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-The Project Gutenberg EBook of Guerra de Granada: Hecha por el rey D.
-Felipe II, contra los Moriscos de aquel reino, sus rebeldes; Seguida de la vida del Lazarillo de Tormes, sus fortunas y adversidades, by Diego Hurtado de Mendoza
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
-the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
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-
-Title: Guerra de Granada: Hecha por el rey D. Felipe II, contra los Moriscos de aquel reino, sus rebeldes; Seguida de la vida del Lazarillo de Tormes, sus fortunas y adversidades
-
-Author: Diego Hurtado de Mendoza
-
-Release Date: December 26, 2019 [EBook #61022]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK GUERRA DE GRANADA: HECHA POR ***
-
-
-
-
-Produced by Nahum Maso i Carcases, Ramon Pajares Box and
-the Online Distributed Proofreading Team at
-http://www.pgdp.net (This file was produced from images
-generously made available by The Internet Archive/American
-Libraries.)
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-
- Notas del Transcriptor
-
-Se han respetado la grafía y la acentuación del original, así como las
-inconsistencias en éstas.
-
-Se han corregido los errores obvios de imprenta.
-
-Las notas a pie de página se han renumerado y situado al final del
-párrafo correspondiente mientras que la notas al margen se han
-situado al principio de éste.
-
-El texto en versalita se ha sustituido por mayúsculas mientras que el
-texto en cursiva se indica entre _guiones bajos_.
-
-Las páginas en blanco presentes en el original se han eliminado en la
-versión electrónica.
-
- * * * * *
-
-
-
-
- [Ilustración: D. DIEGO HURTADO DE MENDOZA.]
-
-
-
-
- GUERRA
-
- DE GRANADA
-
- HECHA POR EL REY D. FELIPE II
-
- CONTRA LOS MORISCOS DE AQUEL REINO, SUS REBELDES.
-
- HISTORIA ESCRITA POR
-
- D. Diego Hurtado de Mendoza.
-
- SEGUIDA DE
-
- LA VIDA DEL LAZARILLO DE TORMES,
-
- SUS FORTUNAS Y ADVERSIDADES.
-
- por el mismo autor.
-
- [Ilustración]
-
- Barcelona.
-
- IMPRENTA DE JUAN OLIVERES, EDITOR,
-
- CALLE DE ESCUDELLERS, N. 53.
-
- 1842.
-
-
-
-
- El Editor.
-
-
-BASTARIA citar la advertencia que precede á la última edicion de esta
-obra hecha en Valencia, para acreditar que nos sirve de texto en la
-reimpresion de esta historia un ejemplar de los mas cuidadosamente
-impresos; pero no lo creemos necesario, cuando se deja entender
-facilmente que para hacer ventajosa nuestra edicion debíamos valernos
-de la mejor conocida. Son sin embargo demasiado buenas para omitidas
-las líneas siguientes.
-
-«Preferí por lo mismo la última edicion de 1776 como el texto mas
-seguro y completo, si bien noté que no se habia guardado la exactitud
-debida al copiar los pasajes publicados por Iriarte; pues he tenido
-que verificar diez correcciones, algunas harto importantes, para
-restituirlos á su verdadera y genuina lectura. Tambien he observado
-en ella _modernizadas_ algunas voces de la edicion primitiva, la
-cual ha llegado á mis manos, cuando esta andaba ya muy adelantada
-y no podia dejar de seguirse el plan adoptado desde el principio.
-Aprovecho esta ocasion para manifestar francamente, que en un texto
-de nuestra lengua, tan respetable por su antigüedad como por su
-diccion castiza, me sonarian mejor _agora_, _antigo_, _auctoridad_,
-_baptizado_, _captivar_, _captivo_, _delictos_, _dubdoso_, _ducientos_,
-_escriptores_, _Filipe_, _fructo_, _impeto_, _mesmo_, _perjudicial_,
-_proprio_, _succeso_, _tiniendo_ y _via_, porque de este modo los
-pronunciaban Mendoza y muchos de sus contemporáneos. Con todo no ha
-sido inútil aquella adquisicion para rectificar algunos lugares de los
-dos libros últimos.»
-
-«He colocado al fin los párrafos del conde de Portalegre con que se
-completaba en las cuatro primeras ediciones el libro III, á fin de que
-ni este trozo, que ahora ya no es necesario, se eche de menos en la
-presente. He resucitado además el prólogo de Luis Tribaldos, suprimido
-en la última, tanto por no privarle de la gloria de ser el primero que
-publicó la _Historia de la guerra de Granada_, como por explicarse allí
-los motivos de la tardanza en darla á luz y la escrupulosidad con que
-se siguió un manuscrito digno de toda fe. De los sumarios marginales,
-que no son parto de D. Diego de Mendoza ni aun de Tribaldos, solo he
-dejado, como notas al pie de las respectivas páginas, los pocos que
-sirven realmente para aclarar ó ilustrar la historia.»
-
-«Hubiera sido de desear que el primer editor y los que le siguieron
-hubiesen tenido el cuidado de despejar algo, por medio de una buena
-puntuacion, la oscuridad á que da márgen frecuentemente el estilo
-cortado y conciso de nuestro historiador. «Ningun escritor» (observa
-con razon Capmany en el tomo III del _Teatro histórico-crítico de la
-elocuencia española_) «necesitaba de mayor exactitud en la puntuacion
-ortográfica, y cabalmente ninguno la ha merecido mas desatinada y
-monstruosa de sus editores, acabando por la impresion de Valencia de
-1776, á pesar del esmero que allí se promete y no se cumple. Admira
-como se han hallado lectores que se confiesen enamorados de las ideas y
-estilo de este historiador; siendo imposible que leyendo las cláusulas
-desatadas ó confundidas por la perversa ortografía, comprendan
-claramente el sentido del escrito ni la mente del escritor.» Puedo
-decir con ingenuidad que he aspirado á reparar este daño; mas lejos
-de lisonjearme de haberlo conseguido cual quisiera, creo imposible
-lograrlo en muchos pasajes, á no alterar el texto. No debe olvidarse
-que la primera edicion se hizo á vista de una copia, y no del original,
-y que ó bien la muerte subrecogió á Hurtado de Mendoza cuando acaba de
-formar el bosquejo de su historia; ó pensando dejarla inédita, quedó
-sin aquella última mano, reservada á la lectura de las primeras y
-segundas pruebas de la impresion, y aun falta de la lima que suele dar
-el autor á sus escritos despues de concluidos. Como quiera, no nos es
-permitido tocar ahora en lo mas mínimo la produccion, ó el borrador,
-ó sean los primeros apuntes de aquel grande hombre. Descúbrense en
-ellos, á pesar de ciertos lunares, todas las dotes de un historiador
-sesudo é imparcial, el puro y enérgico lenguaje de nuestros mayores,
-y los golpes maestros que en tres ó cuatro palabras describen un
-hecho importante, ó caracterizan con igual precision los personajes
-de su historia. Al artista que contempla con asombro las formas, el
-sobresalto y el expresivo dolor de las varias figuras que componen el
-admirable grupo del Laocoonte, jamás le ocurre pararse en la cortedad
-de la pierna de uno de los muchachos; imperfeccion que siendo debida á
-falta del mármol, en nada rebaja el mérito del escultor griego. Así los
-que leen con ojos inteligentes esta historia, hallan sobradas bellezas
-que les arrebaten el ánimo, para hacer alto en lijeros descuidos, que
-solo procuran abultar los que nunca serán capaces de escribir el trozo
-mas débil de tan sublime modelo.»
-
-Publicamos á continuacion de la _Guerra de Granada_ la _Vida del
-Lazarillo de Tormes_ que es sin disputa trabajo de nuestro autor,
-pues por tal le reconocen y han reconocido todos los literatos, si se
-exceptúa á Fr. José de Sigüenza, que como verá quien la vida de Mendoza
-leyere, lo atribuyó á un religioso gerónimo. Pero es de advertir que
-los frailes hacian como algunos maniáticos anticuarios, que para
-honrar el país en donde están ó en que nacieron se remontan á los
-siglos fabulosos, y á trueque de dar mayor antigüedad á una ciudad
-ó suponerla tal ó tal otro fundador, desmienten, niegan, critican y
-zahieren á diestro y á siniestro para ganar una honrilla ilusoria.
-Fraile ha habido que para dar prez á su órden habria hecho cristiano á
-Virgilio, y puéstole un sayal por añadidura para hacer la Eneida obra
-de un fraile. Dejemos pues aparte el voto de Sigüenza y no le quitemos
-á Mendoza el honor de haber dado á luz el _Lazarillo_. Obra amena y de
-agradable entretenimiento pertenece á otro género muy diferente y á
-otro estilo que la _Guerra de Granada_, y esta seria ya una razon para
-que la diésemos en el _Tesoro_, cuando no fuese la produccion segunda
-del autor en mérito y valor literario.
-
-
-
-
- LUIS TRIBALDOS DE TOLEDO
-
- AL LECTOR.
-
-
-SIENDO don Diego de Mendoza de los sugetos de España mas conocidos en
-toda Europa, fuera cosa superflua ponerme á describirle; principalmente
-habiéndolo hecho en pocos pero elegantes renglones el señor don
-Baltasar de Zuñiga. Tampoco me detendré en alabar esta historia, ni
-en probar que es absolutamente la mejor que se escribió en nuestra
-lengua; porque ningun docto lo niega, y pudieráseme preguntar lo que
-Archidamo, lacedemonio, á quien le leia un elogio de Hércules: _¿Et
-quis vituperat?_ Solamente diré, qué causas hubo para no publicarse
-antes; las que me movieron á hacerlo agora; qué ejemplar seguí en esta
-edicion, y qué márgenes.
-
-Cuanto á lo primero, es muy sabido y muy antiguo en el mundo el odio
-á la verdad, y muy ordinario padecer trabajos y contradiciones los
-que la dicen, y aun mas los que la escriben. Del conocimiento de
-este principio nace, que todos los historiadores cuerdos y prudentes
-emprenden lo sucedido antes de sus tiempos, ó guardan la publicacion
-de los hechos presentes para siglo en que ya no vivan los de quien
-ha de tratar su narracion. Por esto nuestro don Diego determinó no
-publicar en su vida esta historia, y solo quiso, con la libertad que
-no solo en él, mas en toda aquella ilustrísima casa de Mondejar es
-natural dejar á los venideros entera noticia de lo que realmente se
-obró en la guerra de Granada; y pudo bien alcanzarla, por su agudeza
-y buen juicio; por tio del general que la comenzó, adonde todo venia
-á parar; por hallarse en el mismo reino, y aun presente á mucho de lo
-que escribe: afectó la verdad, y consiguióla, como conocerá facilmente
-quien cotejare este libro con cuantos en la materia han salido. Porque
-en ninguno leemos nuestras culpas ó yerros tan sin rebozo; la virtud, ó
-razon tan bien pintada; los sucesos todos tan verisímiles: marcas por
-las cuales se gobiernan los lectores en el crédito de lo que no vieron.
-La determinacion de don Diego me prueban unas gravísimas palabras,
-escritas de su letra, al principio de un traslado de esta historia
-que presentó á un amigo suyo, en que juntamente pronostica lo que hoy
-vemos. «Veniet, qui conditam, et sæculi sui malignitate compressam
-veritatem, dies publicet. Paucis natus est, qui populum ætatis suæ
-cogitat. Multa annorum millia, multa populorum supervenient: ad illa
-respice. Etiamsi omnibus tecum viventibus silentium livor indixerit,
-venient, qui sine offensa, qui sine gratia judicent.» Senec. Epistol.
-79. Dije que no quiso sacarla: añado, que ni pudo, porque no la dejó
-acabada, y le falta aun la última mano; lo que luego se echa de ver
-en repetir cosas, que bastaban una vez dichas: como la significacion
-de atajar y atajadores, los daños de la milicia concejil, y otras de
-este jaez; y aun mas de algunas notables omisiones que hacen bulto, y
-muestran falta, cual la de la toma de Galera, y muerte de Luis Quijada,
-advertida y elegantemente suplida por el gran conde de Portalegre; y
-otra no menor, cuando siendo encomendado lo de la sierra de Ronda á
-los dos duques de Medina Sidonia y de Arcos, cuenta muy extensamente
-el progreso de este; pero en el otro hace tan alto silencio, que
-ni aun nos declara las causas de no venir á la empresa; siendo así
-que para ello debió un tan gran señor tenerlas, y aun muchas, y muy
-justificadas. Otras faltas apuntara, mas basten estas dos para ejemplo.
-Muerto don Diego, viviendo aun personas que él nombraba, duraba el
-impedimento, que en vida: demás de que los eruditos, á quien semejantes
-cuidados tocan, quieren mas ganar fama con escritos propios, que
-aprovechar á la república con dar á luz los ajenos.
-
-Cuanto á lo segundo, hoy que son ya pasados cerca de sesenta años, y
-no hay vivo ninguno de los que aquí se nombran, cesa ya el peligro
-de la escritura, no doliendo á nadie verse allí mas ó menos lucido;
-y aunque hay de ellos ilustrísimos descendientes, ó parientes, por
-haber militado en esta guerra una muy gran parte de la nobleza de
-España, seria demasiado melindre, y aun desconfianza, celar alguna
-faltilla del difunto, que les toca, cuando ninguna de las que se
-notan es mortal, ni de las que disminuyen la honra ó la fama; porque
-estas no las hubo, ni se cometieron, ni don Diego, siendo quien era,
-se habia de olvidar tanto de sus obligaciones, que las perpetuase,
-aun cuando se hubieran cometido. Porque la historia escríbese para
-provecho y utilidad de los venideros, enseñándolos, y honrándolos, no
-corriéndolos, ó afrentándolos, aun cuando para escarmiento quiera tal
-vez ensangrentarse la pluma. Tampoco me acordaba el quedar imperfecta;
-pues si este Júpiter olímpico, estando sentado, toca con la cabeza el
-techo del templo, ¿adónde llegara con ella, si se le levantara en pie?
-¿adónde, si le colocaran y subieran en una basis?
-
-En esta edicion lo que principalmente procuré, fue puntualidad, sin dar
-lugar á ninguna conjetura, ni enmendar alguno por juicio propio: cotejé
-varios manuscritos, hallándolos entre sí muy diferentes, hasta que me
-abracé con el último, y sin duda alguna el mas original, que es uno del
-duque de Aveiro, en forma de cuarto, trasladado de mano del comendador
-Juan Bautista Labaña, y corregido de la del conde de Portalegre, con
-el cual conocí cuan en balde habia cansádome con otros. Este texto
-es el que sigo, sin alterarle en nada, y es el genuino, y propio, de
-quien en su introduccion habla aquel gran conde. Deseaba yo ornar las
-márgenes con lugares de autores clásicos, bien imitados por el nuestro,
-y no me fuera muy difícil juntarlos, mas guardándolo para la postre,
-me sobrevino esta enfermedad tan larga y pesada que me imposibilitó:
-y porque se me da mucha priesa, los guardo para segunda edicion,
-si acaso hubiere, que espero serán muy gratos á los doctos. Dábame
-pesadumbre que fuese esta gran obra tan desnuda, que ni unos sumarios
-llevase, hasta que se me acordó de los que leí en un manuscrito de
-esta historia, que ha tres años me prestó aquí un caballero, que agora
-está en Lisboa; adonde al amigo que atiende á la edicion, encargué
-buscarlos, y ponerlos; y segun veo en los veinte pliegos que ya están
-impresos, cuando esto escribo, podrán servir en el interin; y esto es
-cuanto se me ofrece decir al lector.
-
-
-
-
- NOTICIAS
-
- DE LA VIDA
-
- DE D. DIEGO HURTADO DE MENDOZA.
-
-
-SIENDO las vidas de los varones ilustres eficacísimos ejemplares, que
-persuaden prácticamente á la imitacion de sus acciones, determiné
-escribir la de D. Diego Hurtado de Mendoza, excelente escritor y
-discretísimo político; para que al mismo tiempo que de su historia de
-Granada, se tenga noticia de sus estudios, aplicacion y manejo en los
-negocios públicos, que fueron los que le proporcionaron para escribir
-con tanto acierto.
-
-Nació en la ciudad de Granada á fines del año 1503, ó principios del
-siguiente: su padre, uno de los mas célebres generales que sirvieron á
-los Reyes Católicos en la conquista de aquel reino, fue D. Iñigo Lopez
-de Mendoza, segundo conde de Tendilla, y primer marqués de Mondejar,
-hijo del conde de Tendilla, que fue hermano entero del duque del
-Infantado, D. Diego Hurtado de Mendoza, y ambos hijos del célebre D.
-Iñigo de Mendoza primer marqués de Santillana; su madre D.ª Francisca
-Pacheco segunda mujer del marqués, é hija de D. Juan Pacheco marqués
-de Villena, y primer duque de Escalona[1]. Fue el quinto entre sus
-hermanos, que todos han merecido loable recomendacion en nuestra
-historia: D. Luis el primogénito, capitan general del reino de Granada,
-y despues presidente del Consejo: D. Antonio virey en ambas Américas:
-D. Francisco obispo de Jaen; y D. Bernardino de Mendoza, general de
-las galeras de España: consta tambien que tuvo dos hermanas, Doña
-Isabel, que casó con D. Juan Padilla, y Doña Maria, mujer de D. Antonio
-Hurtado, conde de Monteagudo[2].
-
- [1] _D. Luis de Salazar y Castro_, Hist. gener. de la Casa
- de Lara.
-
- [2] _Nicol. Ant._ Bibl. Hisp. _verb._ Didac. Hurtado de Mendoza.
-
-No hay pruebas para persuadir naciese en Toledo, como quiso D. Tomás
-Tamayo de Vargas, y consta que sus padres permanecieron en Granada
-todos aquellos años, por ser necesaria su presencia en ciudad recien
-conquistada, inquieta y sospechosa, y que con motivo del excesivo celo
-del cardenal Jimenez por la conversion de los mahometanos, se levantó
-al fin en el mes de diciembre de 1499, y duraron los movimientos de
-aquel reino casi dos años[3].
-
- [3] _Marmol_, Hist. de la Rebelion, _lib._ I, _cap._ XVI.
-
-No es creible que por huir de aquel peligro, se retirase á Toledo la
-marquesa, heroina de ánimo tan varonil, que en la fuerza del alboroto
-del Albaicin, luego que el marqués llegó á sosegar los sediciosos, se
-quedó con sus hijos pequeños, en una casa junto á la mezquita mayor, á
-manera de rehenes[4].
-
- [4] _Marmol_, ibid.
-
-Logró D. Diego particular instruccion en su niñez, y verosimilmente la
-mayor parte de ella de Pedro Mártir de Angleria; pues habiendo este
-instruido á todos los magnates de aquel tiempo, viviendo en Granada, y
-estando tan obligado á los Mendozas, que el primer conde de Tendilla
-le trajo á España, y mantuvo estrecha comunicacion con el padre de D.
-Diego[5], franquearia á este la instruccion que con menor obligacion
-habia comunicado á los demás. Aprendió allí gramática, y algunas
-nociones de la lengua arábiga, que cultivó toda su vida. Pasó despues
-á Salamanca, donde estudió las lenguas latina y griega, filosofía y
-derecho civil y canónico. En aquel tiempo fue cuando parece escribió
-por entretenimiento, y como descanso de mas graves estudios, _La vida
-del Lazarillo de Tormes_, obra ingeniosa, de buen lenguaje, y singular
-invencion: Fr. Josef de Sigüenza afirma que el autor del _Lazarillo_
-fue Fr. Juan de Ortega, religioso gerónimo, pero generalmente se cree
-que fue D. Diego de Mendoza.
-
- [5] _Petr. Mart. Angler._ Ep. 521 _et_ 630.
-
-Inclinado por su genio á engolfarse en acciones de mayor estrépito y
-renombre, pasó á Italia, y militó muchos años. No constan en particular
-las guerras, ni batallas en que se halló, pero hablando él mismo del
-mal aparejo y desórdenes que veía en la guerra de Granada, los compara
-con los _numerosos ejércitos en que yo me hallé_, dice, _guiados por el
-emperador D. Cárlos, y otros por el rey Francisco de Francia_; de donde
-se puede conjeturar se halló en el ejército que sitió á Marsella en
-1524, y en la batalla de Pavía, en que afirma Sandoval se distinguió la
-compañía de D. Diego de Mendoza, que es favorable conjetura para creer
-fuese nuestro autor; si bien eran algunos los que en aquel tiempo se
-conocian con el mismo nombre y apellido, que no se puede afirmar por
-cosa cierta.
-
-Igualmente es verosímil que concurrió á la guerra que se hizo contra
-Lautrec sobre el ducado de Milan, y á la batalla de la Bicoca en 1522,
-así como á la entrada de Cárlos V en Francia el año 1536. Lo cierto es,
-que aun siguiendo la inquietud y estruendo de las armas, manifestaba su
-ardiente inclinacion á la literatura, y en el tiempo del invierno en
-que aquellas regularmente permitian mas descanso y ociosidad, dejaba
-los cuarteles y pasaba á las mas célebres universidades, como Bolonia,
-Padua, Roma y otras, para aprender de los maestros de mayor mérito,
-matemáticas, filosofía y otras ciencias[6]. Oyó entre otros á Agustin
-Nifo y á Juan Montesdoca, famoso filósofo sevillano, muy aplaudido y
-premiado en las universidades de Italia, y que murió en 1532[7].
-
- [6] _Morales_, _en la_ Dedicat. de las Antigüedades.
-
- [7] _Nicol. Ant._, Bibliot.
-
-Sus talentos, aplicacion y distinguida estirpe le hicieron tan
-recomendable á Cárlos V, que formando concepto muy sublime de las
-prendas de D. Diego, le apreció mucho en tiempo de su imperio, y le
-confió los negocios y embajadas mas críticas de su reinado. En 1538 se
-hallaba ya de embajador en Venecia. El año antes habia hecho la liga
-santa contra el turco, el papa, el emperador, y los venecianos; y no
-correspondiendo las ventajas á los deseos de la señoría, desconfiaba
-ya, y temia mayores pérdidas: y como las instrucciones del embajador
-tenian por objeto mantenerla firme contra el turco, y que no se
-aliase con la Francia; luego que advirtió D. Diego las zozobras de
-los senadores, y que habian destinado á Constantinopla á Lorenzo
-Gritti para tratar de paces, hizo presente en una audiencia secreta
-con elocuente vehemencia, aunque con igual modestia, sabia que la
-república intentaba ajustar paces sin incluir á su soberano, que estaba
-dispuesto á continuar la guerra, y aun asistir en la armada[8]. Pintó
-la incierta fe de los bárbaros diferentes en costumbres, religion, en
-leyes, y enemiguísimos de los cristianos, el sincero objeto de los
-aliados, por defender la iglesia, y oprimir á sus enemigos; que si en
-la pasada campaña no se habian logrado las esperanzas que esperaron
-se podian resarcir los daños en la primera ocasion, humillar al
-enemigo comun, y recobrar muchas de sus conquistas. Que si hacian
-las paces, y el emperador quedase en guerra, no disminuirian gastos,
-pues debian mantenerse armados, y perdian la esperanza de la mejora
-que podian tener, perseverando en la alianza. Concluyó que confiaba
-en la prudencia del senado, no querria buscar pretexto para abandonar
-la liga, ni preferir á esta las paces siempre peligrosas con el
-turco. Fue la respuesta, que habiendo sido infructuosa la liga años
-anteriores, y habiendo propuesto el rey de Francia una tregua general
-á todos los príncipes cristianos en Constantinopla, seria muy útil
-su aceptacion, para que el César se dispusiese á las expediciones
-que meditaba en Levante. Alcanzó en efecto Gritti con gran trabajo
-treguas por tres meses, sin quedar esperanza de la tregua universal,
-cuyo nombre aborrecian los turcos por el odio que tenian á Cárlos V.
-Ajustaron paces despues, y para ellas influyó mucho Francisco I, rey
-de Francia, que por contrarestar á Cárlos V estaba coligado con el
-turco, y entre otros le envió dos embajadores, César Fragoso, genovés,
-y Antonio Rincon, español, que muertos en el Pó por soldados españoles,
-y registrados, les encontraron las instrucciones, y entre ellas muchas
-concernientes á Venecia, y contrarias á sus intereses[9]. Dirigiólas el
-marqués del Basto á D. Diego, y este las hizo presentes al senado, para
-que comprendiese las potencias en que debia fiarse, y cuan gran yerro
-habia cometido en abandonar la liga del emperador, procurando mantener
-y afianzar la amistad del rey de Francia, que como constaba en aquellas
-instrucciones, no cuidaba de los intereses de la república.
-
- [8] _Diedo_, Storia di Venecia, _tom._ II, _lib._ II.
-
- [9] _Ulloa_, Vita di Carlo V, _lib._ III.
-
-Además de desempeñar la embajada con esplendor, perseveró con teson en
-el estudio, y sobre todo puso particular esmero en juntar manuscritos
-griegos, en hacerlos copiar á gran costa, buscarlos y traerlos de los
-mas remotos senos de la Grecia; de suerte que envió hasta la Tesalia
-y monte Athos á Nicolás Sofiano, natural de Corcira, á investigar y
-copiar cuanto hallase recomendable de la erudicion griega. Valióse
-tambien de Arnoldo Ardenio, doctísimo griego, para que le trasladase
-con extraordinarios gastos muchos códices manuscritos de varias
-bibliotecas, y particularmente de la que fue del cardenal Besarion.
-
-Por su medio logró la Europa muchas obras que aun no habia visto,
-y quizás no veria, de los mas célebres autores griegos, sagrados y
-profanos, como son san Basilio, san Gregorio Nacianceno, san Cirilo
-Alejandrino, todo Arquimedes, Heron, Apiano, y otros[10]. De su
-biblioteca se publicaron las obras completas de Josefo; pero lo que
-principalmente la ha hecho memorable fue el regalo que le hizo el gran
-turco Soliman, por haberle enviado un cautivo, que amaba con extremo,
-libre y sin rescate, aunque Don Diego lo compró á gran precio de los
-que le habian hecho prisionero. El gran señor queria manifestar su
-agradecimiento con dones correspondientes á su grandeza, pero D. Diego
-admitió solo una recompensa propia de la nobleza de su nacimiento, y
-del desinterés de un ministro público. La señoría de Venecia se hallaba
-con extrema escasez de granos, y por sacarla de tan estrecho ahogo,
-pidió á Soliman permitiese á los vasallos de Venecia comprar libremente
-trigo en los estados turcos, y conducirlo á los de la república. Logró
-esta súplica, y otra segunda, que fue la remision de muchos manuscritos
-griegos, que preferia á los mas ricos tesoros. Varian mucho los autores
-sobre el número de ellos: Andrés Escoto no duda asegurar, que recibió
-una nave cargada de manuscritos: Claudio Clemente copia las mismas
-palabras en la historia de la biblioteca del Escurial: Ambrosio de
-Morales y D. Nicolás Antonio aseguran que fueron seis arcas llenas:
-últimamente D. Juan de Iriarte en la Biblioteca de los manuscritos
-griegos de la librería real de esta corte, obra recomendable por su
-mérito y por las muchas noticias que da de varios escritos apreciables
-de célebres autores aun no publicados, rebaja extraordinariamente el
-número de volúmenes; y persuadido del catálogo de los manuscritos
-griegos de D. Diego que copió de un códice propio de la librería del
-duque de Alba, asegura que no fueron mas que treinta y un volúmenes;
-cuyo catálogo inserta en dicha biblioteca.
-
- [10] _Morales_, Antigüedades de España en la _Dedicat. Alphon.
- Ciacon_, Bibliot. _verb._ Diegus: _Nicol. Ant._, Bibliot.
-
-Esta es la noticia que nos queda de tan celebrado don, y no es difícil
-resolver cual de las relaciones sea la verdadera; pues aunque de
-una parte es inmenso el número que dan á entender Andrés Escoto y
-Claudio Clemente, por otra es muy diminuto el que asigna el mencionado
-catálogo; ni sabemos quien le formó, ni si copió todos los que vinieron
-de Constantinopla: pudo tal vez elegir los mas selectos, ó aquellos
-de quien tuvo noticia, sino es que creamos lo hizo cuando ya estaba
-deshecha la librería de D. Diego, y solo numeró los códices que
-restaban. Parece pues mas verosímil y cierta la relacion de Don Nicolás
-Antonio; y así creemos que ni fue tanta la copia que pondera Escoto, ni
-tan pequeña como expresa el catálogo, que á la verdad ni corresponde al
-eco que corrió y corre en toda la Europa del mencionado regalo; ni á la
-grandeza de Soliman, que no sabemos fuese avaro de estas riquezas que
-poseia en tanta abundancia y que tan poco le servian. Sobre todo deja
-fuera de duda la verdad de la relacion de Morales, el haberla hecho
-este en una dedicatoria dirigida al mismo D. Diego, á quien conocia, y
-á quien trataba; á quien consultaba, y á quien habria oido muchas veces
-la verdadera narracion.
-
-De la diligencia de D. Diego en adquirir los manuscritos se convence
-la extravagante y atrevida maledicencia de Schochio, que fingió que
-para juntar la biblioteca que meditaba, hurtó los manuscritos griegos
-que dejó el cardenal Besarion á la república de Venecia, con tal
-sutileza, dice, que no se puede pensar mayor. Asegura que ya se habia
-venido á España cuando se advirtió que en lugar de aquellos habia
-puesto otros libros vulgares de igual volúmen, para que de ese modo
-no se descubriese tan facilmente el hurto. ¿Pero de quién habla este
-beocio? ¿Juzga acaso este tardo aleman que D. Diego de Mendoza era
-algun Glareano, algun Sciopio, ú otro oscuro gramático? Hay mucha
-diferencia entre los sabios: el nacimiento y la crianza dan ideas muy
-diferentes: el empleo y las riquezas de D. Diego le facilitaban la
-ejecucion de sus designios. ¿Qué particular hizo mayores gastos? ¿Quién
-tuvo valor para enviar á sus expensas á buscar manuscritos en los
-mas retirados senos de la Grecia? ¿Ni quién logró circunstancias mas
-oportunas? Además de esto se mantuvo muchos años en Venecia, incierto
-si permaneceria ó no en aquella ciudad; ¿pues cómo podria cometer tal
-desacierto sin exponerse á que lo descubrieran antes de retirarse? ¿Y
-qué pruebas expone Schochio? ¿qué autores cita para apoyar proposicion
-tan atrevida? Quede pues por cierto que afirma lo que él seria capaz de
-cometer, y que creyó era algun Schochio el embajador de Cárlos V.
-
-Era su casa la mansion de las personas eruditas, trataba á los sabios
-de Italia con la estimacion de hombre que lo era. En el senado era un
-Demóstenes, y un Sócrates en casa. En aquel admiraban el torrente de su
-elocuencia los senadores; y en esta embelesaba con su erudicion, con
-sus noticias y discursos filosóficos, á los cardenales, obispos, nobles
-y literatos que con gran frecuencia le visitaban.
-
-Buen testigo es Paulo Manucio, celebérrimo humanista, que en aquel
-tiempo le dedicó las obras filosóficas de Ciceron, corregidas con
-sumo esmero; si bien dice, que ya D. Diego con su continua lectura
-y perspicacia habria hecho las mismas ó mas enmiendas. De aquella
-dedicatoria sabemos que se aplicaba principalmente á la filosofía;
-que tuvo una hermana sabia, muy instruida en la lengua latina, é
-igualmente valerosa, y que el dictámen de D. Diego en órden á la
-enseñanza de la juventud, era que gastasen el largo tiempo que dedican
-á la lengua latina, en aprender las ciencias en la lengua materna, como
-lo persuadió antes el cardenal Alcolti, que posaba en casa D. Diego.
-Favoreció á muchos griegos que llegaban huyendo de la penosa esclavitud
-del turco. Lázaro Bonamico le dirigió por este tiempo, ó poco despues
-una carta latina en verso heróico, en que describiendo el método
-de vida y estudios que él disfrutaba, le persuade se entregue á su
-genio, esto es, al estudio y consideracion de la naturaleza; realza su
-aplicacion á la filosofía, su vigilancia en procurar los intereses del
-César, y resistir al turco, enemigo comun, pondera su elocuencia, la
-estimacion que de su persona hacian los senadores, el socorro de trigo
-que por su causa evitó una horrible hambre en los estados venecianos,
-su generosidad en enviar á la Grecia personas que trajesen antiguos
-monumentos; y últimamente lo acepto que era á Cárlos V, y como se
-aprovechaba del valimiento, para que perdonase á unos, y favoreciese á
-otros.
-
-En estas ocupaciones pasaba, cuando le nombró el César gobernador de
-la república de Sena, sin que dejase, á lo que parece, la embajada de
-Venecia. Es Sena una ciudad de Toscana á cinco leguas de Florencia,
-rica, populosa, amiga de su libertad, que conservó por muchos siglos
-como república independiente; la discordia al fin dividió sus
-habitantes, que por último recurso acudieron al emperador, á quien
-pidieron patrocinio para poner freno á algunos ciudadanos turbulentos.
-Condescendió Cárlos V y envió á D. Diego de Mendoza, que informado
-de todas las disensiones, del orígen de ellas, y de los intereses
-particulares que movian á los seneses, procuró vencer por buenos
-términos todos los inconvenientes, y mantener los ciudadanos en
-tranquilidad[11]. Sin duda manifiesta el afecto que tenia á aquella
-república en una representacion vehemente que hizo al emperador cuando
-pasó por la Italia el año de 1543, para asegurar aquellas costas del
-desembarco é invasion que amenazaba el turco, movido por Francisco I
-rey de Francia.
-
- [11] _Sandoval_, Hist. de Cárlos V, _tom._ II, _lib._
- XXXI, § 29.
-
-Hallábase el César exhausto de dinero; tomó del rey de Portugal
-cuantiosas sumas, vendió á Cosme de Medicis, duque de Florencia, las
-fortalezas de Florencia y Liorna en ciento y cincuenta mil ducados, y
-estuvo en Bugeto con el pontífice, que vino á verle con el pretexto
-de ponerle en paz con el rey de Francia, y de adelantar el concilio
-tridentino; pero principalmente con el designio de comprar los
-estados de Milan y Sena para su nieto Octavio de Farnese. La escasez
-de dinero con que se hallaba el emperador le hacian, aunque con
-alguna repugnancia, dar oidos á estas cosas, y sin duda se hubiera
-efectuado la venta, á no haberle hecho D. Diego de Mendoza una
-representacion[12], en que exponia al emperador el deshonor que le
-resultaba de efectuar esta contrata, como lo mal que habia hecho en
-lo antecedente de las fortalezas de Florencia y Liorna: extendíase
-despues sobre la conducta del pontífice, sobre los trabajos que
-habia ocasionado al emperador, y como movió al rey de Francia, y
-consiguientemente al turco. Esta representacion tuvo el efecto que
-deseaba el autor de ella: desistió el emperador, pasó á Alemania
-dejando á D. Diego las instrucciones que debian dirigirle en la
-asistencia al concilio tridentino, que á grandes distancias de la
-cristiandad, y principalmente del emperador, habia convocado el papa
-Paulo III en bula de 22 de mayo de 1542. Despues de muchas dilaciones,
-inconvenientes y dudas sobre el lugar en que debia celebrarse, se habia
-elegido á Trento, ciudad que parte los términos de Italia y Alemania, y
-sujeta á Cristóbal Madrucci, obispo de ella, y poco despues cardenal.
-
- [12] _La trae Sandoval en la_ Hist. de Cárlos V, _tom._ II,
- _lib._ XXV, § 30.
-
-Ya el emperador habia expedido sus poderes desde Barcelona en 18 de
-octubre de 1542, nombrando sus embajadores al gran canciller Granvela,
-su hijo el obispo de Arras, y D. Diego de Mendoza, quienes llegaron
-á Trento en 8 de enero de 1543; pues aunque el marqués de Aguilar
-embajador en Roma estaba tambien nombrado, no se apartó de aquella
-capital[13]. Daba el emperador á todos cuatro en comun, y á cada uno
-en particular, poder y autoridad, para que representasen su persona,
-defendiesen y promoviesen sus derechos, y mantuviesen sus prerogativas,
-tanto como emperador, cuanto como rey de España, y señor de sus
-restantes dominios. Visitaron los embajadores á los legados, que eran
-los cardenales Moron, Paris y Polo, y extrañando la poca concurrencia
-de padres, preguntaron si las demás naciones habian prometido su
-asistencia al concilio, y en que términos debian ejercer la autoridad
-de embajadores en aquel congreso; evacuadas ambas preguntas, quiso el
-gran canciller exponer en la iglesia mayor con toda solemnidad los
-poderes que traía del emperador, y manifestar los motivos de no asistir
-personalmente. Resistiéronse los legados, hubo amargas quejas; pero en
-fin se convino en que fuesen recibidos al siguiente dia públicamente
-en casa del legado Paris, el mas antiguo de los tres cardenales. El
-obispo de Arras expuso en una larga oracion, y ante gran concurso de
-gentes, los deseos y diligencias del emperador porque se celebrase el
-concilio: exhibieron sus poderes, é instaron en que se acelerase la
-venida de los prelados y teólogos italianos, y se estimulase á los
-franceses, pues ellos estaban prontos á permanecer allí, ó pasar á
-solicitar los obispos de Alemania. En efecto, Granvela por dar mayor
-calor á la celebracion del concilio, pues veía los pocos prelados que
-habian concurrido, daba á entender seria mas conveniente un concilio
-nacional en Alemania; proposicion que alteraba en extremo á los
-legados y á la corte romana. Al fin padre é hijo pasaron á la junta de
-Norimberg, y D. Diego quedó algunos meses en Trento. En este tiempo
-hizo la representacion mencionada sobre la venta de Milan, y viendo que
-los obispos de España no concurrian tan presto, y que muchos de los
-que vinieron á Trento se habian retirado, se volvió á su embajada de
-Venecia con grande sentimiento de los legados y del papa, que se quejó
-al emperador, pero al fin se aprobó su conducta, y expidió una bula,
-en que exponiendo las discordias sobrevenidas entre el rey Francisco
-y Cárlos V, y juntamente el terror que infundia en toda la Italia el
-turco con sus armas, retardaba el concilio á tiempo mas oportuno[14].
-
- [13] _Palavic._, Hist. Conc. Trident. _lib._ V, _cap._ IV.
-
- [14] _Palavic._, _lib._ V, _cap._ IV, _n. 16_.
-
-En 24 de agosto del año 1534 dirigió un diploma á Cárlos V exhortándole
-á la paz, que efectuada con Francia proporcionó la nueva indiccion
-del concilio para 15 de mayo de 1545, aunque se prorogó el principio
-de él hasta 13 de diciembre. Por marzo volvió D. Diego de Venecia á
-Trento; y ajustadas las ceremonias con que se le habia de tratar,
-pretendió exponer en la iglesia mayor, lugar destinado á las sesiones
-del concilio, las cartas que le autorizaban, pero se convino en
-presentarlas en casa de los legados cardenales del Monte y Santa Cruz,
-donde manifestó sus poderes, y juntamente expuso en una oracion latina
-las intenciones del César, y el sincero ánimo en que se hallaba de
-concurrir por su parte á dar cumplimiento á los deseos de toda la
-cristiandad[15]. Halláronse presentes el cardenal Madrucci, en cuya
-casa habitaban los legados y los obispos que hasta entonces habian
-concurrido, que fueron Tomás Copeggi de Feltre, Tomás de San Félix
-de la Cava, y Fr. Cornelio Muso, franciscano, obispo de Bitonto, y
-el mas elocuente predicador de su tiempo. Á 8 de abril llegaron los
-embajadores del rey de romanos; celebróse una solemne congregacion para
-recibirlos; y en ella pretendió D. Diego preceder al cardenal Madrucci,
-y sentarse despues de los legados, alegando que pues representaba al
-emperador, debia tener asiento en el mismo lugar que ocuparia S. M.
-Cesárea. Urgia el tiempo, y por no ser molesto, ni inutilizar aquella
-junta, convino en colocarse de modo, que ni cedia ni tomaba precedencia
-alguna.
-
- [15] _Palavic._, _lib._ V, _cap._ VIII, _n. 9_.
-
-Volvió en otra ocasion á instar sobre lo mismo, diciendo que si se
-hallasen juntos el padre santo y el emperador, ninguno podia pretender
-ponerse en medio, y que lo mismo debian observar las personas que los
-representaban; añadiendo que obraba con el parecer y consejo de hombres
-doctos. Respondieron los legados en términos generales se hallaban
-dispuestos á dar á cada uno su debido lugar; pero que por sí mismos no
-tomaban resolucion sobre sus pretensiones; y que era necesario aguardar
-la respuesta de Roma sobre ellas. Convino gustoso el embajador, porque
-como sabia la grande autoridad que los emperadores habian tenido
-siempre en los concilios, esperaba se hallasen en los archivos romanos
-documentos incontestables que autorizasen su preeminencia: añadió
-estaba pronto á ceder fuera del concilio á cualquier sacerdote, pero en
-él, nadie despues del papa tenia mayor autoridad y preeminencia que su
-príncipe[16].
-
- [16] _Palavic._, _lib._ V, _cap._ VII, _n. 9_;
- _Liter. Legat., 12 et 16; Martii_.
-
-Los legados deseaban principiar el concilio; pero el corto número de
-obispos que hasta entonces habian llegado, y otros motivos que tenia el
-emperador, obligaban á D. Diego á detenerlo con sus justos y fundados
-reparos.
-
-Ocupábase entre tanto en sus estudios; buscaba el trato de las personas
-sabias, y ofreciéndose celebrar el nacimiento del infante de España
-el príncipe D. Cárlos, acaecido en 8 de julio de 1545, dispuso tres
-solemnes fiestas, en que oraron el obispo de San Marcos, napolitano,
-sabio en latin y griego, Fr. Domingo Soto, y el elocuente fray Cornelio
-Muso.
-
-Los cuidados, la aplicacion, ó la mudanza de aires alteraron su salud,
-y comenzó á padecer unas cuartanas, que le obligaron á retirarse
-á Venecia, y le molestaron muchos meses; pero no por esto dejó de
-cuidar de Sena, de su embajada de Venecia, y de lo del concilio,
-donde pasaba algunas veces. Al fin celebrado el congreso de Worms, le
-ordenó el emperador asistiese en Trento, porque no se dijese quedaba
-por sus ministros dar principio al concilio. En 13 de diciembre de
-1545 se hizo la abertura tan deseada, con la mayor solemnidad, y se
-celebró la primera sesion, y en 7 de enero de 1546 la segunda, á las
-que no pudiendo asistir D. Diego por hallarse enfermo en Venecia,
-envió su secretario Alonso Zorrilla, para que hiciese presente su
-indisposicion[17]. La sesion tercera se tuvo en 4 de febrero del mismo
-año, y despues de la cuarta llegó á Trento D. Francisco de Toledo,
-embajador de Cárlos V, porque reconociendo D. Diego la terquedad de su
-indisposicion, y cuan necesaria era la asistencia de los embajadores
-imperiales, habia suplicado al César enviase otro en su lugar, como se
-le concedió, con la circunstancia de que el compañero ejerciese por
-sí solo las funciones de la embajada, ó en compañía de D. Diego, si
-la salud de este lo permitiese. D. Francisco pasó despues de cuatro
-dias á Padua á visitar á su compañero, para que le enterase á fondo de
-las instrucciones del emperador, de las de los legados, y del método
-que era menester seguir en un congreso tan sagrado y de tan delicadas
-circunstancias[18].
-
- [17] _Palavic._, _lib._ V, _cap._ XVII, _n. 7_.
-
- [18] _Palavic._, _lib._ VI, _cap._ XIII, _n. 1_.
-
-Aun sin estar libre de sus cuartanas, que fueron tan perniciosas que
-se llegó á temer de su vida, pasó de Padua á Trento á instancias de
-D. Francisco de Toledo, que volvió á visitarle, y del doctor Paez de
-Castro, que vino en su compañía; y juzgaron los padres tan necesaria su
-asistencia á la congregacion general que precedió á la sesion quinta,
-que la difirieron un dia, porque en el que se habia de celebrar, era el
-mismo en que sobrevendria la fiebre á D. Diego. Queriendo los legados
-proceder á la decision de los dogmas, D. Diego aconsejó á Don Martin
-Perez de Ayala (que habia llegado á Trento en el mes de setiembre de
-1546, y le habia aposentado despues de muchos ruegos en su propia
-casa, tanto por el aprecio que hacia de sus virtudes y literatura,
-como porque habia sido confesor de su hermano el obispo de Jaen, ya
-muerto desde el año de 43), que como tan instruido en la materia _de
-justificatione_, que á la sazon querian decidir, manifestase el modo de
-pensar de los herejes, y notase las decisiones que pretendian hacer los
-legados por diminutas, y que no comprendian todos los errores de los
-protestantes. D. Martin Perez de Ayala pidió audiencia, peroró en ella
-una hora, expuso la materia, y de tal modo pintó sus consecuencias,
-que se examinó la doctrina mas de otros cuatro meses[19]. Aunque D.
-Diego rara vez concurria á las congregaciones particulares á causa de
-su indisposicion, quiso no obstante asistir á aquella en que fueron
-recibidos los embajadores de Francia, por dar mas solemnidad al acto,
-y manifestarles su buen ánimo, y la armonía que deseaba entablar, y
-mantener con ellos[20].
-
- [19] Vida de D. Martin Perez de Ayala, _arzobispo de Valencia,
- escrita por el mismo_. _MS._
-
- [20] _Palavic._, _lib._ VIII, _cap._ V, _n. 4_.
-
-Por estos dias se publicó impresa en Venecia la Suma de los Concilios
-de fray Bartolomé Carranza, dominicano, famoso por su valimiento y
-su caida, dedicada á D. Diego, que respondió al autor en una carta
-latina aunque breve, elocuente y nerviosa. Juan Paez de Castro, célebre
-doctor cronista y capellan de honor de Felipe II, habia pasado á
-aquella ciudad recomendado á D. Diego por Gerónimo de Zurita, exacto
-historiador de Aragon, y por Gonzalo Perez, secretario de Felipe II,
-conocido por la traduccion de la Odisea, y mucho mas por los excesos
-de su hijo Antonio Perez. Procuró D. Diego adelantarle, comunicóle
-sus libros, quiso llevarle á vivir consigo, animóle á estudiar con
-teson, y á trabajar principalmente en la inteligencia y restitucion de
-los autores antiguos. Consta por las cartas de aquel sabio escritas
-á Gerónimo de Zurita, que habia leido la traduccion al castellano de
-la mecánica de Aristóteles hecha por D. Diego, quien tambien le habia
-hecho glosas: «Es tan bueno y tan humano, dice hablando de D. Diego,
-que puede V. decir: _Nil oriturum alias, nil ortum tale fatentes_. Su
-erudicion es muy varia, y extraña; es gran aristotélico y matemático;
-latino y griego, que no hay quien se le pare; al fin es un hombre muy
-absoluto. Los libros que aquí ha traido son muchos, y son en tres
-maneras: unos de mano griegos en gran copia; otros impresos en todas
-facultades; otros de los luteranos: todos estos están públicos para
-quien los pide, si no son los luteranos, que no se dan sino á los
-hombres que tienen necesidad de los ver para el concilio. Ha sido tan
-gran cosa esta, y tan grandemente dispuesta, que allende de grandes
-costas que ha excusado, ha dado gran luz á todos, que ni supieran que
-libros eran necesarios, ni de donde se habian de traer; á lo menos yo
-no sabia que hacerme en este lugar. Tienen todos creido que medrará
-mucho concluido este concilio, y que S. M. le hará obispo, y su
-santidad cardenal: plega á Dios que sea así, y en él estará todo bien
-empleado[21].» Así se explica aquel sabio aragonés, testigo ocular de
-las ocupaciones de D. Diego; y lo mismo aseguran cuantos eruditos le
-trataron. Eran por cierto necesarios testimonios tan irrefragables para
-creer que un político entregado á conocer, y manejar los intereses y
-ánimos de los soberanos, encargado de negocios gravísimos, atento á
-tantas formalidades como la vanidad ha introducido en aquella carrera,
-tuviese el tiempo, la aficion, y la abstraccion que se requiere para
-estudios tan profundos. El mismo D. Diego dice en una carta que en su
-vejez escribió á Zurita: «Estoy maravillado de los muchos libros que
-hallo leidos habiendo aprendido tan poco de ellos[22].» Anotaba lo que
-leía, y como los viajes le imposibilitaban llevar consigo su librería,
-le acaeció ilustrar tres y cuatro diferentes ejemplares manuscritos,
-ó impresos de un mismo autor. Agregaba la curiosidad de las monedas
-antiguas, de que habia hecho un gran tesoro. Ocurria á tantos gastos
-la liberalidad de Cárlos V, que por este tiempo le libró 9,000 ducados
-de ciertas cuentas, y le añadió una pension de 1,500 con el fin, segun
-parece, de destinarle embajador á Roma.
-
- [21] _Dormer_, Progresos de la Hist. del reino de Aragon, _lib._
- IV, _cap._ XI; Cartas de D. Juan Paez de Castro,
- _fol._ 465.
-
- [22] _Ibid._, Carta de D. Diego de Mendoza, _escrita á Zurita_,
- _fol._ 593.
-
-Á este tiempo declaró el emperador la guerra á los protestantes: toda
-Alemania se conmovió, algunos padres del concilio meditaban ausentarse,
-y aun los legados juzgaban oportuna la traslacion ó interrupcion del
-concilio, asustados del riesgo en que creían hallarse, por estar tan
-inmediato Trento á los paises enemigos. D. Diego sintió en extremo
-esta resolucion de algunos; hizo presente, que habiendo emprendido el
-emperador aquella guerra á favor de la religion, y principalmente á
-favor del concilio, le seria muy dolorosa la retardacion de este, y
-que no era buena correspondencia que el César emprendiese guerra de
-tanta consecuencia por mantener el concilio, y se disolviese este por
-causa de la misma guerra[23]. Pasó poco despues á Venecia, y antes se
-despidió de los padres dia 17 de julio por la tarde, en que se celebró
-junta con el motivo de la alteracion que habia ocurrido por la mañana,
-entre Dionisio Sanetin, obispo de Chiron, y el obispo de la Cava[24].
-
- [23] _Palavic._, _lib._ VIII, _cap._ V, _n. 5_.
-
- [24] _Ibid._, _cap._ VI, _n. 1 et 2_.
-
-En Venecia se quejó amargamente á aquella señoría de las desconfianzas
-que habian tenido del emperador, y de que en fuerza de ellas hubiesen
-sospechado que Cárlos V intentaba sujetar toda la Alemania con pretexto
-de religion; por cuya causa habia procurado la señoría disuadir al
-pontífice la confederacion con el César, y habia recibido embajadores
-de las potencias enemigas. La respuesta fue excusar la señoría lo que
-se decia haber efectuado, y aparentar grande adhesion á los intereses
-del emperador.
-
-Regresó á Trento, y volvióse á tratar de la traslacion del concilio,
-ya porque los legados recelaban de la inmediacion de los enemigos,
-ya porque se hallaban disgustados en Trento. D. Diego, á quien habia
-escrito el César su voluntad, expuso en una junta cuanto resistía este
-á la traslacion, de suerte que ninguna cosa podian proponerle mas
-repugnante, que la ejecucion de tales designios: manifestó con brio
-y elocuencia cuantas consecuencias podian resultar[25]. Poco despues
-se retiró D. Diego á Venecia, y D. Francisco de Toledo á Florencia,
-dejando en su lugar á los cardenales Madrucci y Pacheco, que siguieron
-con teson el empeño del César, aunque no con mucha felicidad, pues se
-celebró la sexta sesion el 13 de enero de 1547, y se publicó el decreto
-sobre la justificacion; y aunque D. Diego facilmente podia volver á
-Trento desde Venecia, se mantuvo en esta capital.
-
- [25] _Palavic._, _lib._ VIII, _cap._ VIII.
-
-El emperador creyó que enviando á la corte de Roma á D. Diego, que
-la conocia exactamente, aceleraria las cosas del concilio. En efecto
-pasó de embajador al pontífice en 1547 llevando en su compañía á D.
-Martin Perez de Ayala. Pasó por Venecia, Bolonia, Florencia, Capilla,
-Risa, Luna, donde se detuvo el mes de febrero y marzo, muy cortejado
-del duque de Pomblin, con quien tenia que tratar varios encargos del
-emperador. Por pascua de resurreccion entró en Roma con el mayor
-triunfo y pompa que hasta allí habia entrado embajador alguno[26]:
-hizo poco despues presente al pontífice en un escrito las razones del
-emperador á favor del concilio, y los motivos que tenia para oponerse
-á la traslacion, ó suspension. El pontífice respondió apoyando la
-traslacion del concilio; y entre tanto se celebró la séptima sesion
-en 3 de marzo de 1548, é insistiendo los romanos en la traslacion,
-se valieron de la casualidad de haber muerto dos prelados, y algunos
-familiares de los legados para aparentar que habia peste. Opusiéronse
-con ardor los españoles, principalmente el cardenal Pacheco, pero al
-fin se resolvió la traslacion á Bolonia en la octava sesion celebrada
-en 11 de marzo, prevaleciendo cuarenta y cuatro votos contra doce que
-se opusieron, casi todos españoles. Estos dieron inmediato aviso al
-emperador, que cuatro horas despues de sabida la noticia, envió una
-posta á Roma, para que antes que el papa confirmase la traslacion, y se
-estableciesen los padres en Bolonia, se volviesen á Trento. Entre tanto
-habia vuelto á Roma D. Diego de Mendoza, y con su gran teson y eficacia
-logró se detuviesen todas las determinaciones en Bolonia. Mandó el
-pontífice á los legados no declarasen por legítima la traslacion, sino
-que prorogasen la sesion, como la prorogaron en la que se celebró el 21
-de abril[27].
-
- [26] _Martin Perez de Ayala en su_ Vida.
-
- [27] _Palavic._, _lib._ XXIII, _cap._ XIII, _usque ad_ XX.
-
-Empeñado Cárlos V en que el concilio volviese á Trento, mandó al
-cardenal Madrucci, que habia pasado á verle á Alemania, fuese á Roma,
-y de acuerdo con D. Diego de Mendoza persuadiesen al pontífice el
-restablecimiento del concilio por todos los medios que pudiesen. Dióle
-varias instrucciones para que las pusiese en ejecucion D. Diego, en
-caso que el papa no asintiese á peticiones tan justas. En efecto todo
-fue en Roma en vano, pues aunque D. Diego proponia que volverian
-á la ciudad de Plasencia, que por aquellos dias habia sacudido el
-yugo de los Farneses, pedia que primero se diese gusto al emperador
-trasladando el concilio. El pontífice juntó los cardenales, manifestó
-su agradecimiento al celo y buenos oficios del emperador, pero rehusó
-volver el concilio á Trento; y preguntándole al cardenal Madrucci, si
-queria oir el dictámen de los cardenales sobre la materia, respondió
-Madrucci: que D. Diego de Mendoza tenia que exponer aun á su beatitud
-y al sacro colegio otras órdenes del emperador. Cinco dias despues se
-presentó D. Diego, pidió pública audiencia, y que asistiesen á ella
-los embajadores de otros príncipes, para hacer una protesta con toda
-formalidad; expuso en ella la necesidad de volver el concilio á Trento,
-y los gravísimos inconvenientes que se originarian de la tardanza:
-interrumpióle el pontífice muchas veces, imputó la culpa á los padres
-de Trento, y añadió que deliberaria con los cardenales la respuesta:
-retiróse D. Diego, y convinieron en consultar á los padres de Bolonia,
-quienes respondieron no rehusarian la traslacion á Trento; pero que era
-exponer la iglesia universal á mayores perturbaciones: manifestaban la
-conveniencia y facilidad de que los de Trento volviesen á Bolonia; y en
-resolucion dejaban las cosas en el mismo estado, y la determinacion en
-la voluntad del pontífice[28].
-
- [28] _Palavic._, _lib._ X, _cap._ VI, _usq. ad_ XV.
-
-Informado por D. Diego el emperador de las intenciones de la corte
-romana, ordenó á Francisco de Vargas y á Martin Soria Velasco, sus
-procuradores, protestasen tambien en Bolonia, como lo ejecutaron con
-todas las formalidades de derecho; pero no recibiendo sino respuestas
-generales, se ausentaron de Bolonia al siguiente dia[29].
-
- [29] _Ibid._
-
-Todas estas contestaciones fueron leves respecto de la protesta
-que volvió á hacer en Roma D. Diego, luego que tuvo noticia de la
-que acababan de hacer los procuradores. Pidió audiencia pública al
-pontífice, asistencia de los cardenales, el concurso de todos los
-embajadores, y se presentó con toda ceremonia en aquel silencioso
-congreso, é hincado de rodillas con la gravedad de su carácter leyó en
-nombre del emperador una vehementísima protesta, y acabada se volvió á
-los cardenales, y les intimó lo mismo, caso que el pontífice no pusiese
-remedio: añadió las fórmulas del derecho, puso por testigos á todos los
-presentes, y pidió á todos los secretarios pusiesen en las actas su
-protesta. Oyóse con gran silencio el discurso, nadie le interrumpió, y
-en todos hizo la impresion que se deja entender, de un emperador tan
-poderoso é irritado[30].
-
- [30] _Palavic._, _lib._ X, _cap._ VI, _usq. ad_ XV.
-
-El pontífice dijo á D. Diego se le daria respuesta en el inmediato
-consistorio, en el que se leyó una compuesta por el cardenal Polo,
-en que repetia las razones generales, celo del papa, trabajo, y
-peligro del concilio, y tomaba por medio en ella imputar á excesos del
-embajador las proposiciones mas vehementes de la protesta; de suerte
-que decia ser írrita, porque el encargo que el emperador habia hecho á
-D. Diego era, no de entablar contestacion alguna con el papa, sino de
-quejarse ante su beatitud como juez de los padres de Bolonia: refutó
-pues las razones del embajador, quien al acabar de oir la respuesta,
-volvió á protestar, negó haberse excedido, y pidió que de lo actuado
-no parase perjuicio á su soberano[31]. Sentido el papa, y confiado en
-la liga con Francia, y en otros tratados políticos, respondió en otra
-ocasion á varias instancias de D. Diego, «parase mientes en que estaba
-en su casa, y que no se excediese:» á lo que respondió: «era caballero,
-y su padre lo habia sido, y como tal habia de hacer al pie de la letra,
-lo que su señor le mandaba, sin temor alguno de su santidad, guardando
-siempre la reverencia que se debe á un vicario de Cristo, y que siendo
-ministro del emperador, su casa era donde quiera que pusiese los pies,
-y allí estaba seguro.»
-
- [31] _Ibid._
-
-En los quince dias inmediatos se proyectaron varios medios para la
-reconciliacion, particularmente por los italianos, que temian mas
-ruidoso rompimiento; pero manteniéndose D. Diego firme, nada se
-efectuó. En situacion tan difícil eligió el papa suspender el concilio:
-D. Diego se opuso con la mayor eficacia; intimó al papa protestaria
-mas fuertemente; pensáronse varios medios para restablecer la paz;
-todo tenia sus inconvenientes, nada se efectuó, y en tan congojosa
-incertidumbre murió Paulo III, á 10 de noviembre de 1549. Ascendió al
-pontificado en 7 de febrero del siguiente año el cardenal Juan Maria de
-Monte, que habia sido legado del concilio[32], quien tenia muy conocido
-el mérito de D. Diego, y le estimaba tanto, que ya por su amistad, ya
-porque esperaba llegaria por él á restablecer la buena armonía con
-el César, y á recaudar los derechos de la Santa Sede sobre Parma y
-Plasencia; concedió por solas sus súplicas el perdon á Ascanio Colona,
-y le volvió todos los lugares y honores de que le habia despojado
-muchos años antes su antecesor[33]. Pero en lo que mas se conoció su
-amistad, ó su celo, fue en rendirse á las repetidas instancias que
-le hizo para restablecer el concilio. Determinóse á ejecutarlo así,
-y acelerar la determinacion, principalmente porque D. Diego le hizo
-presente que el emperador pedia pronta respuesta sobre este punto,
-significando que las resoluciones que habia de tomar en la dieta de
-Augusta, asignada para 24 de junio, serian adversas ó favorables segun
-la resolucion del papa. En efecto este expidió un diploma, para que se
-diese principio al concilio en 1.º de mayo de 1551, y así se ejecutó,
-asistiendo de embajador del César D. Francisco de Toledo, que llegó á
-Trento en 29 de abril del mismo año[34].
-
- [32] _Palavic._, _lib._ II, _cap._ V _et_ VIII.
-
- [33] _Palavic._, _cap._ VII.
-
- [34] _Ibid._, _cap._ XI.
-
-Por este tiempo se mantenia D. Diego en Sena, cuyos habitantes de dia
-en dia se precipitaban mas. Habia en la ciudad dos bandos principales,
-el de Danove afecto á los españoles; y el restante pueblo muy adverso;
-y comprendiendo el gobernador por las enemistades de los particulares,
-la imposibilidad de sujetarlos por la via de la moderacion y buen
-término, como habia procurado en los principios, se arrimó á los
-primeros, y cargó reciamente la mano sobre los contrarios para
-sujetarlos. Habia edificado una fortaleza junto á la puerta Camoria,
-camino de Florencia, y mandó que todo el pueblo condujese allí sus
-armas, tratándolos con gran severidad y absoluto despotismo; pues
-aquellos ánimos enconados requerian remedios mas fuertes que su encono:
-estaban sumamente cansados de los españoles, y resueltos á sacudir
-el yugo; buscaron el apoyo de los franceses, que le concedieron con
-gran prontitud y complacencia, persuadidos les seria aquella ciudad
-un seguro puerto, desde donde se extenderian á toda la Italia, como
-pretendia Enrique II. Exasperados los seneses mas y mas, y llenos de
-audacia con la proteccion de los franceses, hacian cuanto daño podian
-á los españoles; y un dia que D. Diego paseaba á caballo al rededor
-de la fortaleza, dispararon contra él y le mataron el caballo. No se
-atemorizó por esto: pasó á Roma, y para conservar á Sena, y lo demás
-que pudiese, pues sabia la venida de la armada turquesca contra las
-costas de Italia, levantó tres mil italianos, los entregó al conde
-Petillano, su íntimo amigo, disimulado enemigo de los españoles. En
-conclusion Sena se levantó, sitiaron la fortaleza, levantaron tropa,
-recibieron socorros y capitanes de Francia, y D. Diego, luego que tuvo
-la noticia, se valió de Ascanio de la Corna, nepote del pontífice,
-y llevándole consigo fue á Perugi, y al castillo de la Piebe,
-confinantes á Sena, para proveer de allí lo que fuere conveniente; pero
-considerando las muchas fuerzas de los seneses, dejó allí á Ascanio,
-pasó á Liorna, y en naves del duque de Florencia se fue á Orbitelo,
-adonde juzgaba querian dirigirse los enemigos. Al fin el marqués de
-Mariñano, general de los imperiales, venció á Pedro Stroci, general
-enemigo, sitió á Sena, y á los quince meses de sitio la rindió con
-condiciones muy humanas y decorosas al emperador en 22 de abril de
-1555[35].
-
- [35] _Ulloa_, Vita di Carlo V, _lib._ V.
-
-Viendo el César que se necesitaba de mas continuo cuidado, nombró por
-gobernador de Sena y sus dependencias al cardenal D. Francisco de
-Mendoza, que como pariente de D. Diego habia contribuido mucho para
-enviar socorros, y para que el duque de Florencia se resolviese á
-defender el partido del emperador. D. Diego parece habia vuelto á Roma
-á continuar su influjo sobre el concilio; y allí ocurrió que habiendo
-faltado al respeto debido al emperador el barrachelo ó alguacil cabeza
-de los esbirros, le hizo castigar; por lo que indignado el pontífice,
-dió quejas al emperador, quien sabia muy bien no gustaba aquella corte
-de D. Diego, porque la tenia muy comprendida; y así resolvió apartarle
-de aquella embajada, y á principios del año 1551 habia enviado por
-embajador extraordinario á Roma á D. Juan Manrique de Lara, hijo de
-los duques de Nájera, con órden de que si no se hallaba en aquella
-capital D. Diego, pasase por Sena donde estaria, y le comunicase las
-instrucciones, para que como informado en los negocios, le advirtiese
-y dirigiese en el manejo necesario y ejecucion de las órdenes que
-llevaba. En el mismo año volvió otra vez Manrique á Roma, y escribiendo
-al César el pontífice, le dice entre otras cosas, que no diese oidos
-á malas lenguas que no comprendian las entradas de su corazon, ni él
-se las queria descubrir; que no decia esto por D. Diego de Mendoza,
-á quien queria mucho por su valor é ingenio, y depositaba en él la
-misma fe que S. M.; pero que donde se trataba el interés público, el
-particular y privado podian poco con él[36]. Esto fue en el tiempo en
-que se ocupaba D. Diego de Mendoza en levantar gente en la Romanía,
-tanto para defender las costas de Italia de los turcos, como para
-enviar á las de África amenazadas por este enemigo comun, y así remitió
-mil italianos y muchos pertrechos con Antonio Doria y D. Berenguer de
-Requesens.
-
- [36] _Sandoval_, Hist. de Cárlos V, _tom._ III,
- _lib._ XXXI, § 9.
-
-Parece se volvió á España por los años 1554, donde se mantuvo en
-el consejo de estado, y acompañó á Felipe II en la gran jornada de
-San Quintin el año 1557, como él mismo da á entender ponderando el
-número, provision y buen órden de aquel ejército. Vuelto á la corte de
-España se mantuvo en ella, no con la aceptacion de político tan sabio
-como era, y de quien habia hecho tanta estima Cárlos V, ya porque su
-conducta en la Italia no agradó á Felipe II, ó ya, porque como él mismo
-decia quien decae en el valimiento, decae muchos grados.
-
-Algun tiempo antes escribió dos célebres cartas críticas, agudas,
-elocuentes, y llenas de los mas delicados primores del lenguaje
-castellano sobre la Historia de la guerra de Cárlos V contra los
-luteranos, que publicó en folio en 1552 Pedro Salazar. Tomó el disfraz
-del bachiller Arcade: en la primera le critica abiertamente; y en la
-segunda aparenta que le excusa, pero le agrava con igual acrimonia sus
-yerros[37].
-
- [37] _Nicol. Ant._, Bibliot. _verb._ Petrus de Salazar.
-
-Acaecióle tambien, que hallándose en palacio tuvo palabras muy pesadas
-con cierto caballero, de suerte que se vió en la necesidad de quitarle
-un puñal, y arrojarlo por un balcon. Desagradó mucho al rey D. Felipe
-este hecho ruidoso; parece le mandó prender, como se infiere de algunos
-lugares de sus poesías, y aun salió desterrado de la corte en la edad
-de 64 años que habia gastado en importantes servicios de la corona. No
-quebrantó su constante ánimo esta desgracia, y procuró justificarse en
-una carta escrita á un ilustrísimo señor que quizá seria D. Diego de
-Espinosa, obispo de Sigüenza y presidente de Castilla, de que hay copia
-entre los manuscritos de Alvar Gomez de Castro en la Biblioteca Real.
-En ella se mencionan varios lances mucho mas pesados que el suyo, sin
-que se hubiese procedido contra los que los cometieron con tanto rigor,
-y acaba así: «Pudiera traer muchos ejemplos demás de estos de hombres
-que se ha disimulado con ellos, ó han sido restituidos brevemente,
-y no fueron tenidos por locos; solo D. Diego de Mendoza anda por
-puertas ajenas, porque de 64 años tornando por sí, echó un puñal en
-los corredores de palacio, sin poder excusarlo, ni exceder de lo que
-bastaba. Y porque no me tengan por historiador, dejo de poner otros
-muchos ejemplos, y si estos no bastaren, allá irá mi mudo que hablará
-por todos.»
-
-No bastaron sus disculpas para aplacar el ánimo de Felipe II: se retiró
-despues á Granada donde vivió tranquilamente en el estudio, separado
-de los negocios públicos, aunque previendo las alteraciones que
-sobrevendrian en aquel reino por causa de los moriscos, y poca armonía
-del capitan general y presidente de la chancillería, como se vió en el
-año de 1568, 69 y 70 que principió y duró aquella guerra, _parte de la
-cual vió_ D. Diego _y parte oyó de las personas que en ella pusieron
-las manos y el entendimiento_: así la escribió con verdad y con tan
-útiles reflexiones, que con dificultad se hallará otra en castellano
-que la iguale, y ninguna que la exceda.
-
-Mantúvose en Granada todos aquellos años entregado á sus estudios, sin
-que dejase la diversion de la poesía, como se ve en la cancion que
-dirigió á D. Diego de Espinosa, presidente de Castilla, celebrando
-el capelo que la Santidad de Pio V le confirió en marzo de 1568: en
-ella le trata como amigo é insinua en la última estrofa lo que padecia
-desterrado. Allí era consultado de los sabios sobre las ciencias,
-principalmente sobre las antigüedades de España, como consta de
-Ambrosio Morales en la dedicatoria que dirigió á D. Diego, donde
-confiesa su extraordinaria erudicion en la geografía, y su gran juicio
-y exactitud en averiguar qué sitios y pueblos modernos corresponden
-á los nombres de los lugares y ciudades antiguas, para lo cual hacia
-muy útil uso de las lenguas griega, hebrea y árabe, que nunca dejó
-de cultivar; y en este tiempo particularmente se dedicó á investigar
-las antigüedades arábigas, convidado de los muchos monumentos que se
-encontraban en Granada. Juntó mas de cuatrocientos códices árabes de
-erudicion muy recóndita, como lo aseguró á Gerónimo de Zurita con quien
-tuvo particular amistad, y á quien habia servido con fineza, procurando
-vencer los obstáculos que los émulos de aquel historiador opusieron á
-los Anales de Aragon. Comunicóle tambien algunas noticias para ellos
-con deseo de que insertase su nombre en aquella historia cuando ya casi
-iba á cumplir setenta años, como lo dice en carta de 9 de diciembre de
-1573: de donde se infiere con certeza el tiempo de su nacimiento[38].
-
- [38] _Dormer_, Progresos, _lib._ IV, _cap._ XII;
- Carta de D. Diego de Mendoza, _fol. 502_.
-
-Por este tiempo en que la avanzada edad y enfermedades le iban
-postrando el ánimo, buscó consuelo en la comunicacion con Santa Teresa
-de Jesus, que le escribió una respuesta complaciéndose la santa, y
-otras religiosas que nuestro autor comunicaba, por la resolucion que
-habia tomado de aspirar á la virtud; nota en la misma carta que era muy
-conocido y estimado del padre fray Gerónimo Gracian, que acompañó á la
-santa en el restablecimiento de su reforma, que segun se infiere del
-contexto de ella, habia pedido D. Diego en dia determinado particulares
-oraciones, y la santa le responde, tenian concertado comulgar todas
-aquel dia por D. Diego, y ocuparlo lo mejor que pudiesen[39]. No
-vivió mucho tiempo despues de esta comunicacion. Parece que Felipe II
-le permitió venir á la corte, ó para justificarse, ó para liquidar
-algunos asuntos pendientes. Encomendó á Zurita le buscase vivienda
-proporcionada, é inmediata á la suya: juntó sus libros que ofreció al
-rey[40]: se puso en camino; á pocos dias de haber llegado á Madrid le
-acometió la última enfermedad, procedida del pasmo de una pierna, y le
-acabó la vida en abril de 1575, aunque Chacon en su Biblioteca afirma
-murió en 1577.
-
- [39] Cartas de Sta. Teresa de Jesus, _tom._ I, _carta_ XI.
-
- [40] _Dormer_, Progresos, _lib._ IV, _cap._ XII;
- Cartas de D. Diego de Mendoza, _fol. 503_.
-
-En 1610 publicó en un tomo en cuarto impreso en Madrid algunas de sus
-poesías Fr. Juan Diaz Hidalgo, del hábito de San Juan, que las escogió
-entre otras muchas del autor con este título: _Obras del insigne
-caballero D. Diego de Mendoza, embajador del emperador Cárlos V en
-Roma_, y le dedicó á D. Iñigo Lopez de Mendoza, cuarto marqués de
-Mondejar. Dejó de publicar otras muchas, ya por lo raro de las materias
-de que tratan, ya porque no son para que vayan en manos de todos.
-
-Pero lo que mas crédito le ha dado entre los sabios es la Historia de
-la guerra de Granada, de la cual, si se hubiese de hacer una analísis
-exacta, era menester dilatarse mucho; con todo no podemos dejar de
-notar que nuestro autor refiere en ella, no solo las acciones, sino
-que copia con viveza los ánimos, caractéres, é intenciones de los
-personajes; descubre las causas de las resoluciones, ó diferentes,
-ó encontradas; nota las competencias fútiles é intempestivas y los
-intereses particulares; é internándose en los corazones, los delinea
-con tanta exactitud, que en vista de los sucesos convence no podian
-pensar de otra manera. Pinta los enemigos como fueron, pero confiesa
-nuestro descuido y pérdidas, reconoce sus yerros, pero manifiesta los
-excesos de nuestras tropas: alaba á los moros cuando lo merecen, y
-vitupera los defectos en que alguna vez incurrió su mismo hermano. En
-fin yo no encuentro quien haya imitado con mas acierto á Salustio y
-á Tácito, á quienes imita en las sentencias y estilo: la proposicion
-es imitacion de la historia de Tácito, la oracion del Zaguer es
-elocuentísima, concisa, muy nerviosa, cortada al aire de Demóstenes.
-Las digresiones, aunque son en gran número, ganan la atencion por
-su novedad, y porque toca en ellas muchos usos de nuestra antigua
-milicia. El lenguaje y estilo son á juicio de D. Juan de Palafox
-lo mejor que tenemos en castellano, y D. Nicolás Antonio coloca su
-elocuencia inmediata á la verbosidad de fray Luis de Granada. Verdad
-es que algunos le notan de que se vale de términos muy latinizados, ó
-muy oscuros; pero esto puede ser porque así se usasen en su tiempo, ó
-porque los creía mas puros mientras menos apartados de su orígen.
-
-Por los hechos y escritos referidos, se puede hacer juicio de su ánimo
-y carácter; tuvo religion sin mezcla de supersticiones; fue tenaz y
-constante en los empeños que emprendia; resuelto é incapaz de miedo
-en la ejecucion de ellos, zeloso del bien público que defendia, aun
-exponiendo su persona; diestro en el manejo de los negocios, perspicaz
-en el conocimiento de las personas, de las que se valia el tiempo
-que le aprovechaban. Esto como ministro público. Como particular era
-afable, humano, amigo y protector de los sabios, inclinado á honestas
-diversiones, á la conversacion de hombres doctos, los que trató como
-amigos. Declinaba tal vez en algunas chanzas y agudezas satíricas, como
-lo manifiestan muchas de sus poesías inéditas, y algunas impresas. Aun
-hablando del gravísimo empleo de embajador, se burla delicadamente, y
-escribe así á D. Luis de Zúñiga:
-
- _¡O embajadores puros majaderos!
- Que si los reyes quieren engañar,
- Comienzan por nosotros los primeros._
-
-La gloria inmortal con que este grande hombre corrió la carrera
-militar, política y literaria, merece sin duda un elogio histórico
-mas bien acabado que el que le hemos dado; mas por ahora solo puede
-satisfacerse á los curiosos con este leve diseño: tal vez otro pincel
-mas diestro nos dará con el tiempo retrato mas vivo de las prendas que
-adornaron á este excelente escritor y discretísimo político.
-
-
-
-
- LIBRO I.
-
-
-Mi propósito es escribir la guerra que el rey católico de España
-D. Felipe el II., hijo del nunca vencido emperador D. Cárlos, tuvo
-en el reino de Granada contra los rebeldes nuevamente convertidos:
-parte de la cual yo vi, y parte entendí de personas que en ella
-pusieron las manos y el entendimiento. Bien sé que muchas cosas
-de las que escribiere parecerán á algunos livianas y menudas para
-historia, comparadas á las grandes que de España se hallan escritas:
-guerras largas de varios sucesos; tomas y desolaciones de ciudades
-populosas; reyes vencidos y presos; discordias entre padres é hijos,
-hermanos y hermanas, suegros y yernos; desposeidos, restituidos, y
-otra vez desposeidos, muertos á hierro; acabados linajes; mudadas
-sucesiones de reinos: libre y extendido campo, y ancha salida para los
-escritores. Yo escogí camino mas estrecho, trabajoso, estéril, y sin
-gloria; pero provechoso, y de fruto para los que adelante vinieren:
-comienzos bajos, rebelion de salteadores, junta de esclavos, tumulto de
-villanos, competencias, odios, ambiciones, y pretensiones; dilacion de
-provisiones, falta de dinero, inconvenientes ó no creidos, ó tenidos
-en poco; remision y flojedad en ánimos acostumbrados á entender,
-proveer, y disimular mayores cosas: y así no será cuidado perdido
-considerar de cuan livianos principios y causas particulares se viene
-á colmo de grandes trabajos, dificultades y daños públicos, y cuasi
-fuera de remedio. Veráse una guerra, al parecer tenida en poco, y
-liviana dentro en casa, mas fuera estimada y de gran coyuntura; que en
-cuanto duró tuvo atentos, y no sin esperanza, los ánimos de príncipes
-amigos y enemigos, lejos y cerca: primero cubierta y sobresanada, y
-al fin descubierta, parte con el miedo y la industria, y parte criada
-con el arte y ambicion. La gente que dije, pocos á pocos junta,
-representada en forma de ejércitos; necesitada España á mover sus
-fuerzas, para atajar el fuego; el rey salir de su reposo, y acercarse
-á ella; encomendar la empresa á D. Juan de Austria su hermano, hijo
-del emperador D. Cárlos, á quien la obligacion de las victorias del
-padre moviese á dar la cuenta de sí, que nos muestra el suceso. En
-fin pelearse cada dia con enemigos; frio, calor, hambre; falta de
-municiones, de aparejos en todas partes; daños nuevos, muertes á la
-continua: hasta que vimos á los enemigos, nacion belicosa, entera,
-armada, y confiada en el sitio, en el favor de los bárbaros y turcos,
-vencida, rendida, sacada de su tierra, y desposeida de sus casas y
-bienes; presos y atados hombres y mujeres; niños cautivos vendidos en
-almoneda, ó llevados á habitar á tierras lejos de la suya: cautiverio
-y transmigracion no menor, que las que de otras gentes se leen por
-las historias. Victoria dudosa, y de sucesos tan peligrosos, que
-alguna vez se tuvo duda si éramos nosotros, ó los enemigos, los á
-quien Dios queria castigar: hasta que el fin de ella descubrió, que
-nosotros éramos los amenazados, y ellos los castigados. Agradezcan y
-acepten esta mi voluntad libre, y lejos de todas las cosas de odio ó
-de amor, los que quisieren tomar ejemplo, ó escarmiento; que esto solo
-pretendo por remuneracion de mi trabajo, sin que de mi nombre quede
-otra memoria. Y porque mejor se entienda lo adelante, diré algo de la
-fundacion de Granada, qué gentes la poblaron al principio, como se
-mezclaron, como hubo este nombre, en quien comenzó el reino de ella;
-puesto que no sea conforme á la opinion de muchos; pero será lo que
-hallé en los libros arábigos de la tierra, y los de Muley Hacén rey de
-Túnez, y lo que hasta hoy queda en la memoria de los hombres, haciendo
-á los autores cargo de la verdad.
-
-[Nota al margen: 724.]
-
-[Nota al margen: 1014.]
-
-La ciudad de Granada, segun entiendo, fue poblacion de los de Damasco,
-que vinieron con Tarif su capitan, y diez años despues que los
-alárabes echaron á los godos del señorío de España, la escogieron
-por habitacion; porque en el suelo y aire parecia mas á su tierra.
-Primero asentaron en Libira, que antiguamente llamaban Illiberis, y
-nosotros Elvira, puesta en el monte contrario de donde ahora está la
-ciudad, lugar falto de agua, de poco aprovechamiento, dicho el cerro
-de los Infantes; porque en él tuvieron su campo los infantes D. Pedro
-y D. Juan, cuando murieron rotos por Ozmin, capitan del rey Ismael.
-Era Granada uno de los pueblos de Iberia, y habia en él la gente que
-dejó Tarif Abentiet despues de haberla tomado por luengo cerco; pero
-poca, pobre, y de varias naciones, como sobras del lugar destruido. No
-tuvieron rey hasta Habúz Aben Habúz, que juntó los moradores de uno y
-otro lugar, fundando ciudad á la torre de San José, que llamaban de
-los Judíos, en el alcazava; y su morada en la casa del Gallo, á San
-Cristóval en el Albaicin. Puso en el alto su estatua á caballo con
-lanza y adarga, que á manera de veleta se revuelve á todas partes, y
-letras que dicen: _Dijo Habúz Aben Habúz el sabio, que así se debe
-defender el Andalucía_. Dicen, que del nombre de Naath su mujer, y por
-mirar al poniente (que en su lengua llaman garb) la llamó Garbnaath,
-como Naath la del poniente. Los alárabes y asianos hablan de los
-sitios, como escriben; al contrario y revés que las gentes de Europa.
-Otros, que de una cueva á la puerta de Bibataubin, morada de la Cava,
-hija del conde Julian el traidor, y de Nata, que era su nombre propio,
-se llamó Garnata, la cueva de Nata. Porque el de la Cava todas las
-historias arábigas afirman, que le fue puesto por haber entregado su
-voluntad al rey de España D. Rodrigo; y en la lengua de los alárabes
-cava quiere decir mujer liberal de su cuerpo. En Granada dura este
-nombre por algunas partes; y la memoria en el soto y torre de Roma,
-donde los moros afirman haber morado; no embargante que los que tratan
-de la destruccion de España ponen que padre é hija murieron en Ceuta. Y
-los edificios que se muestran de lejos á la mar sobre el monte, entre
-las Quejinas y Jarjuel al poniente de Argel, que llaman sepulcro de la
-Cava cristiana, cierto es haber sido un templo de la ciudad de Cesarea
-hoy destruida, y en otros tiempos cabeza de la Mauritania, á quien dió
-el nombre de cesariense. Lo de la amiga del rey Abenhut, y la compra
-que hizo á ejemplo de Dido la de Cartago, cercando con un cuero de
-buey cercenado el sitio donde ahora está la ciudad, los mismos moros
-lo tienen por fabuloso. Pero lo que se tiene por mas verdadero entre
-ellos y se halla en la antigüedad de sus escrituras, es haber tomado el
-nombre de una cueva, que atraviesa de aquella parte de la ciudad hasta
-la aldea que llaman Alfacar, que en mi niñez yo vi abierta, y tenida
-por lugar religioso, donde los ancianos de aquella nacion curaban
-personas tocadas de la enfermedad que dicen demonio. Esto cuanto al
-nombre que tuvo en la edad de los moros; tanta variedad hay en las
-historias arábigas, aunque las llaman ellos escrituras de la verdad. En
-la nuestra conformando el sonido del vocablo con la lengua castellana,
-la decimos Granada, por ser abundante. Habúz Aben Habúz deshizo el
-reino de Córdoba, y puso á Idriz en el señorío del Andalucía. Con esto,
-con el desasosiego de las ciudades comarcanas, con las guerras que los
-reyes de Castilla hacian, con la destruccion de algunas, juntos los dos
-pueblos en uno, fue maravilla en cuan poco tiempo Granada vino á mucha
-grandeza. Desde entonces no faltaron reyes en ella hasta Abenhut, que
-echó de España los almoades, é hizo á Almería cabeza del reino. Muerto
-Abenhut á manos de los suyos, con el poder y armas del rey santo D.
-Fernando el III, tomaron los de Granada por rey á Mahamet Alhamar, que
-era señor de Arjona, y volvió la silla del reino de Granada, la cual
-fue en tanto crecimiento, que en tiempo del rey Bulhaxix, cuando estaba
-en mayor prosperidad, tenia setenta mil casas, segun dicen los moros; y
-en alguna edad hizo tormenta, y en muchas puso cuidado á los reyes de
-Castilla. Hay fama que Bulhaxix halló el alquimia, y con el dinero de
-ella cercó el Albaicin: dividióle de la ciudad; y edificó el Alhambra
-con la torre que llaman de Comares (porque cupo á los de Comares
-fundalla); aposento real y nombrado, segun su manera de edificio, que
-despues acrecentaron diez reyes sucesores suyos, cuyos retratos se
-ven en una sala; alguno de ellos conocido en nuestro tiempo por los
-ancianos de la tierra.
-
-[Nota al margen: 1492.]
-
-Ganaron á Granada los reyes llamados Católicos Fernando é Isabel,
-despues de haber ellos y sus pasados sojuzgado y echado los moros de
-España en guerra continua de setecientos setenta y cuatro años, y
-cuarenta y cuatro reyes; acabada en tiempo, que vimos al rey último
-Boabdelí (con grande exaltacion de la fe cristiana) desposeido de
-su reino y ciudad y tornado á su primera patria allende la mar.
-Recibieron las llaves de la ciudad en nombre de señorío, como es
-costumbre de España: entraron al Alhambra, donde pusieron por alcaide
-y capitan general á D. Iñigo Lopez de Mendoza conde de Tendilla,
-hombre de prudencia en negocios graves, de ánimo firme, asegurado
-con luenga experiencia de reencuentros y batallas ganadas, lugares
-defendidos contra moros en la misma guerra; y por prelado pusieron á
-fray Fernando de Talavera, religioso de la órden de san Hierónimo,
-cuyo ejemplo de vida y santidad España celebra, y de los que viven,
-algunos hay testigos de sus milagros. Diéronles compañía calificada y
-conveniente para fundar república nueva; que habia de ser cabeza de
-reino, escudo y defension contra los moros de África, que en otros
-tiempos fueron sus conquistadores. Mas no bastaron estas provisiones
-aunque juntas, para que los moros (cuyos ánimos eran desasosegados y
-ofendidos) no se levantasen en el Albaicin, temiendo ser echados de
-la ley, como del estado: porque los reyes, queriendo que en todo el
-reino fuesen cristianos, enviaron á fray Francisco Jimenez, que fue
-arzobispo de Toledo y cardenal, para que los persuadiese; mas ellos,
-gente dura, pertinaz, nuevamente conquistada, estuvieron rehacios.
-Tomóse concierto, que los renegados, ó hijos de renegados tornasen
-á nuestra fe, y los demás quedasen en su ley por entonces. Tampoco
-esto se observaba, hasta que subió al Albaicin un alguacil, llamado
-Barrionuevo, á prender dos hermanos renegados en casa de la madre.
-Alborotóse el pueblo, tomaron las armas, mataron al alguacil, y
-barrearon las calles que bajan á la ciudad; eligieron cuarenta hombres
-autores del motin para que los gobernasen, como acontece en las cosas
-de justicia escrupulosamente fuera de ocasion ejecutadas. Subió el
-conde de Tendilla al Albaicin, y despues de habérsele hecho alguna
-resistencia apedreándole el adarga (que es entre ellos respuesta de
-rompimiento), se la tornó á enviar: al fin la recibieron, y pusiéronse
-en manos de los reyes, con dejar sus haciendas á los que quisiesen
-quedar cristianos en la tierra, conservar su hábito y lengua, no entrar
-la inquisicion hasta ciertos años, pagar fardas y las guardas; dióles
-el conde por seguridad sus hijos en rehenes. Hecho esto salieron
-huyendo los cuarenta electos, y levantaron á Guejar, Lanjaron, Andarax;
-y últimamente Sierra Bermeja, nombrada por la muerte de D. Alonso de
-Aguilar, uno de los mas celebrados capitanes de España, grande en
-estado y linaje. Sosegó el conde de Tendilla y concertó el motin de
-Albaicin; tomó á Guejar, parte por fuerza, parte rendida sin condicion,
-pasando á cuchillo los moradores y defensores. En la cual empresa,
-dicen que por no ir á Sierra Bermeja, debajo de D. Alonso de Aguilar su
-hermano, con quien tuvo emulacion, se halló á servir, y fue el primero
-que por fuerza entró en el barrio de abajo, Gonzalo Fernandez de
-Córdoba, que vivia á la sazon en Loja desdeñado de los Reyes Católicos,
-abriendo ya el camino para el título de gran capitan, que á solas dos
-personas fue concedido en tantos siglos: una entre los griegos caido
-el imperio en tiempo de los emperadores Comnenos como á restaurador y
-defensor del Andrónico Contestephano llamándole _megaduca_, vocablo
-bárbaramente compuesto de griego y latino, como acontece con los
-estados perderse la elegancia de las lenguas: otra á Gonzalo Fernandez
-entre los españoles y latinos, por la gloria de tantas victorias
-suyas, como viven y vivirán en la memoria del mundo. Halláronse allí
-entre otros Alarcon sin ejercicio de guerra, y Antonio de Leiva, mozo
-teniente de la compañía de Juan de Leiva su padre, y despues sucesor
-en Lombardía de muchos capitanes generales señalados, y á ninguno de
-ellos inferior en victorias. La presencia del Rey Católico dió fin con
-mayor autoridad á esta guerra; mas guardóse el rincon de Sierra Bermeja
-para la muerte de D. Alonso de Aguilar, que ganada la sierra, y rotos
-los moros fue necesitado á quedar en ella con la oscuridad de la noche,
-y con ella misma le acometieron los enemigos rompiendo su vanguardia.
-Murió D. Alonso peleando, y salvóse su hijo D. Pedro entre los muertos:
-salió el conde de Ureña, aunque dando ocasion á los cantares y libertad
-española; pero como buen caballero.
-
-Sosegada esta rebelion tambien por concierto, diéronse los Reyes
-Católicos á restaurar y mejorar á Granada en religion, gobierno y
-edificios: establecieron el cabildo, bautizaron los moros, trujeron la
-chancillería, y dende á algunos años vino la inquisicion. Gobernábase
-la ciudad y reino como entre pobladores y compañeros con una forma
-de justicia arbitraria, unidos los pensamientos, las resoluciones
-encaminadas en comun al bien público: esto se acabó con la vida de
-los viejos. Entraron los celos; la division sobre causas livianas
-entre los ministros de justicia y de guerra, las concordias en
-escrito confirmadas por cédulas; traido el entendimiento de ellas
-por cada una de las partes á su opinion; la ambicion de querer la
-una no sufrir igual, y la otra conservar la superioridad, tratada
-con mas disimulacion que modestia. Duraron estos principios de
-discordia disimulada y manera de conformidad sospechosa el tiempo
-de D. Luis Hurtado de Mendoza[41], hijo de D. Iñigo, hombre de gran
-sufrimiento y templanza; mas sucediendo otros, aunque de conversacion
-blanda y humana, de condicion escrupulosa y propia; fuese apartando
-este oficio del arbitrio militar, fundándose en la legalidad y
-derechos, y subiéndose hasta el peligro de la autoridad, cuanto á
-las preeminencias: cosas que cuando estiradamente se juntan, son
-aborrecidas de los menores y sospechosas á los iguales. Vínose á causas
-y pasiones particulares, hasta pedir jueces de términos; no para
-divisiones ó suertes de tierras, como los romanos y nuestros pasados;
-sino con voz de restituir al rey ó al público lo que le tenian ocupado,
-y intento de echar algunos de sus heredamientos. Este fue uno de los
-principios en la destruccion de Granada comun á muchas naciones;
-porque los cristianos nuevos, gente sin lengua y sin favor, encogida
-y mostrada á servir, veían condenarse y quitar ó partir las haciendas
-que habian poseido, comprado, ó heredado de sus abuelos, sin ser oidos.
-Juntáronse con estos inconvenientes y divisiones, otros de mayor
-importancia, nacidos de principios honestos, que tomaremos de mas alto.
-
- [41] Este D. Luis fue el segundo marqués de Mondejar y
- presidente de Castilla.
-
-Pusieron los Reyes Católicos el gobierno de la justicia y cosas
-públicas en manos de letrados, gente media entre los grandes y
-pequeños, sin ofensa de los unos ni de los otros: cuya profesion
-eran letras legales, comedimiento, secreto, verdad, vida llana y sin
-corrupcion de costumbres; no visitar, no recibir dones, no profesar
-estrecheza de amistades; no vestir, ni gastar suntuosamente, blandura
-y humanidad en su trato, juntarse á horas señaladas para oir causas,
-ó para determinallas, y tratar del bien público. Á su cabeza llaman
-presidente, mas porque preside á lo que se trata, y ordena lo que se
-ha de tratar, y prohibe cualquier desórden, que porque los manda.
-Esta manera de gobierno, establecida entonces con menos diligencia,
-se ha ido extendiendo por toda la cristiandad, y está hoy en el colmo
-de poder y autoridad: tal es su profesion de vida en comun, aunque
-en particular haya algunos que se desvien. Á la suprema congregacion
-llaman consejo real, y á las demás chancillerías, diversos nombres
-en España, segun la diversidad de las provincias. Á los que tratan
-en Castilla lo civil llaman oidores; y á los que tratan lo criminal
-alcaldes (que en cierta manera son sujetos á los oidores): los unos y
-los otros por la mayor parte ambiciosos de oficios ajenos y profesion
-que no es suya, especialmente la militar; persuadidos del ser de su
-facultad, que (segun dicen) es noticia de cosas divinas y humanas, y
-ciencia de lo que es justo é injusto; y por esto amigos en particular
-de traer por todo, como superiores, su autoridad, y apuralla á veces
-hasta grandes inconvenientes, y raices de los que agora se han visto.
-Porque en la profesion de la guerra se ofrecen casos que á los que no
-tienen plática de ella parecen negligencias; y si los procuran emendar,
-cáese en imposibilidades y lazos, que no se pueden desenvolver; aunque
-en ausencia se juzgan diferentemente. Estiraba el capitan general su
-cargo sin equidad, y procuraban los ministros de justicia emendallo.
-Esta competencia fue causa que menudeasen quejas y capítulos al rey;
-con que cansados los consejeros, y él con ellos, las provisiones
-saliesen varias, ó ningunas, perdiendo con la oportunidad el crédito;
-y se proveyesen algunas cosas de pura justicia, que atenta la calidad
-de los tiempos, manera de las gentes, diversidad de ocasiones requerian
-templanza ó dilacion. Todo lo de hasta aquí se ha dicho por ejemplo,
-y como muestra de mayores casos; con fin que se vea de cuan livianos
-principios se viene á ocasiones de grande importancia, guerras,
-hambres, mortandades, ruinas de estados, y á veces de los señores de
-ellos. Tan atenta es la providencia divina á gobernar el mundo y sus
-partes, por órden de principios, y causas livianas que van creciendo
-por edades, si los hombres las quisiesen buscar con atencion.
-
-Habia en el reino de Granada costumbre antigua, como la hay en otras
-partes, que los autores de delitos se salvasen, y estuviesen seguros en
-lugares de señorío; cosa que mirada en comun, y por la haz, se juzgaba
-que daba causa á mas delitos, favor á los malhechores, impedimento á
-la justicia, y desautoridad á los ministros de ella. Pareció por estos
-inconvenientes, y por ejemplo de otros estados, mandar que los señores
-no acogiesen gentes de esta calidad en sus tierras, confiados que
-bastaba solo el nombre de justicia para castigallos donde quiera que
-anduviesen. Manteníase esta gente con sus oficios en aquellos lugares,
-casábanse, labraban la tierra, dábanse á vida sosegada. Tambien les
-prohibieron la inmunidad de las iglesias arriba de tres dias; mas
-despues que les quitaron los refugios, perdieron la esperanza de
-seguridad, y diéronse á vivir por las montañas, hacer fuerzas, saltear
-caminos, robar y matar. Entró luego la duda tras el inconveniente,
-sobre á que tribunal tocaba el castigo, nacida de competencia de
-jurisdicciones; y no obstante que los generales acostumbrasen hacer
-estos castigos, como parte del oficio de la guerra; cargaron á color
-de ser negocio criminal, la relacion apasionada ó libre de la ciudad,
-y la autoridad de la audiencia, y púsose en manos de los alcaldes, no
-excluyendo en parte al capitan general. Dióseles facultad para tomar á
-sueldo cierto número de gente repartida pocos á pocos, á que usurpando
-el nombre llamaban cuadrillas; ni bastantes para asegurar, ni fuertes
-para resistir. Del desden, de la flaqueza de provision, de la poca
-experiencia de los ministros en cargo que participaba de guerra, nació
-el descuido, ó fuese negligencia ó voluntad de cada uno que no acertase
-su émulo. En fin fue causa de crecer estos salteadores (monfíes los
-llamaban en lengua morisca), en tanto número, que para oprimillos ó
-para reprimillos no bastaban las unas ni las otras fuerzas. Este fue el
-cimiento sobre que fundaron sus esperanzas los ánimos escandalizados
-y ofendidos; y estos hombres fueron el instrumento principal de la
-guerra. Todo esto parecia al comun cosa escandalosa; pero la razon de
-los hombres, ó la providencia divina (que es lo mas cierto), mostró
-con el suceso, que fue cosa guiada para que el mal no fuese adelante,
-y estos reinos quedasen asegurados mientras fuese su voluntad.
-Siguiéronse luego ofensas en su ley, en las haciendas, y en el uso de
-la vida, así cuanto á la necesidad, como cuanto al regalo, á que es
-demasiadamente dada esta nacion; porque la inquisicion los comenzó á
-apretar mas de lo ordinario. El rey les mandó dejar la habla morisca,
-y con ella el comercio y comunicacion entre sí; quitóseles el servicio
-de los esclavos negros á quienes criaban con esperanzas de hijos,
-el hábito morisco en que tenian empleado gran caudal: obligáronlos
-á vestir castellano con mucha costa, que las mujeres trujesen los
-rostros descubiertos, que las casas acostumbradas á estar cerradas
-estuviesen abiertas: lo uno y lo otro tan grave de sufrir entre
-gente zelosa. Hubo fama que les mandaban tomar los hijos, y pasallos
-á Castilla: vedáronles el uso de los baños, que eran su limpieza y
-entretenimiento; primero les habian prohibido la música, cantares,
-fiestas, bodas conforme á su costumbre, y cualesquier juntas de
-pasatiempo. Salió todo esto junto, sin guardia ni provision de gente;
-sin reforzar presidios viejos, ó firmar otros nuevos. Y aunque los
-moriscos estuviesen prevenidos de lo que habia de ser, les hizo tanta
-impresion, que antes pensaron en la venganza que en el remedio. Años
-habia que trataban de entregar el reino á los príncipes de Berbería,
-ó al turco; mas la grandeza del negocio, el poco aparejo de armas,
-vituallas, navíos, lugar fuerte donde hiciesen cabeza, el poder grande
-del emperador, y del rey Felipe su hijo, enfrenaba las esperanzas, é
-imposibilitaba las resoluciones, especialmente estando en pie nuestras
-plazas mantenidas en la costa de África, las fuerzas del turco tan
-lejos, las de los cosarios de Argel mas ocupadas en presas y provecho
-particular, que en empresas difíciles de tierra. Fuéronseles con estas
-dificultades dilatando los designios, apartándose ellos de los del
-reino de Valencia, gente menos ofendida, y mas armada. En fin creciendo
-igualmente nuestro espacio por una parte, y por otra los excesos de los
-enemigos tantos en número, que ni podian ser castigados por manos de
-justicia, ni por tan poca gente como la del capitan general; eran ya
-sospechosas sus fuerzas para encubiertas, aunque flacas para puestas en
-ejecucion. El pueblo de cristianos viejos adivinaba la verdad, cesaba
-el comercio y paso de Granada á los lugares de la costa: todo era
-confusion, sospecha, temor; sin resolver, proveer, ni ejecutar. Vista
-por ellos esta manera en nosotros, y temiendo que con mayor aparejo les
-contraviniésemos, determinaron algunos de los principales de juntarse
-en Cadiar, lugar entre Granada, y la mar, y el rio de Almería, á la
-entrada de la Alpujarra. Tratóse del cuando y como se debian descubrir
-unos á otros, de la manera del tratado y ejecucion: acordaron que
-fuese en la fuerza del invierno; porque las noches largas les diesen
-tiempo para salir de la montaña y llegar á Granada, y á una necesidad
-tornarse á recoger y poner en salvo, cuando nuestras galeras reposaban
-repartidas por los invernaderos y desarmadas; la noche de navidad, que
-la gente de todos los pueblos está en las iglesias, solas las casas, y
-las personas ocupadas en oraciones y sacrificios; cuando descuidados,
-desarmados, torpes con el frio, suspensos con la devocion, facilmente
-podian ser oprimidos de gente atenta, armada, suelta, y acostumbrada
-á saltos semejantes. Que se juntasen á un tiempo cuatro mil hombres
-de la Alpujarra, con los del Albaicin, y acometiesen la ciudad, y el
-Alhambra, parte por la puerta, parte con escalas; plaza guardada mas
-con la autoridad que con la fuerza: y por que sabian que el Alhambra,
-no podia dejar de aprovecharse de la artillería, acordaron que los
-moriscos de la vega tuviesen por contraseña las primeras dos piezas
-que se disparasen, para que en un tiempo acudiesen á las puertas de
-la ciudad, las forzasen, entrasen por ellas y por los portillos;
-corriesen las calles, y con el fuego y con el hierro no perdonasen á
-persona, ni á edificio. Descubrir el tratado sin ser sentidos y entre
-muchos, era dificultoso: pareció que los casados lo descubriesen á los
-casados, los viudos á los viudos, los mancebos á los mancebos; pero á
-tiento, probando las voluntades y el secreto de cada uno. Habian ya
-muchos años antes enviado á solicitar con personas ciertas no solamente
-á los príncipes de Berbería, mas al emperador de los turcos dentro
-en Constantinopla, que los socorriese, y sacase de servidumbre, y
-postreramente al rey de Argel pedido armada de levante y poniente en
-su favor; porque faltos de capitanes, de cabezas, de plazas fuertes,
-de gente diestra, de armas, no se hallaron poderosos para tomar, y
-proseguir á solas tan gran empresa. Demás de esto resolvieron proveerse
-de vitualla, elegir lugar en la montaña donde guardalla, fabricar
-armas, reparar las que de mucho tiempo tenian escondidas, comprar
-nuevas, y avisar de nuevo á los reyes de Argel, Fez, señor de Tituan,
-de esta resolucion y preparaciones. Con tal acuerdo partieron aquella
-habla; gente á quien el regalo, el vicio, la riqueza, la abundancia de
-las cosas necesarias, el vivir luengamente en gobierno de justicia é
-igualdad desasosegaba, y traía en continuo pensamiento.
-
-Dende á pocos dias se juntaron otra vez con los principales del
-Albaicin en Churriana fuera de Granada, á tratar del mismo negocio.
-Habíanles prohibido, como arriba se dijo, todas las juntas en que
-concurria número de gente; pero teniendo el rey y el prelado mas
-respeto á Dios que al peligro, se les habia concedido que hiciesen
-un hospital y cofradía de cristianos nuevos, que llamaron de la
-Resurreccion. (Dicen en español cofradía una junta de personas, que
-prometen hermandad en oficios divinos y religiosos con obras.) En
-dias señalados concurrian en el hospital á tratar de su rebelion
-con esta cubierta; y para tener certinidad de sus fuerzas, enviaron
-personas pláticas de la tierra por todos los lugares del reino, que
-con ocasion de pedir limosna reconociesen las partes de él á propósito
-para acogerse, para recibir los enemigos, para traellos por caminos
-mas breves, mas secretos, mas seguros, con mas aparejo de vituallas; y
-estos echasen un pedido á manera de limosna, que los de veinte y cuatro
-años hasta cuarenta y cinco contribuyesen diferentemente de los viejos,
-mujeres, niños, y impedidos: con tal astucia reconocieron el número de
-la gente útil para tomar armas, y la que habia armada en el reino.
-
-[Nota al margen: 1568.]
-
-Estos y otros indicios, y los delitos de los monfíes mas públicos,
-graves y á menudo que solian, dieron ocasion al marqués de
-Mondejar[42], al conde Tendilla su hijo, á cuyo cargo estaba la
-guerra, á D. Pedro de Deza, presidente de la chancillería, caballero
-que habia pasado por todos los oficios de su profesion, y dado buena
-cuenta de ellos, al arzobispo, á los jueces de inquisicion, de poner
-nuevo cuidado y diligencia en descubrir los motivos de estos hombres,
-y asegurarse parte con lo que podian, y parte con acudir al rey y
-pedir mayores fuerzas cada uno segun su oficio, para hacer justicia,
-y reprimir la insolencia; que este nombre le ponian, como á cosa
-incierta, hasta que estando el marqués de Mondejar en Madrid, fue
-avisado el rey mas particularmente. Partió el marqués en diligencia, y
-llevó comision para crecer en la guardia del reino alguna poca gente,
-pero la que pareció que bastaba en aquella ocasion, y en las que se
-ofreciesen por mar contra los moros berberíes. Mas las personas á cuyo
-cargo era la provision, aunque se creyeron los avisos; ó importunados
-con el menudear de ellos, ó juzgando á los autores por mas ambiciosos
-que diligentes, hicieron provision tan pequeña, que bastó para mover
-las causas de la enfermedad, y no para remedialla; como suelen
-medicinas flojas en cuerpos llenos. Por lo cual, vistas por los monfíes
-y principales de la conjuracion las diligencias que se hacian de parte
-de los ministros para apurar la verdad del tratado; el temor de ser
-prevenidos, y la avilanteza de nuestras pocas fuerzas, los acució á
-resolverse sin aguardar socorro, con solo avisar á Berbería del término
-en que las cosas se hallaban, y solicitar gente y armas con la armada,
-dando por contraseño que entre los navíos que viniesen de Argel y
-Tituan trajesen las capitanas una vela colorada, y que los navíos de
-Tituan acudiesen á la costa de Marbella para dar calor á la sierra
-de Ronda y tierra de Málaga; y los de Argel á cabo de Gata, que los
-romanos llamaban promontorio de Caridemo, para socorrer á la Alpujarra
-y rios de Almería y Almazora, y mover con la vecindad los ánimos de la
-gente sosegada en el reino de Valencia. Mas estos estuvieron siempre
-firmes: ó que en la memoria de los viejos quedase el mal suceso de la
-sierra de Espadan en tiempo del emperador Cárlos; ó que teniendo por
-liviandad el tratado, y dificultosa la empresa, esperasen á ver como
-se movia la generalidad, con que fuerzas, fundamento, y certeza de
-esperanzas en Berbería. Enviaron á Argel al Partal que vivia en Narila,
-lugar del partido de Cadiar, hombre rico, diligente y tan cuerdo, que
-la segunda vez que fue á Berbería, llevó su hacienda y dos hermanos,
-y se quedó en Argel. Este y el Jeniz, que despues vendió y mató al
-Abenabó su señor, á quien ellos levantaron por segundo rey, estaban en
-aquella congregacion como diputados en nombre de toda la Alpujarra;
-y por tener alguna cabeza en quien se mantuviesen unidos, mas que
-por sujetarse á otras sino á las que el rey de Argel los nombrase,
-resolvieron en veinte y siete de setiembre hacer rey[43], persuadidos
-con la razon de D. Fernando de Valor, el zaguer, que en su lengua
-quiere decir el menor, á quien por otro nombre llamaban Aben Jauhar,
-hombre de gran autoridad y de consejo maduro, entendido en las cosas
-del reino y de su ley. Este viendo que la grandeza del hecho traía
-miedo, dilacion, diversidad de casos; mudanzas de pareceres, los juntó
-en casa de Zinzan en el Albaicin, y les habló:
-
- [42] El tercer marqués de Mondejar es el que de aquí adelante
- siempre se nombra: llamóse don Iñigo y fue virey de Valencia y
- Nápoles, y sobrino del autor.
-
- [43] Algo difiere Marmol, _lib._ IV, cap. 7, véase.
-
-«Poniéndoles delante la opresion en que estaban, sujetos á hombres
-públicos y particulares, no menos esclavos que si lo fuesen.
-Mujeres, hijos, haciendas, y sus propias personas en poder y
-arbitrio de enemigos, sin esperanza en muchos siglos de verse fuera
-de tal servidumbre: sufriendo tantos tiranos como vecinos, nuevas
-imposiciones, nuevos tributos, y privados del refugio de los lugares
-de señorío, donde los culpados, puesto que por accidentes ó por
-venganzas (esta es la causa entre ellos mas justificada), se aseguran:
-echados de la inmunidad y franqueza de las iglesias, donde por otra
-parte los mandaban asistir á los oficios divinos con penas de dinero;
-hechos sujetos de enriquecer clérigos; no tener acogida á Dios ni
-á los hombres; tratados y tenidos como moros entre los cristianos
-para ser menospreciados, y como cristianos entre los moros para no
-ser creidos ni ayudados. Excluidos de la vida y conversacion de
-personas, mándannos que no hablemos nuestra lengua; y no entendemos
-la castellana: ¿en qué lengua habemos de comunicar los conceptos, y
-pedir ó dar las cosas, sin que no puede estar el trato de los hombres?
-Aun á los animales no se vedan las voces humanas. ¿Quién quita que
-el hombre de lengua castellana no pueda tener la ley del Profeta, y
-el de la lengua morisca la ley de Jesus? Llaman á nuestros hijos á
-sus congregaciones y casas de letras: enséñanles artes que nuestros
-mayores prohibieron aprenderse, porque no se confundiese la puridad,
-y se hiciese litigiosa la verdad de la ley. Cada hora nos amenazan
-quitarlos de los brazos de sus madres, y de la crianza de sus padres,
-y pasarlos á tierras ajenas, donde olviden nuestra manera de vida, y
-aprendan á ser enemigos de los padres que los engendramos, y de las
-madres que los parieron. Mándannos dejar nuestro hábito, y vestir
-el castellano. Vístense entre ellos los tudescos de una manera, los
-franceses de otra, los griegos de otra, los frailes de otra, los mozos
-de otra, y de otra los viejos: cada nacion, cada profesion y cada
-estado usa su manera de vestido, y todos son cristianos; y nosotros
-moros, porque vestimos á la morisca, como si trujésemos la ley en
-el vestido, y no en el corazon. Las haciendas no son bastantes para
-comprar vestidos para dueños y familias; del hábito que traíamos no
-podemos disponer, porque nadie compra lo que no ha de traer; para
-traello es prohibido, para vendello es inútil. Cuando en una casa se
-prohibiere el antiguo, y comprare el nuevo del caudal que teníamos
-para sustentarnos, ¿de qué viviremos? Si queremos mendigar nadie nos
-socorrerá como á pobres, porque somos pelados como ricos: nadie nos
-ayudará, porque los moriscos padecemos esta miseria y pobreza, que los
-cristianos no nos tienen por prójimos. Nuestros pasados quedaron tan
-pobres en la tierra de las guerras contra Castilla, que casando su hija
-el alcaide de Loja, grande y señalado capitan que llamaban Alatar,
-deudo de algunos de los que aquí nos hallamos, hubo de buscar vestidos
-prestados para la boda. ¿Con qué haciendas, con qué trato, con qué
-servicio ó industria, en qué tiempo adquiriremos riqueza para perder
-unos hábitos y comprar otros? Quítannos el servicio de los esclavos
-negros; los blancos no nos eran permitidos por ser de nuestra nacion:
-habíamoslos comprado, criado, mantenido: ¿esta pérdida sobre las otras?
-¿Qué harán los que no tuvieren hijos que los sirvan, ni hacienda con
-que mantener criados si enferman, si se inhabilitan, si envejecen,
-sino prevenir la muerte? Van nuestras mujeres, nuestras hijas, tapadas
-las caras, ellas mismas á servirse y proveerse de lo necesario á sus
-casas; mándanles descubrir los rostros: si son vistas, serán codiciadas
-y aun requeridas; y veráse quien son las que dieron la avilanteza al
-atrevimiento de mozos y viejos. Mándannos tener abiertas las puertas
-que nuestros pasados con tanta religion y cuidado tuvieron cerradas,
-no las puertas, sino las ventanas y resquicios de casa. ¿Hemos de ser
-sujetos de ladrones, de malhechores, de atrevidos y desvergonzados
-adúlteros, y que estos tengan dias determinados y horas ciertas, cuando
-sepan que pueden hurtar nuestras haciendas, ofender nuestras personas,
-violar nuestras honras? No solamente nos quitan la seguridad, la
-hacienda, la honra, el servicio, sino tambien los entretenimientos; así
-los que se introdujeron por la autoridad, reputacion y demostraciones
-de alegría en las bodas, zambras, bailes, músicas, comidas; como los
-que son necesarios para la limpieza, convenientes para la salud.
-¿Vivirán nuestras mujeres sin baños, introduccion tan antigua?
-¿Veránlas en sus casas tristes, sucias, enfermas, donde tenian la
-limpieza por contentamiento, por vestido, por sanidad? Representóles
-el estado de la cristiandad; las divisiones entre herejes y católicos
-en Francia; la rebelion de Flandes; Inglaterra sospechosa; y los
-flamencos huidos solicitando en Alemania á los príncipes de ella.
-El rey falto de dineros y gente plática, mal armadas las galeras,
-proveidas á remiendos, la chusma libre; los capitanes y hombres de cabo
-descontentos, como forzados. Si previniesen no solamente el reino de
-Granada, pero parte del Andalucía que tuvieron sus pasados, y agora
-poseen sus enemigos, pueden ocupar con el primer ímpetu; ó mantenerse
-en su tierra, cuando se contenten con ella sin pasar adelante. Montaña
-áspera, valles al abismo, sierras al cielo, caminos estrechos,
-barrancos y derrumbaderos sin salida: ellos gente suelta, plática
-en el campo, mostrada á sufrir calor, frio, sed, hambre; igualmente
-diligentes y animosos al acometer, prestos á desparcirse y juntarse:
-españoles contra españoles, muchos en número, proveidos de vitualla,
-no tan faltos de armas que para los principios no les basten; y en
-lugar de las que no tienen, las piedras delante de los pies, que contra
-gente desarmada son armas bastantes. Y cuanto á los que se hallaban
-presentes, que en vano se habian juntado, si cualquiera de ellos no
-tuviera confianza del otro que era suficiente para dar cobro á tan gran
-hecho, y si, como siendo sentidos habian de ser compañeros en la culpa
-y el castigo, no fuesen despues parte en las esperanzas y frutos de
-ellas, llevándolas al cabo. Cuanto mas que ni las ofensas podian ser
-vengadas, ni deshechos los agravios, ni sus vidas y casas mantenidas,
-y ellos fuera de servidumbre; sino por medio del hierro, de la union y
-concordia, y una determinada resolucion con todas sus fuerzas juntas.
-Para lo cual era necesario elegir cabeza de ellos mismos, ó fuese
-con nombre de jeque, ó de capitan, ó de alcaide, ó de rey, si les
-pluguiese, que los tuviese juntos en justicia y seguridad.»
-
-Jeque llaman ellos el mas honrado de una generacion, quiere decir, el
-mas anciano: á estos dan el gobierno con autoridad de vida y muerte. Y
-porque esta nacion se vence tanto mas de la vanidad de la astrología y
-adivinanzas, cuanto mas vecinos estuvieron sus pasados de Caldea, donde
-la ciencia tuvo principio, no dejó de acordalles á este propósito,
-cuantos años atrás por boca de grandes sabios en movimiento y lumbre de
-estrellas, y profetas en su ley, estaba declarado, que se levantarian á
-tornar por sí; cobrarian la tierra y reinos que sus pasados perdieron,
-hasta señalar el mismo año despues que Mahoma les dió la ley (hegira
-le llaman ellos en su cuenta, que quiere decir el destierro, porque
-la dió siendo desterrado de Meca), y venia justo con esta rebelion.
-Representóles prodigios y apariencias extraordinarias de gente armada
-en el aire á las faldas de Sierra Nevada, aves de desusada manera
-dentro en Granada, partos monstruosos de animales en tierra de Baza,
-y trabajos del sol con el eclipse de los años pasados, que mostraban
-adversidad á los cristianos, á quien ellos atribuyen el favor, ó
-disfavor de este planeta; como á sí el de la luna.
-
-Tal fue la habla que D. Fernando el zaguer les hizo; con que quedaron
-animados, indignados y resueltos en general de rebelarse presto, y en
-particular de elegir rey de su nacion; pero no quedaron determinados en
-el cuando precisamente, ni á quien. Una cosa muy de notar califica los
-principios de esta rebelion, que gente de mediana condicion mostrada á
-guardar poco secreto y hablar juntos, callasen tanto tiempo, y tantos
-hombres, en tierra donde hay alcaldes de corte y inquisidores, cuya
-profesion es descubrir delitos. Habia entre ellos un mancebo llamado
-D. Fernando de Valor, sobrino de D. Fernando el zaguer, cuyos abuelos
-se llamaron Hernandos y de Valor, porque vivian en Valor, el alto,
-lugar de la Alpujarra puesto cuasi en la cumbre de la montaña: era
-descendiente del linaje de Aben Humeya, uno de los nietos de Mahoma,
-hijos de su hija, que en tiempos antiguos tuvieron el reino de Córdoba
-y el Andalucía; rico de rentas, callado y ofendido, cuyo padre estaba
-preso por delitos en las cárceles de Granada. En este pusieron los
-ojos; así porque les movió la hacienda, el linaje, la autoridad del
-tio; como porque habia vengado la ofensa del padre matando secretamente
-uno de los acusadores, y parte de los testigos. De esta resolucion,
-aunque no tan en particular, hubo noticia, y fue el rey avisado; pero
-estaba el negocio cierto y el tiempo en duda: y, como suele acontecer
-á las provisiones en que se junta la dificultad con el temor, cada
-uno de los consejeros era en que se atajase con mayor poder; pero
-juntos juzgaban ser el remedio fácil, y las fuerzas de los ministros
-bastantes, el dinero poco necesario, porque habia de salir del mismo
-negocio; y menospreciaban esto, encareciendo el remedio de mayores
-cosas: porque los estados de Flandes desasosegados por el príncipe de
-Orange eran recien pacificados por el duque de Alba. Mas, puesto que
-las fuerzas del rey, y la experiencia del duque capitan, criado debajo
-de la disciplina del emperador, testigo y parte en sus victorias,
-bastasen para mayores empresas; todavía lo que se temia de parte
-de Inglaterra, y las fuerzas de los hugonotes en Francia, algunas
-sospechas de príncipes de Alemania, y designios de Italia, daban
-cuidado; y tanto mayor por ser la rebelion de Flandes por causas de
-religion comunes con los franceses, ingleses, y alemanes; y por quejas
-de tributos, y gravezas comunes con todos los que son vasallos, aunque
-sean livianas y ellos bien tratados. Esto dió á los enemigos mayor
-avilanteza, y á nosotros causa de dilacion. Comenzaron á juntar mas al
-descubierto gente de todas maneras: si hombre ocioso habia perdido su
-hacienda, malbaratándola por redimir delitos; si homicida, salteador
-ó condenado en juicio, ó que temiese por culpas que lo seria; los
-que se mantenian de perjurios, robos, muertes; los que la maldad, la
-pobreza, los delitos traían desasosegados, fueron autores ó ministros
-de esta rebelion. Si algun bueno habia y fuera de semejantes vicios,
-con el ejemplo y conversacion de los malos brevemente se tornaba como
-ellos; porque cuando el vínculo de la vergüenza se rompe entre los
-buenos, mas desenfrenados son en las maldades que los peores. En fin
-el temor de que eran descubiertos, y seria prevenida su determinacion
-con el castigo, movió á los que gobernaban el negocio, y entre ellos
-á D. Fernando el zaguer, á pensar en algun caso con que obligasen y
-necesitasen al pueblo á salir de tibieza, y tomar las armas. Juntáronse
-tercera vez las cabezas de la conjuracion y otras, con veinte y seis
-personas del Alpujarra á San Miguel en casa del Hardon, hombre señalado
-entre ellos, á quien mandó el duque de Arcos despues justiciar. Posaba
-en la casa del Carcí, yerno suyo: eligieron á D. Fernando de Valor
-por rey con esta solemnidad: los viudos á un cabo, los por casar á
-otro, los casados á otro, y las mujeres á otra parte. Leyó uno de sus
-sacerdotes, que llaman faquíes, cierta profecía hecha en el año de los
-árabes de... y comprobada por la autoridad de su ley, consideraciones
-de cursos y puntos de estrellas en el cielo, que trataba de su libertad
-por mano de un mozo de linaje real, que habia de ser bautizado y hereje
-de su ley, porque en lo público profesaria la de los cristianos.
-Dijo que esto concurria en D. Fernando, y concertaba con el tiempo.
-Vistiéronle de púrpura, y pusiéronle á torno del cuello y espaldas una
-insignia colorada á manera de faja. Tendieron cuatro banderas en el
-suelo, á las cuatro partes del mundo, y él hizo su oracion inclinándose
-sobre las banderas, el rostro al oriente (zalá la llaman ellos), y
-juramento de morir en su ley y en el reino; defendiéndola á ella, y á
-él, y á sus vasallos. En esto levantó el pie; y en señal de general
-obediencia postróse Aben Farax en nombre de todos, y besó la tierra
-donde el nuevo rey tenia la planta. Á este hizo su justicia mayor:
-lleváronle en hombros, levantáronle en alto diciendo: _Dios ensalce á
-Mahomet Aben Humeya rey de Granada y de Córdoba_. Tal era la antigua
-ceremonia con que elegian los reyes de la Andalucía, y despues los de
-Granada. Escribieron cartas los capitanes de la gente á los compañeros
-en la conjuracion; señalaron dia y hora para ejecutalla; fueron los que
-tenian cargos á sus partidos. Nombró Aben Humeya por capitan general á
-su tio Aben Jauhar, que partió luego para Cadiar, donde tenia casa y
-hacienda.
-
-Pasaba el capitan Herrera á la sazon de Granada para Abra con cuarenta
-caballos, y vino á hacer la noche en Cadiar. Mas Aben Jauhar el
-zaguer, vista la ocasion tan á su propósito, habló con los vecinos
-persuadiéndoles que cada uno matase á su huésped. No fueron perezosos;
-porque pasada la media noche no hubo dificultad en matar muchos á
-pocos, armados á desarmados, prevenidos á seguros y torpes con el
-sueño, con el cansancio, con el vino: pasaron al capitan y á los
-soldados por la espada. Venida la mañana juntáronse, y tomaron lo
-áspero de la sierra, como gente levantada; donde ni hubo tiempo ni
-aparejo para castigallos. Este fue el primer exceso y mas descubierto
-con que los enemigos, ó por fuerza ó por voluntad fueron necesitados
-á tomar las armas sin otra respuesta de Berbería mas de esperanzas,
-y esas generales. Era entonces Selim el II, emperador de los turcos
-recien heredado, victorioso por la toma de Zigueto, plaza fuerte
-y proveida en Hungría: habia hecho nueva tregua con el emperador
-Maximiliano el II, concertándose con el sofí por la parte de Armenia, y
-por la de Suria con los jeques alárabes que le trabajaban sus confines,
-y con los genízaros, infantería que se suele desasosegar con la entrada
-de nuevo señor. Tenia en el ánimo las empresas que descubrió contra
-venecianos en Cipro, contra el rey de Túnez en Berbería; y que como no
-le convenia repartir sus fuerzas en muchas partes, así le convenia que
-las del rey católico estuviesen repartidas y ocupadas. Dícese, que en
-este tiempo vino del rey de Argel respuesta á los moriscos animándolos
-á perseverar en la prosecucion del tratado, pero excusándose de enviar
-el armada, con que esperaba órden de Constantinopla. El rey de Fez,
-como religioso en su ley, y del linaje de los Jarifes, tenidos entre
-los moros por santos, les prometió mas resuelto socorro. Todavía
-vinieron por medio de personas fiadas á tratar ambos reyes de la
-calidad del caso, de la posibilidad de los moriscos; y midiendo sus
-fuerzas de mar y tierra con las del rey de España, hallaron no ser
-bastantes para contrastalle: y aunque se confederaron, solo fue para
-que el rey de Argel hiciese la empresa de Túnez y Biserta, en tanto
-que el rey D. Felipe estaba ocupado en allanar la rebelion de Granada;
-y juntamente permitir que de sus tierras fuese alguna gente á sueldo
-en especial de moros andaluces, que se habian pasado á Berbería; y
-mercaderes pudiesen cargar armas, municiones, vitualla, con que los
-moriscos fuesen por sus dineros socorridos.
-
-Alpujarra llaman toda la montaña sujeta á Granada, como corre de
-levante á poniente prolongándose entre tierra de Granada y la mar, diez
-y siete leguas en largo, y once en lo mas ancho, poco mas ó menos:
-estéril y áspera de suyo, sino donde hay vegas; pero con la industria
-de los moriscos (que ningun espacio de tierra dejan perder), tratable y
-cultivada, abundante de frutos y ganados y cria de sedas. Esta montaña
-como era principal en la rebelion, así la escogieron por sitio en
-que mantener la guerra, por tener la mar donde esperaba socorro, por
-la dificultad de los pasos y calidad de la tierra, por la gente que
-entre ellos es tenida por brava. Habian ya pensado rebelarse otras dos
-veces antes, una jueves santo, otra por setiembre de este año: tenian
-prevenido á Aluch Alí con el armada de Argel; mas él entendiendo que el
-conde de Tendilla estaba avisado y aguardándole en el campo, volvió,
-dejándose de la empresa, con el armada á Berbería. En fin á los veinte
-y tres de diciembre, luego que sucedió el caso de Cadiar, la misma
-gente con las armas mojadas en la sangre de aquellos pocos, salieron en
-público; movieron los lugares comarcanos y los demás de la Alpujarra,
-y rio de Almería, con quien tenian comun el tratado, enviando por
-corredores, y para descubrir los ánimos y motivo de la gente de Granada
-y la Vega, á Farax Aben Farax con hasta ciento y cincuenta hombres,
-gente suelta y desmandada, escogida entre los que mayor obligacion y
-mas esfuerzo tenian. Ellos recogiendo la que se les llegaba, tomaron
-resolucion de acometer á Granada, y caminaron para ella con hasta
-seis mil hombres mal armados, pero juntos y con buena órden, segun su
-costumbre.
-
-En España no habia galeras: el poder del rey ocupado en regiones
-apartadas, y el reino fuera de tal cuidado, todo seguro, todo sosegado:
-que tal estado era el que á ellos parecia mas á su propósito. Los
-ministros y gente en Granada mas sospechosa, que proveida; como pasa
-donde hay miedo y confusion. Pero fue acontecimiento hacer aquella
-noche tan mal tiempo, y caer tanta nieve en la sierra que llaman
-Nevada y antiguamente Soloria, y los moros Solaira; que cegó los pasos
-y veredas cuanto bastaba, para que tanto número de gente no pudiese
-llegar. Mas Farax con los ciento y cincuenta hombres poco antes del
-amanecer entró por la puerta alta de Guadix, donde junta con Granada el
-camino de la sierra, con instrumentos y gaitas, como es su costumbre.
-Llegaron al Albaicin, corrieron las calles, procuraron levantar el
-pueblo haciendo promesas, pregonando sueldo de parte de los reyes de
-Fez y Argel, y afirmando que con gruesas armadas eran llegados á la
-costa del reino de Granada: cosa que escandalizó y atemorizó los ánimos
-presentes; y á los ausentes dió tanto mas en que pensar, cuanto mas
-lejos se hallaban: porque semejantes acaecimientos, cuanto mas se van
-apartando de su principio, tanto parecen mayores, y se juzgan con mayor
-encarecimiento. ¡Y qué en un reino pacífico, lleno de armas, prudencia,
-justicia, riquezas; gobernado por el rey que pocos años antes habia
-hecho en persona el mayor principio que nunca hizo rey en España;
-vencido en un año dos batallas; ocupado por fuerza tres plazas al poder
-de Francia; compuesto negocio tan desconfiado como la restitucion del
-duque de Saboya; hecho por sus capitanes otras empresas; atravesado
-sus banderas de Italia á Flandes (viaje al parecer imposible), por
-tierras y gentes, que despues de las armas romanas nunca vieron otras
-en su comarca; pacificado sus estados con victorias, con sangre, con
-castigos; dentro, en el reposo, en la seguridad de su reino, en ciudad
-poblada por la mayor parte de cristianos, tanto mar en medio, tantas
-galeras nuestras; entrase gente armada con espadas de tantos hombres
-por medio de la ciudad, apellidando nombres de reyes infieles enemigos!
-Estado poco seguro es el de quien se descuida, creyendo que por sola su
-autoridad nadie se puede atrever á ofendelle. Los moriscos, hombres mas
-prevenidos que diestros, esperaban por horas la gente de la Alpujarra:
-salian el Tagari y Monfarrix, dos capitanes, todas las noches al
-cerro de Santa Helena por reconocer; y salieron la noche antes con
-cincuenta hombres escogidos, y diez y siete escalas grandes, para
-juntándose con Farax entrar en el Alhambra; mas visto que no venian al
-tiempo, escondiendo las escalas en una cueva se volvieron, sin salir
-la siguiente noche, pareciéndoles, como poco pláticos de semejantes
-casos, que la tempestad estorbaria á venir tanta gente junta, con que
-pudiesen ellos y sus compañeros poner en ejecucion el tratado del
-Alhambra; debiéndose esperar semejante noche para escalarla. Mas los
-del Albaicin estuvieron sosegados en las casas, cerradas las puertas,
-como ignorantes del tratado, oyendo el pregon; porque aunque se hubiese
-comunicado con ellos, no con todos en general ni particularmente; ni
-estaban todos ciertos del dia (aunque se dilató poco la venida), ni
-del número de la gente, ni de la órden con que entraban, ni de la
-que en lo por venir temian. Díjose, que uno de los viejos abriendo
-la ventana, preguntó: _cuantos eran_, y respondiéndole: _seis mil_,
-cerró, y dijo: _pocos sois, y venis presto_, dando á entender que
-habian primero de comenzar por el Alhambra, y despues venir por el
-Albaicin, y con las fuerzas del rey de Argel. Tampoco se movieron los
-de la Vega, que seguian á los del Albaicin; especialmente no oyendo
-la artillería del Alhambra que tenian por contraseño. Habia entre los
-que gobernaban la ciudad emulacion y voluntades diferentes; pero no
-por esto así ellos como la gente principal y pueblo, dejaron de hacer
-la parte que tocaba á cada uno. Estúvose la noche en armas; tuvo el
-conde de Tendilla el Alhambra á punto, escandalizado de la música
-morisca, cosa en aquel tiempo ya desusada; pero avisado de lo que era,
-con mejor guardia. El marqués, aunque no tenia noticia del contraseño
-que los moros habian dado á la gente de la Vega, y él le tenia dado
-á la gente de la ciudad, que en la ocasion habia de disparar tres
-piezas; temiendo que si se hacia pensasen los moros que estaba en
-aprieto, y acometiesen el Alhambra, en que habia poca guardia, mandó
-que ningun movimiento se hiciese, ni se pidiese gente á la ciudad; que
-fue la salvacion del peligro, aunque proveido á otro propósito; porque
-acudiendo los moriscos de la Vega al contraseño, necesitaban á los
-del Albaicin á declararse y juntarse con ellos, y como descubiertos
-combatir la ciudad. Bajó el conde á la plaza nueva y puso la gente en
-órden: acudieron muchos de los forasteros y de la ciudad, personas
-principales, al presidente D. Pedro de Deza por su oficio, por el
-cuidado que le habian visto poner en descubrir y atajar el tratado,
-por su afabilidad, buena manera generalmente con todos, y algunos por
-la diferencia de voluntades que conocian entre él y el marqués de
-Mondejar. Este, con solos cuatro de á caballo y el corregidor, subió
-al Albaicin, mas por reconocer lo pasado, que suspender el daño que se
-esperaba, ó asosegar los ánimos que ya tenia por perdidos, contento
-con alargar algun dia el peligro; mostrando confianza, y gozar del
-tiempo que fuese comun á ellos, para ver como procedian sus valedores;
-y á él para armarse y proveerse de lo necesario, y resistir á los
-unos y á los otros. Hablóles: «encareció su lealtad y firmeza, su
-prudencia en no dar crédito á la liviandad de pocos y perdidos, sin
-prendas, livianos; hombres que con las culpas ajenas pensaban redimir
-sus delitos ó adelantarse. Tal confianza se habia hecho siempre, y
-en casos tan calificados de la voluntad que tenian al servicio del
-rey, poniendo personas, haciendas y vidas con tanta obediencia á
-los ministros; ofreciéndose de ser testigo, y representador de su
-fe y servicios, intercediendo con el rey para que fuesen conocidos,
-estimados y remunerados.» Pero ellos respondiendo pocas palabras, y
-esas mas con semblante de culpados y arrepentidos que de determinados,
-ofrecieron la obra y perseverancia que habian mostrado en todas las
-ocasiones; y pareciéndole al marqués bastar aquello sin quitalles el
-miedo que tenian del pueblo, se bajó á la ciudad. Habia ya enviado á
-reconocer los enemigos; porque ni del propósito, ni del número, ni de
-la calidad de ellos, ni de las espaldas con que habian entrado se tenia
-certeza, ni del camino que hacian. Refirieron que habiendo parado en
-la casa de las Gallinas, atravesaban el Genil la vuelta de la sierra;
-puso recaudo en los lugares que convenia; encomendó al corregidor la
-guardia de la ciudad; dejó en el Alhambra donde habia pocos soldados
-mal pagados, y estos de á caballo, el recaudo que bastaba, juntando á
-este los criados y allegados del conde de Tendilla, personas de crédito
-y amistades en la ciudad. Él con la caballería que se halló, siguió
-á los enemigos llevando consigo á su yerno y hijos[44]: siguiéronle,
-parte por servir al rey, parte por amistad, ó por probar sus personas,
-por curiosidad de ver toda la gente desocupada y principal que se
-hallaba en la ciudad. Salió con la gente de su casa el conde de Miranda
-D. Pedro de Zúñiga[45], que á la sazon residia en pleitos, grande,
-igual en estado y linaje: eran todos pocos, pero calificados. Mas los
-enemigos, visto que los vecinos del Albaicin estaban quedos, y los de
-la Vega no acudian; con haber muerto un soldado, herido otro, saqueado
-una tienda y otra como en señal de que habian entrado, tomaron el
-camino que habian traido, y por las espaldas de la Alhambra prolongando
-la muralla, llegaron á la casa que por estar sobre el rio llamaban los
-moros Dar-al-huet, y nosotros de las Gallinas, segun los atajadores
-habian referido. Pararon á almorzar, y estuvieron hasta las ocho de la
-mañana; todo guiado por Farax para mostrar que habia cumplido con la
-comision, y acusar á los del Albaicin ó su miedo ó su desconfianza,
-y aun con esperanza que llegada la gente de la Alpujarra harian mas
-movimiento. Pero despues que ni lo uno ni lo otro le sucedió, acogióse
-al camino de Nigueles arrimándose á la falda de la montaña, y puesto en
-lo áspero, caminó haciendo muestra que esperaba. Pocos de la compañía
-del marqués alcanzaron á mostrarse, y ninguno llegó á las manos por la
-aspereza del sitio; aunque le siguieron por el paso del rio de Monachil
-hasta atravesar el barranco, y de allí al paraje de Dilar, por donde
-entraron sin daño en lo mas áspero.
-
- [44] Era este yerno D. Alonso de Cárdenas, que despues por muerte
- de su padre fue conde de la Puebla.
-
- [45] Fue este D. Pedro conde de Miranda, hermano y suegro del que
- en nuestros dias fue presidente de Italia y de Castilla.
-
-Duró este seguimiento hasta el anochecer, que pareció al marqués poco
-necesario quedar allí, y mucho proveer á la guarda y seguridad de la
-ciudad; temeroso que juntándose los moriscos del Albaicin con los de la
-Vega, la acometerian sola de gente y desarmada. Tornó una hora antes de
-media noche; y sin perder tiempo comenzó á prevenir y llamar la gente
-que pudo, sin dineros, y que estaba mas cerca; los que por servir al
-rey, los que por su seguridad, por amistad del marqués, memoria del
-padre y abuelo, cuya fama era grande en aquel reino, por esperanza de
-ganar, por el ruido ó vanidad de la guerra, quisieron juntarse. Hizo
-llamamientos generales pidiendo gente á las ciudades y señores de la
-Andalucía, á cada uno conforme á la obligacion antigua y usanza de los
-concejos, que era venir la gente á su costa el tiempo que duraba la
-comida que podia traer á los hombros (talegas las llamaban los pasados,
-y nosotros ahora mochilas). Contábase para una semana; mas acabada
-servian tres meses pagados por sus pueblos enteramente, y seis meses
-adelante pagaban los pueblos la mitad, y otra mitad el rey: tornaban
-estos á sus casas, venian otros; manera de levantarse gente dañosa
-para la guerra y para ella, porque siempre era nueva. Esta obligacion
-tenian como pobladores por razon del sueldo que el rey les repartia por
-heredades, cuando se ganaba algun lugar de los enemigos. Llamó tambien
-á soldados particulares aunque ocupados en otras partes; á los que
-vivian al sueldo del rey, á los que olvidadas ó colgadas las esperanzas
-y armas reposaban en sus casas. Proveyó de armas y de vituallas; envió
-espías por todas partes á calar el motivo de los enemigos; avisó y
-pidió dinero al rey, para resistillos y asegurar la ciudad. Mas en ella
-era el miedo mayor que la causa: cualquier sospecha daba desasosiego,
-y ponia los vecinos en arma; discurrir á diversas partes, de ahí
-volver á casa; medir el peligro cada uno con su temor, trocados de
-continua paz en continua alteracion, tristeza, turbacion, y priesa;
-no fiar de persona ni de lugar; las mujeres á unas y á otras partes
-preguntar, visitar templos: muchas de las principales se acogieron á
-la Alhambra, otras con sus familias salieron por mayor seguridad á
-lugares de la comarca. Estaban las casas yermas y las tiendas cerradas;
-suspenso el trato; mudadas las horas de oficios divinos y humanos;
-atentos los religiosos y ocupados en oraciones y plegarias, como se
-suele en tiempo y punto de grandes peligros. Llegó en las primeras la
-gente de las villas sujetas á Granada, la de Alcalá y Loja: envió el
-marqués una compañía que sacase los cristianos viejos que estaban en
-Restaval, cierto que el primer acometimiento seria contra ellos: en
-Durcal puso dos compañías, porque los enemigos no pasasen á Granada sin
-quedar guarnicion de gente á las espaldas; y á D. Diego de Quesada con
-una compañía de infantería y otra de caballos en guarda de la puente
-de Tablate, paso derecho de la Alpujarra á Granada. El presidente
-aliviado ya del peligro presente, comenzó á pensar con mas libertad en
-el servicio del rey, ó en la emulacion contra el marqués de Mondejar:
-escribió á D. Luis Fajardo, marqués de Velez, que era adelantado del
-reino de Murcia y capitan general en la provincia de Cartagena (ciudad
-nombrada mas por la seguridad del puerto y por la destruicion que en
-ella hizo Scipion el Africano, que por la grandeza ó suntuosidad del
-edificio), animándole á juntar gente de aquellas provincias y de sus
-deudos y amigos, y entrar en el rio de Almería; donde haria servicio al
-rey, socorreria aquella ciudad que de mar y tierra estaba en peligro,
-y aprovecharia á la gente con las riquezas de los enemigos. Era el
-marqués tenido por diligente y animoso; y entre él y el marqués de
-Mondejar hubo siempre diferencias y alongamiento de voluntad, traido
-dende los padres y abuelos. El de Velez sirvió al emperador en las
-empresas de Túnez y Provenza, el de Mondejar en la de Argel; ambos
-tenian noticia de la tierra donde cada uno de ellos servia. Comenzó
-el de Velez á ponerse en órden, á juntar gente, parte á sueldo de su
-hacienda, parte de amigos.
-
-Entre tanto el nuevo electo rey de Granada, en cuanto le duró la
-esperanza que el Albaicin y la Vega habian de hacer movimiento, estuvo
-quedo; mas como vió tan sosegada la gente, y las voluntades con tan
-poca demostracion, salió solo camino de la Alpujarra: encontráronle
-á la salida de Lanjaron, á pie, el caballo del diestro; pero siendo
-avisado que no pasase adelante, porque la tierra estaba alborotada,
-subió en su caballo, y con mas priesa tomó el camino de Valor. Habian
-los moriscos levantados hecho de sí dos partes; una llevó el camino de
-Orgiba, lugar del duque de Sesa (que fue de su abuelo el Gran Capitan)
-entre Granada y la entrada de la Alpujarra, al levante tierra de
-Almería, al poniente la de Salobreña y Almuñecar, al norte la misma
-Granada, al mediodia la mar con muchas calas donde se podian acoger
-navíos grandes. Sobre esta villa como mas importante se pusieron
-dos mil hombres repartidos en veinte banderas: las cabezas eran el
-alcaide de Mecina y el corcení de Motril. Fueron los cristianos viejos
-avisados, que serian como ciento y sesenta personas, hombres, mujeres
-y niños: recogiólos en la torre de Gaspar de Saravia, que estaba por
-el duque. Mas los moros comenzaron á combatirla; pusieron arcabucería
-en la torre de la iglesia, que los cristianos saltando fuera echaron
-de ella: llegáronse á picar la muralla con una manta, la cual les
-desbarataron echando piedras y quemándola con aceite y fuego; quisieron
-quemar las puertas, pero halláronlas ciegas con tierra y piedra.
-Amonestábalos á menudo un almuedano desde la iglesia con gran voz, que
-se rindiesen á su rey Aben Humeya. (Dicen almuedano al hombre que á
-voces los convoca á oracion; porque en su ley se les prohibe el uso
-de las campanas.) Llamaron á un vicario de Poqueira, hombre entre
-unos y los otros de autoridad y crédito, para que los persuadiese á
-entregarse; certificándoles que Granada y el Alhambra estaban ya en
-poder de los moros: prometian la vida y libertad al que se rindiese,
-y al que se tornase moro la hacienda y otros bienes para él y sus
-sucesores: tales eran los sermones que les hacian. La otra banda de
-gente caminó derecho á Granada á hacer espaldas á Farax Aben Farax y
-á los que enviaron, y á recibir al que ellos llamaban rey, á quien
-encontraron cerca de Lanjaron, y pasaron con él adelante hasta Durcal.
-Pero entendiendo que el marqués habia dejado puesta guarnicion en él,
-volvieron á Valor el alto, y de allí á un barrio que llaman Laujar
-en el medio de la Alpujarra; adonde con la misma solemnidad que en
-Granada, le alzaron en hombros y le eligieron por su rey. Allí acabó
-de repartir los oficios, alcaidías, alguacilazgos por comarcas (á que
-ellos llaman en su lengua tahas), y por valles, y declaró por capitan
-general á su tio Aben Jauhar que llamaban D. Fernando el zaguer, y por
-su alguacil mayor á Farax Aben Farax: (alguacil dicen ellos al primer
-oficio despues de la persona del rey, que tiene libre poder en la vida
-y muerte de los hombres sin consultarlo). Vistiéronle de púrpura;
-pusiéronle casa como á los reyes de Granada, segun que lo oyeron á
-sus pasados. Tomó tres mujeres; una con quien él tenia conversacion
-y la trujo consigo, otra del rio de Almanzora, y otra de Tavernas;
-porque con el deudo tuviese aquella provincia mas obligada, sin otra
-con quien él primero fue casado, hija de uno que llamaban Rojas. Mas
-dende á pocos dias mandó matar al suegro y dos cuñados, porque no
-quisieron tomar su ley: dejó la mujer, perdonó la suegra, porque la
-habia parido, y quiso gracias por ello como piadoso. Comenzaron por el
-Alpujarra, rio de Almería, Bolodui, y otras partes á perseguir á los
-cristianos viejos, profanar y quemar las iglesias con el sacramento,
-martirizar religiosos y cristianos, que, ó por ser contrarios á su
-ley, ó por haberlos dotrinado en la nuestra, ó por haberlos ofendido,
-les eran odiosos. En Guecija, lugar del rio de Almería, quemaron por
-voto un convento de frailes agustinos, que se recogieron á la torre,
-echándoles por un horado de lo alto aceite hirviendo: sirviéndose de la
-abundancia que Dios les dió en aquella tierra, para ahogar sus frailes.
-Inventaban nuevos géneros de tormentos: al cura de Mairena hincheron
-de pólvora y pusiéronle fuego; al vicario enterraron vivo hasta la
-cinta, y jugáronle á las saetadas; á otros lo mismo, dejándolos morir
-de hambre. Cortaron á otros miembros, y entregáronlos á las mujeres,
-que con agujas los matasen: á quien apedrearon, á quien acañaverearon,
-desollaron, despeñaron; y á los hijos de Arze, alcaide de la Peza,
-uno degollaron, y otro crucificaron, azotándole, y hiriéndole en el
-costado primero que muriese. Sufriólo el mozo, y mostró contentarse
-de la muerte conforme á la de nuestro Redentor, aunque en la vida fue
-todo al contrario; y murió confortando al hermano que descabezaron.
-Estas crueldades hicieron los ofendidos por vengarse; los monfíes por
-costumbre convertida en naturaleza. Las cabezas, ó las persuadian, ó
-las consentian: los justificados las miraban y loaban, por tener al
-pueblo mas culpado, mas obligado, mas desconfiado, y sin esperanzas
-de perdon: permitíalo el nuevo rey, y á veces lo mandaba. Fue gran
-testimonio de nuestra fe, y de compararse con la del tiempo de los
-apóstoles, que en tanto número de gente como murió á manos de infieles,
-ninguno hubo (aunque todos ó los mas fuesen requiridos y persuadidos
-con seguridad, autoridad y riquezas, y amenazados y puestas las
-amenazas en obra) que quisiese renegar; antes con humildad y paciencia
-cristiana las madres confortaban á los hijos, los niños á las madres,
-los sacerdotes al pueblo, y los mas distraidos se ofrecian con mas
-voluntad al martirio. Duró esta persecucion cuanto el calor de la
-rebelion y la furia de las venganzas; resistiendo Aben Jauhar y otros
-tan blandamente, que encendian mas lo uno y lo otro. Mas el rey, porque
-no pareciese que tantas crueldades se hacian con su autoridad, mandó
-pregonar que ninguno matase niño de diez años abajo, ni mujer ni hombre
-sin causa. En cuanto esto pasaba envió á Berbería á su hermano (que ya
-llamaban Abdalá) con presente de cautivos y la nueva de su eleccion
-al rey de Argel, la obediencia al señor de los turcos: dióle comision
-que pidiese ayuda para mantener el reino. Tras él envió á Hernando el
-Habaqui á tomar turcos á sueldo, de quien adelante se hará memoria. Mas
-este dejando concertados soldados, trajo consigo un turco llamado Dali,
-capitan, con armas y mercaderes, en una fusta. Recibió el rey de Argel
-á Abdalá como á hermano del rey: regalóle y vistióle de paños de seda;
-envióle á Constantinopla, mas por entretener al hermano con esperanzas,
-que por dalle socorro. En este mismo tiempo se acabaron de rebelar los
-demás lugares del rio de Almería.
-
-Estaba entonces en Dalias Diego de la Gasca, capitan de Adra,
-que habiendo entendido el motin víspera de Navidad (dia señalado
-generalmente para rebelarse todo el reino), iba por reconocer á
-Ujijar; mas hallándola levantada, fue seguido de los enemigos hasta
-encerralle en Adra, lugar guardado á la marina, asentado cuasi donde
-los antiguos llamaban Abdera; que Pedro Verdugo, proveedor de Málaga,
-con barcos basteció de gente y vituallas, luego que entendió la
-muerte del capitan Herrera en Cadiar. Pasaron adelante visto el poco
-efecto que hacian en Adra, y juntando con su misma gente hasta mil y
-cuatrocientos hombres con un moro que llamaban el Ramí, ocuparon el
-Chitre (Chutre le dicen otros), sitio fuerte junto á Almería, creyendo
-que los moriscos vecinos de la ciudad tomarian las armas contra los
-cristianos viejos: escribieron y enviaron personas ciertas á solicitar
-entre otros á D. Alonso de Vanegas, hombre noble de gran autoridad, que
-con la carta cerrada se fue al ayuntamiento de los regidores; y leida,
-pensando un poco cayó desmayado, mas tornándole los otros regidores y
-reprendiéndole, respondió: _recia tentacion es la del reino_; y dióles
-la carta en que parecia como le ofrecian tomalle por rey de Almería.
-Vivió doliente dende entonces, pero leal y ocupado en el servicio del
-rey. Estaba D. García de Villarroel, yerno de D. Juan, el que murió
-dende á poco en las Guajaras, por capitan ordinario en Almería, y
-tomando la gente de la ciudad y la suya, dió sobre los enemigos otro
-dia al amanecer, pensando ellos que venia gente en su ayuda: rompiólos,
-y mató al Ramí con algunos. Los que de allí escaparon, juntándose
-con otra banda del Cehel, y llevando á Hocaid de Motril por capitan,
-tomaron á Castil de Ferro, tenencia del duque de Sesa por tratado,
-matando la gente, sino á Machin el tuerto que se la vendió. De ahí
-pasaron á Motril, juntaron una parte del pueblo, y llevaron casas
-de moriscos volviendo sobre Adra; de donde salió Gasca con cuarenta
-caballos y noventa arcabuceros á reconocellos, y apartándose llamó un
-trompeta, cuyo nombre era Santiago, para enviar á mandar la gente;
-mas fue tan alta la voz, que pudieron oilla los soldados, y creyendo
-que dijese Santiago, como es costumbre de España para acometer los
-enemigos, arremetieron sin mas órden. Juntóse Diego de la Gasca con
-ellos, y fueron cuasi rotos los moros, retirándose con pérdida de cien
-hombres á la sierra. Iban estas nuevas cada dia creciendo; menudeaban
-los avisos del aprieto en que estaban los de la torre en Orgiba; que
-los moros de Berbería habian prometido gran socorro; que amenazaban á
-Almería y otros lugares aunque guardados en la marina, proveidos con
-poca gente. Temia el marqués si grueso número se acercase á Granada,
-que desasosegarian el Albaicin, levantarian las aldeas de la Vega, y
-tanto mayores fuerzas cobrarian, cuanto se tardase mas la resistencia:
-daríase ánimo á los turcos de Berbería de pasar á socorrellos con
-mayor priesa, confianza y esperanza; fortificarian plazas en que
-recogerse, y no les faltarian personas pláticas de esto y de la guerra
-entre otras naciones que les ayudasen, y firmarian el nombre de reino;
-puesto que vano y sin fundamento, perjudicial y odioso á los oidos del
-señor natural, por grande y poderoso que sea; daríase avilanteza á los
-descontentos, para pensar novedades.
-
-Estando las cosas en estos términos vino Aben Humeya con la gente
-que tenia sobre Tablate, y trabando con don Diego de Quesada una
-escaramuza gruesa, cargó tanta gente de enemigos, que le necesitó á
-dejar la puente, y retirarse á Durcal. Estas razones y el caso de D.
-Diego fueron parte para que el marqués, con la gente que se hallaba,
-saliese de Granada á resistillos, hasta que viniese mas número con que
-acometellos á la iguala; dejando proveido á la guarda y seguridad de
-la ciudad y Alhambra á su hijo el conde de Tendilla por su teniente;
-al corregidor el sosiego, el gobierno, la provision de vituallas, la
-correspondencia de avisar al uno y al otro, con el presidente, de
-cuya autoridad se valiesen en las ocasiones. Salió de Granada á los
-tres de hebrero con propósito de socorrer á Orgiba: vino á Alhendin,
-y de allí al Padul. La gente que sacó fueron ochocientos infantes y
-doscientos caballos; demás de estos, los hombres principales, que ó
-con edad, ó con enfermedad ó con ocupaciones públicas no se excusaron,
-seguíanle, mirábanle como á salvador de la tierra, olvidada por
-entonces ó disimulada la pasion. Paró en el Padul pensando esperar
-allí la gente de la Andalucía sin dinero, sin vitualla, sin bagajes:
-con tan poca gente tomó la empresa; pero la misma noche á la segunda
-guardia oyéndose golpes de arcabuz en Durcal, creyendo todos que los
-enemigos habian acometido la guardia que allí estaba, partió con la
-caballería: halló que sintiendo su venida por el ruido de los caballos
-en el cascajo del rio, se habian retirado con la escuridad de la noche,
-dejando el lugar y llevando herida alguna gente; y el marqués para
-no darles avilanteza, tornando al Padul, acordó hacer en Durcal la
-masa. En tiempo de tres dias llegaron cuatro banderas de Baeza, con
-que crecia el marqués á mil y ochocientos infantes, y una compañía de
-noventa caballos; y teniendo aviso del trabajo en que estaban los de
-Orgiba, y que Aben Humeya juntaba gente para estorballe el paso de
-Tablate, salió de Durcal.
-
-Entre tanto el conde de Tendilla recibia y alojaba la gente de las
-ciudades y señores en el Albaicin; y porque no bastaba para asegurarse
-de los moriscos de la ciudad y la tierra, y proveer á su padre de
-gente, nombró diez y siete capitanes, parte hijos de señores, parte
-caballeros de la ciudad, parte soldados, pero todos personas de
-crédito: aposentólos, y mantúvolos sin pagas con alojamientos y
-contribuciones. El marqués, dejando guardia en Durcal, paró aquella
-noche en Elchite, de donde partió en órden camino de la puente; y
-habiendo enviado una compañía de caballos con alguna arcabucería á
-recoger la gente que habia quedado atrás, para que asegurasen los
-bagajes y embarazos, y mandado volver á Granada los desarmados que
-vinieron de la Andalucía; tuvo aviso que los enemigos le esperaban,
-parte en la ladera, parte en la salida de la misma puente, y la estaban
-rompiendo. Eran todos cuasi tres mil y quinientos hombres, los mas de
-ellos armados de arcabuces y ballestas, los otros con hondas y armas
-enhastadas: comenzóse una escaramuza trabada; mas el marqués, visto
-que remolinaban algunas picas de su escuadron, arremetió adelante con
-la gente particular de manera, que apretó los enemigos hasta forzarlos
-á dejar la puente, y pasó una banda de arcabucería por lo que de ella
-quedaba entero. Con esta carga fueron rotos del todo, retrayéndose en
-poca órden á lo alto de la montaña. Algunos arcabuceros llegaron á
-Lanjaron, y entraron en el castillo que estaba desamparado: reparóse
-la puente con puertas, con rama, con madera que se trajo del lugar de
-Tablate, por donde pasó la caballería: el resto del campo se aposentó
-en él sin seguir los enemigos, por ser ya tarde y haberse ellos acogido
-á lo fuerte, donde los caballos no les podian dañar. El dia siguiente,
-dejando en la puente al capitan Valdivia con su compañía para seguridad
-de las escoltas que iban de Granada á la Alpujarra, por ser paso de
-importancia, tomó el camino de Orgiba donde los enemigos le esperaban
-al paso en la cuesta de Lanjaron; y habiendo sacado una banda de
-arcabucería con algunos caballos, mandó á don Francisco su hijo[46],
-que con ellos se mejorase en lo alto de la montaña, yendo él su camino
-derecho sin estorbo; porque Aben Humeya, con miedo que le tomasen los
-nuestros las cumbres que tenia para su acogida, dejó libre el paso;
-aunque la noche antes habia tenido su campo enfrente del nuestro con
-muchas lumbres y música en su manera, amenazando nuestra gente y
-apercibiéndola para otro dia á la batalla. Llegado el marqués á Orgiba
-socorrió la torre, en término que si tardara, era necesario perderse
-por falta de agua y vitualla, cansados de velar y resistir. He querido
-hacer tan particular memoria del caso de Orgiba, porque en él hubo
-todos los accidentes que en un cerco de grande importancia; sitiados y
-combatidos, quitadas las defensas, salidas de los de dentro contra los
-cercadores, á falta de artillería picados los muros, al fin hambreados,
-socorridos con la diligencia que ciudades ó plazas importantes; hasta
-juntarse dos campos tales cuales entonces los habia, uno á estorbar,
-otro á socorrer, darse batalla donde intervino persona y nombre de
-rey. Socorrida y proveida Orgiba de vitualla, municion y gente, la
-que bastaba para asegurar las espaldas al campo, mandando volver á
-Granada á órden del conde su hijo cuatro compañías de caballería, y una
-de infantería para guarda de la ciudad, partió contra Poqueira donde
-tuvo aviso que Aben Humeya habia parado resuelto de combatir: juntó
-con su gente dos compañías, una de infantería y otra de caballos, que
-le vino de Córdoba. Cerca del rio que divide el camino entre Orgiba y
-Poqueira, descubrió los enemigos en el paso que llaman Alfajarali. Eran
-cuatro mil hombres los principales que gobernaban apeados: hicieron
-una ala delgada en medio, á los costados espesa de gente como es su
-costumbre ordenar el escuadron; á la mano derecha, cubiertos con un
-cerro, habia emboscados quinientos arcabuceros y ballesteros; demás
-de esto otra emboscada en lo hondo del barranco, luego pasado el rio,
-de mucho mayor número de gente. La que el marqués llevaba serian
-dos mil infantes y trescientos caballos en un escuadron prolongado
-guarnecido de arcabucería y mangas, segun la dificultad del camino. La
-caballería, parte en la retaguardia, parte á un lado, donde la tierra
-era tal que podian mandarse los caballos; pero guarnecida asimismo
-de alguna infantería: porque en aquella tierra, aunque los caballos
-sirvan mas para atemorizar que para ofender, todavía son provechosos.
-Apartó del escuadron dos bandas de arcabucería y cien caballos, con
-que su hijo D. Francisco fuese á tomar las cumbres de la montaña:
-en esta órden bajando al rio, comenzó á subir escaramuzando con los
-enemigos; mas ellos, cuando pensaron que nuestra gente iba cansada,
-acometieron por la frente, por el costado, y por la retaguardia, todo
-á un tiempo; de manera que cuasi una hora se peleó con ellos á todas
-partes y á las espaldas, no sin igualdad y peligro; porque la una
-banda de arcabucería estuvo en términos de desórden, y la caballería
-lo mismo; pero socorrió el marqués con su persona los caballos, y
-enviando socorro á los infantes. Viendo los enemigos que les tomaba
-los altos nuestra arcabucería, ya rotos se recogieron á ellos con
-tiempo, desamparando el paso. Siguióse el alcance mas de media legua
-hasta un lugar que dicen Lubien: la noche y el cansancio estorbó que
-no se pasase adelante; murieron de ellos en este rencuentro cuasi
-seiscientos, de los nuestros siete; hubo muchos heridos de arcabuces
-y ballestas. Don Francisco de Mendoza, hijo del marqués, y D. Alonso
-Portocarrero, fueron aquel dia buenos caballeros, entre otros que allí
-se hallaron: D. Francisco cercado y fuera de la silla, se defendió con
-daño de los enemigos rompiendo por medio. D. Alonso, herido de dos
-saetadas con yerba, peleó hasta caer trabado del veneno usado dende
-los tiempos antiguos entre cazadores. Mas porque se va perdiendo el
-uso de ella con el de los arcabuces, como se olvidan muchas cosas con
-la novedad de otras, diré algo de su naturaleza. Hay dos maneras, una
-que se hace en Castilla en las montañas de Bejar y Guadarrama (á este
-monte llamaban los antiguos Orospeda, y al otro Idubeda), cociendo el
-zumo de vedegambre á que en lengua romana y griega dicen eléboro negro
-hasta que hace correa, y curándolo al sol, lo espesan y dan fuerza[47];
-su olor agudo no sin suavidad, su color escuro, que tira á rubio. Otra
-se hace en las montañas nevadas de Granada de la misma manera, pero de
-la yerba que los moros dicen rejalgar, nosotros yerba, los romanos y
-griegos acónito, y porque mata los lobos, lycoctónos; color negro, olor
-grave, prende mas presto, daña mucha carne: los accidentes en ambas los
-mismos, frio, torpeza, privacion de vista, revolvimiento de estómago,
-arcadas, espumajos, desflaquecimiento de fuerzas hasta caer. Envuélvese
-la ponzoña con la sangre donde quier que la halla, y aunque toque la
-yerba á la que corre fuera de la herida, se retira con ella, y la lleva
-consigo por las venas al corazon, donde ya no tiene remedio; mas antes
-que llegue hay todos los generales: chúpanla para tirarla á fuera,
-aunque con peligro; psyllos llamaban en lengua de Egipto á los hombres
-que tenian este oficio[48]. El particular remedio es zumo de membrillo,
-fruta tan enemiga de esta yerba, que donde quier que la alcanza el
-olor, le quita la fuerza; zumo de retama, cuyas hojas machacadas he yo
-visto lanzar de suyo por la herida cuanto pueden buscando el veneno
-hasta topallo, y tiralle fuera: tal es la manera de esta ponzoña, con
-cuyo zumo untan las saetas envueltas en lino porque se detenga. La
-simplicidad de nuestros pasados, que no conocieron manera de matar
-personas sino á hierro, puso á todo género de veneno nombre de yerbas:
-usóse en tiempos antiguos en las montañas de Abruzzo, en las de Candia,
-en las de Persia: en los nuestros en los Alpes que llaman Monsenis hay
-cierta yerba poco diferente, dicha tora, con que matan la caza, y otra
-que dicen antora, á manera de dictamno, que la cura.
-
- [46] Este D. Francisco es el almirante de Aragon, que despues
- de varios casos y fortunas se ordenó de clérigo y fue obispo
- de Sigüenza.
-
- [47] Algo difiere de lo que dice Laguna sobre Dioscórides, lib.
- IV, cap. 79 y cap. 153.
-
- [48] Plin. lib. VII, cap. 2, y lib. VIII, cap. 25.
-
-Entróse Poqueira, lugar tan fuerte, que con poca resistencia se
-defendiera contra mucho mayores fuerzas. Los moros confiándose del
-sitio le habian escogido por depósito de sus riquezas, de sus mujeres,
-hijos, y vitualla: todo se dió á saco; los soldados ganaron cantidad
-de oro, ropa, esclavos, la vitualla se aprovechó cuanto pudo; mas la
-priesa de caminar en seguimiento de los enemigos, porque en ninguna
-parte se firmasen, y la falta de bagajes en que la cargar y gente con
-que aseguraba, fue causa de quemar la mayor parte, porque ellos no se
-aprovechasen. Partió el marqués el dia siguiente de Poqueira, y vino
-á Pitres, donde se detuvo curando los heridos, dando cobro á muchos
-cautivos cristianos que libertó, ordenando las escoltas, y tomando
-lengua. Alcanzáronle en este lugar dos compañías de caballos de Córdoba
-y una de infantería: en él tuvo nueva como Aben Humeya con mayor número
-de gente le esperaba en el puerto que llaman de Jubiles, lugar á su
-parecer de ellos donde era imposible pasar sin pérdida. Mas queriendo
-los enemigos tentar primero la fortuna de la guerra, saltearon nuestro
-alojamiento con cinco banderas, en que habia ochocientos hombres: el
-dia siguiente á mediodia, aprovechándose de la niebla y de la hora
-del comer, acometieron por tres partes, y porfiaron de manera hasta
-que llegaron á los cuerpos de guardia peleando, pero en ellos fueron
-resistidos con pérdida de gente y dos banderas: hubo algunos heridos
-de los nuestros. Sosegada y refrescada la gente, dejando los heridos
-y embarazos con buena guardia, partió el marqués ahorrado contra Aben
-Humeya; y por descuidarle escogió el camino áspero de Trevelez por
-la cumbre de la sierra de Poqueira, donde algunos moros desmandados
-desasosegaron nuestra retaguardia sin daño. Pasóse aquella noche fuera
-de Trevelez sobre la nieve, con poco aparejo y frio demasiado. Habia
-venido á Pitres un mensajero de Zaguer que decian Aben Jauhar, tio y
-general de Aben Humeya, á pedir apuntamientos de paz; pero llevándole
-el marqués consigo le respondió; _Que brevemente pensaba dalle la
-respuesta, como convenia al servicio de Dios y del rey_. Dícese que ya
-el zaguer andaba recatado de que Aben Humeya le buscase la muerte; y
-continuando su camino para Jubiles con una compañía mas de infantería
-y otra de caballos de Écija, cuyo capitan era Tello de Aguilar, llegó
-á vista de Jubiles donde salió un cristiano viejo con tres moros á
-entregalle el castillo. Habia dentro mujeres y hijos de los moros que
-estaban en campo con Aben Humeya, gente inútil y de estorbo para quien
-no tiene cuenta con las mujeres y niños, y algunos moros de paz viejos;
-mas porque era necesario ocupar mucha gente para guardallos, y si
-quedaran sin guarda se huyeran á los enemigos, mandó que los llevasen
-á Jubiles. Acaeció, que un soldado de los atrevidos llegó á tentar una
-mujer si traía dineros, y alguno de los moriscos (ó fuese marido ó
-pariente) á defendella, de que se trabó tal ruido, que de los moriscos
-cuasi ninguno quedó vivo; de las moriscas hubo muchas muertas, de los
-nuestros algunos heridos, que con la escuridad de la noche se hacian
-daño unos á otros. Dícese que hubo gente de los enemigos mezclada
-para ver si con esta ocasion pudieran desordenar el campo, y que
-arrepentidos de la entrega que el zaguer hizo, los padres, hermanos y
-maridos de las moras quisieron procurar su libertad: la escuridad de la
-noche y la confusion fue tanta, que ni capitanes ni oficiales pudieron
-estorbar el daño.
-
-
-
-
- LIBRO II.
-
-
-En tanto que las cosas de la Alpujarra pasaban como tenemos dicho,
-se juntaron hasta quinientos moros con dos capitanes, Giron de las
-Albuñuelas y Nacoz de Niguels, á tentar la guardia, que el marqués
-habia dejado en la puente de Tablate; teniendo por cierto que si
-de allí la pudiesen apartar, se quitaria el paso y el aparejo á
-las escoltas, y nuestro campo con falta de vituallas se desharia.
-Vinieron sobre la puente hallándola falta de gente, y la que habia
-desapercibida: acometieron con tanto denuedo, que la hicieron retirar;
-parte no paró hasta Granada, muchos de ellos murieron sin pelear en el
-alcance, parte se encerraron en una iglesia donde acabaron quemados,
-con que la puente quedó por los enemigos. Mas el conde de Tendilla,
-sabida la nueva, envió á llamar con diligencia á D. Álvaro Manrique,
-capitan del marqués de Pliego, que con trescientos infantes y ochenta
-caballos de su cargo estaba alojado dos leguas de Granada. Llegó
-á la puente de Genil al amanecer, donde el conde le esperaba con
-ochocientos infantes y ciento y veinte caballos: avisado del número de
-los enemigos entrególes la gente, y dióle órden que peleando con ellos,
-desembarazado el paso le dejase guardado, y él con el resto de ella
-pasase á buscar al marqués. Cumplió D. Álvaro con su comision hallando
-la puente libre, y los moros idos.
-
-En Jubiles llegó el capitan D. Diego de Mendoza enviado por el rey,
-para que llevase relacion de la guerra, manera de como se gobernaba el
-marqués, del estado en que las cosas se hallaban; porque los avisos
-eran tan diferentes, que causaban confusion en las provisiones; como
-no faltan personas que por pretensiones ó por pasion ó opinion ó buen
-celo, culpan ó excusan las obras de los ministros. Partió el marqués
-de Jubiles, vino á Cadiar donde fue la muerte del capitan Herrera;
-de allí á Ujijar: en el camino mandó combatir una cueva, en que se
-defendian encerrados cantidad de moros con sus mujeres y hijos, hasta
-que con fuego y humo fueron tomados. Estando en Ujijar fue avisado
-que Aben Humeya juntas todas sus fuerzas le esperaba en el paso de
-Paterna tres leguas de Ujijar, y sin detenerse partió. Caminando le
-vinieron dos moros de parte de Aben Humeya con nuevos partidos de
-paz, mas el marqués sin respuesta los llevó consigo hasta dar con su
-vanguardia en la de los enemigos; y en una quebrada junto á Iñiza
-pelearon con harta pertinencia, por ser mas de cinco mil hombres y
-mejor armados que en Jubiles: pero fueron rotos del todo tomándoles el
-alto, y acometiéndolos con la caballería D. Alonso de Cárdenas, conde
-de la Puebla: no se siguió el alcance por ser noche. Envió el marqués
-doscientos caballos, que le siguieron hasta la nieve y aspereza de la
-sierra, matando y cautivando; y él á dos horas de noche paró en Iñiza:
-otro dia vino á Paterna; dióla á saco; no hallaron los soldados en
-ella menos riqueza que en Poqueira. El rencuentro de Paterna fue la
-postrera jornada en que Aben Humeya tuvo gente junta contra el marqués;
-el cual partió sin detenerse para Andarax en seguimiento de las sobras
-de los enemigos, habiendo enviado delante infantería y caballería á
-buscallos en el llano, y en la sierra que dicen el Cehel cerca de la
-mar: montaña buena para ganados, caza y pesca; aunque en algunas partes
-falta de agua. Dicen los moros, que fue patrimonio del conde Julian el
-traidor, y aun duran en ella y cerca memorias de su nombre; la torre,
-la rambla Juliana, y Castil de Ferro. Llegado á Andarax envió á su
-hijo D. Francisco con cuatro compañías de infantería y cien caballos á
-Ohañez, donde entendió que se recogian enemigos; mas por avisos ciertos
-del capitan de Adra supo que en él no habia cuarenta personas, y por
-alguna falta de vituallas le mandó tornar. Recogió y envió á Granada
-gran cantidad de cautivos cristianos, á quien habia dado libertad en
-todos los pueblos que ganó y se le rindieron: recibió los lugares que
-sin condicion se le entregaron. Estaba Diego de la Gasca sospechoso en
-Adra, que los vecinos de Turon, lugar de los rendidos en Cehel, acogian
-moros enemigos, y queriendo él por sí saber la verdad para dar aviso
-al marqués, fue con su gente; mas no hallando moros entró de vuelta á
-buscar cierta casa, de donde salió uno de ellos que le dió cierta carta
-de aviso fingida, y al abrirla le metió un puñal por el vientre: hirió
-tambien dos soldados antes que le matasen. Murió Gasca de las heridas,
-y mandó en su testamento que las ganancias que habia hecho en la guerra
-se repartiesen entre soldados pobres, huérfanos, viudas, mujeres y
-hijas de soldados: era sobrino hijo de hermano de Gasca, obispo de
-Sigüenza, que venció en una batalla á los Pizarros y pacificó el reino
-del Perú.
-
-En el mismo tiempo, D. Luis Fajardo marqués de Velez, gran señor en el
-reino de Murcia, solicitado, como dijimos, por cartas del presidente
-de Granada, habia salido con sus amigos, deudos y allegados, á entrar
-en el reino de Almería: era la gente que llevaba número de dos mil
-infantes y trescientos caballos, la mayor parte escogidos. La primera
-jornada fue combatir una gruesa banda de moros, que atravesaban
-desmandados en Illar: de allí fue sobre Filix: tomóla, y saqueóla
-enriqueciendo la gente; peleóse con harto riesgo y porfía; murieron
-de los enemigos muchos, pero mas mujeres que hombres, entre ellos su
-capitan, llamado Futei, natural de Zenette. Hecho esto, por falta de
-vituallas se recogió á los lugares del rio de Almería; donde para
-mantener la gente y su persona vino á Cosar de Canjayar, barranco
-de la Hambre le llaman por otro nombre en su lengua, porque en él
-se recogieron los moros, cuando el Rey Católico D. Fernando hizo la
-empresa de Andarax en el primer levantamiento, donde pasaron tanta
-hambre que cuasi todos murieron.
-
-La toma de Poqueira, Jubiles y Paterna puso temor á los enemigos,
-porque tenian reputacion de fuertes, y indignacion por la pérdida
-que en ellos hicieron de todas sus fortunas: comenzaron á recogerse
-en lugares ásperos, ocupar las cumbres y riscos de las montañas
-fortificando á su parecer lo que bastaba; pero no como gente plática,
-antes ponian todas sus esperanzas y seguridad en esparcir, y dejando
-la frente al enemigo pasar á las espaldas, mas con apariencia de
-descabullirse, que de acometer. Pareció al marqués con estos sucesos
-quedar llana toda la Alpujarra; y dando la vuelta por Andarax y Cadiar,
-tornó á Orgiba, por estar mas en comarca de la mar, rio de Almería,
-Granada, y la misma Alpujarra. Entre tanto, aunque la rebelion parecia
-estar en el Alpujarra en términos de sosegada, echó raices por diversas
-partes: á la parte de poniente por las Guajaras, tres lugares pequeños
-juntos que parten la tierra de Almuñecar de la de Val de Leclin,
-puestos en el valle que desciende al puerto de la Herradura; desdichado
-por la pérdida de veinte y tres galeras anegadas con su capitan general
-D. Juan de Mendoza, hombre de no menos industria y ánimo que su padre
-D. Bernardino y otros de sus pasados, que en diversos tiempos valieron
-en aquel ejercicio. El señor de uno de aquellos lugares, ó con ánimo
-de tenellos pacíficos, ó de roballos y cautivar la gente, juntando
-consigo hasta doscientos soldados desmandados de la costa, forzó á los
-vecinos que le alojasen y contribuyesen extraordinariamente. Vista
-por ellos la violencia dilatándolo hasta la noche, le acometieron de
-improviso, y necesitaron á retraerse en la iglesia donde quemaron á él
-y á los que entraron en su compañía. No dió tiempo á los malhechores la
-presteza del caso para pensar en otro partido mas llano, que juntarse
-llegando á sí de la gente de lugares vecinos tres mil personas de todas
-edades, en que habia mil y quinientos hombres de provecho, armados
-de arcabuces, ballestas, lanzas y gorguzes y parte hondas, como la
-ira y la posibilidad les daba; y sin tomar capitan, de comun parecer
-ocuparon dos peñones, uno alto de subida áspera y difícil, otro menor
-y mas llano. Aquí pusieron su guardia, y se repararon sin traveses,
-parte con piedra seca, parte con mantas y jalmas como rumbadas, á
-falta de rama y tierra. Estos dos sitios escogieron para su seguridad,
-juntando despues consigo algunos salteadores, Giron, Marcos el Zamar
-capitanes, y otros hombres á quien convidaba la fortaleza del sitio,
-el aparejo de la comarca, y la ocasion de las presas. Fue el marqués
-avisado, que andaba visitando algunos lugares de la tierra como seguro
-de tal novedad; y visto que el fuego se comenzaba por parte peligrosa
-de lugares importantes guardados á la costa con poca gente, recelando
-que saltase á la sierra de Bentomiz ó á la hoya y jarquia de Málaga,
-deliberó partir con cuasi dos mil infantes y doscientos caballos,
-avisando al conde que de Granada le reforzase con mas gente de pie y
-de caballo. Eran los mas aventureros ó concejiles: tomó el camino de
-las Guajaras dejando á sus espaldas lugares, como Ohañez y Valor el
-alto, sospechosos y sobresaltados, aunque solos de gente segun los
-avisos. Algunos le juzgaban, diciendo, que pudiera enviar otra persona
-ó á su hijo el conde en su lugar; pero él escogió para sí la empresa
-con este peligro: ó porque el rey vista la importancia del caso no le
-proveyese de compañero, ó por entretener la gente en la ganancia. Tanto
-puede la ambicion en los hombres puesto que sea loable, que aun de los
-hijos se recatan. Sacar al conde de Granada, que le aseguraba la ciudad
-á las espaldas y le proveía de gente y de vitualla, parecia consejo
-peligroso; y partir la empresa con otro, despojarse de las cabezas;
-que si muchas en número y calidad de personas, en experiencia eran
-pocas. Estas dudas saneó con la presteza, porque antes que los enemigos
-pensasen que partia, les puso las armas delante. Halláronse en toda la
-jornada muchas personas principales, así del reino de Granada como de
-la Andalucía, que en las ocasiones serán nombrados. Partió el marqués
-de Andarax, y sin perder tiempo vino de Cadiar á Orgiba; y tomando
-vitualla á Velez de Benabdalá, pasó el rio de Motril, la infantería á
-las ancas de los caballos, y llegó á las Guajaras que están en medio.
-Vino D. Alonso Portocarrero con mil soldados, ya sano de sus heridas,
-y otras dos bandas de infantería, ciento y cincuenta caballos, gente
-hecha en Granada, que enviaba el conde de Tendilla, el conde de
-Santistévan con muchos deudos y amigos de su casa y vasallos suyos.
-Mas los enemigos, como de improviso descubrieron el campo, comenzaron
-á tomar el camino de los Peñones y víanse subir por la montaña con
-mujeres y hijos. Viendo el marqués que se recogian á sus fuertes, envió
-una compañía de arcabuceros á reconocerlos, y dañarlos si pudiesen;
-pero dende á poco le trajo un soldado mandado del capitan, que por
-ser los enemigos muchos y su gente poca, ni se atrevia á seguillos,
-porque no le cargasen; ni á retirarse, porque no le rompiesen: pedia
-para lo uno y lo otro mil hombres. Envióle alguna arcabucería, y él con
-la gente que pudo llegar ordenada, le siguió hasta las Guajaras altas
-por hacerle espaldas, donde alojó aquella noche con mal aparejo; pero
-los unos y los otros sin temor, los nuestros por la confianza de la
-victoria, los enemigos de la defensa.
-
-Entre los que allí vinieron á servir, fue uno D. Juan de Villarroel,
-hijo de D. García de Villarroel, adelantado que fue de Cazorla, y
-sobrino (segun fama) de fray Francisco Jimenez, cardenal y arzobispo
-de Toledo, gobernador de España entre la muerte del Rey Católico
-D. Fernando, y el reinado del emperador D. Cárlos. Era á la sazon
-capitan de Almería, y servia de comisario general en el campo:
-hombre de años, probado en empresas contra moros, pero de consejos
-sutiles y peligrosos, que habia ganado gracia con hallar culpas en
-capitanes generales, siendo á veces escuchado y al fin remunerado.
-Este, por abrirse camino para algun nombre en aquella ocasion,
-gastó la noche sin sueño en persuadir al marqués que le mandase con
-cincuenta soldados á reconocer el fuerte de los enemigos; diciendo
-que del alojamiento no se descubria el paso del peñon alto. Concurrió
-el marqués, mostrando hacerlo mas por permision y licencia que
-mandamiento, pero amonestándole que no pasase del cerro pequeño que
-estaba entre su alojamiento y la cuesta; y que no llevase consigo
-mas de cincuenta arcabuceros: blandura que suele poner á veces á los
-que gobiernan en grandes y presentes peligros. Mas D. Juan pasando
-el cerro comenzó á subir la cuesta sin parar, aunque fue llamado del
-marqués; y á seguillo mucha gente principal y otros desmandados, ó
-por acreditar sus personas, ó por codicia del robo. Pasaban ya los
-que subian de ochocientos, sin poderlo el marqués estorbar; porque D.
-Juan viéndose acrecentado con número de gente, y concibiendo en sí
-mayores esperanzas, teniéndose por señor de la jornada, sin guardar
-la órden que se le dió ni la que se daba en hechos semejantes,
-desmandada la gente no con mas acierto que el que daba su voluntad á
-cada uno; comenzó la subida con el ímpetu y priesa que suele quien va
-ignorante de lo que puede acontecer; mas dende á poco con flojedad y
-cansancio. Vista por los enemigos la desórden, hicieron muestra de
-encubrirse con el peñon bajo dando apariencia de escapar: pensaron
-los nuestros que huían, y apresuraron el paso; creció el cansancio,
-oíanse tiros perdidos de arcabucería, voces de hombres desordenados,
-víanse arremeter, parar, cruzar, mandar; movimientos segun el aliento
-ó apetito de cada uno: en ochocientas personas mostrarse mas capitanes
-que hombres, antes cada cual lo era de sí mismo: el hábito del capitan
-un capote, una montera, una caña en la mano. No se estaba á media
-cuesta, cuando la gente comenzó á pedir municion de mano en mano:
-oyeron los enemigos la voz, peligrosa en semejantes ocasiones; y viendo
-la desórden, saltaron fuera con el Zamar hasta cuarenta hombres; esos
-con pocas armas y menos muestra de acometer: pero convidados del
-aparejo, y ayudados de piedras que los del peñon echaban por la cuesta
-y de alguna gente mas, dieron á los nuestros una carga harto retenida,
-aunque bastante para que todos volviesen las espaldas con mas priesa
-que habian subido, sin que hombre hiciese muestra de resistir, ni la
-gente particular fuese parte para ello; antes los seguian, mostrando
-querellos detener: fueron los moros creciendo, ejecutando, y matando
-hasta cerca del arroyo. Murió D. Juan de Villarroel desalentado, con
-la espada en la cinta, cuchilladas en la cabeza y las manos, segun se
-reparaba: D. Luis Ponce de Leon, nieto de D. Luis Ponce, que herido de
-muerte, y caido le despeñó un su criado por salvalle, y Juan Ronquillo,
-veedor de las compañías de Granada, y un hijo solo del maestre de
-campo Hernando de Oruña, viéndole su padre y todos peleando. Fueron
-los muertos muchos mas que los que los seguian, y algunos ahogados
-con el cansancio; los demás se salvaron, y entre ellos D. Gerónimo
-de Padilla, hijo de Gutierre Lopez de Padilla, que herido y peleando
-hasta que cayó, le sacó arrastrando por los pies un esclavo á quien
-él dió libertad. El marqués, vista la desórden, y que los enemigos
-crecian y venian mejorados, y prolongándose por la loma de la montaña
-á tomarle las espaldas, encaminados á un cerro que le estaba encima,
-envió á D. Alonso de Cárdenas con pocos arcabuceros que pudo recoger;
-hombre suelto y de campo; el cual previno y aseguró el alto. Estaba
-el marqués apeado con la caballería, las lanzas tendidas, guarnecido
-de alguna arcabucería esperando los enemigos, y recogiendo la gente
-que venia rota: pudo esta demostracion y su autoridad refrenar la
-furia de los unos, detener y asegurar los otros, aunque con peligro y
-trabajo. Otro dia al amanecer llegó la retaguardia: serian por todos
-cinco mil y quinientos infantes, y cuatrocientos caballos; compañía
-bastante para mayor empresa, si se hubiera de tener cuenta con solo el
-número. Ordenó solo un escuadron por el temor de la gente que el dia de
-antes habia recibido desgracia, guarnecido á los costados con mangas
-prolongadas de arcabucería. Era el peñon por dos partes sin camino, mas
-por la que se continuaba con la montaña habia salida menos áspera: aquí
-mandó estar caballería y arcabucería apartada, pero cubierta; porque
-vistos no estorbasen la huida. Son los moros cuando se ven encerrados
-impetuosos y animosos para abrirse paso, mas abierto procuran salvarse
-sin tornar el pecho al enemigo, y por esto si á alguna nacion se ha de
-abrir lugar por donde se vayan, es á ellos. Acometiólos con esta órden,
-y duró el combatir con pertinacia hasta la escuridad de la noche, los
-unos animados, los otros indignados del suceso pasado: mandó tocar á
-recoger, y alojó pegado con el fuerte, encomendando la guardia á los
-que llegaron holgados. Puso la noche á los enemigos delante de los
-ojos el peligro, el robo, la cautividad, la muerte; trájoles el miedo,
-confusion y discordia, como en ánimos apretados que tienen tiempo
-para discurrir: unos querian defenderse, otros rendirse, otros huir;
-al fin salió la mayor parte de la gente forastera y monfíes con los
-capitanes Giron y el Zamar, sacando las mujeres y niños que pudieron,
-y quedó todavía número de gente de los naturales; y aunque flacamente
-reparada, si tuvieran esfuerzo y cabezas, con el favor de lo pasado y
-el aparejo del sitio solas mujeres bastaban á defenderse. Hicieron al
-principio resistencia, ó que el desdeño de verse desamparados, ó la ira
-los encendiese; pero apretados enflaquecieron, y dando lugar fueron
-entrados por fuerza: no se perdonó con órden del marqués á persona ni á
-edad: el robo fue grande, y mayor la muerte, especialmente de mujeres;
-no faltó ambicion que se ofreciese á solicitalla, como cargo de mayor
-importancia. Escapó Giron; fue preso y herido de un arcabucero por el
-muslo el Zamar por salvar una hija suya doncella que no podia con el
-trabajo del camino; y llevado á Granada le mandó atenazar el conde de
-Tendilla, que hizo calificada la victoria.
-
-Tomado el fuerte de las Guajaras envió el marqués el campo con el conde
-de Santistévan, que le esperase en Velez de Benabdalá; y fue á visitar
-á Almuñecar, Salobreña, Motril, lugares á la marina guardados contra
-los cosarios de Berbería, y quedó por entonces asegurada aquella tierra
-hasta Ronda. Puso en el oficio de D. Juan de Villarroel á D. Francisco
-de Mendoza su hijo; nombró veedores y otros oficiales de hacienda,
-sin que el gobierno del campo no podia pasar. Pero no dejaron perder
-sus émulos aquella ocasion de calumniarle, diciendo: ser él mismo
-quien proveía, libraba, pagaba, repartia las contribuciones, presas, y
-depósitos; pues sus hijos y criados lo hacian: cosa que los capitanes
-generales suelen y deben huir. Pero la necesidad y la salida del
-negocio mostró haber sido mas provechoso consejo para la hacienda del
-rey en lo poco que se gastó con mucha gente y en mucho tiempo. Llegado
-á Velez tornó á Orgiba, dióse á recibir gentes y pueblos que se venian
-á rendir: entregaban las armas los que habitaban por toda la Alpujarra
-y rio de Almería, y los que en las montañas andaban alzados rendíanse
-á merced del rey sin condicion: traían mujeres, hijos, y haciendas;
-comenzaban á poblar sus casas, ofrecíanse á ir con ellas á morar, como
-y donde los enviasen; y si en la tierra los quisiesen dejar, mantener
-guardia para defension y seguridad de ella, solamente que se les diesen
-las vidas y libertad; pero aun estas dos condiciones no les admitió.
-No por eso dejaban de venirse; dábales salvaguardia con que vivian
-pacíficos, aunque no del todo asegurados; y hallando el campo lleno
-de esclavos y cristianos libertados que comian la vitualla, depositó
-quinientas moriscas en poder de sus padres, hermanos y maridos, y
-sobre sus palabras las recibieron en Ujijar: y dende á poco envió
-con alguaciles por ellas para volvellas á sus dueños, que sin faltar
-personas las tornaron: cosa no vista en otro tiempo ó fuese el miedo
-y la obediencia, ó fuese que restituían las mujeres de que hallan
-abundancia en toda parte, y por esto son estimadas como alhaja; y los
-hijos donde se los criasen; descargándose de bocas inútiles y embarazo
-cojijoso; y aquí hizo particulares justicias de muchos culpados.
-
-Discurrian los soldados de veinte en veinte sin daño; dábanse á
-descubrir personas y ropa escondida por la montaña; combatian cuevas
-donde habia moriscos alzados: todo era esclavos, despojos, riquezas.
-No eran por entonces tantas las desórdenes que los moriscos no las
-pudiesen sufrir, ni tantos los autores que no pudiesen ser castigados;
-pero fuéronse los unos con la ganancia, vinieron otros nuevos
-codiciosos que mudaban el estado de paz en desasosiego, y de obediencia
-en desconfianza. Vióse un tiempo en el cual los enemigos (ó estuviesen
-rendidos, ó sobresanados) pudieran con facilidad y poca costa ser
-oprimidos, y venirse al término que despues se vino de castigo, de
-opresion, ó de destierro; ó sacándolos á morar en Castilla, poblar la
-tierra de nuevos habitadores, sin pérdida de tanto tiempo, gente, y
-dineros, sin hambre, sin enfermedad, sin violencia de vasallos. No son
-los hombres jueces de los pensamientos y motivos de los reyes; pero
-mucho puede en el ánimo de un príncipe ofendido por caso de rebelion
-ó desacato, la relacion aunque interesada ó apasionada que le inclina
-á rigor y venganza; porque cualquier tiempo que se dilata, aunque sea
-para mayor oportunidad, le parece estorbo.
-
-En esto la gente de Granada, libre del miedo y de la necesidad, tornó
-á la pasion acostumbrada: enviaban al rey personas de su ayuntamiento;
-pedian nuevo general; nombraban al marqués de Velez, engrandeciendo
-su valor, consejo, paciencia de trabajos, reputacion: partes que
-aunque concurriesen en él, la mudanza de voluntades, y los mismos
-oficios hechos en su perjuicio, dende á pocos dias que entonces en
-su favor, mostraban no haberse movido los autores con fin de loallas
-porque fuesen tales. Calumniaban al de Mondejar que permitia mucho
-á sus oficiales; que no se guardaban las vituallas; que los ganados
-pudiendo seguir el campo se llevaban á Granada; que no se ponia cobro
-en los quintos y hacienda del rey; que teniendo presidente cabeza
-en los negocios de justicia, tantas personas graves y de consejo en
-la chancillería, un ayuntamiento de ciudad, un corregidor solícito,
-tantos hombres prudentes; no solamente no les comunicaba las ocasiones
-en general, pero de los sucesos no les daba parte por escrito, ni
-de palabra; antes indignado por competencias de jurisdicciones,
-preeminencias de asientos ó manera de mandar, sabian de otros antes
-la causa porque se les mandaba, que recibiesen el mandamiento. Loaban
-la diligencia del presidente en descubrir los tratados, los consejos,
-los pensamientos de los enemigos; entretener la gente de la ciudad;
-exhortar á los señores del reino que tomasen las armas, en particular
-al marqués de Velez, y otras demostraciones que atribuidas al servicio
-del rey eran juzgadas por honestas, y á su particular por tolerables:
-empresas de reputacion y autoridad, no desdeñando, ni ofendiéndola; y
-que en fin como quiera eran de suyo provechosas al beneficio público:
-que la guerra no estaba acabada, pues los enemigos aun quedaban en pie;
-que las armas entregadas eran inútiles y viejas: mostrábanse indignados
-y rebeldes, resueltos á no mandarse por el marqués. Los alcaldes
-(oficio usado á seguir el rigor de la justicia y aun el de la venganza,
-porque cualquiera dilacion ó estorbo tienen por desacato) culpaban
-la tibieza en el castigar; recibir á merced y amparar gente traidora
-á Dios y al rey; las armas en la mano de padre y hijo; oprimida la
-justicia y el gobierno; llena Granada de moros, mal defendida de
-cristianos; muchos soldados y pocos hombres; peligros de enemigos y
-defensores, deshaciendo por un cabo la guerra y criándola por otro.
-Por el contrario los amigos y allegados del marqués y su casa decian:
-que la guerra era libre, los oficiales y soldados concejiles, y esos
-sin sueldo, movidos de su casa por la ganancia; los ganados habidos
-de los enemigos; que por todo se hallaria que la carne y el trigo y
-cebada se aprovechaba de dia en dia; que mal se podian fundar presidios
-para guarda de vitualla con tan poca gente, ni asegurar las espaldas
-sino andando tan pegados con los enemigos, que les mostrasen cada
-hora las cuerdas de los arcabuces y los hierros de las picas; que los
-quintos tenian oficiales del rey en quien se depositaban, y pasaban por
-almonedas; que los oficios eran tan apartados, y los consejos de la
-guerra requerian tanto secreto, que fuera de ella no se acostumbraba
-comunicarlos con personas de otra profesion, aunque mas autoridad
-tuviesen; porque como plática extraña de sus oficios, no sabian en que
-lugar se debia poner el secreto; que tras el publicar venia el yerro, y
-tras el yerro el castigo; y que como el presidente y oidores ó alcaldes
-no le comunicaban los secretos de su acuerdo, así él no comunicaba con
-ellos los de la guerra, ni se vian, ni habia causas porque hubiese
-esta desigualdad, ó fuese autoridad ó superioridad. De lo que tocaba
-al corregidor y la ciudad burlaban, como cosa de concejo y mezcla de
-hombres desigual. Que los que eran para entender la guerra andaban
-en ella y servian ellos ó sus hijos al rey, y obedecian al marqués
-sin pasion. Que los cumplimientos eran parte de buena crianza; y cada
-uno si queria ser mal quisto, podia ser mal criado. Que trayendo tan
-á la continua la lanza en la mano, mal podia desembarazalla para la
-pluma. Que la guerra era acabada, segun las muestras, y el castigo
-se guardaria para la voluntad del rey, y entonces tenian su lugar la
-mano y la indignacion de las justicias; y si decian que sobresanada
-porque estaban los enemigos en pie y armados, lo sobresanado ó acabado,
-lo armado y desarmado es todo uno, cuando los enemigos, ó se rinden,
-ó están de manera que pueden ser oprimidos sin resistencia, como lo
-estaban á la sazon los del reino y la ciudad de Granada. Que de aquello
-servia la gente en el Albaicin y la Vega, la cual como entretenida con
-alojamientos y sin pagas, no podia sino dar pesadumbre y desordenarse;
-ni como poco plática saber la guerra tan de molde que no se les
-pareciese que eran nuevos. Pero la carga de lo uno y de lo otro estaba
-sobre los enemigos, á quien ellos decian que se habia de dar riguroso
-castigo: lo cual aunque se diferia, no se olvidaba; que espantallos
-sin tiempo era perder el fin y las comodidades que se podian sacar de
-ellos; que las personas cuando eran tales siempre serian provechosas,
-especialmente las que sirviesen á su costa, como la del marqués de
-Velez, probada para cualquier gran cargo que estuviese sin dueño.
-
-Mas el marqués, hombre de estrecha y rigurosa disciplina, criado al
-favor de su abuelo y padre en gran oficio, sin igual ni contradictor,
-impaciente de tomar compañía; comunicaba sus consejos consigo mismo, y
-algunos con las personas que tenia cabe sí pláticas en la guerra, que
-eran pocas: de las apariencias, aunque eran comunes á todos, á ninguno
-daba parte; antes ocasion á algunos (especialmente á mozos y vanos),
-de mostrarse quejosos. Tomó la empresa sin dineros, sin municion, sin
-vitualla, con poca gente y esa concejil, mal pagada y por esto no bien
-disciplinada; mantenida del robo, y á trueco de alcanzar ó conservar
-este, mucha libertad, poca vergüenza, y menos honra; excepto los
-particulares que á su costa venian de toda España á servir al rey, y
-eran los primeros á poner las manos en los enemigos. Tuvo siempre por
-principal fin pegarse con ellos; no dejar que se afirmasen en lugar ni
-juntasen cuerpo; acometellos, apretallos, seguillos; no dalles ocasion
-á que le siguiesen, ni mostrarles las espaldas aunque fuese para su
-provecho; recibir los que de ellos viniesen á rendirse; disminuillos y
-desarmallos, y á la fin oprimillos; para que poniéndoles guarniciones
-con un pequeño ejército, pudiese el rey castigar los culpados,
-desterrar los sospechosos, deshabitar el reino, si le pluguiese pasar
-los moradores á otra parte: todo con seguridad y sin costa, antes á la
-de ellos mismos. Hizo muchas veces al rey cierto del término en que las
-cosas se hallaban: y aunque guiando ejércitos no hubiese venido otras
-veces á las manos con los enemigos, todavía con la plática que tenia de
-la manera del guerrear de estos, aprendida de padres y abuelos y otros
-de su linaje que tuvieron continuas guerras con los moros, los trajo á
-tal estado y en tan breve tiempo, como el de un mes; no embargante que
-muchas veces se le escribiese, que procediese con ellos atentamente.
-Puesta la guerra en estos términos, túvola por acabada facilitando lo
-que estaba por hacer; con que se hizo mas odioso, pareciendo á hombres
-ausentes cuerdos y de experiencia, que habia de retoñecer con mayor
-fuerza como el tiempo diese lugar, y las esperanzas de Berbería se
-calentasen, y los castigos y reformaciones comenzasen á ejecutarse: y
-tuvieron por largo el negocio, por ser de montaña contra gente suelta y
-plática de ella, y otras causas, que por nuestra parte se les habian de
-dar.
-
-En este mismo tiempo comenzó á descubrirse la guerra en el rio de
-Almería, con la ida del marqués de Mondejar á las Guajaras y tierra de
-Almuñecar. Ohañez es un lugar puesto entre dos rios en los confines
-de la Alpujarra, marquesado de Zenette, y tierra de Almería: aquí
-se recogieron moros que andaban huidos en la montaña (sobras de
-los rencuentros pasados), convidados de la fortaleza del sitio, y
-persuadidos por el Tahalí, á quien tomaron por capitan. Pusieron mil
-hombres á la guardia del lugar donde habian encerrado sus hijos,
-mujeres y haciendas; sin otro mayor número que defendian la tierra,
-todos determinados á pelear.
-
-Estaba el marqués de Velez en el rio de Almería entretenido con parte
-de la gente del reino de Murcia; y la demás era vuelta, como es
-costumbre, rica de la ganancia: esperaba órden del rey si tornaria á
-la tierra de Cartagena, que confina con el reino de Granada por el rio
-de Mojacar, que los antiguos llamaban Murgis; ampararia la tierra del
-rey, y la suya vecina á la mar; defenderia que los moros del reino de
-Granada no pasasen por aquella parte á desasosegar los del reino de
-Valencia; recelado y cuasi cierto peligro en la primera ocasion de
-pérdida nuestra importante: y convenia (ocupado el marqués de Mondejar
-en las Guajaras) atajar el fuego de las espaldas. No habia en pie armas
-tan cerca como estas, solicitadas por el presidente de Granada, mas
-despues con aprobacion del rey.
-
-Los que igualmente juzgaban lo bueno que lo malo, atribuían á
-pasion esta diligencia, por excluir ó dar compañero al marqués de
-Mondejar; pero las personas libres, á buena provision y en conveniente
-conyuntura. Movióse el marqués de Velez con tres mil infantes y
-trescientos caballos contra los enemigos, que le esperaban á la subida
-de la montaña en un paso áspero y dificultoso: combatiólos y rompiólos
-no sin dificultad; donde se mostró por su persona buen caballero. Mas
-los enemigos recogiéndose á Ohañez estuvieron á la defensa. Acometiólos
-con pocas armas, y rompiólos segunda vez; murieron cuasi doscientos
-hombres con Tahalí su capitan, y en la entrada muchas mujeres; de los
-nuestros algunos: salváronse de los moros por las espaldas del lugar
-la mayor parte que estaba á la defensa sin ser seguidos; y pudieran,
-si algun capitan plático los gobernara, hacer daño á los nuestros
-embebecidos y cargados con el saco. Fue grande la importancia del hecho
-por la ocasion. Á las gradas de la iglesia halló el marqués cortadas
-veinte cabezas de doncellas, los cabellos tendidos, puestas por órden,
-que los de aquella tierra cuando el rio de Almería se rebeló, en una
-junta que tuvieron en Guecija, prometieron sacrificar juntamente con
-veinte sacerdotes adoradores de los ídolos (que tal nombre dan á las
-imágenes); porque Dios y su profeta Mahoma los ayudase. Poco antes
-que el marqués entrase habian degollado las doncellas: los sacerdotes
-hicieron mayor defensa; mas con quemar veinte frailes ahogados en
-aceite hirviendo, pagaron el voto en la misma Guecija. ¡Cruel y
-abominable religion, aplacar á Dios con vida y sangre inocente; pero
-usada dende los tiempos antiguos en África, traida de Tiro, introducida
-en la ciudad de Cartago por Dido su fundadora: tan guardada hasta
-nuestros tiempos entre los moradores de aquella region, que es fama
-que en la gran empresa que el emperador D. Cárlos, vencedor de muchas
-gentes, hizo contra Barbarroja, tirano de Túnez, sacrificaron los moros
-del cabo de Cartago cinco niños cristianos al tiempo que descubrieron
-nuestra armada, á reverencia de cinco lugares que tienen en el alcoran,
-donde se inclinan porque Dios los ampare y defienda en los peligros! El
-marqués, habido este suceso en su favor, se recogió con la gente que
-con él quiso quedar en Terque, lugar del rio de Almería, corriendo por
-la tierra.
-
-Las cosas de Granada estaban en el estado que tengo dicho. El rey habia
-enviado á D. Antonio de Luna, hijo de D. Álvaro de Luna, y á D. Juan
-de Mendoza, hombres de gran linaje, pláticos en la guerra, que habian
-tenido cargos, y dado buena cuenta de ellos, para que asistiesen con el
-conde de Tendilla como consejeros, estando á la órden que él les diese
-en ausencia del marqués su padre; avisando al conde de la provision
-con palabras blandas y comedidas; para que con ellos pudiese descargar
-parte del trabajo. Puso el conde á D. Juan dentro en la ciudad con la
-infantería cuyas armas habia profesado; y á D. Antonio á la guarda de
-la Vega con doscientos caballos y parte tambien de la infantería.
-
-Llegado el marqués de Mondejar á Orgiba continuando su propósito,
-ocupóse en recibir pueblos y gente, que sin condicion venian á
-rendirse con las armas; y en perseguir las sobras del campo de Aben
-Humeya, su persona, parientes y allegados, que eran muchos, y con
-él andaban huidos por las montañas. Estaba aun Valor, el alto, por
-rendirse, pero sosegado; adonde tuvo aviso que Aben Humeya se recogia
-con treinta hombres en las casas de su padre, y en Mecina su tio
-Aben Jauhar. Envió dos compañías de infantería que no los hallando
-se tornaron con haber saqueado á Valor y Mecina, mas á los de Mecina
-que estaban con salvaguardia, mandó volver la ropa y cautivos dende
-á poco. Fue tambien avisado que en el mismo lugar se escondia Aben
-Humeya con ocho personas, y envió dos escuadras con sendos adalides
-pláticos de la tierra con órden que vivo ó muerto le hubiesen á las
-manos. Llaman adalides en lengua castellana á las guias y cabezas de
-gente del campo, que entran á correr tierra de enemigos; y á la gente
-llamaban almogávares: antiguamente fue calificado el cargo de adalides;
-elegíanlos sus almogávares; saludábanlos por su nombre levantándolos
-en alto de pies en un escudo: por el rastro conocen las pisadas de
-cualquiera fiera ó persona, y con tanta presteza que no se detienen
-á conjeturar; resolviendo por señales, á juicio de quien las mira
-livianas, mas al suyo tan ciertas, que cuando han encontrado con lo que
-buscan, parece maravilla ó envahimiento. No hallaron en Valor, el alto,
-rastro de Aben Humeya, pero en el bajo oyeron chasquido de jugar á la
-ballesta, músicas, canto y regocijo de tanta gente, que no la osando
-acometer se tornaron á dar aviso. Envió dos capitanes, Antonio de
-Ávila y Álvaro de Flores, con trescientos arcabuceros escogidos entre
-la gente que á la sazon habia quedado, que era poca, porque con la
-ganancia de los Guajaras, y con tener por acabada la guerra se habian
-ido á sus casas, hombres levantados sin pagas, sin el son de la caja,
-concejiles; que tienen el robo por sueldo, y la codicia por superior.
-Fueron con estos trescientos, otros mas de quinientos aventureros y
-mochileros á hurto, sin que guarda ó diligencia pudiese estorballo.
-Llevaron los capitanes órden de palabra, que tomasen y atajasen los
-caminos, cercasen el lugar, y sin que la gente entrase dentro, llamasen
-los regidores y principales; requiriésenlos que entregasen Aben Humeya
-que se llamaba rey; y en caso que se excusasen, con personas deputadas
-por ellos mismos y por los capitanes, le buscasen por las casas; y no
-pareciendo trajesen los regidores presos ante el marqués, sin hacer
-otro daño en el lugar. Partiendo con esta resolucion, y antes que
-llegasen á Valor, donde se descubre la punta de Castil de Ferro, los
-alcanzó Ampuero, capitan de campaña, y les dió la misma órden por
-escrito; añadiendo que si gente de salvaguardia ó de Valor, el alto,
-la hallasen en el bajo, la dejasen estar. Mas Antonio de Ávila, que ya
-traía consigo la mala fortuna, dicen que respondió: _que si en algo se
-excediese de la órden, todo seria dar culpa á los soldados_. Llegando á
-Valor tomaron los caminos; cercaron el lugar: salieron los principales
-á ofrecer favor, diligencia, vituallas; mas los que vinieron al cuartel
-de Antonio de Ávila fueron muertos sin ser oidos. Alteróse el lugar;
-entraron los soldados matando y saqueando; juntáronseles los de Álvaro
-Flores, que para esto eran todos en uno; murieron algunos moriscos, que
-no pudieron defenderse ni huir; fue robada la tierra, y los soldados
-recogieron el robo en la iglesia diciendo los capitanes: que su órden
-era llevar los moriscos presos, y no podian de otra manera cumplir con
-ella. Mas los moriscos visto el daño, hicieron ahumadas á los suyos
-que andaban por la montaña, y á los que cerca estaban escondidos: los
-nuestros al nacer del dia partiendo la presa, en que habia ochocientos
-cautivos y mucha ropa, las bestias y ellos cargados, tomaron el camino
-de Orgiba, los embarazos y presas en medio. Partida la vanguardia,
-mostróse á la retaguardia Abenzaba, capitan de Aben Humeya en aquel
-partido, con trescientos hombres como de paz: requeríalos con la
-salvaguardia; que dejando las personas cautivas llevasen el resto; mas
-viendo cuan poco les aprovechaba comenzaron á picallos y desordenallos,
-hasta que á la cubierta de un viso dieron en la emboscada de doscientos
-hombres, y volviéndose á las mujeres les dijeron: _Damas, no vais con
-tan ruin gente_. Juntamente con estas palabras el Partal, hombre cuerdo
-y valiente, uno de cinco hermanos todos de este nombre que vivian en
-Narila, acometió la retaguardia por el costado; mas los soldados por no
-desamparar la presa hicieron poca resistencia: la vanguardia caminaba
-cuanto podia sin hacer alto ni descargarse de la presa, y todos iban
-ya ahilados; los delanteros por llegar á Orgiba; los postreros por
-juntarse con los delanteros: en fin del todo puestos en rota sin
-osar defenderse ni huir, muertos los capitanes y oficiales, rendidos
-los soldados y degollados: con la presa á cuestas ó en los brazos,
-salváronse entre todos como cuarenta; los demás fueron muertos sin
-recibir á prision; ni perder los enemigos hombre, de quinientos que se
-juntaron. Como sucedió el caso, enviaron á excusarse con el marqués,
-cargando la culpa á los capitanes, y ofreciendo estar á justicia. Mas
-él entendida la desgracia puso en Orgiba mayor guardia, repartió los
-cuarteles á la caballería como quien esperaba los enemigos: llegó
-el mismo dia el aviso á Granada; y el conde Tendilla despachó á D.
-Antonio de Luna con mil infantes y cien caballos, y órden que llegado á
-Lanjaron hasta donde era el peligro, dejando la gente en lugar seguro
-y el gobierno al sarjento mayor, tornase á Granada. Llegaron á Orgiba
-dentro el tercero dia que el caso aconteció; reforzó las guardias en el
-Alhambra, en la ciudad y la Vega; porque los moriscos favorecidos con
-este suceso no intentasen novedad.
-
-Habia escrito el rey al marqués, que temporizase con los enemigos no se
-poniendo en ocasion de peligro; temeroso de nuestra gente por ser toda
-número, excepto los particulares. Representábansele los inconvenientes
-que en una desgracia pueden suceder; acabarse de levantar el reino,
-venir los de Berbería en ocasion que las armas del gran turco se
-comenzaban á mostrar en Levante; incierto donde pararia tan gran
-armada, aunque se veía que amenazase á Cipro. Parecíanle las fuerzas
-del marqués pocas para mantener lo de dentro y fuera de Granada;
-tenia lo pasado mas por correrías, escaramuzas y progresos de gente
-desarmada, que por guerra cumplida. El general calumniado en la ciudad,
-que le tenia de hacer espaldas; de donde habia de salir el nervio de
-la guerra; la voluntad de algunas ciudades y señores en Andalucía no
-muy conformes con la suya; los soldados descontentos; y no faltaban
-pretensiones de personas que andaban cerca de los príncipes, ó á las
-orejas de quien anda cerca de ellos. Pareció por entonces consejo de
-necesidad suspender las armas, y tanto mas cuando llegó la nueva de
-la desgracia acontecida en Valor. Escribióse al marqués resolutamente
-que no hiciese movimiento; y porque la autoridad que tenia en aquella
-tierra era grande, y la costumbre de mandar muy arraigada de padre y
-abuelo, y parecia que en reino extendido y tierra doblada no podia dar
-cobro á tantas partes, como la experiencia lo mostraba, porque estando
-en Orgiba, se levantaron las Guajaras, y yendo á las Guajaras, Obañez;
-acordó dividir la empresa dando al marqués de Velez cargo de los rios
-de Almería y Almanzora, tierra de Baza y Guadix, y al de Mondejar el
-resto del reino de Granada; enviar á ella por superior de todo á su
-hermano D. Juan de Austria; por ventura resoluto á descomponer al uno
-y al otro, y cierto de que ninguno de ellos se tenia por agraviado:
-pues con la autoridad y nombre de su hermano cesaban todos los oficios;
-los pueblos se mandarian con mayor facilidad; contribuirian todos mas
-contentos; servirian mas listos teniendo cerca del rey á su hermano
-por testigo; los soldados un general que los gratificase y adelantase;
-la eleccion daria mayor sonido entre naciones apartadas, suspenderia
-los ánimos de los bárbaros, quitaríales la avilanteza de armar,
-imposibilitaríalos de hacer el socorro formado como empresa difícil y
-sin efecto; ocuparia á D. Juan en hechos de tierra, como lo estaba en
-los de mar; haríale plático en lo uno y en lo otro: mozo despierto,
-deseoso de emplear y acreditar su persona, á quien despertaba la gloria
-del padre y la virtud del hermano. Decíase tambien que en esta empresa
-el rey deseaba ver el ánimo del marqués de Mondejar inclinado á mayores
-demostraciones de rigor, por la venganza del desacato divino y humano,
-por la rebelion, por el ejemplo de otros pueblos. Encendian esta
-opinion relaciones y pareceres de personas, que cualquiera cosa donde
-no ponen las manos les parece fácil, sin medir tiempo ni posibilidad,
-presente ó porvenir, y de otras apasionadas; no sin artificio y
-entendimiento de unas con otras. Mas los príncipes toman lo que les
-conviene de las relaciones, dejando la pasion para su dueño.
-
-Estando las cosas en tales términos, con el suceso de Valor tomaron
-los enemigos ánimo para descubrirse, y Aben Humeya entró con mayor
-autoridad y diligencia en el gobierno; no como cabeza de pueblos
-rogados ó gente esparcida sin órden, sino como rey y señor. Siguió
-nuestra órden de guerra; repartió la gente por escuadras, juntóla en
-compañías; nombró capitanes; mandó que aquellos y no otros arbolasen
-banderas; púsolos debajo de coroneles, y cada partido que estuviese al
-gobierno de uno que dicen alcaide (tahas llaman ellos á los partidos
-de tahar, que en su lengua quiere decir sujetarse): este mandaba lo de
-la guerra; nombre entre ellos usado dende tiempos antiguos, y puesto
-por nosotros á los que tienen fortalezas en guarda. Para seguridad
-de su persona pagó arcabucería de guardia, que fue creciendo hasta
-cuatrocientos hombres; levantó un estandarte bermejo, que mostraba el
-lugar de la persona del rey á manera de guion.
-
-Del principio de esta ceremonia en los reyes de Granada, olvidada por
-haber pasado el reino á los de Castilla, diremos ahora. Muerto Abenhut
-que tenia á Almería por cabeza del reino, tomaron (como dijimos) por
-rey en Granada á Mahamet Alhamar, que quiere decir el Bermejo. Cuando
-el Santo rey D. Fernando el III vino sobre Sevilla, hallóse con mucha
-caballería este Mahamet á servir en aquella empresa, por haberle
-ayudado el rey D. Fernando á tomar el reino: parecióle autoridad el
-uso de guion, agradecimiento y honra poner en él la color y banda, que
-traen los reyes de Castilla. Armóle caballero el rey el dia que entró
-en Sevilla; dióle el estandarte por armas para él y los que fuesen
-reyes en Granada; la banda de oro en campo rojo con dos cabezas de
-sierpes á los cabos, segun la traen en su guion los reyes de Castilla;
-añadió él las letras azules que dicen: _no hay otro vencedor sino
-Dios_: por timbre tomó dos leones coronados que sobre las cabezas
-sostienen el escudo; traen el timbre debajo de las armas, como nosotros
-encima; porque así escriben y muestran los sitios, y cuentan las partes
-del cielo y la tierra, al contrario de nosotros. Mas las armas antiguas
-de los reyes de la Andalucía eran una llave azul en campo de plata;
-fundándose en ciertas palabras del alcoran, y dando á entender que con
-la destreza y el hierro abrieron por Gibraltar la puerta á la conquista
-de poniente; y de allí llaman á Gibraltar por otro nombre, el monte
-de la Llave. Hoy duran sobre la principal puerta de la Alhambra estas
-armas con letras, que declaran la causa y el autor del castillo.
-
-Hacia con los suyos Aben Humeya su residencia en los lugares de Valor
-y Poqueira, y en los que están en lo áspero de la Alpujarra; comiendo
-la vitualla que tenian encerrada y la que hallaban sin dueño, con
-mayor abundancia y á mas bajos precios que nosotros. Las rentas que
-para mantenimiento del reino le señalaron fueron el diezmo de los
-frutos y el quinto de las presas, y mas lo que tiránicamente quitaba
-á sus súbditos. De esta manera se detuvieron, el marqués de Mondejar
-rehaciéndose de gente en Orgiba, incierto en que pararia la suspension
-del rey; y Aben Humeya gozando del tiempo, cobrando fuerzas, esperando
-el socorro de Berbería para mantener la guerra, ó navíos en que pasarse
-y desamparar la tierra.
-
-Estando las armas en este silencio; porque el bullicio no cesase en
-alguna parte, sucedió en Granada un caso aunque liviano, que por
-ser en ocasion y no pensado escandalizó. Habia en la cárcel de la
-chancillería hasta ciento y cincuenta moriscos presos; parte por
-seguridad (que eran escandalosos), parte por delitos ó sospecha de
-ellos; todos como de los mas ricos y acreditados en la ciudad, así de
-los mas inhábiles para las armas; gente dada á trato y regalo. Contra
-estos se levantó voz á media noche estando los hombres en sosiego, que
-procuraban quebrantar las prisiones, matar las guardias, salir de las
-cárceles, y juntos con los moros de la Vega y Alpujarra levantar el
-Albaicin, degollar los cristianos, escalar el Alhambra, y apoderarse
-de Granada; empresa difícil para sueltos y muchos y experimentados,
-aunque con menos recatamiento se estuviera. Mas no dejó de tener este
-movimiento algunas causas; porque hubo informacion que lo trataban;
-y deposiciones de testigos, que en ánimos sospechosos lo imposible
-hacen parecer fácil. Acrecentaron la sospecha algunas escalas, aunque
-de esparto, anchas y fuertes, fabricadas para escalar muralla, que el
-conde halló en cierta cueva al cerro de Santa Elena; pertrecho que
-los moros guardaban para entrar en el Alhambra la noche que vinieron
-al Albaicin, como está dicho. Alborotado el pueblo, corrió á las
-cárceles con autoridad de justicia, acriminando los ministros el caso y
-acrecentando la indignacion: mataron cuasi todos los moriscos presos,
-puesto que algunos hiciesen defensa con las armas que hallaban á mano,
-como piedras, vasos, madera, poniendo tiempo entre la ira del pueblo
-y su muerte. Habia en ellos culpados en pláticas y demostraciones, y
-todos en deseo; gente flaca, liviana, inhábil para todo, sino para dar
-ocasion á su desventura.
-
-No dejaban los moros en todo tiempo de procurar algun lugar de nombre
-en la costa para dar reputacion á su empresa, y acoger armada de
-Berbería; pero su principal intento se encaminaba á tomar á Almería,
-ciudad asentada en sitio mas á propósito que Málaga, y despues de ella
-la mas importante; habitada de moriscos y cristianos viejos, cerca de
-los puertos de cabo de Gata, y de abundancia de carne, pan, aceite,
-frutas; puesta á la entrada de muchos valles que unos llevan á la parte
-del maestral á Granada, y otros á la del griego al rio de Almanzora y
-tierra de Baza; al levante la de Cartagena, y al poniente Almuñecar y
-Velez Málaga. En tiempo de romanos y godos fue (como ahora) cabeza de
-provincia llamada Virgi; y en el de los moros, de reino, despues que
-fueron echados de Córdoba. Pobláronla los de Tiro que vinieron á Cádiz,
-poco apartada de la mar; los moros por la comodidad del agua pasaron
-la poblacion adonde ahora está. Destruyóla el emperador de España D.
-Alonso el VII, trayendo á sueldo el conde de Barcelona, con sesenta
-galeras y ciento y sesenta y tres navíos de genoveses con Balduino y
-Ansaldo de Oria, generales de la armada; á quien el rey dió por cuenta
-de sus sueldos el vaso verde que hoy muestran en San Juan, y dicen ser
-esmeralda: y puédese creer sin maravilla, vista la grandeza de los que
-comienzan á venir del Nuevo Mundo, y la que refieren algunos antiguos
-escritores. Esto tratan nuestras historias; aunque las de genoveses
-refieren haberle tomado en la conquista de Cesarea en Asia, siendo
-su capitan Guillelmo que llamaban Cabeza de Martillo: quede la fe de
-esto al arbitrio de los que leen. Tornó á restaurar la ciudad Abenhut.
-Cerca del nombre, aprendí de los moros naturales, que por la fábrica
-de espejos de que habia gran trato, la llamaron Almería; tierra de
-espejos quiere decir, porque al espejo llaman meri. Dicen los moros
-valencianos, que por espejo del reino le pusieron este nombre. Las
-historias arábigas, que en gran parte son fabulosas, cuentan que en lo
-mas alto habia un espejo semejante al que se finge de la Coruña, en
-que se descubrian las armadas. La memoria de los antiguos antes de los
-moros es, que habia atalaya, á que los latinos llamaban _specula_, como
-en la misma Coruña, para encaminar y mostrar los navíos que venian á
-la costa, y de allí le dieron el nombre. Pero el autor que yo sigo, y
-entre los arábigos tiene mas crédito, dice que cuando los moros ganada
-España se quisieron volver á sus casas, para detenellos, les dieron
-á poblar á cada uno la tierra que mas parecia á la suya; y á estas
-provincias llamaron Coras, que quiere decir tanto, como la redondez
-de la tierra que descubre la vista: horizonte la podrian llamar los
-curiosos de vocablos. Los de Almería[49], ciudad populosa en la
-provincia de Frigia, donde fue cabeza la gran Troya, escogieron á Virgi
-por habitacion; porque les pareció semejante á su ciudad, y le dieron
-su nombre, como dijimos que los de Damasco dieron el suyo á Granada.
-Fue Almería la de Asia destruida por el emperador Constancio, en tiempo
-de Mauhía IV, sucesor de Mahoma. Pues viendo el rey que los moros
-insistian tanto en la empresa de Almería, y si la ocupasen seria tener
-la puerta del reino, y fundar en ella nombre y cabeza segun la tuvieron
-en otros tiempos; aunque por D. García de Villarroel se guardase con
-bastante diligencia, quiso guardarla con mas autoridad. Mandó que por
-entonces tuviese el cargo con mayor número de gente D. Francisco de
-Córdoba que vivia retirado en su casa: hombre plático en la guerra
-contra los moros, y que habia seguido al emperador en algunas; criado
-debajo del amaestramiento de dos grandes capitanes, uno D. Martin de
-Córdoba, su padre, conde de Alcaudete; otro D. Bernardino de Mendoza
-su tio. Estando en Almería D. Francisco, llegó Gil de Andrada con las
-galeras de su cargo y otras con que guardaba la costa; y teniendo ambos
-aviso que en la sierra de Gador se recogia gran número de moros con
-sus mujeres y hijos, (sobras de gente corrida por los marqueses de
-Mondejar y Velez), acompañados de treinta turcos, temiendo que juntos
-con otros le desasosegasen á Almería; juntó gente de la tierra, de
-la guardia de ella, y de las galeras hasta setecientos arcabuceros y
-cuarenta caballos; fue sobre ellos, que estaban fuertes, y á su pesar
-defendidos con algun reparo de manos y aspereza del lugar: á la tierra
-llaman Alcudia, y al pueblo Inox, pocas leguas de Almería. Estuvo
-detenido cuasi cuatro dias (por ser malo el tiempo en fin de enero),
-al pie de la montaña, y cuasi desconfiado de la empresa: resolvióse á
-combatillos por dos partes, aunque era difícil la subida; hicieron la
-defensa que pudieron con piedras y gorguces, porque en tanto número
-como mil y quinientos hombres habia solos cuarenta arcabuceros y
-ballesteros: fueron rotos, murieron muchos, y con mas pertinacia que
-los de otras partes; porque hasta las mujeres meneaban las armas: hubo
-cautivos cuasi dos mil personas; saliéronse los moros y entre ellos
-el capitan llamado Corcuz de Dalias, para caer despues en las manos
-de los nuestros cerca de Vera, y morir en Adra sacados los ojos, con
-un cencerro al cuello, entregado á los muchachos, por los daños que
-siendo cosario habia hecho en aquella costa. Tornó D. Francisco la
-gente á Almería rica y contenta: dividió la presa entre los soldados;
-proveyó de esclavos las galeras; mas dende á pocos dias entendiendo
-como el marqués de Velez venia por general de toda aquella provincia,
-y pareciéndole que bastaba para la ciudad un solo defensor, pidió
-licencia y habida del rey tornó á su casa.
-
- [49] Amorío la llama en su geografía Ptolomeo, lib. V, c. 2.
-
-Crecia la libertad por todo y la permision de los ministros, unos
-mostrando contentarse, otros no castigando: hombres á quien las
-desórdenes de nuestros soldados parecian venganzas, otros á quien
-no pesaba que creciesen estas, y se diese ocasion á que el resto de
-los moriscos que estaba pacífico tomase las armas. Juntábanseles los
-ministros de justicia, pertinaces de su opinion, impacientes de esperar
-tiempo para el castigo, poco pláticos de temporizar hasta la ocasion;
-el interés de los que desean acrecentar los inconvenientes, la avaricia
-de los soldados, y por ventura la indignacion del príncipe, la voz del
-pueblo, y quien sabe si la de Dios, para que el castigo fuese general,
-como habia sido la ofensa.
-
-Estaba por rebelar la Vega de Granada, de donde y de la tierra á la
-redonda cada dia se pasaba gente y lugares enteros á los enemigos,
-excusándose con que no podian sufrir los robos de personas y haciendas,
-las fuerzas de hijas y mujeres, los cautiverios, las muertes. Estaba
-sosegada la serranía y el habaral de Bonda, la hoya y jarquia de
-Málaga, la sierra de Bentomiz, el rio de Bolodui, la hoya y tierra de
-Baza, Guescar, el rio de Almanzora, la sierra de Filabres, el Albaicin
-y barrios de Granada poblados de moriscos. Habia levantados algunos
-lugares en tierra de Almuñecar, el Val de Leclin, el Alpujarra, tierra
-de Guadix, marquesado de Zenette, rio de Almería, que en esto se
-encierra todo el reino de Granada poblado de moriscos. Mas Aben Humeya
-no perdia ocasion de solicitallos por medio de personas, que tenian
-entre ellos autoridad, ó deudos de las mujeres con quien se habian
-casado: usaba de blandura general; queria ser tenido por cabeza, y
-no por rey: la crueldad, la codicia cubierta engañó á muchos en los
-principios; pero no á su tio Aben Jauhar, que dejando parte del dinero
-y riquezas en poder del sobrino, llevando lo mejor consigo, resoluto de
-huir á Berbería, mostró ir á solicitar el levantamiento de la sierra de
-Bentomiz: vino á Portugos, donde murió de dolor de la hijada, viejo,
-descontento y arrepentido. Mostró Aben Humeya descontentamiento, mas
-por haberle la enfermedad quitado el cuchillo de las manos, que por la
-falta del tio: tomóle los dineros y hacienda con ocasion de entregarse
-de mucha, que habia entrado en su poder de diezmos y quintos. Tal fue
-la fin de don Fernando el zaguer Aben Jauhar, cabeza del levantamiento
-en la Alpujarra, inventor del nombre de rey entre los moros de Granada;
-poderoso para hacer señor á quien le quitó la hacienda y fue causa de
-su muerte: tal el desagradecimiento de Aben Humeya contra su sangre,
-que le habia dado señorío y título de rey, pudiéndolo tomar para sí.
-Mas así á los príncipes verdaderos como á los tiranos son agradables
-los servicios, en cuanto parece que se pueden pagar; pero cuando pasan
-muy adelante, dase aborrecimiento en lugar de merced.
-
-Acabó de resolverse el rey en la venida de su hermano á Granada, para
-emplealle en empresa que puesto que de suyo fuese menuda, era de
-muchos cabos peligrosa, por la vecindad de Berbería; y queriéndose
-llevar por violencia, larga: por ser guerra de montaña, en ocasion
-que el rey de Argel estaba armado, y la armada del gran turco junta
-contra venecianos. Hizo dos provisiones; una en D. Luis de Requesens
-que estaba por embajador en Roma, teniente de D. Juan de Austria en
-la mar, para que con las galeras de su cargo que habia en Italia, y
-trayendo las banderas del reino de que D. Pedro de Padilla era maestro
-de campo, viniese á hacer espaldas á la empresa, poniendo la gente en
-tierra, donde á D. Juan pareciese que podia aprovechar; y juntando
-con sus galeras las de España, cuyo capitan era D. Sancho de Leiva,
-hijo de Sancho Martinez de Leiva, estorbase el socorro que podia venir
-de Berbería á los enemigos; proveyese de vitualla y municiones las
-plazas del reino de Granada que están á la costa, y al ejército cuando
-estuviese en parte á propósito. Otra provision (resoluto de hacer la
-guerra con mayores fuerzas) fue mandar al marqués de Mondejar que
-estaba en Orgiba para salir en campo, que dejando en su lugar á D.
-Antonio de Luna ó á D. Juan de Mendoza, cual de ellos le pareciese, con
-expresa órden que no innovasen ni hiciesen la guerra, viniese á Granada
-para recibir á D. Juan y asistir con él en consejo, juntamente con los
-que hubiesen de tratar los negocios de paz y guerra, no dejando el uso
-de su oficio, como capitan general de la gente ordinaria del reino de
-Granada: ó si mejor le pareciese, quedase en Orgiba á hacer la guerra,
-guardando en todo la órden que D. Juan de Austria su hermano le diese,
-á quien enviaba por cabeza y señor de la empresa. Pareció al marqués
-escoger la asistencia en consejo; ó porque con la plática de la guerra
-pasada, con el conocimiento de la tierra y gente, y con el ejercicio
-de aquella manera de milicia en que se habia criado (aunque en todo
-diferente de la ordinaria), esperaba que el crédito y el gobierno
-pararia en su parecer, y la ejecucion en su mano; ó temiendo quedar
-debajo de mano ajena, y ser mal proveido, mandado y á veces calumniado
-ó reprendido como ausente, dejó á D. Juan de Mendoza contento, regalado
-y honrado en Orgiba; por ser hombre plático, mas desocupado, de su
-nombre, y con cuyos deudos tenia antigua amistad (aunque algunos creen
-que en ello no hizo su provecho); y vino á Granada. Salido de Orgiba,
-estuvo aquella frontera sosegada, sin hacer ni recibir daño de los
-enemigos; discurriendo ellos á una y otra parte con libertad.
-
-Llegó D. Juan de Austria trayendo consigo á Luis Quijada (plático en
-gobernar infantería, cuyo cargo habia tenido en tiempo del emperador),
-hombre de gran autoridad, por voluntad del rey, que le remitió la suma
-de todo lo que tocaba al gobierno de la persona y consejo del hermano;
-y por la crianza que habia hecho en él por mandado del emperador. Fue
-recibido D. Juan con grandes demostraciones y confianza, sin dejar
-ninguna manera de ceremonia excepto las ordinarias que se suelen hacer
-á los reyes; y aun la lisonja (que su verdad está en las palabras) se
-extendió á llamarle alteza, no embargante que hubiese órden expresa
-del rey, para que sus ministros y consejeros le llamasen excelencia,
-y él no se consintiese llamar de sus criados otro título. Posó en las
-casas de la audiencia por estar en medio de la ciudad; casas de mala
-ventura las llamaban en su tiempo los moros, y así de ellas salió su
-perdicion. Llegó dende á pocos dias Gonzalo Hernandez de Córdoba,
-duque de Sesa, nieto del Gran Capitan, que despues de haber dejado el
-gobierno del estado de Milan, conformando mas su voluntad con la de sus
-émulos que con la del rey, vivia en su casa libre de negocios aunque
-no de pretensiones: fue llamado para consejo, y uno de los ministros
-de esta empresa, como quien habia dado buena cuenta de las que en
-Lombardía tuvo á su cargo. Lo primero que se trató fue procurar que se
-asegurase Granada contra el peligro de los enemigos declarados fuera, y
-sospechosos dentro; visitar la gente que estaba alojada en el Albaicin
-y otras partes, por la ciudad y la Vega, y en frontera contra los
-enemigos; repartir y mudar las guardias al parecer con mas curiosidad
-que necesidad de los muros adentro; y aun quedó muchos meses de parte
-del realejo sin guardia á discrecion de pocos enemigos. En el campo
-andaban solas dos cuadrillas, ningunos atajadores por la tierra; que
-daba avilanteza á los contrarios de inquietar la ciudad, y á nosotros
-causa de correr las calles á un cabo y á otro, y algunas veces salir
-desalumbrados, inciertos del camino que llevaban. Atajadores llaman
-entre gente del campo hombres de á pie y de á caballo, diputados á
-rodear la tierra, para ver si han entrado enemigos en ella ó salido.
-Era excusable esta manera de defensa por ser aventurera la gente,
-muchas banderas de poco número, mantenidas sin pagas con solos
-alojamientos; la ciudad grande, continuada con la montaña; los pasos
-como pocos y ciertos en tiempo de nieve, así muchos y inciertos estando
-desnevada la sierra; un ejército en Orgiba, que los moros habian de
-dejar á las espaldas viniendo á Granada, aunque lejos.
-
-El propósito requiere tratar brevemente del asiento de Granada por
-clareza de lo que se escribe. Es puesta parte en monte, y parte en
-llano: el llano se extiende por un cabo y otro de un pequeño rio que
-llaman Darro, que la divide por medio; nace en la sierra Nevada poco
-lejos de las fuentes de Genil, pero no en lo nevado; de aire y agua
-tan saludable, que los enfermos salen á repararse, y los moros venian
-de Berbería á tomar salud en su ribera, donde se coge oro; y entre los
-viejos hay fama, que el rey de España D. Rodrigo tenia riquísimas minas
-debajo de un cerro, que dicen del sol. Está lo áspero de la ciudad en
-cuatro montes: el Alhambra á levante, edificio de muchos reyes, con la
-casa real; y San Francisco, sepultura del marqués D. Iñigo de Mendoza,
-primer alcaide y general, humilde edificio, mas nombrado por esto;
-fuerza hecha para sojuzgar la parte de la ciudad que no descubre la
-Alhambra, con el arrabal de la Churra y calle de los Gomeres que todo
-se continúa con la sierra de Guejar. El Antequeruela, y las torres
-Bermejas, que llaman Mauror, á mediodia. El Albaicin, que mira al norte
-con el Hajariz; y como vuelve por la calle de Elvira la ladera que
-dicen Zenette por ser áspera. El Alcazava cuasi fuera de la ciudad á
-mano derecha de la puerta de Elvira que mira al poniente. Con estos
-dos montes Albaicin y Alcazava se continúa la sierra de Cogollos, y la
-que decimos del Puntal. En torno de estos montes y la falda de ellos,
-se extienden los edificios por lo llano hasta llegar al rio Genil que
-pasa por defuera. Al principio de la ciudad, la plaza Nueva sobre una
-puente; y cuasi al fin, la de Bibarrambla, grande, cuadrada, que toma
-nombre de la puerta; ambas plazas juntadas con la calle de Zacatin:
-antes la iglesia mayor, templo el mas suntuoso despues del Vaticano de
-San Pedro, la capilla en que están enterrados los reyes D. Fernando
-y D.ª Isabel, conquistadores de Granada, con sus hijos y yernos. El
-Alcaicería, que hasta ahora guarda el nombre romano de César (á quien
-los árabes en su lengua llaman Caizar), como casa de César. Dicen las
-historias arábigas y algunas griegas, que por encerrarse y marcarse
-dentro la seda que se vende y compra en todo el reino la llaman de
-esa manera, dende que el emperador Justino concedió por privilegio
-á los árabes scenitas, que solos pudiesen crialla y beneficialla:
-mas extendiendo debajo de Mahoma y sus sucesores su poder por el
-mundo, llevaron consigo el uso de ella, y pusieron aquel nombre á las
-casas donde se contrataba; en que despues se recogieron otras muchas
-mercaderías, que pagaban derechos á los emperadores, y perdido el
-imperio á los reyes. Fuera de la ciudad el hospital real fabricado de
-los reyes D. Fernando y D.ª Isabel, San Hierónimo, suntuoso sepulcro
-del gran capitan Gonzalo Hernandez, y memoria de sus victorias: el rio
-Genil, que cuasi toca los edificios, dicho de los antiguos Singilia,
-que nace en la sierra Nevada, á quien llamaban Solaria y los moros
-Solaira, de dos lagunas que están en el monte cuasi mas alto, de
-donde se descubre la mar, y algunos presumen ver de allí la tierra de
-Berbería. En ellas no se halla suelo ni otra salida sino la del rio;
-cuyas fuentes tienen los moradores por religion, diciendo que horadan
-el monte por milagro de un santo que está sepultado en otro monte
-contrario dicho Sant Alcazaren. Va primero al norte, y pequeño; mas
-en poco camino, grande con las nieves cuando se deshacen y arroyos
-que se le juntan. Á una y otra parte moraban pueblos, que ahora aun
-el nombre de ellos no queda; iliberitanos ó liberinos en tiempo de
-los antiguos españoles, lo que decimos Elvira, en cuyo lugar entró
-Granada; ilurconeses, pequeños cortijos; la torrecilla, y la torre de
-Roma, recreacion de la Cava romana, hija del conde Julian el traidor:
-todo poblaciones de los soldados que acompañaron á Baco en la empresa
-de España; segun muestran los nombres y muchos letreros y imágenes, en
-que se ven esculpidas procesiones y personajes que representan juegos
-y ceremonias del mismo Baco á quien tuvieron por dios; todo esto en la
-Vega. Despues Loja, Antequera, dicha Singilia del nombre del mismo rio,
-Écija dicha Astigis, colonias de romanos antiguamente, hoy ciudades
-populosas en el Andalucía por donde pasa; hasta que haciendo mayor á
-Guadalquivir, deja en él aguas y nombre.
-
-Cesaron los oficios de guerra y gobierno, excepto de justicia, con
-la presencia de D. Juan. Su comision fue sin limitacion ninguna; mas
-su libertad tan atada, que de cosa grande ni pequeña podia disponer
-sin comunicacion y parecer de los consejeros, y mandado del rey;
-salvo deshacer ó estorbar, que para esto la voluntad es comision:
-mozo afable, modesto, amigo de complacer, atento á los oficios de
-guerra, animoso, deseoso de emplear su persona. Acrecentaba estas
-partes la gloria del padre, la grandeza del hermano, las victorias
-del uno y del otro. Lo primero en que se ocupó fue en reformar los
-excesos de capitanes y soldados en alojamientos contribuciones,
-aprovechamientos de pagas; estrechando la costa, aunque no atajando
-las causas de la desórden. En aquellos principios D. Juan era poco
-ayudado de la experiencia, aunque mucho de ingenio y habilidad. Luis
-Quijada, áspero, riguroso, atado á la letra, que tuvo la primera órden
-de guerra en la postrera empresa del emperador contra el rey Henrico
-II de Francia, siempre mandado. Él y el duque de Sesa acostumbrados á
-tratar gente plática, con menos licencia, mas proveida, mayores pagas y
-mas ordinarias en Flandes, en Lombardía, lejos cada uno de su tierra;
-do convenia esperar pagas, contentarse con los alojamientos, antes
-que tornar á España, la mar en medio: todo aquí por el contrario. El
-marqués de Mondejar tambien capitan general antes que soldado, criado á
-las órdenes de su abuelo y padre, al poco sueldo, á las limitaciones de
-la milicia castellana; no guiar ejércitos, poca gente, menos ejercicio
-de guerra abierta. El presidente sin plática de lo uno y de lo otro: la
-aspereza de unos, la blandura de otros, la limitacion de todos, causaba
-irresolucion de provisiones y otros inconvenientes; no faltaron algunos
-de la opinion del marqués de Mondejar, que daban la guerra por acabada.
-Habia pocos oficiales de pluma, perdian los soldados el respeto,
-hacíase costumbre del vicio, envilecíase el buen nombre y reputacion de
-la milicia: apocóse tanto la gente, que fue necesario tratar de nuevo
-con las ciudades no solo del Andalucía y Estremadura, mas con las mas
-apartadas de Castilla que enviasen suplemento de ella; y vinieron las
-de mas cerca, con que parecia remediarse la falta.
-
-Regalaba y armaba Aben Humeya los que se iban á él: tornó á solicitar
-con personas ciertas los príncipes de Berbería, segun parecia por
-las respuestas que fueron tomadas: envió dineros, ropa, cautivos;
-acercóse á nuestros presidios, especialmente á Orgiba, donde entendió
-que faltaba vitualla. Aunque D. Juan de Mendoza mantenia la gente
-disciplinada, ocupada en fortificar el lugar segun la flaqueza de él,
-mandó D. Juan que fuese del Padul proveido, y llevase la escolta á su
-cargo Juan de Chaves de Orellana, uno de los capitanes que trujeron la
-gente de Trujillo. Mas él por estar enfermo envió su alférez llamado
-Moriz con la compañía; hidalgo, pero poco proveido y muy libre: caminó
-con doscientos y cincuenta soldados; hombres, si tuvieran cabeza.
-Entendieron los moros la salida de la escolta por sus atalayas;
-juntáronse trescientos arcabuceros y ballesteros mandados por el Macox,
-hombre diestro y plático de la tierra; á quien despues prendió D.
-Fernando de Mendoza, cabeza de las cuadrillas, y mandó justiciar el
-duque de Arcos en Granada. Emboscó parte en la cuesta de Talera y un
-arroyo que la divide del lugar, parte en las mismas casas; y dejándolos
-pasar la primera emboscada, acometió á un tiempo á los que iban en la
-rezaga y los delanteros. Peleóse en una y otra parte, pero fueron rotos
-los nuestros, y murieron todos; con ellos el alférez por no reconocer;
-y aun dicen que borracho, mas de confianza que de vino: perdiéronse
-bagajes, bagajeros, y la vitualla, sin escapar mas de dos personas: hoy
-se ven blanquear los huesos, no lejos del camino. Túvose de este caso
-tanto secreto, que primero se supo de los enemigos. Mas porque muchos
-moriscos de paz, especialmente de las Albuñuelas, se hallaron con el
-Macox, y porque los vecinos de aquel lugar acogian y daban vitualla á
-los moros, y con ellos tenian continua plática; pareció que debian ser
-castigados y el lugar destruido, así por ejemplo de otros, como por
-entretener con algun cebo justificado, la gente que estaba ociosa y
-descontenta. Es las Albuñuelas lugar asentado en la falda de la montaña
-á la entrada de Val de Lecrin, depósito de todos los frutos y riquezas
-del mismo valle, cinco leguas de Granada, en tres barrios, uno apartado
-de otro, la gente mas pulida y ciudadana que los otros de la sierra,
-tenidos los hombres por valientes y que pudieron resistir las armas
-del Rey Católico D. Fernando hasta concertarse con ventaja. Mandóse
-á D. Antonio de Luna, capitan de la Vega, que con cinco banderas de
-infantería y doscientos caballos amaneciese sobre el lugar, degollase
-los hombres, hiciese cautiva toda manera de persona, robase, quemase,
-asolase las casas. Mas D. Antonio, hombre cuidadoso y diligente, ó que
-no midiese el tiempo, ó que la gente caminase con pereza, llegó cuando
-los vecinos parte eran huidos á la montaña, parte estaban prevenidos
-en defensa de las calles y casas; con un moro por capitan, llamado
-Lope. Anduvo la ejecucion tan espaciosa, la gente tan tibia, que de
-los enemigos murieron pocos, y de esos los mas viejos, perezosos y
-enfermos; y de los nuestros algunos: cautiváronse niños y mujeres, los
-que no pudieron escapar á lo alto; fue saqueado el uno de los tres
-barrios, y el escarmiento de los enemigos tan liviano, que saliendo por
-una parte nuestra gente, entraba la suya por otra: habitaron las casas,
-segaron sus panes aquel año, y sembraron sin estorbo para el siguiente.
-
-Estaban las cosas calladas y suspensas sin el continuo desasosiego
-que daban los moros en la ciudad: gobernábalos en la parte que cae el
-valle y la Vega un capitan llamado Nacoz (que en su lengua quiere decir
-campana), mostrándose á todas horas y en todos lugares. Ya se habian
-encontrado él y D. Antonio de Luna con número cuasi igual de gente de
-á pie, aunque con ventaja D. Antonio por la caballería que llevaba: se
-partieron con igualdad, cuasi sin poner manos á las armas; poniéndose
-el Nacoz en salvo; el barranco en medio de su gente y nuestra
-caballería. Dicen que de allí atravesó la sierra de la Almijara, y por
-Almuñecar con su hacienda y familia pasó á Berbería.
-
-Visto por D. Juan que los enemigos crecian en número y experiencia;
-que eran avisados por los moriscos de Granada, ayudados con vitualla,
-reforzados con parte de la gente moza de la ciudad y la Vega; que no
-cesaban las pláticas y tratados; el concierto de poner en ejecucion el
-primero aun estaba en pie; que tenian señado el dia y hora cierta para
-acometer la ciudad; número de gente determinado; capitanes nombrados
-Giron, Nacoz, uno de los Partales, Farax, Chacon, Rendati, moriscos;
-Caracax y Hhosceni, turcos, y Dali, capitan general de todos, venido
-por mandado del rey de Argel; dió aviso de todo encareciendo el peligro
-por parte de los enemigos, si se juntaban con los de Granada y la Vega,
-y de los nuestros por la flaqueza que sentian en la gente comun, por la
-corrupcion de costumbres y órden de guerra.
-
-Mandó el rey que todos los moriscos habitantes en Granada saliesen
-á vivir repartidos por lugares de Castilla y el Andalucía; porque
-morando en la ciudad no podian dejar de mantenerse vivas las pláticas
-y esperanzas, dentro y fuera. Habia entre los nuestros sospechas,
-desasosiego, poca seguridad: parecia á los que no tenian experiencia
-de mantener pueblos oprimiendo ó engañando á los enemigos de dentro
-y resistiendo á los de fuera, estar en manifiesto peligro. Con tal
-resolucion ordenó D. Juan á los veinte y tres de junio, que encerrasen
-todos los moriscos en las iglesias de sus parroquias: ya era llegada
-gente de las ciudades á sueldo del rey, y se estaba con mas seguridad.
-Puso la ciudad en arma; la caballería y la infantería repartida por
-sus cuarteles: ordenó al marqués de Mondejar que subiendo al Albaicin
-se mostrase á los moriscos, y con su autoridad los persuadiese á
-encerrarse llanamente. Recogidos que fueron de esta manera, mandáronlos
-ir al hospital real fuera Granada un tiro de arcabuz: anduvo D. Juan
-por las calles con guardas de á caballo y guion; viólos recoger
-inciertos de lo que habia de ser de ellos; mostraban una manera de
-obediencia forzada, los rostros en el suelo con mayor tristeza que
-arrepentimiento; ni de esto dejaron de dar alguna señal; que uno de
-ellos hirió al que halló cerca de sí: dícese que con acometimiento
-contra D. Juan, pero lo cierto no se pudo averiguar porque fue luego
-hecho pedazos: yo que me hallé presente diria, que fue movimiento de
-ira contra el soldado, y no resolucion pensada. Quedaron las mujeres
-en sus casas algun dia, para vender la ropa y buscar dineros con que
-seguir y mantener sus maridos. Salieron atadas las manos, puestos en
-la cuerda, con guarda de infantería y caballería por una y otra parte,
-encomendados á personas que tuviesen cargo de irlos dejando en lugares
-ciertos de Andalucía, y guardallos; tanto porque no huyesen, como
-porque no recibiesen injuria. Quedaron pocos mercaderes y oficiales,
-para el servicio y trato de la ciudad: algunos á contemplacion y por
-intereses de amigos. Muchos de los mancebos que adivinaron la mala
-ventura huyeron á la sierra, donde la hallaban mayor; los que salieron
-por todos tres mil y quinientos; el número de mujeres mucho mayor. Fue
-salida de harta compasion para quien los vió acomodados y regalados en
-sus casas: muchos murieron por los caminos de trabajo, de cansancio, de
-pesar, de hambre, á hierro, por mano de los mismos que los habian de
-guardar, robados, vendidos por cautivos.
-
-Ya el rey habia enviado personas que tuviesen cuenta con su hacienda,
-porque antes no las habia, como en negocio de que presto se vernia
-al fin; contador, pagador, veedor general y particulares; dentro
-en consejo al licenciado Muñatones que habia servido de alcalde de
-corte al emperador en sus jornadas y de su consejo: hombre hidalgo
-y limpio, y en diversos tiempos de próspera y contraria fortuna.
-Como los moriscos salieron de Granada, perdióse la comodidad de
-los soldados; cesaron los alojamientos, camas, fuego, vasos: cosas
-que se dan en hospedaje, sin que la gente no puede vivir ni cómoda
-ni suficientemente. Aun para la ciudad y soldados no estaba hecha
-provision de vitualla, pero entraron á mantener la gente con socorros,
-mudando término y propósito. Fue mayor el aprovechamiento de los
-capitanes y oficiales de guerra con los socorros y raciones, cuanto
-mas á menudo se tomaban las nuestras: entraban á ellas en lugar de
-soldados vecinos del pueblo; sucedieron á cumplir la hacienda del rey,
-en lugar de los moriscos los bagajeros y vivanderos rescatados: por
-todo se robaba á amigos, como á enemigos; á cristianos, como á moros;
-padecian los soldados, adolecian, íbanse, crecieron las desórdenes y
-compasiones por la Vega. Nació una opinion entre los ministros, la cual
-como provechosa donde el pueblo es enemigo y la gente poca; así errada,
-donde no hay pueblo contrario, y fue que no se debian tomar muestras,
-porque los enemigos no entendiesen cuan pocos eran los soldados, y que
-se debia permitir la licencia y excesos, porque no se amotinasen ni
-huyesen. La gente de la ciudad era mucha, buena, y armada; los moriscos
-fuera, los soldados no tan pocos, que no fuesen superiores (juntos con
-el pueblo) á los enemigos; guarda de á pie y de á caballo en la Vega;
-armado en Orgiba D. Juan de Mendoza: ¿qué temor ó recatamiento podia
-estorbar el remedio de inconvenientes, que eran causa de poner en
-peligro la empresa, y de que los moros de la Vega no pudiendo sufrir
-tanto maltratamiento, yéndose á la sierra acrecentasen el número de los
-enemigos? Duró tantos meses esta manera de gobierno, que dió causa á
-intenciones libres y sospechosas de pensar, que no faltaban personas
-á quien contentase, que creciendo los inconvenientes, fuese mayor la
-necesidad.
-
-Declaró el rey, como estaba acordado, que el marqués de Velez tuviese
-cargo de los partidos de Almería, Guadix, Baza, rio de Almanzora,
-sierra de Filabres; y queriendo salir contra los enemigos, parecióle
-asegurar el puerto que dicen de la Ravaha, paso de la Alpujarra para
-tierra de Guadix y Granada: mandó que con cuatrocientos hombres
-enviados de Guadix, Gonzalo Fernandez, capitan viejo, plático en las
-escaramuzas de Oran, tomase lo alto del puerto, y se hiciese fuerte
-hasta tener órden suya. Comenzó á subir la montaña sin reconocer; mas
-los moros que estaban cubiertos en lo alto y en lo hondo del camino,
-dejando subir parte de la gente, echaron cuarenta arcabuceros que
-acometiesen la frente, y por el costado dieron cien hombres, hasta
-ponellos en desórden; y cargándolos en rota, murió la mayor parte
-huyendo: perdiéronse las armas, municion y vitualla que llevaban;
-poca gente tornó á Guadix con el capitan. D. Juan, temeroso que los
-enemigos cargasen á la parte de Guadix, proveyó para guardia de ella á
-Francisco de Molina, que sirvió de capitan al emperador en las guerras
-de Alemania.
-
-Con el suceso de la Ravaha se levantó la sierra de Bentomiz, y
-tierra de Velez Málaga: no hicieron los excesos que en el Alpujarra,
-antes contentándose con recoger la ropa á lugares fuertes sin hacer
-daños, echaron bando que ninguno matase ó cautivase cristianos,
-quemase iglesia, tomase bienes de cristianos ó de moros que no se
-quisiesen recoger con ellos: fortificaron para refugio y seguridad
-de sus personas un monte llamado Frejiliana la vieja, á diferencia
-de la nueva cerca de él, deshabitado de muchos tiempos: los antiguos
-españoles y romanos le llamaron Saxifirmum. Estuvieron de esta manera
-tanto mas sospechosos á Velez, cuanto procedian mas justificadamente,
-sin comunicacion ó comercio en el Alpujarra. Mas Arévalo de Suazo,
-corregidor de Málaga y Velez, avisado primero por cartas de D.
-Juan como los moriscos de aquella sierra estaban para levantarse y
-ocupar á Velez, movido por la razon de que se podia continuar aquel
-levantamiento por la hoya y jarquia de Málaga, hasta tierra de Ronda,
-si con tiempo no se atajase, y con alguna esperanza de pacificar los
-moros por via de concierto; partió de Málaga con cuatrocientos infantes
-y cincuenta caballos, llegó á Velez y hizo salir del fuerte la gente
-del pueblo que habia desamparado lo llano: puso el lugar en defensa:
-socorrió el castillo de Caniles, lugar del marqués de Comares, que
-estaba en aprieto, echando los moros de la tierra, los cuales y los de
-Sedella se fueron á juntar con los de toda la sierra, y á un tiempo
-descubrieron el levantamiento que tengo dicho. Volvió á Velez Suazo
-juntando mil y quinientos infantes con la caballería que se hallaba,
-y entendiendo que se recogian y fortificaban en la sierra, quiso ir á
-reconocellos y en ocasion combatillos. Hallólos en Frejiliana la vieja
-fortificados: el general de ellos era Gomel, y tenia consigo otros
-capitanes; todos se mandaban por la autoridad de Benaguazil. Pero en
-la subida de la montaña creyendo que bastaria mostralles las armas,
-trabó la gente desmandada una escaramuza, y siguiéronla dos banderas de
-infantería sin órden, y sin podellos Arévalo de Suazo retirar; harto
-ocupado en estorbar que el resto no saliese tras ellos. Mas los moros,
-que habian hecho rostro á la escaramuza, viendo la gente que cargaba
-de nuevo y conociendo la desórden, comenzáronse á retirar hasta sus
-reparos; y saltando fuera golpe de arcabuceros y ballesteros, apretaron
-nuestra gente cuasi puesta en rota ejecutándola hasta lo llano. Arévalo
-de Suazo, parte acometiendo, parte retirando y amparando la gente,
-volvió con ella (algunos muertos y pocos heridos) á Velez, donde estuvo
-á la guarda del lugar y la tierra; y los moros volvieron á continuar su
-fuerte. D. Juan visto el caso, y pareciéndole dar dueño á la empresa
-que la hiciese á menos costa y con mas autoridad, aunque en Arévalo
-de Suazo no hubiese como no hubo falta, ofreció aquella jornada por
-mandado del rey á D. Diego de Córdoba marqués de Comares, gran señor en
-el Andalucía, y fuera de ella de mayores esperanzas, que tenia parte de
-su estado en aquella montaña pacífico y guardado; pero fue la oferta de
-manera, que justificadamente pudo excusarse.
-
-En este tiempo se declararon los preparamientos del rey de Argel ser
-contra el de Túnez Mulei Hamida; y el rey de Fez se quietó. Partió
-el de Argel con siete mil infantes turcos y andaluces y doce mil
-caballos, parte de su sueldo y parte alárabes que labraban la tierra:
-juntáronse á una legua de Beja, ciudad grande, y veinte de Túnez; mas
-el rey de Túnez fue roto, y salvóse con doscientos caballos hácia
-la tierra que dicen de los dátiles. Perdió á Beja y Túnez que ahora
-está en poder de turcos, y á Biserta que comenzaron á fortificar,
-lugar de comarca provechoso para quien lo ocupare y pudiere mantener;
-Hippon Diarritos le llamaron los griegos, á diferencia de Bona: púsole
-el nombre Agatócles, tirano de Sicilia en la gran empresa que tuvo
-contra los cartagineses. Mas por quitar duda y oscuridad, diré lo que
-entiendo de estos reinos. El de Fez fue reino de Siphax, que tuvo
-guerra contra los romanos, de quien tanta memoria hacen sus historias.
-Despues de varias mudanzas, edificó la ciudad Idriz, del linaje de
-Alí, que conquistó á Berbería y en memoria tienen su alfanje colgado
-en el templo principal con gran veneracion. Dióle el nombre del rio
-que pasa por medio, llamado entonces Fez. Juntó los edificios Juseph
-Miramarazohir Aben Jacob, del linaje de los de Benimerin, que fue
-vencido del rey D. Alonso en la batalla de Tarifa; y por la comodidad
-de guerrear contra el rey de Tremecen la hizo de nuevo cabeza del reino
-poseido al presente por los hijos de Jarife; hombre que de predicador y
-tenido por santo y del linaje de Mahoma, vino, juntando las armas con
-la religion, al señorío de Marruecos y Fez, como lo han hecho muchos
-de su secta en África, comenzando de Mahoma hasta los almoravides,
-los almohades, los beni-merines, los beni-oaticis, y jarifes que hoy
-son; todos religiosos y armados, y que por este medio vinieron á la
-alteza del reino. El de Túnez tuvo mayor antigüedad por fundarse en las
-sobras de la gran Cartago destruida por Scipion Africano, y vuelta á
-restaurar primero por los cónsules romanos y por Tiberio Graco, despues
-mudado el sitio á lo llano por César Augusto, y habitada de romanos,
-poseida de los emperadores, ganada por los vándalos, y recuperada por
-Belisario, capitan del emperador Justiniano; siempre tenida por la
-tercia parte del imperio griego hasta el tiempo de los alárabes; que
-fue por Occuba Ben-Nafic, capitan de Mauhía, sojuzgada, venciendo y
-matando al conde Gregorio, lugarteniente del emperador Constantino,
-hijo de Constante, con setenta mil caballeros cristianos en la gran
-batalla junto á África, que los moros llaman Mehedia (del nombre de
-un su príncipe dicho Moahedin), y los romanos Adrumentum, ahora lugar
-destruido por el ejército del emperador D. Cárlos. Las armas con que
-se halló el conde Gregorio, á quien los alárabes llaman Groguir, dicen
-que fueron muchas mujeres en torno bien aderezadas y hermosas; él en
-una litera de hombros con piedras preciosas cubierta de paño de oro,
-y dos mancebos que con mosqueadores de plumas de pavo le quitaban el
-polvo. Mauhía ocupó á Cartago por entrega de María, hija del conde
-Gregorio, con pacto que casase con ella, mas descontento del casamiento
-la dejó: deshabitó á Cartago; pasó la poblacion donde ahora es Túnez,
-que entonces era pequeño lugar y siempre del mismo nombre. Quedaron
-repartidos los romanos en doce aldeas, que hoy son de labradores moros
-en el cabo que llaman de Cartago, donde fue la ciudad competidora de
-Roma; el nombre de ella dura en un pequeño pueblo, y ese sin gente:
-tantas mudanzas hace el mundo, y tan poca seguridad hay en los estados.
-Gobernóse Túnez en forma de república hasta los tiempos de Miramamolin
-Juseph, que envió á Abdeluahhed su capitan, natural de Sevilla, que los
-gobernó y sujetó con ocasion de defendellos contra los alárabes; cuyo
-hijo quedó por señor y fue el primero rey de Túnez hasta Muztancoz que
-ennobleció la ciudad, y dende él á Hamida, que hoy reina sin perderse
-la sucesion, segun la verdad de sus historias, cegando ó matando los
-padres á los hijos, ó los hijos á los padres, como hizo Hamida que
-cegó á Mulei Hacen su padre, y le quitó el reino, en que el emperador
-D. Cárlos, vencedor de muchas gentes, le habia restituido, echando á
-Barbarroja tirano de él, puesto por mano del gran señor de los turcos.
-
-Menores fueron los principios del señorío de Argel, que hoy está en
-mayor grandeza: al lugar llaman los moros Algezair por una isla que
-tenia delante; nosotros le llamamos Argel; antiguamente se pobló de
-los moradores de Cesarea, que ahora se llama Sarjel. Estuvo siempre en
-el señorío de los reyes godos de España hasta que vinieron los moros,
-y en tiempo de ellos fue lugar de poco momento regido por jeques. Mas
-despues el rey D. Fernando el Católico hizo tributario al señor, y
-edificó el Peñon. Muerto el rey, el cardenal Fr. Francisco Jimenez,
-Gobernador de España en los principios del reinado del emperador D.
-Cárlos, tomó á Bugía (casa real del rey Bocho de Mauritania, dicha
-por esto de su nombre, segun los alárabes), y quiso crecer el tributo
-moviendo nuevo concierto con el jeque; ofendidos los moros, reprendido
-y arrepentido el señor, se retiró. El cardenal, hombre de su condicion
-armígero, y aun desasosegado, armó contra él haciendo capitanes á Diego
-de Vera y Juan del Rio: juntóse esta armada á manera de arrendamiento;
-que todos los que tenian oficios menores, si los querian pasar en sus
-hijos por una vida, fuesen á servir, ó llevasen ó diesen en su lugar
-tantos hombres, segun la importancia del oficio. Perdióse la armada
-por mal tiempo, confusion y poca plática de los que gobernaban, y
-esta fue la primera pérdida que se hizo sobre Argel. Mas el jeque,
-temiendo que con mayores fuerzas se renovaria la guerra, trajo por
-huésped y soldado á Barbarroja, hermano del que fue tirano de Túnez,
-que entonces era su lugarteniente y secretario; venidos á la grandeza
-que tuvieron, de capitanes de un bergantin. Habia tentado Barbarroja
-Horux (que así se llamaba el mayor) la empresa de Bugía; perdido el
-tiempo, la gente, un brazo, y el armada; recogídose con cuarenta turcos
-á un pequeño castillo, de donde el jeque otra vez le trajo al sueldo;
-mas él, juntándose con los principales, mató al jeque llamado Selin
-Etenri estando comiendo en un baño: hízose señor y llamóse rey. Dende
-á poco salió para la empresa de Tremecen, y ocupado aquel reino quedó
-por señor; y su hermano Harradin por gobernador en Argel; mas echado
-despues de Tremecen por los capitanes del alcaide de los donceles,
-abuelo de este marqués de Comares, que era entonces general de Oran; y
-muerto huyendo, quedó el reino de Argel en poder del hermano. Habia D.
-Hugo de Moncada hecho tributarios los gelves despues de algunos años de
-la pérdida del conde Pedro Navarro, y muerte de D. García de Toledo,
-hijo del duque de Alba D. Fadrique, padre del duque D. Fernando que hoy
-gobierna los estados de Flandes: y tornando con el armada por mandado
-del emperador sobre Argel, con intento de destruilla y asegurar la
-marina de España, tentó desdichadamente la venganza de Diego de Vera y
-Juan del Rio; porque con tormenta perdió mucha parte de la armada, y
-echando gente en tierra para defender los que se iban á ella con miedo
-de la mar, perdió tambien lo uno y lo otro. Crecieron las fuerzas de
-Barbarroja; extendióse por la tierra adentro su poder; deshizo el Peñon
-que era isla; continuóla con la tierra firme; ocupó los lugares de la
-mar Sarjel, Guijan, Brica, y el reino de Túnez aunque pequeño. Vino á
-noticia del señor de los turcos, que pretendia por seguridad y paz de
-sus hijos ocupar á África y poner en Túnez á Bayaceto que se mató á sí
-mismo: adelantó á Barbarroja en fuerzas y autoridad por conseguir este
-fin y poner al emperador en estrecho y necesidad. Dióle mayor armada
-con que ocupase y afirmase el reino de Túnez, de donde echado por el
-emperador pasó á Constantinopla: quedó general de la armada del turco,
-y despues favorecido y honrado hasta que murió; tenido en mas por
-haberle vencido el emperador; porque los vencedores honrados honran á
-los vencidos. Quedó el reino de Argel en poder de gobernadores enviados
-por el turco; mas el emperador, temiendo la poca seguridad que tenia
-en sus estados con la grandeza de los turcos en Argel, y hallándose en
-Alemania al tiempo que el gran turco venia sobre ella, mal proveido
-de dineros para resistille, no quiso obligarse á la empresa. Quedar
-sin salir á ella en Alemania, era poca reputacion; tomó por expediente
-la de Argel, donde fue roto de la tormenta: retiróse por tierra á
-Bugía, perdiendo mucha parte de la armada, pero salvó el ejército y la
-reputacion, con gloria de sufrido, de diestro y valeroso capitan. De
-allí crecieron sin resistencia las fuerzas de los señores de Argel;
-tomaron á Tremecen, á Bugía; y por su órden los cosarios á Jayona,
-de los moros; á Tripol, de la órden de San Juan: rompieron diversas
-armadas de galeras sin otra adversidad mas que la pérdida que hicieron
-de su armada en la batalla que D. Bernardino de Mendoza ganó á Alí
-Hamete y Cara Mami, sus capitanes, sobre la isla de Arbolan. Por este
-camino vino el reino de Argel á la grandeza que ahora tiene.
-
-
-
-
- LIBRO III.
-
-
-Entretenia el gran turco los moros del reino de Granada con esperanzas,
-por medio del rey de Argel, para ocupar, como dijimos, las fuerzas del
-rey D. Felipe en tanto que las suyas estaban puestas contra venecianos;
-con quien (dando á entender que las despreciaba) ninguna ocasion de
-su provecho, aunque pequeña, dejaba pasar. Entre tanto el comendador
-mayor D. Luis de Requesens sacó del reino y embarcó la infantería
-española en las galeras de Italia, dejando órden á D. Álvaro de Bazan,
-que con las catorce de Nápoles, que eran á su cargo, y tres banderas
-de infantería española, corriese las islas y asegurase aquellos mares
-contra los cosarios turcos. Vino á Civitavieja; de allí á puerto
-Santo Stéfano, donde juntando consigo nueve galeras y una galeota del
-duque de Florencia, estorbado de los tiempos entró en Marsella. Dende
-á poco pareciendo bonanza, continuó su viaje; mas entrando la noche
-comenzó el narbonés á refrescar, viento que levanta grandes tormentas
-en aquel golfo, y travesia para la costa de Berbería, aunque lejos:
-tres dias corrió la armada tan deshecha fortuna, que se perdieron unas
-galeras de otras; rompieron remos, velas, árboles, timones: y en fin
-la capitana sola pudo tomar á Menorca, y dende allí á Palamós: donde
-los turcos forzados confiándose en la flaqueza de los nuestros por
-el no dormir y continuo trabajo, tentaron levantarse con la galera;
-pero sentidos, hizo el comendador mayor justicia de treinta. Nueve
-galeras de las otras siguieron la derrota de la capitana; cuatro se
-perdieron con la gente y chusma; la una que era de Estéfano de Mari,
-gentil hombre genovés, en presencia de todas en el golfo embistió por
-el costado á otra, y fue la embestida salva, y á fondo la que embistió:
-acaecimiento visto pocas veces en la mar; las demás dieron al través
-en Córcega y Cerdeña, ó aportaron en otras partes con pérdida de la
-ropa, vitualla, municiones y aparejos; aunque sin daño de la gente.
-Luego que pasó la tormenta llegó D. Álvaro de Bazan á Cerdeña con las
-galeras de Nápoles: puso en órden cinco de las que habian quedado para
-navegar: en ellas y en las suyas embarcó los soldados que pudo; llegó á
-Palamós, y juntándose con el comendador mayor, navegaron la costa del
-reino de Granada, á tiempo que poco habia fuera el suceso de Bentomiz y
-otras ocasiones, mas en favor de los moros que nuestro. Llevó consigo
-de Cartagena las galeras de España que traía D. Sancho de Leiva; y
-tornando D. Álvaro á guardar la costa de Italia, él partió con veinte y
-cinco galeras para Málaga. Mas al pasar, avisado por Arévalo de Suazo
-de lo sucedido en Bentomiz, envió con D. Miguel de Moncada á continuar
-con D. Juan su intento, y el peligro en que estaba toda aquella tierra,
-si no se ponia remedio con brevedad, sin esperar consulta del rey.
-Puso entre tanto sus galeras en órden; armó y rehizo la infantería que
-serian en diez banderas mil soldados viejos, y quinientos de galera;
-juntó y armó de Málaga, Velez y Antequera, por medio de Arévalo de
-Suazo y Pedro Verdugo, tres mil infantes. Volvió D. Miguel con la
-comision de D. Juan, y partió el comendador mayor á combatir los
-enemigos. Llegado á Torrox, envió á D. Martin de Padilla, hijo del
-adelantado de Castilla, con alguna infantería suelta para reconocer el
-fuerte de Frejiliana, y volvió trayendo consigo algun ganado. Púsose al
-pie de la montaña; y despues de haber reconocido de mas cerca, dió la
-frente á D. Pedro de Padilla con parte de sus banderas y otras hasta
-mil infantes, y mandóle subir derecho. Á D. Juan de Cárdenas[50], hijo
-del conde de Miranda, mandó subir con cuatrocientos aventureros y otra
-gente plática de las banderas de Italia por la parte de la mar, y por
-la otra á D. Martin de Padilla con trescientos soldados de galera y
-algunos de Málaga y Velez: los demás que acometiesen por las espaldas
-del fuerte, donde parece que la subida estaba mas áspera, y por esto
-menos guardada, y estos mandó que llevase Arévalo de Suazo con alguna
-caballería por guarda de la ladera y del agua. Mas D. Pedro, aunque
-de su niñez criado á las armas y modestia del emperador, soldado suyo
-en las guerras de Flandes, despreciando con palabras la órden del
-comendador mayor, la cual era que los unos esperasen á los otros hasta
-estar igualados (porque parte de ellos iban por rodeos), y entonces
-arremetiesen á un tiempo; arremetió sin él y llegó primero por el
-camino derecho.
-
- [50] Este D. Juan de Cárdenas fue despues conde de Miranda,
- virey de Nápoles, presidente de Italia y Castilla.
-
-Los enemigos estuvieron á la defensa como gente plática, y juntos
-resistieron con mas daño de los nuestros que suyo; pero al fin, dado
-lugar á que nuestros armados se pegasen con el fuerte, y comenzasen
-con las picas á desviarlos y á derribar las piedras de él, y los
-arcabuceros á quitar traveses, estuvieron firmes hasta que salió un
-turco de galera enviado por el comendador mayor á reconocer dentro,
-con promesa de la libertad. Este dió aviso de la dificultad que habia
-por la parte que eran acometidos, y cuanto mas fácil seria la entrada
-al lado y espaldas. Partió la gente, y combatiólos por donde el turco
-decia: lo mismo hicieron los enemigos para resistir, pero con mucho
-daño de los nuestros, que eran heridos y muertos de su arcabucería,
-al prolongarse por el reparo. Todavía partidas las fuerzas con esto,
-aflojaron los que estaban á la frente; y D. Juan de Cárdenas tuvo
-tiempo de llegar, lo mismo la gente de Málaga y Velez, que iba por
-las espaldas. Mas los moros, viéndose por una y otra parte apretados,
-salieron por la del maestral que estaba mas áspera y desocupada como
-dos mil personas, y entre ellos mil hombres los mas sueltos y pláticos
-de la tierra: fue porfiado por ambas partes el combate hasta venir á
-las espadas, de que los moros se aprovechan menos que nosotros, por
-tener las suyas un filo, y no herir ellos de punta. Con la salida
-de estos y sus capitanes tuvieron los nuestros menos resistencia:
-entraron por fuerza por la parte mas difícil y no tan guardada que
-tocó á Arévalo de Suazo, donde él fue buen caballero, y buena la
-gente de Málaga y Velez; pero no entraron con tanta furia, que no
-diesen lugar á los que combatian de D. Pedro de Padilla y á los demás,
-para que tambien entrasen al mismo tiempo. Murieron de los enemigos
-dentro del fuerte quinientos hombres, la mayor parte viejos: mujeres
-y niños cuasi mil y trescientos con el ímpetu y enojo de la entrada y
-despues de salidos en el alcance; y heridos otros cerca de quinientos.
-Cautiváronse cuasi dos mil personas: los capitanes Garral, y el Melilú,
-general de todos, con la gente que salió, vinieron destrozados á Valor,
-donde Aben Humeya los recogió, y mandó dende á pocos dias tornar al
-mismo Frejiliana. Mas el Melilú, rico y de ánimo, hizo ahorcar á Chacon
-que trataba con los cristianos, por una carta de su mujer que le
-hallaron, en que le persuadia á dejar la guerra y concertarse. Dícese
-que en el fuerte los viejos de concierto se ofrecieron á la muerte,
-porque los mozos se saliesen en el entre tanto; al revés de lo que
-suele acontecer y de la órden que guarda naturaleza, como quier que
-los mozos sean animosos para ejecutar y defender á los que mandan; y
-los viejos para mandar, y naturalmente mas flacos de ánimo que cuando
-eran mozos. De los nuestros fueron heridos mas de seiscientos, y entre
-ellos de saeta D. Juan de Cárdenas, que fue aquel dia buen caballero.
-Entre otros murieron peleando D. Pedro de Sandoval, sobrino del
-obispo de Osma, y pasados de trescientos soldados, parte aquel dia,
-y parte de heridas en Málaga, donde los mandó el comendador mayor, y
-vender y repartir la presa entre todos, á cada uno segun le tocaba,
-repartiéndoles tambien el quinto del rey.
-
-Es el vender las presas y dar las partes costumbre de España; y el
-quinto derecho antiguo de los reyes dende el primer rey D. Pelayo,
-cuando eran pocas las facultades para su mantenimiento; ahora porque
-son grandes, llévanlo por reconocimiento y señorío: mas el hacer los
-reyes merced de él en comun y por señal de premio á los que pelean, es
-causa de mayor ánimo; como por el contrario á cada uno lo que ganare
-y á todos el quinto generalmente cuando vienen á la guerra, ocasion
-para que todos vengan á servir en las empresas con mayor voluntad. Pero
-esta se trueca en codicia, y cada uno tiene por tan propio lo que gana,
-que deja por guardallo, el oficio de soldado, de que nacen grandes
-inconvenientes en ánimos bajos y poco pláticos; que unos huyen con la
-presa, otros se dejan matar sobre ella de los enemigos, impedidos y
-enflaquecidos, otros desamparadas las banderas, vuelven á sus tierras
-con la ganancia. Viénense por este camino á deshacer los ejércitos
-hechos de gente natural, que campean dentro en casa: el ejemplo se ve
-en Italia entre los naturales, como se ha visto en esta guerra dentro
-en España.
-
-El buen suceso de Frejiliana sosegó la tierra de Málaga y la de Ronda
-por entonces: el comendador mayor se dió á guardar la costa, á proveer
-con las galeras los lugares de la marina; mas en tierra de Granada,
-el mal tratamiento que los soldados y vecinos hacian á los moriscos
-de la Vega, la carga de alojamientos, contribuciones y composiciones,
-la resolucion que se tomó de destruir las Albuñuelas flacamente
-ejecutada; dió ocasion á que muchos pueblos que estaban sobresanados,
-se declarasen, y subiesen á la sierra con sus familias y ropa. Entre
-estos fue el rio de Bolodui á la parte de Guadix, y á la de Granada
-Guejar, que en su calidad no dió poco desasosiego. La gente de ella
-recogiendo su ropa y dineros, llevando la vitualla, y dejando escondida
-la que no pudieron, con los que quisieron seguillos, se alzaron en la
-montaña, cuasi sin habitacion por la aspereza, nieve y frio. Quiso D.
-Juan reconocer el sitio del lugar llevando á Luis Quijada y al duque de
-Sesa; tratóse si lo debia mantener, ó dejar; no pareció por entonces
-necesario para la seguridad de Granada mantenerle y fortificarle como
-flaco y de poca importancia; pero la necesidad mostró lo contrario, y
-en fin se dejó; ó porque no bastase la gente que en la ciudad habia
-de sueldo á asegurar á Granada todo á un tiempo, y socorrer en una
-necesidad á Guejar como la razon lo requeria; ó que no cayesen en que
-los enemigos se atreverian á fundar guarnicion en ella tan cerca de
-nosotros, ó, como dice el pueblo (que escudriña las intenciones sin
-perdonar sospecha, con razon ó sin ella), por criar la guerra entre las
-manos; celosos del favor en que estaba el marqués de Velez, y hartos
-de la ociosidad propia, y ambiciosos de ocuparse, aunque con gasto
-de gente y hacienda: decíase que fuera necesario sacar un presidio
-razonable á Guejar, como despues se hizo lejos de Granada para mantener
-los lugares de en medio: cada uno sin examinar causas ni posibilidad,
-se hacia juez de sus superiores.
-
-Mas el rey, viendo que su hermano estaba ocupado en defender á Granada
-y su tierra, y que teniendo la masa de todo el gobierno, era necesario
-un capitan que fuese dueño de la ejecucion, nombró por general de toda
-la empresa al marqués de Velez, que entonces estaba en gran favor,
-por haber salido á servir á su costa. Sucedióle dichosamente tener á
-su cargo ya la mitad del reino, calor de amigos y deudos; cosas que
-cuando caen sobre fundamento, inclinan mucho los reyes. Á esto se juntó
-haberse ofrecido por sus cartas á echar á Aben Humeya el tirano, que
-así se llamaba; y acabar la guerra del reino de Granada con cinco mil
-hombres y trescientos caballos pagados y mantenidos; que fue la causa
-mas principal de encomendalle el negocio. Á muchos cuerdos parece,
-que ninguno debe de cargar sobre sí obligacion determinada, que el
-cumplilla, ó el estorbo de ella esté en mano de otro. Fue la eleccion
-del marqués (á lo que el pueblo de Granada juzgaba, y algunos colegian
-de las palabras y continente) harto contra voluntad de los que estaban
-cerca de D. Juan, pareciéndoles que quitaba el rey á cada uno de las
-manos la honra de esta empresa.
-
-Habian crecido las fuerzas de Aben Humeya, y venídole número de turcos
-y capitanes pláticos segun su manera de guerra; moros berberíes, armas
-parte traidas, parte tomadas á los nuestros, vituallas en abundancia,
-la gente mas, y mas plática de la guerra. Estaba el rey con cuidado de
-que la gente y las provisiones se hacian de espacio; y pareciéndole
-que llegarse él mas al reino de Granada, seria gran parte para que las
-ciudades y señores de España se moviesen con mayor calor, y ayudasen
-con mas gente y mas presto, y que con el nombre y autoridad de su
-venida los príncipes de Berbería andarian retenidos en dar socorro,
-ciertos que la guerra se habia de tomar con mayores fuerzas; acabada,
-con todas ellas cargar sobre sus estados, mandó llamar cortes en
-Córdoba para dia señalado, adonde se comenzaron á juntar procuradores
-de las ciudades, y hacer los aposentos.
-
-Salió el marqués de Velez de Terque por estorbar el socorro que los
-moros de Berbería continuamente traían de gente, armas y vitualla, y
-los de la Alpujarra recebian por la parte de Almería. Vino á Berja
-(que antiguamente tenia el mismo nombre), donde quiso esperar la
-gente pagada y la que daban los lugares de la Andalucía. Mas Aben
-Humeya, entendiendo que estaba el marqués con poca gente y descuidado,
-resolvió combatille antes que juntase el campo. Dicen los moros haber
-tenido plática con algunos esclavos, que escondiesen los frenos de los
-caballos; pero esto no se entendió entre nosotros: y porque los moros
-como gente de pie y sin picas recelaban la caballería, quiso combatille
-dentro del lugar antes del dia. Llamó la gente del rio de Almería,
-la del Bolodui, la de la Alpujarra, los que quisieron venir del rio
-de Almanzora, cuatrocientos turcos y berberíes: eran por todos cuasi
-tres mil arcabuceros y ballesteros, y dos mil con armas enhastadas.
-Echó delante un capitan que le servia de secretario, llamado Mojajar,
-que con trescientos arcabuceros entrase derecho á las casas donde el
-marqués posaba, diese en la centinela (lo que ahora llamamos centinela,
-amigos de vocablos extranjeros, llamaban nuestros españoles en la
-noche, escucha, en el dia, atalaya; nombres harto mas propios para su
-oficio), llegando con ella á un tiempo el arma y ellos, en el cuerpo
-de guardia: siguióle otra gente, y él quedó en la retaguardia sobre
-un macho, y vestido de grana[51]. Mas el marqués, que estaba avisado
-por una lengua que los nuestros le trujeron, atravesó algunas calles
-que daban en la plaza; puso la arcabucería á las puertas y ventanas;
-tomó las salidas, dejando libres las entradas por donde entendió que
-los enemigos vendrian; y mandó estar apercebida la caballería y con
-ella su hijo D. Diego Fajardo: abrió camino para salir fuera, y con
-esta órden esperó á los enemigos. Entró Mojajar por la calle que va
-derecha á dar á la plaza, al principio con furia; despues espantado
-y recatado de hallar la villa sin guardia, olió humo de cuerdas; y
-antes que se recatase, sintió de una y otra parte jugar y hacerle daño
-la arcabucería. Mas queriendo resistir la gente con alguna otra que
-le habia seguido, no pudo; salióse con pocos y desordenadamente al
-campo. El marqués, con la caballería y alguna arcabucería, á un tiempo
-saltó fuera con D. Diego su hijo, D. Juan su hermano, D. Bernardino
-de Mendoza, hijo del conde de Coruña, D. Diego de Leiva, hijo natural
-del señor Antonio de Leiva, y otros caballeros; dió en los que se
-retiraban y en la gente que estaba para hacelles espaldas; rompiólos
-otra vez; pero aunque la tierra fuese llana, impedida la caballería de
-las matas y de la arcabucería de los turcos y moros que se retiraban
-con órden, no pudo acabar de deshacer los enemigos. Murieron de
-ellos cuasi seiscientos hombres; Aben Humeya tornó la gente rota á
-la sierra, y el marqués á Berja. Al rey dió noticia, pero á D. Juan
-poca y tarde; hombre preciado de las manos mas que de la escritura; ó
-que queria darlo á entender, siendo enseñado en letras y estudioso.
-Comenzó D. Juan con órden del rey á reforzar el campo del marqués;
-antes á formarlo de nuevo: puso con dos mil hombres á D. Rodrigo de
-Benavides en la guarda de Guadix; á Francisco de Molina envió con cinco
-banderas á la de Orgiba; mandó pasar á D. Juan de Mendoza con cuasi
-cuatro mil infantes y ciento y cincuenta caballos adonde el marqués
-estaba; y al comendador mayor, que tomando las banderas de D. Pedro
-de Padilla (rehechas ya del daño que recibieron en Frejiliana), las
-pusiese en Adra, donde el marqués vino de Berja á hacer la masa. Llegó
-D. Sancho de Leiva á un mismo tiempo con mil y quinientos catalanes
-de los que llaman delados, que por las montañas andan huidos de las
-justicias, condenados y haciendo delitos, que por ser perdonados
-vinieron los mas de ellos á servir en esta guerra: era su cabeza Antic
-Sarriera, caballero catalan; las armas sendos arcabuces largos, y dos
-pistoletes de que se saben aprovechar. Llegó Lorenzo Tellez de Silva,
-marqués de la Favara, caballero portugués, con setecientos soldados, la
-mayor parte hechos en Granada y á su costa: atravesó sin daño por el
-Alpujarra entre las fuerzas de los enemigos; y por tenerlos ocupados
-en el entretanto que se juntaba el ejército, y las guarniciones de
-Tablate, Durcal y el Padul seguras (á quien amenazaban los moros del
-valle, y los que habian tornado á las Albuñuelas); por impedir asimismo
-que estos no se juntasen con los que estaban en la sierra de Guejar
-y con otros de la Alpujarra; por estorbar tambien el desasosiego en
-que ponian á Granada con correrías de poca gente, y por quitalles la
-cogida de los panes del valle; mandó D. Juan que D. Antonio de Luna
-con mil infantes y doscientos caballos fuese á hacer este efecto,
-quemando y destruyendo á Restaval, Pinillos, Belejij, Concha, y, como
-dije, el valle hasta las Albuñuelas. Partió con la misma órden y á la
-misma hora, que cuando fue á quemallas la vez pasada, pero con desigual
-fortuna; porque llegando tarde, halló los moros levantados por el
-campo, y en sus labores con las armas en la mano: tuvieron tiempo para
-alzar sus mujeres, hijos, y ganados, y ellos juntarse, llevando por
-capitanes á Rendati, hombre señalado, y á Lope, el de las Albuñuelas,
-ayudados con el sitio de la tiera barrancosa. Acometieron la gente de
-D. Antonio, ocupada en quemar y robar; que pudo con dificultad, aunque
-con poca pérdida, resistir y recogerse, siguiéndole y combatiéndole
-por el valle abajo malo para la caballería. Mas D. Antonio, ayudándole
-D. García Manrique, hijo del marqués de Aguilar, y Lázaro de Heredia,
-capitan de infantería, haciendo á veces de la vanguardia retaguardia,
-á veces por el contrario tomando algunos pasos con la arcabucería,
-se fue retirando hasta salir á lo raso, que los enemigos con temor
-de la caballería le dejaron. Murió en esta refriega apartado de D.
-Antonio el capitan Céspedes á manos de Rendati con veinte soldados
-de su compañía peleando, sesenta huyendo; los demás se salvaron á
-Tablate donde estaba de guardia. No fue socorrido por estar ocupada la
-infantería quemando y robando sin podellos mandar D. Antonio. Tampoco
-llegó D. García (á quien envió con cuarenta caballos), por ser lejos
-y áspera la montaña, los enemigos muchos. Pero el vulgo ignorante, y
-mostrado á juzgar á tiento, no dejaba de culpar al uno y al otro; que
-con mostrar D. Antonio la caballería de lo alto en las eras del lugar,
-los enemigos fueran retenidos ó se retiraran; que D. García pudiera
-llegar mas á tiempo y Céspedes recogerse á ciertos edificios viejos,
-que tenia cerca; que D. Antonio le tenia mala voluntad dende antes, y
-que entonces habia salido sin órden suya de Tablate, habiéndole mandado
-que no saliese. Á mí que sé la tierra, paréceme imposible ser socorrido
-con tiempo, aunque los soldados quisieran mandarse, ni hubiera enemigos
-en medio y á las espaldas. Tal fue la muerte de Céspedes, caballero
-natural de Ciudad Real, que habia traido la gente á su costa, cuyas
-fuerzas fueron excesivas y nombradas por toda España; acopañólas hasta
-la fin con ánimo, estatura, voz y armas descomunales. Volvió D. Antonio
-con haber quemado alguna vitualla, trayendo presa de ganado á Granada,
-donde menudeaban los rebatos; las cabezas de la milicia corrian á una
-y otra parte, mas armados que ciertos donde hallar los enemigos; los
-cuales dando armas por un cabo, llevaban de otro los ganados. Habia
-D. Juan ya proveido que D. Luis de Córdoba con doscientos caballos y
-alguna infantería recogiese á Granada y á la Vega los de la tierra:
-comision de poco mas fruto, que de aprovechar á los que los hurtaron;
-porque no se pudiendo mantener, fue necesario volvellos á sus lugares
-faltos de la mitad, donde fueron comunes á nosotros y á los enemigos.
-
- [51] Con mayor moderacion y verisimilitud escribe esta victoria
- nuestro autor que otros.
-
-Hallábase entretanto el marqués de Velez en Adra (lugar antiguamente
-edificado cerca de donde ahora es, que llamaban Abdera), con cuasi
-dos mil infantes y setecientos caballos: gente armada, plática, y que
-ninguna empresa rehusara por difícil, extendida su reputacion por
-España con el suceso de Berja, su persona subida en mayor crédito.
-Venian muchos particulares á buscar la guerra, acrecentando el número y
-calidad del ejército; pero la esterilidad del año, la falta de dinero,
-la pobreza de los que en Málaga fabricaban bizcocho, y la poca gana
-de fabricarlo por las continuas y escrupulosas reformaciones antes de
-la guerra, la falta de recuas por la carestía, la de vivanderos que
-suelen entretener los ejércitos con refrescos, y con esto las resacas
-de la mar que en Málaga estorban á veces el cargar, y las mesmas el
-descargar en Adra, fue causa que las galeras no proveyesen de tanto
-bastimento y tan á la continua. Era algunas veces mantenido el campo
-de solo pescado, que en aquella costa suele ser ordinario; cesaban las
-ganancias de los soldados con la ociosidad; faltaban las esperanzas á
-los que venian cebados de ellas; deteníanse las pagas: comenzó la gente
-de descontentarse á tomar libertad y hablar como suelen en sus cabezas.
-El general, hombre entrado en edad y por esto mas en cólera, mostrado á
-ser respetado y aun temido; cualquiera cosa le ofendia: dióse á olvidar
-á unos, tener poca cuenta con otros, tratar á otros con aspereza; oía
-palabras sin respeto, y oíanlas de él. Un campo grueso, armado, lleno
-de gente particular, que bastaba á la empresa de Berbería, comenzó
-á entorpecerse nadando y comiendo pescados frescos; no seguir los
-enemigos habiéndolos rompido; no conocer el favor de la victoria;
-dejarlos engrosar, afirmar, romper los pasos, armarse, proveerse, criar
-guerra en las puertas de España. Fue el marqués juntamente avisado y
-requerido de personas que veían el daño, y temian el inconveniente,
-que con la vitualla bastante para ocho dias saliese en busca de Aben
-Humeya. Por estos términos comenzó á ser mal quisto del comun, y de
-allí á pegarse la mala voluntad en los principales, aborrecerse él de
-todos y de todo, y todos de él.
-
-Al contrario de lo que al marqués de Mondejar aconteció; que de los
-principales vino á pegarse en el pueblo; pero con mas paciencia y
-modestia suya, dicen que con igual arrogancia. Yo no vi el proceder
-del uno ni del otro; pero á mi opinion ambos fueron culpados, sin
-haber hecho errores en su oficio, y fuera de él, con poca causa y esa
-comun en algunos otros generales de mayores ejércitos. Y tornando á lo
-presente, nunca el marqués de Velez se halló tan proveido de vitualla,
-que le sobrase en el comer ordinario de cada dia para llevar consigo
-cuantidad, que pudiese gastar á la larga; pero vista la falta de ella,
-la poca seguridad que se tenia de la mar; pareciéndole que de Granada
-y el Andalucía, Guadix, y marquesado de Zenette, y de allí por los
-puertos de la Ravaha y Loh que atraviesan la sierra hasta la Alpujarra,
-podia ser proveido; escribió á D. Juan (aunque lo solia hacer pocas
-veces), que le mandase tener hecha la provision en la Calahorra; porque
-con ella y la que viniese por mar, se pudiese mantener el ejército en
-la Alpujarra y echar de ella los enemigos.
-
-El comendador mayor, segun el poco aparejo, ninguna diligencia posible
-dejaba de hacer aunque fuese con peligro, hasta que tuvo en Adra puesta
-vitualla de respeto por tanto tiempo, que ayudado el marqués con alguna
-de otra parte (aunque fuese habida de los enemigos), podia guerrear
-sin hambre, y esperar la de Guadix: mas viendo que el marqués incierto
-de la provision que hallaria en la Calahorra se detenia, dábale priesa
-en público, y requeríale en consejo que saliese contra los enemigos.
-Mas dando el marqués razones por donde no convenia salir tan presto,
-dicen que pasó tan adelante, que en presencia de personas graves y en
-un consejo, le dijo: _Que no lo haciendo, tomaria él la gente y saldria
-con ella en campo_.
-
-En Granada ninguna diligencia se hizo para proveer al marqués; porque,
-pues no replicaba, tuvieron creido que no tenia necesidad, y que estaba
-proveido bastantemente en Adra, de donde era el camino mas cauto
-y seguro: tenian por dificultoso el de la Calahorra; los enemigos
-muchos, las recuas pocas, la tierra muy áspera, de la cual decian que
-el marqués era poco plático. Mas el pueblo, acostumbrado ya á hacerse
-juez, culpábale de mal sufrido en palabras y obras igualmente, con la
-gente particular y comun; á sus oficiales de liberales en distribuir
-lo voluntario, y en lo necesario estrechos; detenerse en Adra buscando
-causas para criar la guerra, tenido en otras cosas por diligente:
-escribíanse cartas, que no faltaba adonde cayesen á tiempo; disminuíase
-por horas la gracia de los sucesos pasados: decian que de ello no
-pesaba á D. Juan, ni á los que le estaban cerca: era su parcial solo
-el presidente, pero ese algunas veces ó no era llamado, ó le excluían
-de los consejos á horas y lugares, aunque tenia plática de las cosas
-del reino y alteraciones pasadas. Pasó este apuntamiento hasta ser
-avisado el consejo por cartas de personas y ministros importantes
-(segun el pueblo decia), y aun reprendido, que parecia desautoridad y
-poca confianza, no llamar un hombre grave de experiencia y dignidad.
-Pero no era de maravillar que el vulgo hiciese semejantes juicios; pues
-por otra parte se atrevia á escudriñar lo intrínseco de las cosas, y
-examinar las intenciones del consejo.
-
-Decian que el duque de Sesa y el marqués de Velez eran amigos, mas por
-voluntad suya que del duque: no embargante que fuesen tio y sobrino.
-El marqués de Mondejar y el duque émulos de padres y abuelos sobre la
-vivienda de Granada, aunque en público profesasen amistad: antigua
-la enemistad entre los marqueses y sus padres, renovada por causas y
-preeminencias de cargos y jurisdicciones; lo mismo el de Mondejar y
-el presidente, hasta ser maldicientes en procesos el uno contra el
-otro: Luis Quijada envidioso del de Velez, ofendido del de Mondejar;
-porque siendo conde de Tendilla, no quiso consentir al marqués su
-padre que le diese por mujer una hija que le pidió con instancia;
-amigo intrínseco de Eraso, y de otros enemigos de la casa del marqués.
-El duque de Feria[52], enemigo atrevido de lengua y por escrito del
-marqués de Mondejar; ambos dende el tiempo de D. Bernardino de Mendoza,
-cuya autoridad despues de muerto los ofendia. El duque de Sesa y
-Luis Quijada á veces tan conformes, cuanto bastaba para excluir los
-marqueses, y á veces sobresanados por la pretension de las empresas:
-hablabánse bien, pero huraños y recatados, y todos sospechosos á la
-redonda. Entreteníase Muñatones mostrado á sufrir y disimular, culpando
-las faltas de proveedores y aprovechamientos de capitanes, lo uno y lo
-otro sin remedio. D. Juan como no era suyo, contentábale cualquiera
-sombra de libertad: atado á sus comisiones, sin nombramiento de
-oficiales, sin distribucion de dinero, armas y municiones y vituallas,
-si las libranzas no venian pasadas de Luis Quijada; que en esto y en
-otras cosas no dejaba (con algunas muestras de arrogancia) de dar á
-entender lo que podia, aunque fuese con quiebra de la autoridad de D.
-Juan; que entendia todos estos movimientos, pero sufríalos con mas
-paciencia que disimulacion: solamente le parecia desautoridad que el
-marqués de Mondejar ó el conde su hijo usasen sus oficios, aunque no
-estaban excluidos ni suspendidos por el rey. Tampoco dejaron de sonarse
-cosquillas de mozos y otros, que las acrecentaban entre el conde y
-ellos: tal era la apariencia del gobierno. Pero no por eso se dejaba de
-pensar y poner en ejecucion lo que parecia mejor al beneficio público y
-servicio del rey: porque los ministros y consejeros no entran con las
-enemistades y descontentamientos al lugar donde se juntan, y aunque
-tengan diferencia de pareceres, cada uno encamina el suyo á lo que
-conviene; pero los escritores como no deben aprobar semejantes juicios,
-tampoco los deben callar cuando escriben con fin de fundar en la
-historia ejemplos, por donde los hombres huyan lo malo y sigan lo bueno.
-
- [52] Solo esto del duque de Feria no entiendo bien, si bien por
- concordar todos los manuscritos, no me atreví á quitarlo.
-
-[Nota al margen: 1569.]
-
-Dende los diez de junio á los veinte y siete de julio estuvo el
-marqués de Velez en Adra sin hacer efecto; hasta que entendiendo que
-Aben Humeya se rehacia, partió con diez mil infantes y setecientos
-caballos, gente, como dije, ejercitada y armada, pero ya descontenta:
-llevó vitualla para ocho dias; el principio de su salida fue con alguna
-desórden. Mandó repartir la vanguardia, retaguardia y batalla por
-tercios; que la vanguardia llevase el primer dia D. Juan de Mendoza, el
-segundo D. Pedro de Padilla; y habiendo ordenado el número de bagajes
-que debia llevar cada tercio, fue informado que D. Juan llevaba mas
-número de ellos; y puesto que fuesen de los soldados particulares,
-ganados y mantenidos para su comodidad, y aunque iban para no volver á
-Adra; mandó tornar D. Juan al alojamiento con la vanguardia, pudiéndole
-enviar á contar los embarazos y reformarlos; cosa no acontecida en
-la guerra sin grande y peligrosa ocasion; con que dió á los enemigos
-ganado tiempo de dos dias, y á nosotros perdido. Salió el dia siguiente
-con haber hallado poco ó ningun yerro que reformar; llevó la misma
-órden, añadiendo, que la batalla fuese tan pegada con la vanguardia, y
-la retaguardia con la batalla, que donde la una levantase los pies, los
-pusiese la otra, guardando el lugar á los impedimentos; la caballería
-á un lado y á otro; su persona en la batalla, porque los enemigos no
-tuviesen espacio de entrar. Vino á Berja, y de allí fue por el llano
-que dicen de Lucainena, donde al cabo de él vieron algunos enemigos
-con quien se escaramuzó sin daño de las partes; mostrando Aben Humeya
-su vanguardia en que habia tres mil arcabuceros, pocos ballesteros;
-pero encontinente subió á la sierra: la nuestra alojó en el llano,
-y el marqués en Ujijar donde se detuvo un dia, y mas el que caminó:
-dilacion contra opinion de los pláticos, y que dió espacio á los
-enemigos de alzar sus mujeres, hijos y ropa, esconder y quemar la
-vitualla, todo á vista y media legua de nuestro campo. El dia siguiente
-salió del alojamiento: los enemigos mostrándose en ala, como es su
-costumbre, y dando grita acometieron á D. Pedro de Padilla (á quien
-aquel dia tocaba la vanguardia), con determinacion, á lo que se veía,
-de dar batalla. Eran seis mil hombres entre arcabuceros y ballesteros,
-algunos con armas enhastadas; víase andar entre ellos cruzando Aben
-Humeya bien conocido, vestido de colorado, con su estandarte delante;
-traía consigo los alcaides, y capitanes moriscos y turcos que eran de
-nombre. Salió á ellos D. Pedro con sus banderas y con los aventureros
-que llevaba el marqués de la Favara, y resistiendo su ímpetu, los hizo
-retirar cuasi todos: pero fueron poco seguidos; porque al marqués
-de Velez pareció que bastaba resistillos, ganalles el alojamiento,
-y esparcillos. Retiráronse á lo áspero de la montaña con pérdida de
-solos quince hombres: fue aquel dia buen caballero el marqués de la
-Favara, que apartado con algunos particulares que le siguieron, se
-adelantó, peleó, y siguió los enemigos; lo mismo hizo D. Diego Fajardo
-con otros. Aben Humeya apretado huyó con ocho caballos á la montaña,
-y dejarretándolos, se salvó á pie; el resto de su gente se repartió
-sin mas pelear por toda ella: hombres de paso, resolutos á tentar y
-no hacer jornada; cebados con esperanzas de ser por horas socorridos
-ó de gente para resistir, ó de navíos para pasar en Berbería; y esta
-flaqueza los trujo á perdicion. Contentóse el marqués con rompellos,
-ganalles el alojamiento, y esparcillos; teniendo que bastaba, sin
-seguir el alcance, para sacallos de la Alpujarra; ó que esperase mayor
-desórden, ó que le pareciese que se aventuraba en dar la batalla el
-reino de Granada, y que para el nombre bastaba lo hecho: hallóse tan
-cerca del camino, que con doscientos caballos acordó pasar aquella
-noche á reconocer la vitualla á la Calahorra, donde no hallando que
-comer, volvió otro dia al campo, que estaba alojado en Valor el alto y
-bajo. Detúvose en estos dos lugares diez dias, comiendo la vitualla que
-trajo y alguna que se halló de los enemigos sin hacer efecto, esperando
-la provision que de Granada se habia de enviar á la Calahorra, y
-teniendo por incierta y poca la de Adra; y aunque los ministros á
-quien tocaba afirmasen que las galeras habian traido en abundancia,
-resolvió mudarse á la Calahorra, fortaleza y casa de los marqueses de
-Zenette, patrimonio del conde Julian en tiempo de godos, que en el
-de moros tuvieron los Zenettes venidos de Berbería, una de las cinco
-generaciones descendientes de los alárabes que poblaron y conquistaron
-á África. Tuvo el marqués por mejor consejo dejar á los enemigos la mar
-y la montaña, que seguillos por tierra áspera y sin vitualla, con gente
-cansada, descontenta y hambrienta; y asegurar tierra de Guadix, Baza,
-rio de Almanzora, Filabres, que andaba por levantarse, y allanar el rio
-de Bolodui que ya estaba levantado, comer la vitualla de Guadix y el
-marquesado.
-
-Mas la gente con la ociosidad, hambre y descomodidad de aposentos,
-comenzó á adolecer y morir. Ningun animal hay mas delicado que un campo
-junto, aunque cada hombre por sí sea recio y sufridor de trabajo;
-cualquier mudanza de aires, de aguas, de mantenimientos, de vinos;
-cualquier frio, lluvia, falta de limpieza, de sueño, de camas, le
-adolece y deshace; y al fin todas las enfermedades le son contagiosas.
-Andaban corrillos, quejas, libertad, derramamientos de soldados por
-unas y otras partes, que escogian por mejor venir en manos de los
-enemigos: íbanse cuasi por compañías sin órden ni respeto de capitanes.
-Como el paradero de estos descontentamientos, ó es amotinarse, ó un
-desarrancarse pocos á pocos, vino á suceder así hasta quedar las
-banderas sin hombres; y tan adelante pasó la desórden, que se juntaron
-cuatrocientos arcabuceros, y con las mechas en las serpentinas
-salieron á vista del campo: fue D. Diego Fajardo hijo del marqués por
-detenerlos, á quien dieron por respuesta un arcabuzazo en la mano y el
-costado, de que peligró, y quedó manco. La mayor parte de la gente que
-el marqués envió con él, se juntó con ellos y fueron de compañía; tanto
-en tan breve tiempo habia crecido el odio y desacato.
-
-En fin llegado y alojado en el lugar, temiendo de su persona pasó á
-posar en la fortaleza: la gente se aposentó en el campo comiendo á
-libra escasa de pan por soldado sin otra vianda; pero dende á pocos
-dias dos libras por dia, y una de carne de cabra por semana; los dias
-de pescado algun ajo y una cebolla por hombre, que esto tenian por
-abundancia: sufrieron mucho las banderas de Nápoles con el nombre de
-soldados viejos, y la gente particular; quedaron en pie cuasi solas
-estas compañías y doscientos caballos. Tal fue el suceso de aquella
-jornada en que los enemigos vencidos quedaron con la mar y tierra,
-mayores fuerzas y reputacion; y los vencedores sin ella, faltos de lo
-uno y de lo otro.
-
-En el mismo tiempo los vecinos del Padul, á tres leguas de Granada, se
-quejaban que habian tenido y mantenido mucho tiempo gruesa guarnicion,
-que no podian sufrir el trabajo, ni mantener los hombres y caballos.
-Pidieron que ó se mudase la guardia ó se disminuyese, ó los llevasen
-á ellos á vivir en otro lugar. Vínose en esto; y salidos ellos, la
-siguiente noche juntándose con los moros de la sierra, dieron en la
-guarnicion, mataron treinta soldados, y hirieron muchos acogiéndose á
-lo áspero: cuando el socorro de Granada llegó, halló hecho el daño y á
-ellos en salvo.
-
-La desórden del campo del marqués puso cuidado á D. Juan de proveer
-en lo que tocaba á tierra de Baza; porque la ciudad estaba sin mas
-guardia, que la de los vecinos. Envió á D. Antonio de Luna con mil
-infantes y doscientos caballos, que estuvo dende medio agosto hasta
-medio noviembre sin acontecer novedad ó cosa señalada, mas del
-aprovechamiento de los soldados, mostrados á hacer presas contra amigos
-y enemigos. Puso en su lugar á D. García Manrique á la guardia de la
-Vega, sin nombre ó título de oficio. Vióse una vez con los enemigos,
-matándoles alguna gente sin daño de la suya.
-
-Entre tanto no cesaban las envidias y pláticas contra los marqueses,
-especialmente las antiguas contra el de Mondejar; porque aunque
-sus compañeros en la suficiencia fuesen iguales, vióse que en el
-conocimiento de la tierra y de la gente donde y con quien habia hecho
-la vida, y en las provisiones por el luengo uso de proveer armadas, era
-su parecer mas aprobado que apacible; pero siempre seguido, hasta que
-el marqués de Velez subió en favor y vino á ser señor de las armas.
-Entonces dejaron al de Mondejar, y tornaron á deshacer las cosas bien
-hechas del de Velez. Mas cuando este comenzó á faltar de la gracia
-particular y general, tornaron sobre el de Mondejar; y temiendo que
-las armas de que estaba despojado tornasen á sus manos, claramente le
-excluían de los consejos, calumniaban sus pareceres, publicaban por
-una parte las resoluciones y por otra hacíanle autor del poco secreto;
-parecíales que en algun tiempo habia de seguirse su opinion cuanto al
-recibir los moriscos y despues oprimillos, que cesarian las armas y por
-esto la necesidad de las personas por quien eran tratadas.
-
-Estaban nuestras compañías tan llenas de moros aljamiados, que donde
-quiera se mantenian espías: las mujeres, los niños esclavos, los
-mismos cristianos viejos daban avisos, vendian sus armas y municion,
-calzado, paño, y vituallas á los moros. El rey por una parte informado
-de la dificultad de la empresa, por otra dando crédito á los que
-la facilitaban, vistos los gastos que se hacian, y pareciéndole
-que el marqués de Mondejar, émulo del de Velez y de otros, aunque
-no daba ocasion á quejas, daba avilanteza á que se descargasen de
-culpas, diciendo que por tener él mano en los negocios eran ellos
-mal proveidos, y que la ciudad descontenta de él, y persuadida por
-el corregidor Juan Rodriguez de Villafuerte que era interesado, y
-del presidente que le hacia espaldas, de mejor gana contribuiria con
-dinero, gente y vitualla hallándose ausente que presente, que de
-ninguno podia informarse mas clara y particularmente; envióle á mandar
-que con diligencia viniese á Madrid: algunos dicen que en conformidad
-de sus compañeros. El suceso mostró, que la intencion del rey era
-apartalle de los negocios. Mas porque se vea como los príncipes
-pudiendo resolutamente mandar, quieren justificar sus voluntades con
-alguna honesta razon, he puesto las palabras de la carta.
-
-«Marqués de Mondejar, primo, nuestro capitan general del reino de
-Granada. Porque queremos tener relacion del estado en que al presente
-están las cosas de ese reino, y lo que converná proveer para el remedio
-de ellas, os encargamos que en recibiendo esta os pongais en camino,
-y vengais luego á esta nuestra corte para informarnos de lo que está
-dicho, como persona que tiene tanta noticia de ellas: que en ello, y en
-que lo hagais con toda la brevedad, nos ternemos por muy servidos. Dada
-en Madrid á 3 de setiembre de 1569.»
-
-Llegó el marqués, y fue bien recebido del rey, y algunas veces le
-informó á solas: de los ministros fue tratado con mas demonstracion de
-cortesía que contentamiento: nunca fue llamado en consejo; mostrando
-estar informados á la larga por otra via. Muñatones, plático de
-semejantes llamamientos, y falto de un ojo, dijo como le mostraron la
-carta: _que le sacasen el otro, si el marqués tornaba de allá durante
-la guerra_. Anduvo muchos dias como suspendido y agraviado, cierto que
-siempre habia seguido la voluntad del rey y de solo ella hecho caudal.
-Mas entre los reyes y sus ministros, la parte de los reyes es la mas
-flaca; no embargante la informacion que el marqués dió, eran tantas y
-tan contrarias unas de otras las que se enviaban, que pareció juntar
-con ellas la de D. Enrique Manrique, alcaide que fue del castillo de
-Milan, y habiéndolo él dejado, estaba descansando en su casa. Pasó por
-Granada entendiendo lo de allí; vino á do el marqués de Velez estaba;
-y partió sin otra cosa de nuevo mas de errores en la guerra, cargos
-de unos ministros á otros dados por via de justificacion, necesidad
-de cargar con mayores fuerzas, crecidas las de los enemigos con la
-disminucion de las nuestras.
-
-Pareció á los ministros la gente con que el marqués habia ofrecido
-echar los enemigos de la tierra, poca, y la oferta menos pensada; pues
-con doblado número no se hizo mayor efecto: y no dejaron de deshacelle
-el buen suceso, con decir que los moros muertos habian sido menos de lo
-que se escribió. Pero el rey tomando la parte del marqués respondió:
-_que habia sido importante desbaratar y partir los enemigos, aunque
-no con tanto daño de ellos como se dijo_; y esto mas por reprimir
-alguna intencion que se descubria contra el marqués, que por alaballe,
-como se vió dende á poco. Decia el marqués que la falta de vitualla
-habia sido causa de haberse deshecho su campo; cargaba á D. Juan, al
-consejo de Granada; quedó la suma de todo su campo en pocos mas de mil
-y quinientos infantes y doscientos caballos: en fin fue necesitado á
-recogerse dentro en el lugar, atrincherarse, y aun derribar casas por
-parecerle el sitio grande. Mas dende á pocos dias enviaron de Granada
-tanta provision, que no habiendo á quien repartilla, ni buena órden,
-valian cien libras de pan un real.
-
-No estaba Granada por esto mas proveida de vitualla, ni se hacian los
-partidos de ella con mayor recatamiento, aunque el presidente remediaba
-parte del daño con industria; ni en lo que tocaba á la gente y pagas se
-guardaban las órdenes de D. Juan, á quien tampoco perdonaba el pueblo
-de Granada; libre y atrevido en el hablar, pero en presencia de los
-superiores siervo y apocado; movido á creer y afirmar facilmente sin
-diferencia lo verdadero y lo falso; publicar nuevas ó perjudiciales ó
-favorables, seguillas con pertinacia: ciudad nueva, cuerpo compuesto de
-pobladores de diversas partes, que fueron pobres y desacomodados en sus
-tierras, ó movidos á venir á esta por la ganancia; sobras de los que no
-quisieron quedar en sus casas, cuando los Reyes católicos la mandaron
-poblar; como es en los lugares, que se habitan de nuevo. No se dice
-esto porque en Granada no haya tambien nobleza escogida por los mesmos
-reyes cuando la república se fundó, venida de personas excelentes en
-letras, á quien su profesion hizo ricos, y los descendientes de unos
-y otros nobles de linaje ó de ánimo y virtud, como en esta guerra lo
-mostraron no solamente ellos, pero el comun; mas porque tales son
-las ciudades nuevas, hasta que envejeciéndose la virtud y riqueza,
-la nobleza se funda. Discurrian las intenciones libres por todos sin
-perdonar á ninguno, y las lenguas por los que osaban, y no sin causa;
-porque en guerra de mucha gente, de largo tiempo, varia de sucesos,
-nunca faltan casos que loar ó condenar. Las compañías de Granada eran
-tan faltas y mal disciplinadas, que ni con ellas se podia estar dentro,
-ni salir fuera; pero la mayor desórden fue que habiendo mandado el rey
-castigar con rigor los soldados que se venian del marqués de Velez, y
-procurando D. Juan que se pusiese en ejecucion; cansados los ministros
-de ejecutar y D. Juan de mandar, visto lo poco que aprovechaba, se tomó
-expediente de callar; y por no quedar del todo sin gente, consentir
-que las compañías se hinchiesen de la que desamparaba las banderas
-del marqués, no sin alguna sombra de negligencia ó voluntad; la cual
-fue causa de que viniese el campo á quedar deshecho, y los enemigos
-señores de mar y tierra, campeando Aben Humeya con siete mil hombres,
-quinientos turcos y berberíes, sesenta caballos; mas para autoridad que
-necesidad.
-
-Ya Jergal en el rio de Almería, lugar del conde de la Puebla, se
-habia levantado á instancia de Portocarrero mayordomo suyo: ó por la
-habilidad ó por el barato ocupó la fortaleza con poca artillería y
-armas, y echando de ella al alcaide puso gente dentro; mas él dende
-á poco dió en las manos del conde de Tendilla, y fue atenazado en
-Granada. Estaba tambien levantado el valle y rio de Bolodui, paso
-entre tierra de Guadix, Baza y la mar confinante con el Alpujarra. El
-marqués por tener ocupada la gente, darle alguna ganancia, mantener la
-reputacion de la guerra, determinó ir en persona sobre él, habiéndolo
-consultado con el rey, que le remitió la ida ó á allí, ó á tierra de
-Baza en caso que la gente no fuese tan poca, que no llegase á número
-de los cinco mil hombres. Llevando pues á D. Juan de Mendoza sin
-gente, con la de D. Pedro de Padilla, y parte de la que D. Rodrigo
-de Benavides tenia en Guadix, alguna otra de amigos y allegados que
-seguian la guerra, doscientos y cincuenta caballos, partió á deshacer
-una masa de gente que entendió juntarse en Bolodui, temiendo que
-dañase tierra de Baza, y pusiesen á D. Antonio de Luna en necesidad,
-y juntándose con ellos Aben Humeya, pasase el daño adelante. Partió
-de la Calahorra, vino á Fiñana, llevando la vanguardia D. Pedro de
-Padilla con las banderas de Nápoles. Habia nueve leguas de Fiñana al
-lugar donde los enemigos se recogian; mas no pudiendo caminar á pie los
-soldados tan gran trecho, fueron necesitados á quedar la noche cansados
-y mojados (porque el rio se pasa muchas veces), á dos leguas de los
-enemigos; inconveniente que acontece á los que no miden el tiempo
-con la tierra, con la calidad y posibilidad de la gente. Los moros,
-apercebidos de la venida de los nuestros, dieron avisos con fuegos
-por toda la tierra, alzaron la ropa y personas que pudieron. Habíase
-adelantado con la caballería el marqués tomando consigo cuatrocientos
-arcabuceros á las ancas de los caballos y bagajes; mas cansados unos
-y otros dejaron la mayor parte. Los enemigos aguardando ora á un paso
-del rio, ora á otro, segun vian que nuestra caballería se movia, ora
-haciendo alguna resistencia, se acogieron á la sierra. Dejaban muchos
-bagajes, mujeres y niños, en que los soldados se ocupasen; y viéndolos
-embarazados con el robo, sin espaldas de arcabucería, hicieron vuelta,
-cargando de manera, que los nuestros fueron necesitados á retirarse
-con pérdida, no sin alguna desórden, aunque todavía con mucho de la
-presa. Parte de la caballería se acogió fuera de tiempo, disculpándose
-que no se les hubiese dado la órden, ni esperado la arcabucería que
-dejaban atrás. Pero el marqués viendo que la retirada era por conservar
-el robo (causa que puede con la gente mas que otra), envió persona con
-veinte caballos y algunos arcabuceros, que con autoridad de justicia
-quitase á la caballería la presa, para que despues se repartiese
-igualmente, llamando á la parte los soldados de D. Pedro de Padilla
-que quedaron atrás. El comisario, hallando alguna contradiccion,
-compró tres esclavas: una de las cuales se ofreció á descubrille gran
-cantidad de ropa y dineros; mas ella viéndose en la parte que deseaba
-hizo señas, á que se juntaron muchos moros: mataron algunos caballos
-y todos los arcabuceros; salvóse el comisario á la parte contraria
-del marqués, corriendo hasta Almería diez leguas de donde comenzó á
-salvarse, y todas por tierras de enemigos: quedaron los caballos con
-la presa, pero tan ocupados, que fueron de poco provecho, y el marqués
-por esto tornó retirándose con órden (aunque cargándole los enemigos)
-hasta juntar consigo la gente de D. Pedro. Dende allí vino á Fiñana con
-mucha parte de la cabalgada, y con igual daño de muertos y heridos.
-Mas entendiendo que los moros de la sierra de Baza y rio de Almanzor
-andaban en cuadrillas, y desasosegaban la tierra, temiendo que llevasen
-tras sí los lugares de aquella provincia, y Filabres, donde tenia su
-estado, gruesos y fuertes, y que las fuerzas de D. Antonio de Luna no
-serian bastantes á resistillos; partió en principio de invierno, con
-mil infantes y doscientos y cincuenta caballos que tenia, para Baza.
-Pero D. Antonio, hombre prevenido (dicen que con órden de D. Juan),
-dejó la gente antes que llegase el marqués, y volvió á servir su cargo
-en Granada; ó por haber oido que no se entendia blandamente con las
-cabezas de la gente; ó porque tuvo por mas á propósito de su autoridad
-ser mandado de D. Juan, que entonces gastaba su tiempo en mantener á
-Granada á manera de sitiado, contra las correrías de los enemigos:
-descontento y ocioso igualmente, mas deseando y procurando comision del
-rey para emplear su persona en cosa de mayor momento. Las cabezas de su
-gente con cualquier liviana ocasion no dejaban de mostrarse en todas
-partes de la ciudad, corriendo las calles armados (puesto que vacía de
-enemigos) inciertos á que parte fuese el peligro, siguiendo esos pocos
-por las mismas pisadas que salian, sin haber atajado la tierra, hasta
-dejallos en salvo y recogidos á la montaña. Llaman atajar la tierra en
-lengua de hombres del campo, rodealla al anochecer y venir de dia para
-ver por los rastros, que gente de enemigos y por que parte ha entrado
-ó salido. Esta diligencia hacen todos los dias personas ciertas de pie
-y de caballo, puestos en postas que cercan á la redonda la comarca, y
-llámanlos atajadores, oficio de por sí y apartado del de los soldados;
-porque no se hacia esta diligencia en tierra escura y doblada, y en
-lugar que aunque grande, no era el circuito extendido, y eran los pasos
-ciertos, no pude entender la causa.
-
-Aben Humeya, viéndose libre del marqués de Velez, con los siete mil
-hombres que tenia se puso sobre Adra con ánimo de tomar el lugar, que
-pensaba estar desamparado; mas viendo que perdia el tiempo, pasó á
-Berja, y quísola batir con dos piezas; pero levantóse de allí: corrió y
-estragó la tierra del marqués de Velez, el lugar de las Cuevas; quemó
-los jardines, dañó los estanques, todo guardado con curiosidad de mucho
-tiempo para recreacion; acometiendo llegar á los Velez en sierra de
-Filabres, tornó á Andarax, donde como asegurado de la fortuna vivia ya
-con estado de rey; pero con arbitrio de tirano, señor de las haciendas
-y personas, tenido por manso engañaba con palabras blandas; mas para
-quien recatadamente le miraba, oscuras y suspensas, de mayor autoridad
-que crédito: codicia en lo hondo del pecho, rigor nunca descubierto
-sino cuando habia ofendido, y entonces sosegado como si hubiera hecho
-beneficio, queria gracias de ello. Contaba el dinero y los dias á quien
-mas familiar trataba con él, y algunos de estos á que pensaba ofender
-escogia por compañeros de sus consejos y conversacion. Tal era Aben
-Humeya; y puesto que entre nosotros fuese tenido por inocente y llamado
-D. Hernandillo de Valor, el oficio descubrió cual es el hombre. Con
-todo esto duró algunos dias que le hacian entender que era bien quisto,
-y él lo creía, ignorante de su condicion; hasta que el vulgo comenzó á
-tratar de su manera, de su vida, de su gobierno, todo con libertad y
-desprecio, como riguroso y tenido en poco. Apartáronse de su servicio
-descontentas algunas cabezas, que tomaron avilanteza; en tierra
-de Granada, el Nacoz; en la de Beza, Maleque; en la de Almuñecar,
-Giron; en la de Velez, Garral; en el rio de Almería, Mojajar; en el
-de Almanzora, Aben Mequenun, que decian Portocarrero, hijo del que
-levantó á Jergal; y al fin Farax, uno de los principales que fueron en
-hacelle rey. Cargábanle culpas, escarnecíanle; burlaban de su condicion
-sus mismos consejeros: señales que por la mayor parte preceden á la
-destruicion del tirano. Quejábanse los turcos, entre otros muchos, que
-habiendo dejado su tierra por venir á serville, no los ocupaba donde
-ganasen: descontentos y entretenidos con sueldos ordinarios. Mas él,
-espacioso, irresoluto hasta su daño, tanto dilató la respuesta que se
-enemistó con ellos, habiéndolos traido para su seguridad; y despues
-proveyó fuera de tiempo. Traía en el ánimo quemar y destruir á Motril,
-lugar guardado con alguna ventaja de como solia; pero grande, abierto,
-llano, y á la marina. Mas por descuidar los nuestros, acordó enviar
-fingidamente los turcos (para mandallos tornar) á las Albuñuelas,
-frontera de Granada, mostrando querer que fuesen regalados y mantenidos
-en el vicio y abundancia del valle de Lecrin, el uno de tres barrios
-fuertes, las espaldas á la sierra. Entre los amigos de quien mas fiaba,
-era uno Abdalá Abenabó de Mecina de Bombaron, primo suyo, y tambien de
-la sangre de Aben Humeya, alcaide de los alcaides, tenido por cuerdo
-y animoso, de buena palabra, comunmente respetado, usado al campo, y
-entretenido mas en criar ganados que en el vicio del lugar. Á este
-mandó ir por comisario general para que los alojase y mandase, y los
-capitanes estuviesen á su obediencia; dióle órden que donde le tomase
-otro mandado suyo tornase con ellos y la mas gente que pudiese juntar,
-trayendo vitualla para seis dias; que él avisaria del lugar donde debia
-ir. Partieron seiscientos hombres, cuatrocientos turcos y doscientos
-berberíes en el mismo hábito, todos arcabuceros; eran sus capitanes á
-la sazon Hhusceni y Carabaji. Apenas llegaron á Cadiar, cuando Aben
-Humeya despachó un correo dando gran priesa que volviesen aquella
-noche á Ferreira. De aquí se tramó su muerte. Trataré de mas lejos la
-verdadera causa de ella, por haberse publicado diferentemente.
-
-El principio fue descontentamiento de los turcos, mostrados á mandar
-su rey en Berbería; temor que de él tenian sus amigos; poca seguridad
-de las personas y haciendas; sospechas que se entendia con nosotros. Y
-el tratado fue tal luego que le eligieron, que ninguno en su compañía
-tuviese morisca por amiga, sino por legítima mujer; y guardábase
-esto generalmente. Mas habia entre las mujeres una viuda, mujer que
-fuera de Vicente de Rojas, pariente de Rojas, suegro de Aben Humeya:
-mujer igualmente hermosa y de linaje, buena gracia, buena razon en
-cualquier propósito, ataviada con mas elegancia que honestidad;
-diestra en tocar un laud, cantar, bailar á su manera y á la nuestra,
-amiga de recoger voluntades y conservallas. Á esta se llegó un primo
-suyo, como es costumbre entre parientes, despues de muerto el marido
-en la guerra, de quien Aben Humeya se fiaba, llamado Diego Alguacil;
-vivian juntos, comunicábanse mas que familiarmente: trataba él con
-Aben Humeya loando sus buenas partes y conversacion, tanto que á
-desearla ver le inclinó; y contento de ella, por no ofender al amigo,
-disimulábalo; ausentábale con comisiones: pudo en fin mas el apetito
-que el respeto; y mandó al primo que no embargante que fuese casado
-con otra, la tomase por mujer; rehusándolo, trújola el rey como en
-depósito á su casa, y usó de ella por amiga. Avisó de ello la viuda á
-su primo mostrando descontentamiento, ofendida entre tantas mujeres
-de no ser tenida por una de ellas; estar forzada, y holgar de verse
-fuera de sujecion, habiendo aparejo; que Aben Humeya, celoso de él y
-sospechoso de venganza, buscaba ocasion para matalle. Huyó Alguacil,
-y juntándose con una cuadrilla de mozos ofendidos por otras causas,
-andaba recatado sin entrar en Valor. Mas dende á pocos dias supo de
-la misma como Aben Humeya enviaba los turcos á cierta empresa, yendo
-á juntarse con ellos por la ganancia; trújole á las manos el caso al
-mensajero, y sabiendo de él como iba á llamar los turcos, le mató; y
-tomándole las cartas usó de semejante ardid, que el conde Julian con
-los capitanes del rey D. Rodrigo en Ceuta. No sabia escribir Aben
-Humeya, y firmar mal en arábigo; pero servíale de secretario y firmaba
-algunas veces por él un sobrino del Alguacil, que á la sazon se halló
-con su tio; él tambien agraviado. En lugar de la carta escribieron
-otra para Abenabó en que le mandaba que tornando aquella noche con los
-turcos á Mecina, y juntándose con la gente de la tierra y cien hombres
-que llevaria consigo Diego Alguacil, los degollase con sus capitanes
-durmiendo y cansados; lo mismo hiciese de Alguacil, despues de haberse
-valido de él. Envió con esta carta un hombre de confianza, midiendo el
-tiempo de manera que llegasen él y el mensajero á Cadiar, cuasi á una
-misma hora. Dió el hombre la carta poco antes, y llegó Diego Alguacil,
-hallando confuso y maravillado á Abenabó: díjole como traía la gente
-consigo; mas que no pensaba hallarse en tal crueldad, por ser personas
-que habian venido á favorecer su casta fiados de él, y ellos puesto la
-vida por sus haciendas, por su libertad y por sus vidas: cansados ya
-de servir á un hombre voluntario, ingrato, cruel, ¿qué podian esperar
-sino lo mismo? Bueno de palabras, mas de ánimo malo y perverso; que no
-habia mujeres, no haciendas, no vidas con que hartar el apetito, la
-sed de dinero y sangre. Pasó Hhusceni, capitan de los turcos (persona
-de crédito entre ellos, tenido por cuerdo, valiente y amigo del rey),
-antes que Abenabó le respondiese; quísole hablar alterado, y Abenabó, ó
-porque el otro no le previniese, ó con temor que le matasen los turcos,
-ó con ambicion y cebo del reino, mostró la carta á Caravaji y Hhusceni,
-en que hacia compañero suyo en la traicion á Diego Alguacil, y de los
-turcos en la muerte; dicen que todo á un tiempo: sacó el mesmo Alguacil
-una conficion que suelen usar para salir de sí cuando han de pelear
-y á veces para emborracharse, hecha con apio y simiente de cáñamo,
-fuerte para dormir sueño pesado; esta, dijo, que habian de dar á los
-capitanes y cabezas en la cena con el beber, sedientos y cansados del
-camino, á manera de la que llaman los alárabes alhajij. Entendiendo
-el hecho, resolvieron entre sí de descomponer y matar á Aben Humeya,
-parte por asegurarse, parte por roballe, persuadiéndose que tenia gran
-tesoro, y hacer á Abenabó cabeza. Juntaron consigo la gente de Diego
-Alguacil, y con silencio caminaron hasta Andarax, donde Aben Humeya
-estaba: aseguraron la centinela como personas conocidas, y que se sabia
-habellos enviado á llamar. Pasaron el cuerpo de guardia, entraron en
-la casa que era en el barrio llamado Laujar, quebraron las puertas
-del aposento: halláronle desnudo, medio dormido, y vilmente entre el
-miedo y el sueño, y dos mujeres, embarazado de ellas, especialmente
-de la viuda amiga de Diego Alguacil que se abrazó con él, fue preso
-en presencia de los que él trataba familiarmente: hombres bajos (que
-á tales tenia mayor inclinacion, y daba crédito), criados suyos,
-el Mejuar, Barzana, Deliar, Juan Cortés de Pliego y su escribano
-que era del Deire; teniendo veinte y cuatro hombres dentro en casa,
-cuatrocientos de guardia, mil y seiscientos alojados en el lugar, no
-hizo resistencia: ninguno hubo que tomase las armas, ni volviese de
-palabra por él. Mas como solo el que es rey puede mostrar á ser rey
-un hombre; así solo el que es hombre puede mostrar á ser hombre un
-rey. Faltó maestro á Aben Humeya para lo uno y lo otro; porque ni supo
-proveer y mandar como rey, ni resistir como hombre. Atáronle las manos
-con un almaizar, juntáronse Abenabó, los capitanes, y Diego Alguacil
-delante de la mujer á tratar del delito y la pena, en su presencia
-leyéronle y mostráronle la carta, que él como inocente y maravillado
-negó: conoció la letra del pariente de Diego Alguacil; dijo que era su
-enemigo, que los turcos no tenian autoridad para juzgalle; protestóles
-de parte de Mahoma, del emperador de los turcos, y del rey de Argel,
-que le tuviesen preso dando noticia de ello y admitiendo sus defensas.
-Mas la razon tuvo poca fuerza con hombres culpados y prendados en
-un mismo delito, y codiciosos de sus bienes: saqueáronle la casa,
-repartiéronse las mujeres, dineros, ropa, desarmaron y robaron la
-guardia; juntáronse con los capitanes y soldados, y otro dia de mañana
-determinaron su muerte. Eligieron á Abenabó por cabeza en público,
-segun lo habian acordado en secreto, aunque mostró sentimiento y
-rehusallo, todo en presencia de Aben Humeya, el cual dijo, que nunca
-su intencion habia sido ser moro; mas que habia aceptado el reino por
-vengarse de las injurias, que á él y á su padre habian hecho los jueces
-del rey D. Felipe, especialmente quitándole un puñal y tratándole
-como á un villano, siendo caballero de tan gran casta; pero que él
-estaba vengado y satisfecho, lo mismo de sus enemigos, de los amigos y
-parientes de ellos, de los que le habian acusado y atestiguado contra
-él y su padre, ahorcándolos, cortándoles las cabezas, quitándoles las
-mujeres y haciendas: que pues habia cumplido su voluntad, cumpliesen
-ellos la suya. Cuanto á la eleccion de Abenabó, que iba contento;
-porque sabia que haria presto el mismo fin: que moria en la ley de los
-cristianos, en que habia tenido intencion de vivir, si la muerte no le
-previniera. Ahogáronle dos hombres: uno tirándole de una parte y otro
-de otra de la cuerda, que le cruzaron en la garganta; él mismo se dió
-la vuelta como le hiciesen menos mal; concertó la ropa, cubrióse el
-rostro.
-
-Tal fin hizo Aben Humeya, en quien despues de tantos años revivió
-la memoria de aquel linaje, que fue uno de los en cuya mano estuvo
-la mayor parte de lo que entonces se sabia en el mundo. La ocasion
-convida á considerar, que como todo lo que en él vemos se mantenga
-por partes, que juntas le dan el ser, y una de ellas sea las castas
-ó linajes de los hombres; estas como en unos tiempos parece estar
-acabadas hasta venir á pobres labradores, así en otros salen y suben
-hasta venir á grandes reyes. Pero muchas veces el Hacedor de todo no
-hallando sujeto aparejado, produce cosas diminuidas semejantes á las
-grandes, como fruto en tierra cansada ó olvidada; ó como queriendo
-hacer hombre hace enano, por falta de sujeto, de tiempo, de lugar. No
-habia en el pueblo de Granada moriscos, fuerzas, ocasion, ni aparejo,
-para crear y mantener rey: salió de un comun consentimiento de muchas
-voluntades juntas (hombres que se tenian por agraviados y ofendidos),
-hecho un tirano con sombra y nombre de rey; y este descendiente de
-casta olvidada, mas que tanto tiempo habia señoreado. Dicen que de una
-sola hija que tuvo Mahoma llamada Fátima, y de Hali Abenseib vinieron
-dos linajes; uno de Aben Humeya[53], otro de Abenhabet, cuya cabeza fue
-Abdalá Abenhabet Miramamolin, señor de España, que echó los berberíes
-del reino de ella, y el postrero Juseph Hali Atan, á quien echó del
-reino Abdurrabi Menhadali, cabeza del linaje de Aben Humeya, hasta el
-último Hiscen que reinó en discordia, que habiéndole los de Córdoba
-echado del reino con ayuda de Habúz, rey de Granada, uno del mismo
-linaje escogió ser electo rey por un solo dia, con condicion que le
-matasen pasadas las veinte y cuatro horas: eligiéronle, y matáronle, y
-acabaron juntos el linaje de Aben Humeya, y el reino de Córdoba. Los
-que descendian de este rey de un dia vinieron á poblar las montañas
-de Granada; y los moros establecieron por ley, que ninguno del linaje
-de Aben Humeya pudiese reinar en Córdoba. Porque si despues reinaron
-en el Andalucía los almoravides, y almohades, y el linaje de Abenhut,
-ya no tuvieron á Córdoba por cabeza del reino, hasta que vino á poder
-del santo rey D. Fernando el Tercero. Esto se ha dicho por muestra, y
-acordar que no hay reino perpetuo, pues vino á desvanecerse un reino
-tan poderoso, como fue el de Córdoba.
-
- [53] Antigüedad y orígen de Aben Humeya, si bien contada con gran
- diferencia de lo que dicen Garibai, Mármol, y otros.
-
-Tomado por cabeza Abdalá Abenabó, diéronle mando sobre todo por tres
-meses, hasta que viniese confirmacion del rey de Argel y título de rey;
-envió con Ben Daud, morisco tintorero en Granada, inventor y tramador
-del levantamiento, á dar nueva de su eleccion al rey de Argel: dióle
-dineros y oro para presentar; diéronle los capitanes cada uno por su
-parte ayuda con que fuese, y quedó allá; y envió la aprobacion mucho
-antes del tiempo. Hicieron con Abenabó la ceremonia, pusiéronle en
-la mano izquierda un estandarte y en la derecha una espada desnuda;
-vistiéronle de colorado, levantáronle en alto, y mostráronle al pueblo,
-diciendo: _Dios ensalce al rey de la Andalucía y Granada Abdalá
-Abenabó_: diéronle generalmente la obediencia los pueblos de moriscos
-que no la habian dado á Mahomet Aben Humeya, y los capitanes, exceptos
-Aben Mequenun que llamaban Portocarrero, hijo del que levantó á Jergal
-con cuatrocientos hombres en el rio de Almanzora, que tambien el
-duque de Arcos mandó justiciar en Granada; y en tierra de Almuñecar y
-Almijara, Giron el Archidoni, que murió reducido y perdonado en Jayena.
-Hizo repartimiento de las alcaidías y gobierno en hombres naturales
-de las mismas tahas: escogió para su consejo seis personas demás de
-los capitanes turcos Caracax, y D. Dali capitan; porque Caravaji,
-luego como se hizo la eleccion, partió á Berbería con ocasion de traer
-gente. Eligió por capitan general para los rios de Almería, Bolodui,
-y Almanzora, sierras de Baza y Filabres, tierra del marquesado de
-Zenette y Guadix, al que llamaban el Habaqui[54], por cuyo parecer se
-gobernaba en todo: otro de Sierra Nevada, tierra de Velez, el valle,
-el Alpujarra, y Granada, á quien decian Joaibi de Guejar: á estos
-obedecian los otros capitanes de tahas; por alguacil, que despues del
-rey es el supremo magistrado, á su hermano Muhamet Abenabó. Envió á
-Hoscein con otro presente de cautivos al rey de Argel, pidiéndole gente
-y armas: juntó un ejército ordinario de cuatro mil arcabuceros, que
-alojase la cuarta parte cerca de su persona; la guardia de doscientos
-arcabuceros; fuera del lugar las centinelas apartadas y perdidas, que
-ni se acogen al cuerpo de guardia, sino á lo alto ó lejos, ni se les
-da otro nombre mas de un contraseño de los caminos, que es dejar pasar
-solamente al que viniere por parte señalada, y á los que vinieren
-por otra parte detenellos ó dar arma; dende allí avisan por donde
-vienen los enemigos. Tienen siempre atalayas de noche y de dia por las
-cumbres; llaman al sarjento mayor alguacil de la guardia, que reparte
-y requiere las centinelas, ordena la gente, alójala, hace justicia en
-el cuerpo de guardia: dentro en la casa residen veinte arcabuceros, á
-que dicen porteros. Fue poco á poco comprando y proveyéndose de armas
-traidas de Berbería, ó habidas de las presas en gran cuantitad, que
-repartió á bajos precios entre la gente: llegó de esta manera á tener
-ocho mil arcabuceros; el sueldo de los turcos eran ocho ducados al mes,
-el de los moriscos la comida. Con estos principios de gobierno, con la
-necesidad de cabeza, con la reputacion de valiente y hombre del campo,
-con la afabilidad, gravedad, autoridad de la presencia, con haber
-padecido en la persona por tormentos siendo esclavo, fue bien quisto,
-respetado, obedecido, tenido como rey generalmente de todos.
-
- [54] Hierónimo el Melech dice Mármol porque el Habaqui fue
- embajador á Berbería.
-
-Mandó en este tiempo D. Juan que Pedro de Mendoza fuese á visitar
-el presidio de Orgiba con órden que sirviese en lugar de Francisco
-de Molina, porque entendia estar indispuesto, sabiendo que Abenabó
-nuevo rey juntaba gente para venir sobre la plaza. Mas sucedió una
-novedad trasordinaria siendo siete leguas de Granada, como las que
-suelen acontecer en las Indias á tres mil de España; que de cinco
-banderas, sola una con su capitan D. García de Montalvo quedó libre sin
-amotinarse; y acusando á Francisco de Molina á una voz de estar loco,
-y pedian por cabeza á Pedro de Mendoza. Las señales que daban de su
-locura; que los apretaba con rigor á las guardias, que estando enfermo
-los requeria, que no dormia de noche, hombre rico y recatado, que falto
-de gente particular ayudaba con dineros á los que enviaba con licencia
-por cobrar crédito, para que viniesen otros; repartia la vitualla
-por tasa como quien sospechaba cerco. Pero visto que se encaminaba á
-motin, quiso prender los capitanes; y sosegándolos, procuró que Pedro
-de Mendoza saliese de Orgiba: mas por satisfacer la gente que estaba
-ociosa y descontenta, y proveerse de vitualla, envió la compañía
-de Antonio Moreno con su alférez Vilches á correr en el Cehel; que
-atajados por los moros en el barranco de Tarascon, fueron todos muertos
-sin escapar mas de tres soldados.
-
-Abenabó con esta ocasion proveyó á Castil de Ferro de armas, artillería
-y vitualla, puso dentro cincuenta turcos con su capitan llamado Leandro
-para que pudiese recibir el socorro que traeria Caravaji con el armada
-de Argel, y en persona vino sobre Orgiba, movido por quejas de los
-pueblos comarcanos, y daños que continuamente recibian de la guarnicion
-que en ella residia. Eran los capitanes moros, Berbuz, Rendati,
-Macox; y turcos, Dali capitan á quien dejó cabeza de la empresa y de
-la gente. Apretaron el lugar, mostraron quererle hambrear; fuéronse
-con trincheas llegando hasta las casas; vínoles gente, y entraron
-en ellas: señoreáronlas de manera, que descubrian la plaza, y los
-nuestros no atravesaban ni estaban á los reparos sin ser enclavados:
-tomaban por dias el agua peleando; era la hambre y la sed mayor que
-el temor de los enemigos. Dió Francisco de Molina aviso, y pareció
-á D. Juan que el duque de Sesa la socorriese, por la experiencia,
-por la gracia y autoridad con la gente, ser del consejo, y el lugar
-suyo; detúvose algunos dias esperando la vitualla con harta dilacion:
-partió con seis mil infantes y trescientos caballos, mas número de
-gente que de hombres, la mayor parte concejil: pero en Acequia le tomó
-la gota, enfermedad ordinaria suya, y tan recia que le inhabilitaba
-la persona, aunque dejándole libre el entendimiento. Trató D. Juan
-de enviar á Luis Quijada en su lugar, no sin ambicion; pero el duque
-mejoró, y en principio de noviembre envió dende Acequia á Vilches, que
-por otro nombre llamaban Pie de palo, buen hombre de campo, plático
-de la tierra, que con cuatro compañías de infantería en que habia
-ochocientos hombres, dejando á la mano derecha á Lanjaron, hiciese el
-camino por lo áspero de la montaña, desusado muchos años, pero posible
-para caballería; y que reconociendo el barranco que atraviesa el camino
-de Orgiba, tomase lo alto de la montaña y estuviese quedo, adonde el
-camino de Lanjaron hace la vuelta cerca de Orgiba, de allí diese aviso
-á Francisco de Molina: y por asegurar á Vilches envió á sus espaldas
-otros ochocientos hombres, siguiendo él con el resto de la gente y
-caballería, sospechoso que los unos y los otros habrian menester
-socorro.
-
-Mas los moros, que tenian no solamente aviso de la salida de Acequia,
-pero atalayas por todo, que con señas contaban á los nuestros los
-pasos, dándolas de una en otra hasta Orgiba, hicieron de sí dos partes:
-una quedó sobre Orgiba, y otra de la demás gente salió con sus banderas
-á esperar al duque. Estos fueron Hhusceni y Dali, encubriéndose parte
-de la gente. Comenzó Dali capitan á mostrarse tarde, y entretenerle
-escaramuzando. Entre tanto apartaron seiscientos hombres, cuatrocientos
-con Rendati que se emboscó á las espaldas de Vilches, y Macox adelante
-al entrar de lo llano tomando el camino de Acequia de las tres peñas
-(llaman los moros á aquel lugar Calat el Hhajar en su lengua), cosa
-pocas veces vista, y de hombres muy pláticos en la tierra, apartarse
-tanta gente escaramuzando, y emboscarse sin ser sentida, ni de los
-que estaban en la frente, ni de los que venian á las espaldas. Cayó
-la tarde, y cargó Dali capitan reforzando la escaramuza á la parte
-del barranco cerca de la agua; de manera que á los nuestros pareció
-retirarse adonde entendian que venia el duque, pero con órden.
-Descubrióse la primera emboscada, y fueron cargados tan recio que
-hallándose lejos del socorro y que apuntaba la noche, cuasi rotos se
-recogieron á un alto cerca del barranco, con propósito de esperar,
-hechos fuertes; donde pudieran estar seguros, aunque con algun daño, si
-el capitan Perea tuviera sufrimiento; pero viendo el socorro, echóse
-por el barranco y la gente tras él; donde seguido de los moros fue
-muerto peleando con parte de los que iban con él, y pasando adelante
-cargaron hasta llegar á dar en el duque ya de noche, que los socorrió
-y retiró: pero dando en la segunda emboscada de Macox, apretado por
-una parte de los enemigos, por otra incierto del camino y de la tierra
-con la escuridad, y confuso con el miedo que la gente llevaba, que le
-iban faltando, fue necesitado á hacer frente á los enemigos por su
-persona: quedaron con él D. Gabriel su tio, D. Luis de Córdoba, D. Luis
-de Cardona, D. Juan de Mendoza, y otros caballeros y gente particular;
-muchos de ellos apeados con la infantería dando cargas y siendo
-seguidos hasta cerca del alojamiento; dicen que si los moros cargaran
-como al principio, estuviera en peligro la jornada. Pero el daño estuvo
-en que Pie de palo partiese á hora, que el dia no le bastó al duque
-para llegar á Orgiba con sol, ni para socorrerle. Engaña el tiempo en
-el reino de Granada á muchos hombres que no le miden por la aspereza
-de la tierra, hondura de los barrancos, y estrecheza de los caminos.
-Murieron de los nuestros cuatrocientos hombres, y perdieron muchas
-armas, segun los moros, gente vana que acrecienta sus prosperidades;
-mas segun nosotros (que en esta guerra nos mostramos á disimular, y
-encubrir las pérdidas) solos sesenta; lo uno ó lo otro con daño de los
-enemigos, y reputacion del duque. De noche sospechoso de la gente,
-apretado de los enemigos, impedido de la persona, tuvo libertad para
-poner en ejecucion lo que se ofrecia proveer á toda parte, resolucion
-para apartar los enemigos, y autoridad para detener los nuestros que
-habian comenzado á huir, recogiéndose á Acequia cuasi á media noche:
-larga y trabajosa retirada de tres grandes leguas, dos siendo cargada
-su gente.
-
-Y considerando yo las causas, porque nacion tan animosa, tan aparejada
-á sufrir trabajos, tan puesta en el punto de lealtad, tan vana de
-sus honras (que no es en la guerra la parte de menos importancia),
-obrase en esta al contrario de su valentía y valor, truje á la memoria
-numerosos ejércitos disciplinados y reputados en que yo me hallé,
-guiados por el emperador D. Cárlos, uno de los mayores capitanes que
-hubo en muchos siglos; otros por el rey Francisco de Francia su émulo,
-y hombre de no menos ánimo y experiencia. Ninguno mas armado, mas
-disciplinado, mas cumplido en todas sus partes, mas plático, abundado
-de dinero, de vitualla, de artillería, de municion, de soldados
-particulares, de gente aventurera de corte, de cabezas, capitanes
-y oficiales, me parece haber visto ni oido decir, que el ejército
-que D. Felipe II rey de España, su hijo, tuvo contra Enrique II de
-Francia, hijo de Francisco, sobre Durlan, en defension de los estados
-de Flandes, cuando hizo la paz tan nombrada por el mundo, de que salió
-la restitucion del duque Filiberto de Saboya, negocio tan desconfiado.
-Como por el contrario, ninguno he visto hecho tan á remiendos, tan
-desordenado, tan cortamente proveido, y con tanto disperdiciamiento y
-pérdida de tiempo y dinero; los soldados iguales en miedo, en codicia,
-en poca perseverancia y ninguna disciplina. Las causas pienso haber
-sido, comenzarse la guerra en tiempo del marqués de Mondejar con gente
-concejil aventurera, á quien la codicia, el robo, la flaqueza y las
-pocas armas que se persuadieron de los enemigos al principio, convidó
-á salir de sus casas cuasi sin órden de cabezas ó banderas: tenian sus
-lugares cerca, con cualquier presa tornaban á ellos; salian nuevos á la
-guerra, estaban nuevos, volvian nuevos. Mas el tiempo que el marqués
-de Mondejar, hombre de ánimo y diligencia, que conocia las condiciones
-de los amigos y enemigos, anduvo pegado con ellos, á las manos, en
-toda hora, en todo lugar, por medio de los hombres particulares que
-le seguian, estuvieron estas faltas encubiertas. Pero despues que los
-enemigos se repartieron, acontecieron desgracias por donde quedaron
-desarmados los nuestros y armados ellos; comunicábase el miedo de unos
-en otros; que como sea el vicio mas perjudicial en la guerra, así es
-el mas contagioso: no se repartian las presas en comun, era de cada
-uno lo que tomaba, como tal lo guardaba, huían con ello sin union, sin
-respondencia; dejábanse matar abrazados ó cargados con el robo, y donde
-no le esperaban, ó no salian, ó en saliendo, tornaban á casa; guerra de
-montaña, poca provision, menos aparejo para ella, dormir en tierra, no
-beber vino, las pagas en vitualla, tocar poco dinero ó ninguno: cesando
-la codicia del interese, cesaba el sufrir trabajo: pobres, hambrientos,
-impacientes, adolecian, morian, ó huyéndose los mataban; cualquier
-partido de estos escogian por mas ventajoso que durar en la guerra,
-cuando no traían la ganancia entre las manos. De los capitanes, algunos
-cansados ya de mandar, reprender, castigar, sufrir sus soldados, se
-daban á las mismas costumbres de la gente, y tales eran los campos que
-de ella se juntaban. Pero tambien hubo algunos hombres entre los que
-vinieron enviados por las ciudades, á quien la vergüenza y la hidalguía
-era freno. Tambien la gente enviada por los señores, escogida, igual,
-disciplinada, y la que particularmente venia á servir con sus manos,
-movidos por obligacion de virtud y deseo de acreditar sus personas,
-animosa, obediente, presente á cualquiera peligro: tantos capitanes ó
-soldados, como personas; y en fin autores y ministros de la vitoria.
-Los soldados y personas de Granada todos aprobaron para ser loados. No
-parecerá filosofía sin provecho para lo porvenir esta mi consideracion
-verdadera, aunque experimentada con daño y costa nuestra.
-
-Envió el duque á dar noticia de lo que pasaba á Francisco de Molina,
-mandándole, que en caso que no se pudiese detener, desamparase la
-plaza y se retirase por el camino de Motril; porque el de Lanjaron
-tenian ocupado los enemigos, y no le podia socorrer. Mas ellos no
-curaron de tornar sobre Orgiba, así porque en ella y en la refriega
-que tuvieron, habian perdido gente y muchos heridos, como porque
-les pareció que bastaba tener á Francisco de Molina corto con poca
-gente, y ellos hacer rostro á la del duque, estorbar el daño que podia
-hacer en los lugares del valle, que tenian como propios. Francisco de
-Molina, con la órden del duque conforme á la que él tenia de D. Juan,
-teniendo por cierto que si volvieran sobre él, se perderia sin agua,
-ni vitualla, enclavó y enterró algunas piezas que no pudo llevar,
-recogió los enfermos y embarazos en medio, tomó el camino de Motril
-libre de los enemigos; donde llegó con toda la gente que salió, y con
-poca pérdida en el fuerte: dando harto contraria muestra del suceso en
-el cerco y retirada, de lo que la desvergüenza de los soldados habia
-publicado; desamparóse por ser corta la provision de vituallas, lugar
-que habia costado muchas, mucho tiempo, mucha gente y trabajo mantener
-y socorrer; fue el primero y solo que los enemigos tomaron por cerco;
-deshicieron las trincheas, quemaron y destruyeron la tierra, llevaron
-dos piezas aunque enclavadas. Tomáronse dos moros con cartas que los
-capitanes escribian á la gente de las Albuñuelas, y el valle, y otras
-partes, certificándoles la venida del duque á socorrer á Orgiba, y
-animándolos que siguiesen su retaguardia; porque ellos con la gente que
-tenian se les mostrarian á la frente, como le estorbasen el socorro ó
-les combatiesen con ventaja. No estuvieron ociosos el tiempo que él se
-detuvo en Acequia; porque bajaron por Guejar y el Puntal á la Vega,
-llevaron ganados, quemaron á Mairena hasta media legua de Granada,
-acogiéndose sin pérdida y con la presa, por divertir, ó porque la
-guerra pareciese con igualdad. Esperó en Acequia por entender el motivo
-de los enemigos y entretenellos que no diesen estorbo á la retirada de
-Francisco de Molina, y por su indisposicion, con falta de vitualla, y
-descontentamiento de la gente: por esto y la ociosidad, y por ser ya
-el mes de noviembre y la sementera en la mano, se comenzó á deshacer
-el campo. Mas llamado por D. Juan, salió por las Albuñuelas con poca
-gente, y esa temerosa por lo sucedido (trataban los turcos de ponerse
-de guarnicion en aquel lugar), y caminando el dia, los enemigos al
-costado, llegó temprano sin acercarse los unos á los otros, dando culpa
-á las guias: quemó el un barrio, y despues de haber enviado á D. Luis
-de Córdoba á quemar á Restaval, Belejij, Concha, y otros lugares del
-valle que D. Antonio de Luna dejó enteros, y dejado á Pedro de Mendoza
-con seiscientos hombres alojado en el otro barrio, tornó á Granada,
-donde halló á D. Juan ocupado en la reformacion de la infantería,
-provisiones de vitualla y otras cosas, por medio y industria de
-Francisco Gutierrez de Cuellar, del consejo, á quien el rey envió
-particularmente á mirar por su hacienda; caballero prudente, plático en
-la administracion de ella, bueno para todo.
-
-Habian las desórdenes pasado tan adelante, que fue necesario para
-remediallas hacer demostracion no vista ni leida en los tiempos pasados
-en la guerra; suspender treinta y dos capitanes de cuarenta y uno que
-habia, con nombre de reformacion: pero no se remedió por eso; que el
-gobierno de las compañías quedó á sus mismos alféreces, de quien suele
-salir el daño. Porque como se nombran capitanes sin crédito de gente ó
-dineros, encomiendan sus banderas á los alféreces, y oficiales que les
-ayudan á hacer las compañías gastando dinero con los soldados, de quien
-no pueden desquitarse tomándoselo de las pagas, porque se les desharian
-las compañías, y procuran hacello engañando en el número. Pero los
-capitanes y oficiales cuasi todos engañan en las pagas; aunque unos
-las ponen en calificar soldados y entretenellos con pagar ventajas, ó
-darles de comer; y estos son tolerables: otros son perniciosos y aun
-tenidos como traidores, porque engañan á su señor en cosa que le hacen
-perder la honra, el estado y la vida, fiándose de ellos, y estos son
-los que para sí hacen ganancia con las compañías, teniendo menos gente,
-ó robando los huéspedes, ó componiéndolos: la misma reformacion se
-hizo en los comisarios, partidos, y distribucion de vituallas, armas y
-municiones.
-
-En el tiempo que el duque de Sesa partió para el socorro de Orgiba, y
-D. Juan entendia en reformar las desórdenes, se alzó Galera, una legua
-de Guescar en tierra de Baza; lugar fuerte para ofender y desasosegar
-la comarca en el paso de Cartagena al reino de Granada, y no lejos
-del de Valencia. Mas los de Guescar, entendiendo el levantamiento,
-fueron sobre el lugar con mil y doscientos hombres y alguna caballería;
-estuvieron hasta tercero dia; y sin hacer mas de salvar cuarenta
-cristianos viejos que estaban retirados en la iglesia, se tornaron.
-Habian entrado en Galera por mandado de Abenabó cien arcabuceros
-turcos y berberíes con el Maleh, alcaide del partido, y era capitan de
-ellos Caravajal, turco, que saltó fuera cargando en la retaguardia,
-y poniéndolos en desórden les quitó la presa de ganados y mató pocos
-hombres, de que los de Guescar indignados mataron algunos moriscos
-por la ciudad, y en la casa del gobernador donde se habian recogido:
-quemaron parte de ella, saquearon y quemaron otras en Guescar, ciudad
-de los confines del reino de Murcia y Granada, patrimonio que fue del
-rey católico D. Fernando, y dada en satisfaccion de servicios al duque
-de Alba D. Fadrique de Toledo; pueblo rico, gente áspera y á veces mal
-mandada, descontenta de ser sujeta á otro sino al rey; y desasosegada
-con este estado que tiene, procura trocalle con otros, que á veces
-desasosiegan mas.
-
-Levantóse de ahí á pocos dias Orce, una legua de Galera, que los
-antiguos llamaron Urci; y estando los de Guescar preparándose para ir
-á allanarla ó destruirla, los vecinos cristianos nuevos que habian
-quedado, indignados metieron de noche sin ser sentidos al Maleh con
-trescientos hombres en sus casas, que dejó emboscados en los lavaderos
-hasta dos mil, y en ellos trescientos turcos y berberíes, que se habian
-juntado para el efecto: mas los de la ciudad que tuvieron noticia,
-vueltas contra ellos las armas, peleando los echaron fuera con daño
-y rotos; y dando con el mesmo ímpetu en la emboscada, la rompieron
-matando seiscientos hombres. Fuera la vitoria del todo, si los turcos y
-berberíes no resistieran reparando la gente, y haciendo retirar parte
-de ella con alguna órden. Ya Abenabó habia hecho declarar todo el rio
-de Almanzora (que en arábigo quiere decir de la vitoria) con Purchena
-(en otro tiempo llamada de los antiguos Illipula grande, á diferencia
-de otra menor, ribera de Guadalquivir), la sierra de Filabres y los
-lugares de tierra de Baza. Quedaban Seron, y Tijola del duque de
-Escalona: Tijola inexpugnable, pero falta de agua. Envió sobre Seron,
-y saliéndose la guardia, prendió el alcaide (algunos dicen que por
-su voluntad); tomó armas, municion, vitualla, doce piezas de bronce.
-Tijola siguió á Seron: de esta manera quedaron levantados todos los
-moriscos del reino, sino los de la hoya de Málaga y serranía de Ronda.
-
-Estos motivos, y la priesa que el rey daba á reforzar el campo del
-marqués de Velez que estaba en Baza, enviando caballeros principales de
-su casa por las ciudades á solicitar gente, que saliese antes que los
-enemigos tomasen fuerzas, apresuró al marqués con la gente que trajo de
-la Peza, y la que D. Antonio de Luna dejó en Baza, y la que se juntó de
-Guescar y otras partes, por todos cuatro mil infantes, y trescientos
-y cincuenta caballos, á ponerse sobre Galera: el Maleh y su hijo
-desampararon el lugar, desconfiados que se pudiese mantener. Caravajal,
-turco, dende á dos dias que el marqués llegó, juntó el pueblo;
-persuadiólos que salvasen la gente, la ropa, y á sí mismos, pues
-tenian aparejo y la sierra cerca; y diciéndole que dentro en sus casas
-querian morir, les respondió: que aun no era llegado el tiempo, ni
-era su oficio morir; que se salvasen y dejasen aquello para otros que
-venian brevemente á morir por ellos. Mas visto que estaban pertinaces,
-con ciento y treinta turcos y berberíes dando una arma de noche á los
-nuestros, se salió con su gente y dinero, sin recibir daño; y vino por
-mandado de Abenabó á residir en Guejar con los otros capitanes.
-
-Habian los enemigos (como dijimos) entrado en ella, fundado frontera,
-atajado con una trinchea de piedra seca de monte á monte el trecho,
-que llaman la Silla; manteníanse contra Granada, hacian presas,
-solicitando pueblos que se levantasen, recogiendo y regalando los
-que se alzaban. Á veces estaban en ella cuatro mil, á veces menos, y
-de ordinario seiscientos hombres segun las ocasiones; eran capitanes
-Joaibi, natural del lugar, por otro nombre llamado Pedro de Mendoza
-(que este apellido tomaban muchos por la naturaleza que tenia en la
-tierra la casta del marqués D. Iñigo Lopez de Mendoza, primer capitan
-general), Hocein, Caracajal, turco, Chocon (que en su lengua quiere
-decir degollador), Macox, Mojajar, y otros. Crecia el desasosiego de
-la ciudad, y parecia estarse con menos seguridad, pero en nada se via
-acrecentada la manera de la defensa, descubierta la parte de la ciudad
-que llaman Realejo frontera á los enemigos, el barrio de Antequeruela
-no sin peligro muchos meses, muy á menudo los apercebimientos, que se
-hacian de persona en persona y con secreto, mostrando que los enemigos
-vernian cada noche á dar en la ciudad, las mas veces por esta parte.
-Al fin se achicó la puerta que dicen de los molinos, y se puso una
-compañía de guardia en Antequeruela, pero no que se atajasen los
-caminos de Facar, Veas, el Puntal; maravillándose los que no tienen
-noticia de las causas, ó licencia de escudriñallas, como se encarecian
-tanto las fuerzas de los enemigos y el peligro, y se estaba con tan
-flaca guardia: en fin se puso una concejil en la puerta de los Molinos;
-reforzóse la de Antequeruela; púsose guardia en los Mártires, y en
-Pinillos, y Cenes (presidios todos contra Guejar), y á don Gerónimo
-de Padilla mandaron estar en Santa Fe con una compañía de caballos
-para asegurar el llano de Loja, demás de la guardia de la Vega. Púsose
-caballería en Iznalloz, pero todo no estorbaba que hasta las puertas de
-Granada se hiciesen á la continua presas.
-
-Estando en estos términos, comenzó el marqués de Velez á batir á Galera
-con seis piezas de bronce, y dos bombardas de hierro, de espacio y
-con poco fruto. Saltaban fuera los moros á menudo, haciendo daño sin
-recebillo.
-
-[Nota al margen: 1569.]
-
-Cargó D. Juan la mano con el rey, como agraviado que le hubiese mandado
-venir á Granada en tiempo que todos estaban ocupados, por tenelle
-ocioso, siendo el que menos convenia holgar; mostrábale deseo de
-emplear su persona; hijo y hermano de tan grandes príncipes, en cuya
-casa habian entrado tantas vitorias; mozo, no conocido de la gente; el
-espacio con que se trataba la guerra en Almanzora, el atrevimiento de
-los enemigos, la Alpujarrra sin guarniciones, la mar desproveida, los
-moros en Guejar, lo que convenia tomar el negocio con mayores fuerzas y
-calor. Pareció al rey apretar los enemigos, acometiéndolos á un tiempo
-con dos campos; uno por el rio de Almanzora á cargo de D. Juan, con
-quien asistiesen el marqués de Velez, el comendador mayor de Castilla,
-y Luis Quijada; otro por el Alpujarra con el duque de Sesa; y por no
-dejar embarazo tan importante como enemigos á las espaldas, mandó que
-antes de su partida viniese sobre Guescar. El nombre de la salida fue
-(porque el de Velez no se hubiese por ofendido) dar órden en lo que
-tocaba á Guadix y Baza, como habia sido con el marqués de Mondejar,
-darla en lo de Granada. Estando Guejar y Galera por los enemigos,
-cualquier otra empresa parecia difícil, y el peligro cierto: en Guejar,
-por dejarlos á las espaldas; en Galera, porque podia saltar la rebelion
-en el reino de Valencia, y con la tardanza conservarse los moros en sus
-plazas, Purchena, Seron, Tijola, Jergal, Cantoria, Castil de Ferro, y
-otras. Partió el comendador mayor de Cartagena por órden de D. Juan
-con ocho piezas de campo, trescientos carros de vitualla, municion,
-y armas. El marqués, aunque entendiendo la ida de D. Juan, mostraba
-algun sentimiento, no dejó de verse con el comendador mayor, que
-proveyéndole de vitualla y municion, pasó á esperar D. Juan en Baza.
-Dicen, y confiesalo el comendador mayor, que escribió al rey, como el
-marqués no le parecia á propósito para dar cobro á la empresa del reino
-de Granada, y que las cartas vinieron á las manos del marqués primero
-que á las del rey; mas leyólas, y disimulólas; ó fuese pensando que la
-necesidad habia de traelle tiempo á las manos, en que diese á conocer
-lo contrario; ó cansado y ofendido, dando á entender que la peor parte
-seria de quien no le emplease. Eran ya los quince de diciembre, y no
-parecia señal ni esperanza de que se hiciese efecto contra Galera. Mas
-el rey solicitaba con diligencia los señores de la Andalucía, y las
-ciudades de España; pidiendo nueva gente para la empresa y salida de D.
-Juan, y enviando personas calificadas de su casa á procurallo.
-
-Llegó la órden para que D. Juan hiciese la jornada de Guejar, primero
-que partiese para Guadix y Baza: habíase enviado muchas veces á
-reconocer el lugar con personas pláticas; lo que referian era, que
-dentro estaban siete mil arcabuceros y ballesteros resolutos á venir
-una noche sobre Granada (número que si de mujeres y hombres ellos lo
-tuvieran, y no les faltaran cabezas y experiencia, era bastante para
-forzar la ciudad); que estaban fortificados y empantanaban la Vega; que
-allanaban el camino que va por la sierra á la Alpujarra para recebir
-gente. Tanto mas puede el recelo que la verdad, aunque cargue sobre
-personas sin sobresalto. Todavía no fueron del todo creidos los que
-daban el aviso; pero reforzáronse las guardias con mas diligencia,
-y difirióse la ida de D. Juan hasta que mas gente de las ciudades y
-señores fuese llegada. Por hacer la jornada con mas seguridad envió á
-D. García Manrique y Tello de Aguilar, que reconociesen el lugar de
-noche, y la mañana hasta el dia: lo que trujeron fue, que dentro habia
-mas de cuatro mil infantes; no haber visto fuego á las trincheas ni
-en el cuerpo de guardia: no humo aun para encender las cuerdas en el
-corazon del invierno (tierra frigidísima y á la falda de la nieve);
-no trocar las guardias, no cruzar á la mañana gente de las casas á
-la trinchea ó de la trinchea á las casas, no acudir con el arma á la
-trinchea: atribuíase todo á señales de gran recatamiento; pero á juicio
-de algunas personas pláticas, de lugar desamparado. Notaban que en
-tanto tiempo, tan cerca, lugar abierto y pequeño, se sospechase y no se
-supiese cierto el número de la gente, pudiéndose contar por cabezas ó
-por la comida, y que todos afirmasen pasar de seis mil hombres, y los
-reconocedores de cuatro mil, llegando tan cerca, y trayendo señales de
-poca gente ó ninguna. Pareció que seria conveniente servirse de los
-capitanes que habian sido suspendidos, porque la gente se gobernaria
-mejor por ellos, y los mas eran personas de experiencia. Mandáronles
-tomar sus compañías, y todos lo quisieron hacer, pudiendo emplear sus
-personas, sin volver á los cargos de que una vez fueron echados.
-
-[Nota al margen: 1569.]
-
-Habia costumbre en el Alhambra de salir los capitanes generales y
-alcaides cuando se ofrecia necesidad, dejando en la guardia de ella
-personas de su linaje y suficientes. Mostraba el conde de Tendilla
-títulos suyos, de su padre, abuelo, y bisabuelo, de capitanes generales
-de la ciudad sin el cargo del reino, y pretendia salir con la gente
-de ella. Pero Juan Rodriguez de Villafuerte, que entonces era tenido
-por enemigo suyo declarado, pretendia que como corregidor le tocase:
-traía ejemplo de Málaga donde el corregidor tenia cargo de la gente,
-no obstante que el alcaide tuviese título de capitan de la ciudad; mas
-ó fuese mandamiento expreso, ó inclinacion á otros, ó desabrimiento
-particular con la casa ó persona del conde, no obstante las cédulas, y
-que la profesion de Juan Rodriguez fuese otra que armas, hizo D. Juan
-una manera de pleito de la pretension del conde, y remitió el negocio
-al consejo del rey; quitándole el uso de su oficio, y dándole á Juan
-Rodriguez, que aquel dia llevó cargo de la gente de la ciudad y le tuvo
-otros muchos. Partió á los veinte y tres de diciembre con nueve mil
-infantes, seiscientos caballos, ocho piezas de campo. Habia dos caminos
-de Granada á Guejar; uno por la mano izquierda y los altos, y este
-llevó él con cinco mil infantes y cuatrocientos caballos: llevaba Luis
-Quijada la vanguardia con dos mil, donde iba su persona; á D. García
-Manrique encomendó la caballería; y la retaguardia con la artillería,
-municion y vitualla (donde iba su guion) al licenciado Pedro Lopez de
-Mesa y á D. Francisco de Solis, ambos caballeros cuerdos, pero sin
-ejercicio de guerra: lo cual dió ocasion á pensar, que la empresa
-fuese fingida, y D. Juan cierto que el lugar estaba desamparado; pues
-encomendaba á personas pacíficas lugar adonde podia haber peligro y
-era menester experiencia; dando al duque el camino del rio mas breve
-con cuatro mil infantes y trescientos caballos, en que iba la gente de
-la ciudad. Aquella noche se aposentó en Veas, dos leguas de Granada,
-y otras tantas de Guejar, con órden que juntos por diversas partes
-llegasen á un tiempo, y combatiesen los enemigos, para que los que del
-uno escapasen diesen en el otro; pero quedóles abierto el camino de la
-sierra. D. Diego de Quesada, á quien tenia por plático de la tierra,
-iba por guia del campo de D. Juan, aunque otros hubiese en la compañía
-tan soldados, criados en aquella tierra, y mas pláticos en ella, segun
-lo mostró el suceso. Estaban á la guardia del lugar ciento y veinte
-turcos y berberíes con Caravajal que estuvo en Galera, cuatrocientos
-y treinta de la tierra, todos arcabuceros; la cabeza era Joaibi, los
-capitanes Cholon, Macox, y Rendati, y el Partal por sarjento mayor;
-venidos, segun se entendió, solo por la ganancia de las presas, con
-la seguridad de la montaña, y mudábanse por meses; muchas mujeres,
-muchachos y viejos de los lugares vecinos, que no querian apartarse
-de sus casas, proveidos de pan y carne en abundancia; y dicen ellos,
-que nunca hubo mas gente ordinaria. Entendieron dias antes la ida de
-D. Juan, y tuvieron tiempo de salvar lo mejor de su ropa, sus personas
-y ganados. El dia antes que D. García y Tello de Aguilar fueron á
-reconocer avisando la gente, partieron los turcos á la Alpujarra; y de
-los moros, el dia antes que D. Juan llegase, salieron cuatrocientos
-hombres con Partal, y el Macox, y Rendati á la Vega en ocasion de
-correr nuestras espaldas, y hicieron daño el mismo dia que llegó D.
-Juan: quedaron en Guejar ochenta hombres con Joaibi para retirar el
-removiente de la gente inútil, y ropa. Partieron á un tiempo de Granada
-el duque, y D. Juan de Veas al amanecer: hay pocos hombres del campo
-que sepan caminar bien de noche la tierra que han visto de dia; esta
-era toda de un color igual aunque doblada, que dió causa á la guia de
-engañarse cuasi en la salida del lugar, y á D. Juan de gastar tiempo.
-Con todo se detuvo, esperando el dia, incierto del camino que haria el
-duque, y avisando las atalayas de los moros con fuegos á los suyos de
-lo que ambos hacian. Mas el duque caminó por derecho: envió delante á
-D. Juan de Mendoza, que halló la trinchea desamparada sino de diez ó
-doce viejos, que de pesados escogieron quedar á morir en ella, estos
-fueron acometidos y degollados. Entrado y saqueado el lugar por la
-gente que D. Juan de Mendoza llevaba de vanguardia, vieron subir por
-la sierra mujeres y niños, bagajes cargados, con espaldas de sesenta
-arcabuceros y ballesteros, que haciendo vuelta sobre los nuestros
-en defensa de su ropa, se salvaron de espacio, aunque seguidos poco
-trecho y detenidamente; pero lo que se pudo, y con mas daño nuestro
-que suyo: murieron entre hombres y mujeres sesenta personas, y fueron
-cautivas otras tantas; la demás gente por la sierra fueron á parar en
-Valor y Poqueira y otros lugares de la Alpujarra: húbose mucho trigo
-y ganado mayor; de nuestra gente murieron cuarenta soldados, porque
-los moros en lo áspero de la tierra y entre las matas cubiertos con
-las tocas de las mujeres, esperaban á nuestros soldados que pensando
-ser mujeres llegasen á cautivallas, y los arcabuceasen. Entre ellos
-murió el capitan Quijada siguiendo el alcance, desatinado de una
-pedrada que una mujer le dió en la cabeza. D. Juan apartándose del
-lugar dos leguas, ora acercándose á menos de un cuarto por camino que
-todo se podia correr, se halló pasado mediodia sobre Guejar, dentro
-de la trinchea de los enemigos en el cerro que llaman la Silla: llevó
-la gente ordenada; y á los que nos hallamos en las empresas del
-emperador, parecia ver en el hijo una imágen del ánimo y provision del
-padre, y un deseo de hallarse presente en todo, en especial con los
-enemigos. Descubrió de lo alto á la gente del duque delante del lugar
-en escuadron, y tan de improviso que Luis Quijada envió con D. Gomez
-de Guzman de mano en mano á pedir artillería, pensando que fuesen
-enemigos, ó dando á entender que lo pensaba. Esta voz se continuó con
-mucha priesa; y caminando con dos pezezuelas, llegó D. Luis de Córdoba
-de parte del duque con el aviso, que los enemigos iban rotos y los
-nuestros estaban dentro en el lugar. Quedamos espantados como Luis
-Quijada no conoció nuestras banderas y órden de escuadron dende tan
-cerca, hombre plático en la guerra, y de buena vista; y como el duque
-enviaba á decir que los enemigos iban rotos, no habiendo enemigos.
-Mostró D. Juan contentamiento del buen suceso, y queja del agravio de
-que le hubiesen guiado por tanto rodeo que no alcanzase á ver enemigos.
-Pero D. Diego de Quesada se excusaba, con que en consejo se le mandó
-que guiase por parte segura; y Luis Quijada le dijo, que por donde
-no peligrase la persona de D. Juan; que él no sabia como cumplir su
-comision mas á la letra que guiando siempre cubierto y dos leguas de
-los enemigos. Tuvo la toma de Guejar mas nombre lejos, que cerca; mas
-congratulaciones, que enemigos. Volvieron la misma noche á Granada D.
-Juan y el duque de Sesa; mandó quedar á D. Juan de Mendoza en Guejar
-con gruesa guardia por algunos dias, y despues á D. Juan de Alarcon con
-las banderas de su cargo; dende á pocos dias á D. Francisco de Mendoza,
-reparado y trincheado un fuerte, pero con poca gente. Decian que si
-cuando los moros desampararon el lugar y D. Juan fue á reconocelle, se
-hubiera hecho el fuerte (que podia en una noche) y puesto en él una
-pequeña guardia, como se hizo en Tablate, se salvaran pasadas de tres
-mil personas, que murieron á manos de los enemigos, mucha pérdida de
-ganado, reputacion y tiempo, el nombre de guerra, desasosiego de noche
-y dia; todo hecho por mano de poca gente.
-
-Dende este dia parece que D. Juan alumbrado comenzó á pensar en las
-gracias de vitoria tan fácil, y buscadas las causas para conseguilla,
-hacer y proveer por su persona lo que se ofrecia, con mayor beneficio
-y mas breve despacho. Extendióse por España la fama de su ida sobre
-Galera, y movióse la nobleza de ella con tanto calor, que fue necesario
-dar el rey á entender que no era con su voluntad ir caballeros sin
-licencia á servir en aquella empresa. Enviaron las ciudades nueva
-gente de á pie y de caballo: crecieron algunas (que no tenian propios)
-los precios á las vituallas, para gastos de la guerra; otras entre
-cinco vecinos mantenian un soldado. Entraron el tiempo que duró la
-masa pasadas de ciento y veinte banderas con capitanes naturales de
-sus pueblos, personas calificadas, sin la gente que vino al sueldo
-pagado por el rey, que fue la tercia parte: tanta reputacion pudo dar
-á los enemigos la voluntad de venganza. Mandó D. Juan (que ya era
-señor de sí mismo, y de todo) que una parte de la masa se hiciese en
-el mismo campo del marqués de Velez, pasando la gente por Guadix; y
-otra, pasando por Granada en las Albuñuelas, donde estuviese D. Juan
-de Mendoza á recogella, y hacer provision de vitualla. Ordenó que el
-duque de Sesa quedase su lugarteniente en Granada, pasase á posar en el
-mismo aposento que él tenia en la chancillería; y que formado su campo,
-partiese por Orgiba contra el Alpujarra, á un mismo tiempo que él para
-Galera, por divertir las fuerzas de los enemigos.
-
-Mas Abdalá Abenabó, indignado del suceso de Guejar, quiso recompensar
-la fortuna y la reputacion, procurando ocupar algun lugar de nombre
-en la costa. Escogió tres mil hombres, y en un tiempo con escalas y
-como pudo acometieron de noche á Almuñecar, que los antiguos llamaban
-Manoba, y á Salobreña, que llamaban Selambina: pero el capitan de
-Almuñecar resistió retenidamente por ser de noche, y con algun daño
-de los enemigos, que dejando las escalas se acogieron á la sierra,
-donde corrian de continuo la comarca; lo mismo hicieron los que iban
-á Salobreña, que rebotados por D. Diego Ramirez, alcaide de ella, con
-dificultad, por aguardarse con menos gente, se retiraron juntándose
-con la compañía. Visto Abenabó que sus empresas le salian inciertas,
-y que las fuerzas de España se juntaban contra él, envió de nuevo al
-alcaide Hoceni á Argel solicitando gente para mantener, ó navíos para
-desamparar la tierra y pasarse; y juntamente con él un moro suyo á
-Constantinopla. Dicen que llegados á Argel hallaron órden del señor de
-los turcos, para que fuese socorrido.
-
-En el mismo tiempo batia el marqués á Galera con poco efecto,
-defendíanse los vecinos, y reparaban el daño facilmente; saltaban
-algunas veces fuera; y entre ellas, trabando una gruesa escaramuza,
-cargaron nuestra gente de manera, que matando al capitan Leon y veinte
-soldados, cuasi pusieron en rota el cuartel; pero retiráronse cargados
-sin daño: colgaron de la muralla la cabeza del capitan y otras, y el
-marqués partió á Guescar un dia por rehacerse de gente; volviendo
-trajo consigo pocos soldados. Mas D. Juan partió de Granada con tres
-mil infantes y cuatrocientos caballos á juntarse con el marqués; vino
-á Guadix, que los antiguos llamaban Acci, pueblo en España grande, y
-cabeza de provincia como agora lo es: adoraban los moradores al sol en
-forma de piedra redonda y negra; aun hoy en dia se hallan por la tierra
-algunas de ellas con rayos en torno. La nobleza y gente de la ciudad
-han mantenido el lugar, viéndose á menudo con los moros, y partiéndose
-de ellos con ventaja. De Guadix vino de espacio á Baza, que llamaban
-los antiguos como los moros Basta, cabeza de una gran partida de la
-Andalucía, que del nombre de la ciudad decian Bastetania, en que habia
-muchas provincias. Y de allí á Guescar, donde el marqués estaba con
-su gente, la cual junta con la de la ciudad y tierra hicieron gran
-recibimiento y salva, mostrando mucha alegría con la venida de D.
-Juan. Solo el marqués salió descontento á recibirle, por ver que habia
-de obedecer, siendo poco antes obedecido y temido. Mas D. Juan le
-recibió con alegre y blando acogimiento, y aunque sintió su disgusto,
-le saludó y abrazó con mucha serenidad, diciéndole: «Marqués ilustre,
-vuestra fama con mucha razon os engrandece, y atribuyo á buena suerte
-haberse ofrecido ocasion de conoceros. Estad cierto, que mi autoridad
-no acortará la vuestra; pues quiero que os entretengais conmigo, y
-que seais obedecido de toda mi gente, haciéndolo yo asimismo como
-hijo vuestro, acatando vuestro valor y canas, y amparándome en todas
-ocasiones de vuestros consejos.» Á estas ofertas respondió el marqués
-por los términos extraños que siempre usó, aunque medido con su
-grandeza, diciendo: «Yo soy el que mas ha deseado conocer de mi rey un
-tal hermano, y quien mas ganara de ser soldado de tan alto príncipe;
-mas si respondo á lo que siempre profesé, irme quiero á mi casa, pues
-no conviene á mi edad anciana haber de ser cabo de escuadra.» Fue la
-respuesta muy notada, así de sentenciosa y grave, cuanto aguda, y
-así el marqués fue breve en su jornada, porque tarde ó nunca mudó de
-consejo. Entró D. Juan en consejo sobre lo de Galera, y despues de
-haberla reconocido, se determinó de ir sobre ella y ponerle cerco.
-
-
-
-
- LIBRO IV.
-
-
-Luego que D. Juan salió de Granada, fue á posar el duque en casa del
-presidente, conforme á la órden que tenia de D. Juan. Comenzóse á
-entender en la provision de vitualla en Guadix, Baza y Cartagena,
-lugares de Andalucía, y la comarca, para proveer el campo de D.
-Juan; y en Granada y su tierra el del duque: pero de espacio, y con
-alguna confusion, por la poca plática, y desórdenes de comisarios
-y tenedores, inclinados todos á hacer ganancias, y extorsiones con
-el rey y particulares: y aunque Francisco Gutierrez fue parte para
-atajar la corrupcion, no lo era él ni otro para remedialla del todo.
-Salió el duque de Granada á 21 de hebrero de 1570, quedando por cabeza
-y gobierno de paz y guerra el presidente; y por ser eclesiástico,
-quedó D. Gabriel de Córdoba para el de guerra, y ejecutar lo que el
-presidente mandase, que daba el nombre; y hacia el oficio de general un
-consejo formado de tres oidores, auditor general, Francisco Gutierrez
-de Cuellar, el corregidor de Granada; quedaron á la guarda de la ciudad
-cuatro mil infantes: hacíase con la misma diligencia con el Albaicin
-despoblado, Guejar en presidio nuestro, guardada la Vega, con las
-mismas centinelas, las postas, los cuerpos de guarda, los presidios en
-Cenes y Pinillos, que cuando la Vega estaba sospechosa, el Albaicin
-lleno de enemigos, Guejar en su poder: y duró esta costa y recato hasta
-la vuelta de D. Juan, ó fuese por olvido, ó por otras causas el guardar
-contra los de dentro y los de fuera. ¡Qué cosa para los curiosos que
-vieron al Sr. Antonio de Leiva teniendo sobre sí el campo de la liga,
-cuarenta mil infantes, nueve mil caballos, y la ciudad enemiga; él con
-solos siete mil infantes enfrenalla, resistir los enemigos, sitiar
-el castillo, y al fin tomallo, echar y seguir los enemigos, fuertes,
-armados, unidos, la flor de Italia soldados y capitanes! Vino al Padul
-el mismo dia que salia de Granada, donde en Acequia se detuvo muchos
-dias esperando gente y vituallas; y haciendo reducto en Acequia y
-las Albuñuelas para asegurarse las espaldas, y asegurar á Granada
-en un caso contrario ó furia de enemigos, y el paso á las escoltas
-que partiesen de la ciudad á su campo: otro fuerte en las Guajaras,
-para asegurar aquella tierra y los peñones, donde otra vez los echó
-el marqués de Mondejar; y por dar tiempo á Don Juan para que juntos
-entrasen en el rio de Almanzora y Alpujarra. Allí le fue á visitar el
-presidente, y dar priesa á su salida: tomó el camino de Orgiba con ocho
-mil infantes y trescientos y cincuenta caballos. Iban con él muchos
-caballeros de la Andalucía, muchos de Granada, parte con cargos, y
-parte por voluntad. Llegó sin que los enemigos le diesen estorbo,
-aunque se mostraron pocos y desordenados al paso de Lanjaron y de Cañar.
-
-Mientras el duque se ocupaba en esto, salió D. Juan de Austria de Baza
-con su campo para Galera, adonde puso su cerco enviando á reconocella;
-y considerando primero el daño que de un castillo que estaba en la
-parte alta les podia venir, se trató de minalla, y habiendo hecho
-algunas minas, les pusieron fuego, con que cayó un gran pedazo del
-muro con muerte de algunos de los moros cercados. Algunos soldados de
-los nuestros, de ánimos alboratados, arremetieron luego por medio del
-humo y confusion sin aguardar tiempo ni órden conveniente, á los cuales
-siguieron otros muchos y al fin gran parte del ejército, procurando
-embestir la fortaleza por el destrozo que las minas habian hecho, todo
-sin hacer efecto, por estar un peñon delante. Los enemigos estaban
-puestos en arma, y haciendo á su salvo mucho daño en los cristianos con
-muchas rociadas de arcabuces y flechas, sin ser necesaria la puntería,
-porque no echaban arma que diese en vacío, sin que esto fuese parte
-para hacer retirar los ánimos obstinados de los soldados, ni ninguna
-prevencion ni diligencia de oficiales y capitanes. Tanto que necesitó
-á D. Juan de Austria á ponerse con su persona al remedio del daño, y
-no con poco peligro de la vida; porque andando con suma diligencia y
-valor persuadiendo á los soldados que se retirasen sin olvidarse de
-las armas, fue herido en el peto con un balazo, que aunque no hizo
-daño en su persona, escandalizó mucho á todo el campo, particularmente
-á su ayo Luis Quijada que nunca le desamparaba, cuyas persuasiones
-obligaron á D. Juan á retirarse por el inconveniente que se sigue en
-un ejército del peligro de su general. Mas ordenó al capitan D. Pedro
-de Rios y Sotomayor que con diligencia hiciese retirar la gente porque
-no se recibiese mas daño; el cual entró por medio de los nuestros con
-una espada y rodela, á tiempo que se conocia alguna mejoría de nuestra
-parte, diciendo: _Afuera, soldados, retirarse afuera, que así lo manda
-nuestro príncipe_. Habia ya cesado algun tanto el alarido y voces, de
-suerte que se oían claro las cajas á recoger, y todo junto fue parte
-para que tuviese fin este asalto tan inadvertido. Aquí se mostró buen
-caballero D. Gaspar de Sámano y Quiñones; porque habiendo con grande
-esfuerzo y valentía subido de los primeros en el lugar mas alto del
-muro, y sustentado con la mano el cuerpo para hacer un salto dentro,
-le fueron cortados los dedos por un turco que se halló cerca de él,
-sin que esto le perturbase nada de su valor echó la otra mano y porfió
-á salir con su intento, y saltar del muro adentro, mas no dándole
-lugar los enemigos, le fue resistido de manera que dieron con él del
-muro abajo. No fue parte este daño para que á los nuestros les faltase
-voluntad de continuarle segunda vez otro dia, y así lo pidieron á D.
-Juan: el cual pareciéndole no ser bien poner su gente en mas riesgo
-con tan poco fruto, y tratádose en consejo mandó que hiciesen un par
-de minas para que en este tiempo se entretuviesen y descansasen los
-soldados. Los enemigos considerando su peligro cercano y la tardanza
-de socorro, despacharon á Abenabó pidiéndole favor, á lo cual Abenabó
-cumplió con solas esperanzas, porque la diligencia del duque en lo del
-Alpujarra le traía sobre aviso, temeroso y puesto en armas. Acabadas
-las minas mandó D. Juan que se encendiesen la una una hora antes que
-la otra. Hízose, y la primera rompió catorce brazas de muralla, aunque
-con poco daño de los cercados, por estar prevenidos en el hecho; y
-así seguros de mas ofensa se opusieron á la defensa de lo que estaba
-abierto, unos trayendo tierra, madera y fagina para remediarlo, y otros
-procurando ofender con mucha priesa de tiros continuos: y estando en
-esto sucedió luego la otra mina que derribando todo lo de aquella parte
-hizo gran estrago en los enemigos, y tras esto cargando la artillería
-de nuestra parte se comenzó el asalto muy riguroso; porque no teniendo
-los moros defensa que los encubriese y amparase, eran forzados á dejar
-el muro con pérdida de muchas vidas: adonde se mostró buen caballero
-por su persona D. Sancho de Avellaneda herido del dia antes, haciendo
-muchas muestras de gran valor entre los enemigos, hasta que de un
-flechazo y una bala todo junto murió. Siguióse la victoria por nuestra
-parte hasta que del todo se rindió Galera, sin dejar en ella cosa
-que la contrastase que todo no lo pasasen á cuchillo. Repartióse el
-despojo y presa que en ella habia, y púsose el lugar á fuego, y así por
-no dejar nido para rebelados, como porque de los cuerpos muertos no
-resultase alguna corrupcion: lo cual todo acabado ordenó D. Juan que el
-ejército marchase para Baza adonde fue recibido con mucho regocijo.
-
-Hallábase Abenabó en Andarax resoluto de dejar al duque el paso de
-la Alpujarra, combatille los alojamientos, atajarle las escoltas,
-cierto que la gente cansada, hambrienta, sin ganancia, le dejaria.
-Este dicen que fue parecer de los turcos, ó que le tuviesen por mas
-seguro, ó que hubiesen comenzado á tratar con D. Juan de su tornada á
-Berbería, como lo hicieron, y no quisiesen despertar ocasiones con que
-se rompiese el tratado. Pero á quien considera la manera que en esta
-guerra se tuvo de proceder por su parte desde el principio hasta el
-fin, pareceránle hombres que procuraban detenerse, sin hacer jornada,
-por falta de cabezas y gente diestra, ó con esperanza de ser socorridos
-para conservarse en la tierra, ó de armada para irse á Berbería con
-sus mujeres, hijos, y haciendas: y así teniendo muchas ocasiones, las
-dejaron perder como irresolutos y poco pláticos. Partió de Orgiba
-el duque, despues de haberse detenido en fortificarla y esperar la
-entrada de D. Juan treinta dias, la vuelta de Poqueira: mas Abenabó,
-teniendo aviso que el duque partia, y que de Granada pasara una gruesa
-escolta al cargo del capitan Andrés de Mesa, con cuatrocientos soldados
-de guarda y algunos caballos, púsose delante en el camino que va á
-Jubiles por donde el duque habia de pasar, haciendo muestra de mucha
-gente, y tener ocupadas las cumbres: trabó una gruesa escaramuza con la
-arcabucería del duque, haciendo espaldas con cuasi seis mil hombres en
-cuatro batallas. Reforzó el duque la escaramuza apartando los enemigos
-con la artillería; y tomó el camino de Poqueira por el rodeo: los
-enemigos creyendo que el duque les tomaba las espaldas, desampararon
-el sitio: mas en el tiempo que duró la escaramuza acometieron á la
-escolta de Andrés de Mesa, en la cuesta de Lanjaron, Dali capitan turco
-y el Macox con mil hombres, y rompiéronla sin matar ó cautivar mas de
-quince: solo se ocuparon en derramar vituallas, matar bagajes, escoger
-y llevar otros cargados: pelearon al principio, pero poco; mataron
-el caballo á D. Pedro de Velasco, que aquel dia fue buen caballero
-y salvóse á las ancas de otro. Enviábale el rey á dar priesa en la
-salida del duque, y llevar relacion del campo, y mandar lo que se
-habia de hacer. Súpose de un moro á quien cautivaron tres soldados que
-solo siguieron el campo de Abenabó, como su intento solo habia sido
-entretener al duque: pero él luego que entendió el caso de Andrés de
-Mesa, mas por sospechas que por aviso, envió caballería que le hiciese
-espaldas, y llegaron á tiempo que hicieron provecho en salvar la gente
-ya rota, y parte de la escolta. Hecho esto se siguió el camino de los
-aljibes entre Ferreira y rio de Cadiar por el de Jubiles, y aquella
-noche tarde hizo alojamiento en ellos. Tenia la guardia Joaibi con
-quinientos arcabuceros, que viendo alojar los nuestros tarde y con
-cansancio y por esto con alguna desórden, dió en el campo, y túvole
-en arma gran parte de la noche, llegando hácia el cuerpo de guardia,
-y matando alguna gente desmandada, pero fue resistido sin seguillo,
-por no dar ocasion á la gente que se desordenase de noche. Dicen que
-si los enemigos aquella noche cargaran, que se corria peligro; porque
-la confusion fue grande, y la palabra entre la gente comun, viles,
-que mostraba miedo: mas valió el ánimo y la resolucion de la gente
-particular, y la provision del duque enderezada á deshacer los enemigos
-sin aventurar un dia de jornada: en que parecian conformarse Abenabó y
-él; porque cada uno pensaba deshacer al otro y rompelle con el tiempo
-y falta de vitualla, y salieron ambos con su pretension. Envió Abenabó
-á retirar al Joaibi, siguiendo el parecer de los turcos, y despues
-por bando público mandó, que sin órden suya no se escaramuzase, ni
-desasosegasen nuestro campo. Vino el duque á Jubiles por el camino de
-Ferreira, adonde halló el castillo desamparado, y comenzado á reparar,
-envió á D. Luis de Córdoba, y á D. Luis de Cardona, con cada mil
-infantes, y ciento y cincuenta caballos, que corriesen la tierra á una
-y otra parte, pero no hallaron sino algunas mujeres y niños: y llegó á
-Ujijar, sin dejar los moros de mostrarse á la retaguardia, y de allí
-sin estorbo á Valor, donde se alojaron.
-
-Salió D. Juan de Baza la vuelta de Seron con intento de combatilla,
-y llegando con su campo á vista de Caniles, recibió cartas del duque
-pidiéndole con grande instancia la brevedad de su venida, proponiéndole
-ser toda la importancia para que hubiese fin la guerra del Alpujarra,
-dando por último remedio que se juntasen los dos campos, y cogiesen
-en medio á Abenabó. Pareciéndole á D. Juan este buen medio, sin mas
-detenerse caminó la vuelta del campo del duque, y marchando el suyo
-llegaron á vista de Seron, donde algunos pocos soldados desmandados
-viendo los moros tan puestos en defensa, no lo pudiendo sufrir, se
-movieron á quererlos combatir (contra el presupuesto de D. Juan)
-diciendo en alta voz: nuestro príncipe piensa vanamente, si pretende
-pasar de aquí sin castigar esta desvergüenza, y diciendo: Cierra,
-cierra, Santiago y á ellos, los siguieron otros muchos incitados de
-su ejemplo, y tras ellos toda la demás gente sin que valiese ninguna
-resistencia; y sin mas autoridad ni órden embistieron el lugar con tan
-grande ímpetu, que aunque salieron los moros de Tijola, no fue parte
-para que dejasen de allanar el lugar del primer asalto, y le metiesen
-á sacomano: aunque no les salió á algunos tan barata esta jornada, la
-cual lo poco que duró fue bien reñida, y adonde entre otros fue herido
-Luis Quijada de un peligroso balazo que le quitó la vida con grande
-sentimiento de D. Juan conforme al mucho amor que le tenia. No tuvo
-aun casi lugar D. Juan de atender á este sentimiento, provocado de mil
-moros que se metieron en Seron, y le dieron ocasion de mas batalla; y
-no la rehusando, volvió sobre ellos con deseo de acabar esta ocasion
-por acudir á las cosas del Alpujarra, lo cual hizo despues de algunas
-dificultades livianas con un asalto que fue el remate de esta vitoria.
-Este dia se señaló D. Lope de Acuña, mostrando bien el gran ser de que
-siempre estuvo acompañado en muchas ocasiones.
-
-Abenabó, visto que el duque de Sesa estaba en el corazon de la
-Alpujarra, repartió su campo y la gente de vecinos que traía consigo;
-puso ochocientos hombres entre el duque y Orgiba, para estorbar las
-escoltas de Granada; envió mil con Mojajar á la sierra de Gador, y á
-lo de Andarax, Adra, y tierra de Almería: seiscientos con Garral á la
-sierra de Bentomiz, de donde habia salido D. Antonio de Luna, dejando
-proveido el fuerte de Competa, para correr tierra de Velez; envió
-parte de su gente á la sierra Nevada y el Puntal, que corriesen lo
-de Granada: quedó él con cuatro mil arcabuceros y ballesteros, y de
-estos traía los dos mil sobre el campo del duque, que con la pérdida
-de la escolta estaba en necesidad de mantenimientos: pero entretúvose
-con fruta seca, pescado y aceite, y algun refresco que Pedro Verdugo
-le enviaba de Málaga, hasta que viendo por todas partes ocupados los
-pasos: mandó al marqués de la Favara, que con mil hombres y cien
-caballos, y gran número de bagajes atravesase el puerto de la Ravaha,
-y cargase de vitualla en la Calahorra: porque fuese dos veces nombrada
-con hambre y hierro en daño nuestro; adonde habia hecha provision, y
-tan poco camino que en un dia se podia ir y venir. Dicen que el marqués
-rehusó la gente que se le daba, por ser la que vino de Sevilla, pero
-no la jornada; y siendo asegurado que fuese cual convenia, partió
-antes de amanecer con las compañías de Sevilla, y sesenta caballos
-de retaguardia: y él con trescientos infantes y cuarenta caballos de
-vanguardia; los embarazos de bagajes, y bagajeros, enfermos, esclavos
-en medio; la escolta guarnecida de una y otra parte con arcabucería.
-Mas porque parece que en la gente de Sevilla se pone mácula, siendo de
-las mas calificadas ciudades que hay en el mundo, hase de entender, que
-en ella como en todas las otras se juntan tres suertes de personas:
-unas naturales, y estos cuasi así la nobleza como el pueblo son
-discretos, animosos, ricos, atienden á vivir con sus haciendas ó de
-sus manos; pocos salen á buscar su vida fuera, por estar en casa bien
-acomodados: hay tambien extranjeros, á quien el trato de las Indias, la
-grandeza de la ciudad, la ocasion de ganancia ha hecho naturales, bien
-ocupados en sus negocios, sin salir á otros; mas los hombres forasteros
-que de otras partes se juntan al nombre de las armadas, al concurso de
-las riquezas, gente ociosa, corrillera, pendenciera, tahura, hacen de
-las mujeres públicas ganancia particular, movida por el humo de las
-viandas; estos como se mueven por el dinero que se da de mano á mano,
-por el sonido de las cajas, listas de las banderas; así facilmente las
-desamparan, con el temor de ellas en cualquier necesidad apretada, y á
-veces por voluntad: tal era la gente que salió en guardia de aquella
-escolta. El marqués, sin noticia de los enemigos ni de la tierra, sin
-ocupar lugares ventajosos, y confiado que la retaguardia haria lo
-mismo, como quien llevaba en el ánimo la necesidad en que dejaba el
-campo, y no que la diligencia fuera de tiempo es por la mayor parte
-dañosa comenzó á caminar aprisa con la vanguardia: pero los últimos
-que aun sin impedimento suelen de suyo detenerse y hacer cola, porque
-el delantero no espera, y estorba á los que le siguen, y el postrero
-es estorbado, y espera; abrieron mucho espacio entre sí, y la escolta
-hizo lo mismo entre sí y la vanguardia. Mas Abenabó, incierto por donde
-caminaria tanto número de gente, mandó al alcaide Alarabi, á cuyo cargo
-estaba la tierra del Zenette, que siguiese con quinientos hombres
-(Zenette llaman aquella provincia, ó por ser áspera, ó por haber sido
-poblada de los Zenettes; uno de cinco linajes alárabes que conquistaron
-á África y pasaron en España, que es lo mas cierto). Partió el Alarabi
-su gente en tres partes, él con cien hombres quiso dar en la escolta:
-al Piceni de Guejar con doscientos ordenó que acometiese la retaguardia
-por la frente: y al Martel del Zenette con otros doscientos la rezaga
-de la vanguardia, entrando entre la escolta y ella, al tiempo que
-él diese en la escolta; y en caso que no le viesen cargar con toda
-la gente, que estuviesen quedos y emboscados, dejándola pasar. Los
-nuestros parándose á robar pocas vacas y mujeres, que por ventura
-los enemigos habian soltado para dividirlos y desordenarlos, fueron
-acometidos del Alarabi con solos cuatro arcabuceros por la escolta,
-cargados de otros treinta que les hacian espaldas, y puestos en
-confusion: tras esto cargó el resto de la gente del Alarabi, que
-rompió del todo la escolta, sin hacer resistencia los que iban á la
-defensa. Dió el Piceni en la caballería, que era de retaguardia, la
-cual rompió, y ella la infantería; lo mismo hizo Martel con los últimos
-de la vanguardia del marqués al arroyo de Vayarzal, lo uno y lo otro
-tan callando, que no se sintió voz ni palabra. Iba el Piceni ejecutando
-la retaguardia de manera, que parecia á los nuestros que lo vian ir
-ejecutando al Martel. Siguieron este alcance sin volver la caballería,
-ni rehacerse la infantería hasta cerca de la Calahorra, todos á una,
-matando el Alarabi enfermos y bagajeros, y desviando bagajes; llegó el
-arma con el silencio y miedo de los nuestros al marqués tan tarde, que
-no pudo remediar el inconveniente, aunque con veinte caballos y algunos
-arcabuceros procuró llegar: murieron muchos enfermos que iban en la
-escolta, muchos de los moros y bagajeros; entre estos y soldados cuasi
-mil personas: quitaron setenta moriscas cautivas, y lleváronse mas de
-trescientas bestias sin las que mataron; cautivaron quince hombres,
-no perdieron uno, aconteció esta desgracia en 16 de abril. Llevó el
-marqués las sobras de la gente rota y lo demás de lo que pudo salvar á
-la Calahorra, y reformándose de gente en Guadix, salió adonde estaba D.
-Juan. Los enemigos, habiendo puesto la presa en cobro, quedaron seis
-dias en el paso y por la sierra.
-
-Mas el duque entendiendo la desgracia, y el poco aparejo de proveerse
-por la parte de Guadix, fiando poco de la gente, quiso acercarse mas
-á la mar por haber vitualla de Málaga; y por ser el abril entrado, y
-dar el gasto á los panes, quitar á los enemigos el paso para Berbería,
-vino á Verja ya despues de haber talado la cogida en el Alpujarra:
-y hizo lo mismo en el campo de Dalias, donde tenian las esperanzas
-de cebada y grano. Al alojar en Verja hubo una pequeña escaramuza,
-en que murieron de los nuestros algunos; de los moros segun ellos
-cuarenta. Mas la hambre y poca ganancia, y el trabajo de la guerra,
-y la costumbre de servir á su voluntad y no á la de quien los manda,
-pudo con los soldados tanto, que sin respeto de que hubiesen sido bien
-tratados de palabra, y ayudados de obra, con dinero, con vitualla,
-quitando lo uno y lo otro á la gente de su casa, y á veces á su
-persona, se desranchaban como habian hecho con el marqués de Velez:
-pero acostumbrado á ver y sufrir semejantes vueltas en los soldados,
-vino de Verja á Adra, donde tuvo mas vitualla, aunque no mas sosiego
-con la gente: parecíales desacato culparle, y volvianse contra D. Juan
-de Mendoza, y decian palabras sin causa; acriminábanle la muerte de
-un soldado de quien hizo justicia como juez, porque debia ser loado;
-amenazaban, protestaban de no quedar á su gobierno; excusábanse de D.
-Juan que ya andaba entre ellos recatado: no dejaban de poner bolatines
-(llaman ellos bolatines, las cédulas que de noche esparcen con las
-quejas contra sus cabezas cuando andan en celo para amotinarse, en que
-declaran su ánimo, y mueven los no determinados con quejas y causas
-de sus cabezas); saliéronse de Adra trescientos arcabuceros, ó fuese,
-segun ellos publicaban, haciendo escolta á un correo: y dando en los
-enemigos fueron los doscientos y treinta muertos por el alcaide Alarabi
-y el Mojajar, y cautivos setenta: no se supo mas de lo que los moros
-refieren, y que entendiendo de uno de los cautivos como nuestro campo
-habia desalojado de Ujijar con pérdida y desórden, y dejado municiones
-escondidas, sacaron de un aljibe cantidad de plomo, municiones y
-embarazos. En el mismo tiempo mataron los moros, que Abenabó enviaba
-la vuelta de Bentomiz, gente de sus casas que iban á Salobreña, y
-entre ellos mercaderes italianos y españoles, tomándoles el dinero:
-y los que envió hácia Granada cautivaron peleando con muchas heridas
-á D. Diego Osorio, que venia con despachos del rey para D. Juan y el
-duque, en que se trataba la resolucion de la guerra, y concierto que se
-habia platicado con los moros y turcos por mano del Habaqui; matáronle
-veinte arcabuceros de escolta, y él tuvo manera como soltarse; y aunque
-herido, vino sin las cartas á Adra.
-
-Ya D. Juan trataba con calor la reduccion de los moros, y la ida de los
-turcos á Berbería: mas algunos de los ministros (ó que les pareciese
-hacer su parte, y prevenir las gracias á D. Juan, ó que mas facilmente
-se podia acabar, cuanto por mas partes se tratase con ellos) metiéronse
-á platicar de conciertos (dicen que algunos sobresanadamente) y dejaban
-de condenar la manera del trato que D. Juan traía, holgando que se
-publicasen por concedidas las condiciones que los enemigos pedian,
-aunque exorbitantes. Por otra parte en Granada cuanto á la guerra se
-procedia con toda seguridad en el gobierno del presidente; pero cuanto
-á la paz con licencia, en el tratamiento que se hacia á los moriscos
-reducidos, y que venian á reducirse, y poniendo algunos impedimentos,
-y mostrando celos de D. Alonso Menegas, enviaban moriscos á toda
-Castilla: sacaban los ministros muchos para galeras, denostaban á los
-que se iban á rendir, y por livianas causas los daban por cautivos, su
-ropa perdida; trataban del encierro como perjudicial, ayudábanse por
-vias indirectas del cabildo de la ciudad que estaba oprimido y sujeto
-á la voluntad de pocos, todo en ocasion de estorbo: no dando cuenta
-particular á D. Juan para que él la diese al rey, haciendo cabeza de
-sí mismos, escribiendo primero por su parte con palabras sobresanadas,
-tocaban á veces en su autoridad, ó fuese (segun el pueblo) para que
-las armas no les saliesen de las manos, ó ambiciones de su opinion,
-por excluir toda manera de medios, que no fuese sangre, ofendidos que
-pasase algo sin darles cuenta particular. Los efectos manifiestos
-daban licencia para que fuesen juzgados diversamente, y todos en daño
-del negocio; y aun añadian que estando el rey en Córdoba, no faltaba
-atrevimiento para escribir trocadamente, y hacer negociacion del
-estorbo, sospechando él alguna cosa: atrevimiento que suele acontecer á
-los que andan por las Indias, con los que desde España los gobiernan;
-por donde hay mas que maravillar de la disimulacion que los reyes
-tienen cuando siguen sus pretensiones, que pasan por los estorbos sin
-dar á entender que son ofendidos.
-
-Tenia el duque avisos ansí por espías como por cartas tomadas, que los
-turcos se armaban para socorrer á Abenabó, por la parte de Castil de
-Ferro, aunque pequeño, á propósito para desembarcar gente, y por el
-aparejo de la Rambla juntarse seguramente con los enemigos. Parecíale
-que si esto se hacia, deshaciéndose por horas de su gente, podia ser
-ofendido, ó á lo menos encerrado con poca reputacion nuestra, y mucha
-de ellos. Acordó combatir aquella plaza y los enemigos, si viniesen á
-socorrerla; y trujo por mar de Almería piezas de batir, púsose sobre
-ella, repartió los cuarteles, vinieron las galeras en ayuda y para
-impedir el socorro de Argel, encomendó la batería al marqués de la
-Favara, que puso diligencia en asentarla. Llegóse y combatió por mar
-con las galeras, y por tierra con tanta priesa, que abrió portillo
-para batalla. Murieron dentro algunos con la artillería, y entre
-los principales Leandro; á cuyo cargo estaba el castillo, sin otro
-daño nuestro mas del poco que sus piezas hicieron en una galera. Los
-soldados turcos y moros que estaban á la defensa, que eran cincuenta y
-dos, desconfiados del socorro de Berbería, sus armas en las manos y una
-mujer consigo, salieron por la batería y nuestras centinelas, con la
-escuridad de la noche y confusion de la arma, guiándolos Mevaebal, su
-capitan, que dos dias antes habia entrado. Es fama (que de los nuestros
-procedió) que de ellos murieron doce, pero no se vieron en nuestro
-campo, y refieren los moros que todos llegaron al de Abenabó, algunos
-de ellos heridos. Desamparado Castil de Ferro envió por la mañana á D.
-Juan de Mendoza y al marqués de la Favara y otros, que se apoderasen de
-él. Hallaron dentro algunos viejos, y berberíes, y turcos mercaderes,
-hasta veinte hombres, y diez y siete mujeres de moriscos que las
-tenian para embarcar, alguna ropa, veinte quintales de bizcocho, y la
-artillería que antes estaba en el castillo poca y ruin. Entendióse por
-uno de estos moros que estándole batiendo llegaron catorce galeras de
-turcos con socorro, y se tornaron oyendo el ruido de la artillería.
-Sonó la toma de Castil de Ferro, tanto por el aparejo y la importancia
-del sitio, por haber sido perdido y recuperado, por ser en ocasion que
-los enemigos venian á darle socorro, cuanto por la calidad del hecho.
-
-En el mismo tiempo envió D. Juan á D. Antonio de Luna con mil y
-quinientos infantes de la tierra, las compañías del duque de Sesa y
-Alcalá, y la caballería de los duques de Medina Sidonia y Arcos, para
-que asegurase la tierra de Velez Málaga contra los que en Frijiliana
-se habian recogido. Salió de Antequera con esta gente, mas con poco
-trabajo, escaramuzando á veces, unas con ventaja suya, otras de los
-moros, comenzó un fuerte en Competa, legua y media de Frijiliana, lugar
-que fue donde antiguamente se juntaban de la comarca en una feria, y
-por esto le llamaban los romanos _Compita_, agora piedras y cimientos
-viejos, como quedaron muchos en el reino de Granada: otro hizo en el
-Saliar; y con haber enviado mil hombres á correr el rio de Chillar, y
-tornado con poca presa y pérdida igual, dejando en los fuertes cada dos
-compañías, volvió la gente á Antequera, y él á su casa con licencia.
-Recogióse el duque con su campo en Adra esperando en que pararia la
-plática que se traía con el Habaqui, donde fue proveido de Málaga por
-Pedro Verdugo bastantemente, y con algun regalo. Pasaban seguras las
-escoltas de su campo al de Don Juan; pero los soldados, gente libre y
-disoluta, á quien por entonces la falta de pagas y vitualla habia dado
-mas licencia, y quitado á los ministros el aparejo de castigarlos,
-estaban con igual descontentamiento en la abundancia que en la hambre;
-huían como, y por donde, y siempre que podian; de tantas compañías
-quedaron solos mil y quinientos hombres, los mas de ellos particulares
-y caballeros que seguian al duque por amistad; con ellos mantenia y
-aseguraba mar y tierra. Tornó el rey á Córdoba por Jaen y por Ubeda y
-Baeza, remitiendo la conclusion de las cortes para Madrid donde llegó.
-
-No era negocio de menos importancia y peligro lo de la sierra de Ronda,
-porque estaba cubierto, y los ánimos de los moriscos con la misma
-indignacion que los de la Alpujarra y rio de Almería y Almanzora:
-montaña áspera y difícil, de pasos estrechos, rotos en muchas partes,
-ó atajados con piedras mal puestas, y árboles cortados y atravesados;
-aparejos de gente prevenida. El consejo mas seguro pareció al rey,
-antes que se acabasen de declarar, asegurarse, sacándolos fuera de la
-tierra con sus familias como á los demás. Para esto mandó á D. Juan
-que enviase á Don Antonio de Luna con la gente que le pareciese, y que
-por halagos y con palabras blandas, sin hacerles fuerza ni agravio, ó
-darles ocasion de tomar las armas, los pusiese en tierra de Castilla
-adentro, enviando con ellos guarda bastante. Recibida la órden de D.
-Juan partió D. Antonio de Antequera á 20 de mayo, llevando consigo dos
-mil y quinientos infantes de guarda de aquella ciudad, y cincuenta
-caballos. Era toda la gente que D. Antonio sacó de Ronda cuatro mil
-y quinientos infantes, y ciento y diez caballos. El dia que partió,
-envió á Pedro Bermudez, á quien el rey habia enviado á la guardia de
-aquella ciudad, para que con quinientos infantes en Jubrique, pueblo
-de importancia y lugar á propósito, estuviese haciendo espaldas á los
-que habian de sacar los moriscos: juntamente repartió las compañías
-por otros lugares de la tierra; dándoles órden que en una hora todos á
-un tiempo comenzasen á sacar los moros de sus casas. Partieron el sol
-levantado á las ocho horas de la mañana. Mas los moros, que estaban
-sospechosos y recatados, como descubrieron nuestra gente, subiéronse
-con sus armas á la montaña, desamparando casas, mujeres, hijos y
-ganados: comenzaron á robar los soldados (como es costumbre), cargarse
-de ropa, hacer esclavos toda manera de gente, hiriendo, matando sin
-diferencia á quien daba alguna manera de estorbo. Vista por los
-moros la desórden, bajaban por la sierra, mataban los soldados, que
-codiciosos y embebidos con el robo desampararon la defensa de sí mismos
-y de sus banderas: iba esta desórden creciendo con la escuridad de la
-noche: mas Pedro Bermudez, hombre usado en la guerra, dejando alguna
-gente en la iglesia de Jubrique á la guarda de las mujeres, niños y
-viejos, que allí tenia recogidos, escogió fuera del lugar sitio fuerte
-donde se recogiese: entraron los moros en el lugar, y combatiendo la
-iglesia sacaron los que en ella estaban encerrados, quemándola con los
-soldados sin que pudiesen ser socorridos: luego acometieron á Pedro
-Bermudez, que perdió cuarenta hombres en el combate, y hubo algunos
-heridos de una y otra parte, y con tanto se acogieron los enemigos á la
-sierra.
-
-Vista por D. Antonio la desórden, y lo poco se habia hecho, retiró
-las banderas con hasta mil y doscientas personas; pero con muchos
-esclavos y esclavas, ropa y ganado en poder de los soldados, sin ser
-parte para estorbarlo: recogióse á Ronda, donde, y en la comarca la
-gente públicamente vendia la presa, como si fuera ganada de enemigos.
-Deshízose todo aquel pequeño campo, como suelen los hombres que han
-hecho ganancia, y temen por ello castigo; pues enviando la gente
-que sacó de Antequera á sus aposentos, y cuasi las mil y doscientas
-personas á Castilla sin hacer mas efecto, partió para Sevilla á dar
-al rey cuenta del suceso. Cargaban á D. Antonio los de Ronda y los
-moros juntamente: los de Ronda, que habiendo de amanecer sobre los
-lugares, habia sacado la gente á las ocho del dia, y que la habia
-dividido en muchas partes; que habia dado confusa la órden dejando
-libertad á los capitanes: los moros, que les habian quebrantado la
-seguridad y palabra del rey que tenian como por religion ó vínculo
-inviolable; que estando resueltos de obedecer á los mandamientos de su
-señor natural, les habian por este acatamiento y sacrificio que hacian
-de sus casas, mujeres y hijos, y de sí mismos, robado y dejado por
-hacienda y libertad, las armas que tenian en las manos, y la aspereza
-y esterilidad de la montaña, donde por salvar las vidas se habian
-acogido, aparejados á dejarlo todo, si les restituían las mujeres y
-hijos, y viejos cautivos, y ropa que con mediana diligencia pudiese
-cobrarse. Habia tantos interesados, que por solo esto fueron tenidos
-por enemigos; no embargante que se hallase haberse movido provocados y
-en defension de sus vidas. Excusábase D. Antonio con haber repartido la
-gente como convenia por tierra áspera y no conocida; poderse caminar
-mal de noche; que partida la gente, á ciegas, deshilada, facilmente
-pudiera ser salteada y oprimida de enemigos avisados, pláticos en los
-pasos, y cubiertos con la escuridad de la noche; la gente libre, mal
-mandada, peor disciplinada, que no conoce capitanes ni oficiales,
-que aun el sonido de la caja no entendian; sin órden, sin señal de
-guerra, solamente atentos al regalo de sus casas, y al robo de las
-ajenas: fueron admitidas las razones de D. Antonio por ser caballero de
-verdad y de crédito, y dada toda la culpa á la desórden de la gente,
-confirmada ya con muchos sucesos en daño suyo.
-
-Ido D. Antonio, salió la gente de la comarca, cristianos viejos, á
-robar por los lugares, mujeres, niños, ganados; sobras de la de D.
-Antonio que fue como he dicho creido, por tenerse buen crédito de
-su persona, y por no tenerse bueno por entonces de los soldados en
-comun. Mas los enemigos persuadidos de los que habian huido de la
-Alpujarra, y libres de todos los embarazos, despojados de lo que
-se suele querer bien y dar cuidado, comenzaron á hacer la guerra
-descubiertamente, recoger las mujeres, hijos y vitualla que les habia
-quedado; fortificarse en sierra Bermeja y sierra de Istan; tomar la
-mar á las espaldas para recibir socorro de Berbería, y bajar hasta las
-puertas de Ronda; desasosegar la tierra, robar ganados, cautivar, matar
-labradores, no como salteadores, sino como enemigos declarados. Estaba
-como tengo dicho á la sazon el rey D. Felipe en Sevilla, suplicado por
-la ciudad, que viniese á recibir en ella servicio.
-
-Sevilla es en nuestro tiempo de las célebres, ricas y populosas
-ciudades del mundo: concurren á ella mercaderes de todo poniente,
-especialmente del nuevo mundo que llamamos Indias, con oro, plata,
-piedras, esmeraldas, poco menores que las que maravillaba la antigüedad
-en tiempo de los reyes de Egipto: pero en gran abundancia, cueros y
-azúcar, y la yerba que sucede en lugar de púrpura, ó (por usar del
-vocablo arábigo y comun) carmesí; cochinilla la llaman los indios,
-donde ella se cria. Fue Sevilla la segunda escala que pobladores
-de España hicieron, cuando con el gran rey y capitan Baco (á quien
-llamaban Libero por otro nombre) vinieron á conquistar el mundo. La
-ocasion nos convida tratando de tan gran ciudad á declarar nuestra
-opinion, como en cosa tan dudosa por su antigüedad, acerca de la
-fundacion de ella, y del nombre de toda España. Dese la autoridad á
-los escritores, y el crédito á las conjeturas. Marco Varron, autor
-gravísimo, y diligente en buscar los principios de los pueblos, dice
-(segun Plinio refiere) que en España vinieron los persas, iberos y
-fenices, todas naciones de oriente, con Baco. Por este se entiende
-tambien haber sido hecha la empresa de la India, segun los escritos
-de Nono, poeta griego, que compuso de los hechos de Baco, y llamó
-Dionysiaca, porque se llamaba, demás del nombre de Baco, y Libero,
-Dionysio. Dice tambien Salustio en sus historias haber él mismo pasado
-en Berbería, y dado principio á muchas naciones: con este Baco vinieron
-capitanes hombres señalados, y mujeres que celebraban su nombre, uno
-de los cuales se llamó Luso; y una de las mujeres Lyssa, que dice el
-mismo Marco Varron haber dado el nombre á la parte de Portugal, que
-antiguamente llamaban Lusitania. Tuvo Baco un lugarteniente que dijeron
-Pan, hombre áspero y rústico, á quien la antigüedad honró por Dios de
-los pastores, ó quizá eran conformes en el nombre; pero por intervenir
-en las procesiones ó fiestas de Baco el Pan, se puede creer ser el
-mismo: este Pan, dice Varron que dió nombre á toda España, y lo mismo
-Appiano Alejandrino en sus historias, en el libro que llaman Español,
-y en griego Iberice. _Panios_ quiere decir cosa de Pan; y el _hi_, que
-tiene delante, dice el artículo, que juntado con el _panios_, dirá
-la tierra ó provincia de Pan[55]: quedó á los españoles el vocablo
-griego, ni mas ni menos que los griegos lo pronuncian, ambiciosos de
-dar nombre en su lengua á las naciones hispánicas; y pronunciámoslo
-nosotros España: de aquí vino á decirse que Hispan, ó el Pan que los
-griegos llaman lugarteniente, fue sobrino de Hércules, y que dió el
-nombre á España. Lo cierto es que Baco dejó por aquella comarca lugares
-del nombre de los que le seguian; y que dos veces vino el que llamaron
-Hércules, ó fuesen dos Hércules en aquella parte de España. El nombre
-pudo venir á Sevilla de haber sido poblada, cuando la segunda vez
-Hércules, ó fuese Baco, ó fuese Hércules tebano vino en España; y si
-así fue, presupuesto que en la lengua griega _palin_ quiere decir otra
-vez, y _hi_, la, el nombre de Hispalis querrá decir la de otra vez,
-porque los griegos son fáciles en acabar en la letra _s_. Demás del
-concurso de mercaderes y extranjeros, moran en Sevilla tantos señores
-y caballeros principales, como suele haber en un gran reino; entre
-ellos hay dos casas ambas venidas del reino de Leon, ambas de grande
-autoridad y grande nobleza, y en que unos, ó otros tiempos no faltaron
-grandes capitanes: una la casa de Guzman duques de Medina Sidonia, que
-en tiempo antiguo fue poblacion de los de Tiro, poco despues de poblada
-Cádiz, destruida por los griegos y gente de la tierra, restaurada por
-los moros segun el nombre lo muestra; porque en su lengua _medina_
-quiere decir lo que en la nuestra puebla; como si dijésemos la puebla
-de Sidonia: este linaje moró gran tiempo en las montañas de Leon, y
-vinieron con el rey D. Alonso el VI á la conquista de Toledo, y de allí
-con el rey D. Fernando el III á la de Sevilla, dejando un lugar de su
-nombre, de donde tomaron el nombre con otros treinta y ocho lugares
-de que entonces eran ya señores. El fundador de la casa fue el que,
-guardando á Tarifa, echó el cuchillo con que degollaron á su hijo que
-tenia por hostaje, por no rendir él la tierra á los moros. La otra
-casa es de los Ponces de Leon, descendientes del conde Hernan Ponce
-que murió en el portillo de Leon, cuando Almanzor, rey de Córdoba,
-la tomó; dicen traer su orígen de los romanos que poblaron á Leon, y
-su nombre de la misma ciudad; duques en otro tiempo de Cádiz hasta
-el que escaló á Alhama, y dió principio á la guerra de Granada, y
-despues que sus nietos fueron en tutorías despojados del estado por
-los reyes D. Fernando y D.ª Isabel, se llamaron duques de Arcos, que
-los antiguos españoles decian Arcobrica, poblacion de las primeras de
-España, antes que viniesen los de Tiro á poblar Cádiz. Los señores
-de aquestas dos casas siempre fueron émulos de aquella ciudad, y aun
-cabezas á quien se arrimaban otras muchas de la Andalucía: de la de
-Medina era señor D. Alonso de Guzman, mozo de grandes esperanzas; de
-la de Arcos D. Luis Ponce de Leon, hombre que en la empresa de Durlan
-habia seguido sin sueldo las banderas del rey D. Felipe, inclinado y
-atento á la arte de la guerra: á estos dos grandes encomendó el rey
-el sosiego y pacificacion de la sierra de Ronda, por tener á ella
-vecinos sus estados. Grandes llaman en España los señores á quien el
-rey manda cubrir la cabeza, sentar en actos y lugares públicos, y la
-reina se levanta del estrado á recibir á ellos y á sus mujeres, y
-les manda dar por honra cojin en que se sienten, ceremonias que van
-y vienen con los tiempos y voluntades de los príncipes; pero firmes
-en España en solas doce casas[56], entre las cuales estas dos son y
-fueron de grande autoridad. Despues que creció el favor y la riqueza,
-por merced de los reyes han acrecentádose muchas. Dió poder el rey á
-estos dos príncipes, para que en su nombre concertasen y recogiesen
-los moriscos, y les volviesen las mujeres, hijos y muebles, y los
-enviasen por España la tierra adentro; pues no habian sido partícipes
-en la rebelion, y lo sucedido habia sido mas por culpa de ministros
-que por la suya. Tenia el duque de Arcos una parte de su estado en la
-serranía de Ronda, que hubo su casa por desigual recompensa de Cádiz,
-en tiempo de tutorías; parecióle por aprovechar llegarse á Casares,
-lugar suyo, y dende mas cerca tratar con los moros: envió una lengua
-que fue y volvió no sin peligro; lo que trajo es, que á ellos les
-pesaba de lo acontecido; que por personas suyas vendrian á tratar con
-el duque, donde y como él mandase, y se reducirian y harian lo que
-se les ordenase con ciertas condiciones. Esto afirmaron en nombre de
-todos el Alarabique y el Ataifar, hombres de gran autoridad y por quien
-ellos se gobernaban; bajó el Alarabique y el Ataifar á una hermita
-fuera de Casares, y con ellos una persona en nombre de cada pueblo
-de los levantados. Mas el duque, por escandalizarlos menos y mostrar
-confianza, vino con pocos: osadía de que suelen suceder inconvenientes
-á las personas de tanta calidad. Hablóles, persuadióles con eficacia,
-y ellos respondieron lo mismo, dando firmados sus capítulos; y con
-decir que daria aviso al rey, se partió de ellos; mas antes que la
-respuesta del rey volviese, le vino mandamiento, que juntando la gente
-de las ciudades de la Andalucía vecinas á Ronda, estuviese á punto para
-hacer la guerra, en caso que los moros no se quisiesen reducir: mandó
-apercibir la gente de Andalucía y de los señores de ella, de á pie y de
-á caballo, con vitualla para quince dias, que era lo que parecia que
-bastase para dar fin á esta guerra: en el entretanto que la gente se
-juntaba, le vino voluntad de ver y reconocer el fuerte de Calalui en
-sierra Bermeja[57], que los moros llaman Gebalhamar, adonde en tiempos
-pasados se perdieron D. Alonso de Aguilar y el conde de Ureña; D.
-Alonso señalado capitan, y ambos grandes príncipes entre los andaluces:
-el de Ureña abuelo suyo de parte de su madre; y D. Alonso bisabuelo de
-su mujer. Salió de Casares descubriendo y asegurando los pasos de la
-montaña; provision necesaria por la poca seguridad en acontecimientos
-de guerra, y poca certeza de la fortuna. Comenzaron á subir la sierra,
-donde se decia que los cuerpos habian quedado sin sepultura: triste
-y aborrecible vista y memoria: habia entre los que miraban nietos y
-descendientes de los muertos, ó personas que por oidas conocian ya
-los lugares desdichados. Lo primero dieron en la parte donde paró la
-vanguardia con su capitan por la escuridad de la noche, lugar harto
-extendido y sin mas fortificacion que la natural, entre el pie de la
-montaña y el alojamiento de los moros; blanqueaban calaveras de hombres
-y huesos de caballos amontonados, desparcidos, segun, como, y donde
-habian parado; pedazos de armas, frenos, despojos de jaeces: vieron mas
-adelante el fuerte de los enemigos, cuyas señales parecian pocas, y
-bajas, y aportilladas: iban señalando los pláticos de la tierra donde
-habian caido oficiales, capitanes, y gente particular: referian como
-y donde se salvaron los que quedaron vivos, y entre ellos el conde de
-Ureña y D. Pedro de Aguilar, hijo mayor de D. Alonso: en que lugar y
-donde se retrajo D. Alonso y se defendia entre dos peñas; la herida
-que el Ferí, cabeza de los moros le dió primero en la cabeza y despues
-en el pecho, con que cayó; las palabras que le dijo andando á brazos:
-_yo soy D. Alonso_; las que el Ferí le respondió cuando le heria: _tú
-eres D. Alonso, mas yo soy el Ferí de Benastepar_, y que no fueron
-tan desdichadas las heridas que dió D. Alonso, como las que recibió.
-Lloráronle amigos y enemigos, y en aquel punto renovaron los soldados
-el sentimiento; gente desagradecida, sino en las lágrimas. Mandó el
-general hacer memoria por los muertos, y rogaron los soldados que
-estaban presentes que reposasen en paz, inciertos si rogaban por deudos
-ó por extraños; y esto les acrecentó la ira y el deseo de hallar gente
-contra quien tomar venganza.
-
- [55] Sus dudas les quedan á los peritos en el griego, mas no es
- este el lugar de disputarlas.
-
- [56] Ojalá nombrara los doce grandes de España firmes como nombró
- solos estos dos, porque han crecido ya tanto los que dice haberse
- acrecentado con el favor y la riqueza, que apenas los distinguimos
- de aquellos originarios.
-
- [57] Calaluz le llama Zurita, p. 5, lib. IV, cap. XXXII.
-
-Vista la importancia del lugar, si los enemigos le ocupasen, envió
-dende á poco el duque una bandera de infantería, que entrase en
-el fuerte y lo guardase. Vino en este tiempo resolucion del rey
-que concedia á los moros cuasi todo lo que le pedian que tocaba al
-provecho de ellos, y comenzaron algunos á reducirse; pero con pocas
-armas, diciendo, que los que en su campo quedaban no se las dejaban
-traer. Habia entre los moros uno llamado el Melqui, hombre atrevido
-y escandaloso, imputado de herejía, y suelto de las cárceles de la
-inquisicion ido y vuelto á Tituan: este, ó que le parecia que perdia el
-crédito de hasta entonces, ó que fuese obligado al príncipe de Tituan,
-juntó el pueblo, que ya estaba resoluto á reducirse, disuadiéndole, y
-afirmando lo que con ellos trataba el Alarabique ser engaño y falsedad,
-haber recibido del duque nueve mil ducados, vendido por precio su
-tierra, su costa, y los hijos, mujeres y personas de su ley: venidas
-las galeras á Gibraltar, la gente levantada, las cuerdas en las manos
-á punto, con que los principales habian de ser ahorcados: y el pueblo
-atado y puesto perpetuamente al remo, para sufrir hambre, frio y
-azotes, y seguir forzados la voluntad de sus enemigos, sin esperanza
-de otra libertad sino la muerte. Tuvieron estas palabras y la persona
-tanta fuerza, que se persuadió el pueblo ignorante, y tomando las armas
-hicieron pedazos al Alarabique, y á otro compañero suyo berberí, que
-era de la misma opinion: con esto mudaron de propósito, y quedaron mas
-rebeldes que estaban: algunos que quisieran reducirse, estorbados por
-el Melqui con guardas, y espantados con amenazas, dejaron de hacello:
-los de Benahabiz, lugar de importancia en aquella montaña, enviaron por
-el perdon del rey con propósito de reducirse; llevólo un moro llamado
-el Barcoquí, juntamente con carta del duque para Marbella, y los que
-guardaban el fuerte de Montemayor, que tuviesen cuenta con él y sus
-compañeros, acompañándolos hasta dejarlos en lugar seguro: mas la gente
-ó por codicia de algo (si lo llevaban) ó por estorbar la reduccion,
-con que cesaria la guerra, hiciéronlo tan al contrario, que mataron al
-Barcoquí: esta desórden mudó á los de Benahabiz, y confirmó la razon
-del Melqui de manera, que no fue parte el castigo que el duque hizo
-de ahorcar y echar en galeras los culpados, para estorbar el motin
-general. Apercebida la gente, vino el duque á Ronda, donde hizo su
-masa, y salió con cuatro mil infantes y ciento cincuenta caballos, á
-ponerse algo mas camino que dos leguas de la sierra de Istan, donde los
-enemigos le esperaban fortificados; lugar asperísimo y dificultoso de
-subir, las espaldas á la mar; dejando en Ronda á Lope Zapata, hijo de
-D. Luis Ponce, para que en su nombre recogiese y encaminase los moros
-que viniesen á reducirse: vinieron pocos ó ningunos escandalizados del
-caso del Barcoquí, y espantados, porque en Ronda y Marbella el pueblo
-habia rompido la salvaguardia del duque y fe del rey, matando cuasi
-cien moros al salir de los lugares. No le pareció al duque detenerse á
-hacer el castigo; pero envió por juez al rey, que castigó los culpados
-como convenia; y él caminó á la Fuenfria, donde se encendió fuego en
-el campo, que puso en cuidado, ó fuese echado por los enemigos, ó por
-descuido de alguno: el autor y el fuego cesó por industria y diligencia
-del duque.
-
-El dia siguiente con mil infantes y alguna caballería reconoció el
-fuerte de los enemigos desde la sierra de Arboto puesta en frente de
-él, juntamente con el alojamiento y el lugar de la agua: y aunque
-se mostraron los enemigos algo mas abajo fuera de su fuerte, no
-fueron acometidos; ansí por ser cerca de la noche, como por esperar á
-Arévalo de Suazo con la gente de Málaga. Entretanto puso su guardia
-en la sierra de Arboto con harta contradiccion de los enemigos;
-porque juntamente acometieron el alojamiento del duque, y trabaron
-una escaramuza tan larga que duró tres horas, no muy apriesa, pero
-bien extendida: eran ochocientos hombres arcabuceros y ballesteros,
-y algunos con armas enhastadas: mas visto que con dos banderas de
-arcabuceros les tomarian la cumbre, se retiraron á su fuerte con poco
-daño de los nuestros, y alguno de los suyos. Reforzóse la guardia de
-aquel sitio, por ser de importancia, con otras dos banderas; y era
-ya llegado Arévalo de Suazo con dos mil infantes de Málaga y cien
-caballos, con que se tomó resolucion de combatir los enemigos en su
-fuerte al otro dia: á la parte del norte que la subida era mas difícil,
-envió el duque á Pedro Bermudez con ciento y cincuenta infantes,
-que tomase las dos cumbres, que suben al fuerte con dos banderas de
-arcabuceros, haciéndoles espaldas con el rostro á la mano derecha Pedro
-de Mendoza con otra tanta gente y la mesma órden, dejando entre sí y
-Pedro Bermudez una parte de la montaña que los moros habian quemado,
-porque las piedras que desde arriba se tirasen corriesen por mas
-descubierto, y con menos estorbo: Arévalo de Suazo con la gente de su
-cargo se seguia á la mano derecha, y con dos banderas de arcabucería
-delante: mas á mano derecha de Arévalo de Suazo, Luis Ponce de Leon
-con seiscientos arcabuceros por un pinar, camino menos embarazado que
-los otros. El duque escogió para sí con el artillería y caballería y
-mil y quinientos infantes, el lugar entre Pedro de Mendoza y Arévalo
-de Suazo, como mas desembarazado, así mas descubierto: mandó á Pedro
-de Mendoza con mil infantes y algun número de gastadores, que fuese
-adelante aderezando los pasos para la caballería, y que todos al pasar
-se cubriesen con la falda de la montaña y quebrada hácia el arroyo,
-que á un tiempo comenzasen á subir igualmente y á pequeño paso,
-guardando el aliento para su tiempo; quedaba con esta órden la montaña
-cercada, sino por la parte de Istan, que no podia con la aspereza
-recibir gente. Víanse unos á otros, y todos se podian cuasi dar las
-manos: quedó resoluto combatir los enemigos otro dia á la mañana. Mas
-los moros viendo que Pedro de Mendoza estaba mas desviado, y en parte
-donde no podia con tanta diligencia ser socorrido, acometiéronle al
-caer de la tarde con poca gente y desmandada, trabando una escaramuza
-de tiros perdidos. Pedro de Mendoza, confiado de sí mismo, soldado
-de mucho tiempo y no tanta experiencia, pudiendo guardar la órden y
-contentarse con estar quedo y sin peligro, saltó á la escaramuza con
-demasiado calor. Deshízose la gente por la montaña arriba sin órden,
-sin guardar unos á otros: y los moros unas veces retirándose, otras
-reparándose, parecian ir cerrando á los nuestros: visto el peligro y no
-pudiéndolo ya estorbar Pedro de Mendoza (ó fuese recelo ó desconfianza
-de su poca autoridad con la gente, aunque la habia tenido para meterla
-delante), envió á avisar al duque, pero á tiempo que puesto que hubiese
-enviado á retirarla tres capitanes, fue necesitado á tomar lo alto
-para reconocer el lugar: el duque con los que con él se hallaban y
-los que pudo retirar, atravesó donde estaban los que subian, y valió
-tanto su autoridad, que la gente desmandada se detuvo, y los moros que
-ya habian comenzado á desemboscarse y se mostraban á los enemigos,
-vista la determinacion del duque se recogieron á su fuerte, en ocasion
-de que estaba cerca la noche, y la gente de Pedro de Mendoza cansada
-y desordenada, y se temian de algun desastre, especialmente los que
-traían á la memoria el acontecimiento de D. Alonso de Aguilar por los
-mismos términos.
-
-Hallóse el duque tan adelante, que vistas las celadas descubiertas, y
-los moros puestos en órden de cargar á la gente que subia, y que era
-imposible retirallos todos, quiso aprovecharse de la desórden; y con
-la gente que traía consigo y la que habia recogido, todo á un tiempo
-acometió á los enemigos, y pegóse con el fuerte de manera, que fue de
-los primeros al entrar. Mas los moros, que no osaron esperar el ímpetu
-de los nuestros, se descolgaron por lugares de la montaña, que era
-luenga y continuada; y de allí se repartieron, unos á Rioverde, otros
-á la vuelta de Istan, otros á la de Monda, y otros á la de sierra
-Blanquilla; dejando de sus mujeres y hijos como cuatrocientas personas:
-embarazo de guerra, y gente inútil que les comian los bastimentos,
-quedando mas ahorrados para hacer la guerra por aquellas montañas:
-todavía envió á seguir el alcance con poco fruto, por ser la noche
-y tierra tan cerrada; él pasó en el fuerte de los enemigos sin ropa
-ni vitualla; y visto que todos se habian esparcido, y que la montaña
-quedaba desamparada, dejó el fuerte; y dando licencia á la gente de
-Málaga con órden de correr la tierra á una y otra parte, pasó con la
-resta de su campo á Istan, y envió cuatro compañías sin banderas: el
-efecto que hicieron las tres, fue quemar dos barcas grandes que tenian
-fabricadas para pasar á Tituan: la cuarta con su capitan Morillo, á
-quien el duque mandó que corriese Rioverde, no guardando la órden,
-dió en los enemigos no lejos de Monda, en un cerro que los de la
-tierra llaman Alborno, á vista de Istan; y seguido, y rota la gente se
-retiró: era el lugar tan cerca del campo, que se oyeron los golpes de
-arcabuces, y con sospecha de lo que podia ser, se ordenó al capitan
-Pedro de Mendoza socorriese y recogiese la gente. Mas llegando á vista
-de los enemigos contentóse con solo recoger algunos que huían, y
-estuvo sin pasar adelante, ó fuese temiendo alguna emboscada (aunque
-el lugar era gran trecho descubierto), ó arrepentido de la demasiada
-diligencia del dia antes en la sierra de Istan: murió la mayor parte de
-la compañía y su capitan peleando. El mismo dia, los moros que andaban
-repartidos encontraron con el alcaide de Ronda, y capitan Ascanio,
-que con ciento y cincuenta soldados y otra gente habia salido sin
-órden y sabiduría del duque, como hombres que no estaban á su cargo;
-matáronlos con la mayor parte de la compañía: el mismo acometimiento
-hicieron contra un correo, que partió del campo para Granada con
-escolta de cien soldados, aunque con pérdida de algunos se recogió en
-Monda. Entendiendo pues el duque que por la sierra andaba cuantidad
-de moros, envió órden á Arévalo de Suazo que con la gente de Málaga
-tornase á Monda; y á D. Sancho de Leiva, general de las galeras de
-España, que enviase ochocientos infantes de la gente que andaba á su
-cargo; y á Pedro Bermudez que viniese con la de Ronda, y él con la que
-habia quedado se vino á esperarlos á Monda: de donde junta la gente
-partió ahorrado sin estorbos la vuelta de Hojen, y allí le encontró
-D. Alonso de Leiva, hijo de D. Sancho, con ochocientos soldados de
-Galera. Entendíase que los moros esperaban á una legua, y con este
-presupuesto ordenó el duque á Pedro Bermudez, que con mil arcabuceros
-de los de su cargo tomase la mano izquierda, y á D. Alonso con la
-gente que habia tenido fuese derecho á Hojen por un monte que dicen
-el Negral; él con lo demás del campo siguió derecho el Corvachin,
-tierra de grande aspereza: con esta órden se llegó á un tiempo al lugar
-donde los enemigos habian estado, y de allí bajando hasta llegar á
-vista de la Fuengirola, sin hallar otra cosa sino rastro de gente, y
-sobras de comida (porque los moros recelándose que serian descubiertos
-se habian esparcido como es su costumbre, y extendido por todas las
-montañas) dió el duque licencia á D. Alonso que tornase á embarcarse;
-y á Arévalo de Suazo á Málaga, corriendo primero la tierra: él volvió
-á Monda y de allí á Marbella. Este lugar es el que los antiguos llaman
-Barbesola: mas el que agora llamamos Monda, pienso que fue poblado de
-los habitadores de Monda la vieja, tres leguas mas acá, donde parecen
-señas y muestras mas claras de haber sido la antigua Monda, siguiendo
-los moros que conquistaron á España su antigua costumbre, de pasar los
-moradores de unos lugares á otros con el nombre del lugar que dejaban:
-en Ronda y otras partes se ven estatuas y letreros traidos de Monda la
-vieja; y en torno de ella, la campaña, atolladeros, y pantanos en el
-arroyo de que Hirtio hace memoria en sus historias.
-
-Habia ya cumplido la gente de las ciudades y señores el tiempo que eran
-obligados á servir por el llamamiento, y las aguas hartado la tierra
-para sembrar: faltaba el provecho de la guerra, por la diligencia que
-los moros ponian en las guardas por todo, en alzar y esconder la ropa,
-mujeres y niños, en esparcirse pocos á pocos en las montañas, y gran
-parte de ellos pasar á Berbería, donde con cualquier aparejo tenian
-la traviesa corta y mas segura, no podian ser seguidos con ejército
-formado, y el que habia se iba poco á poco deshaciendo: pareció
-consejo de necesidad enviar la gente á sus casas, y el duque volver á
-Ronda, guarnecer los lugares de donde con mayor facilidad los enemigos
-pudiesen ser perseguidos y echados de la tierra, y andar tras de ellos
-en cuadrillas, sin dejarlos reformar en alguna parte; mas detuvo la
-gente de su estado ya diestros y ejercitados, que servian á su costa,
-sin sueldo, ni raciones, dejó gente en Hojen, Istan, Monda, Tollox,
-Guaro, Cartagima, Jubrique, y en Ronda, cabeza de toda la sierra. Habia
-ya el rey avisado al duque como se determinaba á un tiempo sacar los
-moros de Granada á poblar Castilla, y que estuviese apercebido para
-cuando le llegase la órden de D. Juan de Austria. Cuando esto pasaba,
-llegaron las cartas de D. Juan en que decia como la salida de los moros
-de todo el reino seria el postrero dia de octubre; encomendábale el
-secreto hasta el dia que el bando se publicase, apercebíale para la
-ejecucion en tierra de Ronda; enviábale la patente en blanco para que
-el duque hinchiese la persona que le pareciese mas á propósito.
-
-Echando el bando, mandó recoger en el castillo de Ronda los moros de
-paces con su ropa, hijos, y mujeres, y en la patente hinchió el nombre
-de Flores de Benavides, corregidor de Gibraltar, ordenándole con
-seiscientos hombres de guarda llevar cuasi mil y doscientas personas
-que serian los reducidos, hasta dejallos en Illora; para que juntos
-fuesen á Castilla con otros de la Vega de Granada. Era ya entrado el
-mes de noviembre, con el frio y las aguas en mayor cuantidad; los
-enemigos creyendo que por ir los rios mayores, y las avenidas en las
-montañas dificultar mas los pasos, ellos podian extenderse por la
-tierra, y nuestra gente ocupada en labrar la suya, se juntaban con
-dificultad: en todas partes y á todas horas desasosegaban la tierra de
-Ronda y Marbella, cautivando labradores, llevando ganados, y salteando
-caminos hasta cuasi las puertas de Ronda: acogíanse en las vertientes
-de Rioverde, á quien los antiguos llamaban Barbesola, del nombre de la
-ciudad que agora llamamos Marbella, y de allí en las cumbres y contorno
-de sierra Blanquilla. El duque por el menudear de los avisos, y por
-excusar los daños, que aunque no fuesen señalados eran continuos, por
-castigar los enemigos que habian en Rioverde y en la sierra del Alborno
-muerto nuestra gente: porque de la Alpujarra por una parte, y por otra
-con la vecindad de Berbería no se criase en aquella montaña nido;
-determinó rematar la empresa, combatir los enemigos, y desarraigallos
-ó acaballos del todo; salió de Ronda con mil y quinientos arcabuceros
-de la guardia de ella, y gente de señores, y mil de sus vasallos,
-y con la caballería que pudo juntar improvisamente: mas antes que
-llegase, entendió por avisos de espías, y algunos que se pasaron de
-los enemigos, que el número poco mas ó menos era de tres mil; los
-dos mil de ellos arcabuceros gobernados por el Melqui, hombre entre
-ellos diligente, animoso, y ofendido, ido y venido á Tituan; que
-tenian atajados los pasos con grandes piedras, árboles atravesados;
-que estaban resolutos de morir defendiendo la sierra: ordenó á Pedro
-de Mendoza que con seiscientos arcabuceros caminase derecho á la boca
-del Rioverde, por el pie de la sierra; y á Lope Zapata, con otros
-seiscientos á Gaimon, á la parte de las viñas de Monda: iban estos dos
-capitanes el uno del otro media legua, y entre ambos iba el duque con
-el resto de la infantería y caballería; ordenó á Pedro Bermudez, y á
-Cárlos de Villegas que estaba á la guarda de Istan y Hojen, con dos
-compañías y cincuenta caballos, que se saliesen á un mismo tiempo y con
-doscientos arcabuceros tomasen lo alto de la sierra, y las espaldas
-de los enemigos; que Arévalo de Suazo partiese de Málaga, y con mil y
-doscientos soldados y cincuenta caballos acudiese á la parte de Monda.
-Todos á un tiempo partieron á la noche para hallarse á la mañana con
-los enemigos; mas ellos avisados por un golpe de arcabuz que habian
-oido entre la gente de Setenil, mudáronse del lugar, mejorándose á la
-parte de Pedro de Mendoza que era el postrero, por tener la salida mas
-abierta comenzó á subir el duque, y Pedro de Mendoza que estaba mas
-cerca á pelear con igualdad, y ellos á mejorarse. El duque, aunque
-algo apartado, oyendo los golpes de arcabuz, y visto que se peleaba
-por aquella parte de Pedro de Mendoza se mejoró; y por la ladera
-descubriendo la escaramuza, con la caballería y con lo que pudo de
-arcabucería, acometió los enemigos; llevando cerca de sí á su hijo,
-mozo cuasi de trece años, D. Luis Ponce de Leon, cosa usada en otra
-edad en aquella casa de los Ponces de Leon, criarse los muchachos
-peleando con los moros y tener á sus padres por maestros: porfiaron
-algun tanto los enemigos; mas no pudiendo resistir, tomaron lo alto de
-la sierra, y de allí se repartieron á unas y otras partes. Murieron
-mas de cien hombres y entre ellos el Melqui su capitan; y si Pedro
-Bermudez y Villegas salieran á la hora que se les ordenó, hiciérase
-mayor efecto. Habido este buen suceso, repartió el duque la gente que
-pudo por cuadrillas para seguir el alcance; cautivaron á las mujeres, y
-niños, y ropa que les habia quedado; mataron en este seguimiento otros
-ochenta. Quedaron los moros tan escarmentados, que ni por engaño ni por
-fuerza los pudieron hallar juntos en parte de la montaña, y buscaron
-tambien la sierra que llaman de Daidin, y el mismo duque repartió el
-campo en cuadrillas, pero tampoco se hallaron personas juntas: con
-esto, él se tornó á Ronda, y aquella guerra quedó acabada, la tierra
-libre de los enemigos, parte muertos, y parte esparcidos, ó idos á
-Berbería.
-
-He querido tratar tan particularmente de esta guerra de Ronda; lo uno
-porque fue varia en su manera, y hecha con gran sufrimiento del capitan
-general, y con gente concejil, sin la que los señores enviaron, y la
-mayor parte del mismo duque de Arcos: y aunque en ella no hubo grandes
-rencuentros, ni pueblos tomados por fuerza, no se trató con menos
-cuidado y determinacion, que las de otras partes de este reino; ni
-hubo menos desórdenes que corregir cuando el duque la tomó á su cargo:
-guerra comenzada, y suspendida por falta de gente, de dineros, de
-vitualla, tornada á restaurar sin lo uno y sin lo otro: pero sola ella
-acabada del todo, y fuera de pretensiones, emulaciones, ó envidias. Lo
-otro por haberse en tiempos antiguos recogido en aquellas partes las
-fuerzas del mundo, y competido César, y los hijos de Pompeyo, cabezas
-de él, sobre cual quedaria con el señorío de todo, hasta que la fortuna
-determinó por César, dos leguas de donde está agora Ronda, y tres de
-la que llamamos Monda, en la gran batalla cerca de Monda la vieja,
-donde hoy dia, como tengo dicho, se ven impresas señales de despojos,
-de armas y caballos; y ven los moradores encontrarse por el aire
-escuadrones; óyense voces como de personas que acometen: estantiguas
-llama el vulgo español á semejantes apariencias ó fantasmas, que
-el vaho de la tierra cuando el sol sale ó se pone forma en el aire
-bajo, como se ven en el alto las nubes formadas en varias figuras y
-semejanzas.
-
-Estaba D. Juan en Granada con el duque[58] y el comendador mayor,
-acudiendo á lo que se ofrecia, y por dar remate á cosas, y fin de los
-enemigos que quedaban, ordenó que el comendador mayor con la gente que
-se pudo juntar, parte de la propia ciudad, y parte de los que se habian
-venido de su campo, y del campo del duque, que por todos serian siete
-mil personas, llevasen delante, y ante todas las cosas bastimento y
-municion que bastase para dos meses, y que esto se guardase en Orgiba;
-y con esta prevencion partió el campo la vuelta de la Alpujarra.
-Llegados á Lanjaron, por mandado del general se dió un rebato falso,
-porque la gente no estuviese descuidada; otro dia llegaron á Orgiba,
-y en ella reposó el campo tres dias, tomando la órden que se habia
-de tener para hallar los enemigos, porque andaban esparcidos por la
-tierra. El cuarto dia salió la gente hechas dos mangas de á mil hombres
-cada una, con órden que la una, de la otra fuese desviada cuatro
-leguas, guiando la una á la mano derecha y la otra á la siniestra, y
-el resto del campo por medio: de esta suerte corrieron la tierra hasta
-llegar á Pitres de Ferreira, y dejando allí presidio de quinientos
-hombres, pasaron adelante hasta Portugos, y allí dejaron cien hombres,
-y en Cadiar trescientos con el capitan Berrío. Aquí tuvo nuevas el
-comendador mayor que los moros se habian retirado al Cehel, costa de la
-mar, por ser tierra áspera y de muchos jarales: mandó á D. Miguel de
-Moncada que con mil y doscientos hombres corriese aquella tierra; halló
-parte de ellos, y matando siete moros, cautivó doscientas personas
-entre moras y muchachos, y ropa y despojos: perdió solo un soldado que
-engañado de una mora le hizo entender que en una choza tenia mucha
-riqueza, y al entrar en ella le dió con una almarada por debajo del
-brazo, y lo mató. Volvió D. Miguel con la cabalgada á Cadiar donde
-quedó el campo; de aquí envió el comendador mayor mil hombres á Ujijar
-de la Alpujarra, para que en ella hiciesen presidio, y dejando en él
-trescientos soldados fuesen á Donduron, y dejasen allí una compañía
-de cien hombres con su capitan, y en Ayator otros ciento, y en Berja
-otros ciento, con órden que todos corriesen la tierra cada dia, dejando
-guarda en los presidios. Mandó á D. Lope de Figueroa, que con mil y
-quinientos infantes y algunos caballos corriese el rio de Almería y
-toda aquella sierra, con el Bolodui y tierra de Gueneja, y que juntando
-consigo la gente que salia de Almería: corriese la tierra de Jerez
-á Fiñana, y rio de Almanzora: volvió á Granada, dejando presidio en
-las Guajaras altas y bajas, y en Velez de Benaudalla, y en todos los
-presidios bastimento y municion para algunos dias.
-
- [58] Este duque es necesariamente el de Sesa, porque el de Arcos
- no se vió con D. Juan.
-
-Luego que llegó á Granada, proveyó D. Juan otros capitanes de
-cuadrillas, que fueron Juan Carrillo Paniagua, Camacho, Reinaldos,
-y otros; y hecho esto, D. Juan con el duque y el comendador mayor
-se partió á Madrid; y de allí á la armada de la liga, dejando á D.
-Pedro de Deza, presidente de Granada, con título de capitan general,
-y en Almería por general de la infantería á D. Francisco de Córdoba,
-descendiente de aquella cama de Leones del conde D. Martin. Corrian
-la tierra á menudo las cuadrillas, metian en Granada moros y moras, y
-no habia semana que no hubiese cabalgada. Al entrar en la puerta de
-las Manos, hacian salva subiendo por el Zacatin arriba, hasta llegar
-á la chancillería; daban noticia al presidente para que viese lo que
-traían, y entregaban los moros en la cárcel, y de cada uno les daban
-veinte ducados, como está dicho: atenazaban y ahorcaban los capitanes y
-moros señalados, y los demás llevaban á galeras, que sirviesen al remo
-esclavos del rey.
-
-Entre estos trujeron un moro natural de Granada llamado Farax: este
-como supiese la voluntad de Gonzalo el Jeniz, alcaide sobre los
-alcaides, y de sus sobrinos Alonso y Andrés el Jeniz, y otros muchos,
-que era de entregarse y reducirse, si se les concediese perdon, llamó á
-Francisco Barredo, dándole parte de la voluntad y propósito que muchos
-moros tenian, y aun de matar á su rey si no se quisiese reducir con
-ellos; para lo cual convenia que procurase verse con Gonzalo el Jeniz,
-que era uno de los que mas lo deseaban: sabido esto, Francisco Barredo
-se fue á las Alpujarras, y en llegando al presidio de Cadiar[59], sacó
-de una bóveda del castillo un moro que tenian preso, y le dió una carta
-para Gonzalo el Jeniz, en que le hacia saber la causa de su venida; que
-viese la órden que habia de tener para verse con él: recibida la carta
-respondió, que otro dia al amanecer, se viniese á un cerro media legua
-de Cadiar, y que adonde viese una cruz en lo alto le aguardase soltando
-la escopeta tres veces por contraseña: fue, y hecha la seña llegó el
-Jeniz, sus sobrinos, y otros moros, mostrando mucha alegría de velle:
-lo que trataron fue, que si le traía perdon del rey para él, y los
-que se quisiesen reducir, que les entregaria á Abenabó su rey muerto
-ó vivo: con esto se despidió, prometiéndoles de hacello y ponello por
-obra, y avisallos de la voluntad del rey: vino á Granada Francisco
-Barredo, dió cuenta al presidente de lo que habia pasado con Gonzalo
-el Jeniz, y lo que le habia prometido: dió el presidente aviso al rey;
-que visto lo que prometia el Jeniz le concedió perdon á él, y á todos
-los que con él viniesen: vino la cédula real al presidente, que visto
-que no habia quien con veras lo pudiese hacer, hizo llamar á Barredo,
-y entregándole la cédula le pidió con las veras y recato que en tal
-negocio convenia lo hiciese.
-
- [59] Zatabarile llama Mármol.
-
-Recibida la cédula, se partió, y llegó á Cadiar con el moro que antes
-habia llevado la carta: avisóle como tenia lo que pedia, que se viese
-con él en el sitio y lugar que antes se habian visto: llegado el Jeniz,
-y vista la cédula y perdon la besó, y puso sobre su cabeza: lo mismo
-hicieron los que con él venian: y despidiéndose de él, fueron á poner
-en ejecucion lo concertado. Francisco Barredo se volvió al castillo
-de Verchul, porque allí le dijo el Jeniz que le aguardase; Gonzalo el
-Jeniz y los demás acordaron para hacello á su salvo, que seria bien
-que uno de ellos fuese á Abdalá Abenabó, y de su parte le dijese que
-la noche siguiente se viese con él en las cuevas de Verchul, porque
-tenia que platicar con él cosas que convenian á todos. Sabido por
-Abenabó, vino aquella noche á las cuevas solo con un moro de quien se
-fiaba mas que de ninguno; y antes que llegase á las cuevas despidió
-veinte tiradores que de ordinario le acompañaban, todo á fin de que no
-supiesen adonde tenia la noche: saludóle Gonzalo el Jeniz diciéndole:
-_Abdalá Abenabó, lo que te quiero decir es, que mires estas cuevas;
-que están llenas de gente desventurada, así de enfermos, como de
-viudas y huérfanos; y ser las cosas llegadas á tales términos, que si
-todos no se daban á merced del rey, serian muertos y destruidos; y
-haciéndolo, quedarian libres de tan gran miseria._ Cuando Abenabó oyó
-las palabras del Jeniz, dió un grito que pareció se le habia arrancado
-el alma, y echando fuego por los ojos le dijo: _¡Cómo, Jeniz! ¿para
-esto me llamabas? ¿Tal traicion me tenias guardada en tu pecho? No me
-hables mas, ni te vea yo_; y diciendo esto, se fue para la boca de la
-cueva: mas un moro que se decia Cubayas, le asió los brazos por detrás,
-y uno de los sobrinos del Jeniz le dió con el mocho de la escopeta en
-la cabeza, y le aturdió; y el Jeniz le dió con una losa y le acabó de
-matar: tomaron el cuerpo, y envuelto en unos zarzos de cañas le echaron
-la cueva abajo, y esa noche le llevaron sobre un macho á Verchul,
-adonde hallaron á Francisco Barredo y á su hermano Andrés Barredo: allí
-le abrieron y sacaron las tripas, hinchiendo el cuerpo de paja. Hecho
-esto, Francisco Barredo requirió á los soldados del presidio y á su
-capitan, que le diese ayuda y favor para llevarle á Granada: visto el
-requerimiento le acompañaron; y en el camino encontraron con doscientos
-y cincuenta moros de paz, que sabida la muerte de Abenabó, y el nuevo
-perdon que el rey daba, llegaron á reducirse. Vinieron á Armilla, lugar
-de la Vega, y allí le pusieron caballero en un macho de albarda, y una
-tabla en las espaldas, que sustentaba el cuerpo, que todos le viesen;
-los moros de paz iban delante, y los soldados y Francisco Barredo
-detrás. Llegados á Granada, al entrar de la plaza de Bibarrambla,
-hicieron salva; lo propio en llegando á la chancillería; allí á
-vista del presidente le cortaron la cabeza, y el cuerpo entregaron á
-los muchachos, que despues de habello arrastrado por la ciudad, lo
-quemaron: la cabeza pusieron encima de la puerta de la ciudad, la que
-dicen puerta del Rastro, colgada de una escarpia á la parte de dentro,
-y encima una jaula de palo, y un título en ella que decia:
-
- ESTA ES LA CABEZA DEL
- TRAIDOR DE ABENABÓ.
- NADIE LA QUITE
- SO PENA DE MUERTE.
-
-Tal fin hizo este moro, á quien ellos tuvieron por rey despues de Aben
-Humeya: los moros que quedaban, unos se dieron de paz, y otros se
-pasaron á Berbería; y á los demás las cuadrillas, y la frialdad de la
-sierra, y mal pasar los acabó; y feneció la guerra y levantamiento.
-
-Quedó la tierra despoblada y destruida: vino gente de toda España á
-poblarla, y dábanles las haciendas de los moriscos con un pequeño
-tributo que pagan cada un año: á Francisco Barredo le hizo el rey
-merced de seis mil ducados, y que estos se los diesen en bienes raices
-de los moriscos, y una casa en la calle de la Águila, que era de un
-mudejar echado del reino: despues pasó en Berbería algunas veces á
-rescatar cautivos, y en un convite le mataron.
-
-
- FIN DE LA GUERRA DE GRANADA.
-
-
-
-
- DISCURSO
-
- DEL CONDE DE PORTALEGRE,
-
- con que suplió lo que faltaba en las primeras ediciones al fin del
- libro tercero de esta historia.
-
-
-Hemos llegado á un peligroso paso, donde D. Diego deja la historia
-rota por desgracia, si no fue de industria, para ganar honra con la
-comparacion del que la pretendiese continuar. Porque sea quien fuere,
-lo añadido seria de estofa mucho menos fina: y aunque se hallarán
-(cuando esto se escribe) testigos vivos y de vista, por cuya relacion
-se pudiera proseguir cumplidamente lo que falta, será lo mas seguro
-hacer sumario de esta quiebra, y no suplemento; imitando antes á Floro
-con Livio, que á Hirtio con César: pues no le bastó ser tan docto, tan
-curioso, testigo de sus empresas, y camarada (como dicen los soldados),
-para que no se vea muy clara la ventaja que hace el estilo de los
-Comentarios al suyo. En el trozo que se corta se contiene la segunda
-salida del señor D. Juan en campaña, el sitio peligroso y porfiado de
-la villa de Galera, la expugnacion de aquella plaza, la muerte de Luis
-Quijada desgraciada y lastimosa, el suceso de Seron y de Tijola; cosas
-todas de gran consecuencia y consideracion, si D. Diego las escribiera,
-haciendo á su modo anatomía de los afectos de los ministros, y de las
-obras de los soldados. Mas pues no se puede restaurar lo que se perdió
-(si algun dia no se descubre) contentémonos con saber que:
-
-De Baza fue el señor D. Juan á Guescar; de donde salió el marqués de
-los Velez á encontrarle, y tornó acompañándole con muestras de mucha
-cortesía y satisfaccion, hasta ponerle á la puerta de la posada donde
-habia de alojar. De allí tomó licencia sin apearse, admirándose los
-presentes; y con un trompeta delante y cinco ó seis gentiles hombres,
-se retiró (sin detenerse) á su casa; de donde no salió despues; porque,
-segun se decia, no se quiso acomodar á servir con cargo que no fuese
-supremo.
-
-De Guescar fue D. Juan á reconocer á Galera con Luis Quijada y el
-comendador mayor: reconocida, hizo venir el ejército, sitióla por
-todas partes, y alojóse en el puesto de donde el marqués se habia
-levantado. El sitio de aquella villa la hace muy fuerte; porque está
-en una eminencia sin padrastros, y estrechándose va bajando hasta el
-rio, acabando en punta con la figura de una proa de galera, de que
-toma el nombre, dejando en lo alto la popa. Están las casas arrimadas
-á la montaña, y esta es su fortaleza, y la razon porque puede excusar
-la muralla; porque siendo casamuro, la bala que pasa las casas sale y
-métese en la montaña, y así viene á ser lo mismo batir aquella tierra,
-que batir un monte. No se habia esto experimentado con la batería del
-marqués, porque no tenia sino cuatro lombardas antiguas del tiempo del
-rey D. Fernando (como se dijo atrás) que con balas de piedra blanda, no
-hacian efecto ninguno. Por lo cual hizo D. Juan venir algunas piezas
-gruesas de bronce de Cartagena, Sabiote y Cazorla. Atrincheróse con
-gran cuantidad de sacas de lana; porque faltaba tierra, y sobraba lana
-de los lavaderos, que tenian en Guescar los ginoveses que la compran
-para llevar á Italia; no poniendo las sacas por costado sino de punta,
-por hacer mas ancha la trinchea: sucedió con todo alguna vez penetrar
-una bala de escopeta turquesa la saca, y matar al soldado que estaba
-detrás, con seguridad á su parecer. Batióse Galera con poco efecto,
-porque teniendo la muralla delgada, no hacian las balas ruina, sino
-agujeros, pasando de claro, los cuales servian despues á los enemigos
-de troneras. Diósele el asalto por dos partes, y fueron rebotados los
-nuestros con notable daño en la superior, por no se haber hecho buena
-batería; y en la mas baja, por la eminencia de los terrados, de donde
-los ofendian los moros con gran ventaja, como tambien lo hicieron en
-algunas salidas, que costaron mucha sangre nuestra y suya; y en una
-degollaron cuasi entera la compañía de catalanes que traía D. Juan
-Buil. Con estos sucesos pareció que no se podia ganar la plaza por
-batería, y comenzóse á minar secretamente; pero no se les pudo esconder
-á los enemigos la mina; la cual reconocieron, y la publicaban á voces
-de la muralla; visto esto, se ordenó que se hiciese juntamente, por
-consejo (segun dicen) del capitan Juan Despuche, con intento de hacer
-demostracion que se arremetia, moviéndose los escuadrones hasta ciertas
-señales que estaban puestas, para que volando la primera, se engañasen
-los moros, creyendo que era pasado el peligro, y saliesen á la defensa.
-Sucedió ni mas ni menos, y dióse fuego á la segunda; la cual hizo tanta
-obra, que los voló hasta la plaza de armas, sin dejar hombre vivo
-de cuantos estaban á la frente: subieron los nuestros con trabajo,
-pero sin peligro, y plantaron las banderas en lo mas alto, que fue
-la ocasion de desconfiarlos del todo, y de rendirse sin resistencia:
-degolláronlos, sin excepcion de sexo ni edad, por espacio de dos horas.
-Cansóse el señor D. Juan y mandó envainar la furia de los soldados,
-y que cesase la sangre. Murieron sobre esta fuerza veinte y cuatro
-capitanes, cosa no vista hasta entonces; despues dicen los de Flandes,
-que compraron al mismo precio las villas de Harlen y Mastrich, con que
-se confirma la opinion de los antiguos, que llaman á nuestra nacion
-pródiga de la vida, y anticipadora de la muerte.
-
-De Galera caminó el campo á Caniles la vuelta de Serona. Pasó Luis
-Quijada con la vanguardia á reconocerle, y hallándole desamparado,
-porque la gente se subió á la montaña, se desmandaron algunos de
-los nuestros, y entraron sin órden á saquear la tierra; los moros
-los vieron, y bajaron de lo alto, dieron sobre ellos, y pusiéronles
-en huida, tomándolos de sobresalto ocupados en el saco. Llegó Luis
-Quijada á recogerlos, y amparándolos, y metiéndolos en escuadron,
-fue herido desde arriba de un arcabuzazo en el hombro, de que murió
-en pocos dias. Era hijo de Gutierre Quijada, señor de Villa García,
-famoso justador al modo castellano antiguo; sirvió al emperador de
-paje, subiendo por todos los grados de la casa de Borgoña hasta ser su
-mayordomo, y coronel de la infantería española, que ganó á Teruana,
-plaza muy nombrada en Picardía; y solo este caballero escogió, cuando
-dejó sus reinos, para que le sirviese y acompañase en el monasterio
-de Yuste, haciendo el oficio de mayordomo mayor de pequeña casa y de
-gran príncipe. Dejóle encargado secretamente á D. Juan de Austria
-su hijo natural; crióle sin decirle que lo era, hasta el tiempo en
-que quiso el rey su hermano que le descubriese, siendo entonces Luis
-Quijada caballerizo mayor del príncipe D. Cárlos, y despues del consejo
-de estado, y presidente de las Indias. La desgracia subió de punto
-por no dejar hijos. Sintió y lloró su muerte el señor D. Juan, como
-de persona que le habia criado, y á quien tanto debia. Detúvose en
-aquel alojamiento algunos dias con muchas necesidades; los moros se
-recogieron en Tijola y Purchena, y representáronse en este tiempo á
-nuestro campo tres ó cuatro veces con cuatro mil peones y cuarenta
-ó cincuenta caballos, extendiendo las mangas hasta tiro de escopeta
-de los nuestros. Ordenóse, que so pena de la vida ninguno trabase
-escaramuza con ellos, y así tornaron siempre sin hacer, ni recibir
-daño; y el campo se movió para ir sobre Tijola, y ellos se retiraron
-á Purchena, dejando á Tijola bien guarnecida de gente, y municionada.
-Sitióse á la redonda; mas la tierra es tan áspera, que hubo gran
-dificultad en subir la artillería donde pudiese hacer efecto: en fin se
-subió con grande industria, y se les quitaron las defensas con ella;
-habíase de batir mas de propósito el dia siguiente, pero los moros no
-lo esperaron, y saliéronse á las diez de aquella noche por diversas
-partes, habiendo hurtado el nombre al ejército (cosa muy rara), y
-dándole todos á las primeras postas á un mismo tiempo, rompieron
-por los cuerpos de guardia, y salieron á la campaña. Perdiéronse
-tantos en esta salida, que los menos se salvaron. Por la mañana se
-siguió el alcance á los desmandados hasta Purchena, que se rindió sin
-resistencia, porque la gente estaba ya fuera, y no habia sino mujeres,
-pocos hombres, y alguna ropa. Algunos de los nuestros quedaron dentro,
-los mas pasaron siguiendo á los enemigos hasta el rio de Macael. D.
-Juan pasó de Tijola á Purchena, y guarnecióla; de allí fue dejando
-presidios en Cantoria, Tavernas, Frejiliana y Almería, y llegó á
-Andarax: donde se juntaron el duque de Sesa y el comendador mayor.
-Venia el duque de hacer su jornada, que concurrió con la misma de
-Galera que se ha referido en este sumario; tornando á atar el hilo de
-la historia de D. Diego en el libro siguiente.
-
-
-
-
- LA VIDA
-
- DEL
-
- LAZARILLO DE TORMES,
-
- SUS FORTUNAS Y ADVERSIDADES.
-
- POR
-
- D. Diego Hurtado de Mendoza.
-
-
-
-
- PRÓLOGO.
-
-
-Yo por bien tengo que cosas tan señaladas y por ventura nunca oidas ni
-vistas vengan á noticia de muchos, y no se entierren en la sepultura
-del olvido; pues podria ser que alguno que las lea, halle algo que le
-agrade, y á los que no ahondaren tanto, los deleite. Y á este propósito
-dice Plinio: que no hay libro por malo que sea, que no tenga alguna
-cosa buena; mayormente que los gustos no son todos unos, mas lo que uno
-no come, otro se pierde por ello; y así vemos cosas tenidas en poco de
-algunos, que de otros no lo son. Y por esto ninguna cosa se deberia
-romper ni echar á mal (si muy detestable no fuese), sino que á todos
-se comunicase, mayormente siendo sin perjuicio, y pudiendo sacar de
-ella algun fruto. Porque si así no fuese, muy pocos escribirian para
-uno solo, pues no se hace sin trabajo; y quieren, ya que lo pasan, ser
-recompensados, no con dineros, mas con que lean y vean sus obras, y si
-hay de que, se las alaben. Y á este propósito dice Tulio: _la honra
-cria las artes_. ¿Quién piensa que el soldado que es primero en la
-escala, tiene mas aborrecido el vivir? no por cierto; mas el deseo de
-la alabanza le hace ponerse al peligro; y así en las artes y letras
-es lo mismo. Predica muy bien el presentado, y es hombre que desea
-mucho el provecho de las ánimas; mas pregunten á su merced, si le pesa
-cuando le dicen: ¡ó qué maravillosamente lo ha hecho V. R.ª! Justó muy
-ruinmente el Sr. D. Fulano, y dió el sayete de armas al truhan, porque
-le loaba de haber llevado muy buenas lanzas: ¿qué hiciera si fuera
-verdad? Y todo va de esta manera: que confesando yo no ser mas santo
-que mis vecinos, de esta nonada que en este grosero estilo escribo,
-no me pesará que hayan parte y se huelguen con ello todos los que
-en ella algun gusto hallaren, y vean que vive un hombre con tantas
-fortunas, peligros y adversidades. Suplico á vuestra merced reciba el
-pobre servicio de mano de quien le hiciera mas rico, si su poder y
-deseo se conformaran. Y pues vuestra merced escribe se le escriba y
-relate el caso muy por extenso, parecióme no tomarle del medio, sino
-del principio, porque se tenga entera noticia de mi persona; y tambien
-porque consideren los que heredaron nobles estados, cuan poco se les
-debe, pues fortuna fue con ellos parcial; y cuanto mas hicieron los
-que, siéndoles contraria, con fuerza y maña remando salieron á buen
-puerto.
-
-
-
-
- LA VIDA
-
- DEL
-
- LAZARILLO DE TORMES,
-
- SUS FORTUNAS Y ADVERSIDADES.
-
-
-
-
- Cuenta Lázaro su vida y quien era su padre.
-
-
-Pues sepa vuestra merced ante todas cosas, que á mi llaman Lázaro de
-Tormes, hijo de Tomé Gonzalez y de Antonia Perez, naturales de Tejares,
-aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue dentro del rio Tormes, por la
-cual causa tomé el sobrenombre, y fue de esta manera. Mi padre (que
-Dios perdone) tenia cargo de proveer una molienda de una aceña que está
-ribera de aquel rio, en la cual fue molinero mas de quince años: y
-estando mi madre una noche en la aceña preñada de mi, tomóla el parto y
-parióme allí, de manera que con verdad me puedo decir nacido en el rio.
-Pues siendo yo niño de ocho años, achacaron á mi padre ciertas sangrías
-mal hechas en los costales de los que allí á moler venian, por lo
-cual fue preso, confesó y no negó, y padeció persecucion de justicia.
-Espero en Dios que está en gloria, pues el evangelio los llama
-bienaventurados. En este tiempo se hizo cierta armada contra los moros,
-entre los cuales fue mi padre, que á la sazon estaba desterrado por el
-desastre ya dicho, con cargo de acemilero de un caballero que allá fue,
-y con su señor, como leal criado, feneció su vida. Mi viuda madre, como
-sin marido y sin abrigo se viese, determinó arrimarse á los buenos por
-ser uno de ellos, y vínose á vivir á la ciudad, y alquiló una casilla,
-y metíase á guisar de comer á ciertos estudiantes, y limpiaba la ropa
-á ciertos mozos de caballos del comendador de la Magdalena, de manera
-que frecuentando las caballerizas, ella y un hombre moreno de aquellos
-que las bestias curaban, vinieron en conocimiento. Este algunas veces
-se venia á nuestra casa, y se iba á la mañana. Otras veces de dia
-llegaba á la puerta en achaque de comprar huevos, y entrábase en la
-casa. Yo al principio de su entrada pesábame de ella, y hacíame miedo,
-viendo el color y mal gesto que tenia; mas de que vi que con su venida
-mejoraba el comer, fuíle queriendo bien; porque siempre traía pan,
-pedazos de carne, y en el invierno leña con que nos calentábamos;
-de manera que continuando la posada y conversacion, mi madre vínose
-á darme un negrito, el cual yo brincaba y ayudaba á calentar. Y
-acuérdome que estando el negro de mi padrastro trabajando con el
-mozuelo, como el niño veía á mi madre y á mi blancos, y á él no, huía
-de él con miedo para mi madre, y señalando con el dedo decia: madre,
-coco; respondiendo él riendo, hideputa. Yo, aunque muy muchacho, noté
-aquella palabra de mi hermanico, y dije entre mi: cuantos debe haber
-en el mundo que huyen de otros, porque no se ven á sí mismos. Quiso
-nuestra fortuna que la conversacion del Zayde (que así se llamaba)
-llegó á oidos del mayordomo; y hecha pesquisa, hallóse que la mitad por
-medio de la cebada que para las bestias le daban, hurtaba; y salvados,
-leña, almohazas, mandiles, y las mantas y sábanas de los caballos
-hacia perdidas: y cuando otra cosa no tenia, las bestias desherraba;
-y con todo esto acudia á mi madre para criar á mi hermanico. No nos
-maravillamos de un clérigo ni de un fraile, porque el uno hurta de
-los pobres y el otro de su casa para sus devotas y para ayuda de otro
-tanto, cuando á un pobre esclavo el amor le animaba á esto. Y probósele
-cuanto digo y aun mas; porque á mi con amenazas me preguntaban, y
-como niño respondia y descubria cuanto sabia con miedo, hasta ciertas
-herraduras que por mandado de mi madre á un herrero vendí. Al triste
-de mi padrastro azotaron y pringaron, y á mi madre pusieron pena por
-justicia sobre el acostumbrado centenario, que en casa del sobredicho
-comendador no entrase, ni al lastimado Zayde en la suya acogiese. Por
-no echar la soga tras el caldero, la triste se esforzó y cumplió la
-sentencia; y por evitar peligro y quitarse de malas lenguas, se fue á
-servir á los que al presente vivian en el meson de la Solana, y allí
-padeciendo mil importunidades acabó de criar á mi hermanico hasta que
-supo andar: y á mi hasta ser buen mozuelo, que iba á los huéspedes por
-vino, candelas y por lo demás que me mandaban.
-
-En este tiempo vino á posar al meson un ciego, el cual pareciéndole que
-yo seria para adestrarle, me pidió á mi madre, y ella me encomendó á
-él, diciéndole como era hijo de un buen hombre, el cual por ensalzar
-la fe, habia muerto en la batalla de los Gelves; y que ella confiaba
-en Dios que no saldria peor hombre que mi padre, y que le rogaba me
-tratase bien y mirase por mi, pues era huérfano. Él respondió que
-así lo haria y que me recibia, no por mozo, sino por hijo; y así le
-comencé á servir y adestrar á mi nuevo y viejo amo. Como estuvimos en
-Salamanca algunos dias, pareciéndole á mi amo que no era la ganancia á
-su contento, determinó irse de allí. Y cuando nos hubimos de partir,
-yo fuí á ver á mi madre, y ambos llorando, me dió su bendicion y dijo:
-hijo, ya sé que no te veré mas; procura ser bueno, y Dios te guie.
-Criado te he, y con buen amo te he puesto, válete por ti. Y así me fuí
-para mi amo, que esperándome estaba.
-
-Salimos de Salamanca, y llegando á la puente, está á la entrada de ella
-un animal de piedra que casi tiene forma de toro; y el ciego mandóme
-que llegase cerca del animal, y allí puesto dijo: Lázaro, llega el oido
-de este toro, y oirás gran ruido dentro de él. Yo simplemente llegué,
-creyendo ser así; y como sintió que tenia la cabeza á par de la piedra,
-afirmó recio la mano y dióme una gran calabazada en el diablo del toro,
-que mas de tres dias me duró el dolor de la cornada; y díjome: necio,
-aprende que el mozo del ciego un punto ha de saber mas que el diablo, y
-rió mucho de la burla.
-
-Parecióme que en aquel instante disperté de la simpleza en que, como
-niño, dormido estaba, y dije entre mi: verdad dice este, que me cumple
-avivar el ojo y avisar, pues solo soy, y pensar como me sepa valer.
-Comenzamos nuestro camino, y en muy pocos dias me mostró jerigonza.
-Y como me viese de buen ingenio, holgábase mucho y decia: yo oro ni
-plata no te lo puedo dar, mas avisos para vivir, muchos te mostraré. Y
-fue así, que despues de Dios este me dió la vida, y siendo ciego, me
-alumbró y adestró en la carrera de vivir. Huelgo de contar á vuestra
-merced estas niñerías, para mostrar, cuanta virtud sea saber los
-hombres subir siendo bajos; y dejarse bajar, siendo altos, cuanto vicio.
-
-Pues tornando al bueno de mi ciego y contando sus cosas, vuestra merced
-sepa que desde que Dios crió el mundo, ninguno formó mas astuto ni
-sagaz. En su oficio era un águila. Ciento y tantas oraciones sabia
-de coro, un tono bajo, reposado y muy sonable, que hacia resonar la
-iglesia donde rezaba; un rostro humilde y devoto, que con muy buen
-continente ponia cuando rezaba, sin hacer gestos ni visajes con boca ni
-ojos, como otros suelen hacer. Allende de esto tenia otras mil formas
-y maneras para sacar el dinero. Decia saber oraciones para muchos y
-diversos efectos; para mujeres que no parian; para las que estaban de
-parto; para las que eran mal casadas, que sus maridos las quisiesen
-bien. Echaba pronósticos á las preñadas, si traían hijo ó hija; pues
-en caso de medicina decia que Galeno no supo la mitad que él; para
-muelas, desmayos, males de comadre. Finalmente nadie le decia padecer
-alguna pasion, que luego no le decia: haced esto, hareis estotro, coced
-tal yerba, tomad tal raiz. Con esto andábase todo el mundo tras él,
-especialmente mujeres, que, cuanto les decia, creían. De estas sacaba
-él grandes provechos con las artes que digo, y ganaba mas en un mes
-que cien ciegos en un año. Mas tambien quiero que sepa vuestra merced,
-que con todo lo que adquiria y tenia, jamás tan avariento ni mezquino
-hombre no vi; tanto que me mataba á mi de hambre, y así no me remediaba
-de lo necesario. Digo verdad: si con mi sutileza y buenas mañas no me
-supiera remediar, muchas veces me finara de hambre. Mas con todo su
-saber y aviso le contraminaba de tal suerte, que siempre ó las mas
-veces me cabia lo mas y mejor. Para esto le hacia burlas endiabladas,
-de las cuales contaré algunas, aunque no todas á mi favor. Él traía el
-pan y todas las otras cosas en un fardel de lienzo, que por la boca se
-cerraba con una argolla de hierro y su candado y llave; y el meter de
-las cosas y sacarlas, era con tanta vigilancia y tan por contadero,
-que no bastara todo el mundo á hacerle menos una migaja. Mas yo tomaba
-aquella laceria que el me daba, la cual en menos de dos bocados era
-despachada: y despues que cerraba el candado y se descuidaba, pensando
-que yo estaba entendiendo en otras cosas; por un poco de costura que
-muchas veces de un lado del fardel descosia y tornaba á coser, sangraba
-el avariento fardel, sacando no por tasa pan, mas buenos pedazos,
-torreznos y longanizas. Y así buscaba conveniente tiempo para rehacer,
-no la chaza, sino la endiablada falta que el mal ciego me faltaba.
-Todo lo que podia sisar y hurtar, traía en medias blancas; y cuando le
-mandaban rezar y le daban blancas, como él carecia de vista, no habia
-el que se la daba amagado con ella, cuando yo la tenia lanzada en la
-boca y la media aparejada, que por presto que él echaba la mano, ya iba
-de mi cambio aniquilada en la mitad del justo precio. Quejábaseme el
-mal ciego, porque al tiento luego conocia y sentia, que no era blanca
-entera, y decia: ¿qué diablo es esto, que despues que conmigo estais,
-no me dan sino medias blancas, y de antes una blanca y un maravedí
-hartas veces me pagaban? en ti debe de estar esta desdicha.
-
-Tambien él abreviaba el rezar y la mitad de la oracion no acababa,
-porque me tenia mandado, que en yéndose el que le mandaba rezar, le
-tirase por el cabo del capuz. Yo así lo hacia, y luego él tornaba á dar
-voces, diciendo mandan rezar tal y tal oracion, como suelen decir.
-
-Usaba poner cabe sí un jarrillo de vino cuando comíamos; yo muy de
-presto le asia y daba un par de besos callados, y tornábale á su lugar;
-mas duróme poco, que en los tragos conocia la falta: y por reservar
-su vino á salvo, nunca despues desamparaba el jarro; antes le tenia
-por el asa asido. Mas no habia piedra iman, que así trajese a sí como
-yo con una paja de centeno que para aquel menester tenia hecha; la
-cual metiéndola en la boca del jarro, chupando el vino, le dejaba á
-buenas noches. Mas como fuese el traidor tan astuto, pienso que me
-sintió; y dende en adelante mudó de propósito, y asentaba su jarro
-entre las piernas y tapábale con la mano, y así bebia seguro. Yo como
-estaba hecho al vino, moria por él; y viendo que aquel remedio de la
-paja no me aprovechaba ni valia, acordé en el suelo del jarro hacerle
-una fuentecilla y agujero sutil, y delicadamente con una muy delgada
-tortilla de cera taparle.
-
-Al tiempo de comer, fingiendo haber frio, entrábame entre las piernas
-del triste ciego á calentarme en la pobrecilla lumbre que teníamos; y
-al calor de ella, luego derretida la cera, por ser muy poca, comenzaba
-la fuentecilla á destilarme en la boca, la cual yo de tal manera ponia,
-que maldita la gota que se perdia. Cuando el pobrete iba á beber, no
-hallaba nada: espantábase, maldecíase, daba al diablo el jarro y el
-vino, no sabiendo que podia ser. No direis tio, que os lo bebo yo,
-decia, pues no le quitais de la mano. Tantas vueltas y tientos dió al
-jarro, que se halló la fuente y cayó en la burla; mas así lo disimuló
-como si no lo hubiera sentido; y luego otro dia, teniendo yo rezumando
-mi jarro como solia, no pensando el daño que me estaba aparejado, ni
-que el mal ciego me sentia, sentéme como solia, estando recibiendo
-aquellos dulces tragos, mi cara puesta hácia el cielo, un poco cerrados
-los ojos, por mejor gustar el sabroso licor. Sintió el desesperado
-ciego que ahora tenia tiempo de tomar de mí venganza, y con toda su
-fuerza alzando con dos manos aquel dulce y amargo jarro, le dejó caer
-sobre mi boca, ayudándose, como digo, con todo su poder; de manera que
-el pobre Lázaro, que á nada de esto se aguardaba, antes si, como otras
-veces, estaba descuidado y gozoso, verdaderamente le pareció, que el
-cielo con todo lo que en él hay, le habia caido encima. Fue tal el
-golpecillo, que me desatinó y sacó de sentido, y el jarrazo tan grande,
-que los pedazos de él se me metieron por la cara, rompiéndomela por
-muchas partes, y me quebró los dientes, sin los cuales hasta hoy dia me
-quedé. Desde aquella hora quise mal al mal ciego: y aunque me queria y
-regalaba y me curaba, bien vi que se habia holgado del cruel castigo.
-Lavóme con vino las roturas que con los pedazos del jarro me habia
-hecho, y sonriéndose decia: que te parece, Lázaro, lo que te enfermó,
-te sana y da salud, y otros donaires que á mi gusto no lo eran. Ya que
-estuve medio bueno de mi negra trepa y cardenales, considerando que á
-pocos golpes tales el cruel ciego ahorraria de mi, quise yo ahorrar de
-él: mas no lo hice tan presto, por hacerlo mas á mi salvo y provecho.
-
-Aunque yo quisiera asentar mi corazon y perdonarle el jarrazo, no daba
-lugar el mal tratamiento que el mal ciego desde allí adelante me hacia;
-que sin causa ni razon me heria, dándome coscorrones y repelándome. Y
-si alguno le decia, por qué me trataba tan mal, luego contaba el cuento
-del jarro, diciendo: ¿pensais que este mi mozo es algun inocente?
-pues oid si el demonio ensayara otra tal hazaña. Santiguándose los
-que le oían, decian: mira, quien pensara de un muchacho tan pequeño
-tal ruindad, y se reían mucho del artificio, y decíanle: castigadle,
-castigadle, que de Dios lo habreis. Y él con aquello nunca otra cosa
-hacia: y en esto yo siempre le llevaba por los peores caminos, y
-adrede por hacerle mal y daño. Si habia piedras, por ellas; si lodo,
-por lo mas alto: que aunque yo no iba por lo mas enjuto, holgábame
-de quebrarme un ojo, por quebrar dos al que ninguno tenia. Con esto
-siempre con el cabo alto del tiento me atentaba el colodrillo, el cual
-siempre traía lleno de tolondrones y pelado de sus manos. Y aunque yo
-juraba no hacerlo con malicia, sino por no hallar mejor camino, no
-me aprovechaba, ni me creía; mas tal era el sentido y el grandísimo
-entendimiento del traidor.
-
-Y porque vea vuestra merced á cuanto se extendia el ingenio de este
-astuto ciego, contaré un caso de muchos que con él me acaecieron, en el
-cual me parece dió bien á entender su grande astucia. Cuando salimos de
-Salamanca, su motivo fue venir á tierra de Toledo, porque decia ser la
-gente mas rica, aunque no muy limosnera. Arrimábase á este refran: _mas
-da el duro que el desnudo_. Y vinimos á este camino por los mejores
-lugares. Donde hallaba buena acogida y ganancia, deteníamonos; donde
-no, al tercero dia hacíamos San Juan. Acaeció que llegando á un lugar
-que llaman _Almorox_, al tiempo que cogian las uvas, un vendimiador
-le dió un racimo de ellas en limosna; y como suelen ir los cestos
-maltratados, y tambien porque la uva en aquel tiempo está muy madura,
-desgranábasele el racimo en la mano. Al echarle en el fardel, tornábase
-mosto; y de lo que á él se llegaba, acordó de hacer un banquete, así
-por no poder llevarlo, como por contentarme; en aquel dia me habia
-dado muchos rodillazos y golpes. Sentámonos en un valladar, y dijo:
-ahora quiero yo usar contigo de una liberalidad, y es que ambos comamos
-este racimo de uvas, y que hayas de él tanta parte como yo. Partir lo
-hemos de esta manera: tu picarás una vez, y yo otra, con tal que me
-prometas no tomar cada vez mas que una, y yo haré lo mismo hasta que
-le acabemos, y de esta suerte no habrá engaño. Hecho así el concierto
-comenzamos, mas luego al segundo lance el traidor mudó propósito, y
-comenzó á tomar de dos en dos, considerando que yo deberia hacer lo
-mismo. Como vi que él quebraba la postura, no me contenté con ir á la
-par con él, mas aun pasaba adelante, dos á dos y tres á tres, y como
-podia las comia. Acabado el racimo, estuvo un poco con el escobajo en
-la mano, y meneando la cabeza, dijo: Lázaro, engañado me has: juraré yo
-á Dios que has tu comido las uvas tres á tres. No comí, dije yo: ¿mas
-porqué sospechais eso? Respondió el sagacísimo ciego, ¿sabes en qué veo
-que las comiste tres á tres? en que comia yo dos á dos, y callabas.
-Reíme entre mí, y aunque muchacho, noté la discreta consideracion
-del ciego. Mas por no ser prolijo, dejo de contar muchas cosas así
-graciosas como de notar, que con este mi primer amo me acaecieron; y
-quiero decir el despidiente, y con él acabar. Estábamos en Escalona,
-villa del duque della, y dióme un pedazo de longaniza que le asase.
-Ya que la longaniza habia pringado, y comídose las pringadas, sacó un
-maravedí de la bolsa, y mandóme que fuese por vino á la taberna. Púsome
-el demonio el aparejo delante los ojos, el cual (como suelen decir)
-hace el ladron: y fue que habia cabe el fuego un nabo pequeño larguillo
-y ruinoso, y tal que por no ser para la olla, debió de ser echado
-allí. Y como al presente nadie estuviese sino él y yo solos, como me
-vi con apetito goloso, habiéndome puesto dentro el sabroso olor de la
-longaniza, del cual solamente sabia que habia de gozar, no mirando que
-me podria suceder, pospuesto todo el temor por cumplir con el deseo, en
-tanto que él sacaba de la bolsa el dinero, saqué la longaniza, y muy
-presto metí el sobredicho nabo en el asador: el cual mi amo, dándome el
-dinero para el vino, tomó y comenzó á dar vueltas al fuego, queriendo
-asar al que de ser cocido por sus deméritos habia escapado. Yo fuí por
-el vino, con el cual no tardé en despachar la longaniza: y cuando vine,
-hallé al pecador del ciego que tenia entre dos rebanadas apretado el
-nabo, el cual aun no habia conocido, por no haber tentado con la mano.
-Como tomase las rebanadas y mordiese en ellas, pensando tambien llevar
-parte de la longaniza, hallóse frio con el frio nabo, alteróse y dijo:
-¿qué es esto, Lazarillo? Lazaredo de mi, dije yo, si quereis á mi echar
-algo ¿no vengo yo de traer el vino? alguno estaba ahí, y por burlarse
-haria esto. No, no, dijo él, que yo no he dejado el asador de la mano;
-no es posible. Yo torné á jurar y perjurar que estaba libre de aquel
-trueco y cambio; mas poco me aprovechó, pues á las astucias del maldito
-ciego nada se le escondia. Levantóse y asióme por la cabeza y llegóse á
-olerme, y como debió sentir el huelgo á uso de buen podenco, por mejor
-satisfacerse de la verdad, y con la gran agonía que llevaba, asiéndome
-con las manos, abrióme la boca mas de su derecho, y desatentadamente
-metia la nariz, la cual él tenia luenga y afilada, que en aquella sazon
-con el enojo se habia aumentado un palmo, con el pico de la cual me
-llegó á la gulilla. Con esto y con el gran miedo que tenia, y con la
-brevedad del tiempo, la negra longaniza aun no habia hecho asiento en
-el estómago; y lo mas principal, con el destiendo de la cumplidísima
-nariz, medio casi ahogado me tuvo: todas estas cosas se juntaron y
-fueron causa que el hecho y golosina se manifestase, y lo suyo fuese
-vuelto á su dueño: de manera que antes que el mal ciego sacase de mi
-boca su trompa, tal alteracion sintió mi estómago, que le dió con el
-hurto en ella, de suerte que su nariz y la negra mal mascada longaniza
-á un tiempo salieron de mi boca. ¡O gran Dios, quién estuviera á
-aquella hora sepultado, que muerto ya lo estaba! Fue tal el coraje del
-perverso ciego, que si al ruido no acudieran, pienso no me dejara con
-la vida.
-
-Sacáronme dentre sus manos, dejándoselas llenas de aquellos pocos
-cabellos que tenia, arañada la cara y rascuñado el pescuezo y la
-garganta: y esto bien lo merecia, pues por su maldad me venian tantas
-persecuciones. Contaba el mal ciego á todos cuantos allí se allegaban
-mis desastres, y dábales cuenta una y otra vez, así de la del jarro,
-como de la del racimo, y ahora de lo presente. Era la risa de todos tan
-grande, que toda la gente, que por la calle pasaba, entraba á ver la
-fiesta. Mas con tanta gracia y donaire contaba el ciego mis hazañas,
-que aunque yo estaba tan maltratado y llorando, me parecia que hacia
-sin justicia en no se las reir. Y en cuanto esto pasaba, á la memoria
-me vino una cobardía y flojedad que hice porque me maldecia, y fue no
-dejarle sin narices, pues tan buen tiempo tuve para ello, que la mitad
-del camino estaba andado, que con solo apretar los dientes, se me
-quedaran en casa, y con ser de aquel malvado por ventura lo retuviera
-mejor mi estómago, que retuvo la longaniza, y no pareciendo ellas,
-pudiera negar la demanda. Pluguiera á Dios que lo hubiera hecho, que
-esto fuera así que así. Hiciéronnos amigos la mesonera y los que allí
-estaban, y con el vino que para beber le habia traido, laváronme la
-cara y la garganta, sobre lo cual discantaba el mal ciego donaires,
-diciendo: por verdad, mas vino me gasta este mozo en lavatorios al
-cabo del año, que yo no bebo en dos. Y luego contaba cuantas veces me
-habia descalabrado y harpado la cara, y con vino luego sanaba. Yo te
-digo, dijo, que si hombre en el mundo ha de ser bienaventurado con
-vino, que serás tu; y reían mucho los que me lavaban con esto, aunque
-yo renegaba. Mas el pronóstico del ciego no salió mentiroso, y despues
-acá muchas veces me acuerdo de aquel hombre que sin duda debia tener
-espíritu de profecía; y me pesa de los sinsabores que le hice, aunque
-bien se lo pagué, considerando, lo que aquel dia me dijo, salirme tan
-verdadero como adelante vuestra merced oirá.
-
-Visto esto y las malas burlas que el ciego burlaba de mi, determiné de
-todo en todo dejarle, como lo traía pensado y lo tenia en voluntad:
-con este postrer juego que me hizo afirmélo mas. Y fue así, que luego
-otro dia salimos por la villa á pedir limosna, y habia llovido mucho
-la noche antes, y el dia tambien llovia; y andaba rezando debajo de
-unos portales que en aquel pueblo habia, donde no nos mojábamos. Mas
-como la noche se venia y el llover no cesaba, díjome el ciego: Lázaro,
-esta agua es muy porfiada, y cuanto la noche mas cierra, mas recia:
-acojámonos á la posada con tiempo. Para ir á allá habíamos de pasar
-un arroyo que con la mucha agua iba grande, yo le dije: tio el arroyo
-va muy ancho; mas si quereis, yo veo por donde travesemos mas aina
-sin mojarnos, porque se estrecha allí mucho, y saltando pasaremos á
-pie enjuto. Parecióle buen consejo, y dijo: discreto eres, por esto
-te quiero bien: llévame á ese lugar donde el arroyo se angosta, que
-ahora es invierno y sabe mal el agua, y mas llevar los pies mojados.
-Yo que vi el aparejo á mi deseo, saquéle debajo los portales y llevéle
-derecho de un pilar ó poste de piedra que en la plaza estaba, sobre el
-cual y sobre otros cargaban saledizos de aquellas casas, y díjele: tio,
-este es el paso mas angosto que en el arroyo hay. Como llovia recio y
-el triste se mojaba, y con la priesa que llevábamos de salir del agua
-que encima nos caía, y lo mas principal porque Dios le cegó aquella
-hora el entendimiento, fue por darme de él venganza. Creyóse de mi, y
-dijo, ponme bien derecho, y salta tu el arroyo. Yo le puse bien derecho
-en frente del pilar, y doy un salto y póngome detrás del poste, como
-quien espera tope de toro, y díjele: sus, saltad todo lo que podais,
-porque deis de este cabo del agua. Aun apenas lo habia acabado de
-decir, cuando se abalanza el pobre ciego como cabron, de toda su fuerza
-arremete, tomando un paso atrás de la corrida para hacer mayor salto;
-y da con la cabeza en el poste que sonó tan recio como si diera con
-una gran calabaza, y cayó luego para atrás medio muerto y hendida la
-cabeza. ¿Cómo oliste la longaniza, y no el poste? pues oledle, dije yo.
-Y dejéle en poder de mucha gente que le habia ido á socorrer, y tomé
-la puerta de la villa en los pies de un trote; y antes que la noche
-viniese, di conmigo en Torrijo. No supe mas lo que Dios de él hizo, ni
-curé de saberlo.
-
-
-
-
- Como Lázaro se asentó con un clérigo,
- y de las cosas que con él pasó.
-
-
-Otro dia no pareciéndome estar allí seguro, fuíme á un lugar que llaman
-Maqueda, adonde me toparon mis pecados con un clérigo, que llegando
-á pedir limosna, me preguntó si sabia ayudar á misa. Yo dije que sí,
-como era verdad; que aunque maltratado, mil cosas buenas me mostró el
-pecador del ciego, y una de ellas fue esta. Finalmente, el clérigo me
-recibió por suyo.
-
-Escapé del trueno y di en el relámpago, porque era el ciego para con
-este un Alejandro Magno, con ser la misma avaricia, como he contado.
-No digo mas, sino que toda la laceria del mundo estada encerrada en
-este. No sé si de su cosecha era, ó lo habia añejado con el hábito
-de clerecía. Él tenia una arca vieja cerrada con su llave, la cual
-traía atada con una agujeta del paletoque: y en viniendo el bodigo de
-la iglesia, por su mano era luego allí lanzado, y tornaba á cerrar
-el arca. En toda la casa no habia ninguna cosa de comer, como suele
-estar en otras algun tocino colgado al humero, algun queso puesto en
-alguna tabla ó en el armario, algun canastillo con algunos pedazos de
-pan que de la mesa sobran, que me parece á mi, que aunque de ello no
-me aprovechara, con la vista de ello me consolara. Solamente habia
-una horca de cebollas y debajo llave en una cámara en lo alto de la
-casa. De estas tenia yo de racion una para cada cuatro dias; y cuando
-le pedia la llave para ir por ella, si alguno estaba presente, echaba
-mano al falsopeto, y con gran continencia la desataba y me la daba,
-diciendo: toma, y vuélvela luego, no hagas sino golosinar, como si
-debajo de ella estuvieran todas las conservas de Valencia, con no haber
-en la dicha cámara, como dije, maldita la otra cosa que las cebollas
-colgadas de un clavo, las cuales él tenia tan bien por cuenta, que
-si por mal de mis pecados me desmandara á mas de mi tasa, me costara
-caro. Finalmente yo me finaba de hambre, pues ya que conmigo tenia poca
-caridad, consigo usaba mas. Cinco blancas de carne era su ordinario
-para comer y cenar; verdad es que partia conmigo del caldo: que de
-la carne, como la hay en el ojo, sino un poco de pan: y pluguiera á
-Dios que me demediara. Los sábados cómense en esta tierra cabezas de
-carnero, y enviábame por una que costaba tres maravedís. Aquella la
-cocia, y comia los ojos y la lengua, y el corazon y sesos, y la carne
-que en las quijadas tenia: dábame todos los huesos roidos, y dábamelos
-en el plato, diciendo: toma, come, triunfa, que para ti es el mundo:
-mejor vida tienes que el papa. Tal te la dé Dios, decia yo paso entre
-mi.
-
-Al cabo de tres semanas que estuve con él, vine á tanta flaqueza que
-no me podia tener en las piernas de pura hambre. Vime claramente ya en
-la sepultura, si Dios y mi saber no me remediaran. Para usar de mis
-mañas no tenia aparejo, por no tener en que darle asalto: y aunque
-algo hubiera, no pudiera cegarle, como hacia al que Dios perdone, si
-de aquella calabazada feneció: que todavía aunque astuto, con faltarle
-aquel preciado sentido, no me sentia. Mas estotro, ninguno hay que tan
-aguda vista tuviese, como él tenia. Cuando al ofertorio estábamos,
-ninguna blanca en la concha caía, que no era de él registrada. El un
-ojo tenia en la gente, y el otro en mis manos. Bailábanme los ojos en
-el cajo, como si fueran de azogue. Cuantas blancas ofrecian, tenia por
-cuenta. Acabado el ofrecer, luego me quitaba la concheta, y la ponia
-sobre el altar. No fuí yo señor de asirle una blanca, todo el tiempo
-que con él viví, ó por mejor decir, morí. De la taberna nunca le traje
-una blanca de vino, mas aquel poco que de la ofrenda habia metido en
-su arca, compasaba de tal forma que le duraba toda la semana. Y por
-ocultar su gran mezquindad, decíame: mira mozo, los sacerdotes han
-de ser muy templados en su comer y beber; por esto yo no me desmando
-como otros. Mas el lacerado mentia falsamente, porque en cofradías y
-mortuorios que rezábamos á costa ajena, comia como lobo, y bebia mas
-que un saludador. Y porque dije mortuorios, Dios me perdone, que jamás
-fuí enemigo de la naturaleza humana sino entonces: y esto era, porque
-comíamos bien y me hartaba. Deseaba y aun rogaba á Dios que cada dia
-matase el suyo. Cuando dábamos sacramento á los enfermos, especialmente
-la extremauncion, como manda el clérigo rezar á los que están allí,
-yo cierto no era el postrero de la oracion; y con todo mi corazon y
-buena voluntad rogaba al Señor, no que le echase á la parte que mas
-servido fuese, como se suele decir, mas que le llevase de este mundo. Y
-cuando alguno de estos escapaba, (Dios me lo perdone) mil veces le daba
-al diablo, y el que se moria, otras tantas bendiciones llevaba de mi
-dichas.
-
-En todo el tiempo que allí estuve, que serian cuasi seis meses, solas
-veinte personas fallecieron, y estas bien creo que las maté yo, ó por
-mejor decir, murieron á mi recuesta: porque viendo el Señor mi rabiosa
-y continua muerte, pienso que se holgaba de matarlos por darme á mi
-vida. Mas de lo que al presente padecia, remedio no hallaba, que si
-el dia que enterrábamos, yo vivia, los dias que no habia muerto, por
-quedar bien vezado de la hartura, tornando á mi cotidiana hambre, mas
-lo sentia; de manera que en nada hallaba descanso, salvo en la muerte,
-que yo tambien para mi como para ellos otros deseaba algunas veces. Mas
-no la veía, aunque estaba siempre en mi.
-
-Pensé muchas veces irme de aquel mezquino amo, mas por dos cosas lo
-dejaba. La primera por no atraverme á mis piernas, por temor de la
-flaqueza que de pura hambre me tenia; y la otra, consideraba y decia:
-yo he tenido dos amos; el primero traíame muerto de hambre, y dejándole
-topé con estotro que me tiene ya con ella en la sepultura; pues si de
-este desisto y doy en otro mas bajo, ¡qué será sino fenecer! Con esto
-no me osaba menear, porque tenia por fe que todos los grados habia de
-hallar mas ruines, y á bajar otro punto, no soñara Lázaro ni se oyera
-en el mundo.
-
-Pues estando en tal afliccion, que le plegue al Señor librar de ella
-á todo fiel cristiano; y sin saber darme consejo, viéndome ir de mal
-en peor; un dia que el cuitado, ruin y lacerado de mi amo habia ido
-fuera del lugar, llegó acaso á mi puerta un calderero, el cual yo creo
-que fue ángel enviado á mi por la mano de Dios en aquel hábito, y
-preguntóme si tenia algo que adobar.
-
-En mi tenias bien que hacer; y no haríais poco, si me remediáseis,
-dije paso que no me oyó. Mas como no era tiempo de gastarlo en decir
-gracias, alumbrado por el Espíritu santo, le dije, tio una llave de
-esta arca he perdido, y temo mi señor me azote: por vuestra vida veais,
-si en estas que traeis, alguna hay que le haga, que yo os lo pagaré.
-Comenzó á probar el angélico calderero una y otra de un gran sartal que
-de ellas traía, y yo á ayudarle con mis flacas oraciones: cuando no me
-cato, veo en figura de panes, como dicen, la cara de Dios dentro del
-arca: y abierta, díjele: yo no tengo dinero que daros por la llave, mas
-tomad de ahí el pago. El tomó un bodigo de aquellos, el que mejor le
-pareció; y dejándome mi llave, se fue muy contento, dejándome mas á mí.
-Mas no toqué en nada por el presente, porque no fuese la falta sentida;
-y aun porque me vi de tanto bien señor, parecióme que la hambre no se
-me osaba llegar.
-
-Vino el mísero de mi amo, y quiso Dios no miró en la oblada que el
-ángel habia llevado; y otro dia saliendo de casa, abro mi paraiso
-panal y tomo entre las manos y dientes un bodigo, y en dos credos le
-hice invisible, no olvidándoseme el arca abierta: y comienzo á barrer
-la casa con mucha alegría, pareciéndome con aquel remedio remediar de
-allí en adelante la triste vida, y así estuve con ello aquel dia y otro
-gozoso. Mas no estaba en mi dicha que me durase mucho aquel descanso,
-porque luego al tercero dia me vino la terciana derecha, y fue que
-veo á deshora al que mataba de hambre sobre nuestra arca, volviendo y
-revolviendo y tornando contar los panes. Yo disimulaba, y en mi secreta
-oracion, devociones y plegarias decia san Juan y ciégale.
-
-Despues que estuvo un gran rato echando la cuenta, por dias y dedos
-contando, dijo: si no tuviera á tan buen recaudo esta arca, yo dijera
-que me habian tomado de ella panes; pero de hoy mas, solo por cerrar
-puerta á la sospecha, quiero tener buena cuenta con ellos, nueve quedan
-y un pedazo. Nuevas malas te dé Dios, dije entre mí; parecióme con
-lo que dijo, pasarme el corazon con saeta de montero, y comenzóme el
-estómago á escarbar de hambre, viéndose puesto en la dieta pasada. Fue
-fuera de casa, y yo por consolarme abro el arca, y como vi el pan,
-comencéle á adorar (no osando recibirle), contélos, si á dicha el
-lacerado se errara; y hallé su cuenta mas verdadera que yo quisiera. Lo
-mas que yo pude hacer, fue dar en ellos mil besos: y lo mas delicado
-que yo pude, del partido partí un poco al pelo que él estaba, y con
-aquel pasé aquel dia, no tan alegre como el pasado.
-
-Mas como la hambre creciese, mayormente que tenia el estómago hecho
-á mas pan aquellos dos ó tres dias ya dichos, moria de mala muerte;
-tanto que otra cosa no hacia en viéndome solo, sino abrir y cerrar el
-arca y contemplar en aquella cara de Dios, que así dicen los niños. Mas
-el mismo Dios que socorre á los afligidos, viéndome en tal estrecho,
-trajo á mi memoria un pequeño remedio, que considerando entre mi,
-dije: este arcon es viejo, grande y roto por algunas partes; aunque
-con pequeños agujeros, puédese pensar que ratones entrando en él hacen
-daño á este pan. Sacarlo enteramente, no es cosa conveniente, porque
-verá la falta el que en tanta me hace vivir. Esto bien se sufre. Y
-comienzo á desmigajar el pan sobre unos no muy costosos manteles que
-allí estaban, tomo uno y dejo otro: de manera que en cada cual de tres
-ó cuatro desmigajo su poco, y despues como quien toma grajea, lo comí
-y algo me consolé. Mas él como viniese á comer y abriese el arca, vió
-el mal pesar, y sin duda creyó ser ratones los que el daño habian
-hecho, porque estaba muy al propio contrahecho de como ellos le suelen
-hacer. Miró toda el arca de un cabo á otro, y vióla ciertos agujeros
-por do sospechaba habian entrado, llamóme diciendo: Lázaro, mira que
-persecucion ha venido aquesta noche por nuestro pan. Yo híceme muy
-maravillado, preguntándole qué seria. ¿Qué ha de ser? dijo él; ratones
-que no dejan cosa á vida. Pusímonos á comer, y quiso Dios que aun en
-esto me fue bien; que me cupo mas pan que la laceria que me solia dar,
-porque rayó con un cuchillo todo lo que pensó ser ratonado, diciendo:
-cómete eso, que el raton cosa limpia es. Y así aquel dia añadiendo
-la racion del trabajo de mis manos ó de mis uñas, por mejor decir,
-acabamos de comer, aunque yo nunca empezaba. Y luego me vino otro
-sobresalto, que fue verle andar solícito, quitando clavos de paredes
-y buscando tablillas, con las cuales clavó y cerró todos los agujeros
-de la vieja arca. ¿O señor mio? dije yo entonces; ¡á cuánta miseria,
-fortuna y desastres estamos expuestos los nacidos! ¡y cuán poco duran
-los placeres de esta nuestra trabajosa vida! Heme aquí, que pensaba,
-con este pobre y triste remedio remediar y pasar mi laceria, y estaba
-ya cuanto que alegre y de buena aventura. Mas no quiso mi desdicha,
-despertando á este lazaredo de mi amo, y poniéndole mas diligencia de
-la que él de suyo se tenia (pues los míseros por la mayor parte nunca
-de aquella carecen), ahora cerrando los agujeros del arca, cerrase la
-puerta á mi consuelo y la abriese á mis trabajos.
-
-Así lamentaba yo en tanto que mi solícito carpintero con muchos clavos
-y tablillas dió fin á sus obras, diciendo: ahora, dueños traidores
-ratones, os conviene mudar propósito que en esta casa mala medra teneis.
-
-De que salió de su casa, voy á ver la obra, y hallé que no dejó en
-la triste y vieja arca agujero ni aun por donde pudiese entrar un
-mosquito. Abro con mi desaprovechada llave, sin esperanza de sacar
-provecho; y vi los dos ó tres panes comenzados, los que mi amo creyó
-ser ratonados; y de ellos todavía saqué alguna laceria, tocándolos muy
-lijeramente á uso de esgrimidor diestro.
-
-Como la necesidad sea tan gran maestra, viéndome con tanta hambre,
-noche y dia estaba pensando la manera que tenia para sustentar el
-vivir: y pienso para hallar estos negros remedios que me era luz la
-hambre, pues dicen que el ingenio con ella se avisa, y al contrario
-con la hartura; y así era por cierto en mi. Pues estando una noche
-desvelado en este pensamiento, pensando como me podria valer y
-aprovechar del arca, sentí que mi amo dormia, porque lo mostraba con
-roncar y en unos resoplidos grandes que daba cuando estaba durmiendo.
-Levantéme muy quedito, y habiendo en el dia pensado lo que habia de
-hacer, y dejado un cuchillo viejo que por allí andaba en parte do le
-hallase, voyme á la triste arca, y por do habia mirado tener menos
-defensa, la acometí con el cuchillo, que á manera de barreno de él usé:
-y como la antiquísima arca, por ser de tantos años, la hallase sin
-fuerza y corazon, antes muy blanda y carcomida, luego se me rindió, y
-consintió en su costado por mi remedio un buen agujero. Esto hecho,
-abro muy paso la llagada arca, y al tiento de pan que hallé partido,
-hice segun de suso está escrito. Y con aquello algun tanto consolado,
-tornando á cerrar me volví á mis pajas, en las cuales reposé y dormí un
-poco, lo cual yo hacia mal, y echábalo al no comer: y así seria, porque
-cierto en aquel tiempo no me debian de quitar el sueño los cuidados del
-rey de Francia.
-
-Otro dia fue por el señor mi amo visto el daño, así del pan como del
-agujero que yo habia hecho, y comenzó á dar al diablo los ratones y
-decir: ¿qué diremos á esto? nunca haber sentido ratones en esta casa
-sino ahora. Y sin duda debia de decir verdad, porque si casa habia de
-haber en el reino justamente de ellos privilegiada, aquella de razon
-habia de ser, porque no suelen morar donde no hay que comer. Torna á
-buscar clavos por la casa y por las paredes, y tablillas para taparlos.
-Venida la noche y su reposo, luego era puesto en pie con mi aparejo, y
-cuantos él tapaba de dia, destapaba yo de noche.
-
-En tal manera fue, y tal priesa nos dimos, que sin duda por esto se
-debió de decir: donde una puerta se cierra, otra se abre. Finalmente
-parecíamos tener á destajo la tela de Penélope, pues cuanto él tejia
-de dia, rompia yo la noche. Y en pocos dias y noches pusimos la pobre
-dispensa de tal forma, que quien quisiera propiamente de ella hablar,
-mas coraza vieja de otro tiempo que no arca la llamara, segun la
-clavazon y tachuelas que sobre sí tenia. De que vió no aprovecharle
-nada su remedio, dijo: esta arca está tan maltratada, y es de madera
-tan vieja y flaca, que no habrá raton de quien se defienda, y va ya tal
-que si andamos mas con ella, nos dejará sin guarda; y aun lo peor es,
-que aunque hace poca, todavía hará falta faltando, y me pondrá en costa
-de otros tres ó cuatro reales. El mejor remedio que hallo, pues el de
-hasta aquí no aprovecha, es armar por dentro á estos ratones malditos.
-Luego buscó prestada una ratonera, y con cortezas de queso que á los
-vecinos pedia, continuo el gato estaba armado dentro del arca: lo
-cual era para mi singular ausilio, porque puesto el caso que yo no
-habia menester muchas salsas para comer, todavía me holgaba con las
-cortezas de queso que de la ratonera sacaba, y sin esto no perdonaba
-el ratonar del bodigo. Como hallase el pan ratonado y el queso comido,
-y no cayese el raton que lo comia, dábase al diablo y preguntaba á los
-vecinos que podria ser, comer el queso y sacarlo de la ratonera, y no
-caer ni quedar dentro el raton, y hallar caida la trampilla del gato.
-Acordaron los vecinos no ser el raton el que este daño hacia, porque no
-podria menos de haber caido alguna vez. Díjole un vecino: en nuestra
-casa yo me acuerdo que solia andar una culebra, y esta debe de ser
-sin duda; y lleva razon, que como es larga, tiene lugar de tomar el
-cebo; y aunque la coja la trampilla encima, como no entre toda dentro,
-tórnase á salir. Cuadró á todos lo que aquel dijo, y alteró mucho á mi
-amo; y de allí en adelante no dormia tan á sueño suelto, que cualquier
-gusano de la madera que de noche sonase, pensaba ser la culebra que
-le roia el arca. Luego era puesto en pie, y con un garrote que á la
-cabecera (desde que aquello le dijeron) ponia, daba en la pecadora del
-arca grandes garrotazos, pensando espantar la culebra. Á los vecinos
-despertaba con el estruendo que hacia, y á mi no dejaba dormir. Íbase á
-mis pajas y trastornábalas y á mi con ellas, pensando que se iba para
-mi, y se envolvia en mis pajas ó en mi sayo, porque le decian que de
-noche acaecia á estos animales buscando calor irse á las cunas donde
-están criaturas, y aun morderlas y hacerlas peligrar. Yo las mas veces
-hacia del dormido, y en la mañana decíame él: ¿esta noche, mozo, no
-sentiste nada? pues tras la culebra anduve, y aun pienso se ha de ir
-para ti á la cama, que son muy frias y buscan calor. Plegue á Dios que
-no me muerda, decia yo, que harto miedo la tengo. De esta manera andaba
-tan elevado y levantado del sueño, que la culebra, ó el culebro por
-mejor decir, no osaba roer de noche ni levantarse al arca: mas de dia
-mientras estaba en la iglesia ó por el lugar, hacia mis saltos.
-
-Los cuales daños viendo él, y el poco remedio que les podia poner,
-andaba de noche, como digo, hecho trasgo. Yo hube miedo que con
-aquellas diligencias no me topase con la llave que debajo de las pajas
-tenia, y parecióme lo mas seguro meterla de noche en la boca, porque ya
-desde que viví con el ciego, la tenia tan hecha bolsa, que me acaeció
-tener en ella doce ó quince maravedís todo en medias blancas, sin que
-me estorbase el comer; porque de otra manera no era señor de una blanca
-que el maldito ciego no cayese con ella, no dejando costura ni remedio
-que no me buscaba muy á menudo. Pues así como digo, metia cada noche la
-llave en la boca, y dormia sin recelo que el brujo de mi amo cayese con
-ella.
-
-Quisieron mis hados, ó por mejor decir, mis pecados, que una noche
-que estaba durmiendo, la llave se me puso en la boca, que abierta
-debia tener, de tal manera y postura, que el aire y resoplo que ya
-durmiendo echaba, salia por lo hueco de la llave que de cañuto era,
-y silbaba (segun mi desastre quiso) muy recio: de tal manera que el
-sobresaltado de mi amo lo oyó, y creyó sin duda ser el silbo de la
-culebra; y cierto lo debia parecer. Levantóse muy paso con su garrote
-en la mano, y al tiento y sonido de la culebra se llegó á mi con mucha
-quietud, por no ser sentido de la culebra; y como cerca se vió, pensó
-que allí en las pajas do yo estaba echado, al calor mio se habia
-venido. Levantando bien el palo, pensando tenerla debajo, y darle tal
-garrotazo que la matase, con toda su fuerza me descarga en la cabeza
-tan gran golpe, que sin ningun sentido y muy mal descalabrado me dejó.
-Como sintió que me habia dado, segun yo debia hacer gran sentimiento
-con el fiero golpe; contaba él que se habia llegado á mi, y dándome
-grandes voces y llamándome procuró recordarme. Mas como me tocase con
-las manos, tentó la mucha sangre que se me iba, y conoció el daño que
-me habia hecho; y con mucha priesa fue á buscar lumbre; y llegando con
-ella, hallóme quejando, todavía con mi llave en la boca, que nunca la
-desamparé, la mitad fuera, bien que de aquella manera que debia estar
-al tiempo que silbaba con ella. Espantado el matador de culebras que
-podria ser aquella llave, miróla sacándomela del todo de la boca, y
-vió lo que era, porque en las guardas nada de la suya diferenciaba.
-Fue luego á probarla, y con ella probó el maleficio. Debió de decir el
-cruel cazador: el raton y culebra que me daban guerra y me comian mi
-hacienda, he hallado.
-
-De lo que sucedió en aquellos tres dias siguientes ninguna seña daré,
-porque los tuve en el vientre de la ballena; mas esto que he contado,
-oí (despues que en mi torné) decir á mi amo, el cual á cuantos allí
-venian, lo contaba por extenso. Al cabo de tres dias, yo torné en mi
-sentido, y vime echado en mis pajas, la cabeza toda emplastada, y llena
-de aceites y ungüentos, y espantado dije: ¿qué es esto? Respondióme el
-cruel sacerdote: á fe que los ratones y culebras que me destruían, ya
-los he cazado. Y miré por mi, y vime tan maltratado que luego sospeché
-mi mal. Á esta hora entró una vieja que ensalmaba y los vecinos, y
-comiénzanme á quitar trapos de la cabeza y curar el garrotazo; y como
-me hallaron vuelto en mi sentido, holgáronse mucho, y dijeron: pues
-ha tornado en su acuerdo, placerá á Dios no será nada. Tornaron de
-nuevo á contar mis cuitas y á reirlas, y yo pecador á llorarlas. Con
-todo esto diéronme de comer que estaba transido de hambre, y apenas me
-pudieron remediar: y así de poco en poco á los quince dias me levanté y
-estuve sin peligro, mas no sin hambre y medio sano. Luego otro dia que
-fuí levantado, el señor mi amo me tomó por la mano y sacóme la puerta
-fuera, y puesto en la calle díjome: Lázaro, de hoy mas eres tuyo y no
-mio; busca amo y vete con Dios, que yo no quiero en mi compañía tan
-diligente servidor. No es posible sino que hayas sido mozo de ciego,
-y santiguándose de mi, como si yo estuviera endemoniado, se volvió á
-meter en casa y cerrar su puerta.
-
-
-
-
- Como Lázaro se asentó con un escudero,
- y de lo que le acaeció con él.
-
-
-De esta manera me fue forzado sacar fuerzas de flaqueza, y poco á poco
-con ayuda de las buenas gentes di conmigo en esta insigne ciudad de
-Toledo, en donde, con la merced de Dios de allí á quince dias se me
-cerró la herida.
-
-Mientras estaba malo, siempre me daban alguna limosna, mas despues que
-estuve sano, todos me decian: tu bellaco y gallofero eres; busca, busca
-un amo á quien sirvas. ¿Y adónde se hallará ese, decia yo entre mi, si
-Dios ahora de nuevo, como crió el mundo, no le criase?
-
-Andando así discurriendo de puerta en puerta con harto poco remedio
-(porque ya la caridad se subió al cielo), topé con un escudero que iba
-por la calle con razonable vestido, bien peinado, su paso y compás en
-órden. Miróme, y yo á él, y díjome: ¿muchacho, buscas amo? yo le dije:
-si señor. Pues vente tras mi, me respondió, que Dios te ha hecho merced
-en topar conmigo: alguna buena oracion rezaste hoy. Yo seguíle dando
-gracias á Dios por lo que oí, y tambien que me parecia segun su hábito
-y continente ser el que yo habia menester. Era de mañana cuando este mi
-tercero amo topé, y llevóme tras sí gran parte de la ciudad. Pasamos
-por las plazas do se vendian pan y otras provisiones, y yo pensaba y
-aun deseaba que allí me cargase de lo que se vendia, porque esta era
-propia hora cuando se suele proveer de lo necesario: mas muy á tendido
-paso pasaba por estas cosas. Por ventura no lo ve aquí á su contento,
-decia yo, y querrá que lo compremos en otro cabo.
-
-De esta manera anduvimos, hasta que dieron las once: entonces se entró
-en la Iglesia mayor y yo tras él, y muy devotamente le vi oir misa
-y los otros oficios divinos, hasta que todo fue acabado; y la gente
-ida, entonces salimos de la iglesia, y á buen paso tendido comenzamos
-á ir por una calle abajo. Yo iba el mas alegre del mundo en ver que
-no nos habíamos ocupado en buscar de comer: bien consideré que debia
-ser hombre mi nuevo amo que se proveía en junto, y que ya la comida
-estaria á punto, y tal como deseaba y aun la habia menester. En este
-tiempo dió el reloj la una despues del mediodia, y llegamos á una casa
-ante la cual mi amo se paró y yo con él; y derribando el cabo de la
-capa sobre el lado izquierdo, sacó una llave de la manga y abrió su
-puerta. Entramos en casa, la cual tenia la entrada obscura y lóbrega,
-de tal manera que parecia que ponia temor á los que en ella entraban,
-aunque dentro de ella estaba un patio pequeño y razonables cámaras. De
-que fuímos entrados, quita de sobre sí su capa, y preguntando si tenia
-las manos limpias, la sacudimos y doblamos, y muy limpiamente soplando
-un poyo que allí estaba, la puso en él. Hecho esto, sentóse cabo de
-ella, preguntándome muy por extenso de donde era, y como habia venido
-á aquella ciudad: y yo le di mas larga cuenta que quisiera, porque me
-parecia mas conveniente hora de mandar poner la mesa y escudillar la
-olla, que de lo que me pedia. Esto hecho, estuvo así un poco, y yo
-luego vi mala señal, por ser ya casi las dos, y no verle mas aliento de
-comer que á un muerto. Despues de esto consideraba aquel tener cerrada
-la puerta con llave, ni sentir arriba ni abajo pasos de viva persona
-por la casa. Todo lo que habia visto eran paredes, sin ver en ella
-silleta ni tajo, ni banco, ni mesa, ni aun tal arca como el de marras.
-Finalmente ella parecia casa encantada.
-
-Estando así díjome: ¿tú mozo has comido? No señor, dije yo, que aun no
-eran dadas las ocho, cuando con vuestra merced encontré.
-
-Pues aunque de mañana, dijo él, yo habia almorzado, y cuando así como
-algo, hágote saber que hasta la noche me estoy así: por eso pásate como
-pudieres, que despues cenaremos.
-
-Vuestra merced crea, cuando esto le oí, que estuve en poco de caer
-de mi estado, no tanto de hambre, como por conocer de todo en todo
-la fortuna serme adversa. Allí se me representaron de nuevo mis
-fatigas, y torné á llorar mis trabajos. Allí se me vino á la memoria
-la consideracion que hacia cuando me pensaba ir del clérigo, diciendo
-que aunque aquel era desventurado y mísero, por ventura toparia con
-otro peor. Finalmente allí lloré mi trabajosa vida pasada, y mi cercana
-muerte venidera; y con todo, disimulando lo mejor que pude, le dije:
-señor, mozo soy que no me fatigo mucho por comer, bendito Dios. De eso
-me podré yo alabar entre todos mis iguales por de mejor garganta, y así
-fuí yo loado de ella hasta hoy dia de los amos que yo he tenido. Virtud
-es esa, dijo él; y por eso te querré yo mas, porque el hartarse es de
-los puercos, y el comer regaladamente es de los hombres de bien. Bien
-te he entendido, dije yo entre mi: maldita tanta medicina y bondad como
-aquestos mis amos que yo hallo, hallan en la hambre.
-
-Púsome á un cabo del portal, y saqué unos pedazos de pan del seno, que
-me habian quedado de los de por Dios. Él, que vió esto, díjome, ven
-acá, mozo, ¿qué comes? Yo lleguéme á él, y mostréle el pan. Tomóme él
-un pedazo de tres que eran, el mejor y mas grande, y díjome por mi vida
-que parece este buen pan. Y como ahora, dije yo, ¡señor, es bueno! Sí
-á fe, dijo él: ¿adónde le hubiste? si es amasado de manos limpias. No
-sé yo eso, le dije, mas á mi no me pone asco el sabor de ello. Así
-plegue á Dios, dijo el pobre de mi amo; y llevándole á la boca, comenzó
-á dar en él tan fieros bocados, como yo en el otro. Sabrosísimo pan
-está, dijo, por Dios. Y como le sentí de que pie cojeaba, dime priesa,
-porque le vi en disposicion que si acababa antes que yo, se comediria á
-ayudarme á lo que me quedase; y con esto acabamos casi á una. Comenzó á
-sacudir con las manos unas pocas de migajas y bien menudas, que en los
-pechos se le habian quedado, y entró en una camareta que allí estaba,
-y sacó un jarro desbocado y no muy nuevo; y despues que hubo bebido,
-convidóme con él. Yo por hacer del continente, dije: señor, no bebo
-vino. Agua es, me respondió, bien puedes beber. Entonces tomé el jarro
-y bebí no mucho, porque de sed no era mi congoja.
-
-Así estuvimos hasta la noche, hablando en cosas que me preguntaba, á
-las cuales yo le respondí lo mejor que supe. En este tiempo metióme en
-la cámara donde estaba el jarro de que bebimos, y díjome: mozo, párate
-allí, y verás como hacemos esta cama, para que la sepas hacer de aquí
-adelante. Púseme de un cabo y él del otro, é hicimos la negra cama, en
-la cual no habia mucho que hacer; porque ella tenia sobre unos bancos
-un cañizo, sobre el cual estaba tendida la ropa, que por no estar
-muy continuada á lavar, no parecia colchon, aunque servia de él con
-harta menos lana que era menester. Aquel tendimos haciendo cuenta de
-ablandarle, lo cual era imposible, porque de lo duro mal se puede hacer
-blando. El diablo del enjalma maldita la cosa tenia dentro de sí, que
-puesto sobre el cañizo, todas las cañas se señalaban y parecian á lo
-propio entrecuesto de flaquísimo puerco. Sobre aquel hambriento colchon
-pusimos un cobertor del mismo jaez, del cual el color yo no pude
-alcanzar.
-
-Hecha la cama y la noche venida, díjome: Lázaro, ya es tarde, de aquí
-á la plaza hay un gran trecho: tambien en esta ciudad andan muchos
-ladrones, que siendo de noche capean, pasemos como podamos, y mañana
-viniendo el dia, Dios hará merced; porque yo por estar solo no estoy
-proveido, antes he comido estos dias por allí fuera; mas ahora hacerlo
-hemos de otra manera. Señor, de mi, dije yo, ninguna pena tenga vuestra
-merced, que bien sé pasar una noche y aun mas, si es menester, sin
-comer. Vivirás mas sano, me respondió; porque, como decíamos hoy, no
-hay tal cosa en el mundo para vivir mucho que comer poco. Si por esa
-via es, dije entre mi, nunca yo moriré, que siempre he guardado esa
-regla por fuerza, y aun espero en mi desdicha tenerla toda mi vida.
-
-Acostóse en la cama, poniendo por cabezera las calzas y el jubon, y
-mandóme echar á sus pies; lo cual yo hice; mas maldito el sueño que yo
-dormí, porque las cañas y mis salidos huesos en toda la noche dejaron
-de risar y encenderse, que con mis trabajos, males y hambre, pienso
-que en mi cuerpo no habia libra de carne: y tambien como aquel dia no
-habia comido casi nada, rabiaba de hambre, la cual con el sueño no
-tenia amistad. Maldíjeme mil veces (Dios me lo perdone) y á mi ruin
-fortuna allí lo mas de la noche; y lo peor, no osándome revolver por no
-despertarle, pedia á Dios muchas veces la muerte.
-
-La mañana venida levantámonos, y comienza á limpiar y sacudir sus
-calzas y jubon, sayo y capa, y yo que le servia de pelillo, y vísteseme
-muy á su placer despacio, echéle aguamanos. Peinóse, y púsose su espada
-en el talabarte, y al tiempo que la ponia, díjome, ¡ó si supieses,
-mozo, que pieza es esta! no hay marco de oro en el mundo por el que yo
-la diese: mas así ninguna de cuantas Antonio hizo, no acertó á ponerle
-los aceros tan prestos como esta los tiene: y sacóla de la vaina, y
-tentóla con los dedos, diciendo, vesla aquí, yo me obligo con ella á
-cercenar un copo de lana. Y yo, dije entre mí, con mis dientes, aunque
-no son de acero, un pan de cuatro libras.
-
-Tornóla á meter y ciñósela, y un sartal de cuentas gruesas del
-talabarte, y con un paso sosegado y el cuerpo derecho, haciendo con él
-y con la cabeza gentiles meneos, echando el cabo de la capa sobre el
-hombro y á veces so el brazo, y poniendo la mano derecha en el costado,
-salió por la puerta, diciendo: Lázaro, mira por la casa en tanto que
-voy á oir misa, y haz la cama, y vé por la vasija de agua al rio que
-aquí bajo está, y cierra la puerta con llave, no nos hurten algo, y
-ponla aquí al quicio, porque si yo viniere en tanto, pueda entrar.
-Y súbese por la calle arriba con tan gentil semblante y continente,
-que quien no le conociera, pensara ser muy cercano pariente al Conde
-de Arcos, ó á lo menos camarero que le daba de vestir. ¿Á quién no
-engañara aquella buena disposicion y razonable capa y sayo? ¿y quién
-pensará que aquel gentil hombre se pasó ayer todo el dia con aquel
-mendrugo de pan, que su criado Lázaro trajo un dia y noche en el arca
-de su seno, do no se le podia pegar mucha limpieza? ¿y hoy lavándose
-las manos y cara, á falta de paño de manos, se hacia servir de la
-halda del sayo? nadie por cierto lo sospechara. ¡O señor, y cuántos de
-aquestos debeis vos tener por el mundo derramados, que padecen por la
-negra que llaman honra lo que por vos no sufririan!
-
-Así estaba yo á la puerta, mirando y considerando estas cosas, hasta
-que el señor mi amo traspuso la larga y angosta calle. Tornéme á entrar
-en casa, y en un _credo_ la anduve toda alto y bajo sin hacer represa
-ni hallar en qué.
-
-Hago la negra y dura cama, y tomo el jarro y doy conmigo en el rio,
-donde en una huerta vi á mi amo en gran requesta con dos rebozadas
-mujeres, al parecer de las que en aquel lugar no hacen falta; antes
-muchas tienen por estilo de irse á las mañanicas del verano á refrescar
-y almorzar, sin llevar qué, por aquellas frescas riberas, con confianza
-que no ha de faltar quien se lo dé, segun las tienen puestas en esta
-costumbre aquellos hidalgos de lugar. Y como digo, él estaba entre
-ellas hecho un Macías, diciéndoles mas dulzuras que Ovidio escribió.
-Pero como sintieron de él que estaba bien enternecido, no se les
-hizo de vergüenza pedirle de almorzar con el acostumbrado pago. Él,
-sintiéndose tan frio de bolsa cuanto caliente del estómago, tomóle
-tal calofrío que le robó la color del gesto, y comenzó á turbarse en
-la plática, y á poner excusas no válidas. Ellas que debian ser bien
-instituidas, como le sintieron la enfermedad, dejáronle para el que
-era. Yo que estaba comiendo ciertos tronchos de berzas, con los cuales
-me desayuné con mucha diligencia como mozo nuevo, sin ser visto de mi
-amo, torné á casa, de la cual pensé barrer alguna parte que bien era
-menester, mas no hallé con qué.
-
-Púseme á pensar que haria, y parecióme esperar á mi amo hasta que el
-dia demediase, y si viniese y por ventura trajese algo que comiésemos;
-mas en vano fue mi esperanza. Desde que vi ser las dos y no venia, y
-la hambre me aquejaba, cierro la puerta y pongo la llave do mandó y
-tórnome á mi menester con baja y enferma voz; é inclinadas mis manos en
-los senos, puesto Dios ante mis ojos y la lengua en su nombre, comienzo
-á pedir pan por las puertas y casas mas grandes que me parecia. Mas
-como yo este oficio le hubiese mamado en leche, quiero decir que con el
-gran maestro el ciego le aprendí, tan suficiente discípulo salí, que
-aunque en este pueblo no habia caridad, ni el año fuese muy abundante,
-tan buena maña me di, que antes que el reloj diese las cuatro, ya yo
-tenia otras tantas libras de pan enfiladas en el cuerpo, y mas de
-otras dos en las mangas y senos. Volvíme á la posada, y al pasar por
-la tripería, pedí á una de aquellas mujeres, y dióme un pedazo de uña
-de vaca con otras pocas de tripas cocidas. Cuando llegué á casa, ya el
-bueno de mi amo estaba en ella, doblada su capa y puesta en el poyo,
-y él paseándose por el patio. Como entré, vínose para mi, y pensé que
-me queria reñir la tardanza; mas mejor lo hizo Dios. Preguntóme de
-do venia; yo le dije: señor, hasta que dieron las dos, estuve aquí;
-y desde que vi que vuestra merced no venia, fuíme por esa ciudad á
-encomendarme á las buenas gentes, y hanme dado esto que veis. Mostréle
-el pan y las tripas que en un cabo de la halda traía. Á lo cual él
-mostró buen semblante, y dijo: pues esperado te he á comer, y desde que
-vi que no veniste, comí, mas tu haces como hombre de bien en eso, que
-mas vale pedirlo por Dios que no hurtarlo, y así él me ayude como ello
-me parece bien, y solamente te encomiendo no sepan que vives conmigo,
-por lo que toca á mi honra; aunque bien creo que será secreto, segun
-lo poco que en este pueblo soy conocido; nunca á él yo hubiera de
-venir. De eso pierda, señor, cuidado, le dije yo; que maldito aquel
-que ninguno tiene que pedirme esa cuenta, ni yo de darla. Ahora pues,
-come pecador, dijo él, que si á Dios place, presto nos veremos sin
-necesidad, aunque te digo que despues que en esta casa entré, nunca
-bien me ha ido, debe de ser de mal suelo, que hay casas desdichadas y
-de mal pie, que á los que viven en ellas pegan la desdicha. Esta debe
-de ser sin duda de ellas; mas yo te prometo, acabado el mes, no quede
-en ella, aunque me la den por mia.
-
-Sentéme al cabo del poyo, y porque no me tuviese por gloton, callé
-la merienda, y comienzo á cenar y morder en mis tripas y pan.
-Disimuladamente miraba al desventurado señor mio, que no partia sus
-ojos de mis faldas, que á aquella sazon servian de plato. Tanta lástima
-haya Dios de mi, como yo habia de él, porque sentí lo que sentia, y
-muchas veces habia por ello pasado, y pasaba cada dia. Pensaba si
-seria bien convidarle, mas por haberme dicho que habia comido, temíame
-no acetaria el convite. Finalmente yo deseaba que el pecador ayudase
-á su trabajo del mio y se desayunase, como el dia antes hizo; pues
-habia mejor aparejo, por ser mejor la vianda y menos mi hambre. Quiso
-Dios cumplir mi deseo, y aun pienso que el suyo, porque como comencé á
-comer, él se andaba paseando. Llegóse á mí, y díjome, dígote, Lázaro
-que tienes en comer la mejor gracia que en mi vida vi á hombre, y que
-nadie te lo ve hacer, que no le pongas gana, aunque no la tenga. La muy
-buena que tu tienes (dije yo entre mi) te hace parecer la mia hermosa.
-Con todo parecióme ayudarle, pues se ayudaba y me abria camino para
-ello, y díjele; señor, el buen aparejo hace buen artífice. Este pan
-está sabrosísimo, y esta uña de vaca está tan bien cocida y sazonada,
-que no habrá á quien no convide con su sabor. ¿Uña de vaca es? preguntó
-él. Si señor, le dije yo. Dígote, dijo él, que es el mejor bocado del
-mundo, y que no hay faisan que así me sepa. Pues pruebe, señor, dije
-yo, y verá que tal está. Póngole en las uñas la otra y tres ó cuatro
-raciones de pan de lo mas blanco. Asentóseme al lado, y comienza á
-comer, como aquel que lo habia ganado, royendo cada huesecillo de
-aquellos mejor que un galgo suyo lo hiciera.
-
-Con almodrote, decia, es este singular manjar. Con mejor salsa lo comes
-tu, respondí yo paso. Por Dios, dijo él, que me ha sabido, como si no
-hubiera hoy comido bocado. Así me vengan los buenos años como es ello,
-dije yo entre mi. Pidióme el jarro del agua, y díselo como lo habia
-traido. Es señal, que pues no le faltaba el agua, que le habia á mi amo
-sobrado la comida. Bebimos, y muy contentos nos fuímos á dormir, como
-la noche pasada. Y por evitar prolijidad, de esta manera estuvimos ocho
-ó diez dias, yéndose el pecador en la mañana con aquel contento y paso
-contado á papar aire por las calles, teniendo en el pobre Lázaro una
-cabeza de lobo.
-
-Contemplaba yo muchas veces mi desastre, que escapando de los amos
-ruines que habia tenido, y buscando mejoría, viniese á topar con quien
-no solo no me mantuviese, mas á quien yo habia de mantener.
-
-Con todo le queria bien, con ver que no tenia ni podia mas, y antes le
-habia lástima que enemistad: y muchas veces, por llevar á la posada con
-que él lo pasase, yo lo pasaba mal: porque una mañana levantándose el
-triste en camisa, subió á lo alto de la casa á hacer sus menesteres,
-y en tanto yo por salir de sospecha desenvolvíle el jupo y las calzas
-que á la cabecera dejó, y hallé una bolsilla de terciopelo raso,
-hecha cien dobleces, y sin maldita la blanca ni señal que la hubiese
-tenido mucho tiempo. Este, decia yo, es pobre, y nadie da lo que no
-tiene: mas el avariento ciego y el malaventurado mezquino clérigo, que
-con dárselo Dios á ambos, al uno de mano besada, y al otro de lengua
-suelta, me mataban de hambre. Aquellos es justo desamar, y aqueste es
-de haber mancilla. Dios me es testigo, que hoy dia cuando topo con
-alguno de su hábito con aquel paso y pompa, le he lástima, con pensar
-si padece lo que á aquel le vi sufrir, al cual con toda su pobreza
-holgaria de servir mas que á los otros, por lo que he dicho. Solo tenia
-de él un poco de descontento; que quisiera yo que no tuviera tanta
-presuncion, mas que abajara un poco su fantasía con lo mucho que subia
-su necesidad. Mas segun me parece, es regla ya entre ellos usada y
-guardada, que aunque no haya cornado de trueco, ha de andar el birrete
-en su lugar: el Señor lo remedie, que ya con este mal han de morir.
-
-Pues estando yo en tal estado pasando la vida que digo, quiso mi mala
-fortuna que de perseguirme no era satisfecha, que en aquella trabajada
-y vergonzosa vivienda no durase. Y fue, como aquel año esta tierra
-fuese estéril de pan, acordó el Ayuntamiento, que todos los pobres
-extranjeros se fuesen de la ciudad; con pregon, que el que de allí
-adelante topasen, fuese punido con azotes. Y así ejecutando la ley,
-desde á cuatro dias que el pregon se dió, vi llevar una procesion
-de pobres azotando por las cuatro calles: lo cual me puso tan gran
-espanto, que nunca osé desmandarme á demandar. Aquí viera, quien verlo
-pudiera, la abstinencia de mi casa, la tristeza y silencio de los
-moradores de ella; tanto que nos acaeció estar dos ó tres dias sin
-comer bocado ni hablar palabra. Á mi diéronme la vida unas mujercillas
-hilanderas de algodon, que hacian botones y vivian á par de nosotros,
-con las cuales yo tuve vecindad y conocimiento; que la laceria que les
-traían, me daban alguna cosilla, con la cual muy pasado me pasaba.
-
-Y no tenia tanta lástima de mi como del lastimado de mi amo, que en
-ocho dias maldito el bocado que comió; á lo menos en casa bien los
-estuvimos sin comer: no sé yo como ó donde andaba, y que comia; y verle
-venir á mediodia la calle abajo, con estirado cuerpo mas largo que
-galgo de buena casta; y por lo que tocaba á su negra que dicen honra,
-tomaba una paja de las que aun asaz no habia en casa, y salia á la
-puerta escarbando los que nada entre sí tenian, quejándose todavía de
-aquel mal solar, diciendo: malo está de ver, que la desdicha de esta
-vivienda lo hace. Como ves, es lóbrega, triste y obscura, mientras aquí
-estuviéremos, hemos de padecer; ya deseo se acabe este mes por salir de
-ella.
-
-Pues estando en esta afligida y hambrienta persecucion, un dia, no sé
-por cual dicha ó ventura, en el poder de mi amo entró un real, con el
-cual vino á casa tan ufano, como si tuviera el tesoro de Venecia, y
-con gesto muy alegre y risueño me lo dió diciendo; toma, Lázaro, que
-Dios ya va abriendo su mano: vé á la plaza, y merca pan, vino y carne;
-quebremos el ojo al diablo. Y mas te hago saber, porque te huelgues,
-que he alquilado otra casa, y en esta desastrada no hemos de estar mas
-en cumpliendo el mes. Maldita sea ella y el que en ella puso la primera
-teja, que con mal en ella entré. Por nuestro Señor, cuanto ha que en
-ella vivo, gota de vino ni bocado de carne no he comido, ni he habido
-descanso ninguno, mas tal vista tiene, y tal obscuridad y tristeza. Vé
-y ven presto, y comamos hoy como condes. Tomo mi real y jarro, y á los
-pies dándoles priesa, comienzo á subir mi calle, encaminando mis pasos
-para la plaza muy contento y alegre. Mas ¿qué me aprovecha, si está
-constituido en mi triste fortuna, que ningun gozo me venga sin zozobra?
-Y así fue este, porque yendo la calle arriba, echando mi cuenta en lo
-que le emplearia que fuese mejor y mas provechosamente gastado, dando
-infinitas gracias á Dios que á mi amo habia hecho con dinero, á deshora
-me vino al encuentro un muerto, que por la calle abajo muchos clérigos,
-y gente en unas andas traían. Arriméme á la pared por darles lugar, y
-así que el cuerpo pasó, venia luego á par del féretro una que debia ser
-la mujer del difunto, cargada de luto y con ella otras muchas mujeres;
-la cual iba llorando á grandes voces, y diciendo: ¡marido y señor mio,
-adónde me os llevan! ¡á la casa triste y desdichada, á la casa lóbrega
-y obscura, á la casa donde nunca comen ni beben! Yo que aquello oí,
-juntóseme el cielo con la tierra, y dije: ¡ó desdichado de mi! para mi
-casa llevan este muerto.
-
-Dejo el camino que llevaba, y hendí por medio de la gente, y vuelvo por
-la calle abajo á todo el mas correr que pude para mi casa; y entrando
-en ella, cierro á grande priesa, invocando el ausilio y favor de mi
-amo, abrazándome de él, que me venga á ayudar y á defender la entrada.
-El cual algo alterado, pensando que fuese otra cosa, me dijo: ¿qué es
-eso, mozo? ¿qué voces das? ¿qué has, porqué cierras la puerta con tal
-furia? O señor, dije yo, acuda aquí, que nos traen acá un muerto. ¿Cómo
-así, respondió él? Aquí arriba le encontré, dije yo, y venia diciendo
-su mujer: ¡marido y señor mio, adónde os llevan! ¡á la casa lóbrega y
-obscura, á la casa triste y desdichada, á la casa donde nunca comen ni
-beben! acá, señor, nos le traen. Y ciertamente cuando mi amo esto oyó,
-aunque no tenia porque estar muy risueño, rió tanto, que muy gran rato
-estuvo sin poder hablar. En este tiempo tenia ya yo echada el aldaba á
-la puerta, y puesto el hombro en ella por mas defensa. Pasó la gente
-con su muerto, y yo todavía me recelaba que nos le habian de meter en
-casa. Y luego que fue ya mas harto de reir que de comer, el bueno de mi
-amo díjome: verdad es, Lázaro, segun la viuda iba diciendo, tu tuviste
-razon de pensar lo que pensaste; mas pues Dios lo ha hecho mejor y
-pasan adelante, abre, abre, y ve por de comer.
-
-Dejadlos, señor, acaben de pasar la calle, dije yo. Al fin vino mi amo
-á la puerta de la calle, y ábrela esforzándome; que bien era menester
-segun el miedo y alteracion, y me tornó á encaminar.
-
-Mas aunque comimos bien aquel dia, maldito el gusto yo tomaba en ello,
-ni en aquellos tres dias torné en mi color; y mi amo muy risueño todas
-las veces que se acordaba de aquella mi consideracion.
-
-De esta manera estuve con mi tercero y pobre amo, que fue este
-escudero, algunos dias, y en todos deseando saber la intencion de su
-venida y estada en esta tierra, porque desde el primer dia que con él
-asenté, le conocí ser extranjero por el poco conocimiento y trato que
-con los naturales de ella tenia. Al cabo se cumplió mi deseo y supe
-lo que deseaba; porque un dia que habíamos comido razonablemente y
-estaba algo contento, contóme su historia, y díjome ser de Castilla la
-Vieja, que habia dejado su tierra no mas de por no quitar el bonete á
-un caballero, vecino suyo. Señor, dije yo, si él era lo que decis y
-tenia mas que vos, no errábais en quitárselo primero, pues decis que
-él tambien os lo quitaba. Si es, y si tiene, y tambien me le quitaba
-él á mí; mas de cuantas veces yo se le quitaba primero, no fuera malo
-comedirse él alguna y ganarme por la mano. Paréceme, señor, le dije
-yo, que en eso no mirara, mayormente con mis mayores que yo, y que
-tienen mas. Eres muchacho, me respondió, y no sientes las cosas de
-la honra, en que el dia de hoy está todo el caudal de los hombres de
-bien. Pues hágote saber, que yo soy, como ves, un escudero; mas vótote
-á Dios, si al conde topo en la calle, y no me quita muy bien quitado
-del todo el bonete, que otra vez que venga, me sepa yo entrar en una
-casa, fingiendo yo en ella algun negocio, ó atravesar otra calle, si
-la hay antes que llegue á mi, por no quitársele: que un hidalgo no
-debe á otro que á Dios y al rey nada, ni es justo, siendo hombre de
-bien, se descuide de un punto de tener en mucho su persona. Acuérdome
-que un dia deshonré en mi tierra á un oficial, y quise poner en él las
-manos, porque cada vez que le topaba, me decia: mantenga Dios á vuestra
-merced. Vos, D. Villano Ruin, le dije yo, ¿porqué no sois bien criado?
-manténgaos Dios, me habeis de decir, como si fuese quien quiera. De
-allí adelante de aquí acullá me quitaba el bonete, y hablaba como
-debia. ¿Y no es buena manera de saludar un hombre á otro, dije yo,
-decirle que le mantenga Dios? Mira, mozo, dijo él, á los hombres de
-poca arte dicen eso, mas á los mas altos como yo, no les han de hablar
-menos de: beso las manos de vuestra merced: ó por lo menos, bésoos,
-señor las manos, si el que me habla es caballero. Y así de aquel de mi
-tierra que me atestaba de mantenimiento, nunca mas le quise sufrir,
-ni sufriria á hombre del mundo del rey abajo, que manténgaos Dios,
-me diga. Pecador de mi, dije yo, por eso tiene tan poco cuidado de
-mantenerte, pues no sufre que nadie se lo ruegue. Mayormente, dijo, que
-no soy tan pobre que no tenga en mi tierra un solar de casas, que á
-estar ellas en pie y bien labradas, diez y seis leguas de donde nací,
-en aquella costanilla de Valladolid, valdrian mas de doscientos mil
-maravedís, segun se podrian hacer grandes y buenas. Y tengo un palomar
-que á no estar derribado, como está, daria cada año mas de doscientos
-palominos; y otras cosas que me callo, que dejé por lo que tocaba á mi
-honra: y vine á esta ciudad, pensando que hallaria un buen asiento, mas
-no me ha sucedido como pensé. Canónigos y señores de la iglesia muchos
-hallo, mas es gente tan limitada, que no les sacará de su paso todo el
-mundo. Caballeros de media talla tambien me ruegan, mas servir á estos
-es gran trabajo, porque de hombre os habeis de convertir en malilla,
-y sino anda con Dios, os dicen: y las mas veces son los pagamentos á
-largos plazos, y las mas ciertas comido por servido. Ya cuando quieren
-reformar conciencia, y satisfaceros vuestros sudores, sois librado
-en la recámara en un sudado jubon, ó raida capa ó sayo. Ya cuando
-asienta hombre con un señor de título, todavía pasa su laceria; ¿pues
-por ventura no hay en mi habilidad para servir y contentar á estos?
-Por Dios si con él topase, muy gran privado suyo pienso que fuese, y
-que mil servicios le hiciese, porque yo sabria mentirle tan bien como
-otro, y agradarle á las mil maravillas; reirle mucho sus donaires y
-costumbres, aunque no fuesen las mejores del mundo: nunca decirle cosa
-que le pesase, aunque mucho le cumpliese; ser muy diligente en su
-persona en dicho y hecho; no matarme por no hacer bien las cosas que
-él no habia de ver, y ponerme á reñir, donde él lo viese, con la gente
-de su servicio, porque pareciese tener gran cuidado de lo que á él
-tocaba; si riñese con alguno su criado, dar unos puntillos agudos para
-encenderle la ira, y que pareciesen en favor del culpado; decirle bien
-de lo que bien le estuviese, y por el contrario ser malicioso mofador;
-hablar mal de los de casa y de los de fuera; pesquisar y procurar saber
-vidas ajenas, para contárselas, y otras muchas galas de esta calidad,
-que hoy dia se usan en palacio, y á los señores de él parecen bien, y
-no quieren ver en sus casas hombres virtuosos; antes los aborrecen y
-tienen en poco, y llaman necios, y que no son personas de negocios, ni
-con quien el señor se puede descuidar. Y con estos los astutos usan,
-como digo, el dia de hoy de lo que yo usaria; mas no quiere mi ventura
-que le halle.
-
-De esta manera lamentaba tambien su adversa fortuna mi amo, dándome
-relacion de su persona valerosa. Pues estando en esto, entró por la
-puerta un hombre y una vieja; el hombre le pide el alquiler de la casa,
-y la vieja el de la cama. Hacen cuenta, y de dos meses le alcanzaron lo
-que él en un año no alcanzara: pienso que fueron doce ó trece reales.
-Y él les dió muy buena respuesta, que saldria á la plaza á trocar una
-pieza de á dos, y que á la tarde volviesen. Mas su salida fue sin
-vuelta; por manera que á la tarde ellos volvieron, mas fue tarde: yo
-les dije, que aun no era venido.
-
-Venida la mañana, los acreedores vuelven y preguntan por el vecino;
-mas á estotra puerta. Las mujeres les responden: veis aquí su mozo,
-y la llave de la puerta. Ellos me preguntaron por él, y díjeles que
-no sabia adonde estaba, y que tampoco habia vuelto á casa, desde que
-salió á trocar la pieza, y que pensaba que de mi y de ellos se habia
-ido con el trueco. Luego que esto me oyeron, van por un alguacil y
-un escribano, y he aquí que los dos vuelven luego con ellos, y toman
-la llave y llámanme, y llaman testigos y abren la puerta, y entran
-á embargar la hacienda de mi amo hasta ser pagados de su deuda.
-Anduvieron toda la casa, y halláronla desembarazada como he contado, y
-dícenme: ¿qué es de la hacienda de tu amo? ¿sus arcas y paños de pared,
-y alhajas de casa? No sé yo eso, les respondí. Sin duda, dicen ellos,
-esta noche lo deben de haber alzado y llevado á alguna parte. Señor
-alguacil, prended á este mozo, que él sabe donde está. En esto vino el
-alguacil, y echóme mano por el collar del jubon, diciéndome; muchacho,
-tu eres preso, si no descubres los bienes de este amo tuyo. Yo como
-en otra tal no me hubiese visto, porque asido del collar, sí, habia
-sido muchas veces, mas era mansamente de él trabado, para que mostrase
-el camino al que no veía; yo tuve mucho miedo, y llorando prometíle
-decir lo que me preguntaban. Bien está, dicen ellos: pues dí lo que
-sabes y no hayas temor. Sentóse el escribano en un poyo para escribir
-el inventario, preguntándome que tenia. Señores, dije yo, lo que este
-amo mio tiene, segun él me dijo, es un muy buen solar de casas, y un
-palomar derribado. Bien está, dicen ellos. Por poco que eso valga,
-hay para reintegrarnos de la deuda: ¿Y á qué parte de la ciudad tiene
-eso, me preguntaron? En su tierra, les respondí. Por Dios que está
-bueno el negocio, dijeron ellos, ¿y á dónde es su tierra? De Castilla
-la Vieja me dijo que él era, les dije. Riéronse mucho el alguacil y
-el escribano, diciendo: bastante relacion es esta para cobrar vuestra
-deuda, aunque mejor fuese. Las vecinas que estaban presentes dijeron:
-señores, este es un niño inocente, y ha pocos dias que está con ese
-escudero, y no sabe de él mas que vuestras mercedes, sino cuanto el
-pecadorcico se llega aquí á nuestra casa, y le damos de comer lo que
-podemos por amor de Dios, y á la noche se va á dormir con él.
-
-Vista mi inocencia, dejáronme dándome por libre: y el alguacil y el
-escribano piden al hombre y á la mujer sus derechos, sobre lo cual
-tuvieron gran contienda y ruido; porque ellos alegaron no ser obligados
-á pagar, pues no habia de qué, ni se hacia el embargo. Los otros
-decian, que habian dejado de ir á otro negocio que les importaba mas
-por venir á aquel. Finalmente despues de dadas muchas voces, al cabo
-carga un porqueron con el viejo alfamar de la vieja, y aunque no iba
-muy cargado, allá iban todos cinco dando voces: no sé en que paró. Creo
-yo que el pecador alfamar pagara por todos; y bien se empleaba, pues
-al tiempo que habia de reposar y descansar de los trabajos pasados, se
-andaba alquilando.
-
-Así como he contado, me dejó mi pobre tercero amo, do acabé de conocer
-mi ruin dicha: pues señalándose todo lo que podia contra mi, hacia
-mis negocios tan al revés, que los amos que suelen ser dejados de los
-mozos, en mí no fuese así, mas que mi amo me dejase y huyese de mi.
-
-
-
-
- Como Lázaro se asentó con un fraile de la Merced,
- y de lo que le acaeció con él.
-
-
-Hube de buscar el cuarto, y este fue un fraile de la Merced, adonde las
-mujercillas que digo me encaminaron, al cual ellas llamaban pariente:
-gran enemigo del coro y de comer en el convento, perdido por andar
-fuera, amicísimo de negocios seglares y visitas; tanto que pienso que
-rompia él mas zapatos que todo el convento. Este me dió los primeros
-zapatos que rompí en mi vida, mas no me duraron ocho dias, ni yo pude
-con su trote durar mas. Y por esto y por otras cosillas que no digo,
-salí de él.
-
-
-
-
- Como Lázaro se asienta con un bulero,
- y de las cosas que con él pasó.
-
-
-En el quinto por mi ventura di, que fue un bulero, el mas desenvuelto,
-y desvergonzado, y el mayor echador de ellas que jamás yo vi ni ver
-espero, ni pienso, ni nadie vió: porque tenia y buscaba modos y
-maneras, y muy sutiles invenciones. En entrando en los lugares do
-habian de presentar la bula, primero presentaba á los clérigos ó curas
-algunas cosillas no de mucho valor ni substancia. Una lechuga murciana,
-si era por el tiempo; un par de limas ó naranjas, un melocoton, un par
-de duraznos, ó á cada uno sus sendas peras verdiñales. Así procuraba
-tenerlos propicios, porque favoreciesen su negocio y llamasen á sus
-feligreses á tomar la bula, ofreciéndole á él las gracias. Informábase
-de la suficiencia de ellos: si decian que entendian no hablaba palabra
-en latin, por no dar tropezon: mas aprovechábase de un gentil y bien
-cortado romance y desenvueltísima lengua. Y si sabia que los dichos
-clérigos eran de los reverendos, digo, que mas con dineros que con
-letras y con reverendas se ordenan, hacíase entre ellos un Santo Tomás,
-y hablaba dos horas en latin, á lo menos que lo parecia, aunque no lo
-era. Cuando por bien no le tomaban las bulas, buscaba como por mal se
-las tomasen, y para aquello hacia molestias al pueblo, y otras veces
-con mañosos artificios. Y porque todos los que veía hacer, seria largo
-de contar, diré uno muy sutil y donoso, con el cual probaré bien su
-suficiencia. En un lugar de la Sagra de Toledo habia predicado dos
-ó tres dias, haciendo sus acostumbradas diligencias, y no le habian
-tomado bula, ni á mi ver tenian intencion de tomársela; y él estaba
-dado al diablo con aquello. Y pensando que hacer se acordó de convidar
-al pueblo á otro dia de mañana para despedir la bula. Y esa noche
-despues de cenar pusiéronse á jugar la colacion él y el alguacil, y
-sobre el juego vinieron á reñir y á haber palabras. Sobre esto el señor
-comisario, mi señor, tomó un lanzon que en el portal do jugaban estaba.
-El alguacil puso mano á su espada, que en la cinta tenia. Al ruido y
-voces que todos dimos, acuden los huéspedes y vecinos, y métense en
-medio; y ellos muy enojados, procurándose desembarazar de los que en
-medio estaban, para matarse. Mas como la gente al gran ruido cargase,
-y la casa estuviese llena de ella, viendo que no podian afrentarse con
-las armas, decíanse palabras injuriosas, entre las cuales el alguacil
-dijo á mi amo, que era falsario, y las bulas que predicaba eran falsas.
-Finalmente los del pueblo viendo que no bastaban para ponerlos en paz,
-acordaron de llevar al alguacil de la posada á otra parte; y así quedó
-mi amo muy enojado. Y despues que los huéspedes y vecinos le hubieron
-rogado que perdiese el enojo y se fuese á dormir, así nos echamos todos.
-
-La mañana venida mi amo se fue á la iglesia, y mandó tañer á misa y
-al sermon para despedir la bula: y el pueblo se juntó, el cual andaba
-murmurando de las bulas, diciendo como eran falsas, y que el mismo
-alguacil riñendo lo habia descubierto: de manera que tras que tenian
-mala gana de tomarla, con aquello del todo la aborrecieron. El señor
-comisario se subió al púlpito, y comienza su sermon, y á animar la
-gente á que no quedasen sin tanto bien é indulgencia como la santa bula
-traía. Estando en lo mejor del sermon entró por la parte de la iglesia
-el alguacil; y luego que hizo oracion, levantóse, y con voz alta y
-pausada cuerdamente comenzó á decir:
-
-Buenos hombres, oidme una palabra, que despues oireis á quien
-quisiéreis. Yo vine aquí con este echacuervos que os predica, el cual
-me engañó y dijo que le favoreciese en este negocio, y que partiríamos
-la ganancia. Y ahora visto el daño que haria á mi conciencia y á
-vuestras haciendas, arrepentido de lo hecho os declaro claramente que
-las bulas que predica son falsas, y que no le creais ni las tomeis,
-y que yo _directè_ ni _indirectè_ no soy parte en ellas, y que desde
-ahora dejo la vara y doy con ella en el suelo: y si en algun tiempo
-este fuese castigado por la falsedad, que vosotros me seais testigos
-como yo no soy con él, ni le doy á ello ayuda, antes os desengaño y
-declaro su maldad, y acabó su razonamiento.
-
-Algunos hombres honrados que allí estaban, se quisieron levantar, y
-echar al alguacil fuera de la iglesia por evitar escándalo, mas mi amo
-les fue á la mano, y mandó á todos que so pena de excomunion no le
-estorbasen, mas que le dejasen decir todo lo que quisiese; y así él
-tambien tuvo silencio, mientras el alguacil dijo todo lo que he dicho.
-
-Como calló, mi amo le preguntó si queria decir mas, que lo dijese. El
-alguacil dijo: harto mas hay que decir de vos y de vuestra falsedad,
-mas por ahora basta.
-
-El señor comisario se hincó de rodillas en el púlpito, y puestas las
-manos y mirando al cielo dijo así: Señor Dios, á quien ninguna cosa
-es escondida, antes todas manifiestas, y á quien nada es imposible,
-antes todo posible; tu sabes la verdad, y cuan injustamente yo soy
-afrentado. En lo que á mi toca, yo le perdono, porque tu, Señor, me
-perdones. No mires aquel, que no sabe lo que hace ni dice: mas la
-injuria á ti hecha, te suplico y por justicia te pido, no disimules,
-porque alguno que está aquí, que por ventura pensó tomar aquesta santa
-bula, dando crédito á las falsas palabras de aquel hombre, lo dejará
-de hacer. Y pues es con tanto perjuicio del prójimo, te suplico yo,
-Señor, no le desimules, mas luego muestra aquí milagro, y sea de esta
-manera, que si es verdad lo que aquel dice y que yo traigo maldad y
-falsedad, este púlpito se hunda conmigo y meta siete estados debajo de
-tierra, do él ni yo jamás parezcamos. Y si es verdad lo que yo digo, y
-aquel persuadido por el demonio (por quitar y privar á los que están
-presentes de tan gran bien) dice maldad, tambien sea castigado, y de
-todos conocida su malicia.
-
-Apenas habia acabado su oracion el devoto señor mio, cuando el negro
-alguacil cae de su estado, y da tal golpe en el suelo, que la iglesia
-toda hizo resonar; y comenzó á bramar y echar espumarajos por la boca
-y torcerla, y hacer visajes con el gesto, dando de pie y de mano,
-revolviéndose por aquellos suelos á una parte y á otra. El estruendo y
-voces de la gente era tan grande, que no se oían unos á otros. Algunos
-estaban espantados y temerosos. Unos dicen: el Señor le socorra y
-valga; otros: bien se le emplea, pues levantaba tan falso testimonio.
-
-Finalmente algunos que allí estaban, y á mi parecer no sin harto temor,
-se llegaron y le trabaron de los brazos, con los cuales daba fuertes
-puñadas á los que cerca de él estaban. Otros le tiraban por las piernas
-y tenian reciamente, porque no habia mula falsa en el mundo que tan
-recias coces tirase: y así le tuvieron un gran rato; porque mas de
-quince hombres estaban sobre él, y á todos daba las manos llenas, y si
-se descuidaban, en los hocicos.
-
-Á todo esto el señor mi amo estaba en el púlpito de rodillas, las manos
-y los ojos puestos en el cielo, transportado en la divina esencia, que
-el planto y ruido y voces que en la iglesia habia, no eran parte para
-apartarle de su divina contemplacion. Aquellos buenos hombres llegaron
-á él, y dando voces le despertaron y le suplicaron quisiese socorrer á
-aquel pobre que estaba muriendo, y que no mirase á las cosas pasadas
-ni á sus dichos malos, pues ya de ellos tenia el pago; mas si en algo
-podia aprovechar para librarle del peligro y pasion que padecia, por
-amor de Dios lo hiciese, pues ellos veían clara la culpa del culpado
-y la verdad y bondad suya, pues á su peticion y venganza el Señor no
-alargó el castigo.
-
-El señor comisario, como quien despierta de un dulce sueño, los miró,
-y miró al delincuente y á todos los que al rededor estaban, y muy
-pausadamente les dijo: buenos hombres, vosotros nunca habíais de
-rogar por un hombre en quien Dios tan señaladamente se ha señalado.
-Mas pues él nos manda, que no volvamos mal por mal y perdonemos las
-injurias, con confianza podremos suplicar, que le cumpla lo que nos
-manda, y su Magestad perdone á este que le ofendió, poniendo en su
-santa fe obstáculo. Vamos todos á suplicarle. Y así bajó del púlpito y
-encomendóles, que muy devotamente suplicasen á nuestro Señor tuviese
-por bien de perdonar á aquel pecador, y volverle en su salud y sano
-juicio, y lanzar de él el demonio, si su Magestad habia permitido que
-por su gran pecado en él entrase. Todos se hincaron de rodillas, y
-delante del altar con los clérigos comenzaban á cantar con voz baja una
-letanía, y viniendo él con la cruz y agua bendita, despues de haber
-sobre él cantado, el señor mi amo, puestas las manos al cielo y los
-ojos, que casi nada se le parecia sino un poco de blanco, comienza una
-oracion no menos larga que devota, con la cual hizo llorar á toda la
-gente, como suelen hacer en los sermones de la pasion de predicador y
-auditorio devoto; suplicando á nuestro Señor, pues no queria la muerte
-del pecador, sino su vida y arrepentimiento, que á aquel encaminado por
-el demonio y persuadido de la muerte y pecado, le quisiese perdonar y
-dar vida y salud, para que se arrepintiese y confesase sus pecados.
-Y esto hecho, mandó traer la bula y puso en la cabeza, y luego el
-pecador del alguacil comenzó poco á poco á estar mejor y tornar en
-sí. Y luego que fue bien vuelto en su acuerdo, echóse á los pies del
-señor comisario, y demandóle perdon, confesó haber dicho aquello por
-la boca y mandamiento del demonio, lo uno por hacer el daño y vengarse
-del enojo, lo otro y mas principal, porque el demonio recibia mucha
-pena del bien que allí se hiciera en tomar la bula. El señor mi amo le
-perdonó, y fueron hechas las amistades; y á tomar la bula hubo tanta
-priesa, que casi ánima viviente en el lugar no quedó sin ella; marido y
-mujer, hijos é hijas, mozos y mozas.
-
-Divulgóse la nueva de lo acaecido por los lugares comarcanos: y cuando
-á ellos llegábamos, no era menester sermon ni ir á la iglesia; que á
-la posada la venian á tomar, como si fueran peras que se dieran de
-balde: de manera que en diez ó doce lugares de aquellos alrededores
-donde fuímos, echó el Señor mi amo otras tantas mil bulas sin predicar
-sermon. Cuando hizo el ensayo, confieso mi pecado que tambien fuí de
-ello espantado, y creí que así era como otros muchos. Mas con ver
-despues la risa y burla que mi amo y el alguacil llevaban y hacian
-del negocio, conocí como habia sido industriado por el industrioso é
-inventivo de mi amo; y aunque muchacho, cayóme mucho en gracia, y dije
-entre mi: ¿cuántas de estas deben de hacer estos burladores entre la
-inocente gente?
-
-Finalmente estuve con este mi quinto amo cerca de cuatro meses, en los
-cuales pasé tambien hartas fatigas.
-
-
-
-
- Como Lázaro se asentó con un capellan,
- y lo que con él pasó.
-
-
-Despues de esto asenté con un maestro de pintar panderos, para molerle
-los colores; y tambien sufrí mil males.
-
-Siendo ya en este tiempo buen mozuelo, entrando un dia en la Iglesia
-mayor, un capellan de ella me recibió por suyo, y púsome en poder un
-buen asno y cuatro cántaros y un azote, y comencé á echar agua por la
-ciudad.
-
-Este fue el primer escalon que yo subí para venir á alcanzar buena
-vida, porque mi boca era medida. Daba cada dia á mi amo treinta
-maravedís ganados, y los sábados ganaba por mi, y todo lo demás entre
-semana de treinta maravedís. Fueme tan bien en el oficio, que al cabo
-de cuatro años que le usé, con poner en la ganancia buen recaudo,
-ahorré para vestirme muy honradamente de la ropa vieja, de la cual
-compré un jubon de fustan viejo, y un sayo raido de manga tranzada y
-puerta, y una capa que habia sido frisada, y una espada de las viejas
-primeras de Cuellar. Luego que me vi en hábito de hombre de bien, dije
-á mi amo se tomase su asno que no queria mas seguir aquel oficio.
-
-
-
-
- Como Lázaro asienta con un alguacil,
- y de lo que le acaeció con él.
-
-
-Despedido del capellan, asenté por hombre de justicia con un alguacil,
-mas muy poco viví con él, por parecerme oficio peligroso, mayormente
-que una noche nos corrieron á mi y á mi amo á pedradas y á palos
-unos retraidos; y á mi amo que esperó, trataron mal, mas á mi no me
-alcanzaron.
-
-Con esto renegué del trato. Y pensando en qué modo de vivir haria mi
-asiento por tener descanso y ganar algo para la vejez, quiso Dios
-alumbrarme, y ponerme en camino y manera provechosa; y con favor que
-tuve de amigos y señores, todos mis trabajos y fatigas hasta entonces
-pasados fueron pagados con alcanzar lo que procuré, que fue un oficio
-real, viendo que no hay nadie que medre, sino los que le tienen: en el
-cual el dia de hoy yo vivo y resido á servicio de Dios y de vuestra
-merced. Y es que tengo cargo de pregonar los vinos que en esta ciudad
-se venden, y en almonedas y cosas perdidas; acompañar á los que padecen
-persecuciones por justicia, y declarar á voces sus delitos: pregonero,
-hablando en buen romance. Hame sucedido tan bien y yo le he usado tan
-facilmente, que casi todas las cosas al oficio tocantes pasan por mi
-mano; tanto que en toda la ciudad el que ha de echar vino á vender ó
-algo, si Lázaro de Tormes no entiende en ello, hacen cuenta de no sacar
-provecho.
-
-En este tiempo viendo mi habilidad y buen vivir, teniendo noticia de
-mi persona el señor arcipreste de San Salvador, mi señor, y servidor
-y amigo de vuestra merced, porque le pregonaba sus vinos, procuró
-casarme con una criada suya. Y visto por mi que de tal persona no podia
-venir sino bien y favor, acordé de hacerlo, y así me casé con ella;
-y hasta ahora no estoy arrepentido, porque fuera de ser buena hija,
-diligente y servicial, tengo en mi señor Arcipreste todo favor y ayuda:
-y siempre en el año le da en veces al pie de una carga de trigo, por
-las pascuas su carne, y cuando el par de los bodigos, las calzas viejas
-que deja, é hízonos alquilar una casilla á par de la suya. Los domingos
-y fiestas casi todas las comíamos en su casa: mas malas lenguas que
-nunca faltaron, no nos dejan vivir, diciendo no sé qué: que ven á mi
-mujer irle á hacer la cama y guisarle de comer. Y mejor les ayude Dios
-que ellos dicen la verdad, porque además de no ser ella mujer que se
-pague de estas burlas, mi señor me ha prometido lo que pienso cumplirá,
-que el me habló un dia muy largo delante de ella, y me dijo: Lázaro de
-Tormes, quien ha de mirar á dichos de malas lenguas, nunca medrará.
-Digo esto, porque no me maravillaria, alguno viendo entrar en mi casa
-tu mujer y salir de ella. Ella entra muy á tu honra y suya, y esto te
-lo prometo. Por tanto no mires á lo que pueden decir, sino á lo que te
-toca, digo, á tu provecho. Señor le dije, yo determiné de arrimarme
-á los buenos. Verdad es que algunos de mis amigos me han dicho algo
-de eso, y aun por mas de tres veces me han certificado, que antes
-que conmigo casase habia parido tres veces, hablando con reverencia
-de vuestra merced, porque está ella delante. Entonces mi mujer echó
-juramentos sobre sí, que yo pensé la casa se hundiera con nosotros: y
-despues tornóse á llorar y á echar mil maldiciones sobre quien conmigo
-la habia casado: en tal manera que quisiera ser muerto, antes que se
-me hubiera soltado aquella palabra de la boca. Mas yo de un cabo y mi
-señor de otro, tanto le dijimos y otorgamos, que cesó su llanto, con
-juramento que le hice de nunca mas en mi vida mentarle nada de aquello,
-y que yo holgaba y habia por bien de que ella entrase y saliese de
-noche y de dia, pues estaba bien seguro de su bondad. Y así quedamos
-todos tres bien conformes. Hasta el dia de hoy nunca nadie nos oyó
-sobre el caso; antes cuando alguno siento que quiere decir algo de
-ella, le atajo y le digo: mira, si sois mi amigo, no me digais cosa que
-me pese, que no tengo por mi amigo al que me hace pesar, mayormente si
-me quieren meter mal con mi mujer, que es la cosa del mundo que yo mas
-quiero, y la amo mas que á mi, y me hace Dios con ella mil mercedes y
-mas bien que yo merezco, que yo juraré sobre la hostia consagrada, que
-es tan buena mujer como vive dentro de las puertas de Toledo, y quien
-otra cosa me dijere, me mataré con él. De esta manera no me dicen nada,
-y yo tengo paz en mi casa.
-
-Esto fue el mismo año que nuestro victorioso emperador en esta insigne
-ciudad de Toledo entró y tuvo en ella cortes, y se hicieron grandes
-regocijos y fiestas, como vuestra merced habrá oido.
-
-
-
-
- Da cuenta Lázaro de la amistad que tuvo en Toledo
- con unos tudescos, y lo que con ellos pasaba.
-
-
-En este tiempo estaba en mi prosperidad y en la cumbre de toda buena
-fortuna: y como yo siempre anduviese acompañado de una buena galleta,
-de unos buenos frutos que en esta tierra se crian para muestra de
-lo que pregonaba, cobré tantos amigos y señores así naturales como
-extranjeros, que do quiera que llegaba, no habia para mi puerta
-cerrada, y en tanta manera me vi favorecido, que me parece si entonces
-matara á un hombre, ó me acaeciera algun caso recio, hallara todo
-el mundo de mi bando y tuviera en aquellos mis señores todo favor
-y socorro. Mas yo nunca los dejaba boquisecos, queriéndolos llevar
-conmigo á lo mejor que yo habia echado en la ciudad, en donde hacíamos
-la buena y espléndida vida. Allí nos aconteció muchas veces entrar en
-nuestros pies y salir en ajenos: y lo mejor de esto es que todo este
-tiempo maldita la blanca Lázaro de Tormes gastó ni se la consentian
-gastar. Antes si alguna vez yo de industria echaba mano á la bolsa
-fingiendo quererlo pagar tomábanlo por afrenta, y mirábanme con alguna
-ira, y decian: _nite_, _nite_, _asticot_, _lanz_; reprendiéndome y
-diciendo: que donde ellos estaban, nadie habia de pagar blanca. Yo con
-aquello moríame de amores de tal gente, porque no solo esto, mas de
-perniles de tocino, pedazos de piernas de carnero, cocidas en aquellos
-cordiales vinos, con mucha de la fina especie, y de sobras de cecinas
-y de pan me henchian la falda y los senos cada vez que nos juntábamos,
-que tenia en mi casa de comer yo y mi mujer hasta hartar una semana
-entera. Acordábame en estas harturas de mis hambres pasadas, y alababa
-al Señor y dábale gracias, que así andan las cosas y tiempos.
-
-Mas como dice el refran: _quien bien te hará, ó se te irá, ó se
-morirá_. Así me acaeció, que se mudó la gran corte como hacer suele,
-y al partir fuí muy requerido de aquellos mis grandes amigos me
-fuese con ellos, y que me harian y acontecerian. Mas acordándome del
-proverbio que dice: _mas vale el mal conocido que el bien por conocer_,
-agradeciéndoles su buena voluntad, con muchos abrazos y tristeza me
-despedí de ellos. Y cierto, si casado no fuera, no dejara su compañía,
-por ser gente hecha muy á mi gusto y condicion: y es vida graciosa la
-que viven, no fantásticos ni presuntuosos, sin escrúpulo ni asco de
-entrarse en cualquier bodegon la gorra quitada, si el vino lo merece:
-gente llana y honrada, y tal y tan bien proveida, que no me la dé Dios
-peor, cuando buena sed tuviere. Mas el amor de la mujer y de la patria,
-que ya por mia tengo, pues como dicen; _¿de dó eres, hombre?_ tiraron
-por mi. Y así me quedé en esta ciudad, aunque muy conocido de los
-moradores de ella, con mucha soledad de los amigos y vida cortesana.
-
-Estuve muy á mi placer, con acrecentamiento de alegría y linaje por el
-nacimiento de una hermosa niña, que en estos medios mi mujer parió,
-y que aunque yo tenia alguna sospecha, ella me juró que era mia:
-hasta que á la fortuna le pareció haberme mucho olvidado, y ser justo
-tornarme á mostrar su airado y severo gesto cruel, y aguarme estos
-pocos años de sabrosa y descansada vida con otros tantos de trabajos
-y amarga muerte. ¡O gran Dios! y ¡quién podrá escribir un infortunio
-tan desastrado, y acaecimiento tan sin dicha, que no deje holgar el
-tintero, poniendo la pluma á sus ojos!
-
-
- FIN DEL LAZARILLO DE TORMES.
-
-
-
-
- ÍNDICE.
-
-
- _Pág._
-
- EL EDITOR. I
-
- LUIS TRIBALDOS DE TOLEDO AL LECTOR. V
-
- NOTICIAS DE LA VIDA DE D. DIEGO HURTADO DE MENDOZA. IX
-
- Libro I. 1
-
- Libro II. 43
-
- Libro III. 88
-
- Libro IV. 141
-
- DISCURSO DEL CONDE DE PORTALEGRE. 178
-
-
- LA VIDA DEL LAZARILLO DE TORMES.
-
- PRÓLOGO DEL AUTOR. 185
-
- Cuenta Lázaro su vida y quien era su padre. 187
-
- Como Lázaro se asentó con un clérigo, y de las cosas que con él
- pasó. 198
-
- Como Lázaro se asentó con un escudero, y de lo que le acaeció
- con él. 209
-
- Como Lázaro se asentó con un fraile de la Merced, y de lo que le
- acaeció con él. 225
-
- Como Lázaro se asienta con un bulero, y de las cosas que con él
- pasó. 226
-
- Como Lázaro se asentó con un capellan, y lo que con él pasó. 231
-
- Como Lázaro asienta con un alguacil, y de lo que le acaeció
- con él. 232
-
- Da cuenta Lázaro de la amistad que tuvo en Toledo con unos
- tudescos y lo que con ellos pasaba. 234
-
-
- FIN DEL ÍNDICE.
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of Guerra de Granada: Hecha por el rey D.
-Felipe II, contra los Moriscos de aquel reino, sus rebeldes; Seguida de la vida del Lazarillo de Tormes, sus fortunas y adversidades, by Diego Hurtado de Mendoza
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK GUERRA DE GRANADA: HECHA POR ***
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- "Guerra de Granada hecha por el Rey D. Felipe II contra los moriscos de aquel reino, sus reveldes" seguida de
- "La vida del Lazarillo de Tormes, sus fortunas y adversidades"
- by D. Diego Hurtado de Mendoza&mdash;A Project Gutenberg eBook.
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-
-<pre>
-
-The Project Gutenberg EBook of Guerra de Granada: Hecha por el rey D.
-Felipe II, contra los Moriscos de aquel reino, sus rebeldes; Seguida de la vida del Lazarillo de Tormes, sus fortunas y adversidades, by Diego Hurtado de Mendoza
-
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-
-Title: Guerra de Granada: Hecha por el rey D. Felipe II, contra los Moriscos de aquel reino, sus rebeldes; Seguida de la vida del Lazarillo de Tormes, sus fortunas y adversidades
-
-Author: Diego Hurtado de Mendoza
-
-Release Date: December 26, 2019 [EBook #61022]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK GUERRA DE GRANADA: HECHA POR ***
-
-
-
-
-Produced by Nahum Maso i Carcases, Ramon Pajares Box and
-the Online Distributed Proofreading Team at
-http://www.pgdp.net (This file was produced from images
-generously made available by The Internet Archive/American
-Libraries.)
-
-
-
-
-
-
-</pre>
-
-
-<div class="body-with">
-
-
-<hr class="tn" />
-<div class="transnote">
-<p class="no-indent center bold">Notas del Transcriptor</p>
-
-<p>Se han respetado la grafía y la acentuación del original, así como
-las inconsistencias en éstas.</p>
-
-<p>Se han corregido los errores obvios de imprenta.</p>
-
-<p>Las notas a pie de página se han renumerado y agrupado al final del
-libro correspondiente.</p>
-
-<p>Ciertos navegadores y lectores de libros electrónicos podrían
-mostrar el texto en versalita en mayúsculas/minúsculas.</p>
-
-<p>El índice se encuentra al final del libro y es accesible mediante
-el enlace: <a href="#Page_237">«ÍNDICE»</a>.</p>
-
-<p>Las páginas en blanco presentes en el original se han eliminado en
-la versión electrónica.</p>
-</div>
-<hr class="tn" />
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<div class="figcenter" style="width: 400px;">
-<img src="images/illust01.jpg" width="400" height="444" alt="Ilustración de D. Diego Hurtado de Mendoza" />
-<div class="caption"><p>D. DIEGO HURTADO DE MENDOZA.</p></div>
-</div>
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<h1>
-<span class="xlarge">GUERRA</span>
-<br />
-<span class="xxlarge">DE GRANADA</span>
-<br />
-<span class="large">HECHA POR EL REY D. FELIPE II</span>
-<br />
-<span class="small">CONTRA LOS MORISCOS DE AQUEL REINO, SUS REBELDES.</span></h1>
-
-<p class="p1 center no-indent small">HISTORIA ESCRITA POR</p>
-
-<p class="p1 center no-indent large">D. Diego Hurtado de Mendoza.</p>
-
-<p class="p2 center no-indent small">SEGUIDA DE</p>
-
-<p class="p1 center no-indent large bold">LA VIDA DEL LAZARILLO DE TORMES,</p>
-
-<p class="p1 center no-indent bold">SUS FORTUNAS Y ADVERSIDADES.</p>
-
-<p class="p1 center no-indent small">por el mismo autor.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 150px;">
-<img src="images/illust02.jpg" width="150" height="125" alt="Ilustración imprenta de Juan Oliveres" />
-</div>
-
-<p class="center no-indent xlarge">Barcelona.</p>
-<p class="center no-indent">IMPRENTA DE JUAN OLIVERES, EDITOR,</p>
-<p class="center no-indent small">CALLE DE ESCUDELLERS, N. 53.</p>
-<hr class="title-xshort" />
-<p class="center no-indent">1842.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_i" id="Page_i">[i]</a></span></p>
-
-<h2>El Editor.</h2>
-
-
-<p><span class="smcap">Bastaria</span> citar la advertencia que precede á la última edicion
-de esta obra hecha en Valencia, para acreditar que
-nos sirve de texto en la reimpresion de esta historia un
-ejemplar de los mas cuidadosamente impresos; pero no lo
-creemos necesario, cuando se deja entender facilmente que
-para hacer ventajosa nuestra edicion debíamos valernos de
-la mejor conocida. Son sin embargo demasiado buenas para
-omitidas las líneas siguientes.</p>
-
-<p>«Preferí por lo mismo la última edicion de 1776 como el
-texto mas seguro y completo, si bien noté que no se habia
-guardado la exactitud debida al copiar los pasajes publicados
-por Iriarte; pues he tenido que verificar diez correcciones,
-algunas harto importantes, para restituirlos á su verdadera
-y genuina lectura. Tambien he observado en ella
-<i>modernizadas</i> algunas voces de la edicion primitiva, la cual
-ha llegado á mis manos, cuando esta andaba ya muy adelantada
-y no podia dejar de seguirse el plan adoptado desde
-el principio. Aprovecho esta ocasion para manifestar
-francamente, que en un texto de nuestra lengua, tan respetable
-por su antigüedad como por su diccion castiza, me
-sonarian mejor <i>agora</i>, <i>antigo</i>, <i>auctoridad</i>, <i>baptizado</i>, <i>captivar</i>,
-<i>captivo</i>, <i>delictos</i>, <i>dubdoso</i>, <i>ducientos</i>, <i>escriptores</i>, <i>Filipe</i>,
-<i>fructo</i>, <i>impeto</i>, <i>mesmo</i>, <i>perjudicial</i>, <i>proprio</i>, <i>succeso</i>,
-<i>tiniendo</i> y <i>via</i>, porque de este modo los pronunciaban Mendoza
-y muchos de sus contemporáneos. Con todo no ha sido
-inútil aquella adquisicion para rectificar algunos lugares
-de los dos libros últimos.»</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_ii" id="Page_ii">[ii]</a></span></p>
-
-<p>«He colocado al fin los párrafos del conde de Portalegre
-con que se completaba en las cuatro primeras ediciones
-el libro III, á fin de que ni este trozo, que ahora ya no es
-necesario, se eche de menos en la presente. He resucitado
-además el prólogo de Luis Tribaldos, suprimido en la última,
-tanto por no privarle de la gloria de ser el primero
-que publicó la <i>Historia de la guerra de Granada</i>, como por
-explicarse allí los motivos de la tardanza en darla á luz y la
-escrupulosidad con que se siguió un manuscrito digno de
-toda fe. De los sumarios marginales, que no son parto de
-D. Diego de Mendoza ni aun de Tribaldos, solo he dejado,
-como notas al pie de las respectivas páginas, los pocos que
-sirven realmente para aclarar ó ilustrar la historia.»</p>
-
-<p>«Hubiera sido de desear que el primer editor y los que le
-siguieron hubiesen tenido el cuidado de despejar algo, por
-medio de una buena puntuacion, la oscuridad á que da
-márgen frecuentemente el estilo cortado y conciso de nuestro
-historiador. «Ningun escritor» (observa con razon
-Capmany en el tomo III del <i>Teatro histórico-crítico de la
-elocuencia española</i>) «necesitaba de mayor exactitud en
-la puntuacion ortográfica, y cabalmente ninguno la ha
-merecido mas desatinada y monstruosa de sus editores,
-acabando por la impresion de Valencia de 1776, á pesar
-del esmero que allí se promete y no se cumple. Admira
-como se han hallado lectores que se confiesen enamorados
-de las ideas y estilo de este historiador; siendo imposible
-que leyendo las cláusulas desatadas ó confundidas por la
-perversa ortografía, comprendan claramente el sentido
-del escrito ni la mente del escritor.» Puedo decir con ingenuidad
-que he aspirado á reparar este daño; mas lejos
-de lisonjearme de haberlo conseguido cual quisiera, creo
-imposible lograrlo en muchos pasajes, á no alterar el texto.
-No debe olvidarse que la primera edicion se hizo á vista
-de una copia, y no del original, y que ó bien la muerte
-subrecogió á Hurtado de Mendoza cuando acaba de formar
-el bosquejo de su historia; ó pensando dejarla inédita, quedó<span class="pagenum"><a name="Page_iii" id="Page_iii">[iii]</a></span>
-sin aquella última mano, reservada á la lectura de las
-primeras y segundas pruebas de la impresion, y aun falta
-de la lima que suele dar el autor á sus escritos despues de
-concluidos. Como quiera, no nos es permitido tocar ahora
-en lo mas mínimo la produccion, ó el borrador, ó sean los
-primeros apuntes de aquel grande hombre. Descúbrense
-en ellos, á pesar de ciertos lunares, todas las dotes de un
-historiador sesudo é imparcial, el puro y enérgico lenguaje
-de nuestros mayores, y los golpes maestros que en tres
-ó cuatro palabras describen un hecho importante, ó caracterizan
-con igual precision los personajes de su historia. Al
-artista que contempla con asombro las formas, el sobresalto
-y el expresivo dolor de las varias figuras que componen el admirable
-grupo del Laocoonte, jamás le ocurre pararse en la
-cortedad de la pierna de uno de los muchachos; imperfeccion
-que siendo debida á falta del mármol, en nada rebaja
-el mérito del escultor griego. Así los que leen con ojos inteligentes
-esta historia, hallan sobradas bellezas que les
-arrebaten el ánimo, para hacer alto en lijeros descuidos,
-que solo procuran abultar los que nunca serán capaces de
-escribir el trozo mas débil de tan sublime modelo.»</p>
-
-<p>Publicamos á continuacion de la <i>Guerra de Granada</i> la
-<i>Vida del Lazarillo de Tormes</i> que es sin disputa trabajo de
-nuestro autor, pues por tal le reconocen y han reconocido
-todos los literatos, si se exceptúa á Fr. José de Sigüenza,
-que como verá quien la vida de Mendoza leyere, lo atribuyó
-á un religioso gerónimo. Pero es de advertir que los frailes
-hacian como algunos maniáticos anticuarios, que para
-honrar el país en donde están ó en que nacieron se remontan
-á los siglos fabulosos, y á trueque de dar mayor antigüedad
-á una ciudad ó suponerla tal ó tal otro fundador, desmienten,
-niegan, critican y zahieren á diestro y á siniestro
-para ganar una honrilla ilusoria. Fraile ha habido que para
-dar prez á su órden habria hecho cristiano á Virgilio, y
-puéstole un sayal por añadidura para hacer la Eneida obra
-de un fraile. Dejemos pues aparte el voto de Sigüenza y no<span class="pagenum"><a name="Page_iv" id="Page_iv">[iv]</a></span>
-le quitemos á Mendoza el honor de haber dado á luz el <i>Lazarillo</i>.
-Obra amena y de agradable entretenimiento pertenece
-á otro género muy diferente y á otro estilo que la <i>Guerra
-de Granada</i>, y esta seria ya una razon para que la diésemos
-en el <i>Tesoro</i>, cuando no fuese la produccion segunda
-del autor en mérito y valor literario.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_v" id="Page_v">[v]</a></span></p>
-
-<h2>LUIS TRIBALDOS DE TOLEDO
-<br /><br />
-<span class="smaller">AL LECTOR</span>.</h2>
-
-
-<p><span class="smcap">Siendo</span> don Diego de Mendoza de los sugetos de España
-mas conocidos en toda Europa, fuera cosa superflua ponerme
-á describirle; principalmente habiéndolo hecho
-en pocos pero elegantes renglones el señor don Baltasar
-de Zuñiga. Tampoco me detendré en alabar esta historia,
-ni en probar que es absolutamente la mejor que se
-escribió en nuestra lengua; porque ningun docto lo niega,
-y pudieráseme preguntar lo que Archidamo, lacedemonio,
-á quien le leia un elogio de Hércules: <i>¿Et
-quis vituperat?</i> Solamente diré, qué causas hubo para no
-publicarse antes; las que me movieron á hacerlo agora;
-qué ejemplar seguí en esta edicion, y qué márgenes.</p>
-
-<p>Cuanto á lo primero, es muy sabido y muy antiguo
-en el mundo el odio á la verdad, y muy ordinario padecer
-trabajos y contradiciones los que la dicen, y aun
-mas los que la escriben. Del conocimiento de este principio
-nace, que todos los historiadores cuerdos y prudentes
-emprenden lo sucedido antes de sus tiempos, ó
-guardan la publicacion de los hechos presentes para siglo
-en que ya no vivan los de quien ha de tratar su narracion.
-Por esto nuestro don Diego determinó no publicar
-en su vida esta historia, y solo quiso, con la libertad
-que no solo en él, mas en toda aquella ilustrísima casa
-de Mondejar es natural dejar á los venideros entera noticia
-de lo que realmente se obró en la guerra de Granada;<span class="pagenum"><a name="Page_vi" id="Page_vi">[vi]</a></span>
-y pudo bien alcanzarla, por su agudeza y buen juicio;
-por tio del general que la comenzó, adonde todo
-venia á parar; por hallarse en el mismo reino, y aun
-presente á mucho de lo que escribe: afectó la verdad,
-y consiguióla, como conocerá facilmente quien cotejare
-este libro con cuantos en la materia han salido. Porque
-en ninguno leemos nuestras culpas ó yerros tan sin rebozo;
-la virtud, ó razon tan bien pintada; los sucesos
-todos tan verisímiles: marcas por las cuales se gobiernan
-los lectores en el crédito de lo que no vieron. La
-determinacion de don Diego me prueban unas gravísimas
-palabras, escritas de su letra, al principio de un
-traslado de esta historia que presentó á un amigo suyo,
-en que juntamente pronostica lo que hoy vemos. «Veniet,
-qui conditam, et sæculi sui malignitate compressam
-veritatem, dies publicet. Paucis natus est, qui populum
-ætatis suæ cogitat. Multa annorum millia, multa
-populorum supervenient: ad illa respice. Etiamsi
-omnibus tecum viventibus silentium livor indixerit,
-venient, qui sine offensa, qui sine gratia judicent.»
-Senec. Epistol. 79. Dije que no quiso sacarla: añado,
-que ni pudo, porque no la dejó acabada, y le falta
-aun la última mano; lo que luego se echa de ver en
-repetir cosas, que bastaban una vez dichas: como la significacion
-de atajar y atajadores, los daños de la milicia
-concejil, y otras de este jaez; y aun mas de algunas
-notables omisiones que hacen bulto, y muestran
-falta, cual la de la toma de Galera, y muerte de Luis
-Quijada, advertida y elegantemente suplida por el gran
-conde de Portalegre; y otra no menor, cuando siendo
-encomendado lo de la sierra de Ronda á los dos duques de
-Medina Sidonia y de Arcos, cuenta muy extensamente
-el progreso de este; pero en el otro hace tan alto silencio,<span class="pagenum"><a name="Page_vii" id="Page_vii">[vii]</a></span>
-que ni aun nos declara las causas de no venir á la
-empresa; siendo así que para ello debió un tan gran
-señor tenerlas, y aun muchas, y muy justificadas. Otras
-faltas apuntara, mas basten estas dos para ejemplo. Muerto
-don Diego, viviendo aun personas que él nombraba,
-duraba el impedimento, que en vida: demás de que los
-eruditos, á quien semejantes cuidados tocan, quieren
-mas ganar fama con escritos propios, que aprovechar á la
-república con dar á luz los ajenos.</p>
-
-<p>Cuanto á lo segundo, hoy que son ya pasados cerca
-de sesenta años, y no hay vivo ninguno de los que aquí
-se nombran, cesa ya el peligro de la escritura, no doliendo
-á nadie verse allí mas ó menos lucido; y aunque
-hay de ellos ilustrísimos descendientes, ó parientes, por
-haber militado en esta guerra una muy gran parte de
-la nobleza de España, seria demasiado melindre, y aun
-desconfianza, celar alguna faltilla del difunto, que les
-toca, cuando ninguna de las que se notan es mortal,
-ni de las que disminuyen la honra ó la fama; porque estas
-no las hubo, ni se cometieron, ni don Diego, siendo
-quien era, se habia de olvidar tanto de sus obligaciones,
-que las perpetuase, aun cuando se hubieran cometido.
-Porque la historia escríbese para provecho y utilidad
-de los venideros, enseñándolos, y honrándolos, no
-corriéndolos, ó afrentándolos, aun cuando para escarmiento
-quiera tal vez ensangrentarse la pluma. Tampoco
-me acordaba el quedar imperfecta; pues si este Júpiter
-olímpico, estando sentado, toca con la cabeza el
-techo del templo, ¿adónde llegara con ella, si se le levantara
-en pie? ¿adónde, si le colocaran y subieran en
-una basis?</p>
-
-<p>En esta edicion lo que principalmente procuré, fue
-puntualidad, sin dar lugar á ninguna conjetura, ni enmendar<span class="pagenum"><a name="Page_viii" id="Page_viii">[viii]</a></span>
-alguno por juicio propio: cotejé varios manuscritos,
-hallándolos entre sí muy diferentes, hasta que
-me abracé con el último, y sin duda alguna el mas
-original, que es uno del duque de Aveiro, en forma
-de cuarto, trasladado de mano del comendador Juan
-Bautista Labaña, y corregido de la del conde de Portalegre,
-con el cual conocí cuan en balde habia cansádome
-con otros. Este texto es el que sigo, sin alterarle
-en nada, y es el genuino, y propio, de quien en su introduccion
-habla aquel gran conde. Deseaba yo ornar
-las márgenes con lugares de autores clásicos, bien imitados
-por el nuestro, y no me fuera muy difícil juntarlos,
-mas guardándolo para la postre, me sobrevino esta
-enfermedad tan larga y pesada que me imposibilitó:
-y porque se me da mucha priesa, los guardo para segunda
-edicion, si acaso hubiere, que espero serán muy
-gratos á los doctos. Dábame pesadumbre que fuese esta
-gran obra tan desnuda, que ni unos sumarios llevase,
-hasta que se me acordó de los que leí en un manuscrito
-de esta historia, que ha tres años me prestó aquí un caballero,
-que agora está en Lisboa; adonde al amigo que
-atiende á la edicion, encargué buscarlos, y ponerlos; y
-segun veo en los veinte pliegos que ya están impresos,
-cuando esto escribo, podrán servir en el interin; y esto
-es cuanto se me ofrece decir al lector.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_ix" id="Page_ix">[ix]</a></span></p>
-
-<h2>NOTICIAS
-<br /><br />
-<span class="smaller">DE LA VIDA</span>
-<br /><br />
-DE D. DIEGO HURTADO DE MENDOZA.</h2>
-
-
-<p><span class="smcap">Siendo</span> las vidas de los varones ilustres eficacísimos ejemplares,
-que persuaden prácticamente á la imitacion de sus acciones, determiné
-escribir la de D. Diego Hurtado de Mendoza, excelente escritor
-y discretísimo político; para que al mismo tiempo que de su historia
-de Granada, se tenga noticia de sus estudios, aplicacion y manejo en
-los negocios públicos, que fueron los que le proporcionaron para escribir
-con tanto acierto.</p>
-
-<p>Nació en la ciudad de Granada á fines del año 1503, ó principios del
-siguiente: su padre, uno de los mas célebres generales que sirvieron
-á los Reyes Católicos en la conquista de aquel reino, fue D. Iñigo Lopez
-de Mendoza, segundo conde de Tendilla, y primer marqués de
-Mondejar, hijo del conde de Tendilla, que fue hermano entero del
-duque del Infantado, D. Diego Hurtado de Mendoza, y ambos hijos
-del célebre D. Iñigo de Mendoza primer marqués de Santillana; su
-madre D.ª Francisca Pacheco segunda mujer del marqués, é hija de
-D. Juan Pacheco marqués de Villena, y primer duque de Escalona<a name="FNanchor_1_1" id="FNanchor_1_1"></a><a href="#Footnote_1_1" class="fnanchor">[1]</a>.
-Fue el quinto entre sus hermanos, que todos han merecido loable recomendacion
-en nuestra historia: D. Luis el primogénito, capitan
-general del reino de Granada, y despues presidente del Consejo:
-D. Antonio virey en ambas Américas: D. Francisco obispo de Jaen; y
-D. Bernardino de Mendoza, general de las galeras de España: consta
-tambien que tuvo dos hermanas, Doña Isabel, que casó con D. Juan
-Padilla, y Doña Maria, mujer de D. Antonio Hurtado, conde de Monteagudo<a name="FNanchor_2_2" id="FNanchor_2_2"></a><a href="#Footnote_2_2" class="fnanchor">[2]</a>.</p>
-
-<p>No hay pruebas para persuadir naciese en Toledo, como quiso
-D. Tomás Tamayo de Vargas, y consta que sus padres permanecieron
-en Granada todos aquellos años, por ser necesaria su presencia en
-ciudad recien conquistada, inquieta y sospechosa, y que con motivo
-del excesivo celo del cardenal Jimenez por la conversion de los mahometanos,<span class="pagenum"><a name="Page_x" id="Page_x">[x]</a></span>
-se levantó al fin en el mes de diciembre de 1499, y duraron
-los movimientos de aquel reino casi dos años<a name="FNanchor_3_3" id="FNanchor_3_3"></a><a href="#Footnote_3_3" class="fnanchor">[3]</a>.</p>
-
-<p>No es creible que por huir de aquel peligro, se retirase á Toledo la
-marquesa, heroina de ánimo tan varonil, que en la fuerza del alboroto
-del Albaicin, luego que el marqués llegó á sosegar los sediciosos,
-se quedó con sus hijos pequeños, en una casa junto á la mezquita
-mayor, á manera de rehenes<a name="FNanchor_4_4" id="FNanchor_4_4"></a><a href="#Footnote_4_4" class="fnanchor">[4]</a>.</p>
-
-<p>Logró D. Diego particular instruccion en su niñez, y verosimilmente
-la mayor parte de ella de Pedro Mártir de Angleria; pues habiendo
-este instruido á todos los magnates de aquel tiempo, viviendo en
-Granada, y estando tan obligado á los Mendozas, que el primer conde
-de Tendilla le trajo á España, y mantuvo estrecha comunicacion con
-el padre de D. Diego<a name="FNanchor_5_5" id="FNanchor_5_5"></a><a href="#Footnote_5_5" class="fnanchor">[5]</a>, franquearia á este la instruccion que con
-menor obligacion habia comunicado á los demás. Aprendió allí gramática,
-y algunas nociones de la lengua arábiga, que cultivó toda su
-vida. Pasó despues á Salamanca, donde estudió las lenguas latina y
-griega, filosofía y derecho civil y canónico. En aquel tiempo fue cuando
-parece escribió por entretenimiento, y como descanso de mas
-graves estudios, <i>La vida del Lazarillo de Tormes</i>, obra ingeniosa, de
-buen lenguaje, y singular invencion: Fr. Josef de Sigüenza afirma que
-el autor del <i>Lazarillo</i> fue Fr. Juan de Ortega, religioso gerónimo, pero
-generalmente se cree que fue D. Diego de Mendoza.</p>
-
-<p>Inclinado por su genio á engolfarse en acciones de mayor estrépito
-y renombre, pasó á Italia, y militó muchos años. No constan en particular
-las guerras, ni batallas en que se halló, pero hablando él mismo
-del mal aparejo y desórdenes que veía en la guerra de Granada,
-los compara con los <i>numerosos ejércitos en que yo me hallé</i>, dice, <i>guiados
-por el emperador D. Cárlos, y otros por el rey Francisco de Francia</i>;
-de donde se puede conjeturar se halló en el ejército que sitió á Marsella
-en 1524, y en la batalla de Pavía, en que afirma Sandoval se
-distinguió la compañía de D. Diego de Mendoza, que es favorable conjetura
-para creer fuese nuestro autor; si bien eran algunos los que en
-aquel tiempo se conocian con el mismo nombre y apellido, que no
-se puede afirmar por cosa cierta.</p>
-
-<p>Igualmente es verosímil que concurrió á la guerra que se hizo contra
-Lautrec sobre el ducado de Milan, y á la batalla de la Bicoca en
-1522, así como á la entrada de Cárlos V en Francia el año 1536. Lo cierto
-es, que aun siguiendo la inquietud y estruendo de las armas, manifestaba
-su ardiente inclinacion á la literatura, y en el tiempo del
-invierno en que aquellas regularmente permitian mas descanso y
-ociosidad, dejaba los cuarteles y pasaba á las mas célebres universidades,<span class="pagenum"><a name="Page_xi" id="Page_xi">[xi]</a></span>
-como Bolonia, Padua, Roma y otras, para aprender de los
-maestros de mayor mérito, matemáticas, filosofía y otras ciencias<a name="FNanchor_6_6" id="FNanchor_6_6"></a><a href="#Footnote_6_6" class="fnanchor">[6]</a>.
-Oyó entre otros á Agustin Nifo y á Juan Montesdoca, famoso filósofo
-sevillano, muy aplaudido y premiado en las universidades de
-Italia, y que murió en 1532<a name="FNanchor_7_7" id="FNanchor_7_7"></a><a href="#Footnote_7_7" class="fnanchor">[7]</a>.</p>
-
-<p>Sus talentos, aplicacion y distinguida estirpe le hicieron tan recomendable
-á Cárlos V, que formando concepto muy sublime de las
-prendas de D. Diego, le apreció mucho en tiempo de su imperio, y
-le confió los negocios y embajadas mas críticas de su reinado. En 1538
-se hallaba ya de embajador en Venecia. El año antes habia hecho la
-liga santa contra el turco, el papa, el emperador, y los venecianos; y
-no correspondiendo las ventajas á los deseos de la señoría, desconfiaba
-ya, y temia mayores pérdidas: y como las instrucciones del embajador
-tenian por objeto mantenerla firme contra el turco, y que no se
-aliase con la Francia; luego que advirtió D. Diego las zozobras de los
-senadores, y que habian destinado á Constantinopla á Lorenzo Gritti
-para tratar de paces, hizo presente en una audiencia secreta con elocuente
-vehemencia, aunque con igual modestia, sabia que la república
-intentaba ajustar paces sin incluir á su soberano, que estaba
-dispuesto á continuar la guerra, y aun asistir en la armada<a name="FNanchor_8_8" id="FNanchor_8_8"></a><a href="#Footnote_8_8" class="fnanchor">[8]</a>. Pintó
-la incierta fe de los bárbaros diferentes en costumbres, religion, en
-leyes, y enemiguísimos de los cristianos, el sincero objeto de los
-aliados, por defender la iglesia, y oprimir á sus enemigos; que si en
-la pasada campaña no se habian logrado las esperanzas que esperaron
-se podian resarcir los daños en la primera ocasion, humillar al enemigo
-comun, y recobrar muchas de sus conquistas. Que si hacian las
-paces, y el emperador quedase en guerra, no disminuirian gastos,
-pues debian mantenerse armados, y perdian la esperanza de la mejora
-que podian tener, perseverando en la alianza. Concluyó que confiaba
-en la prudencia del senado, no querria buscar pretexto para
-abandonar la liga, ni preferir á esta las paces siempre peligrosas con
-el turco. Fue la respuesta, que habiendo sido infructuosa la liga años
-anteriores, y habiendo propuesto el rey de Francia una tregua general
-á todos los príncipes cristianos en Constantinopla, seria muy útil
-su aceptacion, para que el César se dispusiese á las expediciones que
-meditaba en Levante. Alcanzó en efecto Gritti con gran trabajo treguas
-por tres meses, sin quedar esperanza de la tregua universal, cuyo
-nombre aborrecian los turcos por el odio que tenian á Cárlos V. Ajustaron
-paces despues, y para ellas influyó mucho Francisco I, rey de
-Francia, que por contrarestar á Cárlos V estaba coligado con el turco,
-y entre otros le envió dos embajadores, César Fragoso, genovés, y<span class="pagenum"><a name="Page_xii" id="Page_xii">[xii]</a></span>
-Antonio Rincon, español, que muertos en el Pó por soldados españoles,
-y registrados, les encontraron las instrucciones, y entre ellas
-muchas concernientes á Venecia, y contrarias á sus intereses<a name="FNanchor_9_9" id="FNanchor_9_9"></a><a href="#Footnote_9_9" class="fnanchor">[9]</a>. Dirigiólas
-el marqués del Basto á D. Diego, y este las hizo presentes al
-senado, para que comprendiese las potencias en que debia fiarse, y
-cuan gran yerro habia cometido en abandonar la liga del emperador,
-procurando mantener y afianzar la amistad del rey de Francia, que
-como constaba en aquellas instrucciones, no cuidaba de los intereses
-de la república.</p>
-
-<p>Además de desempeñar la embajada con esplendor, perseveró con
-teson en el estudio, y sobre todo puso particular esmero en juntar
-manuscritos griegos, en hacerlos copiar á gran costa, buscarlos y
-traerlos de los mas remotos senos de la Grecia; de suerte que envió
-hasta la Tesalia y monte Athos á Nicolás Sofiano, natural de Corcira,
-á investigar y copiar cuanto hallase recomendable de la erudicion
-griega. Valióse tambien de Arnoldo Ardenio, doctísimo griego, para
-que le trasladase con extraordinarios gastos muchos códices manuscritos
-de varias bibliotecas, y particularmente de la que fue del cardenal
-Besarion.</p>
-
-<p>Por su medio logró la Europa muchas obras que aun no habia visto,
-y quizás no veria, de los mas célebres autores griegos, sagrados y profanos,
-como son san Basilio, san Gregorio Nacianceno, san Cirilo
-Alejandrino, todo Arquimedes, Heron, Apiano, y otros<a name="FNanchor_10_10" id="FNanchor_10_10"></a><a href="#Footnote_10_10" class="fnanchor">[10]</a>. De su
-biblioteca se publicaron las obras completas de Josefo; pero lo que
-principalmente la ha hecho memorable fue el regalo que le hizo el
-gran turco Soliman, por haberle enviado un cautivo, que amaba con
-extremo, libre y sin rescate, aunque Don Diego lo compró á gran
-precio de los que le habian hecho prisionero. El gran señor queria
-manifestar su agradecimiento con dones correspondientes á su grandeza,
-pero D. Diego admitió solo una recompensa propia de la nobleza
-de su nacimiento, y del desinterés de un ministro público. La señoría
-de Venecia se hallaba con extrema escasez de granos, y por sacarla
-de tan estrecho ahogo, pidió á Soliman permitiese á los vasallos
-de Venecia comprar libremente trigo en los estados turcos, y
-conducirlo á los de la república. Logró esta súplica, y otra segunda,
-que fue la remision de muchos manuscritos griegos, que preferia á
-los mas ricos tesoros. Varian mucho los autores sobre el número
-de ellos: Andrés Escoto no duda asegurar, que recibió una nave
-cargada de manuscritos: Claudio Clemente copia las mismas palabras
-en la historia de la biblioteca del Escurial: Ambrosio de Morales y
-D. Nicolás Antonio aseguran que fueron seis arcas llenas: últimamente<span class="pagenum"><a name="Page_xiii" id="Page_xiii">[xiii]</a></span>
-D. Juan de Iriarte en la Biblioteca de los manuscritos griegos de la
-librería real de esta corte, obra recomendable por su mérito y por las
-muchas noticias que da de varios escritos apreciables de célebres autores
-aun no publicados, rebaja extraordinariamente el número de
-volúmenes; y persuadido del catálogo de los manuscritos griegos de
-D. Diego que copió de un códice propio de la librería del duque de
-Alba, asegura que no fueron mas que treinta y un volúmenes; cuyo
-catálogo inserta en dicha biblioteca.</p>
-
-<p>Esta es la noticia que nos queda de tan celebrado don, y no es difícil
-resolver cual de las relaciones sea la verdadera; pues aunque de
-una parte es inmenso el número que dan á entender Andrés Escoto y
-Claudio Clemente, por otra es muy diminuto el que asigna el mencionado
-catálogo; ni sabemos quien le formó, ni si copió todos los que
-vinieron de Constantinopla: pudo tal vez elegir los mas selectos, ó
-aquellos de quien tuvo noticia, sino es que creamos lo hizo cuando
-ya estaba deshecha la librería de D. Diego, y solo numeró los códices
-que restaban. Parece pues mas verosímil y cierta la relacion de Don
-Nicolás Antonio; y así creemos que ni fue tanta la copia que pondera
-Escoto, ni tan pequeña como expresa el catálogo, que á la verdad ni
-corresponde al eco que corrió y corre en toda la Europa del mencionado
-regalo; ni á la grandeza de Soliman, que no sabemos fuese avaro
-de estas riquezas que poseia en tanta abundancia y que tan poco le
-servian. Sobre todo deja fuera de duda la verdad de la relacion de
-Morales, el haberla hecho este en una dedicatoria dirigida al mismo
-D. Diego, á quien conocia, y á quien trataba; á quien consultaba, y á
-quien habria oido muchas veces la verdadera narracion.</p>
-
-<p>De la diligencia de D. Diego en adquirir los manuscritos se convence
-la extravagante y atrevida maledicencia de Schochio, que fingió que
-para juntar la biblioteca que meditaba, hurtó los manuscritos griegos
-que dejó el cardenal Besarion á la república de Venecia, con tal sutileza,
-dice, que no se puede pensar mayor. Asegura que ya se habia
-venido á España cuando se advirtió que en lugar de aquellos habia
-puesto otros libros vulgares de igual volúmen, para que de ese modo
-no se descubriese tan facilmente el hurto. ¿Pero de quién habla este
-beocio? ¿Juzga acaso este tardo aleman que D. Diego de Mendoza era
-algun Glareano, algun Sciopio, ú otro oscuro gramático? Hay mucha
-diferencia entre los sabios: el nacimiento y la crianza dan ideas muy
-diferentes: el empleo y las riquezas de D. Diego le facilitaban la ejecucion
-de sus designios. ¿Qué particular hizo mayores gastos? ¿Quién
-tuvo valor para enviar á sus expensas á buscar manuscritos en los
-mas retirados senos de la Grecia? ¿Ni quién logró circunstancias mas
-oportunas? Además de esto se mantuvo muchos años en Venecia, incierto
-si permaneceria ó no en aquella ciudad; ¿pues cómo podria cometer
-tal desacierto sin exponerse á que lo descubrieran antes de
-retirarse? ¿Y qué pruebas expone Schochio? ¿qué autores cita para<span class="pagenum"><a name="Page_xiv" id="Page_xiv">[xiv]</a></span>
-apoyar proposicion tan atrevida? Quede pues por cierto que afirma
-lo que él seria capaz de cometer, y que creyó era algun Schochio el
-embajador de Cárlos V.</p>
-
-<p>Era su casa la mansion de las personas eruditas, trataba á los sabios
-de Italia con la estimacion de hombre que lo era. En el senado era un
-Demóstenes, y un Sócrates en casa. En aquel admiraban el torrente
-de su elocuencia los senadores; y en esta embelesaba con su erudicion,
-con sus noticias y discursos filosóficos, á los cardenales, obispos,
-nobles y literatos que con gran frecuencia le visitaban.</p>
-
-<p>Buen testigo es Paulo Manucio, celebérrimo humanista, que en aquel
-tiempo le dedicó las obras filosóficas de Ciceron, corregidas con sumo
-esmero; si bien dice, que ya D. Diego con su continua lectura y perspicacia
-habria hecho las mismas ó mas enmiendas. De aquella dedicatoria
-sabemos que se aplicaba principalmente á la filosofía; que tuvo
-una hermana sabia, muy instruida en la lengua latina, é igualmente
-valerosa, y que el dictámen de D. Diego en órden á la enseñanza de
-la juventud, era que gastasen el largo tiempo que dedican á la lengua
-latina, en aprender las ciencias en la lengua materna, como lo
-persuadió antes el cardenal Alcolti, que posaba en casa D. Diego. Favoreció
-á muchos griegos que llegaban huyendo de la penosa esclavitud
-del turco. Lázaro Bonamico le dirigió por este tiempo, ó poco
-despues una carta latina en verso heróico, en que describiendo el
-método de vida y estudios que él disfrutaba, le persuade se entregue
-á su genio, esto es, al estudio y consideracion de la naturaleza; realza
-su aplicacion á la filosofía, su vigilancia en procurar los intereses
-del César, y resistir al turco, enemigo comun, pondera su elocuencia,
-la estimacion que de su persona hacian los senadores, el socorro de
-trigo que por su causa evitó una horrible hambre en los estados venecianos,
-su generosidad en enviar á la Grecia personas que trajesen
-antiguos monumentos; y últimamente lo acepto que era á Cárlos V,
-y como se aprovechaba del valimiento, para que perdonase á unos,
-y favoreciese á otros.</p>
-
-<p>En estas ocupaciones pasaba, cuando le nombró el César gobernador
-de la república de Sena, sin que dejase, á lo que parece, la embajada
-de Venecia. Es Sena una ciudad de Toscana á cinco leguas de
-Florencia, rica, populosa, amiga de su libertad, que conservó por
-muchos siglos como república independiente; la discordia al fin dividió
-sus habitantes, que por último recurso acudieron al emperador, á
-quien pidieron patrocinio para poner freno á algunos ciudadanos turbulentos.
-Condescendió Cárlos V y envió á D. Diego de Mendoza, que
-informado de todas las disensiones, del orígen de ellas, y de los intereses
-particulares que movian á los seneses, procuró vencer por
-buenos términos todos los inconvenientes, y mantener los ciudadanos
-en tranquilidad<a name="FNanchor_11_11" id="FNanchor_11_11"></a><a href="#Footnote_11_11" class="fnanchor">[11]</a>. Sin duda manifiesta el afecto que tenia á<span class="pagenum"><a name="Page_xv" id="Page_xv">[xv]</a></span>
-aquella república en una representacion vehemente que hizo al emperador
-cuando pasó por la Italia el año de 1543, para asegurar aquellas
-costas del desembarco é invasion que amenazaba el turco, movido
-por Francisco I rey de Francia.</p>
-
-<p>Hallábase el César exhausto de dinero; tomó del rey de Portugal
-cuantiosas sumas, vendió á Cosme de Medicis, duque de Florencia, las
-fortalezas de Florencia y Liorna en ciento y cincuenta mil ducados,
-y estuvo en Bugeto con el pontífice, que vino á verle con el pretexto
-de ponerle en paz con el rey de Francia, y de adelantar el concilio tridentino;
-pero principalmente con el designio de comprar los estados
-de Milan y Sena para su nieto Octavio de Farnese. La escasez de dinero
-con que se hallaba el emperador le hacian, aunque con alguna
-repugnancia, dar oidos á estas cosas, y sin duda se hubiera efectuado
-la venta, á no haberle hecho D. Diego de Mendoza una representacion<a name="FNanchor_12_12" id="FNanchor_12_12"></a><a href="#Footnote_12_12" class="fnanchor">[12]</a>,
-en que exponia al emperador el deshonor que le resultaba
-de efectuar esta contrata, como lo mal que habia hecho en lo antecedente
-de las fortalezas de Florencia y Liorna: extendíase despues
-sobre la conducta del pontífice, sobre los trabajos que habia ocasionado
-al emperador, y como movió al rey de Francia, y consiguientemente
-al turco. Esta representacion tuvo el efecto que deseaba el
-autor de ella: desistió el emperador, pasó á Alemania dejando á
-D. Diego las instrucciones que debian dirigirle en la asistencia al concilio
-tridentino, que á grandes distancias de la cristiandad, y principalmente
-del emperador, habia convocado el papa Paulo III en bula
-de 22 de mayo de 1542. Despues de muchas dilaciones, inconvenientes
-y dudas sobre el lugar en que debia celebrarse, se habia elegido á
-Trento, ciudad que parte los términos de Italia y Alemania, y sujeta á
-Cristóbal Madrucci, obispo de ella, y poco despues cardenal.</p>
-
-<p>Ya el emperador habia expedido sus poderes desde Barcelona en 18
-de octubre de 1542, nombrando sus embajadores al gran canciller
-Granvela, su hijo el obispo de Arras, y D. Diego de Mendoza, quienes
-llegaron á Trento en 8 de enero de 1543; pues aunque el marqués
-de Aguilar embajador en Roma estaba tambien nombrado, no se apartó
-de aquella capital<a name="FNanchor_13_13" id="FNanchor_13_13"></a><a href="#Footnote_13_13" class="fnanchor">[13]</a>. Daba el emperador á todos cuatro en comun, y
-á cada uno en particular, poder y autoridad, para que representasen
-su persona, defendiesen y promoviesen sus derechos, y mantuviesen
-sus prerogativas, tanto como emperador, cuanto como rey de España,
-y señor de sus restantes dominios. Visitaron los embajadores á
-los legados, que eran los cardenales Moron, Paris y Polo, y extrañando
-la poca concurrencia de padres, preguntaron si las demás naciones
-habian prometido su asistencia al concilio, y en que términos debian
-ejercer la autoridad de embajadores en aquel congreso; evacuadas<span class="pagenum"><a name="Page_xvi" id="Page_xvi">[xvi]</a></span>
-ambas preguntas, quiso el gran canciller exponer en la iglesia mayor
-con toda solemnidad los poderes que traía del emperador, y manifestar
-los motivos de no asistir personalmente. Resistiéronse los legados,
-hubo amargas quejas; pero en fin se convino en que fuesen recibidos
-al siguiente dia públicamente en casa del legado Paris, el mas antiguo
-de los tres cardenales. El obispo de Arras expuso en una larga oracion,
-y ante gran concurso de gentes, los deseos y diligencias del emperador
-porque se celebrase el concilio: exhibieron sus poderes, é instaron
-en que se acelerase la venida de los prelados y teólogos italianos,
-y se estimulase á los franceses, pues ellos estaban prontos á permanecer
-allí, ó pasar á solicitar los obispos de Alemania. En efecto,
-Granvela por dar mayor calor á la celebracion del concilio, pues veía
-los pocos prelados que habian concurrido, daba á entender seria mas
-conveniente un concilio nacional en Alemania; proposicion que alteraba
-en extremo á los legados y á la corte romana. Al fin padre é hijo
-pasaron á la junta de Norimberg, y D. Diego quedó algunos meses en
-Trento. En este tiempo hizo la representacion mencionada sobre la
-venta de Milan, y viendo que los obispos de España no concurrian
-tan presto, y que muchos de los que vinieron á Trento se habian retirado,
-se volvió á su embajada de Venecia con grande sentimiento de
-los legados y del papa, que se quejó al emperador, pero al fin se aprobó
-su conducta, y expidió una bula, en que exponiendo las discordias
-sobrevenidas entre el rey Francisco y Cárlos V, y juntamente el
-terror que infundia en toda la Italia el turco con sus armas, retardaba
-el concilio á tiempo mas oportuno<a name="FNanchor_14_14" id="FNanchor_14_14"></a><a href="#Footnote_14_14" class="fnanchor">[14]</a>.</p>
-
-<p>En 24 de agosto del año 1534 dirigió un diploma á Cárlos V exhortándole
-á la paz, que efectuada con Francia proporcionó la nueva
-indiccion del concilio para 15 de mayo de 1545, aunque se prorogó
-el principio de él hasta 13 de diciembre. Por marzo volvió D. Diego de
-Venecia á Trento; y ajustadas las ceremonias con que se le habia de
-tratar, pretendió exponer en la iglesia mayor, lugar destinado á las
-sesiones del concilio, las cartas que le autorizaban, pero se convino
-en presentarlas en casa de los legados cardenales del Monte y
-Santa Cruz, donde manifestó sus poderes, y juntamente expuso en
-una oracion latina las intenciones del César, y el sincero ánimo en
-que se hallaba de concurrir por su parte á dar cumplimiento á los deseos
-de toda la cristiandad<a name="FNanchor_15_15" id="FNanchor_15_15"></a><a href="#Footnote_15_15" class="fnanchor">[15]</a>. Halláronse presentes el cardenal Madrucci,
-en cuya casa habitaban los legados y los obispos que hasta
-entonces habian concurrido, que fueron Tomás Copeggi de Feltre,
-Tomás de San Félix de la Cava, y Fr. Cornelio Muso, franciscano,
-obispo de Bitonto, y el mas elocuente predicador de su tiempo. Á 8
-de abril llegaron los embajadores del rey de romanos; celebróse una<span class="pagenum"><a name="Page_xvii" id="Page_xvii">[xvii]</a></span>
-solemne congregacion para recibirlos; y en ella pretendió D. Diego
-preceder al cardenal Madrucci, y sentarse despues de los legados,
-alegando que pues representaba al emperador, debia tener asiento
-en el mismo lugar que ocuparia S. M. Cesárea. Urgia el tiempo, y por
-no ser molesto, ni inutilizar aquella junta, convino en colocarse de
-modo, que ni cedia ni tomaba precedencia alguna.</p>
-
-<p>Volvió en otra ocasion á instar sobre lo mismo, diciendo que si se
-hallasen juntos el padre santo y el emperador, ninguno podia pretender
-ponerse en medio, y que lo mismo debian observar las personas
-que los representaban; añadiendo que obraba con el parecer y
-consejo de hombres doctos. Respondieron los legados en términos
-generales se hallaban dispuestos á dar á cada uno su debido lugar; pero
-que por sí mismos no tomaban resolucion sobre sus pretensiones;
-y que era necesario aguardar la respuesta de Roma sobre ellas. Convino
-gustoso el embajador, porque como sabia la grande autoridad
-que los emperadores habian tenido siempre en los concilios, esperaba
-se hallasen en los archivos romanos documentos incontestables
-que autorizasen su preeminencia: añadió estaba pronto á ceder fuera
-del concilio á cualquier sacerdote, pero en él, nadie despues del
-papa tenia mayor autoridad y preeminencia que su príncipe<a name="FNanchor_16_16" id="FNanchor_16_16"></a><a href="#Footnote_16_16" class="fnanchor">[16]</a>.</p>
-
-<p>Los legados deseaban principiar el concilio; pero el corto número
-de obispos que hasta entonces habian llegado, y otros motivos que
-tenia el emperador, obligaban á D. Diego á detenerlo con sus justos
-y fundados reparos.</p>
-
-<p>Ocupábase entre tanto en sus estudios; buscaba el trato de las personas
-sabias, y ofreciéndose celebrar el nacimiento del infante de
-España el príncipe D. Cárlos, acaecido en 8 de julio de 1545, dispuso
-tres solemnes fiestas, en que oraron el obispo de San Marcos, napolitano,
-sabio en latin y griego, Fr. Domingo Soto, y el elocuente fray
-Cornelio Muso.</p>
-
-<p>Los cuidados, la aplicacion, ó la mudanza de aires alteraron su
-salud, y comenzó á padecer unas cuartanas, que le obligaron á retirarse
-á Venecia, y le molestaron muchos meses; pero no por esto
-dejó de cuidar de Sena, de su embajada de Venecia, y de lo del concilio,
-donde pasaba algunas veces. Al fin celebrado el congreso de
-Worms, le ordenó el emperador asistiese en Trento, porque no se
-dijese quedaba por sus ministros dar principio al concilio. En 13
-de diciembre de 1545 se hizo la abertura tan deseada, con la mayor
-solemnidad, y se celebró la primera sesion, y en 7 de enero de 1546
-la segunda, á las que no pudiendo asistir D. Diego por hallarse enfermo
-en Venecia, envió su secretario Alonso Zorrilla, para que hiciese
-presente su indisposicion<a name="FNanchor_17_17" id="FNanchor_17_17"></a><a href="#Footnote_17_17" class="fnanchor">[17]</a>. La sesion tercera se tuvo en 4 de febrero<span class="pagenum"><a name="Page_xviii" id="Page_xviii">[xviii]</a></span>
-del mismo año, y despues de la cuarta llegó á Trento D. Francisco
-de Toledo, embajador de Cárlos V, porque reconociendo D. Diego la
-terquedad de su indisposicion, y cuan necesaria era la asistencia de
-los embajadores imperiales, habia suplicado al César enviase otro en
-su lugar, como se le concedió, con la circunstancia de que el compañero
-ejerciese por sí solo las funciones de la embajada, ó en compañía
-de D. Diego, si la salud de este lo permitiese. D. Francisco pasó despues
-de cuatro dias á Padua á visitar á su compañero, para que le enterase
-á fondo de las instrucciones del emperador, de las de los legados,
-y del método que era menester seguir en un congreso tan sagrado
-y de tan delicadas circunstancias<a name="FNanchor_18_18" id="FNanchor_18_18"></a><a href="#Footnote_18_18" class="fnanchor">[18]</a>.</p>
-
-<p>Aun sin estar libre de sus cuartanas, que fueron tan perniciosas que
-se llegó á temer de su vida, pasó de Padua á Trento á instancias de
-D. Francisco de Toledo, que volvió á visitarle, y del doctor Paez de
-Castro, que vino en su compañía; y juzgaron los padres tan necesaria
-su asistencia á la congregacion general que precedió á la sesion quinta,
-que la difirieron un dia, porque en el que se habia de celebrar,
-era el mismo en que sobrevendria la fiebre á D. Diego. Queriendo los
-legados proceder á la decision de los dogmas, D. Diego aconsejó á Don
-Martin Perez de Ayala (que habia llegado á Trento en el mes de setiembre
-de 1546, y le habia aposentado despues de muchos ruegos en
-su propia casa, tanto por el aprecio que hacia de sus virtudes y literatura,
-como porque habia sido confesor de su hermano el obispo de
-Jaen, ya muerto desde el año de 43), que como tan instruido en la
-materia <i>de justificatione</i>, que á la sazon querian decidir, manifestase el
-modo de pensar de los herejes, y notase las decisiones que pretendian
-hacer los legados por diminutas, y que no comprendian todos
-los errores de los protestantes. D. Martin Perez de Ayala pidió audiencia,
-peroró en ella una hora, expuso la materia, y de tal modo pintó
-sus consecuencias, que se examinó la doctrina mas de otros cuatro
-meses<a name="FNanchor_19_19" id="FNanchor_19_19"></a><a href="#Footnote_19_19" class="fnanchor">[19]</a>. Aunque D. Diego rara vez concurria á las congregaciones
-particulares á causa de su indisposicion, quiso no obstante asistir á
-aquella en que fueron recibidos los embajadores de Francia, por dar
-mas solemnidad al acto, y manifestarles su buen ánimo, y la armonía
-que deseaba entablar, y mantener con ellos<a name="FNanchor_20_20" id="FNanchor_20_20"></a><a href="#Footnote_20_20" class="fnanchor">[20]</a>.</p>
-
-<p>Por estos dias se publicó impresa en Venecia la Suma de los Concilios
-de fray Bartolomé Carranza, dominicano, famoso por su valimiento
-y su caida, dedicada á D. Diego, que respondió al autor en
-una carta latina aunque breve, elocuente y nerviosa. Juan Paez de
-Castro, célebre doctor cronista y capellan de honor de Felipe II, habia<span class="pagenum"><a name="Page_xix" id="Page_xix">[xix]</a></span>
-pasado á aquella ciudad recomendado á D. Diego por Gerónimo
-de Zurita, exacto historiador de Aragon, y por Gonzalo Perez, secretario
-de Felipe II, conocido por la traduccion de la Odisea, y mucho
-mas por los excesos de su hijo Antonio Perez. Procuró D. Diego
-adelantarle, comunicóle sus libros, quiso llevarle á vivir consigo,
-animóle á estudiar con teson, y á trabajar principalmente en la inteligencia
-y restitucion de los autores antiguos. Consta por las cartas de
-aquel sabio escritas á Gerónimo de Zurita, que habia leido la traduccion
-al castellano de la mecánica de Aristóteles hecha por D. Diego,
-quien tambien le habia hecho glosas: «Es tan bueno y tan humano,
-dice hablando de D. Diego, que puede V. decir: <i>Nil oriturum alias,
-nil ortum tale fatentes</i>. Su erudicion es muy varia, y extraña; es gran
-aristotélico y matemático; latino y griego, que no hay quien se le
-pare; al fin es un hombre muy absoluto. Los libros que aquí ha traido
-son muchos, y son en tres maneras: unos de mano griegos en
-gran copia; otros impresos en todas facultades; otros de los luteranos:
-todos estos están públicos para quien los pide, si no son los luteranos,
-que no se dan sino á los hombres que tienen necesidad de los
-ver para el concilio. Ha sido tan gran cosa esta, y tan grandemente
-dispuesta, que allende de grandes costas que ha excusado, ha dado
-gran luz á todos, que ni supieran que libros eran necesarios, ni de
-donde se habian de traer; á lo menos yo no sabia que hacerme en
-este lugar. Tienen todos creido que medrará mucho concluido este
-concilio, y que S. M. le hará obispo, y su santidad cardenal: plega
-á Dios que sea así, y en él estará todo bien empleado<a name="FNanchor_21_21" id="FNanchor_21_21"></a><a href="#Footnote_21_21" class="fnanchor">[21]</a>.» Así
-se explica aquel sabio aragonés, testigo ocular de las ocupaciones de
-D. Diego; y lo mismo aseguran cuantos eruditos le trataron. Eran por
-cierto necesarios testimonios tan irrefragables para creer que un político
-entregado á conocer, y manejar los intereses y ánimos de los
-soberanos, encargado de negocios gravísimos, atento á tantas formalidades
-como la vanidad ha introducido en aquella carrera, tuviese
-el tiempo, la aficion, y la abstraccion que se requiere para estudios
-tan profundos. El mismo D. Diego dice en una carta que en su
-vejez escribió á Zurita: «Estoy maravillado de los muchos libros que
-hallo leidos habiendo aprendido tan poco de ellos<a name="FNanchor_22_22" id="FNanchor_22_22"></a><a href="#Footnote_22_22" class="fnanchor">[22]</a>.» Anotaba lo
-que leía, y como los viajes le imposibilitaban llevar consigo su librería,
-le acaeció ilustrar tres y cuatro diferentes ejemplares manuscritos,
-ó impresos de un mismo autor. Agregaba la curiosidad de las
-monedas antiguas, de que habia hecho un gran tesoro. Ocurria á tantos
-gastos la liberalidad de Cárlos V, que por este tiempo le libró<span class="pagenum"><a name="Page_xx" id="Page_xx">[xx]</a></span>
-9,000 ducados de ciertas cuentas, y le añadió una pension de 1,500 con
-el fin, segun parece, de destinarle embajador á Roma.</p>
-
-<p>Á este tiempo declaró el emperador la guerra á los protestantes:
-toda Alemania se conmovió, algunos padres del concilio meditaban
-ausentarse, y aun los legados juzgaban oportuna la traslacion ó interrupcion
-del concilio, asustados del riesgo en que creían hallarse,
-por estar tan inmediato Trento á los paises enemigos. D. Diego sintió
-en extremo esta resolucion de algunos; hizo presente, que habiendo
-emprendido el emperador aquella guerra á favor de la religion, y
-principalmente á favor del concilio, le seria muy dolorosa la retardacion
-de este, y que no era buena correspondencia que el César emprendiese
-guerra de tanta consecuencia por mantener el concilio, y
-se disolviese este por causa de la misma guerra<a name="FNanchor_23_23" id="FNanchor_23_23"></a><a href="#Footnote_23_23" class="fnanchor">[23]</a>. Pasó poco despues
-á Venecia, y antes se despidió de los padres dia 17 de julio por
-la tarde, en que se celebró junta con el motivo de la alteracion que
-habia ocurrido por la mañana, entre Dionisio Sanetin, obispo de Chiron,
-y el obispo de la Cava<a name="FNanchor_24_24" id="FNanchor_24_24"></a><a href="#Footnote_24_24" class="fnanchor">[24]</a>.</p>
-
-<p>En Venecia se quejó amargamente á aquella señoría de las desconfianzas
-que habian tenido del emperador, y de que en fuerza de ellas
-hubiesen sospechado que Cárlos V intentaba sujetar toda la Alemania
-con pretexto de religion; por cuya causa habia procurado la señoría
-disuadir al pontífice la confederacion con el César, y habia recibido
-embajadores de las potencias enemigas. La respuesta fue excusar la
-señoría lo que se decia haber efectuado, y aparentar grande adhesion
-á los intereses del emperador.</p>
-
-<p>Regresó á Trento, y volvióse á tratar de la traslacion del concilio,
-ya porque los legados recelaban de la inmediacion de los enemigos,
-ya porque se hallaban disgustados en Trento. D. Diego, á quien habia
-escrito el César su voluntad, expuso en una junta cuanto resistía
-este á la traslacion, de suerte que ninguna cosa podian proponerle
-mas repugnante, que la ejecucion de tales designios: manifestó con
-brio y elocuencia cuantas consecuencias podian resultar<a name="FNanchor_25_25" id="FNanchor_25_25"></a><a href="#Footnote_25_25" class="fnanchor">[25]</a>. Poco despues
-se retiró D. Diego á Venecia, y D. Francisco de Toledo á Florencia,
-dejando en su lugar á los cardenales Madrucci y Pacheco, que
-siguieron con teson el empeño del César, aunque no con mucha felicidad,
-pues se celebró la sexta sesion el 13 de enero de 1547, y se
-publicó el decreto sobre la justificacion; y aunque D. Diego facilmente
-podia volver á Trento desde Venecia, se mantuvo en esta capital.</p>
-
-<p>El emperador creyó que enviando á la corte de Roma á D. Diego,
-que la conocia exactamente, aceleraria las cosas del concilio. En<span class="pagenum"><a name="Page_xxi" id="Page_xxi">[xxi]</a></span>
-efecto pasó de embajador al pontífice en 1547 llevando en su compañía
-á D. Martin Perez de Ayala. Pasó por Venecia, Bolonia, Florencia,
-Capilla, Risa, Luna, donde se detuvo el mes de febrero y
-marzo, muy cortejado del duque de Pomblin, con quien tenia que
-tratar varios encargos del emperador. Por pascua de resurreccion entró
-en Roma con el mayor triunfo y pompa que hasta allí habia entrado
-embajador alguno<a name="FNanchor_26_26" id="FNanchor_26_26"></a><a href="#Footnote_26_26" class="fnanchor">[26]</a>: hizo poco despues presente al pontífice
-en un escrito las razones del emperador á favor del concilio, y los
-motivos que tenia para oponerse á la traslacion, ó suspension. El
-pontífice respondió apoyando la traslacion del concilio; y entre tanto
-se celebró la séptima sesion en 3 de marzo de 1548, é insistiendo
-los romanos en la traslacion, se valieron de la casualidad de haber
-muerto dos prelados, y algunos familiares de los legados para aparentar
-que habia peste. Opusiéronse con ardor los españoles, principalmente
-el cardenal Pacheco, pero al fin se resolvió la traslacion á Bolonia
-en la octava sesion celebrada en 11 de marzo, prevaleciendo
-cuarenta y cuatro votos contra doce que se opusieron, casi todos españoles.
-Estos dieron inmediato aviso al emperador, que cuatro horas
-despues de sabida la noticia, envió una posta á Roma, para que
-antes que el papa confirmase la traslacion, y se estableciesen los padres
-en Bolonia, se volviesen á Trento. Entre tanto habia vuelto á
-Roma D. Diego de Mendoza, y con su gran teson y eficacia logró se
-detuviesen todas las determinaciones en Bolonia. Mandó el pontífice
-á los legados no declarasen por legítima la traslacion, sino que prorogasen
-la sesion, como la prorogaron en la que se celebró el 21 de
-abril<a name="FNanchor_27_27" id="FNanchor_27_27"></a><a href="#Footnote_27_27" class="fnanchor">[27]</a>.</p>
-
-<p>Empeñado Cárlos V en que el concilio volviese á Trento, mandó al
-cardenal Madrucci, que habia pasado á verle á Alemania, fuese á Roma,
-y de acuerdo con D. Diego de Mendoza persuadiesen al pontífice
-el restablecimiento del concilio por todos los medios que pudiesen.
-Dióle varias instrucciones para que las pusiese en ejecucion D. Diego,
-en caso que el papa no asintiese á peticiones tan justas. En efecto
-todo fue en Roma en vano, pues aunque D. Diego proponia que
-volverian á la ciudad de Plasencia, que por aquellos dias habia sacudido
-el yugo de los Farneses, pedia que primero se diese gusto al
-emperador trasladando el concilio. El pontífice juntó los cardenales,
-manifestó su agradecimiento al celo y buenos oficios del emperador,
-pero rehusó volver el concilio á Trento; y preguntándole al cardenal
-Madrucci, si queria oir el dictámen de los cardenales sobre la
-materia, respondió Madrucci: que D. Diego de Mendoza tenia que exponer
-aun á su beatitud y al sacro colegio otras órdenes del emperador.
-Cinco dias despues se presentó D. Diego, pidió pública audiencia,<span class="pagenum"><a name="Page_xxii" id="Page_xxii">[xxii]</a></span>
-y que asistiesen á ella los embajadores de otros príncipes, para
-hacer una protesta con toda formalidad; expuso en ella la necesidad
-de volver el concilio á Trento, y los gravísimos inconvenientes que
-se originarian de la tardanza: interrumpióle el pontífice muchas veces,
-imputó la culpa á los padres de Trento, y añadió que deliberaria
-con los cardenales la respuesta: retiróse D. Diego, y convinieron
-en consultar á los padres de Bolonia, quienes respondieron no rehusarian
-la traslacion á Trento; pero que era exponer la iglesia universal
-á mayores perturbaciones: manifestaban la conveniencia y facilidad
-de que los de Trento volviesen á Bolonia; y en resolucion dejaban
-las cosas en el mismo estado, y la determinacion en la voluntad
-del pontífice<a name="FNanchor_28_28" id="FNanchor_28_28"></a><a href="#Footnote_28_28" class="fnanchor">[28]</a>.</p>
-
-<p>Informado por D. Diego el emperador de las intenciones de la corte
-romana, ordenó á Francisco de Vargas y á Martin Soria Velasco, sus
-procuradores, protestasen tambien en Bolonia, como lo ejecutaron
-con todas las formalidades de derecho; pero no recibiendo sino respuestas
-generales, se ausentaron de Bolonia al siguiente dia<a name="FNanchor_29_29" id="FNanchor_29_29"></a><a href="#Footnote_29_29" class="fnanchor">[29]</a>.</p>
-
-<p>Todas estas contestaciones fueron leves respecto de la protesta que
-volvió á hacer en Roma D. Diego, luego que tuvo noticia de la que
-acababan de hacer los procuradores. Pidió audiencia pública al pontífice,
-asistencia de los cardenales, el concurso de todos los embajadores, y
-se presentó con toda ceremonia en aquel silencioso congreso, é hincado
-de rodillas con la gravedad de su carácter leyó en nombre del emperador
-una vehementísima protesta, y acabada se volvió á los cardenales,
-y les intimó lo mismo, caso que el pontífice no pusiese remedio:
-añadió las fórmulas del derecho, puso por testigos á todos los presentes,
-y pidió á todos los secretarios pusiesen en las actas su protesta.
-Oyóse con gran silencio el discurso, nadie le interrumpió, y en todos
-hizo la impresion que se deja entender, de un emperador tan poderoso
-é irritado<a name="FNanchor_30_30" id="FNanchor_30_30"></a><a href="#Footnote_30_30" class="fnanchor">[30]</a>.</p>
-
-<p>El pontífice dijo á D. Diego se le daria respuesta en el inmediato
-consistorio, en el que se leyó una compuesta por el cardenal Polo,
-en que repetia las razones generales, celo del papa, trabajo, y peligro
-del concilio, y tomaba por medio en ella imputar á excesos del
-embajador las proposiciones mas vehementes de la protesta; de
-suerte que decia ser írrita, porque el encargo que el emperador habia
-hecho á D. Diego era, no de entablar contestacion alguna con el papa,
-sino de quejarse ante su beatitud como juez de los padres de Bolonia:
-refutó pues las razones del embajador, quien al acabar de oir
-la respuesta, volvió á protestar, negó haberse excedido, y pidió que<span class="pagenum"><a name="Page_xxiii" id="Page_xxiii">[xxiii]</a></span>
-de lo actuado no parase perjuicio á su soberano<a name="FNanchor_31_31" id="FNanchor_31_31"></a><a href="#Footnote_31_31" class="fnanchor">[31]</a>. Sentido el papa,
-y confiado en la liga con Francia, y en otros tratados políticos, respondió
-en otra ocasion á varias instancias de D. Diego, «parase mientes
-en que estaba en su casa, y que no se excediese:» á lo que respondió:
-«era caballero, y su padre lo habia sido, y como tal habia
-de hacer al pie de la letra, lo que su señor le mandaba, sin temor
-alguno de su santidad, guardando siempre la reverencia que se debe
-á un vicario de Cristo, y que siendo ministro del emperador, su
-casa era donde quiera que pusiese los pies, y allí estaba seguro.»</p>
-
-<p>En los quince dias inmediatos se proyectaron varios medios para
-la reconciliacion, particularmente por los italianos, que temian mas
-ruidoso rompimiento; pero manteniéndose D. Diego firme, nada se
-efectuó. En situacion tan difícil eligió el papa suspender el concilio:
-D. Diego se opuso con la mayor eficacia; intimó al papa protestaria
-mas fuertemente; pensáronse varios medios para restablecer la paz;
-todo tenia sus inconvenientes, nada se efectuó, y en tan congojosa
-incertidumbre murió Paulo III, á 10 de noviembre de 1549. Ascendió
-al pontificado en 7 de febrero del siguiente año el cardenal Juan
-Maria de Monte, que habia sido legado del concilio<a name="FNanchor_32_32" id="FNanchor_32_32"></a><a href="#Footnote_32_32" class="fnanchor">[32]</a>, quien tenia
-muy conocido el mérito de D. Diego, y le estimaba tanto, que
-ya por su amistad, ya porque esperaba llegaria por él á restablecer la
-buena armonía con el César, y á recaudar los derechos de la Santa
-Sede sobre Parma y Plasencia; concedió por solas sus súplicas el perdon
-á Ascanio Colona, y le volvió todos los lugares y honores de
-que le habia despojado muchos años antes su antecesor<a name="FNanchor_33_33" id="FNanchor_33_33"></a><a href="#Footnote_33_33" class="fnanchor">[33]</a>. Pero en
-lo que mas se conoció su amistad, ó su celo, fue en rendirse á las repetidas
-instancias que le hizo para restablecer el concilio. Determinóse
-á ejecutarlo así, y acelerar la determinacion, principalmente
-porque D. Diego le hizo presente que el emperador pedia pronta respuesta
-sobre este punto, significando que las resoluciones que habia
-de tomar en la dieta de Augusta, asignada para 24 de junio, serian
-adversas ó favorables segun la resolucion del papa. En efecto este
-expidió un diploma, para que se diese principio al concilio en 1.º de
-mayo de 1551, y así se ejecutó, asistiendo de embajador del César
-D. Francisco de Toledo, que llegó á Trento en 29 de abril del mismo
-año<a name="FNanchor_34_34" id="FNanchor_34_34"></a><a href="#Footnote_34_34" class="fnanchor">[34]</a>.</p>
-
-<p>Por este tiempo se mantenia D. Diego en Sena, cuyos habitantes
-de dia en dia se precipitaban mas. Habia en la ciudad dos bandos
-principales, el de Danove afecto á los españoles; y el restante pueblo
-muy adverso; y comprendiendo el gobernador por las enemistades de<span class="pagenum"><a name="Page_xxiv" id="Page_xxiv">[xxiv]</a></span>
-los particulares, la imposibilidad de sujetarlos por la via de la moderacion
-y buen término, como habia procurado en los principios,
-se arrimó á los primeros, y cargó reciamente la mano sobre los contrarios
-para sujetarlos. Habia edificado una fortaleza junto á la puerta
-Camoria, camino de Florencia, y mandó que todo el pueblo condujese
-allí sus armas, tratándolos con gran severidad y absoluto despotismo;
-pues aquellos ánimos enconados requerian remedios mas
-fuertes que su encono: estaban sumamente cansados de los españoles,
-y resueltos á sacudir el yugo; buscaron el apoyo de los franceses,
-que le concedieron con gran prontitud y complacencia, persuadidos
-les seria aquella ciudad un seguro puerto, desde donde se extenderian
-á toda la Italia, como pretendia Enrique II. Exasperados
-los seneses mas y mas, y llenos de audacia con la proteccion de los
-franceses, hacian cuanto daño podian á los españoles; y un dia que
-D. Diego paseaba á caballo al rededor de la fortaleza, dispararon
-contra él y le mataron el caballo. No se atemorizó por esto: pasó á
-Roma, y para conservar á Sena, y lo demás que pudiese, pues sabia
-la venida de la armada turquesca contra las costas de Italia, levantó
-tres mil italianos, los entregó al conde Petillano, su íntimo
-amigo, disimulado enemigo de los españoles. En conclusion Sena se
-levantó, sitiaron la fortaleza, levantaron tropa, recibieron socorros
-y capitanes de Francia, y D. Diego, luego que tuvo la noticia, se
-valió de Ascanio de la Corna, nepote del pontífice, y llevándole consigo
-fue á Perugi, y al castillo de la Piebe, confinantes á Sena, para
-proveer de allí lo que fuere conveniente; pero considerando las muchas
-fuerzas de los seneses, dejó allí á Ascanio, pasó á Liorna, y
-en naves del duque de Florencia se fue á Orbitelo, adonde juzgaba
-querian dirigirse los enemigos. Al fin el marqués de Mariñano, general
-de los imperiales, venció á Pedro Stroci, general enemigo, sitió
-á Sena, y á los quince meses de sitio la rindió con condiciones muy
-humanas y decorosas al emperador en 22 de abril de 1555<a name="FNanchor_35_35" id="FNanchor_35_35"></a><a href="#Footnote_35_35" class="fnanchor">[35]</a>.</p>
-
-<p>Viendo el César que se necesitaba de mas continuo cuidado, nombró
-por gobernador de Sena y sus dependencias al cardenal D. Francisco
-de Mendoza, que como pariente de D. Diego habia contribuido
-mucho para enviar socorros, y para que el duque de Florencia se resolviese
-á defender el partido del emperador. D. Diego parece habia
-vuelto á Roma á continuar su influjo sobre el concilio; y allí ocurrió
-que habiendo faltado al respeto debido al emperador el barrachelo ó
-alguacil cabeza de los esbirros, le hizo castigar; por lo que indignado
-el pontífice, dió quejas al emperador, quien sabia muy bien no
-gustaba aquella corte de D. Diego, porque la tenia muy comprendida;
-y así resolvió apartarle de aquella embajada, y á principios del año
-1551 habia enviado por embajador extraordinario á Roma á D. Juan<span class="pagenum"><a name="Page_xxv" id="Page_xxv">[xxv]</a></span>
-Manrique de Lara, hijo de los duques de Nájera, con órden de que si
-no se hallaba en aquella capital D. Diego, pasase por Sena donde estaria,
-y le comunicase las instrucciones, para que como informado en
-los negocios, le advirtiese y dirigiese en el manejo necesario y ejecucion
-de las órdenes que llevaba. En el mismo año volvió otra vez Manrique
-á Roma, y escribiendo al César el pontífice, le dice entre otras
-cosas, que no diese oidos á malas lenguas que no comprendian las
-entradas de su corazon, ni él se las queria descubrir; que no decia
-esto por D. Diego de Mendoza, á quien queria mucho por su valor é
-ingenio, y depositaba en él la misma fe que S. M.; pero que donde
-se trataba el interés público, el particular y privado podian poco con
-él<a name="FNanchor_36_36" id="FNanchor_36_36"></a><a href="#Footnote_36_36" class="fnanchor">[36]</a>. Esto fue en el tiempo en que se ocupaba D. Diego de Mendoza
-en levantar gente en la Romanía, tanto para defender las costas de
-Italia de los turcos, como para enviar á las de África amenazadas
-por este enemigo comun, y así remitió mil italianos y muchos pertrechos
-con Antonio Doria y D. Berenguer de Requesens.</p>
-
-<p>Parece se volvió á España por los años 1554, donde se mantuvo en
-el consejo de estado, y acompañó á Felipe II en la gran jornada de
-San Quintin el año 1557, como él mismo da á entender ponderando el
-número, provision y buen órden de aquel ejército. Vuelto á la corte de
-España se mantuvo en ella, no con la aceptacion de político tan sabio
-como era, y de quien habia hecho tanta estima Cárlos V, ya porque
-su conducta en la Italia no agradó á Felipe II, ó ya, porque como él
-mismo decia quien decae en el valimiento, decae muchos grados.</p>
-
-<p>Algun tiempo antes escribió dos célebres cartas críticas, agudas,
-elocuentes, y llenas de los mas delicados primores del lenguaje castellano
-sobre la Historia de la guerra de Cárlos V contra los luteranos,
-que publicó en folio en 1552 Pedro Salazar. Tomó el disfraz del
-bachiller Arcade: en la primera le critica abiertamente; y en la segunda
-aparenta que le excusa, pero le agrava con igual acrimonia sus
-yerros<a name="FNanchor_37_37" id="FNanchor_37_37"></a><a href="#Footnote_37_37" class="fnanchor">[37]</a>.</p>
-
-<p>Acaecióle tambien, que hallándose en palacio tuvo palabras muy
-pesadas con cierto caballero, de suerte que se vió en la necesidad de
-quitarle un puñal, y arrojarlo por un balcon. Desagradó mucho al rey
-D. Felipe este hecho ruidoso; parece le mandó prender, como se infiere
-de algunos lugares de sus poesías, y aun salió desterrado de la
-corte en la edad de 64 años que habia gastado en importantes servicios
-de la corona. No quebrantó su constante ánimo esta desgracia, y
-procuró justificarse en una carta escrita á un ilustrísimo señor
-que quizá seria D. Diego de Espinosa, obispo de Sigüenza y presidente
-de Castilla, de que hay copia entre los manuscritos de Alvar Gomez
-de Castro en la Biblioteca Real. En ella se mencionan varios lances<span class="pagenum"><a name="Page_xxvi" id="Page_xxvi">[xxvi]</a></span>
-mucho mas pesados que el suyo, sin que se hubiese procedido
-contra los que los cometieron con tanto rigor, y acaba así: «Pudiera
-traer muchos ejemplos demás de estos de hombres que se ha disimulado
-con ellos, ó han sido restituidos brevemente, y no fueron tenidos
-por locos; solo D. Diego de Mendoza anda por puertas ajenas,
-porque de 64 años tornando por sí, echó un puñal en los corredores
-de palacio, sin poder excusarlo, ni exceder de lo que bastaba. Y porque
-no me tengan por historiador, dejo de poner otros muchos ejemplos,
-y si estos no bastaren, allá irá mi mudo que hablará por
-todos.»</p>
-
-<p>No bastaron sus disculpas para aplacar el ánimo de Felipe II: se retiró
-despues á Granada donde vivió tranquilamente en el estudio,
-separado de los negocios públicos, aunque previendo las alteraciones
-que sobrevendrian en aquel reino por causa de los moriscos, y
-poca armonía del capitan general y presidente de la chancillería, como
-se vió en el año de 1568, 69 y 70 que principió y duró aquella
-guerra, <i>parte de la cual vió</i> D. Diego <i>y parte oyó de las personas que en
-ella pusieron las manos y el entendimiento</i>: así la escribió con verdad y
-con tan útiles reflexiones, que con dificultad se hallará otra en castellano
-que la iguale, y ninguna que la exceda.</p>
-
-<p>Mantúvose en Granada todos aquellos años entregado á sus estudios,
-sin que dejase la diversion de la poesía, como se ve en la cancion
-que dirigió á D. Diego de Espinosa, presidente de Castilla, celebrando
-el capelo que la Santidad de Pio V le confirió en marzo de
-1568: en ella le trata como amigo é insinua en la última estrofa lo
-que padecia desterrado. Allí era consultado de los sabios sobre las
-ciencias, principalmente sobre las antigüedades de España, como
-consta de Ambrosio Morales en la dedicatoria que dirigió á D. Diego,
-donde confiesa su extraordinaria erudicion en la geografía, y su gran
-juicio y exactitud en averiguar qué sitios y pueblos modernos corresponden
-á los nombres de los lugares y ciudades antiguas, para lo cual
-hacia muy útil uso de las lenguas griega, hebrea y árabe, que nunca
-dejó de cultivar; y en este tiempo particularmente se dedicó á investigar
-las antigüedades arábigas, convidado de los muchos monumentos
-que se encontraban en Granada. Juntó mas de cuatrocientos códices
-árabes de erudicion muy recóndita, como lo aseguró á Gerónimo de
-Zurita con quien tuvo particular amistad, y á quien habia servido con
-fineza, procurando vencer los obstáculos que los émulos de aquel historiador
-opusieron á los Anales de Aragon. Comunicóle tambien algunas
-noticias para ellos con deseo de que insertase su nombre en
-aquella historia cuando ya casi iba á cumplir setenta años, como lo
-dice en carta de 9 de diciembre de 1573: de donde se infiere con certeza
-el tiempo de su nacimiento<a name="FNanchor_38_38" id="FNanchor_38_38"></a><a href="#Footnote_38_38" class="fnanchor">[38]</a>.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_xxvii" id="Page_xxvii">[xxvii]</a></span></p>
-
-<p>Por este tiempo en que la avanzada edad y enfermedades le iban
-postrando el ánimo, buscó consuelo en la comunicacion con Santa Teresa
-de Jesus, que le escribió una respuesta complaciéndose la santa,
-y otras religiosas que nuestro autor comunicaba, por la resolucion que
-habia tomado de aspirar á la virtud; nota en la misma carta que era
-muy conocido y estimado del padre fray Gerónimo Gracian, que acompañó
-á la santa en el restablecimiento de su reforma, que segun se
-infiere del contexto de ella, habia pedido D. Diego en dia determinado
-particulares oraciones, y la santa le responde, tenian concertado comulgar
-todas aquel dia por D. Diego, y ocuparlo lo mejor que pudiesen<a name="FNanchor_39_39" id="FNanchor_39_39"></a><a href="#Footnote_39_39" class="fnanchor">[39]</a>.
-No vivió mucho tiempo despues de esta comunicacion. Parece
-que Felipe II le permitió venir á la corte, ó para justificarse, ó para
-liquidar algunos asuntos pendientes. Encomendó á Zurita le buscase
-vivienda proporcionada, é inmediata á la suya: juntó sus libros
-que ofreció al rey<a name="FNanchor_40_40" id="FNanchor_40_40"></a><a href="#Footnote_40_40" class="fnanchor">[40]</a>: se puso en camino; á pocos dias de haber llegado
-á Madrid le acometió la última enfermedad, procedida del pasmo
-de una pierna, y le acabó la vida en abril de 1575, aunque Chacon en
-su Biblioteca afirma murió en 1577.</p>
-
-<p>En 1610 publicó en un tomo en cuarto impreso en Madrid algunas de
-sus poesías Fr. Juan Diaz Hidalgo, del hábito de San Juan, que las escogió
-entre otras muchas del autor con este título: <i>Obras del insigne caballero
-D. Diego de Mendoza, embajador del emperador Cárlos V en Roma</i>,
-y le dedicó á D. Iñigo Lopez de Mendoza, cuarto marqués de Mondejar.
-Dejó de publicar otras muchas, ya por lo raro de las materias de
-que tratan, ya porque no son para que vayan en manos de todos.</p>
-
-<p>Pero lo que mas crédito le ha dado entre los sabios es la Historia de
-la guerra de Granada, de la cual, si se hubiese de hacer una analísis
-exacta, era menester dilatarse mucho; con todo no podemos dejar de
-notar que nuestro autor refiere en ella, no solo las acciones, sino que
-copia con viveza los ánimos, caractéres, é intenciones de los personajes;
-descubre las causas de las resoluciones, ó diferentes, ó encontradas;
-nota las competencias fútiles é intempestivas y los intereses
-particulares; é internándose en los corazones, los delinea con tanta
-exactitud, que en vista de los sucesos convence no podian pensar de
-otra manera. Pinta los enemigos como fueron, pero confiesa nuestro
-descuido y pérdidas, reconoce sus yerros, pero manifiesta los excesos
-de nuestras tropas: alaba á los moros cuando lo merecen, y vitupera
-los defectos en que alguna vez incurrió su mismo hermano. En
-fin yo no encuentro quien haya imitado con mas acierto á Salustio y á
-Tácito, á quienes imita en las sentencias y estilo: la proposicion es
-imitacion de la historia de Tácito, la oracion del Zaguer es elocuentísima,<span class="pagenum"><a name="Page_xxviii" id="Page_xxviii">[xxviii]</a></span>
-concisa, muy nerviosa, cortada al aire de Demóstenes. Las
-digresiones, aunque son en gran número, ganan la atencion por su
-novedad, y porque toca en ellas muchos usos de nuestra antigua
-milicia. El lenguaje y estilo son á juicio de D. Juan de Palafox lo mejor
-que tenemos en castellano, y D. Nicolás Antonio coloca su elocuencia
-inmediata á la verbosidad de fray Luis de Granada. Verdad es que algunos
-le notan de que se vale de términos muy latinizados, ó muy
-oscuros; pero esto puede ser porque así se usasen en su tiempo, ó
-porque los creía mas puros mientras menos apartados de su orígen.</p>
-
-<p>Por los hechos y escritos referidos, se puede hacer juicio de su ánimo
-y carácter; tuvo religion sin mezcla de supersticiones; fue tenaz
-y constante en los empeños que emprendia; resuelto é incapaz de
-miedo en la ejecucion de ellos, zeloso del bien público que defendia,
-aun exponiendo su persona; diestro en el manejo de los negocios,
-perspicaz en el conocimiento de las personas, de las que se valia el
-tiempo que le aprovechaban. Esto como ministro público. Como particular
-era afable, humano, amigo y protector de los sabios, inclinado
-á honestas diversiones, á la conversacion de hombres doctos, los
-que trató como amigos. Declinaba tal vez en algunas chanzas y agudezas
-satíricas, como lo manifiestan muchas de sus poesías inéditas, y
-algunas impresas. Aun hablando del gravísimo empleo de embajador,
-se burla delicadamente, y escribe así á D. Luis de Zúñiga:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="i0"><i>¡O embajadores puros majaderos!</i></div>
-<div class="i0"><i>Que si los reyes quieren engañar,</i></div>
-<div class="i0"><i>Comienzan por nosotros los primeros.</i></div>
-</div></div></div>
-
-<p>La gloria inmortal con que este grande hombre corrió la carrera militar,
-política y literaria, merece sin duda un elogio histórico mas
-bien acabado que el que le hemos dado; mas por ahora solo puede satisfacerse
-á los curiosos con este leve diseño: tal vez otro pincel mas
-diestro nos dará con el tiempo retrato mas vivo de las prendas que
-adornaron á este excelente escritor y discretísimo político.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_1" id="Page_1">[1]</a></span></p>
-
-<h2>LIBRO I.</h2>
-
-
-<p>Mi propósito es escribir la guerra que el rey católico de
-España D. Felipe el II., hijo del nunca vencido emperador
-D. Cárlos, tuvo en el reino de Granada contra los rebeldes
-nuevamente convertidos: parte de la cual yo vi, y parte
-entendí de personas que en ella pusieron las manos y el
-entendimiento. Bien sé que muchas cosas de las que escribiere
-parecerán á algunos livianas y menudas para historia,
-comparadas á las grandes que de España se hallan escritas:
-guerras largas de varios sucesos; tomas y desolaciones de
-ciudades populosas; reyes vencidos y presos; discordias
-entre padres é hijos, hermanos y hermanas, suegros y yernos;
-desposeidos, restituidos, y otra vez desposeidos, muertos
-á hierro; acabados linajes; mudadas sucesiones de reinos:
-libre y extendido campo, y ancha salida para los escritores.
-Yo escogí camino mas estrecho, trabajoso, estéril,
-y sin gloria; pero provechoso, y de fruto para los que
-adelante vinieren: comienzos bajos, rebelion de salteadores,
-junta de esclavos, tumulto de villanos, competencias,
-odios, ambiciones, y pretensiones; dilacion de provisiones,
-falta de dinero, inconvenientes ó no creidos, ó tenidos en poco;
-remision y flojedad en ánimos acostumbrados á entender,
-proveer, y disimular mayores cosas: y así no será cuidado
-perdido considerar de cuan livianos principios y causas particulares
-se viene á colmo de grandes trabajos, dificultades y
-daños públicos, y cuasi fuera de remedio. Veráse una guerra,
-al parecer tenida en poco, y liviana dentro en casa, mas<span class="pagenum"><a name="Page_2" id="Page_2">[2]</a></span>
-fuera estimada y de gran coyuntura; que en cuanto duró
-tuvo atentos, y no sin esperanza, los ánimos de príncipes
-amigos y enemigos, lejos y cerca: primero cubierta y sobresanada,
-y al fin descubierta, parte con el miedo y la industria,
-y parte criada con el arte y ambicion. La gente que
-dije, pocos á pocos junta, representada en forma de ejércitos;
-necesitada España á mover sus fuerzas, para atajar
-el fuego; el rey salir de su reposo, y acercarse á ella; encomendar
-la empresa á D. Juan de Austria su hermano, hijo
-del emperador D. Cárlos, á quien la obligacion de las victorias
-del padre moviese á dar la cuenta de sí, que nos muestra
-el suceso. En fin pelearse cada dia con enemigos; frio,
-calor, hambre; falta de municiones, de aparejos en todas
-partes; daños nuevos, muertes á la continua: hasta que
-vimos á los enemigos, nacion belicosa, entera, armada,
-y confiada en el sitio, en el favor de los bárbaros y turcos,
-vencida, rendida, sacada de su tierra, y desposeida de sus
-casas y bienes; presos y atados hombres y mujeres; niños
-cautivos vendidos en almoneda, ó llevados á habitar á tierras
-lejos de la suya: cautiverio y transmigracion no menor,
-que las que de otras gentes se leen por las historias. Victoria
-dudosa, y de sucesos tan peligrosos, que alguna vez se
-tuvo duda si éramos nosotros, ó los enemigos, los á quien
-Dios queria castigar: hasta que el fin de ella descubrió,
-que nosotros éramos los amenazados, y ellos los castigados.
-Agradezcan y acepten esta mi voluntad libre, y lejos de todas
-las cosas de odio ó de amor, los que quisieren tomar
-ejemplo, ó escarmiento; que esto solo pretendo por remuneracion
-de mi trabajo, sin que de mi nombre quede otra
-memoria. Y porque mejor se entienda lo adelante, diré algo
-de la fundacion de Granada, qué gentes la poblaron al
-principio, como se mezclaron, como hubo este nombre,
-en quien comenzó el reino de ella; puesto que no sea conforme
-á la opinion de muchos; pero será lo que hallé en los
-libros arábigos de la tierra, y los de Muley Hacén rey de
-Túnez, y lo que hasta hoy queda en la memoria de los hombres,<span class="pagenum"><a name="Page_3" id="Page_3">[3]</a></span>
-haciendo á los autores cargo de la verdad.</p>
-
-<p>La ciudad de Granada, segun entiendo, fue poblacion<span class="sidenote">724.</span>
-de los de Damasco, que vinieron con Tarif su
-capitan, y diez años despues que los alárabes echaron á
-los godos del señorío de España, la escogieron por habitacion;
-porque en el suelo y aire parecia mas á su tierra. Primero
-asentaron en Libira, que antiguamente llamaban
-Illiberis, y nosotros Elvira, puesta en el monte contrario
-de donde ahora está la ciudad, lugar falto de agua, de poco
-aprovechamiento, dicho el cerro de los Infantes; porque en
-él tuvieron su campo los infantes D. Pedro y D. Juan,
-cuando murieron rotos por Ozmin, capitan del rey Ismael.
-Era Granada uno de los pueblos de Iberia, y habia en él
-la gente que dejó Tarif Abentiet despues de haberla tomado
-por luengo cerco; pero poca, pobre, y de varias naciones,
-como sobras del lugar destruido. No tuvieron rey hasta<span class="sidenote">1014.</span>
-Habúz Aben Habúz, que juntó los moradores de
-uno y otro lugar, fundando ciudad á la torre de San José,
-que llamaban de los Judíos, en el alcazava; y su morada
-en la casa del Gallo, á San Cristóval en el Albaicin. Puso
-en el alto su estatua á caballo con lanza y adarga, que á
-manera de veleta se revuelve á todas partes, y letras que
-dicen: <i>Dijo Habúz Aben Habúz el sabio, que así se debe defender
-el Andalucía</i>. Dicen, que del nombre de Naath su mujer,
-y por mirar al poniente (que en su lengua llaman
-garb) la llamó Garbnaath, como Naath la del poniente. Los
-alárabes y asianos hablan de los sitios, como escriben; al
-contrario y revés que las gentes de Europa. Otros, que de
-una cueva á la puerta de Bibataubin, morada de la Cava,
-hija del conde Julian el traidor, y de Nata, que era su nombre
-propio, se llamó Garnata, la cueva de Nata. Porque el
-de la Cava todas las historias arábigas afirman, que le fue
-puesto por haber entregado su voluntad al rey de España
-D. Rodrigo; y en la lengua de los alárabes cava quiere decir
-mujer liberal de su cuerpo. En Granada dura este nombre
-por algunas partes; y la memoria en el soto y torre<span class="pagenum"><a name="Page_4" id="Page_4">[4]</a></span>
-de Roma, donde los moros afirman haber morado; no embargante
-que los que tratan de la destruccion de España
-ponen que padre é hija murieron en Ceuta. Y los edificios
-que se muestran de lejos á la mar sobre el monte, entre
-las Quejinas y Jarjuel al poniente de Argel, que llaman sepulcro
-de la Cava cristiana, cierto es haber sido un templo
-de la ciudad de Cesarea hoy destruida, y en otros tiempos
-cabeza de la Mauritania, á quien dió el nombre de
-cesariense. Lo de la amiga del rey Abenhut, y la compra
-que hizo á ejemplo de Dido la de Cartago, cercando con un
-cuero de buey cercenado el sitio donde ahora está la ciudad,
-los mismos moros lo tienen por fabuloso. Pero lo que
-se tiene por mas verdadero entre ellos y se halla en la antigüedad
-de sus escrituras, es haber tomado el nombre de
-una cueva, que atraviesa de aquella parte de la ciudad hasta
-la aldea que llaman Alfacar, que en mi niñez yo vi abierta,
-y tenida por lugar religioso, donde los ancianos de aquella
-nacion curaban personas tocadas de la enfermedad que
-dicen demonio. Esto cuanto al nombre que tuvo en la edad
-de los moros; tanta variedad hay en las historias arábigas,
-aunque las llaman ellos escrituras de la verdad. En la nuestra
-conformando el sonido del vocablo con la lengua castellana,
-la decimos Granada, por ser abundante. Habúz
-Aben Habúz deshizo el reino de Córdoba, y puso á Idriz
-en el señorío del Andalucía. Con esto, con el desasosiego
-de las ciudades comarcanas, con las guerras que los reyes
-de Castilla hacian, con la destruccion de algunas, juntos los
-dos pueblos en uno, fue maravilla en cuan poco tiempo Granada
-vino á mucha grandeza. Desde entonces no faltaron
-reyes en ella hasta Abenhut, que echó de España los almoades,
-é hizo á Almería cabeza del reino. Muerto Abenhut
-á manos de los suyos, con el poder y armas del rey santo
-D. Fernando el III, tomaron los de Granada por rey á
-Mahamet Alhamar, que era señor de Arjona, y volvió la
-silla del reino de Granada, la cual fue en tanto crecimiento,
-que en tiempo del rey Bulhaxix, cuando estaba en mayor<span class="pagenum"><a name="Page_5" id="Page_5">[5]</a></span>
-prosperidad, tenia setenta mil casas, segun dicen los moros;
-y en alguna edad hizo tormenta, y en muchas puso
-cuidado á los reyes de Castilla. Hay fama que Bulhaxix halló
-el alquimia, y con el dinero de ella cercó el Albaicin:
-dividióle de la ciudad; y edificó el Alhambra con la torre que
-llaman de Comares (porque cupo á los de Comares fundalla);
-aposento real y nombrado, segun su manera de edificio,
-que despues acrecentaron diez reyes sucesores suyos,
-cuyos retratos se ven en una sala; alguno de ellos conocido
-en nuestro tiempo por los ancianos de la tierra.</p>
-
-<p>Ganaron á Granada los reyes llamados Católicos Fernando<span class="sidenote">1492.</span>
-é Isabel, despues de haber ellos y sus pasados sojuzgado
-y echado los moros de España en guerra continua de
-setecientos setenta y cuatro años, y cuarenta y cuatro reyes;
-acabada en tiempo, que vimos al rey último Boabdelí (con
-grande exaltacion de la fe cristiana) desposeido de su reino y
-ciudad y tornado á su primera patria allende la mar. Recibieron
-las llaves de la ciudad en nombre de señorío, como es costumbre
-de España: entraron al Alhambra, donde pusieron
-por alcaide y capitan general á D. Iñigo Lopez de Mendoza
-conde de Tendilla, hombre de prudencia en negocios graves,
-de ánimo firme, asegurado con luenga experiencia de
-reencuentros y batallas ganadas, lugares defendidos contra
-moros en la misma guerra; y por prelado pusieron á fray
-Fernando de Talavera, religioso de la órden de san Hierónimo,
-cuyo ejemplo de vida y santidad España celebra, y
-de los que viven, algunos hay testigos de sus milagros. Diéronles
-compañía calificada y conveniente para fundar república
-nueva; que habia de ser cabeza de reino, escudo y
-defension contra los moros de África, que en otros tiempos
-fueron sus conquistadores. Mas no bastaron estas provisiones
-aunque juntas, para que los moros (cuyos ánimos eran desasosegados
-y ofendidos) no se levantasen en el Albaicin, temiendo
-ser echados de la ley, como del estado: porque los
-reyes, queriendo que en todo el reino fuesen cristianos, enviaron
-á fray Francisco Jimenez, que fue arzobispo de Toledo<span class="pagenum"><a name="Page_6" id="Page_6">[6]</a></span>
-y cardenal, para que los persuadiese; mas ellos, gente
-dura, pertinaz, nuevamente conquistada, estuvieron
-rehacios. Tomóse concierto, que los renegados, ó hijos de
-renegados tornasen á nuestra fe, y los demás quedasen en
-su ley por entonces. Tampoco esto se observaba, hasta
-que subió al Albaicin un alguacil, llamado Barrionuevo, á
-prender dos hermanos renegados en casa de la madre. Alborotóse
-el pueblo, tomaron las armas, mataron al alguacil,
-y barrearon las calles que bajan á la ciudad; eligieron
-cuarenta hombres autores del motin para que los gobernasen,
-como acontece en las cosas de justicia escrupulosamente
-fuera de ocasion ejecutadas. Subió el conde de Tendilla
-al Albaicin, y despues de habérsele hecho alguna resistencia
-apedreándole el adarga (que es entre ellos respuesta
-de rompimiento), se la tornó á enviar: al fin la recibieron,
-y pusiéronse en manos de los reyes, con dejar
-sus haciendas á los que quisiesen quedar cristianos en la
-tierra, conservar su hábito y lengua, no entrar la inquisicion
-hasta ciertos años, pagar fardas y las guardas; dióles
-el conde por seguridad sus hijos en rehenes. Hecho esto
-salieron huyendo los cuarenta electos, y levantaron á Guejar,
-Lanjaron, Andarax; y últimamente Sierra Bermeja,
-nombrada por la muerte de D. Alonso de Aguilar, uno de
-los mas celebrados capitanes de España, grande en estado
-y linaje. Sosegó el conde de Tendilla y concertó el motin
-de Albaicin; tomó á Guejar, parte por fuerza, parte rendida
-sin condicion, pasando á cuchillo los moradores y defensores.
-En la cual empresa, dicen que por no ir á Sierra Bermeja,
-debajo de D. Alonso de Aguilar su hermano, con
-quien tuvo emulacion, se halló á servir, y fue el primero
-que por fuerza entró en el barrio de abajo, Gonzalo Fernandez
-de Córdoba, que vivia á la sazon en Loja desdeñado
-de los Reyes Católicos, abriendo ya el camino para el
-título de gran capitan, que á solas dos personas fue concedido
-en tantos siglos: una entre los griegos caido el imperio
-en tiempo de los emperadores Comnenos como á restaurador<span class="pagenum"><a name="Page_7" id="Page_7">[7]</a></span>
-y defensor del Andrónico Contestephano llamándole
-<i>megaduca</i>, vocablo bárbaramente compuesto de griego y
-latino, como acontece con los estados perderse la elegancia
-de las lenguas: otra á Gonzalo Fernandez entre los españoles
-y latinos, por la gloria de tantas victorias suyas,
-como viven y vivirán en la memoria del mundo. Halláronse
-allí entre otros Alarcon sin ejercicio de guerra, y Antonio
-de Leiva, mozo teniente de la compañía de Juan de Leiva
-su padre, y despues sucesor en Lombardía de muchos
-capitanes generales señalados, y á ninguno de ellos inferior
-en victorias. La presencia del Rey Católico dió fin con
-mayor autoridad á esta guerra; mas guardóse el rincon de
-Sierra Bermeja para la muerte de D. Alonso de Aguilar, que
-ganada la sierra, y rotos los moros fue necesitado á quedar
-en ella con la oscuridad de la noche, y con ella misma
-le acometieron los enemigos rompiendo su vanguardia. Murió
-D. Alonso peleando, y salvóse su hijo D. Pedro entre
-los muertos: salió el conde de Ureña, aunque dando ocasion
-á los cantares y libertad española; pero como buen caballero.</p>
-
-<p>Sosegada esta rebelion tambien por concierto, diéronse
-los Reyes Católicos á restaurar y mejorar á Granada en religion,
-gobierno y edificios: establecieron el cabildo, bautizaron
-los moros, trujeron la chancillería, y dende á algunos
-años vino la inquisicion. Gobernábase la ciudad y reino
-como entre pobladores y compañeros con una forma de
-justicia arbitraria, unidos los pensamientos, las resoluciones
-encaminadas en comun al bien público: esto se acabó
-con la vida de los viejos. Entraron los celos; la division sobre
-causas livianas entre los ministros de justicia y de guerra,
-las concordias en escrito confirmadas por cédulas; traido
-el entendimiento de ellas por cada una de las partes á su
-opinion; la ambicion de querer la una no sufrir igual, y
-la otra conservar la superioridad, tratada con mas disimulacion
-que modestia. Duraron estos principios de discordia
-disimulada y manera de conformidad sospechosa el<span class="pagenum"><a name="Page_8" id="Page_8">[8]</a></span>
-tiempo de D. Luis Hurtado de Mendoza<a name="FNanchor_41_41" id="FNanchor_41_41"></a><a href="#Footnote_41_41" class="fnanchor">[41]</a>, hijo de D. Iñigo,
-hombre de gran sufrimiento y templanza; mas sucediendo
-otros, aunque de conversacion blanda y humana, de condicion
-escrupulosa y propia; fuese apartando este oficio
-del arbitrio militar, fundándose en la legalidad y derechos,
-y subiéndose hasta el peligro de la autoridad, cuanto á las
-preeminencias: cosas que cuando estiradamente se juntan,
-son aborrecidas de los menores y sospechosas á los iguales.
-Vínose á causas y pasiones particulares, hasta pedir
-jueces de términos; no para divisiones ó suertes de tierras,
-como los romanos y nuestros pasados; sino con voz de restituir
-al rey ó al público lo que le tenian ocupado, y intento
-de echar algunos de sus heredamientos. Este fue uno de
-los principios en la destruccion de Granada comun á muchas
-naciones; porque los cristianos nuevos, gente sin lengua
-y sin favor, encogida y mostrada á servir, veían condenarse
-y quitar ó partir las haciendas que habian poseido,
-comprado, ó heredado de sus abuelos, sin ser oidos. Juntáronse
-con estos inconvenientes y divisiones, otros de mayor
-importancia, nacidos de principios honestos, que tomaremos
-de mas alto.</p>
-
-<p>Pusieron los Reyes Católicos el gobierno de la justicia y
-cosas públicas en manos de letrados, gente media entre los
-grandes y pequeños, sin ofensa de los unos ni de los otros:
-cuya profesion eran letras legales, comedimiento, secreto,
-verdad, vida llana y sin corrupcion de costumbres; no visitar,
-no recibir dones, no profesar estrecheza de amistades;
-no vestir, ni gastar suntuosamente, blandura y humanidad
-en su trato, juntarse á horas señaladas para oir causas, ó
-para determinallas, y tratar del bien público. Á su cabeza
-llaman presidente, mas porque preside á lo que se trata, y
-ordena lo que se ha de tratar, y prohibe cualquier desórden,
-que porque los manda. Esta manera de gobierno, establecida<span class="pagenum"><a name="Page_9" id="Page_9">[9]</a></span>
-entonces con menos diligencia, se ha ido extendiendo
-por toda la cristiandad, y está hoy en el colmo de poder
-y autoridad: tal es su profesion de vida en comun, aunque
-en particular haya algunos que se desvien. Á la suprema
-congregacion llaman consejo real, y á las demás chancillerías,
-diversos nombres en España, segun la diversidad de
-las provincias. Á los que tratan en Castilla lo civil llaman
-oidores; y á los que tratan lo criminal alcaldes (que en
-cierta manera son sujetos á los oidores): los unos y los
-otros por la mayor parte ambiciosos de oficios ajenos y
-profesion que no es suya, especialmente la militar; persuadidos
-del ser de su facultad, que (segun dicen) es noticia
-de cosas divinas y humanas, y ciencia de lo que es justo é
-injusto; y por esto amigos en particular de traer por todo,
-como superiores, su autoridad, y apuralla á veces hasta
-grandes inconvenientes, y raices de los que agora se han
-visto. Porque en la profesion de la guerra se ofrecen casos
-que á los que no tienen plática de ella parecen negligencias;
-y si los procuran emendar, cáese en imposibilidades
-y lazos, que no se pueden desenvolver; aunque en ausencia
-se juzgan diferentemente. Estiraba el capitan general
-su cargo sin equidad, y procuraban los ministros de justicia
-emendallo. Esta competencia fue causa que menudeasen
-quejas y capítulos al rey; con que cansados los consejeros,
-y él con ellos, las provisiones saliesen varias, ó ningunas,
-perdiendo con la oportunidad el crédito; y se proveyesen
-algunas cosas de pura justicia, que atenta la calidad de los
-tiempos, manera de las gentes, diversidad de ocasiones requerian
-templanza ó dilacion. Todo lo de hasta aquí se ha
-dicho por ejemplo, y como muestra de mayores casos;
-con fin que se vea de cuan livianos principios se viene
-á ocasiones de grande importancia, guerras, hambres,
-mortandades, ruinas de estados, y á veces de los señores
-de ellos. Tan atenta es la providencia divina á gobernar
-el mundo y sus partes, por órden de principios,
-y causas livianas que van creciendo por edades, si los<span class="pagenum"><a name="Page_10" id="Page_10">[10]</a></span>
-hombres las quisiesen buscar con atencion.</p>
-
-<p>Habia en el reino de Granada costumbre antigua, como
-la hay en otras partes, que los autores de delitos se salvasen,
-y estuviesen seguros en lugares de señorío; cosa que
-mirada en comun, y por la haz, se juzgaba que daba causa
-á mas delitos, favor á los malhechores, impedimento á
-la justicia, y desautoridad á los ministros de ella. Pareció
-por estos inconvenientes, y por ejemplo de otros estados,
-mandar que los señores no acogiesen gentes de esta calidad
-en sus tierras, confiados que bastaba solo el nombre
-de justicia para castigallos donde quiera que anduviesen.
-Manteníase esta gente con sus oficios en aquellos lugares,
-casábanse, labraban la tierra, dábanse á vida sosegada.
-Tambien les prohibieron la inmunidad de las iglesias arriba
-de tres dias; mas despues que les quitaron los refugios,
-perdieron la esperanza de seguridad, y diéronse á vivir
-por las montañas, hacer fuerzas, saltear caminos, robar y
-matar. Entró luego la duda tras el inconveniente, sobre á
-que tribunal tocaba el castigo, nacida de competencia de
-jurisdicciones; y no obstante que los generales acostumbrasen
-hacer estos castigos, como parte del oficio de la guerra;
-cargaron á color de ser negocio criminal, la relacion
-apasionada ó libre de la ciudad, y la autoridad de la audiencia,
-y púsose en manos de los alcaldes, no excluyendo en
-parte al capitan general. Dióseles facultad para tomar á sueldo
-cierto número de gente repartida pocos á pocos, á que
-usurpando el nombre llamaban cuadrillas; ni bastantes
-para asegurar, ni fuertes para resistir. Del desden, de la
-flaqueza de provision, de la poca experiencia de los ministros
-en cargo que participaba de guerra, nació el descuido,
-ó fuese negligencia ó voluntad de cada uno que no
-acertase su émulo. En fin fue causa de crecer estos salteadores
-(monfíes los llamaban en lengua morisca), en tanto
-número, que para oprimillos ó para reprimillos no bastaban
-las unas ni las otras fuerzas. Este fue el cimiento sobre
-que fundaron sus esperanzas los ánimos escandalizados<span class="pagenum"><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span>
-y ofendidos; y estos hombres fueron el instrumento
-principal de la guerra. Todo esto parecia al comun cosa
-escandalosa; pero la razon de los hombres, ó la providencia
-divina (que es lo mas cierto), mostró con el suceso,
-que fue cosa guiada para que el mal no fuese adelante, y
-estos reinos quedasen asegurados mientras fuese su voluntad.
-Siguiéronse luego ofensas en su ley, en las haciendas,
-y en el uso de la vida, así cuanto á la necesidad, como
-cuanto al regalo, á que es demasiadamente dada esta
-nacion; porque la inquisicion los comenzó á apretar mas
-de lo ordinario. El rey les mandó dejar la habla morisca,
-y con ella el comercio y comunicacion entre sí; quitóseles
-el servicio de los esclavos negros á quienes criaban con esperanzas
-de hijos, el hábito morisco en que tenian empleado
-gran caudal: obligáronlos á vestir castellano con mucha
-costa, que las mujeres trujesen los rostros descubiertos,
-que las casas acostumbradas á estar cerradas estuviesen
-abiertas: lo uno y lo otro tan grave de sufrir entre gente
-zelosa. Hubo fama que les mandaban tomar los hijos, y
-pasallos á Castilla: vedáronles el uso de los baños, que eran
-su limpieza y entretenimiento; primero les habian prohibido
-la música, cantares, fiestas, bodas conforme á su costumbre,
-y cualesquier juntas de pasatiempo. Salió todo esto
-junto, sin guardia ni provision de gente; sin reforzar presidios
-viejos, ó firmar otros nuevos. Y aunque los moriscos
-estuviesen prevenidos de lo que habia de ser, les hizo tanta
-impresion, que antes pensaron en la venganza que en el
-remedio. Años habia que trataban de entregar el reino á
-los príncipes de Berbería, ó al turco; mas la grandeza
-del negocio, el poco aparejo de armas, vituallas, navíos,
-lugar fuerte donde hiciesen cabeza, el poder grande del
-emperador, y del rey Felipe su hijo, enfrenaba las esperanzas,
-é imposibilitaba las resoluciones, especialmente
-estando en pie nuestras plazas mantenidas en la costa de
-África, las fuerzas del turco tan lejos, las de los cosarios
-de Argel mas ocupadas en presas y provecho particular,<span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span>
-que en empresas difíciles de tierra. Fuéronseles con estas
-dificultades dilatando los designios, apartándose ellos de
-los del reino de Valencia, gente menos ofendida, y mas
-armada. En fin creciendo igualmente nuestro espacio por
-una parte, y por otra los excesos de los enemigos tantos en
-número, que ni podian ser castigados por manos de justicia,
-ni por tan poca gente como la del capitan general;
-eran ya sospechosas sus fuerzas para encubiertas, aunque
-flacas para puestas en ejecucion. El pueblo de cristianos
-viejos adivinaba la verdad, cesaba el comercio y paso
-de Granada á los lugares de la costa: todo era confusion,
-sospecha, temor; sin resolver, proveer, ni ejecutar. Vista
-por ellos esta manera en nosotros, y temiendo que con
-mayor aparejo les contraviniésemos, determinaron algunos
-de los principales de juntarse en Cadiar, lugar entre Granada,
-y la mar, y el rio de Almería, á la entrada de la Alpujarra.
-Tratóse del cuando y como se debian descubrir unos
-á otros, de la manera del tratado y ejecucion: acordaron que
-fuese en la fuerza del invierno; porque las noches largas les
-diesen tiempo para salir de la montaña y llegar á Granada,
-y á una necesidad tornarse á recoger y poner en salvo,
-cuando nuestras galeras reposaban repartidas por los invernaderos
-y desarmadas; la noche de navidad, que la gente
-de todos los pueblos está en las iglesias, solas las casas, y
-las personas ocupadas en oraciones y sacrificios; cuando
-descuidados, desarmados, torpes con el frio, suspensos
-con la devocion, facilmente podian ser oprimidos de gente
-atenta, armada, suelta, y acostumbrada á saltos semejantes.
-Que se juntasen á un tiempo cuatro mil hombres de la
-Alpujarra, con los del Albaicin, y acometiesen la ciudad, y
-el Alhambra, parte por la puerta, parte con escalas; plaza
-guardada mas con la autoridad que con la fuerza: y por
-que sabian que el Alhambra, no podia dejar de aprovecharse
-de la artillería, acordaron que los moriscos de la vega tuviesen
-por contraseña las primeras dos piezas que se disparasen,
-para que en un tiempo acudiesen á las puertas de la<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span>
-ciudad, las forzasen, entrasen por ellas y por los portillos;
-corriesen las calles, y con el fuego y con el hierro no perdonasen
-á persona, ni á edificio. Descubrir el tratado sin
-ser sentidos y entre muchos, era dificultoso: pareció que
-los casados lo descubriesen á los casados, los viudos á los
-viudos, los mancebos á los mancebos; pero á tiento, probando
-las voluntades y el secreto de cada uno. Habian ya
-muchos años antes enviado á solicitar con personas ciertas
-no solamente á los príncipes de Berbería, mas al emperador
-de los turcos dentro en Constantinopla, que los socorriese,
-y sacase de servidumbre, y postreramente al rey de
-Argel pedido armada de levante y poniente en su favor;
-porque faltos de capitanes, de cabezas, de plazas fuertes,
-de gente diestra, de armas, no se hallaron poderosos para
-tomar, y proseguir á solas tan gran empresa. Demás de esto
-resolvieron proveerse de vitualla, elegir lugar en la montaña
-donde guardalla, fabricar armas, reparar las que
-de mucho tiempo tenian escondidas, comprar nuevas, y
-avisar de nuevo á los reyes de Argel, Fez, señor de Tituan,
-de esta resolucion y preparaciones. Con tal acuerdo partieron
-aquella habla; gente á quien el regalo, el vicio, la
-riqueza, la abundancia de las cosas necesarias, el vivir luengamente
-en gobierno de justicia é igualdad desasosegaba, y
-traía en continuo pensamiento.</p>
-
-<p>Dende á pocos dias se juntaron otra vez con los principales
-del Albaicin en Churriana fuera de Granada, á tratar
-del mismo negocio. Habíanles prohibido, como arriba se dijo,
-todas las juntas en que concurria número de gente;
-pero teniendo el rey y el prelado mas respeto á Dios que al
-peligro, se les habia concedido que hiciesen un hospital y
-cofradía de cristianos nuevos, que llamaron de la Resurreccion.
-(Dicen en español cofradía una junta de personas,
-que prometen hermandad en oficios divinos y religiosos
-con obras.) En dias señalados concurrian en el hospital
-á tratar de su rebelion con esta cubierta; y para tener
-certinidad de sus fuerzas, enviaron personas pláticas de la<span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span>
-tierra por todos los lugares del reino, que con ocasion de
-pedir limosna reconociesen las partes de él á propósito para
-acogerse, para recibir los enemigos, para traellos por caminos
-mas breves, mas secretos, mas seguros, con mas aparejo
-de vituallas; y estos echasen un pedido á manera de
-limosna, que los de veinte y cuatro años hasta cuarenta y
-cinco contribuyesen diferentemente de los viejos, mujeres,
-niños, y impedidos: con tal astucia reconocieron el número
-de la gente útil para tomar armas, y la que habia armada
-en el reino.</p>
-
-<p>Estos y otros indicios, y los delitos de los monfíes mas
-públicos, graves y á menudo que solian, dieron ocasion al
-marqués de Mondejar<a name="FNanchor_42_42" id="FNanchor_42_42"></a><a href="#Footnote_42_42" class="fnanchor">[42]</a>, al conde Tendilla su hijo, á cuyo
-cargo estaba la guerra, á D. Pedro de Deza, presidente
-de la chancillería, caballero que habia pasado por todos los
-oficios de su profesion, y dado buena cuenta de ellos, al
-arzobispo, á los jueces de inquisicion, de poner nuevo cuidado
-y diligencia en descubrir los motivos de estos hombres,
-y asegurarse parte con lo que podian, y parte con acudir
-al rey y pedir mayores fuerzas cada uno segun su oficio,
-para hacer justicia, y reprimir la insolencia; que este nombre
-le ponian, como á cosa incierta, hasta que estando el
-marqués de Mondejar en Madrid, fue avisado el rey mas
-particularmente. Partió el marqués en diligencia, y llevó
-comision para crecer en la guardia del reino alguna poca
-gente, pero la que pareció que bastaba en aquella ocasion,
-y en las que se ofreciesen por mar contra los moros berberíes.
-Mas las personas á cuyo cargo era la provision,
-aunque se creyeron los avisos; ó importunados con el menudear
-de ellos, ó juzgando á los autores por mas ambiciosos
-que diligentes, hicieron provision tan pequeña, que
-bastó para mover las causas de la enfermedad, y no para<span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span>
-remedialla; como suelen medicinas flojas en cuerpos llenos.
-Por lo cual, vistas por los monfíes y principales de
-la conjuracion las diligencias que se hacian de parte de los
-ministros para apurar la verdad del tratado; el temor de
-ser prevenidos, y la avilanteza de nuestras pocas fuerzas,
-los acució á resolverse sin aguardar socorro, con solo avisar
-á Berbería del término en que las cosas se hallaban,
-y solicitar gente y armas con la armada, dando por contraseño
-que entre los navíos que viniesen de Argel y Tituan trajesen
-las capitanas una vela colorada, y que los navíos de Tituan
-acudiesen á la costa de Marbella para dar calor á la sierra
-de Ronda y tierra de Málaga; y los de Argel á cabo de Gata,
-que los romanos llamaban promontorio de Caridemo, para
-socorrer á la Alpujarra y rios de Almería y Almazora, y
-mover con la vecindad los ánimos de la gente sosegada en
-el reino de Valencia. Mas estos estuvieron siempre firmes: ó
-que en la memoria de los viejos quedase el mal suceso de
-la sierra de Espadan en tiempo del emperador Cárlos; ó
-que teniendo por liviandad el tratado, y dificultosa la empresa,
-esperasen á ver como se movia la generalidad, con que
-fuerzas, fundamento, y certeza de esperanzas en Berbería.
-Enviaron á Argel al Partal que vivia en Narila, lugar del
-partido de Cadiar, hombre rico, diligente y tan cuerdo,
-que la segunda vez que fue á Berbería, llevó su hacienda
-y dos hermanos, y se quedó en Argel. Este y el Jeniz,
-que despues vendió y mató al Abenabó su señor, á quien
-ellos levantaron por segundo rey, estaban en aquella congregacion
-como diputados en nombre de toda la Alpujarra;
-y por tener alguna cabeza en quien se mantuviesen unidos,
-mas que por sujetarse á otras sino á las que el rey de Argel
-los nombrase, resolvieron en veinte y siete de setiembre
-hacer rey<a name="FNanchor_43_43" id="FNanchor_43_43"></a><a href="#Footnote_43_43" class="fnanchor">[43]</a>, persuadidos con la razon de D. Fernando<span class="sidenote">1568.</span>
-de Valor, el zaguer, que en su lengua quiere
-decir el menor, á quien por otro nombre llamaban Aben<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span>
-Jauhar, hombre de gran autoridad y de consejo maduro,
-entendido en las cosas del reino y de su ley. Este viendo
-que la grandeza del hecho traía miedo, dilacion, diversidad
-de casos; mudanzas de pareceres, los juntó en casa de
-Zinzan en el Albaicin, y les habló:</p>
-
-<p>«Poniéndoles delante la opresion en que estaban, sujetos
-á hombres públicos y particulares, no menos esclavos
-que si lo fuesen. Mujeres, hijos, haciendas, y sus
-propias personas en poder y arbitrio de enemigos, sin esperanza
-en muchos siglos de verse fuera de tal servidumbre:
-sufriendo tantos tiranos como vecinos, nuevas imposiciones,
-nuevos tributos, y privados del refugio de
-los lugares de señorío, donde los culpados, puesto que
-por accidentes ó por venganzas (esta es la causa entre
-ellos mas justificada), se aseguran: echados de la inmunidad
-y franqueza de las iglesias, donde por otra parte los
-mandaban asistir á los oficios divinos con penas de dinero;
-hechos sujetos de enriquecer clérigos; no tener acogida
-á Dios ni á los hombres; tratados y tenidos como
-moros entre los cristianos para ser menospreciados, y
-como cristianos entre los moros para no ser creidos ni
-ayudados. Excluidos de la vida y conversacion de personas,
-mándannos que no hablemos nuestra lengua; y no
-entendemos la castellana: ¿en qué lengua habemos de
-comunicar los conceptos, y pedir ó dar las cosas, sin
-que no puede estar el trato de los hombres? Aun á los
-animales no se vedan las voces humanas. ¿Quién quita
-que el hombre de lengua castellana no pueda tener la ley
-del Profeta, y el de la lengua morisca la ley de Jesus?
-Llaman á nuestros hijos á sus congregaciones y casas de
-letras: enséñanles artes que nuestros mayores prohibieron
-aprenderse, porque no se confundiese la puridad, y
-se hiciese litigiosa la verdad de la ley. Cada hora nos
-amenazan quitarlos de los brazos de sus madres, y de
-la crianza de sus padres, y pasarlos á tierras ajenas, donde
-olviden nuestra manera de vida, y aprendan á ser<span class="pagenum"><a name="Page_17" id="Page_17">[17]</a></span>
-enemigos de los padres que los engendramos, y de las
-madres que los parieron. Mándannos dejar nuestro hábito,
-y vestir el castellano. Vístense entre ellos los tudescos
-de una manera, los franceses de otra, los griegos de
-otra, los frailes de otra, los mozos de otra, y de otra los
-viejos: cada nacion, cada profesion y cada estado usa su
-manera de vestido, y todos son cristianos; y nosotros
-moros, porque vestimos á la morisca, como si trujésemos
-la ley en el vestido, y no en el corazon. Las haciendas
-no son bastantes para comprar vestidos para dueños y
-familias; del hábito que traíamos no podemos disponer,
-porque nadie compra lo que no ha de traer; para traello
-es prohibido, para vendello es inútil. Cuando en una casa
-se prohibiere el antiguo, y comprare el nuevo del caudal
-que teníamos para sustentarnos, ¿de qué viviremos?
-Si queremos mendigar nadie nos socorrerá como á pobres,
-porque somos pelados como ricos: nadie nos ayudará,
-porque los moriscos padecemos esta miseria y pobreza,
-que los cristianos no nos tienen por prójimos. Nuestros
-pasados quedaron tan pobres en la tierra de las guerras
-contra Castilla, que casando su hija el alcaide de Loja,
-grande y señalado capitan que llamaban Alatar, deudo de
-algunos de los que aquí nos hallamos, hubo de buscar vestidos
-prestados para la boda. ¿Con qué haciendas, con
-qué trato, con qué servicio ó industria, en qué tiempo
-adquiriremos riqueza para perder unos hábitos y comprar
-otros? Quítannos el servicio de los esclavos negros;
-los blancos no nos eran permitidos por ser de nuestra nacion:
-habíamoslos comprado, criado, mantenido: ¿esta
-pérdida sobre las otras? ¿Qué harán los que no tuvieren
-hijos que los sirvan, ni hacienda con que mantener criados
-si enferman, si se inhabilitan, si envejecen, sino
-prevenir la muerte? Van nuestras mujeres, nuestras hijas,
-tapadas las caras, ellas mismas á servirse y proveerse
-de lo necesario á sus casas; mándanles descubrir los rostros:
-si son vistas, serán codiciadas y aun requeridas; y<span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span>
-veráse quien son las que dieron la avilanteza al atrevimiento
-de mozos y viejos. Mándannos tener abiertas las
-puertas que nuestros pasados con tanta religion y cuidado
-tuvieron cerradas, no las puertas, sino las ventanas
-y resquicios de casa. ¿Hemos de ser sujetos de ladrones,
-de malhechores, de atrevidos y desvergonzados adúlteros,
-y que estos tengan dias determinados y horas ciertas,
-cuando sepan que pueden hurtar nuestras haciendas,
-ofender nuestras personas, violar nuestras honras? No
-solamente nos quitan la seguridad, la hacienda, la honra,
-el servicio, sino tambien los entretenimientos; así los
-que se introdujeron por la autoridad, reputacion y demostraciones
-de alegría en las bodas, zambras, bailes,
-músicas, comidas; como los que son necesarios para
-la limpieza, convenientes para la salud. ¿Vivirán nuestras
-mujeres sin baños, introduccion tan antigua? ¿Veránlas
-en sus casas tristes, sucias, enfermas, donde tenian
-la limpieza por contentamiento, por vestido, por sanidad?
-Representóles el estado de la cristiandad; las divisiones
-entre herejes y católicos en Francia; la rebelion
-de Flandes; Inglaterra sospechosa; y los flamencos huidos
-solicitando en Alemania á los príncipes de ella. El rey
-falto de dineros y gente plática, mal armadas las galeras,
-proveidas á remiendos, la chusma libre; los capitanes y
-hombres de cabo descontentos, como forzados. Si previniesen
-no solamente el reino de Granada, pero parte del
-Andalucía que tuvieron sus pasados, y agora poseen sus
-enemigos, pueden ocupar con el primer ímpetu; ó mantenerse
-en su tierra, cuando se contenten con ella sin
-pasar adelante. Montaña áspera, valles al abismo, sierras
-al cielo, caminos estrechos, barrancos y derrumbaderos
-sin salida: ellos gente suelta, plática en el campo,
-mostrada á sufrir calor, frio, sed, hambre; igualmente
-diligentes y animosos al acometer, prestos á desparcirse
-y juntarse: españoles contra españoles, muchos en número,
-proveidos de vitualla, no tan faltos de armas que<span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span>
-para los principios no les basten; y en lugar de las que
-no tienen, las piedras delante de los pies, que contra
-gente desarmada son armas bastantes. Y cuanto á los que
-se hallaban presentes, que en vano se habian juntado,
-si cualquiera de ellos no tuviera confianza del otro que
-era suficiente para dar cobro á tan gran hecho, y si, como
-siendo sentidos habian de ser compañeros en la culpa
-y el castigo, no fuesen despues parte en las esperanzas y
-frutos de ellas, llevándolas al cabo. Cuanto mas que ni
-las ofensas podian ser vengadas, ni deshechos los agravios,
-ni sus vidas y casas mantenidas, y ellos fuera de
-servidumbre; sino por medio del hierro, de la union y
-concordia, y una determinada resolucion con todas sus
-fuerzas juntas. Para lo cual era necesario elegir cabeza
-de ellos mismos, ó fuese con nombre de jeque, ó de capitan,
-ó de alcaide, ó de rey, si les pluguiese, que los tuviese
-juntos en justicia y seguridad.»</p>
-
-<p>Jeque llaman ellos el mas honrado de una generacion,
-quiere decir, el mas anciano: á estos dan el gobierno con
-autoridad de vida y muerte. Y porque esta nacion se vence
-tanto mas de la vanidad de la astrología y adivinanzas,
-cuanto mas vecinos estuvieron sus pasados de Caldea, donde
-la ciencia tuvo principio, no dejó de acordalles á este
-propósito, cuantos años atrás por boca de grandes sabios
-en movimiento y lumbre de estrellas, y profetas en su ley,
-estaba declarado, que se levantarian á tornar por sí; cobrarian
-la tierra y reinos que sus pasados perdieron, hasta
-señalar el mismo año despues que Mahoma les dió la ley
-(hegira le llaman ellos en su cuenta, que quiere decir el
-destierro, porque la dió siendo desterrado de Meca), y venia
-justo con esta rebelion. Representóles prodigios y apariencias
-extraordinarias de gente armada en el aire á las
-faldas de Sierra Nevada, aves de desusada manera dentro
-en Granada, partos monstruosos de animales en tierra de
-Baza, y trabajos del sol con el eclipse de los años pasados,
-que mostraban adversidad á los cristianos, á quien ellos<span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span>
-atribuyen el favor, ó disfavor de este planeta; como á sí el
-de la luna.</p>
-
-<p>Tal fue la habla que D. Fernando el zaguer les hizo; con
-que quedaron animados, indignados y resueltos en general
-de rebelarse presto, y en particular de elegir rey de su
-nacion; pero no quedaron determinados en el cuando precisamente,
-ni á quien. Una cosa muy de notar califica los
-principios de esta rebelion, que gente de mediana condicion
-mostrada á guardar poco secreto y hablar juntos, callasen
-tanto tiempo, y tantos hombres, en tierra donde
-hay alcaldes de corte y inquisidores, cuya profesion es descubrir
-delitos. Habia entre ellos un mancebo llamado D. Fernando
-de Valor, sobrino de D. Fernando el zaguer, cuyos
-abuelos se llamaron Hernandos y de Valor, porque vivian
-en Valor, el alto, lugar de la Alpujarra puesto cuasi en la
-cumbre de la montaña: era descendiente del linaje de Aben
-Humeya, uno de los nietos de Mahoma, hijos de su hija,
-que en tiempos antiguos tuvieron el reino de Córdoba y el
-Andalucía; rico de rentas, callado y ofendido, cuyo padre
-estaba preso por delitos en las cárceles de Granada. En este
-pusieron los ojos; así porque les movió la hacienda, el
-linaje, la autoridad del tio; como porque habia vengado
-la ofensa del padre matando secretamente uno de los acusadores,
-y parte de los testigos. De esta resolucion, aunque
-no tan en particular, hubo noticia, y fue el rey avisado;
-pero estaba el negocio cierto y el tiempo en duda: y, como
-suele acontecer á las provisiones en que se junta la dificultad
-con el temor, cada uno de los consejeros era en que se
-atajase con mayor poder; pero juntos juzgaban ser el remedio
-fácil, y las fuerzas de los ministros bastantes, el dinero
-poco necesario, porque habia de salir del mismo negocio;
-y menospreciaban esto, encareciendo el remedio de
-mayores cosas: porque los estados de Flandes desasosegados
-por el príncipe de Orange eran recien pacificados por el
-duque de Alba. Mas, puesto que las fuerzas del rey, y la
-experiencia del duque capitan, criado debajo de la disciplina<span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span>
-del emperador, testigo y parte en sus victorias, bastasen
-para mayores empresas; todavía lo que se temia de
-parte de Inglaterra, y las fuerzas de los hugonotes en Francia,
-algunas sospechas de príncipes de Alemania, y designios
-de Italia, daban cuidado; y tanto mayor por ser la rebelion
-de Flandes por causas de religion comunes con los
-franceses, ingleses, y alemanes; y por quejas de tributos,
-y gravezas comunes con todos los que son vasallos, aunque
-sean livianas y ellos bien tratados. Esto dió á los enemigos
-mayor avilanteza, y á nosotros causa de dilacion.
-Comenzaron á juntar mas al descubierto gente de todas maneras:
-si hombre ocioso habia perdido su hacienda, malbaratándola
-por redimir delitos; si homicida, salteador ó
-condenado en juicio, ó que temiese por culpas que lo seria;
-los que se mantenian de perjurios, robos, muertes;
-los que la maldad, la pobreza, los delitos traían desasosegados,
-fueron autores ó ministros de esta rebelion. Si algun
-bueno habia y fuera de semejantes vicios, con el ejemplo
-y conversacion de los malos brevemente se tornaba como
-ellos; porque cuando el vínculo de la vergüenza se
-rompe entre los buenos, mas desenfrenados son en las maldades
-que los peores. En fin el temor de que eran descubiertos,
-y seria prevenida su determinacion con el castigo,
-movió á los que gobernaban el negocio, y entre ellos á
-D. Fernando el zaguer, á pensar en algun caso con que
-obligasen y necesitasen al pueblo á salir de tibieza, y tomar
-las armas. Juntáronse tercera vez las cabezas de la
-conjuracion y otras, con veinte y seis personas del Alpujarra
-á San Miguel en casa del Hardon, hombre señalado
-entre ellos, á quien mandó el duque de Arcos despues justiciar.
-Posaba en la casa del Carcí, yerno suyo: eligieron
-á D. Fernando de Valor por rey con esta solemnidad: los
-viudos á un cabo, los por casar á otro, los casados á otro,
-y las mujeres á otra parte. Leyó uno de sus sacerdotes,
-que llaman faquíes, cierta profecía hecha en el año de los
-árabes de... y comprobada por la autoridad de su ley, consideraciones<span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span>
-de cursos y puntos de estrellas en el cielo,
-que trataba de su libertad por mano de un mozo de linaje
-real, que habia de ser bautizado y hereje de su ley, porque
-en lo público profesaria la de los cristianos. Dijo que
-esto concurria en D. Fernando, y concertaba con el tiempo.
-Vistiéronle de púrpura, y pusiéronle á torno del cuello y
-espaldas una insignia colorada á manera de faja. Tendieron
-cuatro banderas en el suelo, á las cuatro partes del mundo,
-y él hizo su oracion inclinándose sobre las banderas, el
-rostro al oriente (zalá la llaman ellos), y juramento de
-morir en su ley y en el reino; defendiéndola á ella, y á él,
-y á sus vasallos. En esto levantó el pie; y en señal de general
-obediencia postróse Aben Farax en nombre de todos,
-y besó la tierra donde el nuevo rey tenia la planta. Á este
-hizo su justicia mayor: lleváronle en hombros, levantáronle
-en alto diciendo: <i>Dios ensalce á Mahomet Aben Humeya
-rey de Granada y de Córdoba</i>. Tal era la antigua ceremonia
-con que elegian los reyes de la Andalucía, y despues los de
-Granada. Escribieron cartas los capitanes de la gente á los
-compañeros en la conjuracion; señalaron dia y hora para
-ejecutalla; fueron los que tenian cargos á sus partidos.
-Nombró Aben Humeya por capitan general á su tio Aben
-Jauhar, que partió luego para Cadiar, donde tenia casa y
-hacienda.</p>
-
-<p>Pasaba el capitan Herrera á la sazon de Granada para
-Abra con cuarenta caballos, y vino á hacer la noche en Cadiar.
-Mas Aben Jauhar el zaguer, vista la ocasion tan á su
-propósito, habló con los vecinos persuadiéndoles que cada
-uno matase á su huésped. No fueron perezosos; porque pasada
-la media noche no hubo dificultad en matar muchos á
-pocos, armados á desarmados, prevenidos á seguros y torpes
-con el sueño, con el cansancio, con el vino: pasaron
-al capitan y á los soldados por la espada. Venida la mañana
-juntáronse, y tomaron lo áspero de la sierra, como gente
-levantada; donde ni hubo tiempo ni aparejo para castigallos.
-Este fue el primer exceso y mas descubierto con que<span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span>
-los enemigos, ó por fuerza ó por voluntad fueron necesitados
-á tomar las armas sin otra respuesta de Berbería mas
-de esperanzas, y esas generales. Era entonces Selim el II,
-emperador de los turcos recien heredado, victorioso por la
-toma de Zigueto, plaza fuerte y proveida en Hungría: habia
-hecho nueva tregua con el emperador Maximiliano el II,
-concertándose con el sofí por la parte de Armenia, y por la
-de Suria con los jeques alárabes que le trabajaban sus confines,
-y con los genízaros, infantería que se suele desasosegar
-con la entrada de nuevo señor. Tenia en el ánimo las
-empresas que descubrió contra venecianos en Cipro, contra
-el rey de Túnez en Berbería; y que como no le convenia
-repartir sus fuerzas en muchas partes, así le convenia
-que las del rey católico estuviesen repartidas y ocupadas.
-Dícese, que en este tiempo vino del rey de Argel respuesta
-á los moriscos animándolos á perseverar en la prosecucion
-del tratado, pero excusándose de enviar el armada, con que
-esperaba órden de Constantinopla. El rey de Fez, como religioso
-en su ley, y del linaje de los Jarifes, tenidos entre
-los moros por santos, les prometió mas resuelto socorro.
-Todavía vinieron por medio de personas fiadas á tratar ambos
-reyes de la calidad del caso, de la posibilidad de los
-moriscos; y midiendo sus fuerzas de mar y tierra con las del
-rey de España, hallaron no ser bastantes para contrastalle:
-y aunque se confederaron, solo fue para que el rey de Argel
-hiciese la empresa de Túnez y Biserta, en tanto que el
-rey D. Felipe estaba ocupado en allanar la rebelion de Granada;
-y juntamente permitir que de sus tierras fuese alguna
-gente á sueldo en especial de moros andaluces, que se
-habian pasado á Berbería; y mercaderes pudiesen cargar
-armas, municiones, vitualla, con que los moriscos fuesen
-por sus dineros socorridos.</p>
-
-<p>Alpujarra llaman toda la montaña sujeta á Granada, como
-corre de levante á poniente prolongándose entre tierra
-de Granada y la mar, diez y siete leguas en largo, y once
-en lo mas ancho, poco mas ó menos: estéril y áspera de<span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span>
-suyo, sino donde hay vegas; pero con la industria de los
-moriscos (que ningun espacio de tierra dejan perder), tratable
-y cultivada, abundante de frutos y ganados y cria de
-sedas. Esta montaña como era principal en la rebelion,
-así la escogieron por sitio en que mantener la guerra, por tener
-la mar donde esperaba socorro, por la dificultad de los
-pasos y calidad de la tierra, por la gente que entre ellos es
-tenida por brava. Habian ya pensado rebelarse otras dos
-veces antes, una jueves santo, otra por setiembre de este
-año: tenian prevenido á Aluch Alí con el armada de Argel;
-mas él entendiendo que el conde de Tendilla estaba avisado
-y aguardándole en el campo, volvió, dejándose de la
-empresa, con el armada á Berbería. En fin á los veinte y
-tres de diciembre, luego que sucedió el caso de Cadiar, la
-misma gente con las armas mojadas en la sangre de aquellos
-pocos, salieron en público; movieron los lugares comarcanos
-y los demás de la Alpujarra, y rio de Almería,
-con quien tenian comun el tratado, enviando por corredores,
-y para descubrir los ánimos y motivo de la gente de
-Granada y la Vega, á Farax Aben Farax con hasta ciento
-y cincuenta hombres, gente suelta y desmandada, escogida
-entre los que mayor obligacion y mas esfuerzo tenian.
-Ellos recogiendo la que se les llegaba, tomaron resolucion
-de acometer á Granada, y caminaron para ella con hasta
-seis mil hombres mal armados, pero juntos y con buena
-órden, segun su costumbre.</p>
-
-<p>En España no habia galeras: el poder del rey ocupado en
-regiones apartadas, y el reino fuera de tal cuidado, todo seguro,
-todo sosegado: que tal estado era el que á ellos parecia
-mas á su propósito. Los ministros y gente en Granada
-mas sospechosa, que proveida; como pasa donde hay miedo
-y confusion. Pero fue acontecimiento hacer aquella noche
-tan mal tiempo, y caer tanta nieve en la sierra que llaman
-Nevada y antiguamente Soloria, y los moros Solaira;
-que cegó los pasos y veredas cuanto bastaba, para que tanto
-número de gente no pudiese llegar. Mas Farax con los<span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[25]</a></span>
-ciento y cincuenta hombres poco antes del amanecer entró
-por la puerta alta de Guadix, donde junta con Granada el
-camino de la sierra, con instrumentos y gaitas, como es
-su costumbre. Llegaron al Albaicin, corrieron las calles,
-procuraron levantar el pueblo haciendo promesas, pregonando
-sueldo de parte de los reyes de Fez y Argel, y afirmando
-que con gruesas armadas eran llegados á la costa
-del reino de Granada: cosa que escandalizó y atemorizó
-los ánimos presentes; y á los ausentes dió tanto mas en que
-pensar, cuanto mas lejos se hallaban: porque semejantes
-acaecimientos, cuanto mas se van apartando de su principio,
-tanto parecen mayores, y se juzgan con mayor encarecimiento.
-¡Y qué en un reino pacífico, lleno de armas,
-prudencia, justicia, riquezas; gobernado por el rey que
-pocos años antes habia hecho en persona el mayor principio
-que nunca hizo rey en España; vencido en un año dos
-batallas; ocupado por fuerza tres plazas al poder de Francia;
-compuesto negocio tan desconfiado como la restitucion
-del duque de Saboya; hecho por sus capitanes otras empresas;
-atravesado sus banderas de Italia á Flandes (viaje al
-parecer imposible), por tierras y gentes, que despues de
-las armas romanas nunca vieron otras en su comarca;
-pacificado sus estados con victorias, con sangre, con castigos;
-dentro, en el reposo, en la seguridad de su reino, en
-ciudad poblada por la mayor parte de cristianos, tanto mar
-en medio, tantas galeras nuestras; entrase gente armada
-con espadas de tantos hombres por medio de la ciudad,
-apellidando nombres de reyes infieles enemigos! Estado
-poco seguro es el de quien se descuida, creyendo que por
-sola su autoridad nadie se puede atrever á ofendelle. Los
-moriscos, hombres mas prevenidos que diestros, esperaban
-por horas la gente de la Alpujarra: salian el Tagari y
-Monfarrix, dos capitanes, todas las noches al cerro de Santa
-Helena por reconocer; y salieron la noche antes con cincuenta
-hombres escogidos, y diez y siete escalas grandes,
-para juntándose con Farax entrar en el Alhambra; mas visto<span class="pagenum"><a name="Page_26" id="Page_26">[26]</a></span>
-que no venian al tiempo, escondiendo las escalas en una
-cueva se volvieron, sin salir la siguiente noche, pareciéndoles,
-como poco pláticos de semejantes casos, que la tempestad
-estorbaria á venir tanta gente junta, con que pudiesen
-ellos y sus compañeros poner en ejecucion el tratado
-del Alhambra; debiéndose esperar semejante noche para
-escalarla. Mas los del Albaicin estuvieron sosegados en las
-casas, cerradas las puertas, como ignorantes del tratado,
-oyendo el pregon; porque aunque se hubiese comunicado
-con ellos, no con todos en general ni particularmente; ni
-estaban todos ciertos del dia (aunque se dilató poco la venida),
-ni del número de la gente, ni de la órden con que
-entraban, ni de la que en lo por venir temian. Díjose, que
-uno de los viejos abriendo la ventana, preguntó: <i>cuantos
-eran</i>, y respondiéndole: <i>seis mil</i>, cerró, y dijo: <i>pocos sois,
-y venis presto</i>, dando á entender que habian primero de comenzar
-por el Alhambra, y despues venir por el Albaicin,
-y con las fuerzas del rey de Argel. Tampoco se movieron
-los de la Vega, que seguian á los del Albaicin; especialmente
-no oyendo la artillería del Alhambra que tenian por contraseño.
-Habia entre los que gobernaban la ciudad emulacion
-y voluntades diferentes; pero no por esto así ellos como
-la gente principal y pueblo, dejaron de hacer la parte
-que tocaba á cada uno. Estúvose la noche en armas; tuvo
-el conde de Tendilla el Alhambra á punto, escandalizado
-de la música morisca, cosa en aquel tiempo ya desusada;
-pero avisado de lo que era, con mejor guardia. El marqués,
-aunque no tenia noticia del contraseño que los moros
-habian dado á la gente de la Vega, y él le tenia dado á
-la gente de la ciudad, que en la ocasion habia de disparar
-tres piezas; temiendo que si se hacia pensasen los moros
-que estaba en aprieto, y acometiesen el Alhambra, en
-que habia poca guardia, mandó que ningun movimiento
-se hiciese, ni se pidiese gente á la ciudad; que fue la salvacion
-del peligro, aunque proveido á otro propósito; porque
-acudiendo los moriscos de la Vega al contraseño, necesitaban<span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span>
-á los del Albaicin á declararse y juntarse con ellos,
-y como descubiertos combatir la ciudad. Bajó el conde á la
-plaza nueva y puso la gente en órden: acudieron muchos
-de los forasteros y de la ciudad, personas principales, al
-presidente D. Pedro de Deza por su oficio, por el cuidado
-que le habian visto poner en descubrir y atajar el tratado,
-por su afabilidad, buena manera generalmente con todos,
-y algunos por la diferencia de voluntades que conocian entre
-él y el marqués de Mondejar. Este, con solos cuatro de
-á caballo y el corregidor, subió al Albaicin, mas por reconocer
-lo pasado, que suspender el daño que se esperaba, ó
-asosegar los ánimos que ya tenia por perdidos, contento
-con alargar algun dia el peligro; mostrando confianza, y
-gozar del tiempo que fuese comun á ellos, para ver como
-procedian sus valedores; y á él para armarse y proveerse
-de lo necesario, y resistir á los unos y á los otros. Hablóles:
-«encareció su lealtad y firmeza, su prudencia en no dar
-crédito á la liviandad de pocos y perdidos, sin prendas,
-livianos; hombres que con las culpas ajenas pensaban
-redimir sus delitos ó adelantarse. Tal confianza se
-habia hecho siempre, y en casos tan calificados de la voluntad
-que tenian al servicio del rey, poniendo personas,
-haciendas y vidas con tanta obediencia á los ministros;
-ofreciéndose de ser testigo, y representador de su fe y
-servicios, intercediendo con el rey para que fuesen conocidos,
-estimados y remunerados.» Pero ellos respondiendo
-pocas palabras, y esas mas con semblante de culpados
-y arrepentidos que de determinados, ofrecieron la
-obra y perseverancia que habian mostrado en todas las ocasiones;
-y pareciéndole al marqués bastar aquello sin quitalles
-el miedo que tenian del pueblo, se bajó á la ciudad.
-Habia ya enviado á reconocer los enemigos; porque ni del
-propósito, ni del número, ni de la calidad de ellos, ni de
-las espaldas con que habian entrado se tenia certeza, ni del
-camino que hacian. Refirieron que habiendo parado en la
-casa de las Gallinas, atravesaban el Genil la vuelta de la<span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span>
-sierra; puso recaudo en los lugares que convenia; encomendó
-al corregidor la guardia de la ciudad; dejó en el Alhambra
-donde habia pocos soldados mal pagados, y estos
-de á caballo, el recaudo que bastaba, juntando á este los
-criados y allegados del conde de Tendilla, personas de crédito
-y amistades en la ciudad. Él con la caballería que se
-halló, siguió á los enemigos llevando consigo á su yerno y
-hijos<a name="FNanchor_44_44" id="FNanchor_44_44"></a><a href="#Footnote_44_44" class="fnanchor">[44]</a>: siguiéronle, parte por servir al rey, parte por
-amistad, ó por probar sus personas, por curiosidad de ver
-toda la gente desocupada y principal que se hallaba en la
-ciudad. Salió con la gente de su casa el conde de Miranda
-D. Pedro de Zúñiga<a name="FNanchor_45_45" id="FNanchor_45_45"></a><a href="#Footnote_45_45" class="fnanchor">[45]</a>, que á la sazon residia en pleitos,
-grande, igual en estado y linaje: eran todos pocos, pero
-calificados. Mas los enemigos, visto que los vecinos del Albaicin
-estaban quedos, y los de la Vega no acudian; con
-haber muerto un soldado, herido otro, saqueado una tienda
-y otra como en señal de que habian entrado, tomaron
-el camino que habian traido, y por las espaldas de la Alhambra
-prolongando la muralla, llegaron á la casa que por
-estar sobre el rio llamaban los moros Dar-al-huet, y nosotros
-de las Gallinas, segun los atajadores habian referido.
-Pararon á almorzar, y estuvieron hasta las ocho de la mañana;
-todo guiado por Farax para mostrar que habia cumplido
-con la comision, y acusar á los del Albaicin ó su miedo
-ó su desconfianza, y aun con esperanza que llegada la
-gente de la Alpujarra harian mas movimiento. Pero despues
-que ni lo uno ni lo otro le sucedió, acogióse al camino
-de Nigueles arrimándose á la falda de la montaña, y puesto
-en lo áspero, caminó haciendo muestra que esperaba. Pocos
-de la compañía del marqués alcanzaron á mostrarse,
-y ninguno llegó á las manos por la aspereza del sitio; aunque
-le siguieron por el paso del rio de Monachil hasta atravesar<span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span>
-el barranco, y de allí al paraje de Dilar, por donde
-entraron sin daño en lo mas áspero.</p>
-
-<p>Duró este seguimiento hasta el anochecer, que pareció
-al marqués poco necesario quedar allí, y mucho proveer á
-la guarda y seguridad de la ciudad; temeroso que juntándose
-los moriscos del Albaicin con los de la Vega, la acometerian
-sola de gente y desarmada. Tornó una hora antes
-de media noche; y sin perder tiempo comenzó á prevenir
-y llamar la gente que pudo, sin dineros, y que estaba mas
-cerca; los que por servir al rey, los que por su seguridad,
-por amistad del marqués, memoria del padre y abuelo,
-cuya fama era grande en aquel reino, por esperanza de
-ganar, por el ruido ó vanidad de la guerra, quisieron juntarse.
-Hizo llamamientos generales pidiendo gente á las ciudades
-y señores de la Andalucía, á cada uno conforme á la
-obligacion antigua y usanza de los concejos, que era venir
-la gente á su costa el tiempo que duraba la comida que podia
-traer á los hombros (talegas las llamaban los pasados,
-y nosotros ahora mochilas). Contábase para una semana;
-mas acabada servian tres meses pagados por sus pueblos
-enteramente, y seis meses adelante pagaban los pueblos la
-mitad, y otra mitad el rey: tornaban estos á sus casas, venian
-otros; manera de levantarse gente dañosa para la guerra
-y para ella, porque siempre era nueva. Esta obligacion
-tenian como pobladores por razon del sueldo que el rey les
-repartia por heredades, cuando se ganaba algun lugar de
-los enemigos. Llamó tambien á soldados particulares aunque
-ocupados en otras partes; á los que vivian al sueldo
-del rey, á los que olvidadas ó colgadas las esperanzas y armas
-reposaban en sus casas. Proveyó de armas y de vituallas;
-envió espías por todas partes á calar el motivo de los
-enemigos; avisó y pidió dinero al rey, para resistillos y
-asegurar la ciudad. Mas en ella era el miedo mayor que la
-causa: cualquier sospecha daba desasosiego, y ponia los
-vecinos en arma; discurrir á diversas partes, de ahí volver
-á casa; medir el peligro cada uno con su temor, trocados<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span>
-de continua paz en continua alteracion, tristeza, turbacion,
-y priesa; no fiar de persona ni de lugar; las mujeres á
-unas y á otras partes preguntar, visitar templos: muchas
-de las principales se acogieron á la Alhambra, otras con
-sus familias salieron por mayor seguridad á lugares de la
-comarca. Estaban las casas yermas y las tiendas cerradas;
-suspenso el trato; mudadas las horas de oficios divinos y
-humanos; atentos los religiosos y ocupados en oraciones y
-plegarias, como se suele en tiempo y punto de grandes peligros.
-Llegó en las primeras la gente de las villas sujetas á
-Granada, la de Alcalá y Loja: envió el marqués una compañía
-que sacase los cristianos viejos que estaban en Restaval,
-cierto que el primer acometimiento seria contra ellos:
-en Durcal puso dos compañías, porque los enemigos no
-pasasen á Granada sin quedar guarnicion de gente á las espaldas;
-y á D. Diego de Quesada con una compañía de infantería
-y otra de caballos en guarda de la puente de
-Tablate, paso derecho de la Alpujarra á Granada. El presidente
-aliviado ya del peligro presente, comenzó á pensar
-con mas libertad en el servicio del rey, ó en la emulacion
-contra el marqués de Mondejar: escribió á D. Luis Fajardo,
-marqués de Velez, que era adelantado del reino de
-Murcia y capitan general en la provincia de Cartagena (ciudad
-nombrada mas por la seguridad del puerto y por la destruicion
-que en ella hizo Scipion el Africano, que por la
-grandeza ó suntuosidad del edificio), animándole á juntar
-gente de aquellas provincias y de sus deudos y amigos, y
-entrar en el rio de Almería; donde haria servicio al rey,
-socorreria aquella ciudad que de mar y tierra estaba en peligro,
-y aprovecharia á la gente con las riquezas de los enemigos.
-Era el marqués tenido por diligente y animoso; y
-entre él y el marqués de Mondejar hubo siempre diferencias
-y alongamiento de voluntad, traido dende los padres y
-abuelos. El de Velez sirvió al emperador en las empresas de
-Túnez y Provenza, el de Mondejar en la de Argel; ambos
-tenian noticia de la tierra donde cada uno de ellos servia.<span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span>
-Comenzó el de Velez á ponerse en órden, á juntar gente,
-parte á sueldo de su hacienda, parte de amigos.</p>
-
-<p>Entre tanto el nuevo electo rey de Granada, en cuanto
-le duró la esperanza que el Albaicin y la Vega habian de hacer
-movimiento, estuvo quedo; mas como vió tan sosegada
-la gente, y las voluntades con tan poca demostracion, salió
-solo camino de la Alpujarra: encontráronle á la salida de
-Lanjaron, á pie, el caballo del diestro; pero siendo avisado
-que no pasase adelante, porque la tierra estaba alborotada,
-subió en su caballo, y con mas priesa tomó el camino de
-Valor. Habian los moriscos levantados hecho de sí dos partes;
-una llevó el camino de Orgiba, lugar del duque de Sesa
-(que fue de su abuelo el Gran Capitan) entre Granada y la
-entrada de la Alpujarra, al levante tierra de Almería, al
-poniente la de Salobreña y Almuñecar, al norte la misma
-Granada, al mediodia la mar con muchas calas donde se
-podian acoger navíos grandes. Sobre esta villa como mas
-importante se pusieron dos mil hombres repartidos en
-veinte banderas: las cabezas eran el alcaide de Mecina y el
-corcení de Motril. Fueron los cristianos viejos avisados, que
-serian como ciento y sesenta personas, hombres, mujeres
-y niños: recogiólos en la torre de Gaspar de Saravia, que
-estaba por el duque. Mas los moros comenzaron á combatirla;
-pusieron arcabucería en la torre de la iglesia, que los
-cristianos saltando fuera echaron de ella: llegáronse á picar
-la muralla con una manta, la cual les desbarataron
-echando piedras y quemándola con aceite y fuego; quisieron
-quemar las puertas, pero halláronlas ciegas con tierra y
-piedra. Amonestábalos á menudo un almuedano desde la
-iglesia con gran voz, que se rindiesen á su rey Aben Humeya.
-(Dicen almuedano al hombre que á voces los convoca
-á oracion; porque en su ley se les prohibe el uso de las
-campanas.) Llamaron á un vicario de Poqueira, hombre
-entre unos y los otros de autoridad y crédito, para que los
-persuadiese á entregarse; certificándoles que Granada y el
-Alhambra estaban ya en poder de los moros: prometian la<span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span>
-vida y libertad al que se rindiese, y al que se tornase moro
-la hacienda y otros bienes para él y sus sucesores: tales
-eran los sermones que les hacian. La otra banda de gente
-caminó derecho á Granada á hacer espaldas á Farax Aben
-Farax y á los que enviaron, y á recibir al que ellos llamaban
-rey, á quien encontraron cerca de Lanjaron, y pasaron
-con él adelante hasta Durcal. Pero entendiendo que el
-marqués habia dejado puesta guarnicion en él, volvieron á
-Valor el alto, y de allí á un barrio que llaman Laujar en
-el medio de la Alpujarra; adonde con la misma solemnidad
-que en Granada, le alzaron en hombros y le eligieron
-por su rey. Allí acabó de repartir los oficios, alcaidías,
-alguacilazgos por comarcas (á que ellos llaman en su lengua
-tahas), y por valles, y declaró por capitan general á su tio
-Aben Jauhar que llamaban D. Fernando el zaguer, y por
-su alguacil mayor á Farax Aben Farax: (alguacil dicen ellos
-al primer oficio despues de la persona del rey, que tiene
-libre poder en la vida y muerte de los hombres sin consultarlo).
-Vistiéronle de púrpura; pusiéronle casa como á los
-reyes de Granada, segun que lo oyeron á sus pasados. Tomó
-tres mujeres; una con quien él tenia conversacion y
-la trujo consigo, otra del rio de Almanzora, y otra de Tavernas;
-porque con el deudo tuviese aquella provincia mas
-obligada, sin otra con quien él primero fue casado, hija de
-uno que llamaban Rojas. Mas dende á pocos dias mandó
-matar al suegro y dos cuñados, porque no quisieron tomar
-su ley: dejó la mujer, perdonó la suegra, porque la habia
-parido, y quiso gracias por ello como piadoso. Comenzaron
-por el Alpujarra, rio de Almería, Bolodui, y otras partes
-á perseguir á los cristianos viejos, profanar y quemar
-las iglesias con el sacramento, martirizar religiosos
-y cristianos, que, ó por ser contrarios á su ley, ó
-por haberlos dotrinado en la nuestra, ó por haberlos ofendido,
-les eran odiosos. En Guecija, lugar del rio de Almería,
-quemaron por voto un convento de frailes agustinos,
-que se recogieron á la torre, echándoles por un horado<span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span>
-de lo alto aceite hirviendo: sirviéndose de la abundancia
-que Dios les dió en aquella tierra, para ahogar sus frailes.
-Inventaban nuevos géneros de tormentos: al cura de
-Mairena hincheron de pólvora y pusiéronle fuego; al vicario
-enterraron vivo hasta la cinta, y jugáronle á las saetadas;
-á otros lo mismo, dejándolos morir de hambre. Cortaron
-á otros miembros, y entregáronlos á las mujeres, que
-con agujas los matasen: á quien apedrearon, á quien acañaverearon,
-desollaron, despeñaron; y á los hijos de Arze,
-alcaide de la Peza, uno degollaron, y otro crucificaron,
-azotándole, y hiriéndole en el costado primero que muriese.
-Sufriólo el mozo, y mostró contentarse de la muerte
-conforme á la de nuestro Redentor, aunque en la vida fue
-todo al contrario; y murió confortando al hermano que
-descabezaron. Estas crueldades hicieron los ofendidos por
-vengarse; los monfíes por costumbre convertida en naturaleza.
-Las cabezas, ó las persuadian, ó las consentian: los
-justificados las miraban y loaban, por tener al pueblo mas
-culpado, mas obligado, mas desconfiado, y sin esperanzas
-de perdon: permitíalo el nuevo rey, y á veces lo mandaba.
-Fue gran testimonio de nuestra fe, y de compararse con la
-del tiempo de los apóstoles, que en tanto número de gente
-como murió á manos de infieles, ninguno hubo (aunque
-todos ó los mas fuesen requiridos y persuadidos con seguridad,
-autoridad y riquezas, y amenazados y puestas las
-amenazas en obra) que quisiese renegar; antes con humildad
-y paciencia cristiana las madres confortaban á los hijos,
-los niños á las madres, los sacerdotes al pueblo, y los
-mas distraidos se ofrecian con mas voluntad al martirio. Duró
-esta persecucion cuanto el calor de la rebelion y la furia
-de las venganzas; resistiendo Aben Jauhar y otros tan blandamente,
-que encendian mas lo uno y lo otro. Mas el rey,
-porque no pareciese que tantas crueldades se hacian con
-su autoridad, mandó pregonar que ninguno matase niño
-de diez años abajo, ni mujer ni hombre sin causa. En cuanto
-esto pasaba envió á Berbería á su hermano (que ya llamaban<span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span>
-Abdalá) con presente de cautivos y la nueva de su
-eleccion al rey de Argel, la obediencia al señor de los turcos:
-dióle comision que pidiese ayuda para mantener el
-reino. Tras él envió á Hernando el Habaqui á tomar turcos
-á sueldo, de quien adelante se hará memoria. Mas este dejando
-concertados soldados, trajo consigo un turco llamado
-Dali, capitan, con armas y mercaderes, en una fusta. Recibió
-el rey de Argel á Abdalá como á hermano del rey:
-regalóle y vistióle de paños de seda; envióle á Constantinopla,
-mas por entretener al hermano con esperanzas, que
-por dalle socorro. En este mismo tiempo se acabaron de rebelar
-los demás lugares del rio de Almería.</p>
-
-<p>Estaba entonces en Dalias Diego de la Gasca, capitan de
-Adra, que habiendo entendido el motin víspera de Navidad
-(dia señalado generalmente para rebelarse todo el reino),
-iba por reconocer á Ujijar; mas hallándola levantada, fue
-seguido de los enemigos hasta encerralle en Adra, lugar
-guardado á la marina, asentado cuasi donde los antiguos
-llamaban Abdera; que Pedro Verdugo, proveedor de Málaga,
-con barcos basteció de gente y vituallas, luego que entendió
-la muerte del capitan Herrera en Cadiar. Pasaron
-adelante visto el poco efecto que hacian en Adra, y juntando
-con su misma gente hasta mil y cuatrocientos hombres
-con un moro que llamaban el Ramí, ocuparon el Chitre
-(Chutre le dicen otros), sitio fuerte junto á Almería,
-creyendo que los moriscos vecinos de la ciudad tomarian
-las armas contra los cristianos viejos: escribieron y enviaron
-personas ciertas á solicitar entre otros á D. Alonso de
-Vanegas, hombre noble de gran autoridad, que con la
-carta cerrada se fue al ayuntamiento de los regidores; y leida,
-pensando un poco cayó desmayado, mas tornándole
-los otros regidores y reprendiéndole, respondió: <i>recia tentacion
-es la del reino</i>; y dióles la carta en que parecia como
-le ofrecian tomalle por rey de Almería. Vivió doliente dende
-entonces, pero leal y ocupado en el servicio del rey. Estaba
-D. García de Villarroel, yerno de D. Juan, el que murió<span class="pagenum"><a name="Page_35" id="Page_35">[35]</a></span>
-dende á poco en las Guajaras, por capitan ordinario en
-Almería, y tomando la gente de la ciudad y la suya, dió
-sobre los enemigos otro dia al amanecer, pensando ellos
-que venia gente en su ayuda: rompiólos, y mató al Ramí
-con algunos. Los que de allí escaparon, juntándose con
-otra banda del Cehel, y llevando á Hocaid de Motril por capitan,
-tomaron á Castil de Ferro, tenencia del duque de
-Sesa por tratado, matando la gente, sino á Machin el tuerto
-que se la vendió. De ahí pasaron á Motril, juntaron una
-parte del pueblo, y llevaron casas de moriscos volviendo
-sobre Adra; de donde salió Gasca con cuarenta caballos y
-noventa arcabuceros á reconocellos, y apartándose llamó
-un trompeta, cuyo nombre era Santiago, para enviar á
-mandar la gente; mas fue tan alta la voz, que pudieron
-oilla los soldados, y creyendo que dijese Santiago, como es
-costumbre de España para acometer los enemigos, arremetieron
-sin mas órden. Juntóse Diego de la Gasca con
-ellos, y fueron cuasi rotos los moros, retirándose con pérdida
-de cien hombres á la sierra. Iban estas nuevas cada dia
-creciendo; menudeaban los avisos del aprieto en que estaban
-los de la torre en Orgiba; que los moros de Berbería
-habian prometido gran socorro; que amenazaban á Almería
-y otros lugares aunque guardados en la marina, proveidos
-con poca gente. Temia el marqués si grueso número
-se acercase á Granada, que desasosegarian el Albaicin, levantarian
-las aldeas de la Vega, y tanto mayores fuerzas
-cobrarian, cuanto se tardase mas la resistencia: daríase
-ánimo á los turcos de Berbería de pasar á socorrellos con
-mayor priesa, confianza y esperanza; fortificarian plazas en
-que recogerse, y no les faltarian personas pláticas de esto
-y de la guerra entre otras naciones que les ayudasen, y
-firmarian el nombre de reino; puesto que vano y sin fundamento,
-perjudicial y odioso á los oidos del señor natural,
-por grande y poderoso que sea; daríase avilanteza á los
-descontentos, para pensar novedades.</p>
-
-<p>Estando las cosas en estos términos vino Aben Humeya<span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span>
-con la gente que tenia sobre Tablate, y trabando con don
-Diego de Quesada una escaramuza gruesa, cargó tanta gente
-de enemigos, que le necesitó á dejar la puente, y retirarse
-á Durcal. Estas razones y el caso de D. Diego fueron
-parte para que el marqués, con la gente que se hallaba,
-saliese de Granada á resistillos, hasta que viniese mas número
-con que acometellos á la iguala; dejando proveido á
-la guarda y seguridad de la ciudad y Alhambra á su hijo el
-conde de Tendilla por su teniente; al corregidor el sosiego,
-el gobierno, la provision de vituallas, la correspondencia
-de avisar al uno y al otro, con el presidente, de cuya
-autoridad se valiesen en las ocasiones. Salió de Granada á
-los tres de hebrero con propósito de socorrer á Orgiba: vino
-á Alhendin, y de allí al Padul. La gente que sacó fueron
-ochocientos infantes y doscientos caballos; demás de estos,
-los hombres principales, que ó con edad, ó con enfermedad
-ó con ocupaciones públicas no se excusaron, seguíanle,
-mirábanle como á salvador de la tierra, olvidada por entonces
-ó disimulada la pasion. Paró en el Padul pensando
-esperar allí la gente de la Andalucía sin dinero, sin vitualla,
-sin bagajes: con tan poca gente tomó la empresa; pero
-la misma noche á la segunda guardia oyéndose golpes de
-arcabuz en Durcal, creyendo todos que los enemigos habian
-acometido la guardia que allí estaba, partió con la caballería:
-halló que sintiendo su venida por el ruido de los
-caballos en el cascajo del rio, se habian retirado con la escuridad
-de la noche, dejando el lugar y llevando herida alguna
-gente; y el marqués para no darles avilanteza, tornando
-al Padul, acordó hacer en Durcal la masa. En tiempo
-de tres dias llegaron cuatro banderas de Baeza, con
-que crecia el marqués á mil y ochocientos infantes, y una
-compañía de noventa caballos; y teniendo aviso del trabajo
-en que estaban los de Orgiba, y que Aben Humeya
-juntaba gente para estorballe el paso de Tablate, salió de
-Durcal.</p>
-
-<p>Entre tanto el conde de Tendilla recibia y alojaba la gente<span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span>
-de las ciudades y señores en el Albaicin; y porque no
-bastaba para asegurarse de los moriscos de la ciudad y la
-tierra, y proveer á su padre de gente, nombró diez y siete
-capitanes, parte hijos de señores, parte caballeros de la
-ciudad, parte soldados, pero todos personas de crédito:
-aposentólos, y mantúvolos sin pagas con alojamientos y
-contribuciones. El marqués, dejando guardia en Durcal,
-paró aquella noche en Elchite, de donde partió en órden
-camino de la puente; y habiendo enviado una compañía
-de caballos con alguna arcabucería á recoger la gente que
-habia quedado atrás, para que asegurasen los bagajes y
-embarazos, y mandado volver á Granada los desarmados
-que vinieron de la Andalucía; tuvo aviso que los enemigos
-le esperaban, parte en la ladera, parte en la salida de la
-misma puente, y la estaban rompiendo. Eran todos cuasi
-tres mil y quinientos hombres, los mas de ellos armados
-de arcabuces y ballestas, los otros con hondas y armas enhastadas:
-comenzóse una escaramuza trabada; mas el
-marqués, visto que remolinaban algunas picas de su escuadron,
-arremetió adelante con la gente particular de manera,
-que apretó los enemigos hasta forzarlos á dejar la
-puente, y pasó una banda de arcabucería por lo que de
-ella quedaba entero. Con esta carga fueron rotos del todo,
-retrayéndose en poca órden á lo alto de la montaña. Algunos
-arcabuceros llegaron á Lanjaron, y entraron en el castillo
-que estaba desamparado: reparóse la puente con puertas,
-con rama, con madera que se trajo del lugar de Tablate,
-por donde pasó la caballería: el resto del campo se
-aposentó en él sin seguir los enemigos, por ser ya tarde y
-haberse ellos acogido á lo fuerte, donde los caballos no les
-podian dañar. El dia siguiente, dejando en la puente al capitan
-Valdivia con su compañía para seguridad de las escoltas
-que iban de Granada á la Alpujarra, por ser paso de importancia,
-tomó el camino de Orgiba donde los enemigos
-le esperaban al paso en la cuesta de Lanjaron; y habiendo
-sacado una banda de arcabucería con algunos caballos,<span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span>
-mandó á don Francisco su hijo<a name="FNanchor_46_46" id="FNanchor_46_46"></a><a href="#Footnote_46_46" class="fnanchor">[46]</a>, que con ellos se mejorase
-en lo alto de la montaña, yendo él su camino derecho
-sin estorbo; porque Aben Humeya, con miedo que le tomasen
-los nuestros las cumbres que tenia para su acogida,
-dejó libre el paso; aunque la noche antes habia tenido su
-campo enfrente del nuestro con muchas lumbres y música
-en su manera, amenazando nuestra gente y apercibiéndola
-para otro dia á la batalla. Llegado el marqués á Orgiba socorrió
-la torre, en término que si tardara, era necesario
-perderse por falta de agua y vitualla, cansados de velar y
-resistir. He querido hacer tan particular memoria del caso
-de Orgiba, porque en él hubo todos los accidentes que en
-un cerco de grande importancia; sitiados y combatidos,
-quitadas las defensas, salidas de los de dentro contra los
-cercadores, á falta de artillería picados los muros, al fin
-hambreados, socorridos con la diligencia que ciudades ó
-plazas importantes; hasta juntarse dos campos tales cuales
-entonces los habia, uno á estorbar, otro á socorrer, darse
-batalla donde intervino persona y nombre de rey. Socorrida
-y proveida Orgiba de vitualla, municion y gente, la que
-bastaba para asegurar las espaldas al campo, mandando
-volver á Granada á órden del conde su hijo cuatro compañías
-de caballería, y una de infantería para guarda de la
-ciudad, partió contra Poqueira donde tuvo aviso que Aben
-Humeya habia parado resuelto de combatir: juntó con su
-gente dos compañías, una de infantería y otra de caballos,
-que le vino de Córdoba. Cerca del rio que divide el camino
-entre Orgiba y Poqueira, descubrió los enemigos en el paso
-que llaman Alfajarali. Eran cuatro mil hombres los principales
-que gobernaban apeados: hicieron una ala delgada
-en medio, á los costados espesa de gente como es su costumbre
-ordenar el escuadron; á la mano derecha, cubiertos
-con un cerro, habia emboscados quinientos arcabuceros<span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span>
-y ballesteros; demás de esto otra emboscada en lo hondo
-del barranco, luego pasado el rio, de mucho mayor
-número de gente. La que el marqués llevaba serian dos mil
-infantes y trescientos caballos en un escuadron prolongado
-guarnecido de arcabucería y mangas, segun la dificultad
-del camino. La caballería, parte en la retaguardia, parte á
-un lado, donde la tierra era tal que podian mandarse los
-caballos; pero guarnecida asimismo de alguna infantería:
-porque en aquella tierra, aunque los caballos sirvan mas
-para atemorizar que para ofender, todavía son provechosos.
-Apartó del escuadron dos bandas de arcabucería y cien
-caballos, con que su hijo D. Francisco fuese á tomar las
-cumbres de la montaña: en esta órden bajando al rio, comenzó
-á subir escaramuzando con los enemigos; mas ellos,
-cuando pensaron que nuestra gente iba cansada, acometieron
-por la frente, por el costado, y por la retaguardia,
-todo á un tiempo; de manera que cuasi una hora se peleó
-con ellos á todas partes y á las espaldas, no sin igualdad
-y peligro; porque la una banda de arcabucería estuvo en
-términos de desórden, y la caballería lo mismo; pero socorrió
-el marqués con su persona los caballos, y enviando
-socorro á los infantes. Viendo los enemigos que les tomaba
-los altos nuestra arcabucería, ya rotos se recogieron á ellos
-con tiempo, desamparando el paso. Siguióse el alcance mas
-de media legua hasta un lugar que dicen Lubien: la noche
-y el cansancio estorbó que no se pasase adelante; murieron
-de ellos en este rencuentro cuasi seiscientos, de los nuestros
-siete; hubo muchos heridos de arcabuces y ballestas. Don
-Francisco de Mendoza, hijo del marqués, y D. Alonso Portocarrero,
-fueron aquel dia buenos caballeros, entre otros
-que allí se hallaron: D. Francisco cercado y fuera de la silla,
-se defendió con daño de los enemigos rompiendo por medio.
-D. Alonso, herido de dos saetadas con yerba, peleó hasta
-caer trabado del veneno usado dende los tiempos antiguos
-entre cazadores. Mas porque se va perdiendo el uso de ella
-con el de los arcabuces, como se olvidan muchas cosas con<span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span>
-la novedad de otras, diré algo de su naturaleza. Hay dos
-maneras, una que se hace en Castilla en las montañas de
-Bejar y Guadarrama (á este monte llamaban los antiguos
-Orospeda, y al otro Idubeda), cociendo el zumo de vedegambre
-á que en lengua romana y griega dicen eléboro
-negro hasta que hace correa, y curándolo al sol, lo espesan
-y dan fuerza<a name="FNanchor_47_47" id="FNanchor_47_47"></a><a href="#Footnote_47_47" class="fnanchor">[47]</a>; su olor agudo no sin suavidad,
-su color escuro, que tira á rubio. Otra se hace en
-las montañas nevadas de Granada de la misma manera,
-pero de la yerba que los moros dicen rejalgar, nosotros
-yerba, los romanos y griegos acónito, y porque mata
-los lobos, lycoctónos; color negro, olor grave, prende
-mas presto, daña mucha carne: los accidentes en ambas
-los mismos, frio, torpeza, privacion de vista, revolvimiento
-de estómago, arcadas, espumajos, desflaquecimiento de
-fuerzas hasta caer. Envuélvese la ponzoña con la sangre
-donde quier que la halla, y aunque toque la yerba á la
-que corre fuera de la herida, se retira con ella, y la lleva
-consigo por las venas al corazon, donde ya no tiene remedio;
-mas antes que llegue hay todos los generales: chúpanla
-para tirarla á fuera, aunque con peligro; psyllos llamaban
-en lengua de Egipto á los hombres que tenian este oficio<a name="FNanchor_48_48" id="FNanchor_48_48"></a><a href="#Footnote_48_48" class="fnanchor">[48]</a>.
-El particular remedio es zumo de membrillo, fruta
-tan enemiga de esta yerba, que donde quier que la alcanza
-el olor, le quita la fuerza; zumo de retama, cuyas hojas
-machacadas he yo visto lanzar de suyo por la herida cuanto
-pueden buscando el veneno hasta topallo, y tiralle fuera:
-tal es la manera de esta ponzoña, con cuyo zumo untan las
-saetas envueltas en lino porque se detenga. La simplicidad
-de nuestros pasados, que no conocieron manera de matar
-personas sino á hierro, puso á todo género de veneno nombre
-de yerbas: usóse en tiempos antiguos en las montañas<span class="pagenum"><a name="Page_41" id="Page_41">[41]</a></span>
-de Abruzzo, en las de Candia, en las de Persia: en los
-nuestros en los Alpes que llaman Monsenis hay cierta yerba
-poco diferente, dicha tora, con que matan la caza, y
-otra que dicen antora, á manera de dictamno, que la cura.</p>
-
-<p>Entróse Poqueira, lugar tan fuerte, que con poca resistencia
-se defendiera contra mucho mayores fuerzas. Los
-moros confiándose del sitio le habian escogido por depósito
-de sus riquezas, de sus mujeres, hijos, y vitualla: todo se
-dió á saco; los soldados ganaron cantidad de oro, ropa, esclavos,
-la vitualla se aprovechó cuanto pudo; mas la priesa
-de caminar en seguimiento de los enemigos, porque en
-ninguna parte se firmasen, y la falta de bagajes en que la
-cargar y gente con que aseguraba, fue causa de quemar la
-mayor parte, porque ellos no se aprovechasen. Partió el
-marqués el dia siguiente de Poqueira, y vino á Pitres,
-donde se detuvo curando los heridos, dando cobro á muchos
-cautivos cristianos que libertó, ordenando las escoltas,
-y tomando lengua. Alcanzáronle en este lugar dos
-compañías de caballos de Córdoba y una de infantería: en
-él tuvo nueva como Aben Humeya con mayor número de
-gente le esperaba en el puerto que llaman de Jubiles, lugar
-á su parecer de ellos donde era imposible pasar sin pérdida.
-Mas queriendo los enemigos tentar primero la fortuna de
-la guerra, saltearon nuestro alojamiento con cinco banderas,
-en que habia ochocientos hombres: el dia siguiente á
-mediodia, aprovechándose de la niebla y de la hora del
-comer, acometieron por tres partes, y porfiaron de manera
-hasta que llegaron á los cuerpos de guardia peleando, pero
-en ellos fueron resistidos con pérdida de gente y dos banderas:
-hubo algunos heridos de los nuestros. Sosegada y
-refrescada la gente, dejando los heridos y embarazos con
-buena guardia, partió el marqués ahorrado contra Aben
-Humeya; y por descuidarle escogió el camino áspero de
-Trevelez por la cumbre de la sierra de Poqueira, donde
-algunos moros desmandados desasosegaron nuestra retaguardia
-sin daño. Pasóse aquella noche fuera de Trevelez<span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span>
-sobre la nieve, con poco aparejo y frio demasiado. Habia
-venido á Pitres un mensajero de Zaguer que decian
-Aben Jauhar, tio y general de Aben Humeya, á pedir
-apuntamientos de paz; pero llevándole el marqués consigo
-le respondió; <i>Que brevemente pensaba dalle la respuesta,
-como convenia al servicio de Dios y del rey</i>. Dícese que ya
-el zaguer andaba recatado de que Aben Humeya le buscase
-la muerte; y continuando su camino para Jubiles con una
-compañía mas de infantería y otra de caballos de Écija,
-cuyo capitan era Tello de Aguilar, llegó á vista de Jubiles
-donde salió un cristiano viejo con tres moros á entregalle
-el castillo. Habia dentro mujeres y hijos de los moros que
-estaban en campo con Aben Humeya, gente inútil y de estorbo
-para quien no tiene cuenta con las mujeres y niños,
-y algunos moros de paz viejos; mas porque era necesario
-ocupar mucha gente para guardallos, y si quedaran sin
-guarda se huyeran á los enemigos, mandó que los llevasen
-á Jubiles. Acaeció, que un soldado de los atrevidos llegó á
-tentar una mujer si traía dineros, y alguno de los moriscos
-(ó fuese marido ó pariente) á defendella, de que se trabó
-tal ruido, que de los moriscos cuasi ninguno quedó vivo;
-de las moriscas hubo muchas muertas, de los nuestros algunos
-heridos, que con la escuridad de la noche se hacian
-daño unos á otros. Dícese que hubo gente de los enemigos
-mezclada para ver si con esta ocasion pudieran desordenar
-el campo, y que arrepentidos de la entrega que el zaguer
-hizo, los padres, hermanos y maridos de las moras quisieron
-procurar su libertad: la escuridad de la noche y la
-confusion fue tanta, que ni capitanes ni oficiales pudieron
-estorbar el daño.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span></p>
-
-<h2>LIBRO II.</h2>
-
-
-<p>En tanto que las cosas de la Alpujarra pasaban como tenemos
-dicho, se juntaron hasta quinientos moros con dos
-capitanes, Giron de las Albuñuelas y Nacoz de Niguels, á
-tentar la guardia, que el marqués habia dejado en la puente
-de Tablate; teniendo por cierto que si de allí la pudiesen
-apartar, se quitaria el paso y el aparejo á las escoltas, y
-nuestro campo con falta de vituallas se desharia. Vinieron
-sobre la puente hallándola falta de gente, y la que habia
-desapercibida: acometieron con tanto denuedo, que la hicieron
-retirar; parte no paró hasta Granada, muchos de
-ellos murieron sin pelear en el alcance, parte se encerraron
-en una iglesia donde acabaron quemados, con que la
-puente quedó por los enemigos. Mas el conde de Tendilla,
-sabida la nueva, envió á llamar con diligencia á D. Álvaro
-Manrique, capitan del marqués de Pliego, que con trescientos
-infantes y ochenta caballos de su cargo estaba alojado
-dos leguas de Granada. Llegó á la puente de Genil al amanecer,
-donde el conde le esperaba con ochocientos infantes
-y ciento y veinte caballos: avisado del número de los enemigos
-entrególes la gente, y dióle órden que peleando con
-ellos, desembarazado el paso le dejase guardado, y él con
-el resto de ella pasase á buscar al marqués. Cumplió D. Álvaro
-con su comision hallando la puente libre, y los moros
-idos.</p>
-
-<p>En Jubiles llegó el capitan D. Diego de Mendoza enviado
-por el rey, para que llevase relacion de la guerra, manera<span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span>
-de como se gobernaba el marqués, del estado en que las cosas
-se hallaban; porque los avisos eran tan diferentes, que
-causaban confusion en las provisiones; como no faltan personas
-que por pretensiones ó por pasion ó opinion ó buen
-celo, culpan ó excusan las obras de los ministros. Partió el
-marqués de Jubiles, vino á Cadiar donde fue la muerte del
-capitan Herrera; de allí á Ujijar: en el camino mandó combatir
-una cueva, en que se defendian encerrados cantidad
-de moros con sus mujeres y hijos, hasta que con fuego y
-humo fueron tomados. Estando en Ujijar fue avisado que
-Aben Humeya juntas todas sus fuerzas le esperaba en el
-paso de Paterna tres leguas de Ujijar, y sin detenerse partió.
-Caminando le vinieron dos moros de parte de Aben Humeya
-con nuevos partidos de paz, mas el marqués sin respuesta
-los llevó consigo hasta dar con su vanguardia en la
-de los enemigos; y en una quebrada junto á Iñiza pelearon
-con harta pertinencia, por ser mas de cinco mil hombres
-y mejor armados que en Jubiles: pero fueron rotos del todo
-tomándoles el alto, y acometiéndolos con la caballería
-D. Alonso de Cárdenas, conde de la Puebla: no se siguió
-el alcance por ser noche. Envió el marqués doscientos caballos,
-que le siguieron hasta la nieve y aspereza de la sierra,
-matando y cautivando; y él á dos horas de noche paró
-en Iñiza: otro dia vino á Paterna; dióla á saco; no hallaron
-los soldados en ella menos riqueza que en Poqueira. El
-rencuentro de Paterna fue la postrera jornada en que Aben
-Humeya tuvo gente junta contra el marqués; el cual partió
-sin detenerse para Andarax en seguimiento de las sobras
-de los enemigos, habiendo enviado delante infantería y caballería
-á buscallos en el llano, y en la sierra que dicen el
-Cehel cerca de la mar: montaña buena para ganados, caza
-y pesca; aunque en algunas partes falta de agua. Dicen los
-moros, que fue patrimonio del conde Julian el traidor, y
-aun duran en ella y cerca memorias de su nombre; la torre,
-la rambla Juliana, y Castil de Ferro. Llegado á Andarax envió
-á su hijo D. Francisco con cuatro compañías de infantería<span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span>
-y cien caballos á Ohañez, donde entendió que se recogian
-enemigos; mas por avisos ciertos del capitan de
-Adra supo que en él no habia cuarenta personas, y por alguna
-falta de vituallas le mandó tornar. Recogió y envió á
-Granada gran cantidad de cautivos cristianos, á quien habia
-dado libertad en todos los pueblos que ganó y se le rindieron:
-recibió los lugares que sin condicion se le entregaron.
-Estaba Diego de la Gasca sospechoso en Adra, que los
-vecinos de Turon, lugar de los rendidos en Cehel, acogian
-moros enemigos, y queriendo él por sí saber la verdad para
-dar aviso al marqués, fue con su gente; mas no hallando
-moros entró de vuelta á buscar cierta casa, de donde
-salió uno de ellos que le dió cierta carta de aviso fingida, y
-al abrirla le metió un puñal por el vientre: hirió tambien
-dos soldados antes que le matasen. Murió Gasca de las heridas,
-y mandó en su testamento que las ganancias que habia
-hecho en la guerra se repartiesen entre soldados pobres,
-huérfanos, viudas, mujeres y hijas de soldados: era
-sobrino hijo de hermano de Gasca, obispo de Sigüenza,
-que venció en una batalla á los Pizarros y pacificó el reino
-del Perú.</p>
-
-<p>En el mismo tiempo, D. Luis Fajardo marqués de Velez,
-gran señor en el reino de Murcia, solicitado, como dijimos,
-por cartas del presidente de Granada, habia salido
-con sus amigos, deudos y allegados, á entrar en el reino
-de Almería: era la gente que llevaba número de dos mil infantes
-y trescientos caballos, la mayor parte escogidos. La
-primera jornada fue combatir una gruesa banda de moros,
-que atravesaban desmandados en Illar: de allí fue sobre
-Filix: tomóla, y saqueóla enriqueciendo la gente; peleóse
-con harto riesgo y porfía; murieron de los enemigos muchos,
-pero mas mujeres que hombres, entre ellos su capitan,
-llamado Futei, natural de Zenette. Hecho esto, por
-falta de vituallas se recogió á los lugares del rio de Almería;
-donde para mantener la gente y su persona vino á Cosar
-de Canjayar, barranco de la Hambre le llaman por otro<span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span>
-nombre en su lengua, porque en él se recogieron los moros,
-cuando el Rey Católico D. Fernando hizo la empresa
-de Andarax en el primer levantamiento, donde pasaron
-tanta hambre que cuasi todos murieron.</p>
-
-<p>La toma de Poqueira, Jubiles y Paterna puso temor á los
-enemigos, porque tenian reputacion de fuertes, y indignacion
-por la pérdida que en ellos hicieron de todas sus fortunas:
-comenzaron á recogerse en lugares ásperos, ocupar
-las cumbres y riscos de las montañas fortificando á su parecer
-lo que bastaba; pero no como gente plática, antes ponian
-todas sus esperanzas y seguridad en esparcir, y dejando
-la frente al enemigo pasar á las espaldas, mas con apariencia
-de descabullirse, que de acometer. Pareció al marqués
-con estos sucesos quedar llana toda la Alpujarra; y
-dando la vuelta por Andarax y Cadiar, tornó á Orgiba, por
-estar mas en comarca de la mar, rio de Almería, Granada,
-y la misma Alpujarra. Entre tanto, aunque la rebelion parecia
-estar en el Alpujarra en términos de sosegada, echó
-raices por diversas partes: á la parte de poniente por las
-Guajaras, tres lugares pequeños juntos que parten la tierra
-de Almuñecar de la de Val de Leclin, puestos en el valle
-que desciende al puerto de la Herradura; desdichado por la
-pérdida de veinte y tres galeras anegadas con su capitan general
-D. Juan de Mendoza, hombre de no menos industria
-y ánimo que su padre D. Bernardino y otros de sus pasados,
-que en diversos tiempos valieron en aquel ejercicio. El señor
-de uno de aquellos lugares, ó con ánimo de tenellos pacíficos,
-ó de roballos y cautivar la gente, juntando consigo
-hasta doscientos soldados desmandados de la costa, forzó á
-los vecinos que le alojasen y contribuyesen extraordinariamente.
-Vista por ellos la violencia dilatándolo hasta la noche,
-le acometieron de improviso, y necesitaron á retraerse
-en la iglesia donde quemaron á él y á los que entraron
-en su compañía. No dió tiempo á los malhechores la presteza
-del caso para pensar en otro partido mas llano, que juntarse
-llegando á sí de la gente de lugares vecinos tres mil<span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span>
-personas de todas edades, en que habia mil y quinientos
-hombres de provecho, armados de arcabuces, ballestas,
-lanzas y gorguzes y parte hondas, como la ira y la posibilidad
-les daba; y sin tomar capitan, de comun parecer ocuparon
-dos peñones, uno alto de subida áspera y difícil,
-otro menor y mas llano. Aquí pusieron su guardia, y se
-repararon sin traveses, parte con piedra seca, parte con mantas
-y jalmas como rumbadas, á falta de rama y tierra. Estos
-dos sitios escogieron para su seguridad, juntando despues
-consigo algunos salteadores, Giron, Marcos el Zamar
-capitanes, y otros hombres á quien convidaba la fortaleza
-del sitio, el aparejo de la comarca, y la ocasion de
-las presas. Fue el marqués avisado, que andaba visitando
-algunos lugares de la tierra como seguro de tal novedad; y
-visto que el fuego se comenzaba por parte peligrosa de lugares
-importantes guardados á la costa con poca gente, recelando
-que saltase á la sierra de Bentomiz ó á la hoya y jarquia
-de Málaga, deliberó partir con cuasi dos mil infantes
-y doscientos caballos, avisando al conde que de Granada
-le reforzase con mas gente de pie y de caballo. Eran los
-mas aventureros ó concejiles: tomó el camino de las Guajaras
-dejando á sus espaldas lugares, como Ohañez y Valor
-el alto, sospechosos y sobresaltados, aunque solos de gente
-segun los avisos. Algunos le juzgaban, diciendo, que
-pudiera enviar otra persona ó á su hijo el conde en su lugar;
-pero él escogió para sí la empresa con este peligro: ó
-porque el rey vista la importancia del caso no le proveyese
-de compañero, ó por entretener la gente en la ganancia.
-Tanto puede la ambicion en los hombres puesto que sea
-loable, que aun de los hijos se recatan. Sacar al conde de
-Granada, que le aseguraba la ciudad á las espaldas y le
-proveía de gente y de vitualla, parecia consejo peligroso; y
-partir la empresa con otro, despojarse de las cabezas; que
-si muchas en número y calidad de personas, en experiencia
-eran pocas. Estas dudas saneó con la presteza, porque antes
-que los enemigos pensasen que partia, les puso las armas<span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span>
-delante. Halláronse en toda la jornada muchas personas
-principales, así del reino de Granada como de la Andalucía,
-que en las ocasiones serán nombrados. Partió el
-marqués de Andarax, y sin perder tiempo vino de Cadiar
-á Orgiba; y tomando vitualla á Velez de Benabdalá, pasó
-el rio de Motril, la infantería á las ancas de los caballos, y
-llegó á las Guajaras que están en medio. Vino D. Alonso
-Portocarrero con mil soldados, ya sano de sus heridas, y
-otras dos bandas de infantería, ciento y cincuenta caballos,
-gente hecha en Granada, que enviaba el conde de
-Tendilla, el conde de Santistévan con muchos deudos y
-amigos de su casa y vasallos suyos. Mas los enemigos, como
-de improviso descubrieron el campo, comenzaron á
-tomar el camino de los Peñones y víanse subir por la montaña
-con mujeres y hijos. Viendo el marqués que se recogian
-á sus fuertes, envió una compañía de arcabuceros á reconocerlos,
-y dañarlos si pudiesen; pero dende á poco le
-trajo un soldado mandado del capitan, que por ser los enemigos
-muchos y su gente poca, ni se atrevia á seguillos,
-porque no le cargasen; ni á retirarse, porque no le rompiesen:
-pedia para lo uno y lo otro mil hombres. Envióle
-alguna arcabucería, y él con la gente que pudo llegar ordenada,
-le siguió hasta las Guajaras altas por hacerle espaldas,
-donde alojó aquella noche con mal aparejo; pero los
-unos y los otros sin temor, los nuestros por la confianza
-de la victoria, los enemigos de la defensa.</p>
-
-<p>Entre los que allí vinieron á servir, fue uno D. Juan de
-Villarroel, hijo de D. García de Villarroel, adelantado que
-fue de Cazorla, y sobrino (segun fama) de fray Francisco
-Jimenez, cardenal y arzobispo de Toledo, gobernador de
-España entre la muerte del Rey Católico D. Fernando, y
-el reinado del emperador D. Cárlos. Era á la sazon capitan
-de Almería, y servia de comisario general en el campo:
-hombre de años, probado en empresas contra moros, pero
-de consejos sutiles y peligrosos, que habia ganado gracia
-con hallar culpas en capitanes generales, siendo á veces<span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span>
-escuchado y al fin remunerado. Este, por abrirse camino
-para algun nombre en aquella ocasion, gastó la noche sin
-sueño en persuadir al marqués que le mandase con cincuenta
-soldados á reconocer el fuerte de los enemigos; diciendo
-que del alojamiento no se descubria el paso del peñon alto.
-Concurrió el marqués, mostrando hacerlo mas por permision
-y licencia que mandamiento, pero amonestándole que
-no pasase del cerro pequeño que estaba entre su alojamiento
-y la cuesta; y que no llevase consigo mas de cincuenta
-arcabuceros: blandura que suele poner á veces á los que
-gobiernan en grandes y presentes peligros. Mas D. Juan pasando
-el cerro comenzó á subir la cuesta sin parar, aunque
-fue llamado del marqués; y á seguillo mucha gente
-principal y otros desmandados, ó por acreditar sus personas,
-ó por codicia del robo. Pasaban ya los que subian
-de ochocientos, sin poderlo el marqués estorbar; porque
-D. Juan viéndose acrecentado con número de gente, y concibiendo
-en sí mayores esperanzas, teniéndose por señor
-de la jornada, sin guardar la órden que se le dió ni la que
-se daba en hechos semejantes, desmandada la gente no con
-mas acierto que el que daba su voluntad á cada uno; comenzó
-la subida con el ímpetu y priesa que suele quien
-va ignorante de lo que puede acontecer; mas dende á poco
-con flojedad y cansancio. Vista por los enemigos la desórden,
-hicieron muestra de encubrirse con el peñon bajo
-dando apariencia de escapar: pensaron los nuestros que
-huían, y apresuraron el paso; creció el cansancio, oíanse
-tiros perdidos de arcabucería, voces de hombres desordenados,
-víanse arremeter, parar, cruzar, mandar; movimientos
-segun el aliento ó apetito de cada uno: en ochocientas
-personas mostrarse mas capitanes que hombres, antes cada
-cual lo era de sí mismo: el hábito del capitan un capote,
-una montera, una caña en la mano. No se estaba á media
-cuesta, cuando la gente comenzó á pedir municion de mano
-en mano: oyeron los enemigos la voz, peligrosa en semejantes
-ocasiones; y viendo la desórden, saltaron fuera<span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span>
-con el Zamar hasta cuarenta hombres; esos con pocas armas
-y menos muestra de acometer: pero convidados del
-aparejo, y ayudados de piedras que los del peñon echaban
-por la cuesta y de alguna gente mas, dieron á los nuestros
-una carga harto retenida, aunque bastante para que todos
-volviesen las espaldas con mas priesa que habian subido,
-sin que hombre hiciese muestra de resistir, ni la gente particular
-fuese parte para ello; antes los seguian, mostrando
-querellos detener: fueron los moros creciendo, ejecutando,
-y matando hasta cerca del arroyo. Murió D. Juan de Villarroel
-desalentado, con la espada en la cinta, cuchilladas
-en la cabeza y las manos, segun se reparaba: D. Luis Ponce
-de Leon, nieto de D. Luis Ponce, que herido de muerte,
-y caido le despeñó un su criado por salvalle, y Juan Ronquillo,
-veedor de las compañías de Granada, y un hijo solo
-del maestre de campo Hernando de Oruña, viéndole su padre
-y todos peleando. Fueron los muertos muchos mas que
-los que los seguian, y algunos ahogados con el cansancio;
-los demás se salvaron, y entre ellos D. Gerónimo de Padilla,
-hijo de Gutierre Lopez de Padilla, que herido y peleando
-hasta que cayó, le sacó arrastrando por los pies un esclavo
-á quien él dió libertad. El marqués, vista la desórden,
-y que los enemigos crecian y venian mejorados, y
-prolongándose por la loma de la montaña á tomarle las espaldas,
-encaminados á un cerro que le estaba encima, envió
-á D. Alonso de Cárdenas con pocos arcabuceros que
-pudo recoger; hombre suelto y de campo; el cual previno
-y aseguró el alto. Estaba el marqués apeado con la caballería,
-las lanzas tendidas, guarnecido de alguna arcabucería
-esperando los enemigos, y recogiendo la gente que venia
-rota: pudo esta demostracion y su autoridad refrenar la furia
-de los unos, detener y asegurar los otros, aunque con
-peligro y trabajo. Otro dia al amanecer llegó la retaguardia:
-serian por todos cinco mil y quinientos infantes, y cuatrocientos
-caballos; compañía bastante para mayor empresa, si
-se hubiera de tener cuenta con solo el número. Ordenó solo<span class="pagenum"><a name="Page_51" id="Page_51">[51]</a></span>
-un escuadron por el temor de la gente que el dia de antes
-habia recibido desgracia, guarnecido á los costados con
-mangas prolongadas de arcabucería. Era el peñon por dos
-partes sin camino, mas por la que se continuaba con la
-montaña habia salida menos áspera: aquí mandó estar caballería
-y arcabucería apartada, pero cubierta; porque vistos no
-estorbasen la huida. Son los moros cuando se ven encerrados
-impetuosos y animosos para abrirse paso, mas abierto
-procuran salvarse sin tornar el pecho al enemigo, y por
-esto si á alguna nacion se ha de abrir lugar por donde se
-vayan, es á ellos. Acometiólos con esta órden, y duró el
-combatir con pertinacia hasta la escuridad de la noche, los
-unos animados, los otros indignados del suceso pasado:
-mandó tocar á recoger, y alojó pegado con el fuerte, encomendando
-la guardia á los que llegaron holgados. Puso
-la noche á los enemigos delante de los ojos el peligro, el
-robo, la cautividad, la muerte; trájoles el miedo, confusion
-y discordia, como en ánimos apretados que tienen tiempo
-para discurrir: unos querian defenderse, otros rendirse,
-otros huir; al fin salió la mayor parte de la gente forastera
-y monfíes con los capitanes Giron y el Zamar, sacando
-las mujeres y niños que pudieron, y quedó todavía número
-de gente de los naturales; y aunque flacamente reparada,
-si tuvieran esfuerzo y cabezas, con el favor de lo pasado
-y el aparejo del sitio solas mujeres bastaban á defenderse.
-Hicieron al principio resistencia, ó que el desdeño
-de verse desamparados, ó la ira los encendiese;
-pero apretados enflaquecieron, y dando lugar fueron entrados
-por fuerza: no se perdonó con órden del marqués á
-persona ni á edad: el robo fue grande, y mayor la muerte,
-especialmente de mujeres; no faltó ambicion que se ofreciese
-á solicitalla, como cargo de mayor importancia. Escapó
-Giron; fue preso y herido de un arcabucero por el
-muslo el Zamar por salvar una hija suya doncella que no
-podia con el trabajo del camino; y llevado á Granada le
-mandó atenazar el conde de Tendilla, que hizo calificada
-la victoria.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span></p>
-
-<p>Tomado el fuerte de las Guajaras envió el marqués el
-campo con el conde de Santistévan, que le esperase en Velez
-de Benabdalá; y fue á visitar á Almuñecar, Salobreña,
-Motril, lugares á la marina guardados contra los cosarios
-de Berbería, y quedó por entonces asegurada aquella tierra
-hasta Ronda. Puso en el oficio de D. Juan de Villarroel á
-D. Francisco de Mendoza su hijo; nombró veedores y otros
-oficiales de hacienda, sin que el gobierno del campo no podia
-pasar. Pero no dejaron perder sus émulos aquella ocasion
-de calumniarle, diciendo: ser él mismo quien proveía,
-libraba, pagaba, repartia las contribuciones, presas, y depósitos;
-pues sus hijos y criados lo hacian: cosa que los
-capitanes generales suelen y deben huir. Pero la necesidad
-y la salida del negocio mostró haber sido mas provechoso
-consejo para la hacienda del rey en lo poco que se gastó
-con mucha gente y en mucho tiempo. Llegado á Velez tornó
-á Orgiba, dióse á recibir gentes y pueblos que se venian
-á rendir: entregaban las armas los que habitaban por toda
-la Alpujarra y rio de Almería, y los que en las montañas
-andaban alzados rendíanse á merced del rey sin condicion:
-traían mujeres, hijos, y haciendas; comenzaban á poblar
-sus casas, ofrecíanse á ir con ellas á morar, como y donde
-los enviasen; y si en la tierra los quisiesen dejar, mantener
-guardia para defension y seguridad de ella, solamente
-que se les diesen las vidas y libertad; pero aun estas dos condiciones
-no les admitió. No por eso dejaban de venirse; dábales
-salvaguardia con que vivian pacíficos, aunque no del
-todo asegurados; y hallando el campo lleno de esclavos y
-cristianos libertados que comian la vitualla, depositó quinientas
-moriscas en poder de sus padres, hermanos y maridos,
-y sobre sus palabras las recibieron en Ujijar: y dende
-á poco envió con alguaciles por ellas para volvellas á
-sus dueños, que sin faltar personas las tornaron: cosa no
-vista en otro tiempo ó fuese el miedo y la obediencia, ó
-fuese que restituían las mujeres de que hallan abundancia
-en toda parte, y por esto son estimadas como alhaja; y los<span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span>
-hijos donde se los criasen; descargándose de bocas inútiles
-y embarazo cojijoso; y aquí hizo particulares justicias de
-muchos culpados.</p>
-
-<p>Discurrian los soldados de veinte en veinte sin daño; dábanse
-á descubrir personas y ropa escondida por la montaña;
-combatian cuevas donde habia moriscos alzados: todo
-era esclavos, despojos, riquezas. No eran por entonces tantas
-las desórdenes que los moriscos no las pudiesen sufrir,
-ni tantos los autores que no pudiesen ser castigados; pero
-fuéronse los unos con la ganancia, vinieron otros nuevos
-codiciosos que mudaban el estado de paz en desasosiego, y
-de obediencia en desconfianza. Vióse un tiempo en el cual
-los enemigos (ó estuviesen rendidos, ó sobresanados) pudieran
-con facilidad y poca costa ser oprimidos, y venirse
-al término que despues se vino de castigo, de opresion, ó
-de destierro; ó sacándolos á morar en Castilla, poblar la
-tierra de nuevos habitadores, sin pérdida de tanto tiempo,
-gente, y dineros, sin hambre, sin enfermedad, sin violencia
-de vasallos. No son los hombres jueces de los pensamientos
-y motivos de los reyes; pero mucho puede en el ánimo
-de un príncipe ofendido por caso de rebelion ó desacato,
-la relacion aunque interesada ó apasionada que le inclina á
-rigor y venganza; porque cualquier tiempo que se dilata,
-aunque sea para mayor oportunidad, le parece estorbo.</p>
-
-<p>En esto la gente de Granada, libre del miedo y de la necesidad,
-tornó á la pasion acostumbrada: enviaban al rey
-personas de su ayuntamiento; pedian nuevo general; nombraban
-al marqués de Velez, engrandeciendo su valor,
-consejo, paciencia de trabajos, reputacion: partes que
-aunque concurriesen en él, la mudanza de voluntades, y
-los mismos oficios hechos en su perjuicio, dende á pocos
-dias que entonces en su favor, mostraban no haberse movido
-los autores con fin de loallas porque fuesen tales. Calumniaban
-al de Mondejar que permitia mucho á sus oficiales;
-que no se guardaban las vituallas; que los ganados
-pudiendo seguir el campo se llevaban á Granada; que no<span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span>
-se ponia cobro en los quintos y hacienda del rey; que
-teniendo presidente cabeza en los negocios de justicia,
-tantas personas graves y de consejo en la chancillería,
-un ayuntamiento de ciudad, un corregidor solícito, tantos
-hombres prudentes; no solamente no les comunicaba
-las ocasiones en general, pero de los sucesos no les daba
-parte por escrito, ni de palabra; antes indignado por competencias
-de jurisdicciones, preeminencias de asientos ó
-manera de mandar, sabian de otros antes la causa porque
-se les mandaba, que recibiesen el mandamiento. Loaban la
-diligencia del presidente en descubrir los tratados, los consejos,
-los pensamientos de los enemigos; entretener la gente
-de la ciudad; exhortar á los señores del reino que tomasen
-las armas, en particular al marqués de Velez, y otras
-demostraciones que atribuidas al servicio del rey eran juzgadas
-por honestas, y á su particular por tolerables: empresas
-de reputacion y autoridad, no desdeñando, ni ofendiéndola;
-y que en fin como quiera eran de suyo provechosas
-al beneficio público: que la guerra no estaba acabada,
-pues los enemigos aun quedaban en pie; que las
-armas entregadas eran inútiles y viejas: mostrábanse indignados
-y rebeldes, resueltos á no mandarse por el marqués.
-Los alcaldes (oficio usado á seguir el rigor de la justicia
-y aun el de la venganza, porque cualquiera dilacion
-ó estorbo tienen por desacato) culpaban la tibieza en el
-castigar; recibir á merced y amparar gente traidora á Dios
-y al rey; las armas en la mano de padre y hijo; oprimida
-la justicia y el gobierno; llena Granada de moros, mal defendida
-de cristianos; muchos soldados y pocos hombres;
-peligros de enemigos y defensores, deshaciendo por un cabo
-la guerra y criándola por otro. Por el contrario los amigos
-y allegados del marqués y su casa decian: que la guerra
-era libre, los oficiales y soldados concejiles, y esos sin sueldo,
-movidos de su casa por la ganancia; los ganados habidos
-de los enemigos; que por todo se hallaria que la carne
-y el trigo y cebada se aprovechaba de dia en dia; que mal<span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span>
-se podian fundar presidios para guarda de vitualla con tan
-poca gente, ni asegurar las espaldas sino andando tan pegados
-con los enemigos, que les mostrasen cada hora las
-cuerdas de los arcabuces y los hierros de las picas; que los
-quintos tenian oficiales del rey en quien se depositaban, y
-pasaban por almonedas; que los oficios eran tan apartados,
-y los consejos de la guerra requerian tanto secreto, que
-fuera de ella no se acostumbraba comunicarlos con personas
-de otra profesion, aunque mas autoridad tuviesen;
-porque como plática extraña de sus oficios, no sabian en
-que lugar se debia poner el secreto; que tras el publicar
-venia el yerro, y tras el yerro el castigo; y que como el
-presidente y oidores ó alcaldes no le comunicaban los secretos
-de su acuerdo, así él no comunicaba con ellos los de
-la guerra, ni se vian, ni habia causas porque hubiese esta
-desigualdad, ó fuese autoridad ó superioridad. De lo que
-tocaba al corregidor y la ciudad burlaban, como cosa de concejo
-y mezcla de hombres desigual. Que los que eran para
-entender la guerra andaban en ella y servian ellos ó sus hijos
-al rey, y obedecian al marqués sin pasion. Que los cumplimientos
-eran parte de buena crianza; y cada uno si queria
-ser mal quisto, podia ser mal criado. Que trayendo tan á
-la continua la lanza en la mano, mal podia desembarazalla
-para la pluma. Que la guerra era acabada, segun las muestras,
-y el castigo se guardaria para la voluntad del rey, y
-entonces tenian su lugar la mano y la indignacion de las
-justicias; y si decian que sobresanada porque estaban los
-enemigos en pie y armados, lo sobresanado ó acabado, lo
-armado y desarmado es todo uno, cuando los enemigos, ó
-se rinden, ó están de manera que pueden ser oprimidos sin
-resistencia, como lo estaban á la sazon los del reino y la
-ciudad de Granada. Que de aquello servia la gente en el Albaicin
-y la Vega, la cual como entretenida con alojamientos
-y sin pagas, no podia sino dar pesadumbre y desordenarse;
-ni como poco plática saber la guerra tan de molde que no se
-les pareciese que eran nuevos. Pero la carga de lo uno y de lo<span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span>
-otro estaba sobre los enemigos, á quien ellos decian que se
-habia de dar riguroso castigo: lo cual aunque se diferia, no
-se olvidaba; que espantallos sin tiempo era perder el fin y
-las comodidades que se podian sacar de ellos; que las personas
-cuando eran tales siempre serian provechosas, especialmente
-las que sirviesen á su costa, como la del marqués
-de Velez, probada para cualquier gran cargo que estuviese
-sin dueño.</p>
-
-<p>Mas el marqués, hombre de estrecha y rigurosa disciplina,
-criado al favor de su abuelo y padre en gran oficio, sin
-igual ni contradictor, impaciente de tomar compañía; comunicaba
-sus consejos consigo mismo, y algunos con las
-personas que tenia cabe sí pláticas en la guerra, que eran
-pocas: de las apariencias, aunque eran comunes á todos,
-á ninguno daba parte; antes ocasion á algunos (especialmente
-á mozos y vanos), de mostrarse quejosos. Tomó la
-empresa sin dineros, sin municion, sin vitualla, con poca
-gente y esa concejil, mal pagada y por esto no bien disciplinada;
-mantenida del robo, y á trueco de alcanzar ó conservar
-este, mucha libertad, poca vergüenza, y menos
-honra; excepto los particulares que á su costa venian de
-toda España á servir al rey, y eran los primeros á poner las
-manos en los enemigos. Tuvo siempre por principal fin pegarse
-con ellos; no dejar que se afirmasen en lugar ni juntasen
-cuerpo; acometellos, apretallos, seguillos; no dalles
-ocasion á que le siguiesen, ni mostrarles las espaldas aunque
-fuese para su provecho; recibir los que de ellos viniesen
-á rendirse; disminuillos y desarmallos, y á la fin oprimillos;
-para que poniéndoles guarniciones con un pequeño
-ejército, pudiese el rey castigar los culpados, desterrar los
-sospechosos, deshabitar el reino, si le pluguiese pasar los
-moradores á otra parte: todo con seguridad y sin costa,
-antes á la de ellos mismos. Hizo muchas veces al rey cierto
-del término en que las cosas se hallaban: y aunque guiando
-ejércitos no hubiese venido otras veces á las manos con
-los enemigos, todavía con la plática que tenia de la manera<span class="pagenum"><a name="Page_57" id="Page_57">[57]</a></span>
-del guerrear de estos, aprendida de padres y abuelos y
-otros de su linaje que tuvieron continuas guerras con los
-moros, los trajo á tal estado y en tan breve tiempo, como
-el de un mes; no embargante que muchas veces se le escribiese,
-que procediese con ellos atentamente. Puesta la guerra
-en estos términos, túvola por acabada facilitando lo que
-estaba por hacer; con que se hizo mas odioso, pareciendo
-á hombres ausentes cuerdos y de experiencia, que habia
-de retoñecer con mayor fuerza como el tiempo diese lugar,
-y las esperanzas de Berbería se calentasen, y los castigos y
-reformaciones comenzasen á ejecutarse: y tuvieron por largo
-el negocio, por ser de montaña contra gente suelta y
-plática de ella, y otras causas, que por nuestra parte se les
-habian de dar.</p>
-
-<p>En este mismo tiempo comenzó á descubrirse la guerra en
-el rio de Almería, con la ida del marqués de Mondejar á las
-Guajaras y tierra de Almuñecar. Ohañez es un lugar puesto
-entre dos rios en los confines de la Alpujarra, marquesado
-de Zenette, y tierra de Almería: aquí se recogieron moros
-que andaban huidos en la montaña (sobras de los rencuentros
-pasados), convidados de la fortaleza del sitio, y persuadidos
-por el Tahalí, á quien tomaron por capitan. Pusieron
-mil hombres á la guardia del lugar donde habian encerrado
-sus hijos, mujeres y haciendas; sin otro mayor
-número que defendian la tierra, todos determinados á pelear.</p>
-
-<p>Estaba el marqués de Velez en el rio de Almería entretenido
-con parte de la gente del reino de Murcia; y la demás
-era vuelta, como es costumbre, rica de la ganancia:
-esperaba órden del rey si tornaria á la tierra de Cartagena,
-que confina con el reino de Granada por el rio de Mojacar,
-que los antiguos llamaban Murgis; ampararia la tierra
-del rey, y la suya vecina á la mar; defenderia que los moros
-del reino de Granada no pasasen por aquella parte á
-desasosegar los del reino de Valencia; recelado y cuasi cierto
-peligro en la primera ocasion de pérdida nuestra importante:<span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span>
-y convenia (ocupado el marqués de Mondejar en las
-Guajaras) atajar el fuego de las espaldas. No habia en pie
-armas tan cerca como estas, solicitadas por el presidente
-de Granada, mas despues con aprobacion del rey.</p>
-
-<p>Los que igualmente juzgaban lo bueno que lo malo, atribuían
-á pasion esta diligencia, por excluir ó dar compañero
-al marqués de Mondejar; pero las personas libres, á
-buena provision y en conveniente conyuntura. Movióse el
-marqués de Velez con tres mil infantes y trescientos caballos
-contra los enemigos, que le esperaban á la subida de
-la montaña en un paso áspero y dificultoso: combatiólos y
-rompiólos no sin dificultad; donde se mostró por su persona
-buen caballero. Mas los enemigos recogiéndose á Ohañez
-estuvieron á la defensa. Acometiólos con pocas armas, y
-rompiólos segunda vez; murieron cuasi doscientos hombres
-con Tahalí su capitan, y en la entrada muchas mujeres;
-de los nuestros algunos: salváronse de los moros por
-las espaldas del lugar la mayor parte que estaba á la defensa
-sin ser seguidos; y pudieran, si algun capitan plático
-los gobernara, hacer daño á los nuestros embebecidos y
-cargados con el saco. Fue grande la importancia del hecho
-por la ocasion. Á las gradas de la iglesia halló el marqués
-cortadas veinte cabezas de doncellas, los cabellos tendidos,
-puestas por órden, que los de aquella tierra cuando el rio
-de Almería se rebeló, en una junta que tuvieron en Guecija,
-prometieron sacrificar juntamente con veinte sacerdotes
-adoradores de los ídolos (que tal nombre dan á las imágenes);
-porque Dios y su profeta Mahoma los ayudase. Poco
-antes que el marqués entrase habian degollado las doncellas:
-los sacerdotes hicieron mayor defensa; mas con quemar
-veinte frailes ahogados en aceite hirviendo, pagaron
-el voto en la misma Guecija. ¡Cruel y abominable religion,
-aplacar á Dios con vida y sangre inocente; pero usada dende
-los tiempos antiguos en África, traida de Tiro, introducida
-en la ciudad de Cartago por Dido su fundadora: tan
-guardada hasta nuestros tiempos entre los moradores de<span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span>
-aquella region, que es fama que en la gran empresa que el
-emperador D. Cárlos, vencedor de muchas gentes, hizo
-contra Barbarroja, tirano de Túnez, sacrificaron los moros
-del cabo de Cartago cinco niños cristianos al tiempo que
-descubrieron nuestra armada, á reverencia de cinco lugares
-que tienen en el alcoran, donde se inclinan porque Dios
-los ampare y defienda en los peligros! El marqués, habido
-este suceso en su favor, se recogió con la gente que con él
-quiso quedar en Terque, lugar del rio de Almería, corriendo
-por la tierra.</p>
-
-<p>Las cosas de Granada estaban en el estado que tengo dicho.
-El rey habia enviado á D. Antonio de Luna, hijo de
-D. Álvaro de Luna, y á D. Juan de Mendoza, hombres de
-gran linaje, pláticos en la guerra, que habian tenido cargos,
-y dado buena cuenta de ellos, para que asistiesen con
-el conde de Tendilla como consejeros, estando á la órden
-que él les diese en ausencia del marqués su padre; avisando
-al conde de la provision con palabras blandas y comedidas;
-para que con ellos pudiese descargar parte del trabajo.
-Puso el conde á D. Juan dentro en la ciudad con la infantería
-cuyas armas habia profesado; y á D. Antonio á la guarda
-de la Vega con doscientos caballos y parte tambien de
-la infantería.</p>
-
-<p>Llegado el marqués de Mondejar á Orgiba continuando
-su propósito, ocupóse en recibir pueblos y gente, que sin
-condicion venian á rendirse con las armas; y en perseguir
-las sobras del campo de Aben Humeya, su persona, parientes
-y allegados, que eran muchos, y con él andaban
-huidos por las montañas. Estaba aun Valor, el alto, por
-rendirse, pero sosegado; adonde tuvo aviso que Aben Humeya
-se recogia con treinta hombres en las casas de su padre,
-y en Mecina su tio Aben Jauhar. Envió dos compañías
-de infantería que no los hallando se tornaron con haber
-saqueado á Valor y Mecina, mas á los de Mecina que estaban
-con salvaguardia, mandó volver la ropa y cautivos
-dende á poco. Fue tambien avisado que en el mismo lugar<span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span>
-se escondia Aben Humeya con ocho personas, y envió dos
-escuadras con sendos adalides pláticos de la tierra con órden
-que vivo ó muerto le hubiesen á las manos. Llaman
-adalides en lengua castellana á las guias y cabezas de gente
-del campo, que entran á correr tierra de enemigos; y á la
-gente llamaban almogávares: antiguamente fue calificado el
-cargo de adalides; elegíanlos sus almogávares; saludábanlos
-por su nombre levantándolos en alto de pies en un escudo:
-por el rastro conocen las pisadas de cualquiera fiera
-ó persona, y con tanta presteza que no se detienen á conjeturar;
-resolviendo por señales, á juicio de quien las mira
-livianas, mas al suyo tan ciertas, que cuando han encontrado
-con lo que buscan, parece maravilla ó envahimiento.
-No hallaron en Valor, el alto, rastro de Aben Humeya,
-pero en el bajo oyeron chasquido de jugar á la ballesta,
-músicas, canto y regocijo de tanta gente, que no la osando
-acometer se tornaron á dar aviso. Envió dos capitanes, Antonio
-de Ávila y Álvaro de Flores, con trescientos arcabuceros
-escogidos entre la gente que á la sazon habia quedado,
-que era poca, porque con la ganancia de los Guajaras,
-y con tener por acabada la guerra se habian ido á sus casas,
-hombres levantados sin pagas, sin el son de la caja,
-concejiles; que tienen el robo por sueldo, y la codicia por
-superior. Fueron con estos trescientos, otros mas de quinientos
-aventureros y mochileros á hurto, sin que guarda
-ó diligencia pudiese estorballo. Llevaron los capitanes órden
-de palabra, que tomasen y atajasen los caminos, cercasen
-el lugar, y sin que la gente entrase dentro, llamasen
-los regidores y principales; requiriésenlos que entregasen
-Aben Humeya que se llamaba rey; y en caso que se
-excusasen, con personas deputadas por ellos mismos y por
-los capitanes, le buscasen por las casas; y no pareciendo
-trajesen los regidores presos ante el marqués, sin hacer
-otro daño en el lugar. Partiendo con esta resolucion, y antes
-que llegasen á Valor, donde se descubre la punta de
-Castil de Ferro, los alcanzó Ampuero, capitan de campaña,<span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span>
-y les dió la misma órden por escrito; añadiendo que si gente
-de salvaguardia ó de Valor, el alto, la hallasen en el bajo,
-la dejasen estar. Mas Antonio de Ávila, que ya traía
-consigo la mala fortuna, dicen que respondió: <i>que si en algo
-se excediese de la órden, todo seria dar culpa á los soldados</i>.
-Llegando á Valor tomaron los caminos; cercaron el lugar:
-salieron los principales á ofrecer favor, diligencia, vituallas;
-mas los que vinieron al cuartel de Antonio de Ávila
-fueron muertos sin ser oidos. Alteróse el lugar; entraron
-los soldados matando y saqueando; juntáronseles los
-de Álvaro Flores, que para esto eran todos en uno; murieron
-algunos moriscos, que no pudieron defenderse ni
-huir; fue robada la tierra, y los soldados recogieron el robo
-en la iglesia diciendo los capitanes: que su órden era
-llevar los moriscos presos, y no podian de otra manera
-cumplir con ella. Mas los moriscos visto el daño, hicieron
-ahumadas á los suyos que andaban por la montaña, y á los
-que cerca estaban escondidos: los nuestros al nacer del
-dia partiendo la presa, en que habia ochocientos cautivos
-y mucha ropa, las bestias y ellos cargados, tomaron el
-camino de Orgiba, los embarazos y presas en medio. Partida
-la vanguardia, mostróse á la retaguardia Abenzaba,
-capitan de Aben Humeya en aquel partido, con trescientos
-hombres como de paz: requeríalos con la salvaguardia; que
-dejando las personas cautivas llevasen el resto; mas viendo
-cuan poco les aprovechaba comenzaron á picallos y desordenallos,
-hasta que á la cubierta de un viso dieron en la emboscada
-de doscientos hombres, y volviéndose á las mujeres
-les dijeron: <i>Damas, no vais con tan ruin gente</i>. Juntamente
-con estas palabras el Partal, hombre cuerdo y valiente,
-uno de cinco hermanos todos de este nombre que
-vivian en Narila, acometió la retaguardia por el costado;
-mas los soldados por no desamparar la presa hicieron poca
-resistencia: la vanguardia caminaba cuanto podia sin hacer
-alto ni descargarse de la presa, y todos iban ya ahilados;
-los delanteros por llegar á Orgiba; los postreros por juntarse<span class="pagenum"><a name="Page_62" id="Page_62">[62]</a></span>
-con los delanteros: en fin del todo puestos en rota sin
-osar defenderse ni huir, muertos los capitanes y oficiales,
-rendidos los soldados y degollados: con la presa á cuestas
-ó en los brazos, salváronse entre todos como cuarenta; los
-demás fueron muertos sin recibir á prision; ni perder los
-enemigos hombre, de quinientos que se juntaron. Como sucedió
-el caso, enviaron á excusarse con el marqués, cargando
-la culpa á los capitanes, y ofreciendo estar á justicia.
-Mas él entendida la desgracia puso en Orgiba mayor
-guardia, repartió los cuarteles á la caballería como quien
-esperaba los enemigos: llegó el mismo dia el aviso á Granada;
-y el conde Tendilla despachó á D. Antonio de Luna
-con mil infantes y cien caballos, y órden que llegado á Lanjaron
-hasta donde era el peligro, dejando la gente en lugar
-seguro y el gobierno al sarjento mayor, tornase á Granada.
-Llegaron á Orgiba dentro el tercero dia que el caso
-aconteció; reforzó las guardias en el Alhambra, en la ciudad
-y la Vega; porque los moriscos favorecidos con este
-suceso no intentasen novedad.</p>
-
-<p>Habia escrito el rey al marqués, que temporizase con
-los enemigos no se poniendo en ocasion de peligro; temeroso
-de nuestra gente por ser toda número, excepto los
-particulares. Representábansele los inconvenientes que
-en una desgracia pueden suceder; acabarse de levantar
-el reino, venir los de Berbería en ocasion que las armas
-del gran turco se comenzaban á mostrar en Levante;
-incierto donde pararia tan gran armada, aunque se
-veía que amenazase á Cipro. Parecíanle las fuerzas del marqués
-pocas para mantener lo de dentro y fuera de Granada;
-tenia lo pasado mas por correrías, escaramuzas y
-progresos de gente desarmada, que por guerra cumplida.
-El general calumniado en la ciudad, que le tenia de hacer
-espaldas; de donde habia de salir el nervio de la guerra; la
-voluntad de algunas ciudades y señores en Andalucía no
-muy conformes con la suya; los soldados descontentos; y
-no faltaban pretensiones de personas que andaban cerca<span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span>
-de los príncipes, ó á las orejas de quien anda cerca de
-ellos. Pareció por entonces consejo de necesidad suspender
-las armas, y tanto mas cuando llegó la nueva de la desgracia
-acontecida en Valor. Escribióse al marqués resolutamente
-que no hiciese movimiento; y porque la autoridad
-que tenia en aquella tierra era grande, y la costumbre de
-mandar muy arraigada de padre y abuelo, y parecia que
-en reino extendido y tierra doblada no podia dar cobro á
-tantas partes, como la experiencia lo mostraba, porque estando
-en Orgiba, se levantaron las Guajaras, y yendo á las
-Guajaras, Obañez; acordó dividir la empresa dando al marqués
-de Velez cargo de los rios de Almería y Almanzora,
-tierra de Baza y Guadix, y al de Mondejar el resto del reino
-de Granada; enviar á ella por superior de todo á su hermano
-D. Juan de Austria; por ventura resoluto á descomponer
-al uno y al otro, y cierto de que ninguno de ellos se
-tenia por agraviado: pues con la autoridad y nombre de su
-hermano cesaban todos los oficios; los pueblos se mandarian
-con mayor facilidad; contribuirian todos mas contentos;
-servirian mas listos teniendo cerca del rey á su hermano
-por testigo; los soldados un general que los gratificase y
-adelantase; la eleccion daria mayor sonido entre naciones
-apartadas, suspenderia los ánimos de los bárbaros, quitaríales
-la avilanteza de armar, imposibilitaríalos de hacer el
-socorro formado como empresa difícil y sin efecto; ocuparia
-á D. Juan en hechos de tierra, como lo estaba en los de
-mar; haríale plático en lo uno y en lo otro: mozo despierto,
-deseoso de emplear y acreditar su persona, á quien despertaba
-la gloria del padre y la virtud del hermano. Decíase
-tambien que en esta empresa el rey deseaba ver el ánimo
-del marqués de Mondejar inclinado á mayores demostraciones
-de rigor, por la venganza del desacato divino y humano,
-por la rebelion, por el ejemplo de otros pueblos. Encendian
-esta opinion relaciones y pareceres de personas,
-que cualquiera cosa donde no ponen las manos les parece
-fácil, sin medir tiempo ni posibilidad, presente ó porvenir,<span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span>
-y de otras apasionadas; no sin artificio y entendimiento de
-unas con otras. Mas los príncipes toman lo que les conviene
-de las relaciones, dejando la pasion para su dueño.</p>
-
-<p>Estando las cosas en tales términos, con el suceso de Valor
-tomaron los enemigos ánimo para descubrirse, y Aben
-Humeya entró con mayor autoridad y diligencia en el gobierno;
-no como cabeza de pueblos rogados ó gente esparcida
-sin órden, sino como rey y señor. Siguió nuestra órden
-de guerra; repartió la gente por escuadras, juntóla en compañías;
-nombró capitanes; mandó que aquellos y no otros
-arbolasen banderas; púsolos debajo de coroneles, y cada
-partido que estuviese al gobierno de uno que dicen alcaide
-(tahas llaman ellos á los partidos de tahar, que en su lengua
-quiere decir sujetarse): este mandaba lo de la guerra;
-nombre entre ellos usado dende tiempos antiguos, y puesto
-por nosotros á los que tienen fortalezas en guarda. Para
-seguridad de su persona pagó arcabucería de guardia, que
-fue creciendo hasta cuatrocientos hombres; levantó un estandarte
-bermejo, que mostraba el lugar de la persona del
-rey á manera de guion.</p>
-
-<p>Del principio de esta ceremonia en los reyes de Granada,
-olvidada por haber pasado el reino á los de Castilla, diremos
-ahora. Muerto Abenhut que tenia á Almería por cabeza del
-reino, tomaron (como dijimos) por rey en Granada á Mahamet
-Alhamar, que quiere decir el Bermejo. Cuando el
-Santo rey D. Fernando el III vino sobre Sevilla, hallóse con
-mucha caballería este Mahamet á servir en aquella empresa,
-por haberle ayudado el rey D. Fernando á tomar el reino:
-parecióle autoridad el uso de guion, agradecimiento y
-honra poner en él la color y banda, que traen los reyes
-de Castilla. Armóle caballero el rey el dia que entró
-en Sevilla; dióle el estandarte por armas para él y los que
-fuesen reyes en Granada; la banda de oro en campo rojo
-con dos cabezas de sierpes á los cabos, segun la traen en
-su guion los reyes de Castilla; añadió él las letras azules que
-dicen: <i>no hay otro vencedor sino Dios</i>: por timbre tomó dos<span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span>
-leones coronados que sobre las cabezas sostienen el escudo;
-traen el timbre debajo de las armas, como nosotros encima;
-porque así escriben y muestran los sitios, y cuentan
-las partes del cielo y la tierra, al contrario de nosotros. Mas
-las armas antiguas de los reyes de la Andalucía eran una
-llave azul en campo de plata; fundándose en ciertas palabras
-del alcoran, y dando á entender que con la destreza
-y el hierro abrieron por Gibraltar la puerta á la conquista
-de poniente; y de allí llaman á Gibraltar por otro nombre,
-el monte de la Llave. Hoy duran sobre la principal puerta
-de la Alhambra estas armas con letras, que declaran la causa
-y el autor del castillo.</p>
-
-<p>Hacia con los suyos Aben Humeya su residencia en los
-lugares de Valor y Poqueira, y en los que están en lo áspero
-de la Alpujarra; comiendo la vitualla que tenian encerrada
-y la que hallaban sin dueño, con mayor abundancia
-y á mas bajos precios que nosotros. Las rentas que para
-mantenimiento del reino le señalaron fueron el diezmo de
-los frutos y el quinto de las presas, y mas lo que tiránicamente
-quitaba á sus súbditos. De esta manera se detuvieron,
-el marqués de Mondejar rehaciéndose de gente en Orgiba,
-incierto en que pararia la suspension del rey; y Aben
-Humeya gozando del tiempo, cobrando fuerzas, esperando
-el socorro de Berbería para mantener la guerra, ó navíos
-en que pasarse y desamparar la tierra.</p>
-
-<p>Estando las armas en este silencio; porque el bullicio no
-cesase en alguna parte, sucedió en Granada un caso aunque
-liviano, que por ser en ocasion y no pensado escandalizó.
-Habia en la cárcel de la chancillería hasta ciento y
-cincuenta moriscos presos; parte por seguridad (que eran
-escandalosos), parte por delitos ó sospecha de ellos; todos
-como de los mas ricos y acreditados en la ciudad, así de los
-mas inhábiles para las armas; gente dada á trato y regalo.
-Contra estos se levantó voz á media noche estando los hombres
-en sosiego, que procuraban quebrantar las prisiones,
-matar las guardias, salir de las cárceles, y juntos con los<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span>
-moros de la Vega y Alpujarra levantar el Albaicin, degollar
-los cristianos, escalar el Alhambra, y apoderarse de Granada;
-empresa difícil para sueltos y muchos y experimentados,
-aunque con menos recatamiento se estuviera. Mas no
-dejó de tener este movimiento algunas causas; porque hubo
-informacion que lo trataban; y deposiciones de testigos,
-que en ánimos sospechosos lo imposible hacen parecer fácil.
-Acrecentaron la sospecha algunas escalas, aunque de
-esparto, anchas y fuertes, fabricadas para escalar muralla,
-que el conde halló en cierta cueva al cerro de Santa Elena;
-pertrecho que los moros guardaban para entrar en el Alhambra
-la noche que vinieron al Albaicin, como está dicho.
-Alborotado el pueblo, corrió á las cárceles con autoridad
-de justicia, acriminando los ministros el caso y acrecentando
-la indignacion: mataron cuasi todos los moriscos presos,
-puesto que algunos hiciesen defensa con las armas que hallaban
-á mano, como piedras, vasos, madera, poniendo
-tiempo entre la ira del pueblo y su muerte. Habia en ellos
-culpados en pláticas y demostraciones, y todos en deseo;
-gente flaca, liviana, inhábil para todo, sino para dar ocasion
-á su desventura.</p>
-
-<p>No dejaban los moros en todo tiempo de procurar algun
-lugar de nombre en la costa para dar reputacion á su empresa,
-y acoger armada de Berbería; pero su principal intento
-se encaminaba á tomar á Almería, ciudad asentada en
-sitio mas á propósito que Málaga, y despues de ella la mas
-importante; habitada de moriscos y cristianos viejos, cerca
-de los puertos de cabo de Gata, y de abundancia de carne,
-pan, aceite, frutas; puesta á la entrada de muchos valles que
-unos llevan á la parte del maestral á Granada, y otros á la
-del griego al rio de Almanzora y tierra de Baza; al levante
-la de Cartagena, y al poniente Almuñecar y Velez Málaga.
-En tiempo de romanos y godos fue (como ahora) cabeza de
-provincia llamada Virgi; y en el de los moros, de reino,
-despues que fueron echados de Córdoba. Pobláronla los de
-Tiro que vinieron á Cádiz, poco apartada de la mar; los<span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span>
-moros por la comodidad del agua pasaron la poblacion
-adonde ahora está. Destruyóla el emperador de España
-D. Alonso el VII, trayendo á sueldo el conde de Barcelona,
-con sesenta galeras y ciento y sesenta y tres navíos de genoveses
-con Balduino y Ansaldo de Oria, generales de la armada;
-á quien el rey dió por cuenta de sus sueldos el vaso
-verde que hoy muestran en San Juan, y dicen ser esmeralda:
-y puédese creer sin maravilla, vista la grandeza
-de los que comienzan á venir del Nuevo Mundo, y la que
-refieren algunos antiguos escritores. Esto tratan nuestras
-historias; aunque las de genoveses refieren haberle tomado
-en la conquista de Cesarea en Asia, siendo su capitan Guillelmo
-que llamaban Cabeza de Martillo: quede la fe de esto
-al arbitrio de los que leen. Tornó á restaurar la ciudad
-Abenhut. Cerca del nombre, aprendí de los moros naturales,
-que por la fábrica de espejos de que habia gran trato, la llamaron
-Almería; tierra de espejos quiere decir, porque al espejo
-llaman meri. Dicen los moros valencianos, que por espejo
-del reino le pusieron este nombre. Las historias arábigas,
-que en gran parte son fabulosas, cuentan que en lo mas
-alto habia un espejo semejante al que se finge de la Coruña,
-en que se descubrian las armadas. La memoria de los antiguos
-antes de los moros es, que habia atalaya, á que los latinos
-llamaban <i>specula</i>, como en la misma Coruña, para
-encaminar y mostrar los navíos que venian á la costa, y de
-allí le dieron el nombre. Pero el autor que yo sigo, y entre
-los arábigos tiene mas crédito, dice que cuando los moros
-ganada España se quisieron volver á sus casas, para detenellos,
-les dieron á poblar á cada uno la tierra que mas
-parecia á la suya; y á estas provincias llamaron Coras, que
-quiere decir tanto, como la redondez de la tierra que descubre
-la vista: horizonte la podrian llamar los curiosos de
-vocablos. Los de Almería<a name="FNanchor_49_49" id="FNanchor_49_49"></a><a href="#Footnote_49_49" class="fnanchor">[49]</a>, ciudad populosa en la provincia
-de Frigia, donde fue cabeza la gran Troya, escogieron<span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span>
-á Virgi por habitacion; porque les pareció semejante á
-su ciudad, y le dieron su nombre, como dijimos que los
-de Damasco dieron el suyo á Granada. Fue Almería la de
-Asia destruida por el emperador Constancio, en tiempo de
-Mauhía IV, sucesor de Mahoma. Pues viendo el rey que los
-moros insistian tanto en la empresa de Almería, y si la
-ocupasen seria tener la puerta del reino, y fundar en ella
-nombre y cabeza segun la tuvieron en otros tiempos; aunque
-por D. García de Villarroel se guardase con bastante
-diligencia, quiso guardarla con mas autoridad. Mandó que
-por entonces tuviese el cargo con mayor número de gente
-D. Francisco de Córdoba que vivia retirado en su casa:
-hombre plático en la guerra contra los moros, y que habia
-seguido al emperador en algunas; criado debajo del amaestramiento
-de dos grandes capitanes, uno D. Martin de Córdoba,
-su padre, conde de Alcaudete; otro D. Bernardino
-de Mendoza su tio. Estando en Almería D. Francisco, llegó
-Gil de Andrada con las galeras de su cargo y otras con que
-guardaba la costa; y teniendo ambos aviso que en la sierra
-de Gador se recogia gran número de moros con sus mujeres
-y hijos, (sobras de gente corrida por los marqueses de
-Mondejar y Velez), acompañados de treinta turcos, temiendo
-que juntos con otros le desasosegasen á Almería; juntó
-gente de la tierra, de la guardia de ella, y de las galeras
-hasta setecientos arcabuceros y cuarenta caballos; fue sobre
-ellos, que estaban fuertes, y á su pesar defendidos con
-algun reparo de manos y aspereza del lugar: á la tierra
-llaman Alcudia, y al pueblo Inox, pocas leguas de Almería.
-Estuvo detenido cuasi cuatro dias (por ser malo el tiempo
-en fin de enero), al pie de la montaña, y cuasi desconfiado
-de la empresa: resolvióse á combatillos por dos partes,
-aunque era difícil la subida; hicieron la defensa que pudieron
-con piedras y gorguces, porque en tanto número
-como mil y quinientos hombres habia solos cuarenta arcabuceros
-y ballesteros: fueron rotos, murieron muchos, y
-con mas pertinacia que los de otras partes; porque hasta<span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span>
-las mujeres meneaban las armas: hubo cautivos cuasi dos
-mil personas; saliéronse los moros y entre ellos el capitan
-llamado Corcuz de Dalias, para caer despues en las manos
-de los nuestros cerca de Vera, y morir en Adra sacados los
-ojos, con un cencerro al cuello, entregado á los muchachos,
-por los daños que siendo cosario habia hecho en
-aquella costa. Tornó D. Francisco la gente á Almería rica y
-contenta: dividió la presa entre los soldados; proveyó de
-esclavos las galeras; mas dende á pocos dias entendiendo
-como el marqués de Velez venia por general de toda aquella
-provincia, y pareciéndole que bastaba para la ciudad
-un solo defensor, pidió licencia y habida del rey tornó á
-su casa.</p>
-
-<p>Crecia la libertad por todo y la permision de los ministros,
-unos mostrando contentarse, otros no castigando:
-hombres á quien las desórdenes de nuestros soldados parecian
-venganzas, otros á quien no pesaba que creciesen estas,
-y se diese ocasion á que el resto de los moriscos que
-estaba pacífico tomase las armas. Juntábanseles los ministros
-de justicia, pertinaces de su opinion, impacientes de
-esperar tiempo para el castigo, poco pláticos de temporizar
-hasta la ocasion; el interés de los que desean acrecentar los
-inconvenientes, la avaricia de los soldados, y por ventura
-la indignacion del príncipe, la voz del pueblo, y quien sabe
-si la de Dios, para que el castigo fuese general, como
-habia sido la ofensa.</p>
-
-<p>Estaba por rebelar la Vega de Granada, de donde y de la
-tierra á la redonda cada dia se pasaba gente y lugares enteros
-á los enemigos, excusándose con que no podian sufrir
-los robos de personas y haciendas, las fuerzas de hijas y
-mujeres, los cautiverios, las muertes. Estaba sosegada la
-serranía y el habaral de Bonda, la hoya y jarquia de Málaga,
-la sierra de Bentomiz, el rio de Bolodui, la hoya y
-tierra de Baza, Guescar, el rio de Almanzora, la sierra de
-Filabres, el Albaicin y barrios de Granada poblados de
-moriscos. Habia levantados algunos lugares en tierra de Almuñecar,<span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span>
-el Val de Leclin, el Alpujarra, tierra de Guadix,
-marquesado de Zenette, rio de Almería, que en esto se encierra
-todo el reino de Granada poblado de moriscos. Mas
-Aben Humeya no perdia ocasion de solicitallos por medio
-de personas, que tenian entre ellos autoridad, ó deudos de
-las mujeres con quien se habian casado: usaba de blandura
-general; queria ser tenido por cabeza, y no por rey: la
-crueldad, la codicia cubierta engañó á muchos en los principios;
-pero no á su tio Aben Jauhar, que dejando parte
-del dinero y riquezas en poder del sobrino, llevando lo
-mejor consigo, resoluto de huir á Berbería, mostró ir á solicitar
-el levantamiento de la sierra de Bentomiz: vino á
-Portugos, donde murió de dolor de la hijada, viejo, descontento
-y arrepentido. Mostró Aben Humeya descontentamiento,
-mas por haberle la enfermedad quitado el cuchillo
-de las manos, que por la falta del tio: tomóle los dineros
-y hacienda con ocasion de entregarse de mucha, que
-habia entrado en su poder de diezmos y quintos. Tal fue
-la fin de don Fernando el zaguer Aben Jauhar, cabeza del
-levantamiento en la Alpujarra, inventor del nombre de rey
-entre los moros de Granada; poderoso para hacer señor á
-quien le quitó la hacienda y fue causa de su muerte: tal el
-desagradecimiento de Aben Humeya contra su sangre, que
-le habia dado señorío y título de rey, pudiéndolo tomar para
-sí. Mas así á los príncipes verdaderos como á los tiranos
-son agradables los servicios, en cuanto parece que se pueden
-pagar; pero cuando pasan muy adelante, dase aborrecimiento
-en lugar de merced.</p>
-
-<p>Acabó de resolverse el rey en la venida de su hermano á
-Granada, para emplealle en empresa que puesto que de
-suyo fuese menuda, era de muchos cabos peligrosa, por la
-vecindad de Berbería; y queriéndose llevar por violencia,
-larga: por ser guerra de montaña, en ocasion que el rey
-de Argel estaba armado, y la armada del gran turco junta
-contra venecianos. Hizo dos provisiones; una en D. Luis
-de Requesens que estaba por embajador en Roma, teniente<span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span>
-de D. Juan de Austria en la mar, para que con las galeras
-de su cargo que habia en Italia, y trayendo las banderas
-del reino de que D. Pedro de Padilla era maestro
-de campo, viniese á hacer espaldas á la empresa, poniendo
-la gente en tierra, donde á D. Juan pareciese que podia
-aprovechar; y juntando con sus galeras las de España, cuyo
-capitan era D. Sancho de Leiva, hijo de Sancho Martinez
-de Leiva, estorbase el socorro que podia venir de Berbería
-á los enemigos; proveyese de vitualla y municiones
-las plazas del reino de Granada que están á la costa, y al
-ejército cuando estuviese en parte á propósito. Otra provision
-(resoluto de hacer la guerra con mayores fuerzas)
-fue mandar al marqués de Mondejar que estaba en Orgiba
-para salir en campo, que dejando en su lugar á D. Antonio
-de Luna ó á D. Juan de Mendoza, cual de ellos le pareciese,
-con expresa órden que no innovasen ni hiciesen la
-guerra, viniese á Granada para recibir á D. Juan y asistir
-con él en consejo, juntamente con los que hubiesen de
-tratar los negocios de paz y guerra, no dejando el uso de
-su oficio, como capitan general de la gente ordinaria del
-reino de Granada: ó si mejor le pareciese, quedase en Orgiba
-á hacer la guerra, guardando en todo la órden que
-D. Juan de Austria su hermano le diese, á quien enviaba
-por cabeza y señor de la empresa. Pareció al marqués escoger
-la asistencia en consejo; ó porque con la plática de la
-guerra pasada, con el conocimiento de la tierra y gente, y
-con el ejercicio de aquella manera de milicia en que se
-habia criado (aunque en todo diferente de la ordinaria),
-esperaba que el crédito y el gobierno pararia en su parecer,
-y la ejecucion en su mano; ó temiendo quedar debajo de
-mano ajena, y ser mal proveido, mandado y á veces calumniado
-ó reprendido como ausente, dejó á D. Juan de
-Mendoza contento, regalado y honrado en Orgiba; por ser
-hombre plático, mas desocupado, de su nombre, y con
-cuyos deudos tenia antigua amistad (aunque algunos creen
-que en ello no hizo su provecho); y vino á Granada. Salido<span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span>
-de Orgiba, estuvo aquella frontera sosegada, sin hacer
-ni recibir daño de los enemigos; discurriendo ellos á una
-y otra parte con libertad.</p>
-
-<p>Llegó D. Juan de Austria trayendo consigo á Luis Quijada
-(plático en gobernar infantería, cuyo cargo habia tenido
-en tiempo del emperador), hombre de gran autoridad,
-por voluntad del rey, que le remitió la suma de todo lo
-que tocaba al gobierno de la persona y consejo del hermano;
-y por la crianza que habia hecho en él por mandado del
-emperador. Fue recibido D. Juan con grandes demostraciones
-y confianza, sin dejar ninguna manera de ceremonia
-excepto las ordinarias que se suelen hacer á los reyes;
-y aun la lisonja (que su verdad está en las palabras)
-se extendió á llamarle alteza, no embargante que hubiese
-órden expresa del rey, para que sus ministros y consejeros
-le llamasen excelencia, y él no se consintiese llamar de
-sus criados otro título. Posó en las casas de la audiencia por
-estar en medio de la ciudad; casas de mala ventura las llamaban
-en su tiempo los moros, y así de ellas salió su perdicion.
-Llegó dende á pocos dias Gonzalo Hernandez de
-Córdoba, duque de Sesa, nieto del Gran Capitan, que despues
-de haber dejado el gobierno del estado de Milan,
-conformando mas su voluntad con la de sus émulos que
-con la del rey, vivia en su casa libre de negocios aunque
-no de pretensiones: fue llamado para consejo, y uno de
-los ministros de esta empresa, como quien habia dado buena
-cuenta de las que en Lombardía tuvo á su cargo. Lo
-primero que se trató fue procurar que se asegurase Granada
-contra el peligro de los enemigos declarados fuera, y
-sospechosos dentro; visitar la gente que estaba alojada en
-el Albaicin y otras partes, por la ciudad y la Vega, y en
-frontera contra los enemigos; repartir y mudar las guardias
-al parecer con mas curiosidad que necesidad de los
-muros adentro; y aun quedó muchos meses de parte del
-realejo sin guardia á discrecion de pocos enemigos. En el
-campo andaban solas dos cuadrillas, ningunos atajadores<span class="pagenum"><a name="Page_73" id="Page_73">[73]</a></span>
-por la tierra; que daba avilanteza á los contrarios de inquietar
-la ciudad, y á nosotros causa de correr las calles
-á un cabo y á otro, y algunas veces salir desalumbrados,
-inciertos del camino que llevaban. Atajadores llaman entre
-gente del campo hombres de á pie y de á caballo, diputados
-á rodear la tierra, para ver si han entrado enemigos en
-ella ó salido. Era excusable esta manera de defensa por ser
-aventurera la gente, muchas banderas de poco número,
-mantenidas sin pagas con solos alojamientos; la ciudad
-grande, continuada con la montaña; los pasos como pocos
-y ciertos en tiempo de nieve, así muchos y inciertos estando
-desnevada la sierra; un ejército en Orgiba, que los
-moros habian de dejar á las espaldas viniendo á Granada,
-aunque lejos.</p>
-
-<p>El propósito requiere tratar brevemente del asiento de
-Granada por clareza de lo que se escribe. Es puesta parte
-en monte, y parte en llano: el llano se extiende por un
-cabo y otro de un pequeño rio que llaman Darro, que la
-divide por medio; nace en la sierra Nevada poco lejos de
-las fuentes de Genil, pero no en lo nevado; de aire y agua
-tan saludable, que los enfermos salen á repararse, y los
-moros venian de Berbería á tomar salud en su ribera, donde
-se coge oro; y entre los viejos hay fama, que el rey de
-España D. Rodrigo tenia riquísimas minas debajo de un cerro,
-que dicen del sol. Está lo áspero de la ciudad en cuatro
-montes: el Alhambra á levante, edificio de muchos reyes,
-con la casa real; y San Francisco, sepultura del marqués
-D. Iñigo de Mendoza, primer alcaide y general, humilde
-edificio, mas nombrado por esto; fuerza hecha para sojuzgar
-la parte de la ciudad que no descubre la Alhambra,
-con el arrabal de la Churra y calle de los Gomeres que todo
-se continúa con la sierra de Guejar. El Antequeruela, y
-las torres Bermejas, que llaman Mauror, á mediodia. El
-Albaicin, que mira al norte con el Hajariz; y como vuelve
-por la calle de Elvira la ladera que dicen Zenette por
-ser áspera. El Alcazava cuasi fuera de la ciudad á mano derecha<span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span>
-de la puerta de Elvira que mira al poniente. Con estos
-dos montes Albaicin y Alcazava se continúa la sierra
-de Cogollos, y la que decimos del Puntal. En torno de
-estos montes y la falda de ellos, se extienden los edificios
-por lo llano hasta llegar al rio Genil que pasa por defuera.
-Al principio de la ciudad, la plaza Nueva sobre una puente;
-y cuasi al fin, la de Bibarrambla, grande, cuadrada, que
-toma nombre de la puerta; ambas plazas juntadas con la calle
-de Zacatin: antes la iglesia mayor, templo el mas suntuoso
-despues del Vaticano de San Pedro, la capilla en que están
-enterrados los reyes D. Fernando y D.ª Isabel, conquistadores
-de Granada, con sus hijos y yernos. El Alcaicería,
-que hasta ahora guarda el nombre romano de César (á
-quien los árabes en su lengua llaman Caizar), como casa
-de César. Dicen las historias arábigas y algunas griegas,
-que por encerrarse y marcarse dentro la seda que se vende
-y compra en todo el reino la llaman de esa manera, dende
-que el emperador Justino concedió por privilegio á los
-árabes scenitas, que solos pudiesen crialla y beneficialla:
-mas extendiendo debajo de Mahoma y sus sucesores su poder
-por el mundo, llevaron consigo el uso de ella, y pusieron
-aquel nombre á las casas donde se contrataba; en
-que despues se recogieron otras muchas mercaderías, que
-pagaban derechos á los emperadores, y perdido el imperio
-á los reyes. Fuera de la ciudad el hospital real fabricado
-de los reyes D. Fernando y D.ª Isabel, San Hierónimo,
-suntuoso sepulcro del gran capitan Gonzalo Hernandez, y
-memoria de sus victorias: el rio Genil, que cuasi toca los
-edificios, dicho de los antiguos Singilia, que nace en la sierra
-Nevada, á quien llamaban Solaria y los moros Solaira,
-de dos lagunas que están en el monte cuasi mas alto, de
-donde se descubre la mar, y algunos presumen ver de allí
-la tierra de Berbería. En ellas no se halla suelo ni otra salida
-sino la del rio; cuyas fuentes tienen los moradores por
-religion, diciendo que horadan el monte por milagro de un
-santo que está sepultado en otro monte contrario dicho Sant<span class="pagenum"><a name="Page_75" id="Page_75">[75]</a></span>
-Alcazaren. Va primero al norte, y pequeño; mas en poco
-camino, grande con las nieves cuando se deshacen y arroyos
-que se le juntan. Á una y otra parte moraban pueblos,
-que ahora aun el nombre de ellos no queda; iliberitanos
-ó liberinos en tiempo de los antiguos españoles, lo que decimos
-Elvira, en cuyo lugar entró Granada; ilurconeses,
-pequeños cortijos; la torrecilla, y la torre de Roma, recreacion
-de la Cava romana, hija del conde Julian el traidor:
-todo poblaciones de los soldados que acompañaron á
-Baco en la empresa de España; segun muestran los nombres
-y muchos letreros y imágenes, en que se ven esculpidas
-procesiones y personajes que representan juegos y ceremonias
-del mismo Baco á quien tuvieron por dios; todo
-esto en la Vega. Despues Loja, Antequera, dicha Singilia
-del nombre del mismo rio, Écija dicha Astigis, colonias
-de romanos antiguamente, hoy ciudades populosas en el
-Andalucía por donde pasa; hasta que haciendo mayor á
-Guadalquivir, deja en él aguas y nombre.</p>
-
-<p>Cesaron los oficios de guerra y gobierno, excepto de justicia,
-con la presencia de D. Juan. Su comision fue sin limitacion
-ninguna; mas su libertad tan atada, que de cosa
-grande ni pequeña podia disponer sin comunicacion y parecer
-de los consejeros, y mandado del rey; salvo deshacer
-ó estorbar, que para esto la voluntad es comision: mozo
-afable, modesto, amigo de complacer, atento á los oficios
-de guerra, animoso, deseoso de emplear su persona. Acrecentaba
-estas partes la gloria del padre, la grandeza del
-hermano, las victorias del uno y del otro. Lo primero en
-que se ocupó fue en reformar los excesos de capitanes y
-soldados en alojamientos contribuciones, aprovechamientos
-de pagas; estrechando la costa, aunque no atajando las
-causas de la desórden. En aquellos principios D. Juan era
-poco ayudado de la experiencia, aunque mucho de ingenio
-y habilidad. Luis Quijada, áspero, riguroso, atado á la letra,
-que tuvo la primera órden de guerra en la postrera
-empresa del emperador contra el rey Henrico II de Francia,<span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span>
-siempre mandado. Él y el duque de Sesa acostumbrados
-á tratar gente plática, con menos licencia, mas proveida,
-mayores pagas y mas ordinarias en Flandes, en
-Lombardía, lejos cada uno de su tierra; do convenia esperar
-pagas, contentarse con los alojamientos, antes que
-tornar á España, la mar en medio: todo aquí por el contrario.
-El marqués de Mondejar tambien capitan general
-antes que soldado, criado á las órdenes de su abuelo y padre,
-al poco sueldo, á las limitaciones de la milicia castellana;
-no guiar ejércitos, poca gente, menos ejercicio de
-guerra abierta. El presidente sin plática de lo uno y de lo
-otro: la aspereza de unos, la blandura de otros, la limitacion
-de todos, causaba irresolucion de provisiones y otros
-inconvenientes; no faltaron algunos de la opinion del
-marqués de Mondejar, que daban la guerra por acabada. Habia
-pocos oficiales de pluma, perdian los soldados el respeto,
-hacíase costumbre del vicio, envilecíase el buen nombre
-y reputacion de la milicia: apocóse tanto la gente, que
-fue necesario tratar de nuevo con las ciudades no solo del
-Andalucía y Estremadura, mas con las mas apartadas de
-Castilla que enviasen suplemento de ella; y vinieron las
-de mas cerca, con que parecia remediarse la falta.</p>
-
-<p>Regalaba y armaba Aben Humeya los que se iban á él:
-tornó á solicitar con personas ciertas los príncipes de Berbería,
-segun parecia por las respuestas que fueron tomadas:
-envió dineros, ropa, cautivos; acercóse á nuestros
-presidios, especialmente á Orgiba, donde entendió que faltaba
-vitualla. Aunque D. Juan de Mendoza mantenia la gente
-disciplinada, ocupada en fortificar el lugar segun la flaqueza
-de él, mandó D. Juan que fuese del Padul proveido,
-y llevase la escolta á su cargo Juan de Chaves de Orellana,
-uno de los capitanes que trujeron la gente de Trujillo. Mas
-él por estar enfermo envió su alférez llamado Moriz con
-la compañía; hidalgo, pero poco proveido y muy libre:
-caminó con doscientos y cincuenta soldados; hombres, si
-tuvieran cabeza. Entendieron los moros la salida de la escolta<span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span>
-por sus atalayas; juntáronse trescientos arcabuceros
-y ballesteros mandados por el Macox, hombre diestro y
-plático de la tierra; á quien despues prendió D. Fernando
-de Mendoza, cabeza de las cuadrillas, y mandó justiciar el
-duque de Arcos en Granada. Emboscó parte en la cuesta de
-Talera y un arroyo que la divide del lugar, parte en las mismas
-casas; y dejándolos pasar la primera emboscada, acometió
-á un tiempo á los que iban en la rezaga y los delanteros.
-Peleóse en una y otra parte, pero fueron rotos
-los nuestros, y murieron todos; con ellos el alférez por no
-reconocer; y aun dicen que borracho, mas de confianza
-que de vino: perdiéronse bagajes, bagajeros, y la vitualla,
-sin escapar mas de dos personas: hoy se ven blanquear
-los huesos, no lejos del camino. Túvose de este caso tanto
-secreto, que primero se supo de los enemigos. Mas porque
-muchos moriscos de paz, especialmente de las Albuñuelas,
-se hallaron con el Macox, y porque los vecinos de
-aquel lugar acogian y daban vitualla á los moros, y con
-ellos tenian continua plática; pareció que debian ser castigados
-y el lugar destruido, así por ejemplo de otros, como
-por entretener con algun cebo justificado, la gente que estaba
-ociosa y descontenta. Es las Albuñuelas lugar asentado
-en la falda de la montaña á la entrada de Val de Lecrin,
-depósito de todos los frutos y riquezas del mismo valle, cinco
-leguas de Granada, en tres barrios, uno apartado de
-otro, la gente mas pulida y ciudadana que los otros de la
-sierra, tenidos los hombres por valientes y que pudieron
-resistir las armas del Rey Católico D. Fernando hasta concertarse
-con ventaja. Mandóse á D. Antonio de Luna, capitan
-de la Vega, que con cinco banderas de infantería y
-doscientos caballos amaneciese sobre el lugar, degollase
-los hombres, hiciese cautiva toda manera de persona, robase,
-quemase, asolase las casas. Mas D. Antonio, hombre
-cuidadoso y diligente, ó que no midiese el tiempo, ó que
-la gente caminase con pereza, llegó cuando los vecinos
-parte eran huidos á la montaña, parte estaban prevenidos<span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span>
-en defensa de las calles y casas; con un moro por capitan,
-llamado Lope. Anduvo la ejecucion tan espaciosa, la gente
-tan tibia, que de los enemigos murieron pocos, y de
-esos los mas viejos, perezosos y enfermos; y de los nuestros
-algunos: cautiváronse niños y mujeres, los que no
-pudieron escapar á lo alto; fue saqueado el uno de los tres
-barrios, y el escarmiento de los enemigos tan liviano, que
-saliendo por una parte nuestra gente, entraba la suya por
-otra: habitaron las casas, segaron sus panes aquel año, y
-sembraron sin estorbo para el siguiente.</p>
-
-<p>Estaban las cosas calladas y suspensas sin el continuo
-desasosiego que daban los moros en la ciudad: gobernábalos
-en la parte que cae el valle y la Vega un capitan llamado
-Nacoz (que en su lengua quiere decir campana), mostrándose
-á todas horas y en todos lugares. Ya se habian encontrado
-él y D. Antonio de Luna con número cuasi igual
-de gente de á pie, aunque con ventaja D. Antonio por la caballería
-que llevaba: se partieron con igualdad, cuasi
-sin poner manos á las armas; poniéndose el Nacoz en
-salvo; el barranco en medio de su gente y nuestra caballería.
-Dicen que de allí atravesó la sierra de la Almijara,
-y por Almuñecar con su hacienda y familia pasó á Berbería.</p>
-
-<p>Visto por D. Juan que los enemigos crecian en número
-y experiencia; que eran avisados por los moriscos de Granada,
-ayudados con vitualla, reforzados con parte de la
-gente moza de la ciudad y la Vega; que no cesaban las pláticas
-y tratados; el concierto de poner en ejecucion el primero
-aun estaba en pie; que tenian señado el dia y hora
-cierta para acometer la ciudad; número de gente determinado;
-capitanes nombrados Giron, Nacoz, uno de los Partales,
-Farax, Chacon, Rendati, moriscos; Caracax y
-Hhosceni, turcos, y Dali, capitan general de todos, venido
-por mandado del rey de Argel; dió aviso de todo encareciendo
-el peligro por parte de los enemigos, si se juntaban
-con los de Granada y la Vega, y de los nuestros por la flaqueza<span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span>
-que sentian en la gente comun, por la corrupcion
-de costumbres y órden de guerra.</p>
-
-<p>Mandó el rey que todos los moriscos habitantes en Granada
-saliesen á vivir repartidos por lugares de Castilla y el
-Andalucía; porque morando en la ciudad no podian dejar
-de mantenerse vivas las pláticas y esperanzas, dentro y fuera.
-Habia entre los nuestros sospechas, desasosiego, poca
-seguridad: parecia á los que no tenian experiencia de mantener
-pueblos oprimiendo ó engañando á los enemigos de
-dentro y resistiendo á los de fuera, estar en manifiesto peligro.
-Con tal resolucion ordenó D. Juan á los veinte y tres
-de junio, que encerrasen todos los moriscos en las iglesias
-de sus parroquias: ya era llegada gente de las ciudades á
-sueldo del rey, y se estaba con mas seguridad. Puso la ciudad
-en arma; la caballería y la infantería repartida por sus
-cuarteles: ordenó al marqués de Mondejar que subiendo al
-Albaicin se mostrase á los moriscos, y con su autoridad los
-persuadiese á encerrarse llanamente. Recogidos que fueron
-de esta manera, mandáronlos ir al hospital real fuera Granada
-un tiro de arcabuz: anduvo D. Juan por las calles con
-guardas de á caballo y guion; viólos recoger inciertos de lo
-que habia de ser de ellos; mostraban una manera de obediencia
-forzada, los rostros en el suelo con mayor tristeza
-que arrepentimiento; ni de esto dejaron de dar alguna señal;
-que uno de ellos hirió al que halló cerca de sí: dícese
-que con acometimiento contra D. Juan, pero lo cierto no
-se pudo averiguar porque fue luego hecho pedazos: yo que
-me hallé presente diria, que fue movimiento de ira contra
-el soldado, y no resolucion pensada. Quedaron las mujeres
-en sus casas algun dia, para vender la ropa y buscar dineros
-con que seguir y mantener sus maridos. Salieron atadas
-las manos, puestos en la cuerda, con guarda de infantería
-y caballería por una y otra parte, encomendados á
-personas que tuviesen cargo de irlos dejando en lugares
-ciertos de Andalucía, y guardallos; tanto porque no huyesen,
-como porque no recibiesen injuria. Quedaron pocos<span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span>
-mercaderes y oficiales, para el servicio y trato de la ciudad:
-algunos á contemplacion y por intereses de amigos. Muchos
-de los mancebos que adivinaron la mala ventura huyeron
-á la sierra, donde la hallaban mayor; los que salieron
-por todos tres mil y quinientos; el número de mujeres mucho
-mayor. Fue salida de harta compasion para quien los
-vió acomodados y regalados en sus casas: muchos murieron
-por los caminos de trabajo, de cansancio, de pesar, de
-hambre, á hierro, por mano de los mismos que los habian
-de guardar, robados, vendidos por cautivos.</p>
-
-<p>Ya el rey habia enviado personas que tuviesen cuenta
-con su hacienda, porque antes no las habia, como en negocio
-de que presto se vernia al fin; contador, pagador,
-veedor general y particulares; dentro en consejo al licenciado
-Muñatones que habia servido de alcalde de corte al
-emperador en sus jornadas y de su consejo: hombre hidalgo
-y limpio, y en diversos tiempos de próspera y contraria
-fortuna. Como los moriscos salieron de Granada, perdióse
-la comodidad de los soldados; cesaron los alojamientos,
-camas, fuego, vasos: cosas que se dan en hospedaje, sin
-que la gente no puede vivir ni cómoda ni suficientemente.
-Aun para la ciudad y soldados no estaba hecha provision
-de vitualla, pero entraron á mantener la gente con socorros,
-mudando término y propósito. Fue mayor el aprovechamiento
-de los capitanes y oficiales de guerra con los socorros
-y raciones, cuanto mas á menudo se tomaban las
-nuestras: entraban á ellas en lugar de soldados vecinos del
-pueblo; sucedieron á cumplir la hacienda del rey, en lugar
-de los moriscos los bagajeros y vivanderos rescatados:
-por todo se robaba á amigos, como á enemigos; á cristianos,
-como á moros; padecian los soldados, adolecian,
-íbanse, crecieron las desórdenes y compasiones por la Vega.
-Nació una opinion entre los ministros, la cual como
-provechosa donde el pueblo es enemigo y la gente poca;
-así errada, donde no hay pueblo contrario, y fue que no
-se debian tomar muestras, porque los enemigos no entendiesen<span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span>
-cuan pocos eran los soldados, y que se debia permitir
-la licencia y excesos, porque no se amotinasen ni
-huyesen. La gente de la ciudad era mucha, buena, y armada;
-los moriscos fuera, los soldados no tan pocos, que
-no fuesen superiores (juntos con el pueblo) á los enemigos;
-guarda de á pie y de á caballo en la Vega; armado en Orgiba
-D. Juan de Mendoza: ¿qué temor ó recatamiento podia
-estorbar el remedio de inconvenientes, que eran causa de
-poner en peligro la empresa, y de que los moros de la Vega
-no pudiendo sufrir tanto maltratamiento, yéndose á la
-sierra acrecentasen el número de los enemigos? Duró tantos
-meses esta manera de gobierno, que dió causa á intenciones
-libres y sospechosas de pensar, que no faltaban personas
-á quien contentase, que creciendo los inconvenientes,
-fuese mayor la necesidad.</p>
-
-<p>Declaró el rey, como estaba acordado, que el marqués
-de Velez tuviese cargo de los partidos de Almería, Guadix,
-Baza, rio de Almanzora, sierra de Filabres; y queriendo
-salir contra los enemigos, parecióle asegurar el puerto que
-dicen de la Ravaha, paso de la Alpujarra para tierra de
-Guadix y Granada: mandó que con cuatrocientos hombres
-enviados de Guadix, Gonzalo Fernandez, capitan viejo,
-plático en las escaramuzas de Oran, tomase lo alto del puerto,
-y se hiciese fuerte hasta tener órden suya. Comenzó á
-subir la montaña sin reconocer; mas los moros que estaban
-cubiertos en lo alto y en lo hondo del camino, dejando
-subir parte de la gente, echaron cuarenta arcabuceros que
-acometiesen la frente, y por el costado dieron cien hombres,
-hasta ponellos en desórden; y cargándolos en rota,
-murió la mayor parte huyendo: perdiéronse las armas, municion
-y vitualla que llevaban; poca gente tornó á Guadix
-con el capitan. D. Juan, temeroso que los enemigos cargasen
-á la parte de Guadix, proveyó para guardia de ella á
-Francisco de Molina, que sirvió de capitan al emperador
-en las guerras de Alemania.</p>
-
-<p>Con el suceso de la Ravaha se levantó la sierra de Bentomiz,<span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span>
-y tierra de Velez Málaga: no hicieron los excesos que
-en el Alpujarra, antes contentándose con recoger la ropa
-á lugares fuertes sin hacer daños, echaron bando que ninguno
-matase ó cautivase cristianos, quemase iglesia, tomase
-bienes de cristianos ó de moros que no se quisiesen recoger
-con ellos: fortificaron para refugio y seguridad de
-sus personas un monte llamado Frejiliana la vieja, á diferencia
-de la nueva cerca de él, deshabitado de muchos tiempos:
-los antiguos españoles y romanos le llamaron Saxifirmum.
-Estuvieron de esta manera tanto mas sospechosos á Velez,
-cuanto procedian mas justificadamente, sin comunicacion
-ó comercio en el Alpujarra. Mas Arévalo de Suazo, corregidor
-de Málaga y Velez, avisado primero por cartas de
-D. Juan como los moriscos de aquella sierra estaban para
-levantarse y ocupar á Velez, movido por la razon de que
-se podia continuar aquel levantamiento por la hoya y jarquia
-de Málaga, hasta tierra de Ronda, si con tiempo no se
-atajase, y con alguna esperanza de pacificar los moros por
-via de concierto; partió de Málaga con cuatrocientos infantes
-y cincuenta caballos, llegó á Velez y hizo salir del fuerte
-la gente del pueblo que habia desamparado lo llano: puso
-el lugar en defensa: socorrió el castillo de Caniles, lugar
-del marqués de Comares, que estaba en aprieto, echando
-los moros de la tierra, los cuales y los de Sedella se fueron
-á juntar con los de toda la sierra, y á un tiempo descubrieron
-el levantamiento que tengo dicho. Volvió á Velez
-Suazo juntando mil y quinientos infantes con la caballería
-que se hallaba, y entendiendo que se recogian y fortificaban
-en la sierra, quiso ir á reconocellos y en ocasion combatillos.
-Hallólos en Frejiliana la vieja fortificados: el general
-de ellos era Gomel, y tenia consigo otros capitanes; todos
-se mandaban por la autoridad de Benaguazil. Pero en
-la subida de la montaña creyendo que bastaria mostralles
-las armas, trabó la gente desmandada una escaramuza, y
-siguiéronla dos banderas de infantería sin órden, y sin podellos
-Arévalo de Suazo retirar; harto ocupado en estorbar<span class="pagenum"><a name="Page_83" id="Page_83">[83]</a></span>
-que el resto no saliese tras ellos. Mas los moros, que habian
-hecho rostro á la escaramuza, viendo la gente que cargaba
-de nuevo y conociendo la desórden, comenzáronse á
-retirar hasta sus reparos; y saltando fuera golpe de arcabuceros
-y ballesteros, apretaron nuestra gente cuasi puesta
-en rota ejecutándola hasta lo llano. Arévalo de Suazo,
-parte acometiendo, parte retirando y amparando la gente,
-volvió con ella (algunos muertos y pocos heridos) á Velez,
-donde estuvo á la guarda del lugar y la tierra; y los moros
-volvieron á continuar su fuerte. D. Juan visto el caso, y
-pareciéndole dar dueño á la empresa que la hiciese á menos
-costa y con mas autoridad, aunque en Arévalo de Suazo
-no hubiese como no hubo falta, ofreció aquella jornada
-por mandado del rey á D. Diego de Córdoba marqués de Comares,
-gran señor en el Andalucía, y fuera de ella de mayores
-esperanzas, que tenia parte de su estado en aquella
-montaña pacífico y guardado; pero fue la oferta de manera,
-que justificadamente pudo excusarse.</p>
-
-<p>En este tiempo se declararon los preparamientos del rey
-de Argel ser contra el de Túnez Mulei Hamida; y el rey de
-Fez se quietó. Partió el de Argel con siete mil infantes turcos
-y andaluces y doce mil caballos, parte de su sueldo
-y parte alárabes que labraban la tierra: juntáronse á
-una legua de Beja, ciudad grande, y veinte de Túnez;
-mas el rey de Túnez fue roto, y salvóse con doscientos
-caballos hácia la tierra que dicen de los dátiles. Perdió
-á Beja y Túnez que ahora está en poder de turcos,
-y á Biserta que comenzaron á fortificar, lugar de
-comarca provechoso para quien lo ocupare y pudiere mantener;
-Hippon Diarritos le llamaron los griegos, á diferencia
-de Bona: púsole el nombre Agatócles, tirano de Sicilia
-en la gran empresa que tuvo contra los cartagineses.
-Mas por quitar duda y oscuridad, diré lo que entiendo de
-estos reinos. El de Fez fue reino de Siphax, que tuvo guerra
-contra los romanos, de quien tanta memoria hacen sus
-historias. Despues de varias mudanzas, edificó la ciudad<span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span>
-Idriz, del linaje de Alí, que conquistó á Berbería y en memoria
-tienen su alfanje colgado en el templo principal con
-gran veneracion. Dióle el nombre del rio que pasa por medio,
-llamado entonces Fez. Juntó los edificios Juseph Miramarazohir
-Aben Jacob, del linaje de los de Benimerin, que
-fue vencido del rey D. Alonso en la batalla de Tarifa; y por
-la comodidad de guerrear contra el rey de Tremecen la hizo
-de nuevo cabeza del reino poseido al presente por los hijos de
-Jarife; hombre que de predicador y tenido por santo y del
-linaje de Mahoma, vino, juntando las armas con la religion,
-al señorío de Marruecos y Fez, como lo han hecho muchos de
-su secta en África, comenzando de Mahoma hasta los almoravides,
-los almohades, los beni-merines, los beni-oaticis,
-y jarifes que hoy son; todos religiosos y armados, y que
-por este medio vinieron á la alteza del reino. El de Túnez
-tuvo mayor antigüedad por fundarse en las sobras de
-la gran Cartago destruida por Scipion Africano, y vuelta á
-restaurar primero por los cónsules romanos y por Tiberio
-Graco, despues mudado el sitio á lo llano por César Augusto,
-y habitada de romanos, poseida de los emperadores,
-ganada por los vándalos, y recuperada por Belisario, capitan
-del emperador Justiniano; siempre tenida por la tercia
-parte del imperio griego hasta el tiempo de los alárabes; que
-fue por Occuba Ben-Nafic, capitan de Mauhía, sojuzgada,
-venciendo y matando al conde Gregorio, lugarteniente del
-emperador Constantino, hijo de Constante, con setenta mil
-caballeros cristianos en la gran batalla junto á África, que
-los moros llaman Mehedia (del nombre de un su príncipe
-dicho Moahedin), y los romanos Adrumentum, ahora lugar
-destruido por el ejército del emperador D. Cárlos. Las
-armas con que se halló el conde Gregorio, á quien los alárabes
-llaman Groguir, dicen que fueron muchas mujeres
-en torno bien aderezadas y hermosas; él en una litera de
-hombros con piedras preciosas cubierta de paño de oro, y
-dos mancebos que con mosqueadores de plumas de pavo le
-quitaban el polvo. Mauhía ocupó á Cartago por entrega de<span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span>
-María, hija del conde Gregorio, con pacto que casase con
-ella, mas descontento del casamiento la dejó: deshabitó á
-Cartago; pasó la poblacion donde ahora es Túnez, que entonces
-era pequeño lugar y siempre del mismo nombre.
-Quedaron repartidos los romanos en doce aldeas, que hoy
-son de labradores moros en el cabo que llaman de Cartago,
-donde fue la ciudad competidora de Roma; el nombre de
-ella dura en un pequeño pueblo, y ese sin gente: tantas
-mudanzas hace el mundo, y tan poca seguridad hay en los
-estados. Gobernóse Túnez en forma de república hasta los
-tiempos de Miramamolin Juseph, que envió á Abdeluahhed
-su capitan, natural de Sevilla, que los gobernó y sujetó con
-ocasion de defendellos contra los alárabes; cuyo hijo quedó
-por señor y fue el primero rey de Túnez hasta Muztancoz
-que ennobleció la ciudad, y dende él á Hamida, que hoy
-reina sin perderse la sucesion, segun la verdad de sus historias,
-cegando ó matando los padres á los hijos, ó los hijos
-á los padres, como hizo Hamida que cegó á Mulei Hacen su
-padre, y le quitó el reino, en que el emperador D. Cárlos,
-vencedor de muchas gentes, le habia restituido, echando á
-Barbarroja tirano de él, puesto por mano del gran señor de
-los turcos.</p>
-
-<p>Menores fueron los principios del señorío de Argel, que
-hoy está en mayor grandeza: al lugar llaman los moros Algezair
-por una isla que tenia delante; nosotros le llamamos
-Argel; antiguamente se pobló de los moradores de Cesarea,
-que ahora se llama Sarjel. Estuvo siempre en el señorío de
-los reyes godos de España hasta que vinieron los moros, y
-en tiempo de ellos fue lugar de poco momento regido por
-jeques. Mas despues el rey D. Fernando el Católico hizo tributario
-al señor, y edificó el Peñon. Muerto el rey, el cardenal
-Fr. Francisco Jimenez, Gobernador de España en los
-principios del reinado del emperador D. Cárlos, tomó á
-Bugía (casa real del rey Bocho de Mauritania, dicha por
-esto de su nombre, segun los alárabes), y quiso crecer el
-tributo moviendo nuevo concierto con el jeque; ofendidos<span class="pagenum"><a name="Page_86" id="Page_86">[86]</a></span>
-los moros, reprendido y arrepentido el señor, se retiró. El
-cardenal, hombre de su condicion armígero, y aun desasosegado,
-armó contra él haciendo capitanes á Diego de
-Vera y Juan del Rio: juntóse esta armada á manera de arrendamiento;
-que todos los que tenian oficios menores, si
-los querian pasar en sus hijos por una vida, fuesen á servir,
-ó llevasen ó diesen en su lugar tantos hombres, segun
-la importancia del oficio. Perdióse la armada por mal tiempo,
-confusion y poca plática de los que gobernaban, y esta
-fue la primera pérdida que se hizo sobre Argel. Mas el jeque,
-temiendo que con mayores fuerzas se renovaria la
-guerra, trajo por huésped y soldado á Barbarroja, hermano
-del que fue tirano de Túnez, que entonces era su lugarteniente
-y secretario; venidos á la grandeza que tuvieron,
-de capitanes de un bergantin. Habia tentado Barbarroja
-Horux (que así se llamaba el mayor) la empresa de Bugía;
-perdido el tiempo, la gente, un brazo, y el armada; recogídose
-con cuarenta turcos á un pequeño castillo, de donde
-el jeque otra vez le trajo al sueldo; mas él, juntándose con
-los principales, mató al jeque llamado Selin Etenri estando
-comiendo en un baño: hízose señor y llamóse rey. Dende
-á poco salió para la empresa de Tremecen, y ocupado
-aquel reino quedó por señor; y su hermano Harradin por
-gobernador en Argel; mas echado despues de Tremecen
-por los capitanes del alcaide de los donceles, abuelo de este
-marqués de Comares, que era entonces general de Oran;
-y muerto huyendo, quedó el reino de Argel en poder del
-hermano. Habia D. Hugo de Moncada hecho tributarios los
-gelves despues de algunos años de la pérdida del conde Pedro
-Navarro, y muerte de D. García de Toledo, hijo del
-duque de Alba D. Fadrique, padre del duque D. Fernando
-que hoy gobierna los estados de Flandes: y tornando con
-el armada por mandado del emperador sobre Argel, con
-intento de destruilla y asegurar la marina de España, tentó
-desdichadamente la venganza de Diego de Vera y Juan del
-Rio; porque con tormenta perdió mucha parte de la armada,<span class="pagenum"><a name="Page_87" id="Page_87">[87]</a></span>
-y echando gente en tierra para defender los que se iban
-á ella con miedo de la mar, perdió tambien lo uno y lo
-otro. Crecieron las fuerzas de Barbarroja; extendióse por la
-tierra adentro su poder; deshizo el Peñon que era isla; continuóla
-con la tierra firme; ocupó los lugares de la mar Sarjel,
-Guijan, Brica, y el reino de Túnez aunque pequeño.
-Vino á noticia del señor de los turcos, que pretendia por
-seguridad y paz de sus hijos ocupar á África y poner en Túnez
-á Bayaceto que se mató á sí mismo: adelantó á Barbarroja
-en fuerzas y autoridad por conseguir este fin y poner
-al emperador en estrecho y necesidad. Dióle mayor armada
-con que ocupase y afirmase el reino de Túnez, de donde
-echado por el emperador pasó á Constantinopla: quedó general
-de la armada del turco, y despues favorecido y honrado
-hasta que murió; tenido en mas por haberle vencido
-el emperador; porque los vencedores honrados honran á
-los vencidos. Quedó el reino de Argel en poder de gobernadores
-enviados por el turco; mas el emperador, temiendo
-la poca seguridad que tenia en sus estados con la grandeza
-de los turcos en Argel, y hallándose en Alemania al tiempo
-que el gran turco venia sobre ella, mal proveido de dineros
-para resistille, no quiso obligarse á la empresa. Quedar
-sin salir á ella en Alemania, era poca reputacion; tomó
-por expediente la de Argel, donde fue roto de la tormenta:
-retiróse por tierra á Bugía, perdiendo mucha parte de la
-armada, pero salvó el ejército y la reputacion, con gloria
-de sufrido, de diestro y valeroso capitan. De allí crecieron
-sin resistencia las fuerzas de los señores de Argel; tomaron
-á Tremecen, á Bugía; y por su órden los cosarios á Jayona,
-de los moros; á Tripol, de la órden de San Juan: rompieron
-diversas armadas de galeras sin otra adversidad mas
-que la pérdida que hicieron de su armada en la batalla que
-D. Bernardino de Mendoza ganó á Alí Hamete y Cara Mami,
-sus capitanes, sobre la isla de Arbolan. Por este camino
-vino el reino de Argel á la grandeza que ahora tiene.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span></p>
-
-<h2>LIBRO III.</h2>
-
-
-<p>Entretenia el gran turco los moros del reino de Granada
-con esperanzas, por medio del rey de Argel, para ocupar,
-como dijimos, las fuerzas del rey D. Felipe en tanto que las
-suyas estaban puestas contra venecianos; con quien (dando
-á entender que las despreciaba) ninguna ocasion de su
-provecho, aunque pequeña, dejaba pasar. Entre tanto el
-comendador mayor D. Luis de Requesens sacó del reino y
-embarcó la infantería española en las galeras de Italia, dejando
-órden á D. Álvaro de Bazan, que con las catorce de
-Nápoles, que eran á su cargo, y tres banderas de infantería
-española, corriese las islas y asegurase aquellos mares
-contra los cosarios turcos. Vino á Civitavieja; de allí á puerto
-Santo Stéfano, donde juntando consigo nueve galeras y
-una galeota del duque de Florencia, estorbado de los tiempos
-entró en Marsella. Dende á poco pareciendo bonanza,
-continuó su viaje; mas entrando la noche comenzó el narbonés
-á refrescar, viento que levanta grandes tormentas
-en aquel golfo, y travesia para la costa de Berbería, aunque
-lejos: tres dias corrió la armada tan deshecha fortuna,
-que se perdieron unas galeras de otras; rompieron remos,
-velas, árboles, timones: y en fin la capitana sola pudo
-tomar á Menorca, y dende allí á Palamós: donde los
-turcos forzados confiándose en la flaqueza de los nuestros
-por el no dormir y continuo trabajo, tentaron levantarse
-con la galera; pero sentidos, hizo el comendador mayor<span class="pagenum"><a name="Page_89" id="Page_89">[89]</a></span>
-justicia de treinta. Nueve galeras de las otras siguieron la
-derrota de la capitana; cuatro se perdieron con la gente y
-chusma; la una que era de Estéfano de Mari, gentil hombre
-genovés, en presencia de todas en el golfo embistió por
-el costado á otra, y fue la embestida salva, y á fondo la
-que embistió: acaecimiento visto pocas veces en la mar; las
-demás dieron al través en Córcega y Cerdeña, ó aportaron
-en otras partes con pérdida de la ropa, vitualla, municiones
-y aparejos; aunque sin daño de la gente. Luego que
-pasó la tormenta llegó D. Álvaro de Bazan á Cerdeña con
-las galeras de Nápoles: puso en órden cinco de las que habian
-quedado para navegar: en ellas y en las suyas embarcó
-los soldados que pudo; llegó á Palamós, y juntándose
-con el comendador mayor, navegaron la costa del reino de
-Granada, á tiempo que poco habia fuera el suceso de Bentomiz
-y otras ocasiones, mas en favor de los moros que
-nuestro. Llevó consigo de Cartagena las galeras de España
-que traía D. Sancho de Leiva; y tornando D. Álvaro á
-guardar la costa de Italia, él partió con veinte y cinco galeras
-para Málaga. Mas al pasar, avisado por Arévalo de
-Suazo de lo sucedido en Bentomiz, envió con D. Miguel de
-Moncada á continuar con D. Juan su intento, y el peligro
-en que estaba toda aquella tierra, si no se ponia remedio
-con brevedad, sin esperar consulta del rey. Puso entre
-tanto sus galeras en órden; armó y rehizo la infantería que
-serian en diez banderas mil soldados viejos, y quinientos
-de galera; juntó y armó de Málaga, Velez y Antequera, por
-medio de Arévalo de Suazo y Pedro Verdugo, tres mil infantes.
-Volvió D. Miguel con la comision de D. Juan, y partió
-el comendador mayor á combatir los enemigos. Llegado
-á Torrox, envió á D. Martin de Padilla, hijo del adelantado
-de Castilla, con alguna infantería suelta para reconocer el
-fuerte de Frejiliana, y volvió trayendo consigo algun ganado.
-Púsose al pie de la montaña; y despues de haber reconocido
-de mas cerca, dió la frente á D. Pedro de Padilla
-con parte de sus banderas y otras hasta mil infantes, y<span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span>
-mandóle subir derecho. Á D. Juan de Cárdenas<a name="FNanchor_50_50" id="FNanchor_50_50"></a><a href="#Footnote_50_50" class="fnanchor">[50]</a>, hijo
-del conde de Miranda, mandó subir con cuatrocientos aventureros
-y otra gente plática de las banderas de Italia por la
-parte de la mar, y por la otra á D. Martin de Padilla con
-trescientos soldados de galera y algunos de Málaga y Velez:
-los demás que acometiesen por las espaldas del fuerte,
-donde parece que la subida estaba mas áspera, y por esto
-menos guardada, y estos mandó que llevase Arévalo de
-Suazo con alguna caballería por guarda de la ladera y del
-agua. Mas D. Pedro, aunque de su niñez criado á las armas
-y modestia del emperador, soldado suyo en las guerras de
-Flandes, despreciando con palabras la órden del comendador
-mayor, la cual era que los unos esperasen á los otros
-hasta estar igualados (porque parte de ellos iban por rodeos),
-y entonces arremetiesen á un tiempo; arremetió
-sin él y llegó primero por el camino derecho.</p>
-
-<p>Los enemigos estuvieron á la defensa como gente plática,
-y juntos resistieron con mas daño de los nuestros que suyo;
-pero al fin, dado lugar á que nuestros armados se pegasen
-con el fuerte, y comenzasen con las picas á desviarlos
-y á derribar las piedras de él, y los arcabuceros á quitar
-traveses, estuvieron firmes hasta que salió un turco de galera
-enviado por el comendador mayor á reconocer dentro,
-con promesa de la libertad. Este dió aviso de la dificultad
-que habia por la parte que eran acometidos, y cuanto mas
-fácil seria la entrada al lado y espaldas. Partió la gente, y
-combatiólos por donde el turco decia: lo mismo hicieron
-los enemigos para resistir, pero con mucho daño de los
-nuestros, que eran heridos y muertos de su arcabucería,
-al prolongarse por el reparo. Todavía partidas las fuerzas
-con esto, aflojaron los que estaban á la frente; y D. Juan de
-Cárdenas tuvo tiempo de llegar, lo mismo la gente de Málaga
-y Velez, que iba por las espaldas. Mas los moros, viéndose<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span>
-por una y otra parte apretados, salieron por la del maestral
-que estaba mas áspera y desocupada como dos mil personas,
-y entre ellos mil hombres los mas sueltos y pláticos
-de la tierra: fue porfiado por ambas partes el combate hasta
-venir á las espadas, de que los moros se aprovechan
-menos que nosotros, por tener las suyas un filo, y no herir
-ellos de punta. Con la salida de estos y sus capitanes tuvieron
-los nuestros menos resistencia: entraron por fuerza
-por la parte mas difícil y no tan guardada que tocó á
-Arévalo de Suazo, donde él fue buen caballero, y buena
-la gente de Málaga y Velez; pero no entraron con tanta furia,
-que no diesen lugar á los que combatian de D. Pedro
-de Padilla y á los demás, para que tambien entrasen al mismo
-tiempo. Murieron de los enemigos dentro del fuerte
-quinientos hombres, la mayor parte viejos: mujeres y niños
-cuasi mil y trescientos con el ímpetu y enojo de la entrada
-y despues de salidos en el alcance; y heridos otros
-cerca de quinientos. Cautiváronse cuasi dos mil personas:
-los capitanes Garral, y el Melilú, general de todos, con la
-gente que salió, vinieron destrozados á Valor, donde Aben
-Humeya los recogió, y mandó dende á pocos dias tornar al
-mismo Frejiliana. Mas el Melilú, rico y de ánimo, hizo
-ahorcar á Chacon que trataba con los cristianos, por una
-carta de su mujer que le hallaron, en que le persuadia á
-dejar la guerra y concertarse. Dícese que en el fuerte los
-viejos de concierto se ofrecieron á la muerte, porque los
-mozos se saliesen en el entre tanto; al revés de lo que suele
-acontecer y de la órden que guarda naturaleza, como
-quier que los mozos sean animosos para ejecutar y defender
-á los que mandan; y los viejos para mandar, y naturalmente
-mas flacos de ánimo que cuando eran mozos. De
-los nuestros fueron heridos mas de seiscientos, y entre
-ellos de saeta D. Juan de Cárdenas, que fue aquel dia buen
-caballero. Entre otros murieron peleando D. Pedro de Sandoval,
-sobrino del obispo de Osma, y pasados de trescientos
-soldados, parte aquel dia, y parte de heridas en Málaga,<span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span>
-donde los mandó el comendador mayor, y vender y repartir
-la presa entre todos, á cada uno segun le tocaba, repartiéndoles
-tambien el quinto del rey.</p>
-
-<p>Es el vender las presas y dar las partes costumbre de
-España; y el quinto derecho antiguo de los reyes dende el
-primer rey D. Pelayo, cuando eran pocas las facultades para
-su mantenimiento; ahora porque son grandes, llévanlo
-por reconocimiento y señorío: mas el hacer los reyes merced
-de él en comun y por señal de premio á los que pelean,
-es causa de mayor ánimo; como por el contrario á cada
-uno lo que ganare y á todos el quinto generalmente cuando
-vienen á la guerra, ocasion para que todos vengan á servir
-en las empresas con mayor voluntad. Pero esta se trueca
-en codicia, y cada uno tiene por tan propio lo que gana,
-que deja por guardallo, el oficio de soldado, de que nacen
-grandes inconvenientes en ánimos bajos y poco pláticos;
-que unos huyen con la presa, otros se dejan matar
-sobre ella de los enemigos, impedidos y enflaquecidos,
-otros desamparadas las banderas, vuelven á sus tierras con
-la ganancia. Viénense por este camino á deshacer los ejércitos
-hechos de gente natural, que campean dentro en casa:
-el ejemplo se ve en Italia entre los naturales, como se
-ha visto en esta guerra dentro en España.</p>
-
-<p>El buen suceso de Frejiliana sosegó la tierra de Málaga y
-la de Ronda por entonces: el comendador mayor se dió á
-guardar la costa, á proveer con las galeras los lugares de
-la marina; mas en tierra de Granada, el mal tratamiento
-que los soldados y vecinos hacian á los moriscos de la Vega,
-la carga de alojamientos, contribuciones y composiciones,
-la resolucion que se tomó de destruir las Albuñuelas
-flacamente ejecutada; dió ocasion á que muchos pueblos
-que estaban sobresanados, se declarasen, y subiesen á la
-sierra con sus familias y ropa. Entre estos fue el rio de Bolodui
-á la parte de Guadix, y á la de Granada Guejar, que
-en su calidad no dió poco desasosiego. La gente de ella recogiendo
-su ropa y dineros, llevando la vitualla, y dejando<span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span>
-escondida la que no pudieron, con los que quisieron seguillos,
-se alzaron en la montaña, cuasi sin habitacion por
-la aspereza, nieve y frio. Quiso D. Juan reconocer el sitio
-del lugar llevando á Luis Quijada y al duque de Sesa; tratóse
-si lo debia mantener, ó dejar; no pareció por entonces
-necesario para la seguridad de Granada mantenerle y fortificarle
-como flaco y de poca importancia; pero la necesidad
-mostró lo contrario, y en fin se dejó; ó porque no bastase
-la gente que en la ciudad habia de sueldo á asegurar á Granada
-todo á un tiempo, y socorrer en una necesidad á
-Guejar como la razon lo requeria; ó que no cayesen en que
-los enemigos se atreverian á fundar guarnicion en ella tan
-cerca de nosotros, ó, como dice el pueblo (que escudriña
-las intenciones sin perdonar sospecha, con razon ó sin ella),
-por criar la guerra entre las manos; celosos del favor en
-que estaba el marqués de Velez, y hartos de la ociosidad
-propia, y ambiciosos de ocuparse, aunque con gasto de
-gente y hacienda: decíase que fuera necesario sacar un
-presidio razonable á Guejar, como despues se hizo lejos de
-Granada para mantener los lugares de en medio: cada uno
-sin examinar causas ni posibilidad, se hacia juez de sus superiores.</p>
-
-<p>Mas el rey, viendo que su hermano estaba ocupado en
-defender á Granada y su tierra, y que teniendo la masa
-de todo el gobierno, era necesario un capitan que fuese
-dueño de la ejecucion, nombró por general de toda la empresa
-al marqués de Velez, que entonces estaba en gran favor,
-por haber salido á servir á su costa. Sucedióle dichosamente
-tener á su cargo ya la mitad del reino, calor de
-amigos y deudos; cosas que cuando caen sobre fundamento,
-inclinan mucho los reyes. Á esto se juntó haberse ofrecido
-por sus cartas á echar á Aben Humeya el tirano, que
-así se llamaba; y acabar la guerra del reino de Granada con
-cinco mil hombres y trescientos caballos pagados y mantenidos;
-que fue la causa mas principal de encomendalle el
-negocio. Á muchos cuerdos parece, que ninguno debe de<span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span>
-cargar sobre sí obligacion determinada, que el cumplilla,
-ó el estorbo de ella esté en mano de otro. Fue la eleccion
-del marqués (á lo que el pueblo de Granada juzgaba, y algunos
-colegian de las palabras y continente) harto contra
-voluntad de los que estaban cerca de D. Juan, pareciéndoles
-que quitaba el rey á cada uno de las manos la honra de
-esta empresa.</p>
-
-<p>Habian crecido las fuerzas de Aben Humeya, y venídole
-número de turcos y capitanes pláticos segun su manera de
-guerra; moros berberíes, armas parte traidas, parte tomadas
-á los nuestros, vituallas en abundancia, la gente mas,
-y mas plática de la guerra. Estaba el rey con cuidado de
-que la gente y las provisiones se hacian de espacio; y pareciéndole
-que llegarse él mas al reino de Granada, seria
-gran parte para que las ciudades y señores de España se
-moviesen con mayor calor, y ayudasen con mas gente y
-mas presto, y que con el nombre y autoridad de su venida
-los príncipes de Berbería andarian retenidos en dar socorro,
-ciertos que la guerra se habia de tomar con mayores
-fuerzas; acabada, con todas ellas cargar sobre sus estados,
-mandó llamar cortes en Córdoba para dia señalado, adonde
-se comenzaron á juntar procuradores de las ciudades, y
-hacer los aposentos.</p>
-
-<p>Salió el marqués de Velez de Terque por estorbar el socorro
-que los moros de Berbería continuamente traían de
-gente, armas y vitualla, y los de la Alpujarra recebian por
-la parte de Almería. Vino á Berja (que antiguamente tenia
-el mismo nombre), donde quiso esperar la gente pagada y
-la que daban los lugares de la Andalucía. Mas Aben Humeya,
-entendiendo que estaba el marqués con poca gente y
-descuidado, resolvió combatille antes que juntase el campo.
-Dicen los moros haber tenido plática con algunos esclavos,
-que escondiesen los frenos de los caballos; pero esto no se
-entendió entre nosotros: y porque los moros como gente
-de pie y sin picas recelaban la caballería, quiso combatille
-dentro del lugar antes del dia. Llamó la gente del rio de Almería,<span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span>
-la del Bolodui, la de la Alpujarra, los que quisieron
-venir del rio de Almanzora, cuatrocientos turcos y berberíes:
-eran por todos cuasi tres mil arcabuceros y ballesteros,
-y dos mil con armas enhastadas. Echó delante un capitan
-que le servia de secretario, llamado Mojajar, que con
-trescientos arcabuceros entrase derecho á las casas donde
-el marqués posaba, diese en la centinela (lo que ahora llamamos
-centinela, amigos de vocablos extranjeros, llamaban
-nuestros españoles en la noche, escucha, en el dia,
-atalaya; nombres harto mas propios para su oficio), llegando
-con ella á un tiempo el arma y ellos, en el cuerpo de
-guardia: siguióle otra gente, y él quedó en la retaguardia
-sobre un macho, y vestido de grana<a name="FNanchor_51_51" id="FNanchor_51_51"></a><a href="#Footnote_51_51" class="fnanchor">[51]</a>. Mas el marqués,
-que estaba avisado por una lengua que los nuestros le trujeron,
-atravesó algunas calles que daban en la plaza; puso
-la arcabucería á las puertas y ventanas; tomó las salidas,
-dejando libres las entradas por donde entendió que los enemigos
-vendrian; y mandó estar apercebida la caballería y
-con ella su hijo D. Diego Fajardo: abrió camino para salir
-fuera, y con esta órden esperó á los enemigos. Entró Mojajar
-por la calle que va derecha á dar á la plaza, al principio
-con furia; despues espantado y recatado de hallar la villa
-sin guardia, olió humo de cuerdas; y antes que se recatase,
-sintió de una y otra parte jugar y hacerle daño la arcabucería.
-Mas queriendo resistir la gente con alguna otra que
-le habia seguido, no pudo; salióse con pocos y desordenadamente
-al campo. El marqués, con la caballería y alguna
-arcabucería, á un tiempo saltó fuera con D. Diego su hijo,
-D. Juan su hermano, D. Bernardino de Mendoza, hijo del
-conde de Coruña, D. Diego de Leiva, hijo natural del señor
-Antonio de Leiva, y otros caballeros; dió en los que se retiraban
-y en la gente que estaba para hacelles espaldas;
-rompiólos otra vez; pero aunque la tierra fuese llana, impedida<span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span>
-la caballería de las matas y de la arcabucería de los
-turcos y moros que se retiraban con órden, no pudo acabar
-de deshacer los enemigos. Murieron de ellos cuasi seiscientos
-hombres; Aben Humeya tornó la gente rota á la
-sierra, y el marqués á Berja. Al rey dió noticia, pero á D.
-Juan poca y tarde; hombre preciado de las manos mas que
-de la escritura; ó que queria darlo á entender, siendo enseñado
-en letras y estudioso. Comenzó D. Juan con órden
-del rey á reforzar el campo del marqués; antes á formarlo
-de nuevo: puso con dos mil hombres á D. Rodrigo de Benavides
-en la guarda de Guadix; á Francisco de Molina envió
-con cinco banderas á la de Orgiba; mandó pasar á D.
-Juan de Mendoza con cuasi cuatro mil infantes y ciento y
-cincuenta caballos adonde el marqués estaba; y al comendador
-mayor, que tomando las banderas de D. Pedro de
-Padilla (rehechas ya del daño que recibieron en Frejiliana),
-las pusiese en Adra, donde el marqués vino de Berja á hacer
-la masa. Llegó D. Sancho de Leiva á un mismo tiempo
-con mil y quinientos catalanes de los que llaman delados,
-que por las montañas andan huidos de las justicias, condenados
-y haciendo delitos, que por ser perdonados vinieron
-los mas de ellos á servir en esta guerra: era su cabeza Antic
-Sarriera, caballero catalan; las armas sendos arcabuces
-largos, y dos pistoletes de que se saben aprovechar. Llegó
-Lorenzo Tellez de Silva, marqués de la Favara, caballero
-portugués, con setecientos soldados, la mayor parte hechos
-en Granada y á su costa: atravesó sin daño por el Alpujarra
-entre las fuerzas de los enemigos; y por tenerlos ocupados
-en el entretanto que se juntaba el ejército, y las guarniciones
-de Tablate, Durcal y el Padul seguras (á quien amenazaban
-los moros del valle, y los que habian tornado á las
-Albuñuelas); por impedir asimismo que estos no se juntasen
-con los que estaban en la sierra de Guejar y con otros
-de la Alpujarra; por estorbar tambien el desasosiego en
-que ponian á Granada con correrías de poca gente, y por
-quitalles la cogida de los panes del valle; mandó D. Juan<span class="pagenum"><a name="Page_97" id="Page_97">[97]</a></span>
-que D. Antonio de Luna con mil infantes y doscientos caballos
-fuese á hacer este efecto, quemando y destruyendo
-á Restaval, Pinillos, Belejij, Concha, y, como dije, el valle
-hasta las Albuñuelas. Partió con la misma órden y á la misma
-hora, que cuando fue á quemallas la vez pasada, pero
-con desigual fortuna; porque llegando tarde, halló los moros
-levantados por el campo, y en sus labores con las armas
-en la mano: tuvieron tiempo para alzar sus mujeres,
-hijos, y ganados, y ellos juntarse, llevando por capitanes
-á Rendati, hombre señalado, y á Lope, el de las Albuñuelas,
-ayudados con el sitio de la tiera barrancosa. Acometieron
-la gente de D. Antonio, ocupada en quemar y robar;
-que pudo con dificultad, aunque con poca pérdida, resistir
-y recogerse, siguiéndole y combatiéndole por el valle
-abajo malo para la caballería. Mas D. Antonio, ayudándole
-D. García Manrique, hijo del marqués de Aguilar, y Lázaro
-de Heredia, capitan de infantería, haciendo á veces de la
-vanguardia retaguardia, á veces por el contrario tomando
-algunos pasos con la arcabucería, se fue retirando hasta
-salir á lo raso, que los enemigos con temor de la caballería
-le dejaron. Murió en esta refriega apartado de D. Antonio el
-capitan Céspedes á manos de Rendati con veinte soldados de
-su compañía peleando, sesenta huyendo; los demás se salvaron
-á Tablate donde estaba de guardia. No fue socorrido
-por estar ocupada la infantería quemando y robando sin
-podellos mandar D. Antonio. Tampoco llegó D. García (á
-quien envió con cuarenta caballos), por ser lejos y áspera
-la montaña, los enemigos muchos. Pero el vulgo ignorante,
-y mostrado á juzgar á tiento, no dejaba de culpar al uno
-y al otro; que con mostrar D. Antonio la caballería de lo
-alto en las eras del lugar, los enemigos fueran retenidos ó
-se retiraran; que D. García pudiera llegar mas á tiempo y
-Céspedes recogerse á ciertos edificios viejos, que tenia cerca;
-que D. Antonio le tenia mala voluntad dende antes, y
-que entonces habia salido sin órden suya de Tablate, habiéndole
-mandado que no saliese. Á mí que sé la tierra,<span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span>
-paréceme imposible ser socorrido con tiempo, aunque los
-soldados quisieran mandarse, ni hubiera enemigos en medio
-y á las espaldas. Tal fue la muerte de Céspedes, caballero
-natural de Ciudad Real, que habia traido la gente á su
-costa, cuyas fuerzas fueron excesivas y nombradas por toda
-España; acopañólas hasta la fin con ánimo, estatura,
-voz y armas descomunales. Volvió D. Antonio con haber
-quemado alguna vitualla, trayendo presa de ganado á Granada,
-donde menudeaban los rebatos; las cabezas de la
-milicia corrian á una y otra parte, mas armados que ciertos
-donde hallar los enemigos; los cuales dando armas por
-un cabo, llevaban de otro los ganados. Habia D. Juan ya
-proveido que D. Luis de Córdoba con doscientos caballos y
-alguna infantería recogiese á Granada y á la Vega los de la
-tierra: comision de poco mas fruto, que de aprovechar á
-los que los hurtaron; porque no se pudiendo mantener,
-fue necesario volvellos á sus lugares faltos de la mitad,
-donde fueron comunes á nosotros y á los enemigos.</p>
-
-<p>Hallábase entretanto el marqués de Velez en Adra (lugar
-antiguamente edificado cerca de donde ahora es, que llamaban
-Abdera), con cuasi dos mil infantes y setecientos
-caballos: gente armada, plática, y que ninguna empresa
-rehusara por difícil, extendida su reputacion por España
-con el suceso de Berja, su persona subida en mayor crédito.
-Venian muchos particulares á buscar la guerra, acrecentando
-el número y calidad del ejército; pero la esterilidad
-del año, la falta de dinero, la pobreza de los que en
-Málaga fabricaban bizcocho, y la poca gana de fabricarlo
-por las continuas y escrupulosas reformaciones antes de la
-guerra, la falta de recuas por la carestía, la de vivanderos
-que suelen entretener los ejércitos con refrescos, y con esto
-las resacas de la mar que en Málaga estorban á veces el
-cargar, y las mesmas el descargar en Adra, fue causa que
-las galeras no proveyesen de tanto bastimento y tan á la
-continua. Era algunas veces mantenido el campo de solo
-pescado, que en aquella costa suele ser ordinario; cesaban<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span>
-las ganancias de los soldados con la ociosidad; faltaban las
-esperanzas á los que venian cebados de ellas; deteníanse
-las pagas: comenzó la gente de descontentarse á tomar libertad
-y hablar como suelen en sus cabezas. El general,
-hombre entrado en edad y por esto mas en cólera, mostrado
-á ser respetado y aun temido; cualquiera cosa le ofendia:
-dióse á olvidar á unos, tener poca cuenta con otros,
-tratar á otros con aspereza; oía palabras sin respeto, y
-oíanlas de él. Un campo grueso, armado, lleno de gente
-particular, que bastaba á la empresa de Berbería, comenzó
-á entorpecerse nadando y comiendo pescados frescos; no
-seguir los enemigos habiéndolos rompido; no conocer el
-favor de la victoria; dejarlos engrosar, afirmar, romper
-los pasos, armarse, proveerse, criar guerra en las puertas
-de España. Fue el marqués juntamente avisado y requerido
-de personas que veían el daño, y temian el inconveniente,
-que con la vitualla bastante para ocho dias saliese en busca
-de Aben Humeya. Por estos términos comenzó á ser mal
-quisto del comun, y de allí á pegarse la mala voluntad en
-los principales, aborrecerse él de todos y de todo, y todos
-de él.</p>
-
-<p>Al contrario de lo que al marqués de Mondejar aconteció;
-que de los principales vino á pegarse en el pueblo; pero
-con mas paciencia y modestia suya, dicen que con igual
-arrogancia. Yo no vi el proceder del uno ni del otro; pero
-á mi opinion ambos fueron culpados, sin haber hecho errores
-en su oficio, y fuera de él, con poca causa y esa comun
-en algunos otros generales de mayores ejércitos. Y tornando
-á lo presente, nunca el marqués de Velez se halló tan
-proveido de vitualla, que le sobrase en el comer ordinario
-de cada dia para llevar consigo cuantidad, que pudiese gastar
-á la larga; pero vista la falta de ella, la poca seguridad
-que se tenia de la mar; pareciéndole que de Granada y el
-Andalucía, Guadix, y marquesado de Zenette, y de allí
-por los puertos de la Ravaha y Loh que atraviesan la sierra
-hasta la Alpujarra, podia ser proveido; escribió á D. Juan<span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span>
-(aunque lo solia hacer pocas veces), que le mandase tener
-hecha la provision en la Calahorra; porque con ella y la
-que viniese por mar, se pudiese mantener el ejército en la
-Alpujarra y echar de ella los enemigos.</p>
-
-<p>El comendador mayor, segun el poco aparejo, ninguna
-diligencia posible dejaba de hacer aunque fuese con peligro,
-hasta que tuvo en Adra puesta vitualla de respeto por tanto
-tiempo, que ayudado el marqués con alguna de otra parte
-(aunque fuese habida de los enemigos), podia guerrear
-sin hambre, y esperar la de Guadix: mas viendo que el
-marqués incierto de la provision que hallaria en la Calahorra
-se detenia, dábale priesa en público, y requeríale en
-consejo que saliese contra los enemigos. Mas dando el marqués
-razones por donde no convenia salir tan presto, dicen
-que pasó tan adelante, que en presencia de personas graves
-y en un consejo, le dijo: <i>Que no lo haciendo, tomaria él la
-gente y saldria con ella en campo</i>.</p>
-
-<p>En Granada ninguna diligencia se hizo para proveer al
-marqués; porque, pues no replicaba, tuvieron creido que
-no tenia necesidad, y que estaba proveido bastantemente
-en Adra, de donde era el camino mas cauto y seguro: tenian
-por dificultoso el de la Calahorra; los enemigos muchos,
-las recuas pocas, la tierra muy áspera, de la cual decian
-que el marqués era poco plático. Mas el pueblo, acostumbrado
-ya á hacerse juez, culpábale de mal sufrido en
-palabras y obras igualmente, con la gente particular y comun;
-á sus oficiales de liberales en distribuir lo voluntario,
-y en lo necesario estrechos; detenerse en Adra buscando
-causas para criar la guerra, tenido en otras cosas
-por diligente: escribíanse cartas, que no faltaba adonde
-cayesen á tiempo; disminuíase por horas la gracia de los
-sucesos pasados: decian que de ello no pesaba á D. Juan,
-ni á los que le estaban cerca: era su parcial solo el presidente,
-pero ese algunas veces ó no era llamado, ó le excluían
-de los consejos á horas y lugares, aunque tenia plática
-de las cosas del reino y alteraciones pasadas. Pasó este<span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span>
-apuntamiento hasta ser avisado el consejo por cartas de
-personas y ministros importantes (segun el pueblo decia),
-y aun reprendido, que parecia desautoridad y poca
-confianza, no llamar un hombre grave de experiencia y
-dignidad. Pero no era de maravillar que el vulgo hiciese semejantes
-juicios; pues por otra parte se atrevia á escudriñar
-lo intrínseco de las cosas, y examinar las intenciones
-del consejo.</p>
-
-<p>Decian que el duque de Sesa y el marqués de Velez eran
-amigos, mas por voluntad suya que del duque: no embargante
-que fuesen tio y sobrino. El marqués de Mondejar y
-el duque émulos de padres y abuelos sobre la vivienda de
-Granada, aunque en público profesasen amistad: antigua
-la enemistad entre los marqueses y sus padres, renovada
-por causas y preeminencias de cargos y jurisdicciones; lo
-mismo el de Mondejar y el presidente, hasta ser maldicientes
-en procesos el uno contra el otro: Luis Quijada envidioso
-del de Velez, ofendido del de Mondejar; porque siendo conde
-de Tendilla, no quiso consentir al marqués su padre que
-le diese por mujer una hija que le pidió con instancia;
-amigo intrínseco de Eraso, y de otros enemigos de la casa
-del marqués. El duque de Feria<a name="FNanchor_52_52" id="FNanchor_52_52"></a><a href="#Footnote_52_52" class="fnanchor">[52]</a>, enemigo atrevido de
-lengua y por escrito del marqués de Mondejar; ambos dende
-el tiempo de D. Bernardino de Mendoza, cuya autoridad
-despues de muerto los ofendia. El duque de Sesa y Luis
-Quijada á veces tan conformes, cuanto bastaba para excluir
-los marqueses, y á veces sobresanados por la pretension
-de las empresas: hablabánse bien, pero huraños y recatados,
-y todos sospechosos á la redonda. Entreteníase Muñatones
-mostrado á sufrir y disimular, culpando las faltas de
-proveedores y aprovechamientos de capitanes, lo uno y lo
-otro sin remedio. D. Juan como no era suyo, contentábale
-cualquiera sombra de libertad: atado á sus comisiones,<span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span>
-sin nombramiento de oficiales, sin distribucion de dinero,
-armas y municiones y vituallas, si las libranzas no venian
-pasadas de Luis Quijada; que en esto y en otras cosas no
-dejaba (con algunas muestras de arrogancia) de dar á entender
-lo que podia, aunque fuese con quiebra de la autoridad
-de D. Juan; que entendia todos estos movimientos,
-pero sufríalos con mas paciencia que disimulacion: solamente
-le parecia desautoridad que el marqués de Mondejar
-ó el conde su hijo usasen sus oficios, aunque no estaban
-excluidos ni suspendidos por el rey. Tampoco dejaron
-de sonarse cosquillas de mozos y otros, que las acrecentaban
-entre el conde y ellos: tal era la apariencia del gobierno.
-Pero no por eso se dejaba de pensar y poner en ejecucion
-lo que parecia mejor al beneficio público y servicio
-del rey: porque los ministros y consejeros no entran con
-las enemistades y descontentamientos al lugar donde se
-juntan, y aunque tengan diferencia de pareceres, cada
-uno encamina el suyo á lo que conviene; pero los escritores
-como no deben aprobar semejantes juicios, tampoco
-los deben callar cuando escriben con fin de fundar en la
-historia ejemplos, por donde los hombres huyan lo malo
-y sigan lo bueno.</p>
-
-<p>Dende los diez de junio á los veinte y siete de julio<span class="sidenote">1569.</span>
-estuvo el marqués de Velez en Adra sin hacer efecto;
-hasta que entendiendo que Aben Humeya se rehacia, partió
-con diez mil infantes y setecientos caballos, gente, como
-dije, ejercitada y armada, pero ya descontenta: llevó
-vitualla para ocho dias; el principio de su salida fue con
-alguna desórden. Mandó repartir la vanguardia, retaguardia
-y batalla por tercios; que la vanguardia llevase el primer
-dia D. Juan de Mendoza, el segundo D. Pedro de Padilla;
-y habiendo ordenado el número de bagajes que debia
-llevar cada tercio, fue informado que D. Juan llevaba mas
-número de ellos; y puesto que fuesen de los soldados particulares,
-ganados y mantenidos para su comodidad, y aunque
-iban para no volver á Adra; mandó tornar D. Juan al<span class="pagenum"><a name="Page_103" id="Page_103">[103]</a></span>
-alojamiento con la vanguardia, pudiéndole enviar á contar
-los embarazos y reformarlos; cosa no acontecida en la
-guerra sin grande y peligrosa ocasion; con que dió á los
-enemigos ganado tiempo de dos dias, y á nosotros perdido.
-Salió el dia siguiente con haber hallado poco ó ningun
-yerro que reformar; llevó la misma órden, añadiendo, que
-la batalla fuese tan pegada con la vanguardia, y la retaguardia
-con la batalla, que donde la una levantase los
-pies, los pusiese la otra, guardando el lugar á los impedimentos;
-la caballería á un lado y á otro; su persona en
-la batalla, porque los enemigos no tuviesen espacio de entrar.
-Vino á Berja, y de allí fue por el llano que dicen de
-Lucainena, donde al cabo de él vieron algunos enemigos
-con quien se escaramuzó sin daño de las partes; mostrando
-Aben Humeya su vanguardia en que habia tres mil
-arcabuceros, pocos ballesteros; pero encontinente subió
-á la sierra: la nuestra alojó en el llano, y el marqués en
-Ujijar donde se detuvo un dia, y mas el que caminó: dilacion
-contra opinion de los pláticos, y que dió espacio á
-los enemigos de alzar sus mujeres, hijos y ropa, esconder
-y quemar la vitualla, todo á vista y media legua de nuestro
-campo. El dia siguiente salió del alojamiento: los enemigos
-mostrándose en ala, como es su costumbre, y dando
-grita acometieron á D. Pedro de Padilla (á quien aquel dia
-tocaba la vanguardia), con determinacion, á lo que se veía,
-de dar batalla. Eran seis mil hombres entre arcabuceros y
-ballesteros, algunos con armas enhastadas; víase andar
-entre ellos cruzando Aben Humeya bien conocido, vestido
-de colorado, con su estandarte delante; traía consigo los
-alcaides, y capitanes moriscos y turcos que eran de nombre.
-Salió á ellos D. Pedro con sus banderas y con los aventureros
-que llevaba el marqués de la Favara, y resistiendo
-su ímpetu, los hizo retirar cuasi todos: pero fueron
-poco seguidos; porque al marqués de Velez pareció que
-bastaba resistillos, ganalles el alojamiento, y esparcillos.
-Retiráronse á lo áspero de la montaña con pérdida de solos<span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span>
-quince hombres: fue aquel dia buen caballero el marqués
-de la Favara, que apartado con algunos particulares que le
-siguieron, se adelantó, peleó, y siguió los enemigos; lo
-mismo hizo D. Diego Fajardo con otros. Aben Humeya apretado
-huyó con ocho caballos á la montaña, y dejarretándolos,
-se salvó á pie; el resto de su gente se repartió sin
-mas pelear por toda ella: hombres de paso, resolutos á tentar
-y no hacer jornada; cebados con esperanzas de ser por
-horas socorridos ó de gente para resistir, ó de navíos para
-pasar en Berbería; y esta flaqueza los trujo á perdicion.
-Contentóse el marqués con rompellos, ganalles el alojamiento,
-y esparcillos; teniendo que bastaba, sin seguir el
-alcance, para sacallos de la Alpujarra; ó que esperase mayor
-desórden, ó que le pareciese que se aventuraba en dar
-la batalla el reino de Granada, y que para el nombre bastaba
-lo hecho: hallóse tan cerca del camino, que con doscientos
-caballos acordó pasar aquella noche á reconocer la
-vitualla á la Calahorra, donde no hallando que comer, volvió
-otro dia al campo, que estaba alojado en Valor el alto
-y bajo. Detúvose en estos dos lugares diez dias, comiendo
-la vitualla que trajo y alguna que se halló de los enemigos
-sin hacer efecto, esperando la provision que de Granada
-se habia de enviar á la Calahorra, y teniendo por incierta
-y poca la de Adra; y aunque los ministros á quien tocaba
-afirmasen que las galeras habian traido en abundancia,
-resolvió mudarse á la Calahorra, fortaleza y casa de los marqueses
-de Zenette, patrimonio del conde Julian en tiempo
-de godos, que en el de moros tuvieron los Zenettes venidos
-de Berbería, una de las cinco generaciones descendientes
-de los alárabes que poblaron y conquistaron á África.
-Tuvo el marqués por mejor consejo dejar á los enemigos la
-mar y la montaña, que seguillos por tierra áspera y sin vitualla,
-con gente cansada, descontenta y hambrienta; y
-asegurar tierra de Guadix, Baza, rio de Almanzora, Filabres,
-que andaba por levantarse, y allanar el rio de Bolodui
-que ya estaba levantado, comer la vitualla de Guadix
-y el marquesado.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span></p>
-
-<p>Mas la gente con la ociosidad, hambre y descomodidad
-de aposentos, comenzó á adolecer y morir. Ningun animal
-hay mas delicado que un campo junto, aunque cada hombre
-por sí sea recio y sufridor de trabajo; cualquier mudanza
-de aires, de aguas, de mantenimientos, de vinos;
-cualquier frio, lluvia, falta de limpieza, de sueño, de camas,
-le adolece y deshace; y al fin todas las enfermedades le son
-contagiosas. Andaban corrillos, quejas, libertad, derramamientos
-de soldados por unas y otras partes, que escogian
-por mejor venir en manos de los enemigos: íbanse
-cuasi por compañías sin órden ni respeto de capitanes. Como
-el paradero de estos descontentamientos, ó es amotinarse,
-ó un desarrancarse pocos á pocos, vino á suceder así
-hasta quedar las banderas sin hombres; y tan adelante pasó
-la desórden, que se juntaron cuatrocientos arcabuceros,
-y con las mechas en las serpentinas salieron á vista del
-campo: fue D. Diego Fajardo hijo del marqués por detenerlos,
-á quien dieron por respuesta un arcabuzazo en la
-mano y el costado, de que peligró, y quedó manco. La mayor
-parte de la gente que el marqués envió con él, se juntó
-con ellos y fueron de compañía; tanto en tan breve tiempo
-habia crecido el odio y desacato.</p>
-
-<p>En fin llegado y alojado en el lugar, temiendo de su persona
-pasó á posar en la fortaleza: la gente se aposentó en
-el campo comiendo á libra escasa de pan por soldado sin
-otra vianda; pero dende á pocos dias dos libras por dia, y
-una de carne de cabra por semana; los dias de pescado algun
-ajo y una cebolla por hombre, que esto tenian por
-abundancia: sufrieron mucho las banderas de Nápoles con
-el nombre de soldados viejos, y la gente particular; quedaron
-en pie cuasi solas estas compañías y doscientos caballos.
-Tal fue el suceso de aquella jornada en que los enemigos
-vencidos quedaron con la mar y tierra, mayores fuerzas
-y reputacion; y los vencedores sin ella, faltos de lo
-uno y de lo otro.</p>
-
-<p>En el mismo tiempo los vecinos del Padul, á tres leguas<span class="pagenum"><a name="Page_106" id="Page_106">[106]</a></span>
-de Granada, se quejaban que habian tenido y mantenido
-mucho tiempo gruesa guarnicion, que no podian sufrir el
-trabajo, ni mantener los hombres y caballos. Pidieron que
-ó se mudase la guardia ó se disminuyese, ó los llevasen á
-ellos á vivir en otro lugar. Vínose en esto; y salidos ellos,
-la siguiente noche juntándose con los moros de la sierra,
-dieron en la guarnicion, mataron treinta soldados, y hirieron
-muchos acogiéndose á lo áspero: cuando el socorro
-de Granada llegó, halló hecho el daño y á ellos en salvo.</p>
-
-<p>La desórden del campo del marqués puso cuidado á D.
-Juan de proveer en lo que tocaba á tierra de Baza; porque
-la ciudad estaba sin mas guardia, que la de los vecinos.
-Envió á D. Antonio de Luna con mil infantes y doscientos
-caballos, que estuvo dende medio agosto hasta medio noviembre
-sin acontecer novedad ó cosa señalada, mas del
-aprovechamiento de los soldados, mostrados á hacer presas
-contra amigos y enemigos. Puso en su lugar á D. García
-Manrique á la guardia de la Vega, sin nombre ó título de
-oficio. Vióse una vez con los enemigos, matándoles alguna
-gente sin daño de la suya.</p>
-
-<p>Entre tanto no cesaban las envidias y pláticas contra los
-marqueses, especialmente las antiguas contra el de Mondejar;
-porque aunque sus compañeros en la suficiencia fuesen
-iguales, vióse que en el conocimiento de la tierra y de
-la gente donde y con quien habia hecho la vida, y en las
-provisiones por el luengo uso de proveer armadas, era su
-parecer mas aprobado que apacible; pero siempre seguido,
-hasta que el marqués de Velez subió en favor y vino á ser
-señor de las armas. Entonces dejaron al de Mondejar, y
-tornaron á deshacer las cosas bien hechas del de Velez. Mas
-cuando este comenzó á faltar de la gracia particular y general,
-tornaron sobre el de Mondejar; y temiendo que las
-armas de que estaba despojado tornasen á sus manos, claramente
-le excluían de los consejos, calumniaban sus pareceres,
-publicaban por una parte las resoluciones y por
-otra hacíanle autor del poco secreto; parecíales que en algun<span class="pagenum"><a name="Page_107" id="Page_107">[107]</a></span>
-tiempo habia de seguirse su opinion cuanto al recibir
-los moriscos y despues oprimillos, que cesarian las armas
-y por esto la necesidad de las personas por quien eran tratadas.</p>
-
-<p>Estaban nuestras compañías tan llenas de moros aljamiados,
-que donde quiera se mantenian espías: las mujeres,
-los niños esclavos, los mismos cristianos viejos daban avisos,
-vendian sus armas y municion, calzado, paño, y vituallas
-á los moros. El rey por una parte informado de la
-dificultad de la empresa, por otra dando crédito á los que
-la facilitaban, vistos los gastos que se hacian, y pareciéndole
-que el marqués de Mondejar, émulo del de Velez y de
-otros, aunque no daba ocasion á quejas, daba avilanteza á
-que se descargasen de culpas, diciendo que por tener él
-mano en los negocios eran ellos mal proveidos, y que la
-ciudad descontenta de él, y persuadida por el corregidor
-Juan Rodriguez de Villafuerte que era interesado, y del
-presidente que le hacia espaldas, de mejor gana contribuiria
-con dinero, gente y vitualla hallándose ausente que presente,
-que de ninguno podia informarse mas clara y particularmente;
-envióle á mandar que con diligencia viniese á
-Madrid: algunos dicen que en conformidad de sus compañeros.
-El suceso mostró, que la intencion del rey era apartalle
-de los negocios. Mas porque se vea como los príncipes
-pudiendo resolutamente mandar, quieren justificar sus voluntades
-con alguna honesta razon, he puesto las palabras
-de la carta.</p>
-
-<p>«Marqués de Mondejar, primo, nuestro capitan general
-del reino de Granada. Porque queremos tener relacion
-del estado en que al presente están las cosas de ese reino,
-y lo que converná proveer para el remedio de ellas, os
-encargamos que en recibiendo esta os pongais en camino,
-y vengais luego á esta nuestra corte para informarnos de
-lo que está dicho, como persona que tiene tanta noticia
-de ellas: que en ello, y en que lo hagais con toda la brevedad,
-nos ternemos por muy servidos. Dada en Madrid
-á 3 de setiembre de 1569.»</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span></p>
-
-<p>Llegó el marqués, y fue bien recebido del rey, y algunas
-veces le informó á solas: de los ministros fue tratado con
-mas demonstracion de cortesía que contentamiento: nunca
-fue llamado en consejo; mostrando estar informados á la
-larga por otra via. Muñatones, plático de semejantes llamamientos,
-y falto de un ojo, dijo como le mostraron la
-carta: <i>que le sacasen el otro, si el marqués tornaba de allá
-durante la guerra</i>. Anduvo muchos dias como suspendido y
-agraviado, cierto que siempre habia seguido la voluntad
-del rey y de solo ella hecho caudal. Mas entre los reyes y
-sus ministros, la parte de los reyes es la mas flaca; no embargante
-la informacion que el marqués dió, eran tantas y
-tan contrarias unas de otras las que se enviaban, que pareció
-juntar con ellas la de D. Enrique Manrique, alcaide
-que fue del castillo de Milan, y habiéndolo él dejado,
-estaba descansando en su casa. Pasó por Granada
-entendiendo lo de allí; vino á do el marqués de Velez estaba;
-y partió sin otra cosa de nuevo mas de errores en la
-guerra, cargos de unos ministros á otros dados por via de
-justificacion, necesidad de cargar con mayores fuerzas,
-crecidas las de los enemigos con la disminucion de las
-nuestras.</p>
-
-<p>Pareció á los ministros la gente con que el marqués habia
-ofrecido echar los enemigos de la tierra, poca, y la
-oferta menos pensada; pues con doblado número no se hizo
-mayor efecto: y no dejaron de deshacelle el buen suceso,
-con decir que los moros muertos habian sido menos de
-lo que se escribió. Pero el rey tomando la parte del marqués
-respondió: <i>que habia sido importante desbaratar y partir
-los enemigos, aunque no con tanto daño de ellos como se
-dijo</i>; y esto mas por reprimir alguna intencion que se descubria
-contra el marqués, que por alaballe, como se vió
-dende á poco. Decia el marqués que la falta de vitualla habia
-sido causa de haberse deshecho su campo; cargaba á D.
-Juan, al consejo de Granada; quedó la suma de todo su
-campo en pocos mas de mil y quinientos infantes y doscientos<span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span>
-caballos: en fin fue necesitado á recogerse dentro
-en el lugar, atrincherarse, y aun derribar casas por parecerle
-el sitio grande. Mas dende á pocos dias enviaron de
-Granada tanta provision, que no habiendo á quien repartilla,
-ni buena órden, valian cien libras de pan un real.</p>
-
-<p>No estaba Granada por esto mas proveida de vitualla, ni
-se hacian los partidos de ella con mayor recatamiento, aunque
-el presidente remediaba parte del daño con industria;
-ni en lo que tocaba á la gente y pagas se guardaban las órdenes
-de D. Juan, á quien tampoco perdonaba el pueblo de
-Granada; libre y atrevido en el hablar, pero en presencia
-de los superiores siervo y apocado; movido á creer y afirmar
-facilmente sin diferencia lo verdadero y lo falso; publicar
-nuevas ó perjudiciales ó favorables, seguillas con pertinacia:
-ciudad nueva, cuerpo compuesto de pobladores de
-diversas partes, que fueron pobres y desacomodados en sus
-tierras, ó movidos á venir á esta por la ganancia; sobras de
-los que no quisieron quedar en sus casas, cuando los Reyes
-católicos la mandaron poblar; como es en los lugares, que
-se habitan de nuevo. No se dice esto porque en Granada no
-haya tambien nobleza escogida por los mesmos reyes cuando
-la república se fundó, venida de personas excelentes en
-letras, á quien su profesion hizo ricos, y los descendientes
-de unos y otros nobles de linaje ó de ánimo y virtud, como
-en esta guerra lo mostraron no solamente ellos, pero
-el comun; mas porque tales son las ciudades nuevas, hasta
-que envejeciéndose la virtud y riqueza, la nobleza se funda.
-Discurrian las intenciones libres por todos sin perdonar
-á ninguno, y las lenguas por los que osaban, y no sin causa;
-porque en guerra de mucha gente, de largo tiempo,
-varia de sucesos, nunca faltan casos que loar ó condenar.
-Las compañías de Granada eran tan faltas y mal disciplinadas,
-que ni con ellas se podia estar dentro, ni salir fuera;
-pero la mayor desórden fue que habiendo mandado el rey
-castigar con rigor los soldados que se venian del marqués
-de Velez, y procurando D. Juan que se pusiese en ejecucion;<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span>
-cansados los ministros de ejecutar y D. Juan de mandar,
-visto lo poco que aprovechaba, se tomó expediente de
-callar; y por no quedar del todo sin gente, consentir que
-las compañías se hinchiesen de la que desamparaba las
-banderas del marqués, no sin alguna sombra de negligencia
-ó voluntad; la cual fue causa de que viniese el campo
-á quedar deshecho, y los enemigos señores de mar y tierra,
-campeando Aben Humeya con siete mil hombres, quinientos
-turcos y berberíes, sesenta caballos; mas para autoridad
-que necesidad.</p>
-
-<p>Ya Jergal en el rio de Almería, lugar del conde de la
-Puebla, se habia levantado á instancia de Portocarrero mayordomo
-suyo: ó por la habilidad ó por el barato ocupó la
-fortaleza con poca artillería y armas, y echando de ella al
-alcaide puso gente dentro; mas él dende á poco dió en las
-manos del conde de Tendilla, y fue atenazado en Granada.
-Estaba tambien levantado el valle y rio de Bolodui, paso
-entre tierra de Guadix, Baza y la mar confinante con el Alpujarra.
-El marqués por tener ocupada la gente, darle alguna
-ganancia, mantener la reputacion de la guerra, determinó
-ir en persona sobre él, habiéndolo consultado con
-el rey, que le remitió la ida ó á allí, ó á tierra de Baza en
-caso que la gente no fuese tan poca, que no llegase á número
-de los cinco mil hombres. Llevando pues á D. Juan de
-Mendoza sin gente, con la de D. Pedro de Padilla, y parte
-de la que D. Rodrigo de Benavides tenia en Guadix, alguna
-otra de amigos y allegados que seguian la guerra, doscientos
-y cincuenta caballos, partió á deshacer una masa de
-gente que entendió juntarse en Bolodui, temiendo que dañase
-tierra de Baza, y pusiesen á D. Antonio de Luna en
-necesidad, y juntándose con ellos Aben Humeya, pasase el
-daño adelante. Partió de la Calahorra, vino á Fiñana, llevando
-la vanguardia D. Pedro de Padilla con las banderas
-de Nápoles. Habia nueve leguas de Fiñana al lugar donde
-los enemigos se recogian; mas no pudiendo caminar á pie
-los soldados tan gran trecho, fueron necesitados á quedar<span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span>
-la noche cansados y mojados (porque el rio se pasa muchas
-veces), á dos leguas de los enemigos; inconveniente que
-acontece á los que no miden el tiempo con la tierra, con la
-calidad y posibilidad de la gente. Los moros, apercebidos
-de la venida de los nuestros, dieron avisos con fuegos por
-toda la tierra, alzaron la ropa y personas que pudieron.
-Habíase adelantado con la caballería el marqués tomando
-consigo cuatrocientos arcabuceros á las ancas de los caballos
-y bagajes; mas cansados unos y otros dejaron la mayor
-parte. Los enemigos aguardando ora á un paso del rio,
-ora á otro, segun vian que nuestra caballería se movia, ora
-haciendo alguna resistencia, se acogieron á la sierra. Dejaban
-muchos bagajes, mujeres y niños, en que los soldados
-se ocupasen; y viéndolos embarazados con el robo,
-sin espaldas de arcabucería, hicieron vuelta, cargando de
-manera, que los nuestros fueron necesitados á retirarse
-con pérdida, no sin alguna desórden, aunque todavía con
-mucho de la presa. Parte de la caballería se acogió fuera de
-tiempo, disculpándose que no se les hubiese dado la órden,
-ni esperado la arcabucería que dejaban atrás. Pero el marqués
-viendo que la retirada era por conservar el robo (causa
-que puede con la gente mas que otra), envió persona
-con veinte caballos y algunos arcabuceros, que con autoridad
-de justicia quitase á la caballería la presa, para que
-despues se repartiese igualmente, llamando á la parte los
-soldados de D. Pedro de Padilla que quedaron atrás. El comisario,
-hallando alguna contradiccion, compró tres esclavas:
-una de las cuales se ofreció á descubrille gran cantidad
-de ropa y dineros; mas ella viéndose en la parte que deseaba
-hizo señas, á que se juntaron muchos moros: mataron
-algunos caballos y todos los arcabuceros; salvóse el comisario
-á la parte contraria del marqués, corriendo hasta Almería
-diez leguas de donde comenzó á salvarse, y todas
-por tierras de enemigos: quedaron los caballos con la presa,
-pero tan ocupados, que fueron de poco provecho, y el
-marqués por esto tornó retirándose con órden (aunque<span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span>
-cargándole los enemigos) hasta juntar consigo la gente de
-D. Pedro. Dende allí vino á Fiñana con mucha parte de la
-cabalgada, y con igual daño de muertos y heridos. Mas entendiendo
-que los moros de la sierra de Baza y rio de Almanzor
-andaban en cuadrillas, y desasosegaban la tierra,
-temiendo que llevasen tras sí los lugares de aquella provincia,
-y Filabres, donde tenia su estado, gruesos y fuertes,
-y que las fuerzas de D. Antonio de Luna no serian bastantes
-á resistillos; partió en principio de invierno, con mil infantes
-y doscientos y cincuenta caballos que tenia, para
-Baza. Pero D. Antonio, hombre prevenido (dicen que con
-órden de D. Juan), dejó la gente antes que llegase el
-marqués, y volvió á servir su cargo en Granada; ó por haber
-oido que no se entendia blandamente con las cabezas
-de la gente; ó porque tuvo por mas á propósito de su autoridad
-ser mandado de D. Juan, que entonces gastaba su tiempo
-en mantener á Granada á manera de sitiado, contra las
-correrías de los enemigos: descontento y ocioso igualmente,
-mas deseando y procurando comision del rey para emplear su
-persona en cosa de mayor momento. Las cabezas de su gente
-con cualquier liviana ocasion no dejaban de mostrarse en
-todas partes de la ciudad, corriendo las calles armados
-(puesto que vacía de enemigos) inciertos á que parte fuese
-el peligro, siguiendo esos pocos por las mismas pisadas que
-salian, sin haber atajado la tierra, hasta dejallos en salvo y
-recogidos á la montaña. Llaman atajar la tierra en lengua de
-hombres del campo, rodealla al anochecer y venir de dia
-para ver por los rastros, que gente de enemigos y por que
-parte ha entrado ó salido. Esta diligencia hacen todos los
-dias personas ciertas de pie y de caballo, puestos en postas
-que cercan á la redonda la comarca, y llámanlos atajadores,
-oficio de por sí y apartado del de los soldados; porque
-no se hacia esta diligencia en tierra escura y doblada,
-y en lugar que aunque grande, no era el circuito
-extendido, y eran los pasos ciertos, no pude entender la
-causa.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_113" id="Page_113">[113]</a></span></p>
-
-<p>Aben Humeya, viéndose libre del marqués de Velez, con
-los siete mil hombres que tenia se puso sobre Adra con
-ánimo de tomar el lugar, que pensaba estar desamparado;
-mas viendo que perdia el tiempo, pasó á Berja, y quísola
-batir con dos piezas; pero levantóse de allí: corrió y estragó
-la tierra del marqués de Velez, el lugar de las Cuevas;
-quemó los jardines, dañó los estanques, todo guardado con
-curiosidad de mucho tiempo para recreacion; acometiendo
-llegar á los Velez en sierra de Filabres, tornó á Andarax,
-donde como asegurado de la fortuna vivia ya con estado de
-rey; pero con arbitrio de tirano, señor de las haciendas y
-personas, tenido por manso engañaba con palabras blandas;
-mas para quien recatadamente le miraba, oscuras y
-suspensas, de mayor autoridad que crédito: codicia en lo
-hondo del pecho, rigor nunca descubierto sino cuando habia
-ofendido, y entonces sosegado como si hubiera hecho
-beneficio, queria gracias de ello. Contaba el dinero y los
-dias á quien mas familiar trataba con él, y algunos de estos
-á que pensaba ofender escogia por compañeros de sus
-consejos y conversacion. Tal era Aben Humeya; y puesto
-que entre nosotros fuese tenido por inocente y llamado D.
-Hernandillo de Valor, el oficio descubrió cual es el hombre.
-Con todo esto duró algunos dias que le hacian entender que
-era bien quisto, y él lo creía, ignorante de su condicion;
-hasta que el vulgo comenzó á tratar de su manera, de su
-vida, de su gobierno, todo con libertad y desprecio, como
-riguroso y tenido en poco. Apartáronse de su servicio descontentas
-algunas cabezas, que tomaron avilanteza; en
-tierra de Granada, el Nacoz; en la de Beza, Maleque; en
-la de Almuñecar, Giron; en la de Velez, Garral; en el rio
-de Almería, Mojajar; en el de Almanzora, Aben Mequenun,
-que decian Portocarrero, hijo del que levantó á Jergal; y
-al fin Farax, uno de los principales que fueron en hacelle
-rey. Cargábanle culpas, escarnecíanle; burlaban de su condicion
-sus mismos consejeros: señales que por la mayor
-parte preceden á la destruicion del tirano. Quejábanse los turcos,<span class="pagenum"><a name="Page_114" id="Page_114">[114]</a></span>
-entre otros muchos, que habiendo dejado su tierra por
-venir á serville, no los ocupaba donde ganasen: descontentos
-y entretenidos con sueldos ordinarios. Mas él, espacioso,
-irresoluto hasta su daño, tanto dilató la respuesta que se
-enemistó con ellos, habiéndolos traido para su seguridad;
-y despues proveyó fuera de tiempo. Traía en el ánimo quemar
-y destruir á Motril, lugar guardado con alguna ventaja
-de como solia; pero grande, abierto, llano, y á la marina.
-Mas por descuidar los nuestros, acordó enviar fingidamente
-los turcos (para mandallos tornar) á las Albuñuelas, frontera
-de Granada, mostrando querer que fuesen regalados
-y mantenidos en el vicio y abundancia del valle de Lecrin,
-el uno de tres barrios fuertes, las espaldas á la sierra. Entre
-los amigos de quien mas fiaba, era uno Abdalá Abenabó
-de Mecina de Bombaron, primo suyo, y tambien de la sangre
-de Aben Humeya, alcaide de los alcaides, tenido por
-cuerdo y animoso, de buena palabra, comunmente respetado,
-usado al campo, y entretenido mas en criar ganados
-que en el vicio del lugar. Á este mandó ir por comisario general
-para que los alojase y mandase, y los capitanes estuviesen
-á su obediencia; dióle órden que donde le tomase
-otro mandado suyo tornase con ellos y la mas gente que pudiese
-juntar, trayendo vitualla para seis dias; que él avisaria
-del lugar donde debia ir. Partieron seiscientos hombres,
-cuatrocientos turcos y doscientos berberíes en el mismo
-hábito, todos arcabuceros; eran sus capitanes á la sazon
-Hhusceni y Carabaji. Apenas llegaron á Cadiar, cuando
-Aben Humeya despachó un correo dando gran priesa que
-volviesen aquella noche á Ferreira. De aquí se tramó su
-muerte. Trataré de mas lejos la verdadera causa de ella,
-por haberse publicado diferentemente.</p>
-
-<p>El principio fue descontentamiento de los turcos, mostrados
-á mandar su rey en Berbería; temor que de él tenian
-sus amigos; poca seguridad de las personas y haciendas;
-sospechas que se entendia con nosotros. Y el tratado fue tal
-luego que le eligieron, que ninguno en su compañía tuviese<span class="pagenum"><a name="Page_115" id="Page_115">[115]</a></span>
-morisca por amiga, sino por legítima mujer; y guardábase
-esto generalmente. Mas habia entre las mujeres una
-viuda, mujer que fuera de Vicente de Rojas, pariente de
-Rojas, suegro de Aben Humeya: mujer igualmente hermosa
-y de linaje, buena gracia, buena razon en cualquier
-propósito, ataviada con mas elegancia que honestidad;
-diestra en tocar un laud, cantar, bailar á su manera y á la
-nuestra, amiga de recoger voluntades y conservallas. Á esta
-se llegó un primo suyo, como es costumbre entre parientes,
-despues de muerto el marido en la guerra, de quien
-Aben Humeya se fiaba, llamado Diego Alguacil; vivian juntos,
-comunicábanse mas que familiarmente: trataba él con
-Aben Humeya loando sus buenas partes y conversacion,
-tanto que á desearla ver le inclinó; y contento de ella, por
-no ofender al amigo, disimulábalo; ausentábale con comisiones:
-pudo en fin mas el apetito que el respeto; y mandó
-al primo que no embargante que fuese casado con otra, la tomase
-por mujer; rehusándolo, trújola el rey como en depósito
-á su casa, y usó de ella por amiga. Avisó de ello la
-viuda á su primo mostrando descontentamiento, ofendida
-entre tantas mujeres de no ser tenida por una de ellas; estar
-forzada, y holgar de verse fuera de sujecion, habiendo
-aparejo; que Aben Humeya, celoso de él y sospechoso de
-venganza, buscaba ocasion para matalle. Huyó Alguacil, y
-juntándose con una cuadrilla de mozos ofendidos por otras
-causas, andaba recatado sin entrar en Valor. Mas dende á
-pocos dias supo de la misma como Aben Humeya enviaba
-los turcos á cierta empresa, yendo á juntarse con ellos por
-la ganancia; trújole á las manos el caso al mensajero, y
-sabiendo de él como iba á llamar los turcos, le mató; y tomándole
-las cartas usó de semejante ardid, que el conde
-Julian con los capitanes del rey D. Rodrigo en Ceuta. No sabia
-escribir Aben Humeya, y firmar mal en arábigo; pero
-servíale de secretario y firmaba algunas veces por él un sobrino
-del Alguacil, que á la sazon se halló con su tio; él
-tambien agraviado. En lugar de la carta escribieron otra<span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span>
-para Abenabó en que le mandaba que tornando aquella noche
-con los turcos á Mecina, y juntándose con la gente de
-la tierra y cien hombres que llevaria consigo Diego Alguacil,
-los degollase con sus capitanes durmiendo y cansados;
-lo mismo hiciese de Alguacil, despues de haberse valido de
-él. Envió con esta carta un hombre de confianza, midiendo
-el tiempo de manera que llegasen él y el mensajero á
-Cadiar, cuasi á una misma hora. Dió el hombre la carta poco
-antes, y llegó Diego Alguacil, hallando confuso y maravillado
-á Abenabó: díjole como traía la gente consigo; mas
-que no pensaba hallarse en tal crueldad, por ser personas
-que habian venido á favorecer su casta fiados de él, y ellos
-puesto la vida por sus haciendas, por su libertad y por sus
-vidas: cansados ya de servir á un hombre voluntario, ingrato,
-cruel, ¿qué podian esperar sino lo mismo? Bueno
-de palabras, mas de ánimo malo y perverso; que no habia
-mujeres, no haciendas, no vidas con que hartar el apetito,
-la sed de dinero y sangre. Pasó Hhusceni, capitan de los
-turcos (persona de crédito entre ellos, tenido por cuerdo,
-valiente y amigo del rey), antes que Abenabó le respondiese;
-quísole hablar alterado, y Abenabó, ó porque el otro
-no le previniese, ó con temor que le matasen los turcos, ó
-con ambicion y cebo del reino, mostró la carta á Caravaji y
-Hhusceni, en que hacia compañero suyo en la traicion á
-Diego Alguacil, y de los turcos en la muerte; dicen que todo
-á un tiempo: sacó el mesmo Alguacil una conficion que
-suelen usar para salir de sí cuando han de pelear y á veces
-para emborracharse, hecha con apio y simiente de cáñamo,
-fuerte para dormir sueño pesado; esta, dijo, que habian de
-dar á los capitanes y cabezas en la cena con el beber, sedientos
-y cansados del camino, á manera de la que llaman
-los alárabes alhajij. Entendiendo el hecho, resolvieron entre
-sí de descomponer y matar á Aben Humeya, parte por
-asegurarse, parte por roballe, persuadiéndose que tenia
-gran tesoro, y hacer á Abenabó cabeza. Juntaron consigo
-la gente de Diego Alguacil, y con silencio caminaron hasta<span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span>
-Andarax, donde Aben Humeya estaba: aseguraron la centinela
-como personas conocidas, y que se sabia habellos enviado
-á llamar. Pasaron el cuerpo de guardia, entraron en
-la casa que era en el barrio llamado Laujar, quebraron las
-puertas del aposento: halláronle desnudo, medio dormido,
-y vilmente entre el miedo y el sueño, y dos mujeres, embarazado
-de ellas, especialmente de la viuda amiga de Diego
-Alguacil que se abrazó con él, fue preso en presencia
-de los que él trataba familiarmente: hombres bajos (que
-á tales tenia mayor inclinacion, y daba crédito), criados
-suyos, el Mejuar, Barzana, Deliar, Juan Cortés de Pliego y
-su escribano que era del Deire; teniendo veinte y cuatro hombres
-dentro en casa, cuatrocientos de guardia, mil y seiscientos
-alojados en el lugar, no hizo resistencia: ninguno hubo
-que tomase las armas, ni volviese de palabra por él. Mas
-como solo el que es rey puede mostrar á ser rey un hombre;
-así solo el que es hombre puede mostrar á ser hombre
-un rey. Faltó maestro á Aben Humeya para lo uno y lo
-otro; porque ni supo proveer y mandar como rey, ni resistir
-como hombre. Atáronle las manos con un almaizar,
-juntáronse Abenabó, los capitanes, y Diego Alguacil delante
-de la mujer á tratar del delito y la pena, en su presencia
-leyéronle y mostráronle la carta, que él como inocente y
-maravillado negó: conoció la letra del pariente de Diego
-Alguacil; dijo que era su enemigo, que los turcos no tenian
-autoridad para juzgalle; protestóles de parte de Mahoma,
-del emperador de los turcos, y del rey de Argel, que le tuviesen
-preso dando noticia de ello y admitiendo sus defensas.
-Mas la razon tuvo poca fuerza con hombres culpados y
-prendados en un mismo delito, y codiciosos de sus bienes:
-saqueáronle la casa, repartiéronse las mujeres, dineros,
-ropa, desarmaron y robaron la guardia; juntáronse con los
-capitanes y soldados, y otro dia de mañana determinaron su
-muerte. Eligieron á Abenabó por cabeza en público, segun
-lo habian acordado en secreto, aunque mostró sentimiento
-y rehusallo, todo en presencia de Aben Humeya, el cual<span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span>
-dijo, que nunca su intencion habia sido ser moro; mas
-que habia aceptado el reino por vengarse de las injurias,
-que á él y á su padre habian hecho los jueces del rey D. Felipe,
-especialmente quitándole un puñal y tratándole como
-á un villano, siendo caballero de tan gran casta; pero que
-él estaba vengado y satisfecho, lo mismo de sus enemigos,
-de los amigos y parientes de ellos, de los que le habian
-acusado y atestiguado contra él y su padre, ahorcándolos,
-cortándoles las cabezas, quitándoles las mujeres y haciendas:
-que pues habia cumplido su voluntad, cumpliesen
-ellos la suya. Cuanto á la eleccion de Abenabó, que iba contento;
-porque sabia que haria presto el mismo fin: que moria
-en la ley de los cristianos, en que habia tenido intencion
-de vivir, si la muerte no le previniera. Ahogáronle dos
-hombres: uno tirándole de una parte y otro de otra de la
-cuerda, que le cruzaron en la garganta; él mismo se dió la
-vuelta como le hiciesen menos mal; concertó la ropa, cubrióse
-el rostro.</p>
-
-<p>Tal fin hizo Aben Humeya, en quien despues de tantos
-años revivió la memoria de aquel linaje, que fue uno de
-los en cuya mano estuvo la mayor parte de lo que entonces
-se sabia en el mundo. La ocasion convida á considerar, que
-como todo lo que en él vemos se mantenga por partes, que
-juntas le dan el ser, y una de ellas sea las castas ó linajes
-de los hombres; estas como en unos tiempos parece estar
-acabadas hasta venir á pobres labradores, así en otros salen
-y suben hasta venir á grandes reyes. Pero muchas veces
-el Hacedor de todo no hallando sujeto aparejado, produce
-cosas diminuidas semejantes á las grandes, como fruto
-en tierra cansada ó olvidada; ó como queriendo hacer
-hombre hace enano, por falta de sujeto, de tiempo, de
-lugar. No habia en el pueblo de Granada moriscos, fuerzas,
-ocasion, ni aparejo, para crear y mantener rey: salió
-de un comun consentimiento de muchas voluntades juntas
-(hombres que se tenian por agraviados y ofendidos), hecho
-un tirano con sombra y nombre de rey; y este descendiente<span class="pagenum"><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span>
-de casta olvidada, mas que tanto tiempo habia señoreado.
-Dicen que de una sola hija que tuvo Mahoma llamada
-Fátima, y de Hali Abenseib vinieron dos linajes; uno de
-Aben Humeya<a name="FNanchor_53_53" id="FNanchor_53_53"></a><a href="#Footnote_53_53" class="fnanchor">[53]</a>, otro de Abenhabet, cuya cabeza fue
-Abdalá Abenhabet Miramamolin, señor de España, que
-echó los berberíes del reino de ella, y el postrero Juseph
-Hali Atan, á quien echó del reino Abdurrabi Menhadali,
-cabeza del linaje de Aben Humeya, hasta el último Hiscen
-que reinó en discordia, que habiéndole los de Córdoba
-echado del reino con ayuda de Habúz, rey de Granada,
-uno del mismo linaje escogió ser electo rey por un solo dia,
-con condicion que le matasen pasadas las veinte y cuatro
-horas: eligiéronle, y matáronle, y acabaron juntos el linaje
-de Aben Humeya, y el reino de Córdoba. Los que descendian
-de este rey de un dia vinieron á poblar las montañas
-de Granada; y los moros establecieron por ley, que
-ninguno del linaje de Aben Humeya pudiese reinar en
-Córdoba. Porque si despues reinaron en el Andalucía los almoravides,
-y almohades, y el linaje de Abenhut, ya no
-tuvieron á Córdoba por cabeza del reino, hasta que vino á
-poder del santo rey D. Fernando el Tercero. Esto se ha dicho
-por muestra, y acordar que no hay reino perpetuo,
-pues vino á desvanecerse un reino tan poderoso, como fue
-el de Córdoba.</p>
-
-<p>Tomado por cabeza Abdalá Abenabó, diéronle mando sobre
-todo por tres meses, hasta que viniese confirmacion
-del rey de Argel y título de rey; envió con Ben Daud, morisco
-tintorero en Granada, inventor y tramador del levantamiento,
-á dar nueva de su eleccion al rey de Argel: dióle
-dineros y oro para presentar; diéronle los capitanes cada
-uno por su parte ayuda con que fuese, y quedó allá; y envió
-la aprobacion mucho antes del tiempo. Hicieron con
-Abenabó la ceremonia, pusiéronle en la mano izquierda un<span class="pagenum"><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span>
-estandarte y en la derecha una espada desnuda; vistiéronle
-de colorado, levantáronle en alto, y mostráronle al pueblo,
-diciendo: <i>Dios ensalce al rey de la Andalucía y Granada
-Abdalá Abenabó</i>: diéronle generalmente la obediencia
-los pueblos de moriscos que no la habian dado á Mahomet
-Aben Humeya, y los capitanes, exceptos Aben Mequenun
-que llamaban Portocarrero, hijo del que levantó á Jergal
-con cuatrocientos hombres en el rio de Almanzora, que
-tambien el duque de Arcos mandó justiciar en Granada; y
-en tierra de Almuñecar y Almijara, Giron el Archidoni,
-que murió reducido y perdonado en Jayena. Hizo repartimiento
-de las alcaidías y gobierno en hombres naturales de
-las mismas tahas: escogió para su consejo seis personas
-demás de los capitanes turcos Caracax, y D. Dali capitan;
-porque Caravaji, luego como se hizo la eleccion, partió
-á Berbería con ocasion de traer gente. Eligió por capitan
-general para los rios de Almería, Bolodui, y Almanzora,
-sierras de Baza y Filabres, tierra del marquesado de Zenette
-y Guadix, al que llamaban el Habaqui<a name="FNanchor_54_54" id="FNanchor_54_54"></a><a href="#Footnote_54_54" class="fnanchor">[54]</a>, por cuyo parecer
-se gobernaba en todo: otro de Sierra Nevada, tierra
-de Velez, el valle, el Alpujarra, y Granada, á quien decian
-Joaibi de Guejar: á estos obedecian los otros capitanes
-de tahas; por alguacil, que despues del rey es el supremo
-magistrado, á su hermano Muhamet Abenabó. Envió
-á Hoscein con otro presente de cautivos al rey de Argel,
-pidiéndole gente y armas: juntó un ejército ordinario de
-cuatro mil arcabuceros, que alojase la cuarta parte cerca de
-su persona; la guardia de doscientos arcabuceros; fuera
-del lugar las centinelas apartadas y perdidas, que ni se
-acogen al cuerpo de guardia, sino á lo alto ó lejos, ni se les
-da otro nombre mas de un contraseño de los caminos, que
-es dejar pasar solamente al que viniere por parte señalada,
-y á los que vinieren por otra parte detenellos ó dar arma;<span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span>
-dende allí avisan por donde vienen los enemigos. Tienen
-siempre atalayas de noche y de dia por las cumbres;
-llaman al sarjento mayor alguacil de la guardia, que reparte
-y requiere las centinelas, ordena la gente, alójala,
-hace justicia en el cuerpo de guardia: dentro en la casa residen
-veinte arcabuceros, á que dicen porteros. Fue poco á
-poco comprando y proveyéndose de armas traidas de Berbería,
-ó habidas de las presas en gran cuantitad, que repartió
-á bajos precios entre la gente: llegó de esta manera
-á tener ocho mil arcabuceros; el sueldo de los turcos eran
-ocho ducados al mes, el de los moriscos la comida. Con estos
-principios de gobierno, con la necesidad de cabeza, con
-la reputacion de valiente y hombre del campo, con la afabilidad,
-gravedad, autoridad de la presencia, con haber
-padecido en la persona por tormentos siendo esclavo, fue
-bien quisto, respetado, obedecido, tenido como rey generalmente
-de todos.</p>
-
-<p>Mandó en este tiempo D. Juan que Pedro de Mendoza
-fuese á visitar el presidio de Orgiba con órden que sirviese
-en lugar de Francisco de Molina, porque entendia estar indispuesto,
-sabiendo que Abenabó nuevo rey juntaba gente
-para venir sobre la plaza. Mas sucedió una novedad trasordinaria
-siendo siete leguas de Granada, como las que suelen
-acontecer en las Indias á tres mil de España; que de
-cinco banderas, sola una con su capitan D. García de Montalvo
-quedó libre sin amotinarse; y acusando á Francisco
-de Molina á una voz de estar loco, y pedian por cabeza á
-Pedro de Mendoza. Las señales que daban de su locura; que
-los apretaba con rigor á las guardias, que estando enfermo
-los requeria, que no dormia de noche, hombre rico y recatado,
-que falto de gente particular ayudaba con dineros
-á los que enviaba con licencia por cobrar crédito, para
-que viniesen otros; repartia la vitualla por tasa como quien
-sospechaba cerco. Pero visto que se encaminaba á motin,
-quiso prender los capitanes; y sosegándolos, procuró que
-Pedro de Mendoza saliese de Orgiba: mas por satisfacer la<span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span>
-gente que estaba ociosa y descontenta, y proveerse de vitualla,
-envió la compañía de Antonio Moreno con su alférez
-Vilches á correr en el Cehel; que atajados por los moros
-en el barranco de Tarascon, fueron todos muertos sin
-escapar mas de tres soldados.</p>
-
-<p>Abenabó con esta ocasion proveyó á Castil de Ferro de
-armas, artillería y vitualla, puso dentro cincuenta turcos
-con su capitan llamado Leandro para que pudiese recibir
-el socorro que traeria Caravaji con el armada de Argel, y
-en persona vino sobre Orgiba, movido por quejas de los
-pueblos comarcanos, y daños que continuamente recibian
-de la guarnicion que en ella residia. Eran los capitanes moros,
-Berbuz, Rendati, Macox; y turcos, Dali capitan á
-quien dejó cabeza de la empresa y de la gente. Apretaron
-el lugar, mostraron quererle hambrear; fuéronse con trincheas
-llegando hasta las casas; vínoles gente, y entraron
-en ellas: señoreáronlas de manera, que descubrian la plaza,
-y los nuestros no atravesaban ni estaban á los reparos sin ser
-enclavados: tomaban por dias el agua peleando; era la hambre
-y la sed mayor que el temor de los enemigos. Dió Francisco
-de Molina aviso, y pareció á D. Juan que el duque de
-Sesa la socorriese, por la experiencia, por la gracia y autoridad
-con la gente, ser del consejo, y el lugar suyo; detúvose
-algunos dias esperando la vitualla con harta dilacion:
-partió con seis mil infantes y trescientos caballos, mas número
-de gente que de hombres, la mayor parte concejil:
-pero en Acequia le tomó la gota, enfermedad ordinaria suya,
-y tan recia que le inhabilitaba la persona, aunque dejándole
-libre el entendimiento. Trató D. Juan de enviar á
-Luis Quijada en su lugar, no sin ambicion; pero el duque
-mejoró, y en principio de noviembre envió dende Acequia
-á Vilches, que por otro nombre llamaban Pie de palo,
-buen hombre de campo, plático de la tierra, que con cuatro
-compañías de infantería en que habia ochocientos hombres,
-dejando á la mano derecha á Lanjaron, hiciese el camino
-por lo áspero de la montaña, desusado muchos años,<span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span>
-pero posible para caballería; y que reconociendo el barranco
-que atraviesa el camino de Orgiba, tomase lo alto de la
-montaña y estuviese quedo, adonde el camino de Lanjaron
-hace la vuelta cerca de Orgiba, de allí diese aviso á Francisco
-de Molina: y por asegurar á Vilches envió á sus espaldas
-otros ochocientos hombres, siguiendo él con el resto
-de la gente y caballería, sospechoso que los unos y los otros
-habrian menester socorro.</p>
-
-<p>Mas los moros, que tenian no solamente aviso de la salida
-de Acequia, pero atalayas por todo, que con señas contaban
-á los nuestros los pasos, dándolas de una en otra
-hasta Orgiba, hicieron de sí dos partes: una quedó sobre
-Orgiba, y otra de la demás gente salió con sus banderas á
-esperar al duque. Estos fueron Hhusceni y Dali, encubriéndose
-parte de la gente. Comenzó Dali capitan á mostrarse
-tarde, y entretenerle escaramuzando. Entre tanto
-apartaron seiscientos hombres, cuatrocientos con Rendati
-que se emboscó á las espaldas de Vilches, y Macox adelante
-al entrar de lo llano tomando el camino de Acequia de
-las tres peñas (llaman los moros á aquel lugar Calat el Hhajar
-en su lengua), cosa pocas veces vista, y de hombres
-muy pláticos en la tierra, apartarse tanta gente escaramuzando,
-y emboscarse sin ser sentida, ni de los que estaban
-en la frente, ni de los que venian á las espaldas. Cayó la
-tarde, y cargó Dali capitan reforzando la escaramuza á la
-parte del barranco cerca de la agua; de manera que á los
-nuestros pareció retirarse adonde entendian que venia el
-duque, pero con órden. Descubrióse la primera emboscada,
-y fueron cargados tan recio que hallándose lejos del socorro
-y que apuntaba la noche, cuasi rotos se recogieron á
-un alto cerca del barranco, con propósito de esperar, hechos
-fuertes; donde pudieran estar seguros, aunque con algun
-daño, si el capitan Perea tuviera sufrimiento; pero viendo
-el socorro, echóse por el barranco y la gente tras él; donde
-seguido de los moros fue muerto peleando con parte de
-los que iban con él, y pasando adelante cargaron hasta llegar<span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span>
-á dar en el duque ya de noche, que los socorrió y retiró:
-pero dando en la segunda emboscada de Macox, apretado
-por una parte de los enemigos, por otra incierto del
-camino y de la tierra con la escuridad, y confuso con el
-miedo que la gente llevaba, que le iban faltando, fue necesitado
-á hacer frente á los enemigos por su persona: quedaron
-con él D. Gabriel su tio, D. Luis de Córdoba, D. Luis
-de Cardona, D. Juan de Mendoza, y otros caballeros y gente
-particular; muchos de ellos apeados con la infantería
-dando cargas y siendo seguidos hasta cerca del alojamiento;
-dicen que si los moros cargaran como al principio, estuviera
-en peligro la jornada. Pero el daño estuvo en que Pie
-de palo partiese á hora, que el dia no le bastó al duque
-para llegar á Orgiba con sol, ni para socorrerle. Engaña el
-tiempo en el reino de Granada á muchos hombres que no
-le miden por la aspereza de la tierra, hondura de los barrancos,
-y estrecheza de los caminos. Murieron de los nuestros
-cuatrocientos hombres, y perdieron muchas armas,
-segun los moros, gente vana que acrecienta sus prosperidades;
-mas segun nosotros (que en esta guerra nos mostramos
-á disimular, y encubrir las pérdidas) solos sesenta;
-lo uno ó lo otro con daño de los enemigos, y reputacion
-del duque. De noche sospechoso de la gente, apretado de
-los enemigos, impedido de la persona, tuvo libertad para
-poner en ejecucion lo que se ofrecia proveer á toda parte,
-resolucion para apartar los enemigos, y autoridad para detener
-los nuestros que habian comenzado á huir, recogiéndose
-á Acequia cuasi á media noche: larga y trabajosa retirada
-de tres grandes leguas, dos siendo cargada su gente.</p>
-
-<p>Y considerando yo las causas, porque nacion tan animosa,
-tan aparejada á sufrir trabajos, tan puesta en el punto
-de lealtad, tan vana de sus honras (que no es en la guerra
-la parte de menos importancia), obrase en esta al contrario
-de su valentía y valor, truje á la memoria numerosos ejércitos
-disciplinados y reputados en que yo me hallé, guiados
-por el emperador D. Cárlos, uno de los mayores capitanes<span class="pagenum"><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span>
-que hubo en muchos siglos; otros por el rey Francisco
-de Francia su émulo, y hombre de no menos ánimo
-y experiencia. Ninguno mas armado, mas disciplinado,
-mas cumplido en todas sus partes, mas plático, abundado
-de dinero, de vitualla, de artillería, de municion, de soldados
-particulares, de gente aventurera de corte, de cabezas,
-capitanes y oficiales, me parece haber visto ni oido
-decir, que el ejército que D. Felipe II rey de España,
-su hijo, tuvo contra Enrique II de Francia, hijo
-de Francisco, sobre Durlan, en defension de los estados
-de Flandes, cuando hizo la paz tan nombrada por el mundo,
-de que salió la restitucion del duque Filiberto de Saboya,
-negocio tan desconfiado. Como por el contrario, ninguno
-he visto hecho tan á remiendos, tan desordenado,
-tan cortamente proveido, y con tanto disperdiciamiento y
-pérdida de tiempo y dinero; los soldados iguales en miedo,
-en codicia, en poca perseverancia y ninguna disciplina. Las
-causas pienso haber sido, comenzarse la guerra en tiempo
-del marqués de Mondejar con gente concejil aventurera, á
-quien la codicia, el robo, la flaqueza y las pocas armas
-que se persuadieron de los enemigos al principio, convidó
-á salir de sus casas cuasi sin órden de cabezas ó banderas:
-tenian sus lugares cerca, con cualquier presa tornaban á
-ellos; salian nuevos á la guerra, estaban nuevos, volvian
-nuevos. Mas el tiempo que el marqués de Mondejar, hombre
-de ánimo y diligencia, que conocia las condiciones de
-los amigos y enemigos, anduvo pegado con ellos, á las manos,
-en toda hora, en todo lugar, por medio de los hombres
-particulares que le seguian, estuvieron estas faltas encubiertas.
-Pero despues que los enemigos se repartieron,
-acontecieron desgracias por donde quedaron desarmados los
-nuestros y armados ellos; comunicábase el miedo de unos
-en otros; que como sea el vicio mas perjudicial en la guerra,
-así es el mas contagioso: no se repartian las presas en
-comun, era de cada uno lo que tomaba, como tal lo guardaba,
-huían con ello sin union, sin respondencia; dejábanse<span class="pagenum"><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span>
-matar abrazados ó cargados con el robo, y donde no
-le esperaban, ó no salian, ó en saliendo, tornaban á casa;
-guerra de montaña, poca provision, menos aparejo para
-ella, dormir en tierra, no beber vino, las pagas en vitualla,
-tocar poco dinero ó ninguno: cesando la codicia del interese,
-cesaba el sufrir trabajo: pobres, hambrientos, impacientes,
-adolecian, morian, ó huyéndose los mataban;
-cualquier partido de estos escogian por mas ventajoso que
-durar en la guerra, cuando no traían la ganancia entre las
-manos. De los capitanes, algunos cansados ya de mandar, reprender,
-castigar, sufrir sus soldados, se daban á las mismas
-costumbres de la gente, y tales eran los campos que de
-ella se juntaban. Pero tambien hubo algunos hombres entre
-los que vinieron enviados por las ciudades, á quien la vergüenza
-y la hidalguía era freno. Tambien la gente enviada
-por los señores, escogida, igual, disciplinada, y la que particularmente
-venia á servir con sus manos, movidos por
-obligacion de virtud y deseo de acreditar sus personas, animosa,
-obediente, presente á cualquiera peligro: tantos capitanes
-ó soldados, como personas; y en fin autores y ministros
-de la vitoria. Los soldados y personas de Granada todos
-aprobaron para ser loados. No parecerá filosofía sin
-provecho para lo porvenir esta mi consideracion verdadera,
-aunque experimentada con daño y costa nuestra.</p>
-
-<p>Envió el duque á dar noticia de lo que pasaba á Francisco
-de Molina, mandándole, que en caso que no se pudiese
-detener, desamparase la plaza y se retirase por el camino
-de Motril; porque el de Lanjaron tenian ocupado los enemigos,
-y no le podia socorrer. Mas ellos no curaron de tornar
-sobre Orgiba, así porque en ella y en la refriega que
-tuvieron, habian perdido gente y muchos heridos, como
-porque les pareció que bastaba tener á Francisco de Molina
-corto con poca gente, y ellos hacer rostro á la del duque,
-estorbar el daño que podia hacer en los lugares del valle,
-que tenian como propios. Francisco de Molina, con la órden
-del duque conforme á la que él tenia de D. Juan, teniendo<span class="pagenum"><a name="Page_127" id="Page_127">[127]</a></span>
-por cierto que si volvieran sobre él, se perderia sin
-agua, ni vitualla, enclavó y enterró algunas piezas que no
-pudo llevar, recogió los enfermos y embarazos en medio,
-tomó el camino de Motril libre de los enemigos; donde llegó
-con toda la gente que salió, y con poca pérdida en el
-fuerte: dando harto contraria muestra del suceso en el cerco
-y retirada, de lo que la desvergüenza de los soldados
-habia publicado; desamparóse por ser corta la provision de
-vituallas, lugar que habia costado muchas, mucho tiempo,
-mucha gente y trabajo mantener y socorrer; fue el primero
-y solo que los enemigos tomaron por cerco; deshicieron
-las trincheas, quemaron y destruyeron la tierra, llevaron
-dos piezas aunque enclavadas. Tomáronse dos moros con
-cartas que los capitanes escribian á la gente de las Albuñuelas,
-y el valle, y otras partes, certificándoles la venida del
-duque á socorrer á Orgiba, y animándolos que siguiesen su
-retaguardia; porque ellos con la gente que tenian se les
-mostrarian á la frente, como le estorbasen el socorro ó les
-combatiesen con ventaja. No estuvieron ociosos el tiempo
-que él se detuvo en Acequia; porque bajaron por Guejar y
-el Puntal á la Vega, llevaron ganados, quemaron á Mairena
-hasta media legua de Granada, acogiéndose sin pérdida
-y con la presa, por divertir, ó porque la guerra pareciese
-con igualdad. Esperó en Acequia por entender el motivo
-de los enemigos y entretenellos que no diesen estorbo á la
-retirada de Francisco de Molina, y por su indisposicion,
-con falta de vitualla, y descontentamiento de la gente: por
-esto y la ociosidad, y por ser ya el mes de noviembre y la
-sementera en la mano, se comenzó á deshacer el campo.
-Mas llamado por D. Juan, salió por las Albuñuelas con poca
-gente, y esa temerosa por lo sucedido (trataban los turcos
-de ponerse de guarnicion en aquel lugar), y caminando
-el dia, los enemigos al costado, llegó temprano sin acercarse
-los unos á los otros, dando culpa á las guias: quemó
-el un barrio, y despues de haber enviado á D. Luis de Córdoba
-á quemar á Restaval, Belejij, Concha, y otros lugares<span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span>
-del valle que D. Antonio de Luna dejó enteros, y dejado
-á Pedro de Mendoza con seiscientos hombres alojado en
-el otro barrio, tornó á Granada, donde halló á D. Juan
-ocupado en la reformacion de la infantería, provisiones de
-vitualla y otras cosas, por medio y industria de Francisco
-Gutierrez de Cuellar, del consejo, á quien el rey envió particularmente
-á mirar por su hacienda; caballero prudente,
-plático en la administracion de ella, bueno para todo.</p>
-
-<p>Habian las desórdenes pasado tan adelante, que fue necesario
-para remediallas hacer demostracion no vista ni leida
-en los tiempos pasados en la guerra; suspender treinta
-y dos capitanes de cuarenta y uno que habia, con nombre
-de reformacion: pero no se remedió por eso; que el gobierno
-de las compañías quedó á sus mismos alféreces, de
-quien suele salir el daño. Porque como se nombran capitanes
-sin crédito de gente ó dineros, encomiendan sus banderas
-á los alféreces, y oficiales que les ayudan á hacer las
-compañías gastando dinero con los soldados, de quien no
-pueden desquitarse tomándoselo de las pagas, porque se
-les desharian las compañías, y procuran hacello engañando
-en el número. Pero los capitanes y oficiales cuasi todos engañan
-en las pagas; aunque unos las ponen en calificar
-soldados y entretenellos con pagar ventajas, ó darles de comer;
-y estos son tolerables: otros son perniciosos y aun tenidos
-como traidores, porque engañan á su señor en cosa
-que le hacen perder la honra, el estado y la vida, fiándose
-de ellos, y estos son los que para sí hacen ganancia con las
-compañías, teniendo menos gente, ó robando los huéspedes,
-ó componiéndolos: la misma reformacion se hizo en
-los comisarios, partidos, y distribucion de vituallas, armas
-y municiones.</p>
-
-<p>En el tiempo que el duque de Sesa partió para el socorro
-de Orgiba, y D. Juan entendia en reformar las desórdenes,
-se alzó Galera, una legua de Guescar en tierra de Baza;
-lugar fuerte para ofender y desasosegar la comarca en
-el paso de Cartagena al reino de Granada, y no lejos del<span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span>
-de Valencia. Mas los de Guescar, entendiendo el levantamiento,
-fueron sobre el lugar con mil y doscientos hombres
-y alguna caballería; estuvieron hasta tercero dia; y
-sin hacer mas de salvar cuarenta cristianos viejos que
-estaban retirados en la iglesia, se tornaron. Habian entrado
-en Galera por mandado de Abenabó cien arcabuceros
-turcos y berberíes con el Maleh, alcaide del partido, y era
-capitan de ellos Caravajal, turco, que saltó fuera cargando
-en la retaguardia, y poniéndolos en desórden les quitó la
-presa de ganados y mató pocos hombres, de que los de
-Guescar indignados mataron algunos moriscos por la ciudad,
-y en la casa del gobernador donde se habian recogido:
-quemaron parte de ella, saquearon y quemaron otras
-en Guescar, ciudad de los confines del reino de Murcia y
-Granada, patrimonio que fue del rey católico D. Fernando,
-y dada en satisfaccion de servicios al duque de Alba D. Fadrique
-de Toledo; pueblo rico, gente áspera y á veces mal
-mandada, descontenta de ser sujeta á otro sino al rey; y
-desasosegada con este estado que tiene, procura trocalle con
-otros, que á veces desasosiegan mas.</p>
-
-<p>Levantóse de ahí á pocos dias Orce, una legua de Galera,
-que los antiguos llamaron Urci; y estando los de Guescar
-preparándose para ir á allanarla ó destruirla, los vecinos
-cristianos nuevos que habian quedado, indignados metieron
-de noche sin ser sentidos al Maleh con trescientos hombres
-en sus casas, que dejó emboscados en los lavaderos
-hasta dos mil, y en ellos trescientos turcos y berberíes,
-que se habian juntado para el efecto: mas los de la ciudad
-que tuvieron noticia, vueltas contra ellos las armas, peleando
-los echaron fuera con daño y rotos; y dando con el
-mesmo ímpetu en la emboscada, la rompieron matando
-seiscientos hombres. Fuera la vitoria del todo, si los turcos
-y berberíes no resistieran reparando la gente, y haciendo
-retirar parte de ella con alguna órden. Ya Abenabó habia
-hecho declarar todo el rio de Almanzora (que en arábigo
-quiere decir de la vitoria) con Purchena (en otro tiempo<span class="pagenum"><a name="Page_130" id="Page_130">[130]</a></span>
-llamada de los antiguos Illipula grande, á diferencia de otra
-menor, ribera de Guadalquivir), la sierra de Filabres y los
-lugares de tierra de Baza. Quedaban Seron, y Tijola del duque
-de Escalona: Tijola inexpugnable, pero falta de agua.
-Envió sobre Seron, y saliéndose la guardia, prendió el alcaide
-(algunos dicen que por su voluntad); tomó armas,
-municion, vitualla, doce piezas de bronce. Tijola siguió á
-Seron: de esta manera quedaron levantados todos los moriscos
-del reino, sino los de la hoya de Málaga y serranía de
-Ronda.</p>
-
-<p>Estos motivos, y la priesa que el rey daba á reforzar el
-campo del marqués de Velez que estaba en Baza, enviando
-caballeros principales de su casa por las ciudades á solicitar
-gente, que saliese antes que los enemigos tomasen fuerzas,
-apresuró al marqués con la gente que trajo de la Peza,
-y la que D. Antonio de Luna dejó en Baza, y la que se juntó
-de Guescar y otras partes, por todos cuatro mil infantes,
-y trescientos y cincuenta caballos, á ponerse sobre Galera:
-el Maleh y su hijo desampararon el lugar, desconfiados que
-se pudiese mantener. Caravajal, turco, dende á dos dias
-que el marqués llegó, juntó el pueblo; persuadiólos que
-salvasen la gente, la ropa, y á sí mismos, pues tenian aparejo
-y la sierra cerca; y diciéndole que dentro en sus casas
-querian morir, les respondió: que aun no era llegado
-el tiempo, ni era su oficio morir; que se salvasen y dejasen
-aquello para otros que venian brevemente á morir por
-ellos. Mas visto que estaban pertinaces, con ciento y treinta
-turcos y berberíes dando una arma de noche á los nuestros,
-se salió con su gente y dinero, sin recibir daño; y vino
-por mandado de Abenabó á residir en Guejar con los
-otros capitanes.</p>
-
-<p>Habian los enemigos (como dijimos) entrado en ella, fundado
-frontera, atajado con una trinchea de piedra seca de
-monte á monte el trecho, que llaman la Silla; manteníanse
-contra Granada, hacian presas, solicitando pueblos que se
-levantasen, recogiendo y regalando los que se alzaban. Á veces<span class="pagenum"><a name="Page_131" id="Page_131">[131]</a></span>
-estaban en ella cuatro mil, á veces menos, y de ordinario
-seiscientos hombres segun las ocasiones; eran capitanes
-Joaibi, natural del lugar, por otro nombre llamado Pedro
-de Mendoza (que este apellido tomaban muchos por la
-naturaleza que tenia en la tierra la casta del marqués
-D. Iñigo Lopez de Mendoza, primer capitan general),
-Hocein, Caracajal, turco, Chocon (que en su lengua quiere
-decir degollador), Macox, Mojajar, y otros. Crecia el
-desasosiego de la ciudad, y parecia estarse con menos seguridad,
-pero en nada se via acrecentada la manera de la
-defensa, descubierta la parte de la ciudad que llaman Realejo
-frontera á los enemigos, el barrio de Antequeruela no
-sin peligro muchos meses, muy á menudo los apercebimientos,
-que se hacian de persona en persona y con secreto,
-mostrando que los enemigos vernian cada noche á dar en
-la ciudad, las mas veces por esta parte. Al fin se achicó la
-puerta que dicen de los molinos, y se puso una compañía
-de guardia en Antequeruela, pero no que se atajasen
-los caminos de Facar, Veas, el Puntal; maravillándose los
-que no tienen noticia de las causas, ó licencia de escudriñallas,
-como se encarecian tanto las fuerzas de los enemigos
-y el peligro, y se estaba con tan flaca guardia: en fin
-se puso una concejil en la puerta de los Molinos; reforzóse
-la de Antequeruela; púsose guardia en los Mártires, y en
-Pinillos, y Cenes (presidios todos contra Guejar), y á don
-Gerónimo de Padilla mandaron estar en Santa Fe con una
-compañía de caballos para asegurar el llano de Loja, demás
-de la guardia de la Vega. Púsose caballería en Iznalloz,
-pero todo no estorbaba que hasta las puertas de Granada se
-hiciesen á la continua presas.</p>
-
-<p>Estando en estos términos, comenzó el marqués de Velez
-á batir á Galera con seis piezas de bronce, y dos bombardas
-de hierro, de espacio y con poco fruto. Saltaban
-fuera los moros á menudo, haciendo daño sin recebillo.</p>
-
-<p>Cargó D. Juan la mano con el rey, como agraviado que
-le hubiese mandado venir á Granada en tiempo que todos<span class="pagenum"><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span>
-estaban ocupados, por tenelle ocioso, siendo el que menos
-convenia holgar; mostrábale deseo de emplear su persona;
-hijo y hermano de tan grandes príncipes, en cuya casa habian
-entrado tantas vitorias; mozo, no conocido de la gente;
-el espacio con que se trataba la guerra en Almanzora,
-el atrevimiento de los enemigos, la Alpujarrra sin guarniciones,
-la mar desproveida, los moros en Guejar, lo que
-convenia tomar el negocio con mayores fuerzas y calor.
-Pareció al rey apretar los enemigos, acometiéndolos á un
-tiempo con dos campos; uno por el rio de Almanzora á
-cargo de D. Juan, con quien asistiesen el marqués de Velez,
-el comendador mayor de Castilla, y Luis Quijada; otro
-por el Alpujarra con el duque de Sesa; y por no dejar embarazo
-tan importante como enemigos á las espaldas, mandó
-que antes de su partida viniese sobre Guescar. El nombre
-de la salida fue (porque el de Velez no se hubiese por
-ofendido) dar órden en lo que tocaba á Guadix y Baza,
-como habia sido con el marqués de Mondejar, darla en lo
-de Granada. Estando Guejar y Galera por los enemigos,
-cualquier otra empresa parecia difícil, y el peligro cierto:
-en Guejar, por dejarlos á las espaldas; en Galera, porque
-podia saltar la rebelion en el reino de Valencia, y con la
-tardanza conservarse los moros en sus plazas, Purchena,
-Seron, Tijola, Jergal, Cantoria, Castil de Ferro, y otras.
-Partió el comendador mayor de Cartagena por órden de
-D. Juan con ocho piezas de campo, trescientos carros de
-vitualla, municion, y armas. El marqués, aunque entendiendo
-la ida de D. Juan, mostraba algun sentimiento, no
-dejó de verse con el comendador mayor, que proveyéndole
-de vitualla y municion, pasó á esperar D. Juan en Baza.
-Dicen, y confiesalo el comendador mayor, que escribió al
-rey, como el marqués no le parecia á propósito para dar
-cobro á la empresa del reino de Granada, y que las cartas
-vinieron á las manos del marqués primero que á las del
-rey; mas leyólas, y disimulólas; ó fuese pensando que la
-necesidad habia de traelle tiempo á las manos, en que diese<span class="pagenum"><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span>
-á conocer lo contrario; ó cansado y ofendido, dando á
-entender que la peor parte seria de quien no le emplease.
-Eran ya los quince de diciembre, y no parecia señal<span class="sidenote">1569.</span>
-ni esperanza de que se hiciese efecto contra Galera.
-Mas el rey solicitaba con diligencia los señores de la Andalucía,
-y las ciudades de España; pidiendo nueva gente para
-la empresa y salida de D. Juan, y enviando personas calificadas
-de su casa á procurallo.</p>
-
-<p>Llegó la órden para que D. Juan hiciese la jornada de
-Guejar, primero que partiese para Guadix y Baza: habíase
-enviado muchas veces á reconocer el lugar con personas
-pláticas; lo que referian era, que dentro estaban siete mil
-arcabuceros y ballesteros resolutos á venir una noche sobre
-Granada (número que si de mujeres y hombres ellos lo tuvieran,
-y no les faltaran cabezas y experiencia, era bastante
-para forzar la ciudad); que estaban fortificados y empantanaban
-la Vega; que allanaban el camino que va por
-la sierra á la Alpujarra para recebir gente. Tanto mas puede
-el recelo que la verdad, aunque cargue sobre personas sin
-sobresalto. Todavía no fueron del todo creidos los que daban
-el aviso; pero reforzáronse las guardias con mas diligencia,
-y difirióse la ida de D. Juan hasta que mas gente
-de las ciudades y señores fuese llegada. Por hacer la jornada
-con mas seguridad envió á D. García Manrique y Tello de
-Aguilar, que reconociesen el lugar de noche, y la mañana
-hasta el dia: lo que trujeron fue, que dentro habia mas de
-cuatro mil infantes; no haber visto fuego á las trincheas ni
-en el cuerpo de guardia: no humo aun para encender las
-cuerdas en el corazon del invierno (tierra frigidísima y á la
-falda de la nieve); no trocar las guardias, no cruzar á la
-mañana gente de las casas á la trinchea ó de la trinchea
-á las casas, no acudir con el arma á la trinchea: atribuíase
-todo á señales de gran recatamiento; pero á juicio de algunas
-personas pláticas, de lugar desamparado. Notaban que
-en tanto tiempo, tan cerca, lugar abierto y pequeño, se
-sospechase y no se supiese cierto el número de la gente,<span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span>
-pudiéndose contar por cabezas ó por la comida, y que todos
-afirmasen pasar de seis mil hombres, y los reconocedores
-de cuatro mil, llegando tan cerca, y trayendo señales de
-poca gente ó ninguna. Pareció que seria conveniente servirse
-de los capitanes que habian sido suspendidos, porque
-la gente se gobernaria mejor por ellos, y los mas eran personas
-de experiencia. Mandáronles tomar sus compañías, y
-todos lo quisieron hacer, pudiendo emplear sus personas,
-sin volver á los cargos de que una vez fueron echados.</p>
-
-<p>Habia costumbre en el Alhambra de salir los capitanes
-generales y alcaides cuando se ofrecia necesidad, dejando
-en la guardia de ella personas de su linaje y suficientes. Mostraba
-el conde de Tendilla títulos suyos, de su padre, abuelo,
-y bisabuelo, de capitanes generales de la ciudad sin el
-cargo del reino, y pretendia salir con la gente de ella. Pero
-Juan Rodriguez de Villafuerte, que entonces era tenido por
-enemigo suyo declarado, pretendia que como corregidor le
-tocase: traía ejemplo de Málaga donde el corregidor tenia
-cargo de la gente, no obstante que el alcaide tuviese título
-de capitan de la ciudad; mas ó fuese mandamiento expreso,
-ó inclinacion á otros, ó desabrimiento particular con la casa
-ó persona del conde, no obstante las cédulas, y que la profesion
-de Juan Rodriguez fuese otra que armas, hizo D.
-Juan una manera de pleito de la pretension del conde, y
-remitió el negocio al consejo del rey; quitándole el uso de
-su oficio, y dándole á Juan Rodriguez, que aquel dia llevó
-cargo de la gente de la ciudad y le tuvo otros muchos. Partió
-á los veinte y tres de diciembre con nueve mil<span class="sidenote">1569.</span>
-infantes, seiscientos caballos, ocho piezas de campo.
-Habia dos caminos de Granada á Guejar; uno por la
-mano izquierda y los altos, y este llevó él con cinco mil infantes
-y cuatrocientos caballos: llevaba Luis Quijada la
-vanguardia con dos mil, donde iba su persona; á D. García
-Manrique encomendó la caballería; y la retaguardia con la
-artillería, municion y vitualla (donde iba su guion) al licenciado
-Pedro Lopez de Mesa y á D. Francisco de Solis,<span class="pagenum"><a name="Page_135" id="Page_135">[135]</a></span>
-ambos caballeros cuerdos, pero sin ejercicio de guerra: lo
-cual dió ocasion á pensar, que la empresa fuese fingida, y
-D. Juan cierto que el lugar estaba desamparado; pues encomendaba
-á personas pacíficas lugar adonde podia haber
-peligro y era menester experiencia; dando al duque el camino
-del rio mas breve con cuatro mil infantes y trescientos
-caballos, en que iba la gente de la ciudad. Aquella noche
-se aposentó en Veas, dos leguas de Granada, y otras tantas
-de Guejar, con órden que juntos por diversas partes llegasen
-á un tiempo, y combatiesen los enemigos, para que los
-que del uno escapasen diesen en el otro; pero quedóles
-abierto el camino de la sierra. D. Diego de Quesada, á quien
-tenia por plático de la tierra, iba por guia del campo de D.
-Juan, aunque otros hubiese en la compañía tan soldados,
-criados en aquella tierra, y mas pláticos en ella, segun lo
-mostró el suceso. Estaban á la guardia del lugar ciento y
-veinte turcos y berberíes con Caravajal que estuvo en Galera,
-cuatrocientos y treinta de la tierra, todos arcabuceros;
-la cabeza era Joaibi, los capitanes Cholon, Macox, y Rendati,
-y el Partal por sarjento mayor; venidos, segun se
-entendió, solo por la ganancia de las presas, con la seguridad
-de la montaña, y mudábanse por meses; muchas mujeres,
-muchachos y viejos de los lugares vecinos, que no
-querian apartarse de sus casas, proveidos de pan y carne
-en abundancia; y dicen ellos, que nunca hubo mas gente
-ordinaria. Entendieron dias antes la ida de D. Juan, y tuvieron
-tiempo de salvar lo mejor de su ropa, sus personas y
-ganados. El dia antes que D. García y Tello de Aguilar fueron
-á reconocer avisando la gente, partieron los turcos á la
-Alpujarra; y de los moros, el dia antes que D. Juan llegase,
-salieron cuatrocientos hombres con Partal, y el Macox, y
-Rendati á la Vega en ocasion de correr nuestras espaldas,
-y hicieron daño el mismo dia que llegó D. Juan: quedaron
-en Guejar ochenta hombres con Joaibi para retirar el removiente
-de la gente inútil, y ropa. Partieron á un tiempo
-de Granada el duque, y D. Juan de Veas al amanecer: hay<span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span>
-pocos hombres del campo que sepan caminar bien de noche
-la tierra que han visto de dia; esta era toda de un color igual
-aunque doblada, que dió causa á la guia de engañarse cuasi
-en la salida del lugar, y á D. Juan de gastar tiempo. Con
-todo se detuvo, esperando el dia, incierto del camino que
-haria el duque, y avisando las atalayas de los moros con
-fuegos á los suyos de lo que ambos hacian. Mas el duque
-caminó por derecho: envió delante á D. Juan de Mendoza,
-que halló la trinchea desamparada sino de diez ó doce viejos,
-que de pesados escogieron quedar á morir en ella, estos
-fueron acometidos y degollados. Entrado y saqueado el
-lugar por la gente que D. Juan de Mendoza llevaba de vanguardia,
-vieron subir por la sierra mujeres y niños, bagajes
-cargados, con espaldas de sesenta arcabuceros y ballesteros,
-que haciendo vuelta sobre los nuestros en defensa de
-su ropa, se salvaron de espacio, aunque seguidos poco trecho
-y detenidamente; pero lo que se pudo, y con mas daño
-nuestro que suyo: murieron entre hombres y mujeres sesenta
-personas, y fueron cautivas otras tantas; la demás
-gente por la sierra fueron á parar en Valor y Poqueira y
-otros lugares de la Alpujarra: húbose mucho trigo y ganado
-mayor; de nuestra gente murieron cuarenta soldados,
-porque los moros en lo áspero de la tierra y entre las matas
-cubiertos con las tocas de las mujeres, esperaban á nuestros
-soldados que pensando ser mujeres llegasen á cautivallas,
-y los arcabuceasen. Entre ellos murió el capitan Quijada
-siguiendo el alcance, desatinado de una pedrada que
-una mujer le dió en la cabeza. D. Juan apartándose del lugar
-dos leguas, ora acercándose á menos de un cuarto por
-camino que todo se podia correr, se halló pasado mediodia
-sobre Guejar, dentro de la trinchea de los enemigos en el
-cerro que llaman la Silla: llevó la gente ordenada; y á los
-que nos hallamos en las empresas del emperador, parecia
-ver en el hijo una imágen del ánimo y provision del padre,
-y un deseo de hallarse presente en todo, en especial con
-los enemigos. Descubrió de lo alto á la gente del duque delante<span class="pagenum"><a name="Page_137" id="Page_137">[137]</a></span>
-del lugar en escuadron, y tan de improviso que Luis
-Quijada envió con D. Gomez de Guzman de mano en mano
-á pedir artillería, pensando que fuesen enemigos, ó dando
-á entender que lo pensaba. Esta voz se continuó con mucha
-priesa; y caminando con dos pezezuelas, llegó D. Luis
-de Córdoba de parte del duque con el aviso, que los enemigos
-iban rotos y los nuestros estaban dentro en el lugar.
-Quedamos espantados como Luis Quijada no conoció
-nuestras banderas y órden de escuadron dende tan cerca,
-hombre plático en la guerra, y de buena vista; y
-como el duque enviaba á decir que los enemigos iban rotos,
-no habiendo enemigos. Mostró D. Juan contentamiento
-del buen suceso, y queja del agravio de que le
-hubiesen guiado por tanto rodeo que no alcanzase á ver
-enemigos. Pero D. Diego de Quesada se excusaba, con que
-en consejo se le mandó que guiase por parte segura; y
-Luis Quijada le dijo, que por donde no peligrase la persona
-de D. Juan; que él no sabia como cumplir su comision mas
-á la letra que guiando siempre cubierto y dos leguas de los
-enemigos. Tuvo la toma de Guejar mas nombre lejos, que
-cerca; mas congratulaciones, que enemigos. Volvieron la
-misma noche á Granada D. Juan y el duque de Sesa; mandó
-quedar á D. Juan de Mendoza en Guejar con gruesa guardia
-por algunos dias, y despues á D. Juan de Alarcon con
-las banderas de su cargo; dende á pocos dias á D. Francisco
-de Mendoza, reparado y trincheado un fuerte, pero con
-poca gente. Decian que si cuando los moros desampararon
-el lugar y D. Juan fue á reconocelle, se hubiera hecho el
-fuerte (que podia en una noche) y puesto en él una pequeña
-guardia, como se hizo en Tablate, se salvaran pasadas
-de tres mil personas, que murieron á manos de los enemigos,
-mucha pérdida de ganado, reputacion y tiempo, el
-nombre de guerra, desasosiego de noche y dia; todo hecho
-por mano de poca gente.</p>
-
-<p>Dende este dia parece que D. Juan alumbrado comenzó á
-pensar en las gracias de vitoria tan fácil, y buscadas las<span class="pagenum"><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span>
-causas para conseguilla, hacer y proveer por su persona lo
-que se ofrecia, con mayor beneficio y mas breve despacho.
-Extendióse por España la fama de su ida sobre Galera, y
-movióse la nobleza de ella con tanto calor, que fue necesario
-dar el rey á entender que no era con su voluntad ir caballeros
-sin licencia á servir en aquella empresa. Enviaron
-las ciudades nueva gente de á pie y de caballo: crecieron
-algunas (que no tenian propios) los precios á las vituallas,
-para gastos de la guerra; otras entre cinco vecinos mantenian
-un soldado. Entraron el tiempo que duró la masa pasadas
-de ciento y veinte banderas con capitanes naturales
-de sus pueblos, personas calificadas, sin la gente que vino
-al sueldo pagado por el rey, que fue la tercia parte: tanta
-reputacion pudo dar á los enemigos la voluntad de venganza.
-Mandó D. Juan (que ya era señor de sí mismo, y de
-todo) que una parte de la masa se hiciese en el mismo campo
-del marqués de Velez, pasando la gente por Guadix; y
-otra, pasando por Granada en las Albuñuelas, donde estuviese
-D. Juan de Mendoza á recogella, y hacer provision de
-vitualla. Ordenó que el duque de Sesa quedase su lugarteniente
-en Granada, pasase á posar en el mismo aposento
-que él tenia en la chancillería; y que formado su campo,
-partiese por Orgiba contra el Alpujarra, á un mismo tiempo
-que él para Galera, por divertir las fuerzas de los enemigos.</p>
-
-<p>Mas Abdalá Abenabó, indignado del suceso de Guejar,
-quiso recompensar la fortuna y la reputacion, procurando
-ocupar algun lugar de nombre en la costa. Escogió tres mil
-hombres, y en un tiempo con escalas y como pudo acometieron
-de noche á Almuñecar, que los antiguos llamaban
-Manoba, y á Salobreña, que llamaban Selambina: pero el
-capitan de Almuñecar resistió retenidamente por ser de
-noche, y con algun daño de los enemigos, que dejando las
-escalas se acogieron á la sierra, donde corrian de continuo
-la comarca; lo mismo hicieron los que iban á Salobreña,
-que rebotados por D. Diego Ramirez, alcaide de ella, con<span class="pagenum"><a name="Page_139" id="Page_139">[139]</a></span>
-dificultad, por aguardarse con menos gente, se retiraron
-juntándose con la compañía. Visto Abenabó que sus empresas
-le salian inciertas, y que las fuerzas de España se
-juntaban contra él, envió de nuevo al alcaide Hoceni á Argel
-solicitando gente para mantener, ó navíos para desamparar
-la tierra y pasarse; y juntamente con él un moro suyo
-á Constantinopla. Dicen que llegados á Argel hallaron
-órden del señor de los turcos, para que fuese socorrido.</p>
-
-<p>En el mismo tiempo batia el marqués á Galera con poco
-efecto, defendíanse los vecinos, y reparaban el daño facilmente;
-saltaban algunas veces fuera; y entre ellas, trabando
-una gruesa escaramuza, cargaron nuestra gente de manera,
-que matando al capitan Leon y veinte soldados, cuasi
-pusieron en rota el cuartel; pero retiráronse cargados
-sin daño: colgaron de la muralla la cabeza del capitan y
-otras, y el marqués partió á Guescar un dia por rehacerse
-de gente; volviendo trajo consigo pocos soldados. Mas
-D. Juan partió de Granada con tres mil infantes y cuatrocientos
-caballos á juntarse con el marqués; vino á Guadix,
-que los antiguos llamaban Acci, pueblo en España grande,
-y cabeza de provincia como agora lo es: adoraban los moradores
-al sol en forma de piedra redonda y negra; aun hoy
-en dia se hallan por la tierra algunas de ellas con rayos en
-torno. La nobleza y gente de la ciudad han mantenido el
-lugar, viéndose á menudo con los moros, y partiéndose
-de ellos con ventaja. De Guadix vino de espacio á Baza, que
-llamaban los antiguos como los moros Basta, cabeza de una
-gran partida de la Andalucía, que del nombre de la ciudad
-decian Bastetania, en que habia muchas provincias. Y de
-allí á Guescar, donde el marqués estaba con su gente, la
-cual junta con la de la ciudad y tierra hicieron gran recibimiento
-y salva, mostrando mucha alegría con la venida
-de D. Juan. Solo el marqués salió descontento á recibirle,
-por ver que habia de obedecer, siendo poco antes obedecido
-y temido. Mas D. Juan le recibió con alegre y blando
-acogimiento, y aunque sintió su disgusto, le saludó y abrazó<span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span>
-con mucha serenidad, diciéndole: «Marqués ilustre,
-vuestra fama con mucha razon os engrandece, y atribuyo
-á buena suerte haberse ofrecido ocasion de conoceros.
-Estad cierto, que mi autoridad no acortará la vuestra;
-pues quiero que os entretengais conmigo, y que seais
-obedecido de toda mi gente, haciéndolo yo asimismo como
-hijo vuestro, acatando vuestro valor y canas, y amparándome
-en todas ocasiones de vuestros consejos.» Á
-estas ofertas respondió el marqués por los términos extraños
-que siempre usó, aunque medido con su grandeza, diciendo:
-«Yo soy el que mas ha deseado conocer de mi rey
-un tal hermano, y quien mas ganara de ser soldado de
-tan alto príncipe; mas si respondo á lo que siempre profesé,
-irme quiero á mi casa, pues no conviene á mi edad
-anciana haber de ser cabo de escuadra.» Fue la respuesta
-muy notada, así de sentenciosa y grave, cuanto aguda,
-y así el marqués fue breve en su jornada, porque tarde ó
-nunca mudó de consejo. Entró D. Juan en consejo sobre lo
-de Galera, y despues de haberla reconocido, se determinó
-de ir sobre ella y ponerle cerco.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span></p>
-
-<h2>LIBRO IV.</h2>
-
-
-<p>Luego que D. Juan salió de Granada, fue á posar el duque
-en casa del presidente, conforme á la órden que tenia
-de D. Juan. Comenzóse á entender en la provision de vitualla
-en Guadix, Baza y Cartagena, lugares de Andalucía,
-y la comarca, para proveer el campo de D. Juan; y en
-Granada y su tierra el del duque: pero de espacio, y con
-alguna confusion, por la poca plática, y desórdenes de comisarios
-y tenedores, inclinados todos á hacer ganancias,
-y extorsiones con el rey y particulares: y aunque Francisco
-Gutierrez fue parte para atajar la corrupcion, no lo era
-él ni otro para remedialla del todo. Salió el duque de Granada
-á 21 de hebrero de 1570, quedando por cabeza y gobierno
-de paz y guerra el presidente; y por ser eclesiástico,
-quedó D. Gabriel de Córdoba para el de guerra, y ejecutar
-lo que el presidente mandase, que daba el nombre;
-y hacia el oficio de general un consejo formado de tres oidores,
-auditor general, Francisco Gutierrez de Cuellar, el
-corregidor de Granada; quedaron á la guarda de la ciudad
-cuatro mil infantes: hacíase con la misma diligencia con el
-Albaicin despoblado, Guejar en presidio nuestro, guardada
-la Vega, con las mismas centinelas, las postas, los cuerpos
-de guarda, los presidios en Cenes y Pinillos, que cuando
-la Vega estaba sospechosa, el Albaicin lleno de enemigos,
-Guejar en su poder: y duró esta costa y recato hasta la
-vuelta de D. Juan, ó fuese por olvido, ó por otras causas el<span class="pagenum"><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span>
-guardar contra los de dentro y los de fuera. ¡Qué cosa para
-los curiosos que vieron al Sr. Antonio de Leiva teniendo
-sobre sí el campo de la liga, cuarenta mil infantes, nueve
-mil caballos, y la ciudad enemiga; él con solos siete mil
-infantes enfrenalla, resistir los enemigos, sitiar el castillo,
-y al fin tomallo, echar y seguir los enemigos, fuertes, armados,
-unidos, la flor de Italia soldados y capitanes! Vino
-al Padul el mismo dia que salia de Granada, donde en Acequia
-se detuvo muchos dias esperando gente y vituallas; y
-haciendo reducto en Acequia y las Albuñuelas para asegurarse
-las espaldas, y asegurar á Granada en un caso contrario
-ó furia de enemigos, y el paso á las escoltas que partiesen
-de la ciudad á su campo: otro fuerte en las Guajaras,
-para asegurar aquella tierra y los peñones, donde otra vez
-los echó el marqués de Mondejar; y por dar tiempo á Don
-Juan para que juntos entrasen en el rio de Almanzora y
-Alpujarra. Allí le fue á visitar el presidente, y dar priesa á
-su salida: tomó el camino de Orgiba con ocho mil infantes
-y trescientos y cincuenta caballos. Iban con él muchos caballeros
-de la Andalucía, muchos de Granada, parte con
-cargos, y parte por voluntad. Llegó sin que los enemigos
-le diesen estorbo, aunque se mostraron pocos y desordenados
-al paso de Lanjaron y de Cañar.</p>
-
-<p>Mientras el duque se ocupaba en esto, salió D. Juan de
-Austria de Baza con su campo para Galera, adonde puso su
-cerco enviando á reconocella; y considerando primero el
-daño que de un castillo que estaba en la parte alta les podia
-venir, se trató de minalla, y habiendo hecho algunas minas,
-les pusieron fuego, con que cayó un gran pedazo del
-muro con muerte de algunos de los moros cercados. Algunos
-soldados de los nuestros, de ánimos alboratados, arremetieron
-luego por medio del humo y confusion sin aguardar
-tiempo ni órden conveniente, á los cuales siguieron
-otros muchos y al fin gran parte del ejército, procurando
-embestir la fortaleza por el destrozo que las minas habian
-hecho, todo sin hacer efecto, por estar un peñon delante.<span class="pagenum"><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span>
-Los enemigos estaban puestos en arma, y haciendo á su
-salvo mucho daño en los cristianos con muchas rociadas de
-arcabuces y flechas, sin ser necesaria la puntería, porque
-no echaban arma que diese en vacío, sin que esto fuese
-parte para hacer retirar los ánimos obstinados de los soldados,
-ni ninguna prevencion ni diligencia de oficiales y capitanes.
-Tanto que necesitó á D. Juan de Austria á ponerse
-con su persona al remedio del daño, y no con poco peligro
-de la vida; porque andando con suma diligencia y valor
-persuadiendo á los soldados que se retirasen sin olvidarse
-de las armas, fue herido en el peto con un balazo, que
-aunque no hizo daño en su persona, escandalizó mucho á
-todo el campo, particularmente á su ayo Luis Quijada que
-nunca le desamparaba, cuyas persuasiones obligaron á
-D. Juan á retirarse por el inconveniente que se sigue en
-un ejército del peligro de su general. Mas ordenó al capitan
-D. Pedro de Rios y Sotomayor que con diligencia hiciese
-retirar la gente porque no se recibiese mas daño; el cual
-entró por medio de los nuestros con una espada y rodela, á
-tiempo que se conocia alguna mejoría de nuestra parte, diciendo:
-<i>Afuera, soldados, retirarse afuera, que así lo manda
-nuestro príncipe</i>. Habia ya cesado algun tanto el alarido
-y voces, de suerte que se oían claro las cajas á recoger, y
-todo junto fue parte para que tuviese fin este asalto tan
-inadvertido. Aquí se mostró buen caballero D. Gaspar de
-Sámano y Quiñones; porque habiendo con grande esfuerzo
-y valentía subido de los primeros en el lugar mas alto del
-muro, y sustentado con la mano el cuerpo para hacer un
-salto dentro, le fueron cortados los dedos por un turco que
-se halló cerca de él, sin que esto le perturbase nada de su
-valor echó la otra mano y porfió á salir con su intento, y
-saltar del muro adentro, mas no dándole lugar los enemigos,
-le fue resistido de manera que dieron con él del muro
-abajo. No fue parte este daño para que á los nuestros les
-faltase voluntad de continuarle segunda vez otro dia, y
-así lo pidieron á D. Juan: el cual pareciéndole no ser bien<span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span>
-poner su gente en mas riesgo con tan poco fruto, y tratádose
-en consejo mandó que hiciesen un par de minas para
-que en este tiempo se entretuviesen y descansasen los soldados.
-Los enemigos considerando su peligro cercano y la tardanza
-de socorro, despacharon á Abenabó pidiéndole favor,
-á lo cual Abenabó cumplió con solas esperanzas, porque la
-diligencia del duque en lo del Alpujarra le traía sobre aviso,
-temeroso y puesto en armas. Acabadas las minas mandó
-D. Juan que se encendiesen la una una hora antes que la otra.
-Hízose, y la primera rompió catorce brazas de muralla, aunque
-con poco daño de los cercados, por estar prevenidos en
-el hecho; y así seguros de mas ofensa se opusieron á la defensa
-de lo que estaba abierto, unos trayendo tierra, madera
-y fagina para remediarlo, y otros procurando ofender
-con mucha priesa de tiros continuos: y estando en esto sucedió
-luego la otra mina que derribando todo lo de aquella
-parte hizo gran estrago en los enemigos, y tras esto cargando
-la artillería de nuestra parte se comenzó el asalto muy
-riguroso; porque no teniendo los moros defensa que los encubriese
-y amparase, eran forzados á dejar el muro con
-pérdida de muchas vidas: adonde se mostró buen caballero
-por su persona D. Sancho de Avellaneda herido del dia antes,
-haciendo muchas muestras de gran valor entre los enemigos,
-hasta que de un flechazo y una bala todo junto murió.
-Siguióse la victoria por nuestra parte hasta que del todo
-se rindió Galera, sin dejar en ella cosa que la contrastase
-que todo no lo pasasen á cuchillo. Repartióse el despojo y
-presa que en ella habia, y púsose el lugar á fuego, y así
-por no dejar nido para rebelados, como porque de los cuerpos
-muertos no resultase alguna corrupcion: lo cual todo
-acabado ordenó D. Juan que el ejército marchase para Baza
-adonde fue recibido con mucho regocijo.</p>
-
-<p>Hallábase Abenabó en Andarax resoluto de dejar al duque
-el paso de la Alpujarra, combatille los alojamientos,
-atajarle las escoltas, cierto que la gente cansada, hambrienta,
-sin ganancia, le dejaria. Este dicen que fue parecer de<span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span>
-los turcos, ó que le tuviesen por mas seguro, ó que hubiesen
-comenzado á tratar con D. Juan de su tornada á Berbería,
-como lo hicieron, y no quisiesen despertar ocasiones
-con que se rompiese el tratado. Pero á quien considera la
-manera que en esta guerra se tuvo de proceder por su parte
-desde el principio hasta el fin, pareceránle hombres que
-procuraban detenerse, sin hacer jornada, por falta de cabezas
-y gente diestra, ó con esperanza de ser socorridos
-para conservarse en la tierra, ó de armada para irse á Berbería
-con sus mujeres, hijos, y haciendas: y así teniendo
-muchas ocasiones, las dejaron perder como irresolutos y
-poco pláticos. Partió de Orgiba el duque, despues de haberse
-detenido en fortificarla y esperar la entrada de D.
-Juan treinta dias, la vuelta de Poqueira: mas Abenabó, teniendo
-aviso que el duque partia, y que de Granada pasara
-una gruesa escolta al cargo del capitan Andrés de Mesa,
-con cuatrocientos soldados de guarda y algunos caballos,
-púsose delante en el camino que va á Jubiles por donde el
-duque habia de pasar, haciendo muestra de mucha gente,
-y tener ocupadas las cumbres: trabó una gruesa escaramuza
-con la arcabucería del duque, haciendo espaldas con
-cuasi seis mil hombres en cuatro batallas. Reforzó el duque
-la escaramuza apartando los enemigos con la artillería;
-y tomó el camino de Poqueira por el rodeo: los enemigos
-creyendo que el duque les tomaba las espaldas, desampararon
-el sitio: mas en el tiempo que duró la escaramuza
-acometieron á la escolta de Andrés de Mesa, en la cuesta
-de Lanjaron, Dali capitan turco y el Macox con mil hombres,
-y rompiéronla sin matar ó cautivar mas de quince:
-solo se ocuparon en derramar vituallas, matar bagajes,
-escoger y llevar otros cargados: pelearon al principio, pero
-poco; mataron el caballo á D. Pedro de Velasco, que aquel
-dia fue buen caballero y salvóse á las ancas de otro. Enviábale
-el rey á dar priesa en la salida del duque, y llevar relacion
-del campo, y mandar lo que se habia de hacer. Súpose
-de un moro á quien cautivaron tres soldados que solo<span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span>
-siguieron el campo de Abenabó, como su intento solo habia
-sido entretener al duque: pero él luego que entendió el
-caso de Andrés de Mesa, mas por sospechas que por aviso,
-envió caballería que le hiciese espaldas, y llegaron á tiempo
-que hicieron provecho en salvar la gente ya rota, y parte
-de la escolta. Hecho esto se siguió el camino de los aljibes
-entre Ferreira y rio de Cadiar por el de Jubiles, y aquella
-noche tarde hizo alojamiento en ellos. Tenia la guardia
-Joaibi con quinientos arcabuceros, que viendo alojar los
-nuestros tarde y con cansancio y por esto con alguna desórden,
-dió en el campo, y túvole en arma gran parte de la
-noche, llegando hácia el cuerpo de guardia, y matando alguna
-gente desmandada, pero fue resistido sin seguillo,
-por no dar ocasion á la gente que se desordenase de noche.
-Dicen que si los enemigos aquella noche cargaran, que se
-corria peligro; porque la confusion fue grande, y la palabra
-entre la gente comun, viles, que mostraba miedo: mas
-valió el ánimo y la resolucion de la gente particular, y la
-provision del duque enderezada á deshacer los enemigos
-sin aventurar un dia de jornada: en que parecian conformarse
-Abenabó y él; porque cada uno pensaba deshacer
-al otro y rompelle con el tiempo y falta de vitualla, y salieron
-ambos con su pretension. Envió Abenabó á retirar
-al Joaibi, siguiendo el parecer de los turcos, y despues
-por bando público mandó, que sin órden suya no se escaramuzase,
-ni desasosegasen nuestro campo. Vino el duque
-á Jubiles por el camino de Ferreira, adonde halló el castillo
-desamparado, y comenzado á reparar, envió á D. Luis
-de Córdoba, y á D. Luis de Cardona, con cada mil infantes,
-y ciento y cincuenta caballos, que corriesen la tierra
-á una y otra parte, pero no hallaron sino algunas mujeres
-y niños: y llegó á Ujijar, sin dejar los moros de mostrarse
-á la retaguardia, y de allí sin estorbo á Valor, donde se
-alojaron.</p>
-
-<p>Salió D. Juan de Baza la vuelta de Seron con intento de combatilla,
-y llegando con su campo á vista de Caniles, recibió<span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span>
-cartas del duque pidiéndole con grande instancia la brevedad
-de su venida, proponiéndole ser toda la importancia
-para que hubiese fin la guerra del Alpujarra, dando por último
-remedio que se juntasen los dos campos, y cogiesen
-en medio á Abenabó. Pareciéndole á D. Juan este buen medio,
-sin mas detenerse caminó la vuelta del campo del duque,
-y marchando el suyo llegaron á vista de Seron, donde
-algunos pocos soldados desmandados viendo los moros
-tan puestos en defensa, no lo pudiendo sufrir, se movieron
-á quererlos combatir (contra el presupuesto de D. Juan)
-diciendo en alta voz: nuestro príncipe piensa vanamente,
-si pretende pasar de aquí sin castigar esta desvergüenza, y
-diciendo: Cierra, cierra, Santiago y á ellos, los siguieron
-otros muchos incitados de su ejemplo, y tras ellos toda la
-demás gente sin que valiese ninguna resistencia; y sin mas
-autoridad ni órden embistieron el lugar con tan grande ímpetu,
-que aunque salieron los moros de Tijola, no fue parte
-para que dejasen de allanar el lugar del primer asalto, y
-le metiesen á sacomano: aunque no les salió á algunos tan
-barata esta jornada, la cual lo poco que duró fue bien reñida,
-y adonde entre otros fue herido Luis Quijada de un
-peligroso balazo que le quitó la vida con grande sentimiento
-de D. Juan conforme al mucho amor que le tenia. No tuvo
-aun casi lugar D. Juan de atender á este sentimiento, provocado
-de mil moros que se metieron en Seron, y le dieron
-ocasion de mas batalla; y no la rehusando, volvió sobre ellos
-con deseo de acabar esta ocasion por acudir á las cosas del
-Alpujarra, lo cual hizo despues de algunas dificultades livianas
-con un asalto que fue el remate de esta vitoria.
-Este dia se señaló D. Lope de Acuña, mostrando bien el
-gran ser de que siempre estuvo acompañado en muchas
-ocasiones.</p>
-
-<p>Abenabó, visto que el duque de Sesa estaba en el corazon
-de la Alpujarra, repartió su campo y la gente de vecinos que
-traía consigo; puso ochocientos hombres entre el duque y
-Orgiba, para estorbar las escoltas de Granada; envió mil<span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span>
-con Mojajar á la sierra de Gador, y á lo de Andarax, Adra,
-y tierra de Almería: seiscientos con Garral á la sierra de
-Bentomiz, de donde habia salido D. Antonio de Luna, dejando
-proveido el fuerte de Competa, para correr tierra
-de Velez; envió parte de su gente á la sierra Nevada y el
-Puntal, que corriesen lo de Granada: quedó él con cuatro
-mil arcabuceros y ballesteros, y de estos traía los dos mil
-sobre el campo del duque, que con la pérdida de la escolta
-estaba en necesidad de mantenimientos: pero entretúvose
-con fruta seca, pescado y aceite, y algun refresco que Pedro
-Verdugo le enviaba de Málaga, hasta que viendo por
-todas partes ocupados los pasos: mandó al marqués de la
-Favara, que con mil hombres y cien caballos, y gran número
-de bagajes atravesase el puerto de la Ravaha, y cargase
-de vitualla en la Calahorra: porque fuese dos veces
-nombrada con hambre y hierro en daño nuestro; adonde
-habia hecha provision, y tan poco camino que en un dia
-se podia ir y venir. Dicen que el marqués rehusó la gente
-que se le daba, por ser la que vino de Sevilla, pero no la
-jornada; y siendo asegurado que fuese cual convenia, partió
-antes de amanecer con las compañías de Sevilla, y sesenta
-caballos de retaguardia: y él con trescientos infantes
-y cuarenta caballos de vanguardia; los embarazos de bagajes,
-y bagajeros, enfermos, esclavos en medio; la escolta
-guarnecida de una y otra parte con arcabucería. Mas porque
-parece que en la gente de Sevilla se pone mácula,
-siendo de las mas calificadas ciudades que hay en el mundo,
-hase de entender, que en ella como en todas las otras se
-juntan tres suertes de personas: unas naturales, y estos
-cuasi así la nobleza como el pueblo son discretos, animosos,
-ricos, atienden á vivir con sus haciendas ó de sus manos;
-pocos salen á buscar su vida fuera, por estar en casa
-bien acomodados: hay tambien extranjeros, á quien el trato
-de las Indias, la grandeza de la ciudad, la ocasion de
-ganancia ha hecho naturales, bien ocupados en sus negocios,
-sin salir á otros; mas los hombres forasteros que de<span class="pagenum"><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span>
-otras partes se juntan al nombre de las armadas, al concurso
-de las riquezas, gente ociosa, corrillera, pendenciera,
-tahura, hacen de las mujeres públicas ganancia particular,
-movida por el humo de las viandas; estos como se
-mueven por el dinero que se da de mano á mano, por el
-sonido de las cajas, listas de las banderas; así facilmente las
-desamparan, con el temor de ellas en cualquier necesidad
-apretada, y á veces por voluntad: tal era la gente que salió
-en guardia de aquella escolta. El marqués, sin noticia de
-los enemigos ni de la tierra, sin ocupar lugares ventajosos,
-y confiado que la retaguardia haria lo mismo, como quien
-llevaba en el ánimo la necesidad en que dejaba el campo,
-y no que la diligencia fuera de tiempo es por la mayor parte
-dañosa comenzó á caminar aprisa con la vanguardia:
-pero los últimos que aun sin impedimento suelen de suyo
-detenerse y hacer cola, porque el delantero no espera, y
-estorba á los que le siguen, y el postrero es estorbado, y
-espera; abrieron mucho espacio entre sí, y la escolta hizo
-lo mismo entre sí y la vanguardia. Mas Abenabó, incierto
-por donde caminaria tanto número de gente, mandó al alcaide
-Alarabi, á cuyo cargo estaba la tierra del Zenette,
-que siguiese con quinientos hombres (Zenette llaman aquella
-provincia, ó por ser áspera, ó por haber sido poblada de
-los Zenettes; uno de cinco linajes alárabes que conquistaron
-á África y pasaron en España, que es lo mas cierto).
-Partió el Alarabi su gente en tres partes, él con cien hombres
-quiso dar en la escolta: al Piceni de Guejar con doscientos
-ordenó que acometiese la retaguardia por la frente:
-y al Martel del Zenette con otros doscientos la rezaga de la
-vanguardia, entrando entre la escolta y ella, al tiempo que
-él diese en la escolta; y en caso que no le viesen cargar con
-toda la gente, que estuviesen quedos y emboscados, dejándola
-pasar. Los nuestros parándose á robar pocas vacas y
-mujeres, que por ventura los enemigos habian soltado para
-dividirlos y desordenarlos, fueron acometidos del Alarabi
-con solos cuatro arcabuceros por la escolta, cargados de<span class="pagenum"><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span>
-otros treinta que les hacian espaldas, y puestos en confusion:
-tras esto cargó el resto de la gente del Alarabi, que
-rompió del todo la escolta, sin hacer resistencia los que iban
-á la defensa. Dió el Piceni en la caballería, que era de retaguardia,
-la cual rompió, y ella la infantería; lo mismo hizo
-Martel con los últimos de la vanguardia del marqués al
-arroyo de Vayarzal, lo uno y lo otro tan callando, que no
-se sintió voz ni palabra. Iba el Piceni ejecutando la retaguardia
-de manera, que parecia á los nuestros que lo vian ir
-ejecutando al Martel. Siguieron este alcance sin volver la
-caballería, ni rehacerse la infantería hasta cerca de la Calahorra,
-todos á una, matando el Alarabi enfermos y bagajeros,
-y desviando bagajes; llegó el arma con el silencio
-y miedo de los nuestros al marqués tan tarde, que no pudo
-remediar el inconveniente, aunque con veinte caballos
-y algunos arcabuceros procuró llegar: murieron muchos
-enfermos que iban en la escolta, muchos de los moros y
-bagajeros; entre estos y soldados cuasi mil personas: quitaron
-setenta moriscas cautivas, y lleváronse mas de trescientas
-bestias sin las que mataron; cautivaron quince
-hombres, no perdieron uno, aconteció esta desgracia en
-16 de abril. Llevó el marqués las sobras de la gente rota y
-lo demás de lo que pudo salvar á la Calahorra, y reformándose
-de gente en Guadix, salió adonde estaba D. Juan. Los
-enemigos, habiendo puesto la presa en cobro, quedaron
-seis dias en el paso y por la sierra.</p>
-
-<p>Mas el duque entendiendo la desgracia, y el poco aparejo
-de proveerse por la parte de Guadix, fiando poco de la gente,
-quiso acercarse mas á la mar por haber vitualla de Málaga;
-y por ser el abril entrado, y dar el gasto á los panes,
-quitar á los enemigos el paso para Berbería, vino á Verja
-ya despues de haber talado la cogida en el Alpujarra: y hizo
-lo mismo en el campo de Dalias, donde tenian las esperanzas
-de cebada y grano. Al alojar en Verja hubo una pequeña
-escaramuza, en que murieron de los nuestros algunos;
-de los moros segun ellos cuarenta. Mas la hambre y<span class="pagenum"><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span>
-poca ganancia, y el trabajo de la guerra, y la costumbre de
-servir á su voluntad y no á la de quien los manda, pudo
-con los soldados tanto, que sin respeto de que hubiesen
-sido bien tratados de palabra, y ayudados de obra, con dinero,
-con vitualla, quitando lo uno y lo otro á la gente de
-su casa, y á veces á su persona, se desranchaban como
-habian hecho con el marqués de Velez: pero acostumbrado
-á ver y sufrir semejantes vueltas en los soldados, vino de
-Verja á Adra, donde tuvo mas vitualla, aunque no mas sosiego
-con la gente: parecíales desacato culparle, y volvianse
-contra D. Juan de Mendoza, y decian palabras sin causa;
-acriminábanle la muerte de un soldado de quien hizo justicia
-como juez, porque debia ser loado; amenazaban, protestaban
-de no quedar á su gobierno; excusábanse de D.
-Juan que ya andaba entre ellos recatado: no dejaban de
-poner bolatines (llaman ellos bolatines, las cédulas que de
-noche esparcen con las quejas contra sus cabezas cuando
-andan en celo para amotinarse, en que declaran su ánimo,
-y mueven los no determinados con quejas y causas de sus cabezas);
-saliéronse de Adra trescientos arcabuceros, ó fuese,
-segun ellos publicaban, haciendo escolta á un correo:
-y dando en los enemigos fueron los doscientos y treinta
-muertos por el alcaide Alarabi y el Mojajar, y cautivos setenta:
-no se supo mas de lo que los moros refieren, y que
-entendiendo de uno de los cautivos como nuestro campo habia
-desalojado de Ujijar con pérdida y desórden, y dejado
-municiones escondidas, sacaron de un aljibe cantidad de
-plomo, municiones y embarazos. En el mismo tiempo mataron
-los moros, que Abenabó enviaba la vuelta de Bentomiz,
-gente de sus casas que iban á Salobreña, y entre ellos
-mercaderes italianos y españoles, tomándoles el dinero: y
-los que envió hácia Granada cautivaron peleando con muchas
-heridas á D. Diego Osorio, que venia con despachos
-del rey para D. Juan y el duque, en que se trataba la resolucion
-de la guerra, y concierto que se habia platicado con
-los moros y turcos por mano del Habaqui; matáronle veinte<span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span>
-arcabuceros de escolta, y él tuvo manera como soltarse;
-y aunque herido, vino sin las cartas á Adra.</p>
-
-<p>Ya D. Juan trataba con calor la reduccion de los moros,
-y la ida de los turcos á Berbería: mas algunos de los ministros
-(ó que les pareciese hacer su parte, y prevenir las
-gracias á D. Juan, ó que mas facilmente se podia acabar,
-cuanto por mas partes se tratase con ellos) metiéronse á
-platicar de conciertos (dicen que algunos sobresanadamente)
-y dejaban de condenar la manera del trato que D. Juan
-traía, holgando que se publicasen por concedidas las condiciones
-que los enemigos pedian, aunque exorbitantes.
-Por otra parte en Granada cuanto á la guerra se procedia
-con toda seguridad en el gobierno del presidente; pero
-cuanto á la paz con licencia, en el tratamiento que se hacia á
-los moriscos reducidos, y que venian á reducirse, y poniendo
-algunos impedimentos, y mostrando celos de D. Alonso
-Menegas, enviaban moriscos á toda Castilla: sacaban los
-ministros muchos para galeras, denostaban á los que se
-iban á rendir, y por livianas causas los daban por cautivos,
-su ropa perdida; trataban del encierro como perjudicial,
-ayudábanse por vias indirectas del cabildo de la ciudad que
-estaba oprimido y sujeto á la voluntad de pocos, todo en
-ocasion de estorbo: no dando cuenta particular á D. Juan para
-que él la diese al rey, haciendo cabeza de sí mismos, escribiendo
-primero por su parte con palabras sobresanadas,
-tocaban á veces en su autoridad, ó fuese (segun el pueblo)
-para que las armas no les saliesen de las manos, ó ambiciones
-de su opinion, por excluir toda manera de medios, que
-no fuese sangre, ofendidos que pasase algo sin darles cuenta
-particular. Los efectos manifiestos daban licencia para que
-fuesen juzgados diversamente, y todos en daño del negocio;
-y aun añadian que estando el rey en Córdoba, no faltaba
-atrevimiento para escribir trocadamente, y hacer negociacion
-del estorbo, sospechando él alguna cosa: atrevimiento
-que suele acontecer á los que andan por las Indias,
-con los que desde España los gobiernan; por donde hay<span class="pagenum"><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span>
-mas que maravillar de la disimulacion que los reyes tienen
-cuando siguen sus pretensiones, que pasan por los estorbos
-sin dar á entender que son ofendidos.</p>
-
-<p>Tenia el duque avisos ansí por espías como por cartas tomadas,
-que los turcos se armaban para socorrer á Abenabó,
-por la parte de Castil de Ferro, aunque pequeño, á
-propósito para desembarcar gente, y por el aparejo de la
-Rambla juntarse seguramente con los enemigos. Parecíale
-que si esto se hacia, deshaciéndose por horas de su gente,
-podia ser ofendido, ó á lo menos encerrado con poca reputacion
-nuestra, y mucha de ellos. Acordó combatir aquella
-plaza y los enemigos, si viniesen á socorrerla; y trujo por
-mar de Almería piezas de batir, púsose sobre ella, repartió
-los cuarteles, vinieron las galeras en ayuda y para
-impedir el socorro de Argel, encomendó la batería al marqués
-de la Favara, que puso diligencia en asentarla. Llegóse
-y combatió por mar con las galeras, y por tierra con tanta
-priesa, que abrió portillo para batalla. Murieron dentro
-algunos con la artillería, y entre los principales Leandro;
-á cuyo cargo estaba el castillo, sin otro daño nuestro mas
-del poco que sus piezas hicieron en una galera. Los soldados
-turcos y moros que estaban á la defensa, que eran cincuenta
-y dos, desconfiados del socorro de Berbería, sus armas
-en las manos y una mujer consigo, salieron por la batería
-y nuestras centinelas, con la escuridad de la noche y
-confusion de la arma, guiándolos Mevaebal, su capitan,
-que dos dias antes habia entrado. Es fama (que de los nuestros
-procedió) que de ellos murieron doce, pero no se vieron
-en nuestro campo, y refieren los moros que todos llegaron
-al de Abenabó, algunos de ellos heridos. Desamparado
-Castil de Ferro envió por la mañana á D. Juan de Mendoza
-y al marqués de la Favara y otros, que se apoderasen
-de él. Hallaron dentro algunos viejos, y berberíes, y turcos
-mercaderes, hasta veinte hombres, y diez y siete mujeres
-de moriscos que las tenian para embarcar, alguna ropa,
-veinte quintales de bizcocho, y la artillería que antes<span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span>
-estaba en el castillo poca y ruin. Entendióse por uno de estos
-moros que estándole batiendo llegaron catorce galeras
-de turcos con socorro, y se tornaron oyendo el ruido de la
-artillería. Sonó la toma de Castil de Ferro, tanto por el aparejo
-y la importancia del sitio, por haber sido perdido y recuperado,
-por ser en ocasion que los enemigos venian á
-darle socorro, cuanto por la calidad del hecho.</p>
-
-<p>En el mismo tiempo envió D. Juan á D. Antonio de Luna
-con mil y quinientos infantes de la tierra, las compañías
-del duque de Sesa y Alcalá, y la caballería de los duques
-de Medina Sidonia y Arcos, para que asegurase la
-tierra de Velez Málaga contra los que en Frijiliana se habian
-recogido. Salió de Antequera con esta gente, mas con poco
-trabajo, escaramuzando á veces, unas con ventaja suya,
-otras de los moros, comenzó un fuerte en Competa, legua
-y media de Frijiliana, lugar que fue donde antiguamente se
-juntaban de la comarca en una feria, y por esto le llamaban
-los romanos <i>Compita</i>, agora piedras y cimientos viejos,
-como quedaron muchos en el reino de Granada: otro
-hizo en el Saliar; y con haber enviado mil hombres á correr
-el rio de Chillar, y tornado con poca presa y pérdida
-igual, dejando en los fuertes cada dos compañías, volvió la
-gente á Antequera, y él á su casa con licencia. Recogióse
-el duque con su campo en Adra esperando en que pararia
-la plática que se traía con el Habaqui, donde fue proveido
-de Málaga por Pedro Verdugo bastantemente, y con algun
-regalo. Pasaban seguras las escoltas de su campo al de Don
-Juan; pero los soldados, gente libre y disoluta, á quien por
-entonces la falta de pagas y vitualla habia dado mas licencia,
-y quitado á los ministros el aparejo de castigarlos, estaban
-con igual descontentamiento en la abundancia que
-en la hambre; huían como, y por donde, y siempre que
-podian; de tantas compañías quedaron solos mil y quinientos
-hombres, los mas de ellos particulares y caballeros que
-seguian al duque por amistad; con ellos mantenia y aseguraba
-mar y tierra. Tornó el rey á Córdoba por Jaen y por<span class="pagenum"><a name="Page_155" id="Page_155">[155]</a></span>
-Ubeda y Baeza, remitiendo la conclusion de las cortes para
-Madrid donde llegó.</p>
-
-<p>No era negocio de menos importancia y peligro lo de la
-sierra de Ronda, porque estaba cubierto, y los ánimos de
-los moriscos con la misma indignacion que los de la Alpujarra
-y rio de Almería y Almanzora: montaña áspera y difícil,
-de pasos estrechos, rotos en muchas partes, ó atajados
-con piedras mal puestas, y árboles cortados y atravesados;
-aparejos de gente prevenida. El consejo mas seguro
-pareció al rey, antes que se acabasen de declarar, asegurarse,
-sacándolos fuera de la tierra con sus familias como
-á los demás. Para esto mandó á D. Juan que enviase á Don
-Antonio de Luna con la gente que le pareciese, y que por
-halagos y con palabras blandas, sin hacerles fuerza ni agravio,
-ó darles ocasion de tomar las armas, los pusiese en
-tierra de Castilla adentro, enviando con ellos guarda bastante.
-Recibida la órden de D. Juan partió D. Antonio de
-Antequera á 20 de mayo, llevando consigo dos mil y quinientos
-infantes de guarda de aquella ciudad, y cincuenta
-caballos. Era toda la gente que D. Antonio sacó de Ronda
-cuatro mil y quinientos infantes, y ciento y diez caballos.
-El dia que partió, envió á Pedro Bermudez, á quien el rey
-habia enviado á la guardia de aquella ciudad, para que con
-quinientos infantes en Jubrique, pueblo de importancia y
-lugar á propósito, estuviese haciendo espaldas á los que habian
-de sacar los moriscos: juntamente repartió las compañías
-por otros lugares de la tierra; dándoles órden que en
-una hora todos á un tiempo comenzasen á sacar los moros
-de sus casas. Partieron el sol levantado á las ocho horas de
-la mañana. Mas los moros, que estaban sospechosos y recatados,
-como descubrieron nuestra gente, subiéronse con
-sus armas á la montaña, desamparando casas, mujeres,
-hijos y ganados: comenzaron á robar los soldados (como es
-costumbre), cargarse de ropa, hacer esclavos toda manera
-de gente, hiriendo, matando sin diferencia á quien daba
-alguna manera de estorbo. Vista por los moros la desórden,<span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span>
-bajaban por la sierra, mataban los soldados, que codiciosos
-y embebidos con el robo desampararon la defensa de sí
-mismos y de sus banderas: iba esta desórden creciendo con
-la escuridad de la noche: mas Pedro Bermudez, hombre
-usado en la guerra, dejando alguna gente en la iglesia de
-Jubrique á la guarda de las mujeres, niños y viejos, que
-allí tenia recogidos, escogió fuera del lugar sitio fuerte donde
-se recogiese: entraron los moros en el lugar, y combatiendo
-la iglesia sacaron los que en ella estaban encerrados,
-quemándola con los soldados sin que pudiesen ser socorridos:
-luego acometieron á Pedro Bermudez, que perdió
-cuarenta hombres en el combate, y hubo algunos heridos
-de una y otra parte, y con tanto se acogieron los enemigos
-á la sierra.</p>
-
-<p>Vista por D. Antonio la desórden, y lo poco se habia hecho,
-retiró las banderas con hasta mil y doscientas personas;
-pero con muchos esclavos y esclavas, ropa y ganado
-en poder de los soldados, sin ser parte para estorbarlo: recogióse
-á Ronda, donde, y en la comarca la gente públicamente
-vendia la presa, como si fuera ganada de enemigos.
-Deshízose todo aquel pequeño campo, como suelen
-los hombres que han hecho ganancia, y temen por ello castigo;
-pues enviando la gente que sacó de Antequera á sus
-aposentos, y cuasi las mil y doscientas personas á Castilla
-sin hacer mas efecto, partió para Sevilla á dar al rey cuenta
-del suceso. Cargaban á D. Antonio los de Ronda y los
-moros juntamente: los de Ronda, que habiendo de amanecer
-sobre los lugares, habia sacado la gente á las ocho
-del dia, y que la habia dividido en muchas partes; que habia
-dado confusa la órden dejando libertad á los capitanes:
-los moros, que les habian quebrantado la seguridad y palabra
-del rey que tenian como por religion ó vínculo inviolable;
-que estando resueltos de obedecer á los mandamientos
-de su señor natural, les habian por este acatamiento
-y sacrificio que hacian de sus casas, mujeres y hijos, y de
-sí mismos, robado y dejado por hacienda y libertad, las armas<span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span>
-que tenian en las manos, y la aspereza y esterilidad de
-la montaña, donde por salvar las vidas se habian acogido,
-aparejados á dejarlo todo, si les restituían las mujeres y hijos,
-y viejos cautivos, y ropa que con mediana diligencia
-pudiese cobrarse. Habia tantos interesados, que por solo esto
-fueron tenidos por enemigos; no embargante que se hallase
-haberse movido provocados y en defension de sus vidas.
-Excusábase D. Antonio con haber repartido la gente como
-convenia por tierra áspera y no conocida; poderse caminar
-mal de noche; que partida la gente, á ciegas, deshilada,
-facilmente pudiera ser salteada y oprimida de enemigos avisados,
-pláticos en los pasos, y cubiertos con la escuridad de
-la noche; la gente libre, mal mandada, peor disciplinada,
-que no conoce capitanes ni oficiales, que aun el sonido de la
-caja no entendian; sin órden, sin señal de guerra, solamente
-atentos al regalo de sus casas, y al robo de las ajenas:
-fueron admitidas las razones de D. Antonio por ser caballero
-de verdad y de crédito, y dada toda la culpa á la
-desórden de la gente, confirmada ya con muchos sucesos
-en daño suyo.</p>
-
-<p>Ido D. Antonio, salió la gente de la comarca, cristianos
-viejos, á robar por los lugares, mujeres, niños, ganados;
-sobras de la de D. Antonio que fue como he dicho creido, por
-tenerse buen crédito de su persona, y por no tenerse bueno
-por entonces de los soldados en comun. Mas los enemigos
-persuadidos de los que habian huido de la Alpujarra, y
-libres de todos los embarazos, despojados de lo que se suele
-querer bien y dar cuidado, comenzaron á hacer la guerra
-descubiertamente, recoger las mujeres, hijos y vitualla
-que les habia quedado; fortificarse en sierra Bermeja y sierra
-de Istan; tomar la mar á las espaldas para recibir socorro
-de Berbería, y bajar hasta las puertas de Ronda; desasosegar
-la tierra, robar ganados, cautivar, matar labradores,
-no como salteadores, sino como enemigos declarados.
-Estaba como tengo dicho á la sazon el rey D. Felipe en Sevilla,
-suplicado por la ciudad, que viniese á recibir en ella
-servicio.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span></p>
-
-<p>Sevilla es en nuestro tiempo de las célebres, ricas y populosas
-ciudades del mundo: concurren á ella mercaderes
-de todo poniente, especialmente del nuevo mundo que llamamos
-Indias, con oro, plata, piedras, esmeraldas, poco
-menores que las que maravillaba la antigüedad en tiempo
-de los reyes de Egipto: pero en gran abundancia, cueros y
-azúcar, y la yerba que sucede en lugar de púrpura, ó
-(por usar del vocablo arábigo y comun) carmesí; cochinilla
-la llaman los indios, donde ella se cria. Fue Sevilla la
-segunda escala que pobladores de España hicieron, cuando
-con el gran rey y capitan Baco (á quien llamaban Libero
-por otro nombre) vinieron á conquistar el mundo. La ocasion
-nos convida tratando de tan gran ciudad á declarar
-nuestra opinion, como en cosa tan dudosa por su antigüedad,
-acerca de la fundacion de ella, y del nombre de toda
-España. Dese la autoridad á los escritores, y el crédito á
-las conjeturas. Marco Varron, autor gravísimo, y diligente
-en buscar los principios de los pueblos, dice (segun Plinio
-refiere) que en España vinieron los persas, iberos y fenices,
-todas naciones de oriente, con Baco. Por este se entiende
-tambien haber sido hecha la empresa de la India,
-segun los escritos de Nono, poeta griego, que compuso
-de los hechos de Baco, y llamó Dionysiaca, porque se llamaba,
-demás del nombre de Baco, y Libero, Dionysio. Dice
-tambien Salustio en sus historias haber él mismo pasado
-en Berbería, y dado principio á muchas naciones: con
-este Baco vinieron capitanes hombres señalados, y mujeres
-que celebraban su nombre, uno de los cuales se llamó
-Luso; y una de las mujeres Lyssa, que dice el mismo Marco
-Varron haber dado el nombre á la parte de Portugal,
-que antiguamente llamaban Lusitania. Tuvo Baco un lugarteniente
-que dijeron Pan, hombre áspero y rústico, á
-quien la antigüedad honró por Dios de los pastores, ó quizá
-eran conformes en el nombre; pero por intervenir en
-las procesiones ó fiestas de Baco el Pan, se puede creer ser
-el mismo: este Pan, dice Varron que dió nombre á toda<span class="pagenum"><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span>
-España, y lo mismo Appiano Alejandrino en sus historias,
-en el libro que llaman Español, y en griego Iberice. <i>Panios</i>
-quiere decir cosa de Pan; y el <i>hi</i>, que tiene delante, dice
-el artículo, que juntado con el <i>panios</i>, dirá la tierra ó provincia
-de Pan<a name="FNanchor_55_55" id="FNanchor_55_55"></a><a href="#Footnote_55_55" class="fnanchor">[55]</a>: quedó á los españoles el vocablo griego,
-ni mas ni menos que los griegos lo pronuncian, ambiciosos
-de dar nombre en su lengua á las naciones hispánicas; y
-pronunciámoslo nosotros España: de aquí vino á decirse
-que Hispan, ó el Pan que los griegos llaman lugarteniente,
-fue sobrino de Hércules, y que dió el nombre á España.
-Lo cierto es que Baco dejó por aquella comarca lugares del
-nombre de los que le seguian; y que dos veces vino el que
-llamaron Hércules, ó fuesen dos Hércules en aquella parte
-de España. El nombre pudo venir á Sevilla de haber sido
-poblada, cuando la segunda vez Hércules, ó fuese Baco, ó
-fuese Hércules tebano vino en España; y si así fue, presupuesto
-que en la lengua griega <i>palin</i> quiere decir otra vez,
-y <i>hi</i>, la, el nombre de Hispalis querrá decir la de otra vez,
-porque los griegos son fáciles en acabar en la letra <i>s</i>. Demás
-del concurso de mercaderes y extranjeros, moran en
-Sevilla tantos señores y caballeros principales, como suele
-haber en un gran reino; entre ellos hay dos casas ambas
-venidas del reino de Leon, ambas de grande autoridad y
-grande nobleza, y en que unos, ó otros tiempos no faltaron
-grandes capitanes: una la casa de Guzman duques de Medina
-Sidonia, que en tiempo antiguo fue poblacion de los de
-Tiro, poco despues de poblada Cádiz, destruida por los
-griegos y gente de la tierra, restaurada por los moros segun
-el nombre lo muestra; porque en su lengua <i>medina</i>
-quiere decir lo que en la nuestra puebla; como si dijésemos
-la puebla de Sidonia: este linaje moró gran tiempo en
-las montañas de Leon, y vinieron con el rey D. Alonso
-el VI á la conquista de Toledo, y de allí con el rey D. Fernando
-el III á la de Sevilla, dejando un lugar de su nombre,<span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span>
-de donde tomaron el nombre con otros treinta y ocho lugares
-de que entonces eran ya señores. El fundador de la
-casa fue el que, guardando á Tarifa, echó el cuchillo con
-que degollaron á su hijo que tenia por hostaje, por no rendir
-él la tierra á los moros. La otra casa es de los Ponces de
-Leon, descendientes del conde Hernan Ponce que murió
-en el portillo de Leon, cuando Almanzor, rey de Córdoba,
-la tomó; dicen traer su orígen de los romanos que poblaron
-á Leon, y su nombre de la misma ciudad; duques en otro
-tiempo de Cádiz hasta el que escaló á Alhama, y dió principio
-á la guerra de Granada, y despues que sus nietos
-fueron en tutorías despojados del estado por los reyes D. Fernando
-y D.ª Isabel, se llamaron duques de Arcos, que los
-antiguos españoles decian Arcobrica, poblacion de las primeras
-de España, antes que viniesen los de Tiro á poblar
-Cádiz. Los señores de aquestas dos casas siempre fueron
-émulos de aquella ciudad, y aun cabezas á quien se arrimaban
-otras muchas de la Andalucía: de la de Medina era
-señor D. Alonso de Guzman, mozo de grandes esperanzas;
-de la de Arcos D. Luis Ponce de Leon, hombre que en la
-empresa de Durlan habia seguido sin sueldo las banderas del
-rey D. Felipe, inclinado y atento á la arte de la guerra: á
-estos dos grandes encomendó el rey el sosiego y pacificacion
-de la sierra de Ronda, por tener á ella vecinos sus estados.
-Grandes llaman en España los señores á quien el rey
-manda cubrir la cabeza, sentar en actos y lugares públicos,
-y la reina se levanta del estrado á recibir á ellos y á
-sus mujeres, y les manda dar por honra cojin en que se
-sienten, ceremonias que van y vienen con los tiempos y voluntades
-de los príncipes; pero firmes en España en solas
-doce casas<a name="FNanchor_56_56" id="FNanchor_56_56"></a><a href="#Footnote_56_56" class="fnanchor">[56]</a>, entre las cuales estas dos son y fueron de
-grande autoridad. Despues que creció el favor y la riqueza,<span class="pagenum"><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span>
-por merced de los reyes han acrecentádose muchas. Dió
-poder el rey á estos dos príncipes, para que en su nombre
-concertasen y recogiesen los moriscos, y les volviesen las
-mujeres, hijos y muebles, y los enviasen por España la
-tierra adentro; pues no habian sido partícipes en la rebelion,
-y lo sucedido habia sido mas por culpa de ministros
-que por la suya. Tenia el duque de Arcos una parte de su
-estado en la serranía de Ronda, que hubo su casa por
-desigual recompensa de Cádiz, en tiempo de tutorías; parecióle
-por aprovechar llegarse á Casares, lugar suyo, y
-dende mas cerca tratar con los moros: envió una lengua
-que fue y volvió no sin peligro; lo que trajo es, que á
-ellos les pesaba de lo acontecido; que por personas suyas
-vendrian á tratar con el duque, donde y como él mandase,
-y se reducirian y harian lo que se les ordenase con ciertas
-condiciones. Esto afirmaron en nombre de todos el Alarabique
-y el Ataifar, hombres de gran autoridad y por quien
-ellos se gobernaban; bajó el Alarabique y el Ataifar á una
-hermita fuera de Casares, y con ellos una persona en nombre
-de cada pueblo de los levantados. Mas el duque, por
-escandalizarlos menos y mostrar confianza, vino con pocos:
-osadía de que suelen suceder inconvenientes á las personas
-de tanta calidad. Hablóles, persuadióles con eficacia, y
-ellos respondieron lo mismo, dando firmados sus capítulos;
-y con decir que daria aviso al rey, se partió de ellos;
-mas antes que la respuesta del rey volviese, le vino mandamiento,
-que juntando la gente de las ciudades de la Andalucía
-vecinas á Ronda, estuviese á punto para hacer la
-guerra, en caso que los moros no se quisiesen reducir:
-mandó apercibir la gente de Andalucía y de los señores de
-ella, de á pie y de á caballo, con vitualla para quince dias,
-que era lo que parecia que bastase para dar fin á esta guerra:
-en el entretanto que la gente se juntaba, le vino voluntad
-de ver y reconocer el fuerte de Calalui en sierra Bermeja<a name="FNanchor_57_57" id="FNanchor_57_57"></a><a href="#Footnote_57_57" class="fnanchor">[57]</a>,
-que los moros llaman Gebalhamar, adonde en tiempos<span class="pagenum"><a name="Page_162" id="Page_162">[162]</a></span>
-pasados se perdieron D. Alonso de Aguilar y el conde
-de Ureña; D. Alonso señalado capitan, y ambos grandes
-príncipes entre los andaluces: el de Ureña abuelo suyo de
-parte de su madre; y D. Alonso bisabuelo de su mujer. Salió
-de Casares descubriendo y asegurando los pasos de la
-montaña; provision necesaria por la poca seguridad en
-acontecimientos de guerra, y poca certeza de la fortuna.
-Comenzaron á subir la sierra, donde se decia que los cuerpos
-habian quedado sin sepultura: triste y aborrecible vista
-y memoria: habia entre los que miraban nietos y descendientes
-de los muertos, ó personas que por oidas conocian
-ya los lugares desdichados. Lo primero dieron en la parte
-donde paró la vanguardia con su capitan por la escuridad
-de la noche, lugar harto extendido y sin mas fortificacion
-que la natural, entre el pie de la montaña y el alojamiento
-de los moros; blanqueaban calaveras de hombres y huesos
-de caballos amontonados, desparcidos, segun, como, y
-donde habian parado; pedazos de armas, frenos, despojos
-de jaeces: vieron mas adelante el fuerte de los enemigos,
-cuyas señales parecian pocas, y bajas, y aportilladas: iban
-señalando los pláticos de la tierra donde habian caido oficiales,
-capitanes, y gente particular: referian como y donde
-se salvaron los que quedaron vivos, y entre ellos el conde
-de Ureña y D. Pedro de Aguilar, hijo mayor de D. Alonso:
-en que lugar y donde se retrajo D. Alonso y se defendia
-entre dos peñas; la herida que el Ferí, cabeza de los moros
-le dió primero en la cabeza y despues en el pecho, con que
-cayó; las palabras que le dijo andando á brazos: <i>yo soy
-D. Alonso</i>; las que el Ferí le respondió cuando le heria:
-<i>tú eres D. Alonso, mas yo soy el Ferí de Benastepar</i>, y que
-no fueron tan desdichadas las heridas que dió D. Alonso,
-como las que recibió. Lloráronle amigos y enemigos, y en
-aquel punto renovaron los soldados el sentimiento; gente
-desagradecida, sino en las lágrimas. Mandó el general hacer
-memoria por los muertos, y rogaron los soldados que estaban
-presentes que reposasen en paz, inciertos si rogaban<span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span>
-por deudos ó por extraños; y esto les acrecentó la ira y el
-deseo de hallar gente contra quien tomar venganza.</p>
-
-<p>Vista la importancia del lugar, si los enemigos le ocupasen,
-envió dende á poco el duque una bandera de infantería,
-que entrase en el fuerte y lo guardase. Vino en este
-tiempo resolucion del rey que concedia á los moros cuasi
-todo lo que le pedian que tocaba al provecho de ellos, y comenzaron
-algunos á reducirse; pero con pocas armas, diciendo,
-que los que en su campo quedaban no se las dejaban
-traer. Habia entre los moros uno llamado el Melqui,
-hombre atrevido y escandaloso, imputado de herejía, y
-suelto de las cárceles de la inquisicion ido y vuelto á Tituan:
-este, ó que le parecia que perdia el crédito de hasta entonces,
-ó que fuese obligado al príncipe de Tituan, juntó el
-pueblo, que ya estaba resoluto á reducirse, disuadiéndole,
-y afirmando lo que con ellos trataba el Alarabique ser engaño
-y falsedad, haber recibido del duque nueve mil ducados,
-vendido por precio su tierra, su costa, y los hijos,
-mujeres y personas de su ley: venidas las galeras á Gibraltar,
-la gente levantada, las cuerdas en las manos á punto,
-con que los principales habian de ser ahorcados: y el pueblo
-atado y puesto perpetuamente al remo, para sufrir hambre,
-frio y azotes, y seguir forzados la voluntad de sus enemigos,
-sin esperanza de otra libertad sino la muerte. Tuvieron
-estas palabras y la persona tanta fuerza, que se persuadió
-el pueblo ignorante, y tomando las armas hicieron
-pedazos al Alarabique, y á otro compañero suyo berberí,
-que era de la misma opinion: con esto mudaron de propósito,
-y quedaron mas rebeldes que estaban: algunos que
-quisieran reducirse, estorbados por el Melqui con guardas,
-y espantados con amenazas, dejaron de hacello: los de Benahabiz,
-lugar de importancia en aquella montaña, enviaron
-por el perdon del rey con propósito de reducirse; llevólo
-un moro llamado el Barcoquí, juntamente con carta
-del duque para Marbella, y los que guardaban el fuerte
-de Montemayor, que tuviesen cuenta con él y sus compañeros,<span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span>
-acompañándolos hasta dejarlos en lugar seguro:
-mas la gente ó por codicia de algo (si lo llevaban) ó por estorbar
-la reduccion, con que cesaria la guerra, hiciéronlo
-tan al contrario, que mataron al Barcoquí: esta desórden
-mudó á los de Benahabiz, y confirmó la razon del Melqui
-de manera, que no fue parte el castigo que el duque hizo
-de ahorcar y echar en galeras los culpados, para estorbar
-el motin general. Apercebida la gente, vino el duque á
-Ronda, donde hizo su masa, y salió con cuatro mil infantes
-y ciento cincuenta caballos, á ponerse algo mas camino
-que dos leguas de la sierra de Istan, donde los enemigos le
-esperaban fortificados; lugar asperísimo y dificultoso de subir,
-las espaldas á la mar; dejando en Ronda á Lope Zapata,
-hijo de D. Luis Ponce, para que en su nombre recogiese y
-encaminase los moros que viniesen á reducirse: vinieron
-pocos ó ningunos escandalizados del caso del Barcoquí, y
-espantados, porque en Ronda y Marbella el pueblo habia
-rompido la salvaguardia del duque y fe del rey, matando
-cuasi cien moros al salir de los lugares. No le pareció al duque
-detenerse á hacer el castigo; pero envió por juez al rey,
-que castigó los culpados como convenia; y él caminó á la
-Fuenfria, donde se encendió fuego en el campo, que puso
-en cuidado, ó fuese echado por los enemigos, ó por descuido
-de alguno: el autor y el fuego cesó por industria y
-diligencia del duque.</p>
-
-<p>El dia siguiente con mil infantes y alguna caballería reconoció
-el fuerte de los enemigos desde la sierra de Arboto
-puesta en frente de él, juntamente con el alojamiento y el
-lugar de la agua: y aunque se mostraron los enemigos algo
-mas abajo fuera de su fuerte, no fueron acometidos; ansí por
-ser cerca de la noche, como por esperar á Arévalo de Suazo
-con la gente de Málaga. Entretanto puso su guardia en
-la sierra de Arboto con harta contradiccion de los enemigos;
-porque juntamente acometieron el alojamiento del duque,
-y trabaron una escaramuza tan larga que duró tres horas,
-no muy apriesa, pero bien extendida: eran ochocientos<span class="pagenum"><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span>
-hombres arcabuceros y ballesteros, y algunos con armas
-enhastadas: mas visto que con dos banderas de arcabuceros
-les tomarian la cumbre, se retiraron á su fuerte con
-poco daño de los nuestros, y alguno de los suyos. Reforzóse
-la guardia de aquel sitio, por ser de importancia, con
-otras dos banderas; y era ya llegado Arévalo de Suazo con
-dos mil infantes de Málaga y cien caballos, con que se tomó
-resolucion de combatir los enemigos en su fuerte al otro
-dia: á la parte del norte que la subida era mas difícil, envió
-el duque á Pedro Bermudez con ciento y cincuenta
-infantes, que tomase las dos cumbres, que suben al fuerte
-con dos banderas de arcabuceros, haciéndoles espaldas con
-el rostro á la mano derecha Pedro de Mendoza con otra tanta
-gente y la mesma órden, dejando entre sí y Pedro Bermudez
-una parte de la montaña que los moros habian quemado,
-porque las piedras que desde arriba se tirasen corriesen
-por mas descubierto, y con menos estorbo: Arévalo
-de Suazo con la gente de su cargo se seguia á la mano derecha,
-y con dos banderas de arcabucería delante: mas á
-mano derecha de Arévalo de Suazo, Luis Ponce de Leon con
-seiscientos arcabuceros por un pinar, camino menos embarazado
-que los otros. El duque escogió para sí con el artillería
-y caballería y mil y quinientos infantes, el lugar entre
-Pedro de Mendoza y Arévalo de Suazo, como mas desembarazado,
-así mas descubierto: mandó á Pedro de Mendoza
-con mil infantes y algun número de gastadores, que
-fuese adelante aderezando los pasos para la caballería, y que
-todos al pasar se cubriesen con la falda de la montaña y
-quebrada hácia el arroyo, que á un tiempo comenzasen á
-subir igualmente y á pequeño paso, guardando el aliento
-para su tiempo; quedaba con esta órden la montaña cercada,
-sino por la parte de Istan, que no podia con la aspereza
-recibir gente. Víanse unos á otros, y todos se podian
-cuasi dar las manos: quedó resoluto combatir los enemigos
-otro dia á la mañana. Mas los moros viendo que Pedro de
-Mendoza estaba mas desviado, y en parte donde no podia<span class="pagenum"><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span>
-con tanta diligencia ser socorrido, acometiéronle al caer de
-la tarde con poca gente y desmandada, trabando una escaramuza
-de tiros perdidos. Pedro de Mendoza, confiado de sí
-mismo, soldado de mucho tiempo y no tanta experiencia,
-pudiendo guardar la órden y contentarse con estar quedo
-y sin peligro, saltó á la escaramuza con demasiado calor.
-Deshízose la gente por la montaña arriba sin órden, sin
-guardar unos á otros: y los moros unas veces retirándose,
-otras reparándose, parecian ir cerrando á los nuestros:
-visto el peligro y no pudiéndolo ya estorbar Pedro de Mendoza
-(ó fuese recelo ó desconfianza de su poca autoridad
-con la gente, aunque la habia tenido para meterla delante),
-envió á avisar al duque, pero á tiempo que puesto que hubiese
-enviado á retirarla tres capitanes, fue necesitado á tomar
-lo alto para reconocer el lugar: el duque con los que
-con él se hallaban y los que pudo retirar, atravesó donde
-estaban los que subian, y valió tanto su autoridad, que la
-gente desmandada se detuvo, y los moros que ya habian
-comenzado á desemboscarse y se mostraban á los enemigos,
-vista la determinacion del duque se recogieron á su fuerte,
-en ocasion de que estaba cerca la noche, y la gente de Pedro
-de Mendoza cansada y desordenada, y se temian de algun
-desastre, especialmente los que traían á la memoria el
-acontecimiento de D. Alonso de Aguilar por los mismos términos.</p>
-
-<p>Hallóse el duque tan adelante, que vistas las celadas descubiertas,
-y los moros puestos en órden de cargar á la gente
-que subia, y que era imposible retirallos todos, quiso
-aprovecharse de la desórden; y con la gente que traía consigo
-y la que habia recogido, todo á un tiempo acometió á
-los enemigos, y pegóse con el fuerte de manera, que fue
-de los primeros al entrar. Mas los moros, que no osaron
-esperar el ímpetu de los nuestros, se descolgaron por lugares
-de la montaña, que era luenga y continuada; y de allí
-se repartieron, unos á Rioverde, otros á la vuelta de Istan,
-otros á la de Monda, y otros á la de sierra Blanquilla; dejando<span class="pagenum"><a name="Page_167" id="Page_167">[167]</a></span>
-de sus mujeres y hijos como cuatrocientas personas:
-embarazo de guerra, y gente inútil que les comian los bastimentos,
-quedando mas ahorrados para hacer la guerra
-por aquellas montañas: todavía envió á seguir el alcance
-con poco fruto, por ser la noche y tierra tan cerrada; él
-pasó en el fuerte de los enemigos sin ropa ni vitualla; y
-visto que todos se habian esparcido, y que la montaña
-quedaba desamparada, dejó el fuerte; y dando licencia á la
-gente de Málaga con órden de correr la tierra á una y otra
-parte, pasó con la resta de su campo á Istan, y envió cuatro
-compañías sin banderas: el efecto que hicieron las tres,
-fue quemar dos barcas grandes que tenian fabricadas para
-pasar á Tituan: la cuarta con su capitan Morillo, á quien
-el duque mandó que corriese Rioverde, no guardando la órden,
-dió en los enemigos no lejos de Monda, en un cerro
-que los de la tierra llaman Alborno, á vista de Istan; y seguido,
-y rota la gente se retiró: era el lugar tan cerca del
-campo, que se oyeron los golpes de arcabuces, y con sospecha
-de lo que podia ser, se ordenó al capitan Pedro de
-Mendoza socorriese y recogiese la gente. Mas llegando á
-vista de los enemigos contentóse con solo recoger algunos
-que huían, y estuvo sin pasar adelante, ó fuese temiendo
-alguna emboscada (aunque el lugar era gran trecho descubierto),
-ó arrepentido de la demasiada diligencia del dia
-antes en la sierra de Istan: murió la mayor parte de la
-compañía y su capitan peleando. El mismo dia, los moros
-que andaban repartidos encontraron con el alcaide de Ronda,
-y capitan Ascanio, que con ciento y cincuenta soldados
-y otra gente habia salido sin órden y sabiduría del duque,
-como hombres que no estaban á su cargo; matáronlos con
-la mayor parte de la compañía: el mismo acometimiento
-hicieron contra un correo, que partió del campo para Granada
-con escolta de cien soldados, aunque con pérdida de
-algunos se recogió en Monda. Entendiendo pues el duque
-que por la sierra andaba cuantidad de moros, envió órden
-á Arévalo de Suazo que con la gente de Málaga tornase á<span class="pagenum"><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span>
-Monda; y á D. Sancho de Leiva, general de las galeras de
-España, que enviase ochocientos infantes de la gente que
-andaba á su cargo; y á Pedro Bermudez que viniese con la
-de Ronda, y él con la que habia quedado se vino á esperarlos
-á Monda: de donde junta la gente partió ahorrado sin
-estorbos la vuelta de Hojen, y allí le encontró D. Alonso de
-Leiva, hijo de D. Sancho, con ochocientos soldados de Galera.
-Entendíase que los moros esperaban á una legua, y
-con este presupuesto ordenó el duque á Pedro Bermudez,
-que con mil arcabuceros de los de su cargo tomase la mano
-izquierda, y á D. Alonso con la gente que habia tenido fuese
-derecho á Hojen por un monte que dicen el Negral; él
-con lo demás del campo siguió derecho el Corvachin, tierra
-de grande aspereza: con esta órden se llegó á un tiempo al
-lugar donde los enemigos habian estado, y de allí bajando
-hasta llegar á vista de la Fuengirola, sin hallar otra cosa
-sino rastro de gente, y sobras de comida (porque los moros
-recelándose que serian descubiertos se habian esparcido
-como es su costumbre, y extendido por todas las montañas)
-dió el duque licencia á D. Alonso que tornase á embarcarse;
-y á Arévalo de Suazo á Málaga, corriendo primero la
-tierra: él volvió á Monda y de allí á Marbella. Este lugar es
-el que los antiguos llaman Barbesola: mas el que agora llamamos
-Monda, pienso que fue poblado de los habitadores
-de Monda la vieja, tres leguas mas acá, donde parecen señas
-y muestras mas claras de haber sido la antigua Monda,
-siguiendo los moros que conquistaron á España su antigua
-costumbre, de pasar los moradores de unos lugares á otros
-con el nombre del lugar que dejaban: en Ronda y otras partes
-se ven estatuas y letreros traidos de Monda la vieja; y
-en torno de ella, la campaña, atolladeros, y pantanos en el
-arroyo de que Hirtio hace memoria en sus historias.</p>
-
-<p>Habia ya cumplido la gente de las ciudades y señores el
-tiempo que eran obligados á servir por el llamamiento, y
-las aguas hartado la tierra para sembrar: faltaba el provecho
-de la guerra, por la diligencia que los moros ponian<span class="pagenum"><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span>
-en las guardas por todo, en alzar y esconder la ropa, mujeres
-y niños, en esparcirse pocos á pocos en las montañas,
-y gran parte de ellos pasar á Berbería, donde con
-cualquier aparejo tenian la traviesa corta y mas segura,
-no podian ser seguidos con ejército formado, y el que habia
-se iba poco á poco deshaciendo: pareció consejo de necesidad
-enviar la gente á sus casas, y el duque volver á Ronda,
-guarnecer los lugares de donde con mayor facilidad los enemigos
-pudiesen ser perseguidos y echados de la tierra, y
-andar tras de ellos en cuadrillas, sin dejarlos reformar en
-alguna parte; mas detuvo la gente de su estado ya diestros
-y ejercitados, que servian á su costa, sin sueldo, ni raciones,
-dejó gente en Hojen, Istan, Monda, Tollox, Guaro,
-Cartagima, Jubrique, y en Ronda, cabeza de toda la sierra.
-Habia ya el rey avisado al duque como se determinaba
-á un tiempo sacar los moros de Granada á poblar Castilla,
-y que estuviese apercebido para cuando le llegase la órden
-de D. Juan de Austria. Cuando esto pasaba, llegaron las
-cartas de D. Juan en que decia como la salida de los moros
-de todo el reino seria el postrero dia de octubre; encomendábale
-el secreto hasta el dia que el bando se publicase,
-apercebíale para la ejecucion en tierra de Ronda; enviábale
-la patente en blanco para que el duque hinchiese la persona
-que le pareciese mas á propósito.</p>
-
-<p>Echando el bando, mandó recoger en el castillo de Ronda
-los moros de paces con su ropa, hijos, y mujeres, y en la
-patente hinchió el nombre de Flores de Benavides, corregidor
-de Gibraltar, ordenándole con seiscientos hombres
-de guarda llevar cuasi mil y doscientas personas que serian
-los reducidos, hasta dejallos en Illora; para que juntos fuesen
-á Castilla con otros de la Vega de Granada. Era ya entrado
-el mes de noviembre, con el frio y las aguas en mayor
-cuantidad; los enemigos creyendo que por ir los rios
-mayores, y las avenidas en las montañas dificultar mas los
-pasos, ellos podian extenderse por la tierra, y nuestra gente
-ocupada en labrar la suya, se juntaban con dificultad:<span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span>
-en todas partes y á todas horas desasosegaban la tierra de
-Ronda y Marbella, cautivando labradores, llevando ganados,
-y salteando caminos hasta cuasi las puertas de Ronda:
-acogíanse en las vertientes de Rioverde, á quien los antiguos
-llamaban Barbesola, del nombre de la ciudad que agora
-llamamos Marbella, y de allí en las cumbres y contorno
-de sierra Blanquilla. El duque por el menudear de los avisos,
-y por excusar los daños, que aunque no fuesen señalados
-eran continuos, por castigar los enemigos que habian
-en Rioverde y en la sierra del Alborno muerto nuestra gente:
-porque de la Alpujarra por una parte, y por otra con
-la vecindad de Berbería no se criase en aquella montaña
-nido; determinó rematar la empresa, combatir los enemigos,
-y desarraigallos ó acaballos del todo; salió de Ronda
-con mil y quinientos arcabuceros de la guardia de ella, y
-gente de señores, y mil de sus vasallos, y con la caballería
-que pudo juntar improvisamente: mas antes que llegase,
-entendió por avisos de espías, y algunos que se pasaron
-de los enemigos, que el número poco mas ó menos era
-de tres mil; los dos mil de ellos arcabuceros gobernados
-por el Melqui, hombre entre ellos diligente, animoso, y
-ofendido, ido y venido á Tituan; que tenian atajados los
-pasos con grandes piedras, árboles atravesados; que estaban
-resolutos de morir defendiendo la sierra: ordenó á Pedro
-de Mendoza que con seiscientos arcabuceros caminase
-derecho á la boca del Rioverde, por el pie de la sierra; y á
-Lope Zapata, con otros seiscientos á Gaimon, á la parte de
-las viñas de Monda: iban estos dos capitanes el uno del otro
-media legua, y entre ambos iba el duque con el resto de la
-infantería y caballería; ordenó á Pedro Bermudez, y á Cárlos
-de Villegas que estaba á la guarda de Istan y Hojen,
-con dos compañías y cincuenta caballos, que se saliesen á
-un mismo tiempo y con doscientos arcabuceros tomasen lo
-alto de la sierra, y las espaldas de los enemigos; que Arévalo
-de Suazo partiese de Málaga, y con mil y doscientos
-soldados y cincuenta caballos acudiese á la parte de Monda.<span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span>
-Todos á un tiempo partieron á la noche para hallarse á la
-mañana con los enemigos; mas ellos avisados por un golpe
-de arcabuz que habian oido entre la gente de Setenil, mudáronse
-del lugar, mejorándose á la parte de Pedro de Mendoza
-que era el postrero, por tener la salida mas abierta
-comenzó á subir el duque, y Pedro de Mendoza que estaba
-mas cerca á pelear con igualdad, y ellos á mejorarse. El duque,
-aunque algo apartado, oyendo los golpes de arcabuz,
-y visto que se peleaba por aquella parte de Pedro de Mendoza
-se mejoró; y por la ladera descubriendo la escaramuza, con
-la caballería y con lo que pudo de arcabucería, acometió
-los enemigos; llevando cerca de sí á su hijo, mozo cuasi de
-trece años, D. Luis Ponce de Leon, cosa usada en otra edad
-en aquella casa de los Ponces de Leon, criarse los muchachos
-peleando con los moros y tener á sus padres por
-maestros: porfiaron algun tanto los enemigos; mas no pudiendo
-resistir, tomaron lo alto de la sierra, y de allí se repartieron
-á unas y otras partes. Murieron mas de cien hombres
-y entre ellos el Melqui su capitan; y si Pedro Bermudez
-y Villegas salieran á la hora que se les ordenó, hiciérase
-mayor efecto. Habido este buen suceso, repartió el duque
-la gente que pudo por cuadrillas para seguir el alcance;
-cautivaron á las mujeres, y niños, y ropa que les habia
-quedado; mataron en este seguimiento otros ochenta. Quedaron
-los moros tan escarmentados, que ni por engaño ni
-por fuerza los pudieron hallar juntos en parte de la montaña,
-y buscaron tambien la sierra que llaman de Daidin, y
-el mismo duque repartió el campo en cuadrillas, pero tampoco
-se hallaron personas juntas: con esto, él se tornó á
-Ronda, y aquella guerra quedó acabada, la tierra libre de
-los enemigos, parte muertos, y parte esparcidos, ó idos á
-Berbería.</p>
-
-<p>He querido tratar tan particularmente de esta guerra de
-Ronda; lo uno porque fue varia en su manera, y hecha
-con gran sufrimiento del capitan general, y con gente concejil,
-sin la que los señores enviaron, y la mayor parte del<span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span>
-mismo duque de Arcos: y aunque en ella no hubo grandes
-rencuentros, ni pueblos tomados por fuerza, no se trató
-con menos cuidado y determinacion, que las de otras partes
-de este reino; ni hubo menos desórdenes que corregir
-cuando el duque la tomó á su cargo: guerra comenzada,
-y suspendida por falta de gente, de dineros, de vitualla,
-tornada á restaurar sin lo uno y sin lo otro: pero sola ella
-acabada del todo, y fuera de pretensiones, emulaciones, ó
-envidias. Lo otro por haberse en tiempos antiguos recogido
-en aquellas partes las fuerzas del mundo, y competido César,
-y los hijos de Pompeyo, cabezas de él, sobre cual
-quedaria con el señorío de todo, hasta que la fortuna determinó
-por César, dos leguas de donde está agora Ronda,
-y tres de la que llamamos Monda, en la gran batalla cerca
-de Monda la vieja, donde hoy dia, como tengo dicho, se
-ven impresas señales de despojos, de armas y caballos; y
-ven los moradores encontrarse por el aire escuadrones;
-óyense voces como de personas que acometen: estantiguas
-llama el vulgo español á semejantes apariencias ó fantasmas,
-que el vaho de la tierra cuando el sol sale ó se pone
-forma en el aire bajo, como se ven en el alto las nubes formadas
-en varias figuras y semejanzas.</p>
-
-<p>Estaba D. Juan en Granada con el duque<a name="FNanchor_58_58" id="FNanchor_58_58"></a><a href="#Footnote_58_58" class="fnanchor">[58]</a> y el comendador
-mayor, acudiendo á lo que se ofrecia, y por dar
-remate á cosas, y fin de los enemigos que quedaban, ordenó
-que el comendador mayor con la gente que se pudo
-juntar, parte de la propia ciudad, y parte de los que se habian
-venido de su campo, y del campo del duque, que por
-todos serian siete mil personas, llevasen delante, y ante
-todas las cosas bastimento y municion que bastase para dos
-meses, y que esto se guardase en Orgiba; y con esta prevencion
-partió el campo la vuelta de la Alpujarra. Llegados
-á Lanjaron, por mandado del general se dió un rebato<span class="pagenum"><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span>
-falso, porque la gente no estuviese descuidada; otro dia
-llegaron á Orgiba, y en ella reposó el campo tres dias, tomando
-la órden que se habia de tener para hallar los enemigos,
-porque andaban esparcidos por la tierra. El cuarto
-dia salió la gente hechas dos mangas de á mil hombres cada
-una, con órden que la una, de la otra fuese desviada
-cuatro leguas, guiando la una á la mano derecha y la otra
-á la siniestra, y el resto del campo por medio: de esta suerte
-corrieron la tierra hasta llegar á Pitres de Ferreira, y
-dejando allí presidio de quinientos hombres, pasaron adelante
-hasta Portugos, y allí dejaron cien hombres, y en Cadiar
-trescientos con el capitan Berrío. Aquí tuvo nuevas el
-comendador mayor que los moros se habian retirado al Cehel,
-costa de la mar, por ser tierra áspera y de muchos jarales:
-mandó á D. Miguel de Moncada que con mil y doscientos
-hombres corriese aquella tierra; halló parte de ellos, y
-matando siete moros, cautivó doscientas personas entre moras
-y muchachos, y ropa y despojos: perdió solo un soldado
-que engañado de una mora le hizo entender que en una
-choza tenia mucha riqueza, y al entrar en ella le dió con
-una almarada por debajo del brazo, y lo mató. Volvió D.
-Miguel con la cabalgada á Cadiar donde quedó el campo; de
-aquí envió el comendador mayor mil hombres á Ujijar de
-la Alpujarra, para que en ella hiciesen presidio, y dejando
-en él trescientos soldados fuesen á Donduron, y dejasen allí
-una compañía de cien hombres con su capitan, y en Ayator
-otros ciento, y en Berja otros ciento, con órden que todos
-corriesen la tierra cada dia, dejando guarda en los presidios.
-Mandó á D. Lope de Figueroa, que con mil y quinientos
-infantes y algunos caballos corriese el rio de Almería
-y toda aquella sierra, con el Bolodui y tierra de Gueneja,
-y que juntando consigo la gente que salia de Almería: corriese
-la tierra de Jerez á Fiñana, y rio de Almanzora: volvió
-á Granada, dejando presidio en las Guajaras altas y bajas,
-y en Velez de Benaudalla, y en todos los presidios
-bastimento y municion para algunos dias.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span></p>
-
-<p>Luego que llegó á Granada, proveyó D. Juan otros capitanes
-de cuadrillas, que fueron Juan Carrillo Paniagua, Camacho,
-Reinaldos, y otros; y hecho esto, D. Juan con el duque
-y el comendador mayor se partió á Madrid; y de allí á la armada
-de la liga, dejando á D. Pedro de Deza, presidente de
-Granada, con título de capitan general, y en Almería por
-general de la infantería á D. Francisco de Córdoba, descendiente
-de aquella cama de Leones del conde D. Martin. Corrian
-la tierra á menudo las cuadrillas, metian en Granada
-moros y moras, y no habia semana que no hubiese cabalgada.
-Al entrar en la puerta de las Manos, hacian salva
-subiendo por el Zacatin arriba, hasta llegar á la chancillería;
-daban noticia al presidente para que viese lo que
-traían, y entregaban los moros en la cárcel, y de cada uno
-les daban veinte ducados, como está dicho: atenazaban
-y ahorcaban los capitanes y moros señalados, y los demás
-llevaban á galeras, que sirviesen al remo esclavos del
-rey.</p>
-
-<p>Entre estos trujeron un moro natural de Granada llamado
-Farax: este como supiese la voluntad de Gonzalo el Jeniz,
-alcaide sobre los alcaides, y de sus sobrinos Alonso
-y Andrés el Jeniz, y otros muchos, que era de entregarse
-y reducirse, si se les concediese perdon, llamó á
-Francisco Barredo, dándole parte de la voluntad y propósito
-que muchos moros tenian, y aun de matar á su
-rey si no se quisiese reducir con ellos; para lo cual convenia
-que procurase verse con Gonzalo el Jeniz, que era
-uno de los que mas lo deseaban: sabido esto, Francisco
-Barredo se fue á las Alpujarras, y en llegando al presidio
-de Cadiar<a name="FNanchor_59_59" id="FNanchor_59_59"></a><a href="#Footnote_59_59" class="fnanchor">[59]</a>, sacó de una bóveda del castillo un moro
-que tenian preso, y le dió una carta para Gonzalo el
-Jeniz, en que le hacia saber la causa de su venida; que
-viese la órden que habia de tener para verse con él: recibida
-la carta respondió, que otro dia al amanecer, se<span class="pagenum"><a name="Page_175" id="Page_175">[175]</a></span>
-viniese á un cerro media legua de Cadiar, y que adonde
-viese una cruz en lo alto le aguardase soltando la escopeta
-tres veces por contraseña: fue, y hecha la seña llegó el Jeniz,
-sus sobrinos, y otros moros, mostrando mucha alegría
-de velle: lo que trataron fue, que si le traía perdon
-del rey para él, y los que se quisiesen reducir, que les entregaria
-á Abenabó su rey muerto ó vivo: con esto se despidió,
-prometiéndoles de hacello y ponello por obra, y
-avisallos de la voluntad del rey: vino á Granada Francisco
-Barredo, dió cuenta al presidente de lo que habia pasado
-con Gonzalo el Jeniz, y lo que le habia prometido: dió el
-presidente aviso al rey; que visto lo que prometia el Jeniz
-le concedió perdon á él, y á todos los que con él viniesen:
-vino la cédula real al presidente, que visto que no habia
-quien con veras lo pudiese hacer, hizo llamar á Barredo, y
-entregándole la cédula le pidió con las veras y recato que
-en tal negocio convenia lo hiciese.</p>
-
-<p>Recibida la cédula, se partió, y llegó á Cadiar con el moro
-que antes habia llevado la carta: avisóle como tenia lo
-que pedia, que se viese con él en el sitio y lugar que antes
-se habian visto: llegado el Jeniz, y vista la cédula y perdon
-la besó, y puso sobre su cabeza: lo mismo hicieron los que
-con él venian: y despidiéndose de él, fueron á poner en
-ejecucion lo concertado. Francisco Barredo se volvió al castillo
-de Verchul, porque allí le dijo el Jeniz que le aguardase;
-Gonzalo el Jeniz y los demás acordaron para hacello
-á su salvo, que seria bien que uno de ellos fuese á Abdalá
-Abenabó, y de su parte le dijese que la noche siguiente se
-viese con él en las cuevas de Verchul, porque tenia que
-platicar con él cosas que convenian á todos. Sabido por
-Abenabó, vino aquella noche á las cuevas solo con un moro
-de quien se fiaba mas que de ninguno; y antes que llegase
-á las cuevas despidió veinte tiradores que de ordinario
-le acompañaban, todo á fin de que no supiesen adonde tenia
-la noche: saludóle Gonzalo el Jeniz diciéndole: <i>Abdalá
-Abenabó, lo que te quiero decir es, que mires estas cuevas; que<span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span>
-están llenas de gente desventurada, así de enfermos, como de
-viudas y huérfanos; y ser las cosas llegadas á tales términos,
-que si todos no se daban á merced del rey, serian muertos y
-destruidos; y haciéndolo, quedarian libres de tan gran miseria.</i>
-Cuando Abenabó oyó las palabras del Jeniz, dió un
-grito que pareció se le habia arrancado el alma, y echando
-fuego por los ojos le dijo: <i>¡Cómo, Jeniz! ¿para esto me llamabas?
-¿Tal traicion me tenias guardada en tu pecho? No me
-hables mas, ni te vea yo</i>; y diciendo esto, se fue para la boca
-de la cueva: mas un moro que se decia Cubayas, le asió
-los brazos por detrás, y uno de los sobrinos del Jeniz le dió
-con el mocho de la escopeta en la cabeza, y le aturdió; y
-el Jeniz le dió con una losa y le acabó de matar: tomaron
-el cuerpo, y envuelto en unos zarzos de cañas le echaron
-la cueva abajo, y esa noche le llevaron sobre un macho á
-Verchul, adonde hallaron á Francisco Barredo y á su hermano
-Andrés Barredo: allí le abrieron y sacaron las tripas,
-hinchiendo el cuerpo de paja. Hecho esto, Francisco Barredo
-requirió á los soldados del presidio y á su capitan, que
-le diese ayuda y favor para llevarle á Granada: visto el requerimiento
-le acompañaron; y en el camino encontraron
-con doscientos y cincuenta moros de paz, que sabida la
-muerte de Abenabó, y el nuevo perdon que el rey daba,
-llegaron á reducirse. Vinieron á Armilla, lugar de la Vega,
-y allí le pusieron caballero en un macho de albarda, y una
-tabla en las espaldas, que sustentaba el cuerpo, que todos
-le viesen; los moros de paz iban delante, y los soldados y
-Francisco Barredo detrás. Llegados á Granada, al entrar de
-la plaza de Bibarrambla, hicieron salva; lo propio en llegando
-á la chancillería; allí á vista del presidente le cortaron
-la cabeza, y el cuerpo entregaron á los muchachos, que
-despues de habello arrastrado por la ciudad, lo quemaron:
-la cabeza pusieron encima de la puerta de la ciudad, la que
-dicen puerta del Rastro, colgada de una escarpia á la parte
-de dentro, y encima una jaula de palo, y un título en ella
-que decia:</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span></p>
-
-<p class="p1 no-indent center">
-ESTA ES LA CABEZA DEL<br />
-TRAIDOR DE ABENABÓ.<br />
-NADIE LA QUITE<br />
-SO PENA DE MUERTE.<br />
-</p>
-
-<p class="p1">Tal fin hizo este moro, á quien ellos tuvieron por rey despues
-de Aben Humeya: los moros que quedaban, unos se
-dieron de paz, y otros se pasaron á Berbería; y á los demás
-las cuadrillas, y la frialdad de la sierra, y mal pasar los
-acabó; y feneció la guerra y levantamiento.</p>
-
-<p>Quedó la tierra despoblada y destruida: vino gente de
-toda España á poblarla, y dábanles las haciendas de los moriscos
-con un pequeño tributo que pagan cada un año: á
-Francisco Barredo le hizo el rey merced de seis mil ducados,
-y que estos se los diesen en bienes raices de los moriscos,
-y una casa en la calle de la Águila, que era de un mudejar
-echado del reino: despues pasó en Berbería algunas
-veces á rescatar cautivos, y en un convite le mataron.</p>
-
-
-<p class="p2 no-indent center large">FIN DE LA GUERRA DE GRANADA.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span></p>
-
-<h2>DISCURSO
-<br />
-<span class="smaller">DEL CONDE DE PORTALEGRE,</span>
-<br />
-<span class="small">con que suplió lo que faltaba en las primeras ediciones al fin del libro
-tercero de esta historia.</span></h2>
-
-
-<p>Hemos llegado á un peligroso paso, donde D. Diego deja
-la historia rota por desgracia, si no fue de industria, para
-ganar honra con la comparacion del que la pretendiese continuar.
-Porque sea quien fuere, lo añadido seria de estofa
-mucho menos fina: y aunque se hallarán (cuando esto se
-escribe) testigos vivos y de vista, por cuya relacion se pudiera
-proseguir cumplidamente lo que falta, será lo mas
-seguro hacer sumario de esta quiebra, y no suplemento;
-imitando antes á Floro con Livio, que á Hirtio con César:
-pues no le bastó ser tan docto, tan curioso, testigo de sus
-empresas, y camarada (como dicen los soldados), para que
-no se vea muy clara la ventaja que hace el estilo de los Comentarios
-al suyo. En el trozo que se corta se contiene la
-segunda salida del señor D. Juan en campaña, el sitio peligroso
-y porfiado de la villa de Galera, la expugnacion de
-aquella plaza, la muerte de Luis Quijada desgraciada y lastimosa,
-el suceso de Seron y de Tijola; cosas todas de gran
-consecuencia y consideracion, si D. Diego las escribiera,
-haciendo á su modo anatomía de los afectos de los ministros,
-y de las obras de los soldados. Mas pues no se puede restaurar
-lo que se perdió (si algun dia no se descubre) contentémonos
-con saber que:</p>
-
-<p>De Baza fue el señor D. Juan á Guescar; de donde salió
-el marqués de los Velez á encontrarle, y tornó acompañándole
-con muestras de mucha cortesía y satisfaccion, hasta
-ponerle á la puerta de la posada donde habia de alojar.<span class="pagenum"><a name="Page_179" id="Page_179">[179]</a></span>
-De allí tomó licencia sin apearse, admirándose los presentes;
-y con un trompeta delante y cinco ó seis gentiles hombres,
-se retiró (sin detenerse) á su casa; de donde no salió
-despues; porque, segun se decia, no se quiso acomodar á
-servir con cargo que no fuese supremo.</p>
-
-<p>De Guescar fue D. Juan á reconocer á Galera con Luis
-Quijada y el comendador mayor: reconocida, hizo venir el
-ejército, sitióla por todas partes, y alojóse en el puesto de
-donde el marqués se habia levantado. El sitio de aquella
-villa la hace muy fuerte; porque está en una eminencia sin
-padrastros, y estrechándose va bajando hasta el rio, acabando
-en punta con la figura de una proa de galera, de que toma
-el nombre, dejando en lo alto la popa. Están las casas
-arrimadas á la montaña, y esta es su fortaleza, y la razon
-porque puede excusar la muralla; porque siendo casamuro,
-la bala que pasa las casas sale y métese en la montaña,
-y así viene á ser lo mismo batir aquella tierra, que batir
-un monte. No se habia esto experimentado con la batería
-del marqués, porque no tenia sino cuatro lombardas antiguas
-del tiempo del rey D. Fernando (como se dijo atrás)
-que con balas de piedra blanda, no hacian efecto ninguno.
-Por lo cual hizo D. Juan venir algunas piezas gruesas de
-bronce de Cartagena, Sabiote y Cazorla. Atrincheróse con
-gran cuantidad de sacas de lana; porque faltaba tierra, y
-sobraba lana de los lavaderos, que tenian en Guescar los
-ginoveses que la compran para llevar á Italia; no poniendo
-las sacas por costado sino de punta, por hacer mas ancha
-la trinchea: sucedió con todo alguna vez penetrar una bala
-de escopeta turquesa la saca, y matar al soldado que estaba
-detrás, con seguridad á su parecer. Batióse Galera con poco
-efecto, porque teniendo la muralla delgada, no hacian las
-balas ruina, sino agujeros, pasando de claro, los cuales
-servian despues á los enemigos de troneras. Diósele el asalto
-por dos partes, y fueron rebotados los nuestros con notable
-daño en la superior, por no se haber hecho buena batería;
-y en la mas baja, por la eminencia de los terrados, de<span class="pagenum"><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span>
-donde los ofendian los moros con gran ventaja, como tambien
-lo hicieron en algunas salidas, que costaron mucha
-sangre nuestra y suya; y en una degollaron cuasi entera la
-compañía de catalanes que traía D. Juan Buil. Con estos
-sucesos pareció que no se podia ganar la plaza por batería,
-y comenzóse á minar secretamente; pero no se les pudo esconder
-á los enemigos la mina; la cual reconocieron, y la
-publicaban á voces de la muralla; visto esto, se ordenó que
-se hiciese juntamente, por consejo (segun dicen) del capitan
-Juan Despuche, con intento de hacer demostracion que
-se arremetia, moviéndose los escuadrones hasta ciertas señales
-que estaban puestas, para que volando la primera,
-se engañasen los moros, creyendo que era pasado el peligro,
-y saliesen á la defensa. Sucedió ni mas ni menos, y
-dióse fuego á la segunda; la cual hizo tanta obra, que los
-voló hasta la plaza de armas, sin dejar hombre vivo de
-cuantos estaban á la frente: subieron los nuestros con trabajo,
-pero sin peligro, y plantaron las banderas en lo mas
-alto, que fue la ocasion de desconfiarlos del todo, y de rendirse
-sin resistencia: degolláronlos, sin excepcion de sexo
-ni edad, por espacio de dos horas. Cansóse el señor D. Juan
-y mandó envainar la furia de los soldados, y que cesase la
-sangre. Murieron sobre esta fuerza veinte y cuatro capitanes,
-cosa no vista hasta entonces; despues dicen los de
-Flandes, que compraron al mismo precio las villas de
-Harlen y Mastrich, con que se confirma la opinion de los
-antiguos, que llaman á nuestra nacion pródiga de la vida,
-y anticipadora de la muerte.</p>
-
-<p>De Galera caminó el campo á Caniles la vuelta de Serona.
-Pasó Luis Quijada con la vanguardia á reconocerle, y hallándole
-desamparado, porque la gente se subió á la montaña,
-se desmandaron algunos de los nuestros, y entraron
-sin órden á saquear la tierra; los moros los vieron, y bajaron
-de lo alto, dieron sobre ellos, y pusiéronles en huida,
-tomándolos de sobresalto ocupados en el saco. Llegó Luis
-Quijada á recogerlos, y amparándolos, y metiéndolos en<span class="pagenum"><a name="Page_181" id="Page_181">[181]</a></span>
-escuadron, fue herido desde arriba de un arcabuzazo en el
-hombro, de que murió en pocos dias. Era hijo de Gutierre
-Quijada, señor de Villa García, famoso justador al modo
-castellano antiguo; sirvió al emperador de paje, subiendo
-por todos los grados de la casa de Borgoña hasta ser su mayordomo,
-y coronel de la infantería española, que ganó á
-Teruana, plaza muy nombrada en Picardía; y solo este caballero
-escogió, cuando dejó sus reinos, para que le sirviese
-y acompañase en el monasterio de Yuste, haciendo el oficio
-de mayordomo mayor de pequeña casa y de gran príncipe.
-Dejóle encargado secretamente á D. Juan de Austria
-su hijo natural; crióle sin decirle que lo era, hasta el tiempo
-en que quiso el rey su hermano que le descubriese, siendo
-entonces Luis Quijada caballerizo mayor del príncipe
-D. Cárlos, y despues del consejo de estado, y presidente de
-las Indias. La desgracia subió de punto por no dejar hijos.
-Sintió y lloró su muerte el señor D. Juan, como de persona
-que le habia criado, y á quien tanto debia. Detúvose en
-aquel alojamiento algunos dias con muchas necesidades;
-los moros se recogieron en Tijola y Purchena, y representáronse
-en este tiempo á nuestro campo tres ó cuatro veces
-con cuatro mil peones y cuarenta ó cincuenta caballos,
-extendiendo las mangas hasta tiro de escopeta de los nuestros.
-Ordenóse, que so pena de la vida ninguno trabase escaramuza
-con ellos, y así tornaron siempre sin hacer, ni
-recibir daño; y el campo se movió para ir sobre Tijola, y
-ellos se retiraron á Purchena, dejando á Tijola bien guarnecida
-de gente, y municionada. Sitióse á la redonda; mas
-la tierra es tan áspera, que hubo gran dificultad en subir
-la artillería donde pudiese hacer efecto: en fin se subió con
-grande industria, y se les quitaron las defensas con ella;
-habíase de batir mas de propósito el dia siguiente, pero los
-moros no lo esperaron, y saliéronse á las diez de aquella noche
-por diversas partes, habiendo hurtado el nombre al
-ejército (cosa muy rara), y dándole todos á las primeras
-postas á un mismo tiempo, rompieron por los cuerpos de<span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span>
-guardia, y salieron á la campaña. Perdiéronse tantos en
-esta salida, que los menos se salvaron. Por la mañana se
-siguió el alcance á los desmandados hasta Purchena, que se
-rindió sin resistencia, porque la gente estaba ya fuera, y
-no habia sino mujeres, pocos hombres, y alguna ropa. Algunos
-de los nuestros quedaron dentro, los mas pasaron
-siguiendo á los enemigos hasta el rio de Macael. D. Juan pasó
-de Tijola á Purchena, y guarnecióla; de allí fue dejando
-presidios en Cantoria, Tavernas, Frejiliana y Almería, y
-llegó á Andarax: donde se juntaron el duque de Sesa y el
-comendador mayor. Venia el duque de hacer su jornada,
-que concurrió con la misma de Galera que se ha referido en
-este sumario; tornando á atar el hilo de la historia de
-D. Diego en el libro siguiente.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<h2>NOTAS Y CITAS BIBLIOGRÁFICAS</h2>
-
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_1_1" id="Footnote_1_1"></a><a href="#FNanchor_1_1">[1]</a> <i>D. Luis de Salazar y Castro</i>, Hist. gener. de la Casa de Lara.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_2_2" id="Footnote_2_2"></a><a href="#FNanchor_2_2">[2]</a> <i>Nicol. Ant.</i> Bibl. Hisp. <i>verb.</i> Didac. Hurtado de Mendoza.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_3_3" id="Footnote_3_3"></a><a href="#FNanchor_3_3">[3]</a> <i>Marmol</i>, Hist. de la Rebelion, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">I</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">XVI</span>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_4_4" id="Footnote_4_4"></a><a href="#FNanchor_4_4">[4]</a> <i>Marmol</i>, ibid.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_5_5" id="Footnote_5_5"></a><a href="#FNanchor_5_5">[5]</a> <i>Petr. Mart. Angler.</i> Ep. 521 <i>et</i> 630.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_6_6" id="Footnote_6_6"></a><a href="#FNanchor_6_6">[6]</a> <i>Morales</i>, <i>en la</i> Dedicat. de las Antigüedades.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_7_7" id="Footnote_7_7"></a><a href="#FNanchor_7_7">[7]</a> <i>Nicol. Ant.</i>, Bibliot.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_8_8" id="Footnote_8_8"></a><a href="#FNanchor_8_8">[8]</a> <i>Diedo</i>, Storia di Venecia, <i>tom.</i> <span class="smcap lowercase">II</span>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">II</span>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_9_9" id="Footnote_9_9"></a><a href="#FNanchor_9_9">[9]</a> <i>Ulloa</i>, Vita di Carlo V, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">III</span>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_10_10" id="Footnote_10_10"></a><a href="#FNanchor_10_10">[10]</a> <i>Morales</i>, Antigüedades de España en la <i>Dedicat. Alphon. Ciacon</i>,
-Bibliot. <i>verb.</i> Diegus: <i>Nicol. Ant.</i>, Bibliot.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_11_11" id="Footnote_11_11"></a><a href="#FNanchor_11_11">[11]</a> <i>Sandoval</i>, Hist. de Cárlos V, <i>tom.</i> <span class="smcap lowercase">II</span>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">XXXI</span>, § 29.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_12_12" id="Footnote_12_12"></a><a href="#FNanchor_12_12">[12]</a> <i>La trae Sandoval en la</i> Hist. de Cárlos V, <i>tom.</i> <span class="smcap lowercase">II</span>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">XXV</span>, § 30.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_13_13" id="Footnote_13_13"></a><a href="#FNanchor_13_13">[13]</a> <i>Palavic.</i>, Hist. Conc. Trident. <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">V</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">IV</span>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_14_14" id="Footnote_14_14"></a><a href="#FNanchor_14_14">[14]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">V</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">IV</span>, <i>n. 16</i>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_15_15" id="Footnote_15_15"></a><a href="#FNanchor_15_15">[15]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">V</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">VIII</span>, <i>n. 9</i>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_16_16" id="Footnote_16_16"></a><a href="#FNanchor_16_16">[16]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">V</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">VII</span>, <i>n. 9</i>; <i>Liter. Legat., 12 et 16; Martii</i>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_17_17" id="Footnote_17_17"></a><a href="#FNanchor_17_17">[17]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">V</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">XVII</span>, <i>n. 7</i>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_18_18" id="Footnote_18_18"></a><a href="#FNanchor_18_18">[18]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> VI, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">XIII</span>, <i>n. 1</i>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_19_19" id="Footnote_19_19"></a><a href="#FNanchor_19_19">[19]</a> Vida de D. Martin Perez de Ayala, <i>arzobispo de Valencia, escrita por el mismo</i>. <i>MS.</i></p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_20_20" id="Footnote_20_20"></a><a href="#FNanchor_20_20">[20]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">VIII</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">V</span>, <i>n. 4</i>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_21_21" id="Footnote_21_21"></a><a href="#FNanchor_21_21">[21]</a> <i>Dormer</i>, Progresos de la Hist. del reino de Aragon, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">IV</span>, <i>cap.</i>
-<span class="smcap lowercase">XI</span>; Cartas de D. Juan Paez de Castro, <i>fol.</i> 465.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_22_22" id="Footnote_22_22"></a><a href="#FNanchor_22_22">[22]</a> <i>Ibid.</i>, Carta de D. Diego de Mendoza, <i>escrita á Zurita</i>, <i>fol.</i> 593.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_23_23" id="Footnote_23_23"></a><a href="#FNanchor_23_23">[23]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">VIII</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">V</span>, <i>n. 5</i>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_24_24" id="Footnote_24_24"></a><a href="#FNanchor_24_24">[24]</a> <i>Ibid.</i>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">VI</span>, <i>n. 1 et 2</i>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_25_25" id="Footnote_25_25"></a><a href="#FNanchor_25_25">[25]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">VIII</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">VIII</span>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_26_26" id="Footnote_26_26"></a><a href="#FNanchor_26_26">[26]</a> <i>Martin Perez de Ayala en su</i> Vida.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_27_27" id="Footnote_27_27"></a><a href="#FNanchor_27_27">[27]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">XXIII</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">XIII</span>, <i>usque ad</i> <span class="smcap lowercase">XX</span>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_28_28" id="Footnote_28_28"></a><a href="#FNanchor_28_28">[28]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">X</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">VI</span>, <i>usq. ad</i> <span class="smcap lowercase">XV</span>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_29_29" id="Footnote_29_29"></a><a href="#FNanchor_29_29">[29]</a> <i>Ibid.</i></p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_30_30" id="Footnote_30_30"></a><a href="#FNanchor_30_30">[30]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">X</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">VI</span>, <i>usq. ad</i> <span class="smcap lowercase">XV</span>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_31_31" id="Footnote_31_31"></a><a href="#FNanchor_31_31">[31]</a> <i>Ibid.</i></p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_32_32" id="Footnote_32_32"></a><a href="#FNanchor_32_32">[32]</a> <i>Palavic.</i>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">II</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">V</span> <i>et</i> <span class="smcap lowercase">VIII</span>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_33_33" id="Footnote_33_33"></a><a href="#FNanchor_33_33">[33]</a> <i>Palavic.</i>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">VII</span>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_34_34" id="Footnote_34_34"></a><a href="#FNanchor_34_34">[34]</a> <i>Ibid.</i>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">XI</span>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_35_35" id="Footnote_35_35"></a><a href="#FNanchor_35_35">[35]</a> <i>Ulloa</i>, Vita di Carlo V, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">V</span>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_36_36" id="Footnote_36_36"></a><a href="#FNanchor_36_36">[36]</a> <i>Sandoval</i>, Hist. de Cárlos V, <i>tom.</i> <span class="smcap lowercase">III</span>, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">XXXI</span>, § 9.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_37_37" id="Footnote_37_37"></a><a href="#FNanchor_37_37">[37]</a> <i>Nicol. Ant.</i>, Bibliot. <i>verb.</i> Petrus de Salazar.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_38_38" id="Footnote_38_38"></a><a href="#FNanchor_38_38">[38]</a> <i>Dormer</i>, Progresos, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">IV</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">XII</span>; Carta de D. Diego de Mendoza,
-<i>fol. 502</i>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_39_39" id="Footnote_39_39"></a><a href="#FNanchor_39_39">[39]</a> Cartas de Sta. Teresa de Jesus, <i>tom.</i> <span class="smcap lowercase">I</span>, <i>carta</i> <span class="smcap lowercase">XI</span>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_40_40" id="Footnote_40_40"></a><a href="#FNanchor_40_40">[40]</a> <i>Dormer</i>, Progresos, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">IV</span>, <i>cap.</i> <span class="smcap lowercase">XII</span>; Cartas de D. Diego de Mendoza,
-<i>fol. 503</i>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_41_41" id="Footnote_41_41"></a><a href="#FNanchor_41_41">[41]</a> Este D. Luis fue el segundo marqués de Mondejar y presidente
-de Castilla.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_42_42" id="Footnote_42_42"></a><a href="#FNanchor_42_42">[42]</a> El tercer marqués de Mondejar es el que de aquí adelante siempre
-se nombra: llamóse don Iñigo y fue virey de Valencia y Nápoles,
-y sobrino del autor.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_43_43" id="Footnote_43_43"></a><a href="#FNanchor_43_43">[43]</a> Algo difiere Marmol, <i>lib.</i> <span class="smcap lowercase">IV</span>, cap. 7, véase.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_44_44" id="Footnote_44_44"></a><a href="#FNanchor_44_44">[44]</a> Era este yerno D. Alonso de Cárdenas, que despues por muerte
-de su padre fue conde de la Puebla.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_45_45" id="Footnote_45_45"></a><a href="#FNanchor_45_45">[45]</a> Fue este D. Pedro conde de Miranda, hermano y suegro del que
-en nuestros dias fue presidente de Italia y de Castilla.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_46_46" id="Footnote_46_46"></a><a href="#FNanchor_46_46">[46]</a> Este D. Francisco es el almirante de Aragon, que despues de varios
-casos y fortunas se ordenó de clérigo y fue obispo de Sigüenza.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_47_47" id="Footnote_47_47"></a><a href="#FNanchor_47_47">[47]</a> Algo difiere de lo que dice Laguna sobre Dioscórides, lib. <span class="smcap lowercase">IV</span>,
-cap. 79 y cap. 153.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_48_48" id="Footnote_48_48"></a><a href="#FNanchor_48_48">[48]</a> Plin. lib. <span class="smcap lowercase">VII</span>, cap. 2, y lib. <span class="smcap lowercase">VIII</span>, cap. 25.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_49_49" id="Footnote_49_49"></a><a href="#FNanchor_49_49">[49]</a> Amorío la llama en su geografía Ptolomeo, lib. <span class="smcap lowercase">V</span>, c. 2.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_50_50" id="Footnote_50_50"></a><a href="#FNanchor_50_50">[50]</a> Este D. Juan de Cárdenas fue despues conde de Miranda, virey
-de Nápoles, presidente de Italia y Castilla.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_51_51" id="Footnote_51_51"></a><a href="#FNanchor_51_51">[51]</a> Con mayor moderacion y verisimilitud escribe esta victoria
-nuestro autor que otros.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_52_52" id="Footnote_52_52"></a><a href="#FNanchor_52_52">[52]</a> Solo esto del duque de Feria no entiendo bien, si bien por
-concordar todos los manuscritos, no me atreví á quitarlo.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_53_53" id="Footnote_53_53"></a><a href="#FNanchor_53_53">[53]</a> Antigüedad y orígen de Aben Humeya, si bien contada con gran
-diferencia de lo que dicen Garibai, Mármol, y otros.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_54_54" id="Footnote_54_54"></a><a href="#FNanchor_54_54">[54]</a> Hierónimo el Melech dice Mármol porque el Habaqui fue embajador
-á Berbería.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_55_55" id="Footnote_55_55"></a><a href="#FNanchor_55_55">[55]</a> Sus dudas les quedan á los peritos en el griego, mas no es este
-el lugar de disputarlas.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_56_56" id="Footnote_56_56"></a><a href="#FNanchor_56_56">[56]</a> Ojalá nombrara los doce grandes de España firmes como nombró
-solos estos dos, porque han crecido ya tanto los que dice haberse
-acrecentado con el favor y la riqueza, que apenas los distinguimos de
-aquellos originarios.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_57_57" id="Footnote_57_57"></a><a href="#FNanchor_57_57">[57]</a> Calaluz le llama Zurita, p. 5, lib. <span class="smcap lowercase">IV</span>, cap. <span class="smcap lowercase">XXXII</span>.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_58_58" id="Footnote_58_58"></a><a href="#FNanchor_58_58">[58]</a> Este duque es necesariamente el de Sesa, porque el de Arcos
-no se vió con D. Juan.</p>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_59_59" id="Footnote_59_59"></a><a href="#FNanchor_59_59">[59]</a> Zatabarile llama Mármol.</p>
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span></p>
-
-<h2>
-LA VIDA
-<br /><br />
-<span class="xsmall">DEL</span>
-<br /><br />
-LAZARILLO DE TORMES,
-<br /><br />
-<span class="small">SUS FORTUNAS Y ADVERSIDADES.</span>
-</h2>
-
-<p class="p2 no-indent center small">POR</p>
-
-<p class="p1 no-indent center large">D. Diego Hurtado de Mendoza.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_185" id="Page_185">[185]</a></span></p>
-
-<h3>PRÓLOGO.</h3>
-
-
-<p>Yo por bien tengo que cosas tan señaladas y por ventura
-nunca oidas ni vistas vengan á noticia de muchos,
-y no se entierren en la sepultura del olvido; pues podria
-ser que alguno que las lea, halle algo que le agrade,
-y á los que no ahondaren tanto, los deleite. Y á este propósito
-dice Plinio: que no hay libro por malo que sea,
-que no tenga alguna cosa buena; mayormente que los
-gustos no son todos unos, mas lo que uno no come, otro
-se pierde por ello; y así vemos cosas tenidas en poco de
-algunos, que de otros no lo son. Y por esto ninguna cosa
-se deberia romper ni echar á mal (si muy detestable
-no fuese), sino que á todos se comunicase, mayormente
-siendo sin perjuicio, y pudiendo sacar de ella algun
-fruto. Porque si así no fuese, muy pocos escribirian
-para uno solo, pues no se hace sin trabajo; y quieren,
-ya que lo pasan, ser recompensados, no con dineros,
-mas con que lean y vean sus obras, y si hay de que,
-se las alaben. Y á este propósito dice Tulio: <i>la honra cria
-las artes</i>. ¿Quién piensa que el soldado que es primero
-en la escala, tiene mas aborrecido el vivir? no por
-cierto; mas el deseo de la alabanza le hace ponerse al
-peligro; y así en las artes y letras es lo mismo. Predica
-muy bien el presentado, y es hombre que desea mucho
-el provecho de las ánimas; mas pregunten á su merced,<span class="pagenum"><a name="Page_186" id="Page_186">[186]</a></span>
-si le pesa cuando le dicen: ¡ó qué maravillosamente lo
-ha hecho V. R.ª! Justó muy ruinmente el Sr. D. Fulano,
-y dió el sayete de armas al truhan, porque le loaba de
-haber llevado muy buenas lanzas: ¿qué hiciera si fuera
-verdad? Y todo va de esta manera: que confesando
-yo no ser mas santo que mis vecinos, de esta nonada
-que en este grosero estilo escribo, no me pesará que
-hayan parte y se huelguen con ello todos los que en ella
-algun gusto hallaren, y vean que vive un hombre con
-tantas fortunas, peligros y adversidades. Suplico á vuestra
-merced reciba el pobre servicio de mano de quien
-le hiciera mas rico, si su poder y deseo se conformaran.
-Y pues vuestra merced escribe se le escriba y relate el
-caso muy por extenso, parecióme no tomarle del medio,
-sino del principio, porque se tenga entera noticia de
-mi persona; y tambien porque consideren los que heredaron
-nobles estados, cuan poco se les debe, pues fortuna
-fue con ellos parcial; y cuanto mas hicieron los
-que, siéndoles contraria, con fuerza y maña remando
-salieron á buen puerto.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_187" id="Page_187">[187]</a></span></p>
-
-<p class="no-indent center p4 bold">
-<span class="xlarge">LA VIDA</span>
-<br /><br />
-<span class="small">DEL</span>
-<br /><br />
-<span class="xlarge">LAZARILLO DE TORMES,</span>
-<br /><br />
-<span class="smaller">SUS FORTUNAS Y ADVERSIDADES.</span>
-</p>
-
-<hr class="title-short" />
-
-<h3 id="Chapter_1" class="smtop">Cuenta Lázaro su vida y quien era su padre.</h3>
-
-
-<p>Pues sepa vuestra merced ante todas cosas, que á mi llaman
-Lázaro de Tormes, hijo de Tomé Gonzalez y de Antonia
-Perez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nacimiento
-fue dentro del rio Tormes, por la cual causa tomé
-el sobrenombre, y fue de esta manera. Mi padre (que Dios
-perdone) tenia cargo de proveer una molienda de una aceña
-que está ribera de aquel rio, en la cual fue molinero
-mas de quince años: y estando mi madre una noche en la
-aceña preñada de mi, tomóla el parto y parióme allí, de
-manera que con verdad me puedo decir nacido en el rio.
-Pues siendo yo niño de ocho años, achacaron á mi padre
-ciertas sangrías mal hechas en los costales de los que allí á
-moler venian, por lo cual fue preso, confesó y no negó, y
-padeció persecucion de justicia. Espero en Dios que está en
-gloria, pues el evangelio los llama bienaventurados. En este
-tiempo se hizo cierta armada contra los moros, entre los
-cuales fue mi padre, que á la sazon estaba desterrado por el
-desastre ya dicho, con cargo de acemilero de un caballero
-que allá fue, y con su señor, como leal criado, feneció su
-vida. Mi viuda madre, como sin marido y sin abrigo se viese,
-determinó arrimarse á los buenos por ser uno de ellos,
-y vínose á vivir á la ciudad, y alquiló una casilla, y metíase
-á guisar de comer á ciertos estudiantes, y limpiaba la<span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span>
-ropa á ciertos mozos de caballos del comendador de la Magdalena,
-de manera que frecuentando las caballerizas, ella
-y un hombre moreno de aquellos que las bestias curaban,
-vinieron en conocimiento. Este algunas veces se venia á
-nuestra casa, y se iba á la mañana. Otras veces de dia llegaba
-á la puerta en achaque de comprar huevos, y entrábase
-en la casa. Yo al principio de su entrada pesábame de
-ella, y hacíame miedo, viendo el color y mal gesto que tenia;
-mas de que vi que con su venida mejoraba el comer,
-fuíle queriendo bien; porque siempre traía pan, pedazos de
-carne, y en el invierno leña con que nos calentábamos; de
-manera que continuando la posada y conversacion, mi madre
-vínose á darme un negrito, el cual yo brincaba y ayudaba
-á calentar. Y acuérdome que estando el negro de mi
-padrastro trabajando con el mozuelo, como el niño veía á
-mi madre y á mi blancos, y á él no, huía de él con miedo
-para mi madre, y señalando con el dedo decia: madre, coco;
-respondiendo él riendo, hideputa. Yo, aunque muy
-muchacho, noté aquella palabra de mi hermanico, y dije
-entre mi: cuantos debe haber en el mundo que huyen de
-otros, porque no se ven á sí mismos. Quiso nuestra fortuna
-que la conversacion del Zayde (que así se llamaba) llegó á
-oidos del mayordomo; y hecha pesquisa, hallóse que la
-mitad por medio de la cebada que para las bestias le daban,
-hurtaba; y salvados, leña, almohazas, mandiles, y
-las mantas y sábanas de los caballos hacia perdidas: y cuando
-otra cosa no tenia, las bestias desherraba; y con todo
-esto acudia á mi madre para criar á mi hermanico. No nos
-maravillamos de un clérigo ni de un fraile, porque el uno
-hurta de los pobres y el otro de su casa para sus devotas y
-para ayuda de otro tanto, cuando á un pobre esclavo el
-amor le animaba á esto. Y probósele cuanto digo y aun
-mas; porque á mi con amenazas me preguntaban, y como
-niño respondia y descubria cuanto sabia con miedo, hasta
-ciertas herraduras que por mandado de mi madre á un herrero
-vendí. Al triste de mi padrastro azotaron y pringaron,<span class="pagenum"><a name="Page_189" id="Page_189">[189]</a></span>
-y á mi madre pusieron pena por justicia sobre el acostumbrado
-centenario, que en casa del sobredicho comendador
-no entrase, ni al lastimado Zayde en la suya acogiese. Por
-no echar la soga tras el caldero, la triste se esforzó y cumplió
-la sentencia; y por evitar peligro y quitarse de malas
-lenguas, se fue á servir á los que al presente vivian en el
-meson de la Solana, y allí padeciendo mil importunidades
-acabó de criar á mi hermanico hasta que supo andar: y á
-mi hasta ser buen mozuelo, que iba á los huéspedes por
-vino, candelas y por lo demás que me mandaban.</p>
-
-<p>En este tiempo vino á posar al meson un ciego, el cual
-pareciéndole que yo seria para adestrarle, me pidió á mi
-madre, y ella me encomendó á él, diciéndole como era
-hijo de un buen hombre, el cual por ensalzar la fe, habia
-muerto en la batalla de los Gelves; y que ella confiaba
-en Dios que no saldria peor hombre que mi padre, y
-que le rogaba me tratase bien y mirase por mi, pues era
-huérfano. Él respondió que así lo haria y que me recibia,
-no por mozo, sino por hijo; y así le comencé á servir y
-adestrar á mi nuevo y viejo amo. Como estuvimos en Salamanca
-algunos dias, pareciéndole á mi amo que no era
-la ganancia á su contento, determinó irse de allí. Y cuando
-nos hubimos de partir, yo fuí á ver á mi madre, y ambos
-llorando, me dió su bendicion y dijo: hijo, ya sé que no
-te veré mas; procura ser bueno, y Dios te guie. Criado te
-he, y con buen amo te he puesto, válete por ti. Y así me
-fuí para mi amo, que esperándome estaba.</p>
-
-<p>Salimos de Salamanca, y llegando á la puente, está á la
-entrada de ella un animal de piedra que casi tiene forma de
-toro; y el ciego mandóme que llegase cerca del animal, y
-allí puesto dijo: Lázaro, llega el oido de este toro, y oirás
-gran ruido dentro de él. Yo simplemente llegué, creyendo
-ser así; y como sintió que tenia la cabeza á par de la piedra,
-afirmó recio la mano y dióme una gran calabazada en
-el diablo del toro, que mas de tres dias me duró el dolor
-de la cornada; y díjome: necio, aprende que el mozo del<span class="pagenum"><a name="Page_190" id="Page_190">[190]</a></span>
-ciego un punto ha de saber mas que el diablo, y rió mucho
-de la burla.</p>
-
-<p>Parecióme que en aquel instante disperté de la simpleza
-en que, como niño, dormido estaba, y dije entre mi: verdad
-dice este, que me cumple avivar el ojo y avisar, pues
-solo soy, y pensar como me sepa valer. Comenzamos nuestro
-camino, y en muy pocos dias me mostró jerigonza. Y
-como me viese de buen ingenio, holgábase mucho y decia:
-yo oro ni plata no te lo puedo dar, mas avisos para vivir,
-muchos te mostraré. Y fue así, que despues de Dios este
-me dió la vida, y siendo ciego, me alumbró y adestró en
-la carrera de vivir. Huelgo de contar á vuestra merced estas
-niñerías, para mostrar, cuanta virtud sea saber los
-hombres subir siendo bajos; y dejarse bajar, siendo altos,
-cuanto vicio.</p>
-
-<p>Pues tornando al bueno de mi ciego y contando sus cosas,
-vuestra merced sepa que desde que Dios crió el mundo,
-ninguno formó mas astuto ni sagaz. En su oficio era un
-águila. Ciento y tantas oraciones sabia de coro, un tono bajo,
-reposado y muy sonable, que hacia resonar la iglesia
-donde rezaba; un rostro humilde y devoto, que con muy
-buen continente ponia cuando rezaba, sin hacer gestos ni
-visajes con boca ni ojos, como otros suelen hacer. Allende
-de esto tenia otras mil formas y maneras para sacar el dinero.
-Decia saber oraciones para muchos y diversos efectos;
-para mujeres que no parian; para las que estaban de
-parto; para las que eran mal casadas, que sus maridos las
-quisiesen bien. Echaba pronósticos á las preñadas, si traían
-hijo ó hija; pues en caso de medicina decia que Galeno no supo
-la mitad que él; para muelas, desmayos, males de comadre.
-Finalmente nadie le decia padecer alguna pasion, que
-luego no le decia: haced esto, hareis estotro, coced tal yerba,
-tomad tal raiz. Con esto andábase todo el mundo tras
-él, especialmente mujeres, que, cuanto les decia, creían.
-De estas sacaba él grandes provechos con las artes que digo,
-y ganaba mas en un mes que cien ciegos en un año.<span class="pagenum"><a name="Page_191" id="Page_191">[191]</a></span>
-Mas tambien quiero que sepa vuestra merced, que con todo
-lo que adquiria y tenia, jamás tan avariento ni mezquino
-hombre no vi; tanto que me mataba á mi de hambre, y
-así no me remediaba de lo necesario. Digo verdad: si con
-mi sutileza y buenas mañas no me supiera remediar, muchas
-veces me finara de hambre. Mas con todo su saber y
-aviso le contraminaba de tal suerte, que siempre ó las mas
-veces me cabia lo mas y mejor. Para esto le hacia burlas
-endiabladas, de las cuales contaré algunas, aunque no todas
-á mi favor. Él traía el pan y todas las otras cosas en un
-fardel de lienzo, que por la boca se cerraba con una argolla
-de hierro y su candado y llave; y el meter de las cosas y
-sacarlas, era con tanta vigilancia y tan por contadero, que
-no bastara todo el mundo á hacerle menos una migaja. Mas
-yo tomaba aquella laceria que el me daba, la cual en menos
-de dos bocados era despachada: y despues que cerraba el
-candado y se descuidaba, pensando que yo estaba entendiendo
-en otras cosas; por un poco de costura que muchas
-veces de un lado del fardel descosia y tornaba á coser, sangraba
-el avariento fardel, sacando no por tasa pan, mas
-buenos pedazos, torreznos y longanizas. Y así buscaba conveniente
-tiempo para rehacer, no la chaza, sino la endiablada
-falta que el mal ciego me faltaba. Todo lo que podia
-sisar y hurtar, traía en medias blancas; y cuando le mandaban
-rezar y le daban blancas, como él carecia de vista,
-no habia el que se la daba amagado con ella, cuando yo la
-tenia lanzada en la boca y la media aparejada, que por presto
-que él echaba la mano, ya iba de mi cambio aniquilada
-en la mitad del justo precio. Quejábaseme el mal ciego,
-porque al tiento luego conocia y sentia, que no era blanca
-entera, y decia: ¿qué diablo es esto, que despues que conmigo
-estais, no me dan sino medias blancas, y de antes
-una blanca y un maravedí hartas veces me pagaban? en ti
-debe de estar esta desdicha.</p>
-
-<p>Tambien él abreviaba el rezar y la mitad de la oracion
-no acababa, porque me tenia mandado, que en yéndose el<span class="pagenum"><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span>
-que le mandaba rezar, le tirase por el cabo del capuz. Yo
-así lo hacia, y luego él tornaba á dar voces, diciendo
-mandan rezar tal y tal oracion, como suelen decir.</p>
-
-<p>Usaba poner cabe sí un jarrillo de vino cuando comíamos;
-yo muy de presto le asia y daba un par de besos callados,
-y tornábale á su lugar; mas duróme poco, que en
-los tragos conocia la falta: y por reservar su vino á salvo,
-nunca despues desamparaba el jarro; antes le tenia por
-el asa asido. Mas no habia piedra iman, que así trajese a sí
-como yo con una paja de centeno que para aquel menester
-tenia hecha; la cual metiéndola en la boca del jarro, chupando
-el vino, le dejaba á buenas noches. Mas como fuese el
-traidor tan astuto, pienso que me sintió; y dende en adelante
-mudó de propósito, y asentaba su jarro entre las
-piernas y tapábale con la mano, y así bebia seguro. Yo como
-estaba hecho al vino, moria por él; y viendo que aquel
-remedio de la paja no me aprovechaba ni valia, acordé en
-el suelo del jarro hacerle una fuentecilla y agujero sutil, y
-delicadamente con una muy delgada tortilla de cera taparle.</p>
-
-<p>Al tiempo de comer, fingiendo haber frio, entrábame
-entre las piernas del triste ciego á calentarme en la pobrecilla
-lumbre que teníamos; y al calor de ella, luego derretida
-la cera, por ser muy poca, comenzaba la fuentecilla
-á destilarme en la boca, la cual yo de tal manera ponia,
-que maldita la gota que se perdia. Cuando el pobrete iba á
-beber, no hallaba nada: espantábase, maldecíase, daba al
-diablo el jarro y el vino, no sabiendo que podia ser. No direis
-tio, que os lo bebo yo, decia, pues no le quitais de la
-mano. Tantas vueltas y tientos dió al jarro, que se halló la
-fuente y cayó en la burla; mas así lo disimuló como si no
-lo hubiera sentido; y luego otro dia, teniendo yo rezumando
-mi jarro como solia, no pensando el daño que me
-estaba aparejado, ni que el mal ciego me sentia, sentéme
-como solia, estando recibiendo aquellos dulces tragos, mi
-cara puesta hácia el cielo, un poco cerrados los ojos, por<span class="pagenum"><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span>
-mejor gustar el sabroso licor. Sintió el desesperado ciego
-que ahora tenia tiempo de tomar de mí venganza, y con
-toda su fuerza alzando con dos manos aquel dulce y amargo
-jarro, le dejó caer sobre mi boca, ayudándose, como digo,
-con todo su poder; de manera que el pobre Lázaro, que á
-nada de esto se aguardaba, antes si, como otras veces, estaba
-descuidado y gozoso, verdaderamente le pareció, que
-el cielo con todo lo que en él hay, le habia caido encima.
-Fue tal el golpecillo, que me desatinó y sacó de sentido, y
-el jarrazo tan grande, que los pedazos de él se me metieron
-por la cara, rompiéndomela por muchas partes, y me quebró
-los dientes, sin los cuales hasta hoy dia me quedé.
-Desde aquella hora quise mal al mal ciego: y aunque me
-queria y regalaba y me curaba, bien vi que se habia holgado
-del cruel castigo. Lavóme con vino las roturas que con
-los pedazos del jarro me habia hecho, y sonriéndose decia:
-que te parece, Lázaro, lo que te enfermó, te sana y da salud,
-y otros donaires que á mi gusto no lo eran. Ya que estuve
-medio bueno de mi negra trepa y cardenales, considerando
-que á pocos golpes tales el cruel ciego ahorraria de
-mi, quise yo ahorrar de él: mas no lo hice tan presto, por
-hacerlo mas á mi salvo y provecho.</p>
-
-<p>Aunque yo quisiera asentar mi corazon y perdonarle el
-jarrazo, no daba lugar el mal tratamiento que el mal ciego
-desde allí adelante me hacia; que sin causa ni razon me
-heria, dándome coscorrones y repelándome. Y si alguno le
-decia, por qué me trataba tan mal, luego contaba el cuento
-del jarro, diciendo: ¿pensais que este mi mozo es algun
-inocente? pues oid si el demonio ensayara otra tal hazaña.
-Santiguándose los que le oían, decian: mira, quien pensara
-de un muchacho tan pequeño tal ruindad, y se reían
-mucho del artificio, y decíanle: castigadle, castigadle, que
-de Dios lo habreis. Y él con aquello nunca otra cosa hacia:
-y en esto yo siempre le llevaba por los peores caminos, y
-adrede por hacerle mal y daño. Si habia piedras, por ellas;
-si lodo, por lo mas alto: que aunque yo no iba por lo mas<span class="pagenum"><a name="Page_194" id="Page_194">[194]</a></span>
-enjuto, holgábame de quebrarme un ojo, por quebrar dos
-al que ninguno tenia. Con esto siempre con el cabo alto del
-tiento me atentaba el colodrillo, el cual siempre traía lleno
-de tolondrones y pelado de sus manos. Y aunque yo juraba
-no hacerlo con malicia, sino por no hallar mejor camino,
-no me aprovechaba, ni me creía; mas tal era el sentido y
-el grandísimo entendimiento del traidor.</p>
-
-<p>Y porque vea vuestra merced á cuanto se extendia el ingenio
-de este astuto ciego, contaré un caso de muchos que
-con él me acaecieron, en el cual me parece dió bien á entender
-su grande astucia. Cuando salimos de Salamanca,
-su motivo fue venir á tierra de Toledo, porque decia ser la
-gente mas rica, aunque no muy limosnera. Arrimábase á
-este refran: <i>mas da el duro que el desnudo</i>. Y vinimos á este
-camino por los mejores lugares. Donde hallaba buena acogida
-y ganancia, deteníamonos; donde no, al tercero dia
-hacíamos San Juan. Acaeció que llegando á un lugar que
-llaman <i>Almorox</i>, al tiempo que cogian las uvas, un vendimiador
-le dió un racimo de ellas en limosna; y como suelen
-ir los cestos maltratados, y tambien porque la uva en aquel
-tiempo está muy madura, desgranábasele el racimo en la
-mano. Al echarle en el fardel, tornábase mosto; y de lo que
-á él se llegaba, acordó de hacer un banquete, así por no
-poder llevarlo, como por contentarme; en aquel dia me
-habia dado muchos rodillazos y golpes. Sentámonos en un
-valladar, y dijo: ahora quiero yo usar contigo de una liberalidad,
-y es que ambos comamos este racimo de uvas, y
-que hayas de él tanta parte como yo. Partir lo hemos de
-esta manera: tu picarás una vez, y yo otra, con tal que me
-prometas no tomar cada vez mas que una, y yo haré lo
-mismo hasta que le acabemos, y de esta suerte no habrá
-engaño. Hecho así el concierto comenzamos, mas luego al
-segundo lance el traidor mudó propósito, y comenzó á tomar
-de dos en dos, considerando que yo deberia hacer lo
-mismo. Como vi que él quebraba la postura, no me contenté
-con ir á la par con él, mas aun pasaba adelante, dos<span class="pagenum"><a name="Page_195" id="Page_195">[195]</a></span>
-á dos y tres á tres, y como podia las comia. Acabado el racimo,
-estuvo un poco con el escobajo en la mano, y meneando
-la cabeza, dijo: Lázaro, engañado me has: juraré
-yo á Dios que has tu comido las uvas tres á tres. No comí,
-dije yo: ¿mas porqué sospechais eso? Respondió el sagacísimo
-ciego, ¿sabes en qué veo que las comiste tres á tres?
-en que comia yo dos á dos, y callabas. Reíme entre mí, y
-aunque muchacho, noté la discreta consideracion del ciego.
-Mas por no ser prolijo, dejo de contar muchas cosas así
-graciosas como de notar, que con este mi primer amo me
-acaecieron; y quiero decir el despidiente, y con él acabar.
-Estábamos en Escalona, villa del duque della, y dióme un
-pedazo de longaniza que le asase. Ya que la longaniza habia
-pringado, y comídose las pringadas, sacó un maravedí de
-la bolsa, y mandóme que fuese por vino á la taberna. Púsome
-el demonio el aparejo delante los ojos, el cual (como
-suelen decir) hace el ladron: y fue que habia cabe el fuego
-un nabo pequeño larguillo y ruinoso, y tal que por no ser
-para la olla, debió de ser echado allí. Y como al presente
-nadie estuviese sino él y yo solos, como me vi con apetito
-goloso, habiéndome puesto dentro el sabroso olor de la
-longaniza, del cual solamente sabia que habia de gozar, no
-mirando que me podria suceder, pospuesto todo el temor
-por cumplir con el deseo, en tanto que él sacaba de la bolsa
-el dinero, saqué la longaniza, y muy presto metí el sobredicho
-nabo en el asador: el cual mi amo, dándome el
-dinero para el vino, tomó y comenzó á dar vueltas al fuego,
-queriendo asar al que de ser cocido por sus deméritos habia
-escapado. Yo fuí por el vino, con el cual no tardé en
-despachar la longaniza: y cuando vine, hallé al pecador del
-ciego que tenia entre dos rebanadas apretado el nabo, el
-cual aun no habia conocido, por no haber tentado con la
-mano. Como tomase las rebanadas y mordiese en ellas,
-pensando tambien llevar parte de la longaniza, hallóse frio
-con el frio nabo, alteróse y dijo: ¿qué es esto, Lazarillo? Lazaredo
-de mi, dije yo, si quereis á mi echar algo ¿no vengo<span class="pagenum"><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span>
-yo de traer el vino? alguno estaba ahí, y por burlarse haria
-esto. No, no, dijo él, que yo no he dejado el asador de la
-mano; no es posible. Yo torné á jurar y perjurar que estaba
-libre de aquel trueco y cambio; mas poco me aprovechó,
-pues á las astucias del maldito ciego nada se le escondia.
-Levantóse y asióme por la cabeza y llegóse á olerme, y como
-debió sentir el huelgo á uso de buen podenco, por mejor
-satisfacerse de la verdad, y con la gran agonía que llevaba,
-asiéndome con las manos, abrióme la boca mas de
-su derecho, y desatentadamente metia la nariz, la cual él
-tenia luenga y afilada, que en aquella sazon con el enojo
-se habia aumentado un palmo, con el pico de la cual me
-llegó á la gulilla. Con esto y con el gran miedo que tenia,
-y con la brevedad del tiempo, la negra longaniza aun no
-habia hecho asiento en el estómago; y lo mas principal,
-con el destiendo de la cumplidísima nariz, medio casi ahogado
-me tuvo: todas estas cosas se juntaron y fueron causa
-que el hecho y golosina se manifestase, y lo suyo fuese vuelto
-á su dueño: de manera que antes que el mal ciego sacase
-de mi boca su trompa, tal alteracion sintió mi estómago,
-que le dió con el hurto en ella, de suerte que su nariz y la
-negra mal mascada longaniza á un tiempo salieron de mi
-boca. ¡O gran Dios, quién estuviera á aquella hora sepultado,
-que muerto ya lo estaba! Fue tal el coraje del perverso
-ciego, que si al ruido no acudieran, pienso no me dejara
-con la vida.</p>
-
-<p>Sacáronme dentre sus manos, dejándoselas llenas de
-aquellos pocos cabellos que tenia, arañada la cara y rascuñado
-el pescuezo y la garganta: y esto bien lo merecia,
-pues por su maldad me venian tantas persecuciones. Contaba
-el mal ciego á todos cuantos allí se allegaban mis desastres,
-y dábales cuenta una y otra vez, así de la del jarro,
-como de la del racimo, y ahora de lo presente. Era la risa
-de todos tan grande, que toda la gente, que por la calle
-pasaba, entraba á ver la fiesta. Mas con tanta gracia y
-donaire contaba el ciego mis hazañas, que aunque yo estaba<span class="pagenum"><a name="Page_197" id="Page_197">[197]</a></span>
-tan maltratado y llorando, me parecia que hacia sin
-justicia en no se las reir. Y en cuanto esto pasaba, á la memoria
-me vino una cobardía y flojedad que hice porque me
-maldecia, y fue no dejarle sin narices, pues tan buen tiempo
-tuve para ello, que la mitad del camino estaba andado,
-que con solo apretar los dientes, se me quedaran en casa,
-y con ser de aquel malvado por ventura lo retuviera mejor
-mi estómago, que retuvo la longaniza, y no pareciendo
-ellas, pudiera negar la demanda. Pluguiera á Dios que lo hubiera
-hecho, que esto fuera así que así. Hiciéronnos amigos
-la mesonera y los que allí estaban, y con el vino que
-para beber le habia traido, laváronme la cara y la garganta,
-sobre lo cual discantaba el mal ciego donaires, diciendo:
-por verdad, mas vino me gasta este mozo en lavatorios
-al cabo del año, que yo no bebo en dos. Y luego contaba
-cuantas veces me habia descalabrado y harpado la cara, y
-con vino luego sanaba. Yo te digo, dijo, que si hombre en
-el mundo ha de ser bienaventurado con vino, que serás tu;
-y reían mucho los que me lavaban con esto, aunque yo
-renegaba. Mas el pronóstico del ciego no salió mentiroso,
-y despues acá muchas veces me acuerdo de aquel hombre
-que sin duda debia tener espíritu de profecía; y me pesa de
-los sinsabores que le hice, aunque bien se lo pagué, considerando,
-lo que aquel dia me dijo, salirme tan verdadero
-como adelante vuestra merced oirá.</p>
-
-<p>Visto esto y las malas burlas que el ciego burlaba de mi,
-determiné de todo en todo dejarle, como lo traía pensado y
-lo tenia en voluntad: con este postrer juego que me hizo
-afirmélo mas. Y fue así, que luego otro dia salimos por la
-villa á pedir limosna, y habia llovido mucho la noche antes,
-y el dia tambien llovia; y andaba rezando debajo de
-unos portales que en aquel pueblo habia, donde no nos
-mojábamos. Mas como la noche se venia y el llover no cesaba,
-díjome el ciego: Lázaro, esta agua es muy porfiada,
-y cuanto la noche mas cierra, mas recia: acojámonos á la
-posada con tiempo. Para ir á allá habíamos de pasar un<span class="pagenum"><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span>
-arroyo que con la mucha agua iba grande, yo le dije: tio
-el arroyo va muy ancho; mas si quereis, yo veo por donde
-travesemos mas aina sin mojarnos, porque se estrecha
-allí mucho, y saltando pasaremos á pie enjuto. Parecióle
-buen consejo, y dijo: discreto eres, por esto te quiero bien:
-llévame á ese lugar donde el arroyo se angosta, que ahora
-es invierno y sabe mal el agua, y mas llevar los pies mojados.
-Yo que vi el aparejo á mi deseo, saquéle debajo los
-portales y llevéle derecho de un pilar ó poste de piedra que
-en la plaza estaba, sobre el cual y sobre otros cargaban saledizos
-de aquellas casas, y díjele: tio, este es el paso mas
-angosto que en el arroyo hay. Como llovia recio y el triste
-se mojaba, y con la priesa que llevábamos de salir del agua
-que encima nos caía, y lo mas principal porque Dios le cegó
-aquella hora el entendimiento, fue por darme de él
-venganza. Creyóse de mi, y dijo, ponme bien derecho,
-y salta tu el arroyo. Yo le puse bien derecho en frente
-del pilar, y doy un salto y póngome detrás del poste,
-como quien espera tope de toro, y díjele: sus, saltad todo
-lo que podais, porque deis de este cabo del agua. Aun apenas
-lo habia acabado de decir, cuando se abalanza el pobre
-ciego como cabron, de toda su fuerza arremete, tomando un
-paso atrás de la corrida para hacer mayor salto; y da
-con la cabeza en el poste que sonó tan recio como si diera
-con una gran calabaza, y cayó luego para atrás medio
-muerto y hendida la cabeza. ¿Cómo oliste la longaniza, y
-no el poste? pues oledle, dije yo. Y dejéle en poder de mucha
-gente que le habia ido á socorrer, y tomé la puerta de
-la villa en los pies de un trote; y antes que la noche viniese,
-di conmigo en Torrijo. No supe mas lo que Dios de él hizo,
-ni curé de saberlo.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<h3 id="Chapter_2">Como Lázaro se asentó con un clérigo, y de las cosas que con él pasó.</h3>
-
-
-<p>Otro dia no pareciéndome estar allí seguro, fuíme á un<span class="pagenum"><a name="Page_199" id="Page_199">[199]</a></span>
-lugar que llaman Maqueda, adonde me toparon mis pecados
-con un clérigo, que llegando á pedir limosna, me preguntó
-si sabia ayudar á misa. Yo dije que sí, como era verdad;
-que aunque maltratado, mil cosas buenas me mostró
-el pecador del ciego, y una de ellas fue esta. Finalmente, el
-clérigo me recibió por suyo.</p>
-
-<p>Escapé del trueno y di en el relámpago, porque era el
-ciego para con este un Alejandro Magno, con ser la misma
-avaricia, como he contado. No digo mas, sino que toda la
-laceria del mundo estada encerrada en este. No sé si de su
-cosecha era, ó lo habia añejado con el hábito de clerecía.
-Él tenia una arca vieja cerrada con su llave, la cual traía
-atada con una agujeta del paletoque: y en viniendo el bodigo
-de la iglesia, por su mano era luego allí lanzado, y
-tornaba á cerrar el arca. En toda la casa no habia ninguna
-cosa de comer, como suele estar en otras algun tocino colgado
-al humero, algun queso puesto en alguna tabla ó en
-el armario, algun canastillo con algunos pedazos de pan
-que de la mesa sobran, que me parece á mi, que aunque
-de ello no me aprovechara, con la vista de ello me consolara.
-Solamente habia una horca de cebollas y debajo llave en
-una cámara en lo alto de la casa. De estas tenia yo de racion
-una para cada cuatro dias; y cuando le pedia la llave para
-ir por ella, si alguno estaba presente, echaba mano al falsopeto,
-y con gran continencia la desataba y me la daba,
-diciendo: toma, y vuélvela luego, no hagas sino golosinar,
-como si debajo de ella estuvieran todas las conservas de Valencia,
-con no haber en la dicha cámara, como dije,
-maldita la otra cosa que las cebollas colgadas de un clavo,
-las cuales él tenia tan bien por cuenta, que si por mal de
-mis pecados me desmandara á mas de mi tasa, me costara
-caro. Finalmente yo me finaba de hambre, pues ya que
-conmigo tenia poca caridad, consigo usaba mas. Cinco
-blancas de carne era su ordinario para comer y cenar; verdad
-es que partia conmigo del caldo: que de la carne, como
-la hay en el ojo, sino un poco de pan: y pluguiera<span class="pagenum"><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span>
-á Dios que me demediara. Los sábados cómense en esta tierra
-cabezas de carnero, y enviábame por una que costaba
-tres maravedís. Aquella la cocia, y comia los ojos y la lengua,
-y el corazon y sesos, y la carne que en las quijadas
-tenia: dábame todos los huesos roidos, y dábamelos en el
-plato, diciendo: toma, come, triunfa, que para ti es el mundo:
-mejor vida tienes que el papa. Tal te la dé Dios, decia
-yo paso entre mi.</p>
-
-<p>Al cabo de tres semanas que estuve con él, vine á tanta
-flaqueza que no me podia tener en las piernas de pura hambre.
-Vime claramente ya en la sepultura, si Dios y mi saber
-no me remediaran. Para usar de mis mañas no tenia aparejo,
-por no tener en que darle asalto: y aunque algo hubiera,
-no pudiera cegarle, como hacia al que Dios perdone, si de
-aquella calabazada feneció: que todavía aunque astuto, con
-faltarle aquel preciado sentido, no me sentia. Mas estotro,
-ninguno hay que tan aguda vista tuviese, como él tenia.
-Cuando al ofertorio estábamos, ninguna blanca en la concha
-caía, que no era de él registrada. El un ojo tenia en la
-gente, y el otro en mis manos. Bailábanme los ojos en el
-cajo, como si fueran de azogue. Cuantas blancas ofrecian,
-tenia por cuenta. Acabado el ofrecer, luego me quitaba la
-concheta, y la ponia sobre el altar. No fuí yo señor de asirle
-una blanca, todo el tiempo que con él viví, ó por mejor
-decir, morí. De la taberna nunca le traje una blanca de
-vino, mas aquel poco que de la ofrenda habia metido en su
-arca, compasaba de tal forma que le duraba toda la semana.
-Y por ocultar su gran mezquindad, decíame: mira mozo,
-los sacerdotes han de ser muy templados en su comer
-y beber; por esto yo no me desmando como otros. Mas el
-lacerado mentia falsamente, porque en cofradías y mortuorios
-que rezábamos á costa ajena, comia como lobo, y bebia
-mas que un saludador. Y porque dije mortuorios, Dios me
-perdone, que jamás fuí enemigo de la naturaleza humana
-sino entonces: y esto era, porque comíamos bien y me hartaba.
-Deseaba y aun rogaba á Dios que cada dia matase el<span class="pagenum"><a name="Page_201" id="Page_201">[201]</a></span>
-suyo. Cuando dábamos sacramento á los enfermos, especialmente
-la extremauncion, como manda el clérigo rezar
-á los que están allí, yo cierto no era el postrero de la oracion;
-y con todo mi corazon y buena voluntad rogaba al
-Señor, no que le echase á la parte que mas servido fuese,
-como se suele decir, mas que le llevase de este mundo. Y
-cuando alguno de estos escapaba, (Dios me lo perdone)
-mil veces le daba al diablo, y el que se moria, otras tantas
-bendiciones llevaba de mi dichas.</p>
-
-<p>En todo el tiempo que allí estuve, que serian cuasi seis
-meses, solas veinte personas fallecieron, y estas bien creo
-que las maté yo, ó por mejor decir, murieron á mi recuesta:
-porque viendo el Señor mi rabiosa y continua muerte,
-pienso que se holgaba de matarlos por darme á mi vida.
-Mas de lo que al presente padecia, remedio no hallaba, que
-si el dia que enterrábamos, yo vivia, los dias que no habia
-muerto, por quedar bien vezado de la hartura, tornando á
-mi cotidiana hambre, mas lo sentia; de manera que en
-nada hallaba descanso, salvo en la muerte, que yo tambien
-para mi como para ellos otros deseaba algunas veces. Mas
-no la veía, aunque estaba siempre en mi.</p>
-
-<p>Pensé muchas veces irme de aquel mezquino amo, mas
-por dos cosas lo dejaba. La primera por no atraverme á mis
-piernas, por temor de la flaqueza que de pura hambre me
-tenia; y la otra, consideraba y decia: yo he tenido dos
-amos; el primero traíame muerto de hambre, y dejándole
-topé con estotro que me tiene ya con ella en la sepultura;
-pues si de este desisto y doy en otro mas bajo, ¡qué será sino
-fenecer! Con esto no me osaba menear, porque tenia
-por fe que todos los grados habia de hallar mas ruines, y
-á bajar otro punto, no soñara Lázaro ni se oyera en el
-mundo.</p>
-
-<p>Pues estando en tal afliccion, que le plegue al Señor librar
-de ella á todo fiel cristiano; y sin saber darme consejo,
-viéndome ir de mal en peor; un dia que el cuitado, ruin
-y lacerado de mi amo habia ido fuera del lugar, llegó acaso<span class="pagenum"><a name="Page_202" id="Page_202">[202]</a></span>
-á mi puerta un calderero, el cual yo creo que fue ángel enviado
-á mi por la mano de Dios en aquel hábito, y preguntóme
-si tenia algo que adobar.</p>
-
-<p>En mi tenias bien que hacer; y no haríais poco, si me
-remediáseis, dije paso que no me oyó. Mas como no era
-tiempo de gastarlo en decir gracias, alumbrado por el Espíritu
-santo, le dije, tio una llave de esta arca he perdido,
-y temo mi señor me azote: por vuestra vida veais, si en
-estas que traeis, alguna hay que le haga, que yo os lo pagaré.
-Comenzó á probar el angélico calderero una y otra de
-un gran sartal que de ellas traía, y yo á ayudarle con mis
-flacas oraciones: cuando no me cato, veo en figura de panes,
-como dicen, la cara de Dios dentro del arca: y abierta,
-díjele: yo no tengo dinero que daros por la llave, mas tomad
-de ahí el pago. El tomó un bodigo de aquellos, el que
-mejor le pareció; y dejándome mi llave, se fue muy contento,
-dejándome mas á mí. Mas no toqué en nada por el
-presente, porque no fuese la falta sentida; y aun porque
-me vi de tanto bien señor, parecióme que la hambre no se
-me osaba llegar.</p>
-
-<p>Vino el mísero de mi amo, y quiso Dios no miró en la
-oblada que el ángel habia llevado; y otro dia saliendo de
-casa, abro mi paraiso panal y tomo entre las manos y dientes
-un bodigo, y en dos credos le hice invisible, no olvidándoseme
-el arca abierta: y comienzo á barrer la casa con
-mucha alegría, pareciéndome con aquel remedio remediar
-de allí en adelante la triste vida, y así estuve con ello aquel
-dia y otro gozoso. Mas no estaba en mi dicha que me durase
-mucho aquel descanso, porque luego al tercero dia me
-vino la terciana derecha, y fue que veo á deshora al que
-mataba de hambre sobre nuestra arca, volviendo y revolviendo
-y tornando contar los panes. Yo disimulaba, y en
-mi secreta oracion, devociones y plegarias decia san Juan y
-ciégale.</p>
-
-<p>Despues que estuvo un gran rato echando la cuenta, por
-dias y dedos contando, dijo: si no tuviera á tan buen recaudo<span class="pagenum"><a name="Page_203" id="Page_203">[203]</a></span>
-esta arca, yo dijera que me habian tomado de ella panes;
-pero de hoy mas, solo por cerrar puerta á la sospecha,
-quiero tener buena cuenta con ellos, nueve quedan y un
-pedazo. Nuevas malas te dé Dios, dije entre mí; parecióme
-con lo que dijo, pasarme el corazon con saeta de montero,
-y comenzóme el estómago á escarbar de hambre, viéndose
-puesto en la dieta pasada. Fue fuera de casa, y yo por consolarme
-abro el arca, y como vi el pan, comencéle á adorar
-(no osando recibirle), contélos, si á dicha el lacerado
-se errara; y hallé su cuenta mas verdadera que yo quisiera.
-Lo mas que yo pude hacer, fue dar en ellos mil besos: y lo
-mas delicado que yo pude, del partido partí un poco al pelo
-que él estaba, y con aquel pasé aquel dia, no tan alegre
-como el pasado.</p>
-
-<p>Mas como la hambre creciese, mayormente que tenia el
-estómago hecho á mas pan aquellos dos ó tres dias ya dichos,
-moria de mala muerte; tanto que otra cosa no hacia
-en viéndome solo, sino abrir y cerrar el arca y contemplar
-en aquella cara de Dios, que así dicen los niños. Mas el mismo
-Dios que socorre á los afligidos, viéndome en tal estrecho,
-trajo á mi memoria un pequeño remedio, que considerando
-entre mi, dije: este arcon es viejo, grande y roto
-por algunas partes; aunque con pequeños agujeros,
-puédese pensar que ratones entrando en él hacen daño á
-este pan. Sacarlo enteramente, no es cosa conveniente,
-porque verá la falta el que en tanta me hace vivir. Esto
-bien se sufre. Y comienzo á desmigajar el pan sobre unos
-no muy costosos manteles que allí estaban, tomo uno y dejo
-otro: de manera que en cada cual de tres ó cuatro desmigajo
-su poco, y despues como quien toma grajea, lo comí
-y algo me consolé. Mas él como viniese á comer y abriese
-el arca, vió el mal pesar, y sin duda creyó ser ratones los
-que el daño habian hecho, porque estaba muy al propio
-contrahecho de como ellos le suelen hacer. Miró toda el arca
-de un cabo á otro, y vióla ciertos agujeros por do sospechaba
-habian entrado, llamóme diciendo: Lázaro, mira que<span class="pagenum"><a name="Page_204" id="Page_204">[204]</a></span>
-persecucion ha venido aquesta noche por nuestro pan. Yo
-híceme muy maravillado, preguntándole qué seria. ¿Qué
-ha de ser? dijo él; ratones que no dejan cosa á vida. Pusímonos
-á comer, y quiso Dios que aun en esto me fue bien;
-que me cupo mas pan que la laceria que me solia dar, porque
-rayó con un cuchillo todo lo que pensó ser ratonado,
-diciendo: cómete eso, que el raton cosa limpia es. Y así
-aquel dia añadiendo la racion del trabajo de mis manos ó
-de mis uñas, por mejor decir, acabamos de comer, aunque
-yo nunca empezaba. Y luego me vino otro sobresalto, que
-fue verle andar solícito, quitando clavos de paredes y buscando
-tablillas, con las cuales clavó y cerró todos los agujeros
-de la vieja arca. ¿O señor mio? dije yo entonces; ¡á
-cuánta miseria, fortuna y desastres estamos expuestos los
-nacidos! ¡y cuán poco duran los placeres de esta nuestra
-trabajosa vida! Heme aquí, que pensaba, con este pobre y
-triste remedio remediar y pasar mi laceria, y estaba ya
-cuanto que alegre y de buena aventura. Mas no quiso mi
-desdicha, despertando á este lazaredo de mi amo, y poniéndole
-mas diligencia de la que él de suyo se tenia (pues
-los míseros por la mayor parte nunca de aquella carecen),
-ahora cerrando los agujeros del arca, cerrase la puerta á mi
-consuelo y la abriese á mis trabajos.</p>
-
-<p>Así lamentaba yo en tanto que mi solícito carpintero con
-muchos clavos y tablillas dió fin á sus obras, diciendo: ahora,
-dueños traidores ratones, os conviene mudar propósito
-que en esta casa mala medra teneis.</p>
-
-<p>De que salió de su casa, voy á ver la obra, y hallé que
-no dejó en la triste y vieja arca agujero ni aun por donde
-pudiese entrar un mosquito. Abro con mi desaprovechada
-llave, sin esperanza de sacar provecho; y vi los dos ó tres
-panes comenzados, los que mi amo creyó ser ratonados; y
-de ellos todavía saqué alguna laceria, tocándolos muy lijeramente
-á uso de esgrimidor diestro.</p>
-
-<p>Como la necesidad sea tan gran maestra, viéndome con
-tanta hambre, noche y dia estaba pensando la manera que<span class="pagenum"><a name="Page_205" id="Page_205">[205]</a></span>
-tenia para sustentar el vivir: y pienso para hallar estos negros
-remedios que me era luz la hambre, pues dicen que el
-ingenio con ella se avisa, y al contrario con la hartura; y
-así era por cierto en mi. Pues estando una noche desvelado
-en este pensamiento, pensando como me podria valer y
-aprovechar del arca, sentí que mi amo dormia, porque lo
-mostraba con roncar y en unos resoplidos grandes que daba
-cuando estaba durmiendo. Levantéme muy quedito, y habiendo
-en el dia pensado lo que habia de hacer, y dejado
-un cuchillo viejo que por allí andaba en parte do le hallase,
-voyme á la triste arca, y por do habia mirado tener menos
-defensa, la acometí con el cuchillo, que á manera de barreno
-de él usé: y como la antiquísima arca, por ser de tantos
-años, la hallase sin fuerza y corazon, antes muy blanda
-y carcomida, luego se me rindió, y consintió en su costado
-por mi remedio un buen agujero. Esto hecho, abro
-muy paso la llagada arca, y al tiento de pan que hallé partido,
-hice segun de suso está escrito. Y con aquello algun
-tanto consolado, tornando á cerrar me volví á mis pajas,
-en las cuales reposé y dormí un poco, lo cual yo hacia mal,
-y echábalo al no comer: y así seria, porque cierto en aquel
-tiempo no me debian de quitar el sueño los cuidados del
-rey de Francia.</p>
-
-<p>Otro dia fue por el señor mi amo visto el daño, así del
-pan como del agujero que yo habia hecho, y comenzó á dar
-al diablo los ratones y decir: ¿qué diremos á esto? nunca
-haber sentido ratones en esta casa sino ahora. Y sin duda
-debia de decir verdad, porque si casa habia de haber en el
-reino justamente de ellos privilegiada, aquella de razon habia
-de ser, porque no suelen morar donde no hay que comer.
-Torna á buscar clavos por la casa y por las paredes, y
-tablillas para taparlos. Venida la noche y su reposo, luego
-era puesto en pie con mi aparejo, y cuantos él tapaba de
-dia, destapaba yo de noche.</p>
-
-<p>En tal manera fue, y tal priesa nos dimos, que sin duda
-por esto se debió de decir: donde una puerta se cierra, otra<span class="pagenum"><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span>
-se abre. Finalmente parecíamos tener á destajo la tela de
-Penélope, pues cuanto él tejia de dia, rompia yo la noche.
-Y en pocos dias y noches pusimos la pobre dispensa de tal
-forma, que quien quisiera propiamente de ella hablar, mas
-coraza vieja de otro tiempo que no arca la llamara, segun
-la clavazon y tachuelas que sobre sí tenia. De que vió no
-aprovecharle nada su remedio, dijo: esta arca está tan maltratada,
-y es de madera tan vieja y flaca, que no habrá raton
-de quien se defienda, y va ya tal que si andamos mas
-con ella, nos dejará sin guarda; y aun lo peor es, que aunque
-hace poca, todavía hará falta faltando, y me pondrá
-en costa de otros tres ó cuatro reales. El mejor remedio que
-hallo, pues el de hasta aquí no aprovecha, es armar por
-dentro á estos ratones malditos. Luego buscó prestada una
-ratonera, y con cortezas de queso que á los vecinos pedia,
-continuo el gato estaba armado dentro del arca: lo cual era
-para mi singular ausilio, porque puesto el caso que yo no
-habia menester muchas salsas para comer, todavía me holgaba
-con las cortezas de queso que de la ratonera sacaba,
-y sin esto no perdonaba el ratonar del bodigo. Como hallase
-el pan ratonado y el queso comido, y no cayese el raton
-que lo comia, dábase al diablo y preguntaba á los vecinos
-que podria ser, comer el queso y sacarlo de la ratonera,
-y no caer ni quedar dentro el raton, y hallar caida la trampilla
-del gato. Acordaron los vecinos no ser el raton el que
-este daño hacia, porque no podria menos de haber caido
-alguna vez. Díjole un vecino: en nuestra casa yo me acuerdo
-que solia andar una culebra, y esta debe de ser sin duda;
-y lleva razon, que como es larga, tiene lugar de tomar el
-cebo; y aunque la coja la trampilla encima, como no entre
-toda dentro, tórnase á salir. Cuadró á todos lo que aquel
-dijo, y alteró mucho á mi amo; y de allí en adelante no
-dormia tan á sueño suelto, que cualquier gusano de la madera
-que de noche sonase, pensaba ser la culebra que le
-roia el arca. Luego era puesto en pie, y con un garrote que
-á la cabecera (desde que aquello le dijeron) ponia, daba en<span class="pagenum"><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span>
-la pecadora del arca grandes garrotazos, pensando espantar
-la culebra. Á los vecinos despertaba con el estruendo que
-hacia, y á mi no dejaba dormir. Íbase á mis pajas y trastornábalas
-y á mi con ellas, pensando que se iba para mi,
-y se envolvia en mis pajas ó en mi sayo, porque le decian
-que de noche acaecia á estos animales buscando calor irse á
-las cunas donde están criaturas, y aun morderlas y hacerlas
-peligrar. Yo las mas veces hacia del dormido, y en la
-mañana decíame él: ¿esta noche, mozo, no sentiste nada?
-pues tras la culebra anduve, y aun pienso se ha de ir para
-ti á la cama, que son muy frias y buscan calor. Plegue á
-Dios que no me muerda, decia yo, que harto miedo la tengo.
-De esta manera andaba tan elevado y levantado del sueño,
-que la culebra, ó el culebro por mejor decir, no osaba
-roer de noche ni levantarse al arca: mas de dia mientras
-estaba en la iglesia ó por el lugar, hacia mis saltos.</p>
-
-<p>Los cuales daños viendo él, y el poco remedio que les podia
-poner, andaba de noche, como digo, hecho trasgo. Yo
-hube miedo que con aquellas diligencias no me topase con
-la llave que debajo de las pajas tenia, y parecióme lo mas
-seguro meterla de noche en la boca, porque ya desde que
-viví con el ciego, la tenia tan hecha bolsa, que me acaeció
-tener en ella doce ó quince maravedís todo en medias blancas,
-sin que me estorbase el comer; porque de otra manera
-no era señor de una blanca que el maldito ciego no cayese
-con ella, no dejando costura ni remedio que no me
-buscaba muy á menudo. Pues así como digo, metia cada
-noche la llave en la boca, y dormia sin recelo que el brujo
-de mi amo cayese con ella.</p>
-
-<p>Quisieron mis hados, ó por mejor decir, mis pecados,
-que una noche que estaba durmiendo, la llave se me puso
-en la boca, que abierta debia tener, de tal manera y postura,
-que el aire y resoplo que ya durmiendo echaba, salia
-por lo hueco de la llave que de cañuto era, y silbaba (segun
-mi desastre quiso) muy recio: de tal manera que el sobresaltado
-de mi amo lo oyó, y creyó sin duda ser el silbo de la<span class="pagenum"><a name="Page_208" id="Page_208">[208]</a></span>
-culebra; y cierto lo debia parecer. Levantóse muy paso con
-su garrote en la mano, y al tiento y sonido de la culebra se
-llegó á mi con mucha quietud, por no ser sentido de la culebra;
-y como cerca se vió, pensó que allí en las pajas do
-yo estaba echado, al calor mio se habia venido. Levantando
-bien el palo, pensando tenerla debajo, y darle tal garrotazo
-que la matase, con toda su fuerza me descarga en la
-cabeza tan gran golpe, que sin ningun sentido y muy mal
-descalabrado me dejó. Como sintió que me habia dado, segun
-yo debia hacer gran sentimiento con el fiero golpe;
-contaba él que se habia llegado á mi, y dándome grandes
-voces y llamándome procuró recordarme. Mas como me
-tocase con las manos, tentó la mucha sangre que se me
-iba, y conoció el daño que me habia hecho; y con mucha
-priesa fue á buscar lumbre; y llegando con ella, hallóme
-quejando, todavía con mi llave en la boca, que nunca la
-desamparé, la mitad fuera, bien que de aquella manera que
-debia estar al tiempo que silbaba con ella. Espantado el
-matador de culebras que podria ser aquella llave, miróla
-sacándomela del todo de la boca, y vió lo que era, porque
-en las guardas nada de la suya diferenciaba. Fue luego á
-probarla, y con ella probó el maleficio. Debió de decir el
-cruel cazador: el raton y culebra que me daban guerra y
-me comian mi hacienda, he hallado.</p>
-
-<p>De lo que sucedió en aquellos tres dias siguientes ninguna
-seña daré, porque los tuve en el vientre de la ballena;
-mas esto que he contado, oí (despues que en mi torné)
-decir á mi amo, el cual á cuantos allí venian, lo contaba
-por extenso. Al cabo de tres dias, yo torné en mi sentido,
-y vime echado en mis pajas, la cabeza toda emplastada, y
-llena de aceites y ungüentos, y espantado dije: ¿qué es esto?
-Respondióme el cruel sacerdote: á fe que los ratones y culebras
-que me destruían, ya los he cazado. Y miré por mi,
-y vime tan maltratado que luego sospeché mi mal. Á esta
-hora entró una vieja que ensalmaba y los vecinos, y comiénzanme
-á quitar trapos de la cabeza y curar el garrotazo;<span class="pagenum"><a name="Page_209" id="Page_209">[209]</a></span>
-y como me hallaron vuelto en mi sentido, holgáronse
-mucho, y dijeron: pues ha tornado en su acuerdo, placerá
-á Dios no será nada. Tornaron de nuevo á contar mis cuitas
-y á reirlas, y yo pecador á llorarlas. Con todo esto
-diéronme de comer que estaba transido de hambre, y apenas
-me pudieron remediar: y así de poco en poco á los
-quince dias me levanté y estuve sin peligro, mas no sin
-hambre y medio sano. Luego otro dia que fuí levantado,
-el señor mi amo me tomó por la mano y sacóme la puerta
-fuera, y puesto en la calle díjome: Lázaro, de hoy mas eres
-tuyo y no mio; busca amo y vete con Dios, que yo no quiero
-en mi compañía tan diligente servidor. No es posible sino
-que hayas sido mozo de ciego, y santiguándose de mi,
-como si yo estuviera endemoniado, se volvió á meter en
-casa y cerrar su puerta.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<h3 id="Chapter_3">Como Lázaro se asentó con un escudero, y de lo que le acaeció
-con él.</h3>
-
-
-<p>De esta manera me fue forzado sacar fuerzas de flaqueza,
-y poco á poco con ayuda de las buenas gentes di conmigo
-en esta insigne ciudad de Toledo, en donde, con la merced
-de Dios de allí á quince dias se me cerró la herida.</p>
-
-<p>Mientras estaba malo, siempre me daban alguna limosna,
-mas despues que estuve sano, todos me decian: tu bellaco
-y gallofero eres; busca, busca un amo á quien sirvas.
-¿Y adónde se hallará ese, decia yo entre mi, si Dios ahora
-de nuevo, como crió el mundo, no le criase?</p>
-
-<p>Andando así discurriendo de puerta en puerta con harto
-poco remedio (porque ya la caridad se subió al cielo), topé
-con un escudero que iba por la calle con razonable vestido,
-bien peinado, su paso y compás en órden. Miróme, y
-yo á él, y díjome: ¿muchacho, buscas amo? yo le dije: si
-señor. Pues vente tras mi, me respondió, que Dios te ha
-hecho merced en topar conmigo: alguna buena oracion<span class="pagenum"><a name="Page_210" id="Page_210">[210]</a></span>
-rezaste hoy. Yo seguíle dando gracias á Dios por lo que oí, y
-tambien que me parecia segun su hábito y continente ser
-el que yo habia menester. Era de mañana cuando este mi
-tercero amo topé, y llevóme tras sí gran parte de la ciudad.
-Pasamos por las plazas do se vendian pan y otras provisiones,
-y yo pensaba y aun deseaba que allí me cargase de lo
-que se vendia, porque esta era propia hora cuando se suele
-proveer de lo necesario: mas muy á tendido paso pasaba
-por estas cosas. Por ventura no lo ve aquí á su contento,
-decia yo, y querrá que lo compremos en otro cabo.</p>
-
-<p>De esta manera anduvimos, hasta que dieron las once:
-entonces se entró en la Iglesia mayor y yo tras él, y muy
-devotamente le vi oir misa y los otros oficios divinos, hasta
-que todo fue acabado; y la gente ida, entonces salimos de
-la iglesia, y á buen paso tendido comenzamos á ir por una
-calle abajo. Yo iba el mas alegre del mundo en ver que no
-nos habíamos ocupado en buscar de comer: bien consideré
-que debia ser hombre mi nuevo amo que se proveía en junto,
-y que ya la comida estaria á punto, y tal como deseaba
-y aun la habia menester. En este tiempo dió el reloj la una
-despues del mediodia, y llegamos á una casa ante la cual
-mi amo se paró y yo con él; y derribando el cabo de la capa
-sobre el lado izquierdo, sacó una llave de la manga y abrió
-su puerta. Entramos en casa, la cual tenia la entrada obscura
-y lóbrega, de tal manera que parecia que ponia temor
-á los que en ella entraban, aunque dentro de ella estaba un
-patio pequeño y razonables cámaras. De que fuímos entrados,
-quita de sobre sí su capa, y preguntando si tenia las
-manos limpias, la sacudimos y doblamos, y muy limpiamente
-soplando un poyo que allí estaba, la puso en él. Hecho
-esto, sentóse cabo de ella, preguntándome muy por extenso
-de donde era, y como habia venido á aquella ciudad:
-y yo le di mas larga cuenta que quisiera, porque me parecia
-mas conveniente hora de mandar poner la mesa y escudillar
-la olla, que de lo que me pedia. Esto hecho, estuvo
-así un poco, y yo luego vi mala señal, por ser ya casi las<span class="pagenum"><a name="Page_211" id="Page_211">[211]</a></span>
-dos, y no verle mas aliento de comer que á un muerto. Despues
-de esto consideraba aquel tener cerrada la puerta con
-llave, ni sentir arriba ni abajo pasos de viva persona por la
-casa. Todo lo que habia visto eran paredes, sin ver en ella
-silleta ni tajo, ni banco, ni mesa, ni aun tal arca como el
-de marras. Finalmente ella parecia casa encantada.</p>
-
-<p>Estando así díjome: ¿tú mozo has comido? No señor, dije
-yo, que aun no eran dadas las ocho, cuando con vuestra
-merced encontré.</p>
-
-<p>Pues aunque de mañana, dijo él, yo habia almorzado, y
-cuando así como algo, hágote saber que hasta la noche me
-estoy así: por eso pásate como pudieres, que despues cenaremos.</p>
-
-<p>Vuestra merced crea, cuando esto le oí, que estuve en
-poco de caer de mi estado, no tanto de hambre, como por conocer
-de todo en todo la fortuna serme adversa. Allí se me
-representaron de nuevo mis fatigas, y torné á llorar mis
-trabajos. Allí se me vino á la memoria la consideracion que
-hacia cuando me pensaba ir del clérigo, diciendo que aunque
-aquel era desventurado y mísero, por ventura toparia
-con otro peor. Finalmente allí lloré mi trabajosa vida pasada,
-y mi cercana muerte venidera; y con todo, disimulando
-lo mejor que pude, le dije: señor, mozo soy que no me
-fatigo mucho por comer, bendito Dios. De eso me podré
-yo alabar entre todos mis iguales por de mejor garganta, y
-así fuí yo loado de ella hasta hoy dia de los amos que yo he
-tenido. Virtud es esa, dijo él; y por eso te querré yo mas,
-porque el hartarse es de los puercos, y el comer regaladamente
-es de los hombres de bien. Bien te he entendido, dije
-yo entre mi: maldita tanta medicina y bondad como
-aquestos mis amos que yo hallo, hallan en la hambre.</p>
-
-<p>Púsome á un cabo del portal, y saqué unos pedazos de
-pan del seno, que me habian quedado de los de por Dios.
-Él, que vió esto, díjome, ven acá, mozo, ¿qué comes? Yo
-lleguéme á él, y mostréle el pan. Tomóme él un pedazo de
-tres que eran, el mejor y mas grande, y díjome por mi<span class="pagenum"><a name="Page_212" id="Page_212">[212]</a></span>
-vida que parece este buen pan. Y como ahora, dije yo, ¡señor,
-es bueno! Sí á fe, dijo él: ¿adónde le hubiste? si es
-amasado de manos limpias. No sé yo eso, le dije, mas á mi
-no me pone asco el sabor de ello. Así plegue á Dios, dijo el
-pobre de mi amo; y llevándole á la boca, comenzó á dar
-en él tan fieros bocados, como yo en el otro. Sabrosísimo
-pan está, dijo, por Dios. Y como le sentí de que pie cojeaba,
-dime priesa, porque le vi en disposicion que si acababa
-antes que yo, se comediria á ayudarme á lo que me quedase;
-y con esto acabamos casi á una. Comenzó á sacudir
-con las manos unas pocas de migajas y bien menudas, que
-en los pechos se le habian quedado, y entró en una camareta
-que allí estaba, y sacó un jarro desbocado y no muy
-nuevo; y despues que hubo bebido, convidóme con él. Yo
-por hacer del continente, dije: señor, no bebo vino. Agua
-es, me respondió, bien puedes beber. Entonces tomé el
-jarro y bebí no mucho, porque de sed no era mi congoja.</p>
-
-<p>Así estuvimos hasta la noche, hablando en cosas que me
-preguntaba, á las cuales yo le respondí lo mejor que supe.
-En este tiempo metióme en la cámara donde estaba el jarro
-de que bebimos, y díjome: mozo, párate allí, y verás como
-hacemos esta cama, para que la sepas hacer de aquí
-adelante. Púseme de un cabo y él del otro, é hicimos la negra
-cama, en la cual no habia mucho que hacer; porque
-ella tenia sobre unos bancos un cañizo, sobre el cual estaba
-tendida la ropa, que por no estar muy continuada á lavar,
-no parecia colchon, aunque servia de él con harta menos
-lana que era menester. Aquel tendimos haciendo cuenta
-de ablandarle, lo cual era imposible, porque de lo duro
-mal se puede hacer blando. El diablo del enjalma maldita
-la cosa tenia dentro de sí, que puesto sobre el cañizo, todas
-las cañas se señalaban y parecian á lo propio entrecuesto
-de flaquísimo puerco. Sobre aquel hambriento colchon
-pusimos un cobertor del mismo jaez, del cual el color yo
-no pude alcanzar.</p>
-
-<p>Hecha la cama y la noche venida, díjome: Lázaro, ya es<span class="pagenum"><a name="Page_213" id="Page_213">[213]</a></span>
-tarde, de aquí á la plaza hay un gran trecho: tambien en
-esta ciudad andan muchos ladrones, que siendo de noche
-capean, pasemos como podamos, y mañana viniendo el dia,
-Dios hará merced; porque yo por estar solo no estoy proveido,
-antes he comido estos dias por allí fuera; mas ahora
-hacerlo hemos de otra manera. Señor, de mi, dije yo, ninguna
-pena tenga vuestra merced, que bien sé pasar una
-noche y aun mas, si es menester, sin comer. Vivirás mas
-sano, me respondió; porque, como decíamos hoy, no hay
-tal cosa en el mundo para vivir mucho que comer poco. Si
-por esa via es, dije entre mi, nunca yo moriré, que siempre
-he guardado esa regla por fuerza, y aun espero en mi
-desdicha tenerla toda mi vida.</p>
-
-<p>Acostóse en la cama, poniendo por cabezera las calzas y
-el jubon, y mandóme echar á sus pies; lo cual yo hice;
-mas maldito el sueño que yo dormí, porque las cañas y
-mis salidos huesos en toda la noche dejaron de risar y encenderse,
-que con mis trabajos, males y hambre, pienso
-que en mi cuerpo no habia libra de carne: y tambien como
-aquel dia no habia comido casi nada, rabiaba de hambre,
-la cual con el sueño no tenia amistad. Maldíjeme mil veces
-(Dios me lo perdone) y á mi ruin fortuna allí lo mas de la
-noche; y lo peor, no osándome revolver por no despertarle,
-pedia á Dios muchas veces la muerte.</p>
-
-<p>La mañana venida levantámonos, y comienza á limpiar
-y sacudir sus calzas y jubon, sayo y capa, y yo que le servia
-de pelillo, y vísteseme muy á su placer despacio, echéle
-aguamanos. Peinóse, y púsose su espada en el talabarte,
-y al tiempo que la ponia, díjome, ¡ó si supieses, mozo,
-que pieza es esta! no hay marco de oro en el mundo por el
-que yo la diese: mas así ninguna de cuantas Antonio hizo,
-no acertó á ponerle los aceros tan prestos como esta los tiene:
-y sacóla de la vaina, y tentóla con los dedos, diciendo,
-vesla aquí, yo me obligo con ella á cercenar un copo
-de lana. Y yo, dije entre mí, con mis dientes, aunque no
-son de acero, un pan de cuatro libras.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span></p>
-
-<p>Tornóla á meter y ciñósela, y un sartal de cuentas gruesas
-del talabarte, y con un paso sosegado y el cuerpo derecho,
-haciendo con él y con la cabeza gentiles meneos,
-echando el cabo de la capa sobre el hombro y á veces so el
-brazo, y poniendo la mano derecha en el costado, salió por
-la puerta, diciendo: Lázaro, mira por la casa en tanto que
-voy á oir misa, y haz la cama, y vé por la vasija de agua
-al rio que aquí bajo está, y cierra la puerta con llave, no
-nos hurten algo, y ponla aquí al quicio, porque si yo viniere
-en tanto, pueda entrar. Y súbese por la calle arriba
-con tan gentil semblante y continente, que quien no le conociera,
-pensara ser muy cercano pariente al Conde de Arcos,
-ó á lo menos camarero que le daba de vestir. ¿Á quién
-no engañara aquella buena disposicion y razonable capa y
-sayo? ¿y quién pensará que aquel gentil hombre se pasó
-ayer todo el dia con aquel mendrugo de pan, que su criado
-Lázaro trajo un dia y noche en el arca de su seno, do no
-se le podia pegar mucha limpieza? ¿y hoy lavándose las
-manos y cara, á falta de paño de manos, se hacia servir de
-la halda del sayo? nadie por cierto lo sospechara. ¡O señor,
-y cuántos de aquestos debeis vos tener por el mundo derramados,
-que padecen por la negra que llaman honra lo
-que por vos no sufririan!</p>
-
-<p>Así estaba yo á la puerta, mirando y considerando estas
-cosas, hasta que el señor mi amo traspuso la larga y angosta
-calle. Tornéme á entrar en casa, y en un <i>credo</i> la anduve
-toda alto y bajo sin hacer represa ni hallar en qué.</p>
-
-<p>Hago la negra y dura cama, y tomo el jarro y doy conmigo
-en el rio, donde en una huerta vi á mi amo en gran
-requesta con dos rebozadas mujeres, al parecer de las que
-en aquel lugar no hacen falta; antes muchas tienen por estilo
-de irse á las mañanicas del verano á refrescar y almorzar,
-sin llevar qué, por aquellas frescas riberas, con confianza
-que no ha de faltar quien se lo dé, segun las tienen
-puestas en esta costumbre aquellos hidalgos de lugar. Y como
-digo, él estaba entre ellas hecho un Macías, diciéndoles<span class="pagenum"><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span>
-mas dulzuras que Ovidio escribió. Pero como sintieron
-de él que estaba bien enternecido, no se les hizo de vergüenza
-pedirle de almorzar con el acostumbrado pago. Él,
-sintiéndose tan frio de bolsa cuanto caliente del estómago,
-tomóle tal calofrío que le robó la color del gesto, y comenzó
-á turbarse en la plática, y á poner excusas no válidas.
-Ellas que debian ser bien instituidas, como le sintieron la
-enfermedad, dejáronle para el que era. Yo que estaba comiendo
-ciertos tronchos de berzas, con los cuales me desayuné
-con mucha diligencia como mozo nuevo, sin ser visto
-de mi amo, torné á casa, de la cual pensé barrer alguna
-parte que bien era menester, mas no hallé con qué.</p>
-
-<p>Púseme á pensar que haria, y parecióme esperar á mi amo
-hasta que el dia demediase, y si viniese y por ventura trajese
-algo que comiésemos; mas en vano fue mi esperanza. Desde
-que vi ser las dos y no venia, y la hambre me aquejaba, cierro
-la puerta y pongo la llave do mandó y tórnome á mi menester
-con baja y enferma voz; é inclinadas mis manos en
-los senos, puesto Dios ante mis ojos y la lengua en su nombre,
-comienzo á pedir pan por las puertas y casas mas grandes
-que me parecia. Mas como yo este oficio le hubiese mamado
-en leche, quiero decir que con el gran maestro el ciego
-le aprendí, tan suficiente discípulo salí, que aunque en este
-pueblo no habia caridad, ni el año fuese muy abundante,
-tan buena maña me di, que antes que el reloj diese las
-cuatro, ya yo tenia otras tantas libras de pan enfiladas en
-el cuerpo, y mas de otras dos en las mangas y senos. Volvíme
-á la posada, y al pasar por la tripería, pedí á una
-de aquellas mujeres, y dióme un pedazo de uña de vaca
-con otras pocas de tripas cocidas. Cuando llegué á casa, ya
-el bueno de mi amo estaba en ella, doblada su capa y puesta
-en el poyo, y él paseándose por el patio. Como entré,
-vínose para mi, y pensé que me queria reñir la tardanza;
-mas mejor lo hizo Dios. Preguntóme de do venia; yo le
-dije: señor, hasta que dieron las dos, estuve aquí; y desde
-que vi que vuestra merced no venia, fuíme por esa<span class="pagenum"><a name="Page_216" id="Page_216">[216]</a></span>
-ciudad á encomendarme á las buenas gentes, y hanme dado
-esto que veis. Mostréle el pan y las tripas que en un
-cabo de la halda traía. Á lo cual él mostró buen semblante,
-y dijo: pues esperado te he á comer, y desde que vi que
-no veniste, comí, mas tu haces como hombre de bien en
-eso, que mas vale pedirlo por Dios que no hurtarlo, y así
-él me ayude como ello me parece bien, y solamente te encomiendo
-no sepan que vives conmigo, por lo que toca á
-mi honra; aunque bien creo que será secreto, segun lo poco
-que en este pueblo soy conocido; nunca á él yo hubiera
-de venir. De eso pierda, señor, cuidado, le dije yo; que
-maldito aquel que ninguno tiene que pedirme esa cuenta,
-ni yo de darla. Ahora pues, come pecador, dijo él, que
-si á Dios place, presto nos veremos sin necesidad, aunque
-te digo que despues que en esta casa entré, nunca bien me
-ha ido, debe de ser de mal suelo, que hay casas desdichadas
-y de mal pie, que á los que viven en ellas pegan la desdicha.
-Esta debe de ser sin duda de ellas; mas yo te prometo,
-acabado el mes, no quede en ella, aunque me la den
-por mia.</p>
-
-<p>Sentéme al cabo del poyo, y porque no me tuviese por
-gloton, callé la merienda, y comienzo á cenar y morder
-en mis tripas y pan. Disimuladamente miraba al desventurado
-señor mio, que no partia sus ojos de mis faldas, que
-á aquella sazon servian de plato. Tanta lástima haya Dios
-de mi, como yo habia de él, porque sentí lo que sentia, y
-muchas veces habia por ello pasado, y pasaba cada dia. Pensaba
-si seria bien convidarle, mas por haberme dicho que
-habia comido, temíame no acetaria el convite. Finalmente
-yo deseaba que el pecador ayudase á su trabajo del mio y
-se desayunase, como el dia antes hizo; pues habia mejor
-aparejo, por ser mejor la vianda y menos mi hambre. Quiso
-Dios cumplir mi deseo, y aun pienso que el suyo, porque
-como comencé á comer, él se andaba paseando. Llegóse á
-mí, y díjome, dígote, Lázaro que tienes en comer la mejor
-gracia que en mi vida vi á hombre, y que nadie te lo ve hacer,<span class="pagenum"><a name="Page_217" id="Page_217">[217]</a></span>
-que no le pongas gana, aunque no la tenga. La muy
-buena que tu tienes (dije yo entre mi) te hace parecer la
-mia hermosa. Con todo parecióme ayudarle, pues se ayudaba
-y me abria camino para ello, y díjele; señor, el buen
-aparejo hace buen artífice. Este pan está sabrosísimo, y esta
-uña de vaca está tan bien cocida y sazonada, que no habrá
-á quien no convide con su sabor. ¿Uña de vaca es? preguntó
-él. Si señor, le dije yo. Dígote, dijo él, que es el mejor
-bocado del mundo, y que no hay faisan que así me sepa.
-Pues pruebe, señor, dije yo, y verá que tal está. Póngole
-en las uñas la otra y tres ó cuatro raciones de pan de
-lo mas blanco. Asentóseme al lado, y comienza á comer,
-como aquel que lo habia ganado, royendo cada huesecillo
-de aquellos mejor que un galgo suyo lo hiciera.</p>
-
-<p>Con almodrote, decia, es este singular manjar. Con mejor
-salsa lo comes tu, respondí yo paso. Por Dios, dijo él,
-que me ha sabido, como si no hubiera hoy comido bocado.
-Así me vengan los buenos años como es ello, dije yo entre
-mi. Pidióme el jarro del agua, y díselo como lo habia traido.
-Es señal, que pues no le faltaba el agua, que le habia á
-mi amo sobrado la comida. Bebimos, y muy contentos nos
-fuímos á dormir, como la noche pasada. Y por evitar prolijidad,
-de esta manera estuvimos ocho ó diez dias, yéndose
-el pecador en la mañana con aquel contento y paso contado
-á papar aire por las calles, teniendo en el pobre Lázaro
-una cabeza de lobo.</p>
-
-<p>Contemplaba yo muchas veces mi desastre, que escapando
-de los amos ruines que habia tenido, y buscando mejoría,
-viniese á topar con quien no solo no me mantuviese,
-mas á quien yo habia de mantener.</p>
-
-<p>Con todo le queria bien, con ver que no tenia ni podia
-mas, y antes le habia lástima que enemistad: y muchas veces,
-por llevar á la posada con que él lo pasase, yo lo pasaba
-mal: porque una mañana levantándose el triste en camisa,
-subió á lo alto de la casa á hacer sus menesteres, y en
-tanto yo por salir de sospecha desenvolvíle el jupo y las<span class="pagenum"><a name="Page_218" id="Page_218">[218]</a></span>
-calzas que á la cabecera dejó, y hallé una bolsilla de terciopelo
-raso, hecha cien dobleces, y sin maldita la blanca ni
-señal que la hubiese tenido mucho tiempo. Este, decia yo,
-es pobre, y nadie da lo que no tiene: mas el avariento ciego
-y el malaventurado mezquino clérigo, que con dárselo Dios
-á ambos, al uno de mano besada, y al otro de lengua suelta,
-me mataban de hambre. Aquellos es justo desamar, y
-aqueste es de haber mancilla. Dios me es testigo, que hoy
-dia cuando topo con alguno de su hábito con aquel paso y
-pompa, le he lástima, con pensar si padece lo que á aquel
-le vi sufrir, al cual con toda su pobreza holgaria de servir
-mas que á los otros, por lo que he dicho. Solo tenia de él
-un poco de descontento; que quisiera yo que no tuviera
-tanta presuncion, mas que abajara un poco su fantasía con
-lo mucho que subia su necesidad. Mas segun me parece, es
-regla ya entre ellos usada y guardada, que aunque no haya
-cornado de trueco, ha de andar el birrete en su lugar: el
-Señor lo remedie, que ya con este mal han de morir.</p>
-
-<p>Pues estando yo en tal estado pasando la vida que digo,
-quiso mi mala fortuna que de perseguirme no era satisfecha,
-que en aquella trabajada y vergonzosa vivienda no durase.
-Y fue, como aquel año esta tierra fuese estéril de pan,
-acordó el Ayuntamiento, que todos los pobres extranjeros
-se fuesen de la ciudad; con pregon, que el que de allí adelante
-topasen, fuese punido con azotes. Y así ejecutando la
-ley, desde á cuatro dias que el pregon se dió, vi llevar una
-procesion de pobres azotando por las cuatro calles: lo cual
-me puso tan gran espanto, que nunca osé desmandarme á
-demandar. Aquí viera, quien verlo pudiera, la abstinencia
-de mi casa, la tristeza y silencio de los moradores de ella;
-tanto que nos acaeció estar dos ó tres dias sin comer bocado
-ni hablar palabra. Á mi diéronme la vida unas mujercillas
-hilanderas de algodon, que hacian botones y vivian á
-par de nosotros, con las cuales yo tuve vecindad y conocimiento;
-que la laceria que les traían, me daban alguna cosilla,
-con la cual muy pasado me pasaba.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_219" id="Page_219">[219]</a></span></p>
-
-<p>Y no tenia tanta lástima de mi como del lastimado de mi
-amo, que en ocho dias maldito el bocado que comió; á lo
-menos en casa bien los estuvimos sin comer: no sé yo como
-ó donde andaba, y que comia; y verle venir á mediodia
-la calle abajo, con estirado cuerpo mas largo que galgo
-de buena casta; y por lo que tocaba á su negra que dicen
-honra, tomaba una paja de las que aun asaz no habia en
-casa, y salia á la puerta escarbando los que nada entre sí
-tenian, quejándose todavía de aquel mal solar, diciendo:
-malo está de ver, que la desdicha de esta vivienda lo hace.
-Como ves, es lóbrega, triste y obscura, mientras aquí estuviéremos,
-hemos de padecer; ya deseo se acabe este mes
-por salir de ella.</p>
-
-<p>Pues estando en esta afligida y hambrienta persecucion,
-un dia, no sé por cual dicha ó ventura, en el poder de mi
-amo entró un real, con el cual vino á casa tan ufano, como
-si tuviera el tesoro de Venecia, y con gesto muy alegre y
-risueño me lo dió diciendo; toma, Lázaro, que Dios ya va
-abriendo su mano: vé á la plaza, y merca pan, vino y carne;
-quebremos el ojo al diablo. Y mas te hago saber, porque
-te huelgues, que he alquilado otra casa, y en esta desastrada
-no hemos de estar mas en cumpliendo el mes.
-Maldita sea ella y el que en ella puso la primera teja, que
-con mal en ella entré. Por nuestro Señor, cuanto ha que
-en ella vivo, gota de vino ni bocado de carne no he comido,
-ni he habido descanso ninguno, mas tal vista tiene, y
-tal obscuridad y tristeza. Vé y ven presto, y comamos hoy
-como condes. Tomo mi real y jarro, y á los pies dándoles
-priesa, comienzo á subir mi calle, encaminando mis pasos
-para la plaza muy contento y alegre. Mas ¿qué me aprovecha,
-si está constituido en mi triste fortuna, que ningun
-gozo me venga sin zozobra? Y así fue este, porque yendo
-la calle arriba, echando mi cuenta en lo que le emplearia
-que fuese mejor y mas provechosamente gastado, dando
-infinitas gracias á Dios que á mi amo habia hecho con dinero,
-á deshora me vino al encuentro un muerto, que por la<span class="pagenum"><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span>
-calle abajo muchos clérigos, y gente en unas andas traían.
-Arriméme á la pared por darles lugar, y así que el cuerpo
-pasó, venia luego á par del féretro una que debia ser la
-mujer del difunto, cargada de luto y con ella otras muchas
-mujeres; la cual iba llorando á grandes voces, y diciendo:
-¡marido y señor mio, adónde me os llevan! ¡á la casa triste
-y desdichada, á la casa lóbrega y obscura, á la casa donde
-nunca comen ni beben! Yo que aquello oí, juntóseme el
-cielo con la tierra, y dije: ¡ó desdichado de mi! para mi
-casa llevan este muerto.</p>
-
-<p>Dejo el camino que llevaba, y hendí por medio de la gente,
-y vuelvo por la calle abajo á todo el mas correr que pude
-para mi casa; y entrando en ella, cierro á grande priesa,
-invocando el ausilio y favor de mi amo, abrazándome
-de él, que me venga á ayudar y á defender la entrada. El
-cual algo alterado, pensando que fuese otra cosa, me dijo:
-¿qué es eso, mozo? ¿qué voces das? ¿qué has, porqué
-cierras la puerta con tal furia? O señor, dije yo, acuda
-aquí, que nos traen acá un muerto. ¿Cómo así, respondió
-él? Aquí arriba le encontré, dije yo, y venia diciendo
-su mujer: ¡marido y señor mio, adónde os llevan! ¡á la
-casa lóbrega y obscura, á la casa triste y desdichada, á la
-casa donde nunca comen ni beben! acá, señor, nos le
-traen. Y ciertamente cuando mi amo esto oyó, aunque no
-tenia porque estar muy risueño, rió tanto, que muy gran
-rato estuvo sin poder hablar. En este tiempo tenia ya yo
-echada el aldaba á la puerta, y puesto el hombro en ella
-por mas defensa. Pasó la gente con su muerto, y yo todavía
-me recelaba que nos le habian de meter en casa. Y luego
-que fue ya mas harto de reir que de comer, el bueno de
-mi amo díjome: verdad es, Lázaro, segun la viuda iba diciendo,
-tu tuviste razon de pensar lo que pensaste; mas
-pues Dios lo ha hecho mejor y pasan adelante, abre, abre,
-y ve por de comer.</p>
-
-<p>Dejadlos, señor, acaben de pasar la calle, dije yo. Al fin
-vino mi amo á la puerta de la calle, y ábrela esforzándome;<span class="pagenum"><a name="Page_221" id="Page_221">[221]</a></span>
-que bien era menester segun el miedo y alteracion, y me
-tornó á encaminar.</p>
-
-<p>Mas aunque comimos bien aquel dia, maldito el gusto yo
-tomaba en ello, ni en aquellos tres dias torné en mi color;
-y mi amo muy risueño todas las veces que se acordaba de
-aquella mi consideracion.</p>
-
-<p>De esta manera estuve con mi tercero y pobre amo, que
-fue este escudero, algunos dias, y en todos deseando saber
-la intencion de su venida y estada en esta tierra, porque
-desde el primer dia que con él asenté, le conocí ser extranjero
-por el poco conocimiento y trato que con los naturales
-de ella tenia. Al cabo se cumplió mi deseo y supe lo que
-deseaba; porque un dia que habíamos comido razonablemente
-y estaba algo contento, contóme su historia, y díjome
-ser de Castilla la Vieja, que habia dejado su tierra no
-mas de por no quitar el bonete á un caballero, vecino suyo.
-Señor, dije yo, si él era lo que decis y tenia mas que vos,
-no errábais en quitárselo primero, pues decis que él tambien
-os lo quitaba. Si es, y si tiene, y tambien me le quitaba
-él á mí; mas de cuantas veces yo se le quitaba primero, no
-fuera malo comedirse él alguna y ganarme por la mano.
-Paréceme, señor, le dije yo, que en eso no mirara, mayormente
-con mis mayores que yo, y que tienen mas. Eres
-muchacho, me respondió, y no sientes las cosas de la honra,
-en que el dia de hoy está todo el caudal de los hombres de
-bien. Pues hágote saber, que yo soy, como ves, un escudero;
-mas vótote á Dios, si al conde topo en la calle, y
-no me quita muy bien quitado del todo el bonete, que
-otra vez que venga, me sepa yo entrar en una casa, fingiendo
-yo en ella algun negocio, ó atravesar otra calle, si
-la hay antes que llegue á mi, por no quitársele: que un
-hidalgo no debe á otro que á Dios y al rey nada, ni es justo,
-siendo hombre de bien, se descuide de un punto de tener
-en mucho su persona. Acuérdome que un dia deshonré en
-mi tierra á un oficial, y quise poner en él las manos, porque
-cada vez que le topaba, me decia: mantenga Dios á<span class="pagenum"><a name="Page_222" id="Page_222">[222]</a></span>
-vuestra merced. Vos, D. Villano Ruin, le dije yo, ¿porqué
-no sois bien criado? manténgaos Dios, me habeis de decir,
-como si fuese quien quiera. De allí adelante de aquí acullá
-me quitaba el bonete, y hablaba como debia. ¿Y no es buena
-manera de saludar un hombre á otro, dije yo, decirle
-que le mantenga Dios? Mira, mozo, dijo él, á los hombres
-de poca arte dicen eso, mas á los mas altos como yo, no les
-han de hablar menos de: beso las manos de vuestra merced:
-ó por lo menos, bésoos, señor las manos, si el que
-me habla es caballero. Y así de aquel de mi tierra que me
-atestaba de mantenimiento, nunca mas le quise sufrir, ni
-sufriria á hombre del mundo del rey abajo, que manténgaos
-Dios, me diga. Pecador de mi, dije yo, por eso tiene
-tan poco cuidado de mantenerte, pues no sufre que nadie se
-lo ruegue. Mayormente, dijo, que no soy tan pobre que no
-tenga en mi tierra un solar de casas, que á estar ellas en
-pie y bien labradas, diez y seis leguas de donde nací, en
-aquella costanilla de Valladolid, valdrian mas de doscientos
-mil maravedís, segun se podrian hacer grandes y buenas. Y
-tengo un palomar que á no estar derribado, como está, daria
-cada año mas de doscientos palominos; y otras cosas
-que me callo, que dejé por lo que tocaba á mi honra: y vine
-á esta ciudad, pensando que hallaria un buen asiento,
-mas no me ha sucedido como pensé. Canónigos y señores de
-la iglesia muchos hallo, mas es gente tan limitada, que no
-les sacará de su paso todo el mundo. Caballeros de media
-talla tambien me ruegan, mas servir á estos es gran trabajo,
-porque de hombre os habeis de convertir en malilla, y sino
-anda con Dios, os dicen: y las mas veces son los pagamentos
-á largos plazos, y las mas ciertas comido por servido.
-Ya cuando quieren reformar conciencia, y satisfaceros vuestros
-sudores, sois librado en la recámara en un sudado jubon,
-ó raida capa ó sayo. Ya cuando asienta hombre con
-un señor de título, todavía pasa su laceria; ¿pues por ventura
-no hay en mi habilidad para servir y contentar á estos?
-Por Dios si con él topase, muy gran privado suyo pienso<span class="pagenum"><a name="Page_223" id="Page_223">[223]</a></span>
-que fuese, y que mil servicios le hiciese, porque yo sabria
-mentirle tan bien como otro, y agradarle á las mil maravillas;
-reirle mucho sus donaires y costumbres, aunque no fuesen
-las mejores del mundo: nunca decirle cosa que le pesase,
-aunque mucho le cumpliese; ser muy diligente en su persona
-en dicho y hecho; no matarme por no hacer bien las
-cosas que él no habia de ver, y ponerme á reñir, donde él
-lo viese, con la gente de su servicio, porque pareciese tener
-gran cuidado de lo que á él tocaba; si riñese con alguno su
-criado, dar unos puntillos agudos para encenderle la ira,
-y que pareciesen en favor del culpado; decirle bien de lo
-que bien le estuviese, y por el contrario ser malicioso mofador;
-hablar mal de los de casa y de los de fuera; pesquisar
-y procurar saber vidas ajenas, para contárselas, y otras
-muchas galas de esta calidad, que hoy dia se usan en palacio,
-y á los señores de él parecen bien, y no quieren ver
-en sus casas hombres virtuosos; antes los aborrecen y tienen
-en poco, y llaman necios, y que no son personas de
-negocios, ni con quien el señor se puede descuidar. Y con
-estos los astutos usan, como digo, el dia de hoy de lo que
-yo usaria; mas no quiere mi ventura que le halle.</p>
-
-<p>De esta manera lamentaba tambien su adversa fortuna
-mi amo, dándome relacion de su persona valerosa. Pues
-estando en esto, entró por la puerta un hombre y una vieja;
-el hombre le pide el alquiler de la casa, y la vieja el de
-la cama. Hacen cuenta, y de dos meses le alcanzaron lo
-que él en un año no alcanzara: pienso que fueron doce ó
-trece reales. Y él les dió muy buena respuesta, que saldria
-á la plaza á trocar una pieza de á dos, y que á la tarde
-volviesen. Mas su salida fue sin vuelta; por manera que á
-la tarde ellos volvieron, mas fue tarde: yo les dije, que aun
-no era venido.</p>
-
-<p>Venida la mañana, los acreedores vuelven y preguntan
-por el vecino; mas á estotra puerta. Las mujeres les responden:
-veis aquí su mozo, y la llave de la puerta. Ellos
-me preguntaron por él, y díjeles que no sabia adonde estaba,<span class="pagenum"><a name="Page_224" id="Page_224">[224]</a></span>
-y que tampoco habia vuelto á casa, desde que salió á
-trocar la pieza, y que pensaba que de mi y de ellos se habia
-ido con el trueco. Luego que esto me oyeron, van por un
-alguacil y un escribano, y he aquí que los dos vuelven luego
-con ellos, y toman la llave y llámanme, y llaman testigos
-y abren la puerta, y entran á embargar la hacienda de
-mi amo hasta ser pagados de su deuda. Anduvieron toda la
-casa, y halláronla desembarazada como he contado, y dícenme:
-¿qué es de la hacienda de tu amo? ¿sus arcas y paños
-de pared, y alhajas de casa? No sé yo eso, les respondí.
-Sin duda, dicen ellos, esta noche lo deben de haber alzado
-y llevado á alguna parte. Señor alguacil, prended á este
-mozo, que él sabe donde está. En esto vino el alguacil, y
-echóme mano por el collar del jubon, diciéndome; muchacho,
-tu eres preso, si no descubres los bienes de este amo
-tuyo. Yo como en otra tal no me hubiese visto, porque asido
-del collar, sí, habia sido muchas veces, mas era mansamente
-de él trabado, para que mostrase el camino al que
-no veía; yo tuve mucho miedo, y llorando prometíle decir
-lo que me preguntaban. Bien está, dicen ellos: pues dí lo
-que sabes y no hayas temor. Sentóse el escribano en un
-poyo para escribir el inventario, preguntándome que tenia.
-Señores, dije yo, lo que este amo mio tiene, segun él me
-dijo, es un muy buen solar de casas, y un palomar derribado.
-Bien está, dicen ellos. Por poco que eso valga, hay
-para reintegrarnos de la deuda: ¿Y á qué parte de la ciudad
-tiene eso, me preguntaron? En su tierra, les respondí. Por
-Dios que está bueno el negocio, dijeron ellos, ¿y á dónde
-es su tierra? De Castilla la Vieja me dijo que él era, les dije.
-Riéronse mucho el alguacil y el escribano, diciendo: bastante
-relacion es esta para cobrar vuestra deuda, aunque
-mejor fuese. Las vecinas que estaban presentes dijeron:
-señores, este es un niño inocente, y ha pocos dias que
-está con ese escudero, y no sabe de él mas que vuestras
-mercedes, sino cuanto el pecadorcico se llega aquí á nuestra
-casa, y le damos de comer lo que podemos por amor de
-Dios, y á la noche se va á dormir con él.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_225" id="Page_225">[225]</a></span></p>
-
-<p>Vista mi inocencia, dejáronme dándome por libre: y el
-alguacil y el escribano piden al hombre y á la mujer sus derechos,
-sobre lo cual tuvieron gran contienda y ruido; porque
-ellos alegaron no ser obligados á pagar, pues no habia
-de qué, ni se hacia el embargo. Los otros decian, que habian
-dejado de ir á otro negocio que les importaba mas por
-venir á aquel. Finalmente despues de dadas muchas voces,
-al cabo carga un porqueron con el viejo alfamar de la vieja,
-y aunque no iba muy cargado, allá iban todos cinco dando
-voces: no sé en que paró. Creo yo que el pecador alfamar
-pagara por todos; y bien se empleaba, pues al tiempo que
-habia de reposar y descansar de los trabajos pasados, se andaba
-alquilando.</p>
-
-<p>Así como he contado, me dejó mi pobre tercero amo, do
-acabé de conocer mi ruin dicha: pues señalándose todo lo
-que podia contra mi, hacia mis negocios tan al revés, que
-los amos que suelen ser dejados de los mozos, en mí no
-fuese así, mas que mi amo me dejase y huyese de mi.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<h3 id="Chapter_4">Como Lázaro se asentó con un fraile de la Merced, y de lo que le acaeció
-con él.</h3>
-
-
-<p>Hube de buscar el cuarto, y este fue un fraile de la Merced,
-adonde las mujercillas que digo me encaminaron, al
-cual ellas llamaban pariente: gran enemigo del coro y de
-comer en el convento, perdido por andar fuera, amicísimo
-de negocios seglares y visitas; tanto que pienso que rompia
-él mas zapatos que todo el convento. Este me dió los primeros
-zapatos que rompí en mi vida, mas no me duraron ocho
-dias, ni yo pude con su trote durar mas. Y por esto y por
-otras cosillas que no digo, salí de él.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_226" id="Page_226">[226]</a></span></p>
-
-<h3 id="Chapter_5">Como Lázaro se asienta con un bulero, y de las cosas que con él pasó.</h3>
-
-
-<p>En el quinto por mi ventura di, que fue un bulero, el
-mas desenvuelto, y desvergonzado, y el mayor echador de
-ellas que jamás yo vi ni ver espero, ni pienso, ni nadie vió:
-porque tenia y buscaba modos y maneras, y muy sutiles
-invenciones. En entrando en los lugares do habian de presentar
-la bula, primero presentaba á los clérigos ó curas
-algunas cosillas no de mucho valor ni substancia. Una lechuga
-murciana, si era por el tiempo; un par de limas ó
-naranjas, un melocoton, un par de duraznos, ó á cada uno
-sus sendas peras verdiñales. Así procuraba tenerlos propicios,
-porque favoreciesen su negocio y llamasen á sus feligreses
-á tomar la bula, ofreciéndole á él las gracias. Informábase
-de la suficiencia de ellos: si decian que entendian
-no hablaba palabra en latin, por no dar tropezon: mas
-aprovechábase de un gentil y bien cortado romance y desenvueltísima
-lengua. Y si sabia que los dichos clérigos eran
-de los reverendos, digo, que mas con dineros que con letras
-y con reverendas se ordenan, hacíase entre ellos un Santo
-Tomás, y hablaba dos horas en latin, á lo menos que lo
-parecia, aunque no lo era. Cuando por bien no le tomaban
-las bulas, buscaba como por mal se las tomasen, y para
-aquello hacia molestias al pueblo, y otras veces con mañosos
-artificios. Y porque todos los que veía hacer, seria largo
-de contar, diré uno muy sutil y donoso, con el cual probaré
-bien su suficiencia. En un lugar de la Sagra de Toledo
-habia predicado dos ó tres dias, haciendo sus acostumbradas
-diligencias, y no le habian tomado bula, ni á mi ver tenian
-intencion de tomársela; y él estaba dado al diablo con
-aquello. Y pensando que hacer se acordó de convidar al pueblo
-á otro dia de mañana para despedir la bula. Y esa noche
-despues de cenar pusiéronse á jugar la colacion él y el alguacil,
-y sobre el juego vinieron á reñir y á haber palabras.<span class="pagenum"><a name="Page_227" id="Page_227">[227]</a></span>
-Sobre esto el señor comisario, mi señor, tomó un
-lanzon que en el portal do jugaban estaba. El alguacil puso
-mano á su espada, que en la cinta tenia. Al ruido y voces que
-todos dimos, acuden los huéspedes y vecinos, y métense en
-medio; y ellos muy enojados, procurándose desembarazar
-de los que en medio estaban, para matarse. Mas como la
-gente al gran ruido cargase, y la casa estuviese llena de ella,
-viendo que no podian afrentarse con las armas, decíanse
-palabras injuriosas, entre las cuales el alguacil dijo á mi
-amo, que era falsario, y las bulas que predicaba eran falsas.
-Finalmente los del pueblo viendo que no bastaban para
-ponerlos en paz, acordaron de llevar al alguacil de la
-posada á otra parte; y así quedó mi amo muy enojado. Y
-despues que los huéspedes y vecinos le hubieron rogado
-que perdiese el enojo y se fuese á dormir, así nos echamos
-todos.</p>
-
-<p>La mañana venida mi amo se fue á la iglesia, y mandó
-tañer á misa y al sermon para despedir la bula: y el pueblo
-se juntó, el cual andaba murmurando de las bulas, diciendo
-como eran falsas, y que el mismo alguacil riñendo lo
-habia descubierto: de manera que tras que tenian mala gana
-de tomarla, con aquello del todo la aborrecieron. El señor
-comisario se subió al púlpito, y comienza su sermon,
-y á animar la gente á que no quedasen sin tanto bien é indulgencia
-como la santa bula traía. Estando en lo mejor del
-sermon entró por la parte de la iglesia el alguacil; y luego
-que hizo oracion, levantóse, y con voz alta y pausada
-cuerdamente comenzó á decir:</p>
-
-<p>Buenos hombres, oidme una palabra, que despues oireis
-á quien quisiéreis. Yo vine aquí con este echacuervos que
-os predica, el cual me engañó y dijo que le favoreciese en
-este negocio, y que partiríamos la ganancia. Y ahora visto
-el daño que haria á mi conciencia y á vuestras haciendas,
-arrepentido de lo hecho os declaro claramente que las bulas
-que predica son falsas, y que no le creais ni las tomeis, y
-que yo <i>directè</i> ni <i>indirectè</i> no soy parte en ellas, y que desde<span class="pagenum"><a name="Page_228" id="Page_228">[228]</a></span>
-ahora dejo la vara y doy con ella en el suelo: y si en algun
-tiempo este fuese castigado por la falsedad, que vosotros
-me seais testigos como yo no soy con él, ni le doy á ello
-ayuda, antes os desengaño y declaro su maldad, y acabó
-su razonamiento.</p>
-
-<p>Algunos hombres honrados que allí estaban, se quisieron
-levantar, y echar al alguacil fuera de la iglesia por evitar
-escándalo, mas mi amo les fue á la mano, y mandó á todos
-que so pena de excomunion no le estorbasen, mas que le
-dejasen decir todo lo que quisiese; y así él tambien tuvo silencio,
-mientras el alguacil dijo todo lo que he dicho.</p>
-
-<p>Como calló, mi amo le preguntó si queria decir mas,
-que lo dijese. El alguacil dijo: harto mas hay que decir de
-vos y de vuestra falsedad, mas por ahora basta.</p>
-
-<p>El señor comisario se hincó de rodillas en el púlpito, y
-puestas las manos y mirando al cielo dijo así: Señor Dios,
-á quien ninguna cosa es escondida, antes todas manifiestas,
-y á quien nada es imposible, antes todo posible; tu
-sabes la verdad, y cuan injustamente yo soy afrentado. En
-lo que á mi toca, yo le perdono, porque tu, Señor, me perdones.
-No mires aquel, que no sabe lo que hace ni dice:
-mas la injuria á ti hecha, te suplico y por justicia te pido,
-no disimules, porque alguno que está aquí, que por ventura
-pensó tomar aquesta santa bula, dando crédito á las falsas
-palabras de aquel hombre, lo dejará de hacer. Y pues
-es con tanto perjuicio del prójimo, te suplico yo, Señor,
-no le desimules, mas luego muestra aquí milagro, y sea de
-esta manera, que si es verdad lo que aquel dice y que yo
-traigo maldad y falsedad, este púlpito se hunda conmigo y
-meta siete estados debajo de tierra, do él ni yo jamás parezcamos.
-Y si es verdad lo que yo digo, y aquel persuadido
-por el demonio (por quitar y privar á los que están
-presentes de tan gran bien) dice maldad, tambien sea
-castigado, y de todos conocida su malicia.</p>
-
-<p>Apenas habia acabado su oracion el devoto señor mio,
-cuando el negro alguacil cae de su estado, y da tal golpe<span class="pagenum"><a name="Page_229" id="Page_229">[229]</a></span>
-en el suelo, que la iglesia toda hizo resonar; y comenzó á
-bramar y echar espumarajos por la boca y torcerla, y hacer
-visajes con el gesto, dando de pie y de mano, revolviéndose
-por aquellos suelos á una parte y á otra. El estruendo
-y voces de la gente era tan grande, que no se oían
-unos á otros. Algunos estaban espantados y temerosos.
-Unos dicen: el Señor le socorra y valga; otros: bien se le
-emplea, pues levantaba tan falso testimonio.</p>
-
-<p>Finalmente algunos que allí estaban, y á mi parecer no sin
-harto temor, se llegaron y le trabaron de los brazos, con
-los cuales daba fuertes puñadas á los que cerca de él estaban.
-Otros le tiraban por las piernas y tenian reciamente,
-porque no habia mula falsa en el mundo que tan recias coces
-tirase: y así le tuvieron un gran rato; porque mas de
-quince hombres estaban sobre él, y á todos daba las manos
-llenas, y si se descuidaban, en los hocicos.</p>
-
-<p>Á todo esto el señor mi amo estaba en el púlpito de rodillas,
-las manos y los ojos puestos en el cielo, transportado
-en la divina esencia, que el planto y ruido y voces que en
-la iglesia habia, no eran parte para apartarle de su divina
-contemplacion. Aquellos buenos hombres llegaron á él, y
-dando voces le despertaron y le suplicaron quisiese socorrer
-á aquel pobre que estaba muriendo, y que no mirase á las
-cosas pasadas ni á sus dichos malos, pues ya de ellos tenia
-el pago; mas si en algo podia aprovechar para librarle del
-peligro y pasion que padecia, por amor de Dios lo hiciese,
-pues ellos veían clara la culpa del culpado y la verdad y
-bondad suya, pues á su peticion y venganza el Señor no
-alargó el castigo.</p>
-
-<p>El señor comisario, como quien despierta de un dulce
-sueño, los miró, y miró al delincuente y á todos los que al
-rededor estaban, y muy pausadamente les dijo: buenos
-hombres, vosotros nunca habíais de rogar por un hombre
-en quien Dios tan señaladamente se ha señalado. Mas pues
-él nos manda, que no volvamos mal por mal y perdonemos
-las injurias, con confianza podremos suplicar, que le<span class="pagenum"><a name="Page_230" id="Page_230">[230]</a></span>
-cumpla lo que nos manda, y su Magestad perdone á este
-que le ofendió, poniendo en su santa fe obstáculo. Vamos
-todos á suplicarle. Y así bajó del púlpito y encomendóles,
-que muy devotamente suplicasen á nuestro Señor tuviese
-por bien de perdonar á aquel pecador, y volverle en su salud
-y sano juicio, y lanzar de él el demonio, si su Magestad
-habia permitido que por su gran pecado en él entrase.
-Todos se hincaron de rodillas, y delante del altar con los
-clérigos comenzaban á cantar con voz baja una letanía, y
-viniendo él con la cruz y agua bendita, despues de haber sobre
-él cantado, el señor mi amo, puestas las manos al
-cielo y los ojos, que casi nada se le parecia sino un poco
-de blanco, comienza una oracion no menos larga que devota,
-con la cual hizo llorar á toda la gente, como suelen
-hacer en los sermones de la pasion de predicador y auditorio
-devoto; suplicando á nuestro Señor, pues no queria la
-muerte del pecador, sino su vida y arrepentimiento, que á
-aquel encaminado por el demonio y persuadido de la muerte
-y pecado, le quisiese perdonar y dar vida y salud, para
-que se arrepintiese y confesase sus pecados. Y esto hecho,
-mandó traer la bula y puso en la cabeza, y luego el pecador
-del alguacil comenzó poco á poco á estar mejor y tornar
-en sí. Y luego que fue bien vuelto en su acuerdo, echóse
-á los pies del señor comisario, y demandóle perdon,
-confesó haber dicho aquello por la boca y mandamiento del
-demonio, lo uno por hacer el daño y vengarse del enojo, lo
-otro y mas principal, porque el demonio recibia mucha
-pena del bien que allí se hiciera en tomar la bula. El señor
-mi amo le perdonó, y fueron hechas las amistades; y á tomar
-la bula hubo tanta priesa, que casi ánima viviente en el lugar
-no quedó sin ella; marido y mujer, hijos é hijas, mozos
-y mozas.</p>
-
-<p>Divulgóse la nueva de lo acaecido por los lugares comarcanos:
-y cuando á ellos llegábamos, no era menester sermon
-ni ir á la iglesia; que á la posada la venian á tomar, como
-si fueran peras que se dieran de balde: de manera que en<span class="pagenum"><a name="Page_231" id="Page_231">[231]</a></span>
-diez ó doce lugares de aquellos alrededores donde fuímos,
-echó el Señor mi amo otras tantas mil bulas sin predicar
-sermon. Cuando hizo el ensayo, confieso mi pecado que
-tambien fuí de ello espantado, y creí que así era como otros
-muchos. Mas con ver despues la risa y burla que mi amo y
-el alguacil llevaban y hacian del negocio, conocí como habia
-sido industriado por el industrioso é inventivo de mi
-amo; y aunque muchacho, cayóme mucho en gracia, y dije
-entre mi: ¿cuántas de estas deben de hacer estos burladores
-entre la inocente gente?</p>
-
-<p>Finalmente estuve con este mi quinto amo cerca de cuatro
-meses, en los cuales pasé tambien hartas fatigas.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<h3 id="Chapter_6">Como Lázaro se asentó con un capellan, y lo que con él pasó.</h3>
-
-
-<p>Despues de esto asenté con un maestro de pintar panderos,
-para molerle los colores; y tambien sufrí mil males.</p>
-
-<p>Siendo ya en este tiempo buen mozuelo, entrando un dia
-en la Iglesia mayor, un capellan de ella me recibió por suyo,
-y púsome en poder un buen asno y cuatro cántaros y
-un azote, y comencé á echar agua por la ciudad.</p>
-
-<p>Este fue el primer escalon que yo subí para venir á alcanzar
-buena vida, porque mi boca era medida. Daba cada dia
-á mi amo treinta maravedís ganados, y los sábados ganaba
-por mi, y todo lo demás entre semana de treinta maravedís.
-Fueme tan bien en el oficio, que al cabo de cuatro años
-que le usé, con poner en la ganancia buen recaudo, ahorré
-para vestirme muy honradamente de la ropa vieja, de la
-cual compré un jubon de fustan viejo, y un sayo raido de
-manga tranzada y puerta, y una capa que habia sido frisada,
-y una espada de las viejas primeras de Cuellar. Luego
-que me vi en hábito de hombre de bien, dije á mi amo se
-tomase su asno que no queria mas seguir aquel oficio.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_232" id="Page_232">[232]</a></span></p>
-
-<h3 id="Chapter_7">Como Lázaro asienta con un alguacil, y de lo que le acaeció con él.</h3>
-
-
-<p>Despedido del capellan, asenté por hombre de justicia con
-un alguacil, mas muy poco viví con él, por parecerme oficio
-peligroso, mayormente que una noche nos corrieron á mi
-y á mi amo á pedradas y á palos unos retraidos; y á mi
-amo que esperó, trataron mal, mas á mi no me alcanzaron.</p>
-
-<p>Con esto renegué del trato. Y pensando en qué modo de
-vivir haria mi asiento por tener descanso y ganar algo para
-la vejez, quiso Dios alumbrarme, y ponerme en camino y
-manera provechosa; y con favor que tuve de amigos y señores,
-todos mis trabajos y fatigas hasta entonces pasados
-fueron pagados con alcanzar lo que procuré, que fue un
-oficio real, viendo que no hay nadie que medre, sino los
-que le tienen: en el cual el dia de hoy yo vivo y resido á
-servicio de Dios y de vuestra merced. Y es que tengo cargo
-de pregonar los vinos que en esta ciudad se venden, y en
-almonedas y cosas perdidas; acompañar á los que padecen
-persecuciones por justicia, y declarar á voces sus delitos:
-pregonero, hablando en buen romance. Hame sucedido tan
-bien y yo le he usado tan facilmente, que casi todas las cosas
-al oficio tocantes pasan por mi mano; tanto que en toda
-la ciudad el que ha de echar vino á vender ó algo, si
-Lázaro de Tormes no entiende en ello, hacen cuenta de no
-sacar provecho.</p>
-
-<p>En este tiempo viendo mi habilidad y buen vivir, teniendo
-noticia de mi persona el señor arcipreste de San Salvador,
-mi señor, y servidor y amigo de vuestra merced,
-porque le pregonaba sus vinos, procuró casarme con una
-criada suya. Y visto por mi que de tal persona no podia
-venir sino bien y favor, acordé de hacerlo, y así me casé
-con ella; y hasta ahora no estoy arrepentido, porque fuera
-de ser buena hija, diligente y servicial, tengo en mi señor<span class="pagenum"><a name="Page_233" id="Page_233">[233]</a></span>
-Arcipreste todo favor y ayuda: y siempre en el año le da
-en veces al pie de una carga de trigo, por las pascuas su
-carne, y cuando el par de los bodigos, las calzas viejas que
-deja, é hízonos alquilar una casilla á par de la suya. Los domingos
-y fiestas casi todas las comíamos en su casa: mas
-malas lenguas que nunca faltaron, no nos dejan vivir, diciendo
-no sé qué: que ven á mi mujer irle á hacer la cama
-y guisarle de comer. Y mejor les ayude Dios que ellos dicen
-la verdad, porque además de no ser ella mujer que se pague
-de estas burlas, mi señor me ha prometido lo que pienso
-cumplirá, que el me habló un dia muy largo delante de
-ella, y me dijo: Lázaro de Tormes, quien ha de mirar á dichos
-de malas lenguas, nunca medrará. Digo esto, porque
-no me maravillaria, alguno viendo entrar en mi casa tu
-mujer y salir de ella. Ella entra muy á tu honra y suya, y
-esto te lo prometo. Por tanto no mires á lo que pueden decir,
-sino á lo que te toca, digo, á tu provecho. Señor le dije,
-yo determiné de arrimarme á los buenos. Verdad es que
-algunos de mis amigos me han dicho algo de eso, y aun
-por mas de tres veces me han certificado, que antes que
-conmigo casase habia parido tres veces, hablando con reverencia
-de vuestra merced, porque está ella delante. Entonces
-mi mujer echó juramentos sobre sí, que yo pensé la
-casa se hundiera con nosotros: y despues tornóse á llorar y
-á echar mil maldiciones sobre quien conmigo la habia casado:
-en tal manera que quisiera ser muerto, antes que
-se me hubiera soltado aquella palabra de la boca. Mas yo de
-un cabo y mi señor de otro, tanto le dijimos y otorgamos,
-que cesó su llanto, con juramento que le hice de nunca
-mas en mi vida mentarle nada de aquello, y que yo holgaba
-y habia por bien de que ella entrase y saliese de noche y
-de dia, pues estaba bien seguro de su bondad. Y así quedamos
-todos tres bien conformes. Hasta el dia de hoy nunca
-nadie nos oyó sobre el caso; antes cuando alguno siento
-que quiere decir algo de ella, le atajo y le digo: mira, si
-sois mi amigo, no me digais cosa que me pese, que no tengo<span class="pagenum"><a name="Page_234" id="Page_234">[234]</a></span>
-por mi amigo al que me hace pesar, mayormente si me
-quieren meter mal con mi mujer, que es la cosa del mundo
-que yo mas quiero, y la amo mas que á mi, y me hace
-Dios con ella mil mercedes y mas bien que yo merezco,
-que yo juraré sobre la hostia consagrada, que es tan buena
-mujer como vive dentro de las puertas de Toledo, y
-quien otra cosa me dijere, me mataré con él. De esta manera
-no me dicen nada, y yo tengo paz en mi casa.</p>
-
-<p>Esto fue el mismo año que nuestro victorioso emperador
-en esta insigne ciudad de Toledo entró y tuvo en ella cortes,
-y se hicieron grandes regocijos y fiestas, como vuestra
-merced habrá oido.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<h3 id="Chapter_8">Da cuenta Lázaro de la amistad que tuvo en Toledo con unos tudescos,
-y lo que con ellos pasaba.</h3>
-
-
-<p>En este tiempo estaba en mi prosperidad y en la cumbre
-de toda buena fortuna: y como yo siempre anduviese acompañado
-de una buena galleta, de unos buenos frutos que
-en esta tierra se crian para muestra de lo que pregonaba,
-cobré tantos amigos y señores así naturales como extranjeros,
-que do quiera que llegaba, no habia para mi puerta
-cerrada, y en tanta manera me vi favorecido, que me parece
-si entonces matara á un hombre, ó me acaeciera algun
-caso recio, hallara todo el mundo de mi bando y tuviera
-en aquellos mis señores todo favor y socorro. Mas yo nunca
-los dejaba boquisecos, queriéndolos llevar conmigo á lo
-mejor que yo habia echado en la ciudad, en donde hacíamos
-la buena y espléndida vida. Allí nos aconteció muchas
-veces entrar en nuestros pies y salir en ajenos: y lo mejor
-de esto es que todo este tiempo maldita la blanca Lázaro de
-Tormes gastó ni se la consentian gastar. Antes si alguna
-vez yo de industria echaba mano á la bolsa fingiendo quererlo
-pagar tomábanlo por afrenta, y mirábanme con alguna
-ira, y decian: <i>nite</i>, <i>nite</i>, <i>asticot</i>, <i>lanz</i>; reprendiéndome<span class="pagenum"><a name="Page_235" id="Page_235">[235]</a></span>
-y diciendo: que donde ellos estaban, nadie habia de
-pagar blanca. Yo con aquello moríame de amores de tal
-gente, porque no solo esto, mas de perniles de tocino,
-pedazos de piernas de carnero, cocidas en aquellos cordiales
-vinos, con mucha de la fina especie, y de sobras de cecinas
-y de pan me henchian la falda y los senos cada vez
-que nos juntábamos, que tenia en mi casa de comer yo y
-mi mujer hasta hartar una semana entera. Acordábame en
-estas harturas de mis hambres pasadas, y alababa al Señor
-y dábale gracias, que así andan las cosas y tiempos.</p>
-
-<p>Mas como dice el refran: <i>quien bien te hará, ó se te irá, ó
-se morirá</i>. Así me acaeció, que se mudó la gran corte como
-hacer suele, y al partir fuí muy requerido de aquellos mis
-grandes amigos me fuese con ellos, y que me harian y acontecerian.
-Mas acordándome del proverbio que dice: <i>mas vale
-el mal conocido que el bien por conocer</i>, agradeciéndoles su
-buena voluntad, con muchos abrazos y tristeza me despedí
-de ellos. Y cierto, si casado no fuera, no dejara su compañía,
-por ser gente hecha muy á mi gusto y condicion: y
-es vida graciosa la que viven, no fantásticos ni presuntuosos,
-sin escrúpulo ni asco de entrarse en cualquier bodegon
-la gorra quitada, si el vino lo merece: gente llana y honrada,
-y tal y tan bien proveida, que no me la dé Dios peor,
-cuando buena sed tuviere. Mas el amor de la mujer y de la
-patria, que ya por mia tengo, pues como dicen; <i>¿de dó eres,
-hombre?</i> tiraron por mi. Y así me quedé en esta ciudad,
-aunque muy conocido de los moradores de ella, con mucha
-soledad de los amigos y vida cortesana.</p>
-
-<p>Estuve muy á mi placer, con acrecentamiento de alegría
-y linaje por el nacimiento de una hermosa niña, que en
-estos medios mi mujer parió, y que aunque yo tenia alguna
-sospecha, ella me juró que era mia: hasta que á la fortuna
-le pareció haberme mucho olvidado, y ser justo tornarme
-á mostrar su airado y severo gesto cruel, y aguarme
-estos pocos años de sabrosa y descansada vida con otros
-tantos de trabajos y amarga muerte. ¡O gran Dios! y ¡quién<span class="pagenum"><a name="Page_236" id="Page_236">[236]</a></span>
-podrá escribir un infortunio tan desastrado, y acaecimiento
-tan sin dicha, que no deje holgar el tintero, poniendo la
-pluma á sus ojos!</p>
-
-
-<p class="no-indent center p2 large">FIN DEL LAZARILLO DE TORMES.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<h2>ÍNDICE.</h2>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_237" id="Page_237">[237]</a></span></p>
-
-<table summary="Content">
- <tr>
- <td class="tdr tdt">&nbsp;</td>
- <td class="tdr tdb"><i>Pág.</i></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdh tdj tdt tdpr smcap">
- El Editor.
- </td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_i">I</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdh tdj tdt tdpr smcap">
- Luis Tribaldos de Toledo al lector.
- </td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_v">V</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdh tdj tdt tdpr smcap">
- Noticias de la vida de D. Diego Hurtado de Mendoza.
- </td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_ix">IX</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdh tdj tdt tdpr">
- Libro I.
- </td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_1">1</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdh tdj tdt tdpr">
- Libro II.
- </td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_43">43</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdh tdj tdt tdpr">
- Libro III.
- </td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_88">88</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdh tdj tdt tdpr">
- Libro IV.
- </td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_141">141</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdh tdj tdt tdpr smcap">
- Discurso del conde de Portalegre.
- </td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_178">178</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="1" class="tdc tdp large">
- LA VIDA DEL LAZARILLO DE TORMES.
- </td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdh tdj tdt tdpr smcap">
- Prólogo del autor.
- </td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_185">185</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdh tdj tdt tdpr">
- Cuenta Lázaro su vida y quien era su padre.
- </td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Chapter_1">187</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdh tdj tdt tdpr">
- Como Lázaro se asentó con un clérigo, y de las cosas que con él pasó.
- </td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Chapter_2">198</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdh tdj tdt tdpr">
- Como Lázaro se asentó con un escudero, y de lo que le acaeció con él.
- </td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Chapter_3">209</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdh tdj tdt tdpr">
- Como Lázaro se asentó con un fraile de la Merced, y de lo que le acaeció con él.
- </td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Chapter_4">225</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdh tdj tdt tdpr">
- Como Lázaro se asienta con un bulero, y de las cosas que con él pasó.
- </td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Chapter_5">226</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdh tdj tdt tdpr">
- Como Lázaro se asentó con un capellan, y lo que con él pasó.
- </td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Chapter_6">231</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdh tdj tdt tdpr">
- Como Lázaro asienta con un alguacil, y de lo que le acaeció con él.
- </td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Chapter_7">232</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdh tdj tdt tdpr">
- Da cuenta Lázaro de la amistad que tuvo en Toledo con unos tudescos y lo que con ellos pasaba.
- </td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Chapter_8">234</a></td>
- </tr>
-</table>
-
-<p class="no-indent center p2 large">FIN DEL ÍNDICE.</p>
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-<pre>
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of Guerra de Granada: Hecha por el rey D.
-Felipe II, contra los Moriscos de aquel reino, sus rebeldes; Seguida de la vida del Lazarillo de Tormes, sus fortunas y adversidades, by Diego Hurtado de Mendoza
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK GUERRA DE GRANADA: HECHA POR ***
-
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-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
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-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be
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