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-Project Gutenberg's Vida del escudero Marcos de Obregón, by Vicente Espinel
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
-re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
-with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
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-
-Title: Vida del escudero Marcos de Obregón
-
-Author: Vicente Espinel
-
-Illustrator: José Luis Pellicer
-
-Release Date: August 21, 2019 [EBook #60147]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK VIDA DE ESCUDERO MARCOS ***
-
-
-
-
-Produced by Ramon Pajares Box and the Online Distributed
-Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was
-produced from images generously made available by The
-Internet Archive/Canadian Libraries)
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-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se
- han convertido a MAYÚSCULAS.
-
- * Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar.
-
- * Se ha respetado la ortografía del original, normalizándola a la
- grafía de mayor frecuencia.
-
- * No obstante, se han añadido tildes a las mayúsculas que las
- necesitan.
-
- * Las notas a pie de página se han renumerado y colocado al final
- del libro.
-
- * Algunas ilustraciones se han desplazado ligeramente, para evitar
- que interrumpieran un párrafo.
-
- * Se han añadido viñetas de adorno al final de algunos capítulos que,
- en el original impreso y por necesidades de paginación, no las
- llevan.
-
- * Se ha añadido, al final del libro, un índice de contenidos que no
- está presente en el original impreso.
-
-
-
-
-[Ilustración: MARCOS DE OBREGON.
-
-POR
-
-_Vicente Espinel_]
-
-
-
-
-ES PROPIEDAD.
-
-
-
-
- VIDA DEL ESCUDERO
-
- MARCOS DE OBREGON
-
- POR EL MAESTRO
-
- VICENTE ESPINEL.
-
- ILUSTRACION DE
-
- JOSÉ LUIS PELLICER.
-
- _Grabados en boj por Páris, Martin, Carretero y Pannemaker
- y en zinc por Verdaguer._
-
- [Ilustración]
-
- _BARCELONA._
-
- BIBLIOTECA «ARTE Y LETRAS».
- _Administración: Ausias March, 95._
- 1881.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-TIPO-LIT. DE C. VERDAGUER.--BARCELONA.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-VICENTE ESPINEL Y SU OBRA.
-
-
-I.
-
-La nueva edicion de las _Relaciones de la vida del escudero Márcos de
-Obregon_, del maestro VICENTE ESPINEL, que, ilustrada por el lápiz
-de Pellicer y el buril de Páris, Martin, Carretero y Pannemaker,
-ofrece hoy al público curioso la empresa que saca á luz en Barcelona
-la Biblioteca apellidada ARTE Y LETRAS, ocupa el número onceno en el
-órden cronológico de las que de esta obra, tambien inmortal española,
-se han hecho hasta ahora en castellano, desde los felices dias de su
-ingenioso autor. La primera, la más clásica de todas por el lujo y
-tono de sus formas tipográficas, fué la de Juan de la Cuesta, dada en
-Madrid á la estampa á principios de 1618. Es libro tan perfecto que ni
-una sola errata halla en sus páginas el más prolijo corrector. Juan de
-la Cuesta, al final de la _Segunda parte de las comedias, de Lope de
-Vega Carpio_, publicada en el mismo año, y en nota relativa al auto del
-Consejo de Castilla, prohibiendo introducir en el reino las ediciones
-fraudulentas de los libros castellanos que, al punto que en Madrid
-aparecian, eran reimpresos en la capital de Cataluña, en la de Aragon y
-áun en Navarra, hizo constar que por esta sola licencia habia dado al
-autor cien escudos de oro: precio por aquel tiempo desconocido para una
-obra de imaginacion. El acuerdo del Consejo no evitó que en el mismo
-año se hicieran en Barcelona otras dos ediciones del libro de autor á
-la sazon tan famoso; las de Jerónimo Margarit y Sebastian de Cormellas:
-patentizando del mismo modo la inmensa reputacion literaria que ESPINEL
-disfrutaba por Europa la traduccion francesa que Vital de Audiguier,
-señor de la Menor, en Rovergue, se apresuró á arrojar en Paris á las
-prensas de Petitpas, el mismo año de 1618, segun Brunet[1]. No terminó
-el siglo XVII sin otras dos distintas ediciones castellanas: la cuarta,
-que Pedro Gomez de Pastrana costeó en Sevilla en 1641, y la quinta,
-dedicada en Madrid por el impresor Gregorio Rodriguez, en 1657, al Sr.
-D. Juan Bautista Berardo, Tesorero general del Real Consejo de las
-Indias.
-
-Rivera Valenzuela en los _Diálogos de memorias eruditas para la
-historia de Ronda_, no sólo manifestó que en su concepto se habian
-agotado ya hasta su tiempo doce ediciones españolas del _Márcos de
-Obregon_, sino recordó haber oido á su padre D. Bartolomé, cuya vida
-corrió de 1685 á 1746, que en su primera edad todos los niños llevaban
-este libro á las escuelas[2]. Confieso no haber sido tan feliz como
-el autor referido en el numeroso hallazgo de tan profusas ediciones;
-y aunque á la segunda parte de lo que Rivera afirma, conspira á dar
-cierta probabilidad de certeza la circunstancia de ser muchos los
-ejemplares antiguos, principalmente de la edicion de Juan de la Cuesta,
-encontrados con rótulos manuscritos que acreditan haber pertenecido á
-personas que al poseerlos se hallaban recibiendo alguna instruccion,
-con todo ni las tiradas por aquel tiempo eran tan abundantes, ni las
-ediciones tan repetidas, que se brindasen á aceptar lo propuesto por
-Rivera Valenzuela como artículo de fé. En la Biblioteca Nacional de
-Madrid consta un ejemplar que, despues de haber pertenecido á Jerónimo
-de Salazar en el siglo XVII, era en 29 de noviembre de 1743 propiedad
-de Enrique Ruiz, _paje de S. M._ Otro que posee en su rica coleccion
-el librero Murillo, en esta córte, lleva tambien el reclamo manuscrito
-de su dueño, del mismo oficio que el anterior. No obstante manténgome
-en mi opinion, en la cual me corrobora el hecho de que durante todo el
-siglo XVIII, el _Márcos de Obregon_ no fué reimpreso sino una sola vez,
-en Madrid, en 1744[3].
-
-Desde la séptima edicion inclusive, todas las restantes son del
-presente siglo. Abrió la marcha en 1804 la salida en Madrid de las
-oficinas de D. Mateo Repullés, cuando con motivo de las _Observaciones
-sobre el Gil Blas_ presentadas á la Academia francesa por el español
-Llorente[4], discutióse con cierto calor por toda Europa y áun por el
-lado de la América del Norte[5] acerca de la originalidad de la obra
-de Mr. Lesage y de los plágios hechos por el escritor transpirenáico á
-las de ESPINEL. Sobre esta edicion, que circuló mucho por aquel tiempo,
-se empeñó el Sargento Mayor Algernon Langton en su traduccion inglesa,
-publicada en Londres en 1816[6], y el erudito Ludwig Tieck en la
-alemana, que apareció en Breslau en 1827[7]. La octava española es la
-de 1851 y está contenida en el tomo XVIII de la _Biblioteca de Autores
-Españoles_ de D. Manuel Rivadeneyra, habiendo sido en él coleccionada
-por el diligente académico D. Cayetano Rosell juntamente con el
-_Quijote_ de Avellaneda, _El Español Gerardo_ y la _Fortuna vária del
-soldado Píndaro_, de Céspedes y Meneses, _Los tres maridos burlados_,
-de Tirso de Molina, y _El donado hablador_, de Jerónimo de Alcalá.
-Finalmente los editores de las _Obras, en prosa, festivas y satíricas
-de los más eminentes ingenios españoles_, publicaron en las máquinas de
-Narciso Ramirez, en Barcelona, en 1863, otra vez más la produccion de
-VICENTE ESPINEL, y áun otra últimamente en Madrid, en 1868, la empresa
-de la Biblioteca escogida, titulada _Tesoro de autores españoles_, con
-prólogo y biografía de D. Juan Cuesta Ckerner.--Tales son las diez
-ediciones españolas de las _Relaciones de la vida del escudero Márcos
-de Obregon_, y áun las tres extranjeras, que conozco y preceden á la
-actual.
-
-
-II.
-
-Los elogios de este libro han sido siempre idénticos; pues cuantos
-antes y despues, y dentro y fuera de España, se han ocupado de él, le
-han reconocido una misma importancia en nuestra bella literatura del
-siglo de oro bajo el cetro de los Austrias. Los primeros en encomiarlo
-fueron los contemporáneos del autor, aunque el _Márcos de Obregon_ fué
-de las pocas producciones literarias que se dieron á luz en el siglo
-XVII sin precedencias de versos laudatorios, como entonces estaba al
-uso, sin duda para que los prosélitos de ultratumba que áun dos años
-despues de su muerte conservara Cervantes, el cual se habia mofado
-en las entradas del _Quijote_ de aquella obsequiosa costumbre de la
-amistad ó de la admiracion, viesen que la obra de ESPINEL bastábase á
-sí misma para su propio crédito. No obstante, al censurarla de oficio,
-si el abad de San Bernardo, observando que tenia doctrina moral y
-pintaba con deleite, auguraba seria libro de mucho provecho y gusto,
-y el vicario y doctor D. Diego Gutierre de Cetina se extasiaba con su
-mucha moralidad y entretenimiento, Fray Hortensio Félix Paravicino,
-que tambien la graduó por órden del Consejo, no titubeó en declarar
-explicitamente que «de los libros de este género, que parece de
-entretenimiento comun, el _Márcos de Obregon_, es el que con más razon
-debe ser impreso, por tener el provecho tan cerca del deleite, que sin
-perjudicar enseña y sin divertir entretiene.» En cuanto al estilo, la
-invencion, el gusto de las cosas y la moralidad que deduce de ellas,
-el reverendo fraile trinitario calzado, natural de Madrid, aunque
-hijo del milanés D. Mucio, tesorero general de aquel Estado, entendia
-argüir bien la pluma que los habia escrito «tan justamente celebrada en
-todas las naciones.» Por último el padre maestro Paravicino concluia
-diciendo: «Á mí, á lo menos, de los libros de este argumento me parece
-la mejor cosa que nuestra lengua tendrá.»[8]
-
-Bien que en el _Índice expurgatorio_ de 1667 se mandase tachar y
-se tachara, en efecto, un breve pasaje perteneciente á la Relacion
-tercera, Descanso quince, del _Márcos de Obregon_[9], la opinion
-sobre las excelencias de la obra de VICENTE ESPINEL perseveró conforme
-durante todo el siglo XVII. En ella insistió, entre otros, el canónigo
-magistral de la santa Iglesia de Barcelona D. Luis Pujol, cuando el
-obispo de aquella diócesis, D. Luis Sanz, le dió comision de examinarla
-de nuevo para las reimpresiones de Margarit y de Cormellas. Á Pujol
-pareció este libro «lleno de mucha gravedad de sentencias, con
-apacibles cuentos para un honesto y provechoso entretenimiento.» La
-escrupulosa estrechez de miras de la comision eclesiástica encargada
-del _Índice expurgatorio_ nos es hoy bien conocida, y á ningun autor
-ha dañado á la larga el peso de sus censuras. Á Miguel de Cervantes se
-le mandó borrar del capítulo XXXVI de la segunda parte del _Quijote_,
-la sencilla proposicion de que «_las obras de caridad que se hacen
-flojamente, no tienen mérito, ni valen nada_.» En el _Índice_ de 1667
-aparecen prohibidas las ediciones del _Lazarillo de Tórmes_, anteriores
-á 1573, la _Letanía Moral_ de Andrés de Claramonte, la _Cárcel de amor_
-de Diego de San Pedro, todas las obras de Fernan Perez de la Oliva, la
-traduccion castellana de los _Triunfos_ de Petrarca, toda la edicion
-de la _Historia Pontificial_ de Gonzalo de Illescas, hecha en 1573,
-el libro de la _Veneracion_ de Miser Gaspar Gil Polo, las novelas de
-Bocaccio, el tratado manuscrito del P. Juan de Mariana titulado _De
-regimine societatis_, el _Ramillete de flores divinas_ de Fray Pedro
-de Padilla y otras obras semejantes; á más del inmenso catálogo de las
-que se acordó cercenar. Por último en el ejemplar de las _Rimas_ de
-ESPINEL, que, habiendo pertenecido al erudito Bölh de Faber, poseyó la
-Biblioteca Nacional de Madrid, donde fué por mí examinado hácia 1865,
-y que ha desaparecido despues, se encontraba al fól. 105 una nota
-manuscrita, letra de últimos del siglo XVI, en que á la cabeza de la
-epístola al marqués de Peñafiel, se leia: «_Vedado por la Inquisicion
-y descomunion á quien lo leyere_.» Y sin embargo, examinada aquella
-poesía, nada se encuentra en ella, como no se encuentra nada en el
-pasaje del _Obregon_ que fué tachado, que repugne á la religion, y á
-las costumbres, ni que veje la fama del poeta.
-
-El editor anónimo del _Márcos de Obregon_, en 1804, se propuso un
-doble objeto con la reproduccion que llevó á cabo, procurando á la
-vez refrigerar en nuestro público la aficion y el gusto hácia las
-obras de lo que podemos llamar en la literatura española nuestra
-antigüedad clásica. Nuestra literatura venia estando plagada, desde
-hacia un siglo, de traducciones francesas. Volver por los fueros del
-idioma patrio, tan humillado y maltrecho despues de tanto tiempo en
-que la esterilidad y el vasallaje literario nacional habian reducido
-nuestra capacidad á la mera tarea de importar al castellano todos los
-productos, buenos ó malos, de otra literatura exótica, aunque á la
-sazon tan en boga, y detener el torrente de las ideas ahora frívolas,
-ahora depravadas, ó cuando menos peligrosas, que por este medio se nos
-ingerian, pervirtiendo así los sentimientos puros y las costumbres
-sanas, como la imaginacion por la inercia aletargada y el habla por
-los extranjerismos corrompida, eran los dos dignos móviles de aquella
-publicacion. «Reune este libro en mi entender,--el editor á este
-respecto decia,--las circunstancias del precepto de Horacio, que es
-mezclar dulzura con utilidad, y ademas de contener graves sentencias
-de la mejor doctrina, expresadas con gracia y elegancia y con aquella
-pureza de lenguaje y castidad de conceptos, que él mismo recomienda,
-es un dechado de la vida humana para todas las situaciones en que
-podamos hallarnos con ejemplos curiosos de sus propios sucesos y de sus
-contemporáneos.»
-
-La crítica sobre la obra de ESPINEL, aunque sin salir nunca del terreno
-de la retórica y de la moral, no ha dejado de tener sus progresos, como
-lo testifican las consideraciones hechas sobre el _Márcos de Obregon_
-por el Sr. Rosell en la edicion de Rivadeneyra y áun por el Sr. Cuesta
-Ckerner en la de 1868. Rosell compara el plan del _Obregon_ con el
-del _Lazarillo de Tórmes_ y el del _Guzman de Alfarache_, y encuentra
-su accion más completa que la del primero y más nutrida y rápida que
-la del segundo. Sin embargo para este analista el mayor mérito está
-en que, corriendo la narracion de la fábula inventada por ESPINEL
-sobre los sucesos de su propia vida, hasta el punto de que los más
-la confunden con una _auto-biografía_, pudiera hacer abundar en ella
-los brillantes recursos de la imaginacion y del ingenio, y lograra
-revestir con los insinuantes atractivos de la poesía la materialidad
-prosáica de una existencia real. Por otra parte Rosell conviene con
-todos los críticos en que «el _Escudero Márcos de Obregon_ es una obra
-magistralmente escrita, llena de sábias máximas y advertencias morales,
-que aunque muy repetidas, gracias á su oportunidad y á la manera
-ingeniosa con que están amenizadas, se reciben y escuchan con agrado.
-El lenguaje, añade el académico analista, es puro y sencillo, y en las
-escenas que se describen no se advierte, como en otros escritores,
-el empeño de apurar ciertas situaciones peligrosas: lo cual, unido á
-un plan hábilmente dispuesto, y á una accion animada, que camina sin
-entorpecimiento, justifica los elogios que en todos tiempos se han
-hecho de esta composicion.»
-
-La opinion de los comentaristas de ESPINEL, sobre el mérito del
-_Márcos de Obregon_, casi es menos importante que la de los que
-estudiándole en horizonte más amplio, en el del desenvolvimiento
-histórico de la literatura nacional, y relacionando con éste al autor
-y su obra, han tenido que darles dentro del vasto cuadro el verdadero
-término y relieve que á uno y á otra corresponde. Puede á la cabeza
-de estos ponerse el discreto Gil y Zárate, el cual colocando la obra
-de VICENTE ESPINEL entre las novelas picarescas y de costumbres, no
-encontró otra de este género que se le adelantase en mérito, sino el
-_Lazarillo de Tórmes_, siendo muy superior á esta misma y á todas
-las demás, en que el _Obregon_ ofrece menos truhanadas de las que
-constituyen la especialidad característica de este linaje de libros;
-en que abunda en buena moral, y en que á veces el autor introduce á
-su público en una sociedad más escogida que la que presta su escenario
-al mismo _Lazarillo_, al _Guzman de Alfarache_, al _Gran Tacaño_ y
-las demás producciones de esta índole. Gil y Zárate halla ademas
-amenizada la narracion del _Márcos de Obregon_ con cuentos y novelitas
-agradables, siendo su estilo puro, natural, fácil y correcto, sin
-resábios de afectacion ni mal gusto, por lo que aprecia á ESPINEL por
-uno de nuestros primeros prosistas[10]. El norte-americano Ticknor
-dedicó tambien al autor y á la obra noticia bastante individual,
-tanto por el mérito de uno y otra, cuanto por la grande atencion que
-confiesa llamó á los contemporáneos de ESPINEL la aparicion de su
-escrito. La síntesis de su juicio puede, sin embargo, condensarse en
-los siguientes conceptos:--«Contiene el _Obregon_, dice, bastantes
-reflexiones morales, cansadas y fastidiosas, aunque bien escritas, lo
-cual hace que la narracion de los engaños, maldades y picardías del
-héroe resalte más; pero aunque inferior al _Guzman de Alfarache_ y al
-_Lazarillo_ en diccion y estilo, les aventaja en accion y movimiento;
-los sucesos marchan con mayor rapidez y terminan de un modo más regular
-y acertado[11].» En otra historia literaria de España, su autor,
-Eugenio Baret, profesor de literaturas extranjeras en la facultad de
-letras de Clermont-Ferrand, considera las _Relaciones de la vida y
-aventuras del escudero Márcos de Obregon_ como obra superior á las de
-Hurtado de Mendoza, Aleman y Velez de Guevara en el género picaresco,
-pues halla en las de ESPINEL más plan, más arte, mayor decencia y
-mayor gusto literario que en las de sus competidores[12]. Por último
-los escritores alemanes, que habian seguido las impresiones de
-Bouterweck[13], habiendo modificado sus juicios despues de los trabajos
-de Tieck, de Malsburg y otros, han rectificado algunos de los errores
-en que hasta llegó á incurrir en su _Lexicon_ el sábio y concienzudo
-Ebert, y haciendo justicia al mérito del autor español, han proclamado
-el _Márcos de Obregon_ por una de las más bellas producciones de la
-literatura española, aunque se hayan señalado algunos de sus lunares.
-Entran en este número la forma desigual con que, en sentir de Tieck, la
-obra está escrita; la conclusion que no corresponde á las esperanzas
-que el principio suscita, y finalmente el prurito que el autor muestra
-en convertir cada episodio de su novela en artículo de moral, á fin de
-evitar que el público crea que el escritor no se cuida sino de divertir
-á las gentes.
-
-
-III.
-
-Los defectos de que trata la crítica alemana, principalmente el último,
-nacian de la propia condicion de toda nuestra literatura de aquel
-siglo. Bajo el cetro de Felipe II, en que floreció el génio, todo en la
-sociedad española estaba predispuesto al órden, bajo el rudo principio
-de la disciplina, que es el carácter más relevante del progreso y de
-la educacion pública, y de la autoridad y de la subordinacion, que
-estrechan los vínculos de la nacionalidad. Dominaba en la literatura
-Horacio, que era la autoridad clásica, la autoridad tradicional, la
-autoridad de los antiguos; para las investigaciones de la moral y de
-la metafísica, reinaba la autoridad de los textos sagrados, de la
-Escritura y de los Santos Padres; para la política, el rey. No era
-solamente la Inquisicion la que imponia trabas á las licencias de la
-imaginacion y del pensamiento, sino el sentido público, las costumbres
-generales que prohibian á la mente humana dilatarse en aquellos
-asuntos que no se podrán nunca examinar sin peligro. Sin embargo,
-no promovian quejas semejantes limitaciones, que se respetaban sin
-esfuerzos, tanto más cuanto que no por eso faltaba á la fantasía y áun
-á la reflexion seria y madura, extenso campo donde vaciar sus obras,
-como lo justifican las de nuestros filósofos y místicos, juristas é
-historiadores, médicos y matemáticos, novelistas y poetas. ¿No es, por
-ventura, completo en todas sus partes el cuadro de nuestro movimiento
-intelectual en la monarquía de Felipe II? Aquella literatura,
-diametralmente opuesta en sus tendencias y caracteres á la del dia, era
-propia de una sociedad sana y tranquila y de unos escritores probos é
-ingénuos, que no proponiendose por tema constante de sus producciones
-hacer la felicidad pública, ni dirigir los gobiernos y los pueblos,
-como hoy acontece en el libro, en el teatro, en la cátedra, en el
-foro, se contentaba únicamente con _deleitar sin corromper_. ¿Llena
-este objeto la donosa narracion de las _Aventuras del escudero Márcos
-de Obregon_? La opinion unánime de los críticos, que dejo apuntada,
-elocuentemente lo acredita.
-
-Pellicer en la _Vida de Cervantes_ ha querido encontrar el orígen del
-_Márcos de Obregon_ en un movimiento de emulacion del anciano maestro
-hácia el génio divino del autor inmortal del _Quijote_. Preciso es
-confesar que el diligente biógrafo no ha dado pruebas bastantes de lo
-que aseveraba, sino meras conjeturas que bien pudieran estrellarse
-en la nocion que tenemos de la amistad y el respeto recíproco que
-en vida uno y otro se profesaban. En el _Canto de Caliope_, en el
-_Viaje_ y en la _Adjunta al Parnaso_ no sólo habia Cervantes celebrado
-el raro estilo en que ESPINEL llevaba el cetro, y su envidiable
-capacidad ya con la pluma, ya con la lira, sino que haciendo mérito
-de los viejos afectos que con él le unian, en la _Adjunta_ cariñoso
-exclamaba:--«Al famoso ESPINEL dará vuesa merced mis encomiendas, como
-á uno de los más antiguos y verdaderos amigos que yo tengo.»--Á su vez
-VICENTE ESPINEL en la _Casa de la Memoria_, le habia rendido análogo
-tributo, reconociendo que ni la desgracia, ni el mar, ni el cautiverio
-pudieron evitar al vuelo colosal de Cervantes tocar las altas cimas
-de la gloria. Por otra parte, en las realidades de la vida, los dos
-simultáneamente confluian á la proteccion misericordiosa del cardenal
-arzobispo de Toledo, D. Bernardo de Sandoval y Rojas, de quien Salas
-Barbadillo en la dedicatoria de _La Estafeta del dios Momo_ descubrió
-recibian uno y otro pension contínua «para que pasasen su vejez con
-menos incomodidad.» ¿Es presumible siquiera que ESPINEL pretendiera
-aquel favor por el camino de una envidiosa rivalidad, como Pellicer
-deja entrever en la alusion á los escuderos pedigüeños y habladores
-de que en la dedicatoria al prelado hablaba cuando decia:--«No será
-Márcos de Obregon el primer escudero hablador que ha visto V. S.
-Ilma., ni el primero que con humildad se ha prostrado á besar el pié
-de quien tan bien sabe dar la mano para levantar caidos?» Por Zoilo
-que ESPINEL fuese, y en que CERVANTES lo estimara, lícito es creer
-que Pellicer necesitó una gran fuerza de sutil suspicacia para notar
-la malicia en las palabras apuntadas, y mucho más para sorprender una
-alusion del escudero Márcos de Obregon al escudero Sancho Panza. ¡Eran
-muy distintos escuderos! Ademas cuando ESPINEL ponia su dedicatoria
-á los pies del cardenal Sandoval, hacia tiempo que acerca de lo de
-Zoilo inválido, Lope de Vega ya habia escrito al Duque de Sesa, su
-Mecenas:--«Merece ESPINEL que V. E. le honre por hombre ingenioso en el
-verso latino y castellano, fuera de haber sido único en la música: que
-su condicion ya no será áspera, pues la que más lo ha sido en el mundo,
-se templa con los años ó se disminuye con la flaqueza.»
-
-ESPINEL fué el primero en descubrir lealmente el fin que se habia
-propuesto para escribir su _Obregon_:--«El intento mio, dice, fué ver
-si acertaria escribir en prosa algo que aprovechase á mi república,
-deleitando y enseñando, siguiendo aquel consejo de mi maestro Horacio;
-porque han salido algunos libros de hombres doctísimos en letras
-y opinion, que la abrazan tanto con sola la doctrina que no dejan
-lugar por donde pueda el ingenio alentarse y recibir gusto, y otros
-tan enfrascados en parecerles que deleitan con burlas y cuentos
-entremesibles, que despues de haberlos leido, revuelto, aechado y aun
-cernido, son tan fútiles y vanos, que no dejan otra cosa de sustancia
-ni provecho para el lector, ni de fama y opinion para sus autores.»
-Por si esto no es bastante, ESPINEL añade:--«Yo querria en lo que he
-escrito que nadie se contentare con leer la corteza, porque no hay en
-todo mi escudero hoja que no lleve objeto particular, fuera de lo que
-suena.»--Difícil es apreciar, con tres siglos de distancia por medio y
-una absoluta carencia de toda historia literaria, todo lo que mediante
-esta advertencia haya en el _Márcos de Obregon_ de circunstancial,
-local y adecuado á la época en que se dió á la estampa. La crítica no
-puede ya apreciarlo, desprovista de los necesarios antecedentes, sino
-en lo que la obra de ESPINEL tiene de universal, de perenne, de eterno.
-Reducirla al estrecho círculo de las circunstancias en que apareció,
-no es ya posible, cuando con bizarro empuje ha logrado dominar los
-límites del tiempo, abrirse paso en la atencion de otras generaciones,
-y difundirse hasta romper las barreras de los idiomas extraños. Es
-preciso, pues, considerarla, y así los analistas precedentes la han
-considerado, como monumento de una literatura universal.
-
-¿Y quién duda que llena todas sus condiciones de una manera brillante?
-No es el _Márcos de Obregon_ una novela moderna que analiza, sino
-una narracion por exceso subjetiva, en que el autor, haciendo el
-protagonista, aunque con supuesto nombre, desarrolla la trama
-indeclinable de una existencia real luchando con la naturaleza, con
-la sociedad y los obstáculos civiles. En vano será buscar en ella esa
-variedad de caracteres que el arte agrupa con maña, no como los produce
-la naturaleza; en vano las agitaciones de la pasion que la musa trágica
-del drama exalta y acumula para producir los cuadros de negra tristeza
-que dan á la vida un tinte patético de desesperacion y romanticismo:
-ni siquiera el autor se propone sistematizar la desgracia, de manera
-que persiguiendo sin descanso y bajo todas las formas á una misma
-víctima, resulte la existencia sometida al despótico yugo de una ley
-fatal eterna é inexorable. El escudero _Márcos de Obregon_ es un tipo
-comun, que en medio de la sociedad tradicional antigua, se adelanta
-á la figura del hombre de nuestras democracias modernas, donde los
-triunfos sobre las adversidades contingentes de la vida real se gradúan
-por los triunfos que sobre cada individuo alcanza su propia voluntad,
-su propio albedrio, sin necesidad de sacarle de otra escena que de la
-ordinaria en que la existencia se desenvuelve, ni de hacerle remontar
-con plumas de Ícaro á las cimas de mitológicos heroismos. Gira, pues,
-el interes de la obra entre la observacion constante de la vida y la
-leccion fecunda de la experiencia; no estudia al hombre, como debe
-estudiarle quien se propone dictar preceptos; tiende en su fondo y en
-su forma á una contínua perfeccion, hasta hacer desear la paz de una
-existencia laboriosa, modesta y solitaria; de este modo, siendo una
-narracion, aunque ingeniosa, siempre sencilla, hallándose sus episodios
-todos solícitamente sometidos á la enérgica ley de la realidad, pasma y
-asombra la portentosa flexibilidad de un talento que ha sabido bordar
-de pensamientos profundos las fruslerías pueriles del estudiante
-sin libros, las trivialidades inocentes del calavera sin aventuras,
-las empresas solitarias del soldado sin batallas y los egoismos sin
-objeto del corazon sin hogar y del espíritu sin familia. ESPINEL quiso
-en el _Márcos de Obregon_ realizar una obra superior á los ensayos
-brillantes de su juventud, y no puede negársele la categoría de un
-talento original. Por eso cuando algunos creyeron pudiera incurrir en
-el hastío de tantas insípidas producciones, como diariamente acometian
-los serviles imitadores del _Lazarillo de Tórmes_ y del _Guzman de
-Alfarache_, viósele elevarse con propio vuelo sobre el nivel de sus
-rivales, y la crítica de su siglo, representada por la voz pujante
-del reverendo Padre Maestro Fray Hortensio Félix Paravicino, declaró,
-como antes he consignado, que de los libros de este argumento, las
-_Relaciones de la vida del escudero Márcos de Obregon_ son la mejor
-cosa que nuestra lengua tendrá. Esta opinion persevera insistente
-despues de tres siglos, y en ella estriba la secreta razon de por
-qué se ha propagado por uno y otro continente, se ha traducido al
-frances, al ingles, al aleman y se han multiplicado hasta aquí y aún se
-multiplican hoy dia sus ediciones.
-
-
-IV.
-
-Bajo otro aspecto ha sido considerado tambien este libro, cuya
-importancia no declina: como probable auto-biografía de ESPINEL,
-sobre el cual la biografía hasta ahora no ha prodigado sino atroces
-temeridades. Los primeros errores que se cometieron en este punto
-los inspiró el celo excesivo del buen deseo. Casi á fines del siglo
-último la vida de ESPINEL era absolutamente desconocida hasta por sus
-más entusiastas admiradores. No se tenia ningun dato seguro sobre el
-lugar ni la fecha de su nacimiento. Se ignoraba dónde, en qué año, de
-qué edad, en cuál grado de la fortuna habia muerto; todo el resto de
-su vida se ocultaba en el misterio. Una frase de Lope de Vega en el
-_Laurel de Apolo_ le hizo concebir nonagenario y pobre. Un rondeño
-distinguido, Cristóbal de Salazar Mardones, secretario del Consejo
-de Italia en la seccion de Sicilia, no habia podido hacerse en 1642
-de un ejemplar de las _Rimas_, impresas en 1591. Nicolás Antonio, en
-su _Bibliotheca Hispana nova_, equivocó en diez años la fecha de su
-fallecimiento. Otro rondeño antes citado, Rivera y Valenzuela, en
-1766, fué cómplice de don Cristóbal de Medina Conde en retrasar otros
-seis años la de su venida al mundo, y á la vez propagó una porcion de
-datos no menos inciertos, que sin embargo se tomaron despues por base
-de la biografía. Tratando de trazarla Lopez de Sedano en 1770, en el
-tercer tomo del _Parnaso Español_, poco dijo, y eso poco plagado de
-inexactitudes, por osar deducir _ad libitum_ los datos históricos de
-ESPINEL de la lectura poco meditada de sus obras poéticas. Mas crasos
-errores, y con no menos buena intencion divulgó de 1787 á 1799 Lopez
-de la Torre Ayllon y Gallo, primero en su correspondencia con el
-presbítero de Ronda, don Jacinto José de Cabrera y Rivas, y despues
-con el bosquejo biográfico que insertó en la _Coleccion de españoles
-ilustres_, pretendiendo formar tambien el pedestal de la figura del
-escritor sobre las revelaciones literales del _Márcos de Obregon_, de
-donde surgió y se arraigó la idea de que esta era la auto-biografía
-antedicha. Entre tanto los historiadores y los críticos así propios
-como extraños, tomando por puntuales las noticias autorizadas desde
-publicaciones casi oficiales, extendieron la fábula como nocion de
-la verdad tocante á la vida del poeta, y fábula es cuanto acerca de
-ella se lee en Sedano y Búrgos, Quintana y Gil y Zárate, Silvela y
-Castro, entre los nacionales, y en Sismondi, Bouterwek, Ticknor, Tieck,
-Algernon Langton, Baret, Michaud, Weiss, Bouillet, Höffer y por último
-en todos los _Diccionarios biográficos_, entre los extranjeros.
-
-No puedo hacer aquí _in extenso_ el trabajo documental que reservo para
-más propicias circunstancias: permítaseme, sin embargo, diseñar un
-simple bosquejo de la vida del maestro VICENTE ESPINEL sobre la fe de
-mis investigaciones de veinte años y de los documentos reunidos por mi
-constancia y diligencia. El nombre del lugar de su nacimiento, Ronda,
-él lo acreditó en las portadas de sus libros, en las _canciones á su
-patria_ y en las referencias directas del _Obregon_ á su persona. En
-el libro II de bautismos de la parroquial de Santa Cecilia, al fólio
-36 vuelto, consta la fe de su bautismo en 28 de diciembre de 1550,
-siendo sus padres Francisco Gomez y Juana Martin. Jacinto Espinel
-Adorno, en _El premio de la constancia ó pastores de Sierra Bermeja_,
-testifica que esta fué de familia de conquistadores. El mismo VICENTE
-ESPINEL hace al primero oriundo de las montañas de las Asturias de
-Santillana, y añade que aunque con alguna hacienda la perdió en
-negocios infortunados. Tambien dice él mismo que su primera instruccion
-la recibió en Ronda, en las aulas del bachiller de la gramática Juan
-Cansino, el cual le enseñó á traducir no mal un epígrama latino y á
-componer otro, y con esto, un poco de música y saber callar, ya estuvo
-dispuesto en las primeras mocedades para que su padre, tratando de
-sacar fruto del talento que precozmente revelara, pusiérale al cinto
-una espada de Bilbao, en la maleta un ferreruelo de ventidoceno de
-veinte ducados, y con su bendicion y lo que pudo, que no debió de ser
-mucho, enviárale con un arriero á Salamanca, donde se hiciera famoso
-en los estudios. La salida de ESPINEL de Ronda para la Universidad
-maestra, coincidió con el segundo levantamiento de los moriscos de la
-sierra de Istan y los alistamientos y la leva de hombres, desde los
-18 hasta los 30 años, que juntó para calmarlo el duque de Arcos, don
-Rodrigo Ponce de Leon: de este deber sólo estaban exentas las gentes de
-iglesia y los estudiantes.
-
-La aparicion del nuevo escolar en Salamanca la acreditan los libros
-de matrícula correspondientes á los cursos de 1570 á 1571 y de 1571
-á 1572, en los cuales se registra inscrito en la facultad de Artes.
-Las notas que obtuviera se han perdido con los libros de pruebas en
-donde constasen. En los de grados no se encuentra su nombre. En las
-inscripciones de matrículas se le nombra: VICENTE MARTINEZ ESPINEL,
-_natural de Ronda_, _diócesis de Málaga_. En el _Obregon_ no se da
-ciertamente ESPINEL aires de opulento, ni áun de adelantado en sus
-estudios en la Universidad. Acerca de estos él mismo dice en el
-descanso XII de su primera relacion:--«Yo confieso de mí, que la
-inquietud natural mia, junta con la poca ayuda que tuve, me quebraron
-las fuerzas de la voluntad, para trabajar tanto como fuera razon.»
-Respecto á los medios de su vida, añade en el mismo lugar:--«Estábamos
-despues de esto, tres compañeros en el barrio de San Vicente, tan
-abundantes de necesidad, que el menos desamparado de las armas reales
-era yo, por ciertas lecciones de cantar que yo daba; y áun las daba,
-porque se pagaban tan mal, que antes eran dadas que pagadas, y áun
-dadas al diablo.» Aun así tuvo en 1572 que interrumpir los estudios, á
-consecuencia de haber cerrado y dispersado la Universidad el corregidor
-don Enrique de Bolaños, por los disturbios y encuentros de estudiantes
-que promovieron los bandos formados á causa de la prision y proceso del
-sabio maestro Fray Luis de Leon. Tenia á la sazon ESPINEL veintidos
-años, y emprendió _á la apostólica_, como él mismo dice, aquella
-peregrinacion hácia Ronda, su patria, visitando y deteniendose en
-Madrid y en Toledo, recibiendo en Ciudad Real los regalos y socorros de
-la monja doña Ana Carrillo, señora muy principal de los Villaseñores
-de Murcia y de los Maldonados de Salamanca, y tocando y descansando en
-varios lugares ricos de Andalucía.
-
-Pocos meses despues de la llegada de ESPINEL al hogar paterno, unos
-parientes de estos, algo hacendados, Bartolomé Martinez Labrasola y
-Catalina Martinez, cónyuges, y la última hermana de Juana Martin,
-se resolvieron á fundar capellanía de una parte de sus bienes,
-«nombrando por primer capellan á su sobrino VICENTE MARTINEZ ESPINEL,
-hijo de Francisco Gomez, porque es mancebo virtuoso de buenos padres
-y confiamos de su persona y virtud que la servirá muy bien,» segun
-textualmente reza la escritura de fundacion, cuya copia tengo á la
-vista, y que fué otorgada ante el escribano público Juan Gil Acedo
-en 3 de agosto de 1572. Consistian los bienes de esta fundacion en
-unas casas que los Martinez Labrasolas poseian en Ronda, barrio del
-Mercadillo, arrabal de la Puente y calle de las Peñas, con expresion
-de ser once moradas lindando unas con otras y en unas viñas de cuatro
-aranzadas del pago del mismo Mercadillo, _cerca de la torrecilla de la
-dehesa_. Tenian estos bienes un gravámen censual de 30,000 maravedis
-de principal en favor de don Pedro Ponce de Leon, de la casa ducal de
-Arcos, y despues de imponer al capellan ciertas obligaciones de su
-ministerio, se determinó el órden de la sucesion en ellos, debiendo
-recaer en el convento y religiosos de la Merced, cuando concluyeran
-estos llamamientos, como en efecto se acabaron en 1666. Influyó en
-1572 en todas estas disposiciones un religioso de la redencion de
-cautivos, montañes de orígen, como el padre de ESPINEL, hombre en su
-siglo de sumos respetos así por sus grandes dotes personales, como por
-su mucho influjo y el de sus parientes en la córte de Felipe II, y
-que frecuentemente hacia largas residencias en el convento de Ronda,
-situado á la sazon en el lugar aún llamado _la cruz de San Jorge_,
-bien próximo por cierto á las moradas en donde ESPINEL debió nacer y
-su familia habitar. Llamábase este religioso Fray Rodrigo de Arce, y
-ESPINEL en sus _Rimas_ le dedicó luego una de sus más bellas canciones.
-En las redenciones de África tenia una inmensa reputacion, y á Ronda
-trajo convertido desde Argel al hijo de Bocazan-bey, que tomó en la
-pila el nombre de don Diego de Arce, y que disfrutó de por vida una
-pension que le señaló el rey Felipe II, segun refieren Fray Alonso
-Remon y Bernardo de Vargas, cronistas de la órden á que Fray Rodrigo
-perteneció.
-
-Tal vez el favor de éste colmó de valiosas recomendaciones á ESPINEL
-en su segunda expedicion á Salamanca. Aunque el poeta declara que
-esta vez pasó tres ó cuatro años (sólo fueron dos) en esta ciudad, y
-de que se le dió una plaza en los verdes de San Pelayo, hallándose de
-escolares en este colegio el que luego fué obispo de Valladolid, don
-Juan Vigil de Quiñones, y el consejero de la Inquisicion don Juan de
-Llanos y Valdes, la circunstancia de no aparecer más el nombre del
-poeta ni en las matrículas de la Universidad ni en los registros de
-San Pelayo, hace sospechar sobre la condicion de _la plaza_ que en
-este colegio se le dió, de seguro más humilde que la posesion de una
-beca. Sin embargo, si hemos de creer á Lope de Vega en el _Papel sobre
-la nueva poesía_, de esta época datan las relaciones de amistad y
-compañerismo que ESPINEL mantuvo toda su vida con el marques de Tarifa,
-primogénito del duque de Alcalá de los Gazules, con otros títulos y
-grandes, como los Alba y los Girones, con Pedro de Padilla, caballero
-del hábito de Santiago, con Luis Galvez de Montalvo, que lo era de la
-órden de San Juan de Jerusalen, con don Luis de Vargas Manrique, con
-los Argensolas, con Pedro Liñan de Riaza, con Pedro Lainez, con Marco
-Antonio de la Vega, con el doctor Garay y últimamente con el jóven don
-Luis de Góngora y Argote, recien llegado de Córdoba. De estos, los que
-no presumian de caballeros, teníanse por hidalgos de renta y caudal,
-aunque estudiantes y poetas todos. ¿Fué que con ellos solamente lo
-introdujo su superioridad en la poesía, ó su habilidad, que Lope llamó
-repetidas veces _única_, en la música y el canto? Estas facultades le
-abrieron la casa de doña Agustina de Torres, en la cual, segun Lopez
-Maldonado, en la _Elegía de su muerte_, se reunian los más famosos
-músicos de la ciudad, el gran Matute, el celebrado Lara, el divino
-Julio, Castilla y otros.
-
-
-V.
-
-La ambicion y el amor sacáronle de Salamanca á vida más activa. Por
-órden del rey Felipe II formábase en el otoño de 1574 armada de más
-de trescientas velas y veinte mil hombres en el puerto de Santander.
-Por capitan general de ella iba el más intrépido marino que á la
-sazon tenia España, Pero Menendez de Avilés, el famoso adelantado de
-la Florida. Su mision permanecia secreta y reservada; bien que todo
-el mundo creyera fuese la primera _invencible_ de Felipe II contra
-Isabel de Inglaterra. Era el almirante don Diego Maldonado, caballero
-de bonísimo gusto, de los de esta casa en Salamanca y algo pariente de
-linda moza que acaso á la sazon ESPINEL platónicamente cortejaba. Por
-todos estos merecimientos dióse al novel estudiante alférez la bandera
-del segundo capitan. Mas aquella escuadra portentosa no llegó á cumplir
-su destino. La peste la asedió en el mismo puerto, destruyéndola sus
-hombres, y entre otros cabos que murieron, hizo la muerte presa tambien
-del bizarro caudillo que habia de mandarla. Un viento de dispersion
-sopló por los escasos restos de los que habian quedado, y ESPINEL,
-aunque convaleciente de unas fiebres malignas, cedió á la inquieta
-condicion de su carácter, no tomando la vuelta hácia Salamanca, sino
-escapando por Laredo y Portugalete á la capital de Vizcaya; desde
-Bilbao á Vitoria, donde lo hospedó y mimó, un gran caballero y amigo
-suyo, don Felipe de Lezcano; desde Álava á Navarra, por visitar al
-condestable de la casa de Alba, de la cual ya comenzaba á recibir
-proteccion; de allí á Zaragoza, donde le obsequiaron los Argensolas
-y otros ingenios amigos, durante su larga estancia en la capital de
-Aragon, y despues de haber trafagado toda la Rioja, y visitado á
-Búrgos, vino á recaer en Valladolid y en el escuderaje del egregio
-conde de Lemos, don Pedro de Castro, gran amigo de la gente alegre de
-bizarro ingenio.
-
-Cerca de cuatro años consumiéronse en esta vida, que á aquel robusto
-amparo tal vez se hubiera prolongado, sin la ocasion de la infortunada
-empresa del rey D. Sebastian de Portugal, á África, á donde fueron
-5000 españoles en las 50 galeras con que le auxilió el rey Felipe II,
-á quien Lemos á su llamamiento acudió presuroso para servirle. «Víneme
-de Valladolid á Madrid, dice el mismo ESPINEL, y siguiendo la variedad
-de mi condicion y la opinion de todos, fuíme á Sevilla con intencion de
-pasar á Italia, ya que no pudiese llegar á tiempo de embarcarme para
-África.» En efecto, no llegó; quedóse en Sevilla al abrigo de ilustres
-camaradas, y en el largo año que residió en la ciudad del Guadalquivir
-hizo de su vida una contínua tempestad de desvanecimientos juveniles.
-Arrastró su musa por el lodo de la obscenidad y del sarcasmo; su vivo
-ingenio y sus músicas habilidades disipáronse entre los lupanares de
-Baco y Venus; púsose espada al flanco; echóla de valiente; suscitó
-pendencias; anduvo á cuchilladas y al ojo de la justicia y, como él
-mismo dice, comenzó á alear más de lo que le estaba bien, y áun tanto
-que el marqués de la Algaba, D. Luis de Guzman, que le amparaba, llegó
-á mostrarse reacio en su refugio, viéndole empeñado en tales causas que
-tuvo que tomar sagrado tal vez para evitar mayores inconsideraciones.
-No por eso faltáronle amigos: por tal se le declaró un jóven príncipe,
-tan gallardo de presencia, como amable de carácter, que vino por aquel
-tiempo á Sevilla á visitar á su tio el arzobispo D. Cristóbal de Rojas
-y Sandoval: llamábase él D. Francisco Gomez de Sandoval: llevaba por
-título el de marques de Dénia, y estaba destinado á representar en la
-política y el gobierno de España el papel más importante, bajo el de
-Duque de Lerma, con el que reconoce la historia al poderoso valido
-del rey Felipe III. Influia en la borrascosa conducta de ESPINEL por
-aquel tiempo la fiebre del despecho á causa del desengaño sufrido en
-aquellos amores puros, juveniles, risueños que comenzara en Salamanca,
-y Dénia descendió á mitigar aquel violento estado, favoreciendo á
-ESPINEL en sus necesidades y allanándole los obstáculos para alejarle
-del lugar de los combates de su espíritu, haciendo descubrir ante
-su mente aventurera los poéticos horizontes de Italia, sonrosados
-con la compañía y el favor inmediato del Duque de Medina-Sidonia, D.
-Alonso Perez de Guzman, á quien acababa de darse el gobierno de Milan,
-para donde él ya disponia el envío de ajuares y criados en un galeon
-_arragocés_[14], que se hacia á la vela para el golfo de Génova.
-
-Surge, durante esta navegacion, una cuestion histórica, que hasta ahora
-ningun biógrafo se ha atrevido á abordar para darle una explicacion
-definitiva. ESPINEL, refiriendo los azares de aquel viaje, dice que
-habiéndose refugiado el galeon á la isla Cabrera y habiendo saltado
-alguna gente á tierra en busca de agua, fué con otros sorprendido por
-unos piratas africanos que los llevaron cautivos á Argel: narra luego
-prolijamente la vida y las vicisitudes del cautiverio, y por último,
-despues de mil lances novelescos la manera como preso el galeon de
-su amo cerca de las aguas de Mallorca por las galeras de Génova que
-gobernaba el Sr. Marcelo Doria, fué primero maltratado teniéndole por
-renegado tambien, luego reconocido por Francisco de la Peña, uno de
-los músicos de á bordo, presentado al general más tarde, y remediado y
-conducido á Génova, á casa del embajador Julio Espínola, que él habia
-tratado como amigo en Valladolid, y que juntamente con Marcelo Doria,
-le proveyó de dinero y cabalgadura para que se trasladase á Milan. Ó
-hay que aceptar como cierto en el _Márcos de Obregon_ este episodio
-autobiográfico de ESPINEL, ó hay que negarlos todos. En ninguno el
-autor pone entre él y el lector mayor número de testimonios vivos:
-él cita las personas con abundancia, y es uno de los pasajes en que
-casi descubre que el nombre de _Márcos de Obregon_, adoptado para el
-protagonista de su obra, no es sino el pseudónimo bajo el que oculta
-el suyo verdadero. La glosa de las octavas cantadas á bordo y á cuya
-música suspiró, son de las más conocidas de sus canciones; él dice
-ademas: cantaron _unas octavas mias_. Peña lo denunció despues al
-general como _autor de la letra y de la sonata_. Y cuando el general le
-preguntó: _¿Cómo os llamais?_ y él le respondió: _Márcos de Obregon_;
-Peña se apresuró á rectificar diciendo:--FULANO (es decir ESPINEL) _es
-su verdadero nombre, que por venir tan mal parado debe de disfrazarlo_.
-
-Cotejando los hechos en que ESPINEL refiere haber intervenido con las
-fechas de estos acontecimientos históricos, preciso es confesar que
-existe una perfecta, absoluta correspondencia sin que jamás se le
-sorprenda en el menor desliz: de modo que lo que narra lo cuenta, no
-como el contemporáneo que recuerda lo que ha oido, sino como el testigo
-que tiene presente y muy presente hasta el menor detalle de lo que ha
-visto. Á fines de 1578, en efecto, desembarcó en Génova; por Alejandría
-de la Palla, de donde era gobernador D. Rodrigo de Toledo, pasó á
-Milan, donde esta vez no se detuvo, continuando su marcha á Flandes, y
-yendo á parar al ejército que mandado por Alejandro Farnesio, príncipe
-de Parma, desde la muerte de D. Juan de Austria, disponíase á dar el
-asalto general de Maestrich, uno de los hechos de armas más grandiosos
-de aquella época militar. Allí encontró á D. Hernando de Toledo, _el
-tio_, y á D. Pedro de Toledo, marques de Villafranca, en quienes,
-como en todos los de la casa de Alba, la amistad á ESPINEL era cosa
-como del hogar ó de la sangre; allí al ingenuo caballero D. Alonso
-Martinez de Leiva, á quien el mar de Irlanda en 1588 abrió la tumba,
-al más dulce prodigio de las musas; allí, por último, á aquel bizarro
-príncipe Octavio de Gonzaga, casado con D.ª Sicilia de Médicis, en
-cuya morada en Milan y Mántua el poeta de Ronda habria de hallar luego
-la hospitalidad más noble y la proteccion más espléndida. Con solo
-repasar el libro de las _Rimas_ se viene en conocimiento de lo que
-fueron estos príncipes para ESPINEL. Á D. Hernando de Toledo, el tio,
-dedicada está aquella _Égloga_, sublime, resúmen de la historia de sus
-amores con doña Antonia de Calatayud[15], en Salamanca y Sevilla; en
-las dos _Canciones_ á los jóvenes consortes Gonzaga y Médicis, de la
-casa ducal de Mántua, se espresa la abundante felicidad que aquellos
-ilustres magnates derramaron con su favor en el alma de ESPINEL. Desde
-la rendida fortaleza del Brabante el poeta siguió á Octavio de Gonzaga
-en la vuelta para Milan, y aquí el generoso príncipe, con ocasion de
-la muerte y los funerales de la reina doña Ana de Austria, que en
-la capital de Lombardía se lloró con soberbias exequias, colmóle de
-honor, haciendo que á ESPINEL se le designase para las leyendas en
-verso castellano y latino que habian de adornar el túmulo levantado en
-la incomparable catedral para la fúnebre solemnidad en que él mismo
-celebró despues haber oido la palabra inspirada del santo arzobispo,
-Cárlos Borromeo, en el elogio póstumo de tal reina. Tambien los versos
-castellanos que entonces ESPINEL compuso forman parte de sus _Rimas_
-desde el fólio 100 al 103.
-
-Aunque en los tres años, próximamente, que residió el poeta en
-Lombardía, quéjase de no haber disfrutado salud, ni de haber hecho
-en ellos cosa alguna literaria de importancia «por lo poco que
-entre soldados se ejecutan los actos del ingenio,» casi todas las
-composiciones que escogió despues para coleccionarlas, fueron escritas
-en Italia. Concurriendo allí diversas naciones de franceses, alemanes,
-italianos y españoles, él mismo confiesa que hubo de escoger el latin
-para entenderse. Por último, en el Descanso V, de la Relacion III, dice
-que en Milan concurria á casa de D. Antonio de Londoño, presidente de
-aquel magistrado[16], muy sabio en las artes filarmónicas, en cuya
-morada habia siempre junta así de excelentísimos músicos, como de voces
-y habilidades, donde se hacia mencion de todos los hombres eminentes
-de la facultad. «Tañian, añade ESPINEL, vihuelas de arco con grande
-destreza, tecla, arpa, vihuela de mano por excelentísimos varones en
-toda clase de instrumentos.» Todo esto revela que la permanencia de
-VICENTE ESPINEL en Italia, lejos de ser perdida, fuéle muy provechosa,
-pues allí pudo perfeccionarse y perfeccionó de hecho sus facultades,
-como se notará más adelante, cuando en ellas veámosle encontrar el
-más sólido refugio de su vida. No dejó de luchar, sobre todo con la
-escasez, que fué el torcedor perpétuo de sus gustos mientras vivió; y
-en su propio testamento, hecho cerca de medio siglo más tarde, todavía
-debia acordarse de los apuros que pasó en Milan, cuando dictaba al
-escribano Juan Serrano:--«Item, declaro que debo en la ciudad de Milan,
-en Lombardía, veinte ducados á un mercader que se llama Ludovico Mato
-de Recto, de un ferreruelo de gorgueran que me vendió habrá tiempo de
-treinta y seis años, los cuales quiero que se le paguen, y si fuese
-muerto á sus herederos, y caso que no los haya el señor Maestro Franco
-se los diga de misas para sus almas.»
-
-Cansado de la vida militar, puesta la vista en el porvenir y viéndose
-en el promedio de la vida sin puerto de salvacion para la vejez, trató
-de regresar á España, mas no sin visitar á Pavía, Turin, Venecia y
-otras ciudades italianas de gran fama. D. Hernando de Toledo, el
-tio, le tomó luego muy alegremente en Saona en sus galeras hasta
-desembarcarle en Barcelona. Pasó á Madrid, donde muchos le conocieron
-en 1584 y á poco tomó la resolucion de volver á Andalucía, decidido ya
-á echar la llave al ardor juvenil y á recogerse al amparo de aquella
-carrera en la que todavía le brindaba algun descanso la próvida
-fundacion de 1572.
-
-
-VI.
-
-Todos los actos eficaces de la vida del hombre y del poeta comienzan
-desde esta época. De sus mal perjeñados apuntes y papeles, y del rico
-arsenal de su memoria, procuró entresacar aquellas obrillas líricas de
-la juventud, que formaban el bello ramillete del ingenio y del corazon
-en la risueña edad de sus alegres mocedades. Enviándolas á la censura
-de D. Alonso de Ercilla, que confesaba ser de los mejores versos
-líricos que él habia visto[17], desde la primera página declaró ESPINEL
-el objeto que se proponia al intentar publicarlos, con aquel bello
-soneto, que le sirvió de introduccion y es sin duda uno de los mejores
-que hay escritos en castellano.
-
-Dice así:
-
- Estas son las reliquias, fuego y hielo,
- Con que lloré y canté mi pena y gloria,
- Que pudieran ¡oh España! la memoria
- Levantar de tus hechos hasta el cielo.
- Llevóme un juvenil, furioso vuelo
- Por una senda de mi mal notoria,
- Hasta que, puesto en medio de la historia,
- Abrí la vista, y ví mi amargo duelo.
- Mas retiréme á tiempo del funesto
- Y estrecho paso, dó se llora y arde,
- Ya casi en medio de las llamas puesto:
- Que, aunque me llame la ocasion cobarde,
- Más vale, errando, arrepentirse presto,
- Que conocer los desengaños tarde.
-
-Tal vez á su regreso de Italia, ESPINEL habia ya perdido sus padres en
-Ronda. Ello es que al volver á Andalucía, no se dirigió desde luego
-á la ciudad que le vió nacer, sino á Málaga, á echarse en brazos de
-su antiguo amigo y camarada don Francisco Pacheco de Córdoba, que
-desde 1575 ocupaba la mitra de esta diócesis, y desde Málaga, por la
-costa de Marbella, á la Sauceda de Ronda, en una de cuyas pequeñas
-poblaciones de la propiedad del duque de Arcos, Casares, á la orilla
-derecha del Guadiaro, residia aquel Pedro Ximenez de Espinel, hermano
-de Juana Martin, madre del poeta, de quien éste hace la descripcion,
-presentándolo como el hombre perfecto de la filosofía natural en
-la sencillez de su trato, en la templanza de sus costumbres, en
-la prudencia de su consejo y en la modestia y rectitud de su sano
-discurso. Ciertamente aquellas dos visitas fueron para nuestro
-protagonista del mayor interes, pues por los hechos posteriores resulta
-como indudable que si con la primera se allanó el camino para su
-ingreso al sacerdocio, con la segunda debieron removerse cualesquiera
-clase de obstáculos que para el disfrute de la desamparada capellanía
-hubieran surgido desde 1572. No obstante, es de presumir que, conocidas
-sus intenciones en Ronda por las emulaciones y envidias que en el país
-natal levanta siempre toda capacidad que sabe elevarse sobre el nivel
-comun, se trató de suscitarle inconvenientes, cuyas asperezas Espinel
-procuró limar mediante aquella _Cancion á su patria_, uno de los poemas
-más ardientes que brotaron de su lira, y en que humilde, modesto,
-postrado, pidió á su cuna nuevo amoroso regazo y á sus compatricios
-benevolencia y proteccion. Tambien se duda de que nunca las obtuviera,
-pues por aquel tiempo dirigió á su nuevo Mecenas, el obispo de Málaga,
-Pacheco de Córdoba, la enérgica _Epístola_, donde sin declinar nada de
-las licencias de su juventud, apostrofaba á sus enemigos y condenaba
-la ruindad de las pasiones que contra él concitaban, con el vigor y la
-elocuencia propias de su pluma varonil abandonada á los arrebatos de su
-altivo corazon. Hé aquí algunos de estos robustos tercetos:
-
- Bien sé, que yendo la razon delante,
- De virtuoso no merezco el nombre,
- Más que de docto y sabio un ignorante;
- Bien sé que no soy ángel, sino un hombre,
- Y no quizá de inclinacion tan buena,
- Que de Florencia y de Turin se asombre.
- Tuve en la juventud, de abrojos llena,
- Virtudes pocas, abundantes vicios,
- Que me amenazan con ardiente pena.
- De la templanza traspasé los quicios:
- De Baco y Céres ocupé el regazo;
- Y en Chipre hice alegres sacrificios.
- De mal sufrido tuve mi pedazo;
- Y al maldecir de la figura muda
- Levanté contra el cielo rostro y brazo.
- Acostumbré, con libertad desnuda,
- Decir mi parecer al más pintado
- En torpe estilo ó con razon aguda;
- Algo fuí maldiciente y confiado;
- Juez severo; en alabar remiso;
- Á todos los extremos inclinado;
- Tal vez Gorgonio fuí, tal vez Narciso;
- Y para no cansaros ni cansarme,
- Dejé el humor correr por donde quiso.
- Yo lo confieso: pueden condenarme
- Por mi dicho, mejor que por mi dicha:
- Que ni quiero, ni quieren perdonarme...
-
-Tras esta confesion leal é ingénua, aunque valiente, el poeta revuelve,
-como quien de su superioridad tenia tan hecha la conciencia, contra sus
-detractores, y así los apostrofa:
-
- ¿De qué le sirve aquel andar compuesto
- Al virtuoso, trafagando el mundo,
- Á mil peligros y borrascas puesto;
- Andar surcando el ancho mar profundo,
- Seis dedos de la muerte, en pino y brea,
- Sujeto al soplo de Eolo furibundo;
- Atravesar de la biforme y fea
- Scila y Caribdis el estrecho seno,
- Por ver el monte dó llegar desea;
- Si un torreznero, de malicias lleno,
- Y de cecina y nabo el tosco pancho,
- De ciencia falto y de virtud ajeno,
- Se ha de poner repantigado y ancho
- Á escudriñar las cosas reservadas
- En su estrecha pocilga y bajo rancho?
- ¡Oscuras sabandijas levantadas
- Del polvo de la paja, y de la escoria
- De las putrefacciones engendradas!
- ¿Podreis meter la mar en una noria;
- Tener el viento en un costal atado;
- Cubrir el sol, privarnos de su gloria?
- Ni más ni menos estará encerrado
- En vuestro pecho aquel profundo abismo
- De la virtud, á pocos reservado.
- Entre la discrecion y el barbarismo,
- ¿Qué parentesco dais? ¿Qué descendencia
- Entre la ciencia y vuestro ingenio mismo?
- Entre la necedad y la prudencia
- ¿Qué símbolos hallais: que á tanto llega
- De un atrevido pecho la insolencia?
- ¡Oh carcoma infernal! ¡oh envidia ciega,
- Rabioso cáncer que en el alma imprime
- Gota coral que al corazon se pega!
- Envidia es ocasion que no se estime
- Al virtuoso, y que le den de codo,
- Y que, olvidado, á la pared se arrime.
- Envidia es ocasion, en cierto modo,
- Que no esté puesto en el lugar más alto,
- Quien vos sabeis, y sabe el mundo todo...
-
-En medio de estas adversidades, tal vez inesperadas, ESPINEL completó
-sus estudios de moral en Ronda, y llegó de una en otra á todas las
-órdenes del sacerdocio en Málaga. Es lástima que en los archivos
-de aquella mitra el desórden y el saqueo hayan hecho total estrago
-de muchos papeles interesantes para la historia, pues contra la
-desaparicion absoluta de todos los que conciernen al registro de
-órdenes de aquel tiempo han tenido que estrellarse los esfuerzos de
-mi querido hermano el licenciado don Leonardo Perez de Guzman, mi
-colaborador asiduo con su inteligencia, su saber y sus recursos en las
-investigaciones sobre ESPINEL, y á quien yo dí el encargo de buscar el
-modo de puntualizar las fechas que á esta parte de la vida de nuestro
-protagonista corresponden. Este silencio de los documentos textuales,
-por fortuna no se prolonga; pues el Archivo general de Simancas, ya
-desde 1587 nos suministra nuevos instrumentos diplomáticos desde el
-primer cargo eclesiástico que desempeñó ESPINEL. Fué éste un medio
-beneficio en Ronda, el cual hasta aquí se habia atribuido tambien el
-favor del obispo Pacheco, cuando este prelado se hallaba ya en posesion
-de la sede de Córdoba, estando vacante la de Málaga, como se advierte
-por el siguiente documento que traslado íntegro. Dice así:
-
- A SU MAGESTAD
-
- _Del Dean y cabildo de la Yglesia de Málaga_: 4 de Mayo 1587.
- Nominacion de medio beneficio de Ronda,
- a VIZENTE SPINEL.
-
- «Señor: en la yglesia de la çiudad de Ronda está vaco vn medio
- benefiçio, por asçension que dél hizo á vn beneficio entero en la
- misma yglesia el bachiller Joan Reynaldos; para el qual se pusieron
- edictos, y de las personas que se oppusieron al dicho beneficio
- se hizo exámen de la çiençia, vida y costumbres y limpieça, como
- V. Mag.d por sus çedulas tiene ordenado y mandado, y juntos en
- nuestro cabildo, sede vacante, llamados para la elecçion del dicho
- beneficio: _en el primer lugar_, por la mayor parte, salió nombrado
- VICENTE ESPINEL, vezino de dicha çiudad de Ronda: es clérigo
- presuítero, buen latino y buen cantor de canto llano y de canto de
- órgano.--En el segundo lugar salió nombrado, por la mayor parte de
- los Capitulares, GONÇALO GIL GINETE, beneficiado del burgo, vezino
- asimismo de la dicha çiudad de Ronda: es clérigo, presuítero; dió
- buena quenta de la gramática y de sacramentos; canta con buena
- voz.--En el Tercero lugar salió nombrado, por la mayor parte de
- los Capitulares, BARTOLOMÉ XIMENEZ, clérigo presuítero, vezino
- asimismo de la dicha çiudad de Ronda y benefiçiado de Villaluenga:
- Tiene Tres cursos de Cánones; canta medianamente.--Todos estos
- tres así nombrados Tienen buena opinion de vida y costumbres y
- son limpios christianos viejos. Vuestra Magestad hará merçéd á
- aquella su Yglesia que con breuedad se prouea este beneficio por
- la falta que en ella ay de ministros. Dios guarde la cathólica
- persona de Vuestra Magestad, de Málaga á quatro de Mayo de
- 1587 años.--EL LICENCIADO DON BARTOLOMÉ ABRIO, _dean_.--Su
- rúbrica.--DIEGO FERNANDEZ, _racionero_.--Su rúbrica.--Por el
- Dean y Cabildo de la Santa yglesia de Málaga, FRANCISCO PIÑOSO
- BARRANTES, _secretario_.--Su rúbrica.--Al márgen hay un decreto que
- dice:--_Dese al primero._--Hay una rúbrica[18].»
-
-Insoportable debió ser para ESPINEL la monótona vida de Ronda, bien
-que por aquel tiempo se hubieran calmado algo las tempestades que
-la envidia le levantó á su vuelta. Así al menos lo corroboran la
-_Epístola dedicatoria_ de sus _Rimas_ á su jóven alumno don Antonio
-Álvarez de Beaumont y Toledo, duque de Alba y de Huéscar, su amigo y
-su Mecenas; otra _Epístola_ que desde Granada escribió tambien á su no
-menos estrecho camarada don Juan Tellez Giron, marques de Peñafiel,
-primogénito de don Pedro Giron, tercer duque de Osuna, tan afecto á
-poetas como el anterior, y á quien Juan de la Cueva de Gazoza, Luis
-Barahona de Soto y otros ingenios, dedicaron obras inmortales. Por
-último, hay otra tercera carta de ESPINEL en tercetos al doctor Luis
-de Castilla, mayordomo del jóven duque de Alba, en el mismo sentido
-que las dirigidas á los dos mencionados egregios magnates. ESPINEL
-probablemente pasó á Granada á fines del año de 1589, con ánimo de
-tomar el grado de _bachiller en artes_, que desde entonces va junto á
-su nombre en algunos documentos públicos. En su _Epístola al marques
-de Peñafiel_ describe con minuciosidad pasmosa de brillantes detalles,
-el incendio de la casa de un polvorista en Granada, junto á la iglesia
-de San Pedro y San Pablo, y cuyo fuego propagándose en breve, llevó su
-horrible estrago hasta el palacio árabe, cuyos destrozos reconoció en
-18 de febrero de 1590, de órden del alcaide de la Alhambra, don Miguel
-Ponce de Leon, el aparejador de las obras reales del alcázar, Juan de
-Vega.
-
-Todas estas tres cartas están llenas de desaliento y de tristeza, y
-sobre todo del hastío del suelo patrio. Á Peñafiel ESPINEL le escribia:
-
- La destemplanza de este invierno frio,
- Y entre estos riscos el levante y cierzo
- Encojerán al mas lozano brio.
- Estoy cual sapo ó soterrado escuerzo,
- Cual el lagarto ó rígida culebra
- La cerviz corva, sin valor, ni esfuerzo.
- Voy á escribir, y el brazo se me quiebra:
- Si quiero asir el hilo antiguo roto,
- Tiembla la mano al enhilar la hebra.
- Ya, gallardo marques, estoy remoto
- De mí: que la inclemencia de este cielo
- Tiene el ingenio remontado y boto.
- Dicen algunos que antes este suelo
- Por la estrañeza de estos altos riscos
- Dará ocasion bastante al dios de Delo.
- ¡Mirad qué gusto ofrecerán lentiscos,
- Chaparros y torcidas cornicabras
- Entre enconosos, fieros basiliscos!
- Que aquí todo el lenguaje y las palabras
- Es cochinos, bellota, ovejas, roña;
- Cultivar huertas y ordeñar las cabras;
- Si crece el pan; si el alcacel retoña;
- Si Abbu-Hassen promete viento ó pluvia;
- Y todo el resto es vértigo y ponzoña...
-
-Entretanto, procurando mejorar de posicion, y habiendo quedado vacante
-en Santa María la Mayor un beneficio de los enteros, por muerte del
-bachiller Alonso Gomez, su último poseedor, aspiró á él, presentándose
-en Coin á las oposiciones ante el obispo de Málaga, D. García de Haro,
-que sucedió á su favorecedor Pacheco. Á 4 de agosto de 1591 se elevó
-la propuesta del prelado á la resolucion del Rey. Ocupaba el primer
-lugar en la terna Alonso Dominguez, bachiller en cánones por Osuna y
-beneficiado de Marbella, el cual antes habia sido durante once años
-cura y vicario de Ronda. Otro beneficiado de Santa Cecilia, que tambien
-habia desempeñado los curatos de Júzcar, Farajan, Córtes y Jimera, y el
-del Espíritu Santo en la ciudad natal, Juan Perez, iba en el segundo,
-y en el tercero ESPINEL, sin mas títulos que el de bachiller en artes,
-el de su medio beneficio en la Iglesia de Santa María, su conocimiento
-en el latin y en el contrapunto y su destreza en canto, _ansi llano,
-como de órgano_. Esta vez el bachiller Dominguez fué mas afortunado, y
-ESPINEL, que acababa de publicar sus _Rimas_, no se detuvo desde Málaga
-hasta Madrid. No fué estéril su viaje. Habia en Ronda un Hospital
-Real, llamado de Santa Bárbara, fundado y dotado desde el tiempo de
-la reconquista por los señores Reyes Católicos Don Fernando y Doña
-Isabel. Disfrutaba pingüe renta con los acrecentamientos que despues
-se le habian ido agregando, y tenia un capellan de nombramiento real
-y con consignacion no escasa para los ministerios espirituales. El
-licenciado Francisco Diaz Gil, habia sido el primero en este oficio
-que sirvió por espacio de mas de treinta años desde 1520, en que el
-emperador Cárlos V organizó aquella fundacion. Sucedióle hasta edad
-muy avanzada el licenciado Pedro Diaz Cansino, y á su muerte, ocurrida
-en la primavera de 1591, la ciudad nombró capellan interino entretanto
-que S. M. resolvia. No se allanó á aprobar esto el obispo de Málaga, y
-en tal disputa ESPINEL, presentándose en Madrid, obtuvo que en él se
-resolviese la cuestion. Mal sentó en la ciudad su nombramiento; pero él
-quiso salvar el conflicto, quedándose personalmente en Madrid á caza
-de pretensiones mas ventajosas y nombró para el Hospital Real de Ronda
-sustituto en el licenciado Gabriel Espinosa de los Mossos, beneficiado
-de la Mayor y Comisario del Santo Oficio. Desde entonces comenzó en
-Ronda una nueva y cruda guerra contra ESPINEL, de quien se pretendia
-nada menos que renunciara el cargo. En 12 de enero de 1594 la ciudad
-elevó un papel al Rey, en el cual le exponia que el Hospital se hallaba
-abandonado, que el beneficiado VICENTE ESPINEL, á quien dió el Rey su
-capellanía, «está en essa corte y no la a ydo ni ba a servir, de que
-a auido algunos ynconvenientes», y por último solicitaba mandase «al
-dicho UIÇENTE ESPINEL la baya a seruir dentro de vn mes, donde no que
-V. mag.d mande nombrar otro capellan, pues no es justo que los pobres
-padezcan por no querer y a cabo de tanto tiempo.» Por cédula de S.
-M. mandóse á ESPINEL fuera á residir su destino; pero él halló medio
-de excusarlo presentando en 28 de abril instancia acompañada de una
-informacion de médicos hecha ante el vicario de Madrid, Alonso Serrano,
-canónigo de Toledo, en la cual el doctor Maximiliano de Céspedes y el
-licenciado Baltasar de Leon declararon que, á causa del mal de orina
-y carnosidad que ESPINEL padecia, á ponerse en camino sin curarse,
-quedaba su vida en peligro. Á pesar de todo, no fué posible prolongar
-mucho tiempo este estado, y al cabo, en la primavera de 1595, hizo el
-poeta su cuarta y última expedicion á su patria.
-
-¿Volvió verdaderamente en ella á los desenfrenos de su juventud?
-¿Fueron todo armas de enemistad y venganza contra él? En 1596 por
-gestiones de Ronda se le quitó el medio beneficio de Santa María, y
-luego se redactó en su daño una informacion sobre su vida y costumbres
-desarregladas que el corregidor de Ronda, Alonso de Espinosa Calderon,
-elevó al Rey en 24 de octubre de 1597. Habiendo sido remitida de
-órden de Felipe II al vicario de aquella ciudad, se ha perdido este
-documento y no consta por lo tanto en la copiosa coleccion diplomática
-de Simancas. Seria curioso verlo. Lo que consta en cambio son ciertas
-cartas del corregidor citado y de la ciudad en pleno, fechas de 24 de
-octubre de 1597 y de 18 y 27 de enero de 1598, con las sentidas quejas
-que las produjeron. Espinosa Calderon acusó á ESPINEL de que con la
-renta del Hospital «lo pasa muy bien, sin que en ninguna cosa se ocupe
-en el servicio de V. mag.d como fundador dél, ni en munchas cosas a
-questá obligado del seruicio de dios, nuestro señor;... y apurando
-al capellan lo haga, se escusa con dezir no está obligado, ni á otra
-cosa alguna, ni lo haze mas de tirar la rrenta.» No tuvo efecto este
-aviso, y entonces se escribió otro, en que se agravaban los cargos y
-se decia:--«a el presente sirue el dicho ospital VIÇENTE ESPINEL. Este
-capellan es hombre de tales costumbres, trato y manera de bibir, que
-paresce por la ynformacion que va con esta por sus vicios y culpas
-y excessos y neglixençias y cobdiçia, conviene al seruiçio de dios,
-nuestro señor, y de Vuestra Mag.d que se sirua Vuestra mag.d de mandar
-proueer rremedio, mandando nombrar otro capellan qual convenga, porque
-con rreprehencion ni castigo entendemos no podrá auer rremedio contra
-lo ques condiçion propia y costumbres antiguas.» Á esta representacion,
-además de la del corregidor, acompañaban las firmas de los caballeros
-regidores Diego Ximenez Bustos, Don Bartolomé de Villalon, Rodrigo
-Espinosa de la Rua, Martin Gonzalez Gil, D. Gutierre de Escalante y D.
-Gaspar Vazquez de Mondragon. No obstante el castigo para ESPINEL no
-debió ser muy duro, pues se satisfizo con nombrar un nuevo sustituto,
-que lo fué hasta su muerte, en la persona del beneficiado José Ruiz
-Parra, y en volverse él á la córte á su vida brillante de las letras y
-del arte que profesaba.
-
-
-VII.
-
-Á 13 de setiembre de aquel año de 1598 murió en el Escorial el rey
-Felipe II, y no fué antes llegar á Ronda la noticia, que disponer su
-vuelta á la córte el inquieto capellan de Santa Bárbara. Al principio
-de 1599 entró en Madrid, y para mayo del mismo año ya se le habia dado
-colocacion permanente, en uno de los cargos que más podian halagar
-la idea que él mismo tenia de sus propias habilidades. La facultad y
-los conocimientos musicales de ESPINEL, y su invencion de la quinta
-cuerda de la guitarra española, más bien han sido considerados hasta
-aquí, como adorno de su persona y perfeccion de su ingenio, que como
-progresos positivos en una profesion, que á él le valió en vida
-tanta dignidad como el sacerdocio. El papel que en el arte divino ha
-representado siempre la guitarra no ha sido por otra parte, el más
-adecuado para conceder importancia á los adelantos reflejados sobre
-este instrumento. Sin embargo en el acto I, escena 8.ª de la _Dorotea_
-hace Lope de Vega decir á Gerarda:--«Á peso de oro avíades vos de
-comprar un hombron de hecho y de pelo en pecho, que la desapasionase
-de estos sonetos y de estas nuevas décimas ó espinelas que se usan;
-perdóneselo Dios á VICENTE ESPINEL, que nos trujo esta novedad y
-_las cinco cuerdas de la guitarra con que ya se van olvidando los
-instrumentos nobles_.»
-
-El doctor Cristóbal Suarez de Figueroa en su _Plaza universal de
-todas las ciencias_ en 1615, llamó á ESPINEL, _autor de las sonadas
-y cantar de sala_, al tratar de los tañedores insignes de guitarra
-como Benavente, Palomares, Juan Blas de Castro y otros. El portugués
-Nicolas Doyzi de Velasco, músico de S. M. y del Sr. Infante Cardenal
-D. Fernando, en su _Nuevo modo de cifra para tañer la guitarra_ que
-publicó en 1630 en Nápoles, hallándose al servicio del virey duque
-de Medina de las Torres, dijo que en Italia, en Francia y las demás
-naciones llevaba la guitarra el nombre de _española_, desde que
-ESPINEL, á quien conoció en Madrid, la aumentó la quinta cuerda, á
-que llamamos _prima_, con lo que quedó tan perfecta como el órgano,
-el clavicordio, el arpa, el laud ó la tiorba, y aun más abundante
-que estos instrumentos. De la misma invencion de ESPINEL dedujo la
-perfeccion que la otorga el licenciado Gaspar Sanz en su _Instruccion
-de música sobre la guitarra española_, que publicó en 1674 en Zaragoza
-y dedicó á D. Juan José de Austria, el bastardo de Felipe IV. El mismo
-Lope de Vega, apenas nombra una sola vez á ESPINEL en alguna de sus
-obras, y lo nombra en muchas, sin celebrar al músico tanto como al
-poeta. En su dedicatoria de _El caballero de Illescas_ dice á ESPINEL
-que el bello arte «no olvidará jamás en los instrumentos el arte y
-dulzura de vuesa merced.» En la dedicatoria de _La viuda valenciana_,
-á D.ª Marta de Nevares, haciendo encomios de las bellas prendas que
-adornaban á esta señora, dijo Lope de Vega tambien: «si toma en las
-manos un instrumento, á su divina voz é incomparable destreza _el padre
-de la música_, VICENTE ESPINEL, se suspendiera atónito.» Que esta era
-opinion comun entre los contemporáneos, no es preciso acreditarlo con
-los pasajes del _Márcos de Obregon_ que á ello se refieren: basta
-registrar los libros dogmáticos ó rituales de la música de aquel
-tiempo, y muchos son los que entre sus precedencias contienen la
-autorizada firma de ESPINEL en el catálogo de sus censuras. Sabido es
-que estas no se confiaban sino á personas competentes en lo que habian
-de examinar. Sirvan de ejemplo los _Tres cuerpos de música_, compuestos
-por Juan Gil de Esquivel Barahona, racionero y maestro de capilla de la
-catedral de Ciudad Rodrigo, los cuales son misas, magnificat, himnos,
-salmos y motetes y otras cosas tocantes al culto divino, todo conforme
-al rezo nuevo, que por mandado del Sr. D. Martin de Córdova, presidente
-del Consejo de la santa Cruzada, aprobó ESPINEL en diciembre de 1611,
-hallando en ellos «muy apacible consonancia y gentil artificio y música
-de muy buena casta así en lo práctico, como en lo teórico.»
-
-Seria un error creer que ESPINEL no sacara el debido provecho de esta
-tan educada capacidad que poseia; así se le vió en 1599, salir de
-Madrid para Alcalá de Henares, en cuya Universidad se graduó aquel
-año de _Maestro en artes_, y desde la regia academia, fundada por el
-cardenal Ximenez de Cisneros, dirigirse á la _Capilla del obispo de
-Plasencia_, cuyo protector D. Fadrique de Vargas Manrique le tenia
-reservado una plaza de capellan con 30,000 mrs. anuales de emolumentos
-y 12,000 más como Maestro de la linda capilla de música de que estaba
-dotada aquella fundacion y por enseñar á los seizes. Nada más curioso
-que registrar en los libros de cuentas de aquel tiempo las partidas
-otorgadas á ESPINEL por gastos de su ministerio en la capilla del
-obispo. En el libro II de dichas cuentas, á la primera vista que por
-ellas se pasa en las de 1599, al fól. 29 vto. se tropieza con esta
-partida: «Item, da por descargo (el capellan mayor licenciado Alonso
-Hernandez) 46 rs. que pagó por un libro de las _Magníficas_, para la
-dicha capilla, como pareció por certificacion del maestro de capilla
-ESPINEL.»--En las de 1601, al fól. 45 vto. tambien se le aprobó al
-mayordomo y capellan, Juan de Arganda, el siguiente capítulo: «Item:
-se le reciben y pasan en cuenta 3 rs. de una mano de papel que dió al
-Maestro ESPINEL para los villancicos.» En la capilla del obispo VICENTE
-ESPINEL perseveró hasta el término de sus dias, y aunque algunos meses
-antes de su muerte ascendió por antigüedad al cargo de capellan mayor,
-que era el último grado de los que en ella se obtenian, nunca dejó el
-de maestro de la de música, pues todavía en las cuentas de 1622 y de
-1623, se hallan capítulos como los siguientes:--1622--«Recíbense en
-cuenta al dicho mayordomo (Gabriel del Espinar) 8000 mrs. por tantos
-que pagó al maestro ESPINEL, maestro de capilla, de su salario de ocho
-meses.»--1623--«Mas se le pasan en cuenta al dicho 4000 mrs. por tantos
-que pagó al maestro ESPINEL, maestro de capilla, del salario de cuatro
-meses.»--¿No son estas noticias tan auténticas, un solemne mentís
-contra los que hasta aquí han venido sosteniendo que, pobre é imbele
-pasó ESPINEL el resto de sus dias, recogido en el asilo eclesiástico
-de santa Catalina de los Donados, que no era sino un Hospicio? Pero
-con esta ligereza está sostenido en España por los hombres más serios
-y de reputacion más voluminosa, todo lo que hasta aquí está escrito en
-materia de biografía y de historia.
-
-La época más brillante de la vida de ESPINEL, es la que corre por todo
-este tiempo hasta el término de sus dias. Cervantes le llamaba amigo;
-Lope de Vega maestro, como en nuestro siglo Espronceda, Ventura de la
-Vega, Pezuela, Pardo, Escosura daban este mismo nombre al venerable
-Lista. Apenas habia solemnidad literaria que ESPINEL no graduara con su
-presencia, ni produccion de ingenio de aquella edad que no se ufanara
-con su censura. Cuando al estilo de Italia se importaron á España las
-_Academias poéticas_ bajo la proteccion de los Príncipes y Grandes,
-la de Madrid y su protector D. Félix Arias Giron, de la casa condal
-de Puñonrostro, segun Lope de Vega en su _Laurel de Apolo_, laurearon
-con grande aplauso de señores é ingenios á VICENTE ESPINEL, _único
-poeta latino y castellano de estos tiempos_. Fundóse en 1608 bajo la
-proteccion del duque de Lerma, el poderoso favorito de Felipe III,
-la _Esclavonía del Santísimo Sacramento_, que no era sino una gran
-comunidad de grandes y gentes de letras, parecida á lo que ahora es un
-partido político, y en la que Lerma se apoyaba para sostenerse en el
-poder, y á ella fué la autoridad del nombre de VICENTE ESPINEL, entre
-los de la flor de la aristocracia de la sangre y de las letras por
-aquel tiempo. Se canonizó san Isidro, patron de Madrid, cuyo suceso
-fué un gran acto de la política de aquel tiempo, y á sus justas y
-certámenes llevó ESPINEL el óbolo de sus versos, no por la codicia
-del premio, sino por tributo de altos respetos. Toda Sevilla leyó en
-1609 en manos de Rodrigo Caro una carta de Juan Melio de Sandoval en
-que le decia:--«El discurso de vuesa merced sobre la definicion de la
-poesía tiene el señor conde de Lemos con noticia de su dueño, y ha
-parecido muy bien; como al maestro VICENTE ESPINEL la _Cancion á las
-ruinas de Itálica_, que yo se la mostré en la calle Mayor de Madrid,
-y leyéndola dijo, antes que le dijéramos cuya era:--_Este es ingenio
-andaluz._--Díjele que sí y el nombre. ¡Bien puede vuesa merced creer es
-buena, pues ha sido graduada por tan gran censurante!»
-
-No prodigó ESPINEL entonces, ni nunca, los elogios de su pluma, para
-las precedencias de libros, aunque tampoco por esto debe creerse fué
-tacaño de su ingenio en las aras de la amistad. El primer libro que
-en 1586 se autorizó con sus versos laudatorios, fué el _Cancionero_
-de Lopez Maldonado. Despues escribió en 1599 un epígrama latino para
-la primera edicion del _Guzman de Alfarache_, de Mateo Aleman. En
-1599 tambien, habiendo hallado en Madrid un antiguo camarada de las
-mocedades de Sevilla, D. Antonio de Saavedra Guzman, que á la sazon
-imprimia su _Peregrino Indiano_, dióle unos sonetos de alabanza. Con
-otra poesía para las precedencias del _Modo de pelear á la gineta_,
-obsequió en 1605 á D. Simon de Villalobos y Benavides, su amigo en
-Bélgica, y con otra, en 1610, al capitan Gaspar de Villagrá, que
-entonces publicó su _Historia de Nueva Méjico_. Favores idénticos hizo
-en 1616, 1619 y 1622 respectivamente, á Céspedes y Meneses para su
-_Español Gerardo_, al padre Fray Hernando Camargo, fraile agustino,
-para su _Muerte de Dios por vida del hombre_ y á Gabriel Perez de
-Barrio Angulo para el _Secretario de Señores_. Gabriel Laso de la Vega,
-cuando publicó en 1601 en Zaragoza los _Elogios en loor de los tres
-famosos varones D. Jaime de Aragon, D. Fernando Cortés y D. Álvaro de
-Bazan_, no pidió nuevas obras al númen de ESPINEL, pero tomó de su
-poema titulado _Casa de la Memoria_ los elogios que el poeta habia
-hecho de Bazan y Cortés. Si el antequerano Pedro de Espinosa proyectaba
-sus _Flores de poetas ilustres de España_, tributario hacia á su casi
-paisano de su interesante _Antología_: del mismo modo que Fray Diego
-de san José cuando en 1615 describió las fiestas á la beatificacion de
-santa Teresa de Jesus, y el licenciado D. Pedro de Herrera al celebrar
-la reedificacion del santo Sagrario de Toledo por el cardenal arzobispo
-Sandoval y Rojas, cuyas fiestas y regocijos se celebraron con tan
-espléndido aparato.
-
-Lo mismo se solicitaban sus censuras y aprobaciones. El primero en
-reclamarlas era el mismo Lope de Vega. En 1615 apareció la _Sexta
-parte de sus Comedias_, y ESPINEL en su aprobacion un año antes, decia
-solamente que aquel libro era muy digno de imprimirse, para que todos
-gozaran de sus excelentísimos versos y conceptos. Vino en 1617 la parte
-séptima, y aquí fué ya más expresivo, contestando puntualmente á los
-tres extremos que la censura debia abrazar.--«Cuanto á lo primero,
-decia, no hallo mal sonante, ni cosa que ofenda á la religion y buenas
-costumbres. Cuanto á lo segundo tienen lenguaje muy cortesano, puro y
-honesto: las personas guardan la propiedad del arte; de manera que ni
-el señor se humilla al modo inferior del criado, ni la matrona á la
-condicion de la sierva, y todo con pensamientos y conceptos ajustados á
-la materia de que se trata. Cuanto á lo tercero, si pueden imprimirse,
-digo, que si hay permision y es lícito representarse con los adornos,
-palabras y talle de una mujer hermosa y de un galan bien puesto y
-mejor hablado; ¿por qué no lo será que cada uno en su rincon pueda
-leerlas, donde solo el pensamiento es el juez, sin los movimientos y
-acciones que alegran á los oyentes? ¿Dónde es más poderosa la vista
-que el oido? _Signia irritant animos demissa per aures: quam quae
-sunt oculis subjecta fidelibus._» Otra vez en 1617 volvió el Consejo
-Real á encomendarle el exámen de la _Docena parte de las Comedias
-de Lope_, y otra vez él las elogiaba, en lugar de censurarlas, y
-escribia:--«y porque en esta obra campea la elocuencia española y el
-vuelo grande de la retórica y poesía de su insigne autor, la cual va
-acompañada con mucha erudicion de lectura y varia, es bien que se
-imprima, _para que los venideros escritores tengan que imitar y los
-presentes que aprender_.» Para poner cima á la opinion que ESPINEL
-tenia de Lope, hay que leer todavía la censura del primero á la
-_Décima quinta parte de las Comedias_ del segundo, en 1620. Hé aquí
-las palabras de ESPINEL:--«Deleita y suspende, dice, con la elegancia,
-suavidad y pureza del verso; enseña y regala con la abundancia de
-sentencias morales; edifica con la honestidad y admira con la multitud
-_nunca vista_. Es mi parecer, _y de toda la república_, que será bien
-recibido que se imprima esto _y cuanto de sus manos saliere_.» De
-1620 á 1622 todavía ESPINEL tuvo del Consejo la comision de examinar
-cuatro partes más de estas comedias, desde la décima sexta á la décima
-nona inclusive. Y por si esto no fuera bastante, tambien en 1622 se
-le encargaron las de don Juan Ruiz de Alarcon, de las que aplaudió el
-gentil estilo y los conceptos honestos y agudos.
-
-Otras obras de diversa índole antes y áun despues, hasta 1623, vinieron
-con este objeto á sus manos; mas por no parecer cansado, solamente
-citaré la _Patrona de Madrid restituida_, poema de Alonso Jerónimo
-de Salas Barbadillo, impreso en 1609; la misma _Historia de la Nueva
-Méjico_ del capitan Gaspar de Villagrá, en 1610; _La Filomena_ de Lope
-de Vega, de 1621; las _Prosas y versos del pastor de Cleonarda_, de
-Miguel Botello de Carvalho, y _El mejor príncipe Trajano Augusto_ del
-licenciado don Francisco de Barreda, de 1622, y finalmente las _Novelas
-amorosas_, de José de Camerino, y las _Divinas y humanas flores_, de
-Faria y Sousa, de 1623. Ni es probable que sus dolencias, cada vez más
-agudas, por la gota que padecia, le dejaran ya en lo corto que le quedó
-de vida volver á emplearse en ningun género de tareas del ingenio,
-del juicio ó de la erudicion. Céspedes y Meneses en la introduccion á
-la _Fortuna vária del soldado Píndaro_, dice: «era el rigor del más
-airado y proceloso invierno que vió nuestro siglo en España, últimos
-y primeros dias de los años de 1623 y 1624: memorias prodigiosas á
-la posteridad, pues nunca rodearon nuestra península tan contínuas y
-perdurables nieves.» Si la edad y los padecimientos no vencieran ya
-por esta época á ESPINEL, ellas bastaran para agotar la salud, en una
-naturaleza, toda fogosa, á quien dañaban extremadamente las humedades
-y los frios. ESPINEL no pudo resistir la crudeza de aquel invierno.
-Rodeado en su lecho de muerte por perennes amigos, el primero de
-febrero de 1624, otorgó su testamento ante Juan Serrano, hallándose
-presente el padre Fray Felipe de Madrigal, de la órden de Santo
-Domingo, Juan Ruiz Aragonés, Francisco Sotomayor, Custodio Sohotes y
-Martin Lopez. Dejó por albaceas y testamentarios al maestro Franco
-Alonso, cura de San Andrés y al licenciado Jerónimo Martinez, capellan
-de la capilla del obispo de Plasencia, de que ESPINEL era presidente.
-Instituyó su heredero á su sobrino Jacinto Espinel Adorno, que residia
-en Ronda. Entregóse despues á los cuidados del alma, y el dia 4 del
-mismo mes de febrero de 1624 entregó al Criador su espíritu, en su
-habitacion de la mencionada capilla, siendo enterrado el cuerpo en la
-bóveda de San Andrés, para cuya fábrica de sepultura consignó en el
-testamento cuatro ducados.
-
-
-VIII.
-
-¿Termina verdaderamente con la muerte la biografía de VICENTE ESPINEL?
-No hay escritor español sobre cuyas obras más se haya discutido. Todo
-el siglo XVII permaneció ESPINEL en el más profundo olvido, sobre todo
-desde que con la muerte de Lope de Vega Carpio y de don Francisco Gomez
-de Quevedo desaparecieron tambien sus dos últimos amigos. Desde el
-primer tercio del siglo XVIII volvió á estar otra vez ESPINEL en moda;
-pero de la manera más desagradable que pueden ponerse á la polémica
-del dia las obras y el ingenio de un autor. Ademas de la invencion de
-la quinta cuerda de la guitarra, debíase á nuestro poeta la de una
-nueva combinacion métrica y rítmica en nuestra poesía, combinacion de
-tal llaneza y flexibilidad de estructura, que muy luego fué aceptada
-por todos nuestros poetas, inundando el Parnaso con las composiciones
-escritas en el nuevo metro. Llamóse este, _décima_ ó _Espinela_, de
-su inventor ESPINEL, como los versos sáficos de Safo[19]. Aunque esta
-verdad no admitia réplica y todo el mundo la sabia, la erudicion
-pedante, esa que no se entretiene sino en fátuas fruslerías y que no
-se para en deslustrar glorias, con tal de hacer entender que el que
-hace de ella su profesion posee la quinta esencia de la más sutil
-sabiduría, trató de arrebatar este parco honor á la memoria del poeta,
-pretendiendo sostener que las estrofas de diez versos octosílabos eran
-conocidas y usadas desde mucho antes que ESPINEL viniese al mundo. No
-era así enteramente: antes de ESPINEL se componian estas estrofas con
-la reunion de dos _quintillas_, completamente distintas entre sí, en
-la segunda de las cuales se pareaban indeclinablemente los consonantes
-de los dos primeros versos. Cualquiera de los poetas de casi todo el
-siglo XVI nos ofrece abundantes ejemplos de este género de composicion.
-El mismo Miguel de Cervantes Saavedra coetáneo de ESPINEL, las prodigó
-bastante, antes de conocer la invencion de su docto amigo; y hé aquí
-cómo las construia, segun se encuentran entre los versos laudatorios
-que preceden al antes referido _Cancionero de Lopez Maldonado_.
-
- Bien donado sale al mundo
- Este libro, dó se encierra
- La paz de amor y la guerra
- Y aquel fruto sin segundo
- De la castellana tierra,--
- Que, aunque la da Maldonado,
- Vá tan rico y bien donado
- De ciencia y de discrecion;
- Que me afirmo en la razon
- De decir que es bien-donado.
- El sentimiento amoroso
- Del pecho más encendido
- En fuego de amor, y herido
- De su dardo ponzoñoso,
- Y en la lid suya cogido;--
- El temor y la esperanza
- Con que el bien y el mal se alcanza
- En las empresas de amor
- Aquí muestra su valor,
- Su buena ó su mala andanza...
-
-Cito la composicion que conozco más perfecta y que más se acerca á la
-estructura de la _décima_ inventada por ESPINEL, por lo mismo que la
-diferencia que entre una y otra combinacion métrica existe, es tan
-fácil de observar. La _décima_ de ESPINEL constituye una composicion
-tan perfecta como el _soneto_, sin sus pretensiones heróicas, por cuya
-razon ha sido siempre preferida á éste para expresar un pensamiento
-completo, aunque más sencillo que el que al _soneto_ corresponde. La
-décima se compone de dos estrofas de cuatro versos octosílabos cada
-una con consonantes del primero con cuarto, y del segundo con tercero,
-entre las que se introducen otros dos versos octosílabos auxiliares
-del pensamiento para ligar entre sí la tésis y la conclusion: los
-consonantes de estos dos auxiliares se ligan el primero con el cuarto y
-el segundo con el séptimo. La tésis de la composicion, en la _décima_,
-se presenta y desenvuelve en la primera redondilla; el silogismo para
-la prueba del pensamiento se establece en los dos versos posteriores, y
-la segunda cuarteta completa con perfeccion el raciocinio poético. Esto
-no era lo conocido ni practicado antes de ESPINEL, aparte del elemento
-armónico en la rima de su nueva composicion. ESPINEL sólo nos dejó un
-modelo de su obra: aquellos versos que comienzan así:
-
- No hay bien que del mal me guarde
- Temeroso y encogido,
- De sin razon ofendido,
- Y de ofendido cobarde.
- Y aunque mi queja ya es tarde,
- Y razon me la defiende,
- Más en mi daño se enciende:
- Que voy contra quien me agravia,
- Como el perro, que con rábia
- Á su propio dueño ofende.
- Ya esta suerte, que empeora,
- Se vió tan en las estrellas,
- Que formó de mí querellas,
- De quien yo las formo ahora.
- Y es tal la falta, señora,
- De este bien, que de pensallo
- Confuso y triste me hallo,
- Que si por vos me preguntan
- Los que mi daño barruntan,
- De pura vergüenza callo...
-
-¡Lástima grande que un nombre tan ilustre como el de D. Gregorio Mayans
-y Císcar fuese el que se distinguiera más en esta clase de acérrima
-oposicion al mérito de esta invencion!
-
-No habia de estar, sin embargo, solo entre los impugnadores de las
-obras del infortunado poeta de Ronda. Al fin de las _Rimas_, impresas
-en 1591, ESPINEL, que presumia de gran latino y de buen discípulo de
-Horacio, habia publicado una traduccion de la _Epístola á los Pisones_,
-dedicada á D. Pedro Manrique de Castilla, de la casa de los Vargas, que
-fueron siempre tan favorecedores suyos. Era la primera traduccion del
-_Arte poética de Horacio_ que se hacia en castellano y una tambien de
-las primeras en las lenguas neolatinas. Comentaristas del preceptista
-del Lacio los habia á centenares dentro y fuera de España; pero estos
-comentarios estaban escritos en latin bárbaro moderno y abundaban
-más en audacias pedantescas que en sabia doctrina para la mejor
-inteligencia del texto. Por último, todos los datos que resultan del
-exámen de la traduccion de ESPINEL, y sobre todo el de su defectuosa
-versificacion castellana, inducen á sospechar que esta fué ensayo de
-sus primeros aleteos poéticos, probablemente practicado en las mismas
-escuelas rondeñas de Juan Cansino, antes de visitar por vez primera las
-celebradas aulas de Salamanca. Ni en bien ni en mal se habia ocupado
-la crítica de esta produccion, ciertamente la menos pretenciosa de
-ESPINEL, cuando proyectando D. Juan José Lopez Sedano comenzar la
-publicacion de su _Parnaso Español_ en 1768, ocurriósele encabezar su
-obra con la produccion poética del _Arte de Horacio_, hecha por nuestro
-poeta. Verdaderamente ningun editor que publica un libro, empieza por
-desacreditarlo; antes bien lo encomia y prepara á fin de que obtenga el
-favor del público. Esto hizo Lopez Sedano con aquella obrilla, y esto
-bastó para alborotar los nervios al famoso D. Tomás Iriarte, que no
-tardó en abrir en las _Gacetas_ de la época la polémica más descomunal
-contra la traduccion, contra el editor, contra ESPINEL y contra
-el _Parnaso_. El secreto de esta contienda estaba en que Iriarte,
-valiéndose de un inmenso catálogo de traductores y comentaristas,
-principalmente franceses, posteriores al poeta de Ronda, los más
-modernos y aun casi modernísimos, habia emprendido una nueva traduccion
-del _Arte poética_ en verso castellano, y él, como apasionado autor,
-la creia la mejor cosa que se habia hecho en el mundo. Por otra parte
-con la discusion arrebatada, casi escandalosa, lograba llamar y aun
-interesar la opinion hácia su nueva obra.
-
-La traduccion de Iriarte no oscureció la de ESPINEL, aunque el nombre
-de éste fué objeto de toda clase de irreverencias, y el migajon de
-la disputa se contiene en varios folletos de la época, de estéril y
-cansada lectura. La primera impugnacion de Iriarte se halla en el tomo
-IV de la _Coleccion de obras en verso y prosa de D. Tomás Iriarte_,
-(Madrid: impr. de Benito Cano: 1777). Contestó Lopez de Sedano en las
-_Notas_ al tomo IX y último del _Parnaso Español_, (Madrid: impr. de D.
-Antonio de Sancha: 1778, pág xlvj á ljv). Replicó nuevamente Iriarte
-en el tomo VI de sus obras (1783) con un largo folleto titulado:
-«_Donde las dan las toman_, diálogo joco-serio sobre la traduccion del
-_Arte poética_ de Horacio y sobre la impugnacion que de aquella obra
-publicó D. Juan José Lopez de Sedano al fin del tomo IX del _Parnaso
-Español_,» y finalmente en dos volúmenes en octavo y bajo el pseudónimo
-del doctor D. Juan María Chavero y Eslava, vecino de la ciudad de
-Ronda, dió Lopez de Sedano en 1785 á las prensas de D. Félix de Casas
-y Martinez, en Málaga sus «_Coloquios de la Espina_ entre D. Tirso
-Espinosa, natural de la ciudad de Ronda y un amanuense natural de la
-villa del Espinar, sobre la traduccion de la Poética de Horacio hecha
-por el licenciado VICENTE ESPINEL y otras espinas y flores del _Parnaso
-Español_.» La disputa fué cansada, larga y fatigosa, y aquí no queda
-más espacio que para dar la noticia ya apuntada.
-
-Lo mismo casi tengo que hacer con la cuestion más importante que
-suscita el nombre de ESPINEL, despues de la larga y honda polémica de
-carácter nacional á que han dado ocasion los raptos verificados en sus
-obras por el novelista francés Mr. Alain René Le Sage y la publicacion
-del _Gil Blas de Santillana_. Dos acusaciones casi simultáneas cayeron
-en el siglo último sobre el autor francés poco escrupuloso, que ha
-usurpado á la fama española una de esas reputaciones, que en la
-esfera intelectual los frívolos escritores de Francia deben con suma
-frecuencia á los robos que practican sobre las literaturas extranjeras.
-La primera de estas denuncias se hizo en la misma Francia, por uno de
-los hombres de más verdadero mérito propio que aquel país ha producido;
-por el mismo Mr. Voltaire, el cual describiendo el siglo de Luis XIV,
-al llegar á la figura, poco noble por sus escritos de Mr. Le Sage, y al
-referirse á su novela del _Gil Blas_, que por aquel tiempo alborotaba
-á la opinion dentro y fuera de su país, decia textualmente:--«_il est
-entiérement pris du roman espagnol intitulé_ LA VIDAD DEL ESCUDIERO DOM
-MÁRCOS D’OBREGO.[20]» Cuidaron los franceses, solícitos guardadores del
-honor patrio, de tener velada esta acusacion de Voltaire, la cual no
-demuestra ciertamente la ligereza que le han atribuido despues en su
-juicio los escritores que por defender el prestigio de la literatura
-nacional se han puesto del lado del plagiario, sino por el contrario,
-que aunque Voltaire no se habia detenido en hacer un prolijo cotejo
-capítulo por capítulo entre la obra de ESPINEL y la de LE SAGE, ni
-una ni otra le eran desconocidas y aun que guardaba bien frescas y
-puntuales reminiscencias de las dos.
-
-En 1787 apareció en Madrid bajo el pseudónimo de D. Joaquin Federico
-Is-salps, anagrama del nombre del P. Jesuita José Francisco de Isla,
-una traduccion española de la obra de Le Sage, que ya habia recorrido
-el mundo, hallando por todas partes aplausos é imitadores, con el
-título de _Aventuras de Gil Blas de Santillana, robadas á España, y
-adoptadas en Francia por Mr. Le Sage: restituidas á su patria y á
-su lengua nativa por un español celoso que no sufre se burlen de su
-nacion_. En su _Conversacion preliminar_ el P. Isla no atribuia á
-ESPINEL la paternidad de la obra; pero sostenia que habia sido sacada
-de original español. Por último, sin tener conocimiento de las obras,
-ni mucho menos de los juicios de Voltaire, el diligente vicario de
-Ronda, secretario que habia sido del obispo de Málaga, D. Jacinto
-José de Cabrera y Rivas, hombre frenéticamente entusiasta del autor
-de _Márcos de Obregon_, mantuvo de 1793 hasta 1819 frecuente trato
-literario con Don José Lopez de la Torre Ayllon y Gallo, con el que
-sostenia que el autor verdadero del _Gil Blas_ era VICENTE ESPINEL, en
-corroboracion de lo cual le trasladaba repetidos pasajes de aquella
-obra y su correspondencia idéntica con otros del _Márcos de Obregon_,
-para que se viera la verdad de lo que aseveraba. No habian dejado de
-causar impresion por Europa las indicaciones del P. Isla á las que se
-unieron otros trabajos publicados en Paris por el escritor español
-don Juan Antonio Llorente. Entonces á título _de abogado defensor de
-la nacion francesa_, como él mismo se decia, salió á la palestra el
-conde Francisco de Neufchateau, miembro del Instituto de Francia y
-Ministro del Interior que habia sido, ante cuyo adversario elevando
-Llorente nuevas _Observaciones críticas_ al seno de la misma Academia
-francesa, generalizó la erudita discusion, logrando tomaran parte en
-ella los literatos de todas las naciones. En esta cuestion, aunque
-literaria, del mismo modo que en todas cuantas afectan á España,
-harto visiblemente se han dibujado en el campo de la contienda las
-simpatías históricas y tradicionales. Quiso hacer la crítica británica
-alianza con la de Francia, y Walter Scott, hallándose en la cima de su
-crédito, declaró sin exámen, que Le Sage era un escritor completamente
-original; M. Everet, norte-americano aspiró á poner la cuestion en la
-balanza de la justicia; el aleman Ludwig Tieck aplicó á su censura
-todos los recursos de un análisis concienzudo y demostró que en el
-_Gil Blas_ todo eran raptos de la literatura española, á escepcion del
-estilo ligero, irónico y gracioso del escritor frances. Despues de la
-defensa de Llorente, España no ha vuelto á decir una palabra, y en tal
-estado se hallaria el asunto, si los escritores franceses viéndose
-horriblemente cogidos en el doble lazo del análisis y de la crítica,
-no se hubieran resuelto espontáneamente á transigir. Todos los pasajes
-hurtados á la novela y á la comedia española por Mr. Le Sage, están ya
-perfectamente deslindados. Gran parte de ellos, en efecto, corresponden
-á las _Relaciones de la vida del Escudero Márcos de Obregon_ del
-maestro VICENTE ESPINEL, como Voltaire con gran firmeza de penetracion
-y de criterio aseveró: de modo que la ligereza sólo ha estado en
-aquellos escritores que sin exámen negaran lo que tan fácilmente habia
-de corroborar despues el más leve trabajo de comparacion. Mr. Baret en
-estudios especiales sobre este asunto fija en diez los lugares del _Gil
-Blas_ en que el _Márcos de Obregon_ fué traducido por Le Sage; pero
-en esto no ha hecho sino seguir servilmente lo apuntado por el aleman
-Tieck, el cual declara en el prólogo de su traduccion de la obra de
-ESPINEL, que por la pérdida de algunos papeles donde conservaba sus
-apuntes, no ha podido puntualizar todas sus observaciones de la manera
-que lo habia hecho en la idea del prefacio de _Gil Blas_ donde se ha
-tomado la anécdota de los estudiantes de la introduccion del _Márcos
-del Obregon_; en la historia del barbero Diego de la Fuente; en la
-aventura de la cortesana Camila; en la de la casa de los ladrones; en
-la de los amores del barbero con D.ª Margelina, etc. Con esto se ha
-dado por concluido el pleito.
-
-Ciertamente se me tachará de dejar aquí la cuestion incompleta,
-cuando ningun lugar parece más oportuno para dilucidarla. No puede
-ser así, sin embargo; trabajos de esta índole para ser completos
-demandan el auxilio de largos textos, y necesitaria para un cómodo
-desenvolvimiento de los estudios que tengo practicados, un tomo de
-mayores proporciones que la suma de todo el actual. No es, sin embargo,
-obligacion que declino, y me reservo llenarla, como antes dije, en
-coyuntura mejor. Entre tanto no puedo menos de sentirme lisonjeado en
-haber sido el primero en bosquejar aquí, como ya queda bosquejado, el
-rápido cuadro de una vida bastante ignorada hasta ahora por nuestros
-hombres de letras, y que de todas maneras resulta siempre interesante.
-Autores que, como VICENTE ESPINEL, tienen la honra de que sus obras
-periódicamente se reproduzcan y frecuentemente promuevan polémicas
-como las que dejo reseñadas, son siempre primeras figuras en el vasto
-teatro de la literatura brillante de su nacion. Sus producciones
-nunca palidecen; y en todo momento en que se impriman de nuevo, su
-aparicion será oportuna. Las ediciones del _Gil Blas de Santillana_ no
-podrian fácilmente enumerarse. Todos los idiomas cultos del mundo han
-vertido del frances esta novela, y el lápiz y el buril harto se han
-ensayado en trazar los pintorescos cuadros de sus variados episodios.
-Nunca alcanzará, sin embargo, esta obra francesa el rango de la
-inmortal española de MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA. La razon es óbvia:
-el brillante ingenio español del siglo de Felipe II fué el creador
-sublime de un libro que perpétuamente hablará al corazon y á la mente
-de todas las generaciones, de todos los hombres, de todos los pueblos.
-El _Gil Blas de Santillana_, aunque en círculo más estrecho, pues
-está desprovisto de idealidad, será tambien un libro universal; pero
-no su pretendido autor, pues suprimidos diversos ingenios españoles,
-de quienes tomó las diversas partes de su obra, y muy principalmente
-VICENTE ESPINEL que en el _Márcos de Obregon_ le proporcionó los
-mejores materiales, queda de todo punto suprimido, como Voltaire
-pretendia, el carácter buscon y plagiario del decantado Le Sage.
-
- _Juan Perez de Guzman._
-
- Madrid 5 de Mayo de 1881.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-PRÓLOGO DEL AUTOR.
-
-
-Muchos dias, y algunos meses y años estuve dudoso si echaria en el
-corro á este pobre _Escudero_, desnudo de partes y lleno de trabajos,
-que la confianza y la desconfianza me hacian una muy trabada é interior
-guerra. La confianza llena de errores, la desconfianza encogida de
-terrores; aquella muy presuntuosa, y estotra muy abatida; aquella
-desvaneciendo el celebro, y ésta desjarretando las fuerzas; y así me
-determiné de poner por medio á la humildad, que no solamente es tan
-acepta á los ojos de Dios, pero á los de los más ásperos jueces del
-mundo. Comuniquélas con el Licenciado Tribaldos de Toledo, muy gran
-poeta latino y español, docto en la lengua griega y latina, y en las
-ordinarias hombre de consumada verdad; y con el maestro fray Hortensio
-Félix Paravesin, doctísimo en letras divinas y humanas, muy gran poeta
-y orador; y alguna parte de ello con el Padre Juan Luis de la Cerda,
-cuyas letras, virtud y verdad están muy conocidas y loadas; y con el
-divino ingenio de Lope de Vega, que como él se rindió á sujetar sus
-versos á mi correccion en su mocedad, yo en mi vejez me rendí á pasar
-por su censura y parecer; con Domingo Ortiz, secretario del Supremo
-Consejo de Aragon, hombre de excelente ingenio y notable juicio; con
-Pedro Mantuano, mozo de mucha virtud, y versado en mucha leccion de
-autores graves que me pusieron más ánimo que yo tenia; y no sólo me
-sujeté á su censura, pero á la de todos cuantos encontraren alguna cosa
-digna de reprehension, suplico me adviertan de ella, que seré humilde
-en recibilla. El intento mio fué ver si acertaria á escribir en prosa
-algo que aprovechase á mi república, deleitando y enseñando, siguiendo
-aquel consejo de mi maestro Horacio, porque han salido algunos libros
-de hombres doctísimos en letras y en opinion, que le abrazan tanto con
-sola la doctrina, que no dejan lugar donde pueda el ingenio alentarse
-y recibir gusto: y otros tan enfrascados en parecerles que deleitan
-con burlas y cuentos entremesiles, que despues de haberlos leido,
-revuelto, aechado y aun cernido, son tan fútiles y vanos, que no dejan
-cosa de sustancia ni provecho para el lector, ni de fama y opinion para
-sus autores. El padre maestro Fonseca escribió divinamente del amor
-de Dios, y con ser materia tan alta, tiene muchas cosas donde puede
-el ingenio espaciarse y vagarse con deleite y gusto, que ni siempre
-se ha de ir con el rigor de la doctrina, ni siempre se ha de caminar
-con la flojedad del entretenimiento: lugar tiene la moralidad para el
-deleite, y espacio el deleite para la doctrina; que la virtud (mirada
-cerca) tiene grandes gustos para quien la quiere; y el deleite y
-entretenimiento dan mucha ocasion para considerar el fin de las cosas.
-
-En tanto que no tuve determinacion (así por la persecucion de la
-gota, como por la desconfianza mia) para sacar al teatro público mi
-_Escudero_, un caballero amigo me pidió unos cuadernillos de él, y
-llegando á la noticia de cierto gentil-hombre (á quien yo no conozco)
-aquella novela de la tumba de San Ginés, pareciéndole que no habia
-de salir á luz, la contó por suya, diciendo y afirmando que á él le
-habia sucedido; que hay algunos espíritus tan fuera de la estimacion
-suya, que se arrojan á entretener á quien los oye, con lo que se ha de
-averiguar no ser suyo.
-
-Si á alguno se le asentare bien tratar de personas vivas, y alegar con
-sugetos conocidos y presentes, digo que yo he alcanzado la monarquía
-de España tan llena y abundante de gallardos espíritus en armas y
-letras, que no creo que la Romana los tuvo mayores, y me arrojo á decir
-que ni tantos ni tan grandes. Y no quiero tratar de las cosas que los
-españoles han hecho en Flandes tan superiores á las antiguas, como
-escribió Luis de Cabrera en su _Perfecto Príncipe_, sino de los que
-nuestros ojos han visto cada dia, y nuestras manos han tocado, como
-los que hizo Don Pedro Enriquez, conde de Fuentes, con tan increible
-ánimo; la toma y saco de Amiens, que escribió en sus _Comentarios_ don
-Diego de Villalobos, donde fué valeroso Capitan de lanzas é infantería,
-que con un carro de heno y un costal de nueces, seis capitanes
-tomaron una ciudad tan grande, plataforma y amparo de toda Francia;
-la felicidad y determinacion con que acuden al servicio de su rey los
-españoles, poniendo sus vidas á peligro de perderlas, como se vió ahora
-en lo de la Mámora, que anduvieron nadando toda la noche, no hallando
-bajel ni tierra donde ampararse, sobrepujando con valor á su fortuna,
-cosas que no se vieron en la Monarquía romana. ¿Qué autores antiguos
-escedieron á los que ha engendrado España en los pocos años que ha
-estado libre de guerras? ¿Qué oradores fueron mayores que Don Fernando
-Carrillo, Don Francisco de la Cueva, el Licenciado Berrio, y otros que
-con excelentísimos y levantados conceptos persuaden á la verdad de
-sus partes? De no leer los autores muertos, ni advertir los vivos los
-secretos que llevan encerrados en lo que profesan, nace no darles el
-aplauso que merecen; que no es sólo la corteza lo que se debe mirar,
-sino pasar con los ojos de la consideracion más adentro. Ni por ser los
-autores más antiguos son mejores, ni por ser más modernos son de menos
-provecho y estimacion. Quien se contenta con sola la corteza, no saca
-fruto del trabajo del autor; mas quien lo advierte con los ojos del
-alma, saca milagroso fruto.
-
-Dos estudiantes iban á Salamanca desde Antequera, uno muy descuidado,
-otro muy curioso: uno muy enemigo de trabajar y saber, y otro muy
-vigilante escudriñador de la lengua latina; y aunque muy diferentes en
-todas las cosas, en una eran iguales, que ambos eran pobres. Caminando
-una tarde de verano por aquellos llanos y vegas, pereciendo de sed,
-llegaron á un pozo, donde habiendo refrescado, vieron una pequeña
-piedra, escrita en letras góticas ya medio borradas por la antigüedad,
-y por los piés de las bestias, que pasaban y bebian, que decian dos
-veces: _Conditur unio, conditur unio._ El que sabia poco, dijo: ¿Para
-qué esculpió dos veces una cosa este borracho? (que es de ignorantes
-ser arrojadizos). El otro calló, que no se contentó con la corteza, y
-dijo: Cansado estoy, y temo la sed; no quiero cansarme más esta tarde.
-Pues quedaos como poltron, dijo el otro. Quedóse, y habiendo visto
-las letras, despues de haber limpiado la piedra, y descortezado el
-entendimiento, dijo: _Unio_ quiere decir union, y _unio_ quiere decir
-perla preciosísima; quiero ver qué secreto hay aquí, y apalancando
-lo mejor que pudo, alzó la piedra, donde halló la union del amor de
-los dos enamorados de Antequera, y en el cuello de ella una perla más
-gruesa que una nuez, con un collar que le valió 4,000 escudos: tornó á
-poner la piedra y echó por otro camino.
-
-Algo prolijo, pero importante es el cuento, para que sepan cómo se han
-de leer los autores, porque ni los tiempos son unos, ni las edades
-están firmes. Yo querria en lo que he escrito que nadie se contentase
-con leer la corteza, porque no hay en todo mi _Escudero_ hoja que no
-lleve objeto particular, fuera de lo que suena. Y no solamente ahora lo
-hago; sino por inclinacion natural en los derramamientos de la juventud
-lo hice en burlas y veras; edad que me pesa en el alma que haya pasado
-por mí, y plegue á Dios que lleguen los arrepentimientos á las culpas.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-RELACION PRIMERA
-
-DE LA VIDA DEL ESCUDERO
-
-MARCOS DE OBREGON.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-Este largo discurso de mi vida, ó breve relacion de mis trabajos, que
-para instruccion de la juventud, y no para aprobacion de mi vejez,
-he propuesto manifestar á los ojos del mundo, aunque el principal
-blanco á que va inclinado es aligerar por algun espacio, con alivio
-y gusto, la carga que, con justos intentos, oprime los hombros de V.
-S. I., lleva tambien encerrado algun secreto, no de poca sustancia
-para el propósito que siempre he tenido, y tengo, de mostrar en mis
-infortunios y adversidades cuánto importa á los escuderos pobres, ó
-poco hacendados, saber romper por las dificultades del mundo, y oponer
-el pecho á los peligros del tiempo y de la fortuna, para conservar
-con honra y reputacion un don tan precioso como el de la vida, que
-nos concedió la divina Magestad para rendirle gracias y admirarnos,
-contemplando y alabando este órden maravilloso de cielos y elementos,
-los cursos ciertos é innumerables de las estrellas, la generacion y
-produccion de las cosas, para venir en verdadero conocimiento del
-universal Fabricador de todas ellas. Y aunque me coge este intento
-en los postreros tercios de la vida, como á hombre que por viejo y
-cansado se le hizo merced de darle una plaza tan honrada, como la de
-Santa Catalina de los Donados de esta Real villa de Madrid (donde paso
-lo mejor que puedo), en los intérvalos que la gota me concediere, iré
-prosiguiendo mi discurso, guardando siempre brevedad y honestidad:
-que en lo primero cumpliré con mi condicion y inclinacion natural,
-y en lo segundo con la obligacion que tienen todos aquellos á quien
-Dios hizo merced de recibir el agua del bautismo, Religion que tanta
-limpieza, honestidad y pureza ha profesado, profesa, y profesará desde
-su principio y medio, hasta el último fin de esta máquina elemental. Y
-con el ayuda de Dios procuraré que el estilo sea tan acomodado á los
-gustos generales, y tan poco cansado á los particulares, que ni se deje
-por pesado, ni se condene por ridículo. Y así en cuanto mis fuerzas
-bastaren procederé deleitando al lector, juntamente con enseñarle,
-imitando en esto á la próvida naturaleza, que antes que produzca el
-fruto que cria para mantenimiento y conservacion del individuo, muestra
-un verde apacible á la vista, y luego una flor que le regala el olfato:
-y al fruto le da color, olor, y sabor, para aficionar al gusto que se
-coma, y tome de él aquel sustento que le alienta y recrea, para la
-duracion y perpetuidad de su especie. Ó haré como los grandes médicos,
-que no luego que llegan al enfermo le martirizan con la violencia del
-ruibarbo, ni con otras medicinas arrebatadas, sino primero disponen el
-humor con la blandura y suavidad de los jarabes, para despues aplicar
-la purga, que ha de dejar el sugeto limpio y libre de la corrupcion
-que le aquejaba. Y si bien son muy trilladas estas comparaciones de
-los médicos, y las medicinas pueden traerse muy bien entre manos, por
-ser fáciles é inteligibles, y más yo, que por la escelente gracia que
-tengo de curar por ensalmos puedo usar de ellos como uso del oficio con
-tanta aprobacion y opinion de todo el pueblo, que me ha valido tanto
-el buen puesto en que estoy junto con traer unas cuentas muy gruesas,
-unos guantes de nutria, y unos antojos que parecen más de caballo
-que de hombre, y otras cosas que autorizan mi persona, que estoy tan
-acreditado, que toda la gente ordinaria de esta Corte, y de los pueblos
-circunvecinos acuden á mí con criaturas enfermas de mal de ojo, con
-doncellas opiladas, ó con heridas de cabeza, y de otras partes del
-cuerpo, y con otras mil enfermedades, con deseo de cobrar salud; pero
-curo con tal dulzura, suavidad y ventura, que de cuantos vienen á mis
-manos no se mueren más de la mitad, que es en lo que estriba mi buena
-opinion: porque estos no hablan palabra, y los que sanan dicen mil
-alabanzas de mí, aunque quedan perdigados para la recaida, que todos
-vuelan sin remedio. Mas la gente que más bendiciones me echa es la que
-curo de la vista corporal, porque como todos la mayor parte son pobres
-y necesitados, con la fuerza de cierta confeccion que yo sé hacer de
-atútia, y cardenillo y otros simples, y con la gracia de mis manos,
-á cinco ó seis veces que vienen á ellas los dejo con oficio, con que
-ganan la vida muy honradamente, alabando á Dios y á sus Santos con
-muchas oraciones devotas, que aprenden sin poderlas leer.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO I.
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-Estando pocos dias há con los ojos altos y humildes al cielo, el rostro
-sereno y grave, las manos sobre un muy blanco lenzuelo en los oidos del
-enfermo, y pronunciando con mucho silencio las palabras del ensalmo,
-pasó cierto cortesano, y dijo: No puedo sufrir los embelecos de estos
-embusteros: yo callé, y proseguí con mi acostumbrada compostura la
-medicinal oracion, y en acabándola me dijo mi compañero: ¿No oisteis
-cómo os llamó aquel gentil hombre de embustero? Él no habló conmigo,
-dije yo, y de lo que á mí no se me dice derechamente no tengo
-obligacion de responder, ni hacer caso; y deseo persuadir esto á los
-que por la poca esperiencia, ó por la condicion alterada y presta que
-naturalmente tienen, se dan por sentidos de las ignorantes libertades
-de quien no tiene atrevimiento para decirlas descubiertamente, que ni
-llevan órden de agravio, ni arguyen ánimo, ni valor en quien las dice:
-ella es ignorancia grande, introducida de gente que trae siempre la
-honra y la vida en las manos: que no tengo yo de persuadirme á que
-pues no me hablan libremente me ofenden, aunque tengan intencion de
-hacerlo: que los tiros que estos hacen son como los de una escopeta
-cargada de pólvora y vacía de bala, que con el ruido espantan la
-caza, y no hacen otra cosa. Los agravios no se han de recibir si no
-van muy descubiertos, y aun de esto se ha de quitar cuanto fuere
-posible, desapasionándose, y haciendo reflexion en si lo son ó nó,
-como discretísimamente lo hizo Don Gabriel Zapata, gran caballero y
-cortesano, y de excelentísimo gusto, que enviándole un billete de
-desafío á las seis de la mañana cierto caballero con quien habia tenido
-palabras la noche antes, y habiéndole despertado sus criados por
-parecerles negocio grave, en leyendo el billete dijo al que le traia:
-decidle á vuestro amo que digo yo, que para cosas que me importan de
-mucho gusto no me suelo levantar hasta las doce del dia, ¿que por
-qué quiere que para matarme me levante tan de mañana? Y volviéndose
-del otro lado se tornó á dormir; y aunque despues cumplió con su
-obligacion, como tan gran caballero, se tuvo aquella respuesta por muy
-discreta.
-
-Don Fernando de Toledo, el tio (que por discretísimas travesuras que
-hizo le llamaron el pícaro), viniendo de Flandes, donde habia sido
-valeroso soldado y Maestro de campo, desembarcándose de una salva
-en Barcelona, muy cercado de Capitanes, dijo uno de dos pícaros
-que estaban en la playa, en voz que él lo pudiese oir: Este es D.
-Fernando el pícaro. Dijo don Fernando, volviendo á él: ¿En qué lo
-echaste de ver? Respondió el pícaro: Hasta aquí en lo que oía decir,
-y ahora en que no os habeis corrido de ello. Dijo don Fernando muerto
-de risa: Harta honra me haces, pues me tienes por cabeza de tan
-honrada profesion como la tuya. Así que aun de aquellas injurias que
-derechamente vienen á ofendernos, habemos de procurar por los mismos
-filos hacer triaca del veneno, gusto del disgusto, donaire de la
-pesadumbre, y risa de la ofensa. Que pues procura un hombre entender
-por donde camina una espada, los círculos y medios, la fortaleza
-y flaqueza, la ofensa y la defensa, y lo ejercita con grandísima
-perseverancia hasta hacerse muy diestro para que no le maten ó hieran,
-¿por qué no se ejercitará en lo que estorba á venir á tan miserable
-estado, que es la paciencia? Que puesta la cólera en su punto, y
-vistas dos espadas desnudas, una con otra han de herir, ó huir; cosa
-que por tan infame se ha tenido siempre en todas las naciones del
-mundo; y si con mucho menos trabajo y ejercicio se puede hacer un
-hombre diestro en la paciencia, que es quien refrena los ímpetus
-bestiales de la cólera, la potencia de los poderosos, la braveza de los
-valientes, la descortesía de los soberbios ignorantes, y ataja otros
-mil inconvenientes, ¿por qué no se procurará esto por no llegar á lo
-otro? En Italia dicen que la paciencia es manjar de poltrones. Mas esto
-se entiende de una paciencia viciosa, que el que la profesa por comer,
-beber y holgar, sufre cosas indignas de imaginar entre hombres. Aquí
-se trata de la paciencia que acicala y afina las virtudes, y la que
-asegura la vida, la quietud del ánimo, y la paz del cuerpo; y la que
-enseña á que no se tenga por injuria la que no lo es ni lleva modo de
-poderse estimar por tal: que en solo el uso de esta divina virtud se
-aprende cómo se han de rechazar los agravios paliados, cómo se han de
-resistir los descubiertos, qué caso se debe hacer de los que se dicen
-en ausencia, que es otro yerro notable que anda derramado entre la
-gente que ni sabe sufrir, ni lo quiere aprender, que así se ofenden de
-un agravio encañado por arcaduces, como de una cuchillada en el rostro,
-como si hubiese alguno en el mundo (por justo que sea) que tenga las
-ausencias sin alguna calumnia. Y porque la materia de suyo es algo
-pesada, quiero aligerarla con decir lo que me pasó sirviendo al más
-desazonado colérico del mundo: porque tras de muchos infortunios que
-toda mi vida he sufrido, me vine á hallar desacomodado al cabo de mi
-vejez; de manera, que porque no me prendiesen por vagamundo, hube de
-encomendarme á un amigo mio, Cantor de la Capilla del Obispo (que estos
-todo lo conocen, sino es á sí propios) y él me acomodó por escudero y
-ayo de un médico y su mujer, tan semejante el uno al otro en la vanidad
-de valentía y hermosura, que no les quedó que repartir en los vecinos,
-con los cuales me pasaron lances harto dignos de saberse.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO II.
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-Llamábase el Doctor Sagredo, hombre mozo, de muy gentil disposicion,
-algo locuaz, y aun loco, más colérico y fácil de enojarse que gozque
-de panadero, presuntuoso y estimador de su persona, y (para que no
-se echasen á perder dos casas, sino una) casado con una mujer de
-su misma condicion, moza, y muy hermosa, alta de cuerpo, cogida de
-cintura, delgada y no flaca, derecha de espaldas, el movimiento con
-mucho donaire, ojos negros y grandes, pestaña larga, cabello castaño,
-que tiraba un poco á rubio, briosa, y no muy poco soberbia, vana y
-presuntuosa.
-
-Llevóme á su casa el buen Doctor, y lo primero que encontré fué una
-mula muy flaca en una caballeriza, tan ajustada con ella, que si
-tuviera alas no pudiera caber dentro. Subimos una escalerilla, y
-representóseme luego la sala donde estaba la señora Doña Mergelina de
-Aybar, que así se llamaba, á quien yo miré de muy buena gana, que
-aunque viejo incapaz de semejantes apetitos, por razon y por edad,
-la miré como á hermosa, que á todos ojos es la hermosura agradable.
-Dijo el Doctor: Veis aquí á quien habeis de servir, que es mi mujer.
-Yo le dije: Por cierto bien merece tan gentil dama á tal galan. Ella
-respondió, como mujer hermosa ignorante, ó por mejor decir, preguntó:
-¿Quién os mete á vos en eso? Señora, dije yo, advierta vuesa merced
-que cuando la llamé gentil no quise decir que no era cristiana, sino
-que tenia muy gentil talle y cuerpo. Que bien os entendí, dijo ella,
-sino que no quiero que nadie se me atreva á decirme requiebros. Es la
-honra del mundo, dijo el Doctor, servidla con gusto y cuidado, que yo
-os lo pagaré muy bien. Miré la casa muy de espacio, aunque se podia
-ver muy de presto, porque no ví en toda ella sino es un espejo muy
-grande en un poyo muy pequeño de una ventana, y unas redomillas que
-lo acompañaban, con un cofrecillo pequeñuelo: y mirando á un rincon,
-ví á un montante, con ciertas espadas de esgrima, dagas, y espadas
-blancas, una rodela, y broquel. Díjome el Doctor: ¿Qué os parece de mi
-recámara? Miradla bien, que en Alcalá era temida aquella espada. No
-miraba, dije yo, sino á donde estaban los libros, que soy aficionado á
-ellos. Estos son, dijo, mis Galenos y mis Avicenas, que por la negra y
-la blanca nadie me igualó en Alcalá; y que no se meneó contra mí hombre
-de noche que no fuese lastimado de mis manos. Luego vuesa merced, dije
-yo, más aprendió á matar que á sanar. Yo aprendí, respondió él, lo que
-los demás médicos; y por haber poco que vine de mis estudios no me he
-reparado de libros, que bien parece en los profesores de las facultades
-tener cada uno los de la suya. Pero dejemos eso, y llevad á vuestra ama
-á Misa, que es ya tarde. Púsose su manto mi señora Doña Mergelina, y
-llevéla, ó acompañéla hasta S. Andrés, que vivian en la Morería vieja,
-y en el camino (como es costumbre) muchos de los que la topaban le
-decian alguna cosa de su buen talle y rostro: á lo cual ella respondia
-tan aceleradamente que todos iban disgustados de sus respuestas. Yo
-le decia: Mire, señora, que ya que no responda bien, á lo menos tiene
-obligacion de callar como mujer principal, que en el silencio no puede
-haber que notar.
-
-No soy yo mujer, decia ella, á quien nadie ha de perder el respeto.
-Si alguno le decia que era muy hermosa, ella le decia: Y él hermoso
-majadero. Díjole un dia un mozalvillo, no de mal talle: Así se me
-tornen las pulgas en la cama; al cual muy de propósito respondió: Debe
-dormir en alguna zahurda de lechon. Era tan descortés y sacudida,
-que todos lo iban de sus respuestas, y ella lo quedaba de mis
-reprehensiones. Á cierto clérigo de San Andrés, pequeño de cuerpo y
-grande de ánimo, conocido mio, que yendo muy pulido con una sobrepelliz
-muy blanca, porque le dijo que no se saliese de casa á hacer el oficio
-de la muerte, le replicó: Tambien habla el escarabajo hinchado, que con
-aquel sacudimiento tenia mucho donaire y gusto en cualquiera materia.
-Yo, entre muchas veces que la reprendí su vanidad, me arrojé una á
-decirle todo lo que me pareció, que aunque ella estaba confiada en su
-buen parecer, quise ver si podia enmendarla con el mio, y le dije:
-Vuesa merced usa de su hermosura lo peor del mundo; porque pudiendo
-ser querida y loada de cuantos andan en él, quiere ser aborrecida de
-todos: quien dice hermosura, dice apacibilidad, dulzura, suavidad
-de condicion y trato, y mezclándola con soberbia y desapacibilidad,
-se viene á convertir en ódio lo que habia de ser amor: que don tan
-excelente como la hermosura, concedido por merced de Dios, es razon que
-tenga alguna correspondencia con el ánimo, que si no parece lo uno á lo
-otro, arguye mal entendimiento, ó poco agradecimiento á la merced que
-Dios hace á quien lo da. Hermosura con mala condicion, es una fuente
-clarísima que tiene por guarda una víbora, y es sobrescrito y carta de
-recomendacion, que en abriéndola tiene un demonio dentro. ¿Hay en el
-mundo quien quiera ser aborrecido? ¿Hay quien quiera ser estimado en
-poco? No por cierto. Pues quien tiene consigo porque le amen y estimen,
-¿por qué quiere que le aborrezcan y menosprecien? ¿Es por fuerza que la
-hermosura ha de estar acompañada con vanidad, desdorada con ignorancia,
-y conservada con locura? ¿Por qué cuando se mira vuesa merced al espejo
-no procura que lo interior se parezca al exterior? Pues adviértole que
-suele el tiempo, y aun Dios, castigar de manera las vanidades, que los
-montes se allanan, y las torres vienen al suelo. ¿Cuántas hermosuras se
-han visto y ven cada dia en esta máquina ó ejemplo del mundo rendidas
-á mil desdichas y calamidades, por faltarles el gobierno y cordura?
-Que aunque la hermosura, el tiempo que dura, es querida y estimada,
-en marchitándose no le queda otra prenda sino las que grangeó, y el
-crédito y amistades que á fuerza de buen término conquistó, cuando
-estaba en su fuerza y vigor. Y es el mundo de tan baja condicion, que á
-nadie acaricia por lo que tuvo, sino por lo que tiene. ¿Qué hermosura
-se ha visto que no se estrague con el tiempo? ¿Qué vanidad que no venga
-á dar en mil bajíos? ¿Qué estimacion propia que no padezca mil azares?
-Cierto, que fuera bien que como hay para las mujeres maestros de danzar
-y bailar, los hubiese tambien de desengaño, y que como se enseña el
-movimiento del cuerpo, se enseñase la constancia del ánimo. Yo digo,
-y aun aconsejo á vuesa merced, lo que como hombre de experiencia me
-parece que es razon, y lleva camino. Mire no la castigue su presuncion
-y demasiada estimacion de su persona. Estas y otras muchas cosas le
-dije, y decia cada dia; pero ella se estuvo siempre en sus trece,
-y quien no admite consejo para escarmentar en cabeza ajena, serále
-forzoso escarmentar en la suya, por seguir las inclinaciones propias,
-como sucedió á la señora Doña Mergelina, teniendo las suyas por ley, y
-al tiempo por verdugo de ellas, desta manera.
-
-Venia casi todas las noches á visitarme un mocito barbero, conocido
-mio, que tenia bonita voz y garganta: traia consigo una guitarra con
-que sentado al umbral de la puerta, cantaba algunas tonadillas, á que
-yo llevaba un mal contrabajo; pero bien concertada (que no hay dos
-voces que si entonan y cantan verdad, no parezcan bien), de manera, que
-con el concierto y la voz del mozo, que era razonable, juntábamos la
-vecindad á oir nuestra armonía. El mozuelo tañia siempre la guitarra,
-no tanto para mostrar que lo sabia, como por rascarse con el movimiento
-las muñecas de las manos, que tenia llenas de una sarna perruna. Mi
-ama se ponia siempre á escuchar la música en el corredorcillo, y el
-Doctor, como venia cansado de hacer sus visitas (aunque tenia pocas),
-no reparaba en la música, ni en el cuidado con que su mujer se ponia á
-oirla. Como el mozuelo era contínuo todas las noches en venir á cantar,
-si alguna faltaba, mi ama lo echaba de menos, y preguntaba por él, con
-alguna demostracion de gustar de su voz. Vino á parecerle tan bien el
-cantar, que cuando el mozuelo subia un punto de voz, ella bajaba otro
-de gravedad, hasta llegar á los umbrales de la puerta para oirle más
-cerca las consonancias; que la música instrumental de sala, tanto
-más tiene de dulzura y suavidad, cuanto menos de vocería y ruido,
-que como el juez que es el oido, está muy cerca, percibe mejor y más
-atentamente las especies que envia al alma, formadas con el plauso de
-la media voz. El mozuelo dejó de venir cinco ó seis noches, por no
-sé qué remedio que tomaba para curarse, y en las cosas que son muy
-ordinarias, en faltando, hacen mucha falta: y así mi ama cada noche
-preguntaba por él. Yo le respondí, más por cortesía que por falta que
-le hiciese: Señora, este mozuelo es oficial de un barbero, y como sirve
-no puede siempre estar desocupado: fuera de que ahora se está curando
-un poquillo de sarna que tiene. ¿Qué haceis, dijo ella, de aniquilarle
-y disminuirle, mozuelo barbero? sarna, pues á fé que no falta quien con
-todas esas que vos le poneis, le quiera bien. Bien puede ser, dije yo,
-que el pobrecillo es humilde y fácil para lo que le quieren mandar;
-y cierto que muchas veces le guardo yo de mi racion un bocadillo que
-cene, porque no todas veces ha cenado. En verdad, dijo ella, que
-á tan buena obra os ayude yo: y de allí adelante siempre le tenia
-guardado un regalillo todas las noches que venia: una de las cuales
-entró quejándose, porque de una ventana le habian arrojado no sé qué
-desapacible á las narices: á las quejas suyas salió mi ama al corredor;
-y bajó al patio, estándose limpiando el mozuelo, y con grande piedad le
-ayudó á limpiar, y sahumó con una pastilla, echando mil maldiciones á
-quien tal le habia parado.
-
-Fuése el mozuelo con su trabajo, sintiéndolo la señora Doña Mergelina,
-tan llena de cólera como de piedad, y con harta más demostracion de
-lo que yo quisiera, loando la paciencia del mozuelo, y agravando la
-culpa de quien le habia salpicado con tanto estremo, que me obligó á
-preguntarle por qué lo sentia tanto, siendo sucedido inadvertidamente
-y sin malicia. Á que me respondió: ¿No quereis que sienta ofensa hecha
-á un corderillo como este? ¿Á una paloma sin hiel, á un mocito tan
-humilde y apacible, que aun quejarse no sabe de una cosa tan mal hecha?
-Cierto que quisiera ser hombre en este punto para vengarle, y luego
-mujer para regalarle y acariciarle. Señora, le dije yo, ¿qué novedad
-es esta? ¿Qué mudanza de rigor en blandura? ¿De cuándo acá piadosa?
-¿De cuándo acá sensible? ¿De cuándo acá blanda y amorosa? Desde que
-vos, respondió ella, vinisteis á mi casa, que trujisteis este veneno
-envuelto en una guitarra, desde que me reprehendisteis mis desdenes,
-desde que viendo mi bronca y áspera condicion, quise ver si podia
-quedar en un medio lícito y honesto, y he venido de un estremo á otro:
-de áspera y desdeñosa, á mansa y amorosa: de desamorada y tibia, á
-tierna de corazon: de sacudida y soberbia, á humilde y apacible: de
-altiva y desvanecida, á rendida y sujeta. ¡Oh pobre de mí, dije yo,
-que ahora me quedaba por llevar una carga tan pesada como esta! ¿Qué
-culpa puedo yo tener en sus accidentes de vuesa merced, ó qué parte en
-sus inclinaciones? ¿Hay quien sea superior en voluntades agenas? ¿Hay
-quien pueda ser profeta en las cosas que han de suceder á los gustos
-y apetitos? Pero pues por mí comenzó la culpa, por mí se atajará el
-daño, porque no venga á ser mayor con hacer que él no vuelva más á
-esta casa, ó irme yo á otra: que si con la ocasion creció lo que yo
-no pude pensar, con atajarla tornarán las cosas á su principio. No
-lo digo, dijo ella, por tanto, padre de mi alma, que la culpa yo la
-tengo, si hay culpa en los actos de voluntad: no os enojeis por mis
-inadvertencias, que estoy en tiempo de hacer y decir muchas: antes os
-admirad de las pocas que verédes y oyéredes en mí; ni hagais lo que
-habeis dicho, si quereis mi vida, como quereis mi honra: porque estoy
-en tiempo, que con poca más contradicion, haré algun borron que tizne
-mi reputacion, y la deje más negra que mi ventura; no estoy para que
-me desampareis, ni para admitir reprehension, sino para pedir socorro
-y ayuda. Bien me decíades vos que mi presuncion y vanidad habian de
-caer de su trono; cuanto me podeis repetir y traer á la memoria, yo
-lo doy por dicho, y lo confieso; favorecedme, y no me desampareis en
-esta ocasion; y no me mateis con decir que os ireis desta casa. Y
-con esto y otras cosas que dijo, lloró tan tiernamente, cubriendo el
-rostro con un lienzo, que por poco fuera menester quien nos consolára
-á entrambos; y si fué grande la reprehension que le dí por soberbia,
-mayor fué el consuelo que le dí por afligida: mas animándome en lo
-que era más razon, acudiendo á mi obligacion, á su consuelo y honra
-de su casa, le dije, con la mayor demostracion que pude: ¿Es posible
-que en tan estraordinaria condicion ha podido caber tanta mudanza,
-y que por ojos tan llenos de hermosura y desdenes hayan salido tan
-piadosas lágrimas, y que por mejillas tan recatadas haya corrido un
-licor tan precioso, que siendo bastante á enternecer las entrañas de
-Dios, se haya derramado y echado á mal por un miserable hombre? ¿Y ya
-que se habia de precipitar y arrojarse, y desdecir de sí propia, no
-hiciera eleccion de una persona de muchas partes y merecimientos? Ya
-que se rinda quien no podia ser rendida, ¿habia de ser una sabandija
-tan desventurada? Que se rinda la hermosura á la fealdad, la limpieza
-á la inmundicia y asquerosidad, no sé qué me diga de tal eleccion, y
-tan abominable gusto. ¡Oh cuán engañados, dijo ella, están los hombres
-en pensar que las mujeres se enamoran por eleccion, ni por gentileza
-de cuerpo, ó hermosura de rostro, ni por más ó menos partes, grandeza
-de linage, soberbia de estado, abundancia de riqueza! (trato de lo que
-verdaderamente es amor); pues para que se desengañen, sepan, que en
-las mujeres el amor es una voluntad continuada, que de la vista crece,
-y con la comunicacion se cria y conserva, sin hacer eleccion de este
-ni de aquel, y la que no se guardáre de esto, caerá sin duda: de esta
-continuacion ha nacido mi llama, y con ella se ha criado, hasta ser
-tan grande, que me tiene ciegos los ojos para ver otra cosa, y las
-orejas cerradas para admitir reprehension, y la voluntad incapaz de
-recibir otro sello. Y cuanto más lo deshaceis y aniquilais, tanto más
-se enciende la voluntad y el deseo. ¿Por ventura los barberos son de
-diferente metal que los demás hombres, para que aniquileis un oficio
-que tanta merced hace á los hombres en tornarlos de viejos á mozos?
-¿Llamaisle sarnoso por unas rascadurillas que tiene en las muñecas,
-que parecen hojas de clavel? ¿No echais de ver aquella honestidad de
-rostro? ¿La humildad de sus ojos? ¿La gracia con que mueve aquella voz
-y garganta? No me le deshagais, ni reprehendais mi gusto, que no está
-para contradecirlo ni rechazarlo. ¡Ojalá, dije yo, fuera pelota, que
-yo la echara y rechazara! Pero pues ha llegado á tan estrecho paso,
-haré con vuesa merced lo que con mis amigos, que es, en la eleccion
-aconsejarles lo mejor que sé, y en la determinacion ayudarles lo mejor
-que puedo. Díjele esto por no desconsolarla, hasta que poco á poco
-fuese perdiendo el cariño, que pudiera traer la ofensa de Dios y de su
-marido, y con esto me aparté aquella noche de ella, espantándome de
-ver cuán poderosa es la comunicacion, y considerando cuán mal hacen
-los hombres que donde tienen prendas que les duela, consienten visitas
-ordinarias, ó comunicaciones que duren: y cuánto peor hacen los padres
-que dan á sus hijas maestros de danzar, ó tañer, cantar ó bailar; si
-han de faltar un punto de su presencia, y aun es menos daño que no lo
-sepan: que si han de ser casadas, bástales dar gusto á sus maridos,
-criar sus hijos y gobernar su casa: y si han de ser monjas, apréndanlo
-en el monasterio; que la razon de estar algunas disgustadas, quizás
-es por haber ya tenido fuera comunicaciones de devociones, que por
-honestas que sean, son de hombres y mujeres, sujetos al comun órden de
-naturaleza.
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-[Ilustración]
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-
-[Ilustración]
-
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-DESCANSO III.
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-El dia siguiente vino el mozuelo más temprano de lo que solia, puesto
-un cuello al uso, como hombre que se veia favorecido de tan gallarda
-mujer. Sucedió que dentro de tres ó cuatro dias vinieron á llamar
-al doctor Sagredo, su marido y mi amo, para ir á curar un caballero
-estranjero que estaba enfermo en Carabanchel, ofreciéndole mucho
-interés por la cura de que él recibió mucho contento por el provecho,
-y ella mucho más por el gusto. Cogió su mula y lacayo, y un braco, que
-siempre le acompañaba, y á las cuatro de la tarde dió con su persona en
-Carabanchel. Ella, visto la buena ocasion, hízome aderezar de cenar lo
-mejor que fué posible, regalándome con palabras, y prometiéndome obras,
-no entendiendo que yo le estorbaria la ejecucion de su mal intento:
-vino el mozuelo al anochecer, y comenzando á cantar como solia, ella
-le dijo que no era lícito, ni parecia bien á la vecindad, estando
-su marido ausente, cantar á la puerta, y así mandó que entrase más
-adentro. Mandó sentar al mozuelo á la mesa, deseando que la cena fuese
-breve, porque la noche fuese larga; pero apenas se comenzó la cena
-cuando entró el braco haciendo mil fiestas á su ama con las narices y
-la cola. El doctor viene, dijo ella, desdichada de mí, ¿qué haremos,
-que no puede estar lejos, pues ha llegado el perro? Yo cogí al mozuelo,
-y púsele en un rincon de la sala, cubriéndolo con una tabla, que habia
-de ser estante para los libros, de suerte que no se podia parecer
-cuando entró el doctor por la puerta, diciendo: ¿Hay bellaquería
-semejante, que envien á llamar á un hombre como yo, y por otra parte
-llamen á otro médico? Vive Dios, si en años atrás me cogieran, que
-no se habian de burlar conmigo. ¿Pues de eso teneis pena, dijo ella,
-marido mio? ¿No vale más dormir en vuestra cama y en vuestra quietud,
-que desvelaros en velar un enfermo? ¿Qué hijos teneis que os pidan pan?
-Vengais muy en hora buena, que aunque pensé tener diferente noche, con
-todo eso me dió el espíritu que habia de suceder esto, y así os tuve,
-por sí ó por no, aderezada la cena. ¡Hay tal mujer en el mundo! dijo el
-doctor; ya me habeis quitado todo el enojo que traia. Váyanse con el
-diablo ellos y sus dineros, que más aprecio veros contenta, que cuanto
-interés hay en la tierra. ¿Cuántos engaños, dije yo entre mí, hay de
-estos en el mundo, y cuántas á fuerza de artificios y bondad fingida
-se hacen cabezas de sus casas, que merecen tenerlas quitadas de los
-hombros? Apeóse de la rucia el doctor, y el lacayo púsola en razon,
-y fuese á su posada con su mujer, que le daban racion y quitacion.
-Sentóse el doctor á cenar muy sin enojo, loando mucho el cuidado de
-su mujer. El diablo del braco, que por la fuerza que estos animalejos
-tienen en el olfato, no hacia sino oler la tabla que encubria al
-mozuelo, rascando y gruñendo de manera que el doctor lo echó de ver, y
-preguntó ¿qué habia detrás de la tabla? Yo de presto respondí: Creo
-que está allí un cuarto de carne. Tornó el braco á gruñir, y aun ladrar
-algo más alto: mi amo lo miró con más cuidado que hasta allí; yo eché
-de ver el daño que habia de suceder si no se remediaba, y conociendo
-la condicion del doctor dí en una buena advertencia, que fué decir que
-iba por unas aceitunas sevillanas, de que eran muy amigos, y estúveme
-al pié de la escalerilla esperando su determinacion: el braco no dejaba
-de rascar y ladrar, tanto que mi amo dijo que queria ver por qué
-perseveraba tanto el perro en ladrar. Entonces yo púseme en la puerta,
-y comencé á dar voces diciendo: Señor, que me quitan la capa; señor
-doctor Sagredo, que me capean ladrones. Él con su acostumbrada cólera y
-natural presteza se levantó corriendo, y de camino arrebató una espada,
-poniéndose de dos saltos en la puerta, y preguntando por los ladrones;
-yo le respondí, que como oyeron nombrar al doctor Sagredo echaron á
-huir por la calle arriba como un rayo. Él fué luego en seguimiento
-suyo, y ella echó al mozuelo de casa sin capa y sin sombrero, poniendo
-el cuarto de carne detrás de la tabla, como ya le habia dado la
-advertencia. Hasta aquí habia caminado el negocio; mas el mozuelo iba
-turbado, lleno de miedo y temblor, que no pudo llegar á la puerta de
-la calle tan presto que no topase mi amo con él á la vuelta. Aquí fué
-menester valernos de la presteza en remediar este segundo daño, que
-tenia más evidencia que el primero, y así antes que él preguntase cosa,
-le dije: Tambien han capeado y querido matar á este pobre mocito, y por
-esto se coló aquí dentro huyendo, que de temor no osa ir á su casa:
-mire vuesa merced qué lástima tan grande; y como es muy de coléricos
-la piedad, túvola mi amo del mozuelo, y dijo: No tengais miedo, que en
-casa del doctor Sagredo estais, donde nadie os osará ofender. Ofender,
-dije yo; en oyendo nombrar al doctor Sagredo les nacieron alas en los
-piés. Yo os aseguro, dijo el doctor, que si los alcanzára, que os habia
-de vengar á vos y á mi escudero de manera que para siempre no capearan
-más. Mi ama, que estaba hasta allí turbada y temblando en el corredor,
-como vió tan presto reparado el daño, y vuelta en piedad la que habia
-de ser sangrienta cólera, ayudó á la compasion del marido de muy buena
-gana, diciendo: ¿Hay lástima como esta? No dejeis ir á ese pobre mozo,
-bástenle los tragos en que se ha visto, no le maten esos ladrones.
-No le dejaré, dijo el doctor, hasta que le acompañe. ¿Y cómo sucedió
-esto, gentil hombre? Iba, señor, respondió el mozo, á hacer una sangría
-por Juan de Vergara, mi amo, á cierta señora del tobillo, y con harto
-gusto; pero como no duerme este ángel de los piés aguileños, sucedió lo
-que vuesa merced ha visto. Que no faltará ocasion para hacerla, dijo la
-señora, sosiéguese ahora, hermano, que en casa del doctor Sagredo está.
-Subíos acá, dijo el doctor, que en cenando yo os llevaré á vuestra
-casa. El braco, aunque salió á los ladrones imaginados, no por el ruido
-dejó de tornar á la tema de su tabla, y si antes la habia rascado por
-el mozuelo, entonces lo hacia por la tentacion de sus narices contra la
-carne: mi amo, como vió perseverar al braco, fué á la tabla, y halló
-el cuarto de carne detrás de la tabla, con que se sosegó, loando mucho
-el aliento de su perro. Ella, aunque se habia librado de esos trances,
-todavía, durando en su intento, me dió á entender que no dejase ir al
-mozuelo, que era lo que yo más aborrecia.
-
-Cenaron, y el que primero habia sido cabecera de mesa, despues comió en
-la mano como gavilan, y no como galan en la mesa, que la fuerza puede
-más que el gusto. En cenando quiso el doctor llevarlo á su casa, y
-aunque yo le ayudé, mi ama dijo que no queria que fuese á ponerse en
-riesgo de topar con los capeadores, especialmente habiendo de pasar
-por el pasadizo de San Andrés, donde suele haber tantos capeadores
-retraidos. Y aunque esto, dijo, para vuestro ánimo es poco, será
-para mí de mucho daño, porque estoy en sospecha de preñada, y podria
-sucederme algun accidente ó susto que pusiese mi vida en cuidado; que
-ese mocito podrá dormir con el escudero, que es conocido suyo, y por la
-mañana irse á su casa. Alto, dijo el doctor, pues vos gustais de eso,
-sea en hora buena, yo me quiero acostar, que estoy un poco cansado.
-Fuéronse á la cama juntos (que siempre llevaba la mujer por delante),
-aunque como ella vivia con diferentes pensamientos, no dió lugar al
-sueño hasta que dió en una traza endiablada, que le costó pesadumbre y
-le pudiera costar la vida. La sala era tan pequeña que desde mi cama á
-la suya no habia cuatro pasos, y cualquiera movimiento que se hacia en
-la una se sentia en la otra; y así no le pareció bien lo que por aquí
-podia intentar. La mula era de manera inquieta que en viéndose suelta
-alborotaba toda la vecindad antes que pudiesen cogerla. Parecióle á la
-señora doña Mergelina que desatándola podria volver á la cama antes que
-su marido despertase para ir á ponerla en razon, y en el espacio que se
-habia de gastar en cogerla y trabarla, le tendria ella para destrabar
-su persona. Y como las mujeres son fáciles en sus determinaciones, en
-sintiendo al marido dormido, levantóse paso á paso de la cama, y yendo
-á la caballeriza desató la mula, entendiendo que pudiera volver á la
-cama antes que la mula hiciese ruido y el marido despertase, con que
-tendria lugar para ejecutar su intento. Pero parece que la mula y él se
-concertaron; la mula en salir presto de la caballeriza haciendo ruido
-con los piés, y él sentirlo tan presto que se levantó en un instante
-de la cama, dando al diablo á la mula y á quien se la habia vendido;
-y si no se entrara la mujer en la caballeriza, topara con ella el
-marido. Él cogió una muy gentil vara de membrillo, y pególe á la mula,
-que huyendo á su estrecha caballeriza, apenas cupiera, por la huéspeda
-que halló dentro. Ella no tuvo donde encubrirse por la estrecheza sino
-con la misma mula, de suerte que alcanzó, como la vara era cimbreña,
-gran parte de los muchos varazos que le dió con los tercios postreros
-en aquellas blancas y regaladas carnes. Yo estaba en la escalera como
-si aguardara al verdugo que me echara de ella, turbado y sin consejo,
-porque veia lo que pasaba y sin poder remediarlo. El braco, sintiendo
-el ruido, y oliendo carne nueva en mi cama, comenzó á darle buenos
-mordiscones al mozuelo y á ladrarle, de suerte que la mujer en manos
-del marido, y el mozuelo en los dientes del braco, pagaron lo que aun
-no habian cometido. Yo viendo la ejecucion de su cólera, sin saber lo
-que hacia, le dije: Mire vuesa merced lo que hace, que cuantos palos da
-en la mula los da en el rostro de mi señora, que la quiere de manera
-por andar vuesa merced en ella, que no consiente que la toque el sol.
-Agradeced, señora mula, lo que me han dicho de vuestra ama, que hasta
-la mañana os estuviera pegando. ¿Hay con qué trabar esta mula? Yo
-respondí: En ese corralillo hallará vuesa merced una soguilla, que yo
-estoy con un dolorcillo de ijada, y no me atrevo á salir. Así como fué
-por ella, púseme á la puerta, haciendo pala á la señora, y subióse á
-su cama callando, aunque lastimada. Yo como siempre procuré que no
-llegase la ofensa á ejecucion, aunque no iba con mucho gusto para
-ello; en saliendo el doctor le tomé la soguilla, y enviélo á la cama.
-Trabé la mula, y subíme á reposar á la mia, donde hallé al mozuelo
-quejándose del braco, y á ella en la suya llorando tiernamente; y
-preguntándole el marido la causa, respondió muy enojada: Vuestras
-cóleras y arrebatamientos, que como tan de repente os alborotastes, y
-yo estaba en lo mejor del sueño, sobresaltada y despavorida, caí detrás
-de la cama, y dí con el rostro en mil baratijas que estaban aquí, con
-que me he lastimado muy bien. Sosególa el marido lo mejor que pudo, y
-pudo muy bien, porque las mujeres honradas cuando tropiezan y no caen
-en el yerro, caen en la cuenta, que habiendo de ser muy estrecha, es de
-perdones, y como vió que á tres va la vencida, y ella lo quedó saliendo
-mal de ellas, no quiso probar la cuarta. Al mozuelo con los peligros y
-los dientes del braco se le quitó el poco amor y desvanecimiento como
-con la mano.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO IV.
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-Como toda la noche hasta allí habia sido tan inquieta y llena de
-disgustos, pesadumbres y alteraciones, efectos propios de semejantes
-devaneos, fundados en deshonor, ofensa y pecado, lo que hasta la mañana
-quedaba, se durmió tan profundamente, que siendo yo de poquísimo sueño,
-no desperté hasta que por la mañana dieron golpes á la puerta, llamando
-al doctor para cierta visita muy necesaria. Alcé el rostro y ví que el
-sol visitaba ya mi aposento, que en mi vida le miré de más mala gana,
-y llamé al lastimado mozuelo, que más parecia embelesado que dormido,
-y hallándolo con determinacion de no tornar á las burlas pasadas, le
-dije: Pues el mayor peligro queda por pasar, si no vivís con cuidado y
-recato, que aunque es verdad que vos actualmente no habeis hecho ofensa
-en esta casa, y los deseos, ya que manchan la conciencia, no estragan
-la honra, con todo eso, para la reputacion de ella y seguridad vuestra,
-importa guardar el secreto, que como muchacho de poca experiencia,
-podíades revelar pareciéndoos que son lances muy dignos de saberse, y
-que diciéndolos por cifras no se entenderian, que es un engaño en que
-caen todos los habladores, pues adviértoos que no os va menos que la
-vida en saber callar, ó la muerte en querer hablar. Ningun delito se ha
-cometido por callar, y por hablar se cometen cada dia muchos: el hablar
-es de todos los hombres, y el callar de solos los discretos: yo creo
-que cuantas muertes se hacen sin saber los autores, nacen de ofensas
-de la lengua: guardar el secreto es virtud, y al que no le guarda por
-virtuoso, le hacen que le guarde por peligroso: el callar á tiempo es
-muy alabado, porque lo contrario es muy aborrecido: hablar lo que se ha
-de callar, nos precipita en el peligro y en la muerte, y lo contrario
-asegura el daño, y preserva la vida y quietud. Nadie se ha visto
-reventar por guardar el secreto, ni ahogado por tragar lo que va á
-decir: las abejas pican á su gusto; pero dejan el aguijon y la vida, ¿y
-á los que dicen el secreto que les importa callar, les sucede lo mismo?
-y en resolucion el callar es excelentísima virtud, y tan estimada entre
-los hombres, que de la suerte que se admiran de ver hablar bien á un
-papagayo que no lo sabia, se admiran de ver callar bien á un hombre
-que sabe hablar. Y para no cansaros más, si no calláredes porque es
-razon, callareis por el peligro en que os poneis, tratando de la honra
-de un hombre tan valiente como el Doctor. Con estas, y otras muchas
-cosas que le dije, lo envié á su casa con más temor que amor, ó más
-temeroso que enamorado. El Doctor se vistió tan de priesa que no tuvo
-lugar de mirar el señalado rostro de su mujer, que lo primero que hizo
-antes de vestirse, y sin aguardar á poner los piés en las mulillas, fué
-á mirarse al espejo; y viéndose el sobrescrito con algunos borrones,
-lo sintió de manera, que en muchos dias no se quitó del rostro un
-rebozo (que como era tan apacible y suave) parecia más que le traia
-por gala, que por necesidad. En estando para poderla hablar me llegué
-á donde estaba aderezándose el temeroso rostro, y lastimándome de los
-muchos cardenales que le alcancé á ver (que en personas muy blancas, de
-cualquier accidente se hacen) le dije, con la mayor blandura que pude,
-y supe: ¿Qué le parece de su buena ventura? Que tal lo ha sido, pues
-en cuantas veces la ha probado, la ha guardado de que los pensamientos
-no viniesen á la ejecucion de las obras, para que su honra (ya que
-ha estado para despeñarse) quedase salva en un aprieto tan grande,
-que arrojándose con tan determinada voluntad, le ha puesto tantos
-impedimentos para la caida, y tantas ayudas para el arrepentimiento.
-¿Si cayera en un rio muy hondo, y saliera sin mojarse la ropa, no
-lo tuviera á milagro, y cosa nunca vista? ¿Si se arrojara entre mil
-espadas desnudas sin salir herida, no le pareceria obra de la mano de
-Dios? Pues crea, y tenga por cierto, que ha sido tanta evidencia de
-la misericordia divina, usada con vuesa merced con su marido, pues de
-su misma voluntad ha librado: que la más poderosa fuerza que hay con
-nosotros es la voluntad propia, ella nos rinde, y hace al entendimiento
-tan esclavo que no le deja libertad para conocer la razon, ó á lo
-menos para volver por ella; pues la voluntad depravada rindió un pecho
-tan libre: ella misma con el arrepentimiento y la razon le han de
-volver á su libertad. El arrepentirse, y volver sobre sí, es de ánimos
-valerosos: el escarmiento nos hace recatados, como la determinacion
-arrojadizos. Cuando la voluntad nos arroja con atrevimiento, el mal
-suceso lo remedia con temor: mejor es arrepentirse temprano, que llorar
-tarde. Un mal principio arrojado, mejora el medio, y asegura el fin:
-más vale, considerando este mal suceso, detenerse, que perseverando,
-esperar que se mejore. ¡Dichoso aquel á quien le viene el escarmiento
-antes que el daño! Los malos intentos al principio errados, engendran
-recato para los venideros: quien no yerra no tiene de qué enmendarse,
-mas quien yerra tiene en qué mejorarse: que Dios juzgó por mejor que
-hubiese males, porque les siguiesen los arrepentimientos, que tener el
-mundo sin ellos; que más grandeza suya es sacar de los males bienes,
-que conservar el mundo sin males. ¡Ojalá cuantos males se cometen,
-tuviesen tan ruines principios como este! que los males serian menores
-por el escarmiento. Vuesa merced vuelva en sí, estimando su hermosura,
-igualmente con su honra, que este daño tengo yo atajado, y le atajaré
-más. Á todas estas cosas que yo le decia, estuvo destilando unas
-lágrimas tan honestas y vergonzosas por las rosadas megillas, que
-enternecieran al más tirano ejecutor del mundo. Mas alzando el temeroso
-rostro, despues de haberse enjugado con un lienzo la humedad que lo
-habia bañado, con voz un poco baja, me dijo lo siguiente: Quisiera que
-fuera posible sacarme el corazon, y ponerle en vuestras manos para que
-se viera el efecto que ha hecho en él vuestra justa reprehension, y
-fuera para mí algun descuento de mis desdichas, si me creyérades como
-os he creido, no sólo para admitir el consejo, sino para obedecerlo,
-y ponerlo en ejecucion: que quien oye de buena gana, enmendaráse si
-quiere.
-
-No digo que totalmente estoy fuera del caso, que como estos accidentes
-tienen su asiento en el alma, no pueden desampararla tan presto; pero
-como el amor y desamor nunca paran en el medio, porque en el modo de
-engañarse van por una misma senda, así yo voy pasando de un extremo
-á otro; porque despues que me ví acardenalada, y lastimado el rostro
-por quien tanta honra me hace todo el mundo, se me ha revestido un
-ódio mortal contra quien ha sido la causa de ello. Fuera de lo que
-esta noche, en lo poco que mis ojos descansaron, soñé que estando
-cogiendo una hermosa y olorosa manzana del mismo árbol, al tiempo que
-con los dedos la apreté, salió de ella mucho humo, y una culebra tan
-grande, que me dió dos vueltas al cuerpo por la parte del corazon, y me
-apretaba tanto, que pensé morir: y como ninguno de los circunstantes
-se atreviese á quitármela, un hombre anciano llegó y la mató con sola
-su saliva, echada en la cabeza de la culebra, y que al punto cayó
-muerta dejándome libre, y despierta del sueño. Y haciendo reflexion
-sobre él, á pocas vueltas le dí alcance, de modo, que con los malos
-principios, y la buena consideracion vine á cobrar mi honra y vida, y á
-tener mi corazon en el estremo de ódio, que tenia de amor por vuestros
-buenos y saludables consejos. Por donde, si hasta aquí habeis sido mi
-escudero, de aquí adelante seais mi padre y consejero: y si alguna
-cosa habeis visto en mí, que sea en vuestros ojos agradable, por ella
-os pido y ruego que no me dejeis ni desampareis en esta ocasion, ni
-en todo el restante que os queda de vida, que el amor que yo tengo
-á vuestra persona, es tan grande como el cuidado que vos habeis
-tenido con mi honra: el desengaño me ha cogido antes que el gusto me
-asalariase; aunque la voluntad se dobló, la honra quedó en pié. Si el
-consentimiento fuera obra, yo confesára mi flaqueza por infamia: quien
-tiene aliento para asirse tropezando, tambien lo tendrá para levantarse
-cayendo: quien se arrepiente cerca está de la enmienda: ni me desanimo
-por tierna ni me acobardo por derribada. Si está en mí quien pudo
-derribarme, ¿por qué no lo estará para levantarme? Sin consejo me
-rendí, pero con él tengo de librarme. Si me dejé llevar sin persuasion
-agena, ¿por qué no volveré en mí por la vuestra? Para caer fuí sola, y
-para levantarme somos vos y yo: más agradece el enfermo la medicina que
-le cura, que no el consejo que le preserva. ¿No admití primero vuestro
-saludable consejo, y ahora me rindo al cautiverio de vuestra medicina?
-Al enfermo que no se ayuda, no le aprovechan los remedios: mas al que
-se esfuerza y vuelve en sí, todo le ayuda y alienta. La caridad ha
-de comenzar de sí propia. Si yo no me quiero á mí bien, ¿qué importa
-que me quiera quien no está en mí? Si yo aborrezco la salud, en vano
-trabaja quien me la procura. Mas si yo deseo convalecer, la mitad del
-camino tengo andado. Quien obedece al consejo, acertar desea: y quien
-no replica á la reprehension, no está lejos de convertirse. Cuando
-la culebra despide el pellejo, renovarle quiere: no hay más cierta
-señal para venir el fruto, que caerse la flor; ni mayores muestras
-de arrepentimiento, que aborrecer el daño, y conocer el desengaño.
-Yo lo conozco, padre de mi alma, y estoy con deseo de levantarme, y
-determinacion de no tornar á caer: ayudadme con vuestro consejo y
-consuelo, para que vuelva en mí, cobre lo perdido, y remedie lo pasado,
-me anime en lo presente, y arme para lo venidero. Más iba á decir la
-hermosa escarmentada, sino que por llamar el marido á la puerta fué
-necesario dejar la más que apacible disculpa, ó enmienda. Entró el
-Doctor, y ella se fingió de la enojada, cubriéndose el lastimado,
-aunque bello rostro, haciendo algunos melindres fingidos, para que
-la desenojase, que amándola tan tiernamente, fácil era el hacerlo.
-Vióle el rostro, y sintiólo mucho más que ella, y despues de haberse
-blandamente disculpado, le dijo: Amiga, sacaos un poco de sangre. ¿Para
-qué, dije yo, se ha de sangrar? Respondió el Doctor: Por la caida.
-¿Pues cayó, pregunté yo, de la torre de San Salvador, para que se
-saque la sangre? Sabeis poco, dijo el Doctor, que de aquella contusion
-del lapso, que habiéndose removido las partes hipocóndricas y renes,
-podria sobrevenir un _profluvium sanguinis_ irreparable, y del livor
-del rostro quedar una cicatriz perpétua. Y luego, dije yo, vendrá el
-arturo meridional á circunferencia metafísica del vegetativo corporal,
-y evacuarse la sangre del hepate. ¿Qué decís, dijo el Doctor, que no
-os entiendo? ¿No me entiende? dije yo; pues menos entiende su mujer á
-vuesa mercé, que para decir que del golpe de la caida puede venir algun
-flujo de sangre, y quedar señal en el rostro, se han de decir tantas
-pedanterías, contusion, lapso, hipocóndrios, profluvio, cicatriz,
-livor. Póngase un poco de bálsamo ó ungüento blanco, ó zumo de hojas
-de rábano, y ríase de lo demás. Y aun creo que es lo mejor, dijo ella
-riendo, mas es lo peor que se me ha quitado la gana del comer. Poneos,
-dijo el Doctor, unos absintios en la boca del ventrículo, y echaos
-un clistel; que con esto y una fricacion en las partes inferiores,
-junto con la exoneracion del ventrículo cesará todo eso. Otra vez
-dije yo: ¿Que no se podria acabar con los médicos mozos que hablen
-en un lenguaje que no los entiendan? Pues qué, ¿quereis vos, dijo el
-Doctor, que hablen los hombres doctos como los ignorantes? Cuanto á
-la substancia, dije yo, no por cierto; pero cuanto al lenguaje, ¿por
-qué no hablarán como los entiendan? Al conde de Lemos, Don Pedro de
-Castro, el de las grandes fuerzas, yendo á visitar su estado á Galicia,
-como era tan grande y grueso, y muy bebedor de agua, del cansancio del
-camino le dió una enfermedad que los médicos llaman hemorrois: y como
-no iba preparado de médico, díjole Diego de Osma: Aquí hay uno que
-desea tomar el pulso á V. S. dias há. Pues llamadle, dijo el Conde;
-llamáronle, y el buen hombre que supo la enfermedad fué muy reparado de
-retórica medicinal, pareciéndole que por allí entraria en la voluntad
-del Conde; y vistiéndose una ropa muy raida entre azul y negra, y una
-sortija que parecia remate de asador, entró por la sala donde estaba
-el Conde diciendo: Beso las manos á S. S., y el Conde: Vengais en hora
-buena, Doctor. Prosiguió el Médico: Dícenme que su señoría está malo
-del orificio. El Conde, que tenia estremado gusto de bueno, conocióle
-luego, y preguntóle: Doctor, ¿qué quiere decir orificio, platero de
-oro, ó qué? Señor, dijo el Doctor; orificio, es aquella parte por
-donde se inundan, exoneran y espelen las inmundicias interiores que
-restan de la decoccion del mantenimiento. Declaraos más, Doctor, que
-no os entiendo, dijo el Conde: y el Médico: Señor, orificio se dice de
-_os_, _oris_, y _facio facis_, _quasi os faciens_; porque como tenemos
-una boca general por donde entra el mantenimiento, tenemos otra por
-donde sale el resíduo. El Conde, aunque enfermo, pereciendo de risa,
-le dijo: Pues este de este modo se llama en castellano (nombrándolo
-por su nombre): andad, que no sois buen médico, que lo echais todo en
-retórica vana. De manera, que por donde pensó acreditarse con el Conde,
-se echó á perder: él se fué corrido, y el Conde quedó de manera riendo
-que hacia temblar la cama, y aun la sala: yo creo cierto que es alivio
-para los enfermos que el médico hable en lenguaje que le entiendan,
-para no poner en cuidado al paciente. Tienen, fuera de esto, obligacion
-de ser dulces y afables, de semblante alegre, y de palabras amorosas:
-es bien que les digan algunos donaires y cuentecillos breves, con que
-los alegren: sean corteses, limpios y olorosos: acaricien tanto al
-enfermo, que parezca que sola aquella visita es la que le da cuidado:
-miren si tiene bien hecha la cama, con aseo y limpieza, y hagan lo
-que el Doctor Luis del Valle, que á todos juntamente con hacerles
-sacramentar, los alienta con darles buenas esperanzas de salud; que hay
-algunos tan ignorantes en la buena policía y trato, que sin estar una
-persona enferma, por encarecer su trabajo y subir su ganancia, dicen
-al enfermo que está peligroso, para que lo esté de veras: y es bien,
-que pues se tienen por ministros de naturaleza, lo sean en todo. No
-digo mil descuidos que hay en el conocimiento de las enfermedades, y
-en la aplicacion de las medicinas. Es muy de médicos viejos, dijo mi
-amo, andar tan de espacio como vos quereis, y en mirar esas niñerías:
-ya los neotóricos vamos por otro camino, que para lo que es curar
-tenemos el método purgar y sangrar, con algunos remedios empíricos, de
-que nos valemos. Y aun por eso, dije yo, huyo de curarme con médicos
-mozos; porque un amigo mio, que lo era en edad y en esperiencia, muy
-gentil estudiante, habiéndose acreditado conmigo con ciertos aforismos
-de Hipócrates, que sabia de memoria, traidos en buena ocasion, y
-pronunciados á lo melindroso, me entregué en sus manos la primera
-vez que me dió la gota, de las cuales salí con veinte y dos sudores
-y unciones, y me las estuviera dando hasta ahora, si yo propio no me
-hallara el pulso con intercadencias; y con decir que habíamos errado
-la cura (como si yo tambien la hubiera errado) me dejó, y se apartó de
-mí confuso y corrido: mas yo, con la recia complexion que tengo, y con
-gobernarme bien, en convaleciendo me encontré con él en la plazuela del
-Ángel cara á cara, la suya de color de pimiento, y la mia de gualda,
-y me hube con él de manera que salió de mi lengua peor que yo de sus
-manos. Los grandes médicos que yo he conocido y conozco, en llegando
-al enfermo procuran con gran cuidado saber el orígen, causa y estado de
-la enfermedad, y el humor predominante del paciente, para no curar al
-colérico como al flemático, y al sanguino como al melancólico; y aun
-si es posible (aunque no hay ciencia de particulares) saber la calidad
-oculta del enfermo, y de esta manera se acierta la cura, y se acreditan
-los médicos. No he visto en mi vida, dijo el Doctor, escudero tan
-licenciado. Pues más tengo de licencioso, dije yo, porque en viendo una
-verdad desamparada, me arrojo en su ayuda con la vida y el alma. ¿Qué
-sabeis vos de intercadencias? dijo el Doctor; ¿qué señales teneis de
-gota, pues os habeis escapado de lo uno, y no padeceis de lo otro? Las
-intercadencias, respondí yo, otras veces las he tenido, que me he visto
-con enfermedades apretadas; pero no me he desanimado, antes á un médico
-mozo, y muy galan, que me curó en Málaga, le animé, porque se turbó
-hallándomelas en el pulso (que en esto yo fuí médico y él paciente); y
-aunque me digan que es calidad propia de mi pulso, ellas tienen todas
-las partes de intercadencias. Y habiéndome escapado de esta ardentísima
-fiebre, de que me curé con un cántaro de agua fria que me eché á los
-pechos, me quedaron unas grandísimas ventosidades, para lo cual me dió
-un remedio tudesco, que si yo le guardara hicieran tanta burla de mí
-los muchachos como yo hice de él; porque á un hombre colérico, y nacido
-en region cálida, le mandó que en toda su vida no bebiese gota de agua,
-y de la gota me preservó con un consejo de Ciceron, que dice, que la
-verdadera salud consiste en usar de los mantenimientos que aprovechan,
-y huir de los que nos dañan: no uso de mantenimientos húmedos, no
-bebo entre comida y comida, no ceno, bebo agua y no vino, hago todas
-las mañanas una fricacion antes de levantarme de la cama con grande
-vehemencia desde la cabeza, discurriendo por todos los miembros hasta
-los pies, y cuando me siento cargado hago un vómito; con esto, y la
-templanza en otras cosas, me preservo de la gota. Perdóneme V. S. I.
-si le canso con estas niñerías que me pasaron con este médico, que
-las digo porque quizá encontrará con ellas alguno á quien aprovechen.
-Díjome el Doctor entonces: Por vuestra vida que me digais ¿si habeis
-estudiado, y á dónde, que procedeis con tan buena gracia en todo,
-que me habeis aficionado de manera, que si fuera un gran príncipe
-no os apartára de mi lado un punto? Lo mismo, dijo ella, os ruego
-yo, padre de mi vida, y así os la dé Dios muy larga, que nos deis
-cuenta de vuestra vida, que vos procedeis de modo que será grandísimo
-entretenimiento al Doctor por el entendimiento, y á mí por la voluntad.
-Contar desdichas, dije yo, no es bueno para muchas veces: acordarse
-de infelicidades el que está caido puede traerlo á desesperacion. Una
-diferencia hay entre la prosperidad y la adversidad, que la memoria de
-las desdichas en la adversidad entristece más; pero en la prosperidad
-aumenta el gusto. No se le ha de pedir al que todavía está en miserias,
-que cuente las que ha pasado; porque es renovarle la llaga que ya se
-iba cerrando, con traerle á la memoria lo que desea olvidar. El que
-se ha escapado de la tormenta no se contenta con solo verse fuera de
-ella, sino con besar la tierra; pero el que está todavía padeciendo el
-naufragio solamente se acuerda de lo presente, que solicita el remedio;
-porque aunque yo tengo condicion de pobre, tengo ánimo de rico, y si no
-me desanimo por caido, no tengo de qué animarme por levantado; y no son
-mis trabajos para contados muchas veces.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO V.
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-Mas como la privacion puede tanto con las mujeres, por el mismo caso
-que yo rehusaba, mi ama procuraba más que lo dijese, que como tenia
-pecho noble, y le parecia que la tenia obligada en alguna manera,
-sacaba fuerzas de flaqueza, y buscaba modos cómo darme á entender
-que estaba de mí agradecidísima. Que esta diferencia hace un pecho
-liso y sencillo, á uno de mala raza y cosecha, que el bueno aun el
-bien imaginado agradece, mas el bronco y desabrido, no solamente no
-agradece, pero busca modos cómo desagradecer el bien recibido: pero
-cuanto más mi ama se esforzaba por dar á entender su agradecimiento,
-tanto más me ofendia yo en que pensase en que habia hecho algo en
-servirla, que el saber flaquezas ajenas, que ó todos las cometemos,
-ó estamos naturalmente dispuestos á ello, no ha de ser parte para
-estimar en menos á aquellos de quien las sabemos: saber el secreto
-ajeno ó es acaso, ó por confianza que hacen de nosotros: si es acaso,
-la misma naturaleza nos enseña que puede suceder lo mismo por nosotros;
-y si es por confianza, ya entra en guardarle la reputacion del que
-lo sabe. Encubrir faltas ajenas es de ángeles, y descubrirlas es de
-perros que ladran cuando más dañan. Querer saber secretos ajenos, nace
-de pechos sin merecimientos, que lo que no pueden merecer por sí,
-quieren merecerlo á costa ajena: quien quiere saber faltas ajenas,
-quiere estar mal con todo el mundo, y que se publiquen las suyas.
-¡Dichosos aquellos á cuya noticia no han llegado las faltas ajenas,
-que ni ofenderán, ni serán ofendidos! Hay algunos ánimos tan fuera del
-órden natural, que les parece que han alcanzado una gran joya, cuando
-saben alguna falta de su prógimo: pues no se persuada á entender quien
-tiene tan abominable costumbre, que no hay contratretas para semejantes
-desafueros, que todos traen el castigo por sombra; y no hay mala
-intencion que no tenga su semejante, ó peor. Un fraile, aunque no muy
-docto, bien intencionado, preguntando en un escrutinio si sabia faltas,
-ó descuido de sus compañeros, respondió que nó, porque si las habia
-oido, ó no habia reparado en ellas, ó las habia dejado olvidar, y si
-venian por relacion, no las habia oido, ó no las habia creido. Y otro,
-habiendo desacreditado á todos los compañeros, por acreditarse á sí en
-el escrutinio, salió más culpado que todos. Este almacen de palabras
-he traido, para decir el recelo que mi ama debia tener, pareciéndole
-que podia revelar su secreto, ó que á lo menos lo queria tener, como
-dicen, el pié sobre el pescuezo, y así, prosiguiendo en su intento,
-dijo, que por buen término y trato, quisiera perpetuarme en su casa,
-para tenerme en lugar de padre, queriéndome casar con una parienta
-suya, doncella, y de muy buena gracia, y de poca edad; y declarándose
-con su marido y conmigo, encareciendo la bondad y virtud de la moza,
-y cuán bien me estaria para el regalo de mi vejez casarme con ella,
-yo le dije: Señora, no haré eso por todas las cosas del mundo, porque
-quien se casa viejo, presto da el pellejo: y riéndose ella, proseguí
-diciendo, que en Italia traen un refrancete á este modo, que el que
-casa viejo tiene el mal del cabrito, ó que se muere presto, ó viene á
-ser cabron. ¡Jesus! dijo mi ama, ¿pues eso ha de imaginar un hombre tan
-honrado como vos? Señora, dije yo, lo que veo, y he visto siempre es,
-que al viejo que se casa con moza, todos los miembros del cuerpo se le
-van consumiendo, sino es la frente, que le crece más. Las mozas son
-alegres de corazon, y regocijadas en compañía, andan siempre jugando y
-saltando como ciervas, y los maridos como ciervos, siendo viejos. No
-es tan perseguida la liebre de los galgos, como la mujer del viejo de
-los paseantes: no hay mozo en todo el lugar que no sea su pariente,
-ni vieja rezadera que no sea su conocida: en todas las iglesias tiene
-devociones, ó por huir del marido, ó por visitar las comadres: si es
-pobre el marido, se anda quejando de él: si es rico, á pocas vueltas le
-deja como el invierno á la cornicabra, con solo el fruto en la frente.
-He rehusado en mi mocedad tomar esa carga sobre mis hombros, ¿y la
-habia de tomar ahora sobre mi cabeza? Dios me guarde mi juicio, bien
-me estoy solo; ya me sé gobernar con la soledad, no quiero entrar en
-nuevos cuidados, afuera consejos vanos. Á todo esto el doctor estaba
-pereciendo de risa, y su mujer pensando en la réplica que habia de
-hacer; y así con muy gran donaire y desenvoltura, dijo á su marido,
-y á mí: Cada dia vemos cosas nuevas, bien es vivir para experimentar
-condiciones: el primer viejo sois que he visto y oido decir, que haya
-rehusado casamiento de niña; todos apetecen la compañía de sangre
-nueva, para conservacion de la suya: los árboles viejos, con un enjerto
-nuevo los remozan: á las plantas, porque no se hielen, les ponen
-abrigo: la palma, si no tiene junto á sí su compañera, no lleva fruta:
-la soledad ¿qué bien puede traer sino melancolía, y aun desesperacion?
-Todos los animales racionales y brutos apetecen la compañía. No seais
-como aquel bestial filósofo, que habiéndole preguntado cuál era buena
-edad para casarse, respondió, que cuando era mozo, era temprano, y
-cuando viejo, tarde. Mirad, que fuera de ser para mí grande gusto,
-para vuestra comodidad es bien vivir con abrigo. Yo confieso, le
-dije, que tan elegantes razones, dichas con tanta gracia y estilo,
-persuadirán á cualquiera que no estuviera con tanta experiencia de las
-cosas del mundo, y tan hecho á la soledad como yo; pero verdades tan
-apuradas, no admiten persuasiones retóricas, porque casarse un viejo
-con una muchacha, si ella es como debe ser, es dejar hijos huérfanos y
-pobres, y en pocos años venir á ser entrambos de una misma edad, porque
-naturaleza va siempre tras su conservacion, y el viejo conserva la
-suya, consumiendo la juventud de la pobre muchacha; y si no es de esta
-suerte, tiene puestos los ojos en lo que ha de heredar, y la voluntad
-é intencion en el marido que ha de escoger. Mas, ¿qué tal pareciera yo
-con mis blancas canas junto á una niña rubia y blanca, bien puesta y
-hermosa, que cuando alzara los ojos á mirarme el copete lo viera más
-liso que el carcañal, las entradas como el colodrillo de la ocasion, la
-barba más crespa y cana que la del Cid? Eso no os dé pena, dijo ella,
-que Juan de Vergara tiene una tinta tan negra y fina, que á cuantos
-hombres y mujeres entran en su casa con canas los pone de manera que
-á la salida no los conocen. Ni aun ellos propios se conocen á sí
-mismos, dije yo, con un engaño como ese, y creo cierto, que nace esta
-flaqueza de no conocer nuestra hechura, porque disfrazar y entretener
-las canas, no sé de qué sirve, sino de una ocupacion de zurradores,
-que no rehusan traer las manos como ébano de Portugal. Y realmente los
-que lo hacen tienen tanta ventura que á nadie engañan sino á sí solos,
-porque todos lo saben; de modo, que les añaden muchos más años de los
-que tienen; y ellos no se desengañan, hasta que por alguna enfermedad
-dejan de teñirse, y se hallan cuando se miran la barba, como Urraca
-ahorcada. Pues si la tinta no acierta á ser del color de la barba,
-que es muy ordinario, en dándoles el sol, hace visos como el arco del
-cielo. Si con el teñir se reparara la flaqueza de la vista, se supliera
-la falta de los dientes, se cobrara la fuerza de piernas y brazos, ó
-se entretuvieran los años para engañar la muerte, todos lo hiciéramos;
-pero hace la muerte con los teñidos, como la zorra con el asno de
-Cumas, que se vistió una piel de leon para espantar á los animales y
-pacer con seguridad: mas la zorra, viéndole andar tan despacio, miróle
-las patas, y dijo: asno sois vos. Así la muerte mira los teñidos, y les
-dice: viejo sois vos. Tíñase quien quisiere, que yo tengo por mejor
-lo claro que lo obscuro, el dia que la noche, lo blanco que lo negro.
-Más quiero parecer paloma que no cuervo, más hermoso es el marfil que
-el ébano. Si como las barbas que pasan de negras á blancas, pasaran de
-blancas á negras, ¿cuánto mas odiosas fueran por el color tapetado?
-En fin, la plata es más alegre que el ébano: ¿no bastaba casado, sino
-tiznado? Andad, dijo mi ama, que con eso se disimulan algunos años,
-y sin eso no se pueden negar. Aunque los hombres de bien, dije yo,
-jamás han de mentir, en todas las cosas del mundo puede aprovechar una
-mentira, si no es en los años y en el juego; porque ni los años pueden
-ser menos por negarlos, ni la ganancia se ha de quitar por confesarla.
-Pero volviendo á nuestro propósito, que el matrimonio es cosa santísima
-no se puede negar, ni yo lo niego, que el no apetecerlo yo nace de la
-incapacidad mia, y no de la excelencia suya; apetézcalo quien está en
-edad y disposicion para ello con la igualdad que la misma naturaleza
-pide, que ni sean ambos niños ni ambos viejos, ni él viejo y ella niña,
-ni ella vieja ni él niño. Sobre lo cual hay diversas opiniones entre
-filósofos, y la más cierta es que el varon sea mayor que la mujer diez
-ó doce años; pero que tenga yo cincuenta años, y mi señora mujer quince
-ó diez y seis, es como querer que un contrabajo y un tiple canten una
-misma voz, que por fuerza han de ir apartados ocho puntos el uno del
-otro. ¿Pues nunca habeis sido enamorado? dijo mi ama. Y tanto, dije
-yo, que he compuesto coplas y tenido pendencias, que la mocedad está
-llena de mil inconsideraciones y disparates. No lo serán, dijo ella,
-que los hombres de buen discurso sazonan las cosas diferentemente,
-que los demás. Reniego, dije yo, de ejercicio que ha de traer á un
-hombre hecho lechuza, guardando cimenterios, sufriendo frios y serenos,
-incomodidades y peligros tan ordinarios como suceden de noche, y aun
-cosas dignas de callar. El que anda de noche ve los daños ajenos, y no
-conoce los suyos, consume presto la mocedad, y se desacredita para la
-vejez: vénse de noche cosas que se juzgan por malas, no siéndolo; ¡qué
-de temores y espantos cuentan los que pasean de noche, que vistos de
-dia nos provocarian á risa! Acuérdome, que teniendo cierto requiebro
-al barrio de San Ginés, con otro juicio tal como el mio era entonces,
-mártes de carnestolendas por la tarde me envió á decir la señora que le
-llevase algo bueno para despedirse de la carne, que en estos dias hay
-libertad para pedirlo, y aun para negarlo; pero por usar de fineza, por
-ser la primera cosa que hacia en su servicio, vendí ciertas cosillas,
-que me hicieron harta falta, y en acabándose la grita de jeringas y
-naranjazos, y el martirio perruno, causado de las mazas (de quien
-sin saber por qué, huyen hasta reventar) dí conmigo en un tabernáculo
-de la gula, donde henchí un paño de manos de una empanada, un par de
-perdices, un conejo y frutillas de sarten, y atándolo muy bien, caminé
-á darlo por una ventana á más de las once de la noche; y como el dia
-siguiente, por ser miércoles de ceniza, era dia de mucha recoleccion,
-aunque todo el pasado habia sido alegría para los muchachos y trabajos
-para los perros, habia silencio general; de suerte, que aunque yo iba
-bien cargado, no me podia ver nadie: llegando á la plazuela de San
-Ginés sentí que venia la ronda, y retiréme debajo de aquel cobertizo,
-donde suele haber una tumba para los aniversarios y exequias, y antes
-que pudiesen llegar á mí los de la ronda, metí el paño de manos, atado
-como estaba, por un agujero grande que tenia la tumba por la parte de
-abajo, y sacando un rosario, que siempre traigo conmigo, comencé á
-fingir que rezaba. Llegó la ronda y pensando que fuese algun retraido
-asieron de mí, preguntando qué hacia allí. Llegó el alcalde, y visto
-el rosario y poca turbacion, que importa mucho en cualquier ocasion no
-perturbarse el ánimo, dijo que me dejasen, y me recogiese: hice que
-me iba, y trasponiendo la ronda torné por mi paño de manos y cena á
-la negra tumba, donde lo habia dejado, y aunque con un poco de temor
-por la hora y la soledad, alargué la mano y brazo todo lo que pude
-alcanzar, y no topé con el paño ni con lo que estaba en él: de lo
-cual quedé temblando y helado; y es de creer que me causaria horrible
-miedo una cosa tan espantosa en un cimenterio, debajo de una tumba,
-á más de las once de la noche, y con tan gran silencio, que parecia
-se habia acabado el mundo; pues junto con esto, sentí dentro en la
-tumba tan gran ruido de hierro, que se me representaron mil cadenas,
-y otras tantas ánimas, padeciendo su purgatorio en aquel mismo lugar.
-Fué tanta mi turbacion y desatiento, que se me olvidó el amor y la
-cena, y quisiera hallarme mil leguas de allí; pero lo mejor que pude,
-ó lo menos mal que acerté, volví las espaldas, y fuíme poco á poco,
-arrimándome á la pared, pareciéndome que iba tras mí un ejército de
-difuntos; pues yendo con esta turbacion me sentí por detrás tirar de la
-capa, desanimándome de manera que dí un golpazo con mi persona en el
-suelo, y con los hocicos en la guarnicion de la espada; volví á mirar
-si era algun cadáver descarnado, y no ví otra cosa sino mi capa asida
-al calvario que está en aquella pared; con esto respiré un poco, y fuí
-cobrando aliento, y descansando el temor del clavo y de la capa; pero
-no el de la tumba.
-
-Sentéme, y miré alrededor á ver si habia cosa que pudiese acompañar,
-y descansé, porque estaba tan cansado que lo hube menester, que no lo
-estuviera más si hubiera andado cien leguas por los altos y bajos de
-Sierra-Morena. Hice reflexion sobre lo pasado, considerando qué cuenta
-daria yo de mí el dia siguiente, contando lo que habia sucedido, sin
-haber visto cosa que fuese de momento; porque decir un terror tan
-horrible sin haber averiguado el fundamento, era desacreditarme y
-quedar en fama de cobarde ó mentiroso: dejar de contarlo era quedar
-en opinion de miserable con la señora Daifa, habiendo gastado lo que
-no tenia sin decir el fin que tuvo. Por otra parte veia que si fuera
-algun difunto no tenia necesidad de mi pobre cena, pues hombre no podia
-estar tan abreviado que no topara con él cuando extendí el brazo. Al
-fin hice mi cuenta de esta manera: Si es demonio, mostrándole la señal
-de la cruz huirá; si es ánima, sabré si pide algunos sufragios; y si es
-hombre, tan buenas manos y espada tengo como él, y con esta resolucion
-fuíme animosamente á la tumba, desenvainé la espada y rodeando la capa
-al brazo, dije con muy gentil determinacion: yo te conjuro, y mando
-de parte del cura de esta iglesia, que si eres cosa mala te salgas de
-este lugar sagrado, y si eres ánima que andas en pena, que me reveles
-qué quieres, ó qué has menester (y el ruido del hierro con mi conjuro
-andaba más agudo): una y dos, y tres veces te lo digo y torno á decir;
-pero cuanto más le decia, tantos más golpes de hierro sonaban en la
-tumba que me hacian temblar. Visto que mi conjuro no era válido, y
-que si dejaba enfriar la determinacion que tenia, tornaria el temor á
-desanimarme, púseme la espada entre los dientes, y con ambas manos así
-de la tumba por el agujero de abajo, y en alzándola salió corriendo por
-entre mis piernas un perrazo negro, con un cencerro atado á la cola,
-que huyendo de los muchachos se habia recogido á descansar á sagrado;
-y como despues de haber reposado olió la comida, retiróla para sí, y
-sacó el vientre de mal año; pero con el grande y no pensado ruido que
-hizo saliendo, fué tanto mi espanto, que como él fué huyendo por una
-parte, yo fuera por otra, sino por un espinillazo que al salir me dió
-con el cencerro, de que no me pude menear tan presto; pero fué tanta
-la pasion de risa que despues de quitado el dolor me dió, que siempre
-que me acuerdo de ello, aunque sea á solas y por la calle, no puedo
-dejar de dar alguna demostracion de ello. Fué menester que el Doctor y
-su mujer acabasen de reir, para proseguir el intento para que truje el
-cuento; y habiéndolo solemnizado, les dije: No se podrá creer lo que
-yo me holgué de averiguar aquella duda que en tanta confusion me habia
-de poner, para contar lo que habia visto, por donde pusiera mal nombre
-á aquel lugar, como lo han hecho otros muchos, que por no averiguar
-los temores ó las causas de ellos, desacreditan mil lugares, y quedan
-desacreditados por temerosos y espantables sin haber causa para ello,
-más de haber visto alguna extraordinaria cosa, y sin averiguarla van á
-contar mil deslumbramientos y disparates. Uno dijo, que habia visto un
-caballo lleno de cadenas y descabezado, y era una bestia que venia del
-prado á su casa, con las trabas de hierro.
-
-Son infinitos los disparates que en esto se dicen; de manera, que no
-hay poblacion, donde no haya un lugar desacreditado por temeroso, y
-ninguno, si no es burlando ó haciendo donaire, dice la verdad. En Ronda
-hay un paso temeroso despues que se subió de noche una mona en un
-tejado, que con la maza y cadena atoró, ó encalló en una canal, y desde
-allí echaba tejas á cuantos pasaban, y todo es de esta manera. Solas
-dos cosas hallo yo que pueden hacer mal de noche, que son los hombres y
-los serenos, que los unos pueden quitar la vida y los otros la vista.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO VI.
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-Al tiempo que me iba hallando mejor con el Doctor Sagredo, y mi señora
-Doña Mergelina de Aybar, por el amor que me tenian, como mi suerte ha
-sido siempre variable, hecha y acostumbrada á mudanzas de fortuna,
-y ejercitada en ellas toda mi vida, vinieron á llamar de un pueblo
-de Castilla la Vieja al doctor Sagredo con un gran salario, el cual
-no pudo rehusar por haberlo menester, y para ejercitar lo que habia
-estudiado, que ni la grandeza del ingenio, ni el contínuo estudio
-hacen á un hombre docto, si le falta experiencia, que es la que sazona
-los documentos de las escuelas, sosiega las bachillerías que hacen al
-ingenio confiado por las filoterias de la dialéctica, que realmente
-no podemos decir que tenemos entero conocimiento de la ciencia hasta
-que conocemos los efectos de las causas que enseña la experiencia,
-que con ella se comienza á saber la verdad. Más sabe un experimentado
-sin letras, que un letrado sin experiencia, la cual faltaba al Doctor
-Sagredo, y así le estuvo bien aceptar aquel partido por esto, y por
-repararse de las cosas necesarias para la conservacion de la vida
-humana. Aceptado el partido, pidiéronme con toda la fuerza posible
-que me fuese con ellos, lo cual yo hiciera, si no fuera que no me
-atreví á los frios de Castilla la Vieja, que estando un hombre en
-los postreros tercios de la vida, no se ha de atrever á hacer lo que
-hace en la mocedad. El frio es enemigo de la naturaleza, y aunque uno
-muera de ardentísimas fiebres, al fin queda frio. Las acciones del
-viejo son tardas por la falta de calor; como la mocedad es cálida y
-húmeda, la vejez es fria y seca; por falta de calor viene la vejez, y
-por esto han de huir los viejos de regiones frias, como yo lo hice,
-que me quedé desacomodado por no ir á donde me acabase el frio en
-breve tiempo. Fuéronse, y quedéme solo y sin arrimo que me pudiese
-valer; que los que dejan pasar los verdes años sin acordarse de la
-vejez, han de sufrir estos y otros mayores daños y trabajos. Nadie
-se prometa esperanzas de vida, ni piense que sin diligencia puede
-asegurarla, que hay tan poco de la mocedad á la vejez, como de la
-vejez á la muerte; no puede creerlo sino quien ha entregado sus años
-á la dilacion de las esperanzas. Cada dia que se pasa en ociosidad,
-es uno menos en la vida, y muchos en la costumbre que se va haciendo.
-Siendo estudiante en Salamanca el Licenciado Alonso Rodriguez Navarro,
-varon de singular prudencia é ingenio, le hallé una noche durmiendo
-sobre un libro, y diciéndole que mirase lo que hacia, que se quemaba
-las pestañas, respondió, que apelaria para el tiempo que le diese
-otras; pero que si perdia el tiempo, no tenia para quien apelar sino
-para el arrepentimiento. Al mismo, preguntándole por qué camino habia
-venido á ser tan bien quisto en su ciudad, que es Murcia, respondió,
-que haciendo placer, y disimulando desagradecimientos, pero que nunca
-llegaron á engendrar en su pecho arrepentimientos de haber hecho el
-bien: que los hombres de bien no han de hacer cosas de que se deban
-arrepentir; y si el arrepentimiento viene tarde, y es bien recibido,
-aprovecha para el reparo de la vida, que como el arrepentimiento sigue
-á los daños sucedidos por propia culpa, viene acompañado con asomos de
-virtud, nacida del escarmiento y ayudado de la prudencia. Mas no hay
-arrepentimiento que venga tarde como sea bien recibido.
-
-Cuatro efectos suelen resultar del tiempo mal gastado y peor pasado;
-dejamiento de sí propio, desesperacion de cobrar lo perdido, confusion
-vergonzosa, y arrepentimiento voluntario; estos dos postreros arguyen
-buen ánimo, y estar cercanos á la enmienda; pero entiéndese, que
-como el yerro fué con tiempo, el arrepentimiento no ha de ser sin
-tiempo: que si el mucho tiempo se pasó presto, el poco se pasará
-volando, y llegará tarde el arrepentimiento, como el tiempo que se
-pasa al descuido con gusto no se cuenta por horas, como el que se pasa
-trabajando, no se echa de ver hasta que es pasado. Yo quedé solo y
-pobre, y para reparo de mis necesidades, me topó mi suerte con cierto
-hidalgo que se habia retirado á vivir á una aldea, y habia venido
-á buscar un maestro ó ayo para dos niños que tenia de poca edad, y
-preguntándome si queria criárselos, le respondí, que criar niños era
-oficio de amas, y no de escuderos; rióse, y dijo: Buen gusto teneis,
-á fé de caballero que habeis de ir conmigo: ¿no os hallareis bien en
-mi casa? Yo respondí: Ahora sí, pero despues no sé. ¿Por qué? preguntó
-el hidalgo. Porque hasta tomar el tiento á las cosas, dije yo, no se
-puede responder afirmativamente; y no se ha de preguntar á los criados
-si quieren servir, sino, si saben servir, que el querer servir arguye
-necesidad, y saber servir, habilidad y experiencia en el ministerio
-que los quieren; y de aquí nace, que muchos criados, á pocos dias de
-servicio, ó se despiden, ó los despiden, porque entraron á servir por
-necesidad, y no por habilidad, como tambien en algunos estudiantes
-perdidos, que en viéndose rematados, entran en religion tan llenos de
-necedad como de necesidad, y á pocos lances, ó desamparan el hábito, ó
-el hábito los desampara. Primero se ha de inquirir y escudriñar si es
-bueno y suficiente el criado para el cargo que le quieren dar, que no
-si tienen voluntad de servir: porque de tener criados ociosos, y que
-no saben acudir al oficio para que fueron recibidos, fuera del gasto
-impertinente, se siguen otros mayores inconvenientes. Aunque cierto
-Príncipe de estos reinos, diciéndole un mayordomo suyo que reformase
-su casa, porque tenia muchos criados impertinentes, respondió: El
-impertinente sois vos, que los valdíos me agradecen y honran; y
-esotros, pagándoles, les parece que me hacen mucha merced en servirme,
-y el que no obliga con buenas obras, ni es amado, ni ama, y en las
-buenas se parece un hombre á Dios. Paréceme, dijo el hidalgo, que quien
-sabe eso, sabrá tambien servir en lo que le mandaren, especialmente
-que mi hijo el mayor os podrá hacer bien en algun tiempo, que tiene
-accion, y espectativa á un mayorazgo de parte de su madre, que ahora
-posee su abuela; y del hijo mayor, á quien le viene, no tiene sino dos
-nietecillos enfermizos; y muriendo ellos y su padre, queda mi hijo por
-heredero. Eso es, dije yo, como el que deseando hartarse de dátiles,
-fué á Berbería por una planta de palma y compró un pedazo de tierra en
-que la plantó, y está esperando todavía que dé el fruto; así yo tengo
-de esperar á tres vidas, estando la mia en los últimos tercios, para
-la poca merced que se aguarda de quien aún no tiene esperanza, que
-como ella vive entre la seguridad y el temor, es necesario que tenga
-larga vida quien se sustenta de ella; que no hay cosa que más la vaya
-consumiendo que una esperanza muy dilatada; y es de creer, que el que
-se va á pasar la suya entre robles y jarales, ni la tiene muy cerca, ni
-muy cierta, que por no martirizarme con ellos ni verme en los tragos en
-que ponen á quien los sigue, he tenido por mejor y más seguro abrazarme
-con la pobreza que abrazarme con la esperanza. Esa, dijo el hidalgo,
-es la cuenta de los perdidos, que por no esperar ni sufrir, quieren
-ser pobres toda la vida. ¿Y qué mayor pobreza, dije yo, que andar
-bebiendo los vientos, echando trazas, acortando la vida y apresurando
-la muerte, viviendo sin gusto, con aquella insaciable hambre y perpétua
-sed de buscar hacienda y honra? Que la riqueza, ó viene por diligencia
-buscada, ó por herencia poseida, ó por antojo de la fortuna prestada:
-si por diligencia, no da lugar á otra cosa de virtud; y si por
-herencia, ordinariamente se posee acompañada de vicios y envidiada de
-parientes; si por antojo ó arrojamiento de la fortuna, hace al hombre
-olvidarse de lo que antes era, y de cualquier manera que sea, todos en
-la muerte se despiden de mala gana de la hacienda y de las honras que
-por ella les hacian. Una diferencia hallo en la muerte del rico y la
-del pobre, que el rico á todos los deja quejosos, y el pobre piadosos.
-
-[Ilustración]
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-
-[Ilustración]
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-DESCANSO VII.
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-Parece, dijo el hidalgo, que nos habemos apartado de mi principal
-intento, que es la crianza y doctrina de mis hijos, en que consiste
-salir industriados en virtud, valor, estimacion y cortesía, que son
-cosas que han de resplandecer en los hombres nobles y principales.
-Acerca de la materia de criar los hijos, hay tantas cosas que
-advertir, y tantas que observar, que aun de los propios padres que los
-engendraron, no se puede muchas veces confirmar la doctrina que ellos
-han menester; porque las costumbres corrompidas ó mal arraigadas en el
-principio de los padres, destruyen los sucesores de las casas nobles y
-ordinarias. Si los antecesores saben los hijos que fueron cazadores,
-los hijos quieren serlo; si fueron valientes, hacen lo mismo; si se
-dejaron llevar de algun vicio que los hijos lo sepan, siguen el mismo
-camino; y para corregir y enmendar vicios heredados de sus mayores,
-casi es menester, y aun necesario, que no conozcan á los padres, que
-seria lo más acertado sepultar las memorias de algunos linages, que
-por ellos se van imitando lo que oyeron decir de sus mayores, que
-más valiera que no lo oyeran para que no lo imitaran. Y de aquí nace
-que suban unos en virtud y merecimientos, no habiendo á quien imitar
-en su linage por la educacion valerosa que se imprimió en los verdes
-años, y otros bajen al mismo centro de la flaqueza y miseria humana,
-degenerando de la virtud heredada, ó por la imitacion adulterada de
-los ascendientes, ó por la depravada doctrina, impresa y sembrada en
-los tiernos años, que es tan poderosa, que de una yerba tan humilde
-como la achicoria, se viene por la crianza á hacer una hortaliza tan
-escelente como la escarola, y de un ciprés tan eminente y alto, por
-sembrarlo ó plantarlo en una maceta ó tiesto, se hace un arbolito enano
-y miserable, por no haberlo ayudado con buena educacion.
-
-Si á los animales de su naturaleza bravos, nacidos en incultos montes
-y breñas, como son javalíes, lobos y otros semejantes, los crian y
-regalan entre gentes, vienen á ser mansos y comunicables; y si á los
-domésticos los dejan con libertad irse á los montes y criarse sin ver
-gente, vienen á ser tan feroces como las mismas naturales fieras. En
-tiempo del potentísimo Rey Felipe III anduvo una loba en los patios
-de los Consejos, y jugaban los pajes con ella; y si le hacian mal, se
-amparaba con llegarse á las piernas de un hombre. Yo la ví echarse á
-los piés de las criaturas, y porque no la tuviesen miedo, se arrojaba
-á sus piés. Y en tiempo del prudentísimo Felipe II en Gibraltar, se
-fué un lechon al monte, que está sobre la ciudad, y vino á ser tan
-fiero dentro de cuatro ó cinco años que anduvo libre en el monte,
-que á cuantos perros le echaban para matarle los destripaba: que es
-tan poderosa crianza que hace de lo malo bueno, y de lo bueno mejor:
-de lo inculto y montaraz, urbano y manso; y por el contrario, de lo
-tratable y sujeto, intratable y feroz. Bien sé, dijo el hidalgo, que
-es importantísimo el cuidado de criar bien los hijos, porque de ahí
-viene la vida y honra suya, y la quietud y descanso de sus padres, que
-como han de conservar en ellos su mismo sér y especie, al paso que los
-aman, desean su proceder y término, y la imitacion de sus progenitores.
-Sabemos que dijo aquel Rey de Macedonia, que tenia por tan gran merced
-del cielo haber nacido su hijo en tiempo de Aristóteles, para que fuese
-su maestro, como tener quien le sucediese en el Reino. De tal suerte,
-dije yo, han de ser los maestros ó ayos, que con la aprobacion de su
-vida y costumbres enseñen más que con los preceptos morales, llenos
-de supérflua vanidad; que muchas veces enseña más el maestro por
-acreditarse á sí, y por mostrar jactancia, que por mostrar virtud, y
-fundamentar el discípulo en valor, bondad y humildad: la doctrina llena
-de este deseo santo á acertar el camino de la verdad, al buen natural
-perfecciona, y á la mala inclinacion corrige. Al hijo del caballero
-hánsele de enseñar con las letras juntamente virtudes, que refieran
-aquellas del orígen que trae la antigüedad de sus pasados, humildad
-con valor, y estimacion sin desvanecimiento, cortesía con el superior,
-amistad con el igual, llaneza y bondad con el inferior, grandeza
-de ánimo para las cosas árduas y difíciles de cometer, desprecio
-voluntario de las que no pueden aumentar sus merecimientos. La zorra
-un tiempo puso escuela de enseñar á cazar, y como el lobo se hallaba
-viejo, y sin presas, rogóle que le enseñase un hijo, que le parecia que
-habia de ser valeroso para mantenerlo á él y á su madre en su vejez;
-la zorra hallando en que vengarse de los agravios que el lobo le habia
-hecho, con mucha presteza y buen gusto recibió el pupilo. Lo primero
-que hizo, fué apartarle de sus atrevidas inclinaciones, que eran de
-acometer á reses grandes, y enseñarle las raposerías que ella solia
-usar por su natural instinto; y dióse tan buena maña, que en menos
-de un año el lobillo salió grandísimo cazador de gallinas. Envióselo
-al padre por muy hábil y diestro en el oficio: holgóse el padre y la
-madre pensando que tenian un hijo que habia de asolar la campiña de
-ganado. Enviáronle á buscar la vida para matar la hambre que habian
-padecido; y habiendo tardado dia y medio volvió con una gallina, y
-muchos mordiscones y palos que le habian dado. Viendo el lobo la mala
-doctrina que habia aprendido, dijo: Al fin nadie puede enseñar lo que
-no sabe. Dejéme engañar de la zorra, por no trabajar con mi hijo,
-porque la poltronería hace buen rostro á la mentira, y háme salido á
-los ojos, lo que no miré con los de la consideracion. Hijo, andad acá,
-y mostrándole unas ternerillas cerca de un cortijo, le dijo: Aquella es
-la caza que habeis de aprender y cazar. Apenas acabó de mostrárselas,
-cuando inconsideradamente cerró con ellas, porque las madres, que ya
-los habian olido, en un momento pusieron los hijos en medio, y todas
-puestas en muela, hicieron trincheras de sus cuernos, y el pobre
-lobillo, que pensó llevar presa, quedó preso, porque le recibieron con
-las picas ó picos de su herramienta, y lo echaron tan alto, que cuando
-cayó, no fué para levantarse más: el padre que con su ancianidad no
-pudo vengar la muerte de su hijo, se volvió á su guarida, diciendo: La
-mala doctrina no tiene medicina: costumbres de mal maestro sacan hijo
-siniestro. De aquí quedaron los ódios para siempre confirmados entre
-la zorra y el lobo; y así ella no va á buscar la vida sino adonde el
-lobo no se atreve, que es á las poblaciones, porque allí no pueden
-encontrarse. Mucho gustára, dijo el hidalgo, ya que habeis traido tan á
-propósito el cuento, que alargásemos un poco más la materia, para que
-averigüemos cómo se podria elegir el maestro, que ha de ser el guion
-del cuerpo y alma del hijo ajeno, que ha de criar con más cuidado que
-si fuera suyo, y enseñarle para conseguir el verdadero camino, que le
-guie á la perfeccion de caballero cristiano, que de caballero solamente
-ya tenemos entendido el modo que todos siguen. Este modo de caballero,
-dije yo, está muy cargado de obligaciones, por la significacion que
-trae consigo, de que podrá ser tratar despues, si el tiempo nos diere
-lugar; porque ni la materia quiere brevedad, ni yo tengo espacio para
-ser largo; y alargando la que tenemos comenzada, digo, que la primera
-y principal parte que ha de tener el que ha de ser maestro de algun
-Príncipe, ó gran caballero, es que tenga experiencia, con madurez
-de edad, que por lo menos tenga los aceros de la juventud gastados:
-edad en que con dificultad puede ser sabio y prudente un hombre, por
-faltar el tiempo que nos hace previstos y recatados. Mas si fuere
-mozo, sea tal, que le alaben los viejos experimentados en ciencia y
-bondad, aunque la mocedad es tan sujeta á variedades, impaciencias,
-furores y otros inconvenientes arrebatados, que si no es con mucho
-valor y entereza de virtud experimentada y conocida, tendria por mejor
-elegir para maestro un viejo cansado del mundo, y con buena opinion,
-que á un mozo que va entrando en él, y con buenas esperanzas, que al
-fin se tiene la seguridad que basta, y de este la confianza que puede
-mudarse. Ha de ser el maestro lleno de mansedumbre, con gravedad,
-para que juntamente le amen y estimen, y haga el mismo efecto en
-el discípulo, no perdiéndole un punto de su vista: si no fuere los
-ratos diputados para el gusto de sus padres, ó cuando el niño le
-tuviere con sus iguales: y en el entretenimiento se halle presente el
-maestro, alentándole y mostrándole el modo con que se ha de haber en
-el pasatiempo, no haciendo lo que yo ví hacer á un pedante, maestro
-de un gran caballero, niño de muy gallardo entendimiento, hijo de un
-gran Príncipe, que habiendo concertado con otros sus iguales en edad
-y calidad un juego de gallos, dia de carnestolendas, salió tambien el
-bárbaro pedante con su capisayo ó armas de guadamacil sobre la sotana,
-con más barbas que Esculapio, diciendo á los niños: _Destrorsum heus
-sinistrorsum_, y desenvainando su alfange de aro de cedazo, descolorido
-todo el rostro, iba con tanta furia contra el gallo, como si fuera
-contra Morato Arraez, diciendo á grandes voces: _Non te peto, piscem
-peto, cur me fugis, galle?_ de la cual pedantería él quedó muy ufano y
-contento, y los que le oyeron llenos de risa y burla. Yo me llegué, y
-le dije: Mire, señor Licenciado, que por tener poca memoria los gallos
-se les olvida el latin. Él respondió muy de presto: _Numquam dicerunt,
-nisi rocantes excitare._ Este con mil impertinentes bachillerías,
-llenas de ignorancias gramaticales, dejó al caballero estragado su buen
-natural: diéronle otro maestro cuerdo, poco ó nada hablador, modesto y
-de buena compostura, y en pocos dias enmendó los borrones que el otro
-le habia enseñado, y con muchas reglas mal sabidas, y peor enseñadas,
-y á veces repetidas le habia estragado, y este otro con pocas y muy
-calladas lo reparó. Parecieron á dos hermanos, el uno muy colérico, y
-el otro muy reposado y lleno de santimonia, que ganaban la vida con un
-pollino: el colérico le daba mil voces y palos, y el jumento no por eso
-hacia más movimiento que antes. El reposado no le decia más que: Arre,
-válgate Jesus, y hincábale un aguijon de un geme por las ancas, con que
-le hacia volar. La modestia del maestro, y las otras partes buenas,
-se imprimen, y son como espejo en que se mira el discípulo, y la
-imprudencia y poco valor es causa de menosprecio para con el maestro,
-y de incapaz para con los demás: y así, lo que habia de ser doctrina
-viene á ser pasatiempo, y si se pasa no puede cobrarle, y en este poco
-se le puede enseñar con brevedad la lengua latina, sin cargarle de
-preceptos que los mismos maestros, ó no los saben, ó los han olvidado,
-de suerte, que en sabiendo declinar y conjugar, les lean libros
-importantes, así para la lengua latina, como para las costumbres, y
-todo lo demás tengo por tiempo mal gastado; porque las diferencias ó
-propiedades de nombres y verbos se pueden declarar en los libros que
-se fueren leyendo, sin hacer lo que los cirujanos, que detienen la
-cura porque dura la ganancia: que en esto realmente son culpados los
-maestros de lenguas que se aprenden por las reglas, porque faltaron
-los que las hablan: porque las ordinarias fácilmente se aprenden con
-oirlas á los que las hablan, y los que las aprenden para saberlas y no
-para enseñarlas, con que entiendan el libro que les leyeren, sabrán
-más que sus maestros: y volviendo al ejemplo de la zorra, sea el
-maestro de buen nacimiento ó crianza, templado, vergonzoso, verdadero,
-secreto, humilde, con valor, callado, no lisonjero, ni hablador, que
-como dicho tengo, enseñe más con la vida y costumbres que con las
-palabras, ó á lo menos que se parezca lo uno á lo otro, para que no
-le abata al discípulo los pensamientos bien heredados á presas mal
-arraigadas, por la ignorante doctrina, que la virtud ha de crecer con
-el discípulo, de manera, que con enseñarle modestia, no le enseñan
-encogimiento que le desjarrete el valor del ánimo con que nació. La
-educacion de los caballeros ha de ser como la de los halcones, que
-el halcon que se cria encerrado no sale con aquella fineza y aliento
-con que sale el que se cria donde le dé el aire, como le criaban sus
-padres. Háse de criar el halcon en lugar alto, en donde gozando de la
-pureza del aire, pueda ver las aves, á quien despues se ha de abatir.
-El que se cria encerrado, fuera de ser más tardío en el oficio para
-que le crian, no sale con aquel corage y determinacion que el otro
-que se crió al aire. Así el caballero que se ha de criar para imitar
-la grandeza de sus progenitores (aunque se crie lleno de virtud y
-modestia), aquel recogimiento no ha de ser encogimiento de ánimo,
-sino, como arriba dije, ha de tener valor con humildad; estimacion
-sin desvanecimiento; cortesía y circunspeccion en todos sus actos; de
-suerte, que no le falte cosa para cabal señor; que eso quiere decir
-caballero, compuesto de esta voz, _cabal_ y _hero_, que en latin
-quiere decir, señor. Así, que caballero es cabal hero, ó cabal señor,
-que no le falta cosa para serlo, y digan otros lo que quisieren, que
-la filosofía cristiana nos da lugar y licencia para dar sentido que
-tenga olor de virtud. Mucha satisfaccion y gusto, dijo el hidalgo, he
-recibido con el buen discurso que habeis hecho: satisfaccion en la
-doctrina, que realmente va encaminada á la verdad cristiana, y gusto
-de las ignorancias de aquel pedante. Mas cuanto á la derivacion de
-caballero, es muy sabido que se dice de caballo, porque sustentan
-caballo, y andan á caballo, y pelean á caballo. Si por esa razon
-fuera, dije yo, tambien se llamara caballero el playero ó arriero que
-trae caballos de la mar, y tambien se dice el que va en un jumento ó
-acémila, que va caballero, que realmente no es caballo, y parece que en
-esa opinion es impropio. Tambien, dijo el hidalgo, llamaron _eques_ al
-caballero, de esta palabra _equus_, que quiere decir caballo. Tampoco,
-dije yo, concedo lo uno como lo otro; porque los Romanos siempre dieron
-los nombres á las cosas, que significasen la misma obra para que las
-criaban. Como á los cónsules les dieron este nombre de Cónsulo, que
-quiere decir aconsejar, y mirar por el bien de la República. Y así al
-caballero, no creo que le dieron el nombre de _eques_ por caballo,
-sino de _aequus_, _aequua_, _aequum_, por cosa igual, cabal y justa,
-como tiene obligacion de serlo quien ha de ser cabeza y modelo de las
-costumbres que han de imitar los miembros inferiores de la República,
-aunque realmente se van deslizando algunos de sus obligaciones, quizá
-entendiendo que el caballero quiere decir alcabalero de los mercaderes,
-sacándolo de su propia significacion, y de la entereza y firmeza que
-ha de guardar en todas sus acciones, que por eso al baluarte le llaman
-caballero, porque ha de estar siempre firme, é inmutable á la fuerza
-de los contrarios, y al ímpetu de la artillería, como el caballero lo
-ha de estar á resistir las injusticias y agravios que se hacen á los
-inferiores y oprimidos, y haciendo al contrario van contra su calidad,
-y contra las obligaciones que heredaron de sus pasados.
-
-[Ilustración]
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-
-[Ilustración]
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-
-DESCANSO VIII.
-
-
-Toda esta plática ó conversacion pasó estando este hidalgo y yo echados
-de pechos sobre el guardalado de la puente Segoviana, mirando hácia
-la Casa de Campo, por donde vimos asomar un buen atajo de vacas que
-nos interrumpió la conversacion, y viéndolas, le dije: Aquellas vacas
-han de pasar por esta puente más apiñadas y más apriesa que vienen
-por aquella parte, por eso no aguardemos aquí el ímpetu con que han
-de pasar. No temais, dijo el hidalgo, que os guardaré á vos, y á mí.
-Guárdese á sí, le dije yo, que á mí aquella pared que baja de la puente
-al rio me guardará, porque yo no me entiendo con gente que no habla,
-ni sé reñir con quien trae armas dobles en la frente. Fuera de lo que
-dicen: Dios me libre de bellacos en cuadrilla. Háse de reñir con uno
-que si le digo teneos allá me entienda; reñir con un animal bruto es
-dar ocasion que se ria quien lo mira, y cuando salga bien de ello, no
-he hecho nada. No se ha de poner un hombre en peligro que no le importa
-mucho; defenderse del peligro, es de hombres, y ponerse en él es de
-brutos. El temor es guarda de la vida, y la temeridad es correo de la
-muerte. ¿Qué honra ó provecho se puede sacar de matar un buey, cuando
-se haga por ventura, sino tener que pagar á su dueño? Si yo puedo estar
-seguro, ¿por qué tengo de poner mi seguridad en peligro? Con todo esto
-que yo dije, él se quedó haciendo piernas, y yo con las mias me puse lo
-más presto que pude detrás de la esquina. Venia por la puente delante
-una mula con dos cueros de vino de San Martin, y un negro atasajado en
-medio de ellos, y aunque venia un poco apriesa delante de los bueyes,
-con el ímpetu que venian, por la priesa que los vaqueros le dieron,
-cogieron á la mula en medio al tiempo que llegaron á emparejar con mi
-negro hidalgo; la mula era maliciosa, y como se vió cercada de cuernos,
-comenzó á tirar puñadas y coces, de manera que arrojó al negro y á los
-dos cueros encima de la herramienta de un novillejo harto alegre, y
-que comenzando á usar de sus armas, arrojó el un cuero por la puente
-al rio en medio de muchas lavanderas. El hidalgo, por librar al negro,
-y defenderse á sí, puso mano á su espada, y afirmándose contra el
-novillo le tiró una estocada uñas abajo, con que hizo al otro cuero dos
-claraboyas que alegraron harto á la gente lacayuna; pero no fué tan
-de valde, que no le trujese por delante, asido por las cuchilladas de
-las calzas, que de puro manidas, no pudiendo resistir á la violencia
-de los cuernos, se rindieron, y él quedó arrimado al guardalado de la
-puente, con algunos chichoncillos en la cabeza, diciendo: Si trujera
-las nuevas, buen lance habia hecho. En pasando la manada, que fué en
-un instante, acudieron los gentiles hombres guiones de la gente de á
-caballo, y acometiendo por los orificios de los ijares al cuerpo sin
-aliento, en un instante le dejaron sin gota de sangre.
-
-[Ilustración: ... _y afirmándose contra el novillo le tiró una estocada
-uñas abajo con que hizo al otro cuero dos claraboyas_.]
-
-Las lavanderas acudieron al que habia caido en el rio, cada una con su
-jarrillo, que llevando uno en las tripas y otro en la mano, le dejaron
-la boca al aire, y el señor cuero callar; al negro medio deslomado le
-pusieron sobre la mula, no sé lo que fué de él. Yo acudí á mi hidalgo,
-no á darle en cara el no haber seguido mi consejo, sino á limpiarle y
-consolarle, diciendo, que lo habia hecho muy como valiente hidalgo: que
-es yerro al afligido y corrido reprehenderle lo que no tiene remedio:
-con la reciente pesadumbre á nadie se ha de decir: bien os decia yo;
-que en el daño hecho es mala la correccion temprana: al que está
-compungido de su daño, no se ha de dar en cara lo que dejó de hacer,
-que él se tiene consigo la penitencia de su yerro; y en semejantes
-sucesos el empacho y vergüenza son castigos de la confianza. Él se
-puso muy hueco del consuelo que yo le dí en alabarle de su disparate,
-aunque se le echó de ver la confusion que tenia en el rostro. Con
-todo eso me agradeció lo que le dije, y para alegrarlo le mostré
-el estrago que los lacayos hacian en el cuero, y la alegría de las
-lavanderas, que le echaban mil bendiciones al novillo, rogando á Dios
-que cada dia sucediese lo mismo. Y en habiendo ellos y ellas concluido
-con dejar los pellejos sin alma, se tornaron á su costumbre antigua.
-Los lacayos á decir mal de sus amos y del gobierno de la República,
-y las lavanderas á murmurar de doncellas y religiosos. ¡Lastimosa
-cosa, que pasando toda la vida en pobreza, trabajo y miseria, con que
-pueden ganar á Dios la voluntad, vengan á hallar alivio y descanso
-en los brazos de la murmuracion! Que es tan poco humilde nuestra
-naturaleza, que ordinariamente la pobreza se rinde á la envidia, como
-si el arrepentimiento de las partes suspendiese de sola la diligencia
-humana, sin órden de la voluntad divina, y que se aborrezca por cosa
-infame, lo que tanto amó el Autor de la vida. Los pobres son
-piadosos para otros pobres; pero no para los ricos, y si considerasen
-con los ojos del alma, cuánto más cargados de obligaciones y cuidados
-están los ricos que los pobres, sin duda no trocarian su suerte por la
-del rico; que al rico todos procuran derribarle, y al pobre nadie le
-tiene envidia: y con todo eso su mayor consuelo es murmurar del que ven
-acrecentado ó en mejor estado que el suyo; pero dejemos ahora á los
-lacayos gobernar el mundo, y á las lavanderas aniquilar y deshacer lo
-mejor que hay en él. El hidalgo, aunque algo desabrido del suceso, con
-grandes veras me comenzó á persuadir que fuese con él, yo á considerar
-si me estaba bien; porque cuanto á lo primero yo echaba de ver que
-el andar vagamundo y ocioso era cosa perniciosa para conservar la
-reputacion y sustentar la vida, que aunque es así que la ocupacion
-cansa el cuerpo, y la ociosidad fatiga el espíritu, y el que trabaja
-piensa en lo que hace de bien, y el ocioso en lo que puede hacer de
-mal; gracia del cielo es menester para que el ocioso se ocupe en cosas
-de virtud, y mucha fuerza de mala inclinacion, para que el ocupado se
-ejercite en el vicio. Muchas veces oí decir al Doctor Cetina, gran
-juez, que aborrecia las ocupaciones de su oficio, por no saber faltas
-agenas, y por otra parte las deseaba por no estar ocioso. Cuanto á
-lo segundo, consideraba que no era cordura salir de Madrid, á donde
-todo sobra, por ir á una aldea, donde todo falta; que en las grandes
-Repúblicas el que es conocido, aunque anochezca sin dineros, sabe que
-el dia siguiente no ha de morir de hambre. En los pueblos pequeños en
-faltando lo propio, no hay esperanza de lo ageno: el perro que no es
-de muchas bodas siempre anda flaco. Si el conejo tiene dos puertas
-en su vivar, puede salvarse; pero si no tiene más de una, luego es
-cazado. El hombre que no sabe nadar, en un charco se ahoga; pero el
-que sabe entrar y salir en la mar, no se anega. Lo tercero, veia tan
-inclinado al buen hidalgo á llevarme consigo; y á mí tan agradecido á
-quien me quiere bien, que no sabia negárselo, que el agradecer el amor
-y las buenas obras es de pechos nobles, y la ingratitud de tiranos: el
-que no agradece no merece tener amigos: nada tienen los hombres que
-no sea recibido, y así desde nuestro nacimiento habemos de comenzar
-á agradecer. Tras de todo esto consideré mi estado, y la obligacion
-natural que tengo á mí propio. El buen hidalgo era no muy rico, y de
-sus acciones descubria estrecheza de corazon; no parecia liberal;
-pobreza y miseria en un sugeto, aunque son para en uno, no quiero que
-sean para mí; yo naturalmente soy enemigo de la escasez, y aun creo
-que la misma naturaleza le aborrece, siendo como es pródiga en dar; y
-á este hidalgo se le echaba de ver, que no era escaso por pobre, sino
-por inclinacion: pero con todo eso me aventuré á no negarle lo que
-me pedia. Fuíme con él á casa de cierto título, con quien profesaba
-parentesco ó amistad; porque él tenia necesidad de algun regalo, por
-las burlas que le habian pasado con el novillo, y en entrando dijo á un
-despensero de la casa que me regalase: él entendió sin duda que no me
-regalase, y así lo hizo; de manera, que de pura dieta casi se me vino
-á juntar el pecho con el espinazo. Era ya tarde, y mostróme el dicho
-despensero un tinelo donde comian los criados más importantes de la
-casa, como son gentiles-hombres y pajes. Llegóse la hora de cenar, y el
-tinelo estaba más escuro que la última cubierta del navío. Entró cierto
-galancete, aunque no alto de cuerpo, de razonable talle, trigueño de
-rostro, ceja arqueada, casi de hechura de mariposa de seda, buena
-espedicion de lengua, pocos conceptos y muchas palabras, más lleno
-de hambre que de hidalguía: y como vió tan lóbrego el aposento, dijo:
-Ola, trae aquí velas. Vino un pícaro, con más andrajos que un molino de
-papel, con un cabo de vela portuguesa, é hincóla en un agujero de la
-misma mesa tinelar, que si no tuviera nudo la madera, la hincara en la
-pared. Pusieron en ella unos manteles desvirados, que parecian delantal
-de zurrador. Sacó aquel galan una servilleta de la faltriquera, no
-más limpia, pero más agujereada que cubierta de salvadera, y por gran
-cosa dijo: Más há de veinte años que la tengo conmigo, lo uno por no
-ensuciarme con estos manteles; lo otro, porque me la dió cierta señora,
-que no quiero decir más. Pusiéronles á cada uno un rábano, cuyas hojas
-fueron la ensalada, y el rábano el sello estomatical. Yo les dije que
-estaban seguros de la fatigosa pasion de orina, así por el uso de las
-hojas, como por la templanza en la comida, que no les dieron á cenar,
-sino unos bofes salpimentados con hollin y salpimiento. Respondió aquel
-entonadillo: Siempre en casa de mis padres oí alabar esta virtud de la
-templanza, y por haberme criado con ella, soy templado en todas mis
-acciones. Si no es en hablar, dijo otro gentil-hombre. Prosiguió, que
-los hidalgos tan honrados y bien nacidos como yo, no se han de enseñar
-á ser glotones, que no saben en lo que se han de ver, en paz ó en
-guerra.
-
-No se halla que mi padre comiese más de una vez al dia, y con mucha
-templanza, (si no era cuando le convidaba el Duque de Alva, grande
-amigo suyo, que entonces comia más que cuantos habia en la mesa), era
-muy gran cortesano, tan discreto y decidor, que entretenia solo á una
-sala de gente, pero con todo eso nos dejó muy pobres. No me espanto de
-esto, dije yo, que el caudal eran palabras y la resulta sería viento:
-que cuando el hablar no se acompaña con el hacer, como se queda en la
-primera parte, nunca se ve el fruto de la segunda. La dulzura y gracia
-de la lengua satisface tanto á su dueño, que todo se va en vanagloria
-para sí, y detraccion para los demás. Y en resolucion, la lengua es
-la más cierta señal de lo interior del alma, que la mucha locuacidad
-no deja cosa en ella que no eche fuera. Á todo esto, yo esperaba mi
-cena, que segun se tardaba, me parecia que servia ya en palacio. Asomó
-mi despensero con un platillo de mondongo, más frio que las gracias
-de Mari Ángela. Tomélo y despedacélo, que no habia con qué cortarlo;
-y al olor que subió de tripa mal lavada, dijo aquel hablador: En
-viendo este género de comida, siento un olor ambarino que me consuela
-el alma, porque lo comíamos siempre en mi aldea hecho con las manos
-de una hermana mia, que si no fuera por unos cabellos más rubios que
-el oro, que se le caian encima, lo podia comer un ermitaño. Á mí me
-olió de manera, que deseaba que el pícaro me lo quitára de delante,
-y convidéle á aquel hidalgo con él, diciendo que habia cenado; él lo
-probó y aprobó, y alabando el picante de la pimienta y cebolla, y la
-limpieza de las manos que lo habian hecho, se acabó junto con el cabo
-de vela. Comenzó este á decir: Pícaro, trae aquí velas. ¿Cuáles velas?
-preguntó el pícaro, váyase á pasear, y deje las velas. Á fé de hidalgo,
-dijo aquel gentil-hombre, que os tengo de hacer quitar la racion. Eso
-fuera, dijo el pícaro, si me la hubieran dado, pero la que no se ha
-dado, mal se puede quitar; que como sabe, há más de cuatro meses que no
-se da racion en esta casa. Oh villano, dijo el otro, deshonra buenos;
-¿y tal has de decir? Los mal nacidos como éste infaman las casas de
-los señores, que no saben tener paciencia ni sufrir un mal dia; luego
-echan las faltas en la cara; no se contentan con el respeto que les
-tienen por servir á quien sirven; mal calláredes vos lo que yo he
-callado, y sufriérades lo que yo he sufrido, y hubiérades hecho lo que
-yo he hecho, supliendo sus faltas, gastando mi hacienda, prestando mi
-dinero, y diciendo muchas mentiras por disculpar sus descuidos. Los
-bien nacidos tienen consideracion á las muchas obligaciones de los
-señores: si hoy no tienen, mañana les sobra y pagan junto lo que no
-dan por menudo. Señor, dijo el pícaro, yo no tengo las inteligencias
-que vuesa merced que se va á las casas de juego. Atajóle de presto
-el gentil-hombre, diciendo: Es verdad que yo juego de ordinario, que
-aún no há más de esta tarde, que gané dinero y ciertas joyuelas y una
-cadenilla de oro. ¿Pues cómo no tiene para velas? dijo el pícaro.
-Porque dí, respondió, todo el dinero de barato. No es mucho, dijo el
-pícaro, si es verdad esto, que de cuantas veces lo recibe le dé una.
-¿Yo, pícaro? dijo el mozalvillo. Como su padre, respondió el pícaro.
-Mi padre, dijo el galan, tomábalo, porque se lo daban y lo merecia.
-Y vuesa merced, dijo el pícaro, porque lo pide y no lo merece. Á
-toda esta pendencia, y otra que se habia trabado entre dos pajes,
-sobre la antigüedad del asiento, estaba á oscuras el lóbrego tinelo,
-y yo espantado dije al mozuelo que callase y tuviese respeto, que
-á los que tienen oficio superior en casa de los señores, no se les
-habian de atrever de aquella manera. Déjelo vuesa merced, dijo otro
-gentil-hombre, que si el pícaro habla, por todos habla: que si jugando
-sentencia una causa que no sea en su favor, luego dice que lo hace
-porque le den barato. Fuera de ser el que nos ponga á todos en mal
-con el señor, congraciador general, y celebrador y reidor de lo que
-el señor dice, arcaduz de la oreja, manantial de chismes, estafeta de
-lo que no pasa en todo el mundo. Si dice algo, él lo celebra y quiere
-que se lo celebren todos: si otro dice ó hace algo bueno, lo procura
-derribar y deshacer; si malo, á pura risa lo persigue, y si alguno le
-parece que se le va entrando al señor en la voluntad, por mil caminos
-le descompone. Estas y otras muchas cosas le dije yo de mi persona
-á la suya con cinco palmos de espada. Cuando yo esperaba una grande
-pendencia, el habladorcillo dió una carcajada de risa, con que el otro
-se indignó mucho más, y dijo: ¿Luego no es verdad lo que digo? Y el
-otro con una risa falsa le dijo: Eso y mucho más es verdad: y vuesa
-merced sabe poco de palacio, que aquí el doblez y la ficcion están en
-su lugar: no hay verdad, sino lisonja y mentira, y el que no la trata
-no puede valer en palacio. Desde que nací me crié en él, y aunque mi
-padre me avisaba de esto mismo, nunca le ví medrar, sino cuando decia
-mal de algun ausente, que como sea dicho con donaire, como él lo decia,
-alegra el ánimo, endulza el oido, atrae la voluntad, y saca risa de los
-pechos melancólicos. Y llevárase el diablo, dije yo, á quien lo dice,
-y á quien escucha, y á quien incita á que se diga, y á quien tiene
-tan ruin opinion, y á quien lo consiente, pudiéndolo estorbar que no
-se diga. Y querer nadie hacer ley de su mala condicion y costumbre en
-las cosas de palacio, es yerro notable y digno de castigo, que todos
-estos son actos que tienen su principal descendencia y orígen de la
-antiquísima casa de la envidia. Pasion infame, engendrada en pechos
-que piensan que el bien ajeno ha de redundar en daño suyo, desnudos
-de partes y merecimientos, la cual envidia es la más perniciosa de
-todas; porque como tiene su fundamento en un pesar del bien ajeno,
-todo el tiempo que dura en aquel la prosperidad, dura en este la
-malicia, y sin tasa ni eleccion, porque el mismo en quien se halla
-tan abominable inclinacion, en todo se opone: al menor, porque no se
-iguale, y al igual, porque no le deje atrás, y al mayor, porque no
-le sujete. ¡Qué templado está á lo viejo! dijo el hablador. ¡Y qué
-destemplado está él á lo moderno! dije yo. Y prosiguió diciendo: ¿Entre
-los religiosos y religiosas, puede negarme que no son muy ordinarias
-las envidias sobre las elecciones de superiores, y oficios? Cuando
-las haya, que pocas veces las hay, dije yo, al fin son sobre cosas
-honradas, de mucha calidad é importancia para su Religion, y cada
-uno sigue el bando que más le parece conveniente para cosas de tanta
-substancia: pero en palacio, ¿sobre qué es la envidia, sino sobre
-unas calzas viejas que desechó el señor por más que viejas? ¿ó sobre
-hacerse secretario de lo que es público en la boca de todos? Pues
-quiero que entiendan los habladores y zizañeros de palacio, que ya
-con su argentería falsa pueden traer enlabiado al señor, en tanto que
-por la tierna edad se deja llevar de congraciadores, que al fin son
-descendientes de sangres alimentadas con virtud y valor de ánimo, y
-han de caer en la cuenta mejor que en el yerro, y conocer lo que es
-bien y mal, y premiarlo conforme á la intencion con que ha corrido.
-Preguntó aquel gentil-hombre: ¿Pues no ha de tener el Príncipe criados,
-que por la reputacion del señor sepan cumplir de palabra con los
-mercaderes, y entretener los acreedores á quien deben? Eso, dije yo,
-es lo que menos importa á los señores, porque los tales criados no
-mienten por entretener las trampas de los señores, sino por dilatar
-las que ellos hicieron á vueltas de ellos. Mas pregunto, ¿es forzoso
-que por estar un hombre ocioso y vicioso, ha de servir toda la vida,
-sujeto á las costumbres envejecidas de los que no pretenden más de
-vivir y morir, y por levantarse tarde y ejercitar la poltronería, han
-de estar todo el dia arrimados á la pared, como ánima de jiganton en
-puerta de taberna? Bien sé que no han de ser todos soldados, ni todos
-estudiantes, oficiales y sacerdotes, que servirse tienen las gentes
-de las gentes y los Príncipes de los hombres que sean hombres, que no
-profesan la adulacion por comer y holgar. Estudien, lean, aprendan algo
-de virtud, que no ha de ser todo congraciarse con el señor, derribando
-al uno, desacreditando al otro, y amenazando á aquél, y enfadando á
-todos. Sobre cosas que no tienen más calidad, ni cantidad, que comer
-y pasearse, y á la vejez contar historias, que ni las vieron, ni las
-leyeron, ni aun quizá las oyeron, que la necesidad los hace inventores.
-Ya se me iba desatando el frenillo contra la vida de palacio, como
-el estómago estaba desocupado y las partes orgánicas obraban más
-desenvueltamente, cuando entraron achas encendidas, alumbrando toda
-la casa, que sirvió la visita de que por una saetía entrase la luz á
-la mesa de los doce pages, y acudiendo cada uno á sus obligaciones,
-quedé tan solo, que pude desamparar las mias en el tinelo, y deslicéme
-lo más calladamente que pude sin despedirme de nadie, ni hablar
-palabra, volviendo de cuando en cuando el rostro atrás, por ver si me
-seguian por la cosa que habia hecho en el regalo mondonguil, que no
-comí, ni comiera, y en verme libre de aquel carnero de huesos mondos,
-entendí que me habia escapado de alguna mazmorra de Argel. Fuíme á mi
-posadilla, que aunque pequeña, me hallé con una docena de amigos que
-me restituyeron mi libertad, que los libros hacen libre á quien los
-quiere bien. Con ellos me consolé de la prision que se me aparejaba, y
-satisfice el hambre con un pedazo de pan conservado en una servilleta,
-y á la dieta con un capítulo que encontré en alabanza del ayuno. ¡Oh
-libros, fieles consejeros, amigos sin adulacion, despertadores del
-entendimiento, maestros del alma, gobernadores del cuerpo, guiones para
-bien vivir, y centinelas para bien morir! ¿Cuántos hombres de obscuro
-suelo habeis levantado á las cumbres más altas del mundo? ¿Y cuántos
-habeis subido hasta las sillas del cielo? ¡Oh libros, consuelo de mi
-alma, alivio de mis trabajos, en vuestra santa doctrina me encomiendo!
-Reposé aquella noche muy poco, porque como el sueño, que se dió para
-descanso del cuerpo, se hace de vapores cálidos y húmedos que suben del
-estómago, y manjar al cerebro, y yo estaba casi en ayunas, fué tan poco
-mi sueño, que á las seis de la mañana estaba ya vestido. Santigüéme, y
-encomendándome al Autor de la vida, fuíme á un humilladero del bendito
-Ángel de la Guarda, que está de la otra parte de la puente Segoviana.
-El dia amaneció claro, y el sol grande, y de color amarillazo. Fuera
-de esto en un rebaño de ovejas que encontré cerca de la puente ví que
-los carneros se topaban unos con otros, y de cuando en cuando alzaban
-los ojos al cielo; eché de ver la tempestad que amenazaba al dia y díme
-prisa para volver pronto. Fuí á rezar, y en acabando llegó el ermitaño
-á mí, que me pareció ser hombre de buen discurso, y me dijo: No hará
-tan buen dia como hizo el del bienaventurado San Isidro, si se halló
-vuesa merced aquí. Sí me hallé, dije yo, y he conocido las mismas
-señales del mal tiempo, por donde este dia no se parecerá al otro.
-Cierto, dijo el ermitaño, que miré desde este alto, y se me representó
-con la mucha cantidad que habia de coches y carros, una hermosa flota
-de navíos de alto bordo, que me trujo á la memoria algunas que he
-visto en España y fuera de ella. En el mismo concepto, dije yo, estuve
-aquel dia que venia con un poco de gota, con el espacio y remanso que
-requiere tal enfermedad, y me acordé de la armada de Santander, que tan
-hermosa apariencia tuvo, y tan mal se logró. Llegando al medio de la
-puente me llamaron para subir en un coche dos caballeros del hábito
-eclesiástico, de muy gallardos entendimientos, acompañados de prudencia
-y bondad. Subí, y apenas estuve en el coche, cuando se alborotaron los
-caballos por una superchería que usó un hombre de á caballo con un
-hidalgo de á pié, de muy buena suerte, sobre haber sido estorbo para no
-hablar á su comodidad con una cuadrilla de cien mujeres que ocupaban
-un coche ageno, que en cogiéndole prestado cabe dentro todo un linage
-y toda una vecindad. Alborotada la flota carrozal, llegóse cerca de
-nosotros el autor de la pesadumbre, muy ufano de lo que habia hecho.
-Díjole uno de aquellos dos caballeros, Bernardo de Oviedo: Si fuera
-lícito á los hombres hacer todo lo que pueden, no se fuera vuesa merced
-riendo de la sinrazon que ha hecho. Respondió el otro: Vuesa merced no
-debe de saber qué cosa es ser enamorado. Á lo menos, dijo Bernardo,
-sé que el amor no enseña á hacer cosas ruines. Pasó acaso por allí el
-Maestro Franco con su mula, y dijo el agresor: No se desconsuele vuesa
-merced, que por lo menos ha granjeado la voluntad de doce mujeres, que
-con esa hazaña y doce pasteles de costa, irán á decir que vuesa merced
-es un Alejandro y un Scipion. ¿Huélganse conmigo, dijo el valiente?
-Pues vive Dios que si no fueran clérigos habia de pasar el negocio
-adelante. Pues por eso, dijo el Maestro Franco, lo hizo Dios mejor, que
-sin quedar vuesa merced descomulgado nos ha dado harta materia para
-reir.
-
-Á todo esto estaba muy colérico cierto gentil hombre que iba allí, de
-buena conversacion y poca substancia, y dijo: ¿Es posible que ha tenido
-aquel hidalgo paciencia para no vengarse de su agravio, aunque le
-hicieran pedazos? ¿De cuál agravio? dijo Bernardo. Él anduvo muy bien
-en no hacer diligencia donde no habia de aprovechar, y los agravios
-que no caen sobre materia, no tocan á la honra, ni aun á la ropa, si
-bien perturban el ánimo. Jugando suelen decir mil disparates los que
-pierden, como decir: cualquiera que se huelga que pierda, miente, y
-es un cornudo. Háse de reir de esto, porque nadie dió materia para la
-desmentida, y llámase materia la ocasion de agravio hecho con palabras,
-ó con obras, sobre que caiga la venganza. Si dándole á un jumento de
-varazos, le alcanzan á dar á un hombre, ó si jugando al mallo ó á los
-trucos le aciertan á dar un palo, no tiene de qué sentirse, porque
-aquel agravio no cayó sobre materia, y la paciencia en semejantes
-casos arguye mucho valor de ánimo. Ea, señor, dijo el otro, que la
-paciencia en tan notorias injurias descubre pocos hígados en quien
-ordinariamente la tiene. Por tres cosas, dijo Luis de Oviedo, tiene
-un hombre paciencia notable, ó por no entender bien las cosas del
-mundo, ó por templanza natural de condicion, ó por virtud adquirida
-de muchos actos; y el que sin estas tres cosas sufre injurias que no
-puede remediar, manifiesta invencible ánimo para ellas, y menosprecio
-para quien las hace. Al tiempo que acababa esta conversacion con el
-ermitaño, ví todo el cielo revuelto y turbado, fuíme á despedir para
-irme, y él me detuvo diciendo, que antes que acabase de pasar la
-puente me cogeria la borrasca: dentro de poco espacio fué tan grande
-la tempestad de truenos, relámpagos y rayos, que la creciente en menos
-de media hora casi vino á cubrir los ojos de la puente, y fué forzoso
-cerrar las puertas del humilladero, que combatidas del aire, hicieron
-mucho en no rendirse á su violencia. Mejor está vuesa merced aquí, dijo
-el ermitaño, que no en el camino. Qué mejor, dije yo, que estando en la
-casa del mismo defensor de nuestras almas y cuerpos, criado para eso
-de la inefable bondad del Eterno Padre; más bien guardados estamos
-que fuera de ella. Guarda á quien no solamente la heredad de Dios
-reverencia y conoce: pero aun la antigüedad, ciega de la lumbre de Fé,
-tuvo grande veneracion, dedicándole templos, y levantándole altares en
-nombre del génio, que así llamaban los antiguos al benditísimo Ángel
-Custodio. ¡Jesus, y qué contínuos é inciviles truenos! ¡qué gruesa
-piedra! ¡qué perseverancia tan grande! Desde que yo vine á Castilla,
-nunca entendí que fuera tan sujeta á tempestades tan desatadas como las
-que muchas veces he visto, que en mi tierra, por ser llena de grandes
-montañas muy altas y sujetas á la fuerza de los vientos, no es tan de
-admirar que se vean estos tan arrebatados turbiones, mezclados con
-vientos y granizo. ¿De dónde es vuesa merced? dijo el ermitaño. Yo,
-señor, respondí, soy de Ronda, ciudad puesta sobre muy altos riscos
-y peñas tajadas, muy combatida de ordinario de ponientes y levantes
-furiosos; de manera que si fueran los edificios como estos, se los
-lleváran tormentas. Nunca he sabido hasta ahora, dijo el ermitaño, de
-dónde fuese vuesa merced, aunque le conocí en Sevilla, y le comuniqué
-en Flandes y en Italia. Miréle con cuidado, y haciendo refleccion,
-conocíle, que habia sido soldado donde dijo; holguéme, y abracélo, y
-supe de él que se habia retirado á la soledad de los montes algunos
-años á servir á Dios, y por haber enfermado se vino á poblado, ó cerca
-de él, á pasar la vida eremítica, dándole á Dios lo que le quedaba.
-Aunque la furia del argavieso no duró más de una hora, el agua que
-tras él se siguió duró sin cesar hasta el dia siguiente, con furia
-de vientos deshechos. El buen ermitaño se halló con carbon, encendió
-un brasero, é hízome quedar á comer con él, de lo que Dios le habia
-enviado por mano de gente muy devota, de que hay mucha abundancia en
-Madrid.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO IX.
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-Cerradas las puertas del humilladero, para defensa del viento, y
-encendido el carbon para la del frio, estaba el lugar abrigado y
-apacible, que el armonía que el aire hace con el ruido de las canales
-produce una consonancia agradable para las orejas y no para el cuerpo,
-que en esto se diferencia el oido del tacto, que hay cosas que tocadas
-son buenas, y oidas son malas, y al contrario. Comimos, y encerrados
-todo el dia con la oscuridad, la noche y dia fueron todo noche. Tornó
-el ermitaño á repetir su primera pregunta, y como estábamos ociosos,
-y encerrados, sin tener otra ocupacion, tratamos de lo que se nos
-ofreció. Preguntóme dónde habia estudiado, y cómo me habia divertido
-tanto por el mundo, siendo de una ciudad tan apartada del concurso
-ordinario, y que para la cortedad de la vida humana tiene bastantes y
-sobrados regalos para pasar con alguna quietud. Yo le respondí á todo
-lo que me preguntó: Aunque aquellos altos riscos y peñas levantadas,
-por la falta de la comunicacion, despertadora de la ociosidad, y
-engendradora de amistades, no son muy conocidos; con todo eso cria tan
-gallardos espíritus, que ellos mismos apetecen la comunicacion de las
-grandes ciudades y Universidades, que purifican los ingenios, y los
-hinchen de doctrina, por donde hay vivos en este tiempo varones, con
-cuya salud se alegra, con tanta aprobacion de hombres doctos, que no
-tienen necesidad de la mia. Tuvimos allí un gran maestro de gramática,
-llamado Juan Cansino, no de los que dicen ahora Preceptores, sino de
-aquellos á quien la antigüedad dió nombre de gramáticos, que sabian
-generalmente de todas las ciencias, doctísimo en las humanas letras,
-virtuoso en las costumbres, dechado que obligaba á que se las imitasen,
-las cuales enseñó juntamente con la lengua latina, en que hacia muy
-elegantes versos. Era naturalmente manco de ambas manos; pero de los
-más respetados y temidos á fuerza de virtud propia; lo cual grangeó con
-enseñar silencio más que hablar, porque decia él muchas veces que el
-hablar era para las ocasiones forzosas, y el callar para siempre. De
-esto, y la lengua latina, si no fuí de los mejores discípulos, tampoco
-fuí de los peores.
-
-Estando yo razonablemente instruido en la lengua latina, de manera
-que sabia entender un epígrama y componer otro, y adornado con un
-poco de música, (que siempre han tenido entre sí algun parentesco
-estas dos facultades), por la inquietud natural que siempre tengo
-y he tenido, quise ir á donde pudiese aprender alguna cosa que me
-adornase y perfeccionase el natural talento que Dios y naturaleza me
-habian concedido. Mi padre, viendo mi deseo é inclinacion, no me hizo
-resistencia, antes me habló á su modo con la sencillez que por allá se
-usa, diciendo: Hijo, mi costilla no alcanza á más de lo que he hecho,
-id á buscar vuestra ventura, Dios os guie y haga hombre de bien; y
-con esto me echó su bendicion, y me dió lo que pudo, y una espada de
-Bilbao, que pesaba más que yo, que en todo el camino no me sirvió sino
-de estorbo. Partíme para Córdoba, aunque llegué entero, que es donde
-acude el arriero de Salamanca, y allí vienen de toda aquella comarca
-los estudiantes que quieren encaminarse para la dicha Universidad.
-Fuíme al meson del Potro, donde el dicho arriero tenia posada, holguéme
-de ver á Córdoba la llana, como muchacho inclinado á trafagar el mundo.
-Fuíme luego á ver la Iglesia mayor, por oir la música, donde me dí
-á conocer á algunas personas, así por acompañar á mi soledad, como
-por tratar gente de quien poder aprender; que realmente con la poca
-esperiencia y haberme apartado poco habia de mis padres y hermanos,
-acto que engendra encogimiento en los más gallardos espíritus, viendo
-que en aquella ausencia era forzoso, y que la fortuna nos acomete en
-cobardía, animéme lo mejor que pude, diciendo: la pobreza me sacó, ó
-por mejor decir, me echó de casa de mis padres, ¿qué cuenta daria yo
-de mí si me tornase á ella? Si los pobres no se alientan y animan á sí
-propios, ¿quién los ha de animar y alentar? Y si los ricos acometen las
-dificultades, los pobres ¿por qué no acometerán las dificultades, y
-aun los imposibles, si es posible? Enternézcome con la memoria de mis
-hermanos; pero esta se ha de olvidar con el deseo de poderles hacer
-bien; y si no pudiere, á lo menos habré hecho de mi parte lo posible
-y obligatorio. No se vienen las cosas sin trabajo; quien no se anima
-de cobarde, se queda en los principios de la dificultad; si no hago
-más que mis vecinos, tan ignorante me quedaré como ellos; ánimo, que
-Dios me ha de ayudar. Fuíme á mi posada, ó á la del meson del Potro, y
-púseme á comer lo que yo pude, que era dia de pescado: en sentándome á
-la mesa, llegóse cerca de mí un gran marchante, que los hay en Córdoba
-muy finos, que debia ser vagamundo, y me oyó hablar en la Iglesia
-mayor, ó el diablo hablaba en él, y díjome: Señor soldado, bien pensará
-vuesa merced que no le han conocido, pues sepa que está su fama por acá
-esparcida muchos dias há. Yo soy un poco vano, y no poco: creímelo, y
-le dije: Vuesa merced ¿conóceme? Y él me respondió: De nombre y fama
-muchos dias há, y diciendo esto sentóse junto á mí, y me dijo: Vuesa
-merced se llama N. y es gran latino, poeta y músico: desvanecíme mucho
-y convidélo si queria comer: él no se hizo de rogar y echó mano de un
-par de huevos y unos peces, y comiólos; yo pedí más, y él dijo: Señora
-huéspeda (porque no posaba en aquella posada) no sabe vuesa merced lo
-que tiene en su casa; sepa que es el mas hábil mozo que hay en toda la
-Andalucía: á mí dióme más vanidad, y yo á él más comida, y dijo: Como
-en esta ciudad se crian siempre tan buenos ingenios, tienen noticia
-de todos los que hay buenos en toda esta comarca. ¿Vuesa merced no
-bebe vino? No señor, respondí yo. Hace mal, dijo él, porque es ya un
-hombrecito, y para caminos y ventas, donde suele haber malas aguas,
-importa beber vino, fuera de ir vuesa merced á Salamanca, tierra
-frigidísima, donde un jarro de agua suele corromper á un hombre: el
-vino templado con agua da esfuerzo al corazon, color al rostro, quita
-la melancolía, alivia en el camino, da corage al más cobarde, templa al
-hígado, y hace olvidar todos los pesares: tanto me dijo del vino, que
-me hizo traer de lo fino media azumbre, que él bebiese, que yo no me
-atreví. Bebió el buen hombre, y tornó á mis alabanzas, y yo á oirlas
-de muy buena voluntad, y al sabor de ellas á traer más comida, tornó
-á beber y á convidar á otros tan desengañados como él diciendo que
-yo era un Alejandro, y mirando hácia mí, dijo: No me harto de ver á
-vuesa merced, que vuesa merced es N. Aquí está un hidalgo, tan amigo
-de hombres de ingenio, que dará por ver en su casa á vuesa merced
-doscientos ducados.
-
-Ya yo no cabia en mí de hinchado con tantas alabanzas, y acabando de
-comer, le pregunté quién era aquel caballero. Él dijo: Vamos á su casa,
-que quiero poner á vuesa merced con él. Fuimos, y siguiéndole aquellos
-amigos suyos, y del vino, y yendo por el barrio de San Pedro, topamos
-en una casa grande un hombre ciego, que parecia hombre principal, y
-riéndose el bellacon, me dijo: Este es el hidalgo que dará doscientos
-ducados por ver á vuesa merced. Yo corrido de la burla le dije: Y aun
-por veros á vos en la horca los diera yo de muy buena gana. Ellos se
-fueron y yo quedé muy colérico y medio afrentado con la burla, aunque
-dijo verdad, que el ciego bien diera por verme cuanto tenia. Esta fué
-la primera baza de mis desengaños, y el principio de conocer que no se
-ha de fiar nadie de palabras lisonjeras, que traen el castigo al pié de
-la obra. ¡De qué podia yo envanecerme, pues no tenia virtud adquirida
-en que fundar mi vanidad! La poca edad está llena de mil desconciertos
-y desalumbramientos; los que poco saben fácilmente se dejan llevar de
-la adulacion. Yo me dejé engañar con aquello que deseaba hubiera en
-mí, pero no es de espantar que un hombre sencillo y sin experiencia
-sea engañado de un cauteloso; mas será digno de castigo si se deja
-engañar segunda vez. No tenia de qué correrme por lo hecho, sino de
-qué aprender para adelante á desapasionarme de las cosas del mundo;
-pero al fin me lastimó la burla de manera, que no siendo amigo de
-venganzas, quise probar la mano, á ver si sabria dar una traza para
-que me la pagase aquel burlador. Habia otros estudiantes esperando al
-mismo arriero, híceme camarada con ellos, y comenzamos á pasear juntos.
-Yo me quité el vestido de camino y me vestí una sotanilla y ferreruelo
-negro de muy gentil ventidoseno de Segovia, y trújelo de manera, que
-los estudiantes lo conociesen bien, y luego me torné á poner de camino.
-El bellaco del burlador vino á la tarde, riéndose mucho, y yo más,
-porque no entendiese que me habia corrido; díjele: que queria por mi
-amigo á hombre de tan buen gusto, y entre los dos y sus amigos reimos
-el disimulo con que habia comido y hablado. Él tenia conocimiento,
-no muy sencillo, en una casa donde se daba de comer razonablemente,
-y á precio convenible, y así me dijo, que queria que comiese yo allí
-siempre, porque nos harian cortesía; yo le dije: Sí haré, con tal
-que vuesa merced coma conmigo, pero estoy esperando un mercader que
-acude á las ferias de Ronda, para quien traigo una libranza de cien
-ducados, y hasta que él venga, no lo puedo pasar muy bien. No le dé
-á vuesa merced pena, dijo él, pensando que tenia lance, que yo haré
-que le fien cuanto quisiere. Eso no, dije yo, que tiemblo de tratar
-de fiar, ni ser fiado, que por ahí se perdió mi padre. Yo le daré
-á vuesa merced una muy gentil prenda sobre que nos fien, hasta que
-venga este mercader. Sea en hora buena, dijo el buen hombre. Fuíme á
-mi casa, y doblando muy bien aquel ferreruelo de ventidoseno, llaméle
-á solas, de que él se holgó mucho, y díselo para que le llevase por
-prenda; yendo yo con él, vísele dar, y comenzamos á comer sobre él,
-el bellacon y los dos estudiantes, y yo estuve siempre alerta, que no
-pudiese entrar sin mí á la casa donde comíamos, porque no me hiciese
-alguna treta, como lo tenia pensado, que de la mia no tenia sospecha.
-Vino el arriero de Salamanca, y tratamos de irnos. El redomazo, como
-no pudo hacer treta con el cuidado que yo tenia, á lo menos pidióle
-á la buena mujer una docena de reales sobre el ferreruelo, porque
-dijo que queria ir fuera: no pudo decírselo sin que yo lo entendiese;
-díjele: Pues se va fuera vuesa merced, dígale á esa señora que si yo
-viniere por el ferreruelo con el dinero, me lo dé. Y así lo hizo, que
-su intencion era desaparecerse hasta que se hubiese ido el arriero, y
-quedarse con la prenda. Desaparecióse, y yo fuí á un juez, y le dije
-con gran sentimiento y palabras que pudieran moverle, que como habia
-sido estudiante, era fácil el persuadirle, quejándome: Señor, yo soy
-estudiante, y estoy de camino para Salamanca; habiendo quince dias
-que estoy aquí esperando al arriero, hanme hurtado un ferreruelo que
-me llegó á veinte ducados, tengo noticia que está en cierta casa,
-suplico á vuesa merced porque no me desavie de ir con el arriero,
-pues sabe vuesa merced, como tan gran estudiante y letrado, en qué
-caen estas cosas, me mande con justicia restituir el ferreruelo, que
-el que lo hurtó guardó al punto crudo, porque me faltase tiempo para
-cobrarlo, y gozar más de su bellaquería. No le valdrá, dijo el juez,
-que á semejantes trazas sé yo acudir con justicia y diligencia. ¡Qué
-grande maldad que á un pobre estudiante, que quizá no llevaba otra cosa
-con que honrarse en Salamanca, le querian desaviar quedándose con su
-hacienda hurtada! Dió luego á un alguacil y escribano comision para que
-hiciese la diligencia. Yo repartí entre los dos ocho reales, con que se
-les encendió el deseo de cumplir con lo mandado por el juez. Fuí con
-los dos estudiantes á la buena mujer, Dios me lo perdone, y dejando á
-la puerta el escribano y alguacil, díjele que me sacase el ferreruelo.
-Sacólo, viéronlo los estudiantes, y conocieron ser el mio. Entraron el
-alguacil y escribano, y tomados los testigos, la mujer dijo: que no
-queria dar el ferreruelo, sino á quien se lo habia empeñado, que era
-un conocido suyo, hombre muy honrado. El escribano se hizo depositario
-de él, y en llegando al juez con la informacion, mandó entregarme mi
-ferreruelo, dando mandamiento de prision contra el bellaconazo, que si
-antes no parecia por lo que queria hacer, despues no pareció por lo
-que queria hacer con él. Fuímonos con el arriero, y habiendo comido á
-costa suya, lo dejamos en este trance, con que reimos todo el camino.
-No alabo yo el haber hecho esta pesada burla, que al fin fué venganza,
-cosa indigna de un valeroso pecho, y que realmente en esta edad no la
-hiciera; pero quien hace mal á quien no se lo merece, ¿qué espera sino
-venganza y castigo? Estos hombres vagamundos y ociosos, que se quieren
-sustentar y alimentar de sangre agena, merecen que toda la república
-sea su fiscal y verdugo.
-
-El ocioso siempre piensa en hacer mal, ó en defenderse del que ha
-hecho, y en no pensando en esto, está triste y melancólico. La
-melancolía facilísimamente acomete á los holgazanes. ¡Qué contento
-queda uno de estos cuando ha puesto en ejecucion una maldad, y qué
-presto vuelve á estar en su mala intencion! La misma vida que trae el
-ocioso, lo trae arrastrando: por más infelice tengo á un hombre ocioso,
-que á un enfermo; porque éste tiene esperanza de salud, y la procura
-con todos los medios posibles; mas los ociosos y vagamundos nunca
-desean salir de su mal estado: como el que está en galeras muchos años
-no se halla fuera de aquella miseria, así el ocioso, en ocupándolo,
-no se halla fuera de su ruin vida. ¡Qué disgustos pasa cuando juega
-y pierde! ¡Qué desesperacion siente cuando ve á los virtuosos bien
-puestos! ¡Qué carcoma infernal le acomete cuando se ve incapaz de
-merecer lo que el otro alcanza! Dios nos libre de tan abominable
-vicio, orígen y principio de pobreza, poca estimacion, olvido de la
-honra y ofensa de la Magestad de Dios.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO X.
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-Fuimos caminando con el arriero la mitad del camino al pié de la
-letra, y la otra como tercios de pescado cuando al arriero se le
-antojaba; que era mozo resuelto, de condicion desapacible, enseñado á
-perder el respeto á los estudiantes novatos, y así nos quiso hacer una
-burla en un pueblo pequeño, y en parte la hizo; lo uno por llevar sus
-mulos descansados, y lo otro porque pensó quedándose solo derribar la
-fortaleza de una mujercita de buena gracia que iba en nuestra compañía,
-destituyéndola del arrimo y apoyo que llevaba con cierto oficial que
-se habia de casar con ella. Fingió que le habian hurtado un zurron
-de dineros, y que la justicia venia á prendernos á todos para darnos
-tormento hasta averiguar quién lo tenia: y junto con esto juró que nos
-habia de dejar en la cárcel, y caminar con los mulos lo que pudiese,
-que para muchachos sin esperiencia, cualquiera temor de estos bastaba:
-creímoslo como si fuera verdad averiguada, y encareciólo de manera
-que nos hizo andar toda aquella noche, tras lo que habíamos caminado
-el dia antes, cinco ó seis leguas, y no caminando, sino huyendo por
-dehesas y montañas fuera de camino, sin guia que nos pudiese alumbrar
-por donde íbamos; y él se quedó riendo, importunando con requiebros y
-mal lenguaje á la pobre mujer sola y sin defensa; pero no le sucedió
-como pensaba, porque el ruido que él habia hecho habia sido por medio
-de un alguacilejo amigo suyo: y la mujer como valerosa, despues de
-haberse defendido de la violencia, que con ella quiso usar, tuvo modo
-como escabullirse de él, y yéndose al Alcalde, le dijo con grandísima
-accion de palabra y sentimiento, que aquel arriero habia hecho una
-estratagema y maraña muy perniciosa, por aprovecharse de ella y
-quitarle el remedio que consigo traia: Creyólo el buen hombre, así por
-conocer la desvergüenza y mal trato del arriero, como por atajar el
-daño, que á la pobre mujer le podia suceder; y afeándole este caso y
-la inhumanidad que habia usado con los estudiantes, le mandó que diese
-fianzas, que llevaria muy regalada á la mujer, sin hacerle agravio ni
-ofensa, y que no le castigaba muy gravemente por no desaviar la jornada
-á los estudiantes: y amonestóle, que mirase cómo procedia, porque le
-castigaria con todo rigor, sin tener respeto á cosa alguna, si por
-el camino iba haciendo insolencias, y mandóle con esto que se aviase
-muy de mañana para recoger á los cansados y hambrientos estudiantes:
-¡oh arrieros, impía gente y sin caridad! ¡crueles contra su misma
-naturaleza! No conocen á nadie más de en cuanto le están quitando el
-dinero. Y así los castiga Dios, porque tienen muchas posadas y pocos
-amigos. Todos los géneros de gente aman la piedad, si no son estos.
-El dia que no hacen alguna burla á los caminantes, no están en sí.
-Tratan con bestias, y así se van convirtiendo en su naturaleza. No
-se ha visto que llevando bestias vacías aliviasen del trabajo y
-cansancio del camino á algun miserable; parece que les falta el uso de
-la razon natural como á este, que no pudiera uno de ley contraria usar
-con nosotros más exorbitante bellaquería que hacernos huir de noche,
-cansados de haber caminado el dia antes, sin más ocasion que cometer
-dos enormes maldades. Íbamos huyendo, y por no ser sentidos, y en
-tropa, dividímonos cada cual por donde mejor le pareció. Yo seguí una
-media vereda, que estaba bien cubierta de árboles; hice cuanto pude de
-mi parte por no quedarme más atrás de los otros, pero mi cansancio era
-de modo que en poco espacio á ninguno de todos sentia. Puse el oido en
-la tierra, que de este modo se oyen mejor los pasos aunque estén algo
-lejos: no sentí cosa que me hiciese compañía. Traspúseme un poco, y
-luego díme priesa á andar, volviéndome hácia atrás, pensando que iba
-adelante, y así cuanto más andaba y me apresuraba, menos esperanza
-tenia de alcanzar los compañeros: hácia las espaldas me parecia que
-oía perros ladrar algo lejos, que como los compañeros iban apriesa
-alteraban estos animalejos. Como no estaba ejercitado en caminos, y el
-dia antes se habia trabajado en eso, el sueño, como descanso general de
-todos los miembros, solicitaba sus horas diputadas, y no pudiendo ya
-más conmigo, rendíme al cansancio y al sueño. Topéme con un alcornoque,
-bien ancho de tronco, y por una parte descorchado, de suerte que
-formaba un arrimo á modo de alacena, donde pude arrimar y reclinar las
-molidas espaldas. Dejéme dormir; pero como no se duerme bien sentado,
-caíme de lado como una cosa muerta. Desperté á cabo de un rato, porque
-parecia que me andaban hormigas por el rostro, limpiélas con la mano y
-volvíme del otro lado: torné á recordar, porque sentí lo mismo; pero
-como el cansancio era tanto, y el sueño tan profundo, aunque algo
-temeroso de la soledad en que me veia, dejéme caer tercera vez en el
-mismo lugar. No mucho despues, aunque el sueño no mide el tiempo,
-desperté á una tristísima y cansada voz de un ¡ay! que al parecer salia
-de las entrañas de la tierra, que hizo en las mias tal armonía, que por
-poco me faltara el aliento y la vida; mas teniendo la respiracion, así
-por el temor como por tornar á escuchar con atencion la dolorosa voz,
-sentí otra más cerca de mí, que como habia unas matas un poco altas, no
-veia el instrumento de donde salia.
-
-Ya yo estaba casi para espirar, ó para hacer alguna flaqueza indigna
-de hombre de pecho, cuando muy cerca de mí, tanto que veia el bulto,
-sonó tercera vez la voz diciendo: ¡Ay de mí, más infelice y sola que
-cuantas padecen cautiverio, servidumbre en las mazmorras de crueles
-é inclementes moros! ¡ay de mí, la más desventurada que las que han
-visto despedazar sus hijos en su presencia! ¡ay, más sin remedio y
-consuelo que las ya condenadas por sentencia de rigoroso juez! ¡Oh
-sitio maldito, árbol descomulgado, testigo de dos muertes, por quien
-yo diera mil vidas, si las tuviera! ¿Qué exequias hará quien desea
-morir sin ellas, siendo homicida de sí propia? ¿Con qué llanto podré
-entregarme á la rabiosa muerte que tanto huye de mí? ¿Cuántos dias y
-noches vengo á ver si puedo acompañar estos despedazados miembros?
-Yo me levanté, y estando ella junto á mí, sin hacer movimiento, y yo
-temblando, me dijo: ¿Eres acaso sombra que vienes enviada de la region
-de los muertos á llevarme á la compañía de mi esposo y de mi amigo?
-Si eres de allá, ya sabes que en este mismo lugar adonde estás, mi
-amante dió la muerte á mi esposo sin consentimiento mio, por gozarme á
-solas y con libertad, y que en ese mismo árbol el amante, que me habia
-quedado para consuelo, pagó la culpa de su delito. Veslo ahí sobre tí
-colgado, siendo mantenimiento de aves y animales. Yo, escandalizado,
-alcé el rostro, y ví, porque ya comenzaba á amanecer, á aquel cuyos
-gusanos andaban por mi rostro, cuando yo pensaba que eran hormigas:
-y confieso que con el horrendo espectáculo de la desesperada mujer,
-y con el hediente espantajo del árbol, si no hubiera luz, me cayera
-muerto, cortado y sin fuerzas; mas para no hacerlo, me ayudó el oir
-los cencerros y campanillas de la recua del arriero, que ya salia del
-pueblo, porque como arriba dije, pensando que iba delante, me iba
-hácia atrás, y á él le hicieron salir más de mañana que solia, porque
-fuese á recoger los engañados estudiantes. Y prosiguiendo la miserable
-mujer, dijo: Y si eres cosa de este mundo, huye de este execrable
-lugar, y déjame proseguir mis acostumbradas exequias, desesperado
-mantenimiento con que me desayuno todas las mañanas: y bien pudo dudar
-la irremediable mujer si yo era fantasma ó vision horrible de los
-olvidados sepulcros; porque el temor me habia chupado los carrillos,
-alargando el rostro y teñido el color de rojo en pajizo: la falta
-del sueño me tenia hundidos los ojos á lo último del colodrillo: el
-hambre prolongado el pescuezo vara y media, y el cansancio desjarretado
-piernas y brazos; el ferreruelo tenia hecho turbante sobre la cabeza:
-miren qué figura para no juzgarme por del otro mundo, y no digo lo
-demás por mi honra. No pude responder palabra, ni ofrecerle ningun
-favor, porque para mí le habia menester. No acertaba á apartarme de
-aquella más que horrible mujer, de ojos encarnizados y hundidos, nariz
-prolongada, rostro arrugado y hambriento, dientes amarillos, labios
-negros, barba aguzada, el cuello que parecia lengua de vaca: torcíase
-las manos que parecian dos manojos de culebras, y todo lo demás á esta
-traza. El temor me tenia trabado el entendimiento, y el entendimiento
-las demás acciones que podian aprovecharme para partirme de ella;
-pero alentándome lo mejor que pude, y pude muy mal, fuí moviendo los
-piés como toro desjarretado, maldiciendo la soledad, y á quien quiere
-andar sin compañía; considerando qué bien puede traer, si no es estas
-cosas y otras peores; ¿qué temores no trae? ¿qué imaginaciones no
-engendra? ¿qué males no causa? ¿qué desesperaciones no ofrece? Los que
-tienen aborrecida la vida, buscan la soledad para acabarla de presto.
-Quien huye la compañía, no quiere ser aconsejado en su mal. ¿Hay más
-apacible cosa que la compañía? ¿ni más odiosa que la soledad? ¿cuántas
-desdichas, cuántos robos, cuántas muertes suceden cada dia por ir sin
-compañía? ¿cuántas venganzas se ponen en ejecucion, que no se pondrian
-sino por la soledad? Al solo nadie le va la mano en el mal, ni le ayuda
-en el bien. ¡Ay del solo que si cae, no hay quien le ayude á levantar!
-Ándese quien quiera solo, que la soledad sólo es buena para Santos ó
-para poetas, que los unos tratan con Dios, que los acompaña, y los
-otros con su imaginacion, que los desvanece.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO XI.
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-Con estas solitarias consideraciones llegué al camino, donde viéndome
-el arriero, con más blandas palabras que solia, paró la recua, y con
-cortesía y afabilidad me dijo que subiese, doliéndose mucho de la mala
-noche que habíamos padecido. Y aun si bien lo supiérades, dije yo,
-y preguntando á la mujer que venia con él, qué novedad era aquella,
-respondió lo referido. Los demás, con el marido de la buena mujer,
-hallámonos ya hartos de dormir y comer: yo, aunque me preguntaron
-cómo me habia quedado atrás, no respondí más de que habia errado el
-camino. Del cuento sucedido no les dije palabra; lo uno por pensar
-que pudiera haber sido ilusion del enemigo del género humano, lo otro
-porque las cosas tan estraordinarias hacen diferentes efectos en los
-que las oyen, y el más cierto es reirse y dar matraca á quien las
-cuenta. Las cosas en que puede ponerse duda no se han de decir sino
-á los muy particulares amigos, ó los discretos, que las reciben como
-ellas son. No todos tienen capacidad para oir cosas graves. Verdades
-que pueden escandalizar y alborotar los pechos, cuando no es necesario,
-no se han de decir. Yo reventaba por hablar; pero consideraba que me
-ponia á peligro de no ser creido. Más vale callar que dar ocasion de
-incredulidad ó murmuracion. La admiracion da ocasion al silencio, y de
-esta vez quise ver si podia enseñarme á callar. Fuimos nuestro camino
-sin suceder cosa notable, yo callando, y los demás preguntándome la
-causa: yo respondia no más de que era condicion natural mia: pero en
-todo el camino no se apartó de mi imaginacion la mujer, el árbol, la
-fruta, y la cama llena de gusanos, hasta que llegamos á Salamanca,
-donde la grandeza de aquella Universidad hizo que me olvidase de todo
-lo pasado. Alegróse mi alma de ver que los ojos gozasen lo que tenian
-los oidos y los deseos llenos de la soberbia fama de aquellas academias
-que han puesto silencio á cuantas ha habido en el mundo. Ví aquellas
-cuatro columnas sobre quien estriba el gobierno universal de toda la
-Europa, las bases que defienden la verdad católica. Ví al Padre Mancio,
-cuyo nombre estaba y está esparcido en todo lo descubierto, y otros
-excelentísimos sugetos, con cuya doctrina se conservan las facultades
-en su fuerza y vigor. Ví al Abad Salinas, el ciego, el más docto varon
-en música especulativa que ha conocido la antigüedad, no solamente en
-el género diatónico y cromático, sino tambien en el armónico, de quien
-tan poca noticia se tiene hoy, á quien despues sucedió en el mismo
-lugar Bernardo Clavijo, doctísimo en entender y obrar, hoy organista de
-Felipe Tercero. En comenzando á beber del agua de Tórmes, frigidísima,
-y á comer de aquel regalado pan, me cuajé de sarna, como les sucede
-á todos los buenos comedores, de manera que estudiando una noche la
-leccion de súmulas me comencé á rascar los muslos al sabor de unos
-carboncillos que tenia encendidos en un tiesto de cántaro, y cuando
-volví en mí los hallé tan desollados, que con el agua que destilaban me
-quedé hecho un alquitara, y por quince dias me negaron la obediencia
-y respeto; daño en que ordinariamente caen los principiantes en
-Salamanca, porque como el pan es blanco, candeal y bien sazonado, y el
-agua delgada y fria, sin consideracion comen y beben, hasta cargarse
-unos de la perruna, y otros de la gruesa, y así es menester que los
-que comienzan nuevos en Salamanca, lo uno por la frialdad y sutileza
-del agua, y lo otro porque los estudiantes van hechos al regalo de
-sus casas, y de sus padres y tierras, y con la poca edad se recibe
-más fácilmente el daño; fuera de que entrando con éste cuidado, la
-templanza es la que conserva la salud y aviva el ingenio.
-
-Los repletos de comida y bebida están incapaces de acudir á cosas de
-entendimiento y prudencia, y realmente la templanza da mas gusto á
-los mantenimientos del que estos en sí tienen, y con ella se templa
-la lujuria en los mozos; pero yo me hube tan destempladamente con el
-pan y agua de Salamanca, que por la Natividad de nuestro Redentor me
-dieron unas grandísimas calenturas; llamé al doctor Medina, Catedrático
-de Prima, doctísimo de aquella Universidad, y lo primero que hizo fué
-mandar que me quitasen el agua. Yo le dije que mirase que era colérico,
-y muy encendido de sangre, y él me respondió, como si dijera una
-gran hazaña suya: Ya saben que el doctor Medina quita el agua á los
-enfermos. Creció la calentura, y no el remedio: comenzó á darme unos
-cordiales, que no aprovecharon cosa, porque la salud de los coléricos
-con calenturas solo consiste en darles agua fria á sus tiempos, y
-sangrías moderadas, y consistiendo la salud mia en no negarme el
-agua, no me la dejaron en todo el aposento. Diéronme unos baños con
-veinte suciedades, y dejáronse allí una artesilla en que me los habian
-dado: yo me ví tan impaciente, y tan acosado de la sed, que me levanté
-como pude á buscar agua, y como no la hallé, pegué con la artesilla
-del agua, que estaba fria como un hielo, y á dos golpes que bebí, la
-dejé en el asiento, y la panza como vela latina con el viento en popa;
-pero duró poco, porque dentro de un ochavo de hora comenzó el estómago
-á basquear, y arrojó tanta cantidad de bocanadas, que de vacía la
-barriga, la doblaba como alforja un lado sobre otro. Vino á la mañana
-el Doctor, y vió la artesilla más llena que la dejó, porque en ella
-misma descargó el nublado. Preguntóme cómo me hallaba, respondile que
-muerto de hambre. Miró el pulso, y hallóle sin calentura: admiróse de
-ver la mudanza, y dijo: ¡Oh milagroso baño! No se ha inventado tal
-medicina en el mundo: no le he dado á hombre que no le haga notable
-provecho. Habránle tomado, dije, como yo. Este baño, dijo el Doctor,
-alienta y refresca, confortando las partes interiores. ¿Y cómo se le
-da vuesa merced, dije yo, á los demás? Tibio, respondió él, y bañando
-todo el cuerpo por de fuera. Pues désele, dije yo, frio, y bebido, que
-así lo tomé yo, y les aprovechará mucho más, y contéle el caso; dijo:
-_rectum ab errore_, repitiéndolo cuatro ó cinco veces, y haciéndose
-cruces se fué, y me dejó sano. Hay médicos tan crueles, que á un pobre
-enfermo colérico fogoso le dejan que se le abrase el hígado, y se le
-sequen los huesos; pareciéndoles que negándole el agua acabarán más
-presto con la enfermedad y el enfermo. Aquel refran que dicen: al que
-es de vida, el agua le es medicina, se ha de entender de esta manera,
-que aquel _debida_ es participio: de manera, que al que es _debida_
-el agua, y al que se le debe el agua, á este le es medicina, que no
-al otro. Y siendo así, ¿á quién se le debe más que á un colérico con
-calenturas? Y esa otra significacion ordinaria la tengo por burla y
-modo de hablar de gracia. En Ronda conocí un tejero, que habia cuarenta
-y cuatro años que no probaba gota de agua, que decia por donaire que
-él no habia de beber licor donde se ensuciaban las ranas. Vino una
-vez con tanta sed y cansancio, que para quitarla bebió un jarro de
-agua fria, que dentro de veinte y cuatro horas le puso como el barro
-con quien trataba. Á este no se le debia el agua. Lo uno por no estar
-acostumbrado á ella, lo otro porque su estómago no era de hombre
-colérico, y al que es _debida_ el agua le es medicina.
-
-[Ilustración]
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-
-[Ilustración]
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-DESCANSO XII.
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-Si los trabajos y necesidades que los estudiantes pasan no los
-llevase la buena edad en que los coge, no habia vida para sufrir
-tantas miserias y descomodidades como se pasan ordinariamente; pero
-con ser en la puericia y adolescencia, edad tan quitada de cuidados
-y sentimientos, se hace gusto del acíbar, risa y pasatiempo de la
-necesidad, con que se va pasando aquel espacio en que se sazona é
-hinche de doctrina el entendimiento, que con la esperanza del premio
-todo se hace sufrible. Ninguno hay que no se prometa grandes cosas
-en los primeros años, que en comenzando á gustar ó disgustarse de la
-mala correspondencia, por la tardanza de los arrieros, ó del olvido
-de los padres y parientes, por la mayor parte se encogen y desaniman,
-especialmente aquellos que por ser pobres no tienen quien les acuda
-con lo necesario, ó parte de ello; que cierto desjarreta mucho la
-necesidad al que con buenos pensamientos comienza los estudios. La
-falta de mantenimientos, el carecer de libros, la desnudez, la poca
-estimacion que consigo traen estas cosas, tiene muchos y grandes
-ingenios acobardados, arrinconados, y aun distraidos por la privacion
-de sus esperanzas mal logradas. Yo confieso de mí, que la inquietud
-natural mia, junta con la poca ayuda que tuve, me quebraron las
-fuerzas de la voluntad, para trabajar tanto como fuera razon. Y como
-en esta edad los alientos de la mocedad están tan dispuestos para el
-mantenimiento, nunca se ve un hombre harto. Acuérdome, que despues de
-haber comido la racion del pupilage de Galvez, me comí seis pasteles de
-á ocho en una pastelería escelentísima, que habia en el desafiadero.
-Miren qué alientos estos para las necesidades de Salamanca. Estábamos
-despues de esto tres compañeros en el barrio de San Vicente tan
-abundantes de necesidad, que el menos desamparado de las armas reales
-era yo, por ciertas lecciones de cantar que yo daba; y aun las daba,
-porque se pagaban tan mal, que antes eran dadas que pagadas; y aun
-dadas al diablo. Consolábamonos con la igualdad de la provision, y
-aunque parezcan niñerías, indignas de este lugar y aun de acordarse
-y tratarse, tengo de decir alguna para que no se desanimen los que
-se vieren con ingenio y pobreza, y con deseo de saber; que haciendo
-gusto de la necesidad, puede llevarse la penuria que de ordinario se
-pasa en los estudios: ver pasar á otros mayores trabajos, disminuye
-la fuerza de los nuestros. Miserias y necesidades agenas (aunque sean
-contadas para ejemplo) en parte consuela á los afligidos. ¿Qué trabajos
-puede tener un estudiante, que no los haya mucho mayores? El trabajo
-y necesidad que toca á muchos, y muchos le llevan, se hace sufrible,
-aligera y alivia las cargas de todos. Cuanto más, que el que con buen
-ánimo acomete al trabajo, la mitad tiene hecho, y al fin los valerosos
-ánimos atropellan las forzosas necesidades. Dígolo, porque las que
-pasaron mis compañeros y yo fueron de manera, que pudieran consolar á
-los estudiantes más llenos de miserias del mundo, y entre otras contaré
-una que puede servir de risa y de consuelo. Hallámonos una noche, entre
-otras muchas, tan rematados de dineros y paciencia, que nos salimos
-de casa medio desesperados sin cenar, sin luz para alumbrarnos, sin
-lumbre para calentarnos, haciendo un frio que en echando el agua en la
-calle, se tornaba cristal. Yo fuí en casa de cierto discípulo, y dióme
-un par de huevos y un panecillo: vine muy contento á casa, y hallé á
-mis compañeros temblando de frio y muertos de hambre (como dicen los
-muchachos), que no osaban desenvolver un poco de rescoldo que se habia
-guardado para su menester. Dije lo que traia, salieron á buscar algunas
-serojas para avivar el rescoldo; vinieron presto muy contentos, por
-haberse hallado un leño bien largo: pusiéronlo al poco rescoldo que
-habia quedado, y soplamos cuanto pudimos todos tres, y el leño no se
-queria encender: tornamos á soplar una y otra vez; pero quedándose el
-leño sin encender, se hinchó el aposento de un humo muy hediondo.
-
-Eché un papel en el rescoldo para que diera luz en el aposento, y en
-encendiéndose, descubrió, que el leño era un muy descarnado zancarron
-de un mulo, que por poco nos hiciera rebentar de asco; y si antes no
-cenamos por no tener qué, despues no cenamos por eso, y por la náusea
-de nuestros estómagos, que hubo alguno que purgó por dos partes lo que
-no habia comido, ni cenado, hasta echar sangre por la boca, y el que lo
-trujo quiso cortarse la mano. Bien confieso que no son estas cosas para
-contarse; pero como sean para consuelo de afligidos, y mi principal
-intento sea enseñar á tener paciencia, á sufrir trabajos, y á padecer
-desventuras, puede llevarse con lo demás que no cuento. Todo lo que
-se escribe, para doctrina nuestra se escribe, y aunque sea de cosas
-humildes, se ha de recibir para el efecto que se dice. Y habemos de
-pensar, que ni en los ejemplos de cosas grandes hay siempre provecho,
-ni que en las pequeñas falta doctrina. Tan bien se reciben las fábulas
-de Hisopo, como las estratagemas de Cornelio Tácito. Más gusto se halla
-en un higo que en una calabaza: así conté una niñería como esta; porque
-para decir necesidades de estudiante, que son de hambre, desnudez y
-mal pasar, tambien las historias ejemplos han de ser de pobreza, para
-consolar á quien la padece. No paró aquí la mala ventura de aquella
-noche, porque estando á la puerta de la calle, por no poder sufrir el
-pestilencial olor del leño mular, pasó rondando el Corregidor (que
-al presente era D. Enrique de Bolaños, muy gran caballero, cortés, y
-de muy buen gusto), y nos dijo: ¿Qué gente? Yo me quité el sombrero,
-y descubrí el rostro, y haciendo una gran reverencia, respondí:
-Estudiantes somos, que nuestra misma casa nos ha echado en la calle.
-Mis compañeros se estuvieron con sus sombreros y cebaderas, sin hacer
-cortesía á la justicia. Indignóse el Corregidor, y dijo: Llevad
-presos á esos desvergonzados. Ellos, como ignorantes, dijeron: Si nos
-llevaren presos, nos soltarán un pié á la francesa; y asiéronlos, y
-lleváronlos por la calle de Santa Ana abajo: yo con la mayor humildad
-que pude, le dije: Suplico á vuesa merced se sirva de no llevar á la
-cárcel á estos miserables, que si vuesa merced supiese cómo están, no
-los culparia. Tengo de ver, dijo el Corregidor, si puedo enseñar buena
-crianza á algunos estudiantes. Á estos, dije yo, con dalles de cenar, y
-quitalles el frio, los hará vuesa merced más corteses que á un indio
-mejicano; y junto con esto (viendo que me escuchaba de buena gana)
-le conté lo pasado de los huevos y de la humarada que procedió del
-sacrificio acemilar. Rióse del cuento (que tenia mucha apacibilidad),
-y á costa de ciertas espadas que habia quitado á ciertos escolares
-vagamundos, les hinchó el vientre de pasteles y marrana, y de lo de la
-tabernilla, y á mí me hizo mucha merced de allí adelante. Díjeles á mis
-compañeros amigos: Muy mal anduvísteis con el Corregidor. ¿Por qué?
-preguntaron ellos, ¿es nuestro juez? Respondí yo: Porque á las personas
-constituidas en dignidad, sean ó no sean superiores nuestros, tenemos
-obligacion de tratarlos con reverencia y cortesía: y no solo á estos,
-sino á todos los más poderosos, ó por oficios, ó por nobleza, ó por
-hacienda, porque siéndoles bien criados y humildes, en cierta forma los
-igualamos con nosotros, y haciendo al contrario, nos damos por enemigos
-de los que nos pueden agraviar muy á su salvo. Dios crió el mundo
-con estos grados de superioridad, que en el cielo hay unos Ángeles
-superiores á otros, y en el mundo se van imitando estos mismos grados
-de personas, para que los inferiores obedezcamos á los superiores. Y
-ya que no seamos capaces de conocernos á nosotros propios, seámoslo de
-conocer á quien puede, vale y tiene más que nosotros. Esta humildad
-y cortesía es forzosa para conservar la quietud y asegurar la vida.
-Es muy gran yerro querer ajustar nuestras fuerzas con las de los
-poderosos, usar del rigor de nuestra condicion con quien es mas cierto
-el perder que el ganar. La humildad con los poderosos, es el fundamento
-de la paz, y la soberbia la destruccion de nuestro sosiego, que al fin
-pueden todo lo que quieren en la República. En esta vida pasé tres ó
-cuatro años, hasta que se me dió una plaza en el colegio de San Pelayo,
-estando entonces allí el Sr. D. Juan de Llanos de Valdés, que cuando
-esto se escribe es del Consejo Supremo de la Inquisicion, en compañía
-de sus hermanos, tan grandes estudiantes como caballeros, y el señor
-Vigil de Quiñones, que á fuerza de virtud y merecimientos es ahora
-Obispo de Valladolid; donde teníamos conclusiones todos los sábados,
-y pudiera yo aprovecharme, si la necesidad de mis padres, y el deseo
-que yo tenia de servirles, no me sacára con una carta suya para ir á
-heredar cierta hacienda, de que un pariente me queria hacer donacion, ó
-capellanía.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO XIII.
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-Salí de Salamanca sin dinero que bastára para dejar de ser peon, y
-como era fuerza el serlo, acordándome de la poca poblacion que habia
-en Sierra Moreda, por aquella parte de la Hinojosa, que habia quince
-leguas sin poblado, y por no dejar de ver á Madrid, y á Toledo, vine
-por esta máquina, pasé por Toledo y Ciudad Real, donde una monja muy
-virtuosa y principal, llamada Doña Ana Carrillo, me regaló y ayudó
-para el camino. Saliendo de Ciudad Real me encontré con un mozo de muy
-buen talle, que parecia extrangero: fuimos caminando hácia Almodóvar
-del Campo, y topamos con dos gentiles hombres en el camino, que
-llevaban entre los dos un muy gallardo macho, remudando á veces de
-cuando en cuando. Trabamos conversacion con ellos, y parece que se
-inclinaron á no dejarnos atrás. Colegí de su modo de proceder, que
-serian lengua de dos mercaderes, que iban á la feria de Ronda con muy
-gentil dinero, que á mí me dió gusto por ser aquel mi viaje. No me
-pareció bien, y con gran cuidado les miré á las manos, y las bocas.
-Entramos en una misma posada, y como yo llevaba tragada la malicia,
-y andaba sobre aviso, no hablaban palabra que fingiéndome dormido no
-se la entendiese. El uno de ellos no hacia sino entrar y salir en la
-posada, hasta que ya topó con la de los mercaderes. En amaneciendo
-cogió el uno de ellos una cabalgadura, y se partió delante, llevando
-para cierto efecto una graciosísima sortija (que no pudieron dar la
-traza, sin que yo la oyese). Fuése aquel delantero, como criado, y
-quedóse esotro como señor. Muy por la mañana aderezó su macho, y estubo
-con mucho cuidado aguardando á que pasasen los mercaderes: en pasando,
-hízose encontradizo con ellos, y preguntóles con grande comedimiento,
-adónde caminaban, y respondiéndole ellos, que á la feria de Ronda,
-hizo grandes desmostraciones de holgarse, diciendo: Mejor me ha
-sucedido que pensaba, en haberme encontrado con tan principal compañía;
-porque voy á la misma feria, á comprar un atajuelo de doscientas ó
-trescientas vacas, y por no haber andado este camino, á lo menos de las
-Ventas Nuevas adelante, iba con algun recelo de mil daños, que suelen
-suceder á los que llevan dinerillo, y habiendo encontrado con vuesas
-mercedes, iré muy consolado, así por la buena compañía, como porque
-vuesas mercedes me encaminarán allá, pues tienen más inteligencia
-que yo para lo que voy á comprar. Ellos le ofrecieron de ayudarle, y
-hacerle amistad en la feria, por ser muy conocidos en la ciudad. Estos
-dos bellacones, que iban en seguimiento de los mercaderes, á lo que
-despues entendí, eran de un género de fulleros, que entre ellos llaman
-donilleros: fueron riendo por el camino, porque el fullerazo era grande
-hablador, y les iba diciendo cuentos, con que los entretenia con mucha
-gracia y donaire. Yo por no perderlos hasta ver el fin, andaba lo más
-que podia asiéndome de cuando en cuando al estribo, ó al trancado del
-macho, que como dije que iba á la feria de Ronda, y era natural de
-ella, los mercaderes me animaban y esperaban á ratos. Llegando cerca
-de cierta venta, que la mitad del año está desamparada, puesta en una
-ladera á mano derecha como subimos, el fullero sacó de la faltriquera
-ciertos mostachones, que por la mucha especie, llaman la sed á tiro
-de arcabuz, y dió á cada mercader uno, y como era por el mes de Mayo
-cuando llegaron á emparejar con la venta, que estaba medio caida y sin
-gente, iban ya pereciendo de sed, dijo el fullero: Aquí dentro hay
-una fuentecita muy fresca, entremos á cumplir con los mostachones; y
-si vuesas mercedes quieren, aquí llevo una bota de muy gentil vino
-de Ciudad Real, con que podemos hacer satisfaccion al llamamiento.
-Apeáronse, y entró el fullero primero en la venta, llegó á la fuente,
-y siguiéndole los mercaderes, bajóse á beber, y dijo con grande
-admiracion: ¡Ay! ¿qué es esto que me hallo aquí? Y alzó la sortija que
-el ladron de su compañero habia dejado en la fuente. ¡Oh qué graciosa
-sortija! dijeron los mercaderes; sin duda que algun caballero se la
-quitó para lavarse las manos, y se la dejó olvidada: cada cual se
-holgára de habérsela hallado. Todos tres, dijo el bellaco del fullero,
-la hallamos, y de todos tres ha de ser. ¿Pues qué haremos de ella? dijo
-un mercader. Echarla á una quínola, dijo el fullero, en llegando á la
-venta, y á quien Dios se la diere, San Pedro se la bendiga. Bien dice
-vuesa merced, dijeron los mercaderes, y á fé que si la gana cualquiera
-de los dos, se ha de emplear muy bien; pero cierto la sortijuela era de
-mucha codicia, porque alrededor tenia doce diamantes, aunque pequeños,
-muy finos, y en lugar de piedra un rubí de hechura de corazon, que á
-cualquiera aficionára, labrado todo con mil donaires. Fueron todos
-muy codiciosos de ella, tratando por todo el camino los mercaderes
-del descuido del que la habia perdido, y el bellacon del cuidado del
-que la habia dejado, haciendo mil monerías con ella, para ponerles
-más codicia. Llegaron á Ventas Nuevas, y no parando en la primera,
-llegaron á la segunda, por hallarse más cerca del puerto. Apeáronse, y
-el bellacon sacó la bota de vino añejo de Ciudad Real, de más hojas que
-un Calepino, de que bebieron de muy buena gana. En comiendo un bocado
-de prisa, por codicia que cada uno tenia de la sortija, que les estaba
-haciendo del ojo, con el bocado en la boca, preguntaron al huésped,
-¿si tenia unos naipes para echar una rifa? Dijo que no, y el ladron
-del compañero, haciéndose bobo, dijo: Yo llevo aquí unas no sé cuántas
-barajas que me encomendaron en mi pueblo, y por las muchas que allá se
-levantan sobre ellas, no las llevo de muy buena gana. Si sus mercedes
-me las pagan, yo se las daré. Mostrad acá, dijo el fullero, que estos
-señores y yo os las pagaremos muy bien. Dióles una baraja hecha á su
-modo, y como el licor de Ciudad Real se arrima tanto al corazon, y
-humea para el cerebro, alegráronse, y con mucho gusto echaron la rifa
-á cuatro quínolas. El fullero les dejó llegar á cada uno á tres sin
-haber tomado ninguna para sí, y en dos pasantes que echó, una de su
-mano, y otra del que tenia al lado, hizo las cuatro, y arrebató la
-sortija, haciendo grandes algazaras con ella. Picáronse de esto, y
-dijeron: Juguemos dineros. El fullero, con cierta socarronería, negando
-al principio, dijo, que no queria poner en peligro su dinero ó las
-vacas que se habian de comprar de él: pero al fin, persuadido, jugó;
-teniendo más gana él que los otros, que con palabras que tenia hechas á
-propósito, los iba haciendo picar. Pedia que les diesen de beber de la
-olorosa bota que estaba metida en parte fresca, y en calentándose las
-orejas echaban doblas como granizo; de suerte, que se estuvieron toda
-la tarde jugando, una vez ganando el fullero, y otra dejando ganar á
-los mercaderes, por disimular la fullería, y quejándose á veces, decia:
-Vuesas mercedes me han de ganar aquí esta tarde cuatro ó cinco mil
-escudos, segun estoy de picado.
-
-Al tiempo que entramos en la venta el mocito y yo nos dijeron, que
-allí no se daba posada á gente que no traia cabalgaduras. Recibimos
-con humildad la notificacion, y parámonos á descansar un poco. Mi
-compañero afligido preguntó: ¿Pues qué habemos de hacer para esperar el
-fin y suceso de esta grande aventura? Yo le respondí: Dejadme, que yo
-conjuraré á la ventera, de manera que no nos eche de la venta. ¿Pues es
-endemoniada, dijo él, ó bruja? Á lo menos, dije yo, parécelo; pero no
-digo yo, sino con el conjuro general de las mujeres. ¿Cuál es? preguntó
-el otro. Ahora lo vereis, dije yo. Lleguéme á la ventera, que era una
-mujer coja y mal tallada: tenia las narices tan romas, que si se reia,
-quedaba sin ellas: los ojos parecian de capirote de disciplinante:
-echaba un tufo de ajos y vino por unos dientes entresacados y pardos,
-bastante á ahuyentar todas las víboras de Sierra-Morena; las manos
-parecian manojos de patatas; solo tenia que notar la limpieza, que
-parecia haber salido del naufragio de los Condes de Carrion: con todo
-esto me llegué á ella, y la dije: ¿Qué desdicha fué la que trujo á
-estas soledades á una mujer de tan buena gracia como vuesa merced?
-¡Qué despacio está, dijo ella, el señor estudiante! No es cierto, dije
-yo, sino que desde el punto que llegué aquí, puse los ojos en vuesa
-merced, para consolarme del cansancio del camino. No haga burla, dijo
-ella, de las mal vestidas. Yo no hago tal, sino que me parece vuesa
-merced muy hermosa. Hermosa, dijo ella, como gata lagañosa. Parecióme
-que ya iba creyendo, y díjele: Pues miren con qué gracia y donaire
-responde. Cierto que es igual el rostro con la habla, y todo es con
-mucho gusto. Y como Deo gracias, dijo ella: si conociera á una hermana
-mia que tengo, tabernera en las ventas de Alcolea, dijera eso de veras:
-que por solo oirla echar pullas, van á beber á su casa cuantos pasan.
-¿Y vuesa merced, dije yo, cómo no se acerca hácia Córdoba? Porque,
-señor, dijo ella, unas tienen ventura, y otras tienen ventrada. ¿Pues
-es posible, dije yo, que no ha habido quien saque á vuesa merced de
-tan mal oficio? Y respondió ella: Estáse la carne en el garabato por
-falta de gato. Pues á fé, dije yo, que si me hallara en disposicion
-que habia de hacerlo; porque me da lástima ver entre estos riscos y
-montañas á una mujer de tan buenas prendas. Pues calle vuesa merced,
-dijo ella, que mi marido y yo les habemos de quitar el dinero á estos
-que quedaron con él, y por la mañana haremos lo que nos pareciere; y
-si acaso mi marido volviere á decir á la noche que se salgan de la
-venta, váyanse por la puerta trasera del corral, que yo se la dejaré
-abierta. Fuése, y mi compañero me preguntó: ¿Qué es del conjuro? ¿Qué
-mayor conjuro quereis, dije yo, que haber llamado hermosa á una bestia,
-que parecia panza de vaca, con su zumaque y menudillos? Conjuro es
-este, dijo, que puede servir de malilla en todo el mundo. En tanto que
-pasamos esta conversacion se llegó la noche, y la desesperacion de los
-mercaderes; porque con las trampas que el fullero iba haciendo, y con
-los tragos de cuando en cuando de Ciudad Real, los fué chupando la
-plata y oro, y los zurrones en que tenian el dinero. Los mercaderes
-quedaron dados al diablo, y maldiciendo la venta, y á quien á ella los
-habia traido, se volvieron á dormir á la que habian dejado atrás, con
-intencion de volverse á Toledo. El huésped, que no era lerdo, entendió
-muy bien la bellaquería: yo estaba para reventar por lo que habia oido
-la noche antes, y por lo que habia visto entonces. Estuve determinado
-de revelarles la maldad; porque volviéndose los mercaderes, me faltaba
-el bien que me habian prometido hacer por el camino; pero consideré,
-que decir el secreto que estaba tan en duda, era desacreditar á los
-fulleros, y á mí ponerme en peligro; que no siendo una cosa sabida,
-tenemos obligacion de callarla con secreto natural. La seguridad
-consiste en el silencio, y en estas ocasiones y otras semejantes háse
-de advertir el peligro de ambas partes. Yo callé contra mi voluntad,
-y el ventero que era un bellaco redomado, disimuló y calló como yo y
-el otro. Los señores fulleros quedaron muy contentos; pero fueron tan
-miserables que no dieron barato á nadie, por donde se aumentó en el
-ventero el deseo de hurtarles la ganancia, y en mí de volvérsela á sus
-dueños. El ventero que realmente lo sintió, les dió á entender que
-recibió mucho gusto en ver los mercaderes despojados; y haciéndoles
-grandes zalamerías, les dió un aposento que tenia aderezado para los
-mercaderes, donde estaba un arcaz muy grande con tres llaves, que les
-dió para guardar su dinero y ropa. Era el arcaz de una madera muy
-maciza y de tablas gruesas, que hacia pared con la caballeriza, que
-me puso en cuidado, imaginando qué traza podria tener para hurtarles
-el dinero de un arcaz cerrado con tres llaves, y por ningun camino
-podia moverse de donde estaba. Habló con la mujer de secreto, mirando
-con cuidado si los veian hablar. En cenando muy solemnemente los
-fulleros, habiendo hecho el pancho de perdices y vino de Ciudad Real,
-se atrancaron en su aposento, y se cerraron de manera que no podia
-entrarles una bruja. En siendo una hora de la noche, ó poco menos, el
-ventero dijo: Los que tienen cabalgaduras salgan de la venta, que ya
-que no hay arrieros, queremos dormir sin cuidados. Salimos aquel mocito
-y yo, y dando vuelta por las espaldas de la venta, hallamos abierta
-la puerta del corral, y entramos en el pajar. Yo andaba pensando con
-cuidado cómo diablos, ó con qué modo ó traza podian hacer tiro á los
-fulleros. Veia que en el aposento no podian entrar, por estar muy bien
-encerrados, y el arcaz muy bien guardado. Traer salteadores para el
-efecto no era negocio seguro, sino muy peligroso; entrar y matarlos no
-podian, porque eran menos que ellos; pues querer minar el aposento con
-pólvora era para todos peligroso. Y no pude dar en el modo, hasta que
-entre once y doce, estando ellos durmiendo el mejor sueño, vinieron el
-ventero y la ventera muy paso entre paso, alumbrando ella con un cabo
-de vela: el marido comenzó á desviar con mucho silencio un gran monton
-de estiércol que estaba en la caballeriza arrimado al aposento de los
-fulleros.
-
-Á pocas vueltas se descubrió la tabla del arcaz, que servia de pared
-al aposento. Miré con gran cuidado, y ví que la tabla del arcaz
-estaba por la parte de arriba asida con tres ó cuatro goznes, y por
-la parte de abajo con dos tornillos, cada uno en su esquina. Quitó el
-ventero los tornillos, y en quitándolos, mandó á la mujer que llevase
-de allí la vela, porque no entrase la luz en el aposento: ella la
-llevó, y yo fuí muy poco á poco al ventero, al tiempo que tenia la
-tabla alzada y los zurrones en las manos, y con voz muy baja, ó por
-mejor decir, entre dientes, le dije: Dad acá esos zurrones, y tornad
-á poner los tornillos; él me los dió, pensando que era su mujer, y
-salíme con ellos y con mi compañero por la puerta del corral, que
-mientras tornaba á poner el monton de estiércol hubo lugar para todo;
-y anduvimos un ratillo apriesa hácia atrás, cada uno con su zurron, no
-por el camino real, sino por un lado á la parte de arriba, con todo el
-silencio posible. Ya estábamos casi frontero de la otra venta, adonde
-los mercaderes se habian vuelto á dormir, y nos sentamos á descansar
-un poco, que el recelo y temor aumentan el cansancio. Yo le dije al
-compañero: ¿Qué pensais que traemos aquí? nuestra total destruccion,
-porque á ninguna parte podemos llegar donde no nos pidan muy estrecha
-cuenta de este dinero, que como él de suyo es goloso y codicioso, ó
-por la parte que le puede caber, ó por congraciarse, cualquiera dará
-noticia á la justicia de dos mozos caminantes de á pié, cansados y
-hambrientos, y con dos zurrones de moneda, y el tormento será forzoso,
-no dando buena cuenta de lo que se pregunta; pues esconderlo para
-volver por él, tampoco atinaremos nosotros, como los demás; y andar
-mucho por aquí dará sospecha de algun daño, y el menos que nos puede
-suceder es caer en manos de los ladrones, que nos quiten el dinero y
-la vida: ponerse á peligro por ganar dineros, muchos lo hacen; pero
-poner en peligro la vida, honra y dinero, ningun hombre de juicio lo
-ha de hacer: y así mi principal intento fué volver este dinero á sus
-dueños, para tener tanta parte en él como ellos, sin peligro de las
-vidas, y sin daño de las conciencias; y aquí viene bien: quien hurta
-al ladron, etc. Esta y otras muchas cosas le dije para desarraigarle
-cierta golosina que se le habia pegado, que como lo llevaba á cuestas,
-habia contraido no sé qué parentesco con la sangre del corazon: pero
-al fin le pareció muy bien. Fuimos á la venta, y aunque era muy de
-madrugada, dimos golpes á la puerta, diciendo que veníamos con
-un despacho de mucha importancia para unos señores mercaderes de
-Toledo que estaban dentro. Ellos lo oyeron, y hicieron al ventero
-que abriese. Encendió luz, y entramos en el aposento cargados, y sin
-hablarles palabra arrojamos los gatos sobre una mesa, que si fueran
-de Algalia no regalaran tanto las narices como estos regalaron las
-orejas. ¿Qué es esto? dijeron los mercaderes. Su dinero, respondí
-yo, que ha vuelto á César lo que era suyo. Contámosles el caso, y
-díjeles que antes que en la otra venta se levantasen, pasásemos el
-puerto. De buena ventura mia, venian mulas de retorno hácia Sevilla.
-Los mercaderes alegres y agradecidísimos del caso, para mí y para el
-otro mozo tomaron dos mulas, y caminando pasamos el puerto sin que
-lo sintiesen en las ventas. Encumbramos el puerto, y bajamos á otra
-que está en lo más bajo, no mal proveida, adonde estuvimos todo el
-dia descansando y durmiendo, por el poco sueño y mucha pesadumbre que
-les habia causado la pérdida de su dinero: y á la tarde supimos que
-el ventero (como martirizando á su mujer, no supo cosa del hurto,
-porque no osó decir que nos habia dejado dentro) sospechando que los
-fulleros le habian hecho la treta que él no entendió, fué á dar aviso
-á la Hermandad, de la vida y trato de aquellos hombres, y cómo tenian
-dos zurrones de dinero mal ganado, y vino la Hermandad, y como no
-halló los dineros, ni los zurrones que el ventero habia dicho en el
-arcaz, á él por desatinado ó loco ó porque habia cargado demasiado,
-y á los fulleros por gente sospechosa que tan tarde se estaban en la
-venta, y á la mujer por suspensa y callada, que no supo dar razon de
-sí, les hicieron pagar las costas sin averiguar el secreto. Holgámonos
-mucho con el suceso, de manera que los mercaderes lo querian oir
-por momentos, que segun pareció, hallaron más dinero dentro de los
-zurrones del que habian dejado; y con donaire decia el uno de ellos:
-No quiera Dios que yo lleve dinero ajeno en mi poder, gástese por el
-camino en perdices y conejos, que no quiero tener que restituir; y
-así se hizo con beneplácito de todos. Yo consideré á solas conmigo,
-y aun lo comuniqué con uno de los mercaderes, cuán mal se logra lo
-mal ganado, y cuánto peor se goza lo adquirido con juegos de ventaja,
-donde se aventura la reputacion, sin asegurar la ganancia, que está
-sujeta á cuantos la ven, y á cuantos lo imaginan, y á los ausentes, á
-quien toca la distribucion de la estafa, que tasadamente les queda para
-consumir en los tabernáculos de la gula, fiestas de Baco y sacrificios
-de Venus, sin aprovechar la sumision y cortesía fingida para engañar
-al que quieren desollar, ó al que ya tienen desollado; que si bien
-quisiesen los hombres sencillos advertir á las cautelas, enredos y
-marañas de estos apacibles lobos, echarian de ver que una cortesía
-sin tiempo, una amistad sin sazon ni conocimiento, un comedimiento no
-acostumbrado, unas ceremonias no debidas, traen consigo más daño que
-provecho para aquel con quien se usan; porque si son los hombres de
-tan ruin condicion que aun á la cortesía debida acuden de mala gana á
-quien tienen obligacion, ¿por qué no se ha de entender que la novedad
-de cortesías estraordinarias traen consigo algun secreto, especialmente
-no teniendo partes por donde se le deban? Los fulleros tienen tambien
-su materia de estado, porque, ó engañan por sí ó por amigos, que tienen
-señalados y diputados para el efecto; casas de posadas, ó mesones,
-donde les dan el soplo de la gente nueva á quien pueden acometer.
-
-Tienen tambien su libro de caja ó de memoria de todos aquellos que
-acuden á favorecer su ministerio en todos los pueblos grandes ó
-pequeños, porque es oficio corriente por toda España, y en las
-poblaciones de importancia tienen correspondencia y avisos de las
-zorras comadres, para chupar la sangre á los corderos inocentes. Y
-aunque son tan grandes los sainetes de estos cautelosos culebrones,
-para chupar la sangre de los que ven inclinados al juego, que no pueden
-reducirse á regla cierta, ni guardarse de sus trampas, con todo eso
-digo, que todo lo que fuere artificio apacible y no usado, se ha de
-temer aun de los mismos amigos en materia de juego, porque se venden
-unos á otros. Cuando convida á jugar un conocido á otro, llevándole
-á parte no sabida, vaya con cuidado, sea en público ó en secreto; y
-me parece que no será malo este refrancillo para este propósito: _Si
-bien me quieres, trátame como sueles_. Caminamos con todo el gusto
-que pudimos mis mercaderes y yo, buscando por el camino ocasiones en
-que tenerlo: llegamos á la Conquista, que es un pueblecito que se
-comenzaba entonces, un domingo por la mañana: entramos á oir misa, que
-la estaba diciendo un clérigo que pronunciaba la lengua latina como
-gallego. La misa era de _Requiem_, porque habian enterrado aquella
-mañana un pobre, y ayudábale un sacristan, que sobre un sayo pardo muy
-rozagante traia una sobrepelliz de cañamazo. Acabada la misa, diciendo
-el responso sobre la sepultura, acabó el clérigo diciendo: _Requiescat
-in pace, alleluja, alleluja_. El sacristan le respondió con muchos
-pasos de garganta: _Amen, alleluja, alleluja_. Lleguéme al buen hombre,
-y díjele: Mire, padre, que en misa de _Requiem_ no hay _alleluja_.
-Respondióme muy confiadamente: Arre allá, señor estudiante; ¿no ve que
-es entre Pascua y Pascua? Fuímonos cayendo de risa por todo el camino.
-
-[Ilustración]
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-
-[Ilustración]
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-DESCANSO XIV.
-
-
-Como el camino, por bueno que sea, siempre trae consigo un género
-de soledad, porque ordinariamente se camina ó por necesidad, ó
-por negocios forzosos, que ocupan la memoria y distraen el gusto,
-procurábamos tenerle en todas las cosas que encontrábamos. Los mozos de
-mula acudian á su costumbre, uno á echar pullas, otro á hacer burlas
-á los caminantes, otro á cantar romances viejos, cual sea su salud:
-nosotros de lo que se ofrecia á la vista. Encontrámos un pastor que
-pasaba su ganado de un distrito á otro, pereciendo de sed él y los
-perros; que en Sierra-Morena por mayo y por todo el verano, aunque de
-noche hace fresco, de dia se encienden los árboles de calor: y era tan
-ignorante el buen hombre, que teniendo sed llevaba los perros atados
-porque no se le perdiesen. Preguntónos si sabíamos dónde hubiese agua;
-yo le respondí: ¿Pues llevando perros, preguntais esto? desatadlos, que
-ellos hallarán presto el agua. ¿Y es eso así? dijo un mercader. Es cosa
-muy sabida, dije yo, y muchas veces experimentada. Y dije al pastor:
-Desatad los perros, ó el uno de ellos, y ponedle un cordelillo largo,
-con que lo vais siguiendo, que él hallará fuente, arroyo ó laguna: y
-así lo hizo el pastor; de suerte, que dándole larga con el cordel,
-rompió por una ladera alzando el hocico, y se fué hácia una espesura
-derecho, que habia al pié de una peña, donde halló agua, que refrescó
-al pastor y satisfizo al ganado. Y contaréles á vuesas mercedes lo que
-me contó en Ronda un caballero de muy gentil entendimiento, que se
-llama Juan de Luzon, muy experimentado en letras humanas y divinas. Hay
-dos pueblecillos en Sierra de Ronda, entre otros muchos, uno llamado
-Balastar, y el otro (si bien me acuerdo) Chucar, entre los cuales
-andando un cabrero moro apacentando su ganado, apretándole la sed,
-y no hallando agua, ni señal donde pudiese haberla, despareciósele
-un perro, y á cabo de rato vino mojado todo y muy contento, coleando
-al amo, y haciéndole muy grandes fiestas. Espantado de aquello el
-cabrero, le dió muy bien de comer y lo ató, aguardando á que le tornase
-á aquejar la sed, diligentísima despertadora de la pereza. Atóle un
-cordelejo largo, y dejóle ir, y siguiéndole el amo, fué saltando matas
-y peñas, rasgándose las manos y el rostro; y siguióle con todas estas
-dificultades, hasta que entre unas grandes espesuras, se coló por la
-boca de una cueva, que por debajo de altos riscos estaba naturalmente
-hecha, con algunos resquicios, que le daban la luz que habia menester.
-En medio de la cueva nacia un clarísimo arroyo, que se dividia en dos
-partes: bebió el moro, é hinchó su zaque; y admirado de la novedad dió
-en una traza, á su parecer buena, que despues le costó la vida; y fué,
-que atajó con unas piedras el un arroyo de aquellos, echando todo el
-agua por una parte, para ver al dia siguiente dónde iba á parar. Fuése
-á su ganado, y averiguó el dia siguiente que habia faltado el agua en
-Chucar. El moro que sabia el secreto, fuése al pueblo diciendo, que si
-se lo pagaban bien les daria su agua, y otra tanta más, y contó el caso
-como habia sucedido. El poco tiempo que les habia faltado el agua los
-necesitó de manera que le dieron doscientos ducados porque les diese
-su agua y la del otro pueblo. En recibiendo su dinero fué á la cueva,
-y soltó el agua por aquella parte. Viéndose con su agua tan crecida,
-conociendo la inconstancia y codicia del cabrero, antes que los de
-Balastar le corrompiesen con esperanza de mayor interés, acordaron
-darle garrote, quedándose con el agua toda, y el moro sin vida, sin que
-hasta hoy se haya sabido en qué parte está el secreto: y hoy se echa de
-ver señal de que algun tiempo corrió por allí agua, por las guijas y
-piedras que lo manifiestan. Halló aquella encubierta cueva el aliento
-del perro, leal amigo y fiel compañero, descubridor de enemigos de sus
-amos. Extraña fuerza de aliento, dijo un mercader, que siendo el agua
-un elemento sin olor, la venga á descubrir un perro con solo alzar el
-rostro al aire, principal movedor y embajador del olfato. Que son las
-calidades de los perros y las excelencias que hay en ellos muy dignas
-de admiracion, no por los cuentos que se dicen de ellos, ni haciendo
-caso de historias atrasadas, sino por lo que vemos y experimentamos
-cada dia. ¡Qué fidelidad! ¡qué amor! ¡qué conocimiento!
-
-Á lo menos, dije yo, tienen dos admirables virtudes, si se puede dar
-este nombre en ellos, que si los hombres las tuviesen tan sentadas en
-el alma como ellos en su natural inclinacion, vivirian en perpétua
-paz, que son humildad y agradecimiento. ¡Oh, bien notado! dijo el
-mercader: ¡oh qué gallarda consideracion! Del bienaventurado San
-Francisco, que fué hijo de un mercader, se dice que alababa mucho la
-humildad de los perros, deseando imitarlos en esto, por la mucha que
-tuvo nuestro Maestro y Redentor Jesucristo. Pues en agradecimiento,
-dije yo, fuera de lo que la ley natural nos enseña, lo tenemos por
-precepto suyo que enviando sus santísimos discípulos á predicar por
-el mundo les mandó que en agradecimiento del bien que les hiciesen en
-sus posadas curasen los enfermos que en ellas hubiese. ¿Pues hay, dijo
-el mercader, quien desagradezca, ó quien no sepa agradecer el bien
-que le hacen? ¿Hay quien no le parezca que no satisface el beneficio
-recibido? ¿Quién ha de carecer de tan admirable virtud? Yo creo,
-respondí, que nadie, si no son los avarientos y los soberbios, que son
-dos géneros de gente pestilencial en la República; los unos, porque
-no saben usar de caridad, y los otros porque siempre van contra ella.
-Y pues se ha ofrecido materia tan excelente y divina virtud, como es
-el agradecimiento, en tanto que llegamos á Adamuz tengo de referir un
-caso digno de saberse, que le pasó al autor de este libro viniendo de
-Salamanca, que no hay vida de hombre ninguno de cuantos andan por el
-mundo de quien no se pueda escribir una grande historia, y habrá para
-ella bastante materia. En una dispersion que hubo de estudiantes en
-Salamanca, por cierto encuentro que tuvo el Corregidor D. Enrique de
-Bolaños con la Universidad, y no con ella, sino con los estudiantes,
-gente briosa, y fácil de moverse para cualquiera alteracion; como se
-quedó la ciudad sin estudiantes, el autor tambien se fué á su tierra
-como los demás, que las vacaciones estaban ya muy cerca, tiempo deseado
-para descanso de los estudiantes. La necesidad suya era tanta, que
-trilló el camino á la apostólica. Llegó un dia al anochecer á las
-ventas de Murga, y no queriéndole dar posada, por el poco provecho que
-habia de dejar en ellas, pasó adelante solo, y cantando por hacerse
-compañía, que la voz humana tiene propiedad maravillosa para acompañar
-á quien no lleva dineros que le puedan quitar. Salieron cuatro hombres
-con cuatro ballestas, y preguntáronle de dónde venia. Él respondió
-que de Salamanca. ¿Y á quién deja atrás? preguntaron ellos; y él
-respondió: Antes todos me dejan á mí, porque ando poco. Pues ¿cómo no
-se quedó en las ventas? preguntaron. Y él respondió: Porque como no
-llevo dineros, ni cabalgadura que les pudiera dejar provecho, me dieron
-voces que me saliese de la venta, y yo las voy dando á Dios porque me
-acompañe, y juzgue la crueldad de estos venteros. Á lo cual dijo el
-más pequeño de los ballesteros ó ballesteadores: Preguntamos esto,
-señor estudiante, por ver si queda atrás quien nos pueda comprar caza,
-de que tenemos mucha abundancia, y pocos compradores. Y volviéndose á
-los compañeros, dijo: Gran lástima me ha dado el mal trato y crueldad
-de que estos venteros usan con la gente de á pié, y más la necesidad
-que he visto en este estudiante. Llevémosle á nuestro alojamiento, que
-algun tiempo nos valdrá con Dios esta caridad. Harto mejor, dijo uno,
-será matarlo (despues lo supe) porque no diga que nos ha encontrado, y
-espante los caminantes. Al fin el mozuelo dió y tomó con ellos hasta
-que lo llevaron consigo, porque les pareció que era lo más sano para
-su negocio. Mostróse el mozuelo muy compasivo, que si bien las ruines
-compañías hacen prevaricar una buena inclinacion, tal vez naturaleza
-da una sofrenada, para recordacion del primer natural, que por más
-que se olvide, de cuando en cuando torna á su primer principio. Fuése
-con ellos, ó por mejor decir, se lo llevaron por unas espesuras,
-escuridades y escondrijos, llenos de revueltas y dificultades, que
-como ya era de noche y sonaba en unas profundidades despeñándose el
-agua, y la fuerza del viento sacudia los árboles con gran furia, y al
-estudiante el temor le hacia de las matas hombres armados que le iban
-á despeñar en aquella infernal hondura, iba con gran devocion mirando
-al cielo, y tropezando en la tierra; pero con muy buen ánimo, hablando
-sin muestras de temor. Llegaron al fin á su habitacion, que parecia más
-de zorras que de hombres, y desenvolviendo mucha cantidad de brasa, que
-parecia ser de muy buena leña de encina, encendieron, para alumbrarse,
-unas rajuelas de tea, que les daba la luz bastante que habian menester
-para toda la noche. La cena fué muy buenos tasajos de venado, si no
-eran quizá de algun pobre caminante. Él no sabia fiestas que hacerles,
-diciéndoles cuentos, entreteniéndolos con historias, alabándoles el
-vivir en aquella soledad apartados del bullicio de la gente. Decíales
-que el ejercicio de la caza era de caballeros y grandes señores, y que
-sin duda descendian de alguna buena sangre, pues se inclinaban á él. Si
-algun disparate se les caia, se lo alababa y solemnizaba por muy gran
-cosa. Al uno decia que tenia buen rostro, al otro que plantaba bien los
-piés, al otro que tenia buen ingenio, al otro que hablaba con mucha
-discrecion; que en semejantes conflictos la humildad mezclada con la
-apacibilidad y distraccion, á los pechos que de suyo son fieros, y aun
-de fieras, los vuelven mansos y amigables. La necesidad en los peligros
-hace sacar fuerzas de flaqueza; y con gente de aquella traza el temor
-engendra sospecha, y el ánimo arguye sencillez. Turbarse donde (aunque
-se teme el daño) no estamos en él, es apresurarlo si ha de venir; y
-ponerlo en duda y sospecha si no se temia. Él se hubo tan bien con los
-cazadores de gatos muertos y rellenos, que le regalaron y dieron de
-cenar, y dos zamarros en que durmiese, y antes que amaneciese, porque
-no saliese con luz, le dieron de almorzar, y sacándolo al camino aquel
-mozuelo, el menor de los cuatro, le fué diciendo el peligro en que se
-habria visto si no fuera por él: y en pago le rogaba no dijese á nadie
-lo que le habia sucedido: despidióse de él, y fué su camino, volviendo
-atrás muchas veces la cabeza, que aun le parecia que no estaba muy
-seguro de ellos. Si encontraba algun caminante, le decia que no fuese
-por aquel camino, porque le habia seguido una grandísima sierpe, que
-no osaba decir otra cosa, pareciéndole que estaban oyéndolo. Al fin,
-para abreviar el cuento, habiendo peregrinado por España y fuera de
-ella más de veinte años, redújose al estado que Dios le tenia señalado;
-fuése á su tierra, que es Ronda, hízose sacerdote, sirviendo una
-capellanía de que le hizo merced Felipe II, sapientísimo Rey de España.
-Despues del suceso de los salteadores, veinte y dos y veinte y tres
-años, vinieron en busca de tres ladrones famosos, trayendo lengua de
-ellos, que estaban en Ronda, que para hurtar tenian esta astucia. Las
-mujeres vendian buhonería (que todos eran casados), entraban en las
-casas á vender su mercadería, mirábanlas bien, y daban al punto á sus
-maridos de las señas de toda la casa, y á la mañana amanecia robada.
-Llegó á Ronda este soplo, dieron con ellos en la cárcel por la órden
-del licenciado Morquecho de Miranda, que al presente hacia oficio de
-Corregidor, siendo Alcalde mayor. Y por abreviar el cuento, dióles
-tormento, y confesaron de plano: pidióle al autor que los confesase, y
-en entrando representósele la presencia del uno de ellos, que le hizo
-cosquillas en el alma; y reparando en el sentimiento que habia tenido,
-halló que era el que le habia dado la vida en Sierra-Morena: buscando
-traza cómo agradecer el bien que le habia hecho, y pareciéndole que
-estaba el negocio muy adelante para rogar por un hombre convencido por
-su confesion, fuése al juez, y díjole que si hacia justicia de aquel,
-perdia una grande ocasion secreta. El juez dispuso de los otros dos y
-dejó aquel, para que descubriese una gran máquina que el confesor le
-habia dicho, y apretándolo despues á que hiciese con el delincuente que
-lo confesase, le respondió: Señor, martirizado de la piedad, y movido
-del agradecimiento, fingí á vuesa merced lo que sabe: este hombre me
-libró de la muerte, ha venido á mis manos, querria pagarle el bien que
-me hizo, y á los jueces tan bien los acompaña la misericordia como
-la justicia: suplico á vuesa merced por las entrañas de Dios que se
-compadezca del trabajo de un hombre tan piadoso como este. Respondió:
-Estoy pensando cómo satisfacer á vuestra demanda y á mi reputacion,
-y al bien de ese hombre, que por piadoso lo merece: él no está
-ratificado, y en las cosas criminales tenemos ley del Reino que nos da
-licencia para poder conmutar la pena de muerte en galeras; yo os siento
-tan ansiado por agradecer el bien que os hizo, que quiero aprovecharme
-de esta ley, pues no hay parte, y echarlo á galeras donde purgue su
-pecado. Hincóse de rodillas, agradeciendo á Dios y al juez tan piadosa
-causa: llevó la nueva al casi muerto preso, que respiró, volvió en sí
-como de la muerte á la vida, y el autor quedó contentísimo de haber
-mostrado su agradecimiento en tan apretada ocasion, que siempre las
-buenas obras tienen guardado su premio en este y en el otro mundo.
-¡Estraño suceso, y digno de memoria! (dijeron los mercaderes): ¡qué
-santa cosa es hacer bien! ¡qué cierto la buena obra es la prision del
-corazon noble! ¡qué buen fruto coge quien siembra buenas obras! Que
-como el vestido cubre el cuerpo, las buenas obras son coberturas del
-alma. ¡Qué contento quedaria ese hombre cuando hizo este bien! Como
-queda sabroso el brazo cuando acierta un tiro, así lo queda el alma
-cuando hace una buena obra. En esta conversacion, el acabarse el cuento
-y descubrir á Adamuz, fué á un mismo tiempo; lugar apacible, puesto
-en el principio ó fin de Sierra-Morena, en jurisdiccion del Marqués
-del Carpio; y al mismo tiempo se descubrieron aquellos fértiles campos
-de Andalucía, tan celebrada de la antigüedad por los Campos Elíseos,
-reposo de las almas bienaventuradas. Posamos y reposamos aquella noche
-en Adamuz.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO XV.
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-El dia siguiente, por ciertos respetos, me fué forzoso (por llegar
-primero á Málaga que á Ronda), apartarme de los mercaderes, tomando la
-via del Carpio; y ellos lo hicieron tan bien conmigo, que me dieron uno
-de los machos en que iban y dineros, fiando de mí que se lo llevaria
-á la feria á buen tiempo, y ellos se fueron con las mulas de retorno
-en que yo habia venido hasta allí; el macho era endiablado, que ni
-se dejaba herrar, ni poner la silla, y por momentos se echaba con la
-carga, aunque con la compañía habia disimulado algo de su malicia, y
-así en saliendo del lugar, por verse solo y por sus ruines resabios,
-en el primer revolcadero se arrojó, cogiéndome una pierna debajo, de
-suerte que si yo no me echára al mismo tiempo del otro lado, recibiera
-mucho daño; pero con esta precaucion pude levantarme, y llevándolo del
-diestro muy contra su voluntad un ratillo, se me quitó el dolor, sin
-entrar el frio que pudiera, si no hiciera aquella diligencia. Eché de
-ver la ruin compañía que llevaba con mi cabalgadura; pero por si otra
-vez se echaba, cogí un garrote para usar de un remedio que habia oido
-decir á un viejo, que como la experiencia los ha enseñado, saben más
-que los mozos, y para semejantes actos, que no son de muchos lances,
-cerrados los ojos se puede seguir su parecer. Fuí con gran cuidado
-para otra vez que se quisiese echar, y en sintiéndolo que iba á caer,
-díle con el garrote entre ceja y ceja con tal furia, que cayendo le ví
-volver lo blanco de los ojos, bien arrepentido de haberlo hecho, porque
-realmente pensé que lo habia muerto; pero sacando de presto pan, y
-mojándolo en vino, díselo, y tornó en sí tan castigado, que nunca más
-se echó, á lo menos llevándome á mí encima, aunque topó arenales donde
-pudiera hacerlo. Fuí mi camino, y en llegando á un bosquecillo del
-Carpio, aunque pequeño, abundantísimo de conejos y otras trazas, en la
-ribera de Guadalquivir, apeéme á cierta necesidad natural y forzosa,
-y antes que la comenzase espantóse el macho, dió á huir por el ruido
-que hizo un culebron y una zorra que salieron de un zarzal y matas muy
-espesas que habia junto al camino, que debian de estar ambos en una
-cueva, que la culebra con ningun animal hace amistad sino con la zorra.
-Ella dió por una parte, y la culebra tras el macho, que como supe
-despues, á cuantos pasaban acosaba, porque habian muerto su compañía:
-arrojéle una piedra, no pensando que sucediera lo que sucedió, que como
-la piedra iba por el aire, corrió más que la culebra, y dióla en el
-espinazo, de que volvió con tal furia contra mí, que si no me pusiera
-de la otra parte del camino, dejando en medio mucha arena, lo pasara
-mal, que como no se podia aprovechar de las conchillas que le sirven de
-piés en la arena, como en lo duro y liso, no se atrevió atravesar el
-camino; pero cuanto yo más corria por la una banda, ella corria por la
-otra, con más de una vara de cuello alzado de la tierra, vibrando la
-lengua muy apriesa, y haciendo cinco ó seis de ella.
-
-Iba yo de manera, que ya no sentia la falta del macho, sino la
-persecucion de la culebra, que me tenia sin aliento, lleno de sudor
-y cansancio. Los silbos no eran formados ni agudos, sino bajos y
-continuados, casi al modo que pronunciamos acá las xx. Llegué á una
-parte del camino, á donde habia piedras para tirarle. Paréme, así por
-descansar, como por aprovecharme de las piedras; pero ella viendo mi
-temor, quiso pasar por la arena para acometerme, por donde tuve yo
-esperanza de librarme de ella; porque en entrando no pudo aprovecharse
-de las conchuelas, ni moverse sino muy poco: animándome lo mejor que
-pude, le tiré tantas piedras, que casi la vine á enterrar en ellas, y
-acertándole con una, despues de haberle escupido muchas veces hácia
-la cabeza (que es veneno contra ellas) la acerté con una piedra media
-vara más arriba de la cola, donde tiene el principal movimiento, de
-que no pudo menearse más, y acudiendo con otras muchas, le majé la
-cabeza, y me senté á descansar. Pasaron por allí dos hombres que
-iban camino de Adamuz, y me contaron lo que arriba dije. Midiéronla,
-y tenia diez piés de largo, y de grueso más que muñeca ordinaria.
-Abriéronla, y halláronle dentro dos muy gentiles gazapos, que estas
-serpientes son muy voraces y poco bebedoras, aunque pasan mucho tiempo
-sin mantenimiento; y así hacen tarde la digestion, que en el poco
-movimiento que ella hacia bien se echaba de ver que estaba pesada.
-Consideré en el rato que estuve descansando, qué de cosas hay en el
-mundo que contrastan la vida del hombre. Que hasta un animal sin piés
-ni alas le persigue, y le comenzó á perseguir desde su principio antes
-que otro animal ninguno, ó porque no piense el hombre que se le dió el
-dominio y jurisdiccion en la tierra sin pension ni trabajo, ó porque
-con la razon sepa distinguir lo malo de lo bueno, y guardarse de lo
-que le puede dañar; mediante la cual razon conoce y sabe conocer el
-mantenimiento provechoso, y desechar el nocivo. Huir de los animales
-bravos, y servirse de los mansos; pero los feroces y dañosos avisan
-del mal que pueden hacer, ó con las uñas, ó con los cuernos, ó con los
-dientes, ó con los picos. ¡Mas que un animal sin piés, sin uñas, sin
-cuernos como éste sea tan horrendo y abominable, que atemorice con solo
-mirarle! Ordenacion fué de Dios, para sujetar la soberbia del hombre y
-desjarretársela con la misma inmundicia y asquerosidad de la hez de la
-tierra, que aun muerta la veia, y me daba horror; y confieso de mí, que
-siempre que veo semejantes sabandijas, engendran en mí nuevo temor y
-espanto; ¿pero qué no espantará ver, que una cosa que parece cerbatana
-ó varal, de su propio movimiento corre tanto como un caballo? ¿Y que
-con hincar la cabeza en el suelo, dé tan grande golpe á un hombre que
-lo derribe y aun lo mate, acometiendo á traicion que no cara á cara?
-¿Que sea tan astuto, que se desnude el hábito viejo y se vista de
-nuevo? ¿que se cure la ceguera de sus ojos causada de las humedades del
-invierno con refregarse en el hinojo la primavera? Son tan contrarios
-á todos los demás animales, que con ninguno hacen amistad, sino con la
-zorra, ó porque ambas habitan siempre en cuevas de tierra y piedra, ó
-por buscar abrigo en el pelo de la zorra. Hasta aquí habia estado el
-ermitaño callando, y aquí parecióle preguntar, como hombre que habia
-estado en soledades y entre ásperas montañas, huyendo el concurso de
-la gente, viviendo y conversando con animales brutos, ¿cuál era la
-razon porque estas sabandijas sean tan espantables, como son culebras,
-lagartos, sapos, escuerzos, áspides, víboras, y otras semejantes que
-suelen verse? Respondíle: Lo primero, que todas las cosas que no vemos
-y tratamos de ordinario, traen consigo este género de admiracion. Lo
-segundo, que por tener tanto de los dos elementos graves, que son agua
-y tierra, y tan poco de los elementos leves, que son aire y fuego, que
-casi no tienen parentesco ni semejanza con el hombre; porque éste tiene
-de lo espiritual, en que se parece á los Ángeles, y de lo corporal,
-en que se parece á los animales brutos; y estos en aquella parte
-terrestre, húmeda y fria, tienen semejanza con las sabandijas, y estas
-consigo solas, y con las entrañas de la tierra. Lo tercero y último,
-porque todos los animales que no pueden engendrar de la putrefaccion
-de la tierra, sin generacion de su semejante, ni pueden ser para el
-servicio, ni para el gusto del hombre, á quien Dios les manda que
-obedezcan, y ellos mismos huyen de su presencia, como de señor á quien
-aborrecen, por la superioridad y dominio que tienen sobre todas, ó por
-la antipatía natural. Y esto baste, porque la pérdida de mi macho me
-da pena y cuidado, y priesa que lo busque. Ya que hube descansado y
-limpiádome el sudor del rostro, que lo de dentro no pude, fuí buscando
-mi macho, ó por mejor decir, de los mercaderes, por toda la orilla y
-ribera del Guadalquivir, sin topar á persona que me supiese dar rastro
-ni nuevas de él yendo, como iba, cargado con ferreruelo, espada, cogin
-y alforjas, que todo lo echó por alto, sino es la silla, que la llevaba
-en la barriga; de suerte, que yo me cargué de todo lo que el macho se
-descargó, y mucho más me cargaban las matracas que me daban los que
-me topaban hecho caballo de postillon, que por no dejarlo lo sufria
-todo. Paréme á descansar un ratillo, antes que pasase el rio, donde ví
-tanta abundancia de conejos, que estaban más espesos á la orilla del
-rio, que liendres en jubon de arriero, que en todo el dia no dejan de
-venir á beber muchas manadas de ellos. Pasé de la otra parte del rio,
-y entréme á descansar á un meson que está antes de llegar al pueblo,
-donde tampoco me supieron dar nueva de mi negro macho, aunque prometí
-hallazgo, haciendo diligencias con las guardas del bosque. Refresquéme
-lo mejor que pude de mantenimiento y bebida, con la templanza que el
-cansancio pedia. Púseme á la puerta del meson, para ver si pasaba el
-macho ó persona que de él me diese nuevas. Miré aquel pedazo de tierra
-en el tiempo que allí estuve, que en fertilidad é influencia del cielo,
-hermosura de tierra y agua, no he visto cosa mejor en toda la Europa,
-y para encarecerla de una vez, es tierra que da cuatro frutos al año,
-sembrándola y cultivándola con regadío de una aceña, con tres ruedas,
-que la baña abundantísimamente, donde algunos años despues pasó en
-presencia mia una desgracia muy digna de contarse; para que se vea
-cuánta obligacion tienen los hijos de seguir el consejo de los padres,
-aunque les parezca que repugna á su opinion. Y fué, que siendo Marqués
-del Carpio Don Luis de Haro, caballero muy digno de este nombre, y muy
-gallardo de persona, y adornado de virtudes y partes muy dignas de
-estimar, vinieron allí madereros de la sierra de Segura con algunos
-millares de vigas muy gruesas; y dando el Marqués licencia y lugar para
-que las pasasen, alzaron la puente de la pesquera, para que toda el
-agua se recogiese á un despeñadero ó profundidad, por donde los maderos
-habian de pasar. Los gancheros eran todos mozos, de muy gentiles
-personas, fuertes de brazos, y ligeros de piés y piernas, grandes
-nadadores y sufridores de aguas, frios y trabajos. Quisieron hacer al
-Marqués una fiesta de gansos, poniéndolos atados entre los dos maderos
-de la puerta de la pesquera, y como iba el madero despeñándose, por
-la violencia del grande cuerpo del agua, puesto el ganchero sobre el
-madero hácia la cabeza del ganso, y tirando del pescuezo, se deslizaba
-de la mano y caia en la profundidad del agua, saliendo lejos de allí
-nadando, en que pasaron cosas de mucho gusto y risa, aunque no sin
-peligro de quien la causaba, que siempre las caidas son de gusto para
-quien las ve, pero no para quien las da, especialmente en ejercicios
-tan poco usados como este.
-
-Entre estos gancheros venia un mozo recio, de muy gentil talle, alto de
-cuerpo, rubio, y bien hecho de miembros, grande hacedor de su persona,
-y que entre todos los demás era conocido y respetado como por de tal
-opinion, y por grandes fuerzas para cualquier ejercicio de hombres.
-Este pidió licencia á su padre, que venia en compañía de los otros,
-para ir á quitar el pescuezo á un ganso que estaba recien puesto; la
-cual el padre le negó, que los padres, ó por tener más experiencia que
-los hijos, ó por ser hechura suya y conocer sus inclinaciones, ó por
-haberlos criado, y conocer de qué pié cojean, ó por el amor entrañable
-que les tienen, son algo profetas de los bienes ó males de los hijos;
-y así este por ningun camino consintió que de su voluntad fuese el
-hijo á la fiesta; pero diciendo él que no queria que lo tuviese por
-menos hombre que á los demás, con importunaciones alcanzó de su padre
-que lo dejase ir, aunque de muy mala gana. Y reprehendiéndole algunos
-porque lo hacia tan forzado, respondió en presencia mia unas palabras
-llenas de gran sentimiento y dolor diciendo: No sabe nadie lo que
-es aventurar un hijo criado, y solo. El mozo fué gallardísimamente,
-teniendo todos los ojos puestos en él, que en asiendo el cuello del
-ganso, que él pensaba con facilidad arrancar con la fuerza grande que
-hizo, estúvose casi colgado de las manos hasta que el madero llegaba
-ya al cabo, en cuyo remate ó cabeza, deslizándosele la mano, cayó, y
-dió de cerebro, sumergiéndose en el profundo del charco, sin que más
-pareciese hasta el dia siguiente, con grande espanto y compasion de
-todos los circunstantes, quedando el padre, que lo estaba mirando, en
-éstasis. Todos los gancheros nadando le buscaron, y lo hallaron al dia
-siguiente, que pareció en cierta manera castigo de la desobediencia
-que tuvo al mandamiento del padre, y ejemplo para cuantos le vieron.
-Fué contra el precepto y consejo paternal, del cual tienen necesidad
-todos los que desean acertar. Pasó este caso en este mismo lugar, y en
-presencia del marqués D. Luis de Haro, y de su hijo el marqués D. Diego
-Lopez de Haro, que cuando esto se escribe están vivos, y más mozos que
-el autor, en cuya compañía se halló presente á este infelice suceso. Y
-porque no habrá lugar de contarlo adelante, se dice aquí, por encargar
-á los hijos que aunque les parezca que saben más que los padres, en
-razon de la superioridad que Dios les dió sobre ellos, y representando
-la persona del verdadero Padre, los han de obedecer y respetar, y creer
-que en cuanto á las costumbres morales saben más que ellos; porque
-con esto se merece con el universal Padre de todas las criaturas. Y
-volviendo al estado presente, y la pena que me daba la falta de mi
-macho, aquella tarde no pude saber de él, y así me quedé aquella noche
-en el meson, sin esperanza de poderlo hallar.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO XVI.
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-Amaneció el sol el dia siguiente con unos rayos entre verdes y
-cetrinos, señal de agua, y yo sin macho, ni esperanza de hallarlo.
-Fuíme al pueblo á las nueve, ó á las diez, y ví que unos gitanos
-estaban vendiendo un macho, muy hechas las crines y el trenzado de
-atrás, con su enjalma y demás aderezos, encareciendo la mansedumbre y
-el paso con mil embelecos de palabras. Hacia el gitano mil gerigonzas
-sobre el macho, de manera que tenia ya muchos golosos que le querian
-comprar. Lleguéme cerca, y ví que era del color del mio; pero
-desconocido en verlo tan manso, seguro, remozado de crines y cola. Ví
-que se dejaba tocar á todas las partes del cuerpo sin alterarse, y
-así no me atreví á pensar que pudiera ser el mio. Alzábanle los piés
-y manos, dándole palmadas en el pecho y en las ancas, estando él con
-mucha paciencia y mansedumbre: yo estaba desconfiado de que pudiera
-ser el mio, pero fuíme por un lado disimuladamente, y púseme delante
-de él, aunque detrás del gitano, y en viéndome amusgó las orejas, por
-el conocimiento, ó por el temor que me tenia. Espantéme de ver su tan
-súbita y no esperada mudanza, y ví que realmente era mi macho: mas no
-pude imaginar cómo le podia cobrar sin dar testigos ó evidencia de cómo
-era mio; y así no me arrojé á decir que era hurtado, y decia entre
-mí: ¿es posible que sean estos gitanos tan grandes embusteros que en
-menos de veinte y cuatro horas hayan hecho este macho de enjalma, y le
-hayan disfrazado de manera que me ha puesto en duda el conocimiento de
-él, y que lo hayan hecho más manso que una oveja, siendo peor que un
-tigre, y que no tenga yo modo para cobrarlo manifestando mi justicia?
-Pero detúveme un poco, y lleguéme con los demás á ver el macho, y
-alabándole, pregunté si era gallego. Respondió el gitano: Vuesa merced,
-ceñor, á fé que sabe mucho de bestiaz, y ha conocido bien la bondad de
-loz mejorez cuatro piéz que hay en toda Andalucía. No ez gallego, mi
-ceñor, cino de Illezcaz, que allí lo truqué por un cuartago cordovez,
-y aquí traigo el teztimonio. Será levantado, dije yo entre mí, y junto
-con esto lo mostró. Ofrecióseme traza para cobrarlo fácilmente, y
-lleguéme á un hidalgo, á quien ví que todos respetaban, que era de los
-antiguos criados de aquella casa, llamado Angulo, y le dije: Señor,
-este macho me han hurtado esos gitanos, y aunque trae enjalma, es de
-silla; y aunque parece que traen testimonio, es falso. Á lo cual me
-dijo el hidalgo: Mire, señor estudiante, que conocemos este gitano de
-mucho tiempo acá, y nos ha tratado siempre verdad. Pues ahora, respondí
-yo, no la trata, y haciendo vuesa merced las diligencias que yo le
-suplicaré, se verá con evidencia la verdad que tengo dicha; y vuesa
-merced está inclinado á comprarlo porque le parece manso, siendo peor
-que un demonio.
-
-Pues ¿puede ser fingida, preguntó el hidalgo, aquella mansedumbre y
-bondad? Sí señor, respondí yo, porque lo han emborrachado; y no hay
-bestia tan feroz ni maliciosa que echándole de grado ó por fuerza
-una azumbre de vino en las tripas, no se amanse más que una oveja: y
-por esto haga vuesa merced lo que yo le suplicaré, y saldrá de este
-engaño, viendo que el macho es malicioso, y que es mio. Y lo primero
-digo á vuesa merced que se lo llegue á comprar, y dígale esto y esto,
-hablándole algo al oido, é informándole de todo lo conveniente. Fuése
-el hidalgo, despues de bien informado, al gitano, y mirando el macho,
-le dijo: Yo estoy muy contento de esta bestia, y la comprára si tuviera
-silla y freno, porque tengo de hacer un viaje muy largo. El gitano se
-holgó mucho de ello, y trajo la silla y el freno, diciendo que era
-el mejor caminador del mundo, y que por pensar que para el campo se
-venderia más presto, le habia puesto la enjalma. En viendo el hidalgo
-la silla y el freno, halló que conformaba con las señas que yo le
-habia dado, y haciendo lo que yo le habia dicho al oido, llevólo á su
-casa, asegurando á los gitanos que lo queria probar; y túvolo hasta
-tanto que se gastaron los humos del vino encerrado en su casa. Hecho
-esto llamó al gitano, y díjole que subiese en el macho y caminase un
-cuarto de hora fuera del pueblo. Subió, aunque era muy suelto, con
-mucha dificultad, por la poca seguridad del macho, que gastada la
-suavidad del vino, tornó á su ruin natural, y caminando como un viento,
-en saliendo de las casas, con la misma furia que llevaba dió consigo
-y con el gitano en tierra, y cogiéndole una pierna debajo, se revolcó
-de manera, que fué bien necesaria la ligereza del gitano para que no
-se la quebrase. Acudió aquel hidalgo desengañado ya de la bellaquería,
-y le dijo riéndose: ¿Qué desgracia es esta, Maldonado? Señor, dijo
-el gitano, como está holgado, y mal herrado, se echa con la carga.
-Y riéndose más el hidalgo, dijo: Pues alzadle los piés, veamos si há
-menester herradura. Alzóle un pié, y dióle una patada en el carrillo
-izquierdo, con que le dejó señalada la herradura y los clavos; díjole
-el hidalgo: Mal se conoce lo que no se ha criado, hermano Maldonado;
-si vos hubiérades tratado y conocido esta bestia, ni os engañárades,
-ni nos engañárades. En lo ajeno dura poco la posesion: íbades con
-aquel refran: quien no te conoce te compre. ¿Por qué pensábades que
-os preguntó el dueño si era gallego, sino porque como tal os habia de
-dar la coz que os dió? Vos queríades herrarlo; ¿mas él no os herró á
-vos? ¿cogistes ayer el macho, y queríades hoy venderlo? Huélgome de
-saber que tambien sois nigromántico, pues desde ayer habeis venido de
-Illescas. Señor, dijo el gitano, yo hice como gitano, y su merced ha
-de sufrir como caballero; bien eché de ver que este señor sabia de
-bestias. Descubierto el hurto con la evidencia posible, me dieron mi
-macho, y me avié camino de Málaga, pasando por Lucena, donde llegando
-un poco tarde, reposé y comí un bocado, y pensando llegar aquella noche
-á Benamejí, cuyo camino yo no sabia, partíme con la relacion que me
-dieron. Las leguas son más largas de lo que yo me pensaba; el camino
-estaba lleno de lodo, porque la noche antes habia llovido muy bien.
-Yo por priesa que me dí con mi macho, me anocheció una legua antes
-de llegar á un riachuelo que está entre Lucena y Benamejí. Halléme
-confuso, por ser la noche oscura, y caminar sin guia, sin encontrar
-á quien preguntar por el camino, que era domingo en la noche, cuando
-todos los labradores están en sus casas. Al fin poco á poco, muchas
-veces tropezando, y algunas cayendo, llegué al rio, y en pasando no
-hallé camino por la otra parte, por una costumbre que tienen los
-labradores en aquella tierra, que es para desviar los caminantes, para
-que no les entren por el sembrado, cavar por aquella parte por donde
-suelen hacer senda los caminantes. Salió del rio mi macho lo mejor
-que pudo, y echó á mano derecha por un cerro que tenia muchas sendas
-de ovejas, ó de cabras. Llegó á lo más alto que pudo, y estaba tan
-empinado el cerrillo, que en acabándose la senda ni pude ir adelante,
-ni volver atrás. Víme en un gran peligro, porque si queria bajar con
-el pié derecho, habia de rodar por la sierra abajo hasta llegar á un
-arroyo salado, donde cuando bien librára llegára la cabeza llena de
-chichones. Roguéle al macho con mucha humildad que me hiciese la merced
-de estarse quedo mientras bajaba al revés; pero al tiempo que le mandé
-que volviese por la sendilla que habia subido, él iba tan cansado que
-se echó, y echándose, como el cerro estaba tan empinado rodó hasta el
-arroyo salado; yo volví por la senda, hasta llegar al arroyo, y fuí
-á mi desdichado macho, y lo que pude, ayudéle á levantar, que estaba
-tan molido que fué menester animarle con sopa en vino, y llevándole
-del diestro lo más poco á poco que pude, fuí considerando que todo
-aquello me sucedia por no haber tenido respeto á la fiesta, caminando
-y haciendo el viaje que se pudiera hacer otro dia; que al fin como las
-fiestas son para dar gracias á Dios y no para hacer jornadas, no puede
-haber quietud para hablar con Dios despacio. Que trabajando en los
-dias que la Iglesia tiene dedicados para Dios, no solamente no aumenta
-el provecho, pero por mil caminos viene el daño, como me sucedió esta
-noche, que yendo con mi macho á mano izquierda por una ladera arriba,
-yendo yo por la parte de abajo por animarlo, deslizó, y cogióme debajo;
-aunque no fué mucho el daño, porque pude fácilmente salir, y dándole
-sopa en vino pudo subir hasta que descubrí en lo alto del cerro un
-cortijo, donde me llegué con toda la humildad del mundo; y aunque dí
-muchos golpes no me respondian, porque habia mucha gente, que se habia
-juntado allí aquella noche por ser dia de fiesta.
-
-Al fin, dí tantos golpes, que me respondió un mozo, y diciéndole con la
-necesidad que venia, respondióme que me fuese en hora buena; y tornando
-á llamar, acudió el aperador del cortijo, que en todas sus acciones
-pareció ser muy hombre de bien, y abriéndome la puerta acudió á mi
-necesidad y al cansancio de mi macho, y díjome: Perdone vuesa merced,
-que por estar dando voces sobre una serilla de higos que estos mozos me
-habian hurtado, no pude responder tan presto. Pues si no es más de por
-eso, dije yo, no le dé pena, que yo le diré quién se la hurtó. Ángel
-será vuesa merced, respondió él, y no hombre, si me dice eso. Déjeme
-reposar, dije yo, y se lo diré. Descansé un rato, y mi macho cenó lo
-mejor que pudo; yo cené un muy gentil gazpacho, que cosa más sabrosa
-no he visto en mi vida, que tanto tienen las comidas de bueno, cuanto
-el estómago tiene de hambre y de necesidad. Fuera de que el aceite
-de aquella tierra y el vino y vinagre es de lo mejor que hay en toda
-la Europa. Habiendo cenado, y estando todos los mozos alrededor, le
-dije al aperador: Este dornajo en que habemos cenado ha de descubrir
-el hurto de los higos. Dijo uno entre dientes: aun seria el diablo
-la venida del estudiante. Pedíle al buen hombre un poco de aceite y
-almagre, y sin que los mozos lo viesen unté el suelo del dornajo con
-una mezcla que hice del aceite y almagre, y pedíle un cencerro de las
-vacas, y poniéndolo debajo del dornajo dije, con voz que lo oyeron
-todos, habiendo puesto el dornajo más adentro, donde estaba el pajar:
-Pasen todos uno á uno, y den una palmada en el suelo del dornajo, y
-en pasando el que hurtó los higos sonará el cencerro. Fueron todos uno
-á uno, y dió cada uno su palmada en la almagre, y no sonó el cencerro
-que es lo que todos esperaban. Llaméles á todos, y díjeles que abriesen
-las palmas de las manos, las cuales tenian todos enalmagradas, si no
-era él uno de ellos; y así les dije á todos: Este gentil hombre hurtó
-los higos, que porque el cencerro no sonase no osó poner la mano en el
-dornajo. Él se puso colorado como un escaramujo, y los demás estuvieron
-toda la noche reventando de risa y dándole matraca, y el aperador muy
-agradecido de haber hallado sus higos, y yo muy contento del buen
-acogimiento: y por el buen hospedaje dejéle dos cuchillos damasquinos,
-con que por poco le corta las orejas al ladron de los higos.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO XVII.
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-Habiendo descansado aquella noche lo que parecia que bastaba para
-los trabajos de mi macho, fuí á rogarle que se animase, y gruñendo
-alzó la pata, y al mismo tiempo díle un palo, con que se le acordó el
-trabajo pasado. Sosegóse luego, y echéle la silla; caminé á Benamejí,
-que estaba muy cerca, y aunque quise pasar sin que me viese pasar
-el señor Benamejí, el bellaco del macho se arrojó en su casa, y fué
-forzoso descansar allí un rato. Al fin, por abreviar el cuento, llegué
-á Málaga, ó por mejor decir, paréme á vista de ella en un alto que
-llaman la cuesta de Zambara. Fué tan grande el consuelo que recibí de
-la vista de ella, y la fragancia que traia el viento, regalándose por
-aquellas maravillosas huertas cubiertas de todas especies de naranjos
-y limoneros y llenas de azahar todo el año, que me pareció ver un
-pedazo de paraíso, porque no hay en toda la redondez de aquel horizonte
-cosa que no deleite los cinco sentidos. Los ojos se entretienen
-con la vista de mar y tierra, llena de tanta diversidad de árboles
-hermosísimos como se hallan en todas las partes que producen semejantes
-plantas; con la vista del sitio y edificios, así de casas particulares
-como de templos excelentísimos, especialmente la iglesia mayor, que no
-se conoce más alegre templo en todo lo descubierto. Á los oidos deleita
-con grande admiracion la abundancia de los pajarillos, que imitándose
-unos á otros, no cesan en todo el dia y la noche su dulcísima armonía,
-con un arte sin arte, que como no tienen consonancia ni disonancia, es
-una confusion dulcísima que mueve á contemplacion del universal Hacedor
-de todas las cosas. Los mantenimientos abundantes y substanciosos para
-el gusto y la salud. El de la gente muy apacible, afable y cortesano,
-y todo es de manera que se pudiera hacer un grande libro de las
-excelencias de Málaga, y no es mi intento reparar en esto. Negocié á
-lo que venia en aquella santa iglesia, de donde se pueden sacar muchos
-sugetos para obispos y oidores, y para gobernar el mundo, entre los
-cuales hallé un prebendado amigo mio, hombre bien nacido, de grandes y
-superiores partes, muy digno de estimarse, apasionado, porque sin razon
-le ofendian las ausencias, hombres que por ningun camino podian correr
-parejas con él. Que de la misma manera que la envidia no se halla
-ni se cria sino en pechos olvidados de la buena educacion y partes,
-así acomete siempre á los que las poseen, y resplandecen en actos de
-ciencia y virtud. Que les parece que reconocer superioridad y ventaja
-á quien se la tiene es perder el derecho que tienen á la descortesía,
-á quien se crian subordinados, por falta de buen entendimiento y
-sobra de mala voluntad. Quejábase que habiendo hecho grandes bienes
-á un hombre que siempre habia tenido pocos ó ningunos, y habiéndole
-librado de cosas de que él por ningun camino tuviera trazas ni modo
-para librarse, no solo no le agradecia, pero buscaba caminos por donde
-pudiese escurecer las buenas obras recibidas. Vílo con determinacion
-de volver la hoja, y vengarse de él por la mejor via que pudiese; pero
-atajéle con advertirle que arrepentirse del bien que habia hecho no
-cabe en ánimos nobles.
-
-Pues hacer mal, dije, al quien hicistes bien, arguye poca firmeza y
-constancia en el valor del ánimo. Vengaros por tribunales es yerro
-notable, porque nunca las ofensas manchan, hasta que lleguen á tan
-miserable estado; especialmente que si vos me decís que es hombre
-desadornado de partes heredadas ó adquiridas, ¿qué agradecimiento os
-ha de tener á vos, si no agradece á Dios haberle puesto en el estado
-que no merecia, ni pensó merecer? Y pregúntoos, ¿quién hizo mal, él
-ó vos? Respondióme: Claro está que él. Pues enójese él, dije yo, que
-hizo tan gran maldad, como no agradecer; que vos que no hicisteis
-mal, no teneis de qué sentiros, sino de que estar muy contento. Y no
-querais desmerecer con Dios la buena obra que hicisteis. Consolóse
-de manera que si habia sido mi amigo hasta allí, por este consejo
-creció mucho más la amistad. Y realmente, la quietud del ánimo no
-admite alteraciones advenedizas de pechos, é intenciones, en quien se
-asienta mal la paz y tranquilidad del alma. Hánse de huir semejantes
-recuentros, por el mejor medio que fuere posible; y si es forzosa
-la comunicacion, como sucede en comunidades, usar de ella en solo
-aquello que no puede escusarse, llevando siempre por guia la justicia
-y la verdad, de manera, que los que viven con cuidado de hallar en
-qué tropezar, se corran y confundan; y cuando no sucediere como
-se desea y como seria razon, á lo menos quedará muy seguro en su
-conciencia y desapasionado quien así lo hubiere hecho. Que el hombre
-constante, y de ánimo quieto, á sí propio se ha de temer y guardarse
-de sí más que de los contrarios. Si le ofenden con razon, calle por
-sí propio, y enmiéndese de la culpa; si le murmuraren sin ella,
-consuélese, viendo que está libre de calumnia. De suerte, que por
-todos caminos, el silencio es refugio y acogida de los agravios con
-malicia. Pero tornando á lo primero, ¿por qué pensais, le dije, que
-dicen ordinariamente: nunca falta un Gil que me persiga? que no dicen
-un don Francisco, ni un don Pedro, sino un Gil, es porque nunca son
-perseguidores; sino hombres bajos como Gil Manzano, Gil Perez; ni para
-verdugos y comitres buscan, sino hombres infames y bajos, enemigos
-de piedad, bestias crueles, sin respeto ni vergüenza, inclinados á
-perseguir á la gente que ven levantarse en actos de virtud, como este
-miserable de quien os quejais. De estos la comunicacion por ningun
-camino es buena, porque no son capaces de hacer bien, ni pueden dejar
-de hacer mal; lo cual se ataja, no conociéndolos para que no lo hagan.
-Pues suele pasar, dijo, por cerca de mí, sin quitarme el sombrero. Eso,
-dije yo, ó será por descuido, ó por descortesía. Si por descortesía,
-enójese como tengo dicho consigo propio, porque ha hecho mal, y no os
-enojeis vos por los pecados del otro, que fué descortés y mal criado.
-Que vos no os habeis de alterar, no habiendo cometido culpa: y si se
-hace por descuidado, consigo trae la disculpa; porque los que caen en
-esta inadvertencia, no podemos juzgar si van pensativos, ú ocupados
-por imaginaciones de negocios que pueden suceder por muchas cosas, é
-inculpados, de que no podemos ser jueces, no tener ciencia, ni razon de
-sentirnos y alterarnos. Y en esto de las cortesías, no tenemos de qué
-enfadarnos. Lo uno, porque el no usarla con nosotros, no es por culpa
-nuestra. Lo otro, porque quien da, no da más de lo que tiene, y quien
-no tiene cortesía, no es mucho que no la dé, y la regla general es, que
-en ninguna manera habemos de tomar fastidio de lo que no sucede por
-culpa nuestra, que los descorteses su castigo tienen acerca de quien
-los conoce.
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-[Ilustración]
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-
-[Ilustración]
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-DESCANSO XVIII.
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-Saliendo de Málaga, me paré entre aquellos naranjos y limoneros, cuya
-fragancia de olor con gran suavidad conforta el corazon; y púseme á
-mirar y considerar la escelencia de aquella poblacion que así por la
-influencia del cielo, como por el sitio de la tierra, escede á todas
-las de Europa en aquella cantidad que su distrito abraza. Y estando
-en esta contemplacion, ví venir hácia mí una cosa que parecia hombre
-sobre una mula hablando entre sí á solas, con un movimiento de brazos,
-meneo de rostro y alteracion de voz, como si fuera hablando con alguna
-docena de caminantes. Volví la rienda á mi macho, picándole con toda
-la priesa posible, antes que pudiese llegar á mí, porque le conocí
-la enfermedad; que para huir de un hablador de estos querria tener,
-no solamente piés de galgo, sino alas de paloma; y si ellos supiesen
-cuán odiosos son á cuantos los oyen, huirian de sí propios. Que la
-locuacidad, fuera de ser enfadosa y cansada, descubre fácilmente la
-flaqueza del entendimiento, suena como vaso vacío de substancia, y
-manifiesta la poca prudencia del sugeto, y tiene tan buena gracia con
-las gentes, que jamás son creidos en cosas que digan, porque aunque sea
-verdad, va tan derramada, ahogada y desconocida entre tantas palabras,
-como el olor de una rosa entre muchas matas de ruda: son estos
-habladores como el helecho, que ni da flor ni fruta: son el raudal de
-un molino, que á todos los deja sordos y siempre él está corriendo. No
-hay toro suelto en el coso que tanto me haga huir como un palabrero de
-estos, y en resolucion no hay buen rato en ellos sino cuando duermen,
-como me sucedió en este, que por mucha priesa que me dí á huir, me
-alcanzó y saludó como el verdugo por las espaldas, y apenas le hube
-respondido, cuando me preguntó adónde iba, y de dónde era. Á lo primero
-le respondí, mas á lo segundo no me dió lugar á que le respondiese, y
-prosiguiendo me dijo: Pregunto de dónde es vuesa merced porque yo soy
-del reino de Murcia, aunque mis padres fueron montañeses, de un linaje
-que llaman los Collados. Á lo menos no callados: miréle mientras iba
-hartándose de hablar (si pudo ser) que tenia razonable cuerpo y talle,
-aunque era con un gran defecto que era zurdo, y queria parecer derecho.
-Que aunque la fealdad del zurdo es grande, tengo por peor la del que
-disfraza, ó quiere disfrazar la falta natural, porque arguye doblez
-y artificio en lo interior de la condicion; y siendo este género de
-hombres tan conocidos por este defecto, como los eunucos por el de las
-barbas, así quieren persuadir á que no lo son, como estotros á que
-no han llegado á edad de barbar, y los unos y los otros con querer
-negarlo, ó disimularlo, dan á entender cuán grande falta es, pues la
-niegan.
-
-Este buen hombre, jugando de una y otra mano, y arqueando las cejas,
-que tenia grandes, con dos rayas entre ellas profundas, ojos aunque no
-pequeños, cerrados siempre que hablaba, como si con los ojos se oyera,
-y todo el rostro acabronado, quiero decir, libre, alto y desvergonzado;
-dijo mil disparates, á que yo nunca estuve atento, porque le conocí
-luego. Contó valentías suyas, á las cuales yo estuve tan atento, como
-á todo lo demás, de suerte que nunca me dió lugar para responderle
-á lo que me habia preguntado, hasta que habiendo andado dos leguas,
-como de tanto hablar habia gastado la humedad del celebro, labios
-y lengua, en una venta que llaman del Pilarejo, pidió un jarro de
-agua, y en comenzando á beber le respondí á su pregunta, diciendo:
-De Ronda. Quitóse el jarro de la boca, y díjome: Huélgome porque voy
-hácia allá de llevar tan buena compañía. Tornó el jarro á la boca, y
-mientras acabó de beber, le dije: Antes es la peor del mundo, porque
-no hablaré palabra en todo el camino. ¿Esa virtud del silencio, dijo,
-tiene vuesa merced? Será prudente y estimado de todo el mundo, que del
-poco hablar se conoce la prudencia de los sabios, que es una virtud
-con que un hombre asegura los daños que por su causa sola pueden
-venir. Yo no soy amigo de hablar: cuando dan tormento á alguno si no
-habla ni confiesa, lo tienen por valeroso, por haber callado lo que
-le habia de dañar. En un banquete, los callados comen más y mejor que
-los otros, y hablan menos, porque oveja que bala bocado pierde, aunque
-yo no soy amigo de hablar. El sueño tan importante para la salud y
-vida, ha de ser con silencio. Cuando uno está escondido, como suele
-suceder, en casa ajena, por callar se salva, aunque se le salga algun
-estornudo. Que el silencio es virtud sin trabajo, que no es menester
-cansarse con libros para callar. El callado está notando lo que los
-otros hablan, para echárselo despues en cara. Yo no soy amigo de
-hablar. Con estos disparates y otros tan materiales, iba alabando el
-silencio, y cansándome á mí y prosiguiendo con su inclinacion, dijo:
-Yo no soy amigo de hablar, sino por entretener en el camino á vuesa
-merced, que me parece hombre principal, voy aliviando el cansancio.
-Yo busqué mil invenciones para librarme de él, y seguir mi camino á
-solas: pero no fué posible dejarlo, y al fin le dije: Señor, yo tengo
-necesidad de apartarme á la mano izquierda, y pasar este rio, porque
-tengo qué hacer en Coin. ¿Pues por tan desconversable me tiene vuesa
-merced, dijo él, que no le habia de acompañar? Él prosiguió, y como
-no salió bien lo primero, fuíme divirtiendo con los ruiseñores, que
-nos daban música por el camino, admirándome de ver con cuánto cuidado
-se van poniendo delante de los hombres para que oigan la melodía de
-su canto, á veces llevando el canto llano con la quietud del tenor,
-y luego con la disminucion del tiple, convidando al contrabajo á que
-haga el fundamento, sobre que van las voces saliendo á veces sin pensar
-con el contralto. Concierto no imitado de los hombres, sino enseñado
-á los hombres, á quien sirven con gran cuidado de darles gusto, pues
-en la orilla de aquel rio, y en cualquiera parte que los haya, tanto
-con más escelencia usan de su armonía, cuanto más cerca se hallan de
-los hombres. Con esto pude disimular, y sufrir algun tanto la gotera
-y continuacion de este impertinente hablador, hasta que llegamos á
-una venta, donde fué forzoso comer. En acabando yo me hice enfermo,
-por quedarme sin él, mas él dijo: Juntos salimos de Málaga, juntos
-habemos de llegar á Ronda; que como yo callaba y él hablaba cuanto
-queria, le parecí bien para compañía. Víme cansado, atajado y molido;
-porque aunque confieso de mí que sé usar de la paciencia en muchas
-cosas, sé que no la tengo para oir hablar mucho y prolijamente, y así
-me determiné á usar del remedio contra los habladores, que es hablar
-más que ellos. En acabando de comer el buen hombre, estendiendo los
-brazos con un gran bostezo, comenzó á decir: Por aquí pasó el Rey Don
-Fernando y su gente, cuando despues de ganada Ronda vino sobre Málaga,
-y habiéndole faltado recursos, por los muchos gastos que se le habian
-recrecido, y por haber acosado á los pueblos circunvecinos con los
-contínuos rencuentros, trazas y estratagemas de que habia usado por
-ganar á Ronda, estuvieron dos ó tres dias los soldados sin recibir
-mantenimiento, por donde pensaron perecer de hambre. Yo le atajé con
-gran furia, diciendo: Y aun yo me acuerdo, que lo oí contar á mi
-bisabuelo, que habia traido de la campiña de los pueblos circunvecinos
-de cristianos de Ronda una gran manada de ganado de cerda, de que ahora
-hay más abundancia que en toda España, para mantenimiento del real:
-como se hubiese acabado ya todo el ganado vacuno, y quedasen algunos
-cochinos, mandó el Rey Católico que le guardasen una docena de ellos,
-y que por ningun camino tocasen á ellos, por ser grandes y largos,
-para casta. Como los soldados, gente sin paciencia, se veian perecer
-de hambre, y la provision que esperaban se tardaba, aunque estaban
-atrincherados, y cercados de enemigos de toda la Hoya de Málaga, donde
-por fuerza habian de vivir con recato; vieron dos ó tres camaradas que
-se habian desmandado los puercos hácia la espesura de estos árboles,
-por la ribera del rio, que como llevaban seguridad y salvoconducto,
-nadie tocaba á ellos. Acudió un arcabucero de la camarada, y por entre
-las ramas le encerró dos balas en el cuerpo á un cochino de aquellos.
-¡Arma, dijeron todos, arma, enemigos, arma! Púsose todo el real en
-arma; los soldados arrastraron el puerco hácia su tienda, y metiéronlo
-entre la ropa de un baul. Acudieron á todas las partes por donde
-se podia temer flaqueza ó peligro, porque en semejantes ocasiones
-ninguno sino los centinelas puede disparar un arcabuz; y como hallaron
-seguridad, mandóse que se hiciese pesquisa por un sargento mayor adónde
-y por qué se habia disparado el arcabuz: echóse de ver que habia sido
-por la muerte del cochino. Los tres soldados con los piés borraron el
-rastro de la sangre, y envolviéndole entre sus vestidos y camisas, lo
-encerraron en el suelo del baul, que le sirvió de sepulcro hasta que
-llegó el sargento mayor, é informándose de tienda en tienda. Llegando
-á la de los soldados, negando ellos lo del cochino, llegó el sargento
-mayor á mirar detrás del baul, y en meneándolo, el cochino de lo
-entrañable de las tripas en contrabajo dió un profundo gruñido, porque
-no era muerto, y secundó con otro más recio.
-
-El sargento mayor, que se enteró del caso, y padecia tanta hambre
-como ellos, mirólos sin hablar palabra. Ellos erizado el cabello,
-temblándoles las manos, y confuso el rostro, cuando entendieron que los
-habia de ahorcar, ó hacer otro castigo muy grave, el sargento mayor,
-poniendo el dedo en la boca, les dijo: Envíenme mi parte, y comamos
-todos. Con mucha disimulacion tornó á su pesquisa de tienda en tienda,
-y cuando llegó á la suya, halló entre unos drapos sucios la parte del
-cochino, que le pareció que habia venido del cielo. Entonces dijo el
-hablador: Pues á propósito de esto contaré: y al momento atajéle con
-decir: Pues no paró aquí, ni he contado la mitad del cuento, y diciendo
-mil disparates, semejantes á los pasados, lo rendí de manera que cogió
-su mula y se fué camino de Alora sin despedirse, y yo me quedé en la
-venta de Don Sancho, descansando de lo mucho que habia hablado y habia
-sufrido hablar, que con ser el medio con que se entienden los hombres
-unos con otros, la demasía destruye el buen fin para que fué concedido
-á los hombres, y no á los demás animales; la comunicacion del hablar, y
-la dulzura de la lengua que tantas excelencias tiene, y que ella es el
-intérprete del alma, satisfactoria á lo que le preguntan, exhortadora
-al bien, consoladora en el mal, relatora fiel de las sentencias,
-medianera en las amistades, agradable para el oido, en la soledad
-compañera, declamadora para persuadir, y voz para comunicarnos. Dejo
-otros muchos provechos, que aunque son materiales, son muy necesarios,
-como es traer la lengua el mantenimiento de una parte á otra, para que
-si está muy caliente se temple, y si está frio se acaliente, y baje al
-estómago, de manera que lo abrace bien. Mas, ¿qué asquerosa y babosa
-fuera la boca, si no hubiera lengua que recogiera la saliva que sin
-licencia se destila del celebro, y sube del estómago? ¿Como si pudiera
-arrancar la flema del pecho si no ayudara la lengua? ¿Quién negará la
-gracia que tiene para pedir, y la desgracia para despedir? Maravillosas
-propiedades tiene para lo material.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO XIX.
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-Pero ¿quién, ó cómo podrá decir las calidades de la lengua, aunque ella
-propia tuviese su libre alvedrío sin tener dependencia de otra parte,
-para hablar de sí? Dicen algunos que es de hechura de hierro de lanza,
-y engáñanse, porque ni es tan ancha por lo ancho, ni tan puntiaguda por
-el remate. Á mí me parece que tiene hechura de cabeza de culebra; y
-quien quisiere advertir en ello, véala mirándose á un espejo, y hallará
-lo que digo: verá el fácil movimiento que tiene, más veloz que todos
-los demás miembros del cuerpo, como de su movimiento propio se alarga
-y se encoge, se angosta y ensancha, con qué ligereza sube á lo alto
-de la boca, y baja á lo bajo, y se mueve al un labio y al otro, cómo
-sale afuera, y vuelve adentro, sin ver con qué se alarga, ni dónde se
-encoge: y mirándola con todos estos accidentes parece víbora que está
-á la boca de su cueva para salir ó no salir. Y en fin sale, teniendo
-en su guarda y defensa los dos adarves de dientes y labios, que le
-estorban la libertad del hablar, pero no por eso deja de hablar cuanto
-le mandan, y algunas veces mucho más de lo que le mandan. Vicio infame,
-y que ordinariamente se halla en gente muy humilde, como pescaderas
-y lavanderas; y si son hombres, son semejantes en nacimiento y
-costumbres, que si pensasen cuánto importa para la quietud de la vida y
-seguridad de la muerte, antes querrian ser mudos que hablar tanto y tan
-mal. Mil veces he pensado por qué llaman á estos deslenguados, teniendo
-tan larga la lengua. Y dejadas otras razones, digo que como hablan
-tanto, y tan mal, parece que han de tener la lengua gastada y consumida
-de hablar; y por eso les llaman deslenguados, siendo lenguados, y aun
-acedías, pues tantas engendran en quien los sufre. Y dije que parece
-la lengua cabeza de culebra, porque tan dispuesta se halla para picar
-ó morder, como para alabar ó persuadir. Mas ¡cuán dulce cosa es decir
-bien! ¡Qué de amigos se grangean por ello, y qué de enemigos por lo
-contrario! En cuantas pesadumbres suceden en el mundo habria templanza
-y moderacion, si la hubiese en la lengua, que por ella se traban
-cuantas pendencias suceden en las comunidades ó cabildos. ¡Qué fácil
-cosa es conceder una verdad, y qué dificultoso contradecirla! Pues al
-fin no se ha de dar razon conveniente para derribarla. El contradecir
-la verdad, por salir (como dicen) cada uno con la suya, bien se echa
-de ver que es estimarla en poco, y su misma reputacion. Que aunque por
-algunos respetos le dejan salir con su intencion, al fin todos echan
-de ver la vanidad que sustentaba, y él queda corrido y arrepentido;
-y á todos los que se aprovechan mal de la lengua les viene luego el
-pesar al pié de la obra. Tristes de aquellos que ponen su justicia en
-la confianza de su ruin lengua, que si por ese camino la alcanzan,
-toda la vida pasan con escrúpulo, y la muerte sin restitucion (quizá
-me engaño). Todas las heridas que un hombre da con el brazo paran allí
-donde se recibe el daño. Si ofende con la pisada no pasa de allí el
-daño. Pero la herida que hace la lengua (como dice el doctísimo Pedro
-de Valencia) va cundiendo y extendiéndose de la misma manera que el
-movimiento que hace una piedra en un charco de agua, que á todas partes
-se va estendiendo, ó como la voz que se da al aire, que á todas partes
-corre, y va creciendo, que la palabra una vez echada no sabe volverse
-á su dueño, ni es señor de lo que pudo retener en sí y lo dejó ir.
-Llaman satírico de pocos años á esta parte al que tiene ruin lengua;
-mas impropiamente, que no tiene lo uno parentesco con lo otro: porque
-las sátiras no nacen de la ponzoña de la lengua, sino del celo de
-reprehender un vicio, que por ser insensible él en sí, se reprehende en
-quien lo tiene. Mas la hambre y sed de la ruin lengua no tiene discurso
-como el que compone la sátira; y si lo tuviese, ó espacio para pensar
-los inconvenientes, no se arrojaria tan fácilmente contra la honra
-del prógimo. Aquel filósofo que preguntándole cuál era el animal más
-ponzoñoso en la mordedura, respondió que de los bravos el maldiciente,
-y de los mansos el lisonjero, no declaró cuál se llama verdaderamente
-lisonjera, que realmente la lisonja es una mentira dicha con blandura
-en alabanza del presente: como si á un hombre ignorante le llamasen
-sabio, ó á la mujer fea la llamasen hermosa.
-
-Esta es realmente adulacion y conocida lisonja, y es grande maldad
-decirla, y mayor ignorancia consentirla; pero no se llamará lisonja
-á la mujer que es medianamente hermosa y parece bien, llamarla muy
-hermosa, ni al hombre que tiene razonable talle, decirle que es gentil
-hombre; ni lo será al que canta á gusto de quien lo oye, decirle que es
-un Orfeo, ni al que es muy razonable poeta decirle que es un Horacio,
-que algo se ha de añadir para que los ánimos se alienten á pasar
-adelante con los actos de virtud; porque si la honra es el premio de
-la virtud (como lo es) ¿cómo sabrá el virtuoso la opinion que tiene en
-el pueblo si no se lo dicen en su cara, y le animan para que prosiga
-en merecer más y más cada dia? Así que decirle bien de sí propio al
-que tiene en qué fundarlo no es lisonja, sino dejarlo sabroso para que
-no cese en su buen propósito; y el que lo dice, sabiéndolo decir, se
-acredita de afable, y de juez que conoce lo que se debe á las buenas
-partes. ¿Quién será tan inhumano que tenga por lisonja decirle á Lope
-de Vega que no ha habido en la antigüedad más escelente ingenio por
-el camino que ha seguido? ¿Ni tan bruto que porque el otro sabe echar
-cuatro pullas con donaire, diga que es gran poeta? Todos estos son
-oficios de la lengua, que si es como la de aquel hablador, todo lo
-destruye y todo lo daña, así solapando el mal, como desacreditando el
-bien; porque en la demasía es imposible caber los actos de justicia,
-y más si el hablar mucho cabe en una mujer ignorante y hermosa, que
-para un hombre de recogimiento y estudio hace más ruido y ocupa más en
-una casa que un corral de doscientas gallinas. El hablar mucho está
-lleno de mil inconvenientes, y pocos habladores ó ningunos he visto
-enmendados; porque cuanto más viven y duran, crece más la licencia del
-hablar y el parecerles que lo pueden hacer. El hablar con moderacion
-regala el oido, cria voluntad y amor en quien lo oye, y hace una
-armonía en el oyente, que no hay cuatro voces concertadas que así lo
-suspendan. Mas, ¿qué fuera de la música de voces si no hubiera lengua
-que pronunciára las sílabas y formára los puntos? Parecieran los
-músicos vacas en acequias, ó azudas en procesion. Y aunque yo use mal
-del precepto que doy en hablar poco, no puedo dejar de condenar un
-género de gentes que en comenzando á hablar son como rueda de cohetes,
-que hasta que ha despedido toda la pólvora no para. Son descorteses si
-no oyen lo que les responden, y se hacen odiosos á todo el mundo. Háse
-de hablar lo necesario, respondiendo y dando lugar á que se responda
-con silencio justo, ó ajustado con la conversacion, si pudiere ser
-con agudeza y donaire, si no á lo menos con cordura, moderacion y
-aplauso, no pensando que se lo han de hablar todo. Como divinamente
-hace Doña Ana de Zuazo, que usa de la lengua para cantar y hablar con
-gracia, concedida del cielo para milagro de la tierra. Ó como Doña
-María Carrion, que si no fuera con tantas ventajas hermosa, con sola
-la cordura y gracia de su lengua pudiera ser estimada en el mundo. No
-quiero traer en consecuencia de esto á los grandes oradores, como es
-el Maestro Santiago Pico de Oro, al Padre Fray Gregorio de Pedrosa, al
-Padre Fray Plácido Tosantos, y el Maestro Ortensio, divino ingenio,
-el Padre Salablanca, tan semejante en la vida á la escelencia de sus
-palabras, y otros escelentísimos sugetos, que parece que hablan con
-lenguas de ángeles más que de hombres. Pero para reprehender el mucho
-hablar he yo hablado demasiado, por persuadir á quien tiene esta falta
-que se reforme en ella. Aquella noche descansé en un pueblo que está
-cerca del camino que llaman Cazarabonela, abundantísimo de naranjas y
-limones, con muchas aguas y frescuras, aunque al pié de muy altas peñas.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO XX.
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-Por la mañana tomé el camino por entre aquellas asperezas de riscos y
-árboles muy espesos, donde ví una extrañeza entre muchas que hay en
-todo aquel distrito, que nacia de una peña un gran caño de agua, que
-salia con mucha furia hácia afuera, como si fuera hecho á mano, mirando
-al oriente, muy templada, más caliente que fria, y en volviendo la
-punta del peñasco salia otro caño correspondiente á éste, muy helado,
-que miraba al poniente; en lo primero el romero florido, y á dos pasos
-aun sin hojas, y todo cuanto hay por ahí es de esta manera. Unas zarzas
-sin hojas, y otras con moras verdes, y poco adelante con moras negras.
-Todo cuanto mira á Málaga muy de primavera, y cuanto mira á Ronda muy
-de invierno, y así es todo el camino. Por entre aquellos árboles muy
-lleno el camino de manantiales y aguas, que se despeñan de aquellas
-altísimas breñas y sierras, por entre muy espesas encinas, lentiscos y
-robles; y como solo imaginando en las extrañas cosas que la naturaleza
-cria, cuando sin pensar dí con una transmigracion de gitanos, en un
-arroyo que llaman de las Doncellas, que me hiciera volver atrás si
-no me hubieran visto, porque se me representó luego las muertes que
-sucedian entonces por los caminos, hechas por gitanos y moriscos;
-como el camino era poco usado, y yo me ví solo y sin esperanza de que
-pudiera pasar gente que me acompañára, con el mejor ánimo que pude,
-al mismo tiempo que ellos me comenzaron á pedir limosna, les dije:
-Esté en hora buena la gente. Ellos estaban bebiendo agua, y yo les
-convidé con vino, y alarguéles una bota de Pedro Jimenez de Málaga,
-y el pan que traia, con que se holgaron; pero no cesaron de hablar y
-pedir más y más. Yo tengo costumbre, y cualquiera que caminare solo
-la debe tener, de trocar en el pueblo la plata ú oro que há menester
-para el espacio que hay de un pueblo á otro, porque es peligrosísimo
-sacar oro ó plata en las ventas, ó por el camino, y trayendo en la
-faltriquera menudos, saqué un puñado, con que les dí y repartí limosna
-(que nunca la dí de mejor gana en toda mi vida) á cada uno como me
-pareció. Las gitanas iban de dos en dos, en unas yeguas y cuartagos muy
-flacos; los muchachos de tres en tres, y de cuatro en cuatro, en unos
-jumentos cojos y mancos. Los bellacones de los gitanos á pié, sueltos
-como un viento, y entonces me parecieron muy altos y membrudos, que
-el temor hace las cosas mayores de lo que son; el camino es estrecho
-y peligroso, lleno de raíces de los árboles, muchos y muy espesos, y
-el macho tropezaba cuanto podia; dábanle los gitanos palmadas en las
-ancas, y á mí me pareció que me las querian dar en el alma; porque yo
-iba por lo más bajo y angosto, y los gitanos por los lados superiores
-á mí, por veredillas enredadas con mil matas de chaparros y lentiscos,
-que cada momento me parecia que me iban ya á pegar; y en medio de esta
-turbacion y miedo, yendo mirando con cuidado á los lados, moviendo
-los ojos, sin mover el rostro, llegó un gitano de improviso, y asió
-del freno y la barbada del macho, y queriéndome yo arrojar en el suelo
-dijo el bellaco del gitano: Ya ha cerrado, mi ceñor. Cerrada, dije yo
-entre mí, tengas la puerta del cielo, ladron, que tal susto me has
-dado. Preguntaron si lo queria trocar, y habiéndome atribulado del
-trago pasado, y de lo que podia suceder; mas considerando que su deseo
-era de hurtar, y que no podia echarlos de mí sino con esperanzas de
-mayor ganancia, con el mejor semblante que pude, saqué más menudos, y
-repartiéndolos entre ellos, dije: Por cierto, hermanos, sí hiciera de
-muy buena gana, pero dejo atrás un amigo mio mercader, que se le ha
-cansado un macho en que trae una carga de moneda, y voy al pueblo á
-buscar una bestia para traerla. En oyendo decir mercader solo, macho
-cansado, carga de moneda, dijeron: Vaya su merced en hora buena, que
-en Ronda le serviremos la limosna que nos ha hecho. Piqué al macho, y
-le hice caminar por aquellas breñas más de lo que él quisiera. Ellos
-quedaron hablando en su lenguaje de gerigonza, y debieron de esperar ó
-acechar al mercader para pedirle limosna, como suelen, que si no usára
-de esta estratagema, yo lo pasara mal. Sabe Dios cuántas veces me pesó
-de haber dejado la compañía del hablador, cuando hablára mucho y me
-enfadára, mas al fin no me pusiera en el peligro en que estuve. Que
-realmente para caminar por enfadosa que sea la compañía tiene más de
-bueno que de malo, y aunque sea muy ruin, la puede hacer buena el buen
-compañero, no comunicándole cosas que no sean muy justas. Y para tratar
-de lo que se ofrece á la vista, por el camino es buena cualquiera
-compañía. Que bien nos dió á entender Dios esta verdad cuando acompañó
-un brazo con otro, una pierna con otra, ojos y oidos, y los demás
-miembros del cuerpo humano, que todos son doblados sino la lengua, para
-que sepa el hombre que ha de oir mucho y hablar poco. Iba volviendo
-el rostro atrás, para ver si me seguian los gitanos, que como eran
-muchos, podian seguirme unos y quedarse otros; pero la misma codicia
-que cebó á los unos detuvo á los otros, y así me dejaron de seguir.
-Llegué al pueblo más cansado que llegára si no fuera por miedo de
-los gitanos. Despues ví en Sevilla castigar por ladron á uno de los
-gitanos, y una de las gitanas por hechicera en Madrid; pero despues
-que estuve sosegado y sin alteracion, se me representó en aquellos
-gitanos la huida de los hijos de Israel de Egipto. Iban unos gitanillos
-desnudos, otros con un coleto acuchillado, ó con un sayo roto sobre
-la carne: otro ensayándose en el juego de la correguela. Las gitanas,
-una muy bien vestida, con muchas patenas y ajorcas de plata, y las
-otras medio vestidas y desnudas, y cortadas las faldas por vergonzoso
-lugar: llevaban una docena de jumentillos cojos y ciegos, pero ligeros
-y agudos como el viento, que los hacian caminar más que podian. Dios me
-ofreció y deparó aquella estratagema, porque los gitanos eran tantos
-que bastaban para saquear un pueblo de cien casas. Reposé y comí en
-aquel pueblo, y á la noche llegué á Ronda, donde hallé á mis mercaderes
-muy deseosos de verme y muy adelante en su trato. Lo que allí me pasó
-no es de consideracion, porque en una feria tan caudalosa son tantos
-los enredos, trazas, hurtos y embelecos que pasan, que para cada uno
-es menester una historia. Yo no iba á tratar ni á contratar, sino á
-negocios de mis estudios, y visitar mis parientes; pero servíles á los
-mercaderes de gozquecillo, para mostrarles algunas cosas muy notables y
-dignas de ver que tiene aquella ciudad, así por naturaleza, como por
-artificio, como es el edificio famoso de la mina por donde se proveia
-de agua siempre que estaba cercada de contrarios.
-
-[Ilustración: --_Ya ha cerrado mi ceñor. --Cerrada, dije yo entre mí,
-tengas la puerta del cielo, ladron, que tal susto me has dado._]
-
-Esta ciudad fué reedificada de las ruinas de Munda, que ahora llaman
-Ronda la vieja: ciudad donde tan apretado se vió César de los hijos de
-Pompeyo, que confiesa él mismo que siempre peleó por vencer, y allí por
-no ser vencido. Está edificada sobre un risco tan alto, que yo doy fé
-que haciendo sol en la ciudad, en la profundidad, que está dentro de
-ella misma, entre dos peñas tajadas, estaba lloviendo en unos molinos y
-batanes, que sirven á la ciudad, de donde subian los hombres mojados;
-y preguntándoles de qué, respondian que llovia muy bien entre los dos
-riscos que dividen la ciudad del arrabal. Dígolo á fin de que cuando
-esta ciudad se edificó, por la falta que habia de fuentes arriba les
-fué forzoso hacer una mina, rompiendo por el mismo risco hasta el
-rio, que no hay en toda ella cosa que no sea de la misma dureza de la
-piedra, en que hay cuatrocientos escalones, poco más ó menos, por donde
-bajaban por agua los míseros esclavos cautivos, en el cual trabajo
-morian algunos; y se tiene por tradicion antigua que una cruz que yo
-he visto al medio de la escalera, la hizo un cristiano, que del mismo
-trabajo reventó, con la uña del dedo pulgar, tan honda, que fuera
-menester más que punta de daga para hacerla. Es de la misma grandeza de
-rayas que un Cristo que está en la iglesia antigua de Córdoba, hecho
-por manos de otro santo cautivo, y con el mismo trabajo. Algunos han
-dicho que tan insigne obra no pudo ser hecha sino de romanos. Pero
-hay en contrario una piedra grande que está en el fundamento de la
-torre que llaman del homenage, que está escrita de letras latinas,
-y están vueltas hácia abajo, que si supieran leerlas no la pusieran
-al revés. Fuera de que las calles son todas angostas, y las casas,
-que se heredaron de la antigüedad bajas, muy fuera de la costumbre
-de los romanos y españoles. Sea como fuere, el edificio de la mina
-es hecho con mucho trabajo y cuidado, y de las más memorables obras
-que hay de la antigüedad en España; y que esta ciudad fuese edificada
-de las ruinas de Munda, en mil piedras que allí hay se echa de ver,
-y en algunos ídolos que hay, entre los cuales son excelentes dos que
-hay de muy maltratados, de alabastro en las casas de don Rodrigo de
-Ovalle, en que ahora vive, heredadas de sus padres y abuelos á quien yo
-conocí: y aunque yo no hago oficio de historiador, no puedo dejar de
-decir de paso, que engañado Ambrosio de Morales por la semejanza del
-nombre, dijo que Munda habia sido un lugarcillo edificado á la falda de
-Sierra-Bermeja, que se llama Munda, que si hubiera visto esta tierra
-no lo dijera. Porque á lo que dice Paulo Hircio que hay desde Osuna á
-Munda, concierta esta verdad, y con estar vivo hoy el coliseo grande,
-y que muestra haber sido colonia de romanos, que yo ví años de ochenta
-y seis. Junto con esto me acuerdo que oí decir á Juan Luzon, caballero
-de muy gentil entendimiento y buenas letras, y un hidalgo, nieto é hijo
-de conquistadores, que se llamaba Cárdenas, que en un cortijo suyo que
-está en el mismo sitio de Munda, arando unos gañanes, hallaron una
-piedra en que estaban estas letras: _Munda Imperatore Sabino_. Junto
-con esto le oí decir á mis abuelos, que eran hijos de conquistadores,
-y tuvieron repartimiento de los Reyes Católicos. Y esto digo, porque
-como se van acabando los que lo saben, quede esta verdad asentada para
-la posteridad. Tiene aquella ciudad naturalmente cosas que se pueden ir
-á ver, por monstruosas de muchas leguas, por la extrañeza de aquellas
-altas peñas y riscos. Es abundantísima de todo lo necesario para la
-vida, y así salen pocos hombres de ella para ver el mundo; pero los que
-salen, así para soldados como para otras profesiones, prueban muy bien
-en cualquiera ministerio, y porque no haga oficio de historiador, paso
-fácilmente por estas verdades. Yo mostré á los mercaderes lo que pude,
-y los dejé con intento de ir á las Indias occidentales.
-
-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO XXI.
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-Yo negocié á lo que iba, y vine á Salamanca, donde estuve hasta que se
-hizo una armada en Santander, de donde fué general Pedro Melendez de
-Avilés, adelantado de la Florida, muy gran marinero, que por ser para
-navegar se la encomendaron. Yo con el deseo que tenia de ver mundo
-desamparé los estudios, y me acogí en compañía de un amigo capitan,
-que iba haciendo gente para la dicha armada, que quien viera la gente
-que se juntó en ella de Andalucía y Castilla, juzgára que para todo el
-mundo bastaba: pero como la mano de Dios lo gobierna todo, y sin su
-incomprehensible voluntad, ni el poder de los reyes, ni el valor de
-los generales, ni la furia de los grandes soldados es bastante para
-derribar la flaqueza de un miserable hombre, tuvo infelicísimo fin
-aquel poderoso ejército: no en batalla, porque no llegó á ese punto,
-sino que se cundió una enfermedad en los soldados, de que casi todos
-murieron sin salir del puerto. Embarcóse lucidísima gente moza y
-robusta, con muy grandes esperanzas que el gallardo brio les prometia.
-Yo me embarqué en una zabra con la compañía en que fuí, aunque con
-diferente capitan, porque hubo reformacion, y de este segundo fuí yo
-alférez en armada, de quien se dijo: Desdichada la madre que no tuvo
-hijo alférez. Era almirante don Diego Maldonado, caballero de bonísimo
-gusto, en cuya gracia yo caí, y en su desgracia nunca, por cuyo respeto
-me dió su bandera el segundo capitan. Diéronme unas tercianas dobles
-que andaban fuera y dentro de la mar; y como nunca las cosas, por poco
-prósperas que sean, se poseen sin envidia, dió en tenerla de mí un
-hidalguete de la misma compañía que traia ocho ó diez camaradas que
-procuraban con grandes veras derribarme del oficio de alférez; pero
-cuanto más ellos ocasiones me daban para su intento, tanto más me
-apartaba yo de tomarlas; porque puesto un hombre en ellas, mal sabe
-resistirse, y no hay remedio tan excelente para huir los males, como no
-aceptar el envite de las ocasiones, particularmente en la edad robusta
-que yo entonces tenia, que aunque no era muy mozo, era muy colérico,
-y la enfermedad me hacia andar desgraciado. Por apartarme de este
-hidalguete me estuve en tierra algunos dias sin entrar en el navío,
-que todo esto se ha de hacer por evitar pesadumbres: y una huéspeda
-mia me curaba las calenturas con darme á beber vino de Rivadavia con
-suciedad de ratones, que los enfermos todo lo creen, como vaya en órden
-de darles salud. Como yo era fogoso, más se encendian las calenturas,
-y más se encendia el ódio del envidioso; de suerte que por su causa me
-mandaron que fuese al navío: hícelo, y aun estando con mi calentura;
-y como él estaba puesto en su malicia, determinó con sus camaradas,
-con quien el pobre gastaba lo poco que tenia muy bien, de darme la
-ocasion á manos llenas. Yo sabia nadar, y él no; fué tanta la ocasion,
-que me obligó á responder: estando él y sus camaradas al bordo del
-navío, me desmintió. Ofrecióseme de improviso si le daba un bofeton,
-que me ponia en peligro que los camaradas me diesen de puñaladas; y
-así, sin hablar palabra, me abracé con él, y me arrojé en la mar, y
-dándole cuatro coces donde los camaradas no podian ayudarle, echélo á
-fondo, y dando dos braceadas, asíme al bordo de la chalupa. El pobre,
-habiendo tragado algunos cuartillos de agua, salió hácia arriba; y lo
-primero que encontró con que asirse fué una pierna mia, que agarró tan
-fuertemente, que con muchas coces que le dí con la otra, no fué posible
-hacer que la soltase. Los bellacones, en cuyo favor y ánimo él se habia
-fundado para atreverse, en lugar de favorecerle á él y á mí, estaban al
-bordo del navío pereciendo de risa de verlo asido de mi pierna, y á mí
-asido de la chalupa. Yo dí voces á los marineros, porque él no podia
-hablar, que echasen un cabo: echáronle y bajaron dos de ellos, y como
-si fuéramos dos atunes, dieron con nosotros en la chalupa, aunque á mí
-solo me estorbaba para salir no dejar el otro mi pierna; pero él, como
-se vió en elemento que no conocia, salió medio ahogado: subidos arriba,
-le dieron al otro ciertas coces en la barriga, con que vomitó el agua
-mala, y yo me enjugué de la que habia cogido en el vestido: de suerte,
-que para la vida le aprovechó más al pobre una pierna del enemigo, que
-doce brazos de sus amigos; que ordena el cielo de manera las cosas,
-que las amistades y favores fundados en malos intentos, no aprovechen
-para el mal fin. Nadie se fie en lo que no fuere suyo, que es fácil el
-prometer ayuda y dudoso darla, que cada uno en la ocasion mira su daño,
-y no la obligacion en que le pusieron. Dábale osadia el desprecio mio
-con el favor de los otros, y en ese mismo desprecio halló la vida que
-por el favor tuvo en duda. Yo con mi determinacion deshice mi agravio,
-ahuyenté la calentura y dí que reir á toda la armada. En confianza
-de ajeno favor nadie se atreva á hacer cosas mal hechas. Súpolo el
-adelantado, que rió mucho de ello. Vino á vernos el almirante por
-saber que habia sido conmigo la pesadumbre, y diciendo con grandísima
-gracia: Estas amistades pasadas por agua y hechas por Neptuno, yo como
-almirante las confirmo; y pues saben, señores soldados, que debajo
-de bandera no hay agravio, al que lo hiciere se le darán tres tratos
-de cuerda, y al que lo sufriere le tendrán por muy honrado soldado,
-considerado y cuerdo. Regaló al medio muerto de temor, y á mí me llevó
-á comer consigo, diciendo mis disparates á cuantos encontraba de la
-armada, que fué tan desdichada, que de casi veinte mil soldados que
-se embarcaron muy gallardos, solo trescientos quedaron de provecho,
-que llevó el capitan Vanegas á donde le mandaron, que no bastó la
-diligencia del conde de Olivares, excelentísimo ministro, capaz para
-gobernar un mundo, discreto, sagaz y sabio en todas materias. Murió
-allí el adelantado, y otros grandes ministros de S. M., con que aquella
-gran máquina se acabó de deshacer. Yo disparé como los demás que
-quedaron á reparar la salud con la convalecencia: que realmente todos
-los que no murieron cayeron enfermos: y entendióse que se hizo algun
-daño en los mantenimientos. Salí de Santander, y tomé mi derrota por
-Laredo y Portugalete: llegué á Bilbao, donde me siguió mi fortuna, como
-suele. Aunque no iba muy recio ni convalecido, llevaba algunas galillas
-de soldado; y como aquella armada habia dado tan grande tronido, todos
-gustaban de ver soldados de ella. Las mujeres particularmente, como más
-noveleras, salian á ver cualquiera soldado que venia.
-
-Estando en una Iglesia de Bilbao, puso los ojos en mí una vizcaina muy
-hermosa, que las hay en estremo de lindísimos rostros; yo correspondí
-de manera, que antes que saliese, dijo, despues de haber hablado un
-gran rato, y dado y tomado sobre cierta inclinacion que tenia que venir
-á Castilla, que pasase aquella noche por su casa, y que hiciese una
-seña. Yo la dije que señas ordinarias son muy sospechosas, y así, que
-en oyendo el ruido de un gato, se pusiese á la ventana, que yo seria.
-Túvele en cuidado, y á las doce de la noche, cuando me pareció que no
-habia gente, fuí arrimado á una pared que hacia sombra, y con mucho
-silencio me puse en un rinconcillo que estaba debajo de su ventana,
-donde por la sombra no podia ser visto, y entonces hice la seña
-gatuna, á cuyo ruido se alborotaron los perros, y un jumento soltó su
-contralto. Andaba de la otra parte un hombre tambien haciendo hora,
-y como oyó al gato y los perros, estando yo muy atento á la ventana
-á ver si se asomaba, cogió una piedra, y dijo en vascuence: Valga el
-diablo los gatos, que han venido á alborotar los perros, y jugando del
-brazo y piedra, tiró á bulto donde habia oido el gato, y dióme en estas
-costillas una pedrada, pensando espantar el gato. Callé, y llevé lo
-mejor que pude mi dolor, con que me quitó la atencion de la ventana, y
-aun el amor de la moza, porque me acordé que Dios lo habia permitido
-por el poco respeto que habia tenido en la Iglesia, concertando en ella
-lo que habia de ser ofensa suya; que en los lugares sagrados el temor y
-la vergüenza han de ser freno para no hacer semejantes atrevimientos;
-que si los templos son para ofrecer á Dios sacrificios y pedirle
-mercedes, ¿cómo las concederá, teniéndole poco respeto en su casa? Y
-quien no tiene temor y respeto en semejantes lugares, arguye ánimo
-desvergonzado; porque el temor del hombre viene á redundar en honra de
-Dios, y quien no lo tuviere, tampoco vendrá á tener fortaleza. Nadie
-siga mujeres en la Iglesia; pues hay harto espacio para verlas fuera,
-que se han visto muy grandes castigos en hombres que no han tenido
-respeto á los templos, y muy grandes mercedes en quien ha temblado de
-hacer descortesías en ellos; y no solamente en la verdadera religion,
-pero aun en el culto de los falsos dioses ha permitido el verdadero
-muy grandes males en los tales; porque ya que engañados del demonio
-piensan que van acertados, son sacrílegos de lo que tienen por bueno.
-Retiréme por el mal suceso, y porque las cosas que se han comunicado
-poco no dan mucha pesadumbre en dejarlas; pero como ella tenia gana de
-venir á Castilla, tuvo modo para enviarme á decir con una amiga suya,
-tan cerrada en la lengua castellana, como yo en la vizcaina, que ya
-que no queria pasar por su casa para hablarla, me fuese á la salida de
-Bilbao para Vitoria, que allí me hablaria. Y los hombres que en pueblos
-no conocidos, y de cuyas costumbres no tienen noticia, se atreven á
-hacer su voluntad, merecen verse en el peligro en que yo me ví. No hay
-confianza que no esté sujeta á algun peligro: y es grande ignorancia
-tenerla en lo que no se tiene esperiencia. Quien dice en Castilla
-vizcaino, dice hombre sencillo, intencionado; pero yo creo que Bilbao,
-como cabeza de reino, y frontera ó costa, tiene y cria algunos sugetos
-vagamundos, que tienen algo de bellaquería de Valladolid y aun de
-Sevilla.
-
-Yo fuí al puesto un poco tarde, y hallé á la señora vizcaina con una
-amiga ó compañera suya: fuímonos hablando, y á ratos ella cantando en
-vascuence, porque la otra no sabia una palabra en castellano, y con la
-materia que ella iba tratando de su ida á Castilla, divertímonos de
-manera que anocheció algo lejos de la ciudad. Volvímonos, y llegando
-á un molino, encontramos cuatro hombres perdidos que salian de una
-taberna, no de sidra, sino de muy gentil vino, que las hay por aquellos
-molinos arriba. Y viendo con un castellano dos vizcainas, gobernáronse
-por sus cabezas, como estaban entonces, pusiéronse dos de ellos de
-un lado, y dos de otro, y puesta mano á sus espadas, me comenzaron á
-acuchillar: yo no fuí señor de mí, porque de la una parte estaba un
-cerro bien alto, y de la otra una pared bien alta, que bajaba á un caz
-de un molino.
-
-Las vizcainas huyeron, y yo hice todo cuanto fué posible por cogerlos
-delante, por verme con ellos mejor: pero los bellacos eran matantes,
-y sabian cómo se habia de hacer una bellaquería. Yo, visto que por
-fuerza habia de peligrar, no pudiendo tomar la delantera, ni subir
-por el cerro, ni por los lados, arremetí con los dos para cogerles
-la delantera, y al mismo tiempo todos juntos cerraron conmigo, y me
-arrojaron en el caz de aquel molino, y fué tan cerca del rodezno,
-que la corriente furiosa del agua me llevaba á hacer pedazos, si
-no me asiera de una estaca ó maderilla que estaba hincada, aunque
-poco fuerte, cerca de la puerta que atajaba el agua para que fuese
-al rodezno; pero era tan cerca de él, y la estaca poco fuerte, que
-se doblaba con el peso, y yo me iba acercando más á perdicion; los
-bellacos se fueron siguiendo las mujeres en viéndome caido abajo, y
-como los peligros imprevistos carecen de consejo, yo no le tenia para
-valerme: la estaca se iba rindiendo, y yo llegándome hácia el rodezno.
-Volví el rostro hácia el lado izquierdo, y ví un arbolillo pequeño,
-que se criaba de la humedad del agua, que pensé que tuviera más fuerza
-que la estaca, mas no tenia fortaleza. Por que la corriente no hiciese
-su oficio, fuí cobrando espíritu, dejé la mano derecha en la estaca,
-y alargué la izquierda al arbolillo, y pude asirlo de una rama.
-Repartido el peso entre las dos, aunque no podia resistir á la inmensa
-furia del agua, por estar casi llegando con los piés al rodezno, pude
-mejor sostenerme, pero no volver arriba, hasta que sacando la pierna
-izquierda, que estaba más arrimada á aquel lado que al derecho, topé en
-la paredilla con una piedra, en que pude estribar muy bien, y haciendo
-fuerza con ella, ayudándome de la de los brazos, mejoréme, hasta
-poder asir el madero, en que estaba asida la puerta del desaguadero,
-y encomendándolo á la mano izquierda, saqué con la derecha la daga, y
-metiendo el brazo debajo del agua, apalanqué con la daga, y alcé la
-puerta tanto, que se coló la mitad del agua, y segundando, como pude,
-con toda la mano derecha, la levanté de manera, que con la misma furia
-que iba al rodezno, todo el agua se despeñó por su natural corriente,
-con que yo pude valerme de mis piés, y subir por toda la acequia,
-asiéndome á las estacas que ayudaban á la presa del molino, y como el
-que ha resucitado de muerte á vida, sin capa y espada ni sombrero, iba
-mirando si era yo el que se habia visto en tan evidente peligro; iba
-corriendo por aquellos molinos abajo, como el que se habia soltado de
-la cárcel, por llegar presto donde me alentase y mudase el vestido,
-porque no se me entrase aquella humedad de la ropa en las entrañas. Los
-que me encontraban me hablaban en vascuence, debian de preguntar si
-estaba loco, yo no respondia palabra, por no me poner á resfriar.
-
-Cuando llegué á mi posada llevaba la muñeca de la mano derecha más
-gorda que el muslo, del golpe que habia dado. Estúveme en la cama
-ocho ó diez dias, restaurando la batería que habia hecho en mí el
-espanto de la ya tragada muerte, que fué el mayor peligro de los que
-yo he pasado, por ser con quien no sabe hablar, sino hacer y callar.
-Admiréme de ver que entre gente que tanta bondad y sencillez profesan,
-se criasen tan grandes traidores, sin piedad, justicia y razon. En el
-tiempo que estuve en la cama me tomaba cuenta á mí propio, diciendo:
-Señor Márcos de Obregon, ¿de cuándo acá tan descompuesto y valiente?
-¿qué tiene que ver estudio con bravezas? Muy bien guardais las reglas
-de vivir, ¿qué os enseñó vuestro padre? ¿no os acordais que el primer
-precepto que os dió fué que en todas las acciones humanas tomásedes el
-pulso á las cosas antes que las acometiésedes; y en el segundo, que
-si las acometíades, mirásedes si podia redundar en ofensa agena; y el
-tercero, que con vos mismo consultásedes el fin que pueden tener los
-buenos ó malos principios? Muy bien os aprovechais de ellos: ¿mas qué
-bien parece pasar de estudiante á soldado, profesiones tan honradas, y
-despues de soldado á molinero, y no á molinero sino á molido? ¡Qué poca
-pena le diera al bellaco del rodezno hacerse verdugo y descuartizarme!
-Tentábame mis piernas y mis brazos, y como los hallaba, aunque
-cansados, buenos, daba mil gracias al bendito ángel de la guarda,
-que él por su bondad es la prudencia de los hombres, que la nuestra
-no basta para librarnos de los trabajos y adversidades: pero bastára
-para no ponernos en ellos, sino que se adquiere esta divina virtud tan
-tarde, y con tanta esperiencia de trabajos y vejez, que cuando les
-viene á los hombres parece que ya no la han de menester: y la juventud
-está tan llena de variedades y mudanzas naturalmente, que apetece
-más arrojarse á la fortuna y suerte, que obedecer á la Providencia.
-Y confieso, que la poca que yo tuve, me trajo á punto de perecer
-miserablemente, donde habia de ser manjar, aun no de peces, sino de
-gusarapos, si no era que los perros del molino querian hacer algun
-banquete antes que viniera á noticia del amo. Yo pasé mi trabajo lo
-mejor que pude, y pude muy mal, porque en la soldadesca no habia mucho
-dinero, aunque se hacen en ella los hombres esperimentados para estimar
-la paz, y animosos para ejercitar la guerra.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO XXII.
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-Salí de Vizcaya, echándola mil bendiciones, lo más presto que pude
-por llegar á Vitoria, donde hallé un gran caballero amigo mio que se
-llamaba D. Felipe Lezcano, y él me hospedó y regaló de manera que pude
-repararme del trabajo pasado: y por no dejar de verlo todo fuí de allí
-á Navarra, siendo Condestable de ella un hijo del gran Duque de Alba D.
-Fernando de Toledo; pero con gran cuidado de no arrojarme á cosa que no
-fuese muy bien pensada; porque como en cada reino, ciudad y pueblo hay
-diversas costumbres, el que no las sabe, con vivir bien y quietamente
-cumple con la obligacion natural; y con aquel primer documento que
-me dió la afliccion del molino, procuré valerme siempre, si no era
-cuando me olvidaba de él, que como mozo tropezaba de cuando en cuando,
-principalmente en aquellas cosas que sola la edad puede madurar. Cuanto
-más que, es tan poderoso el hacer costumbre en las cosas, que ellas
-mismas se facilitan con el uso: y cuando no repugnan á la razon, no
-se han de dejar si no pide otra cosa la fuerza. Al fin me valí por
-Navarra y Aragon de manera que adquirí muchos amigos. Y en llegando á
-Zaragoza, ciudad y cabeza del antiguo reino de Aragon, que entonces no
-tenia tan buena fama como mereciera, hallé tantos amigos, y tan buenos,
-que más parecí natural que forastero en el amor que me tenian; pero yo
-fuí siempre con cuidado de no mirar á ventana, que son celosísimos los
-de aquel reino, ni tomar pesadumbre con nadie, ni asir de palabras de
-poca importancia, que es de donde se traban las enemistades y ódios.
-Honróme en su casa por el tiempo que allí estuve un gran Príncipe muy
-amigo de música, y de todos actos de ingenio y virtud, honrándome y
-acudiéndome á las necesidades de naturaleza; y fué tanto el favor que
-me hizo, que me divertí más de lo que fuera razon, en juegos, que hasta
-entonces no habia dado en ellos, que fué bastante para distraerme, y
-dar en aquel vicio que me trajo más inquieto. Que como en palacio la
-ociosidad es tanta, y el ejercicio en letras y uso de las ciencias
-tan poco favorecido, dí en lo que todos daban. Vicio contra caridad,
-lleno de ira insolente en el que gana, y de humildad forzosa en el
-que pierde, y que arrastra de manera á quien lo sigue, que no le deja
-voluntad para otra cosa. Cuál antepone el juego á la honra; cuál deja
-mujer é hijos perecer de hambre, y estos son daños muy ordinarios;
-que hay muchos que ni se pueden ni se sufren decir. Un hidalgo de
-muy buen entendimiento se vió tan lleno de trampas por el juego, y
-tan sujeto á la costumbre, y convertido ya el uso en naturaleza, que
-reprehendiéndole su misma madre, y rogándole que dejase el juego, y
-ella le alargaria toda su hacienda, que no era poca, respondió, que
-estaba como hombre que tiene atravesada una daga, que vive mientras
-la tiene, y en sacándola muere, y que en quitándole el juego se habia
-de morir. Pero es tanta la golosina del que gana, y tan grande la
-desesperacion del que pierde, que ni el uno reposa hasta perderse, ni
-el otro vive hasta desquitarse. El uno se inquieta con la ganancia, el
-otro se ahoga con la esperanza de ganar, y ambos fácilmente mudan de
-estado; pero no duran en él de costumbre, ni se puede creer el ódio
-infernal que tiene el que pierde con el que le gana, aunque más y más
-disimule, que parece que en aquel punto le falta el conocimiento de
-la primera causa, nacido de no poderse vengar de su enemigo: quien
-quisiere meter cizaña entre dos grandes amigos, haga que jueguen el uno
-contra el otro, que no há menester más fuerza el diablo para hacerles
-grandes enemigos; tal es la fuerza del ódio que se cobra en el juego:
-¡qué de muertes infames hechas con supercherías y traiciones, robos y
-mentiras nacen del juego! No quiero que se me representen las cosas
-que he visto suceder en el juego y por el juego; sólo quiero decir,
-que es tan poderoso que un hombre que trata de recogimiento, ó por
-escribir, ó por leer, ó por otros actos de virtud, si juega una vez
-y pierde, há menester ayuda del cielo para tornar á añudar el hilo
-por donde lo habia quebrado. Yo me divertí en esta materia, y la dí á
-entender á amigos que trataban este infame ejercicio, con uno de los
-cuales me pasó una cosa muy vergonzosa para mí, y de risa para quien
-lo supo. Fué, que una noche me pidió que le acompañase porque iba á
-hablar con cierta persona, y quiso llevarme para que le guardase la
-suya. Yo me puse como de noche con una espada y broquel, unos calzones
-ó zaragüelles de lienzo, un capotillo de dos faldas, y otras cosas de
-disfraz, con que fuimos adonde me llevó, que era una casa donde habia
-un poyo á la puerta. Dió las once el reloj, y despues las doce, que era
-la hora que tenia aplazada, y díjome que lo esperase sentado en aquel
-poyo, que luego saldria. Sentéme bien rellanado, y musitando entre
-dientes comencé á entretener el sueño lo mejor que podia, que ya era
-hora de ello. El dia siguiente era dia solemnísimo de los Apóstoles:
-oí las dos y luego las tres, que el buen hombre no podia salir, porque
-hubo estorbo para ello; yo me caia de sueño; dí en pasearme y en rezar,
-entendiendo que aprovecharia para no dormirme, siendo cosa que más
-concilia el sueño de cuantas hay en el mundo. Torné á sentarme, porque
-me cansaba de tanto pasear, y como habia digerido ya la cena gran rato
-habia, por más que me refregaba los ojos con saliva, no pude valerme
-hasta que no sé cómo ni de qué manera, sin querer, me quedé dormido
-sobre el poyo, adonde estuve, hasta que tañendo á Misa mayor el dia
-siguiente, con el ruido de las campanas de la fiesta y de la mucha
-gente, pasando unas señoras por allí, dijeron: ¡Qué bien lo ronca el
-cochino! y mandaron á un escudero que me despertase. Despertóme, y
-alzando los ojos con un gran bostezo ví el sol en medio de la calle, y
-oyendo la armonía de las campanas, arrebocéme un capotillo que llevaba,
-y dí á correr no hácia mi posada, sino hácia la placeta de Médicis,
-siguiéndome más de trescientos perros; y á la vuelta de una esquina
-topé con un ciego que llevaba una docena de huevos en el seno, y al
-mismo compás que le topé volvió el báculo, y alcanzóme en el hombro
-izquierdo, y como le destilaba lo amarillo de la tortilla, decian que
-le habia quebrado la hiel en el cuerpo, y ya que con mi huida llegaba
-cerca de la casa donde me habia de acoger, con la priesa que llevaba
-y la que me daban los perros tropecé, y tendíme á la puerta de esta
-señora, tan buena de nacimiento, que habiéndole yo enviado dos perdices
-para que se regalase con ellas, las echó en una necesaria, porque
-venian lardeadas con tocino.
-
-Parece que con estas menudencias se desautoriza la intencion que se
-lleva en este discurso; pero mirando bien, para eso mismo lleva mucha
-substancia, que aquí no se escriben hazañas de príncipes y generales
-valerosos, sino la vida de un pobre escudero que ha de pasar por
-estas cosas y otras semejantes, y por reprehender una inadvertencia
-tan grande como la que hizo aquel amigo y la que hice yo. Llevar
-compañía de noche quien va á cosa hecha, téngolo por yerro; porque
-si va adonde no tiene peligro, no há menester llevar testigo de sus
-mocedades; y si va con sospecha de algun peligro, claro está que no
-ha de querer infamar una casa, y por fuerza se ha de retirar; y para
-huir más desembarazado, mejor va solo que acompañado, porque al fin no
-lleva consigo quien diga que huyó. Y aunque es lo más sano y seguro no
-hacerlo, si se hiciere sea á solas, no acompañado, porque las amistades
-de hombre se acaban, y luego se revelan los secretos. Pues la fineza
-que yo usé en esperarle y guardarle el cuerpo, ¿quién dirá que no fué
-disparate? Pasaban dos horas, y acercándose el dia, ¿qué necesidad
-tenia yo de ponerme á padecer tormento de sueño? ¿Qué fortaleza de Rey
-me habia mandado que guardase, sino la que era de un hombre perdido,
-para ponerme á peligro, demás de la vergüenza que pasé? Cuando se ha
-de poner un hombre á tan grandes riesgos, ha de ser por conocer un
-evidente peligro en alguna persona de vida ó de honra, ó por obedecer
-el mandamiento de algun gran príncipe ó república. Pero que me ponga
-yo á los sucesos de fortuna por quien está muy contento, sin tener más
-cuidado de mi cuerpo que de su alma, téngolo por fineza impertinente.
-¿Qué honra ó hacienda perdiera yo cuando me fuera á tomar el reposo
-y descanso que naturaleza pide para su conservacion? Si me culpára
-en haberlo dejado, le preguntára yo si lo dejaba en alguna mazmorra,
-de donde lo podia sacar con la mano, ó si me dejó él á mí en mi lecho
-reposado, ó si quedaba entre enemigos de la fé, como quedaba entre
-enemigos de guardarla. Siempre oí decir que el que fuere compañero
-en los trabajos tambien lo ha de ser en los gustos; pero aquí la
-parte del trabajo era para mí, y la del gusto para él. La conclusion
-es, que tengo por yerro llevar compañía en semejantes jornadas, y
-por mucho mayor acompañar á nadie en ellas, que si llama la compañía
-por pusilánime, lleva la vida jugada el que le acompaña, porque á la
-primera ocasion huye, y lo deja en manos de enemigos que él no tenia
-ni temia. Y mire cada uno, si le sucediere, que es participante del
-daño que el otro hiciere en ofensa ajena. Yo me reparé de vestido y
-de sueño, aunque habia dormido lo bastante para un hombre de bien,
-en aquella misma casa donde llegué, y á donde hallé un vecino suyo
-muy lleno de melancolía, y tanta, que me vió dar con mi persona en el
-suelo, con la espada á una parte y el broquel á otra; no conocí en él
-accidente de risa, como en cuantos me vieron caer, que una caida es
-ocasionada para mucho disgusto de quien la da, y mucha risa de quien
-la ve. Con todo se llegó este buen hombre estando ya puesto de rua en
-casa de aquella mujer, amiga del tocino; y pareciéndole que yo estaba
-disgustado, llegó como á consolarse conmigo, diciéndome que todos los
-hombres del mundo padecen trabajos, y que él estaba tan dentro de
-ellos como todos cuantos vivian en él. Yo le pregunté, qué eran sus
-males que tan triste lo traian, porque siempre he sido compasivo; y
-él me respondió en una palabra: Zelos. ¿Ese mal tiene? le dije yo;
-no quiero preguntarle si son averiguados, ó si es sospecha; pero
-quiero decirle que es enfermedad de mozos de poca experiencia, que si
-la tuviesen, sabrian que los mismos tienen unos de los otros. Y si
-advirtiesen que el otro de quien yo los tengo anda rabiando de ellos
-por mí, consolaríame con su daño y con verle padecer, y consumirse con
-un perpétuo desasosiego. ¿Qué mayor consuelo puedo tener yo que ver á
-mis enemigos padecer, y reirme de ellos? Porque pensar que una mujer
-divertida en estos tratos se ha de contentar con lo que uno le da, es
-pensar que un fullero ha de andar bien puesto con sola la ganancia que
-hace á un cuitado. Los zelos tienen al diablo en el cuerpo del que los
-tiene, y parece que lo trae consigo, pues á nadie hacen mal sino á
-quien los mantiene, y cuanto más se callan más crecen. Su remedio está
-en tan ruin fundamento, que con averiguar la verdad, ó se mueren, ó se
-halla ocasion para perderlos, poco á poco, apartándose de quien los
-causa. Yo aseguro que son más de cuatro los zelosos, sin saber unos de
-otros en esa misma ocasion, y crea que se usa esto. Si son zelos de
-la mujer propia, es agravio que se le hace, que la más baja mujer del
-mundo estima en más la sombra de su marido que á todo lo restante de él.
-
-Un príncipe de esta ciudad dijo muy bien quién son los zelos, y materia
-tan odiosa no se ha de traer á la memoria, sino consolarse con lo que
-tengo dicho de ver que padecen por mí lo que yo padezco por otros: que
-han venido las mujeres á tan infeliz estado, que han privado á su misma
-naturaleza del gusto que ella les concedió, porque lo han puesto en
-solo hurtar y robar las haciendas, fingiendo querer á los que desean
-desollar, por solo igualarse en galas á las que de su nacimiento por
-herencia de patrimonio nacieron nobles y honradas, ricas y principales,
-que les parece no ha de haber diferencia y desigualdad en la tierra
-de mujeres á mujeres, como en el cielo la hay de ángeles á ángeles.
-He mezclado de esta materia con esotra, porque de la perdicion de
-esto viene la comunicacion de muchos, para que todos anden zelosos: y
-con tener cada una su docena de ángeles de guarda, pasan por moneda
-corriente y honrada. Despedí al buen hombre algo consolado, y fuíme
-á mi posada, y dentro de pocos dias me fuí á Valladolid, despues de
-haber visto á Búrgos y toda la Rioja. Provincia fértil, de bonísimo
-temperamento, y que parece en algo al Andalucía.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO XXIII.
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-En Valladolid serví al Conde de Lemos, D. Pedro de Castro, el de la
-gran fuerza, caballero de excelentísimo gusto y bondad muy suya, sin la
-heredada que era y es, cuando menos, descendiente de la sangre de los
-Jueces de Castilla, Nuño Rasura y Lain Calvo, junta con la de los Reyes
-de Portugal. Entré en su gracia, é hice muy poco, porque tenia el Conde
-un pechazo tan generoso, manso y apacible, que con poca diligencia
-se entraba en las entrañas de quien le queria. Con todo no me hallé
-muy bien á los principios, porque me faltaba lo que es menester para
-servir en palacio, que es decir con gracia una lisonja, salpimentar
-una mentira, traer con blandura y artificio un servil chisme, fingir
-amistades, disimular ódios, que caben mal estas cosas en los pechos
-ingénuos y libres. Dejo aparte el rigor y magestad de los porteros, que
-ordinariamente tienen una gravedad más seca que sus personas, y ellos
-lo son tanto como sus palabras.
-
-Aunque eché de ver, que lo que más importa es, que en presencia del
-señor el criado tenga el rostro alegre, y en las cosas que le mandan,
-y aunque no se las manden, será menester ser diligente y solícito, y
-cumplir cada uno puntualmente con su ministerio. En lo primero, que es
-traer el rostro alegre, mal lo puede hacer un melancólico; pero para
-esto hay un remedio, que es no ponerse delante del señor, sino cuando
-estuviere el criado de buen humor: que la alegría de los criados,
-fuera de hacer su negocio, ayuda á vivir al señor, y si no la muestra,
-piensa que está disgustado en su servicio, y así durará poco con él.
-Aunque este príncipe mostraba tan buen pecho con sus criados, que él
-mismo los obligaba á andar muy contentos, y servirle con muy apacible
-semblante: porque haciendo todo lo que podia tenia obligacion de hacer,
-los honraba donde quiera que se hallaba. Y siempre en esta antiquísima
-casa han llevado y llevan esta grandeza de ánimo y cortesía, como se
-ha parecido y parece en el que ahora lo posee D. Pedro de Castro,
-que desde niño tierno descubrió tanta excelencia de ingenio y valor,
-acompañado de ingénuas virtudes, que habiéndolo puesto su Rey en los
-más preeminentes oficios y cargos que provee la monarquía de España,
-ha sacado milagroso fruto á su reputacion, siendo muy grato á su
-Rey, muy amado de las gentes subordinadas á su gobierno, y muy loado
-de las naciones extranjeras. Estando en esta casa y en Valladolid,
-se descubrió aquel gran cometa, tantos años antes pronosticado por
-los grandes astrólogos, amenazando á la cabeza de Portugal. Hubo tan
-grandes juicios sobre ella, y algunos tan impertinentes, que dieron
-harto que reir, entre los cuales hubo uno que decia, que las cosas
-grandes habian de descrecer, y las pequeñas habian de crecer: llegó
-este juicio al de un hombrecico pequeño, que tambien en esto lo era,
-que estaba muy mal contento de verse con tan aparrada presencia, que
-trayendo unos pantuflos de cinco ó seis corchos, aun no podia lucir
-entre la gente. Andaba siempre pulido y bien puesto, enamorado y bien
-hablado, y aun hablador no sin afectacion. En las conversaciones
-procuraba, no que sus conceptos llegasen á igualarse con los otros,
-sino que sus hombros se ajustasen con los de la rueda, y como no podia
-ser, pensando que era la culpa de las agujetas, meneaba un lado y otro,
-hasta que crujian todas. Pues como llegó á su noticia la interpretacion
-del cometa, que las cosas pequeñas han de crecer, se le encajó que
-se decia por él. Que fácilmente nos persuadimos á creer lo que
-deseamos, aunque sea tan gran disparate como este. Dijéronle que yo era
-nigromántico, y que si yo queria, podia hacerle dos ó tres dedos ó más;
-pero que habia de ser muy secreto, porque no se supiese que yo sabia
-tal arte diabólica. Pasando por la plaza, haciendo mil escuderajes con
-los demás gentiles-hombres de casa, me señalaron con el dedo, para que
-me conociese. Sin haberme avisado los que le tornaban loco, se llegó
-á mí con una retórica bien pensada, ofreciéndome amistad y hacienda y
-favor para toda la vida, y el fin de todo fué decir: Ya vuesa merced
-ve el agravio que naturaleza hizo á un hombre de mis partes, en dar á
-tan altos pensamientos tan pequeño cuerpo: yo sé que si vuesa merced
-quiere, puede suplir esta falta, con que tendrá un esclavo para siempre
-jamás. Eso, dije yo, solo Dios puede hacerlo, que es superior á la
-naturaleza, y si vuesa merced quiere crecer por los piés, póngase más
-corchos de los que trae; y si del pecho arriba, con ahorcarlo, crecerá
-tres ó cuatro dedos. Oh señor, dijo él, ya venia informado que vuesa
-merced no me habia de negar este bien, por amor de mí que se disponga á
-ello, y en lo demás corte por donde quisiere. Veíalo tan rematado en su
-disparate, que lo hube de reducir á la obra de naturaleza, diciéndole:
-Señor, vos vais tras de un imposible, que no solamente no es hacedero,
-pero os tendrán por loco cuantos supieren que dais en ese error. Las
-obras de naturaleza son tan consumadas, que no sufren enmienda: nada
-hace en vano, todo va fundado en razon, ni hay supérfluo en ella, ni
-falta en lo necesario; es naturaleza como un juez, que despues que ha
-dado la sentencia, no puede alterarla, ni mudarla, ni es señor ya de
-aquel caso, sino es que apelen para otro superior.
-
-En formando naturaleza sus obras con las calidades que les da, ya no
-es señora de la obra que hizo, sino que Dios, como superior, quiera
-mudarlas; si hace grande, grande se ha de quedar; si chico, chico
-se ha de quedar; si mónstruo, así ha de permanecer. Ni hay para qué
-cansarse nadie pensando imposibles. Á esto replicó diciendo: ¿Pues no
-es más dificultoso hacerse un hombre invisible, y hay quien lo hace?
-No es, dije yo, sino facilísimo, que con ponerse un hombre detrás de
-una tapia, queda invisible, ó encubriéndose con una nube. Y vos os
-hareis invisible con solo poner delante de vos un mosquito. Gentil
-consuelo, dijo, he hallado, en quien pensé tener todo lo que he deseado
-toda mi vida. ¿Qué consuelo ha de hallar, dije, quien quiere ir contra
-las obras de la misma naturaleza, que es la que nos representa la
-voluntad del primer movedor y autor de todas las cosas? Que aunque crió
-á todos los hombres iguales, no fué en los actos exteriores, sino en
-la razon del alma. Y esta es la que hace al hombre superior á todos
-los demás animales, que no el ser grande ó pequeño. Si naturaleza
-os hubiera criado desigual de miembros, como habiéndoos dado esa de
-gozque, tener unos brazos de jigante, ó en esa carilla de mandrágora
-os hubiera puesto unas narices trastuladas, pudiérades os quejar,
-pero no enmendar. Mas al fin, si sois pequeño, sois tan bien hecho
-y tan igual de miembros, como que teneis las orejas mayores que los
-piés: y quien tiene andada la mitad para una de las más importantes
-virtudes que resplandecen en los hombres, ¿por qué ha buscar quien le
-haga crecer? ¿Qué virtud? preguntó él. La humildad, respondí yo, que
-para alcanzar tan divina virtud, teneis andada la parte del cuerpo,
-que parece que estais siempre de rodillas, y con humillar el ánimo,
-la tendreis alcanzada toda. Si naciérades en tiempo de los gentiles,
-que se usaban transformaciones, la naturaleza enojada con vos, por
-no contentaros con ella, y por soberbia, os hubiera transformado en
-renacuajo, por humillar la soberbia del ánimo, y cercenar la cantidad
-del cuerpo. Á todo cuanto le dije calló, y dijo por último: Aténgome
-á la significacion de la cometa, que dice, que los pequeños han de
-crecer, y los grandes han de disminuirse; pero ya que vuesa merced se
-ha holgado dándome matraca, obligacion tiene de ponerme en estado, que
-no me la den otros: que quien sabe decir lo uno, sabrá hacer lo otro, y
-eso de ser humilde, guárdelo para sí, que yo tengo porque estimarme en
-mucho, que soy hijodalgo de parte de mi abuela, que antes que se casase
-con mi abuelo, habia sido casada con un hidalgo muy honrado, y tiene
-hoy la ejecutoria de él guardada y á buen recaudo. ¿De suerte, dije
-yo, que de ahí os viene la vanidad, y no querer ser humilde? Sereis
-como los que lucen y se arreglan con hacienda ajena. Ahora digo que no
-me espanto que seas soberbio, teniendo mucha razon de ser humilde, y
-rendiros á la humildad, virtud que jamás tuvo émulos ni envidiosos: que
-todas las partes que adornan á un hombre, padecen esta mala ventura,
-sino es la humildad y la pobreza, tan aborrecida de los hombres, y tan
-amada del Autor de la vida: pero si la humildad nace del conocimiento
-de sí propio, y esto os falta á vos, ¿por qué habeis de ser humilde?
-Yo no vine, me dijo, á oir virtudes, sino á probar encantamientos
-ó cosas sobrenaturales para conseguir mi intento. Fuése el buen
-hombre, y luego llegaron á mí cuatro amigos de buen gusto y no poca
-malicia, preguntando si habia venido á mis manos con aquella demanda:
-respondíles que sí, y que lo habia desengañado de aquel disparate y
-deslumbramiento tan grande. Por vida vuestra, dijeron, que le hagamos
-una burla, porque es tan gran loco, que se persuade á que pueda crecer
-y le sacaremos una muy gentil merienda riéndonos un rato á costa suya.
-Eso, respondí yo, no lo haré por todas las cosas del mundo, porque
-burlas de que puede resultar escándalo general y daño particular, ni
-son lícitas, ni se permite por camino alguno. Sabed, dijeron, que es la
-misma avaricia y miseria, y habemos dado en esto por hacerle gastar,
-que lo sentirá en el alma. Si esa condicion tiene, dije yo, no le
-sacarán de ella aunque le hagan llegar á la Giralda, que los avarientos
-y los borrachos nunca se ven hartos de lo que desean, ni apagan la
-sed que traen. Acuérdome que por hacerle gastar á un hombre ciertos
-maleantes, se pusieron á trechos, diciéndole que estaba enfermo, de
-suerte que cuando llegó al último ya lo estaba de veras, por el caso
-que habia hecho la imaginacion; y fué menester llevarle á su casa medio
-muerto, y de quererle hacer burla tan pesada, nació el arrepentimiento
-tardío para todos ellos y grave daño para el paciente. Y en este caso
-seria mayor, cuanto es más imposible la obra, que para persuadir una
-cosa tan contra la misma naturaleza, se han de hacer grandes embelecos,
-y no pueden ser sin grande daño del pobre raton, que ni ve su cuerpo ni
-conoce su ignorancia.
-
-Porfiaron todavía que le hiciésemos un engaño que pareciese cosa de
-encantamiento. Cuando eso se hiciese, pregunté yo, ¿quién quedará más
-confuso, él en recibir este engaño, despues de descubierta la verdad,
-ó yo en haber sido autor de él? En todas las cosas se ha de considerar
-el fin que pueda tener, y esa ficcion y engaño no puede estar mucho
-encubierta: y para mí tengo por mejor y más seguro el estado del
-engañado, que la seguridad del engañador: porque al fin, lo uno arguye
-sencillez y buen pecho, y lo otro mentira y maldad profunda. Yo no
-puedo tragar una mentira ni engaño, porque se arremete á desdorar la
-opinion de quien se tiene por hombre de bien. Las burlas han de ser
-pocas y sin daño de tercero, y tales, que el mismo contra quien se
-hacen guste de ellas. No sabemos la capacidad de cada uno, que la
-burla llevadera para uno, será para otro muy pesada; y las burlas
-no se han de juzgar por malas ó peores de parte de quien las hace,
-sino de parte de quien las recibe; y si él las tomare bien, serán de
-sufrir; y si las tomare pesadamente, serán pesadísimas. Dábanle matraca
-á cierto ordenante por una necedad que habia dicho, y cuando estuvo
-harto de sufrir, dijo: Que queria que pecase mortalmente quien más
-se la diese. Que de burlas pesadas vemos cada dia resultar agravios
-que no se pensaron. Este miserable no tiene talento para llevar una
-burla tan pesada como esta que por fuerza lo ha de ser. Yo me tengo
-de oponer en eso, porque iria contra mi propia opinion, que es justo
-y mal hecho: y no me espantaré del que se deja engañar por lo que
-desea, pero espantaríame de quien le quisiere engañar, sin esperar de
-ello más gusto que hacer mal. Fuéronse, y al fin le hicieron una burla
-muy pesada, dándome á mí por autor de ella. Pusiéronle en estrecho de
-ayunar tres dias con cuatro onzas de pan y dos de pasas y almendras,
-y dos tragos de agua, y primero le tomaron la medida de su cuerpo
-en una pared muy blanca, poniendo para señal de su altura un clavito
-pequeño ó tachuela. Hizo su dieta, unas hermanas suyas le fregaban
-los brazos y piernas todas las noches y mañanas, por consejo de los
-maleantes: preguntábanle las pobres despues de cansadas: ¿Hermano,
-para qué hace esto? Y él las respondia: Bárbaras, no os entremetais
-en las cosas de los hombres. Todos estos tres dias de la dieta y las
-fricaciones, se subia á una azotea en amaneciendo, y se ponia hácia
-el nacimiento del sol, haciendo ciertas señales que le habian mandado
-contra las nieblas de Valladolid, que él hizo muy puntualmente como
-todo lo demás. Cumplidos los tres dias, y lleno el celebro de nieblas,
-vino á los bellacones con tanta cara como una calavera de mandrágora,
-que como estaba tan chupado y flaco, parecia más alto. Fué uno de ellos
-á la pared blanca donde se habia metido, y mudó el clavito dos dedos
-más abajo, y tapó el agujero con un poco de cera blanda, que era en la
-cerería recien hecha, blanca y muy lisa. Enviáronle á medirse, y como
-topó con el colodrillo en el clavito, quedó fuera de sí de contento,
-entendiendo que él habia crecido lo que el clavo habia bajado. Vino con
-la boca llena de risa, que parecia mico desollado, y fuése á echar á
-los piés de quien le habia hecho crecer: ellos le dijeron que callase,
-porque sino se descreceria lo crecido, y que lo dificultoso quedaba
-por hacer. Él dijo que aunque fuera bajar al infierno, lo haria por
-no descrecer. Pues no es menos, dijeron ellos, y aquella noche le
-mandaron que entre las once y las doce de la noche entrase en cierto
-aposento por un callejon muy estrecho, que estaba debajo de unas casas
-lóbregas y obscuras, solo y sin luz, y que allí le dirian lo que habia
-de hacer. Él se turbó todo con la dificultad que le pusieron, pero
-al fin dijo, con todo el miedo posible: Sí haré, sí haré. Fuése á
-la noche entrando por su callejon, espeluzado el cabello, cortado de
-brazos y piernas, sin oir perro ni gato que le pudiese hacer compañía,
-y en llegando al aposento, salieron por las cuatro esquinas debajo la
-cama cuatro carátulas de demonios, con cuatro candelillas en la boca,
-que con el temor que habia concebido, se le representó el infierno
-todo; porque todos los hombres muy crédulos son tambien temerosos; y
-como se fueron alzando los demonios, él se fué quedando, y sin saber
-de sí, ni poder moverse de donde estaba, cayó en el suelo, dándole
-tan gran corrupcion, que no se le pareció haber tenido dieta, que la
-cólera habia desbaratado cuanto las almendras y pasas habian detenido.
-Él caido, y ellos turbados y aun arrepentidos, no supieron qué hacer,
-sino dejarlo y acogerse. Él volvió á cabo de rato en sí, y hallóse
-revolcado en su sangre, de que anduvo muy corrido, y de manera enfermo,
-que fué menester de veras valerse de las pasas y almendras para no
-morirse, y ellos anduvieron escondidos y ausentes. Yo me sangré en
-salud, refiriéndole el cuento al Conde, que le solemnizó mucho con
-su buen gusto, y tomó á su cargo las amistades, contando lo pasado á
-cuantos entraban en su casa. Sosegóse el negocio con la autoridad de
-un tan gran príncipe, aunque ellos anduvieron hartos dias inquietos:
-porque el hombrecito se quejó á todo el mundo, y á quien podia castigar
-la burla. Yo los cogí cuando hubo oportunidad, y les dí á entender
-con la verdad, cuánto importa no hacer mal, tanto en burlas como en
-veras, que de haberle dado la vaya sobre su ruin talle y cuerpo, vino
-á buscar tan pesado remedio, que nadie quiere oir faltas, y por más
-que se hagan sufridores y finjan risa, no hay á quien no le pese en
-el alma oir mal de sí propio: y tanto más, cuanto más parece verdad
-lo que se dice: que aun cuando no lo es ni lo parece, se le abrasa el
-corazon á quien se dice, ora sea por dar pesadumbre, ó sea por chisme,
-de que era tan enemigo este príncipe, que en trayéndole alguna novedad
-de palacio, llamaba á aquel de quien se decia, y delante del parlero
-se lo reprehendia: si se encogia de hombros el otro negándole, decia
-el Conde: Pues veis aquí á fulano que me lo dijo: y así andaban todos
-ajustados con la lengua y con el Conde.
-
-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO XXIV.
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-Y porque no habrá otra ocasion en que contarlo, digo que era Príncipe
-tan enemigo de chismes y parlerías, que en presencia mia vino cierto
-congraciador á decirle, que estaba tratando mal de su persona un
-hidalgo de Valladolid: y encareciendo mucho esta insolencia, le
-preguntó el Conde: ¿Y vos qué hicisteis? Yo, dijo el buen hombre, vine
-luego á avisar á V. Excelencia, porque al pié de la obra le enviase
-el castigo que merecen ofensas hechas á tan grande señor. Vos teneis
-razon, dijo el Conde; ola, dadle á este gentil-hombre una libranza de
-media docena de palos muy bien dados. Pues á mí, ¿por qué? dijo el buen
-hombre. No son para vos, respondió el Conde, sino para que los lleveis
-al que dijo mal de mí: porque como me trujisteis lo que yo no sabia,
-le lleveis á él lo que no sabe. Y dijo á un paje: Bermudez, corre y
-dí á fulano, que cuando hubiere de decir mal de mí, no sea delante de
-tan ruin gente que me lo venga á decir luego, y que para castigo suyo
-basta que sepa él que yo lo sé. Ambos quedaron muy bien pagados, como
-merecian, que aunque no se dió la libranza, quedó el pobre espantado
-de la merced. El ermitaño á todo comenzó á dar cabezadas y bostezar
-muy á menudo, como hombre que está de mala gana en locutorio de
-monjas, porque despues de la comida todo habia sido hablar al son de
-las canales, que aunque pocas, con el ruido y fuerza del aire, hacian
-su figura de manera, que se echó de ver que habia música para toda
-la noche. Cenamos lo que tenia el buen hombre, que por poco que fué,
-ayudó para reposar y darle al sueño bastante lugar, no solamente para
-hacer la digestion, pero para soñar disparates, conforme á lo que se
-habia cenado, y al tiempo borrascoso que hacia, que realmente, aunque
-más anden desvaneciéndose y buscando interpretaciones de los sueños
-algunos amigos de adivinacion, ellos andan conforme á los tiempos y á
-los mantenimientos, y obedeciendo al humor predominante, que es lo más
-ordinario; es grande ignorancia ponerse á interpretar lo que procede de
-humores calientes ó frios, húmedos ó secos. Y si alguna cosa sucediere,
-que sea verdad en los sueños, ó será acaso ó representacion de Ángeles
-buenos ó malos; y no hay para que divertirnos en probar la verdad de
-esto, que tan manifiesta y clara la conocemos.
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-[Ilustración]
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-
-RELACION SEGUNDA
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-DE LA VIDA DEL ESCUDERO
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-MARCOS DE OBREGON.
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-[Ilustración]
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-Aunque amanecia el dia con acabarse la furia del agua, que toda la
-noche habia combatido la ermita ó humilladero, era tanta la abundancia
-que el rio habia recogido, que sobrepujando la puente, ni de la una
-parte ni de la otra se podia pasar, ni pasaron, hasta que se fué
-avadando el dia siguiente. Yo quisiera irme, por parecerme que ya el
-ermitaño estaba harto de oirme hablar relaciones de mi vida; y como yo
-naturalmente, ni soy inclinado á hablar, ni oir hablar mucho, parecióme
-que el demasiado sueño del ermitaño nacia del enfado de oirme: y como
-los habladores, gente sin memoria de lo que está por venir, son para
-mí tan odiosos, no queria caer en la culpa que reprehendo, que los que
-tienen esta falta, aunque por sobra de palabras sin sustancia, son
-ordinariamente cizañeros, congraciadores, chismosos, que á trueque ó
-fin de hablar no reparan en falso ó verdadero, ni saben distinguir la
-mentira de la verdad, y de la misma manera que lo dicen lo desdicen;
-amigos de averiguar un chisme, y de traer y de llevar adelante su
-opinion, soldando un yerro con otros ciento, y el menor daño que
-hacen es ser grandes aduladores: no se asientan ni reposan en cosa
-con la facilidad que proceden, ni temen caer en falta, ni cobrar mala
-opinion, que realmente he visto que á este vicio le siguen otros muy
-peores. Huyendo yo de no caer en fama de hablador me quise despedir del
-ermitaño, si bien el tiempo aun no daba lugar para ello; pero él me
-porfió que no le dejase solo, por una grande melancolía que le habia
-dado un sueño aquella noche, que afirmativamente decia: que estando más
-dispierto que dormido, le habia hablado un muerto, en cuya muerte se
-habia hallado en Italia. Reíme, y lo mejor que pude procuré deshacerle
-aquella imaginacion. Preguntóme de qué me reia. Ríome, respondí, de que
-la aprehension de los sueños sea tan poderosa con algunas personas,
-que les parece que es verdad lo que sueñan, cosa tan reprobada por
-el mismo Dios en muchos lugares del Testamento viejo, y recibido en
-el nuevo, siendo todo vanidad del celebro, y ahora de la melancolía
-que ha causado la esperanza del tiempo; que junta con el poco y no
-buen mantenimiento, causara ese efecto y otros más ridículos. Digo,
-respondió el ermitaño, que aun ahora me parece que le tengo presente.
-Reíme mucho más que antes; replicóme: ¿Luego no suelen venir los
-muertos á hablar con los vivos? No por cierto, respondí yo, sino cuando
-por algun negocio de mucha importancia les da Dios licencia para ello,
-como en aquel caso tan estupendo y digno de saberse que le pasó al
-Marqués de las Navas, que habló con un muerto á quien él habia quitado
-la vida; pero vino á cosas que le importaban para la quietud y reposo
-de su alma. Es caso que todos los que vemos en los libros antiguos no
-tienen tan asentada verdad como este, reservando aquellos de que las
-divinas letras hacen mencion, porque pasó en nuestros dias, y á un tan
-gran caballero, y tan amigo de verdad, y en presencia de testigos, que
-hay algunos vivos ahora, que ni á él, ni á ellos, aun siendo verdad,
-les importa nada confesarlo. ¿Á cuál Marqués? preguntó el ermitaño. Al
-que es ahora vivo, respondí yo, D. Pedro de Ávila. Si no se cansa vuesa
-merced, dijo el buen hombre, y aunque se canse, cuéntelo cómo pasó, que
-cosa tan espantosa y de nuestros dias es bien que todos lo sepan. Bien
-divulgada está, dije yo; pero por que no se quede en el sepulcro con el
-muerto es bien decirla, y hacer particular memoria de cosa que tanta
-apariencia tiene de verdad; y no me afirmára en ella, si no la hubiera
-oido de la boca de un tan gran caballero como el mismo Marqués, y á su
-hermano el señor D. Enrique de Guzman, Marqués de Pobar, gentil hombre
-de la Cámara del potentísimo Rey D. Felipe III de las Españas, en cuyo
-palacio nunca ha hallado lugar la adulacion ni mentira. El caso fué de
-esta manera:
-
-Estando el Marqués preso por mandado de su Rey en San Martin de Madrid,
-monasterio de la Orden de San Benito, y visitándole sus amigos grandes
-caballeros, muchas veces ó siempre se quedaban de noche acompañándole,
-particularmente el Sr. D. Enrique, Marqués de Pobar, su hermano, y el
-Sr. D. Felipe de Córdoba, hijo del Sr. D. Diego de Córdoba, Caballerizo
-mayor de Felipe II, y una noche, entre muchas, dióles gana de irse á
-pasear al Marqués y á D. Felipe: fueron hácia el barrio de Lavapiés,
-y estando hablando por una ventana, dijo el Marqués: Esperadme aquí,
-que voy á aquella callejuela á cierta necesidad natural; halló en ella
-dos hombres en las dos esquinas, que no le dejaron pasar. El Marqués
-dijo: Vuesas mercedes sepan que voy con esta necesidad, y fué á pasar
-contra su gusto. Arrojóle uno de ellos una estocada, y el Marqués otra
-á él propio; cada uno pensó que dejaba muerto al otro. Con el mismo
-movimiento que le sacó el Marqués la espada, que tenia la guarnicion en
-el pecho, le dió al otro una cuchillada, con que le abrió la cabeza.
-Quedáronse los dos que no pudieron moverse; el de la estocada muerto,
-aunque en pié, el de la herida fuera de sí. Fuése el Marqués y llamó
-á D. Felipe, y fuéronse á San Martin. Estando allá, pareciéndole que
-dormir sin averiguar bien lo que habia pasado era yerro, contóselo, y
-los dos determinaron de ir. Fué el Marqués con ellos, que no quiso que
-fuesen sin él, y hallaron alborotado el barrio, diciendo que habian
-muerto allí dos hombres. Volviéronse sin hallar en el sitio donde
-habia pasado otra cosa sino dos lienzos ensangrentados. El que habia
-quedado con la herida fuése á Toledo, y desde allí envió á saber si el
-Marqués era muerto, que lo habia conocido cuando le dió la estocada, y
-curándose lo mejor que pudo, vino á morir de la herida: hizo testamento
-antes, y como supo que el Marqués no habia recibido daño, porque la
-estocada habia sido al soslayo, dejólo por su testamentario. Supo
-el Marqués esto por relacion de un Religioso que se lo vino á decir
-quién era el que lo dejaba por testamentario. Dentro de cinco ó seis
-dias, despues de muerto este hombre, estando el Marqués acostado en
-su cama, y D. Enrique su hermano, y D. Felipe de Córdoba en el mismo
-aposento en otra cama, cerrada la puerta para dormir, llegaron y le
-quitaron la ropa de la misma cama. El Marqués dijo: Quitaos allá, D.
-Enrique, y respondió la persona que era con una voz ronca y llena de
-horror: No es D. Enrique. Escandalizado el Marqués se levantó muy de
-priesa, y desenvainando la espada que tenia á la cabecera, tiró tantas
-cuchilladas, que preguntó D. Felipe: ¿Qué era aquello? El Marqués mi
-hermano es, respondió D. Enrique, que anda á cuchilladas con un muerto.
-Él dió cuantas pudo, hasta que se cansó, sin topar en cosa, sino
-algunas en las paredes.
-
-Abrió la puerta, y tornó á verlo fuera, y con la misma priesa fué
-dando cuchilladas, hasta que llegó á un rincon donde habia oscuridad,
-y entonces dijo la sombra: Basta, señor Marqués, basta, y véngase
-conmigo, que le tengo que decir. El Marqués le siguió, y á él los
-dos caballeros, su hermano, y D. Felipe. Bajóle abajo, y diciendo el
-Marqués qué le queria, respondió, que mandase los dejasen solos, que
-no podia hablar delante de testigos. Él, aunque de mala gana, les dijo
-que se quedasen; mas ellos no quisieron. Al fin la sombra se entró en
-cierta bóveda donde habia huesos de muertos: entró el Marqués tras
-de ella, y en pisando los huesos le fué discurriendo por los suyos
-tan grande temor, que le fué forzoso salir fuera á respirar y cobrar
-aliento, lo cual hizo por tres veces. Lo que le queria, y pudo el
-Marqués con la turbacion percibir, era que en pago de la muerte que le
-habia dado, le hiciese aquel bien de cumplir lo que en su testamento
-dejaba, que era una restitucion, y poner una hija suya en estado.
-Hubo en esto dares y tomares entre el Marqués y la sombra, segun
-dijeron los testigos. Y confiesa el Marqués, que siendo tan hermoso
-de rostro, blanco y rojo, como sus hermanos, desde esta noche quedó
-como está ahora, sin ningun color y quebrantado el mismo rostro. Dice
-que le vino á hablar otras veces, y que antes que le viese le daba
-un frio y temblor, que no podia sustentarse. Al fin cumplió lo que
-le pidió, y nunca más le apareció. Si fué el mismo espíritu suyo, ó
-del ángel de su guarda, ó ángel bueno ó malo, dispútenlo los señores
-teólogos, que para mí bástame el haberlo oido de la boca de un tan
-gran caballero como el Marqués y D. Enrique su hermano, para tener el
-caso por más cierto; y que por cosas tan particulares, que importan la
-salvacion de un alma, suele el Señor del cielo y tierra dar licencia
-para semejantes negocios, que no son estas de las cosas que algunos
-autores gentiles dicen, de llamar las almas para hacerles preguntas,
-como hacia Empedocles y Apion Gramático, que llamó la sombra de Homero,
-y no osó decir lo que habia respondido, que estas eran artes de la
-necromancia, de que dice Ciceron, que fingian cuerpos de aquellos que
-ya estaban quemados, y les daban alguna forma ó figura; porque el
-espíritu por sí era incapaz de ser visto, que todas eran artes del
-demonio, y acudia á lo que le pedian como poderoso, permitiéndoselo
-Dios, que sin esta permision no podia hacerlo. Y que el venir de las
-almas de los muertos con dispensacion de Dios, no se puede negar haber
-sucedido algunas veces; no porque anden vagando por el mundo, que sus
-lugares tienen señalados, ó en el cielo ó en el infierno, ó en el
-purgatorio. Y si he sido prolijo en este cuento contra mi condicion y
-estilo, es porque cosas tan graves se han de decir con la sencillez
-y llaneza con que pasaron, sin dorarlo ni desdorarlo. Admiracion me
-ha puesto el caso, dijo el ermitaño, y estoy determinado de apartarme
-de soledad, que aunque he pasado algun tiempo en ella, no he visto
-cosa que me perturbe, y aun con todo eso me he retirado de la soledad
-hácia el poblado, por los temores que pasaba entre los altos riscos de
-Sierra-Morena: pero dejemos ya esta materia, y volvamos á proseguir
-lo comenzado; que con la dulzura del estilo y gracia del contarlo, se
-olvidará la melancolía del sueño y de la verdad referida. Luego se fué
-á Sevilla, donde ahora vive muy recogido.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO I.
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-Tornando de nuevo á coser ó á anudar la conversacion pasada, sentámonos
-al brasero, prosiguiendo mi comenzada relacion, porque el ermitaño,
-hombre de muy buen discurso, me importunó de manera, que se echó de
-ver que gustaba mucho de oir los trances de mi vida, y mostrando
-mucha atencion, que es lo que da nuevo ánimo á las conversaciones,
-proseguí lo que la noche antes habia dejado por el sueño del ermitaño,
-y comencélo de muy buena gana, porque de la misma manera que quita
-el gusto de hablar la descortesía de que algunos ignorantes usan, en
-atajar lo que un hombre va diciendo, por encajar un disparate que se
-les ofrece fuera de propósito, así la atencion da fuerzas y espíritu
-al que habla para no cesar en su materia; yerro en que he visto caer
-á muchas personas, muy reprehensible en quien le tiene, porque arguye
-poco gusto ó mal entendimiento. El que no quiere oir lo que otro
-habla, bien puede apartarse y dar lugar á que oiga quien tiene gusto;
-que hay algunos de tan estraordinaria condicion y natural, que, ó por
-deslucir lo que otro habla, ó por no entenderlo, que es lo más cierto,
-procuran atajarlo con poca razon y menos cortesía. El premio del que
-dice bien, es la atencion que se le presta, y aunque no sea muy limado,
-es gran descortesía no dar aplauso á lo que dice, que al fin procura
-que parezca bien, y dice lo mejor que puede y sabe. Hay un género de
-gentes que hablan con intercadencia, careciendo de hebra y caudal
-para la materia que se trata: que despues de haberles respondido,
-aunque se haya mudado el primer motivo, acuden con lo que se les
-ofrece fuera de la intencion que se lleva: este es un disparate y una
-inadvertencia que hace muy odioso al que la usa, y de quien se debe
-huir la conversacion, porque son estorbo al que habla y á los que oyen:
-y cuando va con malicia de desdorar al que dice, que todo esto puede
-la envidia, es una malicia sin disculpa y merecedora de cualquier mala
-correspondencia, que no se halla sino en hombres de poca substancia,
-así en ingenio, como en letras. Y estiéndese á tanto, que aun en los
-libros que se imprimen, no rehuye la infame y mal nacida envidia, de
-usar de libertades muy conocidas. Los libros que se han de dar á la
-estampa, han de llevar doctrina y gusto que enseñen y deleiten, y los
-que no tienen talento para esto, ya que no lo alcanzan, no se deslicen
-á echar pullas, con ofensa de los hombres de opinion, ó no escriban;
-que no ha de ser todo danza de espadas, que despues de hechas no queda
-fruto ni memoria de cosa que se pegue al alma. Han de llevar los libros
-que se dan á la estampa, mucha pureza y castidad de lenguaje; pureza
-en la eleccion de las palabras, y honestidad de conceptos, y castidad
-en no mezclar bastardías que salen de la materia, como maledicencias
-ó desestimacion de lo que otros hacen, especialmente cuando son
-contra quien sabe decir, y sabe qué decir; y tan mal dichas, que van
-señalando con el dedo, con que descubren su ignorancia, y desacreditan
-sus escritos, y manifiestan su envidia, y declaran su malicia. Tornando
-á la materia del hablar, digo que en las conversaciones háse de dar
-lugar á que hable el que habla, y él ha de ser tan remirado, que no se
-derrame, ni divierta, ni quiera hablárselo todo, que ha de dar lugar á
-la respuesta. Yo, como iba historiando mi vida, no advertí que podria
-el ermitaño cansarse de oirme hablar tan diversamente: pero sucedióme
-bien, que no solamente no se cansó, pero tornó á importunarme que
-prosiguiese en mi principal intento, que para eso me lo habia rogado al
-principio, y tornando á hablar con él, proseguí diciendo.
-
-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO II.
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-Luego que por el pronóstico y significacion de aquel cometa, ó por
-lo que la Magestad de Dios sabe y fué servido, murió el Rey Don
-Sebastian de Portugal, en aquella tan memorable batalla, donde se
-hallaron tres Reyes, y murieron todos tres, como sucedió al Cardenal
-Don Enrique, tio de Felipe II y lo llamó á la sucesion del Reino toda
-Castilla y Andalucía, se movió á ir sirviendo á su Rey con el amor y
-obediencia, que siempre España ha tenido á sus legítimos Reyes. Víneme
-de Valladolid á Madrid, y siguiendo la variedad de mi condicion y la
-opinion de todos, fuíme á Sevilla con intencion de pasar á Italia,
-ya que no pudiese llegar á tiempo de embarcarme para África. Estuve
-gozando de la grandeza de aquella ciudad, llena de mil escelencias,
-tesorera y repartidora de la inmensa riqueza que envia el mar Océano,
-sin la que deja para sí en sus profundas arenas escondida para siempre.
-Sosegadas, ó por mejor decir, reducidas á mejor forma las cosas de
-Portugal, quedéme en Sevilla por algun tiempo, donde entre muchas cosas
-que me sucedieron, fué una dar en la valentía; que habia entonces,
-y aun creo que ahora hay, una especie de gentes, que ni parecen
-cristianos, ni moros, ni gentiles; sino su religion es adorar en la
-diosa valentía, porque les parece que estando en esta cofradía, los
-tendrán y respetarán por valientes, no cuanto á serlo, sino cuanto á
-parecerlo. Sucedióme pasando por la calle de Génova, topar con uno de
-estos, encontrándome con él, de suerte que por pasar yo por lo limpio
-le hice pasar por el lodo, volvióse á mí, y con gran superioridad me
-dijo: Señor marquesote, ¿no mira cómo va? Yo le dije: Perdone vuesa
-merced, que no lo hacia á sabiendas. Él replicó: Pues si lo hiciera á
-sabiendas, ¿no habia de estar ya amortajado? Yo no llevaba espada, que
-iba como estudiante, profesion de que siempre héme preciado, y así usé
-de toda la humildad posible, y él de toda la soberbia que tienen los
-de su profesion. Díjele: No fué tan grave el delito, que merezca tan
-gran castigo como ese. Díjome entonces: No debe de saber el morlaco
-con quién se ha encontrado; pues estése quedo, que no quiero darle mas
-castigo de ponerle cuarenta dedos en los carrillos, que por mi cuenta
-venian á ser ocho bofetadas; esperéle, y viniendo alzadas las manos
-para ejecutar el castigo, usé de una treta que siempre me ha salido
-bien. Y fué, que como venia tan atento á su negocio, yo hice el mio; y
-asiéndole la espada por la guarnicion, con toda la presteza posible se
-la saqué de la vaina, con el mismo movimiento le puse los cinco dedos
-en la cara, y con la guarnicion le herí en el carrillo izquierdo.
-
-Él que se vió desarmado, dió á correr hácia gradas, y unos jubeteros
-comenzaron á decir: Víctor, víctor al escolar; pero dijéronme:
-Váyase de aquí, que este va á llamar retraidos, y volverán presto.
-Fuíme hácia San Francisco, y el bellacon entró muy descolorido, sin
-espada, en el corral de los naranjos, la capa arrastrando, la cara
-llena de sangre, y preguntándole qué habia sido, respondió, que lo
-cercaron treinta hombres, y abrazándose con él, le sacaron la espada,
-y habiéndole herido, á bocados se libró de ellos, y le habia sacado
-las narices á uno de ellos de un bocado, y que iba por una espada y
-rodela para hacerlos pedazos á todos. Acudieron á donde habia pasado
-el ruido, y todos los oficiales hablaron en favor mio, á lo cual dijo
-uno que iba entre ellos, hombre de menos que mediana estatura, zurdo y
-dobladillo de cuerpo á quien todos pareció que respetaban: Bien está,
-ese hombrecillo debe de tener buen hígado y así es menester hacerlos
-amigos, porque el herido lo es de todos los honrados de la cofradía,
-y antes de dos horas estará con los muchos si lo saben: llamen á ese
-pobrete. Llamáronme unos oficiales, y trajeron al otro, que para que
-quisiese ser amigo, fué menester llevarlos todos á la taberna de Pinto,
-y gastar una hanega de lo de Cazalla: todos á una voz dijeron: Buen
-hijo es; bien merece entrar en la cofradía.
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-[Ilustración]
-
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-
-[Ilustración]
-
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-DESCANSO III.
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-
-Pasado esto, como el bellacon quedó mal contento buscó traza cómo
-vengarse, y hallóla muy buena. Como yo entré nuevo, y tenia poca
-esperiencia de las cosas de Sevilla, recatéme poco, que en las
-repúblicas tan grandes es menester entrar con tiento, y el que no tiene
-conocimiento ni esperiencia de ellas, háse de valer de quien tenga
-para no hallarse atajado. Púseme espada, y en las obligaciones en que
-se pone quien la ciñe, que con el desvanecimiento de la valentía, y
-con haber dado en poeta y músico, que cualquiera de las tres bastaba
-para derribar otro juicio mejor que el mio, comencé á alear más de lo
-que me estaba, y á tenerme por paseante y gran ventanero, y enamorar
-cuantas encontraba; de manera, que no habia portugués más azucarado que
-yo, por donde halló mi contrario flaqueza en mí con la de una dama de
-buen talle, en cuya casa él entraba y era señor absoluto. Andando yo
-en la brama entre aquellos árboles de la alameda, sentíme llamar de
-una cierva, y acudiendo al bramido me dijo: ¿Es posible, señor galan,
-que tan al descuido viva vuesarcé, que no ha echado de ver que le miran
-con más cuidado que el ordinario? Miréle el rostro y talle, y aunque
-le tenia estremado de bueno, con todo lo creí, porque yo estaba tan
-desvanecido, que por este camino creyera cualquier favor que se me
-diera. Prosiguió diciendo: ¡Que haya venido yo á tiempo que no mire la
-calidad de mi persona ni autoridad de mi marido! ¡oh mal hayan los ojos
-que no se recatan, y mal hayan los piés que salen de los umbrales de su
-casa para ver sus desdichas! ¡que haya entregado mi libertad á quien no
-sé si la estimará! ¡que mire yo á quien ni me conoce ni conozco, y que
-haya de rogar á quien jamás admitió ruegos de nadie! Más quiero morir,
-que no rendirme á quien quizá se reirá y despreciará mis prendas.
-Y con eso fingió unas lágrimas tan tiernas, que me sacó de juicio.
-Y en habiendo hecho su embeleco, me dejó y volvió las espaldas con
-grandísimo donaire y garbo. Yo quedé helado y abrasado de su presteza
-en irse, y de sus palabras en rendirme. La criada me dijo: Buena tiene
-vuesa merced á mi señora, que estas eran sus melancolías; de aquí
-nacen sus malas condiciones, que no hay quien en casa se averigüe con
-ella. Sígala vuesa merced, y recátese no le vea su marido, que es un
-caballero muy principal, y no poco celoso, aunque jamás ha visto en mi
-señora ocasion para serlo. Seguíla espantado, y contento de parecerme
-que mereceria yo mucho: estimándome interiormente en harto más de lo
-que fuera razon. Entré en su casa, que era en una calle angosta que iba
-á dar á la calle de las Armas, y luego me favoreció haciendo ventana:
-y advirtióme que no diese muchos bordos, que ella me avisaria de lo
-que habia de hacer. Anduve algunos dias en pretension, pareciendo que
-por su estimacion no queria rendirse luego. ¡Oh engaños del mundo, y
-qué fácilmente cree un hombre las cosas que van encaminadas á su gusto
-ó á su provecho! Si mirásemos y tanteásemos lo que mira á nuestro
-bien, como lo que mira á nuestro mal, no caeríamos en tantos daños y
-desventuras como suceden. En la apariencia del gusto nos arrojamos
-con la esperanza del bien, y en el mal no nos recatamos, siendo tan
-peligroso ó dudoso el fin de lo uno como de lo otro. Más seguros vamos
-por el camino del daño que yertos por el del provecho; porque lo uno
-nos pone en recato, y lo otro en descuido. En el uno puede haber
-engaño, y en el otro está el desengaño claro, como me sucedió, que
-creyendo el engaño de aquella mujer, me ví en grande peligro; ¿pero á
-quién no engañará un rostro hermoso y un talle gallardo con palabras
-dulces y ojos bachilleres? Al fin yo perseveré hasta que me envió á
-decir con un papel amorosísimo que me llegase allá aquella noche.
-Púseme lo más galan que pude, cogí mi espada y una linterna grande,
-que podia servir de broquel, y fuíme derecho á su casa sin considerar
-otra cosa más que obedecer al gusto; hallé la puerta y sus brazos
-abiertos, recibióme con todas las caricias que yo podia desear de actos
-exteriores y sencillos, y palabras dobladas: cerró la puerta, luego al
-punto llamaron á ella. Ella sin preguntar quién llamaba, dijo: Amigo,
-mi marido llama, entraos en esta bodeguilla, que luego se tornará á ir.
-Entréme con mi linterna encendida: cerraron la puerta de la bodeguilla
-con cerrojo, y dejáronme muy bien cerrado. El aposentillo estaba casi
-todo lleno de sarmientos y chamiza seca; habia un pozo, que respondia
-á lo alto, con su cubo colgado: púseme á escuchar lo que hablaban,
-porque de haber cerrado la puerta sospeché no bien; preguntóle la
-señora al marido fingido: Ya tengo cerrado á este hombre, ¿qué se ha
-de hacer? Él respondió, aunque paso, en voz que le pude conocer que
-era mi contrario: Abrasarlo ó ahogarlo en el pozo, que este es el que
-me sacó la espada de la vaina. Luego se me representó la traza para
-salir salvo de su cautela; que el peligro, descubridor de grandes
-secretos, y el temor de la muerte levantan la imaginacion á cosas nunca
-pensadas: tapé con una tabla el brocal del pozo: y de aquella chamiza
-y sarmientos secos llegué cantidad á la puerta de la bodeguilla, y
-con la linterna, que aun no habia apagado, encendílos. La puertecilla
-estaba tan seca, que comenzó á arder con la ayuda de la leña, saliendo
-muchas llamaradas de la chamiza por debajo la puerta: metíme en el cubo
-del pozo, y asíme á la soga muy bien, que como estaba tapado el pozo
-iba seguro yo. Comenzó toda la gente á dar voces: Fuego, fuego, agua,
-saquen agua del pozo; tiraron de la soga para sacar agua, y como pesaba
-el cubo demasiadamente, por estar yo dentro, llegáronse muchos vecinos
-á tirar de la soga, y tanto y con tanta fuerza tiraron, que al fin me
-subieron arriba. Asíme muy bien al brocal del pozo, yo debia de estar
-con el rostro pálido de la turbacion, y con esto y hacerles un gesto de
-abominable demonio, desmayaron todos, diciendo que era un diablo lo que
-sacaron del pozo. Acabé de salir, y escabullíme entre la gente lo mejor
-que pude, y pude muy bien, porque como estaban turbados no me echaron
-de ver, dejándoles la casa encendida, y llevando mi persona libre,
-que vine á hallar la vida donde era tan fácil el perderla; como en un
-pozo, y encerrado en tanta estrecheza, como en una bodeguilla llena de
-curianas.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO IV.
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-Mi enemigo tomó para vengarse de mí por instrumento una mujer hermosa,
-que al fin todas tienen fuerza natural para mover corazones, tan bien
-como criaturas con aficion y lágrimas; pero como nacieron para llorar,
-saben enternecer. Maldiga Dios sus determinaciones, que tan resueltas
-son para ejecutar cuanto se les pone en la testa, que por el mismo caso
-que no lo pueden con fuerza, lo hacen con astucia y embeleco. Tienen
-tan grande fuerza en decir lo que quieren, y nosotros tanta flaqueza
-en creerlas, que parece que para eso solo nacimos. Muchas he visto
-de muy justificada vida, pero aun en estas he hallado desigualdades
-de condiciones: y conocido algunas muy honradas de sus personas, que
-lo son por solo decir mal de las que tienen alguna flaqueza. Y en
-resolucion, pocas hay que se escapen de algun azar. Libréme del daño
-que pudiera suceder, ó en que ya me ví, pero no de las manos de un
-alguacil que se habia llegado al ruido, y como me vió ir corriendo,
-asióme; mas yo con mucha presteza le dije: ¿Qué hace vuesa merced?
-¿quiere que muramos ambos á las manos de ese demonio que está en esta
-casa? Huya y póngase en salvo, que viene matando á cuantos encuentra.
-Él me soltó y dió á correr, porque como habia oido decir el demonio
-del pozo, como yo se lo afirmé, se confirmó en ello. Yo no paré hasta
-llegar á tomar descanso á la sombra de dos amigos, Hércules y César,
-que están en dos altísimas columnas, á la entrada del alameda que hizo
-aquel gran caballero D. Francisco Zapata, Conde de Barajas, que tantas
-deshizo en Sevilla. Pero no acabaron aquí las de aquella noche, que
-estando descansando, sentí á las espaldas de la calle de la Garbancera,
-en un malvar muy alto que allí se hace, un ruido muy grande, moviéndose
-las malvas sin ver quién las movia, que por ser de noche y estar solo
-en el lugar muy sujeto á melancolía, me causó alguna: mas llegándome
-cerca con la espada desenvainada, no ví cosa sino el movimiento de
-las malvas, y algun ruido entre unas piedras que habia en el malvar,
-hasta que salieron fuera luchando una culebra y un gato: la culebra
-procurando ceñir al gato por el cuerpo, y el gato puesto sobre los
-piés, é hiriendo á la culebra con las uñas por entre las conchuelas,
-que duró algun espacio: pero la culebra no pudiendo resistir las uñas
-del gato, se tornó á sus malvas, y el gato como diestro, dando un
-salto le cogió la delantera, y con el mismo movimiento, mascándole la
-cabeza, retiróse antes que la culebra le diese con todo el cuerpo; y
-lo hiciera si no se retirára, porque con el golpe dió en unas piedras
-con la parte del lomo, á donde tiene la fuerza, de que no pudo más
-moverse, y llegando el gato la acabó de matar. Dióme que considerar
-la destreza del gato, viendo cuán cierta tiene la herida más que los
-demás animales, por donde yo fuí aficionado desde allí á los gatos,
-habiendo sido siempre enemigo de ellos, porque aunque no tienen tanto
-conocimiento ni amor como los perros, son de gran seguridad contra las
-sabandijas que se aparecen en las casas. Yo me fuí á reposar aquella
-noche, admirado y corrido del doblez que tan pesadamente usó conmigo
-aquella mi enamorada, que lo sea del diablo: y no del que salió del
-pozo; que la apacibilidad que promete el rostro de una mujer hermosa
-sea capaz de tan pesado engaño, y que con tanta facilidad se rinde á
-un mal consejo, es cosa que aun no acabo de creerla. Que se apiade un
-hombre á unas lágrimas de una mujer, es mucha nobleza; pero que ella
-las finja por mal fin, parece abominacion. Rendirse á la hermosura es
-cosa natural; pero rendirse la hermosura al engaño es contra razon, y
-aun contra naturaleza. Y un ánimo como el del hombre, que hace cara
-á un ejército entero, se rinda á una mujer, que huye de un raton, es
-cosa que espanta. Dios me libre de sus revueltas, y me guarde de sus
-dobleces, que aun sin gusto suelen tenerlos, por dar á entender que
-son queridas y desdeñosas; que las aman y que no las estiman; que las
-regalan, y que ellas hacen burla de quien las sirve.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO V.
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-Yo no quedé tan seguro de lo pasado que no me fuera necesario vivir
-con mucho cuidado de las tretas de aquel valiente, porque si antes
-estaba sentido del despojo de la tajante hoja, despues lo estuvo de
-haber salido tan á su costa la burla que pensó hacerme. Yo, para más
-seguridad mia, acudí á favorecerme de la casa de un gran caballero
-que está junto á _Omnium Sanctorum_, en la feria, que en todas mis
-travesuras y sucesos me fué amparo y refugio. Envióme á desafiar el
-valiente con un valiente amigo suyo. Estando yo en la dicha casa del
-señor Marqués de Algaba, don Luis de Guzman y sus criados, que tenia
-muchos y muy honrados, me quitaron de la obligacion, por ser mis
-amigos, que por la descortesía de haber perdido el respeto á la casa
-le enviaron á la suya sin narices, dejando la espada, broquel y daga
-para merienda de los mozos de cocina. Hizo de manera el malsin, mal
-fin le dé su suerte, que vino á saber un alcalde de la justicia,
-grande enemigo mio, si estaba engañado Dios lo sabe, que yo habia
-pegado fuego á la casa de su dayfa, que por andar celoso injustamente
-de mí, por momentos me llevaba preso, y aunque yo procuré siempre
-vencerle en cortesía, y quitarle la ocasion que lo traia con pecho
-vengativo, como debia de tener el ánimo poco noble, no hacia caso del
-buen término y humildad de que yo usaba con él, que los ánimos poco
-levantados en viéndose superiores á su enemigo procuran vengarse como
-pueden, sin mirar si les está bien ó mal. Mas los valerosos ánimos,
-con ser señores de la venganza, tienen por grandeza no hacer caso
-de ella. Este que digo, en viendo que pudo satisfacer á su bárbaro
-apetito, con la relacion que le dió mi enemigo, luego puso por obra
-la ejecucion de sus malas entrañas, haciendo corchete y explorador á
-la misma parte, que tuvo harto cuidado de seguirme los pasos, de modo
-que yo lo vine á saber por medio de amigos suyos y mios. Sabido esto,
-que el alcalde de la justicia habiendo incriminado el delito, diciendo
-que era incendiario, como hombre que no tenia más de una oreja, y esa
-inficionada, no admitió advertencia ni consejo que se le daba. Dijo que
-me habia de sacar de la iglesia en cualquiera que me hallase, porque
-el delito de incendiario era muy grave. No lo hiciera el que ahora
-está en el mismo oficio, que es justísimo juez, cristiano y discreto,
-y de gran consideracion en cuanto dice y hace, no precipitado, ni
-arrojadizo, sino muy templado y considerado en todas sus acciones,
-Justino de Chaves, que hay algunos jueces, aunque pocos, que no quieren
-dejar delito para el tribunal de Dios, que parece que los elige el
-demonio para hacer por manos de ellos lo que no puede por las suyas,
-que se las tiene Dios atadas. En sabiendo que este juez andaba conmigo
-tan tirano, mudéme de trage con un vestido viejo y malo, para andar
-disfrazado: yo le traia junto á su persona una espía que me avisase
-de todo, porque yo no me apartaba de _Omnium Sanctorum_, donde el
-sacristan era mi amigo, con quien habia tratado lo que habia de hacer
-si viniese á sacarme. Vino á avisarme de esto el amigo, y que para esta
-empresa traia consigo al Toledanillo, corchete endiablado, y yo juré
-que le habia de hacer una burla, que me habia de llevar acuestas á mi
-casa. Luego pareció venir con tanta priesa, que por poco no pudiera
-ejecutar mi traza. Dí al sacristan capa, ropilla y espada, quedándome
-en un jubon viejo y sucio, y atándome á la cabeza un lienzo muy roto
-y ensangrentado, echéme entre unos pobres muy asquerosos que estaban
-á la puerta pidiendo limosna: llegó muy furioso á buscarme en la
-iglesia; el sacristan cerró la iglesia antes que llegase, y juró, y
-con verdad, que no habia en toda ella retraido, ni otra gente, sino
-aquellos pobres, que á nadie dejaban oir misa, y que si queria sacar
-algun retraido, él se lo daria en las manos, echándolos de allí. Luego
-él comenzó á echarlos, diciéndoles: Vosotros algunos delincuentazos
-debeis de ser. Y á mí, porque dijo el sacristan que estaba tullido, y
-que no podia menearme, le dijo al Toledanillo que me llevase de allí,
-habiéndole dicho el sacristan que yo tenia mucho dinero de que se podia
-aprovechar, con que le puso codicia de llevarme acuestas. Mientras
-que su amo andaba revolviendo los altares y coro, y esteras de la
-sacristía, yo le iba diciendo: En verdad, señor, que me huelgo que no
-entrásedes allá, porque aquel hombre que van á sacar tiene jurado de
-mataros, que sabiendo que sois muy hombre, él lo es tanto que tiene ya
-dos corchetes en sal, y lo mismo hará de vos si os coge: Bien voy aquí
-de esa manera, dijo el Toledanillo; y yo: Daos priesa antes que envie
-por vos el teniente, y él lo hizo de muy buena gana, porque esta
-gente, ó porque no les va nada en ello, ó porque quieren guardar su
-vida huyen de semejantes peligros.
-
-[Ilustración: _Vosotros algunos delincuentazos debeis de ser._]
-
-El amo, como no halló la presa que buscaba, y porque el sacristan le
-dijo que se la daria pacíficamente, no llamó al Toledanillo. Él me
-llevó paseando por toda la alameda, y el barrio del Duque, hasta la
-calle de San Eloy, donde era mi posada; yo animábale diciendo que fuera
-de que se lo habia de pagar muy bien, hacia una obra de misericordia.
-Venian dos conocidos mios tras él pereciendo de risa, y él no osaba
-preguntarles de qué se reian, hasta que llegando á donde le pareció que
-ya estaba fuera de peligro, preguntóles: ¿De qué se rien voarcedes?
-Ellos le respondieron sonriendo: De la carga que llevais, que es el
-que íbades á sacar de la iglesia. Él sobresaltado, soltóme luego en el
-suelo, y yo encarándome á él, le dije: Pues qué, ¿pensaba el ladron,
-que habia de cogerme el dinero? Agradezca que no le visité las tripas
-por el pescuezo cuando me traia acuestas hecho San Cristóbal. En
-este tiempo andaba el señor juez riñendo con el sacristan porque le
-diese el retraido. Él dijo: Yo ya cumplí mi palabra con dárselo al
-Toledanillo, que lo llevó acuestas. Riéronse tanto los circunstantes
-con la burla hecha al Toledanillo, por ser tan bravo corchete, que
-se olvidó el enojo de juez por lo que alcanzaba de la burla viendo
-la que se habia hecho á su corchete: y él por no dar á entender su
-corrimiento disimuló, por la parte que le tocaba. Esto es para que
-los ministros de justicia entiendan, que ni todo ha de suceder como
-ellos quieren, ni los delincuentes lo han de remitir todo á las manos,
-como suelen en Sevilla, ni hacer resistencias, que si una vez sucede
-bien, treinta les sucede mal. Los jueces nunca pierdan el respeto á
-los templos, porque les sucede lo que á los perros que andan buscando
-la vida, que si muchas veces comen, alguna los vienen á coger entre
-puertas. Debe proceder el juez con los delincuentes de manera que no
-parezca que la justicia y venganza se conforman para un fin, que se
-ha de averiguar las verdades oyendo ambas partes: ni ha de creer, que
-uno es malo porque se lo diga quien no es bueno. Juez apasionado no
-lo ha de ser en su negocio propio, porque la pasion hace mayores los
-delitos del enemigo. Como es dificultoso juzgar por malo aquello que
-nos deleita, así es imposible juzgar por bueno lo que aborrecemos: que
-mal podrá guardar la autoridad de la ley quien quiere hacerla de su
-condicion en ódio ó en amor. Muy confuso se halla un juez cuando le
-apelan la sentencia que dió con pasion, no siendo ya señor de ella. Los
-delincuentes han de usar de todos los medios humanos y divinos antes
-que hacer una resistencia, y quien la hace en confianza del favor que
-tiene, merece que le falte cuando lo há menester, como sucede. No puede
-haber causa, si no es por salvar la vida, que obligue á un hombre á
-tan bárbaro delito, que no se halla sino en hombres desconfiados de la
-vida y honra. La humildad con los ministros de justicia arguye valor y
-ánimo noble, en que consiste el fundamento de la paz y concordia. Y si
-á los tales que se persuade á que son poderosos para cuanto quieren,
-los tratamos con soberbia, ¿cómo podremos conservarnos con ellos? Huir
-de ellos cuando nos siguen, no es falta de ánimo, sino reconocimiento
-de superioridad: y el que de ellos es bien considerado, huélgase de ver
-que el delincuente le tiene respeto, en huir ó en retraerse, sin querer
-perseguirle ni apretarle más de lo que es justicia y razon. Yo no pude
-hacer buen amigo de este hombre, y así me determiné, por no resistirme
-ni huir, de hacerle esta burla que se tuvo por acertada, tanto como
-reida, con que él me dejó, y el otro se sosegó en perseguirme. Yo para
-aquietarme de todo, determiné de arrimarme á algun favor poderoso,
-en cuya sombra pudiera descansar. Andaba entonces en Sevilla un gran
-Príncipe, de gallardísimo talle, muy gentil hombre de cuerpo, hermoso
-de rostro, con gran mansedumbre de condicion y consumada bondad, más
-de ángel que de hombre, amiguísimo de hacer bien, amado y admirado en
-aquella república, por estas y otras muchas partes que en su persona
-resplandecian: sobrino del arzobispo que entonces era en Sevilla, que
-era Marqués de Dénia. Yo me determiné de buscar modo como entrar en la
-gracia de este Príncipe, y comunicándolo con cierto amigo, le dije:
-No es posible, sino que este gran señor me ha de recibir en su favor
-y gracia. ¿En qué lo echais de ver? dijo mi amigo. Y respondí yo: En
-que yo le soy grandemente apasionado, y perpétuo historiador de sus
-admirables virtudes: y no es posible sino que la constelacion que
-me obliga á este excesivo amor á él, le incline á serme agradecido.
-Sucedióme como yo me lo tenia imaginado, porque estando en el corral
-de los naranjos, y pasando por allí este gran Príncipe, me determiné
-á hablarle lo más cortesmente que yo pude y supe. Paró el coche, y
-oyóme con entrañas piadosísimas, haciéndome la merced que yo deseaba,
-y mandándome que le viese. Recibido en su gracia, no me sucedió cosa
-mal en Sevilla, ni mis émulos tuvieron brio ni atrevimiento más contra
-mí; que el favor de los Príncipes y grandes señores es poderoso para
-vivir con quietud en la República, quien quiere ampararse de su valor
-y reclinarse á su sombra. Y es cordura el hacerlo, aunque no sea más
-de por imitar sus nativas costumbres, que exceden con gran ventaja
-á las de la gente ordinaria; que como en las plantas, las más bien
-cultivadas dan mejor y más abundante fruto, así entre los hombres,
-los más bien instruidos dan mayor y más claro ejemplo de la vida y
-costumbres, como son los príncipes y señores, criados desde su niñez en
-costumbres loables, no derramados entre la ignorancia del libre vulgo;
-que entre los caballeros está, y se usa la verdadera cortesía: de ellos
-se aprende el buen trato y la crianza con lo que se debe dar á cada
-uno; en ellos se halla la discreta disimulacion y paciencia, y cuando
-há lugar el perderla, que como tratan siempre con gente que sabe todos
-saben. Los que huyen el trato de los caballeros, no pueden entrarse en
-la verdadera nobleza que consiste en la práctica y no en la teórica, y
-con ella se aprende el respeto que se les ha de tener, para tratar con
-la nobleza ignorada de todo el vulgo.
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-[Ilustración]
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-
-[Ilustración]
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-DESCANSO VI.
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-Estuve en Sevilla algun tiempo viviendo de noche y de dia inquieto
-con pendencias y enemistades, efectos de la ociosidad, raíz de los
-vicios, y sepulcro de las virtudes. Torné en mí, y halléme atrás de
-lo que habia profesado, que en la ociosidad no solamente se olvida
-lo trabajado, pero se hace un durísimo hábito para volver á ello. El
-que pierde caminando la verdadera senda, cuanto más se aleja, tanto
-más dificultosamente vuelve á cobrarla: el que hace costumbre en la
-ociosidad, tarde ó nunca olvida los resabios que de ella se siguen. En
-cuatro cosas gasta la vida el ocioso, en dormir sin tiempo, en comer
-sin razon, en solicitar quietas, en murmurar de todos. Llórame el
-corazon gotas de sangre cuando veo prendas de valerosos capitanes y de
-doctísimos varones rendidas á un vicio tan poltron como la ociosidad:
-quéjase el ocioso de su desdicha, y murmura de la dicha del que con
-gran diligencia ha vencido la fuerza de su fortuna: tiene envidia de lo
-que él pudiera haber grangeado con ella. El ocioso ni come con gusto,
-ni duerme con quietud, ni descansa con reposo, que la flojedad viene
-á ser verdugo y azote del dejamiento y pereza del ocioso. Determiné
-de apartarme de este vicio poltron que en Sevilla me arrastraba,
-y para esto tuve modo de pasar á Italia en servicio del duque de
-Medina-Sidonia, que en un galeon aragonés enviaba mucha parte de sus
-criados á Milan. Alcanzada esta buena gracia, detúveme en Sevilla
-hasta que fué tiempo de partir. En este espacio, vinieron algunos
-portugueses, de los que en África se habian hallado en aquel desdichado
-conflicto del rey Sebastian, muchos de los cuales rescató Felipe II.
-Trabé amistad con algunos de ellos, y como tienen tanta presteza en
-las agudezas del ingenio, pasé con ellos bonísimos ratos. Estaba un
-caballero portugués, amigo mio, haciéndose la barba con un mal oficial,
-que con mala mano y peor navaja le rapaba, de manera que le llevaba los
-cueros del rostro. Alzó el suyo el portugués, y le dijo: Señor barbero,
-si desfollades, desfollades dulcemente; mais si rapades, rapades muito
-mal. Estando un amigo mio y yo á la puerta de una Iglesia, que se llama
-_Omnium Sanctorum_, pasó un caballero portugués, con seis pajes y dos
-lacayos muy bien vestidos á la castellana, y quitándose la gorra á la
-Iglesia, quitámosela nosotros á él usando de cortesía. Volvió como
-afrentado, y me dijo: Ollai, senhor castillano, non vos tirei á vos á
-barreta, se naon á ó Santísimo Sacramento. Dije yo: Pues yo se la quité
-á vuesa merced. Compungido de esta respuesta dijo el portugués: Ainda
-vos á tirei á vos, senhor castillano. Venia por la calle del Atambor
-un portugués con un castellano, y como el portugués iba enamorando
-las ventanas, no vió un hoyo donde metió los piés y se tendió de
-bruces. Dijo el castellano: Dios te ayude; y respondió el portugués:
-Ja naon pode. Estando jugando tres castellanos con un portugués á
-las primeras, los engañó agudísimamente, que habiéndole dado despues
-de quinoleada la baraja cincuenta y cinco, dijo con desprecio del
-naipe entre sí, como lo pudiesen oir: Os anhos de Mafoma. Los demás,
-que estaban bien puestos, y lo vieron pasar, embidaron su resto: él
-quiso, y echando el uno cincuenta, y los demás lo que tenian, arrojó
-el portugués sus cincuenta y cinco puntos, y arrebatóles el resto;
-dijo el uno de ellos: ¿Cómo dijo vuesa merced que tenia los de Mahoma,
-que son cuarenta y ocho años, si tenia cincuenta y cinco? Respondió el
-portugués: Eu cudei, que Mafoma era mas vello. (Yo pensé que Mahoma
-era más viejo.) Otros excelentísimos cuentos y agudezas pudiera traer,
-que por evitar proligidad los dejo. Vino en este tiempo una grandísima
-peste en Sevilla; y mandóse por materia de estado que matasen todos
-los perros y gatos, por que no llevasen el daño de una casa á otra.
-Yo, procurando asentar mi vida, fuíme á Sanlúcar á casa del duque de
-Medina-Sidonia, y navegando por el rio fué tanta la abundancia de
-gatos y perros que habia ahogados en todas aquellas quince leguas, que
-algunas veces fué necesario detener el barco, ó echarlo por otra parte.
-
-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO VII.
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-Embarcámonos en Sanlúcar, no con mucho tiempo. Pasamos á vista de
-Gibraltar por el estrecho, que lo era tanto por alguna parte, que con
-la mano parecia poderse alcanzar la una y otra parte. Vimos el Calpe
-tan memorable por la antigüedad, y más memorable por el hachero ó
-atalaya que entonces tenia, y muchos años despues de tan increible y
-perspicaz vista, que en todo el tiempo que él tuvo aquel oficio, la
-costa de Andalucía no ha recibido daño de las fronteras de Tetuan,
-porque en armando las galeotas en África, las veia desde el Peñon, y
-avisaba con los hachos ó humadas. Yo soy testigo, que estando una vez
-en el Peñon algunos caballeros de Ronda y de Gibraltar, dijo Martin
-Lopez, que así se llamaba el hachero: Mañana al anochecer habrá rebato:
-porque se están armando galeotas en el rio de Tetuan; que son más de
-veinte leguas, y yo creo que por mucho que se encarezcan las cosas que
-hizo con la vista de Lince, que fué hombre y no animal como algunos
-piensan, no sobrepujaron á las de Martin Lopez; realmente lo temian
-más los corsarios, que al socorro que contra ellos venia. Quiero de
-paso declarar una opinion que anda derramada entre la gente, poco
-aficionada á leer y engañada en pensar, que lo que llaman columnas de
-Hércules, sean algunas que él mismo puso en el estrecho de Gibraltar.
-Con otro mayor deslumbramiento, que dicen ser las que mandó poner en
-la alameda de Sevilla D. Francisco Zapata, primer conde de Barajas;
-pero la verdad es que estas dos columnas, son la una el Peñon de
-Gibraltar, tan alto, que se disminuyen á la vista los bajeles de alto
-bordo que pasan por allí. La otra columna es otro cerro muy alto en
-África, correspondientes el uno al otro. Dícelo así Pomponio Mela _de
-Situ orbis_. Volviendo al propósito, digo, que pasamos á la vista
-de Marbella, Málaga, Cartagena y Alicante, hasta que engolfándonos
-llegamos á las islas Baleares, donde no fuimos recibidos por la ruin
-fama que habia de peste en poniente; de manera, que desde Mallorca nos
-asestaron tres ó cuatro piezas. Faltónos viento, y anduvimos dando
-bordos en aquella costa, hasta que vimos encender quince hachas, que
-nos pusieron en mucho cuidado, porque como en Argel se cundió la fama
-de la riqueza que llevaba el galeon de un tan grande príncipe, salieron
-en corso quince galeotas á buscarnos, que hicieron mucho daño á toda la
-costa, y lo pudieran hacer en nosotros, si el viento les favoreciera,
-permitiéndolo Dios. Con el aviso que nos dieron de las atalayas,
-engolfámonos, fortificando las obras muertas, y las demás partes que
-tenian necesidad, con sacas de lana y otras cosas que para el propósito
-se llevaron. Repartiéronse los lugares y puestos como les pareció á los
-capitanes y soldados viejos que el galeon llevaba. Puestos en órden
-aguardamos las galeotas, que ya se venian descubriendo con el suyo de
-media luna, que como al galeon le faltaba el viento, y ellos venian
-valerosamente batiendo los remos, llegaron tan cerca que nos podíamos
-cañonear.
-
-Estando ya con determinacion de morir ó echarlas á fondo, disparó
-nuestro galeon dos piezas tan venturosas, que desparecieron una de las
-quince galeotas, y en el mismo punto nos vino un viento en popa tan
-desatado que en un instante las perdimos de vista. Esforzóse el viento
-tan demasiadamente, que nos quebró el árbol de la mesana; rompiendo las
-velas y jarcias de lo demás con tanta furia, que nos puso en menos de
-doce horas sobre la ciudad de Frigus en Francia; y sobreviniendo otro
-viento contrario por proa anduvimos perdidos, volviendo hácia atrás con
-la misma priesa que habíamos caminado. El galeon era muy gran velero
-y fuerte, bastante para no perdernos, y con solo el trinquete de proa
-pudimos vandearnos, con la gran fortaleza del galeon. Y al tercero dia
-de la borrasca comenzó la popa á desencajarse y á crugir, á modo de
-persona que se queja. Con esto comenzaron á desmayar los marineros,
-determinados de dejarnos y entrarse de secreto en el barcon que venia
-amarrado á la popa. Pero siendo sentidos de los soldados, que no venian
-mareados, se lo estorbaron. Viendo el peligro, todos determinamos de
-confesarnos y encomendarnos á Dios: pero llegando á hacerlo con dos
-frailes que venian en el galeon, estaban tan mareados, que nos daban
-con el vómito en las barbas y pecho, y como las ondas inclinaban el
-navío á una parte y á otra, caian los de una banda sobre los de la
-otra, y luego aquellos sobre estos otros. Andaba una mona saltando de
-jarcia en jarcia, y de árbol en árbol, hablando en su lenguaje, hasta
-que pasando una furiosísima ola por encima del navío se la llevó,
-y nos dejó á todos bien refrescados. Anduvo la pobre mona pidiendo
-socorro muy grande rato sobre el agua, que al fin se la tragó.
-Llevaban los marineros un papagayo muy enjaulado en la gavia, que
-iba diciendo siempre: ¿Cómo estás, loro? como cautivo, perro, perro,
-perro; que nunca con más verdad lo dijo, que entonces. Apartónos Dios
-de resulta segunda vez junto á Mallorca á una isleta que llaman la
-Cabrera, y al revolver de una punta, yendo ya un poco consolados, nos
-arrojaron unas montañas de agua otra vez en alta mar, donde tornamos de
-nuevo á padecer la misma tormenta. Algunos de los marineros cargaron
-demasiadamente, y echáronse junto al fogon del navío por sosegar un
-poco: sopló tan recio el viento que les echó fuego encima, que tenian
-muy guardado, que á unos se les entró en la carne, y á otros les abrasó
-las barbas y rostro, quitándoles el sueño y adormecimiento del vino.
-Yo me ví en peligro de morir, porque el tiempo que quebró el árbol de
-la mesana, por temor del viento habíamos atado, mis camaradas y yo, el
-transportin al árbol y cuando se quebró arrojó el transportin en alto,
-y á cada uno por su parte. Yo quedé asido al borde del galeon, colgado
-de las manos por la parte de afuera, y si no me socorrieran presto, me
-fuera al profundo del agua: y si se rompiera cuatro dedos más abajo,
-con la coz nos echara hasta las nubes. Mareáronse los marineros, ó la
-mayor parte de ellos. Estábamos sin gobierno, aunque venia entre ellos
-un contramaestre muy alentado, con una barbaza que le llegaba hasta
-la cinta, de que se preciaba mucho, y subiendo por las jarcias hácia
-la gavia, á poner en cobro su papagayo, con la fuerza del viento se
-le desnudó la barbaza, que llevaba cogida, y asiéndose á un cordel de
-aquellos de las jarcias, quedó colgado de ella, como Absalon de los
-cabellos. Pero asiéndose, como gran marinero, al entena, lo sumergió
-tres veces por un lado por la mitad del navío, y pereciera si otro
-marinero no subiera por las mismas jarcias y le cortara la barbaza,
-que dejándola anudada donde se habia asido, y ayudándole, bajó vivo,
-aunque muy corrido de verse sin su barba. Tornámos á proejar lo mejor
-que fué posible, quejándose siempre la popa, y al fin tomamos el puerto
-de la Cabrera, isleta despoblada, sin habitadores, ni comunicada sino
-es de Mallorca cuando traen mantenimientos para cuatro ó cinco personas
-que guardan aquel castillo fuerte y alto más porque no ocupen aquella
-isla los turcos, que por la necesidad que hay de él. Habia estado
-mareado todo este tiempo el mayordomo ó contador que gobernaba los
-criados del Duque, y volviendo en sí, fué luego á visitar lo que venia
-á su cargo, y hallando de menos ciertos pilones de azúcar, como no
-parecieron, dijo: Yo sabré presto quién los comió, si están comidos;
-y fué así, porque el dia siguiente comenzaron á dar á la banda todos,
-que no se daban mano á vaciar lo que habian henchido, que como habian
-metido tan abundantemente del azúcar, les corrompió el vientre en
-tanto extremo, que en quince dias no volvieron en su primera figura.
-Al contramaestre no le vimos el rostro en muchos dias, por verse
-desamparado de la barbaza, que debe ser en Grecia de mucha calidad
-una cola de frison en la cara de un hombre. Al fin nos recibieron en
-aquella isleta, que por falta de comunicacion no sabian que veníamos
-de tierra apestada, y aunque lo supieran nos recibieran por ver gente
-que los tenian por fuerza sin ver ni hablar sino con aquellas sordas
-olas que están siempre batiendo los peñascos donde está el castillo
-edificado. Detuvímonos allí quince ó veinte dias, ó más, haciendo
-árboles, reparando jarcias, remendando velas, padeciendo calor entre
-mayo y junio, sin saber en toda la isleta donde valerse contra la
-fuerza del calor, ni fuente donde refrescarnos, sino el algibe ó
-cisterna de donde bebian los pobres encerrados. Esta isleta es de seis
-ó siete leguas en circuito, toda de piedras, muy poca tierra, y esa sin
-árboles, sino unas matillas que no suben arriba de la cintura. Hay unas
-lagartijas grandes y negras, que no huyen de la gente, aves muy pocas,
-porque como no hay agua donde refrescarse no paran allí.
-
-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO VIII.
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-Como el calor era tan grande, y yo he sido siempre fogoso, llamé á
-un amigo, y fuímonos saltando de peña en peña por buscar algun lugar
-que, ó por verde ó por húmedo, nos pudiese alentar y aliviar de la
-navegacion y trabajo pasado, de que salimos muy necesitados. Yendo
-saltando de una peña en otra, espantados de ver tan avarienta á la
-naturaleza en tener aquel sitio con tan cansada sequedad, trajo una
-bocanada de aire tan celestial olor de madres-selvas, que pareció que
-lo enviaba Dios para refrigerio y consuelo de nuestro cansancio. Volví
-el rostro hácia la parte de oriente, de donde venia la fragancia, y ví
-en medio de aquellas contínuas peñas una frescura milagrosa de verde
-y florida, porque se vieron de lejos las flores de la madre-selva,
-tan grandes, apacibles y olorosas como las que hay en toda Andalucía.
-Llegamos, saltando de piedra en piedra como cabras, y hallamos una
-cueva, en cuya boca se criaban aquellas cordiales matas de celestial
-olor. Y aunque era de entrada angosta, allá abajo se estendia con
-mucho espacio, destilando de lo alto de la cueva por muchas partes
-una agua tan suave y fria, que nos obligó á enviar al galeon por sogas
-para bajar á recrearnos en ella. Bajamos, aunque con dificultad, y
-hallamos abajo una estancia muy apacible y fresca, porque del agua
-que se destilaba se formaban diversas cosas, y hacian á naturaleza
-perfectísima con la variedad de tan estrañas figuras: habia órganos,
-figuras de patriarcas, conejos y otras diversas cosas, que con la
-continuacion de caer el agua se iban formando á maravilla: de esta
-destilacion se venia á juntar un arroyuelo, que entre muy menuda y
-rubia arena convidaba á beber de él, lo cual hicimos con grandísimo
-gusto. El sitio era de gran deleite, porque si mirábamos arriba,
-veíamos la boca de la cueva cubierta de las flores de madre-selva que
-se descolgaban hácia abajo, esparciendo en la cueva una fragancia de
-más que humano olor. Si mirábamos abajo el sitio donde estábamos,
-veíamos el agua fresca, y aun fria, y el suelo con asientos donde
-podíamos descansar en tiempo de tan excesivo calor, con espacio para
-pasearnos. Enviamos por nuestra comida y una guitarra, con que nos
-entretuvimos con grandísimo contento, cantando y tañendo, como los
-hijos de Israel en su destierro. Fuímonos á la noche á dormir al
-castillo, aunque siempre quedaba guarda en el galeon. Dijimos al
-castellano cómo habíamos hallado aquella cueva, que era un hombre de
-horrible aspecto, ojos encarnizados, pocas palabras y sin risa, que
-dijeron haber sido cabeza de bandoleros, y por esto lo tenian en aquel
-castillo siendo guarda de él. Y respondiéndonos en lenguaje catalan
-muy cerrado: Mirad por vosotros, que tambien los turcos saben esa
-cueva: no fué parte esta advertencia para que dejásemos de ir cada dia
-á visitar aquella regalada habitacion, comiendo y sesteando en ella.
-Hicímoslo diez ó doce dias arreo. Habiendo un dia comido, y estando
-sesteando, vimos asomar por la boca de la cueva bonetes colorados y
-alquiceles blancos; pusímonos en pié, y al mismo punto que nos vieron,
-de que venian descuidados, dijo uno en lengua castellana, muy clara y
-bien pronunciada: Rendíos, perros. Quedaron mis compañeros absortos
-de ver en lengua castellana bonetes turcos; dijo el uno: Gente de
-nuestro galeon debe de ser, que nos quieren burlar. Habló otro turco,
-y dijo: Rendí presto, que torco extar. Pusieron los tres compañeros
-mano á las espadas queriéndose defender. Yo les dije: ¿De qué sirve
-esa defensa, si nos pueden dejar aquí anegados á pura piedra, cuanto
-más con las escopetas que vemos? Y á ellos les dije: Yo me rindo al
-que habló español, y todos á todos; y vuesas mercedes pueden bajar
-á refrescarse, ó sino subirémosles agua, pues somos sus esclavos.
-Dijo el turco español: No es menester, que ya bajamos. Rogamos á Dios
-interiormente que lo supiesen en el galeon; obedeciendo á nuestra
-fortuna. Mis compañeros muy tristes, y yo muy en el caso, porque en
-todas las desdichas que á los hombres suceden no hay remedio más
-importante que la paciencia. Yo, aunque la tenia, fingiendo buen
-semblante, sentia lo que puede sentir el que habiendo sido siempre
-libre entraba en esclavitud. La fortuna se ha de vencer con buen ánimo:
-no hay más infeliz hombre que el que siempre ha sido dichoso, porque
-siente las desdichas con mayor afliccion. Decíales á mis compañeros
-que para estimar el bien era menester esperimentar algun mal, y llevar
-este trabajo con paciencia para que fuese menor. Púseme á recibir con
-buen semblante á los turcos que iban bajando, y en llegando al que
-hablaba español, con mayor sumision y humildad, llamándole caballero
-principal, dándole á entender que lo habia conocido; de que él holgó
-mucho, y dijo á los turcos sus compañeros, que yo le conocia por noble
-y principal, porque él, como despues supe, era de los moriscos más
-estimados del reino de Valencia, que se habia ido á renegar, llevando
-muy gentil pella de plata y oro. Viendo que aprovechaba la lisonja
-de haberle llamado caballero y noble, proseguí diciéndole más y más
-vanidades, porque él venia por cabo de dos galeotas suyas, que de las
-quince habian quedado por falta de temporal, escondidas en una caleta,
-adonde aquel mismo dia nos llevaron maniatados, sin tener remedio por
-entonces, y zongorrando con la guitarra, apartóme mi amo, y dijo de
-secreto: Prosigue en lo que has comenzado, que yo soy cabo de estas
-galeotas, y á mí me aprovechará para la reputacion, y á tí dará buen
-tratamiento. Hícelo con mucho cuidado, diciendo, como el que no lo
-oyese, que era de muy principales parientes, nobles y caballeros. Fué
-tan poca nuestra suerte, que les vino luego buen tiempo, y volviendo
-las proas hácia Argel, iban navegando con viento en popa sin tocar
-á los remos. Quitáronnos el traje español, y nos vistieron como
-miserables galeotes, y echados al remo los demás compañeros, á mí me
-dejó el cabo para su servicio. Por no ir callados con el manso viento
-que nos guiaba, me preguntó mi amo cómo me llamaba, quién era, y qué
-profesion ú oficio tenia. Á lo primero le dije, que yo me llamaba
-Márcos de Obregon, hijo de montañeses del valle de Cayon.
-
-Los demás por ir ocupados en oir cantar á un turquillo, que lo hacia
-graciosamente, no pudieron oir lo que tratábamos: y así le pregunté,
-antes de responderle, si era cristiano ó hijo de cristianos, porque su
-persona y talle, y la hermosura de un mocito hijo suyo, daban muestras
-de ser españoles. Él me respondió de muy buena gana; lo uno, porque
-la tenia que tratar con cristianos, lo otro, porque los demás iban
-muy atentos al musiquillo, y así me dijo, que era bautizado, hijo de
-padres cristianos, y que su venida en Argel no fué por estar mal con
-la religion, que bien sabia que era la verdadera, en quien se habia
-de salvar las almas, sino que yo, dijo, nací con ánimo y espíritu
-de español, y no pude sufrir los agravios que cada dia recibia de
-gente muy inferior á mi persona, las supercherías que usaban con mi
-persona, con mi hacienda, que no era poca, siendo yo descendiente de
-muy antiguos cristianos, como los demás, que tambien se han pasado y
-pasan cada dia, no solamente del reino de Valencia, de donde yo soy,
-sino del de Granada y de toda España. Lastimábame mucho, como los
-demás, de no ser recibido á las dignidades y oficios de Magistrados y
-de honras superiores, y ver que durase aquella infamia para siempre,
-y que para deshacer esta injuria, no bastase tener obras esteriores
-é interiores de cristiano. Que un hombre, que ni por nacimiento, ni
-por partes heredadas ó adquiridas, se levantaba del suelo dos dedos,
-se atreviese á llamar con nombres infames á un hombre muy cristiano y
-muy caballero. Y sobre todo ver cuán lejos estaba el remedio de todas
-estas cosas. ¿Qué me podrás tú decir á esto? Lo uno, respondí yo,
-que la Iglesia ha considerado eso con mucho acuerdo; y lo otro quien
-tiene fé del bautismo, no se ha de rendir ni acobardar por ningun
-accidente y trabajo que le venga para apartarse de ella. Todo esto te
-confieso, dijo el turco, pero ¿qué paciencia humana podrá sufrir que
-un hombre bajo, sin partes ni nacimiento, que por ser muy obscuro su
-linage, se ha olvidado en la república su principio, y se ha perdido
-la memoria de sus pasados, se desvanezca, haciéndose superior á los
-hombres de mayores merecimientos y partes que las suyas? De esas
-cosas, respondí yo, como Dios es el verdadero juez, ya que consienta
-el agravio aquí, no negará el premio allá, si puede haber agravio, no
-digo en los estatutos pasados en las cosas de la Iglesia, que eso va
-muy justificado, sino en la intencion dañada del que quiere infamar á
-los que ve que se van levantando y creciendo en las cosas superiores
-y de mayor estimacion. Ellos, dijo el moro, como ni pueden llegar
-á igualar á los de tan grandes merecimientos, tomando ocasion de
-prevaricar los estatutos con su mala intencion, no para fortificarlos,
-ni para servir á Dios ni á la Iglesia, sino para preciarse de cartas
-viejas como dicen: y pareciéndoles que es una grande hazaña levantar
-un testimonio, derraman una fama que lleva la envidia de lengua en
-lengua, hasta echar por el suelo aquello que va más encumbrado; que
-como su orígen fué siempre tan obscuro, que no se vió sujeto en el que
-lo ennobleciese, y á la pobreza nadie le tiene envidia, quédanse sin
-saber qué son, teniéndolos por cristianos viejos, por no ser conocidos,
-ni tener noticia que tal gente hubiese en el mundo. La Iglesia, dije
-yo, no hace los estatutos para que se quite la honra á los prógimos,
-sino para servirse la religion lo mejor que sea posible, conservándola
-en virtud y bondad conocida. Íbame á replicar mi amo, pero dejando
-el turquillo de cantar, díjome que callase, y tornóme á preguntar lo
-primero: respondíle á todo con brevedad, diciendo: Yo soy montañés
-de junto á Santander, del valle de Cayon, aunque nací en Andalucía;
-llámome Márcos de Obregon, no tengo oficio; porque en España los
-hidalgos no lo aprenden, que más quieren padecer necesidades ó servir,
-que ser oficiales, que la nobleza de las montañas fué ganada por armas,
-y conservada con servicios hechos á los Reyes, y no se han de manchar
-con hacer oficios bajos, que allá con lo poco que tienen se sustentan
-paseando lo peor que pueden, conservando las leyes de hidalguía, que
-es andar rotos y descosidos, con guantes y calzas atacadas. Yo haré,
-dijo mi amo, que sepais oficio muy bien. Y respondió un compañero
-de los mios que estaba al remo: Eso á lo menos no lo haré yo, ni se
-ha decir en España que un hidalgo de la casa de los Mantillas usó
-oficio en Argel. Pues, perro, dijo mi amo, ¿estás al remo y tratas de
-vanidades? Dadle á ese hidalgo cincuenta palos. Suplico á vuesa merced,
-dije yo, perdone su ignorancia y desvanecimiento, que ni él sabe más,
-ni es hidalgo, ni tiene más de ello que aquella estimacion, no cuanto
-á hacer las obras de tal, sino cuanto á decir que lo es por comer sin
-trabajar. Y no es el primer vagamundo que ha habido en aquella casa,
-si es de ella; y á él le dije: Pues, bárbaro, ¿estamos en tiempo y
-estado que podamos rehusar lo que nos mandaren? Ahora es cuando hemos
-de aprender de ser humildes, que la obediencia nos ata la voluntad al
-gusto ajeno. La voluntad subordinada no puede tener eleccion. En el
-punto que un hombre pierde la libertad, no es señor de sus acciones.
-Solo un remedio puede haber para ser un poco libre, que es ejercitar
-la paciencia y humildad, y no esperar á hacer por fuerza lo que por
-fuerza se ha de hacer. Si desde luego no se comienza á hacer hábito en
-la paciencia, harémoslo en el castigo. Que el obedecer al superior,
-es hacerlo esclavo nuestro. Como la humildad engendra amor, así la
-soberbia engendra ódio. La estimacion del esclavo ha de nacer del
-gusto del señor, y esta se adquiere con apacible humildad. Aquí somos
-esclavos, y si nos humilláremos á cumplir con nuestra obligacion, nos
-tratarán como á libres, y no como á esclavos. ¡Oh qué bien hablais!
-dijo nuestro amo, y cómo he gustado de encontrar contigo para que seas
-maestro de mi hijo, que hasta que encontrase un cristiano como tú no
-se lo he dado, porque por acá no hay quien sepa la doctrina, que entre
-cristianos se enseña á los de poca edad. Por cierto, dije yo, él es
-tan bella criatura, que quisiera yo valer y saber mucho, para hacerle
-grande hombre, pero fáltale una cosa para ser tan hermoso y gallardo.
-Estuvieron atentos á esto los demás moros, y preguntó el padre: ¿Pues
-qué le falta? Respondí yo: Lo que sobra á vuesa merced. ¿Qué me sobra á
-mí? dijo el padre. El bautismo, respondí yo, que no lo há menester.
-
-Fué á arrebatar un garrote para pegarme, y al mismo compás arrebaté yo
-al muchacho para reparar con él. Cayósele el palo de las manos, con
-que rieron todos, y al padre se le templó el enojo que pudiera tener
-descargando el palo en su hijo. Fingióse muy dél enojado, por cumplir
-con los compañeros ó soldados, que realmente lo tenian por grande
-observador de la religion perruna ó turquesa. Aunque yo lo sentí, en lo
-poco que le comuniqué, inclinado á tornarse á la verdad católica. ¿Por
-qué, dijo, pensais vosotros que vine yo de España á Argel sino para
-destruir todas estas costas, como lo he hecho siempre que he podido,
-y tengo de hacer mucho más mal de lo que he hecho? Como lo sintieron
-enojado quisieron echarme al remo; y él dijo: Dejadlo, que cada uno
-tiene obligacion de volver por su religion, y este cuando sea turco
-hará lo mismo que hace ahora. Sí haré, dije yo, pero no siendo moro, y
-para sosegar más su enojo mandóme que tomase la guitarra que sacamos
-de la cueva: hícelo acordándome del cantar de los hijos de Israel
-cuando iban en su cautiverio. Fueron con el viento en popa mientras
-yo cantaba en mi guitarra, muy alegres, sin alteracion del mar, ni
-estorbo de enemigos, hasta que descubrieron las torres por la costa
-de Argel, y luego la ciudad, que como los tenian perdidos, hicieron
-grandes alegrías en viendo que eran las galeotas del renegado. Llegaron
-al puerto, y fué tan grande el recibimiento por verle venir, y venir
-con presa, que le hicieron grandes algazaras, tocaron trompetas y
-jabebas, otros instrumentos que usan más para confusion y bulla que
-para apacibilidad de los oidos. Saliéronle á recibir su mujer y una
-hija, muy española en el talle y garbo, blanca y rubia, con bellos ojos
-verdes, que realmente parecia más nacida en Francia, que criada en
-Argel: algo aguileña, el rostro alegre y muy apacible, y en todas las
-demás partes muy hermosa. El renegado, que era hombre cuerdo, enseñaba
-á todos sus hijos la lengua española, en la cual le habló la hija con
-alguna terneza de lágrimas, que corrian por las rosadas mejillas, que
-como les habian dado malas nuevas, el gozo le sacó aquellas lágrimas
-del corazon. Yo les hice una humillacion muy grande, primero á la hija
-que á la madre, que naturaleza me inclinó á ella con grande violencia;
-díjele á mi amo: Yo, señor, tengo por muy venturosa mi prision, pues
-junto con haber topado con tan grande caballero, me ha traido á ser
-esclavo de tal hija y mujer, que más parecen ángeles que criaturas
-del suelo. ¡Ay, padre mio, dijo la doncella, y qué corteses son los
-españoles! Pueden, dijo el padre, enseñar cortesía á todas las naciones
-del mundo: y este esclavo es en mayor grado, porque es noble, hijodalgo
-montañés, y muy discreto. Y cómo lo parece, dijo la hija; pues ¿por
-qué lo trae con tan mal traje? Hágale vuesa merced que se vista á la
-española. Todo se hará, hija mia, respondió el padre; reposemos ahora
-el cansancio de la mar, ya que habemos venido libres y salvos.
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-[Ilustración]
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-
-[Ilustración]
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-DESCANSO IX.
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-Hallé un agradable albergue en hija y madre; pero mucho más en la hija,
-porque como habia oido decir á su padre muchos bienes de España y los
-habitadores de ella, naturaleza la llevaba por este camino. Regalábame
-más que á los demás esclavos; pero servia con más gusto que ellos, así
-por lo que habia visto, como porque no iba de mala gana á Argel, por
-ver un hermano mio que estaba cautivo en él; y fuí venturoso en que
-antes que preguntase por él supe que habia incitado á otros esclavos
-para que tomando un barco, despues de haber muerto á sus amos, se
-arrojasen á la fortuna, ó por mejor decir, á la voluntad de Dios, y no
-atreviéndose los demás, él puso en ejecucion su intento, y sucedióle
-tan bien, que vino á España, y despues murió sobre Jatelet, que si
-supieran ser mi hermano, quizá yo lo pasara mal. Yo serví á mis amos
-con el mayor gusto y diligencia que podia, y mi servicio les era más
-grato que el de los otros cautivos, porque hacia de la necesidad
-virtud: y como al principio les gané la voluntad, con facilidad los
-conservé despues: tratábalos con mucho respeto y cortesía, martirizando
-mi voluntad, y forzándola á lo que no era inclinado, que es á servir;
-que á los hombres naturalmente libres el tiempo y la necesidad
-les enseña lo que han de hacer. Sufria más de lo que mi condicion
-me enseñaba, que el rendirse á la fuerza yo creo que es de ánimos
-valerosos y nobles. Poco valor y menos prudencia tiene el que no sabe
-obedecer al tiempo. Servir bien quien por fuerza ha de servir, es
-ganarle la fortuna por la mano; y obedecer mal al superior, es poner
-en duda el gusto y la vida. Y al fin vive con seguridad quien hace lo
-que puede sirviendo. Aunque yo me via regalado de mis amos, no por eso
-dejaba de repartir el favor con los demás cautivos, y ellos conmigo su
-trabajo; y para sosegar la envidia se han de hacer estas diligencias
-y otras mayores. Que no hay gente que más se gobierne por ella que
-esclavos, perseguidores de sus iguales, y solapadores de la honra y
-hacienda de sus dueños. Pocos he visto de los que han pasado por este
-miserable estado, que no tengan algun resabio infame.
-
-Junto con el buen tratamiento que se me hacia, eché de ver en mi ama
-la doncella, que siempre que pasaba por donde pudiese verla hacia
-cambio en el color del rostro y en el movimiento de las manos, que
-parecia alguna vez que tocaba tecla. Al principio atribuílo á la mucha
-honestidad suya; pero con su perseverancia, y con la esperiencia que
-yo tenia de semejantes accidentes, que no era poca, le conocí la
-enfermedad. Mandábame un millon de cosas cada dia, que ni á ella tocaba
-el mandarlas, ni á mí el hacerlas; pero yo confieso que me holgaba
-en el alma de servirla y de que me mandase muchas más: todas cuantas
-niñerías venian á mis manos, ó yo hacia, venian á parar en las suyas,
-diciendo que eran de España; tanto que una vez, parándosele el rostro
-como una amapola, me dijo, que cuando no hubiera venido de España otra
-cosa sino quien se las daba, bastaba para ella; y luego echó á correr,
-y se escondió. Yo con estos favores enternecíame demasiadamente; pero
-miré el estado en que me via, y que habiendo de buscar la libertad
-del cuerpo iba perdiendo la del alma, y que el menor daño que me
-podia suceder era quedarme por yerno en casa, volvia sobre mí, y me
-reprehendia conmigo á solas; pero cuanto más me contradecia hallaba
-en mí menos resistencia. Y el remedio de estas pasiones más consiste
-en dejarlas estar que en escarbarlas, buscando el olvido ó camino
-para él. Echaba de ver que al tiempo que estas pasiones entran en un
-hombre le arrebatan de modo que le dejan incapaz para otra cosa. Y
-aunque me persuadia á que por entretenerme podia llevar aquella dulce
-carga, la esperiencia me habia enseñado que el amor es rey, que en
-dándole posesion se alza con la fortaleza; pero hacíame contradiccion
-en mi propio pensar cómo podia ser desagradecido quien siempre se
-preció de lo contrario. Aunque para esto se me ponia por delante la
-sospecha que podian tener los padres si vian alguna demostracion de
-buena correspondencia; apartábame de esto estar entre enemigos de la
-nacion y de la fé; el acudir mal al amor que el padre me mostraba, que
-me habia entregado su hija para que la enseñase, y sobre todo, y más
-que todo, no ser ella bautizada. Resolvíme al fin de que aunque me
-abrasase no habia de mirarla con cuidado. La pobre doncella que sintió
-novedad en mí, llevólo con mucha melancolía de corazon, abatimiento
-de ojos, arcaduces y lumbreras del alma, color mudado de rostro,
-suspension en las palabras y encogimiento en el trato. Preguntábanle
-qué tenia. Y respondia que era enfermedad que ni la habia tenido, ni
-conocido, ni sabia decir qué fuese. Preguntábanle si queria alguna
-cosa. Respondia que era imposible lo que deseaba, que era solamente
-ver á España, y esto entre risa y tristeza, vino á ser melancolía de
-manera que hizo cama contra su voluntad, porque no podia ser visitada
-de quien ella queria, ni entraban allá sino es las mujeres solamente,
-y aquellos eunucos, gente vigilantísima, que como sea para quitar
-el gusto, sirven con gran cuidado, que estas doncellitas no tienen
-esperiencia del mundo, ni saben gobernar sus pasiones y apetitos. En
-faltándoles aquello que miran con buenos ojos y mejor voluntad, les
-parece que les ha faltado el cielo y tierra, y se rinden á cualquier
-borron por satisfacer á las ansias que padecen. Y así las que usan de
-ser miradas, es lo más sano ó casarlas, ó quitarles la ocasion de ver
-y ser vistas: más impresion hace la pasion en la sangre nueva que en
-los pechos que se han de guardar. Á los sembrados, si cuando están
-granados les falta el agua, no les hace mucha falta; pero si les falta
-cuando están tiernos, luego se marchitan y paran amarillos; y todas
-las cosas naturales van por este camino. Las doncellas ignorantes de
-querer y olvidar, con cualquiera disfavor se marchitan, como hizo esta
-doncellita á quien yo queria más de lo que ella pensaba.
-
-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO X.
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-Al fin comenzaron á curar de melancolía á esta doncellita, aplicándole
-mil medicamentos que la echaban á perder, que como era tan amable
-por su hermosura y condicion, súpose en todo Argel su enfermedad con
-mucho sentimiento de todos. Yo sabiendo la causa de su melancolía,
-tan bien como de mi pena y disimulacion, pensando cómo podria verla y
-consolarla, propuse entre mí que habia de decirle amores en presencia
-del padre y de la madre sin que lo sintiesen, y que ellos me habian
-de llevar para el mismo efecto. Y con esta seguridad dije á mi amo
-que yo habia aprendido en España de un gran varon unas palabras que
-dichas al oido sanaban cualquiera melancolía por profunda que fuese;
-pero que se habian de recibir con grande fé, y decirse al oido, sin
-que nadie las oyese sino sola la persona paciente. El padre me dijo:
-Sana mi hija, y sea como fuere. La madre con las mismas ansias y deseo
-me pidió que luego se las dijese. Entré adonde las mujeres estaban
-acompañando la enferma lo más limpio y aseado que pude, que la
-limpieza y curiosidad ayuda siempre á engendrar amor; y entrando el
-padre y la madre la dijeron: Hija, ten buen ánimo, y mucha fé con las
-palabras, que aquí viene Obregon á curarte de tu melancolía. Y mandando
-que todos se apartasen, yo me llegué con mucho respeto y cortesía al
-oido de la paciente, diciéndole el siguiente ensalmo: Señora mia,
-la disimulacion de estos dias no ha sido á causa de olvido, ni por
-tibieza de voluntad, sino recato y estimacion de vuestra honra, que
-más os quiero que la vida que me sustenta; y con esto apartéme de
-ella: y luego con un donaire celestial abrió aquellos divinos ojos,
-con que alentó los corazones de todos los circunstantes, diciendo: ¿Es
-posible que tan poderosas palabras son las de España? porque habia
-seis dias que no se le habian oido otras tantas. Pero todo esto vino
-á resultar en disgusto mio, porque á la fama de la cura, que se habia
-divulgado, otras melancólicas de diversos accidentes quisieron que
-las curase, sin saber yo cómo lo podria hacer, ni el orígen de sus
-enfermedades, más de lo dicho. Holgáronse todos, y alabaron la fuerza
-de las palabras, la cortesía y humildad con que yo las habia dicho.
-La doncelluela quiso levantarse luego por la fuerza del ensalmo, pero
-yo dije: Ya vuesa merced ha comenzado á convalecer, y no es bien que
-tan presto se gobierne como sana; estése queda, que yo volveré á decir
-estas palabras y otras de mayor escelencia cuando vuesa merced fuere
-servida, y el señor diere licencia. Así lo hice muchas veces hasta
-que se levantó, y á mí un testimonio, que fué decir que tenia gracia
-de curar melancolía. Holgáronse de verla sana, y yo mucho más que
-todos, como aquel que la amaba tiernamente. En ese mismo tiempo habia
-estado enferma de melancolía una señora principal, moza y muy hermosa,
-casada con un caballero muy poderoso en el pueblo. Y habiendo estado
-enferma vino á quedar con tan grande melancolía que á nadie queria
-ver ni hablar. Pues como llegó á oidos del marido la salud que habia
-cobrado la hija de mi amo, envióle á decir que le llevase allá aquel
-esclavo que curaba de melancolía. Mi amo por darle gusto me dijo: De
-buena ventura has de ser, porque me ha enviado á decir fulano, que es
-caballero de grandes partes, que vale mucho en Argel, y con el gran
-Turco, que te lleve á curar á su mujer de melancolía, que por ser
-gallarda y hermosa te holgarás de verla. Oh señor, dije yo, no me mande
-vuesa merced eso, que si una vez lo hice fué por ver á vuesa merced
-apasionado por la enfermedad de su hija; y bien sabe cuán mal se recibe
-por acá lo que se dice y hace en virtud de la verdadera religion. Es
-por fuerza, dijo, el hacerlo, que importa mucho tenerlo grato. Señor,
-dije yo, vuesa merced me escuse con él, que no con todas personas hacen
-las palabras un mismo efecto, que es necesario tener con ellas tanta
-fé como tuvo su hija de vuesa merced, y esta señora no la ha de tener.
-Trájele otras muchas causas escusándome, por ver si podia escaparme. Él
-fué á hablar al caballero por disculparme, y cuanto más me escusaba,
-tanto más porfiaba en ello, hasta que dijo, si no queria ir, que me
-llevase arrastrando á palos. Pobre de mí, dije yo, ¿quién me hizo
-cirujano ó médico de melancolías? ¿qué sé yo de recetas y de ensalmos?
-¿cómo podré salir ahora de este trance tan riguroso? que ó ella ha de
-quedar sin melancolía, ó yo tengo de padecerla toda mi vida. Decirle
-amores como á la otra, ni yo podré, ni ella me los entenderá, ni su
-enfermedad es de este género: pues decirle al oido cosas de santos y
-de la verdadera religion será doblarle más la enfermedad, y á mí los
-palos, aunque Dios es poderoso para hacer pan de las piedras, y de los
-paganos cristianos. Al fin me resolví con un gentil ánimo, llevando
-á mi amo por lengua, y él á mí por escorzonera. Y para más acertar
-la cura cogí debajo de la saltambarca una guitarra; procurando con
-todas las fuerzas posibles salir con la cura, y para esto poner todos
-los medios necesarios, y así entrando con muy desenvuelto semblante,
-adelantándome, le dije: Vuesa merced, señora, sin duda sanará, porque
-las palabras que yo digo solamente son para curar á las muy hermosas,
-y vuesa merced es hermosísima. Tengo esperanza que saldrá bien con la
-salud, y yo con la cura. Recibió bien este ensalmo, que es eficacísimo
-con las mujeres. Y luego le dije: Tenga vuesa merced grande fé en las
-palabras, y póngase en la imaginacion que ya ha ahuyentado el mal.
-Hícele estar con gran fé suya, y suspension de todos: llegándome á
-ella, que estaba con la imaginacion muy en el caso, díjela al oido un
-grandísimo disparate que aprendí oyendo artes en Salamanca, y fué:
-
- Barbara Cælarent darii ferio Baralipton,
- Cælantes Dabitis Fapesmo frisesomorum.
-
-Y luego sacando la guitarra le canté mil disparates, que ni ella los
-entendia, ni yo se los declaraba. Fué tanta la fuerza de imaginativa
-suya, que antes que de allí me saliese quedó riendo, y rogándome que
-volviese allá muchas veces, y que le diese aquellas palabras escritas
-en su lengua; yo dí gracias á Dios de verme libre de este trance, y
-busqué modo para no curar más. Pero como habia cobrado fama, si algunas
-veces acudian, fingia que me daba mal de corazon, y así me escapaba.
-Mas réstame por decir los celos que tuvo mi ama la moza, que pensando
-le habia dicho á la otra las mismas palabras que á ella, estaba
-llorando celos; apacigüéla en pudiéndola hablar, que como era doncella
-de pocos años y menos esperiencia, todo lo creia: y queriéndola yo
-con todo el estremo del mundo, me pesaba que mis cosas le diesen un
-mínimo disgusto. Díjele un dia que sus padres estaban fuera de casa,
-con la confianza que de mí hacian, y habiéndome dicho que podia hablar
-delante de las criadas, porque no entendian la lengua: Señora mia, ¿qué
-desdicha nuestra, y buena suerte mia hizo que siendo vos un ángel en
-hermosura, en años tierna y en cordura y madurez muy prudente, hayais
-entregado vuestro gusto y voluntad á un hombre cargado de años, desnudo
-de partes y merecimientos; que siendo digna de lo mejor y más granado
-del mundo, no recuseis de recibir en vuestro servicio á un hombre
-rendido y subordinado á cuantos daños la fortuna le quisiere hacer?
-¿Que una sabandija arrojada en la furia del mar maltratado de golpes de
-fortuna, en mísera esclavitud, haya hallado tan soberano albergue en
-vuestro sencillo pecho? ¿Que el blanco donde todos tienen puestos los
-ojos y las entrañas haya recibido en las suyas á quien se contentára
-con ser perpétuamente su esclavo? Que por supuesto que nunca en mí
-ha habido imaginacion de llegar á manchar á vuestra castidad, ni el
-deseo se estenderá á tal, con tan grandes y no merecidos favores me
-levanto á pensar que soy algo, no siendo capaz de que vuestros ojos
-se humillen á mirar mi persona. Encendido el rostro en un finísimo
-carmin, temblando las manos y encogiendo el cuerpo con la fuerza de
-la honestidad, me respondió de esta manera: Á lo primero os digo,
-señor mio, que no sé responder, porque ello se vino sin cuidado, ni
-eleccion, ni saber por qué, ni cómo. Á lo segundo, que no haber mirado
-en lo que por acá me podia estar bien, digo, que despues que supe de
-mi padre haber sido bautizada, luego aborrecí lo que por esta parte me
-podia venir. Y si yo fuese tan dichosa que viniese á ser cristiana,
-no desearia más de esto, y lo que tengo presente; y sacando un lienzo
-como para limpiarse el rostro, se lo cubrió como reprehendiéndose
-de haber respondido con libertad. Quedóle como la azucena entre las
-rosas, y yo mudo con solamente mirar y contemplar aquella honestidad
-enamorada los efectos que hacia tan fuera del ordinario. Recogíme
-porque sentí venir por la calle sus padres, y tomando mi guitarra
-canté: «¡Ay bien logrados pensamientos mios!» Holgáronse mis amos de
-hallarme cantando, que como él tenia en el corazon las cosas de España,
-se regalaba con oir canciones españolas. Eché de ver de las palabras
-de la doncella, y de otros accidentes, que yo habia sentido lo que yo
-me traia entre ojos, que me iban regalando para heredero de la hija y
-de las galeotas. Yo daba leccion al hijo, y lo instruia lo mejor que
-podia en las costumbres cristianas, que el padre no lo rehusaba, aunque
-armaba contra cristianos, haciendo grandísimos daños en las costas de
-España y en las islas Baleares. Con esta ocasion gozaba algunos ratos
-de buena conversacion con la hija, y con mucha cortesía y miramiento,
-sin que pudiese notarse cosa que no fuese muy honesta y limpia. Mas
-como estas cosas nunca se gozan y poseen sin azares y contradicciones,
-se entró el diablo en el corazon de una vieja, cautiva de muchos años,
-entresacada de dientes, de mala catadura, grande boca, labio caido
-á manera de oveja, muelas pocas, ó ningunas, lagrimales llenos de
-alhorre, y contrahecha de cuerpo, y tan mal acondicionada que se andaba
-siempre quejando de los amos, diciendo que la mataban de hambre; y
-porque yo no la regalaba, y no le daba lo que no tenia, dió en poner
-mal nombre á la sencillez de la doncella, y la cortesía con que yo la
-trataba, por donde los padres la pusieron silencio en hablarme con
-harta reclusion y aprieto: que le pareció á aquella maldita vieja, que
-congraciándose con los amos por este camino, pasaria mejor vida que
-hasta entonces; pero no nos sucedió como pensaba, porque como el amor
-es tan grande escudriñador de secretos, á pocos lances dí alcance al
-chisme de la esclava, y al momento hice que lo supiese la hija, que
-como era tan querida de sus padres creyeron cuanto dijo contra ella,
-de manera que nunca más entró donde estaban las mujeres, ni comió ni
-bebió á gusto en el tiempo que yo estuve allí; justo pago del chisme.
-Y si todos los que lo llevan fuesen mal recibidos, y peor pagados,
-vivirian las gentes en más paz y quietud. Que si los chismosos supiesen
-cuál dejan aquel á quien llevan la parlería, más querrian ser entonces
-mudos que habladores; y los que los oyen, si quieren estar en el caso,
-bien echarán de ver que no la traen por bien que quieren al que la oye,
-sino por querer mal á aquel de quien la dicen, y por vengar sus ódios
-por manos agenas. El chisme es un congraciamento, engendrado en pechos
-ruines, que da pesadumbre al que le oye, y desacredita al que lo trae.
-Á todas las gentes del mundo es justo guardarles secreto, sino es al
-chismoso. Á tres personas ofende el chisme, al que lo dice, á quien se
-dice y de quien se dice. Este lastimó á los padres, é hizo á la vieja
-odiosa, y atormentó á la pobre doncella, y á mí me privó por entonces
-del regalo que me hacian, y la estimacion con que me trataban. El
-renegado era hombre cuerdo, y aunque usó con la hija de aquel rigor,
-conmigo disimuló sin darme á entender cosa de su enojo, hasta enterarse
-de la verdad del caso; pero hizo que me bajase á servicios viles, como
-era traer agua, y otras cosas semejantes, más por ver mi sentimiento ó
-humildad que por que perseverase en ello.
-
-Yo que le entendí muy bien, hice con grandísimo gusto y llaneza
-cuantas cosas me mandaba, malas ó buenas, procurando de desvelarlo del
-cuidado con que vivia; que para desarraigar del pecho una sospecha
-que se arremete á la honra, es menester usar de mil estratagemas, que
-ni lo parezcan ni se aparten mucho de la verdad. Mudar de alegría en
-el semblante, es novedad que se echa de ver. Hacer más servicios de
-los ordinarios, dan ocasion de averiguar la sospecha. El medio que se
-ha de guardar, con sola humildad y paciencia se adquiere, y aún ese
-no ha de exceder el trato ordinario. Hice todo cuanto se me mandaba,
-sin diferencia del gusto y pesadumbre con que antes lo haria. Iba con
-mucha humildad por agua á una fuente que llaman del Babason, agua muy
-delgada y de grande estimacion en aquella ciudad, de donde se proveen
-grandísima cantidad de jardines, viñas, y olivares de grande provecho
-y recreacion. Contóme un turco, estando allí, que no se sabe de dónde
-nace ni por dónde viene aquella agua, porque habiéndola traido de
-lo alto de aquellos montes y sierras dos turcos y dos cautivos con
-inmenso riesgo, el Rey ó Virey que entonces era les pagó su trabajo
-con darles garrote, porque en ningun tiempo revelasen el secreto con
-que pudieran quitarles el agua que provechosa es á la ciudad; que
-sitiada una fuerza, el mayor daño que pueden recibir para que se
-rinda ó se tome, es quitarle el agua. Y viven con tanto recato, que
-cualquiera Virey procura saber alguna nueva invencion, para mayor
-fortificacion de su ciudad: en tanto extremo, que el viernes, cuando
-van á sus mezquitas, dejan encerradas las mujeres y los esclavos con
-gran seguridad de traicion, porque sólo los hombres van al templo,
-dejando bien cerradas sus casas y seguras sus mujeres. Y parece con
-sola esta relacion que seria muy fácil hablar á la doncella estando
-encerrada por defuera, y entrando los cautivos á servir á las mujeres,
-tambien encerradas. Pero no es así, porque ellos van tan descuidados
-de daño secreto ó público, dejando tan fuerte guarda para la defensa
-de sus casas, que aunque el demonio pudiese dar lugar á la ejecucion
-del deseo, seria más fácil saquear toda la ciudad que hacer traicion
-en una casa particular. Porque dejan por guarda un género de hombres,
-que ni lo son para ese efecto, ni lo parecen en el rostro, que, ó por
-preciarse de fidelísimos, ó porque otros no hagan, lo que aunque no
-se parece se viene á parecer, de que ellos están privados, son tan
-vigilantes en la guarda de lo que se les encomienda, que por ningun
-camino admiten descuido ni engaños. Y aunque quisiera valerme de él,
-por tener ya noticia y conocimiento de la invencible entereza de estos
-mónstruos artificiales, no quise ponerme en probarlo, antes el mismo
-eunuco ó guardadamas me reprehendia porque no queria entrar á donde
-las mujeres estaban, como persona que ya estaba avisada del caso; á
-que yo le respondia, que yo no habia de hacer lo que no se usaba en mi
-tierra, ni se permitia que los hombres se mezclasen con las mujeres.
-Y en resolucion, yo me goberné con tanta fineza con esta espía, que
-no hallaron en qué tropezar, que era lo que mi amo deseaba; y el
-eunuco, por la mala condicion que tenia, estuvo siempre bien conmigo,
-que este género de gentes está en la república muy infamado de mal
-intencionado, no sé si con razon, porque la libertad de que usan en no
-disimular cosa, antes creo que les queda de ser siempre niños, más que
-ser mal intencionados. Esto se entiende acerca de los que no profesan
-la música, que en los que la profesan he visto muchos cuerdos y muy
-virtuosos, como fué Primo, racionero de Toledo; y como es Luis Onguero,
-capellan de Su Magestad, y otros de este modo y traza, que por evitar
-prolijidad callo.
-
-[Ilustración]
-
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-
-
-[Ilustración]
-
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-
-
-DESCANSO XI.
-
-
-Muy contento mi amo de la bondad de su hija, y satisfecho de mi
-fidelidad tornaron las cosas á su principio, y yo á la reputacion y
-estimacion en que me solian tener. La doncelluela realmente andaba un
-poco melancólica, la madre muy arrepentida de verla disgustada, de
-manera que la hija se retiraba de ella, haciéndose de la enojada y
-regalona. La madre andaba pensando cómo darle gusto, buscando modos
-para alegrarla y desenojarla, porque andaba con un ceñuelo que á todos
-nos traia suspensos, á mí de amor, y á los demás de temor no enfermase
-de aquella pesadumbre. Al fin, como procuraban volverla á su gusto y
-tenerla alegre, dijo la madre á mi amo que me mandase decirle aquellas
-palabras contra la melancolía, que no hallaba con qué alegrarla, sino
-con ellas. Mandómelo, y yo le dije: Sin duda esta tristeza debe de
-nacer de algun enojo, y así será menester decírselo muchas veces,
-para desarraigarle del pecho la ocasion de su mal, haciéndole algunas
-preguntas, con que respondiendo ella se sazonase mejor su pena. Y
-así fué, que me dejaron un grande rato hablar con ella, y decirle el
-ensalmo primero y otros mejores, á que ella respondia muy á propósito,
-quedando muy contenta de haberla dicho que la verdadera salud y
-contento y gusto del alma le habia de venir del agua del bautismo, que
-su padre habia despreciado. Y despues de bien instruida en esto me
-aparté de su persona, habiendo hablado, y ella respondido, media hora.
-Alegróse la madre de lo que veia, rogóme que le enseñase aquel ensalmo,
-á que yo le respondí: Señora, estas palabras no las puede decir sino
-quien hubiere estado en el estrecho de Gibraltar, en las islas de
-Riatan, en las columnas de Hércules, y en el Mongibelo de Sicilia, en
-la sima de Cabra, en la mina de Ronda y en el corral de la Pacheca, que
-de otra manera se verán visiones infernales que atemorizan á cualquiera
-persona.
-
-Dije estos y otros muchos disparates, con que se le quitó la gana de
-saber el ensalmo. Yo, aunque tenia con esto algun entretenimiento, al
-fin andaba como hombre sin libertad en miserable esclavitud, entre
-enemigos de la verdadera religion, y sin esperanzas de libertad, por
-donde el amor se iba aumentando en la doncella y menguando en mí: como
-pasion que quiere pechos, y ánimos vagabundos y ociosos, desocupados de
-todo trabajo y virtud; ¿pues qué efecto puede hacer un amor holgazan en
-una alma trabajadora? ¿qué gusto puede tener quien vive sin él? ¿cómo
-puede hacer á su dama terrero, quien lo está hecho á los golpes de la
-fortuna? ¿cómo saldrán dulzuras de la boca por donde tantos tragos
-de amargura entran? Al fin, el amor quiere ser solo, y que acudan á
-él solo mozos, sin obligaciones, sin prudencia y sin necesidad, y
-aun en estos es vicio, y distraimiento para la quietud del cuerpo y
-del alma. Cuanto más en un hombre subordinado á tantos trabajos,
-mirado de tantos ojos, temeroso por tantos testigos. Yo andaba muy
-triste, aunque muy servicial á mi amo y á todas sus cosas, con tanta
-solicitud y amor que iban las obligaciones cada dia creciendo con el
-amor de mis amos; pero pesábale de verme andar triste y sin gusto, que
-aunque no se parecia en el servicio echábase de ver en el rostro. Y
-así, llegándose el dia de San Juan de junio cuando los moros, ó por
-imitacion de los cristianos, ó por mil yerros que en aquella secta se
-profesan, hacen grandísimas demostraciones de alegría, con invenciones
-nuevas á caballo y á pié, me dijo el renegado: Ven conmigo, no como
-esclavo, sino como amigo, que quiero que con libertad te alegres en
-estas fiestas que hoy se hacen al profeta Alí, que vosotros llamais San
-Juan Bautista, para que te diviertas viendo tan excelentes ginetes,
-tantas libreas, marlotas de seda hechas un ascua de oro, turbantes,
-cimitarras, gallardos hombres de á caballo vibrando las lanzas con
-los brazos desnudos y alheñados: mira la bizarría de las damas, tan
-adornadas de vestidos y pedrerías, cómo favorecen con mucha honestidad
-á los galanes, haciendo ventana, dándoles mangas y otros favores:
-mira las cuadrillas de grandes caballeros, que llevando por guia á su
-Virey, adornando toda la ribera, así del mar como de los rios, cuán
-gallardamente juegan de lanzas, y despues de arrojadas, con cuánta
-ligereza las cogen del suelo desde el caballo. Á todo esto yo estaba
-reventando con lágrimas, sin poderme contener ni disimular la pena y
-sentimiento que aquellas fiestas me causaban. Á que volviendo los ojos
-mi amo, y viéndome deshecho en lágrimas me dijo: Pues en el tiempo
-donde todo el mundo se alegra, no solamente entre moros, sino en toda
-la cristiandad, y en una mañana donde todos se salen de juicio por
-la abundancia de alegría, ¿estás limpiando lágrimas? Cuando parece
-que el mismo cielo da nuevas muestras de regocijo, ¿lo celebras tú
-con llanto? ¿Qué ves aquí que te pueda disgustar, ó que no te pueda
-dar mucho contento? La fiesta, respondí yo, es milagrosa de buena, y
-tan en extremo grado, que por alegrísima me hace acordar de muchas
-que he visto en la córte del mayor monarca del mundo, Rey de España.
-Acuérdome de la riqueza y bizarría, de las galas y vestidos, de las
-cadenas y joyas que esta mañana resplandecen en tan grandes príncipes
-y caballeros. Acuérdome de ver salir á un duque de Pastrana una mañana
-como esta á caballo, con un semblante más de ángel que de hombre,
-elevado en la silla, que parecia centauro, haciendo mil gallardías, y
-enamorando á cuantas personas le miraban: de aquel gran cortesano don
-Juan Gaviria, cansando caballos, arrastrando galas, haciendo cosas de
-muy valiente y alentado caballero. De una prenda suya que en tiernos
-años ha subido á la cumbre de lo que se puede desear, en razon de andar
-á caballo. De un don Luis de Guzman, marqués del Algaba, que hacia
-temblar las plazas á donde se encontraba con la furia desenfrenada
-de los bramantes toros. De su tio el marqués de Ardales don Juan de
-Guzman, ejemplo de la braveza y gallardía de toda caballería. De un
-tan gran príncipe como don Pedro de Médicis, que con un garruchon en
-las manos ó tomaba un toro, ó lo rendia. Del conde de Villamediana don
-Juan de Tasis, padre é hijo, que entre los dos hacian pedazos un toro
-á cuchilladas. De tanto número de caballeros mozos que admiran con el
-atrevimiento, vencen con la presteza, enamoran con la cortesía, que
-como tras de esta mañana se sigue otro dia la fiesta de los toros,
-acuérdome de todo en confuso. Fiesta que ninguna nacion sino la
-española ha ejercitado, ni ejercita, porque todos tienen por excesiva
-temeridad atreverse á un animal tan feroz que ofendido se arroja contra
-mil hombres, contra caballos y lanzas, y garrochones, y cuanto más
-lastimado tanto más furioso. Que nunca la antigüedad tuvo fiesta de
-tanto peligro como este; y son animosos y atrevidos los españoles, que
-aun heridos del toro se tornan al peligro tan manifiesto, así peones
-como ginetes. Si hubiese de contar las hazañas que en semejantes
-fiestas he visto, y traer á la memoria los ingénuos caballeros que
-igualan en todo á los nombrados, así en valor como en calidad, seria
-obscurecer esta fiesta, y cuantas en el mundo se hacen. Díjome aquí el
-ermitaño: ¿Pues cómo no hace vuesa merced mencion de la que hizo en
-Valladolid don Felipe el amado en el nacimiento del príncipe nuestro
-señor? Respondí yo: Porque no habia de contar yo en profecía lo que
-aun no habia pasado; pero esa fuera la más alegre y rica que los
-mortales han visto, y donde se muestra la grandeza y prosperidad de la
-monarquía española. Que si el otro emperador vicioso hacia cubrir con
-las limaduras de oro el suelo que pisaba, saliendo de su palacio con
-el oro que salió aquel dia en la plaza, la podia cubrir toda como con
-cargas de arena. Y si para engrandecer la braveza de Roma, dicen que
-en la batalla de Canas, en la Pulla, se hincheron tres moyos de las
-sortijas de los nobles, con las cadenas, sortijas y botones de aquel
-dia se podian llenar treinta fanegas, esto sin lo que quedaba en las
-casas particulares guardado. Estuvieron aquel dia todos los embajadores
-de los reyes y repúblicas esperando la grandeza de España, y la flor
-y valor de la caballería que los dejó suspensos, y en éxtasis de ver
-la gallardía con que se jugó de los garrochones, revolviendo los
-caballos, que aunque herir á espaldas vueltas es mucha gala, como lo
-usan en otras naciones en cazas de leones y otros animales, este dia
-hubo quien esperó en la misma puerta del toril, cuando con más furia y
-velocidad sale el toro, y le mató cara á cara con el garrochon, que fué
-don Pedro de Barros; y aunque esto tiene mucha parte de atrevimiento
-y ventura, tambien la tiene de conocimiento y arte, que enseña la
-experiencia con gentil discurso. Al fin estas fiestas admiraron á los
-embajadores y al mundo: pero mucho más ver á un rey mozo, don Felipe
-III el amado, siendo cabeza de su cuadrilla, guiar con tan grande
-sazon, cordura y valor, y enmendar muchas veces los juegos de cañas
-que los muy experimentados caballeros erraban: porque fué tanta la
-abundancia de caballos y cuadrillas, que no pudieron caber en la plaza,
-y con esta confusion algunas veces se descuidaban en el juego, que con
-la anciana prudencia del mozo rey se tornaba á la primera perfeccion,
-que cierto parecia ir guiado de los ángeles; porque al fin fué el mejor
-hombre de á caballo que aquel dia se mostró en la plaza. Despues acá
-se han cultivado grandes caballeros muy mozos y muy acertados, como
-don Diego de Silva, caballero de mucho valor, presteza y donaire,
-atrevidísimo con el garrochon en las manos, y su valeroso hermano
-don Francisco de Silva, que pocos dias há sirviendo á su rey, murió
-como valentísimo soldado, y con él muchas virtudes que le adornaban.
-El conde de Cantillana, que con grandísimo aliento derriba muerto á
-un toro con el garrochon, don Cristóbal de Gaviria, excelentísimo
-caballero, y otros muchos que por no salir de mi propósito callo.
-Proseguimos en ver en la fiesta de los turcos y moros algunos muy
-grandes ginetes; pero no tan grandes como don Luis de Godoy, ni como
-don Jorge Morejon, alcaide de Ronda, ni como el conde de Olivares mozo.
-Pero fué la fiesta alegrísima, que como gente que no ha de tener otra
-gloria sino la presente, la gozan con toda la libertad que se puede
-desear. Últimamente ví á mis amas, ya que la fiesta se iba acabando,
-que me pesó en el alma, no por verlas tarde, que la doncellita estaba
-hecha ojos, no hácia la fiesta, sino hácia su padre, que viéndole á
-él me veia á mí. No pude negar á la naturaleza el vigor y aliento que
-de semejantes encuentros recibe. Hice del ignorante en su vista, y
-dije á mi amo que nos fuésemos, sabiendo lo que me habia de responder,
-como lo hizo, diciendo: Esperemos á mi mujer é hija para acompañarlas.
-Bajaron de una ventana donde estaban, y fuimos acompañándolas, la
-hija temblándole las manos, y mudando el color del rostro, hablando
-con intercadencias. Díjole el padre: Ves aquí tu médico, háblale, y
-agradécele la salud que suele darte.
-
-[Ilustración: _Hasta que ví á mis señoras, respondí, no ví cosa, que
-aunque eran buenas, me lo pareciese._]
-
-Preguntóme la madre ¿qué me habia parecido la fiesta? Hasta que ví
-á mis señoras, respondí, no ví cosa, que aunque eran buenas, me lo
-pareciese, porque la gracia, hermosura y talle de mi señora y de su
-hija, yo no la veo en Argel. Rióse el padre, y ellas quedaron muy
-contentas, que teniendo por este camino contenta á la madre, de buena
-gana me dejaba hablar con la hija. Pidióme la doncella un rosario en
-que iba rezando, díselo, y en pudiendo hablarla, le dije para qué era
-el rosario, y que si verdaderamente entregaba su voluntad á la Vírgen,
-le abriria camino ancho y fácil para llegar á tanto bien como recibir
-la gracia del santo bautismo, que la doncella con grandes ansias
-deseaba, y que le habia yo de pedir cuenta de aquel rosario, que le
-guardase muy bien, y le rezase cada dia; y así lo prometió hacer.
-
-[Ilustración]
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-
-[Ilustración]
-
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-
-
-DESCANSO XII.
-
-
-En este tiempo sucedió un notable, y no usado hurto, delito
-castigadísimo entre aquella gente, de que se escandalizó toda la
-ciudad, y causó mucha turbacion, por ser hecho al Rey ó Virey, y de
-moneda que tenia guardada para enviar al gran Señor. Y habiéndose
-hecho grandes diligencias, por ningun camino se pudo sospechar ni
-imaginar quién pudiese ser el autor, aunque un gran privado del Rey
-prometia grandísima cantidad de dineros, exenciones y libertades á
-quien lo descubriese. Dióse traza que de secreto y sin alboroto se
-fuesen escalando todas las casas, sin dejar salir á nadie de la ciudad,
-y no aprovechando cosa, me dijo mi amo: Si supieses algun secreto
-para descubrir este hurto, diciéndote quién lo hizo, sin que fuese
-por relacion de ningun hombre, yo te daria libertad y dinero. ¿Ha de
-faltar, dije yo, modo para eso, con una carta echadiza, sin firma
-ó con ella? Esto es lo que voy obviando, dijo mi amo, porque yendo
-con firma matarán á quien la diere ó la firmare; y si va sin firma
-atormentarán á todo el pueblo para averiguar cuya es la letra, porque
-cualquier aviso ha de llegar primero á las manos del ladron que á otra
-ninguna, porque es el mismo privado suyo; y si lo descubre algun hombre
-libre le darán garrote, y si esclavo le quemarán. Las premisas que yo
-tengo para esta verdad son grandes, y el conocimiento de la parte y
-de su crueldad es de muchos años, que aquí más tiemblan de Hazén su
-privado que del Rey; y así cualquiera modo de los ordinarios causará
-grandísimo daño en descubrirlo. Y pues siendo este el mayor enemigo
-que yo tengo, y aun toda la república, no lo descubro, ni quiero que
-tú lo descubras; muy escesivos daños se han de seguir de ello. Pues
-déjeme vuesa merced, dije yo, que ya tengo traza para vengar á vuesa
-merced y descubrir el hurto sin que nadie padezca, y deje de hacerlo
-como yo quisiere, con darme licencia para hacerlo á mi modo. Diómela,
-y tomando un tordo escogido, con todas las partes que ha de tener para
-buen hablador, encerrélo en un aposento en su jaula, donde no pudiese
-oir pájaros que le perturbasen, y toda una noche y el dia le estuve
-enseñando á decir: Fulano hurtó el dinero: fulano hurtó el dinero. Díme
-tan buena maña, y él tenia tan buen natural, que dentro de quince dias,
-en teniendo hambre, para pedir de comer decia: Fulano hurtó el dinero.
-De suerte se servia de lo que le habia enseñado para todas sus hambres,
-ó sed, que se habia olvidado de su canto natural. Aseguréme bien otros
-ocho dias para que el tordo se asentase bien en lo aprendido, y yo
-en la traza que llevaba ordenada, que fué importantísima para librar
-á más de cien hombres que tenian presos sobre el hurto, inocentes de
-la maldad, y entre ellos á muchos cautivos españoles é italianos, y
-de otras naciones. Y así viendo que mi tordo habia de ser libertador
-de tantos cristianos presos, un viernes que habia de ir el Rey á la
-mezquita, soltélo, y díle libertad para que él la diese á los otros
-presos. Subióse á la torre con otros muchos tordos, y entre las
-algaravías de los otros, él comenzó muy apriesa á decir: Hazén hurtó el
-dinero, sin dejar de decirlo todo el dia muy apriesa, como se veia en
-la libertad que deseaba. Fué á oidos del Rey lo que en la torre decia
-el tordo. Espantóse, y cuando vino la hora de llegar á la mezquita,
-la primera cosa que oyó fué el nuevo canto de mi tordo, que muy á
-menudo decia: Hazén hurtó el dinero; Hazén hurtó el dinero. Asentóse
-luego que pues habia sido tan secreto, debia de tener algo de verdad,
-que como son agoreros en gran manera, se le puso en los cascos que el
-gran Mahoma habia enviado algun espíritu de los que tiene junto á sí
-á declarar aquel caso, por que no padeciesen tantos inocentes; pero
-por no arrojarse sin consejo á la averiguacion del caso, llamó ciertos
-agoreros ó astrólogos, que ya sabian lo que se habia cundido del tordo,
-y apretóles á que le dijesen lo que sentian. Echaron su juicio, y vino
-tambien con el del tordo, que prendió á su privado, y despues de haber
-confesado en la tortura, y hallado todo el dinero, privó al privado
-de su privanza, despareciéndolo con mucha aceptacion y gusto en toda
-la ciudad, que estaba mal con él, no porque supiese mal que á nadie
-hubiese hecho, que hasta esta maldad no se supo su malicia, sino por
-parecerles que todos los rigores que con ellos usaba el Virey eran por
-consejo del privado, que esta miseria padecen los que están en lugares
-supremos, que la envidia, ó los derriba, ó los desacredita, siendo
-así que los verdaderos privados en llegando á la grandeza que desean,
-con el amor y favor de sus reyes, luego acuden á la conservacion de
-lo que han alcanzado con acreditarse haciendo bien á la república.
-Si bien en las grandes monarquías no puede dilatarse fácilmente esta
-verdad hasta que llegue á los que pueden ser jueces de ello, para que
-la manifiesten sin que cualquiera se atreva á buscar autor á los daños
-ó inconvenientes que ó por pecados de los hombres, ó por juicios de
-Dios secretos á nuestra capacidad suceden en la república. Un moderno
-estadista, alegando otros antiguos, dice que el príncipe no se ha de
-dar en presa á su privado, que es no hacer tanto caso de él que le fie
-su conciencia y sus acciones. Doctrina contra la misma naturaleza,
-porque si cualquiera hombre particular naturalmente desea, y tiene
-un amigo con quien, amándole, descanse y le descargue de algunos
-cuidados por la comunicacion, ¿por qué ha de estar el príncipe privado
-de este bien que los demás tienen? El príncipe valeroso, prudente y
-justo necesariamente ha de tener junto á sí privados de irreprensible
-vida; porque si no lo fueren, ó los apartará de sí, ó le mancharán su
-buena reputacion; pero que sea conocidamente, y con general aplauso
-recibida la opinion del príncipe por santa y justa, y que busquen en el
-privado qué reprehender, téngolo por de ánimos mal contentos, y aun mal
-intencionados, y que se reciba á mal que el privado crezca y medre en
-bienes y haciendas que los otros no pueden alcanzar.
-
-Considérese que en tan opulenta monarquía como la de España, de las
-migajas que se desperdician de la mesa del príncipe sobra no solamente
-para aumentar casas ya comenzadas y grandes, pero para levantarlas
-de muy profundas miserias á lugares altísimos. Los grandes monarcas,
-reyes y príncipes nacen subordinados al comun órden de la naturaleza,
-y sujetos á las pasiones de amar y aborrecer, y han de tener amigos á
-quien naturalmente se inclinen, que las estrellas son poderosas para
-inclinar á un amigo más que á otro, que cuando estas amistades van
-por la sola eleccion, no tienen aquella sazon y gusto que las otras:
-y siendo superiores los príncipes, como lo son, no han de elegir el
-privado á gusto ajeno, sino al suyo, y siéndolo, tambien lo será al
-gusto de los vasallos, cuyo bien pende del gusto bien ordenado del
-príncipe: y este se ha de seguir sin quebrarse la cabeza en condenar
-al uno ni al otro, ni juzgar si es malo ó bueno, siendo la norma por
-donde se han de regular los actos de la justicia, el gobierno de la
-república y la merced de los vasallos, el premio de los buenos y el
-castigo de los malos. Cuanto más que, pues tienen dos ángeles de
-guarda, y el corazon del rey está en la mano del Señor, es de creer
-que los inclinarán al bien público y paz general. Que las cosas que la
-ocasion ofrece de sucesos de fortuna no vienen ni tienen dependencia
-de la voluntad y administracion del privado, sino de los movedores
-del cielo, que son las causas segundas á quien la primera tiene dado
-su poder general, si no es cuando en su tribunal se ordena otra cosa.
-Bueno es que me confiese un hombre mal asentado peor sentido del buen
-modo de juzgar que comunicó treinta ó cuarenta años y al que, ó por
-sus méritos, ó por sus diligencias, ó por su ventura, llegó á ser
-privado, y que habiéndolo alabado de virtuoso, apacible y discreto,
-amigo de hacer bien, en viéndole privado, cuando más bien puede
-ejecutar su inclinacion, vuelve la hoja á desdorar lo que antes doraba
-y adoraba; y venido á averiguar en qué funda su desestimacion, ó por
-mejor decir, su poca constancia en la amistad que antes le tenia, no
-sabrá responder, sino que es una especie de envidia fundada en el
-bien ajeno, ó porque no le reparte con él, ó porque le pesa que lo
-tenga, ó por mal entendimiento y peor voluntad. Los privados de los
-grandes monarcas no pueden tener la memoria de todos los conocidos,
-basta que la tengan de los que hacen diligencia para ello, que los que
-son de mi condicion no tienen razon de quejarse del privado, pues ha
-de nacer su bien de su cuidado y diligencia; y no teniéndola, es la
-queja injustísima. Hay dos géneros de privados; unos que de principios
-humildes subieron á merecer entrarse en la voluntad de su príncipe, y
-estos quieren todo el bien para sí. Otros que siendo grandes señores
-han sido muy aceptos y muy queridos de su rey, y estos como nacieron
-príncipes quieren repartir el bien con todos. Pero los unos y los otros
-se han de haber con su rey como la yedra con el árbol á quien se ase,
-que aunque siempre sube abrazada con él sin jamás dejarle, con todo
-eso nunca le estorba el fruto que naturalmente lleva: y así lo hacen
-los privados que comenzaron por grandes señores, que nunca le estorban
-al príncipe las acciones á que le obliga el lugar en que Dios le puso.
-Por donde yo creo, y por las razones dichas juzgo que parece que no se
-podrá engañar el rey en la eleccion del privado, pero podria engañarse
-el privado en la eleccion de los que le propusiere á su rey por capaces
-para la administracion de los cargos ó gobiernos, por estar en su
-noticia por tales no siéndolo, engaño en que como hombre se puede caer,
-y así le importa para la conservacion de su crédito y reputacion vivir
-con cuidado, informándose de los que pueden ser jueces de ello, para
-que si la eleccion no saliere tan acertada como se desea, á lo menos
-se entienda que no fué acaso, ni por amistad ó antojo. Pero tornando
-á lo primero, digo, que es terrible caso que quieran los estadistas
-privar al príncipe de tan grande gusto como es la amistad del privado,
-á quien el príncipe naturalmente se inclina, siendo así que la voluntad
-está siempre obrando, y tiene un blanco adonde mira más que á otro, en
-todos los hombres del mundo, y adonde halla descanso y alivio.
-
-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO XIII.
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-Ofrece la ocasion algunas veces cosas que divierten del intento
-principal, como me ha sucedido en este paréntesis, dejando mi historia
-y tratando cosas que no son de mi profesion, mas de conforme naturaleza
-las dicta y ofrece. Habiendo sucedido en mi buena suerte salir con lo
-que se pretendia por el lenguaje de mi tordo, mi amo cumplió su palabra
-despues de haber cumplido el Virey la suya; y admirándose del secreto
-y prudencia con que el renegado se hubo en aquel caso, por donde
-escusó el daño de tanta gente como habia presa, que si no fuera por la
-sagacidad suya pereciera él primero, si no fuera por aquel camino, y
-muchos de los presos sin culpa. Él me dió libertad con mucha voluntad,
-aunque contra la de su hija, que ya la ví muy inclinada á la verdadera
-religion, y al hermano, á quien yo habia persuadido la misma verdad, de
-manera que ambos á dos tenian deseo del bautismo; aunque el padre no se
-daba por entendido, sí lo sospechaba, porque aunque callaba, sin duda
-lo deseaba. Llamábase el muchacho Mustafá, y la hermana Alima, aunque
-despues que yo la pude comunicar y encaminarla á la verdad católica se
-llamó María. Tuve lugar de hablar con ella á solas con mucho gusto,
-pero no en cosas lascivas, que nunca tuve intento de ofenderla; y por
-último la aseguré viniendo á España, que por todos los caminos posibles
-la avisaria de mi estado, y la advertiria de lo que le convenia hacer
-para ser cristiana como deseaba, que enterneciéndose más con su intento
-principal que conmigo destiló algunas lágrimas de piedad cristiana,
-y de rendida al amor honesto, con que siendo la última vez que la
-hablé, me despedí de su presencia para lo que era comunicarla más, y
-ella besando muchas veces el rosario que yo le habia dado, dijo, que
-le guardaria para siempre. Díjome despues mi amo con muchas muestras
-de amor: Obregon, yo no puedo dejar de cumplir la palabra que te dí,
-por haberlo tú merecido, y por la obligacion que tengo de ser español,
-y por las reliquias que me quedaron del bautismo (y miró al rededor
-á ver si le escuchaba álguien) que tan en las entrañas tengo, que
-ninguno de cuantos ves en todo Argel (de los moros hablo) te guardara
-fé ni palabra, ni te agradeciera lo hecho. Y si el rey de Argel me
-agradeció y cumplió la promesa que habia hecho á quien descubriese el
-hurto, es porque es hijo de padres cristianos, donde la verdad y la
-palabra inviolable se guardan. Y por acá esta bárbara nacion dice que
-el guardar la palabra es de mercaderes, y no de caballeros. Y aunque
-yo te la cumplo, hágolo contra mi voluntad, porque al fin estando tú
-aquí tenia con quien descansar en las cosas que no pueden comunicarse.
-Pero ya que es fuerza y tú estás inclinado á no estar en Argel, como
-yo tenia trazado, yo mismo te quiero llevar á España en mis galeotas,
-y dejarte donde puedas con libertad acudir á tu religion. Ahora es el
-tiempo propio, en que salen todos en corso; yo habré de ir deshermanado
-de los demás, por dejarte en alguna de las islas más cercanas á España,
-que más á poniente no osaré, porque me traen muy sobre ojo por toda la
-costa, donde he hecho algunos daños muy notables: y si el galeon en
-que venias no tuviera ventura en venirle buen viento, todos veníades
-acá. Aprestóse mi amo para hacer su viaje, llevando algunos turcos muy
-valientes consigo, y muy acostumbrados á ser piratas; y escogiendo
-buen tiempo, puso la proa hácia las islas Baleares, dejando en las
-orillas á su mujer é hija muy llorosas, la una encomendándolo al gran
-profeta Mahoma, y la otra llamando muy á voces y muy desconsolada á la
-Vírgen María, que como no habia cerca quien pudiese reprehenderla, lo
-decia como lo sentia. Yo iba volviendo los ojos á la ciudad, rogando
-á Dios que algun tiempo pudiese tornar á ella siendo de cristianos,
-que como yo dejaba lo mejor de mi persona en ella, iba, aunque libre,
-doliéndome de dejar entre aquella canalla una prenda que se pudiera
-desempeñar con la sangre del corazon, pues deseaba aprovecharse de la
-de Cristo, que aunque la supe dejar muy satisfecha y confiada de mi
-voluntad, llevaba entre mí una batalla que no me dejaba acudir á otra
-cosa sino al pensamiento que me aquejaba por cruel y desagradecido, me
-martirizaba por ausente, y me acusaba dejar un alma cristiana entre
-cuerpos moros; pero no sé qué confianza me aseguraba que la habia de
-volver á ver cristiana. Al fin caminamos con felicísimo viento; y
-como mi amo me via volver el rostro á la ciudad, decíame: Obregon,
-paréceme que vas mirando á Argel y echándola maldiciones por verla tan
-llena de cristianos cautivos, y por eso la llamas ladronera ó cueva de
-ladrones á esta ciudad, pues asegúrote que no es el mayor daño el que
-los corsarios hacen, que al fin van con su riesgo, y alguna vez van
-por lana y no vuelven trasquilados, ni por trasquilar. Que el mayor
-daño es que por ver que son en Argel bien recibidos, muchos de su
-voluntad se vienen de todas las fronteras de África con sus arcabuces,
-ó por necesidad de libertad, ó por la falta de regalos, ó por ser mal
-inclinados y tener el aparejo tan fácil, que es lastimosa cosa ver que
-por la ocasion dicha está llena esta ciudad de cristianos de poniente
-y de levante; que aunque voy á hacer mal por mi provecho, no puedo
-dejar de sentir el daño de la sangre bautizada que me tiene trabado el
-corazon. Otras veces, dije yo, he sentido á vuesa merced enternecerse
-en esta materia, como á hombre piadoso de corazon y de noble sangre;
-pero no le veo con mudanza de religion, ni con propósito de volverse á
-la inviolable fé de San Pedro que profesaron sus pasados. No quiero,
-respondió mi amo, decirte que el amor de la hacienda, la hidalguía de
-la libertad, ni la fuerza de mujer é hijos, ni los muchos daños que
-en mi propia patria he hecho me divierten de ello, sino preguntarte,
-si alguna vez me has visto curioso en saber qué doctrina enseñabas á
-mis hijos: que por aquí verás cómo debe estar mi fé en mi pecho. Y
-asegúrote que de cuantos renegados has visto muy poderosos, ricos de
-esclavos y hacienda, ninguno deja de saber que va engañado; que la
-libertad que tienen tan grande, y las honras y haciendas, en que son
-preferidos á los demás turcos y moros, los detienen, siendo señores, y
-mandando lo que quieren, y á quien quieren; pero saben bien la verdad.
-Y para prueba de esto en tanto que el tiempo refresca en nuestro favor,
-te quiero contar lo que sucedió poco tiempo há en Argel.
-
-Hay aquí un turco muy poderoso en hacienda, y abundante en esclavos,
-venturoso en la mar, y esperimentado en la tierra, llamado Mami
-Reis, es hombre de gentil determinacion, de buen talle, liberal y
-bien quisto. Yendo este en corso por la costa de Valencia anduvo
-algunos dias sin poder encontrar presa en el agua, hasta tanto que
-los mantenimientos le faltaron; vista la necesidad saltaron en tierra
-él y sus compañeros con mucho riesgo y peligro de sus personas,
-porque encendiendo hachas por toda la costa los inquietaron de modo
-que se tornaron al agua, disparando algunas piezas contra la gente
-del socorro. Con la priesa que llevaban se dejaron en tierra al
-señor de la galeota y á otro soldado amigo suyo muy valiente, que
-viéndose perdidos se entraron en un molino, donde hallaron solamente
-una doncella hermosísima, que de turbada no pudo huir con las demás
-gentes. Amenazáronla porque no diese voces, y en viendo la costa quieta
-hicieron la seña que tenian hácia las galeotas, y en viendo la primera
-noche vinieron al molino, y antes que tornase la gente del rebato
-cogieron al capitan y su compañero, llevándolos á su galeota juntamente
-con la cautiva doncella. La hermosura de ella era de manera que
-dijeron, y con verdad, que tal joya de talle y rostro no se habia jamás
-visto en Argel. El capitan, dueño de las galeotas, dijo que estimaba
-en más aquella presa que si hubiera saqueado á toda Valencia. Ella iba
-acongojadísima y llorosa, y él diciéndola que no fuese desagradecida
-á su buena fortuna, pues iba á ser señora de toda aquella hacienda
-y otra mayor y de más importancia, y no á ser esclava como pensaba.
-Pero la hermosura y apacibilidad del rostro, acompañada con una mansa
-gravedad, era de modo que se puede decir que siendo de noche dió luz
-á toda la galeota, á quien todos se rindieron y humillaron como á
-cosa divina, admirándose que Valencia criase tan soberanas prendas.
-Fuéla consolando por toda la navegacion, que el turco sabe hablar un
-poco la lengua española, y es hombre de muy buena suerte y talle, muy
-venturoso en cuantas empresas ha acometido, muy rico en tierras, joyas
-y dineros, muy acepto á la voluntad de todos los reyes de Argel. Para
-abreviar, fuése á desembarcar, no á la ciudad, sino á una heredad suya
-de grande recreacion de viñas y jardines muy regalados. Ella que se
-vió tan obedecida de esclavos y amigos del turco, parece que se fué
-ablandando y dejando la tristeza que le habia causado el cautiverio.
-Vino andando el tiempo á querer bien á su amo, y á casarse con él,
-dejando su religion verdadera por la del marido, en que vivió con
-grandísimo gusto seis años ó siete, querida, servida, regalada, llena
-de joyas y perlas, y muy olvidada de haber sido cristiana. Por cuya
-contemplacion se hicieron y hacian cada dia alegrísimas fiestas de
-cañas y otras invenciones, porque su condicion se parecia mucho á su
-cara, y la cara se aventajaba á todas las de Argel, de manera, que
-si no se casára luego con ella, se la quitáran para enviarla al gran
-Turco. Pues viviendo con toda esta idolatría, siendo su gusto la norma
-con que todos vivian, habia allí un esclavo de Menorca, hombre de
-suerte, que como los demás comunicaba con ella: vino su rescate, y el
-buen hombre fuése á despedir de ella, y preguntóle en qué lugar habia
-de residir; él se lo dijo, y ella le mandó que viviese con cuidado
-para lo que sucediese. Él, que no era lerdo, la entendió, y yéndose á
-Menorca, vivió con él todo el tiempo que pasó, hasta que tuvo ella modo
-como escribirle una carta á Menorca, en que le decia que viniese con un
-bergantin, bien puesto, á la heredad de su marido, á media noche para
-tal dia. Como llegó el tiempo en que todos salen de Argel en corso,
-su marido armó sus galeotas con trescientos esclavos, muy hombres de
-hechos, llevando vestidos á la española, y fué á su ventura, azotando
-las olas con mucha gallardía, mirándolo su mujer, y dándole mil favores
-desde una torre de su propia casa. El tiempo era muy caluroso, y el dia
-que tenia concertado en la carta se acercaba. Fingióse muy afligida
-de la ausencia y del calor, y dijo á sus esclavos y gente que se
-queria ir á consolar á su heredad y jardines, y llevó consigo, como
-para estar muchos dias, algunos cofres, donde iban vestidos, joyas y
-dineros y toda la riqueza de oro y plata que habia en su casa, donde
-estuvo algunos dias regalándose á sí y á sus esclavos y mujeres, que
-si antes la querian mucho, entonces la adoraban. Llegó la noche que
-tenia concertada sin haberse descubierto á nadie, con tan grande
-sagacidad y secreto, que ni aun por el pensamiento se pudiera imaginar
-su determinacion, y puesta á una ventana aguardó hasta las doce de
-la noche, sin dormir ni pegar sus ojos, que vió un bulto que venia
-de hácia la mar: hizo la seña que estaba concertada por la carta, y
-acudiendo bien á ella el hidalgo, dijo: Ea, que aquí está el bergantin.
-Entonces la determinada señora habló con toda la brevedad que pudo á
-sus esclavos, diciendo: Hermanos y amigos, comprados con la sangre
-de Jesucristo; mi determinacion es esta, el que quisiere libertad y
-vivir como cristiano, sígame hasta España. Respondió por todos un gran
-soldado cautivo, natural de Málaga: Señora, todos estamos determinados
-de obedecer vuestro mandamiento; pero mirad el peligro en que os poneis
-y nos poneis, que ya las torres dan aviso, y en amaneciendo cuajarán la
-mar de galeotas, y nos darán caza sin duda. Á que ella respondió: Quien
-me puso esto en el corazon me guiará á salvamento; y cuando no suceda,
-más quiero ser manjar de horribles mónstruos marinos en los profundos
-abismos de las profundas cavernas del mar, muriendo cristiana, que
-ser reina de Argel contra la religion que profesaron nuestros pasados.
-Y sirviendo la hermosísima mujer de valeroso capitan, alentó á sus
-esclavos de manera que en un instante llevaron al bergantin los cofres
-y riquezas, dejando muertos á puñaladas á una negra y á dos turquillos
-que daban voces. Juntos los esclavos, que ya no lo eran, con los que
-venian en el bergantin, todos hombres honrados y de gran pecho, se
-confortaron de manera unos á otros, que el bergantin volaba con la
-fuerza de los remos y el viento que ayudaba.
-
-En sabiéndose el caso en Argel, que fué luego, echaron tras ellos
-cuarenta ó cincuenta galeotas, llevando cada cual su centinela en la
-gavia y en la entena, que entendieron dar luego con el bergantin;
-más parece que Dios ó lo guió ó lo hizo invisible; pues fuera de la
-diligencia dicha, su marido Mami Reis andaba por las islas, y ni los
-unos ni los otros dieron con el bergantin, hasta que al amanecer se
-hallaron entre las dos galeotas de su marido, que para la tierra
-adentro llevaba su gente vestida á la española. Ella con gran presteza
-y sagacidad mandó que los demás que iban en el bergantin con los
-esclavos se pusiesen como turcos, para que pudiesen huir dando á
-entender que huian de españoles. Fué gallarda y astuta la advertencia,
-porque viendo Mami Reis que huian de él se holgó, diciendo: Sin
-duda parecemos españoles, pues aquel bergantin de turcos se huye de
-nosotros, y con grande risa celebraron la huida del bergantin, que
-con esta traza se libraron, y llegaron á España, donde está muy rica
-y contenta, haciendo grandes limosnas de la hacienda de su marido: y
-aunque en Argel sucedió otro caso semejante á este, fué con más poder
-y menos circunstancias. Ya sabes á qué propósito te he contado este
-caso, sucedido poco tiempo há, y sin duda yo creo que ninguno hay que
-no tenga estampada en el corazon la primera religion que profesó,
-digo de los bautizados, si bien esta mujer mostró más que todos aquel
-pecho varonil, y determinacion cristiana. No me espanto, dije yo,
-que esa señora haya tenido tan grande valor en su determinacion, que
-es propio de mujeres poner por obra lo que se les pone en la testa,
-ni que haya vencido en atrevimiento á los hombres, ni de que tuviese
-traza para ejecutar su intento, que todo eso es creible en su natural
-inclinacion. Lo que me admira es que haya tenido capacidad para guardar
-el secreto tanto tiempo, que es más dificultoso en las mujeres guardar
-el secreto que guardar la castidad; porque ninguna se escapa de tener
-una amiga con quien comunica lo pasado, presente y venidero. Que lo
-otro no fué más de encajársele en la cabeza que lo habia de hacer,
-porque carecia del discurso que habia menester un caso tan árduo,
-importante y peligroso, que se atrevia á su marido, á los corsarios y
-á todo Argel, á todas las olas y borrascas del mar Mediterráneo, á las
-bestias marinas jamás vistas, ni conocidas en su elemento, ni fuera
-de él, y todo esto no fué tan grande hazaña como no revelar todo el
-secreto que tanto importaba. Todo eso, dijo mi amo, es verdad, pero una
-cosa me hace más contradiccion, y es: ¿Cómo esa, siendo doncella, no
-tuvo valor para huir del molino con las demás cuando la cautivaron, y
-lo tuvo despues para emprender un hecho tan heroico? Á eso, dije yo,
-es fácil la respuesta, porque cuando esa señora era doncella, con la
-frialdad natural que todas ordinariamente tienen, la trabó el temor los
-miembros y venas del cuerpo, de manera que no pudo huir, ni aun moverse
-de su lugar: pero despues que se casó, y la abrigó la fuerza del calor
-del marido, mejoró su naturaleza, y cobró espíritu para acometer esa
-empresa tan difícil. Y de todas las mujeres de quien se hace mencion en
-la antigüedad no se sabe que fuesen doncellas, ni aun se puede creer.
-¿Pues las Amazonas, preguntó mi amo, no se dice que fuesen doncellas?
-Señor no, respondí yo, ni en tanto que lo eran salian á las batallas,
-sino ejercitándose, no en ócio, ni en lanificio, sino en cazas de
-fieras, en andar á caballo, usando de la lanza, arco y saeta; y para
-hacerse más fieras, se mantenian de tortugas y lagartos: y en siendo
-de edad para ello se mezclaban con los varones circunvecinos: y si del
-concúbito parian hijo varon, ó le mataban, ó le mancaban de manera que
-no quedase para ejercicio de hombre; y si parian hembra, porque no
-fuese impedimento para tirar al arco, le sacaban ó cortaban el pecho
-diestro, que eso quiere decir Amazonas, _Id est, sine ubere_, sin teta;
-pero ninguna de ellas por sí sola hizo tan grande hazaña como esta
-valenciana.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
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-
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-
-DESCANSO XIV.
-
-
-Como los esclavos y compañeros iban dormitando, tuvimos lugar y espacio
-mi amo y yo para tratar esta materia y otras, con que se venció el
-sueño. Habiendo reposado un tanto, dentro de dos horas descubrimos las
-islas Baleares, Mallorca y Menorca, Ibiza, y otras islas pequeñas;
-pero no nos acercamos á Mallorca, por el cuidado con que aquella isla
-vive, hasta ser de noche: y aunque aguardamos á esto, fué menester
-apresurarnos, porque si bien se parecieron presto, habia bien que
-trabajar para llegar á ellas. Acercámonos á Mallorca por mejor, y
-para él fué peor, porque al despuntar de un risco estaba en él una
-centinela que dió aviso á las galeras de Génova, que andaban por coger
-á mi amo, y aunque se acercaba la noche, comenzaron á batir los remos
-con grande furia hácia nosotros. Mi amo viéndose perdido pasóse á
-la otra galeota, llevando consigo la más granada gente que traia en
-ambas, y dióme á mí cargo de mirar por la que me dejaba con poca gente;
-confiándose que hablando yo español podria responder á propósito, y
-tener algun remedio la galeota. De suerte, que me dejó por estorbo
-para que hiciesen la presa en mí, y se pudiese librar. Sucedióle como
-él lo habia pensado, porque como hombre astuto y muy práctico en toda
-la costa, no se hizo á la mar, sino á la isla, que como era casi de
-noche, de caleta en caleta se fué escondiendo, y en obscureciendo se
-hizo á la mar y se escapó. La galeota en que yo habia quedado, como
-no llevaba gente que bogase, sino muy poca, y la más ruin, fuése
-quedando tanto, que las galeras pudieron tirar una pieza para que nos
-rindiéramos. Parámonos, y en llegando cerca yo, muy alentadamente,
-y en bien claro español, dije: Rendidos somos. Pues á vos buscamos,
-dijeron las galeras, llamándome por mil nombres infames, que realmente
-como la galeota era aquella en que siempre andaba mi amo, y hablé tan
-claro español, me tuvieron por el renegado. Echaron al remo todos los
-turcos, canalla que hallaron conmigo, y á mí pensando que habian dado
-con lo que buscaban, me maniataron para llevarme á Génova y hacer en
-mí un gran castigo. Decíame el capitan de la capitana: Quante volte
-habete scampato la vita, can renegato, adeso non scamparate, se non
-impiccato? Señor, dije, mire V. S. que yo no soy el renegado que V. S.
-piensa, sino un pobre español esclavo suyo. Por la defensa cargaron
-sobre mí tantos palos que me obligaron á decir: Dicen que Génova es
-monte sin leña; pero harta ha habido para mí ahora. Riéronse dos
-músicos españoles que traia el general en su galera de mi respuesta,
-y más de la paciencia con que lo llevé: uno de los cuales conocia yo
-muy bien, y entre ellos, por lo que les declaró uno de los músicos,
-tambien hubo alguna risa. Yo me arrimé á un rincon maniatado, y dando
-gracias á Dios que tantas veces me veia ejercitado en trabajos y
-miserias; que las desdichas nos traen á la memoria las misericordias
-de Dios, y no los pecados por que las merecemos; que si quisiésemos
-advertir cuánto mayores son que los trabajos que Dios nos envia, nos
-consolaríamos, y no nos quejaríamos de los instrumentos que Dios toma
-para castigarnos, que son sus invenciones tan secretas y tan grandes
-que nos ponen en cuidado de considerar por donde nos vino el daño, y
-no por donde lo teníamos merecido, y es tan piadoso en el castigo, que
-no quiere infamarnos por lo que merecemos, sino darnos en que merecer
-por lo que sufrimos, y llevar en paciencia lo que no habemos pecado,
-que su misericordia á todo esto se estiende, que nos ejercita en lo
-que no pecamos para descuento de lo que merecemos en lo que pecamos, y
-luego echamos la culpa á aquellos por cuya mano viene el justo castigo
-de Dios, que con lo que no habemos hecho nos castigó lo que habemos
-hecho, por estimar en tanto nuestra honra que no quiere muchas veces
-castigarnos por los mismos filos que nos matan interiormente, porque
-no nos desconsolemos, ni lo tengamos por ejecutor cruel. Acuérdome
-yo ahora de las desventuras que desde niño me han seguido, y no me
-acuerdo de los delitos de mi juventud. Viéneme á la memoria cuanto
-bien he hecho á algunos hombres en esta vida, y que por estos mismos
-han venido muchos males, porque Dios toma semejantes instrumentos
-para confusion y castigo de pecados cometidos con ignorancia ó con
-malicia. Yo estoy ahora en fama de renegado, y maniatado, agraviado
-injustamente por un astuto y endiablado hombre, precito y descomulgado;
-y si quiero volver los ojos atrás veo que merezco estos y otros mayores
-castigos de la mano de Dios. Á esto llegó un bellaco de un cómitre, y
-dándome con un rebenque, me dijo: ¿Qué habla el perro entre dientes?
-Callé porque no segundase. El señor Marcelo Doria, que era general,
-movido á misericordia, dijo, que hasta averiguar quién era no me
-tratasen mal. Yo como ví la puerta abierta á la piedad, dije: Suplico
-á vuestra excelencia, pues la defensa natural es concedida á todos,
-se me conceda á mí, que yo sé que en sabiendo vuestra excelencia lo
-que soy, no solamente no padeceré en manos de un tan gran príncipe,
-pero espero en Dios que me tiene de honrar más que merezco. Yo daré en
-Génova, y aun en esta galera, testigos que me conocieron en la córte
-del rey Católico en el tiempo que este renegado andaba haciendo mal
-en todas estas costas, y será uno de ellos el señor Julio Espínola,
-el embajador. Hízome desatar, y habló conmigo, preguntándome todo lo
-que deseaba saber del renegado: yo le dije la astucia con que se habia
-escapado, con que satisfice algo de mi persona, y puso mucha culpa á
-los que no siguieron la empresa. Tornéme á mi rinconcillo, aunque no
-maniatado, y púseme en cluquillas, las dos manos en el rostro, y los
-codos en las rodillas, porque no me conociese el músico, pensando en
-mil cosas. Yendo navegando hácia Génova, viendo que ya se habria dado
-noticia en Argel que las galeras de Génova corrian la costa, pasamos
-el golfo de Leon con una poca de borrasca, y habiéndolo atravesado de
-punta á punta, mandó el general á los músicos que cantasen, y tomando
-sus guitarras, lo primero que cantaron fué unas octavas mias que se
-glosaban:
-
- El bien dudoso, el mal seguro y cierto.
-
-Comenzó el tiple, que se llamaba Francisco de la Peña, á hacer
-excelentísimos pasages de garganta, que como la sonata era grave habia
-lugar para hacerlos, y yo á dar un suspiro á cada cláusula que hacian.
-Cantaron todas las octavas, y al último pié que dijeron:
-
- El bien dudoso, el mal seguro y cierto,
-
-ya no pude contenerme, y con un movimiento natural inconsideradamente,
-dije: Todavía me dura esa desdicha. Como fué en alta voz, miró el Peña,
-que por venir yo tan disfrazado de cara y de vestido, y por ser él
-corto de vista, no me habia conocido antes, y en viéndome, sin poder
-hablar palabra, humedecidos los ojos, me abrazó, y fué al general,
-diciendo: ¿Á quién piensa V. E. que traemos aquí? ¿Á quién? preguntó
-el general. Al autor, dijo Peña, de esta letra y sonata, y de cuanto
-le habemos cantado á V. E. ¿Qué decís? Llamadle acá. Lleguéme con
-harta vergüenza, pero con ánimo alentado, y preguntóme el general:
-¿Cómo os llamais? Márcos de Obregon, respondí yo: el Peña, hombre que
-siempre profesó verdad y virtud, llegó al general y le dijo: Fulano es
-su propio nombre, que por venir tan mal parado debe de disfrazarlo.
-Espantóse el general de ver un hombre de quien tenia tanta noticia en
-tan humilde traje, y rodeado de tantos trabajos y tan injustamente
-maniatado. Preguntóme la causa de ello, y yo con mucha paciencia y
-humildad le conté todo lo sucedido, porque el galeon del Duque de
-Medina habia parado en el Final. Hízome mucha merced, particularmente
-trastejándome de vestidos. Y en llegando á Génova visité á Julio
-Espínola el embajador, cuya amistad yo habia profesado en la córte de
-España, que certificado Marcelo Doria de esta verdad, ambos me hicieron
-merced de acomodarme de dinero y cabalgadura para Milan; pero primero
-quise ver aquella república tan rica de dineros y antigüedad, de nobles
-y antiquísimas casas, descendientes de emperadores y grandes señores,
-y de la mayor nobleza de Italia; como son Dorias, Espínolas, Adornos,
-de cuya notabilísima familia hay un ramo en Jerez de la Frontera,
-emparentado con grandes caballeros españoles, y señalado con el hábito
-de Calatrava y las demás órdenes: como don Agustin Adorno, caballero
-tan virtuoso como principal. Y como mi intento no era parar allí,
-dispúseme para proseguir mi viaje á Milan, para donde habia salido de
-España.
-
-[Ilustración]
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-RELACION TERCERA
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-DE LA VIDA DEL ESCUDERO
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-MARCOS DE OBREGON.
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-[Ilustración]
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-Yo, que de cautivo, esclavo y maltratado, tan presto me ví con dineros
-y bien puesto de vestidos, deseaba ya ardentísimamente llegar á donde
-mis amigos me viesen libre, y supiesen los trabajos y favores de que
-la fortuna habia usado conmigo. Y así en habiendo visto la grandeza de
-aquella república, y tomado el descanso que tan grande cansancio pedia,
-cogí mi cabalgadura y Victorino, ó mozo de mulas, y aviándome para
-Milan, subí por aquellas montañas de Génova, tan ásperas y encumbradas
-como las de Ronda. Y en habiendo pasado por San Pedro de Arenas, ya
-que anochecia, fué tan grande la piedra y agua que nos cogió, que
-perdimos el camino en parte donde fuera fácil el despeñarnos hasta
-los profundos rios, crecidos con la grande avenida, yendo á dar á la
-furia del mar; porque los arroyos que se juntaron de la tormenta del
-granizo y agua eran bastantes para mucho más que esto. No veíamos luz
-sino por los ojos del caballo que nos guiaban, que es la peor bestia
-para caminar, del mundo, que en Italia se camina con ellos. Y con la
-poca gana que llevaba se arrimaba á cualquier árbol que topábamos, ó
-se arrojaba por donde se le antojaba. De suerte que yo me apeé, y en
-unos árboles que tenian grandes troncos y muchas ramas, trabadas unas
-con otras, nos arrimamos hasta esperar que, ó la tempestad cesase,
-ó viésemos alguna claridad ó luz que nos guiase á salvamento. El
-Victorino, aunque práctico en la tierra, estaba tan turbado, que habia
-perdido los memoriales, y yo las esperanzas de poder movernos de allí
-hasta la mañana. Corria el agua de nosotros por la carne como de cueros
-de curtidura grandísimo rato con este trabajo; pero no pudimos gozar
-de la sombra de los acopados árboles, porque corria más agua de ellos
-que de nosotros, que todo lo rendia el tiempo insufrible y borrascoso.
-Estando en esta suspension de ánimo congojoso, oimos decir cerca de
-nosotros: Guarda la vita. Como tan cerca sonó, miré por entre las
-ramas, y ví que á las espaldas de los árboles parecia una luz que salia
-de tres casas, donde el caballo debia de haber posado otras veces, y
-aunque por malos pasos, nos habia guiado allí. El espacio era poco, y
-en un instante corriendo nos pusimos en las casas, de donde salieron
-con grande cuidado á ofrecernos alojamiento: y donde no pensamos
-hallar agua, hallamos muy gentiles capones, que todas las naciones
-extranjeras hacen esta ventaja á España en las posadas y regalo de los
-caminantes. Cenamos muy bien: yo pedí un jarro de agua, y trujéronmela
-de una fuente que nacia junto á las mismas casas, caliente vaheando,
-hícela poner á una ventana, que aunque el tiempo no estaba tan frio,
-la borrasca y granizo lo habia trocado, y en un instante se enfrió,
-y aun heló el jarro de agua. Bebílo, y el huésped trajo allí de las
-otras casas dos testigos, y viéndome beber otro jarro de agua fria, les
-dijo: Señores, para esto os he traido, porque si este señor español
-muriere de estos jarros de agua fria, no digan que yo le he muerto.
-Reíme, juzgando que lo decia por aborrecer el agua, ó por amar el vino,
-y no fué sino por la razon que el hostalero dijo despues. Pregunté como
-nuevo en Italia, por qué razon queria que no bebiese agua quien casi
-siempre la habia bebido y bebia. Respondió que las aguas de España eran
-más delgadas y de más fácil digestion que las de Italia, que tienen
-más humedad. Y es de creer que, pues gente de tan gentil discurso como
-la italiana no osa beberla sola, halla en ella algun daño. Yo conocí
-un caballero italiano, que cuando vino á España no habia bebido gota
-de agua, y estando en España no bebió gota de vino, que las aguas, ora
-sean de rio, ora de fuente, toman la calidad buena ó mala de la tierra
-ó minerales por donde pasan. Las de España, por ser esta provincia tan
-favorecida del sol, y consumir las humedades con tanta violencia, son
-bonísimas, fuera de que ordinariamente pasan por minerales de oro,
-como se parece en las de Sierra-Bermeja, que la misma sierra está del
-mismo color, y son excelentísimas; ó pasan por minerales de plata, que
-son bonísimas, como las de Sierra-Morena, que se verifica en las de
-Guadalcanal; ó por minerales de hierro, como es en Vizcaya, que son
-saludables. Y en resolucion, no hay agua en España que sea mala, sea de
-fuente ó sea de rio, que de lagunas y lagos, ó encharcadas, ni las hay
-ni las beben: antes parece que para mayor grandeza de la misericordia
-de Dios, una laguna de más de una legua, que está cerca de Antequera,
-que todos los años se hace sal, tiene junto á sí la mejor y más sana
-agua que se conoce en lo descubierto, que se llama la fuente de la
-Piedra, porque la deshace. Y en Ronda, otra fuentecilla, que llaman de
-las Monjas, que nace mirando al Oriente, y en un cerro, en bebiéndola
-luego deshace la piedra, y en el mismo dia salen las arenas, y de esta
-se puede escribir un grandísimo volúmen. Pero lo que el hostalero me
-dijo fué tan verdad, que en todo el tiempo que estuve en Lombardía, que
-fueron más de tres años, ni tuve salud, ni me faltó dolor de cabeza
-perpétuo, por el agua que bebia. Y verificóse el dia siguiente, que
-yendo caminando, en todos los charquillos que se habian hecho del
-grande turbion de agua habia animalejos, como sapillos, renacuajos y
-otras sabandijas, engendradas en tan poco espacio, que es causa de
-la mucha humedad maliciosa del terruño. Y en aquellos fosos de Milan
-se ven unas bolas de culebras en mucha cantidad, engendradas de la
-bascosidad y putrefaccion del agua, y la humedad gruesa de la misma
-tierra.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-
-DESCANSO I.
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-Pero ya, dejando esta materia, fuimos caminando por el Ginovesado
-mi mozo de mulas y yo, hasta que topamos con unos labradores, que
-preguntados por dónde tomaríamos el camino, que habíamos errado
-la noche antes, nos dijeron un disparate para engañarnos, y que
-anduviésemos perdidos más tiempo. El mozo entendió la burla, y dijo
-que nos engañaban. Pero yo, no tomándolo por burla, deshonrélos en mal
-lenguaje italiano, y ellos que eran muchos, cargáronse de piedras;
-yo me apeé, y dí una cuchillada á uno: el mozo cogió su caballo, y
-dejóme entre ellos, que como era de su nacion no quiso ser testigo
-del caso, y ellos cargaron sobre mí, porque deslicé y caí en el
-suelo, y maniatándome, dieron conmigo en el lugar más cercano que
-era muy grande y muy poblado. Representaron la sangre del herido, y
-echáronme una cadena y grillos muy pesada. Esta vez no me quise quejar
-de mi mucha desdicha, sino de mi poca consideracion que estando en
-tierra no conocida, quise hacer lo que no hiciera en la mia: que los
-españoles en estando fuera de su natural se persuaden á entender que
-son señores absolutos. Yo que no tenia de quién, ni á quién quejarme,
-volví contra mí las piedras que los contrarios podian tirarme: víme
-cargado de los hierros que no tuve en Argel, siendo enemigos de la fé
-y de los que la profesan, sin poder volver los ojos á quien me mirase
-de buena gana. Que por la misma razon que pensamos ser señores del
-mundo, somos aborrecidos de todos. Quien va á tierras agenas tiene
-obligacion de entrar en ellas con grande tiento, que ni las leyes son
-las mismas, ni las costumbres semejantes, ni las amistades se guardan
-donde no hay conocimiento. Y es averiguada cosa que aunque los reinos
-y repúblicas se guarden el respeto y amistad que profesan entre sí, no
-corre lo mismo en los particulares, que ordinariamente se desdoran, y
-tienen enemistades unos con otros: y tanto más, cuanto más se ven, sin
-razon ó con ella, supeditados. Eché de ver que la paciencia es virtud
-corriente para todas las cosas del mundo, pero más para tratar con
-gentes no comunicadas. Tiene el forastero necesidad de ser muy afable
-y comedido con crianza, y ha de perder de su derecho en las cosas, que
-donde está no sabe si son buenas ó malas: con semblante alegre, cólera
-enfrenada, viene fácilmente en el conocimiento de lo que ignoramos
-en las tierras cuyas costumbres no han venido á nuestra noticia. Yo
-me ví afligidísimo, sin ver á quién poder dar parte de mis trabajos.
-Llamábanme de marrano muy cerca de mí, y la más honrada sentencia
-era que me habian de dar garrote de secreto. El carcelero parecia
-hombre corriente, pero no hallaba por donde entrarle para consolarme
-con él. Estuve pensando qué modo tendria, y acordéme que esta nacion
-es codiciosa sobremanera, y que por allí podria echar algun cartabon
-para mi remedio. Llevaba en la faldriquera algunos escudos que saqué
-de Génova. Andaban allí dos niños del carcelero muy graciosos, y
-acordándome cuán buen rostro muestran los padres á quien hace bien
-á sus hijos, dí á cada niño un escudo: aquí abrió los ojos el padre
-agradeciéndolo mucho, y aun muchísimo, que me dió buena esperanza de
-salir con lo que habia pensado. Díjome: V. S. debe ser muy rico. ¿En
-qué lo echais de ver? pregunté yo. En la liberalidad, respondió, con
-que habeis dado á esos niños moneda que aun los hombres mal conocemos
-por acá. Pues si esto estimais siendo tan poco, ¿qué hareis cuando
-sepais lo demás? y sacando dineros, díselos á él, y díjele: Porque me
-pareceis hombre de buen discurso os quiero decir quién soy, que de
-esta niñería no teneis que hacer caso. Yo he alcanzado lo que todos
-los filósofos andan buscando y no acaban de dar con ello, pero primero
-me habeis de hacer juramento de en ningun tiempo descubrirme. Él lo
-hizo solemnísimamente, y con grandes ansias me preguntó, qué era
-lo que queria decirle, y le respondí: Sé hacer la piedra filosofal
-que convierte el hierro en oro, y con esto nunca me falta lo que he
-menester: pero no he osado comunicarlo con nadie en Génova, porque la
-república no me estorbase mi viaje, que lo hicieran sin duda, porque
-como esta divina invencion es tan apetecida y deseada de todos, todos
-andan tras de ella: y si saben alguno que lo sabe, ó los reyes ó las
-repúblicas los detienen contra su voluntad, por que ejercite el arte
-para ellos á su costa, que en habiendo mucha cantidad de oro en el
-mundo será estimado en poco. Señor, dijo el carcelero, muchas veces he
-oido tratar de esa materia; pero nunca he visto ni oido decir que lo
-haya nadie alcanzado en nuestros tiempos, que aunque V. S. me ve en
-este oficio, que por estar quieto y mantener mis hijos ejercito, ya he
-estado en España sirviendo á un embajador de Génova, y por lo dicho
-me recogí á este pueblo donde nací. Huélgome de eso, dije yo, porque
-siendo, como sois, discreto, y habiendo oido tratar de la materia,
-dareis crédito á lo que vereis con vuestros ojos. Si yo pudiese, dijo,
-aprender eso, seria un valiente hombre, que mandaria á todo mi lugar, y
-enviaria libre á V. S. adonde fuese servido. Á lo primero, dije yo, os
-respondo que consiste el hacerlo en dar un punto que es menester gran
-cuidado para acertarlo, y así no me atrevo á enseñároslo; pero dejaréos
-con tanto oro, que no hayais menester á nadie vos ni vuestros hijos.
-Y á lo segundo, que no quiero que hagais por mí cosa que en algun
-tiempo pueda haceros daño, que la misma arte química me dará modo para
-librarme, y esto os lo enseñaré facilísimamente, que lo vereis aunque
-esteis ciego, como sin culpa vuestra y sin consentimiento vuestro me
-libro, y vos quedais sin calumnia, y con riqueza y gusto.
-
-Echóse á mis piés con grandes ceremonias, quitándome la cadena y
-grillos, contradeciéndoselo yo con grandes veras, y pensando adelante
-toda la noche, para más asegurado en la materia, por hacer mejor mi
-negocio, le dije: Sabed que el no haber acertado á dar el punto á la
-transmutacion de los metales nace de no haber entendido á los grandes
-filósofos que tratan esta materia sutilísimamente, como son Arnaldo de
-Villanueva, Raimundo Lulio, y Gebot, moro de nacion, y otros muchos
-autores, que la escriben en cifras, por no hacerlas comunes á los
-ignorantes, que yo por enterarme en la verdad de ello he pasado á
-Fez en África, á Constantinopla y Alemania, y con la comunicacion de
-grandes filósofos he venido á descubrir la verdad, que consiste en
-reducir á la primera materia un metal tan intratable y recio como el
-hierro, que puesto en aquel principio suyo, y en aquella simiente de
-que fué hecho, aplicándole las mismas cosas y los mismos simples que
-la naturaleza aplica al oro, cuando se forma ó se va formando, viene á
-transformarse en la misma substancia de él. Que de la propia manera que
-todas las criaturas van imitando, en cuanto les es posible, á la más
-perfecta de su género, así el hierro y los demás metales van imitando
-á la más perfecta de ellas que es el oro, y dándole tales cualidades
-que la naturaleza con la generacion del padre universal, que es el sol,
-viene á mudar su naturaleza en la del oro, y esto se hace mediante
-ciertas sales fortísimas y corrosivas, mirando los aspectos de los
-planetas, en que yo estoy muy diestro y enterado. Y para que veais
-alguna semejanza que os persuada de esta verdad, dejad esta noche un
-callo de herradura que haya sido muy pisado y lleno del orin que recibe
-en los muladares, y hecho pedacicos muy menudos, ó limándolo, ponedlo
-en una redoma con fuego lento, en muy fuerte vinagre, y vereis lo que
-resulte. Hízolo puntualmente, y dióme en que reposase aquella noche muy
-á mi gusto, donde pensé muy bien la traza que llevaba ordenada para
-librarme de la prision.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
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-
-DESCANSO II.
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-
-Á la mañana vino el carcelero muy contento, diciendo que descubria que
-se iba el hierro convirtiendo en un color rubio, como de oro, que la
-codicia lo iba llevando á la perdicion. Ahí conocereis, dije yo, que os
-voy tratando verdad; díle dineros para que me trajese ciertas cosas,
-ó ciertos simples corrosivos y venenosos, que no los digo porque mi
-intento no es enseñar á hacer mal, y con otras cosas que les junté hice
-unos polvos que muchas veces rociaba con agua fuerte, y enjugándose,
-tornaba á rociarlos, quedando con un color rubio muy apacible. Hechos
-los polvos, y confeccionados como yo los habia menester, á dos
-bellacones que estaban sentenciados á galeras les dije: Las galeras
-están en Génova, que es acercarse vuestro martirio; si os atreveis á
-ponerme en una noche en tierra del Rey, yo os sacaré de aquí con mucho
-silencio, y sin ruido de dentro ni de fuera. Ellos respondieron con
-grande determinacion: Y aun á los hombros sacaremos á V. S. y antes que
-amanezca estará entre soldados españoles. Pues estad, les dije, mañana
-en la noche atentos, y en viéndome con las llaves en la mano acudid á
-vuestro remedio y el mio. Alegráronse los pobres, y con grandes ansias
-deseaban ya que llegase la hora. Por la mañana dije al carcelero que
-trajese unos crisoles, y cuantos callos de herradura pudiese hallar,
-que todos los habia de convertir en oro, y que á la noche cuando toda
-la cárcel estuviese en silencio encendiese lumbre de carbon, sin que
-hubiese ningun testigo que nos pudiese denunciar. Él lo tuvo tan
-en cuidado que no dejó herrador, ni muladar que no anduviese, y en
-llegando la noche me mostró tantos callos de herradura, que vendidos á
-libras podian aprovecharle mucho; encerró su gente, y los demás presos,
-y los dos que me habian de ayudar se hicieron dormidos: encendió su
-brasero, y puesto en silencio todo, saqué mis polvos y mostréselos,
-y pareciéronle del mismo oro. Pues mirad, le dije, qué cordial olor
-tienen, y echéselos en la mano, él los llegó á oler, y yo con mucha
-presteza le dí una palmada en la parte baja de la mano, y saltaron en
-los ojos, cayendo él de la otra parte sin sentido, ni sin poder hablar;
-cogíle las llaves, y los bellacones que vieron el caso acudieron
-luego; abríles las puertas quedándose el pobre hombre sin sentido,
-y sin que nadie nos viese salimos de la cárcel y del pueblo, y á la
-mañana habiendo pasado arboledas, sierras y barrancos dificultosos, me
-hallé en Alejandría de la Palla entre soldados españoles, que metian
-la guarda á don Rodrigo de Toledo, gobernador de ella. Á los buenos
-galeotes les pareció que les habia venido del cielo la libertad, y
-fuéronse á buscar su vida. Yo me holgué en el alma de haber salido
-bien con mi intento, que aunque fué á costa del pobre carcelero, por
-la libertad todo se puede hacer. Yo fuí esta vez como el demonio, que
-tienta á los hombres por la parte que más flaca siente en ellos: que
-él por la codicia, y yo por la libertad nos concertamos muy bien,
-que es tan superior la codicia en los pechos adonde se halla, que
-son muchos, que los rinde á cualquier flaqueza. Los bienes que por
-merecimientos, ruegos y comodidades no se alcanzan, en acometiéndoles
-por la codicia se rinden al gusto de ambas partes: los males que por
-violencia y estratagemas no se pueden hacer, en mostrando la codicia
-su amarillo rostro se ablanda la dureza de los pechos de hierro. ¡Qué
-de fortalezas se han rendido, qué de lealtades se han quebrantado,
-qué de clausuras se han rompido, qué de castidades se han corrompido,
-acometidas por la codicia! Todos los vicios que á los hombres traen
-arrastrados dejan alguna consideracion para lo venidero, sino la
-lujuria y la codicia, que cogen y ciegan todas las potencias del
-discurso; más fácil es de enfrenar la furia de un loco por castigo, que
-reducir á razon la sed de un codicioso por consejo. Son los codiciosos
-como la esponja, que aunque chupa toda el agua de que es capaz, ni está
-harta, ni se aprovecha de ella, y son tan furiosos en sus actos como
-la culebra hambrienta, que á todo acomete aunque sea un sapo que la
-hinche de ponzoña; que ni miran si es lícito ó contra razon, que como
-sea engordar á todo acometen, y creo es así, que tienen el castigo por
-sombra de su desatinada hambre. Como este miserable de carcelero, que
-por donde pensó ver su casa llena de oro quedó sin ojos para verlo.
-Dios mire por los codiciosos, y los reduzca á la medicina que conserva
-la vida y aquieta la conciencia.
-
-[Ilustración]
-
-[Ilustración: ... _me hallé en Alejandría de la Palla entre soldados
-españoles_.]
-
-
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-
-[Ilustración]
-
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-
-
-DESCANSO III.
-
-
-Partíme para Milan, temiendo por el gran deseo que llevaba de llegar,
-alguna desgracia, que los desdichados han de vivir siempre con cuidado
-de lo que puede y suele suceder. Hay un rio que pasa por la ciudad
-de Alejandría, que se llama Eltanar, donde ví unas aceñas movedizas
-de madera, que deben de tener en el fundamento algunas ruedas para
-moverse, que no reparé en preguntarlo porque no hacia á mi propósito,
-y habiendo esperado el barco para pasar el Pó, rio caudalosísimo,
-despues de haberse sorbido el Eltanar en tramos en él con unas pobres
-peregrinas, y al medio del rio sucedió, que por la corriente de Eltanar
-venia una aceña ó molino de aquellos, que le debia de haber faltado el
-fundamento, y encontróse de manera con nuestro barco que dió con él
-patas arriba.
-
-El caballo, como son atrevidas estas bestias para cortar el agua,
-se arrojó á ella, yo me así luego de la cola, y las peregrinas de
-mí, y el Venturino de la postrera de ellas, y cayendo y levantando,
-y á veces topando con los piés en la arena, llegamos á la orilla,
-donde el caballo nos roció por la puerta falsa que debia de venir
-acebadado; pero no por eso me desasí hasta verme ya pisar las orillas.
-Hallamos allí que habian pasado en otro barco algunas gentes de
-diversas naciones, franceses, alemanes, italianos y españoles, y
-para entendernos hablamos todos en latin; pero era la pronunciacion
-tan diversa la una de la otra, que hablando en muy gentil lenguage
-latino no nos entendíamos los unos á los otros, que me dió mucho que
-pensar que aun en una misma lengua, y que corre por toda Europa,
-dure el castigo de la torre de Babilonia. Llegamos á Pavía, insigne
-universidad; regalóme el castellano, que era entonces, aunque como mi
-deseo me llevaba á Milan, no paré hasta verme en aquella maravillosa
-poblacion donde tan grandes santos ha habido, y continúan siempre los
-prelados de aquel excelentísimo templo. El que entonces lo gobernaba
-era el santísimo cardenal Cárlos Borromeo, que ahora dicen San Cárlos,
-que fué su vida de manera que á pocos años de su muerte le canonizaron.
-Llegué á tiempo que se celebraron las exequias de la santísima reina
-doña Ana de Austria, y habiendo buscado á quién cometer la traza,
-historias y versos de la vida ejemplar de tan gran señora, pudiendo
-cometerles á muy grandes ingenios, tuvo por bien el magistrado de
-Milan de cometerlas al autor de este libro, no por mejor, sino por
-más deseoso de servir á su rey, y de aprender en cosas tan graves y
-de tan graves ingenios, y ofreciéndoles, y dando noticia de Aníbal
-de Tolentino, excelentísimo sugeto, que lo hiciera mejor que otro en
-toda la Europa: al fin por más cercano le mandaron al autor que la
-hiciese. Oíle un sermon en estas exequias al bienaventurado San Cárlos,
-que fué como su vida. Hallé á mis amigos muy contentos, y admirados
-de la brevedad con que habia conseguido libertad, y deseos de saber
-cómo habia sucedido, me forzaban á que lo contase, y refiriese una y
-muchas veces; que realmente los trabajos contados en la prosperidad,
-ó habiendo salido de ellos tienen su gusto particular, que las
-desventuras todo lo que tienen de males presentes tienen de bienes
-pasados; son los trabajos como las servas ó nísperos, que cuando están
-en su fuerza son ásperos al gusto, pero despues de pasada su sazon, lo
-que tenian de ásperos tienen de suaves podridos; son como el que se va
-anegando en un rio, que va siempre sacando la cabeza y haciendo todas
-las diligencias posibles para escaparse, pero despues de salido bebe de
-aquella misma agua que le quiso ahogar. Espina el erizo de la avellana,
-pero despues se halla gusto en rumiándola. Holgué grandemente de ver la
-grandeza, fertilidad y abundancia de Milan, que en esto creo que pocas
-ciudades se le igualan en la Europa, aunque la mucha humedad que tiene,
-ó por aquellos cuatro rios hechos á mano, por donde le entra tanta
-abundancia de provision, ó por ser el sitio naturalmente húmedo, yo me
-hallé siempre con grandísimos dolores de cabeza, que aunque yo nací
-sujeto á ellos, en esta república los sentí mayores. Que siempre me han
-perseguido tres cosas: ignorancia, envidia y corrimientos; pero los de
-aquí me duraron hasta volver á España. Pasé en Milan tres años, como
-hombre que está en la cama, contando las vigas del techo trescientas
-veces, sin hacer cosa que importase, lo uno por estar siempre
-indispuesto, lo otro por lo poco que entre soldados se ejercitan los
-actos de ingenio. Dióme gana de ver á Turin, y por mis pecados fué por
-el mes de diciembre, tiempo en que no hay caminos, sino rios en lugar
-de ellos, que como hacia buen tiempo cuando salí, engañéme, pensando
-que fuera todo de aquella manera; y en llegando á Bufalores, comenzó
-á desgajarse el cielo, no con lluvia, sino con acequias de agua tan
-contínua que se perdió el tiento á los caminos.
-
-Llegué á Turin, y por haber esperimentado los arroyos á la venida,
-estúveme dos meses allí, en compañía de otro español; pero fueron tan
-grandes las nieblas que se topaban los hombres por la calle sin verse,
-nacidas de la vecindad, segun dicen allí, del Pó, que pasa por junto á
-la ciudad: fuera de que por medio de ella van muchos arroyos de agua.
-Mas veo que en España Guadalquivir pasa por Sevilla, más caudaloso
-que el Pó y algunas veces tan crecido, que baña á la mayor parte de
-la ciudad, y todo el campo de Tablada está hecho un mar navegable, y
-no he visto tales nieblas. Y Granada tiene dos rios que la bañan, y
-muchos más arroyos por las calles, y no parece esta escuridad ó niebla:
-pero dejando esto posamos el otro español y yo en una hostería, donde
-me ví en el mayor peligro, y en la mejor ocasion de ser dichosísimo
-que he tenido ni tendré en mi vida. Que estando comiendo mucha gente,
-esperando mi compañero y yo que acabasen para sentarnos, un viejo de
-hasta cincuenta años de edad, de propósito dió en tratar de la religion
-nueva, de la religion reformada, repitiendo esto muchas veces: y
-aunque era natural de Ginebra, hablaba en buen italiano, que por ver
-españoles le pareció alzar la voz más de lo que habia menester. Y tras
-de un brindis y otro decian heregías muy dignas de gente llena de vino.
-Mi compañero decíame que callase, y ellos brindando por la salud de
-sus fautores, tornaban una vez y otra á decir de la religion nueva y
-de la religion reformada, de suerte que me obligaron á preguntar qué
-religion era aquella, y quién la habia reformado. Respondiéronme que
-era la religion de Jesucristo, y que la habia reformado Martin Lutero
-y Juan Calvino. Antes de oir más palabras les dije: Buena andaria la
-religion reformada por dos tan grandes hereges. Alborotóse la hostería,
-y cargaron tantas cuchilladas sobre mí y sobre el otro español, que si
-no cogemos una escalera nos hacen pedazos. La huéspeda atajó el negocio
-con decirles que mirasen lo que hacian, que estábamos depositados allí
-por el Duque. Sosegóse el alboroto, porque hasta entonces aun no habian
-negado la obediencia al Duque de Saboya, aunque la tenian negada á la
-Iglesia romana. En sosegándose el rumor me dijo aquel viejo: ¿Por qué
-llamais hereges á dos varones tan santos y que tanta gente llevaron
-tras su opinion? Respondí yo: ¿Por qué llamais vosotros santos y
-reformadores de la religion de Jesucristo á dos hombres que en todo y
-por todo, en vida y costumbres fueron contra la doctrina de Jesucristo
-y de sus Evangelios, que fueron hombres libres, viciosos, deslenguados,
-embusteros, engañadores, alborotadores de las repúblicas, enemigos de
-la general quietud? Quiso tornarse á alborotar el viejo, y como le
-habian puesto por delante el temor y respeto del Duque, cesó con decir:
-Muchos son los llamados y pocos los escogidos, y esos somos nosotros.
-Respondíle yo: Mejor dijérades, muchos son los escogidos y pocos los
-llamados, porque no vienen á manos del Papa. ¡Estraño caso! que hay
-gentes tan fuera del órden natural, que por sola libertad y poltronería
-se desvien de la misma verdad que interiormente saben y conocen. Y que
-tengan hombres poderosos que favorezcan sus errores, de suerte que
-unos y otros siguen su mal intento. Los poderosos con decir que siguen
-doctrina de hombres sabios, y los otros con decir que tienen arrimo
-en príncipes poderosos, como si fuese disculpa para la ejecucion de
-tantos vicios y abominaciones como cometen á sombra de la libertad con
-que sus maestros les hacen vivir, en cuyas arrastradas opiniones hay
-cosas tan ridículas que se echa de ver que adrede quieren errar.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO IV.
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-Volvíme de Turin á Milan, porque aunque tuve intento de pasar á Flandes
-no hallé comodidad, fuera de saber que la gente de Flandes venia
-marchando hácia Lombardía, y por haber estado ya en Flandes con la
-misma gente en el asalto general de Maestrich donde me sucedió una cosa
-muy graciosa, que pudiera ser muy desgraciada y fué: que en el saco de
-la ciudad cogí al más lucido cuartago de todos los que habia en una
-casa principal, y subiendo sobre él en cerro, como en tiempo de bulla
-no se miran mucho las cosas, al tiempo que salia de la ciudad iban tras
-mí más de trescientos cuartagos, porque la que yo habia tomado era una
-yegua sazonada, y si no me arrojo de ella al suelo me dieran muchas
-manotadas los galanes que la seguian.
-
-Al fin volví hácia Milan, porque el compañero pasó hácia Flandes, y
-buscando en qué caminar topé con una carroza, donde por fuerza hube
-de ir, en compañía de cuatro ginebreses, tan grandes hereges como los
-otros. Determinando de callar á cualquier cosa que oyese decir, por
-donde les grangeé la voluntad de manera, que siendo muy enemigos de
-españoles, me regalaron por todo el camino, diciéndome mil veces que
-era muy buen compañero, que realmente, como no les traten de religion
-son sencillos, y gente afable para tratar, y muy amigos de dar gusto.
-Fuéronme festejando por el camino, y entre dos brazos del Tesino se
-apartaron hácia unas arboledas y sierra, donde dijeron que iban á ver
-un grande nigromántico para preguntarle ciertos secretos de mucha
-importancia. Yo, como era mozo, y amigo de novedades, holguéme por
-ver aquella que tanto lo era para mí. Anduvimos un rato por aquella
-arboleda hasta llegar al pié de la sierra, donde se descubrió una
-boca de cueva con una puerta de tosca madera, cerrada por de dentro.
-Llamaron, y respondieron de dentro con una voz crespa, baja, y con un
-género de gravedad. Abrióse la puerta y representóse la figura del
-nigromántico con una ropa de color pardo, con muchas manchas, mapas
-pintados en ella, culebras, signos celestes, un bonete en la cabeza
-largo, y aforrado en pellejo de lobo, y otras cosas que hacian su
-persona horrible, como tambien lo era el lugar y casa donde habitaba.
-Hablaron aquellos caballeros de Ginebra, informándole de su venida,
-y como certificados de su gran fama venian á consultarle un negocio
-grave. Él aunque en el principio comenzó á negárselo, al fin acabaron
-con él con ruegos y presentes que le dieron, que lo ablandan todo,
-á que se inclinase á admitir su peticion. Mientras hablaban con él,
-yo miré el cuerpo de la cueva, que estaba llena de cosas que ponian
-temor y espanto, como era cabezas de demonios, de leones y tigres,
-faunos y centauros, y otras cosas de este modo, para poner horror
-á los que entrasen, unas pintadas y otras de bulto, con que daba á
-entender que tenia trato y amistad con algun demonio. Hablóles muy
-gran rato, diciéndoles de su gran poder, y mostró muchas joyas de
-diversas gentes y de grandes señores, que le habian dado por los muchos
-secretos que les habia revelado. Llegados al caso, como yo miraba
-más al artificio con que tenia adornada su cueva, preguntóles cómo
-no llegaba yo á la conversacion. Respondieron ellos que era español.
-Díjoles el nigromántico: No quisiera mostrar mis secretos delante
-de españoles, porque son incrédulos y agudos de ingenio. Á lo cual
-respondieron ellos: Bien podeis hacer en su presencia cualquiera cosa,
-porque aunque español, es hombre de bien y buen compañero. Resolvióse á
-hacerlo, y llamó á un ayudante tan fiero y espantable, que me pareció
-que era algun demonio. Entramos más adentro, donde tenia el familiar,
-que era un aposentillo más oscuro que el cuerpo de la casa, que estaba
-cercado con unas barandillas, y dentro estaba uno como facistol, y
-sobre él un grande globo de vidrio con un abecedario de letras grandes
-escrito al rededor, y en medio del globo puesto el familiar, que era
-un hombrecito de color de hierro, con el brazo derecho levantado en
-derecho hácia las letras, que todo realmente ponia espanto. Habló con
-el familiar con una arenga muy larga, proponiéndole la antigua amistad
-que habian profesado tantos años, para obligarle á que con facilidad
-respondiese á lo que le queria preguntar; y poniéndose unos guantes muy
-anchos, despues de puesta la demanda, alzó la mano derecha, diciéndole:
-Ea, presto. El familiar se resolvió, y señaló una letra. Quitóse el
-guante el nigromántico, y escribió aquella letra que habia señalado
-el familiar. Tornó á ponerse el guante, y alzando la mano otra vez,
-le dijo: Adelante. El familiar movióse, señalando otra letra, y de
-esta manera fué preguntándole hasta haber escrito diez ó doce letras,
-en que iba respondiendo á la pregunta muy á gusto de los ginebreses.
-Yo como eché de ver que para escribir cualquiera letra se quitaba el
-guante, diciendo qué podia ser; y aunque sospeché que se habian de
-alborotar todos, determinadamente yendo á señalar otra vez con el
-guante, se lo arrebaté por el dedo demostrador, y hallando una dureza
-muy grande en el dedo, primero le pregunté al nigromántico: ¿Esta no
-es calamita ó piedra iman? Quedó suspenso y corrido, y volviéndose á
-los otros, les dijo: Bien decia yo, que los españoles eran agudos, y
-que no queria hacer cosa delante de ellos. El secreto del caso era,
-que aquel familiarillo era hecho de alguna cosa muy ligera, y el
-bracillo era de acero tocado á aquella piedra iman que era tan fina
-como el nigromante diestro en señalar la letra que habia menester, con
-que atraía al familiar corriendo á mostrarla. Quedaron los ginebreses
-admirados, así de la sutileza con que aquél engañaba á las gentes,
-como de la mia en haber conocido su embeleco. Y aunque los sentí al
-principio pesarosos de que no hubiese cumplido el pronóstico con la
-respuesta del familiar, que ellos tenian por demonio, despues tuvieron
-en mucho el desengaño, y rogóles el nigromante que me pidiesen que no
-le descornase la flor, porque con aquello ganaba su vida sin hacer mal
-á nadie, y tenia reputacion de grande hombre. La invencion cierto era
-ingeniosísima, muy conforme á la filosofía natural, y podia sufrirse
-como por juego de masecoral: pero cosas tan repugnantes á la verdad y
-del trato comun engaños tan conocidos, no es razon que permanezcan,
-ni se permitan. Fuímonos, dejando muy desconsolado al embustero, y
-escandalizados los ginebreses del caso me reprehendieron el haberlo
-afrentado, y desanimádolo para proseguir en su embeleco. Yo les dije:
-¿No os habeis holgado de ver este secreto descubierto? Respondiéronme
-que sí. Yo les dije: Pues de la misma manera se holgarán todos los que
-lo supieren, porque menos importa quedar éste sin opinion y sin oficio,
-que permitir un engaño tan estendido y pernicioso como este. Y yo,
-para decir la verdad, siempre he estado y estoy mal con estas gentes,
-como son: nigrománticos, judiciarios, y otros semejantes: aunque estos
-judiciarios tengo por los peores, por estar más bien recibidos en
-la república, y decir menos verdad. Que aunque los que tratan de la
-verdadera astrología de movimientos, estos son doctos que saben las
-matemáticas con fundamento, como es Clavijo Romano, el doctor Arias de
-Loyola y el doctor Sedillo, españoles, grandes varones de su facultad;
-que esos otros son embusteros, gente de poca substancia, de que podia
-traer muchos cuentos, porque de cien cosas que dicen yerran las
-noventa, y cuando aciertan alguna, es por yerro. Válense de mujercillas
-que les vienen á preguntar, como gitanas, la buena ventura, y al fin
-es gente ridícula, que acaban tan miserablemente como los alquimistas,
-porque quieren dar alcance á los secretos que Dios tiene reservados
-para sí. En estas conversaciones y otras semejantes llegamos á
-Bufalora, pueblo del Estado de Milan, donde los ginebreses se apartaron
-y yo proseguí mi viaje.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO V.
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-Vuelto á Milan, como aquella república es tan abundante de todas
-las cosas, eslo tambien de hombres muy doctos en las buenas letras
-y en el ejercicio de la música, en que era muy sabio don Antonio de
-Londoño, presidente de aquel magistrado, en cuya casa habia siempre
-junta de excelentísimos músicos, como de voces y habilidades, donde se
-hacia mencion de todos los hombres eminentes en la facultad. Tañíanse
-vihuelas de arco con grande destreza, tecla, arpa, vihuela de mano, por
-excelentísimos hombres en todos los instrumentos. Movíanse cuestiones
-acerca del uso de esta ciencia, pero no se ponia en el extremo que
-estos dias se ha puesto en casa del maestro Clavijo, donde ha habido
-juntas de lo más granado y purificado de este divino aunque mal
-premiado ejercicio. Juntábanse en el jardin de su casa el licenciado
-Gaspar de Torres, que en la verdad de herir la cuerda con aire y
-ciencia, acompañando la vihuela con gallardísimos pasajes de voz y
-garganta, llegó al extremo que se puede llegar. Y otros muchos sugetos
-muy dignos de hacer mencion de ellos. Pero llegado á oir al mismo
-maestro Clavijo en la tecla, á su hija doña Bernardina en el arpa, y á
-Lúcas de Matos en la vihuela de siete órdenes, imitándose los unos á
-los otros con gravísimos y no usados movimientos, es lo mejor que yo he
-oido en mi vida. Pero la niña, que ahora es monja en Santo Domingo el
-Real, es mónstruo de naturaleza en la tecla y arpa. Mas volviendo á lo
-dicho, un dia acabando de cantar y tañer, y quedando todos suspensos,
-preguntó uno, que cómo la música no hacia ahora el mismo efecto que
-solia hacer antiguamente, suspendiendo los ánimos, y convirtiéndolos á
-transformarse en los mismos conceptos que iban cantando, como fué lo
-de Alejandro Magno, que estándole cantando las guerras de Troya, con
-grande ímpetu se levantó, y puso mano á su espada, echando cuchilladas
-al aire, como si se hallara en ella presente. Dije yo á esto: Lo mismo
-se puede hacer ahora y se hace. Replicóme, diciendo: Que despues que
-se perdió el género enarmónico no se podia hacer. Dije yo: Con el
-género enarmónico me parece que era imposible hacerse, porque como la
-excelencia de ese género consiste en la division de semitonos y diesis,
-no puede la voz humana obedecer á tantos semitonos y diesis como aquel
-género tiene. Y así aquel príncipe de la música, el abad Salinas, que
-lo resucitó solamente, lo dejó en un instrumento de tecla, pareciéndole
-que la voz humana con gran trabajo y dificultad podia obedecerlo. Yo le
-ví tañer el instrumento de tecla que dejó en Salamanca, en que hacia
-milagros con las manos, pero no le ví reducirlo á que voces humanas lo
-ejecutasen, habiendo en el coro de Salamanca en aquel tiempo grandes
-cantores de voces y habilidad, y siendo maestro aquel gran compositor
-Juan Navarro. Y que se pueda hacer y se hace con el género diatónico
-y cromático, como haya las mismas circunstancias y requisitos que el
-caso quiere, sucederá cada dia lo mismo. Y en las sonatas españolas,
-que tan divino aire y novedad tienen, se ve cada dia ese milagro. Los
-requisitos son que la letra tenga conceptos excelentes y muy agudos,
-como el lenguaje de la misma casta. Lo segundo, que la música sea tan
-hija de los mismos conceptos, que los vaya desentrañando. Lo tercero
-es, que quien la canta tenga espíritu y disposicion, aire y gallardía
-para ejecutarlo. Lo cuarto, que el que la oye tenga el ánimo y gusto
-dispuesto para aquella materia. Que de esta manera hará la música
-milagros. Yo soy testigo que estando cantando dos músicos con grande
-excelencia una noche una cancion que dice:
-
- Rompe las venas del ardiente pecho,
-
-fué tanta la pasion y accidente que le dió á un caballero que los
-habia llevado á cantar, que estando la señora á la ventana, y muy de
-secreto, sacó la daga y dijo: Veis aquí el instrumento, rompedme el
-pecho y las entrañas; quedando admirados músicos y autor de la letra y
-sonata, porque concurrieron allí todos los requisitos necesarios para
-hacer aquel efecto. No les pareció mal á los presentes, porque todos
-eran doctísimos en la facultad. En estos y otros ejercicios se pasaba
-la vida entre poetas de poesía, y entre soldados de armas, donde se
-ejercitaba no solamente la pica y arcabuz, sino tambien el juego de la
-espada y daga, broquel y rodela, que habia valerosos hombres diestros y
-animosos, donde se hacia mucha mencion de Carranza, aunque hubo quien
-daba la ventaja á don Luis Pacheco de Narvaez. Porque en la verdadera
-filosofía y matemática de este arte, y en la demostracion para la
-ejecucion de las heridas, excede á los pasados y presentes. En estos
-y otros ejercicios loables se pasa la vida en Lombardía, aunque yo
-traia siempre tan quebrada la salud, por causa de las muchas humedades,
-que determiné volverme á España despues de haber visto á Venecia, y
-hubo buena ocasion, porque entonces iba la infantería y caballería
-del Estado de Milan á recibir á la señora Emperatriz á tierra de
-los venecianos, para traerla á embarcar á Génova. Salió aquella
-gallardísima gente del Estado hasta llegar á Crema, donde recibieron
-á la Cesárea Magestad como á tan gran señora se debia. En llegando
-allí para proseguir mi intento, pasé de la otra parte del rio en la
-cabalgadura que hasta allí habia traido de balde, diciéndole al mozo
-de mulas que yo le pagaria el resto del camino hasta llegar á Venecia;
-pero él lo hizo tan bien, que en la primera posada me dejó plantado
-sin hablar palabra, que era un pueblecillo pequeño, donde no hallé
-cabalgadura, ni aun persona que me respondiese palabra buena, por ser
-español, y por ir en traje de soldado: de manera que ni la humildad, ni
-el término apacible, ni la paciencia, me aprovecharon para dejar de ir
-á pié y sin compañía, por tierra no conocida, y madrastra de españoles.
-Iba caminando por unos llanos, y aun de mala gana me decian si erraba
-el camino. Y habiendo andado todo el dia bien desconsolado, sin saber
-dónde habia de ir á parar, ya que se ponia el sol, ví venir atravesando
-el camino un caballero con un halcon en la mano, y como me vió, paróse
-en el camino hasta que pudiese emparejar con él, que estuve buen rato,
-porque iba despeado, tanto como triste y afligido. En llegando á él,
-mostrando alguna compasion, me preguntó si era soldado, respondíle que
-sí, y díjome que estaba lejos de allí el alojamiento donde yo podia
-llegar aquella noche; que le siguiese hasta una casería suya, donde
-me albergaria hasta la mañana. Seguíle, aunque con alguna sospecha,
-pero acordándome que la gente principal siempre es acompañada de buen
-término, verdad y misericordia, quitóseme el recelo que podia tener con
-otra compañía.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO VI.
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-Entramos por unos jardines muy grandes que estaban cerca de su casería,
-aunque mal cultivados y llenos de yerba que la misma naturaleza
-criaba acaso, llegamos á la casería, donde salieron á recibirle unos
-criados llenos de silencio y melancolía. Entramos en una casa, aunque
-de grande edificio, muy desordenada de cosa que pudiese dar gusto,
-sino con unas colgaduras negras y viejas, los sirvientes mustios,
-mudos y callados, y todo lo de la casa lleno de luto y tristeza. Yo
-estaba suspenso y embelesado de ver un aplauso tan lleno de horror
-y desconsuelo, y no seguro, sino sospechoso de algun daño mio. El
-caballero tenia un semblante de hombre que traia quebradas las alas
-del corazon, y no mandaba cosa á los criados de palabra, sino con solo
-el semblante, aunque furioso, macilento. Llamóme á cenar, de que yo
-tenia muy gentil gana; como dije, estaba algo sospechoso, por mi poca
-suerte, de alguna novedad. Cené con tanto silencio como el caballero
-que estaba frontero de mí, que nunca más bien me supo el callar,
-porque saqué el vientre de mal año á costa de la suspension con que
-el caballero cenó. Yo no osaba preguntarle cosa, porque el verdadero
-camino para conservarse los hombres es transformarse en el humor de
-aquellos con quien tratan, y como no podemos saber los secretos del
-corazon ageno, habemos de aguardar á que por alguna parte rompa el
-silencio; que es yerro escudriñar las cosas de que no nos dan parte,
-especialmente con personas poderosas, cuya voluntad se gobierna con
-el poder y el apetito. Al fin acabada la cena, y echados de allí los
-criados, con una voz baja, que parecia salirle de las entrañas, me
-dijo de esta manera: ¡Dichosos aquellos que nacen sin obligaciones,
-porque pasarán con suerte mala ó buena, sin darles cuidado mirar por
-las agenas y desvelarse en pensar qué dirán de la suya! El pobre
-soldado en cumpliendo con hacer lo que le toca se va á descansar á su
-lecho. El oficial y todos los demás de este género en habiendo acabado
-su ministerio hallan descanso en la ociosidad. Mas ¡ay de aquel que
-mirado de muchos ojos, respetado de muchas gentes, rendido al parecer
-de muchos juicios, sujeto al murmurar de muchas lenguas, no puede
-acudir á la sombra de sus obligaciones! Yo he querido, señor soldado,
-descansar con vos en daros parte de mis lamentables desdichas, no
-porque me faltara con quien descansar, sino porque las desventuras
-no se han de comunicar con testigos tan cercanos que cada dia puedan
-renovarlas. Que hace mal pecho y cria mala intencion representarse á
-los ojos el testigo de los daños propios. Y asegúroos que ninguno de
-estos sirvientes sabe la causa de mis infelicidades, que aunque los
-veis andar tan amedrentados, no saben más de lo que leen en el sobre
-escrito de mi rostro. Yo soy un caballero que tengo algunos vasallos
-y hacienda para poder pasar y vivir con descanso, si la hacienda lo
-puede dar, con las obligaciones que trae consigo: nací inclinado, no
-á las córtes ni bullicio popular, que culpa la vida y entretiene el
-tiempo, sino á la soledad, usando ejercicios del campo, como es la
-agricultura, huertas y jardines, pesca y caza de montería y volatería,
-en que he gastado algunos años y toda mi renta con mucho gusto, y
-algunas buenas obras usadas con caminantes. Pasé mucha parte de mi
-juventud sin matrimonio, teniéndolo por pesada carga y ocupacion
-excesiva para la ejecucion de mis ejercicios; pero como las mudanzas en
-el mundo son forzosas, y el cielo tiene dispuestas nuestras vidas con
-diversos accidentes, de bien en mal, y de mal en peor, ó al contrario;
-sucedió un dia que yendo á caza con un halcon en una mano y un corazon
-en otra para cebarlo, me arrebataron el mio de improviso, dejándome en
-él una idea que ni se ha borrado, ni se borrará para siempre jamás. Fué
-de esta manera, que pasando á la vista de Crema salió por un callejon
-de unas huertas uno de los más bellos rostros, y de mayor magestad que
-en persona mortal jamás se ha visto: quise seguirla, y al mismo punto
-se tornó á encerrar en las huertas. Yo admirado de tan extraordinaria y
-no vista belleza, informéme con gran cuidado de su estado, nacimiento y
-bondad, y despues de averiguado todo, hallé que era doncella honesta,
-hija de muy humildes padres. Parecióme que no seria dificultoso el
-rendirla á fuerza de presentes, promesas y dádivas, que suelen rendir á
-las peñas más encumbradas. Visitéla por medio de algunas señoras, que
-no rehusan de usar de este ministerio para acudir á hacer amistades á
-quien las obliga con regalos. Íbanse en una carroza en achaque de ver
-las huertas, y con darle muchas baterías, nunca pudieron darle asalto á
-la fuerza de su honesta castidad. Vine á extremo que no pudiendo sufrir
-la violencia de mi estrella me fuí en la carroza con las dueñas,
-en su mismo traje, que en las barbas, habia poca diferencia de mí á
-ellas, por ser mozo y lampiño, y fué para acabarme de matar. Porque
-en viéndome en la compañía de ellas y cerca de su persona, de nuevo
-me abrasé con el encanto de sus dulcísimas palabras, pronunciadas en
-mi favor, en que dijo: Quien trae tal dueña consigo, tan apacible y
-hermosa, otras fuerzas sabrán conquistar de más excelencia que esta
-triste y humilde sabandija. Estas palabras, y ver en aquel pobre
-traje tanta limpieza y aseo, tanta gallardía acompañada de vergonzosa
-gravedad, con esta tan honrada resistencia, con otras mil cosas que
-en ella resplandecian, me forzaron á acudir al último remedio, que
-fué pedirla para mi esposa, y para atajar discursos de historia tan
-lamentable, recibíla por mi mujer, y recogíme con ella á esta casería,
-donde viví con ella con tanto amor y gusto de su parte y de la mia, que
-no sufria una hora de division.
-
-El dia que iba á cazar, á la vuelta la hallaba llorosa, y con unas
-ansias y desconsuelos que me regalaba el alma, y me obligaban de nuevo
-á quererla como cosa divina: seis años que pasé en este gusto, bien
-pudieran ser envidiados de todos los pasados y presentes; que fueron
-tales, que solo un desagradecimiento de un pecho bajo y mal nacido
-pudiera atajar tan bien fundados principios. Estaba cerca de aquí un
-hombrecico, aunque sin calidad, de buenas partes, no consumadas, sino
-apuntadas, porque sabia un poco de música, y otro poco de poesía:
-preciábase de ser hombre de hecho, y en el pueblo donde vivia no
-era estimado, ni hacian caso de su persona. Trújele para guarda de
-la mia, y para comunicacion de algunos ratos desocupados en que me
-hacia compañía. Adornéle de vestidos, dábale mi mesa, era el segundo
-poseedor de mi hacienda, y en resolucion levantéle del polvo de la
-tierra á ser hombre principal, igual con mi persona: antes y despues
-de descansado, siempre que yo iba á caza iba en un rocin conmigo, y si
-se cansaba, tornábase á la casería; esto era despues de cansado, en el
-cual tiempo él tenia lugar de hablar con mi esposa, de que yo jamás
-tuve sospecha, porque él era un hombre pequeño de cuerpo, falto de
-facciones, dientes anchos, manos gruesas, falto de virtudes morales,
-inclinado á la detraccion y cizaña; aunque despues no le dejaba
-volverse de la caza hasta que yo tornase, más por cumplir con el mundo
-que por mala satisfaccion que de él tuviese. Despues de esta privacion,
-aparecíase todas las noches que yo venia una fantasma en los jardines
-que alborotaba los perros y espantaba á los criados. Yo, aunque venia
-cansado, levantábame á mirar todos los rincones de los jardines antes
-de volver á mi cama, por si topaba la fantasma. Y en saliendo de mi
-cama, mi esposa se encerraba por de dentro. Duró esta fantasma muchos
-dias y algunos meses, pero notaba que los pocos dias que me dejaba
-en la caza no habia fantasma á la noche, ni yo podia imaginar dónde
-se recogia, hasta que una noche, habiendo venido de cazar, le dije
-á un criado que se estuviese á la puerta del jardin, y tuviese gran
-cuenta con aquella vision. Encerréme en mi aposento con mi esposa,
-esperando si tornaba como las demás noches, cuando comenzaron los
-perros á hacerse pedazos ladrando, porque la fantasma era tan grande
-que llegaba á la ventana y tejados: levantéme con toda la priesa que
-pude, y encontrando al criado que habia dejado á la puerta del jardin,
-me dijo: No se canse vuesa merced, que la fantasma es Cornelio, su gran
-privado, que hace este embeleco porque mientras vuesa merced sale, él
-está con mi señora haciendo traicion á vuesa merced; el cómo, y por
-dónde entra yo no lo sé, si no es que algun demonio le ayude; pero sé
-que es verdad, y há muchos dias que pasa. Fué tan encendido el furor
-que se me esparció por las entrañas, que arrebatándole por el cuello
-del jubon le dí de puñaladas, diciéndole: Porque no lo digais á otro,
-y porque á mí me lo decís despues de hecho; echéle en una bodeguilla,
-y cerré la puerta con la llave maestra de la casa y del jardin, y
-sosegándome contra mi condicion, abrasado el pecho y las entrañas de
-celos y deshonra fuíme paso entre paso para llegar más quieto: llamé á
-la puerta donde estaba mi esposa, y mostrando mucho temor, preguntó si
-era yo la fantasma; al fin en conociéndome abrió la puerta, y viéndome
-mudado el color, que por más que disimulé me lo conoció, me dijo: Señor
-mio, ¿qué mudanza de rostro es esa? Maldiga Dios la fantasma y quien
-la inventó, que tan inquieto os trae y me trae. Disimulé lo mejor que
-pude, diciendo que era nada, y acostándome en mi cama, ella con sus
-acostumbradas caricias procuró aquietarme, con que yo puse en duda su
-daño y el mio. Dormí poco y mal con la batalla sangrienta que traia
-en mi pecho. Levantéme en siendo de dia, llamé los criados de caza,
-y á Cornelio, con el mejor semblante que pude; fuimos al campo, y en
-todo el dia no hallé cosa de volatería para las aves, ni caza para los
-perros. Túvelo por mal agüero, y allá á la tarde el traidor de Cornelio
-fingióse malo, por tornarse á la casería; enviéle, y mandéle que dijese
-á mi esposa que tenia una garza echada tres leguas de allí, y no podia
-aquella noche irla á acompañar; pero que en amaneciendo habia de dar
-sobre la garza. Él fué muy contento con este recado, y yo quedé con
-una grande máquina de pensamientos sobre la determinacion que habia de
-tomar.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO VII.
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-Siendo ya bien tarde, que queria anochecer, envié los criados á parar
-la garza, y siendo de noche, víneme con todo el silencio que pude á
-la casería, y entrando por una puerta falsa del jardin con la llave
-maestra, fuíme derecho al aposento de Cornelio, y abriéndolo, no lo
-hallé dentro, sino el aposento con luz encendida. Tomé la luz, y fuí
-por una sala que estaba pegada á su aposento, buscándole si parecia por
-allí: anduve toda la sala, y fuí al remate de ella, que iba á dar á
-otra sala baja en cuyo alto estaba la estancia mia y de mi esposa: ví
-una escalera arrimada á la pared que llegaba hasta mi estancia, y en
-el remate de la escalera abierto un boqueron por donde cabia un hombre
-muy bien, que estaba tapado con un lienzo del Ticiano, del adulterio
-de Venus y Marte. Hasta entonces no habia creido mi daño. Aparté la
-escalera de allí con intencion que no tuviese por donde bajar, y como
-un trueno acudí á mi estancia, y llamando para cogerlos descuidados,
-mi esposa me vino á abrir la puerta, y él fué muy de priesa á poner
-los piés en la escalera, y poniéndolos en el aire, dió con su persona
-abajo, quebrándose ambas piernas por las rodillas. Torné á cerrar la
-puerta de mi estancia, y fuí á recibir al caido, que iba arrastrando
-con las manos como toro español desjarretadas las piernas, y díjele:
-Ah traidor, ingrato á los bienes recibidos, este es el pago que llevan
-los falsos desconocidos; y arrimándolo á un madero de la escalera,
-despues de haberle dado muchas puñaladas, le dí garrote, y con la misma
-furia subiendo á dar de puñaladas á mi esposa, se me cayó la daga de
-las manos, y todas cuantas veces intenté hacerlo me hallé incapaz de
-mover el brazo para herir aquel cuerpo que tan superior habia sido
-á mis fuerzas. Al fin bajéla abajo, y poniéndola junto á su amante,
-ya que no pude hacerla otro daño, maniatéla de piés y manos, y á él
-saquéle el corazon, y púselo entre los dos para que ella viese todos
-los dias el corazon donde tan á su gusto habia vivido. Y al otro criado
-muerto lo traje arrastrando, y le dije: Veis aquí el testigo de vuestro
-delito. Torné á quererla matar, y se me tornaron á desjarretar los
-brazos, y al fin determiné de matarla con hambre y sed, dándole cada
-dia media libra de pan, y muy poca agua. Hoy hace quince dias que no
-ha visto luz, ni oido palabra de mi boca, ni ella me la ha hablado,
-con darle yo esa miseria con mis propias manos. Y á mí no me parecen
-quince dias, sino quince mil años, y en cada dia he pasado quince mil
-muertes. Este es el miserable estado en que me hallo, desamparado de
-todo aquello que me puede dar consuelo, y tan rematado, que quisiera
-que Dios me hubiera hecho un hombre desechado del mundo, desnudo de
-obligaciones, para irme donde jamás hubiesen habitado gentes. Y pues os
-he hecho y dado parte de lo que nadie sabrá de mi boca, tambien quiero
-que veais por vuestros ojos lo que tiene tan sin luz á los mios, y tan
-sin esperanza de volverla á ver. Y tomando una vela con un candelero
-me dijo que le siguiese, y pasando por un pedazo de jardin, abrió la
-puerta donde estaban encerradas todas sus desdichas. Representóseme
-luego uno de los más horrendos espectáculos que los ojos humanos han
-visto. Un hombre arrastrado con muchas puñaladas en el cuerpo, otro
-despedazado, por el costado abierto, y el corazon puesto en un escalon,
-junto á uno de los más bellos rostros que naturaleza ha criado. Y para
-mayor ocasion de dolor sucedió, que en abriendo la puerta se entraron
-tras él algunos perros, que en viendo á la desdichada de su esposa
-llegaron á lamerle las manos y rostro, y hacerle tantas caricias que
-á mí se me enternecieron los ojos y al marido las entrañas y el alma.
-Viendo la ocasion de su terneza, le dije: Señor, yo no os he hablado
-palabra, ni replicado cosa que me habeis dicho, por no haber visto
-en vuestra pasion puerta abierta, ni por haberme vos dado licencia.
-Pues ahora, dijo el caballero, os la doy para que digais todo cuanto
-os pareciere. Y desechado todo el temor por su terneza, le dije estas
-palabras: Vos, señor, me habeis confesado que la primera idea que
-se os entró en el alma del amor de vuestra esposa, ni se ha borrado
-ni se borrará para siempre jamás. Tambien me habeis dicho que este
-negocio, falso ó verdadero, nadie lo ha sabido sino estos dos que ya
-no pueden publicarlo, y la honra ó infamia de los hombres no consiste
-en lo que ellos saben de sí propios, sino en lo que el vulgo sabe y
-dice; porque si lo que los hombres saben de sí mismos entendiesen que
-lo sabe el mundo como ellos lo saben, muchos ó todos se irian adonde
-gentes no los viesen. Vos habeis atajado con la muerte de estos lo
-que se podria decir. Teneis á vuestra esposa viva, y quizás sin culpa,
-pues en cuantas veces la habeis querido matar no habeis podido. No os
-digo más sino que mireis la terneza que han causado las caricias y
-blandura que estos perros están usando con ella. Antes que el marido
-respondiese palabra, ella alentándose, y sacando una voz cansada del
-profundo pecho, como si saliera de algun sepulcro, dijo: Señor soldado,
-no gasteis palabras en vano, porque ni yo estoy para vivir, ni por
-cuanto cubre el sol querria tornar á ver su luz. Pero por si alguna vez
-espantado de tan horrible caso os viniere á la memoria el referirlo,
-sepais la verdad, porque ni condeneis la crueldad de mi esposo, ni
-divulgueis la infamia que yo merezco. Estos dos hombres han merecido
-justamente las muertes recibidas. Aquel arrastrado, porque dijo lo que
-no vió, ni pudo ver. Y este despedazado no por lo que hizo, sino por
-lo que intentó hacer como traidor, desagradecido al mucho bien que mi
-esposo y señor le habia hecho, que procedió con tantas diligencias
-que yo entendí que tenia pacto con algun demonio, porque le veia en
-mi propia estancia sin saber por dónde habia entrado, mas de que lo
-ví salir por debajo de una tabla de pintura, y preguntándole qué
-queria, me respondia: que venia á entretenerme por la ausencia de mi
-esposo y señor. Yo no le dije palabra mala por sus pretensiones: lo
-uno, porque yo jamás la he dicho á nadie; lo otro, porque despues que
-vió mi entereza no dijo más palabra deshonesta. Y, si me culpare mi
-esposo y señor porque no le avisé de ello, diré que aun viéndole con
-enojos muy livianos me despulsaba hasta verle fuera de ellos, cuanto
-más decirle una cosa que tan al alma le habia de llegar, y no tenia
-reino, ni imperio el mundo por quien yo manchase mi honra y el lecho de
-mi esposo y señor: y por la piedad que en vos he conocido, y por la
-verdad que os he dicho, os suplico que le rogueis que no me alargue la
-vida, sino que me abrevie la muerte, para que vaya presto á presentar
-este martirio en la presencia de Dios.
-
-Desde el punto que comenzó á hablar la desdichada, tanto como hermosa,
-fueron tantas las lágrimas que derramó el marido, que viendo la
-ocasion, le dije: ¿Qué os parece de esto, señor caballero? Á lo cual
-sollozando me respondió: Que de la misma manera que os dí licencia
-para hablar, os la doy para que hagais lo que os pareciere que me
-está bien. Al punto cogí mi daga y corté las ligaduras de aquellos
-hermosos, aunque debilitados miembros, que lo estaban tanto, que sin
-poder tenerse, se cayó sobre mi pecho, y despues se asentó en el suelo,
-como á descansar del gran martirio que habia pasado. El marido se
-arrojó de rodillas ante ella, y besándole las manos y piés le dijo:
-Esposa y señora mia, pues no tengo que perdonaros, os pido perdon con
-toda humildad del mundo. No pudo responder, porque con el descanso le
-dió un desmayo, tal que yo entendí que quedaba muerta, y levantándose
-el marido con mucha priesa, trujo muchas cosas confortativas, con que
-la que habia quedado como azucena volvió en un instante á estar como
-una rosa, que abriendo unos suavísimos ojos zarcos y verdes, dijo al
-marido: ¿Por qué, señor mio, me habeis querido tornar á esta desdichada
-vida? Porque no se acabase la mia, respondió él; y cogiéndola entre los
-dos la llevamos á su estancia, donde fueron tan grandes los regalos y
-beneficios que se le hicieron, que al fin la reservaron de la muerte.
-De todo esto que aquella noche pasó, ningun criado fué testigo. Á la
-mañana le pedí licencia para irme, para seguir mi viaje; no me dejó
-ir en veinte dias, que lo hube bien menester para el cansancio del
-camino, y para el horror que habia concebido de tan triste historia
-y espantoso espectáculo. Que de arrebatarse de su pasion, sin hacer
-reflexion en considerar si pudiera ser falso, hizo aquellos homicidios,
-y llevaba camino de acabar con la inocente é inculpable mujer, con
-que viviera inquietísimo, si viviera, y ella quedára infamada de
-lo que no habia cometido; que el caballero se engañase con tantas
-apariencias de verdad, lastimado de la honra y de los celos, raíz de
-tantos y tan exorbitantes males, no es maravilla; pero que sea tanta
-la insistencia ó pertinacia de un pecho doblado y lleno de cautelas,
-que por llevar su intencion al cabo, lo que habia de gastar con
-inquietud, lo gaste en estratagema, trazas y bullicios, en ofender
-la honra agena, y poner en peligro su vida, cosa es que espanta, que
-parecen estos hombres cautelosos hechos de diferente masa que los
-otros. Mas parece que anduvo muy arrebatado en dar puñaladas al que le
-dió la nueva, y que pudiera con aquella revelacion averiguar la verdad
-sin precipitarse. Mas la misma naturaleza, que la razon, le llevó á
-hacer aquel castigo justo por muchas causas. La primera y principal,
-porque es maldad de perversa intencion, y entendimiento corrupto, y de
-conciencia derramada, decir un hombre las faltas agenas de que no ha
-sido testigo. Lo otro, porque dar malas nuevas á nadie de lo que le
-ha de pesar, parece que es tener gusto de los males del amigo á quien
-lo dice. Lo tercero, porque chismosos y congraciadores con su cizaña
-tienen destruida la mitad del mundo. Hay tambien que notar aquí el gran
-sufrimiento de aquella tan hermosa como agraviada mujer, que cuantos
-golpes le dió la fortuna, viéndose ya á la puerta de la muerte, ni
-perdió la paciencia á sus desdichas, ni el respeto á su marido. Ojalá
-todas supiesen cuánto les importa saber tenerla para conservar la paz
-de su casa y el amor de sus maridos; que les parece que es menos honra
-no dar tantas voces como ellos siendo más poderosos. Yo habia quedado
-tan escandalizado y sin gusto de lo que habia oido y visto, que aunque
-me rogaron encarecidísimamente que me quedase allí por toda la vida, ó
-por algun tiempo, no pudo acabarse conmigo; pero neguéselo dándoles á
-entender que iba muy contento de la obligacion en que me habia echado,
-loando mucho al caballero el valor que habia mostrado en reparar su
-honra, y á ella la entereza y conservacion de su reputacion. Dentro de
-los dias que allí estuve eché de ver la razon que tenia el marido de
-estar muy enamorado de aquel apacible y divino semblante, tan lleno
-de gravedad honesta, que cierto en la hermosura del rostro, gallardía
-del cuerpo, mansedumbre de condicion y suavidad de costumbres, era
-un retrato de doña Antonia de Calatayud. Yo para asegurarme del todo
-del temor que pudiera haber concebido, y dejarlos gustosos, les dí
-palabra de volver á su servicio, ó á su casa en acabando mis negocios
-en Venecia, y con esta condicion me dejaron ir, que como yo tenia
-algun temor de algun daño de su parte, ellos lo tenian de mí porque
-no revelase lo que habia visto; que todo este artificio han menester
-los que son testigos de daños agenos, y no les ha de parecer que son
-señores de las personas cuyos secretos saben. Que se ven grandes daños
-y se han visto en esta máquina sobre las personas que han revelado
-secretos. Al fin yo me despedí de ellos con mucho beneplácito suyo, y
-regalo que me hicieron. Cogí mi camino encomendándome á Dios, espantado
-de tan nuevo suceso, y lleno de tantas desdichas; pero muy contento de
-verme libre de tan intrincado laberinto, y loando mucho en mí la honra
-y estimacion de las mujeres italianas principales, y el recato con que
-se guardan y las guardan. Habíame apartado ya cosa de una milla de los
-jardines, volviendo atrás muchas veces la cabeza hasta que los perdí
-de vista, que me pareció que estaba ya cien leguas de ellos; cuando ví
-venir dos hombres á caballo á toda priesa hácia mí; miré si en todo
-aquel llano habia alguna poblacion ó casa adonde recogerme y ampararme,
-y víme tan solo, que no pude tener recurso para huir, porque yo entendí
-realmente que ellos se habian arrepentido en dejarme venir, habiendo
-sido testigo de todo lo pasado. Yo comencé á llamar á Dios en mi favor,
-porque cuanto más andaban los caballos más crecia mi temor. Al fin ya
-que llegaron cerca de mí, parecióme esperar su determinacion. Llegaron
-con el peor término del mundo, y dijeron: Téngase, señor soldado. Yo
-respondí: Tenido soy para lo que vuesas mercedes mandaren.
-
-Eran dos hombres con dos escopetas, y unos cuchillazos de monte con que
-desollaban los animales; las caras tostadas, las palabras desapacibles,
-como dichas á español que iba solo, y á pié. Porque preguntándoles qué
-era lo que mandaban, respondieron con el peor modo del mundo: No le
-mandamos nada, que atrás viene quien se lo mandará; con que me hicieron
-temblar y confirmar mi temor. Pero señores, les dije, ¿qué ofensa hice
-yo al señor Aurelio, para que de este modo me traten? Él se lo dirá,
-respondieron. Yo dije: Déjenme seguir mi camino, señores. Y dijo el
-uno: Estése quedo, sino arrojaréle dos balas en el cuerpo. Yo eché
-de ver que no se podian llevar por humildad, y hice una cuenta entre
-mí: si estos vienen á matarme poco ha de aprovecharme la humildad,
-porque aquí no hay segundo lance para la disimulacion; y si no vienen
-á matarme, no quiero que me tengan por cobarde. Y así en diciendo
-de las dos balas, poniendo mano á la espada de él, dije: Pues si me
-tirare, aciérteme; sino por vida del rey de España que les tengo de
-desjarretar los caballos, y hacer pedazos las personas. Bravata de
-español, dijo el uno de ellos. En esto llegaba ya el caballero en un
-gentil portante, y como vió la espada desenvainada, preguntando qué
-era, le respondí: No sé yo en qué se puede fundar una cosa tan injusta
-como querer dar la muerte á quien ha querido dar la vida. No entiendo
-ese lenguage, dijo el caballero. Los criados se sangraron en salud,
-diciendo: Señor, como nos enviasteis á detenerlo, que él queria pasar
-adelante, entonces le amenazamos con una pistola, y él á nosotros con
-decir que nos haria pedazos á nosotros y á los caballos. Á lo cual
-respondió el caballero: Yo no os envié á detenerlo para hacerle mal,
-sino para hacerle bien, que no me espanto que á dos hombres que yendo
-á caballo, y bien puestos queriendo tratar mal á un hombre de á pié,
-solo y honrado, se les atreva á eso y á mucho más. Apeaos vos del
-caballo, y dadle esa escopeta al soldado español, y suba en el caballo,
-y acompañadle hasta Venecia; y si os enviare luego, volveos, y sino
-esperadle, y díjome á mí: Señor soldado, la confusion, causada por mis
-trabajos, hizo que me descuidase de mi obligacion, y mi esposa con su
-angélica condicion, enamorada de vuestra piedad y olvidada de mi rigor,
-os envia en esta bolsita cien escudos para vuestro camino, y esta joya
-de su misma persona, que es una cruz de oro, esmeraldas y rubíes; y
-queda con esperanza de tornar á ver quien reparó tanto derramamiento de
-sangre. Arrojéme á sus piés, agradeciéndole tanto bien y honra, y subí
-en mi caballo, llevado por el mozo de mulas que me habia querido matar.
-Llegué á Venecia tan rico, á mi parecer, que la podia comprar toda.
-Díjele á mi mozo de mulas que me llevase á una muy gentil posada, como
-práctico en la ciudad, y entrando en ella, no ví la hora de echarlo de
-mí, porque yo lo traia de tan buena gana conmigo como él venia: reposé
-aquella noche, y á la mañana despedílo.
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-[Ilustración]
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-
-[Ilustración]
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-
-DESCANSO VIII.
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-
-Miré con grande admiracion la grandeza de aquella república, que siendo
-tan rica y de tanta estimacion, que se persuaden á que tienen más razon
-de desvanecerse que todas las naciones del mundo, no lo parecen en el
-trato de sus personas, porque andan tan desautorizados, que quien no
-los conociere, no los estimará en lo que son. Y para la vanidad suya
-pasó un cuento gracioso entre un noble veneciano y un portugués, gente
-idólatra de sí propia, que no estima en nada el resto del mundo; y
-fué, que yendo yo á pasar por una puentecilla pequeña, que llaman del
-Bragadin, me detuve, porque venia un magnífico detrás de mí; túvele
-respeto, porque ellos quieren que se le tengan; y de la otra parte
-de la puente venia un portugués, de razonable talle, mirando hácia
-el horizonte, con unos guantes de nutria en las manos, y unas botas
-arrugadas en las piernas, muy tieso; de suerte, que llegando al medio
-de la puentecilla el magnífico entendió que el portugués le hiciera
-la cortesía que era de razon por estar en su tierra, y el portugués
-queria lo mismo estando en el agua. Sucedió, que llegando al medio de
-la puente ambos con mucha magestad chocaron; y por no caer en el agua,
-el portugués apretó, y el magnífico no osó ladear; cayeron los dos, el
-magnífico de espaldas, que era delgado de piernas, y el portugués de
-pechos, que por poco no dieron ambos en la mar. Levantóse el portugués
-de presto, limpióse el polvo con los guantes de nutria, y el magnífico
-las calzas de lacre, limpiándose las espaldas; y despues de limpios
-paráronse á mirar el uno al otro, y habiéndose estado un rato suspenso,
-dijo el magnífico al portugués: ¿É vu sabi che mi sono veneciano,
-gentil huomo patricio? Y el portugués al mismo tono respondió, ó
-preguntó: ¿É vos sabedes que eu saon portugues fidalgo evorense? El
-veneciano con mucho desprecio le dijo: Ande el bordel, beco cornuto. Y
-el portugués, dando con el pié, le respondió: Tiraivos la, patife. Fué
-cada uno su camino, volviendo el rostro atrás; el magnífico, señalando
-con el dedo al portugués, diciendo con mucha risa: No va il, pazzon. Y
-el portugués al mismo modo, decia: Ollay, ó parvo. De suerte, que yo no
-pude averiguar cuál fué más fantástico y loco de los dos, aunque está
-la presuncion por el portugués, por haberse atrevido en tierra agena, y
-donde tan poco amados son los españoles; que alabando á los venecianos
-su ciudad dicen, que no hay en ella calor ni frio, lodo ni polvo,
-moscas, ni aun mosquitos, pulgas ni piojos, ni aun españoles. Son tan
-estadistas, que para lo que aman y han menester, no hay encarecimiento
-en el mundo de que no usen: y para lo que aborrecen no hay palabras tan
-obscenas de que no se aprovechen.
-
-Llegó un noble de aquellos á comprar un poco de pescado, y con grandes
-caricias y amores le preguntó el pescador, sin conocerlo, cómo estaba
-su mujer é hijos; y á él le dijo que era muy hombre de bien; pero en
-no queriendo darle el pescado al precio que él queria, le dijo que era
-un cornudo, y su mujer una putana, y sus hijos unos bardajes. Ví otras
-cosas allí muy de notar, en razon á la superioridad que les parece que
-pueden tener por su antigüedad y gobierno. Fuíme á mi posada á la hora
-de comer y apenas hube llegado cuando, habiendo comenzado la comida,
-me dijeron que me buscaba una señora principal en una silla, diciendo:
-¿Dónde está aquí un soldado español? Ví que no habia otro sino yo,
-levantéme, y fuí á ver lo que me mandaba; ví salir una mujer de la
-silla, de muy gentil talle y muy hermosa, y no menos bien aderezada,
-que con muy grandes caricias, palabras dulces y regaladas, me dió
-la bien venida, de que yo quedé dudoso y confuso, entendiendo que
-realmente me hablaba por otro, y así le dije: Señora, no me hallo digno
-de tan grande y autorizada visita como esta; suplícoos que advirtais
-bien si soy á quien buscais. Ella respondió con alegre semblante,
-echándome los brazos al cuello: Señor soldado, bien sé á quién busco, y
-á quién he hallado. Yo soy la señora Camila, hermana del señor Aurelio,
-de cuyas manos recibí anoche una carta, en que me manda que os hospede
-y regale, no como segunda persona, sino como á la suya misma, todo el
-tiempo que gustáredes estar en Venecia. Yo respondí: Bien creo que de
-un tan excelente caballero me ha de venir todo el bien del mundo, y
-comenzando por tan gallarda y discreta señora, habrá de suceder todo
-bien. Ea, pues, dijo ella, seguidme, que aunque toda esta mañana no he
-podido dar con vuestra posada dejé mandado en la mia que os tuviesen
-aderezada la comida, como para tal persona. Y rehusándolo yo, por tener
-ya hecho el gasto, dijo: que habia de hacer por fuerza el mandamiento
-de su hermano: y así pagando lo que debia en la hostería me llevó
-consigo, no dudando yo en lo que decia; pero fuí imaginando si acaso
-seria traza de su hermano, para ejecutar en Venecia lo que no habia
-hecho en su casería. Mas ella me llevó con tanta blandura y amor á su
-casa, que se me quitó cualquiera imaginacion y sospecha. Entramos en
-una sala muy bien aderezada, donde hallé puesta la mesa con muchos y
-muy escogidos mantenimientos, en que me entregué tan de buena gana
-como lo habia menester; porque fuera de ser muy á gusto la comida, la
-partia y repartia la señora Camila con aquellas argentadas manos, no
-cesando de encarecer la voluntad y fuerza con que el señor Aurelio,
-su hermano, se lo habia mandado. Despues de haber comido sacó una
-carta firmada de Aurelio, en que decia estas palabras: «Con cuidado
-me dejó un soldado español, huésped mio, cuyas acciones descubrian
-ser hombre principal; no le regalé como quisiera, si bien vuestra
-hermana y mi esposa le envió al camino una bolsilla de ámbar con cien
-escudos, y de su persona una cruz de oro, rubíes y esmeraldas, que no
-pudo más por ahora: buscadle, dándole el hospedaje y regalos que á mi
-propia persona, sin dejarle gastar cosa alguna en todo el tiempo que
-estuviere en Venecia; y si hubiere de volver acá, dadle lo necesario
-para el camino.» Yo, con las señas de la carta, acabé de enterarme en
-creer que era verdad cuanto la señora Camila me decia, y los regalos
-recibidos y los que habia de recibir eran por cuenta de aquel gran
-caballero Aurelio. Díjome luego que trujese mi ropa ó maleta á su casa;
-porque en todo el tiempo que estuviese en Venecia ni habia de comer ni
-dormir fuera de ella, ni gastar sino á su costa. Halléme obligadísimo,
-y díjele, que yo no habia traido maleta, ni otra prenda, sino á mi
-persona gentil; y ella mandó á una criada que me trujese un cofrecillo
-pequeño para dármele. Trújolo, que era labrado con toda la curiosidad
-del mundo: dióme la llave de él, y dijo que echase allí mis papeles
-y los guardase, porque en Venecia habia mucho peligro de ladrones:
-holguéme de ver el cofrecillo, y encerré dentro de él mis papeles y
-dineros, y la joya, que ella se holgó mucho de ver, y le dió mil besos
-por haber sido de su cuñado, á quien ella dijo que queria infinito.
-Eché la llave al cofrecito, y roguéle que lo guardase. Ella dijo, que
-mejor estaria en mi poder, por si queria sacar dineros, aunque no los
-habia menester mientras estuviese en Venecia. Yo le respondí, que para
-haberlos menester ó no, mejor estaban en su poder que en el mio. Y al
-fin porfiando, aunque ella lo escusó, le hice que me le guardase. Á la
-noche me tuvo muy gentil cena, autorizándola con su gallarda presencia,
-que realmente era muy hermosa. Pasé aquella noche muy contento, por
-haber comido á costa de una tan gentil dama.
-
-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO IX.
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-En amaneciendo vino á visitarme, preguntándome cómo me habia hallado,
-y si habia menester alguna cosa la pidiese con libertad, porque ella
-iba á hacer una visita á una gran señora, y que si ella no tornaba
-á comer sus criados y criadas me regalarian. No vino á comer, ni en
-todo el dia pareció. Esperé hasta la noche: tampoco vino. No dejé de
-tener alguna pesadumbre, dando y tomando en si podia por algun camino
-ser traza ó cautela; porque ella me habia dicho que en Venecia no me
-fiase de ninguna mujer, por principal que me pareciese, porque me
-habian de engañar; pero considerando que aquellas señas de aquella
-carta por ningun camino podian saberlas sino del mismo Aurelio, me
-sosegué. Por la mañana, como no me visitó á la hora que el dia antes,
-ni mucho despues, pregunté á una sirvienta de la casa si era levantada
-la señora Camila, y respondióme que no habia tal mujer en aquella casa.
-Repliquéle, y tornóme á responder lo mismo. Pero otro sirviente, que
-debia de estar hablado, acudió, y preguntóme que le queria, qué estaba
-en cierta visita de una señora enferma. Fingí que me sosegaba con eso,
-y preguntándole al otro sirviente á solas si era aquella casa suya,
-me respondió que no sabia más de que habia alquilado aquella sala
-para un gran caballero español. Callé, y fuíme á la primera posada á
-preguntar si conocian aquella señora que me habia venido á buscar, ó
-si sabian dónde vivia, y respondióme uno muy presto: Quien os podrá
-decir su casa mejor que nadie es el que vino aquí con vos, que es con
-quien enviasteis el caballo, porque él venia con ella mostrándole
-vuestro alojamiento; y esa que vos teneis por gran señora es una ramera
-que vive de hacer estafas y engaños. Sin replicar más palabras me
-salí desesperado de verme despojado de mis dineros, joyas y papeles
-con la bellaquería del que habia venido conmigo, que le habia dado
-las señas de lo que traia, por donde fingió la carta que me mostró:
-pero visto que ella misma me habia avisado del engaño que me habia de
-hacer, reportéme, y fuí á ver si podia reparar el daño á la posada
-donde ella me habia llevado. Y preguntándole al mozo que habia vuelto
-por ella si habia venido la señora Camila, me respondió: Señor, aquí
-vino ahora, y como no os halló se tornó á la enferma, pero mirad si
-la quereis algo, que yo la iré á llamar. Quiérola, respondí yo, para
-que me dé unos papeles en que están las señas de mi persona, porque
-tengo aquí una póliza de doscientos escudos que cobrar de un cambio, y
-sin este papel que digo no se pueden cobrar. Dijo el sirviente: Pues
-yo iré en un instante á avisarle de eso. Mientras él iba yo fingí la
-póliza con las señas que en el pasaporte que traia de Milan venian.
-Apenas acabé de escribir la póliza, cuando vino mi señora doña Camila
-desalada, pensando coger los doscientos escudos con todos los demás:
-y es de creer que habria visto ya papel de las señas él, pues estaba
-en su poder, y tendria otra llave del cofrecito. Díjole mi recado, y
-saqué la póliza del seno, y en mostrándosela envió á una criada por el
-cofrecillo; torné de muerto á vivo, y díjele á la señora que me buscase
-un caballero á quien diese poder para cobrar aquella póliza, porque no
-queria que el embajador de España me la viese, porque me conocia. Ella
-me trujo luego un rufianazo suyo, muy bien puesto, diciendo que era un
-caballero muy principal. Díjele que trujese un escribano para darle el
-poder; y la señora Camila, por más favorecerme, dijo que queria que
-fuese de su mano. Fueron por él, y entretanto yo cogí mi cofrecillo,
-y fuí á buscar un barco en que acogerme. Dejélo concertado, y volví á
-la posada, donde hallé á la señora, y al rufo, y al escribano; díles
-el poder y la póliza, y el papel de las señas, con que quedaron muy
-contentos, y yo mucho más: y porque ya era de noche, les supliqué que
-se cobrasen muy de mañana aquellos doscientos escudos, porque queria
-hacer un gran servicio á la señora Camila. Fuí á pagar al escribano, y
-no me lo consintió. Fuéronse, y yo torné á suplicarles que fuese luego
-por la mañana la cobranza con mucho encarecimiento: diéronme la palabra
-que á las ocho estaria cobrado.
-
-Al salir de la calle asoméme, para en saliendo ellos salir tambien
-yo. Volvió el gayan la cabeza, riéndose de la burla que me hacia,
-y como me vieron, torné de nuevo á encomendarles la brevedad de la
-cobranza, de que ellos se rieron mucho, porque como antes le habia
-dado el cofrecillo con sencillez, creyeron que todo fuera así. En
-trasponiendo la calle cogí mi cofrecillo debajo de la capa, y fuíme á
-mi embarcacion; no habia andado treinta pasos cuando me encontró aquel
-sirviente que andaba en favor de la señora Camila, y preguntándome
-que á dónde iba con tal priesa, respondíle que iba á llevar aquel
-cofrecillo á la señora, que se acababa de apartar de mí por aquella
-calle abajo; y señaléle una calle por donde, aunque anduviera toda
-la noche, no toparia con ella. Dijo: Pues yo iré á avisarla de ello,
-vuélvase á la posada. Él fué por su calle, y yo derecho al barco
-que me estaba aguardando, con tan buenos alientos, que amanecimos
-treinta leguas de Venecia, y contando á los pasajeros algo de lo que
-me habia pasado, dieron en quién podia ser por el modo del engaño y
-el artificio de que usó; pero cuando supieron que habia gastado en
-regalarme su dinero, holgaron de saberlo para publicarlo en Venecia.
-No supe si echaria la culpa á mi facilidad en creer, ó la fuerza
-de su engaño en decir, porque aunque es verdad que es dificultoso
-librarse de una cautela engendrada de una verdad clara y evidente, con
-todo eso arguye liviandad el arrojarse luego á creerla; pero es tan
-poderoso el embeleco de una mujer hermosa y bien hablada, que con menos
-circunstancias me pudiera engañar. La facilidad en creer es de pechos
-sencillos, pero sin experiencia, especialmente si la persuasion va
-encaminada á provecho nuestro, que en tal caso fácilmente nos dejamos
-engañar. Yo me ví rematado y perdido, no sintiendo tanto el agravio
-de la persona como la falta del dinero, que tanta me habia de hacer;
-y así no fué el ingenio quien me dió la traza, sino la necesidad, por
-verme pobre y en tierra agena, y que ningun camino lícito y fácil
-podia deshacer mi agravio, sino por otro engaño semejante ó peor. Mas
-Dios me libre de una mentira con tantas apariencias de verdad, que es
-menester ayuda del cielo para conocerla, y no rendirse á darle crédito.
-Aunque mirándolo bien, ¿qué conocimiento, ó qué prendas de amistad ó
-amor habian precedido entre aquella mujer y yo para que tan fácilmente
-gastase conmigo su hacienda, y para que yo me persuadiese á que habia
-sencillez en aquel trato? La resolucion de esto es que yo tengo por
-sospechosos ofrecimientos y caricias de gente no conocida. Y es yerro
-sujetarse á obligaciones cuyo principio no tiene fundamento; y así es
-lo más cierto en semejantes ofrecimientos agradecer sin aceptar, que
-el mayor contrario que un engaño tiene es no rechazarlo con darlo á
-entender, sino en entendiéndolo, echarlo á buena parte, que el trato
-apacible señorea todo lo que quiere. Y dos cosas hallo que grangean
-la voluntad general y encubren las faltas de quien las usa, que son
-cortesía y liberalidad, que ser un hombre pródigo de buenas cortesías
-y palabras amorosas, y no miserable de su hacienda, siempre engendra
-buena sangre y mucho amor en los que le tratan.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO X.
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-Yo no me arrojé tanto á la navegacion por saber qué viaje habia de
-llevar, como por huir de aquella embustera y su traga sangre: y así me
-fué forzoso alargar mi viaje más de lo que convenia para disponer mi
-camino para donde mejor me estuviera. Topéme entre los pasajeros uno
-que dijo que iba huyendo porque le habian levantado un testimonio muy
-pesado, y que habia puesto agua en medio en tanto que ó se averiguaba
-la verdad, ó se deshacia el mal nombre que habia cobrado. Tengo, le
-dije, por yerro notable volver el rostro y dejar las espaldas que
-reciban los agravios y heridas, cuyos golpes han de dejar cardenales
-irreparables. Que en tanto que parece la presencia del agraviado, cada
-uno quiere más poner duda en el caso, que no arrojarse á manchar la
-reputacion ajena. Y para la averiguacion de los delitos, el mayor y más
-evidente testigo es huir el rostro. En poco estima su opinion quien no
-teme las heridas de la lengua ausente. No hay hombre tan ajustado que
-no tenga algun émulo, y por no dar lugar á las asechanzas de este no
-se ha de apartar de su vista, que los mal intencionados de cualquiera
-átomo toman ocasion para emponzoñar las intenciones del mundo, contra
-quien desean ver fuera de él. Con estas y otras cosas que le dije le
-persuadí á que se volviese á Venecia, que me importó algo; porque
-desembarcando en el primer pueblo que vimos, por ir costeando, me hallé
-cerca de Lombardía, de donde yo tomé la derrota de Génova, y él la
-de Venecia, que por el buen consejo dejé de rodear más de doscientas
-leguas que hay por agua desde Venecia á Génova, adonde pensé hallar á
-D. Fernando de Toledo, el tio; pero habiendo pasado adelante, me dí
-aquella noche, aunque borrascosa, tan buena priesa, que le alcancé en
-Saona al tiempo que se queria partir. Fuí recibido alegremente, que lo
-habia muy bien menester por la melancolía que traia conmigo, nacida
-de una perpétua enfermedad de corrimientos, que siempre me han traido
-corrido, á las partes hipocondríacas. Venimos la vuelta de España,
-dejando á la mano derecha la costa del Piamonte y Francia, poco seguro
-entonces por las compañías que andaban de gente perdida, gobernada
-por su antojo y voluntad, fuera de la de su rey. No tomábamos puerto
-para lo necesario sino en las riberas que más cómodas parecian para
-asentar el rancho, dejando á buen recaudo once falúas en que veníamos.
-Comíamos, y buscábamos agua y leña.
-
-Yo habia sacado de Génova una bota de diez azumbres de muy gentil vino
-griego, que me hizo gran compañía y amistad hasta llegar á las pomas
-de Marsella, que son unos montones muy altos y pelados, sin yerba,
-ni cosa verde, estériles de árboles, y de todo lo demás que puede
-dar gusto á la vista. Pues llegando á este paso, porque no fuese sin
-trabajo la jornada, siendo mi falúa la postrera, encalló muy cerca
-de estas pomas, en una que del batidero de las olas tenia hecho un
-poyo ó bancal bien largo. Así como encalló dijo el arraez: Perdidos
-somos. Yo como sabia nadar, y ví cerca donde podia ampararme, quitéme,
-y arrojé una saltambarca que traia, y púseme al cuello como tahalí la
-bota, que ya llevaba poca substancia, y á cuatro ó seis brazas llegué
-al poyo de la poma; entretanto desencalló la falúa, y fuéronse los
-marineros no haciendo más caso de mí que de un atún: y aunque les dí
-voces, ó no las oyeron por el ruido de las olas, ó no las quisieron
-oir por no ir contra su natural costumbre, que es ser impíos, sin amor
-y cortesía, tan fuera de lo que es humanidad como bestias marinas
-agenas de caridad. Yo me hallé perdido y sin esperanza de consuelo,
-sino era de Dios y del ángel bendito de la guarda; considerando qué
-habia de ser de mí sino era que acaso pasaba por allí algun bajel ó
-barco que me socorriera en tan apretada necesidad. Estuve desde las
-ocho de la mañana hasta las dos de la tarde esperando si pasaba quien
-me pudiera socorrer, teniendo confianza que aquel gran caballero se
-habia de compadecer de mi trabajo; pero los marineros fueron tan
-crueles bestias que le dijeron que me habia ahogado. Yo de cuando en
-cuando me alentaba con mi bota, hasta tomar determinacion en lo que
-habia de hacer. Resolvíme de entregarme á la tiranía del mar, bestia
-insaciable y fiera cruel, y para esto desnudéme de un coleto de muy
-gentil cordoban, y con la punta de la daga, y dos docenas de agujetas
-que traigo siempre que camino, cogílo por la delantera, falda, brahones
-y cuello tan estrechamente, que pude hincharlo sin que el viento se
-saliese. Vacié la bota del santo licor que habia quedado, y hinchándola
-muy bien, hizo contrapeso al coleto. Hice la misma diligencia con
-las botas enceradas, que asidas de las ligas, ayudaban tambien á
-sustentar. Descalcéme los valones, porque el agua se habia de colar
-por las faltriqueras, y quedéme con solo el jubon y camisa, porque
-siendo de gamuza no se rendiria tan presto á la humedad. Y puesto de
-esta manera, y acordándome que los caminos guiados por Dios son los
-acertados, le dije de esta manera: Inmenso Dios, principio, medio y
-fin sin fin de todas las cosas visibles é invisibles, en cuya magestad
-viven y se conservan los ángeles y los hombres, universal fabricador
-de cielos y elementos, á tí que tantas maravillas has usado en este
-con tus criaturas, y que al bienaventurado Raymundo, estribando en
-solo su manto, por tantas leguas de agua guiaste á salvamento, y en
-este mismo lugar á los marineros que se iban tragando las indomables
-olas, con solo un ruego de tu siervo Francisco de Paula, aquietándolas,
-libraste de la muerte que ya tenian tragada: por el nacimiento, muerte
-y resurreccion de tu sacrificado Hijo, Redentor nuestro, te suplico que
-no permitas que yo muera fuera de mi elemento. Y luego dije al santo
-ángel de mi guarda: Ángel mio, á quien Dios puso para guarda de este
-cuerpo y alma, suplícote por el que te crió y me crió, que me guies y
-ampares en este trabajo. Y dichas estas palabras, y asido muy bien de
-mi barco, me arrojé con muy gentil brazo sobre el coleto y la bota,
-comenzando á usar de mis cuatro remos valerosísimamente, no de manera
-que me cansase, porque como llevaba el barco de viento, iba braceando
-poco á poco de modo que no se rindiese la fuerza al cansancio. No osaba
-imaginar en la profundidad de agua que llevaba debajo de mí, por no
-desalentarme, ni osaba pararme, porque bien sabia yo que mientras el
-cuerpo hace movimiento no le acometen los hambrientos animales marinos:
-y si alguna vez sentia flaqueza en los remos, tendíalos sobre el agua:
-fiando lo demás del barco, que alguna vez me consolaba con la fragancia
-que salia de la bota, que iba muy cerca de las narices: comenzaba
-á rezar, pero dejábalo, porque me faltaba la respiracion, que para
-semejante conflicto es muy necesaria. Anduve una hora, ya descansando,
-ya navegando, hasta que comenzó á refrescar un viento que venia de
-África, y me traia hácia la tierra, que me era forzoso resistirlo,
-porque no diese conmigo en una poma de las que tengo dichas, y me
-hiciese pedazos. Pero estando en este último peligro descubrí una
-caleta, con que respiré con nuevo aliento, y caminando ó navegando
-hácia ella, el mismo viento meridional me ayudó milagrosamente. Ya que
-llegaba tan cerca que descubrí muy bien toda la caleta, ví á la orilla
-de ella un hombre merendando, que me dió nueva fuerza con verle, y que
-comia. Pero de la misma manera que yo me alegré y esforcé con verle,
-él se espantó de mí, entendiendo que fuese alguna ballena ó mónstruo
-marino. Vino una ola tan grande, que me llevó tan cerca de la caleta
-que hice pié, y al mismo punto el hombre espantado echó á huir á la
-tierra adentro. Y un lebrel que con él estaba saltó al agua contra
-mí, y lo pasara mal si no fuera por la daga, que siempre me acompañó,
-porque picándole con ella saltó en tierra, y fuése huyendo tras su
-amo. En las caletas siempre está sosegada el agua, y como yo hacia
-pié salí á tierra, hinqué las rodillas ambas en ella, dando gracias
-á la primera causa: pero puestos los ojos en la merienda que el otro
-habia dejado, miréme con mi bota y coleto, cosidos con el jubon y las
-botas enceradas, que tambien hacian su figura, y no me espanté que me
-tuviera por cosa mala. Arremetí con un pedazo de pan y otro de queso,
-que habia dejado con un jarro de vino, y sacando el vientre de mal año,
-juraré que en mi vida comí cosa que más bien me supiese. Pero estando
-con el jarro en la boca, vinieron diez ó doce hombres, _cum fustibus
-et armis_, que los habia movido el huidor, á matar la ballena, y como
-no la hallaron, preguntáronle al buen hombre que dónde estaba, y á mí
-si la habia visto. Él quedó confuso, yo respondí en italiano, que no
-osé en español, que allí no habia llegado ballena, ni otra cosa que
-pudiese parecerlo, sino yo del modo que me veian, y que aquel hombre
-habia huido por dejarme la merienda. Riéronse de él, diéronle matraca,
-llamándole borracho y otras cosas en lengua francesa, con que rieron
-harto, y á mí me tuvieron lástima de verme tan mojado y desnudo. En el
-mismo tiempo venia una falúa con doce remos, por mandado del maestre de
-campo á buscarme, porque les dijo que habia de ahorcar al arraez si no
-me llevaban vivo ó muerto.
-
-Híceles señas con la bota, que era la mayor que yo podia dar para
-mi conocimiento y su gusto, y luego dieron la vuelta á la caleta,
-adonde me hallaron puesto el sol, más afligido que perro manteado,
-temblando y encogido. Echáronme en la falúa, todos admirados de verme
-vivo habiendo pasado tal trabajo en tantos años de edad, que ya tenia
-cerca de cincuenta. Lleváronme á Marsella, donde aquel gran caballero,
-amado y conocido de todo el mundo, me acarició y regaló, aunque como
-aquel trabajo me cogió en años crecidos, siempre me duró, y todos los
-inviernos me resiento de aquella humedad y frialdad. Parecí yo en esto
-á un escarabajo que estando en compañía de un caracol, recogido por
-miedo del agua, confiado en sus alillas se determinó de volar á buscar
-lo enjuto, y levantándose, dijo el caracol: Allá lo vereis, y le dió
-una gota gruesa, y lo arrojó en el arroyo de la creciente: confiando
-yo en que sabia nadar y los otros no, arrojéme al charco de los
-atunes, como dice D. Luis de Góngora, donde me pudiera suceder lo que
-al escarabajo, si Dios no lo remediara, que para una bestia tan cruel
-y desleal como el mar no aprovecha saber nadar: que echarse un hombre
-en el mar es echarse un mosquito en la laguna Urbion. Los animales de
-la tierra están enseñados á tratar con un elemento fiel, amigable,
-suave y apacible, que donde quiera da acogida, y sustenta al cansado;
-pero el mar ingrato, tragador de los bienes de la tierra, sepultura
-perpétua de lo que en él se esconde, que se sale á la tierra á ver si
-puede llevarse adentro lo que está en la orilla; hambriento animal de
-todo lo que puede alcanzar, asolador de ciudades, islas y montañas,
-envidioso enemigo de la quietud, verdugo de vivos y despreciador de
-muertos, y tan avariento que estando lleno de agua y de peces mueren en
-él de sed y de hambre, ¿qué puede hacer, sino destruir á quien de él
-se fiare? y así parece que con sola la mano de Dios puede hacerse lo
-que estos dias pasados sucedió en la toma de la Mámora á don Lorenzo
-y al capitan Juan Gutierrez; á éste que nadando, y sin ayuda, y con
-muchos años acuestas, quitó á cinco moros un barco en que iban; y á D.
-Lorenzo, que habiendo nadado toda la noche, azotado de las levantadas
-olas, llegando al barco donde pudiera descansar de tan inmenso trabajo,
-alentándose con fuerzas sobrenaturales, dijo: que no queria entrar en
-el barco porque recogiesen á otros que venian atrás más necesitados que
-él, y pasó adelante. Caso es pocas veces ó ninguna visto. Yo llevé mi
-trabajo, y una reprehension por el atrevimiento, porque la confianza me
-pudo costar la vida; que yo realmente por mostrar que sabia nadar y que
-tenia ánimo desvanecido para atreverme, fué causa de arrojarme tan sin
-consideracion, aunque de las cosas tan arrebatadas da poco lugar el
-discurso; pero mejor fuera aguardar la fortuna de todos que anticiparme
-con la mia, que tan poco favorable me ha sido, que cuando la vanidad
-engendra el atrevimiento ha de ser en los que tienen esperiencia en su
-buena fortuna; ¿pero de qué importancia me podia ser á mí cobrar fama
-de nadador, no siendo renacuajo ni delfin, ni habiendo de ser marinero?
-ella fué vanidad, temeridad y disparate.
-
-[Ilustración]
-
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-
-[Ilustración]
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-
-DESCANSO XI.
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-
-Llegamos á España, desembarcamos en Barcelona, ciudad hermosa en tierra
-y en mar, abundante de mantenimiento y regalos, que con oir hablar en
-lengua española parecian suaves y substanciosos: y aunque los vecinos
-tienen nombre de ser un poco ásperos, ví que á quien procede bien le
-son apacibles, liberales, acariciadores de los forasteros, que en
-todas las repúblicas del mundo quieren que el forastero con el buen
-proceder obligue á la amistad. Si el que no es natural parece humilde,
-y vive sin perjuicio de los naturales, tiene grangeada la voluntad de
-todos porque junto su buen término con la soledad que padece, engendra
-piedad y amor en los pechos naturales. Todos los animales de una misma
-especie se llevan bien unos con otros, aunque no sean conocidos, sino
-son los hombres y los perros, que teniendo mil buenas propiedades con
-que suelen admirar, tienen esta propiedad bajísima, que todos muerden
-al pobre forastero y le matan si pueden. Y esto mismo corre por los
-hombres si el advenedizo no es como debe ser, entrando en jurisdiccion
-agena; y lo que más ofende á los naturales es solicitarles las mujeres,
-que en lo que más se ha de remirar el huésped es en esto, que basta
-teniendo agrado para llevarse los ojos de la voluntad de todos tras de
-sí. Muchos se quejan de pueblos donde han estado fuera de su patria,
-mas no dicen la ocasion que dieron para ello: alaban sus tierras de
-madres de forasteros, y no miran por qué camino les han obligado para
-tratarlos bien. Yo sé decir, que en toda la Corona de Aragon hallé
-padre y madre, y en Andalucía grandes amigos, si no son de la gente
-perdida, que solamente tratan de hacer mal: estos en todo el mundo son
-enemigos de la quietud, revoltosos, inquietos, levantados y soberbios,
-enemigos del amor y la paz.
-
-[Ilustración: _Y aunque los vecinos tienen nombre de ser un poco
-ásperos ví que á quien procede bien le son apacibles, liberales,
-acariciadores de los forasteros._]
-
-Mucho me divierto para llegar á Madrid que tan deseado lo tenia.
-Llegué y hallé muchos amigos deseosos de verme: hice asiento con un
-gran príncipe muy amigo de música y poesía, que aunque siempre huí
-del escuderaje, me fué forzoso acudir á él. Entré en su gracia muy
-de improviso, fuí muy privado y favorecido suyo, y como yo venia
-harto de pasar trabajos, viéndome con demasiado regalo acometióme la
-poltronería, y engordé tanto, que comenzó la gota á martirizarme. Dí
-en tener pajarillos, y entre ellos en regalar á uno muy superior á los
-demás en su armonía, aunque su consonancia muy concertada. Hacíale
-abrigar en mi aposento de noche, donde una de ellas sentí toda la noche
-crugir cañamones, contra la costumbre de los pájaros. En amaneciendo
-fuí á mirar mi pájaro, y hallé en compañía suya un ratoncillo, que de
-lo mucho que habia metido de los cañamones hizo tanta barriga, que
-no pudo tornar á salir. Dije entre mí: Este ratoncillo, por haber
-comido tanto, ha buscado su muerte. Yo voy por el mismo camino, que
-si un raton con sola una noche de regalo ha engordado tanto, yo
-que todos los dias como y ceno mucho, y muy regaladamente, ¿qué fin
-pienso tener sino la enfermedad, que he cogido, y alguna apoplegía,
-que me acabe presto? Quitéme las cenas, que con esto y el ejercicio
-me he conservado, que realmente esto de comer á costa agena engorda
-demasiadamente, porque se come sin miedo, y quien no se va á la mano en
-esto está muy peligroso para una enfermedad. Han de comer los hombres
-mantenimiento de que sus estómagos sean capaces, porque si nó, ó será
-forzoso vomitar la comida, ó poner en peligro la vida, como la perdió
-el raton. Fuera de que los demás miembros del cuerpo tienen envidia
-al estómago, porque todos han de trabajar para que él solo engorde,
-cuando si no pueden llevarlo acuestas le dejan caer, y dan con él en
-la sepultura. Yo ví que iba camino de esto, y retiréme á comer poco,
-y cenar nada, que aunque al principio se lleve mal, con la costumbre
-se puede alcanzar todo. Miren los que engordan mucho el peligro en que
-se ponen, que ni la edad es siempre una, ni los mantenimientos de una
-calidad, ni los que los dan de una misma intencion, ni el tiempo corre
-de la misma manera. El que nació gordo, que siempre sea gordo no es
-maravilla, que ya están enseñados sus miembros á sufrirle y traerle
-acuestas; pero el que nace flaco y delgado, y en breve engorda, en
-sospecha pone su duracion y su vida. Como puse enmienda en mi comer y
-beber de noche, fuése consumiendo la gordura un poco, y yo sintiéndome
-más ágil para cualquiera cosa. Que ciertamente la poltronería manca
-y tulle los hombres. Con esto me torné inquieto que fué causa que el
-príncipe á quien servia, con la ayuda de los congraciadores, se entibió
-en favorecerme, y yo con servirle, que los señores son hombres sujetos
-no solo á las estrellas, pero tambien á sus pasiones y apetitos; y
-cuanto más superiores son, tanto más presto se cansan de las acciones
-de sus criados, que quien los sirve es necesario que renuncie su
-voluntad, y se ajuste con la del príncipe; y es razon que quien se
-dispone á servir sacrifique su gusto á quien le da su hacienda, porque
-todos quieren ser bien servidos; aunque he visto muchos señores de tan
-piadosa condicion, que llevan con mucho valor y paciencia los descuidos
-de los criados; pero lo contrario es lo más ordinario.
-
-[Ilustración]
-
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-
-[Ilustración]
-
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-DESCANSO XII.
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-Con este poco caso que mi amo hacia de mí tenia libertad para pasearme
-de noche, no para cosas ilícitas, porque ni yo tenia edad para eso, ni
-mis trabajos me habian dejado tan holgado que pudiese acudir á cosas
-de mal ejemplo, ni es razon que en ninguna edad se hagan, sino á tomar
-un poco el fresco, que las noches de verano en Madrid son para esto
-aparejadas. Íbamos todas las noches con amigos, con nuestros rosarios
-rezando; no hácia el Prado, por huir el mucho concurso de la gente,
-sino á calles solas, que por mucho que lo sean, siempre hay la gente
-que basta para compañía. Alejámonos una noche hasta llegar cerca de
-Leganitos; díjome mi amigo: Parad aquí, que vais cansado, al fin
-sois ya viejo. Piquéme, y díjele: ¿Quereis que corramos una apuesta,
-y veremos quién está más viejo? Rióse, y dijo que sí. Pusímonos en
-órden para la carrera, y aun en esta sencillez halló el demonio en
-qué perseguirme. Estaba un mozo á la puerta de su casa, que así lo
-entendimos, y dímosle que nos tuviese las capas y las espadas en tanto
-que pasábamos la carrera: apenas comenzamos á correr cuando dijo una
-mujer: ¡Ay que me han muerto! por una gran cuchillada que le dieron
-en el rostro, y apenas dió ella el grito cuando se aparecieron dos
-ó tres alguaciles, y como íbamos corriendo asieron de mí, que iba
-delantero en la carrera, y luego del otro, que hay muchos tribunales
-en Madrid, y en cada uno más varas que dias tiene el año, y con cada
-vara cinco ó seis vagamundos, que han de comer y beber y vestir de su
-ministerio. Asiéronnos como á hombres que iban huyendo por delito.
-Pidiéronnos las espadas, señalamos la casa donde las dejamos, el mozo
-se habia acogido con ellas y las capas, porque no vivia allí. Como nos
-cogieron en la mentira, que no habíamos dicho, lleváronnos á la mujer
-herida, y con el coraje que tenia de su agravio, dijo que quien se la
-habia dado echó á huir: y como nosotros íbamos corriendo, aunque no
-huyendo, asentóseles á los alguaciles que sin duda éramos nosotros.
-Lleváronnos á la cárcel de la villa sin espadas ni capas, donde yo
-entré con toda la vergüenza del mundo, que no la tuve para desafiar
-al otro con mis años, y la tuve para entrar en la cárcel sin capa. El
-alboroto fué mucho, el delito sonó malísimamente; porque dos hombres,
-no niños, ni de la primera tijera, acometieron una hazaña como aquella
-contra una mujer miserable. Y el mismo que lo habia hecho, como despues
-con buenos indicios averigüé, vino tras nosotros; y los alguaciles,
-que si fueran como deben, no se precipitaran á hacer un borron tan
-infame, y si pusieran los ojos en la justicia, y no en el provecho,
-averiguáran el caso, como á ellos les valiera algo la prision, y á mí
-no me pusieran en mal nombre. Si ellos tuvieran consideracion, miráran
-que dos hombres que iban sin capas, sin espadas, sin sombrero, sin
-daga, ni cuchillo, ni otra cosa ofensiva, corriendo parejas, no habian
-de salir de su casa para una cosa como aquella tan desapercibidos,
-no pareciendo en toda la calle instrumento con que se pudiera haber
-hecho. No preguntaron palabra á nadie en toda la calle para averiguar
-la verdad, como lo hacen siempre. Y dado que los alguaciles quisieran
-justificar la causa, la priesa que les daban los ayudantes no les
-dejaran hacer cosa buena, por no hacer novedad en su costumbre. Al fin
-nos echaron grillos, y fué la causa el teniente, que informado de los
-alguaciles como quisieron, vino á la cárcel con intento de darnos la
-tortura; mas como oyó las razones que arriba dije, y como apartándonos
-halló que concertábamos en el dicho, estuvo perplejo, y no se determinó
-á cosa. Echáronnos grillos, que estuvimos dos ó tres dias con ellos.
-Fuése siguiendo la causa, y como no se halló el delincuente, por el
-indicio de ir corriendo cuando se dió la cuchillada, nos olvidamos allá
-tres meses; echáronnos en un calabozo, donde estaba un preso antiguo,
-bermejo, de mala digestion, con unos bigotazos que le llegaban á las
-orejas, con que se preciaba mucho, porque eran tan gordos y fornidos,
-que parecian cabos de cirio amarillo. Éste tenia de suerte supeditada
-la cárcel, que no se hacia entre los presos más de lo que él queria.
-La gente menuda temblaba de él, y le servian con mucha puntualidad,
-y otros no osaban hacer un mandado, porque él no gustaba de ello, y
-si lo hacian, torciéndose el bigote, decia: Pues por vida del rey, si
-me enojo, que al pícaro y á ellos les dé mil palos. De manera que el
-rato que estaba fuera del calabozo no se podia vivir, que realmente
-era marcial, y ocasionadísimo para que se perdieran todos con él.
-Estuvo dos ó tres dias enfermo, y no saliendo del calabozo, gozamos de
-paz y quietud, que todos se holgaban de ello, más en saliendo tornó
-á su ruin costumbre. Yo me ví tan rematado, que determiné de hacer
-que en muchos dias no saliese del calabozo, y comunicándolo con mi
-compañero, dijo: Mirad lo que haceis, no sea la prision más larga
-de lo que pensamos. Y preguntándome cómo habia de hacer para que no
-saliese fuera, respondíle: Cortándole un bigote. No os pongais en ese
-peligro, dijo él, por amor de Dios. Yo no os pido, le dije, consejo,
-sino ayuda. Él tenia costumbre siempre, de dormir boca arriba soplando,
-por no estragar la grandeza de sus bigotes. Hice amolar muy bien unas
-tijeras largas, y dejélo acostar á él y á todos los demás del calabozo
-antes que nosotros, que nos traia tan sujetos, que en acostándose no se
-habia de mover nadie. Cogí al primer sueño las tijeras, y alumbrándome
-mi compañero, díle una gentil tijerada, con tanta sutileza, que le
-llevó todo el bigote, y él no despertó, y de todos los presos nadie lo
-sintió sino mi compañero, que le dió tanta tentacion de risa, que por
-poco reventára que, como le quedó el otro tan grande, parecia toro de
-Hércules con un cuerno menos. Dormimos aquella noche, y yo me hice el
-enfermo, quejándome de la mala cama; pero levantéme casi junto á él, ó
-primero, con mi rosario en la mano rezando, por verle cómo llevaba el
-negocio. En subiendo arriba, miráronle todos espantados, sin decirle
-palabra; pero él dijo en saliendo: Hola, pícaros, dad acá aguamanos.
-Vino un pícaro con un jarro calderesco, echóle agua, y lavóse las
-manos. Luego acudió al rostro, y levantándolo, tomó el bigote intacto
-con la mano derecha, luego volvió á tomar agua, y fué á asir al otro
-con la izquierda cuatro ó cinco veces, y como se halló sin él, fué tan
-grande su coraje, que sin hablar palabra metió el otro bigote en la
-boca, y se lo comió, entrándose en el calabozo. Yo dije, como él lo
-pudiese oir: Eso ha sido muy gran bellaquería, la mayor del mundo, el
-que á un hombre tan honrado hayan ofendido en lo que más se miraba y
-estimaba.
-
-Estas y otras cosas le dije, con que le pude quitar la sospecha que
-pudiera tener de mí; pero mirando lo que es razon, digo, que un hombre
-que está en superior grado, se estime y haga respetar, vaya en hora
-buena; mas que un desdichado que está en medio de su infelicidad, en
-el cieno de la tierra que es la cárcel, siendo soberbio, merece que
-una hormiga se le atreva. ¿Qué tiene que ver prision con soberbia?
-¿necesidad con valentía? ¿hambre con desvanecimiento? La cárcel se hizo
-para sujetar cóleras y malas condiciones, y no para inventar agravios;
-aunque hay algunos bárbaros tan remontados, que ó por desesperacion,
-ó porque los tengan por valientes, siendo acá unas ovejas, se hacen
-en la prision leones, en lugar á donde con mayor humildad y ansias
-de corazon se ha de clamar á la misericordia, sea justa ó injusta la
-prision. Él se acabó de quitar la barba azafranada. Y como una desdicha
-sigue á otra, en este trabajo le llamaron á visita para ver su negocio.
-Dijo un procurador: Está en el noviciado, que se ha entrado fraile
-motilon. Tráiganle, dijo el teniente. Subió por fuerza, y con toda la
-vergüenza y humildad del mundo, porque debia de tener la valentía en
-los bigotes, como Sanson en el cabello. Así como entró, fué la risa
-en la sala tan grande, que el teniente le dijo: Bien pareceis así, y
-bien habeis hecho, porque no tengan que rapar en las galeras. Á que él
-respondió: Vuesa merced habla como juez, que nadie se me atreviera á
-decir eso. Leyéronle su causa, que era sobre haber dado una puñalada
-á una miserable en la casa pública, delante de diez ó doce testigos;
-y nombrándolos, dijo el agresor: Mire vuesa merced ¿qué testigos son
-los que juran contra un hombre tan principal como yo? cuatro corchetes
-y cuatro sellencas. Dijo el teniente: ¿Pues queríades que estuviesen
-para testigos en esa casa el prior de Atocha, ó algun fraile descalzo?
-No argüis bien. Tornáronle á encerrar en el calabozo, y de allí
-adelante le llamaban el padre fray Rapado. Á nosotros nos echaron
-libres, pero gastados. No quiero yo alabar lo que hice, porque bien sé
-que no se han de hacer males, aunque de ellos resulten bienes; pero
-tambien sé que es menester que perezca uno, porque no perezcan todos.
-Quitar de entre nosotros á quien nos escandaliza, permitido es. El que
-se estima estímese, mas no ha de ser con superioridad impertinente:
-los fanfarrones con tiranía tienen á todo el mundo por contrario. Los
-hombres ocasionados á los muy humildes, hacen salir con reveses que
-no pensamos. Yo he visto siempre que estos habladores soberbios, que
-quieren supeditar á otros, en hablándoles recio un hombre callado y
-llano, se rinden á callar. Que son como las ruedas del coche, que
-mientras van por piedras, van haciendo ruido, mas en llegando á lo
-llano, luego van con mucho silencio. Á este desatinado desvanecido
-fué necesario por algun camino humillarlo, y ninguno pudo ser más á
-propósito, que privarlo de tan inmenso cuidado, como traia con aquellos
-rabos de zorro.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO XIII.
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-Salimos de la cárcel al cabo de tres meses, porque dimos muy
-gentiles descargos; pero tan gastados, que no teníamos tras que
-parar, porque para poder caminar al dia siguiente, yo fuí á vender
-unas botas escuderiles, y mi compañero una maleta ratonada, que es
-muy de escuderos, por no tener un cofre, guardar los pedazos de pan
-en semejantes alacenas, receptáculo de ratones. Estando vendiendo
-nuestras prendas, envió Dios á un hidalgo muy bien puesto, y doliéndose
-mucho del testimonio que nos habian levantado, dijo: Que cierto
-gran caballero que habia sabido nuestra desgracia, le enviaba á que
-supiese lo que se habia gastado en nuestra prision, y que movido por
-entrañas de misericordia, le habia dado en doblones lo que dijésemos
-que nos habia hecho de daño. Yo conocíle, pero antes de declararme,
-le dije: Señor, esta obra de Dios viene, que sabe nuestra necesidad,
-que es tanta, que vendemos nuestro ajuar para comer hoy. Lo que nos
-cuesta serán cien escudos, poco más ó menos; y en diciendo esto, sacó
-cincuenta doblones, y nos los dió. En viéndolos en mi mano, le dije:
-Esto es cuanto á la costa, pero cuanto al gusto que vuesa merced
-recibió de la venganza, y el disgusto que nosotros pasamos, ¿qué
-satisfaccion puede haber? Que bien le conocí aquella noche que nos
-fué siguiendo hasta la cárcel. Respondió cuerdamente: El prenderos
-fué desdicha vuestra, el pagar es obligacion mia. Como yo no os dí la
-desdicha, no puedo satisfacerla; y si todos los desdichados tuviesen
-recurso á satisfaccion, no serian desdichados. Yo como no tuve ventura
-para no padecer, tengo piedad para compadecerme; otro pudiera ser que
-no mirára lo uno ni lo otro. Muchas desdichas suceden á los hombres
-por secretos juicios de Dios, de que no podemos pedirle cuenta. Las
-desdichas no están en nuestra mano, ni estuvo en la mano mia hacer que
-fuésedes aquella noche corriendo, que eso fué voluntad vuestra. Y os sé
-decir, que me pesó en el alma del hecho, no por la cuchillada, sino por
-vuestro trabajo. La desdicha fué, que la cara de la otra, y la carrera
-de vuestros piés cayeron en un dia: habeis sido tan prudente en esta
-desdicha, que os he tenido envidia; que quien se acuerda pacientemente
-en la adversidad, es señor de sus acciones, y las desdichas le acometen
-con temor. Y si como puedo satisfaceros el daño, pudiera poneros la
-fortuna debajo de vuestros piés, yo os hiciera felicísimos, pero ya
-que en esto no lo fuísteis, fuísteislo en cortar el bigote al otro,
-saliendo bien de ello. Que como vos, por discurso bueno habeis echado
-de ver mi travesura, yo por vuestro disimulo conocí la vuestra. Aunque
-el hidalgo habló tan bien, yo estaba contento y alborozado con ver
-en mis manos aquel metal tan semejante á la luz del sol, que no supe
-replicarle, sino agradecerle y estimar su cordura, igual con su
-piedad. Yo me hallé tan harto de trabajos y desventuras, que determiné
-de dejar la córte despues de haber andado algunos dias de mala ventura,
-sirviendo del escuderaje, que tan forzoso me ha sido, aborreciéndolo
-como á una culebra.
-
-Fuíme á despedir de un caballero amigo, que no habia visto muchos dias
-hacia, y hallándole muy melancólico y desgraciado, le pregunté qué
-tenia. Respondióme, que ni podia dormir, ni comer, ni tomar descanso en
-cosa. Pues si haceis, dije, lo que yo os enseñaré, sanareis de todas
-estas tres cosas. ¿Cómo si lo haré, respondió, aunque cueste todo mi
-mayorazgo? Pues levantaos mañana en amaneciendo, que yo os llevaré
-donde cojais una yerba que os sane de todos esos males. Levantóse ó
-hícele levantar de mañana, y mandó poner el coche: yo le dije, que no
-haria la yerba provecho sino iba á pié, y dejando el coche lo llevé
-hácia San Bernardino, convento de los Recoletos Franciscanos, diciendo,
-que estaba la yerba allí, y que la habia de coger con sus manos. Hícele
-andar de manera que iba carleando como podenco con sed, y tanto, que
-de cansado se sentó en el camino. Preguntéle si descansaba. Respondió
-que sí. Pues sabeis por qué habeis descansado, porque os cansásteis:
-y en las sillas de vuestra casa no descansais, porque no os cansais.
-Hícele llegar á San Bernardino, y volver á su casa á pié, con muy buena
-gana de comer. Comió y bebió con gana, y luego se acostó, y durmió muy
-bien. Díjele luego: Quien no se cansa, no puede descansar; y quien no
-tiene hambre, no puede comer; quien no tiene falta de sueño, no puede
-dormir, no se queje quien no hace ejercicio de males y enfermedades
-que le vengan, que la poltronería es el mayor enemigo que tiene el
-cuerpo humano. El ejercicio á pié restaura los daños causados de la
-ociosidad. Los caballos más ejercitados son de más dura y brio. El
-pescado del mar Océano, es mejor que del Mediterráneo, porque está
-más azotado por aquellas cavernas hondas de las olas más contínuas y
-furiosas: los hombres trabajados están más enjutos, y para más que los
-holgados; y así son todas las cosas, que un hombre que trabaja más que
-otro es más poderoso, entiéndese con igual capacidad. Holgóse mucho, y
-de allí en adelante dió en hacer ejercicio á pié por la mañana y por la
-tarde, con que se halló muy bien y con muy entera salud, y agradecióme
-la estratagema de que usé para quitarle de la ociosidad que le tenia
-impedido, sin gusto y sin salud, é hízome un grande regalo. Anduve por
-Madrid algunos dias, donde fuí ayo y escudero del doctor Sagredo, y su
-mujer doña Mergelina de Aybar, hasta que los dejé ó me dejaron.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO XIV.
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-Acabada mi última relacion, el ermitaño, dando grandes muestras de
-admirarse de lo que habia oido, dijo que ya se podia pasar por la
-puente, quizá cansado de haber escuchado tanto tiempo: despedíme de él,
-y pasando la puente, ví tantos árboles arrancados de raíz, como habia
-traido Manzanares; algunas ballenas destripadas, de las que solian
-alancear, muchos animales ahogados, otros muchos mirando aquellos,
-admirándose del diluvio y tempestad tan arrebatada y repentina. Todas
-las huertas anegadas, las isletas cubiertas de arbolillos, que casi
-habia llegado hasta la ermita de San Isidro Labrador; y con la arena
-y árboles hechas algunas represas, que hasta ahora dejaron el rio
-dividido por muchas partes.
-
-Determiné de quitarme de tanto ruido como el de la córte, y buscar
-quietud en tierra más templada que es Castilla, yéndome al Andalucía,
-donde los gentiles pusieron la quietud de las almas bienaventuradas,
-á su modo de creer, diciendo, que en pasando el rio Leteo, que aun
-todavía conserva el nombre de Guadalete, se olvidaban de las cosas
-de la tierra, y todo lo demás pasado; que la escelencia del temple,
-abundancia de regalos, apacibilidad de cielo y tierra, les hizo dar
-en este error, que los más templados son más aparejados para la
-conservacion de los viejos, y como me hallé con dinerillo, compré una
-mula, que me la dieron barata, por tener esparavanes en los piés, y
-un ojo pasado por agua; pero caminaba razonablemente, con que fuí mi
-camino encomendándome á Dios y al bendito ángel de la guarda. Iba
-solo, porque por no caminar á gusto ageno, se puede un hombre ir á
-pié, que es cansada cosa haber de parar yo donde el otro quisiere, y
-no cuando yo fuere cansado, ó se me antojare parar. Al fin, como me ví
-con dinero, quise caminar á mi modo. Hacia muy grande calor, y habiendo
-salido muy de mañana para hacer medio dia en la venta de Darazutan,
-fué tan escesivo el fuego que entró con el dia, saliendo de aquellas
-matas unas exhalaciones abochornadas, que me abrasaban el rostro, y me
-quedára mil veces si hallara lugar aparejado para ello. Ví la venta
-desde lejos, aunque se parece poco por los chaparros y arbolillos que
-la encubren; me parecia que al mismo paso que yo llevaba, ella se
-alejaba de mis ojos, y la sed se me aumentaba en la boca: no creí que
-pudiera llegar á ella, hasta que oí música de guitarras y voces que
-salian de la misma venta: Ahora, dije, no me puedo engañar, y entrando,
-hallé mucha gente que iba y venia, haciendo medio dia. Alentéme con ver
-una tinaja de agua, de que siempre he sido muy apasionado: refresqué, y
-púseme á oir la música, que siendo ella de suyo manjar tan sabroso al
-oido, es de creer que en aquella soledad, llena de matas y apartada de
-poblado, pareceria mucho mejor su melodía que en los palacios reales,
-donde hay otras cosas que entretienen. Como el calor estaba en su
-punto, y la venta muy llena de gente, fué menester la suspension que
-la música pone para poder llevar la fiesta con algun descanso; que
-esta facultad, no solamente alienta el sentido esterior, pero aun las
-pasiones del alma mitiga y suspende; y es tan señora, que no á todos se
-da por grandes ingenios que tengan, sino á aquellos á quien naturaleza
-cria con inclinacion aplicada para ello; pero los que nacen con ella,
-son aptos para todas las demás ciencias, y así habian de enseñar á los
-niños esta facultad primero que otra, por dos razones; la una, porque
-descubran el talento que tienen, la otra, por ocuparlos en cosa tan
-virtuosa, que arrebata todas las acciones de los niños con su dulzura.
-
-Aunque un autor moderno inadvertidamente dice que los griegos no
-enseñaban á los mozos el primer tono, como si no fuera el más grave
-que muchos de los otros, fué por ignorar la facultad, que quiso decir
-que no les enseñaban música lasciva, que como por el oido entran en el
-alma las especies, si es honesta y grave, la suben á la contemplacion
-del Sumo Hacedor; si es deshonesta con demasiada alegría, la ponen en
-pensamientos lascivos. Y es tan juez el oido de esta facultad, que me
-acuerdo que un mozo que cantaba con mucha alegría, vino á ensordecer,
-y pidiéndole despues que cantase, teniendo la voz tan buena como de
-antes, hacia tan grandes disparates, que se reian todos de oirle
-cantar, que realmente el oido es la clavija de la voz humana. Estos
-músicos cantaron con tanta gracia, que despues de haber comido, se pasó
-la siesta alegremente. Sacó uno de ellos un demostrador para ver qué
-hora era, encareciendo mucho la invencion de los relojes, al cual dije,
-que lo mismo que él habia hecho con el demostrador, se podia hacer con
-hincar una paja ó un palillo en el suelo, mirando los dedos de sombra
-que hacia; y con una vasija de agua, faltando el sol, haciéndole un
-muy sutil agujerito, y señalando las horas con lo que va menguando,
-y otras invenciones que se pueden hacer. Pasóse lo demás que restaba
-para caminar en alabar cada uno su profesion, y las invenciones á que
-más está inclinado, tomando ocasion de la invencion de los relojes.
-Tratóse de la astrología, de la música, de la invencion de la memoria
-artificial, porque se halló un caballero, oidor de Sevilla, que hacia
-milagros con ella. Dijo un escudero viejo que estaba en un rincon
-espulgándose: Todas cuantas invenciones han dicho vuesas mercedes no
-tienen que ver con la invencion de la aguja. Riéronse todos, y él,
-corrido, con mucha cólera dijo: Si no les parece que es así, háganme
-merced de echar un remiendo con un pedazo de astrología. Á lo cual
-dijo el licenciado Villaseñor: Cada uno alaba aquello de que se halla
-más capaz: este señor escudero puede hablar de esta materia, porque
-usa más del ministerio del agujero. Yo no soy sastre, respondió, sino
-un escudero tan calificado y tan antiguo, que todos mis antepasados,
-desde Nuño Rasura y Lain Calvo, han servido á los condes de Lemos. Y
-si ahora voy á pié, es porque tengo mis caballos dándoles verde en las
-puentes de Eume. Y con esto echó sobre la guarnicion de la espada unas
-calzas viejas, y poniéndoselas al hombro, cogió las del martillado.
-Bien es, dije yo, que cada uno se precie de lo que profesó. Que en
-Madrid habia un verdugo, que mostrándole á un muchacho suyo, en una
-horca que tenia en su casa, cómo ahorcaria á un hombre suavemente, y
-no pegándosele al muchacho la profesion, y aborreciéndola, le dijo
-el verdugo: ¡Oh! llévete el diablo, que no te se puede pegar cosa
-buena; pues yo te pondré con un zapatero y morderás el zumaque. Ya
-que nos queríamos partir dijo el oidor: Cierto, que me dijeron ayer
-que buscaba cabalgadura para venir este camino Márcos de Obregon,
-hombre de buen gusto y partes, á quien yo deseo conocer. Así es, dije
-yo, yo le ví buscar en que venir. ¿Conócelo vuesa merced? preguntó el
-oidor D. Hernando de Villaseñor. Yo respondí: Sí señor y es grande
-amigo mio. Subimos á caballo ó á mula, y fuéme preguntando si sabia
-algunas cosas del Sr. Márcos de Obregon. Yo le dije unas redondillas
-muy nuevas, tanto que no habian pasado de mis manos á segunda persona,
-y en oyéndolas despacio, me las repitió luego el oidor de memoria. Él
-se admiró de las coplas, y yo mucho más de su memoria. Fuíle diciendo
-muchas cosas, y él refiriéndomelas luego. Confesóme que era memoria
-artificial, pero que para aprenderla era necesario tenerla muy buena,
-que sin la natural se aprendia con mucho trabajo y dificultad. Yo
-le dije: Por cierto la memoria es cosa que parece divina, pues las
-cosas pasadas las tiene presentes, pero yo la tengo por verdugo de
-los hombres desdichados, porque siempre les está representando los
-malos sucesos, los agravios pasados, las desdichas presentes, las
-sospechas de lo venidero y la desconfianza que tienen en todas las
-cosas; y siendo la vida, como es, breve, se les abrevia más con la
-contínua representacion de las infelicidades: y así, á estos tales,
-mejor les seria el arte de olvidar que el de acordarse. ¿Cuántas vidas
-habrá costado la memoria de las ofensas, que si no se acordáran no se
-vengáran? ¿cuántos borrones se han hallado en muchas mujeres por la
-memoria de los favores y disfavores? Tener buena memoria natural es
-escelentísima cosa; pero gastar el tiempo en buscar dos ó tres mil
-lugares, pudiéndolo gastar en actos de entendimiento, no lo tengo por
-muy acertado, porque para la memoria sirve la estampa, las imágenes,
-los colosos, estátuas, escrituras, edificios, piedras, señales de
-peñascos, rios, fuentes, árboles y otras cosas sin número; y para el
-entendimiento sola la naturaleza lo da y lo enriquece con la leccion
-de los autores graves y comunicacion de amigos doctos. He visto muchos
-autores que escriben de esta memoria artificial, y no he visto de
-estos obras en que se hayan esmerado y dejado por ellas nombres de sus
-grandes ingenios, que aunque Ciceron, Quintiliano y Aristóteles tocan
-algo de esta materia; pero no hacen libros de ella, como cosa inferior
-al entendimiento. Y así D. Lorenzo Ramirez de Prado, caballero muy
-docto en las buenas letras, así de poesía como de filosofía, tiene
-muy sujeta la memoria artificial que hace milagros con ella; pero no
-por principal objeto, sino por curiosidad, porque á quien le sobran
-tantas partes, no le faltase esta. Y la historia que cuentan de aquel
-gran poeta lírico Simónides, que habiendo caido una casa sobre muchos
-convidados, y estando de suerte desfigurados que nadie los conoció,
-él dijo en qué lugar estaba cada uno, nombrándoles por sus nombres.
-Yo entiendo que fué acto de memoria natural y no artificial, porque
-un hombre que iba á comer y brindar al banquete con la libertad que
-entonces se usaba, no se habia de parar muy despacio á poner imágenes y
-figuras en lugares imaginados, naturales y artificiales, ni acordarse
-cargando la imaginacion de más carga de la que el vino les ponia en
-tiempo que tan pocos aguados se usaban, y habiendo sido aquel mismo
-dia, yo creo que sin artificio se hizo.
-
-El autor de este libro, habiendo salido de casa de sus padres niño
-estudiante, volviendo con canas á ella, conoció y nombró por sus
-nombres á todos los que habia dejado niños, hallándolos con barbas y
-canas, y ningun nombre ni costumbres dejó de decir de cuantos venian
-admirados de verle. ¿Y no se dice por cosa de admiracion, que Cinea
-embajador del rey Pirro, en dos dias que estuvo en Roma, conoció y
-nombró por sus nombres á todos los moradores della? Mitrídates, rey
-del Ponto, negociaba con veinte y dos naciones que tenia sujetas en
-el propio lenguaje de ellas. Julio César en un mismo tiempo leia,
-escribia, dictaba y oía cosas importantísimas, y por eso se hace
-particular mencion dellas, que hombres ordinarios hay algunos que hacen
-milagros con la memoria natural. En Gibraltar habia un conocedor de
-D. Francisco de Ahumada Mendoza, llamado Alonso Mateos, que á treinta
-mil vacas que habia en la Sauceda, las conocia á ellas y á sus dueños,
-y las nombraba por sus nombres, dando á cada uno la que era suya. Y
-á todos los bandoleros que venian de diversas partes, de una vez los
-conocia y sabia los nombres. Todo esto he traido para que no parezca
-memoria artificial la de Simónides, y para que sepan que con solo
-ejercitarla se aumenta y crece, como se ve en estos conocedores, que
-siendo hombres toscos, muchos hacen lo mismo que el dicho. Y en Madrid
-anda un gentil hombre, llamado D. Luis Ramirez, que cualquiera comedia
-que ve representar, va á su casa y la escribe toda, sin faltarle letra,
-ni errar verso: pero hay diversas maneras de memoria, unas que se
-acuerdan de las palabras, y otras que se acuerdan de las cosas; como es
-Pedro Mantuano, que de infinitas historias que ha leido, no solamente
-no se le han olvidado, pero en cualquiera tiempo que le pidan, ó que
-se ofrezca tratar de alguna de ellas, las tiene tan presentes como
-cuando las iba leyendo, y los nombres propios contenidos en ellas; y
-de los versos todos los que ve á segunda no se le olvida ninguno. Á
-todo esto el oidor estuvo callando y loando mucho la que yo habia
-mostrado; y así dijo, que la artificial, más era para una ostentacion,
-que para estar siempre cansándose en ella y con ella. Y tornando á mis
-alabanzas, sin conocerme, dijo que deseaba mucho conocer á Márcos de
-Obregon, lo uno porque eran vecinos en los pueblos, porque él era de
-Cañete la Real, y Obregon natural de Ronda: y preguntóme qué traza de
-hombre tenia, qué trato, y qué proceder; y le respondí: La proporcion
-y traza de su persona es de la misma manera que la mia, y el trato
-y proceder el mismo que el mio, que como somos tan grandes amigos,
-yo le sigo á él y él á mí. Por cierto si él tiene, dijo el oidor,
-semejanza á la apacibilidad que vos habeis mostrado, con mucha razon
-tiene el nombre que le da el mundo. El oidor por todo el camino me fué
-regalando: de manera, que descubrió la nobleza heredada y adquirida
-en aquel viaje, en su ánimo, bondad y liberalidad. Íbamos por toda
-Sierra-Morena, mirando cosas estraordinarias, que como es tan grande,
-ancha y larga, que atraviesa á toda España, Francia é Italia, hasta
-que se va á entrar en la mar por la canal de Constantinopla, aunque
-con diversos nombres, habia mucho que ver y notar en ella. Topamos en
-un arenalillo una culebra con dos cabezas, de que se admiró el oidor,
-diciendo que lo habia oido decir, y hasta entonces no lo habia creido.
-Ni aun ahora lo creo, dije yo, que un cuerpo tenga dos cabezas: y noté
-que no se movia bien, ni huia de las bestias. Díjele á un mozo de mulas
-que le diese con la vara, y él lo hizo así; y en dándole vomitó un
-sapon que habia ya tragado, hasta la cabeza que estaba por tragar, con
-que se deshizo el engaño que deben tener muchos. Así deben ser, dijo
-el oidor, muchas cosas que nos dicen que nunca las vemos, como es lo
-de la salamandra. Yo estaba, le dije, incrédulo en eso, hasta que á
-dos personas de crédito y bondad les oí decir que junto á Cuenca, en un
-pueblecito que se dice Alcantuz, habiéndose caido un horno de vidrio,
-hallaron pegada al mismo mortero donde baten las llamas del fuego una
-salamandra; y por ser persona de crédito lo creí, y no se han engañado
-los que lo traen siempre por comparacion.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-DESCANSO XV.
-
-
-Como el hombre naturalmente es animal sociable, que apetece la
-compañía, el oidor se halló tan bien con la mia, que no se sufrió un
-punto de division en todo el camino que pudimos ir juntos. Tenia y
-tiene muy gallardo entendimiento, con que movia de lo que se ofrecia á
-la vista muy gentiles cuestiones, á que yo le respondia lo mejor que
-pude y supe. Y si algun hombre de traza se nos juntaba de su misma
-profesion, le sacaba preguntas, ó daba ocasion que se las hiciesen; á
-que respondia gallardemente. Pegósenos un clérigo de un pueblecillo de
-por allí cerca, y yendo caminando, iba rezando sus horas en voz que lo
-pudiesen oir los alcornoques y robles, de suerte que nos interrumpia
-la conversacion, y él cumplia mal con su obligacion. Preguntóle el
-oidor: ¿No se podria dejar eso para la noche, para que se hiciese con
-el silencio y devocion que se requiere? Oh señor, respondió el clérigo,
-diónos la Iglesia esta pension, que aun caminando habemos de rezar:
-¿por qué no ordenará que yendo un clérigo cansado, y pensando en sus
-negocios, y en el fin que han de tener, no rezára caminando? Respondió
-el oidor: Porque la Iglesia no cria á los clérigos para correos, sino
-para rezadores. Bien respondido está, dijo el clérigo. Y quedó con
-esto muy satisfecho: topamos un muchacho medio rapado, que por andar
-no tanto como las cabalgaduras, en alcanzándole preguntó el oidor: ¿Á
-dónde vas, mozo? Él respondió: Á la vejez. Oidor: No digo sino ¿qué
-camino llevas? Muchacho: El camino me lleva á mí, que yo no lo llevo
-á él. Oidor: ¿De qué tierra eres? Muchacho: De Santa María de todo
-el mundo. Oidor: No te digo sino ¿en qué tierra naciste? Muchacho:
-Yo no nací en ninguna tierra, sino en un pajar. Oidor: Bien juegas
-del vocablo. Muchacho: Pues siempre pierdo por bien que juego. Oidor:
-Este muchacho no debe de ser parido como los otros. Muchacho: No,
-porque nunca me he empreñado. Oidor: Quiero decir, pues no dices dónde
-naciste, no debiste salir de madre. Muchacho: ¿Pues soy yo rio para
-salir de madre? Oidor: Á fé que no teneis la lengua muy ruda. Muchacho:
-Si fuera ruda no la trujera tan cerca de las narices. Oidor: ¿Tienes
-padre? Muchacho: Antes por no tener muchos vengo huyendo, porque
-me metieron fraile, y habia tantos padres, que no podia sufrirlos.
-Oidor: ¿Y es mejor andar como correo? Muchacho: Por huir de la correa
-bien puede ser un hombre correo. Reímonos mucho con el muchacho, y
-en llegando cerca de una ventilla que está junto á un arroyo algo
-profundo, entre dos cerros, nos dijo el mozo de mulas: Aquí habemos de
-parar, porque nos darán buen recaudo, y la ventera es muy hermosa y
-aseada, y si pasamos adelante habemos de caminar de noche más de tres
-horas. Él hizo fuerza, prometiéndonos camas, que á lo que pareció,
-la ventera era su conocida más de lo que fuera razon. Entramos en
-la venta, y luego se presentó la huéspeda muy boquifruncida, vestida
-de un colorado oscuro, y una ropa encima de lienzo blanco, llena de
-picaduras, y preguntóme el mozo de mulas: ¿Qué le parece á vuesa
-merced? Yo le respondí: Paréceme asadura con redaño. Y dijo el oidor:
-Está vestida de vírgen y mártir. Bien dice vuesa merced, dije yo, mas
-está la castidad por defuera, y lo mártir por dedentro, y como hay
-muchas matas por aquí, está muy rota la castidad. Cada uno habla como
-quien es, dijo la ventera. Volví la hoja, porque la ví corrida del
-apodo, y el mozo de mulas enojado; y le dije: La verdad es que vuesa
-merced está muy deseada y hermosa, que tiene cara, no para aquí, sino
-para estar muy bien empleada. Quedó muy contenta, que era fácil de
-condicion, y sacónos muy buenas perdices, con que cenamos. Ella muy
-contenta, despues de haberle dicho que lo hacia como cortesana, nos
-dijo: Camas habrá para vuesas mercedes, aunque para el friecillo que
-por aquí hace hay pocas mantas. Dijo el muchacho frailesco: De esas no
-faltarán, que con las que ha echado el mozo de mulas se puede abrigar
-Búrgos y Segovia. No se burle conmigo, dijo el mozo de mulas, que le
-haré ver estrellas á mediodía. ¿Pues sois vos la Epifanía? dijo el
-muchacho. Respondióle el otro: Soy la puta que os parió. Y aun por eso,
-dijo el muchacho, salí tan grande bellaco.
-
-Dijéronse muy graciosas cosas el muchacho y el mozo de mulas, con que
-se pasó buen rato. El oidor preguntó al muchacho: Dí por tu vida,
-¿de dónde eres? Yo, señor, respondió, soy andaluz de junto á Úbeda,
-de un pueblo que se llama la Torre Pero Gil, inclinado á travesuras;
-y como por ser pequeño el pueblo no podia ejecutarlas, hurté á mi
-padre cuatro reales, y fuíme á Úbeda, donde mirando las casas de
-Cobos estaban jugando turron, y con la codicia del comerlo púseme á
-jugar los cuatro reales, y habiéndolos perdido, sin probar el turron,
-arriméme á un poste de aquellos soportales, que están allí cerca, y
-estúveme hasta que ya era de noche desconsoladísimo; llegó un viejo,
-preguntóme: ¿Qué haceis aquí, gentil hombre? Respondí: Tengo este poste
-que no se caiga, ¿por qué lo pregunta? Porque si no teneis, dijo,
-donde dormir, allí hay un banco de un tundidor, y os podeis acostar
-en aquella borra. Y esa borra, dije yo, ¿podrá borrar mis borrones y
-desdichas? ¿Pues tan temprano os quejais de ella? dijo el buen hombre.
-¿No quiere que me queje, respondí yo, si desde que salí de casa de mi
-padre todo ha sido infelicidades? ¿De dónde sois? preguntó. De muchas
-leguas de aquí, respondí yo. Mirad, hijo, dijo; para los hombres se
-hicieron los trabajos, y quien no tiene ánimo para resistirlos, en
-ellos perece; que comenzando tan temprano á sentirlos se os harán más
-fáciles cuando seais hombre: los que se andan ovachones no tienen
-esperiencia de cosas, y así nunca estiman el bien, que el trabajo
-habilita á un hombre, y le hace capaz para todas las cosas: yo salí de
-casa de mis padres de vuestra edad, y por mi virtud he llegado á tener
-un oficio muy honrado de almotacen de esta ciudad. Bien adelante ha
-pasado, dije yo, no se deshaga de él; pero quien no tiene blanca, ¿cómo
-podrá pasar tan adelante? Si sois de tantas leguas, dijo, como decís,
-no es maravilla haber gastado, y pasado trabajos. ¿Dónde es vuestra
-tierra? En la Torre Pero Gil, respondí; rióse, y díjele: ¿Parécele
-que para contar trabajos es poco tiempo? Así como salí, que fué de
-noche, me colé en una viña, donde metí tanta uva llena de rocío, que
-si no buscára por donde salir, reventára, y no pudiera llegar á Úbeda,
-y ya que llegué con este trabajo me sucedió jugar cuatro reales que
-traia, y quedarme sin dineros y con hambre y mucha sed, sin posada y
-cama. Pues id, dijo, allí, y la hallareis. Fuí, y acomodando la borra,
-tendíme sobre ella; parece que descansé un poco, y á media noche fué
-tan grande la mudanza de la serenidad en borrasca y viento, que pensé
-no llegar á la mañana, porque el aire furioso entraba en el banco,
-haciendo polvo de la borra para los ojos, y charco de agua para todo el
-cuerpo: y sobre todo, los cochinos que andaban paseándose y buscando la
-vida por aquellas calles, acudieron á los bancos de los tundidores á
-repararse de la tempestad, y pensando que estaba solo el mio, entraron
-gruñendo una docena de ellos, hocicando en la borra, que aínas me
-borráran toda la cara; pero sufrílos y halaguélos, por el abrigo que me
-causaban, y aunque con ofensa de las dos ventanas, llegué á la mañana,
-no muy limpio ni oloroso, pero con algunos palos, porque el mozo del
-tundidor antes de amanecer llegó á echar los cochinos con una varilla
-de fresno de tres dedos de gordo, y pensando que daba en ellos, pegaba
-tambien en mis espaldas, con que se me quitó el sueño y la pereza.
-Pasé mi trabajo, aunque él no se me pasó, porque siempre iba de mal en
-peor, que adonde quiera que iba, ó me buscaba el mal, ó yo lo buscaba
-á él: que los muchachos mal inclinados, en tanto son buenos, en cuanto
-la fuerza les hace que no sean malos. Fuíme de Úbeda á Córdoba, donde
-topé un fraile mozo que iba á estudiar á Alcalá, y diciéndome si queria
-acompañarle, le dije: Que de muy buena gana, porque comia y bebia
-muy bien de limosna, que por los pueblos y ventas le daban. Agradóle
-tanto mi bachillería, que me alabó mucho en un monasterio de su órden,
-donde me dieron el hábito con mucho gusto. La tentacion de hambre que
-pasan los novicios, aunque la oía decir, no la creia hasta que la
-esperimenté, que cuando acabábamos de comer, cogíale al refitolero
-un panecillo para comer entre dia; pero á la segunda vez que lo hice
-me lo cogieron, tratándome mal. Usé una traza muy buena, que hinqué
-cinco ó seis clavos por la parte de abajo en las tablas de mi cama,
-y en cogiendo el panecillo iba corriendo y espetábale en un clavo de
-aquellos; venian tras de mí, y como no lo hallaban, echaban la culpa á
-otro.
-
-Pasé de esta manera algunos dias, con que almorzaba y merendaba á
-mi gusto, y otros por mi culpa lo padecian: y estuviera hasta hoy
-secreto, si no fuera por una travesura que hice contra el maestro
-de novicios, que habiéndole enviado un tabaque ó canastillo de unas
-tortas hermosísimas de bizcochos, le cogí dos en volviendo la cabeza,
-y fingiendo que iba á otra cosa, fuí en un instante y espetélas en
-los clavos: volví muy mesurado, púseme á leer, echó menos las tortas
-y fué de presto á mi cama: miróme todo el cuerpo y los librillos, y
-no hallando lo que buscaba, quiso ver si estaba debajo de la cama,
-metiendo la mitad del cuerpo, y al fin dijo: Aquí no hay nada, vamos
-á otra parte: estaba yo ya muy seguro y muy contento; pero al tiempo
-que fué á sacar la cabeza de debajo de la cama, topó con el colodrillo
-en un clavo de aquellos, y como se lastimó, miró lo que era, y halló
-en los clavos sus tortas y mis panecillos. Asiéronme, poniéndome el
-cuerpo como tablilla de pintor; mire vuesa merced si es mejor la correa
-que el correo. Dejáronme aquella noche, á su parecer, que no podria
-volver sobre mí; pero yo cogí mi hatillo, y aviándome hácia el camino,
-enviaron tras mí dos mozos que servian al monasterio como donados,
-y por saber la tierra mejor que yo, cogiéronme la delantera tan de
-mañana, que cuando salí los ví de lejos puestos en lugar que no tenia
-remedio sino que me habian de coger, pero como la necesidad es tan
-grande trazadora de remedios, hallélo en un colmenar que estaba junto
-al camino; y así como los ví entréme en el colmenar, derribando más
-de veinte colmenas, y poniéndome entre ellas, sin hacer movimiento
-poco ni mucho, porque las abejas no acometen sino á quien lo hace, y
-entrando ellos á acometer, las abejas, por defender su jurisdiccion,
-los recibieron con sus armas al tiempo del asalto de las murallas, y
-como ellos se defendieron con las manos, cuanto más jugaban de ellas,
-tanto mayor número de abejas acudia. Alborotado el ejército y puesto en
-arma, desampararon las tiendas de la retaguardia, y viniendo á socorrer
-la vanguardia, fué tan grande el concurso, que les hacian sombra á los
-pobres verdugos. Yo, vista la batalla que por mí se habia trabado, y
-viendo la seguridad con que podia escabullirme, con el mayor silencio
-que pude, me salí á gatas del real por entre unas jaras, que para
-encubrirme estaban más espesas que las abejas para mis contrarios,
-que entrándoseles por las muñecas y pescuezo, no les daban lugar á la
-defensa. Aunque lo primero que hicieron fué cargar tan increible número
-á la frente y ojos, que un momento los cegaron de manera que cuando
-quisieron salir ya no acertaron, ni veian por dónde. Acudió el dueño
-del colmenar á sosegar sus soldados, armado con sus armas defensivas,
-y halló de suerte á los miserables mozos, aporreados y llenos de
-chichones, que en lugar de reñirles el daño hecho en su real, hubo
-de sacarlos muy lejos de la gente alterada y colérica, porque no los
-acabasen de matar. Seis dias há que vengo huyendo de los azotes que me
-habian de pegar si me cogieran. Entretuvo el muchacho toda la gente de
-la venta con sus sucesos con gusto y risa. Yo le dije: Al fin hallaste
-misericordia en las abejas, que haber sido sin daño de tercero, fuera
-el más feliz suceso del mundo: pero como tenemos más obligacion á
-nosotros propios naturalmente que á los otros, buscamos remedio para
-nuestros daños en los agenos, aunque ha de procurar un hombre su
-bien sin mal del prójimo, porque lo demás es contra caridad. Dijo el
-muchacho: Sea como fuere, que siempre oí decir que tiene un hombre
-obligacion de guardarse á sí propio: que un cordero mató á un lobo por
-huir de él en una trampa que habia puesto el pastor muy encubierta de
-yerba, con una culebra muerta puesta encima. Vió el lobo que venia
-muy determinado á cogerlo, y corriendo el cordero hácia donde estaba
-su pastor, cuando llegó á la trampa, vió la culebra, y espantóse de
-ella, dió en la trampa, y quebróse las piernas. Y si un cordero sabe
-defenderse con daño ageno, ¿por qué no lo hará un hombre? Con esto se
-fué cada uno á su cama, espantados de la bachillería del muchacho.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO XVI.
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-Salimos de la venta, y aunque gustáramos llevar al muchacho con
-nosotros, él andaba tan poco, que el oidor le dió dineros para que
-se fuese á su espacio. Ya que habia salido á puerto de claridad ó de
-seguridad, y admirándome de la diversidad de los ingenios, dije: ¡Cuán
-pocas esperanzas se pueden tener de estos muchachos que muestran en sus
-principios agudeza y bachillería, que no les queda profundidad para las
-cosas de veras y de substancia! El entendimiento capaz de las cosas,
-nunca anda vacilando ni variando en cosas de poco momento: que á los
-principios, para conmigo, da mayores esperanzas el que comienza más
-callado que no el que descubre con locuacidad todo cuanto tiene en el
-alma. Que siendo el entendimiento la más principal parte de ella, y no
-siendo ella habladora, tampoco lo será el buen entendimiento. Cuando
-un hombre está ya sazonado, y habilitado el ingenio en las veras, y
-con la experiencia, bien enterado en la verdad, que sea locuaz, tiene
-caudal para serlo; pero que no teniendo esta capacidad bien fundada sea
-hablador y atrevido, ni creo en él, ni en quien hiciere mucho caso
-de él: pero con todo eso, estos que hablan mucho son para la soledad
-del camino de provecho, porque si los oyen entretienen, y si no los
-oyen, dan lugar á que mientras hablan piense cada uno en su negocio.
-El oidor disputó un rato muy doctamente del entendimiento, la memoria
-y la imaginativa, que no es para este lugar, y todo el camino me fué
-preguntando por cosas de Márcos Obregon con grande aficion. Llegamos
-á Córdoba, donde fué forzoso el apartarnos, y me rogó encarecidamente
-al separarnos que le dijese el deseo que tenia de conocerlo, y que
-si algun tiempo fuese á Sevilla, fuese derecho á su casa. Y con esto
-llegando á la puente del Guadalquivir, dividímonos cada uno por su
-camino, y en habiéndonos apartado cosa de cien pasos, yo le dije recio,
-que lo pudiese oir: Señor oidor, yo soy Márcos de Obregon; y picando
-con toda la priesa posible, cogí el camino de Málaga ó de Gibraltar,
-que á uno de estos lugares era mi viaje. El oidor quiso volver á
-llamarme, y como yo me dí priesa, fué diciendo á sus criados: No en
-balde me hallaba yo tan bien con la compañía de este hombre, que cierto
-le he cobrado un amor, sin saber quién era, que haria cualquiera cosa
-por él. Yo me avié á una de estas ciudades, de cuya templanza yo tenia
-satisfaccion que para la vejez son apacibles, por el poco frio que hace
-en ellas; y por la variedad que tienen consigo los puertos de mar, por
-la cercanía y correspondencia que tienen con África, fuera de tener
-lugares acomodados para la soledad. Llegué á Málaga en tiempo que habia
-llegado el mismo dia el bergantin del Peñon, de que era capitan Juan de
-Loja, muy valiente soldado, que habia recibido y dado muchas heridas á
-moros y turcos, y traia una presa muy apacible. Fuíle á ver por ser muy
-amigo mio, y dándonos los parabienes cada uno de la venida del otro,
-me dijo que habia topado con un barco muy trabajado de una borrasca, y
-habia cogido en él una doncella turca y un gentil hombre, que debian
-de ser hermanos, ella muy hermosa, y el mozo de gallardo talle y algo
-españolados, tanto que se habian espantado por ser nacidos en África,
-é hijos de infieles. Roguéle que me los mostrase, por tenerles muy
-guardados, para hacer un presente de ellos. Él me dijo: Antes, pues
-habeis estado en Argel, quiero que sin veros los oigais hablar, por
-ver si tratan verdad. Entró donde estaban, quedándome yo á la puerta,
-y díjoles: Contadme la verdad de vuestra historia, ya que es forzoso
-vuestro cautiverio, para que conforme á esto os haga el tratamiento que
-merecen vuestras personas. Estaba el mozo muy triste, y la doncella
-deshecha en lágrimas, suspiros y sollozos; consolándolos su amo, el
-mozo dijo de esta manera: Que la privacion de la preciosa libertad nos
-traiga tristes y afligidos, la misma naturaleza lo pide; que carezcamos
-de nuestra tierra, padres y regalos que poseimos, por fuerza se ha
-de sentir; que dejásemos hacienda, esclavos y grandeza de nuestra
-voluntad, soledad nos causa; pero que no consigamos el intento á que
-venimos, nos arranca el corazon del pecho.
-
-Mi hermana y yo, que lo somos cierto, nacimos en Argel, somos hijos
-de un español que del reino de Valencia se pasó á Argel. Casóse con
-nuestra madre, que es turca de nacion. Es nuestro padre corsario que
-trae por la mar dos galeotas suyas, con que ha hecho mucho mal á
-cristianos. Entre los cautivos que robó en España, vino uno á quien
-nuestro padre nos dió para maestro de la lengua y letras españolas, que
-como nos encarecia tanto las cosas de su tierra, nos encendia en amor y
-deseo de ver y haber lo que tanto estimaba: este esclavo español se dió
-tan buena priesa en la doctrina que nos enseñó, que dentro de pocos
-dias teníamos aborrecida la que habíamos mamado en la leche, y abrazada
-en el corazon la del bautismo. Si yo nombraba á Jesus, mi hermana á
-su madre María: no teníamos otra comunicacion sino esta. Hicimos voto
-en voz de vivir y morir en la religion cristiana. Diónos palabra este
-esclavo de buscar modo cómo nos bautizásemos. Han pasado ocho años que
-fué á su tierra, y al cabo de estos nos dijeron que en saliendo de
-Argel lo habian cautivado las galeras de Génova, y le habian muerto
-entendiendo que era nuestro padre. Desconfiados ya de su aviso ó
-venida, determinamos de buscar por otra parte remedio. En este tiempo,
-como ya mi hermana tenia edad para tomar estado, y yo era el mayorazgo
-de aquella hacienda, concertó nuestro padre con un turco muy rico, que
-tenia hijo é hija de nuestra edad, de trocar y casar hijo con hija, é
-hija con hijo, y habia sido este deseo general en todo Argel, porque
-aunque tenia mi hermana y yo libertad con riqueza, nunca nos vió nadie
-con resabios de tales, que si bien éramos estimados, ella por su mucha
-hermosura, y yo por sucesion de mi hacienda, nunca nos empeció que
-olvidásemos la libertad cristiana que nos enseñó nuestro maestro, y por
-brevedad de nuestras desdichas, viendo tan cerca nuestros casamientos
-por donde habíamos de borrar de nuestra alma los ardientes deseos que
-conservábamos en el pecho; mi hermana y yo aguardamos á que nuestro
-padre hiciese una jornada hácia levante para traer alguna presa con que
-enriquecer más nuestro nuevo estado, y en echando las galeotas al agua,
-nos fuimos á una heredad, y comunicando el caso con cuatro esclavos
-españoles, dos turcos, y seis italianos prácticos en toda la costa de
-España; y estando mi madre segura y descuidada, por estar mi hermana en
-mi compañía, cogimos al anochecer un barco, y con todo el silencio del
-mundo, batiendo los remos fuertemente, nos dimos tan buena priesa, que
-al amanecer descubrimos la costa de Valencia; pero yendo con esta buena
-suerte, nos vino un viento de hácia levante que nos hizo bajar la vela,
-y nos echó hácia poniente con tanta furia, que no fuimos señores del
-barco, porque venian sobre nosotros tan levantados montes y breñas de
-agua, que mil veces nos vimos debajo de las olas sumergidos; y como yo
-y mis criados llevábamos el cuidado puesto más en salvar á mi hermana
-que á nosotros propios, una vez esperando un peñasco de agua que venia
-á tragarnos, tendióse ella de bruces sobre el suelo del barco, y á
-cuatro que se pusieron á resistir la fuerza por que no llegase á ella,
-se les sorbió la ola, y nunca más parecieron. Rendímonos á lo que el
-cielo ordenase despues de haber atado á mi hermana, de suerte que no se
-la llevasen las olas aunque padeciese naufragios el barco, y á los que
-llevaban los remos en las manos, se los arrancó de ellas el soberbio
-viento, dejándoles los brazos mancos. Yo, visto que solo Dios podia
-socorrernos, mandéles que no hiciesen defensa, porque el barco sobre
-aquellas poderosas olas, andaba como cáscara de nuez, siempre encima,
-aunque una vez, viendo que se volvia boca arriba, yo me abracé con mi
-hermana, que me valió la vida, porque á los demás que iban sueltos los
-voló, sino fueron á dos que se asieron á los dos bordes del barco.
-Vino á sosegarse un poco el viento, pero las olas movidas del levante
-inexorable quedaron por dos dias en su fuerza, andando sin gobierno
-cinco ó seis dias, sin poder comer lo poco que nos habia quedado: como
-no tenia remos, ni quien los gobernase, acordéme que aquel nuestro ayo
-ó esclavo nos dijo, que los que se encomendaban á Dios, tomando el
-sagrado bautismo, habian de pasar los trabajos con mucha paciencia y
-esperanza; y consolámonos con esto. Mi hermana vuelta en sí comenzó
-con muchas veras á rezar en un rosario que le habia dejado Márcos de
-Obregon, que así se llamaba nuestro maestro, y en esto descubrimos
-vuestro barco, no con intento de ponernos en defensa, que aquellos dos
-turcos que vuestro valeroso brazo mató, los traíamos ya con celo de
-bautizarse: llegamos á tierra de cristianos, donde suplicamos á Dios
-nos dé paciencia y nos cumpla nuestro deseo. Acabó su razonamiento,
-y la hermana no el llanto que habia comenzado desde el principio del
-cuento. El capitan, piadoso y enternecido, les dijo: Si lo que habeis
-contado con tanta terneza es verdad, yo os daré libertad y todas las
-joyas que tengo vuestras, y les dijo: ¿Conocereis á Márcos de Obregon
-si lo veis? Respondió la doncella: ¿Cómo lo habemos de ver si es
-muerto? Dijo el capitan: Salid afuera, y mirad si es alguno de los
-hombres que están ahí. Alborotáronse confusos entre esperanza y temor,
-y la doncella con mayor turbacion, porque el amor hizo memoria de lo
-pasado, y la religion le facilitó su ardiente deseo de ver á quien los
-habia enseñado; salieron afuera, y en viéndome se arrojaron á mis piés,
-llamándome padre, maestro y señor; quedé en éxtasis por algun espacio
-sin poder hacer otra accion sino admirarme, afirmando que cuanto habian
-contado era verdad: en sosegándome de la súbita alteracion, lloré
-tiernamente con ellos, que tambien el contento tiene sus lágrimas
-piadosas, como el pesar congojosas: el capitan quedó espantado del
-caso, y habiéndoles consolado con sus palabras y mi presencia, les
-dijo: No quiera Dios que yo cautive á cristianos; libertad teneis,
-y vuestras joyas, de que yo he sido no poseedor, sino depositario
-veislas aquí (entre las cuales ví un rosario que yo le habia dado á la
-doncella), usad de la libertad cristiana, pues tan venturosos habeis
-sido en llegar á ejecutar vuestro soberano intento. La alegría que yo
-sentí en ver aquellas dos prendas, que en mis trabajos y cautiverio
-me alentaron y consolaron, me volvió, si se puede decir, á la mocedad
-pasada: que el pecho con alegría entretiene la vida; y la alegría
-fundada en bien, engendra paz en el alma. Hablé grandes ratos con
-ellos de mis trabajos y sus consuelos, que siendo pasados, bien pueden
-traerse á la memoria, pues causan, á la medida del pasado mal, la
-presente alegría. Los virtuosos mozos cobraron tanta en verme, que se
-les borró del rostro la tristeza del trabajo pasado. Dimos órden en su
-vida con ayudarles á cumplir lo que tanto deseaban; y fué la mudanza
-de sus acciones exteriores tan conocida, que nos dió ejemplo de vida á
-todos. Aviáronse á Valencia á conocer los parientes de su padre, donde
-vivieron con tanto consuelo del alma, que tuve nueva que acabaron sus
-vidas con grande ejemplo de virtud cristiana.
-
-[Ilustración]
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-
-[Ilustración]
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-DESCANSO XVII.
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-Parecióme que para la quietud que yo deseaba, el bullicio de Málaga, y
-las ocasiones de la tierra y mar, con el apacible trato de la gente,
-siendo yo conocido en ella, no se podia hallar á la medida de mi deseo,
-y la ejecucion del intento principal; fuíme á la Sauceda de Ronda,
-donde hay lugares y soledades tan remotas, que puede un hombre vivir
-muchos años sin ser visto ni encontrado si él no quiere. Púsome en
-camino un buen hombre, y porque no pasase sin trabajo, llegando á la
-Sabinilla, se desembarcaron dos bergantines de turcos, saltaron en
-tierra, y cogieron pescadores y vaqueros, cuantos hallaron por allí;
-porque aunque habian hecho ahumadas, no las echamos de ver hasta que
-dimos en manos de los moros, que nos maniataron y llevaron á los
-bergantines; pero de verse tan señores de la tierra, descuidáronse,
-hinchando las panzas de vino de lo que hallaron en una hacienda de
-pesca; de manera que todos, ó la mayor parte se emborracharon; dan
-sobre ellos la gente de Estepona y Casares, y los demás que vivian
-cerca viniendo al rebato, cautivando y matando, se escaparon muy
-pocos. Los que estábamos en los bergantines maniatados, pedimos á los
-guardas, que si querian vivir nos desatasen y echasen en tierra; lo
-cual hicieron, y les valió para poderse aviar, porque desatando á un
-vaquero con los dientes, hombre de fuerza y ánimo, cogió un remo como
-si fuera una vara de medir, y jugando de él, hizo que nos desatasen á
-todos y nos echasen en tierra. Afligíme de nuevo, acordándome de mis
-trabajos de mar y tierra, que aunque han sido muchos, siempre hallé
-piedad y misericordia en ellos, como en este, que viéndome un hombre
-anciano en edad, aunque robusto y fuerte en las acciones de hombre de
-valor, vecino de la villa de Casares, que decian ser un Abraham en
-piedad, porque su casa y hacienda era siempre para hospedar peregrinos
-y caminantes; llegóse á mí, y dijo: Aunque siempre la piedad me llama á
-semejantes cosas, ahora parece que me hace más fuerza que otras veces,
-viéndoos afligido y con edad; idos conmigo á mi casa, que aunque es
-pobre de hacienda, es abundantísima de voluntad, y nadie hay en ella
-que no se incline á piedad tan entrañablemente como yo: no solamente mi
-mujer é hijos, pero criados y esclavos, que tanto tiene el hospedaje
-de bueno, cuanto tiene de concordia en el amor de todos. ¿Cómo es el
-nombre, pregunté yo, de quien tanta piedad usa conmigo? que fuera de
-la caridad, que tanto resplandece en vuestra persona, hay en mí otra
-fuerza superior que me abrasa el pecho en amaros. Yo, respondió, soy
-un hombre no conocido por partes que en mí resplandezcan, contento con
-el estado en que Dios me puso, pobre bien intencionado, sin envidia al
-bien ageno, ni de las grandezas que suelen estimarse; trato con los
-mayores con sencillez y humildad, con los iguales como hermano, con
-todos los sugetos como padre. Alégrome cuando hallo mis vaquillas
-cabales, castro mis colmenas, hablando con las abejas como si fueran
-personas que me entendiesen; no me pongo á juzgar lo que otros hacen,
-porque todo me parece bueno; si oigo decir mal de una persona, mudo
-conversacion en materia que les pueda divertir; hago el bien que puedo
-con lo poco que tengo, que es más de lo que yo merezco, que con esto
-paso una vida quieta, y sin enemistades que destruyen la vida. Dichoso
-vos, dije yo, que sin andar contemporizando las pompas y soberbias del
-mundo, habeis alcanzado lo que todos desean poseer. ¿Pues cómo habeis
-caminado á tan quieta vida? Respondió: No desprecio de lo propio, no
-envidio lo ageno, no confio en lo dudoso, no reparo en recibir lo que
-viene sin alteracion de ánimo. Quien tal estado alcanza, dije yo, bien
-es que publique su nombre. No es mi nombre, dijo, de los conocidos
-por el mundo, sino á la manera de mi persona, llámome Pedro Jimenez
-Espinel. Dióme una aldabada en el corazon, pero soseguéme, prosiguiendo
-en la conversacion para entretener el camino hasta llegar al lugar; y
-preguntéle: ¿Y con esa vida tan segura teneis alguna pesadumbre que
-os inquiete? Por Dios, señor, respondió, si no es cuando no hallo la
-hacienda bien hecha, ó la comida por aderezar, no tengo pesadumbre,
-y esa con leer el Memorial de la vida cristiana de fray Luis de
-Granada, se me quita como por la mano. ¡Cuántos filósofos, dije yo, han
-procurado esa sencillez y no la poseyeron con cuantas observaciones
-han tenido en los preceptos de la filosofía moral y natural! No me
-espanto, dijo el buen hombre, que como la mucha ciencia engendra en
-los hombres algun desvanecimiento, sin humildad no se puede alcanzar
-esta vida, que como yo soy ignorante, abracéme desde mi niñez con
-la virtud de paciencia y humildad que conocí en mis padres, y héme
-hallado bien con ella; pero pues habeis andado por el mundo, podrá
-ser que hayais conocido por allá un sobrino mio que há muchos años no
-sabemos de él, que segun nos han dicho, anda en Italia, y á cuantos
-hospedo en mi casa, fuera de ser la obra buena, en parte lo hago por
-saber de mi sobrino. ¿Cómo se llama? pregunté, y respondióme con mi
-propio nombre. Sí le conozco, dije, y es el mayor amigo que tengo en el
-mundo. Él es vivo, y está en España, y bien cerca de aquí; donde sin
-andar mucho le podreis ver y hablar. Holguéme en el alma de conocer
-mi sangre, y tan bien fundada en las virtudes morales cristianas, que
-pudiera yo imitarle si fuera tan puesto en la verdad de las cosas como
-era razon. Él se holgó de las nuevas que le dí, aunque por entonces no
-me dí á conocer hasta que hube mudado estado. Que realmente la carne y
-sangre, y tan cercana como esa, tiene algo de estorbo para la ejecucion
-de los intentos buenos que apetecen soledad. De todos los valerosos
-hombres en religion tenemos noticia que han huido á los desiertos de
-la compañía de parientes y amigos que pueden ser impedimento para los
-buenos fines. Los actos del alma en la soledad están más desembarazados
-y libres. Obras de ingenio no quieren compañía. El vicio tiene menos
-fuerza cuando las ocasiones son menos. Las más escelentes obras de
-varones señalados se han fraguado en las soledades. Y quien quisiere
-adelantarse en cosas de virtud, ora sea en ejercitarla, ora sea en
-escribir de ella, se hallará más fácil y pronto para semejantes
-acciones. Y aunque la soledad por sí no es buena, no está solo quien
-tiene á Dios por compañero.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO XVIII.
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-Y para cortar razones, llegué á la Sauceda, donde lo primero que
-encontré fueron tres vaqueros con muy largas escopetas, que me dijeron:
-Apéese del macho. Yo les repliqué: Mejor me hallo á caballo que á pié.
-Pues si tan bien se halla, dijeron ellos, cómprenoslo. Eso seria, dije
-yo, quedar sin macho y sin los dineros que no tengo. ¿Quién son vuesas
-mercedes, que me venden el macho que yo compré en Madrid? Despues lo
-sabrá, respondieron, y ahora apéese. Cierto, dije yo, que me huelgo,
-porque no he visto más mala bestia en mi vida, maliciosa, ciega y llena
-de esparavanes, y con más años acuestas que una palma vieja, tropieza
-cada momento, y se arroja en el suelo sin pedir licencia; solo una
-cosa tiene buena, que si le ponen un alcalí de cebada no se moverá
-hasta tener sed. Pues con todas estas faltas lo queremos, dijeron. Al
-fin me bajé de ella, y rindiéndoles las faldriqueras, como no hallaron
-substancia en ellas, dijeron que habian de desollar al macho, y meterme
-en el pellejo si no les daba dineros. ¿Pues soy yo cofre, les dije,
-que me quieren aforrar del pellejo del macho? ¿ó quieren abrigarme
-por el frio que me ha causado el temor de ver las escopetas? Con el
-buen ánimo que conocieron en mí, se desenconaron del ruin que ellos
-tenian; y porque al mismo tiempo venian otros cinco ó seis furiosos
-por asir á un hombre que se defendia de ellos valerosamente, dando y
-recibiendo heridas, á los cuales mandó su caudillo que no le matasen,
-porque tan valiente hombre seria bueno para su compañía; mas él, con
-valeroso pecho, dijo que no queria sino que le matasen si pudiesen.
-¿Por qué? preguntó su cabeza, aquietándoles y sosegando á él. Porque
-á quien tal desdicha como á mí le ha sucedido, no há menester vivir.
-Miré al hombre, y pareciéndome que era el doctor Sagredo, á quien yo
-habia comunicado en Madrid, aunque con trage diferente, porque él era
-médico, y allí venia como soldado desgarrado, pero siempre hombre muy
-de hecho, y así no me determiné en que fuese él mismo. Sosegáronse, y
-él con grandes ansias reprehendia la piedad de los salteadores porque
-no le mataron, y con ardientes suspiros clamaba al cielo, diciendo:
-¡Oh rigores de las estrellas, desdichas entrañables solamente mias,
-mudanzas de fortuna, planetas verdugos de mi quietud y sosiego, que
-habiéndome librado de tan inmensos peligros por mares y tierras no
-conocidas, me viniese á tragar la furia del mar mi dulce compañía,
-mi regalada esposa, despues de haberme seguido y acompañado en tan
-importunos trabajos, y que fuese yo tan para poco que no me arrojase
-en las levantadas olas para acompañar en la muerte á quien me acompañó
-en la vida! Tantas ternezas dijo, que movió á compasion á la más
-mala canalla que habia en el mundo en aquel tiempo, que en hábito de
-vaqueros andaban trescientos hombres robando y salteando á quien no
-se defendia, y matando á quien se defendia. Juntáronse á consejo cosa
-de ciento que se hallaron allí con el caudillo, para tratar de cierta
-sospecha que traian de que Su Magestad queria remediar aquel fuego que
-se iba encendiendo con tan exorbitantes daños como se descubrian en
-toda la Andalucía á cada momento, y juntamente sentenciar qué habian de
-hacer de muchos que tenian en cuevas presos. Y entretanto nos pusieron
-al doctor Sagredo y á mí con otros dos en una cueva, fácil para entrar,
-y para salir imposible, aunque tenia bastante claridad, que por entre
-la espesura de los encumbrados árboles entraba en la cueva. Y viéndome
-en aquella afliccion, por no estar en triste silencio, le pregunté:
-Señor, ya que estamos en un trabajo, y padeciendo un mismo agravio, os
-suplico me digais si sois el doctor Sagredo. Alborotóse, y replicóme:
-¿Quién sois vos que me lo preguntais, y dónde me conocísteis? Yo soy,
-le respondí, Márcos de Obregon. No lo acabé de pronunciar, cuando
-echándome los brazos al cuello, me dijo: ¡Ay padre de mi alma! ya
-murió vuestra querida y regalada; ya murió mi amada esposa; ya murió
-doña Mergelina de Aybar; ya murió todo mi bien y mi compañía. Ya no
-soy el doctor Sagredo, sino una sombra del que solia, hasta que llegue
-la disolucion de este miserable cuerpo. ¡Ay mi consejero leal, y cuán
-mal me aproveché de vuestra doctrina para verme ahora en la soledad
-que me aflige y atormenta el alma, si no es que el inmenso Dios, tras
-tantos infortunios, sea servido de ponerme en esta mazmorra con vuestra
-compañía para que muera con algun alivio y refrigerio, que despues que
-de ella me aparté, se apartó de mí todo lo que podia estarme bien!
-¿Pues cómo y cuándo, dije yo, y dónde murió aquella prenda tan amada
-vuestra, y alabada por su hermosura de todo el mundo? Ninguna fuerza
-pudiera haber tan grande para mí en lo descubierto como la vuestra para
-contar desdichas, y que tanto me atormentan la memoria. Pero pues no
-sabemos el fin que nos está guardado en esta esquiva prision, y estando
-tan cierto que renovar mis desventuras á quien las ha de sentir, y no
-burlarse de ellas, puede aligerar tan pesada carga, tomaré el principio
-de lo que lo fué de mi total ruina.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO XIX.
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-Luego que, por mi desgracia, salí de aquella reina del mundo, Madrid, ó
-madre universal, en el primer pueblo á donde llegué ví tocar cajas que
-hacian gente por mandado de Felipe II, para ir á descubrir el estrecho
-de Magallanes; y como yo nací más inclinado á las armas que á los
-libros, dí con ellos á un lado; y con el ánimo alterado, arrimándome á
-un capitan amigo mio, eché mi caudal en armas y en vestidos de soldado,
-que no le parecieron mal á doña Mergelina, que con ver que ella gustaba
-de ello me incliné más á seguir aquel modo de vida, llevándola en mi
-compañía, por quererlo ella, y por desearlo yo, que muchos hombres
-casados fueron á la misma jornada, porque la intencion de Su Majestad
-era poblar aquel estrecho de vasallos suyos, y pluguiera á Dios me lo
-estorbara, que yo tenia mi voluntad tan subordinada á la suya, que
-sin su beneplácito no me arrojara tan inconsideradamente á profesion
-tan llena de miserias y necesidades. Embarcámonos en Sanlúcar, que
-voy abreviando, y llegando al golfo de las Yeguas fué tan desatada y
-terrible la tormenta que nos sobrevino, que por poco no quedára tabla
-en que salvarnos; pero por la prudencia de Diego Flores de Valdés,
-general de la flota, volviendo las espaldas á la tormenta, tornamos
-á invernar á Cádiz primera vez, de donde salimos, y con grandes
-incomodidades llegamos á la costa del Brasil, invernando segunda vez en
-San Sebastian, á la boca del rio Ganero, muy ancho y estendido puerto.
-Estuvimos allí algun espacio, admirándonos de ver aquellos indios
-desnudos, y tanta abundancia de ellos, que bastára para poblar otro
-mundo. Solian desaparecerse algunos de ellos, sin saber qué se hacian,
-y un valeroso mancebo, mestizo portugués é indio, determinóse de buscar
-el fin de tantas personas como faltaban, y embrazando una rodela de
-punta de diamante, y una muy gentil espada, se fué por la orilla del
-ancho mar: vió de lejos un mónstruo marino que estaba esperando algun
-indio para cogerle, y que llegando cerca, puesto en piés el mónstruo,
-porque antes estaba de rodillas, era tan grande, que el portugués no
-le llegaba al medio cuerpo, y cuando el mónstruo le vió cerca, cerró
-con él pensando llevarle adentro, como hacia con los demás. Pero el
-valeroso mozo, poniendo la rodela adelante, y jugando la espada,
-defendióse lo mejor que pudo, aunque las conchas de la bestia marina
-eran tan duras que no le pudo herir por alguna parte. Los golpes que
-el mónstruo le daba eran tan pesados que no los osaba esperar, hasta
-que dió en ponerle delante la punta del diamante, apuntando á las
-coyunturas de los brazos, por donde el mónstruo recibió tanto daño que
-se iba desangrando: y habiendo durado esta pesca grande rato, al fin
-cayeron ambos muertos. Fueron á buscar al animoso mozo, y hallaron uno
-caido á una parte, y otro á otra. El capitan Juan Gutierrez de Sama y
-yo vimos el cuerpo del espantable mónstruo, y otros muchos españoles,
-con grande admiracion. El mar por allí tiene muchos bajíos y muchas
-islas; en una de ellas vimos una serpiente de las que por acá nos
-pintan para espantarnos, que tenia el hocico á manera de galgo, largo,
-y con muchos dientes agudísimos; alas grandes de carne, como las de los
-murciélagos, el cuerpo y pecho grandes, la cola como una viga pequeña
-enroscada, dos piés, ó manos con uñas, el aspecto terrible. Encaramos
-cuatro escopetas hácia ella, porque estaba en una fuente que por el
-remanente íbamos á buscar para beber. Yo fuí de parecer que cuando la
-matásemos ella mataria á alguno de nosotros, y así la dejamos, porque
-ella en viéndonos se entró por la espesura del monte, dejando un rastro
-muy ancho como de una viga. Mas como no me importaba, ni importa para
-mi discurso, no digo muchas monstruosidades que vimos. Seguimos desde
-allí el camino ó viaje del estrecho, por el mes de enero y febrero,
-cuando allá comienza el verano, con muchos vientos contrarios,
-oponiéndonos á recias corrientes, que ó por cerros altísimos, y canales
-que hay debajo del agua, ó por vientos furiosos que la mueven, nos
-hacian tantas contradicciones, que muchas naos padecieron tormentas,
-y algunas naufragio, sin poderse socorrer unas á otras. Entre las que
-padecieron naufragio fué la que llevaba mi esposa y á mí, que aunque
-soltaron pieza, ó no nos oyeron, ó no pudieron socorrernos, sino fué
-una que iba á vista de la nuestra, que compadecidos los marineros,
-contra su costumbre, de nosotros, acudieron á tan buen tiempo que
-pudo salvarse la ropa y las personas antes que del todo se hundiese.
-Los soldados y marineros, despues de haberse anegado nuestro navío, y
-pasado al otro, acudieron á regalar á la mal malograda de mi esposa,
-que aunque era tan varonil, el temor de la tragada muerte la tenia
-turbada, y así fué parecer de todos que no siguiésemos la armada hasta
-ver que la gente hubiese respirado del trabajo pasado. Descubrióse una
-isla despoblada, adonde con algun trabajo pudimos arribar. Reparámonos
-del cansancio y trabajo, hicimos agua, que la hallamos muy buena, y
-algunas frutillas con que nos refrescamos, y dentro de quince dias nos
-hicimos á la vela siguiendo la flota, que no pudimos alcanzar. Llegamos
-á vista del estrecho, despues de haber andado perdidos mucho tiempo.
-Descubriéronse grandes y altas sierras, con muchos árboles frutales,
-y infinita caza, segun supimos de pobladores que dejó allí la armada,
-aunque ni saltamos en tierra, ni nuestra cabeza lo consintió por volver
-á seguir la flota.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO XX.
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-Estando esperando viento para volver la proa, vimos venir muchísimas
-aves en aquella parte del estrecho, donde habia unos hombrezuelos
-pequeños de estatura, porque en la otra son altísimos y membrudos, que
-casi las aves se señorean de la tierra, de manera que los hombrecitos
-huian de ellas; nos vino un viento tan poderoso, que nos hizo pasar
-el estrecho sin poderle resistir, con grandes daños del navío, porque
-siendo la orilla muy llena de bajíos, íbamos casi arrastrando por la
-arena las áncoras, fuera de no estar el estrecho llano como el de
-Gibraltar, sino haciendo combas y senos, y topando en las áncoras que
-habia dejado la arena por allí. La presteza del viento fué tanta y
-tan sin pensar, que no tuvieron los marineros traza para defender al
-navío. Pasamos de la otra parte con todos estos peligros de golpes
-que el navío daba, y duró tanto, que nos rompió las velas mayores,
-aunque las demás se amainaron, dejaron el trinquete de proa para que
-la inmensa furia del aire nos llevase adonde quisiese, sin poder
-dar bordo ni ver lugar adonde pudiésemos tener recurso ni socorro.
-Al fin anduvimos seis meses perdidos, faltando ya todo lo necesario
-para conservar la vida, arrojados y sacudidos de las olas por tan
-inmensos mares, de nadie conocidos y navegados, perdida la esperanza
-y el gobierno sin saber hácia dónde caminábamos, dispuestos cada dia
-para ser manjar de mónstruos espantables, fuera de nuestro elemento,
-y acabadas ya comida y bebida, de suerte que no habia quedado cuero
-de maleta que no hubiese sido dulcísimo mantenimiento de su dueño,
-si se las dejaban comer á solas, con un temor horrible, de imaginar
-la sepultura que teníamos abierta en las no habitadas cavernas del
-profundo mar, ó en las hambrientas entrañas de sus indomables bestias.
-Creyendo que ya todo el mundo hubiese tornado á ser agua otra vez por
-el diluvio general, comenzaron todos á decir en un grito: ¡Tierra,
-tierra, tierra! porque descubrimos una isla de tan altos riscos
-cercada, y ellos adornados de tan levantados árboles, que parecia
-alguna cosa encantada, y apenas la descubrimos, cuando en un instante
-se desapareció, no por arte mágica sino por la fuerza de una corriente
-que nos arrebató el navío contra nuestra voluntad, sin ser poderosos
-para resistirlo, hasta que la misma corriente nos echó á un lado, entre
-unos remolinos tan furiosos, que tuvimos por cierto que se tragára el
-navío, y á nosotros con él; pero volviendo en sí los marineros, y no
-habiendo perdido el tiento donde se descubrió la isla, parecióles que
-dando bordos con el trinquete, llevando siempre á vista la corriente,
-sin acercarnos á ella, podíamos tornar á cobrar la isla; pero yo fuí
-de opinion y parecer que amainasen el trinquete, y con los dos barcos
-que iban amarrados en la popa, llevásemos el navío á jorro; porque si
-la corriente arrebatase uno de los barcos, sería fácil de volver al
-navío; mas si arrebatase el navío, tornaríamos á perder el tiento, y
-aun las vidas; y encomendándonos todos al bendito ángel de la guarda,
-con grandísimas plegarias y oraciones, y bogando los barcos aquellos
-que más robustos ó menos flacos habian quedado por la falta de los
-mantenimientos, remudando de cuando en cuando porque todos se alentasen
-con la esperanza de ir á buscar tierra, pusimos en la guia ó en lo más
-alto del árbol mayor un hombre muy bien atado que fuese descubriendo
-con grande vigilancia, y avisando lo que pareciese que se descubria; y
-al cabo de dos dias al punto que ya nos parecia que habíamos perdido el
-camino de nuestra salud, tornamos á ver aquellas altísimas y tajadas
-peñas, más empinadas que el Calpe de Gibraltar, pero llenas de tan
-próceros y vistosos ramos, que alentó de manera á todos mis compañeros,
-que fué menester quitarles los remos de las manos; porque con las
-ansias y encendidos deseos que tenian de llegar á tierra, por poco
-dieran otra vez con el navío en la corriente, y con las personas en
-la última miseria de desesperacion. Pero dándoles una grande voz, les
-dije: Compañeros, ya que Dios os ofrece, tras de tantas desventuras,
-hambres y trabajos, ocasion en que se conozca cuánto puede la industria
-junta con el valor de los pechos, que tanto tiempo han estado firmes,
-siendo terreno de increibles golpes de fortuna, si ahora nos faltase
-la cordura y sufrimiento para con prudencia considerar cuánto más
-cercanos estamos de la muerte que en todo el tiempo que nos ha traido
-la fortuna jugando con nuestras vidas, no seria ya culpa suya, sino
-nuestra, precipitarnos en tan evidente peligro como el que habemos
-tocado con las manos y visto con los ojos. Y siguiendo mi parecer en
-lo que tanto nos importaba, fuimos acercándonos á la isla con tanto
-tiento, que aunque diéramos en la corriente con alguno de los barcos,
-con la mucha atencion que todos los marineros de conocimiento llevaban,
-no se recibiera daño que no fuera fácil de reparar. Caminamos tanto
-y tan atentamente, que veníamos á hallarnos menos de media legua de
-la isla, y muy cercanos á la corriente, que al parecer de los más
-esperimentados, comenzaba sobre la isla muy poco trecho, y se estendia
-por ambos lados, de manera que dejaba la entrada imposible y la isla
-inaccesible, como le dimos el nombre. Y aunque la corriente no era tan
-estendida como en lo que por nuestro daño habíamos visto, era mucho más
-furiosa, por ser en aquella parte más angosta.
-
-Al fin, estando suspensos, y sin consejo sobre lo que se habia de
-hacer, yo dije resueltamente: ¿Allí hay tierra y riscos? pues aquí ha
-de haber lo uno y lo otro. Y determinadamente hice arrojar el áncora,
-y á poco trecho aferró de suerte, que todos quedamos muy contentos y
-con esperanza de salvamento. Hecho esto, pedí todos los cabos, sogas
-y maromas, de que habia abundancia, tambien como de pólvora, porque
-no se habia ofrecido lance en que gastar lo uno y lo otro, y atadas
-fuertemente una soga con otra vino á ser tanta la cantidad, que podia
-el barco llegar á la isla, y echando en él cincuenta compañeros, y los
-más fuertes que me pareció, con sus arcabuces, frascos y frasquillos,
-bien llenos de pólvora, y yo por cabo de ellos, aviando en el navío,
-que aunque nos arrebatase la corriente, fuesen dándonos cabo, y
-alargando con mucho tiento las maromas, hasta ver en qué parábamos;
-nos dejamos llegar, guiándonos el bendito ángel de la guarda, y
-arrebatándonos la corriente, sin recibir el barco otra alteracion, sino
-ir con mucha furia. Á poco trecho nos hallamos en un abrigo, ó seno que
-hacia la isla por aquella parte, tan sosegado, que si era grandísima
-la furia de la corriente, no era menos mansa y quieta la playa ó
-puerto adonde nos arrojó. Con este infeliz, y no pensado suceso, fuimos
-bogando, arrimados al levantado risco para buscar alguna entrada, y
-luego vimos á la puerta que hacia el encorvado abrigo, un ídolo de
-espantable grandeza, y más admirable hechura, y de novedad nunca vista
-ni imaginada: por su grandeza era como de una torre de las ordinarias;
-sustentábase sobre dos piés tan grandes, como lo habia menester la
-arquitectura del cuerpo: tenia un solo brazo que le salia de ambos
-hombros, y éste tan largo, que le pasaba de la rodilla gran trecho:
-en la mano tenia un sol ó rayos de él, la cabeza proporcionada con lo
-demás, con solo un ojo, de cuyo párpado bajo le salia la nariz con sola
-una ventana: una oreja sola, y esa en el colodrillo: tenia la boca
-abierta, con dos dientes muy agudos, que parecia amenazar con ellos:
-una barba salida hácia fuera con cerdas muy gruesas: cabello poco y
-descompuesto. Pero aunque pudiera espantarnos esta vision para no pasar
-adelante, como íbamos buscando la vida, y se habia de hallar en tierra,
-caminamos hácia el ídolo, por donde estaba la pequeña entrada para la
-isla, de nadie jamás vista ni comunicada, y al punto que llegamos el
-barco á la entrada, salieron los dos altísimos jigantes, de la misma
-hechura que tengo pintado el ídolo, y cogiendo el barco cada uno de
-su lado, fué tanto el espanto nuestro y la violencia suya, que sin
-podernos valer, nos vaciaron en una cueva que estaba al pié del ídolo:
-y á un pobre compañero que tuvo ánimo para disparar el arcabuz, cogió
-un jigante de aquellos, ciñéndolo con la mano por medio del cuerpo,
-y lo arrojó tan lejos, que le vimos ir por encima del agua grande
-trecho, hasta que cayó en el mar. Yo tuve advertencia de amarrar el
-barco á un tronco de un árbol que estaba cerca de la entrada, antes
-que llegásemos á ella, que despues nos fué de mucha importancia, no
-previniendo el daño que nos habia de venir, sino porque el barco no se
-fuese hácia la corriente.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO XXI.
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-Los jigantes, así como nos echaron en la cueva, taparon la boca,
-dejando caer un troncon de un árbol, que estaba en la puente superior
-pendiendo, á manera de puerta levadiza, que hizo con el encaje y golpe
-temblar, no solo la cueva y el ídolo; pero por un resquicio ó ventana
-que salia á la mar, la violencia del viento movido levantó tan grandes
-olas en ella que sentimos nuestro barco dar muy grandes golpes, por
-la grandeza y pesadumbre suya, porque no creo que me engaño en decir
-que tenia el tronco treinta varas de circunferencia, y de alto más
-de sesenta; era de una materia tan maciza y pesada como la más dura
-piedra del mundo. Los jigantes con el gran servicio que habian hecho
-á su ídolo, comenzaron á bailar y danzar, y hacer sones descompuestos
-y desconcertados en unos tamboriles roncos y melancólicos, que más
-parecia ruido hecho en bóveda, que són para bailar. En tanto que ellos
-estaban atentos á sus juegos, y entretenidos á costa de nuestras vidas,
-nosotros llorábamos la desventura nuestra y la fuerza del hado que con
-tal violencia nos habia tratado y traido á punto que ya que nos parecia
-haber hallado algun alivio á tan contínuos é incesables trabajos, nos
-habia puesto á morir de hambre y sed entre cuerpos muertos, de los que
-sacrificaban á su insaciable ídolo; pero como no se ha de perder el
-camino en cualquiera adversidad, si los trabajos son la piedra de toque
-del valor y del ingenio, luego se me representó el modo de podernos
-valer en tan apretado paso, adonde el ánimo, el ingenio y la presteza
-habian de concurrir juntos en un instante. Y como estaban contentos
-y divertidos en sus fiestas, y realmente era gente sencilla, y les
-pareció que con aquel lance y con tenernos encerrados en tan obscura
-sepultura, no habria más memoria de nosotros; pudimos, aunque con
-trabajo, venir á la ejecucion de mi intento, que fué de este modo: Tomé
-las cuerdas que me parecieron necesarias, y con los huesos blancos de
-aquellos muertos que habia más descarnados, tomando los más pequeños,
-hice una escala con que pudiésemos llegar al resquicio que tengo dicho,
-que no pudo hacerse sin mucha dificultad, porque como todo era peña
-viva, no dió lugar á que se pudiesen hacer agujeros para subir á poner
-la escala; mas como la necesidad es tan grande maestra, y no iba menos
-que la vida en hallar modo para poner la escala, tomé un hueso de un
-espinazo bien descarnado, por el agujero metí una cuerda, y juntando
-los dos cabos que se quedaban debajo, con la mayor fuerza que se pudo
-probamos todos á tirar el hueso hácia la ventana ó resquicio; y un
-mozo recio, criado en las montañas de Ronda, tuvo tan buen modo, traza
-y fuerza, que acertó á colar el hueso por el resquicio, de manera que
-quedó atravesado ó encallado; entonces atando la escala á un cabo de
-aquellos, y tirando por el otro, llegó la escala á lo alto, y teniendo
-mis compañeros del cabo que habia quedado abajo, yo subí con mucho
-tiento por la escala, y la aseguré de manera, que todos pudimos subir
-al resquicio y bajar al barco.
-
-Hallada esta ingeniosa traza, tomé la pólvora de todos los frasquillos,
-y mientras mis compañeros subian y bajaban al barco, hice una mina
-debajo los piés del ídolo, que habia muchos huesos donde hacerla, y
-dejándola bien tapada, con menos de un palmo de cuerda encendida,
-subíme por la escala y salté en el barco, y desviándonos con los
-remos adonde no nos pudiera el daño alcanzar, apenas nos pusimos á
-mirar lo que pasaba, cuando dió la mina tan espantable trueno que
-alborotó las aguas, y resonó el ruido por la mayor parte de la isla,
-y el ídolo dió tan increible caida sobre los danzantes, que hizo
-pedazos docena y media de ellos. Los demás viendo que aquel en quien
-tenian confianza, les habia muerto los compañeros, dieron á huir,
-metiéndose la isla adentro, y dejando desamparado todo el sitio que
-nosotros habíamos menester; entramos dentro, dejando el barco bien
-amarrado, y todos á un tiempo nos arrojamos y besamos la tierra,
-dando inmensas gracias al Fabricador de ella por habernos dejado
-pisar nuestro elemento. Y aunque nos espantó el estrago que habia
-hecho el ídolo, y nos pudiera detener el espectáculo que teníamos
-delante de los ojos, viendo cubierto el suelo de aquellos exorbitantes
-mónstruos, como vimos la tierra escombrada de ellos, y la hambre y
-sed hallaron en que ejercitar su oficio, arremetimos á unos árboles
-frutales escelentísimos, y á una alegrísima fuente que nacia al pié de
-un peñasco, muy cercada de ojos más claros que los de la cara. Yo fuí
-á la mano á los compañeros, estorbándoles que no encharcasen en fruta
-y agua, porque no se corrompiesen, y lo que buscábamos para la vida,
-nos acarrease la muerte: y mirando á un lado y otro, vimos un jigante
-de aquellos sobre quien habia caido el ídolo, vivo, pero quebrado, y
-las piernas de suerte que no podia menearse, y haciéndole señas que
-nos dijese dónde habia mantenimiento, nos señaló con la nariz, que no
-podia con otra cosa, una cueva que tenia la entrada llena de árboles
-muy verdes y muy espesos, tanto que la hacian dificultosa, á lo menos
-para los naturales, que para nosotros no, y supimos despues, que nadie
-podia entrar allí sino cuando se hubiesen de sacar mantenimientos
-para la república ó el comun, so pena de no comer de ellos en cierta
-cantidad de tiempo. Al fin, entramos en la cueva muy ancha y clara por
-de dentro y con muchos apartamientos, donde habia cecinas de pescado y
-carne suavísimas, muchos tasajos bien curados, y una fruta más gorda
-y más sabrosa que avellanas, de que usaban en lugar de pan, y otros
-muchos mantenimientos de que cargamos el barco, y hinchendo una docena
-de cueros de agua dulce y fria, enviamos á los compañeros que ya nos
-tenian por muertos, con que todos se alentaron comiendo y bebiendo
-del mantenimiento y agua fria dulcísima, y tornaron dando órden, que
-dejando en el navío alguna guarda para las mujeres de los que ya habian
-estado en la isla, los demás en los barcos viniesen á ella, usando
-siempre de los cabos y sogas, que de otro modo no podia ser; y bien
-llenos los estómagos de comida, y los frascos de pólvora y cuerdas, se
-pasaron á nuestra compañía.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO XXII.
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-Interrumpieron la relacion que iba dando el doctor Sagredo unos
-portugueses que venian de la Vendeja con cuatro cargas de lienzo, por
-una senda, á su parecer, segura de los salteadores, por ser muy nueva;
-y como ellos la sabian mejor que los portugueses, dieron con ellos
-á la boca de nuestra cueva; de manera, que turbados del no pensado
-encuentro, se arrodillaron, diciendo: Por as chagas de Deus naon nos
-matades como á patifes, nen tomedes venganza en nosas patuvisadas, que
-fez á santa Forneira á os castelhanos. Sosegaos, mentecatos, dijo el
-caudillo, que no queremos sino que nos vendais el lienzo á como os ha
-costado. De muito boa vountade, dijeron ellos, y sacando el libro de
-caja, donde venian escritos los precios, cada salteador pidió lo que
-habia menester; y mandando el caudillo que pagasen el dinero antes de
-tomar el lienzo, de que yo me admiré, que usase de tanta piedad con los
-portugueses. Tomaron su dinero, y desenfardelando para medir el lienzo,
-y tomando la vara para medir, dijo el caudillo á los portugueses: Aquí
-tenemos nuestro contraste y medida, como república libre; y no medimos
-con las varas que por allá se usan, sino con las que acá tenemos; y
-pidiendo la vara para medir el lienzo, le trujeron una pica de veinte
-y cinco palmos, con que ellos midieron, y dieron á cada uno las varas
-que habian pedido, que les debió de salir á cuartillo por vara, con que
-ellos quedaron riéndose y contentos, y los portugueses callaron, y se
-fueron descargados del peso que traian. Reímonos nosotros, sino fué el
-doctor Sagredo que prosiguió su cuento, diciendo: Antes que la fortuna
-diese vuelta á la rueda de nuestra prosperidad, nos dimos tan buena
-maña, que dejamos con el saco la cueva casi vacía, nuestro navío lleno,
-no solo de frutas secas y frescas, pero de mucho pescado seco, carne,
-cecina y muchas botas de agua, y otros licores que bebian aquellos
-jigantes de mucho gusto y substancia; pero no fué tan seguro que á los
-fines no nos sobresaltasen los jigantes, porque como hallamos la tierra
-sin contradiccion, y el cansancio y trabajo de la mar pedian reposo
-en tierra, tomámoslo de manera, que nos dormimos en los descansos
-frescos de aquella cueva, que ella era de manera apacible por las salas
-y remansos que tenia llenos de comida, y á trechos unas fuentecillas
-heladas, que aunque estuviéramos muy descansados, nos obligára á sentar
-allí nuestros tabernáculos. Duramos dos dias en este regalo y fresco,
-hasta que al tercero, estando hasta como entre las doce y la una
-sesteando, sentimos tan gran ruido y alboroto de gente y tamboriles,
-que recordamos todos, diciendo: Arma, arma, porque venia toda la isla
-llena de jigantes sobre nosotros, y acudiendo á los arcabuces, no
-hallamos cuerda encendida, ni fuego en que encenderla, ni hombre que
-hubiese sacado del navío pedernal, eslabon y yesca; comenzaron á decir:
-Perdidos somos; pero yo, antes que el temor tomase posesion de los
-corazones con la imposibilidad de la defensa por verse encerrados, y
-no poderse aprovechar de los arcabuces, dí órden que la mayor parte
-de ellos quitasen de aquellos maderos que dividian un apartamiento de
-otro, y lo pusiesen á manera de trampa, en que tropezasen; despues
-de haber rompido la dificultad de los árboles, que como arriba dije,
-hacian la entrada muy dificultosa á los jigantes, y los demás tomamos
-unos palos muy secos, cada uno dos, que eran unos de moral, y otros
-de yedra, y de cañaleja, ó como más á mano se hallaban, y fregando
-el uno con el otro fuertemente, á poco espacio vinieron á humear,
-sacando lumbre, y nosotros á encender las cuerdas y aprovecharnos de
-los arcabuces, y tuvimos demasiado tiempo para todo, porque su intento
-no fué venir sobre nosotros, que ya nos tenian por más que muertos,
-sino á ver el estrago que su ídolo habia hecho, que los que habian
-escapado de él habian ido á dar cuenta á su gobernador, que llamaban
-todos Hazmur, y trayéndolo con mucha majestad sobre cuatro muy grandes
-vigas, en una silla hecha de mimbres á manera de cesto, le mostraron
-hecho pedazos á aquel en quien adoraban, y los que él con su caida
-habia despedazado y destripado, y no supiera que estábamos allí, si el
-mismo jigante, derrengado, que nos mostró la cueva, no se lo dijera,
-lo cual sabido, arremetieron á la boca de la cueva, tirando peñascos,
-desgajando y arrancando de los árboles que les estorbaban á la entrada,
-aunque el que llegaba primero, ó tropezaba y caia en las trampas, ó
-los derribábamos con las balas, porque aunque hubo opiniones que les
-tirásemos á el ojo que tenian solo, porque sin él no podian atinar á la
-boca de la cueva, la mia fué, que cebando los arcabuces con dos balas,
-se les tirase á las piernas, porque el tiro del ojo no era tan cierto
-como estotro, y todos caian, sirviéndonos de saetera y trinchera, así
-los maderos que habíamos puesto, como los árboles espesos que estaban á
-la entrada, y aunque las muchas piedras ó peñas que arrojaban pudieran
-hacer gran daño en nosotros, como perdian la fuerza de los árboles,
-cuando llegaban á las trampas hacian muy poco, ó ninguno; fuéles tan
-mal, que admirado su gobernador de tan grande novedad, mandó que se
-retirasen del mal que hacian y que recibian de la cueva, pareciéndole
-que, pues el ídolo habia caido con tan grande espanto, y los que
-tenian por muertos herian á los vivos, debia de haber alguna fuerza
-superior que causaba tan grande daño en ellos. Al punto obedecieron y
-se sosegaron con caida de algunos de ellos, y ningun daño nuestro, y
-haciendo demostraciones de paz y de amistad, el gobernador, mirando
-al cielo y alzando hácia él la mano, nos dió seguro que podíamos
-manifestarnos libremente, y estar sin recelo hablándole y dando razon
-de quién éramos y de nuestra venida allí, y fué el mejor tiempo del
-mundo, porque si más tardáran, se nos acabára la municion, y con grande
-ánimo salimos muy en órden hechas tres hileras, y las cajas sonando en
-sus puestos con gentil correspondencia y aire. Fué tanto el gusto de
-aquella sencilla gente, á lo menos de los que no estaban heridos, que
-en oyendo el són y órden de las cajas, se les cayeron las duras armas
-de las manos, mirando con admiracion grande y alegría á su señor, que
-siempre se habia estado en la silla en hombros de los que le habian
-traido acuestas, y él quedó como suspenso y admirado de ver en tan
-pequeña gente dos brazos y dos piernas, y las demás partes del cuerpo
-dobladas, y mucho más del ánimo y traza con que procedíamos; y haciendo
-alto en la boca de la cueva, nos paramos á ver aquella espantosa
-gente llena de pieles de animales, y de plumas de muchos colores, y
-la gravedad de su gobernador, respetado, temido y obedecido en sus
-mandamientos. Habiendo considerado el modo con que podíamos hablar en
-nuestra defensa con las señas más naturales y semejantes á la verdad
-que pudimos declarar lo que sentíamos; dejadas prolijidades y señas, y
-las demás dificultades que por entonces se allanaron, el gobernador nos
-preguntó tres cosas: si éramos hijos de la mar; y si lo éramos, cómo
-éramos tan pequeños; y siendo tan pequeños, cómo habíamos osado entrar
-entre gente tan grande como la suya. Á lo primero respondimos que no
-éramos hijos de la mar, sino del Dios verdadero, superior al suyo, y
-como tal los habia castigado, porque viniendo maltratados del mar á
-pedirle hospedaje, nos habian querido matar. Á lo demás respondimos
-que la grandeza no consiste en la altura del cuerpo, sino en la virtud
-y valor del ánimo, y con él osamos entrar en su tierra y pasar todas
-las aguas del furioso mar; y que los hijos del Dios, fabricador del
-cielo y de la tierra, no temian los peligros que les podian suceder
-de las manos de los hombres, especialmente si no adoraban aquel que
-era Señor universal sobre todas las dignidades del cielo y de la
-tierra, y Criador del mismo sol á quien ellos adoraban. Aquí mudó la
-conversacion, como oyó decir que el sol tenia superior, y preguntó á
-qué fin habia sido nuestra venida. Respondimos la verdad, refiriendo
-algunos de nuestros trabajos, y acordándole la obligacion que tenian
-unas criaturas á otras, en razon de ser hijos de Dios, á socorrerse
-y ampararse en las necesidades y desventuras, y que esto le pedíamos
-como á hombre que tenia lugar supremo, y le habia puesto Dios para
-juzgar las causas de premio y de castigo. Dió muestras de admirarse de
-nuestra respuesta, y la suya fué que le habia parecido muy bien lo que
-habíamos dicho; pero que él no podia, sin avisar al rey de la isla de
-tan grande novedad, recibirnos y ampararnos, porque tenia pena de la
-vida si lo contrario hiciese; y suplicándole nos concediese licencia
-para enviar al navío cuatro compañeros, que para todos, ni la quiso
-dar, ni nosotros desamparar la puerta de la cueva, diciendo que iba por
-mantenimiento de los de nuestra tierra, y con la mayor diligencia que
-pudieron entraron en el barco, haciendo señas al navío que tirase de
-los cabos. Entre tanto el gobernador despachó un correo al rey de la
-isla á darle noticia de lo que pasaba.
-
-El correo era un perro de que usaban para las diligencias importantes,
-que metiéndole en la boca un cañuto atravesado, y dentro unas hojas de
-árbol muy anchas con las cifras de lo que avisaban, bien arrolladas
-las hojas, las ponian en el cañuto, y al perro le ponian un barboquejo
-bien apretado para que no se le cayese el cañuto, ni se parase á comer
-y beber; de suerte que solo le quedaba la boca libre para carlear
-ó resollar, y no para otra cosa, y en teniéndolo bien puesto, le
-despachaban con cuatro palos, con que lo hacian llegar más presto á
-su querencia, que debian ser cuatro leguas; y en viéndolo venir le
-salian á recibir al camino, y regalándolo con comida y bebida, hacian
-con otro perro lo mismo; de manera que la estafeta podia caminar cien
-leguas cada dia; pero tenia pena de sacrificarle al ídolo el que le
-estorbase el viaje al perro, ó le estorbase que no llegase á su manida,
-ó mansion, ó descansare donde habia siempre perros de las ventas más
-vecinas, á quien trataban mal, porque volviesen con más amor á sus
-querencias. Mientras mis compañeros fueron al navío, el gobernador
-mandó que no les dejasen entrar en la cueva sin ver lo que llevaban,
-ni á nosotros salir de ella; con pena que si alguno saliese le matasen,
-y estaba nuestro remedio en la venida de los compañeros, porque habian
-ido por pólvora y balas, que nos habia quedado muy poco de ambas cosas,
-lo cual aseguraron con mandar el gobernador que no se quitasen seis
-guardas de junto á la boca de la cueva de noche, porque de dia todos
-lo podian ver. Fuénos forzoso cuando los compañeros venian, decirles
-que se tornasen al barco, hasta que diésemos traza para que pudiesen
-entrar, y pensando cómo quitaríamos las guardas de noche, díjele, que
-en oyendo algun movimiento ó ruido, entrasen con toda la priesa que
-pudiesen; y para esto de dia, cuando las guardas se quitaron de su
-puesto, estando la gente descuidada, derramé por el suelo, donde se
-sentaban, pólvora revuelta con algunas chinas menudas, é hice desde
-allí hasta nuestro puesto, una reguerita de la misma pólvora. En
-llegando la noche, se pusieron las seis guardas en su lugar, y estando
-los unos sentados y los otros tendidos sin calzones, porque no los
-usaban, dimos fuego á la reguerita, y llegando en un instante á la
-pólvora que tenian debajo, les abrasó aquella parte de manera, que
-con las chinas y la pólvora, muchos dias no se podian sentar. Ellos
-y los demás, con su sencillez, entendieron que el fuego habia salido
-de la tierra, y fueron todos temerosos y admirados á contarlo á su
-gobernador, y entonces los compañeros con otros dos que habian quedado
-en el navío, entraron con mucha priesa, trayendo seis costalillos
-de pólvora y balas, con que nos animamos y pusimos en defensa para
-lo que nos pudiera suceder. Pasamos la noche con cuidado, haciendo
-centinelas, y atrincherándonos de nuevo con los maderos; pero como
-ellos no entendieron que el daño era de la parte de dentro, no hicieron
-diligencia con nosotros. Á la mañana, al tiempo que el sol salia, se
-pusieron todos mirándolo, y con una música de aullidos y cañas, le
-hicieron la salva con muy pocas palabras y muchas veces repetidas.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO XXIII.
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-Volvió el perro ó correo con su cañuto en la boca, en que venia
-escrito con sus señas que no nos dejasen en la isla, porque gente que
-tenia los miembros doblados tambien tendrian la intencion doblada:
-y para la conservacion de la paz que siempre habian profesado, no
-podian sustentarla si forasteros se apoderaban de su tierra, que si
-en su república habia alguna alteracion, teniendo quien les acudiese
-seria el daño mayor. Que en tanto se conserva la paz, en cuanto los
-inquietos no tienen quien los favorezca, y que no habiendo obediencia
-de los inferiores á los superiores no puede haber paz. Que si los
-alborotadores de ella no tuviesen quien se les allegase, vivirian en
-quietud y sosiego. Que los animales de una misma especie tienen paz
-unos con otros; pero si son de diferente especie, nunca tienen paz, y
-así haríamos nosotros con ellos. Que lo que habian siempre guardado
-para sí, sin comunicacion agena, no era bien que forasteros entrasen
-á gozarlo. Que no podia haber buena amistad con gente de diversas
-costumbres para vivir en paz. Y que habiéndose de administrar justicia
-con igualdad, habíamos de ser tan favorecidos como los naturales, y
-luego entrarian las enemistades á inquietar la paz. Así mandaba que no
-nos admitiesen en la isla, pero que nos dejasen ir con seguridad. Esta
-respuesta nos la dieron para la salida, pero con tanta priesa que no
-nos consintieron estar medio dia en la isla.
-
-Salimos con más priesa de la que nos dieron, adivinando lo que nos
-habia de suceder; porque apenas estuvimos en el barco cuando entraron
-en su cueva, y como la hallaron sin mantenimientos, acudieron á la
-orilla del mar, arrojando piedras y peñascos sobre nosotros, tan
-espesos, que si el barco no fuera tirado y ayudado del navío, nos
-hundieran mil veces. Llegamos, y hallé á mi esposa y á las demás
-mujeres del navío tan deseosas de vernos como si hubiera muchos años
-que estábamos ausentes. Y sosegados en nuestro navío como los marineros
-se habian refrescado, no habian estado ociosos, hallámosles velas
-remendadas, jarcias, y obras muertas reducidas á mejor estado, y todo
-cuanto era necesario reparado, y con el viento que á los marineros les
-pareció salimos de aquella isla inaccesible, y con el mantenimiento que
-bastó para dar una vuelta al mundo, que para no ser prolijo, al cabo de
-un año, con hartos trabajos, nos vinimos á hallar cerca del estrecho
-de Gibraltar, donde fué mi mayor desdicha y desventura; porque como
-nuestro navío venia maltratado de tan contínuos movimientos y trabajos
-como habia sufrido, llegó un navío de infieles, y á vista de Gibraltar
-nos cañonearon á su salvo, de suerte que nos hubimos de rendir, y
-matando algunos de los compañeros, lo primero que hicieron fué entrar
-dentro y llevarse á mi esposa y un pajecillo que nos servia, con otras
-mujeres de los compañeros, y como fué á vista de Gibraltar, y la gente
-tiene valor y piedad, acudieron con toda la presteza posible á nuestro
-socorro en diez ó doce barcos, llevando por cabeza á don Juan Serrano
-y don Francisco su hermano, que dió una cuchillada á un valeroso
-caudillo, como la de don Félix Arias, que le cortó el casco de hierro y
-le abrió la cabeza, de que cayó muerto en el agua, que nos importó la
-vida; pero á mi esposa la muerte, porque los enemigos se retiraron del
-daño que nos iban haciendo, recogiéndose á su navío con las mujeres.
-El que habia robado á doña Mergelina, enamorado de su hermosura, quiso
-forzarla, y huyendo de él, delante de mis ojos, asióse con las jarcias
-y cayó en la mar, sin ser socorrida de los herejes. Llegó la noche, y
-la gente de Gibraltar, llenos de piedad y misericordia, nos echaron
-en tierra, y nos albergaron con regalados alojamientos en casa de don
-Francisco Ahumada y Mendoza, y estos tornaron á ver si podian destruir
-aquellos enemigos de la fé y de la corona de España. Partíme ayer de
-Gibraltar, deseando más la muerte que la vida, aunque no tan de espacio
-como va esta. Acabó su relacion el doctor Sagredo, y haciendo las
-exequias de su mujer con lágrimas, los dos que estaban con nosotros
-quisieron consolarle, ayudándole á llevar su pena muy pesadamente,
-porque querian por fuerza que se alegrase; ignorancia de gente que sabe
-poco, que mucho más se consuela un desconsolado en decirle que tiene
-razon de estarlo, que no con querer que con la reciente pasion muestre
-contento; que quieren forzar al paciente á que dance y baile el cuerpo,
-teniéndolo casi sin alma, con razones bárbaras y consuelos tan pesados
-como ellos, que es como hacer que un rio vuelva su corriente atrás. Las
-aflicciones de los atribulados y tristes se han de aligerar con darles
-á entender con el semblante, que les alcanza parte de su tristeza, que
-les sobra la ocasion para estar tristes, que teniendo quien los ayude
-á sentir, ya que del todo no se consuelen, á lo menos vase templando
-la pasion. Á dos géneros de gente no tengo por acertado que se oponga
-nadie, siendo fresco el accidente, á los coléricos y á los tristes, que
-es venir á ser muy mayor el daño en ambas personas. Á un cierto juez,
-no muy sabio, acabando de cenar se le antojó de azotar á un hombre
-honrado, y habiendo mandado encender hachas para la fiesta, como la
-ciudad se alterase, y diesen voces sobre el caso, él se encendia más,
-de modo que llamó al verdugo con gran determinacion de hacerlo, por
-la contradiccion que le hacian. Estando ya del todo perdido llegó un
-hombre de buen discurso, y dijo: Bueno es que teniendo tanta razon
-el señor corregidor, le vayan á la mano. Castíguelo vuesa merced,
-que todos se holgarán de ello; pero porque estos no le pongan en la
-residencia esta determinacion, llame vuesa merced un escribano, y haga
-un poco de informacion. Satisfízole al juez esto, y al segundo testigo
-que tomó se le fué la pasion y alteracion del celebro, que estas dos
-pasiones no admiten contradiccion, sino templanza.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-DESCANSO XXIV.
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-Como los vaqueros ó bandoleros andaban con la sospecha dicha, ni
-querian soltar á los que tenian en cuevas, ni dejar pasar á los que
-iban siguiendo su viaje, porque no hallasen testigos tan cercanos,
-pareciéndoles que no tenian bien averiguados sus delitos. Hallaron
-un pajecico muy hermoso, que venia solo, y habiéndolo asido cerca de
-nuestra cueva, le quisieron atormentar porque dijese con quién venia
-y por qué se habia adelantado de la compañía, creyendo que lo habian
-echado para descubrir tierra, y que los amos serian, ó gente rica,
-ó que viniesen á hacerles daño, que despues no pudieron escusar.
-Negando el paje lo que le pedian, le mandaron que se desnudase, para
-forzarle á confesar la verdad. Él, con mucha desenvoltura y gracia, les
-preguntó quién era el caudillo ó cabeza de aquella compañía. Díjole
-Roque Amador, que así se llamaba: Yo soy; ¿por qué lo preguntais?
-Pregúntolo, dijo el paje, porque tengo tan grandes informaciones de
-vuestra justicia y gobierno, que no habeis jamás hecho injuria á quien
-os trata verdad, y con esta confianza os diré quién soy. Como aquellos
-bandoleros ó vaqueros tenian aquella Sauceda por defensa y sagrado,
-vivian como gente que no habian de morir, sujetos á todos los vicios
-del mundo, rapiñas, homicidios, hurtos, lujurias, juegos, insultos
-gravísimos; y como por ser grande, que tiene aquella dehesa diez y
-seis leguas de travesía, y por algunas partes tan espesa de árboles y
-matas, que se pierden los animales por no acertar á sus habitaciones,
-no tenian temor de Dios ni de la justicia, andaban sin órden y razon, y
-cada uno siguiendo su antojo, si no era cuando se juntaban á repartir
-los despojos de los pobres caminantes, que entonces habia mucha cuenta
-y razon. Llegó un bellaconazo en camisa y zaragüelles, despues que
-habia jugado lo demás, y renegando de su suerte, con mucha furia
-hizo suspender el tormento del paje, diciendo: ¡Maldiga Dios á quien
-inventó el juego y á quien me enseñó á jugar! ¡Que unas manos que
-saben derribar un toro, no sepan hacer una suerte! Mas deben estar
-descomulgadas, pues echan contra mí treinta pintas en favor de un medio
-gallina, ó medio liebre. ¿Hay álguien que se quiera matar conmigo? ¿Hay
-algun diablo con sus piés de águila que se me ponga delante, para que
-ya que no me ayude á jugar, me ayude á matar? ¡Que no llegue blanca á
-mis garras que no me la agarren luego! ¡Ni me basta usar de trampas, ni
-aprovecharme de fullerías, para que no vaya todo con el diablo! ¡Voto
-á tal, que tengo de ir á jugarme á las galeras! Quizá por aquí, ó me
-llevará el diablo, ó tendré más ventura. Mas alzábame con la zurda
-siempre que yo tomaba el naipe, que tengo hechos mil juramentos de
-nunca parar á momo, y me los pone siempre el diablo delante. Y con el
-barato que yo le dí ha entrado en vuelta para desollarme cerrado; mas
-púsose al lado otro tan grande gallina como él, que desea siempre que
-yo pierda. ¿De qué se rien? ¿soy yo algun cornudo? Mienten cuantos se
-rien. Ríense, dijo el caudillo, de los disparates que decís. Callad, y
-pues sabeis que sois desgraciado, no jugueis ni digais blasfemias, que
-os haré dar tres tratos de cuerda. Harto mejor será, dijo él, darme
-tres escudos para probar la mano y dar de comer á mi moza, que le he
-jugado cuanto trujo á mi poder. Vicio endemoniado, más que todos los
-que ejercitan los hombres, que el jugador nunca está quieto: si pierde,
-por desquitarse; si gana, por ganar más. Este acarrea la infamia, la
-poca estimacion de la buena reputacion, la miseria que padecen mujer
-é hijos, ser miserable en lo necesario por guardar el dinero para el
-juego, y envejecerse en él más presto de lo que habia de ser; y cuando
-mucho grangea, es alcanzar que los tahures conocidos vayan á jugar á
-su casa, donde, si los puede acarrear, sufre desvergüenzas de tonos
-que le abrasan el alma: que como la mayor parte de ellos son hombres
-sin obligaciones, se arrojan á decir cualquiera libertad, y en no
-sufriéndolas por callar, no vuelven á darle el provecho; pero son tan
-grandes poltrones los que dan en esto (trato de la gente ordinaria, y
-que por comer y beber viciosamente echan la honra á las espaldas), que
-los caballeros y los que tienen renta y hacienda segura, el tiempo que
-han de estar ociosos despues de haber cumplido con sus obligaciones
-jueguen, no es culpable, porque evitan cosas de más daño y escándalo;
-pero el que tiene cuatro reales para mantener su casa juegue ciento,
-¿cómo se puede llevar sin que lo paguen las joyas y vestidos de la
-pobre mujer, y la desnudez y el hambre de sus hijos, y dar en otras
-cosas peores como este desventurado, aborrecido aun de aquellos que le
-acompañaban en sus delitos, robos, homicidios y fuerzas?
-
-Acabó éste sus quejas, y llegándose la noche, con que se dejó por
-entonces la averiguacion del paje, le pusieron en un apartamiento
-dentro de nuestra cueva, porque no fuese á dar soplo á los que pensaban
-venir con él, mandándonos que no hablásemos con él palabra, ni le
-aconsejásemos cosa, so pena que nos matarian. El paje estuvo toda la
-noche suspirando, y si alguna vez se dormia recordaba con grandísimas
-ansias, y nosotros no teníamos osadía para preguntarle de qué se
-quejaba, ó qué tenia. Como ellos andaban de paso sobre la sospecha, que
-no les importaba menos que la vida, recogíanse de noche adonde no los
-pudiesen hallar, que habia bien donde hacerlo; y de cualquiera ruido
-de personas ó animales se recelaban y recataban. En amaneciendo fueron
-á visitar las cuevas, donde tenian presos ó recogidos á los pasajeros,
-y viniendo á la nuestra nos hallaron como nos habian dejado, sin haber
-hablado palabra con el paje, á quien llamaron primero que á nadie,
-queriéndole apretar á que dijese lo que le habian preguntado. El paje
-con mucha cortesía y donaire, dijo: Sr. Roque Amador, ayer pregunté
-cuál era la cabeza y caudillo de esta compañía, porque siéndolo vos,
-tendria mi partido seguro, por el buen nombre que teneis. Que no es
-hazaña para vos, atormentar una sabandija tan sola y miserable como yo,
-ni manchar vuestra opinion, empleando vuestro valor en lo que más os
-puede desdorar, que aumentar vuestro nombre. Si rigiendo y gobernando
-gente tan desgobernada, cobrásteis la fama que teneis en toda la
-Andalucía, ¿qué pareceria ahora, si aniquilaseis este crédito, con
-abatiros á una presa tan humilde un águila tan valerosa? Más gloria es
-conservar la ya adquirida y granjeada con valor propio, que no ponerse
-en duda, y aventurar lo que ya es vuestro. Vos os habeis preciado
-siempre de justicia y verdad con misericordia, no será justo ahora
-que conmigo solo os falte. Estábamos en la cueva muy atentos, oyendo
-la retórica con que el paje hablaba: y el Roque Amador, movido de las
-buenas palabras del paje, aseguróle que no recibiria daño ninguno
-diciendo la verdad. Yo estaba confuso, porque me parecia conocer la voz
-y habla del paje; pero no dí en quién pudiese ser. Habiendo hablado
-con aquella blandura Roque, dijo el paje: Pues si alguna compasion
-ha llegado á vuestro piadoso pecho de mi tristeza y soledad, dadme
-palabra por vos y por vuestros compañeros de guardar, como naturalmente
-debeis, mi persona sin agravio ni en secreto, ni en público. Á esto
-dijo aquel picaronazo: Ea, sor paje, desnúdese, que aquí no entendemos
-de rotrónicas ni ataugias, sino de meter un poco de plomo en el cuerpo
-de quien no trae dineros. Dijo el paje con donaire: Si es tan pesado
-como vos, el diablo podrá digerillo, que ya yo me acuerdo haberos
-visto á vos ó á otro que se os parecia asaeteado en Sierra-Morena.
-Rióse Roque, y le dijo: Óyete, bestia, que el paje habla muy bien: y
-á vos os digo, gentil hombre, que os doy palabra, por mí y por mis
-compañeros no solamente de no agraviaros, mas de favoreceros y ayudaros
-en todo lo posible. Pues con esa confianza, respondió el paje, hablaré
-como con un pecho lleno de valor, misericordia y verdad. Y estando
-nosotros muy atentos á lo que pasaba, habló el paje de esta manera:
-Si yo no me consolára con saber que no soy la primera persona que ha
-padecido desventuras y trabajos, y desgracias sin gracia, con la que
-resplandece en vos, me animára en contar mis desdichas: pero como la
-fortuna tiene siempre cuidado de señalar caidos y derribar levantados,
-no siendo yo la primera que ha sufrido sus encuentros y mudanzas, me
-animo á hablar con libertad. Sabed que yo no soy hombre, sino mujer
-desventurada, que despues de haber seguido á mi marido por tierra y
-mar, con increibles daños de hacienda y persona, y habiendo navegado
-hasta todo lo descubierto y mucho más, padeciendo grandes naufragios
-por regiones no conocidas, por misericordias que Dios usó con nosotros,
-nos venimos á hallar en el estrecho de Gibraltar, donde viendo nuestra
-salvacion cierta á vista de tierra, bien deseada, nos acometió un navío
-de infieles, viniendo el nuestro desmantelado y casi sin gente, y los
-mantenimientos tan gastados, que á su salvo cogieron las mujeres,
-asiéndome á mi primero y á un pajecillo que me servia, matando á todos
-los que se defendieron, y á mi marido con ellos. El capitan del navío,
-enamorado de mí, quiso por buenas palabras inclinarme á su gusto, y á
-que ofendiese la pureza y castidad que debia á mi muerto esposo: no le
-respondí mal, por que no quisiese usar de la fuerza, que sin defensa
-podia. Yo, llamando al paje debajo de cubierta le puse mis vestidos, y
-vestíme los suyos, que son los que traigo puestos. Tenia el muchacho
-muy buen rostro, y en saliendo fuera quiso el capitan acometerle,
-pensando que fuese yo, pero dando á huir el paje con los vestidos y las
-jarcias del navío, enfrascándose cayó en la mar, y hundiéndose luego no
-pareció más. Sobre la desdicha de la pérdida de mi marido y la pérdida
-del paje, yo me habia tiznado el rostro, porque se quedase con la fé de
-lo que habia visto, y no me conociese.
-
-La piadosa gente de Gibraltar, con el valor que siempre ha profesado,
-acudieron á nuestra defensa, y habiendo estado en ella dos dias con sus
-noches, no se apartaron hasta rendirlos y dar libertad á los que habian
-prendido, y queriendo hacer lo mismo de ellos, despues de tenernos
-en los barcos, diciéndoles que se diesen á prision para traerlos á la
-ciudad, dieron fuego al navío, y desde allí abrasados bajaron derechos
-al infierno. En Gibraltar, informándome del camino que habia de llevar
-para Madrid, me dijeron que habia de pasar por la Sauceda, y llegando
-á Ronda me encaminarian en él. Estábamos los cuatro, y particularmente
-el doctor Sagredo y yo, como atónitos, y sospechando que fuese sueño
-ó ilusion de algun encantamiento, ni determinados de creerlo, ni
-resueltos de desconfiar en la verdad. El Roque Amador, con gran piedad
-de lágrimas que al fin de su cuento derramó la bella mujer, la consoló
-y ofreció encaminarla con mucha seguridad, y darle dinero para su
-viaje, preguntándole cómo se llamaba, porque historia tan estraña no
-se quedase sin memoria: ella respondió, diciéndole la verdad como en
-todo: Llámome doña Mergelina de Aybar, y el malogrado de mi marido, que
-no era soldado sino maestro, se llamaba el doctor Sagredo. El doctor
-Sagredo que se oyó nombrar de su mujer, medio ahogándose con la súbita
-alteracion y gusto, dijo: Vivo es, y en su compañía dormísteis esta
-noche. Roque Amador, espantado del caso, mandó sacar los que estábamos
-en la cueva, y preguntándole cuál era de aquellos el que habia hablado.
-Ella retirándose atrás, como espantada, respondió: Si no es alguna
-sombra fantástica de causas superiores, este es mi marido, y este es
-Márcos de Obregon, á quien tuve por mi padre y consejero en Madrid.
-Pues todos tres os podeis ir en buen hora, y aunque no sea dinero
-ganado en buena guerra, veis aquí parto con los tres algo de lo que á
-otros se les ha cogido, que el haber detenido á todos estos presos,
-no ha sido por hacerles mal, sino porque nuestros contrarios no se
-encontrasen con ellos, y aviándonos á todos los demás, y rogándonos
-que no dijesen de haberlos encontrado. Doña Mergelina con muestras de
-grande agradecimiento, dijo al caudillo: No tengo con que serviros el
-bien que de vuestras manos me ha venido, sino con deciros lo que oí en
-Gibraltar, á quien no os quiere mal; que el licenciado Valladares trae
-órden de dar gran premio, y perdonar cualesquiera delitos á quien os
-entregare en sus manos: y junto con esto vinieron á ella los pregones
-y bandos que mandó echar aquel gran juez: con que juntando á cabildo á
-sus compañeros, les hizo una grande oracion, que tenia entendimiento
-para ello, y la conclusion fué que todos pensasen aquella noche lo que
-podian hacer para su defensa, tomando el consejo que mejor pareciese.
-Fueron á sus alojamientos, y mientras ellos pensaban aquella noche
-lo que les habia encargado el Roque Amador, como astuto se acogió á
-Gibraltar, y en el barco de la vez se pasó en África, dejándolos á
-todos suspensos y engañados. Como quedaron sin cabeza y sin gobierno
-dispararon, huyendo por diversas partes, cesando los insultos que antes
-hacian; aunque prendió con grandes astucias el juez á doscientos de
-ellos, de que hizo ejemplar justicia: nosotros venimos seguros á Madrid
-sin tropezon ninguno, pareciéndome, como es verdad, que en ella hay
-gente que profesa tanta virtud, que quien la imitare hará mucho.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-DESCANSO ÚLTIMO, Y EPÍLOGO.
-
-
-Ya cansado de tantos golpes de fortuna, por mar y por tierra, y viendo
-lo poco que me habia durado la mocedad, determiné de asegurar la vida
-y prevenir la muerte, que es el paradero de todas las cosas; que si
-esta es buena, corrige y suelda todos los descuidos cometidos en la
-juventud. Escribíla en lenguaje fácil y claro, por no poner en cuidado
-al lector para entenderlo. Dijo muy bien el maestro Valdivieso, con
-la gallardía y claredad de su ingenio, á un poeta que se precia de
-escribir muy obscuro; que si el fin de la historia y poesía es deleitar
-enseñando, y enseñar deleitando, ¿cómo puede enseñar y deleitar lo que
-no se entiende, ó á lo menos ha de poner en mucho cuidado al lector
-para entenderlo?
-
-Si se hallaren algunas inadvertencias, atribúyase á mi poca erudicion,
-y no á mi buen deseo, que advirtiéndome de ellas, con mucha humildad
-recibiré la correccion de cualquiera que con buena intencion me
-quisiere enmendar, que quien ha querido enseñar á tener paciencia,
-mal cumpliria con sus preceptos si le faltase para oir y recibir la
-correccion fraternal, que sin ella, ni opusiera el pecho á las olas
-y crueldades del furioso tridente, ni ablandára la inclemencia de
-los salteadores, ni redujera á buen término los impíos y contínuos
-trabajos de la esclavitud, ni atrajera á mi favor la grandeza elevada
-de los poderosos, ni gozára de la gran cortesía de los príncipes, ni
-sujetára á tantos y tan inmensos torbellinos como trae consigo la
-fragilidad humana, sin la divina virtud de la paciencia; que cuando
-no haya hecho otro efecto en mí sino librarme del pernicioso vicio de
-la ociosidad, que tan estendida he visto por todos los estados de los
-hombres, me bastára tener y haber sacado gran fruto de mis trabajos; y
-si la juventud advirtiese bien los hijos que va criando la ociosidad,
-tomando ejemplo en los daños ajenos, ni rehusarian los peligros de
-la soldadesca, ni vendrian á miserable servidumbre, ni se sujetarian
-á las necesidades que ven padecer y traer arrastrados á varones de
-buenos nacimientos, rendidos á mil bajezas, que pudieran remediar á
-su salvo con buen tiempo; de criar los hijos consintiéndolos andar
-ociosos, vienen los padres á ver exorbitantes delitos que no pueden
-remediarse sino con mucha infamia, ó con más hacienda de la que poseen.
-La ocupacion es la grande maestra de la paciencia, virtud en que
-habíamos de estar siempre pensando con grande vigilancia para resistir
-las tentaciones que nos atormentan dentro y fuera. Al fin con ella se
-alcanzan todas las cosas de que los hombres son capaces. Que aunque
-haya calidad, bienes temporales y abundancia de humanos favores, sin
-esta virtud no se puede llegar al colmo de lo que se desea; y si á
-la paciencia se allega la perseverancia, todo lo facilita y todo lo
-enseña: al pobre, á que pase su vida con quietud y mejore su estado:
-al rico, á que conserve lo adquirido sin apetecer lo ajeno: al gran
-caballero, á que no se contente con la sangre que de sus pasados
-heredó, sino pasar adelante: al pródigo, á que se ajuste con lo que
-tiene y puede tener: al miserable y avariento, á que entienda que no
-nació para sí solo: al valiente y arrojadizo, á que refrene los ímpetus
-que tanto mal acarrean: al cobarde, á que se tenga por virtud en él lo
-que es falta de ánimo: al que se ve en trabajo, á que los lleve con
-aliento y suavidad. ¿Qué no hace la virtud de la paciencia? ¿qué furias
-del mundo no sujeta? ¿qué premios no alcanza? Pero si un flemático
-sabe airarse y ejecutar con vehemencia los ímpetus de la cólera,
-¿por qué un colérico no sabrá templarse y perseverar en los actos de
-paciencia? Tenemos ejemplos presentes y vivos de esta verdad muchos, y
-para imitar. Mas con uno solo se verá lo que puede la escelente virtud
-de la paciencia. ¿Quién pensára que de tan gran cólera, con sangre,
-riqueza y juventud, como la que tuvo en sus primeros años el duque
-de Osuna D. Pedro Giron, vinieran tan admirables virtudes como las
-que tienen espantado el mundo? ¡Que habiendo sido un furioso rayo de
-cólera, impacientísimo en los tiernos años de su mocedad, sujetase con
-grande paciencia su robusta condicion á servir en Flandes con tantas
-ventajas que templase la furia de los amotinados, y pusiese su valeroso
-pecho á recibir los mosquetazos con que querian escalar y saquear su
-casa! ¿Qué paciencia no tuvo, con templanza y justicia, gobernando
-á Sicilia? ¿Y qué valor, sin ella, bastára para la ejecucion de sus
-soberanos intentos, echando por mar y tierra tan poderosas armadas,
-que ha enfrenado la potencia de los turcos, haciendo temblar á los
-demás enemigos, con que ha sido amado y temido de las gentes á quien ha
-gobernado y gobierna? Preguntando D. Francisco de Quevedo, caballero
-de gallardísimo entendimiento, cómo se hacia respetar con tanta
-mansedumbre á este gran príncipe, respondió que con la paciencia, que
-aunque en la gente humilde y ordinaria engendra algun menosprecio,
-en los príncipes y gobernadores engendra temor, amor y respeto;
-pero esto quédese para grandes historias, que no puede caber en tan
-pequeño discurso. Jorge de Tobar, á quien yo conocí en sus primeros
-años por hombre que tuvo bríos y valor para en cosas honradas perder
-la paciencia, con ella misma adquirió grandes virtudes morales, que
-le pusieron en lugares dignos de tan grande sugeto como ha parecido,
-usando de gran verdad, valor y entereza en los actos de la justicia
-distributiva; pero ¿qué escelencias no se halláran en la divina virtud
-de la paciencia? ¡Oh virtud venida del cielo! Dios nos la dé por su
-misericordia, y á mí para que, imitando la virtud de mis compañeros
-en este recogimiento, sepa asegurar la vida y prevenir la muerte. Y
-para la ejecucion del buen intento, si yo supiera aprovecharme de él,
-me puso Dios por vecina á una tan grande señora como doña Juana de
-Córdoba Aragon y Córdoba, duquesa de Sesa, cuya virtud cristiana, valor
-propio y heredado, y cortesía general puede servir de norma y dechado
-á cualquiera que deseare perfeccion cristiana, en cuya disciplina se
-criaron tales hijos como D. Luis Fernandez de Córdoba, duque de Sesa,
-caballero adornado de muy superiores partes, muy dado á la leccion de
-las buenas letras, gran favorecedor de ellas y de los que las profesan.
-
-
-FIN.
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ÍNDICE
-
-
- VICENTE ESPINEL Y SU OBRA. I
-
- PRÓLOGO DEL AUTOR. 1
-
- RELACION PRIMERA. 7
-
- DESCANSO I. 12
- DESCANSO II. 16
- DESCANSO III. 26
- DESCANSO IV. 33
- DESCANSO V. 44
- DESCANSO VI. 54
- DESCANSO VII. 59
- DESCANSO VIII. 68
- DESCANSO IX. 83
- DESCANSO X. 92
- DESCANSO XI. 98
- DESCANSO XII. 103
- DESCANSO XIII. 109
- DESCANSO XIV. 121
- DESCANSO XV. 130
- DESCANSO XVI. 138
- DESCANSO XVII. 145
- DESCANSO XVIII. 150
- DESCANSO XIX. 157
- DESCANSO XX. 162
- DESCANSO XXI. 169
- DESCANSO XXII. 179
- DESCANSO XXIII. 187
- DESCANSO XXIV. 197
-
- RELACION SEGUNDA. 199
-
- DESCANSO I. 207
- DESCANSO II. 210
- DESCANSO III. 213
- DESCANSO IV. 217
- DESCANSO V. 220
- DESCANSO VI. 227
- DESCANSO VII. 230
- DESCANSO VIII. 236
- DESCANSO IX. 245
- DESCANSO X. 249
- DESCANSO XI. 259
- DESCANSO XII. 266
- DESCANSO XIII. 273
- DESCANSO XIV. 283
-
- RELACION TERCERA. 289
-
- DESCANSO I. 295
- DESCANSO II. 300
- DESCANSO III. 303
- DESCANSO IV. 309
- DESCANSO V. 314
- DESCANSO VI. 319
- DESCANSO VII. 325
- DESCANSO VIII. 335
- DESCANSO IX. 340
- DESCANSO X. 345
- DESCANSO XI. 353
- DESCANSO XII. 357
- DESCANSO XIII. 363
- DESCANSO XIV. 367
- DESCANSO XV. 376
- DESCANSO XVI. 384
- DESCANSO XVII. 391
- DESCANSO XVIII. 395
- DESCANSO XIX. 399
- DESCANSO XX. 403
- DESCANSO XXI. 409
- DESCANSO XXII. 413
- DESCANSO XXIII. 421
- DESCANSO XXIV. 425
- DESCANSO ÚLTIMO, Y EPÍLOGO. 433
-
-
-
-
-NOTAS
-
- [1] «Manuel du libraire et de l’amateur de livres:» ed. de
- 1861.--Tom. ij.--fol. 1062.
-
- [2] Cuaderno iij.--pág. 24.
-
- [3] Carece esta edicion del nombre del impresor.
-
- [4] «Observations critiques sur le roman de Gil Blas de
- Santillana: on y fait voir que Gil Blas n’est pas un ouvrage
- original, mais un demembrement des Aventures du Bachiller de
- Salamanque, ms. espagnol inédit.»--Paris: imp. de Moreau.
-
- [5] H. A. EVERET: «North-American Review:» (oct. 1827)--«Essais
- de critique et mélange.» Boston: 1845.
-
- [6] No he podido hacerme de ejemplar ninguno de esta traduccion,
- de que dan sucinta noticia TICKNOR «History of Spanish
- Literature» y «The Encyclopædia Britannica», edicion de ADAM AND
- CH. BLACK, de Edimburgo: año de 1875. -- Vol. viij. -- pág. 548.
-
- [7] «Leben und Begebenheiten des Escudero Marcos Obregon.
- Oder Autobiographie des Spanischen Dichters Vicente Espinel.
- Aus dem Spanischen zum erstenmale in das Deutsche übertragen,
- und mit Anmerkungen und einer Vorrede begleitet von Ludwig
- Tieck.»--Breslau im Verlage bei Josef Max und Komp. 1827.
-
- [8] Aprobaciones á la edicion de Juan de la Cuesta: Madrid: 1618.
-
- [9] Dice así lo mandado tachar:--«Pegóseme un clerigo de un
- pueblecillo de por allí cerca, y yendo caminando iba rezando sus
- horas en voz que le pudieran oir los alcornoques y robles: de
- suerte que nos interrumpia la conversacion, y él cumplia mal con
- su obligacion. Preguntóle el oidor:--¿No se podria dejar eso para
- la noche, para que se hiciese con el silencio y devocion que se
- requiere?--¡Oh! señor, respondió el clérigo, diónos la Iglesia
- esta pension que, aun caminando, hemos de rezar. ¿Por qué no
- ordenara que yendo un clérigo cansado y pensando en sus negocios
- y en el fin que han de tener, no rezara caminando?--Respondió el
- oidor:--Porque la Iglesia no cria á los clérigos para correos,
- sino para rezadores.--Bien respondido está, dijo el clérigo;
- ¿pero podria yo caminando rezar esta noche todas las horas de
- mañana y cumplir con mi conciencia?--Preguntóle el oidor al
- clérigo:--Si os debieran cien ducados para el dia de san Juan,
- ¿tomaríadeslos la víspera?--Respondió el clérigo:--Si, por
- cierto.--Pues lo mismo hace Dios, dijo el oidor: que en las cosas
- de obligacion y merecimiento adelantallas es querer cumplir cada
- uno con su obligacion, y Dios es tan buen pagador que tambien
- adelanta la paga.--Quedó con esto muy satisfecho el sacerdote.»
-
- [10] «Resúmen histórico de la literatura española:» part. iij.
- cap. 13.
-
- [11] «History of Spanish Literature:» t. iij. cap. 34.
-
- [12] «Histoire de la littérature espagnole:» pág. 503.
-
- [13] «Gesch. der schönen Wissenschaften:» t. iij. pág. 451.
-
- [14] De Ragusa.
-
- [15] Su verdadero nombre era doña Antonia Maldonado y Calatayud;
- era de los Maldonados de Salamanca y caso en Ocaña con D.
- Rodrigo de Céspedes, el mayor de los hijos del capitan Alonso de
- Céspedes, llamado «el bravo».
-
- [16] En 1580, época á que ESPINEL se refiere, D. Antonio de
- Londoño, D. Pedro de Lunato, y D. Jorge Manrique formaban el
- «Consejo secreto de Milan».
-
- [17] Esta censura lleva la fecha de 7 de Enero de 1587: las
- «Rimas» no se publicaron hasta 1591.
-
- [18] «Archivo gral. de Simancas:» Patronato Eclesiástico.--leg.
- 21.--1.º
-
- [19] LOPE DE VEGA: «La Circe.» «No parecía novedad llamar
- «espinelas» á las «décimas»: que este es su verdadero nombre,
- derivado del maestro ESPINEL, su primer inventor, como los versos
- sáficos de Safo.»
-
- [20] «Œuvres complètes de Voltaire»: edit. Didot: 1828.--tom.
- iij.--pág. 2879, col. ij.
-
-
-
-
-
-
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-To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
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-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
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-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
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