarnicion que en ella residia. Eran los capitanes moros, -Berbuz, Rendati, Macox; y turcos, Dali capitan á -quien dejó cabeza de la empresa y de la gente. Apretaron -el lugar, mostraron quererle hambrear; fuéronse con trincheas -llegando hasta las casas; vínoles gente, y entraron -en ellas: señoreáronlas de manera, que descubrian la plaza, -y los nuestros no atravesaban ni estaban á los reparos sin ser -enclavados: tomaban por dias el agua peleando; era la hambre -y la sed mayor que el temor de los enemigos. Dió Francisco -de Molina aviso, y pareció á D. Juan que el duque de -Sesa la socorriese, por la experiencia, por la gracia y autoridad -con la gente, ser del consejo, y el lugar suyo; detúvose -algunos dias esperando la vitualla con harta dilacion: -partió con seis mil infantes y trescientos caballos, mas número -de gente que de hombres, la mayor parte concejil: -pero en Acequia le tomó la gota, enfermedad ordinaria suya, -y tan recia que le inhabilitaba la persona, aunque dejándole -libre el entendimiento. Trató D. Juan de enviar á -Luis Quijada en su lugar, no sin ambicion; pero el duque -mejoró, y en principio de noviembre envió dende Acequia -á Vilches, que por otro nombre llamaban Pie de palo, -buen hombre de campo, plático de la tierra, que con cuatro -compañías de infantería en que habia ochocientos hombres, -dejando á la mano derecha á Lanjaron, hiciese el camino -por lo áspero de la montaña, desusado muchos años,<span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span> -pero posible para caballería; y que reconociendo el barranco -que atraviesa el camino de Orgiba, tomase lo alto de la -montaña y estuviese quedo, adonde el camino de Lanjaron -hace la vuelta cerca de Orgiba, de allí diese aviso á Francisco -de Molina: y por asegurar á Vilches envió á sus espaldas -otros ochocientos hombres, siguiendo él con el resto -de la gente y caballería, sospechoso que los unos y los otros -habrian menester socorro.</p> - -<p>Mas los moros, que tenian no solamente aviso de la salida -de Acequia, pero atalayas por todo, que con señas contaban -á los nuestros los pasos, dándolas de una en otra -hasta Orgiba, hicieron de sí dos partes: una quedó sobre -Orgiba, y otra de la demás gente salió con sus banderas á -esperar al duque. Estos fueron Hhusceni y Dali, encubriéndose -parte de la gente. Comenzó Dali capitan á mostrarse -tarde, y entretenerle escaramuzando. Entre tanto -apartaron seiscientos hombres, cuatrocientos con Rendati -que se emboscó á las espaldas de Vilches, y Macox adelante -al entrar de lo llano tomando el camino de Acequia de -las tres peñas (llaman los moros á aquel lugar Calat el Hhajar -en su lengua), cosa pocas veces vista, y de hombres -muy pláticos en la tierra, apartarse tanta gente escaramuzando, -y emboscarse sin ser sentida, ni de los que estaban -en la frente, ni de los que venian á las espaldas. Cayó la -tarde, y cargó Dali capitan reforzando la escaramuza á la -parte del barranco cerca de la agua; de manera que á los -nuestros pareció retirarse adonde entendian que venia el -duque, pero con órden. Descubrióse la primera emboscada, -y fueron cargados tan recio que hallándose lejos del socorro -y que apuntaba la noche, cuasi rotos se recogieron á -un alto cerca del barranco, con propósito de esperar, hechos -fuertes; donde pudieran estar seguros, aunque con algun -daño, si el capitan Perea tuviera sufrimiento; pero viendo -el socorro, echóse por el barranco y la gente tras él; donde -seguido de los moros fue muerto peleando con parte de -los que iban con él, y pasando adelante cargaron hasta llegar<span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span> -á dar en el duque ya de noche, que los socorrió y retiró: -pero dando en la segunda emboscada de Macox, apretado -por una parte de los enemigos, por otra incierto del -camino y de la tierra con la escuridad, y confuso con el -miedo que la gente llevaba, que le iban faltando, fue necesitado -á hacer frente á los enemigos por su persona: quedaron -con él D. Gabriel su tio, D. Luis de Córdoba, D. Luis -de Cardona, D. Juan de Mendoza, y otros caballeros y gente -particular; muchos de ellos apeados con la infantería -dando cargas y siendo seguidos hasta cerca del alojamiento; -dicen que si los moros cargaran como al principio, estuviera -en peligro la jornada. Pero el daño estuvo en que Pie -de palo partiese á hora, que el dia no le bastó al duque -para llegar á Orgiba con sol, ni para socorrerle. Engaña el -tiempo en el reino de Granada á muchos hombres que no -le miden por la aspereza de la tierra, hondura de los barrancos, -y estrecheza de los caminos. Murieron de los nuestros -cuatrocientos hombres, y perdieron muchas armas, -segun los moros, gente vana que acrecienta sus prosperidades; -mas segun nosotros (que en esta guerra nos mostramos -á disimular, y encubrir las pérdidas) solos sesenta; -lo uno ó lo otro con daño de los enemigos, y reputacion -del duque. De noche sospechoso de la gente, apretado de -los enemigos, impedido de la persona, tuvo libertad para -poner en ejecucion lo que se ofrecia proveer á toda parte, -resolucion para apartar los enemigos, y autoridad para detener -los nuestros que habian comenzado á huir, recogiéndose -á Acequia cuasi á media noche: larga y trabajosa retirada -de tres grandes leguas, dos siendo cargada su gente.</p> - -<p>Y considerando yo las causas, porque nacion tan animosa, -tan aparejada á sufrir trabajos, tan puesta en el punto -de lealtad, tan vana de sus honras (que no es en la guerra -la parte de menos importancia), obrase en esta al contrario -de su valentía y valor, truje á la memoria numerosos ejércitos -disciplinados y reputados en que yo me hallé, guiados -por el emperador D. Cárlos, uno de los mayores capitanes<span class="pagenum"><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span> -que hubo en muchos siglos; otros por el rey Francisco -de Francia su émulo, y hombre de no menos ánimo -y experiencia. Ninguno mas armado, mas disciplinado, -mas cumplido en todas sus partes, mas plático, abundado -de dinero, de vitualla, de artillería, de municion, de soldados -particulares, de gente aventurera de corte, de cabezas, -capitanes y oficiales, me parece haber visto ni oido -decir, que el ejército que D. Felipe II rey de España, -su hijo, tuvo contra Enrique II de Francia, hijo -de Francisco, sobre Durlan, en defension de los estados -de Flandes, cuando hizo la paz tan nombrada por el mundo, -de que salió la restitucion del duque Filiberto de Saboya, -negocio tan desconfiado. Como por el contrario, ninguno -he visto hecho tan á remiendos, tan desordenado, -tan cortamente proveido, y con tanto disperdiciamiento y -pérdida de tiempo y dinero; los soldados iguales en miedo, -en codicia, en poca perseverancia y ninguna disciplina. Las -causas pienso haber sido, comenzarse la guerra en tiempo -del marqués de Mondejar con gente concejil aventurera, á -quien la codicia, el robo, la flaqueza y las pocas armas -que se persuadieron de los enemigos al principio, convidó -á salir de sus casas cuasi sin órden de cabezas ó banderas: -tenian sus lugares cerca, con cualquier presa tornaban á -ellos; salian nuevos á la guerra, estaban nuevos, volvian -nuevos. Mas el tiempo que el marqués de Mondejar, hombre -de ánimo y diligencia, que conocia las condiciones de -los amigos y enemigos, anduvo pegado con ellos, á las manos, -en toda hora, en todo lugar, por medio de los hombres -particulares que le seguian, estuvieron estas faltas encubiertas. -Pero despues que los enemigos se repartieron, -acontecieron desgracias por donde quedaron desarmados los -nuestros y armados ellos; comunicábase el miedo de unos -en otros; que como sea el vicio mas perjudicial en la guerra, -así es el mas contagioso: no se repartian las presas en -comun, era de cada uno lo que tomaba, como tal lo guardaba, -huían con ello sin union, sin respondencia; dejábanse<span class="pagenum"><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span> -matar abrazados ó cargados con el robo, y donde no -le esperaban, ó no salian, ó en saliendo, tornaban á casa; -guerra de montaña, poca provision, menos aparejo para -ella, dormir en tierra, no beber vino, las pagas en vitualla, -tocar poco dinero ó ninguno: cesando la codicia del interese, -cesaba el sufrir trabajo: pobres, hambrientos, impacientes, -adolecian, morian, ó huyéndose los mataban; -cualquier partido de estos escogian por mas ventajoso que -durar en la guerra, cuando no traían la ganancia entre las -manos. De los capitanes, algunos cansados ya de mandar, reprender, -castigar, sufrir sus soldados, se daban á las mismas -costumbres de la gente, y tales eran los campos que de -ella se juntaban. Pero tambien hubo algunos hombres entre -los que vinieron enviados por las ciudades, á quien la vergüenza -y la hidalguía era freno. Tambien la gente enviada -por los señores, escogida, igual, disciplinada, y la que particularmente -venia á servir con sus manos, movidos por -obligacion de virtud y deseo de acreditar sus personas, animosa, -obediente, presente á cualquiera peligro: tantos capitanes -ó soldados, como personas; y en fin autores y ministros -de la vitoria. Los soldados y personas de Granada todos -aprobaron para ser loados. No parecerá filosofía sin -provecho para lo porvenir esta mi consideracion verdadera, -aunque experimentada con daño y costa nuestra.</p> - -<p>Envió el duque á dar noticia de lo que pasaba á Francisco -de Molina, mandándole, que en caso que no se pudiese -detener, desamparase la plaza y se retirase por el camino -de Motril; porque el de Lanjaron tenian ocupado los enemigos, -y no le podia socorrer. Mas ellos no curaron de tornar -sobre Orgiba, así porque en ella y en la refriega que -tuvieron, habian perdido gente y muchos heridos, como -porque les pareció que bastaba tener á Francisco de Molina -corto con poca gente, y ellos hacer rostro á la del duque, -estorbar el daño que podia hacer en los lugares del valle, -que tenian como propios. Francisco de Molina, con la órden -del duque conforme á la que él tenia de D. Juan, teniendo<span class="pagenum"><a name="Page_127" id="Page_127">[127]</a></span> -por cierto que si volvieran sobre él, se perderia sin -agua, ni vitualla, enclavó y enterró algunas piezas que no -pudo llevar, recogió los enfermos y embarazos en medio, -tomó el camino de Motril libre de los enemigos; donde llegó -con toda la gente que salió, y con poca pérdida en el -fuerte: dando harto contraria muestra del suceso en el cerco -y retirada, de lo que la desvergüenza de los soldados -habia publicado; desamparóse por ser corta la provision de -vituallas, lugar que habia costado muchas, mucho tiempo, -mucha gente y trabajo mantener y socorrer; fue el primero -y solo que los enemigos tomaron por cerco; deshicieron -las trincheas, quemaron y destruyeron la tierra, llevaron -dos piezas aunque enclavadas. Tomáronse dos moros con -cartas que los capitanes escribian á la gente de las Albuñuelas, -y el valle, y otras partes, certificándoles la venida del -duque á socorrer á Orgiba, y animándolos que siguiesen su -retaguardia; porque ellos con la gente que tenian se les -mostrarian á la frente, como le estorbasen el socorro ó les -combatiesen con ventaja. No estuvieron ociosos el tiempo -que él se detuvo en Acequia; porque bajaron por Guejar y -el Puntal á la Vega, llevaron ganados, quemaron á Mairena -hasta media legua de Granada, acogiéndose sin pérdida -y con la presa, por divertir, ó porque la guerra pareciese -con igualdad. Esperó en Acequia por entender el motivo -de los enemigos y entretenellos que no diesen estorbo á la -retirada de Francisco de Molina, y por su indisposicion, -con falta de vitualla, y descontentamiento de la gente: por -esto y la ociosidad, y por ser ya el mes de noviembre y la -sementera en la mano, se comenzó á deshacer el campo. -Mas llamado por D. Juan, salió por las Albuñuelas con poca -gente, y esa temerosa por lo sucedido (trataban los turcos -de ponerse de guarnicion en aquel lugar), y caminando -el dia, los enemigos al costado, llegó temprano sin acercarse -los unos á los otros, dando culpa á las guias: quemó -el un barrio, y despues de haber enviado á D. Luis de Córdoba -á quemar á Restaval, Belejij, Concha, y otros lugares<span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span> -del valle que D. Antonio de Luna dejó enteros, y dejado -á Pedro de Mendoza con seiscientos hombres alojado en -el otro barrio, tornó á Granada, donde halló á D. Juan -ocupado en la reformacion de la infantería, provisiones de -vitualla y otras cosas, por medio y industria de Francisco -Gutierrez de Cuellar, del consejo, á quien el rey envió particularmente -á mirar por su hacienda; caballero prudente, -plático en la administracion de ella, bueno para todo.</p> - -<p>Habian las desórdenes pasado tan adelante, que fue necesario -para remediallas hacer demostracion no vista ni leida -en los tiempos pasados en la guerra; suspender treinta -y dos capitanes de cuarenta y uno que habia, con nombre -de reformacion: pero no se remedió por eso; que el gobierno -de las compañías quedó á sus mismos alféreces, de -quien suele salir el daño. Porque como se nombran capitanes -sin crédito de gente ó dineros, encomiendan sus banderas -á los alféreces, y oficiales que les ayudan á hacer las -compañías gastando dinero con los soldados, de quien no -pueden desquitarse tomándoselo de las pagas, porque se -les desharian las compañías, y procuran hacello engañando -en el número. Pero los capitanes y oficiales cuasi todos engañan -en las pagas; aunque unos las ponen en calificar -soldados y entretenellos con pagar ventajas, ó darles de comer; -y estos son tolerables: otros son perniciosos y aun tenidos -como traidores, porque engañan á su señor en cosa -que le hacen perder la honra, el estado y la vida, fiándose -de ellos, y estos son los que para sí hacen ganancia con las -compañías, teniendo menos gente, ó robando los huéspedes, -ó componiéndolos: la misma reformacion se hizo en -los comisarios, partidos, y distribucion de vituallas, armas -y municiones.</p> - -<p>En el tiempo que el duque de Sesa partió para el socorro -de Orgiba, y D. Juan entendia en reformar las desórdenes, -se alzó Galera, una legua de Guescar en tierra de Baza; -lugar fuerte para ofender y desasosegar la comarca en -el paso de Cartagena al reino de Granada, y no lejos del<span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span> -de Valencia. Mas los de Guescar, entendiendo el levantamiento, -fueron sobre el lugar con mil y doscientos hombres -y alguna caballería; estuvieron hasta tercero dia; y -sin hacer mas de salvar cuarenta cristianos viejos que -estaban retirados en la iglesia, se tornaron. Habian entrado -en Galera por mandado de Abenabó cien arcabuceros -turcos y berberíes con el Maleh, alcaide del partido, y era -capitan de ellos Caravajal, turco, que saltó fuera cargando -en la retaguardia, y poniéndolos en desórden les quitó la -presa de ganados y mató pocos hombres, de que los de -Guescar indignados mataron algunos moriscos por la ciudad, -y en la casa del gobernador donde se habian recogido: -quemaron parte de ella, saquearon y quemaron otras -en Guescar, ciudad de los confines del reino de Murcia y -Granada, patrimonio que fue del rey católico D. Fernando, -y dada en satisfaccion de servicios al duque de Alba D. Fadrique -de Toledo; pueblo rico, gente áspera y á veces mal -mandada, descontenta de ser sujeta á otro sino al rey; y -desasosegada con este estado que tiene, procura trocalle con -otros, que á veces desasosiegan mas.</p> - -<p>Levantóse de ahí á pocos dias Orce, una legua de Galera, -que los antiguos llamaron Urci; y estando los de Guescar -preparándose para ir á allanarla ó destruirla, los vecinos -cristianos nuevos que habian quedado, indignados metieron -de noche sin ser sentidos al Maleh con trescientos hombres -en sus casas, que dejó emboscados en los lavaderos -hasta dos mil, y en ellos trescientos turcos y berberíes, -que se habian juntado para el efecto: mas los de la ciudad -que tuvieron noticia, vueltas contra ellos las armas, peleando -los echaron fuera con daño y rotos; y dando con el -mesmo ímpetu en la emboscada, la rompieron matando -seiscientos hombres. Fuera la vitoria del todo, si los turcos -y berberíes no resistieran reparando la gente, y haciendo -retirar parte de ella con alguna órden. Ya Abenabó habia -hecho declarar todo el rio de Almanzora (que en arábigo -quiere decir de la vitoria) con Purchena (en otro tiempo<span class="pagenum"><a name="Page_130" id="Page_130">[130]</a></span> -llamada de los antiguos Illipula grande, á diferencia de otra -menor, ribera de Guadalquivir), la sierra de Filabres y los -lugares de tierra de Baza. Quedaban Seron, y Tijola del duque -de Escalona: Tijola inexpugnable, pero falta de agua. -Envió sobre Seron, y saliéndose la guardia, prendió el alcaide -(algunos dicen que por su voluntad); tomó armas, -municion, vitualla, doce piezas de bronce. Tijola siguió á -Seron: de esta manera quedaron levantados todos los moriscos -del reino, sino los de la hoya de Málaga y serranía de -Ronda.</p> - -<p>Estos motivos, y la priesa que el rey daba á reforzar el -campo del marqués de Velez que estaba en Baza, enviando -caballeros principales de su casa por las ciudades á solicitar -gente, que saliese antes que los enemigos tomasen fuerzas, -apresuró al marqués con la gente que trajo de la Peza, -y la que D. Antonio de Luna dejó en Baza, y la que se juntó -de Guescar y otras partes, por todos cuatro mil infantes, -y trescientos y cincuenta caballos, á ponerse sobre Galera: -el Maleh y su hijo desampararon el lugar, desconfiados que -se pudiese mantener. Caravajal, turco, dende á dos dias -que el marqués llegó, juntó el pueblo; persuadiólos que -salvasen la gente, la ropa, y á sí mismos, pues tenian aparejo -y la sierra cerca; y diciéndole que dentro en sus casas -querian morir, les respondió: que aun no era llegado -el tiempo, ni era su oficio morir; que se salvasen y dejasen -aquello para otros que venian brevemente á morir por -ellos. Mas visto que estaban pertinaces, con ciento y treinta -turcos y berberíes dando una arma de noche á los nuestros, -se salió con su gente y dinero, sin recibir daño; y vino -por mandado de Abenabó á residir en Guejar con los -otros capitanes.</p> - -<p>Habian los enemigos (como dijimos) entrado en ella, fundado -frontera, atajado con una trinchea de piedra seca de -monte á monte el trecho, que llaman la Silla; manteníanse -contra Granada, hacian presas, solicitando pueblos que se -levantasen, recogiendo y regalando los que se alzaban. Á veces<span class="pagenum"><a name="Page_131" id="Page_131">[131]</a></span> -estaban en ella cuatro mil, á veces menos, y de ordinario -seiscientos hombres segun las ocasiones; eran capitanes -Joaibi, natural del lugar, por otro nombre llamado Pedro -de Mendoza (que este apellido tomaban muchos por la -naturaleza que tenia en la tierra la casta del marqués -D. Iñigo Lopez de Mendoza, primer capitan general), -Hocein, Caracajal, turco, Chocon (que en su lengua quiere -decir degollador), Macox, Mojajar, y otros. Crecia el -desasosiego de la ciudad, y parecia estarse con menos seguridad, -pero en nada se via acrecentada la manera de la -defensa, descubierta la parte de la ciudad que llaman Realejo -frontera á los enemigos, el barrio de Antequeruela no -sin peligro muchos meses, muy á menudo los apercebimientos, -que se hacian de persona en persona y con secreto, -mostrando que los enemigos vernian cada noche á dar en -la ciudad, las mas veces por esta parte. Al fin se achicó la -puerta que dicen de los molinos, y se puso una compañía -de guardia en Antequeruela, pero no que se atajasen -los caminos de Facar, Veas, el Puntal; maravillándose los -que no tienen noticia de las causas, ó licencia de escudriñallas, -como se encarecian tanto las fuerzas de los enemigos -y el peligro, y se estaba con tan flaca guardia: en fin -se puso una concejil en la puerta de los Molinos; reforzóse -la de Antequeruela; púsose guardia en los Mártires, y en -Pinillos, y Cenes (presidios todos contra Guejar), y á don -Gerónimo de Padilla mandaron estar en Santa Fe con una -compañía de caballos para asegurar el llano de Loja, demás -de la guardia de la Vega. Púsose caballería en Iznalloz, -pero todo no estorbaba que hasta las puertas de Granada se -hiciesen á la continua presas.</p> - -<p>Estando en estos términos, comenzó el marqués de Velez -á batir á Galera con seis piezas de bronce, y dos bombardas -de hierro, de espacio y con poco fruto. Saltaban -fuera los moros á menudo, haciendo daño sin recebillo.</p> - -<p>Cargó D. Juan la mano con el rey, como agraviado que -le hubiese mandado venir á Granada en tiempo que todos<span class="pagenum"><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span> -estaban ocupados, por tenelle ocioso, siendo el que menos -convenia holgar; mostrábale deseo de emplear su persona; -hijo y hermano de tan grandes príncipes, en cuya casa habian -entrado tantas vitorias; mozo, no conocido de la gente; -el espacio con que se trataba la guerra en Almanzora, -el atrevimiento de los enemigos, la Alpujarrra sin guarniciones, -la mar desproveida, los moros en Guejar, lo que -convenia tomar el negocio con mayores fuerzas y calor. -Pareció al rey apretar los enemigos, acometiéndolos á un -tiempo con dos campos; uno por el rio de Almanzora á -cargo de D. Juan, con quien asistiesen el marqués de Velez, -el comendador mayor de Castilla, y Luis Quijada; otro -por el Alpujarra con el duque de Sesa; y por no dejar embarazo -tan importante como enemigos á las espaldas, mandó -que antes de su partida viniese sobre Guescar. El nombre -de la salida fue (porque el de Velez no se hubiese por -ofendido) dar órden en lo que tocaba á Guadix y Baza, -como habia sido con el marqués de Mondejar, darla en lo -de Granada. Estando Guejar y Galera por los enemigos, -cualquier otra empresa parecia difícil, y el peligro cierto: -en Guejar, por dejarlos á las espaldas; en Galera, porque -podia saltar la rebelion en el reino de Valencia, y con la -tardanza conservarse los moros en sus plazas, Purchena, -Seron, Tijola, Jergal, Cantoria, Castil de Ferro, y otras. -Partió el comendador mayor de Cartagena por órden de -D. Juan con ocho piezas de campo, trescientos carros de -vitualla, municion, y armas. El marqués, aunque entendiendo -la ida de D. Juan, mostraba algun sentimiento, no -dejó de verse con el comendador mayor, que proveyéndole -de vitualla y municion, pasó á esperar D. Juan en Baza. -Dicen, y confiesalo el comendador mayor, que escribió al -rey, como el marqués no le parecia á propósito para dar -cobro á la empresa del reino de Granada, y que las cartas -vinieron á las manos del marqués primero que á las del -rey; mas leyólas, y disimulólas; ó fuese pensando que la -necesidad habia de traelle tiempo á las manos, en que diese<span class="pagenum"><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span> -á conocer lo contrario; ó cansado y ofendido, dando á -entender que la peor parte seria de quien no le emplease. -Eran ya los quince de diciembre, y no parecia señal<span class="sidenote">1569.</span> -ni esperanza de que se hiciese efecto contra Galera. -Mas el rey solicitaba con diligencia los señores de la Andalucía, -y las ciudades de España; pidiendo nueva gente para -la empresa y salida de D. Juan, y enviando personas calificadas -de su casa á procurallo.</p> - -<p>Llegó la órden para que D. Juan hiciese la jornada de -Guejar, primero que partiese para Guadix y Baza: habíase -enviado muchas veces á reconocer el lugar con personas -pláticas; lo que referian era, que dentro estaban siete mil -arcabuceros y ballesteros resolutos á venir una noche sobre -Granada (número que si de mujeres y hombres ellos lo tuvieran, -y no les faltaran cabezas y experiencia, era bastante -para forzar la ciudad); que estaban fortificados y empantanaban -la Vega; que allanaban el camino que va por -la sierra á la Alpujarra para recebir gente. Tanto mas puede -el recelo que la verdad, aunque cargue sobre personas sin -sobresalto. Todavía no fueron del todo creidos los que daban -el aviso; pero reforzáronse las guardias con mas diligencia, -y difirióse la ida de D. Juan hasta que mas gente -de las ciudades y señores fuese llegada. Por hacer la jornada -con mas seguridad envió á D. García Manrique y Tello de -Aguilar, que reconociesen el lugar de noche, y la mañana -hasta el dia: lo que trujeron fue, que dentro habia mas de -cuatro mil infantes; no haber visto fuego á las trincheas ni -en el cuerpo de guardia: no humo aun para encender las -cuerdas en el corazon del invierno (tierra frigidísima y á la -falda de la nieve); no trocar las guardias, no cruzar á la -mañana gente de las casas á la trinchea ó de la trinchea -á las casas, no acudir con el arma á la trinchea: atribuíase -todo á señales de gran recatamiento; pero á juicio de algunas -personas pláticas, de lugar desamparado. Notaban que -en tanto tiempo, tan cerca, lugar abierto y pequeño, se -sospechase y no se supiese cierto el número de la gente,<span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span> -pudiéndose contar por cabezas ó por la comida, y que todos -afirmasen pasar de seis mil hombres, y los reconocedores -de cuatro mil, llegando tan cerca, y trayendo señales de -poca gente ó ninguna. Pareció que seria conveniente servirse -de los capitanes que habian sido suspendidos, porque -la gente se gobernaria mejor por ellos, y los mas eran personas -de experiencia. Mandáronles tomar sus compañías, y -todos lo quisieron hacer, pudiendo emplear sus personas, -sin volver á los cargos de que una vez fueron echados.</p> - -<p>Habia costumbre en el Alhambra de salir los capitanes -generales y alcaides cuando se ofrecia necesidad, dejando -en la guardia de ella personas de su linaje y suficientes. Mostraba -el conde de Tendilla títulos suyos, de su padre, abuelo, -y bisabuelo, de capitanes generales de la ciudad sin el -cargo del reino, y pretendia salir con la gente de ella. Pero -Juan Rodriguez de Villafuerte, que entonces era tenido por -enemigo suyo declarado, pretendia que como corregidor le -tocase: traía ejemplo de Málaga donde el corregidor tenia -cargo de la gente, no obstante que el alcaide tuviese título -de capitan de la ciudad; mas ó fuese mandamiento expreso, -ó inclinacion á otros, ó desabrimiento particular con la casa -ó persona del conde, no obstante las cédulas, y que la profesion -de Juan Rodriguez fuese otra que armas, hizo D. -Juan una manera de pleito de la pretension del conde, y -remitió el negocio al consejo del rey; quitándole el uso de -su oficio, y dándole á Juan Rodriguez, que aquel dia llevó -cargo de la gente de la ciudad y le tuvo otros muchos. Partió -á los veinte y tres de diciembre con nueve mil<span class="sidenote">1569.</span> -infantes, seiscientos caballos, ocho piezas de campo. -Habia dos caminos de Granada á Guejar; uno por la -mano izquierda y los altos, y este llevó él con cinco mil infantes -y cuatrocientos caballos: llevaba Luis Quijada la -vanguardia con dos mil, donde iba su persona; á D. García -Manrique encomendó la caballería; y la retaguardia con la -artillería, municion y vitualla (donde iba su guion) al licenciado -Pedro Lopez de Mesa y á D. Francisco de Solis,<span class="pagenum"><a name="Page_135" id="Page_135">[135]</a></span> -ambos caballeros cuerdos, pero sin ejercicio de guerra: lo -cual dió ocasion á pensar, que la empresa fuese fingida, y -D. Juan cierto que el lugar estaba desamparado; pues encomendaba -á personas pacíficas lugar adonde podia haber -peligro y era menester experiencia; dando al duque el camino -del rio mas breve con cuatro mil infantes y trescientos -caballos, en que iba la gente de la ciudad. Aquella noche -se aposentó en Veas, dos leguas de Granada, y otras tantas -de Guejar, con órden que juntos por diversas partes llegasen -á un tiempo, y combatiesen los enemigos, para que los -que del uno escapasen diesen en el otro; pero quedóles -abierto el camino de la sierra. D. Diego de Quesada, á quien -tenia por plático de la tierra, iba por guia del campo de D. -Juan, aunque otros hubiese en la compañía tan soldados, -criados en aquella tierra, y mas pláticos en ella, segun lo -mostró el suceso. Estaban á la guardia del lugar ciento y -veinte turcos y berberíes con Caravajal que estuvo en Galera, -cuatrocientos y treinta de la tierra, todos arcabuceros; -la cabeza era Joaibi, los capitanes Cholon, Macox, y Rendati, -y el Partal por sarjento mayor; venidos, segun se -entendió, solo por la ganancia de las presas, con la seguridad -de la montaña, y mudábanse por meses; muchas mujeres, -muchachos y viejos de los lugares vecinos, que no -querian apartarse de sus casas, proveidos de pan y carne -en abundancia; y dicen ellos, que nunca hubo mas gente -ordinaria. Entendieron dias antes la ida de D. Juan, y tuvieron -tiempo de salvar lo mejor de su ropa, sus personas y -ganados. El dia antes que D. García y Tello de Aguilar fueron -á reconocer avisando la gente, partieron los turcos á la -Alpujarra; y de los moros, el dia antes que D. Juan llegase, -salieron cuatrocientos hombres con Partal, y el Macox, y -Rendati á la Vega en ocasion de correr nuestras espaldas, -y hicieron daño el mismo dia que llegó D. Juan: quedaron -en Guejar ochenta hombres con Joaibi para retirar el removiente -de la gente inútil, y ropa. Partieron á un tiempo -de Granada el duque, y D. Juan de Veas al amanecer: hay<span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span> -pocos hombres del campo que sepan caminar bien de noche -la tierra que han visto de dia; esta era toda de un color igual -aunque doblada, que dió causa á la guia de engañarse cuasi -en la salida del lugar, y á D. Juan de gastar tiempo. Con -todo se detuvo, esperando el dia, incierto del camino que -haria el duque, y avisando las atalayas de los moros con -fuegos á los suyos de lo que ambos hacian. Mas el duque -caminó por derecho: envió delante á D. Juan de Mendoza, -que halló la trinchea desamparada sino de diez ó doce viejos, -que de pesados escogieron quedar á morir en ella, estos -fueron acometidos y degollados. Entrado y saqueado el -lugar por la gente que D. Juan de Mendoza llevaba de vanguardia, -vieron subir por la sierra mujeres y niños, bagajes -cargados, con espaldas de sesenta arcabuceros y ballesteros, -que haciendo vuelta sobre los nuestros en defensa de -su ropa, se salvaron de espacio, aunque seguidos poco trecho -y detenidamente; pero lo que se pudo, y con mas daño -nuestro que suyo: murieron entre hombres y mujeres sesenta -personas, y fueron cautivas otras tantas; la demás -gente por la sierra fueron á parar en Valor y Poqueira y -otros lugares de la Alpujarra: húbose mucho trigo y ganado -mayor; de nuestra gente murieron cuarenta soldados, -porque los moros en lo áspero de la tierra y entre las matas -cubiertos con las tocas de las mujeres, esperaban á nuestros -soldados que pensando ser mujeres llegasen á cautivallas, -y los arcabuceasen. Entre ellos murió el capitan Quijada -siguiendo el alcance, desatinado de una pedrada que -una mujer le dió en la cabeza. D. Juan apartándose del lugar -dos leguas, ora acercándose á menos de un cuarto por -camino que todo se podia correr, se halló pasado mediodia -sobre Guejar, dentro de la trinchea de los enemigos en el -cerro que llaman la Silla: llevó la gente ordenada; y á los -que nos hallamos en las empresas del emperador, parecia -ver en el hijo una imágen del ánimo y provision del padre, -y un deseo de hallarse presente en todo, en especial con -los enemigos. Descubrió de lo alto á la gente del duque delante<span class="pagenum"><a name="Page_137" id="Page_137">[137]</a></span> -del lugar en escuadron, y tan de improviso que Luis -Quijada envió con D. Gomez de Guzman de mano en mano -á pedir artillería, pensando que fuesen enemigos, ó dando -á entender que lo pensaba. Esta voz se continuó con mucha -priesa; y caminando con dos pezezuelas, llegó D. Luis -de Córdoba de parte del duque con el aviso, que los enemigos -iban rotos y los nuestros estaban dentro en el lugar. -Quedamos espantados como Luis Quijada no conoció -nuestras banderas y órden de escuadron dende tan cerca, -hombre plático en la guerra, y de buena vista; y -como el duque enviaba á decir que los enemigos iban rotos, -no habiendo enemigos. Mostró D. Juan contentamiento -del buen suceso, y queja del agravio de que le -hubiesen guiado por tanto rodeo que no alcanzase á ver -enemigos. Pero D. Diego de Quesada se excusaba, con que -en consejo se le mandó que guiase por parte segura; y -Luis Quijada le dijo, que por donde no peligrase la persona -de D. Juan; que él no sabia como cumplir su comision mas -á la letra que guiando siempre cubierto y dos leguas de los -enemigos. Tuvo la toma de Guejar mas nombre lejos, que -cerca; mas congratulaciones, que enemigos. Volvieron la -misma noche á Granada D. Juan y el duque de Sesa; mandó -quedar á D. Juan de Mendoza en Guejar con gruesa guardia -por algunos dias, y despues á D. Juan de Alarcon con -las banderas de su cargo; dende á pocos dias á D. Francisco -de Mendoza, reparado y trincheado un fuerte, pero con -poca gente. Decian que si cuando los moros desampararon -el lugar y D. Juan fue á reconocelle, se hubiera hecho el -fuerte (que podia en una noche) y puesto en él una pequeña -guardia, como se hizo en Tablate, se salvaran pasadas -de tres mil personas, que murieron á manos de los enemigos, -mucha pérdida de ganado, reputacion y tiempo, el -nombre de guerra, desasosiego de noche y dia; todo hecho -por mano de poca gente.</p> - -<p>Dende este dia parece que D. Juan alumbrado comenzó á -pensar en las gracias de vitoria tan fácil, y buscadas las<span class="pagenum"><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span> -causas para conseguilla, hacer y proveer por su persona lo -que se ofrecia, con mayor beneficio y mas breve despacho. -Extendióse por España la fama de su ida sobre Galera, y -movióse la nobleza de ella con tanto calor, que fue necesario -dar el rey á entender que no era con su voluntad ir caballeros -sin licencia á servir en aquella empresa. Enviaron -las ciudades nueva gente de á pie y de caballo: crecieron -algunas (que no tenian propios) los precios á las vituallas, -para gastos de la guerra; otras entre cinco vecinos mantenian -un soldado. Entraron el tiempo que duró la masa pasadas -de ciento y veinte banderas con capitanes naturales -de sus pueblos, personas calificadas, sin la gente que vino -al sueldo pagado por el rey, que fue la tercia parte: tanta -reputacion pudo dar á los enemigos la voluntad de venganza. -Mandó D. Juan (que ya era señor de sí mismo, y de -todo) que una parte de la masa se hiciese en el mismo campo -del marqués de Velez, pasando la gente por Guadix; y -otra, pasando por Granada en las Albuñuelas, donde estuviese -D. Juan de Mendoza á recogella, y hacer provision de -vitualla. Ordenó que el duque de Sesa quedase su lugarteniente -en Granada, pasase á posar en el mismo aposento -que él tenia en la chancillería; y que formado su campo, -partiese por Orgiba contra el Alpujarra, á un mismo tiempo -que él para Galera, por divertir las fuerzas de los enemigos.</p> - -<p>Mas Abdalá Abenabó, indignado del suceso de Guejar, -quiso recompensar la fortuna y la reputacion, procurando -ocupar algun lugar de nombre en la costa. Escogió tres mil -hombres, y en un tiempo con escalas y como pudo acometieron -de noche á Almuñecar, que los antiguos llamaban -Manoba, y á Salobreña, que llamaban Selambina: pero el -capitan de Almuñecar resistió retenidamente por ser de -noche, y con algun daño de los enemigos, que dejando las -escalas se acogieron á la sierra, donde corrian de continuo -la comarca; lo mismo hicieron los que iban á Salobreña, -que rebotados por D. Diego Ramirez, alcaide de ella, con<span class="pagenum"><a name="Page_139" id="Page_139">[139]</a></span> -dificultad, por aguardarse con menos gente, se retiraron -juntándose con la compañía. Visto Abenabó que sus empresas -le salian inciertas, y que las fuerzas de España se -juntaban contra él, envió de nuevo al alcaide Hoceni á Argel -solicitando gente para mantener, ó navíos para desamparar -la tierra y pasarse; y juntamente con él un moro suyo -á Constantinopla. Dicen que llegados á Argel hallaron -órden del señor de los turcos, para que fuese socorrido.</p> - -<p>En el mismo tiempo batia el marqués á Galera con poco -efecto, defendíanse los vecinos, y reparaban el daño facilmente; -saltaban algunas veces fuera; y entre ellas, trabando -una gruesa escaramuza, cargaron nuestra gente de manera, -que matando al capitan Leon y veinte soldados, cuasi -pusieron en rota el cuartel; pero retiráronse cargados -sin daño: colgaron de la muralla la cabeza del capitan y -otras, y el marqués partió á Guescar un dia por rehacerse -de gente; volviendo trajo consigo pocos soldados. Mas -D. Juan partió de Granada con tres mil infantes y cuatrocientos -caballos á juntarse con el marqués; vino á Guadix, -que los antiguos llamaban Acci, pueblo en España grande, -y cabeza de provincia como agora lo es: adoraban los moradores -al sol en forma de piedra redonda y negra; aun hoy -en dia se hallan por la tierra algunas de ellas con rayos en -torno. La nobleza y gente de la ciudad han mantenido el -lugar, viéndose á menudo con los moros, y partiéndose -de ellos con ventaja. De Guadix vino de espacio á Baza, que -llamaban los antiguos como los moros Basta, cabeza de una -gran partida de la Andalucía, que del nombre de la ciudad -decian Bastetania, en que habia muchas provincias. Y de -allí á Guescar, donde el marqués estaba con su gente, la -cual junta con la de la ciudad y tierra hicieron gran recibimiento -y salva, mostrando mucha alegría con la venida -de D. Juan. Solo el marqués salió descontento á recibirle, -por ver que habia de obedecer, siendo poco antes obedecido -y temido. Mas D. Juan le recibió con alegre y blando -acogimiento, y aunque sintió su disgusto, le saludó y abrazó<span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span> -con mucha serenidad, diciéndole: «Marqués ilustre, -vuestra fama con mucha razon os engrandece, y atribuyo -á buena suerte haberse ofrecido ocasion de conoceros. -Estad cierto, que mi autoridad no acortará la vuestra; -pues quiero que os entretengais conmigo, y que seais -obedecido de toda mi gente, haciéndolo yo asimismo como -hijo vuestro, acatando vuestro valor y canas, y amparándome -en todas ocasiones de vuestros consejos.» Á -estas ofertas respondió el marqués por los términos extraños -que siempre usó, aunque medido con su grandeza, diciendo: -«Yo soy el que mas ha deseado conocer de mi rey -un tal hermano, y quien mas ganara de ser soldado de -tan alto príncipe; mas si respondo á lo que siempre profesé, -irme quiero á mi casa, pues no conviene á mi edad -anciana haber de ser cabo de escuadra.» Fue la respuesta -muy notada, así de sentenciosa y grave, cuanto aguda, -y así el marqués fue breve en su jornada, porque tarde ó -nunca mudó de consejo. Entró D. Juan en consejo sobre lo -de Galera, y despues de haberla reconocido, se determinó -de ir sobre ella y ponerle cerco.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span></p> - -<h2>LIBRO IV.</h2> - - -<p>Luego que D. Juan salió de Granada, fue á posar el duque -en casa del presidente, conforme á la órden que tenia -de D. Juan. Comenzóse á entender en la provision de vitualla -en Guadix, Baza y Cartagena, lugares de Andalucía, -y la comarca, para proveer el campo de D. Juan; y en -Granada y su tierra el del duque: pero de espacio, y con -alguna confusion, por la poca plática, y desórdenes de comisarios -y tenedores, inclinados todos á hacer ganancias, -y extorsiones con el rey y particulares: y aunque Francisco -Gutierrez fue parte para atajar la corrupcion, no lo era -él ni otro para remedialla del todo. Salió el duque de Granada -á 21 de hebrero de 1570, quedando por cabeza y gobierno -de paz y guerra el presidente; y por ser eclesiástico, -quedó D. Gabriel de Córdoba para el de guerra, y ejecutar -lo que el presidente mandase, que daba el nombre; -y hacia el oficio de general un consejo formado de tres oidores, -auditor general, Francisco Gutierrez de Cuellar, el -corregidor de Granada; quedaron á la guarda de la ciudad -cuatro mil infantes: hacíase con la misma diligencia con el -Albaicin despoblado, Guejar en presidio nuestro, guardada -la Vega, con las mismas centinelas, las postas, los cuerpos -de guarda, los presidios en Cenes y Pinillos, que cuando -la Vega estaba sospechosa, el Albaicin lleno de enemigos, -Guejar en su poder: y duró esta costa y recato hasta la -vuelta de D. Juan, ó fuese por olvido, ó por otras causas el<span class="pagenum"><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span> -guardar contra los de dentro y los de fuera. ¡Qué cosa para -los curiosos que vieron al Sr. Antonio de Leiva teniendo -sobre sí el campo de la liga, cuarenta mil infantes, nueve -mil caballos, y la ciudad enemiga; él con solos siete mil -infantes enfrenalla, resistir los enemigos, sitiar el castillo, -y al fin tomallo, echar y seguir los enemigos, fuertes, armados, -unidos, la flor de Italia soldados y capitanes! Vino -al Padul el mismo dia que salia de Granada, donde en Acequia -se detuvo muchos dias esperando gente y vituallas; y -haciendo reducto en Acequia y las Albuñuelas para asegurarse -las espaldas, y asegurar á Granada en un caso contrario -ó furia de enemigos, y el paso á las escoltas que partiesen -de la ciudad á su campo: otro fuerte en las Guajaras, -para asegurar aquella tierra y los peñones, donde otra vez -los echó el marqués de Mondejar; y por dar tiempo á Don -Juan para que juntos entrasen en el rio de Almanzora y -Alpujarra. Allí le fue á visitar el presidente, y dar priesa á -su salida: tomó el camino de Orgiba con ocho mil infantes -y trescientos y cincuenta caballos. Iban con él muchos caballeros -de la Andalucía, muchos de Granada, parte con -cargos, y parte por voluntad. Llegó sin que los enemigos -le diesen estorbo, aunque se mostraron pocos y desordenados -al paso de Lanjaron y de Cañar.</p> - -<p>Mientras el duque se ocupaba en esto, salió D. Juan de -Austria de Baza con su campo para Galera, adonde puso su -cerco enviando á reconocella; y considerando primero el -daño que de un castillo que estaba en la parte alta les podia -venir, se trató de minalla, y habiendo hecho algunas minas, -les pusieron fuego, con que cayó un gran pedazo del -muro con muerte de algunos de los moros cercados. Algunos -soldados de los nuestros, de ánimos alboratados, arremetieron -luego por medio del humo y confusion sin aguardar -tiempo ni órden conveniente, á los cuales siguieron -otros muchos y al fin gran parte del ejército, procurando -embestir la fortaleza por el destrozo que las minas habian -hecho, todo sin hacer efecto, por estar un peñon delante.<span class="pagenum"><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span> -Los enemigos estaban puestos en arma, y haciendo á su -salvo mucho daño en los cristianos con muchas rociadas de -arcabuces y flechas, sin ser necesaria la puntería, porque -no echaban arma que diese en vacío, sin que esto fuese -parte para hacer retirar los ánimos obstinados de los soldados, -ni ninguna prevencion ni diligencia de oficiales y capitanes. -Tanto que necesitó á D. Juan de Austria á ponerse -con su persona al remedio del daño, y no con poco peligro -de la vida; porque andando con suma diligencia y valor -persuadiendo á los soldados que se retirasen sin olvidarse -de las armas, fue herido en el peto con un balazo, que -aunque no hizo daño en su persona, escandalizó mucho á -todo el campo, particularmente á su ayo Luis Quijada que -nunca le desamparaba, cuyas persuasiones obligaron á -D. Juan á retirarse por el inconveniente que se sigue en -un ejército del peligro de su general. Mas ordenó al capitan -D. Pedro de Rios y Sotomayor que con diligencia hiciese -retirar la gente porque no se recibiese mas daño; el cual -entró por medio de los nuestros con una espada y rodela, á -tiempo que se conocia alguna mejoría de nuestra parte, diciendo: -<i>Afuera, soldados, retirarse afuera, que así lo manda -nuestro príncipe</i>. Habia ya cesado algun tanto el alarido -y voces, de suerte que se oían claro las cajas á recoger, y -todo junto fue parte para que tuviese fin este asalto tan -inadvertido. Aquí se mostró buen caballero D. Gaspar de -Sámano y Quiñones; porque habiendo con grande esfuerzo -y valentía subido de los primeros en el lugar mas alto del -muro, y sustentado con la mano el cuerpo para hacer un -salto dentro, le fueron cortados los dedos por un turco que -se halló cerca de él, sin que esto le perturbase nada de su -valor echó la otra mano y porfió á salir con su intento, y -saltar del muro adentro, mas no dándole lugar los enemigos, -le fue resistido de manera que dieron con él del muro -abajo. No fue parte este daño para que á los nuestros les -faltase voluntad de continuarle segunda vez otro dia, y -así lo pidieron á D. Juan: el cual pareciéndole no ser bien<span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span> -poner su gente en mas riesgo con tan poco fruto, y tratádose -en consejo mandó que hiciesen un par de minas para -que en este tiempo se entretuviesen y descansasen los soldados. -Los enemigos considerando su peligro cercano y la tardanza -de socorro, despacharon á Abenabó pidiéndole favor, -á lo cual Abenabó cumplió con solas esperanzas, porque la -diligencia del duque en lo del Alpujarra le traía sobre aviso, -temeroso y puesto en armas. Acabadas las minas mandó -D. Juan que se encendiesen la una una hora antes que la otra. -Hízose, y la primera rompió catorce brazas de muralla, aunque -con poco daño de los cercados, por estar prevenidos en -el hecho; y así seguros de mas ofensa se opusieron á la defensa -de lo que estaba abierto, unos trayendo tierra, madera -y fagina para remediarlo, y otros procurando ofender -con mucha priesa de tiros continuos: y estando en esto sucedió -luego la otra mina que derribando todo lo de aquella -parte hizo gran estrago en los enemigos, y tras esto cargando -la artillería de nuestra parte se comenzó el asalto muy -riguroso; porque no teniendo los moros defensa que los encubriese -y amparase, eran forzados á dejar el muro con -pérdida de muchas vidas: adonde se mostró buen caballero -por su persona D. Sancho de Avellaneda herido del dia antes, -haciendo muchas muestras de gran valor entre los enemigos, -hasta que de un flechazo y una bala todo junto murió. -Siguióse la victoria por nuestra parte hasta que del todo -se rindió Galera, sin dejar en ella cosa que la contrastase -que todo no lo pasasen á cuchillo. Repartióse el despojo y -presa que en ella habia, y púsose el lugar á fuego, y así -por no dejar nido para rebelados, como porque de los cuerpos -muertos no resultase alguna corrupcion: lo cual todo -acabado ordenó D. Juan que el ejército marchase para Baza -adonde fue recibido con mucho regocijo.</p> - -<p>Hallábase Abenabó en Andarax resoluto de dejar al duque -el paso de la Alpujarra, combatille los alojamientos, -atajarle las escoltas, cierto que la gente cansada, hambrienta, -sin ganancia, le dejaria. Este dicen que fue parecer de<span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span> -los turcos, ó que le tuviesen por mas seguro, ó que hubiesen -comenzado á tratar con D. Juan de su tornada á Berbería, -como lo hicieron, y no quisiesen despertar ocasiones -con que se rompiese el tratado. Pero á quien considera la -manera que en esta guerra se tuvo de proceder por su parte -desde el principio hasta el fin, pareceránle hombres que -procuraban detenerse, sin hacer jornada, por falta de cabezas -y gente diestra, ó con esperanza de ser socorridos -para conservarse en la tierra, ó de armada para irse á Berbería -con sus mujeres, hijos, y haciendas: y así teniendo -muchas ocasiones, las dejaron perder como irresolutos y -poco pláticos. Partió de Orgiba el duque, despues de haberse -detenido en fortificarla y esperar la entrada de D. -Juan treinta dias, la vuelta de Poqueira: mas Abenabó, teniendo -aviso que el duque partia, y que de Granada pasara -una gruesa escolta al cargo del capitan Andrés de Mesa, -con cuatrocientos soldados de guarda y algunos caballos, -púsose delante en el camino que va á Jubiles por donde el -duque habia de pasar, haciendo muestra de mucha gente, -y tener ocupadas las cumbres: trabó una gruesa escaramuza -con la arcabucería del duque, haciendo espaldas con -cuasi seis mil hombres en cuatro batallas. Reforzó el duque -la escaramuza apartando los enemigos con la artillería; -y tomó el camino de Poqueira por el rodeo: los enemigos -creyendo que el duque les tomaba las espaldas, desampararon -el sitio: mas en el tiempo que duró la escaramuza -acometieron á la escolta de Andrés de Mesa, en la cuesta -de Lanjaron, Dali capitan turco y el Macox con mil hombres, -y rompiéronla sin matar ó cautivar mas de quince: -solo se ocuparon en derramar vituallas, matar bagajes, -escoger y llevar otros cargados: pelearon al principio, pero -poco; mataron el caballo á D. Pedro de Velasco, que aquel -dia fue buen caballero y salvóse á las ancas de otro. Enviábale -el rey á dar priesa en la salida del duque, y llevar relacion -del campo, y mandar lo que se habia de hacer. Súpose -de un moro á quien cautivaron tres soldados que solo<span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span> -siguieron el campo de Abenabó, como su intento solo habia -sido entretener al duque: pero él luego que entendió el -caso de Andrés de Mesa, mas por sospechas que por aviso, -envió caballería que le hiciese espaldas, y llegaron á tiempo -que hicieron provecho en salvar la gente ya rota, y parte -de la escolta. Hecho esto se siguió el camino de los aljibes -entre Ferreira y rio de Cadiar por el de Jubiles, y aquella -noche tarde hizo alojamiento en ellos. Tenia la guardia -Joaibi con quinientos arcabuceros, que viendo alojar los -nuestros tarde y con cansancio y por esto con alguna desórden, -dió en el campo, y túvole en arma gran parte de la -noche, llegando hácia el cuerpo de guardia, y matando alguna -gente desmandada, pero fue resistido sin seguillo, -por no dar ocasion á la gente que se desordenase de noche. -Dicen que si los enemigos aquella noche cargaran, que se -corria peligro; porque la confusion fue grande, y la palabra -entre la gente comun, viles, que mostraba miedo: mas -valió el ánimo y la resolucion de la gente particular, y la -provision del duque enderezada á deshacer los enemigos -sin aventurar un dia de jornada: en que parecian conformarse -Abenabó y él; porque cada uno pensaba deshacer -al otro y rompelle con el tiempo y falta de vitualla, y salieron -ambos con su pretension. Envió Abenabó á retirar -al Joaibi, siguiendo el parecer de los turcos, y despues -por bando público mandó, que sin órden suya no se escaramuzase, -ni desasosegasen nuestro campo. Vino el duque -á Jubiles por el camino de Ferreira, adonde halló el castillo -desamparado, y comenzado á reparar, envió á D. Luis -de Córdoba, y á D. Luis de Cardona, con cada mil infantes, -y ciento y cincuenta caballos, que corriesen la tierra -á una y otra parte, pero no hallaron sino algunas mujeres -y niños: y llegó á Ujijar, sin dejar los moros de mostrarse -á la retaguardia, y de allí sin estorbo á Valor, donde se -alojaron.</p> - -<p>Salió D. Juan de Baza la vuelta de Seron con intento de combatilla, -y llegando con su campo á vista de Caniles, recibió<span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span> -cartas del duque pidiéndole con grande instancia la brevedad -de su venida, proponiéndole ser toda la importancia -para que hubiese fin la guerra del Alpujarra, dando por último -remedio que se juntasen los dos campos, y cogiesen -en medio á Abenabó. Pareciéndole á D. Juan este buen medio, -sin mas detenerse caminó la vuelta del campo del duque, -y marchando el suyo llegaron á vista de Seron, donde -algunos pocos soldados desmandados viendo los moros -tan puestos en defensa, no lo pudiendo sufrir, se movieron -á quererlos combatir (contra el presupuesto de D. Juan) -diciendo en alta voz: nuestro príncipe piensa vanamente, -si pretende pasar de aquí sin castigar esta desvergüenza, y -diciendo: Cierra, cierra, Santiago y á ellos, los siguieron -otros muchos incitados de su ejemplo, y tras ellos toda la -demás gente sin que valiese ninguna resistencia; y sin mas -autoridad ni órden embistieron el lugar con tan grande ímpetu, -que aunque salieron los moros de Tijola, no fue parte -para que dejasen de allanar el lugar del primer asalto, y -le metiesen á sacomano: aunque no les salió á algunos tan -barata esta jornada, la cual lo poco que duró fue bien reñida, -y adonde entre otros fue herido Luis Quijada de un -peligroso balazo que le quitó la vida con grande sentimiento -de D. Juan conforme al mucho amor que le tenia. No tuvo -aun casi lugar D. Juan de atender á este sentimiento, provocado -de mil moros que se metieron en Seron, y le dieron -ocasion de mas batalla; y no la rehusando, volvió sobre ellos -con deseo de acabar esta ocasion por acudir á las cosas del -Alpujarra, lo cual hizo despues de algunas dificultades livianas -con un asalto que fue el remate de esta vitoria. -Este dia se señaló D. Lope de Acuña, mostrando bien el -gran ser de que siempre estuvo acompañado en muchas -ocasiones.</p> - -<p>Abenabó, visto que el duque de Sesa estaba en el corazon -de la Alpujarra, repartió su campo y la gente de vecinos que -traía consigo; puso ochocientos hombres entre el duque y -Orgiba, para estorbar las escoltas de Granada; envió mil<span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span> -con Mojajar á la sierra de Gador, y á lo de Andarax, Adra, -y tierra de Almería: seiscientos con Garral á la sierra de -Bentomiz, de donde habia salido D. Antonio de Luna, dejando -proveido el fuerte de Competa, para correr tierra -de Velez; envió parte de su gente á la sierra Nevada y el -Puntal, que corriesen lo de Granada: quedó él con cuatro -mil arcabuceros y ballesteros, y de estos traía los dos mil -sobre el campo del duque, que con la pérdida de la escolta -estaba en necesidad de mantenimientos: pero entretúvose -con fruta seca, pescado y aceite, y algun refresco que Pedro -Verdugo le enviaba de Málaga, hasta que viendo por -todas partes ocupados los pasos: mandó al marqués de la -Favara, que con mil hombres y cien caballos, y gran número -de bagajes atravesase el puerto de la Ravaha, y cargase -de vitualla en la Calahorra: porque fuese dos veces -nombrada con hambre y hierro en daño nuestro; adonde -habia hecha provision, y tan poco camino que en un dia -se podia ir y venir. Dicen que el marqués rehusó la gente -que se le daba, por ser la que vino de Sevilla, pero no la -jornada; y siendo asegurado que fuese cual convenia, partió -antes de amanecer con las compañías de Sevilla, y sesenta -caballos de retaguardia: y él con trescientos infantes -y cuarenta caballos de vanguardia; los embarazos de bagajes, -y bagajeros, enfermos, esclavos en medio; la escolta -guarnecida de una y otra parte con arcabucería. Mas porque -parece que en la gente de Sevilla se pone mácula, -siendo de las mas calificadas ciudades que hay en el mundo, -hase de entender, que en ella como en todas las otras se -juntan tres suertes de personas: unas naturales, y estos -cuasi así la nobleza como el pueblo son discretos, animosos, -ricos, atienden á vivir con sus haciendas ó de sus manos; -pocos salen á buscar su vida fuera, por estar en casa -bien acomodados: hay tambien extranjeros, á quien el trato -de las Indias, la grandeza de la ciudad, la ocasion de -ganancia ha hecho naturales, bien ocupados en sus negocios, -sin salir á otros; mas los hombres forasteros que de<span class="pagenum"><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span> -otras partes se juntan al nombre de las armadas, al concurso -de las riquezas, gente ociosa, corrillera, pendenciera, -tahura, hacen de las mujeres públicas ganancia particular, -movida por el humo de las viandas; estos como se -mueven por el dinero que se da de mano á mano, por el -sonido de las cajas, listas de las banderas; así facilmente las -desamparan, con el temor de ellas en cualquier necesidad -apretada, y á veces por voluntad: tal era la gente que salió -en guardia de aquella escolta. El marqués, sin noticia de -los enemigos ni de la tierra, sin ocupar lugares ventajosos, -y confiado que la retaguardia haria lo mismo, como quien -llevaba en el ánimo la necesidad en que dejaba el campo, -y no que la diligencia fuera de tiempo es por la mayor parte -dañosa comenzó á caminar aprisa con la vanguardia: -pero los últimos que aun sin impedimento suelen de suyo -detenerse y hacer cola, porque el delantero no espera, y -estorba á los que le siguen, y el postrero es estorbado, y -espera; abrieron mucho espacio entre sí, y la escolta hizo -lo mismo entre sí y la vanguardia. Mas Abenabó, incierto -por donde caminaria tanto número de gente, mandó al alcaide -Alarabi, á cuyo cargo estaba la tierra del Zenette, -que siguiese con quinientos hombres (Zenette llaman aquella -provincia, ó por ser áspera, ó por haber sido poblada de -los Zenettes; uno de cinco linajes alárabes que conquistaron -á África y pasaron en España, que es lo mas cierto). -Partió el Alarabi su gente en tres partes, él con cien hombres -quiso dar en la escolta: al Piceni de Guejar con doscientos -ordenó que acometiese la retaguardia por la frente: -y al Martel del Zenette con otros doscientos la rezaga de la -vanguardia, entrando entre la escolta y ella, al tiempo que -él diese en la escolta; y en caso que no le viesen cargar con -toda la gente, que estuviesen quedos y emboscados, dejándola -pasar. Los nuestros parándose á robar pocas vacas y -mujeres, que por ventura los enemigos habian soltado para -dividirlos y desordenarlos, fueron acometidos del Alarabi -con solos cuatro arcabuceros por la escolta, cargados de<span class="pagenum"><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span> -otros treinta que les hacian espaldas, y puestos en confusion: -tras esto cargó el resto de la gente del Alarabi, que -rompió del todo la escolta, sin hacer resistencia los que iban -á la defensa. Dió el Piceni en la caballería, que era de retaguardia, -la cual rompió, y ella la infantería; lo mismo hizo -Martel con los últimos de la vanguardia del marqués al -arroyo de Vayarzal, lo uno y lo otro tan callando, que no -se sintió voz ni palabra. Iba el Piceni ejecutando la retaguardia -de manera, que parecia á los nuestros que lo vian ir -ejecutando al Martel. Siguieron este alcance sin volver la -caballería, ni rehacerse la infantería hasta cerca de la Calahorra, -todos á una, matando el Alarabi enfermos y bagajeros, -y desviando bagajes; llegó el arma con el silencio -y miedo de los nuestros al marqués tan tarde, que no pudo -remediar el inconveniente, aunque con veinte caballos -y algunos arcabuceros procuró llegar: murieron muchos -enfermos que iban en la escolta, muchos de los moros y -bagajeros; entre estos y soldados cuasi mil personas: quitaron -setenta moriscas cautivas, y lleváronse mas de trescientas -bestias sin las que mataron; cautivaron quince -hombres, no perdieron uno, aconteció esta desgracia en -16 de abril. Llevó el marqués las sobras de la gente rota y -lo demás de lo que pudo salvar á la Calahorra, y reformándose -de gente en Guadix, salió adonde estaba D. Juan. Los -enemigos, habiendo puesto la presa en cobro, quedaron -seis dias en el paso y por la sierra.</p> - -<p>Mas el duque entendiendo la desgracia, y el poco aparejo -de proveerse por la parte de Guadix, fiando poco de la gente, -quiso acercarse mas á la mar por haber vitualla de Málaga; -y por ser el abril entrado, y dar el gasto á los panes, -quitar á los enemigos el paso para Berbería, vino á Verja -ya despues de haber talado la cogida en el Alpujarra: y hizo -lo mismo en el campo de Dalias, donde tenian las esperanzas -de cebada y grano. Al alojar en Verja hubo una pequeña -escaramuza, en que murieron de los nuestros algunos; -de los moros segun ellos cuarenta. Mas la hambre y<span class="pagenum"><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span> -poca ganancia, y el trabajo de la guerra, y la costumbre de -servir á su voluntad y no á la de quien los manda, pudo -con los soldados tanto, que sin respeto de que hubiesen -sido bien tratados de palabra, y ayudados de obra, con dinero, -con vitualla, quitando lo uno y lo otro á la gente de -su casa, y á veces á su persona, se desranchaban como -habian hecho con el marqués de Velez: pero acostumbrado -á ver y sufrir semejantes vueltas en los soldados, vino de -Verja á Adra, donde tuvo mas vitualla, aunque no mas sosiego -con la gente: parecíales desacato culparle, y volvianse -contra D. Juan de Mendoza, y decian palabras sin causa; -acriminábanle la muerte de un soldado de quien hizo justicia -como juez, porque debia ser loado; amenazaban, protestaban -de no quedar á su gobierno; excusábanse de D. -Juan que ya andaba entre ellos recatado: no dejaban de -poner bolatines (llaman ellos bolatines, las cédulas que de -noche esparcen con las quejas contra sus cabezas cuando -andan en celo para amotinarse, en que declaran su ánimo, -y mueven los no determinados con quejas y causas de sus cabezas); -saliéronse de Adra trescientos arcabuceros, ó fuese, -segun ellos publicaban, haciendo escolta á un correo: -y dando en los enemigos fueron los doscientos y treinta -muertos por el alcaide Alarabi y el Mojajar, y cautivos setenta: -no se supo mas de lo que los moros refieren, y que -entendiendo de uno de los cautivos como nuestro campo habia -desalojado de Ujijar con pérdida y desórden, y dejado -municiones escondidas, sacaron de un aljibe cantidad de -plomo, municiones y embarazos. En el mismo tiempo mataron -los moros, que Abenabó enviaba la vuelta de Bentomiz, -gente de sus casas que iban á Salobreña, y entre ellos -mercaderes italianos y españoles, tomándoles el dinero: y -los que envió hácia Granada cautivaron peleando con muchas -heridas á D. Diego Osorio, que venia con despachos -del rey para D. Juan y el duque, en que se trataba la resolucion -de la guerra, y concierto que se habia platicado con -los moros y turcos por mano del Habaqui; matáronle veinte<span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span> -arcabuceros de escolta, y él tuvo manera como soltarse; -y aunque herido, vino sin las cartas á Adra.</p> - -<p>Ya D. Juan trataba con calor la reduccion de los moros, -y la ida de los turcos á Berbería: mas algunos de los ministros -(ó que les pareciese hacer su parte, y prevenir las -gracias á D. Juan, ó que mas facilmente se podia acabar, -cuanto por mas partes se tratase con ellos) metiéronse á -platicar de conciertos (dicen que algunos sobresanadamente) -y dejaban de condenar la manera del trato que D. Juan -traía, holgando que se publicasen por concedidas las condiciones -que los enemigos pedian, aunque exorbitantes. -Por otra parte en Granada cuanto á la guerra se procedia -con toda seguridad en el gobierno del presidente; pero -cuanto á la paz con licencia, en el tratamiento que se hacia á -los moriscos reducidos, y que venian á reducirse, y poniendo -algunos impedimentos, y mostrando celos de D. Alonso -Menegas, enviaban moriscos á toda Castilla: sacaban los -ministros muchos para galeras, denostaban á los que se -iban á rendir, y por livianas causas los daban por cautivos, -su ropa perdida; trataban del encierro como perjudicial, -ayudábanse por vias indirectas del cabildo de la ciudad que -estaba oprimido y sujeto á la voluntad de pocos, todo en -ocasion de estorbo: no dando cuenta particular á D. Juan para -que él la diese al rey, haciendo cabeza de sí mismos, escribiendo -primero por su parte con palabras sobresanadas, -tocaban á veces en su autoridad, ó fuese (segun el pueblo) -para que las armas no les saliesen de las manos, ó ambiciones -de su opinion, por excluir toda manera de medios, que -no fuese sangre, ofendidos que pasase algo sin darles cuenta -particular. Los efectos manifiestos daban licencia para que -fuesen juzgados diversamente, y todos en daño del negocio; -y aun añadian que estando el rey en Córdoba, no faltaba -atrevimiento para escribir trocadamente, y hacer negociacion -del estorbo, sospechando él alguna cosa: atrevimiento -que suele acontecer á los que andan por las Indias, -con los que desde España los gobiernan; por donde hay<span class="pagenum"><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span> -mas que maravillar de la disimulacion que los reyes tienen -cuando siguen sus pretensiones, que pasan por los estorbos -sin dar á entender que son ofendidos.</p> - -<p>Tenia el duque avisos ansí por espías como por cartas tomadas, -que los turcos se armaban para socorrer á Abenabó, -por la parte de Castil de Ferro, aunque pequeño, á -propósito para desembarcar gente, y por el aparejo de la -Rambla juntarse seguramente con los enemigos. Parecíale -que si esto se hacia, deshaciéndose por horas de su gente, -podia ser ofendido, ó á lo menos encerrado con poca reputacion -nuestra, y mucha de ellos. Acordó combatir aquella -plaza y los enemigos, si viniesen á socorrerla; y trujo por -mar de Almería piezas de batir, púsose sobre ella, repartió -los cuarteles, vinieron las galeras en ayuda y para -impedir el socorro de Argel, encomendó la batería al marqués -de la Favara, que puso diligencia en asentarla. Llegóse -y combatió por mar con las galeras, y por tierra con tanta -priesa, que abrió portillo para batalla. Murieron dentro -algunos con la artillería, y entre los principales Leandro; -á cuyo cargo estaba el castillo, sin otro daño nuestro mas -del poco que sus piezas hicieron en una galera. Los soldados -turcos y moros que estaban á la defensa, que eran cincuenta -y dos, desconfiados del socorro de Berbería, sus armas -en las manos y una mujer consigo, salieron por la batería -y nuestras centinelas, con la escuridad de la noche y -confusion de la arma, guiándolos Mevaebal, su capitan, -que dos dias antes habia entrado. Es fama (que de los nuestros -procedió) que de ellos murieron doce, pero no se vieron -en nuestro campo, y refieren los moros que todos llegaron -al de Abenabó, algunos de ellos heridos. Desamparado -Castil de Ferro envió por la mañana á D. Juan de Mendoza -y al marqués de la Favara y otros, que se apoderasen -de él. Hallaron dentro algunos viejos, y berberíes, y turcos -mercaderes, hasta veinte hombres, y diez y siete mujeres -de moriscos que las tenian para embarcar, alguna ropa, -veinte quintales de bizcocho, y la artillería que antes<span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span> -estaba en el castillo poca y ruin. Entendióse por uno de estos -moros que estándole batiendo llegaron catorce galeras -de turcos con socorro, y se tornaron oyendo el ruido de la -artillería. Sonó la toma de Castil de Ferro, tanto por el aparejo -y la importancia del sitio, por haber sido perdido y recuperado, -por ser en ocasion que los enemigos venian á -darle socorro, cuanto por la calidad del hecho.</p> - -<p>En el mismo tiempo envió D. Juan á D. Antonio de Luna -con mil y quinientos infantes de la tierra, las compañías -del duque de Sesa y Alcalá, y la caballería de los duques -de Medina Sidonia y Arcos, para que asegurase la -tierra de Velez Málaga contra los que en Frijiliana se habian -recogido. Salió de Antequera con esta gente, mas con poco -trabajo, escaramuzando á veces, unas con ventaja suya, -otras de los moros, comenzó un fuerte en Competa, legua -y media de Frijiliana, lugar que fue donde antiguamente se -juntaban de la comarca en una feria, y por esto le llamaban -los romanos <i>Compita</i>, agora piedras y cimientos viejos, -como quedaron muchos en el reino de Granada: otro -hizo en el Saliar; y con haber enviado mil hombres á correr -el rio de Chillar, y tornado con poca presa y pérdida -igual, dejando en los fuertes cada dos compañías, volvió la -gente á Antequera, y él á su casa con licencia. Recogióse -el duque con su campo en Adra esperando en que pararia -la plática que se traía con el Habaqui, donde fue proveido -de Málaga por Pedro Verdugo bastantemente, y con algun -regalo. Pasaban seguras las escoltas de su campo al de Don -Juan; pero los soldados, gente libre y disoluta, á quien por -entonces la falta de pagas y vitualla habia dado mas licencia, -y quitado á los ministros el aparejo de castigarlos, estaban -con igual descontentamiento en la abundancia que -en la hambre; huían como, y por donde, y siempre que -podian; de tantas compañías quedaron solos mil y quinientos -hombres, los mas de ellos particulares y caballeros que -seguian al duque por amistad; con ellos mantenia y aseguraba -mar y tierra. Tornó el rey á Córdoba por Jaen y por<span class="pagenum"><a name="Page_155" id="Page_155">[155]</a></span> -Ubeda y Baeza, remitiendo la conclusion de las cortes para -Madrid donde llegó.</p> - -<p>No era negocio de menos importancia y peligro lo de la -sierra de Ronda, porque estaba cubierto, y los ánimos de -los moriscos con la misma indignacion que los de la Alpujarra -y rio de Almería y Almanzora: montaña áspera y difícil, -de pasos estrechos, rotos en muchas partes, ó atajados -con piedras mal puestas, y árboles cortados y atravesados; -aparejos de gente prevenida. El consejo mas seguro -pareció al rey, antes que se acabasen de declarar, asegurarse, -sacándolos fuera de la tierra con sus familias como -á los demás. Para esto mandó á D. Juan que enviase á Don -Antonio de Luna con la gente que le pareciese, y que por -halagos y con palabras blandas, sin hacerles fuerza ni agravio, -ó darles ocasion de tomar las armas, los pusiese en -tierra de Castilla adentro, enviando con ellos guarda bastante. -Recibida la órden de D. Juan partió D. Antonio de -Antequera á 20 de mayo, llevando consigo dos mil y quinientos -infantes de guarda de aquella ciudad, y cincuenta -caballos. Era toda la gente que D. Antonio sacó de Ronda -cuatro mil y quinientos infantes, y ciento y diez caballos. -El dia que partió, envió á Pedro Bermudez, á quien el rey -habia enviado á la guardia de aquella ciudad, para que con -quinientos infantes en Jubrique, pueblo de importancia y -lugar á propósito, estuviese haciendo espaldas á los que habian -de sacar los moriscos: juntamente repartió las compañías -por otros lugares de la tierra; dándoles órden que en -una hora todos á un tiempo comenzasen á sacar los moros -de sus casas. Partieron el sol levantado á las ocho horas de -la mañana. Mas los moros, que estaban sospechosos y recatados, -como descubrieron nuestra gente, subiéronse con -sus armas á la montaña, desamparando casas, mujeres, -hijos y ganados: comenzaron á robar los soldados (como es -costumbre), cargarse de ropa, hacer esclavos toda manera -de gente, hiriendo, matando sin diferencia á quien daba -alguna manera de estorbo. Vista por los moros la desórden,<span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span> -bajaban por la sierra, mataban los soldados, que codiciosos -y embebidos con el robo desampararon la defensa de sí -mismos y de sus banderas: iba esta desórden creciendo con -la escuridad de la noche: mas Pedro Bermudez, hombre -usado en la guerra, dejando alguna gente en la iglesia de -Jubrique á la guarda de las mujeres, niños y viejos, que -allí tenia recogidos, escogió fuera del lugar sitio fuerte donde -se recogiese: entraron los moros en el lugar, y combatiendo -la iglesia sacaron los que en ella estaban encerrados, -quemándola con los soldados sin que pudiesen ser socorridos: -luego acometieron á Pedro Bermudez, que perdió -cuarenta hombres en el combate, y hubo algunos heridos -de una y otra parte, y con tanto se acogieron los enemigos -á la sierra.</p> - -<p>Vista por D. Antonio la desórden, y lo poco se habia hecho, -retiró las banderas con hasta mil y doscientas personas; -pero con muchos esclavos y esclavas, ropa y ganado -en poder de los soldados, sin ser parte para estorbarlo: recogióse -á Ronda, donde, y en la comarca la gente públicamente -vendia la presa, como si fuera ganada de enemigos. -Deshízose todo aquel pequeño campo, como suelen -los hombres que han hecho ganancia, y temen por ello castigo; -pues enviando la gente que sacó de Antequera á sus -aposentos, y cuasi las mil y doscientas personas á Castilla -sin hacer mas efecto, partió para Sevilla á dar al rey cuenta -del suceso. Cargaban á D. Antonio los de Ronda y los -moros juntamente: los de Ronda, que habiendo de amanecer -sobre los lugares, habia sacado la gente á las ocho -del dia, y que la habia dividido en muchas partes; que habia -dado confusa la órden dejando libertad á los capitanes: -los moros, que les habian quebrantado la seguridad y palabra -del rey que tenian como por religion ó vínculo inviolable; -que estando resueltos de obedecer á los mandamientos -de su señor natural, les habian por este acatamiento -y sacrificio que hacian de sus casas, mujeres y hijos, y de -sí mismos, robado y dejado por hacienda y libertad, las armas<span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span> -que tenian en las manos, y la aspereza y esterilidad de -la montaña, donde por salvar las vidas se habian acogido, -aparejados á dejarlo todo, si les restituían las mujeres y hijos, -y viejos cautivos, y ropa que con mediana diligencia -pudiese cobrarse. Habia tantos interesados, que por solo esto -fueron tenidos por enemigos; no embargante que se hallase -haberse movido provocados y en defension de sus vidas. -Excusábase D. Antonio con haber repartido la gente como -convenia por tierra áspera y no conocida; poderse caminar -mal de noche; que partida la gente, á ciegas, deshilada, -facilmente pudiera ser salteada y oprimida de enemigos avisados, -pláticos en los pasos, y cubiertos con la escuridad de -la noche; la gente libre, mal mandada, peor disciplinada, -que no conoce capitanes ni oficiales, que aun el sonido de la -caja no entendian; sin órden, sin señal de guerra, solamente -atentos al regalo de sus casas, y al robo de las ajenas: -fueron admitidas las razones de D. Antonio por ser caballero -de verdad y de crédito, y dada toda la culpa á la -desórden de la gente, confirmada ya con muchos sucesos -en daño suyo.</p> - -<p>Ido D. Antonio, salió la gente de la comarca, cristianos -viejos, á robar por los lugares, mujeres, niños, ganados; -sobras de la de D. Antonio que fue como he dicho creido, por -tenerse buen crédito de su persona, y por no tenerse bueno -por entonces de los soldados en comun. Mas los enemigos -persuadidos de los que habian huido de la Alpujarra, y -libres de todos los embarazos, despojados de lo que se suele -querer bien y dar cuidado, comenzaron á hacer la guerra -descubiertamente, recoger las mujeres, hijos y vitualla -que les habia quedado; fortificarse en sierra Bermeja y sierra -de Istan; tomar la mar á las espaldas para recibir socorro -de Berbería, y bajar hasta las puertas de Ronda; desasosegar -la tierra, robar ganados, cautivar, matar labradores, -no como salteadores, sino como enemigos declarados. -Estaba como tengo dicho á la sazon el rey D. Felipe en Sevilla, -suplicado por la ciudad, que viniese á recibir en ella -servicio.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span></p> - -<p>Sevilla es en nuestro tiempo de las célebres, ricas y populosas -ciudades del mundo: concurren á ella mercaderes -de todo poniente, especialmente del nuevo mundo que llamamos -Indias, con oro, plata, piedras, esmeraldas, poco -menores que las que maravillaba la antigüedad en tiempo -de los reyes de Egipto: pero en gran abundancia, cueros y -azúcar, y la yerba que sucede en lugar de púrpura, ó -(por usar del vocablo arábigo y comun) carmesí; cochinilla -la llaman los indios, donde ella se cria. Fue Sevilla la -segunda escala que pobladores de España hicieron, cuando -con el gran rey y capitan Baco (á quien llamaban Libero -por otro nombre) vinieron á conquistar el mundo. La ocasion -nos convida tratando de tan gran ciudad á declarar -nuestra opinion, como en cosa tan dudosa por su antigüedad, -acerca de la fundacion de ella, y del nombre de toda -España. Dese la autoridad á los escritores, y el crédito á -las conjeturas. Marco Varron, autor gravísimo, y diligente -en buscar los principios de los pueblos, dice (segun Plinio -refiere) que en España vinieron los persas, iberos y fenices, -todas naciones de oriente, con Baco. Por este se entiende -tambien haber sido hecha la empresa de la India, -segun los escritos de Nono, poeta griego, que compuso -de los hechos de Baco, y llamó Dionysiaca, porque se llamaba, -demás del nombre de Baco, y Libero, Dionysio. Dice -tambien Salustio en sus historias haber él mismo pasado -en Berbería, y dado principio á muchas naciones: con -este Baco vinieron capitanes hombres señalados, y mujeres -que celebraban su nombre, uno de los cuales se llamó -Luso; y una de las mujeres Lyssa, que dice el mismo Marco -Varron haber dado el nombre á la parte de Portugal, -que antiguamente llamaban Lusitania. Tuvo Baco un lugarteniente -que dijeron Pan, hombre áspero y rústico, á -quien la antigüedad honró por Dios de los pastores, ó quizá -eran conformes en el nombre; pero por intervenir en -las procesiones ó fiestas de Baco el Pan, se puede creer ser -el mismo: este Pan, dice Varron que dió nombre á toda<span class="pagenum"><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span> -España, y lo mismo Appiano Alejandrino en sus historias, -en el libro que llaman Español, y en griego Iberice. <i>Panios</i> -quiere decir cosa de Pan; y el <i>hi</i>, que tiene delante, dice -el artículo, que juntado con el <i>panios</i>, dirá la tierra ó provincia -de Pan<a name="FNanchor_55_55" id="FNanchor_55_55"></a><a href="#Footnote_55_55" class="fnanchor">[55]</a>: quedó á los españoles el vocablo griego, -ni mas ni menos que los griegos lo pronuncian, ambiciosos -de dar nombre en su lengua á las naciones hispánicas; y -pronunciámoslo nosotros España: de aquí vino á decirse -que Hispan, ó el Pan que los griegos llaman lugarteniente, -fue sobrino de Hércules, y que dió el nombre á España. -Lo cierto es que Baco dejó por aquella comarca lugares del -nombre de los que le seguian; y que dos veces vino el que -llamaron Hércules, ó fuesen dos Hércules en aquella parte -de España. El nombre pudo venir á Sevilla de haber sido -poblada, cuando la segunda vez Hércules, ó fuese Baco, ó -fuese Hércules tebano vino en España; y si así fue, presupuesto -que en la lengua griega <i>palin</i> quiere decir otra vez, -y <i>hi</i>, la, el nombre de Hispalis querrá decir la de otra vez, -porque los griegos son fáciles en acabar en la letra <i>s</i>. Demás -del concurso de mercaderes y extranjeros, moran en -Sevilla tantos señores y caballeros principales, como suele -haber en un gran reino; entre ellos hay dos casas ambas -venidas del reino de Leon, ambas de grande autoridad y -grande nobleza, y en que unos, ó otros tiempos no faltaron -grandes capitanes: una la casa de Guzman duques de Medina -Sidonia, que en tiempo antiguo fue poblacion de los de -Tiro, poco despues de poblada Cádiz, destruida por los -griegos y gente de la tierra, restaurada por los moros segun -el nombre lo muestra; porque en su lengua <i>medina</i> -quiere decir lo que en la nuestra puebla; como si dijésemos -la puebla de Sidonia: este linaje moró gran tiempo en -las montañas de Leon, y vinieron con el rey D. Alonso -el VI á la conquista de Toledo, y de allí con el rey D. Fernando -el III á la de Sevilla, dejando un lugar de su nombre,<span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span> -de donde tomaron el nombre con otros treinta y ocho lugares -de que entonces eran ya señores. El fundador de la -casa fue el que, guardando á Tarifa, echó el cuchillo con -que degollaron á su hijo que tenia por hostaje, por no rendir -él la tierra á los moros. La otra casa es de los Ponces de -Leon, descendientes del conde Hernan Ponce que murió -en el portillo de Leon, cuando Almanzor, rey de Córdoba, -la tomó; dicen traer su orígen de los romanos que poblaron -á Leon, y su nombre de la misma ciudad; duques en otro -tiempo de Cádiz hasta el que escaló á Alhama, y dió principio -á la guerra de Granada, y despues que sus nietos -fueron en tutorías despojados del estado por los reyes D. Fernando -y D.ª Isabel, se llamaron duques de Arcos, que los -antiguos españoles decian Arcobrica, poblacion de las primeras -de España, antes que viniesen los de Tiro á poblar -Cádiz. Los señores de aquestas dos casas siempre fueron -émulos de aquella ciudad, y aun cabezas á quien se arrimaban -otras muchas de la Andalucía: de la de Medina era -señor D. Alonso de Guzman, mozo de grandes esperanzas; -de la de Arcos D. Luis Ponce de Leon, hombre que en la -empresa de Durlan habia seguido sin sueldo las banderas del -rey D. Felipe, inclinado y atento á la arte de la guerra: á -estos dos grandes encomendó el rey el sosiego y pacificacion -de la sierra de Ronda, por tener á ella vecinos sus estados. -Grandes llaman en España los señores á quien el rey -manda cubrir la cabeza, sentar en actos y lugares públicos, -y la reina se levanta del estrado á recibir á ellos y á -sus mujeres, y les manda dar por honra cojin en que se -sienten, ceremonias que van y vienen con los tiempos y voluntades -de los príncipes; pero firmes en España en solas -doce casas<a name="FNanchor_56_56" id="FNanchor_56_56"></a><a href="#Footnote_56_56" class="fnanchor">[56]</a>, entre las cuales estas dos son y fueron de -grande autoridad. Despues que creció el favor y la riqueza,<span class="pagenum"><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span> -por merced de los reyes han acrecentádose muchas. Dió -poder el rey á estos dos príncipes, para que en su nombre -concertasen y recogiesen los moriscos, y les volviesen las -mujeres, hijos y muebles, y los enviasen por España la -tierra adentro; pues no habian sido partícipes en la rebelion, -y lo sucedido habia sido mas por culpa de ministros -que por la suya. Tenia el duque de Arcos una parte de su -estado en la serranía de Ronda, que hubo su casa por -desigual recompensa de Cádiz, en tiempo de tutorías; parecióle -por aprovechar llegarse á Casares, lugar suyo, y -dende mas cerca tratar con los moros: envió una lengua -que fue y volvió no sin peligro; lo que trajo es, que á -ellos les pesaba de lo acontecido; que por personas suyas -vendrian á tratar con el duque, donde y como él mandase, -y se reducirian y harian lo que se les ordenase con ciertas -condiciones. Esto afirmaron en nombre de todos el Alarabique -y el Ataifar, hombres de gran autoridad y por quien -ellos se gobernaban; bajó el Alarabique y el Ataifar á una -hermita fuera de Casares, y con ellos una persona en nombre -de cada pueblo de los levantados. Mas el duque, por -escandalizarlos menos y mostrar confianza, vino con pocos: -osadía de que suelen suceder inconvenientes á las personas -de tanta calidad. Hablóles, persuadióles con eficacia, y -ellos respondieron lo mismo, dando firmados sus capítulos; -y con decir que daria aviso al rey, se partió de ellos; -mas antes que la respuesta del rey volviese, le vino mandamiento, -que juntando la gente de las ciudades de la Andalucía -vecinas á Ronda, estuviese á punto para hacer la -guerra, en caso que los moros no se quisiesen reducir: -mandó apercibir la gente de Andalucía y de los señores de -ella, de á pie y de á caballo, con vitualla para quince dias, -que era lo que parecia que bastase para dar fin á esta guerra: -en el entretanto que la gente se juntaba, le vino voluntad -de ver y reconocer el fuerte de Calalui en sierra Bermeja<a name="FNanchor_57_57" id="FNanchor_57_57"></a><a href="#Footnote_57_57" class="fnanchor">[57]</a>, -que los moros llaman Gebalhamar, adonde en tiempos<span class="pagenum"><a name="Page_162" id="Page_162">[162]</a></span> -pasados se perdieron D. Alonso de Aguilar y el conde -de Ureña; D. Alonso señalado capitan, y ambos grandes -príncipes entre los andaluces: el de Ureña abuelo suyo de -parte de su madre; y D. Alonso bisabuelo de su mujer. Salió -de Casares descubriendo y asegurando los pasos de la -montaña; provision necesaria por la poca seguridad en -acontecimientos de guerra, y poca certeza de la fortuna. -Comenzaron á subir la sierra, donde se decia que los cuerpos -habian quedado sin sepultura: triste y aborrecible vista -y memoria: habia entre los que miraban nietos y descendientes -de los muertos, ó personas que por oidas conocian -ya los lugares desdichados. Lo primero dieron en la parte -donde paró la vanguardia con su capitan por la escuridad -de la noche, lugar harto extendido y sin mas fortificacion -que la natural, entre el pie de la montaña y el alojamiento -de los moros; blanqueaban calaveras de hombres y huesos -de caballos amontonados, desparcidos, segun, como, y -donde habian parado; pedazos de armas, frenos, despojos -de jaeces: vieron mas adelante el fuerte de los enemigos, -cuyas señales parecian pocas, y bajas, y aportilladas: iban -señalando los pláticos de la tierra donde habian caido oficiales, -capitanes, y gente particular: referian como y donde -se salvaron los que quedaron vivos, y entre ellos el conde -de Ureña y D. Pedro de Aguilar, hijo mayor de D. Alonso: -en que lugar y donde se retrajo D. Alonso y se defendia -entre dos peñas; la herida que el Ferí, cabeza de los moros -le dió primero en la cabeza y despues en el pecho, con que -cayó; las palabras que le dijo andando á brazos: <i>yo soy -D. Alonso</i>; las que el Ferí le respondió cuando le heria: -<i>tú eres D. Alonso, mas yo soy el Ferí de Benastepar</i>, y que -no fueron tan desdichadas las heridas que dió D. Alonso, -como las que recibió. Lloráronle amigos y enemigos, y en -aquel punto renovaron los soldados el sentimiento; gente -desagradecida, sino en las lágrimas. Mandó el general hacer -memoria por los muertos, y rogaron los soldados que estaban -presentes que reposasen en paz, inciertos si rogaban<span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span> -por deudos ó por extraños; y esto les acrecentó la ira y el -deseo de hallar gente contra quien tomar venganza.</p> - -<p>Vista la importancia del lugar, si los enemigos le ocupasen, -envió dende á poco el duque una bandera de infantería, -que entrase en el fuerte y lo guardase. Vino en este -tiempo resolucion del rey que concedia á los moros cuasi -todo lo que le pedian que tocaba al provecho de ellos, y comenzaron -algunos á reducirse; pero con pocas armas, diciendo, -que los que en su campo quedaban no se las dejaban -traer. Habia entre los moros uno llamado el Melqui, -hombre atrevido y escandaloso, imputado de herejía, y -suelto de las cárceles de la inquisicion ido y vuelto á Tituan: -este, ó que le parecia que perdia el crédito de hasta entonces, -ó que fuese obligado al príncipe de Tituan, juntó el -pueblo, que ya estaba resoluto á reducirse, disuadiéndole, -y afirmando lo que con ellos trataba el Alarabique ser engaño -y falsedad, haber recibido del duque nueve mil ducados, -vendido por precio su tierra, su costa, y los hijos, -mujeres y personas de su ley: venidas las galeras á Gibraltar, -la gente levantada, las cuerdas en las manos á punto, -con que los principales habian de ser ahorcados: y el pueblo -atado y puesto perpetuamente al remo, para sufrir hambre, -frio y azotes, y seguir forzados la voluntad de sus enemigos, -sin esperanza de otra libertad sino la muerte. Tuvieron -estas palabras y la persona tanta fuerza, que se persuadió -el pueblo ignorante, y tomando las armas hicieron -pedazos al Alarabique, y á otro compañero suyo berberí, -que era de la misma opinion: con esto mudaron de propósito, -y quedaron mas rebeldes que estaban: algunos que -quisieran reducirse, estorbados por el Melqui con guardas, -y espantados con amenazas, dejaron de hacello: los de Benahabiz, -lugar de importancia en aquella montaña, enviaron -por el perdon del rey con propósito de reducirse; llevólo -un moro llamado el Barcoquí, juntamente con carta -del duque para Marbella, y los que guardaban el fuerte -de Montemayor, que tuviesen cuenta con él y sus compañeros,<span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span> -acompañándolos hasta dejarlos en lugar seguro: -mas la gente ó por codicia de algo (si lo llevaban) ó por estorbar -la reduccion, con que cesaria la guerra, hiciéronlo -tan al contrario, que mataron al Barcoquí: esta desórden -mudó á los de Benahabiz, y confirmó la razon del Melqui -de manera, que no fue parte el castigo que el duque hizo -de ahorcar y echar en galeras los culpados, para estorbar -el motin general. Apercebida la gente, vino el duque á -Ronda, donde hizo su masa, y salió con cuatro mil infantes -y ciento cincuenta caballos, á ponerse algo mas camino -que dos leguas de la sierra de Istan, donde los enemigos le -esperaban fortificados; lugar asperísimo y dificultoso de subir, -las espaldas á la mar; dejando en Ronda á Lope Zapata, -hijo de D. Luis Ponce, para que en su nombre recogiese y -encaminase los moros que viniesen á reducirse: vinieron -pocos ó ningunos escandalizados del caso del Barcoquí, y -espantados, porque en Ronda y Marbella el pueblo habia -rompido la salvaguardia del duque y fe del rey, matando -cuasi cien moros al salir de los lugares. No le pareció al duque -detenerse á hacer el castigo; pero envió por juez al rey, -que castigó los culpados como convenia; y él caminó á la -Fuenfria, donde se encendió fuego en el campo, que puso -en cuidado, ó fuese echado por los enemigos, ó por descuido -de alguno: el autor y el fuego cesó por industria y -diligencia del duque.</p> - -<p>El dia siguiente con mil infantes y alguna caballería reconoció -el fuerte de los enemigos desde la sierra de Arboto -puesta en frente de él, juntamente con el alojamiento y el -lugar de la agua: y aunque se mostraron los enemigos algo -mas abajo fuera de su fuerte, no fueron acometidos; ansí por -ser cerca de la noche, como por esperar á Arévalo de Suazo -con la gente de Málaga. Entretanto puso su guardia en -la sierra de Arboto con harta contradiccion de los enemigos; -porque juntamente acometieron el alojamiento del duque, -y trabaron una escaramuza tan larga que duró tres horas, -no muy apriesa, pero bien extendida: eran ochocientos<span class="pagenum"><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span> -hombres arcabuceros y ballesteros, y algunos con armas -enhastadas: mas visto que con dos banderas de arcabuceros -les tomarian la cumbre, se retiraron á su fuerte con -poco daño de los nuestros, y alguno de los suyos. Reforzóse -la guardia de aquel sitio, por ser de importancia, con -otras dos banderas; y era ya llegado Arévalo de Suazo con -dos mil infantes de Málaga y cien caballos, con que se tomó -resolucion de combatir los enemigos en su fuerte al otro -dia: á la parte del norte que la subida era mas difícil, envió -el duque á Pedro Bermudez con ciento y cincuenta -infantes, que tomase las dos cumbres, que suben al fuerte -con dos banderas de arcabuceros, haciéndoles espaldas con -el rostro á la mano derecha Pedro de Mendoza con otra tanta -gente y la mesma órden, dejando entre sí y Pedro Bermudez -una parte de la montaña que los moros habian quemado, -porque las piedras que desde arriba se tirasen corriesen -por mas descubierto, y con menos estorbo: Arévalo -de Suazo con la gente de su cargo se seguia á la mano derecha, -y con dos banderas de arcabucería delante: mas á -mano derecha de Arévalo de Suazo, Luis Ponce de Leon con -seiscientos arcabuceros por un pinar, camino menos embarazado -que los otros. El duque escogió para sí con el artillería -y caballería y mil y quinientos infantes, el lugar entre -Pedro de Mendoza y Arévalo de Suazo, como mas desembarazado, -así mas descubierto: mandó á Pedro de Mendoza -con mil infantes y algun número de gastadores, que -fuese adelante aderezando los pasos para la caballería, y que -todos al pasar se cubriesen con la falda de la montaña y -quebrada hácia el arroyo, que á un tiempo comenzasen á -subir igualmente y á pequeño paso, guardando el aliento -para su tiempo; quedaba con esta órden la montaña cercada, -sino por la parte de Istan, que no podia con la aspereza -recibir gente. Víanse unos á otros, y todos se podian -cuasi dar las manos: quedó resoluto combatir los enemigos -otro dia á la mañana. Mas los moros viendo que Pedro de -Mendoza estaba mas desviado, y en parte donde no podia<span class="pagenum"><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span> -con tanta diligencia ser socorrido, acometiéronle al caer de -la tarde con poca gente y desmandada, trabando una escaramuza -de tiros perdidos. Pedro de Mendoza, confiado de sí -mismo, soldado de mucho tiempo y no tanta experiencia, -pudiendo guardar la órden y contentarse con estar quedo -y sin peligro, saltó á la escaramuza con demasiado calor. -Deshízose la gente por la montaña arriba sin órden, sin -guardar unos á otros: y los moros unas veces retirándose, -otras reparándose, parecian ir cerrando á los nuestros: -visto el peligro y no pudiéndolo ya estorbar Pedro de Mendoza -(ó fuese recelo ó desconfianza de su poca autoridad -con la gente, aunque la habia tenido para meterla delante), -envió á avisar al duque, pero á tiempo que puesto que hubiese -enviado á retirarla tres capitanes, fue necesitado á tomar -lo alto para reconocer el lugar: el duque con los que -con él se hallaban y los que pudo retirar, atravesó donde -estaban los que subian, y valió tanto su autoridad, que la -gente desmandada se detuvo, y los moros que ya habian -comenzado á desemboscarse y se mostraban á los enemigos, -vista la determinacion del duque se recogieron á su fuerte, -en ocasion de que estaba cerca la noche, y la gente de Pedro -de Mendoza cansada y desordenada, y se temian de algun -desastre, especialmente los que traían á la memoria el -acontecimiento de D. Alonso de Aguilar por los mismos términos.</p> - -<p>Hallóse el duque tan adelante, que vistas las celadas descubiertas, -y los moros puestos en órden de cargar á la gente -que subia, y que era imposible retirallos todos, quiso -aprovecharse de la desórden; y con la gente que traía consigo -y la que habia recogido, todo á un tiempo acometió á -los enemigos, y pegóse con el fuerte de manera, que fue -de los primeros al entrar. Mas los moros, que no osaron -esperar el ímpetu de los nuestros, se descolgaron por lugares -de la montaña, que era luenga y continuada; y de allí -se repartieron, unos á Rioverde, otros á la vuelta de Istan, -otros á la de Monda, y otros á la de sierra Blanquilla; dejando<span class="pagenum"><a name="Page_167" id="Page_167">[167]</a></span> -de sus mujeres y hijos como cuatrocientas personas: -embarazo de guerra, y gente inútil que les comian los bastimentos, -quedando mas ahorrados para hacer la guerra -por aquellas montañas: todavía envió á seguir el alcance -con poco fruto, por ser la noche y tierra tan cerrada; él -pasó en el fuerte de los enemigos sin ropa ni vitualla; y -visto que todos se habian esparcido, y que la montaña -quedaba desamparada, dejó el fuerte; y dando licencia á la -gente de Málaga con órden de correr la tierra á una y otra -parte, pasó con la resta de su campo á Istan, y envió cuatro -compañías sin banderas: el efecto que hicieron las tres, -fue quemar dos barcas grandes que tenian fabricadas para -pasar á Tituan: la cuarta con su capitan Morillo, á quien -el duque mandó que corriese Rioverde, no guardando la órden, -dió en los enemigos no lejos de Monda, en un cerro -que los de la tierra llaman Alborno, á vista de Istan; y seguido, -y rota la gente se retiró: era el lugar tan cerca del -campo, que se oyeron los golpes de arcabuces, y con sospecha -de lo que podia ser, se ordenó al capitan Pedro de -Mendoza socorriese y recogiese la gente. Mas llegando á -vista de los enemigos contentóse con solo recoger algunos -que huían, y estuvo sin pasar adelante, ó fuese temiendo -alguna emboscada (aunque el lugar era gran trecho descubierto), -ó arrepentido de la demasiada diligencia del dia -antes en la sierra de Istan: murió la mayor parte de la -compañía y su capitan peleando. El mismo dia, los moros -que andaban repartidos encontraron con el alcaide de Ronda, -y capitan Ascanio, que con ciento y cincuenta soldados -y otra gente habia salido sin órden y sabiduría del duque, -como hombres que no estaban á su cargo; matáronlos con -la mayor parte de la compañía: el mismo acometimiento -hicieron contra un correo, que partió del campo para Granada -con escolta de cien soldados, aunque con pérdida de -algunos se recogió en Monda. Entendiendo pues el duque -que por la sierra andaba cuantidad de moros, envió órden -á Arévalo de Suazo que con la gente de Málaga tornase á<span class="pagenum"><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span> -Monda; y á D. Sancho de Leiva, general de las galeras de -España, que enviase ochocientos infantes de la gente que -andaba á su cargo; y á Pedro Bermudez que viniese con la -de Ronda, y él con la que habia quedado se vino á esperarlos -á Monda: de donde junta la gente partió ahorrado sin -estorbos la vuelta de Hojen, y allí le encontró D. Alonso de -Leiva, hijo de D. Sancho, con ochocientos soldados de Galera. -Entendíase que los moros esperaban á una legua, y -con este presupuesto ordenó el duque á Pedro Bermudez, -que con mil arcabuceros de los de su cargo tomase la mano -izquierda, y á D. Alonso con la gente que habia tenido fuese -derecho á Hojen por un monte que dicen el Negral; él -con lo demás del campo siguió derecho el Corvachin, tierra -de grande aspereza: con esta órden se llegó á un tiempo al -lugar donde los enemigos habian estado, y de allí bajando -hasta llegar á vista de la Fuengirola, sin hallar otra cosa -sino rastro de gente, y sobras de comida (porque los moros -recelándose que serian descubiertos se habian esparcido -como es su costumbre, y extendido por todas las montañas) -dió el duque licencia á D. Alonso que tornase á embarcarse; -y á Arévalo de Suazo á Málaga, corriendo primero la -tierra: él volvió á Monda y de allí á Marbella. Este lugar es -el que los antiguos llaman Barbesola: mas el que agora llamamos -Monda, pienso que fue poblado de los habitadores -de Monda la vieja, tres leguas mas acá, donde parecen señas -y muestras mas claras de haber sido la antigua Monda, -siguiendo los moros que conquistaron á España su antigua -costumbre, de pasar los moradores de unos lugares á otros -con el nombre del lugar que dejaban: en Ronda y otras partes -se ven estatuas y letreros traidos de Monda la vieja; y -en torno de ella, la campaña, atolladeros, y pantanos en el -arroyo de que Hirtio hace memoria en sus historias.</p> - -<p>Habia ya cumplido la gente de las ciudades y señores el -tiempo que eran obligados á servir por el llamamiento, y -las aguas hartado la tierra para sembrar: faltaba el provecho -de la guerra, por la diligencia que los moros ponian<span class="pagenum"><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span> -en las guardas por todo, en alzar y esconder la ropa, mujeres -y niños, en esparcirse pocos á pocos en las montañas, -y gran parte de ellos pasar á Berbería, donde con -cualquier aparejo tenian la traviesa corta y mas segura, -no podian ser seguidos con ejército formado, y el que habia -se iba poco á poco deshaciendo: pareció consejo de necesidad -enviar la gente á sus casas, y el duque volver á Ronda, -guarnecer los lugares de donde con mayor facilidad los enemigos -pudiesen ser perseguidos y echados de la tierra, y -andar tras de ellos en cuadrillas, sin dejarlos reformar en -alguna parte; mas detuvo la gente de su estado ya diestros -y ejercitados, que servian á su costa, sin sueldo, ni raciones, -dejó gente en Hojen, Istan, Monda, Tollox, Guaro, -Cartagima, Jubrique, y en Ronda, cabeza de toda la sierra. -Habia ya el rey avisado al duque como se determinaba -á un tiempo sacar los moros de Granada á poblar Castilla, -y que estuviese apercebido para cuando le llegase la órden -de D. Juan de Austria. Cuando esto pasaba, llegaron las -cartas de D. Juan en que decia como la salida de los moros -de todo el reino seria el postrero dia de octubre; encomendábale -el secreto hasta el dia que el bando se publicase, -apercebíale para la ejecucion en tierra de Ronda; enviábale -la patente en blanco para que el duque hinchiese la persona -que le pareciese mas á propósito.</p> - -<p>Echando el bando, mandó recoger en el castillo de Ronda -los moros de paces con su ropa, hijos, y mujeres, y en la -patente hinchió el nombre de Flores de Benavides, corregidor -de Gibraltar, ordenándole con seiscientos hombres -de guarda llevar cuasi mil y doscientas personas que serian -los reducidos, hasta dejallos en Illora; para que juntos fuesen -á Castilla con otros de la Vega de Granada. Era ya entrado -el mes de noviembre, con el frio y las aguas en mayor -cuantidad; los enemigos creyendo que por ir los rios -mayores, y las avenidas en las montañas dificultar mas los -pasos, ellos podian extenderse por la tierra, y nuestra gente -ocupada en labrar la suya, se juntaban con dificultad:<span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span> -en todas partes y á todas horas desasosegaban la tierra de -Ronda y Marbella, cautivando labradores, llevando ganados, -y salteando caminos hasta cuasi las puertas de Ronda: -acogíanse en las vertientes de Rioverde, á quien los antiguos -llamaban Barbesola, del nombre de la ciudad que agora -llamamos Marbella, y de allí en las cumbres y contorno -de sierra Blanquilla. El duque por el menudear de los avisos, -y por excusar los daños, que aunque no fuesen señalados -eran continuos, por castigar los enemigos que habian -en Rioverde y en la sierra del Alborno muerto nuestra gente: -porque de la Alpujarra por una parte, y por otra con -la vecindad de Berbería no se criase en aquella montaña -nido; determinó rematar la empresa, combatir los enemigos, -y desarraigallos ó acaballos del todo; salió de Ronda -con mil y quinientos arcabuceros de la guardia de ella, y -gente de señores, y mil de sus vasallos, y con la caballería -que pudo juntar improvisamente: mas antes que llegase, -entendió por avisos de espías, y algunos que se pasaron -de los enemigos, que el número poco mas ó menos era -de tres mil; los dos mil de ellos arcabuceros gobernados -por el Melqui, hombre entre ellos diligente, animoso, y -ofendido, ido y venido á Tituan; que tenian atajados los -pasos con grandes piedras, árboles atravesados; que estaban -resolutos de morir defendiendo la sierra: ordenó á Pedro -de Mendoza que con seiscientos arcabuceros caminase -derecho á la boca del Rioverde, por el pie de la sierra; y á -Lope Zapata, con otros seiscientos á Gaimon, á la parte de -las viñas de Monda: iban estos dos capitanes el uno del otro -media legua, y entre ambos iba el duque con el resto de la -infantería y caballería; ordenó á Pedro Bermudez, y á Cárlos -de Villegas que estaba á la guarda de Istan y Hojen, -con dos compañías y cincuenta caballos, que se saliesen á -un mismo tiempo y con doscientos arcabuceros tomasen lo -alto de la sierra, y las espaldas de los enemigos; que Arévalo -de Suazo partiese de Málaga, y con mil y doscientos -soldados y cincuenta caballos acudiese á la parte de Monda.<span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span> -Todos á un tiempo partieron á la noche para hallarse á la -mañana con los enemigos; mas ellos avisados por un golpe -de arcabuz que habian oido entre la gente de Setenil, mudáronse -del lugar, mejorándose á la parte de Pedro de Mendoza -que era el postrero, por tener la salida mas abierta -comenzó á subir el duque, y Pedro de Mendoza que estaba -mas cerca á pelear con igualdad, y ellos á mejorarse. El duque, -aunque algo apartado, oyendo los golpes de arcabuz, -y visto que se peleaba por aquella parte de Pedro de Mendoza -se mejoró; y por la ladera descubriendo la escaramuza, con -la caballería y con lo que pudo de arcabucería, acometió -los enemigos; llevando cerca de sí á su hijo, mozo cuasi de -trece años, D. Luis Ponce de Leon, cosa usada en otra edad -en aquella casa de los Ponces de Leon, criarse los muchachos -peleando con los moros y tener á sus padres por -maestros: porfiaron algun tanto los enemigos; mas no pudiendo -resistir, tomaron lo alto de la sierra, y de allí se repartieron -á unas y otras partes. Murieron mas de cien hombres -y entre ellos el Melqui su capitan; y si Pedro Bermudez -y Villegas salieran á la hora que se les ordenó, hiciérase -mayor efecto. Habido este buen suceso, repartió el duque -la gente que pudo por cuadrillas para seguir el alcance; -cautivaron á las mujeres, y niños, y ropa que les habia -quedado; mataron en este seguimiento otros ochenta. Quedaron -los moros tan escarmentados, que ni por engaño ni -por fuerza los pudieron hallar juntos en parte de la montaña, -y buscaron tambien la sierra que llaman de Daidin, y -el mismo duque repartió el campo en cuadrillas, pero tampoco -se hallaron personas juntas: con esto, él se tornó á -Ronda, y aquella guerra quedó acabada, la tierra libre de -los enemigos, parte muertos, y parte esparcidos, ó idos á -Berbería.</p> - -<p>He querido tratar tan particularmente de esta guerra de -Ronda; lo uno porque fue varia en su manera, y hecha -con gran sufrimiento del capitan general, y con gente concejil, -sin la que los señores enviaron, y la mayor parte del<span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span> -mismo duque de Arcos: y aunque en ella no hubo grandes -rencuentros, ni pueblos tomados por fuerza, no se trató -con menos cuidado y determinacion, que las de otras partes -de este reino; ni hubo menos desórdenes que corregir -cuando el duque la tomó á su cargo: guerra comenzada, -y suspendida por falta de gente, de dineros, de vitualla, -tornada á restaurar sin lo uno y sin lo otro: pero sola ella -acabada del todo, y fuera de pretensiones, emulaciones, ó -envidias. Lo otro por haberse en tiempos antiguos recogido -en aquellas partes las fuerzas del mundo, y competido César, -y los hijos de Pompeyo, cabezas de él, sobre cual -quedaria con el señorío de todo, hasta que la fortuna determinó -por César, dos leguas de donde está agora Ronda, -y tres de la que llamamos Monda, en la gran batalla cerca -de Monda la vieja, donde hoy dia, como tengo dicho, se -ven impresas señales de despojos, de armas y caballos; y -ven los moradores encontrarse por el aire escuadrones; -óyense voces como de personas que acometen: estantiguas -llama el vulgo español á semejantes apariencias ó fantasmas, -que el vaho de la tierra cuando el sol sale ó se pone -forma en el aire bajo, como se ven en el alto las nubes formadas -en varias figuras y semejanzas.</p> - -<p>Estaba D. Juan en Granada con el duque<a name="FNanchor_58_58" id="FNanchor_58_58"></a><a href="#Footnote_58_58" class="fnanchor">[58]</a> y el comendador -mayor, acudiendo á lo que se ofrecia, y por dar -remate á cosas, y fin de los enemigos que quedaban, ordenó -que el comendador mayor con la gente que se pudo -juntar, parte de la propia ciudad, y parte de los que se habian -venido de su campo, y del campo del duque, que por -todos serian siete mil personas, llevasen delante, y ante -todas las cosas bastimento y municion que bastase para dos -meses, y que esto se guardase en Orgiba; y con esta prevencion -partió el campo la vuelta de la Alpujarra. Llegados -á Lanjaron, por mandado del general se dió un rebato<span class="pagenum"><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span> -falso, porque la gente no estuviese descuidada; otro dia -llegaron á Orgiba, y en ella reposó el campo tres dias, tomando -la órden que se habia de tener para hallar los enemigos, -porque andaban esparcidos por la tierra. El cuarto -dia salió la gente hechas dos mangas de á mil hombres cada -una, con órden que la una, de la otra fuese desviada -cuatro leguas, guiando la una á la mano derecha y la otra -á la siniestra, y el resto del campo por medio: de esta suerte -corrieron la tierra hasta llegar á Pitres de Ferreira, y -dejando allí presidio de quinientos hombres, pasaron adelante -hasta Portugos, y allí dejaron cien hombres, y en Cadiar -trescientos con el capitan Berrío. Aquí tuvo nuevas el -comendador mayor que los moros se habian retirado al Cehel, -costa de la mar, por ser tierra áspera y de muchos jarales: -mandó á D. Miguel de Moncada que con mil y doscientos -hombres corriese aquella tierra; halló parte de ellos, y -matando siete moros, cautivó doscientas personas entre moras -y muchachos, y ropa y despojos: perdió solo un soldado -que engañado de una mora le hizo entender que en una -choza tenia mucha riqueza, y al entrar en ella le dió con -una almarada por debajo del brazo, y lo mató. Volvió D. -Miguel con la cabalgada á Cadiar donde quedó el campo; de -aquí envió el comendador mayor mil hombres á Ujijar de -la Alpujarra, para que en ella hiciesen presidio, y dejando -en él trescientos soldados fuesen á Donduron, y dejasen allí -una compañía de cien hombres con su capitan, y en Ayator -otros ciento, y en Berja otros ciento, con órden que todos -corriesen la tierra cada dia, dejando guarda en los presidios. -Mandó á D. Lope de Figueroa, que con mil y quinientos -infantes y algunos caballos corriese el rio de Almería -y toda aquella sierra, con el Bolodui y tierra de Gueneja, -y que juntando consigo la gente que salia de Almería: corriese -la tierra de Jerez á Fiñana, y rio de Almanzora: volvió -á Granada, dejando presidio en las Guajaras altas y bajas, -y en Velez de Benaudalla, y en todos los presidios -bastimento y municion para algunos dias.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span></p> - -<p>Luego que llegó á Granada, proveyó D. Juan otros capitanes -de cuadrillas, que fueron Juan Carrillo Paniagua, Camacho, -Reinaldos, y otros; y hecho esto, D. Juan con el duque -y el comendador mayor se partió á Madrid; y de allí á la armada -de la liga, dejando á D. Pedro de Deza, presidente de -Granada, con título de capitan general, y en Almería por -general de la infantería á D. Francisco de Córdoba, descendiente -de aquella cama de Leones del conde D. Martin. Corrian -la tierra á menudo las cuadrillas, metian en Granada -moros y moras, y no habia semana que no hubiese cabalgada. -Al entrar en la puerta de las Manos, hacian salva -subiendo por el Zacatin arriba, hasta llegar á la chancillería; -daban noticia al presidente para que viese lo que -traían, y entregaban los moros en la cárcel, y de cada uno -les daban veinte ducados, como está dicho: atenazaban -y ahorcaban los capitanes y moros señalados, y los demás -llevaban á galeras, que sirviesen al remo esclavos del -rey.</p> - -<p>Entre estos trujeron un moro natural de Granada llamado -Farax: este como supiese la voluntad de Gonzalo el Jeniz, -alcaide sobre los alcaides, y de sus sobrinos Alonso -y Andrés el Jeniz, y otros muchos, que era de entregarse -y reducirse, si se les concediese perdon, llamó á -Francisco Barredo, dándole parte de la voluntad y propósito -que muchos moros tenian, y aun de matar á su -rey si no se quisiese reducir con ellos; para lo cual convenia -que procurase verse con Gonzalo el Jeniz, que era -uno de los que mas lo deseaban: sabido esto, Francisco -Barredo se fue á las Alpujarras, y en llegando al presidio -de Cadiar<a name="FNanchor_59_59" id="FNanchor_59_59"></a><a href="#Footnote_59_59" class="fnanchor">[59]</a>, sacó de una bóveda del castillo un moro -que tenian preso, y le dió una carta para Gonzalo el -Jeniz, en que le hacia saber la causa de su venida; que -viese la órden que habia de tener para verse con él: recibida -la carta respondió, que otro dia al amanecer, se<span class="pagenum"><a name="Page_175" id="Page_175">[175]</a></span> -viniese á un cerro media legua de Cadiar, y que adonde -viese una cruz en lo alto le aguardase soltando la escopeta -tres veces por contraseña: fue, y hecha la seña llegó el Jeniz, -sus sobrinos, y otros moros, mostrando mucha alegría -de velle: lo que trataron fue, que si le traía perdon -del rey para él, y los que se quisiesen reducir, que les entregaria -á Abenabó su rey muerto ó vivo: con esto se despidió, -prometiéndoles de hacello y ponello por obra, y -avisallos de la voluntad del rey: vino á Granada Francisco -Barredo, dió cuenta al presidente de lo que habia pasado -con Gonzalo el Jeniz, y lo que le habia prometido: dió el -presidente aviso al rey; que visto lo que prometia el Jeniz -le concedió perdon á él, y á todos los que con él viniesen: -vino la cédula real al presidente, que visto que no habia -quien con veras lo pudiese hacer, hizo llamar á Barredo, y -entregándole la cédula le pidió con las veras y recato que -en tal negocio convenia lo hiciese.</p> - -<p>Recibida la cédula, se partió, y llegó á Cadiar con el moro -que antes habia llevado la carta: avisóle como tenia lo -que pedia, que se viese con él en el sitio y lugar que antes -se habian visto: llegado el Jeniz, y vista la cédula y perdon -la besó, y puso sobre su cabeza: lo mismo hicieron los que -con él venian: y despidiéndose de él, fueron á poner en -ejecucion lo concertado. Francisco Barredo se volvió al castillo -de Verchul, porque allí le dijo el Jeniz que le aguardase; -Gonzalo el Jeniz y los demás acordaron para hacello -á su salvo, que seria bien que uno de ellos fuese á Abdalá -Abenabó, y de su parte le dijese que la noche siguiente se -viese con él en las cuevas de Verchul, porque tenia que -platicar con él cosas que convenian á todos. Sabido por -Abenabó, vino aquella noche á las cuevas solo con un moro -de quien se fiaba mas que de ninguno; y antes que llegase -á las cuevas despidió veinte tiradores que de ordinario -le acompañaban, todo á fin de que no supiesen adonde tenia -la noche: saludóle Gonzalo el Jeniz diciéndole: <i>Abdalá -Abenabó, lo que te quiero decir es, que mires estas cuevas; que<span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span> -están llenas de gente desventurada, así de enfermos, como de -viudas y huérfanos; y ser las cosas llegadas á tales términos, -que si todos no se daban á merced del rey, serian muertos y -destruidos; y haciéndolo, quedarian libres de tan gran miseria.</i> -Cuando Abenabó oyó las palabras del Jeniz, dió un -grito que pareció se le habia arrancado el alma, y echando -fuego por los ojos le dijo: <i>¡Cómo, Jeniz! ¿para esto me llamabas? -¿Tal traicion me tenias guardada en tu pecho? No me -hables mas, ni te vea yo</i>; y diciendo esto, se fue para la boca -de la cueva: mas un moro que se decia Cubayas, le asió -los brazos por detrás, y uno de los sobrinos del Jeniz le dió -con el mocho de la escopeta en la cabeza, y le aturdió; y -el Jeniz le dió con una losa y le acabó de matar: tomaron -el cuerpo, y envuelto en unos zarzos de cañas le echaron -la cueva abajo, y esa noche le llevaron sobre un macho á -Verchul, adonde hallaron á Francisco Barredo y á su hermano -Andrés Barredo: allí le abrieron y sacaron las tripas, -hinchiendo el cuerpo de paja. Hecho esto, Francisco Barredo -requirió á los soldados del presidio y á su capitan, que -le diese ayuda y favor para llevarle á Granada: visto el requerimiento -le acompañaron; y en el camino encontraron -con doscientos y cincuenta moros de paz, que sabida la -muerte de Abenabó, y el nuevo perdon que el rey daba, -llegaron á reducirse. Vinieron á Armilla, lugar de la Vega, -y allí le pusieron caballero en un macho de albarda, y una -tabla en las espaldas, que sustentaba el cuerpo, que todos -le viesen; los moros de paz iban delante, y los soldados y -Francisco Barredo detrás. Llegados á Granada, al entrar de -la plaza de Bibarrambla, hicieron salva; lo propio en llegando -á la chancillería; allí á vista del presidente le cortaron -la cabeza, y el cuerpo entregaron á los muchachos, que -despues de habello arrastrado por la ciudad, lo quemaron: -la cabeza pusieron encima de la puerta de la ciudad, la que -dicen puerta del Rastro, colgada de una escarpia á la parte -de dentro, y encima una jaula de palo, y un título en ella -que decia:</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span></p> - -<p class="p1 no-indent center"> -ESTA ES LA CABEZA DEL<br /> -TRAIDOR DE ABENABÓ.<br /> -NADIE LA QUITE<br /> -SO PENA DE MUERTE.<br /> -</p> - -<p class="p1">Tal fin hizo este moro, á quien ellos tuvieron por rey despues -de Aben Humeya: los moros que quedaban, unos se -dieron de paz, y otros se pasaron á Berbería; y á los demás -las cuadrillas, y la frialdad de la sierra, y mal pasar los -acabó; y feneció la guerra y levantamiento.</p> - -<p>Quedó la tierra despoblada y destruida: vino gente de -toda España á poblarla, y dábanles las haciendas de los moriscos -con un pequeño tributo que pagan cada un año: á -Francisco Barredo le hizo el rey merced de seis mil ducados, -y que estos se los diesen en bienes raices de los moriscos, -y una casa en la calle de la Águila, que era de un mudejar -echado del reino: despues pasó en Berbería algunas -veces á rescatar cautivos, y en un convite le mataron.</p> - - -<p class="p2 no-indent center large">FIN DE LA GUERRA DE GRANADA.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span></p> - -<h2>DISCURSO -<br /> -<span class="smaller">DEL CONDE DE PORTALEGRE,</span> -<br /> -<span class="small">con que suplió lo que faltaba en las primeras ediciones al fin del libro -tercero de esta historia.</span></h2> - - -<p>Hemos llegado á un peligroso paso, donde D. Diego deja -la historia rota por desgracia, si no fue de industria, para -ganar honra con la comparacion del que la pretendiese continuar. -Porque sea quien fuere, lo añadido seria de estofa -mucho menos fina: y aunque se hallarán (cuando esto se -escribe) testigos vivos y de vista, por cuya relacion se pudiera -proseguir cumplidamente lo que falta, será lo mas -seguro hacer sumario de esta quiebra, y no suplemento; -imitando antes á Floro con Livio, que á Hirtio con César: -pues no le bastó ser tan docto, tan curioso, testigo de sus -empresas, y camarada (como dicen los soldados), para que -no se vea muy clara la ventaja que hace el estilo de los Comentarios -al suyo. En el trozo que se corta se contiene la -segunda salida del señor D. Juan en campaña, el sitio peligroso -y porfiado de la villa de Galera, la expugnacion de -aquella plaza, la muerte de Luis Quijada desgraciada y lastimosa, -el suceso de Seron y de Tijola; cosas todas de gran -consecuencia y consideracion, si D. Diego las escribiera, -haciendo á su modo anatomía de los afectos de los ministros, -y de las obras de los soldados. Mas pues no se puede restaurar -lo que se perdió (si algun dia no se descubre) contentémonos -con saber que:</p> - -<p>De Baza fue el señor D. Juan á Guescar; de donde salió -el marqués de los Velez á encontrarle, y tornó acompañándole -con muestras de mucha cortesía y satisfaccion, hasta -ponerle á la puerta de la posada donde habia de alojar.<span class="pagenum"><a name="Page_179" id="Page_179">[179]</a></span> -De allí tomó licencia sin apearse, admirándose los presentes; -y con un trompeta delante y cinco ó seis gentiles hombres, -se retiró (sin detenerse) á su casa; de donde no salió -despues; porque, segun se decia, no se quiso acomodar á -servir con cargo que no fuese supremo.</p> - -<p>De Guescar fue D. Juan á reconocer á Galera con Luis -Quijada y el comendador mayor: reconocida, hizo venir el -ejército, sitióla por todas partes, y alojóse en el puesto de -donde el marqués se habia levantado. El sitio de aquella -villa la hace muy fuerte; porque está en una eminencia sin -padrastros, y estrechándose va bajando hasta el rio, acabando -en punta con la figura de una proa de galera, de que toma -el nombre, dejando en lo alto la popa. Están las casas -arrimadas á la montaña, y esta es su fortaleza, y la razon -porque puede excusar la muralla; porque siendo casamuro, -la bala que pasa las casas sale y métese en la montaña, -y así viene á ser lo mismo batir aquella tierra, que batir -un monte. No se habia esto experimentado con la batería -del marqués, porque no tenia sino cuatro lombardas antiguas -del tiempo del rey D. Fernando (como se dijo atrás) -que con balas de piedra blanda, no hacian efecto ninguno. -Por lo cual hizo D. Juan venir algunas piezas gruesas de -bronce de Cartagena, Sabiote y Cazorla. Atrincheróse con -gran cuantidad de sacas de lana; porque faltaba tierra, y -sobraba lana de los lavaderos, que tenian en Guescar los -ginoveses que la compran para llevar á Italia; no poniendo -las sacas por costado sino de punta, por hacer mas ancha -la trinchea: sucedió con todo alguna vez penetrar una bala -de escopeta turquesa la saca, y matar al soldado que estaba -detrás, con seguridad á su parecer. Batióse Galera con poco -efecto, porque teniendo la muralla delgada, no hacian las -balas ruina, sino agujeros, pasando de claro, los cuales -servian despues á los enemigos de troneras. Diósele el asalto -por dos partes, y fueron rebotados los nuestros con notable -daño en la superior, por no se haber hecho buena batería; -y en la mas baja, por la eminencia de los terrados, de<span class="pagenum"><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span> -donde los ofendian los moros con gran ventaja, como tambien -lo hicieron en algunas salidas, que costaron mucha -sangre nuestra y suya; y en una degollaron cuasi entera la -compañía de catalanes que traía D. Juan Buil. Con estos -sucesos pareció que no se podia ganar la plaza por batería, -y comenzóse á minar secretamente; pero no se les pudo esconder -á los enemigos la mina; la cual reconocieron, y la -publicaban á voces de la muralla; visto esto, se ordenó que -se hiciese juntamente, por consejo (segun dicen) del capitan -Juan Despuche, con intento de hacer demostracion que -se arremetia, moviéndose los escuadrones hasta ciertas señales -que estaban puestas, para que volando la primera, -se engañasen los moros, creyendo que era pasado el peligro, -y saliesen á la defensa. Sucedió ni mas ni menos, y -dióse fuego á la segunda; la cual hizo tanta obra, que los -voló hasta la plaza de armas, sin dejar hombre vivo de -cuantos estaban á la frente: subieron los nuestros con trabajo, -pero sin peligro, y plantaron las banderas en lo mas -alto, que fue la ocasion de desconfiarlos del todo, y de rendirse -sin resistencia: degolláronlos, sin excepcion de sexo -ni edad, por espacio de dos horas. Cansóse el señor D. Juan -y mandó envainar la furia de los soldados, y que cesase la -sangre. Murieron sobre esta fuerza veinte y cuatro capitanes, -cosa no vista hasta entonces; despues dicen los de -Flandes, que compraron al mismo precio las villas de -Harlen y Mastrich, con que se confirma la opinion de los -antiguos, que llaman á nuestra nacion pródiga de la vida, -y anticipadora de la muerte.</p> - -<p>De Galera caminó el campo á Caniles la vuelta de Serona. -Pasó Luis Quijada con la vanguardia á reconocerle, y hallándole -desamparado, porque la gente se subió á la montaña, -se desmandaron algunos de los nuestros, y entraron -sin órden á saquear la tierra; los moros los vieron, y bajaron -de lo alto, dieron sobre ellos, y pusiéronles en huida, -tomándolos de sobresalto ocupados en el saco. Llegó Luis -Quijada á recogerlos, y amparándolos, y metiéndolos en<span class="pagenum"><a name="Page_181" id="Page_181">[181]</a></span> -escuadron, fue herido desde arriba de un arcabuzazo en el -hombro, de que murió en pocos dias. Era hijo de Gutierre -Quijada, señor de Villa García, famoso justador al modo -castellano antiguo; sirvió al emperador de paje, subiendo -por todos los grados de la casa de Borgoña hasta ser su mayordomo, -y coronel de la infantería española, que ganó á -Teruana, plaza muy nombrada en Picardía; y solo este caballero -escogió, cuando dejó sus reinos, para que le sirviese -y acompañase en el monasterio de Yuste, haciendo el oficio -de mayordomo mayor de pequeña casa y de gran príncipe. -Dejóle encargado secretamente á D. Juan de Austria -su hijo natural; crióle sin decirle que lo era, hasta el tiempo -en que quiso el rey su hermano que le descubriese, siendo -entonces Luis Quijada caballerizo mayor del príncipe -D. Cárlos, y despues del consejo de estado, y presidente de -las Indias. La desgracia subió de punto por no dejar hijos. -Sintió y lloró su muerte el señor D. Juan, como de persona -que le habia criado, y á quien tanto debia. Detúvose en -aquel alojamiento algunos dias con muchas necesidades; -los moros se recogieron en Tijola y Purchena, y representáronse -en este tiempo á nuestro campo tres ó cuatro veces -con cuatro mil peones y cuarenta ó cincuenta caballos, -extendiendo las mangas hasta tiro de escopeta de los nuestros. -Ordenóse, que so pena de la vida ninguno trabase escaramuza -con ellos, y así tornaron siempre sin hacer, ni -recibir daño; y el campo se movió para ir sobre Tijola, y -ellos se retiraron á Purchena, dejando á Tijola bien guarnecida -de gente, y municionada. Sitióse á la redonda; mas -la tierra es tan áspera, que hubo gran dificultad en subir -la artillería donde pudiese hacer efecto: en fin se subió con -grande industria, y se les quitaron las defensas con ella; -habíase de batir mas de propósito el dia siguiente, pero los -moros no lo esperaron, y saliéronse á las diez de aquella noche -por diversas partes, habiendo hurtado el nombre al -ejército (cosa muy rara), y dándole todos á las primeras -postas á un mismo tiempo, rompieron por los cuerpos de<span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span> -guardia, y salieron á la campaña. Perdiéronse tantos en -esta salida, que los menos se salvaron. Por la mañana se -siguió el alcance á los desmandados hasta Purchena, que se -rindió sin resistencia, porque la gente estaba ya fuera, y -no habia sino mujeres, pocos hombres, y alguna ropa. Algunos -de los nuestros quedaron dentro, los mas pasaron -siguiendo á los enemigos hasta el rio de Macael. D. Juan pasó -de Tijola á Purchena, y guarnecióla; de allí fue dejando -presidios en Cantoria, Tavernas, Frejiliana y Almería, y -llegó á Andarax: donde se juntaron el duque de Sesa y el -comendador mayor. Venia el duque de hacer su jornada, -que concurrió con la misma de Galera que se ha referido en -este sumario; tornando á atar el hilo de la historia de -D. Diego en el libro siguiente.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<h2>NOTAS Y CITAS BIBLIOGRÁFICAS</h2> - - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_1_1" id="Footnote_1_1"></a><a href="#FNanchor_1_1">[1]</a> <i>D. Luis de Salazar y Castro</i>, Hist. gener. de la Casa de Lara.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_2_2" id="Footnote_2_2"></a><a href="#FNanchor_2_2">[2]</a> <i>Nicol. Ant.</i> Bibl. Hisp. <i>verb.</i> Didac. Hurtado de Mendoza.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_3_3" id="Footnote_3_3"></a><a href="#FNanchor_3_3">[3]</a> <i>Marmol</i>, Hist. de la Rebelion, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">I</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">XVI</span>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_4_4" id="Footnote_4_4"></a><a href="#FNanchor_4_4">[4]</a> <i>Marmol</i>, ibid.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_5_5" id="Footnote_5_5"></a><a href="#FNanchor_5_5">[5]</a> <i>Petr. Mart. Angler.</i> Ep. 521 <i>et</i> 630.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_6_6" id="Footnote_6_6"></a><a href="#FNanchor_6_6">[6]</a> <i>Morales</i>, <i>en la</i> Dedicat. de las Antigüedades.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_7_7" id="Footnote_7_7"></a><a href="#FNanchor_7_7">[7]</a> <i>Nicol. Ant.</i>, Bibliot.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_8_8" id="Footnote_8_8"></a><a href="#FNanchor_8_8">[8]</a> <i>Diedo</i>, Storia di Venecia, <i>tom.</i> <span class="smcap lowercase">II</span>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">II</span>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_9_9" id="Footnote_9_9"></a><a href="#FNanchor_9_9">[9]</a> <i>Ulloa</i>, Vita di Carlo V, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">III</span>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_10_10" id="Footnote_10_10"></a><a href="#FNanchor_10_10">[10]</a> <i>Morales</i>, Antigüedades de España en la <i>Dedicat. Alphon. Ciacon</i>, -Bibliot. <i>verb.</i> Diegus: <i>Nicol. Ant.</i>, Bibliot.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_11_11" id="Footnote_11_11"></a><a href="#FNanchor_11_11">[11]</a> <i>Sandoval</i>, Hist. de Cárlos V, <i>tom.</i> <span class="smcap lowercase">II</span>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">XXXI</span>, § 29.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_12_12" id="Footnote_12_12"></a><a href="#FNanchor_12_12">[12]</a> <i>La trae Sandoval en la</i> Hist. de Cárlos V, <i>tom.</i> <span class="smcap lowercase">II</span>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">XXV</span>, § 30.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_13_13" id="Footnote_13_13"></a><a href="#FNanchor_13_13">[13]</a> <i>Palavic.</i>, Hist. Conc. Trident. <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">V</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">IV</span>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_14_14" id="Footnote_14_14"></a><a href="#FNanchor_14_14">[14]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">V</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">IV</span>, <i>n. 16</i>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_15_15" id="Footnote_15_15"></a><a href="#FNanchor_15_15">[15]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">V</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">VIII</span>, <i>n. 9</i>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_16_16" id="Footnote_16_16"></a><a href="#FNanchor_16_16">[16]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">V</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">VII</span>, <i>n. 9</i>; <i>Liter. Legat., 12 et 16; Martii</i>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_17_17" id="Footnote_17_17"></a><a href="#FNanchor_17_17">[17]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">V</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">XVII</span>, <i>n. 7</i>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_18_18" id="Footnote_18_18"></a><a href="#FNanchor_18_18">[18]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> VI, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">XIII</span>, <i>n. 1</i>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_19_19" id="Footnote_19_19"></a><a href="#FNanchor_19_19">[19]</a> Vida de D. Martin Perez de Ayala, <i>arzobispo de Valencia, escrita por el mismo</i>. <i>MS.</i></p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_20_20" id="Footnote_20_20"></a><a href="#FNanchor_20_20">[20]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">VIII</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">V</span>, <i>n. 4</i>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_21_21" id="Footnote_21_21"></a><a href="#FNanchor_21_21">[21]</a> <i>Dormer</i>, Progresos de la Hist. del reino de Aragon, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">IV</span>, <i>cap.</i> -<span class="smcap lowercase">XI</span>; Cartas de D. Juan Paez de Castro, <i>fol.</i> 465.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_22_22" id="Footnote_22_22"></a><a href="#FNanchor_22_22">[22]</a> <i>Ibid.</i>, Carta de D. Diego de Mendoza, <i>escrita á Zurita</i>, <i>fol.</i> 593.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_23_23" id="Footnote_23_23"></a><a href="#FNanchor_23_23">[23]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">VIII</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">V</span>, <i>n. 5</i>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_24_24" id="Footnote_24_24"></a><a href="#FNanchor_24_24">[24]</a> <i>Ibid.</i>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">VI</span>, <i>n. 1 et 2</i>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_25_25" id="Footnote_25_25"></a><a href="#FNanchor_25_25">[25]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">VIII</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">VIII</span>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_26_26" id="Footnote_26_26"></a><a href="#FNanchor_26_26">[26]</a> <i>Martin Perez de Ayala en su</i> Vida.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_27_27" id="Footnote_27_27"></a><a href="#FNanchor_27_27">[27]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">XXIII</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">XIII</span>, <i>usque ad</i> <span class="smcap lowercase">XX</span>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_28_28" id="Footnote_28_28"></a><a href="#FNanchor_28_28">[28]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">X</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">VI</span>, <i>usq. ad</i> <span class="smcap lowercase">XV</span>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_29_29" id="Footnote_29_29"></a><a href="#FNanchor_29_29">[29]</a> <i>Ibid.</i></p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_30_30" id="Footnote_30_30"></a><a href="#FNanchor_30_30">[30]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">X</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">VI</span>, <i>usq. ad</i> <span class="smcap lowercase">XV</span>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_31_31" id="Footnote_31_31"></a><a href="#FNanchor_31_31">[31]</a> <i>Ibid.</i></p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_32_32" id="Footnote_32_32"></a><a href="#FNanchor_32_32">[32]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">II</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">V</span> <i>et</i> <span class="smcap lowercase">VIII</span>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_33_33" id="Footnote_33_33"></a><a href="#FNanchor_33_33">[33]</a> <i>Palavic.</i>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">VII</span>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_34_34" id="Footnote_34_34"></a><a href="#FNanchor_34_34">[34]</a> <i>Ibid.</i>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">XI</span>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_35_35" id="Footnote_35_35"></a><a href="#FNanchor_35_35">[35]</a> <i>Ulloa</i>, Vita di Carlo V, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">V</span>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_36_36" id="Footnote_36_36"></a><a href="#FNanchor_36_36">[36]</a> <i>Sandoval</i>, Hist. de Cárlos V, <i>tom.</i> <span class="smcap lowercase">III</span>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">XXXI</span>, § 9.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_37_37" id="Footnote_37_37"></a><a href="#FNanchor_37_37">[37]</a> <i>Nicol. Ant.</i>, Bibliot. <i>verb.</i> Petrus de Salazar.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_38_38" id="Footnote_38_38"></a><a href="#FNanchor_38_38">[38]</a> <i>Dormer</i>, Progresos, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">IV</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">XII</span>; Carta de D. Diego de Mendoza, -<i>fol. 502</i>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_39_39" id="Footnote_39_39"></a><a href="#FNanchor_39_39">[39]</a> Cartas de Sta. Teresa de Jesus, <i>tom.</i> <span class="smcap lowercase">I</span>, <i>carta</i> <span class="smcap lowercase">XI</span>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_40_40" id="Footnote_40_40"></a><a href="#FNanchor_40_40">[40]</a> <i>Dormer</i>, Progresos, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">IV</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">XII</span>; Cartas de D. Diego de Mendoza, -<i>fol. 503</i>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_41_41" id="Footnote_41_41"></a><a href="#FNanchor_41_41">[41]</a> Este D. Luis fue el segundo marqués de Mondejar y presidente -de Castilla.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_42_42" id="Footnote_42_42"></a><a href="#FNanchor_42_42">[42]</a> El tercer marqués de Mondejar es el que de aquí adelante siempre -se nombra: llamóse don Iñigo y fue virey de Valencia y Nápoles, -y sobrino del autor.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_43_43" id="Footnote_43_43"></a><a href="#FNanchor_43_43">[43]</a> Algo difiere Marmol, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">IV</span>, cap. 7, véase.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_44_44" id="Footnote_44_44"></a><a href="#FNanchor_44_44">[44]</a> Era este yerno D. Alonso de Cárdenas, que despues por muerte -de su padre fue conde de la Puebla.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_45_45" id="Footnote_45_45"></a><a href="#FNanchor_45_45">[45]</a> Fue este D. Pedro conde de Miranda, hermano y suegro del que -en nuestros dias fue presidente de Italia y de Castilla.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_46_46" id="Footnote_46_46"></a><a href="#FNanchor_46_46">[46]</a> Este D. Francisco es el almirante de Aragon, que despues de varios -casos y fortunas se ordenó de clérigo y fue obispo de Sigüenza.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_47_47" id="Footnote_47_47"></a><a href="#FNanchor_47_47">[47]</a> Algo difiere de lo que dice Laguna sobre Dioscórides, lib. <span class="smcap lowercase">IV</span>, -cap. 79 y cap. 153.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_48_48" id="Footnote_48_48"></a><a href="#FNanchor_48_48">[48]</a> Plin. lib. <span class="smcap lowercase">VII</span>, cap. 2, y lib. <span class="smcap lowercase">VIII</span>, cap. 25.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_49_49" id="Footnote_49_49"></a><a href="#FNanchor_49_49">[49]</a> Amorío la llama en su geografía Ptolomeo, lib. <span class="smcap lowercase">V</span>, c. 2.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_50_50" id="Footnote_50_50"></a><a href="#FNanchor_50_50">[50]</a> Este D. Juan de Cárdenas fue despues conde de Miranda, virey -de Nápoles, presidente de Italia y Castilla.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_51_51" id="Footnote_51_51"></a><a href="#FNanchor_51_51">[51]</a> Con mayor moderacion y verisimilitud escribe esta victoria -nuestro autor que otros.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_52_52" id="Footnote_52_52"></a><a href="#FNanchor_52_52">[52]</a> Solo esto del duque de Feria no entiendo bien, si bien por -concordar todos los manuscritos, no me atreví á quitarlo.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_53_53" id="Footnote_53_53"></a><a href="#FNanchor_53_53">[53]</a> Antigüedad y orígen de Aben Humeya, si bien contada con gran -diferencia de lo que dicen Garibai, Mármol, y otros.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_54_54" id="Footnote_54_54"></a><a href="#FNanchor_54_54">[54]</a> Hierónimo el Melech dice Mármol porque el Habaqui fue embajador -á Berbería.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_55_55" id="Footnote_55_55"></a><a href="#FNanchor_55_55">[55]</a> Sus dudas les quedan á los peritos en el griego, mas no es este -el lugar de disputarlas.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_56_56" id="Footnote_56_56"></a><a href="#FNanchor_56_56">[56]</a> Ojalá nombrara los doce grandes de España firmes como nombró -solos estos dos, porque han crecido ya tanto los que dice haberse -acrecentado con el favor y la riqueza, que apenas los distinguimos de -aquellos originarios.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_57_57" id="Footnote_57_57"></a><a href="#FNanchor_57_57">[57]</a> Calaluz le llama Zurita, p. 5, lib. <span class="smcap lowercase">IV</span>, cap. <span class="smcap lowercase">XXXII</span>.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_58_58" id="Footnote_58_58"></a><a href="#FNanchor_58_58">[58]</a> Este duque es necesariamente el de Sesa, porque el de Arcos -no se vió con D. Juan.</p> -</div> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_59_59" id="Footnote_59_59"></a><a href="#FNanchor_59_59">[59]</a> Zatabarile llama Mármol.</p> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span></p> - -<h2> -LA VIDA -<br /><br /> -<span class="xsmall">DEL</span> -<br /><br /> -LAZARILLO DE TORMES, -<br /><br /> -<span class="small">SUS FORTUNAS Y ADVERSIDADES.</span> -</h2> - -<p class="p2 no-indent center small">POR</p> - -<p class="p1 no-indent center large">D. Diego Hurtado de Mendoza.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_185" id="Page_185">[185]</a></span></p> - -<h3>PRÓLOGO.</h3> - - -<p>Yo por bien tengo que cosas tan señaladas y por ventura -nunca oidas ni vistas vengan á noticia de muchos, -y no se entierren en la sepultura del olvido; pues podria -ser que alguno que las lea, halle algo que le agrade, -y á los que no ahondaren tanto, los deleite. Y á este propósito -dice Plinio: que no hay libro por malo que sea, -que no tenga alguna cosa buena; mayormente que los -gustos no son todos unos, mas lo que uno no come, otro -se pierde por ello; y así vemos cosas tenidas en poco de -algunos, que de otros no lo son. Y por esto ninguna cosa -se deberia romper ni echar á mal (si muy detestable -no fuese), sino que á todos se comunicase, mayormente -siendo sin perjuicio, y pudiendo sacar de ella algun -fruto. Porque si así no fuese, muy pocos escribirian -para uno solo, pues no se hace sin trabajo; y quieren, -ya que lo pasan, ser recompensados, no con dineros, -mas con que lean y vean sus obras, y si hay de que, -se las alaben. Y á este propósito dice Tulio: <i>la honra cria -las artes</i>. ¿Quién piensa que el soldado que es primero -en la escala, tiene mas aborrecido el vivir? no por -cierto; mas el deseo de la alabanza le hace ponerse al -peligro; y así en las artes y letras es lo mismo. Predica -muy bien el presentado, y es hombre que desea mucho -el provecho de las ánimas; mas pregunten á su merced,<span class="pagenum"><a name="Page_186" id="Page_186">[186]</a></span> -si le pesa cuando le dicen: ¡ó qué maravillosamente lo -ha hecho V. R.ª! Justó muy ruinmente el Sr. D. Fulano, -y dió el sayete de armas al truhan, porque le loaba de -haber llevado muy buenas lanzas: ¿qué hiciera si fuera -verdad? Y todo va de esta manera: que confesando -yo no ser mas santo que mis vecinos, de esta nonada -que en este grosero estilo escribo, no me pesará que -hayan parte y se huelguen con ello todos los que en ella -algun gusto hallaren, y vean que vive un hombre con -tantas fortunas, peligros y adversidades. Suplico á vuestra -merced reciba el pobre servicio de mano de quien -le hiciera mas rico, si su poder y deseo se conformaran. -Y pues vuestra merced escribe se le escriba y relate el -caso muy por extenso, parecióme no tomarle del medio, -sino del principio, porque se tenga entera noticia de -mi persona; y tambien porque consideren los que heredaron -nobles estados, cuan poco se les debe, pues fortuna -fue con ellos parcial; y cuanto mas hicieron los -que, siéndoles contraria, con fuerza y maña remando -salieron á buen puerto.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_187" id="Page_187">[187]</a></span></p> - -<p class="no-indent center p4 bold"> -<span class="xlarge">LA VIDA</span> -<br /><br /> -<span class="small">DEL</span> -<br /><br /> -<span class="xlarge">LAZARILLO DE TORMES,</span> -<br /><br /> -<span class="smaller">SUS FORTUNAS Y ADVERSIDADES.</span> -</p> - -<hr class="title-short" /> - -<h3 id="Chapter_1" class="smtop">Cuenta Lázaro su vida y quien era su padre.</h3> - - -<p>Pues sepa vuestra merced ante todas cosas, que á mi llaman -Lázaro de Tormes, hijo de Tomé Gonzalez y de Antonia -Perez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nacimiento -fue dentro del rio Tormes, por la cual causa tomé -el sobrenombre, y fue de esta manera. Mi padre (que Dios -perdone) tenia cargo de proveer una molienda de una aceña -que está ribera de aquel rio, en la cual fue molinero -mas de quince años: y estando mi madre una noche en la -aceña preñada de mi, tomóla el parto y parióme allí, de -manera que con verdad me puedo decir nacido en el rio. -Pues siendo yo niño de ocho años, achacaron á mi padre -ciertas sangrías mal hechas en los costales de los que allí á -moler venian, por lo cual fue preso, confesó y no negó, y -padeció persecucion de justicia. Espero en Dios que está en -gloria, pues el evangelio los llama bienaventurados. En este -tiempo se hizo cierta armada contra los moros, entre los -cuales fue mi padre, que á la sazon estaba desterrado por el -desastre ya dicho, con cargo de acemilero de un caballero -que allá fue, y con su señor, como leal criado, feneció su -vida. Mi viuda madre, como sin marido y sin abrigo se viese, -determinó arrimarse á los buenos por ser uno de ellos, -y vínose á vivir á la ciudad, y alquiló una casilla, y metíase -á guisar de comer á ciertos estudiantes, y limpiaba la<span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span> -ropa á ciertos mozos de caballos del comendador de la Magdalena, -de manera que frecuentando las caballerizas, ella -y un hombre moreno de aquellos que las bestias curaban, -vinieron en conocimiento. Este algunas veces se venia á -nuestra casa, y se iba á la mañana. Otras veces de dia llegaba -á la puerta en achaque de comprar huevos, y entrábase -en la casa. Yo al principio de su entrada pesábame de -ella, y hacíame miedo, viendo el color y mal gesto que tenia; -mas de que vi que con su venida mejoraba el comer, -fuíle queriendo bien; porque siempre traía pan, pedazos de -carne, y en el invierno leña con que nos calentábamos; de -manera que continuando la posada y conversacion, mi madre -vínose á darme un negrito, el cual yo brincaba y ayudaba -á calentar. Y acuérdome que estando el negro de mi -padrastro trabajando con el mozuelo, como el niño veía á -mi madre y á mi blancos, y á él no, huía de él con miedo -para mi madre, y señalando con el dedo decia: madre, coco; -respondiendo él riendo, hideputa. Yo, aunque muy -muchacho, noté aquella palabra de mi hermanico, y dije -entre mi: cuantos debe haber en el mundo que huyen de -otros, porque no se ven á sí mismos. Quiso nuestra fortuna -que la conversacion del Zayde (que así se llamaba) llegó á -oidos del mayordomo; y hecha pesquisa, hallóse que la -mitad por medio de la cebada que para las bestias le daban, -hurtaba; y salvados, leña, almohazas, mandiles, y -las mantas y sábanas de los caballos hacia perdidas: y cuando -otra cosa no tenia, las bestias desherraba; y con todo -esto acudia á mi madre para criar á mi hermanico. No nos -maravillamos de un clérigo ni de un fraile, porque el uno -hurta de los pobres y el otro de su casa para sus devotas y -para ayuda de otro tanto, cuando á un pobre esclavo el -amor le animaba á esto. Y probósele cuanto digo y aun -mas; porque á mi con amenazas me preguntaban, y como -niño respondia y descubria cuanto sabia con miedo, hasta -ciertas herraduras que por mandado de mi madre á un herrero -vendí. Al triste de mi padrastro azotaron y pringaron,<span class="pagenum"><a name="Page_189" id="Page_189">[189]</a></span> -y á mi madre pusieron pena por justicia sobre el acostumbrado -centenario, que en casa del sobredicho comendador -no entrase, ni al lastimado Zayde en la suya acogiese. Por -no echar la soga tras el caldero, la triste se esforzó y cumplió -la sentencia; y por evitar peligro y quitarse de malas -lenguas, se fue á servir á los que al presente vivian en el -meson de la Solana, y allí padeciendo mil importunidades -acabó de criar á mi hermanico hasta que supo andar: y á -mi hasta ser buen mozuelo, que iba á los huéspedes por -vino, candelas y por lo demás que me mandaban.</p> - -<p>En este tiempo vino á posar al meson un ciego, el cual -pareciéndole que yo seria para adestrarle, me pidió á mi -madre, y ella me encomendó á él, diciéndole como era -hijo de un buen hombre, el cual por ensalzar la fe, habia -muerto en la batalla de los Gelves; y que ella confiaba -en Dios que no saldria peor hombre que mi padre, y -que le rogaba me tratase bien y mirase por mi, pues era -huérfano. Él respondió que así lo haria y que me recibia, -no por mozo, sino por hijo; y así le comencé á servir y -adestrar á mi nuevo y viejo amo. Como estuvimos en Salamanca -algunos dias, pareciéndole á mi amo que no era -la ganancia á su contento, determinó irse de allí. Y cuando -nos hubimos de partir, yo fuí á ver á mi madre, y ambos -llorando, me dió su bendicion y dijo: hijo, ya sé que no -te veré mas; procura ser bueno, y Dios te guie. Criado te -he, y con buen amo te he puesto, válete por ti. Y así me -fuí para mi amo, que esperándome estaba.</p> - -<p>Salimos de Salamanca, y llegando á la puente, está á la -entrada de ella un animal de piedra que casi tiene forma de -toro; y el ciego mandóme que llegase cerca del animal, y -allí puesto dijo: Lázaro, llega el oido de este toro, y oirás -gran ruido dentro de él. Yo simplemente llegué, creyendo -ser así; y como sintió que tenia la cabeza á par de la piedra, -afirmó recio la mano y dióme una gran calabazada en -el diablo del toro, que mas de tres dias me duró el dolor -de la cornada; y díjome: necio, aprende que el mozo del<span class="pagenum"><a name="Page_190" id="Page_190">[190]</a></span> -ciego un punto ha de saber mas que el diablo, y rió mucho -de la burla.</p> - -<p>Parecióme que en aquel instante disperté de la simpleza -en que, como niño, dormido estaba, y dije entre mi: verdad -dice este, que me cumple avivar el ojo y avisar, pues -solo soy, y pensar como me sepa valer. Comenzamos nuestro -camino, y en muy pocos dias me mostró jerigonza. Y -como me viese de buen ingenio, holgábase mucho y decia: -yo oro ni plata no te lo puedo dar, mas avisos para vivir, -muchos te mostraré. Y fue así, que despues de Dios este -me dió la vida, y siendo ciego, me alumbró y adestró en -la carrera de vivir. Huelgo de contar á vuestra merced estas -niñerías, para mostrar, cuanta virtud sea saber los -hombres subir siendo bajos; y dejarse bajar, siendo altos, -cuanto vicio.</p> - -<p>Pues tornando al bueno de mi ciego y contando sus cosas, -vuestra merced sepa que desde que Dios crió el mundo, -ninguno formó mas astuto ni sagaz. En su oficio era un -águila. Ciento y tantas oraciones sabia de coro, un tono bajo, -reposado y muy sonable, que hacia resonar la iglesia -donde rezaba; un rostro humilde y devoto, que con muy -buen continente ponia cuando rezaba, sin hacer gestos ni -visajes con boca ni ojos, como otros suelen hacer. Allende -de esto tenia otras mil formas y maneras para sacar el dinero. -Decia saber oraciones para muchos y diversos efectos; -para mujeres que no parian; para las que estaban de -parto; para las que eran mal casadas, que sus maridos las -quisiesen bien. Echaba pronósticos á las preñadas, si traían -hijo ó hija; pues en caso de medicina decia que Galeno no supo -la mitad que él; para muelas, desmayos, males de comadre. -Finalmente nadie le decia padecer alguna pasion, que -luego no le decia: haced esto, hareis estotro, coced tal yerba, -tomad tal raiz. Con esto andábase todo el mundo tras -él, especialmente mujeres, que, cuanto les decia, creían. -De estas sacaba él grandes provechos con las artes que digo, -y ganaba mas en un mes que cien ciegos en un año.<span class="pagenum"><a name="Page_191" id="Page_191">[191]</a></span> -Mas tambien quiero que sepa vuestra merced, que con todo -lo que adquiria y tenia, jamás tan avariento ni mezquino -hombre no vi; tanto que me mataba á mi de hambre, y -así no me remediaba de lo necesario. Digo verdad: si con -mi sutileza y buenas mañas no me supiera remediar, muchas -veces me finara de hambre. Mas con todo su saber y -aviso le contraminaba de tal suerte, que siempre ó las mas -veces me cabia lo mas y mejor. Para esto le hacia burlas -endiabladas, de las cuales contaré algunas, aunque no todas -á mi favor. Él traía el pan y todas las otras cosas en un -fardel de lienzo, que por la boca se cerraba con una argolla -de hierro y su candado y llave; y el meter de las cosas y -sacarlas, era con tanta vigilancia y tan por contadero, que -no bastara todo el mundo á hacerle menos una migaja. Mas -yo tomaba aquella laceria que el me daba, la cual en menos -de dos bocados era despachada: y despues que cerraba el -candado y se descuidaba, pensando que yo estaba entendiendo -en otras cosas; por un poco de costura que muchas -veces de un lado del fardel descosia y tornaba á coser, sangraba -el avariento fardel, sacando no por tasa pan, mas -buenos pedazos, torreznos y longanizas. Y así buscaba conveniente -tiempo para rehacer, no la chaza, sino la endiablada -falta que el mal ciego me faltaba. Todo lo que podia -sisar y hurtar, traía en medias blancas; y cuando le mandaban -rezar y le daban blancas, como él carecia de vista, -no habia el que se la daba amagado con ella, cuando yo la -tenia lanzada en la boca y la media aparejada, que por presto -que él echaba la mano, ya iba de mi cambio aniquilada -en la mitad del justo precio. Quejábaseme el mal ciego, -porque al tiento luego conocia y sentia, que no era blanca -entera, y decia: ¿qué diablo es esto, que despues que conmigo -estais, no me dan sino medias blancas, y de antes -una blanca y un maravedí hartas veces me pagaban? en ti -debe de estar esta desdicha.</p> - -<p>Tambien él abreviaba el rezar y la mitad de la oracion -no acababa, porque me tenia mandado, que en yéndose el<span class="pagenum"><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span> -que le mandaba rezar, le tirase por el cabo del capuz. Yo -así lo hacia, y luego él tornaba á dar voces, diciendo -mandan rezar tal y tal oracion, como suelen decir.</p> - -<p>Usaba poner cabe sí un jarrillo de vino cuando comíamos; -yo muy de presto le asia y daba un par de besos callados, -y tornábale á su lugar; mas duróme poco, que en -los tragos conocia la falta: y por reservar su vino á salvo, -nunca despues desamparaba el jarro; antes le tenia por -el asa asido. Mas no habia piedra iman, que así trajese a sí -como yo con una paja de centeno que para aquel menester -tenia hecha; la cual metiéndola en la boca del jarro, chupando -el vino, le dejaba á buenas noches. Mas como fuese el -traidor tan astuto, pienso que me sintió; y dende en adelante -mudó de propósito, y asentaba su jarro entre las -piernas y tapábale con la mano, y así bebia seguro. Yo como -estaba hecho al vino, moria por él; y viendo que aquel -remedio de la paja no me aprovechaba ni valia, acordé en -el suelo del jarro hacerle una fuentecilla y agujero sutil, y -delicadamente con una muy delgada tortilla de cera taparle.</p> - -<p>Al tiempo de comer, fingiendo haber frio, entrábame -entre las piernas del triste ciego á calentarme en la pobrecilla -lumbre que teníamos; y al calor de ella, luego derretida -la cera, por ser muy poca, comenzaba la fuentecilla -á destilarme en la boca, la cual yo de tal manera ponia, -que maldita la gota que se perdia. Cuando el pobrete iba á -beber, no hallaba nada: espantábase, maldecíase, daba al -diablo el jarro y el vino, no sabiendo que podia ser. No direis -tio, que os lo bebo yo, decia, pues no le quitais de la -mano. Tantas vueltas y tientos dió al jarro, que se halló la -fuente y cayó en la burla; mas así lo disimuló como si no -lo hubiera sentido; y luego otro dia, teniendo yo rezumando -mi jarro como solia, no pensando el daño que me -estaba aparejado, ni que el mal ciego me sentia, sentéme -como solia, estando recibiendo aquellos dulces tragos, mi -cara puesta hácia el cielo, un poco cerrados los ojos, por<span class="pagenum"><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span> -mejor gustar el sabroso licor. Sintió el desesperado ciego -que ahora tenia tiempo de tomar de mí venganza, y con -toda su fuerza alzando con dos manos aquel dulce y amargo -jarro, le dejó caer sobre mi boca, ayudándose, como digo, -con todo su poder; de manera que el pobre Lázaro, que á -nada de esto se aguardaba, antes si, como otras veces, estaba -descuidado y gozoso, verdaderamente le pareció, que -el cielo con todo lo que en él hay, le habia caido encima. -Fue tal el golpecillo, que me desatinó y sacó de sentido, y -el jarrazo tan grande, que los pedazos de él se me metieron -por la cara, rompiéndomela por muchas partes, y me quebró -los dientes, sin los cuales hasta hoy dia me quedé. -Desde aquella hora quise mal al mal ciego: y aunque me -queria y regalaba y me curaba, bien vi que se habia holgado -del cruel castigo. Lavóme con vino las roturas que con -los pedazos del jarro me habia hecho, y sonriéndose decia: -que te parece, Lázaro, lo que te enfermó, te sana y da salud, -y otros donaires que á mi gusto no lo eran. Ya que estuve -medio bueno de mi negra trepa y cardenales, considerando -que á pocos golpes tales el cruel ciego ahorraria de -mi, quise yo ahorrar de él: mas no lo hice tan presto, por -hacerlo mas á mi salvo y provecho.</p> - -<p>Aunque yo quisiera asentar mi corazon y perdonarle el -jarrazo, no daba lugar el mal tratamiento que el mal ciego -desde allí adelante me hacia; que sin causa ni razon me -heria, dándome coscorrones y repelándome. Y si alguno le -decia, por qué me trataba tan mal, luego contaba el cuento -del jarro, diciendo: ¿pensais que este mi mozo es algun -inocente? pues oid si el demonio ensayara otra tal hazaña. -Santiguándose los que le oían, decian: mira, quien pensara -de un muchacho tan pequeño tal ruindad, y se reían -mucho del artificio, y decíanle: castigadle, castigadle, que -de Dios lo habreis. Y él con aquello nunca otra cosa hacia: -y en esto yo siempre le llevaba por los peores caminos, y -adrede por hacerle mal y daño. Si habia piedras, por ellas; -si lodo, por lo mas alto: que aunque yo no iba por lo mas<span class="pagenum"><a name="Page_194" id="Page_194">[194]</a></span> -enjuto, holgábame de quebrarme un ojo, por quebrar dos -al que ninguno tenia. Con esto siempre con el cabo alto del -tiento me atentaba el colodrillo, el cual siempre traía lleno -de tolondrones y pelado de sus manos. Y aunque yo juraba -no hacerlo con malicia, sino por no hallar mejor camino, -no me aprovechaba, ni me creía; mas tal era el sentido y -el grandísimo entendimiento del traidor.</p> - -<p>Y porque vea vuestra merced á cuanto se extendia el ingenio -de este astuto ciego, contaré un caso de muchos que -con él me acaecieron, en el cual me parece dió bien á entender -su grande astucia. Cuando salimos de Salamanca, -su motivo fue venir á tierra de Toledo, porque decia ser la -gente mas rica, aunque no muy limosnera. Arrimábase á -este refran: <i>mas da el duro que el desnudo</i>. Y vinimos á este -camino por los mejores lugares. Donde hallaba buena acogida -y ganancia, deteníamonos; donde no, al tercero dia -hacíamos San Juan. Acaeció que llegando á un lugar que -llaman <i>Almorox</i>, al tiempo que cogian las uvas, un vendimiador -le dió un racimo de ellas en limosna; y como suelen -ir los cestos maltratados, y tambien porque la uva en aquel -tiempo está muy madura, desgranábasele el racimo en la -mano. Al echarle en el fardel, tornábase mosto; y de lo que -á él se llegaba, acordó de hacer un banquete, así por no -poder llevarlo, como por contentarme; en aquel dia me -habia dado muchos rodillazos y golpes. Sentámonos en un -valladar, y dijo: ahora quiero yo usar contigo de una liberalidad, -y es que ambos comamos este racimo de uvas, y -que hayas de él tanta parte como yo. Partir lo hemos de -esta manera: tu picarás una vez, y yo otra, con tal que me -prometas no tomar cada vez mas que una, y yo haré lo -mismo hasta que le acabemos, y de esta suerte no habrá -engaño. Hecho así el concierto comenzamos, mas luego al -segundo lance el traidor mudó propósito, y comenzó á tomar -de dos en dos, considerando que yo deberia hacer lo -mismo. Como vi que él quebraba la postura, no me contenté -con ir á la par con él, mas aun pasaba adelante, dos<span class="pagenum"><a name="Page_195" id="Page_195">[195]</a></span> -á dos y tres á tres, y como podia las comia. Acabado el racimo, -estuvo un poco con el escobajo en la mano, y meneando -la cabeza, dijo: Lázaro, engañado me has: juraré -yo á Dios que has tu comido las uvas tres á tres. No comí, -dije yo: ¿mas porqué sospechais eso? Respondió el sagacísimo -ciego, ¿sabes en qué veo que las comiste tres á tres? -en que comia yo dos á dos, y callabas. Reíme entre mí, y -aunque muchacho, noté la discreta consideracion del ciego. -Mas por no ser prolijo, dejo de contar muchas cosas así -graciosas como de notar, que con este mi primer amo me -acaecieron; y quiero decir el despidiente, y con él acabar. -Estábamos en Escalona, villa del duque della, y dióme un -pedazo de longaniza que le asase. Ya que la longaniza habia -pringado, y comídose las pringadas, sacó un maravedí de -la bolsa, y mandóme que fuese por vino á la taberna. Púsome -el demonio el aparejo delante los ojos, el cual (como -suelen decir) hace el ladron: y fue que habia cabe el fuego -un nabo pequeño larguillo y ruinoso, y tal que por no ser -para la olla, debió de ser echado allí. Y como al presente -nadie estuviese sino él y yo solos, como me vi con apetito -goloso, habiéndome puesto dentro el sabroso olor de la -longaniza, del cual solamente sabia que habia de gozar, no -mirando que me podria suceder, pospuesto todo el temor -por cumplir con el deseo, en tanto que él sacaba de la bolsa -el dinero, saqué la longaniza, y muy presto metí el sobredicho -nabo en el asador: el cual mi amo, dándome el -dinero para el vino, tomó y comenzó á dar vueltas al fuego, -queriendo asar al que de ser cocido por sus deméritos habia -escapado. Yo fuí por el vino, con el cual no tardé en -despachar la longaniza: y cuando vine, hallé al pecador del -ciego que tenia entre dos rebanadas apretado el nabo, el -cual aun no habia conocido, por no haber tentado con la -mano. Como tomase las rebanadas y mordiese en ellas, -pensando tambien llevar parte de la longaniza, hallóse frio -con el frio nabo, alteróse y dijo: ¿qué es esto, Lazarillo? Lazaredo -de mi, dije yo, si quereis á mi echar algo ¿no vengo<span class="pagenum"><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span> -yo de traer el vino? alguno estaba ahí, y por burlarse haria -esto. No, no, dijo él, que yo no he dejado el asador de la -mano; no es posible. Yo torné á jurar y perjurar que estaba -libre de aquel trueco y cambio; mas poco me aprovechó, -pues á las astucias del maldito ciego nada se le escondia. -Levantóse y asióme por la cabeza y llegóse á olerme, y como -debió sentir el huelgo á uso de buen podenco, por mejor -satisfacerse de la verdad, y con la gran agonía que llevaba, -asiéndome con las manos, abrióme la boca mas de -su derecho, y desatentadamente metia la nariz, la cual él -tenia luenga y afilada, que en aquella sazon con el enojo -se habia aumentado un palmo, con el pico de la cual me -llegó á la gulilla. Con esto y con el gran miedo que tenia, -y con la brevedad del tiempo, la negra longaniza aun no -habia hecho asiento en el estómago; y lo mas principal, -con el destiendo de la cumplidísima nariz, medio casi ahogado -me tuvo: todas estas cosas se juntaron y fueron causa -que el hecho y golosina se manifestase, y lo suyo fuese vuelto -á su dueño: de manera que antes que el mal ciego sacase -de mi boca su trompa, tal alteracion sintió mi estómago, -que le dió con el hurto en ella, de suerte que su nariz y la -negra mal mascada longaniza á un tiempo salieron de mi -boca. ¡O gran Dios, quién estuviera á aquella hora sepultado, -que muerto ya lo estaba! Fue tal el coraje del perverso -ciego, que si al ruido no acudieran, pienso no me dejara -con la vida.</p> - -<p>Sacáronme dentre sus manos, dejándoselas llenas de -aquellos pocos cabellos que tenia, arañada la cara y rascuñado -el pescuezo y la garganta: y esto bien lo merecia, -pues por su maldad me venian tantas persecuciones. Contaba -el mal ciego á todos cuantos allí se allegaban mis desastres, -y dábales cuenta una y otra vez, así de la del jarro, -como de la del racimo, y ahora de lo presente. Era la risa -de todos tan grande, que toda la gente, que por la calle -pasaba, entraba á ver la fiesta. Mas con tanta gracia y -donaire contaba el ciego mis hazañas, que aunque yo estaba<span class="pagenum"><a name="Page_197" id="Page_197">[197]</a></span> -tan maltratado y llorando, me parecia que hacia sin -justicia en no se las reir. Y en cuanto esto pasaba, á la memoria -me vino una cobardía y flojedad que hice porque me -maldecia, y fue no dejarle sin narices, pues tan buen tiempo -tuve para ello, que la mitad del camino estaba andado, -que con solo apretar los dientes, se me quedaran en casa, -y con ser de aquel malvado por ventura lo retuviera mejor -mi estómago, que retuvo la longaniza, y no pareciendo -ellas, pudiera negar la demanda. Pluguiera á Dios que lo hubiera -hecho, que esto fuera así que así. Hiciéronnos amigos -la mesonera y los que allí estaban, y con el vino que -para beber le habia traido, laváronme la cara y la garganta, -sobre lo cual discantaba el mal ciego donaires, diciendo: -por verdad, mas vino me gasta este mozo en lavatorios -al cabo del año, que yo no bebo en dos. Y luego contaba -cuantas veces me habia descalabrado y harpado la cara, y -con vino luego sanaba. Yo te digo, dijo, que si hombre en -el mundo ha de ser bienaventurado con vino, que serás tu; -y reían mucho los que me lavaban con esto, aunque yo -renegaba. Mas el pronóstico del ciego no salió mentiroso, -y despues acá muchas veces me acuerdo de aquel hombre -que sin duda debia tener espíritu de profecía; y me pesa de -los sinsabores que le hice, aunque bien se lo pagué, considerando, -lo que aquel dia me dijo, salirme tan verdadero -como adelante vuestra merced oirá.</p> - -<p>Visto esto y las malas burlas que el ciego burlaba de mi, -determiné de todo en todo dejarle, como lo traía pensado y -lo tenia en voluntad: con este postrer juego que me hizo -afirmélo mas. Y fue así, que luego otro dia salimos por la -villa á pedir limosna, y habia llovido mucho la noche antes, -y el dia tambien llovia; y andaba rezando debajo de -unos portales que en aquel pueblo habia, donde no nos -mojábamos. Mas como la noche se venia y el llover no cesaba, -díjome el ciego: Lázaro, esta agua es muy porfiada, -y cuanto la noche mas cierra, mas recia: acojámonos á la -posada con tiempo. Para ir á allá habíamos de pasar un<span class="pagenum"><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span> -arroyo que con la mucha agua iba grande, yo le dije: tio -el arroyo va muy ancho; mas si quereis, yo veo por donde -travesemos mas aina sin mojarnos, porque se estrecha -allí mucho, y saltando pasaremos á pie enjuto. Parecióle -buen consejo, y dijo: discreto eres, por esto te quiero bien: -llévame á ese lugar donde el arroyo se angosta, que ahora -es invierno y sabe mal el agua, y mas llevar los pies mojados. -Yo que vi el aparejo á mi deseo, saquéle debajo los -portales y llevéle derecho de un pilar ó poste de piedra que -en la plaza estaba, sobre el cual y sobre otros cargaban saledizos -de aquellas casas, y díjele: tio, este es el paso mas -angosto que en el arroyo hay. Como llovia recio y el triste -se mojaba, y con la priesa que llevábamos de salir del agua -que encima nos caía, y lo mas principal porque Dios le cegó -aquella hora el entendimiento, fue por darme de él -venganza. Creyóse de mi, y dijo, ponme bien derecho, -y salta tu el arroyo. Yo le puse bien derecho en frente -del pilar, y doy un salto y póngome detrás del poste, -como quien espera tope de toro, y díjele: sus, saltad todo -lo que podais, porque deis de este cabo del agua. Aun apenas -lo habia acabado de decir, cuando se abalanza el pobre -ciego como cabron, de toda su fuerza arremete, tomando un -paso atrás de la corrida para hacer mayor salto; y da -con la cabeza en el poste que sonó tan recio como si diera -con una gran calabaza, y cayó luego para atrás medio -muerto y hendida la cabeza. ¿Cómo oliste la longaniza, y -no el poste? pues oledle, dije yo. Y dejéle en poder de mucha -gente que le habia ido á socorrer, y tomé la puerta de -la villa en los pies de un trote; y antes que la noche viniese, -di conmigo en Torrijo. No supe mas lo que Dios de él hizo, -ni curé de saberlo.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<h3 id="Chapter_2">Como Lázaro se asentó con un clérigo, y de las cosas que con él pasó.</h3> - - -<p>Otro dia no pareciéndome estar allí seguro, fuíme á un<span class="pagenum"><a name="Page_199" id="Page_199">[199]</a></span> -lugar que llaman Maqueda, adonde me toparon mis pecados -con un clérigo, que llegando á pedir limosna, me preguntó -si sabia ayudar á misa. Yo dije que sí, como era verdad; -que aunque maltratado, mil cosas buenas me mostró -el pecador del ciego, y una de ellas fue esta. Finalmente, el -clérigo me recibió por suyo.</p> - -<p>Escapé del trueno y di en el relámpago, porque era el -ciego para con este un Alejandro Magno, con ser la misma -avaricia, como he contado. No digo mas, sino que toda la -laceria del mundo estada encerrada en este. No sé si de su -cosecha era, ó lo habia añejado con el hábito de clerecía. -Él tenia una arca vieja cerrada con su llave, la cual traía -atada con una agujeta del paletoque: y en viniendo el bodigo -de la iglesia, por su mano era luego allí lanzado, y -tornaba á cerrar el arca. En toda la casa no habia ninguna -cosa de comer, como suele estar en otras algun tocino colgado -al humero, algun queso puesto en alguna tabla ó en -el armario, algun canastillo con algunos pedazos de pan -que de la mesa sobran, que me parece á mi, que aunque -de ello no me aprovechara, con la vista de ello me consolara. -Solamente habia una horca de cebollas y debajo llave en -una cámara en lo alto de la casa. De estas tenia yo de racion -una para cada cuatro dias; y cuando le pedia la llave para -ir por ella, si alguno estaba presente, echaba mano al falsopeto, -y con gran continencia la desataba y me la daba, -diciendo: toma, y vuélvela luego, no hagas sino golosinar, -como si debajo de ella estuvieran todas las conservas de Valencia, -con no haber en la dicha cámara, como dije, -maldita la otra cosa que las cebollas colgadas de un clavo, -las cuales él tenia tan bien por cuenta, que si por mal de -mis pecados me desmandara á mas de mi tasa, me costara -caro. Finalmente yo me finaba de hambre, pues ya que -conmigo tenia poca caridad, consigo usaba mas. Cinco -blancas de carne era su ordinario para comer y cenar; verdad -es que partia conmigo del caldo: que de la carne, como -la hay en el ojo, sino un poco de pan: y pluguiera<span class="pagenum"><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span> -á Dios que me demediara. Los sábados cómense en esta tierra -cabezas de carnero, y enviábame por una que costaba -tres maravedís. Aquella la cocia, y comia los ojos y la lengua, -y el corazon y sesos, y la carne que en las quijadas -tenia: dábame todos los huesos roidos, y dábamelos en el -plato, diciendo: toma, come, triunfa, que para ti es el mundo: -mejor vida tienes que el papa. Tal te la dé Dios, decia -yo paso entre mi.</p> - -<p>Al cabo de tres semanas que estuve con él, vine á tanta -flaqueza que no me podia tener en las piernas de pura hambre. -Vime claramente ya en la sepultura, si Dios y mi saber -no me remediaran. Para usar de mis mañas no tenia aparejo, -por no tener en que darle asalto: y aunque algo hubiera, -no pudiera cegarle, como hacia al que Dios perdone, si de -aquella calabazada feneció: que todavía aunque astuto, con -faltarle aquel preciado sentido, no me sentia. Mas estotro, -ninguno hay que tan aguda vista tuviese, como él tenia. -Cuando al ofertorio estábamos, ninguna blanca en la concha -caía, que no era de él registrada. El un ojo tenia en la -gente, y el otro en mis manos. Bailábanme los ojos en el -cajo, como si fueran de azogue. Cuantas blancas ofrecian, -tenia por cuenta. Acabado el ofrecer, luego me quitaba la -concheta, y la ponia sobre el altar. No fuí yo señor de asirle -una blanca, todo el tiempo que con él viví, ó por mejor -decir, morí. De la taberna nunca le traje una blanca de -vino, mas aquel poco que de la ofrenda habia metido en su -arca, compasaba de tal forma que le duraba toda la semana. -Y por ocultar su gran mezquindad, decíame: mira mozo, -los sacerdotes han de ser muy templados en su comer -y beber; por esto yo no me desmando como otros. Mas el -lacerado mentia falsamente, porque en cofradías y mortuorios -que rezábamos á costa ajena, comia como lobo, y bebia -mas que un saludador. Y porque dije mortuorios, Dios me -perdone, que jamás fuí enemigo de la naturaleza humana -sino entonces: y esto era, porque comíamos bien y me hartaba. -Deseaba y aun rogaba á Dios que cada dia matase el<span class="pagenum"><a name="Page_201" id="Page_201">[201]</a></span> -suyo. Cuando dábamos sacramento á los enfermos, especialmente -la extremauncion, como manda el clérigo rezar -á los que están allí, yo cierto no era el postrero de la oracion; -y con todo mi corazon y buena voluntad rogaba al -Señor, no que le echase á la parte que mas servido fuese, -como se suele decir, mas que le llevase de este mundo. Y -cuando alguno de estos escapaba, (Dios me lo perdone) -mil veces le daba al diablo, y el que se moria, otras tantas -bendiciones llevaba de mi dichas.</p> - -<p>En todo el tiempo que allí estuve, que serian cuasi seis -meses, solas veinte personas fallecieron, y estas bien creo -que las maté yo, ó por mejor decir, murieron á mi recuesta: -porque viendo el Señor mi rabiosa y continua muerte, -pienso que se holgaba de matarlos por darme á mi vida. -Mas de lo que al presente padecia, remedio no hallaba, que -si el dia que enterrábamos, yo vivia, los dias que no habia -muerto, por quedar bien vezado de la hartura, tornando á -mi cotidiana hambre, mas lo sentia; de manera que en -nada hallaba descanso, salvo en la muerte, que yo tambien -para mi como para ellos otros deseaba algunas veces. Mas -no la veía, aunque estaba siempre en mi.</p> - -<p>Pensé muchas veces irme de aquel mezquino amo, mas -por dos cosas lo dejaba. La primera por no atraverme á mis -piernas, por temor de la flaqueza que de pura hambre me -tenia; y la otra, consideraba y decia: yo he tenido dos -amos; el primero traíame muerto de hambre, y dejándole -topé con estotro que me tiene ya con ella en la sepultura; -pues si de este desisto y doy en otro mas bajo, ¡qué será sino -fenecer! Con esto no me osaba menear, porque tenia -por fe que todos los grados habia de hallar mas ruines, y -á bajar otro punto, no soñara Lázaro ni se oyera en el -mundo.</p> - -<p>Pues estando en tal afliccion, que le plegue al Señor librar -de ella á todo fiel cristiano; y sin saber darme consejo, -viéndome ir de mal en peor; un dia que el cuitado, ruin -y lacerado de mi amo habia ido fuera del lugar, llegó acaso<span class="pagenum"><a name="Page_202" id="Page_202">[202]</a></span> -á mi puerta un calderero, el cual yo creo que fue ángel enviado -á mi por la mano de Dios en aquel hábito, y preguntóme -si tenia algo que adobar.</p> - -<p>En mi tenias bien que hacer; y no haríais poco, si me -remediáseis, dije paso que no me oyó. Mas como no era -tiempo de gastarlo en decir gracias, alumbrado por el Espíritu -santo, le dije, tio una llave de esta arca he perdido, -y temo mi señor me azote: por vuestra vida veais, si en -estas que traeis, alguna hay que le haga, que yo os lo pagaré. -Comenzó á probar el angélico calderero una y otra de -un gran sartal que de ellas traía, y yo á ayudarle con mis -flacas oraciones: cuando no me cato, veo en figura de panes, -como dicen, la cara de Dios dentro del arca: y abierta, -díjele: yo no tengo dinero que daros por la llave, mas tomad -de ahí el pago. El tomó un bodigo de aquellos, el que -mejor le pareció; y dejándome mi llave, se fue muy contento, -dejándome mas á mí. Mas no toqué en nada por el -presente, porque no fuese la falta sentida; y aun porque -me vi de tanto bien señor, parecióme que la hambre no se -me osaba llegar.</p> - -<p>Vino el mísero de mi amo, y quiso Dios no miró en la -oblada que el ángel habia llevado; y otro dia saliendo de -casa, abro mi paraiso panal y tomo entre las manos y dientes -un bodigo, y en dos credos le hice invisible, no olvidándoseme -el arca abierta: y comienzo á barrer la casa con -mucha alegría, pareciéndome con aquel remedio remediar -de allí en adelante la triste vida, y así estuve con ello aquel -dia y otro gozoso. Mas no estaba en mi dicha que me durase -mucho aquel descanso, porque luego al tercero dia me -vino la terciana derecha, y fue que veo á deshora al que -mataba de hambre sobre nuestra arca, volviendo y revolviendo -y tornando contar los panes. Yo disimulaba, y en -mi secreta oracion, devociones y plegarias decia san Juan y -ciégale.</p> - -<p>Despues que estuvo un gran rato echando la cuenta, por -dias y dedos contando, dijo: si no tuviera á tan buen recaudo<span class="pagenum"><a name="Page_203" id="Page_203">[203]</a></span> -esta arca, yo dijera que me habian tomado de ella panes; -pero de hoy mas, solo por cerrar puerta á la sospecha, -quiero tener buena cuenta con ellos, nueve quedan y un -pedazo. Nuevas malas te dé Dios, dije entre mí; parecióme -con lo que dijo, pasarme el corazon con saeta de montero, -y comenzóme el estómago á escarbar de hambre, viéndose -puesto en la dieta pasada. Fue fuera de casa, y yo por consolarme -abro el arca, y como vi el pan, comencéle á adorar -(no osando recibirle), contélos, si á dicha el lacerado -se errara; y hallé su cuenta mas verdadera que yo quisiera. -Lo mas que yo pude hacer, fue dar en ellos mil besos: y lo -mas delicado que yo pude, del partido partí un poco al pelo -que él estaba, y con aquel pasé aquel dia, no tan alegre -como el pasado.</p> - -<p>Mas como la hambre creciese, mayormente que tenia el -estómago hecho á mas pan aquellos dos ó tres dias ya dichos, -moria de mala muerte; tanto que otra cosa no hacia -en viéndome solo, sino abrir y cerrar el arca y contemplar -en aquella cara de Dios, que así dicen los niños. Mas el mismo -Dios que socorre á los afligidos, viéndome en tal estrecho, -trajo á mi memoria un pequeño remedio, que considerando -entre mi, dije: este arcon es viejo, grande y roto -por algunas partes; aunque con pequeños agujeros, -puédese pensar que ratones entrando en él hacen daño á -este pan. Sacarlo enteramente, no es cosa conveniente, -porque verá la falta el que en tanta me hace vivir. Esto -bien se sufre. Y comienzo á desmigajar el pan sobre unos -no muy costosos manteles que allí estaban, tomo uno y dejo -otro: de manera que en cada cual de tres ó cuatro desmigajo -su poco, y despues como quien toma grajea, lo comí -y algo me consolé. Mas él como viniese á comer y abriese -el arca, vió el mal pesar, y sin duda creyó ser ratones los -que el daño habian hecho, porque estaba muy al propio -contrahecho de como ellos le suelen hacer. Miró toda el arca -de un cabo á otro, y vióla ciertos agujeros por do sospechaba -habian entrado, llamóme diciendo: Lázaro, mira que<span class="pagenum"><a name="Page_204" id="Page_204">[204]</a></span> -persecucion ha venido aquesta noche por nuestro pan. Yo -híceme muy maravillado, preguntándole qué seria. ¿Qué -ha de ser? dijo él; ratones que no dejan cosa á vida. Pusímonos -á comer, y quiso Dios que aun en esto me fue bien; -que me cupo mas pan que la laceria que me solia dar, porque -rayó con un cuchillo todo lo que pensó ser ratonado, -diciendo: cómete eso, que el raton cosa limpia es. Y así -aquel dia añadiendo la racion del trabajo de mis manos ó -de mis uñas, por mejor decir, acabamos de comer, aunque -yo nunca empezaba. Y luego me vino otro sobresalto, que -fue verle andar solícito, quitando clavos de paredes y buscando -tablillas, con las cuales clavó y cerró todos los agujeros -de la vieja arca. ¿O señor mio? dije yo entonces; ¡á -cuánta miseria, fortuna y desastres estamos expuestos los -nacidos! ¡y cuán poco duran los placeres de esta nuestra -trabajosa vida! Heme aquí, que pensaba, con este pobre y -triste remedio remediar y pasar mi laceria, y estaba ya -cuanto que alegre y de buena aventura. Mas no quiso mi -desdicha, despertando á este lazaredo de mi amo, y poniéndole -mas diligencia de la que él de suyo se tenia (pues -los míseros por la mayor parte nunca de aquella carecen), -ahora cerrando los agujeros del arca, cerrase la puerta á mi -consuelo y la abriese á mis trabajos.</p> - -<p>Así lamentaba yo en tanto que mi solícito carpintero con -muchos clavos y tablillas dió fin á sus obras, diciendo: ahora, -dueños traidores ratones, os conviene mudar propósito -que en esta casa mala medra teneis.</p> - -<p>De que salió de su casa, voy á ver la obra, y hallé que -no dejó en la triste y vieja arca agujero ni aun por donde -pudiese entrar un mosquito. Abro con mi desaprovechada -llave, sin esperanza de sacar provecho; y vi los dos ó tres -panes comenzados, los que mi amo creyó ser ratonados; y -de ellos todavía saqué alguna laceria, tocándolos muy lijeramente -á uso de esgrimidor diestro.</p> - -<p>Como la necesidad sea tan gran maestra, viéndome con -tanta hambre, noche y dia estaba pensando la manera que<span class="pagenum"><a name="Page_205" id="Page_205">[205]</a></span> -tenia para sustentar el vivir: y pienso para hallar estos negros -remedios que me era luz la hambre, pues dicen que el -ingenio con ella se avisa, y al contrario con la hartura; y -así era por cierto en mi. Pues estando una noche desvelado -en este pensamiento, pensando como me podria valer y -aprovechar del arca, sentí que mi amo dormia, porque lo -mostraba con roncar y en unos resoplidos grandes que daba -cuando estaba durmiendo. Levantéme muy quedito, y habiendo -en el dia pensado lo que habia de hacer, y dejado -un cuchillo viejo que por allí andaba en parte do le hallase, -voyme á la triste arca, y por do habia mirado tener menos -defensa, la acometí con el cuchillo, que á manera de barreno -de él usé: y como la antiquísima arca, por ser de tantos -años, la hallase sin fuerza y corazon, antes muy blanda -y carcomida, luego se me rindió, y consintió en su costado -por mi remedio un buen agujero. Esto hecho, abro -muy paso la llagada arca, y al tiento de pan que hallé partido, -hice segun de suso está escrito. Y con aquello algun -tanto consolado, tornando á cerrar me volví á mis pajas, -en las cuales reposé y dormí un poco, lo cual yo hacia mal, -y echábalo al no comer: y así seria, porque cierto en aquel -tiempo no me debian de quitar el sueño los cuidados del -rey de Francia.</p> - -<p>Otro dia fue por el señor mi amo visto el daño, así del -pan como del agujero que yo habia hecho, y comenzó á dar -al diablo los ratones y decir: ¿qué diremos á esto? nunca -haber sentido ratones en esta casa sino ahora. Y sin duda -debia de decir verdad, porque si casa habia de haber en el -reino justamente de ellos privilegiada, aquella de razon habia -de ser, porque no suelen morar donde no hay que comer. -Torna á buscar clavos por la casa y por las paredes, y -tablillas para taparlos. Venida la noche y su reposo, luego -era puesto en pie con mi aparejo, y cuantos él tapaba de -dia, destapaba yo de noche.</p> - -<p>En tal manera fue, y tal priesa nos dimos, que sin duda -por esto se debió de decir: donde una puerta se cierra, otra<span class="pagenum"><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span> -se abre. Finalmente parecíamos tener á destajo la tela de -Penélope, pues cuanto él tejia de dia, rompia yo la noche. -Y en pocos dias y noches pusimos la pobre dispensa de tal -forma, que quien quisiera propiamente de ella hablar, mas -coraza vieja de otro tiempo que no arca la llamara, segun -la clavazon y tachuelas que sobre sí tenia. De que vió no -aprovecharle nada su remedio, dijo: esta arca está tan maltratada, -y es de madera tan vieja y flaca, que no habrá raton -de quien se defienda, y va ya tal que si andamos mas -con ella, nos dejará sin guarda; y aun lo peor es, que aunque -hace poca, todavía hará falta faltando, y me pondrá -en costa de otros tres ó cuatro reales. El mejor remedio que -hallo, pues el de hasta aquí no aprovecha, es armar por -dentro á estos ratones malditos. Luego buscó prestada una -ratonera, y con cortezas de queso que á los vecinos pedia, -continuo el gato estaba armado dentro del arca: lo cual era -para mi singular ausilio, porque puesto el caso que yo no -habia menester muchas salsas para comer, todavía me holgaba -con las cortezas de queso que de la ratonera sacaba, -y sin esto no perdonaba el ratonar del bodigo. Como hallase -el pan ratonado y el queso comido, y no cayese el raton -que lo comia, dábase al diablo y preguntaba á los vecinos -que podria ser, comer el queso y sacarlo de la ratonera, -y no caer ni quedar dentro el raton, y hallar caida la trampilla -del gato. Acordaron los vecinos no ser el raton el que -este daño hacia, porque no podria menos de haber caido -alguna vez. Díjole un vecino: en nuestra casa yo me acuerdo -que solia andar una culebra, y esta debe de ser sin duda; -y lleva razon, que como es larga, tiene lugar de tomar el -cebo; y aunque la coja la trampilla encima, como no entre -toda dentro, tórnase á salir. Cuadró á todos lo que aquel -dijo, y alteró mucho á mi amo; y de allí en adelante no -dormia tan á sueño suelto, que cualquier gusano de la madera -que de noche sonase, pensaba ser la culebra que le -roia el arca. Luego era puesto en pie, y con un garrote que -á la cabecera (desde que aquello le dijeron) ponia, daba en<span class="pagenum"><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span> -la pecadora del arca grandes garrotazos, pensando espantar -la culebra. Á los vecinos despertaba con el estruendo que -hacia, y á mi no dejaba dormir. Íbase á mis pajas y trastornábalas -y á mi con ellas, pensando que se iba para mi, -y se envolvia en mis pajas ó en mi sayo, porque le decian -que de noche acaecia á estos animales buscando calor irse á -las cunas donde están criaturas, y aun morderlas y hacerlas -peligrar. Yo las mas veces hacia del dormido, y en la -mañana decíame él: ¿esta noche, mozo, no sentiste nada? -pues tras la culebra anduve, y aun pienso se ha de ir para -ti á la cama, que son muy frias y buscan calor. Plegue á -Dios que no me muerda, decia yo, que harto miedo la tengo. -De esta manera andaba tan elevado y levantado del sueño, -que la culebra, ó el culebro por mejor decir, no osaba -roer de noche ni levantarse al arca: mas de dia mientras -estaba en la iglesia ó por el lugar, hacia mis saltos.</p> - -<p>Los cuales daños viendo él, y el poco remedio que les podia -poner, andaba de noche, como digo, hecho trasgo. Yo -hube miedo que con aquellas diligencias no me topase con -la llave que debajo de las pajas tenia, y parecióme lo mas -seguro meterla de noche en la boca, porque ya desde que -viví con el ciego, la tenia tan hecha bolsa, que me acaeció -tener en ella doce ó quince maravedís todo en medias blancas, -sin que me estorbase el comer; porque de otra manera -no era señor de una blanca que el maldito ciego no cayese -con ella, no dejando costura ni remedio que no me -buscaba muy á menudo. Pues así como digo, metia cada -noche la llave en la boca, y dormia sin recelo que el brujo -de mi amo cayese con ella.</p> - -<p>Quisieron mis hados, ó por mejor decir, mis pecados, -que una noche que estaba durmiendo, la llave se me puso -en la boca, que abierta debia tener, de tal manera y postura, -que el aire y resoplo que ya durmiendo echaba, salia -por lo hueco de la llave que de cañuto era, y silbaba (segun -mi desastre quiso) muy recio: de tal manera que el sobresaltado -de mi amo lo oyó, y creyó sin duda ser el silbo de la<span class="pagenum"><a name="Page_208" id="Page_208">[208]</a></span> -culebra; y cierto lo debia parecer. Levantóse muy paso con -su garrote en la mano, y al tiento y sonido de la culebra se -llegó á mi con mucha quietud, por no ser sentido de la culebra; -y como cerca se vió, pensó que allí en las pajas do -yo estaba echado, al calor mio se habia venido. Levantando -bien el palo, pensando tenerla debajo, y darle tal garrotazo -que la matase, con toda su fuerza me descarga en la -cabeza tan gran golpe, que sin ningun sentido y muy mal -descalabrado me dejó. Como sintió que me habia dado, segun -yo debia hacer gran sentimiento con el fiero golpe; -contaba él que se habia llegado á mi, y dándome grandes -voces y llamándome procuró recordarme. Mas como me -tocase con las manos, tentó la mucha sangre que se me -iba, y conoció el daño que me habia hecho; y con mucha -priesa fue á buscar lumbre; y llegando con ella, hallóme -quejando, todavía con mi llave en la boca, que nunca la -desamparé, la mitad fuera, bien que de aquella manera que -debia estar al tiempo que silbaba con ella. Espantado el -matador de culebras que podria ser aquella llave, miróla -sacándomela del todo de la boca, y vió lo que era, porque -en las guardas nada de la suya diferenciaba. Fue luego á -probarla, y con ella probó el maleficio. Debió de decir el -cruel cazador: el raton y culebra que me daban guerra y -me comian mi hacienda, he hallado.</p> - -<p>De lo que sucedió en aquellos tres dias siguientes ninguna -seña daré, porque los tuve en el vientre de la ballena; -mas esto que he contado, oí (despues que en mi torné) -decir á mi amo, el cual á cuantos allí venian, lo contaba -por extenso. Al cabo de tres dias, yo torné en mi sentido, -y vime echado en mis pajas, la cabeza toda emplastada, y -llena de aceites y ungüentos, y espantado dije: ¿qué es esto? -Respondióme el cruel sacerdote: á fe que los ratones y culebras -que me destruían, ya los he cazado. Y miré por mi, -y vime tan maltratado que luego sospeché mi mal. Á esta -hora entró una vieja que ensalmaba y los vecinos, y comiénzanme -á quitar trapos de la cabeza y curar el garrotazo;<span class="pagenum"><a name="Page_209" id="Page_209">[209]</a></span> -y como me hallaron vuelto en mi sentido, holgáronse -mucho, y dijeron: pues ha tornado en su acuerdo, placerá -á Dios no será nada. Tornaron de nuevo á contar mis cuitas -y á reirlas, y yo pecador á llorarlas. Con todo esto -diéronme de comer que estaba transido de hambre, y apenas -me pudieron remediar: y así de poco en poco á los -quince dias me levanté y estuve sin peligro, mas no sin -hambre y medio sano. Luego otro dia que fuí levantado, -el señor mi amo me tomó por la mano y sacóme la puerta -fuera, y puesto en la calle díjome: Lázaro, de hoy mas eres -tuyo y no mio; busca amo y vete con Dios, que yo no quiero -en mi compañía tan diligente servidor. No es posible sino -que hayas sido mozo de ciego, y santiguándose de mi, -como si yo estuviera endemoniado, se volvió á meter en -casa y cerrar su puerta.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<h3 id="Chapter_3">Como Lázaro se asentó con un escudero, y de lo que le acaeció -con él.</h3> - - -<p>De esta manera me fue forzado sacar fuerzas de flaqueza, -y poco á poco con ayuda de las buenas gentes di conmigo -en esta insigne ciudad de Toledo, en donde, con la merced -de Dios de allí á quince dias se me cerró la herida.</p> - -<p>Mientras estaba malo, siempre me daban alguna limosna, -mas despues que estuve sano, todos me decian: tu bellaco -y gallofero eres; busca, busca un amo á quien sirvas. -¿Y adónde se hallará ese, decia yo entre mi, si Dios ahora -de nuevo, como crió el mundo, no le criase?</p> - -<p>Andando así discurriendo de puerta en puerta con harto -poco remedio (porque ya la caridad se subió al cielo), topé -con un escudero que iba por la calle con razonable vestido, -bien peinado, su paso y compás en órden. Miróme, y -yo á él, y díjome: ¿muchacho, buscas amo? yo le dije: si -señor. Pues vente tras mi, me respondió, que Dios te ha -hecho merced en topar conmigo: alguna buena oracion<span class="pagenum"><a name="Page_210" id="Page_210">[210]</a></span> -rezaste hoy. Yo seguíle dando gracias á Dios por lo que oí, y -tambien que me parecia segun su hábito y continente ser -el que yo habia menester. Era de mañana cuando este mi -tercero amo topé, y llevóme tras sí gran parte de la ciudad. -Pasamos por las plazas do se vendian pan y otras provisiones, -y yo pensaba y aun deseaba que allí me cargase de lo -que se vendia, porque esta era propia hora cuando se suele -proveer de lo necesario: mas muy á tendido paso pasaba -por estas cosas. Por ventura no lo ve aquí á su contento, -decia yo, y querrá que lo compremos en otro cabo.</p> - -<p>De esta manera anduvimos, hasta que dieron las once: -entonces se entró en la Iglesia mayor y yo tras él, y muy -devotamente le vi oir misa y los otros oficios divinos, hasta -que todo fue acabado; y la gente ida, entonces salimos de -la iglesia, y á buen paso tendido comenzamos á ir por una -calle abajo. Yo iba el mas alegre del mundo en ver que no -nos habíamos ocupado en buscar de comer: bien consideré -que debia ser hombre mi nuevo amo que se proveía en junto, -y que ya la comida estaria á punto, y tal como deseaba -y aun la habia menester. En este tiempo dió el reloj la una -despues del mediodia, y llegamos á una casa ante la cual -mi amo se paró y yo con él; y derribando el cabo de la capa -sobre el lado izquierdo, sacó una llave de la manga y abrió -su puerta. Entramos en casa, la cual tenia la entrada obscura -y lóbrega, de tal manera que parecia que ponia temor -á los que en ella entraban, aunque dentro de ella estaba un -patio pequeño y razonables cámaras. De que fuímos entrados, -quita de sobre sí su capa, y preguntando si tenia las -manos limpias, la sacudimos y doblamos, y muy limpiamente -soplando un poyo que allí estaba, la puso en él. Hecho -esto, sentóse cabo de ella, preguntándome muy por extenso -de donde era, y como habia venido á aquella ciudad: -y yo le di mas larga cuenta que quisiera, porque me parecia -mas conveniente hora de mandar poner la mesa y escudillar -la olla, que de lo que me pedia. Esto hecho, estuvo -así un poco, y yo luego vi mala señal, por ser ya casi las<span class="pagenum"><a name="Page_211" id="Page_211">[211]</a></span> -dos, y no verle mas aliento de comer que á un muerto. Despues -de esto consideraba aquel tener cerrada la puerta con -llave, ni sentir arriba ni abajo pasos de viva persona por la -casa. Todo lo que habia visto eran paredes, sin ver en ella -silleta ni tajo, ni banco, ni mesa, ni aun tal arca como el -de marras. Finalmente ella parecia casa encantada.</p> - -<p>Estando así díjome: ¿tú mozo has comido? No señor, dije -yo, que aun no eran dadas las ocho, cuando con vuestra -merced encontré.</p> - -<p>Pues aunque de mañana, dijo él, yo habia almorzado, y -cuando así como algo, hágote saber que hasta la noche me -estoy así: por eso pásate como pudieres, que despues cenaremos.</p> - -<p>Vuestra merced crea, cuando esto le oí, que estuve en -poco de caer de mi estado, no tanto de hambre, como por conocer -de todo en todo la fortuna serme adversa. Allí se me -representaron de nuevo mis fatigas, y torné á llorar mis -trabajos. Allí se me vino á la memoria la consideracion que -hacia cuando me pensaba ir del clérigo, diciendo que aunque -aquel era desventurado y mísero, por ventura toparia -con otro peor. Finalmente allí lloré mi trabajosa vida pasada, -y mi cercana muerte venidera; y con todo, disimulando -lo mejor que pude, le dije: señor, mozo soy que no me -fatigo mucho por comer, bendito Dios. De eso me podré -yo alabar entre todos mis iguales por de mejor garganta, y -así fuí yo loado de ella hasta hoy dia de los amos que yo he -tenido. Virtud es esa, dijo él; y por eso te querré yo mas, -porque el hartarse es de los puercos, y el comer regaladamente -es de los hombres de bien. Bien te he entendido, dije -yo entre mi: maldita tanta medicina y bondad como -aquestos mis amos que yo hallo, hallan en la hambre.</p> - -<p>Púsome á un cabo del portal, y saqué unos pedazos de -pan del seno, que me habian quedado de los de por Dios. -Él, que vió esto, díjome, ven acá, mozo, ¿qué comes? Yo -lleguéme á él, y mostréle el pan. Tomóme él un pedazo de -tres que eran, el mejor y mas grande, y díjome por mi<span class="pagenum"><a name="Page_212" id="Page_212">[212]</a></span> -vida que parece este buen pan. Y como ahora, dije yo, ¡señor, -es bueno! Sí á fe, dijo él: ¿adónde le hubiste? si es -amasado de manos limpias. No sé yo eso, le dije, mas á mi -no me pone asco el sabor de ello. Así plegue á Dios, dijo el -pobre de mi amo; y llevándole á la boca, comenzó á dar -en él tan fieros bocados, como yo en el otro. Sabrosísimo -pan está, dijo, por Dios. Y como le sentí de que pie cojeaba, -dime priesa, porque le vi en disposicion que si acababa -antes que yo, se comediria á ayudarme á lo que me quedase; -y con esto acabamos casi á una. Comenzó á sacudir -con las manos unas pocas de migajas y bien menudas, que -en los pechos se le habian quedado, y entró en una camareta -que allí estaba, y sacó un jarro desbocado y no muy -nuevo; y despues que hubo bebido, convidóme con él. Yo -por hacer del continente, dije: señor, no bebo vino. Agua -es, me respondió, bien puedes beber. Entonces tomé el -jarro y bebí no mucho, porque de sed no era mi congoja.</p> - -<p>Así estuvimos hasta la noche, hablando en cosas que me -preguntaba, á las cuales yo le respondí lo mejor que supe. -En este tiempo metióme en la cámara donde estaba el jarro -de que bebimos, y díjome: mozo, párate allí, y verás como -hacemos esta cama, para que la sepas hacer de aquí -adelante. Púseme de un cabo y él del otro, é hicimos la negra -cama, en la cual no habia mucho que hacer; porque -ella tenia sobre unos bancos un cañizo, sobre el cual estaba -tendida la ropa, que por no estar muy continuada á lavar, -no parecia colchon, aunque servia de él con harta menos -lana que era menester. Aquel tendimos haciendo cuenta -de ablandarle, lo cual era imposible, porque de lo duro -mal se puede hacer blando. El diablo del enjalma maldita -la cosa tenia dentro de sí, que puesto sobre el cañizo, todas -las cañas se señalaban y parecian á lo propio entrecuesto -de flaquísimo puerco. Sobre aquel hambriento colchon -pusimos un cobertor del mismo jaez, del cual el color yo -no pude alcanzar.</p> - -<p>Hecha la cama y la noche venida, díjome: Lázaro, ya es<span class="pagenum"><a name="Page_213" id="Page_213">[213]</a></span> -tarde, de aquí á la plaza hay un gran trecho: tambien en -esta ciudad andan muchos ladrones, que siendo de noche -capean, pasemos como podamos, y mañana viniendo el dia, -Dios hará merced; porque yo por estar solo no estoy proveido, -antes he comido estos dias por allí fuera; mas ahora -hacerlo hemos de otra manera. Señor, de mi, dije yo, ninguna -pena tenga vuestra merced, que bien sé pasar una -noche y aun mas, si es menester, sin comer. Vivirás mas -sano, me respondió; porque, como decíamos hoy, no hay -tal cosa en el mundo para vivir mucho que comer poco. Si -por esa via es, dije entre mi, nunca yo moriré, que siempre -he guardado esa regla por fuerza, y aun espero en mi -desdicha tenerla toda mi vida.</p> - -<p>Acostóse en la cama, poniendo por cabezera las calzas y -el jubon, y mandóme echar á sus pies; lo cual yo hice; -mas maldito el sueño que yo dormí, porque las cañas y -mis salidos huesos en toda la noche dejaron de risar y encenderse, -que con mis trabajos, males y hambre, pienso -que en mi cuerpo no habia libra de carne: y tambien como -aquel dia no habia comido casi nada, rabiaba de hambre, -la cual con el sueño no tenia amistad. Maldíjeme mil veces -(Dios me lo perdone) y á mi ruin fortuna allí lo mas de la -noche; y lo peor, no osándome revolver por no despertarle, -pedia á Dios muchas veces la muerte.</p> - -<p>La mañana venida levantámonos, y comienza á limpiar -y sacudir sus calzas y jubon, sayo y capa, y yo que le servia -de pelillo, y vísteseme muy á su placer despacio, echéle -aguamanos. Peinóse, y púsose su espada en el talabarte, -y al tiempo que la ponia, díjome, ¡ó si supieses, mozo, -que pieza es esta! no hay marco de oro en el mundo por el -que yo la diese: mas así ninguna de cuantas Antonio hizo, -no acertó á ponerle los aceros tan prestos como esta los tiene: -y sacóla de la vaina, y tentóla con los dedos, diciendo, -vesla aquí, yo me obligo con ella á cercenar un copo -de lana. Y yo, dije entre mí, con mis dientes, aunque no -son de acero, un pan de cuatro libras.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span></p> - -<p>Tornóla á meter y ciñósela, y un sartal de cuentas gruesas -del talabarte, y con un paso sosegado y el cuerpo derecho, -haciendo con él y con la cabeza gentiles meneos, -echando el cabo de la capa sobre el hombro y á veces so el -brazo, y poniendo la mano derecha en el costado, salió por -la puerta, diciendo: Lázaro, mira por la casa en tanto que -voy á oir misa, y haz la cama, y vé por la vasija de agua -al rio que aquí bajo está, y cierra la puerta con llave, no -nos hurten algo, y ponla aquí al quicio, porque si yo viniere -en tanto, pueda entrar. Y súbese por la calle arriba -con tan gentil semblante y continente, que quien no le conociera, -pensara ser muy cercano pariente al Conde de Arcos, -ó á lo menos camarero que le daba de vestir. ¿Á quién -no engañara aquella buena disposicion y razonable capa y -sayo? ¿y quién pensará que aquel gentil hombre se pasó -ayer todo el dia con aquel mendrugo de pan, que su criado -Lázaro trajo un dia y noche en el arca de su seno, do no -se le podia pegar mucha limpieza? ¿y hoy lavándose las -manos y cara, á falta de paño de manos, se hacia servir de -la halda del sayo? nadie por cierto lo sospechara. ¡O señor, -y cuántos de aquestos debeis vos tener por el mundo derramados, -que padecen por la negra que llaman honra lo -que por vos no sufririan!</p> - -<p>Así estaba yo á la puerta, mirando y considerando estas -cosas, hasta que el señor mi amo traspuso la larga y angosta -calle. Tornéme á entrar en casa, y en un <i>credo</i> la anduve -toda alto y bajo sin hacer represa ni hallar en qué.</p> - -<p>Hago la negra y dura cama, y tomo el jarro y doy conmigo -en el rio, donde en una huerta vi á mi amo en gran -requesta con dos rebozadas mujeres, al parecer de las que -en aquel lugar no hacen falta; antes muchas tienen por estilo -de irse á las mañanicas del verano á refrescar y almorzar, -sin llevar qué, por aquellas frescas riberas, con confianza -que no ha de faltar quien se lo dé, segun las tienen -puestas en esta costumbre aquellos hidalgos de lugar. Y como -digo, él estaba entre ellas hecho un Macías, diciéndoles<span class="pagenum"><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span> -mas dulzuras que Ovidio escribió. Pero como sintieron -de él que estaba bien enternecido, no se les hizo de vergüenza -pedirle de almorzar con el acostumbrado pago. Él, -sintiéndose tan frio de bolsa cuanto caliente del estómago, -tomóle tal calofrío que le robó la color del gesto, y comenzó -á turbarse en la plática, y á poner excusas no válidas. -Ellas que debian ser bien instituidas, como le sintieron la -enfermedad, dejáronle para el que era. Yo que estaba comiendo -ciertos tronchos de berzas, con los cuales me desayuné -con mucha diligencia como mozo nuevo, sin ser visto -de mi amo, torné á casa, de la cual pensé barrer alguna -parte que bien era menester, mas no hallé con qué.</p> - -<p>Púseme á pensar que haria, y parecióme esperar á mi amo -hasta que el dia demediase, y si viniese y por ventura trajese -algo que comiésemos; mas en vano fue mi esperanza. Desde -que vi ser las dos y no venia, y la hambre me aquejaba, cierro -la puerta y pongo la llave do mandó y tórnome á mi menester -con baja y enferma voz; é inclinadas mis manos en -los senos, puesto Dios ante mis ojos y la lengua en su nombre, -comienzo á pedir pan por las puertas y casas mas grandes -que me parecia. Mas como yo este oficio le hubiese mamado -en leche, quiero decir que con el gran maestro el ciego -le aprendí, tan suficiente discípulo salí, que aunque en este -pueblo no habia caridad, ni el año fuese muy abundante, -tan buena maña me di, que antes que el reloj diese las -cuatro, ya yo tenia otras tantas libras de pan enfiladas en -el cuerpo, y mas de otras dos en las mangas y senos. Volvíme -á la posada, y al pasar por la tripería, pedí á una -de aquellas mujeres, y dióme un pedazo de uña de vaca -con otras pocas de tripas cocidas. Cuando llegué á casa, ya -el bueno de mi amo estaba en ella, doblada su capa y puesta -en el poyo, y él paseándose por el patio. Como entré, -vínose para mi, y pensé que me queria reñir la tardanza; -mas mejor lo hizo Dios. Preguntóme de do venia; yo le -dije: señor, hasta que dieron las dos, estuve aquí; y desde -que vi que vuestra merced no venia, fuíme por esa<span class="pagenum"><a name="Page_216" id="Page_216">[216]</a></span> -ciudad á encomendarme á las buenas gentes, y hanme dado -esto que veis. Mostréle el pan y las tripas que en un -cabo de la halda traía. Á lo cual él mostró buen semblante, -y dijo: pues esperado te he á comer, y desde que vi que -no veniste, comí, mas tu haces como hombre de bien en -eso, que mas vale pedirlo por Dios que no hurtarlo, y así -él me ayude como ello me parece bien, y solamente te encomiendo -no sepan que vives conmigo, por lo que toca á -mi honra; aunque bien creo que será secreto, segun lo poco -que en este pueblo soy conocido; nunca á él yo hubiera -de venir. De eso pierda, señor, cuidado, le dije yo; que -maldito aquel que ninguno tiene que pedirme esa cuenta, -ni yo de darla. Ahora pues, come pecador, dijo él, que -si á Dios place, presto nos veremos sin necesidad, aunque -te digo que despues que en esta casa entré, nunca bien me -ha ido, debe de ser de mal suelo, que hay casas desdichadas -y de mal pie, que á los que viven en ellas pegan la desdicha. -Esta debe de ser sin duda de ellas; mas yo te prometo, -acabado el mes, no quede en ella, aunque me la den -por mia.</p> - -<p>Sentéme al cabo del poyo, y porque no me tuviese por -gloton, callé la merienda, y comienzo á cenar y morder -en mis tripas y pan. Disimuladamente miraba al desventurado -señor mio, que no partia sus ojos de mis faldas, que -á aquella sazon servian de plato. Tanta lástima haya Dios -de mi, como yo habia de él, porque sentí lo que sentia, y -muchas veces habia por ello pasado, y pasaba cada dia. Pensaba -si seria bien convidarle, mas por haberme dicho que -habia comido, temíame no acetaria el convite. Finalmente -yo deseaba que el pecador ayudase á su trabajo del mio y -se desayunase, como el dia antes hizo; pues habia mejor -aparejo, por ser mejor la vianda y menos mi hambre. Quiso -Dios cumplir mi deseo, y aun pienso que el suyo, porque -como comencé á comer, él se andaba paseando. Llegóse á -mí, y díjome, dígote, Lázaro que tienes en comer la mejor -gracia que en mi vida vi á hombre, y que nadie te lo ve hacer,<span class="pagenum"><a name="Page_217" id="Page_217">[217]</a></span> -que no le pongas gana, aunque no la tenga. La muy -buena que tu tienes (dije yo entre mi) te hace parecer la -mia hermosa. Con todo parecióme ayudarle, pues se ayudaba -y me abria camino para ello, y díjele; señor, el buen -aparejo hace buen artífice. Este pan está sabrosísimo, y esta -uña de vaca está tan bien cocida y sazonada, que no habrá -á quien no convide con su sabor. ¿Uña de vaca es? preguntó -él. Si señor, le dije yo. Dígote, dijo él, que es el mejor -bocado del mundo, y que no hay faisan que así me sepa. -Pues pruebe, señor, dije yo, y verá que tal está. Póngole -en las uñas la otra y tres ó cuatro raciones de pan de -lo mas blanco. Asentóseme al lado, y comienza á comer, -como aquel que lo habia ganado, royendo cada huesecillo -de aquellos mejor que un galgo suyo lo hiciera.</p> - -<p>Con almodrote, decia, es este singular manjar. Con mejor -salsa lo comes tu, respondí yo paso. Por Dios, dijo él, -que me ha sabido, como si no hubiera hoy comido bocado. -Así me vengan los buenos años como es ello, dije yo entre -mi. Pidióme el jarro del agua, y díselo como lo habia traido. -Es señal, que pues no le faltaba el agua, que le habia á -mi amo sobrado la comida. Bebimos, y muy contentos nos -fuímos á dormir, como la noche pasada. Y por evitar prolijidad, -de esta manera estuvimos ocho ó diez dias, yéndose -el pecador en la mañana con aquel contento y paso contado -á papar aire por las calles, teniendo en el pobre Lázaro -una cabeza de lobo.</p> - -<p>Contemplaba yo muchas veces mi desastre, que escapando -de los amos ruines que habia tenido, y buscando mejoría, -viniese á topar con quien no solo no me mantuviese, -mas á quien yo habia de mantener.</p> - -<p>Con todo le queria bien, con ver que no tenia ni podia -mas, y antes le habia lástima que enemistad: y muchas veces, -por llevar á la posada con que él lo pasase, yo lo pasaba -mal: porque una mañana levantándose el triste en camisa, -subió á lo alto de la casa á hacer sus menesteres, y en -tanto yo por salir de sospecha desenvolvíle el jupo y las<span class="pagenum"><a name="Page_218" id="Page_218">[218]</a></span> -calzas que á la cabecera dejó, y hallé una bolsilla de terciopelo -raso, hecha cien dobleces, y sin maldita la blanca ni -señal que la hubiese tenido mucho tiempo. Este, decia yo, -es pobre, y nadie da lo que no tiene: mas el avariento ciego -y el malaventurado mezquino clérigo, que con dárselo Dios -á ambos, al uno de mano besada, y al otro de lengua suelta, -me mataban de hambre. Aquellos es justo desamar, y -aqueste es de haber mancilla. Dios me es testigo, que hoy -dia cuando topo con alguno de su hábito con aquel paso y -pompa, le he lástima, con pensar si padece lo que á aquel -le vi sufrir, al cual con toda su pobreza holgaria de servir -mas que á los otros, por lo que he dicho. Solo tenia de él -un poco de descontento; que quisiera yo que no tuviera -tanta presuncion, mas que abajara un poco su fantasía con -lo mucho que subia su necesidad. Mas segun me parece, es -regla ya entre ellos usada y guardada, que aunque no haya -cornado de trueco, ha de andar el birrete en su lugar: el -Señor lo remedie, que ya con este mal han de morir.</p> - -<p>Pues estando yo en tal estado pasando la vida que digo, -quiso mi mala fortuna que de perseguirme no era satisfecha, -que en aquella trabajada y vergonzosa vivienda no durase. -Y fue, como aquel año esta tierra fuese estéril de pan, -acordó el Ayuntamiento, que todos los pobres extranjeros -se fuesen de la ciudad; con pregon, que el que de allí adelante -topasen, fuese punido con azotes. Y así ejecutando la -ley, desde á cuatro dias que el pregon se dió, vi llevar una -procesion de pobres azotando por las cuatro calles: lo cual -me puso tan gran espanto, que nunca osé desmandarme á -demandar. Aquí viera, quien verlo pudiera, la abstinencia -de mi casa, la tristeza y silencio de los moradores de ella; -tanto que nos acaeció estar dos ó tres dias sin comer bocado -ni hablar palabra. Á mi diéronme la vida unas mujercillas -hilanderas de algodon, que hacian botones y vivian á -par de nosotros, con las cuales yo tuve vecindad y conocimiento; -que la laceria que les traían, me daban alguna cosilla, -con la cual muy pasado me pasaba.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_219" id="Page_219">[219]</a></span></p> - -<p>Y no tenia tanta lástima de mi como del lastimado de mi -amo, que en ocho dias maldito el bocado que comió; á lo -menos en casa bien los estuvimos sin comer: no sé yo como -ó donde andaba, y que comia; y verle venir á mediodia -la calle abajo, con estirado cuerpo mas largo que galgo -de buena casta; y por lo que tocaba á su negra que dicen -honra, tomaba una paja de las que aun asaz no habia en -casa, y salia á la puerta escarbando los que nada entre sí -tenian, quejándose todavía de aquel mal solar, diciendo: -malo está de ver, que la desdicha de esta vivienda lo hace. -Como ves, es lóbrega, triste y obscura, mientras aquí estuviéremos, -hemos de padecer; ya deseo se acabe este mes -por salir de ella.</p> - -<p>Pues estando en esta afligida y hambrienta persecucion, -un dia, no sé por cual dicha ó ventura, en el poder de mi -amo entró un real, con el cual vino á casa tan ufano, como -si tuviera el tesoro de Venecia, y con gesto muy alegre y -risueño me lo dió diciendo; toma, Lázaro, que Dios ya va -abriendo su mano: vé á la plaza, y merca pan, vino y carne; -quebremos el ojo al diablo. Y mas te hago saber, porque -te huelgues, que he alquilado otra casa, y en esta desastrada -no hemos de estar mas en cumpliendo el mes. -Maldita sea ella y el que en ella puso la primera teja, que -con mal en ella entré. Por nuestro Señor, cuanto ha que -en ella vivo, gota de vino ni bocado de carne no he comido, -ni he habido descanso ninguno, mas tal vista tiene, y -tal obscuridad y tristeza. Vé y ven presto, y comamos hoy -como condes. Tomo mi real y jarro, y á los pies dándoles -priesa, comienzo á subir mi calle, encaminando mis pasos -para la plaza muy contento y alegre. Mas ¿qué me aprovecha, -si está constituido en mi triste fortuna, que ningun -gozo me venga sin zozobra? Y así fue este, porque yendo -la calle arriba, echando mi cuenta en lo que le emplearia -que fuese mejor y mas provechosamente gastado, dando -infinitas gracias á Dios que á mi amo habia hecho con dinero, -á deshora me vino al encuentro un muerto, que por la<span class="pagenum"><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span> -calle abajo muchos clérigos, y gente en unas andas traían. -Arriméme á la pared por darles lugar, y así que el cuerpo -pasó, venia luego á par del féretro una que debia ser la -mujer del difunto, cargada de luto y con ella otras muchas -mujeres; la cual iba llorando á grandes voces, y diciendo: -¡marido y señor mio, adónde me os llevan! ¡á la casa triste -y desdichada, á la casa lóbrega y obscura, á la casa donde -nunca comen ni beben! Yo que aquello oí, juntóseme el -cielo con la tierra, y dije: ¡ó desdichado de mi! para mi -casa llevan este muerto.</p> - -<p>Dejo el camino que llevaba, y hendí por medio de la gente, -y vuelvo por la calle abajo á todo el mas correr que pude -para mi casa; y entrando en ella, cierro á grande priesa, -invocando el ausilio y favor de mi amo, abrazándome -de él, que me venga á ayudar y á defender la entrada. El -cual algo alterado, pensando que fuese otra cosa, me dijo: -¿qué es eso, mozo? ¿qué voces das? ¿qué has, porqué -cierras la puerta con tal furia? O señor, dije yo, acuda -aquí, que nos traen acá un muerto. ¿Cómo así, respondió -él? Aquí arriba le encontré, dije yo, y venia diciendo -su mujer: ¡marido y señor mio, adónde os llevan! ¡á la -casa lóbrega y obscura, á la casa triste y desdichada, á la -casa donde nunca comen ni beben! acá, señor, nos le -traen. Y ciertamente cuando mi amo esto oyó, aunque no -tenia porque estar muy risueño, rió tanto, que muy gran -rato estuvo sin poder hablar. En este tiempo tenia ya yo -echada el aldaba á la puerta, y puesto el hombro en ella -por mas defensa. Pasó la gente con su muerto, y yo todavía -me recelaba que nos le habian de meter en casa. Y luego -que fue ya mas harto de reir que de comer, el bueno de -mi amo díjome: verdad es, Lázaro, segun la viuda iba diciendo, -tu tuviste razon de pensar lo que pensaste; mas -pues Dios lo ha hecho mejor y pasan adelante, abre, abre, -y ve por de comer.</p> - -<p>Dejadlos, señor, acaben de pasar la calle, dije yo. Al fin -vino mi amo á la puerta de la calle, y ábrela esforzándome;<span class="pagenum"><a name="Page_221" id="Page_221">[221]</a></span> -que bien era menester segun el miedo y alteracion, y me -tornó á encaminar.</p> - -<p>Mas aunque comimos bien aquel dia, maldito el gusto yo -tomaba en ello, ni en aquellos tres dias torné en mi color; -y mi amo muy risueño todas las veces que se acordaba de -aquella mi consideracion.</p> - -<p>De esta manera estuve con mi tercero y pobre amo, que -fue este escudero, algunos dias, y en todos deseando saber -la intencion de su venida y estada en esta tierra, porque -desde el primer dia que con él asenté, le conocí ser extranjero -por el poco conocimiento y trato que con los naturales -de ella tenia. Al cabo se cumplió mi deseo y supe lo que -deseaba; porque un dia que habíamos comido razonablemente -y estaba algo contento, contóme su historia, y díjome -ser de Castilla la Vieja, que habia dejado su tierra no -mas de por no quitar el bonete á un caballero, vecino suyo. -Señor, dije yo, si él era lo que decis y tenia mas que vos, -no errábais en quitárselo primero, pues decis que él tambien -os lo quitaba. Si es, y si tiene, y tambien me le quitaba -él á mí; mas de cuantas veces yo se le quitaba primero, no -fuera malo comedirse él alguna y ganarme por la mano. -Paréceme, señor, le dije yo, que en eso no mirara, mayormente -con mis mayores que yo, y que tienen mas. Eres -muchacho, me respondió, y no sientes las cosas de la honra, -en que el dia de hoy está todo el caudal de los hombres de -bien. Pues hágote saber, que yo soy, como ves, un escudero; -mas vótote á Dios, si al conde topo en la calle, y -no me quita muy bien quitado del todo el bonete, que -otra vez que venga, me sepa yo entrar en una casa, fingiendo -yo en ella algun negocio, ó atravesar otra calle, si -la hay antes que llegue á mi, por no quitársele: que un -hidalgo no debe á otro que á Dios y al rey nada, ni es justo, -siendo hombre de bien, se descuide de un punto de tener -en mucho su persona. Acuérdome que un dia deshonré en -mi tierra á un oficial, y quise poner en él las manos, porque -cada vez que le topaba, me decia: mantenga Dios á<span class="pagenum"><a name="Page_222" id="Page_222">[222]</a></span> -vuestra merced. Vos, D. Villano Ruin, le dije yo, ¿porqué -no sois bien criado? manténgaos Dios, me habeis de decir, -como si fuese quien quiera. De allí adelante de aquí acullá -me quitaba el bonete, y hablaba como debia. ¿Y no es buena -manera de saludar un hombre á otro, dije yo, decirle -que le mantenga Dios? Mira, mozo, dijo él, á los hombres -de poca arte dicen eso, mas á los mas altos como yo, no les -han de hablar menos de: beso las manos de vuestra merced: -ó por lo menos, bésoos, señor las manos, si el que -me habla es caballero. Y así de aquel de mi tierra que me -atestaba de mantenimiento, nunca mas le quise sufrir, ni -sufriria á hombre del mundo del rey abajo, que manténgaos -Dios, me diga. Pecador de mi, dije yo, por eso tiene -tan poco cuidado de mantenerte, pues no sufre que nadie se -lo ruegue. Mayormente, dijo, que no soy tan pobre que no -tenga en mi tierra un solar de casas, que á estar ellas en -pie y bien labradas, diez y seis leguas de donde nací, en -aquella costanilla de Valladolid, valdrian mas de doscientos -mil maravedís, segun se podrian hacer grandes y buenas. Y -tengo un palomar que á no estar derribado, como está, daria -cada año mas de doscientos palominos; y otras cosas -que me callo, que dejé por lo que tocaba á mi honra: y vine -á esta ciudad, pensando que hallaria un buen asiento, -mas no me ha sucedido como pensé. Canónigos y señores de -la iglesia muchos hallo, mas es gente tan limitada, que no -les sacará de su paso todo el mundo. Caballeros de media -talla tambien me ruegan, mas servir á estos es gran trabajo, -porque de hombre os habeis de convertir en malilla, y sino -anda con Dios, os dicen: y las mas veces son los pagamentos -á largos plazos, y las mas ciertas comido por servido. -Ya cuando quieren reformar conciencia, y satisfaceros vuestros -sudores, sois librado en la recámara en un sudado jubon, -ó raida capa ó sayo. Ya cuando asienta hombre con -un señor de título, todavía pasa su laceria; ¿pues por ventura -no hay en mi habilidad para servir y contentar á estos? -Por Dios si con él topase, muy gran privado suyo pienso<span class="pagenum"><a name="Page_223" id="Page_223">[223]</a></span> -que fuese, y que mil servicios le hiciese, porque yo sabria -mentirle tan bien como otro, y agradarle á las mil maravillas; -reirle mucho sus donaires y costumbres, aunque no fuesen -las mejores del mundo: nunca decirle cosa que le pesase, -aunque mucho le cumpliese; ser muy diligente en su persona -en dicho y hecho; no matarme por no hacer bien las -cosas que él no habia de ver, y ponerme á reñir, donde él -lo viese, con la gente de su servicio, porque pareciese tener -gran cuidado de lo que á él tocaba; si riñese con alguno su -criado, dar unos puntillos agudos para encenderle la ira, -y que pareciesen en favor del culpado; decirle bien de lo -que bien le estuviese, y por el contrario ser malicioso mofador; -hablar mal de los de casa y de los de fuera; pesquisar -y procurar saber vidas ajenas, para contárselas, y otras -muchas galas de esta calidad, que hoy dia se usan en palacio, -y á los señores de él parecen bien, y no quieren ver -en sus casas hombres virtuosos; antes los aborrecen y tienen -en poco, y llaman necios, y que no son personas de -negocios, ni con quien el señor se puede descuidar. Y con -estos los astutos usan, como digo, el dia de hoy de lo que -yo usaria; mas no quiere mi ventura que le halle.</p> - -<p>De esta manera lamentaba tambien su adversa fortuna -mi amo, dándome relacion de su persona valerosa. Pues -estando en esto, entró por la puerta un hombre y una vieja; -el hombre le pide el alquiler de la casa, y la vieja el de -la cama. Hacen cuenta, y de dos meses le alcanzaron lo -que él en un año no alcanzara: pienso que fueron doce ó -trece reales. Y él les dió muy buena respuesta, que saldria -á la plaza á trocar una pieza de á dos, y que á la tarde -volviesen. Mas su salida fue sin vuelta; por manera que á -la tarde ellos volvieron, mas fue tarde: yo les dije, que aun -no era venido.</p> - -<p>Venida la mañana, los acreedores vuelven y preguntan -por el vecino; mas á estotra puerta. Las mujeres les responden: -veis aquí su mozo, y la llave de la puerta. Ellos -me preguntaron por él, y díjeles que no sabia adonde estaba,<span class="pagenum"><a name="Page_224" id="Page_224">[224]</a></span> -y que tampoco habia vuelto á casa, desde que salió á -trocar la pieza, y que pensaba que de mi y de ellos se habia -ido con el trueco. Luego que esto me oyeron, van por un -alguacil y un escribano, y he aquí que los dos vuelven luego -con ellos, y toman la llave y llámanme, y llaman testigos -y abren la puerta, y entran á embargar la hacienda de -mi amo hasta ser pagados de su deuda. Anduvieron toda la -casa, y halláronla desembarazada como he contado, y dícenme: -¿qué es de la hacienda de tu amo? ¿sus arcas y paños -de pared, y alhajas de casa? No sé yo eso, les respondí. -Sin duda, dicen ellos, esta noche lo deben de haber alzado -y llevado á alguna parte. Señor alguacil, prended á este -mozo, que él sabe donde está. En esto vino el alguacil, y -echóme mano por el collar del jubon, diciéndome; muchacho, -tu eres preso, si no descubres los bienes de este amo -tuyo. Yo como en otra tal no me hubiese visto, porque asido -del collar, sí, habia sido muchas veces, mas era mansamente -de él trabado, para que mostrase el camino al que -no veía; yo tuve mucho miedo, y llorando prometíle decir -lo que me preguntaban. Bien está, dicen ellos: pues dí lo -que sabes y no hayas temor. Sentóse el escribano en un -poyo para escribir el inventario, preguntándome que tenia. -Señores, dije yo, lo que este amo mio tiene, segun él me -dijo, es un muy buen solar de casas, y un palomar derribado. -Bien está, dicen ellos. Por poco que eso valga, hay -para reintegrarnos de la deuda: ¿Y á qué parte de la ciudad -tiene eso, me preguntaron? En su tierra, les respondí. Por -Dios que está bueno el negocio, dijeron ellos, ¿y á dónde -es su tierra? De Castilla la Vieja me dijo que él era, les dije. -Riéronse mucho el alguacil y el escribano, diciendo: bastante -relacion es esta para cobrar vuestra deuda, aunque -mejor fuese. Las vecinas que estaban presentes dijeron: -señores, este es un niño inocente, y ha pocos dias que -está con ese escudero, y no sabe de él mas que vuestras -mercedes, sino cuanto el pecadorcico se llega aquí á nuestra -casa, y le damos de comer lo que podemos por amor de -Dios, y á la noche se va á dormir con él.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_225" id="Page_225">[225]</a></span></p> - -<p>Vista mi inocencia, dejáronme dándome por libre: y el -alguacil y el escribano piden al hombre y á la mujer sus derechos, -sobre lo cual tuvieron gran contienda y ruido; porque -ellos alegaron no ser obligados á pagar, pues no habia -de qué, ni se hacia el embargo. Los otros decian, que habian -dejado de ir á otro negocio que les importaba mas por -venir á aquel. Finalmente despues de dadas muchas voces, -al cabo carga un porqueron con el viejo alfamar de la vieja, -y aunque no iba muy cargado, allá iban todos cinco dando -voces: no sé en que paró. Creo yo que el pecador alfamar -pagara por todos; y bien se empleaba, pues al tiempo que -habia de reposar y descansar de los trabajos pasados, se andaba -alquilando.</p> - -<p>Así como he contado, me dejó mi pobre tercero amo, do -acabé de conocer mi ruin dicha: pues señalándose todo lo -que podia contra mi, hacia mis negocios tan al revés, que -los amos que suelen ser dejados de los mozos, en mí no -fuese así, mas que mi amo me dejase y huyese de mi.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<h3 id="Chapter_4">Como Lázaro se asentó con un fraile de la Merced, y de lo que le acaeció -con él.</h3> - - -<p>Hube de buscar el cuarto, y este fue un fraile de la Merced, -adonde las mujercillas que digo me encaminaron, al -cual ellas llamaban pariente: gran enemigo del coro y de -comer en el convento, perdido por andar fuera, amicísimo -de negocios seglares y visitas; tanto que pienso que rompia -él mas zapatos que todo el convento. Este me dió los primeros -zapatos que rompí en mi vida, mas no me duraron ocho -dias, ni yo pude con su trote durar mas. Y por esto y por -otras cosillas que no digo, salí de él.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_226" id="Page_226">[226]</a></span></p> - -<h3 id="Chapter_5">Como Lázaro se asienta con un bulero, y de las cosas que con él pasó.</h3> - - -<p>En el quinto por mi ventura di, que fue un bulero, el -mas desenvuelto, y desvergonzado, y el mayor echador de -ellas que jamás yo vi ni ver espero, ni pienso, ni nadie vió: -porque tenia y buscaba modos y maneras, y muy sutiles -invenciones. En entrando en los lugares do habian de presentar -la bula, primero presentaba á los clérigos ó curas -algunas cosillas no de mucho valor ni substancia. Una lechuga -murciana, si era por el tiempo; un par de limas ó -naranjas, un melocoton, un par de duraznos, ó á cada uno -sus sendas peras verdiñales. Así procuraba tenerlos propicios, -porque favoreciesen su negocio y llamasen á sus feligreses -á tomar la bula, ofreciéndole á él las gracias. Informábase -de la suficiencia de ellos: si decian que entendian -no hablaba palabra en latin, por no dar tropezon: mas -aprovechábase de un gentil y bien cortado romance y desenvueltísima -lengua. Y si sabia que los dichos clérigos eran -de los reverendos, digo, que mas con dineros que con letras -y con reverendas se ordenan, hacíase entre ellos un Santo -Tomás, y hablaba dos horas en latin, á lo menos que lo -parecia, aunque no lo era. Cuando por bien no le tomaban -las bulas, buscaba como por mal se las tomasen, y para -aquello hacia molestias al pueblo, y otras veces con mañosos -artificios. Y porque todos los que veía hacer, seria largo -de contar, diré uno muy sutil y donoso, con el cual probaré -bien su suficiencia. En un lugar de la Sagra de Toledo -habia predicado dos ó tres dias, haciendo sus acostumbradas -diligencias, y no le habian tomado bula, ni á mi ver tenian -intencion de tomársela; y él estaba dado al diablo con -aquello. Y pensando que hacer se acordó de convidar al pueblo -á otro dia de mañana para despedir la bula. Y esa noche -despues de cenar pusiéronse á jugar la colacion él y el alguacil, -y sobre el juego vinieron á reñir y á haber palabras.<span class="pagenum"><a name="Page_227" id="Page_227">[227]</a></span> -Sobre esto el señor comisario, mi señor, tomó un -lanzon que en el portal do jugaban estaba. El alguacil puso -mano á su espada, que en la cinta tenia. Al ruido y voces que -todos dimos, acuden los huéspedes y vecinos, y métense en -medio; y ellos muy enojados, procurándose desembarazar -de los que en medio estaban, para matarse. Mas como la -gente al gran ruido cargase, y la casa estuviese llena de ella, -viendo que no podian afrentarse con las armas, decíanse -palabras injuriosas, entre las cuales el alguacil dijo á mi -amo, que era falsario, y las bulas que predicaba eran falsas. -Finalmente los del pueblo viendo que no bastaban para -ponerlos en paz, acordaron de llevar al alguacil de la -posada á otra parte; y así quedó mi amo muy enojado. Y -despues que los huéspedes y vecinos le hubieron rogado -que perdiese el enojo y se fuese á dormir, así nos echamos -todos.</p> - -<p>La mañana venida mi amo se fue á la iglesia, y mandó -tañer á misa y al sermon para despedir la bula: y el pueblo -se juntó, el cual andaba murmurando de las bulas, diciendo -como eran falsas, y que el mismo alguacil riñendo lo -habia descubierto: de manera que tras que tenian mala gana -de tomarla, con aquello del todo la aborrecieron. El señor -comisario se subió al púlpito, y comienza su sermon, -y á animar la gente á que no quedasen sin tanto bien é indulgencia -como la santa bula traía. Estando en lo mejor del -sermon entró por la parte de la iglesia el alguacil; y luego -que hizo oracion, levantóse, y con voz alta y pausada -cuerdamente comenzó á decir:</p> - -<p>Buenos hombres, oidme una palabra, que despues oireis -á quien quisiéreis. Yo vine aquí con este echacuervos que -os predica, el cual me engañó y dijo que le favoreciese en -este negocio, y que partiríamos la ganancia. Y ahora visto -el daño que haria á mi conciencia y á vuestras haciendas, -arrepentido de lo hecho os declaro claramente que las bulas -que predica son falsas, y que no le creais ni las tomeis, y -que yo <i>directè</i> ni <i>indirectè</i> no soy parte en ellas, y que desde<span class="pagenum"><a name="Page_228" id="Page_228">[228]</a></span> -ahora dejo la vara y doy con ella en el suelo: y si en algun -tiempo este fuese castigado por la falsedad, que vosotros -me seais testigos como yo no soy con él, ni le doy á ello -ayuda, antes os desengaño y declaro su maldad, y acabó -su razonamiento.</p> - -<p>Algunos hombres honrados que allí estaban, se quisieron -levantar, y echar al alguacil fuera de la iglesia por evitar -escándalo, mas mi amo les fue á la mano, y mandó á todos -que so pena de excomunion no le estorbasen, mas que le -dejasen decir todo lo que quisiese; y así él tambien tuvo silencio, -mientras el alguacil dijo todo lo que he dicho.</p> - -<p>Como calló, mi amo le preguntó si queria decir mas, -que lo dijese. El alguacil dijo: harto mas hay que decir de -vos y de vuestra falsedad, mas por ahora basta.</p> - -<p>El señor comisario se hincó de rodillas en el púlpito, y -puestas las manos y mirando al cielo dijo así: Señor Dios, -á quien ninguna cosa es escondida, antes todas manifiestas, -y á quien nada es imposible, antes todo posible; tu -sabes la verdad, y cuan injustamente yo soy afrentado. En -lo que á mi toca, yo le perdono, porque tu, Señor, me perdones. -No mires aquel, que no sabe lo que hace ni dice: -mas la injuria á ti hecha, te suplico y por justicia te pido, -no disimules, porque alguno que está aquí, que por ventura -pensó tomar aquesta santa bula, dando crédito á las falsas -palabras de aquel hombre, lo dejará de hacer. Y pues -es con tanto perjuicio del prójimo, te suplico yo, Señor, -no le desimules, mas luego muestra aquí milagro, y sea de -esta manera, que si es verdad lo que aquel dice y que yo -traigo maldad y falsedad, este púlpito se hunda conmigo y -meta siete estados debajo de tierra, do él ni yo jamás parezcamos. -Y si es verdad lo que yo digo, y aquel persuadido -por el demonio (por quitar y privar á los que están -presentes de tan gran bien) dice maldad, tambien sea -castigado, y de todos conocida su malicia.</p> - -<p>Apenas habia acabado su oracion el devoto señor mio, -cuando el negro alguacil cae de su estado, y da tal golpe<span class="pagenum"><a name="Page_229" id="Page_229">[229]</a></span> -en el suelo, que la iglesia toda hizo resonar; y comenzó á -bramar y echar espumarajos por la boca y torcerla, y hacer -visajes con el gesto, dando de pie y de mano, revolviéndose -por aquellos suelos á una parte y á otra. El estruendo -y voces de la gente era tan grande, que no se oían -unos á otros. Algunos estaban espantados y temerosos. -Unos dicen: el Señor le socorra y valga; otros: bien se le -emplea, pues levantaba tan falso testimonio.</p> - -<p>Finalmente algunos que allí estaban, y á mi parecer no sin -harto temor, se llegaron y le trabaron de los brazos, con -los cuales daba fuertes puñadas á los que cerca de él estaban. -Otros le tiraban por las piernas y tenian reciamente, -porque no habia mula falsa en el mundo que tan recias coces -tirase: y así le tuvieron un gran rato; porque mas de -quince hombres estaban sobre él, y á todos daba las manos -llenas, y si se descuidaban, en los hocicos.</p> - -<p>Á todo esto el señor mi amo estaba en el púlpito de rodillas, -las manos y los ojos puestos en el cielo, transportado -en la divina esencia, que el planto y ruido y voces que en -la iglesia habia, no eran parte para apartarle de su divina -contemplacion. Aquellos buenos hombres llegaron á él, y -dando voces le despertaron y le suplicaron quisiese socorrer -á aquel pobre que estaba muriendo, y que no mirase á las -cosas pasadas ni á sus dichos malos, pues ya de ellos tenia -el pago; mas si en algo podia aprovechar para librarle del -peligro y pasion que padecia, por amor de Dios lo hiciese, -pues ellos veían clara la culpa del culpado y la verdad y -bondad suya, pues á su peticion y venganza el Señor no -alargó el castigo.</p> - -<p>El señor comisario, como quien despierta de un dulce -sueño, los miró, y miró al delincuente y á todos los que al -rededor estaban, y muy pausadamente les dijo: buenos -hombres, vosotros nunca habíais de rogar por un hombre -en quien Dios tan señaladamente se ha señalado. Mas pues -él nos manda, que no volvamos mal por mal y perdonemos -las injurias, con confianza podremos suplicar, que le<span class="pagenum"><a name="Page_230" id="Page_230">[230]</a></span> -cumpla lo que nos manda, y su Magestad perdone á este -que le ofendió, poniendo en su santa fe obstáculo. Vamos -todos á suplicarle. Y así bajó del púlpito y encomendóles, -que muy devotamente suplicasen á nuestro Señor tuviese -por bien de perdonar á aquel pecador, y volverle en su salud -y sano juicio, y lanzar de él el demonio, si su Magestad -habia permitido que por su gran pecado en él entrase. -Todos se hincaron de rodillas, y delante del altar con los -clérigos comenzaban á cantar con voz baja una letanía, y -viniendo él con la cruz y agua bendita, despues de haber sobre -él cantado, el señor mi amo, puestas las manos al -cielo y los ojos, que casi nada se le parecia sino un poco -de blanco, comienza una oracion no menos larga que devota, -con la cual hizo llorar á toda la gente, como suelen -hacer en los sermones de la pasion de predicador y auditorio -devoto; suplicando á nuestro Señor, pues no queria la -muerte del pecador, sino su vida y arrepentimiento, que á -aquel encaminado por el demonio y persuadido de la muerte -y pecado, le quisiese perdonar y dar vida y salud, para -que se arrepintiese y confesase sus pecados. Y esto hecho, -mandó traer la bula y puso en la cabeza, y luego el pecador -del alguacil comenzó poco á poco á estar mejor y tornar -en sí. Y luego que fue bien vuelto en su acuerdo, echóse -á los pies del señor comisario, y demandóle perdon, -confesó haber dicho aquello por la boca y mandamiento del -demonio, lo uno por hacer el daño y vengarse del enojo, lo -otro y mas principal, porque el demonio recibia mucha -pena del bien que allí se hiciera en tomar la bula. El señor -mi amo le perdonó, y fueron hechas las amistades; y á tomar -la bula hubo tanta priesa, que casi ánima viviente en el lugar -no quedó sin ella; marido y mujer, hijos é hijas, mozos -y mozas.</p> - -<p>Divulgóse la nueva de lo acaecido por los lugares comarcanos: -y cuando á ellos llegábamos, no era menester sermon -ni ir á la iglesia; que á la posada la venian á tomar, como -si fueran peras que se dieran de balde: de manera que en<span class="pagenum"><a name="Page_231" id="Page_231">[231]</a></span> -diez ó doce lugares de aquellos alrededores donde fuímos, -echó el Señor mi amo otras tantas mil bulas sin predicar -sermon. Cuando hizo el ensayo, confieso mi pecado que -tambien fuí de ello espantado, y creí que así era como otros -muchos. Mas con ver despues la risa y burla que mi amo y -el alguacil llevaban y hacian del negocio, conocí como habia -sido industriado por el industrioso é inventivo de mi -amo; y aunque muchacho, cayóme mucho en gracia, y dije -entre mi: ¿cuántas de estas deben de hacer estos burladores -entre la inocente gente?</p> - -<p>Finalmente estuve con este mi quinto amo cerca de cuatro -meses, en los cuales pasé tambien hartas fatigas.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<h3 id="Chapter_6">Como Lázaro se asentó con un capellan, y lo que con él pasó.</h3> - - -<p>Despues de esto asenté con un maestro de pintar panderos, -para molerle los colores; y tambien sufrí mil males.</p> - -<p>Siendo ya en este tiempo buen mozuelo, entrando un dia -en la Iglesia mayor, un capellan de ella me recibió por suyo, -y púsome en poder un buen asno y cuatro cántaros y -un azote, y comencé á echar agua por la ciudad.</p> - -<p>Este fue el primer escalon que yo subí para venir á alcanzar -buena vida, porque mi boca era medida. Daba cada dia -á mi amo treinta maravedís ganados, y los sábados ganaba -por mi, y todo lo demás entre semana de treinta maravedís. -Fueme tan bien en el oficio, que al cabo de cuatro años -que le usé, con poner en la ganancia buen recaudo, ahorré -para vestirme muy honradamente de la ropa vieja, de la -cual compré un jubon de fustan viejo, y un sayo raido de -manga tranzada y puerta, y una capa que habia sido frisada, -y una espada de las viejas primeras de Cuellar. Luego -que me vi en hábito de hombre de bien, dije á mi amo se -tomase su asno que no queria mas seguir aquel oficio.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_232" id="Page_232">[232]</a></span></p> - -<h3 id="Chapter_7">Como Lázaro asienta con un alguacil, y de lo que le acaeció con él.</h3> - - -<p>Despedido del capellan, asenté por hombre de justicia con -un alguacil, mas muy poco viví con él, por parecerme oficio -peligroso, mayormente que una noche nos corrieron á mi -y á mi amo á pedradas y á palos unos retraidos; y á mi -amo que esperó, trataron mal, mas á mi no me alcanzaron.</p> - -<p>Con esto renegué del trato. Y pensando en qué modo de -vivir haria mi asiento por tener descanso y ganar algo para -la vejez, quiso Dios alumbrarme, y ponerme en camino y -manera provechosa; y con favor que tuve de amigos y señores, -todos mis trabajos y fatigas hasta entonces pasados -fueron pagados con alcanzar lo que procuré, que fue un -oficio real, viendo que no hay nadie que medre, sino los -que le tienen: en el cual el dia de hoy yo vivo y resido á -servicio de Dios y de vuestra merced. Y es que tengo cargo -de pregonar los vinos que en esta ciudad se venden, y en -almonedas y cosas perdidas; acompañar á los que padecen -persecuciones por justicia, y declarar á voces sus delitos: -pregonero, hablando en buen romance. Hame sucedido tan -bien y yo le he usado tan facilmente, que casi todas las cosas -al oficio tocantes pasan por mi mano; tanto que en toda -la ciudad el que ha de echar vino á vender ó algo, si -Lázaro de Tormes no entiende en ello, hacen cuenta de no -sacar provecho.</p> - -<p>En este tiempo viendo mi habilidad y buen vivir, teniendo -noticia de mi persona el señor arcipreste de San Salvador, -mi señor, y servidor y amigo de vuestra merced, -porque le pregonaba sus vinos, procuró casarme con una -criada suya. Y visto por mi que de tal persona no podia -venir sino bien y favor, acordé de hacerlo, y así me casé -con ella; y hasta ahora no estoy arrepentido, porque fuera -de ser buena hija, diligente y servicial, tengo en mi señor<span class="pagenum"><a name="Page_233" id="Page_233">[233]</a></span> -Arcipreste todo favor y ayuda: y siempre en el año le da -en veces al pie de una carga de trigo, por las pascuas su -carne, y cuando el par de los bodigos, las calzas viejas que -deja, é hízonos alquilar una casilla á par de la suya. Los domingos -y fiestas casi todas las comíamos en su casa: mas -malas lenguas que nunca faltaron, no nos dejan vivir, diciendo -no sé qué: que ven á mi mujer irle á hacer la cama -y guisarle de comer. Y mejor les ayude Dios que ellos dicen -la verdad, porque además de no ser ella mujer que se pague -de estas burlas, mi señor me ha prometido lo que pienso -cumplirá, que el me habló un dia muy largo delante de -ella, y me dijo: Lázaro de Tormes, quien ha de mirar á dichos -de malas lenguas, nunca medrará. Digo esto, porque -no me maravillaria, alguno viendo entrar en mi casa tu -mujer y salir de ella. Ella entra muy á tu honra y suya, y -esto te lo prometo. Por tanto no mires á lo que pueden decir, -sino á lo que te toca, digo, á tu provecho. Señor le dije, -yo determiné de arrimarme á los buenos. Verdad es que -algunos de mis amigos me han dicho algo de eso, y aun -por mas de tres veces me han certificado, que antes que -conmigo casase habia parido tres veces, hablando con reverencia -de vuestra merced, porque está ella delante. Entonces -mi mujer echó juramentos sobre sí, que yo pensé la -casa se hundiera con nosotros: y despues tornóse á llorar y -á echar mil maldiciones sobre quien conmigo la habia casado: -en tal manera que quisiera ser muerto, antes que -se me hubiera soltado aquella palabra de la boca. Mas yo de -un cabo y mi señor de otro, tanto le dijimos y otorgamos, -que cesó su llanto, con juramento que le hice de nunca -mas en mi vida mentarle nada de aquello, y que yo holgaba -y habia por bien de que ella entrase y saliese de noche y -de dia, pues estaba bien seguro de su bondad. Y así quedamos -todos tres bien conformes. Hasta el dia de hoy nunca -nadie nos oyó sobre el caso; antes cuando alguno siento -que quiere decir algo de ella, le atajo y le digo: mira, si -sois mi amigo, no me digais cosa que me pese, que no tengo<span class="pagenum"><a name="Page_234" id="Page_234">[234]</a></span> -por mi amigo al que me hace pesar, mayormente si me -quieren meter mal con mi mujer, que es la cosa del mundo -que yo mas quiero, y la amo mas que á mi, y me hace -Dios con ella mil mercedes y mas bien que yo merezco, -que yo juraré sobre la hostia consagrada, que es tan buena -mujer como vive dentro de las puertas de Toledo, y -quien otra cosa me dijere, me mataré con él. De esta manera -no me dicen nada, y yo tengo paz en mi casa.</p> - -<p>Esto fue el mismo año que nuestro victorioso emperador -en esta insigne ciudad de Toledo entró y tuvo en ella cortes, -y se hicieron grandes regocijos y fiestas, como vuestra -merced habrá oido.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<h3 id="Chapter_8">Da cuenta Lázaro de la amistad que tuvo en Toledo con unos tudescos, -y lo que con ellos pasaba.</h3> - - -<p>En este tiempo estaba en mi prosperidad y en la cumbre -de toda buena fortuna: y como yo siempre anduviese acompañado -de una buena galleta, de unos buenos frutos que -en esta tierra se crian para muestra de lo que pregonaba, -cobré tantos amigos y señores así naturales como extranjeros, -que do quiera que llegaba, no habia para mi puerta -cerrada, y en tanta manera me vi favorecido, que me parece -si entonces matara á un hombre, ó me acaeciera algun -caso recio, hallara todo el mundo de mi bando y tuviera -en aquellos mis señores todo favor y socorro. Mas yo nunca -los dejaba boquisecos, queriéndolos llevar conmigo á lo -mejor que yo habia echado en la ciudad, en donde hacíamos -la buena y espléndida vida. Allí nos aconteció muchas -veces entrar en nuestros pies y salir en ajenos: y lo mejor -de esto es que todo este tiempo maldita la blanca Lázaro de -Tormes gastó ni se la consentian gastar. Antes si alguna -vez yo de industria echaba mano á la bolsa fingiendo quererlo -pagar tomábanlo por afrenta, y mirábanme con alguna -ira, y decian: <i>nite</i>, <i>nite</i>, <i>asticot</i>, <i>lanz</i>; reprendiéndome<span class="pagenum"><a name="Page_235" id="Page_235">[235]</a></span> -y diciendo: que donde ellos estaban, nadie habia de -pagar blanca. Yo con aquello moríame de amores de tal -gente, porque no solo esto, mas de perniles de tocino, -pedazos de piernas de carnero, cocidas en aquellos cordiales -vinos, con mucha de la fina especie, y de sobras de cecinas -y de pan me henchian la falda y los senos cada vez -que nos juntábamos, que tenia en mi casa de comer yo y -mi mujer hasta hartar una semana entera. Acordábame en -estas harturas de mis hambres pasadas, y alababa al Señor -y dábale gracias, que así andan las cosas y tiempos.</p> - -<p>Mas como dice el refran: <i>quien bien te hará, ó se te irá, ó -se morirá</i>. Así me acaeció, que se mudó la gran corte como -hacer suele, y al partir fuí muy requerido de aquellos mis -grandes amigos me fuese con ellos, y que me harian y acontecerian. -Mas acordándome del proverbio que dice: <i>mas vale -el mal conocido que el bien por conocer</i>, agradeciéndoles su -buena voluntad, con muchos abrazos y tristeza me despedí -de ellos. Y cierto, si casado no fuera, no dejara su compañía, -por ser gente hecha muy á mi gusto y condicion: y -es vida graciosa la que viven, no fantásticos ni presuntuosos, -sin escrúpulo ni asco de entrarse en cualquier bodegon -la gorra quitada, si el vino lo merece: gente llana y honrada, -y tal y tan bien proveida, que no me la dé Dios peor, -cuando buena sed tuviere. Mas el amor de la mujer y de la -patria, que ya por mia tengo, pues como dicen; <i>¿de dó eres, -hombre?</i> tiraron por mi. Y así me quedé en esta ciudad, -aunque muy conocido de los moradores de ella, con mucha -soledad de los amigos y vida cortesana.</p> - -<p>Estuve muy á mi placer, con acrecentamiento de alegría -y linaje por el nacimiento de una hermosa niña, que en -estos medios mi mujer parió, y que aunque yo tenia alguna -sospecha, ella me juró que era mia: hasta que á la fortuna -le pareció haberme mucho olvidado, y ser justo tornarme -á mostrar su airado y severo gesto cruel, y aguarme -estos pocos años de sabrosa y descansada vida con otros -tantos de trabajos y amarga muerte. ¡O gran Dios! y ¡quién<span class="pagenum"><a name="Page_236" id="Page_236">[236]</a></span> -podrá escribir un infortunio tan desastrado, y acaecimiento -tan sin dicha, que no deje holgar el tintero, poniendo la -pluma á sus ojos!</p> - - -<p class="no-indent center p2 large">FIN DEL LAZARILLO DE TORMES.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<h2>ÍNDICE.</h2> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_237" id="Page_237">[237]</a></span></p> - -<table summary="Content"> - <tr> - <td class="tdr tdt"> </td> - <td class="tdr tdb"><i>Pág.</i></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdh tdj tdt tdpr smcap"> - El Editor. - </td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_i">I</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdh tdj tdt tdpr smcap"> - Luis Tribaldos de Toledo al lector. - </td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_v">V</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdh tdj tdt tdpr smcap"> - Noticias de la vida de D. Diego Hurtado de Mendoza. - </td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_ix">IX</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdh tdj tdt tdpr"> - Libro I. - </td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_1">1</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdh tdj tdt tdpr"> - Libro II. - </td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_43">43</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdh tdj tdt tdpr"> - Libro III. - </td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_88">88</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdh tdj tdt tdpr"> - Libro IV. - </td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_141">141</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdh tdj tdt tdpr smcap"> - Discurso del conde de Portalegre. - </td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_178">178</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="1" class="tdc tdp large"> - LA VIDA DEL LAZARILLO DE TORMES. - </td> - </tr> - <tr> - <td class="tdh tdj tdt tdpr smcap"> - Prólogo del autor. - </td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_185">185</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdh tdj tdt tdpr"> - Cuenta Lázaro su vida y quien era su padre. - </td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Chapter_1">187</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdh tdj tdt tdpr"> - Como Lázaro se asentó con un clérigo, y de las cosas que con él pasó. - </td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Chapter_2">198</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdh tdj tdt tdpr"> - Como Lázaro se asentó con un escudero, y de lo que le acaeció con él. - </td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Chapter_3">209</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdh tdj tdt tdpr"> - Como Lázaro se asentó con un fraile de la Merced, y de lo que le acaeció con él. - </td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Chapter_4">225</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdh tdj tdt tdpr"> - Como Lázaro se asienta con un bulero, y de las cosas que con él pasó. - </td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Chapter_5">226</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdh tdj tdt tdpr"> - Como Lázaro se asentó con un capellan, y lo que con él pasó. - </td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Chapter_6">231</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdh tdj tdt tdpr"> - Como Lázaro asienta con un alguacil, y de lo que le acaeció con él. - </td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Chapter_7">232</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdh tdj tdt tdpr"> - Da cuenta Lázaro de la amistad que tuvo en Toledo con unos tudescos y lo que con ellos pasaba. - </td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Chapter_8">234</a></td> - </tr> -</table> - -<p class="no-indent center p2 large">FIN DEL ÍNDICE.</p> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - - - - - - -<pre> - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Guerra de Granada: Hecha por el rey D. -Felipe II, contra los Moriscos de aquel reino, sus rebeldes; Seguida de la vida del Lazarillo de Tormes, sus fortunas y adversidades, by Diego Hurtado de Mendoza - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK GUERRA DE GRANADA: HECHA POR *** - -***** This file should be named 61022-h.htm or 61022-h.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/6/1/0/2/61022/ - -Produced by Nahum Maso i Carcases, Ramon Pajares Box and -the Online Distributed Proofreading Team at -http://www.pgdp.net (This file was produced from images -generously made available by The Internet Archive/American -Libraries.) - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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Redistribution is subject to the -trademark license, especially commercial redistribution. - -START: FULL LICENSE - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg-tm License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project -Gutenberg-tm electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. 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