diff options
150 files changed, 17 insertions, 27774 deletions
diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..d7b82bc --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,4 @@ +*.txt text eol=lf +*.htm text eol=lf +*.html text eol=lf +*.md text eol=lf diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. Anyone seeking to utilize +this eBook outside of the United States should confirm copyright +status under the laws that apply to them. diff --git a/README.md b/README.md new file mode 100644 index 0000000..f0f7051 --- /dev/null +++ b/README.md @@ -0,0 +1,2 @@ +Project Gutenberg (https://www.gutenberg.org) public repository for +eBook #60147 (https://www.gutenberg.org/ebooks/60147) diff --git a/old/60147-0.txt b/old/60147-0.txt deleted file mode 100644 index bdfb17d..0000000 --- a/old/60147-0.txt +++ /dev/null @@ -1,13061 +0,0 @@ -Project Gutenberg's Vida del escudero Marcos de Obregón, by Vicente Espinel - -This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with -almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at www.gutenberg.org/license - - -Title: Vida del escudero Marcos de Obregón - -Author: Vicente Espinel - -Illustrator: José Luis Pellicer - -Release Date: August 21, 2019 [EBook #60147] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK VIDA DE ESCUDERO MARCOS *** - - - - -Produced by Ramon Pajares Box and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was -produced from images generously made available by The -Internet Archive/Canadian Libraries) - - - - - - -NOTA DE TRANSCRIPCIÓN - - * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se - han convertido a MAYÚSCULAS. - - * Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar. - - * Se ha respetado la ortografía del original, normalizándola a la - grafía de mayor frecuencia. - - * No obstante, se han añadido tildes a las mayúsculas que las - necesitan. - - * Las notas a pie de página se han renumerado y colocado al final - del libro. - - * Algunas ilustraciones se han desplazado ligeramente, para evitar - que interrumpieran un párrafo. - - * Se han añadido viñetas de adorno al final de algunos capítulos que, - en el original impreso y por necesidades de paginación, no las - llevan. - - * Se ha añadido, al final del libro, un índice de contenidos que no - está presente en el original impreso. - - - - -[Ilustración: MARCOS DE OBREGON. - -POR - -_Vicente Espinel_] - - - - -ES PROPIEDAD. - - - - - VIDA DEL ESCUDERO - - MARCOS DE OBREGON - - POR EL MAESTRO - - VICENTE ESPINEL. - - ILUSTRACION DE - - JOSÉ LUIS PELLICER. - - _Grabados en boj por Páris, Martin, Carretero y Pannemaker - y en zinc por Verdaguer._ - - [Ilustración] - - _BARCELONA._ - - BIBLIOTECA «ARTE Y LETRAS». - _Administración: Ausias March, 95._ - 1881. - - - - -[Ilustración] - - - - -TIPO-LIT. DE C. VERDAGUER.--BARCELONA. - - - - -[Ilustración] - - - - -VICENTE ESPINEL Y SU OBRA. - - -I. - -La nueva edicion de las _Relaciones de la vida del escudero Márcos de -Obregon_, del maestro VICENTE ESPINEL, que, ilustrada por el lápiz -de Pellicer y el buril de Páris, Martin, Carretero y Pannemaker, -ofrece hoy al público curioso la empresa que saca á luz en Barcelona -la Biblioteca apellidada ARTE Y LETRAS, ocupa el número onceno en el -órden cronológico de las que de esta obra, tambien inmortal española, -se han hecho hasta ahora en castellano, desde los felices dias de su -ingenioso autor. La primera, la más clásica de todas por el lujo y -tono de sus formas tipográficas, fué la de Juan de la Cuesta, dada en -Madrid á la estampa á principios de 1618. Es libro tan perfecto que ni -una sola errata halla en sus páginas el más prolijo corrector. Juan de -la Cuesta, al final de la _Segunda parte de las comedias, de Lope de -Vega Carpio_, publicada en el mismo año, y en nota relativa al auto del -Consejo de Castilla, prohibiendo introducir en el reino las ediciones -fraudulentas de los libros castellanos que, al punto que en Madrid -aparecian, eran reimpresos en la capital de Cataluña, en la de Aragon y -áun en Navarra, hizo constar que por esta sola licencia habia dado al -autor cien escudos de oro: precio por aquel tiempo desconocido para una -obra de imaginacion. El acuerdo del Consejo no evitó que en el mismo -año se hicieran en Barcelona otras dos ediciones del libro de autor á -la sazon tan famoso; las de Jerónimo Margarit y Sebastian de Cormellas: -patentizando del mismo modo la inmensa reputacion literaria que ESPINEL -disfrutaba por Europa la traduccion francesa que Vital de Audiguier, -señor de la Menor, en Rovergue, se apresuró á arrojar en Paris á las -prensas de Petitpas, el mismo año de 1618, segun Brunet[1]. No terminó -el siglo XVII sin otras dos distintas ediciones castellanas: la cuarta, -que Pedro Gomez de Pastrana costeó en Sevilla en 1641, y la quinta, -dedicada en Madrid por el impresor Gregorio Rodriguez, en 1657, al Sr. -D. Juan Bautista Berardo, Tesorero general del Real Consejo de las -Indias. - -Rivera Valenzuela en los _Diálogos de memorias eruditas para la -historia de Ronda_, no sólo manifestó que en su concepto se habian -agotado ya hasta su tiempo doce ediciones españolas del _Márcos de -Obregon_, sino recordó haber oido á su padre D. Bartolomé, cuya vida -corrió de 1685 á 1746, que en su primera edad todos los niños llevaban -este libro á las escuelas[2]. Confieso no haber sido tan feliz como -el autor referido en el numeroso hallazgo de tan profusas ediciones; -y aunque á la segunda parte de lo que Rivera afirma, conspira á dar -cierta probabilidad de certeza la circunstancia de ser muchos los -ejemplares antiguos, principalmente de la edicion de Juan de la Cuesta, -encontrados con rótulos manuscritos que acreditan haber pertenecido á -personas que al poseerlos se hallaban recibiendo alguna instruccion, -con todo ni las tiradas por aquel tiempo eran tan abundantes, ni las -ediciones tan repetidas, que se brindasen á aceptar lo propuesto por -Rivera Valenzuela como artículo de fé. En la Biblioteca Nacional de -Madrid consta un ejemplar que, despues de haber pertenecido á Jerónimo -de Salazar en el siglo XVII, era en 29 de noviembre de 1743 propiedad -de Enrique Ruiz, _paje de S. M._ Otro que posee en su rica coleccion -el librero Murillo, en esta córte, lleva tambien el reclamo manuscrito -de su dueño, del mismo oficio que el anterior. No obstante manténgome -en mi opinion, en la cual me corrobora el hecho de que durante todo el -siglo XVIII, el _Márcos de Obregon_ no fué reimpreso sino una sola vez, -en Madrid, en 1744[3]. - -Desde la séptima edicion inclusive, todas las restantes son del -presente siglo. Abrió la marcha en 1804 la salida en Madrid de las -oficinas de D. Mateo Repullés, cuando con motivo de las _Observaciones -sobre el Gil Blas_ presentadas á la Academia francesa por el español -Llorente[4], discutióse con cierto calor por toda Europa y áun por el -lado de la América del Norte[5] acerca de la originalidad de la obra -de Mr. Lesage y de los plágios hechos por el escritor transpirenáico á -las de ESPINEL. Sobre esta edicion, que circuló mucho por aquel tiempo, -se empeñó el Sargento Mayor Algernon Langton en su traduccion inglesa, -publicada en Londres en 1816[6], y el erudito Ludwig Tieck en la -alemana, que apareció en Breslau en 1827[7]. La octava española es la -de 1851 y está contenida en el tomo XVIII de la _Biblioteca de Autores -Españoles_ de D. Manuel Rivadeneyra, habiendo sido en él coleccionada -por el diligente académico D. Cayetano Rosell juntamente con el -_Quijote_ de Avellaneda, _El Español Gerardo_ y la _Fortuna vária del -soldado Píndaro_, de Céspedes y Meneses, _Los tres maridos burlados_, -de Tirso de Molina, y _El donado hablador_, de Jerónimo de Alcalá. -Finalmente los editores de las _Obras, en prosa, festivas y satíricas -de los más eminentes ingenios españoles_, publicaron en las máquinas de -Narciso Ramirez, en Barcelona, en 1863, otra vez más la produccion de -VICENTE ESPINEL, y áun otra últimamente en Madrid, en 1868, la empresa -de la Biblioteca escogida, titulada _Tesoro de autores españoles_, con -prólogo y biografía de D. Juan Cuesta Ckerner.--Tales son las diez -ediciones españolas de las _Relaciones de la vida del escudero Márcos -de Obregon_, y áun las tres extranjeras, que conozco y preceden á la -actual. - - -II. - -Los elogios de este libro han sido siempre idénticos; pues cuantos -antes y despues, y dentro y fuera de España, se han ocupado de él, le -han reconocido una misma importancia en nuestra bella literatura del -siglo de oro bajo el cetro de los Austrias. Los primeros en encomiarlo -fueron los contemporáneos del autor, aunque el _Márcos de Obregon_ fué -de las pocas producciones literarias que se dieron á luz en el siglo -XVII sin precedencias de versos laudatorios, como entonces estaba al -uso, sin duda para que los prosélitos de ultratumba que áun dos años -despues de su muerte conservara Cervantes, el cual se habia mofado -en las entradas del _Quijote_ de aquella obsequiosa costumbre de la -amistad ó de la admiracion, viesen que la obra de ESPINEL bastábase á -sí misma para su propio crédito. No obstante, al censurarla de oficio, -si el abad de San Bernardo, observando que tenia doctrina moral y -pintaba con deleite, auguraba seria libro de mucho provecho y gusto, -y el vicario y doctor D. Diego Gutierre de Cetina se extasiaba con su -mucha moralidad y entretenimiento, Fray Hortensio Félix Paravicino, -que tambien la graduó por órden del Consejo, no titubeó en declarar -explicitamente que «de los libros de este género, que parece de -entretenimiento comun, el _Márcos de Obregon_, es el que con más razon -debe ser impreso, por tener el provecho tan cerca del deleite, que sin -perjudicar enseña y sin divertir entretiene.» En cuanto al estilo, la -invencion, el gusto de las cosas y la moralidad que deduce de ellas, -el reverendo fraile trinitario calzado, natural de Madrid, aunque -hijo del milanés D. Mucio, tesorero general de aquel Estado, entendia -argüir bien la pluma que los habia escrito «tan justamente celebrada en -todas las naciones.» Por último el padre maestro Paravicino concluia -diciendo: «Á mí, á lo menos, de los libros de este argumento me parece -la mejor cosa que nuestra lengua tendrá.»[8] - -Bien que en el _Índice expurgatorio_ de 1667 se mandase tachar y -se tachara, en efecto, un breve pasaje perteneciente á la Relacion -tercera, Descanso quince, del _Márcos de Obregon_[9], la opinion -sobre las excelencias de la obra de VICENTE ESPINEL perseveró conforme -durante todo el siglo XVII. En ella insistió, entre otros, el canónigo -magistral de la santa Iglesia de Barcelona D. Luis Pujol, cuando el -obispo de aquella diócesis, D. Luis Sanz, le dió comision de examinarla -de nuevo para las reimpresiones de Margarit y de Cormellas. Á Pujol -pareció este libro «lleno de mucha gravedad de sentencias, con -apacibles cuentos para un honesto y provechoso entretenimiento.» La -escrupulosa estrechez de miras de la comision eclesiástica encargada -del _Índice expurgatorio_ nos es hoy bien conocida, y á ningun autor -ha dañado á la larga el peso de sus censuras. Á Miguel de Cervantes se -le mandó borrar del capítulo XXXVI de la segunda parte del _Quijote_, -la sencilla proposicion de que «_las obras de caridad que se hacen -flojamente, no tienen mérito, ni valen nada_.» En el _Índice_ de 1667 -aparecen prohibidas las ediciones del _Lazarillo de Tórmes_, anteriores -á 1573, la _Letanía Moral_ de Andrés de Claramonte, la _Cárcel de amor_ -de Diego de San Pedro, todas las obras de Fernan Perez de la Oliva, la -traduccion castellana de los _Triunfos_ de Petrarca, toda la edicion -de la _Historia Pontificial_ de Gonzalo de Illescas, hecha en 1573, -el libro de la _Veneracion_ de Miser Gaspar Gil Polo, las novelas de -Bocaccio, el tratado manuscrito del P. Juan de Mariana titulado _De -regimine societatis_, el _Ramillete de flores divinas_ de Fray Pedro -de Padilla y otras obras semejantes; á más del inmenso catálogo de las -que se acordó cercenar. Por último en el ejemplar de las _Rimas_ de -ESPINEL, que, habiendo pertenecido al erudito Bölh de Faber, poseyó la -Biblioteca Nacional de Madrid, donde fué por mí examinado hácia 1865, -y que ha desaparecido despues, se encontraba al fól. 105 una nota -manuscrita, letra de últimos del siglo XVI, en que á la cabeza de la -epístola al marqués de Peñafiel, se leia: «_Vedado por la Inquisicion -y descomunion á quien lo leyere_.» Y sin embargo, examinada aquella -poesía, nada se encuentra en ella, como no se encuentra nada en el -pasaje del _Obregon_ que fué tachado, que repugne á la religion, y á -las costumbres, ni que veje la fama del poeta. - -El editor anónimo del _Márcos de Obregon_, en 1804, se propuso un -doble objeto con la reproduccion que llevó á cabo, procurando á la -vez refrigerar en nuestro público la aficion y el gusto hácia las -obras de lo que podemos llamar en la literatura española nuestra -antigüedad clásica. Nuestra literatura venia estando plagada, desde -hacia un siglo, de traducciones francesas. Volver por los fueros del -idioma patrio, tan humillado y maltrecho despues de tanto tiempo en -que la esterilidad y el vasallaje literario nacional habian reducido -nuestra capacidad á la mera tarea de importar al castellano todos los -productos, buenos ó malos, de otra literatura exótica, aunque á la -sazon tan en boga, y detener el torrente de las ideas ahora frívolas, -ahora depravadas, ó cuando menos peligrosas, que por este medio se nos -ingerian, pervirtiendo así los sentimientos puros y las costumbres -sanas, como la imaginacion por la inercia aletargada y el habla por -los extranjerismos corrompida, eran los dos dignos móviles de aquella -publicacion. «Reune este libro en mi entender,--el editor á este -respecto decia,--las circunstancias del precepto de Horacio, que es -mezclar dulzura con utilidad, y ademas de contener graves sentencias -de la mejor doctrina, expresadas con gracia y elegancia y con aquella -pureza de lenguaje y castidad de conceptos, que él mismo recomienda, -es un dechado de la vida humana para todas las situaciones en que -podamos hallarnos con ejemplos curiosos de sus propios sucesos y de sus -contemporáneos.» - -La crítica sobre la obra de ESPINEL, aunque sin salir nunca del terreno -de la retórica y de la moral, no ha dejado de tener sus progresos, como -lo testifican las consideraciones hechas sobre el _Márcos de Obregon_ -por el Sr. Rosell en la edicion de Rivadeneyra y áun por el Sr. Cuesta -Ckerner en la de 1868. Rosell compara el plan del _Obregon_ con el -del _Lazarillo de Tórmes_ y el del _Guzman de Alfarache_, y encuentra -su accion más completa que la del primero y más nutrida y rápida que -la del segundo. Sin embargo para este analista el mayor mérito está -en que, corriendo la narracion de la fábula inventada por ESPINEL -sobre los sucesos de su propia vida, hasta el punto de que los más -la confunden con una _auto-biografía_, pudiera hacer abundar en ella -los brillantes recursos de la imaginacion y del ingenio, y lograra -revestir con los insinuantes atractivos de la poesía la materialidad -prosáica de una existencia real. Por otra parte Rosell conviene con -todos los críticos en que «el _Escudero Márcos de Obregon_ es una obra -magistralmente escrita, llena de sábias máximas y advertencias morales, -que aunque muy repetidas, gracias á su oportunidad y á la manera -ingeniosa con que están amenizadas, se reciben y escuchan con agrado. -El lenguaje, añade el académico analista, es puro y sencillo, y en las -escenas que se describen no se advierte, como en otros escritores, -el empeño de apurar ciertas situaciones peligrosas: lo cual, unido á -un plan hábilmente dispuesto, y á una accion animada, que camina sin -entorpecimiento, justifica los elogios que en todos tiempos se han -hecho de esta composicion.» - -La opinion de los comentaristas de ESPINEL, sobre el mérito del -_Márcos de Obregon_, casi es menos importante que la de los que -estudiándole en horizonte más amplio, en el del desenvolvimiento -histórico de la literatura nacional, y relacionando con éste al autor -y su obra, han tenido que darles dentro del vasto cuadro el verdadero -término y relieve que á uno y á otra corresponde. Puede á la cabeza -de estos ponerse el discreto Gil y Zárate, el cual colocando la obra -de VICENTE ESPINEL entre las novelas picarescas y de costumbres, no -encontró otra de este género que se le adelantase en mérito, sino el -_Lazarillo de Tórmes_, siendo muy superior á esta misma y á todas -las demás, en que el _Obregon_ ofrece menos truhanadas de las que -constituyen la especialidad característica de este linaje de libros; -en que abunda en buena moral, y en que á veces el autor introduce á -su público en una sociedad más escogida que la que presta su escenario -al mismo _Lazarillo_, al _Guzman de Alfarache_, al _Gran Tacaño_ y -las demás producciones de esta índole. Gil y Zárate halla ademas -amenizada la narracion del _Márcos de Obregon_ con cuentos y novelitas -agradables, siendo su estilo puro, natural, fácil y correcto, sin -resábios de afectacion ni mal gusto, por lo que aprecia á ESPINEL por -uno de nuestros primeros prosistas[10]. El norte-americano Ticknor -dedicó tambien al autor y á la obra noticia bastante individual, -tanto por el mérito de uno y otra, cuanto por la grande atencion que -confiesa llamó á los contemporáneos de ESPINEL la aparicion de su -escrito. La síntesis de su juicio puede, sin embargo, condensarse en -los siguientes conceptos:--«Contiene el _Obregon_, dice, bastantes -reflexiones morales, cansadas y fastidiosas, aunque bien escritas, lo -cual hace que la narracion de los engaños, maldades y picardías del -héroe resalte más; pero aunque inferior al _Guzman de Alfarache_ y al -_Lazarillo_ en diccion y estilo, les aventaja en accion y movimiento; -los sucesos marchan con mayor rapidez y terminan de un modo más regular -y acertado[11].» En otra historia literaria de España, su autor, -Eugenio Baret, profesor de literaturas extranjeras en la facultad de -letras de Clermont-Ferrand, considera las _Relaciones de la vida y -aventuras del escudero Márcos de Obregon_ como obra superior á las de -Hurtado de Mendoza, Aleman y Velez de Guevara en el género picaresco, -pues halla en las de ESPINEL más plan, más arte, mayor decencia y -mayor gusto literario que en las de sus competidores[12]. Por último -los escritores alemanes, que habian seguido las impresiones de -Bouterweck[13], habiendo modificado sus juicios despues de los trabajos -de Tieck, de Malsburg y otros, han rectificado algunos de los errores -en que hasta llegó á incurrir en su _Lexicon_ el sábio y concienzudo -Ebert, y haciendo justicia al mérito del autor español, han proclamado -el _Márcos de Obregon_ por una de las más bellas producciones de la -literatura española, aunque se hayan señalado algunos de sus lunares. -Entran en este número la forma desigual con que, en sentir de Tieck, la -obra está escrita; la conclusion que no corresponde á las esperanzas -que el principio suscita, y finalmente el prurito que el autor muestra -en convertir cada episodio de su novela en artículo de moral, á fin de -evitar que el público crea que el escritor no se cuida sino de divertir -á las gentes. - - -III. - -Los defectos de que trata la crítica alemana, principalmente el último, -nacian de la propia condicion de toda nuestra literatura de aquel -siglo. Bajo el cetro de Felipe II, en que floreció el génio, todo en la -sociedad española estaba predispuesto al órden, bajo el rudo principio -de la disciplina, que es el carácter más relevante del progreso y de -la educacion pública, y de la autoridad y de la subordinacion, que -estrechan los vínculos de la nacionalidad. Dominaba en la literatura -Horacio, que era la autoridad clásica, la autoridad tradicional, la -autoridad de los antiguos; para las investigaciones de la moral y de -la metafísica, reinaba la autoridad de los textos sagrados, de la -Escritura y de los Santos Padres; para la política, el rey. No era -solamente la Inquisicion la que imponia trabas á las licencias de la -imaginacion y del pensamiento, sino el sentido público, las costumbres -generales que prohibian á la mente humana dilatarse en aquellos -asuntos que no se podrán nunca examinar sin peligro. Sin embargo, -no promovian quejas semejantes limitaciones, que se respetaban sin -esfuerzos, tanto más cuanto que no por eso faltaba á la fantasía y áun -á la reflexion seria y madura, extenso campo donde vaciar sus obras, -como lo justifican las de nuestros filósofos y místicos, juristas é -historiadores, médicos y matemáticos, novelistas y poetas. ¿No es, por -ventura, completo en todas sus partes el cuadro de nuestro movimiento -intelectual en la monarquía de Felipe II? Aquella literatura, -diametralmente opuesta en sus tendencias y caracteres á la del dia, era -propia de una sociedad sana y tranquila y de unos escritores probos é -ingénuos, que no proponiendose por tema constante de sus producciones -hacer la felicidad pública, ni dirigir los gobiernos y los pueblos, -como hoy acontece en el libro, en el teatro, en la cátedra, en el -foro, se contentaba únicamente con _deleitar sin corromper_. ¿Llena -este objeto la donosa narracion de las _Aventuras del escudero Márcos -de Obregon_? La opinion unánime de los críticos, que dejo apuntada, -elocuentemente lo acredita. - -Pellicer en la _Vida de Cervantes_ ha querido encontrar el orígen del -_Márcos de Obregon_ en un movimiento de emulacion del anciano maestro -hácia el génio divino del autor inmortal del _Quijote_. Preciso es -confesar que el diligente biógrafo no ha dado pruebas bastantes de lo -que aseveraba, sino meras conjeturas que bien pudieran estrellarse -en la nocion que tenemos de la amistad y el respeto recíproco que -en vida uno y otro se profesaban. En el _Canto de Caliope_, en el -_Viaje_ y en la _Adjunta al Parnaso_ no sólo habia Cervantes celebrado -el raro estilo en que ESPINEL llevaba el cetro, y su envidiable -capacidad ya con la pluma, ya con la lira, sino que haciendo mérito -de los viejos afectos que con él le unian, en la _Adjunta_ cariñoso -exclamaba:--«Al famoso ESPINEL dará vuesa merced mis encomiendas, como -á uno de los más antiguos y verdaderos amigos que yo tengo.»--Á su vez -VICENTE ESPINEL en la _Casa de la Memoria_, le habia rendido análogo -tributo, reconociendo que ni la desgracia, ni el mar, ni el cautiverio -pudieron evitar al vuelo colosal de Cervantes tocar las altas cimas -de la gloria. Por otra parte, en las realidades de la vida, los dos -simultáneamente confluian á la proteccion misericordiosa del cardenal -arzobispo de Toledo, D. Bernardo de Sandoval y Rojas, de quien Salas -Barbadillo en la dedicatoria de _La Estafeta del dios Momo_ descubrió -recibian uno y otro pension contínua «para que pasasen su vejez con -menos incomodidad.» ¿Es presumible siquiera que ESPINEL pretendiera -aquel favor por el camino de una envidiosa rivalidad, como Pellicer -deja entrever en la alusion á los escuderos pedigüeños y habladores -de que en la dedicatoria al prelado hablaba cuando decia:--«No será -Márcos de Obregon el primer escudero hablador que ha visto V. S. -Ilma., ni el primero que con humildad se ha prostrado á besar el pié -de quien tan bien sabe dar la mano para levantar caidos?» Por Zoilo -que ESPINEL fuese, y en que CERVANTES lo estimara, lícito es creer -que Pellicer necesitó una gran fuerza de sutil suspicacia para notar -la malicia en las palabras apuntadas, y mucho más para sorprender una -alusion del escudero Márcos de Obregon al escudero Sancho Panza. ¡Eran -muy distintos escuderos! Ademas cuando ESPINEL ponia su dedicatoria -á los pies del cardenal Sandoval, hacia tiempo que acerca de lo de -Zoilo inválido, Lope de Vega ya habia escrito al Duque de Sesa, su -Mecenas:--«Merece ESPINEL que V. E. le honre por hombre ingenioso en el -verso latino y castellano, fuera de haber sido único en la música: que -su condicion ya no será áspera, pues la que más lo ha sido en el mundo, -se templa con los años ó se disminuye con la flaqueza.» - -ESPINEL fué el primero en descubrir lealmente el fin que se habia -propuesto para escribir su _Obregon_:--«El intento mio, dice, fué ver -si acertaria escribir en prosa algo que aprovechase á mi república, -deleitando y enseñando, siguiendo aquel consejo de mi maestro Horacio; -porque han salido algunos libros de hombres doctísimos en letras -y opinion, que la abrazan tanto con sola la doctrina que no dejan -lugar por donde pueda el ingenio alentarse y recibir gusto, y otros -tan enfrascados en parecerles que deleitan con burlas y cuentos -entremesibles, que despues de haberlos leido, revuelto, aechado y aun -cernido, son tan fútiles y vanos, que no dejan otra cosa de sustancia -ni provecho para el lector, ni de fama y opinion para sus autores.» -Por si esto no es bastante, ESPINEL añade:--«Yo querria en lo que he -escrito que nadie se contentare con leer la corteza, porque no hay en -todo mi escudero hoja que no lleve objeto particular, fuera de lo que -suena.»--Difícil es apreciar, con tres siglos de distancia por medio y -una absoluta carencia de toda historia literaria, todo lo que mediante -esta advertencia haya en el _Márcos de Obregon_ de circunstancial, -local y adecuado á la época en que se dió á la estampa. La crítica no -puede ya apreciarlo, desprovista de los necesarios antecedentes, sino -en lo que la obra de ESPINEL tiene de universal, de perenne, de eterno. -Reducirla al estrecho círculo de las circunstancias en que apareció, -no es ya posible, cuando con bizarro empuje ha logrado dominar los -límites del tiempo, abrirse paso en la atencion de otras generaciones, -y difundirse hasta romper las barreras de los idiomas extraños. Es -preciso, pues, considerarla, y así los analistas precedentes la han -considerado, como monumento de una literatura universal. - -¿Y quién duda que llena todas sus condiciones de una manera brillante? -No es el _Márcos de Obregon_ una novela moderna que analiza, sino -una narracion por exceso subjetiva, en que el autor, haciendo el -protagonista, aunque con supuesto nombre, desarrolla la trama -indeclinable de una existencia real luchando con la naturaleza, con -la sociedad y los obstáculos civiles. En vano será buscar en ella esa -variedad de caracteres que el arte agrupa con maña, no como los produce -la naturaleza; en vano las agitaciones de la pasion que la musa trágica -del drama exalta y acumula para producir los cuadros de negra tristeza -que dan á la vida un tinte patético de desesperacion y romanticismo: -ni siquiera el autor se propone sistematizar la desgracia, de manera -que persiguiendo sin descanso y bajo todas las formas á una misma -víctima, resulte la existencia sometida al despótico yugo de una ley -fatal eterna é inexorable. El escudero _Márcos de Obregon_ es un tipo -comun, que en medio de la sociedad tradicional antigua, se adelanta -á la figura del hombre de nuestras democracias modernas, donde los -triunfos sobre las adversidades contingentes de la vida real se gradúan -por los triunfos que sobre cada individuo alcanza su propia voluntad, -su propio albedrio, sin necesidad de sacarle de otra escena que de la -ordinaria en que la existencia se desenvuelve, ni de hacerle remontar -con plumas de Ícaro á las cimas de mitológicos heroismos. Gira, pues, -el interes de la obra entre la observacion constante de la vida y la -leccion fecunda de la experiencia; no estudia al hombre, como debe -estudiarle quien se propone dictar preceptos; tiende en su fondo y en -su forma á una contínua perfeccion, hasta hacer desear la paz de una -existencia laboriosa, modesta y solitaria; de este modo, siendo una -narracion, aunque ingeniosa, siempre sencilla, hallándose sus episodios -todos solícitamente sometidos á la enérgica ley de la realidad, pasma y -asombra la portentosa flexibilidad de un talento que ha sabido bordar -de pensamientos profundos las fruslerías pueriles del estudiante -sin libros, las trivialidades inocentes del calavera sin aventuras, -las empresas solitarias del soldado sin batallas y los egoismos sin -objeto del corazon sin hogar y del espíritu sin familia. ESPINEL quiso -en el _Márcos de Obregon_ realizar una obra superior á los ensayos -brillantes de su juventud, y no puede negársele la categoría de un -talento original. Por eso cuando algunos creyeron pudiera incurrir en -el hastío de tantas insípidas producciones, como diariamente acometian -los serviles imitadores del _Lazarillo de Tórmes_ y del _Guzman de -Alfarache_, viósele elevarse con propio vuelo sobre el nivel de sus -rivales, y la crítica de su siglo, representada por la voz pujante -del reverendo Padre Maestro Fray Hortensio Félix Paravicino, declaró, -como antes he consignado, que de los libros de este argumento, las -_Relaciones de la vida del escudero Márcos de Obregon_ son la mejor -cosa que nuestra lengua tendrá. Esta opinion persevera insistente -despues de tres siglos, y en ella estriba la secreta razon de por -qué se ha propagado por uno y otro continente, se ha traducido al -frances, al ingles, al aleman y se han multiplicado hasta aquí y aún se -multiplican hoy dia sus ediciones. - - -IV. - -Bajo otro aspecto ha sido considerado tambien este libro, cuya -importancia no declina: como probable auto-biografía de ESPINEL, -sobre el cual la biografía hasta ahora no ha prodigado sino atroces -temeridades. Los primeros errores que se cometieron en este punto -los inspiró el celo excesivo del buen deseo. Casi á fines del siglo -último la vida de ESPINEL era absolutamente desconocida hasta por sus -más entusiastas admiradores. No se tenia ningun dato seguro sobre el -lugar ni la fecha de su nacimiento. Se ignoraba dónde, en qué año, de -qué edad, en cuál grado de la fortuna habia muerto; todo el resto de -su vida se ocultaba en el misterio. Una frase de Lope de Vega en el -_Laurel de Apolo_ le hizo concebir nonagenario y pobre. Un rondeño -distinguido, Cristóbal de Salazar Mardones, secretario del Consejo -de Italia en la seccion de Sicilia, no habia podido hacerse en 1642 -de un ejemplar de las _Rimas_, impresas en 1591. Nicolás Antonio, en -su _Bibliotheca Hispana nova_, equivocó en diez años la fecha de su -fallecimiento. Otro rondeño antes citado, Rivera y Valenzuela, en -1766, fué cómplice de don Cristóbal de Medina Conde en retrasar otros -seis años la de su venida al mundo, y á la vez propagó una porcion de -datos no menos inciertos, que sin embargo se tomaron despues por base -de la biografía. Tratando de trazarla Lopez de Sedano en 1770, en el -tercer tomo del _Parnaso Español_, poco dijo, y eso poco plagado de -inexactitudes, por osar deducir _ad libitum_ los datos históricos de -ESPINEL de la lectura poco meditada de sus obras poéticas. Mas crasos -errores, y con no menos buena intencion divulgó de 1787 á 1799 Lopez -de la Torre Ayllon y Gallo, primero en su correspondencia con el -presbítero de Ronda, don Jacinto José de Cabrera y Rivas, y despues -con el bosquejo biográfico que insertó en la _Coleccion de españoles -ilustres_, pretendiendo formar tambien el pedestal de la figura del -escritor sobre las revelaciones literales del _Márcos de Obregon_, de -donde surgió y se arraigó la idea de que esta era la auto-biografía -antedicha. Entre tanto los historiadores y los críticos así propios -como extraños, tomando por puntuales las noticias autorizadas desde -publicaciones casi oficiales, extendieron la fábula como nocion de -la verdad tocante á la vida del poeta, y fábula es cuanto acerca de -ella se lee en Sedano y Búrgos, Quintana y Gil y Zárate, Silvela y -Castro, entre los nacionales, y en Sismondi, Bouterwek, Ticknor, Tieck, -Algernon Langton, Baret, Michaud, Weiss, Bouillet, Höffer y por último -en todos los _Diccionarios biográficos_, entre los extranjeros. - -No puedo hacer aquí _in extenso_ el trabajo documental que reservo para -más propicias circunstancias: permítaseme, sin embargo, diseñar un -simple bosquejo de la vida del maestro VICENTE ESPINEL sobre la fe de -mis investigaciones de veinte años y de los documentos reunidos por mi -constancia y diligencia. El nombre del lugar de su nacimiento, Ronda, -él lo acreditó en las portadas de sus libros, en las _canciones á su -patria_ y en las referencias directas del _Obregon_ á su persona. En -el libro II de bautismos de la parroquial de Santa Cecilia, al fólio -36 vuelto, consta la fe de su bautismo en 28 de diciembre de 1550, -siendo sus padres Francisco Gomez y Juana Martin. Jacinto Espinel -Adorno, en _El premio de la constancia ó pastores de Sierra Bermeja_, -testifica que esta fué de familia de conquistadores. El mismo VICENTE -ESPINEL hace al primero oriundo de las montañas de las Asturias de -Santillana, y añade que aunque con alguna hacienda la perdió en -negocios infortunados. Tambien dice él mismo que su primera instruccion -la recibió en Ronda, en las aulas del bachiller de la gramática Juan -Cansino, el cual le enseñó á traducir no mal un epígrama latino y á -componer otro, y con esto, un poco de música y saber callar, ya estuvo -dispuesto en las primeras mocedades para que su padre, tratando de -sacar fruto del talento que precozmente revelara, pusiérale al cinto -una espada de Bilbao, en la maleta un ferreruelo de ventidoceno de -veinte ducados, y con su bendicion y lo que pudo, que no debió de ser -mucho, enviárale con un arriero á Salamanca, donde se hiciera famoso -en los estudios. La salida de ESPINEL de Ronda para la Universidad -maestra, coincidió con el segundo levantamiento de los moriscos de la -sierra de Istan y los alistamientos y la leva de hombres, desde los -18 hasta los 30 años, que juntó para calmarlo el duque de Arcos, don -Rodrigo Ponce de Leon: de este deber sólo estaban exentas las gentes de -iglesia y los estudiantes. - -La aparicion del nuevo escolar en Salamanca la acreditan los libros -de matrícula correspondientes á los cursos de 1570 á 1571 y de 1571 -á 1572, en los cuales se registra inscrito en la facultad de Artes. -Las notas que obtuviera se han perdido con los libros de pruebas en -donde constasen. En los de grados no se encuentra su nombre. En las -inscripciones de matrículas se le nombra: VICENTE MARTINEZ ESPINEL, -_natural de Ronda_, _diócesis de Málaga_. En el _Obregon_ no se da -ciertamente ESPINEL aires de opulento, ni áun de adelantado en sus -estudios en la Universidad. Acerca de estos él mismo dice en el -descanso XII de su primera relacion:--«Yo confieso de mí, que la -inquietud natural mia, junta con la poca ayuda que tuve, me quebraron -las fuerzas de la voluntad, para trabajar tanto como fuera razon.» -Respecto á los medios de su vida, añade en el mismo lugar:--«Estábamos -despues de esto, tres compañeros en el barrio de San Vicente, tan -abundantes de necesidad, que el menos desamparado de las armas reales -era yo, por ciertas lecciones de cantar que yo daba; y áun las daba, -porque se pagaban tan mal, que antes eran dadas que pagadas, y áun -dadas al diablo.» Aun así tuvo en 1572 que interrumpir los estudios, á -consecuencia de haber cerrado y dispersado la Universidad el corregidor -don Enrique de Bolaños, por los disturbios y encuentros de estudiantes -que promovieron los bandos formados á causa de la prision y proceso del -sabio maestro Fray Luis de Leon. Tenia á la sazon ESPINEL veintidos -años, y emprendió _á la apostólica_, como él mismo dice, aquella -peregrinacion hácia Ronda, su patria, visitando y deteniendose en -Madrid y en Toledo, recibiendo en Ciudad Real los regalos y socorros de -la monja doña Ana Carrillo, señora muy principal de los Villaseñores -de Murcia y de los Maldonados de Salamanca, y tocando y descansando en -varios lugares ricos de Andalucía. - -Pocos meses despues de la llegada de ESPINEL al hogar paterno, unos -parientes de estos, algo hacendados, Bartolomé Martinez Labrasola y -Catalina Martinez, cónyuges, y la última hermana de Juana Martin, -se resolvieron á fundar capellanía de una parte de sus bienes, -«nombrando por primer capellan á su sobrino VICENTE MARTINEZ ESPINEL, -hijo de Francisco Gomez, porque es mancebo virtuoso de buenos padres -y confiamos de su persona y virtud que la servirá muy bien,» segun -textualmente reza la escritura de fundacion, cuya copia tengo á la -vista, y que fué otorgada ante el escribano público Juan Gil Acedo -en 3 de agosto de 1572. Consistian los bienes de esta fundacion en -unas casas que los Martinez Labrasolas poseian en Ronda, barrio del -Mercadillo, arrabal de la Puente y calle de las Peñas, con expresion -de ser once moradas lindando unas con otras y en unas viñas de cuatro -aranzadas del pago del mismo Mercadillo, _cerca de la torrecilla de la -dehesa_. Tenian estos bienes un gravámen censual de 30,000 maravedis -de principal en favor de don Pedro Ponce de Leon, de la casa ducal de -Arcos, y despues de imponer al capellan ciertas obligaciones de su -ministerio, se determinó el órden de la sucesion en ellos, debiendo -recaer en el convento y religiosos de la Merced, cuando concluyeran -estos llamamientos, como en efecto se acabaron en 1666. Influyó en -1572 en todas estas disposiciones un religioso de la redencion de -cautivos, montañes de orígen, como el padre de ESPINEL, hombre en su -siglo de sumos respetos así por sus grandes dotes personales, como por -su mucho influjo y el de sus parientes en la córte de Felipe II, y -que frecuentemente hacia largas residencias en el convento de Ronda, -situado á la sazon en el lugar aún llamado _la cruz de San Jorge_, -bien próximo por cierto á las moradas en donde ESPINEL debió nacer y -su familia habitar. Llamábase este religioso Fray Rodrigo de Arce, y -ESPINEL en sus _Rimas_ le dedicó luego una de sus más bellas canciones. -En las redenciones de África tenia una inmensa reputacion, y á Ronda -trajo convertido desde Argel al hijo de Bocazan-bey, que tomó en la -pila el nombre de don Diego de Arce, y que disfrutó de por vida una -pension que le señaló el rey Felipe II, segun refieren Fray Alonso -Remon y Bernardo de Vargas, cronistas de la órden á que Fray Rodrigo -perteneció. - -Tal vez el favor de éste colmó de valiosas recomendaciones á ESPINEL -en su segunda expedicion á Salamanca. Aunque el poeta declara que -esta vez pasó tres ó cuatro años (sólo fueron dos) en esta ciudad, y -de que se le dió una plaza en los verdes de San Pelayo, hallándose de -escolares en este colegio el que luego fué obispo de Valladolid, don -Juan Vigil de Quiñones, y el consejero de la Inquisicion don Juan de -Llanos y Valdes, la circunstancia de no aparecer más el nombre del -poeta ni en las matrículas de la Universidad ni en los registros de -San Pelayo, hace sospechar sobre la condicion de _la plaza_ que en -este colegio se le dió, de seguro más humilde que la posesion de una -beca. Sin embargo, si hemos de creer á Lope de Vega en el _Papel sobre -la nueva poesía_, de esta época datan las relaciones de amistad y -compañerismo que ESPINEL mantuvo toda su vida con el marques de Tarifa, -primogénito del duque de Alcalá de los Gazules, con otros títulos y -grandes, como los Alba y los Girones, con Pedro de Padilla, caballero -del hábito de Santiago, con Luis Galvez de Montalvo, que lo era de la -órden de San Juan de Jerusalen, con don Luis de Vargas Manrique, con -los Argensolas, con Pedro Liñan de Riaza, con Pedro Lainez, con Marco -Antonio de la Vega, con el doctor Garay y últimamente con el jóven don -Luis de Góngora y Argote, recien llegado de Córdoba. De estos, los que -no presumian de caballeros, teníanse por hidalgos de renta y caudal, -aunque estudiantes y poetas todos. ¿Fué que con ellos solamente lo -introdujo su superioridad en la poesía, ó su habilidad, que Lope llamó -repetidas veces _única_, en la música y el canto? Estas facultades le -abrieron la casa de doña Agustina de Torres, en la cual, segun Lopez -Maldonado, en la _Elegía de su muerte_, se reunian los más famosos -músicos de la ciudad, el gran Matute, el celebrado Lara, el divino -Julio, Castilla y otros. - - -V. - -La ambicion y el amor sacáronle de Salamanca á vida más activa. Por -órden del rey Felipe II formábase en el otoño de 1574 armada de más -de trescientas velas y veinte mil hombres en el puerto de Santander. -Por capitan general de ella iba el más intrépido marino que á la -sazon tenia España, Pero Menendez de Avilés, el famoso adelantado de -la Florida. Su mision permanecia secreta y reservada; bien que todo -el mundo creyera fuese la primera _invencible_ de Felipe II contra -Isabel de Inglaterra. Era el almirante don Diego Maldonado, caballero -de bonísimo gusto, de los de esta casa en Salamanca y algo pariente de -linda moza que acaso á la sazon ESPINEL platónicamente cortejaba. Por -todos estos merecimientos dióse al novel estudiante alférez la bandera -del segundo capitan. Mas aquella escuadra portentosa no llegó á cumplir -su destino. La peste la asedió en el mismo puerto, destruyéndola sus -hombres, y entre otros cabos que murieron, hizo la muerte presa tambien -del bizarro caudillo que habia de mandarla. Un viento de dispersion -sopló por los escasos restos de los que habian quedado, y ESPINEL, -aunque convaleciente de unas fiebres malignas, cedió á la inquieta -condicion de su carácter, no tomando la vuelta hácia Salamanca, sino -escapando por Laredo y Portugalete á la capital de Vizcaya; desde -Bilbao á Vitoria, donde lo hospedó y mimó, un gran caballero y amigo -suyo, don Felipe de Lezcano; desde Álava á Navarra, por visitar al -condestable de la casa de Alba, de la cual ya comenzaba á recibir -proteccion; de allí á Zaragoza, donde le obsequiaron los Argensolas -y otros ingenios amigos, durante su larga estancia en la capital de -Aragon, y despues de haber trafagado toda la Rioja, y visitado á -Búrgos, vino á recaer en Valladolid y en el escuderaje del egregio -conde de Lemos, don Pedro de Castro, gran amigo de la gente alegre de -bizarro ingenio. - -Cerca de cuatro años consumiéronse en esta vida, que á aquel robusto -amparo tal vez se hubiera prolongado, sin la ocasion de la infortunada -empresa del rey D. Sebastian de Portugal, á África, á donde fueron -5000 españoles en las 50 galeras con que le auxilió el rey Felipe II, -á quien Lemos á su llamamiento acudió presuroso para servirle. «Víneme -de Valladolid á Madrid, dice el mismo ESPINEL, y siguiendo la variedad -de mi condicion y la opinion de todos, fuíme á Sevilla con intencion de -pasar á Italia, ya que no pudiese llegar á tiempo de embarcarme para -África.» En efecto, no llegó; quedóse en Sevilla al abrigo de ilustres -camaradas, y en el largo año que residió en la ciudad del Guadalquivir -hizo de su vida una contínua tempestad de desvanecimientos juveniles. -Arrastró su musa por el lodo de la obscenidad y del sarcasmo; su vivo -ingenio y sus músicas habilidades disipáronse entre los lupanares de -Baco y Venus; púsose espada al flanco; echóla de valiente; suscitó -pendencias; anduvo á cuchilladas y al ojo de la justicia y, como él -mismo dice, comenzó á alear más de lo que le estaba bien, y áun tanto -que el marqués de la Algaba, D. Luis de Guzman, que le amparaba, llegó -á mostrarse reacio en su refugio, viéndole empeñado en tales causas que -tuvo que tomar sagrado tal vez para evitar mayores inconsideraciones. -No por eso faltáronle amigos: por tal se le declaró un jóven príncipe, -tan gallardo de presencia, como amable de carácter, que vino por aquel -tiempo á Sevilla á visitar á su tio el arzobispo D. Cristóbal de Rojas -y Sandoval: llamábase él D. Francisco Gomez de Sandoval: llevaba por -título el de marques de Dénia, y estaba destinado á representar en la -política y el gobierno de España el papel más importante, bajo el de -Duque de Lerma, con el que reconoce la historia al poderoso valido -del rey Felipe III. Influia en la borrascosa conducta de ESPINEL por -aquel tiempo la fiebre del despecho á causa del desengaño sufrido en -aquellos amores puros, juveniles, risueños que comenzara en Salamanca, -y Dénia descendió á mitigar aquel violento estado, favoreciendo á -ESPINEL en sus necesidades y allanándole los obstáculos para alejarle -del lugar de los combates de su espíritu, haciendo descubrir ante -su mente aventurera los poéticos horizontes de Italia, sonrosados -con la compañía y el favor inmediato del Duque de Medina-Sidonia, D. -Alonso Perez de Guzman, á quien acababa de darse el gobierno de Milan, -para donde él ya disponia el envío de ajuares y criados en un galeon -_arragocés_[14], que se hacia á la vela para el golfo de Génova. - -Surge, durante esta navegacion, una cuestion histórica, que hasta ahora -ningun biógrafo se ha atrevido á abordar para darle una explicacion -definitiva. ESPINEL, refiriendo los azares de aquel viaje, dice que -habiéndose refugiado el galeon á la isla Cabrera y habiendo saltado -alguna gente á tierra en busca de agua, fué con otros sorprendido por -unos piratas africanos que los llevaron cautivos á Argel: narra luego -prolijamente la vida y las vicisitudes del cautiverio, y por último, -despues de mil lances novelescos la manera como preso el galeon de -su amo cerca de las aguas de Mallorca por las galeras de Génova que -gobernaba el Sr. Marcelo Doria, fué primero maltratado teniéndole por -renegado tambien, luego reconocido por Francisco de la Peña, uno de -los músicos de á bordo, presentado al general más tarde, y remediado y -conducido á Génova, á casa del embajador Julio Espínola, que él habia -tratado como amigo en Valladolid, y que juntamente con Marcelo Doria, -le proveyó de dinero y cabalgadura para que se trasladase á Milan. Ó -hay que aceptar como cierto en el _Márcos de Obregon_ este episodio -autobiográfico de ESPINEL, ó hay que negarlos todos. En ninguno el -autor pone entre él y el lector mayor número de testimonios vivos: -él cita las personas con abundancia, y es uno de los pasajes en que -casi descubre que el nombre de _Márcos de Obregon_, adoptado para el -protagonista de su obra, no es sino el pseudónimo bajo el que oculta -el suyo verdadero. La glosa de las octavas cantadas á bordo y á cuya -música suspiró, son de las más conocidas de sus canciones; él dice -ademas: cantaron _unas octavas mias_. Peña lo denunció despues al -general como _autor de la letra y de la sonata_. Y cuando el general le -preguntó: _¿Cómo os llamais?_ y él le respondió: _Márcos de Obregon_; -Peña se apresuró á rectificar diciendo:--FULANO (es decir ESPINEL) _es -su verdadero nombre, que por venir tan mal parado debe de disfrazarlo_. - -Cotejando los hechos en que ESPINEL refiere haber intervenido con las -fechas de estos acontecimientos históricos, preciso es confesar que -existe una perfecta, absoluta correspondencia sin que jamás se le -sorprenda en el menor desliz: de modo que lo que narra lo cuenta, no -como el contemporáneo que recuerda lo que ha oido, sino como el testigo -que tiene presente y muy presente hasta el menor detalle de lo que ha -visto. Á fines de 1578, en efecto, desembarcó en Génova; por Alejandría -de la Palla, de donde era gobernador D. Rodrigo de Toledo, pasó á -Milan, donde esta vez no se detuvo, continuando su marcha á Flandes, y -yendo á parar al ejército que mandado por Alejandro Farnesio, príncipe -de Parma, desde la muerte de D. Juan de Austria, disponíase á dar el -asalto general de Maestrich, uno de los hechos de armas más grandiosos -de aquella época militar. Allí encontró á D. Hernando de Toledo, _el -tio_, y á D. Pedro de Toledo, marques de Villafranca, en quienes, -como en todos los de la casa de Alba, la amistad á ESPINEL era cosa -como del hogar ó de la sangre; allí al ingenuo caballero D. Alonso -Martinez de Leiva, á quien el mar de Irlanda en 1588 abrió la tumba, -al más dulce prodigio de las musas; allí, por último, á aquel bizarro -príncipe Octavio de Gonzaga, casado con D.ª Sicilia de Médicis, en -cuya morada en Milan y Mántua el poeta de Ronda habria de hallar luego -la hospitalidad más noble y la proteccion más espléndida. Con solo -repasar el libro de las _Rimas_ se viene en conocimiento de lo que -fueron estos príncipes para ESPINEL. Á D. Hernando de Toledo, el tio, -dedicada está aquella _Égloga_, sublime, resúmen de la historia de sus -amores con doña Antonia de Calatayud[15], en Salamanca y Sevilla; en -las dos _Canciones_ á los jóvenes consortes Gonzaga y Médicis, de la -casa ducal de Mántua, se espresa la abundante felicidad que aquellos -ilustres magnates derramaron con su favor en el alma de ESPINEL. Desde -la rendida fortaleza del Brabante el poeta siguió á Octavio de Gonzaga -en la vuelta para Milan, y aquí el generoso príncipe, con ocasion de -la muerte y los funerales de la reina doña Ana de Austria, que en -la capital de Lombardía se lloró con soberbias exequias, colmóle de -honor, haciendo que á ESPINEL se le designase para las leyendas en -verso castellano y latino que habian de adornar el túmulo levantado en -la incomparable catedral para la fúnebre solemnidad en que él mismo -celebró despues haber oido la palabra inspirada del santo arzobispo, -Cárlos Borromeo, en el elogio póstumo de tal reina. Tambien los versos -castellanos que entonces ESPINEL compuso forman parte de sus _Rimas_ -desde el fólio 100 al 103. - -Aunque en los tres años, próximamente, que residió el poeta en -Lombardía, quéjase de no haber disfrutado salud, ni de haber hecho -en ellos cosa alguna literaria de importancia «por lo poco que -entre soldados se ejecutan los actos del ingenio,» casi todas las -composiciones que escogió despues para coleccionarlas, fueron escritas -en Italia. Concurriendo allí diversas naciones de franceses, alemanes, -italianos y españoles, él mismo confiesa que hubo de escoger el latin -para entenderse. Por último, en el Descanso V, de la Relacion III, dice -que en Milan concurria á casa de D. Antonio de Londoño, presidente de -aquel magistrado[16], muy sabio en las artes filarmónicas, en cuya -morada habia siempre junta así de excelentísimos músicos, como de voces -y habilidades, donde se hacia mencion de todos los hombres eminentes -de la facultad. «Tañian, añade ESPINEL, vihuelas de arco con grande -destreza, tecla, arpa, vihuela de mano por excelentísimos varones en -toda clase de instrumentos.» Todo esto revela que la permanencia de -VICENTE ESPINEL en Italia, lejos de ser perdida, fuéle muy provechosa, -pues allí pudo perfeccionarse y perfeccionó de hecho sus facultades, -como se notará más adelante, cuando en ellas veámosle encontrar el -más sólido refugio de su vida. No dejó de luchar, sobre todo con la -escasez, que fué el torcedor perpétuo de sus gustos mientras vivió; y -en su propio testamento, hecho cerca de medio siglo más tarde, todavía -debia acordarse de los apuros que pasó en Milan, cuando dictaba al -escribano Juan Serrano:--«Item, declaro que debo en la ciudad de Milan, -en Lombardía, veinte ducados á un mercader que se llama Ludovico Mato -de Recto, de un ferreruelo de gorgueran que me vendió habrá tiempo de -treinta y seis años, los cuales quiero que se le paguen, y si fuese -muerto á sus herederos, y caso que no los haya el señor Maestro Franco -se los diga de misas para sus almas.» - -Cansado de la vida militar, puesta la vista en el porvenir y viéndose -en el promedio de la vida sin puerto de salvacion para la vejez, trató -de regresar á España, mas no sin visitar á Pavía, Turin, Venecia y -otras ciudades italianas de gran fama. D. Hernando de Toledo, el -tio, le tomó luego muy alegremente en Saona en sus galeras hasta -desembarcarle en Barcelona. Pasó á Madrid, donde muchos le conocieron -en 1584 y á poco tomó la resolucion de volver á Andalucía, decidido ya -á echar la llave al ardor juvenil y á recogerse al amparo de aquella -carrera en la que todavía le brindaba algun descanso la próvida -fundacion de 1572. - - -VI. - -Todos los actos eficaces de la vida del hombre y del poeta comienzan -desde esta época. De sus mal perjeñados apuntes y papeles, y del rico -arsenal de su memoria, procuró entresacar aquellas obrillas líricas de -la juventud, que formaban el bello ramillete del ingenio y del corazon -en la risueña edad de sus alegres mocedades. Enviándolas á la censura -de D. Alonso de Ercilla, que confesaba ser de los mejores versos -líricos que él habia visto[17], desde la primera página declaró ESPINEL -el objeto que se proponia al intentar publicarlos, con aquel bello -soneto, que le sirvió de introduccion y es sin duda uno de los mejores -que hay escritos en castellano. - -Dice así: - - Estas son las reliquias, fuego y hielo, - Con que lloré y canté mi pena y gloria, - Que pudieran ¡oh España! la memoria - Levantar de tus hechos hasta el cielo. - Llevóme un juvenil, furioso vuelo - Por una senda de mi mal notoria, - Hasta que, puesto en medio de la historia, - Abrí la vista, y ví mi amargo duelo. - Mas retiréme á tiempo del funesto - Y estrecho paso, dó se llora y arde, - Ya casi en medio de las llamas puesto: - Que, aunque me llame la ocasion cobarde, - Más vale, errando, arrepentirse presto, - Que conocer los desengaños tarde. - -Tal vez á su regreso de Italia, ESPINEL habia ya perdido sus padres en -Ronda. Ello es que al volver á Andalucía, no se dirigió desde luego -á la ciudad que le vió nacer, sino á Málaga, á echarse en brazos de -su antiguo amigo y camarada don Francisco Pacheco de Córdoba, que -desde 1575 ocupaba la mitra de esta diócesis, y desde Málaga, por la -costa de Marbella, á la Sauceda de Ronda, en una de cuyas pequeñas -poblaciones de la propiedad del duque de Arcos, Casares, á la orilla -derecha del Guadiaro, residia aquel Pedro Ximenez de Espinel, hermano -de Juana Martin, madre del poeta, de quien éste hace la descripcion, -presentándolo como el hombre perfecto de la filosofía natural en -la sencillez de su trato, en la templanza de sus costumbres, en -la prudencia de su consejo y en la modestia y rectitud de su sano -discurso. Ciertamente aquellas dos visitas fueron para nuestro -protagonista del mayor interes, pues por los hechos posteriores resulta -como indudable que si con la primera se allanó el camino para su -ingreso al sacerdocio, con la segunda debieron removerse cualesquiera -clase de obstáculos que para el disfrute de la desamparada capellanía -hubieran surgido desde 1572. No obstante, es de presumir que, conocidas -sus intenciones en Ronda por las emulaciones y envidias que en el país -natal levanta siempre toda capacidad que sabe elevarse sobre el nivel -comun, se trató de suscitarle inconvenientes, cuyas asperezas Espinel -procuró limar mediante aquella _Cancion á su patria_, uno de los poemas -más ardientes que brotaron de su lira, y en que humilde, modesto, -postrado, pidió á su cuna nuevo amoroso regazo y á sus compatricios -benevolencia y proteccion. Tambien se duda de que nunca las obtuviera, -pues por aquel tiempo dirigió á su nuevo Mecenas, el obispo de Málaga, -Pacheco de Córdoba, la enérgica _Epístola_, donde sin declinar nada de -las licencias de su juventud, apostrofaba á sus enemigos y condenaba -la ruindad de las pasiones que contra él concitaban, con el vigor y la -elocuencia propias de su pluma varonil abandonada á los arrebatos de su -altivo corazon. Hé aquí algunos de estos robustos tercetos: - - Bien sé, que yendo la razon delante, - De virtuoso no merezco el nombre, - Más que de docto y sabio un ignorante; - Bien sé que no soy ángel, sino un hombre, - Y no quizá de inclinacion tan buena, - Que de Florencia y de Turin se asombre. - Tuve en la juventud, de abrojos llena, - Virtudes pocas, abundantes vicios, - Que me amenazan con ardiente pena. - De la templanza traspasé los quicios: - De Baco y Céres ocupé el regazo; - Y en Chipre hice alegres sacrificios. - De mal sufrido tuve mi pedazo; - Y al maldecir de la figura muda - Levanté contra el cielo rostro y brazo. - Acostumbré, con libertad desnuda, - Decir mi parecer al más pintado - En torpe estilo ó con razon aguda; - Algo fuí maldiciente y confiado; - Juez severo; en alabar remiso; - Á todos los extremos inclinado; - Tal vez Gorgonio fuí, tal vez Narciso; - Y para no cansaros ni cansarme, - Dejé el humor correr por donde quiso. - Yo lo confieso: pueden condenarme - Por mi dicho, mejor que por mi dicha: - Que ni quiero, ni quieren perdonarme... - -Tras esta confesion leal é ingénua, aunque valiente, el poeta revuelve, -como quien de su superioridad tenia tan hecha la conciencia, contra sus -detractores, y así los apostrofa: - - ¿De qué le sirve aquel andar compuesto - Al virtuoso, trafagando el mundo, - Á mil peligros y borrascas puesto; - Andar surcando el ancho mar profundo, - Seis dedos de la muerte, en pino y brea, - Sujeto al soplo de Eolo furibundo; - Atravesar de la biforme y fea - Scila y Caribdis el estrecho seno, - Por ver el monte dó llegar desea; - Si un torreznero, de malicias lleno, - Y de cecina y nabo el tosco pancho, - De ciencia falto y de virtud ajeno, - Se ha de poner repantigado y ancho - Á escudriñar las cosas reservadas - En su estrecha pocilga y bajo rancho? - ¡Oscuras sabandijas levantadas - Del polvo de la paja, y de la escoria - De las putrefacciones engendradas! - ¿Podreis meter la mar en una noria; - Tener el viento en un costal atado; - Cubrir el sol, privarnos de su gloria? - Ni más ni menos estará encerrado - En vuestro pecho aquel profundo abismo - De la virtud, á pocos reservado. - Entre la discrecion y el barbarismo, - ¿Qué parentesco dais? ¿Qué descendencia - Entre la ciencia y vuestro ingenio mismo? - Entre la necedad y la prudencia - ¿Qué símbolos hallais: que á tanto llega - De un atrevido pecho la insolencia? - ¡Oh carcoma infernal! ¡oh envidia ciega, - Rabioso cáncer que en el alma imprime - Gota coral que al corazon se pega! - Envidia es ocasion que no se estime - Al virtuoso, y que le den de codo, - Y que, olvidado, á la pared se arrime. - Envidia es ocasion, en cierto modo, - Que no esté puesto en el lugar más alto, - Quien vos sabeis, y sabe el mundo todo... - -En medio de estas adversidades, tal vez inesperadas, ESPINEL completó -sus estudios de moral en Ronda, y llegó de una en otra á todas las -órdenes del sacerdocio en Málaga. Es lástima que en los archivos -de aquella mitra el desórden y el saqueo hayan hecho total estrago -de muchos papeles interesantes para la historia, pues contra la -desaparicion absoluta de todos los que conciernen al registro de -órdenes de aquel tiempo han tenido que estrellarse los esfuerzos de -mi querido hermano el licenciado don Leonardo Perez de Guzman, mi -colaborador asiduo con su inteligencia, su saber y sus recursos en las -investigaciones sobre ESPINEL, y á quien yo dí el encargo de buscar el -modo de puntualizar las fechas que á esta parte de la vida de nuestro -protagonista corresponden. Este silencio de los documentos textuales, -por fortuna no se prolonga; pues el Archivo general de Simancas, ya -desde 1587 nos suministra nuevos instrumentos diplomáticos desde el -primer cargo eclesiástico que desempeñó ESPINEL. Fué éste un medio -beneficio en Ronda, el cual hasta aquí se habia atribuido tambien el -favor del obispo Pacheco, cuando este prelado se hallaba ya en posesion -de la sede de Córdoba, estando vacante la de Málaga, como se advierte -por el siguiente documento que traslado íntegro. Dice así: - - A SU MAGESTAD - - _Del Dean y cabildo de la Yglesia de Málaga_: 4 de Mayo 1587. - Nominacion de medio beneficio de Ronda, - a VIZENTE SPINEL. - - «Señor: en la yglesia de la çiudad de Ronda está vaco vn medio - benefiçio, por asçension que dél hizo á vn beneficio entero en la - misma yglesia el bachiller Joan Reynaldos; para el qual se pusieron - edictos, y de las personas que se oppusieron al dicho beneficio - se hizo exámen de la çiençia, vida y costumbres y limpieça, como - V. Mag.d por sus çedulas tiene ordenado y mandado, y juntos en - nuestro cabildo, sede vacante, llamados para la elecçion del dicho - beneficio: _en el primer lugar_, por la mayor parte, salió nombrado - VICENTE ESPINEL, vezino de dicha çiudad de Ronda: es clérigo - presuítero, buen latino y buen cantor de canto llano y de canto de - órgano.--En el segundo lugar salió nombrado, por la mayor parte de - los Capitulares, GONÇALO GIL GINETE, beneficiado del burgo, vezino - asimismo de la dicha çiudad de Ronda: es clérigo, presuítero; dió - buena quenta de la gramática y de sacramentos; canta con buena - voz.--En el Tercero lugar salió nombrado, por la mayor parte de - los Capitulares, BARTOLOMÉ XIMENEZ, clérigo presuítero, vezino - asimismo de la dicha çiudad de Ronda y benefiçiado de Villaluenga: - Tiene Tres cursos de Cánones; canta medianamente.--Todos estos - tres así nombrados Tienen buena opinion de vida y costumbres y - son limpios christianos viejos. Vuestra Magestad hará merçéd á - aquella su Yglesia que con breuedad se prouea este beneficio por - la falta que en ella ay de ministros. Dios guarde la cathólica - persona de Vuestra Magestad, de Málaga á quatro de Mayo de - 1587 años.--EL LICENCIADO DON BARTOLOMÉ ABRIO, _dean_.--Su - rúbrica.--DIEGO FERNANDEZ, _racionero_.--Su rúbrica.--Por el - Dean y Cabildo de la Santa yglesia de Málaga, FRANCISCO PIÑOSO - BARRANTES, _secretario_.--Su rúbrica.--Al márgen hay un decreto que - dice:--_Dese al primero._--Hay una rúbrica[18].» - -Insoportable debió ser para ESPINEL la monótona vida de Ronda, bien -que por aquel tiempo se hubieran calmado algo las tempestades que -la envidia le levantó á su vuelta. Así al menos lo corroboran la -_Epístola dedicatoria_ de sus _Rimas_ á su jóven alumno don Antonio -Álvarez de Beaumont y Toledo, duque de Alba y de Huéscar, su amigo y -su Mecenas; otra _Epístola_ que desde Granada escribió tambien á su no -menos estrecho camarada don Juan Tellez Giron, marques de Peñafiel, -primogénito de don Pedro Giron, tercer duque de Osuna, tan afecto á -poetas como el anterior, y á quien Juan de la Cueva de Gazoza, Luis -Barahona de Soto y otros ingenios, dedicaron obras inmortales. Por -último, hay otra tercera carta de ESPINEL en tercetos al doctor Luis -de Castilla, mayordomo del jóven duque de Alba, en el mismo sentido -que las dirigidas á los dos mencionados egregios magnates. ESPINEL -probablemente pasó á Granada á fines del año de 1589, con ánimo de -tomar el grado de _bachiller en artes_, que desde entonces va junto á -su nombre en algunos documentos públicos. En su _Epístola al marques -de Peñafiel_ describe con minuciosidad pasmosa de brillantes detalles, -el incendio de la casa de un polvorista en Granada, junto á la iglesia -de San Pedro y San Pablo, y cuyo fuego propagándose en breve, llevó su -horrible estrago hasta el palacio árabe, cuyos destrozos reconoció en -18 de febrero de 1590, de órden del alcaide de la Alhambra, don Miguel -Ponce de Leon, el aparejador de las obras reales del alcázar, Juan de -Vega. - -Todas estas tres cartas están llenas de desaliento y de tristeza, y -sobre todo del hastío del suelo patrio. Á Peñafiel ESPINEL le escribia: - - La destemplanza de este invierno frio, - Y entre estos riscos el levante y cierzo - Encojerán al mas lozano brio. - Estoy cual sapo ó soterrado escuerzo, - Cual el lagarto ó rígida culebra - La cerviz corva, sin valor, ni esfuerzo. - Voy á escribir, y el brazo se me quiebra: - Si quiero asir el hilo antiguo roto, - Tiembla la mano al enhilar la hebra. - Ya, gallardo marques, estoy remoto - De mí: que la inclemencia de este cielo - Tiene el ingenio remontado y boto. - Dicen algunos que antes este suelo - Por la estrañeza de estos altos riscos - Dará ocasion bastante al dios de Delo. - ¡Mirad qué gusto ofrecerán lentiscos, - Chaparros y torcidas cornicabras - Entre enconosos, fieros basiliscos! - Que aquí todo el lenguaje y las palabras - Es cochinos, bellota, ovejas, roña; - Cultivar huertas y ordeñar las cabras; - Si crece el pan; si el alcacel retoña; - Si Abbu-Hassen promete viento ó pluvia; - Y todo el resto es vértigo y ponzoña... - -Entretanto, procurando mejorar de posicion, y habiendo quedado vacante -en Santa María la Mayor un beneficio de los enteros, por muerte del -bachiller Alonso Gomez, su último poseedor, aspiró á él, presentándose -en Coin á las oposiciones ante el obispo de Málaga, D. García de Haro, -que sucedió á su favorecedor Pacheco. Á 4 de agosto de 1591 se elevó -la propuesta del prelado á la resolucion del Rey. Ocupaba el primer -lugar en la terna Alonso Dominguez, bachiller en cánones por Osuna y -beneficiado de Marbella, el cual antes habia sido durante once años -cura y vicario de Ronda. Otro beneficiado de Santa Cecilia, que tambien -habia desempeñado los curatos de Júzcar, Farajan, Córtes y Jimera, y el -del Espíritu Santo en la ciudad natal, Juan Perez, iba en el segundo, -y en el tercero ESPINEL, sin mas títulos que el de bachiller en artes, -el de su medio beneficio en la Iglesia de Santa María, su conocimiento -en el latin y en el contrapunto y su destreza en canto, _ansi llano, -como de órgano_. Esta vez el bachiller Dominguez fué mas afortunado, y -ESPINEL, que acababa de publicar sus _Rimas_, no se detuvo desde Málaga -hasta Madrid. No fué estéril su viaje. Habia en Ronda un Hospital -Real, llamado de Santa Bárbara, fundado y dotado desde el tiempo de -la reconquista por los señores Reyes Católicos Don Fernando y Doña -Isabel. Disfrutaba pingüe renta con los acrecentamientos que despues -se le habian ido agregando, y tenia un capellan de nombramiento real -y con consignacion no escasa para los ministerios espirituales. El -licenciado Francisco Diaz Gil, habia sido el primero en este oficio -que sirvió por espacio de mas de treinta años desde 1520, en que el -emperador Cárlos V organizó aquella fundacion. Sucedióle hasta edad -muy avanzada el licenciado Pedro Diaz Cansino, y á su muerte, ocurrida -en la primavera de 1591, la ciudad nombró capellan interino entretanto -que S. M. resolvia. No se allanó á aprobar esto el obispo de Málaga, y -en tal disputa ESPINEL, presentándose en Madrid, obtuvo que en él se -resolviese la cuestion. Mal sentó en la ciudad su nombramiento; pero él -quiso salvar el conflicto, quedándose personalmente en Madrid á caza -de pretensiones mas ventajosas y nombró para el Hospital Real de Ronda -sustituto en el licenciado Gabriel Espinosa de los Mossos, beneficiado -de la Mayor y Comisario del Santo Oficio. Desde entonces comenzó en -Ronda una nueva y cruda guerra contra ESPINEL, de quien se pretendia -nada menos que renunciara el cargo. En 12 de enero de 1594 la ciudad -elevó un papel al Rey, en el cual le exponia que el Hospital se hallaba -abandonado, que el beneficiado VICENTE ESPINEL, á quien dió el Rey su -capellanía, «está en essa corte y no la a ydo ni ba a servir, de que -a auido algunos ynconvenientes», y por último solicitaba mandase «al -dicho UIÇENTE ESPINEL la baya a seruir dentro de vn mes, donde no que -V. mag.d mande nombrar otro capellan, pues no es justo que los pobres -padezcan por no querer y a cabo de tanto tiempo.» Por cédula de S. -M. mandóse á ESPINEL fuera á residir su destino; pero él halló medio -de excusarlo presentando en 28 de abril instancia acompañada de una -informacion de médicos hecha ante el vicario de Madrid, Alonso Serrano, -canónigo de Toledo, en la cual el doctor Maximiliano de Céspedes y el -licenciado Baltasar de Leon declararon que, á causa del mal de orina -y carnosidad que ESPINEL padecia, á ponerse en camino sin curarse, -quedaba su vida en peligro. Á pesar de todo, no fué posible prolongar -mucho tiempo este estado, y al cabo, en la primavera de 1595, hizo el -poeta su cuarta y última expedicion á su patria. - -¿Volvió verdaderamente en ella á los desenfrenos de su juventud? -¿Fueron todo armas de enemistad y venganza contra él? En 1596 por -gestiones de Ronda se le quitó el medio beneficio de Santa María, y -luego se redactó en su daño una informacion sobre su vida y costumbres -desarregladas que el corregidor de Ronda, Alonso de Espinosa Calderon, -elevó al Rey en 24 de octubre de 1597. Habiendo sido remitida de -órden de Felipe II al vicario de aquella ciudad, se ha perdido este -documento y no consta por lo tanto en la copiosa coleccion diplomática -de Simancas. Seria curioso verlo. Lo que consta en cambio son ciertas -cartas del corregidor citado y de la ciudad en pleno, fechas de 24 de -octubre de 1597 y de 18 y 27 de enero de 1598, con las sentidas quejas -que las produjeron. Espinosa Calderon acusó á ESPINEL de que con la -renta del Hospital «lo pasa muy bien, sin que en ninguna cosa se ocupe -en el servicio de V. mag.d como fundador dél, ni en munchas cosas a -questá obligado del seruicio de dios, nuestro señor;... y apurando -al capellan lo haga, se escusa con dezir no está obligado, ni á otra -cosa alguna, ni lo haze mas de tirar la rrenta.» No tuvo efecto este -aviso, y entonces se escribió otro, en que se agravaban los cargos y -se decia:--«a el presente sirue el dicho ospital VIÇENTE ESPINEL. Este -capellan es hombre de tales costumbres, trato y manera de bibir, que -paresce por la ynformacion que va con esta por sus vicios y culpas -y excessos y neglixençias y cobdiçia, conviene al seruiçio de dios, -nuestro señor, y de Vuestra Mag.d que se sirua Vuestra mag.d de mandar -proueer rremedio, mandando nombrar otro capellan qual convenga, porque -con rreprehencion ni castigo entendemos no podrá auer rremedio contra -lo ques condiçion propia y costumbres antiguas.» Á esta representacion, -además de la del corregidor, acompañaban las firmas de los caballeros -regidores Diego Ximenez Bustos, Don Bartolomé de Villalon, Rodrigo -Espinosa de la Rua, Martin Gonzalez Gil, D. Gutierre de Escalante y D. -Gaspar Vazquez de Mondragon. No obstante el castigo para ESPINEL no -debió ser muy duro, pues se satisfizo con nombrar un nuevo sustituto, -que lo fué hasta su muerte, en la persona del beneficiado José Ruiz -Parra, y en volverse él á la córte á su vida brillante de las letras y -del arte que profesaba. - - -VII. - -Á 13 de setiembre de aquel año de 1598 murió en el Escorial el rey -Felipe II, y no fué antes llegar á Ronda la noticia, que disponer su -vuelta á la córte el inquieto capellan de Santa Bárbara. Al principio -de 1599 entró en Madrid, y para mayo del mismo año ya se le habia dado -colocacion permanente, en uno de los cargos que más podian halagar -la idea que él mismo tenia de sus propias habilidades. La facultad y -los conocimientos musicales de ESPINEL, y su invencion de la quinta -cuerda de la guitarra española, más bien han sido considerados hasta -aquí, como adorno de su persona y perfeccion de su ingenio, que como -progresos positivos en una profesion, que á él le valió en vida -tanta dignidad como el sacerdocio. El papel que en el arte divino ha -representado siempre la guitarra no ha sido por otra parte, el más -adecuado para conceder importancia á los adelantos reflejados sobre -este instrumento. Sin embargo en el acto I, escena 8.ª de la _Dorotea_ -hace Lope de Vega decir á Gerarda:--«Á peso de oro avíades vos de -comprar un hombron de hecho y de pelo en pecho, que la desapasionase -de estos sonetos y de estas nuevas décimas ó espinelas que se usan; -perdóneselo Dios á VICENTE ESPINEL, que nos trujo esta novedad y -_las cinco cuerdas de la guitarra con que ya se van olvidando los -instrumentos nobles_.» - -El doctor Cristóbal Suarez de Figueroa en su _Plaza universal de -todas las ciencias_ en 1615, llamó á ESPINEL, _autor de las sonadas -y cantar de sala_, al tratar de los tañedores insignes de guitarra -como Benavente, Palomares, Juan Blas de Castro y otros. El portugués -Nicolas Doyzi de Velasco, músico de S. M. y del Sr. Infante Cardenal -D. Fernando, en su _Nuevo modo de cifra para tañer la guitarra_ que -publicó en 1630 en Nápoles, hallándose al servicio del virey duque -de Medina de las Torres, dijo que en Italia, en Francia y las demás -naciones llevaba la guitarra el nombre de _española_, desde que -ESPINEL, á quien conoció en Madrid, la aumentó la quinta cuerda, á -que llamamos _prima_, con lo que quedó tan perfecta como el órgano, -el clavicordio, el arpa, el laud ó la tiorba, y aun más abundante -que estos instrumentos. De la misma invencion de ESPINEL dedujo la -perfeccion que la otorga el licenciado Gaspar Sanz en su _Instruccion -de música sobre la guitarra española_, que publicó en 1674 en Zaragoza -y dedicó á D. Juan José de Austria, el bastardo de Felipe IV. El mismo -Lope de Vega, apenas nombra una sola vez á ESPINEL en alguna de sus -obras, y lo nombra en muchas, sin celebrar al músico tanto como al -poeta. En su dedicatoria de _El caballero de Illescas_ dice á ESPINEL -que el bello arte «no olvidará jamás en los instrumentos el arte y -dulzura de vuesa merced.» En la dedicatoria de _La viuda valenciana_, -á D.ª Marta de Nevares, haciendo encomios de las bellas prendas que -adornaban á esta señora, dijo Lope de Vega tambien: «si toma en las -manos un instrumento, á su divina voz é incomparable destreza _el padre -de la música_, VICENTE ESPINEL, se suspendiera atónito.» Que esta era -opinion comun entre los contemporáneos, no es preciso acreditarlo con -los pasajes del _Márcos de Obregon_ que á ello se refieren: basta -registrar los libros dogmáticos ó rituales de la música de aquel -tiempo, y muchos son los que entre sus precedencias contienen la -autorizada firma de ESPINEL en el catálogo de sus censuras. Sabido es -que estas no se confiaban sino á personas competentes en lo que habian -de examinar. Sirvan de ejemplo los _Tres cuerpos de música_, compuestos -por Juan Gil de Esquivel Barahona, racionero y maestro de capilla de la -catedral de Ciudad Rodrigo, los cuales son misas, magnificat, himnos, -salmos y motetes y otras cosas tocantes al culto divino, todo conforme -al rezo nuevo, que por mandado del Sr. D. Martin de Córdova, presidente -del Consejo de la santa Cruzada, aprobó ESPINEL en diciembre de 1611, -hallando en ellos «muy apacible consonancia y gentil artificio y música -de muy buena casta así en lo práctico, como en lo teórico.» - -Seria un error creer que ESPINEL no sacara el debido provecho de esta -tan educada capacidad que poseia; así se le vió en 1599, salir de -Madrid para Alcalá de Henares, en cuya Universidad se graduó aquel -año de _Maestro en artes_, y desde la regia academia, fundada por el -cardenal Ximenez de Cisneros, dirigirse á la _Capilla del obispo de -Plasencia_, cuyo protector D. Fadrique de Vargas Manrique le tenia -reservado una plaza de capellan con 30,000 mrs. anuales de emolumentos -y 12,000 más como Maestro de la linda capilla de música de que estaba -dotada aquella fundacion y por enseñar á los seizes. Nada más curioso -que registrar en los libros de cuentas de aquel tiempo las partidas -otorgadas á ESPINEL por gastos de su ministerio en la capilla del -obispo. En el libro II de dichas cuentas, á la primera vista que por -ellas se pasa en las de 1599, al fól. 29 vto. se tropieza con esta -partida: «Item, da por descargo (el capellan mayor licenciado Alonso -Hernandez) 46 rs. que pagó por un libro de las _Magníficas_, para la -dicha capilla, como pareció por certificacion del maestro de capilla -ESPINEL.»--En las de 1601, al fól. 45 vto. tambien se le aprobó al -mayordomo y capellan, Juan de Arganda, el siguiente capítulo: «Item: -se le reciben y pasan en cuenta 3 rs. de una mano de papel que dió al -Maestro ESPINEL para los villancicos.» En la capilla del obispo VICENTE -ESPINEL perseveró hasta el término de sus dias, y aunque algunos meses -antes de su muerte ascendió por antigüedad al cargo de capellan mayor, -que era el último grado de los que en ella se obtenian, nunca dejó el -de maestro de la de música, pues todavía en las cuentas de 1622 y de -1623, se hallan capítulos como los siguientes:--1622--«Recíbense en -cuenta al dicho mayordomo (Gabriel del Espinar) 8000 mrs. por tantos -que pagó al maestro ESPINEL, maestro de capilla, de su salario de ocho -meses.»--1623--«Mas se le pasan en cuenta al dicho 4000 mrs. por tantos -que pagó al maestro ESPINEL, maestro de capilla, del salario de cuatro -meses.»--¿No son estas noticias tan auténticas, un solemne mentís -contra los que hasta aquí han venido sosteniendo que, pobre é imbele -pasó ESPINEL el resto de sus dias, recogido en el asilo eclesiástico -de santa Catalina de los Donados, que no era sino un Hospicio? Pero -con esta ligereza está sostenido en España por los hombres más serios -y de reputacion más voluminosa, todo lo que hasta aquí está escrito en -materia de biografía y de historia. - -La época más brillante de la vida de ESPINEL, es la que corre por todo -este tiempo hasta el término de sus dias. Cervantes le llamaba amigo; -Lope de Vega maestro, como en nuestro siglo Espronceda, Ventura de la -Vega, Pezuela, Pardo, Escosura daban este mismo nombre al venerable -Lista. Apenas habia solemnidad literaria que ESPINEL no graduara con su -presencia, ni produccion de ingenio de aquella edad que no se ufanara -con su censura. Cuando al estilo de Italia se importaron á España las -_Academias poéticas_ bajo la proteccion de los Príncipes y Grandes, -la de Madrid y su protector D. Félix Arias Giron, de la casa condal -de Puñonrostro, segun Lope de Vega en su _Laurel de Apolo_, laurearon -con grande aplauso de señores é ingenios á VICENTE ESPINEL, _único -poeta latino y castellano de estos tiempos_. Fundóse en 1608 bajo la -proteccion del duque de Lerma, el poderoso favorito de Felipe III, -la _Esclavonía del Santísimo Sacramento_, que no era sino una gran -comunidad de grandes y gentes de letras, parecida á lo que ahora es un -partido político, y en la que Lerma se apoyaba para sostenerse en el -poder, y á ella fué la autoridad del nombre de VICENTE ESPINEL, entre -los de la flor de la aristocracia de la sangre y de las letras por -aquel tiempo. Se canonizó san Isidro, patron de Madrid, cuyo suceso -fué un gran acto de la política de aquel tiempo, y á sus justas y -certámenes llevó ESPINEL el óbolo de sus versos, no por la codicia -del premio, sino por tributo de altos respetos. Toda Sevilla leyó en -1609 en manos de Rodrigo Caro una carta de Juan Melio de Sandoval en -que le decia:--«El discurso de vuesa merced sobre la definicion de la -poesía tiene el señor conde de Lemos con noticia de su dueño, y ha -parecido muy bien; como al maestro VICENTE ESPINEL la _Cancion á las -ruinas de Itálica_, que yo se la mostré en la calle Mayor de Madrid, -y leyéndola dijo, antes que le dijéramos cuya era:--_Este es ingenio -andaluz._--Díjele que sí y el nombre. ¡Bien puede vuesa merced creer es -buena, pues ha sido graduada por tan gran censurante!» - -No prodigó ESPINEL entonces, ni nunca, los elogios de su pluma, para -las precedencias de libros, aunque tampoco por esto debe creerse fué -tacaño de su ingenio en las aras de la amistad. El primer libro que -en 1586 se autorizó con sus versos laudatorios, fué el _Cancionero_ -de Lopez Maldonado. Despues escribió en 1599 un epígrama latino para -la primera edicion del _Guzman de Alfarache_, de Mateo Aleman. En -1599 tambien, habiendo hallado en Madrid un antiguo camarada de las -mocedades de Sevilla, D. Antonio de Saavedra Guzman, que á la sazon -imprimia su _Peregrino Indiano_, dióle unos sonetos de alabanza. Con -otra poesía para las precedencias del _Modo de pelear á la gineta_, -obsequió en 1605 á D. Simon de Villalobos y Benavides, su amigo en -Bélgica, y con otra, en 1610, al capitan Gaspar de Villagrá, que -entonces publicó su _Historia de Nueva Méjico_. Favores idénticos hizo -en 1616, 1619 y 1622 respectivamente, á Céspedes y Meneses para su -_Español Gerardo_, al padre Fray Hernando Camargo, fraile agustino, -para su _Muerte de Dios por vida del hombre_ y á Gabriel Perez de -Barrio Angulo para el _Secretario de Señores_. Gabriel Laso de la Vega, -cuando publicó en 1601 en Zaragoza los _Elogios en loor de los tres -famosos varones D. Jaime de Aragon, D. Fernando Cortés y D. Álvaro de -Bazan_, no pidió nuevas obras al númen de ESPINEL, pero tomó de su -poema titulado _Casa de la Memoria_ los elogios que el poeta habia -hecho de Bazan y Cortés. Si el antequerano Pedro de Espinosa proyectaba -sus _Flores de poetas ilustres de España_, tributario hacia á su casi -paisano de su interesante _Antología_: del mismo modo que Fray Diego -de san José cuando en 1615 describió las fiestas á la beatificacion de -santa Teresa de Jesus, y el licenciado D. Pedro de Herrera al celebrar -la reedificacion del santo Sagrario de Toledo por el cardenal arzobispo -Sandoval y Rojas, cuyas fiestas y regocijos se celebraron con tan -espléndido aparato. - -Lo mismo se solicitaban sus censuras y aprobaciones. El primero en -reclamarlas era el mismo Lope de Vega. En 1615 apareció la _Sexta -parte de sus Comedias_, y ESPINEL en su aprobacion un año antes, decia -solamente que aquel libro era muy digno de imprimirse, para que todos -gozaran de sus excelentísimos versos y conceptos. Vino en 1617 la parte -séptima, y aquí fué ya más expresivo, contestando puntualmente á los -tres extremos que la censura debia abrazar.--«Cuanto á lo primero, -decia, no hallo mal sonante, ni cosa que ofenda á la religion y buenas -costumbres. Cuanto á lo segundo tienen lenguaje muy cortesano, puro y -honesto: las personas guardan la propiedad del arte; de manera que ni -el señor se humilla al modo inferior del criado, ni la matrona á la -condicion de la sierva, y todo con pensamientos y conceptos ajustados á -la materia de que se trata. Cuanto á lo tercero, si pueden imprimirse, -digo, que si hay permision y es lícito representarse con los adornos, -palabras y talle de una mujer hermosa y de un galan bien puesto y -mejor hablado; ¿por qué no lo será que cada uno en su rincon pueda -leerlas, donde solo el pensamiento es el juez, sin los movimientos y -acciones que alegran á los oyentes? ¿Dónde es más poderosa la vista -que el oido? _Signia irritant animos demissa per aures: quam quae -sunt oculis subjecta fidelibus._» Otra vez en 1617 volvió el Consejo -Real á encomendarle el exámen de la _Docena parte de las Comedias -de Lope_, y otra vez él las elogiaba, en lugar de censurarlas, y -escribia:--«y porque en esta obra campea la elocuencia española y el -vuelo grande de la retórica y poesía de su insigne autor, la cual va -acompañada con mucha erudicion de lectura y varia, es bien que se -imprima, _para que los venideros escritores tengan que imitar y los -presentes que aprender_.» Para poner cima á la opinion que ESPINEL -tenia de Lope, hay que leer todavía la censura del primero á la -_Décima quinta parte de las Comedias_ del segundo, en 1620. Hé aquí -las palabras de ESPINEL:--«Deleita y suspende, dice, con la elegancia, -suavidad y pureza del verso; enseña y regala con la abundancia de -sentencias morales; edifica con la honestidad y admira con la multitud -_nunca vista_. Es mi parecer, _y de toda la república_, que será bien -recibido que se imprima esto _y cuanto de sus manos saliere_.» De -1620 á 1622 todavía ESPINEL tuvo del Consejo la comision de examinar -cuatro partes más de estas comedias, desde la décima sexta á la décima -nona inclusive. Y por si esto no fuera bastante, tambien en 1622 se -le encargaron las de don Juan Ruiz de Alarcon, de las que aplaudió el -gentil estilo y los conceptos honestos y agudos. - -Otras obras de diversa índole antes y áun despues, hasta 1623, vinieron -con este objeto á sus manos; mas por no parecer cansado, solamente -citaré la _Patrona de Madrid restituida_, poema de Alonso Jerónimo -de Salas Barbadillo, impreso en 1609; la misma _Historia de la Nueva -Méjico_ del capitan Gaspar de Villagrá, en 1610; _La Filomena_ de Lope -de Vega, de 1621; las _Prosas y versos del pastor de Cleonarda_, de -Miguel Botello de Carvalho, y _El mejor príncipe Trajano Augusto_ del -licenciado don Francisco de Barreda, de 1622, y finalmente las _Novelas -amorosas_, de José de Camerino, y las _Divinas y humanas flores_, de -Faria y Sousa, de 1623. Ni es probable que sus dolencias, cada vez más -agudas, por la gota que padecia, le dejaran ya en lo corto que le quedó -de vida volver á emplearse en ningun género de tareas del ingenio, -del juicio ó de la erudicion. Céspedes y Meneses en la introduccion á -la _Fortuna vária del soldado Píndaro_, dice: «era el rigor del más -airado y proceloso invierno que vió nuestro siglo en España, últimos -y primeros dias de los años de 1623 y 1624: memorias prodigiosas á -la posteridad, pues nunca rodearon nuestra península tan contínuas y -perdurables nieves.» Si la edad y los padecimientos no vencieran ya -por esta época á ESPINEL, ellas bastaran para agotar la salud, en una -naturaleza, toda fogosa, á quien dañaban extremadamente las humedades -y los frios. ESPINEL no pudo resistir la crudeza de aquel invierno. -Rodeado en su lecho de muerte por perennes amigos, el primero de -febrero de 1624, otorgó su testamento ante Juan Serrano, hallándose -presente el padre Fray Felipe de Madrigal, de la órden de Santo -Domingo, Juan Ruiz Aragonés, Francisco Sotomayor, Custodio Sohotes y -Martin Lopez. Dejó por albaceas y testamentarios al maestro Franco -Alonso, cura de San Andrés y al licenciado Jerónimo Martinez, capellan -de la capilla del obispo de Plasencia, de que ESPINEL era presidente. -Instituyó su heredero á su sobrino Jacinto Espinel Adorno, que residia -en Ronda. Entregóse despues á los cuidados del alma, y el dia 4 del -mismo mes de febrero de 1624 entregó al Criador su espíritu, en su -habitacion de la mencionada capilla, siendo enterrado el cuerpo en la -bóveda de San Andrés, para cuya fábrica de sepultura consignó en el -testamento cuatro ducados. - - -VIII. - -¿Termina verdaderamente con la muerte la biografía de VICENTE ESPINEL? -No hay escritor español sobre cuyas obras más se haya discutido. Todo -el siglo XVII permaneció ESPINEL en el más profundo olvido, sobre todo -desde que con la muerte de Lope de Vega Carpio y de don Francisco Gomez -de Quevedo desaparecieron tambien sus dos últimos amigos. Desde el -primer tercio del siglo XVIII volvió á estar otra vez ESPINEL en moda; -pero de la manera más desagradable que pueden ponerse á la polémica -del dia las obras y el ingenio de un autor. Ademas de la invencion de -la quinta cuerda de la guitarra, debíase á nuestro poeta la de una -nueva combinacion métrica y rítmica en nuestra poesía, combinacion de -tal llaneza y flexibilidad de estructura, que muy luego fué aceptada -por todos nuestros poetas, inundando el Parnaso con las composiciones -escritas en el nuevo metro. Llamóse este, _décima_ ó _Espinela_, de -su inventor ESPINEL, como los versos sáficos de Safo[19]. Aunque esta -verdad no admitia réplica y todo el mundo la sabia, la erudicion -pedante, esa que no se entretiene sino en fátuas fruslerías y que no -se para en deslustrar glorias, con tal de hacer entender que el que -hace de ella su profesion posee la quinta esencia de la más sutil -sabiduría, trató de arrebatar este parco honor á la memoria del poeta, -pretendiendo sostener que las estrofas de diez versos octosílabos eran -conocidas y usadas desde mucho antes que ESPINEL viniese al mundo. No -era así enteramente: antes de ESPINEL se componian estas estrofas con -la reunion de dos _quintillas_, completamente distintas entre sí, en -la segunda de las cuales se pareaban indeclinablemente los consonantes -de los dos primeros versos. Cualquiera de los poetas de casi todo el -siglo XVI nos ofrece abundantes ejemplos de este género de composicion. -El mismo Miguel de Cervantes Saavedra coetáneo de ESPINEL, las prodigó -bastante, antes de conocer la invencion de su docto amigo; y hé aquí -cómo las construia, segun se encuentran entre los versos laudatorios -que preceden al antes referido _Cancionero de Lopez Maldonado_. - - Bien donado sale al mundo - Este libro, dó se encierra - La paz de amor y la guerra - Y aquel fruto sin segundo - De la castellana tierra,-- - Que, aunque la da Maldonado, - Vá tan rico y bien donado - De ciencia y de discrecion; - Que me afirmo en la razon - De decir que es bien-donado. - El sentimiento amoroso - Del pecho más encendido - En fuego de amor, y herido - De su dardo ponzoñoso, - Y en la lid suya cogido;-- - El temor y la esperanza - Con que el bien y el mal se alcanza - En las empresas de amor - Aquí muestra su valor, - Su buena ó su mala andanza... - -Cito la composicion que conozco más perfecta y que más se acerca á la -estructura de la _décima_ inventada por ESPINEL, por lo mismo que la -diferencia que entre una y otra combinacion métrica existe, es tan -fácil de observar. La _décima_ de ESPINEL constituye una composicion -tan perfecta como el _soneto_, sin sus pretensiones heróicas, por cuya -razon ha sido siempre preferida á éste para expresar un pensamiento -completo, aunque más sencillo que el que al _soneto_ corresponde. La -décima se compone de dos estrofas de cuatro versos octosílabos cada -una con consonantes del primero con cuarto, y del segundo con tercero, -entre las que se introducen otros dos versos octosílabos auxiliares -del pensamiento para ligar entre sí la tésis y la conclusion: los -consonantes de estos dos auxiliares se ligan el primero con el cuarto y -el segundo con el séptimo. La tésis de la composicion, en la _décima_, -se presenta y desenvuelve en la primera redondilla; el silogismo para -la prueba del pensamiento se establece en los dos versos posteriores, y -la segunda cuarteta completa con perfeccion el raciocinio poético. Esto -no era lo conocido ni practicado antes de ESPINEL, aparte del elemento -armónico en la rima de su nueva composicion. ESPINEL sólo nos dejó un -modelo de su obra: aquellos versos que comienzan así: - - No hay bien que del mal me guarde - Temeroso y encogido, - De sin razon ofendido, - Y de ofendido cobarde. - Y aunque mi queja ya es tarde, - Y razon me la defiende, - Más en mi daño se enciende: - Que voy contra quien me agravia, - Como el perro, que con rábia - Á su propio dueño ofende. - Ya esta suerte, que empeora, - Se vió tan en las estrellas, - Que formó de mí querellas, - De quien yo las formo ahora. - Y es tal la falta, señora, - De este bien, que de pensallo - Confuso y triste me hallo, - Que si por vos me preguntan - Los que mi daño barruntan, - De pura vergüenza callo... - -¡Lástima grande que un nombre tan ilustre como el de D. Gregorio Mayans -y Císcar fuese el que se distinguiera más en esta clase de acérrima -oposicion al mérito de esta invencion! - -No habia de estar, sin embargo, solo entre los impugnadores de las -obras del infortunado poeta de Ronda. Al fin de las _Rimas_, impresas -en 1591, ESPINEL, que presumia de gran latino y de buen discípulo de -Horacio, habia publicado una traduccion de la _Epístola á los Pisones_, -dedicada á D. Pedro Manrique de Castilla, de la casa de los Vargas, que -fueron siempre tan favorecedores suyos. Era la primera traduccion del -_Arte poética de Horacio_ que se hacia en castellano y una tambien de -las primeras en las lenguas neolatinas. Comentaristas del preceptista -del Lacio los habia á centenares dentro y fuera de España; pero estos -comentarios estaban escritos en latin bárbaro moderno y abundaban -más en audacias pedantescas que en sabia doctrina para la mejor -inteligencia del texto. Por último, todos los datos que resultan del -exámen de la traduccion de ESPINEL, y sobre todo el de su defectuosa -versificacion castellana, inducen á sospechar que esta fué ensayo de -sus primeros aleteos poéticos, probablemente practicado en las mismas -escuelas rondeñas de Juan Cansino, antes de visitar por vez primera las -celebradas aulas de Salamanca. Ni en bien ni en mal se habia ocupado -la crítica de esta produccion, ciertamente la menos pretenciosa de -ESPINEL, cuando proyectando D. Juan José Lopez Sedano comenzar la -publicacion de su _Parnaso Español_ en 1768, ocurriósele encabezar su -obra con la produccion poética del _Arte de Horacio_, hecha por nuestro -poeta. Verdaderamente ningun editor que publica un libro, empieza por -desacreditarlo; antes bien lo encomia y prepara á fin de que obtenga el -favor del público. Esto hizo Lopez Sedano con aquella obrilla, y esto -bastó para alborotar los nervios al famoso D. Tomás Iriarte, que no -tardó en abrir en las _Gacetas_ de la época la polémica más descomunal -contra la traduccion, contra el editor, contra ESPINEL y contra -el _Parnaso_. El secreto de esta contienda estaba en que Iriarte, -valiéndose de un inmenso catálogo de traductores y comentaristas, -principalmente franceses, posteriores al poeta de Ronda, los más -modernos y aun casi modernísimos, habia emprendido una nueva traduccion -del _Arte poética_ en verso castellano, y él, como apasionado autor, -la creia la mejor cosa que se habia hecho en el mundo. Por otra parte -con la discusion arrebatada, casi escandalosa, lograba llamar y aun -interesar la opinion hácia su nueva obra. - -La traduccion de Iriarte no oscureció la de ESPINEL, aunque el nombre -de éste fué objeto de toda clase de irreverencias, y el migajon de -la disputa se contiene en varios folletos de la época, de estéril y -cansada lectura. La primera impugnacion de Iriarte se halla en el tomo -IV de la _Coleccion de obras en verso y prosa de D. Tomás Iriarte_, -(Madrid: impr. de Benito Cano: 1777). Contestó Lopez de Sedano en las -_Notas_ al tomo IX y último del _Parnaso Español_, (Madrid: impr. de D. -Antonio de Sancha: 1778, pág xlvj á ljv). Replicó nuevamente Iriarte -en el tomo VI de sus obras (1783) con un largo folleto titulado: -«_Donde las dan las toman_, diálogo joco-serio sobre la traduccion del -_Arte poética_ de Horacio y sobre la impugnacion que de aquella obra -publicó D. Juan José Lopez de Sedano al fin del tomo IX del _Parnaso -Español_,» y finalmente en dos volúmenes en octavo y bajo el pseudónimo -del doctor D. Juan María Chavero y Eslava, vecino de la ciudad de -Ronda, dió Lopez de Sedano en 1785 á las prensas de D. Félix de Casas -y Martinez, en Málaga sus «_Coloquios de la Espina_ entre D. Tirso -Espinosa, natural de la ciudad de Ronda y un amanuense natural de la -villa del Espinar, sobre la traduccion de la Poética de Horacio hecha -por el licenciado VICENTE ESPINEL y otras espinas y flores del _Parnaso -Español_.» La disputa fué cansada, larga y fatigosa, y aquí no queda -más espacio que para dar la noticia ya apuntada. - -Lo mismo casi tengo que hacer con la cuestion más importante que -suscita el nombre de ESPINEL, despues de la larga y honda polémica de -carácter nacional á que han dado ocasion los raptos verificados en sus -obras por el novelista francés Mr. Alain René Le Sage y la publicacion -del _Gil Blas de Santillana_. Dos acusaciones casi simultáneas cayeron -en el siglo último sobre el autor francés poco escrupuloso, que ha -usurpado á la fama española una de esas reputaciones, que en la -esfera intelectual los frívolos escritores de Francia deben con suma -frecuencia á los robos que practican sobre las literaturas extranjeras. -La primera de estas denuncias se hizo en la misma Francia, por uno de -los hombres de más verdadero mérito propio que aquel país ha producido; -por el mismo Mr. Voltaire, el cual describiendo el siglo de Luis XIV, -al llegar á la figura, poco noble por sus escritos de Mr. Le Sage, y al -referirse á su novela del _Gil Blas_, que por aquel tiempo alborotaba -á la opinion dentro y fuera de su país, decia textualmente:--«_il est -entiérement pris du roman espagnol intitulé_ LA VIDAD DEL ESCUDIERO DOM -MÁRCOS D’OBREGO.[20]» Cuidaron los franceses, solícitos guardadores del -honor patrio, de tener velada esta acusacion de Voltaire, la cual no -demuestra ciertamente la ligereza que le han atribuido despues en su -juicio los escritores que por defender el prestigio de la literatura -nacional se han puesto del lado del plagiario, sino por el contrario, -que aunque Voltaire no se habia detenido en hacer un prolijo cotejo -capítulo por capítulo entre la obra de ESPINEL y la de LE SAGE, ni -una ni otra le eran desconocidas y aun que guardaba bien frescas y -puntuales reminiscencias de las dos. - -En 1787 apareció en Madrid bajo el pseudónimo de D. Joaquin Federico -Is-salps, anagrama del nombre del P. Jesuita José Francisco de Isla, -una traduccion española de la obra de Le Sage, que ya habia recorrido -el mundo, hallando por todas partes aplausos é imitadores, con el -título de _Aventuras de Gil Blas de Santillana, robadas á España, y -adoptadas en Francia por Mr. Le Sage: restituidas á su patria y á -su lengua nativa por un español celoso que no sufre se burlen de su -nacion_. En su _Conversacion preliminar_ el P. Isla no atribuia á -ESPINEL la paternidad de la obra; pero sostenia que habia sido sacada -de original español. Por último, sin tener conocimiento de las obras, -ni mucho menos de los juicios de Voltaire, el diligente vicario de -Ronda, secretario que habia sido del obispo de Málaga, D. Jacinto -José de Cabrera y Rivas, hombre frenéticamente entusiasta del autor -de _Márcos de Obregon_, mantuvo de 1793 hasta 1819 frecuente trato -literario con Don José Lopez de la Torre Ayllon y Gallo, con el que -sostenia que el autor verdadero del _Gil Blas_ era VICENTE ESPINEL, en -corroboracion de lo cual le trasladaba repetidos pasajes de aquella -obra y su correspondencia idéntica con otros del _Márcos de Obregon_, -para que se viera la verdad de lo que aseveraba. No habian dejado de -causar impresion por Europa las indicaciones del P. Isla á las que se -unieron otros trabajos publicados en Paris por el escritor español -don Juan Antonio Llorente. Entonces á título _de abogado defensor de -la nacion francesa_, como él mismo se decia, salió á la palestra el -conde Francisco de Neufchateau, miembro del Instituto de Francia y -Ministro del Interior que habia sido, ante cuyo adversario elevando -Llorente nuevas _Observaciones críticas_ al seno de la misma Academia -francesa, generalizó la erudita discusion, logrando tomaran parte en -ella los literatos de todas las naciones. En esta cuestion, aunque -literaria, del mismo modo que en todas cuantas afectan á España, -harto visiblemente se han dibujado en el campo de la contienda las -simpatías históricas y tradicionales. Quiso hacer la crítica británica -alianza con la de Francia, y Walter Scott, hallándose en la cima de su -crédito, declaró sin exámen, que Le Sage era un escritor completamente -original; M. Everet, norte-americano aspiró á poner la cuestion en la -balanza de la justicia; el aleman Ludwig Tieck aplicó á su censura -todos los recursos de un análisis concienzudo y demostró que en el -_Gil Blas_ todo eran raptos de la literatura española, á escepcion del -estilo ligero, irónico y gracioso del escritor frances. Despues de la -defensa de Llorente, España no ha vuelto á decir una palabra, y en tal -estado se hallaria el asunto, si los escritores franceses viéndose -horriblemente cogidos en el doble lazo del análisis y de la crítica, -no se hubieran resuelto espontáneamente á transigir. Todos los pasajes -hurtados á la novela y á la comedia española por Mr. Le Sage, están ya -perfectamente deslindados. Gran parte de ellos, en efecto, corresponden -á las _Relaciones de la vida del Escudero Márcos de Obregon_ del -maestro VICENTE ESPINEL, como Voltaire con gran firmeza de penetracion -y de criterio aseveró: de modo que la ligereza sólo ha estado en -aquellos escritores que sin exámen negaran lo que tan fácilmente habia -de corroborar despues el más leve trabajo de comparacion. Mr. Baret en -estudios especiales sobre este asunto fija en diez los lugares del _Gil -Blas_ en que el _Márcos de Obregon_ fué traducido por Le Sage; pero -en esto no ha hecho sino seguir servilmente lo apuntado por el aleman -Tieck, el cual declara en el prólogo de su traduccion de la obra de -ESPINEL, que por la pérdida de algunos papeles donde conservaba sus -apuntes, no ha podido puntualizar todas sus observaciones de la manera -que lo habia hecho en la idea del prefacio de _Gil Blas_ donde se ha -tomado la anécdota de los estudiantes de la introduccion del _Márcos -del Obregon_; en la historia del barbero Diego de la Fuente; en la -aventura de la cortesana Camila; en la de la casa de los ladrones; en -la de los amores del barbero con D.ª Margelina, etc. Con esto se ha -dado por concluido el pleito. - -Ciertamente se me tachará de dejar aquí la cuestion incompleta, -cuando ningun lugar parece más oportuno para dilucidarla. No puede -ser así, sin embargo; trabajos de esta índole para ser completos -demandan el auxilio de largos textos, y necesitaria para un cómodo -desenvolvimiento de los estudios que tengo practicados, un tomo de -mayores proporciones que la suma de todo el actual. No es, sin embargo, -obligacion que declino, y me reservo llenarla, como antes dije, en -coyuntura mejor. Entre tanto no puedo menos de sentirme lisonjeado en -haber sido el primero en bosquejar aquí, como ya queda bosquejado, el -rápido cuadro de una vida bastante ignorada hasta ahora por nuestros -hombres de letras, y que de todas maneras resulta siempre interesante. -Autores que, como VICENTE ESPINEL, tienen la honra de que sus obras -periódicamente se reproduzcan y frecuentemente promuevan polémicas -como las que dejo reseñadas, son siempre primeras figuras en el vasto -teatro de la literatura brillante de su nacion. Sus producciones -nunca palidecen; y en todo momento en que se impriman de nuevo, su -aparicion será oportuna. Las ediciones del _Gil Blas de Santillana_ no -podrian fácilmente enumerarse. Todos los idiomas cultos del mundo han -vertido del frances esta novela, y el lápiz y el buril harto se han -ensayado en trazar los pintorescos cuadros de sus variados episodios. -Nunca alcanzará, sin embargo, esta obra francesa el rango de la -inmortal española de MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA. La razon es óbvia: -el brillante ingenio español del siglo de Felipe II fué el creador -sublime de un libro que perpétuamente hablará al corazon y á la mente -de todas las generaciones, de todos los hombres, de todos los pueblos. -El _Gil Blas de Santillana_, aunque en círculo más estrecho, pues -está desprovisto de idealidad, será tambien un libro universal; pero -no su pretendido autor, pues suprimidos diversos ingenios españoles, -de quienes tomó las diversas partes de su obra, y muy principalmente -VICENTE ESPINEL que en el _Márcos de Obregon_ le proporcionó los -mejores materiales, queda de todo punto suprimido, como Voltaire -pretendia, el carácter buscon y plagiario del decantado Le Sage. - - _Juan Perez de Guzman._ - - Madrid 5 de Mayo de 1881. - - - - -[Ilustración] - - - - -PRÓLOGO DEL AUTOR. - - -Muchos dias, y algunos meses y años estuve dudoso si echaria en el -corro á este pobre _Escudero_, desnudo de partes y lleno de trabajos, -que la confianza y la desconfianza me hacian una muy trabada é interior -guerra. La confianza llena de errores, la desconfianza encogida de -terrores; aquella muy presuntuosa, y estotra muy abatida; aquella -desvaneciendo el celebro, y ésta desjarretando las fuerzas; y así me -determiné de poner por medio á la humildad, que no solamente es tan -acepta á los ojos de Dios, pero á los de los más ásperos jueces del -mundo. Comuniquélas con el Licenciado Tribaldos de Toledo, muy gran -poeta latino y español, docto en la lengua griega y latina, y en las -ordinarias hombre de consumada verdad; y con el maestro fray Hortensio -Félix Paravesin, doctísimo en letras divinas y humanas, muy gran poeta -y orador; y alguna parte de ello con el Padre Juan Luis de la Cerda, -cuyas letras, virtud y verdad están muy conocidas y loadas; y con el -divino ingenio de Lope de Vega, que como él se rindió á sujetar sus -versos á mi correccion en su mocedad, yo en mi vejez me rendí á pasar -por su censura y parecer; con Domingo Ortiz, secretario del Supremo -Consejo de Aragon, hombre de excelente ingenio y notable juicio; con -Pedro Mantuano, mozo de mucha virtud, y versado en mucha leccion de -autores graves que me pusieron más ánimo que yo tenia; y no sólo me -sujeté á su censura, pero á la de todos cuantos encontraren alguna cosa -digna de reprehension, suplico me adviertan de ella, que seré humilde -en recibilla. El intento mio fué ver si acertaria á escribir en prosa -algo que aprovechase á mi república, deleitando y enseñando, siguiendo -aquel consejo de mi maestro Horacio, porque han salido algunos libros -de hombres doctísimos en letras y en opinion, que le abrazan tanto con -sola la doctrina, que no dejan lugar donde pueda el ingenio alentarse -y recibir gusto: y otros tan enfrascados en parecerles que deleitan -con burlas y cuentos entremesiles, que despues de haberlos leido, -revuelto, aechado y aun cernido, son tan fútiles y vanos, que no dejan -cosa de sustancia ni provecho para el lector, ni de fama y opinion para -sus autores. El padre maestro Fonseca escribió divinamente del amor -de Dios, y con ser materia tan alta, tiene muchas cosas donde puede -el ingenio espaciarse y vagarse con deleite y gusto, que ni siempre -se ha de ir con el rigor de la doctrina, ni siempre se ha de caminar -con la flojedad del entretenimiento: lugar tiene la moralidad para el -deleite, y espacio el deleite para la doctrina; que la virtud (mirada -cerca) tiene grandes gustos para quien la quiere; y el deleite y -entretenimiento dan mucha ocasion para considerar el fin de las cosas. - -En tanto que no tuve determinacion (así por la persecucion de la -gota, como por la desconfianza mia) para sacar al teatro público mi -_Escudero_, un caballero amigo me pidió unos cuadernillos de él, y -llegando á la noticia de cierto gentil-hombre (á quien yo no conozco) -aquella novela de la tumba de San Ginés, pareciéndole que no habia -de salir á luz, la contó por suya, diciendo y afirmando que á él le -habia sucedido; que hay algunos espíritus tan fuera de la estimacion -suya, que se arrojan á entretener á quien los oye, con lo que se ha de -averiguar no ser suyo. - -Si á alguno se le asentare bien tratar de personas vivas, y alegar con -sugetos conocidos y presentes, digo que yo he alcanzado la monarquía -de España tan llena y abundante de gallardos espíritus en armas y -letras, que no creo que la Romana los tuvo mayores, y me arrojo á decir -que ni tantos ni tan grandes. Y no quiero tratar de las cosas que los -españoles han hecho en Flandes tan superiores á las antiguas, como -escribió Luis de Cabrera en su _Perfecto Príncipe_, sino de los que -nuestros ojos han visto cada dia, y nuestras manos han tocado, como -los que hizo Don Pedro Enriquez, conde de Fuentes, con tan increible -ánimo; la toma y saco de Amiens, que escribió en sus _Comentarios_ don -Diego de Villalobos, donde fué valeroso Capitan de lanzas é infantería, -que con un carro de heno y un costal de nueces, seis capitanes -tomaron una ciudad tan grande, plataforma y amparo de toda Francia; -la felicidad y determinacion con que acuden al servicio de su rey los -españoles, poniendo sus vidas á peligro de perderlas, como se vió ahora -en lo de la Mámora, que anduvieron nadando toda la noche, no hallando -bajel ni tierra donde ampararse, sobrepujando con valor á su fortuna, -cosas que no se vieron en la Monarquía romana. ¿Qué autores antiguos -escedieron á los que ha engendrado España en los pocos años que ha -estado libre de guerras? ¿Qué oradores fueron mayores que Don Fernando -Carrillo, Don Francisco de la Cueva, el Licenciado Berrio, y otros que -con excelentísimos y levantados conceptos persuaden á la verdad de -sus partes? De no leer los autores muertos, ni advertir los vivos los -secretos que llevan encerrados en lo que profesan, nace no darles el -aplauso que merecen; que no es sólo la corteza lo que se debe mirar, -sino pasar con los ojos de la consideracion más adentro. Ni por ser los -autores más antiguos son mejores, ni por ser más modernos son de menos -provecho y estimacion. Quien se contenta con sola la corteza, no saca -fruto del trabajo del autor; mas quien lo advierte con los ojos del -alma, saca milagroso fruto. - -Dos estudiantes iban á Salamanca desde Antequera, uno muy descuidado, -otro muy curioso: uno muy enemigo de trabajar y saber, y otro muy -vigilante escudriñador de la lengua latina; y aunque muy diferentes en -todas las cosas, en una eran iguales, que ambos eran pobres. Caminando -una tarde de verano por aquellos llanos y vegas, pereciendo de sed, -llegaron á un pozo, donde habiendo refrescado, vieron una pequeña -piedra, escrita en letras góticas ya medio borradas por la antigüedad, -y por los piés de las bestias, que pasaban y bebian, que decian dos -veces: _Conditur unio, conditur unio._ El que sabia poco, dijo: ¿Para -qué esculpió dos veces una cosa este borracho? (que es de ignorantes -ser arrojadizos). El otro calló, que no se contentó con la corteza, y -dijo: Cansado estoy, y temo la sed; no quiero cansarme más esta tarde. -Pues quedaos como poltron, dijo el otro. Quedóse, y habiendo visto -las letras, despues de haber limpiado la piedra, y descortezado el -entendimiento, dijo: _Unio_ quiere decir union, y _unio_ quiere decir -perla preciosísima; quiero ver qué secreto hay aquí, y apalancando -lo mejor que pudo, alzó la piedra, donde halló la union del amor de -los dos enamorados de Antequera, y en el cuello de ella una perla más -gruesa que una nuez, con un collar que le valió 4,000 escudos: tornó á -poner la piedra y echó por otro camino. - -Algo prolijo, pero importante es el cuento, para que sepan cómo se han -de leer los autores, porque ni los tiempos son unos, ni las edades -están firmes. Yo querria en lo que he escrito que nadie se contentase -con leer la corteza, porque no hay en todo mi _Escudero_ hoja que no -lleve objeto particular, fuera de lo que suena. Y no solamente ahora lo -hago; sino por inclinacion natural en los derramamientos de la juventud -lo hice en burlas y veras; edad que me pesa en el alma que haya pasado -por mí, y plegue á Dios que lleguen los arrepentimientos á las culpas. - -[Ilustración] - - - - -RELACION PRIMERA - -DE LA VIDA DEL ESCUDERO - -MARCOS DE OBREGON. - - - - -[Ilustración] - - - - -Este largo discurso de mi vida, ó breve relacion de mis trabajos, que -para instruccion de la juventud, y no para aprobacion de mi vejez, -he propuesto manifestar á los ojos del mundo, aunque el principal -blanco á que va inclinado es aligerar por algun espacio, con alivio -y gusto, la carga que, con justos intentos, oprime los hombros de V. -S. I., lleva tambien encerrado algun secreto, no de poca sustancia -para el propósito que siempre he tenido, y tengo, de mostrar en mis -infortunios y adversidades cuánto importa á los escuderos pobres, ó -poco hacendados, saber romper por las dificultades del mundo, y oponer -el pecho á los peligros del tiempo y de la fortuna, para conservar -con honra y reputacion un don tan precioso como el de la vida, que -nos concedió la divina Magestad para rendirle gracias y admirarnos, -contemplando y alabando este órden maravilloso de cielos y elementos, -los cursos ciertos é innumerables de las estrellas, la generacion y -produccion de las cosas, para venir en verdadero conocimiento del -universal Fabricador de todas ellas. Y aunque me coge este intento -en los postreros tercios de la vida, como á hombre que por viejo y -cansado se le hizo merced de darle una plaza tan honrada, como la de -Santa Catalina de los Donados de esta Real villa de Madrid (donde paso -lo mejor que puedo), en los intérvalos que la gota me concediere, iré -prosiguiendo mi discurso, guardando siempre brevedad y honestidad: -que en lo primero cumpliré con mi condicion y inclinacion natural, -y en lo segundo con la obligacion que tienen todos aquellos á quien -Dios hizo merced de recibir el agua del bautismo, Religion que tanta -limpieza, honestidad y pureza ha profesado, profesa, y profesará desde -su principio y medio, hasta el último fin de esta máquina elemental. Y -con el ayuda de Dios procuraré que el estilo sea tan acomodado á los -gustos generales, y tan poco cansado á los particulares, que ni se deje -por pesado, ni se condene por ridículo. Y así en cuanto mis fuerzas -bastaren procederé deleitando al lector, juntamente con enseñarle, -imitando en esto á la próvida naturaleza, que antes que produzca el -fruto que cria para mantenimiento y conservacion del individuo, muestra -un verde apacible á la vista, y luego una flor que le regala el olfato: -y al fruto le da color, olor, y sabor, para aficionar al gusto que se -coma, y tome de él aquel sustento que le alienta y recrea, para la -duracion y perpetuidad de su especie. Ó haré como los grandes médicos, -que no luego que llegan al enfermo le martirizan con la violencia del -ruibarbo, ni con otras medicinas arrebatadas, sino primero disponen el -humor con la blandura y suavidad de los jarabes, para despues aplicar -la purga, que ha de dejar el sugeto limpio y libre de la corrupcion -que le aquejaba. Y si bien son muy trilladas estas comparaciones de -los médicos, y las medicinas pueden traerse muy bien entre manos, por -ser fáciles é inteligibles, y más yo, que por la escelente gracia que -tengo de curar por ensalmos puedo usar de ellos como uso del oficio con -tanta aprobacion y opinion de todo el pueblo, que me ha valido tanto -el buen puesto en que estoy junto con traer unas cuentas muy gruesas, -unos guantes de nutria, y unos antojos que parecen más de caballo -que de hombre, y otras cosas que autorizan mi persona, que estoy tan -acreditado, que toda la gente ordinaria de esta Corte, y de los pueblos -circunvecinos acuden á mí con criaturas enfermas de mal de ojo, con -doncellas opiladas, ó con heridas de cabeza, y de otras partes del -cuerpo, y con otras mil enfermedades, con deseo de cobrar salud; pero -curo con tal dulzura, suavidad y ventura, que de cuantos vienen á mis -manos no se mueren más de la mitad, que es en lo que estriba mi buena -opinion: porque estos no hablan palabra, y los que sanan dicen mil -alabanzas de mí, aunque quedan perdigados para la recaida, que todos -vuelan sin remedio. Mas la gente que más bendiciones me echa es la que -curo de la vista corporal, porque como todos la mayor parte son pobres -y necesitados, con la fuerza de cierta confeccion que yo sé hacer de -atútia, y cardenillo y otros simples, y con la gracia de mis manos, -á cinco ó seis veces que vienen á ellas los dejo con oficio, con que -ganan la vida muy honradamente, alabando á Dios y á sus Santos con -muchas oraciones devotas, que aprenden sin poderlas leer. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO I. - - -Estando pocos dias há con los ojos altos y humildes al cielo, el rostro -sereno y grave, las manos sobre un muy blanco lenzuelo en los oidos del -enfermo, y pronunciando con mucho silencio las palabras del ensalmo, -pasó cierto cortesano, y dijo: No puedo sufrir los embelecos de estos -embusteros: yo callé, y proseguí con mi acostumbrada compostura la -medicinal oracion, y en acabándola me dijo mi compañero: ¿No oisteis -cómo os llamó aquel gentil hombre de embustero? Él no habló conmigo, -dije yo, y de lo que á mí no se me dice derechamente no tengo -obligacion de responder, ni hacer caso; y deseo persuadir esto á los -que por la poca esperiencia, ó por la condicion alterada y presta que -naturalmente tienen, se dan por sentidos de las ignorantes libertades -de quien no tiene atrevimiento para decirlas descubiertamente, que ni -llevan órden de agravio, ni arguyen ánimo, ni valor en quien las dice: -ella es ignorancia grande, introducida de gente que trae siempre la -honra y la vida en las manos: que no tengo yo de persuadirme á que -pues no me hablan libremente me ofenden, aunque tengan intencion de -hacerlo: que los tiros que estos hacen son como los de una escopeta -cargada de pólvora y vacía de bala, que con el ruido espantan la -caza, y no hacen otra cosa. Los agravios no se han de recibir si no -van muy descubiertos, y aun de esto se ha de quitar cuanto fuere -posible, desapasionándose, y haciendo reflexion en si lo son ó nó, -como discretísimamente lo hizo Don Gabriel Zapata, gran caballero y -cortesano, y de excelentísimo gusto, que enviándole un billete de -desafío á las seis de la mañana cierto caballero con quien habia tenido -palabras la noche antes, y habiéndole despertado sus criados por -parecerles negocio grave, en leyendo el billete dijo al que le traia: -decidle á vuestro amo que digo yo, que para cosas que me importan de -mucho gusto no me suelo levantar hasta las doce del dia, ¿que por -qué quiere que para matarme me levante tan de mañana? Y volviéndose -del otro lado se tornó á dormir; y aunque despues cumplió con su -obligacion, como tan gran caballero, se tuvo aquella respuesta por muy -discreta. - -Don Fernando de Toledo, el tio (que por discretísimas travesuras que -hizo le llamaron el pícaro), viniendo de Flandes, donde habia sido -valeroso soldado y Maestro de campo, desembarcándose de una salva -en Barcelona, muy cercado de Capitanes, dijo uno de dos pícaros -que estaban en la playa, en voz que él lo pudiese oir: Este es D. -Fernando el pícaro. Dijo don Fernando, volviendo á él: ¿En qué lo -echaste de ver? Respondió el pícaro: Hasta aquí en lo que oía decir, -y ahora en que no os habeis corrido de ello. Dijo don Fernando muerto -de risa: Harta honra me haces, pues me tienes por cabeza de tan -honrada profesion como la tuya. Así que aun de aquellas injurias que -derechamente vienen á ofendernos, habemos de procurar por los mismos -filos hacer triaca del veneno, gusto del disgusto, donaire de la -pesadumbre, y risa de la ofensa. Que pues procura un hombre entender -por donde camina una espada, los círculos y medios, la fortaleza -y flaqueza, la ofensa y la defensa, y lo ejercita con grandísima -perseverancia hasta hacerse muy diestro para que no le maten ó hieran, -¿por qué no se ejercitará en lo que estorba á venir á tan miserable -estado, que es la paciencia? Que puesta la cólera en su punto, y -vistas dos espadas desnudas, una con otra han de herir, ó huir; cosa -que por tan infame se ha tenido siempre en todas las naciones del -mundo; y si con mucho menos trabajo y ejercicio se puede hacer un -hombre diestro en la paciencia, que es quien refrena los ímpetus -bestiales de la cólera, la potencia de los poderosos, la braveza de los -valientes, la descortesía de los soberbios ignorantes, y ataja otros -mil inconvenientes, ¿por qué no se procurará esto por no llegar á lo -otro? En Italia dicen que la paciencia es manjar de poltrones. Mas esto -se entiende de una paciencia viciosa, que el que la profesa por comer, -beber y holgar, sufre cosas indignas de imaginar entre hombres. Aquí -se trata de la paciencia que acicala y afina las virtudes, y la que -asegura la vida, la quietud del ánimo, y la paz del cuerpo; y la que -enseña á que no se tenga por injuria la que no lo es ni lleva modo de -poderse estimar por tal: que en solo el uso de esta divina virtud se -aprende cómo se han de rechazar los agravios paliados, cómo se han de -resistir los descubiertos, qué caso se debe hacer de los que se dicen -en ausencia, que es otro yerro notable que anda derramado entre la -gente que ni sabe sufrir, ni lo quiere aprender, que así se ofenden de -un agravio encañado por arcaduces, como de una cuchillada en el rostro, -como si hubiese alguno en el mundo (por justo que sea) que tenga las -ausencias sin alguna calumnia. Y porque la materia de suyo es algo -pesada, quiero aligerarla con decir lo que me pasó sirviendo al más -desazonado colérico del mundo: porque tras de muchos infortunios que -toda mi vida he sufrido, me vine á hallar desacomodado al cabo de mi -vejez; de manera, que porque no me prendiesen por vagamundo, hube de -encomendarme á un amigo mio, Cantor de la Capilla del Obispo (que estos -todo lo conocen, sino es á sí propios) y él me acomodó por escudero y -ayo de un médico y su mujer, tan semejante el uno al otro en la vanidad -de valentía y hermosura, que no les quedó que repartir en los vecinos, -con los cuales me pasaron lances harto dignos de saberse. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO II. - - -Llamábase el Doctor Sagredo, hombre mozo, de muy gentil disposicion, -algo locuaz, y aun loco, más colérico y fácil de enojarse que gozque -de panadero, presuntuoso y estimador de su persona, y (para que no -se echasen á perder dos casas, sino una) casado con una mujer de -su misma condicion, moza, y muy hermosa, alta de cuerpo, cogida de -cintura, delgada y no flaca, derecha de espaldas, el movimiento con -mucho donaire, ojos negros y grandes, pestaña larga, cabello castaño, -que tiraba un poco á rubio, briosa, y no muy poco soberbia, vana y -presuntuosa. - -Llevóme á su casa el buen Doctor, y lo primero que encontré fué una -mula muy flaca en una caballeriza, tan ajustada con ella, que si -tuviera alas no pudiera caber dentro. Subimos una escalerilla, y -representóseme luego la sala donde estaba la señora Doña Mergelina de -Aybar, que así se llamaba, á quien yo miré de muy buena gana, que -aunque viejo incapaz de semejantes apetitos, por razon y por edad, -la miré como á hermosa, que á todos ojos es la hermosura agradable. -Dijo el Doctor: Veis aquí á quien habeis de servir, que es mi mujer. -Yo le dije: Por cierto bien merece tan gentil dama á tal galan. Ella -respondió, como mujer hermosa ignorante, ó por mejor decir, preguntó: -¿Quién os mete á vos en eso? Señora, dije yo, advierta vuesa merced -que cuando la llamé gentil no quise decir que no era cristiana, sino -que tenia muy gentil talle y cuerpo. Que bien os entendí, dijo ella, -sino que no quiero que nadie se me atreva á decirme requiebros. Es la -honra del mundo, dijo el Doctor, servidla con gusto y cuidado, que yo -os lo pagaré muy bien. Miré la casa muy de espacio, aunque se podia -ver muy de presto, porque no ví en toda ella sino es un espejo muy -grande en un poyo muy pequeño de una ventana, y unas redomillas que -lo acompañaban, con un cofrecillo pequeñuelo: y mirando á un rincon, -ví á un montante, con ciertas espadas de esgrima, dagas, y espadas -blancas, una rodela, y broquel. Díjome el Doctor: ¿Qué os parece de mi -recámara? Miradla bien, que en Alcalá era temida aquella espada. No -miraba, dije yo, sino á donde estaban los libros, que soy aficionado á -ellos. Estos son, dijo, mis Galenos y mis Avicenas, que por la negra y -la blanca nadie me igualó en Alcalá; y que no se meneó contra mí hombre -de noche que no fuese lastimado de mis manos. Luego vuesa merced, dije -yo, más aprendió á matar que á sanar. Yo aprendí, respondió él, lo que -los demás médicos; y por haber poco que vine de mis estudios no me he -reparado de libros, que bien parece en los profesores de las facultades -tener cada uno los de la suya. Pero dejemos eso, y llevad á vuestra ama -á Misa, que es ya tarde. Púsose su manto mi señora Doña Mergelina, y -llevéla, ó acompañéla hasta S. Andrés, que vivian en la Morería vieja, -y en el camino (como es costumbre) muchos de los que la topaban le -decian alguna cosa de su buen talle y rostro: á lo cual ella respondia -tan aceleradamente que todos iban disgustados de sus respuestas. Yo -le decia: Mire, señora, que ya que no responda bien, á lo menos tiene -obligacion de callar como mujer principal, que en el silencio no puede -haber que notar. - -No soy yo mujer, decia ella, á quien nadie ha de perder el respeto. -Si alguno le decia que era muy hermosa, ella le decia: Y él hermoso -majadero. Díjole un dia un mozalvillo, no de mal talle: Así se me -tornen las pulgas en la cama; al cual muy de propósito respondió: Debe -dormir en alguna zahurda de lechon. Era tan descortés y sacudida, -que todos lo iban de sus respuestas, y ella lo quedaba de mis -reprehensiones. Á cierto clérigo de San Andrés, pequeño de cuerpo y -grande de ánimo, conocido mio, que yendo muy pulido con una sobrepelliz -muy blanca, porque le dijo que no se saliese de casa á hacer el oficio -de la muerte, le replicó: Tambien habla el escarabajo hinchado, que con -aquel sacudimiento tenia mucho donaire y gusto en cualquiera materia. -Yo, entre muchas veces que la reprendí su vanidad, me arrojé una á -decirle todo lo que me pareció, que aunque ella estaba confiada en su -buen parecer, quise ver si podia enmendarla con el mio, y le dije: -Vuesa merced usa de su hermosura lo peor del mundo; porque pudiendo -ser querida y loada de cuantos andan en él, quiere ser aborrecida de -todos: quien dice hermosura, dice apacibilidad, dulzura, suavidad -de condicion y trato, y mezclándola con soberbia y desapacibilidad, -se viene á convertir en ódio lo que habia de ser amor: que don tan -excelente como la hermosura, concedido por merced de Dios, es razon que -tenga alguna correspondencia con el ánimo, que si no parece lo uno á lo -otro, arguye mal entendimiento, ó poco agradecimiento á la merced que -Dios hace á quien lo da. Hermosura con mala condicion, es una fuente -clarísima que tiene por guarda una víbora, y es sobrescrito y carta de -recomendacion, que en abriéndola tiene un demonio dentro. ¿Hay en el -mundo quien quiera ser aborrecido? ¿Hay quien quiera ser estimado en -poco? No por cierto. Pues quien tiene consigo porque le amen y estimen, -¿por qué quiere que le aborrezcan y menosprecien? ¿Es por fuerza que la -hermosura ha de estar acompañada con vanidad, desdorada con ignorancia, -y conservada con locura? ¿Por qué cuando se mira vuesa merced al espejo -no procura que lo interior se parezca al exterior? Pues adviértole que -suele el tiempo, y aun Dios, castigar de manera las vanidades, que los -montes se allanan, y las torres vienen al suelo. ¿Cuántas hermosuras se -han visto y ven cada dia en esta máquina ó ejemplo del mundo rendidas -á mil desdichas y calamidades, por faltarles el gobierno y cordura? -Que aunque la hermosura, el tiempo que dura, es querida y estimada, -en marchitándose no le queda otra prenda sino las que grangeó, y el -crédito y amistades que á fuerza de buen término conquistó, cuando -estaba en su fuerza y vigor. Y es el mundo de tan baja condicion, que á -nadie acaricia por lo que tuvo, sino por lo que tiene. ¿Qué hermosura -se ha visto que no se estrague con el tiempo? ¿Qué vanidad que no venga -á dar en mil bajíos? ¿Qué estimacion propia que no padezca mil azares? -Cierto, que fuera bien que como hay para las mujeres maestros de danzar -y bailar, los hubiese tambien de desengaño, y que como se enseña el -movimiento del cuerpo, se enseñase la constancia del ánimo. Yo digo, -y aun aconsejo á vuesa merced, lo que como hombre de experiencia me -parece que es razon, y lleva camino. Mire no la castigue su presuncion -y demasiada estimacion de su persona. Estas y otras muchas cosas le -dije, y decia cada dia; pero ella se estuvo siempre en sus trece, -y quien no admite consejo para escarmentar en cabeza ajena, serále -forzoso escarmentar en la suya, por seguir las inclinaciones propias, -como sucedió á la señora Doña Mergelina, teniendo las suyas por ley, y -al tiempo por verdugo de ellas, desta manera. - -Venia casi todas las noches á visitarme un mocito barbero, conocido -mio, que tenia bonita voz y garganta: traia consigo una guitarra con -que sentado al umbral de la puerta, cantaba algunas tonadillas, á que -yo llevaba un mal contrabajo; pero bien concertada (que no hay dos -voces que si entonan y cantan verdad, no parezcan bien), de manera, que -con el concierto y la voz del mozo, que era razonable, juntábamos la -vecindad á oir nuestra armonía. El mozuelo tañia siempre la guitarra, -no tanto para mostrar que lo sabia, como por rascarse con el movimiento -las muñecas de las manos, que tenia llenas de una sarna perruna. Mi -ama se ponia siempre á escuchar la música en el corredorcillo, y el -Doctor, como venia cansado de hacer sus visitas (aunque tenia pocas), -no reparaba en la música, ni en el cuidado con que su mujer se ponia á -oirla. Como el mozuelo era contínuo todas las noches en venir á cantar, -si alguna faltaba, mi ama lo echaba de menos, y preguntaba por él, con -alguna demostracion de gustar de su voz. Vino á parecerle tan bien el -cantar, que cuando el mozuelo subia un punto de voz, ella bajaba otro -de gravedad, hasta llegar á los umbrales de la puerta para oirle más -cerca las consonancias; que la música instrumental de sala, tanto -más tiene de dulzura y suavidad, cuanto menos de vocería y ruido, -que como el juez que es el oido, está muy cerca, percibe mejor y más -atentamente las especies que envia al alma, formadas con el plauso de -la media voz. El mozuelo dejó de venir cinco ó seis noches, por no -sé qué remedio que tomaba para curarse, y en las cosas que son muy -ordinarias, en faltando, hacen mucha falta: y así mi ama cada noche -preguntaba por él. Yo le respondí, más por cortesía que por falta que -le hiciese: Señora, este mozuelo es oficial de un barbero, y como sirve -no puede siempre estar desocupado: fuera de que ahora se está curando -un poquillo de sarna que tiene. ¿Qué haceis, dijo ella, de aniquilarle -y disminuirle, mozuelo barbero? sarna, pues á fé que no falta quien con -todas esas que vos le poneis, le quiera bien. Bien puede ser, dije yo, -que el pobrecillo es humilde y fácil para lo que le quieren mandar; -y cierto que muchas veces le guardo yo de mi racion un bocadillo que -cene, porque no todas veces ha cenado. En verdad, dijo ella, que -á tan buena obra os ayude yo: y de allí adelante siempre le tenia -guardado un regalillo todas las noches que venia: una de las cuales -entró quejándose, porque de una ventana le habian arrojado no sé qué -desapacible á las narices: á las quejas suyas salió mi ama al corredor; -y bajó al patio, estándose limpiando el mozuelo, y con grande piedad le -ayudó á limpiar, y sahumó con una pastilla, echando mil maldiciones á -quien tal le habia parado. - -Fuése el mozuelo con su trabajo, sintiéndolo la señora Doña Mergelina, -tan llena de cólera como de piedad, y con harta más demostracion de -lo que yo quisiera, loando la paciencia del mozuelo, y agravando la -culpa de quien le habia salpicado con tanto estremo, que me obligó á -preguntarle por qué lo sentia tanto, siendo sucedido inadvertidamente -y sin malicia. Á que me respondió: ¿No quereis que sienta ofensa hecha -á un corderillo como este? ¿Á una paloma sin hiel, á un mocito tan -humilde y apacible, que aun quejarse no sabe de una cosa tan mal hecha? -Cierto que quisiera ser hombre en este punto para vengarle, y luego -mujer para regalarle y acariciarle. Señora, le dije yo, ¿qué novedad -es esta? ¿Qué mudanza de rigor en blandura? ¿De cuándo acá piadosa? -¿De cuándo acá sensible? ¿De cuándo acá blanda y amorosa? Desde que -vos, respondió ella, vinisteis á mi casa, que trujisteis este veneno -envuelto en una guitarra, desde que me reprehendisteis mis desdenes, -desde que viendo mi bronca y áspera condicion, quise ver si podia -quedar en un medio lícito y honesto, y he venido de un estremo á otro: -de áspera y desdeñosa, á mansa y amorosa: de desamorada y tibia, á -tierna de corazon: de sacudida y soberbia, á humilde y apacible: de -altiva y desvanecida, á rendida y sujeta. ¡Oh pobre de mí, dije yo, -que ahora me quedaba por llevar una carga tan pesada como esta! ¿Qué -culpa puedo yo tener en sus accidentes de vuesa merced, ó qué parte en -sus inclinaciones? ¿Hay quien sea superior en voluntades agenas? ¿Hay -quien pueda ser profeta en las cosas que han de suceder á los gustos -y apetitos? Pero pues por mí comenzó la culpa, por mí se atajará el -daño, porque no venga á ser mayor con hacer que él no vuelva más á -esta casa, ó irme yo á otra: que si con la ocasion creció lo que yo -no pude pensar, con atajarla tornarán las cosas á su principio. No -lo digo, dijo ella, por tanto, padre de mi alma, que la culpa yo la -tengo, si hay culpa en los actos de voluntad: no os enojeis por mis -inadvertencias, que estoy en tiempo de hacer y decir muchas: antes os -admirad de las pocas que verédes y oyéredes en mí; ni hagais lo que -habeis dicho, si quereis mi vida, como quereis mi honra: porque estoy -en tiempo, que con poca más contradicion, haré algun borron que tizne -mi reputacion, y la deje más negra que mi ventura; no estoy para que -me desampareis, ni para admitir reprehension, sino para pedir socorro -y ayuda. Bien me decíades vos que mi presuncion y vanidad habian de -caer de su trono; cuanto me podeis repetir y traer á la memoria, yo -lo doy por dicho, y lo confieso; favorecedme, y no me desampareis en -esta ocasion; y no me mateis con decir que os ireis desta casa. Y -con esto y otras cosas que dijo, lloró tan tiernamente, cubriendo el -rostro con un lienzo, que por poco fuera menester quien nos consolára -á entrambos; y si fué grande la reprehension que le dí por soberbia, -mayor fué el consuelo que le dí por afligida: mas animándome en lo -que era más razon, acudiendo á mi obligacion, á su consuelo y honra -de su casa, le dije, con la mayor demostracion que pude: ¿Es posible -que en tan estraordinaria condicion ha podido caber tanta mudanza, -y que por ojos tan llenos de hermosura y desdenes hayan salido tan -piadosas lágrimas, y que por mejillas tan recatadas haya corrido un -licor tan precioso, que siendo bastante á enternecer las entrañas de -Dios, se haya derramado y echado á mal por un miserable hombre? ¿Y ya -que se habia de precipitar y arrojarse, y desdecir de sí propia, no -hiciera eleccion de una persona de muchas partes y merecimientos? Ya -que se rinda quien no podia ser rendida, ¿habia de ser una sabandija -tan desventurada? Que se rinda la hermosura á la fealdad, la limpieza -á la inmundicia y asquerosidad, no sé qué me diga de tal eleccion, y -tan abominable gusto. ¡Oh cuán engañados, dijo ella, están los hombres -en pensar que las mujeres se enamoran por eleccion, ni por gentileza -de cuerpo, ó hermosura de rostro, ni por más ó menos partes, grandeza -de linage, soberbia de estado, abundancia de riqueza! (trato de lo que -verdaderamente es amor); pues para que se desengañen, sepan, que en -las mujeres el amor es una voluntad continuada, que de la vista crece, -y con la comunicacion se cria y conserva, sin hacer eleccion de este -ni de aquel, y la que no se guardáre de esto, caerá sin duda: de esta -continuacion ha nacido mi llama, y con ella se ha criado, hasta ser -tan grande, que me tiene ciegos los ojos para ver otra cosa, y las -orejas cerradas para admitir reprehension, y la voluntad incapaz de -recibir otro sello. Y cuanto más lo deshaceis y aniquilais, tanto más -se enciende la voluntad y el deseo. ¿Por ventura los barberos son de -diferente metal que los demás hombres, para que aniquileis un oficio -que tanta merced hace á los hombres en tornarlos de viejos á mozos? -¿Llamaisle sarnoso por unas rascadurillas que tiene en las muñecas, -que parecen hojas de clavel? ¿No echais de ver aquella honestidad de -rostro? ¿La humildad de sus ojos? ¿La gracia con que mueve aquella voz -y garganta? No me le deshagais, ni reprehendais mi gusto, que no está -para contradecirlo ni rechazarlo. ¡Ojalá, dije yo, fuera pelota, que -yo la echara y rechazara! Pero pues ha llegado á tan estrecho paso, -haré con vuesa merced lo que con mis amigos, que es, en la eleccion -aconsejarles lo mejor que sé, y en la determinacion ayudarles lo mejor -que puedo. Díjele esto por no desconsolarla, hasta que poco á poco -fuese perdiendo el cariño, que pudiera traer la ofensa de Dios y de su -marido, y con esto me aparté aquella noche de ella, espantándome de -ver cuán poderosa es la comunicacion, y considerando cuán mal hacen -los hombres que donde tienen prendas que les duela, consienten visitas -ordinarias, ó comunicaciones que duren: y cuánto peor hacen los padres -que dan á sus hijas maestros de danzar, ó tañer, cantar ó bailar; si -han de faltar un punto de su presencia, y aun es menos daño que no lo -sepan: que si han de ser casadas, bástales dar gusto á sus maridos, -criar sus hijos y gobernar su casa: y si han de ser monjas, apréndanlo -en el monasterio; que la razon de estar algunas disgustadas, quizás -es por haber ya tenido fuera comunicaciones de devociones, que por -honestas que sean, son de hombres y mujeres, sujetos al comun órden de -naturaleza. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO III. - - -El dia siguiente vino el mozuelo más temprano de lo que solia, puesto -un cuello al uso, como hombre que se veia favorecido de tan gallarda -mujer. Sucedió que dentro de tres ó cuatro dias vinieron á llamar -al doctor Sagredo, su marido y mi amo, para ir á curar un caballero -estranjero que estaba enfermo en Carabanchel, ofreciéndole mucho -interés por la cura de que él recibió mucho contento por el provecho, -y ella mucho más por el gusto. Cogió su mula y lacayo, y un braco, que -siempre le acompañaba, y á las cuatro de la tarde dió con su persona en -Carabanchel. Ella, visto la buena ocasion, hízome aderezar de cenar lo -mejor que fué posible, regalándome con palabras, y prometiéndome obras, -no entendiendo que yo le estorbaria la ejecucion de su mal intento: -vino el mozuelo al anochecer, y comenzando á cantar como solia, ella -le dijo que no era lícito, ni parecia bien á la vecindad, estando -su marido ausente, cantar á la puerta, y así mandó que entrase más -adentro. Mandó sentar al mozuelo á la mesa, deseando que la cena fuese -breve, porque la noche fuese larga; pero apenas se comenzó la cena -cuando entró el braco haciendo mil fiestas á su ama con las narices y -la cola. El doctor viene, dijo ella, desdichada de mí, ¿qué haremos, -que no puede estar lejos, pues ha llegado el perro? Yo cogí al mozuelo, -y púsele en un rincon de la sala, cubriéndolo con una tabla, que habia -de ser estante para los libros, de suerte que no se podia parecer -cuando entró el doctor por la puerta, diciendo: ¿Hay bellaquería -semejante, que envien á llamar á un hombre como yo, y por otra parte -llamen á otro médico? Vive Dios, si en años atrás me cogieran, que -no se habian de burlar conmigo. ¿Pues de eso teneis pena, dijo ella, -marido mio? ¿No vale más dormir en vuestra cama y en vuestra quietud, -que desvelaros en velar un enfermo? ¿Qué hijos teneis que os pidan pan? -Vengais muy en hora buena, que aunque pensé tener diferente noche, con -todo eso me dió el espíritu que habia de suceder esto, y así os tuve, -por sí ó por no, aderezada la cena. ¡Hay tal mujer en el mundo! dijo el -doctor; ya me habeis quitado todo el enojo que traia. Váyanse con el -diablo ellos y sus dineros, que más aprecio veros contenta, que cuanto -interés hay en la tierra. ¿Cuántos engaños, dije yo entre mí, hay de -estos en el mundo, y cuántas á fuerza de artificios y bondad fingida -se hacen cabezas de sus casas, que merecen tenerlas quitadas de los -hombros? Apeóse de la rucia el doctor, y el lacayo púsola en razon, -y fuese á su posada con su mujer, que le daban racion y quitacion. -Sentóse el doctor á cenar muy sin enojo, loando mucho el cuidado de -su mujer. El diablo del braco, que por la fuerza que estos animalejos -tienen en el olfato, no hacia sino oler la tabla que encubria al -mozuelo, rascando y gruñendo de manera que el doctor lo echó de ver, y -preguntó ¿qué habia detrás de la tabla? Yo de presto respondí: Creo -que está allí un cuarto de carne. Tornó el braco á gruñir, y aun ladrar -algo más alto: mi amo lo miró con más cuidado que hasta allí; yo eché -de ver el daño que habia de suceder si no se remediaba, y conociendo -la condicion del doctor dí en una buena advertencia, que fué decir que -iba por unas aceitunas sevillanas, de que eran muy amigos, y estúveme -al pié de la escalerilla esperando su determinacion: el braco no dejaba -de rascar y ladrar, tanto que mi amo dijo que queria ver por qué -perseveraba tanto el perro en ladrar. Entonces yo púseme en la puerta, -y comencé á dar voces diciendo: Señor, que me quitan la capa; señor -doctor Sagredo, que me capean ladrones. Él con su acostumbrada cólera y -natural presteza se levantó corriendo, y de camino arrebató una espada, -poniéndose de dos saltos en la puerta, y preguntando por los ladrones; -yo le respondí, que como oyeron nombrar al doctor Sagredo echaron á -huir por la calle arriba como un rayo. Él fué luego en seguimiento -suyo, y ella echó al mozuelo de casa sin capa y sin sombrero, poniendo -el cuarto de carne detrás de la tabla, como ya le habia dado la -advertencia. Hasta aquí habia caminado el negocio; mas el mozuelo iba -turbado, lleno de miedo y temblor, que no pudo llegar á la puerta de -la calle tan presto que no topase mi amo con él á la vuelta. Aquí fué -menester valernos de la presteza en remediar este segundo daño, que -tenia más evidencia que el primero, y así antes que él preguntase cosa, -le dije: Tambien han capeado y querido matar á este pobre mocito, y por -esto se coló aquí dentro huyendo, que de temor no osa ir á su casa: -mire vuesa merced qué lástima tan grande; y como es muy de coléricos -la piedad, túvola mi amo del mozuelo, y dijo: No tengais miedo, que en -casa del doctor Sagredo estais, donde nadie os osará ofender. Ofender, -dije yo; en oyendo nombrar al doctor Sagredo les nacieron alas en los -piés. Yo os aseguro, dijo el doctor, que si los alcanzára, que os habia -de vengar á vos y á mi escudero de manera que para siempre no capearan -más. Mi ama, que estaba hasta allí turbada y temblando en el corredor, -como vió tan presto reparado el daño, y vuelta en piedad la que habia -de ser sangrienta cólera, ayudó á la compasion del marido de muy buena -gana, diciendo: ¿Hay lástima como esta? No dejeis ir á ese pobre mozo, -bástenle los tragos en que se ha visto, no le maten esos ladrones. -No le dejaré, dijo el doctor, hasta que le acompañe. ¿Y cómo sucedió -esto, gentil hombre? Iba, señor, respondió el mozo, á hacer una sangría -por Juan de Vergara, mi amo, á cierta señora del tobillo, y con harto -gusto; pero como no duerme este ángel de los piés aguileños, sucedió lo -que vuesa merced ha visto. Que no faltará ocasion para hacerla, dijo la -señora, sosiéguese ahora, hermano, que en casa del doctor Sagredo está. -Subíos acá, dijo el doctor, que en cenando yo os llevaré á vuestra -casa. El braco, aunque salió á los ladrones imaginados, no por el ruido -dejó de tornar á la tema de su tabla, y si antes la habia rascado por -el mozuelo, entonces lo hacia por la tentacion de sus narices contra la -carne: mi amo, como vió perseverar al braco, fué á la tabla, y halló -el cuarto de carne detrás de la tabla, con que se sosegó, loando mucho -el aliento de su perro. Ella, aunque se habia librado de esos trances, -todavía, durando en su intento, me dió á entender que no dejase ir al -mozuelo, que era lo que yo más aborrecia. - -Cenaron, y el que primero habia sido cabecera de mesa, despues comió en -la mano como gavilan, y no como galan en la mesa, que la fuerza puede -más que el gusto. En cenando quiso el doctor llevarlo á su casa, y -aunque yo le ayudé, mi ama dijo que no queria que fuese á ponerse en -riesgo de topar con los capeadores, especialmente habiendo de pasar -por el pasadizo de San Andrés, donde suele haber tantos capeadores -retraidos. Y aunque esto, dijo, para vuestro ánimo es poco, será -para mí de mucho daño, porque estoy en sospecha de preñada, y podria -sucederme algun accidente ó susto que pusiese mi vida en cuidado; que -ese mocito podrá dormir con el escudero, que es conocido suyo, y por la -mañana irse á su casa. Alto, dijo el doctor, pues vos gustais de eso, -sea en hora buena, yo me quiero acostar, que estoy un poco cansado. -Fuéronse á la cama juntos (que siempre llevaba la mujer por delante), -aunque como ella vivia con diferentes pensamientos, no dió lugar al -sueño hasta que dió en una traza endiablada, que le costó pesadumbre y -le pudiera costar la vida. La sala era tan pequeña que desde mi cama á -la suya no habia cuatro pasos, y cualquiera movimiento que se hacia en -la una se sentia en la otra; y así no le pareció bien lo que por aquí -podia intentar. La mula era de manera inquieta que en viéndose suelta -alborotaba toda la vecindad antes que pudiesen cogerla. Parecióle á la -señora doña Mergelina que desatándola podria volver á la cama antes que -su marido despertase para ir á ponerla en razon, y en el espacio que se -habia de gastar en cogerla y trabarla, le tendria ella para destrabar -su persona. Y como las mujeres son fáciles en sus determinaciones, en -sintiendo al marido dormido, levantóse paso á paso de la cama, y yendo -á la caballeriza desató la mula, entendiendo que pudiera volver á la -cama antes que la mula hiciese ruido y el marido despertase, con que -tendria lugar para ejecutar su intento. Pero parece que la mula y él se -concertaron; la mula en salir presto de la caballeriza haciendo ruido -con los piés, y él sentirlo tan presto que se levantó en un instante -de la cama, dando al diablo á la mula y á quien se la habia vendido; -y si no se entrara la mujer en la caballeriza, topara con ella el -marido. Él cogió una muy gentil vara de membrillo, y pególe á la mula, -que huyendo á su estrecha caballeriza, apenas cupiera, por la huéspeda -que halló dentro. Ella no tuvo donde encubrirse por la estrecheza sino -con la misma mula, de suerte que alcanzó, como la vara era cimbreña, -gran parte de los muchos varazos que le dió con los tercios postreros -en aquellas blancas y regaladas carnes. Yo estaba en la escalera como -si aguardara al verdugo que me echara de ella, turbado y sin consejo, -porque veia lo que pasaba y sin poder remediarlo. El braco, sintiendo -el ruido, y oliendo carne nueva en mi cama, comenzó á darle buenos -mordiscones al mozuelo y á ladrarle, de suerte que la mujer en manos -del marido, y el mozuelo en los dientes del braco, pagaron lo que aun -no habian cometido. Yo viendo la ejecucion de su cólera, sin saber lo -que hacia, le dije: Mire vuesa merced lo que hace, que cuantos palos da -en la mula los da en el rostro de mi señora, que la quiere de manera -por andar vuesa merced en ella, que no consiente que la toque el sol. -Agradeced, señora mula, lo que me han dicho de vuestra ama, que hasta -la mañana os estuviera pegando. ¿Hay con qué trabar esta mula? Yo -respondí: En ese corralillo hallará vuesa merced una soguilla, que yo -estoy con un dolorcillo de ijada, y no me atrevo á salir. Así como fué -por ella, púseme á la puerta, haciendo pala á la señora, y subióse á -su cama callando, aunque lastimada. Yo como siempre procuré que no -llegase la ofensa á ejecucion, aunque no iba con mucho gusto para -ello; en saliendo el doctor le tomé la soguilla, y enviélo á la cama. -Trabé la mula, y subíme á reposar á la mia, donde hallé al mozuelo -quejándose del braco, y á ella en la suya llorando tiernamente; y -preguntándole el marido la causa, respondió muy enojada: Vuestras -cóleras y arrebatamientos, que como tan de repente os alborotastes, y -yo estaba en lo mejor del sueño, sobresaltada y despavorida, caí detrás -de la cama, y dí con el rostro en mil baratijas que estaban aquí, con -que me he lastimado muy bien. Sosególa el marido lo mejor que pudo, y -pudo muy bien, porque las mujeres honradas cuando tropiezan y no caen -en el yerro, caen en la cuenta, que habiendo de ser muy estrecha, es de -perdones, y como vió que á tres va la vencida, y ella lo quedó saliendo -mal de ellas, no quiso probar la cuarta. Al mozuelo con los peligros y -los dientes del braco se le quitó el poco amor y desvanecimiento como -con la mano. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO IV. - - -Como toda la noche hasta allí habia sido tan inquieta y llena de -disgustos, pesadumbres y alteraciones, efectos propios de semejantes -devaneos, fundados en deshonor, ofensa y pecado, lo que hasta la mañana -quedaba, se durmió tan profundamente, que siendo yo de poquísimo sueño, -no desperté hasta que por la mañana dieron golpes á la puerta, llamando -al doctor para cierta visita muy necesaria. Alcé el rostro y ví que el -sol visitaba ya mi aposento, que en mi vida le miré de más mala gana, -y llamé al lastimado mozuelo, que más parecia embelesado que dormido, -y hallándolo con determinacion de no tornar á las burlas pasadas, le -dije: Pues el mayor peligro queda por pasar, si no vivís con cuidado y -recato, que aunque es verdad que vos actualmente no habeis hecho ofensa -en esta casa, y los deseos, ya que manchan la conciencia, no estragan -la honra, con todo eso, para la reputacion de ella y seguridad vuestra, -importa guardar el secreto, que como muchacho de poca experiencia, -podíades revelar pareciéndoos que son lances muy dignos de saberse, y -que diciéndolos por cifras no se entenderian, que es un engaño en que -caen todos los habladores, pues adviértoos que no os va menos que la -vida en saber callar, ó la muerte en querer hablar. Ningun delito se ha -cometido por callar, y por hablar se cometen cada dia muchos: el hablar -es de todos los hombres, y el callar de solos los discretos: yo creo -que cuantas muertes se hacen sin saber los autores, nacen de ofensas -de la lengua: guardar el secreto es virtud, y al que no le guarda por -virtuoso, le hacen que le guarde por peligroso: el callar á tiempo es -muy alabado, porque lo contrario es muy aborrecido: hablar lo que se ha -de callar, nos precipita en el peligro y en la muerte, y lo contrario -asegura el daño, y preserva la vida y quietud. Nadie se ha visto -reventar por guardar el secreto, ni ahogado por tragar lo que va á -decir: las abejas pican á su gusto; pero dejan el aguijon y la vida, ¿y -á los que dicen el secreto que les importa callar, les sucede lo mismo? -y en resolucion el callar es excelentísima virtud, y tan estimada entre -los hombres, que de la suerte que se admiran de ver hablar bien á un -papagayo que no lo sabia, se admiran de ver callar bien á un hombre -que sabe hablar. Y para no cansaros más, si no calláredes porque es -razon, callareis por el peligro en que os poneis, tratando de la honra -de un hombre tan valiente como el Doctor. Con estas, y otras muchas -cosas que le dije, lo envié á su casa con más temor que amor, ó más -temeroso que enamorado. El Doctor se vistió tan de priesa que no tuvo -lugar de mirar el señalado rostro de su mujer, que lo primero que hizo -antes de vestirse, y sin aguardar á poner los piés en las mulillas, fué -á mirarse al espejo; y viéndose el sobrescrito con algunos borrones, -lo sintió de manera, que en muchos dias no se quitó del rostro un -rebozo (que como era tan apacible y suave) parecia más que le traia -por gala, que por necesidad. En estando para poderla hablar me llegué -á donde estaba aderezándose el temeroso rostro, y lastimándome de los -muchos cardenales que le alcancé á ver (que en personas muy blancas, de -cualquier accidente se hacen) le dije, con la mayor blandura que pude, -y supe: ¿Qué le parece de su buena ventura? Que tal lo ha sido, pues -en cuantas veces la ha probado, la ha guardado de que los pensamientos -no viniesen á la ejecucion de las obras, para que su honra (ya que -ha estado para despeñarse) quedase salva en un aprieto tan grande, -que arrojándose con tan determinada voluntad, le ha puesto tantos -impedimentos para la caida, y tantas ayudas para el arrepentimiento. -¿Si cayera en un rio muy hondo, y saliera sin mojarse la ropa, no -lo tuviera á milagro, y cosa nunca vista? ¿Si se arrojara entre mil -espadas desnudas sin salir herida, no le pareceria obra de la mano de -Dios? Pues crea, y tenga por cierto, que ha sido tanta evidencia de -la misericordia divina, usada con vuesa merced con su marido, pues de -su misma voluntad ha librado: que la más poderosa fuerza que hay con -nosotros es la voluntad propia, ella nos rinde, y hace al entendimiento -tan esclavo que no le deja libertad para conocer la razon, ó á lo -menos para volver por ella; pues la voluntad depravada rindió un pecho -tan libre: ella misma con el arrepentimiento y la razon le han de -volver á su libertad. El arrepentirse, y volver sobre sí, es de ánimos -valerosos: el escarmiento nos hace recatados, como la determinacion -arrojadizos. Cuando la voluntad nos arroja con atrevimiento, el mal -suceso lo remedia con temor: mejor es arrepentirse temprano, que llorar -tarde. Un mal principio arrojado, mejora el medio, y asegura el fin: -más vale, considerando este mal suceso, detenerse, que perseverando, -esperar que se mejore. ¡Dichoso aquel á quien le viene el escarmiento -antes que el daño! Los malos intentos al principio errados, engendran -recato para los venideros: quien no yerra no tiene de qué enmendarse, -mas quien yerra tiene en qué mejorarse: que Dios juzgó por mejor que -hubiese males, porque les siguiesen los arrepentimientos, que tener el -mundo sin ellos; que más grandeza suya es sacar de los males bienes, -que conservar el mundo sin males. ¡Ojalá cuantos males se cometen, -tuviesen tan ruines principios como este! que los males serian menores -por el escarmiento. Vuesa merced vuelva en sí, estimando su hermosura, -igualmente con su honra, que este daño tengo yo atajado, y le atajaré -más. Á todas estas cosas que yo le decia, estuvo destilando unas -lágrimas tan honestas y vergonzosas por las rosadas megillas, que -enternecieran al más tirano ejecutor del mundo. Mas alzando el temeroso -rostro, despues de haberse enjugado con un lienzo la humedad que lo -habia bañado, con voz un poco baja, me dijo lo siguiente: Quisiera que -fuera posible sacarme el corazon, y ponerle en vuestras manos para que -se viera el efecto que ha hecho en él vuestra justa reprehension, y -fuera para mí algun descuento de mis desdichas, si me creyérades como -os he creido, no sólo para admitir el consejo, sino para obedecerlo, -y ponerlo en ejecucion: que quien oye de buena gana, enmendaráse si -quiere. - -No digo que totalmente estoy fuera del caso, que como estos accidentes -tienen su asiento en el alma, no pueden desampararla tan presto; pero -como el amor y desamor nunca paran en el medio, porque en el modo de -engañarse van por una misma senda, así yo voy pasando de un extremo -á otro; porque despues que me ví acardenalada, y lastimado el rostro -por quien tanta honra me hace todo el mundo, se me ha revestido un -ódio mortal contra quien ha sido la causa de ello. Fuera de lo que -esta noche, en lo poco que mis ojos descansaron, soñé que estando -cogiendo una hermosa y olorosa manzana del mismo árbol, al tiempo que -con los dedos la apreté, salió de ella mucho humo, y una culebra tan -grande, que me dió dos vueltas al cuerpo por la parte del corazon, y me -apretaba tanto, que pensé morir: y como ninguno de los circunstantes -se atreviese á quitármela, un hombre anciano llegó y la mató con sola -su saliva, echada en la cabeza de la culebra, y que al punto cayó -muerta dejándome libre, y despierta del sueño. Y haciendo reflexion -sobre él, á pocas vueltas le dí alcance, de modo, que con los malos -principios, y la buena consideracion vine á cobrar mi honra y vida, y á -tener mi corazon en el estremo de ódio, que tenia de amor por vuestros -buenos y saludables consejos. Por donde, si hasta aquí habeis sido mi -escudero, de aquí adelante seais mi padre y consejero: y si alguna -cosa habeis visto en mí, que sea en vuestros ojos agradable, por ella -os pido y ruego que no me dejeis ni desampareis en esta ocasion, ni -en todo el restante que os queda de vida, que el amor que yo tengo -á vuestra persona, es tan grande como el cuidado que vos habeis -tenido con mi honra: el desengaño me ha cogido antes que el gusto me -asalariase; aunque la voluntad se dobló, la honra quedó en pié. Si el -consentimiento fuera obra, yo confesára mi flaqueza por infamia: quien -tiene aliento para asirse tropezando, tambien lo tendrá para levantarse -cayendo: quien se arrepiente cerca está de la enmienda: ni me desanimo -por tierna ni me acobardo por derribada. Si está en mí quien pudo -derribarme, ¿por qué no lo estará para levantarme? Sin consejo me -rendí, pero con él tengo de librarme. Si me dejé llevar sin persuasion -agena, ¿por qué no volveré en mí por la vuestra? Para caer fuí sola, y -para levantarme somos vos y yo: más agradece el enfermo la medicina que -le cura, que no el consejo que le preserva. ¿No admití primero vuestro -saludable consejo, y ahora me rindo al cautiverio de vuestra medicina? -Al enfermo que no se ayuda, no le aprovechan los remedios: mas al que -se esfuerza y vuelve en sí, todo le ayuda y alienta. La caridad ha -de comenzar de sí propia. Si yo no me quiero á mí bien, ¿qué importa -que me quiera quien no está en mí? Si yo aborrezco la salud, en vano -trabaja quien me la procura. Mas si yo deseo convalecer, la mitad del -camino tengo andado. Quien obedece al consejo, acertar desea: y quien -no replica á la reprehension, no está lejos de convertirse. Cuando -la culebra despide el pellejo, renovarle quiere: no hay más cierta -señal para venir el fruto, que caerse la flor; ni mayores muestras -de arrepentimiento, que aborrecer el daño, y conocer el desengaño. -Yo lo conozco, padre de mi alma, y estoy con deseo de levantarme, y -determinacion de no tornar á caer: ayudadme con vuestro consejo y -consuelo, para que vuelva en mí, cobre lo perdido, y remedie lo pasado, -me anime en lo presente, y arme para lo venidero. Más iba á decir la -hermosa escarmentada, sino que por llamar el marido á la puerta fué -necesario dejar la más que apacible disculpa, ó enmienda. Entró el -Doctor, y ella se fingió de la enojada, cubriéndose el lastimado, -aunque bello rostro, haciendo algunos melindres fingidos, para que -la desenojase, que amándola tan tiernamente, fácil era el hacerlo. -Vióle el rostro, y sintiólo mucho más que ella, y despues de haberse -blandamente disculpado, le dijo: Amiga, sacaos un poco de sangre. ¿Para -qué, dije yo, se ha de sangrar? Respondió el Doctor: Por la caida. -¿Pues cayó, pregunté yo, de la torre de San Salvador, para que se -saque la sangre? Sabeis poco, dijo el Doctor, que de aquella contusion -del lapso, que habiéndose removido las partes hipocóndricas y renes, -podria sobrevenir un _profluvium sanguinis_ irreparable, y del livor -del rostro quedar una cicatriz perpétua. Y luego, dije yo, vendrá el -arturo meridional á circunferencia metafísica del vegetativo corporal, -y evacuarse la sangre del hepate. ¿Qué decís, dijo el Doctor, que no -os entiendo? ¿No me entiende? dije yo; pues menos entiende su mujer á -vuesa mercé, que para decir que del golpe de la caida puede venir algun -flujo de sangre, y quedar señal en el rostro, se han de decir tantas -pedanterías, contusion, lapso, hipocóndrios, profluvio, cicatriz, -livor. Póngase un poco de bálsamo ó ungüento blanco, ó zumo de hojas -de rábano, y ríase de lo demás. Y aun creo que es lo mejor, dijo ella -riendo, mas es lo peor que se me ha quitado la gana del comer. Poneos, -dijo el Doctor, unos absintios en la boca del ventrículo, y echaos -un clistel; que con esto y una fricacion en las partes inferiores, -junto con la exoneracion del ventrículo cesará todo eso. Otra vez -dije yo: ¿Que no se podria acabar con los médicos mozos que hablen -en un lenguaje que no los entiendan? Pues qué, ¿quereis vos, dijo el -Doctor, que hablen los hombres doctos como los ignorantes? Cuanto á -la substancia, dije yo, no por cierto; pero cuanto al lenguaje, ¿por -qué no hablarán como los entiendan? Al conde de Lemos, Don Pedro de -Castro, el de las grandes fuerzas, yendo á visitar su estado á Galicia, -como era tan grande y grueso, y muy bebedor de agua, del cansancio del -camino le dió una enfermedad que los médicos llaman hemorrois: y como -no iba preparado de médico, díjole Diego de Osma: Aquí hay uno que -desea tomar el pulso á V. S. dias há. Pues llamadle, dijo el Conde; -llamáronle, y el buen hombre que supo la enfermedad fué muy reparado de -retórica medicinal, pareciéndole que por allí entraria en la voluntad -del Conde; y vistiéndose una ropa muy raida entre azul y negra, y una -sortija que parecia remate de asador, entró por la sala donde estaba -el Conde diciendo: Beso las manos á S. S., y el Conde: Vengais en hora -buena, Doctor. Prosiguió el Médico: Dícenme que su señoría está malo -del orificio. El Conde, que tenia estremado gusto de bueno, conocióle -luego, y preguntóle: Doctor, ¿qué quiere decir orificio, platero de -oro, ó qué? Señor, dijo el Doctor; orificio, es aquella parte por -donde se inundan, exoneran y espelen las inmundicias interiores que -restan de la decoccion del mantenimiento. Declaraos más, Doctor, que -no os entiendo, dijo el Conde: y el Médico: Señor, orificio se dice de -_os_, _oris_, y _facio facis_, _quasi os faciens_; porque como tenemos -una boca general por donde entra el mantenimiento, tenemos otra por -donde sale el resíduo. El Conde, aunque enfermo, pereciendo de risa, -le dijo: Pues este de este modo se llama en castellano (nombrándolo -por su nombre): andad, que no sois buen médico, que lo echais todo en -retórica vana. De manera, que por donde pensó acreditarse con el Conde, -se echó á perder: él se fué corrido, y el Conde quedó de manera riendo -que hacia temblar la cama, y aun la sala: yo creo cierto que es alivio -para los enfermos que el médico hable en lenguaje que le entiendan, -para no poner en cuidado al paciente. Tienen, fuera de esto, obligacion -de ser dulces y afables, de semblante alegre, y de palabras amorosas: -es bien que les digan algunos donaires y cuentecillos breves, con que -los alegren: sean corteses, limpios y olorosos: acaricien tanto al -enfermo, que parezca que sola aquella visita es la que le da cuidado: -miren si tiene bien hecha la cama, con aseo y limpieza, y hagan lo -que el Doctor Luis del Valle, que á todos juntamente con hacerles -sacramentar, los alienta con darles buenas esperanzas de salud; que hay -algunos tan ignorantes en la buena policía y trato, que sin estar una -persona enferma, por encarecer su trabajo y subir su ganancia, dicen -al enfermo que está peligroso, para que lo esté de veras: y es bien, -que pues se tienen por ministros de naturaleza, lo sean en todo. No -digo mil descuidos que hay en el conocimiento de las enfermedades, y -en la aplicacion de las medicinas. Es muy de médicos viejos, dijo mi -amo, andar tan de espacio como vos quereis, y en mirar esas niñerías: -ya los neotóricos vamos por otro camino, que para lo que es curar -tenemos el método purgar y sangrar, con algunos remedios empíricos, de -que nos valemos. Y aun por eso, dije yo, huyo de curarme con médicos -mozos; porque un amigo mio, que lo era en edad y en esperiencia, muy -gentil estudiante, habiéndose acreditado conmigo con ciertos aforismos -de Hipócrates, que sabia de memoria, traidos en buena ocasion, y -pronunciados á lo melindroso, me entregué en sus manos la primera -vez que me dió la gota, de las cuales salí con veinte y dos sudores -y unciones, y me las estuviera dando hasta ahora, si yo propio no me -hallara el pulso con intercadencias; y con decir que habíamos errado -la cura (como si yo tambien la hubiera errado) me dejó, y se apartó de -mí confuso y corrido: mas yo, con la recia complexion que tengo, y con -gobernarme bien, en convaleciendo me encontré con él en la plazuela del -Ángel cara á cara, la suya de color de pimiento, y la mia de gualda, -y me hube con él de manera que salió de mi lengua peor que yo de sus -manos. Los grandes médicos que yo he conocido y conozco, en llegando -al enfermo procuran con gran cuidado saber el orígen, causa y estado de -la enfermedad, y el humor predominante del paciente, para no curar al -colérico como al flemático, y al sanguino como al melancólico; y aun -si es posible (aunque no hay ciencia de particulares) saber la calidad -oculta del enfermo, y de esta manera se acierta la cura, y se acreditan -los médicos. No he visto en mi vida, dijo el Doctor, escudero tan -licenciado. Pues más tengo de licencioso, dije yo, porque en viendo una -verdad desamparada, me arrojo en su ayuda con la vida y el alma. ¿Qué -sabeis vos de intercadencias? dijo el Doctor; ¿qué señales teneis de -gota, pues os habeis escapado de lo uno, y no padeceis de lo otro? Las -intercadencias, respondí yo, otras veces las he tenido, que me he visto -con enfermedades apretadas; pero no me he desanimado, antes á un médico -mozo, y muy galan, que me curó en Málaga, le animé, porque se turbó -hallándomelas en el pulso (que en esto yo fuí médico y él paciente); y -aunque me digan que es calidad propia de mi pulso, ellas tienen todas -las partes de intercadencias. Y habiéndome escapado de esta ardentísima -fiebre, de que me curé con un cántaro de agua fria que me eché á los -pechos, me quedaron unas grandísimas ventosidades, para lo cual me dió -un remedio tudesco, que si yo le guardara hicieran tanta burla de mí -los muchachos como yo hice de él; porque á un hombre colérico, y nacido -en region cálida, le mandó que en toda su vida no bebiese gota de agua, -y de la gota me preservó con un consejo de Ciceron, que dice, que la -verdadera salud consiste en usar de los mantenimientos que aprovechan, -y huir de los que nos dañan: no uso de mantenimientos húmedos, no -bebo entre comida y comida, no ceno, bebo agua y no vino, hago todas -las mañanas una fricacion antes de levantarme de la cama con grande -vehemencia desde la cabeza, discurriendo por todos los miembros hasta -los pies, y cuando me siento cargado hago un vómito; con esto, y la -templanza en otras cosas, me preservo de la gota. Perdóneme V. S. I. -si le canso con estas niñerías que me pasaron con este médico, que -las digo porque quizá encontrará con ellas alguno á quien aprovechen. -Díjome el Doctor entonces: Por vuestra vida que me digais ¿si habeis -estudiado, y á dónde, que procedeis con tan buena gracia en todo, -que me habeis aficionado de manera, que si fuera un gran príncipe -no os apartára de mi lado un punto? Lo mismo, dijo ella, os ruego -yo, padre de mi vida, y así os la dé Dios muy larga, que nos deis -cuenta de vuestra vida, que vos procedeis de modo que será grandísimo -entretenimiento al Doctor por el entendimiento, y á mí por la voluntad. -Contar desdichas, dije yo, no es bueno para muchas veces: acordarse -de infelicidades el que está caido puede traerlo á desesperacion. Una -diferencia hay entre la prosperidad y la adversidad, que la memoria de -las desdichas en la adversidad entristece más; pero en la prosperidad -aumenta el gusto. No se le ha de pedir al que todavía está en miserias, -que cuente las que ha pasado; porque es renovarle la llaga que ya se -iba cerrando, con traerle á la memoria lo que desea olvidar. El que -se ha escapado de la tormenta no se contenta con solo verse fuera de -ella, sino con besar la tierra; pero el que está todavía padeciendo el -naufragio solamente se acuerda de lo presente, que solicita el remedio; -porque aunque yo tengo condicion de pobre, tengo ánimo de rico, y si no -me desanimo por caido, no tengo de qué animarme por levantado; y no son -mis trabajos para contados muchas veces. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO V. - - -Mas como la privacion puede tanto con las mujeres, por el mismo caso -que yo rehusaba, mi ama procuraba más que lo dijese, que como tenia -pecho noble, y le parecia que la tenia obligada en alguna manera, -sacaba fuerzas de flaqueza, y buscaba modos cómo darme á entender -que estaba de mí agradecidísima. Que esta diferencia hace un pecho -liso y sencillo, á uno de mala raza y cosecha, que el bueno aun el -bien imaginado agradece, mas el bronco y desabrido, no solamente no -agradece, pero busca modos cómo desagradecer el bien recibido: pero -cuanto más mi ama se esforzaba por dar á entender su agradecimiento, -tanto más me ofendia yo en que pensase en que habia hecho algo en -servirla, que el saber flaquezas ajenas, que ó todos las cometemos, -ó estamos naturalmente dispuestos á ello, no ha de ser parte para -estimar en menos á aquellos de quien las sabemos: saber el secreto -ajeno ó es acaso, ó por confianza que hacen de nosotros: si es acaso, -la misma naturaleza nos enseña que puede suceder lo mismo por nosotros; -y si es por confianza, ya entra en guardarle la reputacion del que -lo sabe. Encubrir faltas ajenas es de ángeles, y descubrirlas es de -perros que ladran cuando más dañan. Querer saber secretos ajenos, nace -de pechos sin merecimientos, que lo que no pueden merecer por sí, -quieren merecerlo á costa ajena: quien quiere saber faltas ajenas, -quiere estar mal con todo el mundo, y que se publiquen las suyas. -¡Dichosos aquellos á cuya noticia no han llegado las faltas ajenas, -que ni ofenderán, ni serán ofendidos! Hay algunos ánimos tan fuera del -órden natural, que les parece que han alcanzado una gran joya, cuando -saben alguna falta de su prógimo: pues no se persuada á entender quien -tiene tan abominable costumbre, que no hay contratretas para semejantes -desafueros, que todos traen el castigo por sombra; y no hay mala -intencion que no tenga su semejante, ó peor. Un fraile, aunque no muy -docto, bien intencionado, preguntando en un escrutinio si sabia faltas, -ó descuido de sus compañeros, respondió que nó, porque si las habia -oido, ó no habia reparado en ellas, ó las habia dejado olvidar, y si -venian por relacion, no las habia oido, ó no las habia creido. Y otro, -habiendo desacreditado á todos los compañeros, por acreditarse á sí en -el escrutinio, salió más culpado que todos. Este almacen de palabras -he traido, para decir el recelo que mi ama debia tener, pareciéndole -que podia revelar su secreto, ó que á lo menos lo queria tener, como -dicen, el pié sobre el pescuezo, y así, prosiguiendo en su intento, -dijo, que por buen término y trato, quisiera perpetuarme en su casa, -para tenerme en lugar de padre, queriéndome casar con una parienta -suya, doncella, y de muy buena gracia, y de poca edad; y declarándose -con su marido y conmigo, encareciendo la bondad y virtud de la moza, -y cuán bien me estaria para el regalo de mi vejez casarme con ella, -yo le dije: Señora, no haré eso por todas las cosas del mundo, porque -quien se casa viejo, presto da el pellejo: y riéndose ella, proseguí -diciendo, que en Italia traen un refrancete á este modo, que el que -casa viejo tiene el mal del cabrito, ó que se muere presto, ó viene á -ser cabron. ¡Jesus! dijo mi ama, ¿pues eso ha de imaginar un hombre tan -honrado como vos? Señora, dije yo, lo que veo, y he visto siempre es, -que al viejo que se casa con moza, todos los miembros del cuerpo se le -van consumiendo, sino es la frente, que le crece más. Las mozas son -alegres de corazon, y regocijadas en compañía, andan siempre jugando y -saltando como ciervas, y los maridos como ciervos, siendo viejos. No -es tan perseguida la liebre de los galgos, como la mujer del viejo de -los paseantes: no hay mozo en todo el lugar que no sea su pariente, -ni vieja rezadera que no sea su conocida: en todas las iglesias tiene -devociones, ó por huir del marido, ó por visitar las comadres: si es -pobre el marido, se anda quejando de él: si es rico, á pocas vueltas le -deja como el invierno á la cornicabra, con solo el fruto en la frente. -He rehusado en mi mocedad tomar esa carga sobre mis hombros, ¿y la -habia de tomar ahora sobre mi cabeza? Dios me guarde mi juicio, bien -me estoy solo; ya me sé gobernar con la soledad, no quiero entrar en -nuevos cuidados, afuera consejos vanos. Á todo esto el doctor estaba -pereciendo de risa, y su mujer pensando en la réplica que habia de -hacer; y así con muy gran donaire y desenvoltura, dijo á su marido, -y á mí: Cada dia vemos cosas nuevas, bien es vivir para experimentar -condiciones: el primer viejo sois que he visto y oido decir, que haya -rehusado casamiento de niña; todos apetecen la compañía de sangre -nueva, para conservacion de la suya: los árboles viejos, con un enjerto -nuevo los remozan: á las plantas, porque no se hielen, les ponen -abrigo: la palma, si no tiene junto á sí su compañera, no lleva fruta: -la soledad ¿qué bien puede traer sino melancolía, y aun desesperacion? -Todos los animales racionales y brutos apetecen la compañía. No seais -como aquel bestial filósofo, que habiéndole preguntado cuál era buena -edad para casarse, respondió, que cuando era mozo, era temprano, y -cuando viejo, tarde. Mirad, que fuera de ser para mí grande gusto, -para vuestra comodidad es bien vivir con abrigo. Yo confieso, le -dije, que tan elegantes razones, dichas con tanta gracia y estilo, -persuadirán á cualquiera que no estuviera con tanta experiencia de las -cosas del mundo, y tan hecho á la soledad como yo; pero verdades tan -apuradas, no admiten persuasiones retóricas, porque casarse un viejo -con una muchacha, si ella es como debe ser, es dejar hijos huérfanos y -pobres, y en pocos años venir á ser entrambos de una misma edad, porque -naturaleza va siempre tras su conservacion, y el viejo conserva la -suya, consumiendo la juventud de la pobre muchacha; y si no es de esta -suerte, tiene puestos los ojos en lo que ha de heredar, y la voluntad -é intencion en el marido que ha de escoger. Mas, ¿qué tal pareciera yo -con mis blancas canas junto á una niña rubia y blanca, bien puesta y -hermosa, que cuando alzara los ojos á mirarme el copete lo viera más -liso que el carcañal, las entradas como el colodrillo de la ocasion, la -barba más crespa y cana que la del Cid? Eso no os dé pena, dijo ella, -que Juan de Vergara tiene una tinta tan negra y fina, que á cuantos -hombres y mujeres entran en su casa con canas los pone de manera que -á la salida no los conocen. Ni aun ellos propios se conocen á sí -mismos, dije yo, con un engaño como ese, y creo cierto, que nace esta -flaqueza de no conocer nuestra hechura, porque disfrazar y entretener -las canas, no sé de qué sirve, sino de una ocupacion de zurradores, -que no rehusan traer las manos como ébano de Portugal. Y realmente los -que lo hacen tienen tanta ventura que á nadie engañan sino á sí solos, -porque todos lo saben; de modo, que les añaden muchos más años de los -que tienen; y ellos no se desengañan, hasta que por alguna enfermedad -dejan de teñirse, y se hallan cuando se miran la barba, como Urraca -ahorcada. Pues si la tinta no acierta á ser del color de la barba, -que es muy ordinario, en dándoles el sol, hace visos como el arco del -cielo. Si con el teñir se reparara la flaqueza de la vista, se supliera -la falta de los dientes, se cobrara la fuerza de piernas y brazos, ó -se entretuvieran los años para engañar la muerte, todos lo hiciéramos; -pero hace la muerte con los teñidos, como la zorra con el asno de -Cumas, que se vistió una piel de leon para espantar á los animales y -pacer con seguridad: mas la zorra, viéndole andar tan despacio, miróle -las patas, y dijo: asno sois vos. Así la muerte mira los teñidos, y les -dice: viejo sois vos. Tíñase quien quisiere, que yo tengo por mejor -lo claro que lo obscuro, el dia que la noche, lo blanco que lo negro. -Más quiero parecer paloma que no cuervo, más hermoso es el marfil que -el ébano. Si como las barbas que pasan de negras á blancas, pasaran de -blancas á negras, ¿cuánto mas odiosas fueran por el color tapetado? -En fin, la plata es más alegre que el ébano: ¿no bastaba casado, sino -tiznado? Andad, dijo mi ama, que con eso se disimulan algunos años, -y sin eso no se pueden negar. Aunque los hombres de bien, dije yo, -jamás han de mentir, en todas las cosas del mundo puede aprovechar una -mentira, si no es en los años y en el juego; porque ni los años pueden -ser menos por negarlos, ni la ganancia se ha de quitar por confesarla. -Pero volviendo á nuestro propósito, que el matrimonio es cosa santísima -no se puede negar, ni yo lo niego, que el no apetecerlo yo nace de la -incapacidad mia, y no de la excelencia suya; apetézcalo quien está en -edad y disposicion para ello con la igualdad que la misma naturaleza -pide, que ni sean ambos niños ni ambos viejos, ni él viejo y ella niña, -ni ella vieja ni él niño. Sobre lo cual hay diversas opiniones entre -filósofos, y la más cierta es que el varon sea mayor que la mujer diez -ó doce años; pero que tenga yo cincuenta años, y mi señora mujer quince -ó diez y seis, es como querer que un contrabajo y un tiple canten una -misma voz, que por fuerza han de ir apartados ocho puntos el uno del -otro. ¿Pues nunca habeis sido enamorado? dijo mi ama. Y tanto, dije -yo, que he compuesto coplas y tenido pendencias, que la mocedad está -llena de mil inconsideraciones y disparates. No lo serán, dijo ella, -que los hombres de buen discurso sazonan las cosas diferentemente, -que los demás. Reniego, dije yo, de ejercicio que ha de traer á un -hombre hecho lechuza, guardando cimenterios, sufriendo frios y serenos, -incomodidades y peligros tan ordinarios como suceden de noche, y aun -cosas dignas de callar. El que anda de noche ve los daños ajenos, y no -conoce los suyos, consume presto la mocedad, y se desacredita para la -vejez: vénse de noche cosas que se juzgan por malas, no siéndolo; ¡qué -de temores y espantos cuentan los que pasean de noche, que vistos de -dia nos provocarian á risa! Acuérdome, que teniendo cierto requiebro -al barrio de San Ginés, con otro juicio tal como el mio era entonces, -mártes de carnestolendas por la tarde me envió á decir la señora que le -llevase algo bueno para despedirse de la carne, que en estos dias hay -libertad para pedirlo, y aun para negarlo; pero por usar de fineza, por -ser la primera cosa que hacia en su servicio, vendí ciertas cosillas, -que me hicieron harta falta, y en acabándose la grita de jeringas y -naranjazos, y el martirio perruno, causado de las mazas (de quien -sin saber por qué, huyen hasta reventar) dí conmigo en un tabernáculo -de la gula, donde henchí un paño de manos de una empanada, un par de -perdices, un conejo y frutillas de sarten, y atándolo muy bien, caminé -á darlo por una ventana á más de las once de la noche; y como el dia -siguiente, por ser miércoles de ceniza, era dia de mucha recoleccion, -aunque todo el pasado habia sido alegría para los muchachos y trabajos -para los perros, habia silencio general; de suerte, que aunque yo iba -bien cargado, no me podia ver nadie: llegando á la plazuela de San -Ginés sentí que venia la ronda, y retiréme debajo de aquel cobertizo, -donde suele haber una tumba para los aniversarios y exequias, y antes -que pudiesen llegar á mí los de la ronda, metí el paño de manos, atado -como estaba, por un agujero grande que tenia la tumba por la parte de -abajo, y sacando un rosario, que siempre traigo conmigo, comencé á -fingir que rezaba. Llegó la ronda y pensando que fuese algun retraido -asieron de mí, preguntando qué hacia allí. Llegó el alcalde, y visto -el rosario y poca turbacion, que importa mucho en cualquier ocasion no -perturbarse el ánimo, dijo que me dejasen, y me recogiese: hice que -me iba, y trasponiendo la ronda torné por mi paño de manos y cena á -la negra tumba, donde lo habia dejado, y aunque con un poco de temor -por la hora y la soledad, alargué la mano y brazo todo lo que pude -alcanzar, y no topé con el paño ni con lo que estaba en él: de lo -cual quedé temblando y helado; y es de creer que me causaria horrible -miedo una cosa tan espantosa en un cimenterio, debajo de una tumba, -á más de las once de la noche, y con tan gran silencio, que parecia -se habia acabado el mundo; pues junto con esto, sentí dentro en la -tumba tan gran ruido de hierro, que se me representaron mil cadenas, -y otras tantas ánimas, padeciendo su purgatorio en aquel mismo lugar. -Fué tanta mi turbacion y desatiento, que se me olvidó el amor y la -cena, y quisiera hallarme mil leguas de allí; pero lo mejor que pude, -ó lo menos mal que acerté, volví las espaldas, y fuíme poco á poco, -arrimándome á la pared, pareciéndome que iba tras mí un ejército de -difuntos; pues yendo con esta turbacion me sentí por detrás tirar de la -capa, desanimándome de manera que dí un golpazo con mi persona en el -suelo, y con los hocicos en la guarnicion de la espada; volví á mirar -si era algun cadáver descarnado, y no ví otra cosa sino mi capa asida -al calvario que está en aquella pared; con esto respiré un poco, y fuí -cobrando aliento, y descansando el temor del clavo y de la capa; pero -no el de la tumba. - -Sentéme, y miré alrededor á ver si habia cosa que pudiese acompañar, -y descansé, porque estaba tan cansado que lo hube menester, que no lo -estuviera más si hubiera andado cien leguas por los altos y bajos de -Sierra-Morena. Hice reflexion sobre lo pasado, considerando qué cuenta -daria yo de mí el dia siguiente, contando lo que habia sucedido, sin -haber visto cosa que fuese de momento; porque decir un terror tan -horrible sin haber averiguado el fundamento, era desacreditarme y -quedar en fama de cobarde ó mentiroso: dejar de contarlo era quedar -en opinion de miserable con la señora Daifa, habiendo gastado lo que -no tenia sin decir el fin que tuvo. Por otra parte veia que si fuera -algun difunto no tenia necesidad de mi pobre cena, pues hombre no podia -estar tan abreviado que no topara con él cuando extendí el brazo. Al -fin hice mi cuenta de esta manera: Si es demonio, mostrándole la señal -de la cruz huirá; si es ánima, sabré si pide algunos sufragios; y si es -hombre, tan buenas manos y espada tengo como él, y con esta resolucion -fuíme animosamente á la tumba, desenvainé la espada y rodeando la capa -al brazo, dije con muy gentil determinacion: yo te conjuro, y mando -de parte del cura de esta iglesia, que si eres cosa mala te salgas de -este lugar sagrado, y si eres ánima que andas en pena, que me reveles -qué quieres, ó qué has menester (y el ruido del hierro con mi conjuro -andaba más agudo): una y dos, y tres veces te lo digo y torno á decir; -pero cuanto más le decia, tantos más golpes de hierro sonaban en la -tumba que me hacian temblar. Visto que mi conjuro no era válido, y -que si dejaba enfriar la determinacion que tenia, tornaria el temor á -desanimarme, púseme la espada entre los dientes, y con ambas manos así -de la tumba por el agujero de abajo, y en alzándola salió corriendo por -entre mis piernas un perrazo negro, con un cencerro atado á la cola, -que huyendo de los muchachos se habia recogido á descansar á sagrado; -y como despues de haber reposado olió la comida, retiróla para sí, y -sacó el vientre de mal año; pero con el grande y no pensado ruido que -hizo saliendo, fué tanto mi espanto, que como él fué huyendo por una -parte, yo fuera por otra, sino por un espinillazo que al salir me dió -con el cencerro, de que no me pude menear tan presto; pero fué tanta -la pasion de risa que despues de quitado el dolor me dió, que siempre -que me acuerdo de ello, aunque sea á solas y por la calle, no puedo -dejar de dar alguna demostracion de ello. Fué menester que el Doctor y -su mujer acabasen de reir, para proseguir el intento para que truje el -cuento; y habiéndolo solemnizado, les dije: No se podrá creer lo que -yo me holgué de averiguar aquella duda que en tanta confusion me habia -de poner, para contar lo que habia visto, por donde pusiera mal nombre -á aquel lugar, como lo han hecho otros muchos, que por no averiguar -los temores ó las causas de ellos, desacreditan mil lugares, y quedan -desacreditados por temerosos y espantables sin haber causa para ello, -más de haber visto alguna extraordinaria cosa, y sin averiguarla van á -contar mil deslumbramientos y disparates. Uno dijo, que habia visto un -caballo lleno de cadenas y descabezado, y era una bestia que venia del -prado á su casa, con las trabas de hierro. - -Son infinitos los disparates que en esto se dicen; de manera, que no -hay poblacion, donde no haya un lugar desacreditado por temeroso, y -ninguno, si no es burlando ó haciendo donaire, dice la verdad. En Ronda -hay un paso temeroso despues que se subió de noche una mona en un -tejado, que con la maza y cadena atoró, ó encalló en una canal, y desde -allí echaba tejas á cuantos pasaban, y todo es de esta manera. Solas -dos cosas hallo yo que pueden hacer mal de noche, que son los hombres y -los serenos, que los unos pueden quitar la vida y los otros la vista. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO VI. - - -Al tiempo que me iba hallando mejor con el Doctor Sagredo, y mi señora -Doña Mergelina de Aybar, por el amor que me tenian, como mi suerte ha -sido siempre variable, hecha y acostumbrada á mudanzas de fortuna, -y ejercitada en ellas toda mi vida, vinieron á llamar de un pueblo -de Castilla la Vieja al doctor Sagredo con un gran salario, el cual -no pudo rehusar por haberlo menester, y para ejercitar lo que habia -estudiado, que ni la grandeza del ingenio, ni el contínuo estudio -hacen á un hombre docto, si le falta experiencia, que es la que sazona -los documentos de las escuelas, sosiega las bachillerías que hacen al -ingenio confiado por las filoterias de la dialéctica, que realmente -no podemos decir que tenemos entero conocimiento de la ciencia hasta -que conocemos los efectos de las causas que enseña la experiencia, -que con ella se comienza á saber la verdad. Más sabe un experimentado -sin letras, que un letrado sin experiencia, la cual faltaba al Doctor -Sagredo, y así le estuvo bien aceptar aquel partido por esto, y por -repararse de las cosas necesarias para la conservacion de la vida -humana. Aceptado el partido, pidiéronme con toda la fuerza posible -que me fuese con ellos, lo cual yo hiciera, si no fuera que no me -atreví á los frios de Castilla la Vieja, que estando un hombre en -los postreros tercios de la vida, no se ha de atrever á hacer lo que -hace en la mocedad. El frio es enemigo de la naturaleza, y aunque uno -muera de ardentísimas fiebres, al fin queda frio. Las acciones del -viejo son tardas por la falta de calor; como la mocedad es cálida y -húmeda, la vejez es fria y seca; por falta de calor viene la vejez, y -por esto han de huir los viejos de regiones frias, como yo lo hice, -que me quedé desacomodado por no ir á donde me acabase el frio en -breve tiempo. Fuéronse, y quedéme solo y sin arrimo que me pudiese -valer; que los que dejan pasar los verdes años sin acordarse de la -vejez, han de sufrir estos y otros mayores daños y trabajos. Nadie -se prometa esperanzas de vida, ni piense que sin diligencia puede -asegurarla, que hay tan poco de la mocedad á la vejez, como de la -vejez á la muerte; no puede creerlo sino quien ha entregado sus años -á la dilacion de las esperanzas. Cada dia que se pasa en ociosidad, -es uno menos en la vida, y muchos en la costumbre que se va haciendo. -Siendo estudiante en Salamanca el Licenciado Alonso Rodriguez Navarro, -varon de singular prudencia é ingenio, le hallé una noche durmiendo -sobre un libro, y diciéndole que mirase lo que hacia, que se quemaba -las pestañas, respondió, que apelaria para el tiempo que le diese -otras; pero que si perdia el tiempo, no tenia para quien apelar sino -para el arrepentimiento. Al mismo, preguntándole por qué camino habia -venido á ser tan bien quisto en su ciudad, que es Murcia, respondió, -que haciendo placer, y disimulando desagradecimientos, pero que nunca -llegaron á engendrar en su pecho arrepentimientos de haber hecho el -bien: que los hombres de bien no han de hacer cosas de que se deban -arrepentir; y si el arrepentimiento viene tarde, y es bien recibido, -aprovecha para el reparo de la vida, que como el arrepentimiento sigue -á los daños sucedidos por propia culpa, viene acompañado con asomos de -virtud, nacida del escarmiento y ayudado de la prudencia. Mas no hay -arrepentimiento que venga tarde como sea bien recibido. - -Cuatro efectos suelen resultar del tiempo mal gastado y peor pasado; -dejamiento de sí propio, desesperacion de cobrar lo perdido, confusion -vergonzosa, y arrepentimiento voluntario; estos dos postreros arguyen -buen ánimo, y estar cercanos á la enmienda; pero entiéndese, que -como el yerro fué con tiempo, el arrepentimiento no ha de ser sin -tiempo: que si el mucho tiempo se pasó presto, el poco se pasará -volando, y llegará tarde el arrepentimiento, como el tiempo que se -pasa al descuido con gusto no se cuenta por horas, como el que se pasa -trabajando, no se echa de ver hasta que es pasado. Yo quedé solo y -pobre, y para reparo de mis necesidades, me topó mi suerte con cierto -hidalgo que se habia retirado á vivir á una aldea, y habia venido -á buscar un maestro ó ayo para dos niños que tenia de poca edad, y -preguntándome si queria criárselos, le respondí, que criar niños era -oficio de amas, y no de escuderos; rióse, y dijo: Buen gusto teneis, -á fé de caballero que habeis de ir conmigo: ¿no os hallareis bien en -mi casa? Yo respondí: Ahora sí, pero despues no sé. ¿Por qué? preguntó -el hidalgo. Porque hasta tomar el tiento á las cosas, dije yo, no se -puede responder afirmativamente; y no se ha de preguntar á los criados -si quieren servir, sino, si saben servir, que el querer servir arguye -necesidad, y saber servir, habilidad y experiencia en el ministerio -que los quieren; y de aquí nace, que muchos criados, á pocos dias de -servicio, ó se despiden, ó los despiden, porque entraron á servir por -necesidad, y no por habilidad, como tambien en algunos estudiantes -perdidos, que en viéndose rematados, entran en religion tan llenos de -necedad como de necesidad, y á pocos lances, ó desamparan el hábito, ó -el hábito los desampara. Primero se ha de inquirir y escudriñar si es -bueno y suficiente el criado para el cargo que le quieren dar, que no -si tienen voluntad de servir: porque de tener criados ociosos, y que -no saben acudir al oficio para que fueron recibidos, fuera del gasto -impertinente, se siguen otros mayores inconvenientes. Aunque cierto -Príncipe de estos reinos, diciéndole un mayordomo suyo que reformase -su casa, porque tenia muchos criados impertinentes, respondió: El -impertinente sois vos, que los valdíos me agradecen y honran; y -esotros, pagándoles, les parece que me hacen mucha merced en servirme, -y el que no obliga con buenas obras, ni es amado, ni ama, y en las -buenas se parece un hombre á Dios. Paréceme, dijo el hidalgo, que quien -sabe eso, sabrá tambien servir en lo que le mandaren, especialmente -que mi hijo el mayor os podrá hacer bien en algun tiempo, que tiene -accion, y espectativa á un mayorazgo de parte de su madre, que ahora -posee su abuela; y del hijo mayor, á quien le viene, no tiene sino dos -nietecillos enfermizos; y muriendo ellos y su padre, queda mi hijo por -heredero. Eso es, dije yo, como el que deseando hartarse de dátiles, -fué á Berbería por una planta de palma y compró un pedazo de tierra en -que la plantó, y está esperando todavía que dé el fruto; así yo tengo -de esperar á tres vidas, estando la mia en los últimos tercios, para -la poca merced que se aguarda de quien aún no tiene esperanza, que -como ella vive entre la seguridad y el temor, es necesario que tenga -larga vida quien se sustenta de ella; que no hay cosa que más la vaya -consumiendo que una esperanza muy dilatada; y es de creer, que el que -se va á pasar la suya entre robles y jarales, ni la tiene muy cerca, ni -muy cierta, que por no martirizarme con ellos ni verme en los tragos en -que ponen á quien los sigue, he tenido por mejor y más seguro abrazarme -con la pobreza que abrazarme con la esperanza. Esa, dijo el hidalgo, -es la cuenta de los perdidos, que por no esperar ni sufrir, quieren -ser pobres toda la vida. ¿Y qué mayor pobreza, dije yo, que andar -bebiendo los vientos, echando trazas, acortando la vida y apresurando -la muerte, viviendo sin gusto, con aquella insaciable hambre y perpétua -sed de buscar hacienda y honra? Que la riqueza, ó viene por diligencia -buscada, ó por herencia poseida, ó por antojo de la fortuna prestada: -si por diligencia, no da lugar á otra cosa de virtud; y si por -herencia, ordinariamente se posee acompañada de vicios y envidiada de -parientes; si por antojo ó arrojamiento de la fortuna, hace al hombre -olvidarse de lo que antes era, y de cualquier manera que sea, todos en -la muerte se despiden de mala gana de la hacienda y de las honras que -por ella les hacian. Una diferencia hallo en la muerte del rico y la -del pobre, que el rico á todos los deja quejosos, y el pobre piadosos. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO VII. - - -Parece, dijo el hidalgo, que nos habemos apartado de mi principal -intento, que es la crianza y doctrina de mis hijos, en que consiste -salir industriados en virtud, valor, estimacion y cortesía, que son -cosas que han de resplandecer en los hombres nobles y principales. -Acerca de la materia de criar los hijos, hay tantas cosas que -advertir, y tantas que observar, que aun de los propios padres que los -engendraron, no se puede muchas veces confirmar la doctrina que ellos -han menester; porque las costumbres corrompidas ó mal arraigadas en el -principio de los padres, destruyen los sucesores de las casas nobles y -ordinarias. Si los antecesores saben los hijos que fueron cazadores, -los hijos quieren serlo; si fueron valientes, hacen lo mismo; si se -dejaron llevar de algun vicio que los hijos lo sepan, siguen el mismo -camino; y para corregir y enmendar vicios heredados de sus mayores, -casi es menester, y aun necesario, que no conozcan á los padres, que -seria lo más acertado sepultar las memorias de algunos linages, que -por ellos se van imitando lo que oyeron decir de sus mayores, que -más valiera que no lo oyeran para que no lo imitaran. Y de aquí nace -que suban unos en virtud y merecimientos, no habiendo á quien imitar -en su linage por la educacion valerosa que se imprimió en los verdes -años, y otros bajen al mismo centro de la flaqueza y miseria humana, -degenerando de la virtud heredada, ó por la imitacion adulterada de -los ascendientes, ó por la depravada doctrina, impresa y sembrada en -los tiernos años, que es tan poderosa, que de una yerba tan humilde -como la achicoria, se viene por la crianza á hacer una hortaliza tan -escelente como la escarola, y de un ciprés tan eminente y alto, por -sembrarlo ó plantarlo en una maceta ó tiesto, se hace un arbolito enano -y miserable, por no haberlo ayudado con buena educacion. - -Si á los animales de su naturaleza bravos, nacidos en incultos montes -y breñas, como son javalíes, lobos y otros semejantes, los crian y -regalan entre gentes, vienen á ser mansos y comunicables; y si á los -domésticos los dejan con libertad irse á los montes y criarse sin ver -gente, vienen á ser tan feroces como las mismas naturales fieras. En -tiempo del potentísimo Rey Felipe III anduvo una loba en los patios -de los Consejos, y jugaban los pajes con ella; y si le hacian mal, se -amparaba con llegarse á las piernas de un hombre. Yo la ví echarse á -los piés de las criaturas, y porque no la tuviesen miedo, se arrojaba -á sus piés. Y en tiempo del prudentísimo Felipe II en Gibraltar, se -fué un lechon al monte, que está sobre la ciudad, y vino á ser tan -fiero dentro de cuatro ó cinco años que anduvo libre en el monte, -que á cuantos perros le echaban para matarle los destripaba: que es -tan poderosa crianza que hace de lo malo bueno, y de lo bueno mejor: -de lo inculto y montaraz, urbano y manso; y por el contrario, de lo -tratable y sujeto, intratable y feroz. Bien sé, dijo el hidalgo, que -es importantísimo el cuidado de criar bien los hijos, porque de ahí -viene la vida y honra suya, y la quietud y descanso de sus padres, que -como han de conservar en ellos su mismo sér y especie, al paso que los -aman, desean su proceder y término, y la imitacion de sus progenitores. -Sabemos que dijo aquel Rey de Macedonia, que tenia por tan gran merced -del cielo haber nacido su hijo en tiempo de Aristóteles, para que fuese -su maestro, como tener quien le sucediese en el Reino. De tal suerte, -dije yo, han de ser los maestros ó ayos, que con la aprobacion de su -vida y costumbres enseñen más que con los preceptos morales, llenos -de supérflua vanidad; que muchas veces enseña más el maestro por -acreditarse á sí, y por mostrar jactancia, que por mostrar virtud, y -fundamentar el discípulo en valor, bondad y humildad: la doctrina llena -de este deseo santo á acertar el camino de la verdad, al buen natural -perfecciona, y á la mala inclinacion corrige. Al hijo del caballero -hánsele de enseñar con las letras juntamente virtudes, que refieran -aquellas del orígen que trae la antigüedad de sus pasados, humildad -con valor, y estimacion sin desvanecimiento, cortesía con el superior, -amistad con el igual, llaneza y bondad con el inferior, grandeza -de ánimo para las cosas árduas y difíciles de cometer, desprecio -voluntario de las que no pueden aumentar sus merecimientos. La zorra -un tiempo puso escuela de enseñar á cazar, y como el lobo se hallaba -viejo, y sin presas, rogóle que le enseñase un hijo, que le parecia que -habia de ser valeroso para mantenerlo á él y á su madre en su vejez; -la zorra hallando en que vengarse de los agravios que el lobo le habia -hecho, con mucha presteza y buen gusto recibió el pupilo. Lo primero -que hizo, fué apartarle de sus atrevidas inclinaciones, que eran de -acometer á reses grandes, y enseñarle las raposerías que ella solia -usar por su natural instinto; y dióse tan buena maña, que en menos -de un año el lobillo salió grandísimo cazador de gallinas. Envióselo -al padre por muy hábil y diestro en el oficio: holgóse el padre y la -madre pensando que tenian un hijo que habia de asolar la campiña de -ganado. Enviáronle á buscar la vida para matar la hambre que habian -padecido; y habiendo tardado dia y medio volvió con una gallina, y -muchos mordiscones y palos que le habian dado. Viendo el lobo la mala -doctrina que habia aprendido, dijo: Al fin nadie puede enseñar lo que -no sabe. Dejéme engañar de la zorra, por no trabajar con mi hijo, -porque la poltronería hace buen rostro á la mentira, y háme salido á -los ojos, lo que no miré con los de la consideracion. Hijo, andad acá, -y mostrándole unas ternerillas cerca de un cortijo, le dijo: Aquella es -la caza que habeis de aprender y cazar. Apenas acabó de mostrárselas, -cuando inconsideradamente cerró con ellas, porque las madres, que ya -los habian olido, en un momento pusieron los hijos en medio, y todas -puestas en muela, hicieron trincheras de sus cuernos, y el pobre -lobillo, que pensó llevar presa, quedó preso, porque le recibieron con -las picas ó picos de su herramienta, y lo echaron tan alto, que cuando -cayó, no fué para levantarse más: el padre que con su ancianidad no -pudo vengar la muerte de su hijo, se volvió á su guarida, diciendo: La -mala doctrina no tiene medicina: costumbres de mal maestro sacan hijo -siniestro. De aquí quedaron los ódios para siempre confirmados entre -la zorra y el lobo; y así ella no va á buscar la vida sino adonde el -lobo no se atreve, que es á las poblaciones, porque allí no pueden -encontrarse. Mucho gustára, dijo el hidalgo, ya que habeis traido tan á -propósito el cuento, que alargásemos un poco más la materia, para que -averigüemos cómo se podria elegir el maestro, que ha de ser el guion -del cuerpo y alma del hijo ajeno, que ha de criar con más cuidado que -si fuera suyo, y enseñarle para conseguir el verdadero camino, que le -guie á la perfeccion de caballero cristiano, que de caballero solamente -ya tenemos entendido el modo que todos siguen. Este modo de caballero, -dije yo, está muy cargado de obligaciones, por la significacion que -trae consigo, de que podrá ser tratar despues, si el tiempo nos diere -lugar; porque ni la materia quiere brevedad, ni yo tengo espacio para -ser largo; y alargando la que tenemos comenzada, digo, que la primera -y principal parte que ha de tener el que ha de ser maestro de algun -Príncipe, ó gran caballero, es que tenga experiencia, con madurez -de edad, que por lo menos tenga los aceros de la juventud gastados: -edad en que con dificultad puede ser sabio y prudente un hombre, por -faltar el tiempo que nos hace previstos y recatados. Mas si fuere -mozo, sea tal, que le alaben los viejos experimentados en ciencia y -bondad, aunque la mocedad es tan sujeta á variedades, impaciencias, -furores y otros inconvenientes arrebatados, que si no es con mucho -valor y entereza de virtud experimentada y conocida, tendria por mejor -elegir para maestro un viejo cansado del mundo, y con buena opinion, -que á un mozo que va entrando en él, y con buenas esperanzas, que al -fin se tiene la seguridad que basta, y de este la confianza que puede -mudarse. Ha de ser el maestro lleno de mansedumbre, con gravedad, -para que juntamente le amen y estimen, y haga el mismo efecto en -el discípulo, no perdiéndole un punto de su vista: si no fuere los -ratos diputados para el gusto de sus padres, ó cuando el niño le -tuviere con sus iguales: y en el entretenimiento se halle presente el -maestro, alentándole y mostrándole el modo con que se ha de haber en -el pasatiempo, no haciendo lo que yo ví hacer á un pedante, maestro -de un gran caballero, niño de muy gallardo entendimiento, hijo de un -gran Príncipe, que habiendo concertado con otros sus iguales en edad -y calidad un juego de gallos, dia de carnestolendas, salió tambien el -bárbaro pedante con su capisayo ó armas de guadamacil sobre la sotana, -con más barbas que Esculapio, diciendo á los niños: _Destrorsum heus -sinistrorsum_, y desenvainando su alfange de aro de cedazo, descolorido -todo el rostro, iba con tanta furia contra el gallo, como si fuera -contra Morato Arraez, diciendo á grandes voces: _Non te peto, piscem -peto, cur me fugis, galle?_ de la cual pedantería él quedó muy ufano y -contento, y los que le oyeron llenos de risa y burla. Yo me llegué, y -le dije: Mire, señor Licenciado, que por tener poca memoria los gallos -se les olvida el latin. Él respondió muy de presto: _Numquam dicerunt, -nisi rocantes excitare._ Este con mil impertinentes bachillerías, -llenas de ignorancias gramaticales, dejó al caballero estragado su buen -natural: diéronle otro maestro cuerdo, poco ó nada hablador, modesto y -de buena compostura, y en pocos dias enmendó los borrones que el otro -le habia enseñado, y con muchas reglas mal sabidas, y peor enseñadas, -y á veces repetidas le habia estragado, y este otro con pocas y muy -calladas lo reparó. Parecieron á dos hermanos, el uno muy colérico, y -el otro muy reposado y lleno de santimonia, que ganaban la vida con un -pollino: el colérico le daba mil voces y palos, y el jumento no por eso -hacia más movimiento que antes. El reposado no le decia más que: Arre, -válgate Jesus, y hincábale un aguijon de un geme por las ancas, con que -le hacia volar. La modestia del maestro, y las otras partes buenas, -se imprimen, y son como espejo en que se mira el discípulo, y la -imprudencia y poco valor es causa de menosprecio para con el maestro, -y de incapaz para con los demás: y así, lo que habia de ser doctrina -viene á ser pasatiempo, y si se pasa no puede cobrarle, y en este poco -se le puede enseñar con brevedad la lengua latina, sin cargarle de -preceptos que los mismos maestros, ó no los saben, ó los han olvidado, -de suerte, que en sabiendo declinar y conjugar, les lean libros -importantes, así para la lengua latina, como para las costumbres, y -todo lo demás tengo por tiempo mal gastado; porque las diferencias ó -propiedades de nombres y verbos se pueden declarar en los libros que -se fueren leyendo, sin hacer lo que los cirujanos, que detienen la -cura porque dura la ganancia: que en esto realmente son culpados los -maestros de lenguas que se aprenden por las reglas, porque faltaron -los que las hablan: porque las ordinarias fácilmente se aprenden con -oirlas á los que las hablan, y los que las aprenden para saberlas y no -para enseñarlas, con que entiendan el libro que les leyeren, sabrán -más que sus maestros: y volviendo al ejemplo de la zorra, sea el -maestro de buen nacimiento ó crianza, templado, vergonzoso, verdadero, -secreto, humilde, con valor, callado, no lisonjero, ni hablador, que -como dicho tengo, enseñe más con la vida y costumbres que con las -palabras, ó á lo menos que se parezca lo uno á lo otro, para que no -le abata al discípulo los pensamientos bien heredados á presas mal -arraigadas, por la ignorante doctrina, que la virtud ha de crecer con -el discípulo, de manera, que con enseñarle modestia, no le enseñan -encogimiento que le desjarrete el valor del ánimo con que nació. La -educacion de los caballeros ha de ser como la de los halcones, que -el halcon que se cria encerrado no sale con aquella fineza y aliento -con que sale el que se cria donde le dé el aire, como le criaban sus -padres. Háse de criar el halcon en lugar alto, en donde gozando de la -pureza del aire, pueda ver las aves, á quien despues se ha de abatir. -El que se cria encerrado, fuera de ser más tardío en el oficio para -que le crian, no sale con aquel corage y determinacion que el otro -que se crió al aire. Así el caballero que se ha de criar para imitar -la grandeza de sus progenitores (aunque se crie lleno de virtud y -modestia), aquel recogimiento no ha de ser encogimiento de ánimo, -sino, como arriba dije, ha de tener valor con humildad; estimacion -sin desvanecimiento; cortesía y circunspeccion en todos sus actos; de -suerte, que no le falte cosa para cabal señor; que eso quiere decir -caballero, compuesto de esta voz, _cabal_ y _hero_, que en latin -quiere decir, señor. Así, que caballero es cabal hero, ó cabal señor, -que no le falta cosa para serlo, y digan otros lo que quisieren, que -la filosofía cristiana nos da lugar y licencia para dar sentido que -tenga olor de virtud. Mucha satisfaccion y gusto, dijo el hidalgo, he -recibido con el buen discurso que habeis hecho: satisfaccion en la -doctrina, que realmente va encaminada á la verdad cristiana, y gusto -de las ignorancias de aquel pedante. Mas cuanto á la derivacion de -caballero, es muy sabido que se dice de caballo, porque sustentan -caballo, y andan á caballo, y pelean á caballo. Si por esa razon -fuera, dije yo, tambien se llamara caballero el playero ó arriero que -trae caballos de la mar, y tambien se dice el que va en un jumento ó -acémila, que va caballero, que realmente no es caballo, y parece que en -esa opinion es impropio. Tambien, dijo el hidalgo, llamaron _eques_ al -caballero, de esta palabra _equus_, que quiere decir caballo. Tampoco, -dije yo, concedo lo uno como lo otro; porque los Romanos siempre dieron -los nombres á las cosas, que significasen la misma obra para que las -criaban. Como á los cónsules les dieron este nombre de Cónsulo, que -quiere decir aconsejar, y mirar por el bien de la República. Y así al -caballero, no creo que le dieron el nombre de _eques_ por caballo, -sino de _aequus_, _aequua_, _aequum_, por cosa igual, cabal y justa, -como tiene obligacion de serlo quien ha de ser cabeza y modelo de las -costumbres que han de imitar los miembros inferiores de la República, -aunque realmente se van deslizando algunos de sus obligaciones, quizá -entendiendo que el caballero quiere decir alcabalero de los mercaderes, -sacándolo de su propia significacion, y de la entereza y firmeza que -ha de guardar en todas sus acciones, que por eso al baluarte le llaman -caballero, porque ha de estar siempre firme, é inmutable á la fuerza -de los contrarios, y al ímpetu de la artillería, como el caballero lo -ha de estar á resistir las injusticias y agravios que se hacen á los -inferiores y oprimidos, y haciendo al contrario van contra su calidad, -y contra las obligaciones que heredaron de sus pasados. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO VIII. - - -Toda esta plática ó conversacion pasó estando este hidalgo y yo echados -de pechos sobre el guardalado de la puente Segoviana, mirando hácia -la Casa de Campo, por donde vimos asomar un buen atajo de vacas que -nos interrumpió la conversacion, y viéndolas, le dije: Aquellas vacas -han de pasar por esta puente más apiñadas y más apriesa que vienen -por aquella parte, por eso no aguardemos aquí el ímpetu con que han -de pasar. No temais, dijo el hidalgo, que os guardaré á vos, y á mí. -Guárdese á sí, le dije yo, que á mí aquella pared que baja de la puente -al rio me guardará, porque yo no me entiendo con gente que no habla, -ni sé reñir con quien trae armas dobles en la frente. Fuera de lo que -dicen: Dios me libre de bellacos en cuadrilla. Háse de reñir con uno -que si le digo teneos allá me entienda; reñir con un animal bruto es -dar ocasion que se ria quien lo mira, y cuando salga bien de ello, no -he hecho nada. No se ha de poner un hombre en peligro que no le importa -mucho; defenderse del peligro, es de hombres, y ponerse en él es de -brutos. El temor es guarda de la vida, y la temeridad es correo de la -muerte. ¿Qué honra ó provecho se puede sacar de matar un buey, cuando -se haga por ventura, sino tener que pagar á su dueño? Si yo puedo estar -seguro, ¿por qué tengo de poner mi seguridad en peligro? Con todo esto -que yo dije, él se quedó haciendo piernas, y yo con las mias me puse lo -más presto que pude detrás de la esquina. Venia por la puente delante -una mula con dos cueros de vino de San Martin, y un negro atasajado en -medio de ellos, y aunque venia un poco apriesa delante de los bueyes, -con el ímpetu que venian, por la priesa que los vaqueros le dieron, -cogieron á la mula en medio al tiempo que llegaron á emparejar con mi -negro hidalgo; la mula era maliciosa, y como se vió cercada de cuernos, -comenzó á tirar puñadas y coces, de manera que arrojó al negro y á los -dos cueros encima de la herramienta de un novillejo harto alegre, y -que comenzando á usar de sus armas, arrojó el un cuero por la puente -al rio en medio de muchas lavanderas. El hidalgo, por librar al negro, -y defenderse á sí, puso mano á su espada, y afirmándose contra el -novillo le tiró una estocada uñas abajo, con que hizo al otro cuero dos -claraboyas que alegraron harto á la gente lacayuna; pero no fué tan -de valde, que no le trujese por delante, asido por las cuchilladas de -las calzas, que de puro manidas, no pudiendo resistir á la violencia -de los cuernos, se rindieron, y él quedó arrimado al guardalado de la -puente, con algunos chichoncillos en la cabeza, diciendo: Si trujera -las nuevas, buen lance habia hecho. En pasando la manada, que fué en -un instante, acudieron los gentiles hombres guiones de la gente de á -caballo, y acometiendo por los orificios de los ijares al cuerpo sin -aliento, en un instante le dejaron sin gota de sangre. - -[Ilustración: ... _y afirmándose contra el novillo le tiró una estocada -uñas abajo con que hizo al otro cuero dos claraboyas_.] - -Las lavanderas acudieron al que habia caido en el rio, cada una con su -jarrillo, que llevando uno en las tripas y otro en la mano, le dejaron -la boca al aire, y el señor cuero callar; al negro medio deslomado le -pusieron sobre la mula, no sé lo que fué de él. Yo acudí á mi hidalgo, -no á darle en cara el no haber seguido mi consejo, sino á limpiarle y -consolarle, diciendo, que lo habia hecho muy como valiente hidalgo: que -es yerro al afligido y corrido reprehenderle lo que no tiene remedio: -con la reciente pesadumbre á nadie se ha de decir: bien os decia yo; -que en el daño hecho es mala la correccion temprana: al que está -compungido de su daño, no se ha de dar en cara lo que dejó de hacer, -que él se tiene consigo la penitencia de su yerro; y en semejantes -sucesos el empacho y vergüenza son castigos de la confianza. Él se -puso muy hueco del consuelo que yo le dí en alabarle de su disparate, -aunque se le echó de ver la confusion que tenia en el rostro. Con -todo eso me agradeció lo que le dije, y para alegrarlo le mostré -el estrago que los lacayos hacian en el cuero, y la alegría de las -lavanderas, que le echaban mil bendiciones al novillo, rogando á Dios -que cada dia sucediese lo mismo. Y en habiendo ellos y ellas concluido -con dejar los pellejos sin alma, se tornaron á su costumbre antigua. -Los lacayos á decir mal de sus amos y del gobierno de la República, -y las lavanderas á murmurar de doncellas y religiosos. ¡Lastimosa -cosa, que pasando toda la vida en pobreza, trabajo y miseria, con que -pueden ganar á Dios la voluntad, vengan á hallar alivio y descanso -en los brazos de la murmuracion! Que es tan poco humilde nuestra -naturaleza, que ordinariamente la pobreza se rinde á la envidia, como -si el arrepentimiento de las partes suspendiese de sola la diligencia -humana, sin órden de la voluntad divina, y que se aborrezca por cosa -infame, lo que tanto amó el Autor de la vida. Los pobres son -piadosos para otros pobres; pero no para los ricos, y si considerasen -con los ojos del alma, cuánto más cargados de obligaciones y cuidados -están los ricos que los pobres, sin duda no trocarian su suerte por la -del rico; que al rico todos procuran derribarle, y al pobre nadie le -tiene envidia: y con todo eso su mayor consuelo es murmurar del que ven -acrecentado ó en mejor estado que el suyo; pero dejemos ahora á los -lacayos gobernar el mundo, y á las lavanderas aniquilar y deshacer lo -mejor que hay en él. El hidalgo, aunque algo desabrido del suceso, con -grandes veras me comenzó á persuadir que fuese con él, yo á considerar -si me estaba bien; porque cuanto á lo primero yo echaba de ver que -el andar vagamundo y ocioso era cosa perniciosa para conservar la -reputacion y sustentar la vida, que aunque es así que la ocupacion -cansa el cuerpo, y la ociosidad fatiga el espíritu, y el que trabaja -piensa en lo que hace de bien, y el ocioso en lo que puede hacer de -mal; gracia del cielo es menester para que el ocioso se ocupe en cosas -de virtud, y mucha fuerza de mala inclinacion, para que el ocupado se -ejercite en el vicio. Muchas veces oí decir al Doctor Cetina, gran -juez, que aborrecia las ocupaciones de su oficio, por no saber faltas -agenas, y por otra parte las deseaba por no estar ocioso. Cuanto á -lo segundo, consideraba que no era cordura salir de Madrid, á donde -todo sobra, por ir á una aldea, donde todo falta; que en las grandes -Repúblicas el que es conocido, aunque anochezca sin dineros, sabe que -el dia siguiente no ha de morir de hambre. En los pueblos pequeños en -faltando lo propio, no hay esperanza de lo ageno: el perro que no es -de muchas bodas siempre anda flaco. Si el conejo tiene dos puertas -en su vivar, puede salvarse; pero si no tiene más de una, luego es -cazado. El hombre que no sabe nadar, en un charco se ahoga; pero el -que sabe entrar y salir en la mar, no se anega. Lo tercero, veia tan -inclinado al buen hidalgo á llevarme consigo; y á mí tan agradecido á -quien me quiere bien, que no sabia negárselo, que el agradecer el amor -y las buenas obras es de pechos nobles, y la ingratitud de tiranos: el -que no agradece no merece tener amigos: nada tienen los hombres que -no sea recibido, y así desde nuestro nacimiento habemos de comenzar -á agradecer. Tras de todo esto consideré mi estado, y la obligacion -natural que tengo á mí propio. El buen hidalgo era no muy rico, y de -sus acciones descubria estrecheza de corazon; no parecia liberal; -pobreza y miseria en un sugeto, aunque son para en uno, no quiero que -sean para mí; yo naturalmente soy enemigo de la escasez, y aun creo -que la misma naturaleza le aborrece, siendo como es pródiga en dar; y -á este hidalgo se le echaba de ver, que no era escaso por pobre, sino -por inclinacion: pero con todo eso me aventuré á no negarle lo que -me pedia. Fuíme con él á casa de cierto título, con quien profesaba -parentesco ó amistad; porque él tenia necesidad de algun regalo, por -las burlas que le habian pasado con el novillo, y en entrando dijo á un -despensero de la casa que me regalase: él entendió sin duda que no me -regalase, y así lo hizo; de manera, que de pura dieta casi se me vino -á juntar el pecho con el espinazo. Era ya tarde, y mostróme el dicho -despensero un tinelo donde comian los criados más importantes de la -casa, como son gentiles-hombres y pajes. Llegóse la hora de cenar, y el -tinelo estaba más escuro que la última cubierta del navío. Entró cierto -galancete, aunque no alto de cuerpo, de razonable talle, trigueño de -rostro, ceja arqueada, casi de hechura de mariposa de seda, buena -espedicion de lengua, pocos conceptos y muchas palabras, más lleno -de hambre que de hidalguía: y como vió tan lóbrego el aposento, dijo: -Ola, trae aquí velas. Vino un pícaro, con más andrajos que un molino de -papel, con un cabo de vela portuguesa, é hincóla en un agujero de la -misma mesa tinelar, que si no tuviera nudo la madera, la hincara en la -pared. Pusieron en ella unos manteles desvirados, que parecian delantal -de zurrador. Sacó aquel galan una servilleta de la faltriquera, no -más limpia, pero más agujereada que cubierta de salvadera, y por gran -cosa dijo: Más há de veinte años que la tengo conmigo, lo uno por no -ensuciarme con estos manteles; lo otro, porque me la dió cierta señora, -que no quiero decir más. Pusiéronles á cada uno un rábano, cuyas hojas -fueron la ensalada, y el rábano el sello estomatical. Yo les dije que -estaban seguros de la fatigosa pasion de orina, así por el uso de las -hojas, como por la templanza en la comida, que no les dieron á cenar, -sino unos bofes salpimentados con hollin y salpimiento. Respondió aquel -entonadillo: Siempre en casa de mis padres oí alabar esta virtud de la -templanza, y por haberme criado con ella, soy templado en todas mis -acciones. Si no es en hablar, dijo otro gentil-hombre. Prosiguió, que -los hidalgos tan honrados y bien nacidos como yo, no se han de enseñar -á ser glotones, que no saben en lo que se han de ver, en paz ó en -guerra. - -No se halla que mi padre comiese más de una vez al dia, y con mucha -templanza, (si no era cuando le convidaba el Duque de Alva, grande -amigo suyo, que entonces comia más que cuantos habia en la mesa), era -muy gran cortesano, tan discreto y decidor, que entretenia solo á una -sala de gente, pero con todo eso nos dejó muy pobres. No me espanto de -esto, dije yo, que el caudal eran palabras y la resulta sería viento: -que cuando el hablar no se acompaña con el hacer, como se queda en la -primera parte, nunca se ve el fruto de la segunda. La dulzura y gracia -de la lengua satisface tanto á su dueño, que todo se va en vanagloria -para sí, y detraccion para los demás. Y en resolucion, la lengua es -la más cierta señal de lo interior del alma, que la mucha locuacidad -no deja cosa en ella que no eche fuera. Á todo esto, yo esperaba mi -cena, que segun se tardaba, me parecia que servia ya en palacio. Asomó -mi despensero con un platillo de mondongo, más frio que las gracias -de Mari Ángela. Tomélo y despedacélo, que no habia con qué cortarlo; -y al olor que subió de tripa mal lavada, dijo aquel hablador: En -viendo este género de comida, siento un olor ambarino que me consuela -el alma, porque lo comíamos siempre en mi aldea hecho con las manos -de una hermana mia, que si no fuera por unos cabellos más rubios que -el oro, que se le caian encima, lo podia comer un ermitaño. Á mí me -olió de manera, que deseaba que el pícaro me lo quitára de delante, -y convidéle á aquel hidalgo con él, diciendo que habia cenado; él lo -probó y aprobó, y alabando el picante de la pimienta y cebolla, y la -limpieza de las manos que lo habian hecho, se acabó junto con el cabo -de vela. Comenzó este á decir: Pícaro, trae aquí velas. ¿Cuáles velas? -preguntó el pícaro, váyase á pasear, y deje las velas. Á fé de hidalgo, -dijo aquel gentil-hombre, que os tengo de hacer quitar la racion. Eso -fuera, dijo el pícaro, si me la hubieran dado, pero la que no se ha -dado, mal se puede quitar; que como sabe, há más de cuatro meses que no -se da racion en esta casa. Oh villano, dijo el otro, deshonra buenos; -¿y tal has de decir? Los mal nacidos como éste infaman las casas de -los señores, que no saben tener paciencia ni sufrir un mal dia; luego -echan las faltas en la cara; no se contentan con el respeto que les -tienen por servir á quien sirven; mal calláredes vos lo que yo he -callado, y sufriérades lo que yo he sufrido, y hubiérades hecho lo que -yo he hecho, supliendo sus faltas, gastando mi hacienda, prestando mi -dinero, y diciendo muchas mentiras por disculpar sus descuidos. Los -bien nacidos tienen consideracion á las muchas obligaciones de los -señores: si hoy no tienen, mañana les sobra y pagan junto lo que no -dan por menudo. Señor, dijo el pícaro, yo no tengo las inteligencias -que vuesa merced que se va á las casas de juego. Atajóle de presto -el gentil-hombre, diciendo: Es verdad que yo juego de ordinario, que -aún no há más de esta tarde, que gané dinero y ciertas joyuelas y una -cadenilla de oro. ¿Pues cómo no tiene para velas? dijo el pícaro. -Porque dí, respondió, todo el dinero de barato. No es mucho, dijo el -pícaro, si es verdad esto, que de cuantas veces lo recibe le dé una. -¿Yo, pícaro? dijo el mozalvillo. Como su padre, respondió el pícaro. -Mi padre, dijo el galan, tomábalo, porque se lo daban y lo merecia. -Y vuesa merced, dijo el pícaro, porque lo pide y no lo merece. Á -toda esta pendencia, y otra que se habia trabado entre dos pajes, -sobre la antigüedad del asiento, estaba á oscuras el lóbrego tinelo, -y yo espantado dije al mozuelo que callase y tuviese respeto, que -á los que tienen oficio superior en casa de los señores, no se les -habian de atrever de aquella manera. Déjelo vuesa merced, dijo otro -gentil-hombre, que si el pícaro habla, por todos habla: que si jugando -sentencia una causa que no sea en su favor, luego dice que lo hace -porque le den barato. Fuera de ser el que nos ponga á todos en mal -con el señor, congraciador general, y celebrador y reidor de lo que -el señor dice, arcaduz de la oreja, manantial de chismes, estafeta de -lo que no pasa en todo el mundo. Si dice algo, él lo celebra y quiere -que se lo celebren todos: si otro dice ó hace algo bueno, lo procura -derribar y deshacer; si malo, á pura risa lo persigue, y si alguno le -parece que se le va entrando al señor en la voluntad, por mil caminos -le descompone. Estas y otras muchas cosas le dije yo de mi persona -á la suya con cinco palmos de espada. Cuando yo esperaba una grande -pendencia, el habladorcillo dió una carcajada de risa, con que el otro -se indignó mucho más, y dijo: ¿Luego no es verdad lo que digo? Y el -otro con una risa falsa le dijo: Eso y mucho más es verdad: y vuesa -merced sabe poco de palacio, que aquí el doblez y la ficcion están en -su lugar: no hay verdad, sino lisonja y mentira, y el que no la trata -no puede valer en palacio. Desde que nací me crié en él, y aunque mi -padre me avisaba de esto mismo, nunca le ví medrar, sino cuando decia -mal de algun ausente, que como sea dicho con donaire, como él lo decia, -alegra el ánimo, endulza el oido, atrae la voluntad, y saca risa de los -pechos melancólicos. Y llevárase el diablo, dije yo, á quien lo dice, -y á quien escucha, y á quien incita á que se diga, y á quien tiene -tan ruin opinion, y á quien lo consiente, pudiéndolo estorbar que no -se diga. Y querer nadie hacer ley de su mala condicion y costumbre en -las cosas de palacio, es yerro notable y digno de castigo, que todos -estos son actos que tienen su principal descendencia y orígen de la -antiquísima casa de la envidia. Pasion infame, engendrada en pechos -que piensan que el bien ajeno ha de redundar en daño suyo, desnudos -de partes y merecimientos, la cual envidia es la más perniciosa de -todas; porque como tiene su fundamento en un pesar del bien ajeno, -todo el tiempo que dura en aquel la prosperidad, dura en este la -malicia, y sin tasa ni eleccion, porque el mismo en quien se halla -tan abominable inclinacion, en todo se opone: al menor, porque no se -iguale, y al igual, porque no le deje atrás, y al mayor, porque no -le sujete. ¡Qué templado está á lo viejo! dijo el hablador. ¡Y qué -destemplado está él á lo moderno! dije yo. Y prosiguió diciendo: ¿Entre -los religiosos y religiosas, puede negarme que no son muy ordinarias -las envidias sobre las elecciones de superiores, y oficios? Cuando -las haya, que pocas veces las hay, dije yo, al fin son sobre cosas -honradas, de mucha calidad é importancia para su Religion, y cada -uno sigue el bando que más le parece conveniente para cosas de tanta -substancia: pero en palacio, ¿sobre qué es la envidia, sino sobre -unas calzas viejas que desechó el señor por más que viejas? ¿ó sobre -hacerse secretario de lo que es público en la boca de todos? Pues -quiero que entiendan los habladores y zizañeros de palacio, que ya -con su argentería falsa pueden traer enlabiado al señor, en tanto que -por la tierna edad se deja llevar de congraciadores, que al fin son -descendientes de sangres alimentadas con virtud y valor de ánimo, y -han de caer en la cuenta mejor que en el yerro, y conocer lo que es -bien y mal, y premiarlo conforme á la intencion con que ha corrido. -Preguntó aquel gentil-hombre: ¿Pues no ha de tener el Príncipe criados, -que por la reputacion del señor sepan cumplir de palabra con los -mercaderes, y entretener los acreedores á quien deben? Eso, dije yo, -es lo que menos importa á los señores, porque los tales criados no -mienten por entretener las trampas de los señores, sino por dilatar -las que ellos hicieron á vueltas de ellos. Mas pregunto, ¿es forzoso -que por estar un hombre ocioso y vicioso, ha de servir toda la vida, -sujeto á las costumbres envejecidas de los que no pretenden más de -vivir y morir, y por levantarse tarde y ejercitar la poltronería, han -de estar todo el dia arrimados á la pared, como ánima de jiganton en -puerta de taberna? Bien sé que no han de ser todos soldados, ni todos -estudiantes, oficiales y sacerdotes, que servirse tienen las gentes -de las gentes y los Príncipes de los hombres que sean hombres, que no -profesan la adulacion por comer y holgar. Estudien, lean, aprendan algo -de virtud, que no ha de ser todo congraciarse con el señor, derribando -al uno, desacreditando al otro, y amenazando á aquél, y enfadando á -todos. Sobre cosas que no tienen más calidad, ni cantidad, que comer -y pasearse, y á la vejez contar historias, que ni las vieron, ni las -leyeron, ni aun quizá las oyeron, que la necesidad los hace inventores. -Ya se me iba desatando el frenillo contra la vida de palacio, como -el estómago estaba desocupado y las partes orgánicas obraban más -desenvueltamente, cuando entraron achas encendidas, alumbrando toda -la casa, que sirvió la visita de que por una saetía entrase la luz á -la mesa de los doce pages, y acudiendo cada uno á sus obligaciones, -quedé tan solo, que pude desamparar las mias en el tinelo, y deslicéme -lo más calladamente que pude sin despedirme de nadie, ni hablar -palabra, volviendo de cuando en cuando el rostro atrás, por ver si me -seguian por la cosa que habia hecho en el regalo mondonguil, que no -comí, ni comiera, y en verme libre de aquel carnero de huesos mondos, -entendí que me habia escapado de alguna mazmorra de Argel. Fuíme á mi -posadilla, que aunque pequeña, me hallé con una docena de amigos que -me restituyeron mi libertad, que los libros hacen libre á quien los -quiere bien. Con ellos me consolé de la prision que se me aparejaba, y -satisfice el hambre con un pedazo de pan conservado en una servilleta, -y á la dieta con un capítulo que encontré en alabanza del ayuno. ¡Oh -libros, fieles consejeros, amigos sin adulacion, despertadores del -entendimiento, maestros del alma, gobernadores del cuerpo, guiones para -bien vivir, y centinelas para bien morir! ¿Cuántos hombres de obscuro -suelo habeis levantado á las cumbres más altas del mundo? ¿Y cuántos -habeis subido hasta las sillas del cielo? ¡Oh libros, consuelo de mi -alma, alivio de mis trabajos, en vuestra santa doctrina me encomiendo! -Reposé aquella noche muy poco, porque como el sueño, que se dió para -descanso del cuerpo, se hace de vapores cálidos y húmedos que suben del -estómago, y manjar al cerebro, y yo estaba casi en ayunas, fué tan poco -mi sueño, que á las seis de la mañana estaba ya vestido. Santigüéme, y -encomendándome al Autor de la vida, fuíme á un humilladero del bendito -Ángel de la Guarda, que está de la otra parte de la puente Segoviana. -El dia amaneció claro, y el sol grande, y de color amarillazo. Fuera -de esto en un rebaño de ovejas que encontré cerca de la puente ví que -los carneros se topaban unos con otros, y de cuando en cuando alzaban -los ojos al cielo; eché de ver la tempestad que amenazaba al dia y díme -prisa para volver pronto. Fuí á rezar, y en acabando llegó el ermitaño -á mí, que me pareció ser hombre de buen discurso, y me dijo: No hará -tan buen dia como hizo el del bienaventurado San Isidro, si se halló -vuesa merced aquí. Sí me hallé, dije yo, y he conocido las mismas -señales del mal tiempo, por donde este dia no se parecerá al otro. -Cierto, dijo el ermitaño, que miré desde este alto, y se me representó -con la mucha cantidad que habia de coches y carros, una hermosa flota -de navíos de alto bordo, que me trujo á la memoria algunas que he -visto en España y fuera de ella. En el mismo concepto, dije yo, estuve -aquel dia que venia con un poco de gota, con el espacio y remanso que -requiere tal enfermedad, y me acordé de la armada de Santander, que tan -hermosa apariencia tuvo, y tan mal se logró. Llegando al medio de la -puente me llamaron para subir en un coche dos caballeros del hábito -eclesiástico, de muy gallardos entendimientos, acompañados de prudencia -y bondad. Subí, y apenas estuve en el coche, cuando se alborotaron los -caballos por una superchería que usó un hombre de á caballo con un -hidalgo de á pié, de muy buena suerte, sobre haber sido estorbo para no -hablar á su comodidad con una cuadrilla de cien mujeres que ocupaban -un coche ageno, que en cogiéndole prestado cabe dentro todo un linage -y toda una vecindad. Alborotada la flota carrozal, llegóse cerca de -nosotros el autor de la pesadumbre, muy ufano de lo que habia hecho. -Díjole uno de aquellos dos caballeros, Bernardo de Oviedo: Si fuera -lícito á los hombres hacer todo lo que pueden, no se fuera vuesa merced -riendo de la sinrazon que ha hecho. Respondió el otro: Vuesa merced no -debe de saber qué cosa es ser enamorado. Á lo menos, dijo Bernardo, -sé que el amor no enseña á hacer cosas ruines. Pasó acaso por allí el -Maestro Franco con su mula, y dijo el agresor: No se desconsuele vuesa -merced, que por lo menos ha granjeado la voluntad de doce mujeres, que -con esa hazaña y doce pasteles de costa, irán á decir que vuesa merced -es un Alejandro y un Scipion. ¿Huélganse conmigo, dijo el valiente? -Pues vive Dios que si no fueran clérigos habia de pasar el negocio -adelante. Pues por eso, dijo el Maestro Franco, lo hizo Dios mejor, que -sin quedar vuesa merced descomulgado nos ha dado harta materia para -reir. - -Á todo esto estaba muy colérico cierto gentil hombre que iba allí, de -buena conversacion y poca substancia, y dijo: ¿Es posible que ha tenido -aquel hidalgo paciencia para no vengarse de su agravio, aunque le -hicieran pedazos? ¿De cuál agravio? dijo Bernardo. Él anduvo muy bien -en no hacer diligencia donde no habia de aprovechar, y los agravios -que no caen sobre materia, no tocan á la honra, ni aun á la ropa, si -bien perturban el ánimo. Jugando suelen decir mil disparates los que -pierden, como decir: cualquiera que se huelga que pierda, miente, y -es un cornudo. Háse de reir de esto, porque nadie dió materia para la -desmentida, y llámase materia la ocasion de agravio hecho con palabras, -ó con obras, sobre que caiga la venganza. Si dándole á un jumento de -varazos, le alcanzan á dar á un hombre, ó si jugando al mallo ó á los -trucos le aciertan á dar un palo, no tiene de qué sentirse, porque -aquel agravio no cayó sobre materia, y la paciencia en semejantes -casos arguye mucho valor de ánimo. Ea, señor, dijo el otro, que la -paciencia en tan notorias injurias descubre pocos hígados en quien -ordinariamente la tiene. Por tres cosas, dijo Luis de Oviedo, tiene -un hombre paciencia notable, ó por no entender bien las cosas del -mundo, ó por templanza natural de condicion, ó por virtud adquirida -de muchos actos; y el que sin estas tres cosas sufre injurias que no -puede remediar, manifiesta invencible ánimo para ellas, y menosprecio -para quien las hace. Al tiempo que acababa esta conversacion con el -ermitaño, ví todo el cielo revuelto y turbado, fuíme á despedir para -irme, y él me detuvo diciendo, que antes que acabase de pasar la -puente me cogeria la borrasca: dentro de poco espacio fué tan grande -la tempestad de truenos, relámpagos y rayos, que la creciente en menos -de media hora casi vino á cubrir los ojos de la puente, y fué forzoso -cerrar las puertas del humilladero, que combatidas del aire, hicieron -mucho en no rendirse á su violencia. Mejor está vuesa merced aquí, dijo -el ermitaño, que no en el camino. Qué mejor, dije yo, que estando en la -casa del mismo defensor de nuestras almas y cuerpos, criado para eso -de la inefable bondad del Eterno Padre; más bien guardados estamos -que fuera de ella. Guarda á quien no solamente la heredad de Dios -reverencia y conoce: pero aun la antigüedad, ciega de la lumbre de Fé, -tuvo grande veneracion, dedicándole templos, y levantándole altares en -nombre del génio, que así llamaban los antiguos al benditísimo Ángel -Custodio. ¡Jesus, y qué contínuos é inciviles truenos! ¡qué gruesa -piedra! ¡qué perseverancia tan grande! Desde que yo vine á Castilla, -nunca entendí que fuera tan sujeta á tempestades tan desatadas como las -que muchas veces he visto, que en mi tierra, por ser llena de grandes -montañas muy altas y sujetas á la fuerza de los vientos, no es tan de -admirar que se vean estos tan arrebatados turbiones, mezclados con -vientos y granizo. ¿De dónde es vuesa merced? dijo el ermitaño. Yo, -señor, respondí, soy de Ronda, ciudad puesta sobre muy altos riscos -y peñas tajadas, muy combatida de ordinario de ponientes y levantes -furiosos; de manera que si fueran los edificios como estos, se los -lleváran tormentas. Nunca he sabido hasta ahora, dijo el ermitaño, de -dónde fuese vuesa merced, aunque le conocí en Sevilla, y le comuniqué -en Flandes y en Italia. Miréle con cuidado, y haciendo refleccion, -conocíle, que habia sido soldado donde dijo; holguéme, y abracélo, y -supe de él que se habia retirado á la soledad de los montes algunos -años á servir á Dios, y por haber enfermado se vino á poblado, ó cerca -de él, á pasar la vida eremítica, dándole á Dios lo que le quedaba. -Aunque la furia del argavieso no duró más de una hora, el agua que -tras él se siguió duró sin cesar hasta el dia siguiente, con furia -de vientos deshechos. El buen ermitaño se halló con carbon, encendió -un brasero, é hízome quedar á comer con él, de lo que Dios le habia -enviado por mano de gente muy devota, de que hay mucha abundancia en -Madrid. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO IX. - - -Cerradas las puertas del humilladero, para defensa del viento, y -encendido el carbon para la del frio, estaba el lugar abrigado y -apacible, que el armonía que el aire hace con el ruido de las canales -produce una consonancia agradable para las orejas y no para el cuerpo, -que en esto se diferencia el oido del tacto, que hay cosas que tocadas -son buenas, y oidas son malas, y al contrario. Comimos, y encerrados -todo el dia con la oscuridad, la noche y dia fueron todo noche. Tornó -el ermitaño á repetir su primera pregunta, y como estábamos ociosos, -y encerrados, sin tener otra ocupacion, tratamos de lo que se nos -ofreció. Preguntóme dónde habia estudiado, y cómo me habia divertido -tanto por el mundo, siendo de una ciudad tan apartada del concurso -ordinario, y que para la cortedad de la vida humana tiene bastantes y -sobrados regalos para pasar con alguna quietud. Yo le respondí á todo -lo que me preguntó: Aunque aquellos altos riscos y peñas levantadas, -por la falta de la comunicacion, despertadora de la ociosidad, y -engendradora de amistades, no son muy conocidos; con todo eso cria tan -gallardos espíritus, que ellos mismos apetecen la comunicacion de las -grandes ciudades y Universidades, que purifican los ingenios, y los -hinchen de doctrina, por donde hay vivos en este tiempo varones, con -cuya salud se alegra, con tanta aprobacion de hombres doctos, que no -tienen necesidad de la mia. Tuvimos allí un gran maestro de gramática, -llamado Juan Cansino, no de los que dicen ahora Preceptores, sino de -aquellos á quien la antigüedad dió nombre de gramáticos, que sabian -generalmente de todas las ciencias, doctísimo en las humanas letras, -virtuoso en las costumbres, dechado que obligaba á que se las imitasen, -las cuales enseñó juntamente con la lengua latina, en que hacia muy -elegantes versos. Era naturalmente manco de ambas manos; pero de los -más respetados y temidos á fuerza de virtud propia; lo cual grangeó con -enseñar silencio más que hablar, porque decia él muchas veces que el -hablar era para las ocasiones forzosas, y el callar para siempre. De -esto, y la lengua latina, si no fuí de los mejores discípulos, tampoco -fuí de los peores. - -Estando yo razonablemente instruido en la lengua latina, de manera -que sabia entender un epígrama y componer otro, y adornado con un -poco de música, (que siempre han tenido entre sí algun parentesco -estas dos facultades), por la inquietud natural que siempre tengo -y he tenido, quise ir á donde pudiese aprender alguna cosa que me -adornase y perfeccionase el natural talento que Dios y naturaleza me -habian concedido. Mi padre, viendo mi deseo é inclinacion, no me hizo -resistencia, antes me habló á su modo con la sencillez que por allá se -usa, diciendo: Hijo, mi costilla no alcanza á más de lo que he hecho, -id á buscar vuestra ventura, Dios os guie y haga hombre de bien; y -con esto me echó su bendicion, y me dió lo que pudo, y una espada de -Bilbao, que pesaba más que yo, que en todo el camino no me sirvió sino -de estorbo. Partíme para Córdoba, aunque llegué entero, que es donde -acude el arriero de Salamanca, y allí vienen de toda aquella comarca -los estudiantes que quieren encaminarse para la dicha Universidad. -Fuíme al meson del Potro, donde el dicho arriero tenia posada, holguéme -de ver á Córdoba la llana, como muchacho inclinado á trafagar el mundo. -Fuíme luego á ver la Iglesia mayor, por oir la música, donde me dí -á conocer á algunas personas, así por acompañar á mi soledad, como -por tratar gente de quien poder aprender; que realmente con la poca -esperiencia y haberme apartado poco habia de mis padres y hermanos, -acto que engendra encogimiento en los más gallardos espíritus, viendo -que en aquella ausencia era forzoso, y que la fortuna nos acomete en -cobardía, animéme lo mejor que pude, diciendo: la pobreza me sacó, ó -por mejor decir, me echó de casa de mis padres, ¿qué cuenta daria yo -de mí si me tornase á ella? Si los pobres no se alientan y animan á sí -propios, ¿quién los ha de animar y alentar? Y si los ricos acometen las -dificultades, los pobres ¿por qué no acometerán las dificultades, y -aun los imposibles, si es posible? Enternézcome con la memoria de mis -hermanos; pero esta se ha de olvidar con el deseo de poderles hacer -bien; y si no pudiere, á lo menos habré hecho de mi parte lo posible -y obligatorio. No se vienen las cosas sin trabajo; quien no se anima -de cobarde, se queda en los principios de la dificultad; si no hago -más que mis vecinos, tan ignorante me quedaré como ellos; ánimo, que -Dios me ha de ayudar. Fuíme á mi posada, ó á la del meson del Potro, y -púseme á comer lo que yo pude, que era dia de pescado: en sentándome á -la mesa, llegóse cerca de mí un gran marchante, que los hay en Córdoba -muy finos, que debia ser vagamundo, y me oyó hablar en la Iglesia -mayor, ó el diablo hablaba en él, y díjome: Señor soldado, bien pensará -vuesa merced que no le han conocido, pues sepa que está su fama por acá -esparcida muchos dias há. Yo soy un poco vano, y no poco: creímelo, y -le dije: Vuesa merced ¿conóceme? Y él me respondió: De nombre y fama -muchos dias há, y diciendo esto sentóse junto á mí, y me dijo: Vuesa -merced se llama N. y es gran latino, poeta y músico: desvanecíme mucho -y convidélo si queria comer: él no se hizo de rogar y echó mano de un -par de huevos y unos peces, y comiólos; yo pedí más, y él dijo: Señora -huéspeda (porque no posaba en aquella posada) no sabe vuesa merced lo -que tiene en su casa; sepa que es el mas hábil mozo que hay en toda la -Andalucía: á mí dióme más vanidad, y yo á él más comida, y dijo: Como -en esta ciudad se crian siempre tan buenos ingenios, tienen noticia -de todos los que hay buenos en toda esta comarca. ¿Vuesa merced no -bebe vino? No señor, respondí yo. Hace mal, dijo él, porque es ya un -hombrecito, y para caminos y ventas, donde suele haber malas aguas, -importa beber vino, fuera de ir vuesa merced á Salamanca, tierra -frigidísima, donde un jarro de agua suele corromper á un hombre: el -vino templado con agua da esfuerzo al corazon, color al rostro, quita -la melancolía, alivia en el camino, da corage al más cobarde, templa al -hígado, y hace olvidar todos los pesares: tanto me dijo del vino, que -me hizo traer de lo fino media azumbre, que él bebiese, que yo no me -atreví. Bebió el buen hombre, y tornó á mis alabanzas, y yo á oirlas -de muy buena voluntad, y al sabor de ellas á traer más comida, tornó -á beber y á convidar á otros tan desengañados como él diciendo que -yo era un Alejandro, y mirando hácia mí, dijo: No me harto de ver á -vuesa merced, que vuesa merced es N. Aquí está un hidalgo, tan amigo -de hombres de ingenio, que dará por ver en su casa á vuesa merced -doscientos ducados. - -Ya yo no cabia en mí de hinchado con tantas alabanzas, y acabando de -comer, le pregunté quién era aquel caballero. Él dijo: Vamos á su casa, -que quiero poner á vuesa merced con él. Fuimos, y siguiéndole aquellos -amigos suyos, y del vino, y yendo por el barrio de San Pedro, topamos -en una casa grande un hombre ciego, que parecia hombre principal, y -riéndose el bellacon, me dijo: Este es el hidalgo que dará doscientos -ducados por ver á vuesa merced. Yo corrido de la burla le dije: Y aun -por veros á vos en la horca los diera yo de muy buena gana. Ellos se -fueron y yo quedé muy colérico y medio afrentado con la burla, aunque -dijo verdad, que el ciego bien diera por verme cuanto tenia. Esta fué -la primera baza de mis desengaños, y el principio de conocer que no se -ha de fiar nadie de palabras lisonjeras, que traen el castigo al pié de -la obra. ¡De qué podia yo envanecerme, pues no tenia virtud adquirida -en que fundar mi vanidad! La poca edad está llena de mil desconciertos -y desalumbramientos; los que poco saben fácilmente se dejan llevar de -la adulacion. Yo me dejé engañar con aquello que deseaba hubiera en -mí, pero no es de espantar que un hombre sencillo y sin experiencia -sea engañado de un cauteloso; mas será digno de castigo si se deja -engañar segunda vez. No tenia de qué correrme por lo hecho, sino de -qué aprender para adelante á desapasionarme de las cosas del mundo; -pero al fin me lastimó la burla de manera, que no siendo amigo de -venganzas, quise probar la mano, á ver si sabria dar una traza para -que me la pagase aquel burlador. Habia otros estudiantes esperando al -mismo arriero, híceme camarada con ellos, y comenzamos á pasear juntos. -Yo me quité el vestido de camino y me vestí una sotanilla y ferreruelo -negro de muy gentil ventidoseno de Segovia, y trújelo de manera, que -los estudiantes lo conociesen bien, y luego me torné á poner de camino. -El bellaco del burlador vino á la tarde, riéndose mucho, y yo más, -porque no entendiese que me habia corrido; díjele: que queria por mi -amigo á hombre de tan buen gusto, y entre los dos y sus amigos reimos -el disimulo con que habia comido y hablado. Él tenia conocimiento, -no muy sencillo, en una casa donde se daba de comer razonablemente, -y á precio convenible, y así me dijo, que queria que comiese yo allí -siempre, porque nos harian cortesía; yo le dije: Sí haré, con tal -que vuesa merced coma conmigo, pero estoy esperando un mercader que -acude á las ferias de Ronda, para quien traigo una libranza de cien -ducados, y hasta que él venga, no lo puedo pasar muy bien. No le dé -á vuesa merced pena, dijo él, pensando que tenia lance, que yo haré -que le fien cuanto quisiere. Eso no, dije yo, que tiemblo de tratar -de fiar, ni ser fiado, que por ahí se perdió mi padre. Yo le daré -á vuesa merced una muy gentil prenda sobre que nos fien, hasta que -venga este mercader. Sea en hora buena, dijo el buen hombre. Fuíme á -mi casa, y doblando muy bien aquel ferreruelo de ventidoseno, llaméle -á solas, de que él se holgó mucho, y díselo para que le llevase por -prenda; yendo yo con él, vísele dar, y comenzamos á comer sobre él, -el bellacon y los dos estudiantes, y yo estuve siempre alerta, que no -pudiese entrar sin mí á la casa donde comíamos, porque no me hiciese -alguna treta, como lo tenia pensado, que de la mia no tenia sospecha. -Vino el arriero de Salamanca, y tratamos de irnos. El redomazo, como -no pudo hacer treta con el cuidado que yo tenia, á lo menos pidióle -á la buena mujer una docena de reales sobre el ferreruelo, porque -dijo que queria ir fuera: no pudo decírselo sin que yo lo entendiese; -díjele: Pues se va fuera vuesa merced, dígale á esa señora que si yo -viniere por el ferreruelo con el dinero, me lo dé. Y así lo hizo, que -su intencion era desaparecerse hasta que se hubiese ido el arriero, y -quedarse con la prenda. Desaparecióse, y yo fuí á un juez, y le dije -con gran sentimiento y palabras que pudieran moverle, que como habia -sido estudiante, era fácil el persuadirle, quejándome: Señor, yo soy -estudiante, y estoy de camino para Salamanca; habiendo quince dias -que estoy aquí esperando al arriero, hanme hurtado un ferreruelo que -me llegó á veinte ducados, tengo noticia que está en cierta casa, -suplico á vuesa merced porque no me desavie de ir con el arriero, -pues sabe vuesa merced, como tan gran estudiante y letrado, en qué -caen estas cosas, me mande con justicia restituir el ferreruelo, que -el que lo hurtó guardó al punto crudo, porque me faltase tiempo para -cobrarlo, y gozar más de su bellaquería. No le valdrá, dijo el juez, -que á semejantes trazas sé yo acudir con justicia y diligencia. ¡Qué -grande maldad que á un pobre estudiante, que quizá no llevaba otra cosa -con que honrarse en Salamanca, le querian desaviar quedándose con su -hacienda hurtada! Dió luego á un alguacil y escribano comision para que -hiciese la diligencia. Yo repartí entre los dos ocho reales, con que se -les encendió el deseo de cumplir con lo mandado por el juez. Fuí con -los dos estudiantes á la buena mujer, Dios me lo perdone, y dejando á -la puerta el escribano y alguacil, díjele que me sacase el ferreruelo. -Sacólo, viéronlo los estudiantes, y conocieron ser el mio. Entraron el -alguacil y escribano, y tomados los testigos, la mujer dijo: que no -queria dar el ferreruelo, sino á quien se lo habia empeñado, que era -un conocido suyo, hombre muy honrado. El escribano se hizo depositario -de él, y en llegando al juez con la informacion, mandó entregarme mi -ferreruelo, dando mandamiento de prision contra el bellaconazo, que si -antes no parecia por lo que queria hacer, despues no pareció por lo -que queria hacer con él. Fuímonos con el arriero, y habiendo comido á -costa suya, lo dejamos en este trance, con que reimos todo el camino. -No alabo yo el haber hecho esta pesada burla, que al fin fué venganza, -cosa indigna de un valeroso pecho, y que realmente en esta edad no la -hiciera; pero quien hace mal á quien no se lo merece, ¿qué espera sino -venganza y castigo? Estos hombres vagamundos y ociosos, que se quieren -sustentar y alimentar de sangre agena, merecen que toda la república -sea su fiscal y verdugo. - -El ocioso siempre piensa en hacer mal, ó en defenderse del que ha -hecho, y en no pensando en esto, está triste y melancólico. La -melancolía facilísimamente acomete á los holgazanes. ¡Qué contento -queda uno de estos cuando ha puesto en ejecucion una maldad, y qué -presto vuelve á estar en su mala intencion! La misma vida que trae el -ocioso, lo trae arrastrando: por más infelice tengo á un hombre ocioso, -que á un enfermo; porque éste tiene esperanza de salud, y la procura -con todos los medios posibles; mas los ociosos y vagamundos nunca -desean salir de su mal estado: como el que está en galeras muchos años -no se halla fuera de aquella miseria, así el ocioso, en ocupándolo, -no se halla fuera de su ruin vida. ¡Qué disgustos pasa cuando juega -y pierde! ¡Qué desesperacion siente cuando ve á los virtuosos bien -puestos! ¡Qué carcoma infernal le acomete cuando se ve incapaz de -merecer lo que el otro alcanza! Dios nos libre de tan abominable -vicio, orígen y principio de pobreza, poca estimacion, olvido de la -honra y ofensa de la Magestad de Dios. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO X. - - -Fuimos caminando con el arriero la mitad del camino al pié de la -letra, y la otra como tercios de pescado cuando al arriero se le -antojaba; que era mozo resuelto, de condicion desapacible, enseñado á -perder el respeto á los estudiantes novatos, y así nos quiso hacer una -burla en un pueblo pequeño, y en parte la hizo; lo uno por llevar sus -mulos descansados, y lo otro porque pensó quedándose solo derribar la -fortaleza de una mujercita de buena gracia que iba en nuestra compañía, -destituyéndola del arrimo y apoyo que llevaba con cierto oficial que -se habia de casar con ella. Fingió que le habian hurtado un zurron -de dineros, y que la justicia venia á prendernos á todos para darnos -tormento hasta averiguar quién lo tenia: y junto con esto juró que nos -habia de dejar en la cárcel, y caminar con los mulos lo que pudiese, -que para muchachos sin esperiencia, cualquiera temor de estos bastaba: -creímoslo como si fuera verdad averiguada, y encareciólo de manera -que nos hizo andar toda aquella noche, tras lo que habíamos caminado -el dia antes, cinco ó seis leguas, y no caminando, sino huyendo por -dehesas y montañas fuera de camino, sin guia que nos pudiese alumbrar -por donde íbamos; y él se quedó riendo, importunando con requiebros y -mal lenguaje á la pobre mujer sola y sin defensa; pero no le sucedió -como pensaba, porque el ruido que él habia hecho habia sido por medio -de un alguacilejo amigo suyo: y la mujer como valerosa, despues de -haberse defendido de la violencia, que con ella quiso usar, tuvo modo -como escabullirse de él, y yéndose al Alcalde, le dijo con grandísima -accion de palabra y sentimiento, que aquel arriero habia hecho una -estratagema y maraña muy perniciosa, por aprovecharse de ella y -quitarle el remedio que consigo traia: Creyólo el buen hombre, así por -conocer la desvergüenza y mal trato del arriero, como por atajar el -daño, que á la pobre mujer le podia suceder; y afeándole este caso y -la inhumanidad que habia usado con los estudiantes, le mandó que diese -fianzas, que llevaria muy regalada á la mujer, sin hacerle agravio ni -ofensa, y que no le castigaba muy gravemente por no desaviar la jornada -á los estudiantes: y amonestóle, que mirase cómo procedia, porque le -castigaria con todo rigor, sin tener respeto á cosa alguna, si por -el camino iba haciendo insolencias, y mandóle con esto que se aviase -muy de mañana para recoger á los cansados y hambrientos estudiantes: -¡oh arrieros, impía gente y sin caridad! ¡crueles contra su misma -naturaleza! No conocen á nadie más de en cuanto le están quitando el -dinero. Y así los castiga Dios, porque tienen muchas posadas y pocos -amigos. Todos los géneros de gente aman la piedad, si no son estos. -El dia que no hacen alguna burla á los caminantes, no están en sí. -Tratan con bestias, y así se van convirtiendo en su naturaleza. No -se ha visto que llevando bestias vacías aliviasen del trabajo y -cansancio del camino á algun miserable; parece que les falta el uso de -la razon natural como á este, que no pudiera uno de ley contraria usar -con nosotros más exorbitante bellaquería que hacernos huir de noche, -cansados de haber caminado el dia antes, sin más ocasion que cometer -dos enormes maldades. Íbamos huyendo, y por no ser sentidos, y en -tropa, dividímonos cada cual por donde mejor le pareció. Yo seguí una -media vereda, que estaba bien cubierta de árboles; hice cuanto pude de -mi parte por no quedarme más atrás de los otros, pero mi cansancio era -de modo que en poco espacio á ninguno de todos sentia. Puse el oido en -la tierra, que de este modo se oyen mejor los pasos aunque estén algo -lejos: no sentí cosa que me hiciese compañía. Traspúseme un poco, y -luego díme priesa á andar, volviéndome hácia atrás, pensando que iba -adelante, y así cuanto más andaba y me apresuraba, menos esperanza -tenia de alcanzar los compañeros: hácia las espaldas me parecia que -oía perros ladrar algo lejos, que como los compañeros iban apriesa -alteraban estos animalejos. Como no estaba ejercitado en caminos, y el -dia antes se habia trabajado en eso, el sueño, como descanso general de -todos los miembros, solicitaba sus horas diputadas, y no pudiendo ya -más conmigo, rendíme al cansancio y al sueño. Topéme con un alcornoque, -bien ancho de tronco, y por una parte descorchado, de suerte que -formaba un arrimo á modo de alacena, donde pude arrimar y reclinar las -molidas espaldas. Dejéme dormir; pero como no se duerme bien sentado, -caíme de lado como una cosa muerta. Desperté á cabo de un rato, porque -parecia que me andaban hormigas por el rostro, limpiélas con la mano y -volvíme del otro lado: torné á recordar, porque sentí lo mismo; pero -como el cansancio era tanto, y el sueño tan profundo, aunque algo -temeroso de la soledad en que me veia, dejéme caer tercera vez en el -mismo lugar. No mucho despues, aunque el sueño no mide el tiempo, -desperté á una tristísima y cansada voz de un ¡ay! que al parecer salia -de las entrañas de la tierra, que hizo en las mias tal armonía, que por -poco me faltara el aliento y la vida; mas teniendo la respiracion, así -por el temor como por tornar á escuchar con atencion la dolorosa voz, -sentí otra más cerca de mí, que como habia unas matas un poco altas, no -veia el instrumento de donde salia. - -Ya yo estaba casi para espirar, ó para hacer alguna flaqueza indigna -de hombre de pecho, cuando muy cerca de mí, tanto que veia el bulto, -sonó tercera vez la voz diciendo: ¡Ay de mí, más infelice y sola que -cuantas padecen cautiverio, servidumbre en las mazmorras de crueles -é inclementes moros! ¡ay de mí, la más desventurada que las que han -visto despedazar sus hijos en su presencia! ¡ay, más sin remedio y -consuelo que las ya condenadas por sentencia de rigoroso juez! ¡Oh -sitio maldito, árbol descomulgado, testigo de dos muertes, por quien -yo diera mil vidas, si las tuviera! ¿Qué exequias hará quien desea -morir sin ellas, siendo homicida de sí propia? ¿Con qué llanto podré -entregarme á la rabiosa muerte que tanto huye de mí? ¿Cuántos dias y -noches vengo á ver si puedo acompañar estos despedazados miembros? -Yo me levanté, y estando ella junto á mí, sin hacer movimiento, y yo -temblando, me dijo: ¿Eres acaso sombra que vienes enviada de la region -de los muertos á llevarme á la compañía de mi esposo y de mi amigo? -Si eres de allá, ya sabes que en este mismo lugar adonde estás, mi -amante dió la muerte á mi esposo sin consentimiento mio, por gozarme á -solas y con libertad, y que en ese mismo árbol el amante, que me habia -quedado para consuelo, pagó la culpa de su delito. Veslo ahí sobre tí -colgado, siendo mantenimiento de aves y animales. Yo, escandalizado, -alcé el rostro, y ví, porque ya comenzaba á amanecer, á aquel cuyos -gusanos andaban por mi rostro, cuando yo pensaba que eran hormigas: -y confieso que con el horrendo espectáculo de la desesperada mujer, -y con el hediente espantajo del árbol, si no hubiera luz, me cayera -muerto, cortado y sin fuerzas; mas para no hacerlo, me ayudó el oir -los cencerros y campanillas de la recua del arriero, que ya salia del -pueblo, porque como arriba dije, pensando que iba delante, me iba -hácia atrás, y á él le hicieron salir más de mañana que solia, porque -fuese á recoger los engañados estudiantes. Y prosiguiendo la miserable -mujer, dijo: Y si eres cosa de este mundo, huye de este execrable -lugar, y déjame proseguir mis acostumbradas exequias, desesperado -mantenimiento con que me desayuno todas las mañanas: y bien pudo dudar -la irremediable mujer si yo era fantasma ó vision horrible de los -olvidados sepulcros; porque el temor me habia chupado los carrillos, -alargando el rostro y teñido el color de rojo en pajizo: la falta -del sueño me tenia hundidos los ojos á lo último del colodrillo: el -hambre prolongado el pescuezo vara y media, y el cansancio desjarretado -piernas y brazos; el ferreruelo tenia hecho turbante sobre la cabeza: -miren qué figura para no juzgarme por del otro mundo, y no digo lo -demás por mi honra. No pude responder palabra, ni ofrecerle ningun -favor, porque para mí le habia menester. No acertaba á apartarme de -aquella más que horrible mujer, de ojos encarnizados y hundidos, nariz -prolongada, rostro arrugado y hambriento, dientes amarillos, labios -negros, barba aguzada, el cuello que parecia lengua de vaca: torcíase -las manos que parecian dos manojos de culebras, y todo lo demás á esta -traza. El temor me tenia trabado el entendimiento, y el entendimiento -las demás acciones que podian aprovecharme para partirme de ella; -pero alentándome lo mejor que pude, y pude muy mal, fuí moviendo los -piés como toro desjarretado, maldiciendo la soledad, y á quien quiere -andar sin compañía; considerando qué bien puede traer, si no es estas -cosas y otras peores; ¿qué temores no trae? ¿qué imaginaciones no -engendra? ¿qué males no causa? ¿qué desesperaciones no ofrece? Los que -tienen aborrecida la vida, buscan la soledad para acabarla de presto. -Quien huye la compañía, no quiere ser aconsejado en su mal. ¿Hay más -apacible cosa que la compañía? ¿ni más odiosa que la soledad? ¿cuántas -desdichas, cuántos robos, cuántas muertes suceden cada dia por ir sin -compañía? ¿cuántas venganzas se ponen en ejecucion, que no se pondrian -sino por la soledad? Al solo nadie le va la mano en el mal, ni le ayuda -en el bien. ¡Ay del solo que si cae, no hay quien le ayude á levantar! -Ándese quien quiera solo, que la soledad sólo es buena para Santos ó -para poetas, que los unos tratan con Dios, que los acompaña, y los -otros con su imaginacion, que los desvanece. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XI. - - -Con estas solitarias consideraciones llegué al camino, donde viéndome -el arriero, con más blandas palabras que solia, paró la recua, y con -cortesía y afabilidad me dijo que subiese, doliéndose mucho de la mala -noche que habíamos padecido. Y aun si bien lo supiérades, dije yo, -y preguntando á la mujer que venia con él, qué novedad era aquella, -respondió lo referido. Los demás, con el marido de la buena mujer, -hallámonos ya hartos de dormir y comer: yo, aunque me preguntaron -cómo me habia quedado atrás, no respondí más de que habia errado el -camino. Del cuento sucedido no les dije palabra; lo uno por pensar -que pudiera haber sido ilusion del enemigo del género humano, lo otro -porque las cosas tan estraordinarias hacen diferentes efectos en los -que las oyen, y el más cierto es reirse y dar matraca á quien las -cuenta. Las cosas en que puede ponerse duda no se han de decir sino -á los muy particulares amigos, ó los discretos, que las reciben como -ellas son. No todos tienen capacidad para oir cosas graves. Verdades -que pueden escandalizar y alborotar los pechos, cuando no es necesario, -no se han de decir. Yo reventaba por hablar; pero consideraba que me -ponia á peligro de no ser creido. Más vale callar que dar ocasion de -incredulidad ó murmuracion. La admiracion da ocasion al silencio, y de -esta vez quise ver si podia enseñarme á callar. Fuimos nuestro camino -sin suceder cosa notable, yo callando, y los demás preguntándome la -causa: yo respondia no más de que era condicion natural mia: pero en -todo el camino no se apartó de mi imaginacion la mujer, el árbol, la -fruta, y la cama llena de gusanos, hasta que llegamos á Salamanca, -donde la grandeza de aquella Universidad hizo que me olvidase de todo -lo pasado. Alegróse mi alma de ver que los ojos gozasen lo que tenian -los oidos y los deseos llenos de la soberbia fama de aquellas academias -que han puesto silencio á cuantas ha habido en el mundo. Ví aquellas -cuatro columnas sobre quien estriba el gobierno universal de toda la -Europa, las bases que defienden la verdad católica. Ví al Padre Mancio, -cuyo nombre estaba y está esparcido en todo lo descubierto, y otros -excelentísimos sugetos, con cuya doctrina se conservan las facultades -en su fuerza y vigor. Ví al Abad Salinas, el ciego, el más docto varon -en música especulativa que ha conocido la antigüedad, no solamente en -el género diatónico y cromático, sino tambien en el armónico, de quien -tan poca noticia se tiene hoy, á quien despues sucedió en el mismo -lugar Bernardo Clavijo, doctísimo en entender y obrar, hoy organista de -Felipe Tercero. En comenzando á beber del agua de Tórmes, frigidísima, -y á comer de aquel regalado pan, me cuajé de sarna, como les sucede -á todos los buenos comedores, de manera que estudiando una noche la -leccion de súmulas me comencé á rascar los muslos al sabor de unos -carboncillos que tenia encendidos en un tiesto de cántaro, y cuando -volví en mí los hallé tan desollados, que con el agua que destilaban me -quedé hecho un alquitara, y por quince dias me negaron la obediencia -y respeto; daño en que ordinariamente caen los principiantes en -Salamanca, porque como el pan es blanco, candeal y bien sazonado, y el -agua delgada y fria, sin consideracion comen y beben, hasta cargarse -unos de la perruna, y otros de la gruesa, y así es menester que los -que comienzan nuevos en Salamanca, lo uno por la frialdad y sutileza -del agua, y lo otro porque los estudiantes van hechos al regalo de -sus casas, y de sus padres y tierras, y con la poca edad se recibe -más fácilmente el daño; fuera de que entrando con éste cuidado, la -templanza es la que conserva la salud y aviva el ingenio. - -Los repletos de comida y bebida están incapaces de acudir á cosas de -entendimiento y prudencia, y realmente la templanza da mas gusto á -los mantenimientos del que estos en sí tienen, y con ella se templa -la lujuria en los mozos; pero yo me hube tan destempladamente con el -pan y agua de Salamanca, que por la Natividad de nuestro Redentor me -dieron unas grandísimas calenturas; llamé al doctor Medina, Catedrático -de Prima, doctísimo de aquella Universidad, y lo primero que hizo fué -mandar que me quitasen el agua. Yo le dije que mirase que era colérico, -y muy encendido de sangre, y él me respondió, como si dijera una -gran hazaña suya: Ya saben que el doctor Medina quita el agua á los -enfermos. Creció la calentura, y no el remedio: comenzó á darme unos -cordiales, que no aprovecharon cosa, porque la salud de los coléricos -con calenturas solo consiste en darles agua fria á sus tiempos, y -sangrías moderadas, y consistiendo la salud mia en no negarme el -agua, no me la dejaron en todo el aposento. Diéronme unos baños con -veinte suciedades, y dejáronse allí una artesilla en que me los habian -dado: yo me ví tan impaciente, y tan acosado de la sed, que me levanté -como pude á buscar agua, y como no la hallé, pegué con la artesilla -del agua, que estaba fria como un hielo, y á dos golpes que bebí, la -dejé en el asiento, y la panza como vela latina con el viento en popa; -pero duró poco, porque dentro de un ochavo de hora comenzó el estómago -á basquear, y arrojó tanta cantidad de bocanadas, que de vacía la -barriga, la doblaba como alforja un lado sobre otro. Vino á la mañana -el Doctor, y vió la artesilla más llena que la dejó, porque en ella -misma descargó el nublado. Preguntóme cómo me hallaba, respondile que -muerto de hambre. Miró el pulso, y hallóle sin calentura: admiróse de -ver la mudanza, y dijo: ¡Oh milagroso baño! No se ha inventado tal -medicina en el mundo: no le he dado á hombre que no le haga notable -provecho. Habránle tomado, dije, como yo. Este baño, dijo el Doctor, -alienta y refresca, confortando las partes interiores. ¿Y cómo se le -da vuesa merced, dije yo, á los demás? Tibio, respondió él, y bañando -todo el cuerpo por de fuera. Pues désele, dije yo, frio, y bebido, que -así lo tomé yo, y les aprovechará mucho más, y contéle el caso; dijo: -_rectum ab errore_, repitiéndolo cuatro ó cinco veces, y haciéndose -cruces se fué, y me dejó sano. Hay médicos tan crueles, que á un pobre -enfermo colérico fogoso le dejan que se le abrase el hígado, y se le -sequen los huesos; pareciéndoles que negándole el agua acabarán más -presto con la enfermedad y el enfermo. Aquel refran que dicen: al que -es de vida, el agua le es medicina, se ha de entender de esta manera, -que aquel _debida_ es participio: de manera, que al que es _debida_ -el agua, y al que se le debe el agua, á este le es medicina, que no -al otro. Y siendo así, ¿á quién se le debe más que á un colérico con -calenturas? Y esa otra significacion ordinaria la tengo por burla y -modo de hablar de gracia. En Ronda conocí un tejero, que habia cuarenta -y cuatro años que no probaba gota de agua, que decia por donaire que -él no habia de beber licor donde se ensuciaban las ranas. Vino una -vez con tanta sed y cansancio, que para quitarla bebió un jarro de -agua fria, que dentro de veinte y cuatro horas le puso como el barro -con quien trataba. Á este no se le debia el agua. Lo uno por no estar -acostumbrado á ella, lo otro porque su estómago no era de hombre -colérico, y al que es _debida_ el agua le es medicina. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XII. - - -Si los trabajos y necesidades que los estudiantes pasan no los -llevase la buena edad en que los coge, no habia vida para sufrir -tantas miserias y descomodidades como se pasan ordinariamente; pero -con ser en la puericia y adolescencia, edad tan quitada de cuidados -y sentimientos, se hace gusto del acíbar, risa y pasatiempo de la -necesidad, con que se va pasando aquel espacio en que se sazona é -hinche de doctrina el entendimiento, que con la esperanza del premio -todo se hace sufrible. Ninguno hay que no se prometa grandes cosas -en los primeros años, que en comenzando á gustar ó disgustarse de la -mala correspondencia, por la tardanza de los arrieros, ó del olvido -de los padres y parientes, por la mayor parte se encogen y desaniman, -especialmente aquellos que por ser pobres no tienen quien les acuda -con lo necesario, ó parte de ello; que cierto desjarreta mucho la -necesidad al que con buenos pensamientos comienza los estudios. La -falta de mantenimientos, el carecer de libros, la desnudez, la poca -estimacion que consigo traen estas cosas, tiene muchos y grandes -ingenios acobardados, arrinconados, y aun distraidos por la privacion -de sus esperanzas mal logradas. Yo confieso de mí, que la inquietud -natural mia, junta con la poca ayuda que tuve, me quebraron las -fuerzas de la voluntad, para trabajar tanto como fuera razon. Y como -en esta edad los alientos de la mocedad están tan dispuestos para el -mantenimiento, nunca se ve un hombre harto. Acuérdome, que despues de -haber comido la racion del pupilage de Galvez, me comí seis pasteles de -á ocho en una pastelería escelentísima, que habia en el desafiadero. -Miren qué alientos estos para las necesidades de Salamanca. Estábamos -despues de esto tres compañeros en el barrio de San Vicente tan -abundantes de necesidad, que el menos desamparado de las armas reales -era yo, por ciertas lecciones de cantar que yo daba; y aun las daba, -porque se pagaban tan mal, que antes eran dadas que pagadas; y aun -dadas al diablo. Consolábamonos con la igualdad de la provision, y -aunque parezcan niñerías, indignas de este lugar y aun de acordarse -y tratarse, tengo de decir alguna para que no se desanimen los que -se vieren con ingenio y pobreza, y con deseo de saber; que haciendo -gusto de la necesidad, puede llevarse la penuria que de ordinario se -pasa en los estudios: ver pasar á otros mayores trabajos, disminuye -la fuerza de los nuestros. Miserias y necesidades agenas (aunque sean -contadas para ejemplo) en parte consuela á los afligidos. ¿Qué trabajos -puede tener un estudiante, que no los haya mucho mayores? El trabajo -y necesidad que toca á muchos, y muchos le llevan, se hace sufrible, -aligera y alivia las cargas de todos. Cuanto más, que el que con buen -ánimo acomete al trabajo, la mitad tiene hecho, y al fin los valerosos -ánimos atropellan las forzosas necesidades. Dígolo, porque las que -pasaron mis compañeros y yo fueron de manera, que pudieran consolar á -los estudiantes más llenos de miserias del mundo, y entre otras contaré -una que puede servir de risa y de consuelo. Hallámonos una noche, entre -otras muchas, tan rematados de dineros y paciencia, que nos salimos -de casa medio desesperados sin cenar, sin luz para alumbrarnos, sin -lumbre para calentarnos, haciendo un frio que en echando el agua en la -calle, se tornaba cristal. Yo fuí en casa de cierto discípulo, y dióme -un par de huevos y un panecillo: vine muy contento á casa, y hallé á -mis compañeros temblando de frio y muertos de hambre (como dicen los -muchachos), que no osaban desenvolver un poco de rescoldo que se habia -guardado para su menester. Dije lo que traia, salieron á buscar algunas -serojas para avivar el rescoldo; vinieron presto muy contentos, por -haberse hallado un leño bien largo: pusiéronlo al poco rescoldo que -habia quedado, y soplamos cuanto pudimos todos tres, y el leño no se -queria encender: tornamos á soplar una y otra vez; pero quedándose el -leño sin encender, se hinchó el aposento de un humo muy hediondo. - -Eché un papel en el rescoldo para que diera luz en el aposento, y en -encendiéndose, descubrió, que el leño era un muy descarnado zancarron -de un mulo, que por poco nos hiciera rebentar de asco; y si antes no -cenamos por no tener qué, despues no cenamos por eso, y por la náusea -de nuestros estómagos, que hubo alguno que purgó por dos partes lo que -no habia comido, ni cenado, hasta echar sangre por la boca, y el que lo -trujo quiso cortarse la mano. Bien confieso que no son estas cosas para -contarse; pero como sean para consuelo de afligidos, y mi principal -intento sea enseñar á tener paciencia, á sufrir trabajos, y á padecer -desventuras, puede llevarse con lo demás que no cuento. Todo lo que -se escribe, para doctrina nuestra se escribe, y aunque sea de cosas -humildes, se ha de recibir para el efecto que se dice. Y habemos de -pensar, que ni en los ejemplos de cosas grandes hay siempre provecho, -ni que en las pequeñas falta doctrina. Tan bien se reciben las fábulas -de Hisopo, como las estratagemas de Cornelio Tácito. Más gusto se halla -en un higo que en una calabaza: así conté una niñería como esta; porque -para decir necesidades de estudiante, que son de hambre, desnudez y -mal pasar, tambien las historias ejemplos han de ser de pobreza, para -consolar á quien la padece. No paró aquí la mala ventura de aquella -noche, porque estando á la puerta de la calle, por no poder sufrir el -pestilencial olor del leño mular, pasó rondando el Corregidor (que -al presente era D. Enrique de Bolaños, muy gran caballero, cortés, y -de muy buen gusto), y nos dijo: ¿Qué gente? Yo me quité el sombrero, -y descubrí el rostro, y haciendo una gran reverencia, respondí: -Estudiantes somos, que nuestra misma casa nos ha echado en la calle. -Mis compañeros se estuvieron con sus sombreros y cebaderas, sin hacer -cortesía á la justicia. Indignóse el Corregidor, y dijo: Llevad -presos á esos desvergonzados. Ellos, como ignorantes, dijeron: Si nos -llevaren presos, nos soltarán un pié á la francesa; y asiéronlos, y -lleváronlos por la calle de Santa Ana abajo: yo con la mayor humildad -que pude, le dije: Suplico á vuesa merced se sirva de no llevar á la -cárcel á estos miserables, que si vuesa merced supiese cómo están, no -los culparia. Tengo de ver, dijo el Corregidor, si puedo enseñar buena -crianza á algunos estudiantes. Á estos, dije yo, con dalles de cenar, y -quitalles el frio, los hará vuesa merced más corteses que á un indio -mejicano; y junto con esto (viendo que me escuchaba de buena gana) -le conté lo pasado de los huevos y de la humarada que procedió del -sacrificio acemilar. Rióse del cuento (que tenia mucha apacibilidad), -y á costa de ciertas espadas que habia quitado á ciertos escolares -vagamundos, les hinchó el vientre de pasteles y marrana, y de lo de la -tabernilla, y á mí me hizo mucha merced de allí adelante. Díjeles á mis -compañeros amigos: Muy mal anduvísteis con el Corregidor. ¿Por qué? -preguntaron ellos, ¿es nuestro juez? Respondí yo: Porque á las personas -constituidas en dignidad, sean ó no sean superiores nuestros, tenemos -obligacion de tratarlos con reverencia y cortesía: y no solo á estos, -sino á todos los más poderosos, ó por oficios, ó por nobleza, ó por -hacienda, porque siéndoles bien criados y humildes, en cierta forma los -igualamos con nosotros, y haciendo al contrario, nos damos por enemigos -de los que nos pueden agraviar muy á su salvo. Dios crió el mundo -con estos grados de superioridad, que en el cielo hay unos Ángeles -superiores á otros, y en el mundo se van imitando estos mismos grados -de personas, para que los inferiores obedezcamos á los superiores. Y -ya que no seamos capaces de conocernos á nosotros propios, seámoslo de -conocer á quien puede, vale y tiene más que nosotros. Esta humildad -y cortesía es forzosa para conservar la quietud y asegurar la vida. -Es muy gran yerro querer ajustar nuestras fuerzas con las de los -poderosos, usar del rigor de nuestra condicion con quien es mas cierto -el perder que el ganar. La humildad con los poderosos, es el fundamento -de la paz, y la soberbia la destruccion de nuestro sosiego, que al fin -pueden todo lo que quieren en la República. En esta vida pasé tres ó -cuatro años, hasta que se me dió una plaza en el colegio de San Pelayo, -estando entonces allí el Sr. D. Juan de Llanos de Valdés, que cuando -esto se escribe es del Consejo Supremo de la Inquisicion, en compañía -de sus hermanos, tan grandes estudiantes como caballeros, y el señor -Vigil de Quiñones, que á fuerza de virtud y merecimientos es ahora -Obispo de Valladolid; donde teníamos conclusiones todos los sábados, -y pudiera yo aprovecharme, si la necesidad de mis padres, y el deseo -que yo tenia de servirles, no me sacára con una carta suya para ir á -heredar cierta hacienda, de que un pariente me queria hacer donacion, ó -capellanía. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XIII. - - -Salí de Salamanca sin dinero que bastára para dejar de ser peon, y -como era fuerza el serlo, acordándome de la poca poblacion que habia -en Sierra Moreda, por aquella parte de la Hinojosa, que habia quince -leguas sin poblado, y por no dejar de ver á Madrid, y á Toledo, vine -por esta máquina, pasé por Toledo y Ciudad Real, donde una monja muy -virtuosa y principal, llamada Doña Ana Carrillo, me regaló y ayudó -para el camino. Saliendo de Ciudad Real me encontré con un mozo de muy -buen talle, que parecia extrangero: fuimos caminando hácia Almodóvar -del Campo, y topamos con dos gentiles hombres en el camino, que -llevaban entre los dos un muy gallardo macho, remudando á veces de -cuando en cuando. Trabamos conversacion con ellos, y parece que se -inclinaron á no dejarnos atrás. Colegí de su modo de proceder, que -serian lengua de dos mercaderes, que iban á la feria de Ronda con muy -gentil dinero, que á mí me dió gusto por ser aquel mi viaje. No me -pareció bien, y con gran cuidado les miré á las manos, y las bocas. -Entramos en una misma posada, y como yo llevaba tragada la malicia, -y andaba sobre aviso, no hablaban palabra que fingiéndome dormido no -se la entendiese. El uno de ellos no hacia sino entrar y salir en la -posada, hasta que ya topó con la de los mercaderes. En amaneciendo -cogió el uno de ellos una cabalgadura, y se partió delante, llevando -para cierto efecto una graciosísima sortija (que no pudieron dar la -traza, sin que yo la oyese). Fuése aquel delantero, como criado, y -quedóse esotro como señor. Muy por la mañana aderezó su macho, y estubo -con mucho cuidado aguardando á que pasasen los mercaderes: en pasando, -hízose encontradizo con ellos, y preguntóles con grande comedimiento, -adónde caminaban, y respondiéndole ellos, que á la feria de Ronda, -hizo grandes desmostraciones de holgarse, diciendo: Mejor me ha -sucedido que pensaba, en haberme encontrado con tan principal compañía; -porque voy á la misma feria, á comprar un atajuelo de doscientas ó -trescientas vacas, y por no haber andado este camino, á lo menos de las -Ventas Nuevas adelante, iba con algun recelo de mil daños, que suelen -suceder á los que llevan dinerillo, y habiendo encontrado con vuesas -mercedes, iré muy consolado, así por la buena compañía, como porque -vuesas mercedes me encaminarán allá, pues tienen más inteligencia -que yo para lo que voy á comprar. Ellos le ofrecieron de ayudarle, y -hacerle amistad en la feria, por ser muy conocidos en la ciudad. Estos -dos bellacones, que iban en seguimiento de los mercaderes, á lo que -despues entendí, eran de un género de fulleros, que entre ellos llaman -donilleros: fueron riendo por el camino, porque el fullerazo era grande -hablador, y les iba diciendo cuentos, con que los entretenia con mucha -gracia y donaire. Yo por no perderlos hasta ver el fin, andaba lo más -que podia asiéndome de cuando en cuando al estribo, ó al trancado del -macho, que como dije que iba á la feria de Ronda, y era natural de -ella, los mercaderes me animaban y esperaban á ratos. Llegando cerca -de cierta venta, que la mitad del año está desamparada, puesta en una -ladera á mano derecha como subimos, el fullero sacó de la faltriquera -ciertos mostachones, que por la mucha especie, llaman la sed á tiro -de arcabuz, y dió á cada mercader uno, y como era por el mes de Mayo -cuando llegaron á emparejar con la venta, que estaba medio caida y sin -gente, iban ya pereciendo de sed, dijo el fullero: Aquí dentro hay -una fuentecita muy fresca, entremos á cumplir con los mostachones; y -si vuesas mercedes quieren, aquí llevo una bota de muy gentil vino -de Ciudad Real, con que podemos hacer satisfaccion al llamamiento. -Apeáronse, y entró el fullero primero en la venta, llegó á la fuente, -y siguiéndole los mercaderes, bajóse á beber, y dijo con grande -admiracion: ¡Ay! ¿qué es esto que me hallo aquí? Y alzó la sortija que -el ladron de su compañero habia dejado en la fuente. ¡Oh qué graciosa -sortija! dijeron los mercaderes; sin duda que algun caballero se la -quitó para lavarse las manos, y se la dejó olvidada: cada cual se -holgára de habérsela hallado. Todos tres, dijo el bellaco del fullero, -la hallamos, y de todos tres ha de ser. ¿Pues qué haremos de ella? dijo -un mercader. Echarla á una quínola, dijo el fullero, en llegando á la -venta, y á quien Dios se la diere, San Pedro se la bendiga. Bien dice -vuesa merced, dijeron los mercaderes, y á fé que si la gana cualquiera -de los dos, se ha de emplear muy bien; pero cierto la sortijuela era de -mucha codicia, porque alrededor tenia doce diamantes, aunque pequeños, -muy finos, y en lugar de piedra un rubí de hechura de corazon, que á -cualquiera aficionára, labrado todo con mil donaires. Fueron todos -muy codiciosos de ella, tratando por todo el camino los mercaderes -del descuido del que la habia perdido, y el bellacon del cuidado del -que la habia dejado, haciendo mil monerías con ella, para ponerles -más codicia. Llegaron á Ventas Nuevas, y no parando en la primera, -llegaron á la segunda, por hallarse más cerca del puerto. Apeáronse, y -el bellacon sacó la bota de vino añejo de Ciudad Real, de más hojas que -un Calepino, de que bebieron de muy buena gana. En comiendo un bocado -de prisa, por codicia que cada uno tenia de la sortija, que les estaba -haciendo del ojo, con el bocado en la boca, preguntaron al huésped, -¿si tenia unos naipes para echar una rifa? Dijo que no, y el ladron -del compañero, haciéndose bobo, dijo: Yo llevo aquí unas no sé cuántas -barajas que me encomendaron en mi pueblo, y por las muchas que allá se -levantan sobre ellas, no las llevo de muy buena gana. Si sus mercedes -me las pagan, yo se las daré. Mostrad acá, dijo el fullero, que estos -señores y yo os las pagaremos muy bien. Dióles una baraja hecha á su -modo, y como el licor de Ciudad Real se arrima tanto al corazon, y -humea para el cerebro, alegráronse, y con mucho gusto echaron la rifa -á cuatro quínolas. El fullero les dejó llegar á cada uno á tres sin -haber tomado ninguna para sí, y en dos pasantes que echó, una de su -mano, y otra del que tenia al lado, hizo las cuatro, y arrebató la -sortija, haciendo grandes algazaras con ella. Picáronse de esto, y -dijeron: Juguemos dineros. El fullero, con cierta socarronería, negando -al principio, dijo, que no queria poner en peligro su dinero ó las -vacas que se habian de comprar de él: pero al fin, persuadido, jugó; -teniendo más gana él que los otros, que con palabras que tenia hechas á -propósito, los iba haciendo picar. Pedia que les diesen de beber de la -olorosa bota que estaba metida en parte fresca, y en calentándose las -orejas echaban doblas como granizo; de suerte, que se estuvieron toda -la tarde jugando, una vez ganando el fullero, y otra dejando ganar á -los mercaderes, por disimular la fullería, y quejándose á veces, decia: -Vuesas mercedes me han de ganar aquí esta tarde cuatro ó cinco mil -escudos, segun estoy de picado. - -Al tiempo que entramos en la venta el mocito y yo nos dijeron, que -allí no se daba posada á gente que no traia cabalgaduras. Recibimos -con humildad la notificacion, y parámonos á descansar un poco. Mi -compañero afligido preguntó: ¿Pues qué habemos de hacer para esperar el -fin y suceso de esta grande aventura? Yo le respondí: Dejadme, que yo -conjuraré á la ventera, de manera que no nos eche de la venta. ¿Pues es -endemoniada, dijo él, ó bruja? Á lo menos, dije yo, parécelo; pero no -digo yo, sino con el conjuro general de las mujeres. ¿Cuál es? preguntó -el otro. Ahora lo vereis, dije yo. Lleguéme á la ventera, que era una -mujer coja y mal tallada: tenia las narices tan romas, que si se reia, -quedaba sin ellas: los ojos parecian de capirote de disciplinante: -echaba un tufo de ajos y vino por unos dientes entresacados y pardos, -bastante á ahuyentar todas las víboras de Sierra-Morena; las manos -parecian manojos de patatas; solo tenia que notar la limpieza, que -parecia haber salido del naufragio de los Condes de Carrion: con todo -esto me llegué á ella, y la dije: ¿Qué desdicha fué la que trujo á -estas soledades á una mujer de tan buena gracia como vuesa merced? -¡Qué despacio está, dijo ella, el señor estudiante! No es cierto, dije -yo, sino que desde el punto que llegué aquí, puse los ojos en vuesa -merced, para consolarme del cansancio del camino. No haga burla, dijo -ella, de las mal vestidas. Yo no hago tal, sino que me parece vuesa -merced muy hermosa. Hermosa, dijo ella, como gata lagañosa. Parecióme -que ya iba creyendo, y díjele: Pues miren con qué gracia y donaire -responde. Cierto que es igual el rostro con la habla, y todo es con -mucho gusto. Y como Deo gracias, dijo ella: si conociera á una hermana -mia que tengo, tabernera en las ventas de Alcolea, dijera eso de veras: -que por solo oirla echar pullas, van á beber á su casa cuantos pasan. -¿Y vuesa merced, dije yo, cómo no se acerca hácia Córdoba? Porque, -señor, dijo ella, unas tienen ventura, y otras tienen ventrada. ¿Pues -es posible, dije yo, que no ha habido quien saque á vuesa merced de -tan mal oficio? Y respondió ella: Estáse la carne en el garabato por -falta de gato. Pues á fé, dije yo, que si me hallara en disposicion -que habia de hacerlo; porque me da lástima ver entre estos riscos y -montañas á una mujer de tan buenas prendas. Pues calle vuesa merced, -dijo ella, que mi marido y yo les habemos de quitar el dinero á estos -que quedaron con él, y por la mañana haremos lo que nos pareciere; y -si acaso mi marido volviere á decir á la noche que se salgan de la -venta, váyanse por la puerta trasera del corral, que yo se la dejaré -abierta. Fuése, y mi compañero me preguntó: ¿Qué es del conjuro? ¿Qué -mayor conjuro quereis, dije yo, que haber llamado hermosa á una bestia, -que parecia panza de vaca, con su zumaque y menudillos? Conjuro es -este, dijo, que puede servir de malilla en todo el mundo. En tanto que -pasamos esta conversacion se llegó la noche, y la desesperacion de los -mercaderes; porque con las trampas que el fullero iba haciendo, y con -los tragos de cuando en cuando de Ciudad Real, los fué chupando la -plata y oro, y los zurrones en que tenian el dinero. Los mercaderes -quedaron dados al diablo, y maldiciendo la venta, y á quien á ella los -habia traido, se volvieron á dormir á la que habian dejado atrás, con -intencion de volverse á Toledo. El huésped, que no era lerdo, entendió -muy bien la bellaquería: yo estaba para reventar por lo que habia oido -la noche antes, y por lo que habia visto entonces. Estuve determinado -de revelarles la maldad; porque volviéndose los mercaderes, me faltaba -el bien que me habian prometido hacer por el camino; pero consideré, -que decir el secreto que estaba tan en duda, era desacreditar á los -fulleros, y á mí ponerme en peligro; que no siendo una cosa sabida, -tenemos obligacion de callarla con secreto natural. La seguridad -consiste en el silencio, y en estas ocasiones y otras semejantes háse -de advertir el peligro de ambas partes. Yo callé contra mi voluntad, -y el ventero que era un bellaco redomado, disimuló y calló como yo y -el otro. Los señores fulleros quedaron muy contentos; pero fueron tan -miserables que no dieron barato á nadie, por donde se aumentó en el -ventero el deseo de hurtarles la ganancia, y en mí de volvérsela á sus -dueños. El ventero que realmente lo sintió, les dió á entender que -recibió mucho gusto en ver los mercaderes despojados; y haciéndoles -grandes zalamerías, les dió un aposento que tenia aderezado para los -mercaderes, donde estaba un arcaz muy grande con tres llaves, que les -dió para guardar su dinero y ropa. Era el arcaz de una madera muy -maciza y de tablas gruesas, que hacia pared con la caballeriza, que -me puso en cuidado, imaginando qué traza podria tener para hurtarles -el dinero de un arcaz cerrado con tres llaves, y por ningun camino -podia moverse de donde estaba. Habló con la mujer de secreto, mirando -con cuidado si los veian hablar. En cenando muy solemnemente los -fulleros, habiendo hecho el pancho de perdices y vino de Ciudad Real, -se atrancaron en su aposento, y se cerraron de manera que no podia -entrarles una bruja. En siendo una hora de la noche, ó poco menos, el -ventero dijo: Los que tienen cabalgaduras salgan de la venta, que ya -que no hay arrieros, queremos dormir sin cuidados. Salimos aquel mocito -y yo, y dando vuelta por las espaldas de la venta, hallamos abierta -la puerta del corral, y entramos en el pajar. Yo andaba pensando con -cuidado cómo diablos, ó con qué modo ó traza podian hacer tiro á los -fulleros. Veia que en el aposento no podian entrar, por estar muy bien -encerrados, y el arcaz muy bien guardado. Traer salteadores para el -efecto no era negocio seguro, sino muy peligroso; entrar y matarlos no -podian, porque eran menos que ellos; pues querer minar el aposento con -pólvora era para todos peligroso. Y no pude dar en el modo, hasta que -entre once y doce, estando ellos durmiendo el mejor sueño, vinieron el -ventero y la ventera muy paso entre paso, alumbrando ella con un cabo -de vela: el marido comenzó á desviar con mucho silencio un gran monton -de estiércol que estaba en la caballeriza arrimado al aposento de los -fulleros. - -Á pocas vueltas se descubrió la tabla del arcaz, que servia de pared -al aposento. Miré con gran cuidado, y ví que la tabla del arcaz -estaba por la parte de arriba asida con tres ó cuatro goznes, y por -la parte de abajo con dos tornillos, cada uno en su esquina. Quitó el -ventero los tornillos, y en quitándolos, mandó á la mujer que llevase -de allí la vela, porque no entrase la luz en el aposento: ella la -llevó, y yo fuí muy poco á poco al ventero, al tiempo que tenia la -tabla alzada y los zurrones en las manos, y con voz muy baja, ó por -mejor decir, entre dientes, le dije: Dad acá esos zurrones, y tornad -á poner los tornillos; él me los dió, pensando que era su mujer, y -salíme con ellos y con mi compañero por la puerta del corral, que -mientras tornaba á poner el monton de estiércol hubo lugar para todo; -y anduvimos un ratillo apriesa hácia atrás, cada uno con su zurron, no -por el camino real, sino por un lado á la parte de arriba, con todo el -silencio posible. Ya estábamos casi frontero de la otra venta, adonde -los mercaderes se habian vuelto á dormir, y nos sentamos á descansar -un poco, que el recelo y temor aumentan el cansancio. Yo le dije al -compañero: ¿Qué pensais que traemos aquí? nuestra total destruccion, -porque á ninguna parte podemos llegar donde no nos pidan muy estrecha -cuenta de este dinero, que como él de suyo es goloso y codicioso, ó -por la parte que le puede caber, ó por congraciarse, cualquiera dará -noticia á la justicia de dos mozos caminantes de á pié, cansados y -hambrientos, y con dos zurrones de moneda, y el tormento será forzoso, -no dando buena cuenta de lo que se pregunta; pues esconderlo para -volver por él, tampoco atinaremos nosotros, como los demás; y andar -mucho por aquí dará sospecha de algun daño, y el menos que nos puede -suceder es caer en manos de los ladrones, que nos quiten el dinero y -la vida: ponerse á peligro por ganar dineros, muchos lo hacen; pero -poner en peligro la vida, honra y dinero, ningun hombre de juicio lo -ha de hacer: y así mi principal intento fué volver este dinero á sus -dueños, para tener tanta parte en él como ellos, sin peligro de las -vidas, y sin daño de las conciencias; y aquí viene bien: quien hurta -al ladron, etc. Esta y otras muchas cosas le dije para desarraigarle -cierta golosina que se le habia pegado, que como lo llevaba á cuestas, -habia contraido no sé qué parentesco con la sangre del corazon: pero -al fin le pareció muy bien. Fuimos á la venta, y aunque era muy de -madrugada, dimos golpes á la puerta, diciendo que veníamos con -un despacho de mucha importancia para unos señores mercaderes de -Toledo que estaban dentro. Ellos lo oyeron, y hicieron al ventero -que abriese. Encendió luz, y entramos en el aposento cargados, y sin -hablarles palabra arrojamos los gatos sobre una mesa, que si fueran -de Algalia no regalaran tanto las narices como estos regalaron las -orejas. ¿Qué es esto? dijeron los mercaderes. Su dinero, respondí -yo, que ha vuelto á César lo que era suyo. Contámosles el caso, y -díjeles que antes que en la otra venta se levantasen, pasásemos el -puerto. De buena ventura mia, venian mulas de retorno hácia Sevilla. -Los mercaderes alegres y agradecidísimos del caso, para mí y para el -otro mozo tomaron dos mulas, y caminando pasamos el puerto sin que -lo sintiesen en las ventas. Encumbramos el puerto, y bajamos á otra -que está en lo más bajo, no mal proveida, adonde estuvimos todo el -dia descansando y durmiendo, por el poco sueño y mucha pesadumbre que -les habia causado la pérdida de su dinero: y á la tarde supimos que -el ventero (como martirizando á su mujer, no supo cosa del hurto, -porque no osó decir que nos habia dejado dentro) sospechando que los -fulleros le habian hecho la treta que él no entendió, fué á dar aviso -á la Hermandad, de la vida y trato de aquellos hombres, y cómo tenian -dos zurrones de dinero mal ganado, y vino la Hermandad, y como no -halló los dineros, ni los zurrones que el ventero habia dicho en el -arcaz, á él por desatinado ó loco ó porque habia cargado demasiado, -y á los fulleros por gente sospechosa que tan tarde se estaban en la -venta, y á la mujer por suspensa y callada, que no supo dar razon de -sí, les hicieron pagar las costas sin averiguar el secreto. Holgámonos -mucho con el suceso, de manera que los mercaderes lo querian oir -por momentos, que segun pareció, hallaron más dinero dentro de los -zurrones del que habian dejado; y con donaire decia el uno de ellos: -No quiera Dios que yo lleve dinero ajeno en mi poder, gástese por el -camino en perdices y conejos, que no quiero tener que restituir; y -así se hizo con beneplácito de todos. Yo consideré á solas conmigo, -y aun lo comuniqué con uno de los mercaderes, cuán mal se logra lo -mal ganado, y cuánto peor se goza lo adquirido con juegos de ventaja, -donde se aventura la reputacion, sin asegurar la ganancia, que está -sujeta á cuantos la ven, y á cuantos lo imaginan, y á los ausentes, á -quien toca la distribucion de la estafa, que tasadamente les queda para -consumir en los tabernáculos de la gula, fiestas de Baco y sacrificios -de Venus, sin aprovechar la sumision y cortesía fingida para engañar -al que quieren desollar, ó al que ya tienen desollado; que si bien -quisiesen los hombres sencillos advertir á las cautelas, enredos y -marañas de estos apacibles lobos, echarian de ver que una cortesía -sin tiempo, una amistad sin sazon ni conocimiento, un comedimiento no -acostumbrado, unas ceremonias no debidas, traen consigo más daño que -provecho para aquel con quien se usan; porque si son los hombres de -tan ruin condicion que aun á la cortesía debida acuden de mala gana á -quien tienen obligacion, ¿por qué no se ha de entender que la novedad -de cortesías estraordinarias traen consigo algun secreto, especialmente -no teniendo partes por donde se le deban? Los fulleros tienen tambien -su materia de estado, porque, ó engañan por sí ó por amigos, que tienen -señalados y diputados para el efecto; casas de posadas, ó mesones, -donde les dan el soplo de la gente nueva á quien pueden acometer. - -Tienen tambien su libro de caja ó de memoria de todos aquellos que -acuden á favorecer su ministerio en todos los pueblos grandes ó -pequeños, porque es oficio corriente por toda España, y en las -poblaciones de importancia tienen correspondencia y avisos de las -zorras comadres, para chupar la sangre á los corderos inocentes. Y -aunque son tan grandes los sainetes de estos cautelosos culebrones, -para chupar la sangre de los que ven inclinados al juego, que no pueden -reducirse á regla cierta, ni guardarse de sus trampas, con todo eso -digo, que todo lo que fuere artificio apacible y no usado, se ha de -temer aun de los mismos amigos en materia de juego, porque se venden -unos á otros. Cuando convida á jugar un conocido á otro, llevándole -á parte no sabida, vaya con cuidado, sea en público ó en secreto; y -me parece que no será malo este refrancillo para este propósito: _Si -bien me quieres, trátame como sueles_. Caminamos con todo el gusto -que pudimos mis mercaderes y yo, buscando por el camino ocasiones en -que tenerlo: llegamos á la Conquista, que es un pueblecito que se -comenzaba entonces, un domingo por la mañana: entramos á oir misa, que -la estaba diciendo un clérigo que pronunciaba la lengua latina como -gallego. La misa era de _Requiem_, porque habian enterrado aquella -mañana un pobre, y ayudábale un sacristan, que sobre un sayo pardo muy -rozagante traia una sobrepelliz de cañamazo. Acabada la misa, diciendo -el responso sobre la sepultura, acabó el clérigo diciendo: _Requiescat -in pace, alleluja, alleluja_. El sacristan le respondió con muchos -pasos de garganta: _Amen, alleluja, alleluja_. Lleguéme al buen hombre, -y díjele: Mire, padre, que en misa de _Requiem_ no hay _alleluja_. -Respondióme muy confiadamente: Arre allá, señor estudiante; ¿no ve que -es entre Pascua y Pascua? Fuímonos cayendo de risa por todo el camino. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XIV. - - -Como el camino, por bueno que sea, siempre trae consigo un género -de soledad, porque ordinariamente se camina ó por necesidad, ó -por negocios forzosos, que ocupan la memoria y distraen el gusto, -procurábamos tenerle en todas las cosas que encontrábamos. Los mozos de -mula acudian á su costumbre, uno á echar pullas, otro á hacer burlas -á los caminantes, otro á cantar romances viejos, cual sea su salud: -nosotros de lo que se ofrecia á la vista. Encontrámos un pastor que -pasaba su ganado de un distrito á otro, pereciendo de sed él y los -perros; que en Sierra-Morena por mayo y por todo el verano, aunque de -noche hace fresco, de dia se encienden los árboles de calor: y era tan -ignorante el buen hombre, que teniendo sed llevaba los perros atados -porque no se le perdiesen. Preguntónos si sabíamos dónde hubiese agua; -yo le respondí: ¿Pues llevando perros, preguntais esto? desatadlos, que -ellos hallarán presto el agua. ¿Y es eso así? dijo un mercader. Es cosa -muy sabida, dije yo, y muchas veces experimentada. Y dije al pastor: -Desatad los perros, ó el uno de ellos, y ponedle un cordelillo largo, -con que lo vais siguiendo, que él hallará fuente, arroyo ó laguna: y -así lo hizo el pastor; de suerte, que dándole larga con el cordel, -rompió por una ladera alzando el hocico, y se fué hácia una espesura -derecho, que habia al pié de una peña, donde halló agua, que refrescó -al pastor y satisfizo al ganado. Y contaréles á vuesas mercedes lo que -me contó en Ronda un caballero de muy gentil entendimiento, que se -llama Juan de Luzon, muy experimentado en letras humanas y divinas. Hay -dos pueblecillos en Sierra de Ronda, entre otros muchos, uno llamado -Balastar, y el otro (si bien me acuerdo) Chucar, entre los cuales -andando un cabrero moro apacentando su ganado, apretándole la sed, -y no hallando agua, ni señal donde pudiese haberla, despareciósele -un perro, y á cabo de rato vino mojado todo y muy contento, coleando -al amo, y haciéndole muy grandes fiestas. Espantado de aquello el -cabrero, le dió muy bien de comer y lo ató, aguardando á que le tornase -á aquejar la sed, diligentísima despertadora de la pereza. Atóle un -cordelejo largo, y dejóle ir, y siguiéndole el amo, fué saltando matas -y peñas, rasgándose las manos y el rostro; y siguióle con todas estas -dificultades, hasta que entre unas grandes espesuras, se coló por la -boca de una cueva, que por debajo de altos riscos estaba naturalmente -hecha, con algunos resquicios, que le daban la luz que habia menester. -En medio de la cueva nacia un clarísimo arroyo, que se dividia en dos -partes: bebió el moro, é hinchó su zaque; y admirado de la novedad dió -en una traza, á su parecer buena, que despues le costó la vida; y fué, -que atajó con unas piedras el un arroyo de aquellos, echando todo el -agua por una parte, para ver al dia siguiente dónde iba á parar. Fuése -á su ganado, y averiguó el dia siguiente que habia faltado el agua en -Chucar. El moro que sabia el secreto, fuése al pueblo diciendo, que si -se lo pagaban bien les daria su agua, y otra tanta más, y contó el caso -como habia sucedido. El poco tiempo que les habia faltado el agua los -necesitó de manera que le dieron doscientos ducados porque les diese -su agua y la del otro pueblo. En recibiendo su dinero fué á la cueva, -y soltó el agua por aquella parte. Viéndose con su agua tan crecida, -conociendo la inconstancia y codicia del cabrero, antes que los de -Balastar le corrompiesen con esperanza de mayor interés, acordaron -darle garrote, quedándose con el agua toda, y el moro sin vida, sin que -hasta hoy se haya sabido en qué parte está el secreto: y hoy se echa de -ver señal de que algun tiempo corrió por allí agua, por las guijas y -piedras que lo manifiestan. Halló aquella encubierta cueva el aliento -del perro, leal amigo y fiel compañero, descubridor de enemigos de sus -amos. Extraña fuerza de aliento, dijo un mercader, que siendo el agua -un elemento sin olor, la venga á descubrir un perro con solo alzar el -rostro al aire, principal movedor y embajador del olfato. Que son las -calidades de los perros y las excelencias que hay en ellos muy dignas -de admiracion, no por los cuentos que se dicen de ellos, ni haciendo -caso de historias atrasadas, sino por lo que vemos y experimentamos -cada dia. ¡Qué fidelidad! ¡qué amor! ¡qué conocimiento! - -Á lo menos, dije yo, tienen dos admirables virtudes, si se puede dar -este nombre en ellos, que si los hombres las tuviesen tan sentadas en -el alma como ellos en su natural inclinacion, vivirian en perpétua -paz, que son humildad y agradecimiento. ¡Oh, bien notado! dijo el -mercader: ¡oh qué gallarda consideracion! Del bienaventurado San -Francisco, que fué hijo de un mercader, se dice que alababa mucho la -humildad de los perros, deseando imitarlos en esto, por la mucha que -tuvo nuestro Maestro y Redentor Jesucristo. Pues en agradecimiento, -dije yo, fuera de lo que la ley natural nos enseña, lo tenemos por -precepto suyo que enviando sus santísimos discípulos á predicar por -el mundo les mandó que en agradecimiento del bien que les hiciesen en -sus posadas curasen los enfermos que en ellas hubiese. ¿Pues hay, dijo -el mercader, quien desagradezca, ó quien no sepa agradecer el bien -que le hacen? ¿Hay quien no le parezca que no satisface el beneficio -recibido? ¿Quién ha de carecer de tan admirable virtud? Yo creo, -respondí, que nadie, si no son los avarientos y los soberbios, que son -dos géneros de gente pestilencial en la República; los unos, porque -no saben usar de caridad, y los otros porque siempre van contra ella. -Y pues se ha ofrecido materia tan excelente y divina virtud, como es -el agradecimiento, en tanto que llegamos á Adamuz tengo de referir un -caso digno de saberse, que le pasó al autor de este libro viniendo de -Salamanca, que no hay vida de hombre ninguno de cuantos andan por el -mundo de quien no se pueda escribir una grande historia, y habrá para -ella bastante materia. En una dispersion que hubo de estudiantes en -Salamanca, por cierto encuentro que tuvo el Corregidor D. Enrique de -Bolaños con la Universidad, y no con ella, sino con los estudiantes, -gente briosa, y fácil de moverse para cualquiera alteracion; como se -quedó la ciudad sin estudiantes, el autor tambien se fué á su tierra -como los demás, que las vacaciones estaban ya muy cerca, tiempo deseado -para descanso de los estudiantes. La necesidad suya era tanta, que -trilló el camino á la apostólica. Llegó un dia al anochecer á las -ventas de Murga, y no queriéndole dar posada, por el poco provecho que -habia de dejar en ellas, pasó adelante solo, y cantando por hacerse -compañía, que la voz humana tiene propiedad maravillosa para acompañar -á quien no lleva dineros que le puedan quitar. Salieron cuatro hombres -con cuatro ballestas, y preguntáronle de dónde venia. Él respondió -que de Salamanca. ¿Y á quién deja atrás? preguntaron ellos; y él -respondió: Antes todos me dejan á mí, porque ando poco. Pues ¿cómo no -se quedó en las ventas? preguntaron. Y él respondió: Porque como no -llevo dineros, ni cabalgadura que les pudiera dejar provecho, me dieron -voces que me saliese de la venta, y yo las voy dando á Dios porque me -acompañe, y juzgue la crueldad de estos venteros. Á lo cual dijo el -más pequeño de los ballesteros ó ballesteadores: Preguntamos esto, -señor estudiante, por ver si queda atrás quien nos pueda comprar caza, -de que tenemos mucha abundancia, y pocos compradores. Y volviéndose á -los compañeros, dijo: Gran lástima me ha dado el mal trato y crueldad -de que estos venteros usan con la gente de á pié, y más la necesidad -que he visto en este estudiante. Llevémosle á nuestro alojamiento, que -algun tiempo nos valdrá con Dios esta caridad. Harto mejor, dijo uno, -será matarlo (despues lo supe) porque no diga que nos ha encontrado, y -espante los caminantes. Al fin el mozuelo dió y tomó con ellos hasta -que lo llevaron consigo, porque les pareció que era lo más sano para -su negocio. Mostróse el mozuelo muy compasivo, que si bien las ruines -compañías hacen prevaricar una buena inclinacion, tal vez naturaleza -da una sofrenada, para recordacion del primer natural, que por más -que se olvide, de cuando en cuando torna á su primer principio. Fuése -con ellos, ó por mejor decir, se lo llevaron por unas espesuras, -escuridades y escondrijos, llenos de revueltas y dificultades, que -como ya era de noche y sonaba en unas profundidades despeñándose el -agua, y la fuerza del viento sacudia los árboles con gran furia, y al -estudiante el temor le hacia de las matas hombres armados que le iban -á despeñar en aquella infernal hondura, iba con gran devocion mirando -al cielo, y tropezando en la tierra; pero con muy buen ánimo, hablando -sin muestras de temor. Llegaron al fin á su habitacion, que parecia más -de zorras que de hombres, y desenvolviendo mucha cantidad de brasa, que -parecia ser de muy buena leña de encina, encendieron, para alumbrarse, -unas rajuelas de tea, que les daba la luz bastante que habian menester -para toda la noche. La cena fué muy buenos tasajos de venado, si no -eran quizá de algun pobre caminante. Él no sabia fiestas que hacerles, -diciéndoles cuentos, entreteniéndolos con historias, alabándoles el -vivir en aquella soledad apartados del bullicio de la gente. Decíales -que el ejercicio de la caza era de caballeros y grandes señores, y que -sin duda descendian de alguna buena sangre, pues se inclinaban á él. Si -algun disparate se les caia, se lo alababa y solemnizaba por muy gran -cosa. Al uno decia que tenia buen rostro, al otro que plantaba bien los -piés, al otro que tenia buen ingenio, al otro que hablaba con mucha -discrecion; que en semejantes conflictos la humildad mezclada con la -apacibilidad y distraccion, á los pechos que de suyo son fieros, y aun -de fieras, los vuelven mansos y amigables. La necesidad en los peligros -hace sacar fuerzas de flaqueza; y con gente de aquella traza el temor -engendra sospecha, y el ánimo arguye sencillez. Turbarse donde (aunque -se teme el daño) no estamos en él, es apresurarlo si ha de venir; y -ponerlo en duda y sospecha si no se temia. Él se hubo tan bien con los -cazadores de gatos muertos y rellenos, que le regalaron y dieron de -cenar, y dos zamarros en que durmiese, y antes que amaneciese, porque -no saliese con luz, le dieron de almorzar, y sacándolo al camino aquel -mozuelo, el menor de los cuatro, le fué diciendo el peligro en que se -habria visto si no fuera por él: y en pago le rogaba no dijese á nadie -lo que le habia sucedido: despidióse de él, y fué su camino, volviendo -atrás muchas veces la cabeza, que aun le parecia que no estaba muy -seguro de ellos. Si encontraba algun caminante, le decia que no fuese -por aquel camino, porque le habia seguido una grandísima sierpe, que -no osaba decir otra cosa, pareciéndole que estaban oyéndolo. Al fin, -para abreviar el cuento, habiendo peregrinado por España y fuera de -ella más de veinte años, redújose al estado que Dios le tenia señalado; -fuése á su tierra, que es Ronda, hízose sacerdote, sirviendo una -capellanía de que le hizo merced Felipe II, sapientísimo Rey de España. -Despues del suceso de los salteadores, veinte y dos y veinte y tres -años, vinieron en busca de tres ladrones famosos, trayendo lengua de -ellos, que estaban en Ronda, que para hurtar tenian esta astucia. Las -mujeres vendian buhonería (que todos eran casados), entraban en las -casas á vender su mercadería, mirábanlas bien, y daban al punto á sus -maridos de las señas de toda la casa, y á la mañana amanecia robada. -Llegó á Ronda este soplo, dieron con ellos en la cárcel por la órden -del licenciado Morquecho de Miranda, que al presente hacia oficio de -Corregidor, siendo Alcalde mayor. Y por abreviar el cuento, dióles -tormento, y confesaron de plano: pidióle al autor que los confesase, y -en entrando representósele la presencia del uno de ellos, que le hizo -cosquillas en el alma; y reparando en el sentimiento que habia tenido, -halló que era el que le habia dado la vida en Sierra-Morena: buscando -traza cómo agradecer el bien que le habia hecho, y pareciéndole que -estaba el negocio muy adelante para rogar por un hombre convencido por -su confesion, fuése al juez, y díjole que si hacia justicia de aquel, -perdia una grande ocasion secreta. El juez dispuso de los otros dos y -dejó aquel, para que descubriese una gran máquina que el confesor le -habia dicho, y apretándolo despues á que hiciese con el delincuente que -lo confesase, le respondió: Señor, martirizado de la piedad, y movido -del agradecimiento, fingí á vuesa merced lo que sabe: este hombre me -libró de la muerte, ha venido á mis manos, querria pagarle el bien que -me hizo, y á los jueces tan bien los acompaña la misericordia como -la justicia: suplico á vuesa merced por las entrañas de Dios que se -compadezca del trabajo de un hombre tan piadoso como este. Respondió: -Estoy pensando cómo satisfacer á vuestra demanda y á mi reputacion, -y al bien de ese hombre, que por piadoso lo merece: él no está -ratificado, y en las cosas criminales tenemos ley del Reino que nos da -licencia para poder conmutar la pena de muerte en galeras; yo os siento -tan ansiado por agradecer el bien que os hizo, que quiero aprovecharme -de esta ley, pues no hay parte, y echarlo á galeras donde purgue su -pecado. Hincóse de rodillas, agradeciendo á Dios y al juez tan piadosa -causa: llevó la nueva al casi muerto preso, que respiró, volvió en sí -como de la muerte á la vida, y el autor quedó contentísimo de haber -mostrado su agradecimiento en tan apretada ocasion, que siempre las -buenas obras tienen guardado su premio en este y en el otro mundo. -¡Estraño suceso, y digno de memoria! (dijeron los mercaderes): ¡qué -santa cosa es hacer bien! ¡qué cierto la buena obra es la prision del -corazon noble! ¡qué buen fruto coge quien siembra buenas obras! Que -como el vestido cubre el cuerpo, las buenas obras son coberturas del -alma. ¡Qué contento quedaria ese hombre cuando hizo este bien! Como -queda sabroso el brazo cuando acierta un tiro, así lo queda el alma -cuando hace una buena obra. En esta conversacion, el acabarse el cuento -y descubrir á Adamuz, fué á un mismo tiempo; lugar apacible, puesto -en el principio ó fin de Sierra-Morena, en jurisdiccion del Marqués -del Carpio; y al mismo tiempo se descubrieron aquellos fértiles campos -de Andalucía, tan celebrada de la antigüedad por los Campos Elíseos, -reposo de las almas bienaventuradas. Posamos y reposamos aquella noche -en Adamuz. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XV. - - -El dia siguiente, por ciertos respetos, me fué forzoso (por llegar -primero á Málaga que á Ronda), apartarme de los mercaderes, tomando la -via del Carpio; y ellos lo hicieron tan bien conmigo, que me dieron uno -de los machos en que iban y dineros, fiando de mí que se lo llevaria -á la feria á buen tiempo, y ellos se fueron con las mulas de retorno -en que yo habia venido hasta allí; el macho era endiablado, que ni -se dejaba herrar, ni poner la silla, y por momentos se echaba con la -carga, aunque con la compañía habia disimulado algo de su malicia, y -así en saliendo del lugar, por verse solo y por sus ruines resabios, -en el primer revolcadero se arrojó, cogiéndome una pierna debajo, de -suerte que si yo no me echára al mismo tiempo del otro lado, recibiera -mucho daño; pero con esta precaucion pude levantarme, y llevándolo del -diestro muy contra su voluntad un ratillo, se me quitó el dolor, sin -entrar el frio que pudiera, si no hiciera aquella diligencia. Eché de -ver la ruin compañía que llevaba con mi cabalgadura; pero por si otra -vez se echaba, cogí un garrote para usar de un remedio que habia oido -decir á un viejo, que como la experiencia los ha enseñado, saben más -que los mozos, y para semejantes actos, que no son de muchos lances, -cerrados los ojos se puede seguir su parecer. Fuí con gran cuidado -para otra vez que se quisiese echar, y en sintiéndolo que iba á caer, -díle con el garrote entre ceja y ceja con tal furia, que cayendo le ví -volver lo blanco de los ojos, bien arrepentido de haberlo hecho, porque -realmente pensé que lo habia muerto; pero sacando de presto pan, y -mojándolo en vino, díselo, y tornó en sí tan castigado, que nunca más -se echó, á lo menos llevándome á mí encima, aunque topó arenales donde -pudiera hacerlo. Fuí mi camino, y en llegando á un bosquecillo del -Carpio, aunque pequeño, abundantísimo de conejos y otras trazas, en la -ribera de Guadalquivir, apeéme á cierta necesidad natural y forzosa, -y antes que la comenzase espantóse el macho, dió á huir por el ruido -que hizo un culebron y una zorra que salieron de un zarzal y matas muy -espesas que habia junto al camino, que debian de estar ambos en una -cueva, que la culebra con ningun animal hace amistad sino con la zorra. -Ella dió por una parte, y la culebra tras el macho, que como supe -despues, á cuantos pasaban acosaba, porque habian muerto su compañía: -arrojéle una piedra, no pensando que sucediera lo que sucedió, que como -la piedra iba por el aire, corrió más que la culebra, y dióla en el -espinazo, de que volvió con tal furia contra mí, que si no me pusiera -de la otra parte del camino, dejando en medio mucha arena, lo pasara -mal, que como no se podia aprovechar de las conchillas que le sirven de -piés en la arena, como en lo duro y liso, no se atrevió atravesar el -camino; pero cuanto yo más corria por la una banda, ella corria por la -otra, con más de una vara de cuello alzado de la tierra, vibrando la -lengua muy apriesa, y haciendo cinco ó seis de ella. - -Iba yo de manera, que ya no sentia la falta del macho, sino la -persecucion de la culebra, que me tenia sin aliento, lleno de sudor -y cansancio. Los silbos no eran formados ni agudos, sino bajos y -continuados, casi al modo que pronunciamos acá las xx. Llegué á una -parte del camino, á donde habia piedras para tirarle. Paréme, así por -descansar, como por aprovecharme de las piedras; pero ella viendo mi -temor, quiso pasar por la arena para acometerme, por donde tuve yo -esperanza de librarme de ella; porque en entrando no pudo aprovecharse -de las conchuelas, ni moverse sino muy poco: animándome lo mejor que -pude, le tiré tantas piedras, que casi la vine á enterrar en ellas, y -acertándole con una, despues de haberle escupido muchas veces hácia -la cabeza (que es veneno contra ellas) la acerté con una piedra media -vara más arriba de la cola, donde tiene el principal movimiento, de -que no pudo menearse más, y acudiendo con otras muchas, le majé la -cabeza, y me senté á descansar. Pasaron por allí dos hombres que -iban camino de Adamuz, y me contaron lo que arriba dije. Midiéronla, -y tenia diez piés de largo, y de grueso más que muñeca ordinaria. -Abriéronla, y halláronle dentro dos muy gentiles gazapos, que estas -serpientes son muy voraces y poco bebedoras, aunque pasan mucho tiempo -sin mantenimiento; y así hacen tarde la digestion, que en el poco -movimiento que ella hacia bien se echaba de ver que estaba pesada. -Consideré en el rato que estuve descansando, qué de cosas hay en el -mundo que contrastan la vida del hombre. Que hasta un animal sin piés -ni alas le persigue, y le comenzó á perseguir desde su principio antes -que otro animal ninguno, ó porque no piense el hombre que se le dió el -dominio y jurisdiccion en la tierra sin pension ni trabajo, ó porque -con la razon sepa distinguir lo malo de lo bueno, y guardarse de lo -que le puede dañar; mediante la cual razon conoce y sabe conocer el -mantenimiento provechoso, y desechar el nocivo. Huir de los animales -bravos, y servirse de los mansos; pero los feroces y dañosos avisan -del mal que pueden hacer, ó con las uñas, ó con los cuernos, ó con los -dientes, ó con los picos. ¡Mas que un animal sin piés, sin uñas, sin -cuernos como éste sea tan horrendo y abominable, que atemorice con solo -mirarle! Ordenacion fué de Dios, para sujetar la soberbia del hombre y -desjarretársela con la misma inmundicia y asquerosidad de la hez de la -tierra, que aun muerta la veia, y me daba horror; y confieso de mí, que -siempre que veo semejantes sabandijas, engendran en mí nuevo temor y -espanto; ¿pero qué no espantará ver, que una cosa que parece cerbatana -ó varal, de su propio movimiento corre tanto como un caballo? ¿Y que -con hincar la cabeza en el suelo, dé tan grande golpe á un hombre que -lo derribe y aun lo mate, acometiendo á traicion que no cara á cara? -¿Que sea tan astuto, que se desnude el hábito viejo y se vista de -nuevo? ¿que se cure la ceguera de sus ojos causada de las humedades del -invierno con refregarse en el hinojo la primavera? Son tan contrarios -á todos los demás animales, que con ninguno hacen amistad, sino con la -zorra, ó porque ambas habitan siempre en cuevas de tierra y piedra, ó -por buscar abrigo en el pelo de la zorra. Hasta aquí habia estado el -ermitaño callando, y aquí parecióle preguntar, como hombre que habia -estado en soledades y entre ásperas montañas, huyendo el concurso de -la gente, viviendo y conversando con animales brutos, ¿cuál era la -razon porque estas sabandijas sean tan espantables, como son culebras, -lagartos, sapos, escuerzos, áspides, víboras, y otras semejantes que -suelen verse? Respondíle: Lo primero, que todas las cosas que no vemos -y tratamos de ordinario, traen consigo este género de admiracion. Lo -segundo, que por tener tanto de los dos elementos graves, que son agua -y tierra, y tan poco de los elementos leves, que son aire y fuego, que -casi no tienen parentesco ni semejanza con el hombre; porque éste tiene -de lo espiritual, en que se parece á los Ángeles, y de lo corporal, -en que se parece á los animales brutos; y estos en aquella parte -terrestre, húmeda y fria, tienen semejanza con las sabandijas, y estas -consigo solas, y con las entrañas de la tierra. Lo tercero y último, -porque todos los animales que no pueden engendrar de la putrefaccion -de la tierra, sin generacion de su semejante, ni pueden ser para el -servicio, ni para el gusto del hombre, á quien Dios les manda que -obedezcan, y ellos mismos huyen de su presencia, como de señor á quien -aborrecen, por la superioridad y dominio que tienen sobre todas, ó por -la antipatía natural. Y esto baste, porque la pérdida de mi macho me -da pena y cuidado, y priesa que lo busque. Ya que hube descansado y -limpiádome el sudor del rostro, que lo de dentro no pude, fuí buscando -mi macho, ó por mejor decir, de los mercaderes, por toda la orilla y -ribera del Guadalquivir, sin topar á persona que me supiese dar rastro -ni nuevas de él yendo, como iba, cargado con ferreruelo, espada, cogin -y alforjas, que todo lo echó por alto, sino es la silla, que la llevaba -en la barriga; de suerte, que yo me cargué de todo lo que el macho se -descargó, y mucho más me cargaban las matracas que me daban los que -me topaban hecho caballo de postillon, que por no dejarlo lo sufria -todo. Paréme á descansar un ratillo, antes que pasase el rio, donde ví -tanta abundancia de conejos, que estaban más espesos á la orilla del -rio, que liendres en jubon de arriero, que en todo el dia no dejan de -venir á beber muchas manadas de ellos. Pasé de la otra parte del rio, -y entréme á descansar á un meson que está antes de llegar al pueblo, -donde tampoco me supieron dar nueva de mi negro macho, aunque prometí -hallazgo, haciendo diligencias con las guardas del bosque. Refresquéme -lo mejor que pude de mantenimiento y bebida, con la templanza que el -cansancio pedia. Púseme á la puerta del meson, para ver si pasaba el -macho ó persona que de él me diese nuevas. Miré aquel pedazo de tierra -en el tiempo que allí estuve, que en fertilidad é influencia del cielo, -hermosura de tierra y agua, no he visto cosa mejor en toda la Europa, -y para encarecerla de una vez, es tierra que da cuatro frutos al año, -sembrándola y cultivándola con regadío de una aceña, con tres ruedas, -que la baña abundantísimamente, donde algunos años despues pasó en -presencia mia una desgracia muy digna de contarse; para que se vea -cuánta obligacion tienen los hijos de seguir el consejo de los padres, -aunque les parezca que repugna á su opinion. Y fué, que siendo Marqués -del Carpio Don Luis de Haro, caballero muy digno de este nombre, y muy -gallardo de persona, y adornado de virtudes y partes muy dignas de -estimar, vinieron allí madereros de la sierra de Segura con algunos -millares de vigas muy gruesas; y dando el Marqués licencia y lugar para -que las pasasen, alzaron la puente de la pesquera, para que toda el -agua se recogiese á un despeñadero ó profundidad, por donde los maderos -habian de pasar. Los gancheros eran todos mozos, de muy gentiles -personas, fuertes de brazos, y ligeros de piés y piernas, grandes -nadadores y sufridores de aguas, frios y trabajos. Quisieron hacer al -Marqués una fiesta de gansos, poniéndolos atados entre los dos maderos -de la puerta de la pesquera, y como iba el madero despeñándose, por -la violencia del grande cuerpo del agua, puesto el ganchero sobre el -madero hácia la cabeza del ganso, y tirando del pescuezo, se deslizaba -de la mano y caia en la profundidad del agua, saliendo lejos de allí -nadando, en que pasaron cosas de mucho gusto y risa, aunque no sin -peligro de quien la causaba, que siempre las caidas son de gusto para -quien las ve, pero no para quien las da, especialmente en ejercicios -tan poco usados como este. - -Entre estos gancheros venia un mozo recio, de muy gentil talle, alto de -cuerpo, rubio, y bien hecho de miembros, grande hacedor de su persona, -y que entre todos los demás era conocido y respetado como por de tal -opinion, y por grandes fuerzas para cualquier ejercicio de hombres. -Este pidió licencia á su padre, que venia en compañía de los otros, -para ir á quitar el pescuezo á un ganso que estaba recien puesto; la -cual el padre le negó, que los padres, ó por tener más experiencia que -los hijos, ó por ser hechura suya y conocer sus inclinaciones, ó por -haberlos criado, y conocer de qué pié cojean, ó por el amor entrañable -que les tienen, son algo profetas de los bienes ó males de los hijos; -y así este por ningun camino consintió que de su voluntad fuese el -hijo á la fiesta; pero diciendo él que no queria que lo tuviese por -menos hombre que á los demás, con importunaciones alcanzó de su padre -que lo dejase ir, aunque de muy mala gana. Y reprehendiéndole algunos -porque lo hacia tan forzado, respondió en presencia mia unas palabras -llenas de gran sentimiento y dolor diciendo: No sabe nadie lo que -es aventurar un hijo criado, y solo. El mozo fué gallardísimamente, -teniendo todos los ojos puestos en él, que en asiendo el cuello del -ganso, que él pensaba con facilidad arrancar con la fuerza grande que -hizo, estúvose casi colgado de las manos hasta que el madero llegaba -ya al cabo, en cuyo remate ó cabeza, deslizándosele la mano, cayó, y -dió de cerebro, sumergiéndose en el profundo del charco, sin que más -pareciese hasta el dia siguiente, con grande espanto y compasion de -todos los circunstantes, quedando el padre, que lo estaba mirando, en -éstasis. Todos los gancheros nadando le buscaron, y lo hallaron al dia -siguiente, que pareció en cierta manera castigo de la desobediencia -que tuvo al mandamiento del padre, y ejemplo para cuantos le vieron. -Fué contra el precepto y consejo paternal, del cual tienen necesidad -todos los que desean acertar. Pasó este caso en este mismo lugar, y en -presencia del marqués D. Luis de Haro, y de su hijo el marqués D. Diego -Lopez de Haro, que cuando esto se escribe están vivos, y más mozos que -el autor, en cuya compañía se halló presente á este infelice suceso. Y -porque no habrá lugar de contarlo adelante, se dice aquí, por encargar -á los hijos que aunque les parezca que saben más que los padres, en -razon de la superioridad que Dios les dió sobre ellos, y representando -la persona del verdadero Padre, los han de obedecer y respetar, y creer -que en cuanto á las costumbres morales saben más que ellos; porque -con esto se merece con el universal Padre de todas las criaturas. Y -volviendo al estado presente, y la pena que me daba la falta de mi -macho, aquella tarde no pude saber de él, y así me quedé aquella noche -en el meson, sin esperanza de poderlo hallar. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XVI. - - -Amaneció el sol el dia siguiente con unos rayos entre verdes y -cetrinos, señal de agua, y yo sin macho, ni esperanza de hallarlo. -Fuíme al pueblo á las nueve, ó á las diez, y ví que unos gitanos -estaban vendiendo un macho, muy hechas las crines y el trenzado de -atrás, con su enjalma y demás aderezos, encareciendo la mansedumbre y -el paso con mil embelecos de palabras. Hacia el gitano mil gerigonzas -sobre el macho, de manera que tenia ya muchos golosos que le querian -comprar. Lleguéme cerca, y ví que era del color del mio; pero -desconocido en verlo tan manso, seguro, remozado de crines y cola. Ví -que se dejaba tocar á todas las partes del cuerpo sin alterarse, y -así no me atreví á pensar que pudiera ser el mio. Alzábanle los piés -y manos, dándole palmadas en el pecho y en las ancas, estando él con -mucha paciencia y mansedumbre: yo estaba desconfiado de que pudiera -ser el mio, pero fuíme por un lado disimuladamente, y púseme delante -de él, aunque detrás del gitano, y en viéndome amusgó las orejas, por -el conocimiento, ó por el temor que me tenia. Espantéme de ver su tan -súbita y no esperada mudanza, y ví que realmente era mi macho: mas no -pude imaginar cómo le podia cobrar sin dar testigos ó evidencia de cómo -era mio; y así no me arrojé á decir que era hurtado, y decia entre -mí: ¿es posible que sean estos gitanos tan grandes embusteros que en -menos de veinte y cuatro horas hayan hecho este macho de enjalma, y le -hayan disfrazado de manera que me ha puesto en duda el conocimiento de -él, y que lo hayan hecho más manso que una oveja, siendo peor que un -tigre, y que no tenga yo modo para cobrarlo manifestando mi justicia? -Pero detúveme un poco, y lleguéme con los demás á ver el macho, y -alabándole, pregunté si era gallego. Respondió el gitano: Vuesa merced, -ceñor, á fé que sabe mucho de bestiaz, y ha conocido bien la bondad de -loz mejorez cuatro piéz que hay en toda Andalucía. No ez gallego, mi -ceñor, cino de Illezcaz, que allí lo truqué por un cuartago cordovez, -y aquí traigo el teztimonio. Será levantado, dije yo entre mí, y junto -con esto lo mostró. Ofrecióseme traza para cobrarlo fácilmente, y -lleguéme á un hidalgo, á quien ví que todos respetaban, que era de los -antiguos criados de aquella casa, llamado Angulo, y le dije: Señor, -este macho me han hurtado esos gitanos, y aunque trae enjalma, es de -silla; y aunque parece que traen testimonio, es falso. Á lo cual me -dijo el hidalgo: Mire, señor estudiante, que conocemos este gitano de -mucho tiempo acá, y nos ha tratado siempre verdad. Pues ahora, respondí -yo, no la trata, y haciendo vuesa merced las diligencias que yo le -suplicaré, se verá con evidencia la verdad que tengo dicha; y vuesa -merced está inclinado á comprarlo porque le parece manso, siendo peor -que un demonio. - -Pues ¿puede ser fingida, preguntó el hidalgo, aquella mansedumbre y -bondad? Sí señor, respondí yo, porque lo han emborrachado; y no hay -bestia tan feroz ni maliciosa que echándole de grado ó por fuerza -una azumbre de vino en las tripas, no se amanse más que una oveja: y -por esto haga vuesa merced lo que yo le suplicaré, y saldrá de este -engaño, viendo que el macho es malicioso, y que es mio. Y lo primero -digo á vuesa merced que se lo llegue á comprar, y dígale esto y esto, -hablándole algo al oido, é informándole de todo lo conveniente. Fuése -el hidalgo, despues de bien informado, al gitano, y mirando el macho, -le dijo: Yo estoy muy contento de esta bestia, y la comprára si tuviera -silla y freno, porque tengo de hacer un viaje muy largo. El gitano se -holgó mucho de ello, y trajo la silla y el freno, diciendo que era -el mejor caminador del mundo, y que por pensar que para el campo se -venderia más presto, le habia puesto la enjalma. En viendo el hidalgo -la silla y el freno, halló que conformaba con las señas que yo le -habia dado, y haciendo lo que yo le habia dicho al oido, llevólo á su -casa, asegurando á los gitanos que lo queria probar; y túvolo hasta -tanto que se gastaron los humos del vino encerrado en su casa. Hecho -esto llamó al gitano, y díjole que subiese en el macho y caminase un -cuarto de hora fuera del pueblo. Subió, aunque era muy suelto, con -mucha dificultad, por la poca seguridad del macho, que gastada la -suavidad del vino, tornó á su ruin natural, y caminando como un viento, -en saliendo de las casas, con la misma furia que llevaba dió consigo -y con el gitano en tierra, y cogiéndole una pierna debajo, se revolcó -de manera, que fué bien necesaria la ligereza del gitano para que no -se la quebrase. Acudió aquel hidalgo desengañado ya de la bellaquería, -y le dijo riéndose: ¿Qué desgracia es esta, Maldonado? Señor, dijo -el gitano, como está holgado, y mal herrado, se echa con la carga. -Y riéndose más el hidalgo, dijo: Pues alzadle los piés, veamos si há -menester herradura. Alzóle un pié, y dióle una patada en el carrillo -izquierdo, con que le dejó señalada la herradura y los clavos; díjole -el hidalgo: Mal se conoce lo que no se ha criado, hermano Maldonado; -si vos hubiérades tratado y conocido esta bestia, ni os engañárades, -ni nos engañárades. En lo ajeno dura poco la posesion: íbades con -aquel refran: quien no te conoce te compre. ¿Por qué pensábades que -os preguntó el dueño si era gallego, sino porque como tal os habia de -dar la coz que os dió? Vos queríades herrarlo; ¿mas él no os herró á -vos? ¿cogistes ayer el macho, y queríades hoy venderlo? Huélgome de -saber que tambien sois nigromántico, pues desde ayer habeis venido de -Illescas. Señor, dijo el gitano, yo hice como gitano, y su merced ha -de sufrir como caballero; bien eché de ver que este señor sabia de -bestias. Descubierto el hurto con la evidencia posible, me dieron mi -macho, y me avié camino de Málaga, pasando por Lucena, donde llegando -un poco tarde, reposé y comí un bocado, y pensando llegar aquella noche -á Benamejí, cuyo camino yo no sabia, partíme con la relacion que me -dieron. Las leguas son más largas de lo que yo me pensaba; el camino -estaba lleno de lodo, porque la noche antes habia llovido muy bien. -Yo por priesa que me dí con mi macho, me anocheció una legua antes -de llegar á un riachuelo que está entre Lucena y Benamejí. Halléme -confuso, por ser la noche oscura, y caminar sin guia, sin encontrar -á quien preguntar por el camino, que era domingo en la noche, cuando -todos los labradores están en sus casas. Al fin poco á poco, muchas -veces tropezando, y algunas cayendo, llegué al rio, y en pasando no -hallé camino por la otra parte, por una costumbre que tienen los -labradores en aquella tierra, que es para desviar los caminantes, para -que no les entren por el sembrado, cavar por aquella parte por donde -suelen hacer senda los caminantes. Salió del rio mi macho lo mejor -que pudo, y echó á mano derecha por un cerro que tenia muchas sendas -de ovejas, ó de cabras. Llegó á lo más alto que pudo, y estaba tan -empinado el cerrillo, que en acabándose la senda ni pude ir adelante, -ni volver atrás. Víme en un gran peligro, porque si queria bajar con -el pié derecho, habia de rodar por la sierra abajo hasta llegar á un -arroyo salado, donde cuando bien librára llegára la cabeza llena de -chichones. Roguéle al macho con mucha humildad que me hiciese la merced -de estarse quedo mientras bajaba al revés; pero al tiempo que le mandé -que volviese por la sendilla que habia subido, él iba tan cansado que -se echó, y echándose, como el cerro estaba tan empinado rodó hasta el -arroyo salado; yo volví por la senda, hasta llegar al arroyo, y fuí -á mi desdichado macho, y lo que pude, ayudéle á levantar, que estaba -tan molido que fué menester animarle con sopa en vino, y llevándole -del diestro lo más poco á poco que pude, fuí considerando que todo -aquello me sucedia por no haber tenido respeto á la fiesta, caminando -y haciendo el viaje que se pudiera hacer otro dia; que al fin como las -fiestas son para dar gracias á Dios y no para hacer jornadas, no puede -haber quietud para hablar con Dios despacio. Que trabajando en los -dias que la Iglesia tiene dedicados para Dios, no solamente no aumenta -el provecho, pero por mil caminos viene el daño, como me sucedió esta -noche, que yendo con mi macho á mano izquierda por una ladera arriba, -yendo yo por la parte de abajo por animarlo, deslizó, y cogióme debajo; -aunque no fué mucho el daño, porque pude fácilmente salir, y dándole -sopa en vino pudo subir hasta que descubrí en lo alto del cerro un -cortijo, donde me llegué con toda la humildad del mundo; y aunque dí -muchos golpes no me respondian, porque habia mucha gente, que se habia -juntado allí aquella noche por ser dia de fiesta. - -Al fin, dí tantos golpes, que me respondió un mozo, y diciéndole con la -necesidad que venia, respondióme que me fuese en hora buena; y tornando -á llamar, acudió el aperador del cortijo, que en todas sus acciones -pareció ser muy hombre de bien, y abriéndome la puerta acudió á mi -necesidad y al cansancio de mi macho, y díjome: Perdone vuesa merced, -que por estar dando voces sobre una serilla de higos que estos mozos me -habian hurtado, no pude responder tan presto. Pues si no es más de por -eso, dije yo, no le dé pena, que yo le diré quién se la hurtó. Ángel -será vuesa merced, respondió él, y no hombre, si me dice eso. Déjeme -reposar, dije yo, y se lo diré. Descansé un rato, y mi macho cenó lo -mejor que pudo; yo cené un muy gentil gazpacho, que cosa más sabrosa -no he visto en mi vida, que tanto tienen las comidas de bueno, cuanto -el estómago tiene de hambre y de necesidad. Fuera de que el aceite -de aquella tierra y el vino y vinagre es de lo mejor que hay en toda -la Europa. Habiendo cenado, y estando todos los mozos alrededor, le -dije al aperador: Este dornajo en que habemos cenado ha de descubrir -el hurto de los higos. Dijo uno entre dientes: aun seria el diablo -la venida del estudiante. Pedíle al buen hombre un poco de aceite y -almagre, y sin que los mozos lo viesen unté el suelo del dornajo con -una mezcla que hice del aceite y almagre, y pedíle un cencerro de las -vacas, y poniéndolo debajo del dornajo dije, con voz que lo oyeron -todos, habiendo puesto el dornajo más adentro, donde estaba el pajar: -Pasen todos uno á uno, y den una palmada en el suelo del dornajo, y -en pasando el que hurtó los higos sonará el cencerro. Fueron todos uno -á uno, y dió cada uno su palmada en la almagre, y no sonó el cencerro -que es lo que todos esperaban. Llaméles á todos, y díjeles que abriesen -las palmas de las manos, las cuales tenian todos enalmagradas, si no -era él uno de ellos; y así les dije á todos: Este gentil hombre hurtó -los higos, que porque el cencerro no sonase no osó poner la mano en el -dornajo. Él se puso colorado como un escaramujo, y los demás estuvieron -toda la noche reventando de risa y dándole matraca, y el aperador muy -agradecido de haber hallado sus higos, y yo muy contento del buen -acogimiento: y por el buen hospedaje dejéle dos cuchillos damasquinos, -con que por poco le corta las orejas al ladron de los higos. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XVII. - - -Habiendo descansado aquella noche lo que parecia que bastaba para -los trabajos de mi macho, fuí á rogarle que se animase, y gruñendo -alzó la pata, y al mismo tiempo díle un palo, con que se le acordó el -trabajo pasado. Sosegóse luego, y echéle la silla; caminé á Benamejí, -que estaba muy cerca, y aunque quise pasar sin que me viese pasar -el señor Benamejí, el bellaco del macho se arrojó en su casa, y fué -forzoso descansar allí un rato. Al fin, por abreviar el cuento, llegué -á Málaga, ó por mejor decir, paréme á vista de ella en un alto que -llaman la cuesta de Zambara. Fué tan grande el consuelo que recibí de -la vista de ella, y la fragancia que traia el viento, regalándose por -aquellas maravillosas huertas cubiertas de todas especies de naranjos -y limoneros y llenas de azahar todo el año, que me pareció ver un -pedazo de paraíso, porque no hay en toda la redondez de aquel horizonte -cosa que no deleite los cinco sentidos. Los ojos se entretienen -con la vista de mar y tierra, llena de tanta diversidad de árboles -hermosísimos como se hallan en todas las partes que producen semejantes -plantas; con la vista del sitio y edificios, así de casas particulares -como de templos excelentísimos, especialmente la iglesia mayor, que no -se conoce más alegre templo en todo lo descubierto. Á los oidos deleita -con grande admiracion la abundancia de los pajarillos, que imitándose -unos á otros, no cesan en todo el dia y la noche su dulcísima armonía, -con un arte sin arte, que como no tienen consonancia ni disonancia, es -una confusion dulcísima que mueve á contemplacion del universal Hacedor -de todas las cosas. Los mantenimientos abundantes y substanciosos para -el gusto y la salud. El de la gente muy apacible, afable y cortesano, -y todo es de manera que se pudiera hacer un grande libro de las -excelencias de Málaga, y no es mi intento reparar en esto. Negocié á -lo que venia en aquella santa iglesia, de donde se pueden sacar muchos -sugetos para obispos y oidores, y para gobernar el mundo, entre los -cuales hallé un prebendado amigo mio, hombre bien nacido, de grandes y -superiores partes, muy digno de estimarse, apasionado, porque sin razon -le ofendian las ausencias, hombres que por ningun camino podian correr -parejas con él. Que de la misma manera que la envidia no se halla -ni se cria sino en pechos olvidados de la buena educacion y partes, -así acomete siempre á los que las poseen, y resplandecen en actos de -ciencia y virtud. Que les parece que reconocer superioridad y ventaja -á quien se la tiene es perder el derecho que tienen á la descortesía, -á quien se crian subordinados, por falta de buen entendimiento y -sobra de mala voluntad. Quejábase que habiendo hecho grandes bienes -á un hombre que siempre habia tenido pocos ó ningunos, y habiéndole -librado de cosas de que él por ningun camino tuviera trazas ni modo -para librarse, no solo no le agradecia, pero buscaba caminos por donde -pudiese escurecer las buenas obras recibidas. Vílo con determinacion -de volver la hoja, y vengarse de él por la mejor via que pudiese; pero -atajéle con advertirle que arrepentirse del bien que habia hecho no -cabe en ánimos nobles. - -Pues hacer mal, dije, al quien hicistes bien, arguye poca firmeza y -constancia en el valor del ánimo. Vengaros por tribunales es yerro -notable, porque nunca las ofensas manchan, hasta que lleguen á tan -miserable estado; especialmente que si vos me decís que es hombre -desadornado de partes heredadas ó adquiridas, ¿qué agradecimiento os -ha de tener á vos, si no agradece á Dios haberle puesto en el estado -que no merecia, ni pensó merecer? Y pregúntoos, ¿quién hizo mal, él -ó vos? Respondióme: Claro está que él. Pues enójese él, dije yo, que -hizo tan gran maldad, como no agradecer; que vos que no hicisteis -mal, no teneis de qué sentiros, sino de que estar muy contento. Y no -querais desmerecer con Dios la buena obra que hicisteis. Consolóse -de manera que si habia sido mi amigo hasta allí, por este consejo -creció mucho más la amistad. Y realmente, la quietud del ánimo no -admite alteraciones advenedizas de pechos, é intenciones, en quien se -asienta mal la paz y tranquilidad del alma. Hánse de huir semejantes -recuentros, por el mejor medio que fuere posible; y si es forzosa -la comunicacion, como sucede en comunidades, usar de ella en solo -aquello que no puede escusarse, llevando siempre por guia la justicia -y la verdad, de manera, que los que viven con cuidado de hallar en -qué tropezar, se corran y confundan; y cuando no sucediere como -se desea y como seria razon, á lo menos quedará muy seguro en su -conciencia y desapasionado quien así lo hubiere hecho. Que el hombre -constante, y de ánimo quieto, á sí propio se ha de temer y guardarse -de sí más que de los contrarios. Si le ofenden con razon, calle por -sí propio, y enmiéndese de la culpa; si le murmuraren sin ella, -consuélese, viendo que está libre de calumnia. De suerte, que por -todos caminos, el silencio es refugio y acogida de los agravios con -malicia. Pero tornando á lo primero, ¿por qué pensais, le dije, que -dicen ordinariamente: nunca falta un Gil que me persiga? que no dicen -un don Francisco, ni un don Pedro, sino un Gil, es porque nunca son -perseguidores; sino hombres bajos como Gil Manzano, Gil Perez; ni para -verdugos y comitres buscan, sino hombres infames y bajos, enemigos -de piedad, bestias crueles, sin respeto ni vergüenza, inclinados á -perseguir á la gente que ven levantarse en actos de virtud, como este -miserable de quien os quejais. De estos la comunicacion por ningun -camino es buena, porque no son capaces de hacer bien, ni pueden dejar -de hacer mal; lo cual se ataja, no conociéndolos para que no lo hagan. -Pues suele pasar, dijo, por cerca de mí, sin quitarme el sombrero. Eso, -dije yo, ó será por descuido, ó por descortesía. Si por descortesía, -enójese como tengo dicho consigo propio, porque ha hecho mal, y no os -enojeis vos por los pecados del otro, que fué descortés y mal criado. -Que vos no os habeis de alterar, no habiendo cometido culpa: y si se -hace por descuidado, consigo trae la disculpa; porque los que caen en -esta inadvertencia, no podemos juzgar si van pensativos, ú ocupados -por imaginaciones de negocios que pueden suceder por muchas cosas, é -inculpados, de que no podemos ser jueces, no tener ciencia, ni razon de -sentirnos y alterarnos. Y en esto de las cortesías, no tenemos de qué -enfadarnos. Lo uno, porque el no usarla con nosotros, no es por culpa -nuestra. Lo otro, porque quien da, no da más de lo que tiene, y quien -no tiene cortesía, no es mucho que no la dé, y la regla general es, que -en ninguna manera habemos de tomar fastidio de lo que no sucede por -culpa nuestra, que los descorteses su castigo tienen acerca de quien -los conoce. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XVIII. - - -Saliendo de Málaga, me paré entre aquellos naranjos y limoneros, cuya -fragancia de olor con gran suavidad conforta el corazon; y púseme á -mirar y considerar la escelencia de aquella poblacion que así por la -influencia del cielo, como por el sitio de la tierra, escede á todas -las de Europa en aquella cantidad que su distrito abraza. Y estando -en esta contemplacion, ví venir hácia mí una cosa que parecia hombre -sobre una mula hablando entre sí á solas, con un movimiento de brazos, -meneo de rostro y alteracion de voz, como si fuera hablando con alguna -docena de caminantes. Volví la rienda á mi macho, picándole con toda -la priesa posible, antes que pudiese llegar á mí, porque le conocí -la enfermedad; que para huir de un hablador de estos querria tener, -no solamente piés de galgo, sino alas de paloma; y si ellos supiesen -cuán odiosos son á cuantos los oyen, huirian de sí propios. Que la -locuacidad, fuera de ser enfadosa y cansada, descubre fácilmente la -flaqueza del entendimiento, suena como vaso vacío de substancia, y -manifiesta la poca prudencia del sugeto, y tiene tan buena gracia con -las gentes, que jamás son creidos en cosas que digan, porque aunque sea -verdad, va tan derramada, ahogada y desconocida entre tantas palabras, -como el olor de una rosa entre muchas matas de ruda: son estos -habladores como el helecho, que ni da flor ni fruta: son el raudal de -un molino, que á todos los deja sordos y siempre él está corriendo. No -hay toro suelto en el coso que tanto me haga huir como un palabrero de -estos, y en resolucion no hay buen rato en ellos sino cuando duermen, -como me sucedió en este, que por mucha priesa que me dí á huir, me -alcanzó y saludó como el verdugo por las espaldas, y apenas le hube -respondido, cuando me preguntó adónde iba, y de dónde era. Á lo primero -le respondí, mas á lo segundo no me dió lugar á que le respondiese, y -prosiguiendo me dijo: Pregunto de dónde es vuesa merced porque yo soy -del reino de Murcia, aunque mis padres fueron montañeses, de un linaje -que llaman los Collados. Á lo menos no callados: miréle mientras iba -hartándose de hablar (si pudo ser) que tenia razonable cuerpo y talle, -aunque era con un gran defecto que era zurdo, y queria parecer derecho. -Que aunque la fealdad del zurdo es grande, tengo por peor la del que -disfraza, ó quiere disfrazar la falta natural, porque arguye doblez -y artificio en lo interior de la condicion; y siendo este género de -hombres tan conocidos por este defecto, como los eunucos por el de las -barbas, así quieren persuadir á que no lo son, como estotros á que -no han llegado á edad de barbar, y los unos y los otros con querer -negarlo, ó disimularlo, dan á entender cuán grande falta es, pues la -niegan. - -Este buen hombre, jugando de una y otra mano, y arqueando las cejas, -que tenia grandes, con dos rayas entre ellas profundas, ojos aunque no -pequeños, cerrados siempre que hablaba, como si con los ojos se oyera, -y todo el rostro acabronado, quiero decir, libre, alto y desvergonzado; -dijo mil disparates, á que yo nunca estuve atento, porque le conocí -luego. Contó valentías suyas, á las cuales yo estuve tan atento, como -á todo lo demás, de suerte que nunca me dió lugar para responderle -á lo que me habia preguntado, hasta que habiendo andado dos leguas, -como de tanto hablar habia gastado la humedad del celebro, labios -y lengua, en una venta que llaman del Pilarejo, pidió un jarro de -agua, y en comenzando á beber le respondí á su pregunta, diciendo: -De Ronda. Quitóse el jarro de la boca, y díjome: Huélgome porque voy -hácia allá de llevar tan buena compañía. Tornó el jarro á la boca, y -mientras acabó de beber, le dije: Antes es la peor del mundo, porque -no hablaré palabra en todo el camino. ¿Esa virtud del silencio, dijo, -tiene vuesa merced? Será prudente y estimado de todo el mundo, que del -poco hablar se conoce la prudencia de los sabios, que es una virtud -con que un hombre asegura los daños que por su causa sola pueden -venir. Yo no soy amigo de hablar: cuando dan tormento á alguno si no -habla ni confiesa, lo tienen por valeroso, por haber callado lo que -le habia de dañar. En un banquete, los callados comen más y mejor que -los otros, y hablan menos, porque oveja que bala bocado pierde, aunque -yo no soy amigo de hablar. El sueño tan importante para la salud y -vida, ha de ser con silencio. Cuando uno está escondido, como suele -suceder, en casa ajena, por callar se salva, aunque se le salga algun -estornudo. Que el silencio es virtud sin trabajo, que no es menester -cansarse con libros para callar. El callado está notando lo que los -otros hablan, para echárselo despues en cara. Yo no soy amigo de -hablar. Con estos disparates y otros tan materiales, iba alabando el -silencio, y cansándome á mí y prosiguiendo con su inclinacion, dijo: -Yo no soy amigo de hablar, sino por entretener en el camino á vuesa -merced, que me parece hombre principal, voy aliviando el cansancio. -Yo busqué mil invenciones para librarme de él, y seguir mi camino á -solas: pero no fué posible dejarlo, y al fin le dije: Señor, yo tengo -necesidad de apartarme á la mano izquierda, y pasar este rio, porque -tengo qué hacer en Coin. ¿Pues por tan desconversable me tiene vuesa -merced, dijo él, que no le habia de acompañar? Él prosiguió, y como -no salió bien lo primero, fuíme divirtiendo con los ruiseñores, que -nos daban música por el camino, admirándome de ver con cuánto cuidado -se van poniendo delante de los hombres para que oigan la melodía de -su canto, á veces llevando el canto llano con la quietud del tenor, -y luego con la disminucion del tiple, convidando al contrabajo á que -haga el fundamento, sobre que van las voces saliendo á veces sin pensar -con el contralto. Concierto no imitado de los hombres, sino enseñado -á los hombres, á quien sirven con gran cuidado de darles gusto, pues -en la orilla de aquel rio, y en cualquiera parte que los haya, tanto -con más escelencia usan de su armonía, cuanto más cerca se hallan de -los hombres. Con esto pude disimular, y sufrir algun tanto la gotera -y continuacion de este impertinente hablador, hasta que llegamos á -una venta, donde fué forzoso comer. En acabando yo me hice enfermo, -por quedarme sin él, mas él dijo: Juntos salimos de Málaga, juntos -habemos de llegar á Ronda; que como yo callaba y él hablaba cuanto -queria, le parecí bien para compañía. Víme cansado, atajado y molido; -porque aunque confieso de mí que sé usar de la paciencia en muchas -cosas, sé que no la tengo para oir hablar mucho y prolijamente, y así -me determiné á usar del remedio contra los habladores, que es hablar -más que ellos. En acabando de comer el buen hombre, estendiendo los -brazos con un gran bostezo, comenzó á decir: Por aquí pasó el Rey Don -Fernando y su gente, cuando despues de ganada Ronda vino sobre Málaga, -y habiéndole faltado recursos, por los muchos gastos que se le habian -recrecido, y por haber acosado á los pueblos circunvecinos con los -contínuos rencuentros, trazas y estratagemas de que habia usado por -ganar á Ronda, estuvieron dos ó tres dias los soldados sin recibir -mantenimiento, por donde pensaron perecer de hambre. Yo le atajé con -gran furia, diciendo: Y aun yo me acuerdo, que lo oí contar á mi -bisabuelo, que habia traido de la campiña de los pueblos circunvecinos -de cristianos de Ronda una gran manada de ganado de cerda, de que ahora -hay más abundancia que en toda España, para mantenimiento del real: -como se hubiese acabado ya todo el ganado vacuno, y quedasen algunos -cochinos, mandó el Rey Católico que le guardasen una docena de ellos, -y que por ningun camino tocasen á ellos, por ser grandes y largos, -para casta. Como los soldados, gente sin paciencia, se veian perecer -de hambre, y la provision que esperaban se tardaba, aunque estaban -atrincherados, y cercados de enemigos de toda la Hoya de Málaga, donde -por fuerza habian de vivir con recato; vieron dos ó tres camaradas que -se habian desmandado los puercos hácia la espesura de estos árboles, -por la ribera del rio, que como llevaban seguridad y salvoconducto, -nadie tocaba á ellos. Acudió un arcabucero de la camarada, y por entre -las ramas le encerró dos balas en el cuerpo á un cochino de aquellos. -¡Arma, dijeron todos, arma, enemigos, arma! Púsose todo el real en -arma; los soldados arrastraron el puerco hácia su tienda, y metiéronlo -entre la ropa de un baul. Acudieron á todas las partes por donde -se podia temer flaqueza ó peligro, porque en semejantes ocasiones -ninguno sino los centinelas puede disparar un arcabuz; y como hallaron -seguridad, mandóse que se hiciese pesquisa por un sargento mayor adónde -y por qué se habia disparado el arcabuz: echóse de ver que habia sido -por la muerte del cochino. Los tres soldados con los piés borraron el -rastro de la sangre, y envolviéndole entre sus vestidos y camisas, lo -encerraron en el suelo del baul, que le sirvió de sepulcro hasta que -llegó el sargento mayor, é informándose de tienda en tienda. Llegando -á la de los soldados, negando ellos lo del cochino, llegó el sargento -mayor á mirar detrás del baul, y en meneándolo, el cochino de lo -entrañable de las tripas en contrabajo dió un profundo gruñido, porque -no era muerto, y secundó con otro más recio. - -El sargento mayor, que se enteró del caso, y padecia tanta hambre -como ellos, mirólos sin hablar palabra. Ellos erizado el cabello, -temblándoles las manos, y confuso el rostro, cuando entendieron que los -habia de ahorcar, ó hacer otro castigo muy grave, el sargento mayor, -poniendo el dedo en la boca, les dijo: Envíenme mi parte, y comamos -todos. Con mucha disimulacion tornó á su pesquisa de tienda en tienda, -y cuando llegó á la suya, halló entre unos drapos sucios la parte del -cochino, que le pareció que habia venido del cielo. Entonces dijo el -hablador: Pues á propósito de esto contaré: y al momento atajéle con -decir: Pues no paró aquí, ni he contado la mitad del cuento, y diciendo -mil disparates, semejantes á los pasados, lo rendí de manera que cogió -su mula y se fué camino de Alora sin despedirse, y yo me quedé en la -venta de Don Sancho, descansando de lo mucho que habia hablado y habia -sufrido hablar, que con ser el medio con que se entienden los hombres -unos con otros, la demasía destruye el buen fin para que fué concedido -á los hombres, y no á los demás animales; la comunicacion del hablar, y -la dulzura de la lengua que tantas excelencias tiene, y que ella es el -intérprete del alma, satisfactoria á lo que le preguntan, exhortadora -al bien, consoladora en el mal, relatora fiel de las sentencias, -medianera en las amistades, agradable para el oido, en la soledad -compañera, declamadora para persuadir, y voz para comunicarnos. Dejo -otros muchos provechos, que aunque son materiales, son muy necesarios, -como es traer la lengua el mantenimiento de una parte á otra, para que -si está muy caliente se temple, y si está frio se acaliente, y baje al -estómago, de manera que lo abrace bien. Mas, ¿qué asquerosa y babosa -fuera la boca, si no hubiera lengua que recogiera la saliva que sin -licencia se destila del celebro, y sube del estómago? ¿Como si pudiera -arrancar la flema del pecho si no ayudara la lengua? ¿Quién negará la -gracia que tiene para pedir, y la desgracia para despedir? Maravillosas -propiedades tiene para lo material. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XIX. - - -Pero ¿quién, ó cómo podrá decir las calidades de la lengua, aunque ella -propia tuviese su libre alvedrío sin tener dependencia de otra parte, -para hablar de sí? Dicen algunos que es de hechura de hierro de lanza, -y engáñanse, porque ni es tan ancha por lo ancho, ni tan puntiaguda por -el remate. Á mí me parece que tiene hechura de cabeza de culebra; y -quien quisiere advertir en ello, véala mirándose á un espejo, y hallará -lo que digo: verá el fácil movimiento que tiene, más veloz que todos -los demás miembros del cuerpo, como de su movimiento propio se alarga -y se encoge, se angosta y ensancha, con qué ligereza sube á lo alto -de la boca, y baja á lo bajo, y se mueve al un labio y al otro, cómo -sale afuera, y vuelve adentro, sin ver con qué se alarga, ni dónde se -encoge: y mirándola con todos estos accidentes parece víbora que está -á la boca de su cueva para salir ó no salir. Y en fin sale, teniendo -en su guarda y defensa los dos adarves de dientes y labios, que le -estorban la libertad del hablar, pero no por eso deja de hablar cuanto -le mandan, y algunas veces mucho más de lo que le mandan. Vicio infame, -y que ordinariamente se halla en gente muy humilde, como pescaderas -y lavanderas; y si son hombres, son semejantes en nacimiento y -costumbres, que si pensasen cuánto importa para la quietud de la vida y -seguridad de la muerte, antes querrian ser mudos que hablar tanto y tan -mal. Mil veces he pensado por qué llaman á estos deslenguados, teniendo -tan larga la lengua. Y dejadas otras razones, digo que como hablan -tanto, y tan mal, parece que han de tener la lengua gastada y consumida -de hablar; y por eso les llaman deslenguados, siendo lenguados, y aun -acedías, pues tantas engendran en quien los sufre. Y dije que parece -la lengua cabeza de culebra, porque tan dispuesta se halla para picar -ó morder, como para alabar ó persuadir. Mas ¡cuán dulce cosa es decir -bien! ¡Qué de amigos se grangean por ello, y qué de enemigos por lo -contrario! En cuantas pesadumbres suceden en el mundo habria templanza -y moderacion, si la hubiese en la lengua, que por ella se traban -cuantas pendencias suceden en las comunidades ó cabildos. ¡Qué fácil -cosa es conceder una verdad, y qué dificultoso contradecirla! Pues al -fin no se ha de dar razon conveniente para derribarla. El contradecir -la verdad, por salir (como dicen) cada uno con la suya, bien se echa -de ver que es estimarla en poco, y su misma reputacion. Que aunque por -algunos respetos le dejan salir con su intencion, al fin todos echan -de ver la vanidad que sustentaba, y él queda corrido y arrepentido; -y á todos los que se aprovechan mal de la lengua les viene luego el -pesar al pié de la obra. Tristes de aquellos que ponen su justicia en -la confianza de su ruin lengua, que si por ese camino la alcanzan, -toda la vida pasan con escrúpulo, y la muerte sin restitucion (quizá -me engaño). Todas las heridas que un hombre da con el brazo paran allí -donde se recibe el daño. Si ofende con la pisada no pasa de allí el -daño. Pero la herida que hace la lengua (como dice el doctísimo Pedro -de Valencia) va cundiendo y extendiéndose de la misma manera que el -movimiento que hace una piedra en un charco de agua, que á todas partes -se va estendiendo, ó como la voz que se da al aire, que á todas partes -corre, y va creciendo, que la palabra una vez echada no sabe volverse -á su dueño, ni es señor de lo que pudo retener en sí y lo dejó ir. -Llaman satírico de pocos años á esta parte al que tiene ruin lengua; -mas impropiamente, que no tiene lo uno parentesco con lo otro: porque -las sátiras no nacen de la ponzoña de la lengua, sino del celo de -reprehender un vicio, que por ser insensible él en sí, se reprehende en -quien lo tiene. Mas la hambre y sed de la ruin lengua no tiene discurso -como el que compone la sátira; y si lo tuviese, ó espacio para pensar -los inconvenientes, no se arrojaria tan fácilmente contra la honra -del prógimo. Aquel filósofo que preguntándole cuál era el animal más -ponzoñoso en la mordedura, respondió que de los bravos el maldiciente, -y de los mansos el lisonjero, no declaró cuál se llama verdaderamente -lisonjera, que realmente la lisonja es una mentira dicha con blandura -en alabanza del presente: como si á un hombre ignorante le llamasen -sabio, ó á la mujer fea la llamasen hermosa. - -Esta es realmente adulacion y conocida lisonja, y es grande maldad -decirla, y mayor ignorancia consentirla; pero no se llamará lisonja -á la mujer que es medianamente hermosa y parece bien, llamarla muy -hermosa, ni al hombre que tiene razonable talle, decirle que es gentil -hombre; ni lo será al que canta á gusto de quien lo oye, decirle que es -un Orfeo, ni al que es muy razonable poeta decirle que es un Horacio, -que algo se ha de añadir para que los ánimos se alienten á pasar -adelante con los actos de virtud; porque si la honra es el premio de -la virtud (como lo es) ¿cómo sabrá el virtuoso la opinion que tiene en -el pueblo si no se lo dicen en su cara, y le animan para que prosiga -en merecer más y más cada dia? Así que decirle bien de sí propio al -que tiene en qué fundarlo no es lisonja, sino dejarlo sabroso para que -no cese en su buen propósito; y el que lo dice, sabiéndolo decir, se -acredita de afable, y de juez que conoce lo que se debe á las buenas -partes. ¿Quién será tan inhumano que tenga por lisonja decirle á Lope -de Vega que no ha habido en la antigüedad más escelente ingenio por -el camino que ha seguido? ¿Ni tan bruto que porque el otro sabe echar -cuatro pullas con donaire, diga que es gran poeta? Todos estos son -oficios de la lengua, que si es como la de aquel hablador, todo lo -destruye y todo lo daña, así solapando el mal, como desacreditando el -bien; porque en la demasía es imposible caber los actos de justicia, -y más si el hablar mucho cabe en una mujer ignorante y hermosa, que -para un hombre de recogimiento y estudio hace más ruido y ocupa más en -una casa que un corral de doscientas gallinas. El hablar mucho está -lleno de mil inconvenientes, y pocos habladores ó ningunos he visto -enmendados; porque cuanto más viven y duran, crece más la licencia del -hablar y el parecerles que lo pueden hacer. El hablar con moderacion -regala el oido, cria voluntad y amor en quien lo oye, y hace una -armonía en el oyente, que no hay cuatro voces concertadas que así lo -suspendan. Mas, ¿qué fuera de la música de voces si no hubiera lengua -que pronunciára las sílabas y formára los puntos? Parecieran los -músicos vacas en acequias, ó azudas en procesion. Y aunque yo use mal -del precepto que doy en hablar poco, no puedo dejar de condenar un -género de gentes que en comenzando á hablar son como rueda de cohetes, -que hasta que ha despedido toda la pólvora no para. Son descorteses si -no oyen lo que les responden, y se hacen odiosos á todo el mundo. Háse -de hablar lo necesario, respondiendo y dando lugar á que se responda -con silencio justo, ó ajustado con la conversacion, si pudiere ser -con agudeza y donaire, si no á lo menos con cordura, moderacion y -aplauso, no pensando que se lo han de hablar todo. Como divinamente -hace Doña Ana de Zuazo, que usa de la lengua para cantar y hablar con -gracia, concedida del cielo para milagro de la tierra. Ó como Doña -María Carrion, que si no fuera con tantas ventajas hermosa, con sola -la cordura y gracia de su lengua pudiera ser estimada en el mundo. No -quiero traer en consecuencia de esto á los grandes oradores, como es -el Maestro Santiago Pico de Oro, al Padre Fray Gregorio de Pedrosa, al -Padre Fray Plácido Tosantos, y el Maestro Ortensio, divino ingenio, -el Padre Salablanca, tan semejante en la vida á la escelencia de sus -palabras, y otros escelentísimos sugetos, que parece que hablan con -lenguas de ángeles más que de hombres. Pero para reprehender el mucho -hablar he yo hablado demasiado, por persuadir á quien tiene esta falta -que se reforme en ella. Aquella noche descansé en un pueblo que está -cerca del camino que llaman Cazarabonela, abundantísimo de naranjas y -limones, con muchas aguas y frescuras, aunque al pié de muy altas peñas. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XX. - - -Por la mañana tomé el camino por entre aquellas asperezas de riscos y -árboles muy espesos, donde ví una extrañeza entre muchas que hay en -todo aquel distrito, que nacia de una peña un gran caño de agua, que -salia con mucha furia hácia afuera, como si fuera hecho á mano, mirando -al oriente, muy templada, más caliente que fria, y en volviendo la -punta del peñasco salia otro caño correspondiente á éste, muy helado, -que miraba al poniente; en lo primero el romero florido, y á dos pasos -aun sin hojas, y todo cuanto hay por ahí es de esta manera. Unas zarzas -sin hojas, y otras con moras verdes, y poco adelante con moras negras. -Todo cuanto mira á Málaga muy de primavera, y cuanto mira á Ronda muy -de invierno, y así es todo el camino. Por entre aquellos árboles muy -lleno el camino de manantiales y aguas, que se despeñan de aquellas -altísimas breñas y sierras, por entre muy espesas encinas, lentiscos y -robles; y como solo imaginando en las extrañas cosas que la naturaleza -cria, cuando sin pensar dí con una transmigracion de gitanos, en un -arroyo que llaman de las Doncellas, que me hiciera volver atrás si -no me hubieran visto, porque se me representó luego las muertes que -sucedian entonces por los caminos, hechas por gitanos y moriscos; -como el camino era poco usado, y yo me ví solo y sin esperanza de que -pudiera pasar gente que me acompañára, con el mejor ánimo que pude, -al mismo tiempo que ellos me comenzaron á pedir limosna, les dije: -Esté en hora buena la gente. Ellos estaban bebiendo agua, y yo les -convidé con vino, y alarguéles una bota de Pedro Jimenez de Málaga, -y el pan que traia, con que se holgaron; pero no cesaron de hablar y -pedir más y más. Yo tengo costumbre, y cualquiera que caminare solo -la debe tener, de trocar en el pueblo la plata ú oro que há menester -para el espacio que hay de un pueblo á otro, porque es peligrosísimo -sacar oro ó plata en las ventas, ó por el camino, y trayendo en la -faltriquera menudos, saqué un puñado, con que les dí y repartí limosna -(que nunca la dí de mejor gana en toda mi vida) á cada uno como me -pareció. Las gitanas iban de dos en dos, en unas yeguas y cuartagos muy -flacos; los muchachos de tres en tres, y de cuatro en cuatro, en unos -jumentos cojos y mancos. Los bellacones de los gitanos á pié, sueltos -como un viento, y entonces me parecieron muy altos y membrudos, que -el temor hace las cosas mayores de lo que son; el camino es estrecho -y peligroso, lleno de raíces de los árboles, muchos y muy espesos, y -el macho tropezaba cuanto podia; dábanle los gitanos palmadas en las -ancas, y á mí me pareció que me las querian dar en el alma; porque yo -iba por lo más bajo y angosto, y los gitanos por los lados superiores -á mí, por veredillas enredadas con mil matas de chaparros y lentiscos, -que cada momento me parecia que me iban ya á pegar; y en medio de esta -turbacion y miedo, yendo mirando con cuidado á los lados, moviendo -los ojos, sin mover el rostro, llegó un gitano de improviso, y asió -del freno y la barbada del macho, y queriéndome yo arrojar en el suelo -dijo el bellaco del gitano: Ya ha cerrado, mi ceñor. Cerrada, dije yo -entre mí, tengas la puerta del cielo, ladron, que tal susto me has -dado. Preguntaron si lo queria trocar, y habiéndome atribulado del -trago pasado, y de lo que podia suceder; mas considerando que su deseo -era de hurtar, y que no podia echarlos de mí sino con esperanzas de -mayor ganancia, con el mejor semblante que pude, saqué más menudos, y -repartiéndolos entre ellos, dije: Por cierto, hermanos, sí hiciera de -muy buena gana, pero dejo atrás un amigo mio mercader, que se le ha -cansado un macho en que trae una carga de moneda, y voy al pueblo á -buscar una bestia para traerla. En oyendo decir mercader solo, macho -cansado, carga de moneda, dijeron: Vaya su merced en hora buena, que -en Ronda le serviremos la limosna que nos ha hecho. Piqué al macho, y -le hice caminar por aquellas breñas más de lo que él quisiera. Ellos -quedaron hablando en su lenguaje de gerigonza, y debieron de esperar ó -acechar al mercader para pedirle limosna, como suelen, que si no usára -de esta estratagema, yo lo pasara mal. Sabe Dios cuántas veces me pesó -de haber dejado la compañía del hablador, cuando hablára mucho y me -enfadára, mas al fin no me pusiera en el peligro en que estuve. Que -realmente para caminar por enfadosa que sea la compañía tiene más de -bueno que de malo, y aunque sea muy ruin, la puede hacer buena el buen -compañero, no comunicándole cosas que no sean muy justas. Y para tratar -de lo que se ofrece á la vista, por el camino es buena cualquiera -compañía. Que bien nos dió á entender Dios esta verdad cuando acompañó -un brazo con otro, una pierna con otra, ojos y oidos, y los demás -miembros del cuerpo humano, que todos son doblados sino la lengua, para -que sepa el hombre que ha de oir mucho y hablar poco. Iba volviendo -el rostro atrás, para ver si me seguian los gitanos, que como eran -muchos, podian seguirme unos y quedarse otros; pero la misma codicia -que cebó á los unos detuvo á los otros, y así me dejaron de seguir. -Llegué al pueblo más cansado que llegára si no fuera por miedo de -los gitanos. Despues ví en Sevilla castigar por ladron á uno de los -gitanos, y una de las gitanas por hechicera en Madrid; pero despues -que estuve sosegado y sin alteracion, se me representó en aquellos -gitanos la huida de los hijos de Israel de Egipto. Iban unos gitanillos -desnudos, otros con un coleto acuchillado, ó con un sayo roto sobre -la carne: otro ensayándose en el juego de la correguela. Las gitanas, -una muy bien vestida, con muchas patenas y ajorcas de plata, y las -otras medio vestidas y desnudas, y cortadas las faldas por vergonzoso -lugar: llevaban una docena de jumentillos cojos y ciegos, pero ligeros -y agudos como el viento, que los hacian caminar más que podian. Dios me -ofreció y deparó aquella estratagema, porque los gitanos eran tantos -que bastaban para saquear un pueblo de cien casas. Reposé y comí en -aquel pueblo, y á la noche llegué á Ronda, donde hallé á mis mercaderes -muy deseosos de verme y muy adelante en su trato. Lo que allí me pasó -no es de consideracion, porque en una feria tan caudalosa son tantos -los enredos, trazas, hurtos y embelecos que pasan, que para cada uno -es menester una historia. Yo no iba á tratar ni á contratar, sino á -negocios de mis estudios, y visitar mis parientes; pero servíles á los -mercaderes de gozquecillo, para mostrarles algunas cosas muy notables y -dignas de ver que tiene aquella ciudad, así por naturaleza, como por -artificio, como es el edificio famoso de la mina por donde se proveia -de agua siempre que estaba cercada de contrarios. - -[Ilustración: --_Ya ha cerrado mi ceñor. --Cerrada, dije yo entre mí, -tengas la puerta del cielo, ladron, que tal susto me has dado._] - -Esta ciudad fué reedificada de las ruinas de Munda, que ahora llaman -Ronda la vieja: ciudad donde tan apretado se vió César de los hijos de -Pompeyo, que confiesa él mismo que siempre peleó por vencer, y allí por -no ser vencido. Está edificada sobre un risco tan alto, que yo doy fé -que haciendo sol en la ciudad, en la profundidad, que está dentro de -ella misma, entre dos peñas tajadas, estaba lloviendo en unos molinos y -batanes, que sirven á la ciudad, de donde subian los hombres mojados; -y preguntándoles de qué, respondian que llovia muy bien entre los dos -riscos que dividen la ciudad del arrabal. Dígolo á fin de que cuando -esta ciudad se edificó, por la falta que habia de fuentes arriba les -fué forzoso hacer una mina, rompiendo por el mismo risco hasta el -rio, que no hay en toda ella cosa que no sea de la misma dureza de la -piedra, en que hay cuatrocientos escalones, poco más ó menos, por donde -bajaban por agua los míseros esclavos cautivos, en el cual trabajo -morian algunos; y se tiene por tradicion antigua que una cruz que yo -he visto al medio de la escalera, la hizo un cristiano, que del mismo -trabajo reventó, con la uña del dedo pulgar, tan honda, que fuera -menester más que punta de daga para hacerla. Es de la misma grandeza de -rayas que un Cristo que está en la iglesia antigua de Córdoba, hecho -por manos de otro santo cautivo, y con el mismo trabajo. Algunos han -dicho que tan insigne obra no pudo ser hecha sino de romanos. Pero -hay en contrario una piedra grande que está en el fundamento de la -torre que llaman del homenage, que está escrita de letras latinas, -y están vueltas hácia abajo, que si supieran leerlas no la pusieran -al revés. Fuera de que las calles son todas angostas, y las casas, -que se heredaron de la antigüedad bajas, muy fuera de la costumbre -de los romanos y españoles. Sea como fuere, el edificio de la mina -es hecho con mucho trabajo y cuidado, y de las más memorables obras -que hay de la antigüedad en España; y que esta ciudad fuese edificada -de las ruinas de Munda, en mil piedras que allí hay se echa de ver, -y en algunos ídolos que hay, entre los cuales son excelentes dos que -hay de muy maltratados, de alabastro en las casas de don Rodrigo de -Ovalle, en que ahora vive, heredadas de sus padres y abuelos á quien yo -conocí: y aunque yo no hago oficio de historiador, no puedo dejar de -decir de paso, que engañado Ambrosio de Morales por la semejanza del -nombre, dijo que Munda habia sido un lugarcillo edificado á la falda de -Sierra-Bermeja, que se llama Munda, que si hubiera visto esta tierra -no lo dijera. Porque á lo que dice Paulo Hircio que hay desde Osuna á -Munda, concierta esta verdad, y con estar vivo hoy el coliseo grande, -y que muestra haber sido colonia de romanos, que yo ví años de ochenta -y seis. Junto con esto me acuerdo que oí decir á Juan Luzon, caballero -de muy gentil entendimiento y buenas letras, y un hidalgo, nieto é hijo -de conquistadores, que se llamaba Cárdenas, que en un cortijo suyo que -está en el mismo sitio de Munda, arando unos gañanes, hallaron una -piedra en que estaban estas letras: _Munda Imperatore Sabino_. Junto -con esto le oí decir á mis abuelos, que eran hijos de conquistadores, -y tuvieron repartimiento de los Reyes Católicos. Y esto digo, porque -como se van acabando los que lo saben, quede esta verdad asentada para -la posteridad. Tiene aquella ciudad naturalmente cosas que se pueden ir -á ver, por monstruosas de muchas leguas, por la extrañeza de aquellas -altas peñas y riscos. Es abundantísima de todo lo necesario para la -vida, y así salen pocos hombres de ella para ver el mundo; pero los que -salen, así para soldados como para otras profesiones, prueban muy bien -en cualquiera ministerio, y porque no haga oficio de historiador, paso -fácilmente por estas verdades. Yo mostré á los mercaderes lo que pude, -y los dejé con intento de ir á las Indias occidentales. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XXI. - - -Yo negocié á lo que iba, y vine á Salamanca, donde estuve hasta que se -hizo una armada en Santander, de donde fué general Pedro Melendez de -Avilés, adelantado de la Florida, muy gran marinero, que por ser para -navegar se la encomendaron. Yo con el deseo que tenia de ver mundo -desamparé los estudios, y me acogí en compañía de un amigo capitan, -que iba haciendo gente para la dicha armada, que quien viera la gente -que se juntó en ella de Andalucía y Castilla, juzgára que para todo el -mundo bastaba: pero como la mano de Dios lo gobierna todo, y sin su -incomprehensible voluntad, ni el poder de los reyes, ni el valor de -los generales, ni la furia de los grandes soldados es bastante para -derribar la flaqueza de un miserable hombre, tuvo infelicísimo fin -aquel poderoso ejército: no en batalla, porque no llegó á ese punto, -sino que se cundió una enfermedad en los soldados, de que casi todos -murieron sin salir del puerto. Embarcóse lucidísima gente moza y -robusta, con muy grandes esperanzas que el gallardo brio les prometia. -Yo me embarqué en una zabra con la compañía en que fuí, aunque con -diferente capitan, porque hubo reformacion, y de este segundo fuí yo -alférez en armada, de quien se dijo: Desdichada la madre que no tuvo -hijo alférez. Era almirante don Diego Maldonado, caballero de bonísimo -gusto, en cuya gracia yo caí, y en su desgracia nunca, por cuyo respeto -me dió su bandera el segundo capitan. Diéronme unas tercianas dobles -que andaban fuera y dentro de la mar; y como nunca las cosas, por poco -prósperas que sean, se poseen sin envidia, dió en tenerla de mí un -hidalguete de la misma compañía que traia ocho ó diez camaradas que -procuraban con grandes veras derribarme del oficio de alférez; pero -cuanto más ellos ocasiones me daban para su intento, tanto más me -apartaba yo de tomarlas; porque puesto un hombre en ellas, mal sabe -resistirse, y no hay remedio tan excelente para huir los males, como no -aceptar el envite de las ocasiones, particularmente en la edad robusta -que yo entonces tenia, que aunque no era muy mozo, era muy colérico, -y la enfermedad me hacia andar desgraciado. Por apartarme de este -hidalguete me estuve en tierra algunos dias sin entrar en el navío, -que todo esto se ha de hacer por evitar pesadumbres: y una huéspeda -mia me curaba las calenturas con darme á beber vino de Rivadavia con -suciedad de ratones, que los enfermos todo lo creen, como vaya en órden -de darles salud. Como yo era fogoso, más se encendian las calenturas, -y más se encendia el ódio del envidioso; de suerte que por su causa me -mandaron que fuese al navío: hícelo, y aun estando con mi calentura; -y como él estaba puesto en su malicia, determinó con sus camaradas, -con quien el pobre gastaba lo poco que tenia muy bien, de darme la -ocasion á manos llenas. Yo sabia nadar, y él no; fué tanta la ocasion, -que me obligó á responder: estando él y sus camaradas al bordo del -navío, me desmintió. Ofrecióseme de improviso si le daba un bofeton, -que me ponia en peligro que los camaradas me diesen de puñaladas; y -así, sin hablar palabra, me abracé con él, y me arrojé en la mar, y -dándole cuatro coces donde los camaradas no podian ayudarle, echélo á -fondo, y dando dos braceadas, asíme al bordo de la chalupa. El pobre, -habiendo tragado algunos cuartillos de agua, salió hácia arriba; y lo -primero que encontró con que asirse fué una pierna mia, que agarró tan -fuertemente, que con muchas coces que le dí con la otra, no fué posible -hacer que la soltase. Los bellacones, en cuyo favor y ánimo él se habia -fundado para atreverse, en lugar de favorecerle á él y á mí, estaban al -bordo del navío pereciendo de risa de verlo asido de mi pierna, y á mí -asido de la chalupa. Yo dí voces á los marineros, porque él no podia -hablar, que echasen un cabo: echáronle y bajaron dos de ellos, y como -si fuéramos dos atunes, dieron con nosotros en la chalupa, aunque á mí -solo me estorbaba para salir no dejar el otro mi pierna; pero él, como -se vió en elemento que no conocia, salió medio ahogado: subidos arriba, -le dieron al otro ciertas coces en la barriga, con que vomitó el agua -mala, y yo me enjugué de la que habia cogido en el vestido: de suerte, -que para la vida le aprovechó más al pobre una pierna del enemigo, que -doce brazos de sus amigos; que ordena el cielo de manera las cosas, -que las amistades y favores fundados en malos intentos, no aprovechen -para el mal fin. Nadie se fie en lo que no fuere suyo, que es fácil el -prometer ayuda y dudoso darla, que cada uno en la ocasion mira su daño, -y no la obligacion en que le pusieron. Dábale osadia el desprecio mio -con el favor de los otros, y en ese mismo desprecio halló la vida que -por el favor tuvo en duda. Yo con mi determinacion deshice mi agravio, -ahuyenté la calentura y dí que reir á toda la armada. En confianza -de ajeno favor nadie se atreva á hacer cosas mal hechas. Súpolo el -adelantado, que rió mucho de ello. Vino á vernos el almirante por -saber que habia sido conmigo la pesadumbre, y diciendo con grandísima -gracia: Estas amistades pasadas por agua y hechas por Neptuno, yo como -almirante las confirmo; y pues saben, señores soldados, que debajo -de bandera no hay agravio, al que lo hiciere se le darán tres tratos -de cuerda, y al que lo sufriere le tendrán por muy honrado soldado, -considerado y cuerdo. Regaló al medio muerto de temor, y á mí me llevó -á comer consigo, diciendo mis disparates á cuantos encontraba de la -armada, que fué tan desdichada, que de casi veinte mil soldados que -se embarcaron muy gallardos, solo trescientos quedaron de provecho, -que llevó el capitan Vanegas á donde le mandaron, que no bastó la -diligencia del conde de Olivares, excelentísimo ministro, capaz para -gobernar un mundo, discreto, sagaz y sabio en todas materias. Murió -allí el adelantado, y otros grandes ministros de S. M., con que aquella -gran máquina se acabó de deshacer. Yo disparé como los demás que -quedaron á reparar la salud con la convalecencia: que realmente todos -los que no murieron cayeron enfermos: y entendióse que se hizo algun -daño en los mantenimientos. Salí de Santander, y tomé mi derrota por -Laredo y Portugalete: llegué á Bilbao, donde me siguió mi fortuna, como -suele. Aunque no iba muy recio ni convalecido, llevaba algunas galillas -de soldado; y como aquella armada habia dado tan grande tronido, todos -gustaban de ver soldados de ella. Las mujeres particularmente, como más -noveleras, salian á ver cualquiera soldado que venia. - -Estando en una Iglesia de Bilbao, puso los ojos en mí una vizcaina muy -hermosa, que las hay en estremo de lindísimos rostros; yo correspondí -de manera, que antes que saliese, dijo, despues de haber hablado un -gran rato, y dado y tomado sobre cierta inclinacion que tenia que venir -á Castilla, que pasase aquella noche por su casa, y que hiciese una -seña. Yo la dije que señas ordinarias son muy sospechosas, y así, que -en oyendo el ruido de un gato, se pusiese á la ventana, que yo seria. -Túvele en cuidado, y á las doce de la noche, cuando me pareció que no -habia gente, fuí arrimado á una pared que hacia sombra, y con mucho -silencio me puse en un rinconcillo que estaba debajo de su ventana, -donde por la sombra no podia ser visto, y entonces hice la seña -gatuna, á cuyo ruido se alborotaron los perros, y un jumento soltó su -contralto. Andaba de la otra parte un hombre tambien haciendo hora, -y como oyó al gato y los perros, estando yo muy atento á la ventana -á ver si se asomaba, cogió una piedra, y dijo en vascuence: Valga el -diablo los gatos, que han venido á alborotar los perros, y jugando del -brazo y piedra, tiró á bulto donde habia oido el gato, y dióme en estas -costillas una pedrada, pensando espantar el gato. Callé, y llevé lo -mejor que pude mi dolor, con que me quitó la atencion de la ventana, y -aun el amor de la moza, porque me acordé que Dios lo habia permitido -por el poco respeto que habia tenido en la Iglesia, concertando en ella -lo que habia de ser ofensa suya; que en los lugares sagrados el temor y -la vergüenza han de ser freno para no hacer semejantes atrevimientos; -que si los templos son para ofrecer á Dios sacrificios y pedirle -mercedes, ¿cómo las concederá, teniéndole poco respeto en su casa? Y -quien no tiene temor y respeto en semejantes lugares, arguye ánimo -desvergonzado; porque el temor del hombre viene á redundar en honra de -Dios, y quien no lo tuviere, tampoco vendrá á tener fortaleza. Nadie -siga mujeres en la Iglesia; pues hay harto espacio para verlas fuera, -que se han visto muy grandes castigos en hombres que no han tenido -respeto á los templos, y muy grandes mercedes en quien ha temblado de -hacer descortesías en ellos; y no solamente en la verdadera religion, -pero aun en el culto de los falsos dioses ha permitido el verdadero -muy grandes males en los tales; porque ya que engañados del demonio -piensan que van acertados, son sacrílegos de lo que tienen por bueno. -Retiréme por el mal suceso, y porque las cosas que se han comunicado -poco no dan mucha pesadumbre en dejarlas; pero como ella tenia gana de -venir á Castilla, tuvo modo para enviarme á decir con una amiga suya, -tan cerrada en la lengua castellana, como yo en la vizcaina, que ya -que no queria pasar por su casa para hablarla, me fuese á la salida de -Bilbao para Vitoria, que allí me hablaria. Y los hombres que en pueblos -no conocidos, y de cuyas costumbres no tienen noticia, se atreven á -hacer su voluntad, merecen verse en el peligro en que yo me ví. No hay -confianza que no esté sujeta á algun peligro: y es grande ignorancia -tenerla en lo que no se tiene esperiencia. Quien dice en Castilla -vizcaino, dice hombre sencillo, intencionado; pero yo creo que Bilbao, -como cabeza de reino, y frontera ó costa, tiene y cria algunos sugetos -vagamundos, que tienen algo de bellaquería de Valladolid y aun de -Sevilla. - -Yo fuí al puesto un poco tarde, y hallé á la señora vizcaina con una -amiga ó compañera suya: fuímonos hablando, y á ratos ella cantando en -vascuence, porque la otra no sabia una palabra en castellano, y con la -materia que ella iba tratando de su ida á Castilla, divertímonos de -manera que anocheció algo lejos de la ciudad. Volvímonos, y llegando -á un molino, encontramos cuatro hombres perdidos que salian de una -taberna, no de sidra, sino de muy gentil vino, que las hay por aquellos -molinos arriba. Y viendo con un castellano dos vizcainas, gobernáronse -por sus cabezas, como estaban entonces, pusiéronse dos de ellos de -un lado, y dos de otro, y puesta mano á sus espadas, me comenzaron á -acuchillar: yo no fuí señor de mí, porque de la una parte estaba un -cerro bien alto, y de la otra una pared bien alta, que bajaba á un caz -de un molino. - -Las vizcainas huyeron, y yo hice todo cuanto fué posible por cogerlos -delante, por verme con ellos mejor: pero los bellacos eran matantes, -y sabian cómo se habia de hacer una bellaquería. Yo, visto que por -fuerza habia de peligrar, no pudiendo tomar la delantera, ni subir -por el cerro, ni por los lados, arremetí con los dos para cogerles -la delantera, y al mismo tiempo todos juntos cerraron conmigo, y me -arrojaron en el caz de aquel molino, y fué tan cerca del rodezno, -que la corriente furiosa del agua me llevaba á hacer pedazos, si -no me asiera de una estaca ó maderilla que estaba hincada, aunque -poco fuerte, cerca de la puerta que atajaba el agua para que fuese -al rodezno; pero era tan cerca de él, y la estaca poco fuerte, que -se doblaba con el peso, y yo me iba acercando más á perdicion; los -bellacos se fueron siguiendo las mujeres en viéndome caido abajo, y -como los peligros imprevistos carecen de consejo, yo no le tenia para -valerme: la estaca se iba rindiendo, y yo llegándome hácia el rodezno. -Volví el rostro hácia el lado izquierdo, y ví un arbolillo pequeño, -que se criaba de la humedad del agua, que pensé que tuviera más fuerza -que la estaca, mas no tenia fortaleza. Por que la corriente no hiciese -su oficio, fuí cobrando espíritu, dejé la mano derecha en la estaca, -y alargué la izquierda al arbolillo, y pude asirlo de una rama. -Repartido el peso entre las dos, aunque no podia resistir á la inmensa -furia del agua, por estar casi llegando con los piés al rodezno, pude -mejor sostenerme, pero no volver arriba, hasta que sacando la pierna -izquierda, que estaba más arrimada á aquel lado que al derecho, topé en -la paredilla con una piedra, en que pude estribar muy bien, y haciendo -fuerza con ella, ayudándome de la de los brazos, mejoréme, hasta -poder asir el madero, en que estaba asida la puerta del desaguadero, -y encomendándolo á la mano izquierda, saqué con la derecha la daga, y -metiendo el brazo debajo del agua, apalanqué con la daga, y alcé la -puerta tanto, que se coló la mitad del agua, y segundando, como pude, -con toda la mano derecha, la levanté de manera, que con la misma furia -que iba al rodezno, todo el agua se despeñó por su natural corriente, -con que yo pude valerme de mis piés, y subir por toda la acequia, -asiéndome á las estacas que ayudaban á la presa del molino, y como el -que ha resucitado de muerte á vida, sin capa y espada ni sombrero, iba -mirando si era yo el que se habia visto en tan evidente peligro; iba -corriendo por aquellos molinos abajo, como el que se habia soltado de -la cárcel, por llegar presto donde me alentase y mudase el vestido, -porque no se me entrase aquella humedad de la ropa en las entrañas. Los -que me encontraban me hablaban en vascuence, debian de preguntar si -estaba loco, yo no respondia palabra, por no me poner á resfriar. - -Cuando llegué á mi posada llevaba la muñeca de la mano derecha más -gorda que el muslo, del golpe que habia dado. Estúveme en la cama -ocho ó diez dias, restaurando la batería que habia hecho en mí el -espanto de la ya tragada muerte, que fué el mayor peligro de los que -yo he pasado, por ser con quien no sabe hablar, sino hacer y callar. -Admiréme de ver que entre gente que tanta bondad y sencillez profesan, -se criasen tan grandes traidores, sin piedad, justicia y razon. En el -tiempo que estuve en la cama me tomaba cuenta á mí propio, diciendo: -Señor Márcos de Obregon, ¿de cuándo acá tan descompuesto y valiente? -¿qué tiene que ver estudio con bravezas? Muy bien guardais las reglas -de vivir, ¿qué os enseñó vuestro padre? ¿no os acordais que el primer -precepto que os dió fué que en todas las acciones humanas tomásedes el -pulso á las cosas antes que las acometiésedes; y en el segundo, que -si las acometíades, mirásedes si podia redundar en ofensa agena; y el -tercero, que con vos mismo consultásedes el fin que pueden tener los -buenos ó malos principios? Muy bien os aprovechais de ellos: ¿mas qué -bien parece pasar de estudiante á soldado, profesiones tan honradas, y -despues de soldado á molinero, y no á molinero sino á molido? ¡Qué poca -pena le diera al bellaco del rodezno hacerse verdugo y descuartizarme! -Tentábame mis piernas y mis brazos, y como los hallaba, aunque -cansados, buenos, daba mil gracias al bendito ángel de la guarda, -que él por su bondad es la prudencia de los hombres, que la nuestra -no basta para librarnos de los trabajos y adversidades: pero bastára -para no ponernos en ellos, sino que se adquiere esta divina virtud tan -tarde, y con tanta esperiencia de trabajos y vejez, que cuando les -viene á los hombres parece que ya no la han de menester: y la juventud -está tan llena de variedades y mudanzas naturalmente, que apetece -más arrojarse á la fortuna y suerte, que obedecer á la Providencia. -Y confieso, que la poca que yo tuve, me trajo á punto de perecer -miserablemente, donde habia de ser manjar, aun no de peces, sino de -gusarapos, si no era que los perros del molino querian hacer algun -banquete antes que viniera á noticia del amo. Yo pasé mi trabajo lo -mejor que pude, y pude muy mal, porque en la soldadesca no habia mucho -dinero, aunque se hacen en ella los hombres esperimentados para estimar -la paz, y animosos para ejercitar la guerra. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XXII. - - -Salí de Vizcaya, echándola mil bendiciones, lo más presto que pude -por llegar á Vitoria, donde hallé un gran caballero amigo mio que se -llamaba D. Felipe Lezcano, y él me hospedó y regaló de manera que pude -repararme del trabajo pasado: y por no dejar de verlo todo fuí de allí -á Navarra, siendo Condestable de ella un hijo del gran Duque de Alba D. -Fernando de Toledo; pero con gran cuidado de no arrojarme á cosa que no -fuese muy bien pensada; porque como en cada reino, ciudad y pueblo hay -diversas costumbres, el que no las sabe, con vivir bien y quietamente -cumple con la obligacion natural; y con aquel primer documento que -me dió la afliccion del molino, procuré valerme siempre, si no era -cuando me olvidaba de él, que como mozo tropezaba de cuando en cuando, -principalmente en aquellas cosas que sola la edad puede madurar. Cuanto -más que, es tan poderoso el hacer costumbre en las cosas, que ellas -mismas se facilitan con el uso: y cuando no repugnan á la razon, no -se han de dejar si no pide otra cosa la fuerza. Al fin me valí por -Navarra y Aragon de manera que adquirí muchos amigos. Y en llegando á -Zaragoza, ciudad y cabeza del antiguo reino de Aragon, que entonces no -tenia tan buena fama como mereciera, hallé tantos amigos, y tan buenos, -que más parecí natural que forastero en el amor que me tenian; pero yo -fuí siempre con cuidado de no mirar á ventana, que son celosísimos los -de aquel reino, ni tomar pesadumbre con nadie, ni asir de palabras de -poca importancia, que es de donde se traban las enemistades y ódios. -Honróme en su casa por el tiempo que allí estuve un gran Príncipe muy -amigo de música, y de todos actos de ingenio y virtud, honrándome y -acudiéndome á las necesidades de naturaleza; y fué tanto el favor que -me hizo, que me divertí más de lo que fuera razon, en juegos, que hasta -entonces no habia dado en ellos, que fué bastante para distraerme, y -dar en aquel vicio que me trajo más inquieto. Que como en palacio la -ociosidad es tanta, y el ejercicio en letras y uso de las ciencias -tan poco favorecido, dí en lo que todos daban. Vicio contra caridad, -lleno de ira insolente en el que gana, y de humildad forzosa en el -que pierde, y que arrastra de manera á quien lo sigue, que no le deja -voluntad para otra cosa. Cuál antepone el juego á la honra; cuál deja -mujer é hijos perecer de hambre, y estos son daños muy ordinarios; -que hay muchos que ni se pueden ni se sufren decir. Un hidalgo de -muy buen entendimiento se vió tan lleno de trampas por el juego, y -tan sujeto á la costumbre, y convertido ya el uso en naturaleza, que -reprehendiéndole su misma madre, y rogándole que dejase el juego, y -ella le alargaria toda su hacienda, que no era poca, respondió, que -estaba como hombre que tiene atravesada una daga, que vive mientras -la tiene, y en sacándola muere, y que en quitándole el juego se habia -de morir. Pero es tanta la golosina del que gana, y tan grande la -desesperacion del que pierde, que ni el uno reposa hasta perderse, ni -el otro vive hasta desquitarse. El uno se inquieta con la ganancia, el -otro se ahoga con la esperanza de ganar, y ambos fácilmente mudan de -estado; pero no duran en él de costumbre, ni se puede creer el ódio -infernal que tiene el que pierde con el que le gana, aunque más y más -disimule, que parece que en aquel punto le falta el conocimiento de -la primera causa, nacido de no poderse vengar de su enemigo: quien -quisiere meter cizaña entre dos grandes amigos, haga que jueguen el uno -contra el otro, que no há menester más fuerza el diablo para hacerles -grandes enemigos; tal es la fuerza del ódio que se cobra en el juego: -¡qué de muertes infames hechas con supercherías y traiciones, robos y -mentiras nacen del juego! No quiero que se me representen las cosas -que he visto suceder en el juego y por el juego; sólo quiero decir, -que es tan poderoso que un hombre que trata de recogimiento, ó por -escribir, ó por leer, ó por otros actos de virtud, si juega una vez -y pierde, há menester ayuda del cielo para tornar á añudar el hilo -por donde lo habia quebrado. Yo me divertí en esta materia, y la dí á -entender á amigos que trataban este infame ejercicio, con uno de los -cuales me pasó una cosa muy vergonzosa para mí, y de risa para quien -lo supo. Fué, que una noche me pidió que le acompañase porque iba á -hablar con cierta persona, y quiso llevarme para que le guardase la -suya. Yo me puse como de noche con una espada y broquel, unos calzones -ó zaragüelles de lienzo, un capotillo de dos faldas, y otras cosas de -disfraz, con que fuimos adonde me llevó, que era una casa donde habia -un poyo á la puerta. Dió las once el reloj, y despues las doce, que era -la hora que tenia aplazada, y díjome que lo esperase sentado en aquel -poyo, que luego saldria. Sentéme bien rellanado, y musitando entre -dientes comencé á entretener el sueño lo mejor que podia, que ya era -hora de ello. El dia siguiente era dia solemnísimo de los Apóstoles: -oí las dos y luego las tres, que el buen hombre no podia salir, porque -hubo estorbo para ello; yo me caia de sueño; dí en pasearme y en rezar, -entendiendo que aprovecharia para no dormirme, siendo cosa que más -concilia el sueño de cuantas hay en el mundo. Torné á sentarme, porque -me cansaba de tanto pasear, y como habia digerido ya la cena gran rato -habia, por más que me refregaba los ojos con saliva, no pude valerme -hasta que no sé cómo ni de qué manera, sin querer, me quedé dormido -sobre el poyo, adonde estuve, hasta que tañendo á Misa mayor el dia -siguiente, con el ruido de las campanas de la fiesta y de la mucha -gente, pasando unas señoras por allí, dijeron: ¡Qué bien lo ronca el -cochino! y mandaron á un escudero que me despertase. Despertóme, y -alzando los ojos con un gran bostezo ví el sol en medio de la calle, y -oyendo la armonía de las campanas, arrebocéme un capotillo que llevaba, -y dí á correr no hácia mi posada, sino hácia la placeta de Médicis, -siguiéndome más de trescientos perros; y á la vuelta de una esquina -topé con un ciego que llevaba una docena de huevos en el seno, y al -mismo compás que le topé volvió el báculo, y alcanzóme en el hombro -izquierdo, y como le destilaba lo amarillo de la tortilla, decian que -le habia quebrado la hiel en el cuerpo, y ya que con mi huida llegaba -cerca de la casa donde me habia de acoger, con la priesa que llevaba -y la que me daban los perros tropecé, y tendíme á la puerta de esta -señora, tan buena de nacimiento, que habiéndole yo enviado dos perdices -para que se regalase con ellas, las echó en una necesaria, porque -venian lardeadas con tocino. - -Parece que con estas menudencias se desautoriza la intencion que se -lleva en este discurso; pero mirando bien, para eso mismo lleva mucha -substancia, que aquí no se escriben hazañas de príncipes y generales -valerosos, sino la vida de un pobre escudero que ha de pasar por -estas cosas y otras semejantes, y por reprehender una inadvertencia -tan grande como la que hizo aquel amigo y la que hice yo. Llevar -compañía de noche quien va á cosa hecha, téngolo por yerro; porque -si va adonde no tiene peligro, no há menester llevar testigo de sus -mocedades; y si va con sospecha de algun peligro, claro está que no -ha de querer infamar una casa, y por fuerza se ha de retirar; y para -huir más desembarazado, mejor va solo que acompañado, porque al fin no -lleva consigo quien diga que huyó. Y aunque es lo más sano y seguro no -hacerlo, si se hiciere sea á solas, no acompañado, porque las amistades -de hombre se acaban, y luego se revelan los secretos. Pues la fineza -que yo usé en esperarle y guardarle el cuerpo, ¿quién dirá que no fué -disparate? Pasaban dos horas, y acercándose el dia, ¿qué necesidad -tenia yo de ponerme á padecer tormento de sueño? ¿Qué fortaleza de Rey -me habia mandado que guardase, sino la que era de un hombre perdido, -para ponerme á peligro, demás de la vergüenza que pasé? Cuando se ha -de poner un hombre á tan grandes riesgos, ha de ser por conocer un -evidente peligro en alguna persona de vida ó de honra, ó por obedecer -el mandamiento de algun gran príncipe ó república. Pero que me ponga -yo á los sucesos de fortuna por quien está muy contento, sin tener más -cuidado de mi cuerpo que de su alma, téngolo por fineza impertinente. -¿Qué honra ó hacienda perdiera yo cuando me fuera á tomar el reposo -y descanso que naturaleza pide para su conservacion? Si me culpára -en haberlo dejado, le preguntára yo si lo dejaba en alguna mazmorra, -de donde lo podia sacar con la mano, ó si me dejó él á mí en mi lecho -reposado, ó si quedaba entre enemigos de la fé, como quedaba entre -enemigos de guardarla. Siempre oí decir que el que fuere compañero -en los trabajos tambien lo ha de ser en los gustos; pero aquí la -parte del trabajo era para mí, y la del gusto para él. La conclusion -es, que tengo por yerro llevar compañía en semejantes jornadas, y -por mucho mayor acompañar á nadie en ellas, que si llama la compañía -por pusilánime, lleva la vida jugada el que le acompaña, porque á la -primera ocasion huye, y lo deja en manos de enemigos que él no tenia -ni temia. Y mire cada uno, si le sucediere, que es participante del -daño que el otro hiciere en ofensa ajena. Yo me reparé de vestido y -de sueño, aunque habia dormido lo bastante para un hombre de bien, -en aquella misma casa donde llegué, y á donde hallé un vecino suyo -muy lleno de melancolía, y tanta, que me vió dar con mi persona en el -suelo, con la espada á una parte y el broquel á otra; no conocí en él -accidente de risa, como en cuantos me vieron caer, que una caida es -ocasionada para mucho disgusto de quien la da, y mucha risa de quien -la ve. Con todo se llegó este buen hombre estando ya puesto de rua en -casa de aquella mujer, amiga del tocino; y pareciéndole que yo estaba -disgustado, llegó como á consolarse conmigo, diciéndome que todos los -hombres del mundo padecen trabajos, y que él estaba tan dentro de -ellos como todos cuantos vivian en él. Yo le pregunté, qué eran sus -males que tan triste lo traian, porque siempre he sido compasivo; y -él me respondió en una palabra: Zelos. ¿Ese mal tiene? le dije yo; -no quiero preguntarle si son averiguados, ó si es sospecha; pero -quiero decirle que es enfermedad de mozos de poca experiencia, que si -la tuviesen, sabrian que los mismos tienen unos de los otros. Y si -advirtiesen que el otro de quien yo los tengo anda rabiando de ellos -por mí, consolaríame con su daño y con verle padecer, y consumirse con -un perpétuo desasosiego. ¿Qué mayor consuelo puedo tener yo que ver á -mis enemigos padecer, y reirme de ellos? Porque pensar que una mujer -divertida en estos tratos se ha de contentar con lo que uno le da, es -pensar que un fullero ha de andar bien puesto con sola la ganancia que -hace á un cuitado. Los zelos tienen al diablo en el cuerpo del que los -tiene, y parece que lo trae consigo, pues á nadie hacen mal sino á -quien los mantiene, y cuanto más se callan más crecen. Su remedio está -en tan ruin fundamento, que con averiguar la verdad, ó se mueren, ó se -halla ocasion para perderlos, poco á poco, apartándose de quien los -causa. Yo aseguro que son más de cuatro los zelosos, sin saber unos de -otros en esa misma ocasion, y crea que se usa esto. Si son zelos de -la mujer propia, es agravio que se le hace, que la más baja mujer del -mundo estima en más la sombra de su marido que á todo lo restante de él. - -Un príncipe de esta ciudad dijo muy bien quién son los zelos, y materia -tan odiosa no se ha de traer á la memoria, sino consolarse con lo que -tengo dicho de ver que padecen por mí lo que yo padezco por otros: que -han venido las mujeres á tan infeliz estado, que han privado á su misma -naturaleza del gusto que ella les concedió, porque lo han puesto en -solo hurtar y robar las haciendas, fingiendo querer á los que desean -desollar, por solo igualarse en galas á las que de su nacimiento por -herencia de patrimonio nacieron nobles y honradas, ricas y principales, -que les parece no ha de haber diferencia y desigualdad en la tierra -de mujeres á mujeres, como en el cielo la hay de ángeles á ángeles. -He mezclado de esta materia con esotra, porque de la perdicion de -esto viene la comunicacion de muchos, para que todos anden zelosos: y -con tener cada una su docena de ángeles de guarda, pasan por moneda -corriente y honrada. Despedí al buen hombre algo consolado, y fuíme -á mi posada, y dentro de pocos dias me fuí á Valladolid, despues de -haber visto á Búrgos y toda la Rioja. Provincia fértil, de bonísimo -temperamento, y que parece en algo al Andalucía. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XXIII. - - -En Valladolid serví al Conde de Lemos, D. Pedro de Castro, el de la -gran fuerza, caballero de excelentísimo gusto y bondad muy suya, sin la -heredada que era y es, cuando menos, descendiente de la sangre de los -Jueces de Castilla, Nuño Rasura y Lain Calvo, junta con la de los Reyes -de Portugal. Entré en su gracia, é hice muy poco, porque tenia el Conde -un pechazo tan generoso, manso y apacible, que con poca diligencia -se entraba en las entrañas de quien le queria. Con todo no me hallé -muy bien á los principios, porque me faltaba lo que es menester para -servir en palacio, que es decir con gracia una lisonja, salpimentar -una mentira, traer con blandura y artificio un servil chisme, fingir -amistades, disimular ódios, que caben mal estas cosas en los pechos -ingénuos y libres. Dejo aparte el rigor y magestad de los porteros, que -ordinariamente tienen una gravedad más seca que sus personas, y ellos -lo son tanto como sus palabras. - -Aunque eché de ver, que lo que más importa es, que en presencia del -señor el criado tenga el rostro alegre, y en las cosas que le mandan, -y aunque no se las manden, será menester ser diligente y solícito, y -cumplir cada uno puntualmente con su ministerio. En lo primero, que es -traer el rostro alegre, mal lo puede hacer un melancólico; pero para -esto hay un remedio, que es no ponerse delante del señor, sino cuando -estuviere el criado de buen humor: que la alegría de los criados, -fuera de hacer su negocio, ayuda á vivir al señor, y si no la muestra, -piensa que está disgustado en su servicio, y así durará poco con él. -Aunque este príncipe mostraba tan buen pecho con sus criados, que él -mismo los obligaba á andar muy contentos, y servirle con muy apacible -semblante: porque haciendo todo lo que podia tenia obligacion de hacer, -los honraba donde quiera que se hallaba. Y siempre en esta antiquísima -casa han llevado y llevan esta grandeza de ánimo y cortesía, como se -ha parecido y parece en el que ahora lo posee D. Pedro de Castro, -que desde niño tierno descubrió tanta excelencia de ingenio y valor, -acompañado de ingénuas virtudes, que habiéndolo puesto su Rey en los -más preeminentes oficios y cargos que provee la monarquía de España, -ha sacado milagroso fruto á su reputacion, siendo muy grato á su -Rey, muy amado de las gentes subordinadas á su gobierno, y muy loado -de las naciones extranjeras. Estando en esta casa y en Valladolid, -se descubrió aquel gran cometa, tantos años antes pronosticado por -los grandes astrólogos, amenazando á la cabeza de Portugal. Hubo tan -grandes juicios sobre ella, y algunos tan impertinentes, que dieron -harto que reir, entre los cuales hubo uno que decia, que las cosas -grandes habian de descrecer, y las pequeñas habian de crecer: llegó -este juicio al de un hombrecico pequeño, que tambien en esto lo era, -que estaba muy mal contento de verse con tan aparrada presencia, que -trayendo unos pantuflos de cinco ó seis corchos, aun no podia lucir -entre la gente. Andaba siempre pulido y bien puesto, enamorado y bien -hablado, y aun hablador no sin afectacion. En las conversaciones -procuraba, no que sus conceptos llegasen á igualarse con los otros, -sino que sus hombros se ajustasen con los de la rueda, y como no podia -ser, pensando que era la culpa de las agujetas, meneaba un lado y otro, -hasta que crujian todas. Pues como llegó á su noticia la interpretacion -del cometa, que las cosas pequeñas han de crecer, se le encajó que -se decia por él. Que fácilmente nos persuadimos á creer lo que -deseamos, aunque sea tan gran disparate como este. Dijéronle que yo era -nigromántico, y que si yo queria, podia hacerle dos ó tres dedos ó más; -pero que habia de ser muy secreto, porque no se supiese que yo sabia -tal arte diabólica. Pasando por la plaza, haciendo mil escuderajes con -los demás gentiles-hombres de casa, me señalaron con el dedo, para que -me conociese. Sin haberme avisado los que le tornaban loco, se llegó -á mí con una retórica bien pensada, ofreciéndome amistad y hacienda y -favor para toda la vida, y el fin de todo fué decir: Ya vuesa merced -ve el agravio que naturaleza hizo á un hombre de mis partes, en dar á -tan altos pensamientos tan pequeño cuerpo: yo sé que si vuesa merced -quiere, puede suplir esta falta, con que tendrá un esclavo para siempre -jamás. Eso, dije yo, solo Dios puede hacerlo, que es superior á la -naturaleza, y si vuesa merced quiere crecer por los piés, póngase más -corchos de los que trae; y si del pecho arriba, con ahorcarlo, crecerá -tres ó cuatro dedos. Oh señor, dijo él, ya venia informado que vuesa -merced no me habia de negar este bien, por amor de mí que se disponga á -ello, y en lo demás corte por donde quisiere. Veíalo tan rematado en su -disparate, que lo hube de reducir á la obra de naturaleza, diciéndole: -Señor, vos vais tras de un imposible, que no solamente no es hacedero, -pero os tendrán por loco cuantos supieren que dais en ese error. Las -obras de naturaleza son tan consumadas, que no sufren enmienda: nada -hace en vano, todo va fundado en razon, ni hay supérfluo en ella, ni -falta en lo necesario; es naturaleza como un juez, que despues que ha -dado la sentencia, no puede alterarla, ni mudarla, ni es señor ya de -aquel caso, sino es que apelen para otro superior. - -En formando naturaleza sus obras con las calidades que les da, ya no -es señora de la obra que hizo, sino que Dios, como superior, quiera -mudarlas; si hace grande, grande se ha de quedar; si chico, chico -se ha de quedar; si mónstruo, así ha de permanecer. Ni hay para qué -cansarse nadie pensando imposibles. Á esto replicó diciendo: ¿Pues no -es más dificultoso hacerse un hombre invisible, y hay quien lo hace? -No es, dije yo, sino facilísimo, que con ponerse un hombre detrás de -una tapia, queda invisible, ó encubriéndose con una nube. Y vos os -hareis invisible con solo poner delante de vos un mosquito. Gentil -consuelo, dijo, he hallado, en quien pensé tener todo lo que he deseado -toda mi vida. ¿Qué consuelo ha de hallar, dije, quien quiere ir contra -las obras de la misma naturaleza, que es la que nos representa la -voluntad del primer movedor y autor de todas las cosas? Que aunque crió -á todos los hombres iguales, no fué en los actos exteriores, sino en -la razon del alma. Y esta es la que hace al hombre superior á todos -los demás animales, que no el ser grande ó pequeño. Si naturaleza -os hubiera criado desigual de miembros, como habiéndoos dado esa de -gozque, tener unos brazos de jigante, ó en esa carilla de mandrágora -os hubiera puesto unas narices trastuladas, pudiérades os quejar, -pero no enmendar. Mas al fin, si sois pequeño, sois tan bien hecho -y tan igual de miembros, como que teneis las orejas mayores que los -piés: y quien tiene andada la mitad para una de las más importantes -virtudes que resplandecen en los hombres, ¿por qué ha buscar quien le -haga crecer? ¿Qué virtud? preguntó él. La humildad, respondí yo, que -para alcanzar tan divina virtud, teneis andada la parte del cuerpo, -que parece que estais siempre de rodillas, y con humillar el ánimo, -la tendreis alcanzada toda. Si naciérades en tiempo de los gentiles, -que se usaban transformaciones, la naturaleza enojada con vos, por -no contentaros con ella, y por soberbia, os hubiera transformado en -renacuajo, por humillar la soberbia del ánimo, y cercenar la cantidad -del cuerpo. Á todo cuanto le dije calló, y dijo por último: Aténgome -á la significacion de la cometa, que dice, que los pequeños han de -crecer, y los grandes han de disminuirse; pero ya que vuesa merced se -ha holgado dándome matraca, obligacion tiene de ponerme en estado, que -no me la den otros: que quien sabe decir lo uno, sabrá hacer lo otro, y -eso de ser humilde, guárdelo para sí, que yo tengo porque estimarme en -mucho, que soy hijodalgo de parte de mi abuela, que antes que se casase -con mi abuelo, habia sido casada con un hidalgo muy honrado, y tiene -hoy la ejecutoria de él guardada y á buen recaudo. ¿De suerte, dije -yo, que de ahí os viene la vanidad, y no querer ser humilde? Sereis -como los que lucen y se arreglan con hacienda ajena. Ahora digo que no -me espanto que seas soberbio, teniendo mucha razon de ser humilde, y -rendiros á la humildad, virtud que jamás tuvo émulos ni envidiosos: que -todas las partes que adornan á un hombre, padecen esta mala ventura, -sino es la humildad y la pobreza, tan aborrecida de los hombres, y tan -amada del Autor de la vida: pero si la humildad nace del conocimiento -de sí propio, y esto os falta á vos, ¿por qué habeis de ser humilde? -Yo no vine, me dijo, á oir virtudes, sino á probar encantamientos -ó cosas sobrenaturales para conseguir mi intento. Fuése el buen -hombre, y luego llegaron á mí cuatro amigos de buen gusto y no poca -malicia, preguntando si habia venido á mis manos con aquella demanda: -respondíles que sí, y que lo habia desengañado de aquel disparate y -deslumbramiento tan grande. Por vida vuestra, dijeron, que le hagamos -una burla, porque es tan gran loco, que se persuade á que pueda crecer -y le sacaremos una muy gentil merienda riéndonos un rato á costa suya. -Eso, respondí yo, no lo haré por todas las cosas del mundo, porque -burlas de que puede resultar escándalo general y daño particular, ni -son lícitas, ni se permite por camino alguno. Sabed, dijeron, que es la -misma avaricia y miseria, y habemos dado en esto por hacerle gastar, -que lo sentirá en el alma. Si esa condicion tiene, dije yo, no le -sacarán de ella aunque le hagan llegar á la Giralda, que los avarientos -y los borrachos nunca se ven hartos de lo que desean, ni apagan la -sed que traen. Acuérdome que por hacerle gastar á un hombre ciertos -maleantes, se pusieron á trechos, diciéndole que estaba enfermo, de -suerte que cuando llegó al último ya lo estaba de veras, por el caso -que habia hecho la imaginacion; y fué menester llevarle á su casa medio -muerto, y de quererle hacer burla tan pesada, nació el arrepentimiento -tardío para todos ellos y grave daño para el paciente. Y en este caso -seria mayor, cuanto es más imposible la obra, que para persuadir una -cosa tan contra la misma naturaleza, se han de hacer grandes embelecos, -y no pueden ser sin grande daño del pobre raton, que ni ve su cuerpo ni -conoce su ignorancia. - -Porfiaron todavía que le hiciésemos un engaño que pareciese cosa de -encantamiento. Cuando eso se hiciese, pregunté yo, ¿quién quedará más -confuso, él en recibir este engaño, despues de descubierta la verdad, -ó yo en haber sido autor de él? En todas las cosas se ha de considerar -el fin que pueda tener, y esa ficcion y engaño no puede estar mucho -encubierta: y para mí tengo por mejor y más seguro el estado del -engañado, que la seguridad del engañador: porque al fin, lo uno arguye -sencillez y buen pecho, y lo otro mentira y maldad profunda. Yo no -puedo tragar una mentira ni engaño, porque se arremete á desdorar la -opinion de quien se tiene por hombre de bien. Las burlas han de ser -pocas y sin daño de tercero, y tales, que el mismo contra quien se -hacen guste de ellas. No sabemos la capacidad de cada uno, que la -burla llevadera para uno, será para otro muy pesada; y las burlas -no se han de juzgar por malas ó peores de parte de quien las hace, -sino de parte de quien las recibe; y si él las tomare bien, serán de -sufrir; y si las tomare pesadamente, serán pesadísimas. Dábanle matraca -á cierto ordenante por una necedad que habia dicho, y cuando estuvo -harto de sufrir, dijo: Que queria que pecase mortalmente quien más -se la diese. Que de burlas pesadas vemos cada dia resultar agravios -que no se pensaron. Este miserable no tiene talento para llevar una -burla tan pesada como esta que por fuerza lo ha de ser. Yo me tengo -de oponer en eso, porque iria contra mi propia opinion, que es justo -y mal hecho: y no me espantaré del que se deja engañar por lo que -desea, pero espantaríame de quien le quisiere engañar, sin esperar de -ello más gusto que hacer mal. Fuéronse, y al fin le hicieron una burla -muy pesada, dándome á mí por autor de ella. Pusiéronle en estrecho de -ayunar tres dias con cuatro onzas de pan y dos de pasas y almendras, -y dos tragos de agua, y primero le tomaron la medida de su cuerpo -en una pared muy blanca, poniendo para señal de su altura un clavito -pequeño ó tachuela. Hizo su dieta, unas hermanas suyas le fregaban -los brazos y piernas todas las noches y mañanas, por consejo de los -maleantes: preguntábanle las pobres despues de cansadas: ¿Hermano, -para qué hace esto? Y él las respondia: Bárbaras, no os entremetais -en las cosas de los hombres. Todos estos tres dias de la dieta y las -fricaciones, se subia á una azotea en amaneciendo, y se ponia hácia -el nacimiento del sol, haciendo ciertas señales que le habian mandado -contra las nieblas de Valladolid, que él hizo muy puntualmente como -todo lo demás. Cumplidos los tres dias, y lleno el celebro de nieblas, -vino á los bellacones con tanta cara como una calavera de mandrágora, -que como estaba tan chupado y flaco, parecia más alto. Fué uno de ellos -á la pared blanca donde se habia metido, y mudó el clavito dos dedos -más abajo, y tapó el agujero con un poco de cera blanda, que era en la -cerería recien hecha, blanca y muy lisa. Enviáronle á medirse, y como -topó con el colodrillo en el clavito, quedó fuera de sí de contento, -entendiendo que él habia crecido lo que el clavo habia bajado. Vino con -la boca llena de risa, que parecia mico desollado, y fuése á echar á -los piés de quien le habia hecho crecer: ellos le dijeron que callase, -porque sino se descreceria lo crecido, y que lo dificultoso quedaba -por hacer. Él dijo que aunque fuera bajar al infierno, lo haria por -no descrecer. Pues no es menos, dijeron ellos, y aquella noche le -mandaron que entre las once y las doce de la noche entrase en cierto -aposento por un callejon muy estrecho, que estaba debajo de unas casas -lóbregas y obscuras, solo y sin luz, y que allí le dirian lo que habia -de hacer. Él se turbó todo con la dificultad que le pusieron, pero -al fin dijo, con todo el miedo posible: Sí haré, sí haré. Fuése á -la noche entrando por su callejon, espeluzado el cabello, cortado de -brazos y piernas, sin oir perro ni gato que le pudiese hacer compañía, -y en llegando al aposento, salieron por las cuatro esquinas debajo la -cama cuatro carátulas de demonios, con cuatro candelillas en la boca, -que con el temor que habia concebido, se le representó el infierno -todo; porque todos los hombres muy crédulos son tambien temerosos; y -como se fueron alzando los demonios, él se fué quedando, y sin saber -de sí, ni poder moverse de donde estaba, cayó en el suelo, dándole -tan gran corrupcion, que no se le pareció haber tenido dieta, que la -cólera habia desbaratado cuanto las almendras y pasas habian detenido. -Él caido, y ellos turbados y aun arrepentidos, no supieron qué hacer, -sino dejarlo y acogerse. Él volvió á cabo de rato en sí, y hallóse -revolcado en su sangre, de que anduvo muy corrido, y de manera enfermo, -que fué menester de veras valerse de las pasas y almendras para no -morirse, y ellos anduvieron escondidos y ausentes. Yo me sangré en -salud, refiriéndole el cuento al Conde, que le solemnizó mucho con -su buen gusto, y tomó á su cargo las amistades, contando lo pasado á -cuantos entraban en su casa. Sosegóse el negocio con la autoridad de -un tan gran príncipe, aunque ellos anduvieron hartos dias inquietos: -porque el hombrecito se quejó á todo el mundo, y á quien podia castigar -la burla. Yo los cogí cuando hubo oportunidad, y les dí á entender -con la verdad, cuánto importa no hacer mal, tanto en burlas como en -veras, que de haberle dado la vaya sobre su ruin talle y cuerpo, vino -á buscar tan pesado remedio, que nadie quiere oir faltas, y por más -que se hagan sufridores y finjan risa, no hay á quien no le pese en -el alma oir mal de sí propio: y tanto más, cuanto más parece verdad -lo que se dice: que aun cuando no lo es ni lo parece, se le abrasa el -corazon á quien se dice, ora sea por dar pesadumbre, ó sea por chisme, -de que era tan enemigo este príncipe, que en trayéndole alguna novedad -de palacio, llamaba á aquel de quien se decia, y delante del parlero -se lo reprehendia: si se encogia de hombros el otro negándole, decia -el Conde: Pues veis aquí á fulano que me lo dijo: y así andaban todos -ajustados con la lengua y con el Conde. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XXIV. - - -Y porque no habrá otra ocasion en que contarlo, digo que era Príncipe -tan enemigo de chismes y parlerías, que en presencia mia vino cierto -congraciador á decirle, que estaba tratando mal de su persona un -hidalgo de Valladolid: y encareciendo mucho esta insolencia, le -preguntó el Conde: ¿Y vos qué hicisteis? Yo, dijo el buen hombre, vine -luego á avisar á V. Excelencia, porque al pié de la obra le enviase -el castigo que merecen ofensas hechas á tan grande señor. Vos teneis -razon, dijo el Conde; ola, dadle á este gentil-hombre una libranza de -media docena de palos muy bien dados. Pues á mí, ¿por qué? dijo el buen -hombre. No son para vos, respondió el Conde, sino para que los lleveis -al que dijo mal de mí: porque como me trujisteis lo que yo no sabia, -le lleveis á él lo que no sabe. Y dijo á un paje: Bermudez, corre y -dí á fulano, que cuando hubiere de decir mal de mí, no sea delante de -tan ruin gente que me lo venga á decir luego, y que para castigo suyo -basta que sepa él que yo lo sé. Ambos quedaron muy bien pagados, como -merecian, que aunque no se dió la libranza, quedó el pobre espantado -de la merced. El ermitaño á todo comenzó á dar cabezadas y bostezar -muy á menudo, como hombre que está de mala gana en locutorio de -monjas, porque despues de la comida todo habia sido hablar al son de -las canales, que aunque pocas, con el ruido y fuerza del aire, hacian -su figura de manera, que se echó de ver que habia música para toda -la noche. Cenamos lo que tenia el buen hombre, que por poco que fué, -ayudó para reposar y darle al sueño bastante lugar, no solamente para -hacer la digestion, pero para soñar disparates, conforme á lo que se -habia cenado, y al tiempo borrascoso que hacia, que realmente, aunque -más anden desvaneciéndose y buscando interpretaciones de los sueños -algunos amigos de adivinacion, ellos andan conforme á los tiempos y á -los mantenimientos, y obedeciendo al humor predominante, que es lo más -ordinario; es grande ignorancia ponerse á interpretar lo que procede de -humores calientes ó frios, húmedos ó secos. Y si alguna cosa sucediere, -que sea verdad en los sueños, ó será acaso ó representacion de Ángeles -buenos ó malos; y no hay para que divertirnos en probar la verdad de -esto, que tan manifiesta y clara la conocemos. - -[Ilustración] - - - - -RELACION SEGUNDA - -DE LA VIDA DEL ESCUDERO - -MARCOS DE OBREGON. - - - - -[Ilustración] - - - - -Aunque amanecia el dia con acabarse la furia del agua, que toda la -noche habia combatido la ermita ó humilladero, era tanta la abundancia -que el rio habia recogido, que sobrepujando la puente, ni de la una -parte ni de la otra se podia pasar, ni pasaron, hasta que se fué -avadando el dia siguiente. Yo quisiera irme, por parecerme que ya el -ermitaño estaba harto de oirme hablar relaciones de mi vida; y como yo -naturalmente, ni soy inclinado á hablar, ni oir hablar mucho, parecióme -que el demasiado sueño del ermitaño nacia del enfado de oirme: y como -los habladores, gente sin memoria de lo que está por venir, son para -mí tan odiosos, no queria caer en la culpa que reprehendo, que los que -tienen esta falta, aunque por sobra de palabras sin sustancia, son -ordinariamente cizañeros, congraciadores, chismosos, que á trueque ó -fin de hablar no reparan en falso ó verdadero, ni saben distinguir la -mentira de la verdad, y de la misma manera que lo dicen lo desdicen; -amigos de averiguar un chisme, y de traer y de llevar adelante su -opinion, soldando un yerro con otros ciento, y el menor daño que -hacen es ser grandes aduladores: no se asientan ni reposan en cosa -con la facilidad que proceden, ni temen caer en falta, ni cobrar mala -opinion, que realmente he visto que á este vicio le siguen otros muy -peores. Huyendo yo de no caer en fama de hablador me quise despedir del -ermitaño, si bien el tiempo aun no daba lugar para ello; pero él me -porfió que no le dejase solo, por una grande melancolía que le habia -dado un sueño aquella noche, que afirmativamente decia: que estando más -dispierto que dormido, le habia hablado un muerto, en cuya muerte se -habia hallado en Italia. Reíme, y lo mejor que pude procuré deshacerle -aquella imaginacion. Preguntóme de qué me reia. Ríome, respondí, de que -la aprehension de los sueños sea tan poderosa con algunas personas, -que les parece que es verdad lo que sueñan, cosa tan reprobada por -el mismo Dios en muchos lugares del Testamento viejo, y recibido en -el nuevo, siendo todo vanidad del celebro, y ahora de la melancolía -que ha causado la esperanza del tiempo; que junta con el poco y no -buen mantenimiento, causara ese efecto y otros más ridículos. Digo, -respondió el ermitaño, que aun ahora me parece que le tengo presente. -Reíme mucho más que antes; replicóme: ¿Luego no suelen venir los -muertos á hablar con los vivos? No por cierto, respondí yo, sino cuando -por algun negocio de mucha importancia les da Dios licencia para ello, -como en aquel caso tan estupendo y digno de saberse que le pasó al -Marqués de las Navas, que habló con un muerto á quien él habia quitado -la vida; pero vino á cosas que le importaban para la quietud y reposo -de su alma. Es caso que todos los que vemos en los libros antiguos no -tienen tan asentada verdad como este, reservando aquellos de que las -divinas letras hacen mencion, porque pasó en nuestros dias, y á un tan -gran caballero, y tan amigo de verdad, y en presencia de testigos, que -hay algunos vivos ahora, que ni á él, ni á ellos, aun siendo verdad, -les importa nada confesarlo. ¿Á cuál Marqués? preguntó el ermitaño. Al -que es ahora vivo, respondí yo, D. Pedro de Ávila. Si no se cansa vuesa -merced, dijo el buen hombre, y aunque se canse, cuéntelo cómo pasó, que -cosa tan espantosa y de nuestros dias es bien que todos lo sepan. Bien -divulgada está, dije yo; pero por que no se quede en el sepulcro con el -muerto es bien decirla, y hacer particular memoria de cosa que tanta -apariencia tiene de verdad; y no me afirmára en ella, si no la hubiera -oido de la boca de un tan gran caballero como el mismo Marqués, y á su -hermano el señor D. Enrique de Guzman, Marqués de Pobar, gentil hombre -de la Cámara del potentísimo Rey D. Felipe III de las Españas, en cuyo -palacio nunca ha hallado lugar la adulacion ni mentira. El caso fué de -esta manera: - -Estando el Marqués preso por mandado de su Rey en San Martin de Madrid, -monasterio de la Orden de San Benito, y visitándole sus amigos grandes -caballeros, muchas veces ó siempre se quedaban de noche acompañándole, -particularmente el Sr. D. Enrique, Marqués de Pobar, su hermano, y el -Sr. D. Felipe de Córdoba, hijo del Sr. D. Diego de Córdoba, Caballerizo -mayor de Felipe II, y una noche, entre muchas, dióles gana de irse á -pasear al Marqués y á D. Felipe: fueron hácia el barrio de Lavapiés, -y estando hablando por una ventana, dijo el Marqués: Esperadme aquí, -que voy á aquella callejuela á cierta necesidad natural; halló en ella -dos hombres en las dos esquinas, que no le dejaron pasar. El Marqués -dijo: Vuesas mercedes sepan que voy con esta necesidad, y fué á pasar -contra su gusto. Arrojóle uno de ellos una estocada, y el Marqués otra -á él propio; cada uno pensó que dejaba muerto al otro. Con el mismo -movimiento que le sacó el Marqués la espada, que tenia la guarnicion en -el pecho, le dió al otro una cuchillada, con que le abrió la cabeza. -Quedáronse los dos que no pudieron moverse; el de la estocada muerto, -aunque en pié, el de la herida fuera de sí. Fuése el Marqués y llamó -á D. Felipe, y fuéronse á San Martin. Estando allá, pareciéndole que -dormir sin averiguar bien lo que habia pasado era yerro, contóselo, y -los dos determinaron de ir. Fué el Marqués con ellos, que no quiso que -fuesen sin él, y hallaron alborotado el barrio, diciendo que habian -muerto allí dos hombres. Volviéronse sin hallar en el sitio donde -habia pasado otra cosa sino dos lienzos ensangrentados. El que habia -quedado con la herida fuése á Toledo, y desde allí envió á saber si el -Marqués era muerto, que lo habia conocido cuando le dió la estocada, y -curándose lo mejor que pudo, vino á morir de la herida: hizo testamento -antes, y como supo que el Marqués no habia recibido daño, porque la -estocada habia sido al soslayo, dejólo por su testamentario. Supo -el Marqués esto por relacion de un Religioso que se lo vino á decir -quién era el que lo dejaba por testamentario. Dentro de cinco ó seis -dias, despues de muerto este hombre, estando el Marqués acostado en -su cama, y D. Enrique su hermano, y D. Felipe de Córdoba en el mismo -aposento en otra cama, cerrada la puerta para dormir, llegaron y le -quitaron la ropa de la misma cama. El Marqués dijo: Quitaos allá, D. -Enrique, y respondió la persona que era con una voz ronca y llena de -horror: No es D. Enrique. Escandalizado el Marqués se levantó muy de -priesa, y desenvainando la espada que tenia á la cabecera, tiró tantas -cuchilladas, que preguntó D. Felipe: ¿Qué era aquello? El Marqués mi -hermano es, respondió D. Enrique, que anda á cuchilladas con un muerto. -Él dió cuantas pudo, hasta que se cansó, sin topar en cosa, sino -algunas en las paredes. - -Abrió la puerta, y tornó á verlo fuera, y con la misma priesa fué -dando cuchilladas, hasta que llegó á un rincon donde habia oscuridad, -y entonces dijo la sombra: Basta, señor Marqués, basta, y véngase -conmigo, que le tengo que decir. El Marqués le siguió, y á él los -dos caballeros, su hermano, y D. Felipe. Bajóle abajo, y diciendo el -Marqués qué le queria, respondió, que mandase los dejasen solos, que -no podia hablar delante de testigos. Él, aunque de mala gana, les dijo -que se quedasen; mas ellos no quisieron. Al fin la sombra se entró en -cierta bóveda donde habia huesos de muertos: entró el Marqués tras -de ella, y en pisando los huesos le fué discurriendo por los suyos -tan grande temor, que le fué forzoso salir fuera á respirar y cobrar -aliento, lo cual hizo por tres veces. Lo que le queria, y pudo el -Marqués con la turbacion percibir, era que en pago de la muerte que le -habia dado, le hiciese aquel bien de cumplir lo que en su testamento -dejaba, que era una restitucion, y poner una hija suya en estado. -Hubo en esto dares y tomares entre el Marqués y la sombra, segun -dijeron los testigos. Y confiesa el Marqués, que siendo tan hermoso -de rostro, blanco y rojo, como sus hermanos, desde esta noche quedó -como está ahora, sin ningun color y quebrantado el mismo rostro. Dice -que le vino á hablar otras veces, y que antes que le viese le daba -un frio y temblor, que no podia sustentarse. Al fin cumplió lo que -le pidió, y nunca más le apareció. Si fué el mismo espíritu suyo, ó -del ángel de su guarda, ó ángel bueno ó malo, dispútenlo los señores -teólogos, que para mí bástame el haberlo oido de la boca de un tan -gran caballero como el Marqués y D. Enrique su hermano, para tener el -caso por más cierto; y que por cosas tan particulares, que importan la -salvacion de un alma, suele el Señor del cielo y tierra dar licencia -para semejantes negocios, que no son estas de las cosas que algunos -autores gentiles dicen, de llamar las almas para hacerles preguntas, -como hacia Empedocles y Apion Gramático, que llamó la sombra de Homero, -y no osó decir lo que habia respondido, que estas eran artes de la -necromancia, de que dice Ciceron, que fingian cuerpos de aquellos que -ya estaban quemados, y les daban alguna forma ó figura; porque el -espíritu por sí era incapaz de ser visto, que todas eran artes del -demonio, y acudia á lo que le pedian como poderoso, permitiéndoselo -Dios, que sin esta permision no podia hacerlo. Y que el venir de las -almas de los muertos con dispensacion de Dios, no se puede negar haber -sucedido algunas veces; no porque anden vagando por el mundo, que sus -lugares tienen señalados, ó en el cielo ó en el infierno, ó en el -purgatorio. Y si he sido prolijo en este cuento contra mi condicion y -estilo, es porque cosas tan graves se han de decir con la sencillez -y llaneza con que pasaron, sin dorarlo ni desdorarlo. Admiracion me -ha puesto el caso, dijo el ermitaño, y estoy determinado de apartarme -de soledad, que aunque he pasado algun tiempo en ella, no he visto -cosa que me perturbe, y aun con todo eso me he retirado de la soledad -hácia el poblado, por los temores que pasaba entre los altos riscos de -Sierra-Morena: pero dejemos ya esta materia, y volvamos á proseguir -lo comenzado; que con la dulzura del estilo y gracia del contarlo, se -olvidará la melancolía del sueño y de la verdad referida. Luego se fué -á Sevilla, donde ahora vive muy recogido. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO I. - - -Tornando de nuevo á coser ó á anudar la conversacion pasada, sentámonos -al brasero, prosiguiendo mi comenzada relacion, porque el ermitaño, -hombre de muy buen discurso, me importunó de manera, que se echó de -ver que gustaba mucho de oir los trances de mi vida, y mostrando -mucha atencion, que es lo que da nuevo ánimo á las conversaciones, -proseguí lo que la noche antes habia dejado por el sueño del ermitaño, -y comencélo de muy buena gana, porque de la misma manera que quita -el gusto de hablar la descortesía de que algunos ignorantes usan, en -atajar lo que un hombre va diciendo, por encajar un disparate que se -les ofrece fuera de propósito, así la atencion da fuerzas y espíritu -al que habla para no cesar en su materia; yerro en que he visto caer -á muchas personas, muy reprehensible en quien le tiene, porque arguye -poco gusto ó mal entendimiento. El que no quiere oir lo que otro -habla, bien puede apartarse y dar lugar á que oiga quien tiene gusto; -que hay algunos de tan estraordinaria condicion y natural, que, ó por -deslucir lo que otro habla, ó por no entenderlo, que es lo más cierto, -procuran atajarlo con poca razon y menos cortesía. El premio del que -dice bien, es la atencion que se le presta, y aunque no sea muy limado, -es gran descortesía no dar aplauso á lo que dice, que al fin procura -que parezca bien, y dice lo mejor que puede y sabe. Hay un género de -gentes que hablan con intercadencia, careciendo de hebra y caudal -para la materia que se trata: que despues de haberles respondido, -aunque se haya mudado el primer motivo, acuden con lo que se les -ofrece fuera de la intencion que se lleva: este es un disparate y una -inadvertencia que hace muy odioso al que la usa, y de quien se debe -huir la conversacion, porque son estorbo al que habla y á los que oyen: -y cuando va con malicia de desdorar al que dice, que todo esto puede -la envidia, es una malicia sin disculpa y merecedora de cualquier mala -correspondencia, que no se halla sino en hombres de poca substancia, -así en ingenio, como en letras. Y estiéndese á tanto, que aun en los -libros que se imprimen, no rehuye la infame y mal nacida envidia, de -usar de libertades muy conocidas. Los libros que se han de dar á la -estampa, han de llevar doctrina y gusto que enseñen y deleiten, y los -que no tienen talento para esto, ya que no lo alcanzan, no se deslicen -á echar pullas, con ofensa de los hombres de opinion, ó no escriban; -que no ha de ser todo danza de espadas, que despues de hechas no queda -fruto ni memoria de cosa que se pegue al alma. Han de llevar los libros -que se dan á la estampa, mucha pureza y castidad de lenguaje; pureza -en la eleccion de las palabras, y honestidad de conceptos, y castidad -en no mezclar bastardías que salen de la materia, como maledicencias -ó desestimacion de lo que otros hacen, especialmente cuando son -contra quien sabe decir, y sabe qué decir; y tan mal dichas, que van -señalando con el dedo, con que descubren su ignorancia, y desacreditan -sus escritos, y manifiestan su envidia, y declaran su malicia. Tornando -á la materia del hablar, digo que en las conversaciones háse de dar -lugar á que hable el que habla, y él ha de ser tan remirado, que no se -derrame, ni divierta, ni quiera hablárselo todo, que ha de dar lugar á -la respuesta. Yo, como iba historiando mi vida, no advertí que podria -el ermitaño cansarse de oirme hablar tan diversamente: pero sucedióme -bien, que no solamente no se cansó, pero tornó á importunarme que -prosiguiese en mi principal intento, que para eso me lo habia rogado al -principio, y tornando á hablar con él, proseguí diciendo. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO II. - - -Luego que por el pronóstico y significacion de aquel cometa, ó por -lo que la Magestad de Dios sabe y fué servido, murió el Rey Don -Sebastian de Portugal, en aquella tan memorable batalla, donde se -hallaron tres Reyes, y murieron todos tres, como sucedió al Cardenal -Don Enrique, tio de Felipe II y lo llamó á la sucesion del Reino toda -Castilla y Andalucía, se movió á ir sirviendo á su Rey con el amor y -obediencia, que siempre España ha tenido á sus legítimos Reyes. Víneme -de Valladolid á Madrid, y siguiendo la variedad de mi condicion y la -opinion de todos, fuíme á Sevilla con intencion de pasar á Italia, -ya que no pudiese llegar á tiempo de embarcarme para África. Estuve -gozando de la grandeza de aquella ciudad, llena de mil escelencias, -tesorera y repartidora de la inmensa riqueza que envia el mar Océano, -sin la que deja para sí en sus profundas arenas escondida para siempre. -Sosegadas, ó por mejor decir, reducidas á mejor forma las cosas de -Portugal, quedéme en Sevilla por algun tiempo, donde entre muchas cosas -que me sucedieron, fué una dar en la valentía; que habia entonces, -y aun creo que ahora hay, una especie de gentes, que ni parecen -cristianos, ni moros, ni gentiles; sino su religion es adorar en la -diosa valentía, porque les parece que estando en esta cofradía, los -tendrán y respetarán por valientes, no cuanto á serlo, sino cuanto á -parecerlo. Sucedióme pasando por la calle de Génova, topar con uno de -estos, encontrándome con él, de suerte que por pasar yo por lo limpio -le hice pasar por el lodo, volvióse á mí, y con gran superioridad me -dijo: Señor marquesote, ¿no mira cómo va? Yo le dije: Perdone vuesa -merced, que no lo hacia á sabiendas. Él replicó: Pues si lo hiciera á -sabiendas, ¿no habia de estar ya amortajado? Yo no llevaba espada, que -iba como estudiante, profesion de que siempre héme preciado, y así usé -de toda la humildad posible, y él de toda la soberbia que tienen los -de su profesion. Díjele: No fué tan grave el delito, que merezca tan -gran castigo como ese. Díjome entonces: No debe de saber el morlaco -con quién se ha encontrado; pues estése quedo, que no quiero darle mas -castigo de ponerle cuarenta dedos en los carrillos, que por mi cuenta -venian á ser ocho bofetadas; esperéle, y viniendo alzadas las manos -para ejecutar el castigo, usé de una treta que siempre me ha salido -bien. Y fué, que como venia tan atento á su negocio, yo hice el mio; y -asiéndole la espada por la guarnicion, con toda la presteza posible se -la saqué de la vaina, con el mismo movimiento le puse los cinco dedos -en la cara, y con la guarnicion le herí en el carrillo izquierdo. - -Él que se vió desarmado, dió á correr hácia gradas, y unos jubeteros -comenzaron á decir: Víctor, víctor al escolar; pero dijéronme: -Váyase de aquí, que este va á llamar retraidos, y volverán presto. -Fuíme hácia San Francisco, y el bellacon entró muy descolorido, sin -espada, en el corral de los naranjos, la capa arrastrando, la cara -llena de sangre, y preguntándole qué habia sido, respondió, que lo -cercaron treinta hombres, y abrazándose con él, le sacaron la espada, -y habiéndole herido, á bocados se libró de ellos, y le habia sacado -las narices á uno de ellos de un bocado, y que iba por una espada y -rodela para hacerlos pedazos á todos. Acudieron á donde habia pasado -el ruido, y todos los oficiales hablaron en favor mio, á lo cual dijo -uno que iba entre ellos, hombre de menos que mediana estatura, zurdo y -dobladillo de cuerpo á quien todos pareció que respetaban: Bien está, -ese hombrecillo debe de tener buen hígado y así es menester hacerlos -amigos, porque el herido lo es de todos los honrados de la cofradía, -y antes de dos horas estará con los muchos si lo saben: llamen á ese -pobrete. Llamáronme unos oficiales, y trajeron al otro, que para que -quisiese ser amigo, fué menester llevarlos todos á la taberna de Pinto, -y gastar una hanega de lo de Cazalla: todos á una voz dijeron: Buen -hijo es; bien merece entrar en la cofradía. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO III. - - -Pasado esto, como el bellacon quedó mal contento buscó traza cómo -vengarse, y hallóla muy buena. Como yo entré nuevo, y tenia poca -esperiencia de las cosas de Sevilla, recatéme poco, que en las -repúblicas tan grandes es menester entrar con tiento, y el que no tiene -conocimiento ni esperiencia de ellas, háse de valer de quien tenga -para no hallarse atajado. Púseme espada, y en las obligaciones en que -se pone quien la ciñe, que con el desvanecimiento de la valentía, y -con haber dado en poeta y músico, que cualquiera de las tres bastaba -para derribar otro juicio mejor que el mio, comencé á alear más de lo -que me estaba, y á tenerme por paseante y gran ventanero, y enamorar -cuantas encontraba; de manera, que no habia portugués más azucarado que -yo, por donde halló mi contrario flaqueza en mí con la de una dama de -buen talle, en cuya casa él entraba y era señor absoluto. Andando yo -en la brama entre aquellos árboles de la alameda, sentíme llamar de -una cierva, y acudiendo al bramido me dijo: ¿Es posible, señor galan, -que tan al descuido viva vuesarcé, que no ha echado de ver que le miran -con más cuidado que el ordinario? Miréle el rostro y talle, y aunque -le tenia estremado de bueno, con todo lo creí, porque yo estaba tan -desvanecido, que por este camino creyera cualquier favor que se me -diera. Prosiguió diciendo: ¡Que haya venido yo á tiempo que no mire la -calidad de mi persona ni autoridad de mi marido! ¡oh mal hayan los ojos -que no se recatan, y mal hayan los piés que salen de los umbrales de su -casa para ver sus desdichas! ¡que haya entregado mi libertad á quien no -sé si la estimará! ¡que mire yo á quien ni me conoce ni conozco, y que -haya de rogar á quien jamás admitió ruegos de nadie! Más quiero morir, -que no rendirme á quien quizá se reirá y despreciará mis prendas. -Y con eso fingió unas lágrimas tan tiernas, que me sacó de juicio. -Y en habiendo hecho su embeleco, me dejó y volvió las espaldas con -grandísimo donaire y garbo. Yo quedé helado y abrasado de su presteza -en irse, y de sus palabras en rendirme. La criada me dijo: Buena tiene -vuesa merced á mi señora, que estas eran sus melancolías; de aquí -nacen sus malas condiciones, que no hay quien en casa se averigüe con -ella. Sígala vuesa merced, y recátese no le vea su marido, que es un -caballero muy principal, y no poco celoso, aunque jamás ha visto en mi -señora ocasion para serlo. Seguíla espantado, y contento de parecerme -que mereceria yo mucho: estimándome interiormente en harto más de lo -que fuera razon. Entré en su casa, que era en una calle angosta que iba -á dar á la calle de las Armas, y luego me favoreció haciendo ventana: -y advirtióme que no diese muchos bordos, que ella me avisaria de lo -que habia de hacer. Anduve algunos dias en pretension, pareciendo que -por su estimacion no queria rendirse luego. ¡Oh engaños del mundo, y -qué fácilmente cree un hombre las cosas que van encaminadas á su gusto -ó á su provecho! Si mirásemos y tanteásemos lo que mira á nuestro -bien, como lo que mira á nuestro mal, no caeríamos en tantos daños y -desventuras como suceden. En la apariencia del gusto nos arrojamos -con la esperanza del bien, y en el mal no nos recatamos, siendo tan -peligroso ó dudoso el fin de lo uno como de lo otro. Más seguros vamos -por el camino del daño que yertos por el del provecho; porque lo uno -nos pone en recato, y lo otro en descuido. En el uno puede haber -engaño, y en el otro está el desengaño claro, como me sucedió, que -creyendo el engaño de aquella mujer, me ví en grande peligro; ¿pero á -quién no engañará un rostro hermoso y un talle gallardo con palabras -dulces y ojos bachilleres? Al fin yo perseveré hasta que me envió á -decir con un papel amorosísimo que me llegase allá aquella noche. -Púseme lo más galan que pude, cogí mi espada y una linterna grande, -que podia servir de broquel, y fuíme derecho á su casa sin considerar -otra cosa más que obedecer al gusto; hallé la puerta y sus brazos -abiertos, recibióme con todas las caricias que yo podia desear de actos -exteriores y sencillos, y palabras dobladas: cerró la puerta, luego al -punto llamaron á ella. Ella sin preguntar quién llamaba, dijo: Amigo, -mi marido llama, entraos en esta bodeguilla, que luego se tornará á ir. -Entréme con mi linterna encendida: cerraron la puerta de la bodeguilla -con cerrojo, y dejáronme muy bien cerrado. El aposentillo estaba casi -todo lleno de sarmientos y chamiza seca; habia un pozo, que respondia -á lo alto, con su cubo colgado: púseme á escuchar lo que hablaban, -porque de haber cerrado la puerta sospeché no bien; preguntóle la -señora al marido fingido: Ya tengo cerrado á este hombre, ¿qué se ha -de hacer? Él respondió, aunque paso, en voz que le pude conocer que -era mi contrario: Abrasarlo ó ahogarlo en el pozo, que este es el que -me sacó la espada de la vaina. Luego se me representó la traza para -salir salvo de su cautela; que el peligro, descubridor de grandes -secretos, y el temor de la muerte levantan la imaginacion á cosas nunca -pensadas: tapé con una tabla el brocal del pozo: y de aquella chamiza -y sarmientos secos llegué cantidad á la puerta de la bodeguilla, y -con la linterna, que aun no habia apagado, encendílos. La puertecilla -estaba tan seca, que comenzó á arder con la ayuda de la leña, saliendo -muchas llamaradas de la chamiza por debajo la puerta: metíme en el cubo -del pozo, y asíme á la soga muy bien, que como estaba tapado el pozo -iba seguro yo. Comenzó toda la gente á dar voces: Fuego, fuego, agua, -saquen agua del pozo; tiraron de la soga para sacar agua, y como pesaba -el cubo demasiadamente, por estar yo dentro, llegáronse muchos vecinos -á tirar de la soga, y tanto y con tanta fuerza tiraron, que al fin me -subieron arriba. Asíme muy bien al brocal del pozo, yo debia de estar -con el rostro pálido de la turbacion, y con esto y hacerles un gesto de -abominable demonio, desmayaron todos, diciendo que era un diablo lo que -sacaron del pozo. Acabé de salir, y escabullíme entre la gente lo mejor -que pude, y pude muy bien, porque como estaban turbados no me echaron -de ver, dejándoles la casa encendida, y llevando mi persona libre, -que vine á hallar la vida donde era tan fácil el perderla; como en un -pozo, y encerrado en tanta estrecheza, como en una bodeguilla llena de -curianas. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO IV. - - -Mi enemigo tomó para vengarse de mí por instrumento una mujer hermosa, -que al fin todas tienen fuerza natural para mover corazones, tan bien -como criaturas con aficion y lágrimas; pero como nacieron para llorar, -saben enternecer. Maldiga Dios sus determinaciones, que tan resueltas -son para ejecutar cuanto se les pone en la testa, que por el mismo caso -que no lo pueden con fuerza, lo hacen con astucia y embeleco. Tienen -tan grande fuerza en decir lo que quieren, y nosotros tanta flaqueza -en creerlas, que parece que para eso solo nacimos. Muchas he visto -de muy justificada vida, pero aun en estas he hallado desigualdades -de condiciones: y conocido algunas muy honradas de sus personas, que -lo son por solo decir mal de las que tienen alguna flaqueza. Y en -resolucion, pocas hay que se escapen de algun azar. Libréme del daño -que pudiera suceder, ó en que ya me ví, pero no de las manos de un -alguacil que se habia llegado al ruido, y como me vió ir corriendo, -asióme; mas yo con mucha presteza le dije: ¿Qué hace vuesa merced? -¿quiere que muramos ambos á las manos de ese demonio que está en esta -casa? Huya y póngase en salvo, que viene matando á cuantos encuentra. -Él me soltó y dió á correr, porque como habia oido decir el demonio -del pozo, como yo se lo afirmé, se confirmó en ello. Yo no paré hasta -llegar á tomar descanso á la sombra de dos amigos, Hércules y César, -que están en dos altísimas columnas, á la entrada del alameda que hizo -aquel gran caballero D. Francisco Zapata, Conde de Barajas, que tantas -deshizo en Sevilla. Pero no acabaron aquí las de aquella noche, que -estando descansando, sentí á las espaldas de la calle de la Garbancera, -en un malvar muy alto que allí se hace, un ruido muy grande, moviéndose -las malvas sin ver quién las movia, que por ser de noche y estar solo -en el lugar muy sujeto á melancolía, me causó alguna: mas llegándome -cerca con la espada desenvainada, no ví cosa sino el movimiento de -las malvas, y algun ruido entre unas piedras que habia en el malvar, -hasta que salieron fuera luchando una culebra y un gato: la culebra -procurando ceñir al gato por el cuerpo, y el gato puesto sobre los -piés, é hiriendo á la culebra con las uñas por entre las conchuelas, -que duró algun espacio: pero la culebra no pudiendo resistir las uñas -del gato, se tornó á sus malvas, y el gato como diestro, dando un -salto le cogió la delantera, y con el mismo movimiento, mascándole la -cabeza, retiróse antes que la culebra le diese con todo el cuerpo; y -lo hiciera si no se retirára, porque con el golpe dió en unas piedras -con la parte del lomo, á donde tiene la fuerza, de que no pudo más -moverse, y llegando el gato la acabó de matar. Dióme que considerar -la destreza del gato, viendo cuán cierta tiene la herida más que los -demás animales, por donde yo fuí aficionado desde allí á los gatos, -habiendo sido siempre enemigo de ellos, porque aunque no tienen tanto -conocimiento ni amor como los perros, son de gran seguridad contra las -sabandijas que se aparecen en las casas. Yo me fuí á reposar aquella -noche, admirado y corrido del doblez que tan pesadamente usó conmigo -aquella mi enamorada, que lo sea del diablo: y no del que salió del -pozo; que la apacibilidad que promete el rostro de una mujer hermosa -sea capaz de tan pesado engaño, y que con tanta facilidad se rinde á -un mal consejo, es cosa que aun no acabo de creerla. Que se apiade un -hombre á unas lágrimas de una mujer, es mucha nobleza; pero que ella -las finja por mal fin, parece abominacion. Rendirse á la hermosura es -cosa natural; pero rendirse la hermosura al engaño es contra razon, y -aun contra naturaleza. Y un ánimo como el del hombre, que hace cara -á un ejército entero, se rinda á una mujer, que huye de un raton, es -cosa que espanta. Dios me libre de sus revueltas, y me guarde de sus -dobleces, que aun sin gusto suelen tenerlos, por dar á entender que -son queridas y desdeñosas; que las aman y que no las estiman; que las -regalan, y que ellas hacen burla de quien las sirve. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO V. - - -Yo no quedé tan seguro de lo pasado que no me fuera necesario vivir -con mucho cuidado de las tretas de aquel valiente, porque si antes -estaba sentido del despojo de la tajante hoja, despues lo estuvo de -haber salido tan á su costa la burla que pensó hacerme. Yo, para más -seguridad mia, acudí á favorecerme de la casa de un gran caballero -que está junto á _Omnium Sanctorum_, en la feria, que en todas mis -travesuras y sucesos me fué amparo y refugio. Envióme á desafiar el -valiente con un valiente amigo suyo. Estando yo en la dicha casa del -señor Marqués de Algaba, don Luis de Guzman y sus criados, que tenia -muchos y muy honrados, me quitaron de la obligacion, por ser mis -amigos, que por la descortesía de haber perdido el respeto á la casa -le enviaron á la suya sin narices, dejando la espada, broquel y daga -para merienda de los mozos de cocina. Hizo de manera el malsin, mal -fin le dé su suerte, que vino á saber un alcalde de la justicia, -grande enemigo mio, si estaba engañado Dios lo sabe, que yo habia -pegado fuego á la casa de su dayfa, que por andar celoso injustamente -de mí, por momentos me llevaba preso, y aunque yo procuré siempre -vencerle en cortesía, y quitarle la ocasion que lo traia con pecho -vengativo, como debia de tener el ánimo poco noble, no hacia caso del -buen término y humildad de que yo usaba con él, que los ánimos poco -levantados en viéndose superiores á su enemigo procuran vengarse como -pueden, sin mirar si les está bien ó mal. Mas los valerosos ánimos, -con ser señores de la venganza, tienen por grandeza no hacer caso -de ella. Este que digo, en viendo que pudo satisfacer á su bárbaro -apetito, con la relacion que le dió mi enemigo, luego puso por obra -la ejecucion de sus malas entrañas, haciendo corchete y explorador á -la misma parte, que tuvo harto cuidado de seguirme los pasos, de modo -que yo lo vine á saber por medio de amigos suyos y mios. Sabido esto, -que el alcalde de la justicia habiendo incriminado el delito, diciendo -que era incendiario, como hombre que no tenia más de una oreja, y esa -inficionada, no admitió advertencia ni consejo que se le daba. Dijo que -me habia de sacar de la iglesia en cualquiera que me hallase, porque -el delito de incendiario era muy grave. No lo hiciera el que ahora -está en el mismo oficio, que es justísimo juez, cristiano y discreto, -y de gran consideracion en cuanto dice y hace, no precipitado, ni -arrojadizo, sino muy templado y considerado en todas sus acciones, -Justino de Chaves, que hay algunos jueces, aunque pocos, que no quieren -dejar delito para el tribunal de Dios, que parece que los elige el -demonio para hacer por manos de ellos lo que no puede por las suyas, -que se las tiene Dios atadas. En sabiendo que este juez andaba conmigo -tan tirano, mudéme de trage con un vestido viejo y malo, para andar -disfrazado: yo le traia junto á su persona una espía que me avisase -de todo, porque yo no me apartaba de _Omnium Sanctorum_, donde el -sacristan era mi amigo, con quien habia tratado lo que habia de hacer -si viniese á sacarme. Vino á avisarme de esto el amigo, y que para esta -empresa traia consigo al Toledanillo, corchete endiablado, y yo juré -que le habia de hacer una burla, que me habia de llevar acuestas á mi -casa. Luego pareció venir con tanta priesa, que por poco no pudiera -ejecutar mi traza. Dí al sacristan capa, ropilla y espada, quedándome -en un jubon viejo y sucio, y atándome á la cabeza un lienzo muy roto -y ensangrentado, echéme entre unos pobres muy asquerosos que estaban -á la puerta pidiendo limosna: llegó muy furioso á buscarme en la -iglesia; el sacristan cerró la iglesia antes que llegase, y juró, y -con verdad, que no habia en toda ella retraido, ni otra gente, sino -aquellos pobres, que á nadie dejaban oir misa, y que si queria sacar -algun retraido, él se lo daria en las manos, echándolos de allí. Luego -él comenzó á echarlos, diciéndoles: Vosotros algunos delincuentazos -debeis de ser. Y á mí, porque dijo el sacristan que estaba tullido, y -que no podia menearme, le dijo al Toledanillo que me llevase de allí, -habiéndole dicho el sacristan que yo tenia mucho dinero de que se podia -aprovechar, con que le puso codicia de llevarme acuestas. Mientras -que su amo andaba revolviendo los altares y coro, y esteras de la -sacristía, yo le iba diciendo: En verdad, señor, que me huelgo que no -entrásedes allá, porque aquel hombre que van á sacar tiene jurado de -mataros, que sabiendo que sois muy hombre, él lo es tanto que tiene ya -dos corchetes en sal, y lo mismo hará de vos si os coge: Bien voy aquí -de esa manera, dijo el Toledanillo; y yo: Daos priesa antes que envie -por vos el teniente, y él lo hizo de muy buena gana, porque esta -gente, ó porque no les va nada en ello, ó porque quieren guardar su -vida huyen de semejantes peligros. - -[Ilustración: _Vosotros algunos delincuentazos debeis de ser._] - -El amo, como no halló la presa que buscaba, y porque el sacristan le -dijo que se la daria pacíficamente, no llamó al Toledanillo. Él me -llevó paseando por toda la alameda, y el barrio del Duque, hasta la -calle de San Eloy, donde era mi posada; yo animábale diciendo que fuera -de que se lo habia de pagar muy bien, hacia una obra de misericordia. -Venian dos conocidos mios tras él pereciendo de risa, y él no osaba -preguntarles de qué se reian, hasta que llegando á donde le pareció que -ya estaba fuera de peligro, preguntóles: ¿De qué se rien voarcedes? -Ellos le respondieron sonriendo: De la carga que llevais, que es el -que íbades á sacar de la iglesia. Él sobresaltado, soltóme luego en el -suelo, y yo encarándome á él, le dije: Pues qué, ¿pensaba el ladron, -que habia de cogerme el dinero? Agradezca que no le visité las tripas -por el pescuezo cuando me traia acuestas hecho San Cristóbal. En -este tiempo andaba el señor juez riñendo con el sacristan porque le -diese el retraido. Él dijo: Yo ya cumplí mi palabra con dárselo al -Toledanillo, que lo llevó acuestas. Riéronse tanto los circunstantes -con la burla hecha al Toledanillo, por ser tan bravo corchete, que -se olvidó el enojo de juez por lo que alcanzaba de la burla viendo -la que se habia hecho á su corchete: y él por no dar á entender su -corrimiento disimuló, por la parte que le tocaba. Esto es para que -los ministros de justicia entiendan, que ni todo ha de suceder como -ellos quieren, ni los delincuentes lo han de remitir todo á las manos, -como suelen en Sevilla, ni hacer resistencias, que si una vez sucede -bien, treinta les sucede mal. Los jueces nunca pierdan el respeto á -los templos, porque les sucede lo que á los perros que andan buscando -la vida, que si muchas veces comen, alguna los vienen á coger entre -puertas. Debe proceder el juez con los delincuentes de manera que no -parezca que la justicia y venganza se conforman para un fin, que se -ha de averiguar las verdades oyendo ambas partes: ni ha de creer, que -uno es malo porque se lo diga quien no es bueno. Juez apasionado no -lo ha de ser en su negocio propio, porque la pasion hace mayores los -delitos del enemigo. Como es dificultoso juzgar por malo aquello que -nos deleita, así es imposible juzgar por bueno lo que aborrecemos: que -mal podrá guardar la autoridad de la ley quien quiere hacerla de su -condicion en ódio ó en amor. Muy confuso se halla un juez cuando le -apelan la sentencia que dió con pasion, no siendo ya señor de ella. Los -delincuentes han de usar de todos los medios humanos y divinos antes -que hacer una resistencia, y quien la hace en confianza del favor que -tiene, merece que le falte cuando lo há menester, como sucede. No puede -haber causa, si no es por salvar la vida, que obligue á un hombre á -tan bárbaro delito, que no se halla sino en hombres desconfiados de la -vida y honra. La humildad con los ministros de justicia arguye valor y -ánimo noble, en que consiste el fundamento de la paz y concordia. Y si -á los tales que se persuade á que son poderosos para cuanto quieren, -los tratamos con soberbia, ¿cómo podremos conservarnos con ellos? Huir -de ellos cuando nos siguen, no es falta de ánimo, sino reconocimiento -de superioridad: y el que de ellos es bien considerado, huélgase de ver -que el delincuente le tiene respeto, en huir ó en retraerse, sin querer -perseguirle ni apretarle más de lo que es justicia y razon. Yo no pude -hacer buen amigo de este hombre, y así me determiné, por no resistirme -ni huir, de hacerle esta burla que se tuvo por acertada, tanto como -reida, con que él me dejó, y el otro se sosegó en perseguirme. Yo para -aquietarme de todo, determiné de arrimarme á algun favor poderoso, -en cuya sombra pudiera descansar. Andaba entonces en Sevilla un gran -Príncipe, de gallardísimo talle, muy gentil hombre de cuerpo, hermoso -de rostro, con gran mansedumbre de condicion y consumada bondad, más -de ángel que de hombre, amiguísimo de hacer bien, amado y admirado en -aquella república, por estas y otras muchas partes que en su persona -resplandecian: sobrino del arzobispo que entonces era en Sevilla, que -era Marqués de Dénia. Yo me determiné de buscar modo como entrar en la -gracia de este Príncipe, y comunicándolo con cierto amigo, le dije: -No es posible, sino que este gran señor me ha de recibir en su favor -y gracia. ¿En qué lo echais de ver? dijo mi amigo. Y respondí yo: En -que yo le soy grandemente apasionado, y perpétuo historiador de sus -admirables virtudes: y no es posible sino que la constelacion que -me obliga á este excesivo amor á él, le incline á serme agradecido. -Sucedióme como yo me lo tenia imaginado, porque estando en el corral -de los naranjos, y pasando por allí este gran Príncipe, me determiné -á hablarle lo más cortesmente que yo pude y supe. Paró el coche, y -oyóme con entrañas piadosísimas, haciéndome la merced que yo deseaba, -y mandándome que le viese. Recibido en su gracia, no me sucedió cosa -mal en Sevilla, ni mis émulos tuvieron brio ni atrevimiento más contra -mí; que el favor de los Príncipes y grandes señores es poderoso para -vivir con quietud en la República, quien quiere ampararse de su valor -y reclinarse á su sombra. Y es cordura el hacerlo, aunque no sea más -de por imitar sus nativas costumbres, que exceden con gran ventaja -á las de la gente ordinaria; que como en las plantas, las más bien -cultivadas dan mejor y más abundante fruto, así entre los hombres, -los más bien instruidos dan mayor y más claro ejemplo de la vida y -costumbres, como son los príncipes y señores, criados desde su niñez en -costumbres loables, no derramados entre la ignorancia del libre vulgo; -que entre los caballeros está, y se usa la verdadera cortesía: de ellos -se aprende el buen trato y la crianza con lo que se debe dar á cada -uno; en ellos se halla la discreta disimulacion y paciencia, y cuando -há lugar el perderla, que como tratan siempre con gente que sabe todos -saben. Los que huyen el trato de los caballeros, no pueden entrarse en -la verdadera nobleza que consiste en la práctica y no en la teórica, y -con ella se aprende el respeto que se les ha de tener, para tratar con -la nobleza ignorada de todo el vulgo. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO VI. - - -Estuve en Sevilla algun tiempo viviendo de noche y de dia inquieto -con pendencias y enemistades, efectos de la ociosidad, raíz de los -vicios, y sepulcro de las virtudes. Torné en mí, y halléme atrás de -lo que habia profesado, que en la ociosidad no solamente se olvida -lo trabajado, pero se hace un durísimo hábito para volver á ello. El -que pierde caminando la verdadera senda, cuanto más se aleja, tanto -más dificultosamente vuelve á cobrarla: el que hace costumbre en la -ociosidad, tarde ó nunca olvida los resabios que de ella se siguen. En -cuatro cosas gasta la vida el ocioso, en dormir sin tiempo, en comer -sin razon, en solicitar quietas, en murmurar de todos. Llórame el -corazon gotas de sangre cuando veo prendas de valerosos capitanes y de -doctísimos varones rendidas á un vicio tan poltron como la ociosidad: -quéjase el ocioso de su desdicha, y murmura de la dicha del que con -gran diligencia ha vencido la fuerza de su fortuna: tiene envidia de lo -que él pudiera haber grangeado con ella. El ocioso ni come con gusto, -ni duerme con quietud, ni descansa con reposo, que la flojedad viene -á ser verdugo y azote del dejamiento y pereza del ocioso. Determiné -de apartarme de este vicio poltron que en Sevilla me arrastraba, -y para esto tuve modo de pasar á Italia en servicio del duque de -Medina-Sidonia, que en un galeon aragonés enviaba mucha parte de sus -criados á Milan. Alcanzada esta buena gracia, detúveme en Sevilla -hasta que fué tiempo de partir. En este espacio, vinieron algunos -portugueses, de los que en África se habian hallado en aquel desdichado -conflicto del rey Sebastian, muchos de los cuales rescató Felipe II. -Trabé amistad con algunos de ellos, y como tienen tanta presteza en -las agudezas del ingenio, pasé con ellos bonísimos ratos. Estaba un -caballero portugués, amigo mio, haciéndose la barba con un mal oficial, -que con mala mano y peor navaja le rapaba, de manera que le llevaba los -cueros del rostro. Alzó el suyo el portugués, y le dijo: Señor barbero, -si desfollades, desfollades dulcemente; mais si rapades, rapades muito -mal. Estando un amigo mio y yo á la puerta de una Iglesia, que se llama -_Omnium Sanctorum_, pasó un caballero portugués, con seis pajes y dos -lacayos muy bien vestidos á la castellana, y quitándose la gorra á la -Iglesia, quitámosela nosotros á él usando de cortesía. Volvió como -afrentado, y me dijo: Ollai, senhor castillano, non vos tirei á vos á -barreta, se naon á ó Santísimo Sacramento. Dije yo: Pues yo se la quité -á vuesa merced. Compungido de esta respuesta dijo el portugués: Ainda -vos á tirei á vos, senhor castillano. Venia por la calle del Atambor -un portugués con un castellano, y como el portugués iba enamorando -las ventanas, no vió un hoyo donde metió los piés y se tendió de -bruces. Dijo el castellano: Dios te ayude; y respondió el portugués: -Ja naon pode. Estando jugando tres castellanos con un portugués á -las primeras, los engañó agudísimamente, que habiéndole dado despues -de quinoleada la baraja cincuenta y cinco, dijo con desprecio del -naipe entre sí, como lo pudiesen oir: Os anhos de Mafoma. Los demás, -que estaban bien puestos, y lo vieron pasar, embidaron su resto: él -quiso, y echando el uno cincuenta, y los demás lo que tenian, arrojó -el portugués sus cincuenta y cinco puntos, y arrebatóles el resto; -dijo el uno de ellos: ¿Cómo dijo vuesa merced que tenia los de Mahoma, -que son cuarenta y ocho años, si tenia cincuenta y cinco? Respondió el -portugués: Eu cudei, que Mafoma era mas vello. (Yo pensé que Mahoma -era más viejo.) Otros excelentísimos cuentos y agudezas pudiera traer, -que por evitar proligidad los dejo. Vino en este tiempo una grandísima -peste en Sevilla; y mandóse por materia de estado que matasen todos -los perros y gatos, por que no llevasen el daño de una casa á otra. -Yo, procurando asentar mi vida, fuíme á Sanlúcar á casa del duque de -Medina-Sidonia, y navegando por el rio fué tanta la abundancia de -gatos y perros que habia ahogados en todas aquellas quince leguas, que -algunas veces fué necesario detener el barco, ó echarlo por otra parte. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO VII. - - -Embarcámonos en Sanlúcar, no con mucho tiempo. Pasamos á vista de -Gibraltar por el estrecho, que lo era tanto por alguna parte, que con -la mano parecia poderse alcanzar la una y otra parte. Vimos el Calpe -tan memorable por la antigüedad, y más memorable por el hachero ó -atalaya que entonces tenia, y muchos años despues de tan increible y -perspicaz vista, que en todo el tiempo que él tuvo aquel oficio, la -costa de Andalucía no ha recibido daño de las fronteras de Tetuan, -porque en armando las galeotas en África, las veia desde el Peñon, y -avisaba con los hachos ó humadas. Yo soy testigo, que estando una vez -en el Peñon algunos caballeros de Ronda y de Gibraltar, dijo Martin -Lopez, que así se llamaba el hachero: Mañana al anochecer habrá rebato: -porque se están armando galeotas en el rio de Tetuan; que son más de -veinte leguas, y yo creo que por mucho que se encarezcan las cosas que -hizo con la vista de Lince, que fué hombre y no animal como algunos -piensan, no sobrepujaron á las de Martin Lopez; realmente lo temian -más los corsarios, que al socorro que contra ellos venia. Quiero de -paso declarar una opinion que anda derramada entre la gente, poco -aficionada á leer y engañada en pensar, que lo que llaman columnas de -Hércules, sean algunas que él mismo puso en el estrecho de Gibraltar. -Con otro mayor deslumbramiento, que dicen ser las que mandó poner en -la alameda de Sevilla D. Francisco Zapata, primer conde de Barajas; -pero la verdad es que estas dos columnas, son la una el Peñon de -Gibraltar, tan alto, que se disminuyen á la vista los bajeles de alto -bordo que pasan por allí. La otra columna es otro cerro muy alto en -África, correspondientes el uno al otro. Dícelo así Pomponio Mela _de -Situ orbis_. Volviendo al propósito, digo, que pasamos á la vista -de Marbella, Málaga, Cartagena y Alicante, hasta que engolfándonos -llegamos á las islas Baleares, donde no fuimos recibidos por la ruin -fama que habia de peste en poniente; de manera, que desde Mallorca nos -asestaron tres ó cuatro piezas. Faltónos viento, y anduvimos dando -bordos en aquella costa, hasta que vimos encender quince hachas, que -nos pusieron en mucho cuidado, porque como en Argel se cundió la fama -de la riqueza que llevaba el galeon de un tan grande príncipe, salieron -en corso quince galeotas á buscarnos, que hicieron mucho daño á toda la -costa, y lo pudieran hacer en nosotros, si el viento les favoreciera, -permitiéndolo Dios. Con el aviso que nos dieron de las atalayas, -engolfámonos, fortificando las obras muertas, y las demás partes que -tenian necesidad, con sacas de lana y otras cosas que para el propósito -se llevaron. Repartiéronse los lugares y puestos como les pareció á los -capitanes y soldados viejos que el galeon llevaba. Puestos en órden -aguardamos las galeotas, que ya se venian descubriendo con el suyo de -media luna, que como al galeon le faltaba el viento, y ellos venian -valerosamente batiendo los remos, llegaron tan cerca que nos podíamos -cañonear. - -Estando ya con determinacion de morir ó echarlas á fondo, disparó -nuestro galeon dos piezas tan venturosas, que desparecieron una de las -quince galeotas, y en el mismo punto nos vino un viento en popa tan -desatado que en un instante las perdimos de vista. Esforzóse el viento -tan demasiadamente, que nos quebró el árbol de la mesana; rompiendo las -velas y jarcias de lo demás con tanta furia, que nos puso en menos de -doce horas sobre la ciudad de Frigus en Francia; y sobreviniendo otro -viento contrario por proa anduvimos perdidos, volviendo hácia atrás con -la misma priesa que habíamos caminado. El galeon era muy gran velero -y fuerte, bastante para no perdernos, y con solo el trinquete de proa -pudimos vandearnos, con la gran fortaleza del galeon. Y al tercero dia -de la borrasca comenzó la popa á desencajarse y á crugir, á modo de -persona que se queja. Con esto comenzaron á desmayar los marineros, -determinados de dejarnos y entrarse de secreto en el barcon que venia -amarrado á la popa. Pero siendo sentidos de los soldados, que no venian -mareados, se lo estorbaron. Viendo el peligro, todos determinamos de -confesarnos y encomendarnos á Dios: pero llegando á hacerlo con dos -frailes que venian en el galeon, estaban tan mareados, que nos daban -con el vómito en las barbas y pecho, y como las ondas inclinaban el -navío á una parte y á otra, caian los de una banda sobre los de la -otra, y luego aquellos sobre estos otros. Andaba una mona saltando de -jarcia en jarcia, y de árbol en árbol, hablando en su lenguaje, hasta -que pasando una furiosísima ola por encima del navío se la llevó, -y nos dejó á todos bien refrescados. Anduvo la pobre mona pidiendo -socorro muy grande rato sobre el agua, que al fin se la tragó. -Llevaban los marineros un papagayo muy enjaulado en la gavia, que -iba diciendo siempre: ¿Cómo estás, loro? como cautivo, perro, perro, -perro; que nunca con más verdad lo dijo, que entonces. Apartónos Dios -de resulta segunda vez junto á Mallorca á una isleta que llaman la -Cabrera, y al revolver de una punta, yendo ya un poco consolados, nos -arrojaron unas montañas de agua otra vez en alta mar, donde tornamos de -nuevo á padecer la misma tormenta. Algunos de los marineros cargaron -demasiadamente, y echáronse junto al fogon del navío por sosegar un -poco: sopló tan recio el viento que les echó fuego encima, que tenian -muy guardado, que á unos se les entró en la carne, y á otros les abrasó -las barbas y rostro, quitándoles el sueño y adormecimiento del vino. -Yo me ví en peligro de morir, porque el tiempo que quebró el árbol de -la mesana, por temor del viento habíamos atado, mis camaradas y yo, el -transportin al árbol y cuando se quebró arrojó el transportin en alto, -y á cada uno por su parte. Yo quedé asido al borde del galeon, colgado -de las manos por la parte de afuera, y si no me socorrieran presto, me -fuera al profundo del agua: y si se rompiera cuatro dedos más abajo, -con la coz nos echara hasta las nubes. Mareáronse los marineros, ó la -mayor parte de ellos. Estábamos sin gobierno, aunque venia entre ellos -un contramaestre muy alentado, con una barbaza que le llegaba hasta -la cinta, de que se preciaba mucho, y subiendo por las jarcias hácia -la gavia, á poner en cobro su papagayo, con la fuerza del viento se -le desnudó la barbaza, que llevaba cogida, y asiéndose á un cordel de -aquellos de las jarcias, quedó colgado de ella, como Absalon de los -cabellos. Pero asiéndose, como gran marinero, al entena, lo sumergió -tres veces por un lado por la mitad del navío, y pereciera si otro -marinero no subiera por las mismas jarcias y le cortara la barbaza, -que dejándola anudada donde se habia asido, y ayudándole, bajó vivo, -aunque muy corrido de verse sin su barba. Tornámos á proejar lo mejor -que fué posible, quejándose siempre la popa, y al fin tomamos el puerto -de la Cabrera, isleta despoblada, sin habitadores, ni comunicada sino -es de Mallorca cuando traen mantenimientos para cuatro ó cinco personas -que guardan aquel castillo fuerte y alto más porque no ocupen aquella -isla los turcos, que por la necesidad que hay de él. Habia estado -mareado todo este tiempo el mayordomo ó contador que gobernaba los -criados del Duque, y volviendo en sí, fué luego á visitar lo que venia -á su cargo, y hallando de menos ciertos pilones de azúcar, como no -parecieron, dijo: Yo sabré presto quién los comió, si están comidos; -y fué así, porque el dia siguiente comenzaron á dar á la banda todos, -que no se daban mano á vaciar lo que habian henchido, que como habian -metido tan abundantemente del azúcar, les corrompió el vientre en -tanto extremo, que en quince dias no volvieron en su primera figura. -Al contramaestre no le vimos el rostro en muchos dias, por verse -desamparado de la barbaza, que debe ser en Grecia de mucha calidad -una cola de frison en la cara de un hombre. Al fin nos recibieron en -aquella isleta, que por falta de comunicacion no sabian que veníamos -de tierra apestada, y aunque lo supieran nos recibieran por ver gente -que los tenian por fuerza sin ver ni hablar sino con aquellas sordas -olas que están siempre batiendo los peñascos donde está el castillo -edificado. Detuvímonos allí quince ó veinte dias, ó más, haciendo -árboles, reparando jarcias, remendando velas, padeciendo calor entre -mayo y junio, sin saber en toda la isleta donde valerse contra la -fuerza del calor, ni fuente donde refrescarnos, sino el algibe ó -cisterna de donde bebian los pobres encerrados. Esta isleta es de seis -ó siete leguas en circuito, toda de piedras, muy poca tierra, y esa sin -árboles, sino unas matillas que no suben arriba de la cintura. Hay unas -lagartijas grandes y negras, que no huyen de la gente, aves muy pocas, -porque como no hay agua donde refrescarse no paran allí. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO VIII. - - -Como el calor era tan grande, y yo he sido siempre fogoso, llamé á -un amigo, y fuímonos saltando de peña en peña por buscar algun lugar -que, ó por verde ó por húmedo, nos pudiese alentar y aliviar de la -navegacion y trabajo pasado, de que salimos muy necesitados. Yendo -saltando de una peña en otra, espantados de ver tan avarienta á la -naturaleza en tener aquel sitio con tan cansada sequedad, trajo una -bocanada de aire tan celestial olor de madres-selvas, que pareció que -lo enviaba Dios para refrigerio y consuelo de nuestro cansancio. Volví -el rostro hácia la parte de oriente, de donde venia la fragancia, y ví -en medio de aquellas contínuas peñas una frescura milagrosa de verde -y florida, porque se vieron de lejos las flores de la madre-selva, -tan grandes, apacibles y olorosas como las que hay en toda Andalucía. -Llegamos, saltando de piedra en piedra como cabras, y hallamos una -cueva, en cuya boca se criaban aquellas cordiales matas de celestial -olor. Y aunque era de entrada angosta, allá abajo se estendia con -mucho espacio, destilando de lo alto de la cueva por muchas partes -una agua tan suave y fria, que nos obligó á enviar al galeon por sogas -para bajar á recrearnos en ella. Bajamos, aunque con dificultad, y -hallamos abajo una estancia muy apacible y fresca, porque del agua -que se destilaba se formaban diversas cosas, y hacian á naturaleza -perfectísima con la variedad de tan estrañas figuras: habia órganos, -figuras de patriarcas, conejos y otras diversas cosas, que con la -continuacion de caer el agua se iban formando á maravilla: de esta -destilacion se venia á juntar un arroyuelo, que entre muy menuda y -rubia arena convidaba á beber de él, lo cual hicimos con grandísimo -gusto. El sitio era de gran deleite, porque si mirábamos arriba, -veíamos la boca de la cueva cubierta de las flores de madre-selva que -se descolgaban hácia abajo, esparciendo en la cueva una fragancia de -más que humano olor. Si mirábamos abajo el sitio donde estábamos, -veíamos el agua fresca, y aun fria, y el suelo con asientos donde -podíamos descansar en tiempo de tan excesivo calor, con espacio para -pasearnos. Enviamos por nuestra comida y una guitarra, con que nos -entretuvimos con grandísimo contento, cantando y tañendo, como los -hijos de Israel en su destierro. Fuímonos á la noche á dormir al -castillo, aunque siempre quedaba guarda en el galeon. Dijimos al -castellano cómo habíamos hallado aquella cueva, que era un hombre de -horrible aspecto, ojos encarnizados, pocas palabras y sin risa, que -dijeron haber sido cabeza de bandoleros, y por esto lo tenian en aquel -castillo siendo guarda de él. Y respondiéndonos en lenguaje catalan -muy cerrado: Mirad por vosotros, que tambien los turcos saben esa -cueva: no fué parte esta advertencia para que dejásemos de ir cada dia -á visitar aquella regalada habitacion, comiendo y sesteando en ella. -Hicímoslo diez ó doce dias arreo. Habiendo un dia comido, y estando -sesteando, vimos asomar por la boca de la cueva bonetes colorados y -alquiceles blancos; pusímonos en pié, y al mismo punto que nos vieron, -de que venian descuidados, dijo uno en lengua castellana, muy clara y -bien pronunciada: Rendíos, perros. Quedaron mis compañeros absortos -de ver en lengua castellana bonetes turcos; dijo el uno: Gente de -nuestro galeon debe de ser, que nos quieren burlar. Habló otro turco, -y dijo: Rendí presto, que torco extar. Pusieron los tres compañeros -mano á las espadas queriéndose defender. Yo les dije: ¿De qué sirve -esa defensa, si nos pueden dejar aquí anegados á pura piedra, cuanto -más con las escopetas que vemos? Y á ellos les dije: Yo me rindo al -que habló español, y todos á todos; y vuesas mercedes pueden bajar -á refrescarse, ó sino subirémosles agua, pues somos sus esclavos. -Dijo el turco español: No es menester, que ya bajamos. Rogamos á Dios -interiormente que lo supiesen en el galeon; obedeciendo á nuestra -fortuna. Mis compañeros muy tristes, y yo muy en el caso, porque en -todas las desdichas que á los hombres suceden no hay remedio más -importante que la paciencia. Yo, aunque la tenia, fingiendo buen -semblante, sentia lo que puede sentir el que habiendo sido siempre -libre entraba en esclavitud. La fortuna se ha de vencer con buen ánimo: -no hay más infeliz hombre que el que siempre ha sido dichoso, porque -siente las desdichas con mayor afliccion. Decíales á mis compañeros -que para estimar el bien era menester esperimentar algun mal, y llevar -este trabajo con paciencia para que fuese menor. Púseme á recibir con -buen semblante á los turcos que iban bajando, y en llegando al que -hablaba español, con mayor sumision y humildad, llamándole caballero -principal, dándole á entender que lo habia conocido; de que él holgó -mucho, y dijo á los turcos sus compañeros, que yo le conocia por noble -y principal, porque él, como despues supe, era de los moriscos más -estimados del reino de Valencia, que se habia ido á renegar, llevando -muy gentil pella de plata y oro. Viendo que aprovechaba la lisonja -de haberle llamado caballero y noble, proseguí diciéndole más y más -vanidades, porque él venia por cabo de dos galeotas suyas, que de las -quince habian quedado por falta de temporal, escondidas en una caleta, -adonde aquel mismo dia nos llevaron maniatados, sin tener remedio por -entonces, y zongorrando con la guitarra, apartóme mi amo, y dijo de -secreto: Prosigue en lo que has comenzado, que yo soy cabo de estas -galeotas, y á mí me aprovechará para la reputacion, y á tí dará buen -tratamiento. Hícelo con mucho cuidado, diciendo, como el que no lo -oyese, que era de muy principales parientes, nobles y caballeros. Fué -tan poca nuestra suerte, que les vino luego buen tiempo, y volviendo -las proas hácia Argel, iban navegando con viento en popa sin tocar -á los remos. Quitáronnos el traje español, y nos vistieron como -miserables galeotes, y echados al remo los demás compañeros, á mí me -dejó el cabo para su servicio. Por no ir callados con el manso viento -que nos guiaba, me preguntó mi amo cómo me llamaba, quién era, y qué -profesion ú oficio tenia. Á lo primero le dije, que yo me llamaba -Márcos de Obregon, hijo de montañeses del valle de Cayon. - -Los demás por ir ocupados en oir cantar á un turquillo, que lo hacia -graciosamente, no pudieron oir lo que tratábamos: y así le pregunté, -antes de responderle, si era cristiano ó hijo de cristianos, porque su -persona y talle, y la hermosura de un mocito hijo suyo, daban muestras -de ser españoles. Él me respondió de muy buena gana; lo uno, porque -la tenia que tratar con cristianos, lo otro, porque los demás iban -muy atentos al musiquillo, y así me dijo, que era bautizado, hijo de -padres cristianos, y que su venida en Argel no fué por estar mal con -la religion, que bien sabia que era la verdadera, en quien se habia -de salvar las almas, sino que yo, dijo, nací con ánimo y espíritu -de español, y no pude sufrir los agravios que cada dia recibia de -gente muy inferior á mi persona, las supercherías que usaban con mi -persona, con mi hacienda, que no era poca, siendo yo descendiente de -muy antiguos cristianos, como los demás, que tambien se han pasado y -pasan cada dia, no solamente del reino de Valencia, de donde yo soy, -sino del de Granada y de toda España. Lastimábame mucho, como los -demás, de no ser recibido á las dignidades y oficios de Magistrados y -de honras superiores, y ver que durase aquella infamia para siempre, -y que para deshacer esta injuria, no bastase tener obras esteriores -é interiores de cristiano. Que un hombre, que ni por nacimiento, ni -por partes heredadas ó adquiridas, se levantaba del suelo dos dedos, -se atreviese á llamar con nombres infames á un hombre muy cristiano y -muy caballero. Y sobre todo ver cuán lejos estaba el remedio de todas -estas cosas. ¿Qué me podrás tú decir á esto? Lo uno, respondí yo, -que la Iglesia ha considerado eso con mucho acuerdo; y lo otro quien -tiene fé del bautismo, no se ha de rendir ni acobardar por ningun -accidente y trabajo que le venga para apartarse de ella. Todo esto te -confieso, dijo el turco, pero ¿qué paciencia humana podrá sufrir que -un hombre bajo, sin partes ni nacimiento, que por ser muy obscuro su -linage, se ha olvidado en la república su principio, y se ha perdido -la memoria de sus pasados, se desvanezca, haciéndose superior á los -hombres de mayores merecimientos y partes que las suyas? De esas -cosas, respondí yo, como Dios es el verdadero juez, ya que consienta -el agravio aquí, no negará el premio allá, si puede haber agravio, no -digo en los estatutos pasados en las cosas de la Iglesia, que eso va -muy justificado, sino en la intencion dañada del que quiere infamar á -los que ve que se van levantando y creciendo en las cosas superiores -y de mayor estimacion. Ellos, dijo el moro, como ni pueden llegar -á igualar á los de tan grandes merecimientos, tomando ocasion de -prevaricar los estatutos con su mala intencion, no para fortificarlos, -ni para servir á Dios ni á la Iglesia, sino para preciarse de cartas -viejas como dicen: y pareciéndoles que es una grande hazaña levantar -un testimonio, derraman una fama que lleva la envidia de lengua en -lengua, hasta echar por el suelo aquello que va más encumbrado; que -como su orígen fué siempre tan obscuro, que no se vió sujeto en el que -lo ennobleciese, y á la pobreza nadie le tiene envidia, quédanse sin -saber qué son, teniéndolos por cristianos viejos, por no ser conocidos, -ni tener noticia que tal gente hubiese en el mundo. La Iglesia, dije -yo, no hace los estatutos para que se quite la honra á los prógimos, -sino para servirse la religion lo mejor que sea posible, conservándola -en virtud y bondad conocida. Íbame á replicar mi amo, pero dejando -el turquillo de cantar, díjome que callase, y tornóme á preguntar lo -primero: respondíle á todo con brevedad, diciendo: Yo soy montañés -de junto á Santander, del valle de Cayon, aunque nací en Andalucía; -llámome Márcos de Obregon, no tengo oficio; porque en España los -hidalgos no lo aprenden, que más quieren padecer necesidades ó servir, -que ser oficiales, que la nobleza de las montañas fué ganada por armas, -y conservada con servicios hechos á los Reyes, y no se han de manchar -con hacer oficios bajos, que allá con lo poco que tienen se sustentan -paseando lo peor que pueden, conservando las leyes de hidalguía, que -es andar rotos y descosidos, con guantes y calzas atacadas. Yo haré, -dijo mi amo, que sepais oficio muy bien. Y respondió un compañero -de los mios que estaba al remo: Eso á lo menos no lo haré yo, ni se -ha decir en España que un hidalgo de la casa de los Mantillas usó -oficio en Argel. Pues, perro, dijo mi amo, ¿estás al remo y tratas de -vanidades? Dadle á ese hidalgo cincuenta palos. Suplico á vuesa merced, -dije yo, perdone su ignorancia y desvanecimiento, que ni él sabe más, -ni es hidalgo, ni tiene más de ello que aquella estimacion, no cuanto -á hacer las obras de tal, sino cuanto á decir que lo es por comer sin -trabajar. Y no es el primer vagamundo que ha habido en aquella casa, -si es de ella; y á él le dije: Pues, bárbaro, ¿estamos en tiempo y -estado que podamos rehusar lo que nos mandaren? Ahora es cuando hemos -de aprender de ser humildes, que la obediencia nos ata la voluntad al -gusto ajeno. La voluntad subordinada no puede tener eleccion. En el -punto que un hombre pierde la libertad, no es señor de sus acciones. -Solo un remedio puede haber para ser un poco libre, que es ejercitar -la paciencia y humildad, y no esperar á hacer por fuerza lo que por -fuerza se ha de hacer. Si desde luego no se comienza á hacer hábito en -la paciencia, harémoslo en el castigo. Que el obedecer al superior, -es hacerlo esclavo nuestro. Como la humildad engendra amor, así la -soberbia engendra ódio. La estimacion del esclavo ha de nacer del -gusto del señor, y esta se adquiere con apacible humildad. Aquí somos -esclavos, y si nos humilláremos á cumplir con nuestra obligacion, nos -tratarán como á libres, y no como á esclavos. ¡Oh qué bien hablais! -dijo nuestro amo, y cómo he gustado de encontrar contigo para que seas -maestro de mi hijo, que hasta que encontrase un cristiano como tú no -se lo he dado, porque por acá no hay quien sepa la doctrina, que entre -cristianos se enseña á los de poca edad. Por cierto, dije yo, él es -tan bella criatura, que quisiera yo valer y saber mucho, para hacerle -grande hombre, pero fáltale una cosa para ser tan hermoso y gallardo. -Estuvieron atentos á esto los demás moros, y preguntó el padre: ¿Pues -qué le falta? Respondí yo: Lo que sobra á vuesa merced. ¿Qué me sobra á -mí? dijo el padre. El bautismo, respondí yo, que no lo há menester. - -Fué á arrebatar un garrote para pegarme, y al mismo compás arrebaté yo -al muchacho para reparar con él. Cayósele el palo de las manos, con -que rieron todos, y al padre se le templó el enojo que pudiera tener -descargando el palo en su hijo. Fingióse muy dél enojado, por cumplir -con los compañeros ó soldados, que realmente lo tenian por grande -observador de la religion perruna ó turquesa. Aunque yo lo sentí, en lo -poco que le comuniqué, inclinado á tornarse á la verdad católica. ¿Por -qué, dijo, pensais vosotros que vine yo de España á Argel sino para -destruir todas estas costas, como lo he hecho siempre que he podido, -y tengo de hacer mucho más mal de lo que he hecho? Como lo sintieron -enojado quisieron echarme al remo; y él dijo: Dejadlo, que cada uno -tiene obligacion de volver por su religion, y este cuando sea turco -hará lo mismo que hace ahora. Sí haré, dije yo, pero no siendo moro, y -para sosegar más su enojo mandóme que tomase la guitarra que sacamos -de la cueva: hícelo acordándome del cantar de los hijos de Israel -cuando iban en su cautiverio. Fueron con el viento en popa mientras -yo cantaba en mi guitarra, muy alegres, sin alteracion del mar, ni -estorbo de enemigos, hasta que descubrieron las torres por la costa -de Argel, y luego la ciudad, que como los tenian perdidos, hicieron -grandes alegrías en viendo que eran las galeotas del renegado. Llegaron -al puerto, y fué tan grande el recibimiento por verle venir, y venir -con presa, que le hicieron grandes algazaras, tocaron trompetas y -jabebas, otros instrumentos que usan más para confusion y bulla que -para apacibilidad de los oidos. Saliéronle á recibir su mujer y una -hija, muy española en el talle y garbo, blanca y rubia, con bellos ojos -verdes, que realmente parecia más nacida en Francia, que criada en -Argel: algo aguileña, el rostro alegre y muy apacible, y en todas las -demás partes muy hermosa. El renegado, que era hombre cuerdo, enseñaba -á todos sus hijos la lengua española, en la cual le habló la hija con -alguna terneza de lágrimas, que corrian por las rosadas mejillas, que -como les habian dado malas nuevas, el gozo le sacó aquellas lágrimas -del corazon. Yo les hice una humillacion muy grande, primero á la hija -que á la madre, que naturaleza me inclinó á ella con grande violencia; -díjele á mi amo: Yo, señor, tengo por muy venturosa mi prision, pues -junto con haber topado con tan grande caballero, me ha traido á ser -esclavo de tal hija y mujer, que más parecen ángeles que criaturas -del suelo. ¡Ay, padre mio, dijo la doncella, y qué corteses son los -españoles! Pueden, dijo el padre, enseñar cortesía á todas las naciones -del mundo: y este esclavo es en mayor grado, porque es noble, hijodalgo -montañés, y muy discreto. Y cómo lo parece, dijo la hija; pues ¿por -qué lo trae con tan mal traje? Hágale vuesa merced que se vista á la -española. Todo se hará, hija mia, respondió el padre; reposemos ahora -el cansancio de la mar, ya que habemos venido libres y salvos. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO IX. - - -Hallé un agradable albergue en hija y madre; pero mucho más en la hija, -porque como habia oido decir á su padre muchos bienes de España y los -habitadores de ella, naturaleza la llevaba por este camino. Regalábame -más que á los demás esclavos; pero servia con más gusto que ellos, así -por lo que habia visto, como porque no iba de mala gana á Argel, por -ver un hermano mio que estaba cautivo en él; y fuí venturoso en que -antes que preguntase por él supe que habia incitado á otros esclavos -para que tomando un barco, despues de haber muerto á sus amos, se -arrojasen á la fortuna, ó por mejor decir, á la voluntad de Dios, y no -atreviéndose los demás, él puso en ejecucion su intento, y sucedióle -tan bien, que vino á España, y despues murió sobre Jatelet, que si -supieran ser mi hermano, quizá yo lo pasara mal. Yo serví á mis amos -con el mayor gusto y diligencia que podia, y mi servicio les era más -grato que el de los otros cautivos, porque hacia de la necesidad -virtud: y como al principio les gané la voluntad, con facilidad los -conservé despues: tratábalos con mucho respeto y cortesía, martirizando -mi voluntad, y forzándola á lo que no era inclinado, que es á servir; -que á los hombres naturalmente libres el tiempo y la necesidad -les enseña lo que han de hacer. Sufria más de lo que mi condicion -me enseñaba, que el rendirse á la fuerza yo creo que es de ánimos -valerosos y nobles. Poco valor y menos prudencia tiene el que no sabe -obedecer al tiempo. Servir bien quien por fuerza ha de servir, es -ganarle la fortuna por la mano; y obedecer mal al superior, es poner -en duda el gusto y la vida. Y al fin vive con seguridad quien hace lo -que puede sirviendo. Aunque yo me via regalado de mis amos, no por eso -dejaba de repartir el favor con los demás cautivos, y ellos conmigo su -trabajo; y para sosegar la envidia se han de hacer estas diligencias -y otras mayores. Que no hay gente que más se gobierne por ella que -esclavos, perseguidores de sus iguales, y solapadores de la honra y -hacienda de sus dueños. Pocos he visto de los que han pasado por este -miserable estado, que no tengan algun resabio infame. - -Junto con el buen tratamiento que se me hacia, eché de ver en mi ama -la doncella, que siempre que pasaba por donde pudiese verla hacia -cambio en el color del rostro y en el movimiento de las manos, que -parecia alguna vez que tocaba tecla. Al principio atribuílo á la mucha -honestidad suya; pero con su perseverancia, y con la esperiencia que -yo tenia de semejantes accidentes, que no era poca, le conocí la -enfermedad. Mandábame un millon de cosas cada dia, que ni á ella tocaba -el mandarlas, ni á mí el hacerlas; pero yo confieso que me holgaba -en el alma de servirla y de que me mandase muchas más: todas cuantas -niñerías venian á mis manos, ó yo hacia, venian á parar en las suyas, -diciendo que eran de España; tanto que una vez, parándosele el rostro -como una amapola, me dijo, que cuando no hubiera venido de España otra -cosa sino quien se las daba, bastaba para ella; y luego echó á correr, -y se escondió. Yo con estos favores enternecíame demasiadamente; pero -miré el estado en que me via, y que habiendo de buscar la libertad -del cuerpo iba perdiendo la del alma, y que el menor daño que me -podia suceder era quedarme por yerno en casa, volvia sobre mí, y me -reprehendia conmigo á solas; pero cuanto más me contradecia hallaba -en mí menos resistencia. Y el remedio de estas pasiones más consiste -en dejarlas estar que en escarbarlas, buscando el olvido ó camino -para él. Echaba de ver que al tiempo que estas pasiones entran en un -hombre le arrebatan de modo que le dejan incapaz para otra cosa. Y -aunque me persuadia á que por entretenerme podia llevar aquella dulce -carga, la esperiencia me habia enseñado que el amor es rey, que en -dándole posesion se alza con la fortaleza; pero hacíame contradiccion -en mi propio pensar cómo podia ser desagradecido quien siempre se -preció de lo contrario. Aunque para esto se me ponia por delante la -sospecha que podian tener los padres si vian alguna demostracion de -buena correspondencia; apartábame de esto estar entre enemigos de la -nacion y de la fé; el acudir mal al amor que el padre me mostraba, que -me habia entregado su hija para que la enseñase, y sobre todo, y más -que todo, no ser ella bautizada. Resolvíme al fin de que aunque me -abrasase no habia de mirarla con cuidado. La pobre doncella que sintió -novedad en mí, llevólo con mucha melancolía de corazon, abatimiento -de ojos, arcaduces y lumbreras del alma, color mudado de rostro, -suspension en las palabras y encogimiento en el trato. Preguntábanle -qué tenia. Y respondia que era enfermedad que ni la habia tenido, ni -conocido, ni sabia decir qué fuese. Preguntábanle si queria alguna -cosa. Respondia que era imposible lo que deseaba, que era solamente -ver á España, y esto entre risa y tristeza, vino á ser melancolía de -manera que hizo cama contra su voluntad, porque no podia ser visitada -de quien ella queria, ni entraban allá sino es las mujeres solamente, -y aquellos eunucos, gente vigilantísima, que como sea para quitar -el gusto, sirven con gran cuidado, que estas doncellitas no tienen -esperiencia del mundo, ni saben gobernar sus pasiones y apetitos. En -faltándoles aquello que miran con buenos ojos y mejor voluntad, les -parece que les ha faltado el cielo y tierra, y se rinden á cualquier -borron por satisfacer á las ansias que padecen. Y así las que usan de -ser miradas, es lo más sano ó casarlas, ó quitarles la ocasion de ver -y ser vistas: más impresion hace la pasion en la sangre nueva que en -los pechos que se han de guardar. Á los sembrados, si cuando están -granados les falta el agua, no les hace mucha falta; pero si les falta -cuando están tiernos, luego se marchitan y paran amarillos; y todas -las cosas naturales van por este camino. Las doncellas ignorantes de -querer y olvidar, con cualquiera disfavor se marchitan, como hizo esta -doncellita á quien yo queria más de lo que ella pensaba. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO X. - - -Al fin comenzaron á curar de melancolía á esta doncellita, aplicándole -mil medicamentos que la echaban á perder, que como era tan amable -por su hermosura y condicion, súpose en todo Argel su enfermedad con -mucho sentimiento de todos. Yo sabiendo la causa de su melancolía, -tan bien como de mi pena y disimulacion, pensando cómo podria verla y -consolarla, propuse entre mí que habia de decirle amores en presencia -del padre y de la madre sin que lo sintiesen, y que ellos me habian -de llevar para el mismo efecto. Y con esta seguridad dije á mi amo -que yo habia aprendido en España de un gran varon unas palabras que -dichas al oido sanaban cualquiera melancolía por profunda que fuese; -pero que se habian de recibir con grande fé, y decirse al oido, sin -que nadie las oyese sino sola la persona paciente. El padre me dijo: -Sana mi hija, y sea como fuere. La madre con las mismas ansias y deseo -me pidió que luego se las dijese. Entré adonde las mujeres estaban -acompañando la enferma lo más limpio y aseado que pude, que la -limpieza y curiosidad ayuda siempre á engendrar amor; y entrando el -padre y la madre la dijeron: Hija, ten buen ánimo, y mucha fé con las -palabras, que aquí viene Obregon á curarte de tu melancolía. Y mandando -que todos se apartasen, yo me llegué con mucho respeto y cortesía al -oido de la paciente, diciéndole el siguiente ensalmo: Señora mia, -la disimulacion de estos dias no ha sido á causa de olvido, ni por -tibieza de voluntad, sino recato y estimacion de vuestra honra, que -más os quiero que la vida que me sustenta; y con esto apartéme de -ella: y luego con un donaire celestial abrió aquellos divinos ojos, -con que alentó los corazones de todos los circunstantes, diciendo: ¿Es -posible que tan poderosas palabras son las de España? porque habia -seis dias que no se le habian oido otras tantas. Pero todo esto vino -á resultar en disgusto mio, porque á la fama de la cura, que se habia -divulgado, otras melancólicas de diversos accidentes quisieron que -las curase, sin saber yo cómo lo podria hacer, ni el orígen de sus -enfermedades, más de lo dicho. Holgáronse todos, y alabaron la fuerza -de las palabras, la cortesía y humildad con que yo las habia dicho. -La doncelluela quiso levantarse luego por la fuerza del ensalmo, pero -yo dije: Ya vuesa merced ha comenzado á convalecer, y no es bien que -tan presto se gobierne como sana; estése queda, que yo volveré á decir -estas palabras y otras de mayor escelencia cuando vuesa merced fuere -servida, y el señor diere licencia. Así lo hice muchas veces hasta -que se levantó, y á mí un testimonio, que fué decir que tenia gracia -de curar melancolía. Holgáronse de verla sana, y yo mucho más que -todos, como aquel que la amaba tiernamente. En ese mismo tiempo habia -estado enferma de melancolía una señora principal, moza y muy hermosa, -casada con un caballero muy poderoso en el pueblo. Y habiendo estado -enferma vino á quedar con tan grande melancolía que á nadie queria -ver ni hablar. Pues como llegó á oidos del marido la salud que habia -cobrado la hija de mi amo, envióle á decir que le llevase allá aquel -esclavo que curaba de melancolía. Mi amo por darle gusto me dijo: De -buena ventura has de ser, porque me ha enviado á decir fulano, que es -caballero de grandes partes, que vale mucho en Argel, y con el gran -Turco, que te lleve á curar á su mujer de melancolía, que por ser -gallarda y hermosa te holgarás de verla. Oh señor, dije yo, no me mande -vuesa merced eso, que si una vez lo hice fué por ver á vuesa merced -apasionado por la enfermedad de su hija; y bien sabe cuán mal se recibe -por acá lo que se dice y hace en virtud de la verdadera religion. Es -por fuerza, dijo, el hacerlo, que importa mucho tenerlo grato. Señor, -dije yo, vuesa merced me escuse con él, que no con todas personas hacen -las palabras un mismo efecto, que es necesario tener con ellas tanta -fé como tuvo su hija de vuesa merced, y esta señora no la ha de tener. -Trájele otras muchas causas escusándome, por ver si podia escaparme. Él -fué á hablar al caballero por disculparme, y cuanto más me escusaba, -tanto más porfiaba en ello, hasta que dijo, si no queria ir, que me -llevase arrastrando á palos. Pobre de mí, dije yo, ¿quién me hizo -cirujano ó médico de melancolías? ¿qué sé yo de recetas y de ensalmos? -¿cómo podré salir ahora de este trance tan riguroso? que ó ella ha de -quedar sin melancolía, ó yo tengo de padecerla toda mi vida. Decirle -amores como á la otra, ni yo podré, ni ella me los entenderá, ni su -enfermedad es de este género: pues decirle al oido cosas de santos y -de la verdadera religion será doblarle más la enfermedad, y á mí los -palos, aunque Dios es poderoso para hacer pan de las piedras, y de los -paganos cristianos. Al fin me resolví con un gentil ánimo, llevando -á mi amo por lengua, y él á mí por escorzonera. Y para más acertar -la cura cogí debajo de la saltambarca una guitarra; procurando con -todas las fuerzas posibles salir con la cura, y para esto poner todos -los medios necesarios, y así entrando con muy desenvuelto semblante, -adelantándome, le dije: Vuesa merced, señora, sin duda sanará, porque -las palabras que yo digo solamente son para curar á las muy hermosas, -y vuesa merced es hermosísima. Tengo esperanza que saldrá bien con la -salud, y yo con la cura. Recibió bien este ensalmo, que es eficacísimo -con las mujeres. Y luego le dije: Tenga vuesa merced grande fé en las -palabras, y póngase en la imaginacion que ya ha ahuyentado el mal. -Hícele estar con gran fé suya, y suspension de todos: llegándome á -ella, que estaba con la imaginacion muy en el caso, díjela al oido un -grandísimo disparate que aprendí oyendo artes en Salamanca, y fué: - - Barbara Cælarent darii ferio Baralipton, - Cælantes Dabitis Fapesmo frisesomorum. - -Y luego sacando la guitarra le canté mil disparates, que ni ella los -entendia, ni yo se los declaraba. Fué tanta la fuerza de imaginativa -suya, que antes que de allí me saliese quedó riendo, y rogándome que -volviese allá muchas veces, y que le diese aquellas palabras escritas -en su lengua; yo dí gracias á Dios de verme libre de este trance, y -busqué modo para no curar más. Pero como habia cobrado fama, si algunas -veces acudian, fingia que me daba mal de corazon, y así me escapaba. -Mas réstame por decir los celos que tuvo mi ama la moza, que pensando -le habia dicho á la otra las mismas palabras que á ella, estaba -llorando celos; apacigüéla en pudiéndola hablar, que como era doncella -de pocos años y menos esperiencia, todo lo creia: y queriéndola yo -con todo el estremo del mundo, me pesaba que mis cosas le diesen un -mínimo disgusto. Díjele un dia que sus padres estaban fuera de casa, -con la confianza que de mí hacian, y habiéndome dicho que podia hablar -delante de las criadas, porque no entendian la lengua: Señora mia, ¿qué -desdicha nuestra, y buena suerte mia hizo que siendo vos un ángel en -hermosura, en años tierna y en cordura y madurez muy prudente, hayais -entregado vuestro gusto y voluntad á un hombre cargado de años, desnudo -de partes y merecimientos; que siendo digna de lo mejor y más granado -del mundo, no recuseis de recibir en vuestro servicio á un hombre -rendido y subordinado á cuantos daños la fortuna le quisiere hacer? -¿Que una sabandija arrojada en la furia del mar maltratado de golpes de -fortuna, en mísera esclavitud, haya hallado tan soberano albergue en -vuestro sencillo pecho? ¿Que el blanco donde todos tienen puestos los -ojos y las entrañas haya recibido en las suyas á quien se contentára -con ser perpétuamente su esclavo? Que por supuesto que nunca en mí -ha habido imaginacion de llegar á manchar á vuestra castidad, ni el -deseo se estenderá á tal, con tan grandes y no merecidos favores me -levanto á pensar que soy algo, no siendo capaz de que vuestros ojos -se humillen á mirar mi persona. Encendido el rostro en un finísimo -carmin, temblando las manos y encogiendo el cuerpo con la fuerza de -la honestidad, me respondió de esta manera: Á lo primero os digo, -señor mio, que no sé responder, porque ello se vino sin cuidado, ni -eleccion, ni saber por qué, ni cómo. Á lo segundo, que no haber mirado -en lo que por acá me podia estar bien, digo, que despues que supe de -mi padre haber sido bautizada, luego aborrecí lo que por esta parte me -podia venir. Y si yo fuese tan dichosa que viniese á ser cristiana, -no desearia más de esto, y lo que tengo presente; y sacando un lienzo -como para limpiarse el rostro, se lo cubrió como reprehendiéndose -de haber respondido con libertad. Quedóle como la azucena entre las -rosas, y yo mudo con solamente mirar y contemplar aquella honestidad -enamorada los efectos que hacia tan fuera del ordinario. Recogíme -porque sentí venir por la calle sus padres, y tomando mi guitarra -canté: «¡Ay bien logrados pensamientos mios!» Holgáronse mis amos de -hallarme cantando, que como él tenia en el corazon las cosas de España, -se regalaba con oir canciones españolas. Eché de ver de las palabras -de la doncella, y de otros accidentes, que yo habia sentido lo que yo -me traia entre ojos, que me iban regalando para heredero de la hija y -de las galeotas. Yo daba leccion al hijo, y lo instruia lo mejor que -podia en las costumbres cristianas, que el padre no lo rehusaba, aunque -armaba contra cristianos, haciendo grandísimos daños en las costas de -España y en las islas Baleares. Con esta ocasion gozaba algunos ratos -de buena conversacion con la hija, y con mucha cortesía y miramiento, -sin que pudiese notarse cosa que no fuese muy honesta y limpia. Mas -como estas cosas nunca se gozan y poseen sin azares y contradicciones, -se entró el diablo en el corazon de una vieja, cautiva de muchos años, -entresacada de dientes, de mala catadura, grande boca, labio caido -á manera de oveja, muelas pocas, ó ningunas, lagrimales llenos de -alhorre, y contrahecha de cuerpo, y tan mal acondicionada que se andaba -siempre quejando de los amos, diciendo que la mataban de hambre; y -porque yo no la regalaba, y no le daba lo que no tenia, dió en poner -mal nombre á la sencillez de la doncella, y la cortesía con que yo la -trataba, por donde los padres la pusieron silencio en hablarme con -harta reclusion y aprieto: que le pareció á aquella maldita vieja, que -congraciándose con los amos por este camino, pasaria mejor vida que -hasta entonces; pero no nos sucedió como pensaba, porque como el amor -es tan grande escudriñador de secretos, á pocos lances dí alcance al -chisme de la esclava, y al momento hice que lo supiese la hija, que -como era tan querida de sus padres creyeron cuanto dijo contra ella, -de manera que nunca más entró donde estaban las mujeres, ni comió ni -bebió á gusto en el tiempo que yo estuve allí; justo pago del chisme. -Y si todos los que lo llevan fuesen mal recibidos, y peor pagados, -vivirian las gentes en más paz y quietud. Que si los chismosos supiesen -cuál dejan aquel á quien llevan la parlería, más querrian ser entonces -mudos que habladores; y los que los oyen, si quieren estar en el caso, -bien echarán de ver que no la traen por bien que quieren al que la oye, -sino por querer mal á aquel de quien la dicen, y por vengar sus ódios -por manos agenas. El chisme es un congraciamento, engendrado en pechos -ruines, que da pesadumbre al que le oye, y desacredita al que lo trae. -Á todas las gentes del mundo es justo guardarles secreto, sino es al -chismoso. Á tres personas ofende el chisme, al que lo dice, á quien se -dice y de quien se dice. Este lastimó á los padres, é hizo á la vieja -odiosa, y atormentó á la pobre doncella, y á mí me privó por entonces -del regalo que me hacian, y la estimacion con que me trataban. El -renegado era hombre cuerdo, y aunque usó con la hija de aquel rigor, -conmigo disimuló sin darme á entender cosa de su enojo, hasta enterarse -de la verdad del caso; pero hizo que me bajase á servicios viles, como -era traer agua, y otras cosas semejantes, más por ver mi sentimiento ó -humildad que por que perseverase en ello. - -Yo que le entendí muy bien, hice con grandísimo gusto y llaneza -cuantas cosas me mandaba, malas ó buenas, procurando de desvelarlo del -cuidado con que vivia; que para desarraigar del pecho una sospecha -que se arremete á la honra, es menester usar de mil estratagemas, que -ni lo parezcan ni se aparten mucho de la verdad. Mudar de alegría en -el semblante, es novedad que se echa de ver. Hacer más servicios de -los ordinarios, dan ocasion de averiguar la sospecha. El medio que se -ha de guardar, con sola humildad y paciencia se adquiere, y aún ese -no ha de exceder el trato ordinario. Hice todo cuanto se me mandaba, -sin diferencia del gusto y pesadumbre con que antes lo haria. Iba con -mucha humildad por agua á una fuente que llaman del Babason, agua muy -delgada y de grande estimacion en aquella ciudad, de donde se proveen -grandísima cantidad de jardines, viñas, y olivares de grande provecho -y recreacion. Contóme un turco, estando allí, que no se sabe de dónde -nace ni por dónde viene aquella agua, porque habiéndola traido de -lo alto de aquellos montes y sierras dos turcos y dos cautivos con -inmenso riesgo, el Rey ó Virey que entonces era les pagó su trabajo -con darles garrote, porque en ningun tiempo revelasen el secreto con -que pudieran quitarles el agua que provechosa es á la ciudad; que -sitiada una fuerza, el mayor daño que pueden recibir para que se -rinda ó se tome, es quitarle el agua. Y viven con tanto recato, que -cualquiera Virey procura saber alguna nueva invencion, para mayor -fortificacion de su ciudad: en tanto extremo, que el viernes, cuando -van á sus mezquitas, dejan encerradas las mujeres y los esclavos con -gran seguridad de traicion, porque sólo los hombres van al templo, -dejando bien cerradas sus casas y seguras sus mujeres. Y parece con -sola esta relacion que seria muy fácil hablar á la doncella estando -encerrada por defuera, y entrando los cautivos á servir á las mujeres, -tambien encerradas. Pero no es así, porque ellos van tan descuidados -de daño secreto ó público, dejando tan fuerte guarda para la defensa -de sus casas, que aunque el demonio pudiese dar lugar á la ejecucion -del deseo, seria más fácil saquear toda la ciudad que hacer traicion -en una casa particular. Porque dejan por guarda un género de hombres, -que ni lo son para ese efecto, ni lo parecen en el rostro, que, ó por -preciarse de fidelísimos, ó porque otros no hagan, lo que aunque no -se parece se viene á parecer, de que ellos están privados, son tan -vigilantes en la guarda de lo que se les encomienda, que por ningun -camino admiten descuido ni engaños. Y aunque quisiera valerme de él, -por tener ya noticia y conocimiento de la invencible entereza de estos -mónstruos artificiales, no quise ponerme en probarlo, antes el mismo -eunuco ó guardadamas me reprehendia porque no queria entrar á donde -las mujeres estaban, como persona que ya estaba avisada del caso; á -que yo le respondia, que yo no habia de hacer lo que no se usaba en mi -tierra, ni se permitia que los hombres se mezclasen con las mujeres. -Y en resolucion, yo me goberné con tanta fineza con esta espía, que -no hallaron en qué tropezar, que era lo que mi amo deseaba; y el -eunuco, por la mala condicion que tenia, estuvo siempre bien conmigo, -que este género de gentes está en la república muy infamado de mal -intencionado, no sé si con razon, porque la libertad de que usan en no -disimular cosa, antes creo que les queda de ser siempre niños, más que -ser mal intencionados. Esto se entiende acerca de los que no profesan -la música, que en los que la profesan he visto muchos cuerdos y muy -virtuosos, como fué Primo, racionero de Toledo; y como es Luis Onguero, -capellan de Su Magestad, y otros de este modo y traza, que por evitar -prolijidad callo. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XI. - - -Muy contento mi amo de la bondad de su hija, y satisfecho de mi -fidelidad tornaron las cosas á su principio, y yo á la reputacion y -estimacion en que me solian tener. La doncelluela realmente andaba un -poco melancólica, la madre muy arrepentida de verla disgustada, de -manera que la hija se retiraba de ella, haciéndose de la enojada y -regalona. La madre andaba pensando cómo darle gusto, buscando modos -para alegrarla y desenojarla, porque andaba con un ceñuelo que á todos -nos traia suspensos, á mí de amor, y á los demás de temor no enfermase -de aquella pesadumbre. Al fin, como procuraban volverla á su gusto y -tenerla alegre, dijo la madre á mi amo que me mandase decirle aquellas -palabras contra la melancolía, que no hallaba con qué alegrarla, sino -con ellas. Mandómelo, y yo le dije: Sin duda esta tristeza debe de -nacer de algun enojo, y así será menester decírselo muchas veces, -para desarraigarle del pecho la ocasion de su mal, haciéndole algunas -preguntas, con que respondiendo ella se sazonase mejor su pena. Y -así fué, que me dejaron un grande rato hablar con ella, y decirle el -ensalmo primero y otros mejores, á que ella respondia muy á propósito, -quedando muy contenta de haberla dicho que la verdadera salud y -contento y gusto del alma le habia de venir del agua del bautismo, que -su padre habia despreciado. Y despues de bien instruida en esto me -aparté de su persona, habiendo hablado, y ella respondido, media hora. -Alegróse la madre de lo que veia, rogóme que le enseñase aquel ensalmo, -á que yo le respondí: Señora, estas palabras no las puede decir sino -quien hubiere estado en el estrecho de Gibraltar, en las islas de -Riatan, en las columnas de Hércules, y en el Mongibelo de Sicilia, en -la sima de Cabra, en la mina de Ronda y en el corral de la Pacheca, que -de otra manera se verán visiones infernales que atemorizan á cualquiera -persona. - -Dije estos y otros muchos disparates, con que se le quitó la gana de -saber el ensalmo. Yo, aunque tenia con esto algun entretenimiento, al -fin andaba como hombre sin libertad en miserable esclavitud, entre -enemigos de la verdadera religion, y sin esperanzas de libertad, por -donde el amor se iba aumentando en la doncella y menguando en mí: como -pasion que quiere pechos, y ánimos vagabundos y ociosos, desocupados de -todo trabajo y virtud; ¿pues qué efecto puede hacer un amor holgazan en -una alma trabajadora? ¿qué gusto puede tener quien vive sin él? ¿cómo -puede hacer á su dama terrero, quien lo está hecho á los golpes de la -fortuna? ¿cómo saldrán dulzuras de la boca por donde tantos tragos -de amargura entran? Al fin, el amor quiere ser solo, y que acudan á -él solo mozos, sin obligaciones, sin prudencia y sin necesidad, y -aun en estos es vicio, y distraimiento para la quietud del cuerpo y -del alma. Cuanto más en un hombre subordinado á tantos trabajos, -mirado de tantos ojos, temeroso por tantos testigos. Yo andaba muy -triste, aunque muy servicial á mi amo y á todas sus cosas, con tanta -solicitud y amor que iban las obligaciones cada dia creciendo con el -amor de mis amos; pero pesábale de verme andar triste y sin gusto, que -aunque no se parecia en el servicio echábase de ver en el rostro. Y -así, llegándose el dia de San Juan de junio cuando los moros, ó por -imitacion de los cristianos, ó por mil yerros que en aquella secta se -profesan, hacen grandísimas demostraciones de alegría, con invenciones -nuevas á caballo y á pié, me dijo el renegado: Ven conmigo, no como -esclavo, sino como amigo, que quiero que con libertad te alegres en -estas fiestas que hoy se hacen al profeta Alí, que vosotros llamais San -Juan Bautista, para que te diviertas viendo tan excelentes ginetes, -tantas libreas, marlotas de seda hechas un ascua de oro, turbantes, -cimitarras, gallardos hombres de á caballo vibrando las lanzas con -los brazos desnudos y alheñados: mira la bizarría de las damas, tan -adornadas de vestidos y pedrerías, cómo favorecen con mucha honestidad -á los galanes, haciendo ventana, dándoles mangas y otros favores: -mira las cuadrillas de grandes caballeros, que llevando por guia á su -Virey, adornando toda la ribera, así del mar como de los rios, cuán -gallardamente juegan de lanzas, y despues de arrojadas, con cuánta -ligereza las cogen del suelo desde el caballo. Á todo esto yo estaba -reventando con lágrimas, sin poderme contener ni disimular la pena y -sentimiento que aquellas fiestas me causaban. Á que volviendo los ojos -mi amo, y viéndome deshecho en lágrimas me dijo: Pues en el tiempo -donde todo el mundo se alegra, no solamente entre moros, sino en toda -la cristiandad, y en una mañana donde todos se salen de juicio por -la abundancia de alegría, ¿estás limpiando lágrimas? Cuando parece -que el mismo cielo da nuevas muestras de regocijo, ¿lo celebras tú -con llanto? ¿Qué ves aquí que te pueda disgustar, ó que no te pueda -dar mucho contento? La fiesta, respondí yo, es milagrosa de buena, y -tan en extremo grado, que por alegrísima me hace acordar de muchas -que he visto en la córte del mayor monarca del mundo, Rey de España. -Acuérdome de la riqueza y bizarría, de las galas y vestidos, de las -cadenas y joyas que esta mañana resplandecen en tan grandes príncipes -y caballeros. Acuérdome de ver salir á un duque de Pastrana una mañana -como esta á caballo, con un semblante más de ángel que de hombre, -elevado en la silla, que parecia centauro, haciendo mil gallardías, y -enamorando á cuantas personas le miraban: de aquel gran cortesano don -Juan Gaviria, cansando caballos, arrastrando galas, haciendo cosas de -muy valiente y alentado caballero. De una prenda suya que en tiernos -años ha subido á la cumbre de lo que se puede desear, en razon de andar -á caballo. De un don Luis de Guzman, marqués del Algaba, que hacia -temblar las plazas á donde se encontraba con la furia desenfrenada -de los bramantes toros. De su tio el marqués de Ardales don Juan de -Guzman, ejemplo de la braveza y gallardía de toda caballería. De un -tan gran príncipe como don Pedro de Médicis, que con un garruchon en -las manos ó tomaba un toro, ó lo rendia. Del conde de Villamediana don -Juan de Tasis, padre é hijo, que entre los dos hacian pedazos un toro -á cuchilladas. De tanto número de caballeros mozos que admiran con el -atrevimiento, vencen con la presteza, enamoran con la cortesía, que -como tras de esta mañana se sigue otro dia la fiesta de los toros, -acuérdome de todo en confuso. Fiesta que ninguna nacion sino la -española ha ejercitado, ni ejercita, porque todos tienen por excesiva -temeridad atreverse á un animal tan feroz que ofendido se arroja contra -mil hombres, contra caballos y lanzas, y garrochones, y cuanto más -lastimado tanto más furioso. Que nunca la antigüedad tuvo fiesta de -tanto peligro como este; y son animosos y atrevidos los españoles, que -aun heridos del toro se tornan al peligro tan manifiesto, así peones -como ginetes. Si hubiese de contar las hazañas que en semejantes -fiestas he visto, y traer á la memoria los ingénuos caballeros que -igualan en todo á los nombrados, así en valor como en calidad, seria -obscurecer esta fiesta, y cuantas en el mundo se hacen. Díjome aquí el -ermitaño: ¿Pues cómo no hace vuesa merced mencion de la que hizo en -Valladolid don Felipe el amado en el nacimiento del príncipe nuestro -señor? Respondí yo: Porque no habia de contar yo en profecía lo que -aun no habia pasado; pero esa fuera la más alegre y rica que los -mortales han visto, y donde se muestra la grandeza y prosperidad de la -monarquía española. Que si el otro emperador vicioso hacia cubrir con -las limaduras de oro el suelo que pisaba, saliendo de su palacio con -el oro que salió aquel dia en la plaza, la podia cubrir toda como con -cargas de arena. Y si para engrandecer la braveza de Roma, dicen que -en la batalla de Canas, en la Pulla, se hincheron tres moyos de las -sortijas de los nobles, con las cadenas, sortijas y botones de aquel -dia se podian llenar treinta fanegas, esto sin lo que quedaba en las -casas particulares guardado. Estuvieron aquel dia todos los embajadores -de los reyes y repúblicas esperando la grandeza de España, y la flor -y valor de la caballería que los dejó suspensos, y en éxtasis de ver -la gallardía con que se jugó de los garrochones, revolviendo los -caballos, que aunque herir á espaldas vueltas es mucha gala, como lo -usan en otras naciones en cazas de leones y otros animales, este dia -hubo quien esperó en la misma puerta del toril, cuando con más furia y -velocidad sale el toro, y le mató cara á cara con el garrochon, que fué -don Pedro de Barros; y aunque esto tiene mucha parte de atrevimiento -y ventura, tambien la tiene de conocimiento y arte, que enseña la -experiencia con gentil discurso. Al fin estas fiestas admiraron á los -embajadores y al mundo: pero mucho más ver á un rey mozo, don Felipe -III el amado, siendo cabeza de su cuadrilla, guiar con tan grande -sazon, cordura y valor, y enmendar muchas veces los juegos de cañas -que los muy experimentados caballeros erraban: porque fué tanta la -abundancia de caballos y cuadrillas, que no pudieron caber en la plaza, -y con esta confusion algunas veces se descuidaban en el juego, que con -la anciana prudencia del mozo rey se tornaba á la primera perfeccion, -que cierto parecia ir guiado de los ángeles; porque al fin fué el mejor -hombre de á caballo que aquel dia se mostró en la plaza. Despues acá -se han cultivado grandes caballeros muy mozos y muy acertados, como -don Diego de Silva, caballero de mucho valor, presteza y donaire, -atrevidísimo con el garrochon en las manos, y su valeroso hermano -don Francisco de Silva, que pocos dias há sirviendo á su rey, murió -como valentísimo soldado, y con él muchas virtudes que le adornaban. -El conde de Cantillana, que con grandísimo aliento derriba muerto á -un toro con el garrochon, don Cristóbal de Gaviria, excelentísimo -caballero, y otros muchos que por no salir de mi propósito callo. -Proseguimos en ver en la fiesta de los turcos y moros algunos muy -grandes ginetes; pero no tan grandes como don Luis de Godoy, ni como -don Jorge Morejon, alcaide de Ronda, ni como el conde de Olivares mozo. -Pero fué la fiesta alegrísima, que como gente que no ha de tener otra -gloria sino la presente, la gozan con toda la libertad que se puede -desear. Últimamente ví á mis amas, ya que la fiesta se iba acabando, -que me pesó en el alma, no por verlas tarde, que la doncellita estaba -hecha ojos, no hácia la fiesta, sino hácia su padre, que viéndole á -él me veia á mí. No pude negar á la naturaleza el vigor y aliento que -de semejantes encuentros recibe. Hice del ignorante en su vista, y -dije á mi amo que nos fuésemos, sabiendo lo que me habia de responder, -como lo hizo, diciendo: Esperemos á mi mujer é hija para acompañarlas. -Bajaron de una ventana donde estaban, y fuimos acompañándolas, la -hija temblándole las manos, y mudando el color del rostro, hablando -con intercadencias. Díjole el padre: Ves aquí tu médico, háblale, y -agradécele la salud que suele darte. - -[Ilustración: _Hasta que ví á mis señoras, respondí, no ví cosa, que -aunque eran buenas, me lo pareciese._] - -Preguntóme la madre ¿qué me habia parecido la fiesta? Hasta que ví -á mis señoras, respondí, no ví cosa, que aunque eran buenas, me lo -pareciese, porque la gracia, hermosura y talle de mi señora y de su -hija, yo no la veo en Argel. Rióse el padre, y ellas quedaron muy -contentas, que teniendo por este camino contenta á la madre, de buena -gana me dejaba hablar con la hija. Pidióme la doncella un rosario en -que iba rezando, díselo, y en pudiendo hablarla, le dije para qué era -el rosario, y que si verdaderamente entregaba su voluntad á la Vírgen, -le abriria camino ancho y fácil para llegar á tanto bien como recibir -la gracia del santo bautismo, que la doncella con grandes ansias -deseaba, y que le habia yo de pedir cuenta de aquel rosario, que le -guardase muy bien, y le rezase cada dia; y así lo prometió hacer. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XII. - - -En este tiempo sucedió un notable, y no usado hurto, delito -castigadísimo entre aquella gente, de que se escandalizó toda la -ciudad, y causó mucha turbacion, por ser hecho al Rey ó Virey, y de -moneda que tenia guardada para enviar al gran Señor. Y habiéndose -hecho grandes diligencias, por ningun camino se pudo sospechar ni -imaginar quién pudiese ser el autor, aunque un gran privado del Rey -prometia grandísima cantidad de dineros, exenciones y libertades á -quien lo descubriese. Dióse traza que de secreto y sin alboroto se -fuesen escalando todas las casas, sin dejar salir á nadie de la ciudad, -y no aprovechando cosa, me dijo mi amo: Si supieses algun secreto -para descubrir este hurto, diciéndote quién lo hizo, sin que fuese -por relacion de ningun hombre, yo te daria libertad y dinero. ¿Ha de -faltar, dije yo, modo para eso, con una carta echadiza, sin firma -ó con ella? Esto es lo que voy obviando, dijo mi amo, porque yendo -con firma matarán á quien la diere ó la firmare; y si va sin firma -atormentarán á todo el pueblo para averiguar cuya es la letra, porque -cualquier aviso ha de llegar primero á las manos del ladron que á otra -ninguna, porque es el mismo privado suyo; y si lo descubre algun hombre -libre le darán garrote, y si esclavo le quemarán. Las premisas que yo -tengo para esta verdad son grandes, y el conocimiento de la parte y -de su crueldad es de muchos años, que aquí más tiemblan de Hazén su -privado que del Rey; y así cualquiera modo de los ordinarios causará -grandísimo daño en descubrirlo. Y pues siendo este el mayor enemigo -que yo tengo, y aun toda la república, no lo descubro, ni quiero que -tú lo descubras; muy escesivos daños se han de seguir de ello. Pues -déjeme vuesa merced, dije yo, que ya tengo traza para vengar á vuesa -merced y descubrir el hurto sin que nadie padezca, y deje de hacerlo -como yo quisiere, con darme licencia para hacerlo á mi modo. Diómela, -y tomando un tordo escogido, con todas las partes que ha de tener para -buen hablador, encerrélo en un aposento en su jaula, donde no pudiese -oir pájaros que le perturbasen, y toda una noche y el dia le estuve -enseñando á decir: Fulano hurtó el dinero: fulano hurtó el dinero. Díme -tan buena maña, y él tenia tan buen natural, que dentro de quince dias, -en teniendo hambre, para pedir de comer decia: Fulano hurtó el dinero. -De suerte se servia de lo que le habia enseñado para todas sus hambres, -ó sed, que se habia olvidado de su canto natural. Aseguréme bien otros -ocho dias para que el tordo se asentase bien en lo aprendido, y yo -en la traza que llevaba ordenada, que fué importantísima para librar -á más de cien hombres que tenian presos sobre el hurto, inocentes de -la maldad, y entre ellos á muchos cautivos españoles é italianos, y -de otras naciones. Y así viendo que mi tordo habia de ser libertador -de tantos cristianos presos, un viernes que habia de ir el Rey á la -mezquita, soltélo, y díle libertad para que él la diese á los otros -presos. Subióse á la torre con otros muchos tordos, y entre las -algaravías de los otros, él comenzó muy apriesa á decir: Hazén hurtó el -dinero, sin dejar de decirlo todo el dia muy apriesa, como se veia en -la libertad que deseaba. Fué á oidos del Rey lo que en la torre decia -el tordo. Espantóse, y cuando vino la hora de llegar á la mezquita, -la primera cosa que oyó fué el nuevo canto de mi tordo, que muy á -menudo decia: Hazén hurtó el dinero; Hazén hurtó el dinero. Asentóse -luego que pues habia sido tan secreto, debia de tener algo de verdad, -que como son agoreros en gran manera, se le puso en los cascos que el -gran Mahoma habia enviado algun espíritu de los que tiene junto á sí -á declarar aquel caso, por que no padeciesen tantos inocentes; pero -por no arrojarse sin consejo á la averiguacion del caso, llamó ciertos -agoreros ó astrólogos, que ya sabian lo que se habia cundido del tordo, -y apretóles á que le dijesen lo que sentian. Echaron su juicio, y vino -tambien con el del tordo, que prendió á su privado, y despues de haber -confesado en la tortura, y hallado todo el dinero, privó al privado -de su privanza, despareciéndolo con mucha aceptacion y gusto en toda -la ciudad, que estaba mal con él, no porque supiese mal que á nadie -hubiese hecho, que hasta esta maldad no se supo su malicia, sino por -parecerles que todos los rigores que con ellos usaba el Virey eran por -consejo del privado, que esta miseria padecen los que están en lugares -supremos, que la envidia, ó los derriba, ó los desacredita, siendo -así que los verdaderos privados en llegando á la grandeza que desean, -con el amor y favor de sus reyes, luego acuden á la conservacion de -lo que han alcanzado con acreditarse haciendo bien á la república. -Si bien en las grandes monarquías no puede dilatarse fácilmente esta -verdad hasta que llegue á los que pueden ser jueces de ello, para que -la manifiesten sin que cualquiera se atreva á buscar autor á los daños -ó inconvenientes que ó por pecados de los hombres, ó por juicios de -Dios secretos á nuestra capacidad suceden en la república. Un moderno -estadista, alegando otros antiguos, dice que el príncipe no se ha de -dar en presa á su privado, que es no hacer tanto caso de él que le fie -su conciencia y sus acciones. Doctrina contra la misma naturaleza, -porque si cualquiera hombre particular naturalmente desea, y tiene -un amigo con quien, amándole, descanse y le descargue de algunos -cuidados por la comunicacion, ¿por qué ha de estar el príncipe privado -de este bien que los demás tienen? El príncipe valeroso, prudente y -justo necesariamente ha de tener junto á sí privados de irreprensible -vida; porque si no lo fueren, ó los apartará de sí, ó le mancharán su -buena reputacion; pero que sea conocidamente, y con general aplauso -recibida la opinion del príncipe por santa y justa, y que busquen en el -privado qué reprehender, téngolo por de ánimos mal contentos, y aun mal -intencionados, y que se reciba á mal que el privado crezca y medre en -bienes y haciendas que los otros no pueden alcanzar. - -Considérese que en tan opulenta monarquía como la de España, de las -migajas que se desperdician de la mesa del príncipe sobra no solamente -para aumentar casas ya comenzadas y grandes, pero para levantarlas -de muy profundas miserias á lugares altísimos. Los grandes monarcas, -reyes y príncipes nacen subordinados al comun órden de la naturaleza, -y sujetos á las pasiones de amar y aborrecer, y han de tener amigos á -quien naturalmente se inclinen, que las estrellas son poderosas para -inclinar á un amigo más que á otro, que cuando estas amistades van -por la sola eleccion, no tienen aquella sazon y gusto que las otras: -y siendo superiores los príncipes, como lo son, no han de elegir el -privado á gusto ajeno, sino al suyo, y siéndolo, tambien lo será al -gusto de los vasallos, cuyo bien pende del gusto bien ordenado del -príncipe: y este se ha de seguir sin quebrarse la cabeza en condenar -al uno ni al otro, ni juzgar si es malo ó bueno, siendo la norma por -donde se han de regular los actos de la justicia, el gobierno de la -república y la merced de los vasallos, el premio de los buenos y el -castigo de los malos. Cuanto más que, pues tienen dos ángeles de -guarda, y el corazon del rey está en la mano del Señor, es de creer -que los inclinarán al bien público y paz general. Que las cosas que la -ocasion ofrece de sucesos de fortuna no vienen ni tienen dependencia -de la voluntad y administracion del privado, sino de los movedores -del cielo, que son las causas segundas á quien la primera tiene dado -su poder general, si no es cuando en su tribunal se ordena otra cosa. -Bueno es que me confiese un hombre mal asentado peor sentido del buen -modo de juzgar que comunicó treinta ó cuarenta años y al que, ó por -sus méritos, ó por sus diligencias, ó por su ventura, llegó á ser -privado, y que habiéndolo alabado de virtuoso, apacible y discreto, -amigo de hacer bien, en viéndole privado, cuando más bien puede -ejecutar su inclinacion, vuelve la hoja á desdorar lo que antes doraba -y adoraba; y venido á averiguar en qué funda su desestimacion, ó por -mejor decir, su poca constancia en la amistad que antes le tenia, no -sabrá responder, sino que es una especie de envidia fundada en el -bien ajeno, ó porque no le reparte con él, ó porque le pesa que lo -tenga, ó por mal entendimiento y peor voluntad. Los privados de los -grandes monarcas no pueden tener la memoria de todos los conocidos, -basta que la tengan de los que hacen diligencia para ello, que los que -son de mi condicion no tienen razon de quejarse del privado, pues ha -de nacer su bien de su cuidado y diligencia; y no teniéndola, es la -queja injustísima. Hay dos géneros de privados; unos que de principios -humildes subieron á merecer entrarse en la voluntad de su príncipe, y -estos quieren todo el bien para sí. Otros que siendo grandes señores -han sido muy aceptos y muy queridos de su rey, y estos como nacieron -príncipes quieren repartir el bien con todos. Pero los unos y los otros -se han de haber con su rey como la yedra con el árbol á quien se ase, -que aunque siempre sube abrazada con él sin jamás dejarle, con todo -eso nunca le estorba el fruto que naturalmente lleva: y así lo hacen -los privados que comenzaron por grandes señores, que nunca le estorban -al príncipe las acciones á que le obliga el lugar en que Dios le puso. -Por donde yo creo, y por las razones dichas juzgo que parece que no se -podrá engañar el rey en la eleccion del privado, pero podria engañarse -el privado en la eleccion de los que le propusiere á su rey por capaces -para la administracion de los cargos ó gobiernos, por estar en su -noticia por tales no siéndolo, engaño en que como hombre se puede caer, -y así le importa para la conservacion de su crédito y reputacion vivir -con cuidado, informándose de los que pueden ser jueces de ello, para -que si la eleccion no saliere tan acertada como se desea, á lo menos -se entienda que no fué acaso, ni por amistad ó antojo. Pero tornando -á lo primero, digo, que es terrible caso que quieran los estadistas -privar al príncipe de tan grande gusto como es la amistad del privado, -á quien el príncipe naturalmente se inclina, siendo así que la voluntad -está siempre obrando, y tiene un blanco adonde mira más que á otro, en -todos los hombres del mundo, y adonde halla descanso y alivio. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XIII. - - -Ofrece la ocasion algunas veces cosas que divierten del intento -principal, como me ha sucedido en este paréntesis, dejando mi historia -y tratando cosas que no son de mi profesion, mas de conforme naturaleza -las dicta y ofrece. Habiendo sucedido en mi buena suerte salir con lo -que se pretendia por el lenguaje de mi tordo, mi amo cumplió su palabra -despues de haber cumplido el Virey la suya; y admirándose del secreto -y prudencia con que el renegado se hubo en aquel caso, por donde -escusó el daño de tanta gente como habia presa, que si no fuera por la -sagacidad suya pereciera él primero, si no fuera por aquel camino, y -muchos de los presos sin culpa. Él me dió libertad con mucha voluntad, -aunque contra la de su hija, que ya la ví muy inclinada á la verdadera -religion, y al hermano, á quien yo habia persuadido la misma verdad, de -manera que ambos á dos tenian deseo del bautismo; aunque el padre no se -daba por entendido, sí lo sospechaba, porque aunque callaba, sin duda -lo deseaba. Llamábase el muchacho Mustafá, y la hermana Alima, aunque -despues que yo la pude comunicar y encaminarla á la verdad católica se -llamó María. Tuve lugar de hablar con ella á solas con mucho gusto, -pero no en cosas lascivas, que nunca tuve intento de ofenderla; y por -último la aseguré viniendo á España, que por todos los caminos posibles -la avisaria de mi estado, y la advertiria de lo que le convenia hacer -para ser cristiana como deseaba, que enterneciéndose más con su intento -principal que conmigo destiló algunas lágrimas de piedad cristiana, -y de rendida al amor honesto, con que siendo la última vez que la -hablé, me despedí de su presencia para lo que era comunicarla más, y -ella besando muchas veces el rosario que yo le habia dado, dijo, que -le guardaria para siempre. Díjome despues mi amo con muchas muestras -de amor: Obregon, yo no puedo dejar de cumplir la palabra que te dí, -por haberlo tú merecido, y por la obligacion que tengo de ser español, -y por las reliquias que me quedaron del bautismo (y miró al rededor -á ver si le escuchaba álguien) que tan en las entrañas tengo, que -ninguno de cuantos ves en todo Argel (de los moros hablo) te guardara -fé ni palabra, ni te agradeciera lo hecho. Y si el rey de Argel me -agradeció y cumplió la promesa que habia hecho á quien descubriese el -hurto, es porque es hijo de padres cristianos, donde la verdad y la -palabra inviolable se guardan. Y por acá esta bárbara nacion dice que -el guardar la palabra es de mercaderes, y no de caballeros. Y aunque -yo te la cumplo, hágolo contra mi voluntad, porque al fin estando tú -aquí tenia con quien descansar en las cosas que no pueden comunicarse. -Pero ya que es fuerza y tú estás inclinado á no estar en Argel, como -yo tenia trazado, yo mismo te quiero llevar á España en mis galeotas, -y dejarte donde puedas con libertad acudir á tu religion. Ahora es el -tiempo propio, en que salen todos en corso; yo habré de ir deshermanado -de los demás, por dejarte en alguna de las islas más cercanas á España, -que más á poniente no osaré, porque me traen muy sobre ojo por toda la -costa, donde he hecho algunos daños muy notables: y si el galeon en -que venias no tuviera ventura en venirle buen viento, todos veníades -acá. Aprestóse mi amo para hacer su viaje, llevando algunos turcos muy -valientes consigo, y muy acostumbrados á ser piratas; y escogiendo -buen tiempo, puso la proa hácia las islas Baleares, dejando en las -orillas á su mujer é hija muy llorosas, la una encomendándolo al gran -profeta Mahoma, y la otra llamando muy á voces y muy desconsolada á la -Vírgen María, que como no habia cerca quien pudiese reprehenderla, lo -decia como lo sentia. Yo iba volviendo los ojos á la ciudad, rogando -á Dios que algun tiempo pudiese tornar á ella siendo de cristianos, -que como yo dejaba lo mejor de mi persona en ella, iba, aunque libre, -doliéndome de dejar entre aquella canalla una prenda que se pudiera -desempeñar con la sangre del corazon, pues deseaba aprovecharse de la -de Cristo, que aunque la supe dejar muy satisfecha y confiada de mi -voluntad, llevaba entre mí una batalla que no me dejaba acudir á otra -cosa sino al pensamiento que me aquejaba por cruel y desagradecido, me -martirizaba por ausente, y me acusaba dejar un alma cristiana entre -cuerpos moros; pero no sé qué confianza me aseguraba que la habia de -volver á ver cristiana. Al fin caminamos con felicísimo viento; y -como mi amo me via volver el rostro á la ciudad, decíame: Obregon, -paréceme que vas mirando á Argel y echándola maldiciones por verla tan -llena de cristianos cautivos, y por eso la llamas ladronera ó cueva de -ladrones á esta ciudad, pues asegúrote que no es el mayor daño el que -los corsarios hacen, que al fin van con su riesgo, y alguna vez van -por lana y no vuelven trasquilados, ni por trasquilar. Que el mayor -daño es que por ver que son en Argel bien recibidos, muchos de su -voluntad se vienen de todas las fronteras de África con sus arcabuces, -ó por necesidad de libertad, ó por la falta de regalos, ó por ser mal -inclinados y tener el aparejo tan fácil, que es lastimosa cosa ver que -por la ocasion dicha está llena esta ciudad de cristianos de poniente -y de levante; que aunque voy á hacer mal por mi provecho, no puedo -dejar de sentir el daño de la sangre bautizada que me tiene trabado el -corazon. Otras veces, dije yo, he sentido á vuesa merced enternecerse -en esta materia, como á hombre piadoso de corazon y de noble sangre; -pero no le veo con mudanza de religion, ni con propósito de volverse á -la inviolable fé de San Pedro que profesaron sus pasados. No quiero, -respondió mi amo, decirte que el amor de la hacienda, la hidalguía de -la libertad, ni la fuerza de mujer é hijos, ni los muchos daños que -en mi propia patria he hecho me divierten de ello, sino preguntarte, -si alguna vez me has visto curioso en saber qué doctrina enseñabas á -mis hijos: que por aquí verás cómo debe estar mi fé en mi pecho. Y -asegúrote que de cuantos renegados has visto muy poderosos, ricos de -esclavos y hacienda, ninguno deja de saber que va engañado; que la -libertad que tienen tan grande, y las honras y haciendas, en que son -preferidos á los demás turcos y moros, los detienen, siendo señores, y -mandando lo que quieren, y á quien quieren; pero saben bien la verdad. -Y para prueba de esto en tanto que el tiempo refresca en nuestro favor, -te quiero contar lo que sucedió poco tiempo há en Argel. - -Hay aquí un turco muy poderoso en hacienda, y abundante en esclavos, -venturoso en la mar, y esperimentado en la tierra, llamado Mami -Reis, es hombre de gentil determinacion, de buen talle, liberal y -bien quisto. Yendo este en corso por la costa de Valencia anduvo -algunos dias sin poder encontrar presa en el agua, hasta tanto que -los mantenimientos le faltaron; vista la necesidad saltaron en tierra -él y sus compañeros con mucho riesgo y peligro de sus personas, -porque encendiendo hachas por toda la costa los inquietaron de modo -que se tornaron al agua, disparando algunas piezas contra la gente -del socorro. Con la priesa que llevaban se dejaron en tierra al -señor de la galeota y á otro soldado amigo suyo muy valiente, que -viéndose perdidos se entraron en un molino, donde hallaron solamente -una doncella hermosísima, que de turbada no pudo huir con las demás -gentes. Amenazáronla porque no diese voces, y en viendo la costa quieta -hicieron la seña que tenian hácia las galeotas, y en viendo la primera -noche vinieron al molino, y antes que tornase la gente del rebato -cogieron al capitan y su compañero, llevándolos á su galeota juntamente -con la cautiva doncella. La hermosura de ella era de manera que -dijeron, y con verdad, que tal joya de talle y rostro no se habia jamás -visto en Argel. El capitan, dueño de las galeotas, dijo que estimaba -en más aquella presa que si hubiera saqueado á toda Valencia. Ella iba -acongojadísima y llorosa, y él diciéndola que no fuese desagradecida -á su buena fortuna, pues iba á ser señora de toda aquella hacienda -y otra mayor y de más importancia, y no á ser esclava como pensaba. -Pero la hermosura y apacibilidad del rostro, acompañada con una mansa -gravedad, era de modo que se puede decir que siendo de noche dió luz -á toda la galeota, á quien todos se rindieron y humillaron como á -cosa divina, admirándose que Valencia criase tan soberanas prendas. -Fuéla consolando por toda la navegacion, que el turco sabe hablar un -poco la lengua española, y es hombre de muy buena suerte y talle, muy -venturoso en cuantas empresas ha acometido, muy rico en tierras, joyas -y dineros, muy acepto á la voluntad de todos los reyes de Argel. Para -abreviar, fuése á desembarcar, no á la ciudad, sino á una heredad suya -de grande recreacion de viñas y jardines muy regalados. Ella que se -vió tan obedecida de esclavos y amigos del turco, parece que se fué -ablandando y dejando la tristeza que le habia causado el cautiverio. -Vino andando el tiempo á querer bien á su amo, y á casarse con él, -dejando su religion verdadera por la del marido, en que vivió con -grandísimo gusto seis años ó siete, querida, servida, regalada, llena -de joyas y perlas, y muy olvidada de haber sido cristiana. Por cuya -contemplacion se hicieron y hacian cada dia alegrísimas fiestas de -cañas y otras invenciones, porque su condicion se parecia mucho á su -cara, y la cara se aventajaba á todas las de Argel, de manera, que -si no se casára luego con ella, se la quitáran para enviarla al gran -Turco. Pues viviendo con toda esta idolatría, siendo su gusto la norma -con que todos vivian, habia allí un esclavo de Menorca, hombre de -suerte, que como los demás comunicaba con ella: vino su rescate, y el -buen hombre fuése á despedir de ella, y preguntóle en qué lugar habia -de residir; él se lo dijo, y ella le mandó que viviese con cuidado -para lo que sucediese. Él, que no era lerdo, la entendió, y yéndose á -Menorca, vivió con él todo el tiempo que pasó, hasta que tuvo ella modo -como escribirle una carta á Menorca, en que le decia que viniese con un -bergantin, bien puesto, á la heredad de su marido, á media noche para -tal dia. Como llegó el tiempo en que todos salen de Argel en corso, -su marido armó sus galeotas con trescientos esclavos, muy hombres de -hechos, llevando vestidos á la española, y fué á su ventura, azotando -las olas con mucha gallardía, mirándolo su mujer, y dándole mil favores -desde una torre de su propia casa. El tiempo era muy caluroso, y el dia -que tenia concertado en la carta se acercaba. Fingióse muy afligida -de la ausencia y del calor, y dijo á sus esclavos y gente que se -queria ir á consolar á su heredad y jardines, y llevó consigo, como -para estar muchos dias, algunos cofres, donde iban vestidos, joyas y -dineros y toda la riqueza de oro y plata que habia en su casa, donde -estuvo algunos dias regalándose á sí y á sus esclavos y mujeres, que -si antes la querian mucho, entonces la adoraban. Llegó la noche que -tenia concertada sin haberse descubierto á nadie, con tan grande -sagacidad y secreto, que ni aun por el pensamiento se pudiera imaginar -su determinacion, y puesta á una ventana aguardó hasta las doce de -la noche, sin dormir ni pegar sus ojos, que vió un bulto que venia -de hácia la mar: hizo la seña que estaba concertada por la carta, y -acudiendo bien á ella el hidalgo, dijo: Ea, que aquí está el bergantin. -Entonces la determinada señora habló con toda la brevedad que pudo á -sus esclavos, diciendo: Hermanos y amigos, comprados con la sangre -de Jesucristo; mi determinacion es esta, el que quisiere libertad y -vivir como cristiano, sígame hasta España. Respondió por todos un gran -soldado cautivo, natural de Málaga: Señora, todos estamos determinados -de obedecer vuestro mandamiento; pero mirad el peligro en que os poneis -y nos poneis, que ya las torres dan aviso, y en amaneciendo cuajarán la -mar de galeotas, y nos darán caza sin duda. Á que ella respondió: Quien -me puso esto en el corazon me guiará á salvamento; y cuando no suceda, -más quiero ser manjar de horribles mónstruos marinos en los profundos -abismos de las profundas cavernas del mar, muriendo cristiana, que -ser reina de Argel contra la religion que profesaron nuestros pasados. -Y sirviendo la hermosísima mujer de valeroso capitan, alentó á sus -esclavos de manera que en un instante llevaron al bergantin los cofres -y riquezas, dejando muertos á puñaladas á una negra y á dos turquillos -que daban voces. Juntos los esclavos, que ya no lo eran, con los que -venian en el bergantin, todos hombres honrados y de gran pecho, se -confortaron de manera unos á otros, que el bergantin volaba con la -fuerza de los remos y el viento que ayudaba. - -En sabiéndose el caso en Argel, que fué luego, echaron tras ellos -cuarenta ó cincuenta galeotas, llevando cada cual su centinela en la -gavia y en la entena, que entendieron dar luego con el bergantin; -más parece que Dios ó lo guió ó lo hizo invisible; pues fuera de la -diligencia dicha, su marido Mami Reis andaba por las islas, y ni los -unos ni los otros dieron con el bergantin, hasta que al amanecer se -hallaron entre las dos galeotas de su marido, que para la tierra -adentro llevaba su gente vestida á la española. Ella con gran presteza -y sagacidad mandó que los demás que iban en el bergantin con los -esclavos se pusiesen como turcos, para que pudiesen huir dando á -entender que huian de españoles. Fué gallarda y astuta la advertencia, -porque viendo Mami Reis que huian de él se holgó, diciendo: Sin -duda parecemos españoles, pues aquel bergantin de turcos se huye de -nosotros, y con grande risa celebraron la huida del bergantin, que -con esta traza se libraron, y llegaron á España, donde está muy rica -y contenta, haciendo grandes limosnas de la hacienda de su marido: y -aunque en Argel sucedió otro caso semejante á este, fué con más poder -y menos circunstancias. Ya sabes á qué propósito te he contado este -caso, sucedido poco tiempo há, y sin duda yo creo que ninguno hay que -no tenga estampada en el corazon la primera religion que profesó, -digo de los bautizados, si bien esta mujer mostró más que todos aquel -pecho varonil, y determinacion cristiana. No me espanto, dije yo, -que esa señora haya tenido tan grande valor en su determinacion, que -es propio de mujeres poner por obra lo que se les pone en la testa, -ni que haya vencido en atrevimiento á los hombres, ni de que tuviese -traza para ejecutar su intento, que todo eso es creible en su natural -inclinacion. Lo que me admira es que haya tenido capacidad para guardar -el secreto tanto tiempo, que es más dificultoso en las mujeres guardar -el secreto que guardar la castidad; porque ninguna se escapa de tener -una amiga con quien comunica lo pasado, presente y venidero. Que lo -otro no fué más de encajársele en la cabeza que lo habia de hacer, -porque carecia del discurso que habia menester un caso tan árduo, -importante y peligroso, que se atrevia á su marido, á los corsarios y -á todo Argel, á todas las olas y borrascas del mar Mediterráneo, á las -bestias marinas jamás vistas, ni conocidas en su elemento, ni fuera -de él, y todo esto no fué tan grande hazaña como no revelar todo el -secreto que tanto importaba. Todo eso, dijo mi amo, es verdad, pero una -cosa me hace más contradiccion, y es: ¿Cómo esa, siendo doncella, no -tuvo valor para huir del molino con las demás cuando la cautivaron, y -lo tuvo despues para emprender un hecho tan heroico? Á eso, dije yo, -es fácil la respuesta, porque cuando esa señora era doncella, con la -frialdad natural que todas ordinariamente tienen, la trabó el temor los -miembros y venas del cuerpo, de manera que no pudo huir, ni aun moverse -de su lugar: pero despues que se casó, y la abrigó la fuerza del calor -del marido, mejoró su naturaleza, y cobró espíritu para acometer esa -empresa tan difícil. Y de todas las mujeres de quien se hace mencion en -la antigüedad no se sabe que fuesen doncellas, ni aun se puede creer. -¿Pues las Amazonas, preguntó mi amo, no se dice que fuesen doncellas? -Señor no, respondí yo, ni en tanto que lo eran salian á las batallas, -sino ejercitándose, no en ócio, ni en lanificio, sino en cazas de -fieras, en andar á caballo, usando de la lanza, arco y saeta; y para -hacerse más fieras, se mantenian de tortugas y lagartos: y en siendo -de edad para ello se mezclaban con los varones circunvecinos: y si del -concúbito parian hijo varon, ó le mataban, ó le mancaban de manera que -no quedase para ejercicio de hombre; y si parian hembra, porque no -fuese impedimento para tirar al arco, le sacaban ó cortaban el pecho -diestro, que eso quiere decir Amazonas, _Id est, sine ubere_, sin teta; -pero ninguna de ellas por sí sola hizo tan grande hazaña como esta -valenciana. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XIV. - - -Como los esclavos y compañeros iban dormitando, tuvimos lugar y espacio -mi amo y yo para tratar esta materia y otras, con que se venció el -sueño. Habiendo reposado un tanto, dentro de dos horas descubrimos las -islas Baleares, Mallorca y Menorca, Ibiza, y otras islas pequeñas; -pero no nos acercamos á Mallorca, por el cuidado con que aquella isla -vive, hasta ser de noche: y aunque aguardamos á esto, fué menester -apresurarnos, porque si bien se parecieron presto, habia bien que -trabajar para llegar á ellas. Acercámonos á Mallorca por mejor, y -para él fué peor, porque al despuntar de un risco estaba en él una -centinela que dió aviso á las galeras de Génova, que andaban por coger -á mi amo, y aunque se acercaba la noche, comenzaron á batir los remos -con grande furia hácia nosotros. Mi amo viéndose perdido pasóse á -la otra galeota, llevando consigo la más granada gente que traia en -ambas, y dióme á mí cargo de mirar por la que me dejaba con poca gente; -confiándose que hablando yo español podria responder á propósito, y -tener algun remedio la galeota. De suerte, que me dejó por estorbo -para que hiciesen la presa en mí, y se pudiese librar. Sucedióle como -él lo habia pensado, porque como hombre astuto y muy práctico en toda -la costa, no se hizo á la mar, sino á la isla, que como era casi de -noche, de caleta en caleta se fué escondiendo, y en obscureciendo se -hizo á la mar y se escapó. La galeota en que yo habia quedado, como -no llevaba gente que bogase, sino muy poca, y la más ruin, fuése -quedando tanto, que las galeras pudieron tirar una pieza para que nos -rindiéramos. Parámonos, y en llegando cerca yo, muy alentadamente, -y en bien claro español, dije: Rendidos somos. Pues á vos buscamos, -dijeron las galeras, llamándome por mil nombres infames, que realmente -como la galeota era aquella en que siempre andaba mi amo, y hablé tan -claro español, me tuvieron por el renegado. Echaron al remo todos los -turcos, canalla que hallaron conmigo, y á mí pensando que habian dado -con lo que buscaban, me maniataron para llevarme á Génova y hacer en -mí un gran castigo. Decíame el capitan de la capitana: Quante volte -habete scampato la vita, can renegato, adeso non scamparate, se non -impiccato? Señor, dije, mire V. S. que yo no soy el renegado que V. S. -piensa, sino un pobre español esclavo suyo. Por la defensa cargaron -sobre mí tantos palos que me obligaron á decir: Dicen que Génova es -monte sin leña; pero harta ha habido para mí ahora. Riéronse dos -músicos españoles que traia el general en su galera de mi respuesta, -y más de la paciencia con que lo llevé: uno de los cuales conocia yo -muy bien, y entre ellos, por lo que les declaró uno de los músicos, -tambien hubo alguna risa. Yo me arrimé á un rincon maniatado, y dando -gracias á Dios que tantas veces me veia ejercitado en trabajos y -miserias; que las desdichas nos traen á la memoria las misericordias -de Dios, y no los pecados por que las merecemos; que si quisiésemos -advertir cuánto mayores son que los trabajos que Dios nos envia, nos -consolaríamos, y no nos quejaríamos de los instrumentos que Dios toma -para castigarnos, que son sus invenciones tan secretas y tan grandes -que nos ponen en cuidado de considerar por donde nos vino el daño, y -no por donde lo teníamos merecido, y es tan piadoso en el castigo, que -no quiere infamarnos por lo que merecemos, sino darnos en que merecer -por lo que sufrimos, y llevar en paciencia lo que no habemos pecado, -que su misericordia á todo esto se estiende, que nos ejercita en lo -que no pecamos para descuento de lo que merecemos en lo que pecamos, y -luego echamos la culpa á aquellos por cuya mano viene el justo castigo -de Dios, que con lo que no habemos hecho nos castigó lo que habemos -hecho, por estimar en tanto nuestra honra que no quiere muchas veces -castigarnos por los mismos filos que nos matan interiormente, porque -no nos desconsolemos, ni lo tengamos por ejecutor cruel. Acuérdome -yo ahora de las desventuras que desde niño me han seguido, y no me -acuerdo de los delitos de mi juventud. Viéneme á la memoria cuanto -bien he hecho á algunos hombres en esta vida, y que por estos mismos -han venido muchos males, porque Dios toma semejantes instrumentos -para confusion y castigo de pecados cometidos con ignorancia ó con -malicia. Yo estoy ahora en fama de renegado, y maniatado, agraviado -injustamente por un astuto y endiablado hombre, precito y descomulgado; -y si quiero volver los ojos atrás veo que merezco estos y otros mayores -castigos de la mano de Dios. Á esto llegó un bellaco de un cómitre, y -dándome con un rebenque, me dijo: ¿Qué habla el perro entre dientes? -Callé porque no segundase. El señor Marcelo Doria, que era general, -movido á misericordia, dijo, que hasta averiguar quién era no me -tratasen mal. Yo como ví la puerta abierta á la piedad, dije: Suplico -á vuestra excelencia, pues la defensa natural es concedida á todos, -se me conceda á mí, que yo sé que en sabiendo vuestra excelencia lo -que soy, no solamente no padeceré en manos de un tan gran príncipe, -pero espero en Dios que me tiene de honrar más que merezco. Yo daré en -Génova, y aun en esta galera, testigos que me conocieron en la córte -del rey Católico en el tiempo que este renegado andaba haciendo mal -en todas estas costas, y será uno de ellos el señor Julio Espínola, -el embajador. Hízome desatar, y habló conmigo, preguntándome todo lo -que deseaba saber del renegado: yo le dije la astucia con que se habia -escapado, con que satisfice algo de mi persona, y puso mucha culpa á -los que no siguieron la empresa. Tornéme á mi rinconcillo, aunque no -maniatado, y púseme en cluquillas, las dos manos en el rostro, y los -codos en las rodillas, porque no me conociese el músico, pensando en -mil cosas. Yendo navegando hácia Génova, viendo que ya se habria dado -noticia en Argel que las galeras de Génova corrian la costa, pasamos -el golfo de Leon con una poca de borrasca, y habiéndolo atravesado de -punta á punta, mandó el general á los músicos que cantasen, y tomando -sus guitarras, lo primero que cantaron fué unas octavas mias que se -glosaban: - - El bien dudoso, el mal seguro y cierto. - -Comenzó el tiple, que se llamaba Francisco de la Peña, á hacer -excelentísimos pasages de garganta, que como la sonata era grave habia -lugar para hacerlos, y yo á dar un suspiro á cada cláusula que hacian. -Cantaron todas las octavas, y al último pié que dijeron: - - El bien dudoso, el mal seguro y cierto, - -ya no pude contenerme, y con un movimiento natural inconsideradamente, -dije: Todavía me dura esa desdicha. Como fué en alta voz, miró el Peña, -que por venir yo tan disfrazado de cara y de vestido, y por ser él -corto de vista, no me habia conocido antes, y en viéndome, sin poder -hablar palabra, humedecidos los ojos, me abrazó, y fué al general, -diciendo: ¿Á quién piensa V. E. que traemos aquí? ¿Á quién? preguntó -el general. Al autor, dijo Peña, de esta letra y sonata, y de cuanto -le habemos cantado á V. E. ¿Qué decís? Llamadle acá. Lleguéme con -harta vergüenza, pero con ánimo alentado, y preguntóme el general: -¿Cómo os llamais? Márcos de Obregon, respondí yo: el Peña, hombre que -siempre profesó verdad y virtud, llegó al general y le dijo: Fulano es -su propio nombre, que por venir tan mal parado debe de disfrazarlo. -Espantóse el general de ver un hombre de quien tenia tanta noticia en -tan humilde traje, y rodeado de tantos trabajos y tan injustamente -maniatado. Preguntóme la causa de ello, y yo con mucha paciencia y -humildad le conté todo lo sucedido, porque el galeon del Duque de -Medina habia parado en el Final. Hízome mucha merced, particularmente -trastejándome de vestidos. Y en llegando á Génova visité á Julio -Espínola el embajador, cuya amistad yo habia profesado en la córte de -España, que certificado Marcelo Doria de esta verdad, ambos me hicieron -merced de acomodarme de dinero y cabalgadura para Milan; pero primero -quise ver aquella república tan rica de dineros y antigüedad, de nobles -y antiquísimas casas, descendientes de emperadores y grandes señores, -y de la mayor nobleza de Italia; como son Dorias, Espínolas, Adornos, -de cuya notabilísima familia hay un ramo en Jerez de la Frontera, -emparentado con grandes caballeros españoles, y señalado con el hábito -de Calatrava y las demás órdenes: como don Agustin Adorno, caballero -tan virtuoso como principal. Y como mi intento no era parar allí, -dispúseme para proseguir mi viaje á Milan, para donde habia salido de -España. - -[Ilustración] - - - - -RELACION TERCERA - -DE LA VIDA DEL ESCUDERO - -MARCOS DE OBREGON. - - - - -[Ilustración] - - - - -Yo, que de cautivo, esclavo y maltratado, tan presto me ví con dineros -y bien puesto de vestidos, deseaba ya ardentísimamente llegar á donde -mis amigos me viesen libre, y supiesen los trabajos y favores de que -la fortuna habia usado conmigo. Y así en habiendo visto la grandeza de -aquella república, y tomado el descanso que tan grande cansancio pedia, -cogí mi cabalgadura y Victorino, ó mozo de mulas, y aviándome para -Milan, subí por aquellas montañas de Génova, tan ásperas y encumbradas -como las de Ronda. Y en habiendo pasado por San Pedro de Arenas, ya -que anochecia, fué tan grande la piedra y agua que nos cogió, que -perdimos el camino en parte donde fuera fácil el despeñarnos hasta -los profundos rios, crecidos con la grande avenida, yendo á dar á la -furia del mar; porque los arroyos que se juntaron de la tormenta del -granizo y agua eran bastantes para mucho más que esto. No veíamos luz -sino por los ojos del caballo que nos guiaban, que es la peor bestia -para caminar, del mundo, que en Italia se camina con ellos. Y con la -poca gana que llevaba se arrimaba á cualquier árbol que topábamos, ó -se arrojaba por donde se le antojaba. De suerte que yo me apeé, y en -unos árboles que tenian grandes troncos y muchas ramas, trabadas unas -con otras, nos arrimamos hasta esperar que, ó la tempestad cesase, -ó viésemos alguna claridad ó luz que nos guiase á salvamento. El -Victorino, aunque práctico en la tierra, estaba tan turbado, que habia -perdido los memoriales, y yo las esperanzas de poder movernos de allí -hasta la mañana. Corria el agua de nosotros por la carne como de cueros -de curtidura grandísimo rato con este trabajo; pero no pudimos gozar -de la sombra de los acopados árboles, porque corria más agua de ellos -que de nosotros, que todo lo rendia el tiempo insufrible y borrascoso. -Estando en esta suspension de ánimo congojoso, oimos decir cerca de -nosotros: Guarda la vita. Como tan cerca sonó, miré por entre las -ramas, y ví que á las espaldas de los árboles parecia una luz que salia -de tres casas, donde el caballo debia de haber posado otras veces, y -aunque por malos pasos, nos habia guiado allí. El espacio era poco, y -en un instante corriendo nos pusimos en las casas, de donde salieron -con grande cuidado á ofrecernos alojamiento: y donde no pensamos -hallar agua, hallamos muy gentiles capones, que todas las naciones -extranjeras hacen esta ventaja á España en las posadas y regalo de los -caminantes. Cenamos muy bien: yo pedí un jarro de agua, y trujéronmela -de una fuente que nacia junto á las mismas casas, caliente vaheando, -hícela poner á una ventana, que aunque el tiempo no estaba tan frio, -la borrasca y granizo lo habia trocado, y en un instante se enfrió, -y aun heló el jarro de agua. Bebílo, y el huésped trajo allí de las -otras casas dos testigos, y viéndome beber otro jarro de agua fria, les -dijo: Señores, para esto os he traido, porque si este señor español -muriere de estos jarros de agua fria, no digan que yo le he muerto. -Reíme, juzgando que lo decia por aborrecer el agua, ó por amar el vino, -y no fué sino por la razon que el hostalero dijo despues. Pregunté como -nuevo en Italia, por qué razon queria que no bebiese agua quien casi -siempre la habia bebido y bebia. Respondió que las aguas de España eran -más delgadas y de más fácil digestion que las de Italia, que tienen -más humedad. Y es de creer que, pues gente de tan gentil discurso como -la italiana no osa beberla sola, halla en ella algun daño. Yo conocí -un caballero italiano, que cuando vino á España no habia bebido gota -de agua, y estando en España no bebió gota de vino, que las aguas, ora -sean de rio, ora de fuente, toman la calidad buena ó mala de la tierra -ó minerales por donde pasan. Las de España, por ser esta provincia tan -favorecida del sol, y consumir las humedades con tanta violencia, son -bonísimas, fuera de que ordinariamente pasan por minerales de oro, -como se parece en las de Sierra-Bermeja, que la misma sierra está del -mismo color, y son excelentísimas; ó pasan por minerales de plata, que -son bonísimas, como las de Sierra-Morena, que se verifica en las de -Guadalcanal; ó por minerales de hierro, como es en Vizcaya, que son -saludables. Y en resolucion, no hay agua en España que sea mala, sea de -fuente ó sea de rio, que de lagunas y lagos, ó encharcadas, ni las hay -ni las beben: antes parece que para mayor grandeza de la misericordia -de Dios, una laguna de más de una legua, que está cerca de Antequera, -que todos los años se hace sal, tiene junto á sí la mejor y más sana -agua que se conoce en lo descubierto, que se llama la fuente de la -Piedra, porque la deshace. Y en Ronda, otra fuentecilla, que llaman de -las Monjas, que nace mirando al Oriente, y en un cerro, en bebiéndola -luego deshace la piedra, y en el mismo dia salen las arenas, y de esta -se puede escribir un grandísimo volúmen. Pero lo que el hostalero me -dijo fué tan verdad, que en todo el tiempo que estuve en Lombardía, que -fueron más de tres años, ni tuve salud, ni me faltó dolor de cabeza -perpétuo, por el agua que bebia. Y verificóse el dia siguiente, que -yendo caminando, en todos los charquillos que se habian hecho del -grande turbion de agua habia animalejos, como sapillos, renacuajos y -otras sabandijas, engendradas en tan poco espacio, que es causa de -la mucha humedad maliciosa del terruño. Y en aquellos fosos de Milan -se ven unas bolas de culebras en mucha cantidad, engendradas de la -bascosidad y putrefaccion del agua, y la humedad gruesa de la misma -tierra. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO I. - - -Pero ya, dejando esta materia, fuimos caminando por el Ginovesado -mi mozo de mulas y yo, hasta que topamos con unos labradores, que -preguntados por dónde tomaríamos el camino, que habíamos errado -la noche antes, nos dijeron un disparate para engañarnos, y que -anduviésemos perdidos más tiempo. El mozo entendió la burla, y dijo -que nos engañaban. Pero yo, no tomándolo por burla, deshonrélos en mal -lenguaje italiano, y ellos que eran muchos, cargáronse de piedras; -yo me apeé, y dí una cuchillada á uno: el mozo cogió su caballo, y -dejóme entre ellos, que como era de su nacion no quiso ser testigo -del caso, y ellos cargaron sobre mí, porque deslicé y caí en el -suelo, y maniatándome, dieron conmigo en el lugar más cercano que -era muy grande y muy poblado. Representaron la sangre del herido, y -echáronme una cadena y grillos muy pesada. Esta vez no me quise quejar -de mi mucha desdicha, sino de mi poca consideracion que estando en -tierra no conocida, quise hacer lo que no hiciera en la mia: que los -españoles en estando fuera de su natural se persuaden á entender que -son señores absolutos. Yo que no tenia de quién, ni á quién quejarme, -volví contra mí las piedras que los contrarios podian tirarme: víme -cargado de los hierros que no tuve en Argel, siendo enemigos de la fé -y de los que la profesan, sin poder volver los ojos á quien me mirase -de buena gana. Que por la misma razon que pensamos ser señores del -mundo, somos aborrecidos de todos. Quien va á tierras agenas tiene -obligacion de entrar en ellas con grande tiento, que ni las leyes son -las mismas, ni las costumbres semejantes, ni las amistades se guardan -donde no hay conocimiento. Y es averiguada cosa que aunque los reinos -y repúblicas se guarden el respeto y amistad que profesan entre sí, no -corre lo mismo en los particulares, que ordinariamente se desdoran, y -tienen enemistades unos con otros: y tanto más, cuanto más se ven, sin -razon ó con ella, supeditados. Eché de ver que la paciencia es virtud -corriente para todas las cosas del mundo, pero más para tratar con -gentes no comunicadas. Tiene el forastero necesidad de ser muy afable -y comedido con crianza, y ha de perder de su derecho en las cosas, que -donde está no sabe si son buenas ó malas: con semblante alegre, cólera -enfrenada, viene fácilmente en el conocimiento de lo que ignoramos -en las tierras cuyas costumbres no han venido á nuestra noticia. Yo -me ví afligidísimo, sin ver á quién poder dar parte de mis trabajos. -Llamábanme de marrano muy cerca de mí, y la más honrada sentencia -era que me habian de dar garrote de secreto. El carcelero parecia -hombre corriente, pero no hallaba por donde entrarle para consolarme -con él. Estuve pensando qué modo tendria, y acordéme que esta nacion -es codiciosa sobremanera, y que por allí podria echar algun cartabon -para mi remedio. Llevaba en la faldriquera algunos escudos que saqué -de Génova. Andaban allí dos niños del carcelero muy graciosos, y -acordándome cuán buen rostro muestran los padres á quien hace bien -á sus hijos, dí á cada niño un escudo: aquí abrió los ojos el padre -agradeciéndolo mucho, y aun muchísimo, que me dió buena esperanza de -salir con lo que habia pensado. Díjome: V. S. debe ser muy rico. ¿En -qué lo echais de ver? pregunté yo. En la liberalidad, respondió, con -que habeis dado á esos niños moneda que aun los hombres mal conocemos -por acá. Pues si esto estimais siendo tan poco, ¿qué hareis cuando -sepais lo demás? y sacando dineros, díselos á él, y díjele: Porque me -pareceis hombre de buen discurso os quiero decir quién soy, que de -esta niñería no teneis que hacer caso. Yo he alcanzado lo que todos -los filósofos andan buscando y no acaban de dar con ello, pero primero -me habeis de hacer juramento de en ningun tiempo descubrirme. Él lo -hizo solemnísimamente, y con grandes ansias me preguntó, qué era -lo que queria decirle, y le respondí: Sé hacer la piedra filosofal -que convierte el hierro en oro, y con esto nunca me falta lo que he -menester: pero no he osado comunicarlo con nadie en Génova, porque la -república no me estorbase mi viaje, que lo hicieran sin duda, porque -como esta divina invencion es tan apetecida y deseada de todos, todos -andan tras de ella: y si saben alguno que lo sabe, ó los reyes ó las -repúblicas los detienen contra su voluntad, por que ejercite el arte -para ellos á su costa, que en habiendo mucha cantidad de oro en el -mundo será estimado en poco. Señor, dijo el carcelero, muchas veces he -oido tratar de esa materia; pero nunca he visto ni oido decir que lo -haya nadie alcanzado en nuestros tiempos, que aunque V. S. me ve en -este oficio, que por estar quieto y mantener mis hijos ejercito, ya he -estado en España sirviendo á un embajador de Génova, y por lo dicho -me recogí á este pueblo donde nací. Huélgome de eso, dije yo, porque -siendo, como sois, discreto, y habiendo oido tratar de la materia, -dareis crédito á lo que vereis con vuestros ojos. Si yo pudiese, dijo, -aprender eso, seria un valiente hombre, que mandaria á todo mi lugar, y -enviaria libre á V. S. adonde fuese servido. Á lo primero, dije yo, os -respondo que consiste el hacerlo en dar un punto que es menester gran -cuidado para acertarlo, y así no me atrevo á enseñároslo; pero dejaréos -con tanto oro, que no hayais menester á nadie vos ni vuestros hijos. -Y á lo segundo, que no quiero que hagais por mí cosa que en algun -tiempo pueda haceros daño, que la misma arte química me dará modo para -librarme, y esto os lo enseñaré facilísimamente, que lo vereis aunque -esteis ciego, como sin culpa vuestra y sin consentimiento vuestro me -libro, y vos quedais sin calumnia, y con riqueza y gusto. - -Echóse á mis piés con grandes ceremonias, quitándome la cadena y -grillos, contradeciéndoselo yo con grandes veras, y pensando adelante -toda la noche, para más asegurado en la materia, por hacer mejor mi -negocio, le dije: Sabed que el no haber acertado á dar el punto á la -transmutacion de los metales nace de no haber entendido á los grandes -filósofos que tratan esta materia sutilísimamente, como son Arnaldo de -Villanueva, Raimundo Lulio, y Gebot, moro de nacion, y otros muchos -autores, que la escriben en cifras, por no hacerlas comunes á los -ignorantes, que yo por enterarme en la verdad de ello he pasado á -Fez en África, á Constantinopla y Alemania, y con la comunicacion de -grandes filósofos he venido á descubrir la verdad, que consiste en -reducir á la primera materia un metal tan intratable y recio como el -hierro, que puesto en aquel principio suyo, y en aquella simiente de -que fué hecho, aplicándole las mismas cosas y los mismos simples que -la naturaleza aplica al oro, cuando se forma ó se va formando, viene á -transformarse en la misma substancia de él. Que de la propia manera que -todas las criaturas van imitando, en cuanto les es posible, á la más -perfecta de su género, así el hierro y los demás metales van imitando -á la más perfecta de ellas que es el oro, y dándole tales cualidades -que la naturaleza con la generacion del padre universal, que es el sol, -viene á mudar su naturaleza en la del oro, y esto se hace mediante -ciertas sales fortísimas y corrosivas, mirando los aspectos de los -planetas, en que yo estoy muy diestro y enterado. Y para que veais -alguna semejanza que os persuada de esta verdad, dejad esta noche un -callo de herradura que haya sido muy pisado y lleno del orin que recibe -en los muladares, y hecho pedacicos muy menudos, ó limándolo, ponedlo -en una redoma con fuego lento, en muy fuerte vinagre, y vereis lo que -resulte. Hízolo puntualmente, y dióme en que reposase aquella noche muy -á mi gusto, donde pensé muy bien la traza que llevaba ordenada para -librarme de la prision. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO II. - - -Á la mañana vino el carcelero muy contento, diciendo que descubria que -se iba el hierro convirtiendo en un color rubio, como de oro, que la -codicia lo iba llevando á la perdicion. Ahí conocereis, dije yo, que os -voy tratando verdad; díle dineros para que me trajese ciertas cosas, -ó ciertos simples corrosivos y venenosos, que no los digo porque mi -intento no es enseñar á hacer mal, y con otras cosas que les junté hice -unos polvos que muchas veces rociaba con agua fuerte, y enjugándose, -tornaba á rociarlos, quedando con un color rubio muy apacible. Hechos -los polvos, y confeccionados como yo los habia menester, á dos -bellacones que estaban sentenciados á galeras les dije: Las galeras -están en Génova, que es acercarse vuestro martirio; si os atreveis á -ponerme en una noche en tierra del Rey, yo os sacaré de aquí con mucho -silencio, y sin ruido de dentro ni de fuera. Ellos respondieron con -grande determinacion: Y aun á los hombros sacaremos á V. S. y antes que -amanezca estará entre soldados españoles. Pues estad, les dije, mañana -en la noche atentos, y en viéndome con las llaves en la mano acudid á -vuestro remedio y el mio. Alegráronse los pobres, y con grandes ansias -deseaban ya que llegase la hora. Por la mañana dije al carcelero que -trajese unos crisoles, y cuantos callos de herradura pudiese hallar, -que todos los habia de convertir en oro, y que á la noche cuando toda -la cárcel estuviese en silencio encendiese lumbre de carbon, sin que -hubiese ningun testigo que nos pudiese denunciar. Él lo tuvo tan -en cuidado que no dejó herrador, ni muladar que no anduviese, y en -llegando la noche me mostró tantos callos de herradura, que vendidos á -libras podian aprovecharle mucho; encerró su gente, y los demás presos, -y los dos que me habian de ayudar se hicieron dormidos: encendió su -brasero, y puesto en silencio todo, saqué mis polvos y mostréselos, -y pareciéronle del mismo oro. Pues mirad, le dije, qué cordial olor -tienen, y echéselos en la mano, él los llegó á oler, y yo con mucha -presteza le dí una palmada en la parte baja de la mano, y saltaron en -los ojos, cayendo él de la otra parte sin sentido, ni sin poder hablar; -cogíle las llaves, y los bellacones que vieron el caso acudieron -luego; abríles las puertas quedándose el pobre hombre sin sentido, -y sin que nadie nos viese salimos de la cárcel y del pueblo, y á la -mañana habiendo pasado arboledas, sierras y barrancos dificultosos, me -hallé en Alejandría de la Palla entre soldados españoles, que metian -la guarda á don Rodrigo de Toledo, gobernador de ella. Á los buenos -galeotes les pareció que les habia venido del cielo la libertad, y -fuéronse á buscar su vida. Yo me holgué en el alma de haber salido -bien con mi intento, que aunque fué á costa del pobre carcelero, por -la libertad todo se puede hacer. Yo fuí esta vez como el demonio, que -tienta á los hombres por la parte que más flaca siente en ellos: que -él por la codicia, y yo por la libertad nos concertamos muy bien, -que es tan superior la codicia en los pechos adonde se halla, que -son muchos, que los rinde á cualquier flaqueza. Los bienes que por -merecimientos, ruegos y comodidades no se alcanzan, en acometiéndoles -por la codicia se rinden al gusto de ambas partes: los males que por -violencia y estratagemas no se pueden hacer, en mostrando la codicia -su amarillo rostro se ablanda la dureza de los pechos de hierro. ¡Qué -de fortalezas se han rendido, qué de lealtades se han quebrantado, -qué de clausuras se han rompido, qué de castidades se han corrompido, -acometidas por la codicia! Todos los vicios que á los hombres traen -arrastrados dejan alguna consideracion para lo venidero, sino la -lujuria y la codicia, que cogen y ciegan todas las potencias del -discurso; más fácil es de enfrenar la furia de un loco por castigo, que -reducir á razon la sed de un codicioso por consejo. Son los codiciosos -como la esponja, que aunque chupa toda el agua de que es capaz, ni está -harta, ni se aprovecha de ella, y son tan furiosos en sus actos como -la culebra hambrienta, que á todo acomete aunque sea un sapo que la -hinche de ponzoña; que ni miran si es lícito ó contra razon, que como -sea engordar á todo acometen, y creo es así, que tienen el castigo por -sombra de su desatinada hambre. Como este miserable de carcelero, que -por donde pensó ver su casa llena de oro quedó sin ojos para verlo. -Dios mire por los codiciosos, y los reduzca á la medicina que conserva -la vida y aquieta la conciencia. - -[Ilustración] - -[Ilustración: ... _me hallé en Alejandría de la Palla entre soldados -españoles_.] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO III. - - -Partíme para Milan, temiendo por el gran deseo que llevaba de llegar, -alguna desgracia, que los desdichados han de vivir siempre con cuidado -de lo que puede y suele suceder. Hay un rio que pasa por la ciudad -de Alejandría, que se llama Eltanar, donde ví unas aceñas movedizas -de madera, que deben de tener en el fundamento algunas ruedas para -moverse, que no reparé en preguntarlo porque no hacia á mi propósito, -y habiendo esperado el barco para pasar el Pó, rio caudalosísimo, -despues de haberse sorbido el Eltanar en tramos en él con unas pobres -peregrinas, y al medio del rio sucedió, que por la corriente de Eltanar -venia una aceña ó molino de aquellos, que le debia de haber faltado el -fundamento, y encontróse de manera con nuestro barco que dió con él -patas arriba. - -El caballo, como son atrevidas estas bestias para cortar el agua, -se arrojó á ella, yo me así luego de la cola, y las peregrinas de -mí, y el Venturino de la postrera de ellas, y cayendo y levantando, -y á veces topando con los piés en la arena, llegamos á la orilla, -donde el caballo nos roció por la puerta falsa que debia de venir -acebadado; pero no por eso me desasí hasta verme ya pisar las orillas. -Hallamos allí que habian pasado en otro barco algunas gentes de -diversas naciones, franceses, alemanes, italianos y españoles, y -para entendernos hablamos todos en latin; pero era la pronunciacion -tan diversa la una de la otra, que hablando en muy gentil lenguage -latino no nos entendíamos los unos á los otros, que me dió mucho que -pensar que aun en una misma lengua, y que corre por toda Europa, -dure el castigo de la torre de Babilonia. Llegamos á Pavía, insigne -universidad; regalóme el castellano, que era entonces, aunque como mi -deseo me llevaba á Milan, no paré hasta verme en aquella maravillosa -poblacion donde tan grandes santos ha habido, y continúan siempre los -prelados de aquel excelentísimo templo. El que entonces lo gobernaba -era el santísimo cardenal Cárlos Borromeo, que ahora dicen San Cárlos, -que fué su vida de manera que á pocos años de su muerte le canonizaron. -Llegué á tiempo que se celebraron las exequias de la santísima reina -doña Ana de Austria, y habiendo buscado á quién cometer la traza, -historias y versos de la vida ejemplar de tan gran señora, pudiendo -cometerles á muy grandes ingenios, tuvo por bien el magistrado de -Milan de cometerlas al autor de este libro, no por mejor, sino por -más deseoso de servir á su rey, y de aprender en cosas tan graves y -de tan graves ingenios, y ofreciéndoles, y dando noticia de Aníbal -de Tolentino, excelentísimo sugeto, que lo hiciera mejor que otro en -toda la Europa: al fin por más cercano le mandaron al autor que la -hiciese. Oíle un sermon en estas exequias al bienaventurado San Cárlos, -que fué como su vida. Hallé á mis amigos muy contentos, y admirados -de la brevedad con que habia conseguido libertad, y deseos de saber -cómo habia sucedido, me forzaban á que lo contase, y refiriese una y -muchas veces; que realmente los trabajos contados en la prosperidad, -ó habiendo salido de ellos tienen su gusto particular, que las -desventuras todo lo que tienen de males presentes tienen de bienes -pasados; son los trabajos como las servas ó nísperos, que cuando están -en su fuerza son ásperos al gusto, pero despues de pasada su sazon, lo -que tenian de ásperos tienen de suaves podridos; son como el que se va -anegando en un rio, que va siempre sacando la cabeza y haciendo todas -las diligencias posibles para escaparse, pero despues de salido bebe de -aquella misma agua que le quiso ahogar. Espina el erizo de la avellana, -pero despues se halla gusto en rumiándola. Holgué grandemente de ver la -grandeza, fertilidad y abundancia de Milan, que en esto creo que pocas -ciudades se le igualan en la Europa, aunque la mucha humedad que tiene, -ó por aquellos cuatro rios hechos á mano, por donde le entra tanta -abundancia de provision, ó por ser el sitio naturalmente húmedo, yo me -hallé siempre con grandísimos dolores de cabeza, que aunque yo nací -sujeto á ellos, en esta república los sentí mayores. Que siempre me han -perseguido tres cosas: ignorancia, envidia y corrimientos; pero los de -aquí me duraron hasta volver á España. Pasé en Milan tres años, como -hombre que está en la cama, contando las vigas del techo trescientas -veces, sin hacer cosa que importase, lo uno por estar siempre -indispuesto, lo otro por lo poco que entre soldados se ejercitan los -actos de ingenio. Dióme gana de ver á Turin, y por mis pecados fué por -el mes de diciembre, tiempo en que no hay caminos, sino rios en lugar -de ellos, que como hacia buen tiempo cuando salí, engañéme, pensando -que fuera todo de aquella manera; y en llegando á Bufalores, comenzó -á desgajarse el cielo, no con lluvia, sino con acequias de agua tan -contínua que se perdió el tiento á los caminos. - -Llegué á Turin, y por haber esperimentado los arroyos á la venida, -estúveme dos meses allí, en compañía de otro español; pero fueron tan -grandes las nieblas que se topaban los hombres por la calle sin verse, -nacidas de la vecindad, segun dicen allí, del Pó, que pasa por junto á -la ciudad: fuera de que por medio de ella van muchos arroyos de agua. -Mas veo que en España Guadalquivir pasa por Sevilla, más caudaloso -que el Pó y algunas veces tan crecido, que baña á la mayor parte de -la ciudad, y todo el campo de Tablada está hecho un mar navegable, y -no he visto tales nieblas. Y Granada tiene dos rios que la bañan, y -muchos más arroyos por las calles, y no parece esta escuridad ó niebla: -pero dejando esto posamos el otro español y yo en una hostería, donde -me ví en el mayor peligro, y en la mejor ocasion de ser dichosísimo -que he tenido ni tendré en mi vida. Que estando comiendo mucha gente, -esperando mi compañero y yo que acabasen para sentarnos, un viejo de -hasta cincuenta años de edad, de propósito dió en tratar de la religion -nueva, de la religion reformada, repitiendo esto muchas veces: y -aunque era natural de Ginebra, hablaba en buen italiano, que por ver -españoles le pareció alzar la voz más de lo que habia menester. Y tras -de un brindis y otro decian heregías muy dignas de gente llena de vino. -Mi compañero decíame que callase, y ellos brindando por la salud de -sus fautores, tornaban una vez y otra á decir de la religion nueva y -de la religion reformada, de suerte que me obligaron á preguntar qué -religion era aquella, y quién la habia reformado. Respondiéronme que -era la religion de Jesucristo, y que la habia reformado Martin Lutero -y Juan Calvino. Antes de oir más palabras les dije: Buena andaria la -religion reformada por dos tan grandes hereges. Alborotóse la hostería, -y cargaron tantas cuchilladas sobre mí y sobre el otro español, que si -no cogemos una escalera nos hacen pedazos. La huéspeda atajó el negocio -con decirles que mirasen lo que hacian, que estábamos depositados allí -por el Duque. Sosegóse el alboroto, porque hasta entonces aun no habian -negado la obediencia al Duque de Saboya, aunque la tenian negada á la -Iglesia romana. En sosegándose el rumor me dijo aquel viejo: ¿Por qué -llamais hereges á dos varones tan santos y que tanta gente llevaron -tras su opinion? Respondí yo: ¿Por qué llamais vosotros santos y -reformadores de la religion de Jesucristo á dos hombres que en todo y -por todo, en vida y costumbres fueron contra la doctrina de Jesucristo -y de sus Evangelios, que fueron hombres libres, viciosos, deslenguados, -embusteros, engañadores, alborotadores de las repúblicas, enemigos de -la general quietud? Quiso tornarse á alborotar el viejo, y como le -habian puesto por delante el temor y respeto del Duque, cesó con decir: -Muchos son los llamados y pocos los escogidos, y esos somos nosotros. -Respondíle yo: Mejor dijérades, muchos son los escogidos y pocos los -llamados, porque no vienen á manos del Papa. ¡Estraño caso! que hay -gentes tan fuera del órden natural, que por sola libertad y poltronería -se desvien de la misma verdad que interiormente saben y conocen. Y que -tengan hombres poderosos que favorezcan sus errores, de suerte que -unos y otros siguen su mal intento. Los poderosos con decir que siguen -doctrina de hombres sabios, y los otros con decir que tienen arrimo -en príncipes poderosos, como si fuese disculpa para la ejecucion de -tantos vicios y abominaciones como cometen á sombra de la libertad con -que sus maestros les hacen vivir, en cuyas arrastradas opiniones hay -cosas tan ridículas que se echa de ver que adrede quieren errar. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO IV. - - -Volvíme de Turin á Milan, porque aunque tuve intento de pasar á Flandes -no hallé comodidad, fuera de saber que la gente de Flandes venia -marchando hácia Lombardía, y por haber estado ya en Flandes con la -misma gente en el asalto general de Maestrich donde me sucedió una cosa -muy graciosa, que pudiera ser muy desgraciada y fué: que en el saco de -la ciudad cogí al más lucido cuartago de todos los que habia en una -casa principal, y subiendo sobre él en cerro, como en tiempo de bulla -no se miran mucho las cosas, al tiempo que salia de la ciudad iban tras -mí más de trescientos cuartagos, porque la que yo habia tomado era una -yegua sazonada, y si no me arrojo de ella al suelo me dieran muchas -manotadas los galanes que la seguian. - -Al fin volví hácia Milan, porque el compañero pasó hácia Flandes, y -buscando en qué caminar topé con una carroza, donde por fuerza hube -de ir, en compañía de cuatro ginebreses, tan grandes hereges como los -otros. Determinando de callar á cualquier cosa que oyese decir, por -donde les grangeé la voluntad de manera, que siendo muy enemigos de -españoles, me regalaron por todo el camino, diciéndome mil veces que -era muy buen compañero, que realmente, como no les traten de religion -son sencillos, y gente afable para tratar, y muy amigos de dar gusto. -Fuéronme festejando por el camino, y entre dos brazos del Tesino se -apartaron hácia unas arboledas y sierra, donde dijeron que iban á ver -un grande nigromántico para preguntarle ciertos secretos de mucha -importancia. Yo, como era mozo, y amigo de novedades, holguéme por -ver aquella que tanto lo era para mí. Anduvimos un rato por aquella -arboleda hasta llegar al pié de la sierra, donde se descubrió una -boca de cueva con una puerta de tosca madera, cerrada por de dentro. -Llamaron, y respondieron de dentro con una voz crespa, baja, y con un -género de gravedad. Abrióse la puerta y representóse la figura del -nigromántico con una ropa de color pardo, con muchas manchas, mapas -pintados en ella, culebras, signos celestes, un bonete en la cabeza -largo, y aforrado en pellejo de lobo, y otras cosas que hacian su -persona horrible, como tambien lo era el lugar y casa donde habitaba. -Hablaron aquellos caballeros de Ginebra, informándole de su venida, -y como certificados de su gran fama venian á consultarle un negocio -grave. Él aunque en el principio comenzó á negárselo, al fin acabaron -con él con ruegos y presentes que le dieron, que lo ablandan todo, -á que se inclinase á admitir su peticion. Mientras hablaban con él, -yo miré el cuerpo de la cueva, que estaba llena de cosas que ponian -temor y espanto, como era cabezas de demonios, de leones y tigres, -faunos y centauros, y otras cosas de este modo, para poner horror -á los que entrasen, unas pintadas y otras de bulto, con que daba á -entender que tenia trato y amistad con algun demonio. Hablóles muy -gran rato, diciéndoles de su gran poder, y mostró muchas joyas de -diversas gentes y de grandes señores, que le habian dado por los muchos -secretos que les habia revelado. Llegados al caso, como yo miraba -más al artificio con que tenia adornada su cueva, preguntóles cómo -no llegaba yo á la conversacion. Respondieron ellos que era español. -Díjoles el nigromántico: No quisiera mostrar mis secretos delante -de españoles, porque son incrédulos y agudos de ingenio. Á lo cual -respondieron ellos: Bien podeis hacer en su presencia cualquiera cosa, -porque aunque español, es hombre de bien y buen compañero. Resolvióse á -hacerlo, y llamó á un ayudante tan fiero y espantable, que me pareció -que era algun demonio. Entramos más adentro, donde tenia el familiar, -que era un aposentillo más oscuro que el cuerpo de la casa, que estaba -cercado con unas barandillas, y dentro estaba uno como facistol, y -sobre él un grande globo de vidrio con un abecedario de letras grandes -escrito al rededor, y en medio del globo puesto el familiar, que era -un hombrecito de color de hierro, con el brazo derecho levantado en -derecho hácia las letras, que todo realmente ponia espanto. Habló con -el familiar con una arenga muy larga, proponiéndole la antigua amistad -que habian profesado tantos años, para obligarle á que con facilidad -respondiese á lo que le queria preguntar; y poniéndose unos guantes muy -anchos, despues de puesta la demanda, alzó la mano derecha, diciéndole: -Ea, presto. El familiar se resolvió, y señaló una letra. Quitóse el -guante el nigromántico, y escribió aquella letra que habia señalado -el familiar. Tornó á ponerse el guante, y alzando la mano otra vez, -le dijo: Adelante. El familiar movióse, señalando otra letra, y de -esta manera fué preguntándole hasta haber escrito diez ó doce letras, -en que iba respondiendo á la pregunta muy á gusto de los ginebreses. -Yo como eché de ver que para escribir cualquiera letra se quitaba el -guante, diciendo qué podia ser; y aunque sospeché que se habian de -alborotar todos, determinadamente yendo á señalar otra vez con el -guante, se lo arrebaté por el dedo demostrador, y hallando una dureza -muy grande en el dedo, primero le pregunté al nigromántico: ¿Esta no -es calamita ó piedra iman? Quedó suspenso y corrido, y volviéndose á -los otros, les dijo: Bien decia yo, que los españoles eran agudos, y -que no queria hacer cosa delante de ellos. El secreto del caso era, -que aquel familiarillo era hecho de alguna cosa muy ligera, y el -bracillo era de acero tocado á aquella piedra iman que era tan fina -como el nigromante diestro en señalar la letra que habia menester, con -que atraía al familiar corriendo á mostrarla. Quedaron los ginebreses -admirados, así de la sutileza con que aquél engañaba á las gentes, -como de la mia en haber conocido su embeleco. Y aunque los sentí al -principio pesarosos de que no hubiese cumplido el pronóstico con la -respuesta del familiar, que ellos tenian por demonio, despues tuvieron -en mucho el desengaño, y rogóles el nigromante que me pidiesen que no -le descornase la flor, porque con aquello ganaba su vida sin hacer mal -á nadie, y tenia reputacion de grande hombre. La invencion cierto era -ingeniosísima, muy conforme á la filosofía natural, y podia sufrirse -como por juego de masecoral: pero cosas tan repugnantes á la verdad y -del trato comun engaños tan conocidos, no es razon que permanezcan, -ni se permitan. Fuímonos, dejando muy desconsolado al embustero, y -escandalizados los ginebreses del caso me reprehendieron el haberlo -afrentado, y desanimádolo para proseguir en su embeleco. Yo les dije: -¿No os habeis holgado de ver este secreto descubierto? Respondiéronme -que sí. Yo les dije: Pues de la misma manera se holgarán todos los que -lo supieren, porque menos importa quedar éste sin opinion y sin oficio, -que permitir un engaño tan estendido y pernicioso como este. Y yo, -para decir la verdad, siempre he estado y estoy mal con estas gentes, -como son: nigrománticos, judiciarios, y otros semejantes: aunque estos -judiciarios tengo por los peores, por estar más bien recibidos en -la república, y decir menos verdad. Que aunque los que tratan de la -verdadera astrología de movimientos, estos son doctos que saben las -matemáticas con fundamento, como es Clavijo Romano, el doctor Arias de -Loyola y el doctor Sedillo, españoles, grandes varones de su facultad; -que esos otros son embusteros, gente de poca substancia, de que podia -traer muchos cuentos, porque de cien cosas que dicen yerran las -noventa, y cuando aciertan alguna, es por yerro. Válense de mujercillas -que les vienen á preguntar, como gitanas, la buena ventura, y al fin -es gente ridícula, que acaban tan miserablemente como los alquimistas, -porque quieren dar alcance á los secretos que Dios tiene reservados -para sí. En estas conversaciones y otras semejantes llegamos á -Bufalora, pueblo del Estado de Milan, donde los ginebreses se apartaron -y yo proseguí mi viaje. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO V. - - -Vuelto á Milan, como aquella república es tan abundante de todas -las cosas, eslo tambien de hombres muy doctos en las buenas letras -y en el ejercicio de la música, en que era muy sabio don Antonio de -Londoño, presidente de aquel magistrado, en cuya casa habia siempre -junta de excelentísimos músicos, como de voces y habilidades, donde se -hacia mencion de todos los hombres eminentes en la facultad. Tañíanse -vihuelas de arco con grande destreza, tecla, arpa, vihuela de mano, por -excelentísimos hombres en todos los instrumentos. Movíanse cuestiones -acerca del uso de esta ciencia, pero no se ponia en el extremo que -estos dias se ha puesto en casa del maestro Clavijo, donde ha habido -juntas de lo más granado y purificado de este divino aunque mal -premiado ejercicio. Juntábanse en el jardin de su casa el licenciado -Gaspar de Torres, que en la verdad de herir la cuerda con aire y -ciencia, acompañando la vihuela con gallardísimos pasajes de voz y -garganta, llegó al extremo que se puede llegar. Y otros muchos sugetos -muy dignos de hacer mencion de ellos. Pero llegado á oir al mismo -maestro Clavijo en la tecla, á su hija doña Bernardina en el arpa, y á -Lúcas de Matos en la vihuela de siete órdenes, imitándose los unos á -los otros con gravísimos y no usados movimientos, es lo mejor que yo he -oido en mi vida. Pero la niña, que ahora es monja en Santo Domingo el -Real, es mónstruo de naturaleza en la tecla y arpa. Mas volviendo á lo -dicho, un dia acabando de cantar y tañer, y quedando todos suspensos, -preguntó uno, que cómo la música no hacia ahora el mismo efecto que -solia hacer antiguamente, suspendiendo los ánimos, y convirtiéndolos á -transformarse en los mismos conceptos que iban cantando, como fué lo -de Alejandro Magno, que estándole cantando las guerras de Troya, con -grande ímpetu se levantó, y puso mano á su espada, echando cuchilladas -al aire, como si se hallara en ella presente. Dije yo á esto: Lo mismo -se puede hacer ahora y se hace. Replicóme, diciendo: Que despues que -se perdió el género enarmónico no se podia hacer. Dije yo: Con el -género enarmónico me parece que era imposible hacerse, porque como la -excelencia de ese género consiste en la division de semitonos y diesis, -no puede la voz humana obedecer á tantos semitonos y diesis como aquel -género tiene. Y así aquel príncipe de la música, el abad Salinas, que -lo resucitó solamente, lo dejó en un instrumento de tecla, pareciéndole -que la voz humana con gran trabajo y dificultad podia obedecerlo. Yo le -ví tañer el instrumento de tecla que dejó en Salamanca, en que hacia -milagros con las manos, pero no le ví reducirlo á que voces humanas lo -ejecutasen, habiendo en el coro de Salamanca en aquel tiempo grandes -cantores de voces y habilidad, y siendo maestro aquel gran compositor -Juan Navarro. Y que se pueda hacer y se hace con el género diatónico -y cromático, como haya las mismas circunstancias y requisitos que el -caso quiere, sucederá cada dia lo mismo. Y en las sonatas españolas, -que tan divino aire y novedad tienen, se ve cada dia ese milagro. Los -requisitos son que la letra tenga conceptos excelentes y muy agudos, -como el lenguaje de la misma casta. Lo segundo, que la música sea tan -hija de los mismos conceptos, que los vaya desentrañando. Lo tercero -es, que quien la canta tenga espíritu y disposicion, aire y gallardía -para ejecutarlo. Lo cuarto, que el que la oye tenga el ánimo y gusto -dispuesto para aquella materia. Que de esta manera hará la música -milagros. Yo soy testigo que estando cantando dos músicos con grande -excelencia una noche una cancion que dice: - - Rompe las venas del ardiente pecho, - -fué tanta la pasion y accidente que le dió á un caballero que los -habia llevado á cantar, que estando la señora á la ventana, y muy de -secreto, sacó la daga y dijo: Veis aquí el instrumento, rompedme el -pecho y las entrañas; quedando admirados músicos y autor de la letra y -sonata, porque concurrieron allí todos los requisitos necesarios para -hacer aquel efecto. No les pareció mal á los presentes, porque todos -eran doctísimos en la facultad. En estos y otros ejercicios se pasaba -la vida entre poetas de poesía, y entre soldados de armas, donde se -ejercitaba no solamente la pica y arcabuz, sino tambien el juego de la -espada y daga, broquel y rodela, que habia valerosos hombres diestros y -animosos, donde se hacia mucha mencion de Carranza, aunque hubo quien -daba la ventaja á don Luis Pacheco de Narvaez. Porque en la verdadera -filosofía y matemática de este arte, y en la demostracion para la -ejecucion de las heridas, excede á los pasados y presentes. En estos -y otros ejercicios loables se pasa la vida en Lombardía, aunque yo -traia siempre tan quebrada la salud, por causa de las muchas humedades, -que determiné volverme á España despues de haber visto á Venecia, y -hubo buena ocasion, porque entonces iba la infantería y caballería -del Estado de Milan á recibir á la señora Emperatriz á tierra de -los venecianos, para traerla á embarcar á Génova. Salió aquella -gallardísima gente del Estado hasta llegar á Crema, donde recibieron -á la Cesárea Magestad como á tan gran señora se debia. En llegando -allí para proseguir mi intento, pasé de la otra parte del rio en la -cabalgadura que hasta allí habia traido de balde, diciéndole al mozo -de mulas que yo le pagaria el resto del camino hasta llegar á Venecia; -pero él lo hizo tan bien, que en la primera posada me dejó plantado -sin hablar palabra, que era un pueblecillo pequeño, donde no hallé -cabalgadura, ni aun persona que me respondiese palabra buena, por ser -español, y por ir en traje de soldado: de manera que ni la humildad, ni -el término apacible, ni la paciencia, me aprovecharon para dejar de ir -á pié y sin compañía, por tierra no conocida, y madrastra de españoles. -Iba caminando por unos llanos, y aun de mala gana me decian si erraba -el camino. Y habiendo andado todo el dia bien desconsolado, sin saber -dónde habia de ir á parar, ya que se ponia el sol, ví venir atravesando -el camino un caballero con un halcon en la mano, y como me vió, paróse -en el camino hasta que pudiese emparejar con él, que estuve buen rato, -porque iba despeado, tanto como triste y afligido. En llegando á él, -mostrando alguna compasion, me preguntó si era soldado, respondíle que -sí, y díjome que estaba lejos de allí el alojamiento donde yo podia -llegar aquella noche; que le siguiese hasta una casería suya, donde -me albergaria hasta la mañana. Seguíle, aunque con alguna sospecha, -pero acordándome que la gente principal siempre es acompañada de buen -término, verdad y misericordia, quitóseme el recelo que podia tener con -otra compañía. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO VI. - - -Entramos por unos jardines muy grandes que estaban cerca de su casería, -aunque mal cultivados y llenos de yerba que la misma naturaleza -criaba acaso, llegamos á la casería, donde salieron á recibirle unos -criados llenos de silencio y melancolía. Entramos en una casa, aunque -de grande edificio, muy desordenada de cosa que pudiese dar gusto, -sino con unas colgaduras negras y viejas, los sirvientes mustios, -mudos y callados, y todo lo de la casa lleno de luto y tristeza. Yo -estaba suspenso y embelesado de ver un aplauso tan lleno de horror -y desconsuelo, y no seguro, sino sospechoso de algun daño mio. El -caballero tenia un semblante de hombre que traia quebradas las alas -del corazon, y no mandaba cosa á los criados de palabra, sino con solo -el semblante, aunque furioso, macilento. Llamóme á cenar, de que yo -tenia muy gentil gana; como dije, estaba algo sospechoso, por mi poca -suerte, de alguna novedad. Cené con tanto silencio como el caballero -que estaba frontero de mí, que nunca más bien me supo el callar, -porque saqué el vientre de mal año á costa de la suspension con que -el caballero cenó. Yo no osaba preguntarle cosa, porque el verdadero -camino para conservarse los hombres es transformarse en el humor de -aquellos con quien tratan, y como no podemos saber los secretos del -corazon ageno, habemos de aguardar á que por alguna parte rompa el -silencio; que es yerro escudriñar las cosas de que no nos dan parte, -especialmente con personas poderosas, cuya voluntad se gobierna con -el poder y el apetito. Al fin acabada la cena, y echados de allí los -criados, con una voz baja, que parecia salirle de las entrañas, me -dijo de esta manera: ¡Dichosos aquellos que nacen sin obligaciones, -porque pasarán con suerte mala ó buena, sin darles cuidado mirar por -las agenas y desvelarse en pensar qué dirán de la suya! El pobre -soldado en cumpliendo con hacer lo que le toca se va á descansar á su -lecho. El oficial y todos los demás de este género en habiendo acabado -su ministerio hallan descanso en la ociosidad. Mas ¡ay de aquel que -mirado de muchos ojos, respetado de muchas gentes, rendido al parecer -de muchos juicios, sujeto al murmurar de muchas lenguas, no puede -acudir á la sombra de sus obligaciones! Yo he querido, señor soldado, -descansar con vos en daros parte de mis lamentables desdichas, no -porque me faltara con quien descansar, sino porque las desventuras -no se han de comunicar con testigos tan cercanos que cada dia puedan -renovarlas. Que hace mal pecho y cria mala intencion representarse á -los ojos el testigo de los daños propios. Y asegúroos que ninguno de -estos sirvientes sabe la causa de mis infelicidades, que aunque los -veis andar tan amedrentados, no saben más de lo que leen en el sobre -escrito de mi rostro. Yo soy un caballero que tengo algunos vasallos -y hacienda para poder pasar y vivir con descanso, si la hacienda lo -puede dar, con las obligaciones que trae consigo: nací inclinado, no -á las córtes ni bullicio popular, que culpa la vida y entretiene el -tiempo, sino á la soledad, usando ejercicios del campo, como es la -agricultura, huertas y jardines, pesca y caza de montería y volatería, -en que he gastado algunos años y toda mi renta con mucho gusto, y -algunas buenas obras usadas con caminantes. Pasé mucha parte de mi -juventud sin matrimonio, teniéndolo por pesada carga y ocupacion -excesiva para la ejecucion de mis ejercicios; pero como las mudanzas en -el mundo son forzosas, y el cielo tiene dispuestas nuestras vidas con -diversos accidentes, de bien en mal, y de mal en peor, ó al contrario; -sucedió un dia que yendo á caza con un halcon en una mano y un corazon -en otra para cebarlo, me arrebataron el mio de improviso, dejándome en -él una idea que ni se ha borrado, ni se borrará para siempre jamás. Fué -de esta manera, que pasando á la vista de Crema salió por un callejon -de unas huertas uno de los más bellos rostros, y de mayor magestad que -en persona mortal jamás se ha visto: quise seguirla, y al mismo punto -se tornó á encerrar en las huertas. Yo admirado de tan extraordinaria y -no vista belleza, informéme con gran cuidado de su estado, nacimiento y -bondad, y despues de averiguado todo, hallé que era doncella honesta, -hija de muy humildes padres. Parecióme que no seria dificultoso el -rendirla á fuerza de presentes, promesas y dádivas, que suelen rendir á -las peñas más encumbradas. Visitéla por medio de algunas señoras, que -no rehusan de usar de este ministerio para acudir á hacer amistades á -quien las obliga con regalos. Íbanse en una carroza en achaque de ver -las huertas, y con darle muchas baterías, nunca pudieron darle asalto á -la fuerza de su honesta castidad. Vine á extremo que no pudiendo sufrir -la violencia de mi estrella me fuí en la carroza con las dueñas, -en su mismo traje, que en las barbas, habia poca diferencia de mí á -ellas, por ser mozo y lampiño, y fué para acabarme de matar. Porque -en viéndome en la compañía de ellas y cerca de su persona, de nuevo -me abrasé con el encanto de sus dulcísimas palabras, pronunciadas en -mi favor, en que dijo: Quien trae tal dueña consigo, tan apacible y -hermosa, otras fuerzas sabrán conquistar de más excelencia que esta -triste y humilde sabandija. Estas palabras, y ver en aquel pobre -traje tanta limpieza y aseo, tanta gallardía acompañada de vergonzosa -gravedad, con esta tan honrada resistencia, con otras mil cosas que -en ella resplandecian, me forzaron á acudir al último remedio, que -fué pedirla para mi esposa, y para atajar discursos de historia tan -lamentable, recibíla por mi mujer, y recogíme con ella á esta casería, -donde viví con ella con tanto amor y gusto de su parte y de la mia, que -no sufria una hora de division. - -El dia que iba á cazar, á la vuelta la hallaba llorosa, y con unas -ansias y desconsuelos que me regalaba el alma, y me obligaban de nuevo -á quererla como cosa divina: seis años que pasé en este gusto, bien -pudieran ser envidiados de todos los pasados y presentes; que fueron -tales, que solo un desagradecimiento de un pecho bajo y mal nacido -pudiera atajar tan bien fundados principios. Estaba cerca de aquí un -hombrecico, aunque sin calidad, de buenas partes, no consumadas, sino -apuntadas, porque sabia un poco de música, y otro poco de poesía: -preciábase de ser hombre de hecho, y en el pueblo donde vivia no -era estimado, ni hacian caso de su persona. Trújele para guarda de -la mia, y para comunicacion de algunos ratos desocupados en que me -hacia compañía. Adornéle de vestidos, dábale mi mesa, era el segundo -poseedor de mi hacienda, y en resolucion levantéle del polvo de la -tierra á ser hombre principal, igual con mi persona: antes y despues -de descansado, siempre que yo iba á caza iba en un rocin conmigo, y si -se cansaba, tornábase á la casería; esto era despues de cansado, en el -cual tiempo él tenia lugar de hablar con mi esposa, de que yo jamás -tuve sospecha, porque él era un hombre pequeño de cuerpo, falto de -facciones, dientes anchos, manos gruesas, falto de virtudes morales, -inclinado á la detraccion y cizaña; aunque despues no le dejaba -volverse de la caza hasta que yo tornase, más por cumplir con el mundo -que por mala satisfaccion que de él tuviese. Despues de esta privacion, -aparecíase todas las noches que yo venia una fantasma en los jardines -que alborotaba los perros y espantaba á los criados. Yo, aunque venia -cansado, levantábame á mirar todos los rincones de los jardines antes -de volver á mi cama, por si topaba la fantasma. Y en saliendo de mi -cama, mi esposa se encerraba por de dentro. Duró esta fantasma muchos -dias y algunos meses, pero notaba que los pocos dias que me dejaba -en la caza no habia fantasma á la noche, ni yo podia imaginar dónde -se recogia, hasta que una noche, habiendo venido de cazar, le dije -á un criado que se estuviese á la puerta del jardin, y tuviese gran -cuenta con aquella vision. Encerréme en mi aposento con mi esposa, -esperando si tornaba como las demás noches, cuando comenzaron los -perros á hacerse pedazos ladrando, porque la fantasma era tan grande -que llegaba á la ventana y tejados: levantéme con toda la priesa que -pude, y encontrando al criado que habia dejado á la puerta del jardin, -me dijo: No se canse vuesa merced, que la fantasma es Cornelio, su gran -privado, que hace este embeleco porque mientras vuesa merced sale, él -está con mi señora haciendo traicion á vuesa merced; el cómo, y por -dónde entra yo no lo sé, si no es que algun demonio le ayude; pero sé -que es verdad, y há muchos dias que pasa. Fué tan encendido el furor -que se me esparció por las entrañas, que arrebatándole por el cuello -del jubon le dí de puñaladas, diciéndole: Porque no lo digais á otro, -y porque á mí me lo decís despues de hecho; echéle en una bodeguilla, -y cerré la puerta con la llave maestra de la casa y del jardin, y -sosegándome contra mi condicion, abrasado el pecho y las entrañas de -celos y deshonra fuíme paso entre paso para llegar más quieto: llamé á -la puerta donde estaba mi esposa, y mostrando mucho temor, preguntó si -era yo la fantasma; al fin en conociéndome abrió la puerta, y viéndome -mudado el color, que por más que disimulé me lo conoció, me dijo: Señor -mio, ¿qué mudanza de rostro es esa? Maldiga Dios la fantasma y quien -la inventó, que tan inquieto os trae y me trae. Disimulé lo mejor que -pude, diciendo que era nada, y acostándome en mi cama, ella con sus -acostumbradas caricias procuró aquietarme, con que yo puse en duda su -daño y el mio. Dormí poco y mal con la batalla sangrienta que traia -en mi pecho. Levantéme en siendo de dia, llamé los criados de caza, -y á Cornelio, con el mejor semblante que pude; fuimos al campo, y en -todo el dia no hallé cosa de volatería para las aves, ni caza para los -perros. Túvelo por mal agüero, y allá á la tarde el traidor de Cornelio -fingióse malo, por tornarse á la casería; enviéle, y mandéle que dijese -á mi esposa que tenia una garza echada tres leguas de allí, y no podia -aquella noche irla á acompañar; pero que en amaneciendo habia de dar -sobre la garza. Él fué muy contento con este recado, y yo quedé con -una grande máquina de pensamientos sobre la determinacion que habia de -tomar. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO VII. - - -Siendo ya bien tarde, que queria anochecer, envié los criados á parar -la garza, y siendo de noche, víneme con todo el silencio que pude á -la casería, y entrando por una puerta falsa del jardin con la llave -maestra, fuíme derecho al aposento de Cornelio, y abriéndolo, no lo -hallé dentro, sino el aposento con luz encendida. Tomé la luz, y fuí -por una sala que estaba pegada á su aposento, buscándole si parecia por -allí: anduve toda la sala, y fuí al remate de ella, que iba á dar á -otra sala baja en cuyo alto estaba la estancia mia y de mi esposa: ví -una escalera arrimada á la pared que llegaba hasta mi estancia, y en -el remate de la escalera abierto un boqueron por donde cabia un hombre -muy bien, que estaba tapado con un lienzo del Ticiano, del adulterio -de Venus y Marte. Hasta entonces no habia creido mi daño. Aparté la -escalera de allí con intencion que no tuviese por donde bajar, y como -un trueno acudí á mi estancia, y llamando para cogerlos descuidados, -mi esposa me vino á abrir la puerta, y él fué muy de priesa á poner -los piés en la escalera, y poniéndolos en el aire, dió con su persona -abajo, quebrándose ambas piernas por las rodillas. Torné á cerrar la -puerta de mi estancia, y fuí á recibir al caido, que iba arrastrando -con las manos como toro español desjarretadas las piernas, y díjele: -Ah traidor, ingrato á los bienes recibidos, este es el pago que llevan -los falsos desconocidos; y arrimándolo á un madero de la escalera, -despues de haberle dado muchas puñaladas, le dí garrote, y con la misma -furia subiendo á dar de puñaladas á mi esposa, se me cayó la daga de -las manos, y todas cuantas veces intenté hacerlo me hallé incapaz de -mover el brazo para herir aquel cuerpo que tan superior habia sido -á mis fuerzas. Al fin bajéla abajo, y poniéndola junto á su amante, -ya que no pude hacerla otro daño, maniatéla de piés y manos, y á él -saquéle el corazon, y púselo entre los dos para que ella viese todos -los dias el corazon donde tan á su gusto habia vivido. Y al otro criado -muerto lo traje arrastrando, y le dije: Veis aquí el testigo de vuestro -delito. Torné á quererla matar, y se me tornaron á desjarretar los -brazos, y al fin determiné de matarla con hambre y sed, dándole cada -dia media libra de pan, y muy poca agua. Hoy hace quince dias que no -ha visto luz, ni oido palabra de mi boca, ni ella me la ha hablado, -con darle yo esa miseria con mis propias manos. Y á mí no me parecen -quince dias, sino quince mil años, y en cada dia he pasado quince mil -muertes. Este es el miserable estado en que me hallo, desamparado de -todo aquello que me puede dar consuelo, y tan rematado, que quisiera -que Dios me hubiera hecho un hombre desechado del mundo, desnudo de -obligaciones, para irme donde jamás hubiesen habitado gentes. Y pues os -he hecho y dado parte de lo que nadie sabrá de mi boca, tambien quiero -que veais por vuestros ojos lo que tiene tan sin luz á los mios, y tan -sin esperanza de volverla á ver. Y tomando una vela con un candelero -me dijo que le siguiese, y pasando por un pedazo de jardin, abrió la -puerta donde estaban encerradas todas sus desdichas. Representóseme -luego uno de los más horrendos espectáculos que los ojos humanos han -visto. Un hombre arrastrado con muchas puñaladas en el cuerpo, otro -despedazado, por el costado abierto, y el corazon puesto en un escalon, -junto á uno de los más bellos rostros que naturaleza ha criado. Y para -mayor ocasion de dolor sucedió, que en abriendo la puerta se entraron -tras él algunos perros, que en viendo á la desdichada de su esposa -llegaron á lamerle las manos y rostro, y hacerle tantas caricias que -á mí se me enternecieron los ojos y al marido las entrañas y el alma. -Viendo la ocasion de su terneza, le dije: Señor, yo no os he hablado -palabra, ni replicado cosa que me habeis dicho, por no haber visto -en vuestra pasion puerta abierta, ni por haberme vos dado licencia. -Pues ahora, dijo el caballero, os la doy para que digais todo cuanto -os pareciere. Y desechado todo el temor por su terneza, le dije estas -palabras: Vos, señor, me habeis confesado que la primera idea que -se os entró en el alma del amor de vuestra esposa, ni se ha borrado -ni se borrará para siempre jamás. Tambien me habeis dicho que este -negocio, falso ó verdadero, nadie lo ha sabido sino estos dos que ya -no pueden publicarlo, y la honra ó infamia de los hombres no consiste -en lo que ellos saben de sí propios, sino en lo que el vulgo sabe y -dice; porque si lo que los hombres saben de sí mismos entendiesen que -lo sabe el mundo como ellos lo saben, muchos ó todos se irian adonde -gentes no los viesen. Vos habeis atajado con la muerte de estos lo -que se podria decir. Teneis á vuestra esposa viva, y quizás sin culpa, -pues en cuantas veces la habeis querido matar no habeis podido. No os -digo más sino que mireis la terneza que han causado las caricias y -blandura que estos perros están usando con ella. Antes que el marido -respondiese palabra, ella alentándose, y sacando una voz cansada del -profundo pecho, como si saliera de algun sepulcro, dijo: Señor soldado, -no gasteis palabras en vano, porque ni yo estoy para vivir, ni por -cuanto cubre el sol querria tornar á ver su luz. Pero por si alguna vez -espantado de tan horrible caso os viniere á la memoria el referirlo, -sepais la verdad, porque ni condeneis la crueldad de mi esposo, ni -divulgueis la infamia que yo merezco. Estos dos hombres han merecido -justamente las muertes recibidas. Aquel arrastrado, porque dijo lo que -no vió, ni pudo ver. Y este despedazado no por lo que hizo, sino por -lo que intentó hacer como traidor, desagradecido al mucho bien que mi -esposo y señor le habia hecho, que procedió con tantas diligencias -que yo entendí que tenia pacto con algun demonio, porque le veia en -mi propia estancia sin saber por dónde habia entrado, mas de que lo -ví salir por debajo de una tabla de pintura, y preguntándole qué -queria, me respondia: que venia á entretenerme por la ausencia de mi -esposo y señor. Yo no le dije palabra mala por sus pretensiones: lo -uno, porque yo jamás la he dicho á nadie; lo otro, porque despues que -vió mi entereza no dijo más palabra deshonesta. Y, si me culpare mi -esposo y señor porque no le avisé de ello, diré que aun viéndole con -enojos muy livianos me despulsaba hasta verle fuera de ellos, cuanto -más decirle una cosa que tan al alma le habia de llegar, y no tenia -reino, ni imperio el mundo por quien yo manchase mi honra y el lecho de -mi esposo y señor: y por la piedad que en vos he conocido, y por la -verdad que os he dicho, os suplico que le rogueis que no me alargue la -vida, sino que me abrevie la muerte, para que vaya presto á presentar -este martirio en la presencia de Dios. - -Desde el punto que comenzó á hablar la desdichada, tanto como hermosa, -fueron tantas las lágrimas que derramó el marido, que viendo la -ocasion, le dije: ¿Qué os parece de esto, señor caballero? Á lo cual -sollozando me respondió: Que de la misma manera que os dí licencia -para hablar, os la doy para que hagais lo que os pareciere que me -está bien. Al punto cogí mi daga y corté las ligaduras de aquellos -hermosos, aunque debilitados miembros, que lo estaban tanto, que sin -poder tenerse, se cayó sobre mi pecho, y despues se asentó en el suelo, -como á descansar del gran martirio que habia pasado. El marido se -arrojó de rodillas ante ella, y besándole las manos y piés le dijo: -Esposa y señora mia, pues no tengo que perdonaros, os pido perdon con -toda humildad del mundo. No pudo responder, porque con el descanso le -dió un desmayo, tal que yo entendí que quedaba muerta, y levantándose -el marido con mucha priesa, trujo muchas cosas confortativas, con que -la que habia quedado como azucena volvió en un instante á estar como -una rosa, que abriendo unos suavísimos ojos zarcos y verdes, dijo al -marido: ¿Por qué, señor mio, me habeis querido tornar á esta desdichada -vida? Porque no se acabase la mia, respondió él; y cogiéndola entre los -dos la llevamos á su estancia, donde fueron tan grandes los regalos y -beneficios que se le hicieron, que al fin la reservaron de la muerte. -De todo esto que aquella noche pasó, ningun criado fué testigo. Á la -mañana le pedí licencia para irme, para seguir mi viaje; no me dejó -ir en veinte dias, que lo hube bien menester para el cansancio del -camino, y para el horror que habia concebido de tan triste historia -y espantoso espectáculo. Que de arrebatarse de su pasion, sin hacer -reflexion en considerar si pudiera ser falso, hizo aquellos homicidios, -y llevaba camino de acabar con la inocente é inculpable mujer, con -que viviera inquietísimo, si viviera, y ella quedára infamada de -lo que no habia cometido; que el caballero se engañase con tantas -apariencias de verdad, lastimado de la honra y de los celos, raíz de -tantos y tan exorbitantes males, no es maravilla; pero que sea tanta -la insistencia ó pertinacia de un pecho doblado y lleno de cautelas, -que por llevar su intencion al cabo, lo que habia de gastar con -inquietud, lo gaste en estratagema, trazas y bullicios, en ofender -la honra agena, y poner en peligro su vida, cosa es que espanta, que -parecen estos hombres cautelosos hechos de diferente masa que los -otros. Mas parece que anduvo muy arrebatado en dar puñaladas al que le -dió la nueva, y que pudiera con aquella revelacion averiguar la verdad -sin precipitarse. Mas la misma naturaleza, que la razon, le llevó á -hacer aquel castigo justo por muchas causas. La primera y principal, -porque es maldad de perversa intencion, y entendimiento corrupto, y de -conciencia derramada, decir un hombre las faltas agenas de que no ha -sido testigo. Lo otro, porque dar malas nuevas á nadie de lo que le -ha de pesar, parece que es tener gusto de los males del amigo á quien -lo dice. Lo tercero, porque chismosos y congraciadores con su cizaña -tienen destruida la mitad del mundo. Hay tambien que notar aquí el gran -sufrimiento de aquella tan hermosa como agraviada mujer, que cuantos -golpes le dió la fortuna, viéndose ya á la puerta de la muerte, ni -perdió la paciencia á sus desdichas, ni el respeto á su marido. Ojalá -todas supiesen cuánto les importa saber tenerla para conservar la paz -de su casa y el amor de sus maridos; que les parece que es menos honra -no dar tantas voces como ellos siendo más poderosos. Yo habia quedado -tan escandalizado y sin gusto de lo que habia oido y visto, que aunque -me rogaron encarecidísimamente que me quedase allí por toda la vida, ó -por algun tiempo, no pudo acabarse conmigo; pero neguéselo dándoles á -entender que iba muy contento de la obligacion en que me habia echado, -loando mucho al caballero el valor que habia mostrado en reparar su -honra, y á ella la entereza y conservacion de su reputacion. Dentro de -los dias que allí estuve eché de ver la razon que tenia el marido de -estar muy enamorado de aquel apacible y divino semblante, tan lleno -de gravedad honesta, que cierto en la hermosura del rostro, gallardía -del cuerpo, mansedumbre de condicion y suavidad de costumbres, era -un retrato de doña Antonia de Calatayud. Yo para asegurarme del todo -del temor que pudiera haber concebido, y dejarlos gustosos, les dí -palabra de volver á su servicio, ó á su casa en acabando mis negocios -en Venecia, y con esta condicion me dejaron ir, que como yo tenia -algun temor de algun daño de su parte, ellos lo tenian de mí porque -no revelase lo que habia visto; que todo este artificio han menester -los que son testigos de daños agenos, y no les ha de parecer que son -señores de las personas cuyos secretos saben. Que se ven grandes daños -y se han visto en esta máquina sobre las personas que han revelado -secretos. Al fin yo me despedí de ellos con mucho beneplácito suyo, y -regalo que me hicieron. Cogí mi camino encomendándome á Dios, espantado -de tan nuevo suceso, y lleno de tantas desdichas; pero muy contento de -verme libre de tan intrincado laberinto, y loando mucho en mí la honra -y estimacion de las mujeres italianas principales, y el recato con que -se guardan y las guardan. Habíame apartado ya cosa de una milla de los -jardines, volviendo atrás muchas veces la cabeza hasta que los perdí -de vista, que me pareció que estaba ya cien leguas de ellos; cuando ví -venir dos hombres á caballo á toda priesa hácia mí; miré si en todo -aquel llano habia alguna poblacion ó casa adonde recogerme y ampararme, -y víme tan solo, que no pude tener recurso para huir, porque yo entendí -realmente que ellos se habian arrepentido en dejarme venir, habiendo -sido testigo de todo lo pasado. Yo comencé á llamar á Dios en mi favor, -porque cuanto más andaban los caballos más crecia mi temor. Al fin ya -que llegaron cerca de mí, parecióme esperar su determinacion. Llegaron -con el peor término del mundo, y dijeron: Téngase, señor soldado. Yo -respondí: Tenido soy para lo que vuesas mercedes mandaren. - -Eran dos hombres con dos escopetas, y unos cuchillazos de monte con que -desollaban los animales; las caras tostadas, las palabras desapacibles, -como dichas á español que iba solo, y á pié. Porque preguntándoles qué -era lo que mandaban, respondieron con el peor modo del mundo: No le -mandamos nada, que atrás viene quien se lo mandará; con que me hicieron -temblar y confirmar mi temor. Pero señores, les dije, ¿qué ofensa hice -yo al señor Aurelio, para que de este modo me traten? Él se lo dirá, -respondieron. Yo dije: Déjenme seguir mi camino, señores. Y dijo el -uno: Estése quedo, sino arrojaréle dos balas en el cuerpo. Yo eché -de ver que no se podian llevar por humildad, y hice una cuenta entre -mí: si estos vienen á matarme poco ha de aprovecharme la humildad, -porque aquí no hay segundo lance para la disimulacion; y si no vienen -á matarme, no quiero que me tengan por cobarde. Y así en diciendo -de las dos balas, poniendo mano á la espada de él, dije: Pues si me -tirare, aciérteme; sino por vida del rey de España que les tengo de -desjarretar los caballos, y hacer pedazos las personas. Bravata de -español, dijo el uno de ellos. En esto llegaba ya el caballero en un -gentil portante, y como vió la espada desenvainada, preguntando qué -era, le respondí: No sé yo en qué se puede fundar una cosa tan injusta -como querer dar la muerte á quien ha querido dar la vida. No entiendo -ese lenguage, dijo el caballero. Los criados se sangraron en salud, -diciendo: Señor, como nos enviasteis á detenerlo, que él queria pasar -adelante, entonces le amenazamos con una pistola, y él á nosotros con -decir que nos haria pedazos á nosotros y á los caballos. Á lo cual -respondió el caballero: Yo no os envié á detenerlo para hacerle mal, -sino para hacerle bien, que no me espanto que á dos hombres que yendo -á caballo, y bien puestos queriendo tratar mal á un hombre de á pié, -solo y honrado, se les atreva á eso y á mucho más. Apeaos vos del -caballo, y dadle esa escopeta al soldado español, y suba en el caballo, -y acompañadle hasta Venecia; y si os enviare luego, volveos, y sino -esperadle, y díjome á mí: Señor soldado, la confusion, causada por mis -trabajos, hizo que me descuidase de mi obligacion, y mi esposa con su -angélica condicion, enamorada de vuestra piedad y olvidada de mi rigor, -os envia en esta bolsita cien escudos para vuestro camino, y esta joya -de su misma persona, que es una cruz de oro, esmeraldas y rubíes; y -queda con esperanza de tornar á ver quien reparó tanto derramamiento de -sangre. Arrojéme á sus piés, agradeciéndole tanto bien y honra, y subí -en mi caballo, llevado por el mozo de mulas que me habia querido matar. -Llegué á Venecia tan rico, á mi parecer, que la podia comprar toda. -Díjele á mi mozo de mulas que me llevase á una muy gentil posada, como -práctico en la ciudad, y entrando en ella, no ví la hora de echarlo de -mí, porque yo lo traia de tan buena gana conmigo como él venia: reposé -aquella noche, y á la mañana despedílo. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO VIII. - - -Miré con grande admiracion la grandeza de aquella república, que siendo -tan rica y de tanta estimacion, que se persuaden á que tienen más razon -de desvanecerse que todas las naciones del mundo, no lo parecen en el -trato de sus personas, porque andan tan desautorizados, que quien no -los conociere, no los estimará en lo que son. Y para la vanidad suya -pasó un cuento gracioso entre un noble veneciano y un portugués, gente -idólatra de sí propia, que no estima en nada el resto del mundo; y -fué, que yendo yo á pasar por una puentecilla pequeña, que llaman del -Bragadin, me detuve, porque venia un magnífico detrás de mí; túvele -respeto, porque ellos quieren que se le tengan; y de la otra parte -de la puente venia un portugués, de razonable talle, mirando hácia -el horizonte, con unos guantes de nutria en las manos, y unas botas -arrugadas en las piernas, muy tieso; de suerte, que llegando al medio -de la puentecilla el magnífico entendió que el portugués le hiciera -la cortesía que era de razon por estar en su tierra, y el portugués -queria lo mismo estando en el agua. Sucedió, que llegando al medio de -la puente ambos con mucha magestad chocaron; y por no caer en el agua, -el portugués apretó, y el magnífico no osó ladear; cayeron los dos, el -magnífico de espaldas, que era delgado de piernas, y el portugués de -pechos, que por poco no dieron ambos en la mar. Levantóse el portugués -de presto, limpióse el polvo con los guantes de nutria, y el magnífico -las calzas de lacre, limpiándose las espaldas; y despues de limpios -paráronse á mirar el uno al otro, y habiéndose estado un rato suspenso, -dijo el magnífico al portugués: ¿É vu sabi che mi sono veneciano, -gentil huomo patricio? Y el portugués al mismo tono respondió, ó -preguntó: ¿É vos sabedes que eu saon portugues fidalgo evorense? El -veneciano con mucho desprecio le dijo: Ande el bordel, beco cornuto. Y -el portugués, dando con el pié, le respondió: Tiraivos la, patife. Fué -cada uno su camino, volviendo el rostro atrás; el magnífico, señalando -con el dedo al portugués, diciendo con mucha risa: No va il, pazzon. Y -el portugués al mismo modo, decia: Ollay, ó parvo. De suerte, que yo no -pude averiguar cuál fué más fantástico y loco de los dos, aunque está -la presuncion por el portugués, por haberse atrevido en tierra agena, y -donde tan poco amados son los españoles; que alabando á los venecianos -su ciudad dicen, que no hay en ella calor ni frio, lodo ni polvo, -moscas, ni aun mosquitos, pulgas ni piojos, ni aun españoles. Son tan -estadistas, que para lo que aman y han menester, no hay encarecimiento -en el mundo de que no usen: y para lo que aborrecen no hay palabras tan -obscenas de que no se aprovechen. - -Llegó un noble de aquellos á comprar un poco de pescado, y con grandes -caricias y amores le preguntó el pescador, sin conocerlo, cómo estaba -su mujer é hijos; y á él le dijo que era muy hombre de bien; pero en -no queriendo darle el pescado al precio que él queria, le dijo que era -un cornudo, y su mujer una putana, y sus hijos unos bardajes. Ví otras -cosas allí muy de notar, en razon á la superioridad que les parece que -pueden tener por su antigüedad y gobierno. Fuíme á mi posada á la hora -de comer y apenas hube llegado cuando, habiendo comenzado la comida, -me dijeron que me buscaba una señora principal en una silla, diciendo: -¿Dónde está aquí un soldado español? Ví que no habia otro sino yo, -levantéme, y fuí á ver lo que me mandaba; ví salir una mujer de la -silla, de muy gentil talle y muy hermosa, y no menos bien aderezada, -que con muy grandes caricias, palabras dulces y regaladas, me dió -la bien venida, de que yo quedé dudoso y confuso, entendiendo que -realmente me hablaba por otro, y así le dije: Señora, no me hallo digno -de tan grande y autorizada visita como esta; suplícoos que advirtais -bien si soy á quien buscais. Ella respondió con alegre semblante, -echándome los brazos al cuello: Señor soldado, bien sé á quién busco, y -á quién he hallado. Yo soy la señora Camila, hermana del señor Aurelio, -de cuyas manos recibí anoche una carta, en que me manda que os hospede -y regale, no como segunda persona, sino como á la suya misma, todo el -tiempo que gustáredes estar en Venecia. Yo respondí: Bien creo que de -un tan excelente caballero me ha de venir todo el bien del mundo, y -comenzando por tan gallarda y discreta señora, habrá de suceder todo -bien. Ea, pues, dijo ella, seguidme, que aunque toda esta mañana no he -podido dar con vuestra posada dejé mandado en la mia que os tuviesen -aderezada la comida, como para tal persona. Y rehusándolo yo, por tener -ya hecho el gasto, dijo: que habia de hacer por fuerza el mandamiento -de su hermano: y así pagando lo que debia en la hostería me llevó -consigo, no dudando yo en lo que decia; pero fuí imaginando si acaso -seria traza de su hermano, para ejecutar en Venecia lo que no habia -hecho en su casería. Mas ella me llevó con tanta blandura y amor á su -casa, que se me quitó cualquiera imaginacion y sospecha. Entramos en -una sala muy bien aderezada, donde hallé puesta la mesa con muchos y -muy escogidos mantenimientos, en que me entregué tan de buena gana -como lo habia menester; porque fuera de ser muy á gusto la comida, la -partia y repartia la señora Camila con aquellas argentadas manos, no -cesando de encarecer la voluntad y fuerza con que el señor Aurelio, -su hermano, se lo habia mandado. Despues de haber comido sacó una -carta firmada de Aurelio, en que decia estas palabras: «Con cuidado -me dejó un soldado español, huésped mio, cuyas acciones descubrian -ser hombre principal; no le regalé como quisiera, si bien vuestra -hermana y mi esposa le envió al camino una bolsilla de ámbar con cien -escudos, y de su persona una cruz de oro, rubíes y esmeraldas, que no -pudo más por ahora: buscadle, dándole el hospedaje y regalos que á mi -propia persona, sin dejarle gastar cosa alguna en todo el tiempo que -estuviere en Venecia; y si hubiere de volver acá, dadle lo necesario -para el camino.» Yo, con las señas de la carta, acabé de enterarme en -creer que era verdad cuanto la señora Camila me decia, y los regalos -recibidos y los que habia de recibir eran por cuenta de aquel gran -caballero Aurelio. Díjome luego que trujese mi ropa ó maleta á su casa; -porque en todo el tiempo que estuviese en Venecia ni habia de comer ni -dormir fuera de ella, ni gastar sino á su costa. Halléme obligadísimo, -y díjele, que yo no habia traido maleta, ni otra prenda, sino á mi -persona gentil; y ella mandó á una criada que me trujese un cofrecillo -pequeño para dármele. Trújolo, que era labrado con toda la curiosidad -del mundo: dióme la llave de él, y dijo que echase allí mis papeles -y los guardase, porque en Venecia habia mucho peligro de ladrones: -holguéme de ver el cofrecillo, y encerré dentro de él mis papeles y -dineros, y la joya, que ella se holgó mucho de ver, y le dió mil besos -por haber sido de su cuñado, á quien ella dijo que queria infinito. -Eché la llave al cofrecito, y roguéle que lo guardase. Ella dijo, que -mejor estaria en mi poder, por si queria sacar dineros, aunque no los -habia menester mientras estuviese en Venecia. Yo le respondí, que para -haberlos menester ó no, mejor estaban en su poder que en el mio. Y al -fin porfiando, aunque ella lo escusó, le hice que me le guardase. Á la -noche me tuvo muy gentil cena, autorizándola con su gallarda presencia, -que realmente era muy hermosa. Pasé aquella noche muy contento, por -haber comido á costa de una tan gentil dama. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO IX. - - -En amaneciendo vino á visitarme, preguntándome cómo me habia hallado, -y si habia menester alguna cosa la pidiese con libertad, porque ella -iba á hacer una visita á una gran señora, y que si ella no tornaba -á comer sus criados y criadas me regalarian. No vino á comer, ni en -todo el dia pareció. Esperé hasta la noche: tampoco vino. No dejé de -tener alguna pesadumbre, dando y tomando en si podia por algun camino -ser traza ó cautela; porque ella me habia dicho que en Venecia no me -fiase de ninguna mujer, por principal que me pareciese, porque me -habian de engañar; pero considerando que aquellas señas de aquella -carta por ningun camino podian saberlas sino del mismo Aurelio, me -sosegué. Por la mañana, como no me visitó á la hora que el dia antes, -ni mucho despues, pregunté á una sirvienta de la casa si era levantada -la señora Camila, y respondióme que no habia tal mujer en aquella casa. -Repliquéle, y tornóme á responder lo mismo. Pero otro sirviente, que -debia de estar hablado, acudió, y preguntóme que le queria, qué estaba -en cierta visita de una señora enferma. Fingí que me sosegaba con eso, -y preguntándole al otro sirviente á solas si era aquella casa suya, -me respondió que no sabia más de que habia alquilado aquella sala -para un gran caballero español. Callé, y fuíme á la primera posada á -preguntar si conocian aquella señora que me habia venido á buscar, ó -si sabian dónde vivia, y respondióme uno muy presto: Quien os podrá -decir su casa mejor que nadie es el que vino aquí con vos, que es con -quien enviasteis el caballo, porque él venia con ella mostrándole -vuestro alojamiento; y esa que vos teneis por gran señora es una ramera -que vive de hacer estafas y engaños. Sin replicar más palabras me -salí desesperado de verme despojado de mis dineros, joyas y papeles -con la bellaquería del que habia venido conmigo, que le habia dado -las señas de lo que traia, por donde fingió la carta que me mostró: -pero visto que ella misma me habia avisado del engaño que me habia de -hacer, reportéme, y fuí á ver si podia reparar el daño á la posada -donde ella me habia llevado. Y preguntándole al mozo que habia vuelto -por ella si habia venido la señora Camila, me respondió: Señor, aquí -vino ahora, y como no os halló se tornó á la enferma, pero mirad si -la quereis algo, que yo la iré á llamar. Quiérola, respondí yo, para -que me dé unos papeles en que están las señas de mi persona, porque -tengo aquí una póliza de doscientos escudos que cobrar de un cambio, y -sin este papel que digo no se pueden cobrar. Dijo el sirviente: Pues -yo iré en un instante á avisarle de eso. Mientras él iba yo fingí la -póliza con las señas que en el pasaporte que traia de Milan venian. -Apenas acabé de escribir la póliza, cuando vino mi señora doña Camila -desalada, pensando coger los doscientos escudos con todos los demás: -y es de creer que habria visto ya papel de las señas él, pues estaba -en su poder, y tendria otra llave del cofrecito. Díjole mi recado, y -saqué la póliza del seno, y en mostrándosela envió á una criada por el -cofrecillo; torné de muerto á vivo, y díjele á la señora que me buscase -un caballero á quien diese poder para cobrar aquella póliza, porque no -queria que el embajador de España me la viese, porque me conocia. Ella -me trujo luego un rufianazo suyo, muy bien puesto, diciendo que era un -caballero muy principal. Díjele que trujese un escribano para darle el -poder; y la señora Camila, por más favorecerme, dijo que queria que -fuese de su mano. Fueron por él, y entretanto yo cogí mi cofrecillo, -y fuí á buscar un barco en que acogerme. Dejélo concertado, y volví á -la posada, donde hallé á la señora, y al rufo, y al escribano; díles -el poder y la póliza, y el papel de las señas, con que quedaron muy -contentos, y yo mucho más: y porque ya era de noche, les supliqué que -se cobrasen muy de mañana aquellos doscientos escudos, porque queria -hacer un gran servicio á la señora Camila. Fuí á pagar al escribano, y -no me lo consintió. Fuéronse, y yo torné á suplicarles que fuese luego -por la mañana la cobranza con mucho encarecimiento: diéronme la palabra -que á las ocho estaria cobrado. - -Al salir de la calle asoméme, para en saliendo ellos salir tambien -yo. Volvió el gayan la cabeza, riéndose de la burla que me hacia, -y como me vieron, torné de nuevo á encomendarles la brevedad de la -cobranza, de que ellos se rieron mucho, porque como antes le habia -dado el cofrecillo con sencillez, creyeron que todo fuera así. En -trasponiendo la calle cogí mi cofrecillo debajo de la capa, y fuíme á -mi embarcacion; no habia andado treinta pasos cuando me encontró aquel -sirviente que andaba en favor de la señora Camila, y preguntándome -que á dónde iba con tal priesa, respondíle que iba á llevar aquel -cofrecillo á la señora, que se acababa de apartar de mí por aquella -calle abajo; y señaléle una calle por donde, aunque anduviera toda -la noche, no toparia con ella. Dijo: Pues yo iré á avisarla de ello, -vuélvase á la posada. Él fué por su calle, y yo derecho al barco -que me estaba aguardando, con tan buenos alientos, que amanecimos -treinta leguas de Venecia, y contando á los pasajeros algo de lo que -me habia pasado, dieron en quién podia ser por el modo del engaño y -el artificio de que usó; pero cuando supieron que habia gastado en -regalarme su dinero, holgaron de saberlo para publicarlo en Venecia. -No supe si echaria la culpa á mi facilidad en creer, ó la fuerza -de su engaño en decir, porque aunque es verdad que es dificultoso -librarse de una cautela engendrada de una verdad clara y evidente, con -todo eso arguye liviandad el arrojarse luego á creerla; pero es tan -poderoso el embeleco de una mujer hermosa y bien hablada, que con menos -circunstancias me pudiera engañar. La facilidad en creer es de pechos -sencillos, pero sin experiencia, especialmente si la persuasion va -encaminada á provecho nuestro, que en tal caso fácilmente nos dejamos -engañar. Yo me ví rematado y perdido, no sintiendo tanto el agravio -de la persona como la falta del dinero, que tanta me habia de hacer; -y así no fué el ingenio quien me dió la traza, sino la necesidad, por -verme pobre y en tierra agena, y que ningun camino lícito y fácil -podia deshacer mi agravio, sino por otro engaño semejante ó peor. Mas -Dios me libre de una mentira con tantas apariencias de verdad, que es -menester ayuda del cielo para conocerla, y no rendirse á darle crédito. -Aunque mirándolo bien, ¿qué conocimiento, ó qué prendas de amistad ó -amor habian precedido entre aquella mujer y yo para que tan fácilmente -gastase conmigo su hacienda, y para que yo me persuadiese á que habia -sencillez en aquel trato? La resolucion de esto es que yo tengo por -sospechosos ofrecimientos y caricias de gente no conocida. Y es yerro -sujetarse á obligaciones cuyo principio no tiene fundamento; y así es -lo más cierto en semejantes ofrecimientos agradecer sin aceptar, que -el mayor contrario que un engaño tiene es no rechazarlo con darlo á -entender, sino en entendiéndolo, echarlo á buena parte, que el trato -apacible señorea todo lo que quiere. Y dos cosas hallo que grangean -la voluntad general y encubren las faltas de quien las usa, que son -cortesía y liberalidad, que ser un hombre pródigo de buenas cortesías -y palabras amorosas, y no miserable de su hacienda, siempre engendra -buena sangre y mucho amor en los que le tratan. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO X. - - -Yo no me arrojé tanto á la navegacion por saber qué viaje habia de -llevar, como por huir de aquella embustera y su traga sangre: y así me -fué forzoso alargar mi viaje más de lo que convenia para disponer mi -camino para donde mejor me estuviera. Topéme entre los pasajeros uno -que dijo que iba huyendo porque le habian levantado un testimonio muy -pesado, y que habia puesto agua en medio en tanto que ó se averiguaba -la verdad, ó se deshacia el mal nombre que habia cobrado. Tengo, le -dije, por yerro notable volver el rostro y dejar las espaldas que -reciban los agravios y heridas, cuyos golpes han de dejar cardenales -irreparables. Que en tanto que parece la presencia del agraviado, cada -uno quiere más poner duda en el caso, que no arrojarse á manchar la -reputacion ajena. Y para la averiguacion de los delitos, el mayor y más -evidente testigo es huir el rostro. En poco estima su opinion quien no -teme las heridas de la lengua ausente. No hay hombre tan ajustado que -no tenga algun émulo, y por no dar lugar á las asechanzas de este no -se ha de apartar de su vista, que los mal intencionados de cualquiera -átomo toman ocasion para emponzoñar las intenciones del mundo, contra -quien desean ver fuera de él. Con estas y otras cosas que le dije le -persuadí á que se volviese á Venecia, que me importó algo; porque -desembarcando en el primer pueblo que vimos, por ir costeando, me hallé -cerca de Lombardía, de donde yo tomé la derrota de Génova, y él la -de Venecia, que por el buen consejo dejé de rodear más de doscientas -leguas que hay por agua desde Venecia á Génova, adonde pensé hallar á -D. Fernando de Toledo, el tio; pero habiendo pasado adelante, me dí -aquella noche, aunque borrascosa, tan buena priesa, que le alcancé en -Saona al tiempo que se queria partir. Fuí recibido alegremente, que lo -habia muy bien menester por la melancolía que traia conmigo, nacida -de una perpétua enfermedad de corrimientos, que siempre me han traido -corrido, á las partes hipocondríacas. Venimos la vuelta de España, -dejando á la mano derecha la costa del Piamonte y Francia, poco seguro -entonces por las compañías que andaban de gente perdida, gobernada -por su antojo y voluntad, fuera de la de su rey. No tomábamos puerto -para lo necesario sino en las riberas que más cómodas parecian para -asentar el rancho, dejando á buen recaudo once falúas en que veníamos. -Comíamos, y buscábamos agua y leña. - -Yo habia sacado de Génova una bota de diez azumbres de muy gentil vino -griego, que me hizo gran compañía y amistad hasta llegar á las pomas -de Marsella, que son unos montones muy altos y pelados, sin yerba, -ni cosa verde, estériles de árboles, y de todo lo demás que puede -dar gusto á la vista. Pues llegando á este paso, porque no fuese sin -trabajo la jornada, siendo mi falúa la postrera, encalló muy cerca -de estas pomas, en una que del batidero de las olas tenia hecho un -poyo ó bancal bien largo. Así como encalló dijo el arraez: Perdidos -somos. Yo como sabia nadar, y ví cerca donde podia ampararme, quitéme, -y arrojé una saltambarca que traia, y púseme al cuello como tahalí la -bota, que ya llevaba poca substancia, y á cuatro ó seis brazas llegué -al poyo de la poma; entretanto desencalló la falúa, y fuéronse los -marineros no haciendo más caso de mí que de un atún: y aunque les dí -voces, ó no las oyeron por el ruido de las olas, ó no las quisieron -oir por no ir contra su natural costumbre, que es ser impíos, sin amor -y cortesía, tan fuera de lo que es humanidad como bestias marinas -agenas de caridad. Yo me hallé perdido y sin esperanza de consuelo, -sino era de Dios y del ángel bendito de la guarda; considerando qué -habia de ser de mí sino era que acaso pasaba por allí algun bajel ó -barco que me socorriera en tan apretada necesidad. Estuve desde las -ocho de la mañana hasta las dos de la tarde esperando si pasaba quien -me pudiera socorrer, teniendo confianza que aquel gran caballero se -habia de compadecer de mi trabajo; pero los marineros fueron tan -crueles bestias que le dijeron que me habia ahogado. Yo de cuando en -cuando me alentaba con mi bota, hasta tomar determinacion en lo que -habia de hacer. Resolvíme de entregarme á la tiranía del mar, bestia -insaciable y fiera cruel, y para esto desnudéme de un coleto de muy -gentil cordoban, y con la punta de la daga, y dos docenas de agujetas -que traigo siempre que camino, cogílo por la delantera, falda, brahones -y cuello tan estrechamente, que pude hincharlo sin que el viento se -saliese. Vacié la bota del santo licor que habia quedado, y hinchándola -muy bien, hizo contrapeso al coleto. Hice la misma diligencia con -las botas enceradas, que asidas de las ligas, ayudaban tambien á -sustentar. Descalcéme los valones, porque el agua se habia de colar -por las faltriqueras, y quedéme con solo el jubon y camisa, porque -siendo de gamuza no se rendiria tan presto á la humedad. Y puesto de -esta manera, y acordándome que los caminos guiados por Dios son los -acertados, le dije de esta manera: Inmenso Dios, principio, medio y -fin sin fin de todas las cosas visibles é invisibles, en cuya magestad -viven y se conservan los ángeles y los hombres, universal fabricador -de cielos y elementos, á tí que tantas maravillas has usado en este -con tus criaturas, y que al bienaventurado Raymundo, estribando en -solo su manto, por tantas leguas de agua guiaste á salvamento, y en -este mismo lugar á los marineros que se iban tragando las indomables -olas, con solo un ruego de tu siervo Francisco de Paula, aquietándolas, -libraste de la muerte que ya tenian tragada: por el nacimiento, muerte -y resurreccion de tu sacrificado Hijo, Redentor nuestro, te suplico que -no permitas que yo muera fuera de mi elemento. Y luego dije al santo -ángel de mi guarda: Ángel mio, á quien Dios puso para guarda de este -cuerpo y alma, suplícote por el que te crió y me crió, que me guies y -ampares en este trabajo. Y dichas estas palabras, y asido muy bien de -mi barco, me arrojé con muy gentil brazo sobre el coleto y la bota, -comenzando á usar de mis cuatro remos valerosísimamente, no de manera -que me cansase, porque como llevaba el barco de viento, iba braceando -poco á poco de modo que no se rindiese la fuerza al cansancio. No osaba -imaginar en la profundidad de agua que llevaba debajo de mí, por no -desalentarme, ni osaba pararme, porque bien sabia yo que mientras el -cuerpo hace movimiento no le acometen los hambrientos animales marinos: -y si alguna vez sentia flaqueza en los remos, tendíalos sobre el agua: -fiando lo demás del barco, que alguna vez me consolaba con la fragancia -que salia de la bota, que iba muy cerca de las narices: comenzaba -á rezar, pero dejábalo, porque me faltaba la respiracion, que para -semejante conflicto es muy necesaria. Anduve una hora, ya descansando, -ya navegando, hasta que comenzó á refrescar un viento que venia de -África, y me traia hácia la tierra, que me era forzoso resistirlo, -porque no diese conmigo en una poma de las que tengo dichas, y me -hiciese pedazos. Pero estando en este último peligro descubrí una -caleta, con que respiré con nuevo aliento, y caminando ó navegando -hácia ella, el mismo viento meridional me ayudó milagrosamente. Ya que -llegaba tan cerca que descubrí muy bien toda la caleta, ví á la orilla -de ella un hombre merendando, que me dió nueva fuerza con verle, y que -comia. Pero de la misma manera que yo me alegré y esforcé con verle, -él se espantó de mí, entendiendo que fuese alguna ballena ó mónstruo -marino. Vino una ola tan grande, que me llevó tan cerca de la caleta -que hice pié, y al mismo punto el hombre espantado echó á huir á la -tierra adentro. Y un lebrel que con él estaba saltó al agua contra -mí, y lo pasara mal si no fuera por la daga, que siempre me acompañó, -porque picándole con ella saltó en tierra, y fuése huyendo tras su -amo. En las caletas siempre está sosegada el agua, y como yo hacia -pié salí á tierra, hinqué las rodillas ambas en ella, dando gracias -á la primera causa: pero puestos los ojos en la merienda que el otro -habia dejado, miréme con mi bota y coleto, cosidos con el jubon y las -botas enceradas, que tambien hacian su figura, y no me espanté que me -tuviera por cosa mala. Arremetí con un pedazo de pan y otro de queso, -que habia dejado con un jarro de vino, y sacando el vientre de mal año, -juraré que en mi vida comí cosa que más bien me supiese. Pero estando -con el jarro en la boca, vinieron diez ó doce hombres, _cum fustibus -et armis_, que los habia movido el huidor, á matar la ballena, y como -no la hallaron, preguntáronle al buen hombre que dónde estaba, y á mí -si la habia visto. Él quedó confuso, yo respondí en italiano, que no -osé en español, que allí no habia llegado ballena, ni otra cosa que -pudiese parecerlo, sino yo del modo que me veian, y que aquel hombre -habia huido por dejarme la merienda. Riéronse de él, diéronle matraca, -llamándole borracho y otras cosas en lengua francesa, con que rieron -harto, y á mí me tuvieron lástima de verme tan mojado y desnudo. En el -mismo tiempo venia una falúa con doce remos, por mandado del maestre de -campo á buscarme, porque les dijo que habia de ahorcar al arraez si no -me llevaban vivo ó muerto. - -Híceles señas con la bota, que era la mayor que yo podia dar para -mi conocimiento y su gusto, y luego dieron la vuelta á la caleta, -adonde me hallaron puesto el sol, más afligido que perro manteado, -temblando y encogido. Echáronme en la falúa, todos admirados de verme -vivo habiendo pasado tal trabajo en tantos años de edad, que ya tenia -cerca de cincuenta. Lleváronme á Marsella, donde aquel gran caballero, -amado y conocido de todo el mundo, me acarició y regaló, aunque como -aquel trabajo me cogió en años crecidos, siempre me duró, y todos los -inviernos me resiento de aquella humedad y frialdad. Parecí yo en esto -á un escarabajo que estando en compañía de un caracol, recogido por -miedo del agua, confiado en sus alillas se determinó de volar á buscar -lo enjuto, y levantándose, dijo el caracol: Allá lo vereis, y le dió -una gota gruesa, y lo arrojó en el arroyo de la creciente: confiando -yo en que sabia nadar y los otros no, arrojéme al charco de los -atunes, como dice D. Luis de Góngora, donde me pudiera suceder lo que -al escarabajo, si Dios no lo remediara, que para una bestia tan cruel -y desleal como el mar no aprovecha saber nadar: que echarse un hombre -en el mar es echarse un mosquito en la laguna Urbion. Los animales de -la tierra están enseñados á tratar con un elemento fiel, amigable, -suave y apacible, que donde quiera da acogida, y sustenta al cansado; -pero el mar ingrato, tragador de los bienes de la tierra, sepultura -perpétua de lo que en él se esconde, que se sale á la tierra á ver si -puede llevarse adentro lo que está en la orilla; hambriento animal de -todo lo que puede alcanzar, asolador de ciudades, islas y montañas, -envidioso enemigo de la quietud, verdugo de vivos y despreciador de -muertos, y tan avariento que estando lleno de agua y de peces mueren en -él de sed y de hambre, ¿qué puede hacer, sino destruir á quien de él -se fiare? y así parece que con sola la mano de Dios puede hacerse lo -que estos dias pasados sucedió en la toma de la Mámora á don Lorenzo -y al capitan Juan Gutierrez; á éste que nadando, y sin ayuda, y con -muchos años acuestas, quitó á cinco moros un barco en que iban; y á D. -Lorenzo, que habiendo nadado toda la noche, azotado de las levantadas -olas, llegando al barco donde pudiera descansar de tan inmenso trabajo, -alentándose con fuerzas sobrenaturales, dijo: que no queria entrar en -el barco porque recogiesen á otros que venian atrás más necesitados que -él, y pasó adelante. Caso es pocas veces ó ninguna visto. Yo llevé mi -trabajo, y una reprehension por el atrevimiento, porque la confianza me -pudo costar la vida; que yo realmente por mostrar que sabia nadar y que -tenia ánimo desvanecido para atreverme, fué causa de arrojarme tan sin -consideracion, aunque de las cosas tan arrebatadas da poco lugar el -discurso; pero mejor fuera aguardar la fortuna de todos que anticiparme -con la mia, que tan poco favorable me ha sido, que cuando la vanidad -engendra el atrevimiento ha de ser en los que tienen esperiencia en su -buena fortuna; ¿pero de qué importancia me podia ser á mí cobrar fama -de nadador, no siendo renacuajo ni delfin, ni habiendo de ser marinero? -ella fué vanidad, temeridad y disparate. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XI. - - -Llegamos á España, desembarcamos en Barcelona, ciudad hermosa en tierra -y en mar, abundante de mantenimiento y regalos, que con oir hablar en -lengua española parecian suaves y substanciosos: y aunque los vecinos -tienen nombre de ser un poco ásperos, ví que á quien procede bien le -son apacibles, liberales, acariciadores de los forasteros, que en -todas las repúblicas del mundo quieren que el forastero con el buen -proceder obligue á la amistad. Si el que no es natural parece humilde, -y vive sin perjuicio de los naturales, tiene grangeada la voluntad de -todos porque junto su buen término con la soledad que padece, engendra -piedad y amor en los pechos naturales. Todos los animales de una misma -especie se llevan bien unos con otros, aunque no sean conocidos, sino -son los hombres y los perros, que teniendo mil buenas propiedades con -que suelen admirar, tienen esta propiedad bajísima, que todos muerden -al pobre forastero y le matan si pueden. Y esto mismo corre por los -hombres si el advenedizo no es como debe ser, entrando en jurisdiccion -agena; y lo que más ofende á los naturales es solicitarles las mujeres, -que en lo que más se ha de remirar el huésped es en esto, que basta -teniendo agrado para llevarse los ojos de la voluntad de todos tras de -sí. Muchos se quejan de pueblos donde han estado fuera de su patria, -mas no dicen la ocasion que dieron para ello: alaban sus tierras de -madres de forasteros, y no miran por qué camino les han obligado para -tratarlos bien. Yo sé decir, que en toda la Corona de Aragon hallé -padre y madre, y en Andalucía grandes amigos, si no son de la gente -perdida, que solamente tratan de hacer mal: estos en todo el mundo son -enemigos de la quietud, revoltosos, inquietos, levantados y soberbios, -enemigos del amor y la paz. - -[Ilustración: _Y aunque los vecinos tienen nombre de ser un poco -ásperos ví que á quien procede bien le son apacibles, liberales, -acariciadores de los forasteros._] - -Mucho me divierto para llegar á Madrid que tan deseado lo tenia. -Llegué y hallé muchos amigos deseosos de verme: hice asiento con un -gran príncipe muy amigo de música y poesía, que aunque siempre huí -del escuderaje, me fué forzoso acudir á él. Entré en su gracia muy -de improviso, fuí muy privado y favorecido suyo, y como yo venia -harto de pasar trabajos, viéndome con demasiado regalo acometióme la -poltronería, y engordé tanto, que comenzó la gota á martirizarme. Dí -en tener pajarillos, y entre ellos en regalar á uno muy superior á los -demás en su armonía, aunque su consonancia muy concertada. Hacíale -abrigar en mi aposento de noche, donde una de ellas sentí toda la noche -crugir cañamones, contra la costumbre de los pájaros. En amaneciendo -fuí á mirar mi pájaro, y hallé en compañía suya un ratoncillo, que de -lo mucho que habia metido de los cañamones hizo tanta barriga, que -no pudo tornar á salir. Dije entre mí: Este ratoncillo, por haber -comido tanto, ha buscado su muerte. Yo voy por el mismo camino, que -si un raton con sola una noche de regalo ha engordado tanto, yo -que todos los dias como y ceno mucho, y muy regaladamente, ¿qué fin -pienso tener sino la enfermedad, que he cogido, y alguna apoplegía, -que me acabe presto? Quitéme las cenas, que con esto y el ejercicio -me he conservado, que realmente esto de comer á costa agena engorda -demasiadamente, porque se come sin miedo, y quien no se va á la mano en -esto está muy peligroso para una enfermedad. Han de comer los hombres -mantenimiento de que sus estómagos sean capaces, porque si nó, ó será -forzoso vomitar la comida, ó poner en peligro la vida, como la perdió -el raton. Fuera de que los demás miembros del cuerpo tienen envidia -al estómago, porque todos han de trabajar para que él solo engorde, -cuando si no pueden llevarlo acuestas le dejan caer, y dan con él en -la sepultura. Yo ví que iba camino de esto, y retiréme á comer poco, -y cenar nada, que aunque al principio se lleve mal, con la costumbre -se puede alcanzar todo. Miren los que engordan mucho el peligro en que -se ponen, que ni la edad es siempre una, ni los mantenimientos de una -calidad, ni los que los dan de una misma intencion, ni el tiempo corre -de la misma manera. El que nació gordo, que siempre sea gordo no es -maravilla, que ya están enseñados sus miembros á sufrirle y traerle -acuestas; pero el que nace flaco y delgado, y en breve engorda, en -sospecha pone su duracion y su vida. Como puse enmienda en mi comer y -beber de noche, fuése consumiendo la gordura un poco, y yo sintiéndome -más ágil para cualquiera cosa. Que ciertamente la poltronería manca -y tulle los hombres. Con esto me torné inquieto que fué causa que el -príncipe á quien servia, con la ayuda de los congraciadores, se entibió -en favorecerme, y yo con servirle, que los señores son hombres sujetos -no solo á las estrellas, pero tambien á sus pasiones y apetitos; y -cuanto más superiores son, tanto más presto se cansan de las acciones -de sus criados, que quien los sirve es necesario que renuncie su -voluntad, y se ajuste con la del príncipe; y es razon que quien se -dispone á servir sacrifique su gusto á quien le da su hacienda, porque -todos quieren ser bien servidos; aunque he visto muchos señores de tan -piadosa condicion, que llevan con mucho valor y paciencia los descuidos -de los criados; pero lo contrario es lo más ordinario. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XII. - - -Con este poco caso que mi amo hacia de mí tenia libertad para pasearme -de noche, no para cosas ilícitas, porque ni yo tenia edad para eso, ni -mis trabajos me habian dejado tan holgado que pudiese acudir á cosas -de mal ejemplo, ni es razon que en ninguna edad se hagan, sino á tomar -un poco el fresco, que las noches de verano en Madrid son para esto -aparejadas. Íbamos todas las noches con amigos, con nuestros rosarios -rezando; no hácia el Prado, por huir el mucho concurso de la gente, -sino á calles solas, que por mucho que lo sean, siempre hay la gente -que basta para compañía. Alejámonos una noche hasta llegar cerca de -Leganitos; díjome mi amigo: Parad aquí, que vais cansado, al fin -sois ya viejo. Piquéme, y díjele: ¿Quereis que corramos una apuesta, -y veremos quién está más viejo? Rióse, y dijo que sí. Pusímonos en -órden para la carrera, y aun en esta sencillez halló el demonio en -qué perseguirme. Estaba un mozo á la puerta de su casa, que así lo -entendimos, y dímosle que nos tuviese las capas y las espadas en tanto -que pasábamos la carrera: apenas comenzamos á correr cuando dijo una -mujer: ¡Ay que me han muerto! por una gran cuchillada que le dieron -en el rostro, y apenas dió ella el grito cuando se aparecieron dos -ó tres alguaciles, y como íbamos corriendo asieron de mí, que iba -delantero en la carrera, y luego del otro, que hay muchos tribunales -en Madrid, y en cada uno más varas que dias tiene el año, y con cada -vara cinco ó seis vagamundos, que han de comer y beber y vestir de su -ministerio. Asiéronnos como á hombres que iban huyendo por delito. -Pidiéronnos las espadas, señalamos la casa donde las dejamos, el mozo -se habia acogido con ellas y las capas, porque no vivia allí. Como nos -cogieron en la mentira, que no habíamos dicho, lleváronnos á la mujer -herida, y con el coraje que tenia de su agravio, dijo que quien se la -habia dado echó á huir: y como nosotros íbamos corriendo, aunque no -huyendo, asentóseles á los alguaciles que sin duda éramos nosotros. -Lleváronnos á la cárcel de la villa sin espadas ni capas, donde yo -entré con toda la vergüenza del mundo, que no la tuve para desafiar -al otro con mis años, y la tuve para entrar en la cárcel sin capa. El -alboroto fué mucho, el delito sonó malísimamente; porque dos hombres, -no niños, ni de la primera tijera, acometieron una hazaña como aquella -contra una mujer miserable. Y el mismo que lo habia hecho, como despues -con buenos indicios averigüé, vino tras nosotros; y los alguaciles, -que si fueran como deben, no se precipitaran á hacer un borron tan -infame, y si pusieran los ojos en la justicia, y no en el provecho, -averiguáran el caso, como á ellos les valiera algo la prision, y á mí -no me pusieran en mal nombre. Si ellos tuvieran consideracion, miráran -que dos hombres que iban sin capas, sin espadas, sin sombrero, sin -daga, ni cuchillo, ni otra cosa ofensiva, corriendo parejas, no habian -de salir de su casa para una cosa como aquella tan desapercibidos, -no pareciendo en toda la calle instrumento con que se pudiera haber -hecho. No preguntaron palabra á nadie en toda la calle para averiguar -la verdad, como lo hacen siempre. Y dado que los alguaciles quisieran -justificar la causa, la priesa que les daban los ayudantes no les -dejaran hacer cosa buena, por no hacer novedad en su costumbre. Al fin -nos echaron grillos, y fué la causa el teniente, que informado de los -alguaciles como quisieron, vino á la cárcel con intento de darnos la -tortura; mas como oyó las razones que arriba dije, y como apartándonos -halló que concertábamos en el dicho, estuvo perplejo, y no se determinó -á cosa. Echáronnos grillos, que estuvimos dos ó tres dias con ellos. -Fuése siguiendo la causa, y como no se halló el delincuente, por el -indicio de ir corriendo cuando se dió la cuchillada, nos olvidamos allá -tres meses; echáronnos en un calabozo, donde estaba un preso antiguo, -bermejo, de mala digestion, con unos bigotazos que le llegaban á las -orejas, con que se preciaba mucho, porque eran tan gordos y fornidos, -que parecian cabos de cirio amarillo. Éste tenia de suerte supeditada -la cárcel, que no se hacia entre los presos más de lo que él queria. -La gente menuda temblaba de él, y le servian con mucha puntualidad, -y otros no osaban hacer un mandado, porque él no gustaba de ello, y -si lo hacian, torciéndose el bigote, decia: Pues por vida del rey, si -me enojo, que al pícaro y á ellos les dé mil palos. De manera que el -rato que estaba fuera del calabozo no se podia vivir, que realmente -era marcial, y ocasionadísimo para que se perdieran todos con él. -Estuvo dos ó tres dias enfermo, y no saliendo del calabozo, gozamos de -paz y quietud, que todos se holgaban de ello, más en saliendo tornó -á su ruin costumbre. Yo me ví tan rematado, que determiné de hacer -que en muchos dias no saliese del calabozo, y comunicándolo con mi -compañero, dijo: Mirad lo que haceis, no sea la prision más larga -de lo que pensamos. Y preguntándome cómo habia de hacer para que no -saliese fuera, respondíle: Cortándole un bigote. No os pongais en ese -peligro, dijo él, por amor de Dios. Yo no os pido, le dije, consejo, -sino ayuda. Él tenia costumbre siempre, de dormir boca arriba soplando, -por no estragar la grandeza de sus bigotes. Hice amolar muy bien unas -tijeras largas, y dejélo acostar á él y á todos los demás del calabozo -antes que nosotros, que nos traia tan sujetos, que en acostándose no se -habia de mover nadie. Cogí al primer sueño las tijeras, y alumbrándome -mi compañero, díle una gentil tijerada, con tanta sutileza, que le -llevó todo el bigote, y él no despertó, y de todos los presos nadie lo -sintió sino mi compañero, que le dió tanta tentacion de risa, que por -poco reventára que, como le quedó el otro tan grande, parecia toro de -Hércules con un cuerno menos. Dormimos aquella noche, y yo me hice el -enfermo, quejándome de la mala cama; pero levantéme casi junto á él, ó -primero, con mi rosario en la mano rezando, por verle cómo llevaba el -negocio. En subiendo arriba, miráronle todos espantados, sin decirle -palabra; pero él dijo en saliendo: Hola, pícaros, dad acá aguamanos. -Vino un pícaro con un jarro calderesco, echóle agua, y lavóse las -manos. Luego acudió al rostro, y levantándolo, tomó el bigote intacto -con la mano derecha, luego volvió á tomar agua, y fué á asir al otro -con la izquierda cuatro ó cinco veces, y como se halló sin él, fué tan -grande su coraje, que sin hablar palabra metió el otro bigote en la -boca, y se lo comió, entrándose en el calabozo. Yo dije, como él lo -pudiese oir: Eso ha sido muy gran bellaquería, la mayor del mundo, el -que á un hombre tan honrado hayan ofendido en lo que más se miraba y -estimaba. - -Estas y otras cosas le dije, con que le pude quitar la sospecha que -pudiera tener de mí; pero mirando lo que es razon, digo, que un hombre -que está en superior grado, se estime y haga respetar, vaya en hora -buena; mas que un desdichado que está en medio de su infelicidad, en -el cieno de la tierra que es la cárcel, siendo soberbio, merece que -una hormiga se le atreva. ¿Qué tiene que ver prision con soberbia? -¿necesidad con valentía? ¿hambre con desvanecimiento? La cárcel se hizo -para sujetar cóleras y malas condiciones, y no para inventar agravios; -aunque hay algunos bárbaros tan remontados, que ó por desesperacion, -ó porque los tengan por valientes, siendo acá unas ovejas, se hacen -en la prision leones, en lugar á donde con mayor humildad y ansias -de corazon se ha de clamar á la misericordia, sea justa ó injusta la -prision. Él se acabó de quitar la barba azafranada. Y como una desdicha -sigue á otra, en este trabajo le llamaron á visita para ver su negocio. -Dijo un procurador: Está en el noviciado, que se ha entrado fraile -motilon. Tráiganle, dijo el teniente. Subió por fuerza, y con toda la -vergüenza y humildad del mundo, porque debia de tener la valentía en -los bigotes, como Sanson en el cabello. Así como entró, fué la risa -en la sala tan grande, que el teniente le dijo: Bien pareceis así, y -bien habeis hecho, porque no tengan que rapar en las galeras. Á que él -respondió: Vuesa merced habla como juez, que nadie se me atreviera á -decir eso. Leyéronle su causa, que era sobre haber dado una puñalada -á una miserable en la casa pública, delante de diez ó doce testigos; -y nombrándolos, dijo el agresor: Mire vuesa merced ¿qué testigos son -los que juran contra un hombre tan principal como yo? cuatro corchetes -y cuatro sellencas. Dijo el teniente: ¿Pues queríades que estuviesen -para testigos en esa casa el prior de Atocha, ó algun fraile descalzo? -No argüis bien. Tornáronle á encerrar en el calabozo, y de allí -adelante le llamaban el padre fray Rapado. Á nosotros nos echaron -libres, pero gastados. No quiero yo alabar lo que hice, porque bien sé -que no se han de hacer males, aunque de ellos resulten bienes; pero -tambien sé que es menester que perezca uno, porque no perezcan todos. -Quitar de entre nosotros á quien nos escandaliza, permitido es. El que -se estima estímese, mas no ha de ser con superioridad impertinente: -los fanfarrones con tiranía tienen á todo el mundo por contrario. Los -hombres ocasionados á los muy humildes, hacen salir con reveses que -no pensamos. Yo he visto siempre que estos habladores soberbios, que -quieren supeditar á otros, en hablándoles recio un hombre callado y -llano, se rinden á callar. Que son como las ruedas del coche, que -mientras van por piedras, van haciendo ruido, mas en llegando á lo -llano, luego van con mucho silencio. Á este desatinado desvanecido -fué necesario por algun camino humillarlo, y ninguno pudo ser más á -propósito, que privarlo de tan inmenso cuidado, como traia con aquellos -rabos de zorro. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XIII. - - -Salimos de la cárcel al cabo de tres meses, porque dimos muy -gentiles descargos; pero tan gastados, que no teníamos tras que -parar, porque para poder caminar al dia siguiente, yo fuí á vender -unas botas escuderiles, y mi compañero una maleta ratonada, que es -muy de escuderos, por no tener un cofre, guardar los pedazos de pan -en semejantes alacenas, receptáculo de ratones. Estando vendiendo -nuestras prendas, envió Dios á un hidalgo muy bien puesto, y doliéndose -mucho del testimonio que nos habian levantado, dijo: Que cierto -gran caballero que habia sabido nuestra desgracia, le enviaba á que -supiese lo que se habia gastado en nuestra prision, y que movido por -entrañas de misericordia, le habia dado en doblones lo que dijésemos -que nos habia hecho de daño. Yo conocíle, pero antes de declararme, -le dije: Señor, esta obra de Dios viene, que sabe nuestra necesidad, -que es tanta, que vendemos nuestro ajuar para comer hoy. Lo que nos -cuesta serán cien escudos, poco más ó menos; y en diciendo esto, sacó -cincuenta doblones, y nos los dió. En viéndolos en mi mano, le dije: -Esto es cuanto á la costa, pero cuanto al gusto que vuesa merced -recibió de la venganza, y el disgusto que nosotros pasamos, ¿qué -satisfaccion puede haber? Que bien le conocí aquella noche que nos -fué siguiendo hasta la cárcel. Respondió cuerdamente: El prenderos -fué desdicha vuestra, el pagar es obligacion mia. Como yo no os dí la -desdicha, no puedo satisfacerla; y si todos los desdichados tuviesen -recurso á satisfaccion, no serian desdichados. Yo como no tuve ventura -para no padecer, tengo piedad para compadecerme; otro pudiera ser que -no mirára lo uno ni lo otro. Muchas desdichas suceden á los hombres -por secretos juicios de Dios, de que no podemos pedirle cuenta. Las -desdichas no están en nuestra mano, ni estuvo en la mano mia hacer que -fuésedes aquella noche corriendo, que eso fué voluntad vuestra. Y os sé -decir, que me pesó en el alma del hecho, no por la cuchillada, sino por -vuestro trabajo. La desdicha fué, que la cara de la otra, y la carrera -de vuestros piés cayeron en un dia: habeis sido tan prudente en esta -desdicha, que os he tenido envidia; que quien se acuerda pacientemente -en la adversidad, es señor de sus acciones, y las desdichas le acometen -con temor. Y si como puedo satisfaceros el daño, pudiera poneros la -fortuna debajo de vuestros piés, yo os hiciera felicísimos, pero ya -que en esto no lo fuísteis, fuísteislo en cortar el bigote al otro, -saliendo bien de ello. Que como vos, por discurso bueno habeis echado -de ver mi travesura, yo por vuestro disimulo conocí la vuestra. Aunque -el hidalgo habló tan bien, yo estaba contento y alborozado con ver -en mis manos aquel metal tan semejante á la luz del sol, que no supe -replicarle, sino agradecerle y estimar su cordura, igual con su -piedad. Yo me hallé tan harto de trabajos y desventuras, que determiné -de dejar la córte despues de haber andado algunos dias de mala ventura, -sirviendo del escuderaje, que tan forzoso me ha sido, aborreciéndolo -como á una culebra. - -Fuíme á despedir de un caballero amigo, que no habia visto muchos dias -hacia, y hallándole muy melancólico y desgraciado, le pregunté qué -tenia. Respondióme, que ni podia dormir, ni comer, ni tomar descanso en -cosa. Pues si haceis, dije, lo que yo os enseñaré, sanareis de todas -estas tres cosas. ¿Cómo si lo haré, respondió, aunque cueste todo mi -mayorazgo? Pues levantaos mañana en amaneciendo, que yo os llevaré -donde cojais una yerba que os sane de todos esos males. Levantóse ó -hícele levantar de mañana, y mandó poner el coche: yo le dije, que no -haria la yerba provecho sino iba á pié, y dejando el coche lo llevé -hácia San Bernardino, convento de los Recoletos Franciscanos, diciendo, -que estaba la yerba allí, y que la habia de coger con sus manos. Hícele -andar de manera que iba carleando como podenco con sed, y tanto, que -de cansado se sentó en el camino. Preguntéle si descansaba. Respondió -que sí. Pues sabeis por qué habeis descansado, porque os cansásteis: -y en las sillas de vuestra casa no descansais, porque no os cansais. -Hícele llegar á San Bernardino, y volver á su casa á pié, con muy buena -gana de comer. Comió y bebió con gana, y luego se acostó, y durmió muy -bien. Díjele luego: Quien no se cansa, no puede descansar; y quien no -tiene hambre, no puede comer; quien no tiene falta de sueño, no puede -dormir, no se queje quien no hace ejercicio de males y enfermedades -que le vengan, que la poltronería es el mayor enemigo que tiene el -cuerpo humano. El ejercicio á pié restaura los daños causados de la -ociosidad. Los caballos más ejercitados son de más dura y brio. El -pescado del mar Océano, es mejor que del Mediterráneo, porque está -más azotado por aquellas cavernas hondas de las olas más contínuas y -furiosas: los hombres trabajados están más enjutos, y para más que los -holgados; y así son todas las cosas, que un hombre que trabaja más que -otro es más poderoso, entiéndese con igual capacidad. Holgóse mucho, y -de allí en adelante dió en hacer ejercicio á pié por la mañana y por la -tarde, con que se halló muy bien y con muy entera salud, y agradecióme -la estratagema de que usé para quitarle de la ociosidad que le tenia -impedido, sin gusto y sin salud, é hízome un grande regalo. Anduve por -Madrid algunos dias, donde fuí ayo y escudero del doctor Sagredo, y su -mujer doña Mergelina de Aybar, hasta que los dejé ó me dejaron. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XIV. - - -Acabada mi última relacion, el ermitaño, dando grandes muestras de -admirarse de lo que habia oido, dijo que ya se podia pasar por la -puente, quizá cansado de haber escuchado tanto tiempo: despedíme de él, -y pasando la puente, ví tantos árboles arrancados de raíz, como habia -traido Manzanares; algunas ballenas destripadas, de las que solian -alancear, muchos animales ahogados, otros muchos mirando aquellos, -admirándose del diluvio y tempestad tan arrebatada y repentina. Todas -las huertas anegadas, las isletas cubiertas de arbolillos, que casi -habia llegado hasta la ermita de San Isidro Labrador; y con la arena -y árboles hechas algunas represas, que hasta ahora dejaron el rio -dividido por muchas partes. - -Determiné de quitarme de tanto ruido como el de la córte, y buscar -quietud en tierra más templada que es Castilla, yéndome al Andalucía, -donde los gentiles pusieron la quietud de las almas bienaventuradas, -á su modo de creer, diciendo, que en pasando el rio Leteo, que aun -todavía conserva el nombre de Guadalete, se olvidaban de las cosas -de la tierra, y todo lo demás pasado; que la escelencia del temple, -abundancia de regalos, apacibilidad de cielo y tierra, les hizo dar -en este error, que los más templados son más aparejados para la -conservacion de los viejos, y como me hallé con dinerillo, compré una -mula, que me la dieron barata, por tener esparavanes en los piés, y -un ojo pasado por agua; pero caminaba razonablemente, con que fuí mi -camino encomendándome á Dios y al bendito ángel de la guarda. Iba -solo, porque por no caminar á gusto ageno, se puede un hombre ir á -pié, que es cansada cosa haber de parar yo donde el otro quisiere, y -no cuando yo fuere cansado, ó se me antojare parar. Al fin, como me ví -con dinero, quise caminar á mi modo. Hacia muy grande calor, y habiendo -salido muy de mañana para hacer medio dia en la venta de Darazutan, -fué tan escesivo el fuego que entró con el dia, saliendo de aquellas -matas unas exhalaciones abochornadas, que me abrasaban el rostro, y me -quedára mil veces si hallara lugar aparejado para ello. Ví la venta -desde lejos, aunque se parece poco por los chaparros y arbolillos que -la encubren; me parecia que al mismo paso que yo llevaba, ella se -alejaba de mis ojos, y la sed se me aumentaba en la boca: no creí que -pudiera llegar á ella, hasta que oí música de guitarras y voces que -salian de la misma venta: Ahora, dije, no me puedo engañar, y entrando, -hallé mucha gente que iba y venia, haciendo medio dia. Alentéme con ver -una tinaja de agua, de que siempre he sido muy apasionado: refresqué, y -púseme á oir la música, que siendo ella de suyo manjar tan sabroso al -oido, es de creer que en aquella soledad, llena de matas y apartada de -poblado, pareceria mucho mejor su melodía que en los palacios reales, -donde hay otras cosas que entretienen. Como el calor estaba en su -punto, y la venta muy llena de gente, fué menester la suspension que -la música pone para poder llevar la fiesta con algun descanso; que -esta facultad, no solamente alienta el sentido esterior, pero aun las -pasiones del alma mitiga y suspende; y es tan señora, que no á todos se -da por grandes ingenios que tengan, sino á aquellos á quien naturaleza -cria con inclinacion aplicada para ello; pero los que nacen con ella, -son aptos para todas las demás ciencias, y así habian de enseñar á los -niños esta facultad primero que otra, por dos razones; la una, porque -descubran el talento que tienen, la otra, por ocuparlos en cosa tan -virtuosa, que arrebata todas las acciones de los niños con su dulzura. - -Aunque un autor moderno inadvertidamente dice que los griegos no -enseñaban á los mozos el primer tono, como si no fuera el más grave -que muchos de los otros, fué por ignorar la facultad, que quiso decir -que no les enseñaban música lasciva, que como por el oido entran en el -alma las especies, si es honesta y grave, la suben á la contemplacion -del Sumo Hacedor; si es deshonesta con demasiada alegría, la ponen en -pensamientos lascivos. Y es tan juez el oido de esta facultad, que me -acuerdo que un mozo que cantaba con mucha alegría, vino á ensordecer, -y pidiéndole despues que cantase, teniendo la voz tan buena como de -antes, hacia tan grandes disparates, que se reian todos de oirle -cantar, que realmente el oido es la clavija de la voz humana. Estos -músicos cantaron con tanta gracia, que despues de haber comido, se pasó -la siesta alegremente. Sacó uno de ellos un demostrador para ver qué -hora era, encareciendo mucho la invencion de los relojes, al cual dije, -que lo mismo que él habia hecho con el demostrador, se podia hacer con -hincar una paja ó un palillo en el suelo, mirando los dedos de sombra -que hacia; y con una vasija de agua, faltando el sol, haciéndole un -muy sutil agujerito, y señalando las horas con lo que va menguando, -y otras invenciones que se pueden hacer. Pasóse lo demás que restaba -para caminar en alabar cada uno su profesion, y las invenciones á que -más está inclinado, tomando ocasion de la invencion de los relojes. -Tratóse de la astrología, de la música, de la invencion de la memoria -artificial, porque se halló un caballero, oidor de Sevilla, que hacia -milagros con ella. Dijo un escudero viejo que estaba en un rincon -espulgándose: Todas cuantas invenciones han dicho vuesas mercedes no -tienen que ver con la invencion de la aguja. Riéronse todos, y él, -corrido, con mucha cólera dijo: Si no les parece que es así, háganme -merced de echar un remiendo con un pedazo de astrología. Á lo cual -dijo el licenciado Villaseñor: Cada uno alaba aquello de que se halla -más capaz: este señor escudero puede hablar de esta materia, porque -usa más del ministerio del agujero. Yo no soy sastre, respondió, sino -un escudero tan calificado y tan antiguo, que todos mis antepasados, -desde Nuño Rasura y Lain Calvo, han servido á los condes de Lemos. Y -si ahora voy á pié, es porque tengo mis caballos dándoles verde en las -puentes de Eume. Y con esto echó sobre la guarnicion de la espada unas -calzas viejas, y poniéndoselas al hombro, cogió las del martillado. -Bien es, dije yo, que cada uno se precie de lo que profesó. Que en -Madrid habia un verdugo, que mostrándole á un muchacho suyo, en una -horca que tenia en su casa, cómo ahorcaria á un hombre suavemente, y -no pegándosele al muchacho la profesion, y aborreciéndola, le dijo -el verdugo: ¡Oh! llévete el diablo, que no te se puede pegar cosa -buena; pues yo te pondré con un zapatero y morderás el zumaque. Ya -que nos queríamos partir dijo el oidor: Cierto, que me dijeron ayer -que buscaba cabalgadura para venir este camino Márcos de Obregon, -hombre de buen gusto y partes, á quien yo deseo conocer. Así es, dije -yo, yo le ví buscar en que venir. ¿Conócelo vuesa merced? preguntó el -oidor D. Hernando de Villaseñor. Yo respondí: Sí señor y es grande -amigo mio. Subimos á caballo ó á mula, y fuéme preguntando si sabia -algunas cosas del Sr. Márcos de Obregon. Yo le dije unas redondillas -muy nuevas, tanto que no habian pasado de mis manos á segunda persona, -y en oyéndolas despacio, me las repitió luego el oidor de memoria. Él -se admiró de las coplas, y yo mucho más de su memoria. Fuíle diciendo -muchas cosas, y él refiriéndomelas luego. Confesóme que era memoria -artificial, pero que para aprenderla era necesario tenerla muy buena, -que sin la natural se aprendia con mucho trabajo y dificultad. Yo -le dije: Por cierto la memoria es cosa que parece divina, pues las -cosas pasadas las tiene presentes, pero yo la tengo por verdugo de -los hombres desdichados, porque siempre les está representando los -malos sucesos, los agravios pasados, las desdichas presentes, las -sospechas de lo venidero y la desconfianza que tienen en todas las -cosas; y siendo la vida, como es, breve, se les abrevia más con la -contínua representacion de las infelicidades: y así, á estos tales, -mejor les seria el arte de olvidar que el de acordarse. ¿Cuántas vidas -habrá costado la memoria de las ofensas, que si no se acordáran no se -vengáran? ¿cuántos borrones se han hallado en muchas mujeres por la -memoria de los favores y disfavores? Tener buena memoria natural es -escelentísima cosa; pero gastar el tiempo en buscar dos ó tres mil -lugares, pudiéndolo gastar en actos de entendimiento, no lo tengo por -muy acertado, porque para la memoria sirve la estampa, las imágenes, -los colosos, estátuas, escrituras, edificios, piedras, señales de -peñascos, rios, fuentes, árboles y otras cosas sin número; y para el -entendimiento sola la naturaleza lo da y lo enriquece con la leccion -de los autores graves y comunicacion de amigos doctos. He visto muchos -autores que escriben de esta memoria artificial, y no he visto de -estos obras en que se hayan esmerado y dejado por ellas nombres de sus -grandes ingenios, que aunque Ciceron, Quintiliano y Aristóteles tocan -algo de esta materia; pero no hacen libros de ella, como cosa inferior -al entendimiento. Y así D. Lorenzo Ramirez de Prado, caballero muy -docto en las buenas letras, así de poesía como de filosofía, tiene -muy sujeta la memoria artificial que hace milagros con ella; pero no -por principal objeto, sino por curiosidad, porque á quien le sobran -tantas partes, no le faltase esta. Y la historia que cuentan de aquel -gran poeta lírico Simónides, que habiendo caido una casa sobre muchos -convidados, y estando de suerte desfigurados que nadie los conoció, -él dijo en qué lugar estaba cada uno, nombrándoles por sus nombres. -Yo entiendo que fué acto de memoria natural y no artificial, porque -un hombre que iba á comer y brindar al banquete con la libertad que -entonces se usaba, no se habia de parar muy despacio á poner imágenes y -figuras en lugares imaginados, naturales y artificiales, ni acordarse -cargando la imaginacion de más carga de la que el vino les ponia en -tiempo que tan pocos aguados se usaban, y habiendo sido aquel mismo -dia, yo creo que sin artificio se hizo. - -El autor de este libro, habiendo salido de casa de sus padres niño -estudiante, volviendo con canas á ella, conoció y nombró por sus -nombres á todos los que habia dejado niños, hallándolos con barbas y -canas, y ningun nombre ni costumbres dejó de decir de cuantos venian -admirados de verle. ¿Y no se dice por cosa de admiracion, que Cinea -embajador del rey Pirro, en dos dias que estuvo en Roma, conoció y -nombró por sus nombres á todos los moradores della? Mitrídates, rey -del Ponto, negociaba con veinte y dos naciones que tenia sujetas en -el propio lenguaje de ellas. Julio César en un mismo tiempo leia, -escribia, dictaba y oía cosas importantísimas, y por eso se hace -particular mencion dellas, que hombres ordinarios hay algunos que hacen -milagros con la memoria natural. En Gibraltar habia un conocedor de -D. Francisco de Ahumada Mendoza, llamado Alonso Mateos, que á treinta -mil vacas que habia en la Sauceda, las conocia á ellas y á sus dueños, -y las nombraba por sus nombres, dando á cada uno la que era suya. Y -á todos los bandoleros que venian de diversas partes, de una vez los -conocia y sabia los nombres. Todo esto he traido para que no parezca -memoria artificial la de Simónides, y para que sepan que con solo -ejercitarla se aumenta y crece, como se ve en estos conocedores, que -siendo hombres toscos, muchos hacen lo mismo que el dicho. Y en Madrid -anda un gentil hombre, llamado D. Luis Ramirez, que cualquiera comedia -que ve representar, va á su casa y la escribe toda, sin faltarle letra, -ni errar verso: pero hay diversas maneras de memoria, unas que se -acuerdan de las palabras, y otras que se acuerdan de las cosas; como es -Pedro Mantuano, que de infinitas historias que ha leido, no solamente -no se le han olvidado, pero en cualquiera tiempo que le pidan, ó que -se ofrezca tratar de alguna de ellas, las tiene tan presentes como -cuando las iba leyendo, y los nombres propios contenidos en ellas; y -de los versos todos los que ve á segunda no se le olvida ninguno. Á -todo esto el oidor estuvo callando y loando mucho la que yo habia -mostrado; y así dijo, que la artificial, más era para una ostentacion, -que para estar siempre cansándose en ella y con ella. Y tornando á mis -alabanzas, sin conocerme, dijo que deseaba mucho conocer á Márcos de -Obregon, lo uno porque eran vecinos en los pueblos, porque él era de -Cañete la Real, y Obregon natural de Ronda: y preguntóme qué traza de -hombre tenia, qué trato, y qué proceder; y le respondí: La proporcion -y traza de su persona es de la misma manera que la mia, y el trato -y proceder el mismo que el mio, que como somos tan grandes amigos, -yo le sigo á él y él á mí. Por cierto si él tiene, dijo el oidor, -semejanza á la apacibilidad que vos habeis mostrado, con mucha razon -tiene el nombre que le da el mundo. El oidor por todo el camino me fué -regalando: de manera, que descubrió la nobleza heredada y adquirida -en aquel viaje, en su ánimo, bondad y liberalidad. Íbamos por toda -Sierra-Morena, mirando cosas estraordinarias, que como es tan grande, -ancha y larga, que atraviesa á toda España, Francia é Italia, hasta -que se va á entrar en la mar por la canal de Constantinopla, aunque -con diversos nombres, habia mucho que ver y notar en ella. Topamos en -un arenalillo una culebra con dos cabezas, de que se admiró el oidor, -diciendo que lo habia oido decir, y hasta entonces no lo habia creido. -Ni aun ahora lo creo, dije yo, que un cuerpo tenga dos cabezas: y noté -que no se movia bien, ni huia de las bestias. Díjele á un mozo de mulas -que le diese con la vara, y él lo hizo así; y en dándole vomitó un -sapon que habia ya tragado, hasta la cabeza que estaba por tragar, con -que se deshizo el engaño que deben tener muchos. Así deben ser, dijo -el oidor, muchas cosas que nos dicen que nunca las vemos, como es lo -de la salamandra. Yo estaba, le dije, incrédulo en eso, hasta que á -dos personas de crédito y bondad les oí decir que junto á Cuenca, en un -pueblecito que se dice Alcantuz, habiéndose caido un horno de vidrio, -hallaron pegada al mismo mortero donde baten las llamas del fuego una -salamandra; y por ser persona de crédito lo creí, y no se han engañado -los que lo traen siempre por comparacion. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XV. - - -Como el hombre naturalmente es animal sociable, que apetece la -compañía, el oidor se halló tan bien con la mia, que no se sufrió un -punto de division en todo el camino que pudimos ir juntos. Tenia y -tiene muy gallardo entendimiento, con que movia de lo que se ofrecia á -la vista muy gentiles cuestiones, á que yo le respondia lo mejor que -pude y supe. Y si algun hombre de traza se nos juntaba de su misma -profesion, le sacaba preguntas, ó daba ocasion que se las hiciesen; á -que respondia gallardemente. Pegósenos un clérigo de un pueblecillo de -por allí cerca, y yendo caminando, iba rezando sus horas en voz que lo -pudiesen oir los alcornoques y robles, de suerte que nos interrumpia -la conversacion, y él cumplia mal con su obligacion. Preguntóle el -oidor: ¿No se podria dejar eso para la noche, para que se hiciese con -el silencio y devocion que se requiere? Oh señor, respondió el clérigo, -diónos la Iglesia esta pension, que aun caminando habemos de rezar: -¿por qué no ordenará que yendo un clérigo cansado, y pensando en sus -negocios, y en el fin que han de tener, no rezára caminando? Respondió -el oidor: Porque la Iglesia no cria á los clérigos para correos, sino -para rezadores. Bien respondido está, dijo el clérigo. Y quedó con -esto muy satisfecho: topamos un muchacho medio rapado, que por andar -no tanto como las cabalgaduras, en alcanzándole preguntó el oidor: ¿Á -dónde vas, mozo? Él respondió: Á la vejez. Oidor: No digo sino ¿qué -camino llevas? Muchacho: El camino me lleva á mí, que yo no lo llevo -á él. Oidor: ¿De qué tierra eres? Muchacho: De Santa María de todo -el mundo. Oidor: No te digo sino ¿en qué tierra naciste? Muchacho: -Yo no nací en ninguna tierra, sino en un pajar. Oidor: Bien juegas -del vocablo. Muchacho: Pues siempre pierdo por bien que juego. Oidor: -Este muchacho no debe de ser parido como los otros. Muchacho: No, -porque nunca me he empreñado. Oidor: Quiero decir, pues no dices dónde -naciste, no debiste salir de madre. Muchacho: ¿Pues soy yo rio para -salir de madre? Oidor: Á fé que no teneis la lengua muy ruda. Muchacho: -Si fuera ruda no la trujera tan cerca de las narices. Oidor: ¿Tienes -padre? Muchacho: Antes por no tener muchos vengo huyendo, porque -me metieron fraile, y habia tantos padres, que no podia sufrirlos. -Oidor: ¿Y es mejor andar como correo? Muchacho: Por huir de la correa -bien puede ser un hombre correo. Reímonos mucho con el muchacho, y -en llegando cerca de una ventilla que está junto á un arroyo algo -profundo, entre dos cerros, nos dijo el mozo de mulas: Aquí habemos de -parar, porque nos darán buen recaudo, y la ventera es muy hermosa y -aseada, y si pasamos adelante habemos de caminar de noche más de tres -horas. Él hizo fuerza, prometiéndonos camas, que á lo que pareció, -la ventera era su conocida más de lo que fuera razon. Entramos en -la venta, y luego se presentó la huéspeda muy boquifruncida, vestida -de un colorado oscuro, y una ropa encima de lienzo blanco, llena de -picaduras, y preguntóme el mozo de mulas: ¿Qué le parece á vuesa -merced? Yo le respondí: Paréceme asadura con redaño. Y dijo el oidor: -Está vestida de vírgen y mártir. Bien dice vuesa merced, dije yo, mas -está la castidad por defuera, y lo mártir por dedentro, y como hay -muchas matas por aquí, está muy rota la castidad. Cada uno habla como -quien es, dijo la ventera. Volví la hoja, porque la ví corrida del -apodo, y el mozo de mulas enojado; y le dije: La verdad es que vuesa -merced está muy deseada y hermosa, que tiene cara, no para aquí, sino -para estar muy bien empleada. Quedó muy contenta, que era fácil de -condicion, y sacónos muy buenas perdices, con que cenamos. Ella muy -contenta, despues de haberle dicho que lo hacia como cortesana, nos -dijo: Camas habrá para vuesas mercedes, aunque para el friecillo que -por aquí hace hay pocas mantas. Dijo el muchacho frailesco: De esas no -faltarán, que con las que ha echado el mozo de mulas se puede abrigar -Búrgos y Segovia. No se burle conmigo, dijo el mozo de mulas, que le -haré ver estrellas á mediodía. ¿Pues sois vos la Epifanía? dijo el -muchacho. Respondióle el otro: Soy la puta que os parió. Y aun por eso, -dijo el muchacho, salí tan grande bellaco. - -Dijéronse muy graciosas cosas el muchacho y el mozo de mulas, con que -se pasó buen rato. El oidor preguntó al muchacho: Dí por tu vida, -¿de dónde eres? Yo, señor, respondió, soy andaluz de junto á Úbeda, -de un pueblo que se llama la Torre Pero Gil, inclinado á travesuras; -y como por ser pequeño el pueblo no podia ejecutarlas, hurté á mi -padre cuatro reales, y fuíme á Úbeda, donde mirando las casas de -Cobos estaban jugando turron, y con la codicia del comerlo púseme á -jugar los cuatro reales, y habiéndolos perdido, sin probar el turron, -arriméme á un poste de aquellos soportales, que están allí cerca, y -estúveme hasta que ya era de noche desconsoladísimo; llegó un viejo, -preguntóme: ¿Qué haceis aquí, gentil hombre? Respondí: Tengo este poste -que no se caiga, ¿por qué lo pregunta? Porque si no teneis, dijo, -donde dormir, allí hay un banco de un tundidor, y os podeis acostar -en aquella borra. Y esa borra, dije yo, ¿podrá borrar mis borrones y -desdichas? ¿Pues tan temprano os quejais de ella? dijo el buen hombre. -¿No quiere que me queje, respondí yo, si desde que salí de casa de mi -padre todo ha sido infelicidades? ¿De dónde sois? preguntó. De muchas -leguas de aquí, respondí yo. Mirad, hijo, dijo; para los hombres se -hicieron los trabajos, y quien no tiene ánimo para resistirlos, en -ellos perece; que comenzando tan temprano á sentirlos se os harán más -fáciles cuando seais hombre: los que se andan ovachones no tienen -esperiencia de cosas, y así nunca estiman el bien, que el trabajo -habilita á un hombre, y le hace capaz para todas las cosas: yo salí de -casa de mis padres de vuestra edad, y por mi virtud he llegado á tener -un oficio muy honrado de almotacen de esta ciudad. Bien adelante ha -pasado, dije yo, no se deshaga de él; pero quien no tiene blanca, ¿cómo -podrá pasar tan adelante? Si sois de tantas leguas, dijo, como decís, -no es maravilla haber gastado, y pasado trabajos. ¿Dónde es vuestra -tierra? En la Torre Pero Gil, respondí; rióse, y díjele: ¿Parécele -que para contar trabajos es poco tiempo? Así como salí, que fué de -noche, me colé en una viña, donde metí tanta uva llena de rocío, que -si no buscára por donde salir, reventára, y no pudiera llegar á Úbeda, -y ya que llegué con este trabajo me sucedió jugar cuatro reales que -traia, y quedarme sin dineros y con hambre y mucha sed, sin posada y -cama. Pues id, dijo, allí, y la hallareis. Fuí, y acomodando la borra, -tendíme sobre ella; parece que descansé un poco, y á media noche fué -tan grande la mudanza de la serenidad en borrasca y viento, que pensé -no llegar á la mañana, porque el aire furioso entraba en el banco, -haciendo polvo de la borra para los ojos, y charco de agua para todo el -cuerpo: y sobre todo, los cochinos que andaban paseándose y buscando la -vida por aquellas calles, acudieron á los bancos de los tundidores á -repararse de la tempestad, y pensando que estaba solo el mio, entraron -gruñendo una docena de ellos, hocicando en la borra, que aínas me -borráran toda la cara; pero sufrílos y halaguélos, por el abrigo que me -causaban, y aunque con ofensa de las dos ventanas, llegué á la mañana, -no muy limpio ni oloroso, pero con algunos palos, porque el mozo del -tundidor antes de amanecer llegó á echar los cochinos con una varilla -de fresno de tres dedos de gordo, y pensando que daba en ellos, pegaba -tambien en mis espaldas, con que se me quitó el sueño y la pereza. -Pasé mi trabajo, aunque él no se me pasó, porque siempre iba de mal en -peor, que adonde quiera que iba, ó me buscaba el mal, ó yo lo buscaba -á él: que los muchachos mal inclinados, en tanto son buenos, en cuanto -la fuerza les hace que no sean malos. Fuíme de Úbeda á Córdoba, donde -topé un fraile mozo que iba á estudiar á Alcalá, y diciéndome si queria -acompañarle, le dije: Que de muy buena gana, porque comia y bebia -muy bien de limosna, que por los pueblos y ventas le daban. Agradóle -tanto mi bachillería, que me alabó mucho en un monasterio de su órden, -donde me dieron el hábito con mucho gusto. La tentacion de hambre que -pasan los novicios, aunque la oía decir, no la creia hasta que la -esperimenté, que cuando acabábamos de comer, cogíale al refitolero -un panecillo para comer entre dia; pero á la segunda vez que lo hice -me lo cogieron, tratándome mal. Usé una traza muy buena, que hinqué -cinco ó seis clavos por la parte de abajo en las tablas de mi cama, -y en cogiendo el panecillo iba corriendo y espetábale en un clavo de -aquellos; venian tras de mí, y como no lo hallaban, echaban la culpa á -otro. - -Pasé de esta manera algunos dias, con que almorzaba y merendaba á -mi gusto, y otros por mi culpa lo padecian: y estuviera hasta hoy -secreto, si no fuera por una travesura que hice contra el maestro -de novicios, que habiéndole enviado un tabaque ó canastillo de unas -tortas hermosísimas de bizcochos, le cogí dos en volviendo la cabeza, -y fingiendo que iba á otra cosa, fuí en un instante y espetélas en -los clavos: volví muy mesurado, púseme á leer, echó menos las tortas -y fué de presto á mi cama: miróme todo el cuerpo y los librillos, y -no hallando lo que buscaba, quiso ver si estaba debajo de la cama, -metiendo la mitad del cuerpo, y al fin dijo: Aquí no hay nada, vamos -á otra parte: estaba yo ya muy seguro y muy contento; pero al tiempo -que fué á sacar la cabeza de debajo de la cama, topó con el colodrillo -en un clavo de aquellos, y como se lastimó, miró lo que era, y halló -en los clavos sus tortas y mis panecillos. Asiéronme, poniéndome el -cuerpo como tablilla de pintor; mire vuesa merced si es mejor la correa -que el correo. Dejáronme aquella noche, á su parecer, que no podria -volver sobre mí; pero yo cogí mi hatillo, y aviándome hácia el camino, -enviaron tras mí dos mozos que servian al monasterio como donados, -y por saber la tierra mejor que yo, cogiéronme la delantera tan de -mañana, que cuando salí los ví de lejos puestos en lugar que no tenia -remedio sino que me habian de coger, pero como la necesidad es tan -grande trazadora de remedios, hallélo en un colmenar que estaba junto -al camino; y así como los ví entréme en el colmenar, derribando más -de veinte colmenas, y poniéndome entre ellas, sin hacer movimiento -poco ni mucho, porque las abejas no acometen sino á quien lo hace, y -entrando ellos á acometer, las abejas, por defender su jurisdiccion, -los recibieron con sus armas al tiempo del asalto de las murallas, y -como ellos se defendieron con las manos, cuanto más jugaban de ellas, -tanto mayor número de abejas acudia. Alborotado el ejército y puesto en -arma, desampararon las tiendas de la retaguardia, y viniendo á socorrer -la vanguardia, fué tan grande el concurso, que les hacian sombra á los -pobres verdugos. Yo, vista la batalla que por mí se habia trabado, y -viendo la seguridad con que podia escabullirme, con el mayor silencio -que pude, me salí á gatas del real por entre unas jaras, que para -encubrirme estaban más espesas que las abejas para mis contrarios, -que entrándoseles por las muñecas y pescuezo, no les daban lugar á la -defensa. Aunque lo primero que hicieron fué cargar tan increible número -á la frente y ojos, que un momento los cegaron de manera que cuando -quisieron salir ya no acertaron, ni veian por dónde. Acudió el dueño -del colmenar á sosegar sus soldados, armado con sus armas defensivas, -y halló de suerte á los miserables mozos, aporreados y llenos de -chichones, que en lugar de reñirles el daño hecho en su real, hubo -de sacarlos muy lejos de la gente alterada y colérica, porque no los -acabasen de matar. Seis dias há que vengo huyendo de los azotes que me -habian de pegar si me cogieran. Entretuvo el muchacho toda la gente de -la venta con sus sucesos con gusto y risa. Yo le dije: Al fin hallaste -misericordia en las abejas, que haber sido sin daño de tercero, fuera -el más feliz suceso del mundo: pero como tenemos más obligacion á -nosotros propios naturalmente que á los otros, buscamos remedio para -nuestros daños en los agenos, aunque ha de procurar un hombre su -bien sin mal del prójimo, porque lo demás es contra caridad. Dijo el -muchacho: Sea como fuere, que siempre oí decir que tiene un hombre -obligacion de guardarse á sí propio: que un cordero mató á un lobo por -huir de él en una trampa que habia puesto el pastor muy encubierta de -yerba, con una culebra muerta puesta encima. Vió el lobo que venia -muy determinado á cogerlo, y corriendo el cordero hácia donde estaba -su pastor, cuando llegó á la trampa, vió la culebra, y espantóse de -ella, dió en la trampa, y quebróse las piernas. Y si un cordero sabe -defenderse con daño ageno, ¿por qué no lo hará un hombre? Con esto se -fué cada uno á su cama, espantados de la bachillería del muchacho. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XVI. - - -Salimos de la venta, y aunque gustáramos llevar al muchacho con -nosotros, él andaba tan poco, que el oidor le dió dineros para que -se fuese á su espacio. Ya que habia salido á puerto de claridad ó de -seguridad, y admirándome de la diversidad de los ingenios, dije: ¡Cuán -pocas esperanzas se pueden tener de estos muchachos que muestran en sus -principios agudeza y bachillería, que no les queda profundidad para las -cosas de veras y de substancia! El entendimiento capaz de las cosas, -nunca anda vacilando ni variando en cosas de poco momento: que á los -principios, para conmigo, da mayores esperanzas el que comienza más -callado que no el que descubre con locuacidad todo cuanto tiene en el -alma. Que siendo el entendimiento la más principal parte de ella, y no -siendo ella habladora, tampoco lo será el buen entendimiento. Cuando -un hombre está ya sazonado, y habilitado el ingenio en las veras, y -con la experiencia, bien enterado en la verdad, que sea locuaz, tiene -caudal para serlo; pero que no teniendo esta capacidad bien fundada sea -hablador y atrevido, ni creo en él, ni en quien hiciere mucho caso -de él: pero con todo eso, estos que hablan mucho son para la soledad -del camino de provecho, porque si los oyen entretienen, y si no los -oyen, dan lugar á que mientras hablan piense cada uno en su negocio. -El oidor disputó un rato muy doctamente del entendimiento, la memoria -y la imaginativa, que no es para este lugar, y todo el camino me fué -preguntando por cosas de Márcos Obregon con grande aficion. Llegamos -á Córdoba, donde fué forzoso el apartarnos, y me rogó encarecidamente -al separarnos que le dijese el deseo que tenia de conocerlo, y que -si algun tiempo fuese á Sevilla, fuese derecho á su casa. Y con esto -llegando á la puente del Guadalquivir, dividímonos cada uno por su -camino, y en habiéndonos apartado cosa de cien pasos, yo le dije recio, -que lo pudiese oir: Señor oidor, yo soy Márcos de Obregon; y picando -con toda la priesa posible, cogí el camino de Málaga ó de Gibraltar, -que á uno de estos lugares era mi viaje. El oidor quiso volver á -llamarme, y como yo me dí priesa, fué diciendo á sus criados: No en -balde me hallaba yo tan bien con la compañía de este hombre, que cierto -le he cobrado un amor, sin saber quién era, que haria cualquiera cosa -por él. Yo me avié á una de estas ciudades, de cuya templanza yo tenia -satisfaccion que para la vejez son apacibles, por el poco frio que hace -en ellas; y por la variedad que tienen consigo los puertos de mar, por -la cercanía y correspondencia que tienen con África, fuera de tener -lugares acomodados para la soledad. Llegué á Málaga en tiempo que habia -llegado el mismo dia el bergantin del Peñon, de que era capitan Juan de -Loja, muy valiente soldado, que habia recibido y dado muchas heridas á -moros y turcos, y traia una presa muy apacible. Fuíle á ver por ser muy -amigo mio, y dándonos los parabienes cada uno de la venida del otro, -me dijo que habia topado con un barco muy trabajado de una borrasca, y -habia cogido en él una doncella turca y un gentil hombre, que debian -de ser hermanos, ella muy hermosa, y el mozo de gallardo talle y algo -españolados, tanto que se habian espantado por ser nacidos en África, -é hijos de infieles. Roguéle que me los mostrase, por tenerles muy -guardados, para hacer un presente de ellos. Él me dijo: Antes, pues -habeis estado en Argel, quiero que sin veros los oigais hablar, por -ver si tratan verdad. Entró donde estaban, quedándome yo á la puerta, -y díjoles: Contadme la verdad de vuestra historia, ya que es forzoso -vuestro cautiverio, para que conforme á esto os haga el tratamiento que -merecen vuestras personas. Estaba el mozo muy triste, y la doncella -deshecha en lágrimas, suspiros y sollozos; consolándolos su amo, el -mozo dijo de esta manera: Que la privacion de la preciosa libertad nos -traiga tristes y afligidos, la misma naturaleza lo pide; que carezcamos -de nuestra tierra, padres y regalos que poseimos, por fuerza se ha -de sentir; que dejásemos hacienda, esclavos y grandeza de nuestra -voluntad, soledad nos causa; pero que no consigamos el intento á que -venimos, nos arranca el corazon del pecho. - -Mi hermana y yo, que lo somos cierto, nacimos en Argel, somos hijos -de un español que del reino de Valencia se pasó á Argel. Casóse con -nuestra madre, que es turca de nacion. Es nuestro padre corsario que -trae por la mar dos galeotas suyas, con que ha hecho mucho mal á -cristianos. Entre los cautivos que robó en España, vino uno á quien -nuestro padre nos dió para maestro de la lengua y letras españolas, que -como nos encarecia tanto las cosas de su tierra, nos encendia en amor y -deseo de ver y haber lo que tanto estimaba: este esclavo español se dió -tan buena priesa en la doctrina que nos enseñó, que dentro de pocos -dias teníamos aborrecida la que habíamos mamado en la leche, y abrazada -en el corazon la del bautismo. Si yo nombraba á Jesus, mi hermana á -su madre María: no teníamos otra comunicacion sino esta. Hicimos voto -en voz de vivir y morir en la religion cristiana. Diónos palabra este -esclavo de buscar modo cómo nos bautizásemos. Han pasado ocho años que -fué á su tierra, y al cabo de estos nos dijeron que en saliendo de -Argel lo habian cautivado las galeras de Génova, y le habian muerto -entendiendo que era nuestro padre. Desconfiados ya de su aviso ó -venida, determinamos de buscar por otra parte remedio. En este tiempo, -como ya mi hermana tenia edad para tomar estado, y yo era el mayorazgo -de aquella hacienda, concertó nuestro padre con un turco muy rico, que -tenia hijo é hija de nuestra edad, de trocar y casar hijo con hija, é -hija con hijo, y habia sido este deseo general en todo Argel, porque -aunque tenia mi hermana y yo libertad con riqueza, nunca nos vió nadie -con resabios de tales, que si bien éramos estimados, ella por su mucha -hermosura, y yo por sucesion de mi hacienda, nunca nos empeció que -olvidásemos la libertad cristiana que nos enseñó nuestro maestro, y por -brevedad de nuestras desdichas, viendo tan cerca nuestros casamientos -por donde habíamos de borrar de nuestra alma los ardientes deseos que -conservábamos en el pecho; mi hermana y yo aguardamos á que nuestro -padre hiciese una jornada hácia levante para traer alguna presa con que -enriquecer más nuestro nuevo estado, y en echando las galeotas al agua, -nos fuimos á una heredad, y comunicando el caso con cuatro esclavos -españoles, dos turcos, y seis italianos prácticos en toda la costa de -España; y estando mi madre segura y descuidada, por estar mi hermana en -mi compañía, cogimos al anochecer un barco, y con todo el silencio del -mundo, batiendo los remos fuertemente, nos dimos tan buena priesa, que -al amanecer descubrimos la costa de Valencia; pero yendo con esta buena -suerte, nos vino un viento de hácia levante que nos hizo bajar la vela, -y nos echó hácia poniente con tanta furia, que no fuimos señores del -barco, porque venian sobre nosotros tan levantados montes y breñas de -agua, que mil veces nos vimos debajo de las olas sumergidos; y como yo -y mis criados llevábamos el cuidado puesto más en salvar á mi hermana -que á nosotros propios, una vez esperando un peñasco de agua que venia -á tragarnos, tendióse ella de bruces sobre el suelo del barco, y á -cuatro que se pusieron á resistir la fuerza por que no llegase á ella, -se les sorbió la ola, y nunca más parecieron. Rendímonos á lo que el -cielo ordenase despues de haber atado á mi hermana, de suerte que no se -la llevasen las olas aunque padeciese naufragios el barco, y á los que -llevaban los remos en las manos, se los arrancó de ellas el soberbio -viento, dejándoles los brazos mancos. Yo, visto que solo Dios podia -socorrernos, mandéles que no hiciesen defensa, porque el barco sobre -aquellas poderosas olas, andaba como cáscara de nuez, siempre encima, -aunque una vez, viendo que se volvia boca arriba, yo me abracé con mi -hermana, que me valió la vida, porque á los demás que iban sueltos los -voló, sino fueron á dos que se asieron á los dos bordes del barco. -Vino á sosegarse un poco el viento, pero las olas movidas del levante -inexorable quedaron por dos dias en su fuerza, andando sin gobierno -cinco ó seis dias, sin poder comer lo poco que nos habia quedado: como -no tenia remos, ni quien los gobernase, acordéme que aquel nuestro ayo -ó esclavo nos dijo, que los que se encomendaban á Dios, tomando el -sagrado bautismo, habian de pasar los trabajos con mucha paciencia y -esperanza; y consolámonos con esto. Mi hermana vuelta en sí comenzó -con muchas veras á rezar en un rosario que le habia dejado Márcos de -Obregon, que así se llamaba nuestro maestro, y en esto descubrimos -vuestro barco, no con intento de ponernos en defensa, que aquellos dos -turcos que vuestro valeroso brazo mató, los traíamos ya con celo de -bautizarse: llegamos á tierra de cristianos, donde suplicamos á Dios -nos dé paciencia y nos cumpla nuestro deseo. Acabó su razonamiento, -y la hermana no el llanto que habia comenzado desde el principio del -cuento. El capitan, piadoso y enternecido, les dijo: Si lo que habeis -contado con tanta terneza es verdad, yo os daré libertad y todas las -joyas que tengo vuestras, y les dijo: ¿Conocereis á Márcos de Obregon -si lo veis? Respondió la doncella: ¿Cómo lo habemos de ver si es -muerto? Dijo el capitan: Salid afuera, y mirad si es alguno de los -hombres que están ahí. Alborotáronse confusos entre esperanza y temor, -y la doncella con mayor turbacion, porque el amor hizo memoria de lo -pasado, y la religion le facilitó su ardiente deseo de ver á quien los -habia enseñado; salieron afuera, y en viéndome se arrojaron á mis piés, -llamándome padre, maestro y señor; quedé en éxtasis por algun espacio -sin poder hacer otra accion sino admirarme, afirmando que cuanto habian -contado era verdad: en sosegándome de la súbita alteracion, lloré -tiernamente con ellos, que tambien el contento tiene sus lágrimas -piadosas, como el pesar congojosas: el capitan quedó espantado del -caso, y habiéndoles consolado con sus palabras y mi presencia, les -dijo: No quiera Dios que yo cautive á cristianos; libertad teneis, -y vuestras joyas, de que yo he sido no poseedor, sino depositario -veislas aquí (entre las cuales ví un rosario que yo le habia dado á la -doncella), usad de la libertad cristiana, pues tan venturosos habeis -sido en llegar á ejecutar vuestro soberano intento. La alegría que yo -sentí en ver aquellas dos prendas, que en mis trabajos y cautiverio -me alentaron y consolaron, me volvió, si se puede decir, á la mocedad -pasada: que el pecho con alegría entretiene la vida; y la alegría -fundada en bien, engendra paz en el alma. Hablé grandes ratos con -ellos de mis trabajos y sus consuelos, que siendo pasados, bien pueden -traerse á la memoria, pues causan, á la medida del pasado mal, la -presente alegría. Los virtuosos mozos cobraron tanta en verme, que se -les borró del rostro la tristeza del trabajo pasado. Dimos órden en su -vida con ayudarles á cumplir lo que tanto deseaban; y fué la mudanza -de sus acciones exteriores tan conocida, que nos dió ejemplo de vida á -todos. Aviáronse á Valencia á conocer los parientes de su padre, donde -vivieron con tanto consuelo del alma, que tuve nueva que acabaron sus -vidas con grande ejemplo de virtud cristiana. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XVII. - - -Parecióme que para la quietud que yo deseaba, el bullicio de Málaga, y -las ocasiones de la tierra y mar, con el apacible trato de la gente, -siendo yo conocido en ella, no se podia hallar á la medida de mi deseo, -y la ejecucion del intento principal; fuíme á la Sauceda de Ronda, -donde hay lugares y soledades tan remotas, que puede un hombre vivir -muchos años sin ser visto ni encontrado si él no quiere. Púsome en -camino un buen hombre, y porque no pasase sin trabajo, llegando á la -Sabinilla, se desembarcaron dos bergantines de turcos, saltaron en -tierra, y cogieron pescadores y vaqueros, cuantos hallaron por allí; -porque aunque habian hecho ahumadas, no las echamos de ver hasta que -dimos en manos de los moros, que nos maniataron y llevaron á los -bergantines; pero de verse tan señores de la tierra, descuidáronse, -hinchando las panzas de vino de lo que hallaron en una hacienda de -pesca; de manera que todos, ó la mayor parte se emborracharon; dan -sobre ellos la gente de Estepona y Casares, y los demás que vivian -cerca viniendo al rebato, cautivando y matando, se escaparon muy -pocos. Los que estábamos en los bergantines maniatados, pedimos á los -guardas, que si querian vivir nos desatasen y echasen en tierra; lo -cual hicieron, y les valió para poderse aviar, porque desatando á un -vaquero con los dientes, hombre de fuerza y ánimo, cogió un remo como -si fuera una vara de medir, y jugando de él, hizo que nos desatasen á -todos y nos echasen en tierra. Afligíme de nuevo, acordándome de mis -trabajos de mar y tierra, que aunque han sido muchos, siempre hallé -piedad y misericordia en ellos, como en este, que viéndome un hombre -anciano en edad, aunque robusto y fuerte en las acciones de hombre de -valor, vecino de la villa de Casares, que decian ser un Abraham en -piedad, porque su casa y hacienda era siempre para hospedar peregrinos -y caminantes; llegóse á mí, y dijo: Aunque siempre la piedad me llama á -semejantes cosas, ahora parece que me hace más fuerza que otras veces, -viéndoos afligido y con edad; idos conmigo á mi casa, que aunque es -pobre de hacienda, es abundantísima de voluntad, y nadie hay en ella -que no se incline á piedad tan entrañablemente como yo: no solamente mi -mujer é hijos, pero criados y esclavos, que tanto tiene el hospedaje -de bueno, cuanto tiene de concordia en el amor de todos. ¿Cómo es el -nombre, pregunté yo, de quien tanta piedad usa conmigo? que fuera de -la caridad, que tanto resplandece en vuestra persona, hay en mí otra -fuerza superior que me abrasa el pecho en amaros. Yo, respondió, soy -un hombre no conocido por partes que en mí resplandezcan, contento con -el estado en que Dios me puso, pobre bien intencionado, sin envidia al -bien ageno, ni de las grandezas que suelen estimarse; trato con los -mayores con sencillez y humildad, con los iguales como hermano, con -todos los sugetos como padre. Alégrome cuando hallo mis vaquillas -cabales, castro mis colmenas, hablando con las abejas como si fueran -personas que me entendiesen; no me pongo á juzgar lo que otros hacen, -porque todo me parece bueno; si oigo decir mal de una persona, mudo -conversacion en materia que les pueda divertir; hago el bien que puedo -con lo poco que tengo, que es más de lo que yo merezco, que con esto -paso una vida quieta, y sin enemistades que destruyen la vida. Dichoso -vos, dije yo, que sin andar contemporizando las pompas y soberbias del -mundo, habeis alcanzado lo que todos desean poseer. ¿Pues cómo habeis -caminado á tan quieta vida? Respondió: No desprecio de lo propio, no -envidio lo ageno, no confio en lo dudoso, no reparo en recibir lo que -viene sin alteracion de ánimo. Quien tal estado alcanza, dije yo, bien -es que publique su nombre. No es mi nombre, dijo, de los conocidos -por el mundo, sino á la manera de mi persona, llámome Pedro Jimenez -Espinel. Dióme una aldabada en el corazon, pero soseguéme, prosiguiendo -en la conversacion para entretener el camino hasta llegar al lugar; y -preguntéle: ¿Y con esa vida tan segura teneis alguna pesadumbre que -os inquiete? Por Dios, señor, respondió, si no es cuando no hallo la -hacienda bien hecha, ó la comida por aderezar, no tengo pesadumbre, -y esa con leer el Memorial de la vida cristiana de fray Luis de -Granada, se me quita como por la mano. ¡Cuántos filósofos, dije yo, han -procurado esa sencillez y no la poseyeron con cuantas observaciones -han tenido en los preceptos de la filosofía moral y natural! No me -espanto, dijo el buen hombre, que como la mucha ciencia engendra en -los hombres algun desvanecimiento, sin humildad no se puede alcanzar -esta vida, que como yo soy ignorante, abracéme desde mi niñez con -la virtud de paciencia y humildad que conocí en mis padres, y héme -hallado bien con ella; pero pues habeis andado por el mundo, podrá -ser que hayais conocido por allá un sobrino mio que há muchos años no -sabemos de él, que segun nos han dicho, anda en Italia, y á cuantos -hospedo en mi casa, fuera de ser la obra buena, en parte lo hago por -saber de mi sobrino. ¿Cómo se llama? pregunté, y respondióme con mi -propio nombre. Sí le conozco, dije, y es el mayor amigo que tengo en el -mundo. Él es vivo, y está en España, y bien cerca de aquí; donde sin -andar mucho le podreis ver y hablar. Holguéme en el alma de conocer -mi sangre, y tan bien fundada en las virtudes morales cristianas, que -pudiera yo imitarle si fuera tan puesto en la verdad de las cosas como -era razon. Él se holgó de las nuevas que le dí, aunque por entonces no -me dí á conocer hasta que hube mudado estado. Que realmente la carne y -sangre, y tan cercana como esa, tiene algo de estorbo para la ejecucion -de los intentos buenos que apetecen soledad. De todos los valerosos -hombres en religion tenemos noticia que han huido á los desiertos de -la compañía de parientes y amigos que pueden ser impedimento para los -buenos fines. Los actos del alma en la soledad están más desembarazados -y libres. Obras de ingenio no quieren compañía. El vicio tiene menos -fuerza cuando las ocasiones son menos. Las más escelentes obras de -varones señalados se han fraguado en las soledades. Y quien quisiere -adelantarse en cosas de virtud, ora sea en ejercitarla, ora sea en -escribir de ella, se hallará más fácil y pronto para semejantes -acciones. Y aunque la soledad por sí no es buena, no está solo quien -tiene á Dios por compañero. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XVIII. - - -Y para cortar razones, llegué á la Sauceda, donde lo primero que -encontré fueron tres vaqueros con muy largas escopetas, que me dijeron: -Apéese del macho. Yo les repliqué: Mejor me hallo á caballo que á pié. -Pues si tan bien se halla, dijeron ellos, cómprenoslo. Eso seria, dije -yo, quedar sin macho y sin los dineros que no tengo. ¿Quién son vuesas -mercedes, que me venden el macho que yo compré en Madrid? Despues lo -sabrá, respondieron, y ahora apéese. Cierto, dije yo, que me huelgo, -porque no he visto más mala bestia en mi vida, maliciosa, ciega y llena -de esparavanes, y con más años acuestas que una palma vieja, tropieza -cada momento, y se arroja en el suelo sin pedir licencia; solo una -cosa tiene buena, que si le ponen un alcalí de cebada no se moverá -hasta tener sed. Pues con todas estas faltas lo queremos, dijeron. Al -fin me bajé de ella, y rindiéndoles las faldriqueras, como no hallaron -substancia en ellas, dijeron que habian de desollar al macho, y meterme -en el pellejo si no les daba dineros. ¿Pues soy yo cofre, les dije, -que me quieren aforrar del pellejo del macho? ¿ó quieren abrigarme -por el frio que me ha causado el temor de ver las escopetas? Con el -buen ánimo que conocieron en mí, se desenconaron del ruin que ellos -tenian; y porque al mismo tiempo venian otros cinco ó seis furiosos -por asir á un hombre que se defendia de ellos valerosamente, dando y -recibiendo heridas, á los cuales mandó su caudillo que no le matasen, -porque tan valiente hombre seria bueno para su compañía; mas él, con -valeroso pecho, dijo que no queria sino que le matasen si pudiesen. -¿Por qué? preguntó su cabeza, aquietándoles y sosegando á él. Porque -á quien tal desdicha como á mí le ha sucedido, no há menester vivir. -Miré al hombre, y pareciéndome que era el doctor Sagredo, á quien yo -habia comunicado en Madrid, aunque con trage diferente, porque él era -médico, y allí venia como soldado desgarrado, pero siempre hombre muy -de hecho, y así no me determiné en que fuese él mismo. Sosegáronse, y -él con grandes ansias reprehendia la piedad de los salteadores porque -no le mataron, y con ardientes suspiros clamaba al cielo, diciendo: -¡Oh rigores de las estrellas, desdichas entrañables solamente mias, -mudanzas de fortuna, planetas verdugos de mi quietud y sosiego, que -habiéndome librado de tan inmensos peligros por mares y tierras no -conocidas, me viniese á tragar la furia del mar mi dulce compañía, -mi regalada esposa, despues de haberme seguido y acompañado en tan -importunos trabajos, y que fuese yo tan para poco que no me arrojase -en las levantadas olas para acompañar en la muerte á quien me acompañó -en la vida! Tantas ternezas dijo, que movió á compasion á la más -mala canalla que habia en el mundo en aquel tiempo, que en hábito de -vaqueros andaban trescientos hombres robando y salteando á quien no -se defendia, y matando á quien se defendia. Juntáronse á consejo cosa -de ciento que se hallaron allí con el caudillo, para tratar de cierta -sospecha que traian de que Su Magestad queria remediar aquel fuego que -se iba encendiendo con tan exorbitantes daños como se descubrian en -toda la Andalucía á cada momento, y juntamente sentenciar qué habian de -hacer de muchos que tenian en cuevas presos. Y entretanto nos pusieron -al doctor Sagredo y á mí con otros dos en una cueva, fácil para entrar, -y para salir imposible, aunque tenia bastante claridad, que por entre -la espesura de los encumbrados árboles entraba en la cueva. Y viéndome -en aquella afliccion, por no estar en triste silencio, le pregunté: -Señor, ya que estamos en un trabajo, y padeciendo un mismo agravio, os -suplico me digais si sois el doctor Sagredo. Alborotóse, y replicóme: -¿Quién sois vos que me lo preguntais, y dónde me conocísteis? Yo soy, -le respondí, Márcos de Obregon. No lo acabé de pronunciar, cuando -echándome los brazos al cuello, me dijo: ¡Ay padre de mi alma! ya -murió vuestra querida y regalada; ya murió mi amada esposa; ya murió -doña Mergelina de Aybar; ya murió todo mi bien y mi compañía. Ya no -soy el doctor Sagredo, sino una sombra del que solia, hasta que llegue -la disolucion de este miserable cuerpo. ¡Ay mi consejero leal, y cuán -mal me aproveché de vuestra doctrina para verme ahora en la soledad -que me aflige y atormenta el alma, si no es que el inmenso Dios, tras -tantos infortunios, sea servido de ponerme en esta mazmorra con vuestra -compañía para que muera con algun alivio y refrigerio, que despues que -de ella me aparté, se apartó de mí todo lo que podia estarme bien! -¿Pues cómo y cuándo, dije yo, y dónde murió aquella prenda tan amada -vuestra, y alabada por su hermosura de todo el mundo? Ninguna fuerza -pudiera haber tan grande para mí en lo descubierto como la vuestra para -contar desdichas, y que tanto me atormentan la memoria. Pero pues no -sabemos el fin que nos está guardado en esta esquiva prision, y estando -tan cierto que renovar mis desventuras á quien las ha de sentir, y no -burlarse de ellas, puede aligerar tan pesada carga, tomaré el principio -de lo que lo fué de mi total ruina. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XIX. - - -Luego que, por mi desgracia, salí de aquella reina del mundo, Madrid, ó -madre universal, en el primer pueblo á donde llegué ví tocar cajas que -hacian gente por mandado de Felipe II, para ir á descubrir el estrecho -de Magallanes; y como yo nací más inclinado á las armas que á los -libros, dí con ellos á un lado; y con el ánimo alterado, arrimándome á -un capitan amigo mio, eché mi caudal en armas y en vestidos de soldado, -que no le parecieron mal á doña Mergelina, que con ver que ella gustaba -de ello me incliné más á seguir aquel modo de vida, llevándola en mi -compañía, por quererlo ella, y por desearlo yo, que muchos hombres -casados fueron á la misma jornada, porque la intencion de Su Majestad -era poblar aquel estrecho de vasallos suyos, y pluguiera á Dios me lo -estorbara, que yo tenia mi voluntad tan subordinada á la suya, que -sin su beneplácito no me arrojara tan inconsideradamente á profesion -tan llena de miserias y necesidades. Embarcámonos en Sanlúcar, que -voy abreviando, y llegando al golfo de las Yeguas fué tan desatada y -terrible la tormenta que nos sobrevino, que por poco no quedára tabla -en que salvarnos; pero por la prudencia de Diego Flores de Valdés, -general de la flota, volviendo las espaldas á la tormenta, tornamos -á invernar á Cádiz primera vez, de donde salimos, y con grandes -incomodidades llegamos á la costa del Brasil, invernando segunda vez en -San Sebastian, á la boca del rio Ganero, muy ancho y estendido puerto. -Estuvimos allí algun espacio, admirándonos de ver aquellos indios -desnudos, y tanta abundancia de ellos, que bastára para poblar otro -mundo. Solian desaparecerse algunos de ellos, sin saber qué se hacian, -y un valeroso mancebo, mestizo portugués é indio, determinóse de buscar -el fin de tantas personas como faltaban, y embrazando una rodela de -punta de diamante, y una muy gentil espada, se fué por la orilla del -ancho mar: vió de lejos un mónstruo marino que estaba esperando algun -indio para cogerle, y que llegando cerca, puesto en piés el mónstruo, -porque antes estaba de rodillas, era tan grande, que el portugués no -le llegaba al medio cuerpo, y cuando el mónstruo le vió cerca, cerró -con él pensando llevarle adentro, como hacia con los demás. Pero el -valeroso mozo, poniendo la rodela adelante, y jugando la espada, -defendióse lo mejor que pudo, aunque las conchas de la bestia marina -eran tan duras que no le pudo herir por alguna parte. Los golpes que -el mónstruo le daba eran tan pesados que no los osaba esperar, hasta -que dió en ponerle delante la punta del diamante, apuntando á las -coyunturas de los brazos, por donde el mónstruo recibió tanto daño que -se iba desangrando: y habiendo durado esta pesca grande rato, al fin -cayeron ambos muertos. Fueron á buscar al animoso mozo, y hallaron uno -caido á una parte, y otro á otra. El capitan Juan Gutierrez de Sama y -yo vimos el cuerpo del espantable mónstruo, y otros muchos españoles, -con grande admiracion. El mar por allí tiene muchos bajíos y muchas -islas; en una de ellas vimos una serpiente de las que por acá nos -pintan para espantarnos, que tenia el hocico á manera de galgo, largo, -y con muchos dientes agudísimos; alas grandes de carne, como las de los -murciélagos, el cuerpo y pecho grandes, la cola como una viga pequeña -enroscada, dos piés, ó manos con uñas, el aspecto terrible. Encaramos -cuatro escopetas hácia ella, porque estaba en una fuente que por el -remanente íbamos á buscar para beber. Yo fuí de parecer que cuando la -matásemos ella mataria á alguno de nosotros, y así la dejamos, porque -ella en viéndonos se entró por la espesura del monte, dejando un rastro -muy ancho como de una viga. Mas como no me importaba, ni importa para -mi discurso, no digo muchas monstruosidades que vimos. Seguimos desde -allí el camino ó viaje del estrecho, por el mes de enero y febrero, -cuando allá comienza el verano, con muchos vientos contrarios, -oponiéndonos á recias corrientes, que ó por cerros altísimos, y canales -que hay debajo del agua, ó por vientos furiosos que la mueven, nos -hacian tantas contradicciones, que muchas naos padecieron tormentas, -y algunas naufragio, sin poderse socorrer unas á otras. Entre las que -padecieron naufragio fué la que llevaba mi esposa y á mí, que aunque -soltaron pieza, ó no nos oyeron, ó no pudieron socorrernos, sino fué -una que iba á vista de la nuestra, que compadecidos los marineros, -contra su costumbre, de nosotros, acudieron á tan buen tiempo que -pudo salvarse la ropa y las personas antes que del todo se hundiese. -Los soldados y marineros, despues de haberse anegado nuestro navío, y -pasado al otro, acudieron á regalar á la mal malograda de mi esposa, -que aunque era tan varonil, el temor de la tragada muerte la tenia -turbada, y así fué parecer de todos que no siguiésemos la armada hasta -ver que la gente hubiese respirado del trabajo pasado. Descubrióse una -isla despoblada, adonde con algun trabajo pudimos arribar. Reparámonos -del cansancio y trabajo, hicimos agua, que la hallamos muy buena, y -algunas frutillas con que nos refrescamos, y dentro de quince dias nos -hicimos á la vela siguiendo la flota, que no pudimos alcanzar. Llegamos -á vista del estrecho, despues de haber andado perdidos mucho tiempo. -Descubriéronse grandes y altas sierras, con muchos árboles frutales, -y infinita caza, segun supimos de pobladores que dejó allí la armada, -aunque ni saltamos en tierra, ni nuestra cabeza lo consintió por volver -á seguir la flota. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XX. - - -Estando esperando viento para volver la proa, vimos venir muchísimas -aves en aquella parte del estrecho, donde habia unos hombrezuelos -pequeños de estatura, porque en la otra son altísimos y membrudos, que -casi las aves se señorean de la tierra, de manera que los hombrecitos -huian de ellas; nos vino un viento tan poderoso, que nos hizo pasar -el estrecho sin poderle resistir, con grandes daños del navío, porque -siendo la orilla muy llena de bajíos, íbamos casi arrastrando por la -arena las áncoras, fuera de no estar el estrecho llano como el de -Gibraltar, sino haciendo combas y senos, y topando en las áncoras que -habia dejado la arena por allí. La presteza del viento fué tanta y -tan sin pensar, que no tuvieron los marineros traza para defender al -navío. Pasamos de la otra parte con todos estos peligros de golpes -que el navío daba, y duró tanto, que nos rompió las velas mayores, -aunque las demás se amainaron, dejaron el trinquete de proa para que -la inmensa furia del aire nos llevase adonde quisiese, sin poder -dar bordo ni ver lugar adonde pudiésemos tener recurso ni socorro. -Al fin anduvimos seis meses perdidos, faltando ya todo lo necesario -para conservar la vida, arrojados y sacudidos de las olas por tan -inmensos mares, de nadie conocidos y navegados, perdida la esperanza -y el gobierno sin saber hácia dónde caminábamos, dispuestos cada dia -para ser manjar de mónstruos espantables, fuera de nuestro elemento, -y acabadas ya comida y bebida, de suerte que no habia quedado cuero -de maleta que no hubiese sido dulcísimo mantenimiento de su dueño, -si se las dejaban comer á solas, con un temor horrible, de imaginar -la sepultura que teníamos abierta en las no habitadas cavernas del -profundo mar, ó en las hambrientas entrañas de sus indomables bestias. -Creyendo que ya todo el mundo hubiese tornado á ser agua otra vez por -el diluvio general, comenzaron todos á decir en un grito: ¡Tierra, -tierra, tierra! porque descubrimos una isla de tan altos riscos -cercada, y ellos adornados de tan levantados árboles, que parecia -alguna cosa encantada, y apenas la descubrimos, cuando en un instante -se desapareció, no por arte mágica sino por la fuerza de una corriente -que nos arrebató el navío contra nuestra voluntad, sin ser poderosos -para resistirlo, hasta que la misma corriente nos echó á un lado, entre -unos remolinos tan furiosos, que tuvimos por cierto que se tragára el -navío, y á nosotros con él; pero volviendo en sí los marineros, y no -habiendo perdido el tiento donde se descubrió la isla, parecióles que -dando bordos con el trinquete, llevando siempre á vista la corriente, -sin acercarnos á ella, podíamos tornar á cobrar la isla; pero yo fuí -de opinion y parecer que amainasen el trinquete, y con los dos barcos -que iban amarrados en la popa, llevásemos el navío á jorro; porque si -la corriente arrebatase uno de los barcos, sería fácil de volver al -navío; mas si arrebatase el navío, tornaríamos á perder el tiento, y -aun las vidas; y encomendándonos todos al bendito ángel de la guarda, -con grandísimas plegarias y oraciones, y bogando los barcos aquellos -que más robustos ó menos flacos habian quedado por la falta de los -mantenimientos, remudando de cuando en cuando porque todos se alentasen -con la esperanza de ir á buscar tierra, pusimos en la guia ó en lo más -alto del árbol mayor un hombre muy bien atado que fuese descubriendo -con grande vigilancia, y avisando lo que pareciese que se descubria; y -al cabo de dos dias al punto que ya nos parecia que habíamos perdido el -camino de nuestra salud, tornamos á ver aquellas altísimas y tajadas -peñas, más empinadas que el Calpe de Gibraltar, pero llenas de tan -próceros y vistosos ramos, que alentó de manera á todos mis compañeros, -que fué menester quitarles los remos de las manos; porque con las -ansias y encendidos deseos que tenian de llegar á tierra, por poco -dieran otra vez con el navío en la corriente, y con las personas en -la última miseria de desesperacion. Pero dándoles una grande voz, les -dije: Compañeros, ya que Dios os ofrece, tras de tantas desventuras, -hambres y trabajos, ocasion en que se conozca cuánto puede la industria -junta con el valor de los pechos, que tanto tiempo han estado firmes, -siendo terreno de increibles golpes de fortuna, si ahora nos faltase -la cordura y sufrimiento para con prudencia considerar cuánto más -cercanos estamos de la muerte que en todo el tiempo que nos ha traido -la fortuna jugando con nuestras vidas, no seria ya culpa suya, sino -nuestra, precipitarnos en tan evidente peligro como el que habemos -tocado con las manos y visto con los ojos. Y siguiendo mi parecer en -lo que tanto nos importaba, fuimos acercándonos á la isla con tanto -tiento, que aunque diéramos en la corriente con alguno de los barcos, -con la mucha atencion que todos los marineros de conocimiento llevaban, -no se recibiera daño que no fuera fácil de reparar. Caminamos tanto -y tan atentamente, que veníamos á hallarnos menos de media legua de -la isla, y muy cercanos á la corriente, que al parecer de los más -esperimentados, comenzaba sobre la isla muy poco trecho, y se estendia -por ambos lados, de manera que dejaba la entrada imposible y la isla -inaccesible, como le dimos el nombre. Y aunque la corriente no era tan -estendida como en lo que por nuestro daño habíamos visto, era mucho más -furiosa, por ser en aquella parte más angosta. - -Al fin, estando suspensos, y sin consejo sobre lo que se habia de -hacer, yo dije resueltamente: ¿Allí hay tierra y riscos? pues aquí ha -de haber lo uno y lo otro. Y determinadamente hice arrojar el áncora, -y á poco trecho aferró de suerte, que todos quedamos muy contentos y -con esperanza de salvamento. Hecho esto, pedí todos los cabos, sogas -y maromas, de que habia abundancia, tambien como de pólvora, porque -no se habia ofrecido lance en que gastar lo uno y lo otro, y atadas -fuertemente una soga con otra vino á ser tanta la cantidad, que podia -el barco llegar á la isla, y echando en él cincuenta compañeros, y los -más fuertes que me pareció, con sus arcabuces, frascos y frasquillos, -bien llenos de pólvora, y yo por cabo de ellos, aviando en el navío, -que aunque nos arrebatase la corriente, fuesen dándonos cabo, y -alargando con mucho tiento las maromas, hasta ver en qué parábamos; -nos dejamos llegar, guiándonos el bendito ángel de la guarda, y -arrebatándonos la corriente, sin recibir el barco otra alteracion, sino -ir con mucha furia. Á poco trecho nos hallamos en un abrigo, ó seno que -hacia la isla por aquella parte, tan sosegado, que si era grandísima -la furia de la corriente, no era menos mansa y quieta la playa ó -puerto adonde nos arrojó. Con este infeliz, y no pensado suceso, fuimos -bogando, arrimados al levantado risco para buscar alguna entrada, y -luego vimos á la puerta que hacia el encorvado abrigo, un ídolo de -espantable grandeza, y más admirable hechura, y de novedad nunca vista -ni imaginada: por su grandeza era como de una torre de las ordinarias; -sustentábase sobre dos piés tan grandes, como lo habia menester la -arquitectura del cuerpo: tenia un solo brazo que le salia de ambos -hombros, y éste tan largo, que le pasaba de la rodilla gran trecho: -en la mano tenia un sol ó rayos de él, la cabeza proporcionada con lo -demás, con solo un ojo, de cuyo párpado bajo le salia la nariz con sola -una ventana: una oreja sola, y esa en el colodrillo: tenia la boca -abierta, con dos dientes muy agudos, que parecia amenazar con ellos: -una barba salida hácia fuera con cerdas muy gruesas: cabello poco y -descompuesto. Pero aunque pudiera espantarnos esta vision para no pasar -adelante, como íbamos buscando la vida, y se habia de hallar en tierra, -caminamos hácia el ídolo, por donde estaba la pequeña entrada para la -isla, de nadie jamás vista ni comunicada, y al punto que llegamos el -barco á la entrada, salieron los dos altísimos jigantes, de la misma -hechura que tengo pintado el ídolo, y cogiendo el barco cada uno de -su lado, fué tanto el espanto nuestro y la violencia suya, que sin -podernos valer, nos vaciaron en una cueva que estaba al pié del ídolo: -y á un pobre compañero que tuvo ánimo para disparar el arcabuz, cogió -un jigante de aquellos, ciñéndolo con la mano por medio del cuerpo, -y lo arrojó tan lejos, que le vimos ir por encima del agua grande -trecho, hasta que cayó en el mar. Yo tuve advertencia de amarrar el -barco á un tronco de un árbol que estaba cerca de la entrada, antes -que llegásemos á ella, que despues nos fué de mucha importancia, no -previniendo el daño que nos habia de venir, sino porque el barco no se -fuese hácia la corriente. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XXI. - - -Los jigantes, así como nos echaron en la cueva, taparon la boca, -dejando caer un troncon de un árbol, que estaba en la puente superior -pendiendo, á manera de puerta levadiza, que hizo con el encaje y golpe -temblar, no solo la cueva y el ídolo; pero por un resquicio ó ventana -que salia á la mar, la violencia del viento movido levantó tan grandes -olas en ella que sentimos nuestro barco dar muy grandes golpes, por -la grandeza y pesadumbre suya, porque no creo que me engaño en decir -que tenia el tronco treinta varas de circunferencia, y de alto más -de sesenta; era de una materia tan maciza y pesada como la más dura -piedra del mundo. Los jigantes con el gran servicio que habian hecho -á su ídolo, comenzaron á bailar y danzar, y hacer sones descompuestos -y desconcertados en unos tamboriles roncos y melancólicos, que más -parecia ruido hecho en bóveda, que són para bailar. En tanto que ellos -estaban atentos á sus juegos, y entretenidos á costa de nuestras vidas, -nosotros llorábamos la desventura nuestra y la fuerza del hado que con -tal violencia nos habia tratado y traido á punto que ya que nos parecia -haber hallado algun alivio á tan contínuos é incesables trabajos, nos -habia puesto á morir de hambre y sed entre cuerpos muertos, de los que -sacrificaban á su insaciable ídolo; pero como no se ha de perder el -camino en cualquiera adversidad, si los trabajos son la piedra de toque -del valor y del ingenio, luego se me representó el modo de podernos -valer en tan apretado paso, adonde el ánimo, el ingenio y la presteza -habian de concurrir juntos en un instante. Y como estaban contentos -y divertidos en sus fiestas, y realmente era gente sencilla, y les -pareció que con aquel lance y con tenernos encerrados en tan obscura -sepultura, no habria más memoria de nosotros; pudimos, aunque con -trabajo, venir á la ejecucion de mi intento, que fué de este modo: Tomé -las cuerdas que me parecieron necesarias, y con los huesos blancos de -aquellos muertos que habia más descarnados, tomando los más pequeños, -hice una escala con que pudiésemos llegar al resquicio que tengo dicho, -que no pudo hacerse sin mucha dificultad, porque como todo era peña -viva, no dió lugar á que se pudiesen hacer agujeros para subir á poner -la escala; mas como la necesidad es tan grande maestra, y no iba menos -que la vida en hallar modo para poner la escala, tomé un hueso de un -espinazo bien descarnado, por el agujero metí una cuerda, y juntando -los dos cabos que se quedaban debajo, con la mayor fuerza que se pudo -probamos todos á tirar el hueso hácia la ventana ó resquicio; y un -mozo recio, criado en las montañas de Ronda, tuvo tan buen modo, traza -y fuerza, que acertó á colar el hueso por el resquicio, de manera que -quedó atravesado ó encallado; entonces atando la escala á un cabo de -aquellos, y tirando por el otro, llegó la escala á lo alto, y teniendo -mis compañeros del cabo que habia quedado abajo, yo subí con mucho -tiento por la escala, y la aseguré de manera, que todos pudimos subir -al resquicio y bajar al barco. - -Hallada esta ingeniosa traza, tomé la pólvora de todos los frasquillos, -y mientras mis compañeros subian y bajaban al barco, hice una mina -debajo los piés del ídolo, que habia muchos huesos donde hacerla, y -dejándola bien tapada, con menos de un palmo de cuerda encendida, -subíme por la escala y salté en el barco, y desviándonos con los -remos adonde no nos pudiera el daño alcanzar, apenas nos pusimos á -mirar lo que pasaba, cuando dió la mina tan espantable trueno que -alborotó las aguas, y resonó el ruido por la mayor parte de la isla, -y el ídolo dió tan increible caida sobre los danzantes, que hizo -pedazos docena y media de ellos. Los demás viendo que aquel en quien -tenian confianza, les habia muerto los compañeros, dieron á huir, -metiéndose la isla adentro, y dejando desamparado todo el sitio que -nosotros habíamos menester; entramos dentro, dejando el barco bien -amarrado, y todos á un tiempo nos arrojamos y besamos la tierra, -dando inmensas gracias al Fabricador de ella por habernos dejado -pisar nuestro elemento. Y aunque nos espantó el estrago que habia -hecho el ídolo, y nos pudiera detener el espectáculo que teníamos -delante de los ojos, viendo cubierto el suelo de aquellos exorbitantes -mónstruos, como vimos la tierra escombrada de ellos, y la hambre y -sed hallaron en que ejercitar su oficio, arremetimos á unos árboles -frutales escelentísimos, y á una alegrísima fuente que nacia al pié de -un peñasco, muy cercada de ojos más claros que los de la cara. Yo fuí -á la mano á los compañeros, estorbándoles que no encharcasen en fruta -y agua, porque no se corrompiesen, y lo que buscábamos para la vida, -nos acarrease la muerte: y mirando á un lado y otro, vimos un jigante -de aquellos sobre quien habia caido el ídolo, vivo, pero quebrado, y -las piernas de suerte que no podia menearse, y haciéndole señas que -nos dijese dónde habia mantenimiento, nos señaló con la nariz, que no -podia con otra cosa, una cueva que tenia la entrada llena de árboles -muy verdes y muy espesos, tanto que la hacian dificultosa, á lo menos -para los naturales, que para nosotros no, y supimos despues, que nadie -podia entrar allí sino cuando se hubiesen de sacar mantenimientos -para la república ó el comun, so pena de no comer de ellos en cierta -cantidad de tiempo. Al fin, entramos en la cueva muy ancha y clara por -de dentro y con muchos apartamientos, donde habia cecinas de pescado y -carne suavísimas, muchos tasajos bien curados, y una fruta más gorda -y más sabrosa que avellanas, de que usaban en lugar de pan, y otros -muchos mantenimientos de que cargamos el barco, y hinchendo una docena -de cueros de agua dulce y fria, enviamos á los compañeros que ya nos -tenian por muertos, con que todos se alentaron comiendo y bebiendo -del mantenimiento y agua fria dulcísima, y tornaron dando órden, que -dejando en el navío alguna guarda para las mujeres de los que ya habian -estado en la isla, los demás en los barcos viniesen á ella, usando -siempre de los cabos y sogas, que de otro modo no podia ser; y bien -llenos los estómagos de comida, y los frascos de pólvora y cuerdas, se -pasaron á nuestra compañía. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XXII. - - -Interrumpieron la relacion que iba dando el doctor Sagredo unos -portugueses que venian de la Vendeja con cuatro cargas de lienzo, por -una senda, á su parecer, segura de los salteadores, por ser muy nueva; -y como ellos la sabian mejor que los portugueses, dieron con ellos -á la boca de nuestra cueva; de manera, que turbados del no pensado -encuentro, se arrodillaron, diciendo: Por as chagas de Deus naon nos -matades como á patifes, nen tomedes venganza en nosas patuvisadas, que -fez á santa Forneira á os castelhanos. Sosegaos, mentecatos, dijo el -caudillo, que no queremos sino que nos vendais el lienzo á como os ha -costado. De muito boa vountade, dijeron ellos, y sacando el libro de -caja, donde venian escritos los precios, cada salteador pidió lo que -habia menester; y mandando el caudillo que pagasen el dinero antes de -tomar el lienzo, de que yo me admiré, que usase de tanta piedad con los -portugueses. Tomaron su dinero, y desenfardelando para medir el lienzo, -y tomando la vara para medir, dijo el caudillo á los portugueses: Aquí -tenemos nuestro contraste y medida, como república libre; y no medimos -con las varas que por allá se usan, sino con las que acá tenemos; y -pidiendo la vara para medir el lienzo, le trujeron una pica de veinte -y cinco palmos, con que ellos midieron, y dieron á cada uno las varas -que habian pedido, que les debió de salir á cuartillo por vara, con que -ellos quedaron riéndose y contentos, y los portugueses callaron, y se -fueron descargados del peso que traian. Reímonos nosotros, sino fué el -doctor Sagredo que prosiguió su cuento, diciendo: Antes que la fortuna -diese vuelta á la rueda de nuestra prosperidad, nos dimos tan buena -maña, que dejamos con el saco la cueva casi vacía, nuestro navío lleno, -no solo de frutas secas y frescas, pero de mucho pescado seco, carne, -cecina y muchas botas de agua, y otros licores que bebian aquellos -jigantes de mucho gusto y substancia; pero no fué tan seguro que á los -fines no nos sobresaltasen los jigantes, porque como hallamos la tierra -sin contradiccion, y el cansancio y trabajo de la mar pedian reposo -en tierra, tomámoslo de manera, que nos dormimos en los descansos -frescos de aquella cueva, que ella era de manera apacible por las salas -y remansos que tenia llenos de comida, y á trechos unas fuentecillas -heladas, que aunque estuviéramos muy descansados, nos obligára á sentar -allí nuestros tabernáculos. Duramos dos dias en este regalo y fresco, -hasta que al tercero, estando hasta como entre las doce y la una -sesteando, sentimos tan gran ruido y alboroto de gente y tamboriles, -que recordamos todos, diciendo: Arma, arma, porque venia toda la isla -llena de jigantes sobre nosotros, y acudiendo á los arcabuces, no -hallamos cuerda encendida, ni fuego en que encenderla, ni hombre que -hubiese sacado del navío pedernal, eslabon y yesca; comenzaron á decir: -Perdidos somos; pero yo, antes que el temor tomase posesion de los -corazones con la imposibilidad de la defensa por verse encerrados, y -no poderse aprovechar de los arcabuces, dí órden que la mayor parte -de ellos quitasen de aquellos maderos que dividian un apartamiento de -otro, y lo pusiesen á manera de trampa, en que tropezasen; despues -de haber rompido la dificultad de los árboles, que como arriba dije, -hacian la entrada muy dificultosa á los jigantes, y los demás tomamos -unos palos muy secos, cada uno dos, que eran unos de moral, y otros -de yedra, y de cañaleja, ó como más á mano se hallaban, y fregando -el uno con el otro fuertemente, á poco espacio vinieron á humear, -sacando lumbre, y nosotros á encender las cuerdas y aprovecharnos de -los arcabuces, y tuvimos demasiado tiempo para todo, porque su intento -no fué venir sobre nosotros, que ya nos tenian por más que muertos, -sino á ver el estrago que su ídolo habia hecho, que los que habian -escapado de él habian ido á dar cuenta á su gobernador, que llamaban -todos Hazmur, y trayéndolo con mucha majestad sobre cuatro muy grandes -vigas, en una silla hecha de mimbres á manera de cesto, le mostraron -hecho pedazos á aquel en quien adoraban, y los que él con su caida -habia despedazado y destripado, y no supiera que estábamos allí, si el -mismo jigante, derrengado, que nos mostró la cueva, no se lo dijera, -lo cual sabido, arremetieron á la boca de la cueva, tirando peñascos, -desgajando y arrancando de los árboles que les estorbaban á la entrada, -aunque el que llegaba primero, ó tropezaba y caia en las trampas, ó -los derribábamos con las balas, porque aunque hubo opiniones que les -tirásemos á el ojo que tenian solo, porque sin él no podian atinar á la -boca de la cueva, la mia fué, que cebando los arcabuces con dos balas, -se les tirase á las piernas, porque el tiro del ojo no era tan cierto -como estotro, y todos caian, sirviéndonos de saetera y trinchera, así -los maderos que habíamos puesto, como los árboles espesos que estaban á -la entrada, y aunque las muchas piedras ó peñas que arrojaban pudieran -hacer gran daño en nosotros, como perdian la fuerza de los árboles, -cuando llegaban á las trampas hacian muy poco, ó ninguno; fuéles tan -mal, que admirado su gobernador de tan grande novedad, mandó que se -retirasen del mal que hacian y que recibian de la cueva, pareciéndole -que, pues el ídolo habia caido con tan grande espanto, y los que -tenian por muertos herian á los vivos, debia de haber alguna fuerza -superior que causaba tan grande daño en ellos. Al punto obedecieron y -se sosegaron con caida de algunos de ellos, y ningun daño nuestro, y -haciendo demostraciones de paz y de amistad, el gobernador, mirando -al cielo y alzando hácia él la mano, nos dió seguro que podíamos -manifestarnos libremente, y estar sin recelo hablándole y dando razon -de quién éramos y de nuestra venida allí, y fué el mejor tiempo del -mundo, porque si más tardáran, se nos acabára la municion, y con grande -ánimo salimos muy en órden hechas tres hileras, y las cajas sonando en -sus puestos con gentil correspondencia y aire. Fué tanto el gusto de -aquella sencilla gente, á lo menos de los que no estaban heridos, que -en oyendo el són y órden de las cajas, se les cayeron las duras armas -de las manos, mirando con admiracion grande y alegría á su señor, que -siempre se habia estado en la silla en hombros de los que le habian -traido acuestas, y él quedó como suspenso y admirado de ver en tan -pequeña gente dos brazos y dos piernas, y las demás partes del cuerpo -dobladas, y mucho más del ánimo y traza con que procedíamos; y haciendo -alto en la boca de la cueva, nos paramos á ver aquella espantosa -gente llena de pieles de animales, y de plumas de muchos colores, y -la gravedad de su gobernador, respetado, temido y obedecido en sus -mandamientos. Habiendo considerado el modo con que podíamos hablar en -nuestra defensa con las señas más naturales y semejantes á la verdad -que pudimos declarar lo que sentíamos; dejadas prolijidades y señas, y -las demás dificultades que por entonces se allanaron, el gobernador nos -preguntó tres cosas: si éramos hijos de la mar; y si lo éramos, cómo -éramos tan pequeños; y siendo tan pequeños, cómo habíamos osado entrar -entre gente tan grande como la suya. Á lo primero respondimos que no -éramos hijos de la mar, sino del Dios verdadero, superior al suyo, y -como tal los habia castigado, porque viniendo maltratados del mar á -pedirle hospedaje, nos habian querido matar. Á lo demás respondimos -que la grandeza no consiste en la altura del cuerpo, sino en la virtud -y valor del ánimo, y con él osamos entrar en su tierra y pasar todas -las aguas del furioso mar; y que los hijos del Dios, fabricador del -cielo y de la tierra, no temian los peligros que les podian suceder -de las manos de los hombres, especialmente si no adoraban aquel que -era Señor universal sobre todas las dignidades del cielo y de la -tierra, y Criador del mismo sol á quien ellos adoraban. Aquí mudó la -conversacion, como oyó decir que el sol tenia superior, y preguntó á -qué fin habia sido nuestra venida. Respondimos la verdad, refiriendo -algunos de nuestros trabajos, y acordándole la obligacion que tenian -unas criaturas á otras, en razon de ser hijos de Dios, á socorrerse -y ampararse en las necesidades y desventuras, y que esto le pedíamos -como á hombre que tenia lugar supremo, y le habia puesto Dios para -juzgar las causas de premio y de castigo. Dió muestras de admirarse de -nuestra respuesta, y la suya fué que le habia parecido muy bien lo que -habíamos dicho; pero que él no podia, sin avisar al rey de la isla de -tan grande novedad, recibirnos y ampararnos, porque tenia pena de la -vida si lo contrario hiciese; y suplicándole nos concediese licencia -para enviar al navío cuatro compañeros, que para todos, ni la quiso -dar, ni nosotros desamparar la puerta de la cueva, diciendo que iba por -mantenimiento de los de nuestra tierra, y con la mayor diligencia que -pudieron entraron en el barco, haciendo señas al navío que tirase de -los cabos. Entre tanto el gobernador despachó un correo al rey de la -isla á darle noticia de lo que pasaba. - -El correo era un perro de que usaban para las diligencias importantes, -que metiéndole en la boca un cañuto atravesado, y dentro unas hojas de -árbol muy anchas con las cifras de lo que avisaban, bien arrolladas -las hojas, las ponian en el cañuto, y al perro le ponian un barboquejo -bien apretado para que no se le cayese el cañuto, ni se parase á comer -y beber; de suerte que solo le quedaba la boca libre para carlear -ó resollar, y no para otra cosa, y en teniéndolo bien puesto, le -despachaban con cuatro palos, con que lo hacian llegar más presto á -su querencia, que debian ser cuatro leguas; y en viéndolo venir le -salian á recibir al camino, y regalándolo con comida y bebida, hacian -con otro perro lo mismo; de manera que la estafeta podia caminar cien -leguas cada dia; pero tenia pena de sacrificarle al ídolo el que le -estorbase el viaje al perro, ó le estorbase que no llegase á su manida, -ó mansion, ó descansare donde habia siempre perros de las ventas más -vecinas, á quien trataban mal, porque volviesen con más amor á sus -querencias. Mientras mis compañeros fueron al navío, el gobernador -mandó que no les dejasen entrar en la cueva sin ver lo que llevaban, -ni á nosotros salir de ella; con pena que si alguno saliese le matasen, -y estaba nuestro remedio en la venida de los compañeros, porque habian -ido por pólvora y balas, que nos habia quedado muy poco de ambas cosas, -lo cual aseguraron con mandar el gobernador que no se quitasen seis -guardas de junto á la boca de la cueva de noche, porque de dia todos -lo podian ver. Fuénos forzoso cuando los compañeros venian, decirles -que se tornasen al barco, hasta que diésemos traza para que pudiesen -entrar, y pensando cómo quitaríamos las guardas de noche, díjele, que -en oyendo algun movimiento ó ruido, entrasen con toda la priesa que -pudiesen; y para esto de dia, cuando las guardas se quitaron de su -puesto, estando la gente descuidada, derramé por el suelo, donde se -sentaban, pólvora revuelta con algunas chinas menudas, é hice desde -allí hasta nuestro puesto, una reguerita de la misma pólvora. En -llegando la noche, se pusieron las seis guardas en su lugar, y estando -los unos sentados y los otros tendidos sin calzones, porque no los -usaban, dimos fuego á la reguerita, y llegando en un instante á la -pólvora que tenian debajo, les abrasó aquella parte de manera, que -con las chinas y la pólvora, muchos dias no se podian sentar. Ellos -y los demás, con su sencillez, entendieron que el fuego habia salido -de la tierra, y fueron todos temerosos y admirados á contarlo á su -gobernador, y entonces los compañeros con otros dos que habian quedado -en el navío, entraron con mucha priesa, trayendo seis costalillos -de pólvora y balas, con que nos animamos y pusimos en defensa para -lo que nos pudiera suceder. Pasamos la noche con cuidado, haciendo -centinelas, y atrincherándonos de nuevo con los maderos; pero como -ellos no entendieron que el daño era de la parte de dentro, no hicieron -diligencia con nosotros. Á la mañana, al tiempo que el sol salia, se -pusieron todos mirándolo, y con una música de aullidos y cañas, le -hicieron la salva con muy pocas palabras y muchas veces repetidas. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XXIII. - - -Volvió el perro ó correo con su cañuto en la boca, en que venia -escrito con sus señas que no nos dejasen en la isla, porque gente que -tenia los miembros doblados tambien tendrian la intencion doblada: -y para la conservacion de la paz que siempre habian profesado, no -podian sustentarla si forasteros se apoderaban de su tierra, que si -en su república habia alguna alteracion, teniendo quien les acudiese -seria el daño mayor. Que en tanto se conserva la paz, en cuanto los -inquietos no tienen quien los favorezca, y que no habiendo obediencia -de los inferiores á los superiores no puede haber paz. Que si los -alborotadores de ella no tuviesen quien se les allegase, vivirian en -quietud y sosiego. Que los animales de una misma especie tienen paz -unos con otros; pero si son de diferente especie, nunca tienen paz, y -así haríamos nosotros con ellos. Que lo que habian siempre guardado -para sí, sin comunicacion agena, no era bien que forasteros entrasen -á gozarlo. Que no podia haber buena amistad con gente de diversas -costumbres para vivir en paz. Y que habiéndose de administrar justicia -con igualdad, habíamos de ser tan favorecidos como los naturales, y -luego entrarian las enemistades á inquietar la paz. Así mandaba que no -nos admitiesen en la isla, pero que nos dejasen ir con seguridad. Esta -respuesta nos la dieron para la salida, pero con tanta priesa que no -nos consintieron estar medio dia en la isla. - -Salimos con más priesa de la que nos dieron, adivinando lo que nos -habia de suceder; porque apenas estuvimos en el barco cuando entraron -en su cueva, y como la hallaron sin mantenimientos, acudieron á la -orilla del mar, arrojando piedras y peñascos sobre nosotros, tan -espesos, que si el barco no fuera tirado y ayudado del navío, nos -hundieran mil veces. Llegamos, y hallé á mi esposa y á las demás -mujeres del navío tan deseosas de vernos como si hubiera muchos años -que estábamos ausentes. Y sosegados en nuestro navío como los marineros -se habian refrescado, no habian estado ociosos, hallámosles velas -remendadas, jarcias, y obras muertas reducidas á mejor estado, y todo -cuanto era necesario reparado, y con el viento que á los marineros les -pareció salimos de aquella isla inaccesible, y con el mantenimiento que -bastó para dar una vuelta al mundo, que para no ser prolijo, al cabo de -un año, con hartos trabajos, nos vinimos á hallar cerca del estrecho -de Gibraltar, donde fué mi mayor desdicha y desventura; porque como -nuestro navío venia maltratado de tan contínuos movimientos y trabajos -como habia sufrido, llegó un navío de infieles, y á vista de Gibraltar -nos cañonearon á su salvo, de suerte que nos hubimos de rendir, y -matando algunos de los compañeros, lo primero que hicieron fué entrar -dentro y llevarse á mi esposa y un pajecillo que nos servia, con otras -mujeres de los compañeros, y como fué á vista de Gibraltar, y la gente -tiene valor y piedad, acudieron con toda la presteza posible á nuestro -socorro en diez ó doce barcos, llevando por cabeza á don Juan Serrano -y don Francisco su hermano, que dió una cuchillada á un valeroso -caudillo, como la de don Félix Arias, que le cortó el casco de hierro y -le abrió la cabeza, de que cayó muerto en el agua, que nos importó la -vida; pero á mi esposa la muerte, porque los enemigos se retiraron del -daño que nos iban haciendo, recogiéndose á su navío con las mujeres. -El que habia robado á doña Mergelina, enamorado de su hermosura, quiso -forzarla, y huyendo de él, delante de mis ojos, asióse con las jarcias -y cayó en la mar, sin ser socorrida de los herejes. Llegó la noche, y -la gente de Gibraltar, llenos de piedad y misericordia, nos echaron -en tierra, y nos albergaron con regalados alojamientos en casa de don -Francisco Ahumada y Mendoza, y estos tornaron á ver si podian destruir -aquellos enemigos de la fé y de la corona de España. Partíme ayer de -Gibraltar, deseando más la muerte que la vida, aunque no tan de espacio -como va esta. Acabó su relacion el doctor Sagredo, y haciendo las -exequias de su mujer con lágrimas, los dos que estaban con nosotros -quisieron consolarle, ayudándole á llevar su pena muy pesadamente, -porque querian por fuerza que se alegrase; ignorancia de gente que sabe -poco, que mucho más se consuela un desconsolado en decirle que tiene -razon de estarlo, que no con querer que con la reciente pasion muestre -contento; que quieren forzar al paciente á que dance y baile el cuerpo, -teniéndolo casi sin alma, con razones bárbaras y consuelos tan pesados -como ellos, que es como hacer que un rio vuelva su corriente atrás. Las -aflicciones de los atribulados y tristes se han de aligerar con darles -á entender con el semblante, que les alcanza parte de su tristeza, que -les sobra la ocasion para estar tristes, que teniendo quien los ayude -á sentir, ya que del todo no se consuelen, á lo menos vase templando -la pasion. Á dos géneros de gente no tengo por acertado que se oponga -nadie, siendo fresco el accidente, á los coléricos y á los tristes, que -es venir á ser muy mayor el daño en ambas personas. Á un cierto juez, -no muy sabio, acabando de cenar se le antojó de azotar á un hombre -honrado, y habiendo mandado encender hachas para la fiesta, como la -ciudad se alterase, y diesen voces sobre el caso, él se encendia más, -de modo que llamó al verdugo con gran determinacion de hacerlo, por -la contradiccion que le hacian. Estando ya del todo perdido llegó un -hombre de buen discurso, y dijo: Bueno es que teniendo tanta razon -el señor corregidor, le vayan á la mano. Castíguelo vuesa merced, -que todos se holgarán de ello; pero porque estos no le pongan en la -residencia esta determinacion, llame vuesa merced un escribano, y haga -un poco de informacion. Satisfízole al juez esto, y al segundo testigo -que tomó se le fué la pasion y alteracion del celebro, que estas dos -pasiones no admiten contradiccion, sino templanza. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO XXIV. - - -Como los vaqueros ó bandoleros andaban con la sospecha dicha, ni -querian soltar á los que tenian en cuevas, ni dejar pasar á los que -iban siguiendo su viaje, porque no hallasen testigos tan cercanos, -pareciéndoles que no tenian bien averiguados sus delitos. Hallaron -un pajecico muy hermoso, que venia solo, y habiéndolo asido cerca de -nuestra cueva, le quisieron atormentar porque dijese con quién venia -y por qué se habia adelantado de la compañía, creyendo que lo habian -echado para descubrir tierra, y que los amos serian, ó gente rica, -ó que viniesen á hacerles daño, que despues no pudieron escusar. -Negando el paje lo que le pedian, le mandaron que se desnudase, para -forzarle á confesar la verdad. Él, con mucha desenvoltura y gracia, les -preguntó quién era el caudillo ó cabeza de aquella compañía. Díjole -Roque Amador, que así se llamaba: Yo soy; ¿por qué lo preguntais? -Pregúntolo, dijo el paje, porque tengo tan grandes informaciones de -vuestra justicia y gobierno, que no habeis jamás hecho injuria á quien -os trata verdad, y con esta confianza os diré quién soy. Como aquellos -bandoleros ó vaqueros tenian aquella Sauceda por defensa y sagrado, -vivian como gente que no habian de morir, sujetos á todos los vicios -del mundo, rapiñas, homicidios, hurtos, lujurias, juegos, insultos -gravísimos; y como por ser grande, que tiene aquella dehesa diez y -seis leguas de travesía, y por algunas partes tan espesa de árboles y -matas, que se pierden los animales por no acertar á sus habitaciones, -no tenian temor de Dios ni de la justicia, andaban sin órden y razon, y -cada uno siguiendo su antojo, si no era cuando se juntaban á repartir -los despojos de los pobres caminantes, que entonces habia mucha cuenta -y razon. Llegó un bellaconazo en camisa y zaragüelles, despues que -habia jugado lo demás, y renegando de su suerte, con mucha furia -hizo suspender el tormento del paje, diciendo: ¡Maldiga Dios á quien -inventó el juego y á quien me enseñó á jugar! ¡Que unas manos que -saben derribar un toro, no sepan hacer una suerte! Mas deben estar -descomulgadas, pues echan contra mí treinta pintas en favor de un medio -gallina, ó medio liebre. ¿Hay álguien que se quiera matar conmigo? ¿Hay -algun diablo con sus piés de águila que se me ponga delante, para que -ya que no me ayude á jugar, me ayude á matar? ¡Que no llegue blanca á -mis garras que no me la agarren luego! ¡Ni me basta usar de trampas, ni -aprovecharme de fullerías, para que no vaya todo con el diablo! ¡Voto -á tal, que tengo de ir á jugarme á las galeras! Quizá por aquí, ó me -llevará el diablo, ó tendré más ventura. Mas alzábame con la zurda -siempre que yo tomaba el naipe, que tengo hechos mil juramentos de -nunca parar á momo, y me los pone siempre el diablo delante. Y con el -barato que yo le dí ha entrado en vuelta para desollarme cerrado; mas -púsose al lado otro tan grande gallina como él, que desea siempre que -yo pierda. ¿De qué se rien? ¿soy yo algun cornudo? Mienten cuantos se -rien. Ríense, dijo el caudillo, de los disparates que decís. Callad, y -pues sabeis que sois desgraciado, no jugueis ni digais blasfemias, que -os haré dar tres tratos de cuerda. Harto mejor será, dijo él, darme -tres escudos para probar la mano y dar de comer á mi moza, que le he -jugado cuanto trujo á mi poder. Vicio endemoniado, más que todos los -que ejercitan los hombres, que el jugador nunca está quieto: si pierde, -por desquitarse; si gana, por ganar más. Este acarrea la infamia, la -poca estimacion de la buena reputacion, la miseria que padecen mujer -é hijos, ser miserable en lo necesario por guardar el dinero para el -juego, y envejecerse en él más presto de lo que habia de ser; y cuando -mucho grangea, es alcanzar que los tahures conocidos vayan á jugar á -su casa, donde, si los puede acarrear, sufre desvergüenzas de tonos -que le abrasan el alma: que como la mayor parte de ellos son hombres -sin obligaciones, se arrojan á decir cualquiera libertad, y en no -sufriéndolas por callar, no vuelven á darle el provecho; pero son tan -grandes poltrones los que dan en esto (trato de la gente ordinaria, y -que por comer y beber viciosamente echan la honra á las espaldas), que -los caballeros y los que tienen renta y hacienda segura, el tiempo que -han de estar ociosos despues de haber cumplido con sus obligaciones -jueguen, no es culpable, porque evitan cosas de más daño y escándalo; -pero el que tiene cuatro reales para mantener su casa juegue ciento, -¿cómo se puede llevar sin que lo paguen las joyas y vestidos de la -pobre mujer, y la desnudez y el hambre de sus hijos, y dar en otras -cosas peores como este desventurado, aborrecido aun de aquellos que le -acompañaban en sus delitos, robos, homicidios y fuerzas? - -Acabó éste sus quejas, y llegándose la noche, con que se dejó por -entonces la averiguacion del paje, le pusieron en un apartamiento -dentro de nuestra cueva, porque no fuese á dar soplo á los que pensaban -venir con él, mandándonos que no hablásemos con él palabra, ni le -aconsejásemos cosa, so pena que nos matarian. El paje estuvo toda la -noche suspirando, y si alguna vez se dormia recordaba con grandísimas -ansias, y nosotros no teníamos osadía para preguntarle de qué se -quejaba, ó qué tenia. Como ellos andaban de paso sobre la sospecha, que -no les importaba menos que la vida, recogíanse de noche adonde no los -pudiesen hallar, que habia bien donde hacerlo; y de cualquiera ruido -de personas ó animales se recelaban y recataban. En amaneciendo fueron -á visitar las cuevas, donde tenian presos ó recogidos á los pasajeros, -y viniendo á la nuestra nos hallaron como nos habian dejado, sin haber -hablado palabra con el paje, á quien llamaron primero que á nadie, -queriéndole apretar á que dijese lo que le habian preguntado. El paje -con mucha cortesía y donaire, dijo: Sr. Roque Amador, ayer pregunté -cuál era la cabeza y caudillo de esta compañía, porque siéndolo vos, -tendria mi partido seguro, por el buen nombre que teneis. Que no es -hazaña para vos, atormentar una sabandija tan sola y miserable como yo, -ni manchar vuestra opinion, empleando vuestro valor en lo que más os -puede desdorar, que aumentar vuestro nombre. Si rigiendo y gobernando -gente tan desgobernada, cobrásteis la fama que teneis en toda la -Andalucía, ¿qué pareceria ahora, si aniquilaseis este crédito, con -abatiros á una presa tan humilde un águila tan valerosa? Más gloria es -conservar la ya adquirida y granjeada con valor propio, que no ponerse -en duda, y aventurar lo que ya es vuestro. Vos os habeis preciado -siempre de justicia y verdad con misericordia, no será justo ahora -que conmigo solo os falte. Estábamos en la cueva muy atentos, oyendo -la retórica con que el paje hablaba: y el Roque Amador, movido de las -buenas palabras del paje, aseguróle que no recibiria daño ninguno -diciendo la verdad. Yo estaba confuso, porque me parecia conocer la voz -y habla del paje; pero no dí en quién pudiese ser. Habiendo hablado -con aquella blandura Roque, dijo el paje: Pues si alguna compasion -ha llegado á vuestro piadoso pecho de mi tristeza y soledad, dadme -palabra por vos y por vuestros compañeros de guardar, como naturalmente -debeis, mi persona sin agravio ni en secreto, ni en público. Á esto -dijo aquel picaronazo: Ea, sor paje, desnúdese, que aquí no entendemos -de rotrónicas ni ataugias, sino de meter un poco de plomo en el cuerpo -de quien no trae dineros. Dijo el paje con donaire: Si es tan pesado -como vos, el diablo podrá digerillo, que ya yo me acuerdo haberos -visto á vos ó á otro que se os parecia asaeteado en Sierra-Morena. -Rióse Roque, y le dijo: Óyete, bestia, que el paje habla muy bien: y -á vos os digo, gentil hombre, que os doy palabra, por mí y por mis -compañeros no solamente de no agraviaros, mas de favoreceros y ayudaros -en todo lo posible. Pues con esa confianza, respondió el paje, hablaré -como con un pecho lleno de valor, misericordia y verdad. Y estando -nosotros muy atentos á lo que pasaba, habló el paje de esta manera: -Si yo no me consolára con saber que no soy la primera persona que ha -padecido desventuras y trabajos, y desgracias sin gracia, con la que -resplandece en vos, me animára en contar mis desdichas: pero como la -fortuna tiene siempre cuidado de señalar caidos y derribar levantados, -no siendo yo la primera que ha sufrido sus encuentros y mudanzas, me -animo á hablar con libertad. Sabed que yo no soy hombre, sino mujer -desventurada, que despues de haber seguido á mi marido por tierra y -mar, con increibles daños de hacienda y persona, y habiendo navegado -hasta todo lo descubierto y mucho más, padeciendo grandes naufragios -por regiones no conocidas, por misericordias que Dios usó con nosotros, -nos venimos á hallar en el estrecho de Gibraltar, donde viendo nuestra -salvacion cierta á vista de tierra, bien deseada, nos acometió un navío -de infieles, viniendo el nuestro desmantelado y casi sin gente, y los -mantenimientos tan gastados, que á su salvo cogieron las mujeres, -asiéndome á mi primero y á un pajecillo que me servia, matando á todos -los que se defendieron, y á mi marido con ellos. El capitan del navío, -enamorado de mí, quiso por buenas palabras inclinarme á su gusto, y á -que ofendiese la pureza y castidad que debia á mi muerto esposo: no le -respondí mal, por que no quisiese usar de la fuerza, que sin defensa -podia. Yo, llamando al paje debajo de cubierta le puse mis vestidos, y -vestíme los suyos, que son los que traigo puestos. Tenia el muchacho -muy buen rostro, y en saliendo fuera quiso el capitan acometerle, -pensando que fuese yo, pero dando á huir el paje con los vestidos y las -jarcias del navío, enfrascándose cayó en la mar, y hundiéndose luego no -pareció más. Sobre la desdicha de la pérdida de mi marido y la pérdida -del paje, yo me habia tiznado el rostro, porque se quedase con la fé de -lo que habia visto, y no me conociese. - -La piadosa gente de Gibraltar, con el valor que siempre ha profesado, -acudieron á nuestra defensa, y habiendo estado en ella dos dias con sus -noches, no se apartaron hasta rendirlos y dar libertad á los que habian -prendido, y queriendo hacer lo mismo de ellos, despues de tenernos -en los barcos, diciéndoles que se diesen á prision para traerlos á la -ciudad, dieron fuego al navío, y desde allí abrasados bajaron derechos -al infierno. En Gibraltar, informándome del camino que habia de llevar -para Madrid, me dijeron que habia de pasar por la Sauceda, y llegando -á Ronda me encaminarian en él. Estábamos los cuatro, y particularmente -el doctor Sagredo y yo, como atónitos, y sospechando que fuese sueño -ó ilusion de algun encantamiento, ni determinados de creerlo, ni -resueltos de desconfiar en la verdad. El Roque Amador, con gran piedad -de lágrimas que al fin de su cuento derramó la bella mujer, la consoló -y ofreció encaminarla con mucha seguridad, y darle dinero para su -viaje, preguntándole cómo se llamaba, porque historia tan estraña no -se quedase sin memoria: ella respondió, diciéndole la verdad como en -todo: Llámome doña Mergelina de Aybar, y el malogrado de mi marido, que -no era soldado sino maestro, se llamaba el doctor Sagredo. El doctor -Sagredo que se oyó nombrar de su mujer, medio ahogándose con la súbita -alteracion y gusto, dijo: Vivo es, y en su compañía dormísteis esta -noche. Roque Amador, espantado del caso, mandó sacar los que estábamos -en la cueva, y preguntándole cuál era de aquellos el que habia hablado. -Ella retirándose atrás, como espantada, respondió: Si no es alguna -sombra fantástica de causas superiores, este es mi marido, y este es -Márcos de Obregon, á quien tuve por mi padre y consejero en Madrid. -Pues todos tres os podeis ir en buen hora, y aunque no sea dinero -ganado en buena guerra, veis aquí parto con los tres algo de lo que á -otros se les ha cogido, que el haber detenido á todos estos presos, -no ha sido por hacerles mal, sino porque nuestros contrarios no se -encontrasen con ellos, y aviándonos á todos los demás, y rogándonos -que no dijesen de haberlos encontrado. Doña Mergelina con muestras de -grande agradecimiento, dijo al caudillo: No tengo con que serviros el -bien que de vuestras manos me ha venido, sino con deciros lo que oí en -Gibraltar, á quien no os quiere mal; que el licenciado Valladares trae -órden de dar gran premio, y perdonar cualesquiera delitos á quien os -entregare en sus manos: y junto con esto vinieron á ella los pregones -y bandos que mandó echar aquel gran juez: con que juntando á cabildo á -sus compañeros, les hizo una grande oracion, que tenia entendimiento -para ello, y la conclusion fué que todos pensasen aquella noche lo que -podian hacer para su defensa, tomando el consejo que mejor pareciese. -Fueron á sus alojamientos, y mientras ellos pensaban aquella noche -lo que les habia encargado el Roque Amador, como astuto se acogió á -Gibraltar, y en el barco de la vez se pasó en África, dejándolos á -todos suspensos y engañados. Como quedaron sin cabeza y sin gobierno -dispararon, huyendo por diversas partes, cesando los insultos que antes -hacian; aunque prendió con grandes astucias el juez á doscientos de -ellos, de que hizo ejemplar justicia: nosotros venimos seguros á Madrid -sin tropezon ninguno, pareciéndome, como es verdad, que en ella hay -gente que profesa tanta virtud, que quien la imitare hará mucho. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -DESCANSO ÚLTIMO, Y EPÍLOGO. - - -Ya cansado de tantos golpes de fortuna, por mar y por tierra, y viendo -lo poco que me habia durado la mocedad, determiné de asegurar la vida -y prevenir la muerte, que es el paradero de todas las cosas; que si -esta es buena, corrige y suelda todos los descuidos cometidos en la -juventud. Escribíla en lenguaje fácil y claro, por no poner en cuidado -al lector para entenderlo. Dijo muy bien el maestro Valdivieso, con -la gallardía y claredad de su ingenio, á un poeta que se precia de -escribir muy obscuro; que si el fin de la historia y poesía es deleitar -enseñando, y enseñar deleitando, ¿cómo puede enseñar y deleitar lo que -no se entiende, ó á lo menos ha de poner en mucho cuidado al lector -para entenderlo? - -Si se hallaren algunas inadvertencias, atribúyase á mi poca erudicion, -y no á mi buen deseo, que advirtiéndome de ellas, con mucha humildad -recibiré la correccion de cualquiera que con buena intencion me -quisiere enmendar, que quien ha querido enseñar á tener paciencia, -mal cumpliria con sus preceptos si le faltase para oir y recibir la -correccion fraternal, que sin ella, ni opusiera el pecho á las olas -y crueldades del furioso tridente, ni ablandára la inclemencia de -los salteadores, ni redujera á buen término los impíos y contínuos -trabajos de la esclavitud, ni atrajera á mi favor la grandeza elevada -de los poderosos, ni gozára de la gran cortesía de los príncipes, ni -sujetára á tantos y tan inmensos torbellinos como trae consigo la -fragilidad humana, sin la divina virtud de la paciencia; que cuando -no haya hecho otro efecto en mí sino librarme del pernicioso vicio de -la ociosidad, que tan estendida he visto por todos los estados de los -hombres, me bastára tener y haber sacado gran fruto de mis trabajos; y -si la juventud advirtiese bien los hijos que va criando la ociosidad, -tomando ejemplo en los daños ajenos, ni rehusarian los peligros de -la soldadesca, ni vendrian á miserable servidumbre, ni se sujetarian -á las necesidades que ven padecer y traer arrastrados á varones de -buenos nacimientos, rendidos á mil bajezas, que pudieran remediar á -su salvo con buen tiempo; de criar los hijos consintiéndolos andar -ociosos, vienen los padres á ver exorbitantes delitos que no pueden -remediarse sino con mucha infamia, ó con más hacienda de la que poseen. -La ocupacion es la grande maestra de la paciencia, virtud en que -habíamos de estar siempre pensando con grande vigilancia para resistir -las tentaciones que nos atormentan dentro y fuera. Al fin con ella se -alcanzan todas las cosas de que los hombres son capaces. Que aunque -haya calidad, bienes temporales y abundancia de humanos favores, sin -esta virtud no se puede llegar al colmo de lo que se desea; y si á -la paciencia se allega la perseverancia, todo lo facilita y todo lo -enseña: al pobre, á que pase su vida con quietud y mejore su estado: -al rico, á que conserve lo adquirido sin apetecer lo ajeno: al gran -caballero, á que no se contente con la sangre que de sus pasados -heredó, sino pasar adelante: al pródigo, á que se ajuste con lo que -tiene y puede tener: al miserable y avariento, á que entienda que no -nació para sí solo: al valiente y arrojadizo, á que refrene los ímpetus -que tanto mal acarrean: al cobarde, á que se tenga por virtud en él lo -que es falta de ánimo: al que se ve en trabajo, á que los lleve con -aliento y suavidad. ¿Qué no hace la virtud de la paciencia? ¿qué furias -del mundo no sujeta? ¿qué premios no alcanza? Pero si un flemático -sabe airarse y ejecutar con vehemencia los ímpetus de la cólera, -¿por qué un colérico no sabrá templarse y perseverar en los actos de -paciencia? Tenemos ejemplos presentes y vivos de esta verdad muchos, y -para imitar. Mas con uno solo se verá lo que puede la escelente virtud -de la paciencia. ¿Quién pensára que de tan gran cólera, con sangre, -riqueza y juventud, como la que tuvo en sus primeros años el duque -de Osuna D. Pedro Giron, vinieran tan admirables virtudes como las -que tienen espantado el mundo? ¡Que habiendo sido un furioso rayo de -cólera, impacientísimo en los tiernos años de su mocedad, sujetase con -grande paciencia su robusta condicion á servir en Flandes con tantas -ventajas que templase la furia de los amotinados, y pusiese su valeroso -pecho á recibir los mosquetazos con que querian escalar y saquear su -casa! ¿Qué paciencia no tuvo, con templanza y justicia, gobernando -á Sicilia? ¿Y qué valor, sin ella, bastára para la ejecucion de sus -soberanos intentos, echando por mar y tierra tan poderosas armadas, -que ha enfrenado la potencia de los turcos, haciendo temblar á los -demás enemigos, con que ha sido amado y temido de las gentes á quien ha -gobernado y gobierna? Preguntando D. Francisco de Quevedo, caballero -de gallardísimo entendimiento, cómo se hacia respetar con tanta -mansedumbre á este gran príncipe, respondió que con la paciencia, que -aunque en la gente humilde y ordinaria engendra algun menosprecio, -en los príncipes y gobernadores engendra temor, amor y respeto; -pero esto quédese para grandes historias, que no puede caber en tan -pequeño discurso. Jorge de Tobar, á quien yo conocí en sus primeros -años por hombre que tuvo bríos y valor para en cosas honradas perder -la paciencia, con ella misma adquirió grandes virtudes morales, que -le pusieron en lugares dignos de tan grande sugeto como ha parecido, -usando de gran verdad, valor y entereza en los actos de la justicia -distributiva; pero ¿qué escelencias no se halláran en la divina virtud -de la paciencia? ¡Oh virtud venida del cielo! Dios nos la dé por su -misericordia, y á mí para que, imitando la virtud de mis compañeros -en este recogimiento, sepa asegurar la vida y prevenir la muerte. Y -para la ejecucion del buen intento, si yo supiera aprovecharme de él, -me puso Dios por vecina á una tan grande señora como doña Juana de -Córdoba Aragon y Córdoba, duquesa de Sesa, cuya virtud cristiana, valor -propio y heredado, y cortesía general puede servir de norma y dechado -á cualquiera que deseare perfeccion cristiana, en cuya disciplina se -criaron tales hijos como D. Luis Fernandez de Córdoba, duque de Sesa, -caballero adornado de muy superiores partes, muy dado á la leccion de -las buenas letras, gran favorecedor de ellas y de los que las profesan. - - -FIN. - - -[Ilustración] - - - - -ÍNDICE - - - VICENTE ESPINEL Y SU OBRA. I - - PRÓLOGO DEL AUTOR. 1 - - RELACION PRIMERA. 7 - - DESCANSO I. 12 - DESCANSO II. 16 - DESCANSO III. 26 - DESCANSO IV. 33 - DESCANSO V. 44 - DESCANSO VI. 54 - DESCANSO VII. 59 - DESCANSO VIII. 68 - DESCANSO IX. 83 - DESCANSO X. 92 - DESCANSO XI. 98 - DESCANSO XII. 103 - DESCANSO XIII. 109 - DESCANSO XIV. 121 - DESCANSO XV. 130 - DESCANSO XVI. 138 - DESCANSO XVII. 145 - DESCANSO XVIII. 150 - DESCANSO XIX. 157 - DESCANSO XX. 162 - DESCANSO XXI. 169 - DESCANSO XXII. 179 - DESCANSO XXIII. 187 - DESCANSO XXIV. 197 - - RELACION SEGUNDA. 199 - - DESCANSO I. 207 - DESCANSO II. 210 - DESCANSO III. 213 - DESCANSO IV. 217 - DESCANSO V. 220 - DESCANSO VI. 227 - DESCANSO VII. 230 - DESCANSO VIII. 236 - DESCANSO IX. 245 - DESCANSO X. 249 - DESCANSO XI. 259 - DESCANSO XII. 266 - DESCANSO XIII. 273 - DESCANSO XIV. 283 - - RELACION TERCERA. 289 - - DESCANSO I. 295 - DESCANSO II. 300 - DESCANSO III. 303 - DESCANSO IV. 309 - DESCANSO V. 314 - DESCANSO VI. 319 - DESCANSO VII. 325 - DESCANSO VIII. 335 - DESCANSO IX. 340 - DESCANSO X. 345 - DESCANSO XI. 353 - DESCANSO XII. 357 - DESCANSO XIII. 363 - DESCANSO XIV. 367 - DESCANSO XV. 376 - DESCANSO XVI. 384 - DESCANSO XVII. 391 - DESCANSO XVIII. 395 - DESCANSO XIX. 399 - DESCANSO XX. 403 - DESCANSO XXI. 409 - DESCANSO XXII. 413 - DESCANSO XXIII. 421 - DESCANSO XXIV. 425 - DESCANSO ÚLTIMO, Y EPÍLOGO. 433 - - - - -NOTAS - - [1] «Manuel du libraire et de l’amateur de livres:» ed. de - 1861.--Tom. ij.--fol. 1062. - - [2] Cuaderno iij.--pág. 24. - - [3] Carece esta edicion del nombre del impresor. - - [4] «Observations critiques sur le roman de Gil Blas de - Santillana: on y fait voir que Gil Blas n’est pas un ouvrage - original, mais un demembrement des Aventures du Bachiller de - Salamanque, ms. espagnol inédit.»--Paris: imp. de Moreau. - - [5] H. A. EVERET: «North-American Review:» (oct. 1827)--«Essais - de critique et mélange.» Boston: 1845. - - [6] No he podido hacerme de ejemplar ninguno de esta traduccion, - de que dan sucinta noticia TICKNOR «History of Spanish - Literature» y «The Encyclopædia Britannica», edicion de ADAM AND - CH. BLACK, de Edimburgo: año de 1875. -- Vol. viij. -- pág. 548. - - [7] «Leben und Begebenheiten des Escudero Marcos Obregon. - Oder Autobiographie des Spanischen Dichters Vicente Espinel. - Aus dem Spanischen zum erstenmale in das Deutsche übertragen, - und mit Anmerkungen und einer Vorrede begleitet von Ludwig - Tieck.»--Breslau im Verlage bei Josef Max und Komp. 1827. - - [8] Aprobaciones á la edicion de Juan de la Cuesta: Madrid: 1618. - - [9] Dice así lo mandado tachar:--«Pegóseme un clerigo de un - pueblecillo de por allí cerca, y yendo caminando iba rezando sus - horas en voz que le pudieran oir los alcornoques y robles: de - suerte que nos interrumpia la conversacion, y él cumplia mal con - su obligacion. Preguntóle el oidor:--¿No se podria dejar eso para - la noche, para que se hiciese con el silencio y devocion que se - requiere?--¡Oh! señor, respondió el clérigo, diónos la Iglesia - esta pension que, aun caminando, hemos de rezar. ¿Por qué no - ordenara que yendo un clérigo cansado y pensando en sus negocios - y en el fin que han de tener, no rezara caminando?--Respondió el - oidor:--Porque la Iglesia no cria á los clérigos para correos, - sino para rezadores.--Bien respondido está, dijo el clérigo; - ¿pero podria yo caminando rezar esta noche todas las horas de - mañana y cumplir con mi conciencia?--Preguntóle el oidor al - clérigo:--Si os debieran cien ducados para el dia de san Juan, - ¿tomaríadeslos la víspera?--Respondió el clérigo:--Si, por - cierto.--Pues lo mismo hace Dios, dijo el oidor: que en las cosas - de obligacion y merecimiento adelantallas es querer cumplir cada - uno con su obligacion, y Dios es tan buen pagador que tambien - adelanta la paga.--Quedó con esto muy satisfecho el sacerdote.» - - [10] «Resúmen histórico de la literatura española:» part. iij. - cap. 13. - - [11] «History of Spanish Literature:» t. iij. cap. 34. - - [12] «Histoire de la littérature espagnole:» pág. 503. - - [13] «Gesch. der schönen Wissenschaften:» t. iij. pág. 451. - - [14] De Ragusa. - - [15] Su verdadero nombre era doña Antonia Maldonado y Calatayud; - era de los Maldonados de Salamanca y caso en Ocaña con D. - Rodrigo de Céspedes, el mayor de los hijos del capitan Alonso de - Céspedes, llamado «el bravo». - - [16] En 1580, época á que ESPINEL se refiere, D. Antonio de - Londoño, D. Pedro de Lunato, y D. Jorge Manrique formaban el - «Consejo secreto de Milan». - - [17] Esta censura lleva la fecha de 7 de Enero de 1587: las - «Rimas» no se publicaron hasta 1591. - - [18] «Archivo gral. de Simancas:» Patronato Eclesiástico.--leg. - 21.--1.º - - [19] LOPE DE VEGA: «La Circe.» «No parecía novedad llamar - «espinelas» á las «décimas»: que este es su verdadero nombre, - derivado del maestro ESPINEL, su primer inventor, como los versos - sáficos de Safo.» - - [20] «Œuvres complètes de Voltaire»: edit. Didot: 1828.--tom. - iij.--pág. 2879, col. ij. - - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Vida del escudero Marcos de Obregón, by -Vicente Espinel - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK VIDA DE ESCUDERO MARCOS *** - -***** This file should be named 60147-0.txt or 60147-0.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/6/0/1/4/60147/ - -Produced by Ramon Pajares Box and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was -produced from images generously made available by The -Internet Archive/Canadian Libraries) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions -will be renamed. - -Creating the works from public domain print editions means that no -one owns a United States copyright in these works, so the Foundation -(and you!) can copy and distribute it in the United States without -permission and without paying copyright royalties. Special rules, -set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to -copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to -protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project -Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you -charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you -do not charge anything for copies of this eBook, complying with the -rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose -such as creation of derivative works, reports, performances and -research. They may be modified and printed and given away--you may do -practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is -subject to the trademark license, especially commercial -redistribution. - - - -*** START: FULL LICENSE *** - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project -Gutenberg-tm License (available with this file or online at -http://gutenberg.org/license). - - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm -electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all -the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy -all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession. -If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project -Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the -terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or -entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8. - -1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be -used on or associated in any way with an electronic work by people who -agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few -things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works -even without complying with the full terms of this agreement. See -paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project -Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement -and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic -works. See paragraph 1.E below. - -1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation" -or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project -Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the -collection are in the public domain in the United States. If an -individual work is in the public domain in the United States and you are -located in the United States, we do not claim a right to prevent you from -copying, distributing, performing, displaying or creating derivative -works based on the work as long as all references to Project Gutenberg -are removed. Of course, we hope that you will support the Project -Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by -freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of -this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with -the work. You can easily comply with the terms of this agreement by -keeping this work in the same format with its attached full Project -Gutenberg-tm License when you share it without charge with others. - -1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern -what you can do with this work. Copyright laws in most countries are in -a constant state of change. If you are outside the United States, check -the laws of your country in addition to the terms of this agreement -before downloading, copying, displaying, performing, distributing or -creating derivative works based on this work or any other Project -Gutenberg-tm work. The Foundation makes no representations concerning -the copyright status of any work in any country outside the United -States. - -1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg: - -1.E.1. The following sentence, with active links to, or other immediate -access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear prominently -whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work on which the -phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the phrase "Project -Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed, -copied or distributed: - -This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with -almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at www.gutenberg.org/license - -1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived -from the public domain (does not contain a notice indicating that it is -posted with permission of the copyright holder), the work can be copied -and distributed to anyone in the United States without paying any fees -or charges. If you are redistributing or providing access to a work -with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the -work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1 -through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the -Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or -1.E.9. - -1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted -with the permission of the copyright holder, your use and distribution -must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional -terms imposed by the copyright holder. Additional terms will be linked -to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the -permission of the copyright holder found at the beginning of this work. - -1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm -License terms from this work, or any files containing a part of this -work or any other work associated with Project Gutenberg-tm. - -1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this -electronic work, or any part of this electronic work, without -prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with -active links or immediate access to the full terms of the Project -Gutenberg-tm License. - -1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary, -compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any -word processing or hypertext form. However, if you provide access to or -distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format other than -"Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official version -posted on the official Project Gutenberg-tm web site (www.gutenberg.org), -you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a -copy, a means of exporting a copy, or a means of obtaining a copy upon -request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other -form. Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm -License as specified in paragraph 1.E.1. - -1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying, -performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works -unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9. - -1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing -access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works provided -that - -- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from - the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method - you already use to calculate your applicable taxes. The fee is - owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he - has agreed to donate royalties under this paragraph to the - Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments - must be paid within 60 days following each date on which you - prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax - returns. Royalty payments should be clearly marked as such and - sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the - address specified in Section 4, "Information about donations to - the Project Gutenberg Literary Archive Foundation." - -- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies - you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he - does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm - License. You must require such a user to return or - destroy all copies of the works possessed in a physical medium - and discontinue all use of and all access to other copies of - Project Gutenberg-tm works. - -- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any - money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the - electronic work is discovered and reported to you within 90 days - of receipt of the work. - -- You comply with all other terms of this agreement for free - distribution of Project Gutenberg-tm works. - -1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm -electronic work or group of works on different terms than are set -forth in this agreement, you must obtain permission in writing from -both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael -Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the -Foundation as set forth in Section 3 below. - -1.F. - -1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable -effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread -public domain works in creating the Project Gutenberg-tm -collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic -works, and the medium on which they may be stored, may contain -"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or -corrupt data, transcription errors, a copyright or other intellectual -property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a -computer virus, or computer codes that damage or cannot be read by -your equipment. - -1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right -of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project -Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project -Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all -liability to you for damages, costs and expenses, including legal -fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT -LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE -PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE -TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE -LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR -INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH -DAMAGE. - -1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a -defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can -receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a -written explanation to the person you received the work from. If you -received the work on a physical medium, you must return the medium with -your written explanation. The person or entity that provided you with -the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a -refund. If you received the work electronically, the person or entity -providing it to you may choose to give you a second opportunity to -receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy -is also defective, you may demand a refund in writing without further -opportunities to fix the problem. - -1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth -in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER -WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO -WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE. - -1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied -warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages. -If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the -law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be -interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by -the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any -provision of this agreement shall not void the remaining provisions. - -1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the -trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone -providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance -with this agreement, and any volunteers associated with the production, -promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works, -harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees, -that arise directly or indirectly from any of the following which you do -or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm -work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any -Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause. - - -Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm - -Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of computers -including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists -because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from -people in all walks of life. - -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's -goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. -To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 -and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. - - -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive -Foundation - -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at -http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent -permitted by U.S. federal laws and your state's laws. - -The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. -Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered -throughout numerous locations. Its business office is located at -809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email -business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact -information can be found at the Foundation's web site and official -page at http://pglaf.org - -For additional contact information: - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. To -SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any -particular state visit http://pglaf.org - -While we cannot and do not solicit contributions from states where we -have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition -against accepting unsolicited donations from donors in such states who -approach us with offers to donate. - -International donations are gratefully accepted, but we cannot make -any statements concerning tax treatment of donations received from -outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. - -Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation -methods and addresses. Donations are accepted in a number of other -ways including checks, online payments and credit card donations. -To donate, please visit: http://pglaf.org/donate - - -Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic -works. - -Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm -concept of a library of electronic works that could be freely shared -with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project -Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. - - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. -unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily -keep eBooks in compliance with any particular paper edition. - - -Most people start at our Web site which has the main PG search facility: - - http://www.gutenberg.org - -This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. diff --git a/old/60147-0.zip b/old/60147-0.zip Binary files differdeleted file mode 100644 index 5467d60..0000000 --- a/old/60147-0.zip +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h.zip b/old/60147-h.zip Binary files differdeleted file mode 100644 index 2ed1fc8..0000000 --- a/old/60147-h.zip +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/60147-h.htm b/old/60147-h/60147-h.htm deleted file mode 100644 index 947cb40..0000000 --- a/old/60147-h/60147-h.htm +++ /dev/null @@ -1,14713 +0,0 @@ -<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" - "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> -<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" xml:lang="es" lang="es"> - <head> - <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8" /> - <meta http-equiv="Content-Style-Type" content="text/css" /> - <title> - Vida del escudero Marcos de Obregón, by Vicente Espinel—A Project Gutenberg eBook - </title> - <link rel="coverpage" href="images/cover.jpg" /> - <style type="text/css"> - - body { margin: 0 auto; max-width: 32em; font-size: medium; } - p { margin: 0; text-align: justify; font-size: medium; line-height: 140%; - text-indent: 1.25em; } - - h1, h2, h3 { text-align: center; clear: both; font-weight: normal; } - - h1.faux { margin: 0; font-size: xx-small; visibility: hidden; } - h2 { margin: 1.5em 0 0 0; font-size: 150%; word-spacing: 0.2em; } - h2.nobreak { page-break-before: avoid; } - h3 { margin: 2.5em 0 0 0; font-size: 150%; word-spacing: 0.2em; } - .subh2 { margin: 2em 0 1em 0; font-size: 130%; text-align: center; text-indent: 0; } - - .lh80 { line-height: 80%; } - - .mt-05 { margin-top: -0.5em;} - .mt-1 { margin-top: -1em; } - .mt-15 { margin-top: -1.5em;} - .mt-2 { margin-top: -2em; } - .mt-25 { margin-top: -2.5em;} - .mt-3 { margin-top: -3em; } - .mt025 { margin-top: 0.25em;} - .mt05 { margin-top: 0.5em; } - .mt1 { margin-top: 1em; } - .mt2 { margin-top: 2em; } - .mt3 { margin-top: 3em; } - .mt5 { margin-top: 5em; } - .mt6 { margin-top: 6em; } - - .pt05 { padding-top: 0.5em;} - .pt1 { padding-top: 1em; } - .pt2 { padding-top: 2em; } - .pt3 { padding-top: 0; } - .pt6 { padding-top: 0; } - - .xxs { font-size: xx-small; } - .xs { font-size: x-small; } - .small { font-size: small; } - .large { font-size: large; } - .xl { font-size: x-large; } - .xxl { font-size: xx-large; } - - .fs75 { font-size: 75%; } - .fs90 { font-size: 90%; } - .fs130 { font-size: 130%; } - .fs150 { font-size: 150%; } - .fs300 { font-size: 300%; } - - .ti0 { text-indent: 0; } - - .g1 { letter-spacing: 0.1em; margin-right: -0.1em; } - - .ws1 { word-spacing: 0.2em; } - - hr { clear: both; width: 33%; text-align: center; margin: 3em auto; } - hr.full { width: 100%; border: medium solid silver; margin: 3em 0; } - hr.chap { width: 20%; } - hr.chap0 { width: 20%; } - - .front { margin: 3em 0; page-break-before: always; } - .front p { margin: 0; text-indent: 0; text-align: left; - font-family: sans-serif; font-size: 90%; } - .tit { margin: 3em auto 0 auto; page-break-before: always; } - .tit p { text-indent: 0; text-align: center; line-height: normal; } - .aftit { margin: 3em 0; page-break-before: always; } - .aftit p { text-indent: 0; text-align: center; } - - .chapter { page-break-before: always; margin: 3em 0 2em 0; } - .section { page-break-before: always; margin: 0; } - .red { color: #d00; } - .centra { text-align: center; text-indent: 0; } - .ader { text-align: right; } - .aizq { text-align: left; } - .smcap { font-variant: small-caps; font-style: normal; } - .firma { margin-top: 0.5em; text-indent: 0; text-align: right; padding-right: 1.25em; } - - .drop { float: left; margin-right: 0.4em; line-height: 80%; } - .icap { margin-left: 0; text-indent: -0.8em; } - .icap:first-letter { - color: transparent; visibility: hidden; } - .icap2 { margin-left: 0; text-indent: -1.2em; } - .icap2:first-letter { - color: transparent; visibility: hidden; } - - blockquote { margin: 1em 0 1em 2.5em; } - - .pagenum { /* uncomment the next line for invisible page numbers */ - /* visibility: hidden; */ - position: absolute; - left: 91%; - font-size: small; - font-variant: normal; - font-style: normal; - font-weight: normal; - letter-spacing: normal; - text-align: right; - color: #B0B0B0; - text-indent: 0; - } - - table { margin: 0 auto; } - .toc { border-collapse: separate; font-size: 90%; } - - .tdlh { text-align: justify; padding-left: 1em; text-indent: -1em; vertical-align: top; } - .tdrb { text-align: right; vertical-align: bottom; padding-left: 1em; - white-space: nowrap; } - - /* Images */ - .figcenter { text-align: center; page-break-inside: avoid; } - .figright { text-align: right; page-break-inside: avoid; } - img.thin { border: solid thin black; padding: 0; } - .caption { margin: 0.5em 0 0 0; padding: 0 1.5em; font-weight: normal; font-size: 90%; - text-indent: 0; text-align: center; page-break-before: avoid; } - .screenonly { display: block; } - - /* Footnotes */ - .footnotes { border: medium solid #C0C0C0; } - .footnote { margin: 1em 1.5em; font-size: 90%; } - .footnote p { margin-top: 0; margin-bottom: 0; text-indent: 0; line-height: normal; } - .footnote .label { padding-right: .5em; } - .fnanchor { vertical-align: top; text-decoration: none; font-size: 0.65em; - font-weight: normal; font-style: normal; white-space: nowrap; } - - /* Poetry */ - .poem { text-align: center; margin: 1em 0 0 0; } - .poem .stanza { display: inline-block; } - .poem p { display: block; text-align: left; margin: 0; font-size: 90%; - line-height: normal; } - .poem p.i0 { margin-left: 0em; padding-left: 3em; text-indent: -3em; } - .poem p.i2 { margin-left: 1em; padding-left: 3em; text-indent: -3em; } - - /* Transcriber's notes */ - .transnote { border: thin solid gray; background-color: #f8f8f8; font-family: sans-serif; - font-size: smaller; margin: 3em 0; padding: 1em 2em 1em 0; } - #tnote li { margin-top: 0.5em; text-align: justify; } - .tnotetit { font-weight: bold; text-align: center; margin: 0.5em 0 1em 1em; } - - - @media handheld, print - { - p { line-height: normal; } - - .pt3 { padding-top: 3em; } - .pt6 { padding-top: 6em; } - - hr { clear: both; width: 34%; margin-left: 33%; } - hr.chap { width: 20%; margin-left: 40%; } - hr.chap0 { display: none; visibility: hidden; } - - .chapter { margin: 0 0 1em 0; } - .screenonly { display: none; } - .pagenum { display: none; } - .drop { float: left; } - .footnotes { border: none; } - .footnote { margin: 1em 0; } - } - - </style> - </head> - <body> - - -<pre> - -Project Gutenberg's Vida del escudero Marcos de Obregón, by Vicente Espinel - -This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with -almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at www.gutenberg.org/license - - -Title: Vida del escudero Marcos de Obregón - -Author: Vicente Espinel - -Illustrator: José Luis Pellicer - -Release Date: August 21, 2019 [EBook #60147] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK VIDA DE ESCUDERO MARCOS *** - - - - -Produced by Ramon Pajares Box and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was -produced from images generously made available by The -Internet Archive/Canadian Libraries) - - - - - - -</pre> - - -<div class="front"> - <hr class="full" /> - <p><a href="#tnote">Nota de transcripción</a></p> - <p><a href="#ToC">Índice</a></p> - <p><a href="#Notas">Notas</a></p> - <h1 class="faux">Vida del escudero Marcos de Obregón</h1> -</div> - - -<div class="screenonly"> - <hr class="chap" /> - <div class="figcenter"> - <img class="thin" - src="images/cover.jpg" - alt="Cubierta del libro" /> - </div> -</div> - - -<div class="aftit pt3"> - <hr class="chap" /> - <p><span class="pagenum" id="Page_01">[p. 1]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_a001.jpg" - alt="Firma del autor" /> - </div> - <p class="ws1 fs130 mt1"><span class="smcap">Marcos de Obregon.</span></p> - <p class="ws1 xxs mt1">POR</p> - <p class="ws1 fs130 mt05"><i>Vicente Espinel</i></p> -</div> - - -<div class="aftit pt6"> - <hr class="chap" /> - <p><span class="pagenum" id="Page_02">[p. 2]</span></p> - <p class="fs75 ws1">ES PROPIEDAD.</p> - <hr class="chap" /> -</div> - - - -<div class="tit"> - <p><span class="pagenum" id="Page_03">[p. 3]</span></p> - - <p class="fs150 ws1">VIDA DEL ESCUDERO</p> - <p class="fs300 mt025"><span class="smcap">M<span class="red">arcos de</span> O<span class="red">bregon</span></span></p> - <p class="small ws1 mt2">POR EL MAESTRO</p> - <p class="xxl ws1 red mt025"><span class="smcap">Vicente Espinel</span>.</p> - - <p class="xxs ws1 mt5">ILUSTRACION DE</p> - <p class="xl ws1 g1 mt05"><span class="smcap">José Luis Pellicer</span>.</p> - - <p class="fs90 ws1 mt2"><i>Grabados en boj por Páris, Martin, Carretero y Pannemaker - y en zinc por Verdaguer.</i></p> - - <div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_a003.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> - </div> - - <p class="large mt2"><i>BARCELONA.</i></p> - <p class="large red ws1 g1 mt05">BIBLIOTECA «ARTE Y LETRAS»</p> - <p class="fs90 ws1 g1 mt05"><i>Administración: Ausias March, 95.</i></p> - <p class="large g1 mt05">1881.</p> -</div> - -<hr class="chap0" /> - -<div class="aftit pt6"> - <p><span class="pagenum" id="Page_04">[p. 4]</span></p> - <div class="figcenter mt2"> - <img src="images/ill_a004.jpg" - alt="Logotipo editorial" /> - </div> - <p class="centra fs75 ws1 mt6">TIPO-LIT. DE C. VERDAGUER.—BARCELONA.</p> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_0"> - <p><span class="pagenum" id="Page_i">[p. i]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_b001a.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h2 class="nobreak">VICENTE ESPINEL Y SU OBRA.</h2> -</div> - - -<h3 class="subh2" id="Ch_0_1">I.</h3> - -<div class="drop mt1"> - <img src="images/ill_b001b.jpg" - alt="L" /> -</div> - -<p class="icap pt1"><span class="smcap">La</span> nueva edicion -de las <i>Relaciones de la vida del escudero Márcos de Obregon</i>, del -maestro <span class="smcap">Vicente Espinel</span>, que, ilustrada -por el lápiz de Pellicer y el buril de Páris, Martin, Carretero y -Pannemaker, ofrece hoy al público curioso la empresa que saca á -luz en Barcelona la Biblioteca apellidada <span class="smcap">Arte -y Letras</span>, ocupa el número onceno en el órden cronológico -de las que de esta obra, tambien inmortal española, se han hecho -hasta ahora en castellano, desde los felices dias de su ingenioso -autor. La primera, la más clásica de todas por el lujo y tono de sus -formas tipográficas, fué la de Juan de la Cuesta, dada en Madrid á -la estampa á principios de 1618. Es libro tan perfecto que ni una -sola errata halla en sus páginas el más prolijo corrector. Juan de -la Cuesta, al final de la <i>Segunda parte de las comedias, de Lope -de Vega Carpio</i>, publicada en el mismo año, y en nota relativa al -auto del Consejo de Castilla, prohibiendo introducir en el reino las -ediciones fraudulentas de los libros castellanos que, al punto que en -Madrid aparecian, eran reimpresos en la capital de Cataluña, en la -de Aragon y áun en Navarra, hizo constar que por esta sola licencia -habia dado al autor cien escudos de oro: precio por aquel tiempo -desconocido para una obra de imaginacion. El acuerdo del Consejo no -evitó que en el mismo año se hicieran en Barcelona otras dos ediciones -del libro de autor á la sazon tan famoso; las de Jerónimo Margarit -y Sebastian de Cormellas: patentizando del mismo modo la inmensa -reputacion literaria que <span class="smcap">Espinel</span> disfrutaba -por Europa la traduccion francesa que Vital de Audiguier, señor de -la Menor, en Rovergue, se apresuró á arrojar en Paris á las prensas -de Petitpas, el mismo año de 1618, segun Brunet<a id="FNanchor_1" -href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a>. No terminó el siglo -<span class="smcap">XVII</span> sin otras dos distintas ediciones -castellanas: la cuarta, que Pedro Gomez de Pastrana costeó en Sevilla -en 1641, y la quinta, dedicada en Madrid por el impresor Gregorio -Rodriguez, en 1657, al Sr. D. Juan Bautista Berardo, Tesorero general -del Real Consejo de las Indias.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_ii">[p. ii]</span>Rivera Valenzuela -en los <i>Diálogos de memorias eruditas para la historia de Ronda</i>, -no sólo manifestó que en su concepto se habian agotado ya hasta su -tiempo doce ediciones españolas del <i>Márcos de Obregon</i>, sino recordó -haber oido á su padre D. Bartolomé, cuya vida corrió de 1685 á 1746, -que en su primera edad todos los niños llevaban este libro á las -escuelas<a id="FNanchor_2" href="#Footnote_2" class="fnanchor">[2]</a>. -Confieso no haber sido tan feliz como el autor referido en el numeroso -hallazgo de tan profusas ediciones; y aunque á la segunda parte de lo -que Rivera afirma, conspira á dar cierta probabilidad de certeza la -circunstancia de ser muchos los ejemplares antiguos, principalmente de -la edicion de Juan de la Cuesta, encontrados con rótulos manuscritos -que acreditan haber pertenecido á personas que al poseerlos se hallaban -recibiendo alguna instruccion, con todo ni las tiradas por aquel -tiempo eran tan abundantes, ni las ediciones tan repetidas, que se -brindasen á aceptar lo propuesto por Rivera Valenzuela como artículo -de fé. En la Biblioteca Nacional de Madrid consta un ejemplar que, -despues de haber pertenecido á Jerónimo de Salazar en el siglo <span -class="smcap">XVII</span>, era en 29 de noviembre de 1743 propiedad de -Enrique Ruiz, <i>paje de S. M.</i> Otro que posee en su rica coleccion el -librero Murillo, en esta córte, lleva tambien el reclamo manuscrito -de su dueño, del mismo oficio que el anterior. No obstante manténgome -en mi opinion, en la cual me corrobora el hecho de que durante todo -el siglo <span class="smcap">XVIII</span>, el <i>Márcos de Obregon</i> no -fué reimpreso sino una sola vez, en Madrid, en 1744<a id="FNanchor_3" -href="#Footnote_3" class="fnanchor">[3]</a>.</p> - -<p>Desde la séptima edicion inclusive, todas las restantes son del -presente siglo. Abrió la marcha en 1804 la salida en Madrid de las -oficinas de D. Mateo Repullés, cuando con motivo de las <i>Observaciones -sobre el Gil Blas</i> presentadas á la Academia francesa por el español -Llorente<a id="FNanchor_4" href="#Footnote_4" class="fnanchor">[4]</a>, -discutióse con cierto calor por toda Europa y áun por el lado -de la América del Norte<a id="FNanchor_5" href="#Footnote_5" -class="fnanchor">[5]</a> acerca de la originalidad de la obra de -Mr. Lesage y de los plágios hechos por el escritor transpirenáico á -las de <span class="smcap">Espinel</span>. Sobre esta edicion, que -circuló mucho por aquel tiempo, se empeñó el Sargento Mayor Algernon -Langton en su traduccion inglesa, publicada en Londres en 1816<a -id="FNanchor_6" href="#Footnote_6" class="fnanchor">[6]</a>, y el -erudito Ludwig Tieck en la alemana, que apareció en Breslau en 1827<a -id="FNanchor_7" href="#Footnote_7" class="fnanchor">[7]</a>. La -octava española es la de 1851 y está contenida en el tomo XVIII de la -<i>Biblioteca de Autores Españoles</i> de D. Manuel Rivadeneyra, habiendo -sido en él coleccionada por el diligente académico D. Cayetano Rosell -juntamente con el <i>Quijote</i> de Avellaneda, <i>El Es<span class="pagenum" -id="Page_iii">[p. iii]</span>pañol Gerardo</i> y la <i>Fortuna vária del -soldado Píndaro</i>, de Céspedes y Meneses, <i>Los tres maridos burlados</i>, -de Tirso de Molina, y <i>El donado hablador</i>, de Jerónimo de Alcalá. -Finalmente los editores de las <i>Obras, en prosa, festivas y satíricas -de los más eminentes ingenios españoles</i>, publicaron en las máquinas de -Narciso Ramirez, en Barcelona, en 1863, otra vez más la produccion de -<span class="smcap">Vicente Espinel</span>, y áun otra últimamente en -Madrid, en 1868, la empresa de la Biblioteca escogida, titulada <i>Tesoro -de autores españoles</i>, con prólogo y biografía de D. Juan Cuesta -Ckerner.—Tales son las diez ediciones españolas de las <i>Relaciones de -la vida del escudero Márcos de Obregon</i>, y áun las tres extranjeras, -que conozco y preceden á la actual.</p> - - -<div class="section"><h3 class="subh2" id="Ch_0_2">II.</h3></div> - -<p>Los elogios de este libro han sido siempre idénticos; pues cuantos -antes y despues, y dentro y fuera de España, se han ocupado de él, le -han reconocido una misma importancia en nuestra bella literatura del -siglo de oro bajo el cetro de los Austrias. Los primeros en encomiarlo -fueron los contemporáneos del autor, aunque el <i>Márcos de Obregon</i> fué -de las pocas producciones literarias que se dieron á luz en el siglo -<span class="smcap">XVII</span> sin precedencias de versos laudatorios, -como entonces estaba al uso, sin duda para que los prosélitos de -ultratumba que áun dos años despues de su muerte conservara Cervantes, -el cual se habia mofado en las entradas del <i>Quijote</i> de aquella -obsequiosa costumbre de la amistad ó de la admiracion, viesen que la -obra de <span class="smcap">Espinel</span> bastábase á sí misma para -su propio crédito. No obstante, al censurarla de oficio, si el abad -de San Bernardo, observando que tenia doctrina moral y pintaba con -deleite, auguraba seria libro de mucho provecho y gusto, y el vicario y -doctor D. Diego Gutierre de Cetina se extasiaba con su mucha moralidad -y entretenimiento, Fray Hortensio Félix Paravicino, que tambien la -graduó por órden del Consejo, no titubeó en declarar explicitamente que -«de los libros de este género, que parece de entretenimiento comun, -el <i>Márcos de Obregon</i>, es el que con más razon debe ser impreso, por -tener el provecho tan cerca del deleite, que sin perjudicar enseña -y sin divertir entretiene.» En cuanto al estilo, la invencion, el -gusto de las cosas y la moralidad que deduce de ellas, el reverendo -fraile trinitario calzado, natural de Madrid, aunque hijo del milanés -D. Mucio, tesorero general de aquel Estado, entendia argüir bien la -pluma que los habia escrito «tan justamente celebrada en todas las -naciones.» Por último el padre maestro Paravicino concluia diciendo: -«Á mí, á lo menos, de los libros de este argumento me parece la mejor -cosa que nuestra lengua tendrá.»<a id="FNanchor_8" href="#Footnote_8" -class="fnanchor">[8]</a></p> - -<p>Bien que en el <i>Índice expurgatorio</i> de 1667 se mandase tachar y -se tachara, en efecto, un breve pasaje perteneciente á la Relacion -tercera, Descanso quince, del <i>Márcos de Obregon</i><a id="FNanchor_9" -href="#Footnote_9" class="fnanchor">[9]</a>, la<span class="pagenum" -id="Page_iv">[p. iv]</span> opinion sobre las excelencias de la obra de -<span class="smcap">Vicente Espinel</span> perseveró conforme durante -todo el siglo <span class="smcap">XVII</span>. En ella insistió, -entre otros, el canónigo magistral de la santa Iglesia de Barcelona -D. Luis Pujol, cuando el obispo de aquella diócesis, D. Luis Sanz, -le dió comision de examinarla de nuevo para las reimpresiones de -Margarit y de Cormellas. Á Pujol pareció este libro «lleno de mucha -gravedad de sentencias, con apacibles cuentos para un honesto y -provechoso entretenimiento.» La escrupulosa estrechez de miras de la -comision eclesiástica encargada del <i>Índice expurgatorio</i> nos es hoy -bien conocida, y á ningun autor ha dañado á la larga el peso de sus -censuras. Á Miguel de Cervantes se le mandó borrar del capítulo XXXVI -de la segunda parte del <i>Quijote</i>, la sencilla proposicion de que «<i>las -obras de caridad que se hacen flojamente, no tienen mérito, ni valen -nada</i>.» En el <i>Índice</i> de 1667 aparecen prohibidas las ediciones del -<i>Lazarillo de Tórmes</i>, anteriores á 1573, la <i>Letanía Moral</i> de Andrés -de Claramonte, la <i>Cárcel de amor</i> de Diego de San Pedro, todas las -obras de Fernan Perez de la Oliva, la traduccion castellana de los -<i>Triunfos</i> de Petrarca, toda la edicion de la <i>Historia Pontificial</i> -de Gonzalo de Illescas, hecha en 1573, el libro de la <i>Veneracion</i> de -Miser Gaspar Gil Polo, las novelas de Bocaccio, el tratado manuscrito -del P. Juan de Mariana titulado <i>De regimine societatis</i>, el <i>Ramillete -de flores divinas</i> de Fray Pedro de Padilla y otras obras semejantes; á -más del inmenso catálogo de las que se acordó cercenar. Por último en -el ejemplar de las <i>Rimas</i> de <span class="smcap">Espinel</span>, que, -habiendo pertenecido al erudito Bölh de Faber, poseyó la Biblioteca -Nacional de Madrid, donde fué por mí examinado hácia 1865, y que ha -desaparecido despues, se encontraba al fól. 105 una nota manuscrita, -letra de últimos del siglo <span class="smcap">XVI</span>, en que á la -cabeza de la epístola al marqués de Peñafiel, se leia: «<i>Vedado por la -Inquisicion y descomunion á quien lo leyere</i>.» Y sin embargo, examinada -aquella poesía, nada se encuentra en ella, como no se encuentra nada en -el pasaje del <i>Obregon</i> que fué tachado, que repugne á la religion, y á -las costumbres, ni que veje la fama del poeta.</p> - -<p>El editor anónimo del <i>Márcos de Obregon</i>, en 1804, se propuso un -doble objeto con la reproduccion que llevó á cabo, procurando á la vez -refrigerar en nuestro público la aficion y el gusto hácia las obras -de lo que podemos llamar en la literatura española nuestra antigüedad -clásica. Nuestra literatura venia estando plagada, desde hacia un -siglo, de traducciones francesas. Volver por los fueros del idioma -patrio, tan humillado y<span class="pagenum" id="Page_v">[p. v]</span> -maltrecho despues de tanto tiempo en que la esterilidad y el vasallaje -literario nacional habian reducido nuestra capacidad á la mera tarea -de importar al castellano todos los productos, buenos ó malos, de -otra literatura exótica, aunque á la sazon tan en boga, y detener el -torrente de las ideas ahora frívolas, ahora depravadas, ó cuando menos -peligrosas, que por este medio se nos ingerian, pervirtiendo así los -sentimientos puros y las costumbres sanas, como la imaginacion por la -inercia aletargada y el habla por los extranjerismos corrompida, eran -los dos dignos móviles de aquella publicacion. «Reune este libro en -mi entender,—el editor á este respecto decia,—las circunstancias del -precepto de Horacio, que es mezclar dulzura con utilidad, y ademas de -contener graves sentencias de la mejor doctrina, expresadas con gracia -y elegancia y con aquella pureza de lenguaje y castidad de conceptos, -que él mismo recomienda, es un dechado de la vida humana para todas -las situaciones en que podamos hallarnos con ejemplos curiosos de sus -propios sucesos y de sus contemporáneos.»</p> - -<p>La crítica sobre la obra de <span class="smcap">Espinel</span>, -aunque sin salir nunca del terreno de la retórica y de la moral, no ha -dejado de tener sus progresos, como lo testifican las consideraciones -hechas sobre el <i>Márcos de Obregon</i> por el Sr. Rosell en la edicion -de Rivadeneyra y áun por el Sr. Cuesta Ckerner en la de 1868. Rosell -compara el plan del <i>Obregon</i> con el del <i>Lazarillo de Tórmes</i> y el del -<i>Guzman de Alfarache</i>, y encuentra su accion más completa que la del -primero y más nutrida y rápida que la del segundo. Sin embargo para -este analista el mayor mérito está en que, corriendo la narracion de -la fábula inventada por <span class="smcap">Espinel</span> sobre los -sucesos de su propia vida, hasta el punto de que los más la confunden -con una <i>auto-biografía</i>, pudiera hacer abundar en ella los brillantes -recursos de la imaginacion y del ingenio, y lograra revestir con los -insinuantes atractivos de la poesía la materialidad prosáica de una -existencia real. Por otra parte Rosell conviene con todos los críticos -en que «el <i>Escudero Márcos de Obregon</i> es una obra magistralmente -escrita, llena de sábias máximas y advertencias morales, que aunque muy -repetidas, gracias á su oportunidad y á la manera ingeniosa con que -están amenizadas, se reciben y escuchan con agrado. El lenguaje, añade -el académico analista, es puro y sencillo, y en las escenas que se -describen no se advierte, como en otros escritores, el empeño de apurar -ciertas situaciones peligrosas: lo cual, unido á un plan hábilmente -dispuesto, y á una accion animada, que camina sin entorpecimiento, -justifica los elogios que en todos tiempos se han hecho de esta -composicion.»</p> - -<p>La opinion de los comentaristas de <span -class="smcap">Espinel</span>, sobre el mérito del <i>Márcos de -Obregon</i>, casi es menos importante que la de los que estudiándole -en horizonte más amplio, en el del desenvolvimiento histórico de la -literatura nacional, y relacionando con éste al autor y su obra, -han tenido que darles dentro del vasto cuadro el verdadero término -y relieve que á uno y á otra corresponde. Puede á la cabeza de -estos ponerse el discreto Gil y Zárate, el cual colocando la obra -de <span class="smcap">Vicente Espinel</span> entre las novelas -picarescas y de costumbres, no encontró otra de este género que -se le adelantase en mérito, sino el <i>Lazarillo de Tórmes</i>, siendo -muy superior á esta misma y á todas las demás, en que el <i>Obregon</i> -ofrece menos truhanadas de las que constituyen la especialidad -característica de este linaje de libros; en que<span class="pagenum" -id="Page_vi">[p. vi]</span> abunda en buena moral, y en que á veces -el autor introduce á su público en una sociedad más escogida que -la que presta su escenario al mismo <i>Lazarillo</i>, al <i>Guzman de -Alfarache</i>, al <i>Gran Tacaño</i> y las demás producciones de esta índole. -Gil y Zárate halla ademas amenizada la narracion del <i>Márcos de -Obregon</i> con cuentos y novelitas agradables, siendo su estilo puro, -natural, fácil y correcto, sin resábios de afectacion ni mal gusto, -por lo que aprecia á <span class="smcap">Espinel</span> por uno de -nuestros primeros prosistas<a id="FNanchor_10" href="#Footnote_10" -class="fnanchor">[10]</a>. El norte-americano Ticknor dedicó tambien -al autor y á la obra noticia bastante individual, tanto por el mérito -de uno y otra, cuanto por la grande atencion que confiesa llamó á los -contemporáneos de <span class="smcap">Espinel</span> la aparicion de -su escrito. La síntesis de su juicio puede, sin embargo, condensarse -en los siguientes conceptos:—«Contiene el <i>Obregon</i>, dice, bastantes -reflexiones morales, cansadas y fastidiosas, aunque bien escritas, -lo cual hace que la narracion de los engaños, maldades y picardías -del héroe resalte más; pero aunque inferior al <i>Guzman de Alfarache</i> -y al <i>Lazarillo</i> en diccion y estilo, les aventaja en accion y -movimiento; los sucesos marchan con mayor rapidez y terminan de un -modo más regular y acertado<a id="FNanchor_11" href="#Footnote_11" -class="fnanchor">[11]</a>.» En otra historia literaria de España, -su autor, Eugenio Baret, profesor de literaturas extranjeras en la -facultad de letras de Clermont-Ferrand, considera las <i>Relaciones de -la vida y aventuras del escudero Márcos de Obregon</i> como obra superior -á las de Hurtado de Mendoza, Aleman y Velez de Guevara en el género -picaresco, pues halla en las de <span class="smcap">Espinel</span> -más plan, más arte, mayor decencia y mayor gusto literario que en -las de sus competidores<a id="FNanchor_12" href="#Footnote_12" -class="fnanchor">[12]</a>. Por último los escritores alemanes, que -habian seguido las impresiones de Bouterweck<a id="FNanchor_13" -href="#Footnote_13" class="fnanchor">[13]</a>, habiendo modificado -sus juicios despues de los trabajos de Tieck, de Malsburg y otros, -han rectificado algunos de los errores en que hasta llegó á incurrir -en su <i>Lexicon</i> el sábio y concienzudo Ebert, y haciendo justicia al -mérito del autor español, han proclamado el <i>Márcos de Obregon</i> por -una de las más bellas producciones de la literatura española, aunque -se hayan señalado algunos de sus lunares. Entran en este número la -forma desigual con que, en sentir de Tieck, la obra está escrita; -la conclusion que no corresponde á las esperanzas que el principio -suscita, y finalmente el prurito que el autor muestra en convertir -cada episodio de su novela en artículo de moral, á fin de evitar que -el público crea que el escritor no se cuida sino de divertir á las -gentes.</p> - - -<div class="section"><h3 class="subh2" id="Ch_0_3">III.</h3></div> - -<p>Los defectos de que trata la crítica alemana, principalmente el -último, nacian de la propia condicion de toda nuestra literatura de -aquel siglo. Bajo el cetro de Felipe II, en que floreció el génio, todo -en la sociedad española estaba predispuesto al órden, bajo el rudo -principio de la disciplina, que es el carácter<span class="pagenum" -id="Page_vii">[p. vii]</span> más relevante del progreso y de la -educacion pública, y de la autoridad y de la subordinacion, que -estrechan los vínculos de la nacionalidad. Dominaba en la literatura -Horacio, que era la autoridad clásica, la autoridad tradicional, la -autoridad de los antiguos; para las investigaciones de la moral y de -la metafísica, reinaba la autoridad de los textos sagrados, de la -Escritura y de los Santos Padres; para la política, el rey. No era -solamente la Inquisicion la que imponia trabas á las licencias de la -imaginacion y del pensamiento, sino el sentido público, las costumbres -generales que prohibian á la mente humana dilatarse en aquellos -asuntos que no se podrán nunca examinar sin peligro. Sin embargo, -no promovian quejas semejantes limitaciones, que se respetaban sin -esfuerzos, tanto más cuanto que no por eso faltaba á la fantasía y áun -á la reflexion seria y madura, extenso campo donde vaciar sus obras, -como lo justifican las de nuestros filósofos y místicos, juristas é -historiadores, médicos y matemáticos, novelistas y poetas. ¿No es, por -ventura, completo en todas sus partes el cuadro de nuestro movimiento -intelectual en la monarquía de Felipe II? Aquella literatura, -diametralmente opuesta en sus tendencias y caracteres á la del dia, era -propia de una sociedad sana y tranquila y de unos escritores probos é -ingénuos, que no proponiendose por tema constante de sus producciones -hacer la felicidad pública, ni dirigir los gobiernos y los pueblos, -como hoy acontece en el libro, en el teatro, en la cátedra, en el -foro, se contentaba únicamente con <i>deleitar sin corromper</i>. ¿Llena -este objeto la donosa narracion de las <i>Aventuras del escudero Márcos -de Obregon</i>? La opinion unánime de los críticos, que dejo apuntada, -elocuentemente lo acredita.</p> - -<p>Pellicer en la <i>Vida de Cervantes</i> ha querido encontrar el orígen -del <i>Márcos de Obregon</i> en un movimiento de emulacion del anciano -maestro hácia el génio divino del autor inmortal del <i>Quijote</i>. Preciso -es confesar que el diligente biógrafo no ha dado pruebas bastantes de -lo que aseveraba, sino meras conjeturas que bien pudieran estrellarse -en la nocion que tenemos de la amistad y el respeto recíproco que en -vida uno y otro se profesaban. En el <i>Canto de Caliope</i>, en el <i>Viaje</i> -y en la <i>Adjunta al Parnaso</i> no sólo habia Cervantes celebrado el raro -estilo en que <span class="smcap">Espinel</span> llevaba el cetro, y su -envidiable capacidad ya con la pluma, ya con la lira, sino que haciendo -mérito de los viejos afectos que con él le unian, en la <i>Adjunta</i> -cariñoso exclamaba:—«Al famoso <span class="smcap">Espinel</span> -dará vuesa merced mis encomiendas, como á uno de los más antiguos y -verdaderos amigos que yo tengo.»—Á su vez <span class="smcap">Vicente -Espinel</span> en la <i>Casa de la Memoria</i>, le habia rendido análogo -tributo, reconociendo que ni la desgracia, ni el mar, ni el cautiverio -pudieron evitar al vuelo colosal de Cervantes tocar las altas cimas -de la gloria. Por otra parte, en las realidades de la vida, los dos -simultáneamente confluian á la proteccion misericordiosa del cardenal -arzobispo de Toledo, D. Bernardo de Sandoval y Rojas, de quien -Salas Barbadillo en la dedicatoria de <i>La Estafeta del dios Momo</i> -descubrió recibian uno y otro pension contínua «para que pasasen -su vejez con menos incomodidad.» ¿Es presumible siquiera que <span -class="smcap">Espinel</span> pretendiera aquel favor por el camino de -una envidiosa rivalidad, como Pellicer deja entrever en la alusion -á los escuderos pedigüeños y habladores de que en la dedicatoria al -prelado hablaba cuando decia:—«No será Márcos de Obregon el primer -escudero hablador que ha visto V. S. Ilma., ni el primero que con -humil<span class="pagenum" id="Page_viii">[p. viii]</span>dad se -ha prostrado á besar el pié de quien tan bien sabe dar la mano para -levantar caidos?» Por Zoilo que <span class="smcap">Espinel</span> -fuese, y en que <span class="smcap">Cervantes</span> lo estimara, -lícito es creer que Pellicer necesitó una gran fuerza de sutil -suspicacia para notar la malicia en las palabras apuntadas, y mucho -más para sorprender una alusion del escudero Márcos de Obregon al -escudero Sancho Panza. ¡Eran muy distintos escuderos! Ademas cuando -<span class="smcap">Espinel</span> ponia su dedicatoria á los pies del -cardenal Sandoval, hacia tiempo que acerca de lo de Zoilo inválido, -Lope de Vega ya habia escrito al Duque de Sesa, su Mecenas:—«Merece -<span class="smcap">Espinel</span> que V. E. le honre por hombre -ingenioso en el verso latino y castellano, fuera de haber sido único -en la música: que su condicion ya no será áspera, pues la que más lo -ha sido en el mundo, se templa con los años ó se disminuye con la -flaqueza.»</p> - -<p><span class="smcap">Espinel</span> fué el primero en descubrir -lealmente el fin que se habia propuesto para escribir su <i>Obregon</i>:—«El -intento mio, dice, fué ver si acertaria escribir en prosa algo que -aprovechase á mi república, deleitando y enseñando, siguiendo aquel -consejo de mi maestro Horacio; porque han salido algunos libros de -hombres doctísimos en letras y opinion, que la abrazan tanto con sola -la doctrina que no dejan lugar por donde pueda el ingenio alentarse -y recibir gusto, y otros tan enfrascados en parecerles que deleitan -con burlas y cuentos entremesibles, que despues de haberlos leido, -revuelto, aechado y aun cernido, son tan fútiles y vanos, que no -dejan otra cosa de sustancia ni provecho para el lector, ni de fama -y opinion para sus autores.» Por si esto no es bastante, <span -class="smcap">Espinel</span> añade:—«Yo querria en lo que he escrito -que nadie se contentare con leer la corteza, porque no hay en todo -mi escudero hoja que no lleve objeto particular, fuera de lo que -suena.»—Difícil es apreciar, con tres siglos de distancia por medio y -una absoluta carencia de toda historia literaria, todo lo que mediante -esta advertencia haya en el <i>Márcos de Obregon</i> de circunstancial, -local y adecuado á la época en que se dió á la estampa. La crítica -no puede ya apreciarlo, desprovista de los necesarios antecedentes, -sino en lo que la obra de <span class="smcap">Espinel</span> tiene -de universal, de perenne, de eterno. Reducirla al estrecho círculo -de las circunstancias en que apareció, no es ya posible, cuando con -bizarro empuje ha logrado dominar los límites del tiempo, abrirse paso -en la atencion de otras generaciones, y difundirse hasta romper las -barreras de los idiomas extraños. Es preciso, pues, considerarla, y así -los analistas precedentes la han considerado, como monumento de una -literatura universal.</p> - -<p>¿Y quién duda que llena todas sus condiciones de una manera -brillante? No es el <i>Márcos de Obregon</i> una novela moderna que analiza, -sino una narracion por exceso subjetiva, en que el autor, haciendo -el protagonista, aunque con supuesto nombre, desarrolla la trama -indeclinable de una existencia real luchando con la naturaleza, con -la sociedad y los obstáculos civiles. En vano será buscar en ella -esa variedad de caracteres que el arte agrupa con maña, no como los -produce la naturaleza; en vano las agitaciones de la pasion que la -musa trágica del drama exalta y acumula para producir los cuadros de -negra tristeza que dan á la vida un tinte patético de desesperacion -y romanticismo: ni siquiera el autor se propone sistematizar la -desgracia, de manera que persiguiendo sin descanso y bajo todas las -formas á<span class="pagenum" id="Page_ix">[p. ix]</span> una misma -víctima, resulte la existencia sometida al despótico yugo de una ley -fatal eterna é inexorable. El escudero <i>Márcos de Obregon</i> es un tipo -comun, que en medio de la sociedad tradicional antigua, se adelanta -á la figura del hombre de nuestras democracias modernas, donde los -triunfos sobre las adversidades contingentes de la vida real se -gradúan por los triunfos que sobre cada individuo alcanza su propia -voluntad, su propio albedrio, sin necesidad de sacarle de otra escena -que de la ordinaria en que la existencia se desenvuelve, ni de hacerle -remontar con plumas de Ícaro á las cimas de mitológicos heroismos. -Gira, pues, el interes de la obra entre la observacion constante de -la vida y la leccion fecunda de la experiencia; no estudia al hombre, -como debe estudiarle quien se propone dictar preceptos; tiende en su -fondo y en su forma á una contínua perfeccion, hasta hacer desear la -paz de una existencia laboriosa, modesta y solitaria; de este modo, -siendo una narracion, aunque ingeniosa, siempre sencilla, hallándose -sus episodios todos solícitamente sometidos á la enérgica ley de la -realidad, pasma y asombra la portentosa flexibilidad de un talento que -ha sabido bordar de pensamientos profundos las fruslerías pueriles -del estudiante sin libros, las trivialidades inocentes del calavera -sin aventuras, las empresas solitarias del soldado sin batallas y los -egoismos sin objeto del corazon sin hogar y del espíritu sin familia. -<span class="smcap">Espinel</span> quiso en el <i>Márcos de Obregon</i> -realizar una obra superior á los ensayos brillantes de su juventud, y -no puede negársele la categoría de un talento original. Por eso cuando -algunos creyeron pudiera incurrir en el hastío de tantas insípidas -producciones, como diariamente acometian los serviles imitadores del -<i>Lazarillo de Tórmes</i> y del <i>Guzman de Alfarache</i>, viósele elevarse -con propio vuelo sobre el nivel de sus rivales, y la crítica de su -siglo, representada por la voz pujante del reverendo Padre Maestro Fray -Hortensio Félix Paravicino, declaró, como antes he consignado, que de -los libros de este argumento, las <i>Relaciones de la vida del escudero -Márcos de Obregon</i> son la mejor cosa que nuestra lengua tendrá. Esta -opinion persevera insistente despues de tres siglos, y en ella estriba -la secreta razon de por qué se ha propagado por uno y otro continente, -se ha traducido al frances, al ingles, al aleman y se han multiplicado -hasta aquí y aún se multiplican hoy dia sus ediciones.</p> - - -<div class="section"><h3 class="subh2" id="Ch_0_4">IV.</h3></div> - -<p>Bajo otro aspecto ha sido considerado tambien este libro, cuya -importancia no declina: como probable auto-biografía de <span -class="smcap">Espinel</span>, sobre el cual la biografía hasta ahora -no ha prodigado sino atroces temeridades. Los primeros errores -que se cometieron en este punto los inspiró el celo excesivo -del buen deseo. Casi á fines del siglo último la vida de <span -class="smcap">Espinel</span> era absolutamente desconocida hasta por -sus más entusiastas admiradores. No se tenia ningun dato seguro sobre -el lugar ni la fecha de su nacimiento. Se ignoraba dónde, en qué año, -de qué edad, en cuál grado de la fortuna habia muerto; todo el resto -de su vida se ocultaba en el misterio. Una frase de Lope de Vega en -el <i>Laurel de Apolo</i> le hizo concebir nonagenario y pobre. Un rondeño -dis<span class="pagenum" id="Page_x">[p. x]</span>tinguido, Cristóbal -de Salazar Mardones, secretario del Consejo de Italia en la seccion de -Sicilia, no habia podido hacerse en 1642 de un ejemplar de las <i>Rimas</i>, -impresas en 1591. Nicolás Antonio, en su <i>Bibliotheca Hispana nova</i>, -equivocó en diez años la fecha de su fallecimiento. Otro rondeño antes -citado, Rivera y Valenzuela, en 1766, fué cómplice de don Cristóbal de -Medina Conde en retrasar otros seis años la de su venida al mundo, y á -la vez propagó una porcion de datos no menos inciertos, que sin embargo -se tomaron despues por base de la biografía. Tratando de trazarla -Lopez de Sedano en 1770, en el tercer tomo del <i>Parnaso Español</i>, -poco dijo, y eso poco plagado de inexactitudes, por osar deducir <i>ad -libitum</i> los datos históricos de <span class="smcap">Espinel</span> de -la lectura poco meditada de sus obras poéticas. Mas crasos errores, y -con no menos buena intencion divulgó de 1787 á 1799 Lopez de la Torre -Ayllon y Gallo, primero en su correspondencia con el presbítero de -Ronda, don Jacinto José de Cabrera y Rivas, y despues con el bosquejo -biográfico que insertó en la <i>Coleccion de españoles ilustres</i>, -pretendiendo formar tambien el pedestal de la figura del escritor sobre -las revelaciones literales del <i>Márcos de Obregon</i>, de donde surgió y -se arraigó la idea de que esta era la auto-biografía antedicha. Entre -tanto los historiadores y los críticos así propios como extraños, -tomando por puntuales las noticias autorizadas desde publicaciones -casi oficiales, extendieron la fábula como nocion de la verdad tocante -á la vida del poeta, y fábula es cuanto acerca de ella se lee en -Sedano y Búrgos, Quintana y Gil y Zárate, Silvela y Castro, entre los -nacionales, y en Sismondi, Bouterwek, Ticknor, Tieck, Algernon Langton, -Baret, Michaud, Weiss, Bouillet, Höffer y por último en todos los -<i>Diccionarios biográficos</i>, entre los extranjeros.</p> - -<p>No puedo hacer aquí <i>in extenso</i> el trabajo documental que reservo -para más propicias circunstancias: permítaseme, sin embargo, diseñar -un simple bosquejo de la vida del maestro <span class="smcap">Vicente -Espinel</span> sobre la fe de mis investigaciones de veinte años y -de los documentos reunidos por mi constancia y diligencia. El nombre -del lugar de su nacimiento, Ronda, él lo acreditó en las portadas -de sus libros, en las <i>canciones á su patria</i> y en las referencias -directas del <i>Obregon</i> á su persona. En el libro II de bautismos de -la parroquial de Santa Cecilia, al fólio 36 vuelto, consta la fe de -su bautismo en 28 de diciembre de 1550, siendo sus padres Francisco -Gomez y Juana Martin. Jacinto Espinel Adorno, en <i>El premio de la -constancia ó pastores de Sierra Bermeja</i>, testifica que esta fué -de familia de conquistadores. El mismo <span class="smcap">Vicente -Espinel</span> hace al primero oriundo de las montañas de las Asturias -de Santillana, y añade que aunque con alguna hacienda la perdió en -negocios infortunados. Tambien dice él mismo que su primera instruccion -la recibió en Ronda, en las aulas del bachiller de la gramática Juan -Cansino, el cual le enseñó á traducir no mal un epígrama latino y á -componer otro, y con esto, un poco de música y saber callar, ya estuvo -dispuesto en las primeras mocedades para que su padre, tratando de -sacar fruto del talento que precozmente revelara, pusiérale al cinto -una espada de Bilbao, en la maleta un ferreruelo de ventidoceno de -veinte ducados, y con su bendicion y lo que pudo, que no debió de ser -mucho, enviárale con un arriero á Salamanca, donde se hiciera famoso -en los estudios. La salida de <span class="smcap">Espinel</span> -de Ronda para la Universidad maestra, coincidió con el segundo -levantamiento<span class="pagenum" id="Page_xi">[p. xi]</span> de -los moriscos de la sierra de Istan y los alistamientos y la leva de -hombres, desde los 18 hasta los 30 años, que juntó para calmarlo el -duque de Arcos, don Rodrigo Ponce de Leon: de este deber sólo estaban -exentas las gentes de iglesia y los estudiantes.</p> - -<p>La aparicion del nuevo escolar en Salamanca la acreditan los libros -de matrícula correspondientes á los cursos de 1570 á 1571 y de 1571 -á 1572, en los cuales se registra inscrito en la facultad de Artes. -Las notas que obtuviera se han perdido con los libros de pruebas en -donde constasen. En los de grados no se encuentra su nombre. En las -inscripciones de matrículas se le nombra: <span class="smcap">Vicente -Martinez Espinel</span>, <i>natural de Ronda</i>, <i>diócesis de Málaga</i>. En -el <i>Obregon</i> no se da ciertamente <span class="smcap">Espinel</span> -aires de opulento, ni áun de adelantado en sus estudios en la -Universidad. Acerca de estos él mismo dice en el descanso XII de su -primera relacion:—«Yo confieso de mí, que la inquietud natural mia, -junta con la poca ayuda que tuve, me quebraron las fuerzas de la -voluntad, para trabajar tanto como fuera razon.» Respecto á los medios -de su vida, añade en el mismo lugar:—«Estábamos despues de esto, tres -compañeros en el barrio de San Vicente, tan abundantes de necesidad, -que el menos desamparado de las armas reales era yo, por ciertas -lecciones de cantar que yo daba; y áun las daba, porque se pagaban -tan mal, que antes eran dadas que pagadas, y áun dadas al diablo.» -Aun así tuvo en 1572 que interrumpir los estudios, á consecuencia de -haber cerrado y dispersado la Universidad el corregidor don Enrique de -Bolaños, por los disturbios y encuentros de estudiantes que promovieron -los bandos formados á causa de la prision y proceso del sabio maestro -Fray Luis de Leon. Tenia á la sazon <span class="smcap">Espinel</span> -veintidos años, y emprendió <i>á la apostólica</i>, como él mismo dice, -aquella peregrinacion hácia Ronda, su patria, visitando y deteniendose -en Madrid y en Toledo, recibiendo en Ciudad Real los regalos y socorros -de la monja doña Ana Carrillo, señora muy principal de los Villaseñores -de Murcia y de los Maldonados de Salamanca, y tocando y descansando en -varios lugares ricos de Andalucía.</p> - -<p>Pocos meses despues de la llegada de <span -class="smcap">Espinel</span> al hogar paterno, unos parientes de -estos, algo hacendados, Bartolomé Martinez Labrasola y Catalina -Martinez, cónyuges, y la última hermana de Juana Martin, se resolvieron -á fundar capellanía de una parte de sus bienes, «nombrando por -primer capellan á su sobrino <span class="smcap">Vicente Martinez -Espinel</span>, hijo de Francisco Gomez, porque es mancebo virtuoso -de buenos padres y confiamos de su persona y virtud que la servirá -muy bien,» segun textualmente reza la escritura de fundacion, cuya -copia tengo á la vista, y que fué otorgada ante el escribano público -Juan Gil Acedo en 3 de agosto de 1572. Consistian los bienes de esta -fundacion en unas casas que los Martinez Labrasolas poseian en Ronda, -barrio del Mercadillo, arrabal de la Puente y calle de las Peñas, -con expresion de ser once moradas lindando unas con otras y en unas -viñas de cuatro aranzadas del pago del mismo Mercadillo, <i>cerca de -la torrecilla de la dehesa</i>. Tenian estos bienes un gravámen censual -de 30,000 maravedis de principal en favor de don Pedro Ponce de -Leon, de la casa ducal de Arcos, y despues de imponer al capellan -ciertas obligaciones de su ministerio, se determinó el órden de la -sucesion en ellos, debiendo recaer en el convento y religiosos de -la Merced, cuando concluyeran estos llamamientos, como en efecto se -acabaron en 1666.<span class="pagenum" id="Page_xii">[p. xii]</span> -Influyó en 1572 en todas estas disposiciones un religioso de la -redencion de cautivos, montañes de orígen, como el padre de <span -class="smcap">Espinel</span>, hombre en su siglo de sumos respetos -así por sus grandes dotes personales, como por su mucho influjo y el -de sus parientes en la córte de Felipe II, y que frecuentemente hacia -largas residencias en el convento de Ronda, situado á la sazon en el -lugar aún llamado <i>la cruz de San Jorge</i>, bien próximo por cierto á -las moradas en donde <span class="smcap">Espinel</span> debió nacer y -su familia habitar. Llamábase este religioso Fray Rodrigo de Arce, y -<span class="smcap">Espinel</span> en sus <i>Rimas</i> le dedicó luego una -de sus más bellas canciones. En las redenciones de África tenia una -inmensa reputacion, y á Ronda trajo convertido desde Argel al hijo de -Bocazan-bey, que tomó en la pila el nombre de don Diego de Arce, y que -disfrutó de por vida una pension que le señaló el rey Felipe II, segun -refieren Fray Alonso Remon y Bernardo de Vargas, cronistas de la órden -á que Fray Rodrigo perteneció.</p> - -<p>Tal vez el favor de éste colmó de valiosas recomendaciones á <span -class="smcap">Espinel</span> en su segunda expedicion á Salamanca. -Aunque el poeta declara que esta vez pasó tres ó cuatro años (sólo -fueron dos) en esta ciudad, y de que se le dió una plaza en los verdes -de San Pelayo, hallándose de escolares en este colegio el que luego -fué obispo de Valladolid, don Juan Vigil de Quiñones, y el consejero -de la Inquisicion don Juan de Llanos y Valdes, la circunstancia de no -aparecer más el nombre del poeta ni en las matrículas de la Universidad -ni en los registros de San Pelayo, hace sospechar sobre la condicion de -<i>la plaza</i> que en este colegio se le dió, de seguro más humilde que la -posesion de una beca. Sin embargo, si hemos de creer á Lope de Vega en -el <i>Papel sobre la nueva poesía</i>, de esta época datan las relaciones -de amistad y compañerismo que <span class="smcap">Espinel</span> -mantuvo toda su vida con el marques de Tarifa, primogénito del duque -de Alcalá de los Gazules, con otros títulos y grandes, como los Alba y -los Girones, con Pedro de Padilla, caballero del hábito de Santiago, -con Luis Galvez de Montalvo, que lo era de la órden de San Juan de -Jerusalen, con don Luis de Vargas Manrique, con los Argensolas, con -Pedro Liñan de Riaza, con Pedro Lainez, con Marco Antonio de la Vega, -con el doctor Garay y últimamente con el jóven don Luis de Góngora -y Argote, recien llegado de Córdoba. De estos, los que no presumian -de caballeros, teníanse por hidalgos de renta y caudal, aunque -estudiantes y poetas todos. ¿Fué que con ellos solamente lo introdujo -su superioridad en la poesía, ó su habilidad, que Lope llamó repetidas -veces <i>única</i>, en la música y el canto? Estas facultades le abrieron -la casa de doña Agustina de Torres, en la cual, segun Lopez Maldonado, -en la <i>Elegía de su muerte</i>, se reunian los más famosos músicos de la -ciudad, el gran Matute, el celebrado Lara, el divino Julio, Castilla y -otros.</p> - - -<div class="section"><h3 class="subh2" id="Ch_0_5">V.</h3></div> - -<p>La ambicion y el amor sacáronle de Salamanca á vida más activa. Por -órden del rey Felipe II formábase en el otoño de 1574 armada de más -de trescientas velas y veinte mil hombres en el puerto de Santander. -Por capitan general de ella iba el más intrépido marino que á la sazon -tenia España, Pero Menendez de Avilés, el famoso adelantado de la -Florida. Su mision permane<span class="pagenum" id="Page_xiii">[p. -xiii]</span>cia secreta y reservada; bien que todo el mundo creyera -fuese la primera <i>invencible</i> de Felipe II contra Isabel de Inglaterra. -Era el almirante don Diego Maldonado, caballero de bonísimo gusto, -de los de esta casa en Salamanca y algo pariente de linda moza que -acaso á la sazon <span class="smcap">Espinel</span> platónicamente -cortejaba. Por todos estos merecimientos dióse al novel estudiante -alférez la bandera del segundo capitan. Mas aquella escuadra portentosa -no llegó á cumplir su destino. La peste la asedió en el mismo puerto, -destruyéndola sus hombres, y entre otros cabos que murieron, hizo la -muerte presa tambien del bizarro caudillo que habia de mandarla. Un -viento de dispersion sopló por los escasos restos de los que habian -quedado, y <span class="smcap">Espinel</span>, aunque convaleciente de -unas fiebres malignas, cedió á la inquieta condicion de su carácter, -no tomando la vuelta hácia Salamanca, sino escapando por Laredo y -Portugalete á la capital de Vizcaya; desde Bilbao á Vitoria, donde lo -hospedó y mimó, un gran caballero y amigo suyo, don Felipe de Lezcano; -desde Álava á Navarra, por visitar al condestable de la casa de Alba, -de la cual ya comenzaba á recibir proteccion; de allí á Zaragoza, donde -le obsequiaron los Argensolas y otros ingenios amigos, durante su larga -estancia en la capital de Aragon, y despues de haber trafagado toda -la Rioja, y visitado á Búrgos, vino á recaer en Valladolid y en el -escuderaje del egregio conde de Lemos, don Pedro de Castro, gran amigo -de la gente alegre de bizarro ingenio.</p> - -<p>Cerca de cuatro años consumiéronse en esta vida, que á aquel robusto -amparo tal vez se hubiera prolongado, sin la ocasion de la infortunada -empresa del rey D. Sebastian de Portugal, á África, á donde fueron 5000 -españoles en las 50 galeras con que le auxilió el rey Felipe II, á -quien Lemos á su llamamiento acudió presuroso para servirle. «Víneme de -Valladolid á Madrid, dice el mismo <span class="smcap">Espinel</span>, -y siguiendo la variedad de mi condicion y la opinion de todos, fuíme -á Sevilla con intencion de pasar á Italia, ya que no pudiese llegar -á tiempo de embarcarme para África.» En efecto, no llegó; quedóse en -Sevilla al abrigo de ilustres camaradas, y en el largo año que residió -en la ciudad del Guadalquivir hizo de su vida una contínua tempestad -de desvanecimientos juveniles. Arrastró su musa por el lodo de la -obscenidad y del sarcasmo; su vivo ingenio y sus músicas habilidades -disipáronse entre los lupanares de Baco y Venus; púsose espada al -flanco; echóla de valiente; suscitó pendencias; anduvo á cuchilladas y -al ojo de la justicia y, como él mismo dice, comenzó á alear más de lo -que le estaba bien, y áun tanto que el marqués de la Algaba, D. Luis -de Guzman, que le amparaba, llegó á mostrarse reacio en su refugio, -viéndole empeñado en tales causas que tuvo que tomar sagrado tal vez -para evitar mayores inconsideraciones. No por eso faltáronle amigos: -por tal se le declaró un jóven príncipe, tan gallardo de presencia, -como amable de carácter, que vino por aquel tiempo á Sevilla á visitar -á su tio el arzobispo D. Cristóbal de Rojas y Sandoval: llamábase él -D. Francisco Gomez de Sandoval: llevaba por título el de marques de -Dénia, y estaba destinado á representar en la política y el gobierno -de España el papel más importante, bajo el de Duque de Lerma, con el -que reconoce la historia al poderoso valido del rey Felipe III. Influia -en la borrascosa conducta de <span class="smcap">Espinel</span> por -aquel tiempo la fiebre del despecho á causa del desengaño sufrido -en aquellos amores puros, juveniles, risueños que comenzara en -Salamanca, y Dénia descendió<span class="pagenum" id="Page_xiv">[p. -xiv]</span> á mitigar aquel violento estado, favoreciendo á <span -class="smcap">Espinel</span> en sus necesidades y allanándole los -obstáculos para alejarle del lugar de los combates de su espíritu, -haciendo descubrir ante su mente aventurera los poéticos horizontes de -Italia, sonrosados con la compañía y el favor inmediato del Duque de -Medina-Sidonia, D. Alonso Perez de Guzman, á quien acababa de darse -el gobierno de Milan, para donde él ya disponia el envío de ajuares y -criados en un galeon <i>arragocés</i><a id="FNanchor_14" href="#Footnote_14" -class="fnanchor">[14]</a>, que se hacia á la vela para el golfo de -Génova.</p> - -<p>Surge, durante esta navegacion, una cuestion histórica, que -hasta ahora ningun biógrafo se ha atrevido á abordar para darle una -explicacion definitiva. <span class="smcap">Espinel</span>, refiriendo -los azares de aquel viaje, dice que habiéndose refugiado el galeon -á la isla Cabrera y habiendo saltado alguna gente á tierra en busca -de agua, fué con otros sorprendido por unos piratas africanos que -los llevaron cautivos á Argel: narra luego prolijamente la vida y -las vicisitudes del cautiverio, y por último, despues de mil lances -novelescos la manera como preso el galeon de su amo cerca de las -aguas de Mallorca por las galeras de Génova que gobernaba el Sr. -Marcelo Doria, fué primero maltratado teniéndole por renegado tambien, -luego reconocido por Francisco de la Peña, uno de los músicos de á -bordo, presentado al general más tarde, y remediado y conducido á -Génova, á casa del embajador Julio Espínola, que él habia tratado -como amigo en Valladolid, y que juntamente con Marcelo Doria, le -proveyó de dinero y cabalgadura para que se trasladase á Milan. Ó -hay que aceptar como cierto en el <i>Márcos de Obregon</i> este episodio -autobiográfico de <span class="smcap">Espinel</span>, ó hay que -negarlos todos. En ninguno el autor pone entre él y el lector mayor -número de testimonios vivos: él cita las personas con abundancia, y -es uno de los pasajes en que casi descubre que el nombre de <i>Márcos -de Obregon</i>, adoptado para el protagonista de su obra, no es sino -el pseudónimo bajo el que oculta el suyo verdadero. La glosa de -las octavas cantadas á bordo y á cuya música suspiró, son de las -más conocidas de sus canciones; él dice ademas: cantaron <i>unas -octavas mias</i>. Peña lo denunció despues al general como <i>autor de la -letra y de la sonata</i>. Y cuando el general le preguntó: <i>¿Cómo os -llamais?</i> y él le respondió: <i>Márcos de Obregon</i>; Peña se apresuró á -rectificar diciendo:—<span class="smcap">Fulano</span> (es decir <span -class="smcap">Espinel</span>) <i>es su verdadero nombre, que por venir -tan mal parado debe de disfrazarlo</i>.</p> - -<p>Cotejando los hechos en que <span class="smcap">Espinel</span> -refiere haber intervenido con las fechas de estos acontecimientos -históricos, preciso es confesar que existe una perfecta, absoluta -correspondencia sin que jamás se le sorprenda en el menor desliz: -de modo que lo que narra lo cuenta, no como el contemporáneo que -recuerda lo que ha oido, sino como el testigo que tiene presente y -muy presente hasta el menor detalle de lo que ha visto. Á fines de -1578, en efecto, desembarcó en Génova; por Alejandría de la Palla, de -donde era gobernador D. Rodrigo de Toledo, pasó á Milan, donde esta -vez no se detuvo, continuando su marcha á Flandes, y yendo á parar al -ejército que mandado por Alejandro Farnesio, príncipe de Parma, desde -la muerte de D. Juan de Austria, disponíase á dar el asalto general -de Maestrich, uno de los hechos de armas más grandiosos de aquella -época militar.<span class="pagenum" id="Page_xv">[p. xv]</span> Allí -encontró á D. Hernando de Toledo, <i>el tio</i>, y á D. Pedro de Toledo, -marques de Villafranca, en quienes, como en todos los de la casa -de Alba, la amistad á <span class="smcap">Espinel</span> era cosa -como del hogar ó de la sangre; allí al ingenuo caballero D. Alonso -Martinez de Leiva, á quien el mar de Irlanda en 1588 abrió la tumba, -al más dulce prodigio de las musas; allí, por último, á aquel bizarro -príncipe Octavio de Gonzaga, casado con D.ª Sicilia de Médicis, en cuya -morada en Milan y Mántua el poeta de Ronda habria de hallar luego la -hospitalidad más noble y la proteccion más espléndida. Con solo repasar -el libro de las <i>Rimas</i> se viene en conocimiento de lo que fueron estos -príncipes para <span class="smcap">Espinel</span>. Á D. Hernando de -Toledo, el tio, dedicada está aquella <i>Égloga</i>, sublime, resúmen de la -historia de sus amores con doña Antonia de Calatayud<a id="FNanchor_15" -href="#Footnote_15" class="fnanchor">[15]</a>, en Salamanca y Sevilla; -en las dos <i>Canciones</i> á los jóvenes consortes Gonzaga y Médicis, -de la casa ducal de Mántua, se espresa la abundante felicidad que -aquellos ilustres magnates derramaron con su favor en el alma de -<span class="smcap">Espinel</span>. Desde la rendida fortaleza del -Brabante el poeta siguió á Octavio de Gonzaga en la vuelta para Milan, -y aquí el generoso príncipe, con ocasion de la muerte y los funerales -de la reina doña Ana de Austria, que en la capital de Lombardía se -lloró con soberbias exequias, colmóle de honor, haciendo que á <span -class="smcap">Espinel</span> se le designase para las leyendas en -verso castellano y latino que habian de adornar el túmulo levantado en -la incomparable catedral para la fúnebre solemnidad en que él mismo -celebró despues haber oido la palabra inspirada del santo arzobispo, -Cárlos Borromeo, en el elogio póstumo de tal reina. Tambien los versos -castellanos que entonces <span class="smcap">Espinel</span> compuso -forman parte de sus <i>Rimas</i> desde el fólio 100 al 103.</p> - -<p>Aunque en los tres años, próximamente, que residió el poeta en -Lombardía, quéjase de no haber disfrutado salud, ni de haber hecho -en ellos cosa alguna literaria de importancia «por lo poco que -entre soldados se ejecutan los actos del ingenio,» casi todas las -composiciones que escogió despues para coleccionarlas, fueron escritas -en Italia. Concurriendo allí diversas naciones de franceses, alemanes, -italianos y españoles, él mismo confiesa que hubo de escoger el -latin para entenderse. Por último, en el Descanso V, de la Relacion -III, dice que en Milan concurria á casa de D. Antonio de Londoño, -presidente de aquel magistrado<a id="FNanchor_16" href="#Footnote_16" -class="fnanchor">[16]</a>, muy sabio en las artes filarmónicas, en cuya -morada habia siempre junta así de excelentísimos músicos, como de voces -y habilidades, donde se hacia mencion de todos los hombres eminentes -de la facultad. «Tañian, añade <span class="smcap">Espinel</span>, -vihuelas de arco con grande destreza, tecla, arpa, vihuela de mano -por excelentísimos varones en toda clase de instrumentos.» Todo esto -revela que la permanencia de <span class="smcap">Vicente Espinel</span> -en Italia, lejos de ser perdida, fuéle muy provechosa, pues allí pudo -perfeccionarse y perfeccionó de hecho sus facultades, como se notará -más adelante, cuando en ellas veámosle encontrar el más sólido refugio -de su vida. No dejó de luchar, sobre todo con la escasez,<span -class="pagenum" id="Page_xvi">[p. xvi]</span> que fué el torcedor -perpétuo de sus gustos mientras vivió; y en su propio testamento, hecho -cerca de medio siglo más tarde, todavía debia acordarse de los apuros -que pasó en Milan, cuando dictaba al escribano Juan Serrano:—«Item, -declaro que debo en la ciudad de Milan, en Lombardía, veinte ducados á -un mercader que se llama Ludovico Mato de Recto, de un ferreruelo de -gorgueran que me vendió habrá tiempo de treinta y seis años, los cuales -quiero que se le paguen, y si fuese muerto á sus herederos, y caso -que no los haya el señor Maestro Franco se los diga de misas para sus -almas.»</p> - -<p>Cansado de la vida militar, puesta la vista en el porvenir y -viéndose en el promedio de la vida sin puerto de salvacion para la -vejez, trató de regresar á España, mas no sin visitar á Pavía, Turin, -Venecia y otras ciudades italianas de gran fama. D. Hernando de Toledo, -el tio, le tomó luego muy alegremente en Saona en sus galeras hasta -desembarcarle en Barcelona. Pasó á Madrid, donde muchos le conocieron -en 1584 y á poco tomó la resolucion de volver á Andalucía, decidido ya -á echar la llave al ardor juvenil y á recogerse al amparo de aquella -carrera en la que todavía le brindaba algun descanso la próvida -fundacion de 1572.</p> - - -<div class="section"><h3 class="subh2" id="Ch_0_6">VI.</h3></div> - -<p>Todos los actos eficaces de la vida del hombre y del poeta comienzan -desde esta época. De sus mal perjeñados apuntes y papeles, y del rico -arsenal de su memoria, procuró entresacar aquellas obrillas líricas de -la juventud, que formaban el bello ramillete del ingenio y del corazon -en la risueña edad de sus alegres mocedades. Enviándolas á la censura -de D. Alonso de Ercilla, que confesaba ser de los mejores versos -líricos que él habia visto<a id="FNanchor_17" href="#Footnote_17" -class="fnanchor">[17]</a>, desde la primera página declaró <span -class="smcap">Espinel</span> el objeto que se proponia al intentar -publicarlos, con aquel bello soneto, que le sirvió de introduccion y es -sin duda uno de los mejores que hay escritos en castellano.</p> - -<p>Dice así:</p> - -<div class="poem"><div class="stanza"> -<p class="i2">Estas son las reliquias, fuego y hielo,</p> -<p class="i0">Con que lloré y canté mi pena y gloria,</p> -<p class="i0">Que pudieran ¡oh España! la memoria</p> -<p class="i0">Levantar de tus hechos hasta el cielo.</p> -<p class="i2">Llevóme un juvenil, furioso vuelo</p> -<p class="i0">Por una senda de mi mal notoria,</p> -<p class="i0">Hasta que, puesto en medio de la historia,</p> -<p class="i0">Abrí la vista, y ví mi amargo duelo.</p> -<p class="i2">Mas retiréme á tiempo del funesto</p> -<p class="i0">Y estrecho paso, dó se llora y arde,</p> -<p class="i0">Ya casi en medio de las llamas puesto:</p> -<p class="i2">Que, aunque me llame la ocasion cobarde,</p> -<p class="i0">Más vale, errando, arrepentirse presto,</p> -<p class="i0">Que conocer los desengaños tarde.</p> -</div></div> - -<p class="mt1"><span class="pagenum" id="Page_xvii">[p. -xvii]</span>Tal vez á su regreso de Italia, <span -class="smcap">Espinel</span> habia ya perdido sus padres en Ronda. Ello -es que al volver á Andalucía, no se dirigió desde luego á la ciudad que -le vió nacer, sino á Málaga, á echarse en brazos de su antiguo amigo y -camarada don Francisco Pacheco de Córdoba, que desde 1575 ocupaba la -mitra de esta diócesis, y desde Málaga, por la costa de Marbella, á la -Sauceda de Ronda, en una de cuyas pequeñas poblaciones de la propiedad -del duque de Arcos, Casares, á la orilla derecha del Guadiaro, residia -aquel Pedro Ximenez de Espinel, hermano de Juana Martin, madre del -poeta, de quien éste hace la descripcion, presentándolo como el hombre -perfecto de la filosofía natural en la sencillez de su trato, en la -templanza de sus costumbres, en la prudencia de su consejo y en la -modestia y rectitud de su sano discurso. Ciertamente aquellas dos -visitas fueron para nuestro protagonista del mayor interes, pues por -los hechos posteriores resulta como indudable que si con la primera se -allanó el camino para su ingreso al sacerdocio, con la segunda debieron -removerse cualesquiera clase de obstáculos que para el disfrute de la -desamparada capellanía hubieran surgido desde 1572. No obstante, es de -presumir que, conocidas sus intenciones en Ronda por las emulaciones y -envidias que en el país natal levanta siempre toda capacidad que sabe -elevarse sobre el nivel comun, se trató de suscitarle inconvenientes, -cuyas asperezas Espinel procuró limar mediante aquella <i>Cancion á su -patria</i>, uno de los poemas más ardientes que brotaron de su lira, y en -que humilde, modesto, postrado, pidió á su cuna nuevo amoroso regazo y -á sus compatricios benevolencia y proteccion. Tambien se duda de que -nunca las obtuviera, pues por aquel tiempo dirigió á su nuevo Mecenas, -el obispo de Málaga, Pacheco de Córdoba, la enérgica <i>Epístola</i>, -donde sin declinar nada de las licencias de su juventud, apostrofaba -á sus enemigos y condenaba la ruindad de las pasiones que contra él -concitaban, con el vigor y la elocuencia propias de su pluma varonil -abandonada á los arrebatos de su altivo corazon. Hé aquí algunos de -estos robustos tercetos:</p> - -<div class="poem"><div class="stanza"> -<p class="i2">Bien sé, que yendo la razon delante,</p> -<p class="i0">De virtuoso no merezco el nombre,</p> -<p class="i0">Más que de docto y sabio un ignorante;</p> -<p class="i2">Bien sé que no soy ángel, sino un hombre,</p> -<p class="i0">Y no quizá de inclinacion tan buena,</p> -<p class="i0">Que de Florencia y de Turin se asombre.</p> -<p class="i2">Tuve en la juventud, de abrojos llena,</p> -<p class="i0">Virtudes pocas, abundantes vicios,</p> -<p class="i0">Que me amenazan con ardiente pena.</p> -<p class="i2">De la templanza traspasé los quicios:</p> -<p class="i0">De Baco y Céres ocupé el regazo;</p> -<p class="i0">Y en Chipre hice alegres sacrificios.</p> -<p class="i2">De mal sufrido tuve mi pedazo;</p> -<p class="i0">Y al maldecir de la figura muda</p> -<p class="i0">Levanté contra el cielo rostro y brazo.</p> -<p class="i2">Acostumbré, con libertad desnuda,</p> -<p class="i0">Decir mi parecer al más pintado</p> -<p class="i0">En torpe estilo ó con razon aguda;</p> -<p class="i2">Algo fuí maldiciente y confiado;</p> -<p class="i0">Juez severo; en alabar remiso;</p> -<p class="i0">Á todos los extremos inclinado;</p> -<p class="i2">Tal vez Gorgonio fuí, tal vez Narciso;</p> -<p class="i0"><span class="pagenum" id="Page_xviii">[p. xviii]</span>Y para no cansaros ni cansarme,</p> -<p class="i0">Dejé el humor correr por donde quiso.</p> -<p class="i2">Yo lo confieso: pueden condenarme</p> -<p class="i0">Por mi dicho, mejor que por mi dicha:</p> -<p class="i0">Que ni quiero, ni quieren perdonarme...</p> -</div></div> - -<p class="mt1">Tras esta confesion leal é ingénua, aunque valiente, -el poeta revuelve, como quien de su superioridad tenia tan hecha la -conciencia, contra sus detractores, y así los apostrofa:</p> - -<div class="poem"><div class="stanza"> -<p class="i2">¿De qué le sirve aquel andar compuesto</p> -<p class="i0">Al virtuoso, trafagando el mundo,</p> -<p class="i0">Á mil peligros y borrascas puesto;</p> -<p class="i2">Andar surcando el ancho mar profundo,</p> -<p class="i0">Seis dedos de la muerte, en pino y brea,</p> -<p class="i0">Sujeto al soplo de Eolo furibundo;</p> -<p class="i2">Atravesar de la biforme y fea</p> -<p class="i0">Scila y Caribdis el estrecho seno,</p> -<p class="i0">Por ver el monte dó llegar desea;</p> -<p class="i2">Si un torreznero, de malicias lleno,</p> -<p class="i0">Y de cecina y nabo el tosco pancho,</p> -<p class="i0">De ciencia falto y de virtud ajeno,</p> -<p class="i2">Se ha de poner repantigado y ancho</p> -<p class="i0">Á escudriñar las cosas reservadas</p> -<p class="i0">En su estrecha pocilga y bajo rancho?</p> -<p class="i2">¡Oscuras sabandijas levantadas</p> -<p class="i0">Del polvo de la paja, y de la escoria</p> -<p class="i0">De las putrefacciones engendradas!</p> -<p class="i2">¿Podreis meter la mar en una noria;</p> -<p class="i0">Tener el viento en un costal atado;</p> -<p class="i0">Cubrir el sol, privarnos de su gloria?</p> -<p class="i2">Ni más ni menos estará encerrado</p> -<p class="i0">En vuestro pecho aquel profundo abismo</p> -<p class="i0">De la virtud, á pocos reservado.</p> -<p class="i2">Entre la discrecion y el barbarismo,</p> -<p class="i0">¿Qué parentesco dais? ¿Qué descendencia</p> -<p class="i0">Entre la ciencia y vuestro ingenio mismo?</p> -<p class="i2">Entre la necedad y la prudencia</p> -<p class="i0">¿Qué símbolos hallais: que á tanto llega</p> -<p class="i0">De un atrevido pecho la insolencia?</p> -<p class="i2">¡Oh carcoma infernal! ¡oh envidia ciega,</p> -<p class="i0">Rabioso cáncer que en el alma imprime</p> -<p class="i0">Gota coral que al corazon se pega!</p> -<p class="i2">Envidia es ocasion que no se estime</p> -<p class="i0">Al virtuoso, y que le den de codo,</p> -<p class="i0">Y que, olvidado, á la pared se arrime.</p> -<p class="i2">Envidia es ocasion, en cierto modo,</p> -<p class="i0">Que no esté puesto en el lugar más alto,</p> -<p class="i0">Quien vos sabeis, y sabe el mundo todo...</p> -</div></div> - -<p class="mt1">En medio de estas adversidades, tal vez inesperadas, -<span class="smcap">Espinel</span> completó sus estudios de moral -en Ronda, y llegó de una en otra á todas las órdenes del sacerdocio -en Málaga. Es lástima que en los archivos de aquella mitra el -desórden y el saqueo hayan hecho total estrago de muchos papeles -interesantes para la historia, pues contra la desaparicion absoluta -de todos los que conciernen al registro de órdenes de aquel tiempo -han te<span class="pagenum" id="Page_xix">[p. xix]</span>nido -que estrellarse los esfuerzos de mi querido hermano el licenciado -don Leonardo Perez de Guzman, mi colaborador asiduo con su -inteligencia, su saber y sus recursos en las investigaciones sobre -<span class="smcap">Espinel</span>, y á quien yo dí el encargo de -buscar el modo de puntualizar las fechas que á esta parte de la -vida de nuestro protagonista corresponden. Este silencio de los -documentos textuales, por fortuna no se prolonga; pues el Archivo -general de Simancas, ya desde 1587 nos suministra nuevos instrumentos -diplomáticos desde el primer cargo eclesiástico que desempeñó <span -class="smcap">Espinel</span>. Fué éste un medio beneficio en Ronda, el -cual hasta aquí se habia atribuido tambien el favor del obispo Pacheco, -cuando este prelado se hallaba ya en posesion de la sede de Córdoba, -estando vacante la de Málaga, como se advierte por el siguiente -documento que traslado íntegro. Dice así:</p> - -<blockquote> - -<p class="centra"><span class="smcap">A su Magestad</span></p> - -<p class="centra"><i>Del Dean y cabildo de la Yglesia de Málaga</i>: 4 de -Mayo 1587.</p> - -<p class="centra">Nominacion de medio beneficio de Ronda,</p> - -<p class="firma">a <span class="smcap">Vizente Spinel</span>.</p> - -<p class="mt05">«Señor: en la yglesia de la çiudad de Ronda está -vaco vn medio benefiçio, por asçension que dél hizo á vn beneficio -entero en la misma yglesia el bachiller Joan Reynaldos; para el qual -se pusieron edictos, y de las personas que se oppusieron al dicho -beneficio se hizo exámen de la çiençia, vida y costumbres y limpieça, -como V. Mag.<sup>d</sup> por sus çedulas tiene ordenado y mandado, y -juntos en nuestro cabildo, sede vacante, llamados para la elecçion -del dicho beneficio: <i>en el primer lugar</i>, por la mayor parte, salió -nombrado <span class="smcap">Vicente Espinel</span>, vezino de dicha -çiudad de Ronda: es clérigo presuítero, buen latino y buen cantor de -canto llano y de canto de órgano.—En el segundo lugar salió nombrado, -por la mayor parte de los Capitulares, <span class="smcap">Gonçalo -Gil ginete</span>, beneficiado del burgo, vezino asimismo de la dicha -çiudad de Ronda: es clérigo, presuítero; dió buena quenta de la -gramática y de sacramentos; canta con buena voz.—En el Tercero lugar -salió nombrado, por la mayor parte de los Capitulares, <small>BARTOLOMÉ -XIMENEZ</small>, clérigo presuítero, vezino asimismo de la dicha -çiudad de Ronda y benefiçiado de Villaluenga: Tiene Tres cursos de -Cánones; canta medianamente.—Todos estos tres así nombrados Tienen -buena opinion de vida y costumbres y son limpios christianos viejos. -Vuestra Magestad hará merçéd á aquella su Yglesia que con breuedad -se prouea este beneficio por la falta que en ella ay de ministros. -Dios guarde la cathólica persona de Vuestra Magestad, de Málaga á -quatro de Mayo de 1587 años.—<span class="smcap">El licenciado don -bartolomé abrio</span>, <i>dean</i>.—Su rúbrica.—<span class="smcap">Diego -fernandez</span>, <i>racionero</i>.—Su rúbrica.—Por el Dean y Cabildo de la -Santa yglesia de Málaga, <small>FRANCISCO PIÑOSO BARRANTES</small>, -<i>secretario</i>.—Su rúbrica.—Al márgen hay un decreto que dice:—<i>Dese -al primero.</i>—Hay una rúbrica<a id="FNanchor_18" href="#Footnote_18" -class="fnanchor">[18]</a>.»</p> - -</blockquote> - -<p>Insoportable debió ser para <span class="smcap">Espinel</span> la -monótona vida de Ronda, bien que por aquel tiempo se hubieran calmado -algo las tempestades que la envidia le levantó á su vuelta. Así al -menos lo corroboran la <i>Epístola dedicatoria</i> de sus <i>Rimas</i> á su -jóven alumno don Antonio Álvarez de Beaumont y Toledo, duque de<span -class="pagenum" id="Page_xx">[p. xx]</span> Alba y de Huéscar, su amigo -y su Mecenas; otra <i>Epístola</i> que desde Granada escribió tambien á su -no menos estrecho camarada don Juan Tellez Giron, marques de Peñafiel, -primogénito de don Pedro Giron, tercer duque de Osuna, tan afecto á -poetas como el anterior, y á quien Juan de la Cueva de Gazoza, Luis -Barahona de Soto y otros ingenios, dedicaron obras inmortales. Por -último, hay otra tercera carta de <span class="smcap">Espinel</span> -en tercetos al doctor Luis de Castilla, mayordomo del jóven duque de -Alba, en el mismo sentido que las dirigidas á los dos mencionados -egregios magnates. <span class="smcap">Espinel</span> probablemente -pasó á Granada á fines del año de 1589, con ánimo de tomar el grado -de <i>bachiller en artes</i>, que desde entonces va junto á su nombre en -algunos documentos públicos. En su <i>Epístola al marques de Peñafiel</i> -describe con minuciosidad pasmosa de brillantes detalles, el incendio -de la casa de un polvorista en Granada, junto á la iglesia de San Pedro -y San Pablo, y cuyo fuego propagándose en breve, llevó su horrible -estrago hasta el palacio árabe, cuyos destrozos reconoció en 18 de -febrero de 1590, de órden del alcaide de la Alhambra, don Miguel -Ponce de Leon, el aparejador de las obras reales del alcázar, Juan de -Vega.</p> - -<p>Todas estas tres cartas están llenas de desaliento y de tristeza, -y sobre todo del hastío del suelo patrio. Á Peñafiel <span -class="smcap">Espinel</span> le escribia:</p> - -<div class="poem"><div class="stanza"> -<p class="i2">La destemplanza de este invierno frio,</p> -<p class="i0">Y entre estos riscos el levante y cierzo</p> -<p class="i0">Encojerán al mas lozano brio.</p> -<p class="i2">Estoy cual sapo ó soterrado escuerzo,</p> -<p class="i0">Cual el lagarto ó rígida culebra</p> -<p class="i0">La cerviz corva, sin valor, ni esfuerzo.</p> -<p class="i2">Voy á escribir, y el brazo se me quiebra:</p> -<p class="i0">Si quiero asir el hilo antiguo roto,</p> -<p class="i0">Tiembla la mano al enhilar la hebra.</p> -<p class="i2">Ya, gallardo marques, estoy remoto</p> -<p class="i0">De mí: que la inclemencia de este cielo</p> -<p class="i0">Tiene el ingenio remontado y boto.</p> -<p class="i2">Dicen algunos que antes este suelo</p> -<p class="i0">Por la estrañeza de estos altos riscos</p> -<p class="i0">Dará ocasion bastante al dios de Delo.</p> -<p class="i2">¡Mirad qué gusto ofrecerán lentiscos,</p> -<p class="i0">Chaparros y torcidas cornicabras</p> -<p class="i0">Entre enconosos, fieros basiliscos!</p> -<p class="i2">Que aquí todo el lenguaje y las palabras</p> -<p class="i0">Es cochinos, bellota, ovejas, roña;</p> -<p class="i0">Cultivar huertas y ordeñar las cabras;</p> -<p class="i2">Si crece el pan; si el alcacel retoña;</p> -<p class="i0">Si Abbu-Hassen promete viento ó pluvia;</p> -<p class="i0">Y todo el resto es vértigo y ponzoña...</p> -</div></div> - -<p class="mt1">Entretanto, procurando mejorar de posicion, y habiendo -quedado vacante en Santa María la Mayor un beneficio de los enteros, -por muerte del bachiller Alonso Gomez, su último poseedor, aspiró á él, -presentándose en Coin á las oposiciones ante el obispo de Málaga, D. -García de Haro, que sucedió á su favorecedor Pacheco. Á 4 de agosto de -1591 se elevó la propuesta del prelado á la resolucion del Rey. Ocupaba -el primer lugar en la terna Alonso Dominguez, bachiller en cánones por -Osuna y<span class="pagenum" id="Page_xxi">[p. xxi]</span> beneficiado -de Marbella, el cual antes habia sido durante once años cura y vicario -de Ronda. Otro beneficiado de Santa Cecilia, que tambien habia -desempeñado los curatos de Júzcar, Farajan, Córtes y Jimera, y el del -Espíritu Santo en la ciudad natal, Juan Perez, iba en el segundo, y en -el tercero <span class="smcap">Espinel</span>, sin mas títulos que el -de bachiller en artes, el de su medio beneficio en la Iglesia de Santa -María, su conocimiento en el latin y en el contrapunto y su destreza en -canto, <i>ansi llano, como de órgano</i>. Esta vez el bachiller Dominguez -fué mas afortunado, y <span class="smcap">Espinel</span>, que acababa -de publicar sus <i>Rimas</i>, no se detuvo desde Málaga hasta Madrid. No fué -estéril su viaje. Habia en Ronda un Hospital Real, llamado de Santa -Bárbara, fundado y dotado desde el tiempo de la reconquista por los -señores Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel. Disfrutaba pingüe -renta con los acrecentamientos que despues se le habian ido agregando, -y tenia un capellan de nombramiento real y con consignacion no escasa -para los ministerios espirituales. El licenciado Francisco Diaz Gil, -habia sido el primero en este oficio que sirvió por espacio de mas -de treinta años desde 1520, en que el emperador Cárlos V organizó -aquella fundacion. Sucedióle hasta edad muy avanzada el licenciado -Pedro Diaz Cansino, y á su muerte, ocurrida en la primavera de 1591, -la ciudad nombró capellan interino entretanto que S. M. resolvia. No -se allanó á aprobar esto el obispo de Málaga, y en tal disputa <span -class="smcap">Espinel</span>, presentándose en Madrid, obtuvo que en -él se resolviese la cuestion. Mal sentó en la ciudad su nombramiento; -pero él quiso salvar el conflicto, quedándose personalmente en Madrid -á caza de pretensiones mas ventajosas y nombró para el Hospital -Real de Ronda sustituto en el licenciado Gabriel Espinosa de los -Mossos, beneficiado de la Mayor y Comisario del Santo Oficio. Desde -entonces comenzó en Ronda una nueva y cruda guerra contra <span -class="smcap">Espinel</span>, de quien se pretendia nada menos que -renunciara el cargo. En 12 de enero de 1594 la ciudad elevó un papel -al Rey, en el cual le exponia que el Hospital se hallaba abandonado, -que el beneficiado <span class="smcap">Vicente Espinel</span>, á quien -dió el Rey su capellanía, «está en essa corte y no la a ydo ni ba a -servir, de que a auido algunos ynconvenientes», y por último solicitaba -mandase «al dicho <span class="smcap">uiçente Espinel</span> la baya -a seruir dentro de vn mes, donde no que V. mag.<sup>d</sup> mande -nombrar otro capellan, pues no es justo que los pobres padezcan por no -querer y a cabo de tanto tiempo.» Por cédula de S. M. mandóse á <span -class="smcap">Espinel</span> fuera á residir su destino; pero él halló -medio de excusarlo presentando en 28 de abril instancia acompañada de -una informacion de médicos hecha ante el vicario de Madrid, Alonso -Serrano, canónigo de Toledo, en la cual el doctor Maximiliano de -Céspedes y el licenciado Baltasar de Leon declararon que, á causa -del mal de orina y carnosidad que <span class="smcap">Espinel</span> -padecia, á ponerse en camino sin curarse, quedaba su vida en peligro. -Á pesar de todo, no fué posible prolongar mucho tiempo este estado, -y al cabo, en la primavera de 1595, hizo el poeta su cuarta y última -expedicion á su patria.</p> - -<p>¿Volvió verdaderamente en ella á los desenfrenos de su juventud? -¿Fueron todo armas de enemistad y venganza contra él? En 1596 por -gestiones de Ronda se le quitó el medio beneficio de Santa María, y -luego se redactó en su daño una informacion sobre su vida y costumbres -desarregladas que el corregidor de Ronda, Alonso de Espinosa Calderon, -elevó al Rey en<span class="pagenum" id="Page_xxii">[p. xxii]</span> -24 de octubre de 1597. Habiendo sido remitida de órden de Felipe II al -vicario de aquella ciudad, se ha perdido este documento y no consta por -lo tanto en la copiosa coleccion diplomática de Simancas. Seria curioso -verlo. Lo que consta en cambio son ciertas cartas del corregidor citado -y de la ciudad en pleno, fechas de 24 de octubre de 1597 y de 18 y 27 -de enero de 1598, con las sentidas quejas que las produjeron. Espinosa -Calderon acusó á <span class="smcap">Espinel</span> de que con la renta -del Hospital «lo pasa muy bien, sin que en ninguna cosa se ocupe en -el servicio de V. mag.<sup>d</sup> como fundador dél, ni en munchas -cosas a questá obligado del seruicio de dios, nuestro señor;... y -apurando al capellan lo haga, se escusa con dezir no está obligado, -ni á otra cosa alguna, ni lo haze mas de tirar la rrenta.» No tuvo -efecto este aviso, y entonces se escribió otro, en que se agravaban -los cargos y se decia:—«a el presente sirue el dicho ospital <span -class="smcap">Viçente Espinel</span>. Este capellan es hombre de tales -costumbres, trato y manera de bibir, que paresce por la ynformacion -que va con esta por sus vicios y culpas y excessos y neglixençias y -cobdiçia, conviene al seruiçio de dios, nuestro señor, y de Vuestra -Mag.<sup>d</sup> que se sirua Vuestra mag.<sup>d</sup> de mandar -proueer rremedio, mandando nombrar otro capellan qual convenga, porque -con rreprehencion ni castigo entendemos no podrá auer rremedio contra -lo ques condiçion propia y costumbres antiguas.» Á esta representacion, -además de la del corregidor, acompañaban las firmas de los caballeros -regidores Diego Ximenez Bustos, Don Bartolomé de Villalon, Rodrigo -Espinosa de la Rua, Martin Gonzalez Gil, D. Gutierre de Escalante y -D. Gaspar Vazquez de Mondragon. No obstante el castigo para <span -class="smcap">Espinel</span> no debió ser muy duro, pues se satisfizo -con nombrar un nuevo sustituto, que lo fué hasta su muerte, en la -persona del beneficiado José Ruiz Parra, y en volverse él á la córte á -su vida brillante de las letras y del arte que profesaba.</p> - - -<div class="section"><h3 class="subh2" id="Ch_0_7">VII.</h3></div> - -<p>Á 13 de setiembre de aquel año de 1598 murió en el Escorial el rey -Felipe II, y no fué antes llegar á Ronda la noticia, que disponer su -vuelta á la córte el inquieto capellan de Santa Bárbara. Al principio -de 1599 entró en Madrid, y para mayo del mismo año ya se le habia dado -colocacion permanente, en uno de los cargos que más podian halagar la -idea que él mismo tenia de sus propias habilidades. La facultad y los -conocimientos musicales de <span class="smcap">Espinel</span>, y su -invencion de la quinta cuerda de la guitarra española, más bien han -sido considerados hasta aquí, como adorno de su persona y perfeccion -de su ingenio, que como progresos positivos en una profesion, que á -él le valió en vida tanta dignidad como el sacerdocio. El papel que -en el arte divino ha representado siempre la guitarra no ha sido por -otra parte, el más adecuado para conceder importancia á los adelantos -reflejados sobre este instrumento. Sin embargo en el acto I, escena -8.ª de la <i>Dorotea</i> hace Lope de Vega decir á Gerarda:—«Á peso de oro -avíades vos de comprar un hombron de hecho y de pelo en pecho, que la -desapasionase de estos sonetos y de estas nuevas décimas ó espinelas -que se usan; perdóneselo<span class="pagenum" id="Page_xxiii">[p. -xxiii]</span> Dios á <span class="smcap">Vicente Espinel</span>, que -nos trujo esta novedad y <i>las cinco cuerdas de la guitarra con que ya -se van olvidando los instrumentos nobles</i>.»</p> - -<p>El doctor Cristóbal Suarez de Figueroa en su <i>Plaza -universal de todas las ciencias</i> en 1615, llamó á <span -class="smcap">Espinel</span>, <i>autor de las sonadas y cantar de sala</i>, -al tratar de los tañedores insignes de guitarra como Benavente, -Palomares, Juan Blas de Castro y otros. El portugués Nicolas Doyzi -de Velasco, músico de S. M. y del Sr. Infante Cardenal D. Fernando, -en su <i>Nuevo modo de cifra para tañer la guitarra</i> que publicó en -1630 en Nápoles, hallándose al servicio del virey duque de Medina -de las Torres, dijo que en Italia, en Francia y las demás naciones -llevaba la guitarra el nombre de <i>española</i>, desde que <span -class="smcap">Espinel</span>, á quien conoció en Madrid, la aumentó la -quinta cuerda, á que llamamos <i>prima</i>, con lo que quedó tan perfecta -como el órgano, el clavicordio, el arpa, el laud ó la tiorba, y aun -más abundante que estos instrumentos. De la misma invencion de <span -class="smcap">Espinel</span> dedujo la perfeccion que la otorga el -licenciado Gaspar Sanz en su <i>Instruccion de música sobre la guitarra -española</i>, que publicó en 1674 en Zaragoza y dedicó á D. Juan José -de Austria, el bastardo de Felipe IV. El mismo Lope de Vega, apenas -nombra una sola vez á <span class="smcap">Espinel</span> en alguna -de sus obras, y lo nombra en muchas, sin celebrar al músico tanto -como al poeta. En su dedicatoria de <i>El caballero de Illescas</i> dice -á <span class="smcap">Espinel</span> que el bello arte «no olvidará -jamás en los instrumentos el arte y dulzura de vuesa merced.» En -la dedicatoria de <i>La viuda valenciana</i>, á D.ª Marta de Nevares, -haciendo encomios de las bellas prendas que adornaban á esta señora, -dijo Lope de Vega tambien: «si toma en las manos un instrumento, á -su divina voz é incomparable destreza <i>el padre de la música</i>, <span -class="smcap">Vicente Espinel</span>, se suspendiera atónito.» Que esta -era opinion comun entre los contemporáneos, no es preciso acreditarlo -con los pasajes del <i>Márcos de Obregon</i> que á ello se refieren: basta -registrar los libros dogmáticos ó rituales de la música de aquel -tiempo, y muchos son los que entre sus precedencias contienen la -autorizada firma de <span class="smcap">Espinel</span> en el catálogo -de sus censuras. Sabido es que estas no se confiaban sino á personas -competentes en lo que habian de examinar. Sirvan de ejemplo los <i>Tres -cuerpos de música</i>, compuestos por Juan Gil de Esquivel Barahona, -racionero y maestro de capilla de la catedral de Ciudad Rodrigo, los -cuales son misas, magnificat, himnos, salmos y motetes y otras cosas -tocantes al culto divino, todo conforme al rezo nuevo, que por mandado -del Sr. D. Martin de Córdova, presidente del Consejo de la santa -Cruzada, aprobó <span class="smcap">Espinel</span> en diciembre de -1611, hallando en ellos «muy apacible consonancia y gentil artificio y -música de muy buena casta así en lo práctico, como en lo teórico.»</p> - -<p>Seria un error creer que <span class="smcap">Espinel</span> no -sacara el debido provecho de esta tan educada capacidad que poseia; -así se le vió en 1599, salir de Madrid para Alcalá de Henares, en cuya -Universidad se graduó aquel año de <i>Maestro en artes</i>, y desde la regia -academia, fundada por el cardenal Ximenez de Cisneros, dirigirse á la -<i>Capilla del obispo de Plasencia</i>, cuyo protector D. Fadrique de Vargas -Manrique le tenia reservado una plaza de capellan con 30,000 mrs. -anuales de emolumentos y 12,000 más como Maestro de la linda capilla -de música de que estaba dotada aquella fundacion y por enseñar á los -seizes. Nada más curioso<span class="pagenum" id="Page_xxiv">[p. -xxiv]</span> que registrar en los libros de cuentas de aquel tiempo -las partidas otorgadas á <span class="smcap">Espinel</span> por -gastos de su ministerio en la capilla del obispo. En el libro II -de dichas cuentas, á la primera vista que por ellas se pasa en -las de 1599, al fól. 29 vto. se tropieza con esta partida: «Item, -da por descargo (el capellan mayor licenciado Alonso Hernandez) -46 rs. que pagó por un libro de las <i>Magníficas</i>, para la dicha -capilla, como pareció por certificacion del maestro de capilla <span -class="smcap">Espinel</span>.»—En las de 1601, al fól. 45 vto. tambien -se le aprobó al mayordomo y capellan, Juan de Arganda, el siguiente -capítulo: «Item: se le reciben y pasan en cuenta 3 rs. de una mano de -papel que dió al Maestro <span class="smcap">Espinel</span> para los -villancicos.» En la capilla del obispo <span class="smcap">Vicente -Espinel</span> perseveró hasta el término de sus dias, y aunque algunos -meses antes de su muerte ascendió por antigüedad al cargo de capellan -mayor, que era el último grado de los que en ella se obtenian, nunca -dejó el de maestro de la de música, pues todavía en las cuentas de 1622 -y de 1623, se hallan capítulos como los siguientes:—1622—«Recíbense -en cuenta al dicho mayordomo (Gabriel del Espinar) 8000 mrs. por -tantos que pagó al maestro <span class="smcap">Espinel</span>, maestro -de capilla, de su salario de ocho meses.»—1623—«Mas se le pasan -en cuenta al dicho 4000 mrs. por tantos que pagó al maestro <span -class="smcap">Espinel</span>, maestro de capilla, del salario de cuatro -meses.»—¿No son estas noticias tan auténticas, un solemne mentís contra -los que hasta aquí han venido sosteniendo que, pobre é imbele pasó -<span class="smcap">Espinel</span> el resto de sus dias, recogido en el -asilo eclesiástico de santa Catalina de los Donados, que no era sino -un Hospicio? Pero con esta ligereza está sostenido en España por los -hombres más serios y de reputacion más voluminosa, todo lo que hasta -aquí está escrito en materia de biografía y de historia.</p> - -<p>La época más brillante de la vida de <span -class="smcap">Espinel</span>, es la que corre por todo este tiempo -hasta el término de sus dias. Cervantes le llamaba amigo; Lope de Vega -maestro, como en nuestro siglo Espronceda, Ventura de la Vega, Pezuela, -Pardo, Escosura daban este mismo nombre al venerable Lista. Apenas -habia solemnidad literaria que <span class="smcap">Espinel</span> -no graduara con su presencia, ni produccion de ingenio de aquella -edad que no se ufanara con su censura. Cuando al estilo de Italia se -importaron á España las <i>Academias poéticas</i> bajo la proteccion de los -Príncipes y Grandes, la de Madrid y su protector D. Félix Arias Giron, -de la casa condal de Puñonrostro, segun Lope de Vega en su <i>Laurel de -Apolo</i>, laurearon con grande aplauso de señores é ingenios á <span -class="smcap">Vicente Espinel</span>, <i>único poeta latino y castellano -de estos tiempos</i>. Fundóse en 1608 bajo la proteccion del duque de -Lerma, el poderoso favorito de Felipe III, la <i>Esclavonía del Santísimo -Sacramento</i>, que no era sino una gran comunidad de grandes y gentes de -letras, parecida á lo que ahora es un partido político, y en la que -Lerma se apoyaba para sostenerse en el poder, y á ella fué la autoridad -del nombre de <span class="smcap">Vicente Espinel</span>, entre los -de la flor de la aristocracia de la sangre y de las letras por aquel -tiempo. Se canonizó san Isidro, patron de Madrid, cuyo suceso fué un -gran acto de la política de aquel tiempo, y á sus justas y certámenes -llevó <span class="smcap">Espinel</span> el óbolo de sus versos, no -por la codicia del premio, sino por tributo de altos respetos. Toda -Sevilla leyó en 1609 en manos de Rodrigo Caro una carta de Juan Melio -de Sandoval en que le decia:—«El discurso de vuesa merced sobre la -definicion de la poesía tiene el señor conde de<span class="pagenum" -id="Page_xxv">[p. xxv]</span> Lemos con noticia de su dueño, y ha -parecido muy bien; como al maestro <span class="smcap">Vicente -Espinel</span> la <i>Cancion á las ruinas de Itálica</i>, que yo se la -mostré en la calle Mayor de Madrid, y leyéndola dijo, antes que le -dijéramos cuya era:—<i>Este es ingenio andaluz.</i>—Díjele que sí y el -nombre. ¡Bien puede vuesa merced creer es buena, pues ha sido graduada -por tan gran censurante!»</p> - -<p>No prodigó <span class="smcap">Espinel</span> entonces, ni nunca, -los elogios de su pluma, para las precedencias de libros, aunque -tampoco por esto debe creerse fué tacaño de su ingenio en las aras de -la amistad. El primer libro que en 1586 se autorizó con sus versos -laudatorios, fué el <i>Cancionero</i> de Lopez Maldonado. Despues escribió -en 1599 un epígrama latino para la primera edicion del <i>Guzman de -Alfarache</i>, de Mateo Aleman. En 1599 tambien, habiendo hallado en -Madrid un antiguo camarada de las mocedades de Sevilla, D. Antonio -de Saavedra Guzman, que á la sazon imprimia su <i>Peregrino Indiano</i>, -dióle unos sonetos de alabanza. Con otra poesía para las precedencias -del <i>Modo de pelear á la gineta</i>, obsequió en 1605 á D. Simon de -Villalobos y Benavides, su amigo en Bélgica, y con otra, en 1610, al -capitan Gaspar de Villagrá, que entonces publicó su <i>Historia de Nueva -Méjico</i>. Favores idénticos hizo en 1616, 1619 y 1622 respectivamente, -á Céspedes y Meneses para su <i>Español Gerardo</i>, al padre Fray Hernando -Camargo, fraile agustino, para su <i>Muerte de Dios por vida del hombre</i> -y á Gabriel Perez de Barrio Angulo para el <i>Secretario de Señores</i>. -Gabriel Laso de la Vega, cuando publicó en 1601 en Zaragoza los -<i>Elogios en loor de los tres famosos varones D. Jaime de Aragon, D. -Fernando Cortés y D. Álvaro de Bazan</i>, no pidió nuevas obras al númen -de <span class="smcap">Espinel</span>, pero tomó de su poema titulado -<i>Casa de la Memoria</i> los elogios que el poeta habia hecho de Bazan y -Cortés. Si el antequerano Pedro de Espinosa proyectaba sus <i>Flores -de poetas ilustres de España</i>, tributario hacia á su casi paisano -de su interesante <i>Antología</i>: del mismo modo que Fray Diego de san -José cuando en 1615 describió las fiestas á la beatificacion de santa -Teresa de Jesus, y el licenciado D. Pedro de Herrera al celebrar la -reedificacion del santo Sagrario de Toledo por el cardenal arzobispo -Sandoval y Rojas, cuyas fiestas y regocijos se celebraron con tan -espléndido aparato.</p> - -<p>Lo mismo se solicitaban sus censuras y aprobaciones. El primero -en reclamarlas era el mismo Lope de Vega. En 1615 apareció la <i>Sexta -parte de sus Comedias</i>, y <span class="smcap">Espinel</span> en su -aprobacion un año antes, decia solamente que aquel libro era muy digno -de imprimirse, para que todos gozaran de sus excelentísimos versos y -conceptos. Vino en 1617 la parte séptima, y aquí fué ya más expresivo, -contestando puntualmente á los tres extremos que la censura debia -abrazar.—«Cuanto á lo primero, decia, no hallo mal sonante, ni cosa -que ofenda á la religion y buenas costumbres. Cuanto á lo segundo -tienen lenguaje muy cortesano, puro y honesto: las personas guardan -la propiedad del arte; de manera que ni el señor se humilla al modo -inferior del criado, ni la matrona á la condicion de la sierva, y -todo con pensamientos y conceptos ajustados á la materia de que se -trata. Cuanto á lo tercero, si pueden imprimirse, digo, que si hay -permision y es lícito representarse con los adornos, palabras y talle -de una mujer hermosa y de un galan bien puesto y mejor hablado; -¿por qué no lo será que cada uno en su rincon pueda leerlas, donde -solo el pensamiento es el juez, sin los movi<span class="pagenum" -id="Page_xxvi">[p. xxvi]</span>mientos y acciones que alegran á los -oyentes? ¿Dónde es más poderosa la vista que el oido? <i>Signia irritant -animos demissa per aures: quam quae sunt oculis subjecta fidelibus.</i>» -Otra vez en 1617 volvió el Consejo Real á encomendarle el exámen de la -<i>Docena parte de las Comedias de Lope</i>, y otra vez él las elogiaba, -en lugar de censurarlas, y escribia:—«y porque en esta obra campea la -elocuencia española y el vuelo grande de la retórica y poesía de su -insigne autor, la cual va acompañada con mucha erudicion de lectura -y varia, es bien que se imprima, <i>para que los venideros escritores -tengan que imitar y los presentes que aprender</i>.» Para poner cima -á la opinion que <span class="smcap">Espinel</span> tenia de Lope, -hay que leer todavía la censura del primero á la <i>Décima quinta -parte de las Comedias</i> del segundo, en 1620. Hé aquí las palabras de -<span class="smcap">Espinel</span>:—«Deleita y suspende, dice, con -la elegancia, suavidad y pureza del verso; enseña y regala con la -abundancia de sentencias morales; edifica con la honestidad y admira -con la multitud <i>nunca vista</i>. Es mi parecer, <i>y de toda la república</i>, -que será bien recibido que se imprima esto <i>y cuanto de sus manos -saliere</i>.» De 1620 á 1622 todavía <span class="smcap">Espinel</span> -tuvo del Consejo la comision de examinar cuatro partes más de estas -comedias, desde la décima sexta á la décima nona inclusive. Y por -si esto no fuera bastante, tambien en 1622 se le encargaron las de -don Juan Ruiz de Alarcon, de las que aplaudió el gentil estilo y los -conceptos honestos y agudos.</p> - -<p>Otras obras de diversa índole antes y áun despues, hasta 1623, -vinieron con este objeto á sus manos; mas por no parecer cansado, -solamente citaré la <i>Patrona de Madrid restituida</i>, poema de Alonso -Jerónimo de Salas Barbadillo, impreso en 1609; la misma <i>Historia de la -Nueva Méjico</i> del capitan Gaspar de Villagrá, en 1610; <i>La Filomena</i> de -Lope de Vega, de 1621; las <i>Prosas y versos del pastor de Cleonarda</i>, -de Miguel Botello de Carvalho, y <i>El mejor príncipe Trajano Augusto</i> -del licenciado don Francisco de Barreda, de 1622, y finalmente las -<i>Novelas amorosas</i>, de José de Camerino, y las <i>Divinas y humanas -flores</i>, de Faria y Sousa, de 1623. Ni es probable que sus dolencias, -cada vez más agudas, por la gota que padecia, le dejaran ya en lo corto -que le quedó de vida volver á emplearse en ningun género de tareas -del ingenio, del juicio ó de la erudicion. Céspedes y Meneses en la -introduccion á la <i>Fortuna vária del soldado Píndaro</i>, dice: «era el -rigor del más airado y proceloso invierno que vió nuestro siglo en -España, últimos y primeros dias de los años de 1623 y 1624: memorias -prodigiosas á la posteridad, pues nunca rodearon nuestra península -tan contínuas y perdurables nieves.» Si la edad y los padecimientos -no vencieran ya por esta época á <span class="smcap">Espinel</span>, -ellas bastaran para agotar la salud, en una naturaleza, toda fogosa, -á quien dañaban extremadamente las humedades y los frios. <span -class="smcap">Espinel</span> no pudo resistir la crudeza de aquel -invierno. Rodeado en su lecho de muerte por perennes amigos, el -primero de febrero de 1624, otorgó su testamento ante Juan Serrano, -hallándose presente el padre Fray Felipe de Madrigal, de la órden -de Santo Domingo, Juan Ruiz Aragonés, Francisco Sotomayor, Custodio -Sohotes y Martin Lopez. Dejó por albaceas y testamentarios al -maestro Franco Alonso, cura de San Andrés y al licenciado Jerónimo -Martinez, capellan de la capilla del obispo de Plasencia, de que <span -class="smcap">Espinel</span> era presidente. Instituyó su heredero á su -sobrino Jacinto Espinel Adorno, que residia en Ronda. Entregóse despues -á los cuida<span class="pagenum" id="Page_xxvii">[p. xxvii]</span>dos -del alma, y el dia 4 del mismo mes de febrero de 1624 entregó al -Criador su espíritu, en su habitacion de la mencionada capilla, siendo -enterrado el cuerpo en la bóveda de San Andrés, para cuya fábrica de -sepultura consignó en el testamento cuatro ducados.</p> - - -<div class="section"><h3 class="subh2" id="Ch_0_8">VIII.</h3></div> - -<p>¿Termina verdaderamente con la muerte la biografía de <span -class="smcap">Vicente Espinel</span>? No hay escritor español -sobre cuyas obras más se haya discutido. Todo el siglo <span -class="smcap">XVII</span> permaneció <span class="smcap">Espinel</span> -en el más profundo olvido, sobre todo desde que con la muerte de Lope -de Vega Carpio y de don Francisco Gomez de Quevedo desaparecieron -tambien sus dos últimos amigos. Desde el primer tercio del siglo -<span class="smcap">XVIII</span> volvió á estar otra vez <span -class="smcap">Espinel</span> en moda; pero de la manera más -desagradable que pueden ponerse á la polémica del dia las obras y -el ingenio de un autor. Ademas de la invencion de la quinta cuerda -de la guitarra, debíase á nuestro poeta la de una nueva combinacion -métrica y rítmica en nuestra poesía, combinacion de tal llaneza y -flexibilidad de estructura, que muy luego fué aceptada por todos -nuestros poetas, inundando el Parnaso con las composiciones escritas -en el nuevo metro. Llamóse este, <i>décima</i> ó <i>Espinela</i>, de su inventor -<span class="smcap">Espinel</span>, como los versos sáficos de Safo<a -id="FNanchor_19" href="#Footnote_19" class="fnanchor">[19]</a>. -Aunque esta verdad no admitia réplica y todo el mundo la sabia, la -erudicion pedante, esa que no se entretiene sino en fátuas fruslerías -y que no se para en deslustrar glorias, con tal de hacer entender que -el que hace de ella su profesion posee la quinta esencia de la más -sutil sabiduría, trató de arrebatar este parco honor á la memoria -del poeta, pretendiendo sostener que las estrofas de diez versos -octosílabos eran conocidas y usadas desde mucho antes que <span -class="smcap">Espinel</span> viniese al mundo. No era así enteramente: -antes de <span class="smcap">Espinel</span> se componian estas estrofas -con la reunion de dos <i>quintillas</i>, completamente distintas entre -sí, en la segunda de las cuales se pareaban indeclinablemente los -consonantes de los dos primeros versos. Cualquiera de los poetas de -casi todo el siglo <span class="smcap">XVI</span> nos ofrece abundantes -ejemplos de este género de composicion. El mismo Miguel de Cervantes -Saavedra coetáneo de <span class="smcap">Espinel</span>, las prodigó -bastante, antes de conocer la invencion de su docto amigo; y hé aquí -cómo las construia, segun se encuentran entre los versos laudatorios -que preceden al antes referido <i>Cancionero de Lopez Maldonado</i>.</p> - -<div class="poem"><div class="stanza"> -<p class="i2">Bien donado sale al mundo</p> -<p class="i0">Este libro, dó se encierra</p> -<p class="i0">La paz de amor y la guerra</p> -<p class="i0">Y aquel fruto sin segundo</p> -<p class="i0">De la castellana tierra,—</p> -<p class="i0">Que, aunque la da Maldonado,</p> -<p class="i0">Vá tan rico y bien donado</p><span class="pagenum" id="Page_xxviii">[p. xxviii]</span> -<p class="i0">De ciencia y de discrecion;</p> -<p class="i0">Que me afirmo en la razon</p> -<p class="i0">De decir que es bien-donado.</p> -<p class="i2">El sentimiento amoroso</p> -<p class="i0">Del pecho más encendido</p> -<p class="i0">En fuego de amor, y herido</p> -<p class="i0">De su dardo ponzoñoso,</p> -<p class="i0">Y en la lid suya cogido;—</p> -<p class="i0">El temor y la esperanza</p> -<p class="i0">Con que el bien y el mal se alcanza</p> -<p class="i0">En las empresas de amor</p> -<p class="i0">Aquí muestra su valor,</p> -<p class="i0">Su buena ó su mala andanza...</p> -</div></div> - -<p class="mt1">Cito la composicion que conozco más perfecta y que -más se acerca á la estructura de la <i>décima</i> inventada por <span -class="smcap">Espinel</span>, por lo mismo que la diferencia que entre -una y otra combinacion métrica existe, es tan fácil de observar. -La <i>décima</i> de <span class="smcap">Espinel</span> constituye una -composicion tan perfecta como el <i>soneto</i>, sin sus pretensiones -heróicas, por cuya razon ha sido siempre preferida á éste para -expresar un pensamiento completo, aunque más sencillo que el que al -<i>soneto</i> corresponde. La décima se compone de dos estrofas de cuatro -versos octosílabos cada una con consonantes del primero con cuarto, -y del segundo con tercero, entre las que se introducen otros dos -versos octosílabos auxiliares del pensamiento para ligar entre sí -la tésis y la conclusion: los consonantes de estos dos auxiliares -se ligan el primero con el cuarto y el segundo con el séptimo. La -tésis de la composicion, en la <i>décima</i>, se presenta y desenvuelve en -la primera redondilla; el silogismo para la prueba del pensamiento -se establece en los dos versos posteriores, y la segunda cuarteta -completa con perfeccion el raciocinio poético. Esto no era lo conocido -ni practicado antes de <span class="smcap">Espinel</span>, aparte -del elemento armónico en la rima de su nueva composicion. <span -class="smcap">Espinel</span> sólo nos dejó un modelo de su obra: -aquellos versos que comienzan así:</p> - -<div class="poem"><div class="stanza"> -<p class="i2">No hay bien que del mal me guarde</p> -<p class="i0">Temeroso y encogido,</p> -<p class="i0">De sin razon ofendido,</p> -<p class="i0">Y de ofendido cobarde.</p> -<p class="i0">Y aunque mi queja ya es tarde,</p> -<p class="i0">Y razon me la defiende,</p> -<p class="i0">Más en mi daño se enciende:</p> -<p class="i0">Que voy contra quien me agravia,</p> -<p class="i0">Como el perro, que con rábia</p> -<p class="i0">Á su propio dueño ofende.</p> -<p class="i2">Ya esta suerte, que empeora,</p> -<p class="i0">Se vió tan en las estrellas,</p> -<p class="i0">Que formó de mí querellas,</p> -<p class="i0">De quien yo las formo ahora.</p> -<p class="i0">Y es tal la falta, señora,</p> -<p class="i0">De este bien, que de pensallo</p> -<p class="i0">Confuso y triste me hallo,</p> -<p class="i0">Que si por vos me preguntan</p> -<p class="i0">Los que mi daño barruntan,</p> -<p class="i0">De pura vergüenza callo...</p> -</div></div> - -<p class="mt1"><span class="pagenum" id="Page_xxix">[p. -xxix]</span>¡Lástima grande que un nombre tan ilustre como el de D. -Gregorio Mayans y Císcar fuese el que se distinguiera más en esta clase -de acérrima oposicion al mérito de esta invencion!</p> - -<p>No habia de estar, sin embargo, solo entre los impugnadores de -las obras del infortunado poeta de Ronda. Al fin de las <i>Rimas</i>, -impresas en 1591, <span class="smcap">Espinel</span>, que presumia -de gran latino y de buen discípulo de Horacio, habia publicado una -traduccion de la <i>Epístola á los Pisones</i>, dedicada á D. Pedro -Manrique de Castilla, de la casa de los Vargas, que fueron siempre tan -favorecedores suyos. Era la primera traduccion del <i>Arte poética de -Horacio</i> que se hacia en castellano y una tambien de las primeras en -las lenguas neolatinas. Comentaristas del preceptista del Lacio los -habia á centenares dentro y fuera de España; pero estos comentarios -estaban escritos en latin bárbaro moderno y abundaban más en audacias -pedantescas que en sabia doctrina para la mejor inteligencia del -texto. Por último, todos los datos que resultan del exámen de la -traduccion de <span class="smcap">Espinel</span>, y sobre todo el de -su defectuosa versificacion castellana, inducen á sospechar que esta -fué ensayo de sus primeros aleteos poéticos, probablemente practicado -en las mismas escuelas rondeñas de Juan Cansino, antes de visitar por -vez primera las celebradas aulas de Salamanca. Ni en bien ni en mal -se habia ocupado la crítica de esta produccion, ciertamente la menos -pretenciosa de <span class="smcap">Espinel</span>, cuando proyectando -D. Juan José Lopez Sedano comenzar la publicacion de su <i>Parnaso -Español</i> en 1768, ocurriósele encabezar su obra con la produccion -poética del <i>Arte de Horacio</i>, hecha por nuestro poeta. Verdaderamente -ningun editor que publica un libro, empieza por desacreditarlo; antes -bien lo encomia y prepara á fin de que obtenga el favor del público. -Esto hizo Lopez Sedano con aquella obrilla, y esto bastó para alborotar -los nervios al famoso D. Tomás Iriarte, que no tardó en abrir en las -<i>Gacetas</i> de la época la polémica más descomunal contra la traduccion, -contra el editor, contra <span class="smcap">Espinel</span> y contra -el <i>Parnaso</i>. El secreto de esta contienda estaba en que Iriarte, -valiéndose de un inmenso catálogo de traductores y comentaristas, -principalmente franceses, posteriores al poeta de Ronda, los más -modernos y aun casi modernísimos, habia emprendido una nueva traduccion -del <i>Arte poética</i> en verso castellano, y él, como apasionado autor, -la creia la mejor cosa que se habia hecho en el mundo. Por otra parte -con la discusion arrebatada, casi escandalosa, lograba llamar y aun -interesar la opinion hácia su nueva obra.</p> - -<p>La traduccion de Iriarte no oscureció la de <span -class="smcap">Espinel</span>, aunque el nombre de éste fué objeto -de toda clase de irreverencias, y el migajon de la disputa se -contiene en varios folletos de la época, de estéril y cansada -lectura. La primera impugnacion de Iriarte se halla en el tomo <span -class="smcap">IV</span> de la <i>Coleccion de obras en verso y prosa -de D. Tomás Iriarte</i>, (Madrid: impr. de Benito Cano: 1777). Contestó -Lopez de Sedano en las <i>Notas</i> al tomo <span class="smcap">IX</span> y -último del <i>Parnaso Español</i>, (Madrid: impr. de D. Antonio de Sancha: -1778, pág xlvj á ljv). Replicó nuevamente Iriarte en el tomo <span -class="smcap">VI</span> de sus obras (1783) con un largo folleto -titulado: «<i>Donde las dan las toman</i>, diálogo joco-serio sobre la -traduccion del <i>Arte poética</i> de Horacio y sobre la impugnacion que -de aquella obra publicó D. Juan José Lopez de Sedano al fin del tomo -<span class="smcap">IX</span> del <i>Parnaso Español</i>,» y finalmente en -dos volúmenes en octavo y bajo el pseudónimo del doctor D. Juan María -Chavero y Eslava,<span class="pagenum" id="Page_xxx">[p. xxx]</span> -vecino de la ciudad de Ronda, dió Lopez de Sedano en 1785 á las prensas -de D. Félix de Casas y Martinez, en Málaga sus «<i>Coloquios de la -Espina</i> entre D. Tirso Espinosa, natural de la ciudad de Ronda y un -amanuense natural de la villa del Espinar, sobre la traduccion de la -Poética de Horacio hecha por el licenciado <span class="smcap">Vicente -Espinel</span> y otras espinas y flores del <i>Parnaso Español</i>.» La -disputa fué cansada, larga y fatigosa, y aquí no queda más espacio que -para dar la noticia ya apuntada.</p> - -<p>Lo mismo casi tengo que hacer con la cuestion más importante que -suscita el nombre de <span class="smcap">Espinel</span>, despues de -la larga y honda polémica de carácter nacional á que han dado ocasion -los raptos verificados en sus obras por el novelista francés Mr. -Alain René Le Sage y la publicacion del <i>Gil Blas de Santillana</i>. -Dos acusaciones casi simultáneas cayeron en el siglo último sobre el -autor francés poco escrupuloso, que ha usurpado á la fama española -una de esas reputaciones, que en la esfera intelectual los frívolos -escritores de Francia deben con suma frecuencia á los robos que -practican sobre las literaturas extranjeras. La primera de estas -denuncias se hizo en la misma Francia, por uno de los hombres de más -verdadero mérito propio que aquel país ha producido; por el mismo Mr. -Voltaire, el cual describiendo el siglo de Luis XIV, al llegar á la -figura, poco noble por sus escritos de Mr. Le Sage, y al referirse -á su novela del <i>Gil Blas</i>, que por aquel tiempo alborotaba á la -opinion dentro y fuera de su país, decia textualmente:—«<i>il est -entiérement pris du roman espagnol intitulé</i> <span class="smcap">La -vidad del Escudiero Dom Márcos d’Obrego</span>.<a id="FNanchor_20" -href="#Footnote_20" class="fnanchor">[20]</a>» Cuidaron los franceses, -solícitos guardadores del honor patrio, de tener velada esta acusacion -de Voltaire, la cual no demuestra ciertamente la ligereza que le -han atribuido despues en su juicio los escritores que por defender -el prestigio de la literatura nacional se han puesto del lado del -plagiario, sino por el contrario, que aunque Voltaire no se habia -detenido en hacer un prolijo cotejo capítulo por capítulo entre la obra -de <span class="smcap">Espinel</span> y la de <span class="smcap">Le -Sage</span>, ni una ni otra le eran desconocidas y aun que guardaba -bien frescas y puntuales reminiscencias de las dos.</p> - -<p>En 1787 apareció en Madrid bajo el pseudónimo de D. Joaquin Federico -Is-salps, anagrama del nombre del P. Jesuita José Francisco de Isla, -una traduccion española de la obra de Le Sage, que ya habia recorrido -el mundo, hallando por todas partes aplausos é imitadores, con el -título de <i>Aventuras de Gil Blas de Santillana, robadas á España, -y adoptadas en Francia por Mr. Le Sage: restituidas á su patria y -á su lengua nativa por un español celoso que no sufre se burlen de -su nacion</i>. En su <i>Conversacion preliminar</i> el P. Isla no atribuia -á <span class="smcap">Espinel</span> la paternidad de la obra; pero -sostenia que habia sido sacada de original español. Por último, sin -tener conocimiento de las obras, ni mucho menos de los juicios de -Voltaire, el diligente vicario de Ronda, secretario que habia sido -del obispo de Málaga, D. Jacinto José de Cabrera y Rivas, hombre -frenéticamente entusiasta del autor de <i>Márcos de Obregon</i>, mantuvo -de 1793 hasta 1819 frecuente trato literario con Don José Lopez de -la Torre Ayllon y Gallo, con el que sostenia que el autor verdadero -del <i>Gil Blas</i> era <span class="smcap">Vicente Espinel</span>, en -corroboracion de lo cual le trasladaba repetidos pasajes de aquella -obra y su correspondencia<span class="pagenum" id="Page_xxxi">[p. -xxxi]</span> idéntica con otros del <i>Márcos de Obregon</i>, para que -se viera la verdad de lo que aseveraba. No habian dejado de causar -impresion por Europa las indicaciones del P. Isla á las que se -unieron otros trabajos publicados en Paris por el escritor español -don Juan Antonio Llorente. Entonces á título <i>de abogado defensor de -la nacion francesa</i>, como él mismo se decia, salió á la palestra el -conde Francisco de Neufchateau, miembro del Instituto de Francia y -Ministro del Interior que habia sido, ante cuyo adversario elevando -Llorente nuevas <i>Observaciones críticas</i> al seno de la misma Academia -francesa, generalizó la erudita discusion, logrando tomaran parte en -ella los literatos de todas las naciones. En esta cuestion, aunque -literaria, del mismo modo que en todas cuantas afectan á España, -harto visiblemente se han dibujado en el campo de la contienda las -simpatías históricas y tradicionales. Quiso hacer la crítica británica -alianza con la de Francia, y Walter Scott, hallándose en la cima de su -crédito, declaró sin exámen, que Le Sage era un escritor completamente -original; M. Everet, norte-americano aspiró á poner la cuestion en la -balanza de la justicia; el aleman Ludwig Tieck aplicó á su censura -todos los recursos de un análisis concienzudo y demostró que en el -<i>Gil Blas</i> todo eran raptos de la literatura española, á escepcion del -estilo ligero, irónico y gracioso del escritor frances. Despues de la -defensa de Llorente, España no ha vuelto á decir una palabra, y en tal -estado se hallaria el asunto, si los escritores franceses viéndose -horriblemente cogidos en el doble lazo del análisis y de la crítica, -no se hubieran resuelto espontáneamente á transigir. Todos los pasajes -hurtados á la novela y á la comedia española por Mr. Le Sage, están ya -perfectamente deslindados. Gran parte de ellos, en efecto, corresponden -á las <i>Relaciones de la vida del Escudero Márcos de Obregon</i> del -maestro <span class="smcap">Vicente Espinel</span>, como Voltaire con -gran firmeza de penetracion y de criterio aseveró: de modo que la -ligereza sólo ha estado en aquellos escritores que sin exámen negaran -lo que tan fácilmente habia de corroborar despues el más leve trabajo -de comparacion. Mr. Baret en estudios especiales sobre este asunto fija -en diez los lugares del <i>Gil Blas</i> en que el <i>Márcos de Obregon</i> fué -traducido por Le Sage; pero en esto no ha hecho sino seguir servilmente -lo apuntado por el aleman Tieck, el cual declara en el prólogo de su -traduccion de la obra de <span class="smcap">Espinel</span>, que por la -pérdida de algunos papeles donde conservaba sus apuntes, no ha podido -puntualizar todas sus observaciones de la manera que lo habia hecho -en la idea del prefacio de <i>Gil Blas</i> donde se ha tomado la anécdota -de los estudiantes de la introduccion del <i>Márcos del Obregon</i>; en la -historia del barbero Diego de la Fuente; en la aventura de la cortesana -Camila; en la de la casa de los ladrones; en la de los amores del -barbero con D.ª Margelina, etc. Con esto se ha dado por concluido el -pleito.</p> - -<p>Ciertamente se me tachará de dejar aquí la cuestion incompleta, -cuando ningun lugar parece más oportuno para dilucidarla. No puede -ser así, sin embargo; trabajos de esta índole para ser completos -demandan el auxilio de largos textos, y necesitaria para un cómodo -desenvolvimiento de los estudios que tengo practicados, un tomo -de mayores proporciones que la suma de todo el actual. No es, sin -embargo, obligacion que declino, y me reservo llenarla, como antes -dije, en coyuntura mejor. Entre tanto no puedo menos de sentirme -lisonjeado en haber sido el primero en bosquejar aquí, como ya queda -bosquejado,<span class="pagenum" id="Page_xxxii">[p. xxxii]</span> el -rápido cuadro de una vida bastante ignorada hasta ahora por nuestros -hombres de letras, y que de todas maneras resulta siempre interesante. -Autores que, como <span class="smcap">Vicente Espinel</span>, tienen la -honra de que sus obras periódicamente se reproduzcan y frecuentemente -promuevan polémicas como las que dejo reseñadas, son siempre primeras -figuras en el vasto teatro de la literatura brillante de su nacion. -Sus producciones nunca palidecen; y en todo momento en que se impriman -de nuevo, su aparicion será oportuna. Las ediciones del <i>Gil Blas de -Santillana</i> no podrian fácilmente enumerarse. Todos los idiomas cultos -del mundo han vertido del frances esta novela, y el lápiz y el buril -harto se han ensayado en trazar los pintorescos cuadros de sus variados -episodios. Nunca alcanzará, sin embargo, esta obra francesa el rango -de la inmortal española de <span class="smcap">Miguel de Cervantes -Saavedra</span>. La razon es óbvia: el brillante ingenio español del -siglo de Felipe II fué el creador sublime de un libro que perpétuamente -hablará al corazon y á la mente de todas las generaciones, de todos los -hombres, de todos los pueblos. El <i>Gil Blas de Santillana</i>, aunque en -círculo más estrecho, pues está desprovisto de idealidad, será tambien -un libro universal; pero no su pretendido autor, pues suprimidos -diversos ingenios españoles, de quienes tomó las diversas partes de su -obra, y muy principalmente <span class="smcap">Vicente Espinel</span> -que en el <i>Márcos de Obregon</i> le proporcionó los mejores materiales, -queda de todo punto suprimido, como Voltaire pretendia, el carácter -buscon y plagiario del decantado Le Sage.</p> - -<p class="firma pt2"><i>Juan Perez de Guzman.</i></p> - -<p class="fs75 mt2">Madrid 5 de Mayo de 1881.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c299.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_01"> - <p><span class="pagenum" id="Page_1">[p. 1]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c001a.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h2 class="nobreak">PRÓLOGO DEL AUTOR.</h2> -</div> - -<div class="drop mt05"> - <img src="images/ill_c001b.jpg" - alt="M" /> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Muchos</span> dias, y -algunos meses y años estuve dudoso si echaria en el corro á este -pobre <i>Escudero</i>, desnudo de partes y lleno de trabajos, que la -confianza y la desconfianza me hacian una muy trabada é interior -guerra. La confianza llena de errores, la desconfianza encogida de -terrores; aquella muy presuntuosa, y estotra muy abatida; aquella -desvaneciendo el celebro, y ésta desjarretando las fuerzas; y así -me determiné de poner por medio á la humildad, que no solamente es -tan acepta á los ojos de Dios, pero á los de los más ásperos jueces -del mundo. Comuniquélas con el Licenciado Tribaldos de Toledo, muy -gran poeta<span class="pagenum" id="Page_2">[p. 2]</span> latino -y español, docto en la lengua griega y latina, y en las ordinarias -hombre de consumada verdad; y con el maestro fray Hortensio Félix -Paravesin, doctísimo en letras divinas y humanas, muy gran poeta y -orador; y alguna parte de ello con el Padre Juan Luis de la Cerda, -cuyas letras, virtud y verdad están muy conocidas y loadas; y con el -divino ingenio de Lope de Vega, que como él se rindió á sujetar sus -versos á mi correccion en su mocedad, yo en mi vejez me rendí á pasar -por su censura y parecer; con Domingo Ortiz, secretario del Supremo -Consejo de Aragon, hombre de excelente ingenio y notable juicio; con -Pedro Mantuano, mozo de mucha virtud, y versado en mucha leccion de -autores graves que me pusieron más ánimo que yo tenia; y no sólo me -sujeté á su censura, pero á la de todos cuantos encontraren alguna cosa -digna de reprehension, suplico me adviertan de ella, que seré humilde -en recibilla. El intento mio fué ver si acertaria á escribir en prosa -algo que aprovechase á mi república, deleitando y enseñando, siguiendo -aquel consejo de mi maestro Horacio, porque han salido algunos libros -de hombres doctísimos en letras y en opinion, que le abrazan tanto con -sola la doctrina, que no dejan lugar donde pueda el ingenio alentarse y -recibir gusto: y otros tan enfrascados en parecerles que deleitan con -burlas y cuentos entremesiles, que despues de haberlos leido, revuelto, -aechado y aun cernido, son tan fútiles y vanos, que no dejan cosa de -sustancia ni provecho para el lector, ni de fama y opinion para sus -autores. El padre maestro Fonseca escribió divinamente del amor de -Dios, y con ser materia tan alta,<span class="pagenum" id="Page_3">[p. -3]</span> tiene muchas cosas donde puede el ingenio espaciarse y -vagarse con deleite y gusto, que ni siempre se ha de ir con el rigor -de la doctrina, ni siempre se ha de caminar con la flojedad del -entretenimiento: lugar tiene la moralidad para el deleite, y espacio el -deleite para la doctrina; que la virtud (mirada cerca) tiene grandes -gustos para quien la quiere; y el deleite y entretenimiento dan mucha -ocasion para considerar el fin de las cosas.</p> - -<p>En tanto que no tuve determinacion (así por la persecucion de la -gota, como por la desconfianza mia) para sacar al teatro público mi -<i>Escudero</i>, un caballero amigo me pidió unos cuadernillos de él, y -llegando á la noticia de cierto gentil-hombre (á quien yo no conozco) -aquella novela de la tumba de San Ginés, pareciéndole que no habia -de salir á luz, la contó por suya, diciendo y afirmando que á él le -habia sucedido; que hay algunos espíritus tan fuera de la estimacion -suya, que se arrojan á entretener á quien los oye, con lo que se ha de -averiguar no ser suyo.</p> - -<p>Si á alguno se le asentare bien tratar de personas vivas, y -alegar con sugetos conocidos y presentes, digo que yo he alcanzado -la monarquía de España tan llena y abundante de gallardos espíritus -en armas y letras, que no creo que la Romana los tuvo mayores, y me -arrojo á decir que ni tantos ni tan grandes. Y no quiero tratar de -las cosas que los españoles han hecho en Flandes tan superiores á las -antiguas, como escribió Luis de Cabrera en su <i>Perfecto Príncipe</i>, -sino de los que nuestros ojos han visto cada dia, y nuestras manos han -tocado, como los que hizo Don Pedro Enriquez, conde de Fuentes, con -tan increible<span class="pagenum" id="Page_4">[p. 4]</span> ánimo; -la toma y saco de Amiens, que escribió en sus <i>Comentarios</i> don Diego -de Villalobos, donde fué valeroso Capitan de lanzas é infantería, que -con un carro de heno y un costal de nueces, seis capitanes tomaron una -ciudad tan grande, plataforma y amparo de toda Francia; la felicidad -y determinacion con que acuden al servicio de su rey los españoles, -poniendo sus vidas á peligro de perderlas, como se vió ahora en lo de -la Mámora, que anduvieron nadando toda la noche, no hallando bajel ni -tierra donde ampararse, sobrepujando con valor á su fortuna, cosas que -no se vieron en la Monarquía romana. ¿Qué autores antiguos escedieron -á los que ha engendrado España en los pocos años que ha estado libre -de guerras? ¿Qué oradores fueron mayores que Don Fernando Carrillo, -Don Francisco de la Cueva, el Licenciado Berrio, y otros que con -excelentísimos y levantados conceptos persuaden á la verdad de sus -partes? De no leer los autores muertos, ni advertir los vivos los -secretos que llevan encerrados en lo que profesan, nace no darles el -aplauso que merecen; que no es sólo la corteza lo que se debe mirar, -sino pasar con los ojos de la consideracion más adentro. Ni por ser los -autores más antiguos son mejores, ni por ser más modernos son de menos -provecho y estimacion. Quien se contenta con sola la corteza, no saca -fruto del trabajo del autor; mas quien lo advierte con los ojos del -alma, saca milagroso fruto.</p> - -<p>Dos estudiantes iban á Salamanca desde Antequera, uno muy -descuidado, otro muy curioso: uno muy enemigo de trabajar y saber, -y otro muy vigilante escudriñador de la lengua latina; y aunque muy -di<span class="pagenum" id="Page_5">[p. 5]</span>ferentes en todas -las cosas, en una eran iguales, que ambos eran pobres. Caminando -una tarde de verano por aquellos llanos y vegas, pereciendo de sed, -llegaron á un pozo, donde habiendo refrescado, vieron una pequeña -piedra, escrita en letras góticas ya medio borradas por la antigüedad, -y por los piés de las bestias, que pasaban y bebian, que decian dos -veces: <i>Conditur unio, conditur unio.</i> El que sabia poco, dijo: ¿Para -qué esculpió dos veces una cosa este borracho? (que es de ignorantes -ser arrojadizos). El otro calló, que no se contentó con la corteza, y -dijo: Cansado estoy, y temo la sed; no quiero cansarme más esta tarde. -Pues quedaos como poltron, dijo el otro. Quedóse, y habiendo visto -las letras, despues de haber limpiado la piedra, y descortezado el -entendimiento, dijo: <i>Unio</i> quiere decir union, y <i>unio</i> quiere decir -perla preciosísima; quiero ver qué secreto hay aquí, y apalancando -lo mejor que pudo, alzó la piedra, donde halló la union del amor de -los dos enamorados de Antequera, y en el cuello de ella una perla más -gruesa que una nuez, con un collar que le valió 4,000 escudos: tornó á -poner la piedra y echó por otro camino.</p> - -<p>Algo prolijo, pero importante es el cuento, para que sepan cómo se -han de leer los autores, porque ni los tiempos son unos, ni las edades -están firmes. Yo querria en lo que he escrito que nadie se contentase -con leer la corteza, porque no hay en todo mi <i>Escudero</i> hoja que no -lleve objeto particular, fuera de lo que suena. Y no solamente ahora lo -hago; sino por inclinacion natural en los derramamientos de la juventud -lo hice en burlas y veras; edad que me pesa<span class="pagenum" -id="Page_6">[p. 6]</span> en el alma que haya pasado por mí, y plegue á -Dios que lleguen los arrepentimientos á las culpas.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c006.jpg" - alt="Ilustración de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_7">[p. 7]</span></p> - <h2 class="nobreak">RELACION PRIMERA</h2> - <p class="xs ws1 centra mt3">DE LA VIDA DEL ESCUDERO</p> - <p class="xl g1 ws1 centra mt1">MARCOS DE OBREGON.</p> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_0"> - <p><span class="pagenum" id="Page_9">[p. 9]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c009.jpg" - alt="Ilustración de cabecera" /> - </div> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">E</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Este</span> largo discurso de mi -vida, ó breve relacion de mis trabajos, que para instruccion de la -juventud, y no para aprobacion de mi vejez, he propuesto manifestar -á los ojos del mundo, aunque el principal blanco á que va inclinado -es aligerar por algun espacio, con alivio y gusto, la carga que, -con justos intentos, oprime los hombros de V. S. I., lleva tambien -encerrado algun secreto, no de poca sustancia para el propósito -que siempre he tenido, y tengo, de mostrar en mis infortunios y -adversidades cuánto importa á los escuderos pobres, ó poco hacendados, -saber romper por las dificultades del mundo, y oponer el pecho á -los peligros del tiempo y de la fortuna, para conservar con honra y -reputacion un don tan precioso como el de la vida, que nos concedió -la divina Magestad para rendirle gracias y admirarnos, contemplando -y alabando este órden maravilloso de cielos y elementos, los cursos -ciertos é innumerables de las estrellas, la generacion y produccion -de las cosas, para venir en verdadero conocimiento del universal -Fabricador de todas ellas. Y aunque me coge este intento en los -pos<span class="pagenum" id="Page_10">[p. 10]</span>treros tercios de -la vida, como á hombre que por viejo y cansado se le hizo merced de -darle una plaza tan honrada, como la de Santa Catalina de los Donados -de esta Real villa de Madrid (donde paso lo mejor que puedo), en los -intérvalos que la gota me concediere, iré prosiguiendo mi discurso, -guardando siempre brevedad y honestidad: que en lo primero cumpliré con -mi condicion y inclinacion natural, y en lo segundo con la obligacion -que tienen todos aquellos á quien Dios hizo merced de recibir el agua -del bautismo, Religion que tanta limpieza, honestidad y pureza ha -profesado, profesa, y profesará desde su principio y medio, hasta el -último fin de esta máquina elemental. Y con el ayuda de Dios procuraré -que el estilo sea tan acomodado á los gustos generales, y tan poco -cansado á los particulares, que ni se deje por pesado, ni se condene -por ridículo. Y así en cuanto mis fuerzas bastaren procederé deleitando -al lector, juntamente con enseñarle, imitando en esto á la próvida -naturaleza, que antes que produzca el fruto que cria para mantenimiento -y conservacion del individuo, muestra un verde apacible á la vista, -y luego una flor que le regala el olfato: y al fruto le da color, -olor, y sabor, para aficionar al gusto que se coma, y tome de él aquel -sustento que le alienta y recrea, para la duracion y perpetuidad de -su especie. Ó haré como los grandes médicos, que no luego que llegan -al enfermo le martirizan con la violencia del ruibarbo, ni con otras -medicinas arrebatadas, sino primero disponen el humor con la blandura y -suavidad de los jarabes, para despues aplicar la purga, que ha de dejar -el sugeto limpio y libre de la corrupcion que le aquejaba. Y si bien -son muy trilladas estas comparaciones de los médicos, y las medicinas -pueden traerse muy bien entre manos, por ser fáciles é inteligibles, y -más yo,<span class="pagenum" id="Page_11">[p. 11]</span> que por la -escelente gracia que tengo de curar por ensalmos puedo usar de ellos -como uso del oficio con tanta aprobacion y opinion de todo el pueblo, -que me ha valido tanto el buen puesto en que estoy junto con traer unas -cuentas muy gruesas, unos guantes de nutria, y unos antojos que parecen -más de caballo que de hombre, y otras cosas que autorizan mi persona, -que estoy tan acreditado, que toda la gente ordinaria de esta Corte, -y de los pueblos circunvecinos acuden á mí con criaturas enfermas de -mal de ojo, con doncellas opiladas, ó con heridas de cabeza, y de -otras partes del cuerpo, y con otras mil enfermedades, con deseo de -cobrar salud; pero curo con tal dulzura, suavidad y ventura, que de -cuantos vienen á mis manos no se mueren más de la mitad, que es en lo -que estriba mi buena opinion: porque estos no hablan palabra, y los -que sanan dicen mil alabanzas de mí, aunque quedan perdigados para la -recaida, que todos vuelan sin remedio. Mas la gente que más bendiciones -me echa es la que curo de la vista corporal, porque como todos la mayor -parte son pobres y necesitados, con la fuerza de cierta confeccion que -yo sé hacer de atútia, y cardenillo y otros simples, y con la gracia de -mis manos, á cinco ó seis veces que vienen á ellas los dejo con oficio, -con que ganan la vida muy honradamente, alabando á Dios y á sus Santos -con muchas oraciones devotas, que aprenden sin poderlas leer.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c011.jpg" - alt="Ilustración de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_12">[p. 12]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c012.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO I.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">E</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Estando</span> pocos dias há con -los ojos altos y humildes al cielo, el rostro sereno y grave, las manos -sobre un muy blanco lenzuelo en los oidos del enfermo, y pronunciando -con mucho silencio las palabras del ensalmo, pasó cierto cortesano, -y dijo: No puedo sufrir los embelecos de estos embusteros: yo callé, -y proseguí con mi acostumbrada compostura la medicinal oracion, y en -acabándola me dijo mi compañero: ¿No oisteis cómo os llamó aquel gentil -hombre de embustero? Él no habló conmigo, dije yo, y de lo que á mí -no se me dice derechamente no tengo obligacion de responder, ni hacer -caso; y deseo persuadir esto á los que por la poca esperiencia, ó por -la condicion alterada y presta que naturalmente tienen, se dan por -sentidos de las ignorantes libertades de quien no tiene atrevimiento -para decirlas descubiertamente, que ni llevan órden de agravio, ni -arguyen ánimo, ni valor en quien las dice: ella es ignorancia grande, -introducida de gente que trae siempre la honra y la vida en las -manos: que no tengo yo de persuadirme á que<span class="pagenum" -id="Page_13">[p. 13]</span> pues no me hablan libremente me ofenden, -aunque tengan intencion de hacerlo: que los tiros que estos hacen -son como los de una escopeta cargada de pólvora y vacía de bala, que -con el ruido espantan la caza, y no hacen otra cosa. Los agravios no -se han de recibir si no van muy descubiertos, y aun de esto se ha de -quitar cuanto fuere posible, desapasionándose, y haciendo reflexion -en si lo son ó nó, como discretísimamente lo hizo Don Gabriel Zapata, -gran caballero y cortesano, y de excelentísimo gusto, que enviándole -un billete de desafío á las seis de la mañana cierto caballero con -quien habia tenido palabras la noche antes, y habiéndole despertado -sus criados por parecerles negocio grave, en leyendo el billete dijo -al que le traia: decidle á vuestro amo que digo yo, que para cosas que -me importan de mucho gusto no me suelo levantar hasta las doce del -dia, ¿que por qué quiere que para matarme me levante tan de mañana? Y -volviéndose del otro lado se tornó á dormir; y aunque despues cumplió -con su obligacion, como tan gran caballero, se tuvo aquella respuesta -por muy discreta.</p> - -<p>Don Fernando de Toledo, el tio (que por discretísimas travesuras -que hizo le llamaron el pícaro), viniendo de Flandes, donde habia -sido valeroso soldado y Maestro de campo, desembarcándose de una -salva en Barcelona, muy cercado de Capitanes, dijo uno de dos pícaros -que estaban en la playa, en voz que él lo pudiese oir: Este es D. -Fernando el pícaro. Dijo don Fernando, volviendo á él: ¿En qué lo -echaste de ver? Respondió el pícaro: Hasta aquí en lo que oía decir, -y ahora en que no os habeis corrido de ello. Dijo don Fernando muerto -de risa: Harta honra me haces, pues me tienes por cabeza de tan -honrada profesion como la tuya. Así que aun de aquellas injurias que -derechamente vienen á ofendernos, habemos de pro<span class="pagenum" -id="Page_14">[p. 14]</span>curar por los mismos filos hacer triaca -del veneno, gusto del disgusto, donaire de la pesadumbre, y risa de -la ofensa. Que pues procura un hombre entender por donde camina una -espada, los círculos y medios, la fortaleza y flaqueza, la ofensa y -la defensa, y lo ejercita con grandísima perseverancia hasta hacerse -muy diestro para que no le maten ó hieran, ¿por qué no se ejercitará -en lo que estorba á venir á tan miserable estado, que es la paciencia? -Que puesta la cólera en su punto, y vistas dos espadas desnudas, una -con otra han de herir, ó huir; cosa que por tan infame se ha tenido -siempre en todas las naciones del mundo; y si con mucho menos trabajo -y ejercicio se puede hacer un hombre diestro en la paciencia, que es -quien refrena los ímpetus bestiales de la cólera, la potencia de los -poderosos, la braveza de los valientes, la descortesía de los soberbios -ignorantes, y ataja otros mil inconvenientes, ¿por qué no se procurará -esto por no llegar á lo otro? En Italia dicen que la paciencia es -manjar de poltrones. Mas esto se entiende de una paciencia viciosa, -que el que la profesa por comer, beber y holgar, sufre cosas indignas -de imaginar entre hombres. Aquí se trata de la paciencia que acicala y -afina las virtudes, y la que asegura la vida, la quietud del ánimo, y -la paz del cuerpo; y la que enseña á que no se tenga por injuria la que -no lo es ni lleva modo de poderse estimar por tal: que en solo el uso -de esta divina virtud se aprende cómo se han de rechazar los agravios -paliados, cómo se han de resistir los descubiertos, qué caso se debe -hacer de los que se dicen en ausencia, que es otro yerro notable -que anda derramado entre la gente que ni sabe sufrir, ni lo quiere -aprender, que así se ofenden de un agravio encañado por arcaduces, como -de una cuchillada en el rostro, como si hubiese alguno en el mundo (por -justo que<span class="pagenum" id="Page_15">[p. 15]</span> sea) que -tenga las ausencias sin alguna calumnia. Y porque la materia de suyo es -algo pesada, quiero aligerarla con decir lo que me pasó sirviendo al -más desazonado colérico del mundo: porque tras de muchos infortunios -que toda mi vida he sufrido, me vine á hallar desacomodado al cabo de -mi vejez; de manera, que porque no me prendiesen por vagamundo, hube de -encomendarme á un amigo mio, Cantor de la Capilla del Obispo (que estos -todo lo conocen, sino es á sí propios) y él me acomodó por escudero y -ayo de un médico y su mujer, tan semejante el uno al otro en la vanidad -de valentía y hermosura, que no les quedó que repartir en los vecinos, -con los cuales me pasaron lances harto dignos de saberse.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c015.jpg" - alt="Ilustración de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_2"> - <p><span class="pagenum" id="Page_16">[p. 16]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c016.jpg" - alt="Ilustración" /> - </div> - <h3 class="ader mt-15">DESCANSO II.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">L</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Llamábase</span> el Doctor Sagredo, -hombre mozo, de muy gentil disposicion, algo locuaz, y aun loco, más -colérico y fácil de enojarse que gozque de panadero, presuntuoso y -estimador de su persona, y (para que no se echasen á perder dos casas, -sino una) casado con una mujer de su misma condicion, moza, y muy -hermosa, alta de cuerpo, cogida de cintura, delgada y no flaca, derecha -de espaldas, el movimiento con mucho donaire, ojos negros y grandes, -pestaña larga, cabello castaño, que tiraba un poco á rubio, briosa, y -no muy poco soberbia, vana y presuntuosa.</p> - -<p>Llevóme á su casa el buen Doctor, y lo primero que encontré fué -una mula muy flaca en una caballeriza, tan ajustada con ella, que -si tuviera alas no pudiera caber dentro. Subimos una escalerilla, y -representóseme luego la sala donde estaba la señora Doña Mergelina de -Aybar, que así se llamaba, á quien yo miré de muy<span class="pagenum" -id="Page_17">[p. 17]</span> buena gana, que aunque viejo incapaz de -semejantes apetitos, por razon y por edad, la miré como á hermosa, que -á todos ojos es la hermosura agradable. Dijo el Doctor: Veis aquí á -quien habeis de servir, que es mi mujer. Yo le dije: Por cierto bien -merece tan gentil dama á tal galan. Ella respondió, como mujer hermosa -ignorante, ó por mejor decir, preguntó: ¿Quién os mete á vos en eso? -Señora, dije yo, advierta vuesa merced que cuando la llamé gentil no -quise decir que no era cristiana, sino que tenia muy gentil talle y -cuerpo. Que bien os entendí, dijo ella, sino que no quiero que nadie se -me atreva á decirme requiebros. Es la honra del mundo, dijo el Doctor, -servidla con gusto y cuidado, que yo os lo pagaré muy bien. Miré la -casa muy de espacio, aunque se podia ver muy de presto, porque no ví -en toda ella sino es un espejo muy grande en un poyo muy pequeño de -una ventana, y unas redomillas que lo acompañaban, con un cofrecillo -pequeñuelo: y mirando á un rincon, ví á un montante, con ciertas -espadas de esgrima, dagas, y espadas blancas, una rodela, y broquel. -Díjome el Doctor: ¿Qué os parece de mi recámara? Miradla bien, que en -Alcalá era temida aquella espada. No miraba, dije yo, sino á donde -estaban los libros, que soy aficionado á ellos. Estos son, dijo, mis -Galenos y mis Avicenas, que por la negra y la blanca nadie me igualó -en Alcalá; y que no se meneó contra mí hombre de noche que no fuese -lastimado de mis manos. Luego vuesa merced, dije yo, más aprendió á -matar que á sanar. Yo aprendí, respondió él, lo que los demás médicos; -y por haber poco que vine de mis estudios no me he reparado de libros, -que bien parece en los profesores de las facultades tener cada uno -los de la suya. Pero dejemos eso, y llevad á vuestra ama á Misa, que -es ya tarde. Púsose<span class="pagenum" id="Page_18">[p. 18]</span> -su manto mi señora Doña Mergelina, y llevéla, ó acompañéla hasta -S. Andrés, que vivian en la Morería vieja, y en el camino (como es -costumbre) muchos de los que la topaban le decian alguna cosa de su -buen talle y rostro: á lo cual ella respondia tan aceleradamente que -todos iban disgustados de sus respuestas. Yo le decia: Mire, señora, -que ya que no responda bien, á lo menos tiene obligacion de callar como -mujer principal, que en el silencio no puede haber que notar.</p> - -<p>No soy yo mujer, decia ella, á quien nadie ha de perder el -respeto. Si alguno le decia que era muy hermosa, ella le decia: Y -él hermoso majadero. Díjole un dia un mozalvillo, no de mal talle: -Así se me tornen las pulgas en la cama; al cual muy de propósito -respondió: Debe dormir en alguna zahurda de lechon. Era tan descortés -y sacudida, que todos lo iban de sus respuestas, y ella lo quedaba -de mis reprehensiones. Á cierto clérigo de San Andrés, pequeño de -cuerpo y grande de ánimo, conocido mio, que yendo muy pulido con una -sobrepelliz muy blanca, porque le dijo que no se saliese de casa á -hacer el oficio de la muerte, le replicó: Tambien habla el escarabajo -hinchado, que con aquel sacudimiento tenia mucho donaire y gusto en -cualquiera materia. Yo, entre muchas veces que la reprendí su vanidad, -me arrojé una á decirle todo lo que me pareció, que aunque ella estaba -confiada en su buen parecer, quise ver si podia enmendarla con el -mio, y le dije: Vuesa merced usa de su hermosura lo peor del mundo; -porque pudiendo ser querida y loada de cuantos andan en él, quiere -ser aborrecida de todos: quien dice hermosura, dice apacibilidad, -dulzura, suavidad de condicion y trato, y mezclándola con soberbia -y desapacibilidad, se viene á convertir en ódio lo que habia de ser -amor:<span class="pagenum" id="Page_19">[p. 19]</span> que don tan -excelente como la hermosura, concedido por merced de Dios, es razon que -tenga alguna correspondencia con el ánimo, que si no parece lo uno á lo -otro, arguye mal entendimiento, ó poco agradecimiento á la merced que -Dios hace á quien lo da. Hermosura con mala condicion, es una fuente -clarísima que tiene por guarda una víbora, y es sobrescrito y carta de -recomendacion, que en abriéndola tiene un demonio dentro. ¿Hay en el -mundo quien quiera ser aborrecido? ¿Hay quien quiera ser estimado en -poco? No por cierto. Pues quien tiene consigo porque le amen y estimen, -¿por qué quiere que le aborrezcan y menosprecien? ¿Es por fuerza que la -hermosura ha de estar acompañada con vanidad, desdorada con ignorancia, -y conservada con locura? ¿Por qué cuando se mira vuesa merced al espejo -no procura que lo interior se parezca al exterior? Pues adviértole que -suele el tiempo, y aun Dios, castigar de manera las vanidades, que los -montes se allanan, y las torres vienen al suelo. ¿Cuántas hermosuras se -han visto y ven cada dia en esta máquina ó ejemplo del mundo rendidas -á mil desdichas y calamidades, por faltarles el gobierno y cordura? -Que aunque la hermosura, el tiempo que dura, es querida y estimada, -en marchitándose no le queda otra prenda sino las que grangeó, y el -crédito y amistades que á fuerza de buen término conquistó, cuando -estaba en su fuerza y vigor. Y es el mundo de tan baja condicion, que á -nadie acaricia por lo que tuvo, sino por lo que tiene. ¿Qué hermosura -se ha visto que no se estrague con el tiempo? ¿Qué vanidad que no venga -á dar en mil bajíos? ¿Qué estimacion propia que no padezca mil azares? -Cierto, que fuera bien que como hay para las mujeres maestros de danzar -y bailar, los hubiese tambien de desengaño, y que como se enseña el -movimiento del<span class="pagenum" id="Page_20">[p. 20]</span> -cuerpo, se enseñase la constancia del ánimo. Yo digo, y aun aconsejo -á vuesa merced, lo que como hombre de experiencia me parece que es -razon, y lleva camino. Mire no la castigue su presuncion y demasiada -estimacion de su persona. Estas y otras muchas cosas le dije, y decia -cada dia; pero ella se estuvo siempre en sus trece, y quien no admite -consejo para escarmentar en cabeza ajena, serále forzoso escarmentar en -la suya, por seguir las inclinaciones propias, como sucedió á la señora -Doña Mergelina, teniendo las suyas por ley, y al tiempo por verdugo de -ellas, desta manera.</p> - -<p>Venia casi todas las noches á visitarme un mocito barbero, conocido -mio, que tenia bonita voz y garganta: traia consigo una guitarra con -que sentado al umbral de la puerta, cantaba algunas tonadillas, á que -yo llevaba un mal contrabajo; pero bien concertada (que no hay dos -voces que si entonan y cantan verdad, no parezcan bien), de manera, que -con el concierto y la voz del mozo, que era razonable, juntábamos la -vecindad á oir nuestra armonía. El mozuelo tañia siempre la guitarra, -no tanto para mostrar que lo sabia, como por rascarse con el movimiento -las muñecas de las manos, que tenia llenas de una sarna perruna. Mi -ama se ponia siempre á escuchar la música en el corredorcillo, y el -Doctor, como venia cansado de hacer sus visitas (aunque tenia pocas), -no reparaba en la música, ni en el cuidado con que su mujer se ponia -á oirla. Como el mozuelo era contínuo todas las noches en venir á -cantar, si alguna faltaba, mi ama lo echaba de menos, y preguntaba -por él, con alguna demostracion de gustar de su voz. Vino á parecerle -tan bien el cantar, que cuando el mozuelo subia un punto de voz, ella -bajaba otro de gravedad, hasta llegar á los umbrales de la puerta para -oirle más cerca las consonancias; que la música instrumental<span -class="pagenum" id="Page_21">[p. 21]</span> de sala, tanto más tiene -de dulzura y suavidad, cuanto menos de vocería y ruido, que como el -juez que es el oido, está muy cerca, percibe mejor y más atentamente -las especies que envia al alma, formadas con el plauso de la media voz. -El mozuelo dejó de venir cinco ó seis noches, por no sé qué remedio -que tomaba para curarse, y en las cosas que son muy ordinarias, en -faltando, hacen mucha falta: y así mi ama cada noche preguntaba por -él. Yo le respondí, más por cortesía que por falta que le hiciese: -Señora, este mozuelo es oficial de un barbero, y como sirve no puede -siempre estar desocupado: fuera de que ahora se está curando un -poquillo de sarna que tiene. ¿Qué haceis, dijo ella, de aniquilarle y -disminuirle, mozuelo barbero? sarna, pues á fé que no falta quien con -todas esas que vos le poneis, le quiera bien. Bien puede ser, dije yo, -que el pobrecillo es humilde y fácil para lo que le quieren mandar; -y cierto que muchas veces le guardo yo de mi racion un bocadillo que -cene, porque no todas veces ha cenado. En verdad, dijo ella, que -á tan buena obra os ayude yo: y de allí adelante siempre le tenia -guardado un regalillo todas las noches que venia: una de las cuales -entró quejándose, porque de una ventana le habian arrojado no sé qué -desapacible á las narices: á las quejas suyas salió mi ama al corredor; -y bajó al patio, estándose limpiando el mozuelo, y con grande piedad le -ayudó á limpiar, y sahumó con una pastilla, echando mil maldiciones á -quien tal le habia parado.</p> - -<p>Fuése el mozuelo con su trabajo, sintiéndolo la señora Doña -Mergelina, tan llena de cólera como de piedad, y con harta más -demostracion de lo que yo quisiera, loando la paciencia del mozuelo, y -agravando la culpa de quien le habia salpicado con tanto estremo, que -me obligó á preguntarle por qué lo sentia tanto,<span class="pagenum" -id="Page_22">[p. 22]</span> siendo sucedido inadvertidamente y sin -malicia. Á que me respondió: ¿No quereis que sienta ofensa hecha á un -corderillo como este? ¿Á una paloma sin hiel, á un mocito tan humilde -y apacible, que aun quejarse no sabe de una cosa tan mal hecha? -Cierto que quisiera ser hombre en este punto para vengarle, y luego -mujer para regalarle y acariciarle. Señora, le dije yo, ¿qué novedad -es esta? ¿Qué mudanza de rigor en blandura? ¿De cuándo acá piadosa? -¿De cuándo acá sensible? ¿De cuándo acá blanda y amorosa? Desde que -vos, respondió ella, vinisteis á mi casa, que trujisteis este veneno -envuelto en una guitarra, desde que me reprehendisteis mis desdenes, -desde que viendo mi bronca y áspera condicion, quise ver si podia -quedar en un medio lícito y honesto, y he venido de un estremo á otro: -de áspera y desdeñosa, á mansa y amorosa: de desamorada y tibia, á -tierna de corazon: de sacudida y soberbia, á humilde y apacible: de -altiva y desvanecida, á rendida y sujeta. ¡Oh pobre de mí, dije yo, -que ahora me quedaba por llevar una carga tan pesada como esta! ¿Qué -culpa puedo yo tener en sus accidentes de vuesa merced, ó qué parte -en sus inclinaciones? ¿Hay quien sea superior en voluntades agenas? -¿Hay quien pueda ser profeta en las cosas que han de suceder á los -gustos y apetitos? Pero pues por mí comenzó la culpa, por mí se atajará -el daño, porque no venga á ser mayor con hacer que él no vuelva más -á esta casa, ó irme yo á otra: que si con la ocasion creció lo que -yo no pude pensar, con atajarla tornarán las cosas á su principio. -No lo digo, dijo ella, por tanto, padre de mi alma, que la culpa yo -la tengo, si hay culpa en los actos de voluntad: no os enojeis por -mis inadvertencias, que estoy en tiempo de hacer y decir muchas: -antes os admirad de las pocas que verédes y oyéredes en mí;<span -class="pagenum" id="Page_23">[p. 23]</span> ni hagais lo que habeis -dicho, si quereis mi vida, como quereis mi honra: porque estoy en -tiempo, que con poca más contradicion, haré algun borron que tizne mi -reputacion, y la deje más negra que mi ventura; no estoy para que me -desampareis, ni para admitir reprehension, sino para pedir socorro -y ayuda. Bien me decíades vos que mi presuncion y vanidad habian de -caer de su trono; cuanto me podeis repetir y traer á la memoria, yo -lo doy por dicho, y lo confieso; favorecedme, y no me desampareis en -esta ocasion; y no me mateis con decir que os ireis desta casa. Y -con esto y otras cosas que dijo, lloró tan tiernamente, cubriendo el -rostro con un lienzo, que por poco fuera menester quien nos consolára -á entrambos; y si fué grande la reprehension que le dí por soberbia, -mayor fué el consuelo que le dí por afligida: mas animándome en lo -que era más razon, acudiendo á mi obligacion, á su consuelo y honra -de su casa, le dije, con la mayor demostracion que pude: ¿Es posible -que en tan estraordinaria condicion ha podido caber tanta mudanza, -y que por ojos tan llenos de hermosura y desdenes hayan salido tan -piadosas lágrimas, y que por mejillas tan recatadas haya corrido un -licor tan precioso, que siendo bastante á enternecer las entrañas de -Dios, se haya derramado y echado á mal por un miserable hombre? ¿Y ya -que se habia de precipitar y arrojarse, y desdecir de sí propia, no -hiciera eleccion de una persona de muchas partes y merecimientos? Ya -que se rinda quien no podia ser rendida, ¿habia de ser una sabandija -tan desventurada? Que se rinda la hermosura á la fealdad, la limpieza -á la inmundicia y asquerosidad, no sé qué me diga de tal eleccion, -y tan abominable gusto. ¡Oh cuán engañados, dijo ella, están los -hombres en pensar que las mujeres se enamoran por eleccion, ni por -gentileza de<span class="pagenum" id="Page_24">[p. 24]</span> -cuerpo, ó hermosura de rostro, ni por más ó menos partes, grandeza de -linage, soberbia de estado, abundancia de riqueza! (trato de lo que -verdaderamente es amor); pues para que se desengañen, sepan, que en -las mujeres el amor es una voluntad continuada, que de la vista crece, -y con la comunicacion se cria y conserva, sin hacer eleccion de este -ni de aquel, y la que no se guardáre de esto, caerá sin duda: de esta -continuacion ha nacido mi llama, y con ella se ha criado, hasta ser -tan grande, que me tiene ciegos los ojos para ver otra cosa, y las -orejas cerradas para admitir reprehension, y la voluntad incapaz de -recibir otro sello. Y cuanto más lo deshaceis y aniquilais, tanto más -se enciende la voluntad y el deseo. ¿Por ventura los barberos son de -diferente metal que los demás hombres, para que aniquileis un oficio -que tanta merced hace á los hombres en tornarlos de viejos á mozos? -¿Llamaisle sarnoso por unas rascadurillas que tiene en las muñecas, -que parecen hojas de clavel? ¿No echais de ver aquella honestidad de -rostro? ¿La humildad de sus ojos? ¿La gracia con que mueve aquella voz -y garganta? No me le deshagais, ni reprehendais mi gusto, que no está -para contradecirlo ni rechazarlo. ¡Ojalá, dije yo, fuera pelota, que -yo la echara y rechazara! Pero pues ha llegado á tan estrecho paso, -haré con vuesa merced lo que con mis amigos, que es, en la eleccion -aconsejarles lo mejor que sé, y en la determinacion ayudarles lo mejor -que puedo. Díjele esto por no desconsolarla, hasta que poco á poco -fuese perdiendo el cariño, que pudiera traer la ofensa de Dios y de -su marido, y con esto me aparté aquella noche de ella, espantándome -de ver cuán poderosa es la comunicacion, y considerando cuán mal -hacen los hombres que donde tienen prendas que les duela, consienten -visitas ordinarias, ó comunica<span class="pagenum" id="Page_25">[p. -25]</span>ciones que duren: y cuánto peor hacen los padres que dan -á sus hijas maestros de danzar, ó tañer, cantar ó bailar; si han de -faltar un punto de su presencia, y aun es menos daño que no lo sepan: -que si han de ser casadas, bástales dar gusto á sus maridos, criar -sus hijos y gobernar su casa: y si han de ser monjas, apréndanlo en -el monasterio; que la razon de estar algunas disgustadas, quizás -es por haber ya tenido fuera comunicaciones de devociones, que por -honestas que sean, son de hombres y mujeres, sujetos al comun órden de -naturaleza.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c025.jpg" - alt="Ilustración de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_3"> - <p><span class="pagenum" id="Page_26">[p. 26]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c026.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO III.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">E</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">El</span> dia siguiente vino el -mozuelo más temprano de lo que solia, puesto un cuello al uso, como -hombre que se veia favorecido de tan gallarda mujer. Sucedió que dentro -de tres ó cuatro dias vinieron á llamar al doctor Sagredo, su marido -y mi amo, para ir á curar un caballero estranjero que estaba enfermo -en Carabanchel, ofreciéndole mucho interés por la cura de que él -recibió mucho contento por el provecho, y ella mucho más por el gusto. -Cogió su mula y lacayo, y un braco, que siempre le acompañaba, y á -las cuatro de la tarde dió con su persona en Carabanchel. Ella, visto -la buena ocasion, hízome aderezar de cenar lo mejor que fué posible, -regalándome con palabras, y prometiéndome obras, no entendiendo que -yo le estorbaria la ejecucion de su mal intento: vino el mozuelo al -anochecer, y comenzando á cantar como solia, ella le dijo que no era -lícito, ni parecia bien á la vecindad, estando su marido ausente, -cantar á la puerta, y así mandó que entrase más adentro. Mandó -sentar al mozuelo á la mesa, deseando que la cena fuese bre<span -class="pagenum" id="Page_27">[p. 27]</span>ve, porque la noche fuese -larga; pero apenas se comenzó la cena cuando entró el braco haciendo -mil fiestas á su ama con las narices y la cola. El doctor viene, -dijo ella, desdichada de mí, ¿qué haremos, que no puede estar lejos, -pues ha llegado el perro? Yo cogí al mozuelo, y púsele en un rincon -de la sala, cubriéndolo con una tabla, que habia de ser estante para -los libros, de suerte que no se podia parecer cuando entró el doctor -por la puerta, diciendo: ¿Hay bellaquería semejante, que envien á -llamar á un hombre como yo, y por otra parte llamen á otro médico? -Vive Dios, si en años atrás me cogieran, que no se habian de burlar -conmigo. ¿Pues de eso teneis pena, dijo ella, marido mio? ¿No vale más -dormir en vuestra cama y en vuestra quietud, que desvelaros en velar -un enfermo? ¿Qué hijos teneis que os pidan pan? Vengais muy en hora -buena, que aunque pensé tener diferente noche, con todo eso me dió el -espíritu que habia de suceder esto, y así os tuve, por sí ó por no, -aderezada la cena. ¡Hay tal mujer en el mundo! dijo el doctor; ya me -habeis quitado todo el enojo que traia. Váyanse con el diablo ellos y -sus dineros, que más aprecio veros contenta, que cuanto interés hay -en la tierra. ¿Cuántos engaños, dije yo entre mí, hay de estos en el -mundo, y cuántas á fuerza de artificios y bondad fingida se hacen -cabezas de sus casas, que merecen tenerlas quitadas de los hombros? -Apeóse de la rucia el doctor, y el lacayo púsola en razon, y fuese á -su posada con su mujer, que le daban racion y quitacion. Sentóse el -doctor á cenar muy sin enojo, loando mucho el cuidado de su mujer. El -diablo del braco, que por la fuerza que estos animalejos tienen en el -olfato, no hacia sino oler la tabla que encubria al mozuelo, rascando y -gruñendo de manera que el doctor lo echó de ver, y preguntó ¿qué habia -detrás de la<span class="pagenum" id="Page_28">[p. 28]</span> tabla? -Yo de presto respondí: Creo que está allí un cuarto de carne. Tornó -el braco á gruñir, y aun ladrar algo más alto: mi amo lo miró con más -cuidado que hasta allí; yo eché de ver el daño que habia de suceder si -no se remediaba, y conociendo la condicion del doctor dí en una buena -advertencia, que fué decir que iba por unas aceitunas sevillanas, de -que eran muy amigos, y estúveme al pié de la escalerilla esperando su -determinacion: el braco no dejaba de rascar y ladrar, tanto que mi -amo dijo que queria ver por qué perseveraba tanto el perro en ladrar. -Entonces yo púseme en la puerta, y comencé á dar voces diciendo: Señor, -que me quitan la capa; señor doctor Sagredo, que me capean ladrones. Él -con su acostumbrada cólera y natural presteza se levantó corriendo, y -de camino arrebató una espada, poniéndose de dos saltos en la puerta, y -preguntando por los ladrones; yo le respondí, que como oyeron nombrar -al doctor Sagredo echaron á huir por la calle arriba como un rayo. -Él fué luego en seguimiento suyo, y ella echó al mozuelo de casa sin -capa y sin sombrero, poniendo el cuarto de carne detrás de la tabla, -como ya le habia dado la advertencia. Hasta aquí habia caminado el -negocio; mas el mozuelo iba turbado, lleno de miedo y temblor, que no -pudo llegar á la puerta de la calle tan presto que no topase mi amo con -él á la vuelta. Aquí fué menester valernos de la presteza en remediar -este segundo daño, que tenia más evidencia que el primero, y así antes -que él preguntase cosa, le dije: Tambien han capeado y querido matar -á este pobre mocito, y por esto se coló aquí dentro huyendo, que de -temor no osa ir á su casa: mire vuesa merced qué lástima tan grande; y -como es muy de coléricos la piedad, túvola mi amo del mozuelo, y dijo: -No tengais miedo, que en casa del doctor Sagredo estais, donde nadie -os<span class="pagenum" id="Page_29">[p. 29]</span> osará ofender. -Ofender, dije yo; en oyendo nombrar al doctor Sagredo les nacieron alas -en los piés. Yo os aseguro, dijo el doctor, que si los alcanzára, que -os habia de vengar á vos y á mi escudero de manera que para siempre no -capearan más. Mi ama, que estaba hasta allí turbada y temblando en el -corredor, como vió tan presto reparado el daño, y vuelta en piedad la -que habia de ser sangrienta cólera, ayudó á la compasion del marido -de muy buena gana, diciendo: ¿Hay lástima como esta? No dejeis ir á -ese pobre mozo, bástenle los tragos en que se ha visto, no le maten -esos ladrones. No le dejaré, dijo el doctor, hasta que le acompañe. -¿Y cómo sucedió esto, gentil hombre? Iba, señor, respondió el mozo, -á hacer una sangría por Juan de Vergara, mi amo, á cierta señora del -tobillo, y con harto gusto; pero como no duerme este ángel de los -piés aguileños, sucedió lo que vuesa merced ha visto. Que no faltará -ocasion para hacerla, dijo la señora, sosiéguese ahora, hermano, que -en casa del doctor Sagredo está. Subíos acá, dijo el doctor, que en -cenando yo os llevaré á vuestra casa. El braco, aunque salió á los -ladrones imaginados, no por el ruido dejó de tornar á la tema de su -tabla, y si antes la habia rascado por el mozuelo, entonces lo hacia -por la tentacion de sus narices contra la carne: mi amo, como vió -perseverar al braco, fué á la tabla, y halló el cuarto de carne detrás -de la tabla, con que se sosegó, loando mucho el aliento de su perro. -Ella, aunque se habia librado de esos trances, todavía, durando en su -intento, me dió á entender que no dejase ir al mozuelo, que era lo que -yo más aborrecia.</p> - -<p>Cenaron, y el que primero habia sido cabecera de mesa, despues -comió en la mano como gavilan, y no como galan en la mesa, que la -fuerza puede más que el gusto. En cenando quiso el doctor llevarlo á -su casa,<span class="pagenum" id="Page_30">[p. 30]</span> y aunque -yo le ayudé, mi ama dijo que no queria que fuese á ponerse en riesgo -de topar con los capeadores, especialmente habiendo de pasar por el -pasadizo de San Andrés, donde suele haber tantos capeadores retraidos. -Y aunque esto, dijo, para vuestro ánimo es poco, será para mí de mucho -daño, porque estoy en sospecha de preñada, y podria sucederme algun -accidente ó susto que pusiese mi vida en cuidado; que ese mocito podrá -dormir con el escudero, que es conocido suyo, y por la mañana irse á su -casa. Alto, dijo el doctor, pues vos gustais de eso, sea en hora buena, -yo me quiero acostar, que estoy un poco cansado. Fuéronse á la cama -juntos (que siempre llevaba la mujer por delante), aunque como ella -vivia con diferentes pensamientos, no dió lugar al sueño hasta que dió -en una traza endiablada, que le costó pesadumbre y le pudiera costar -la vida. La sala era tan pequeña que desde mi cama á la suya no habia -cuatro pasos, y cualquiera movimiento que se hacia en la una se sentia -en la otra; y así no le pareció bien lo que por aquí podia intentar. -La mula era de manera inquieta que en viéndose suelta alborotaba toda -la vecindad antes que pudiesen cogerla. Parecióle á la señora doña -Mergelina que desatándola podria volver á la cama antes que su marido -despertase para ir á ponerla en razon, y en el espacio que se habia -de gastar en cogerla y trabarla, le tendria ella para destrabar su -persona. Y como las mujeres son fáciles en sus determinaciones, en -sintiendo al marido dormido, levantóse paso á paso de la cama, y yendo -á la caballeriza desató la mula, entendiendo que pudiera volver á la -cama antes que la mula hiciese ruido y el marido despertase, con que -tendria lugar para ejecutar su intento. Pero parece que la mula y él se -concertaron; la mula en salir presto de la caballeriza haciendo ruido -con los piés, y él<span class="pagenum" id="Page_31">[p. 31]</span> -sentirlo tan presto que se levantó en un instante de la cama, dando -al diablo á la mula y á quien se la habia vendido; y si no se entrara -la mujer en la caballeriza, topara con ella el marido. Él cogió una -muy gentil vara de membrillo, y pególe á la mula, que huyendo á su -estrecha caballeriza, apenas cupiera, por la huéspeda que halló dentro. -Ella no tuvo donde encubrirse por la estrecheza sino con la misma -mula, de suerte que alcanzó, como la vara era cimbreña, gran parte de -los muchos varazos que le dió con los tercios postreros en aquellas -blancas y regaladas carnes. Yo estaba en la escalera como si aguardara -al verdugo que me echara de ella, turbado y sin consejo, porque veia -lo que pasaba y sin poder remediarlo. El braco, sintiendo el ruido, -y oliendo carne nueva en mi cama, comenzó á darle buenos mordiscones -al mozuelo y á ladrarle, de suerte que la mujer en manos del marido, -y el mozuelo en los dientes del braco, pagaron lo que aun no habian -cometido. Yo viendo la ejecucion de su cólera, sin saber lo que hacia, -le dije: Mire vuesa merced lo que hace, que cuantos palos da en la -mula los da en el rostro de mi señora, que la quiere de manera por -andar vuesa merced en ella, que no consiente que la toque el sol. -Agradeced, señora mula, lo que me han dicho de vuestra ama, que hasta -la mañana os estuviera pegando. ¿Hay con qué trabar esta mula? Yo -respondí: En ese corralillo hallará vuesa merced una soguilla, que yo -estoy con un dolorcillo de ijada, y no me atrevo á salir. Así como fué -por ella, púseme á la puerta, haciendo pala á la señora, y subióse á -su cama callando, aunque lastimada. Yo como siempre procuré que no -llegase la ofensa á ejecucion, aunque no iba con mucho gusto para -ello; en saliendo el doctor le tomé la soguilla, y enviélo á la cama. -Trabé la mula, y subíme á reposar á la mia, donde hallé al mo<span -class="pagenum" id="Page_32">[p. 32]</span>zuelo quejándose del braco, -y á ella en la suya llorando tiernamente; y preguntándole el marido -la causa, respondió muy enojada: Vuestras cóleras y arrebatamientos, -que como tan de repente os alborotastes, y yo estaba en lo mejor del -sueño, sobresaltada y despavorida, caí detrás de la cama, y dí con el -rostro en mil baratijas que estaban aquí, con que me he lastimado muy -bien. Sosególa el marido lo mejor que pudo, y pudo muy bien, porque las -mujeres honradas cuando tropiezan y no caen en el yerro, caen en la -cuenta, que habiendo de ser muy estrecha, es de perdones, y como vió -que á tres va la vencida, y ella lo quedó saliendo mal de ellas, no -quiso probar la cuarta. Al mozuelo con los peligros y los dientes del -braco se le quitó el poco amor y desvanecimiento como con la mano.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c032.jpg" - alt="Ilustración de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_4"> - <p><span class="pagenum" id="Page_33">[p. 33]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c033.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO IV.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">C</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Como</span> toda la noche hasta -allí habia sido tan inquieta y llena de disgustos, pesadumbres y -alteraciones, efectos propios de semejantes devaneos, fundados en -deshonor, ofensa y pecado, lo que hasta la mañana quedaba, se durmió -tan profundamente, que siendo yo de poquísimo sueño, no desperté hasta -que por la mañana dieron golpes á la puerta, llamando al doctor para -cierta visita muy necesaria. Alcé el rostro y ví que el sol visitaba -ya mi aposento, que en mi vida le miré de más mala gana, y llamé al -lastimado mozuelo, que más parecia embelesado que dormido, y hallándolo -con determinacion de no tornar á las burlas pasadas, le dije: Pues -el mayor peligro queda por pasar, si no vivís con cuidado y recato, -que aunque es verdad que vos actualmente no habeis hecho ofensa en -esta casa, y los deseos, ya que manchan la conciencia, no estragan la -honra, con todo eso, para la reputacion de ella y seguridad vuestra, -importa guardar el secreto, que como muchacho de poca experiencia, -podíades revelar pareciéndoos que son lances muy dignos de<span -class="pagenum" id="Page_34">[p. 34]</span> saberse, y que diciéndolos -por cifras no se entenderian, que es un engaño en que caen todos los -habladores, pues adviértoos que no os va menos que la vida en saber -callar, ó la muerte en querer hablar. Ningun delito se ha cometido -por callar, y por hablar se cometen cada dia muchos: el hablar es de -todos los hombres, y el callar de solos los discretos: yo creo que -cuantas muertes se hacen sin saber los autores, nacen de ofensas de -la lengua: guardar el secreto es virtud, y al que no le guarda por -virtuoso, le hacen que le guarde por peligroso: el callar á tiempo -es muy alabado, porque lo contrario es muy aborrecido: hablar lo que -se ha de callar, nos precipita en el peligro y en la muerte, y lo -contrario asegura el daño, y preserva la vida y quietud. Nadie se -ha visto reventar por guardar el secreto, ni ahogado por tragar lo -que va á decir: las abejas pican á su gusto; pero dejan el aguijon y -la vida, ¿y á los que dicen el secreto que les importa callar, les -sucede lo mismo? y en resolucion el callar es excelentísima virtud, -y tan estimada entre los hombres, que de la suerte que se admiran -de ver hablar bien á un papagayo que no lo sabia, se admiran de ver -callar bien á un hombre que sabe hablar. Y para no cansaros más, si -no calláredes porque es razon, callareis por el peligro en que os -poneis, tratando de la honra de un hombre tan valiente como el Doctor. -Con estas, y otras muchas cosas que le dije, lo envié á su casa con -más temor que amor, ó más temeroso que enamorado. El Doctor se vistió -tan de priesa que no tuvo lugar de mirar el señalado rostro de su -mujer, que lo primero que hizo antes de vestirse, y sin aguardar á -poner los piés en las mulillas, fué á mirarse al espejo; y viéndose el -sobrescrito con algunos borrones, lo sintió de manera, que en muchos -dias no se quitó del rostro un rebozo (que como era tan apacible<span -class="pagenum" id="Page_35">[p. 35]</span> y suave) parecia más que le -traia por gala, que por necesidad. En estando para poderla hablar me -llegué á donde estaba aderezándose el temeroso rostro, y lastimándome -de los muchos cardenales que le alcancé á ver (que en personas muy -blancas, de cualquier accidente se hacen) le dije, con la mayor -blandura que pude, y supe: ¿Qué le parece de su buena ventura? Que -tal lo ha sido, pues en cuantas veces la ha probado, la ha guardado -de que los pensamientos no viniesen á la ejecucion de las obras, para -que su honra (ya que ha estado para despeñarse) quedase salva en un -aprieto tan grande, que arrojándose con tan determinada voluntad, le -ha puesto tantos impedimentos para la caida, y tantas ayudas para -el arrepentimiento. ¿Si cayera en un rio muy hondo, y saliera sin -mojarse la ropa, no lo tuviera á milagro, y cosa nunca vista? ¿Si se -arrojara entre mil espadas desnudas sin salir herida, no le pareceria -obra de la mano de Dios? Pues crea, y tenga por cierto, que ha sido -tanta evidencia de la misericordia divina, usada con vuesa merced con -su marido, pues de su misma voluntad ha librado: que la más poderosa -fuerza que hay con nosotros es la voluntad propia, ella nos rinde, -y hace al entendimiento tan esclavo que no le deja libertad para -conocer la razon, ó á lo menos para volver por ella; pues la voluntad -depravada rindió un pecho tan libre: ella misma con el arrepentimiento -y la razon le han de volver á su libertad. El arrepentirse, y volver -sobre sí, es de ánimos valerosos: el escarmiento nos hace recatados, -como la determinacion arrojadizos. Cuando la voluntad nos arroja con -atrevimiento, el mal suceso lo remedia con temor: mejor es arrepentirse -temprano, que llorar tarde. Un mal principio arrojado, mejora el medio, -y asegura el fin: más vale, considerando este mal suceso, detenerse, -que perseverando, esperar que<span class="pagenum" id="Page_36">[p. -36]</span> se mejore. ¡Dichoso aquel á quien le viene el escarmiento -antes que el daño! Los malos intentos al principio errados, engendran -recato para los venideros: quien no yerra no tiene de qué enmendarse, -mas quien yerra tiene en qué mejorarse: que Dios juzgó por mejor que -hubiese males, porque les siguiesen los arrepentimientos, que tener el -mundo sin ellos; que más grandeza suya es sacar de los males bienes, -que conservar el mundo sin males. ¡Ojalá cuantos males se cometen, -tuviesen tan ruines principios como este! que los males serian menores -por el escarmiento. Vuesa merced vuelva en sí, estimando su hermosura, -igualmente con su honra, que este daño tengo yo atajado, y le atajaré -más. Á todas estas cosas que yo le decia, estuvo destilando unas -lágrimas tan honestas y vergonzosas por las rosadas megillas, que -enternecieran al más tirano ejecutor del mundo. Mas alzando el temeroso -rostro, despues de haberse enjugado con un lienzo la humedad que lo -habia bañado, con voz un poco baja, me dijo lo siguiente: Quisiera que -fuera posible sacarme el corazon, y ponerle en vuestras manos para que -se viera el efecto que ha hecho en él vuestra justa reprehension, y -fuera para mí algun descuento de mis desdichas, si me creyérades como -os he creido, no sólo para admitir el consejo, sino para obedecerlo, -y ponerlo en ejecucion: que quien oye de buena gana, enmendaráse si -quiere.</p> - -<p>No digo que totalmente estoy fuera del caso, que como estos -accidentes tienen su asiento en el alma, no pueden desampararla tan -presto; pero como el amor y desamor nunca paran en el medio, porque en -el modo de engañarse van por una misma senda, así yo voy pasando de -un extremo á otro; porque despues que me ví acardenalada, y lastimado -el rostro por quien tanta honra me hace todo el mundo, se me<span -class="pagenum" id="Page_37">[p. 37]</span> ha revestido un ódio -mortal contra quien ha sido la causa de ello. Fuera de lo que esta -noche, en lo poco que mis ojos descansaron, soñé que estando cogiendo -una hermosa y olorosa manzana del mismo árbol, al tiempo que con los -dedos la apreté, salió de ella mucho humo, y una culebra tan grande, -que me dió dos vueltas al cuerpo por la parte del corazon, y me -apretaba tanto, que pensé morir: y como ninguno de los circunstantes -se atreviese á quitármela, un hombre anciano llegó y la mató con sola -su saliva, echada en la cabeza de la culebra, y que al punto cayó -muerta dejándome libre, y despierta del sueño. Y haciendo reflexion -sobre él, á pocas vueltas le dí alcance, de modo, que con los malos -principios, y la buena consideracion vine á cobrar mi honra y vida, y á -tener mi corazon en el estremo de ódio, que tenia de amor por vuestros -buenos y saludables consejos. Por donde, si hasta aquí habeis sido mi -escudero, de aquí adelante seais mi padre y consejero: y si alguna -cosa habeis visto en mí, que sea en vuestros ojos agradable, por ella -os pido y ruego que no me dejeis ni desampareis en esta ocasion, ni -en todo el restante que os queda de vida, que el amor que yo tengo -á vuestra persona, es tan grande como el cuidado que vos habeis -tenido con mi honra: el desengaño me ha cogido antes que el gusto me -asalariase; aunque la voluntad se dobló, la honra quedó en pié. Si -el consentimiento fuera obra, yo confesára mi flaqueza por infamia: -quien tiene aliento para asirse tropezando, tambien lo tendrá para -levantarse cayendo: quien se arrepiente cerca está de la enmienda: -ni me desanimo por tierna ni me acobardo por derribada. Si está en -mí quien pudo derribarme, ¿por qué no lo estará para levantarme? Sin -consejo me rendí, pero con él tengo de librarme. Si me dejé llevar sin -persuasion agena,<span class="pagenum" id="Page_38">[p. 38]</span> -¿por qué no volveré en mí por la vuestra? Para caer fuí sola, y para -levantarme somos vos y yo: más agradece el enfermo la medicina que le -cura, que no el consejo que le preserva. ¿No admití primero vuestro -saludable consejo, y ahora me rindo al cautiverio de vuestra medicina? -Al enfermo que no se ayuda, no le aprovechan los remedios: mas al que -se esfuerza y vuelve en sí, todo le ayuda y alienta. La caridad ha -de comenzar de sí propia. Si yo no me quiero á mí bien, ¿qué importa -que me quiera quien no está en mí? Si yo aborrezco la salud, en vano -trabaja quien me la procura. Mas si yo deseo convalecer, la mitad del -camino tengo andado. Quien obedece al consejo, acertar desea: y quien -no replica á la reprehension, no está lejos de convertirse. Cuando -la culebra despide el pellejo, renovarle quiere: no hay más cierta -señal para venir el fruto, que caerse la flor; ni mayores muestras -de arrepentimiento, que aborrecer el daño, y conocer el desengaño. -Yo lo conozco, padre de mi alma, y estoy con deseo de levantarme, y -determinacion de no tornar á caer: ayudadme con vuestro consejo y -consuelo, para que vuelva en mí, cobre lo perdido, y remedie lo pasado, -me anime en lo presente, y arme para lo venidero. Más iba á decir la -hermosa escarmentada, sino que por llamar el marido á la puerta fué -necesario dejar la más que apacible disculpa, ó enmienda. Entró el -Doctor, y ella se fingió de la enojada, cubriéndose el lastimado, -aunque bello rostro, haciendo algunos melindres fingidos, para que -la desenojase, que amándola tan tiernamente, fácil era el hacerlo. -Vióle el rostro, y sintiólo mucho más que ella, y despues de haberse -blandamente disculpado, le dijo: Amiga, sacaos un poco de sangre. ¿Para -qué, dije yo, se ha de sangrar? Respondió el Doctor: Por la caida. -¿Pues cayó, pregunté yo, de la<span class="pagenum" id="Page_39">[p. -39]</span> torre de San Salvador, para que se saque la sangre? -Sabeis poco, dijo el Doctor, que de aquella contusion del lapso, que -habiéndose removido las partes hipocóndricas y renes, podria sobrevenir -un <i>profluvium sanguinis</i> irreparable, y del livor del rostro quedar -una cicatriz perpétua. Y luego, dije yo, vendrá el arturo meridional -á circunferencia metafísica del vegetativo corporal, y evacuarse la -sangre del hepate. ¿Qué decís, dijo el Doctor, que no os entiendo? ¿No -me entiende? dije yo; pues menos entiende su mujer á vuesa mercé, que -para decir que del golpe de la caida puede venir algun flujo de sangre, -y quedar señal en el rostro, se han de decir tantas pedanterías, -contusion, lapso, hipocóndrios, profluvio, cicatriz, livor. Póngase -un poco de bálsamo ó ungüento blanco, ó zumo de hojas de rábano, y -ríase de lo demás. Y aun creo que es lo mejor, dijo ella riendo, mas -es lo peor que se me ha quitado la gana del comer. Poneos, dijo el -Doctor, unos absintios en la boca del ventrículo, y echaos un clistel; -que con esto y una fricacion en las partes inferiores, junto con la -exoneracion del ventrículo cesará todo eso. Otra vez dije yo: ¿Que no -se podria acabar con los médicos mozos que hablen en un lenguaje que no -los entiendan? Pues qué, ¿quereis vos, dijo el Doctor, que hablen los -hombres doctos como los ignorantes? Cuanto á la substancia, dije yo, -no por cierto; pero cuanto al lenguaje, ¿por qué no hablarán como los -entiendan? Al conde de Lemos, Don Pedro de Castro, el de las grandes -fuerzas, yendo á visitar su estado á Galicia, como era tan grande y -grueso, y muy bebedor de agua, del cansancio del camino le dió una -enfermedad que los médicos llaman hemorrois: y como no iba preparado -de médico, díjole Diego de Osma: Aquí hay uno que desea tomar el pulso -á V. S. dias há. Pues llamadle,<span class="pagenum" id="Page_40">[p. -40]</span> dijo el Conde; llamáronle, y el buen hombre que supo la -enfermedad fué muy reparado de retórica medicinal, pareciéndole que -por allí entraria en la voluntad del Conde; y vistiéndose una ropa muy -raida entre azul y negra, y una sortija que parecia remate de asador, -entró por la sala donde estaba el Conde diciendo: Beso las manos á S. -S., y el Conde: Vengais en hora buena, Doctor. Prosiguió el Médico: -Dícenme que su señoría está malo del orificio. El Conde, que tenia -estremado gusto de bueno, conocióle luego, y preguntóle: Doctor, ¿qué -quiere decir orificio, platero de oro, ó qué? Señor, dijo el Doctor; -orificio, es aquella parte por donde se inundan, exoneran y espelen las -inmundicias interiores que restan de la decoccion del mantenimiento. -Declaraos más, Doctor, que no os entiendo, dijo el Conde: y el Médico: -Señor, orificio se dice de <i>os</i>, <i>oris</i>, y <i>facio facis</i>, <i>quasi os -faciens</i>; porque como tenemos una boca general por donde entra el -mantenimiento, tenemos otra por donde sale el resíduo. El Conde, -aunque enfermo, pereciendo de risa, le dijo: Pues este de este modo -se llama en castellano (nombrándolo por su nombre): andad, que no -sois buen médico, que lo echais todo en retórica vana. De manera, que -por donde pensó acreditarse con el Conde, se echó á perder: él se -fué corrido, y el Conde quedó de manera riendo que hacia temblar la -cama, y aun la sala: yo creo cierto que es alivio para los enfermos -que el médico hable en lenguaje que le entiendan, para no poner en -cuidado al paciente. Tienen, fuera de esto, obligacion de ser dulces -y afables, de semblante alegre, y de palabras amorosas: es bien que -les digan algunos donaires y cuentecillos breves, con que los alegren: -sean corteses, limpios y olorosos: acaricien tanto al enfermo, que -parezca que sola aquella visita es la que le <span class="pagenum" -id="Page_41">[p. 41]</span>da cuidado: miren si tiene bien hecha la -cama, con aseo y limpieza, y hagan lo que el Doctor Luis del Valle, que -á todos juntamente con hacerles sacramentar, los alienta con darles -buenas esperanzas de salud; que hay algunos tan ignorantes en la buena -policía y trato, que sin estar una persona enferma, por encarecer su -trabajo y subir su ganancia, dicen al enfermo que está peligroso, para -que lo esté de veras: y es bien, que pues se tienen por ministros -de naturaleza, lo sean en todo. No digo mil descuidos que hay en el -conocimiento de las enfermedades, y en la aplicacion de las medicinas. -Es muy de médicos viejos, dijo mi amo, andar tan de espacio como vos -quereis, y en mirar esas niñerías: ya los neotóricos vamos por otro -camino, que para lo que es curar tenemos el método purgar y sangrar, -con algunos remedios empíricos, de que nos valemos. Y aun por eso, dije -yo, huyo de curarme con médicos mozos; porque un amigo mio, que lo era -en edad y en esperiencia, muy gentil estudiante, habiéndose acreditado -conmigo con ciertos aforismos de Hipócrates, que sabia de memoria, -traidos en buena ocasion, y pronunciados á lo melindroso, me entregué -en sus manos la primera vez que me dió la gota, de las cuales salí con -veinte y dos sudores y unciones, y me las estuviera dando hasta ahora, -si yo propio no me hallara el pulso con intercadencias; y con decir que -habíamos errado la cura (como si yo tambien la hubiera errado) me dejó, -y se apartó de mí confuso y corrido: mas yo, con la recia complexion -que tengo, y con gobernarme bien, en convaleciendo me encontré con él -en la plazuela del Ángel cara á cara, la suya de color de pimiento, y -la mia de gualda, y me hube con él de manera que salió de mi lengua -peor que yo de sus manos. Los grandes médicos que yo he conocido y -conozco, en llegando<span class="pagenum" id="Page_42">[p. 42]</span> -al enfermo procuran con gran cuidado saber el orígen, causa y estado de -la enfermedad, y el humor predominante del paciente, para no curar al -colérico como al flemático, y al sanguino como al melancólico; y aun -si es posible (aunque no hay ciencia de particulares) saber la calidad -oculta del enfermo, y de esta manera se acierta la cura, y se acreditan -los médicos. No he visto en mi vida, dijo el Doctor, escudero tan -licenciado. Pues más tengo de licencioso, dije yo, porque en viendo una -verdad desamparada, me arrojo en su ayuda con la vida y el alma. ¿Qué -sabeis vos de intercadencias? dijo el Doctor; ¿qué señales teneis de -gota, pues os habeis escapado de lo uno, y no padeceis de lo otro? Las -intercadencias, respondí yo, otras veces las he tenido, que me he visto -con enfermedades apretadas; pero no me he desanimado, antes á un médico -mozo, y muy galan, que me curó en Málaga, le animé, porque se turbó -hallándomelas en el pulso (que en esto yo fuí médico y él paciente); y -aunque me digan que es calidad propia de mi pulso, ellas tienen todas -las partes de intercadencias. Y habiéndome escapado de esta ardentísima -fiebre, de que me curé con un cántaro de agua fria que me eché á los -pechos, me quedaron unas grandísimas ventosidades, para lo cual me dió -un remedio tudesco, que si yo le guardara hicieran tanta burla de mí -los muchachos como yo hice de él; porque á un hombre colérico, y nacido -en region cálida, le mandó que en toda su vida no bebiese gota de agua, -y de la gota me preservó con un consejo de Ciceron, que dice, que la -verdadera salud consiste en usar de los mantenimientos que aprovechan, -y huir de los que nos dañan: no uso de mantenimientos húmedos, no -bebo entre comida y comida, no ceno, bebo agua y no vino, hago todas -las mañanas una fricacion antes de levantarme<span class="pagenum" -id="Page_43">[p. 43]</span> de la cama con grande vehemencia desde la -cabeza, discurriendo por todos los miembros hasta los pies, y cuando -me siento cargado hago un vómito; con esto, y la templanza en otras -cosas, me preservo de la gota. Perdóneme V. S. I. si le canso con -estas niñerías que me pasaron con este médico, que las digo porque -quizá encontrará con ellas alguno á quien aprovechen. Díjome el Doctor -entonces: Por vuestra vida que me digais ¿si habeis estudiado, y á -dónde, que procedeis con tan buena gracia en todo, que me habeis -aficionado de manera, que si fuera un gran príncipe no os apartára de -mi lado un punto? Lo mismo, dijo ella, os ruego yo, padre de mi vida, y -así os la dé Dios muy larga, que nos deis cuenta de vuestra vida, que -vos procedeis de modo que será grandísimo entretenimiento al Doctor -por el entendimiento, y á mí por la voluntad. Contar desdichas, dije -yo, no es bueno para muchas veces: acordarse de infelicidades el que -está caido puede traerlo á desesperacion. Una diferencia hay entre la -prosperidad y la adversidad, que la memoria de las desdichas en la -adversidad entristece más; pero en la prosperidad aumenta el gusto. No -se le ha de pedir al que todavía está en miserias, que cuente las que -ha pasado; porque es renovarle la llaga que ya se iba cerrando, con -traerle á la memoria lo que desea olvidar. El que se ha escapado de la -tormenta no se contenta con solo verse fuera de ella, sino con besar la -tierra; pero el que está todavía padeciendo el naufragio solamente se -acuerda de lo presente, que solicita el remedio; porque aunque yo tengo -condicion de pobre, tengo ánimo de rico, y si no me desanimo por caido, -no tengo de qué animarme por levantado; y no son mis trabajos para -contados muchas veces.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c043.jpg" - alt="Ilustración de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_5"> - <p><span class="pagenum" id="Page_44">[p. 44]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c044.jpg" - alt="Ilustración" /> - </div> - <h3 class="ader mt-2">DESCANSO V.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">M</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Mas</span> como la privacion puede -tanto con las mujeres, por el mismo caso que yo rehusaba, mi ama -procuraba más que lo dijese, que como tenia pecho noble, y le parecia -que la tenia obligada en alguna manera, sacaba fuerzas de flaqueza, y -buscaba modos cómo darme á entender que estaba de mí agradecidísima. -Que esta diferencia hace un pecho liso y sencillo, á uno de mala -raza y cosecha, que el bueno aun el bien imaginado agradece, mas el -bronco y desabrido, no solamente no agradece, pero busca modos cómo -desagradecer el bien recibido: pero cuanto más mi ama se esforzaba -por dar á entender su agradecimiento, tanto más me ofendia yo en que -pensase en que habia hecho algo en servirla, que el saber flaquezas -ajenas, que ó todos las cometemos, ó estamos naturalmente dispuestos á -ello, no ha de ser parte para estimar en menos á aquellos de quien las -sabemos: saber el secreto ajeno ó es acaso, ó por confianza que hacen -de nosotros: si es acaso, la misma naturaleza nos enseña que puede -suceder lo mismo por nosotros; y si es por confianza, ya entra<span -class="pagenum" id="Page_45">[p. 45]</span> en guardarle la reputacion -del que lo sabe. Encubrir faltas ajenas es de ángeles, y descubrirlas -es de perros que ladran cuando más dañan. Querer saber secretos ajenos, -nace de pechos sin merecimientos, que lo que no pueden merecer por sí, -quieren merecerlo á costa ajena: quien quiere saber faltas ajenas, -quiere estar mal con todo el mundo, y que se publiquen las suyas. -¡Dichosos aquellos á cuya noticia no han llegado las faltas ajenas, -que ni ofenderán, ni serán ofendidos! Hay algunos ánimos tan fuera del -órden natural, que les parece que han alcanzado una gran joya, cuando -saben alguna falta de su prógimo: pues no se persuada á entender quien -tiene tan abominable costumbre, que no hay contratretas para semejantes -desafueros, que todos traen el castigo por sombra; y no hay mala -intencion que no tenga su semejante, ó peor. Un fraile, aunque no muy -docto, bien intencionado, preguntando en un escrutinio si sabia faltas, -ó descuido de sus compañeros, respondió que nó, porque si las habia -oido, ó no habia reparado en ellas, ó las habia dejado olvidar, y si -venian por relacion, no las habia oido, ó no las habia creido. Y otro, -habiendo desacreditado á todos los compañeros, por acreditarse á sí en -el escrutinio, salió más culpado que todos. Este almacen de palabras -he traido, para decir el recelo que mi ama debia tener, pareciéndole -que podia revelar su secreto, ó que á lo menos lo queria tener, como -dicen, el pié sobre el pescuezo, y así, prosiguiendo en su intento, -dijo, que por buen término y trato, quisiera perpetuarme en su casa, -para tenerme en lugar de padre, queriéndome casar con una parienta -suya, doncella, y de muy buena gracia, y de poca edad; y declarándose -con su marido y conmigo, encareciendo la bondad y virtud de la moza, y -cuán bien me estaria para el regalo de mi vejez casarme con ella,<span -class="pagenum" id="Page_46">[p. 46]</span> yo le dije: Señora, no haré -eso por todas las cosas del mundo, porque quien se casa viejo, presto -da el pellejo: y riéndose ella, proseguí diciendo, que en Italia traen -un refrancete á este modo, que el que casa viejo tiene el mal del -cabrito, ó que se muere presto, ó viene á ser cabron. ¡Jesus! dijo mi -ama, ¿pues eso ha de imaginar un hombre tan honrado como vos? Señora, -dije yo, lo que veo, y he visto siempre es, que al viejo que se casa -con moza, todos los miembros del cuerpo se le van consumiendo, sino -es la frente, que le crece más. Las mozas son alegres de corazon, y -regocijadas en compañía, andan siempre jugando y saltando como ciervas, -y los maridos como ciervos, siendo viejos. No es tan perseguida la -liebre de los galgos, como la mujer del viejo de los paseantes: no -hay mozo en todo el lugar que no sea su pariente, ni vieja rezadera -que no sea su conocida: en todas las iglesias tiene devociones, ó por -huir del marido, ó por visitar las comadres: si es pobre el marido, -se anda quejando de él: si es rico, á pocas vueltas le deja como el -invierno á la cornicabra, con solo el fruto en la frente. He rehusado -en mi mocedad tomar esa carga sobre mis hombros, ¿y la habia de tomar -ahora sobre mi cabeza? Dios me guarde mi juicio, bien me estoy solo; -ya me sé gobernar con la soledad, no quiero entrar en nuevos cuidados, -afuera consejos vanos. Á todo esto el doctor estaba pereciendo de -risa, y su mujer pensando en la réplica que habia de hacer; y así -con muy gran donaire y desenvoltura, dijo á su marido, y á mí: Cada -dia vemos cosas nuevas, bien es vivir para experimentar condiciones: -el primer viejo sois que he visto y oido decir, que haya rehusado -casamiento de niña; todos apetecen la compañía de sangre nueva, para -conservacion de la suya: los árboles viejos, con un enjerto nuevo los -remozan: á las plantas, porque no se hielen, les<span class="pagenum" -id="Page_47">[p. 47]</span> ponen abrigo: la palma, si no tiene junto -á sí su compañera, no lleva fruta: la soledad ¿qué bien puede traer -sino melancolía, y aun desesperacion? Todos los animales racionales -y brutos apetecen la compañía. No seais como aquel bestial filósofo, -que habiéndole preguntado cuál era buena edad para casarse, respondió, -que cuando era mozo, era temprano, y cuando viejo, tarde. Mirad, que -fuera de ser para mí grande gusto, para vuestra comodidad es bien -vivir con abrigo. Yo confieso, le dije, que tan elegantes razones, -dichas con tanta gracia y estilo, persuadirán á cualquiera que no -estuviera con tanta experiencia de las cosas del mundo, y tan hecho á -la soledad como yo; pero verdades tan apuradas, no admiten persuasiones -retóricas, porque casarse un viejo con una muchacha, si ella es como -debe ser, es dejar hijos huérfanos y pobres, y en pocos años venir á -ser entrambos de una misma edad, porque naturaleza va siempre tras su -conservacion, y el viejo conserva la suya, consumiendo la juventud de -la pobre muchacha; y si no es de esta suerte, tiene puestos los ojos -en lo que ha de heredar, y la voluntad é intencion en el marido que -ha de escoger. Mas, ¿qué tal pareciera yo con mis blancas canas junto -á una niña rubia y blanca, bien puesta y hermosa, que cuando alzara -los ojos á mirarme el copete lo viera más liso que el carcañal, las -entradas como el colodrillo de la ocasion, la barba más crespa y cana -que la del Cid? Eso no os dé pena, dijo ella, que Juan de Vergara tiene -una tinta tan negra y fina, que á cuantos hombres y mujeres entran en -su casa con canas los pone de manera que á la salida no los conocen. -Ni aun ellos propios se conocen á sí mismos, dije yo, con un engaño -como ese, y creo cierto, que nace esta flaqueza de no conocer nuestra -hechura, porque disfrazar y entretener las canas, no sé de qué sirve, -sino de una ocupacion de zurra<span class="pagenum" id="Page_48">[p. -48]</span>dores, que no rehusan traer las manos como ébano de Portugal. -Y realmente los que lo hacen tienen tanta ventura que á nadie engañan -sino á sí solos, porque todos lo saben; de modo, que les añaden muchos -más años de los que tienen; y ellos no se desengañan, hasta que por -alguna enfermedad dejan de teñirse, y se hallan cuando se miran la -barba, como Urraca ahorcada. Pues si la tinta no acierta á ser del -color de la barba, que es muy ordinario, en dándoles el sol, hace visos -como el arco del cielo. Si con el teñir se reparara la flaqueza de la -vista, se supliera la falta de los dientes, se cobrara la fuerza de -piernas y brazos, ó se entretuvieran los años para engañar la muerte, -todos lo hiciéramos; pero hace la muerte con los teñidos, como la zorra -con el asno de Cumas, que se vistió una piel de leon para espantar -á los animales y pacer con seguridad: mas la zorra, viéndole andar -tan despacio, miróle las patas, y dijo: asno sois vos. Así la muerte -mira los teñidos, y les dice: viejo sois vos. Tíñase quien quisiere, -que yo tengo por mejor lo claro que lo obscuro, el dia que la noche, -lo blanco que lo negro. Más quiero parecer paloma que no cuervo, más -hermoso es el marfil que el ébano. Si como las barbas que pasan de -negras á blancas, pasaran de blancas á negras, ¿cuánto mas odiosas -fueran por el color tapetado? En fin, la plata es más alegre que el -ébano: ¿no bastaba casado, sino tiznado? Andad, dijo mi ama, que con -eso se disimulan algunos años, y sin eso no se pueden negar. Aunque -los hombres de bien, dije yo, jamás han de mentir, en todas las cosas -del mundo puede aprovechar una mentira, si no es en los años y en el -juego; porque ni los años pueden ser menos por negarlos, ni la ganancia -se ha de quitar por confesarla. Pero volviendo á nuestro propósito, -que el matrimonio es cosa santísima no se puede negar, ni yo lo niego, -que el no<span class="pagenum" id="Page_49">[p. 49]</span> apetecerlo -yo nace de la incapacidad mia, y no de la excelencia suya; apetézcalo -quien está en edad y disposicion para ello con la igualdad que la misma -naturaleza pide, que ni sean ambos niños ni ambos viejos, ni él viejo -y ella niña, ni ella vieja ni él niño. Sobre lo cual hay diversas -opiniones entre filósofos, y la más cierta es que el varon sea mayor -que la mujer diez ó doce años; pero que tenga yo cincuenta años, y mi -señora mujer quince ó diez y seis, es como querer que un contrabajo -y un tiple canten una misma voz, que por fuerza han de ir apartados -ocho puntos el uno del otro. ¿Pues nunca habeis sido enamorado? dijo -mi ama. Y tanto, dije yo, que he compuesto coplas y tenido pendencias, -que la mocedad está llena de mil inconsideraciones y disparates. No lo -serán, dijo ella, que los hombres de buen discurso sazonan las cosas -diferentemente, que los demás. Reniego, dije yo, de ejercicio que ha -de traer á un hombre hecho lechuza, guardando cimenterios, sufriendo -frios y serenos, incomodidades y peligros tan ordinarios como suceden -de noche, y aun cosas dignas de callar. El que anda de noche ve los -daños ajenos, y no conoce los suyos, consume presto la mocedad, y se -desacredita para la vejez: vénse de noche cosas que se juzgan por -malas, no siéndolo; ¡qué de temores y espantos cuentan los que pasean -de noche, que vistos de dia nos provocarian á risa! Acuérdome, que -teniendo cierto requiebro al barrio de San Ginés, con otro juicio -tal como el mio era entonces, mártes de carnestolendas por la tarde -me envió á decir la señora que le llevase algo bueno para despedirse -de la carne, que en estos dias hay libertad para pedirlo, y aun para -negarlo; pero por usar de fineza, por ser la primera cosa que hacia -en su servicio, vendí ciertas cosillas, que me hicieron harta falta, -y en acabándose la grita de jeringas y na<span class="pagenum" -id="Page_50">[p. 50]</span>ranjazos, y el martirio perruno, causado -de las mazas (de quien sin saber por qué, huyen hasta reventar) dí -conmigo en un tabernáculo de la gula, donde henchí un paño de manos -de una empanada, un par de perdices, un conejo y frutillas de sarten, -y atándolo muy bien, caminé á darlo por una ventana á más de las once -de la noche; y como el dia siguiente, por ser miércoles de ceniza, era -dia de mucha recoleccion, aunque todo el pasado habia sido alegría para -los muchachos y trabajos para los perros, habia silencio general; de -suerte, que aunque yo iba bien cargado, no me podia ver nadie: llegando -á la plazuela de San Ginés sentí que venia la ronda, y retiréme debajo -de aquel cobertizo, donde suele haber una tumba para los aniversarios -y exequias, y antes que pudiesen llegar á mí los de la ronda, metí el -paño de manos, atado como estaba, por un agujero grande que tenia la -tumba por la parte de abajo, y sacando un rosario, que siempre traigo -conmigo, comencé á fingir que rezaba. Llegó la ronda y pensando que -fuese algun retraido asieron de mí, preguntando qué hacia allí. Llegó -el alcalde, y visto el rosario y poca turbacion, que importa mucho en -cualquier ocasion no perturbarse el ánimo, dijo que me dejasen, y me -recogiese: hice que me iba, y trasponiendo la ronda torné por mi paño -de manos y cena á la negra tumba, donde lo habia dejado, y aunque con -un poco de temor por la hora y la soledad, alargué la mano y brazo todo -lo que pude alcanzar, y no topé con el paño ni con lo que estaba en -él: de lo cual quedé temblando y helado; y es de creer que me causaria -horrible miedo una cosa tan espantosa en un cimenterio, debajo de -una tumba, á más de las once de la noche, y con tan gran silencio, -que parecia se habia acabado el mundo; pues junto con esto, sentí -dentro en la tumba tan gran ruido de hierro,<span class="pagenum" -id="Page_51">[p. 51]</span> que se me representaron mil cadenas, y -otras tantas ánimas, padeciendo su purgatorio en aquel mismo lugar. -Fué tanta mi turbacion y desatiento, que se me olvidó el amor y la -cena, y quisiera hallarme mil leguas de allí; pero lo mejor que pude, -ó lo menos mal que acerté, volví las espaldas, y fuíme poco á poco, -arrimándome á la pared, pareciéndome que iba tras mí un ejército de -difuntos; pues yendo con esta turbacion me sentí por detrás tirar de la -capa, desanimándome de manera que dí un golpazo con mi persona en el -suelo, y con los hocicos en la guarnicion de la espada; volví á mirar -si era algun cadáver descarnado, y no ví otra cosa sino mi capa asida -al calvario que está en aquella pared; con esto respiré un poco, y fuí -cobrando aliento, y descansando el temor del clavo y de la capa; pero -no el de la tumba.</p> - -<p>Sentéme, y miré alrededor á ver si habia cosa que pudiese acompañar, -y descansé, porque estaba tan cansado que lo hube menester, que no lo -estuviera más si hubiera andado cien leguas por los altos y bajos de -Sierra-Morena. Hice reflexion sobre lo pasado, considerando qué cuenta -daria yo de mí el dia siguiente, contando lo que habia sucedido, sin -haber visto cosa que fuese de momento; porque decir un terror tan -horrible sin haber averiguado el fundamento, era desacreditarme y -quedar en fama de cobarde ó mentiroso: dejar de contarlo era quedar -en opinion de miserable con la señora Daifa, habiendo gastado lo que -no tenia sin decir el fin que tuvo. Por otra parte veia que si fuera -algun difunto no tenia necesidad de mi pobre cena, pues hombre no podia -estar tan abreviado que no topara con él cuando extendí el brazo. -Al fin hice mi cuenta de esta manera: Si es demonio, mostrándole la -señal de la cruz huirá; si es ánima, sabré si pide algunos sufragios; -y si es hombre, tan buenas<span class="pagenum" id="Page_52">[p. -52]</span> manos y espada tengo como él, y con esta resolucion fuíme -animosamente á la tumba, desenvainé la espada y rodeando la capa al -brazo, dije con muy gentil determinacion: yo te conjuro, y mando de -parte del cura de esta iglesia, que si eres cosa mala te salgas de -este lugar sagrado, y si eres ánima que andas en pena, que me reveles -qué quieres, ó qué has menester (y el ruido del hierro con mi conjuro -andaba más agudo): una y dos, y tres veces te lo digo y torno á decir; -pero cuanto más le decia, tantos más golpes de hierro sonaban en la -tumba que me hacian temblar. Visto que mi conjuro no era válido, y -que si dejaba enfriar la determinacion que tenia, tornaria el temor á -desanimarme, púseme la espada entre los dientes, y con ambas manos así -de la tumba por el agujero de abajo, y en alzándola salió corriendo por -entre mis piernas un perrazo negro, con un cencerro atado á la cola, -que huyendo de los muchachos se habia recogido á descansar á sagrado; -y como despues de haber reposado olió la comida, retiróla para sí, y -sacó el vientre de mal año; pero con el grande y no pensado ruido que -hizo saliendo, fué tanto mi espanto, que como él fué huyendo por una -parte, yo fuera por otra, sino por un espinillazo que al salir me dió -con el cencerro, de que no me pude menear tan presto; pero fué tanta -la pasion de risa que despues de quitado el dolor me dió, que siempre -que me acuerdo de ello, aunque sea á solas y por la calle, no puedo -dejar de dar alguna demostracion de ello. Fué menester que el Doctor -y su mujer acabasen de reir, para proseguir el intento para que truje -el cuento; y habiéndolo solemnizado, les dije: No se podrá creer lo -que yo me holgué de averiguar aquella duda que en tanta confusion me -habia de poner, para contar lo que habia visto, por donde pusiera mal -nombre á aquel lugar, como lo han hecho otros muchos, que por no<span -class="pagenum" id="Page_53">[p. 53]</span> averiguar los temores ó -las causas de ellos, desacreditan mil lugares, y quedan desacreditados -por temerosos y espantables sin haber causa para ello, más de haber -visto alguna extraordinaria cosa, y sin averiguarla van á contar mil -deslumbramientos y disparates. Uno dijo, que habia visto un caballo -lleno de cadenas y descabezado, y era una bestia que venia del prado á -su casa, con las trabas de hierro.</p> - -<p>Son infinitos los disparates que en esto se dicen; de manera, que -no hay poblacion, donde no haya un lugar desacreditado por temeroso, -y ninguno, si no es burlando ó haciendo donaire, dice la verdad. En -Ronda hay un paso temeroso despues que se subió de noche una mona en -un tejado, que con la maza y cadena atoró, ó encalló en una canal, y -desde allí echaba tejas á cuantos pasaban, y todo es de esta manera. -Solas dos cosas hallo yo que pueden hacer mal de noche, que son los -hombres y los serenos, que los unos pueden quitar la vida y los otros -la vista.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c053.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_6"> - <p><span class="pagenum" id="Page_54">[p. 54]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c054.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO VI.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">A</p> -</div> - -<p class="icap2"><span class="smcap">Al</span> tiempo que me iba -hallando mejor con el Doctor Sagredo, y mi señora Doña Mergelina de -Aybar, por el amor que me tenian, como mi suerte ha sido siempre -variable, hecha y acostumbrada á mudanzas de fortuna, y ejercitada -en ellas toda mi vida, vinieron á llamar de un pueblo de Castilla la -Vieja al doctor Sagredo con un gran salario, el cual no pudo rehusar -por haberlo menester, y para ejercitar lo que habia estudiado, que -ni la grandeza del ingenio, ni el contínuo estudio hacen á un hombre -docto, si le falta experiencia, que es la que sazona los documentos de -las escuelas, sosiega las bachillerías que hacen al ingenio confiado -por las filoterias de la dialéctica, que realmente no podemos decir -que tenemos entero conocimiento de la ciencia hasta que conocemos -los efectos de las causas que enseña la experiencia, que con ella se -comienza á saber la verdad. Más sabe un experimentado sin letras, que -un letrado sin experiencia, la cual faltaba al Doctor Sagredo, y así -le estuvo bien aceptar aquel partido por esto, y por repararse de las -cosas<span class="pagenum" id="Page_55">[p. 55]</span> necesarias para -la conservacion de la vida humana. Aceptado el partido, pidiéronme con -toda la fuerza posible que me fuese con ellos, lo cual yo hiciera, -si no fuera que no me atreví á los frios de Castilla la Vieja, que -estando un hombre en los postreros tercios de la vida, no se ha de -atrever á hacer lo que hace en la mocedad. El frio es enemigo de la -naturaleza, y aunque uno muera de ardentísimas fiebres, al fin queda -frio. Las acciones del viejo son tardas por la falta de calor; como -la mocedad es cálida y húmeda, la vejez es fria y seca; por falta de -calor viene la vejez, y por esto han de huir los viejos de regiones -frias, como yo lo hice, que me quedé desacomodado por no ir á donde -me acabase el frio en breve tiempo. Fuéronse, y quedéme solo y sin -arrimo que me pudiese valer; que los que dejan pasar los verdes años -sin acordarse de la vejez, han de sufrir estos y otros mayores daños -y trabajos. Nadie se prometa esperanzas de vida, ni piense que sin -diligencia puede asegurarla, que hay tan poco de la mocedad á la -vejez, como de la vejez á la muerte; no puede creerlo sino quien ha -entregado sus años á la dilacion de las esperanzas. Cada dia que se -pasa en ociosidad, es uno menos en la vida, y muchos en la costumbre -que se va haciendo. Siendo estudiante en Salamanca el Licenciado Alonso -Rodriguez Navarro, varon de singular prudencia é ingenio, le hallé una -noche durmiendo sobre un libro, y diciéndole que mirase lo que hacia, -que se quemaba las pestañas, respondió, que apelaria para el tiempo -que le diese otras; pero que si perdia el tiempo, no tenia para quien -apelar sino para el arrepentimiento. Al mismo, preguntándole por qué -camino habia venido á ser tan bien quisto en su ciudad, que es Murcia, -respondió, que haciendo placer, y disimulando desagradecimientos, -pero que nunca llegaron á engendrar en su pecho<span class="pagenum" -id="Page_56">[p. 56]</span> arrepentimientos de haber hecho el -bien: que los hombres de bien no han de hacer cosas de que se deban -arrepentir; y si el arrepentimiento viene tarde, y es bien recibido, -aprovecha para el reparo de la vida, que como el arrepentimiento sigue -á los daños sucedidos por propia culpa, viene acompañado con asomos de -virtud, nacida del escarmiento y ayudado de la prudencia. Mas no hay -arrepentimiento que venga tarde como sea bien recibido.</p> - -<p>Cuatro efectos suelen resultar del tiempo mal gastado y peor -pasado; dejamiento de sí propio, desesperacion de cobrar lo perdido, -confusion vergonzosa, y arrepentimiento voluntario; estos dos postreros -arguyen buen ánimo, y estar cercanos á la enmienda; pero entiéndese, -que como el yerro fué con tiempo, el arrepentimiento no ha de ser -sin tiempo: que si el mucho tiempo se pasó presto, el poco se pasará -volando, y llegará tarde el arrepentimiento, como el tiempo que se -pasa al descuido con gusto no se cuenta por horas, como el que se pasa -trabajando, no se echa de ver hasta que es pasado. Yo quedé solo y -pobre, y para reparo de mis necesidades, me topó mi suerte con cierto -hidalgo que se habia retirado á vivir á una aldea, y habia venido -á buscar un maestro ó ayo para dos niños que tenia de poca edad, y -preguntándome si queria criárselos, le respondí, que criar niños era -oficio de amas, y no de escuderos; rióse, y dijo: Buen gusto teneis, -á fé de caballero que habeis de ir conmigo: ¿no os hallareis bien -en mi casa? Yo respondí: Ahora sí, pero despues no sé. ¿Por qué? -preguntó el hidalgo. Porque hasta tomar el tiento á las cosas, dije -yo, no se puede responder afirmativamente; y no se ha de preguntar á -los criados si quieren servir, sino, si saben servir, que el querer -servir arguye necesidad, y saber servir, habilidad y experiencia en -el ministe<span class="pagenum" id="Page_57">[p. 57]</span>rio que -los quieren; y de aquí nace, que muchos criados, á pocos dias de -servicio, ó se despiden, ó los despiden, porque entraron á servir por -necesidad, y no por habilidad, como tambien en algunos estudiantes -perdidos, que en viéndose rematados, entran en religion tan llenos de -necedad como de necesidad, y á pocos lances, ó desamparan el hábito, ó -el hábito los desampara. Primero se ha de inquirir y escudriñar si es -bueno y suficiente el criado para el cargo que le quieren dar, que no -si tienen voluntad de servir: porque de tener criados ociosos, y que -no saben acudir al oficio para que fueron recibidos, fuera del gasto -impertinente, se siguen otros mayores inconvenientes. Aunque cierto -Príncipe de estos reinos, diciéndole un mayordomo suyo que reformase -su casa, porque tenia muchos criados impertinentes, respondió: El -impertinente sois vos, que los valdíos me agradecen y honran; y -esotros, pagándoles, les parece que me hacen mucha merced en servirme, -y el que no obliga con buenas obras, ni es amado, ni ama, y en las -buenas se parece un hombre á Dios. Paréceme, dijo el hidalgo, que quien -sabe eso, sabrá tambien servir en lo que le mandaren, especialmente -que mi hijo el mayor os podrá hacer bien en algun tiempo, que tiene -accion, y espectativa á un mayorazgo de parte de su madre, que ahora -posee su abuela; y del hijo mayor, á quien le viene, no tiene sino dos -nietecillos enfermizos; y muriendo ellos y su padre, queda mi hijo por -heredero. Eso es, dije yo, como el que deseando hartarse de dátiles, -fué á Berbería por una planta de palma y compró un pedazo de tierra en -que la plantó, y está esperando todavía que dé el fruto; así yo tengo -de esperar á tres vidas, estando la mia en los últimos tercios, para la -poca merced que se aguarda de quien aún no tiene esperanza, que como -ella vive entre la<span class="pagenum" id="Page_58">[p. 58]</span> -seguridad y el temor, es necesario que tenga larga vida quien se -sustenta de ella; que no hay cosa que más la vaya consumiendo que una -esperanza muy dilatada; y es de creer, que el que se va á pasar la suya -entre robles y jarales, ni la tiene muy cerca, ni muy cierta, que por -no martirizarme con ellos ni verme en los tragos en que ponen á quien -los sigue, he tenido por mejor y más seguro abrazarme con la pobreza -que abrazarme con la esperanza. Esa, dijo el hidalgo, es la cuenta de -los perdidos, que por no esperar ni sufrir, quieren ser pobres toda la -vida. ¿Y qué mayor pobreza, dije yo, que andar bebiendo los vientos, -echando trazas, acortando la vida y apresurando la muerte, viviendo sin -gusto, con aquella insaciable hambre y perpétua sed de buscar hacienda -y honra? Que la riqueza, ó viene por diligencia buscada, ó por herencia -poseida, ó por antojo de la fortuna prestada: si por diligencia, no -da lugar á otra cosa de virtud; y si por herencia, ordinariamente se -posee acompañada de vicios y envidiada de parientes; si por antojo ó -arrojamiento de la fortuna, hace al hombre olvidarse de lo que antes -era, y de cualquier manera que sea, todos en la muerte se despiden de -mala gana de la hacienda y de las honras que por ella les hacian. Una -diferencia hallo en la muerte del rico y la del pobre, que el rico á -todos los deja quejosos, y el pobre piadosos.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c058.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_7"> - <p><span class="pagenum" id="Page_59">[p. 59]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c059.jpg" - alt="Ilustración" /> - </div> - <h3 class="ader mt-25">DESCANSO<br /> VII.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">P</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Parece,</span> dijo el hidalgo, -que nos habemos apartado de mi principal intento, que es la crianza y -doctrina de mis hijos, en que consiste salir industriados en virtud, -valor, estimacion y cortesía, que son cosas que han de resplandecer en -los hombres nobles y principales. Acerca de la materia de criar los -hijos, hay tantas cosas que advertir, y tantas que observar, que aun -de los propios padres que los engendraron, no se puede muchas veces -confirmar la doctrina que ellos han menester; porque las costumbres -corrompidas ó mal arraigadas en el principio de los padres, destruyen -los sucesores de las casas nobles y ordinarias. Si los antecesores -saben los hijos que fueron cazadores, los hijos quieren serlo; si -fueron valientes, hacen lo mismo; si se dejaron llevar de algun vicio -que los hijos lo sepan, siguen el mismo camino; y para corregir y -enmendar vicios heredados de sus mayores, casi es menester, y aun -necesario, que no conozcan á los padres, que seria lo más acertado -sepultar las memorias de algunos linages, que por ellos se van imitando -lo que oyeron decir de sus mayores, que más valiera que no lo oyeran -para que no lo imitaran. Y de aquí nace que<span class="pagenum" -id="Page_60">[p. 60]</span> suban unos en virtud y merecimientos, no -habiendo á quien imitar en su linage por la educacion valerosa que -se imprimió en los verdes años, y otros bajen al mismo centro de la -flaqueza y miseria humana, degenerando de la virtud heredada, ó por la -imitacion adulterada de los ascendientes, ó por la depravada doctrina, -impresa y sembrada en los tiernos años, que es tan poderosa, que de -una yerba tan humilde como la achicoria, se viene por la crianza á -hacer una hortaliza tan escelente como la escarola, y de un ciprés tan -eminente y alto, por sembrarlo ó plantarlo en una maceta ó tiesto, se -hace un arbolito enano y miserable, por no haberlo ayudado con buena -educacion.</p> - -<p>Si á los animales de su naturaleza bravos, nacidos en incultos -montes y breñas, como son javalíes, lobos y otros semejantes, los crian -y regalan entre gentes, vienen á ser mansos y comunicables; y si á los -domésticos los dejan con libertad irse á los montes y criarse sin ver -gente, vienen á ser tan feroces como las mismas naturales fieras. En -tiempo del potentísimo Rey Felipe III anduvo una loba en los patios -de los Consejos, y jugaban los pajes con ella; y si le hacian mal, se -amparaba con llegarse á las piernas de un hombre. Yo la ví echarse á -los piés de las criaturas, y porque no la tuviesen miedo, se arrojaba -á sus piés. Y en tiempo del prudentísimo Felipe II en Gibraltar, se -fué un lechon al monte, que está sobre la ciudad, y vino á ser tan -fiero dentro de cuatro ó cinco años que anduvo libre en el monte, -que á cuantos perros le echaban para matarle los destripaba: que es -tan poderosa crianza que hace de lo malo bueno, y de lo bueno mejor: -de lo inculto y montaraz, urbano y manso; y por el contrario, de lo -tratable y sujeto, intratable y feroz. Bien sé, dijo el hidalgo, que -es importantísimo el cuidado de criar bien los hijos, porque<span -class="pagenum" id="Page_61">[p. 61]</span> de ahí viene la vida y -honra suya, y la quietud y descanso de sus padres, que como han de -conservar en ellos su mismo sér y especie, al paso que los aman, desean -su proceder y término, y la imitacion de sus progenitores. Sabemos -que dijo aquel Rey de Macedonia, que tenia por tan gran merced del -cielo haber nacido su hijo en tiempo de Aristóteles, para que fuese -su maestro, como tener quien le sucediese en el Reino. De tal suerte, -dije yo, han de ser los maestros ó ayos, que con la aprobacion de su -vida y costumbres enseñen más que con los preceptos morales, llenos -de supérflua vanidad; que muchas veces enseña más el maestro por -acreditarse á sí, y por mostrar jactancia, que por mostrar virtud, -y fundamentar el discípulo en valor, bondad y humildad: la doctrina -llena de este deseo santo á acertar el camino de la verdad, al buen -natural perfecciona, y á la mala inclinacion corrige. Al hijo del -caballero hánsele de enseñar con las letras juntamente virtudes, que -refieran aquellas del orígen que trae la antigüedad de sus pasados, -humildad con valor, y estimacion sin desvanecimiento, cortesía con -el superior, amistad con el igual, llaneza y bondad con el inferior, -grandeza de ánimo para las cosas árduas y difíciles de cometer, -desprecio voluntario de las que no pueden aumentar sus merecimientos. -La zorra un tiempo puso escuela de enseñar á cazar, y como el lobo se -hallaba viejo, y sin presas, rogóle que le enseñase un hijo, que le -parecia que habia de ser valeroso para mantenerlo á él y á su madre -en su vejez; la zorra hallando en que vengarse de los agravios que el -lobo le habia hecho, con mucha presteza y buen gusto recibió el pupilo. -Lo primero que hizo, fué apartarle de sus atrevidas inclinaciones, -que eran de acometer á reses grandes, y enseñarle las raposerías que -ella solia usar por su natural instinto; y<span class="pagenum" -id="Page_62">[p. 62]</span> dióse tan buena maña, que en menos de un -año el lobillo salió grandísimo cazador de gallinas. Envióselo al -padre por muy hábil y diestro en el oficio: holgóse el padre y la -madre pensando que tenian un hijo que habia de asolar la campiña de -ganado. Enviáronle á buscar la vida para matar la hambre que habian -padecido; y habiendo tardado dia y medio volvió con una gallina, y -muchos mordiscones y palos que le habian dado. Viendo el lobo la mala -doctrina que habia aprendido, dijo: Al fin nadie puede enseñar lo que -no sabe. Dejéme engañar de la zorra, por no trabajar con mi hijo, -porque la poltronería hace buen rostro á la mentira, y háme salido á -los ojos, lo que no miré con los de la consideracion. Hijo, andad acá, -y mostrándole unas ternerillas cerca de un cortijo, le dijo: Aquella es -la caza que habeis de aprender y cazar. Apenas acabó de mostrárselas, -cuando inconsideradamente cerró con ellas, porque las madres, que ya -los habian olido, en un momento pusieron los hijos en medio, y todas -puestas en muela, hicieron trincheras de sus cuernos, y el pobre -lobillo, que pensó llevar presa, quedó preso, porque le recibieron con -las picas ó picos de su herramienta, y lo echaron tan alto, que cuando -cayó, no fué para levantarse más: el padre que con su ancianidad no -pudo vengar la muerte de su hijo, se volvió á su guarida, diciendo: La -mala doctrina no tiene medicina: costumbres de mal maestro sacan hijo -siniestro. De aquí quedaron los ódios para siempre confirmados entre -la zorra y el lobo; y así ella no va á buscar la vida sino adonde el -lobo no se atreve, que es á las poblaciones, porque allí no pueden -encontrarse. Mucho gustára, dijo el hidalgo, ya que habeis traido -tan á propósito el cuento, que alargásemos un poco más la materia, -para que averigüemos cómo se podria elegir el maestro, que ha<span -class="pagenum" id="Page_63">[p. 63]</span> de ser el guion del cuerpo -y alma del hijo ajeno, que ha de criar con más cuidado que si fuera -suyo, y enseñarle para conseguir el verdadero camino, que le guie á -la perfeccion de caballero cristiano, que de caballero solamente ya -tenemos entendido el modo que todos siguen. Este modo de caballero, -dije yo, está muy cargado de obligaciones, por la significacion que -trae consigo, de que podrá ser tratar despues, si el tiempo nos diere -lugar; porque ni la materia quiere brevedad, ni yo tengo espacio para -ser largo; y alargando la que tenemos comenzada, digo, que la primera -y principal parte que ha de tener el que ha de ser maestro de algun -Príncipe, ó gran caballero, es que tenga experiencia, con madurez -de edad, que por lo menos tenga los aceros de la juventud gastados: -edad en que con dificultad puede ser sabio y prudente un hombre, por -faltar el tiempo que nos hace previstos y recatados. Mas si fuere -mozo, sea tal, que le alaben los viejos experimentados en ciencia y -bondad, aunque la mocedad es tan sujeta á variedades, impaciencias, -furores y otros inconvenientes arrebatados, que si no es con mucho -valor y entereza de virtud experimentada y conocida, tendria por mejor -elegir para maestro un viejo cansado del mundo, y con buena opinion, -que á un mozo que va entrando en él, y con buenas esperanzas, que al -fin se tiene la seguridad que basta, y de este la confianza que puede -mudarse. Ha de ser el maestro lleno de mansedumbre, con gravedad, -para que juntamente le amen y estimen, y haga el mismo efecto en -el discípulo, no perdiéndole un punto de su vista: si no fuere los -ratos diputados para el gusto de sus padres, ó cuando el niño le -tuviere con sus iguales: y en el entretenimiento se halle presente el -maestro, alentándole y mostrándole el modo con que se ha de haber en -el pa<span class="pagenum" id="Page_64">[p. 64]</span>satiempo, no -haciendo lo que yo ví hacer á un pedante, maestro de un gran caballero, -niño de muy gallardo entendimiento, hijo de un gran Príncipe, que -habiendo concertado con otros sus iguales en edad y calidad un juego -de gallos, dia de carnestolendas, salió tambien el bárbaro pedante con -su capisayo ó armas de guadamacil sobre la sotana, con más barbas que -Esculapio, diciendo á los niños: <i>Destrorsum heus sinistrorsum</i>, y -desenvainando su alfange de aro de cedazo, descolorido todo el rostro, -iba con tanta furia contra el gallo, como si fuera contra Morato -Arraez, diciendo á grandes voces: <i>Non te peto, piscem peto, cur me -fugis, galle?</i> de la cual pedantería él quedó muy ufano y contento, -y los que le oyeron llenos de risa y burla. Yo me llegué, y le dije: -Mire, señor Licenciado, que por tener poca memoria los gallos se les -olvida el latin. Él respondió muy de presto: <i>Numquam dicerunt, nisi -rocantes excitare.</i> Este con mil impertinentes bachillerías, llenas -de ignorancias gramaticales, dejó al caballero estragado su buen -natural: diéronle otro maestro cuerdo, poco ó nada hablador, modesto y -de buena compostura, y en pocos dias enmendó los borrones que el otro -le habia enseñado, y con muchas reglas mal sabidas, y peor enseñadas, -y á veces repetidas le habia estragado, y este otro con pocas y muy -calladas lo reparó. Parecieron á dos hermanos, el uno muy colérico, y -el otro muy reposado y lleno de santimonia, que ganaban la vida con un -pollino: el colérico le daba mil voces y palos, y el jumento no por -eso hacia más movimiento que antes. El reposado no le decia más que: -Arre, válgate Jesus, y hincábale un aguijon de un geme por las ancas, -con que le hacia volar. La modestia del maestro, y las otras partes -buenas, se imprimen, y son como espejo en que se mira el discípulo, y -la imprudencia y poco valor es<span class="pagenum" id="Page_65">[p. -65]</span> causa de menosprecio para con el maestro, y de incapaz -para con los demás: y así, lo que habia de ser doctrina viene á ser -pasatiempo, y si se pasa no puede cobrarle, y en este poco se le puede -enseñar con brevedad la lengua latina, sin cargarle de preceptos que -los mismos maestros, ó no los saben, ó los han olvidado, de suerte, -que en sabiendo declinar y conjugar, les lean libros importantes, -así para la lengua latina, como para las costumbres, y todo lo demás -tengo por tiempo mal gastado; porque las diferencias ó propiedades -de nombres y verbos se pueden declarar en los libros que se fueren -leyendo, sin hacer lo que los cirujanos, que detienen la cura porque -dura la ganancia: que en esto realmente son culpados los maestros de -lenguas que se aprenden por las reglas, porque faltaron los que las -hablan: porque las ordinarias fácilmente se aprenden con oirlas á -los que las hablan, y los que las aprenden para saberlas y no para -enseñarlas, con que entiendan el libro que les leyeren, sabrán más que -sus maestros: y volviendo al ejemplo de la zorra, sea el maestro de -buen nacimiento ó crianza, templado, vergonzoso, verdadero, secreto, -humilde, con valor, callado, no lisonjero, ni hablador, que como dicho -tengo, enseñe más con la vida y costumbres que con las palabras, ó -á lo menos que se parezca lo uno á lo otro, para que no le abata al -discípulo los pensamientos bien heredados á presas mal arraigadas, por -la ignorante doctrina, que la virtud ha de crecer con el discípulo, -de manera, que con enseñarle modestia, no le enseñan encogimiento que -le desjarrete el valor del ánimo con que nació. La educacion de los -caballeros ha de ser como la de los halcones, que el halcon que se cria -encerrado no sale con aquella fineza y aliento con que sale el que se -cria donde le dé el aire, como le criaban sus padres. Háse de criar -el<span class="pagenum" id="Page_66">[p. 66]</span> halcon en lugar -alto, en donde gozando de la pureza del aire, pueda ver las aves, á -quien despues se ha de abatir. El que se cria encerrado, fuera de ser -más tardío en el oficio para que le crian, no sale con aquel corage y -determinacion que el otro que se crió al aire. Así el caballero que -se ha de criar para imitar la grandeza de sus progenitores (aunque -se crie lleno de virtud y modestia), aquel recogimiento no ha de ser -encogimiento de ánimo, sino, como arriba dije, ha de tener valor con -humildad; estimacion sin desvanecimiento; cortesía y circunspeccion en -todos sus actos; de suerte, que no le falte cosa para cabal señor; que -eso quiere decir caballero, compuesto de esta voz, <i>cabal</i> y <i>hero</i>, -que en latin quiere decir, señor. Así, que caballero es cabal hero, -ó cabal señor, que no le falta cosa para serlo, y digan otros lo que -quisieren, que la filosofía cristiana nos da lugar y licencia para -dar sentido que tenga olor de virtud. Mucha satisfaccion y gusto, -dijo el hidalgo, he recibido con el buen discurso que habeis hecho: -satisfaccion en la doctrina, que realmente va encaminada á la verdad -cristiana, y gusto de las ignorancias de aquel pedante. Mas cuanto á la -derivacion de caballero, es muy sabido que se dice de caballo, porque -sustentan caballo, y andan á caballo, y pelean á caballo. Si por esa -razon fuera, dije yo, tambien se llamara caballero el playero ó arriero -que trae caballos de la mar, y tambien se dice el que va en un jumento -ó acémila, que va caballero, que realmente no es caballo, y parece que -en esa opinion es impropio. Tambien, dijo el hidalgo, llamaron <i>eques</i> -al caballero, de esta palabra <i>equus</i>, que quiere decir caballo. -Tampoco, dije yo, concedo lo uno como lo otro; porque los Romanos -siempre dieron los nombres á las cosas, que significasen la misma -obra para que las criaban. Como á los cónsules les dieron este<span -class="pagenum" id="Page_67">[p. 67]</span> nombre de Cónsulo, que -quiere decir aconsejar, y mirar por el bien de la República. Y así al -caballero, no creo que le dieron el nombre de <i>eques</i> por caballo, -sino de <i>aequus</i>, <i>aequua</i>, <i>aequum</i>, por cosa igual, cabal y justa, -como tiene obligacion de serlo quien ha de ser cabeza y modelo de las -costumbres que han de imitar los miembros inferiores de la República, -aunque realmente se van deslizando algunos de sus obligaciones, quizá -entendiendo que el caballero quiere decir alcabalero de los mercaderes, -sacándolo de su propia significacion, y de la entereza y firmeza que -ha de guardar en todas sus acciones, que por eso al baluarte le llaman -caballero, porque ha de estar siempre firme, é inmutable á la fuerza -de los contrarios, y al ímpetu de la artillería, como el caballero lo -ha de estar á resistir las injusticias y agravios que se hacen á los -inferiores y oprimidos, y haciendo al contrario van contra su calidad, -y contra las obligaciones que heredaron de sus pasados.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c067.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_8"> - <p><span class="pagenum" id="Page_68">[p. 68]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c068.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO VIII.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">T</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Toda</span> esta plática ó -conversacion pasó estando este hidalgo y yo echados de pechos sobre -el guardalado de la puente Segoviana, mirando hácia la Casa de Campo, -por donde vimos asomar un buen atajo de vacas que nos interrumpió la -conversacion, y viéndolas, le dije: Aquellas vacas han de pasar por -esta puente más apiñadas y más apriesa que vienen por aquella parte, -por eso no aguardemos aquí el ímpetu con que han de pasar. No temais, -dijo el hidalgo, que os guardaré á vos, y á mí. Guárdese á sí, le dije -yo, que á mí aquella pared que baja de la puente al rio me guardará, -porque yo no me entiendo con gente que no habla, ni sé reñir con quien -trae armas dobles en la frente. Fuera de lo que dicen: Dios me libre -de bellacos en cuadrilla. Háse de reñir con uno que si le digo teneos -allá me entienda; reñir con un animal bruto es dar ocasion que se ria -quien lo mira, y cuando salga bien de ello, no he hecho nada. No se ha -de poner un hombre en peligro que no le importa mucho; defenderse del -peligro, es de hombres, y poner<span class="pagenum" id="Page_69">[p. -69]</span>se en él es de brutos. El temor es guarda de la vida, y la -temeridad es correo de la muerte. ¿Qué honra ó provecho se puede sacar -de matar un buey, cuando se haga por ventura, sino tener que pagar á su -dueño? Si yo puedo estar seguro, ¿por qué tengo de poner mi seguridad -en peligro? Con todo esto que yo dije, él se quedó haciendo piernas, y -yo con las mias me puse lo más presto que pude detrás de la esquina. -Venia por la puente delante una mula con dos cueros de vino de San -Martin, y un negro atasajado en medio de ellos, y aunque venia un poco -apriesa delante de los bueyes, con el ímpetu que venian, por la priesa -que los vaqueros le dieron, cogieron á la mula en medio al tiempo que -llegaron á emparejar con mi negro hidalgo; la mula era maliciosa, y -como se vió cercada de cuernos, comenzó á tirar puñadas y coces, de -manera que arrojó al negro y á los dos cueros encima de la herramienta -de un novillejo harto alegre, y que comenzando á usar de sus armas, -arrojó el un cuero por la puente al rio en medio de muchas lavanderas. -El hidalgo, por librar al negro, y defenderse á sí, puso mano á su -espada, y afirmándose contra el novillo le tiró una estocada uñas -abajo, con que hizo al otro cuero dos claraboyas que alegraron harto -á la gente lacayuna; pero no fué tan de valde, que no le trujese por -delante, asido por las cuchilladas de las calzas, que de puro manidas, -no pudiendo resistir á la violencia de los cuernos, se rindieron, y él -quedó arrimado al guardalado de la puente, con algunos chichoncillos -en la cabeza, diciendo: Si trujera las nuevas, buen lance habia -hecho. En pasando la manada, que fué en un instante, acudieron los -gentiles hombres guiones de la gente de á caballo, y acometiendo por -los orificios de los ijares al cuerpo sin aliento, en un instante le -dejaron sin gota de sangre.</p> - -<div class="figcenter mt1"> - <img class="thin" - src="images/ill_c070_071.jpg" - alt="Ilustración" /> - <p class="caption"> - ... <i>y afirmándose contra el novillo le tiró una estocada - uñas abajo con que hizo al otro cuero dos claraboyas</i>. - </p> -</div> - -<p class="mt1"><span class="pagenum" id="Page_70">[p. 70]</span>Las -lavanderas acudieron al que habia caido en el rio, cada una con su -jarrillo, que llevando uno en las tripas y otro en la mano, le dejaron -la boca al aire, y el señor cuero callar; al negro medio deslomado le -pusieron sobre la mula, no sé lo que fué de él. Yo acudí á mi hidalgo, -no á darle en cara el no haber seguido mi consejo, sino á limpiarle y -consolarle, diciendo, que lo habia hecho muy como valiente hidalgo: que -es yerro al afligido y corrido reprehenderle lo que no tiene remedio: -con la reciente pesadumbre á nadie se ha de decir: bien os decia yo; -que en el daño hecho es mala la correccion temprana: al que está -compungido de su daño, no se ha de dar en cara lo que dejó de hacer, -que él se tiene consigo la penitencia de su yerro; y en semejantes -sucesos el empacho y vergüenza son castigos de la confianza. Él se -puso muy hueco del consuelo que yo le dí en alabarle de su disparate, -aunque se le echó de ver la confusion que tenia en el rostro. Con -todo eso me agradeció lo que le dije, y para alegrarlo le mostré -el estrago que los lacayos hacian en el cuero, y la alegría de las -lavanderas, que le echaban mil bendiciones al novillo, rogando á Dios -que cada dia sucediese lo mismo. Y en habiendo ellos y ellas concluido -con dejar los pellejos sin alma, se tornaron á su costumbre antigua. -Los lacayos á decir mal de sus amos y del gobierno de la República, -y las lavanderas á murmurar de doncellas y religiosos. ¡Lastimosa -cosa, que pasando toda la vida en pobreza, trabajo y miseria, con que -pueden ganar á Dios la voluntad, vengan á hallar alivio y descanso -en los brazos de la murmuracion! Que es tan poco humilde nuestra -naturaleza, que ordinariamente la pobreza se rinde á la envidia, como -si el arrepentimiento de las partes suspendiese de sola la diligencia -humana, sin órden de la voluntad divina, y que se aborrezca por cosa -in<span class="pagenum" id="Page_71">[p. 71]</span>fame, lo que -tanto amó el Autor de la vida. Los pobres son piadosos para otros -pobres; pero no para los ricos, y si considerasen con los ojos del -alma, cuánto más cargados de obligaciones y cuidados están los ricos -que los pobres, sin duda no trocarian su suerte por la del rico; que -al rico todos procuran derribarle, y al pobre nadie le tiene envidia: -y con todo eso su mayor consuelo es murmurar del que ven acrecentado ó -en mejor estado que el suyo; pero dejemos ahora á los lacayos gobernar -el mundo, y á las lavanderas aniquilar y deshacer lo mejor que hay -en él. El hidalgo, aunque algo desabrido del suceso, con grandes -veras me comenzó á persuadir que fuese con él, yo á considerar si me -estaba bien; porque cuanto á lo primero yo echaba de ver que el andar -vagamundo y ocioso era cosa perniciosa para conservar la reputacion y -sustentar la vida, que aunque es así que la ocupacion cansa el cuerpo, -y la ociosidad fatiga el espíritu, y el que trabaja piensa en lo que -hace de bien, y el ocioso en lo que puede hacer de mal; gracia del -cielo es menester para que el ocioso se ocupe en cosas de virtud, y -mucha fuerza de mala inclinacion, para que el ocupado se ejercite en el -vicio. Muchas veces oí decir al Doctor Cetina, gran juez, que aborrecia -las ocupaciones de su oficio, por no saber faltas agenas, y por otra -parte las deseaba por no estar ocioso. Cuanto á lo segundo, consideraba -que no era cordura salir de Madrid, á donde todo sobra, por ir á una -aldea, donde todo falta; que en las grandes Repúblicas el que es -conocido, aunque anochezca sin dineros, sabe que el dia siguiente no ha -de morir de hambre. En los pueblos pequeños en faltando lo propio, no -hay esperanza de lo ageno: el perro que no es de muchas bodas siempre -anda flaco. Si el conejo tiene dos puertas en su vivar, puede salvarse; -pero si no tiene más de una,<span class="pagenum" id="Page_72">[p. -72]</span> luego es cazado. El hombre que no sabe nadar, en un charco -se ahoga; pero el que sabe entrar y salir en la mar, no se anega. Lo -tercero, veia tan inclinado al buen hidalgo á llevarme consigo; y á -mí tan agradecido á quien me quiere bien, que no sabia negárselo, que -el agradecer el amor y las buenas obras es de pechos nobles, y la -ingratitud de tiranos: el que no agradece no merece tener amigos: nada -tienen los hombres que no sea recibido, y así desde nuestro nacimiento -habemos de comenzar á agradecer. Tras de todo esto consideré mi estado, -y la obligacion natural que tengo á mí propio. El buen hidalgo era no -muy rico, y de sus acciones descubria estrecheza de corazon; no parecia -liberal; pobreza y miseria en un sugeto, aunque son para en uno, no -quiero que sean para mí; yo naturalmente soy enemigo de la escasez, y -aun creo que la misma naturaleza le aborrece, siendo como es pródiga en -dar; y á este hidalgo se le echaba de ver, que no era escaso por pobre, -sino por inclinacion: pero con todo eso me aventuré á no negarle lo que -me pedia. Fuíme con él á casa de cierto título, con quien profesaba -parentesco ó amistad; porque él tenia necesidad de algun regalo, por -las burlas que le habian pasado con el novillo, y en entrando dijo á -un despensero de la casa que me regalase: él entendió sin duda que no -me regalase, y así lo hizo; de manera, que de pura dieta casi se me -vino á juntar el pecho con el espinazo. Era ya tarde, y mostróme el -dicho despensero un tinelo donde comian los criados más importantes -de la casa, como son gentiles-hombres y pajes. Llegóse la hora de -cenar, y el tinelo estaba más escuro que la última cubierta del navío. -Entró cierto galancete, aunque no alto de cuerpo, de razonable talle, -trigueño de rostro, ceja arqueada, casi de hechura de mariposa de seda, -buena espedicion de lengua, pocos conceptos<span class="pagenum" -id="Page_73">[p. 73]</span> y muchas palabras, más lleno de hambre que -de hidalguía: y como vió tan lóbrego el aposento, dijo: Ola, trae aquí -velas. Vino un pícaro, con más andrajos que un molino de papel, con -un cabo de vela portuguesa, é hincóla en un agujero de la misma mesa -tinelar, que si no tuviera nudo la madera, la hincara en la pared. -Pusieron en ella unos manteles desvirados, que parecian delantal de -zurrador. Sacó aquel galan una servilleta de la faltriquera, no más -limpia, pero más agujereada que cubierta de salvadera, y por gran -cosa dijo: Más há de veinte años que la tengo conmigo, lo uno por no -ensuciarme con estos manteles; lo otro, porque me la dió cierta señora, -que no quiero decir más. Pusiéronles á cada uno un rábano, cuyas hojas -fueron la ensalada, y el rábano el sello estomatical. Yo les dije que -estaban seguros de la fatigosa pasion de orina, así por el uso de las -hojas, como por la templanza en la comida, que no les dieron á cenar, -sino unos bofes salpimentados con hollin y salpimiento. Respondió aquel -entonadillo: Siempre en casa de mis padres oí alabar esta virtud de la -templanza, y por haberme criado con ella, soy templado en todas mis -acciones. Si no es en hablar, dijo otro gentil-hombre. Prosiguió, que -los hidalgos tan honrados y bien nacidos como yo, no se han de enseñar -á ser glotones, que no saben en lo que se han de ver, en paz ó en -guerra.</p> - -<p>No se halla que mi padre comiese más de una vez al dia, y con mucha -templanza, (si no era cuando le convidaba el Duque de Alva, grande -amigo suyo, que entonces comia más que cuantos habia en la mesa), era -muy gran cortesano, tan discreto y decidor, que entretenia solo á una -sala de gente, pero con todo eso nos dejó muy pobres. No me espanto de -esto, dije yo, que el caudal eran palabras y la resulta sería viento: -que cuando el hablar no se acompaña con el hacer,<span class="pagenum" -id="Page_74">[p. 74]</span> como se queda en la primera parte, nunca se -ve el fruto de la segunda. La dulzura y gracia de la lengua satisface -tanto á su dueño, que todo se va en vanagloria para sí, y detraccion -para los demás. Y en resolucion, la lengua es la más cierta señal de -lo interior del alma, que la mucha locuacidad no deja cosa en ella -que no eche fuera. Á todo esto, yo esperaba mi cena, que segun se -tardaba, me parecia que servia ya en palacio. Asomó mi despensero con -un platillo de mondongo, más frio que las gracias de Mari Ángela. -Tomélo y despedacélo, que no habia con qué cortarlo; y al olor que -subió de tripa mal lavada, dijo aquel hablador: En viendo este género -de comida, siento un olor ambarino que me consuela el alma, porque lo -comíamos siempre en mi aldea hecho con las manos de una hermana mia, -que si no fuera por unos cabellos más rubios que el oro, que se le -caian encima, lo podia comer un ermitaño. Á mí me olió de manera, que -deseaba que el pícaro me lo quitára de delante, y convidéle á aquel -hidalgo con él, diciendo que habia cenado; él lo probó y aprobó, y -alabando el picante de la pimienta y cebolla, y la limpieza de las -manos que lo habian hecho, se acabó junto con el cabo de vela. Comenzó -este á decir: Pícaro, trae aquí velas. ¿Cuáles velas? preguntó el -pícaro, váyase á pasear, y deje las velas. Á fé de hidalgo, dijo aquel -gentil-hombre, que os tengo de hacer quitar la racion. Eso fuera, dijo -el pícaro, si me la hubieran dado, pero la que no se ha dado, mal se -puede quitar; que como sabe, há más de cuatro meses que no se da racion -en esta casa. Oh villano, dijo el otro, deshonra buenos; ¿y tal has de -decir? Los mal nacidos como éste infaman las casas de los señores, que -no saben tener paciencia ni sufrir un mal dia; luego echan las faltas -en la cara; no se contentan con el respeto que les tienen por servir -á quien<span class="pagenum" id="Page_75">[p. 75]</span> sirven; -mal calláredes vos lo que yo he callado, y sufriérades lo que yo he -sufrido, y hubiérades hecho lo que yo he hecho, supliendo sus faltas, -gastando mi hacienda, prestando mi dinero, y diciendo muchas mentiras -por disculpar sus descuidos. Los bien nacidos tienen consideracion á -las muchas obligaciones de los señores: si hoy no tienen, mañana les -sobra y pagan junto lo que no dan por menudo. Señor, dijo el pícaro, yo -no tengo las inteligencias que vuesa merced que se va á las casas de -juego. Atajóle de presto el gentil-hombre, diciendo: Es verdad que yo -juego de ordinario, que aún no há más de esta tarde, que gané dinero -y ciertas joyuelas y una cadenilla de oro. ¿Pues cómo no tiene para -velas? dijo el pícaro. Porque dí, respondió, todo el dinero de barato. -No es mucho, dijo el pícaro, si es verdad esto, que de cuantas veces -lo recibe le dé una. ¿Yo, pícaro? dijo el mozalvillo. Como su padre, -respondió el pícaro. Mi padre, dijo el galan, tomábalo, porque se lo -daban y lo merecia. Y vuesa merced, dijo el pícaro, porque lo pide -y no lo merece. Á toda esta pendencia, y otra que se habia trabado -entre dos pajes, sobre la antigüedad del asiento, estaba á oscuras el -lóbrego tinelo, y yo espantado dije al mozuelo que callase y tuviese -respeto, que á los que tienen oficio superior en casa de los señores, -no se les habian de atrever de aquella manera. Déjelo vuesa merced, -dijo otro gentil-hombre, que si el pícaro habla, por todos habla: que -si jugando sentencia una causa que no sea en su favor, luego dice que -lo hace porque le den barato. Fuera de ser el que nos ponga á todos en -mal con el señor, congraciador general, y celebrador y reidor de lo que -el señor dice, arcaduz de la oreja, manantial de chismes, estafeta de -lo que no pasa en todo el mundo. Si dice algo, él lo celebra y quiere -que se lo celebren todos: si otro dice ó hace<span class="pagenum" -id="Page_76">[p. 76]</span> algo bueno, lo procura derribar y deshacer; -si malo, á pura risa lo persigue, y si alguno le parece que se le -va entrando al señor en la voluntad, por mil caminos le descompone. -Estas y otras muchas cosas le dije yo de mi persona á la suya con -cinco palmos de espada. Cuando yo esperaba una grande pendencia, el -habladorcillo dió una carcajada de risa, con que el otro se indignó -mucho más, y dijo: ¿Luego no es verdad lo que digo? Y el otro con una -risa falsa le dijo: Eso y mucho más es verdad: y vuesa merced sabe poco -de palacio, que aquí el doblez y la ficcion están en su lugar: no hay -verdad, sino lisonja y mentira, y el que no la trata no puede valer en -palacio. Desde que nací me crié en él, y aunque mi padre me avisaba -de esto mismo, nunca le ví medrar, sino cuando decia mal de algun -ausente, que como sea dicho con donaire, como él lo decia, alegra el -ánimo, endulza el oido, atrae la voluntad, y saca risa de los pechos -melancólicos. Y llevárase el diablo, dije yo, á quien lo dice, y á -quien escucha, y á quien incita á que se diga, y á quien tiene tan ruin -opinion, y á quien lo consiente, pudiéndolo estorbar que no se diga. Y -querer nadie hacer ley de su mala condicion y costumbre en las cosas -de palacio, es yerro notable y digno de castigo, que todos estos son -actos que tienen su principal descendencia y orígen de la antiquísima -casa de la envidia. Pasion infame, engendrada en pechos que piensan -que el bien ajeno ha de redundar en daño suyo, desnudos de partes y -merecimientos, la cual envidia es la más perniciosa de todas; porque -como tiene su fundamento en un pesar del bien ajeno, todo el tiempo que -dura en aquel la prosperidad, dura en este la malicia, y sin tasa ni -eleccion, porque el mismo en quien se halla tan abominable inclinacion, -en todo se opone: al menor, porque no se iguale, y al igual, porque -no<span class="pagenum" id="Page_77">[p. 77]</span> le deje atrás, y -al mayor, porque no le sujete. ¡Qué templado está á lo viejo! dijo el -hablador. ¡Y qué destemplado está él á lo moderno! dije yo. Y prosiguió -diciendo: ¿Entre los religiosos y religiosas, puede negarme que no -son muy ordinarias las envidias sobre las elecciones de superiores, y -oficios? Cuando las haya, que pocas veces las hay, dije yo, al fin son -sobre cosas honradas, de mucha calidad é importancia para su Religion, -y cada uno sigue el bando que más le parece conveniente para cosas -de tanta substancia: pero en palacio, ¿sobre qué es la envidia, sino -sobre unas calzas viejas que desechó el señor por más que viejas? ¿ó -sobre hacerse secretario de lo que es público en la boca de todos? -Pues quiero que entiendan los habladores y zizañeros de palacio, que -ya con su argentería falsa pueden traer enlabiado al señor, en tanto -que por la tierna edad se deja llevar de congraciadores, que al fin son -descendientes de sangres alimentadas con virtud y valor de ánimo, y han -de caer en la cuenta mejor que en el yerro, y conocer lo que es bien y -mal, y premiarlo conforme á la intencion con que ha corrido. Preguntó -aquel gentil-hombre: ¿Pues no ha de tener el Príncipe criados, que por -la reputacion del señor sepan cumplir de palabra con los mercaderes, -y entretener los acreedores á quien deben? Eso, dije yo, es lo que -menos importa á los señores, porque los tales criados no mienten por -entretener las trampas de los señores, sino por dilatar las que ellos -hicieron á vueltas de ellos. Mas pregunto, ¿es forzoso que por estar -un hombre ocioso y vicioso, ha de servir toda la vida, sujeto á las -costumbres envejecidas de los que no pretenden más de vivir y morir, y -por levantarse tarde y ejercitar la poltronería, han de estar todo el -dia arrimados á la pared, como ánima de jiganton en puerta de taberna? -Bien sé que no han<span class="pagenum" id="Page_78">[p. 78]</span> -de ser todos soldados, ni todos estudiantes, oficiales y sacerdotes, -que servirse tienen las gentes de las gentes y los Príncipes de los -hombres que sean hombres, que no profesan la adulacion por comer y -holgar. Estudien, lean, aprendan algo de virtud, que no ha de ser -todo congraciarse con el señor, derribando al uno, desacreditando al -otro, y amenazando á aquél, y enfadando á todos. Sobre cosas que no -tienen más calidad, ni cantidad, que comer y pasearse, y á la vejez -contar historias, que ni las vieron, ni las leyeron, ni aun quizá las -oyeron, que la necesidad los hace inventores. Ya se me iba desatando el -frenillo contra la vida de palacio, como el estómago estaba desocupado -y las partes orgánicas obraban más desenvueltamente, cuando entraron -achas encendidas, alumbrando toda la casa, que sirvió la visita de que -por una saetía entrase la luz á la mesa de los doce pages, y acudiendo -cada uno á sus obligaciones, quedé tan solo, que pude desamparar -las mias en el tinelo, y deslicéme lo más calladamente que pude sin -despedirme de nadie, ni hablar palabra, volviendo de cuando en cuando -el rostro atrás, por ver si me seguian por la cosa que habia hecho -en el regalo mondonguil, que no comí, ni comiera, y en verme libre -de aquel carnero de huesos mondos, entendí que me habia escapado de -alguna mazmorra de Argel. Fuíme á mi posadilla, que aunque pequeña, me -hallé con una docena de amigos que me restituyeron mi libertad, que -los libros hacen libre á quien los quiere bien. Con ellos me consolé -de la prision que se me aparejaba, y satisfice el hambre con un pedazo -de pan conservado en una servilleta, y á la dieta con un capítulo -que encontré en alabanza del ayuno. ¡Oh libros, fieles consejeros, -amigos sin adulacion, despertadores del entendimiento, maestros del -alma, gobernadores del cuerpo, guiones para bien<span class="pagenum" -id="Page_79">[p. 79]</span> vivir, y centinelas para bien morir! -¿Cuántos hombres de obscuro suelo habeis levantado á las cumbres más -altas del mundo? ¿Y cuántos habeis subido hasta las sillas del cielo? -¡Oh libros, consuelo de mi alma, alivio de mis trabajos, en vuestra -santa doctrina me encomiendo! Reposé aquella noche muy poco, porque -como el sueño, que se dió para descanso del cuerpo, se hace de vapores -cálidos y húmedos que suben del estómago, y manjar al cerebro, y yo -estaba casi en ayunas, fué tan poco mi sueño, que á las seis de la -mañana estaba ya vestido. Santigüéme, y encomendándome al Autor de la -vida, fuíme á un humilladero del bendito Ángel de la Guarda, que está -de la otra parte de la puente Segoviana. El dia amaneció claro, y el -sol grande, y de color amarillazo. Fuera de esto en un rebaño de ovejas -que encontré cerca de la puente ví que los carneros se topaban unos con -otros, y de cuando en cuando alzaban los ojos al cielo; eché de ver la -tempestad que amenazaba al dia y díme prisa para volver pronto. Fuí á -rezar, y en acabando llegó el ermitaño á mí, que me pareció ser hombre -de buen discurso, y me dijo: No hará tan buen dia como hizo el del -bienaventurado San Isidro, si se halló vuesa merced aquí. Sí me hallé, -dije yo, y he conocido las mismas señales del mal tiempo, por donde -este dia no se parecerá al otro. Cierto, dijo el ermitaño, que miré -desde este alto, y se me representó con la mucha cantidad que habia -de coches y carros, una hermosa flota de navíos de alto bordo, que me -trujo á la memoria algunas que he visto en España y fuera de ella. En -el mismo concepto, dije yo, estuve aquel dia que venia con un poco de -gota, con el espacio y remanso que requiere tal enfermedad, y me acordé -de la armada de Santander, que tan hermosa apariencia tuvo, y tan mal -se logró. Llegando al medio de la puente me lla<span class="pagenum" -id="Page_80">[p. 80]</span>maron para subir en un coche dos caballeros -del hábito eclesiástico, de muy gallardos entendimientos, acompañados -de prudencia y bondad. Subí, y apenas estuve en el coche, cuando se -alborotaron los caballos por una superchería que usó un hombre de á -caballo con un hidalgo de á pié, de muy buena suerte, sobre haber sido -estorbo para no hablar á su comodidad con una cuadrilla de cien mujeres -que ocupaban un coche ageno, que en cogiéndole prestado cabe dentro -todo un linage y toda una vecindad. Alborotada la flota carrozal, -llegóse cerca de nosotros el autor de la pesadumbre, muy ufano de lo -que habia hecho. Díjole uno de aquellos dos caballeros, Bernardo de -Oviedo: Si fuera lícito á los hombres hacer todo lo que pueden, no se -fuera vuesa merced riendo de la sinrazon que ha hecho. Respondió el -otro: Vuesa merced no debe de saber qué cosa es ser enamorado. Á lo -menos, dijo Bernardo, sé que el amor no enseña á hacer cosas ruines. -Pasó acaso por allí el Maestro Franco con su mula, y dijo el agresor: -No se desconsuele vuesa merced, que por lo menos ha granjeado la -voluntad de doce mujeres, que con esa hazaña y doce pasteles de costa, -irán á decir que vuesa merced es un Alejandro y un Scipion. ¿Huélganse -conmigo, dijo el valiente? Pues vive Dios que si no fueran clérigos -habia de pasar el negocio adelante. Pues por eso, dijo el Maestro -Franco, lo hizo Dios mejor, que sin quedar vuesa merced descomulgado -nos ha dado harta materia para reir.</p> - -<p>Á todo esto estaba muy colérico cierto gentil hombre que iba allí, -de buena conversacion y poca substancia, y dijo: ¿Es posible que ha -tenido aquel hidalgo paciencia para no vengarse de su agravio, aunque -le hicieran pedazos? ¿De cuál agravio? dijo Bernardo. Él anduvo muy -bien en no hacer diligencia donde no habia de aprovechar, y los -agravios que no caen sobre<span class="pagenum" id="Page_81">[p. -81]</span> materia, no tocan á la honra, ni aun á la ropa, si bien -perturban el ánimo. Jugando suelen decir mil disparates los que -pierden, como decir: cualquiera que se huelga que pierda, miente, y -es un cornudo. Háse de reir de esto, porque nadie dió materia para la -desmentida, y llámase materia la ocasion de agravio hecho con palabras, -ó con obras, sobre que caiga la venganza. Si dándole á un jumento de -varazos, le alcanzan á dar á un hombre, ó si jugando al mallo ó á los -trucos le aciertan á dar un palo, no tiene de qué sentirse, porque -aquel agravio no cayó sobre materia, y la paciencia en semejantes -casos arguye mucho valor de ánimo. Ea, señor, dijo el otro, que la -paciencia en tan notorias injurias descubre pocos hígados en quien -ordinariamente la tiene. Por tres cosas, dijo Luis de Oviedo, tiene -un hombre paciencia notable, ó por no entender bien las cosas del -mundo, ó por templanza natural de condicion, ó por virtud adquirida -de muchos actos; y el que sin estas tres cosas sufre injurias que no -puede remediar, manifiesta invencible ánimo para ellas, y menosprecio -para quien las hace. Al tiempo que acababa esta conversacion con el -ermitaño, ví todo el cielo revuelto y turbado, fuíme á despedir para -irme, y él me detuvo diciendo, que antes que acabase de pasar la -puente me cogeria la borrasca: dentro de poco espacio fué tan grande -la tempestad de truenos, relámpagos y rayos, que la creciente en menos -de media hora casi vino á cubrir los ojos de la puente, y fué forzoso -cerrar las puertas del humilladero, que combatidas del aire, hicieron -mucho en no rendirse á su violencia. Mejor está vuesa merced aquí, -dijo el ermitaño, que no en el camino. Qué mejor, dije yo, que estando -en la casa del mismo defensor de nuestras almas y cuerpos, criado -para eso de la inefable bondad del Eterno Padre; más bien guar<span -class="pagenum" id="Page_82">[p. 82]</span>dados estamos que fuera -de ella. Guarda á quien no solamente la heredad de Dios reverencia y -conoce: pero aun la antigüedad, ciega de la lumbre de Fé, tuvo grande -veneracion, dedicándole templos, y levantándole altares en nombre del -génio, que así llamaban los antiguos al benditísimo Ángel Custodio. -¡Jesus, y qué contínuos é inciviles truenos! ¡qué gruesa piedra! ¡qué -perseverancia tan grande! Desde que yo vine á Castilla, nunca entendí -que fuera tan sujeta á tempestades tan desatadas como las que muchas -veces he visto, que en mi tierra, por ser llena de grandes montañas muy -altas y sujetas á la fuerza de los vientos, no es tan de admirar que se -vean estos tan arrebatados turbiones, mezclados con vientos y granizo. -¿De dónde es vuesa merced? dijo el ermitaño. Yo, señor, respondí, soy -de Ronda, ciudad puesta sobre muy altos riscos y peñas tajadas, muy -combatida de ordinario de ponientes y levantes furiosos; de manera que -si fueran los edificios como estos, se los lleváran tormentas. Nunca -he sabido hasta ahora, dijo el ermitaño, de dónde fuese vuesa merced, -aunque le conocí en Sevilla, y le comuniqué en Flandes y en Italia. -Miréle con cuidado, y haciendo refleccion, conocíle, que habia sido -soldado donde dijo; holguéme, y abracélo, y supe de él que se habia -retirado á la soledad de los montes algunos años á servir á Dios, -y por haber enfermado se vino á poblado, ó cerca de él, á pasar la -vida eremítica, dándole á Dios lo que le quedaba. Aunque la furia del -argavieso no duró más de una hora, el agua que tras él se siguió duró -sin cesar hasta el dia siguiente, con furia de vientos deshechos. El -buen ermitaño se halló con carbon, encendió un brasero, é hízome quedar -á comer con él, de lo que Dios le habia enviado por mano de gente muy -devota, de que hay mucha abundancia en Madrid.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c424.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_9"> - <p><span class="pagenum" id="Page_83">[p. 83]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c083.jpg" - alt="Ilustración" /> - </div> - <h3 class="aizq mt-15">DESCANSO IX.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">C</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Cerradas</span> las puertas del -humilladero, para defensa del viento, y encendido el carbon para la -del frio, estaba el lugar abrigado y apacible, que el armonía que el -aire hace con el ruido de las canales produce una consonancia agradable -para las orejas y no para el cuerpo, que en esto se diferencia el oido -del tacto, que hay cosas que tocadas son buenas, y oidas son malas, y -al contrario. Comimos, y encerrados todo el dia con la oscuridad, la -noche y dia fueron todo noche. Tornó el ermitaño á repetir su primera -pregunta, y como estábamos ociosos, y encerrados, sin tener otra -ocupacion, tratamos de lo que se nos ofreció. Preguntóme dónde habia -estudiado, y cómo me habia divertido tanto por el mundo, siendo de una -ciudad tan apartada del concurso ordinario, y que para la cortedad -de la vida humana tiene bastantes y sobrados regalos para pasar con -alguna quietud. Yo le respondí á todo lo que me preguntó: Aunque -aquellos altos riscos y peñas levantadas, por la falta de la co<span -class="pagenum" id="Page_84">[p. 84]</span>municacion, despertadora de -la ociosidad, y engendradora de amistades, no son muy conocidos; con -todo eso cria tan gallardos espíritus, que ellos mismos apetecen la -comunicacion de las grandes ciudades y Universidades, que purifican -los ingenios, y los hinchen de doctrina, por donde hay vivos en este -tiempo varones, con cuya salud se alegra, con tanta aprobacion de -hombres doctos, que no tienen necesidad de la mia. Tuvimos allí un -gran maestro de gramática, llamado Juan Cansino, no de los que dicen -ahora Preceptores, sino de aquellos á quien la antigüedad dió nombre de -gramáticos, que sabian generalmente de todas las ciencias, doctísimo en -las humanas letras, virtuoso en las costumbres, dechado que obligaba á -que se las imitasen, las cuales enseñó juntamente con la lengua latina, -en que hacia muy elegantes versos. Era naturalmente manco de ambas -manos; pero de los más respetados y temidos á fuerza de virtud propia; -lo cual grangeó con enseñar silencio más que hablar, porque decia él -muchas veces que el hablar era para las ocasiones forzosas, y el callar -para siempre. De esto, y la lengua latina, si no fuí de los mejores -discípulos, tampoco fuí de los peores.</p> - -<p>Estando yo razonablemente instruido en la lengua latina, de manera -que sabia entender un epígrama y componer otro, y adornado con un -poco de música, (que siempre han tenido entre sí algun parentesco -estas dos facultades), por la inquietud natural que siempre tengo -y he tenido, quise ir á donde pudiese aprender alguna cosa que me -adornase y perfeccionase el natural talento que Dios y naturaleza me -habian concedido. Mi padre, viendo mi deseo é inclinacion, no me hizo -resistencia, antes me habló á su modo con la sencillez que por allá -se usa, diciendo: Hijo, mi costilla no alcanza á más de lo que he -hecho, id á<span class="pagenum" id="Page_85">[p. 85]</span> buscar -vuestra ventura, Dios os guie y haga hombre de bien; y con esto me -echó su bendicion, y me dió lo que pudo, y una espada de Bilbao, que -pesaba más que yo, que en todo el camino no me sirvió sino de estorbo. -Partíme para Córdoba, aunque llegué entero, que es donde acude el -arriero de Salamanca, y allí vienen de toda aquella comarca los -estudiantes que quieren encaminarse para la dicha Universidad. Fuíme -al meson del Potro, donde el dicho arriero tenia posada, holguéme de -ver á Córdoba la llana, como muchacho inclinado á trafagar el mundo. -Fuíme luego á ver la Iglesia mayor, por oir la música, donde me dí -á conocer á algunas personas, así por acompañar á mi soledad, como -por tratar gente de quien poder aprender; que realmente con la poca -esperiencia y haberme apartado poco habia de mis padres y hermanos, -acto que engendra encogimiento en los más gallardos espíritus, viendo -que en aquella ausencia era forzoso, y que la fortuna nos acomete en -cobardía, animéme lo mejor que pude, diciendo: la pobreza me sacó, ó -por mejor decir, me echó de casa de mis padres, ¿qué cuenta daria yo -de mí si me tornase á ella? Si los pobres no se alientan y animan á sí -propios, ¿quién los ha de animar y alentar? Y si los ricos acometen las -dificultades, los pobres ¿por qué no acometerán las dificultades, y -aun los imposibles, si es posible? Enternézcome con la memoria de mis -hermanos; pero esta se ha de olvidar con el deseo de poderles hacer -bien; y si no pudiere, á lo menos habré hecho de mi parte lo posible -y obligatorio. No se vienen las cosas sin trabajo; quien no se anima -de cobarde, se queda en los principios de la dificultad; si no hago -más que mis vecinos, tan ignorante me quedaré como ellos; ánimo, que -Dios me ha de ayudar. Fuíme á mi posada, ó á la del meson del Potro, -y púseme á comer lo<span class="pagenum" id="Page_86">[p. 86]</span> -que yo pude, que era dia de pescado: en sentándome á la mesa, llegóse -cerca de mí un gran marchante, que los hay en Córdoba muy finos, que -debia ser vagamundo, y me oyó hablar en la Iglesia mayor, ó el diablo -hablaba en él, y díjome: Señor soldado, bien pensará vuesa merced que -no le han conocido, pues sepa que está su fama por acá esparcida muchos -dias há. Yo soy un poco vano, y no poco: creímelo, y le dije: Vuesa -merced ¿conóceme? Y él me respondió: De nombre y fama muchos dias há, -y diciendo esto sentóse junto á mí, y me dijo: Vuesa merced se llama -N. y es gran latino, poeta y músico: desvanecíme mucho y convidélo si -queria comer: él no se hizo de rogar y echó mano de un par de huevos y -unos peces, y comiólos; yo pedí más, y él dijo: Señora huéspeda (porque -no posaba en aquella posada) no sabe vuesa merced lo que tiene en su -casa; sepa que es el mas hábil mozo que hay en toda la Andalucía: á mí -dióme más vanidad, y yo á él más comida, y dijo: Como en esta ciudad -se crian siempre tan buenos ingenios, tienen noticia de todos los que -hay buenos en toda esta comarca. ¿Vuesa merced no bebe vino? No señor, -respondí yo. Hace mal, dijo él, porque es ya un hombrecito, y para -caminos y ventas, donde suele haber malas aguas, importa beber vino, -fuera de ir vuesa merced á Salamanca, tierra frigidísima, donde un -jarro de agua suele corromper á un hombre: el vino templado con agua da -esfuerzo al corazon, color al rostro, quita la melancolía, alivia en -el camino, da corage al más cobarde, templa al hígado, y hace olvidar -todos los pesares: tanto me dijo del vino, que me hizo traer de lo -fino media azumbre, que él bebiese, que yo no me atreví. Bebió el buen -hombre, y tornó á mis alabanzas, y yo á oirlas de muy buena voluntad, -y al sabor de ellas á traer más comida, tornó á<span class="pagenum" -id="Page_87">[p. 87]</span> beber y á convidar á otros tan desengañados -como él diciendo que yo era un Alejandro, y mirando hácia mí, dijo: No -me harto de ver á vuesa merced, que vuesa merced es N. Aquí está un -hidalgo, tan amigo de hombres de ingenio, que dará por ver en su casa á -vuesa merced doscientos ducados.</p> - -<p>Ya yo no cabia en mí de hinchado con tantas alabanzas, y acabando de -comer, le pregunté quién era aquel caballero. Él dijo: Vamos á su casa, -que quiero poner á vuesa merced con él. Fuimos, y siguiéndole aquellos -amigos suyos, y del vino, y yendo por el barrio de San Pedro, topamos -en una casa grande un hombre ciego, que parecia hombre principal, y -riéndose el bellacon, me dijo: Este es el hidalgo que dará doscientos -ducados por ver á vuesa merced. Yo corrido de la burla le dije: Y aun -por veros á vos en la horca los diera yo de muy buena gana. Ellos se -fueron y yo quedé muy colérico y medio afrentado con la burla, aunque -dijo verdad, que el ciego bien diera por verme cuanto tenia. Esta fué -la primera baza de mis desengaños, y el principio de conocer que no se -ha de fiar nadie de palabras lisonjeras, que traen el castigo al pié de -la obra. ¡De qué podia yo envanecerme, pues no tenia virtud adquirida -en que fundar mi vanidad! La poca edad está llena de mil desconciertos -y desalumbramientos; los que poco saben fácilmente se dejan llevar de -la adulacion. Yo me dejé engañar con aquello que deseaba hubiera en -mí, pero no es de espantar que un hombre sencillo y sin experiencia -sea engañado de un cauteloso; mas será digno de castigo si se deja -engañar segunda vez. No tenia de qué correrme por lo hecho, sino de qué -aprender para adelante á desapasionarme de las cosas del mundo; pero al -fin me lastimó la burla de manera, que no siendo amigo de venganzas, -quise probar la mano, á ver si sabria dar una<span class="pagenum" -id="Page_88">[p. 88]</span> traza para que me la pagase aquel burlador. -Habia otros estudiantes esperando al mismo arriero, híceme camarada con -ellos, y comenzamos á pasear juntos. Yo me quité el vestido de camino -y me vestí una sotanilla y ferreruelo negro de muy gentil ventidoseno -de Segovia, y trújelo de manera, que los estudiantes lo conociesen -bien, y luego me torné á poner de camino. El bellaco del burlador vino -á la tarde, riéndose mucho, y yo más, porque no entendiese que me -habia corrido; díjele: que queria por mi amigo á hombre de tan buen -gusto, y entre los dos y sus amigos reimos el disimulo con que habia -comido y hablado. Él tenia conocimiento, no muy sencillo, en una casa -donde se daba de comer razonablemente, y á precio convenible, y así -me dijo, que queria que comiese yo allí siempre, porque nos harian -cortesía; yo le dije: Sí haré, con tal que vuesa merced coma conmigo, -pero estoy esperando un mercader que acude á las ferias de Ronda, para -quien traigo una libranza de cien ducados, y hasta que él venga, no lo -puedo pasar muy bien. No le dé á vuesa merced pena, dijo él, pensando -que tenia lance, que yo haré que le fien cuanto quisiere. Eso no, dije -yo, que tiemblo de tratar de fiar, ni ser fiado, que por ahí se perdió -mi padre. Yo le daré á vuesa merced una muy gentil prenda sobre que -nos fien, hasta que venga este mercader. Sea en hora buena, dijo el -buen hombre. Fuíme á mi casa, y doblando muy bien aquel ferreruelo de -ventidoseno, llaméle á solas, de que él se holgó mucho, y díselo para -que le llevase por prenda; yendo yo con él, vísele dar, y comenzamos á -comer sobre él, el bellacon y los dos estudiantes, y yo estuve siempre -alerta, que no pudiese entrar sin mí á la casa donde comíamos, porque -no me hiciese alguna treta, como lo tenia pensado, que de la mia no -tenia sospecha. Vino el arriero de Salamanca, y tratamos de<span -class="pagenum" id="Page_89">[p. 89]</span> irnos. El redomazo, como -no pudo hacer treta con el cuidado que yo tenia, á lo menos pidióle -á la buena mujer una docena de reales sobre el ferreruelo, porque -dijo que queria ir fuera: no pudo decírselo sin que yo lo entendiese; -díjele: Pues se va fuera vuesa merced, dígale á esa señora que si yo -viniere por el ferreruelo con el dinero, me lo dé. Y así lo hizo, que -su intencion era desaparecerse hasta que se hubiese ido el arriero, y -quedarse con la prenda. Desaparecióse, y yo fuí á un juez, y le dije -con gran sentimiento y palabras que pudieran moverle, que como habia -sido estudiante, era fácil el persuadirle, quejándome: Señor, yo soy -estudiante, y estoy de camino para Salamanca; habiendo quince dias -que estoy aquí esperando al arriero, hanme hurtado un ferreruelo que -me llegó á veinte ducados, tengo noticia que está en cierta casa, -suplico á vuesa merced porque no me desavie de ir con el arriero, -pues sabe vuesa merced, como tan gran estudiante y letrado, en qué -caen estas cosas, me mande con justicia restituir el ferreruelo, que -el que lo hurtó guardó al punto crudo, porque me faltase tiempo para -cobrarlo, y gozar más de su bellaquería. No le valdrá, dijo el juez, -que á semejantes trazas sé yo acudir con justicia y diligencia. ¡Qué -grande maldad que á un pobre estudiante, que quizá no llevaba otra cosa -con que honrarse en Salamanca, le querian desaviar quedándose con su -hacienda hurtada! Dió luego á un alguacil y escribano comision para que -hiciese la diligencia. Yo repartí entre los dos ocho reales, con que se -les encendió el deseo de cumplir con lo mandado por el juez. Fuí con -los dos estudiantes á la buena mujer, Dios me lo perdone, y dejando á -la puerta el escribano y alguacil, díjele que me sacase el ferreruelo. -Sacólo, viéronlo los estudiantes, y conocieron ser el mio. Entraron el -alguacil y es<span class="pagenum" id="Page_90">[p. 90]</span>cribano, -y tomados los testigos, la mujer dijo: que no queria dar el ferreruelo, -sino á quien se lo habia empeñado, que era un conocido suyo, hombre muy -honrado. El escribano se hizo depositario de él, y en llegando al juez -con la informacion, mandó entregarme mi ferreruelo, dando mandamiento -de prision contra el bellaconazo, que si antes no parecia por lo que -queria hacer, despues no pareció por lo que queria hacer con él. -Fuímonos con el arriero, y habiendo comido á costa suya, lo dejamos en -este trance, con que reimos todo el camino. No alabo yo el haber hecho -esta pesada burla, que al fin fué venganza, cosa indigna de un valeroso -pecho, y que realmente en esta edad no la hiciera; pero quien hace mal -á quien no se lo merece, ¿qué espera sino venganza y castigo? Estos -hombres vagamundos y ociosos, que se quieren sustentar y alimentar de -sangre agena, merecen que toda la república sea su fiscal y verdugo.</p> - -<p>El ocioso siempre piensa en hacer mal, ó en defenderse del que -ha hecho, y en no pensando en esto, está triste y melancólico. La -melancolía facilísimamente acomete á los holgazanes. ¡Qué contento -queda uno de estos cuando ha puesto en ejecucion una maldad, y qué -presto vuelve á estar en su mala intencion! La misma vida que trae -el ocioso, lo trae arrastrando: por más infelice tengo á un hombre -ocioso, que á un enfermo; porque éste tiene esperanza de salud, y la -procura con todos los medios posibles; mas los ociosos y vagamundos -nunca desean salir de su mal estado: como el que está en galeras -muchos años no se halla fuera de aquella miseria, así el ocioso, en -ocupándolo, no se halla fuera de su ruin vida. ¡Qué disgustos pasa -cuando juega y pierde! ¡Qué desesperacion siente cuando ve á los -virtuosos bien puestos! ¡Qué carcoma infernal le acomete cuando se ve -incapaz de merecer<span class="pagenum" id="Page_91">[p. 91]</span> lo -que el otro alcanza! Dios nos libre de tan abominable vicio, orígen y -principio de pobreza, poca estimacion, olvido de la honra y ofensa de -la Magestad de Dios.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c091.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_10"> - <p><span class="pagenum" id="Page_92">[p. 92]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c092.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO X.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">F</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Fuimos</span> caminando con el -arriero la mitad del camino al pié de la letra, y la otra como tercios -de pescado cuando al arriero se le antojaba; que era mozo resuelto, de -condicion desapacible, enseñado á perder el respeto á los estudiantes -novatos, y así nos quiso hacer una burla en un pueblo pequeño, y en -parte la hizo; lo uno por llevar sus mulos descansados, y lo otro -porque pensó quedándose solo derribar la fortaleza de una mujercita de -buena gracia que iba en nuestra compañía, destituyéndola del arrimo y -apoyo que llevaba con cierto oficial que se habia de casar con ella. -Fingió que le habian hurtado un zurron de dineros, y que la justicia -venia á prendernos á todos para darnos tormento hasta averiguar -quién lo tenia: y junto con esto juró que nos habia de dejar en la -cárcel, y caminar con los mulos lo que pudiese, que para muchachos -sin esperiencia, cualquiera temor de estos bastaba: creímoslo como si -fuera verdad averiguada, y encareciólo de manera que nos hizo andar -toda aquella noche, tras lo que habíamos caminado el dia antes,<span -class="pagenum" id="Page_93">[p. 93]</span> cinco ó seis leguas, y no -caminando, sino huyendo por dehesas y montañas fuera de camino, sin -guia que nos pudiese alumbrar por donde íbamos; y él se quedó riendo, -importunando con requiebros y mal lenguaje á la pobre mujer sola y -sin defensa; pero no le sucedió como pensaba, porque el ruido que él -habia hecho habia sido por medio de un alguacilejo amigo suyo: y la -mujer como valerosa, despues de haberse defendido de la violencia, que -con ella quiso usar, tuvo modo como escabullirse de él, y yéndose al -Alcalde, le dijo con grandísima accion de palabra y sentimiento, que -aquel arriero habia hecho una estratagema y maraña muy perniciosa, -por aprovecharse de ella y quitarle el remedio que consigo traia: -Creyólo el buen hombre, así por conocer la desvergüenza y mal trato -del arriero, como por atajar el daño, que á la pobre mujer le podia -suceder; y afeándole este caso y la inhumanidad que habia usado con -los estudiantes, le mandó que diese fianzas, que llevaria muy regalada -á la mujer, sin hacerle agravio ni ofensa, y que no le castigaba muy -gravemente por no desaviar la jornada á los estudiantes: y amonestóle, -que mirase cómo procedia, porque le castigaria con todo rigor, sin -tener respeto á cosa alguna, si por el camino iba haciendo insolencias, -y mandóle con esto que se aviase muy de mañana para recoger á los -cansados y hambrientos estudiantes: ¡oh arrieros, impía gente y sin -caridad! ¡crueles contra su misma naturaleza! No conocen á nadie más -de en cuanto le están quitando el dinero. Y así los castiga Dios, -porque tienen muchas posadas y pocos amigos. Todos los géneros de -gente aman la piedad, si no son estos. El dia que no hacen alguna -burla á los caminantes, no están en sí. Tratan con bestias, y así -se van convirtiendo en su naturaleza. No se ha visto que llevando -bestias vacías aliviasen del<span class="pagenum" id="Page_94">[p. -94]</span> trabajo y cansancio del camino á algun miserable; parece -que les falta el uso de la razon natural como á este, que no pudiera -uno de ley contraria usar con nosotros más exorbitante bellaquería que -hacernos huir de noche, cansados de haber caminado el dia antes, sin -más ocasion que cometer dos enormes maldades. Íbamos huyendo, y por -no ser sentidos, y en tropa, dividímonos cada cual por donde mejor -le pareció. Yo seguí una media vereda, que estaba bien cubierta de -árboles; hice cuanto pude de mi parte por no quedarme más atrás de los -otros, pero mi cansancio era de modo que en poco espacio á ninguno -de todos sentia. Puse el oido en la tierra, que de este modo se oyen -mejor los pasos aunque estén algo lejos: no sentí cosa que me hiciese -compañía. Traspúseme un poco, y luego díme priesa á andar, volviéndome -hácia atrás, pensando que iba adelante, y así cuanto más andaba y me -apresuraba, menos esperanza tenia de alcanzar los compañeros: hácia -las espaldas me parecia que oía perros ladrar algo lejos, que como los -compañeros iban apriesa alteraban estos animalejos. Como no estaba -ejercitado en caminos, y el dia antes se habia trabajado en eso, el -sueño, como descanso general de todos los miembros, solicitaba sus -horas diputadas, y no pudiendo ya más conmigo, rendíme al cansancio y -al sueño. Topéme con un alcornoque, bien ancho de tronco, y por una -parte descorchado, de suerte que formaba un arrimo á modo de alacena, -donde pude arrimar y reclinar las molidas espaldas. Dejéme dormir; pero -como no se duerme bien sentado, caíme de lado como una cosa muerta. -Desperté á cabo de un rato, porque parecia que me andaban hormigas -por el rostro, limpiélas con la mano y volvíme del otro lado: torné á -recordar, porque sentí lo mismo; pero como el cansancio era tanto, y el -sueño tan profundo,<span class="pagenum" id="Page_95">[p. 95]</span> -aunque algo temeroso de la soledad en que me veia, dejéme caer tercera -vez en el mismo lugar. No mucho despues, aunque el sueño no mide el -tiempo, desperté á una tristísima y cansada voz de un ¡ay! que al -parecer salia de las entrañas de la tierra, que hizo en las mias tal -armonía, que por poco me faltara el aliento y la vida; mas teniendo la -respiracion, así por el temor como por tornar á escuchar con atencion -la dolorosa voz, sentí otra más cerca de mí, que como habia unas matas -un poco altas, no veia el instrumento de donde salia.</p> - -<p>Ya yo estaba casi para espirar, ó para hacer alguna flaqueza indigna -de hombre de pecho, cuando muy cerca de mí, tanto que veia el bulto, -sonó tercera vez la voz diciendo: ¡Ay de mí, más infelice y sola que -cuantas padecen cautiverio, servidumbre en las mazmorras de crueles é -inclementes moros! ¡ay de mí, la más desventurada que las que han visto -despedazar sus hijos en su presencia! ¡ay, más sin remedio y consuelo -que las ya condenadas por sentencia de rigoroso juez! ¡Oh sitio -maldito, árbol descomulgado, testigo de dos muertes, por quien yo diera -mil vidas, si las tuviera! ¿Qué exequias hará quien desea morir sin -ellas, siendo homicida de sí propia? ¿Con qué llanto podré entregarme -á la rabiosa muerte que tanto huye de mí? ¿Cuántos dias y noches vengo -á ver si puedo acompañar estos despedazados miembros? Yo me levanté, y -estando ella junto á mí, sin hacer movimiento, y yo temblando, me dijo: -¿Eres acaso sombra que vienes enviada de la region de los muertos á -llevarme á la compañía de mi esposo y de mi amigo? Si eres de allá, ya -sabes que en este mismo lugar adonde estás, mi amante dió la muerte á -mi esposo sin consentimiento mio, por gozarme á solas y con libertad, -y que en ese mismo árbol el amante, que me habia quedado<span -class="pagenum" id="Page_96">[p. 96]</span> para consuelo, pagó la -culpa de su delito. Veslo ahí sobre tí colgado, siendo mantenimiento -de aves y animales. Yo, escandalizado, alcé el rostro, y ví, porque -ya comenzaba á amanecer, á aquel cuyos gusanos andaban por mi rostro, -cuando yo pensaba que eran hormigas: y confieso que con el horrendo -espectáculo de la desesperada mujer, y con el hediente espantajo del -árbol, si no hubiera luz, me cayera muerto, cortado y sin fuerzas; -mas para no hacerlo, me ayudó el oir los cencerros y campanillas de -la recua del arriero, que ya salia del pueblo, porque como arriba -dije, pensando que iba delante, me iba hácia atrás, y á él le hicieron -salir más de mañana que solia, porque fuese á recoger los engañados -estudiantes. Y prosiguiendo la miserable mujer, dijo: Y si eres cosa -de este mundo, huye de este execrable lugar, y déjame proseguir mis -acostumbradas exequias, desesperado mantenimiento con que me desayuno -todas las mañanas: y bien pudo dudar la irremediable mujer si yo era -fantasma ó vision horrible de los olvidados sepulcros; porque el temor -me habia chupado los carrillos, alargando el rostro y teñido el color -de rojo en pajizo: la falta del sueño me tenia hundidos los ojos á -lo último del colodrillo: el hambre prolongado el pescuezo vara y -media, y el cansancio desjarretado piernas y brazos; el ferreruelo -tenia hecho turbante sobre la cabeza: miren qué figura para no -juzgarme por del otro mundo, y no digo lo demás por mi honra. No pude -responder palabra, ni ofrecerle ningun favor, porque para mí le habia -menester. No acertaba á apartarme de aquella más que horrible mujer, -de ojos encarnizados y hundidos, nariz prolongada, rostro arrugado y -hambriento, dientes amarillos, labios negros, barba aguzada, el cuello -que parecia lengua de vaca: torcíase las manos que parecian dos manojos -de cule<span class="pagenum" id="Page_97">[p. 97]</span>bras, y todo -lo demás á esta traza. El temor me tenia trabado el entendimiento, -y el entendimiento las demás acciones que podian aprovecharme para -partirme de ella; pero alentándome lo mejor que pude, y pude muy mal, -fuí moviendo los piés como toro desjarretado, maldiciendo la soledad, -y á quien quiere andar sin compañía; considerando qué bien puede -traer, si no es estas cosas y otras peores; ¿qué temores no trae? ¿qué -imaginaciones no engendra? ¿qué males no causa? ¿qué desesperaciones -no ofrece? Los que tienen aborrecida la vida, buscan la soledad para -acabarla de presto. Quien huye la compañía, no quiere ser aconsejado -en su mal. ¿Hay más apacible cosa que la compañía? ¿ni más odiosa que -la soledad? ¿cuántas desdichas, cuántos robos, cuántas muertes suceden -cada dia por ir sin compañía? ¿cuántas venganzas se ponen en ejecucion, -que no se pondrian sino por la soledad? Al solo nadie le va la mano en -el mal, ni le ayuda en el bien. ¡Ay del solo que si cae, no hay quien -le ayude á levantar! Ándese quien quiera solo, que la soledad sólo es -buena para Santos ó para poetas, que los unos tratan con Dios, que los -acompaña, y los otros con su imaginacion, que los desvanece.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c097.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_11"> - <p><span class="pagenum" id="Page_98">[p. 98]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c098.jpg" - alt="Ilustración" /> - </div> - <h3 class="ader mt-05">DESCANSO XI.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">C</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Con</span> estas solitarias -consideraciones llegué al camino, donde viéndome el arriero, con más -blandas palabras que solia, paró la recua, y con cortesía y afabilidad -me dijo que subiese, doliéndose mucho de la mala noche que habíamos -padecido. Y aun si bien lo supiérades, dije yo, y preguntando á la -mujer que venia con él, qué novedad era aquella, respondió lo referido. -Los demás, con el marido de la buena mujer, hallámonos ya hartos -de dormir y comer: yo, aunque me preguntaron cómo me habia quedado -atrás, no respondí más de que habia errado el camino. Del cuento -sucedido no les dije palabra; lo uno por pensar que pudiera haber sido -ilusion del enemigo del género humano, lo otro porque las cosas tan -estraordinarias hacen diferentes efectos en los que las oyen, y el -más cierto es reirse y dar matraca á quien las cuenta. Las cosas en -que puede ponerse duda no se han de decir sino á los muy particulares -amigos, ó los discretos, que las reciben como ellas son. No todos -tienen capa<span class="pagenum" id="Page_99">[p. 99]</span>cidad -para oir cosas graves. Verdades que pueden escandalizar y alborotar -los pechos, cuando no es necesario, no se han de decir. Yo reventaba -por hablar; pero consideraba que me ponia á peligro de no ser creido. -Más vale callar que dar ocasion de incredulidad ó murmuracion. La -admiracion da ocasion al silencio, y de esta vez quise ver si podia -enseñarme á callar. Fuimos nuestro camino sin suceder cosa notable, -yo callando, y los demás preguntándome la causa: yo respondia no más -de que era condicion natural mia: pero en todo el camino no se apartó -de mi imaginacion la mujer, el árbol, la fruta, y la cama llena de -gusanos, hasta que llegamos á Salamanca, donde la grandeza de aquella -Universidad hizo que me olvidase de todo lo pasado. Alegróse mi alma de -ver que los ojos gozasen lo que tenian los oidos y los deseos llenos -de la soberbia fama de aquellas academias que han puesto silencio -á cuantas ha habido en el mundo. Ví aquellas cuatro columnas sobre -quien estriba el gobierno universal de toda la Europa, las bases que -defienden la verdad católica. Ví al Padre Mancio, cuyo nombre estaba y -está esparcido en todo lo descubierto, y otros excelentísimos sugetos, -con cuya doctrina se conservan las facultades en su fuerza y vigor. Ví -al Abad Salinas, el ciego, el más docto varon en música especulativa -que ha conocido la antigüedad, no solamente en el género diatónico y -cromático, sino tambien en el armónico, de quien tan poca noticia se -tiene hoy, á quien despues sucedió en el mismo lugar Bernardo Clavijo, -doctísimo en entender y obrar, hoy organista de Felipe Tercero. En -comenzando á beber del agua de Tórmes, frigidísima, y á comer de aquel -regalado pan, me cuajé de sarna, como les sucede á todos los buenos -comedores, de manera que estudiando una noche la leccion de súmulas me -comencé<span class="pagenum" id="Page_100">[p. 100]</span> á rascar -los muslos al sabor de unos carboncillos que tenia encendidos en un -tiesto de cántaro, y cuando volví en mí los hallé tan desollados, que -con el agua que destilaban me quedé hecho un alquitara, y por quince -dias me negaron la obediencia y respeto; daño en que ordinariamente -caen los principiantes en Salamanca, porque como el pan es blanco, -candeal y bien sazonado, y el agua delgada y fria, sin consideracion -comen y beben, hasta cargarse unos de la perruna, y otros de la gruesa, -y así es menester que los que comienzan nuevos en Salamanca, lo uno -por la frialdad y sutileza del agua, y lo otro porque los estudiantes -van hechos al regalo de sus casas, y de sus padres y tierras, y con -la poca edad se recibe más fácilmente el daño; fuera de que entrando -con éste cuidado, la templanza es la que conserva la salud y aviva el -ingenio.</p> - -<p>Los repletos de comida y bebida están incapaces de acudir á cosas -de entendimiento y prudencia, y realmente la templanza da mas gusto á -los mantenimientos del que estos en sí tienen, y con ella se templa -la lujuria en los mozos; pero yo me hube tan destempladamente con el -pan y agua de Salamanca, que por la Natividad de nuestro Redentor me -dieron unas grandísimas calenturas; llamé al doctor Medina, Catedrático -de Prima, doctísimo de aquella Universidad, y lo primero que hizo fué -mandar que me quitasen el agua. Yo le dije que mirase que era colérico, -y muy encendido de sangre, y él me respondió, como si dijera una -gran hazaña suya: Ya saben que el doctor Medina quita el agua á los -enfermos. Creció la calentura, y no el remedio: comenzó á darme unos -cordiales, que no aprovecharon cosa, porque la salud de los coléricos -con calenturas solo consiste en darles agua fria á sus tiempos, y -sangrías moderadas, y consis<span class="pagenum" id="Page_101">[p. -101]</span>tiendo la salud mia en no negarme el agua, no me la dejaron -en todo el aposento. Diéronme unos baños con veinte suciedades, y -dejáronse allí una artesilla en que me los habian dado: yo me ví tan -impaciente, y tan acosado de la sed, que me levanté como pude á buscar -agua, y como no la hallé, pegué con la artesilla del agua, que estaba -fria como un hielo, y á dos golpes que bebí, la dejé en el asiento, -y la panza como vela latina con el viento en popa; pero duró poco, -porque dentro de un ochavo de hora comenzó el estómago á basquear, -y arrojó tanta cantidad de bocanadas, que de vacía la barriga, la -doblaba como alforja un lado sobre otro. Vino á la mañana el Doctor, y -vió la artesilla más llena que la dejó, porque en ella misma descargó -el nublado. Preguntóme cómo me hallaba, respondile que muerto de -hambre. Miró el pulso, y hallóle sin calentura: admiróse de ver la -mudanza, y dijo: ¡Oh milagroso baño! No se ha inventado tal medicina -en el mundo: no le he dado á hombre que no le haga notable provecho. -Habránle tomado, dije, como yo. Este baño, dijo el Doctor, alienta y -refresca, confortando las partes interiores. ¿Y cómo se le da vuesa -merced, dije yo, á los demás? Tibio, respondió él, y bañando todo el -cuerpo por de fuera. Pues désele, dije yo, frio, y bebido, que así lo -tomé yo, y les aprovechará mucho más, y contéle el caso; dijo: <i>rectum -ab errore</i>, repitiéndolo cuatro ó cinco veces, y haciéndose cruces se -fué, y me dejó sano. Hay médicos tan crueles, que á un pobre enfermo -colérico fogoso le dejan que se le abrase el hígado, y se le sequen -los huesos; pareciéndoles que negándole el agua acabarán más presto -con la enfermedad y el enfermo. Aquel refran que dicen: al que es de -vida, el agua le es medicina, se ha de entender de esta manera, que -aquel <i>debida</i> es participio: de manera, que al que es <i>debida</i><span -class="pagenum" id="Page_102">[p. 102]</span> el agua, y al que se le -debe el agua, á este le es medicina, que no al otro. Y siendo así, -¿á quién se le debe más que á un colérico con calenturas? Y esa otra -significacion ordinaria la tengo por burla y modo de hablar de gracia. -En Ronda conocí un tejero, que habia cuarenta y cuatro años que no -probaba gota de agua, que decia por donaire que él no habia de beber -licor donde se ensuciaban las ranas. Vino una vez con tanta sed y -cansancio, que para quitarla bebió un jarro de agua fria, que dentro de -veinte y cuatro horas le puso como el barro con quien trataba. Á este -no se le debia el agua. Lo uno por no estar acostumbrado á ella, lo -otro porque su estómago no era de hombre colérico, y al que es <i>debida</i> -el agua le es medicina.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c102.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_12"> - <p><span class="pagenum" id="Page_103">[p. 103]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c103.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO XII.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">S</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Si</span> los trabajos y -necesidades que los estudiantes pasan no los llevase la buena -edad en que los coge, no habia vida para sufrir tantas miserias y -descomodidades como se pasan ordinariamente; pero con ser en la -puericia y adolescencia, edad tan quitada de cuidados y sentimientos, -se hace gusto del acíbar, risa y pasatiempo de la necesidad, con que -se va pasando aquel espacio en que se sazona é hinche de doctrina el -entendimiento, que con la esperanza del premio todo se hace sufrible. -Ninguno hay que no se prometa grandes cosas en los primeros años, que -en comenzando á gustar ó disgustarse de la mala correspondencia, por la -tardanza de los arrieros, ó del olvido de los padres y parientes, por -la mayor parte se encogen y desaniman, especialmente aquellos que por -ser pobres no tienen quien les acuda con lo necesario, ó parte de ello; -que cierto desjarreta mucho la necesidad al que con buenos pensamientos -comienza los estudios. La falta de mantenimientos, el carecer de -libros, la desnudez, la poca estimacion que consi<span class="pagenum" -id="Page_104">[p. 104]</span>go traen estas cosas, tiene muchos y -grandes ingenios acobardados, arrinconados, y aun distraidos por la -privacion de sus esperanzas mal logradas. Yo confieso de mí, que la -inquietud natural mia, junta con la poca ayuda que tuve, me quebraron -las fuerzas de la voluntad, para trabajar tanto como fuera razon. Y -como en esta edad los alientos de la mocedad están tan dispuestos -para el mantenimiento, nunca se ve un hombre harto. Acuérdome, que -despues de haber comido la racion del pupilage de Galvez, me comí -seis pasteles de á ocho en una pastelería escelentísima, que habia -en el desafiadero. Miren qué alientos estos para las necesidades de -Salamanca. Estábamos despues de esto tres compañeros en el barrio de -San Vicente tan abundantes de necesidad, que el menos desamparado de -las armas reales era yo, por ciertas lecciones de cantar que yo daba; -y aun las daba, porque se pagaban tan mal, que antes eran dadas que -pagadas; y aun dadas al diablo. Consolábamonos con la igualdad de la -provision, y aunque parezcan niñerías, indignas de este lugar y aun de -acordarse y tratarse, tengo de decir alguna para que no se desanimen -los que se vieren con ingenio y pobreza, y con deseo de saber; que -haciendo gusto de la necesidad, puede llevarse la penuria que de -ordinario se pasa en los estudios: ver pasar á otros mayores trabajos, -disminuye la fuerza de los nuestros. Miserias y necesidades agenas -(aunque sean contadas para ejemplo) en parte consuela á los afligidos. -¿Qué trabajos puede tener un estudiante, que no los haya mucho mayores? -El trabajo y necesidad que toca á muchos, y muchos le llevan, se hace -sufrible, aligera y alivia las cargas de todos. Cuanto más, que el -que con buen ánimo acomete al trabajo, la mitad tiene hecho, y al -fin los valerosos ánimos atropellan las forzosas necesidades.<span -class="pagenum" id="Page_105">[p. 105]</span> Dígolo, porque las que -pasaron mis compañeros y yo fueron de manera, que pudieran consolar á -los estudiantes más llenos de miserias del mundo, y entre otras contaré -una que puede servir de risa y de consuelo. Hallámonos una noche, entre -otras muchas, tan rematados de dineros y paciencia, que nos salimos -de casa medio desesperados sin cenar, sin luz para alumbrarnos, sin -lumbre para calentarnos, haciendo un frio que en echando el agua en la -calle, se tornaba cristal. Yo fuí en casa de cierto discípulo, y dióme -un par de huevos y un panecillo: vine muy contento á casa, y hallé á -mis compañeros temblando de frio y muertos de hambre (como dicen los -muchachos), que no osaban desenvolver un poco de rescoldo que se habia -guardado para su menester. Dije lo que traia, salieron á buscar algunas -serojas para avivar el rescoldo; vinieron presto muy contentos, por -haberse hallado un leño bien largo: pusiéronlo al poco rescoldo que -habia quedado, y soplamos cuanto pudimos todos tres, y el leño no se -queria encender: tornamos á soplar una y otra vez; pero quedándose el -leño sin encender, se hinchó el aposento de un humo muy hediondo.</p> - -<p>Eché un papel en el rescoldo para que diera luz en el aposento, y en -encendiéndose, descubrió, que el leño era un muy descarnado zancarron -de un mulo, que por poco nos hiciera rebentar de asco; y si antes no -cenamos por no tener qué, despues no cenamos por eso, y por la náusea -de nuestros estómagos, que hubo alguno que purgó por dos partes lo -que no habia comido, ni cenado, hasta echar sangre por la boca, y el -que lo trujo quiso cortarse la mano. Bien confieso que no son estas -cosas para contarse; pero como sean para consuelo de afligidos, y mi -principal intento sea enseñar á tener paciencia, á sufrir traba<span -class="pagenum" id="Page_106">[p. 106]</span>jos, y á padecer -desventuras, puede llevarse con lo demás que no cuento. Todo lo que -se escribe, para doctrina nuestra se escribe, y aunque sea de cosas -humildes, se ha de recibir para el efecto que se dice. Y habemos de -pensar, que ni en los ejemplos de cosas grandes hay siempre provecho, -ni que en las pequeñas falta doctrina. Tan bien se reciben las fábulas -de Hisopo, como las estratagemas de Cornelio Tácito. Más gusto se halla -en un higo que en una calabaza: así conté una niñería como esta; porque -para decir necesidades de estudiante, que son de hambre, desnudez y -mal pasar, tambien las historias ejemplos han de ser de pobreza, para -consolar á quien la padece. No paró aquí la mala ventura de aquella -noche, porque estando á la puerta de la calle, por no poder sufrir el -pestilencial olor del leño mular, pasó rondando el Corregidor (que -al presente era D. Enrique de Bolaños, muy gran caballero, cortés, y -de muy buen gusto), y nos dijo: ¿Qué gente? Yo me quité el sombrero, -y descubrí el rostro, y haciendo una gran reverencia, respondí: -Estudiantes somos, que nuestra misma casa nos ha echado en la calle. -Mis compañeros se estuvieron con sus sombreros y cebaderas, sin hacer -cortesía á la justicia. Indignóse el Corregidor, y dijo: Llevad -presos á esos desvergonzados. Ellos, como ignorantes, dijeron: Si nos -llevaren presos, nos soltarán un pié á la francesa; y asiéronlos, y -lleváronlos por la calle de Santa Ana abajo: yo con la mayor humildad -que pude, le dije: Suplico á vuesa merced se sirva de no llevar á la -cárcel á estos miserables, que si vuesa merced supiese cómo están, no -los culparia. Tengo de ver, dijo el Corregidor, si puedo enseñar buena -crianza á algunos estudiantes. Á estos, dije yo, con dalles de cenar, -y quitalles el frio, los hará vuesa merced más corteses que á un<span -class="pagenum" id="Page_107">[p. 107]</span> indio mejicano; y junto -con esto (viendo que me escuchaba de buena gana) le conté lo pasado -de los huevos y de la humarada que procedió del sacrificio acemilar. -Rióse del cuento (que tenia mucha apacibilidad), y á costa de ciertas -espadas que habia quitado á ciertos escolares vagamundos, les hinchó -el vientre de pasteles y marrana, y de lo de la tabernilla, y á mí me -hizo mucha merced de allí adelante. Díjeles á mis compañeros amigos: -Muy mal anduvísteis con el Corregidor. ¿Por qué? preguntaron ellos, -¿es nuestro juez? Respondí yo: Porque á las personas constituidas en -dignidad, sean ó no sean superiores nuestros, tenemos obligacion de -tratarlos con reverencia y cortesía: y no solo á estos, sino á todos -los más poderosos, ó por oficios, ó por nobleza, ó por hacienda, porque -siéndoles bien criados y humildes, en cierta forma los igualamos con -nosotros, y haciendo al contrario, nos damos por enemigos de los que -nos pueden agraviar muy á su salvo. Dios crió el mundo con estos grados -de superioridad, que en el cielo hay unos Ángeles superiores á otros, -y en el mundo se van imitando estos mismos grados de personas, para -que los inferiores obedezcamos á los superiores. Y ya que no seamos -capaces de conocernos á nosotros propios, seámoslo de conocer á quien -puede, vale y tiene más que nosotros. Esta humildad y cortesía es -forzosa para conservar la quietud y asegurar la vida. Es muy gran -yerro querer ajustar nuestras fuerzas con las de los poderosos, usar -del rigor de nuestra condicion con quien es mas cierto el perder que -el ganar. La humildad con los poderosos, es el fundamento de la paz, y -la soberbia la destruccion de nuestro sosiego, que al fin pueden todo -lo que quieren en la República. En esta vida pasé tres ó cuatro años, -hasta que se me dió una plaza en el colegio de San Pelayo, es<span -class="pagenum" id="Page_108">[p. 108]</span>tando entonces allí el -Sr. D. Juan de Llanos de Valdés, que cuando esto se escribe es del -Consejo Supremo de la Inquisicion, en compañía de sus hermanos, tan -grandes estudiantes como caballeros, y el señor Vigil de Quiñones, que -á fuerza de virtud y merecimientos es ahora Obispo de Valladolid; donde -teníamos conclusiones todos los sábados, y pudiera yo aprovecharme, si -la necesidad de mis padres, y el deseo que yo tenia de servirles, no me -sacára con una carta suya para ir á heredar cierta hacienda, de que un -pariente me queria hacer donacion, ó capellanía.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c108.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_13"> - <p><span class="pagenum" id="Page_109">[p. 109]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c109.jpg" - alt="Ilustración" /> - </div> - <h3 class="aizq mt-25">DESCANSO XIII.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">S</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Salí</span> de Salamanca sin -dinero que bastára para dejar de ser peon, y como era fuerza el serlo, -acordándome de la poca poblacion que habia en Sierra Moreda, por -aquella parte de la Hinojosa, que habia quince leguas sin poblado, y -por no dejar de ver á Madrid, y á Toledo, vine por esta máquina, pasé -por Toledo y Ciudad Real, donde una monja muy virtuosa y principal, -llamada Doña Ana Carrillo, me regaló y ayudó para el camino. Saliendo -de Ciudad Real me encontré con un mozo de muy buen talle, que parecia -extrangero: fuimos caminando hácia Almodóvar del Campo, y topamos -con dos gentiles hombres en el camino, que llevaban entre los dos un -muy gallardo macho, remudando á veces de cuando en cuando. Trabamos -conversacion con ellos, y parece que se inclinaron á no dejarnos atrás. -Colegí de su modo de proceder, que serian lengua de dos mercaderes, que -iban á la feria de Ronda con muy gentil dinero, que á mí me dió gusto -por ser aquel mi viaje. No me pareció bien, y con gran cuidado les -miré á las manos, y las bocas.<span class="pagenum" id="Page_110">[p. -110]</span> Entramos en una misma posada, y como yo llevaba tragada -la malicia, y andaba sobre aviso, no hablaban palabra que fingiéndome -dormido no se la entendiese. El uno de ellos no hacia sino entrar -y salir en la posada, hasta que ya topó con la de los mercaderes. -En amaneciendo cogió el uno de ellos una cabalgadura, y se partió -delante, llevando para cierto efecto una graciosísima sortija (que no -pudieron dar la traza, sin que yo la oyese). Fuése aquel delantero, -como criado, y quedóse esotro como señor. Muy por la mañana aderezó -su macho, y estubo con mucho cuidado aguardando á que pasasen los -mercaderes: en pasando, hízose encontradizo con ellos, y preguntóles -con grande comedimiento, adónde caminaban, y respondiéndole ellos, -que á la feria de Ronda, hizo grandes desmostraciones de holgarse, -diciendo: Mejor me ha sucedido que pensaba, en haberme encontrado -con tan principal compañía; porque voy á la misma feria, á comprar -un atajuelo de doscientas ó trescientas vacas, y por no haber andado -este camino, á lo menos de las Ventas Nuevas adelante, iba con algun -recelo de mil daños, que suelen suceder á los que llevan dinerillo, -y habiendo encontrado con vuesas mercedes, iré muy consolado, así -por la buena compañía, como porque vuesas mercedes me encaminarán -allá, pues tienen más inteligencia que yo para lo que voy á comprar. -Ellos le ofrecieron de ayudarle, y hacerle amistad en la feria, por -ser muy conocidos en la ciudad. Estos dos bellacones, que iban en -seguimiento de los mercaderes, á lo que despues entendí, eran de un -género de fulleros, que entre ellos llaman donilleros: fueron riendo -por el camino, porque el fullerazo era grande hablador, y les iba -diciendo cuentos, con que los entretenia con mucha gracia y donaire. -Yo por no perderlos hasta ver el fin, andaba lo más que podia<span -class="pagenum" id="Page_111">[p. 111]</span> asiéndome de cuando en -cuando al estribo, ó al trancado del macho, que como dije que iba á -la feria de Ronda, y era natural de ella, los mercaderes me animaban -y esperaban á ratos. Llegando cerca de cierta venta, que la mitad del -año está desamparada, puesta en una ladera á mano derecha como subimos, -el fullero sacó de la faltriquera ciertos mostachones, que por la -mucha especie, llaman la sed á tiro de arcabuz, y dió á cada mercader -uno, y como era por el mes de Mayo cuando llegaron á emparejar con la -venta, que estaba medio caida y sin gente, iban ya pereciendo de sed, -dijo el fullero: Aquí dentro hay una fuentecita muy fresca, entremos á -cumplir con los mostachones; y si vuesas mercedes quieren, aquí llevo -una bota de muy gentil vino de Ciudad Real, con que podemos hacer -satisfaccion al llamamiento. Apeáronse, y entró el fullero primero en -la venta, llegó á la fuente, y siguiéndole los mercaderes, bajóse á -beber, y dijo con grande admiracion: ¡Ay! ¿qué es esto que me hallo -aquí? Y alzó la sortija que el ladron de su compañero habia dejado en -la fuente. ¡Oh qué graciosa sortija! dijeron los mercaderes; sin duda -que algun caballero se la quitó para lavarse las manos, y se la dejó -olvidada: cada cual se holgára de habérsela hallado. Todos tres, dijo -el bellaco del fullero, la hallamos, y de todos tres ha de ser. ¿Pues -qué haremos de ella? dijo un mercader. Echarla á una quínola, dijo el -fullero, en llegando á la venta, y á quien Dios se la diere, San Pedro -se la bendiga. Bien dice vuesa merced, dijeron los mercaderes, y á -fé que si la gana cualquiera de los dos, se ha de emplear muy bien; -pero cierto la sortijuela era de mucha codicia, porque alrededor tenia -doce diamantes, aunque pequeños, muy finos, y en lugar de piedra un -rubí de hechura de corazon, que á cualquiera aficionára, labrado todo -con mil do<span class="pagenum" id="Page_112">[p. 112]</span>naires. -Fueron todos muy codiciosos de ella, tratando por todo el camino los -mercaderes del descuido del que la habia perdido, y el bellacon del -cuidado del que la habia dejado, haciendo mil monerías con ella, para -ponerles más codicia. Llegaron á Ventas Nuevas, y no parando en la -primera, llegaron á la segunda, por hallarse más cerca del puerto. -Apeáronse, y el bellacon sacó la bota de vino añejo de Ciudad Real, -de más hojas que un Calepino, de que bebieron de muy buena gana. En -comiendo un bocado de prisa, por codicia que cada uno tenia de la -sortija, que les estaba haciendo del ojo, con el bocado en la boca, -preguntaron al huésped, ¿si tenia unos naipes para echar una rifa? Dijo -que no, y el ladron del compañero, haciéndose bobo, dijo: Yo llevo aquí -unas no sé cuántas barajas que me encomendaron en mi pueblo, y por las -muchas que allá se levantan sobre ellas, no las llevo de muy buena -gana. Si sus mercedes me las pagan, yo se las daré. Mostrad acá, dijo -el fullero, que estos señores y yo os las pagaremos muy bien. Dióles -una baraja hecha á su modo, y como el licor de Ciudad Real se arrima -tanto al corazon, y humea para el cerebro, alegráronse, y con mucho -gusto echaron la rifa á cuatro quínolas. El fullero les dejó llegar á -cada uno á tres sin haber tomado ninguna para sí, y en dos pasantes que -echó, una de su mano, y otra del que tenia al lado, hizo las cuatro, y -arrebató la sortija, haciendo grandes algazaras con ella. Picáronse de -esto, y dijeron: Juguemos dineros. El fullero, con cierta socarronería, -negando al principio, dijo, que no queria poner en peligro su dinero -ó las vacas que se habian de comprar de él: pero al fin, persuadido, -jugó; teniendo más gana él que los otros, que con palabras que tenia -hechas á propósito, los iba haciendo picar. Pedia que les diesen de -beber de la olorosa<span class="pagenum" id="Page_113">[p. 113]</span> -bota que estaba metida en parte fresca, y en calentándose las orejas -echaban doblas como granizo; de suerte, que se estuvieron toda la -tarde jugando, una vez ganando el fullero, y otra dejando ganar á los -mercaderes, por disimular la fullería, y quejándose á veces, decia: -Vuesas mercedes me han de ganar aquí esta tarde cuatro ó cinco mil -escudos, segun estoy de picado.</p> - -<p>Al tiempo que entramos en la venta el mocito y yo nos dijeron, que -allí no se daba posada á gente que no traia cabalgaduras. Recibimos -con humildad la notificacion, y parámonos á descansar un poco. Mi -compañero afligido preguntó: ¿Pues qué habemos de hacer para esperar el -fin y suceso de esta grande aventura? Yo le respondí: Dejadme, que yo -conjuraré á la ventera, de manera que no nos eche de la venta. ¿Pues es -endemoniada, dijo él, ó bruja? Á lo menos, dije yo, parécelo; pero no -digo yo, sino con el conjuro general de las mujeres. ¿Cuál es? preguntó -el otro. Ahora lo vereis, dije yo. Lleguéme á la ventera, que era una -mujer coja y mal tallada: tenia las narices tan romas, que si se reia, -quedaba sin ellas: los ojos parecian de capirote de disciplinante: -echaba un tufo de ajos y vino por unos dientes entresacados y pardos, -bastante á ahuyentar todas las víboras de Sierra-Morena; las manos -parecian manojos de patatas; solo tenia que notar la limpieza, que -parecia haber salido del naufragio de los Condes de Carrion: con todo -esto me llegué á ella, y la dije: ¿Qué desdicha fué la que trujo á -estas soledades á una mujer de tan buena gracia como vuesa merced? ¡Qué -despacio está, dijo ella, el señor estudiante! No es cierto, dije yo, -sino que desde el punto que llegué aquí, puse los ojos en vuesa merced, -para consolarme del cansancio del camino. No haga burla, dijo ella, -de las mal vestidas. Yo no<span class="pagenum" id="Page_114">[p. -114]</span> hago tal, sino que me parece vuesa merced muy hermosa. -Hermosa, dijo ella, como gata lagañosa. Parecióme que ya iba creyendo, -y díjele: Pues miren con qué gracia y donaire responde. Cierto que es -igual el rostro con la habla, y todo es con mucho gusto. Y como Deo -gracias, dijo ella: si conociera á una hermana mia que tengo, tabernera -en las ventas de Alcolea, dijera eso de veras: que por solo oirla -echar pullas, van á beber á su casa cuantos pasan. ¿Y vuesa merced, -dije yo, cómo no se acerca hácia Córdoba? Porque, señor, dijo ella, -unas tienen ventura, y otras tienen ventrada. ¿Pues es posible, dije -yo, que no ha habido quien saque á vuesa merced de tan mal oficio? Y -respondió ella: Estáse la carne en el garabato por falta de gato. Pues -á fé, dije yo, que si me hallara en disposicion que habia de hacerlo; -porque me da lástima ver entre estos riscos y montañas á una mujer de -tan buenas prendas. Pues calle vuesa merced, dijo ella, que mi marido y -yo les habemos de quitar el dinero á estos que quedaron con él, y por -la mañana haremos lo que nos pareciere; y si acaso mi marido volviere -á decir á la noche que se salgan de la venta, váyanse por la puerta -trasera del corral, que yo se la dejaré abierta. Fuése, y mi compañero -me preguntó: ¿Qué es del conjuro? ¿Qué mayor conjuro quereis, dije yo, -que haber llamado hermosa á una bestia, que parecia panza de vaca, con -su zumaque y menudillos? Conjuro es este, dijo, que puede servir de -malilla en todo el mundo. En tanto que pasamos esta conversacion se -llegó la noche, y la desesperacion de los mercaderes; porque con las -trampas que el fullero iba haciendo, y con los tragos de cuando en -cuando de Ciudad Real, los fué chupando la plata y oro, y los zurrones -en que tenian el dinero. Los mercaderes quedaron dados al diablo, -y maldiciendo la venta, y<span class="pagenum" id="Page_115">[p. -115]</span> á quien á ella los habia traido, se volvieron á dormir -á la que habian dejado atrás, con intencion de volverse á Toledo. -El huésped, que no era lerdo, entendió muy bien la bellaquería: yo -estaba para reventar por lo que habia oido la noche antes, y por lo -que habia visto entonces. Estuve determinado de revelarles la maldad; -porque volviéndose los mercaderes, me faltaba el bien que me habian -prometido hacer por el camino; pero consideré, que decir el secreto que -estaba tan en duda, era desacreditar á los fulleros, y á mí ponerme en -peligro; que no siendo una cosa sabida, tenemos obligacion de callarla -con secreto natural. La seguridad consiste en el silencio, y en estas -ocasiones y otras semejantes háse de advertir el peligro de ambas -partes. Yo callé contra mi voluntad, y el ventero que era un bellaco -redomado, disimuló y calló como yo y el otro. Los señores fulleros -quedaron muy contentos; pero fueron tan miserables que no dieron barato -á nadie, por donde se aumentó en el ventero el deseo de hurtarles la -ganancia, y en mí de volvérsela á sus dueños. El ventero que realmente -lo sintió, les dió á entender que recibió mucho gusto en ver los -mercaderes despojados; y haciéndoles grandes zalamerías, les dió un -aposento que tenia aderezado para los mercaderes, donde estaba un arcaz -muy grande con tres llaves, que les dió para guardar su dinero y ropa. -Era el arcaz de una madera muy maciza y de tablas gruesas, que hacia -pared con la caballeriza, que me puso en cuidado, imaginando qué traza -podria tener para hurtarles el dinero de un arcaz cerrado con tres -llaves, y por ningun camino podia moverse de donde estaba. Habló con la -mujer de secreto, mirando con cuidado si los veian hablar. En cenando -muy solemnemente los fulleros, habiendo hecho el pancho de perdices -y vino de Ciudad Real, se atrancaron en su<span class="pagenum" -id="Page_116">[p. 116]</span> aposento, y se cerraron de manera que -no podia entrarles una bruja. En siendo una hora de la noche, ó -poco menos, el ventero dijo: Los que tienen cabalgaduras salgan de -la venta, que ya que no hay arrieros, queremos dormir sin cuidados. -Salimos aquel mocito y yo, y dando vuelta por las espaldas de la venta, -hallamos abierta la puerta del corral, y entramos en el pajar. Yo -andaba pensando con cuidado cómo diablos, ó con qué modo ó traza podian -hacer tiro á los fulleros. Veia que en el aposento no podian entrar, -por estar muy bien encerrados, y el arcaz muy bien guardado. Traer -salteadores para el efecto no era negocio seguro, sino muy peligroso; -entrar y matarlos no podian, porque eran menos que ellos; pues querer -minar el aposento con pólvora era para todos peligroso. Y no pude dar -en el modo, hasta que entre once y doce, estando ellos durmiendo el -mejor sueño, vinieron el ventero y la ventera muy paso entre paso, -alumbrando ella con un cabo de vela: el marido comenzó á desviar con -mucho silencio un gran monton de estiércol que estaba en la caballeriza -arrimado al aposento de los fulleros.</p> - -<p>Á pocas vueltas se descubrió la tabla del arcaz, que servia de -pared al aposento. Miré con gran cuidado, y ví que la tabla del arcaz -estaba por la parte de arriba asida con tres ó cuatro goznes, y por -la parte de abajo con dos tornillos, cada uno en su esquina. Quitó el -ventero los tornillos, y en quitándolos, mandó á la mujer que llevase -de allí la vela, porque no entrase la luz en el aposento: ella la -llevó, y yo fuí muy poco á poco al ventero, al tiempo que tenia la -tabla alzada y los zurrones en las manos, y con voz muy baja, ó por -mejor decir, entre dientes, le dije: Dad acá esos zurrones, y tornad -á poner los tornillos; él me los dió, pensando que era su mujer, y -salíme<span class="pagenum" id="Page_117">[p. 117]</span> con ellos -y con mi compañero por la puerta del corral, que mientras tornaba á -poner el monton de estiércol hubo lugar para todo; y anduvimos un -ratillo apriesa hácia atrás, cada uno con su zurron, no por el camino -real, sino por un lado á la parte de arriba, con todo el silencio -posible. Ya estábamos casi frontero de la otra venta, adonde los -mercaderes se habian vuelto á dormir, y nos sentamos á descansar un -poco, que el recelo y temor aumentan el cansancio. Yo le dije al -compañero: ¿Qué pensais que traemos aquí? nuestra total destruccion, -porque á ninguna parte podemos llegar donde no nos pidan muy estrecha -cuenta de este dinero, que como él de suyo es goloso y codicioso, ó -por la parte que le puede caber, ó por congraciarse, cualquiera dará -noticia á la justicia de dos mozos caminantes de á pié, cansados y -hambrientos, y con dos zurrones de moneda, y el tormento será forzoso, -no dando buena cuenta de lo que se pregunta; pues esconderlo para -volver por él, tampoco atinaremos nosotros, como los demás; y andar -mucho por aquí dará sospecha de algun daño, y el menos que nos puede -suceder es caer en manos de los ladrones, que nos quiten el dinero y -la vida: ponerse á peligro por ganar dineros, muchos lo hacen; pero -poner en peligro la vida, honra y dinero, ningun hombre de juicio lo -ha de hacer: y así mi principal intento fué volver este dinero á sus -dueños, para tener tanta parte en él como ellos, sin peligro de las -vidas, y sin daño de las conciencias; y aquí viene bien: quien hurta -al ladron, etc. Esta y otras muchas cosas le dije para desarraigarle -cierta golosina que se le habia pegado, que como lo llevaba á cuestas, -habia contraido no sé qué parentesco con la sangre del corazon: pero -al fin le pareció muy bien. Fuimos á la venta, y aunque era muy de -madrugada, dimos golpes á la puerta, diciendo que<span class="pagenum" -id="Page_118">[p. 118]</span> veníamos con un despacho de mucha -importancia para unos señores mercaderes de Toledo que estaban dentro. -Ellos lo oyeron, y hicieron al ventero que abriese. Encendió luz, y -entramos en el aposento cargados, y sin hablarles palabra arrojamos -los gatos sobre una mesa, que si fueran de Algalia no regalaran tanto -las narices como estos regalaron las orejas. ¿Qué es esto? dijeron los -mercaderes. Su dinero, respondí yo, que ha vuelto á César lo que era -suyo. Contámosles el caso, y díjeles que antes que en la otra venta se -levantasen, pasásemos el puerto. De buena ventura mia, venian mulas -de retorno hácia Sevilla. Los mercaderes alegres y agradecidísimos -del caso, para mí y para el otro mozo tomaron dos mulas, y caminando -pasamos el puerto sin que lo sintiesen en las ventas. Encumbramos el -puerto, y bajamos á otra que está en lo más bajo, no mal proveida, -adonde estuvimos todo el dia descansando y durmiendo, por el poco sueño -y mucha pesadumbre que les habia causado la pérdida de su dinero: -y á la tarde supimos que el ventero (como martirizando á su mujer, -no supo cosa del hurto, porque no osó decir que nos habia dejado -dentro) sospechando que los fulleros le habian hecho la treta que él -no entendió, fué á dar aviso á la Hermandad, de la vida y trato de -aquellos hombres, y cómo tenian dos zurrones de dinero mal ganado, y -vino la Hermandad, y como no halló los dineros, ni los zurrones que el -ventero habia dicho en el arcaz, á él por desatinado ó loco ó porque -habia cargado demasiado, y á los fulleros por gente sospechosa que tan -tarde se estaban en la venta, y á la mujer por suspensa y callada, que -no supo dar razon de sí, les hicieron pagar las costas sin averiguar el -secreto. Holgámonos mucho con el suceso, de manera que los mercaderes -lo querian oir por momentos, que segun pareció, hallaron más dinero -den<span class="pagenum" id="Page_119">[p. 119]</span>tro de los -zurrones del que habian dejado; y con donaire decia el uno de ellos: -No quiera Dios que yo lleve dinero ajeno en mi poder, gástese por el -camino en perdices y conejos, que no quiero tener que restituir; y -así se hizo con beneplácito de todos. Yo consideré á solas conmigo, -y aun lo comuniqué con uno de los mercaderes, cuán mal se logra lo -mal ganado, y cuánto peor se goza lo adquirido con juegos de ventaja, -donde se aventura la reputacion, sin asegurar la ganancia, que está -sujeta á cuantos la ven, y á cuantos lo imaginan, y á los ausentes, á -quien toca la distribucion de la estafa, que tasadamente les queda para -consumir en los tabernáculos de la gula, fiestas de Baco y sacrificios -de Venus, sin aprovechar la sumision y cortesía fingida para engañar -al que quieren desollar, ó al que ya tienen desollado; que si bien -quisiesen los hombres sencillos advertir á las cautelas, enredos y -marañas de estos apacibles lobos, echarian de ver que una cortesía -sin tiempo, una amistad sin sazon ni conocimiento, un comedimiento no -acostumbrado, unas ceremonias no debidas, traen consigo más daño que -provecho para aquel con quien se usan; porque si son los hombres de -tan ruin condicion que aun á la cortesía debida acuden de mala gana á -quien tienen obligacion, ¿por qué no se ha de entender que la novedad -de cortesías estraordinarias traen consigo algun secreto, especialmente -no teniendo partes por donde se le deban? Los fulleros tienen tambien -su materia de estado, porque, ó engañan por sí ó por amigos, que tienen -señalados y diputados para el efecto; casas de posadas, ó mesones, -donde les dan el soplo de la gente nueva á quien pueden acometer.</p> - -<p>Tienen tambien su libro de caja ó de memoria de todos aquellos -que acuden á favorecer su ministerio en todos los pueblos grandes ó -pequeños, porque es<span class="pagenum" id="Page_120">[p. 120]</span> -oficio corriente por toda España, y en las poblaciones de importancia -tienen correspondencia y avisos de las zorras comadres, para chupar -la sangre á los corderos inocentes. Y aunque son tan grandes los -sainetes de estos cautelosos culebrones, para chupar la sangre de los -que ven inclinados al juego, que no pueden reducirse á regla cierta, -ni guardarse de sus trampas, con todo eso digo, que todo lo que fuere -artificio apacible y no usado, se ha de temer aun de los mismos amigos -en materia de juego, porque se venden unos á otros. Cuando convida -á jugar un conocido á otro, llevándole á parte no sabida, vaya con -cuidado, sea en público ó en secreto; y me parece que no será malo -este refrancillo para este propósito: <i>Si bien me quieres, trátame -como sueles</i>. Caminamos con todo el gusto que pudimos mis mercaderes -y yo, buscando por el camino ocasiones en que tenerlo: llegamos á -la Conquista, que es un pueblecito que se comenzaba entonces, un -domingo por la mañana: entramos á oir misa, que la estaba diciendo -un clérigo que pronunciaba la lengua latina como gallego. La misa -era de <i>Requiem</i>, porque habian enterrado aquella mañana un pobre, y -ayudábale un sacristan, que sobre un sayo pardo muy rozagante traia una -sobrepelliz de cañamazo. Acabada la misa, diciendo el responso sobre la -sepultura, acabó el clérigo diciendo: <i>Requiescat in pace, alleluja, -alleluja</i>. El sacristan le respondió con muchos pasos de garganta: -<i>Amen, alleluja, alleluja</i>. Lleguéme al buen hombre, y díjele: Mire, -padre, que en misa de <i>Requiem</i> no hay <i>alleluja</i>. Respondióme muy -confiadamente: Arre allá, señor estudiante; ¿no ve que es entre Pascua -y Pascua? Fuímonos cayendo de risa por todo el camino.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c120.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_14"> - <p><span class="pagenum" id="Page_121">[p. 121]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c121.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO XIV.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">C</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Como</span> el camino, por -bueno que sea, siempre trae consigo un género de soledad, porque -ordinariamente se camina ó por necesidad, ó por negocios forzosos, que -ocupan la memoria y distraen el gusto, procurábamos tenerle en todas -las cosas que encontrábamos. Los mozos de mula acudian á su costumbre, -uno á echar pullas, otro á hacer burlas á los caminantes, otro á cantar -romances viejos, cual sea su salud: nosotros de lo que se ofrecia á -la vista. Encontrámos un pastor que pasaba su ganado de un distrito á -otro, pereciendo de sed él y los perros; que en Sierra-Morena por mayo -y por todo el verano, aunque de noche hace fresco, de dia se encienden -los árboles de calor: y era tan ignorante el buen hombre, que teniendo -sed llevaba los perros atados porque no se le perdiesen. Preguntónos -si sabíamos dónde hubiese agua; yo le respondí: ¿Pues llevando perros, -preguntais esto? desatadlos, que ellos hallarán presto el agua. ¿Y -es eso así? dijo un mercader. Es cosa muy sabida, dije yo, y muchas -veces experimentada. Y dije al pastor: Des<span class="pagenum" -id="Page_122">[p. 122]</span>atad los perros, ó el uno de ellos, y -ponedle un cordelillo largo, con que lo vais siguiendo, que él hallará -fuente, arroyo ó laguna: y así lo hizo el pastor; de suerte, que -dándole larga con el cordel, rompió por una ladera alzando el hocico, y -se fué hácia una espesura derecho, que habia al pié de una peña, donde -halló agua, que refrescó al pastor y satisfizo al ganado. Y contaréles -á vuesas mercedes lo que me contó en Ronda un caballero de muy gentil -entendimiento, que se llama Juan de Luzon, muy experimentado en letras -humanas y divinas. Hay dos pueblecillos en Sierra de Ronda, entre -otros muchos, uno llamado Balastar, y el otro (si bien me acuerdo) -Chucar, entre los cuales andando un cabrero moro apacentando su ganado, -apretándole la sed, y no hallando agua, ni señal donde pudiese haberla, -despareciósele un perro, y á cabo de rato vino mojado todo y muy -contento, coleando al amo, y haciéndole muy grandes fiestas. Espantado -de aquello el cabrero, le dió muy bien de comer y lo ató, aguardando -á que le tornase á aquejar la sed, diligentísima despertadora de -la pereza. Atóle un cordelejo largo, y dejóle ir, y siguiéndole el -amo, fué saltando matas y peñas, rasgándose las manos y el rostro; y -siguióle con todas estas dificultades, hasta que entre unas grandes -espesuras, se coló por la boca de una cueva, que por debajo de altos -riscos estaba naturalmente hecha, con algunos resquicios, que le daban -la luz que habia menester. En medio de la cueva nacia un clarísimo -arroyo, que se dividia en dos partes: bebió el moro, é hinchó su -zaque; y admirado de la novedad dió en una traza, á su parecer buena, -que despues le costó la vida; y fué, que atajó con unas piedras el un -arroyo de aquellos, echando todo el agua por una parte, para ver al dia -siguiente dónde iba á parar. Fuése á su ganado, y<span class="pagenum" -id="Page_123">[p. 123]</span> averiguó el dia siguiente que habia -faltado el agua en Chucar. El moro que sabia el secreto, fuése al -pueblo diciendo, que si se lo pagaban bien les daria su agua, y otra -tanta más, y contó el caso como habia sucedido. El poco tiempo que les -habia faltado el agua los necesitó de manera que le dieron doscientos -ducados porque les diese su agua y la del otro pueblo. En recibiendo -su dinero fué á la cueva, y soltó el agua por aquella parte. Viéndose -con su agua tan crecida, conociendo la inconstancia y codicia del -cabrero, antes que los de Balastar le corrompiesen con esperanza de -mayor interés, acordaron darle garrote, quedándose con el agua toda, y -el moro sin vida, sin que hasta hoy se haya sabido en qué parte está -el secreto: y hoy se echa de ver señal de que algun tiempo corrió por -allí agua, por las guijas y piedras que lo manifiestan. Halló aquella -encubierta cueva el aliento del perro, leal amigo y fiel compañero, -descubridor de enemigos de sus amos. Extraña fuerza de aliento, dijo -un mercader, que siendo el agua un elemento sin olor, la venga á -descubrir un perro con solo alzar el rostro al aire, principal movedor -y embajador del olfato. Que son las calidades de los perros y las -excelencias que hay en ellos muy dignas de admiracion, no por los -cuentos que se dicen de ellos, ni haciendo caso de historias atrasadas, -sino por lo que vemos y experimentamos cada dia. ¡Qué fidelidad! ¡qué -amor! ¡qué conocimiento!</p> - -<p>Á lo menos, dije yo, tienen dos admirables virtudes, si se puede -dar este nombre en ellos, que si los hombres las tuviesen tan sentadas -en el alma como ellos en su natural inclinacion, vivirian en perpétua -paz, que son humildad y agradecimiento. ¡Oh, bien notado! dijo el -mercader: ¡oh qué gallarda consideracion! Del bienaventurado San -Francisco, que fué<span class="pagenum" id="Page_124">[p. 124]</span> -hijo de un mercader, se dice que alababa mucho la humildad de los -perros, deseando imitarlos en esto, por la mucha que tuvo nuestro -Maestro y Redentor Jesucristo. Pues en agradecimiento, dije yo, fuera -de lo que la ley natural nos enseña, lo tenemos por precepto suyo -que enviando sus santísimos discípulos á predicar por el mundo les -mandó que en agradecimiento del bien que les hiciesen en sus posadas -curasen los enfermos que en ellas hubiese. ¿Pues hay, dijo el mercader, -quien desagradezca, ó quien no sepa agradecer el bien que le hacen? -¿Hay quien no le parezca que no satisface el beneficio recibido? -¿Quién ha de carecer de tan admirable virtud? Yo creo, respondí, que -nadie, si no son los avarientos y los soberbios, que son dos géneros -de gente pestilencial en la República; los unos, porque no saben -usar de caridad, y los otros porque siempre van contra ella. Y pues -se ha ofrecido materia tan excelente y divina virtud, como es el -agradecimiento, en tanto que llegamos á Adamuz tengo de referir un -caso digno de saberse, que le pasó al autor de este libro viniendo de -Salamanca, que no hay vida de hombre ninguno de cuantos andan por el -mundo de quien no se pueda escribir una grande historia, y habrá para -ella bastante materia. En una dispersion que hubo de estudiantes en -Salamanca, por cierto encuentro que tuvo el Corregidor D. Enrique de -Bolaños con la Universidad, y no con ella, sino con los estudiantes, -gente briosa, y fácil de moverse para cualquiera alteracion; como se -quedó la ciudad sin estudiantes, el autor tambien se fué á su tierra -como los demás, que las vacaciones estaban ya muy cerca, tiempo deseado -para descanso de los estudiantes. La necesidad suya era tanta, que -trilló el camino á la apostólica. Llegó un dia al anochecer á las -ventas de Murga, y no queriéndole dar posada, por<span class="pagenum" -id="Page_125">[p. 125]</span> el poco provecho que habia de dejar -en ellas, pasó adelante solo, y cantando por hacerse compañía, que -la voz humana tiene propiedad maravillosa para acompañar á quien -no lleva dineros que le puedan quitar. Salieron cuatro hombres con -cuatro ballestas, y preguntáronle de dónde venia. Él respondió que de -Salamanca. ¿Y á quién deja atrás? preguntaron ellos; y él respondió: -Antes todos me dejan á mí, porque ando poco. Pues ¿cómo no se quedó -en las ventas? preguntaron. Y él respondió: Porque como no llevo -dineros, ni cabalgadura que les pudiera dejar provecho, me dieron -voces que me saliese de la venta, y yo las voy dando á Dios porque me -acompañe, y juzgue la crueldad de estos venteros. Á lo cual dijo el -más pequeño de los ballesteros ó ballesteadores: Preguntamos esto, -señor estudiante, por ver si queda atrás quien nos pueda comprar caza, -de que tenemos mucha abundancia, y pocos compradores. Y volviéndose á -los compañeros, dijo: Gran lástima me ha dado el mal trato y crueldad -de que estos venteros usan con la gente de á pié, y más la necesidad -que he visto en este estudiante. Llevémosle á nuestro alojamiento, -que algun tiempo nos valdrá con Dios esta caridad. Harto mejor, -dijo uno, será matarlo (despues lo supe) porque no diga que nos ha -encontrado, y espante los caminantes. Al fin el mozuelo dió y tomó -con ellos hasta que lo llevaron consigo, porque les pareció que era -lo más sano para su negocio. Mostróse el mozuelo muy compasivo, que -si bien las ruines compañías hacen prevaricar una buena inclinacion, -tal vez naturaleza da una sofrenada, para recordacion del primer -natural, que por más que se olvide, de cuando en cuando torna á su -primer principio. Fuése con ellos, ó por mejor decir, se lo llevaron -por unas espesuras, escuridades y escondrijos, llenos de revueltas y -difi<span class="pagenum" id="Page_126">[p. 126]</span>cultades, que -como ya era de noche y sonaba en unas profundidades despeñándose el -agua, y la fuerza del viento sacudia los árboles con gran furia, y al -estudiante el temor le hacia de las matas hombres armados que le iban -á despeñar en aquella infernal hondura, iba con gran devocion mirando -al cielo, y tropezando en la tierra; pero con muy buen ánimo, hablando -sin muestras de temor. Llegaron al fin á su habitacion, que parecia más -de zorras que de hombres, y desenvolviendo mucha cantidad de brasa, que -parecia ser de muy buena leña de encina, encendieron, para alumbrarse, -unas rajuelas de tea, que les daba la luz bastante que habian menester -para toda la noche. La cena fué muy buenos tasajos de venado, si no -eran quizá de algun pobre caminante. Él no sabia fiestas que hacerles, -diciéndoles cuentos, entreteniéndolos con historias, alabándoles el -vivir en aquella soledad apartados del bullicio de la gente. Decíales -que el ejercicio de la caza era de caballeros y grandes señores, y que -sin duda descendian de alguna buena sangre, pues se inclinaban á él. -Si algun disparate se les caia, se lo alababa y solemnizaba por muy -gran cosa. Al uno decia que tenia buen rostro, al otro que plantaba -bien los piés, al otro que tenia buen ingenio, al otro que hablaba con -mucha discrecion; que en semejantes conflictos la humildad mezclada con -la apacibilidad y distraccion, á los pechos que de suyo son fieros, -y aun de fieras, los vuelven mansos y amigables. La necesidad en los -peligros hace sacar fuerzas de flaqueza; y con gente de aquella traza -el temor engendra sospecha, y el ánimo arguye sencillez. Turbarse -donde (aunque se teme el daño) no estamos en él, es apresurarlo si ha -de venir; y ponerlo en duda y sospecha si no se temia. Él se hubo tan -bien con los cazadores de gatos muertos y rellenos, que le regala<span -class="pagenum" id="Page_127">[p. 127]</span>ron y dieron de cenar, y -dos zamarros en que durmiese, y antes que amaneciese, porque no saliese -con luz, le dieron de almorzar, y sacándolo al camino aquel mozuelo, -el menor de los cuatro, le fué diciendo el peligro en que se habria -visto si no fuera por él: y en pago le rogaba no dijese á nadie lo que -le habia sucedido: despidióse de él, y fué su camino, volviendo atrás -muchas veces la cabeza, que aun le parecia que no estaba muy seguro -de ellos. Si encontraba algun caminante, le decia que no fuese por -aquel camino, porque le habia seguido una grandísima sierpe, que no -osaba decir otra cosa, pareciéndole que estaban oyéndolo. Al fin, para -abreviar el cuento, habiendo peregrinado por España y fuera de ella -más de veinte años, redújose al estado que Dios le tenia señalado; -fuése á su tierra, que es Ronda, hízose sacerdote, sirviendo una -capellanía de que le hizo merced Felipe II, sapientísimo Rey de España. -Despues del suceso de los salteadores, veinte y dos y veinte y tres -años, vinieron en busca de tres ladrones famosos, trayendo lengua de -ellos, que estaban en Ronda, que para hurtar tenian esta astucia. Las -mujeres vendian buhonería (que todos eran casados), entraban en las -casas á vender su mercadería, mirábanlas bien, y daban al punto á sus -maridos de las señas de toda la casa, y á la mañana amanecia robada. -Llegó á Ronda este soplo, dieron con ellos en la cárcel por la órden -del licenciado Morquecho de Miranda, que al presente hacia oficio de -Corregidor, siendo Alcalde mayor. Y por abreviar el cuento, dióles -tormento, y confesaron de plano: pidióle al autor que los confesase, -y en entrando representósele la presencia del uno de ellos, que le -hizo cosquillas en el alma; y reparando en el sentimiento que habia -tenido, halló que era el que le habia dado la vida en Sierra-Morena: -buscando traza<span class="pagenum" id="Page_128">[p. 128]</span> -cómo agradecer el bien que le habia hecho, y pareciéndole que estaba -el negocio muy adelante para rogar por un hombre convencido por su -confesion, fuése al juez, y díjole que si hacia justicia de aquel, -perdia una grande ocasion secreta. El juez dispuso de los otros dos y -dejó aquel, para que descubriese una gran máquina que el confesor le -habia dicho, y apretándolo despues á que hiciese con el delincuente que -lo confesase, le respondió: Señor, martirizado de la piedad, y movido -del agradecimiento, fingí á vuesa merced lo que sabe: este hombre me -libró de la muerte, ha venido á mis manos, querria pagarle el bien -que me hizo, y á los jueces tan bien los acompaña la misericordia -como la justicia: suplico á vuesa merced por las entrañas de Dios -que se compadezca del trabajo de un hombre tan piadoso como este. -Respondió: Estoy pensando cómo satisfacer á vuestra demanda y á mi -reputacion, y al bien de ese hombre, que por piadoso lo merece: él no -está ratificado, y en las cosas criminales tenemos ley del Reino que -nos da licencia para poder conmutar la pena de muerte en galeras; yo -os siento tan ansiado por agradecer el bien que os hizo, que quiero -aprovecharme de esta ley, pues no hay parte, y echarlo á galeras donde -purgue su pecado. Hincóse de rodillas, agradeciendo á Dios y al juez -tan piadosa causa: llevó la nueva al casi muerto preso, que respiró, -volvió en sí como de la muerte á la vida, y el autor quedó contentísimo -de haber mostrado su agradecimiento en tan apretada ocasion, que -siempre las buenas obras tienen guardado su premio en este y en el otro -mundo. ¡Estraño suceso, y digno de memoria! (dijeron los mercaderes): -¡qué santa cosa es hacer bien! ¡qué cierto la buena obra es la -prision del corazon noble! ¡qué buen fruto coge quien siembra buenas -obras! Que como el vestido cubre el cuerpo,<span class="pagenum" -id="Page_129">[p. 129]</span> las buenas obras son coberturas del alma. -¡Qué contento quedaria ese hombre cuando hizo este bien! Como queda -sabroso el brazo cuando acierta un tiro, así lo queda el alma cuando -hace una buena obra. En esta conversacion, el acabarse el cuento y -descubrir á Adamuz, fué á un mismo tiempo; lugar apacible, puesto en -el principio ó fin de Sierra-Morena, en jurisdiccion del Marqués del -Carpio; y al mismo tiempo se descubrieron aquellos fértiles campos -de Andalucía, tan celebrada de la antigüedad por los Campos Elíseos, -reposo de las almas bienaventuradas. Posamos y reposamos aquella noche -en Adamuz.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c129.jpg" - alt="Ilustración" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_15"> - <p><span class="pagenum" id="Page_130">[p. 130]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c130.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO XV.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">E</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">El</span> dia siguiente, por -ciertos respetos, me fué forzoso (por llegar primero á Málaga que á -Ronda), apartarme de los mercaderes, tomando la via del Carpio; y -ellos lo hicieron tan bien conmigo, que me dieron uno de los machos en -que iban y dineros, fiando de mí que se lo llevaria á la feria á buen -tiempo, y ellos se fueron con las mulas de retorno en que yo habia -venido hasta allí; el macho era endiablado, que ni se dejaba herrar, -ni poner la silla, y por momentos se echaba con la carga, aunque con -la compañía habia disimulado algo de su malicia, y así en saliendo -del lugar, por verse solo y por sus ruines resabios, en el primer -revolcadero se arrojó, cogiéndome una pierna debajo, de suerte que si -yo no me echára al mismo tiempo del otro lado, recibiera mucho daño; -pero con esta precaucion pude levantarme, y llevándolo del diestro -muy contra su voluntad un ratillo, se me quitó el dolor, sin entrar -el frio que pudiera, si no hiciera aquella diligencia. Eché de ver la -ruin compañía que llevaba con mi cabalgadura; pero por si otra<span -class="pagenum" id="Page_131">[p. 131]</span> vez se echaba, cogí un -garrote para usar de un remedio que habia oido decir á un viejo, que -como la experiencia los ha enseñado, saben más que los mozos, y para -semejantes actos, que no son de muchos lances, cerrados los ojos se -puede seguir su parecer. Fuí con gran cuidado para otra vez que se -quisiese echar, y en sintiéndolo que iba á caer, díle con el garrote -entre ceja y ceja con tal furia, que cayendo le ví volver lo blanco de -los ojos, bien arrepentido de haberlo hecho, porque realmente pensé -que lo habia muerto; pero sacando de presto pan, y mojándolo en vino, -díselo, y tornó en sí tan castigado, que nunca más se echó, á lo menos -llevándome á mí encima, aunque topó arenales donde pudiera hacerlo. Fuí -mi camino, y en llegando á un bosquecillo del Carpio, aunque pequeño, -abundantísimo de conejos y otras trazas, en la ribera de Guadalquivir, -apeéme á cierta necesidad natural y forzosa, y antes que la comenzase -espantóse el macho, dió á huir por el ruido que hizo un culebron y una -zorra que salieron de un zarzal y matas muy espesas que habia junto -al camino, que debian de estar ambos en una cueva, que la culebra con -ningun animal hace amistad sino con la zorra. Ella dió por una parte, -y la culebra tras el macho, que como supe despues, á cuantos pasaban -acosaba, porque habian muerto su compañía: arrojéle una piedra, no -pensando que sucediera lo que sucedió, que como la piedra iba por el -aire, corrió más que la culebra, y dióla en el espinazo, de que volvió -con tal furia contra mí, que si no me pusiera de la otra parte del -camino, dejando en medio mucha arena, lo pasara mal, que como no se -podia aprovechar de las conchillas que le sirven de piés en la arena, -como en lo duro y liso, no se atrevió atravesar el camino; pero cuanto -yo más corria por la una banda, ella corria por la otra, con más de -una vara de<span class="pagenum" id="Page_132">[p. 132]</span> cuello -alzado de la tierra, vibrando la lengua muy apriesa, y haciendo cinco ó -seis de ella.</p> - -<p>Iba yo de manera, que ya no sentia la falta del macho, sino la -persecucion de la culebra, que me tenia sin aliento, lleno de sudor -y cansancio. Los silbos no eran formados ni agudos, sino bajos y -continuados, casi al modo que pronunciamos acá las xx. Llegué á una -parte del camino, á donde habia piedras para tirarle. Paréme, así por -descansar, como por aprovecharme de las piedras; pero ella viendo mi -temor, quiso pasar por la arena para acometerme, por donde tuve yo -esperanza de librarme de ella; porque en entrando no pudo aprovecharse -de las conchuelas, ni moverse sino muy poco: animándome lo mejor que -pude, le tiré tantas piedras, que casi la vine á enterrar en ellas, y -acertándole con una, despues de haberle escupido muchas veces hácia -la cabeza (que es veneno contra ellas) la acerté con una piedra media -vara más arriba de la cola, donde tiene el principal movimiento, de -que no pudo menearse más, y acudiendo con otras muchas, le majé la -cabeza, y me senté á descansar. Pasaron por allí dos hombres que -iban camino de Adamuz, y me contaron lo que arriba dije. Midiéronla, -y tenia diez piés de largo, y de grueso más que muñeca ordinaria. -Abriéronla, y halláronle dentro dos muy gentiles gazapos, que estas -serpientes son muy voraces y poco bebedoras, aunque pasan mucho tiempo -sin mantenimiento; y así hacen tarde la digestion, que en el poco -movimiento que ella hacia bien se echaba de ver que estaba pesada. -Consideré en el rato que estuve descansando, qué de cosas hay en el -mundo que contrastan la vida del hombre. Que hasta un animal sin piés -ni alas le persigue, y le comenzó á perseguir desde su principio -antes que otro animal ninguno, ó porque no piense el hombre que -se le dió el<span class="pagenum" id="Page_133">[p. 133]</span> -dominio y jurisdiccion en la tierra sin pension ni trabajo, ó porque -con la razon sepa distinguir lo malo de lo bueno, y guardarse de lo -que le puede dañar; mediante la cual razon conoce y sabe conocer el -mantenimiento provechoso, y desechar el nocivo. Huir de los animales -bravos, y servirse de los mansos; pero los feroces y dañosos avisan -del mal que pueden hacer, ó con las uñas, ó con los cuernos, ó con los -dientes, ó con los picos. ¡Mas que un animal sin piés, sin uñas, sin -cuernos como éste sea tan horrendo y abominable, que atemorice con -solo mirarle! Ordenacion fué de Dios, para sujetar la soberbia del -hombre y desjarretársela con la misma inmundicia y asquerosidad de la -hez de la tierra, que aun muerta la veia, y me daba horror; y confieso -de mí, que siempre que veo semejantes sabandijas, engendran en mí -nuevo temor y espanto; ¿pero qué no espantará ver, que una cosa que -parece cerbatana ó varal, de su propio movimiento corre tanto como un -caballo? ¿Y que con hincar la cabeza en el suelo, dé tan grande golpe -á un hombre que lo derribe y aun lo mate, acometiendo á traicion que -no cara á cara? ¿Que sea tan astuto, que se desnude el hábito viejo -y se vista de nuevo? ¿que se cure la ceguera de sus ojos causada de -las humedades del invierno con refregarse en el hinojo la primavera? -Son tan contrarios á todos los demás animales, que con ninguno hacen -amistad, sino con la zorra, ó porque ambas habitan siempre en cuevas de -tierra y piedra, ó por buscar abrigo en el pelo de la zorra. Hasta aquí -habia estado el ermitaño callando, y aquí parecióle preguntar, como -hombre que habia estado en soledades y entre ásperas montañas, huyendo -el concurso de la gente, viviendo y conversando con animales brutos, -¿cuál era la razon porque estas sabandijas sean tan espantables, -como son culebras, lagartos,<span class="pagenum" id="Page_134">[p. -134]</span> sapos, escuerzos, áspides, víboras, y otras semejantes que -suelen verse? Respondíle: Lo primero, que todas las cosas que no vemos -y tratamos de ordinario, traen consigo este género de admiracion. Lo -segundo, que por tener tanto de los dos elementos graves, que son agua -y tierra, y tan poco de los elementos leves, que son aire y fuego, -que casi no tienen parentesco ni semejanza con el hombre; porque -éste tiene de lo espiritual, en que se parece á los Ángeles, y de lo -corporal, en que se parece á los animales brutos; y estos en aquella -parte terrestre, húmeda y fria, tienen semejanza con las sabandijas, -y estas consigo solas, y con las entrañas de la tierra. Lo tercero -y último, porque todos los animales que no pueden engendrar de la -putrefaccion de la tierra, sin generacion de su semejante, ni pueden -ser para el servicio, ni para el gusto del hombre, á quien Dios les -manda que obedezcan, y ellos mismos huyen de su presencia, como de -señor á quien aborrecen, por la superioridad y dominio que tienen sobre -todas, ó por la antipatía natural. Y esto baste, porque la pérdida de -mi macho me da pena y cuidado, y priesa que lo busque. Ya que hube -descansado y limpiádome el sudor del rostro, que lo de dentro no pude, -fuí buscando mi macho, ó por mejor decir, de los mercaderes, por toda -la orilla y ribera del Guadalquivir, sin topar á persona que me supiese -dar rastro ni nuevas de él yendo, como iba, cargado con ferreruelo, -espada, cogin y alforjas, que todo lo echó por alto, sino es la silla, -que la llevaba en la barriga; de suerte, que yo me cargué de todo lo -que el macho se descargó, y mucho más me cargaban las matracas que -me daban los que me topaban hecho caballo de postillon, que por no -dejarlo lo sufria todo. Paréme á descansar un ratillo, antes que pasase -el rio, donde ví tanta abundancia de conejos,<span class="pagenum" -id="Page_135">[p. 135]</span> que estaban más espesos á la orilla del -rio, que liendres en jubon de arriero, que en todo el dia no dejan de -venir á beber muchas manadas de ellos. Pasé de la otra parte del rio, -y entréme á descansar á un meson que está antes de llegar al pueblo, -donde tampoco me supieron dar nueva de mi negro macho, aunque prometí -hallazgo, haciendo diligencias con las guardas del bosque. Refresquéme -lo mejor que pude de mantenimiento y bebida, con la templanza que el -cansancio pedia. Púseme á la puerta del meson, para ver si pasaba el -macho ó persona que de él me diese nuevas. Miré aquel pedazo de tierra -en el tiempo que allí estuve, que en fertilidad é influencia del cielo, -hermosura de tierra y agua, no he visto cosa mejor en toda la Europa, -y para encarecerla de una vez, es tierra que da cuatro frutos al año, -sembrándola y cultivándola con regadío de una aceña, con tres ruedas, -que la baña abundantísimamente, donde algunos años despues pasó en -presencia mia una desgracia muy digna de contarse; para que se vea -cuánta obligacion tienen los hijos de seguir el consejo de los padres, -aunque les parezca que repugna á su opinion. Y fué, que siendo Marqués -del Carpio Don Luis de Haro, caballero muy digno de este nombre, y muy -gallardo de persona, y adornado de virtudes y partes muy dignas de -estimar, vinieron allí madereros de la sierra de Segura con algunos -millares de vigas muy gruesas; y dando el Marqués licencia y lugar para -que las pasasen, alzaron la puente de la pesquera, para que toda el -agua se recogiese á un despeñadero ó profundidad, por donde los maderos -habian de pasar. Los gancheros eran todos mozos, de muy gentiles -personas, fuertes de brazos, y ligeros de piés y piernas, grandes -nadadores y sufridores de aguas, frios y trabajos. Quisieron hacer al -Marqués una fiesta de gansos,<span class="pagenum" id="Page_136">[p. -136]</span> poniéndolos atados entre los dos maderos de la puerta de -la pesquera, y como iba el madero despeñándose, por la violencia del -grande cuerpo del agua, puesto el ganchero sobre el madero hácia la -cabeza del ganso, y tirando del pescuezo, se deslizaba de la mano y -caia en la profundidad del agua, saliendo lejos de allí nadando, en que -pasaron cosas de mucho gusto y risa, aunque no sin peligro de quien la -causaba, que siempre las caidas son de gusto para quien las ve, pero -no para quien las da, especialmente en ejercicios tan poco usados como -este.</p> - -<p>Entre estos gancheros venia un mozo recio, de muy gentil talle, -alto de cuerpo, rubio, y bien hecho de miembros, grande hacedor de su -persona, y que entre todos los demás era conocido y respetado como -por de tal opinion, y por grandes fuerzas para cualquier ejercicio -de hombres. Este pidió licencia á su padre, que venia en compañía -de los otros, para ir á quitar el pescuezo á un ganso que estaba -recien puesto; la cual el padre le negó, que los padres, ó por tener -más experiencia que los hijos, ó por ser hechura suya y conocer sus -inclinaciones, ó por haberlos criado, y conocer de qué pié cojean, -ó por el amor entrañable que les tienen, son algo profetas de los -bienes ó males de los hijos; y así este por ningun camino consintió -que de su voluntad fuese el hijo á la fiesta; pero diciendo él que -no queria que lo tuviese por menos hombre que á los demás, con -importunaciones alcanzó de su padre que lo dejase ir, aunque de muy -mala gana. Y reprehendiéndole algunos porque lo hacia tan forzado, -respondió en presencia mia unas palabras llenas de gran sentimiento y -dolor diciendo: No sabe nadie lo que es aventurar un hijo criado, y -solo. El mozo fué gallardísimamente, teniendo todos los ojos puestos -en él, que en asiendo el cuello del ganso, que<span class="pagenum" -id="Page_137">[p. 137]</span> él pensaba con facilidad arrancar con la -fuerza grande que hizo, estúvose casi colgado de las manos hasta que el -madero llegaba ya al cabo, en cuyo remate ó cabeza, deslizándosele la -mano, cayó, y dió de cerebro, sumergiéndose en el profundo del charco, -sin que más pareciese hasta el dia siguiente, con grande espanto y -compasion de todos los circunstantes, quedando el padre, que lo estaba -mirando, en éstasis. Todos los gancheros nadando le buscaron, y lo -hallaron al dia siguiente, que pareció en cierta manera castigo de la -desobediencia que tuvo al mandamiento del padre, y ejemplo para cuantos -le vieron. Fué contra el precepto y consejo paternal, del cual tienen -necesidad todos los que desean acertar. Pasó este caso en este mismo -lugar, y en presencia del marqués D. Luis de Haro, y de su hijo el -marqués D. Diego Lopez de Haro, que cuando esto se escribe están vivos, -y más mozos que el autor, en cuya compañía se halló presente á este -infelice suceso. Y porque no habrá lugar de contarlo adelante, se dice -aquí, por encargar á los hijos que aunque les parezca que saben más que -los padres, en razon de la superioridad que Dios les dió sobre ellos, -y representando la persona del verdadero Padre, los han de obedecer y -respetar, y creer que en cuanto á las costumbres morales saben más que -ellos; porque con esto se merece con el universal Padre de todas las -criaturas. Y volviendo al estado presente, y la pena que me daba la -falta de mi macho, aquella tarde no pude saber de él, y así me quedé -aquella noche en el meson, sin esperanza de poderlo hallar.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c137.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_16"> - <p><span class="pagenum" id="Page_138">[p. 138]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c138.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO XVI.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">A</p> -</div> - -<p class="icap2"><span class="smcap">Amaneció</span> el sol el dia -siguiente con unos rayos entre verdes y cetrinos, señal de agua, y -yo sin macho, ni esperanza de hallarlo. Fuíme al pueblo á las nueve, -ó á las diez, y ví que unos gitanos estaban vendiendo un macho, muy -hechas las crines y el trenzado de atrás, con su enjalma y demás -aderezos, encareciendo la mansedumbre y el paso con mil embelecos de -palabras. Hacia el gitano mil gerigonzas sobre el macho, de manera -que tenia ya muchos golosos que le querian comprar. Lleguéme cerca, -y ví que era del color del mio; pero desconocido en verlo tan manso, -seguro, remozado de crines y cola. Ví que se dejaba tocar á todas -las partes del cuerpo sin alterarse, y así no me atreví á pensar que -pudiera ser el mio. Alzábanle los piés y manos, dándole palmadas en el -pecho y en las ancas, estando él con mucha paciencia y mansedumbre: -yo estaba desconfiado de que pudiera ser el mio, pero fuíme por un -lado disimuladamente, y púseme delante de él, aunque detrás del -gitano, y en viéndome amusgó las orejas, por el conocimiento, ó por -el<span class="pagenum" id="Page_139">[p. 139]</span> temor que me -tenia. Espantéme de ver su tan súbita y no esperada mudanza, y ví que -realmente era mi macho: mas no pude imaginar cómo le podia cobrar sin -dar testigos ó evidencia de cómo era mio; y así no me arrojé á decir -que era hurtado, y decia entre mí: ¿es posible que sean estos gitanos -tan grandes embusteros que en menos de veinte y cuatro horas hayan -hecho este macho de enjalma, y le hayan disfrazado de manera que me ha -puesto en duda el conocimiento de él, y que lo hayan hecho más manso -que una oveja, siendo peor que un tigre, y que no tenga yo modo para -cobrarlo manifestando mi justicia? Pero detúveme un poco, y lleguéme -con los demás á ver el macho, y alabándole, pregunté si era gallego. -Respondió el gitano: Vuesa merced, ceñor, á fé que sabe mucho de -bestiaz, y ha conocido bien la bondad de loz mejorez cuatro piéz que -hay en toda Andalucía. No ez gallego, mi ceñor, cino de Illezcaz, que -allí lo truqué por un cuartago cordovez, y aquí traigo el teztimonio. -Será levantado, dije yo entre mí, y junto con esto lo mostró. -Ofrecióseme traza para cobrarlo fácilmente, y lleguéme á un hidalgo, -á quien ví que todos respetaban, que era de los antiguos criados de -aquella casa, llamado Angulo, y le dije: Señor, este macho me han -hurtado esos gitanos, y aunque trae enjalma, es de silla; y aunque -parece que traen testimonio, es falso. Á lo cual me dijo el hidalgo: -Mire, señor estudiante, que conocemos este gitano de mucho tiempo acá, -y nos ha tratado siempre verdad. Pues ahora, respondí yo, no la trata, -y haciendo vuesa merced las diligencias que yo le suplicaré, se verá -con evidencia la verdad que tengo dicha; y vuesa merced está inclinado -á comprarlo porque le parece manso, siendo peor que un demonio.</p> - -<p>Pues ¿puede ser fingida, preguntó el hidalgo, aque<span -class="pagenum" id="Page_140">[p. 140]</span>lla mansedumbre y bondad? -Sí señor, respondí yo, porque lo han emborrachado; y no hay bestia tan -feroz ni maliciosa que echándole de grado ó por fuerza una azumbre de -vino en las tripas, no se amanse más que una oveja: y por esto haga -vuesa merced lo que yo le suplicaré, y saldrá de este engaño, viendo -que el macho es malicioso, y que es mio. Y lo primero digo á vuesa -merced que se lo llegue á comprar, y dígale esto y esto, hablándole -algo al oido, é informándole de todo lo conveniente. Fuése el hidalgo, -despues de bien informado, al gitano, y mirando el macho, le dijo: Yo -estoy muy contento de esta bestia, y la comprára si tuviera silla y -freno, porque tengo de hacer un viaje muy largo. El gitano se holgó -mucho de ello, y trajo la silla y el freno, diciendo que era el mejor -caminador del mundo, y que por pensar que para el campo se venderia -más presto, le habia puesto la enjalma. En viendo el hidalgo la silla -y el freno, halló que conformaba con las señas que yo le habia dado, -y haciendo lo que yo le habia dicho al oido, llevólo á su casa, -asegurando á los gitanos que lo queria probar; y túvolo hasta tanto -que se gastaron los humos del vino encerrado en su casa. Hecho esto -llamó al gitano, y díjole que subiese en el macho y caminase un cuarto -de hora fuera del pueblo. Subió, aunque era muy suelto, con mucha -dificultad, por la poca seguridad del macho, que gastada la suavidad -del vino, tornó á su ruin natural, y caminando como un viento, en -saliendo de las casas, con la misma furia que llevaba dió consigo y -con el gitano en tierra, y cogiéndole una pierna debajo, se revolcó de -manera, que fué bien necesaria la ligereza del gitano para que no se -la quebrase. Acudió aquel hidalgo desengañado ya de la bellaquería, y -le dijo riéndose: ¿Qué desgracia es esta, Maldonado? Señor, dijo el -gitano, como está<span class="pagenum" id="Page_141">[p. 141]</span> -holgado, y mal herrado, se echa con la carga. Y riéndose más el -hidalgo, dijo: Pues alzadle los piés, veamos si há menester herradura. -Alzóle un pié, y dióle una patada en el carrillo izquierdo, con que -le dejó señalada la herradura y los clavos; díjole el hidalgo: Mal se -conoce lo que no se ha criado, hermano Maldonado; si vos hubiérades -tratado y conocido esta bestia, ni os engañárades, ni nos engañárades. -En lo ajeno dura poco la posesion: íbades con aquel refran: quien no -te conoce te compre. ¿Por qué pensábades que os preguntó el dueño si -era gallego, sino porque como tal os habia de dar la coz que os dió? -Vos queríades herrarlo; ¿mas él no os herró á vos? ¿cogistes ayer el -macho, y queríades hoy venderlo? Huélgome de saber que tambien sois -nigromántico, pues desde ayer habeis venido de Illescas. Señor, dijo el -gitano, yo hice como gitano, y su merced ha de sufrir como caballero; -bien eché de ver que este señor sabia de bestias. Descubierto el hurto -con la evidencia posible, me dieron mi macho, y me avié camino de -Málaga, pasando por Lucena, donde llegando un poco tarde, reposé y comí -un bocado, y pensando llegar aquella noche á Benamejí, cuyo camino -yo no sabia, partíme con la relacion que me dieron. Las leguas son -más largas de lo que yo me pensaba; el camino estaba lleno de lodo, -porque la noche antes habia llovido muy bien. Yo por priesa que me dí -con mi macho, me anocheció una legua antes de llegar á un riachuelo -que está entre Lucena y Benamejí. Halléme confuso, por ser la noche -oscura, y caminar sin guia, sin encontrar á quien preguntar por el -camino, que era domingo en la noche, cuando todos los labradores están -en sus casas. Al fin poco á poco, muchas veces tropezando, y algunas -cayendo, llegué al rio, y en pasando no hallé camino por la otra parte, -por una costumbre<span class="pagenum" id="Page_142">[p. 142]</span> -que tienen los labradores en aquella tierra, que es para desviar los -caminantes, para que no les entren por el sembrado, cavar por aquella -parte por donde suelen hacer senda los caminantes. Salió del rio mi -macho lo mejor que pudo, y echó á mano derecha por un cerro que tenia -muchas sendas de ovejas, ó de cabras. Llegó á lo más alto que pudo, y -estaba tan empinado el cerrillo, que en acabándose la senda ni pude ir -adelante, ni volver atrás. Víme en un gran peligro, porque si queria -bajar con el pié derecho, habia de rodar por la sierra abajo hasta -llegar á un arroyo salado, donde cuando bien librára llegára la cabeza -llena de chichones. Roguéle al macho con mucha humildad que me hiciese -la merced de estarse quedo mientras bajaba al revés; pero al tiempo -que le mandé que volviese por la sendilla que habia subido, él iba tan -cansado que se echó, y echándose, como el cerro estaba tan empinado -rodó hasta el arroyo salado; yo volví por la senda, hasta llegar al -arroyo, y fuí á mi desdichado macho, y lo que pude, ayudéle á levantar, -que estaba tan molido que fué menester animarle con sopa en vino, y -llevándole del diestro lo más poco á poco que pude, fuí considerando -que todo aquello me sucedia por no haber tenido respeto á la fiesta, -caminando y haciendo el viaje que se pudiera hacer otro dia; que al fin -como las fiestas son para dar gracias á Dios y no para hacer jornadas, -no puede haber quietud para hablar con Dios despacio. Que trabajando -en los dias que la Iglesia tiene dedicados para Dios, no solamente -no aumenta el provecho, pero por mil caminos viene el daño, como me -sucedió esta noche, que yendo con mi macho á mano izquierda por una -ladera arriba, yendo yo por la parte de abajo por animarlo, deslizó, -y cogióme debajo; aunque no fué mucho el daño, porque pude fácilmente -salir, y dán<span class="pagenum" id="Page_143">[p. 143]</span>dole -sopa en vino pudo subir hasta que descubrí en lo alto del cerro un -cortijo, donde me llegué con toda la humildad del mundo; y aunque dí -muchos golpes no me respondian, porque habia mucha gente, que se habia -juntado allí aquella noche por ser dia de fiesta.</p> - -<p>Al fin, dí tantos golpes, que me respondió un mozo, y diciéndole -con la necesidad que venia, respondióme que me fuese en hora buena; -y tornando á llamar, acudió el aperador del cortijo, que en todas -sus acciones pareció ser muy hombre de bien, y abriéndome la puerta -acudió á mi necesidad y al cansancio de mi macho, y díjome: Perdone -vuesa merced, que por estar dando voces sobre una serilla de higos que -estos mozos me habian hurtado, no pude responder tan presto. Pues si -no es más de por eso, dije yo, no le dé pena, que yo le diré quién se -la hurtó. Ángel será vuesa merced, respondió él, y no hombre, si me -dice eso. Déjeme reposar, dije yo, y se lo diré. Descansé un rato, y -mi macho cenó lo mejor que pudo; yo cené un muy gentil gazpacho, que -cosa más sabrosa no he visto en mi vida, que tanto tienen las comidas -de bueno, cuanto el estómago tiene de hambre y de necesidad. Fuera de -que el aceite de aquella tierra y el vino y vinagre es de lo mejor -que hay en toda la Europa. Habiendo cenado, y estando todos los mozos -alrededor, le dije al aperador: Este dornajo en que habemos cenado -ha de descubrir el hurto de los higos. Dijo uno entre dientes: aun -seria el diablo la venida del estudiante. Pedíle al buen hombre un -poco de aceite y almagre, y sin que los mozos lo viesen unté el suelo -del dornajo con una mezcla que hice del aceite y almagre, y pedíle un -cencerro de las vacas, y poniéndolo debajo del dornajo dije, con voz -que lo oyeron todos, habiendo puesto el dornajo más adentro, donde -estaba el pajar: Pasen todos uno á uno, y den una<span class="pagenum" -id="Page_144">[p. 144]</span> palmada en el suelo del dornajo, y en -pasando el que hurtó los higos sonará el cencerro. Fueron todos uno á -uno, y dió cada uno su palmada en la almagre, y no sonó el cencerro que -es lo que todos esperaban. Llaméles á todos, y díjeles que abriesen -las palmas de las manos, las cuales tenian todos enalmagradas, si no -era él uno de ellos; y así les dije á todos: Este gentil hombre hurtó -los higos, que porque el cencerro no sonase no osó poner la mano en el -dornajo. Él se puso colorado como un escaramujo, y los demás estuvieron -toda la noche reventando de risa y dándole matraca, y el aperador muy -agradecido de haber hallado sus higos, y yo muy contento del buen -acogimiento: y por el buen hospedaje dejéle dos cuchillos damasquinos, -con que por poco le corta las orejas al ladron de los higos.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c144.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_17"> - <p><span class="pagenum" id="Page_145">[p. 145]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c145.jpg" - alt="Ilustración" /> - </div> - <h3 class="aizq mt-3">DESCANSO XVII.</h3> -</div> - -<div class="drop pt1"> - <p class="fs300 lh80 ti0">H</p> -</div> - -<p class="icap pt1"><span class="smcap">Habiendo</span> descansado -aquella noche lo que parecia que bastaba para los trabajos de mi macho, -fuí á rogarle que se animase, y gruñendo alzó la pata, y al mismo -tiempo díle un palo, con que se le acordó el trabajo pasado. Sosegóse -luego, y echéle la silla; caminé á Benamejí, que estaba muy cerca, y -aunque quise pasar sin que me viese pasar el señor Benamejí, el bellaco -del macho se arrojó en su casa, y fué forzoso descansar allí un rato. -Al fin, por abreviar el cuento, llegué á Málaga, ó por mejor decir, -paréme á vista de ella en un alto que llaman la cuesta de Zambara. Fué -tan grande el consuelo que recibí de la vista de ella, y la fragancia -que traia el viento, regalándose por aquellas maravillosas huertas -cubiertas de todas especies de naranjos y limoneros y llenas de azahar -todo el año, que me pareció ver un pedazo de paraíso, porque no hay -en toda la redondez de aquel horizonte cosa que no deleite los cinco -sentidos. Los ojos se entretie<span class="pagenum" id="Page_146">[p. -146]</span>nen con la vista de mar y tierra, llena de tanta diversidad -de árboles hermosísimos como se hallan en todas las partes que producen -semejantes plantas; con la vista del sitio y edificios, así de casas -particulares como de templos excelentísimos, especialmente la iglesia -mayor, que no se conoce más alegre templo en todo lo descubierto. Á los -oidos deleita con grande admiracion la abundancia de los pajarillos, -que imitándose unos á otros, no cesan en todo el dia y la noche su -dulcísima armonía, con un arte sin arte, que como no tienen consonancia -ni disonancia, es una confusion dulcísima que mueve á contemplacion del -universal Hacedor de todas las cosas. Los mantenimientos abundantes y -substanciosos para el gusto y la salud. El de la gente muy apacible, -afable y cortesano, y todo es de manera que se pudiera hacer un grande -libro de las excelencias de Málaga, y no es mi intento reparar en esto. -Negocié á lo que venia en aquella santa iglesia, de donde se pueden -sacar muchos sugetos para obispos y oidores, y para gobernar el mundo, -entre los cuales hallé un prebendado amigo mio, hombre bien nacido, de -grandes y superiores partes, muy digno de estimarse, apasionado, porque -sin razon le ofendian las ausencias, hombres que por ningun camino -podian correr parejas con él. Que de la misma manera que la envidia -no se halla ni se cria sino en pechos olvidados de la buena educacion -y partes, así acomete siempre á los que las poseen, y resplandecen en -actos de ciencia y virtud. Que les parece que reconocer superioridad -y ventaja á quien se la tiene es perder el derecho que tienen á -la descortesía, á quien se crian subordinados, por falta de buen -entendimiento y sobra de mala voluntad. Quejábase que habiendo hecho -grandes bienes á un hombre que siempre habia tenido pocos ó ningunos, -y habiéndole librado de co<span class="pagenum" id="Page_147">[p. -147]</span>sas de que él por ningun camino tuviera trazas ni modo para -librarse, no solo no le agradecia, pero buscaba caminos por donde -pudiese escurecer las buenas obras recibidas. Vílo con determinacion -de volver la hoja, y vengarse de él por la mejor via que pudiese; pero -atajéle con advertirle que arrepentirse del bien que habia hecho no -cabe en ánimos nobles.</p> - -<p>Pues hacer mal, dije, al quien hicistes bien, arguye poca firmeza -y constancia en el valor del ánimo. Vengaros por tribunales es yerro -notable, porque nunca las ofensas manchan, hasta que lleguen á tan -miserable estado; especialmente que si vos me decís que es hombre -desadornado de partes heredadas ó adquiridas, ¿qué agradecimiento os -ha de tener á vos, si no agradece á Dios haberle puesto en el estado -que no merecia, ni pensó merecer? Y pregúntoos, ¿quién hizo mal, él -ó vos? Respondióme: Claro está que él. Pues enójese él, dije yo, que -hizo tan gran maldad, como no agradecer; que vos que no hicisteis -mal, no teneis de qué sentiros, sino de que estar muy contento. Y no -querais desmerecer con Dios la buena obra que hicisteis. Consolóse -de manera que si habia sido mi amigo hasta allí, por este consejo -creció mucho más la amistad. Y realmente, la quietud del ánimo no -admite alteraciones advenedizas de pechos, é intenciones, en quien se -asienta mal la paz y tranquilidad del alma. Hánse de huir semejantes -recuentros, por el mejor medio que fuere posible; y si es forzosa la -comunicacion, como sucede en comunidades, usar de ella en solo aquello -que no puede escusarse, llevando siempre por guia la justicia y la -verdad, de manera, que los que viven con cuidado de hallar en qué -tropezar, se corran y confundan; y cuando no sucediere como se desea -y como seria razon, á lo menos quedará muy seguro en su conciencia y -desapasionado quien así lo<span class="pagenum" id="Page_148">[p. -148]</span> hubiere hecho. Que el hombre constante, y de ánimo quieto, -á sí propio se ha de temer y guardarse de sí más que de los contrarios. -Si le ofenden con razon, calle por sí propio, y enmiéndese de la -culpa; si le murmuraren sin ella, consuélese, viendo que está libre de -calumnia. De suerte, que por todos caminos, el silencio es refugio y -acogida de los agravios con malicia. Pero tornando á lo primero, ¿por -qué pensais, le dije, que dicen ordinariamente: nunca falta un Gil que -me persiga? que no dicen un don Francisco, ni un don Pedro, sino un -Gil, es porque nunca son perseguidores; sino hombres bajos como Gil -Manzano, Gil Perez; ni para verdugos y comitres buscan, sino hombres -infames y bajos, enemigos de piedad, bestias crueles, sin respeto ni -vergüenza, inclinados á perseguir á la gente que ven levantarse en -actos de virtud, como este miserable de quien os quejais. De estos -la comunicacion por ningun camino es buena, porque no son capaces -de hacer bien, ni pueden dejar de hacer mal; lo cual se ataja, no -conociéndolos para que no lo hagan. Pues suele pasar, dijo, por cerca -de mí, sin quitarme el sombrero. Eso, dije yo, ó será por descuido, ó -por descortesía. Si por descortesía, enójese como tengo dicho consigo -propio, porque ha hecho mal, y no os enojeis vos por los pecados del -otro, que fué descortés y mal criado. Que vos no os habeis de alterar, -no habiendo cometido culpa: y si se hace por descuidado, consigo trae -la disculpa; porque los que caen en esta inadvertencia, no podemos -juzgar si van pensativos, ú ocupados por imaginaciones de negocios que -pueden suceder por muchas cosas, é inculpados, de que no podemos ser -jueces, no tener ciencia, ni razon de sentirnos y alterarnos. Y en esto -de las cortesías, no tenemos de qué enfadarnos. Lo uno, porque el no -usarla con nosotros, no es por culpa nuestra. Lo<span class="pagenum" -id="Page_149">[p. 149]</span> otro, porque quien da, no da más de lo -que tiene, y quien no tiene cortesía, no es mucho que no la dé, y la -regla general es, que en ninguna manera habemos de tomar fastidio de lo -que no sucede por culpa nuestra, que los descorteses su castigo tienen -acerca de quien los conoce.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c149.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_18"> - <p><span class="pagenum" id="Page_150">[p. 150]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c150.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO XVIII.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">S</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Saliendo</span> de Málaga, me -paré entre aquellos naranjos y limoneros, cuya fragancia de olor con -gran suavidad conforta el corazon; y púseme á mirar y considerar la -escelencia de aquella poblacion que así por la influencia del cielo, -como por el sitio de la tierra, escede á todas las de Europa en aquella -cantidad que su distrito abraza. Y estando en esta contemplacion, ví -venir hácia mí una cosa que parecia hombre sobre una mula hablando -entre sí á solas, con un movimiento de brazos, meneo de rostro y -alteracion de voz, como si fuera hablando con alguna docena de -caminantes. Volví la rienda á mi macho, picándole con toda la priesa -posible, antes que pudiese llegar á mí, porque le conocí la enfermedad; -que para huir de un hablador de estos querria tener, no solamente -piés de galgo, sino alas de paloma; y si ellos supiesen cuán odiosos -son á cuantos los oyen, huirian de sí propios. Que la locuacidad, -fuera de ser enfadosa y cansada, descubre fácilmente la flaqueza del -entendimiento, suena como vaso vacío de substancia, y mani<span -class="pagenum" id="Page_151">[p. 151]</span>fiesta la poca prudencia -del sugeto, y tiene tan buena gracia con las gentes, que jamás son -creidos en cosas que digan, porque aunque sea verdad, va tan derramada, -ahogada y desconocida entre tantas palabras, como el olor de una rosa -entre muchas matas de ruda: son estos habladores como el helecho, que -ni da flor ni fruta: son el raudal de un molino, que á todos los deja -sordos y siempre él está corriendo. No hay toro suelto en el coso que -tanto me haga huir como un palabrero de estos, y en resolucion no hay -buen rato en ellos sino cuando duermen, como me sucedió en este, que -por mucha priesa que me dí á huir, me alcanzó y saludó como el verdugo -por las espaldas, y apenas le hube respondido, cuando me preguntó -adónde iba, y de dónde era. Á lo primero le respondí, mas á lo segundo -no me dió lugar á que le respondiese, y prosiguiendo me dijo: Pregunto -de dónde es vuesa merced porque yo soy del reino de Murcia, aunque mis -padres fueron montañeses, de un linaje que llaman los Collados. Á lo -menos no callados: miréle mientras iba hartándose de hablar (si pudo -ser) que tenia razonable cuerpo y talle, aunque era con un gran defecto -que era zurdo, y queria parecer derecho. Que aunque la fealdad del -zurdo es grande, tengo por peor la del que disfraza, ó quiere disfrazar -la falta natural, porque arguye doblez y artificio en lo interior de -la condicion; y siendo este género de hombres tan conocidos por este -defecto, como los eunucos por el de las barbas, así quieren persuadir á -que no lo son, como estotros á que no han llegado á edad de barbar, y -los unos y los otros con querer negarlo, ó disimularlo, dan á entender -cuán grande falta es, pues la niegan.</p> - -<p>Este buen hombre, jugando de una y otra mano, y arqueando las -cejas, que tenia grandes, con dos rayas<span class="pagenum" -id="Page_152">[p. 152]</span> entre ellas profundas, ojos aunque no -pequeños, cerrados siempre que hablaba, como si con los ojos se oyera, -y todo el rostro acabronado, quiero decir, libre, alto y desvergonzado; -dijo mil disparates, á que yo nunca estuve atento, porque le conocí -luego. Contó valentías suyas, á las cuales yo estuve tan atento, como -á todo lo demás, de suerte que nunca me dió lugar para responderle -á lo que me habia preguntado, hasta que habiendo andado dos leguas, -como de tanto hablar habia gastado la humedad del celebro, labios -y lengua, en una venta que llaman del Pilarejo, pidió un jarro de -agua, y en comenzando á beber le respondí á su pregunta, diciendo: -De Ronda. Quitóse el jarro de la boca, y díjome: Huélgome porque voy -hácia allá de llevar tan buena compañía. Tornó el jarro á la boca, y -mientras acabó de beber, le dije: Antes es la peor del mundo, porque -no hablaré palabra en todo el camino. ¿Esa virtud del silencio, dijo, -tiene vuesa merced? Será prudente y estimado de todo el mundo, que del -poco hablar se conoce la prudencia de los sabios, que es una virtud -con que un hombre asegura los daños que por su causa sola pueden -venir. Yo no soy amigo de hablar: cuando dan tormento á alguno si no -habla ni confiesa, lo tienen por valeroso, por haber callado lo que -le habia de dañar. En un banquete, los callados comen más y mejor -que los otros, y hablan menos, porque oveja que bala bocado pierde, -aunque yo no soy amigo de hablar. El sueño tan importante para la -salud y vida, ha de ser con silencio. Cuando uno está escondido, como -suele suceder, en casa ajena, por callar se salva, aunque se le salga -algun estornudo. Que el silencio es virtud sin trabajo, que no es -menester cansarse con libros para callar. El callado está notando lo -que los otros hablan, para echárselo despues en cara. Yo no soy amigo -de ha<span class="pagenum" id="Page_153">[p. 153]</span>blar. Con -estos disparates y otros tan materiales, iba alabando el silencio, y -cansándome á mí y prosiguiendo con su inclinacion, dijo: Yo no soy -amigo de hablar, sino por entretener en el camino á vuesa merced, que -me parece hombre principal, voy aliviando el cansancio. Yo busqué mil -invenciones para librarme de él, y seguir mi camino á solas: pero no -fué posible dejarlo, y al fin le dije: Señor, yo tengo necesidad de -apartarme á la mano izquierda, y pasar este rio, porque tengo qué -hacer en Coin. ¿Pues por tan desconversable me tiene vuesa merced, -dijo él, que no le habia de acompañar? Él prosiguió, y como no salió -bien lo primero, fuíme divirtiendo con los ruiseñores, que nos daban -música por el camino, admirándome de ver con cuánto cuidado se van -poniendo delante de los hombres para que oigan la melodía de su canto, -á veces llevando el canto llano con la quietud del tenor, y luego -con la disminucion del tiple, convidando al contrabajo á que haga el -fundamento, sobre que van las voces saliendo á veces sin pensar con -el contralto. Concierto no imitado de los hombres, sino enseñado á -los hombres, á quien sirven con gran cuidado de darles gusto, pues -en la orilla de aquel rio, y en cualquiera parte que los haya, tanto -con más escelencia usan de su armonía, cuanto más cerca se hallan de -los hombres. Con esto pude disimular, y sufrir algun tanto la gotera -y continuacion de este impertinente hablador, hasta que llegamos á -una venta, donde fué forzoso comer. En acabando yo me hice enfermo, -por quedarme sin él, mas él dijo: Juntos salimos de Málaga, juntos -habemos de llegar á Ronda; que como yo callaba y él hablaba cuanto -queria, le parecí bien para compañía. Víme cansado, atajado y molido; -porque aunque confieso de mí que sé usar de la paciencia en muchas -cosas, sé<span class="pagenum" id="Page_154">[p. 154]</span> que no -la tengo para oir hablar mucho y prolijamente, y así me determiné á -usar del remedio contra los habladores, que es hablar más que ellos. En -acabando de comer el buen hombre, estendiendo los brazos con un gran -bostezo, comenzó á decir: Por aquí pasó el Rey Don Fernando y su gente, -cuando despues de ganada Ronda vino sobre Málaga, y habiéndole faltado -recursos, por los muchos gastos que se le habian recrecido, y por haber -acosado á los pueblos circunvecinos con los contínuos rencuentros, -trazas y estratagemas de que habia usado por ganar á Ronda, estuvieron -dos ó tres dias los soldados sin recibir mantenimiento, por donde -pensaron perecer de hambre. Yo le atajé con gran furia, diciendo: Y aun -yo me acuerdo, que lo oí contar á mi bisabuelo, que habia traido de la -campiña de los pueblos circunvecinos de cristianos de Ronda una gran -manada de ganado de cerda, de que ahora hay más abundancia que en toda -España, para mantenimiento del real: como se hubiese acabado ya todo -el ganado vacuno, y quedasen algunos cochinos, mandó el Rey Católico -que le guardasen una docena de ellos, y que por ningun camino tocasen á -ellos, por ser grandes y largos, para casta. Como los soldados, gente -sin paciencia, se veian perecer de hambre, y la provision que esperaban -se tardaba, aunque estaban atrincherados, y cercados de enemigos de -toda la Hoya de Málaga, donde por fuerza habian de vivir con recato; -vieron dos ó tres camaradas que se habian desmandado los puercos hácia -la espesura de estos árboles, por la ribera del rio, que como llevaban -seguridad y salvoconducto, nadie tocaba á ellos. Acudió un arcabucero -de la camarada, y por entre las ramas le encerró dos balas en el -cuerpo á un cochino de aquellos. ¡Arma, dijeron todos, arma, enemigos, -arma! Púsose todo el real en<span class="pagenum" id="Page_155">[p. -155]</span> arma; los soldados arrastraron el puerco hácia su tienda, y -metiéronlo entre la ropa de un baul. Acudieron á todas las partes por -donde se podia temer flaqueza ó peligro, porque en semejantes ocasiones -ninguno sino los centinelas puede disparar un arcabuz; y como hallaron -seguridad, mandóse que se hiciese pesquisa por un sargento mayor adónde -y por qué se habia disparado el arcabuz: echóse de ver que habia sido -por la muerte del cochino. Los tres soldados con los piés borraron el -rastro de la sangre, y envolviéndole entre sus vestidos y camisas, lo -encerraron en el suelo del baul, que le sirvió de sepulcro hasta que -llegó el sargento mayor, é informándose de tienda en tienda. Llegando -á la de los soldados, negando ellos lo del cochino, llegó el sargento -mayor á mirar detrás del baul, y en meneándolo, el cochino de lo -entrañable de las tripas en contrabajo dió un profundo gruñido, porque -no era muerto, y secundó con otro más recio.</p> - -<p>El sargento mayor, que se enteró del caso, y padecia tanta hambre -como ellos, mirólos sin hablar palabra. Ellos erizado el cabello, -temblándoles las manos, y confuso el rostro, cuando entendieron que los -habia de ahorcar, ó hacer otro castigo muy grave, el sargento mayor, -poniendo el dedo en la boca, les dijo: Envíenme mi parte, y comamos -todos. Con mucha disimulacion tornó á su pesquisa de tienda en tienda, -y cuando llegó á la suya, halló entre unos drapos sucios la parte del -cochino, que le pareció que habia venido del cielo. Entonces dijo el -hablador: Pues á propósito de esto contaré: y al momento atajéle con -decir: Pues no paró aquí, ni he contado la mitad del cuento, y diciendo -mil disparates, semejantes á los pasados, lo rendí de manera que -cogió su mula y se fué camino de Alora sin despedirse, y yo me quedé -en la venta<span class="pagenum" id="Page_156">[p. 156]</span> de -Don Sancho, descansando de lo mucho que habia hablado y habia sufrido -hablar, que con ser el medio con que se entienden los hombres unos con -otros, la demasía destruye el buen fin para que fué concedido á los -hombres, y no á los demás animales; la comunicacion del hablar, y la -dulzura de la lengua que tantas excelencias tiene, y que ella es el -intérprete del alma, satisfactoria á lo que le preguntan, exhortadora -al bien, consoladora en el mal, relatora fiel de las sentencias, -medianera en las amistades, agradable para el oido, en la soledad -compañera, declamadora para persuadir, y voz para comunicarnos. Dejo -otros muchos provechos, que aunque son materiales, son muy necesarios, -como es traer la lengua el mantenimiento de una parte á otra, para que -si está muy caliente se temple, y si está frio se acaliente, y baje al -estómago, de manera que lo abrace bien. Mas, ¿qué asquerosa y babosa -fuera la boca, si no hubiera lengua que recogiera la saliva que sin -licencia se destila del celebro, y sube del estómago? ¿Como si pudiera -arrancar la flema del pecho si no ayudara la lengua? ¿Quién negará la -gracia que tiene para pedir, y la desgracia para despedir? Maravillosas -propiedades tiene para lo material.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c156.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_19"> - <p><span class="pagenum" id="Page_157">[p. 157]</span></p> - <div class="figright"> - <img src="images/ill_c157.jpg" - alt="Ilustración" /> - </div> - <h3 class="aizq mt-2">DESCANSO XIX.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">P</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Pero</span> ¿quién, ó cómo podrá -decir las calidades de la lengua, aunque ella propia tuviese su libre -alvedrío sin tener dependencia de otra parte, para hablar de sí? Dicen -algunos que es de hechura de hierro de lanza, y engáñanse, porque ni es -tan ancha por lo ancho, ni tan puntiaguda por el remate. Á mí me parece -que tiene hechura de cabeza de culebra; y quien quisiere advertir en -ello, véala mirándose á un espejo, y hallará lo que digo: verá el -fácil movimiento que tiene, más veloz que todos los demás miembros del -cuerpo, como de su movimiento propio se alarga y se encoge, se angosta -y ensancha, con qué ligereza sube á lo alto de la boca, y baja á lo -bajo, y se mueve al un labio y al otro, cómo sale afuera, y vuelve -adentro, sin ver con qué se alarga, ni dónde se encoge: y mirándola -con todos estos accidentes parece víbora que está á la boca de su -cueva para salir ó no salir. Y en fin sale,<span class="pagenum" -id="Page_158">[p. 158]</span> teniendo en su guarda y defensa los dos -adarves de dientes y labios, que le estorban la libertad del hablar, -pero no por eso deja de hablar cuanto le mandan, y algunas veces mucho -más de lo que le mandan. Vicio infame, y que ordinariamente se halla -en gente muy humilde, como pescaderas y lavanderas; y si son hombres, -son semejantes en nacimiento y costumbres, que si pensasen cuánto -importa para la quietud de la vida y seguridad de la muerte, antes -querrian ser mudos que hablar tanto y tan mal. Mil veces he pensado -por qué llaman á estos deslenguados, teniendo tan larga la lengua. Y -dejadas otras razones, digo que como hablan tanto, y tan mal, parece -que han de tener la lengua gastada y consumida de hablar; y por eso -les llaman deslenguados, siendo lenguados, y aun acedías, pues tantas -engendran en quien los sufre. Y dije que parece la lengua cabeza de -culebra, porque tan dispuesta se halla para picar ó morder, como para -alabar ó persuadir. Mas ¡cuán dulce cosa es decir bien! ¡Qué de amigos -se grangean por ello, y qué de enemigos por lo contrario! En cuantas -pesadumbres suceden en el mundo habria templanza y moderacion, si la -hubiese en la lengua, que por ella se traban cuantas pendencias suceden -en las comunidades ó cabildos. ¡Qué fácil cosa es conceder una verdad, -y qué dificultoso contradecirla! Pues al fin no se ha de dar razon -conveniente para derribarla. El contradecir la verdad, por salir (como -dicen) cada uno con la suya, bien se echa de ver que es estimarla en -poco, y su misma reputacion. Que aunque por algunos respetos le dejan -salir con su intencion, al fin todos echan de ver la vanidad que -sustentaba, y él queda corrido y arrepentido; y á todos los que se -aprovechan mal de la lengua les viene luego el pesar al pié de la obra. -Tristes de aquellos que ponen su justicia en la confianza de su<span -class="pagenum" id="Page_159">[p. 159]</span> ruin lengua, que si por -ese camino la alcanzan, toda la vida pasan con escrúpulo, y la muerte -sin restitucion (quizá me engaño). Todas las heridas que un hombre -da con el brazo paran allí donde se recibe el daño. Si ofende con la -pisada no pasa de allí el daño. Pero la herida que hace la lengua (como -dice el doctísimo Pedro de Valencia) va cundiendo y extendiéndose de -la misma manera que el movimiento que hace una piedra en un charco de -agua, que á todas partes se va estendiendo, ó como la voz que se da al -aire, que á todas partes corre, y va creciendo, que la palabra una vez -echada no sabe volverse á su dueño, ni es señor de lo que pudo retener -en sí y lo dejó ir. Llaman satírico de pocos años á esta parte al que -tiene ruin lengua; mas impropiamente, que no tiene lo uno parentesco -con lo otro: porque las sátiras no nacen de la ponzoña de la lengua, -sino del celo de reprehender un vicio, que por ser insensible él en sí, -se reprehende en quien lo tiene. Mas la hambre y sed de la ruin lengua -no tiene discurso como el que compone la sátira; y si lo tuviese, ó -espacio para pensar los inconvenientes, no se arrojaria tan fácilmente -contra la honra del prógimo. Aquel filósofo que preguntándole cuál era -el animal más ponzoñoso en la mordedura, respondió que de los bravos -el maldiciente, y de los mansos el lisonjero, no declaró cuál se llama -verdaderamente lisonjera, que realmente la lisonja es una mentira dicha -con blandura en alabanza del presente: como si á un hombre ignorante le -llamasen sabio, ó á la mujer fea la llamasen hermosa.</p> - -<p>Esta es realmente adulacion y conocida lisonja, y es grande maldad -decirla, y mayor ignorancia consentirla; pero no se llamará lisonja -á la mujer que es medianamente hermosa y parece bien, llamarla -muy hermosa, ni al hombre que tiene razonable talle, de<span -class="pagenum" id="Page_160">[p. 160]</span>cirle que es gentil -hombre; ni lo será al que canta á gusto de quien lo oye, decirle que es -un Orfeo, ni al que es muy razonable poeta decirle que es un Horacio, -que algo se ha de añadir para que los ánimos se alienten á pasar -adelante con los actos de virtud; porque si la honra es el premio de -la virtud (como lo es) ¿cómo sabrá el virtuoso la opinion que tiene en -el pueblo si no se lo dicen en su cara, y le animan para que prosiga -en merecer más y más cada dia? Así que decirle bien de sí propio al -que tiene en qué fundarlo no es lisonja, sino dejarlo sabroso para que -no cese en su buen propósito; y el que lo dice, sabiéndolo decir, se -acredita de afable, y de juez que conoce lo que se debe á las buenas -partes. ¿Quién será tan inhumano que tenga por lisonja decirle á Lope -de Vega que no ha habido en la antigüedad más escelente ingenio por -el camino que ha seguido? ¿Ni tan bruto que porque el otro sabe echar -cuatro pullas con donaire, diga que es gran poeta? Todos estos son -oficios de la lengua, que si es como la de aquel hablador, todo lo -destruye y todo lo daña, así solapando el mal, como desacreditando el -bien; porque en la demasía es imposible caber los actos de justicia, -y más si el hablar mucho cabe en una mujer ignorante y hermosa, que -para un hombre de recogimiento y estudio hace más ruido y ocupa más -en una casa que un corral de doscientas gallinas. El hablar mucho -está lleno de mil inconvenientes, y pocos habladores ó ningunos he -visto enmendados; porque cuanto más viven y duran, crece más la -licencia del hablar y el parecerles que lo pueden hacer. El hablar -con moderacion regala el oido, cria voluntad y amor en quien lo oye, -y hace una armonía en el oyente, que no hay cuatro voces concertadas -que así lo suspendan. Mas, ¿qué fuera de la música de voces si no -hubiera lengua que pronunciára las sílabas y for<span class="pagenum" -id="Page_161">[p. 161]</span>mára los puntos? Parecieran los músicos -vacas en acequias, ó azudas en procesion. Y aunque yo use mal del -precepto que doy en hablar poco, no puedo dejar de condenar un género -de gentes que en comenzando á hablar son como rueda de cohetes, que -hasta que ha despedido toda la pólvora no para. Son descorteses si no -oyen lo que les responden, y se hacen odiosos á todo el mundo. Háse -de hablar lo necesario, respondiendo y dando lugar á que se responda -con silencio justo, ó ajustado con la conversacion, si pudiere ser -con agudeza y donaire, si no á lo menos con cordura, moderacion y -aplauso, no pensando que se lo han de hablar todo. Como divinamente -hace Doña Ana de Zuazo, que usa de la lengua para cantar y hablar con -gracia, concedida del cielo para milagro de la tierra. Ó como Doña -María Carrion, que si no fuera con tantas ventajas hermosa, con sola -la cordura y gracia de su lengua pudiera ser estimada en el mundo. No -quiero traer en consecuencia de esto á los grandes oradores, como es -el Maestro Santiago Pico de Oro, al Padre Fray Gregorio de Pedrosa, al -Padre Fray Plácido Tosantos, y el Maestro Ortensio, divino ingenio, -el Padre Salablanca, tan semejante en la vida á la escelencia de sus -palabras, y otros escelentísimos sugetos, que parece que hablan con -lenguas de ángeles más que de hombres. Pero para reprehender el mucho -hablar he yo hablado demasiado, por persuadir á quien tiene esta falta -que se reforme en ella. Aquella noche descansé en un pueblo que está -cerca del camino que llaman Cazarabonela, abundantísimo de naranjas -y limones, con muchas aguas y frescuras, aunque al pié de muy altas -peñas.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c161.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_20"> - <p><span class="pagenum" id="Page_162">[p. 162]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c162.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO XX.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">P</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Por</span> la mañana tomé el camino -por entre aquellas asperezas de riscos y árboles muy espesos, donde ví -una extrañeza entre muchas que hay en todo aquel distrito, que nacia -de una peña un gran caño de agua, que salia con mucha furia hácia -afuera, como si fuera hecho á mano, mirando al oriente, muy templada, -más caliente que fria, y en volviendo la punta del peñasco salia otro -caño correspondiente á éste, muy helado, que miraba al poniente; en lo -primero el romero florido, y á dos pasos aun sin hojas, y todo cuanto -hay por ahí es de esta manera. Unas zarzas sin hojas, y otras con moras -verdes, y poco adelante con moras negras. Todo cuanto mira á Málaga muy -de primavera, y cuanto mira á Ronda muy de invierno, y así es todo el -camino. Por entre aquellos árboles muy lleno el camino de manantiales -y aguas, que se despeñan de aquellas altísimas breñas y sierras, por -entre muy espesas encinas, lentiscos y robles; y como solo imaginando -en las extrañas cosas que la naturaleza cria, cuando sin pensar dí -con una transmigracion de<span class="pagenum" id="Page_163">[p. -163]</span> gitanos, en un arroyo que llaman de las Doncellas, que me -hiciera volver atrás si no me hubieran visto, porque se me representó -luego las muertes que sucedian entonces por los caminos, hechas por -gitanos y moriscos; como el camino era poco usado, y yo me ví solo y -sin esperanza de que pudiera pasar gente que me acompañára, con el -mejor ánimo que pude, al mismo tiempo que ellos me comenzaron á pedir -limosna, les dije: Esté en hora buena la gente. Ellos estaban bebiendo -agua, y yo les convidé con vino, y alarguéles una bota de Pedro Jimenez -de Málaga, y el pan que traia, con que se holgaron; pero no cesaron -de hablar y pedir más y más. Yo tengo costumbre, y cualquiera que -caminare solo la debe tener, de trocar en el pueblo la plata ú oro -que há menester para el espacio que hay de un pueblo á otro, porque -es peligrosísimo sacar oro ó plata en las ventas, ó por el camino, -y trayendo en la faltriquera menudos, saqué un puñado, con que les -dí y repartí limosna (que nunca la dí de mejor gana en toda mi vida) -á cada uno como me pareció. Las gitanas iban de dos en dos, en unas -yeguas y cuartagos muy flacos; los muchachos de tres en tres, y de -cuatro en cuatro, en unos jumentos cojos y mancos. Los bellacones de -los gitanos á pié, sueltos como un viento, y entonces me parecieron -muy altos y membrudos, que el temor hace las cosas mayores de lo que -son; el camino es estrecho y peligroso, lleno de raíces de los árboles, -muchos y muy espesos, y el macho tropezaba cuanto podia; dábanle los -gitanos palmadas en las ancas, y á mí me pareció que me las querian -dar en el alma; porque yo iba por lo más bajo y angosto, y los gitanos -por los lados superiores á mí, por veredillas enredadas con mil matas -de chaparros y lentiscos, que cada momento me parecia que me iban ya -á pegar; y en medio de esta turbacion y mie<span class="pagenum" -id="Page_164">[p. 164]</span>do, yendo mirando con cuidado á los lados, -moviendo los ojos, sin mover el rostro, llegó un gitano de improviso, -y asió del freno y la barbada del macho, y queriéndome yo arrojar en -el suelo dijo el bellaco del gitano: Ya ha cerrado, mi ceñor. Cerrada, -dije yo entre mí, tengas la puerta del cielo, ladron, que tal susto -me has dado. Preguntaron si lo queria trocar, y habiéndome atribulado -del trago pasado, y de lo que podia suceder; mas considerando que su -deseo era de hurtar, y que no podia echarlos de mí sino con esperanzas -de mayor ganancia, con el mejor semblante que pude, saqué más menudos, -y repartiéndolos entre ellos, dije: Por cierto, hermanos, sí hiciera -de muy buena gana, pero dejo atrás un amigo mio mercader, que se le ha -cansado un macho en que trae una carga de moneda, y voy al pueblo á -buscar una bestia para traerla. En oyendo decir mercader solo, macho -cansado, carga de moneda, dijeron: Vaya su merced en hora buena, que -en Ronda le serviremos la limosna que nos ha hecho. Piqué al macho, y -le hice caminar por aquellas breñas más de lo que él quisiera. Ellos -quedaron hablando en su lenguaje de gerigonza, y debieron de esperar ó -acechar al mercader para pedirle limosna, como suelen, que si no usára -de esta estratagema, yo lo pasara mal. Sabe Dios cuántas veces me pesó -de haber dejado la compañía del hablador, cuando hablára mucho y me -enfadára, mas al fin no me pusiera en el peligro en que estuve. Que -realmente para caminar por enfadosa que sea la compañía tiene más de -bueno que de malo, y aunque sea muy ruin, la puede hacer buena el buen -compañero, no comunicándole cosas que no sean muy justas. Y para tratar -de lo que se ofrece á la vista, por el camino es buena cualquiera -compañía. Que bien nos dió á entender Dios esta verdad cuando acompañó -un brazo con otro, <span class="pagenum" id="Page_165">[p. -165]</span>una pierna con otra, ojos y oidos, y los demás miembros del -cuerpo humano, que todos son doblados sino la lengua, para que sepa -el hombre que ha de oir mucho y hablar poco. Iba volviendo el rostro -atrás, para ver si me seguian los gitanos, que como eran muchos, podian -seguirme unos y quedarse otros; pero la misma codicia que cebó á los -unos detuvo á los otros, y así me dejaron de seguir. Llegué al pueblo -más cansado que llegára si no fuera por miedo de los gitanos. Despues -ví en Sevilla castigar por ladron á uno de los gitanos, y una de las -gitanas por hechicera en Madrid; pero despues que estuve sosegado y sin -alteracion, se me representó en aquellos gitanos la huida de los hijos -de Israel de Egipto. Iban unos gitanillos desnudos, otros con un coleto -acuchillado, ó con un sayo roto sobre la carne: otro ensayándose en el -juego de la correguela. Las gitanas, una muy bien vestida, con muchas -patenas y ajorcas de plata, y las otras medio vestidas y desnudas, -y cortadas las faldas por vergonzoso lugar: llevaban una docena de -jumentillos cojos y ciegos, pero ligeros y agudos como el viento, que -los hacian caminar más que podian. Dios me ofreció y deparó aquella -estratagema, porque los gitanos eran tantos que bastaban para saquear -un pueblo de cien casas. Reposé y comí en aquel pueblo, y á la noche -llegué á Ronda, donde hallé á mis mercaderes muy deseosos de verme y -muy adelante en su trato. Lo que allí me pasó no es de consideracion, -porque en una feria tan caudalosa son tantos los enredos, trazas, -hurtos y embelecos que pasan, que para cada uno es menester una -historia. Yo no iba á tratar ni á contratar, sino á negocios de mis -estudios, y visitar mis parientes; pero servíles á los mercaderes de -gozquecillo, para mostrarles algunas cosas muy notables y dignas de ver -que tiene aquella ciudad, así por naturaleza,<span class="pagenum" -id="Page_166">[p. 166]</span> como por artificio, como es el edificio -famoso de la mina por donde se proveia de agua siempre que estaba -cercada de contrarios.</p> - -<div class="figcenter mt1"> - <img class="thin" - src="images/ill_c164_165.jpg" - alt="Ilustración" /> - <p class="caption"> - —<i>Ya ha cerrado mi ceñor. —Cerrada, dije yo entre mí, - tengas la puerta del cielo, ladron, que tal susto me has dado.</i> - </p> -</div> - -<p class="mt1">Esta ciudad fué reedificada de las ruinas de Munda, que -ahora llaman Ronda la vieja: ciudad donde tan apretado se vió César -de los hijos de Pompeyo, que confiesa él mismo que siempre peleó por -vencer, y allí por no ser vencido. Está edificada sobre un risco tan -alto, que yo doy fé que haciendo sol en la ciudad, en la profundidad, -que está dentro de ella misma, entre dos peñas tajadas, estaba -lloviendo en unos molinos y batanes, que sirven á la ciudad, de donde -subian los hombres mojados; y preguntándoles de qué, respondian que -llovia muy bien entre los dos riscos que dividen la ciudad del arrabal. -Dígolo á fin de que cuando esta ciudad se edificó, por la falta que -habia de fuentes arriba les fué forzoso hacer una mina, rompiendo por -el mismo risco hasta el rio, que no hay en toda ella cosa que no sea de -la misma dureza de la piedra, en que hay cuatrocientos escalones, poco -más ó menos, por donde bajaban por agua los míseros esclavos cautivos, -en el cual trabajo morian algunos; y se tiene por tradicion antigua -que una cruz que yo he visto al medio de la escalera, la hizo un -cristiano, que del mismo trabajo reventó, con la uña del dedo pulgar, -tan honda, que fuera menester más que punta de daga para hacerla. Es -de la misma grandeza de rayas que un Cristo que está en la iglesia -antigua de Córdoba, hecho por manos de otro santo cautivo, y con el -mismo trabajo. Algunos han dicho que tan insigne obra no pudo ser hecha -sino de romanos. Pero hay en contrario una piedra grande que está en -el fundamento de la torre que llaman del homenage, que está escrita de -letras latinas, y están vueltas hácia abajo, que si supieran leerlas -no la pusieran al revés. Fuera<span class="pagenum" id="Page_167">[p. -167]</span> de que las calles son todas angostas, y las casas, que -se heredaron de la antigüedad bajas, muy fuera de la costumbre de -los romanos y españoles. Sea como fuere, el edificio de la mina es -hecho con mucho trabajo y cuidado, y de las más memorables obras que -hay de la antigüedad en España; y que esta ciudad fuese edificada de -las ruinas de Munda, en mil piedras que allí hay se echa de ver, y -en algunos ídolos que hay, entre los cuales son excelentes dos que -hay de muy maltratados, de alabastro en las casas de don Rodrigo de -Ovalle, en que ahora vive, heredadas de sus padres y abuelos á quien -yo conocí: y aunque yo no hago oficio de historiador, no puedo dejar -de decir de paso, que engañado Ambrosio de Morales por la semejanza -del nombre, dijo que Munda habia sido un lugarcillo edificado á la -falda de Sierra-Bermeja, que se llama Munda, que si hubiera visto esta -tierra no lo dijera. Porque á lo que dice Paulo Hircio que hay desde -Osuna á Munda, concierta esta verdad, y con estar vivo hoy el coliseo -grande, y que muestra haber sido colonia de romanos, que yo ví años de -ochenta y seis. Junto con esto me acuerdo que oí decir á Juan Luzon, -caballero de muy gentil entendimiento y buenas letras, y un hidalgo, -nieto é hijo de conquistadores, que se llamaba Cárdenas, que en un -cortijo suyo que está en el mismo sitio de Munda, arando unos gañanes, -hallaron una piedra en que estaban estas letras: <i>Munda Imperatore -Sabino</i>. Junto con esto le oí decir á mis abuelos, que eran hijos de -conquistadores, y tuvieron repartimiento de los Reyes Católicos. Y -esto digo, porque como se van acabando los que lo saben, quede esta -verdad asentada para la posteridad. Tiene aquella ciudad naturalmente -cosas que se pueden ir á ver, por monstruosas de muchas leguas, por la -extrañeza de aquellas altas peñas y riscos. Es abundantísima de<span -class="pagenum" id="Page_168">[p. 168]</span> todo lo necesario para la -vida, y así salen pocos hombres de ella para ver el mundo; pero los que -salen, así para soldados como para otras profesiones, prueban muy bien -en cualquiera ministerio, y porque no haga oficio de historiador, paso -fácilmente por estas verdades. Yo mostré á los mercaderes lo que pude, -y los dejé con intento de ir á las Indias occidentales.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c168.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_21"> - <p><span class="pagenum" id="Page_169">[p. 169]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c169.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3 class="aizq mt-2">DESCANSO XXI.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">Y</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Yo</span> negocié á lo que iba, -y vine á Salamanca, donde estuve hasta que se hizo una armada en -Santander, de donde fué general Pedro Melendez de Avilés, adelantado -de la Florida, muy gran marinero, que por ser para navegar se la -encomendaron. Yo con el deseo que tenia de ver mundo desamparé los -estudios, y me acogí en compañía de un amigo capitan, que iba haciendo -gente para la dicha armada, que quien viera la gente que se juntó en -ella de Andalucía y Castilla, juzgára que para todo el mundo bastaba: -pero como la mano de Dios lo gobierna todo, y sin su incomprehensible -voluntad, ni el poder de los reyes, ni el valor de los generales, -ni la furia de los grandes soldados es bastante para derribar la -flaqueza de un miserable hombre, tuvo infelicísimo fin aquel poderoso -ejército: no en batalla, porque no llegó á ese punto, sino que se -cundió una enfermedad en los soldados, de que casi todos murieron sin -salir del puerto. Embarcóse lucidísima gente moza y robusta, con muy -grandes esperanzas que el gallardo brio les prometia. Yo me embarqué -en una zabra con la compañía en que fuí, aun<span class="pagenum" -id="Page_170">[p. 170]</span>que con diferente capitan, porque hubo -reformacion, y de este segundo fuí yo alférez en armada, de quien se -dijo: Desdichada la madre que no tuvo hijo alférez. Era almirante -don Diego Maldonado, caballero de bonísimo gusto, en cuya gracia yo -caí, y en su desgracia nunca, por cuyo respeto me dió su bandera el -segundo capitan. Diéronme unas tercianas dobles que andaban fuera -y dentro de la mar; y como nunca las cosas, por poco prósperas que -sean, se poseen sin envidia, dió en tenerla de mí un hidalguete de -la misma compañía que traia ocho ó diez camaradas que procuraban -con grandes veras derribarme del oficio de alférez; pero cuanto más -ellos ocasiones me daban para su intento, tanto más me apartaba yo -de tomarlas; porque puesto un hombre en ellas, mal sabe resistirse, -y no hay remedio tan excelente para huir los males, como no aceptar -el envite de las ocasiones, particularmente en la edad robusta que yo -entonces tenia, que aunque no era muy mozo, era muy colérico, y la -enfermedad me hacia andar desgraciado. Por apartarme de este hidalguete -me estuve en tierra algunos dias sin entrar en el navío, que todo esto -se ha de hacer por evitar pesadumbres: y una huéspeda mia me curaba -las calenturas con darme á beber vino de Rivadavia con suciedad de -ratones, que los enfermos todo lo creen, como vaya en órden de darles -salud. Como yo era fogoso, más se encendian las calenturas, y más se -encendia el ódio del envidioso; de suerte que por su causa me mandaron -que fuese al navío: hícelo, y aun estando con mi calentura; y como él -estaba puesto en su malicia, determinó con sus camaradas, con quien -el pobre gastaba lo poco que tenia muy bien, de darme la ocasion á -manos llenas. Yo sabia nadar, y él no; fué tanta la ocasion, que me -obligó á responder: estando él y sus camaradas al bordo del navío, -me des<span class="pagenum" id="Page_171">[p. 171]</span>mintió. -Ofrecióseme de improviso si le daba un bofeton, que me ponia en peligro -que los camaradas me diesen de puñaladas; y así, sin hablar palabra, me -abracé con él, y me arrojé en la mar, y dándole cuatro coces donde los -camaradas no podian ayudarle, echélo á fondo, y dando dos braceadas, -asíme al bordo de la chalupa. El pobre, habiendo tragado algunos -cuartillos de agua, salió hácia arriba; y lo primero que encontró -con que asirse fué una pierna mia, que agarró tan fuertemente, que -con muchas coces que le dí con la otra, no fué posible hacer que la -soltase. Los bellacones, en cuyo favor y ánimo él se habia fundado para -atreverse, en lugar de favorecerle á él y á mí, estaban al bordo del -navío pereciendo de risa de verlo asido de mi pierna, y á mí asido de -la chalupa. Yo dí voces á los marineros, porque él no podia hablar, que -echasen un cabo: echáronle y bajaron dos de ellos, y como si fuéramos -dos atunes, dieron con nosotros en la chalupa, aunque á mí solo me -estorbaba para salir no dejar el otro mi pierna; pero él, como se vió -en elemento que no conocia, salió medio ahogado: subidos arriba, le -dieron al otro ciertas coces en la barriga, con que vomitó el agua -mala, y yo me enjugué de la que habia cogido en el vestido: de suerte, -que para la vida le aprovechó más al pobre una pierna del enemigo, que -doce brazos de sus amigos; que ordena el cielo de manera las cosas, -que las amistades y favores fundados en malos intentos, no aprovechen -para el mal fin. Nadie se fie en lo que no fuere suyo, que es fácil el -prometer ayuda y dudoso darla, que cada uno en la ocasion mira su daño, -y no la obligacion en que le pusieron. Dábale osadia el desprecio mio -con el favor de los otros, y en ese mismo desprecio halló la vida que -por el favor tuvo en duda. Yo con mi determinacion deshice mi agravio, -ahuyenté la calentura y dí que<span class="pagenum" id="Page_172">[p. -172]</span> reir á toda la armada. En confianza de ajeno favor nadie se -atreva á hacer cosas mal hechas. Súpolo el adelantado, que rió mucho de -ello. Vino á vernos el almirante por saber que habia sido conmigo la -pesadumbre, y diciendo con grandísima gracia: Estas amistades pasadas -por agua y hechas por Neptuno, yo como almirante las confirmo; y pues -saben, señores soldados, que debajo de bandera no hay agravio, al que -lo hiciere se le darán tres tratos de cuerda, y al que lo sufriere -le tendrán por muy honrado soldado, considerado y cuerdo. Regaló al -medio muerto de temor, y á mí me llevó á comer consigo, diciendo mis -disparates á cuantos encontraba de la armada, que fué tan desdichada, -que de casi veinte mil soldados que se embarcaron muy gallardos, solo -trescientos quedaron de provecho, que llevó el capitan Vanegas á -donde le mandaron, que no bastó la diligencia del conde de Olivares, -excelentísimo ministro, capaz para gobernar un mundo, discreto, -sagaz y sabio en todas materias. Murió allí el adelantado, y otros -grandes ministros de S. M., con que aquella gran máquina se acabó de -deshacer. Yo disparé como los demás que quedaron á reparar la salud -con la convalecencia: que realmente todos los que no murieron cayeron -enfermos: y entendióse que se hizo algun daño en los mantenimientos. -Salí de Santander, y tomé mi derrota por Laredo y Portugalete: llegué á -Bilbao, donde me siguió mi fortuna, como suele. Aunque no iba muy recio -ni convalecido, llevaba algunas galillas de soldado; y como aquella -armada habia dado tan grande tronido, todos gustaban de ver soldados -de ella. Las mujeres particularmente, como más noveleras, salian á ver -cualquiera soldado que venia.</p> - -<p>Estando en una Iglesia de Bilbao, puso los ojos en mí una -vizcaina muy hermosa, que las hay en estremo<span class="pagenum" -id="Page_173">[p. 173]</span> de lindísimos rostros; yo correspondí de -manera, que antes que saliese, dijo, despues de haber hablado un gran -rato, y dado y tomado sobre cierta inclinacion que tenia que venir -á Castilla, que pasase aquella noche por su casa, y que hiciese una -seña. Yo la dije que señas ordinarias son muy sospechosas, y así, que -en oyendo el ruido de un gato, se pusiese á la ventana, que yo seria. -Túvele en cuidado, y á las doce de la noche, cuando me pareció que no -habia gente, fuí arrimado á una pared que hacia sombra, y con mucho -silencio me puse en un rinconcillo que estaba debajo de su ventana, -donde por la sombra no podia ser visto, y entonces hice la seña -gatuna, á cuyo ruido se alborotaron los perros, y un jumento soltó su -contralto. Andaba de la otra parte un hombre tambien haciendo hora, -y como oyó al gato y los perros, estando yo muy atento á la ventana -á ver si se asomaba, cogió una piedra, y dijo en vascuence: Valga el -diablo los gatos, que han venido á alborotar los perros, y jugando del -brazo y piedra, tiró á bulto donde habia oido el gato, y dióme en estas -costillas una pedrada, pensando espantar el gato. Callé, y llevé lo -mejor que pude mi dolor, con que me quitó la atencion de la ventana, y -aun el amor de la moza, porque me acordé que Dios lo habia permitido -por el poco respeto que habia tenido en la Iglesia, concertando en ella -lo que habia de ser ofensa suya; que en los lugares sagrados el temor y -la vergüenza han de ser freno para no hacer semejantes atrevimientos; -que si los templos son para ofrecer á Dios sacrificios y pedirle -mercedes, ¿cómo las concederá, teniéndole poco respeto en su casa? Y -quien no tiene temor y respeto en semejantes lugares, arguye ánimo -desvergonzado; porque el temor del hombre viene á redundar en honra -de Dios, y quien no lo tuviere, tampoco vendrá á tener forta<span -class="pagenum" id="Page_174">[p. 174]</span>leza. Nadie siga mujeres -en la Iglesia; pues hay harto espacio para verlas fuera, que se han -visto muy grandes castigos en hombres que no han tenido respeto á -los templos, y muy grandes mercedes en quien ha temblado de hacer -descortesías en ellos; y no solamente en la verdadera religion, pero -aun en el culto de los falsos dioses ha permitido el verdadero muy -grandes males en los tales; porque ya que engañados del demonio piensan -que van acertados, son sacrílegos de lo que tienen por bueno. Retiréme -por el mal suceso, y porque las cosas que se han comunicado poco no -dan mucha pesadumbre en dejarlas; pero como ella tenia gana de venir -á Castilla, tuvo modo para enviarme á decir con una amiga suya, tan -cerrada en la lengua castellana, como yo en la vizcaina, que ya que -no queria pasar por su casa para hablarla, me fuese á la salida de -Bilbao para Vitoria, que allí me hablaria. Y los hombres que en pueblos -no conocidos, y de cuyas costumbres no tienen noticia, se atreven á -hacer su voluntad, merecen verse en el peligro en que yo me ví. No hay -confianza que no esté sujeta á algun peligro: y es grande ignorancia -tenerla en lo que no se tiene esperiencia. Quien dice en Castilla -vizcaino, dice hombre sencillo, intencionado; pero yo creo que Bilbao, -como cabeza de reino, y frontera ó costa, tiene y cria algunos sugetos -vagamundos, que tienen algo de bellaquería de Valladolid y aun de -Sevilla.</p> - -<p>Yo fuí al puesto un poco tarde, y hallé á la señora vizcaina con -una amiga ó compañera suya: fuímonos hablando, y á ratos ella cantando -en vascuence, porque la otra no sabia una palabra en castellano, y con -la materia que ella iba tratando de su ida á Castilla, divertímonos de -manera que anocheció algo lejos de la ciudad. Volvímonos, y llegando á -un molino, encontramos cuatro hombres perdidos que salian de una<span -class="pagenum" id="Page_175">[p. 175]</span> taberna, no de sidra, -sino de muy gentil vino, que las hay por aquellos molinos arriba. Y -viendo con un castellano dos vizcainas, gobernáronse por sus cabezas, -como estaban entonces, pusiéronse dos de ellos de un lado, y dos de -otro, y puesta mano á sus espadas, me comenzaron á acuchillar: yo no -fuí señor de mí, porque de la una parte estaba un cerro bien alto, y de -la otra una pared bien alta, que bajaba á un caz de un molino.</p> - -<p>Las vizcainas huyeron, y yo hice todo cuanto fué posible por -cogerlos delante, por verme con ellos mejor: pero los bellacos eran -matantes, y sabian cómo se habia de hacer una bellaquería. Yo, visto -que por fuerza habia de peligrar, no pudiendo tomar la delantera, -ni subir por el cerro, ni por los lados, arremetí con los dos para -cogerles la delantera, y al mismo tiempo todos juntos cerraron conmigo, -y me arrojaron en el caz de aquel molino, y fué tan cerca del rodezno, -que la corriente furiosa del agua me llevaba á hacer pedazos, si -no me asiera de una estaca ó maderilla que estaba hincada, aunque -poco fuerte, cerca de la puerta que atajaba el agua para que fuese -al rodezno; pero era tan cerca de él, y la estaca poco fuerte, que -se doblaba con el peso, y yo me iba acercando más á perdicion; los -bellacos se fueron siguiendo las mujeres en viéndome caido abajo, y -como los peligros imprevistos carecen de consejo, yo no le tenia para -valerme: la estaca se iba rindiendo, y yo llegándome hácia el rodezno. -Volví el rostro hácia el lado izquierdo, y ví un arbolillo pequeño, -que se criaba de la humedad del agua, que pensé que tuviera más fuerza -que la estaca, mas no tenia fortaleza. Por que la corriente no hiciese -su oficio, fuí cobrando espíritu, dejé la mano derecha en la estaca, y -alargué la izquierda al arbolillo, y pude asirlo de una rama. Repartido -el<span class="pagenum" id="Page_176">[p. 176]</span> peso entre las -dos, aunque no podia resistir á la inmensa furia del agua, por estar -casi llegando con los piés al rodezno, pude mejor sostenerme, pero no -volver arriba, hasta que sacando la pierna izquierda, que estaba más -arrimada á aquel lado que al derecho, topé en la paredilla con una -piedra, en que pude estribar muy bien, y haciendo fuerza con ella, -ayudándome de la de los brazos, mejoréme, hasta poder asir el madero, -en que estaba asida la puerta del desaguadero, y encomendándolo á la -mano izquierda, saqué con la derecha la daga, y metiendo el brazo -debajo del agua, apalanqué con la daga, y alcé la puerta tanto, que -se coló la mitad del agua, y segundando, como pude, con toda la mano -derecha, la levanté de manera, que con la misma furia que iba al -rodezno, todo el agua se despeñó por su natural corriente, con que yo -pude valerme de mis piés, y subir por toda la acequia, asiéndome á las -estacas que ayudaban á la presa del molino, y como el que ha resucitado -de muerte á vida, sin capa y espada ni sombrero, iba mirando si era -yo el que se habia visto en tan evidente peligro; iba corriendo por -aquellos molinos abajo, como el que se habia soltado de la cárcel, -por llegar presto donde me alentase y mudase el vestido, porque no -se me entrase aquella humedad de la ropa en las entrañas. Los que me -encontraban me hablaban en vascuence, debian de preguntar si estaba -loco, yo no respondia palabra, por no me poner á resfriar.</p> - -<p>Cuando llegué á mi posada llevaba la muñeca de la mano derecha más -gorda que el muslo, del golpe que habia dado. Estúveme en la cama -ocho ó diez dias, restaurando la batería que habia hecho en mí el -espanto de la ya tragada muerte, que fué el mayor peligro de los que -yo he pasado, por ser con quien no sabe hablar, sino hacer y callar. -Admiréme de ver<span class="pagenum" id="Page_177">[p. 177]</span> -que entre gente que tanta bondad y sencillez profesan, se criasen -tan grandes traidores, sin piedad, justicia y razon. En el tiempo -que estuve en la cama me tomaba cuenta á mí propio, diciendo: Señor -Márcos de Obregon, ¿de cuándo acá tan descompuesto y valiente? ¿qué -tiene que ver estudio con bravezas? Muy bien guardais las reglas de -vivir, ¿qué os enseñó vuestro padre? ¿no os acordais que el primer -precepto que os dió fué que en todas las acciones humanas tomásedes el -pulso á las cosas antes que las acometiésedes; y en el segundo, que -si las acometíades, mirásedes si podia redundar en ofensa agena; y el -tercero, que con vos mismo consultásedes el fin que pueden tener los -buenos ó malos principios? Muy bien os aprovechais de ellos: ¿mas qué -bien parece pasar de estudiante á soldado, profesiones tan honradas, y -despues de soldado á molinero, y no á molinero sino á molido? ¡Qué poca -pena le diera al bellaco del rodezno hacerse verdugo y descuartizarme! -Tentábame mis piernas y mis brazos, y como los hallaba, aunque -cansados, buenos, daba mil gracias al bendito ángel de la guarda, -que él por su bondad es la prudencia de los hombres, que la nuestra -no basta para librarnos de los trabajos y adversidades: pero bastára -para no ponernos en ellos, sino que se adquiere esta divina virtud tan -tarde, y con tanta esperiencia de trabajos y vejez, que cuando les -viene á los hombres parece que ya no la han de menester: y la juventud -está tan llena de variedades y mudanzas naturalmente, que apetece -más arrojarse á la fortuna y suerte, que obedecer á la Providencia. -Y confieso, que la poca que yo tuve, me trajo á punto de perecer -miserablemente, donde habia de ser manjar, aun no de peces, sino de -gusarapos, si no era que los perros del molino querian hacer algun -banquete antes que viniera á noticia del amo. Yo pasé mi trabajo<span -class="pagenum" id="Page_178">[p. 178]</span> lo mejor que pude, y pude -muy mal, porque en la soldadesca no habia mucho dinero, aunque se hacen -en ella los hombres esperimentados para estimar la paz, y animosos para -ejercitar la guerra.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c178.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_22"> - <p><span class="pagenum" id="Page_179">[p. 179]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c179.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO XXII.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">S</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Salí</span> de Vizcaya, echándola -mil bendiciones, lo más presto que pude por llegar á Vitoria, donde -hallé un gran caballero amigo mio que se llamaba D. Felipe Lezcano, y -él me hospedó y regaló de manera que pude repararme del trabajo pasado: -y por no dejar de verlo todo fuí de allí á Navarra, siendo Condestable -de ella un hijo del gran Duque de Alba D. Fernando de Toledo; pero con -gran cuidado de no arrojarme á cosa que no fuese muy bien pensada; -porque como en cada reino, ciudad y pueblo hay diversas costumbres, el -que no las sabe, con vivir bien y quietamente cumple con la obligacion -natural; y con aquel primer documento que me dió la afliccion del -molino, procuré valerme siempre, si no era cuando me olvidaba de él, -que como mozo tropezaba de cuando en cuando, principalmente en aquellas -cosas que sola la edad puede madurar. Cuanto más que, es tan poderoso -el hacer costumbre en las cosas, que ellas mismas se facilitan con el -uso: y cuando no repugnan á la razon, no se han de dejar si no pide -otra cosa la fuerza. Al fin me<span class="pagenum" id="Page_180">[p. -180]</span> valí por Navarra y Aragon de manera que adquirí muchos -amigos. Y en llegando á Zaragoza, ciudad y cabeza del antiguo reino -de Aragon, que entonces no tenia tan buena fama como mereciera, hallé -tantos amigos, y tan buenos, que más parecí natural que forastero en -el amor que me tenian; pero yo fuí siempre con cuidado de no mirar á -ventana, que son celosísimos los de aquel reino, ni tomar pesadumbre -con nadie, ni asir de palabras de poca importancia, que es de donde -se traban las enemistades y ódios. Honróme en su casa por el tiempo -que allí estuve un gran Príncipe muy amigo de música, y de todos actos -de ingenio y virtud, honrándome y acudiéndome á las necesidades de -naturaleza; y fué tanto el favor que me hizo, que me divertí más de lo -que fuera razon, en juegos, que hasta entonces no habia dado en ellos, -que fué bastante para distraerme, y dar en aquel vicio que me trajo más -inquieto. Que como en palacio la ociosidad es tanta, y el ejercicio en -letras y uso de las ciencias tan poco favorecido, dí en lo que todos -daban. Vicio contra caridad, lleno de ira insolente en el que gana, -y de humildad forzosa en el que pierde, y que arrastra de manera á -quien lo sigue, que no le deja voluntad para otra cosa. Cuál antepone -el juego á la honra; cuál deja mujer é hijos perecer de hambre, y -estos son daños muy ordinarios; que hay muchos que ni se pueden ni se -sufren decir. Un hidalgo de muy buen entendimiento se vió tan lleno de -trampas por el juego, y tan sujeto á la costumbre, y convertido ya el -uso en naturaleza, que reprehendiéndole su misma madre, y rogándole -que dejase el juego, y ella le alargaria toda su hacienda, que no era -poca, respondió, que estaba como hombre que tiene atravesada una daga, -que vive mientras la tiene, y en sacándola muere, y que en quitándole -el juego se habia de mo<span class="pagenum" id="Page_181">[p. -181]</span>rir. Pero es tanta la golosina del que gana, y tan grande -la desesperacion del que pierde, que ni el uno reposa hasta perderse, -ni el otro vive hasta desquitarse. El uno se inquieta con la ganancia, -el otro se ahoga con la esperanza de ganar, y ambos fácilmente mudan -de estado; pero no duran en él de costumbre, ni se puede creer el ódio -infernal que tiene el que pierde con el que le gana, aunque más y más -disimule, que parece que en aquel punto le falta el conocimiento de -la primera causa, nacido de no poderse vengar de su enemigo: quien -quisiere meter cizaña entre dos grandes amigos, haga que jueguen el uno -contra el otro, que no há menester más fuerza el diablo para hacerles -grandes enemigos; tal es la fuerza del ódio que se cobra en el juego: -¡qué de muertes infames hechas con supercherías y traiciones, robos y -mentiras nacen del juego! No quiero que se me representen las cosas -que he visto suceder en el juego y por el juego; sólo quiero decir, -que es tan poderoso que un hombre que trata de recogimiento, ó por -escribir, ó por leer, ó por otros actos de virtud, si juega una vez -y pierde, há menester ayuda del cielo para tornar á añudar el hilo -por donde lo habia quebrado. Yo me divertí en esta materia, y la dí á -entender á amigos que trataban este infame ejercicio, con uno de los -cuales me pasó una cosa muy vergonzosa para mí, y de risa para quien -lo supo. Fué, que una noche me pidió que le acompañase porque iba á -hablar con cierta persona, y quiso llevarme para que le guardase la -suya. Yo me puse como de noche con una espada y broquel, unos calzones -ó zaragüelles de lienzo, un capotillo de dos faldas, y otras cosas de -disfraz, con que fuimos adonde me llevó, que era una casa donde habia -un poyo á la puerta. Dió las once el reloj, y despues las doce, que era -la hora que tenia aplazada, y<span class="pagenum" id="Page_182">[p. -182]</span> díjome que lo esperase sentado en aquel poyo, que luego -saldria. Sentéme bien rellanado, y musitando entre dientes comencé á -entretener el sueño lo mejor que podia, que ya era hora de ello. El -dia siguiente era dia solemnísimo de los Apóstoles: oí las dos y luego -las tres, que el buen hombre no podia salir, porque hubo estorbo para -ello; yo me caia de sueño; dí en pasearme y en rezar, entendiendo que -aprovecharia para no dormirme, siendo cosa que más concilia el sueño -de cuantas hay en el mundo. Torné á sentarme, porque me cansaba de -tanto pasear, y como habia digerido ya la cena gran rato habia, por -más que me refregaba los ojos con saliva, no pude valerme hasta que no -sé cómo ni de qué manera, sin querer, me quedé dormido sobre el poyo, -adonde estuve, hasta que tañendo á Misa mayor el dia siguiente, con el -ruido de las campanas de la fiesta y de la mucha gente, pasando unas -señoras por allí, dijeron: ¡Qué bien lo ronca el cochino! y mandaron -á un escudero que me despertase. Despertóme, y alzando los ojos con -un gran bostezo ví el sol en medio de la calle, y oyendo la armonía -de las campanas, arrebocéme un capotillo que llevaba, y dí á correr -no hácia mi posada, sino hácia la placeta de Médicis, siguiéndome más -de trescientos perros; y á la vuelta de una esquina topé con un ciego -que llevaba una docena de huevos en el seno, y al mismo compás que le -topé volvió el báculo, y alcanzóme en el hombro izquierdo, y como le -destilaba lo amarillo de la tortilla, decian que le habia quebrado -la hiel en el cuerpo, y ya que con mi huida llegaba cerca de la casa -donde me habia de acoger, con la priesa que llevaba y la que me daban -los perros tropecé, y tendíme á la puerta de esta señora, tan buena de -nacimiento, que habiéndole yo enviado dos perdices para que se regalase -con ellas, las echó<span class="pagenum" id="Page_183">[p. 183]</span> -en una necesaria, porque venian lardeadas con tocino.</p> - -<p>Parece que con estas menudencias se desautoriza la intencion que se -lleva en este discurso; pero mirando bien, para eso mismo lleva mucha -substancia, que aquí no se escriben hazañas de príncipes y generales -valerosos, sino la vida de un pobre escudero que ha de pasar por -estas cosas y otras semejantes, y por reprehender una inadvertencia -tan grande como la que hizo aquel amigo y la que hice yo. Llevar -compañía de noche quien va á cosa hecha, téngolo por yerro; porque -si va adonde no tiene peligro, no há menester llevar testigo de sus -mocedades; y si va con sospecha de algun peligro, claro está que no -ha de querer infamar una casa, y por fuerza se ha de retirar; y para -huir más desembarazado, mejor va solo que acompañado, porque al fin no -lleva consigo quien diga que huyó. Y aunque es lo más sano y seguro no -hacerlo, si se hiciere sea á solas, no acompañado, porque las amistades -de hombre se acaban, y luego se revelan los secretos. Pues la fineza -que yo usé en esperarle y guardarle el cuerpo, ¿quién dirá que no fué -disparate? Pasaban dos horas, y acercándose el dia, ¿qué necesidad -tenia yo de ponerme á padecer tormento de sueño? ¿Qué fortaleza de Rey -me habia mandado que guardase, sino la que era de un hombre perdido, -para ponerme á peligro, demás de la vergüenza que pasé? Cuando se ha -de poner un hombre á tan grandes riesgos, ha de ser por conocer un -evidente peligro en alguna persona de vida ó de honra, ó por obedecer -el mandamiento de algun gran príncipe ó república. Pero que me ponga -yo á los sucesos de fortuna por quien está muy contento, sin tener más -cuidado de mi cuerpo que de su alma, téngolo por fineza impertinente. -¿Qué honra ó hacienda perdiera yo cuando me fuera á tomar el reposo -y descanso que naturaleza<span class="pagenum" id="Page_184">[p. -184]</span> pide para su conservacion? Si me culpára en haberlo -dejado, le preguntára yo si lo dejaba en alguna mazmorra, de donde lo -podia sacar con la mano, ó si me dejó él á mí en mi lecho reposado, -ó si quedaba entre enemigos de la fé, como quedaba entre enemigos de -guardarla. Siempre oí decir que el que fuere compañero en los trabajos -tambien lo ha de ser en los gustos; pero aquí la parte del trabajo era -para mí, y la del gusto para él. La conclusion es, que tengo por yerro -llevar compañía en semejantes jornadas, y por mucho mayor acompañar á -nadie en ellas, que si llama la compañía por pusilánime, lleva la vida -jugada el que le acompaña, porque á la primera ocasion huye, y lo deja -en manos de enemigos que él no tenia ni temia. Y mire cada uno, si le -sucediere, que es participante del daño que el otro hiciere en ofensa -ajena. Yo me reparé de vestido y de sueño, aunque habia dormido lo -bastante para un hombre de bien, en aquella misma casa donde llegué, -y á donde hallé un vecino suyo muy lleno de melancolía, y tanta, que -me vió dar con mi persona en el suelo, con la espada á una parte y el -broquel á otra; no conocí en él accidente de risa, como en cuantos me -vieron caer, que una caida es ocasionada para mucho disgusto de quien -la da, y mucha risa de quien la ve. Con todo se llegó este buen hombre -estando ya puesto de rua en casa de aquella mujer, amiga del tocino; y -pareciéndole que yo estaba disgustado, llegó como á consolarse conmigo, -diciéndome que todos los hombres del mundo padecen trabajos, y que -él estaba tan dentro de ellos como todos cuantos vivian en él. Yo le -pregunté, qué eran sus males que tan triste lo traian, porque siempre -he sido compasivo; y él me respondió en una palabra: Zelos. ¿Ese mal -tiene? le dije yo; no quiero preguntarle si son averiguados, ó si es -sospe<span class="pagenum" id="Page_185">[p. 185]</span>cha; pero -quiero decirle que es enfermedad de mozos de poca experiencia, que si -la tuviesen, sabrian que los mismos tienen unos de los otros. Y si -advirtiesen que el otro de quien yo los tengo anda rabiando de ellos -por mí, consolaríame con su daño y con verle padecer, y consumirse con -un perpétuo desasosiego. ¿Qué mayor consuelo puedo tener yo que ver á -mis enemigos padecer, y reirme de ellos? Porque pensar que una mujer -divertida en estos tratos se ha de contentar con lo que uno le da, es -pensar que un fullero ha de andar bien puesto con sola la ganancia que -hace á un cuitado. Los zelos tienen al diablo en el cuerpo del que los -tiene, y parece que lo trae consigo, pues á nadie hacen mal sino á -quien los mantiene, y cuanto más se callan más crecen. Su remedio está -en tan ruin fundamento, que con averiguar la verdad, ó se mueren, ó se -halla ocasion para perderlos, poco á poco, apartándose de quien los -causa. Yo aseguro que son más de cuatro los zelosos, sin saber unos de -otros en esa misma ocasion, y crea que se usa esto. Si son zelos de -la mujer propia, es agravio que se le hace, que la más baja mujer del -mundo estima en más la sombra de su marido que á todo lo restante de -él.</p> - -<p>Un príncipe de esta ciudad dijo muy bien quién son los zelos, y -materia tan odiosa no se ha de traer á la memoria, sino consolarse -con lo que tengo dicho de ver que padecen por mí lo que yo padezco -por otros: que han venido las mujeres á tan infeliz estado, que han -privado á su misma naturaleza del gusto que ella les concedió, porque -lo han puesto en solo hurtar y robar las haciendas, fingiendo querer á -los que desean desollar, por solo igualarse en galas á las que de su -nacimiento por herencia de patrimonio nacieron nobles y honradas, ricas -y principales, que les parece no ha de haber diferencia y desigualdad -en la tierra de mujeres<span class="pagenum" id="Page_186">[p. -186]</span> á mujeres, como en el cielo la hay de ángeles á ángeles. -He mezclado de esta materia con esotra, porque de la perdicion de -esto viene la comunicacion de muchos, para que todos anden zelosos: y -con tener cada una su docena de ángeles de guarda, pasan por moneda -corriente y honrada. Despedí al buen hombre algo consolado, y fuíme -á mi posada, y dentro de pocos dias me fuí á Valladolid, despues de -haber visto á Búrgos y toda la Rioja. Provincia fértil, de bonísimo -temperamento, y que parece en algo al Andalucía.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c186.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_23"> - <p><span class="pagenum" id="Page_187">[p. 187]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c187.jpg" - alt="ilustración" /> - </div> - <h3 class="aizq mt-15">DESCANSO XXIII.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">E</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">En</span> Valladolid serví al -Conde de Lemos, D. Pedro de Castro, el de la gran fuerza, caballero de -excelentísimo gusto y bondad muy suya, sin la heredada que era y es, -cuando menos, descendiente de la sangre de los Jueces de Castilla, Nuño -Rasura y Lain Calvo, junta con la de los Reyes de Portugal. Entré en su -gracia, é hice muy poco, porque tenia el Conde un pechazo tan generoso, -manso y apacible, que con poca diligencia se entraba en las entrañas -de quien le queria. Con todo no me hallé muy bien á los principios, -porque me faltaba lo que es menester para servir en palacio, que es -decir con gracia una lisonja, salpimentar una mentira, traer con -blandura y artificio un servil chisme, fingir amistades, disimular -ódios, que caben mal estas cosas en los pechos ingénuos y libres. Dejo -aparte el rigor y magestad de los porteros, que ordinariamente tienen -una gravedad más seca que sus personas, y ellos lo son tanto como sus -palabras.</p> - -<p>Aunque eché de ver, que lo que más importa es, que en presencia del -señor el criado tenga el rostro alegre, y en las cosas que le mandan, -y aunque no se<span class="pagenum" id="Page_188">[p. 188]</span> -las manden, será menester ser diligente y solícito, y cumplir cada -uno puntualmente con su ministerio. En lo primero, que es traer el -rostro alegre, mal lo puede hacer un melancólico; pero para esto hay -un remedio, que es no ponerse delante del señor, sino cuando estuviere -el criado de buen humor: que la alegría de los criados, fuera de hacer -su negocio, ayuda á vivir al señor, y si no la muestra, piensa que -está disgustado en su servicio, y así durará poco con él. Aunque este -príncipe mostraba tan buen pecho con sus criados, que él mismo los -obligaba á andar muy contentos, y servirle con muy apacible semblante: -porque haciendo todo lo que podia tenia obligacion de hacer, los -honraba donde quiera que se hallaba. Y siempre en esta antiquísima -casa han llevado y llevan esta grandeza de ánimo y cortesía, como se -ha parecido y parece en el que ahora lo posee D. Pedro de Castro, -que desde niño tierno descubrió tanta excelencia de ingenio y valor, -acompañado de ingénuas virtudes, que habiéndolo puesto su Rey en los -más preeminentes oficios y cargos que provee la monarquía de España, -ha sacado milagroso fruto á su reputacion, siendo muy grato á su -Rey, muy amado de las gentes subordinadas á su gobierno, y muy loado -de las naciones extranjeras. Estando en esta casa y en Valladolid, -se descubrió aquel gran cometa, tantos años antes pronosticado por -los grandes astrólogos, amenazando á la cabeza de Portugal. Hubo tan -grandes juicios sobre ella, y algunos tan impertinentes, que dieron -harto que reir, entre los cuales hubo uno que decia, que las cosas -grandes habian de descrecer, y las pequeñas habian de crecer: llegó -este juicio al de un hombrecico pequeño, que tambien en esto lo era, -que estaba muy mal contento de verse con tan aparrada presencia, que -trayendo unos pantuflos de cinco ó seis corchos, aun no podia<span -class="pagenum" id="Page_189">[p. 189]</span> lucir entre la gente. -Andaba siempre pulido y bien puesto, enamorado y bien hablado, y aun -hablador no sin afectacion. En las conversaciones procuraba, no que sus -conceptos llegasen á igualarse con los otros, sino que sus hombros se -ajustasen con los de la rueda, y como no podia ser, pensando que era -la culpa de las agujetas, meneaba un lado y otro, hasta que crujian -todas. Pues como llegó á su noticia la interpretacion del cometa, que -las cosas pequeñas han de crecer, se le encajó que se decia por él. Que -fácilmente nos persuadimos á creer lo que deseamos, aunque sea tan gran -disparate como este. Dijéronle que yo era nigromántico, y que si yo -queria, podia hacerle dos ó tres dedos ó más; pero que habia de ser muy -secreto, porque no se supiese que yo sabia tal arte diabólica. Pasando -por la plaza, haciendo mil escuderajes con los demás gentiles-hombres -de casa, me señalaron con el dedo, para que me conociese. Sin haberme -avisado los que le tornaban loco, se llegó á mí con una retórica bien -pensada, ofreciéndome amistad y hacienda y favor para toda la vida, y -el fin de todo fué decir: Ya vuesa merced ve el agravio que naturaleza -hizo á un hombre de mis partes, en dar á tan altos pensamientos tan -pequeño cuerpo: yo sé que si vuesa merced quiere, puede suplir esta -falta, con que tendrá un esclavo para siempre jamás. Eso, dije yo, solo -Dios puede hacerlo, que es superior á la naturaleza, y si vuesa merced -quiere crecer por los piés, póngase más corchos de los que trae; y si -del pecho arriba, con ahorcarlo, crecerá tres ó cuatro dedos. Oh señor, -dijo él, ya venia informado que vuesa merced no me habia de negar este -bien, por amor de mí que se disponga á ello, y en lo demás corte por -donde quisiere. Veíalo tan rematado en su disparate, que lo hube de -reducir á la obra de naturaleza, diciéndole: Señor, vos vais tras de -un im<span class="pagenum" id="Page_190">[p. 190]</span>posible, que -no solamente no es hacedero, pero os tendrán por loco cuantos supieren -que dais en ese error. Las obras de naturaleza son tan consumadas, que -no sufren enmienda: nada hace en vano, todo va fundado en razon, ni -hay supérfluo en ella, ni falta en lo necesario; es naturaleza como -un juez, que despues que ha dado la sentencia, no puede alterarla, ni -mudarla, ni es señor ya de aquel caso, sino es que apelen para otro -superior.</p> - -<p>En formando naturaleza sus obras con las calidades que les da, ya -no es señora de la obra que hizo, sino que Dios, como superior, quiera -mudarlas; si hace grande, grande se ha de quedar; si chico, chico -se ha de quedar; si mónstruo, así ha de permanecer. Ni hay para qué -cansarse nadie pensando imposibles. Á esto replicó diciendo: ¿Pues no -es más dificultoso hacerse un hombre invisible, y hay quien lo hace? -No es, dije yo, sino facilísimo, que con ponerse un hombre detrás de -una tapia, queda invisible, ó encubriéndose con una nube. Y vos os -hareis invisible con solo poner delante de vos un mosquito. Gentil -consuelo, dijo, he hallado, en quien pensé tener todo lo que he deseado -toda mi vida. ¿Qué consuelo ha de hallar, dije, quien quiere ir contra -las obras de la misma naturaleza, que es la que nos representa la -voluntad del primer movedor y autor de todas las cosas? Que aunque crió -á todos los hombres iguales, no fué en los actos exteriores, sino en -la razon del alma. Y esta es la que hace al hombre superior á todos -los demás animales, que no el ser grande ó pequeño. Si naturaleza -os hubiera criado desigual de miembros, como habiéndoos dado esa de -gozque, tener unos brazos de jigante, ó en esa carilla de mandrágora os -hubiera puesto unas narices trastuladas, pudiérades os quejar, pero no -enmendar. Mas al fin, si sois pequeño, sois tan<span class="pagenum" -id="Page_191">[p. 191]</span> bien hecho y tan igual de miembros, como -que teneis las orejas mayores que los piés: y quien tiene andada la -mitad para una de las más importantes virtudes que resplandecen en los -hombres, ¿por qué ha buscar quien le haga crecer? ¿Qué virtud? preguntó -él. La humildad, respondí yo, que para alcanzar tan divina virtud, -teneis andada la parte del cuerpo, que parece que estais siempre de -rodillas, y con humillar el ánimo, la tendreis alcanzada toda. Si -naciérades en tiempo de los gentiles, que se usaban transformaciones, -la naturaleza enojada con vos, por no contentaros con ella, y por -soberbia, os hubiera transformado en renacuajo, por humillar la -soberbia del ánimo, y cercenar la cantidad del cuerpo. Á todo cuanto -le dije calló, y dijo por último: Aténgome á la significacion de la -cometa, que dice, que los pequeños han de crecer, y los grandes han de -disminuirse; pero ya que vuesa merced se ha holgado dándome matraca, -obligacion tiene de ponerme en estado, que no me la den otros: que -quien sabe decir lo uno, sabrá hacer lo otro, y eso de ser humilde, -guárdelo para sí, que yo tengo porque estimarme en mucho, que soy -hijodalgo de parte de mi abuela, que antes que se casase con mi abuelo, -habia sido casada con un hidalgo muy honrado, y tiene hoy la ejecutoria -de él guardada y á buen recaudo. ¿De suerte, dije yo, que de ahí os -viene la vanidad, y no querer ser humilde? Sereis como los que lucen -y se arreglan con hacienda ajena. Ahora digo que no me espanto que -seas soberbio, teniendo mucha razon de ser humilde, y rendiros á la -humildad, virtud que jamás tuvo émulos ni envidiosos: que todas las -partes que adornan á un hombre, padecen esta mala ventura, sino es la -humildad y la pobreza, tan aborrecida de los hombres, y tan amada del -Autor de la vida: pero si la humildad nace del conocimiento de<span -class="pagenum" id="Page_192">[p. 192]</span> sí propio, y esto os -falta á vos, ¿por qué habeis de ser humilde? Yo no vine, me dijo, á -oir virtudes, sino á probar encantamientos ó cosas sobrenaturales para -conseguir mi intento. Fuése el buen hombre, y luego llegaron á mí -cuatro amigos de buen gusto y no poca malicia, preguntando si habia -venido á mis manos con aquella demanda: respondíles que sí, y que lo -habia desengañado de aquel disparate y deslumbramiento tan grande. Por -vida vuestra, dijeron, que le hagamos una burla, porque es tan gran -loco, que se persuade á que pueda crecer y le sacaremos una muy gentil -merienda riéndonos un rato á costa suya. Eso, respondí yo, no lo haré -por todas las cosas del mundo, porque burlas de que puede resultar -escándalo general y daño particular, ni son lícitas, ni se permite por -camino alguno. Sabed, dijeron, que es la misma avaricia y miseria, y -habemos dado en esto por hacerle gastar, que lo sentirá en el alma. Si -esa condicion tiene, dije yo, no le sacarán de ella aunque le hagan -llegar á la Giralda, que los avarientos y los borrachos nunca se ven -hartos de lo que desean, ni apagan la sed que traen. Acuérdome que por -hacerle gastar á un hombre ciertos maleantes, se pusieron á trechos, -diciéndole que estaba enfermo, de suerte que cuando llegó al último ya -lo estaba de veras, por el caso que habia hecho la imaginacion; y fué -menester llevarle á su casa medio muerto, y de quererle hacer burla tan -pesada, nació el arrepentimiento tardío para todos ellos y grave daño -para el paciente. Y en este caso seria mayor, cuanto es más imposible -la obra, que para persuadir una cosa tan contra la misma naturaleza, -se han de hacer grandes embelecos, y no pueden ser sin grande daño del -pobre raton, que ni ve su cuerpo ni conoce su ignorancia.</p> - -<p>Porfiaron todavía que le hiciésemos un engaño que<span -class="pagenum" id="Page_193">[p. 193]</span> pareciese cosa de -encantamiento. Cuando eso se hiciese, pregunté yo, ¿quién quedará más -confuso, él en recibir este engaño, despues de descubierta la verdad, -ó yo en haber sido autor de él? En todas las cosas se ha de considerar -el fin que pueda tener, y esa ficcion y engaño no puede estar mucho -encubierta: y para mí tengo por mejor y más seguro el estado del -engañado, que la seguridad del engañador: porque al fin, lo uno arguye -sencillez y buen pecho, y lo otro mentira y maldad profunda. Yo no -puedo tragar una mentira ni engaño, porque se arremete á desdorar la -opinion de quien se tiene por hombre de bien. Las burlas han de ser -pocas y sin daño de tercero, y tales, que el mismo contra quien se -hacen guste de ellas. No sabemos la capacidad de cada uno, que la -burla llevadera para uno, será para otro muy pesada; y las burlas -no se han de juzgar por malas ó peores de parte de quien las hace, -sino de parte de quien las recibe; y si él las tomare bien, serán de -sufrir; y si las tomare pesadamente, serán pesadísimas. Dábanle matraca -á cierto ordenante por una necedad que habia dicho, y cuando estuvo -harto de sufrir, dijo: Que queria que pecase mortalmente quien más -se la diese. Que de burlas pesadas vemos cada dia resultar agravios -que no se pensaron. Este miserable no tiene talento para llevar una -burla tan pesada como esta que por fuerza lo ha de ser. Yo me tengo -de oponer en eso, porque iria contra mi propia opinion, que es justo -y mal hecho: y no me espantaré del que se deja engañar por lo que -desea, pero espantaríame de quien le quisiere engañar, sin esperar de -ello más gusto que hacer mal. Fuéronse, y al fin le hicieron una burla -muy pesada, dándome á mí por autor de ella. Pusiéronle en estrecho de -ayunar tres dias con cuatro onzas de pan y dos de pasas y almendras, -y dos tragos de agua, y prime<span class="pagenum" id="Page_194">[p. -194]</span>ro le tomaron la medida de su cuerpo en una pared muy -blanca, poniendo para señal de su altura un clavito pequeño ó tachuela. -Hizo su dieta, unas hermanas suyas le fregaban los brazos y piernas -todas las noches y mañanas, por consejo de los maleantes: preguntábanle -las pobres despues de cansadas: ¿Hermano, para qué hace esto? Y él las -respondia: Bárbaras, no os entremetais en las cosas de los hombres. -Todos estos tres dias de la dieta y las fricaciones, se subia á una -azotea en amaneciendo, y se ponia hácia el nacimiento del sol, haciendo -ciertas señales que le habian mandado contra las nieblas de Valladolid, -que él hizo muy puntualmente como todo lo demás. Cumplidos los tres -dias, y lleno el celebro de nieblas, vino á los bellacones con tanta -cara como una calavera de mandrágora, que como estaba tan chupado y -flaco, parecia más alto. Fué uno de ellos á la pared blanca donde se -habia metido, y mudó el clavito dos dedos más abajo, y tapó el agujero -con un poco de cera blanda, que era en la cerería recien hecha, blanca -y muy lisa. Enviáronle á medirse, y como topó con el colodrillo en -el clavito, quedó fuera de sí de contento, entendiendo que él habia -crecido lo que el clavo habia bajado. Vino con la boca llena de risa, -que parecia mico desollado, y fuése á echar á los piés de quien le -habia hecho crecer: ellos le dijeron que callase, porque sino se -descreceria lo crecido, y que lo dificultoso quedaba por hacer. Él dijo -que aunque fuera bajar al infierno, lo haria por no descrecer. Pues no -es menos, dijeron ellos, y aquella noche le mandaron que entre las once -y las doce de la noche entrase en cierto aposento por un callejon muy -estrecho, que estaba debajo de unas casas lóbregas y obscuras, solo y -sin luz, y que allí le dirian lo que habia de hacer. Él se turbó todo -con la dificultad que le pusieron, pero al fin dijo, con todo el<span -class="pagenum" id="Page_195">[p. 195]</span> miedo posible: Sí haré, -sí haré. Fuése á la noche entrando por su callejon, espeluzado el -cabello, cortado de brazos y piernas, sin oir perro ni gato que le -pudiese hacer compañía, y en llegando al aposento, salieron por las -cuatro esquinas debajo la cama cuatro carátulas de demonios, con cuatro -candelillas en la boca, que con el temor que habia concebido, se le -representó el infierno todo; porque todos los hombres muy crédulos son -tambien temerosos; y como se fueron alzando los demonios, él se fué -quedando, y sin saber de sí, ni poder moverse de donde estaba, cayó -en el suelo, dándole tan gran corrupcion, que no se le pareció haber -tenido dieta, que la cólera habia desbaratado cuanto las almendras y -pasas habian detenido. Él caido, y ellos turbados y aun arrepentidos, -no supieron qué hacer, sino dejarlo y acogerse. Él volvió á cabo -de rato en sí, y hallóse revolcado en su sangre, de que anduvo muy -corrido, y de manera enfermo, que fué menester de veras valerse de las -pasas y almendras para no morirse, y ellos anduvieron escondidos y -ausentes. Yo me sangré en salud, refiriéndole el cuento al Conde, que -le solemnizó mucho con su buen gusto, y tomó á su cargo las amistades, -contando lo pasado á cuantos entraban en su casa. Sosegóse el negocio -con la autoridad de un tan gran príncipe, aunque ellos anduvieron -hartos dias inquietos: porque el hombrecito se quejó á todo el mundo, y -á quien podia castigar la burla. Yo los cogí cuando hubo oportunidad, -y les dí á entender con la verdad, cuánto importa no hacer mal, tanto -en burlas como en veras, que de haberle dado la vaya sobre su ruin -talle y cuerpo, vino á buscar tan pesado remedio, que nadie quiere -oir faltas, y por más que se hagan sufridores y finjan risa, no hay á -quien no le pese en el alma oir mal de sí propio: y tanto más, cuanto -más parece verdad<span class="pagenum" id="Page_196">[p. 196]</span> -lo que se dice: que aun cuando no lo es ni lo parece, se le abrasa el -corazon á quien se dice, ora sea por dar pesadumbre, ó sea por chisme, -de que era tan enemigo este príncipe, que en trayéndole alguna novedad -de palacio, llamaba á aquel de quien se decia, y delante del parlero -se lo reprehendia: si se encogia de hombros el otro negándole, decia -el Conde: Pues veis aquí á fulano que me lo dijo: y así andaban todos -ajustados con la lengua y con el Conde.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c196.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_1_24"> - <p><span class="pagenum" id="Page_197">[p. 197]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c197.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO XXIV.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">Y</p> -</div> - -<p class="icap2"><span class="smcap">Y porque</span> no habrá otra -ocasion en que contarlo, digo que era Príncipe tan enemigo de chismes -y parlerías, que en presencia mia vino cierto congraciador á decirle, -que estaba tratando mal de su persona un hidalgo de Valladolid: y -encareciendo mucho esta insolencia, le preguntó el Conde: ¿Y vos -qué hicisteis? Yo, dijo el buen hombre, vine luego á avisar á V. -Excelencia, porque al pié de la obra le enviase el castigo que merecen -ofensas hechas á tan grande señor. Vos teneis razon, dijo el Conde; -ola, dadle á este gentil-hombre una libranza de media docena de palos -muy bien dados. Pues á mí, ¿por qué? dijo el buen hombre. No son para -vos, respondió el Conde, sino para que los lleveis al que dijo mal -de mí: porque como me trujisteis lo que yo no sabia, le lleveis á -él lo que no sabe. Y dijo á un paje: Bermudez, corre y dí á fulano, -que cuando hubiere de decir mal de mí, no sea delante de tan ruin -gente que me lo venga á decir luego, y que para castigo suyo basta -que sepa él que yo lo sé. Ambos quedaron muy bien pagados, como<span -class="pagenum" id="Page_198">[p. 198]</span> merecian, que aunque no -se dió la libranza, quedó el pobre espantado de la merced. El ermitaño -á todo comenzó á dar cabezadas y bostezar muy á menudo, como hombre que -está de mala gana en locutorio de monjas, porque despues de la comida -todo habia sido hablar al son de las canales, que aunque pocas, con -el ruido y fuerza del aire, hacian su figura de manera, que se echó -de ver que habia música para toda la noche. Cenamos lo que tenia el -buen hombre, que por poco que fué, ayudó para reposar y darle al sueño -bastante lugar, no solamente para hacer la digestion, pero para soñar -disparates, conforme á lo que se habia cenado, y al tiempo borrascoso -que hacia, que realmente, aunque más anden desvaneciéndose y buscando -interpretaciones de los sueños algunos amigos de adivinacion, ellos -andan conforme á los tiempos y á los mantenimientos, y obedeciendo -al humor predominante, que es lo más ordinario; es grande ignorancia -ponerse á interpretar lo que procede de humores calientes ó frios, -húmedos ó secos. Y si alguna cosa sucediere, que sea verdad en los -sueños, ó será acaso ó representacion de Ángeles buenos ó malos; y -no hay para que divertirnos en probar la verdad de esto, que tan -manifiesta y clara la conocemos.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c198.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_2"> - <p><span class="pagenum" id="Page_199">[p. 199]</span></p> - <h2 class="nobreak">RELACION SEGUNDA</h2> - <p class="xs ws1 centra mt3">DE LA VIDA DEL ESCUDERO</p> - <p class="xl g1 ws1 centra mt1">MARCOS DE OBREGON.</p> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_2_0"> - <p><span class="pagenum" id="Page_201">[p. 201]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c201a.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> -</div> - -<div class="drop mt05 pt2"> - <img src="images/ill_c201b.jpg" - alt="A" /> -</div> - -<p class="icap pt2"><span class="smcap">Aunque</span> amanecia el -dia con acabarse la furia del agua, que toda la noche habia combatido -la ermita ó humilladero, era tanta la abundancia que el rio habia -recogido, que sobrepujando la puente, ni de la una parte ni de la -otra se podia pasar, ni pasaron, hasta que se fué avadando el dia -siguiente. Yo quisiera irme, por parecerme que ya el ermitaño estaba -harto de oirme hablar relaciones de mi vida; y como yo naturalmente, -ni soy inclinado á hablar, ni oir hablar mucho, parecióme que el -demasiado sueño del ermitaño nacia del enfado de oirme: y como los -habladores, gente sin memoria de lo que está por venir, son para mí -tan odiosos, no queria caer en la culpa que reprehendo, que los que -tienen esta falta, aunque por sobra de palabras sin sustancia, son -ordinariamente cizañeros, congraciadores, chismosos, que á trueque ó -fin de hablar no reparan en falso ó verdadero, ni saben distinguir la -mentira de la verdad, y de la misma manera que lo dicen lo desdicen; -amigos de averiguar un chisme, y de traer y de llevar adelante su -opinion, soldando un yerro con otros ciento, y el menor daño que<span -class="pagenum" id="Page_202">[p. 202]</span> hacen es ser grandes -aduladores: no se asientan ni reposan en cosa con la facilidad que -proceden, ni temen caer en falta, ni cobrar mala opinion, que realmente -he visto que á este vicio le siguen otros muy peores. Huyendo yo de -no caer en fama de hablador me quise despedir del ermitaño, si bien -el tiempo aun no daba lugar para ello; pero él me porfió que no le -dejase solo, por una grande melancolía que le habia dado un sueño -aquella noche, que afirmativamente decia: que estando más dispierto -que dormido, le habia hablado un muerto, en cuya muerte se habia -hallado en Italia. Reíme, y lo mejor que pude procuré deshacerle -aquella imaginacion. Preguntóme de qué me reia. Ríome, respondí, de que -la aprehension de los sueños sea tan poderosa con algunas personas, -que les parece que es verdad lo que sueñan, cosa tan reprobada por -el mismo Dios en muchos lugares del Testamento viejo, y recibido en -el nuevo, siendo todo vanidad del celebro, y ahora de la melancolía -que ha causado la esperanza del tiempo; que junta con el poco y no -buen mantenimiento, causara ese efecto y otros más ridículos. Digo, -respondió el ermitaño, que aun ahora me parece que le tengo presente. -Reíme mucho más que antes; replicóme: ¿Luego no suelen venir los -muertos á hablar con los vivos? No por cierto, respondí yo, sino cuando -por algun negocio de mucha importancia les da Dios licencia para ello, -como en aquel caso tan estupendo y digno de saberse que le pasó al -Marqués de las Navas, que habló con un muerto á quien él habia quitado -la vida; pero vino á cosas que le importaban para la quietud y reposo -de su alma. Es caso que todos los que vemos en los libros antiguos no -tienen tan asentada verdad como este, reservando aquellos de que las -divinas letras hacen mencion, porque pasó en<span class="pagenum" -id="Page_203">[p. 203]</span> nuestros dias, y á un tan gran caballero, -y tan amigo de verdad, y en presencia de testigos, que hay algunos -vivos ahora, que ni á él, ni á ellos, aun siendo verdad, les importa -nada confesarlo. ¿Á cuál Marqués? preguntó el ermitaño. Al que es ahora -vivo, respondí yo, D. Pedro de Ávila. Si no se cansa vuesa merced, -dijo el buen hombre, y aunque se canse, cuéntelo cómo pasó, que cosa -tan espantosa y de nuestros dias es bien que todos lo sepan. Bien -divulgada está, dije yo; pero por que no se quede en el sepulcro con el -muerto es bien decirla, y hacer particular memoria de cosa que tanta -apariencia tiene de verdad; y no me afirmára en ella, si no la hubiera -oido de la boca de un tan gran caballero como el mismo Marqués, y á su -hermano el señor D. Enrique de Guzman, Marqués de Pobar, gentil hombre -de la Cámara del potentísimo Rey D. Felipe III de las Españas, en cuyo -palacio nunca ha hallado lugar la adulacion ni mentira. El caso fué de -esta manera:</p> - -<p>Estando el Marqués preso por mandado de su Rey en San Martin de -Madrid, monasterio de la Orden de San Benito, y visitándole sus -amigos grandes caballeros, muchas veces ó siempre se quedaban de -noche acompañándole, particularmente el Sr. D. Enrique, Marqués de -Pobar, su hermano, y el Sr. D. Felipe de Córdoba, hijo del Sr. D. -Diego de Córdoba, Caballerizo mayor de Felipe II, y una noche, entre -muchas, dióles gana de irse á pasear al Marqués y á D. Felipe: fueron -hácia el barrio de Lavapiés, y estando hablando por una ventana, dijo -el Marqués: Esperadme aquí, que voy á aquella callejuela á cierta -necesidad natural; halló en ella dos hombres en las dos esquinas, que -no le dejaron pasar. El Marqués dijo: Vuesas mercedes sepan que voy con -esta necesidad, y fué á pasar contra su gusto. Arrojóle uno de ellos -una es<span class="pagenum" id="Page_204">[p. 204]</span>tocada, y el -Marqués otra á él propio; cada uno pensó que dejaba muerto al otro. -Con el mismo movimiento que le sacó el Marqués la espada, que tenia -la guarnicion en el pecho, le dió al otro una cuchillada, con que le -abrió la cabeza. Quedáronse los dos que no pudieron moverse; el de la -estocada muerto, aunque en pié, el de la herida fuera de sí. Fuése el -Marqués y llamó á D. Felipe, y fuéronse á San Martin. Estando allá, -pareciéndole que dormir sin averiguar bien lo que habia pasado era -yerro, contóselo, y los dos determinaron de ir. Fué el Marqués con -ellos, que no quiso que fuesen sin él, y hallaron alborotado el barrio, -diciendo que habian muerto allí dos hombres. Volviéronse sin hallar en -el sitio donde habia pasado otra cosa sino dos lienzos ensangrentados. -El que habia quedado con la herida fuése á Toledo, y desde allí envió -á saber si el Marqués era muerto, que lo habia conocido cuando le -dió la estocada, y curándose lo mejor que pudo, vino á morir de la -herida: hizo testamento antes, y como supo que el Marqués no habia -recibido daño, porque la estocada habia sido al soslayo, dejólo por su -testamentario. Supo el Marqués esto por relacion de un Religioso que se -lo vino á decir quién era el que lo dejaba por testamentario. Dentro de -cinco ó seis dias, despues de muerto este hombre, estando el Marqués -acostado en su cama, y D. Enrique su hermano, y D. Felipe de Córdoba en -el mismo aposento en otra cama, cerrada la puerta para dormir, llegaron -y le quitaron la ropa de la misma cama. El Marqués dijo: Quitaos allá, -D. Enrique, y respondió la persona que era con una voz ronca y llena -de horror: No es D. Enrique. Escandalizado el Marqués se levantó muy -de priesa, y desenvainando la espada que tenia á la cabecera, tiró -tantas cuchilladas, que preguntó D. Felipe: ¿Qué era aquello? El<span -class="pagenum" id="Page_205">[p. 205]</span> Marqués mi hermano es, -respondió D. Enrique, que anda á cuchilladas con un muerto. Él dió -cuantas pudo, hasta que se cansó, sin topar en cosa, sino algunas en -las paredes.</p> - -<p>Abrió la puerta, y tornó á verlo fuera, y con la misma priesa fué -dando cuchilladas, hasta que llegó á un rincon donde habia oscuridad, -y entonces dijo la sombra: Basta, señor Marqués, basta, y véngase -conmigo, que le tengo que decir. El Marqués le siguió, y á él los -dos caballeros, su hermano, y D. Felipe. Bajóle abajo, y diciendo el -Marqués qué le queria, respondió, que mandase los dejasen solos, que -no podia hablar delante de testigos. Él, aunque de mala gana, les dijo -que se quedasen; mas ellos no quisieron. Al fin la sombra se entró en -cierta bóveda donde habia huesos de muertos: entró el Marqués tras -de ella, y en pisando los huesos le fué discurriendo por los suyos -tan grande temor, que le fué forzoso salir fuera á respirar y cobrar -aliento, lo cual hizo por tres veces. Lo que le queria, y pudo el -Marqués con la turbacion percibir, era que en pago de la muerte que le -habia dado, le hiciese aquel bien de cumplir lo que en su testamento -dejaba, que era una restitucion, y poner una hija suya en estado. Hubo -en esto dares y tomares entre el Marqués y la sombra, segun dijeron -los testigos. Y confiesa el Marqués, que siendo tan hermoso de rostro, -blanco y rojo, como sus hermanos, desde esta noche quedó como está -ahora, sin ningun color y quebrantado el mismo rostro. Dice que le -vino á hablar otras veces, y que antes que le viese le daba un frio -y temblor, que no podia sustentarse. Al fin cumplió lo que le pidió, -y nunca más le apareció. Si fué el mismo espíritu suyo, ó del ángel -de su guarda, ó ángel bueno ó malo, dispútenlo los señores teólogos, -que para mí bástame el haberlo oido de la boca<span class="pagenum" -id="Page_206">[p. 206]</span> de un tan gran caballero como el Marqués -y D. Enrique su hermano, para tener el caso por más cierto; y que por -cosas tan particulares, que importan la salvacion de un alma, suele -el Señor del cielo y tierra dar licencia para semejantes negocios, -que no son estas de las cosas que algunos autores gentiles dicen, de -llamar las almas para hacerles preguntas, como hacia Empedocles y -Apion Gramático, que llamó la sombra de Homero, y no osó decir lo que -habia respondido, que estas eran artes de la necromancia, de que dice -Ciceron, que fingian cuerpos de aquellos que ya estaban quemados, y -les daban alguna forma ó figura; porque el espíritu por sí era incapaz -de ser visto, que todas eran artes del demonio, y acudia á lo que le -pedian como poderoso, permitiéndoselo Dios, que sin esta permision -no podia hacerlo. Y que el venir de las almas de los muertos con -dispensacion de Dios, no se puede negar haber sucedido algunas veces; -no porque anden vagando por el mundo, que sus lugares tienen señalados, -ó en el cielo ó en el infierno, ó en el purgatorio. Y si he sido -prolijo en este cuento contra mi condicion y estilo, es porque cosas -tan graves se han de decir con la sencillez y llaneza con que pasaron, -sin dorarlo ni desdorarlo. Admiracion me ha puesto el caso, dijo el -ermitaño, y estoy determinado de apartarme de soledad, que aunque -he pasado algun tiempo en ella, no he visto cosa que me perturbe, y -aun con todo eso me he retirado de la soledad hácia el poblado, por -los temores que pasaba entre los altos riscos de Sierra-Morena: pero -dejemos ya esta materia, y volvamos á proseguir lo comenzado; que con -la dulzura del estilo y gracia del contarlo, se olvidará la melancolía -del sueño y de la verdad referida. Luego se fué á Sevilla, donde ahora -vive muy recogido.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c137.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_2_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_207">[p. 207]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c207.jpg" - alt="Ilustración" /> - </div> - <h3 class="mt-15">DESCANSO I.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">T</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Tornando</span> de nuevo á coser ó -á anudar la conversacion pasada, sentámonos al brasero, prosiguiendo mi -comenzada relacion, porque el ermitaño, hombre de muy buen discurso, me -importunó de manera, que se echó de ver que gustaba mucho de oir los -trances de mi vida, y mostrando mucha atencion, que es lo que da nuevo -ánimo á las conversaciones, proseguí lo que la noche antes habia dejado -por el sueño del ermitaño, y comencélo de muy buena gana, porque de la -misma manera que quita el gusto de hablar la descortesía de que algunos -ignorantes usan, en atajar lo que un hombre va diciendo, por encajar -un disparate que se les ofrece fuera de propósito, así la atencion da -fuerzas y espíritu al que habla para no cesar en su materia; yerro -en que he visto caer á muchas personas, muy reprehensible en quien -le tiene, porque arguye poco gusto ó mal entendimiento. El que no -quiere oir lo que otro habla, bien puede apartarse y dar lugar á -que oiga quien tiene gusto; que hay algunos de tan estraordinaria -condicion y natural, que, ó por deslucir lo que otro habla, ó por no -entenderlo,<span class="pagenum" id="Page_208">[p. 208]</span> que es -lo más cierto, procuran atajarlo con poca razon y menos cortesía. El -premio del que dice bien, es la atencion que se le presta, y aunque -no sea muy limado, es gran descortesía no dar aplauso á lo que dice, -que al fin procura que parezca bien, y dice lo mejor que puede y sabe. -Hay un género de gentes que hablan con intercadencia, careciendo de -hebra y caudal para la materia que se trata: que despues de haberles -respondido, aunque se haya mudado el primer motivo, acuden con lo que -se les ofrece fuera de la intencion que se lleva: este es un disparate -y una inadvertencia que hace muy odioso al que la usa, y de quien se -debe huir la conversacion, porque son estorbo al que habla y á los -que oyen: y cuando va con malicia de desdorar al que dice, que todo -esto puede la envidia, es una malicia sin disculpa y merecedora de -cualquier mala correspondencia, que no se halla sino en hombres de poca -substancia, así en ingenio, como en letras. Y estiéndese á tanto, que -aun en los libros que se imprimen, no rehuye la infame y mal nacida -envidia, de usar de libertades muy conocidas. Los libros que se han -de dar á la estampa, han de llevar doctrina y gusto que enseñen y -deleiten, y los que no tienen talento para esto, ya que no lo alcanzan, -no se deslicen á echar pullas, con ofensa de los hombres de opinion, -ó no escriban; que no ha de ser todo danza de espadas, que despues de -hechas no queda fruto ni memoria de cosa que se pegue al alma. Han de -llevar los libros que se dan á la estampa, mucha pureza y castidad -de lenguaje; pureza en la eleccion de las palabras, y honestidad de -conceptos, y castidad en no mezclar bastardías que salen de la materia, -como maledicencias ó desestimacion de lo que otros hacen, especialmente -cuando son contra quien sabe decir, y sabe qué decir; y tan mal dichas, -que van señalando<span class="pagenum" id="Page_209">[p. 209]</span> -con el dedo, con que descubren su ignorancia, y desacreditan sus -escritos, y manifiestan su envidia, y declaran su malicia. Tornando -á la materia del hablar, digo que en las conversaciones háse de dar -lugar á que hable el que habla, y él ha de ser tan remirado, que no se -derrame, ni divierta, ni quiera hablárselo todo, que ha de dar lugar á -la respuesta. Yo, como iba historiando mi vida, no advertí que podria -el ermitaño cansarse de oirme hablar tan diversamente: pero sucedióme -bien, que no solamente no se cansó, pero tornó á importunarme que -prosiguiese en mi principal intento, que para eso me lo habia rogado al -principio, y tornando á hablar con él, proseguí diciendo.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c209.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_2_2"> - <p><span class="pagenum" id="Page_210">[p. 210]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c210.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO II.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">L</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Luego</span> que por el pronóstico -y significacion de aquel cometa, ó por lo que la Magestad de Dios sabe -y fué servido, murió el Rey Don Sebastian de Portugal, en aquella tan -memorable batalla, donde se hallaron tres Reyes, y murieron todos tres, -como sucedió al Cardenal Don Enrique, tio de Felipe II y lo llamó á la -sucesion del Reino toda Castilla y Andalucía, se movió á ir sirviendo -á su Rey con el amor y obediencia, que siempre España ha tenido á sus -legítimos Reyes. Víneme de Valladolid á Madrid, y siguiendo la variedad -de mi condicion y la opinion de todos, fuíme á Sevilla con intencion -de pasar á Italia, ya que no pudiese llegar á tiempo de embarcarme -para África. Estuve gozando de la grandeza de aquella ciudad, llena -de mil escelencias, tesorera y repartidora de la inmensa riqueza que -envia el mar Océano, sin la que deja para sí en sus profundas arenas -escondida para siempre. Sosegadas, ó por mejor decir, reducidas á mejor -forma las cosas de Portugal, quedéme en Sevilla por algun tiempo, donde -entre muchas cosas que me suce<span class="pagenum" id="Page_211">[p. -211]</span>dieron, fué una dar en la valentía; que habia entonces, -y aun creo que ahora hay, una especie de gentes, que ni parecen -cristianos, ni moros, ni gentiles; sino su religion es adorar en la -diosa valentía, porque les parece que estando en esta cofradía, los -tendrán y respetarán por valientes, no cuanto á serlo, sino cuanto á -parecerlo. Sucedióme pasando por la calle de Génova, topar con uno de -estos, encontrándome con él, de suerte que por pasar yo por lo limpio -le hice pasar por el lodo, volvióse á mí, y con gran superioridad me -dijo: Señor marquesote, ¿no mira cómo va? Yo le dije: Perdone vuesa -merced, que no lo hacia á sabiendas. Él replicó: Pues si lo hiciera á -sabiendas, ¿no habia de estar ya amortajado? Yo no llevaba espada, que -iba como estudiante, profesion de que siempre héme preciado, y así usé -de toda la humildad posible, y él de toda la soberbia que tienen los -de su profesion. Díjele: No fué tan grave el delito, que merezca tan -gran castigo como ese. Díjome entonces: No debe de saber el morlaco -con quién se ha encontrado; pues estése quedo, que no quiero darle mas -castigo de ponerle cuarenta dedos en los carrillos, que por mi cuenta -venian á ser ocho bofetadas; esperéle, y viniendo alzadas las manos -para ejecutar el castigo, usé de una treta que siempre me ha salido -bien. Y fué, que como venia tan atento á su negocio, yo hice el mio; y -asiéndole la espada por la guarnicion, con toda la presteza posible se -la saqué de la vaina, con el mismo movimiento le puse los cinco dedos -en la cara, y con la guarnicion le herí en el carrillo izquierdo.</p> - -<p>Él que se vió desarmado, dió á correr hácia gradas, y unos jubeteros -comenzaron á decir: Víctor, víctor al escolar; pero dijéronme: Váyase -de aquí, que este va á llamar retraidos, y volverán presto. Fuíme -hácia San Francisco, y el bellacon entró muy descolorido,<span -class="pagenum" id="Page_212">[p. 212]</span> sin espada, en el -corral de los naranjos, la capa arrastrando, la cara llena de sangre, -y preguntándole qué habia sido, respondió, que lo cercaron treinta -hombres, y abrazándose con él, le sacaron la espada, y habiéndole -herido, á bocados se libró de ellos, y le habia sacado las narices -á uno de ellos de un bocado, y que iba por una espada y rodela para -hacerlos pedazos á todos. Acudieron á donde habia pasado el ruido, -y todos los oficiales hablaron en favor mio, á lo cual dijo uno -que iba entre ellos, hombre de menos que mediana estatura, zurdo y -dobladillo de cuerpo á quien todos pareció que respetaban: Bien está, -ese hombrecillo debe de tener buen hígado y así es menester hacerlos -amigos, porque el herido lo es de todos los honrados de la cofradía, -y antes de dos horas estará con los muchos si lo saben: llamen á ese -pobrete. Llamáronme unos oficiales, y trajeron al otro, que para que -quisiese ser amigo, fué menester llevarlos todos á la taberna de Pinto, -y gastar una hanega de lo de Cazalla: todos á una voz dijeron: Buen -hijo es; bien merece entrar en la cofradía.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c212.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_2_3"> - <p><span class="pagenum" id="Page_213">[p. 213]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c213.jpg" - alt="Ilustración" /> - </div> - <h3 class="mt1">DESCANSO III.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">P</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Pasado</span> esto, como el -bellacon quedó mal contento buscó traza cómo vengarse, y hallóla muy -buena. Como yo entré nuevo, y tenia poca esperiencia de las cosas de -Sevilla, recatéme poco, que en las repúblicas tan grandes es menester -entrar con tiento, y el que no tiene conocimiento ni esperiencia de -ellas, háse de valer de quien tenga para no hallarse atajado. Púseme -espada, y en las obligaciones en que se pone quien la ciñe, que con el -desvanecimiento de la valentía, y con haber dado en poeta y músico, que -cualquiera de las tres bastaba para derribar otro juicio mejor que el -mio, comencé á alear más de lo que me estaba, y á tenerme por paseante -y gran ventanero, y enamorar cuantas encontraba; de manera, que no -habia portugués más azucarado que yo, por donde halló mi contrario -flaqueza en mí con la de una dama de buen talle, en cuya casa él -entraba y era señor absoluto. Andando yo en la brama entre aquellos -árboles de la<span class="pagenum" id="Page_214">[p. 214]</span> -alameda, sentíme llamar de una cierva, y acudiendo al bramido me dijo: -¿Es posible, señor galan, que tan al descuido viva vuesarcé, que no ha -echado de ver que le miran con más cuidado que el ordinario? Miréle el -rostro y talle, y aunque le tenia estremado de bueno, con todo lo creí, -porque yo estaba tan desvanecido, que por este camino creyera cualquier -favor que se me diera. Prosiguió diciendo: ¡Que haya venido yo á tiempo -que no mire la calidad de mi persona ni autoridad de mi marido! ¡oh -mal hayan los ojos que no se recatan, y mal hayan los piés que salen -de los umbrales de su casa para ver sus desdichas! ¡que haya entregado -mi libertad á quien no sé si la estimará! ¡que mire yo á quien ni me -conoce ni conozco, y que haya de rogar á quien jamás admitió ruegos -de nadie! Más quiero morir, que no rendirme á quien quizá se reirá y -despreciará mis prendas. Y con eso fingió unas lágrimas tan tiernas, -que me sacó de juicio. Y en habiendo hecho su embeleco, me dejó y -volvió las espaldas con grandísimo donaire y garbo. Yo quedé helado -y abrasado de su presteza en irse, y de sus palabras en rendirme. -La criada me dijo: Buena tiene vuesa merced á mi señora, que estas -eran sus melancolías; de aquí nacen sus malas condiciones, que no hay -quien en casa se averigüe con ella. Sígala vuesa merced, y recátese -no le vea su marido, que es un caballero muy principal, y no poco -celoso, aunque jamás ha visto en mi señora ocasion para serlo. Seguíla -espantado, y contento de parecerme que mereceria yo mucho: estimándome -interiormente en harto más de lo que fuera razon. Entré en su casa, -que era en una calle angosta que iba á dar á la calle de las Armas, y -luego me favoreció haciendo ventana: y advirtióme que no diese muchos -bordos, que ella me avisaria de lo que habia de hacer. Anduve algunos -dias en pre<span class="pagenum" id="Page_215">[p. 215]</span>tension, -pareciendo que por su estimacion no queria rendirse luego. ¡Oh -engaños del mundo, y qué fácilmente cree un hombre las cosas que van -encaminadas á su gusto ó á su provecho! Si mirásemos y tanteásemos lo -que mira á nuestro bien, como lo que mira á nuestro mal, no caeríamos -en tantos daños y desventuras como suceden. En la apariencia del -gusto nos arrojamos con la esperanza del bien, y en el mal no nos -recatamos, siendo tan peligroso ó dudoso el fin de lo uno como de lo -otro. Más seguros vamos por el camino del daño que yertos por el del -provecho; porque lo uno nos pone en recato, y lo otro en descuido. -En el uno puede haber engaño, y en el otro está el desengaño claro, -como me sucedió, que creyendo el engaño de aquella mujer, me ví en -grande peligro; ¿pero á quién no engañará un rostro hermoso y un talle -gallardo con palabras dulces y ojos bachilleres? Al fin yo perseveré -hasta que me envió á decir con un papel amorosísimo que me llegase -allá aquella noche. Púseme lo más galan que pude, cogí mi espada y una -linterna grande, que podia servir de broquel, y fuíme derecho á su casa -sin considerar otra cosa más que obedecer al gusto; hallé la puerta -y sus brazos abiertos, recibióme con todas las caricias que yo podia -desear de actos exteriores y sencillos, y palabras dobladas: cerró -la puerta, luego al punto llamaron á ella. Ella sin preguntar quién -llamaba, dijo: Amigo, mi marido llama, entraos en esta bodeguilla, que -luego se tornará á ir. Entréme con mi linterna encendida: cerraron la -puerta de la bodeguilla con cerrojo, y dejáronme muy bien cerrado. -El aposentillo estaba casi todo lleno de sarmientos y chamiza seca; -habia un pozo, que respondia á lo alto, con su cubo colgado: púseme -á escuchar lo que hablaban, porque de haber cerrado la puerta -sospeché no bien; preguntóle la señora al ma<span class="pagenum" -id="Page_216">[p. 216]</span>rido fingido: Ya tengo cerrado á este -hombre, ¿qué se ha de hacer? Él respondió, aunque paso, en voz que le -pude conocer que era mi contrario: Abrasarlo ó ahogarlo en el pozo, que -este es el que me sacó la espada de la vaina. Luego se me representó -la traza para salir salvo de su cautela; que el peligro, descubridor -de grandes secretos, y el temor de la muerte levantan la imaginacion -á cosas nunca pensadas: tapé con una tabla el brocal del pozo: y de -aquella chamiza y sarmientos secos llegué cantidad á la puerta de la -bodeguilla, y con la linterna, que aun no habia apagado, encendílos. -La puertecilla estaba tan seca, que comenzó á arder con la ayuda de la -leña, saliendo muchas llamaradas de la chamiza por debajo la puerta: -metíme en el cubo del pozo, y asíme á la soga muy bien, que como estaba -tapado el pozo iba seguro yo. Comenzó toda la gente á dar voces: Fuego, -fuego, agua, saquen agua del pozo; tiraron de la soga para sacar agua, -y como pesaba el cubo demasiadamente, por estar yo dentro, llegáronse -muchos vecinos á tirar de la soga, y tanto y con tanta fuerza tiraron, -que al fin me subieron arriba. Asíme muy bien al brocal del pozo, yo -debia de estar con el rostro pálido de la turbacion, y con esto y -hacerles un gesto de abominable demonio, desmayaron todos, diciendo que -era un diablo lo que sacaron del pozo. Acabé de salir, y escabullíme -entre la gente lo mejor que pude, y pude muy bien, porque como estaban -turbados no me echaron de ver, dejándoles la casa encendida, y llevando -mi persona libre, que vine á hallar la vida donde era tan fácil el -perderla; como en un pozo, y encerrado en tanta estrecheza, como en una -bodeguilla llena de curianas.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c339.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_2_4"> - <p><span class="pagenum" id="Page_217">[p. 217]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c217.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO IV.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">M</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Mi</span> enemigo tomó para -vengarse de mí por instrumento una mujer hermosa, que al fin todas -tienen fuerza natural para mover corazones, tan bien como criaturas con -aficion y lágrimas; pero como nacieron para llorar, saben enternecer. -Maldiga Dios sus determinaciones, que tan resueltas son para ejecutar -cuanto se les pone en la testa, que por el mismo caso que no lo pueden -con fuerza, lo hacen con astucia y embeleco. Tienen tan grande fuerza -en decir lo que quieren, y nosotros tanta flaqueza en creerlas, que -parece que para eso solo nacimos. Muchas he visto de muy justificada -vida, pero aun en estas he hallado desigualdades de condiciones: y -conocido algunas muy honradas de sus personas, que lo son por solo -decir mal de las que tienen alguna flaqueza. Y en resolucion, pocas -hay que se escapen de algun azar. Libréme del daño que pudiera -suceder, ó en que ya me ví, pero no de las manos de un alguacil que -se habia llegado al ruido, y como me vió ir corriendo, asióme; mas -yo con mucha presteza le dije: ¿Qué hace vuesa<span class="pagenum" -id="Page_218">[p. 218]</span> merced? ¿quiere que muramos ambos á las -manos de ese demonio que está en esta casa? Huya y póngase en salvo, -que viene matando á cuantos encuentra. Él me soltó y dió á correr, -porque como habia oido decir el demonio del pozo, como yo se lo afirmé, -se confirmó en ello. Yo no paré hasta llegar á tomar descanso á la -sombra de dos amigos, Hércules y César, que están en dos altísimas -columnas, á la entrada del alameda que hizo aquel gran caballero D. -Francisco Zapata, Conde de Barajas, que tantas deshizo en Sevilla. Pero -no acabaron aquí las de aquella noche, que estando descansando, sentí -á las espaldas de la calle de la Garbancera, en un malvar muy alto que -allí se hace, un ruido muy grande, moviéndose las malvas sin ver quién -las movia, que por ser de noche y estar solo en el lugar muy sujeto -á melancolía, me causó alguna: mas llegándome cerca con la espada -desenvainada, no ví cosa sino el movimiento de las malvas, y algun -ruido entre unas piedras que habia en el malvar, hasta que salieron -fuera luchando una culebra y un gato: la culebra procurando ceñir -al gato por el cuerpo, y el gato puesto sobre los piés, é hiriendo -á la culebra con las uñas por entre las conchuelas, que duró algun -espacio: pero la culebra no pudiendo resistir las uñas del gato, se -tornó á sus malvas, y el gato como diestro, dando un salto le cogió la -delantera, y con el mismo movimiento, mascándole la cabeza, retiróse -antes que la culebra le diese con todo el cuerpo; y lo hiciera si no -se retirára, porque con el golpe dió en unas piedras con la parte del -lomo, á donde tiene la fuerza, de que no pudo más moverse, y llegando -el gato la acabó de matar. Dióme que considerar la destreza del gato, -viendo cuán cierta tiene la herida más que los demás animales, por -donde yo fuí aficionado desde allí á los gatos, habiendo sido siempre -enemigo<span class="pagenum" id="Page_219">[p. 219]</span> de ellos, -porque aunque no tienen tanto conocimiento ni amor como los perros, -son de gran seguridad contra las sabandijas que se aparecen en las -casas. Yo me fuí á reposar aquella noche, admirado y corrido del doblez -que tan pesadamente usó conmigo aquella mi enamorada, que lo sea del -diablo: y no del que salió del pozo; que la apacibilidad que promete -el rostro de una mujer hermosa sea capaz de tan pesado engaño, y que -con tanta facilidad se rinde á un mal consejo, es cosa que aun no acabo -de creerla. Que se apiade un hombre á unas lágrimas de una mujer, es -mucha nobleza; pero que ella las finja por mal fin, parece abominacion. -Rendirse á la hermosura es cosa natural; pero rendirse la hermosura al -engaño es contra razon, y aun contra naturaleza. Y un ánimo como el del -hombre, que hace cara á un ejército entero, se rinda á una mujer, que -huye de un raton, es cosa que espanta. Dios me libre de sus revueltas, -y me guarde de sus dobleces, que aun sin gusto suelen tenerlos, por -dar á entender que son queridas y desdeñosas; que las aman y que no -las estiman; que las regalan, y que ellas hacen burla de quien las -sirve.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c219.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_2_5"> - <p><span class="pagenum" id="Page_220">[p. 220]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c220.jpg" - alt="Ilustración" /> - </div> - <h3 class="ader mt-25">DESCANSO V.</h3> -</div> - -<div class="drop pt1"> - <p class="fs300 lh80 ti0">Y</p> -</div> - -<p class="icap2 pt1"><span class="smcap">Yo</span> no quedé tan seguro -de lo pasado que no me fuera necesario vivir con mucho cuidado de las -tretas de aquel valiente, porque si antes estaba sentido del despojo -de la tajante hoja, despues lo estuvo de haber salido tan á su costa -la burla que pensó hacerme. Yo, para más seguridad mia, acudí á -favorecerme de la casa de un gran caballero que está junto á <i>Omnium -Sanctorum</i>, en la feria, que en todas mis travesuras y sucesos me fué -amparo y refugio. Envióme á desafiar el valiente con un valiente amigo -suyo. Estando yo en la dicha casa del señor Marqués de Algaba, don Luis -de Guzman y sus criados, que tenia muchos y muy honrados, me quitaron -de la obligacion, por ser mis amigos, que por la descortesía de haber -perdido el respeto á la casa le enviaron á la suya sin narices, dejando -la espada, broquel y daga para merienda de los mozos de cocina. Hizo de -manera el malsin, mal fin le dé su suerte, que vino á saber un alcalde -de<span class="pagenum" id="Page_221">[p. 221]</span> la justicia, -grande enemigo mio, si estaba engañado Dios lo sabe, que yo habia -pegado fuego á la casa de su dayfa, que por andar celoso injustamente -de mí, por momentos me llevaba preso, y aunque yo procuré siempre -vencerle en cortesía, y quitarle la ocasion que lo traia con pecho -vengativo, como debia de tener el ánimo poco noble, no hacia caso del -buen término y humildad de que yo usaba con él, que los ánimos poco -levantados en viéndose superiores á su enemigo procuran vengarse como -pueden, sin mirar si les está bien ó mal. Mas los valerosos ánimos, -con ser señores de la venganza, tienen por grandeza no hacer caso -de ella. Este que digo, en viendo que pudo satisfacer á su bárbaro -apetito, con la relacion que le dió mi enemigo, luego puso por obra -la ejecucion de sus malas entrañas, haciendo corchete y explorador á -la misma parte, que tuvo harto cuidado de seguirme los pasos, de modo -que yo lo vine á saber por medio de amigos suyos y mios. Sabido esto, -que el alcalde de la justicia habiendo incriminado el delito, diciendo -que era incendiario, como hombre que no tenia más de una oreja, y esa -inficionada, no admitió advertencia ni consejo que se le daba. Dijo que -me habia de sacar de la iglesia en cualquiera que me hallase, porque -el delito de incendiario era muy grave. No lo hiciera el que ahora -está en el mismo oficio, que es justísimo juez, cristiano y discreto, -y de gran consideracion en cuanto dice y hace, no precipitado, ni -arrojadizo, sino muy templado y considerado en todas sus acciones, -Justino de Chaves, que hay algunos jueces, aunque pocos, que no quieren -dejar delito para el tribunal de Dios, que parece que los elige el -demonio para hacer por manos de ellos lo que no puede por las suyas, -que se las tiene Dios atadas. En sabiendo que este juez andaba conmigo -tan tirano, mudéme de trage con un vestido vie<span class="pagenum" -id="Page_222">[p. 222]</span>jo y malo, para andar disfrazado: yo le -traia junto á su persona una espía que me avisase de todo, porque yo no -me apartaba de <i>Omnium Sanctorum</i>, donde el sacristan era mi amigo, con -quien habia tratado lo que habia de hacer si viniese á sacarme. Vino -á avisarme de esto el amigo, y que para esta empresa traia consigo al -Toledanillo, corchete endiablado, y yo juré que le habia de hacer una -burla, que me habia de llevar acuestas á mi casa. Luego pareció venir -con tanta priesa, que por poco no pudiera ejecutar mi traza. Dí al -sacristan capa, ropilla y espada, quedándome en un jubon viejo y sucio, -y atándome á la cabeza un lienzo muy roto y ensangrentado, echéme entre -unos pobres muy asquerosos que estaban á la puerta pidiendo limosna: -llegó muy furioso á buscarme en la iglesia; el sacristan cerró la -iglesia antes que llegase, y juró, y con verdad, que no habia en toda -ella retraido, ni otra gente, sino aquellos pobres, que á nadie dejaban -oir misa, y que si queria sacar algun retraido, él se lo daria en las -manos, echándolos de allí. Luego él comenzó á echarlos, diciéndoles: -Vosotros algunos delincuentazos debeis de ser. Y á mí, porque dijo -el sacristan que estaba tullido, y que no podia menearme, le dijo al -Toledanillo que me llevase de allí, habiéndole dicho el sacristan que -yo tenia mucho dinero de que se podia aprovechar, con que le puso -codicia de llevarme acuestas. Mientras que su amo andaba revolviendo -los altares y coro, y esteras de la sacristía, yo le iba diciendo: -En verdad, señor, que me huelgo que no entrásedes allá, porque aquel -hombre que van á sacar tiene jurado de mataros, que sabiendo que sois -muy hombre, él lo es tanto que tiene ya dos corchetes en sal, y lo -mismo hará de vos si os coge: Bien voy aquí de esa manera, dijo el -Toledanillo; y yo: Daos priesa antes que envie por vos el teniente, y -él lo hizo <span class="pagenum" id="Page_223">[p. 223]</span>de -muy buena gana, porque esta gente, ó porque no les va nada en ello, ó -porque quieren guardar su vida huyen de semejantes peligros.</p> - -<div class="figcenter mt1"> - <img class="thin" - src="images/ill_c222_223.jpg" - alt="Ilustración" /> - <p class="caption"> - <i>Vosotros algunos delincuentazos debeis de ser.</i> - </p> -</div> - -<p class="mt1">El amo, como no halló la presa que buscaba, y porque -el sacristan le dijo que se la daria pacíficamente, no llamó al -Toledanillo. Él me llevó paseando por toda la alameda, y el barrio del -Duque, hasta la calle de San Eloy, donde era mi posada; yo animábale -diciendo que fuera de que se lo habia de pagar muy bien, hacia una -obra de misericordia. Venian dos conocidos mios tras él pereciendo de -risa, y él no osaba preguntarles de qué se reian, hasta que llegando á -donde le pareció que ya estaba fuera de peligro, preguntóles: ¿De qué -se rien voarcedes? Ellos le respondieron sonriendo: De la carga que -llevais, que es el que íbades á sacar de la iglesia. Él sobresaltado, -soltóme luego en el suelo, y yo encarándome á él, le dije: Pues qué, -¿pensaba el ladron, que habia de cogerme el dinero? Agradezca que no -le visité las tripas por el pescuezo cuando me traia acuestas hecho -San Cristóbal. En este tiempo andaba el señor juez riñendo con el -sacristan porque le diese el retraido. Él dijo: Yo ya cumplí mi palabra -con dárselo al Toledanillo, que lo llevó acuestas. Riéronse tanto los -circunstantes con la burla hecha al Toledanillo, por ser tan bravo -corchete, que se olvidó el enojo de juez por lo que alcanzaba de la -burla viendo la que se habia hecho á su corchete: y él por no dar á -entender su corrimiento disimuló, por la parte que le tocaba. Esto -es para que los ministros de justicia entiendan, que ni todo ha de -suceder como ellos quieren, ni los delincuentes lo han de remitir todo -á las manos, como suelen en Sevilla, ni hacer resistencias, que si -una vez sucede bien, treinta les sucede mal. Los jueces nunca pierdan -el respeto á los templos, porque les sucede lo que á los perros que -andan buscando la vida, que si<span class="pagenum" id="Page_224">[p. -224]</span> muchas veces comen, alguna los vienen á coger entre -puertas. Debe proceder el juez con los delincuentes de manera que no -parezca que la justicia y venganza se conforman para un fin, que se -ha de averiguar las verdades oyendo ambas partes: ni ha de creer, que -uno es malo porque se lo diga quien no es bueno. Juez apasionado no -lo ha de ser en su negocio propio, porque la pasion hace mayores los -delitos del enemigo. Como es dificultoso juzgar por malo aquello que -nos deleita, así es imposible juzgar por bueno lo que aborrecemos: que -mal podrá guardar la autoridad de la ley quien quiere hacerla de su -condicion en ódio ó en amor. Muy confuso se halla un juez cuando le -apelan la sentencia que dió con pasion, no siendo ya señor de ella. Los -delincuentes han de usar de todos los medios humanos y divinos antes -que hacer una resistencia, y quien la hace en confianza del favor que -tiene, merece que le falte cuando lo há menester, como sucede. No puede -haber causa, si no es por salvar la vida, que obligue á un hombre á -tan bárbaro delito, que no se halla sino en hombres desconfiados de la -vida y honra. La humildad con los ministros de justicia arguye valor y -ánimo noble, en que consiste el fundamento de la paz y concordia. Y si -á los tales que se persuade á que son poderosos para cuanto quieren, -los tratamos con soberbia, ¿cómo podremos conservarnos con ellos? Huir -de ellos cuando nos siguen, no es falta de ánimo, sino reconocimiento -de superioridad: y el que de ellos es bien considerado, huélgase de -ver que el delincuente le tiene respeto, en huir ó en retraerse, sin -querer perseguirle ni apretarle más de lo que es justicia y razon. -Yo no pude hacer buen amigo de este hombre, y así me determiné, -por no resistirme ni huir, de hacerle esta burla que se tuvo por -acertada, tanto como reida, con que él me dejó, y el otro se sosegó en -perse<span class="pagenum" id="Page_225">[p. 225]</span>guirme. Yo -para aquietarme de todo, determiné de arrimarme á algun favor poderoso, -en cuya sombra pudiera descansar. Andaba entonces en Sevilla un gran -Príncipe, de gallardísimo talle, muy gentil hombre de cuerpo, hermoso -de rostro, con gran mansedumbre de condicion y consumada bondad, más -de ángel que de hombre, amiguísimo de hacer bien, amado y admirado en -aquella república, por estas y otras muchas partes que en su persona -resplandecian: sobrino del arzobispo que entonces era en Sevilla, que -era Marqués de Dénia. Yo me determiné de buscar modo como entrar en la -gracia de este Príncipe, y comunicándolo con cierto amigo, le dije: -No es posible, sino que este gran señor me ha de recibir en su favor -y gracia. ¿En qué lo echais de ver? dijo mi amigo. Y respondí yo: En -que yo le soy grandemente apasionado, y perpétuo historiador de sus -admirables virtudes: y no es posible sino que la constelacion que -me obliga á este excesivo amor á él, le incline á serme agradecido. -Sucedióme como yo me lo tenia imaginado, porque estando en el corral -de los naranjos, y pasando por allí este gran Príncipe, me determiné -á hablarle lo más cortesmente que yo pude y supe. Paró el coche, y -oyóme con entrañas piadosísimas, haciéndome la merced que yo deseaba, -y mandándome que le viese. Recibido en su gracia, no me sucedió cosa -mal en Sevilla, ni mis émulos tuvieron brio ni atrevimiento más contra -mí; que el favor de los Príncipes y grandes señores es poderoso para -vivir con quietud en la República, quien quiere ampararse de su valor y -reclinarse á su sombra. Y es cordura el hacerlo, aunque no sea más de -por imitar sus nativas costumbres, que exceden con gran ventaja á las -de la gente ordinaria; que como en las plantas, las más bien cultivadas -dan mejor y más abundante fruto, así entre los hombres, los<span -class="pagenum" id="Page_226">[p. 226]</span> más bien instruidos -dan mayor y más claro ejemplo de la vida y costumbres, como son los -príncipes y señores, criados desde su niñez en costumbres loables, -no derramados entre la ignorancia del libre vulgo; que entre los -caballeros está, y se usa la verdadera cortesía: de ellos se aprende -el buen trato y la crianza con lo que se debe dar á cada uno; en ellos -se halla la discreta disimulacion y paciencia, y cuando há lugar el -perderla, que como tratan siempre con gente que sabe todos saben. -Los que huyen el trato de los caballeros, no pueden entrarse en la -verdadera nobleza que consiste en la práctica y no en la teórica, y con -ella se aprende el respeto que se les ha de tener, para tratar con la -nobleza ignorada de todo el vulgo.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c226.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_2_6"> - <p><span class="pagenum" id="Page_227">[p. 227]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c227.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO VI.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">E</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Estuve</span> en Sevilla -algun tiempo viviendo de noche y de dia inquieto con pendencias y -enemistades, efectos de la ociosidad, raíz de los vicios, y sepulcro de -las virtudes. Torné en mí, y halléme atrás de lo que habia profesado, -que en la ociosidad no solamente se olvida lo trabajado, pero se hace -un durísimo hábito para volver á ello. El que pierde caminando la -verdadera senda, cuanto más se aleja, tanto más dificultosamente vuelve -á cobrarla: el que hace costumbre en la ociosidad, tarde ó nunca olvida -los resabios que de ella se siguen. En cuatro cosas gasta la vida el -ocioso, en dormir sin tiempo, en comer sin razon, en solicitar quietas, -en murmurar de todos. Llórame el corazon gotas de sangre cuando veo -prendas de valerosos capitanes y de doctísimos varones rendidas á un -vicio tan poltron como la ociosidad: quéjase el ocioso de su desdicha, -y murmura de la dicha del que con gran diligencia ha vencido la fuerza -de su fortuna: tiene envidia de lo que él pudiera haber grangeado con -ella. El ocioso ni come con gusto, ni duerme<span class="pagenum" -id="Page_228">[p. 228]</span> con quietud, ni descansa con reposo, que -la flojedad viene á ser verdugo y azote del dejamiento y pereza del -ocioso. Determiné de apartarme de este vicio poltron que en Sevilla -me arrastraba, y para esto tuve modo de pasar á Italia en servicio -del duque de Medina-Sidonia, que en un galeon aragonés enviaba mucha -parte de sus criados á Milan. Alcanzada esta buena gracia, detúveme -en Sevilla hasta que fué tiempo de partir. En este espacio, vinieron -algunos portugueses, de los que en África se habian hallado en aquel -desdichado conflicto del rey Sebastian, muchos de los cuales rescató -Felipe II. Trabé amistad con algunos de ellos, y como tienen tanta -presteza en las agudezas del ingenio, pasé con ellos bonísimos ratos. -Estaba un caballero portugués, amigo mio, haciéndose la barba con un -mal oficial, que con mala mano y peor navaja le rapaba, de manera que -le llevaba los cueros del rostro. Alzó el suyo el portugués, y le dijo: -Señor barbero, si desfollades, desfollades dulcemente; mais si rapades, -rapades muito mal. Estando un amigo mio y yo á la puerta de una -Iglesia, que se llama <i>Omnium Sanctorum</i>, pasó un caballero portugués, -con seis pajes y dos lacayos muy bien vestidos á la castellana, y -quitándose la gorra á la Iglesia, quitámosela nosotros á él usando de -cortesía. Volvió como afrentado, y me dijo: Ollai, senhor castillano, -non vos tirei á vos á barreta, se naon á ó Santísimo Sacramento. Dije -yo: Pues yo se la quité á vuesa merced. Compungido de esta respuesta -dijo el portugués: Ainda vos á tirei á vos, senhor castillano. Venia -por la calle del Atambor un portugués con un castellano, y como el -portugués iba enamorando las ventanas, no vió un hoyo donde metió -los piés y se tendió de bruces. Dijo el castellano: Dios te ayude; y -respondió el portugués: Ja naon pode. Estando jugando tres caste<span -class="pagenum" id="Page_229">[p. 229]</span>llanos con un portugués á -las primeras, los engañó agudísimamente, que habiéndole dado despues -de quinoleada la baraja cincuenta y cinco, dijo con desprecio del -naipe entre sí, como lo pudiesen oir: Os anhos de Mafoma. Los demás, -que estaban bien puestos, y lo vieron pasar, embidaron su resto: él -quiso, y echando el uno cincuenta, y los demás lo que tenian, arrojó -el portugués sus cincuenta y cinco puntos, y arrebatóles el resto; -dijo el uno de ellos: ¿Cómo dijo vuesa merced que tenia los de Mahoma, -que son cuarenta y ocho años, si tenia cincuenta y cinco? Respondió el -portugués: Eu cudei, que Mafoma era mas vello. (Yo pensé que Mahoma -era más viejo.) Otros excelentísimos cuentos y agudezas pudiera traer, -que por evitar proligidad los dejo. Vino en este tiempo una grandísima -peste en Sevilla; y mandóse por materia de estado que matasen todos -los perros y gatos, por que no llevasen el daño de una casa á otra. -Yo, procurando asentar mi vida, fuíme á Sanlúcar á casa del duque de -Medina-Sidonia, y navegando por el rio fué tanta la abundancia de -gatos y perros que habia ahogados en todas aquellas quince leguas, -que algunas veces fué necesario detener el barco, ó echarlo por otra -parte.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c229.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_2_7"> - <p><span class="pagenum" id="Page_230">[p. 230]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c230.jpg" - alt="Ilustración" /> - </div> - <h3 class="ader mt-2">DESCANSO<br /> VII.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">E</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Embarcámonos</span> en Sanlúcar, no -con mucho tiempo. Pasamos á vista de Gibraltar por el estrecho, que lo -era tanto por alguna parte, que con la mano parecia poderse alcanzar -la una y otra parte. Vimos el Calpe tan memorable por la antigüedad, -y más memorable por el hachero ó atalaya que entonces tenia, y muchos -años despues de tan increible y perspicaz vista, que en todo el tiempo -que él tuvo aquel oficio, la costa de Andalucía no ha recibido daño -de las fronteras de Tetuan, porque en armando las galeotas en África, -las veia desde el Peñon, y avisaba con los hachos ó humadas. Yo soy -testigo, que estando una vez en el Peñon algunos caballeros de Ronda -y de Gibraltar, dijo Martin Lopez, que así se llamaba el hachero: -Mañana al anochecer habrá rebato: porque se están armando galeotas -en el rio de Tetuan; que son más de veinte leguas, y yo creo que por -mucho que se encarezcan las cosas que hizo con la vista de Lince, que -fué hombre y no animal como algunos piensan, no sobrepujaron á las de -Martin Lopez; realmente lo te<span class="pagenum" id="Page_231">[p. -231]</span>mian más los corsarios, que al socorro que contra ellos -venia. Quiero de paso declarar una opinion que anda derramada entre la -gente, poco aficionada á leer y engañada en pensar, que lo que llaman -columnas de Hércules, sean algunas que él mismo puso en el estrecho de -Gibraltar. Con otro mayor deslumbramiento, que dicen ser las que mandó -poner en la alameda de Sevilla D. Francisco Zapata, primer conde de -Barajas; pero la verdad es que estas dos columnas, son la una el Peñon -de Gibraltar, tan alto, que se disminuyen á la vista los bajeles de -alto bordo que pasan por allí. La otra columna es otro cerro muy alto -en África, correspondientes el uno al otro. Dícelo así Pomponio Mela -<i>de Situ orbis</i>. Volviendo al propósito, digo, que pasamos á la vista -de Marbella, Málaga, Cartagena y Alicante, hasta que engolfándonos -llegamos á las islas Baleares, donde no fuimos recibidos por la ruin -fama que habia de peste en poniente; de manera, que desde Mallorca nos -asestaron tres ó cuatro piezas. Faltónos viento, y anduvimos dando -bordos en aquella costa, hasta que vimos encender quince hachas, que -nos pusieron en mucho cuidado, porque como en Argel se cundió la fama -de la riqueza que llevaba el galeon de un tan grande príncipe, salieron -en corso quince galeotas á buscarnos, que hicieron mucho daño á toda la -costa, y lo pudieran hacer en nosotros, si el viento les favoreciera, -permitiéndolo Dios. Con el aviso que nos dieron de las atalayas, -engolfámonos, fortificando las obras muertas, y las demás partes que -tenian necesidad, con sacas de lana y otras cosas que para el propósito -se llevaron. Repartiéronse los lugares y puestos como les pareció á los -capitanes y soldados viejos que el galeon llevaba. Puestos en órden -aguardamos las galeotas, que ya se venian descubriendo con el suyo -de media luna,<span class="pagenum" id="Page_232">[p. 232]</span> -que como al galeon le faltaba el viento, y ellos venian valerosamente -batiendo los remos, llegaron tan cerca que nos podíamos cañonear.</p> - -<p>Estando ya con determinacion de morir ó echarlas á fondo, disparó -nuestro galeon dos piezas tan venturosas, que desparecieron una de las -quince galeotas, y en el mismo punto nos vino un viento en popa tan -desatado que en un instante las perdimos de vista. Esforzóse el viento -tan demasiadamente, que nos quebró el árbol de la mesana; rompiendo las -velas y jarcias de lo demás con tanta furia, que nos puso en menos de -doce horas sobre la ciudad de Frigus en Francia; y sobreviniendo otro -viento contrario por proa anduvimos perdidos, volviendo hácia atrás con -la misma priesa que habíamos caminado. El galeon era muy gran velero -y fuerte, bastante para no perdernos, y con solo el trinquete de proa -pudimos vandearnos, con la gran fortaleza del galeon. Y al tercero dia -de la borrasca comenzó la popa á desencajarse y á crugir, á modo de -persona que se queja. Con esto comenzaron á desmayar los marineros, -determinados de dejarnos y entrarse de secreto en el barcon que venia -amarrado á la popa. Pero siendo sentidos de los soldados, que no venian -mareados, se lo estorbaron. Viendo el peligro, todos determinamos de -confesarnos y encomendarnos á Dios: pero llegando á hacerlo con dos -frailes que venian en el galeon, estaban tan mareados, que nos daban -con el vómito en las barbas y pecho, y como las ondas inclinaban el -navío á una parte y á otra, caian los de una banda sobre los de la -otra, y luego aquellos sobre estos otros. Andaba una mona saltando de -jarcia en jarcia, y de árbol en árbol, hablando en su lenguaje, hasta -que pasando una furiosísima ola por encima del navío se la llevó, y nos -dejó á todos bien refrescados. Anduvo la pobre mona pidiendo socorro -muy grande rato<span class="pagenum" id="Page_233">[p. 233]</span> -sobre el agua, que al fin se la tragó. Llevaban los marineros un -papagayo muy enjaulado en la gavia, que iba diciendo siempre: ¿Cómo -estás, loro? como cautivo, perro, perro, perro; que nunca con más -verdad lo dijo, que entonces. Apartónos Dios de resulta segunda vez -junto á Mallorca á una isleta que llaman la Cabrera, y al revolver de -una punta, yendo ya un poco consolados, nos arrojaron unas montañas -de agua otra vez en alta mar, donde tornamos de nuevo á padecer la -misma tormenta. Algunos de los marineros cargaron demasiadamente, y -echáronse junto al fogon del navío por sosegar un poco: sopló tan -recio el viento que les echó fuego encima, que tenian muy guardado, -que á unos se les entró en la carne, y á otros les abrasó las barbas -y rostro, quitándoles el sueño y adormecimiento del vino. Yo me ví en -peligro de morir, porque el tiempo que quebró el árbol de la mesana, -por temor del viento habíamos atado, mis camaradas y yo, el transportin -al árbol y cuando se quebró arrojó el transportin en alto, y á cada -uno por su parte. Yo quedé asido al borde del galeon, colgado de las -manos por la parte de afuera, y si no me socorrieran presto, me fuera -al profundo del agua: y si se rompiera cuatro dedos más abajo, con la -coz nos echara hasta las nubes. Mareáronse los marineros, ó la mayor -parte de ellos. Estábamos sin gobierno, aunque venia entre ellos un -contramaestre muy alentado, con una barbaza que le llegaba hasta la -cinta, de que se preciaba mucho, y subiendo por las jarcias hácia la -gavia, á poner en cobro su papagayo, con la fuerza del viento se le -desnudó la barbaza, que llevaba cogida, y asiéndose á un cordel de -aquellos de las jarcias, quedó colgado de ella, como Absalon de los -cabellos. Pero asiéndose, como gran marinero, al entena, lo sumergió -tres veces por un lado por la mitad del navío, y<span class="pagenum" -id="Page_234">[p. 234]</span> pereciera si otro marinero no subiera -por las mismas jarcias y le cortara la barbaza, que dejándola anudada -donde se habia asido, y ayudándole, bajó vivo, aunque muy corrido -de verse sin su barba. Tornámos á proejar lo mejor que fué posible, -quejándose siempre la popa, y al fin tomamos el puerto de la Cabrera, -isleta despoblada, sin habitadores, ni comunicada sino es de Mallorca -cuando traen mantenimientos para cuatro ó cinco personas que guardan -aquel castillo fuerte y alto más porque no ocupen aquella isla los -turcos, que por la necesidad que hay de él. Habia estado mareado todo -este tiempo el mayordomo ó contador que gobernaba los criados del -Duque, y volviendo en sí, fué luego á visitar lo que venia á su cargo, -y hallando de menos ciertos pilones de azúcar, como no parecieron, -dijo: Yo sabré presto quién los comió, si están comidos; y fué así, -porque el dia siguiente comenzaron á dar á la banda todos, que no se -daban mano á vaciar lo que habian henchido, que como habian metido tan -abundantemente del azúcar, les corrompió el vientre en tanto extremo, -que en quince dias no volvieron en su primera figura. Al contramaestre -no le vimos el rostro en muchos dias, por verse desamparado de la -barbaza, que debe ser en Grecia de mucha calidad una cola de frison -en la cara de un hombre. Al fin nos recibieron en aquella isleta, que -por falta de comunicacion no sabian que veníamos de tierra apestada, -y aunque lo supieran nos recibieran por ver gente que los tenian por -fuerza sin ver ni hablar sino con aquellas sordas olas que están -siempre batiendo los peñascos donde está el castillo edificado. -Detuvímonos allí quince ó veinte dias, ó más, haciendo árboles, -reparando jarcias, remendando velas, padeciendo calor entre mayo y -junio, sin saber en toda la isleta donde valerse contra la fuerza del -calor, ni fuente donde refrescarnos, sino el al<span class="pagenum" -id="Page_235">[p. 235]</span>gibe ó cisterna de donde bebian los pobres -encerrados. Esta isleta es de seis ó siete leguas en circuito, toda de -piedras, muy poca tierra, y esa sin árboles, sino unas matillas que no -suben arriba de la cintura. Hay unas lagartijas grandes y negras, que -no huyen de la gente, aves muy pocas, porque como no hay agua donde -refrescarse no paran allí.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c235.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_2_8"> - <p><span class="pagenum" id="Page_236">[p. 236]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c236.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO VIII.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">C</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Como</span> el calor era tan -grande, y yo he sido siempre fogoso, llamé á un amigo, y fuímonos -saltando de peña en peña por buscar algun lugar que, ó por verde ó -por húmedo, nos pudiese alentar y aliviar de la navegacion y trabajo -pasado, de que salimos muy necesitados. Yendo saltando de una peña -en otra, espantados de ver tan avarienta á la naturaleza en tener -aquel sitio con tan cansada sequedad, trajo una bocanada de aire tan -celestial olor de madres-selvas, que pareció que lo enviaba Dios para -refrigerio y consuelo de nuestro cansancio. Volví el rostro hácia -la parte de oriente, de donde venia la fragancia, y ví en medio de -aquellas contínuas peñas una frescura milagrosa de verde y florida, -porque se vieron de lejos las flores de la madre-selva, tan grandes, -apacibles y olorosas como las que hay en toda Andalucía. Llegamos, -saltando de piedra en piedra como cabras, y hallamos una cueva, en cuya -boca se criaban aquellas cordiales matas de celestial olor. Y aunque -era de entrada angosta, allá abajo se estendia con mucho espacio, -destilando de<span class="pagenum" id="Page_237">[p. 237]</span> lo -alto de la cueva por muchas partes una agua tan suave y fria, que -nos obligó á enviar al galeon por sogas para bajar á recrearnos en -ella. Bajamos, aunque con dificultad, y hallamos abajo una estancia -muy apacible y fresca, porque del agua que se destilaba se formaban -diversas cosas, y hacian á naturaleza perfectísima con la variedad de -tan estrañas figuras: habia órganos, figuras de patriarcas, conejos -y otras diversas cosas, que con la continuacion de caer el agua se -iban formando á maravilla: de esta destilacion se venia á juntar un -arroyuelo, que entre muy menuda y rubia arena convidaba á beber de él, -lo cual hicimos con grandísimo gusto. El sitio era de gran deleite, -porque si mirábamos arriba, veíamos la boca de la cueva cubierta de -las flores de madre-selva que se descolgaban hácia abajo, esparciendo -en la cueva una fragancia de más que humano olor. Si mirábamos abajo -el sitio donde estábamos, veíamos el agua fresca, y aun fria, y el -suelo con asientos donde podíamos descansar en tiempo de tan excesivo -calor, con espacio para pasearnos. Enviamos por nuestra comida y una -guitarra, con que nos entretuvimos con grandísimo contento, cantando -y tañendo, como los hijos de Israel en su destierro. Fuímonos á la -noche á dormir al castillo, aunque siempre quedaba guarda en el galeon. -Dijimos al castellano cómo habíamos hallado aquella cueva, que era un -hombre de horrible aspecto, ojos encarnizados, pocas palabras y sin -risa, que dijeron haber sido cabeza de bandoleros, y por esto lo tenian -en aquel castillo siendo guarda de él. Y respondiéndonos en lenguaje -catalan muy cerrado: Mirad por vosotros, que tambien los turcos saben -esa cueva: no fué parte esta advertencia para que dejásemos de ir -cada dia á visitar aquella regalada habitacion, comiendo y sesteando -en ella. Hicímoslo diez ó doce dias arreo.<span class="pagenum" -id="Page_238">[p. 238]</span> Habiendo un dia comido, y estando -sesteando, vimos asomar por la boca de la cueva bonetes colorados y -alquiceles blancos; pusímonos en pié, y al mismo punto que nos vieron, -de que venian descuidados, dijo uno en lengua castellana, muy clara y -bien pronunciada: Rendíos, perros. Quedaron mis compañeros absortos -de ver en lengua castellana bonetes turcos; dijo el uno: Gente de -nuestro galeon debe de ser, que nos quieren burlar. Habló otro turco, -y dijo: Rendí presto, que torco extar. Pusieron los tres compañeros -mano á las espadas queriéndose defender. Yo les dije: ¿De qué sirve -esa defensa, si nos pueden dejar aquí anegados á pura piedra, cuanto -más con las escopetas que vemos? Y á ellos les dije: Yo me rindo al -que habló español, y todos á todos; y vuesas mercedes pueden bajar -á refrescarse, ó sino subirémosles agua, pues somos sus esclavos. -Dijo el turco español: No es menester, que ya bajamos. Rogamos á Dios -interiormente que lo supiesen en el galeon; obedeciendo á nuestra -fortuna. Mis compañeros muy tristes, y yo muy en el caso, porque en -todas las desdichas que á los hombres suceden no hay remedio más -importante que la paciencia. Yo, aunque la tenia, fingiendo buen -semblante, sentia lo que puede sentir el que habiendo sido siempre -libre entraba en esclavitud. La fortuna se ha de vencer con buen ánimo: -no hay más infeliz hombre que el que siempre ha sido dichoso, porque -siente las desdichas con mayor afliccion. Decíales á mis compañeros -que para estimar el bien era menester esperimentar algun mal, y llevar -este trabajo con paciencia para que fuese menor. Púseme á recibir con -buen semblante á los turcos que iban bajando, y en llegando al que -hablaba español, con mayor sumision y humildad, llamándole caballero -principal, dándole á entender que lo habia conocido; de que él holgó -mu<span class="pagenum" id="Page_239">[p. 239]</span>cho, y dijo á los -turcos sus compañeros, que yo le conocia por noble y principal, porque -él, como despues supe, era de los moriscos más estimados del reino -de Valencia, que se habia ido á renegar, llevando muy gentil pella -de plata y oro. Viendo que aprovechaba la lisonja de haberle llamado -caballero y noble, proseguí diciéndole más y más vanidades, porque -él venia por cabo de dos galeotas suyas, que de las quince habian -quedado por falta de temporal, escondidas en una caleta, adonde aquel -mismo dia nos llevaron maniatados, sin tener remedio por entonces, -y zongorrando con la guitarra, apartóme mi amo, y dijo de secreto: -Prosigue en lo que has comenzado, que yo soy cabo de estas galeotas, y -á mí me aprovechará para la reputacion, y á tí dará buen tratamiento. -Hícelo con mucho cuidado, diciendo, como el que no lo oyese, que -era de muy principales parientes, nobles y caballeros. Fué tan poca -nuestra suerte, que les vino luego buen tiempo, y volviendo las proas -hácia Argel, iban navegando con viento en popa sin tocar á los remos. -Quitáronnos el traje español, y nos vistieron como miserables galeotes, -y echados al remo los demás compañeros, á mí me dejó el cabo para su -servicio. Por no ir callados con el manso viento que nos guiaba, me -preguntó mi amo cómo me llamaba, quién era, y qué profesion ú oficio -tenia. Á lo primero le dije, que yo me llamaba Márcos de Obregon, hijo -de montañeses del valle de Cayon.</p> - -<p>Los demás por ir ocupados en oir cantar á un turquillo, que lo hacia -graciosamente, no pudieron oir lo que tratábamos: y así le pregunté, -antes de responderle, si era cristiano ó hijo de cristianos, porque -su persona y talle, y la hermosura de un mocito hijo suyo, daban -muestras de ser españoles. Él me respondió de muy buena gana; lo -uno, porque la tenia que tra<span class="pagenum" id="Page_240">[p. -240]</span>tar con cristianos, lo otro, porque los demás iban muy -atentos al musiquillo, y así me dijo, que era bautizado, hijo de -padres cristianos, y que su venida en Argel no fué por estar mal con -la religion, que bien sabia que era la verdadera, en quien se habia -de salvar las almas, sino que yo, dijo, nací con ánimo y espíritu -de español, y no pude sufrir los agravios que cada dia recibia de -gente muy inferior á mi persona, las supercherías que usaban con mi -persona, con mi hacienda, que no era poca, siendo yo descendiente de -muy antiguos cristianos, como los demás, que tambien se han pasado y -pasan cada dia, no solamente del reino de Valencia, de donde yo soy, -sino del de Granada y de toda España. Lastimábame mucho, como los -demás, de no ser recibido á las dignidades y oficios de Magistrados y -de honras superiores, y ver que durase aquella infamia para siempre, -y que para deshacer esta injuria, no bastase tener obras esteriores -é interiores de cristiano. Que un hombre, que ni por nacimiento, ni -por partes heredadas ó adquiridas, se levantaba del suelo dos dedos, -se atreviese á llamar con nombres infames á un hombre muy cristiano y -muy caballero. Y sobre todo ver cuán lejos estaba el remedio de todas -estas cosas. ¿Qué me podrás tú decir á esto? Lo uno, respondí yo, que -la Iglesia ha considerado eso con mucho acuerdo; y lo otro quien tiene -fé del bautismo, no se ha de rendir ni acobardar por ningun accidente -y trabajo que le venga para apartarse de ella. Todo esto te confieso, -dijo el turco, pero ¿qué paciencia humana podrá sufrir que un hombre -bajo, sin partes ni nacimiento, que por ser muy obscuro su linage, se -ha olvidado en la república su principio, y se ha perdido la memoria -de sus pasados, se desvanezca, haciéndose superior á los hombres de -mayores merecimientos y partes que las suyas? De esas cosas,<span -class="pagenum" id="Page_241">[p. 241]</span> respondí yo, como Dios -es el verdadero juez, ya que consienta el agravio aquí, no negará -el premio allá, si puede haber agravio, no digo en los estatutos -pasados en las cosas de la Iglesia, que eso va muy justificado, sino -en la intencion dañada del que quiere infamar á los que ve que se van -levantando y creciendo en las cosas superiores y de mayor estimacion. -Ellos, dijo el moro, como ni pueden llegar á igualar á los de tan -grandes merecimientos, tomando ocasion de prevaricar los estatutos -con su mala intencion, no para fortificarlos, ni para servir á Dios -ni á la Iglesia, sino para preciarse de cartas viejas como dicen: y -pareciéndoles que es una grande hazaña levantar un testimonio, derraman -una fama que lleva la envidia de lengua en lengua, hasta echar por el -suelo aquello que va más encumbrado; que como su orígen fué siempre tan -obscuro, que no se vió sujeto en el que lo ennobleciese, y á la pobreza -nadie le tiene envidia, quédanse sin saber qué son, teniéndolos por -cristianos viejos, por no ser conocidos, ni tener noticia que tal gente -hubiese en el mundo. La Iglesia, dije yo, no hace los estatutos para -que se quite la honra á los prógimos, sino para servirse la religion -lo mejor que sea posible, conservándola en virtud y bondad conocida. -Íbame á replicar mi amo, pero dejando el turquillo de cantar, díjome -que callase, y tornóme á preguntar lo primero: respondíle á todo con -brevedad, diciendo: Yo soy montañés de junto á Santander, del valle de -Cayon, aunque nací en Andalucía; llámome Márcos de Obregon, no tengo -oficio; porque en España los hidalgos no lo aprenden, que más quieren -padecer necesidades ó servir, que ser oficiales, que la nobleza de -las montañas fué ganada por armas, y conservada con servicios hechos -á los Reyes, y no se han de manchar con hacer oficios bajos, que allá -con lo poco que tienen se sus<span class="pagenum" id="Page_242">[p. -242]</span>tentan paseando lo peor que pueden, conservando las leyes -de hidalguía, que es andar rotos y descosidos, con guantes y calzas -atacadas. Yo haré, dijo mi amo, que sepais oficio muy bien. Y respondió -un compañero de los mios que estaba al remo: Eso á lo menos no lo haré -yo, ni se ha decir en España que un hidalgo de la casa de los Mantillas -usó oficio en Argel. Pues, perro, dijo mi amo, ¿estás al remo y tratas -de vanidades? Dadle á ese hidalgo cincuenta palos. Suplico á vuesa -merced, dije yo, perdone su ignorancia y desvanecimiento, que ni él -sabe más, ni es hidalgo, ni tiene más de ello que aquella estimacion, -no cuanto á hacer las obras de tal, sino cuanto á decir que lo es -por comer sin trabajar. Y no es el primer vagamundo que ha habido en -aquella casa, si es de ella; y á él le dije: Pues, bárbaro, ¿estamos -en tiempo y estado que podamos rehusar lo que nos mandaren? Ahora es -cuando hemos de aprender de ser humildes, que la obediencia nos ata -la voluntad al gusto ajeno. La voluntad subordinada no puede tener -eleccion. En el punto que un hombre pierde la libertad, no es señor de -sus acciones. Solo un remedio puede haber para ser un poco libre, que -es ejercitar la paciencia y humildad, y no esperar á hacer por fuerza -lo que por fuerza se ha de hacer. Si desde luego no se comienza á hacer -hábito en la paciencia, harémoslo en el castigo. Que el obedecer al -superior, es hacerlo esclavo nuestro. Como la humildad engendra amor, -así la soberbia engendra ódio. La estimacion del esclavo ha de nacer -del gusto del señor, y esta se adquiere con apacible humildad. Aquí -somos esclavos, y si nos humilláremos á cumplir con nuestra obligacion, -nos tratarán como á libres, y no como á esclavos. ¡Oh qué bien hablais! -dijo nuestro amo, y cómo he gustado de encontrar contigo para que -seas maestro de mi hijo, que<span class="pagenum" id="Page_243">[p. -243]</span> hasta que encontrase un cristiano como tú no se lo -he dado, porque por acá no hay quien sepa la doctrina, que entre -cristianos se enseña á los de poca edad. Por cierto, dije yo, él es -tan bella criatura, que quisiera yo valer y saber mucho, para hacerle -grande hombre, pero fáltale una cosa para ser tan hermoso y gallardo. -Estuvieron atentos á esto los demás moros, y preguntó el padre: ¿Pues -qué le falta? Respondí yo: Lo que sobra á vuesa merced. ¿Qué me sobra á -mí? dijo el padre. El bautismo, respondí yo, que no lo há menester.</p> - -<p>Fué á arrebatar un garrote para pegarme, y al mismo compás arrebaté -yo al muchacho para reparar con él. Cayósele el palo de las manos, con -que rieron todos, y al padre se le templó el enojo que pudiera tener -descargando el palo en su hijo. Fingióse muy dél enojado, por cumplir -con los compañeros ó soldados, que realmente lo tenian por grande -observador de la religion perruna ó turquesa. Aunque yo lo sentí, en lo -poco que le comuniqué, inclinado á tornarse á la verdad católica. ¿Por -qué, dijo, pensais vosotros que vine yo de España á Argel sino para -destruir todas estas costas, como lo he hecho siempre que he podido, -y tengo de hacer mucho más mal de lo que he hecho? Como lo sintieron -enojado quisieron echarme al remo; y él dijo: Dejadlo, que cada uno -tiene obligacion de volver por su religion, y este cuando sea turco -hará lo mismo que hace ahora. Sí haré, dije yo, pero no siendo moro, y -para sosegar más su enojo mandóme que tomase la guitarra que sacamos -de la cueva: hícelo acordándome del cantar de los hijos de Israel -cuando iban en su cautiverio. Fueron con el viento en popa mientras -yo cantaba en mi guitarra, muy alegres, sin alteracion del mar, ni -estorbo de enemigos, hasta que descubrieron las torres por la costa de -Argel, y luego la ciudad, que como los tenian<span class="pagenum" -id="Page_244">[p. 244]</span> perdidos, hicieron grandes alegrías en -viendo que eran las galeotas del renegado. Llegaron al puerto, y fué -tan grande el recibimiento por verle venir, y venir con presa, que -le hicieron grandes algazaras, tocaron trompetas y jabebas, otros -instrumentos que usan más para confusion y bulla que para apacibilidad -de los oidos. Saliéronle á recibir su mujer y una hija, muy española en -el talle y garbo, blanca y rubia, con bellos ojos verdes, que realmente -parecia más nacida en Francia, que criada en Argel: algo aguileña, el -rostro alegre y muy apacible, y en todas las demás partes muy hermosa. -El renegado, que era hombre cuerdo, enseñaba á todos sus hijos la -lengua española, en la cual le habló la hija con alguna terneza de -lágrimas, que corrian por las rosadas mejillas, que como les habian -dado malas nuevas, el gozo le sacó aquellas lágrimas del corazon. Yo -les hice una humillacion muy grande, primero á la hija que á la madre, -que naturaleza me inclinó á ella con grande violencia; díjele á mi amo: -Yo, señor, tengo por muy venturosa mi prision, pues junto con haber -topado con tan grande caballero, me ha traido á ser esclavo de tal -hija y mujer, que más parecen ángeles que criaturas del suelo. ¡Ay, -padre mio, dijo la doncella, y qué corteses son los españoles! Pueden, -dijo el padre, enseñar cortesía á todas las naciones del mundo: y este -esclavo es en mayor grado, porque es noble, hijodalgo montañés, y muy -discreto. Y cómo lo parece, dijo la hija; pues ¿por qué lo trae con -tan mal traje? Hágale vuesa merced que se vista á la española. Todo se -hará, hija mia, respondió el padre; reposemos ahora el cansancio de la -mar, ya que habemos venido libres y salvos.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c067.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_2_9"> - <p><span class="pagenum" id="Page_245">[p. 245]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c245.jpg" - alt="ilustración" /> - </div> - <h3 class="ader mt-1">DESCANSO IX.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">H</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Hallé</span> un agradable albergue -en hija y madre; pero mucho más en la hija, porque como habia oido -decir á su padre muchos bienes de España y los habitadores de ella, -naturaleza la llevaba por este camino. Regalábame más que á los demás -esclavos; pero servia con más gusto que ellos, así por lo que habia -visto, como porque no iba de mala gana á Argel, por ver un hermano mio -que estaba cautivo en él; y fuí venturoso en que antes que preguntase -por él supe que habia incitado á otros esclavos para que tomando un -barco, despues de haber muerto á sus amos, se arrojasen á la fortuna, -ó por mejor decir, á la voluntad de Dios, y no atreviéndose los demás, -él puso en ejecucion su intento, y sucedióle tan bien, que vino á -España, y despues murió sobre Jatelet, que si supieran ser mi hermano, -quizá yo lo pasara mal. Yo<span class="pagenum" id="Page_246">[p. -246]</span> serví á mis amos con el mayor gusto y diligencia que -podia, y mi servicio les era más grato que el de los otros cautivos, -porque hacia de la necesidad virtud: y como al principio les gané la -voluntad, con facilidad los conservé despues: tratábalos con mucho -respeto y cortesía, martirizando mi voluntad, y forzándola á lo que no -era inclinado, que es á servir; que á los hombres naturalmente libres -el tiempo y la necesidad les enseña lo que han de hacer. Sufria más de -lo que mi condicion me enseñaba, que el rendirse á la fuerza yo creo -que es de ánimos valerosos y nobles. Poco valor y menos prudencia tiene -el que no sabe obedecer al tiempo. Servir bien quien por fuerza ha de -servir, es ganarle la fortuna por la mano; y obedecer mal al superior, -es poner en duda el gusto y la vida. Y al fin vive con seguridad quien -hace lo que puede sirviendo. Aunque yo me via regalado de mis amos, no -por eso dejaba de repartir el favor con los demás cautivos, y ellos -conmigo su trabajo; y para sosegar la envidia se han de hacer estas -diligencias y otras mayores. Que no hay gente que más se gobierne por -ella que esclavos, perseguidores de sus iguales, y solapadores de la -honra y hacienda de sus dueños. Pocos he visto de los que han pasado -por este miserable estado, que no tengan algun resabio infame.</p> - -<p>Junto con el buen tratamiento que se me hacia, eché de ver en -mi ama la doncella, que siempre que pasaba por donde pudiese verla -hacia cambio en el color del rostro y en el movimiento de las manos, -que parecia alguna vez que tocaba tecla. Al principio atribuílo á la -mucha honestidad suya; pero con su perseverancia, y con la esperiencia -que yo tenia de semejantes accidentes, que no era poca, le conocí -la enfermedad. Mandábame un millon de cosas cada dia, que ni á ella -tocaba el mandarlas, ni á mí el hacerlas;<span class="pagenum" -id="Page_247">[p. 247]</span> pero yo confieso que me holgaba en el -alma de servirla y de que me mandase muchas más: todas cuantas niñerías -venian á mis manos, ó yo hacia, venian á parar en las suyas, diciendo -que eran de España; tanto que una vez, parándosele el rostro como una -amapola, me dijo, que cuando no hubiera venido de España otra cosa -sino quien se las daba, bastaba para ella; y luego echó á correr, y -se escondió. Yo con estos favores enternecíame demasiadamente; pero -miré el estado en que me via, y que habiendo de buscar la libertad -del cuerpo iba perdiendo la del alma, y que el menor daño que me -podia suceder era quedarme por yerno en casa, volvia sobre mí, y me -reprehendia conmigo á solas; pero cuanto más me contradecia hallaba en -mí menos resistencia. Y el remedio de estas pasiones más consiste en -dejarlas estar que en escarbarlas, buscando el olvido ó camino para -él. Echaba de ver que al tiempo que estas pasiones entran en un hombre -le arrebatan de modo que le dejan incapaz para otra cosa. Y aunque me -persuadia á que por entretenerme podia llevar aquella dulce carga, -la esperiencia me habia enseñado que el amor es rey, que en dándole -posesion se alza con la fortaleza; pero hacíame contradiccion en mi -propio pensar cómo podia ser desagradecido quien siempre se preció de -lo contrario. Aunque para esto se me ponia por delante la sospecha -que podian tener los padres si vian alguna demostracion de buena -correspondencia; apartábame de esto estar entre enemigos de la nacion -y de la fé; el acudir mal al amor que el padre me mostraba, que me -habia entregado su hija para que la enseñase, y sobre todo, y más que -todo, no ser ella bautizada. Resolvíme al fin de que aunque me abrasase -no habia de mirarla con cuidado. La pobre doncella que sintió novedad -en mí, llevólo con mucha melancolía de cora<span class="pagenum" -id="Page_248">[p. 248]</span>zon, abatimiento de ojos, arcaduces y -lumbreras del alma, color mudado de rostro, suspension en las palabras -y encogimiento en el trato. Preguntábanle qué tenia. Y respondia que -era enfermedad que ni la habia tenido, ni conocido, ni sabia decir -qué fuese. Preguntábanle si queria alguna cosa. Respondia que era -imposible lo que deseaba, que era solamente ver á España, y esto -entre risa y tristeza, vino á ser melancolía de manera que hizo cama -contra su voluntad, porque no podia ser visitada de quien ella queria, -ni entraban allá sino es las mujeres solamente, y aquellos eunucos, -gente vigilantísima, que como sea para quitar el gusto, sirven con -gran cuidado, que estas doncellitas no tienen esperiencia del mundo, -ni saben gobernar sus pasiones y apetitos. En faltándoles aquello que -miran con buenos ojos y mejor voluntad, les parece que les ha faltado -el cielo y tierra, y se rinden á cualquier borron por satisfacer á -las ansias que padecen. Y así las que usan de ser miradas, es lo más -sano ó casarlas, ó quitarles la ocasion de ver y ser vistas: más -impresion hace la pasion en la sangre nueva que en los pechos que se -han de guardar. Á los sembrados, si cuando están granados les falta el -agua, no les hace mucha falta; pero si les falta cuando están tiernos, -luego se marchitan y paran amarillos; y todas las cosas naturales van -por este camino. Las doncellas ignorantes de querer y olvidar, con -cualquiera disfavor se marchitan, como hizo esta doncellita á quien yo -queria más de lo que ella pensaba.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c248.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_2_10"> - <p><span class="pagenum" id="Page_249">[p. 249]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c249.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO X.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">A</p> -</div> - -<p class="icap2"><span class="smcap">Al</span> fin comenzaron á curar -de melancolía á esta doncellita, aplicándole mil medicamentos que la -echaban á perder, que como era tan amable por su hermosura y condicion, -súpose en todo Argel su enfermedad con mucho sentimiento de todos. -Yo sabiendo la causa de su melancolía, tan bien como de mi pena y -disimulacion, pensando cómo podria verla y consolarla, propuse entre -mí que habia de decirle amores en presencia del padre y de la madre -sin que lo sintiesen, y que ellos me habian de llevar para el mismo -efecto. Y con esta seguridad dije á mi amo que yo habia aprendido -en España de un gran varon unas palabras que dichas al oido sanaban -cualquiera melancolía por profunda que fuese; pero que se habian de -recibir con grande fé, y decirse al oido, sin que nadie las oyese sino -sola la persona paciente. El padre me dijo: Sana mi hija, y sea como -fuere. La madre con las mismas ansias y deseo me pidió que luego se -las dijese. Entré adonde las mujeres estaban acompañando la enferma lo -más limpio y aseado que pude,<span class="pagenum" id="Page_250">[p. -250]</span> que la limpieza y curiosidad ayuda siempre á engendrar -amor; y entrando el padre y la madre la dijeron: Hija, ten buen ánimo, -y mucha fé con las palabras, que aquí viene Obregon á curarte de tu -melancolía. Y mandando que todos se apartasen, yo me llegué con mucho -respeto y cortesía al oido de la paciente, diciéndole el siguiente -ensalmo: Señora mia, la disimulacion de estos dias no ha sido á causa -de olvido, ni por tibieza de voluntad, sino recato y estimacion de -vuestra honra, que más os quiero que la vida que me sustenta; y con -esto apartéme de ella: y luego con un donaire celestial abrió aquellos -divinos ojos, con que alentó los corazones de todos los circunstantes, -diciendo: ¿Es posible que tan poderosas palabras son las de España? -porque habia seis dias que no se le habian oido otras tantas. Pero todo -esto vino á resultar en disgusto mio, porque á la fama de la cura, que -se habia divulgado, otras melancólicas de diversos accidentes quisieron -que las curase, sin saber yo cómo lo podria hacer, ni el orígen de sus -enfermedades, más de lo dicho. Holgáronse todos, y alabaron la fuerza -de las palabras, la cortesía y humildad con que yo las habia dicho. -La doncelluela quiso levantarse luego por la fuerza del ensalmo, pero -yo dije: Ya vuesa merced ha comenzado á convalecer, y no es bien que -tan presto se gobierne como sana; estése queda, que yo volveré á decir -estas palabras y otras de mayor escelencia cuando vuesa merced fuere -servida, y el señor diere licencia. Así lo hice muchas veces hasta que -se levantó, y á mí un testimonio, que fué decir que tenia gracia de -curar melancolía. Holgáronse de verla sana, y yo mucho más que todos, -como aquel que la amaba tiernamente. En ese mismo tiempo habia estado -enferma de melancolía una señora principal, moza y muy hermosa, casada -con un caballero<span class="pagenum" id="Page_251">[p. 251]</span> -muy poderoso en el pueblo. Y habiendo estado enferma vino á quedar -con tan grande melancolía que á nadie queria ver ni hablar. Pues como -llegó á oidos del marido la salud que habia cobrado la hija de mi -amo, envióle á decir que le llevase allá aquel esclavo que curaba de -melancolía. Mi amo por darle gusto me dijo: De buena ventura has de -ser, porque me ha enviado á decir fulano, que es caballero de grandes -partes, que vale mucho en Argel, y con el gran Turco, que te lleve -á curar á su mujer de melancolía, que por ser gallarda y hermosa te -holgarás de verla. Oh señor, dije yo, no me mande vuesa merced eso, -que si una vez lo hice fué por ver á vuesa merced apasionado por la -enfermedad de su hija; y bien sabe cuán mal se recibe por acá lo que se -dice y hace en virtud de la verdadera religion. Es por fuerza, dijo, -el hacerlo, que importa mucho tenerlo grato. Señor, dije yo, vuesa -merced me escuse con él, que no con todas personas hacen las palabras -un mismo efecto, que es necesario tener con ellas tanta fé como tuvo -su hija de vuesa merced, y esta señora no la ha de tener. Trájele -otras muchas causas escusándome, por ver si podia escaparme. Él fué á -hablar al caballero por disculparme, y cuanto más me escusaba, tanto -más porfiaba en ello, hasta que dijo, si no queria ir, que me llevase -arrastrando á palos. Pobre de mí, dije yo, ¿quién me hizo cirujano ó -médico de melancolías? ¿qué sé yo de recetas y de ensalmos? ¿cómo podré -salir ahora de este trance tan riguroso? que ó ella ha de quedar sin -melancolía, ó yo tengo de padecerla toda mi vida. Decirle amores como -á la otra, ni yo podré, ni ella me los entenderá, ni su enfermedad es -de este género: pues decirle al oido cosas de santos y de la verdadera -religion será doblarle más la enfermedad, y á mí los palos, aunque -Dios es poderoso<span class="pagenum" id="Page_252">[p. 252]</span> -para hacer pan de las piedras, y de los paganos cristianos. Al fin -me resolví con un gentil ánimo, llevando á mi amo por lengua, y él -á mí por escorzonera. Y para más acertar la cura cogí debajo de la -saltambarca una guitarra; procurando con todas las fuerzas posibles -salir con la cura, y para esto poner todos los medios necesarios, y -así entrando con muy desenvuelto semblante, adelantándome, le dije: -Vuesa merced, señora, sin duda sanará, porque las palabras que yo -digo solamente son para curar á las muy hermosas, y vuesa merced es -hermosísima. Tengo esperanza que saldrá bien con la salud, y yo con la -cura. Recibió bien este ensalmo, que es eficacísimo con las mujeres. Y -luego le dije: Tenga vuesa merced grande fé en las palabras, y póngase -en la imaginacion que ya ha ahuyentado el mal. Hícele estar con gran -fé suya, y suspension de todos: llegándome á ella, que estaba con la -imaginacion muy en el caso, díjela al oido un grandísimo disparate que -aprendí oyendo artes en Salamanca, y fué:</p> - -<div class="poem"><div class="stanza"> -<p class="i0">Barbara Cælarent darii ferio Baralipton,</p> -<p class="i0">Cælantes Dabitis Fapesmo frisesomorum.</p> -</div></div> - -<p class="mt1">Y luego sacando la guitarra le canté mil disparates, -que ni ella los entendia, ni yo se los declaraba. Fué tanta la fuerza -de imaginativa suya, que antes que de allí me saliese quedó riendo, -y rogándome que volviese allá muchas veces, y que le diese aquellas -palabras escritas en su lengua; yo dí gracias á Dios de verme libre -de este trance, y busqué modo para no curar más. Pero como habia -cobrado fama, si algunas veces acudian, fingia que me daba mal de -corazon, y así me escapaba. Mas réstame por decir los celos que tuvo -mi ama la moza, que pensando le habia dicho á<span class="pagenum" -id="Page_253">[p. 253]</span> la otra las mismas palabras que á ella, -estaba llorando celos; apacigüéla en pudiéndola hablar, que como -era doncella de pocos años y menos esperiencia, todo lo creia: y -queriéndola yo con todo el estremo del mundo, me pesaba que mis cosas -le diesen un mínimo disgusto. Díjele un dia que sus padres estaban -fuera de casa, con la confianza que de mí hacian, y habiéndome dicho -que podia hablar delante de las criadas, porque no entendian la lengua: -Señora mia, ¿qué desdicha nuestra, y buena suerte mia hizo que siendo -vos un ángel en hermosura, en años tierna y en cordura y madurez -muy prudente, hayais entregado vuestro gusto y voluntad á un hombre -cargado de años, desnudo de partes y merecimientos; que siendo digna -de lo mejor y más granado del mundo, no recuseis de recibir en vuestro -servicio á un hombre rendido y subordinado á cuantos daños la fortuna -le quisiere hacer? ¿Que una sabandija arrojada en la furia del mar -maltratado de golpes de fortuna, en mísera esclavitud, haya hallado -tan soberano albergue en vuestro sencillo pecho? ¿Que el blanco donde -todos tienen puestos los ojos y las entrañas haya recibido en las -suyas á quien se contentára con ser perpétuamente su esclavo? Que por -supuesto que nunca en mí ha habido imaginacion de llegar á manchar -á vuestra castidad, ni el deseo se estenderá á tal, con tan grandes -y no merecidos favores me levanto á pensar que soy algo, no siendo -capaz de que vuestros ojos se humillen á mirar mi persona. Encendido -el rostro en un finísimo carmin, temblando las manos y encogiendo el -cuerpo con la fuerza de la honestidad, me respondió de esta manera: Á -lo primero os digo, señor mio, que no sé responder, porque ello se vino -sin cuidado, ni eleccion, ni saber por qué, ni cómo. Á lo segundo, que -no haber mirado en lo que por acá me podia estar<span class="pagenum" -id="Page_254">[p. 254]</span> bien, digo, que despues que supe de mi -padre haber sido bautizada, luego aborrecí lo que por esta parte me -podia venir. Y si yo fuese tan dichosa que viniese á ser cristiana, -no desearia más de esto, y lo que tengo presente; y sacando un lienzo -como para limpiarse el rostro, se lo cubrió como reprehendiéndose -de haber respondido con libertad. Quedóle como la azucena entre las -rosas, y yo mudo con solamente mirar y contemplar aquella honestidad -enamorada los efectos que hacia tan fuera del ordinario. Recogíme -porque sentí venir por la calle sus padres, y tomando mi guitarra -canté: «¡Ay bien logrados pensamientos mios!» Holgáronse mis amos de -hallarme cantando, que como él tenia en el corazon las cosas de España, -se regalaba con oir canciones españolas. Eché de ver de las palabras -de la doncella, y de otros accidentes, que yo habia sentido lo que yo -me traia entre ojos, que me iban regalando para heredero de la hija -y de las galeotas. Yo daba leccion al hijo, y lo instruia lo mejor -que podia en las costumbres cristianas, que el padre no lo rehusaba, -aunque armaba contra cristianos, haciendo grandísimos daños en las -costas de España y en las islas Baleares. Con esta ocasion gozaba -algunos ratos de buena conversacion con la hija, y con mucha cortesía -y miramiento, sin que pudiese notarse cosa que no fuese muy honesta -y limpia. Mas como estas cosas nunca se gozan y poseen sin azares y -contradicciones, se entró el diablo en el corazon de una vieja, cautiva -de muchos años, entresacada de dientes, de mala catadura, grande boca, -labio caido á manera de oveja, muelas pocas, ó ningunas, lagrimales -llenos de alhorre, y contrahecha de cuerpo, y tan mal acondicionada -que se andaba siempre quejando de los amos, diciendo que la mataban de -hambre; y porque yo no la regalaba, y no le daba lo que no te<span -class="pagenum" id="Page_255">[p. 255]</span>nia, dió en poner mal -nombre á la sencillez de la doncella, y la cortesía con que yo la -trataba, por donde los padres la pusieron silencio en hablarme con -harta reclusion y aprieto: que le pareció á aquella maldita vieja, que -congraciándose con los amos por este camino, pasaria mejor vida que -hasta entonces; pero no nos sucedió como pensaba, porque como el amor -es tan grande escudriñador de secretos, á pocos lances dí alcance al -chisme de la esclava, y al momento hice que lo supiese la hija, que -como era tan querida de sus padres creyeron cuanto dijo contra ella, -de manera que nunca más entró donde estaban las mujeres, ni comió ni -bebió á gusto en el tiempo que yo estuve allí; justo pago del chisme. -Y si todos los que lo llevan fuesen mal recibidos, y peor pagados, -vivirian las gentes en más paz y quietud. Que si los chismosos supiesen -cuál dejan aquel á quien llevan la parlería, más querrian ser entonces -mudos que habladores; y los que los oyen, si quieren estar en el caso, -bien echarán de ver que no la traen por bien que quieren al que la oye, -sino por querer mal á aquel de quien la dicen, y por vengar sus ódios -por manos agenas. El chisme es un congraciamento, engendrado en pechos -ruines, que da pesadumbre al que le oye, y desacredita al que lo trae. -Á todas las gentes del mundo es justo guardarles secreto, sino es al -chismoso. Á tres personas ofende el chisme, al que lo dice, á quien se -dice y de quien se dice. Este lastimó á los padres, é hizo á la vieja -odiosa, y atormentó á la pobre doncella, y á mí me privó por entonces -del regalo que me hacian, y la estimacion con que me trataban. El -renegado era hombre cuerdo, y aunque usó con la hija de aquel rigor, -conmigo disimuló sin darme á entender cosa de su enojo, hasta enterarse -de la verdad del caso; pero hizo que me bajase á servicios viles, como -era traer<span class="pagenum" id="Page_256">[p. 256]</span> agua, y -otras cosas semejantes, más por ver mi sentimiento ó humildad que por -que perseverase en ello.</p> - -<p>Yo que le entendí muy bien, hice con grandísimo gusto y llaneza -cuantas cosas me mandaba, malas ó buenas, procurando de desvelarlo del -cuidado con que vivia; que para desarraigar del pecho una sospecha -que se arremete á la honra, es menester usar de mil estratagemas, que -ni lo parezcan ni se aparten mucho de la verdad. Mudar de alegría en -el semblante, es novedad que se echa de ver. Hacer más servicios de -los ordinarios, dan ocasion de averiguar la sospecha. El medio que se -ha de guardar, con sola humildad y paciencia se adquiere, y aún ese -no ha de exceder el trato ordinario. Hice todo cuanto se me mandaba, -sin diferencia del gusto y pesadumbre con que antes lo haria. Iba con -mucha humildad por agua á una fuente que llaman del Babason, agua muy -delgada y de grande estimacion en aquella ciudad, de donde se proveen -grandísima cantidad de jardines, viñas, y olivares de grande provecho -y recreacion. Contóme un turco, estando allí, que no se sabe de dónde -nace ni por dónde viene aquella agua, porque habiéndola traido de -lo alto de aquellos montes y sierras dos turcos y dos cautivos con -inmenso riesgo, el Rey ó Virey que entonces era les pagó su trabajo -con darles garrote, porque en ningun tiempo revelasen el secreto con -que pudieran quitarles el agua que provechosa es á la ciudad; que -sitiada una fuerza, el mayor daño que pueden recibir para que se -rinda ó se tome, es quitarle el agua. Y viven con tanto recato, que -cualquiera Virey procura saber alguna nueva invencion, para mayor -fortificacion de su ciudad: en tanto extremo, que el viernes, cuando -van á sus mezquitas, dejan encerradas las mujeres y los esclavos con -gran seguridad de traicion, porque sólo los hombres van al templo, -dejando<span class="pagenum" id="Page_257">[p. 257]</span> bien -cerradas sus casas y seguras sus mujeres. Y parece con sola esta -relacion que seria muy fácil hablar á la doncella estando encerrada -por defuera, y entrando los cautivos á servir á las mujeres, tambien -encerradas. Pero no es así, porque ellos van tan descuidados de daño -secreto ó público, dejando tan fuerte guarda para la defensa de sus -casas, que aunque el demonio pudiese dar lugar á la ejecucion del -deseo, seria más fácil saquear toda la ciudad que hacer traicion en -una casa particular. Porque dejan por guarda un género de hombres, -que ni lo son para ese efecto, ni lo parecen en el rostro, que, ó por -preciarse de fidelísimos, ó porque otros no hagan, lo que aunque no -se parece se viene á parecer, de que ellos están privados, son tan -vigilantes en la guarda de lo que se les encomienda, que por ningun -camino admiten descuido ni engaños. Y aunque quisiera valerme de él, -por tener ya noticia y conocimiento de la invencible entereza de estos -mónstruos artificiales, no quise ponerme en probarlo, antes el mismo -eunuco ó guardadamas me reprehendia porque no queria entrar á donde -las mujeres estaban, como persona que ya estaba avisada del caso; á -que yo le respondia, que yo no habia de hacer lo que no se usaba en mi -tierra, ni se permitia que los hombres se mezclasen con las mujeres. -Y en resolucion, yo me goberné con tanta fineza con esta espía, que -no hallaron en qué tropezar, que era lo que mi amo deseaba; y el -eunuco, por la mala condicion que tenia, estuvo siempre bien conmigo, -que este género de gentes está en la república muy infamado de mal -intencionado, no sé si con razon, porque la libertad de que usan en no -disimular cosa, antes creo que les queda de ser siempre niños, más que -ser mal intencionados. Esto se entiende acerca de los que no profesan -la música, que en los que la profesan he vis<span class="pagenum" -id="Page_258">[p. 258]</span>to muchos cuerdos y muy virtuosos, como -fué Primo, racionero de Toledo; y como es Luis Onguero, capellan de -Su Magestad, y otros de este modo y traza, que por evitar prolijidad -callo.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c258.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_2_11"> - <p><span class="pagenum" id="Page_259">[p. 259]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c259.jpg" - alt="Ilustración" /> - </div> - <h3 class="aizq mt-15">DESCANSO XI.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">M</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Muy</span> contento mi amo de la -bondad de su hija, y satisfecho de mi fidelidad tornaron las cosas -á su principio, y yo á la reputacion y estimacion en que me solian -tener. La doncelluela realmente andaba un poco melancólica, la madre -muy arrepentida de verla disgustada, de manera que la hija se retiraba -de ella, haciéndose de la enojada y regalona. La madre andaba pensando -cómo darle gusto, buscando modos para alegrarla y desenojarla, porque -andaba con un ceñuelo que á todos nos traia suspensos, á mí de amor, y -á los demás de temor no enfermase de aquella pesadumbre. Al fin, como -procuraban volverla á su gusto y tenerla alegre, dijo la madre á mi amo -que me mandase decirle aquellas palabras contra la melancolía, que no -hallaba con qué alegrarla, sino con ellas. Mandómelo, y yo le dije: Sin -duda esta tristeza debe de nacer de algun enojo, y así será menester -decírselo muchas veces, para desarraigarle del pecho la ocasion de -su mal, haciéndole algunas preguntas, con que respondiendo<span -class="pagenum" id="Page_260">[p. 260]</span> ella se sazonase mejor -su pena. Y así fué, que me dejaron un grande rato hablar con ella, y -decirle el ensalmo primero y otros mejores, á que ella respondia muy -á propósito, quedando muy contenta de haberla dicho que la verdadera -salud y contento y gusto del alma le habia de venir del agua del -bautismo, que su padre habia despreciado. Y despues de bien instruida -en esto me aparté de su persona, habiendo hablado, y ella respondido, -media hora. Alegróse la madre de lo que veia, rogóme que le enseñase -aquel ensalmo, á que yo le respondí: Señora, estas palabras no las -puede decir sino quien hubiere estado en el estrecho de Gibraltar, en -las islas de Riatan, en las columnas de Hércules, y en el Mongibelo de -Sicilia, en la sima de Cabra, en la mina de Ronda y en el corral de la -Pacheca, que de otra manera se verán visiones infernales que atemorizan -á cualquiera persona.</p> - -<p>Dije estos y otros muchos disparates, con que se le quitó la gana -de saber el ensalmo. Yo, aunque tenia con esto algun entretenimiento, -al fin andaba como hombre sin libertad en miserable esclavitud, entre -enemigos de la verdadera religion, y sin esperanzas de libertad, -por donde el amor se iba aumentando en la doncella y menguando en -mí: como pasion que quiere pechos, y ánimos vagabundos y ociosos, -desocupados de todo trabajo y virtud; ¿pues qué efecto puede hacer un -amor holgazan en una alma trabajadora? ¿qué gusto puede tener quien -vive sin él? ¿cómo puede hacer á su dama terrero, quien lo está hecho -á los golpes de la fortuna? ¿cómo saldrán dulzuras de la boca por -donde tantos tragos de amargura entran? Al fin, el amor quiere ser -solo, y que acudan á él solo mozos, sin obligaciones, sin prudencia -y sin necesidad, y aun en estos es vicio, y distraimiento para la -quietud del cuerpo y del alma. Cuanto más en un<span class="pagenum" -id="Page_261">[p. 261]</span> hombre subordinado á tantos trabajos, -mirado de tantos ojos, temeroso por tantos testigos. Yo andaba muy -triste, aunque muy servicial á mi amo y á todas sus cosas, con tanta -solicitud y amor que iban las obligaciones cada dia creciendo con el -amor de mis amos; pero pesábale de verme andar triste y sin gusto, que -aunque no se parecia en el servicio echábase de ver en el rostro. Y -así, llegándose el dia de San Juan de junio cuando los moros, ó por -imitacion de los cristianos, ó por mil yerros que en aquella secta se -profesan, hacen grandísimas demostraciones de alegría, con invenciones -nuevas á caballo y á pié, me dijo el renegado: Ven conmigo, no como -esclavo, sino como amigo, que quiero que con libertad te alegres en -estas fiestas que hoy se hacen al profeta Alí, que vosotros llamais San -Juan Bautista, para que te diviertas viendo tan excelentes ginetes, -tantas libreas, marlotas de seda hechas un ascua de oro, turbantes, -cimitarras, gallardos hombres de á caballo vibrando las lanzas con -los brazos desnudos y alheñados: mira la bizarría de las damas, tan -adornadas de vestidos y pedrerías, cómo favorecen con mucha honestidad -á los galanes, haciendo ventana, dándoles mangas y otros favores: -mira las cuadrillas de grandes caballeros, que llevando por guia á su -Virey, adornando toda la ribera, así del mar como de los rios, cuán -gallardamente juegan de lanzas, y despues de arrojadas, con cuánta -ligereza las cogen del suelo desde el caballo. Á todo esto yo estaba -reventando con lágrimas, sin poderme contener ni disimular la pena y -sentimiento que aquellas fiestas me causaban. Á que volviendo los ojos -mi amo, y viéndome deshecho en lágrimas me dijo: Pues en el tiempo -donde todo el mundo se alegra, no solamente entre moros, sino en toda -la cristiandad, y en una mañana donde todos se salen de juicio por -la abundancia de alegría,<span class="pagenum" id="Page_262">[p. -262]</span> ¿estás limpiando lágrimas? Cuando parece que el mismo cielo -da nuevas muestras de regocijo, ¿lo celebras tú con llanto? ¿Qué ves -aquí que te pueda disgustar, ó que no te pueda dar mucho contento? -La fiesta, respondí yo, es milagrosa de buena, y tan en extremo -grado, que por alegrísima me hace acordar de muchas que he visto en -la córte del mayor monarca del mundo, Rey de España. Acuérdome de la -riqueza y bizarría, de las galas y vestidos, de las cadenas y joyas -que esta mañana resplandecen en tan grandes príncipes y caballeros. -Acuérdome de ver salir á un duque de Pastrana una mañana como esta á -caballo, con un semblante más de ángel que de hombre, elevado en la -silla, que parecia centauro, haciendo mil gallardías, y enamorando á -cuantas personas le miraban: de aquel gran cortesano don Juan Gaviria, -cansando caballos, arrastrando galas, haciendo cosas de muy valiente y -alentado caballero. De una prenda suya que en tiernos años ha subido -á la cumbre de lo que se puede desear, en razon de andar á caballo. -De un don Luis de Guzman, marqués del Algaba, que hacia temblar las -plazas á donde se encontraba con la furia desenfrenada de los bramantes -toros. De su tio el marqués de Ardales don Juan de Guzman, ejemplo de -la braveza y gallardía de toda caballería. De un tan gran príncipe -como don Pedro de Médicis, que con un garruchon en las manos ó tomaba -un toro, ó lo rendia. Del conde de Villamediana don Juan de Tasis, -padre é hijo, que entre los dos hacian pedazos un toro á cuchilladas. -De tanto número de caballeros mozos que admiran con el atrevimiento, -vencen con la presteza, enamoran con la cortesía, que como tras de esta -mañana se sigue otro dia la fiesta de los toros, acuérdome de todo en -confuso. Fiesta que ninguna nacion sino la española ha ejercitado, ni -ejercita, por<span class="pagenum" id="Page_263">[p. 263]</span>que -todos tienen por excesiva temeridad atreverse á un animal tan feroz -que ofendido se arroja contra mil hombres, contra caballos y lanzas, -y garrochones, y cuanto más lastimado tanto más furioso. Que nunca la -antigüedad tuvo fiesta de tanto peligro como este; y son animosos y -atrevidos los españoles, que aun heridos del toro se tornan al peligro -tan manifiesto, así peones como ginetes. Si hubiese de contar las -hazañas que en semejantes fiestas he visto, y traer á la memoria los -ingénuos caballeros que igualan en todo á los nombrados, así en valor -como en calidad, seria obscurecer esta fiesta, y cuantas en el mundo se -hacen. Díjome aquí el ermitaño: ¿Pues cómo no hace vuesa merced mencion -de la que hizo en Valladolid don Felipe el amado en el nacimiento del -príncipe nuestro señor? Respondí yo: Porque no habia de contar yo en -profecía lo que aun no habia pasado; pero esa fuera la más alegre y -rica que los mortales han visto, y donde se muestra la grandeza y -prosperidad de la monarquía española. Que si el otro emperador vicioso -hacia cubrir con las limaduras de oro el suelo que pisaba, saliendo -de su palacio con el oro que salió aquel dia en la plaza, la podia -cubrir toda como con cargas de arena. Y si para engrandecer la braveza -de Roma, dicen que en la batalla de Canas, en la Pulla, se hincheron -tres moyos de las sortijas de los nobles, con las cadenas, sortijas -y botones de aquel dia se podian llenar treinta fanegas, esto sin lo -que quedaba en las casas particulares guardado. Estuvieron aquel dia -todos los embajadores de los reyes y repúblicas esperando la grandeza -de España, y la flor y valor de la caballería que los dejó suspensos, -y en éxtasis de ver la gallardía con que se jugó de los garrochones, -revolviendo los caballos, que aunque herir á espaldas vueltas es mucha -gala, como lo usan en otras naciones en ca<span class="pagenum" -id="Page_264">[p. 264]</span>zas de leones y otros animales, este dia -hubo quien esperó en la misma puerta del toril, cuando con más furia y -velocidad sale el toro, y le mató cara á cara con el garrochon, que fué -don Pedro de Barros; y aunque esto tiene mucha parte de atrevimiento -y ventura, tambien la tiene de conocimiento y arte, que enseña la -experiencia con gentil discurso. Al fin estas fiestas admiraron á los -embajadores y al mundo: pero mucho más ver á un rey mozo, don Felipe -III el amado, siendo cabeza de su cuadrilla, guiar con tan grande -sazon, cordura y valor, y enmendar muchas veces los juegos de cañas -que los muy experimentados caballeros erraban: porque fué tanta la -abundancia de caballos y cuadrillas, que no pudieron caber en la plaza, -y con esta confusion algunas veces se descuidaban en el juego, que con -la anciana prudencia del mozo rey se tornaba á la primera perfeccion, -que cierto parecia ir guiado de los ángeles; porque al fin fué el mejor -hombre de á caballo que aquel dia se mostró en la plaza. Despues acá -se han cultivado grandes caballeros muy mozos y muy acertados, como -don Diego de Silva, caballero de mucho valor, presteza y donaire, -atrevidísimo con el garrochon en las manos, y su valeroso hermano -don Francisco de Silva, que pocos dias há sirviendo á su rey, murió -como valentísimo soldado, y con él muchas virtudes que le adornaban. -El conde de Cantillana, que con grandísimo aliento derriba muerto á -un toro con el garrochon, don Cristóbal de Gaviria, excelentísimo -caballero, y otros muchos que por no salir de mi propósito callo. -Proseguimos en ver en la fiesta de los turcos y moros algunos muy -grandes ginetes; pero no tan grandes como don Luis de Godoy, ni como -don Jorge Morejon, alcaide de Ronda, ni como el conde de Olivares -mozo. Pero fué la fiesta alegrísima, que como gente que no ha de tener -otra gloria sino la pre<span class="pagenum" id="Page_265">[p. -265]</span>sente, la gozan con toda la libertad que se puede desear. -Últimamente ví á mis amas, ya que la fiesta se iba acabando, que me -pesó en el alma, no por verlas tarde, que la doncellita estaba hecha -ojos, no hácia la fiesta, sino hácia su padre, que viéndole á él me -veia á mí. No pude negar á la naturaleza el vigor y aliento que de -semejantes encuentros recibe. Hice del ignorante en su vista, y dije á -mi amo que nos fuésemos, sabiendo lo que me habia de responder, como -lo hizo, diciendo: Esperemos á mi mujer é hija para acompañarlas. -Bajaron de una ventana donde estaban, y fuimos acompañándolas, la -hija temblándole las manos, y mudando el color del rostro, hablando -con intercadencias. Díjole el padre: Ves aquí tu médico, háblale, y -agradécele la salud que suele darte.</p> - -<div class="figcenter mt1"> - <img class="thin" - src="images/ill_c264_265.jpg" - alt="Ilustración" /> - <p class="caption"> - <i>Hasta que ví á mis señoras, respondí, no ví cosa, que - aunque eran buenas, me lo pareciese.</i> - </p> -</div> - -<p class="mt1">Preguntóme la madre ¿qué me habia parecido la fiesta? -Hasta que ví á mis señoras, respondí, no ví cosa, que aunque eran -buenas, me lo pareciese, porque la gracia, hermosura y talle de mi -señora y de su hija, yo no la veo en Argel. Rióse el padre, y ellas -quedaron muy contentas, que teniendo por este camino contenta á la -madre, de buena gana me dejaba hablar con la hija. Pidióme la doncella -un rosario en que iba rezando, díselo, y en pudiendo hablarla, le dije -para qué era el rosario, y que si verdaderamente entregaba su voluntad -á la Vírgen, le abriria camino ancho y fácil para llegar á tanto bien -como recibir la gracia del santo bautismo, que la doncella con grandes -ansias deseaba, y que le habia yo de pedir cuenta de aquel rosario, que -le guardase muy bien, y le rezase cada dia; y así lo prometió hacer.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c265.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_2_12"> - <p><span class="pagenum" id="Page_266">[p. 266]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c266.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO XII.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">E</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">En</span> este tiempo sucedió un -notable, y no usado hurto, delito castigadísimo entre aquella gente, -de que se escandalizó toda la ciudad, y causó mucha turbacion, por ser -hecho al Rey ó Virey, y de moneda que tenia guardada para enviar al -gran Señor. Y habiéndose hecho grandes diligencias, por ningun camino -se pudo sospechar ni imaginar quién pudiese ser el autor, aunque -un gran privado del Rey prometia grandísima cantidad de dineros, -exenciones y libertades á quien lo descubriese. Dióse traza que de -secreto y sin alboroto se fuesen escalando todas las casas, sin dejar -salir á nadie de la ciudad, y no aprovechando cosa, me dijo mi amo: -Si supieses algun secreto para descubrir este hurto, diciéndote quién -lo hizo, sin que fuese por relacion de ningun hombre, yo te daria -libertad y dinero. ¿Ha de faltar, dije yo, modo para eso, con una carta -echadiza, sin firma ó con ella? Esto es lo que voy obviando, dijo mi -amo, porque yendo con firma<span class="pagenum" id="Page_267">[p. -267]</span> matarán á quien la diere ó la firmare; y si va sin firma -atormentarán á todo el pueblo para averiguar cuya es la letra, porque -cualquier aviso ha de llegar primero á las manos del ladron que á otra -ninguna, porque es el mismo privado suyo; y si lo descubre algun hombre -libre le darán garrote, y si esclavo le quemarán. Las premisas que yo -tengo para esta verdad son grandes, y el conocimiento de la parte y -de su crueldad es de muchos años, que aquí más tiemblan de Hazén su -privado que del Rey; y así cualquiera modo de los ordinarios causará -grandísimo daño en descubrirlo. Y pues siendo este el mayor enemigo -que yo tengo, y aun toda la república, no lo descubro, ni quiero que -tú lo descubras; muy escesivos daños se han de seguir de ello. Pues -déjeme vuesa merced, dije yo, que ya tengo traza para vengar á vuesa -merced y descubrir el hurto sin que nadie padezca, y deje de hacerlo -como yo quisiere, con darme licencia para hacerlo á mi modo. Diómela, -y tomando un tordo escogido, con todas las partes que ha de tener -para buen hablador, encerrélo en un aposento en su jaula, donde no -pudiese oir pájaros que le perturbasen, y toda una noche y el dia le -estuve enseñando á decir: Fulano hurtó el dinero: fulano hurtó el -dinero. Díme tan buena maña, y él tenia tan buen natural, que dentro -de quince dias, en teniendo hambre, para pedir de comer decia: Fulano -hurtó el dinero. De suerte se servia de lo que le habia enseñado -para todas sus hambres, ó sed, que se habia olvidado de su canto -natural. Aseguréme bien otros ocho dias para que el tordo se asentase -bien en lo aprendido, y yo en la traza que llevaba ordenada, que fué -importantísima para librar á más de cien hombres que tenian presos -sobre el hurto, inocentes de la maldad, y entre ellos á muchos cautivos -españoles é italianos, y de otras naciones. Y<span class="pagenum" -id="Page_268">[p. 268]</span> así viendo que mi tordo habia de ser -libertador de tantos cristianos presos, un viernes que habia de ir el -Rey á la mezquita, soltélo, y díle libertad para que él la diese á los -otros presos. Subióse á la torre con otros muchos tordos, y entre las -algaravías de los otros, él comenzó muy apriesa á decir: Hazén hurtó el -dinero, sin dejar de decirlo todo el dia muy apriesa, como se veia en -la libertad que deseaba. Fué á oidos del Rey lo que en la torre decia -el tordo. Espantóse, y cuando vino la hora de llegar á la mezquita, -la primera cosa que oyó fué el nuevo canto de mi tordo, que muy á -menudo decia: Hazén hurtó el dinero; Hazén hurtó el dinero. Asentóse -luego que pues habia sido tan secreto, debia de tener algo de verdad, -que como son agoreros en gran manera, se le puso en los cascos que el -gran Mahoma habia enviado algun espíritu de los que tiene junto á sí -á declarar aquel caso, por que no padeciesen tantos inocentes; pero -por no arrojarse sin consejo á la averiguacion del caso, llamó ciertos -agoreros ó astrólogos, que ya sabian lo que se habia cundido del tordo, -y apretóles á que le dijesen lo que sentian. Echaron su juicio, y vino -tambien con el del tordo, que prendió á su privado, y despues de haber -confesado en la tortura, y hallado todo el dinero, privó al privado -de su privanza, despareciéndolo con mucha aceptacion y gusto en toda -la ciudad, que estaba mal con él, no porque supiese mal que á nadie -hubiese hecho, que hasta esta maldad no se supo su malicia, sino por -parecerles que todos los rigores que con ellos usaba el Virey eran por -consejo del privado, que esta miseria padecen los que están en lugares -supremos, que la envidia, ó los derriba, ó los desacredita, siendo -así que los verdaderos privados en llegando á la grandeza que desean, -con el amor y favor de sus reyes, luego acuden á la conservacion -de lo que han alcanzado<span class="pagenum" id="Page_269">[p. -269]</span> con acreditarse haciendo bien á la república. Si bien -en las grandes monarquías no puede dilatarse fácilmente esta verdad -hasta que llegue á los que pueden ser jueces de ello, para que la -manifiesten sin que cualquiera se atreva á buscar autor á los daños -ó inconvenientes que ó por pecados de los hombres, ó por juicios de -Dios secretos á nuestra capacidad suceden en la república. Un moderno -estadista, alegando otros antiguos, dice que el príncipe no se ha de -dar en presa á su privado, que es no hacer tanto caso de él que le fie -su conciencia y sus acciones. Doctrina contra la misma naturaleza, -porque si cualquiera hombre particular naturalmente desea, y tiene -un amigo con quien, amándole, descanse y le descargue de algunos -cuidados por la comunicacion, ¿por qué ha de estar el príncipe privado -de este bien que los demás tienen? El príncipe valeroso, prudente y -justo necesariamente ha de tener junto á sí privados de irreprensible -vida; porque si no lo fueren, ó los apartará de sí, ó le mancharán su -buena reputacion; pero que sea conocidamente, y con general aplauso -recibida la opinion del príncipe por santa y justa, y que busquen en el -privado qué reprehender, téngolo por de ánimos mal contentos, y aun mal -intencionados, y que se reciba á mal que el privado crezca y medre en -bienes y haciendas que los otros no pueden alcanzar.</p> - -<p>Considérese que en tan opulenta monarquía como la de España, de -las migajas que se desperdician de la mesa del príncipe sobra no -solamente para aumentar casas ya comenzadas y grandes, pero para -levantarlas de muy profundas miserias á lugares altísimos. Los grandes -monarcas, reyes y príncipes nacen subordinados al comun órden de la -naturaleza, y sujetos á las pasiones de amar y aborrecer, y han de -tener amigos á quien naturalmente se inclinen, que las estrellas -son<span class="pagenum" id="Page_270">[p. 270]</span> poderosas para -inclinar á un amigo más que á otro, que cuando estas amistades van -por la sola eleccion, no tienen aquella sazon y gusto que las otras: -y siendo superiores los príncipes, como lo son, no han de elegir el -privado á gusto ajeno, sino al suyo, y siéndolo, tambien lo será al -gusto de los vasallos, cuyo bien pende del gusto bien ordenado del -príncipe: y este se ha de seguir sin quebrarse la cabeza en condenar -al uno ni al otro, ni juzgar si es malo ó bueno, siendo la norma por -donde se han de regular los actos de la justicia, el gobierno de la -república y la merced de los vasallos, el premio de los buenos y el -castigo de los malos. Cuanto más que, pues tienen dos ángeles de -guarda, y el corazon del rey está en la mano del Señor, es de creer -que los inclinarán al bien público y paz general. Que las cosas que la -ocasion ofrece de sucesos de fortuna no vienen ni tienen dependencia -de la voluntad y administracion del privado, sino de los movedores -del cielo, que son las causas segundas á quien la primera tiene dado -su poder general, si no es cuando en su tribunal se ordena otra cosa. -Bueno es que me confiese un hombre mal asentado peor sentido del buen -modo de juzgar que comunicó treinta ó cuarenta años y al que, ó por -sus méritos, ó por sus diligencias, ó por su ventura, llegó á ser -privado, y que habiéndolo alabado de virtuoso, apacible y discreto, -amigo de hacer bien, en viéndole privado, cuando más bien puede -ejecutar su inclinacion, vuelve la hoja á desdorar lo que antes doraba -y adoraba; y venido á averiguar en qué funda su desestimacion, ó por -mejor decir, su poca constancia en la amistad que antes le tenia, no -sabrá responder, sino que es una especie de envidia fundada en el bien -ajeno, ó porque no le reparte con él, ó porque le pesa que lo tenga, -ó por mal entendimiento y peor voluntad. Los privados de los<span -class="pagenum" id="Page_271">[p. 271]</span> grandes monarcas no -pueden tener la memoria de todos los conocidos, basta que la tengan de -los que hacen diligencia para ello, que los que son de mi condicion no -tienen razon de quejarse del privado, pues ha de nacer su bien de su -cuidado y diligencia; y no teniéndola, es la queja injustísima. Hay -dos géneros de privados; unos que de principios humildes subieron á -merecer entrarse en la voluntad de su príncipe, y estos quieren todo -el bien para sí. Otros que siendo grandes señores han sido muy aceptos -y muy queridos de su rey, y estos como nacieron príncipes quieren -repartir el bien con todos. Pero los unos y los otros se han de haber -con su rey como la yedra con el árbol á quien se ase, que aunque -siempre sube abrazada con él sin jamás dejarle, con todo eso nunca le -estorba el fruto que naturalmente lleva: y así lo hacen los privados -que comenzaron por grandes señores, que nunca le estorban al príncipe -las acciones á que le obliga el lugar en que Dios le puso. Por donde -yo creo, y por las razones dichas juzgo que parece que no se podrá -engañar el rey en la eleccion del privado, pero podria engañarse el -privado en la eleccion de los que le propusiere á su rey por capaces -para la administracion de los cargos ó gobiernos, por estar en su -noticia por tales no siéndolo, engaño en que como hombre se puede caer, -y así le importa para la conservacion de su crédito y reputacion vivir -con cuidado, informándose de los que pueden ser jueces de ello, para -que si la eleccion no saliere tan acertada como se desea, á lo menos -se entienda que no fué acaso, ni por amistad ó antojo. Pero tornando -á lo primero, digo, que es terrible caso que quieran los estadistas -privar al príncipe de tan grande gusto como es la amistad del privado, -á quien el príncipe naturalmente se inclina, siendo así que la -voluntad está siempre obrando, y tiene un blanco<span class="pagenum" -id="Page_272">[p. 272]</span> adonde mira más que á otro, en todos los -hombres del mundo, y adonde halla descanso y alivio.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c272.jpg" - alt="ilustración de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_2_13"> - <p><span class="pagenum" id="Page_273">[p. 273]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c273.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO XIII.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">O</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Ofrece</span> la ocasion algunas -veces cosas que divierten del intento principal, como me ha sucedido -en este paréntesis, dejando mi historia y tratando cosas que no son -de mi profesion, mas de conforme naturaleza las dicta y ofrece. -Habiendo sucedido en mi buena suerte salir con lo que se pretendia por -el lenguaje de mi tordo, mi amo cumplió su palabra despues de haber -cumplido el Virey la suya; y admirándose del secreto y prudencia con -que el renegado se hubo en aquel caso, por donde escusó el daño de -tanta gente como habia presa, que si no fuera por la sagacidad suya -pereciera él primero, si no fuera por aquel camino, y muchos de los -presos sin culpa. Él me dió libertad con mucha voluntad, aunque contra -la de su hija, que ya la ví muy inclinada á la verdadera religion, y -al hermano, á quien yo habia persuadido la misma verdad, de manera -que ambos á dos tenian deseo del bautismo; aunque el padre no se daba -por entendido, sí lo sospechaba, porque aunque callaba, sin duda lo -deseaba. Llamábase el muchacho Mustafá, y la her<span class="pagenum" -id="Page_274">[p. 274]</span>mana Alima, aunque despues que yo la pude -comunicar y encaminarla á la verdad católica se llamó María. Tuve lugar -de hablar con ella á solas con mucho gusto, pero no en cosas lascivas, -que nunca tuve intento de ofenderla; y por último la aseguré viniendo -á España, que por todos los caminos posibles la avisaria de mi estado, -y la advertiria de lo que le convenia hacer para ser cristiana como -deseaba, que enterneciéndose más con su intento principal que conmigo -destiló algunas lágrimas de piedad cristiana, y de rendida al amor -honesto, con que siendo la última vez que la hablé, me despedí de su -presencia para lo que era comunicarla más, y ella besando muchas veces -el rosario que yo le habia dado, dijo, que le guardaria para siempre. -Díjome despues mi amo con muchas muestras de amor: Obregon, yo no -puedo dejar de cumplir la palabra que te dí, por haberlo tú merecido, -y por la obligacion que tengo de ser español, y por las reliquias que -me quedaron del bautismo (y miró al rededor á ver si le escuchaba -álguien) que tan en las entrañas tengo, que ninguno de cuantos ves -en todo Argel (de los moros hablo) te guardara fé ni palabra, ni te -agradeciera lo hecho. Y si el rey de Argel me agradeció y cumplió la -promesa que habia hecho á quien descubriese el hurto, es porque es -hijo de padres cristianos, donde la verdad y la palabra inviolable se -guardan. Y por acá esta bárbara nacion dice que el guardar la palabra -es de mercaderes, y no de caballeros. Y aunque yo te la cumplo, hágolo -contra mi voluntad, porque al fin estando tú aquí tenia con quien -descansar en las cosas que no pueden comunicarse. Pero ya que es fuerza -y tú estás inclinado á no estar en Argel, como yo tenia trazado, yo -mismo te quiero llevar á España en mis galeotas, y dejarte donde puedas -con libertad acudir á tu religion. Ahora es<span class="pagenum" -id="Page_275">[p. 275]</span> el tiempo propio, en que salen todos -en corso; yo habré de ir deshermanado de los demás, por dejarte en -alguna de las islas más cercanas á España, que más á poniente no -osaré, porque me traen muy sobre ojo por toda la costa, donde he hecho -algunos daños muy notables: y si el galeon en que venias no tuviera -ventura en venirle buen viento, todos veníades acá. Aprestóse mi amo -para hacer su viaje, llevando algunos turcos muy valientes consigo, -y muy acostumbrados á ser piratas; y escogiendo buen tiempo, puso la -proa hácia las islas Baleares, dejando en las orillas á su mujer é hija -muy llorosas, la una encomendándolo al gran profeta Mahoma, y la otra -llamando muy á voces y muy desconsolada á la Vírgen María, que como no -habia cerca quien pudiese reprehenderla, lo decia como lo sentia. Yo -iba volviendo los ojos á la ciudad, rogando á Dios que algun tiempo -pudiese tornar á ella siendo de cristianos, que como yo dejaba lo mejor -de mi persona en ella, iba, aunque libre, doliéndome de dejar entre -aquella canalla una prenda que se pudiera desempeñar con la sangre -del corazon, pues deseaba aprovecharse de la de Cristo, que aunque la -supe dejar muy satisfecha y confiada de mi voluntad, llevaba entre mí -una batalla que no me dejaba acudir á otra cosa sino al pensamiento -que me aquejaba por cruel y desagradecido, me martirizaba por ausente, -y me acusaba dejar un alma cristiana entre cuerpos moros; pero no sé -qué confianza me aseguraba que la habia de volver á ver cristiana. Al -fin caminamos con felicísimo viento; y como mi amo me via volver el -rostro á la ciudad, decíame: Obregon, paréceme que vas mirando á Argel -y echándola maldiciones por verla tan llena de cristianos cautivos, y -por eso la llamas ladronera ó cueva de ladrones á esta ciudad, pues -asegúrote que no es el mayor daño el que los corsarios hacen,<span -class="pagenum" id="Page_276">[p. 276]</span> que al fin van con su -riesgo, y alguna vez van por lana y no vuelven trasquilados, ni por -trasquilar. Que el mayor daño es que por ver que son en Argel bien -recibidos, muchos de su voluntad se vienen de todas las fronteras de -África con sus arcabuces, ó por necesidad de libertad, ó por la falta -de regalos, ó por ser mal inclinados y tener el aparejo tan fácil, -que es lastimosa cosa ver que por la ocasion dicha está llena esta -ciudad de cristianos de poniente y de levante; que aunque voy á hacer -mal por mi provecho, no puedo dejar de sentir el daño de la sangre -bautizada que me tiene trabado el corazon. Otras veces, dije yo, he -sentido á vuesa merced enternecerse en esta materia, como á hombre -piadoso de corazon y de noble sangre; pero no le veo con mudanza de -religion, ni con propósito de volverse á la inviolable fé de San Pedro -que profesaron sus pasados. No quiero, respondió mi amo, decirte que -el amor de la hacienda, la hidalguía de la libertad, ni la fuerza de -mujer é hijos, ni los muchos daños que en mi propia patria he hecho me -divierten de ello, sino preguntarte, si alguna vez me has visto curioso -en saber qué doctrina enseñabas á mis hijos: que por aquí verás cómo -debe estar mi fé en mi pecho. Y asegúrote que de cuantos renegados has -visto muy poderosos, ricos de esclavos y hacienda, ninguno deja de -saber que va engañado; que la libertad que tienen tan grande, y las -honras y haciendas, en que son preferidos á los demás turcos y moros, -los detienen, siendo señores, y mandando lo que quieren, y á quien -quieren; pero saben bien la verdad. Y para prueba de esto en tanto que -el tiempo refresca en nuestro favor, te quiero contar lo que sucedió -poco tiempo há en Argel.</p> - -<p>Hay aquí un turco muy poderoso en hacienda, y abundante en esclavos, -venturoso en la mar, y espe<span class="pagenum" id="Page_277">[p. -277]</span>rimentado en la tierra, llamado Mami Reis, es hombre de -gentil determinacion, de buen talle, liberal y bien quisto. Yendo -este en corso por la costa de Valencia anduvo algunos dias sin poder -encontrar presa en el agua, hasta tanto que los mantenimientos le -faltaron; vista la necesidad saltaron en tierra él y sus compañeros -con mucho riesgo y peligro de sus personas, porque encendiendo hachas -por toda la costa los inquietaron de modo que se tornaron al agua, -disparando algunas piezas contra la gente del socorro. Con la priesa -que llevaban se dejaron en tierra al señor de la galeota y á otro -soldado amigo suyo muy valiente, que viéndose perdidos se entraron -en un molino, donde hallaron solamente una doncella hermosísima, que -de turbada no pudo huir con las demás gentes. Amenazáronla porque no -diese voces, y en viendo la costa quieta hicieron la seña que tenian -hácia las galeotas, y en viendo la primera noche vinieron al molino, -y antes que tornase la gente del rebato cogieron al capitan y su -compañero, llevándolos á su galeota juntamente con la cautiva doncella. -La hermosura de ella era de manera que dijeron, y con verdad, que tal -joya de talle y rostro no se habia jamás visto en Argel. El capitan, -dueño de las galeotas, dijo que estimaba en más aquella presa que si -hubiera saqueado á toda Valencia. Ella iba acongojadísima y llorosa, -y él diciéndola que no fuese desagradecida á su buena fortuna, pues -iba á ser señora de toda aquella hacienda y otra mayor y de más -importancia, y no á ser esclava como pensaba. Pero la hermosura y -apacibilidad del rostro, acompañada con una mansa gravedad, era de modo -que se puede decir que siendo de noche dió luz á toda la galeota, á -quien todos se rindieron y humillaron como á cosa divina, admirándose -que Valencia criase tan soberanas prendas. Fuéla consolando por<span -class="pagenum" id="Page_278">[p. 278]</span> toda la navegacion, que -el turco sabe hablar un poco la lengua española, y es hombre de muy -buena suerte y talle, muy venturoso en cuantas empresas ha acometido, -muy rico en tierras, joyas y dineros, muy acepto á la voluntad de todos -los reyes de Argel. Para abreviar, fuése á desembarcar, no á la ciudad, -sino á una heredad suya de grande recreacion de viñas y jardines muy -regalados. Ella que se vió tan obedecida de esclavos y amigos del -turco, parece que se fué ablandando y dejando la tristeza que le -habia causado el cautiverio. Vino andando el tiempo á querer bien á -su amo, y á casarse con él, dejando su religion verdadera por la del -marido, en que vivió con grandísimo gusto seis años ó siete, querida, -servida, regalada, llena de joyas y perlas, y muy olvidada de haber -sido cristiana. Por cuya contemplacion se hicieron y hacian cada dia -alegrísimas fiestas de cañas y otras invenciones, porque su condicion -se parecia mucho á su cara, y la cara se aventajaba á todas las de -Argel, de manera, que si no se casára luego con ella, se la quitáran -para enviarla al gran Turco. Pues viviendo con toda esta idolatría, -siendo su gusto la norma con que todos vivian, habia allí un esclavo de -Menorca, hombre de suerte, que como los demás comunicaba con ella: vino -su rescate, y el buen hombre fuése á despedir de ella, y preguntóle en -qué lugar habia de residir; él se lo dijo, y ella le mandó que viviese -con cuidado para lo que sucediese. Él, que no era lerdo, la entendió, -y yéndose á Menorca, vivió con él todo el tiempo que pasó, hasta que -tuvo ella modo como escribirle una carta á Menorca, en que le decia -que viniese con un bergantin, bien puesto, á la heredad de su marido, -á media noche para tal dia. Como llegó el tiempo en que todos salen de -Argel en corso, su marido armó sus galeotas con trescientos esclavos, -muy hombres<span class="pagenum" id="Page_279">[p. 279]</span> de -hechos, llevando vestidos á la española, y fué á su ventura, azotando -las olas con mucha gallardía, mirándolo su mujer, y dándole mil favores -desde una torre de su propia casa. El tiempo era muy caluroso, y el dia -que tenia concertado en la carta se acercaba. Fingióse muy afligida -de la ausencia y del calor, y dijo á sus esclavos y gente que se -queria ir á consolar á su heredad y jardines, y llevó consigo, como -para estar muchos dias, algunos cofres, donde iban vestidos, joyas y -dineros y toda la riqueza de oro y plata que habia en su casa, donde -estuvo algunos dias regalándose á sí y á sus esclavos y mujeres, que -si antes la querian mucho, entonces la adoraban. Llegó la noche que -tenia concertada sin haberse descubierto á nadie, con tan grande -sagacidad y secreto, que ni aun por el pensamiento se pudiera imaginar -su determinacion, y puesta á una ventana aguardó hasta las doce de -la noche, sin dormir ni pegar sus ojos, que vió un bulto que venia -de hácia la mar: hizo la seña que estaba concertada por la carta, y -acudiendo bien á ella el hidalgo, dijo: Ea, que aquí está el bergantin. -Entonces la determinada señora habló con toda la brevedad que pudo á -sus esclavos, diciendo: Hermanos y amigos, comprados con la sangre -de Jesucristo; mi determinacion es esta, el que quisiere libertad y -vivir como cristiano, sígame hasta España. Respondió por todos un gran -soldado cautivo, natural de Málaga: Señora, todos estamos determinados -de obedecer vuestro mandamiento; pero mirad el peligro en que os poneis -y nos poneis, que ya las torres dan aviso, y en amaneciendo cuajarán la -mar de galeotas, y nos darán caza sin duda. Á que ella respondió: Quien -me puso esto en el corazon me guiará á salvamento; y cuando no suceda, -más quiero ser manjar de horribles mónstruos marinos en los profundos -abismos de<span class="pagenum" id="Page_280">[p. 280]</span> las -profundas cavernas del mar, muriendo cristiana, que ser reina de -Argel contra la religion que profesaron nuestros pasados. Y sirviendo -la hermosísima mujer de valeroso capitan, alentó á sus esclavos de -manera que en un instante llevaron al bergantin los cofres y riquezas, -dejando muertos á puñaladas á una negra y á dos turquillos que daban -voces. Juntos los esclavos, que ya no lo eran, con los que venian en el -bergantin, todos hombres honrados y de gran pecho, se confortaron de -manera unos á otros, que el bergantin volaba con la fuerza de los remos -y el viento que ayudaba.</p> - -<p>En sabiéndose el caso en Argel, que fué luego, echaron tras ellos -cuarenta ó cincuenta galeotas, llevando cada cual su centinela en la -gavia y en la entena, que entendieron dar luego con el bergantin; -más parece que Dios ó lo guió ó lo hizo invisible; pues fuera de la -diligencia dicha, su marido Mami Reis andaba por las islas, y ni los -unos ni los otros dieron con el bergantin, hasta que al amanecer se -hallaron entre las dos galeotas de su marido, que para la tierra -adentro llevaba su gente vestida á la española. Ella con gran presteza -y sagacidad mandó que los demás que iban en el bergantin con los -esclavos se pusiesen como turcos, para que pudiesen huir dando á -entender que huian de españoles. Fué gallarda y astuta la advertencia, -porque viendo Mami Reis que huian de él se holgó, diciendo: Sin -duda parecemos españoles, pues aquel bergantin de turcos se huye de -nosotros, y con grande risa celebraron la huida del bergantin, que -con esta traza se libraron, y llegaron á España, donde está muy rica -y contenta, haciendo grandes limosnas de la hacienda de su marido: y -aunque en Argel sucedió otro caso semejante á este, fué con más poder y -menos circunstancias. Ya sabes<span class="pagenum" id="Page_281">[p. -281]</span> á qué propósito te he contado este caso, sucedido poco -tiempo há, y sin duda yo creo que ninguno hay que no tenga estampada -en el corazon la primera religion que profesó, digo de los bautizados, -si bien esta mujer mostró más que todos aquel pecho varonil, y -determinacion cristiana. No me espanto, dije yo, que esa señora haya -tenido tan grande valor en su determinacion, que es propio de mujeres -poner por obra lo que se les pone en la testa, ni que haya vencido en -atrevimiento á los hombres, ni de que tuviese traza para ejecutar su -intento, que todo eso es creible en su natural inclinacion. Lo que -me admira es que haya tenido capacidad para guardar el secreto tanto -tiempo, que es más dificultoso en las mujeres guardar el secreto que -guardar la castidad; porque ninguna se escapa de tener una amiga con -quien comunica lo pasado, presente y venidero. Que lo otro no fué más -de encajársele en la cabeza que lo habia de hacer, porque carecia del -discurso que habia menester un caso tan árduo, importante y peligroso, -que se atrevia á su marido, á los corsarios y á todo Argel, á todas -las olas y borrascas del mar Mediterráneo, á las bestias marinas -jamás vistas, ni conocidas en su elemento, ni fuera de él, y todo -esto no fué tan grande hazaña como no revelar todo el secreto que -tanto importaba. Todo eso, dijo mi amo, es verdad, pero una cosa me -hace más contradiccion, y es: ¿Cómo esa, siendo doncella, no tuvo -valor para huir del molino con las demás cuando la cautivaron, y lo -tuvo despues para emprender un hecho tan heroico? Á eso, dije yo, es -fácil la respuesta, porque cuando esa señora era doncella, con la -frialdad natural que todas ordinariamente tienen, la trabó el temor los -miembros y venas del cuerpo, de manera que no pudo huir, ni aun moverse -de su lugar: pero despues que se casó, y la<span class="pagenum" -id="Page_282">[p. 282]</span> abrigó la fuerza del calor del marido, -mejoró su naturaleza, y cobró espíritu para acometer esa empresa -tan difícil. Y de todas las mujeres de quien se hace mencion en la -antigüedad no se sabe que fuesen doncellas, ni aun se puede creer. -¿Pues las Amazonas, preguntó mi amo, no se dice que fuesen doncellas? -Señor no, respondí yo, ni en tanto que lo eran salian á las batallas, -sino ejercitándose, no en ócio, ni en lanificio, sino en cazas de -fieras, en andar á caballo, usando de la lanza, arco y saeta; y para -hacerse más fieras, se mantenian de tortugas y lagartos: y en siendo -de edad para ello se mezclaban con los varones circunvecinos: y si del -concúbito parian hijo varon, ó le mataban, ó le mancaban de manera que -no quedase para ejercicio de hombre; y si parian hembra, porque no -fuese impedimento para tirar al arco, le sacaban ó cortaban el pecho -diestro, que eso quiere decir Amazonas, <i>Id est, sine ubere</i>, sin teta; -pero ninguna de ellas por sí sola hizo tan grande hazaña como esta -valenciana.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c282.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_2_14"> - <p><span class="pagenum" id="Page_283">[p. 283]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c283.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO XIV.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">C</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Como</span> los esclavos y -compañeros iban dormitando, tuvimos lugar y espacio mi amo y yo para -tratar esta materia y otras, con que se venció el sueño. Habiendo -reposado un tanto, dentro de dos horas descubrimos las islas Baleares, -Mallorca y Menorca, Ibiza, y otras islas pequeñas; pero no nos -acercamos á Mallorca, por el cuidado con que aquella isla vive, hasta -ser de noche: y aunque aguardamos á esto, fué menester apresurarnos, -porque si bien se parecieron presto, habia bien que trabajar para -llegar á ellas. Acercámonos á Mallorca por mejor, y para él fué peor, -porque al despuntar de un risco estaba en él una centinela que dió -aviso á las galeras de Génova, que andaban por coger á mi amo, y aunque -se acercaba la noche, comenzaron á batir los remos con grande furia -hácia nosotros. Mi amo viéndose perdido pasóse á la otra galeota, -llevando consigo la más granada gente que traia en ambas, y dióme á -mí cargo de mirar por la que me dejaba con poca gente; confiándose -que hablando yo español podria responder á propósito, y te<span -class="pagenum" id="Page_284">[p. 284]</span>ner algun remedio la -galeota. De suerte, que me dejó por estorbo para que hiciesen la presa -en mí, y se pudiese librar. Sucedióle como él lo habia pensado, porque -como hombre astuto y muy práctico en toda la costa, no se hizo á la -mar, sino á la isla, que como era casi de noche, de caleta en caleta -se fué escondiendo, y en obscureciendo se hizo á la mar y se escapó. -La galeota en que yo habia quedado, como no llevaba gente que bogase, -sino muy poca, y la más ruin, fuése quedando tanto, que las galeras -pudieron tirar una pieza para que nos rindiéramos. Parámonos, y en -llegando cerca yo, muy alentadamente, y en bien claro español, dije: -Rendidos somos. Pues á vos buscamos, dijeron las galeras, llamándome -por mil nombres infames, que realmente como la galeota era aquella en -que siempre andaba mi amo, y hablé tan claro español, me tuvieron por -el renegado. Echaron al remo todos los turcos, canalla que hallaron -conmigo, y á mí pensando que habian dado con lo que buscaban, me -maniataron para llevarme á Génova y hacer en mí un gran castigo. -Decíame el capitan de la capitana: Quante volte habete scampato la -vita, can renegato, adeso non scamparate, se non impiccato? Señor, -dije, mire V. S. que yo no soy el renegado que V. S. piensa, sino un -pobre español esclavo suyo. Por la defensa cargaron sobre mí tantos -palos que me obligaron á decir: Dicen que Génova es monte sin leña; -pero harta ha habido para mí ahora. Riéronse dos músicos españoles que -traia el general en su galera de mi respuesta, y más de la paciencia -con que lo llevé: uno de los cuales conocia yo muy bien, y entre ellos, -por lo que les declaró uno de los músicos, tambien hubo alguna risa. -Yo me arrimé á un rincon maniatado, y dando gracias á Dios que tantas -veces me veia ejercitado en trabajos y miserias; que las desdichas nos -traen á la memoria<span class="pagenum" id="Page_285">[p. 285]</span> -las misericordias de Dios, y no los pecados por que las merecemos; que -si quisiésemos advertir cuánto mayores son que los trabajos que Dios -nos envia, nos consolaríamos, y no nos quejaríamos de los instrumentos -que Dios toma para castigarnos, que son sus invenciones tan secretas -y tan grandes que nos ponen en cuidado de considerar por donde nos -vino el daño, y no por donde lo teníamos merecido, y es tan piadoso -en el castigo, que no quiere infamarnos por lo que merecemos, sino -darnos en que merecer por lo que sufrimos, y llevar en paciencia lo -que no habemos pecado, que su misericordia á todo esto se estiende, -que nos ejercita en lo que no pecamos para descuento de lo que -merecemos en lo que pecamos, y luego echamos la culpa á aquellos por -cuya mano viene el justo castigo de Dios, que con lo que no habemos -hecho nos castigó lo que habemos hecho, por estimar en tanto nuestra -honra que no quiere muchas veces castigarnos por los mismos filos que -nos matan interiormente, porque no nos desconsolemos, ni lo tengamos -por ejecutor cruel. Acuérdome yo ahora de las desventuras que desde -niño me han seguido, y no me acuerdo de los delitos de mi juventud. -Viéneme á la memoria cuanto bien he hecho á algunos hombres en esta -vida, y que por estos mismos han venido muchos males, porque Dios toma -semejantes instrumentos para confusion y castigo de pecados cometidos -con ignorancia ó con malicia. Yo estoy ahora en fama de renegado, y -maniatado, agraviado injustamente por un astuto y endiablado hombre, -precito y descomulgado; y si quiero volver los ojos atrás veo que -merezco estos y otros mayores castigos de la mano de Dios. Á esto -llegó un bellaco de un cómitre, y dándome con un rebenque, me dijo: -¿Qué habla el perro entre dientes? Callé porque no segundase. El señor -Marcelo<span class="pagenum" id="Page_286">[p. 286]</span> Doria, que -era general, movido á misericordia, dijo, que hasta averiguar quién era -no me tratasen mal. Yo como ví la puerta abierta á la piedad, dije: -Suplico á vuestra excelencia, pues la defensa natural es concedida á -todos, se me conceda á mí, que yo sé que en sabiendo vuestra excelencia -lo que soy, no solamente no padeceré en manos de un tan gran príncipe, -pero espero en Dios que me tiene de honrar más que merezco. Yo daré en -Génova, y aun en esta galera, testigos que me conocieron en la córte -del rey Católico en el tiempo que este renegado andaba haciendo mal -en todas estas costas, y será uno de ellos el señor Julio Espínola, -el embajador. Hízome desatar, y habló conmigo, preguntándome todo lo -que deseaba saber del renegado: yo le dije la astucia con que se habia -escapado, con que satisfice algo de mi persona, y puso mucha culpa á -los que no siguieron la empresa. Tornéme á mi rinconcillo, aunque no -maniatado, y púseme en cluquillas, las dos manos en el rostro, y los -codos en las rodillas, porque no me conociese el músico, pensando en -mil cosas. Yendo navegando hácia Génova, viendo que ya se habria dado -noticia en Argel que las galeras de Génova corrian la costa, pasamos -el golfo de Leon con una poca de borrasca, y habiéndolo atravesado de -punta á punta, mandó el general á los músicos que cantasen, y tomando -sus guitarras, lo primero que cantaron fué unas octavas mias que se -glosaban:</p> - -<div class="poem"><div class="stanza"> -<p class="i0">El bien dudoso, el mal seguro y cierto.</p> -</div></div> - -<p class="mt1">Comenzó el tiple, que se llamaba Francisco de la Peña, á -hacer excelentísimos pasages de garganta, que como la sonata era grave -habia lugar para hacerlos, y yo á dar un suspiro á cada cláusula que -hacian. Can<span class="pagenum" id="Page_287">[p. 287]</span>taron -todas las octavas, y al último pié que dijeron:</p> - -<div class="poem"><div class="stanza"> -<p class="i0">El bien dudoso, el mal seguro y cierto,</p> -</div></div> - -<p class="mt1 ti0">ya no pude contenerme, y con un movimiento natural -inconsideradamente, dije: Todavía me dura esa desdicha. Como fué en -alta voz, miró el Peña, que por venir yo tan disfrazado de cara y de -vestido, y por ser él corto de vista, no me habia conocido antes, -y en viéndome, sin poder hablar palabra, humedecidos los ojos, me -abrazó, y fué al general, diciendo: ¿Á quién piensa V. E. que traemos -aquí? ¿Á quién? preguntó el general. Al autor, dijo Peña, de esta -letra y sonata, y de cuanto le habemos cantado á V. E. ¿Qué decís? -Llamadle acá. Lleguéme con harta vergüenza, pero con ánimo alentado, y -preguntóme el general: ¿Cómo os llamais? Márcos de Obregon, respondí -yo: el Peña, hombre que siempre profesó verdad y virtud, llegó al -general y le dijo: Fulano es su propio nombre, que por venir tan mal -parado debe de disfrazarlo. Espantóse el general de ver un hombre de -quien tenia tanta noticia en tan humilde traje, y rodeado de tantos -trabajos y tan injustamente maniatado. Preguntóme la causa de ello, y -yo con mucha paciencia y humildad le conté todo lo sucedido, porque -el galeon del Duque de Medina habia parado en el Final. Hízome mucha -merced, particularmente trastejándome de vestidos. Y en llegando á -Génova visité á Julio Espínola el embajador, cuya amistad yo habia -profesado en la córte de España, que certificado Marcelo Doria de esta -verdad, ambos me hicieron merced de acomodarme de dinero y cabalgadura -para Milan; pero primero quise ver aquella república tan rica de -dineros y antigüedad, de nobles y antiquísimas casas, descendientes -de emperadores y grandes señores, y de la mayor noble<span -class="pagenum" id="Page_288">[p. 288]</span>za de Italia; como son -Dorias, Espínolas, Adornos, de cuya notabilísima familia hay un ramo -en Jerez de la Frontera, emparentado con grandes caballeros españoles, -y señalado con el hábito de Calatrava y las demás órdenes: como don -Agustin Adorno, caballero tan virtuoso como principal. Y como mi -intento no era parar allí, dispúseme para proseguir mi viaje á Milan, -para donde habia salido de España.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c288.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3"> - <p><span class="pagenum" id="Page_289">[p. 289]</span></p> - <h2 class="nobreak">RELACION TERCERA</h2> - <p class="xs ws1 centra mt3">DE LA VIDA DEL ESCUDERO</p> - <p class="xl g1 ws1 centra mt1">MARCOS DE OBREGON.</p> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_0"> - <p><span class="pagenum" id="Page_291">[p. 291]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c291a.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> -</div> - -<div class="drop mt05 pt2"> - <img src="images/ill_c291b.jpg" - alt="Y" /> -</div> - -<p class="icap pt2"><span class="smcap">Yo,</span> que de cautivo, -esclavo y maltratado, tan presto me ví con dineros y bien puesto de -vestidos, deseaba ya ardentísimamente llegar á donde mis amigos me -viesen libre, y supiesen los trabajos y favores de que la fortuna -habia usado conmigo. Y así en habiendo visto la grandeza de aquella -república, y tomado el descanso que tan grande cansancio pedia, cogí -mi cabalgadura y Victorino, ó mozo de mulas, y aviándome para Milan, -subí por aquellas montañas de Génova, tan ásperas y encumbradas como -las de Ronda. Y en habiendo pasado por San Pedro de Arenas, ya que -anochecia, fué tan grande la piedra y agua que nos cogió, que perdimos -el camino en parte donde fuera fácil el despeñarnos hasta los profundos -rios, crecidos con la grande avenida, yendo á dar á la furia del mar; -porque los arroyos que se juntaron de la tormenta del granizo y agua -eran bastantes para mucho más que esto. No veíamos luz sino por los -ojos del caballo que nos guiaban, que es la peor bestia para caminar, -del mundo, que<span class="pagenum" id="Page_292">[p. 292]</span> -en Italia se camina con ellos. Y con la poca gana que llevaba se -arrimaba á cualquier árbol que topábamos, ó se arrojaba por donde se -le antojaba. De suerte que yo me apeé, y en unos árboles que tenian -grandes troncos y muchas ramas, trabadas unas con otras, nos arrimamos -hasta esperar que, ó la tempestad cesase, ó viésemos alguna claridad ó -luz que nos guiase á salvamento. El Victorino, aunque práctico en la -tierra, estaba tan turbado, que habia perdido los memoriales, y yo las -esperanzas de poder movernos de allí hasta la mañana. Corria el agua -de nosotros por la carne como de cueros de curtidura grandísimo rato -con este trabajo; pero no pudimos gozar de la sombra de los acopados -árboles, porque corria más agua de ellos que de nosotros, que todo lo -rendia el tiempo insufrible y borrascoso. Estando en esta suspension de -ánimo congojoso, oimos decir cerca de nosotros: Guarda la vita. Como -tan cerca sonó, miré por entre las ramas, y ví que á las espaldas de -los árboles parecia una luz que salia de tres casas, donde el caballo -debia de haber posado otras veces, y aunque por malos pasos, nos habia -guiado allí. El espacio era poco, y en un instante corriendo nos -pusimos en las casas, de donde salieron con grande cuidado á ofrecernos -alojamiento: y donde no pensamos hallar agua, hallamos muy gentiles -capones, que todas las naciones extranjeras hacen esta ventaja á España -en las posadas y regalo de los caminantes. Cenamos muy bien: yo pedí -un jarro de agua, y trujéronmela de una fuente que nacia junto á las -mismas casas, caliente vaheando, hícela poner á una ventana, que aunque -el tiempo no estaba tan frio, la borrasca y granizo lo habia trocado, -y en un instante se enfrió, y aun heló el jarro de agua. Bebílo, y -el huésped trajo allí de las otras casas dos testigos, y viéndome -beber otro jarro de agua fria, les dijo: Se<span class="pagenum" -id="Page_293">[p. 293]</span>ñores, para esto os he traido, porque si -este señor español muriere de estos jarros de agua fria, no digan que -yo le he muerto. Reíme, juzgando que lo decia por aborrecer el agua, -ó por amar el vino, y no fué sino por la razon que el hostalero dijo -despues. Pregunté como nuevo en Italia, por qué razon queria que no -bebiese agua quien casi siempre la habia bebido y bebia. Respondió que -las aguas de España eran más delgadas y de más fácil digestion que las -de Italia, que tienen más humedad. Y es de creer que, pues gente de tan -gentil discurso como la italiana no osa beberla sola, halla en ella -algun daño. Yo conocí un caballero italiano, que cuando vino á España -no habia bebido gota de agua, y estando en España no bebió gota de -vino, que las aguas, ora sean de rio, ora de fuente, toman la calidad -buena ó mala de la tierra ó minerales por donde pasan. Las de España, -por ser esta provincia tan favorecida del sol, y consumir las humedades -con tanta violencia, son bonísimas, fuera de que ordinariamente pasan -por minerales de oro, como se parece en las de Sierra-Bermeja, que la -misma sierra está del mismo color, y son excelentísimas; ó pasan por -minerales de plata, que son bonísimas, como las de Sierra-Morena, que -se verifica en las de Guadalcanal; ó por minerales de hierro, como es -en Vizcaya, que son saludables. Y en resolucion, no hay agua en España -que sea mala, sea de fuente ó sea de rio, que de lagunas y lagos, ó -encharcadas, ni las hay ni las beben: antes parece que para mayor -grandeza de la misericordia de Dios, una laguna de más de una legua, -que está cerca de Antequera, que todos los años se hace sal, tiene -junto á sí la mejor y más sana agua que se conoce en lo descubierto, -que se llama la fuente de la Piedra, porque la deshace. Y en Ronda, -otra fuentecilla, que llaman de las Monjas, que nace mirando al<span -class="pagenum" id="Page_294">[p. 294]</span> Oriente, y en un cerro, -en bebiéndola luego deshace la piedra, y en el mismo dia salen las -arenas, y de esta se puede escribir un grandísimo volúmen. Pero lo que -el hostalero me dijo fué tan verdad, que en todo el tiempo que estuve -en Lombardía, que fueron más de tres años, ni tuve salud, ni me faltó -dolor de cabeza perpétuo, por el agua que bebia. Y verificóse el dia -siguiente, que yendo caminando, en todos los charquillos que se habian -hecho del grande turbion de agua habia animalejos, como sapillos, -renacuajos y otras sabandijas, engendradas en tan poco espacio, que es -causa de la mucha humedad maliciosa del terruño. Y en aquellos fosos de -Milan se ven unas bolas de culebras en mucha cantidad, engendradas de -la bascosidad y putrefaccion del agua, y la humedad gruesa de la misma -tierra.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c294.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_295">[p. 295]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c295.jpg" - alt="Ilustración" /> - </div> - <h3 class="ader mt-1">DESCANSO I.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">P</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Pero</span> ya, dejando esta -materia, fuimos caminando por el Ginovesado mi mozo de mulas y yo, -hasta que topamos con unos labradores, que preguntados por dónde -tomaríamos el camino, que habíamos errado la noche antes, nos dijeron -un disparate para engañarnos, y que anduviésemos perdidos más tiempo. -El mozo entendió la burla, y dijo que nos engañaban. Pero yo, no -tomándolo por burla, deshonrélos en mal lenguaje italiano, y ellos que -eran muchos, cargáronse de piedras; yo me apeé, y dí una cuchillada á -uno: el mozo cogió su caballo, y dejóme entre ellos, que como era de su -nacion no quiso ser testigo del caso, y ellos cargaron sobre mí, porque -deslicé y caí en el suelo, y maniatándome, dieron conmigo en el lugar -más cercano que era muy grande y muy poblado. Representaron la sangre -del herido, y echáronme una cadena y grillos muy pesada. Esta vez no -me quise quejar de mi mucha desdicha, sino de mi poca consideracion -que estando en tierra no conocida, quise hacer lo que no hiciera en -la mia: que los españoles en estando fuera de su natural se persuaden -á enten<span class="pagenum" id="Page_296">[p. 296]</span>der que -son señores absolutos. Yo que no tenia de quién, ni á quién quejarme, -volví contra mí las piedras que los contrarios podian tirarme: víme -cargado de los hierros que no tuve en Argel, siendo enemigos de la fé -y de los que la profesan, sin poder volver los ojos á quien me mirase -de buena gana. Que por la misma razon que pensamos ser señores del -mundo, somos aborrecidos de todos. Quien va á tierras agenas tiene -obligacion de entrar en ellas con grande tiento, que ni las leyes son -las mismas, ni las costumbres semejantes, ni las amistades se guardan -donde no hay conocimiento. Y es averiguada cosa que aunque los reinos -y repúblicas se guarden el respeto y amistad que profesan entre sí, no -corre lo mismo en los particulares, que ordinariamente se desdoran, -y tienen enemistades unos con otros: y tanto más, cuanto más se ven, -sin razon ó con ella, supeditados. Eché de ver que la paciencia es -virtud corriente para todas las cosas del mundo, pero más para tratar -con gentes no comunicadas. Tiene el forastero necesidad de ser muy -afable y comedido con crianza, y ha de perder de su derecho en las -cosas, que donde está no sabe si son buenas ó malas: con semblante -alegre, cólera enfrenada, viene fácilmente en el conocimiento de lo -que ignoramos en las tierras cuyas costumbres no han venido á nuestra -noticia. Yo me ví afligidísimo, sin ver á quién poder dar parte de -mis trabajos. Llamábanme de marrano muy cerca de mí, y la más honrada -sentencia era que me habian de dar garrote de secreto. El carcelero -parecia hombre corriente, pero no hallaba por donde entrarle para -consolarme con él. Estuve pensando qué modo tendria, y acordéme que -esta nacion es codiciosa sobremanera, y que por allí podria echar -algun cartabon para mi remedio. Llevaba en la faldriquera algunos -escudos que<span class="pagenum" id="Page_297">[p. 297]</span> saqué -de Génova. Andaban allí dos niños del carcelero muy graciosos, y -acordándome cuán buen rostro muestran los padres á quien hace bien -á sus hijos, dí á cada niño un escudo: aquí abrió los ojos el padre -agradeciéndolo mucho, y aun muchísimo, que me dió buena esperanza de -salir con lo que habia pensado. Díjome: V. S. debe ser muy rico. ¿En -qué lo echais de ver? pregunté yo. En la liberalidad, respondió, con -que habeis dado á esos niños moneda que aun los hombres mal conocemos -por acá. Pues si esto estimais siendo tan poco, ¿qué hareis cuando -sepais lo demás? y sacando dineros, díselos á él, y díjele: Porque me -pareceis hombre de buen discurso os quiero decir quién soy, que de -esta niñería no teneis que hacer caso. Yo he alcanzado lo que todos -los filósofos andan buscando y no acaban de dar con ello, pero primero -me habeis de hacer juramento de en ningun tiempo descubrirme. Él lo -hizo solemnísimamente, y con grandes ansias me preguntó, qué era -lo que queria decirle, y le respondí: Sé hacer la piedra filosofal -que convierte el hierro en oro, y con esto nunca me falta lo que he -menester: pero no he osado comunicarlo con nadie en Génova, porque la -república no me estorbase mi viaje, que lo hicieran sin duda, porque -como esta divina invencion es tan apetecida y deseada de todos, todos -andan tras de ella: y si saben alguno que lo sabe, ó los reyes ó las -repúblicas los detienen contra su voluntad, por que ejercite el arte -para ellos á su costa, que en habiendo mucha cantidad de oro en el -mundo será estimado en poco. Señor, dijo el carcelero, muchas veces he -oido tratar de esa materia; pero nunca he visto ni oido decir que lo -haya nadie alcanzado en nuestros tiempos, que aunque V. S. me ve en -este oficio, que por estar quieto y mantener mis hijos ejercito, ya he -estado en España<span class="pagenum" id="Page_298">[p. 298]</span> -sirviendo á un embajador de Génova, y por lo dicho me recogí á este -pueblo donde nací. Huélgome de eso, dije yo, porque siendo, como sois, -discreto, y habiendo oido tratar de la materia, dareis crédito á lo que -vereis con vuestros ojos. Si yo pudiese, dijo, aprender eso, seria un -valiente hombre, que mandaria á todo mi lugar, y enviaria libre á V. S. -adonde fuese servido. Á lo primero, dije yo, os respondo que consiste -el hacerlo en dar un punto que es menester gran cuidado para acertarlo, -y así no me atrevo á enseñároslo; pero dejaréos con tanto oro, que no -hayais menester á nadie vos ni vuestros hijos. Y á lo segundo, que no -quiero que hagais por mí cosa que en algun tiempo pueda haceros daño, -que la misma arte química me dará modo para librarme, y esto os lo -enseñaré facilísimamente, que lo vereis aunque esteis ciego, como sin -culpa vuestra y sin consentimiento vuestro me libro, y vos quedais sin -calumnia, y con riqueza y gusto.</p> - -<p>Echóse á mis piés con grandes ceremonias, quitándome la cadena y -grillos, contradeciéndoselo yo con grandes veras, y pensando adelante -toda la noche, para más asegurado en la materia, por hacer mejor mi -negocio, le dije: Sabed que el no haber acertado á dar el punto á la -transmutacion de los metales nace de no haber entendido á los grandes -filósofos que tratan esta materia sutilísimamente, como son Arnaldo -de Villanueva, Raimundo Lulio, y Gebot, moro de nacion, y otros -muchos autores, que la escriben en cifras, por no hacerlas comunes á -los ignorantes, que yo por enterarme en la verdad de ello he pasado -á Fez en África, á Constantinopla y Alemania, y con la comunicacion -de grandes filósofos he venido á descubrir la verdad, que consiste -en reducir á la primera materia un metal tan intratable y recio como -el<span class="pagenum" id="Page_299">[p. 299]</span> hierro, que -puesto en aquel principio suyo, y en aquella simiente de que fué hecho, -aplicándole las mismas cosas y los mismos simples que la naturaleza -aplica al oro, cuando se forma ó se va formando, viene á transformarse -en la misma substancia de él. Que de la propia manera que todas las -criaturas van imitando, en cuanto les es posible, á la más perfecta -de su género, así el hierro y los demás metales van imitando á la más -perfecta de ellas que es el oro, y dándole tales cualidades que la -naturaleza con la generacion del padre universal, que es el sol, viene -á mudar su naturaleza en la del oro, y esto se hace mediante ciertas -sales fortísimas y corrosivas, mirando los aspectos de los planetas, en -que yo estoy muy diestro y enterado. Y para que veais alguna semejanza -que os persuada de esta verdad, dejad esta noche un callo de herradura -que haya sido muy pisado y lleno del orin que recibe en los muladares, -y hecho pedacicos muy menudos, ó limándolo, ponedlo en una redoma con -fuego lento, en muy fuerte vinagre, y vereis lo que resulte. Hízolo -puntualmente, y dióme en que reposase aquella noche muy á mi gusto, -donde pensé muy bien la traza que llevaba ordenada para librarme de la -prision.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c299.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_2"> - <p><span class="pagenum" id="Page_300">[p. 300]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c300.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO II.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">Á</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Á</span> la mañana vino el -carcelero muy contento, diciendo que descubria que se iba el hierro -convirtiendo en un color rubio, como de oro, que la codicia lo iba -llevando á la perdicion. Ahí conocereis, dije yo, que os voy tratando -verdad; díle dineros para que me trajese ciertas cosas, ó ciertos -simples corrosivos y venenosos, que no los digo porque mi intento no -es enseñar á hacer mal, y con otras cosas que les junté hice unos -polvos que muchas veces rociaba con agua fuerte, y enjugándose, tornaba -á rociarlos, quedando con un color rubio muy apacible. Hechos los -polvos, y confeccionados como yo los habia menester, á dos bellacones -que estaban sentenciados á galeras les dije: Las galeras están en -Génova, que es acercarse vuestro martirio; si os atreveis á ponerme -en una noche en tierra del Rey, yo os sacaré de aquí con mucho -silencio, y sin ruido de dentro ni de fuera. Ellos respondieron con -grande determinacion: Y aun á los hombros sacaremos á V. S. y antes -que amanezca estará entre soldados españoles. Pues estad, les dije, -maña<span class="pagenum" id="Page_301">[p. 301]</span>na en la noche -atentos, y en viéndome con las llaves en la mano acudid á vuestro -remedio y el mio. Alegráronse los pobres, y con grandes ansias deseaban -ya que llegase la hora. Por la mañana dije al carcelero que trajese -unos crisoles, y cuantos callos de herradura pudiese hallar, que todos -los habia de convertir en oro, y que á la noche cuando toda la cárcel -estuviese en silencio encendiese lumbre de carbon, sin que hubiese -ningun testigo que nos pudiese denunciar. Él lo tuvo tan en cuidado que -no dejó herrador, ni muladar que no anduviese, y en llegando la noche -me mostró tantos callos de herradura, que vendidos á libras podian -aprovecharle mucho; encerró su gente, y los demás presos, y los dos que -me habian de ayudar se hicieron dormidos: encendió su brasero, y puesto -en silencio todo, saqué mis polvos y mostréselos, y pareciéronle del -mismo oro. Pues mirad, le dije, qué cordial olor tienen, y echéselos -en la mano, él los llegó á oler, y yo con mucha presteza le dí una -palmada en la parte baja de la mano, y saltaron en los ojos, cayendo -él de la otra parte sin sentido, ni sin poder hablar; cogíle las -llaves, y los bellacones que vieron el caso acudieron luego; abríles -las puertas quedándose el pobre hombre sin sentido, y sin que nadie nos -viese salimos de la cárcel y del pueblo, y á la mañana habiendo pasado -arboledas, sierras y barrancos dificultosos, me hallé en Alejandría de -la Palla entre soldados españoles, que metian la guarda á don Rodrigo -de Toledo, gobernador de ella. Á los buenos galeotes les pareció que -les habia venido del cielo la libertad, y fuéronse á buscar su vida. Yo -me holgué en el alma de haber salido bien con mi intento, que aunque -fué á costa del pobre carcelero, por la libertad todo se puede hacer. -Yo fuí esta vez como el demonio, que tienta á los hombres por la parte -que más flaca<span class="pagenum" id="Page_302">[p. 302]</span> -siente en ellos: que él por la codicia, y yo por la libertad nos -concertamos muy bien, que es tan superior la codicia en los pechos -adonde se halla, que son muchos, que los rinde á cualquier flaqueza. -Los bienes que por merecimientos, ruegos y comodidades no se alcanzan, -en acometiéndoles por la codicia se rinden al gusto de ambas partes: -los males que por violencia y estratagemas no se pueden hacer, en -mostrando la codicia su amarillo rostro se ablanda la dureza de los -pechos de hierro. ¡Qué de fortalezas se han rendido, qué de lealtades -se han quebrantado, qué de clausuras se han rompido, qué de castidades -se han corrompido, acometidas por la codicia! Todos los vicios que -á los hombres traen arrastrados dejan alguna consideracion para lo -venidero, sino la lujuria y la codicia, que cogen y ciegan todas las -potencias del discurso; más fácil es de enfrenar la furia de un loco -por castigo, que reducir á razon la sed de un codicioso por consejo. -Son los codiciosos como la esponja, que aunque chupa toda el agua -de que es capaz, ni está harta, ni se aprovecha de ella, y son tan -furiosos en sus actos como la culebra hambrienta, que á todo acomete -aunque sea un sapo que la hinche de ponzoña; que ni miran si es lícito -ó contra razon, que como sea engordar á todo acometen, y creo es así, -que tienen el castigo por sombra de su desatinada hambre. Como este -miserable de carcelero, que por donde pensó ver su casa llena de oro -quedó sin ojos para verlo. Dios mire por los codiciosos, y los reduzca -á la medicina que conserva la vida y aquieta la conciencia.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c302.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - -<div class="figcenter mt1"> - <img class="thin" - src="images/ill_c302_303.jpg" - alt="Ilustración" /> - <p class="caption"> - ... <i>me hallé en Alejandría de la Palla - entre soldados españoles</i>. - </p> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_3"> - <p><span class="pagenum" id="Page_303">[p. 303]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c303.jpg" - alt="Ilustración" /> - </div> - <h3 class="ader mt-25">DESCANSO<br /> III.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">P</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Partíme</span> para Milan, temiendo -por el gran deseo que llevaba de llegar, alguna desgracia, que los -desdichados han de vivir siempre con cuidado de lo que puede y suele -suceder. Hay un rio que pasa por la ciudad de Alejandría, que se -llama Eltanar, donde ví unas aceñas movedizas de madera, que deben de -tener en el fundamento algunas ruedas para moverse, que no reparé en -preguntarlo porque no hacia á mi propósito, y habiendo esperado el -barco para pasar el Pó, rio caudalosísimo, despues de haberse sorbido -el Eltanar en tramos en él con unas pobres peregrinas, y al medio del -rio sucedió, que por la corriente de Eltanar venia una aceña ó molino -de aquellos, que le debia de haber faltado el fundamento, y encontróse -de manera con nuestro barco que dió con él patas arriba.</p> - -<p>El caballo, como son atrevidas estas bestias para cortar el agua, se -arrojó á ella, yo me así luego de la cola, y las peregrinas de mí, y el -Venturino de la postrera de ellas, y cayendo y levantando, y á veces -to<span class="pagenum" id="Page_304">[p. 304]</span>pando con los -piés en la arena, llegamos á la orilla, donde el caballo nos roció por -la puerta falsa que debia de venir acebadado; pero no por eso me desasí -hasta verme ya pisar las orillas. Hallamos allí que habian pasado en -otro barco algunas gentes de diversas naciones, franceses, alemanes, -italianos y españoles, y para entendernos hablamos todos en latin; -pero era la pronunciacion tan diversa la una de la otra, que hablando -en muy gentil lenguage latino no nos entendíamos los unos á los otros, -que me dió mucho que pensar que aun en una misma lengua, y que corre -por toda Europa, dure el castigo de la torre de Babilonia. Llegamos á -Pavía, insigne universidad; regalóme el castellano, que era entonces, -aunque como mi deseo me llevaba á Milan, no paré hasta verme en aquella -maravillosa poblacion donde tan grandes santos ha habido, y continúan -siempre los prelados de aquel excelentísimo templo. El que entonces lo -gobernaba era el santísimo cardenal Cárlos Borromeo, que ahora dicen -San Cárlos, que fué su vida de manera que á pocos años de su muerte -le canonizaron. Llegué á tiempo que se celebraron las exequias de la -santísima reina doña Ana de Austria, y habiendo buscado á quién cometer -la traza, historias y versos de la vida ejemplar de tan gran señora, -pudiendo cometerles á muy grandes ingenios, tuvo por bien el magistrado -de Milan de cometerlas al autor de este libro, no por mejor, sino por -más deseoso de servir á su rey, y de aprender en cosas tan graves y -de tan graves ingenios, y ofreciéndoles, y dando noticia de Aníbal -de Tolentino, excelentísimo sugeto, que lo hiciera mejor que otro en -toda la Europa: al fin por más cercano le mandaron al autor que la -hiciese. Oíle un sermon en estas exequias al bienaventurado San Cárlos, -que fué como su vida. Hallé á mis amigos muy contentos, y admi<span -class="pagenum" id="Page_305">[p. 305]</span>rados de la brevedad con -que habia conseguido libertad, y deseos de saber cómo habia sucedido, -me forzaban á que lo contase, y refiriese una y muchas veces; que -realmente los trabajos contados en la prosperidad, ó habiendo salido -de ellos tienen su gusto particular, que las desventuras todo lo que -tienen de males presentes tienen de bienes pasados; son los trabajos -como las servas ó nísperos, que cuando están en su fuerza son ásperos -al gusto, pero despues de pasada su sazon, lo que tenian de ásperos -tienen de suaves podridos; son como el que se va anegando en un rio, -que va siempre sacando la cabeza y haciendo todas las diligencias -posibles para escaparse, pero despues de salido bebe de aquella misma -agua que le quiso ahogar. Espina el erizo de la avellana, pero despues -se halla gusto en rumiándola. Holgué grandemente de ver la grandeza, -fertilidad y abundancia de Milan, que en esto creo que pocas ciudades -se le igualan en la Europa, aunque la mucha humedad que tiene, ó por -aquellos cuatro rios hechos á mano, por donde le entra tanta abundancia -de provision, ó por ser el sitio naturalmente húmedo, yo me hallé -siempre con grandísimos dolores de cabeza, que aunque yo nací sujeto -á ellos, en esta república los sentí mayores. Que siempre me han -perseguido tres cosas: ignorancia, envidia y corrimientos; pero los de -aquí me duraron hasta volver á España. Pasé en Milan tres años, como -hombre que está en la cama, contando las vigas del techo trescientas -veces, sin hacer cosa que importase, lo uno por estar siempre -indispuesto, lo otro por lo poco que entre soldados se ejercitan los -actos de ingenio. Dióme gana de ver á Turin, y por mis pecados fué por -el mes de diciembre, tiempo en que no hay caminos, sino rios en lugar -de ellos, que como hacia buen tiempo cuando salí, engañéme, pensando -que<span class="pagenum" id="Page_306">[p. 306]</span> fuera todo de -aquella manera; y en llegando á Bufalores, comenzó á desgajarse el -cielo, no con lluvia, sino con acequias de agua tan contínua que se -perdió el tiento á los caminos.</p> - -<p>Llegué á Turin, y por haber esperimentado los arroyos á la venida, -estúveme dos meses allí, en compañía de otro español; pero fueron tan -grandes las nieblas que se topaban los hombres por la calle sin verse, -nacidas de la vecindad, segun dicen allí, del Pó, que pasa por junto á -la ciudad: fuera de que por medio de ella van muchos arroyos de agua. -Mas veo que en España Guadalquivir pasa por Sevilla, más caudaloso -que el Pó y algunas veces tan crecido, que baña á la mayor parte de -la ciudad, y todo el campo de Tablada está hecho un mar navegable, y -no he visto tales nieblas. Y Granada tiene dos rios que la bañan, y -muchos más arroyos por las calles, y no parece esta escuridad ó niebla: -pero dejando esto posamos el otro español y yo en una hostería, donde -me ví en el mayor peligro, y en la mejor ocasion de ser dichosísimo -que he tenido ni tendré en mi vida. Que estando comiendo mucha gente, -esperando mi compañero y yo que acabasen para sentarnos, un viejo de -hasta cincuenta años de edad, de propósito dió en tratar de la religion -nueva, de la religion reformada, repitiendo esto muchas veces: y -aunque era natural de Ginebra, hablaba en buen italiano, que por ver -españoles le pareció alzar la voz más de lo que habia menester. Y tras -de un brindis y otro decian heregías muy dignas de gente llena de vino. -Mi compañero decíame que callase, y ellos brindando por la salud de -sus fautores, tornaban una vez y otra á decir de la religion nueva y -de la religion reformada, de suerte que me obligaron á preguntar qué -religion era aquella, y quién la habia reformado. Respondiéronme que -era la<span class="pagenum" id="Page_307">[p. 307]</span> religion -de Jesucristo, y que la habia reformado Martin Lutero y Juan Calvino. -Antes de oir más palabras les dije: Buena andaria la religion reformada -por dos tan grandes hereges. Alborotóse la hostería, y cargaron tantas -cuchilladas sobre mí y sobre el otro español, que si no cogemos una -escalera nos hacen pedazos. La huéspeda atajó el negocio con decirles -que mirasen lo que hacian, que estábamos depositados allí por el Duque. -Sosegóse el alboroto, porque hasta entonces aun no habian negado la -obediencia al Duque de Saboya, aunque la tenian negada á la Iglesia -romana. En sosegándose el rumor me dijo aquel viejo: ¿Por qué llamais -hereges á dos varones tan santos y que tanta gente llevaron tras su -opinion? Respondí yo: ¿Por qué llamais vosotros santos y reformadores -de la religion de Jesucristo á dos hombres que en todo y por todo, -en vida y costumbres fueron contra la doctrina de Jesucristo y de -sus Evangelios, que fueron hombres libres, viciosos, deslenguados, -embusteros, engañadores, alborotadores de las repúblicas, enemigos de -la general quietud? Quiso tornarse á alborotar el viejo, y como le -habian puesto por delante el temor y respeto del Duque, cesó con decir: -Muchos son los llamados y pocos los escogidos, y esos somos nosotros. -Respondíle yo: Mejor dijérades, muchos son los escogidos y pocos los -llamados, porque no vienen á manos del Papa. ¡Estraño caso! que hay -gentes tan fuera del órden natural, que por sola libertad y poltronería -se desvien de la misma verdad que interiormente saben y conocen. Y que -tengan hombres poderosos que favorezcan sus errores, de suerte que -unos y otros siguen su mal intento. Los poderosos con decir que siguen -doctrina de hombres sabios, y los otros con decir que tienen arrimo en -príncipes poderosos, como si fuese disculpa para la ejecucion<span -class="pagenum" id="Page_308">[p. 308]</span> de tantos vicios y -abominaciones como cometen á sombra de la libertad con que sus maestros -les hacen vivir, en cuyas arrastradas opiniones hay cosas tan ridículas -que se echa de ver que adrede quieren errar.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c308.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_4"> - <p><span class="pagenum" id="Page_309">[p. 309]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c309.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO IV.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">V</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Volvíme</span> de Turin á Milan, -porque aunque tuve intento de pasar á Flandes no hallé comodidad, fuera -de saber que la gente de Flandes venia marchando hácia Lombardía, y -por haber estado ya en Flandes con la misma gente en el asalto general -de Maestrich donde me sucedió una cosa muy graciosa, que pudiera ser -muy desgraciada y fué: que en el saco de la ciudad cogí al más lucido -cuartago de todos los que habia en una casa principal, y subiendo sobre -él en cerro, como en tiempo de bulla no se miran mucho las cosas, -al tiempo que salia de la ciudad iban tras mí más de trescientos -cuartagos, porque la que yo habia tomado era una yegua sazonada, y si -no me arrojo de ella al suelo me dieran muchas manotadas los galanes -que la seguian.</p> - -<p>Al fin volví hácia Milan, porque el compañero pasó hácia Flandes, -y buscando en qué caminar topé con una carroza, donde por fuerza -hube de ir, en compañía de cuatro ginebreses, tan grandes hereges -como los otros. Determinando de callar á cualquier cosa que<span -class="pagenum" id="Page_310">[p. 310]</span> oyese decir, por -donde les grangeé la voluntad de manera, que siendo muy enemigos de -españoles, me regalaron por todo el camino, diciéndome mil veces que -era muy buen compañero, que realmente, como no les traten de religion -son sencillos, y gente afable para tratar, y muy amigos de dar gusto. -Fuéronme festejando por el camino, y entre dos brazos del Tesino se -apartaron hácia unas arboledas y sierra, donde dijeron que iban á ver -un grande nigromántico para preguntarle ciertos secretos de mucha -importancia. Yo, como era mozo, y amigo de novedades, holguéme por -ver aquella que tanto lo era para mí. Anduvimos un rato por aquella -arboleda hasta llegar al pié de la sierra, donde se descubrió una -boca de cueva con una puerta de tosca madera, cerrada por de dentro. -Llamaron, y respondieron de dentro con una voz crespa, baja, y con un -género de gravedad. Abrióse la puerta y representóse la figura del -nigromántico con una ropa de color pardo, con muchas manchas, mapas -pintados en ella, culebras, signos celestes, un bonete en la cabeza -largo, y aforrado en pellejo de lobo, y otras cosas que hacian su -persona horrible, como tambien lo era el lugar y casa donde habitaba. -Hablaron aquellos caballeros de Ginebra, informándole de su venida, -y como certificados de su gran fama venian á consultarle un negocio -grave. Él aunque en el principio comenzó á negárselo, al fin acabaron -con él con ruegos y presentes que le dieron, que lo ablandan todo, -á que se inclinase á admitir su peticion. Mientras hablaban con él, -yo miré el cuerpo de la cueva, que estaba llena de cosas que ponian -temor y espanto, como era cabezas de demonios, de leones y tigres, -faunos y centauros, y otras cosas de este modo, para poner horror -á los que entrasen, unas pintadas y otras de bulto, con que daba á -entender que tenia trato y<span class="pagenum" id="Page_311">[p. -311]</span> amistad con algun demonio. Hablóles muy gran rato, -diciéndoles de su gran poder, y mostró muchas joyas de diversas gentes -y de grandes señores, que le habian dado por los muchos secretos que -les habia revelado. Llegados al caso, como yo miraba más al artificio -con que tenia adornada su cueva, preguntóles cómo no llegaba yo á -la conversacion. Respondieron ellos que era español. Díjoles el -nigromántico: No quisiera mostrar mis secretos delante de españoles, -porque son incrédulos y agudos de ingenio. Á lo cual respondieron -ellos: Bien podeis hacer en su presencia cualquiera cosa, porque aunque -español, es hombre de bien y buen compañero. Resolvióse á hacerlo, y -llamó á un ayudante tan fiero y espantable, que me pareció que era -algun demonio. Entramos más adentro, donde tenia el familiar, que -era un aposentillo más oscuro que el cuerpo de la casa, que estaba -cercado con unas barandillas, y dentro estaba uno como facistol, y -sobre él un grande globo de vidrio con un abecedario de letras grandes -escrito al rededor, y en medio del globo puesto el familiar, que era -un hombrecito de color de hierro, con el brazo derecho levantado en -derecho hácia las letras, que todo realmente ponia espanto. Habló -con el familiar con una arenga muy larga, proponiéndole la antigua -amistad que habian profesado tantos años, para obligarle á que con -facilidad respondiese á lo que le queria preguntar; y poniéndose -unos guantes muy anchos, despues de puesta la demanda, alzó la mano -derecha, diciéndole: Ea, presto. El familiar se resolvió, y señaló una -letra. Quitóse el guante el nigromántico, y escribió aquella letra que -habia señalado el familiar. Tornó á ponerse el guante, y alzando la -mano otra vez, le dijo: Adelante. El familiar movióse, señalando otra -letra, y de esta manera fué preguntándole hasta haber escrito<span -class="pagenum" id="Page_312">[p. 312]</span> diez ó doce letras, en -que iba respondiendo á la pregunta muy á gusto de los ginebreses. Yo -como eché de ver que para escribir cualquiera letra se quitaba el -guante, diciendo qué podia ser; y aunque sospeché que se habian de -alborotar todos, determinadamente yendo á señalar otra vez con el -guante, se lo arrebaté por el dedo demostrador, y hallando una dureza -muy grande en el dedo, primero le pregunté al nigromántico: ¿Esta no -es calamita ó piedra iman? Quedó suspenso y corrido, y volviéndose á -los otros, les dijo: Bien decia yo, que los españoles eran agudos, y -que no queria hacer cosa delante de ellos. El secreto del caso era, -que aquel familiarillo era hecho de alguna cosa muy ligera, y el -bracillo era de acero tocado á aquella piedra iman que era tan fina -como el nigromante diestro en señalar la letra que habia menester, con -que atraía al familiar corriendo á mostrarla. Quedaron los ginebreses -admirados, así de la sutileza con que aquél engañaba á las gentes, -como de la mia en haber conocido su embeleco. Y aunque los sentí al -principio pesarosos de que no hubiese cumplido el pronóstico con la -respuesta del familiar, que ellos tenian por demonio, despues tuvieron -en mucho el desengaño, y rogóles el nigromante que me pidiesen que no -le descornase la flor, porque con aquello ganaba su vida sin hacer -mal á nadie, y tenia reputacion de grande hombre. La invencion cierto -era ingeniosísima, muy conforme á la filosofía natural, y podia -sufrirse como por juego de masecoral: pero cosas tan repugnantes á -la verdad y del trato comun engaños tan conocidos, no es razon que -permanezcan, ni se permitan. Fuímonos, dejando muy desconsolado al -embustero, y escandalizados los ginebreses del caso me reprehendieron -el haberlo afrentado, y desanimádolo para proseguir en su embeleco. Yo -les dije: ¿No os<span class="pagenum" id="Page_313">[p. 313]</span> -habeis holgado de ver este secreto descubierto? Respondiéronme que -sí. Yo les dije: Pues de la misma manera se holgarán todos los que lo -supieren, porque menos importa quedar éste sin opinion y sin oficio, -que permitir un engaño tan estendido y pernicioso como este. Y yo, -para decir la verdad, siempre he estado y estoy mal con estas gentes, -como son: nigrománticos, judiciarios, y otros semejantes: aunque estos -judiciarios tengo por los peores, por estar más bien recibidos en -la república, y decir menos verdad. Que aunque los que tratan de la -verdadera astrología de movimientos, estos son doctos que saben las -matemáticas con fundamento, como es Clavijo Romano, el doctor Arias de -Loyola y el doctor Sedillo, españoles, grandes varones de su facultad; -que esos otros son embusteros, gente de poca substancia, de que podia -traer muchos cuentos, porque de cien cosas que dicen yerran las -noventa, y cuando aciertan alguna, es por yerro. Válense de mujercillas -que les vienen á preguntar, como gitanas, la buena ventura, y al fin -es gente ridícula, que acaban tan miserablemente como los alquimistas, -porque quieren dar alcance á los secretos que Dios tiene reservados -para sí. En estas conversaciones y otras semejantes llegamos á -Bufalora, pueblo del Estado de Milan, donde los ginebreses se apartaron -y yo proseguí mi viaje.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c313.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_5"> - <p><span class="pagenum" id="Page_314">[p. 314]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c314.jpg" - alt="Ilustración" /> - </div> - <h3 class="aizq mt-1">DESCANSO V.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">V</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Vuelto</span> á Milan, como aquella -república es tan abundante de todas las cosas, eslo tambien de hombres -muy doctos en las buenas letras y en el ejercicio de la música, en que -era muy sabio don Antonio de Londoño, presidente de aquel magistrado, -en cuya casa habia siempre junta de excelentísimos músicos, como de -voces y habilidades, donde se hacia mencion de todos los hombres -eminentes en la facultad. Tañíanse vihuelas de arco con grande -destreza, tecla, arpa, vihuela de mano, por excelentísimos hombres en -todos los instrumentos. Movíanse cuestiones acerca del uso de esta -ciencia, pero no se ponia en el extremo que estos dias se ha puesto en -casa del maestro Clavijo, donde ha habido juntas de lo más granado y -purificado de este divino aunque mal premiado ejercicio. Juntábanse en -el jardin de su casa el licenciado Gaspar de Torres, que en la verdad -de herir la cuerda<span class="pagenum" id="Page_315">[p. 315]</span> -con aire y ciencia, acompañando la vihuela con gallardísimos pasajes de -voz y garganta, llegó al extremo que se puede llegar. Y otros muchos -sugetos muy dignos de hacer mencion de ellos. Pero llegado á oir al -mismo maestro Clavijo en la tecla, á su hija doña Bernardina en el -arpa, y á Lúcas de Matos en la vihuela de siete órdenes, imitándose -los unos á los otros con gravísimos y no usados movimientos, es lo -mejor que yo he oido en mi vida. Pero la niña, que ahora es monja -en Santo Domingo el Real, es mónstruo de naturaleza en la tecla y -arpa. Mas volviendo á lo dicho, un dia acabando de cantar y tañer, y -quedando todos suspensos, preguntó uno, que cómo la música no hacia -ahora el mismo efecto que solia hacer antiguamente, suspendiendo los -ánimos, y convirtiéndolos á transformarse en los mismos conceptos que -iban cantando, como fué lo de Alejandro Magno, que estándole cantando -las guerras de Troya, con grande ímpetu se levantó, y puso mano á -su espada, echando cuchilladas al aire, como si se hallara en ella -presente. Dije yo á esto: Lo mismo se puede hacer ahora y se hace. -Replicóme, diciendo: Que despues que se perdió el género enarmónico no -se podia hacer. Dije yo: Con el género enarmónico me parece que era -imposible hacerse, porque como la excelencia de ese género consiste en -la division de semitonos y diesis, no puede la voz humana obedecer á -tantos semitonos y diesis como aquel género tiene. Y así aquel príncipe -de la música, el abad Salinas, que lo resucitó solamente, lo dejó -en un instrumento de tecla, pareciéndole que la voz humana con gran -trabajo y dificultad podia obedecerlo. Yo le ví tañer el instrumento -de tecla que dejó en Salamanca, en que hacia milagros con las manos, -pero no le ví reducirlo á que voces humanas lo ejecutasen, habiendo -en el coro de Salamanca en aquel tiempo grandes<span class="pagenum" -id="Page_316">[p. 316]</span> cantores de voces y habilidad, y siendo -maestro aquel gran compositor Juan Navarro. Y que se pueda hacer y -se hace con el género diatónico y cromático, como haya las mismas -circunstancias y requisitos que el caso quiere, sucederá cada dia -lo mismo. Y en las sonatas españolas, que tan divino aire y novedad -tienen, se ve cada dia ese milagro. Los requisitos son que la letra -tenga conceptos excelentes y muy agudos, como el lenguaje de la misma -casta. Lo segundo, que la música sea tan hija de los mismos conceptos, -que los vaya desentrañando. Lo tercero es, que quien la canta tenga -espíritu y disposicion, aire y gallardía para ejecutarlo. Lo cuarto, -que el que la oye tenga el ánimo y gusto dispuesto para aquella -materia. Que de esta manera hará la música milagros. Yo soy testigo -que estando cantando dos músicos con grande excelencia una noche una -cancion que dice:</p> - -<div class="poem"><div class="stanza"> -<p class="i0">Rompe las venas del ardiente pecho,</p> -</div></div> - -<p class="ti0 mt1">fué tanta la pasion y accidente que le dió á un -caballero que los habia llevado á cantar, que estando la señora á -la ventana, y muy de secreto, sacó la daga y dijo: Veis aquí el -instrumento, rompedme el pecho y las entrañas; quedando admirados -músicos y autor de la letra y sonata, porque concurrieron allí todos -los requisitos necesarios para hacer aquel efecto. No les pareció -mal á los presentes, porque todos eran doctísimos en la facultad. En -estos y otros ejercicios se pasaba la vida entre poetas de poesía, y -entre soldados de armas, donde se ejercitaba no solamente la pica y -arcabuz, sino tambien el juego de la espada y daga, broquel y rodela, -que habia valerosos hombres diestros y animosos, donde se hacia mucha -mencion de Carranza, aunque hubo quien daba la ventaja á don<span -class="pagenum" id="Page_317">[p. 317]</span> Luis Pacheco de Narvaez. -Porque en la verdadera filosofía y matemática de este arte, y en la -demostracion para la ejecucion de las heridas, excede á los pasados -y presentes. En estos y otros ejercicios loables se pasa la vida en -Lombardía, aunque yo traia siempre tan quebrada la salud, por causa -de las muchas humedades, que determiné volverme á España despues de -haber visto á Venecia, y hubo buena ocasion, porque entonces iba la -infantería y caballería del Estado de Milan á recibir á la señora -Emperatriz á tierra de los venecianos, para traerla á embarcar á -Génova. Salió aquella gallardísima gente del Estado hasta llegar á -Crema, donde recibieron á la Cesárea Magestad como á tan gran señora -se debia. En llegando allí para proseguir mi intento, pasé de la otra -parte del rio en la cabalgadura que hasta allí habia traido de balde, -diciéndole al mozo de mulas que yo le pagaria el resto del camino -hasta llegar á Venecia; pero él lo hizo tan bien, que en la primera -posada me dejó plantado sin hablar palabra, que era un pueblecillo -pequeño, donde no hallé cabalgadura, ni aun persona que me respondiese -palabra buena, por ser español, y por ir en traje de soldado: de -manera que ni la humildad, ni el término apacible, ni la paciencia, -me aprovecharon para dejar de ir á pié y sin compañía, por tierra no -conocida, y madrastra de españoles. Iba caminando por unos llanos, y -aun de mala gana me decian si erraba el camino. Y habiendo andado todo -el dia bien desconsolado, sin saber dónde habia de ir á parar, ya que -se ponia el sol, ví venir atravesando el camino un caballero con un -halcon en la mano, y como me vió, paróse en el camino hasta que pudiese -emparejar con él, que estuve buen rato, porque iba despeado, tanto como -triste y afligido. En llegando á él, mostrando alguna compasion, me -preguntó si era soldado, respon<span class="pagenum" id="Page_318">[p. -318]</span>díle que sí, y díjome que estaba lejos de allí el -alojamiento donde yo podia llegar aquella noche; que le siguiese hasta -una casería suya, donde me albergaria hasta la mañana. Seguíle, aunque -con alguna sospecha, pero acordándome que la gente principal siempre es -acompañada de buen término, verdad y misericordia, quitóseme el recelo -que podia tener con otra compañía.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c318.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_6"> - <p><span class="pagenum" id="Page_319">[p. 319]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c319.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO VI.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">E</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Entramos</span> por unos jardines -muy grandes que estaban cerca de su casería, aunque mal cultivados y -llenos de yerba que la misma naturaleza criaba acaso, llegamos á la -casería, donde salieron á recibirle unos criados llenos de silencio -y melancolía. Entramos en una casa, aunque de grande edificio, muy -desordenada de cosa que pudiese dar gusto, sino con unas colgaduras -negras y viejas, los sirvientes mustios, mudos y callados, y todo lo -de la casa lleno de luto y tristeza. Yo estaba suspenso y embelesado -de ver un aplauso tan lleno de horror y desconsuelo, y no seguro, -sino sospechoso de algun daño mio. El caballero tenia un semblante de -hombre que traia quebradas las alas del corazon, y no mandaba cosa á -los criados de palabra, sino con solo el semblante, aunque furioso, -macilento. Llamóme á cenar, de que yo tenia muy gentil gana; como dije, -estaba algo sospechoso, por mi poca suerte, de alguna novedad. Cené -con tanto silencio como el caballero que estaba frontero de mí, que -nunca más bien me supo el callar, porque saqué<span class="pagenum" -id="Page_320">[p. 320]</span> el vientre de mal año á costa de -la suspension con que el caballero cenó. Yo no osaba preguntarle -cosa, porque el verdadero camino para conservarse los hombres es -transformarse en el humor de aquellos con quien tratan, y como no -podemos saber los secretos del corazon ageno, habemos de aguardar á que -por alguna parte rompa el silencio; que es yerro escudriñar las cosas -de que no nos dan parte, especialmente con personas poderosas, cuya -voluntad se gobierna con el poder y el apetito. Al fin acabada la cena, -y echados de allí los criados, con una voz baja, que parecia salirle -de las entrañas, me dijo de esta manera: ¡Dichosos aquellos que nacen -sin obligaciones, porque pasarán con suerte mala ó buena, sin darles -cuidado mirar por las agenas y desvelarse en pensar qué dirán de la -suya! El pobre soldado en cumpliendo con hacer lo que le toca se va á -descansar á su lecho. El oficial y todos los demás de este género en -habiendo acabado su ministerio hallan descanso en la ociosidad. Mas ¡ay -de aquel que mirado de muchos ojos, respetado de muchas gentes, rendido -al parecer de muchos juicios, sujeto al murmurar de muchas lenguas, -no puede acudir á la sombra de sus obligaciones! Yo he querido, señor -soldado, descansar con vos en daros parte de mis lamentables desdichas, -no porque me faltara con quien descansar, sino porque las desventuras -no se han de comunicar con testigos tan cercanos que cada dia puedan -renovarlas. Que hace mal pecho y cria mala intencion representarse -á los ojos el testigo de los daños propios. Y asegúroos que ninguno -de estos sirvientes sabe la causa de mis infelicidades, que aunque -los veis andar tan amedrentados, no saben más de lo que leen en el -sobre escrito de mi rostro. Yo soy un caballero que tengo algunos -vasallos y hacienda para poder pasar y vivir con descanso, si la<span -class="pagenum" id="Page_321">[p. 321]</span> hacienda lo puede dar, -con las obligaciones que trae consigo: nací inclinado, no á las córtes -ni bullicio popular, que culpa la vida y entretiene el tiempo, sino -á la soledad, usando ejercicios del campo, como es la agricultura, -huertas y jardines, pesca y caza de montería y volatería, en que -he gastado algunos años y toda mi renta con mucho gusto, y algunas -buenas obras usadas con caminantes. Pasé mucha parte de mi juventud -sin matrimonio, teniéndolo por pesada carga y ocupacion excesiva para -la ejecucion de mis ejercicios; pero como las mudanzas en el mundo -son forzosas, y el cielo tiene dispuestas nuestras vidas con diversos -accidentes, de bien en mal, y de mal en peor, ó al contrario; sucedió -un dia que yendo á caza con un halcon en una mano y un corazon en otra -para cebarlo, me arrebataron el mio de improviso, dejándome en él una -idea que ni se ha borrado, ni se borrará para siempre jamás. Fué de -esta manera, que pasando á la vista de Crema salió por un callejon de -unas huertas uno de los más bellos rostros, y de mayor magestad que en -persona mortal jamás se ha visto: quise seguirla, y al mismo punto se -tornó á encerrar en las huertas. Yo admirado de tan extraordinaria y no -vista belleza, informéme con gran cuidado de su estado, nacimiento y -bondad, y despues de averiguado todo, hallé que era doncella honesta, -hija de muy humildes padres. Parecióme que no seria dificultoso el -rendirla á fuerza de presentes, promesas y dádivas, que suelen rendir á -las peñas más encumbradas. Visitéla por medio de algunas señoras, que -no rehusan de usar de este ministerio para acudir á hacer amistades á -quien las obliga con regalos. Íbanse en una carroza en achaque de ver -las huertas, y con darle muchas baterías, nunca pudieron darle asalto -á la fuerza de su honesta castidad. Vine á extremo que no pudiendo -sufrir la vio<span class="pagenum" id="Page_322">[p. 322]</span>lencia -de mi estrella me fuí en la carroza con las dueñas, en su mismo traje, -que en las barbas, habia poca diferencia de mí á ellas, por ser mozo -y lampiño, y fué para acabarme de matar. Porque en viéndome en la -compañía de ellas y cerca de su persona, de nuevo me abrasé con el -encanto de sus dulcísimas palabras, pronunciadas en mi favor, en que -dijo: Quien trae tal dueña consigo, tan apacible y hermosa, otras -fuerzas sabrán conquistar de más excelencia que esta triste y humilde -sabandija. Estas palabras, y ver en aquel pobre traje tanta limpieza y -aseo, tanta gallardía acompañada de vergonzosa gravedad, con esta tan -honrada resistencia, con otras mil cosas que en ella resplandecian, me -forzaron á acudir al último remedio, que fué pedirla para mi esposa, -y para atajar discursos de historia tan lamentable, recibíla por mi -mujer, y recogíme con ella á esta casería, donde viví con ella con -tanto amor y gusto de su parte y de la mia, que no sufria una hora de -division.</p> - -<p>El dia que iba á cazar, á la vuelta la hallaba llorosa, y con unas -ansias y desconsuelos que me regalaba el alma, y me obligaban de nuevo -á quererla como cosa divina: seis años que pasé en este gusto, bien -pudieran ser envidiados de todos los pasados y presentes; que fueron -tales, que solo un desagradecimiento de un pecho bajo y mal nacido -pudiera atajar tan bien fundados principios. Estaba cerca de aquí un -hombrecico, aunque sin calidad, de buenas partes, no consumadas, sino -apuntadas, porque sabia un poco de música, y otro poco de poesía: -preciábase de ser hombre de hecho, y en el pueblo donde vivia no era -estimado, ni hacian caso de su persona. Trújele para guarda de la -mia, y para comunicacion de algunos ratos desocupados en que me hacia -compañía. Adornéle de vestidos, dábale mi mesa, era el segundo poseedor -de mi<span class="pagenum" id="Page_323">[p. 323]</span> hacienda, y -en resolucion levantéle del polvo de la tierra á ser hombre principal, -igual con mi persona: antes y despues de descansado, siempre que yo -iba á caza iba en un rocin conmigo, y si se cansaba, tornábase á la -casería; esto era despues de cansado, en el cual tiempo él tenia lugar -de hablar con mi esposa, de que yo jamás tuve sospecha, porque él -era un hombre pequeño de cuerpo, falto de facciones, dientes anchos, -manos gruesas, falto de virtudes morales, inclinado á la detraccion y -cizaña; aunque despues no le dejaba volverse de la caza hasta que yo -tornase, más por cumplir con el mundo que por mala satisfaccion que -de él tuviese. Despues de esta privacion, aparecíase todas las noches -que yo venia una fantasma en los jardines que alborotaba los perros y -espantaba á los criados. Yo, aunque venia cansado, levantábame á mirar -todos los rincones de los jardines antes de volver á mi cama, por si -topaba la fantasma. Y en saliendo de mi cama, mi esposa se encerraba -por de dentro. Duró esta fantasma muchos dias y algunos meses, pero -notaba que los pocos dias que me dejaba en la caza no habia fantasma -á la noche, ni yo podia imaginar dónde se recogia, hasta que una -noche, habiendo venido de cazar, le dije á un criado que se estuviese -á la puerta del jardin, y tuviese gran cuenta con aquella vision. -Encerréme en mi aposento con mi esposa, esperando si tornaba como las -demás noches, cuando comenzaron los perros á hacerse pedazos ladrando, -porque la fantasma era tan grande que llegaba á la ventana y tejados: -levantéme con toda la priesa que pude, y encontrando al criado que -habia dejado á la puerta del jardin, me dijo: No se canse vuesa merced, -que la fantasma es Cornelio, su gran privado, que hace este embeleco -porque mientras vuesa merced sale, él está con mi señora haciendo -traicion á vuesa<span class="pagenum" id="Page_324">[p. 324]</span> -merced; el cómo, y por dónde entra yo no lo sé, si no es que algun -demonio le ayude; pero sé que es verdad, y há muchos dias que pasa. -Fué tan encendido el furor que se me esparció por las entrañas, que -arrebatándole por el cuello del jubon le dí de puñaladas, diciéndole: -Porque no lo digais á otro, y porque á mí me lo decís despues de hecho; -echéle en una bodeguilla, y cerré la puerta con la llave maestra de la -casa y del jardin, y sosegándome contra mi condicion, abrasado el pecho -y las entrañas de celos y deshonra fuíme paso entre paso para llegar -más quieto: llamé á la puerta donde estaba mi esposa, y mostrando mucho -temor, preguntó si era yo la fantasma; al fin en conociéndome abrió -la puerta, y viéndome mudado el color, que por más que disimulé me lo -conoció, me dijo: Señor mio, ¿qué mudanza de rostro es esa? Maldiga -Dios la fantasma y quien la inventó, que tan inquieto os trae y me -trae. Disimulé lo mejor que pude, diciendo que era nada, y acostándome -en mi cama, ella con sus acostumbradas caricias procuró aquietarme, con -que yo puse en duda su daño y el mio. Dormí poco y mal con la batalla -sangrienta que traia en mi pecho. Levantéme en siendo de dia, llamé -los criados de caza, y á Cornelio, con el mejor semblante que pude; -fuimos al campo, y en todo el dia no hallé cosa de volatería para las -aves, ni caza para los perros. Túvelo por mal agüero, y allá á la -tarde el traidor de Cornelio fingióse malo, por tornarse á la casería; -enviéle, y mandéle que dijese á mi esposa que tenia una garza echada -tres leguas de allí, y no podia aquella noche irla á acompañar; pero -que en amaneciendo habia de dar sobre la garza. Él fué muy contento con -este recado, y yo quedé con una grande máquina de pensamientos sobre la -determinacion que habia de tomar.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c120.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_7"> - <p><span class="pagenum" id="Page_325">[p. 325]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c325.jpg" - alt="Ilustración" /> - </div> - <h3 class="mt-3">DESCANSO<br /> VII.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">S</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Siendo</span> ya bien tarde, que -queria anochecer, envié los criados á parar la garza, y siendo de -noche, víneme con todo el silencio que pude á la casería, y entrando -por una puerta falsa del jardin con la llave maestra, fuíme derecho -al aposento de Cornelio, y abriéndolo, no lo hallé dentro, sino el -aposento con luz encendida. Tomé la luz, y fuí por una sala que -estaba pegada á su aposento, buscándole si parecia por allí: anduve -toda la sala, y fuí al remate de ella, que iba á dar á otra sala baja -en cuyo alto estaba la estancia mia y de mi esposa: ví una escalera -arrimada á la pared que llegaba hasta mi estancia, y en el remate de -la escalera abierto un boqueron por donde cabia un hombre muy bien, -que estaba tapado con un lienzo del Ticiano, del adulterio de Venus y -Marte. Hasta entonces no habia creido mi daño. Aparté la escalera de -allí con intencion que no tuviese por donde bajar, y como un trueno -acudí á mi estancia, y lla<span class="pagenum" id="Page_326">[p. -326]</span>mando para cogerlos descuidados, mi esposa me vino á abrir -la puerta, y él fué muy de priesa á poner los piés en la escalera, y -poniéndolos en el aire, dió con su persona abajo, quebrándose ambas -piernas por las rodillas. Torné á cerrar la puerta de mi estancia, y -fuí á recibir al caido, que iba arrastrando con las manos como toro -español desjarretadas las piernas, y díjele: Ah traidor, ingrato á los -bienes recibidos, este es el pago que llevan los falsos desconocidos; -y arrimándolo á un madero de la escalera, despues de haberle dado -muchas puñaladas, le dí garrote, y con la misma furia subiendo á dar de -puñaladas á mi esposa, se me cayó la daga de las manos, y todas cuantas -veces intenté hacerlo me hallé incapaz de mover el brazo para herir -aquel cuerpo que tan superior habia sido á mis fuerzas. Al fin bajéla -abajo, y poniéndola junto á su amante, ya que no pude hacerla otro -daño, maniatéla de piés y manos, y á él saquéle el corazon, y púselo -entre los dos para que ella viese todos los dias el corazon donde tan -á su gusto habia vivido. Y al otro criado muerto lo traje arrastrando, -y le dije: Veis aquí el testigo de vuestro delito. Torné á quererla -matar, y se me tornaron á desjarretar los brazos, y al fin determiné de -matarla con hambre y sed, dándole cada dia media libra de pan, y muy -poca agua. Hoy hace quince dias que no ha visto luz, ni oido palabra -de mi boca, ni ella me la ha hablado, con darle yo esa miseria con -mis propias manos. Y á mí no me parecen quince dias, sino quince mil -años, y en cada dia he pasado quince mil muertes. Este es el miserable -estado en que me hallo, desamparado de todo aquello que me puede dar -consuelo, y tan rematado, que quisiera que Dios me hubiera hecho un -hombre desechado del mundo, desnudo de obligaciones, para irme donde -jamás hubiesen habitado gentes. Y pues os he<span class="pagenum" -id="Page_327">[p. 327]</span> hecho y dado parte de lo que nadie sabrá -de mi boca, tambien quiero que veais por vuestros ojos lo que tiene tan -sin luz á los mios, y tan sin esperanza de volverla á ver. Y tomando -una vela con un candelero me dijo que le siguiese, y pasando por un -pedazo de jardin, abrió la puerta donde estaban encerradas todas sus -desdichas. Representóseme luego uno de los más horrendos espectáculos -que los ojos humanos han visto. Un hombre arrastrado con muchas -puñaladas en el cuerpo, otro despedazado, por el costado abierto, y el -corazon puesto en un escalon, junto á uno de los más bellos rostros que -naturaleza ha criado. Y para mayor ocasion de dolor sucedió, que en -abriendo la puerta se entraron tras él algunos perros, que en viendo -á la desdichada de su esposa llegaron á lamerle las manos y rostro, -y hacerle tantas caricias que á mí se me enternecieron los ojos y al -marido las entrañas y el alma. Viendo la ocasion de su terneza, le -dije: Señor, yo no os he hablado palabra, ni replicado cosa que me -habeis dicho, por no haber visto en vuestra pasion puerta abierta, ni -por haberme vos dado licencia. Pues ahora, dijo el caballero, os la doy -para que digais todo cuanto os pareciere. Y desechado todo el temor por -su terneza, le dije estas palabras: Vos, señor, me habeis confesado -que la primera idea que se os entró en el alma del amor de vuestra -esposa, ni se ha borrado ni se borrará para siempre jamás. Tambien me -habeis dicho que este negocio, falso ó verdadero, nadie lo ha sabido -sino estos dos que ya no pueden publicarlo, y la honra ó infamia de -los hombres no consiste en lo que ellos saben de sí propios, sino en -lo que el vulgo sabe y dice; porque si lo que los hombres saben de sí -mismos entendiesen que lo sabe el mundo como ellos lo saben, muchos -ó todos se irian adonde gentes no los viesen. Vos habeis atajado con -la<span class="pagenum" id="Page_328">[p. 328]</span> muerte de -estos lo que se podria decir. Teneis á vuestra esposa viva, y quizás -sin culpa, pues en cuantas veces la habeis querido matar no habeis -podido. No os digo más sino que mireis la terneza que han causado las -caricias y blandura que estos perros están usando con ella. Antes que -el marido respondiese palabra, ella alentándose, y sacando una voz -cansada del profundo pecho, como si saliera de algun sepulcro, dijo: -Señor soldado, no gasteis palabras en vano, porque ni yo estoy para -vivir, ni por cuanto cubre el sol querria tornar á ver su luz. Pero por -si alguna vez espantado de tan horrible caso os viniere á la memoria -el referirlo, sepais la verdad, porque ni condeneis la crueldad de mi -esposo, ni divulgueis la infamia que yo merezco. Estos dos hombres han -merecido justamente las muertes recibidas. Aquel arrastrado, porque -dijo lo que no vió, ni pudo ver. Y este despedazado no por lo que hizo, -sino por lo que intentó hacer como traidor, desagradecido al mucho -bien que mi esposo y señor le habia hecho, que procedió con tantas -diligencias que yo entendí que tenia pacto con algun demonio, porque -le veia en mi propia estancia sin saber por dónde habia entrado, mas -de que lo ví salir por debajo de una tabla de pintura, y preguntándole -qué queria, me respondia: que venia á entretenerme por la ausencia de -mi esposo y señor. Yo no le dije palabra mala por sus pretensiones: lo -uno, porque yo jamás la he dicho á nadie; lo otro, porque despues que -vió mi entereza no dijo más palabra deshonesta. Y, si me culpare mi -esposo y señor porque no le avisé de ello, diré que aun viéndole con -enojos muy livianos me despulsaba hasta verle fuera de ellos, cuanto -más decirle una cosa que tan al alma le habia de llegar, y no tenia -reino, ni imperio el mundo por quien yo manchase mi honra y el lecho de -mi esposo<span class="pagenum" id="Page_329">[p. 329]</span> y señor: -y por la piedad que en vos he conocido, y por la verdad que os he -dicho, os suplico que le rogueis que no me alargue la vida, sino que me -abrevie la muerte, para que vaya presto á presentar este martirio en la -presencia de Dios.</p> - -<p>Desde el punto que comenzó á hablar la desdichada, tanto como -hermosa, fueron tantas las lágrimas que derramó el marido, que viendo -la ocasion, le dije: ¿Qué os parece de esto, señor caballero? Á -lo cual sollozando me respondió: Que de la misma manera que os dí -licencia para hablar, os la doy para que hagais lo que os pareciere -que me está bien. Al punto cogí mi daga y corté las ligaduras de -aquellos hermosos, aunque debilitados miembros, que lo estaban tanto, -que sin poder tenerse, se cayó sobre mi pecho, y despues se asentó -en el suelo, como á descansar del gran martirio que habia pasado. -El marido se arrojó de rodillas ante ella, y besándole las manos y -piés le dijo: Esposa y señora mia, pues no tengo que perdonaros, os -pido perdon con toda humildad del mundo. No pudo responder, porque -con el descanso le dió un desmayo, tal que yo entendí que quedaba -muerta, y levantándose el marido con mucha priesa, trujo muchas cosas -confortativas, con que la que habia quedado como azucena volvió en -un instante á estar como una rosa, que abriendo unos suavísimos ojos -zarcos y verdes, dijo al marido: ¿Por qué, señor mio, me habeis -querido tornar á esta desdichada vida? Porque no se acabase la mia, -respondió él; y cogiéndola entre los dos la llevamos á su estancia, -donde fueron tan grandes los regalos y beneficios que se le hicieron, -que al fin la reservaron de la muerte. De todo esto que aquella noche -pasó, ningun criado fué testigo. Á la mañana le pedí licencia para -irme, para seguir mi viaje; no me dejó ir en veinte dias, que lo hube -bien menester<span class="pagenum" id="Page_330">[p. 330]</span> -para el cansancio del camino, y para el horror que habia concebido de -tan triste historia y espantoso espectáculo. Que de arrebatarse de -su pasion, sin hacer reflexion en considerar si pudiera ser falso, -hizo aquellos homicidios, y llevaba camino de acabar con la inocente -é inculpable mujer, con que viviera inquietísimo, si viviera, y ella -quedára infamada de lo que no habia cometido; que el caballero se -engañase con tantas apariencias de verdad, lastimado de la honra y de -los celos, raíz de tantos y tan exorbitantes males, no es maravilla; -pero que sea tanta la insistencia ó pertinacia de un pecho doblado y -lleno de cautelas, que por llevar su intencion al cabo, lo que habia -de gastar con inquietud, lo gaste en estratagema, trazas y bullicios, -en ofender la honra agena, y poner en peligro su vida, cosa es que -espanta, que parecen estos hombres cautelosos hechos de diferente masa -que los otros. Mas parece que anduvo muy arrebatado en dar puñaladas -al que le dió la nueva, y que pudiera con aquella revelacion averiguar -la verdad sin precipitarse. Mas la misma naturaleza, que la razon, -le llevó á hacer aquel castigo justo por muchas causas. La primera y -principal, porque es maldad de perversa intencion, y entendimiento -corrupto, y de conciencia derramada, decir un hombre las faltas agenas -de que no ha sido testigo. Lo otro, porque dar malas nuevas á nadie -de lo que le ha de pesar, parece que es tener gusto de los males del -amigo á quien lo dice. Lo tercero, porque chismosos y congraciadores -con su cizaña tienen destruida la mitad del mundo. Hay tambien que -notar aquí el gran sufrimiento de aquella tan hermosa como agraviada -mujer, que cuantos golpes le dió la fortuna, viéndose ya á la puerta -de la muerte, ni perdió la paciencia á sus desdichas, ni el respeto á -su marido. Ojalá todas supiesen cuánto les importa saber tenerla<span -class="pagenum" id="Page_331">[p. 331]</span> para conservar la paz de -su casa y el amor de sus maridos; que les parece que es menos honra no -dar tantas voces como ellos siendo más poderosos. Yo habia quedado tan -escandalizado y sin gusto de lo que habia oido y visto, que aunque me -rogaron encarecidísimamente que me quedase allí por toda la vida, ó -por algun tiempo, no pudo acabarse conmigo; pero neguéselo dándoles á -entender que iba muy contento de la obligacion en que me habia echado, -loando mucho al caballero el valor que habia mostrado en reparar su -honra, y á ella la entereza y conservacion de su reputacion. Dentro de -los dias que allí estuve eché de ver la razon que tenia el marido de -estar muy enamorado de aquel apacible y divino semblante, tan lleno -de gravedad honesta, que cierto en la hermosura del rostro, gallardía -del cuerpo, mansedumbre de condicion y suavidad de costumbres, era -un retrato de doña Antonia de Calatayud. Yo para asegurarme del todo -del temor que pudiera haber concebido, y dejarlos gustosos, les dí -palabra de volver á su servicio, ó á su casa en acabando mis negocios -en Venecia, y con esta condicion me dejaron ir, que como yo tenia -algun temor de algun daño de su parte, ellos lo tenian de mí porque -no revelase lo que habia visto; que todo este artificio han menester -los que son testigos de daños agenos, y no les ha de parecer que son -señores de las personas cuyos secretos saben. Que se ven grandes daños -y se han visto en esta máquina sobre las personas que han revelado -secretos. Al fin yo me despedí de ellos con mucho beneplácito suyo, y -regalo que me hicieron. Cogí mi camino encomendándome á Dios, espantado -de tan nuevo suceso, y lleno de tantas desdichas; pero muy contento -de verme libre de tan intrincado laberinto, y loando mucho en mí la -honra y estimacion de las mujeres italianas principales, y el recato -con que se guar<span class="pagenum" id="Page_332">[p. 332]</span>dan -y las guardan. Habíame apartado ya cosa de una milla de los jardines, -volviendo atrás muchas veces la cabeza hasta que los perdí de vista, -que me pareció que estaba ya cien leguas de ellos; cuando ví venir -dos hombres á caballo á toda priesa hácia mí; miré si en todo aquel -llano habia alguna poblacion ó casa adonde recogerme y ampararme, y -víme tan solo, que no pude tener recurso para huir, porque yo entendí -realmente que ellos se habian arrepentido en dejarme venir, habiendo -sido testigo de todo lo pasado. Yo comencé á llamar á Dios en mi favor, -porque cuanto más andaban los caballos más crecia mi temor. Al fin ya -que llegaron cerca de mí, parecióme esperar su determinacion. Llegaron -con el peor término del mundo, y dijeron: Téngase, señor soldado. Yo -respondí: Tenido soy para lo que vuesas mercedes mandaren.</p> - -<p>Eran dos hombres con dos escopetas, y unos cuchillazos de monte -con que desollaban los animales; las caras tostadas, las palabras -desapacibles, como dichas á español que iba solo, y á pié. Porque -preguntándoles qué era lo que mandaban, respondieron con el peor modo -del mundo: No le mandamos nada, que atrás viene quien se lo mandará; -con que me hicieron temblar y confirmar mi temor. Pero señores, les -dije, ¿qué ofensa hice yo al señor Aurelio, para que de este modo me -traten? Él se lo dirá, respondieron. Yo dije: Déjenme seguir mi camino, -señores. Y dijo el uno: Estése quedo, sino arrojaréle dos balas en el -cuerpo. Yo eché de ver que no se podian llevar por humildad, y hice -una cuenta entre mí: si estos vienen á matarme poco ha de aprovecharme -la humildad, porque aquí no hay segundo lance para la disimulacion; -y si no vienen á matarme, no quiero que me tengan por cobarde. Y así -en diciendo de las dos balas, poniendo mano á la espada de él, dije: -Pues si me tirare, aciér<span class="pagenum" id="Page_333">[p. -333]</span>teme; sino por vida del rey de España que les tengo de -desjarretar los caballos, y hacer pedazos las personas. Bravata de -español, dijo el uno de ellos. En esto llegaba ya el caballero en un -gentil portante, y como vió la espada desenvainada, preguntando qué -era, le respondí: No sé yo en qué se puede fundar una cosa tan injusta -como querer dar la muerte á quien ha querido dar la vida. No entiendo -ese lenguage, dijo el caballero. Los criados se sangraron en salud, -diciendo: Señor, como nos enviasteis á detenerlo, que él queria pasar -adelante, entonces le amenazamos con una pistola, y él á nosotros con -decir que nos haria pedazos á nosotros y á los caballos. Á lo cual -respondió el caballero: Yo no os envié á detenerlo para hacerle mal, -sino para hacerle bien, que no me espanto que á dos hombres que yendo -á caballo, y bien puestos queriendo tratar mal á un hombre de á pié, -solo y honrado, se les atreva á eso y á mucho más. Apeaos vos del -caballo, y dadle esa escopeta al soldado español, y suba en el caballo, -y acompañadle hasta Venecia; y si os enviare luego, volveos, y sino -esperadle, y díjome á mí: Señor soldado, la confusion, causada por mis -trabajos, hizo que me descuidase de mi obligacion, y mi esposa con su -angélica condicion, enamorada de vuestra piedad y olvidada de mi rigor, -os envia en esta bolsita cien escudos para vuestro camino, y esta joya -de su misma persona, que es una cruz de oro, esmeraldas y rubíes; y -queda con esperanza de tornar á ver quien reparó tanto derramamiento de -sangre. Arrojéme á sus piés, agradeciéndole tanto bien y honra, y subí -en mi caballo, llevado por el mozo de mulas que me habia querido matar. -Llegué á Venecia tan rico, á mi parecer, que la podia comprar toda. -Díjele á mi mozo de mulas que me llevase á una muy gentil posada, como -práctico en la ciudad, y entrando en ella, no ví<span class="pagenum" -id="Page_334">[p. 334]</span> la hora de echarlo de mí, porque yo lo -traia de tan buena gana conmigo como él venia: reposé aquella noche, y -á la mañana despedílo.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c334.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_8"> - <p><span class="pagenum" id="Page_335">[p. 335]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c335.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO VIII.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">M</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Miré</span> con grande admiracion -la grandeza de aquella república, que siendo tan rica y de tanta -estimacion, que se persuaden á que tienen más razon de desvanecerse -que todas las naciones del mundo, no lo parecen en el trato de sus -personas, porque andan tan desautorizados, que quien no los conociere, -no los estimará en lo que son. Y para la vanidad suya pasó un cuento -gracioso entre un noble veneciano y un portugués, gente idólatra de -sí propia, que no estima en nada el resto del mundo; y fué, que yendo -yo á pasar por una puentecilla pequeña, que llaman del Bragadin, me -detuve, porque venia un magnífico detrás de mí; túvele respeto, porque -ellos quieren que se le tengan; y de la otra parte de la puente venia -un portugués, de razonable talle, mirando hácia el horizonte, con -unos guantes de nutria en las manos, y unas botas arrugadas en las -piernas, muy tieso; de suerte, que llegando al medio de la puentecilla -el magnífico entendió que el portugués le hiciera la cortesía que era -de razon por estar en su tierra, y el portugués<span class="pagenum" -id="Page_336">[p. 336]</span> queria lo mismo estando en el agua. -Sucedió, que llegando al medio de la puente ambos con mucha magestad -chocaron; y por no caer en el agua, el portugués apretó, y el -magnífico no osó ladear; cayeron los dos, el magnífico de espaldas, -que era delgado de piernas, y el portugués de pechos, que por poco no -dieron ambos en la mar. Levantóse el portugués de presto, limpióse el -polvo con los guantes de nutria, y el magnífico las calzas de lacre, -limpiándose las espaldas; y despues de limpios paráronse á mirar el -uno al otro, y habiéndose estado un rato suspenso, dijo el magnífico -al portugués: ¿É vu sabi che mi sono veneciano, gentil huomo patricio? -Y el portugués al mismo tono respondió, ó preguntó: ¿É vos sabedes que -eu saon portugues fidalgo evorense? El veneciano con mucho desprecio le -dijo: Ande el bordel, beco cornuto. Y el portugués, dando con el pié, -le respondió: Tiraivos la, patife. Fué cada uno su camino, volviendo -el rostro atrás; el magnífico, señalando con el dedo al portugués, -diciendo con mucha risa: No va il, pazzon. Y el portugués al mismo -modo, decia: Ollay, ó parvo. De suerte, que yo no pude averiguar cuál -fué más fantástico y loco de los dos, aunque está la presuncion por -el portugués, por haberse atrevido en tierra agena, y donde tan poco -amados son los españoles; que alabando á los venecianos su ciudad -dicen, que no hay en ella calor ni frio, lodo ni polvo, moscas, ni aun -mosquitos, pulgas ni piojos, ni aun españoles. Son tan estadistas, que -para lo que aman y han menester, no hay encarecimiento en el mundo de -que no usen: y para lo que aborrecen no hay palabras tan obscenas de -que no se aprovechen.</p> - -<p>Llegó un noble de aquellos á comprar un poco de pescado, y con -grandes caricias y amores le preguntó el pescador, sin conocerlo, -cómo estaba su mujer é hi<span class="pagenum" id="Page_337">[p. -337]</span>jos; y á él le dijo que era muy hombre de bien; pero en no -queriendo darle el pescado al precio que él queria, le dijo que era un -cornudo, y su mujer una putana, y sus hijos unos bardajes. Ví otras -cosas allí muy de notar, en razon á la superioridad que les parece -que pueden tener por su antigüedad y gobierno. Fuíme á mi posada á -la hora de comer y apenas hube llegado cuando, habiendo comenzado la -comida, me dijeron que me buscaba una señora principal en una silla, -diciendo: ¿Dónde está aquí un soldado español? Ví que no habia otro -sino yo, levantéme, y fuí á ver lo que me mandaba; ví salir una mujer -de la silla, de muy gentil talle y muy hermosa, y no menos bien -aderezada, que con muy grandes caricias, palabras dulces y regaladas, -me dió la bien venida, de que yo quedé dudoso y confuso, entendiendo -que realmente me hablaba por otro, y así le dije: Señora, no me -hallo digno de tan grande y autorizada visita como esta; suplícoos -que advirtais bien si soy á quien buscais. Ella respondió con alegre -semblante, echándome los brazos al cuello: Señor soldado, bien sé á -quién busco, y á quién he hallado. Yo soy la señora Camila, hermana del -señor Aurelio, de cuyas manos recibí anoche una carta, en que me manda -que os hospede y regale, no como segunda persona, sino como á la suya -misma, todo el tiempo que gustáredes estar en Venecia. Yo respondí: -Bien creo que de un tan excelente caballero me ha de venir todo el bien -del mundo, y comenzando por tan gallarda y discreta señora, habrá de -suceder todo bien. Ea, pues, dijo ella, seguidme, que aunque toda esta -mañana no he podido dar con vuestra posada dejé mandado en la mia que -os tuviesen aderezada la comida, como para tal persona. Y rehusándolo -yo, por tener ya hecho el gasto, dijo: que habia de hacer por fuerza -el mandamiento de su herma<span class="pagenum" id="Page_338">[p. -338]</span>no: y así pagando lo que debia en la hostería me llevó -consigo, no dudando yo en lo que decia; pero fuí imaginando si acaso -seria traza de su hermano, para ejecutar en Venecia lo que no habia -hecho en su casería. Mas ella me llevó con tanta blandura y amor á su -casa, que se me quitó cualquiera imaginacion y sospecha. Entramos en -una sala muy bien aderezada, donde hallé puesta la mesa con muchos y -muy escogidos mantenimientos, en que me entregué tan de buena gana como -lo habia menester; porque fuera de ser muy á gusto la comida, la partia -y repartia la señora Camila con aquellas argentadas manos, no cesando -de encarecer la voluntad y fuerza con que el señor Aurelio, su hermano, -se lo habia mandado. Despues de haber comido sacó una carta firmada de -Aurelio, en que decia estas palabras: «Con cuidado me dejó un soldado -español, huésped mio, cuyas acciones descubrian ser hombre principal; -no le regalé como quisiera, si bien vuestra hermana y mi esposa le -envió al camino una bolsilla de ámbar con cien escudos, y de su persona -una cruz de oro, rubíes y esmeraldas, que no pudo más por ahora: -buscadle, dándole el hospedaje y regalos que á mi propia persona, sin -dejarle gastar cosa alguna en todo el tiempo que estuviere en Venecia; -y si hubiere de volver acá, dadle lo necesario para el camino.» Yo, -con las señas de la carta, acabé de enterarme en creer que era verdad -cuanto la señora Camila me decia, y los regalos recibidos y los que -habia de recibir eran por cuenta de aquel gran caballero Aurelio. -Díjome luego que trujese mi ropa ó maleta á su casa; porque en todo el -tiempo que estuviese en Venecia ni habia de comer ni dormir fuera de -ella, ni gastar sino á su costa. Halléme obligadísimo, y díjele, que -yo no habia traido maleta, ni otra prenda, sino á mi persona gentil; y -ella mandó á una criada que me<span class="pagenum" id="Page_339">[p. -339]</span> trujese un cofrecillo pequeño para dármele. Trújolo, que -era labrado con toda la curiosidad del mundo: dióme la llave de él, -y dijo que echase allí mis papeles y los guardase, porque en Venecia -habia mucho peligro de ladrones: holguéme de ver el cofrecillo, y -encerré dentro de él mis papeles y dineros, y la joya, que ella se -holgó mucho de ver, y le dió mil besos por haber sido de su cuñado, -á quien ella dijo que queria infinito. Eché la llave al cofrecito, y -roguéle que lo guardase. Ella dijo, que mejor estaria en mi poder, -por si queria sacar dineros, aunque no los habia menester mientras -estuviese en Venecia. Yo le respondí, que para haberlos menester ó no, -mejor estaban en su poder que en el mio. Y al fin porfiando, aunque -ella lo escusó, le hice que me le guardase. Á la noche me tuvo muy -gentil cena, autorizándola con su gallarda presencia, que realmente era -muy hermosa. Pasé aquella noche muy contento, por haber comido á costa -de una tan gentil dama.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c339.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_9"> - <p><span class="pagenum" id="Page_340">[p. 340]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c340.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3 class="aizq mt-25">DESCANSO IX.</h3> -</div> - -<div class="drop pt1"> - <p class="fs300 lh80 ti0">E</p> -</div> - -<p class="icap pt1"><span class="smcap">En</span> amaneciendo vino á -visitarme, preguntándome cómo me habia hallado, y si habia menester -alguna cosa la pidiese con libertad, porque ella iba á hacer una -visita á una gran señora, y que si ella no tornaba á comer sus -criados y criadas me regalarian. No vino á comer, ni en todo el dia -pareció. Esperé hasta la noche: tampoco vino. No dejé de tener alguna -pesadumbre, dando y tomando en si podia por algun camino ser traza -ó cautela; porque ella me habia dicho que en Venecia no me fiase de -ninguna mujer, por principal que me pareciese, porque me habian de -engañar; pero considerando que aquellas señas de aquella carta por -ningun camino podian saberlas sino del mismo Aure<span class="pagenum" -id="Page_341">[p. 341]</span>lio, me sosegué. Por la mañana, como no -me visitó á la hora que el dia antes, ni mucho despues, pregunté á una -sirvienta de la casa si era levantada la señora Camila, y respondióme -que no habia tal mujer en aquella casa. Repliquéle, y tornóme á -responder lo mismo. Pero otro sirviente, que debia de estar hablado, -acudió, y preguntóme que le queria, qué estaba en cierta visita de -una señora enferma. Fingí que me sosegaba con eso, y preguntándole al -otro sirviente á solas si era aquella casa suya, me respondió que no -sabia más de que habia alquilado aquella sala para un gran caballero -español. Callé, y fuíme á la primera posada á preguntar si conocian -aquella señora que me habia venido á buscar, ó si sabian dónde vivia, -y respondióme uno muy presto: Quien os podrá decir su casa mejor que -nadie es el que vino aquí con vos, que es con quien enviasteis el -caballo, porque él venia con ella mostrándole vuestro alojamiento; y -esa que vos teneis por gran señora es una ramera que vive de hacer -estafas y engaños. Sin replicar más palabras me salí desesperado de -verme despojado de mis dineros, joyas y papeles con la bellaquería del -que habia venido conmigo, que le habia dado las señas de lo que traia, -por donde fingió la carta que me mostró: pero visto que ella misma me -habia avisado del engaño que me habia de hacer, reportéme, y fuí á -ver si podia reparar el daño á la posada donde ella me habia llevado. -Y preguntándole al mozo que habia vuelto por ella si habia venido la -señora Camila, me respondió: Señor, aquí vino ahora, y como no os halló -se tornó á la enferma, pero mirad si la quereis algo, que yo la iré á -llamar. Quiérola, respondí yo, para que me dé unos papeles en que están -las señas de mi persona, porque tengo aquí una póliza de doscientos -escudos que cobrar de un cambio, y sin este papel que digo no se<span -class="pagenum" id="Page_342">[p. 342]</span> pueden cobrar. Dijo el -sirviente: Pues yo iré en un instante á avisarle de eso. Mientras él -iba yo fingí la póliza con las señas que en el pasaporte que traia de -Milan venian. Apenas acabé de escribir la póliza, cuando vino mi señora -doña Camila desalada, pensando coger los doscientos escudos con todos -los demás: y es de creer que habria visto ya papel de las señas él, -pues estaba en su poder, y tendria otra llave del cofrecito. Díjole -mi recado, y saqué la póliza del seno, y en mostrándosela envió á una -criada por el cofrecillo; torné de muerto á vivo, y díjele á la señora -que me buscase un caballero á quien diese poder para cobrar aquella -póliza, porque no queria que el embajador de España me la viese, porque -me conocia. Ella me trujo luego un rufianazo suyo, muy bien puesto, -diciendo que era un caballero muy principal. Díjele que trujese un -escribano para darle el poder; y la señora Camila, por más favorecerme, -dijo que queria que fuese de su mano. Fueron por él, y entretanto yo -cogí mi cofrecillo, y fuí á buscar un barco en que acogerme. Dejélo -concertado, y volví á la posada, donde hallé á la señora, y al rufo, y -al escribano; díles el poder y la póliza, y el papel de las señas, con -que quedaron muy contentos, y yo mucho más: y porque ya era de noche, -les supliqué que se cobrasen muy de mañana aquellos doscientos escudos, -porque queria hacer un gran servicio á la señora Camila. Fuí á pagar -al escribano, y no me lo consintió. Fuéronse, y yo torné á suplicarles -que fuese luego por la mañana la cobranza con mucho encarecimiento: -diéronme la palabra que á las ocho estaria cobrado.</p> - -<p>Al salir de la calle asoméme, para en saliendo ellos salir tambien -yo. Volvió el gayan la cabeza, riéndose de la burla que me hacia, -y como me vieron, torné de nuevo á encomendarles la brevedad de la -cobranza,<span class="pagenum" id="Page_343">[p. 343]</span> de que -ellos se rieron mucho, porque como antes le habia dado el cofrecillo -con sencillez, creyeron que todo fuera así. En trasponiendo la calle -cogí mi cofrecillo debajo de la capa, y fuíme á mi embarcacion; no -habia andado treinta pasos cuando me encontró aquel sirviente que -andaba en favor de la señora Camila, y preguntándome que á dónde -iba con tal priesa, respondíle que iba á llevar aquel cofrecillo á -la señora, que se acababa de apartar de mí por aquella calle abajo; -y señaléle una calle por donde, aunque anduviera toda la noche, no -toparia con ella. Dijo: Pues yo iré á avisarla de ello, vuélvase á -la posada. Él fué por su calle, y yo derecho al barco que me estaba -aguardando, con tan buenos alientos, que amanecimos treinta leguas de -Venecia, y contando á los pasajeros algo de lo que me habia pasado, -dieron en quién podia ser por el modo del engaño y el artificio de -que usó; pero cuando supieron que habia gastado en regalarme su -dinero, holgaron de saberlo para publicarlo en Venecia. No supe si -echaria la culpa á mi facilidad en creer, ó la fuerza de su engaño -en decir, porque aunque es verdad que es dificultoso librarse de -una cautela engendrada de una verdad clara y evidente, con todo eso -arguye liviandad el arrojarse luego á creerla; pero es tan poderoso -el embeleco de una mujer hermosa y bien hablada, que con menos -circunstancias me pudiera engañar. La facilidad en creer es de pechos -sencillos, pero sin experiencia, especialmente si la persuasion va -encaminada á provecho nuestro, que en tal caso fácilmente nos dejamos -engañar. Yo me ví rematado y perdido, no sintiendo tanto el agravio -de la persona como la falta del dinero, que tanta me habia de hacer; -y así no fué el ingenio quien me dió la traza, sino la necesidad, por -verme pobre y en tierra agena, y que ningun camino lícito y fácil -podia deshacer mi<span class="pagenum" id="Page_344">[p. 344]</span> -agravio, sino por otro engaño semejante ó peor. Mas Dios me libre de -una mentira con tantas apariencias de verdad, que es menester ayuda del -cielo para conocerla, y no rendirse á darle crédito. Aunque mirándolo -bien, ¿qué conocimiento, ó qué prendas de amistad ó amor habian -precedido entre aquella mujer y yo para que tan fácilmente gastase -conmigo su hacienda, y para que yo me persuadiese á que habia sencillez -en aquel trato? La resolucion de esto es que yo tengo por sospechosos -ofrecimientos y caricias de gente no conocida. Y es yerro sujetarse -á obligaciones cuyo principio no tiene fundamento; y así es lo más -cierto en semejantes ofrecimientos agradecer sin aceptar, que el mayor -contrario que un engaño tiene es no rechazarlo con darlo á entender, -sino en entendiéndolo, echarlo á buena parte, que el trato apacible -señorea todo lo que quiere. Y dos cosas hallo que grangean la voluntad -general y encubren las faltas de quien las usa, que son cortesía y -liberalidad, que ser un hombre pródigo de buenas cortesías y palabras -amorosas, y no miserable de su hacienda, siempre engendra buena sangre -y mucho amor en los que le tratan.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c344.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_10"> - <p><span class="pagenum" id="Page_345">[p. 345]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c345.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO X.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">Y</p> -</div> - -<p class="icap2"><span class="smcap">Yo</span> no me arrojé tanto á -la navegacion por saber qué viaje habia de llevar, como por huir de -aquella embustera y su traga sangre: y así me fué forzoso alargar mi -viaje más de lo que convenia para disponer mi camino para donde mejor -me estuviera. Topéme entre los pasajeros uno que dijo que iba huyendo -porque le habian levantado un testimonio muy pesado, y que habia puesto -agua en medio en tanto que ó se averiguaba la verdad, ó se deshacia el -mal nombre que habia cobrado. Tengo, le dije, por yerro notable volver -el rostro y dejar las espaldas que reciban los agravios y heridas, -cuyos golpes han de dejar cardenales irreparables. Que en tanto que -parece la presencia del agraviado, cada uno quiere más poner duda en -el caso, que no arrojarse á manchar la reputacion ajena. Y para la -averiguacion de los delitos, el mayor y más evidente testigo es huir -el rostro. En poco estima su opinion quien no teme las heridas de la -lengua ausente. No hay hombre tan ajustado que no tenga algun émulo, -y por no dar lugar á las asechanzas de este no<span class="pagenum" -id="Page_346">[p. 346]</span> se ha de apartar de su vista, que los mal -intencionados de cualquiera átomo toman ocasion para emponzoñar las -intenciones del mundo, contra quien desean ver fuera de él. Con estas y -otras cosas que le dije le persuadí á que se volviese á Venecia, que me -importó algo; porque desembarcando en el primer pueblo que vimos, por -ir costeando, me hallé cerca de Lombardía, de donde yo tomé la derrota -de Génova, y él la de Venecia, que por el buen consejo dejé de rodear -más de doscientas leguas que hay por agua desde Venecia á Génova, -adonde pensé hallar á D. Fernando de Toledo, el tio; pero habiendo -pasado adelante, me dí aquella noche, aunque borrascosa, tan buena -priesa, que le alcancé en Saona al tiempo que se queria partir. Fuí -recibido alegremente, que lo habia muy bien menester por la melancolía -que traia conmigo, nacida de una perpétua enfermedad de corrimientos, -que siempre me han traido corrido, á las partes hipocondríacas. Venimos -la vuelta de España, dejando á la mano derecha la costa del Piamonte y -Francia, poco seguro entonces por las compañías que andaban de gente -perdida, gobernada por su antojo y voluntad, fuera de la de su rey. No -tomábamos puerto para lo necesario sino en las riberas que más cómodas -parecian para asentar el rancho, dejando á buen recaudo once falúas en -que veníamos. Comíamos, y buscábamos agua y leña.</p> - -<p>Yo habia sacado de Génova una bota de diez azumbres de muy gentil -vino griego, que me hizo gran compañía y amistad hasta llegar á las -pomas de Marsella, que son unos montones muy altos y pelados, sin -yerba, ni cosa verde, estériles de árboles, y de todo lo demás que -puede dar gusto á la vista. Pues llegando á este paso, porque no fuese -sin trabajo la jornada, siendo mi falúa la postrera, encalló muy cerca -de es<span class="pagenum" id="Page_347">[p. 347]</span>tas pomas, -en una que del batidero de las olas tenia hecho un poyo ó bancal -bien largo. Así como encalló dijo el arraez: Perdidos somos. Yo como -sabia nadar, y ví cerca donde podia ampararme, quitéme, y arrojé una -saltambarca que traia, y púseme al cuello como tahalí la bota, que -ya llevaba poca substancia, y á cuatro ó seis brazas llegué al poyo -de la poma; entretanto desencalló la falúa, y fuéronse los marineros -no haciendo más caso de mí que de un atún: y aunque les dí voces, ó -no las oyeron por el ruido de las olas, ó no las quisieron oir por -no ir contra su natural costumbre, que es ser impíos, sin amor y -cortesía, tan fuera de lo que es humanidad como bestias marinas agenas -de caridad. Yo me hallé perdido y sin esperanza de consuelo, sino era -de Dios y del ángel bendito de la guarda; considerando qué habia de -ser de mí sino era que acaso pasaba por allí algun bajel ó barco que -me socorriera en tan apretada necesidad. Estuve desde las ocho de la -mañana hasta las dos de la tarde esperando si pasaba quien me pudiera -socorrer, teniendo confianza que aquel gran caballero se habia de -compadecer de mi trabajo; pero los marineros fueron tan crueles bestias -que le dijeron que me habia ahogado. Yo de cuando en cuando me alentaba -con mi bota, hasta tomar determinacion en lo que habia de hacer. -Resolvíme de entregarme á la tiranía del mar, bestia insaciable y fiera -cruel, y para esto desnudéme de un coleto de muy gentil cordoban, y -con la punta de la daga, y dos docenas de agujetas que traigo siempre -que camino, cogílo por la delantera, falda, brahones y cuello tan -estrechamente, que pude hincharlo sin que el viento se saliese. Vacié -la bota del santo licor que habia quedado, y hinchándola muy bien, hizo -contrapeso al coleto. Hice la misma diligencia con las botas enceradas, -que asidas de las ligas, ayuda<span class="pagenum" id="Page_348">[p. -348]</span>ban tambien á sustentar. Descalcéme los valones, porque -el agua se habia de colar por las faltriqueras, y quedéme con solo -el jubon y camisa, porque siendo de gamuza no se rendiria tan presto -á la humedad. Y puesto de esta manera, y acordándome que los caminos -guiados por Dios son los acertados, le dije de esta manera: Inmenso -Dios, principio, medio y fin sin fin de todas las cosas visibles é -invisibles, en cuya magestad viven y se conservan los ángeles y los -hombres, universal fabricador de cielos y elementos, á tí que tantas -maravillas has usado en este con tus criaturas, y que al bienaventurado -Raymundo, estribando en solo su manto, por tantas leguas de agua -guiaste á salvamento, y en este mismo lugar á los marineros que se -iban tragando las indomables olas, con solo un ruego de tu siervo -Francisco de Paula, aquietándolas, libraste de la muerte que ya tenian -tragada: por el nacimiento, muerte y resurreccion de tu sacrificado -Hijo, Redentor nuestro, te suplico que no permitas que yo muera fuera -de mi elemento. Y luego dije al santo ángel de mi guarda: Ángel mio, -á quien Dios puso para guarda de este cuerpo y alma, suplícote por el -que te crió y me crió, que me guies y ampares en este trabajo. Y dichas -estas palabras, y asido muy bien de mi barco, me arrojé con muy gentil -brazo sobre el coleto y la bota, comenzando á usar de mis cuatro remos -valerosísimamente, no de manera que me cansase, porque como llevaba el -barco de viento, iba braceando poco á poco de modo que no se rindiese -la fuerza al cansancio. No osaba imaginar en la profundidad de agua que -llevaba debajo de mí, por no desalentarme, ni osaba pararme, porque -bien sabia yo que mientras el cuerpo hace movimiento no le acometen -los hambrientos animales marinos: y si alguna vez sentia flaqueza en -los remos, tendíalos sobre el<span class="pagenum" id="Page_349">[p. -349]</span> agua: fiando lo demás del barco, que alguna vez me -consolaba con la fragancia que salia de la bota, que iba muy cerca de -las narices: comenzaba á rezar, pero dejábalo, porque me faltaba la -respiracion, que para semejante conflicto es muy necesaria. Anduve -una hora, ya descansando, ya navegando, hasta que comenzó á refrescar -un viento que venia de África, y me traia hácia la tierra, que me -era forzoso resistirlo, porque no diese conmigo en una poma de las -que tengo dichas, y me hiciese pedazos. Pero estando en este último -peligro descubrí una caleta, con que respiré con nuevo aliento, y -caminando ó navegando hácia ella, el mismo viento meridional me ayudó -milagrosamente. Ya que llegaba tan cerca que descubrí muy bien toda la -caleta, ví á la orilla de ella un hombre merendando, que me dió nueva -fuerza con verle, y que comia. Pero de la misma manera que yo me alegré -y esforcé con verle, él se espantó de mí, entendiendo que fuese alguna -ballena ó mónstruo marino. Vino una ola tan grande, que me llevó tan -cerca de la caleta que hice pié, y al mismo punto el hombre espantado -echó á huir á la tierra adentro. Y un lebrel que con él estaba saltó al -agua contra mí, y lo pasara mal si no fuera por la daga, que siempre me -acompañó, porque picándole con ella saltó en tierra, y fuése huyendo -tras su amo. En las caletas siempre está sosegada el agua, y como yo -hacia pié salí á tierra, hinqué las rodillas ambas en ella, dando -gracias á la primera causa: pero puestos los ojos en la merienda que el -otro habia dejado, miréme con mi bota y coleto, cosidos con el jubon -y las botas enceradas, que tambien hacian su figura, y no me espanté -que me tuviera por cosa mala. Arremetí con un pedazo de pan y otro de -queso, que habia dejado con un jarro de vino, y sacando el vientre de -mal año, juraré que en mi vida<span class="pagenum" id="Page_350">[p. -350]</span> comí cosa que más bien me supiese. Pero estando con el -jarro en la boca, vinieron diez ó doce hombres, <i>cum fustibus et -armis</i>, que los habia movido el huidor, á matar la ballena, y como no -la hallaron, preguntáronle al buen hombre que dónde estaba, y á mí -si la habia visto. Él quedó confuso, yo respondí en italiano, que no -osé en español, que allí no habia llegado ballena, ni otra cosa que -pudiese parecerlo, sino yo del modo que me veian, y que aquel hombre -habia huido por dejarme la merienda. Riéronse de él, diéronle matraca, -llamándole borracho y otras cosas en lengua francesa, con que rieron -harto, y á mí me tuvieron lástima de verme tan mojado y desnudo. En el -mismo tiempo venia una falúa con doce remos, por mandado del maestre de -campo á buscarme, porque les dijo que habia de ahorcar al arraez si no -me llevaban vivo ó muerto.</p> - -<p>Híceles señas con la bota, que era la mayor que yo podia dar para -mi conocimiento y su gusto, y luego dieron la vuelta á la caleta, -adonde me hallaron puesto el sol, más afligido que perro manteado, -temblando y encogido. Echáronme en la falúa, todos admirados de verme -vivo habiendo pasado tal trabajo en tantos años de edad, que ya tenia -cerca de cincuenta. Lleváronme á Marsella, donde aquel gran caballero, -amado y conocido de todo el mundo, me acarició y regaló, aunque como -aquel trabajo me cogió en años crecidos, siempre me duró, y todos los -inviernos me resiento de aquella humedad y frialdad. Parecí yo en esto -á un escarabajo que estando en compañía de un caracol, recogido por -miedo del agua, confiado en sus alillas se determinó de volar á buscar -lo enjuto, y levantándose, dijo el caracol: Allá lo vereis, y le dió -una gota gruesa, y lo arrojó en el arroyo de la creciente: confiando -yo en que sabia nadar y los otros no, arro<span class="pagenum" -id="Page_351">[p. 351]</span>jéme al charco de los atunes, como dice -D. Luis de Góngora, donde me pudiera suceder lo que al escarabajo, si -Dios no lo remediara, que para una bestia tan cruel y desleal como -el mar no aprovecha saber nadar: que echarse un hombre en el mar es -echarse un mosquito en la laguna Urbion. Los animales de la tierra -están enseñados á tratar con un elemento fiel, amigable, suave y -apacible, que donde quiera da acogida, y sustenta al cansado; pero el -mar ingrato, tragador de los bienes de la tierra, sepultura perpétua -de lo que en él se esconde, que se sale á la tierra á ver si puede -llevarse adentro lo que está en la orilla; hambriento animal de todo lo -que puede alcanzar, asolador de ciudades, islas y montañas, envidioso -enemigo de la quietud, verdugo de vivos y despreciador de muertos, y -tan avariento que estando lleno de agua y de peces mueren en él de sed -y de hambre, ¿qué puede hacer, sino destruir á quien de él se fiare? -y así parece que con sola la mano de Dios puede hacerse lo que estos -dias pasados sucedió en la toma de la Mámora á don Lorenzo y al capitan -Juan Gutierrez; á éste que nadando, y sin ayuda, y con muchos años -acuestas, quitó á cinco moros un barco en que iban; y á D. Lorenzo, -que habiendo nadado toda la noche, azotado de las levantadas olas, -llegando al barco donde pudiera descansar de tan inmenso trabajo, -alentándose con fuerzas sobrenaturales, dijo: que no queria entrar en -el barco porque recogiesen á otros que venian atrás más necesitados que -él, y pasó adelante. Caso es pocas veces ó ninguna visto. Yo llevé mi -trabajo, y una reprehension por el atrevimiento, porque la confianza -me pudo costar la vida; que yo realmente por mostrar que sabia nadar y -que tenia ánimo desvanecido para atreverme, fué causa de arrojarme tan -sin consideracion, aunque de las cosas tan arrebatadas da poco<span -class="pagenum" id="Page_352">[p. 352]</span> lugar el discurso; pero -mejor fuera aguardar la fortuna de todos que anticiparme con la mia, -que tan poco favorable me ha sido, que cuando la vanidad engendra -el atrevimiento ha de ser en los que tienen esperiencia en su buena -fortuna; ¿pero de qué importancia me podia ser á mí cobrar fama de -nadador, no siendo renacuajo ni delfin, ni habiendo de ser marinero? -ella fué vanidad, temeridad y disparate.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c352.jpg" - alt="Ilustración" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_11"> - <p><span class="pagenum" id="Page_353">[p. 353]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c353.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO XI.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">L</p> -</div> - -<p class="icap2"><span class="smcap">Llegamos</span> á España, -desembarcamos en Barcelona, ciudad hermosa en tierra y en mar, -abundante de mantenimiento y regalos, que con oir hablar en lengua -española parecian suaves y substanciosos: y aunque los vecinos tienen -nombre de ser un poco ásperos, ví que á quien procede bien le son -apacibles, liberales, acariciadores de los forasteros, que en todas -las repúblicas del mundo quieren que el forastero con el buen proceder -obligue á la amistad. Si el que no es natural parece humilde, y vive -sin perjuicio de los naturales, tiene grangeada la voluntad de todos -porque junto su buen término con la soledad que padece, engendra -piedad y amor en los pechos naturales. Todos los animales de una misma -especie se llevan bien unos con otros, aunque no sean conocidos, sino -son los hombres y los perros, que teniendo mil buenas propiedades con -que suelen admirar, tienen esta propiedad bajísima, que todos muerden -al pobre forastero y le matan si pueden. Y esto mismo corre por los -hombres si el advenedizo no es como debe ser, en<span class="pagenum" -id="Page_354">[p. 354]</span>trando en jurisdiccion agena; y lo que más -ofende á los naturales es solicitarles las mujeres, que en lo que más -se ha de remirar el huésped es en esto, que basta teniendo agrado para -llevarse los ojos de la voluntad de todos tras de sí. Muchos se quejan -de pueblos donde han estado fuera de su patria, mas no dicen la ocasion -que dieron para ello: alaban sus tierras de madres de forasteros, -y no miran por qué camino les han obligado para tratarlos bien. Yo -sé decir, que en toda la Corona de Aragon hallé padre y madre, y en -Andalucía grandes amigos, si no son de la gente perdida, que solamente -tratan de hacer mal: estos en todo el mundo son enemigos de la quietud, -revoltosos, inquietos, levantados y soberbios, enemigos del amor y la -paz.</p> - -<div class="figcenter mt1"> - <img class="thin" - src="images/ill_c354_355.jpg" - alt="Ilustración" /> - <p class="caption"> - <i>Y aunque los vecinos tienen nombre de ser un poco ásperos - ví que á quien procede bien le son apacibles, liberales, - acariciadores de los forasteros.</i> - </p> -</div> - -<p class="mt1">Mucho me divierto para llegar á Madrid que tan deseado -lo tenia. Llegué y hallé muchos amigos deseosos de verme: hice asiento -con un gran príncipe muy amigo de música y poesía, que aunque siempre -huí del escuderaje, me fué forzoso acudir á él. Entré en su gracia -muy de improviso, fuí muy privado y favorecido suyo, y como yo venia -harto de pasar trabajos, viéndome con demasiado regalo acometióme la -poltronería, y engordé tanto, que comenzó la gota á martirizarme. Dí -en tener pajarillos, y entre ellos en regalar á uno muy superior á los -demás en su armonía, aunque su consonancia muy concertada. Hacíale -abrigar en mi aposento de noche, donde una de ellas sentí toda la noche -crugir cañamones, contra la costumbre de los pájaros. En amaneciendo -fuí á mirar mi pájaro, y hallé en compañía suya un ratoncillo, que de -lo mucho que habia metido de los cañamones hizo tanta barriga, que no -pudo tornar á salir. Dije entre mí: Este ratoncillo, por haber comido -tanto, ha buscado su muerte. Yo voy por el mismo camino, que si un -raton con sola una noche de regalo ha engor<span class="pagenum" -id="Page_355">[p. 355]</span>dado tanto, yo que todos los dias como -y ceno mucho, y muy regaladamente, ¿qué fin pienso tener sino la -enfermedad, que he cogido, y alguna apoplegía, que me acabe presto? -Quitéme las cenas, que con esto y el ejercicio me he conservado, que -realmente esto de comer á costa agena engorda demasiadamente, porque se -come sin miedo, y quien no se va á la mano en esto está muy peligroso -para una enfermedad. Han de comer los hombres mantenimiento de que -sus estómagos sean capaces, porque si nó, ó será forzoso vomitar la -comida, ó poner en peligro la vida, como la perdió el raton. Fuera de -que los demás miembros del cuerpo tienen envidia al estómago, porque -todos han de trabajar para que él solo engorde, cuando si no pueden -llevarlo acuestas le dejan caer, y dan con él en la sepultura. Yo ví -que iba camino de esto, y retiréme á comer poco, y cenar nada, que -aunque al principio se lleve mal, con la costumbre se puede alcanzar -todo. Miren los que engordan mucho el peligro en que se ponen, que ni -la edad es siempre una, ni los mantenimientos de una calidad, ni los -que los dan de una misma intencion, ni el tiempo corre de la misma -manera. El que nació gordo, que siempre sea gordo no es maravilla, que -ya están enseñados sus miembros á sufrirle y traerle acuestas; pero -el que nace flaco y delgado, y en breve engorda, en sospecha pone su -duracion y su vida. Como puse enmienda en mi comer y beber de noche, -fuése consumiendo la gordura un poco, y yo sintiéndome más ágil para -cualquiera cosa. Que ciertamente la poltronería manca y tulle los -hombres. Con esto me torné inquieto que fué causa que el príncipe -á quien servia, con la ayuda de los congraciadores, se entibió en -favorecerme, y yo con servirle, que los señores son hombres sujetos no -solo á las estrellas, pero tambien á sus pasiones y apetitos;<span -class="pagenum" id="Page_356">[p. 356]</span> y cuanto más superiores -son, tanto más presto se cansan de las acciones de sus criados, que -quien los sirve es necesario que renuncie su voluntad, y se ajuste con -la del príncipe; y es razon que quien se dispone á servir sacrifique -su gusto á quien le da su hacienda, porque todos quieren ser bien -servidos; aunque he visto muchos señores de tan piadosa condicion, que -llevan con mucho valor y paciencia los descuidos de los criados; pero -lo contrario es lo más ordinario.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c356.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_12"> - <p><span class="pagenum" id="Page_357">[p. 357]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c357.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO XII.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">C</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Con</span> este poco caso que mi -amo hacia de mí tenia libertad para pasearme de noche, no para cosas -ilícitas, porque ni yo tenia edad para eso, ni mis trabajos me habian -dejado tan holgado que pudiese acudir á cosas de mal ejemplo, ni es -razon que en ninguna edad se hagan, sino á tomar un poco el fresco, -que las noches de verano en Madrid son para esto aparejadas. Íbamos -todas las noches con amigos, con nuestros rosarios rezando; no hácia -el Prado, por huir el mucho concurso de la gente, sino á calles -solas, que por mucho que lo sean, siempre hay la gente que basta para -compañía. Alejámonos una noche hasta llegar cerca de Leganitos; díjome -mi amigo: Parad aquí, que vais cansado, al fin sois ya viejo. Piquéme, -y díjele: ¿Quereis que corramos una apuesta, y veremos quién está más -viejo? Rióse, y dijo que sí. Pusímonos en órden para la carrera, y -aun en esta sencillez halló el demonio en qué perseguirme. Estaba un -mozo á la puerta de su casa, que así lo entendimos, y dímosle que nos -tuviese las capas y las espadas en tanto que<span class="pagenum" -id="Page_358">[p. 358]</span> pasábamos la carrera: apenas comenzamos -á correr cuando dijo una mujer: ¡Ay que me han muerto! por una gran -cuchillada que le dieron en el rostro, y apenas dió ella el grito -cuando se aparecieron dos ó tres alguaciles, y como íbamos corriendo -asieron de mí, que iba delantero en la carrera, y luego del otro, que -hay muchos tribunales en Madrid, y en cada uno más varas que dias -tiene el año, y con cada vara cinco ó seis vagamundos, que han de -comer y beber y vestir de su ministerio. Asiéronnos como á hombres que -iban huyendo por delito. Pidiéronnos las espadas, señalamos la casa -donde las dejamos, el mozo se habia acogido con ellas y las capas, -porque no vivia allí. Como nos cogieron en la mentira, que no habíamos -dicho, lleváronnos á la mujer herida, y con el coraje que tenia de su -agravio, dijo que quien se la habia dado echó á huir: y como nosotros -íbamos corriendo, aunque no huyendo, asentóseles á los alguaciles que -sin duda éramos nosotros. Lleváronnos á la cárcel de la villa sin -espadas ni capas, donde yo entré con toda la vergüenza del mundo, -que no la tuve para desafiar al otro con mis años, y la tuve para -entrar en la cárcel sin capa. El alboroto fué mucho, el delito sonó -malísimamente; porque dos hombres, no niños, ni de la primera tijera, -acometieron una hazaña como aquella contra una mujer miserable. Y el -mismo que lo habia hecho, como despues con buenos indicios averigüé, -vino tras nosotros; y los alguaciles, que si fueran como deben, no se -precipitaran á hacer un borron tan infame, y si pusieran los ojos en -la justicia, y no en el provecho, averiguáran el caso, como á ellos -les valiera algo la prision, y á mí no me pusieran en mal nombre. Si -ellos tuvieran consideracion, miráran que dos hombres que iban sin -capas, sin espadas, sin sombrero, sin daga, ni cuchillo, ni otra cosa -ofensiva, corriendo<span class="pagenum" id="Page_359">[p. 359]</span> -parejas, no habian de salir de su casa para una cosa como aquella -tan desapercibidos, no pareciendo en toda la calle instrumento con -que se pudiera haber hecho. No preguntaron palabra á nadie en toda -la calle para averiguar la verdad, como lo hacen siempre. Y dado -que los alguaciles quisieran justificar la causa, la priesa que les -daban los ayudantes no les dejaran hacer cosa buena, por no hacer -novedad en su costumbre. Al fin nos echaron grillos, y fué la causa -el teniente, que informado de los alguaciles como quisieron, vino á -la cárcel con intento de darnos la tortura; mas como oyó las razones -que arriba dije, y como apartándonos halló que concertábamos en el -dicho, estuvo perplejo, y no se determinó á cosa. Echáronnos grillos, -que estuvimos dos ó tres dias con ellos. Fuése siguiendo la causa, y -como no se halló el delincuente, por el indicio de ir corriendo cuando -se dió la cuchillada, nos olvidamos allá tres meses; echáronnos en un -calabozo, donde estaba un preso antiguo, bermejo, de mala digestion, -con unos bigotazos que le llegaban á las orejas, con que se preciaba -mucho, porque eran tan gordos y fornidos, que parecian cabos de cirio -amarillo. Éste tenia de suerte supeditada la cárcel, que no se hacia -entre los presos más de lo que él queria. La gente menuda temblaba de -él, y le servian con mucha puntualidad, y otros no osaban hacer un -mandado, porque él no gustaba de ello, y si lo hacian, torciéndose el -bigote, decia: Pues por vida del rey, si me enojo, que al pícaro y á -ellos les dé mil palos. De manera que el rato que estaba fuera del -calabozo no se podia vivir, que realmente era marcial, y ocasionadísimo -para que se perdieran todos con él. Estuvo dos ó tres dias enfermo, -y no saliendo del calabozo, gozamos de paz y quietud, que todos se -holgaban de ello, más en saliendo tornó á su ruin costumbre. Yo me -ví<span class="pagenum" id="Page_360">[p. 360]</span> tan rematado, -que determiné de hacer que en muchos dias no saliese del calabozo, y -comunicándolo con mi compañero, dijo: Mirad lo que haceis, no sea la -prision más larga de lo que pensamos. Y preguntándome cómo habia de -hacer para que no saliese fuera, respondíle: Cortándole un bigote. No -os pongais en ese peligro, dijo él, por amor de Dios. Yo no os pido, -le dije, consejo, sino ayuda. Él tenia costumbre siempre, de dormir -boca arriba soplando, por no estragar la grandeza de sus bigotes. Hice -amolar muy bien unas tijeras largas, y dejélo acostar á él y á todos -los demás del calabozo antes que nosotros, que nos traia tan sujetos, -que en acostándose no se habia de mover nadie. Cogí al primer sueño -las tijeras, y alumbrándome mi compañero, díle una gentil tijerada, -con tanta sutileza, que le llevó todo el bigote, y él no despertó, -y de todos los presos nadie lo sintió sino mi compañero, que le dió -tanta tentacion de risa, que por poco reventára que, como le quedó -el otro tan grande, parecia toro de Hércules con un cuerno menos. -Dormimos aquella noche, y yo me hice el enfermo, quejándome de la -mala cama; pero levantéme casi junto á él, ó primero, con mi rosario -en la mano rezando, por verle cómo llevaba el negocio. En subiendo -arriba, miráronle todos espantados, sin decirle palabra; pero él dijo -en saliendo: Hola, pícaros, dad acá aguamanos. Vino un pícaro con un -jarro calderesco, echóle agua, y lavóse las manos. Luego acudió al -rostro, y levantándolo, tomó el bigote intacto con la mano derecha, -luego volvió á tomar agua, y fué á asir al otro con la izquierda cuatro -ó cinco veces, y como se halló sin él, fué tan grande su coraje, que -sin hablar palabra metió el otro bigote en la boca, y se lo comió, -entrándose en el calabozo. Yo dije, como él lo pudiese oir: Eso ha sido -muy gran bellaquería, la mayor del mundo, el<span class="pagenum" -id="Page_361">[p. 361]</span> que á un hombre tan honrado hayan -ofendido en lo que más se miraba y estimaba.</p> - -<p>Estas y otras cosas le dije, con que le pude quitar la sospecha que -pudiera tener de mí; pero mirando lo que es razon, digo, que un hombre -que está en superior grado, se estime y haga respetar, vaya en hora -buena; mas que un desdichado que está en medio de su infelicidad, en -el cieno de la tierra que es la cárcel, siendo soberbio, merece que -una hormiga se le atreva. ¿Qué tiene que ver prision con soberbia? -¿necesidad con valentía? ¿hambre con desvanecimiento? La cárcel se hizo -para sujetar cóleras y malas condiciones, y no para inventar agravios; -aunque hay algunos bárbaros tan remontados, que ó por desesperacion, -ó porque los tengan por valientes, siendo acá unas ovejas, se hacen -en la prision leones, en lugar á donde con mayor humildad y ansias -de corazon se ha de clamar á la misericordia, sea justa ó injusta la -prision. Él se acabó de quitar la barba azafranada. Y como una desdicha -sigue á otra, en este trabajo le llamaron á visita para ver su negocio. -Dijo un procurador: Está en el noviciado, que se ha entrado fraile -motilon. Tráiganle, dijo el teniente. Subió por fuerza, y con toda la -vergüenza y humildad del mundo, porque debia de tener la valentía en -los bigotes, como Sanson en el cabello. Así como entró, fué la risa -en la sala tan grande, que el teniente le dijo: Bien pareceis así, y -bien habeis hecho, porque no tengan que rapar en las galeras. Á que él -respondió: Vuesa merced habla como juez, que nadie se me atreviera á -decir eso. Leyéronle su causa, que era sobre haber dado una puñalada á -una miserable en la casa pública, delante de diez ó doce testigos; y -nombrándolos, dijo el agresor: Mire vuesa merced ¿qué testigos son los -que juran contra un hombre tan principal como yo? cuatro corchetes y -cuatro sellen<span class="pagenum" id="Page_362">[p. 362]</span>cas. -Dijo el teniente: ¿Pues queríades que estuviesen para testigos en esa -casa el prior de Atocha, ó algun fraile descalzo? No argüis bien. -Tornáronle á encerrar en el calabozo, y de allí adelante le llamaban -el padre fray Rapado. Á nosotros nos echaron libres, pero gastados. No -quiero yo alabar lo que hice, porque bien sé que no se han de hacer -males, aunque de ellos resulten bienes; pero tambien sé que es menester -que perezca uno, porque no perezcan todos. Quitar de entre nosotros á -quien nos escandaliza, permitido es. El que se estima estímese, mas no -ha de ser con superioridad impertinente: los fanfarrones con tiranía -tienen á todo el mundo por contrario. Los hombres ocasionados á los -muy humildes, hacen salir con reveses que no pensamos. Yo he visto -siempre que estos habladores soberbios, que quieren supeditar á otros, -en hablándoles recio un hombre callado y llano, se rinden á callar. -Que son como las ruedas del coche, que mientras van por piedras, -van haciendo ruido, mas en llegando á lo llano, luego van con mucho -silencio. Á este desatinado desvanecido fué necesario por algun camino -humillarlo, y ninguno pudo ser más á propósito, que privarlo de tan -inmenso cuidado, como traia con aquellos rabos de zorro.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c362.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_13"> - <p><span class="pagenum" id="Page_363">[p. 363]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c363.jpg" - alt="Ilustración" /> - </div> - <h3 class="aizq mt-05">DESCANSO XIII.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">S</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Salimos</span> de la cárcel al -cabo de tres meses, porque dimos muy gentiles descargos; pero tan -gastados, que no teníamos tras que parar, porque para poder caminar al -dia siguiente, yo fuí á vender unas botas escuderiles, y mi compañero -una maleta ratonada, que es muy de escuderos, por no tener un cofre, -guardar los pedazos de pan en semejantes alacenas, receptáculo de -ratones. Estando vendiendo nuestras prendas, envió Dios á un hidalgo -muy bien puesto, y doliéndose mucho del testimonio que nos habian -levantado, dijo: Que cierto gran caballero que habia sabido nuestra -desgracia, le enviaba á que supiese lo que se habia gastado en nuestra -prision, y que movido por entrañas de misericordia, le habia dado en -doblones lo que dijésemos que nos habia hecho de daño. Yo conocíle, -pero antes de declararme, le dije: Señor, esta obra de Dios viene, que -sabe nuestra necesidad, que es tanta, que vendemos nuestro ajuar para -comer hoy. Lo que<span class="pagenum" id="Page_364">[p. 364]</span> -nos cuesta serán cien escudos, poco más ó menos; y en diciendo esto, -sacó cincuenta doblones, y nos los dió. En viéndolos en mi mano, le -dije: Esto es cuanto á la costa, pero cuanto al gusto que vuesa merced -recibió de la venganza, y el disgusto que nosotros pasamos, ¿qué -satisfaccion puede haber? Que bien le conocí aquella noche que nos -fué siguiendo hasta la cárcel. Respondió cuerdamente: El prenderos -fué desdicha vuestra, el pagar es obligacion mia. Como yo no os dí la -desdicha, no puedo satisfacerla; y si todos los desdichados tuviesen -recurso á satisfaccion, no serian desdichados. Yo como no tuve ventura -para no padecer, tengo piedad para compadecerme; otro pudiera ser que -no mirára lo uno ni lo otro. Muchas desdichas suceden á los hombres -por secretos juicios de Dios, de que no podemos pedirle cuenta. Las -desdichas no están en nuestra mano, ni estuvo en la mano mia hacer que -fuésedes aquella noche corriendo, que eso fué voluntad vuestra. Y os sé -decir, que me pesó en el alma del hecho, no por la cuchillada, sino por -vuestro trabajo. La desdicha fué, que la cara de la otra, y la carrera -de vuestros piés cayeron en un dia: habeis sido tan prudente en esta -desdicha, que os he tenido envidia; que quien se acuerda pacientemente -en la adversidad, es señor de sus acciones, y las desdichas le acometen -con temor. Y si como puedo satisfaceros el daño, pudiera poneros la -fortuna debajo de vuestros piés, yo os hiciera felicísimos, pero ya -que en esto no lo fuísteis, fuísteislo en cortar el bigote al otro, -saliendo bien de ello. Que como vos, por discurso bueno habeis echado -de ver mi travesura, yo por vuestro disimulo conocí la vuestra. Aunque -el hidalgo habló tan bien, yo estaba contento y alborozado con ver -en mis manos aquel metal tan semejante á la luz del sol, que no supe -replicarle, sino agradecerle y estimar su cor<span class="pagenum" -id="Page_365">[p. 365]</span>dura, igual con su piedad. Yo me hallé -tan harto de trabajos y desventuras, que determiné de dejar la córte -despues de haber andado algunos dias de mala ventura, sirviendo del -escuderaje, que tan forzoso me ha sido, aborreciéndolo como á una -culebra.</p> - -<p>Fuíme á despedir de un caballero amigo, que no habia visto muchos -dias hacia, y hallándole muy melancólico y desgraciado, le pregunté qué -tenia. Respondióme, que ni podia dormir, ni comer, ni tomar descanso en -cosa. Pues si haceis, dije, lo que yo os enseñaré, sanareis de todas -estas tres cosas. ¿Cómo si lo haré, respondió, aunque cueste todo mi -mayorazgo? Pues levantaos mañana en amaneciendo, que yo os llevaré -donde cojais una yerba que os sane de todos esos males. Levantóse ó -hícele levantar de mañana, y mandó poner el coche: yo le dije, que no -haria la yerba provecho sino iba á pié, y dejando el coche lo llevé -hácia San Bernardino, convento de los Recoletos Franciscanos, diciendo, -que estaba la yerba allí, y que la habia de coger con sus manos. Hícele -andar de manera que iba carleando como podenco con sed, y tanto, que -de cansado se sentó en el camino. Preguntéle si descansaba. Respondió -que sí. Pues sabeis por qué habeis descansado, porque os cansásteis: -y en las sillas de vuestra casa no descansais, porque no os cansais. -Hícele llegar á San Bernardino, y volver á su casa á pié, con muy buena -gana de comer. Comió y bebió con gana, y luego se acostó, y durmió muy -bien. Díjele luego: Quien no se cansa, no puede descansar; y quien no -tiene hambre, no puede comer; quien no tiene falta de sueño, no puede -dormir, no se queje quien no hace ejercicio de males y enfermedades que -le vengan, que la poltronería es el mayor enemigo que tiene el cuerpo -humano. El ejercicio á pié restaura los daños causados de la ociosidad. -Los caballos más<span class="pagenum" id="Page_366">[p. 366]</span> -ejercitados son de más dura y brio. El pescado del mar Océano, es mejor -que del Mediterráneo, porque está más azotado por aquellas cavernas -hondas de las olas más contínuas y furiosas: los hombres trabajados -están más enjutos, y para más que los holgados; y así son todas -las cosas, que un hombre que trabaja más que otro es más poderoso, -entiéndese con igual capacidad. Holgóse mucho, y de allí en adelante -dió en hacer ejercicio á pié por la mañana y por la tarde, con que se -halló muy bien y con muy entera salud, y agradecióme la estratagema de -que usé para quitarle de la ociosidad que le tenia impedido, sin gusto -y sin salud, é hízome un grande regalo. Anduve por Madrid algunos dias, -donde fuí ayo y escudero del doctor Sagredo, y su mujer doña Mergelina -de Aybar, hasta que los dejé ó me dejaron.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c366.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_14"> - <p><span class="pagenum" id="Page_367">[p. 367]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c367.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO XIV.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">A</p> -</div> - -<p class="icap2"><span class="smcap">Acabada</span> mi última relacion, -el ermitaño, dando grandes muestras de admirarse de lo que habia oido, -dijo que ya se podia pasar por la puente, quizá cansado de haber -escuchado tanto tiempo: despedíme de él, y pasando la puente, ví tantos -árboles arrancados de raíz, como habia traido Manzanares; algunas -ballenas destripadas, de las que solian alancear, muchos animales -ahogados, otros muchos mirando aquellos, admirándose del diluvio y -tempestad tan arrebatada y repentina. Todas las huertas anegadas, -las isletas cubiertas de arbolillos, que casi habia llegado hasta la -ermita de San Isidro Labrador; y con la arena y árboles hechas algunas -represas, que hasta ahora dejaron el rio dividido por muchas partes.</p> - -<p>Determiné de quitarme de tanto ruido como el de la córte, y buscar -quietud en tierra más templada que es Castilla, yéndome al Andalucía, -donde los gentiles pusieron la quietud de las almas bienaventuradas, -á su modo de creer, diciendo, que en pasando el rio Leteo, que aun -todavía conserva el nombre de<span class="pagenum" id="Page_368">[p. -368]</span> Guadalete, se olvidaban de las cosas de la tierra, y todo -lo demás pasado; que la escelencia del temple, abundancia de regalos, -apacibilidad de cielo y tierra, les hizo dar en este error, que los -más templados son más aparejados para la conservacion de los viejos, -y como me hallé con dinerillo, compré una mula, que me la dieron -barata, por tener esparavanes en los piés, y un ojo pasado por agua; -pero caminaba razonablemente, con que fuí mi camino encomendándome á -Dios y al bendito ángel de la guarda. Iba solo, porque por no caminar -á gusto ageno, se puede un hombre ir á pié, que es cansada cosa haber -de parar yo donde el otro quisiere, y no cuando yo fuere cansado, ó -se me antojare parar. Al fin, como me ví con dinero, quise caminar á -mi modo. Hacia muy grande calor, y habiendo salido muy de mañana para -hacer medio dia en la venta de Darazutan, fué tan escesivo el fuego -que entró con el dia, saliendo de aquellas matas unas exhalaciones -abochornadas, que me abrasaban el rostro, y me quedára mil veces si -hallara lugar aparejado para ello. Ví la venta desde lejos, aunque se -parece poco por los chaparros y arbolillos que la encubren; me parecia -que al mismo paso que yo llevaba, ella se alejaba de mis ojos, y la -sed se me aumentaba en la boca: no creí que pudiera llegar á ella, -hasta que oí música de guitarras y voces que salian de la misma venta: -Ahora, dije, no me puedo engañar, y entrando, hallé mucha gente que -iba y venia, haciendo medio dia. Alentéme con ver una tinaja de agua, -de que siempre he sido muy apasionado: refresqué, y púseme á oir la -música, que siendo ella de suyo manjar tan sabroso al oido, es de -creer que en aquella soledad, llena de matas y apartada de poblado, -pareceria mucho mejor su melodía que en los palacios reales, donde hay -otras cosas que entretienen. Como el calor estaba<span class="pagenum" -id="Page_369">[p. 369]</span> en su punto, y la venta muy llena de -gente, fué menester la suspension que la música pone para poder llevar -la fiesta con algun descanso; que esta facultad, no solamente alienta -el sentido esterior, pero aun las pasiones del alma mitiga y suspende; -y es tan señora, que no á todos se da por grandes ingenios que tengan, -sino á aquellos á quien naturaleza cria con inclinacion aplicada para -ello; pero los que nacen con ella, son aptos para todas las demás -ciencias, y así habian de enseñar á los niños esta facultad primero que -otra, por dos razones; la una, porque descubran el talento que tienen, -la otra, por ocuparlos en cosa tan virtuosa, que arrebata todas las -acciones de los niños con su dulzura.</p> - -<p>Aunque un autor moderno inadvertidamente dice que los griegos no -enseñaban á los mozos el primer tono, como si no fuera el más grave -que muchos de los otros, fué por ignorar la facultad, que quiso decir -que no les enseñaban música lasciva, que como por el oido entran en el -alma las especies, si es honesta y grave, la suben á la contemplacion -del Sumo Hacedor; si es deshonesta con demasiada alegría, la ponen en -pensamientos lascivos. Y es tan juez el oido de esta facultad, que me -acuerdo que un mozo que cantaba con mucha alegría, vino á ensordecer, -y pidiéndole despues que cantase, teniendo la voz tan buena como de -antes, hacia tan grandes disparates, que se reian todos de oirle -cantar, que realmente el oido es la clavija de la voz humana. Estos -músicos cantaron con tanta gracia, que despues de haber comido, se -pasó la siesta alegremente. Sacó uno de ellos un demostrador para ver -qué hora era, encareciendo mucho la invencion de los relojes, al cual -dije, que lo mismo que él habia hecho con el demostrador, se podia -hacer con hincar una paja ó un palillo en el suelo, mirando<span -class="pagenum" id="Page_370">[p. 370]</span> los dedos de sombra -que hacia; y con una vasija de agua, faltando el sol, haciéndole un -muy sutil agujerito, y señalando las horas con lo que va menguando, -y otras invenciones que se pueden hacer. Pasóse lo demás que restaba -para caminar en alabar cada uno su profesion, y las invenciones á que -más está inclinado, tomando ocasion de la invencion de los relojes. -Tratóse de la astrología, de la música, de la invencion de la memoria -artificial, porque se halló un caballero, oidor de Sevilla, que hacia -milagros con ella. Dijo un escudero viejo que estaba en un rincon -espulgándose: Todas cuantas invenciones han dicho vuesas mercedes no -tienen que ver con la invencion de la aguja. Riéronse todos, y él, -corrido, con mucha cólera dijo: Si no les parece que es así, háganme -merced de echar un remiendo con un pedazo de astrología. Á lo cual -dijo el licenciado Villaseñor: Cada uno alaba aquello de que se halla -más capaz: este señor escudero puede hablar de esta materia, porque -usa más del ministerio del agujero. Yo no soy sastre, respondió, sino -un escudero tan calificado y tan antiguo, que todos mis antepasados, -desde Nuño Rasura y Lain Calvo, han servido á los condes de Lemos. Y -si ahora voy á pié, es porque tengo mis caballos dándoles verde en las -puentes de Eume. Y con esto echó sobre la guarnicion de la espada unas -calzas viejas, y poniéndoselas al hombro, cogió las del martillado. -Bien es, dije yo, que cada uno se precie de lo que profesó. Que en -Madrid habia un verdugo, que mostrándole á un muchacho suyo, en una -horca que tenia en su casa, cómo ahorcaria á un hombre suavemente, y -no pegándosele al muchacho la profesion, y aborreciéndola, le dijo el -verdugo: ¡Oh! llévete el diablo, que no te se puede pegar cosa buena; -pues yo te pondré con un zapatero y morderás el zumaque. Ya que nos -queríamos partir<span class="pagenum" id="Page_371">[p. 371]</span> -dijo el oidor: Cierto, que me dijeron ayer que buscaba cabalgadura para -venir este camino Márcos de Obregon, hombre de buen gusto y partes, á -quien yo deseo conocer. Así es, dije yo, yo le ví buscar en que venir. -¿Conócelo vuesa merced? preguntó el oidor D. Hernando de Villaseñor. Yo -respondí: Sí señor y es grande amigo mio. Subimos á caballo ó á mula, -y fuéme preguntando si sabia algunas cosas del Sr. Márcos de Obregon. -Yo le dije unas redondillas muy nuevas, tanto que no habian pasado de -mis manos á segunda persona, y en oyéndolas despacio, me las repitió -luego el oidor de memoria. Él se admiró de las coplas, y yo mucho más -de su memoria. Fuíle diciendo muchas cosas, y él refiriéndomelas luego. -Confesóme que era memoria artificial, pero que para aprenderla era -necesario tenerla muy buena, que sin la natural se aprendia con mucho -trabajo y dificultad. Yo le dije: Por cierto la memoria es cosa que -parece divina, pues las cosas pasadas las tiene presentes, pero yo la -tengo por verdugo de los hombres desdichados, porque siempre les está -representando los malos sucesos, los agravios pasados, las desdichas -presentes, las sospechas de lo venidero y la desconfianza que tienen -en todas las cosas; y siendo la vida, como es, breve, se les abrevia -más con la contínua representacion de las infelicidades: y así, á estos -tales, mejor les seria el arte de olvidar que el de acordarse. ¿Cuántas -vidas habrá costado la memoria de las ofensas, que si no se acordáran -no se vengáran? ¿cuántos borrones se han hallado en muchas mujeres por -la memoria de los favores y disfavores? Tener buena memoria natural -es escelentísima cosa; pero gastar el tiempo en buscar dos ó tres mil -lugares, pudiéndolo gastar en actos de entendimiento, no lo tengo por -muy acertado, porque para la memoria sirve la es<span class="pagenum" -id="Page_372">[p. 372]</span>tampa, las imágenes, los colosos, -estátuas, escrituras, edificios, piedras, señales de peñascos, rios, -fuentes, árboles y otras cosas sin número; y para el entendimiento sola -la naturaleza lo da y lo enriquece con la leccion de los autores graves -y comunicacion de amigos doctos. He visto muchos autores que escriben -de esta memoria artificial, y no he visto de estos obras en que se -hayan esmerado y dejado por ellas nombres de sus grandes ingenios, que -aunque Ciceron, Quintiliano y Aristóteles tocan algo de esta materia; -pero no hacen libros de ella, como cosa inferior al entendimiento. Y -así D. Lorenzo Ramirez de Prado, caballero muy docto en las buenas -letras, así de poesía como de filosofía, tiene muy sujeta la memoria -artificial que hace milagros con ella; pero no por principal objeto, -sino por curiosidad, porque á quien le sobran tantas partes, no le -faltase esta. Y la historia que cuentan de aquel gran poeta lírico -Simónides, que habiendo caido una casa sobre muchos convidados, y -estando de suerte desfigurados que nadie los conoció, él dijo en qué -lugar estaba cada uno, nombrándoles por sus nombres. Yo entiendo que -fué acto de memoria natural y no artificial, porque un hombre que -iba á comer y brindar al banquete con la libertad que entonces se -usaba, no se habia de parar muy despacio á poner imágenes y figuras en -lugares imaginados, naturales y artificiales, ni acordarse cargando la -imaginacion de más carga de la que el vino les ponia en tiempo que tan -pocos aguados se usaban, y habiendo sido aquel mismo dia, yo creo que -sin artificio se hizo.</p> - -<p>El autor de este libro, habiendo salido de casa de sus padres niño -estudiante, volviendo con canas á ella, conoció y nombró por sus -nombres á todos los que habia dejado niños, hallándolos con barbas y -ca<span class="pagenum" id="Page_373">[p. 373]</span>nas, y ningun -nombre ni costumbres dejó de decir de cuantos venian admirados de -verle. ¿Y no se dice por cosa de admiracion, que Cinea embajador -del rey Pirro, en dos dias que estuvo en Roma, conoció y nombró por -sus nombres á todos los moradores della? Mitrídates, rey del Ponto, -negociaba con veinte y dos naciones que tenia sujetas en el propio -lenguaje de ellas. Julio César en un mismo tiempo leia, escribia, -dictaba y oía cosas importantísimas, y por eso se hace particular -mencion dellas, que hombres ordinarios hay algunos que hacen milagros -con la memoria natural. En Gibraltar habia un conocedor de D. Francisco -de Ahumada Mendoza, llamado Alonso Mateos, que á treinta mil vacas -que habia en la Sauceda, las conocia á ellas y á sus dueños, y las -nombraba por sus nombres, dando á cada uno la que era suya. Y á todos -los bandoleros que venian de diversas partes, de una vez los conocia -y sabia los nombres. Todo esto he traido para que no parezca memoria -artificial la de Simónides, y para que sepan que con solo ejercitarla -se aumenta y crece, como se ve en estos conocedores, que siendo -hombres toscos, muchos hacen lo mismo que el dicho. Y en Madrid anda -un gentil hombre, llamado D. Luis Ramirez, que cualquiera comedia que -ve representar, va á su casa y la escribe toda, sin faltarle letra, ni -errar verso: pero hay diversas maneras de memoria, unas que se acuerdan -de las palabras, y otras que se acuerdan de las cosas; como es Pedro -Mantuano, que de infinitas historias que ha leido, no solamente no -se le han olvidado, pero en cualquiera tiempo que le pidan, ó que se -ofrezca tratar de alguna de ellas, las tiene tan presentes como cuando -las iba leyendo, y los nombres propios contenidos en ellas; y de los -versos todos los que ve á segunda no se le olvida ninguno. Á todo esto -el oidor estuvo callando y<span class="pagenum" id="Page_374">[p. -374]</span> loando mucho la que yo habia mostrado; y así dijo, que -la artificial, más era para una ostentacion, que para estar siempre -cansándose en ella y con ella. Y tornando á mis alabanzas, sin -conocerme, dijo que deseaba mucho conocer á Márcos de Obregon, lo uno -porque eran vecinos en los pueblos, porque él era de Cañete la Real, -y Obregon natural de Ronda: y preguntóme qué traza de hombre tenia, -qué trato, y qué proceder; y le respondí: La proporcion y traza de -su persona es de la misma manera que la mia, y el trato y proceder -el mismo que el mio, que como somos tan grandes amigos, yo le sigo á -él y él á mí. Por cierto si él tiene, dijo el oidor, semejanza á la -apacibilidad que vos habeis mostrado, con mucha razon tiene el nombre -que le da el mundo. El oidor por todo el camino me fué regalando: de -manera, que descubrió la nobleza heredada y adquirida en aquel viaje, -en su ánimo, bondad y liberalidad. Íbamos por toda Sierra-Morena, -mirando cosas estraordinarias, que como es tan grande, ancha y larga, -que atraviesa á toda España, Francia é Italia, hasta que se va á entrar -en la mar por la canal de Constantinopla, aunque con diversos nombres, -habia mucho que ver y notar en ella. Topamos en un arenalillo una -culebra con dos cabezas, de que se admiró el oidor, diciendo que lo -habia oido decir, y hasta entonces no lo habia creido. Ni aun ahora lo -creo, dije yo, que un cuerpo tenga dos cabezas: y noté que no se movia -bien, ni huia de las bestias. Díjele á un mozo de mulas que le diese -con la vara, y él lo hizo así; y en dándole vomitó un sapon que habia -ya tragado, hasta la cabeza que estaba por tragar, con que se deshizo -el engaño que deben tener muchos. Así deben ser, dijo el oidor, muchas -cosas que nos dicen que nunca las vemos, como es lo de la salamandra. -Yo estaba, le dije, incrédulo en eso, hasta<span class="pagenum" -id="Page_375">[p. 375]</span> que á dos personas de crédito y bondad -les oí decir que junto á Cuenca, en un pueblecito que se dice Alcantuz, -habiéndose caido un horno de vidrio, hallaron pegada al mismo mortero -donde baten las llamas del fuego una salamandra; y por ser persona de -crédito lo creí, y no se han engañado los que lo traen siempre por -comparacion.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c375.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_15"> - <p><span class="pagenum" id="Page_376">[p. 376]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c376.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO XV.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">C</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Como</span> el hombre naturalmente -es animal sociable, que apetece la compañía, el oidor se halló tan bien -con la mia, que no se sufrió un punto de division en todo el camino -que pudimos ir juntos. Tenia y tiene muy gallardo entendimiento, con -que movia de lo que se ofrecia á la vista muy gentiles cuestiones, á -que yo le respondia lo mejor que pude y supe. Y si algun hombre de -traza se nos juntaba de su misma profesion, le sacaba preguntas, ó daba -ocasion que se las hiciesen; á que respondia gallardemente. Pegósenos -un clérigo de un pueblecillo de por allí cerca, y yendo caminando, -iba rezando sus horas en voz que lo pudiesen oir los alcornoques y -robles, de suerte que nos interrumpia la conversacion, y él cumplia -mal con su obligacion. Preguntóle el oidor: ¿No se podria dejar eso -para la noche, para que se hiciese con el silencio y devocion que -se requiere? Oh señor, respondió el clérigo, diónos la Iglesia esta -pension, que aun caminando habemos de rezar: ¿por qué no ordenará que -yendo un clérigo cansado, y pen<span class="pagenum" id="Page_377">[p. -377]</span>sando en sus negocios, y en el fin que han de tener, no -rezára caminando? Respondió el oidor: Porque la Iglesia no cria á los -clérigos para correos, sino para rezadores. Bien respondido está, dijo -el clérigo. Y quedó con esto muy satisfecho: topamos un muchacho medio -rapado, que por andar no tanto como las cabalgaduras, en alcanzándole -preguntó el oidor: ¿Á dónde vas, mozo? Él respondió: Á la vejez. Oidor: -No digo sino ¿qué camino llevas? Muchacho: El camino me lleva á mí, -que yo no lo llevo á él. Oidor: ¿De qué tierra eres? Muchacho: De -Santa María de todo el mundo. Oidor: No te digo sino ¿en qué tierra -naciste? Muchacho: Yo no nací en ninguna tierra, sino en un pajar. -Oidor: Bien juegas del vocablo. Muchacho: Pues siempre pierdo por bien -que juego. Oidor: Este muchacho no debe de ser parido como los otros. -Muchacho: No, porque nunca me he empreñado. Oidor: Quiero decir, pues -no dices dónde naciste, no debiste salir de madre. Muchacho: ¿Pues -soy yo rio para salir de madre? Oidor: Á fé que no teneis la lengua -muy ruda. Muchacho: Si fuera ruda no la trujera tan cerca de las -narices. Oidor: ¿Tienes padre? Muchacho: Antes por no tener muchos -vengo huyendo, porque me metieron fraile, y habia tantos padres, que -no podia sufrirlos. Oidor: ¿Y es mejor andar como correo? Muchacho: -Por huir de la correa bien puede ser un hombre correo. Reímonos mucho -con el muchacho, y en llegando cerca de una ventilla que está junto á -un arroyo algo profundo, entre dos cerros, nos dijo el mozo de mulas: -Aquí habemos de parar, porque nos darán buen recaudo, y la ventera es -muy hermosa y aseada, y si pasamos adelante habemos de caminar de noche -más de tres horas. Él hizo fuerza, prometiéndonos camas, que á lo que -pareció, la ventera era su conocida más de lo que fuera razon. En<span -class="pagenum" id="Page_378">[p. 378]</span>tramos en la venta, y -luego se presentó la huéspeda muy boquifruncida, vestida de un colorado -oscuro, y una ropa encima de lienzo blanco, llena de picaduras, y -preguntóme el mozo de mulas: ¿Qué le parece á vuesa merced? Yo le -respondí: Paréceme asadura con redaño. Y dijo el oidor: Está vestida -de vírgen y mártir. Bien dice vuesa merced, dije yo, mas está la -castidad por defuera, y lo mártir por dedentro, y como hay muchas matas -por aquí, está muy rota la castidad. Cada uno habla como quien es, -dijo la ventera. Volví la hoja, porque la ví corrida del apodo, y el -mozo de mulas enojado; y le dije: La verdad es que vuesa merced está -muy deseada y hermosa, que tiene cara, no para aquí, sino para estar -muy bien empleada. Quedó muy contenta, que era fácil de condicion, -y sacónos muy buenas perdices, con que cenamos. Ella muy contenta, -despues de haberle dicho que lo hacia como cortesana, nos dijo: Camas -habrá para vuesas mercedes, aunque para el friecillo que por aquí hace -hay pocas mantas. Dijo el muchacho frailesco: De esas no faltarán, -que con las que ha echado el mozo de mulas se puede abrigar Búrgos y -Segovia. No se burle conmigo, dijo el mozo de mulas, que le haré ver -estrellas á mediodía. ¿Pues sois vos la Epifanía? dijo el muchacho. -Respondióle el otro: Soy la puta que os parió. Y aun por eso, dijo el -muchacho, salí tan grande bellaco.</p> - -<p>Dijéronse muy graciosas cosas el muchacho y el mozo de mulas, con -que se pasó buen rato. El oidor preguntó al muchacho: Dí por tu vida, -¿de dónde eres? Yo, señor, respondió, soy andaluz de junto á Úbeda, -de un pueblo que se llama la Torre Pero Gil, inclinado á travesuras; -y como por ser pequeño el pueblo no podia ejecutarlas, hurté á mi -padre cuatro reales, y fuíme á Úbeda, donde mirando las casas de Cobos -es<span class="pagenum" id="Page_379">[p. 379]</span>taban jugando -turron, y con la codicia del comerlo púseme á jugar los cuatro reales, -y habiéndolos perdido, sin probar el turron, arriméme á un poste de -aquellos soportales, que están allí cerca, y estúveme hasta que ya era -de noche desconsoladísimo; llegó un viejo, preguntóme: ¿Qué haceis -aquí, gentil hombre? Respondí: Tengo este poste que no se caiga, -¿por qué lo pregunta? Porque si no teneis, dijo, donde dormir, allí -hay un banco de un tundidor, y os podeis acostar en aquella borra. -Y esa borra, dije yo, ¿podrá borrar mis borrones y desdichas? ¿Pues -tan temprano os quejais de ella? dijo el buen hombre. ¿No quiere que -me queje, respondí yo, si desde que salí de casa de mi padre todo ha -sido infelicidades? ¿De dónde sois? preguntó. De muchas leguas de -aquí, respondí yo. Mirad, hijo, dijo; para los hombres se hicieron los -trabajos, y quien no tiene ánimo para resistirlos, en ellos perece; -que comenzando tan temprano á sentirlos se os harán más fáciles -cuando seais hombre: los que se andan ovachones no tienen esperiencia -de cosas, y así nunca estiman el bien, que el trabajo habilita á un -hombre, y le hace capaz para todas las cosas: yo salí de casa de mis -padres de vuestra edad, y por mi virtud he llegado á tener un oficio -muy honrado de almotacen de esta ciudad. Bien adelante ha pasado, -dije yo, no se deshaga de él; pero quien no tiene blanca, ¿cómo podrá -pasar tan adelante? Si sois de tantas leguas, dijo, como decís, no es -maravilla haber gastado, y pasado trabajos. ¿Dónde es vuestra tierra? -En la Torre Pero Gil, respondí; rióse, y díjele: ¿Parécele que para -contar trabajos es poco tiempo? Así como salí, que fué de noche, me -colé en una viña, donde metí tanta uva llena de rocío, que si no -buscára por donde salir, reventára, y no pudiera llegar á Úbeda, y -ya que llegué con este trabajo me sucedió jugar cuatro reales que -traia,<span class="pagenum" id="Page_380">[p. 380]</span> y quedarme -sin dineros y con hambre y mucha sed, sin posada y cama. Pues id, -dijo, allí, y la hallareis. Fuí, y acomodando la borra, tendíme sobre -ella; parece que descansé un poco, y á media noche fué tan grande la -mudanza de la serenidad en borrasca y viento, que pensé no llegar á -la mañana, porque el aire furioso entraba en el banco, haciendo polvo -de la borra para los ojos, y charco de agua para todo el cuerpo: y -sobre todo, los cochinos que andaban paseándose y buscando la vida por -aquellas calles, acudieron á los bancos de los tundidores á repararse -de la tempestad, y pensando que estaba solo el mio, entraron gruñendo -una docena de ellos, hocicando en la borra, que aínas me borráran toda -la cara; pero sufrílos y halaguélos, por el abrigo que me causaban, -y aunque con ofensa de las dos ventanas, llegué á la mañana, no muy -limpio ni oloroso, pero con algunos palos, porque el mozo del tundidor -antes de amanecer llegó á echar los cochinos con una varilla de fresno -de tres dedos de gordo, y pensando que daba en ellos, pegaba tambien -en mis espaldas, con que se me quitó el sueño y la pereza. Pasé mi -trabajo, aunque él no se me pasó, porque siempre iba de mal en peor, -que adonde quiera que iba, ó me buscaba el mal, ó yo lo buscaba á él: -que los muchachos mal inclinados, en tanto son buenos, en cuanto la -fuerza les hace que no sean malos. Fuíme de Úbeda á Córdoba, donde topé -un fraile mozo que iba á estudiar á Alcalá, y diciéndome si queria -acompañarle, le dije: Que de muy buena gana, porque comia y bebia muy -bien de limosna, que por los pueblos y ventas le daban. Agradóle tanto -mi bachillería, que me alabó mucho en un monasterio de su órden, donde -me dieron el hábito con mucho gusto. La tentacion de hambre que pasan -los novicios, aunque la oía decir, no la creia hasta que la<span -class="pagenum" id="Page_381">[p. 381]</span> esperimenté, que cuando -acabábamos de comer, cogíale al refitolero un panecillo para comer -entre dia; pero á la segunda vez que lo hice me lo cogieron, tratándome -mal. Usé una traza muy buena, que hinqué cinco ó seis clavos por la -parte de abajo en las tablas de mi cama, y en cogiendo el panecillo iba -corriendo y espetábale en un clavo de aquellos; venian tras de mí, y -como no lo hallaban, echaban la culpa á otro.</p> - -<p>Pasé de esta manera algunos dias, con que almorzaba y merendaba -á mi gusto, y otros por mi culpa lo padecian: y estuviera hasta hoy -secreto, si no fuera por una travesura que hice contra el maestro -de novicios, que habiéndole enviado un tabaque ó canastillo de unas -tortas hermosísimas de bizcochos, le cogí dos en volviendo la cabeza, -y fingiendo que iba á otra cosa, fuí en un instante y espetélas en -los clavos: volví muy mesurado, púseme á leer, echó menos las tortas -y fué de presto á mi cama: miróme todo el cuerpo y los librillos, y -no hallando lo que buscaba, quiso ver si estaba debajo de la cama, -metiendo la mitad del cuerpo, y al fin dijo: Aquí no hay nada, vamos -á otra parte: estaba yo ya muy seguro y muy contento; pero al tiempo -que fué á sacar la cabeza de debajo de la cama, topó con el colodrillo -en un clavo de aquellos, y como se lastimó, miró lo que era, y halló -en los clavos sus tortas y mis panecillos. Asiéronme, poniéndome el -cuerpo como tablilla de pintor; mire vuesa merced si es mejor la correa -que el correo. Dejáronme aquella noche, á su parecer, que no podria -volver sobre mí; pero yo cogí mi hatillo, y aviándome hácia el camino, -enviaron tras mí dos mozos que servian al monasterio como donados, -y por saber la tierra mejor que yo, cogiéronme la delantera tan de -mañana, que cuando salí los ví de lejos puestos en lugar que no tenia -remedio sino que me habian de coger, pero como la necesidad<span -class="pagenum" id="Page_382">[p. 382]</span> es tan grande trazadora -de remedios, hallélo en un colmenar que estaba junto al camino; y así -como los ví entréme en el colmenar, derribando más de veinte colmenas, -y poniéndome entre ellas, sin hacer movimiento poco ni mucho, porque -las abejas no acometen sino á quien lo hace, y entrando ellos á -acometer, las abejas, por defender su jurisdiccion, los recibieron -con sus armas al tiempo del asalto de las murallas, y como ellos se -defendieron con las manos, cuanto más jugaban de ellas, tanto mayor -número de abejas acudia. Alborotado el ejército y puesto en arma, -desampararon las tiendas de la retaguardia, y viniendo á socorrer la -vanguardia, fué tan grande el concurso, que les hacian sombra á los -pobres verdugos. Yo, vista la batalla que por mí se habia trabado, y -viendo la seguridad con que podia escabullirme, con el mayor silencio -que pude, me salí á gatas del real por entre unas jaras, que para -encubrirme estaban más espesas que las abejas para mis contrarios, -que entrándoseles por las muñecas y pescuezo, no les daban lugar á la -defensa. Aunque lo primero que hicieron fué cargar tan increible número -á la frente y ojos, que un momento los cegaron de manera que cuando -quisieron salir ya no acertaron, ni veian por dónde. Acudió el dueño -del colmenar á sosegar sus soldados, armado con sus armas defensivas, -y halló de suerte á los miserables mozos, aporreados y llenos de -chichones, que en lugar de reñirles el daño hecho en su real, hubo -de sacarlos muy lejos de la gente alterada y colérica, porque no los -acabasen de matar. Seis dias há que vengo huyendo de los azotes que me -habian de pegar si me cogieran. Entretuvo el muchacho toda la gente de -la venta con sus sucesos con gusto y risa. Yo le dije: Al fin hallaste -misericordia en las abejas, que haber sido sin daño de tercero, -fuera el más feliz suceso del mundo: pero<span class="pagenum" -id="Page_383">[p. 383]</span> como tenemos más obligacion á nosotros -propios naturalmente que á los otros, buscamos remedio para nuestros -daños en los agenos, aunque ha de procurar un hombre su bien sin mal -del prójimo, porque lo demás es contra caridad. Dijo el muchacho: Sea -como fuere, que siempre oí decir que tiene un hombre obligacion de -guardarse á sí propio: que un cordero mató á un lobo por huir de él en -una trampa que habia puesto el pastor muy encubierta de yerba, con una -culebra muerta puesta encima. Vió el lobo que venia muy determinado á -cogerlo, y corriendo el cordero hácia donde estaba su pastor, cuando -llegó á la trampa, vió la culebra, y espantóse de ella, dió en la -trampa, y quebróse las piernas. Y si un cordero sabe defenderse con -daño ageno, ¿por qué no lo hará un hombre? Con esto se fué cada uno á -su cama, espantados de la bachillería del muchacho.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c383.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_16"> - <p><span class="pagenum" id="Page_384">[p. 384]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c384.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO XVI.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">S</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Salimos</span> de la venta, y -aunque gustáramos llevar al muchacho con nosotros, él andaba tan poco, -que el oidor le dió dineros para que se fuese á su espacio. Ya que -habia salido á puerto de claridad ó de seguridad, y admirándome de la -diversidad de los ingenios, dije: ¡Cuán pocas esperanzas se pueden -tener de estos muchachos que muestran en sus principios agudeza y -bachillería, que no les queda profundidad para las cosas de veras -y de substancia! El entendimiento capaz de las cosas, nunca anda -vacilando ni variando en cosas de poco momento: que á los principios, -para conmigo, da mayores esperanzas el que comienza más callado que -no el que descubre con locuacidad todo cuanto tiene en el alma. Que -siendo el entendimiento la más principal parte de ella, y no siendo -ella habladora, tampoco lo será el buen entendimiento. Cuando un -hombre está ya sazonado, y habilitado el ingenio en las veras, y con -la experiencia, bien enterado en la verdad, que sea locuaz, tiene -caudal para serlo; pero que no teniendo esta capacidad bien fundada -sea ha<span class="pagenum" id="Page_385">[p. 385]</span>blador y -atrevido, ni creo en él, ni en quien hiciere mucho caso de él: pero -con todo eso, estos que hablan mucho son para la soledad del camino de -provecho, porque si los oyen entretienen, y si no los oyen, dan lugar -á que mientras hablan piense cada uno en su negocio. El oidor disputó -un rato muy doctamente del entendimiento, la memoria y la imaginativa, -que no es para este lugar, y todo el camino me fué preguntando por -cosas de Márcos Obregon con grande aficion. Llegamos á Córdoba, donde -fué forzoso el apartarnos, y me rogó encarecidamente al separarnos que -le dijese el deseo que tenia de conocerlo, y que si algun tiempo fuese -á Sevilla, fuese derecho á su casa. Y con esto llegando á la puente -del Guadalquivir, dividímonos cada uno por su camino, y en habiéndonos -apartado cosa de cien pasos, yo le dije recio, que lo pudiese oir: -Señor oidor, yo soy Márcos de Obregon; y picando con toda la priesa -posible, cogí el camino de Málaga ó de Gibraltar, que á uno de estos -lugares era mi viaje. El oidor quiso volver á llamarme, y como yo me -dí priesa, fué diciendo á sus criados: No en balde me hallaba yo tan -bien con la compañía de este hombre, que cierto le he cobrado un amor, -sin saber quién era, que haria cualquiera cosa por él. Yo me avié á -una de estas ciudades, de cuya templanza yo tenia satisfaccion que -para la vejez son apacibles, por el poco frio que hace en ellas; y por -la variedad que tienen consigo los puertos de mar, por la cercanía -y correspondencia que tienen con África, fuera de tener lugares -acomodados para la soledad. Llegué á Málaga en tiempo que habia llegado -el mismo dia el bergantin del Peñon, de que era capitan Juan de Loja, -muy valiente soldado, que habia recibido y dado muchas heridas á moros -y turcos, y traia una presa muy apacible. Fuíle á ver por ser muy amigo -mio, y dándonos<span class="pagenum" id="Page_386">[p. 386]</span> los -parabienes cada uno de la venida del otro, me dijo que habia topado -con un barco muy trabajado de una borrasca, y habia cogido en él una -doncella turca y un gentil hombre, que debian de ser hermanos, ella -muy hermosa, y el mozo de gallardo talle y algo españolados, tanto que -se habian espantado por ser nacidos en África, é hijos de infieles. -Roguéle que me los mostrase, por tenerles muy guardados, para hacer -un presente de ellos. Él me dijo: Antes, pues habeis estado en Argel, -quiero que sin veros los oigais hablar, por ver si tratan verdad. Entró -donde estaban, quedándome yo á la puerta, y díjoles: Contadme la verdad -de vuestra historia, ya que es forzoso vuestro cautiverio, para que -conforme á esto os haga el tratamiento que merecen vuestras personas. -Estaba el mozo muy triste, y la doncella deshecha en lágrimas, suspiros -y sollozos; consolándolos su amo, el mozo dijo de esta manera: Que la -privacion de la preciosa libertad nos traiga tristes y afligidos, la -misma naturaleza lo pide; que carezcamos de nuestra tierra, padres -y regalos que poseimos, por fuerza se ha de sentir; que dejásemos -hacienda, esclavos y grandeza de nuestra voluntad, soledad nos causa; -pero que no consigamos el intento á que venimos, nos arranca el corazon -del pecho.</p> - -<p>Mi hermana y yo, que lo somos cierto, nacimos en Argel, somos -hijos de un español que del reino de Valencia se pasó á Argel. Casóse -con nuestra madre, que es turca de nacion. Es nuestro padre corsario -que trae por la mar dos galeotas suyas, con que ha hecho mucho mal á -cristianos. Entre los cautivos que robó en España, vino uno á quien -nuestro padre nos dió para maestro de la lengua y letras españolas, que -como nos encarecia tanto las cosas de su tierra, nos encendia en amor -y deseo de ver y haber lo que tanto estimaba: este esclavo español se -dió tan buena priesa en la doc<span class="pagenum" id="Page_387">[p. -387]</span>trina que nos enseñó, que dentro de pocos dias teníamos -aborrecida la que habíamos mamado en la leche, y abrazada en el corazon -la del bautismo. Si yo nombraba á Jesus, mi hermana á su madre María: -no teníamos otra comunicacion sino esta. Hicimos voto en voz de vivir y -morir en la religion cristiana. Diónos palabra este esclavo de buscar -modo cómo nos bautizásemos. Han pasado ocho años que fué á su tierra, -y al cabo de estos nos dijeron que en saliendo de Argel lo habian -cautivado las galeras de Génova, y le habian muerto entendiendo que era -nuestro padre. Desconfiados ya de su aviso ó venida, determinamos de -buscar por otra parte remedio. En este tiempo, como ya mi hermana tenia -edad para tomar estado, y yo era el mayorazgo de aquella hacienda, -concertó nuestro padre con un turco muy rico, que tenia hijo é hija de -nuestra edad, de trocar y casar hijo con hija, é hija con hijo, y habia -sido este deseo general en todo Argel, porque aunque tenia mi hermana -y yo libertad con riqueza, nunca nos vió nadie con resabios de tales, -que si bien éramos estimados, ella por su mucha hermosura, y yo por -sucesion de mi hacienda, nunca nos empeció que olvidásemos la libertad -cristiana que nos enseñó nuestro maestro, y por brevedad de nuestras -desdichas, viendo tan cerca nuestros casamientos por donde habíamos -de borrar de nuestra alma los ardientes deseos que conservábamos en -el pecho; mi hermana y yo aguardamos á que nuestro padre hiciese una -jornada hácia levante para traer alguna presa con que enriquecer más -nuestro nuevo estado, y en echando las galeotas al agua, nos fuimos -á una heredad, y comunicando el caso con cuatro esclavos españoles, -dos turcos, y seis italianos prácticos en toda la costa de España; -y estando mi madre segura y descuidada, por estar mi hermana en mi -compañía, cogi<span class="pagenum" id="Page_388">[p. 388]</span>mos -al anochecer un barco, y con todo el silencio del mundo, batiendo -los remos fuertemente, nos dimos tan buena priesa, que al amanecer -descubrimos la costa de Valencia; pero yendo con esta buena suerte, -nos vino un viento de hácia levante que nos hizo bajar la vela, y nos -echó hácia poniente con tanta furia, que no fuimos señores del barco, -porque venian sobre nosotros tan levantados montes y breñas de agua, -que mil veces nos vimos debajo de las olas sumergidos; y como yo y mis -criados llevábamos el cuidado puesto más en salvar á mi hermana que -á nosotros propios, una vez esperando un peñasco de agua que venia á -tragarnos, tendióse ella de bruces sobre el suelo del barco, y á cuatro -que se pusieron á resistir la fuerza por que no llegase á ella, se les -sorbió la ola, y nunca más parecieron. Rendímonos á lo que el cielo -ordenase despues de haber atado á mi hermana, de suerte que no se la -llevasen las olas aunque padeciese naufragios el barco, y á los que -llevaban los remos en las manos, se los arrancó de ellas el soberbio -viento, dejándoles los brazos mancos. Yo, visto que solo Dios podia -socorrernos, mandéles que no hiciesen defensa, porque el barco sobre -aquellas poderosas olas, andaba como cáscara de nuez, siempre encima, -aunque una vez, viendo que se volvia boca arriba, yo me abracé con mi -hermana, que me valió la vida, porque á los demás que iban sueltos los -voló, sino fueron á dos que se asieron á los dos bordes del barco. -Vino á sosegarse un poco el viento, pero las olas movidas del levante -inexorable quedaron por dos dias en su fuerza, andando sin gobierno -cinco ó seis dias, sin poder comer lo poco que nos habia quedado: -como no tenia remos, ni quien los gobernase, acordéme que aquel -nuestro ayo ó esclavo nos dijo, que los que se encomendaban á Dios, -tomando el sagrado bautismo, habian de pasar<span class="pagenum" -id="Page_389">[p. 389]</span> los trabajos con mucha paciencia y -esperanza; y consolámonos con esto. Mi hermana vuelta en sí comenzó -con muchas veras á rezar en un rosario que le habia dejado Márcos de -Obregon, que así se llamaba nuestro maestro, y en esto descubrimos -vuestro barco, no con intento de ponernos en defensa, que aquellos dos -turcos que vuestro valeroso brazo mató, los traíamos ya con celo de -bautizarse: llegamos á tierra de cristianos, donde suplicamos á Dios -nos dé paciencia y nos cumpla nuestro deseo. Acabó su razonamiento, -y la hermana no el llanto que habia comenzado desde el principio del -cuento. El capitan, piadoso y enternecido, les dijo: Si lo que habeis -contado con tanta terneza es verdad, yo os daré libertad y todas las -joyas que tengo vuestras, y les dijo: ¿Conocereis á Márcos de Obregon -si lo veis? Respondió la doncella: ¿Cómo lo habemos de ver si es -muerto? Dijo el capitan: Salid afuera, y mirad si es alguno de los -hombres que están ahí. Alborotáronse confusos entre esperanza y temor, -y la doncella con mayor turbacion, porque el amor hizo memoria de lo -pasado, y la religion le facilitó su ardiente deseo de ver á quien los -habia enseñado; salieron afuera, y en viéndome se arrojaron á mis piés, -llamándome padre, maestro y señor; quedé en éxtasis por algun espacio -sin poder hacer otra accion sino admirarme, afirmando que cuanto habian -contado era verdad: en sosegándome de la súbita alteracion, lloré -tiernamente con ellos, que tambien el contento tiene sus lágrimas -piadosas, como el pesar congojosas: el capitan quedó espantado del -caso, y habiéndoles consolado con sus palabras y mi presencia, les -dijo: No quiera Dios que yo cautive á cristianos; libertad teneis, -y vuestras joyas, de que yo he sido no poseedor, sino depositario -veislas aquí (entre las cuales ví un rosario que yo le habia dado -á la doncella), usad de la<span class="pagenum" id="Page_390">[p. -390]</span> libertad cristiana, pues tan venturosos habeis sido en -llegar á ejecutar vuestro soberano intento. La alegría que yo sentí en -ver aquellas dos prendas, que en mis trabajos y cautiverio me alentaron -y consolaron, me volvió, si se puede decir, á la mocedad pasada: que -el pecho con alegría entretiene la vida; y la alegría fundada en bien, -engendra paz en el alma. Hablé grandes ratos con ellos de mis trabajos -y sus consuelos, que siendo pasados, bien pueden traerse á la memoria, -pues causan, á la medida del pasado mal, la presente alegría. Los -virtuosos mozos cobraron tanta en verme, que se les borró del rostro -la tristeza del trabajo pasado. Dimos órden en su vida con ayudarles -á cumplir lo que tanto deseaban; y fué la mudanza de sus acciones -exteriores tan conocida, que nos dió ejemplo de vida á todos. Aviáronse -á Valencia á conocer los parientes de su padre, donde vivieron con -tanto consuelo del alma, que tuve nueva que acabaron sus vidas con -grande ejemplo de virtud cristiana.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c390.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_17"> - <p><span class="pagenum" id="Page_391">[p. 391]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c391.jpg" - alt="Ilustración" /> - </div> - <h3 class="aizq mt-2">DESCANSO XVII.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">P</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Parecióme</span> que para la -quietud que yo deseaba, el bullicio de Málaga, y las ocasiones de la -tierra y mar, con el apacible trato de la gente, siendo yo conocido en -ella, no se podia hallar á la medida de mi deseo, y la ejecucion del -intento principal; fuíme á la Sauceda de Ronda, donde hay lugares y -soledades tan remotas, que puede un hombre vivir muchos años sin ser -visto ni encontrado si él no quiere. Púsome en camino un buen hombre, y -porque no pasase sin trabajo, llegando á la Sabinilla, se desembarcaron -dos bergantines de turcos, saltaron en tierra, y cogieron pescadores -y vaqueros, cuantos hallaron por allí; porque aunque habian hecho -ahumadas, no las echamos de ver hasta que dimos en manos de los moros, -que nos maniataron y llevaron á los bergantines; pero de verse tan -señores de la tierra, descuidáronse, hinchando las panzas de vino de lo -que hallaron en una hacienda de pesca; de manera que todos, ó la mayor -parte se emborracharon; dan sobre ellos la gente de Estepona y Casares, -y los demás que vivian cerca vi<span class="pagenum" id="Page_392">[p. -392]</span>niendo al rebato, cautivando y matando, se escaparon muy -pocos. Los que estábamos en los bergantines maniatados, pedimos á los -guardas, que si querian vivir nos desatasen y echasen en tierra; lo -cual hicieron, y les valió para poderse aviar, porque desatando á un -vaquero con los dientes, hombre de fuerza y ánimo, cogió un remo como -si fuera una vara de medir, y jugando de él, hizo que nos desatasen á -todos y nos echasen en tierra. Afligíme de nuevo, acordándome de mis -trabajos de mar y tierra, que aunque han sido muchos, siempre hallé -piedad y misericordia en ellos, como en este, que viéndome un hombre -anciano en edad, aunque robusto y fuerte en las acciones de hombre de -valor, vecino de la villa de Casares, que decian ser un Abraham en -piedad, porque su casa y hacienda era siempre para hospedar peregrinos -y caminantes; llegóse á mí, y dijo: Aunque siempre la piedad me llama á -semejantes cosas, ahora parece que me hace más fuerza que otras veces, -viéndoos afligido y con edad; idos conmigo á mi casa, que aunque es -pobre de hacienda, es abundantísima de voluntad, y nadie hay en ella -que no se incline á piedad tan entrañablemente como yo: no solamente mi -mujer é hijos, pero criados y esclavos, que tanto tiene el hospedaje -de bueno, cuanto tiene de concordia en el amor de todos. ¿Cómo es el -nombre, pregunté yo, de quien tanta piedad usa conmigo? que fuera de -la caridad, que tanto resplandece en vuestra persona, hay en mí otra -fuerza superior que me abrasa el pecho en amaros. Yo, respondió, soy -un hombre no conocido por partes que en mí resplandezcan, contento con -el estado en que Dios me puso, pobre bien intencionado, sin envidia al -bien ageno, ni de las grandezas que suelen estimarse; trato con los -mayores con sencillez y humildad, con los iguales como hermano, con -todos los suge<span class="pagenum" id="Page_393">[p. 393]</span>tos -como padre. Alégrome cuando hallo mis vaquillas cabales, castro mis -colmenas, hablando con las abejas como si fueran personas que me -entendiesen; no me pongo á juzgar lo que otros hacen, porque todo me -parece bueno; si oigo decir mal de una persona, mudo conversacion en -materia que les pueda divertir; hago el bien que puedo con lo poco que -tengo, que es más de lo que yo merezco, que con esto paso una vida -quieta, y sin enemistades que destruyen la vida. Dichoso vos, dije yo, -que sin andar contemporizando las pompas y soberbias del mundo, habeis -alcanzado lo que todos desean poseer. ¿Pues cómo habeis caminado á -tan quieta vida? Respondió: No desprecio de lo propio, no envidio lo -ageno, no confio en lo dudoso, no reparo en recibir lo que viene sin -alteracion de ánimo. Quien tal estado alcanza, dije yo, bien es que -publique su nombre. No es mi nombre, dijo, de los conocidos por el -mundo, sino á la manera de mi persona, llámome Pedro Jimenez Espinel. -Dióme una aldabada en el corazon, pero soseguéme, prosiguiendo en -la conversacion para entretener el camino hasta llegar al lugar; y -preguntéle: ¿Y con esa vida tan segura teneis alguna pesadumbre que -os inquiete? Por Dios, señor, respondió, si no es cuando no hallo la -hacienda bien hecha, ó la comida por aderezar, no tengo pesadumbre, -y esa con leer el Memorial de la vida cristiana de fray Luis de -Granada, se me quita como por la mano. ¡Cuántos filósofos, dije yo, han -procurado esa sencillez y no la poseyeron con cuantas observaciones -han tenido en los preceptos de la filosofía moral y natural! No me -espanto, dijo el buen hombre, que como la mucha ciencia engendra en los -hombres algun desvanecimiento, sin humildad no se puede alcanzar esta -vida, que como yo soy ignorante, abracéme desde mi niñez con la virtud -de paciencia y<span class="pagenum" id="Page_394">[p. 394]</span> -humildad que conocí en mis padres, y héme hallado bien con ella; pero -pues habeis andado por el mundo, podrá ser que hayais conocido por -allá un sobrino mio que há muchos años no sabemos de él, que segun nos -han dicho, anda en Italia, y á cuantos hospedo en mi casa, fuera de -ser la obra buena, en parte lo hago por saber de mi sobrino. ¿Cómo se -llama? pregunté, y respondióme con mi propio nombre. Sí le conozco, -dije, y es el mayor amigo que tengo en el mundo. Él es vivo, y está en -España, y bien cerca de aquí; donde sin andar mucho le podreis ver y -hablar. Holguéme en el alma de conocer mi sangre, y tan bien fundada -en las virtudes morales cristianas, que pudiera yo imitarle si fuera -tan puesto en la verdad de las cosas como era razon. Él se holgó de -las nuevas que le dí, aunque por entonces no me dí á conocer hasta que -hube mudado estado. Que realmente la carne y sangre, y tan cercana como -esa, tiene algo de estorbo para la ejecucion de los intentos buenos que -apetecen soledad. De todos los valerosos hombres en religion tenemos -noticia que han huido á los desiertos de la compañía de parientes y -amigos que pueden ser impedimento para los buenos fines. Los actos -del alma en la soledad están más desembarazados y libres. Obras de -ingenio no quieren compañía. El vicio tiene menos fuerza cuando las -ocasiones son menos. Las más escelentes obras de varones señalados se -han fraguado en las soledades. Y quien quisiere adelantarse en cosas de -virtud, ora sea en ejercitarla, ora sea en escribir de ella, se hallará -más fácil y pronto para semejantes acciones. Y aunque la soledad por sí -no es buena, no está solo quien tiene á Dios por compañero.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c156.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_18"> - <p><span class="pagenum" id="Page_395">[p. 395]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c395.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO XVIII.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">Y</p> -</div> - -<p class="icap">Y para cortar razones, llegué á la Sauceda, donde lo -primero que encontré fueron tres vaqueros con muy largas escopetas, que -me dijeron: Apéese del macho. Yo les repliqué: Mejor me hallo á caballo -que á pié. Pues si tan bien se halla, dijeron ellos, cómprenoslo. Eso -seria, dije yo, quedar sin macho y sin los dineros que no tengo. ¿Quién -son vuesas mercedes, que me venden el macho que yo compré en Madrid? -Despues lo sabrá, respondieron, y ahora apéese. Cierto, dije yo, que me -huelgo, porque no he visto más mala bestia en mi vida, maliciosa, ciega -y llena de esparavanes, y con más años acuestas que una palma vieja, -tropieza cada momento, y se arroja en el suelo sin pedir licencia; -solo una cosa tiene buena, que si le ponen un alcalí de cebada no -se moverá hasta tener sed. Pues con todas estas faltas lo queremos, -dijeron. Al fin me bajé de ella, y rindiéndoles las faldriqueras, -como no hallaron substancia en ellas, dijeron que habian de desollar -al macho, y meterme en el pellejo si no les daba dineros. ¿Pues<span -class="pagenum" id="Page_396">[p. 396]</span> soy yo cofre, les dije, -que me quieren aforrar del pellejo del macho? ¿ó quieren abrigarme -por el frio que me ha causado el temor de ver las escopetas? Con el -buen ánimo que conocieron en mí, se desenconaron del ruin que ellos -tenian; y porque al mismo tiempo venian otros cinco ó seis furiosos -por asir á un hombre que se defendia de ellos valerosamente, dando y -recibiendo heridas, á los cuales mandó su caudillo que no le matasen, -porque tan valiente hombre seria bueno para su compañía; mas él, con -valeroso pecho, dijo que no queria sino que le matasen si pudiesen. -¿Por qué? preguntó su cabeza, aquietándoles y sosegando á él. Porque -á quien tal desdicha como á mí le ha sucedido, no há menester vivir. -Miré al hombre, y pareciéndome que era el doctor Sagredo, á quien yo -habia comunicado en Madrid, aunque con trage diferente, porque él era -médico, y allí venia como soldado desgarrado, pero siempre hombre muy -de hecho, y así no me determiné en que fuese él mismo. Sosegáronse, y -él con grandes ansias reprehendia la piedad de los salteadores porque -no le mataron, y con ardientes suspiros clamaba al cielo, diciendo: -¡Oh rigores de las estrellas, desdichas entrañables solamente mias, -mudanzas de fortuna, planetas verdugos de mi quietud y sosiego, que -habiéndome librado de tan inmensos peligros por mares y tierras no -conocidas, me viniese á tragar la furia del mar mi dulce compañía, -mi regalada esposa, despues de haberme seguido y acompañado en tan -importunos trabajos, y que fuese yo tan para poco que no me arrojase -en las levantadas olas para acompañar en la muerte á quien me acompañó -en la vida! Tantas ternezas dijo, que movió á compasion á la más -mala canalla que habia en el mundo en aquel tiempo, que en hábito -de vaqueros andaban trescientos hombres robando y salteando á<span -class="pagenum" id="Page_397">[p. 397]</span> quien no se defendia, -y matando á quien se defendia. Juntáronse á consejo cosa de ciento -que se hallaron allí con el caudillo, para tratar de cierta sospecha -que traian de que Su Magestad queria remediar aquel fuego que se iba -encendiendo con tan exorbitantes daños como se descubrian en toda la -Andalucía á cada momento, y juntamente sentenciar qué habian de hacer -de muchos que tenian en cuevas presos. Y entretanto nos pusieron al -doctor Sagredo y á mí con otros dos en una cueva, fácil para entrar, -y para salir imposible, aunque tenia bastante claridad, que por entre -la espesura de los encumbrados árboles entraba en la cueva. Y viéndome -en aquella afliccion, por no estar en triste silencio, le pregunté: -Señor, ya que estamos en un trabajo, y padeciendo un mismo agravio, os -suplico me digais si sois el doctor Sagredo. Alborotóse, y replicóme: -¿Quién sois vos que me lo preguntais, y dónde me conocísteis? Yo soy, -le respondí, Márcos de Obregon. No lo acabé de pronunciar, cuando -echándome los brazos al cuello, me dijo: ¡Ay padre de mi alma! ya -murió vuestra querida y regalada; ya murió mi amada esposa; ya murió -doña Mergelina de Aybar; ya murió todo mi bien y mi compañía. Ya no -soy el doctor Sagredo, sino una sombra del que solia, hasta que llegue -la disolucion de este miserable cuerpo. ¡Ay mi consejero leal, y cuán -mal me aproveché de vuestra doctrina para verme ahora en la soledad -que me aflige y atormenta el alma, si no es que el inmenso Dios, tras -tantos infortunios, sea servido de ponerme en esta mazmorra con vuestra -compañía para que muera con algun alivio y refrigerio, que despues que -de ella me aparté, se apartó de mí todo lo que podia estarme bien! -¿Pues cómo y cuándo, dije yo, y dónde murió aquella prenda tan amada -vuestra, y alabada por su hermo<span class="pagenum" id="Page_398">[p. -398]</span>sura de todo el mundo? Ninguna fuerza pudiera haber tan -grande para mí en lo descubierto como la vuestra para contar desdichas, -y que tanto me atormentan la memoria. Pero pues no sabemos el fin que -nos está guardado en esta esquiva prision, y estando tan cierto que -renovar mis desventuras á quien las ha de sentir, y no burlarse de -ellas, puede aligerar tan pesada carga, tomaré el principio de lo que -lo fué de mi total ruina.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c398.jpg" - alt="Ilustración" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_19"> - <p><span class="pagenum" id="Page_399">[p. 399]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c399.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO XIX.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">L</p> -</div> - -<p class="icap2"><span class="smcap">Luego</span> que, por mi -desgracia, salí de aquella reina del mundo, Madrid, ó madre universal, -en el primer pueblo á donde llegué ví tocar cajas que hacian gente por -mandado de Felipe II, para ir á descubrir el estrecho de Magallanes; -y como yo nací más inclinado á las armas que á los libros, dí con -ellos á un lado; y con el ánimo alterado, arrimándome á un capitan -amigo mio, eché mi caudal en armas y en vestidos de soldado, que no le -parecieron mal á doña Mergelina, que con ver que ella gustaba de ello -me incliné más á seguir aquel modo de vida, llevándola en mi compañía, -por quererlo ella, y por desearlo yo, que muchos hombres casados fueron -á la misma jornada, porque la intencion de Su Majestad era poblar aquel -estrecho de vasallos suyos, y pluguiera á Dios me lo estorbara, que yo -tenia mi voluntad tan subordinada á la suya, que sin su beneplácito no -me arrojara tan inconsideradamente á profesion tan llena de miserias y -necesidades. Embarcámonos en Sanlúcar, que voy abreviando, y llegando -al golfo de las Yeguas fué tan<span class="pagenum" id="Page_400">[p. -400]</span> desatada y terrible la tormenta que nos sobrevino, que -por poco no quedára tabla en que salvarnos; pero por la prudencia de -Diego Flores de Valdés, general de la flota, volviendo las espaldas -á la tormenta, tornamos á invernar á Cádiz primera vez, de donde -salimos, y con grandes incomodidades llegamos á la costa del Brasil, -invernando segunda vez en San Sebastian, á la boca del rio Ganero, muy -ancho y estendido puerto. Estuvimos allí algun espacio, admirándonos -de ver aquellos indios desnudos, y tanta abundancia de ellos, que -bastára para poblar otro mundo. Solian desaparecerse algunos de ellos, -sin saber qué se hacian, y un valeroso mancebo, mestizo portugués é -indio, determinóse de buscar el fin de tantas personas como faltaban, -y embrazando una rodela de punta de diamante, y una muy gentil espada, -se fué por la orilla del ancho mar: vió de lejos un mónstruo marino que -estaba esperando algun indio para cogerle, y que llegando cerca, puesto -en piés el mónstruo, porque antes estaba de rodillas, era tan grande, -que el portugués no le llegaba al medio cuerpo, y cuando el mónstruo le -vió cerca, cerró con él pensando llevarle adentro, como hacia con los -demás. Pero el valeroso mozo, poniendo la rodela adelante, y jugando la -espada, defendióse lo mejor que pudo, aunque las conchas de la bestia -marina eran tan duras que no le pudo herir por alguna parte. Los golpes -que el mónstruo le daba eran tan pesados que no los osaba esperar, -hasta que dió en ponerle delante la punta del diamante, apuntando á -las coyunturas de los brazos, por donde el mónstruo recibió tanto daño -que se iba desangrando: y habiendo durado esta pesca grande rato, al -fin cayeron ambos muertos. Fueron á buscar al animoso mozo, y hallaron -uno caido á una parte, y otro á otra. El capitan Juan Gutierrez de -Sama<span class="pagenum" id="Page_401">[p. 401]</span> y yo vimos el -cuerpo del espantable mónstruo, y otros muchos españoles, con grande -admiracion. El mar por allí tiene muchos bajíos y muchas islas; en -una de ellas vimos una serpiente de las que por acá nos pintan para -espantarnos, que tenia el hocico á manera de galgo, largo, y con muchos -dientes agudísimos; alas grandes de carne, como las de los murciélagos, -el cuerpo y pecho grandes, la cola como una viga pequeña enroscada, -dos piés, ó manos con uñas, el aspecto terrible. Encaramos cuatro -escopetas hácia ella, porque estaba en una fuente que por el remanente -íbamos á buscar para beber. Yo fuí de parecer que cuando la matásemos -ella mataria á alguno de nosotros, y así la dejamos, porque ella en -viéndonos se entró por la espesura del monte, dejando un rastro muy -ancho como de una viga. Mas como no me importaba, ni importa para mi -discurso, no digo muchas monstruosidades que vimos. Seguimos desde allí -el camino ó viaje del estrecho, por el mes de enero y febrero, cuando -allá comienza el verano, con muchos vientos contrarios, oponiéndonos -á recias corrientes, que ó por cerros altísimos, y canales que hay -debajo del agua, ó por vientos furiosos que la mueven, nos hacian -tantas contradicciones, que muchas naos padecieron tormentas, y algunas -naufragio, sin poderse socorrer unas á otras. Entre las que padecieron -naufragio fué la que llevaba mi esposa y á mí, que aunque soltaron -pieza, ó no nos oyeron, ó no pudieron socorrernos, sino fué una que -iba á vista de la nuestra, que compadecidos los marineros, contra su -costumbre, de nosotros, acudieron á tan buen tiempo que pudo salvarse -la ropa y las personas antes que del todo se hundiese. Los soldados -y marineros, despues de haberse anegado nuestro navío, y pasado al -otro, acudieron á regalar á la mal malograda de mi esposa,<span -class="pagenum" id="Page_402">[p. 402]</span> que aunque era tan -varonil, el temor de la tragada muerte la tenia turbada, y así fué -parecer de todos que no siguiésemos la armada hasta ver que la gente -hubiese respirado del trabajo pasado. Descubrióse una isla despoblada, -adonde con algun trabajo pudimos arribar. Reparámonos del cansancio y -trabajo, hicimos agua, que la hallamos muy buena, y algunas frutillas -con que nos refrescamos, y dentro de quince dias nos hicimos á la vela -siguiendo la flota, que no pudimos alcanzar. Llegamos á vista del -estrecho, despues de haber andado perdidos mucho tiempo. Descubriéronse -grandes y altas sierras, con muchos árboles frutales, y infinita caza, -segun supimos de pobladores que dejó allí la armada, aunque ni saltamos -en tierra, ni nuestra cabeza lo consintió por volver á seguir la -flota.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c402.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_20"> - <p><span class="pagenum" id="Page_403">[p. 403]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c403.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO XX.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">E</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Estando</span> esperando viento -para volver la proa, vimos venir muchísimas aves en aquella parte del -estrecho, donde habia unos hombrezuelos pequeños de estatura, porque -en la otra son altísimos y membrudos, que casi las aves se señorean -de la tierra, de manera que los hombrecitos huian de ellas; nos vino -un viento tan poderoso, que nos hizo pasar el estrecho sin poderle -resistir, con grandes daños del navío, porque siendo la orilla muy -llena de bajíos, íbamos casi arrastrando por la arena las áncoras, -fuera de no estar el estrecho llano como el de Gibraltar, sino haciendo -combas y senos, y topando en las áncoras que habia dejado la arena -por allí. La presteza del viento fué tanta y tan sin pensar, que no -tuvieron los marineros traza para defender al navío. Pasamos de la otra -parte con todos estos peligros de golpes que el navío daba, y duró -tanto, que nos rompió las velas mayores, aunque las demás se amainaron, -dejaron el trinquete de proa para que la inmensa furia del aire nos -llevase adonde quisiese, sin poder dar bordo ni ver lugar<span -class="pagenum" id="Page_404">[p. 404]</span> adonde pudiésemos tener -recurso ni socorro. Al fin anduvimos seis meses perdidos, faltando -ya todo lo necesario para conservar la vida, arrojados y sacudidos -de las olas por tan inmensos mares, de nadie conocidos y navegados, -perdida la esperanza y el gobierno sin saber hácia dónde caminábamos, -dispuestos cada dia para ser manjar de mónstruos espantables, fuera de -nuestro elemento, y acabadas ya comida y bebida, de suerte que no habia -quedado cuero de maleta que no hubiese sido dulcísimo mantenimiento -de su dueño, si se las dejaban comer á solas, con un temor horrible, -de imaginar la sepultura que teníamos abierta en las no habitadas -cavernas del profundo mar, ó en las hambrientas entrañas de sus -indomables bestias. Creyendo que ya todo el mundo hubiese tornado á -ser agua otra vez por el diluvio general, comenzaron todos á decir en -un grito: ¡Tierra, tierra, tierra! porque descubrimos una isla de tan -altos riscos cercada, y ellos adornados de tan levantados árboles, -que parecia alguna cosa encantada, y apenas la descubrimos, cuando en -un instante se desapareció, no por arte mágica sino por la fuerza de -una corriente que nos arrebató el navío contra nuestra voluntad, sin -ser poderosos para resistirlo, hasta que la misma corriente nos echó -á un lado, entre unos remolinos tan furiosos, que tuvimos por cierto -que se tragára el navío, y á nosotros con él; pero volviendo en sí -los marineros, y no habiendo perdido el tiento donde se descubrió la -isla, parecióles que dando bordos con el trinquete, llevando siempre á -vista la corriente, sin acercarnos á ella, podíamos tornar á cobrar la -isla; pero yo fuí de opinion y parecer que amainasen el trinquete, y -con los dos barcos que iban amarrados en la popa, llevásemos el navío -á jorro; porque si la corriente arrebatase uno de los barcos, sería -fácil de volver al navío; mas si arrebatase<span class="pagenum" -id="Page_405">[p. 405]</span> el navío, tornaríamos á perder el tiento, -y aun las vidas; y encomendándonos todos al bendito ángel de la guarda, -con grandísimas plegarias y oraciones, y bogando los barcos aquellos -que más robustos ó menos flacos habian quedado por la falta de los -mantenimientos, remudando de cuando en cuando porque todos se alentasen -con la esperanza de ir á buscar tierra, pusimos en la guia ó en lo más -alto del árbol mayor un hombre muy bien atado que fuese descubriendo -con grande vigilancia, y avisando lo que pareciese que se descubria; y -al cabo de dos dias al punto que ya nos parecia que habíamos perdido el -camino de nuestra salud, tornamos á ver aquellas altísimas y tajadas -peñas, más empinadas que el Calpe de Gibraltar, pero llenas de tan -próceros y vistosos ramos, que alentó de manera á todos mis compañeros, -que fué menester quitarles los remos de las manos; porque con las -ansias y encendidos deseos que tenian de llegar á tierra, por poco -dieran otra vez con el navío en la corriente, y con las personas en -la última miseria de desesperacion. Pero dándoles una grande voz, les -dije: Compañeros, ya que Dios os ofrece, tras de tantas desventuras, -hambres y trabajos, ocasion en que se conozca cuánto puede la industria -junta con el valor de los pechos, que tanto tiempo han estado firmes, -siendo terreno de increibles golpes de fortuna, si ahora nos faltase -la cordura y sufrimiento para con prudencia considerar cuánto más -cercanos estamos de la muerte que en todo el tiempo que nos ha traido -la fortuna jugando con nuestras vidas, no seria ya culpa suya, sino -nuestra, precipitarnos en tan evidente peligro como el que habemos -tocado con las manos y visto con los ojos. Y siguiendo mi parecer en -lo que tanto nos importaba, fuimos acercándonos á la isla con tanto -tiento, que aunque diéramos en la corriente con alguno de los bar<span -class="pagenum" id="Page_406">[p. 406]</span>cos, con la mucha atencion -que todos los marineros de conocimiento llevaban, no se recibiera daño -que no fuera fácil de reparar. Caminamos tanto y tan atentamente, que -veníamos á hallarnos menos de media legua de la isla, y muy cercanos á -la corriente, que al parecer de los más esperimentados, comenzaba sobre -la isla muy poco trecho, y se estendia por ambos lados, de manera que -dejaba la entrada imposible y la isla inaccesible, como le dimos el -nombre. Y aunque la corriente no era tan estendida como en lo que por -nuestro daño habíamos visto, era mucho más furiosa, por ser en aquella -parte más angosta.</p> - -<p>Al fin, estando suspensos, y sin consejo sobre lo que se habia de -hacer, yo dije resueltamente: ¿Allí hay tierra y riscos? pues aquí ha -de haber lo uno y lo otro. Y determinadamente hice arrojar el áncora, -y á poco trecho aferró de suerte, que todos quedamos muy contentos -y con esperanza de salvamento. Hecho esto, pedí todos los cabos, -sogas y maromas, de que habia abundancia, tambien como de pólvora, -porque no se habia ofrecido lance en que gastar lo uno y lo otro, y -atadas fuertemente una soga con otra vino á ser tanta la cantidad, -que podia el barco llegar á la isla, y echando en él cincuenta -compañeros, y los más fuertes que me pareció, con sus arcabuces, -frascos y frasquillos, bien llenos de pólvora, y yo por cabo de ellos, -aviando en el navío, que aunque nos arrebatase la corriente, fuesen -dándonos cabo, y alargando con mucho tiento las maromas, hasta ver -en qué parábamos; nos dejamos llegar, guiándonos el bendito ángel de -la guarda, y arrebatándonos la corriente, sin recibir el barco otra -alteracion, sino ir con mucha furia. Á poco trecho nos hallamos en -un abrigo, ó seno que hacia la isla por aquella parte, tan sosegado, -que si era grandísima la furia de la corriente, no era menos<span -class="pagenum" id="Page_407">[p. 407]</span> mansa y quieta la playa ó -puerto adonde nos arrojó. Con este infeliz, y no pensado suceso, fuimos -bogando, arrimados al levantado risco para buscar alguna entrada, y -luego vimos á la puerta que hacia el encorvado abrigo, un ídolo de -espantable grandeza, y más admirable hechura, y de novedad nunca vista -ni imaginada: por su grandeza era como de una torre de las ordinarias; -sustentábase sobre dos piés tan grandes, como lo habia menester la -arquitectura del cuerpo: tenia un solo brazo que le salia de ambos -hombros, y éste tan largo, que le pasaba de la rodilla gran trecho: -en la mano tenia un sol ó rayos de él, la cabeza proporcionada con lo -demás, con solo un ojo, de cuyo párpado bajo le salia la nariz con sola -una ventana: una oreja sola, y esa en el colodrillo: tenia la boca -abierta, con dos dientes muy agudos, que parecia amenazar con ellos: -una barba salida hácia fuera con cerdas muy gruesas: cabello poco y -descompuesto. Pero aunque pudiera espantarnos esta vision para no pasar -adelante, como íbamos buscando la vida, y se habia de hallar en tierra, -caminamos hácia el ídolo, por donde estaba la pequeña entrada para la -isla, de nadie jamás vista ni comunicada, y al punto que llegamos el -barco á la entrada, salieron los dos altísimos jigantes, de la misma -hechura que tengo pintado el ídolo, y cogiendo el barco cada uno de -su lado, fué tanto el espanto nuestro y la violencia suya, que sin -podernos valer, nos vaciaron en una cueva que estaba al pié del ídolo: -y á un pobre compañero que tuvo ánimo para disparar el arcabuz, cogió -un jigante de aquellos, ciñéndolo con la mano por medio del cuerpo, y -lo arrojó tan lejos, que le vimos ir por encima del agua grande trecho, -hasta que cayó en el mar. Yo tuve advertencia de amarrar el barco á un -tronco de un árbol que estaba cerca de la entrada, antes que lle<span -class="pagenum" id="Page_408">[p. 408]</span>gásemos á ella, que -despues nos fué de mucha importancia, no previniendo el daño que nos -habia de venir, sino porque el barco no se fuese hácia la corriente.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c408.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_21"> - <p><span class="pagenum" id="Page_409">[p. 409]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c409.jpg" - alt="Ilustración" /> - </div> - <h3 class="aizq mt-25">DESCANSO<br /> XXI.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">L</p> -</div> - -<p class="icap2"><span class="smcap">Los</span> jigantes, así como -nos echaron en la cueva, taparon la boca, dejando caer un troncon -de un árbol, que estaba en la puente superior pendiendo, á manera -de puerta levadiza, que hizo con el encaje y golpe temblar, no solo -la cueva y el ídolo; pero por un resquicio ó ventana que salia á la -mar, la violencia del viento movido levantó tan grandes olas en ella -que sentimos nuestro barco dar muy grandes golpes, por la grandeza -y pesadumbre suya, porque no creo que me engaño en decir que tenia -el tronco treinta varas de circunferencia, y de alto más de sesenta; -era de una materia tan maciza y pesada como la más dura piedra del -mundo. Los jigantes con el gran servicio<span class="pagenum" -id="Page_410">[p. 410]</span> que habian hecho á su ídolo, comenzaron -á bailar y danzar, y hacer sones descompuestos y desconcertados en -unos tamboriles roncos y melancólicos, que más parecia ruido hecho en -bóveda, que són para bailar. En tanto que ellos estaban atentos á sus -juegos, y entretenidos á costa de nuestras vidas, nosotros llorábamos -la desventura nuestra y la fuerza del hado que con tal violencia nos -habia tratado y traido á punto que ya que nos parecia haber hallado -algun alivio á tan contínuos é incesables trabajos, nos habia puesto á -morir de hambre y sed entre cuerpos muertos, de los que sacrificaban -á su insaciable ídolo; pero como no se ha de perder el camino en -cualquiera adversidad, si los trabajos son la piedra de toque del valor -y del ingenio, luego se me representó el modo de podernos valer en tan -apretado paso, adonde el ánimo, el ingenio y la presteza habian de -concurrir juntos en un instante. Y como estaban contentos y divertidos -en sus fiestas, y realmente era gente sencilla, y les pareció que con -aquel lance y con tenernos encerrados en tan obscura sepultura, no -habria más memoria de nosotros; pudimos, aunque con trabajo, venir á -la ejecucion de mi intento, que fué de este modo: Tomé las cuerdas que -me parecieron necesarias, y con los huesos blancos de aquellos muertos -que habia más descarnados, tomando los más pequeños, hice una escala -con que pudiésemos llegar al resquicio que tengo dicho, que no pudo -hacerse sin mucha dificultad, porque como todo era peña viva, no dió -lugar á que se pudiesen hacer agujeros para subir á poner la escala; -mas como la necesidad es tan grande maestra, y no iba menos que la -vida en hallar modo para poner la escala, tomé un hueso de un espinazo -bien descarnado, por el agujero metí una cuerda, y juntando los dos -cabos que se quedaban debajo, con la mayor fuerza que se pudo<span -class="pagenum" id="Page_411">[p. 411]</span> probamos todos á tirar -el hueso hácia la ventana ó resquicio; y un mozo recio, criado en las -montañas de Ronda, tuvo tan buen modo, traza y fuerza, que acertó á -colar el hueso por el resquicio, de manera que quedó atravesado ó -encallado; entonces atando la escala á un cabo de aquellos, y tirando -por el otro, llegó la escala á lo alto, y teniendo mis compañeros del -cabo que habia quedado abajo, yo subí con mucho tiento por la escala, y -la aseguré de manera, que todos pudimos subir al resquicio y bajar al -barco.</p> - -<p>Hallada esta ingeniosa traza, tomé la pólvora de todos los -frasquillos, y mientras mis compañeros subian y bajaban al barco, hice -una mina debajo los piés del ídolo, que habia muchos huesos donde -hacerla, y dejándola bien tapada, con menos de un palmo de cuerda -encendida, subíme por la escala y salté en el barco, y desviándonos con -los remos adonde no nos pudiera el daño alcanzar, apenas nos pusimos -á mirar lo que pasaba, cuando dió la mina tan espantable trueno que -alborotó las aguas, y resonó el ruido por la mayor parte de la isla, y -el ídolo dió tan increible caida sobre los danzantes, que hizo pedazos -docena y media de ellos. Los demás viendo que aquel en quien tenian -confianza, les habia muerto los compañeros, dieron á huir, metiéndose -la isla adentro, y dejando desamparado todo el sitio que nosotros -habíamos menester; entramos dentro, dejando el barco bien amarrado, y -todos á un tiempo nos arrojamos y besamos la tierra, dando inmensas -gracias al Fabricador de ella por habernos dejado pisar nuestro -elemento. Y aunque nos espantó el estrago que habia hecho el ídolo, y -nos pudiera detener el espectáculo que teníamos delante de los ojos, -viendo cubierto el suelo de aquellos exorbitantes mónstruos, como vimos -la tierra escombrada de ellos, y la hambre y<span class="pagenum" -id="Page_412">[p. 412]</span> sed hallaron en que ejercitar su oficio, -arremetimos á unos árboles frutales escelentísimos, y á una alegrísima -fuente que nacia al pié de un peñasco, muy cercada de ojos más claros -que los de la cara. Yo fuí á la mano á los compañeros, estorbándoles -que no encharcasen en fruta y agua, porque no se corrompiesen, y lo que -buscábamos para la vida, nos acarrease la muerte: y mirando á un lado -y otro, vimos un jigante de aquellos sobre quien habia caido el ídolo, -vivo, pero quebrado, y las piernas de suerte que no podia menearse, y -haciéndole señas que nos dijese dónde habia mantenimiento, nos señaló -con la nariz, que no podia con otra cosa, una cueva que tenia la -entrada llena de árboles muy verdes y muy espesos, tanto que la hacian -dificultosa, á lo menos para los naturales, que para nosotros no, y -supimos despues, que nadie podia entrar allí sino cuando se hubiesen de -sacar mantenimientos para la república ó el comun, so pena de no comer -de ellos en cierta cantidad de tiempo. Al fin, entramos en la cueva muy -ancha y clara por de dentro y con muchos apartamientos, donde habia -cecinas de pescado y carne suavísimas, muchos tasajos bien curados, -y una fruta más gorda y más sabrosa que avellanas, de que usaban en -lugar de pan, y otros muchos mantenimientos de que cargamos el barco, -y hinchendo una docena de cueros de agua dulce y fria, enviamos á los -compañeros que ya nos tenian por muertos, con que todos se alentaron -comiendo y bebiendo del mantenimiento y agua fria dulcísima, y tornaron -dando órden, que dejando en el navío alguna guarda para las mujeres de -los que ya habian estado en la isla, los demás en los barcos viniesen -á ella, usando siempre de los cabos y sogas, que de otro modo no podia -ser; y bien llenos los estómagos de comida, y los frascos de pólvora y -cuerdas, se pasaron á nuestra compañía.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c161.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_22"> - <p><span class="pagenum" id="Page_413">[p. 413]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c413.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO XXII.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">I</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Interrumpieron</span> la relacion -que iba dando el doctor Sagredo unos portugueses que venian de la -Vendeja con cuatro cargas de lienzo, por una senda, á su parecer, -segura de los salteadores, por ser muy nueva; y como ellos la sabian -mejor que los portugueses, dieron con ellos á la boca de nuestra cueva; -de manera, que turbados del no pensado encuentro, se arrodillaron, -diciendo: Por as chagas de Deus naon nos matades como á patifes, nen -tomedes venganza en nosas patuvisadas, que fez á santa Forneira á os -castelhanos. Sosegaos, mentecatos, dijo el caudillo, que no queremos -sino que nos vendais el lienzo á como os ha costado. De muito boa -vountade, dijeron ellos, y sacando el libro de caja, donde venian -escritos los precios, cada salteador pidió lo que habia menester; y -mandando el caudillo que pagasen el dinero antes de tomar el lienzo, -de que yo me admiré, que usase de tanta piedad con los portugueses. -Tomaron su dinero, y desenfardelando para medir el lienzo, y tomando -la vara para medir, dijo el caudillo á los portugueses:<span -class="pagenum" id="Page_414">[p. 414]</span> Aquí tenemos nuestro -contraste y medida, como república libre; y no medimos con las varas -que por allá se usan, sino con las que acá tenemos; y pidiendo la -vara para medir el lienzo, le trujeron una pica de veinte y cinco -palmos, con que ellos midieron, y dieron á cada uno las varas que -habian pedido, que les debió de salir á cuartillo por vara, con que -ellos quedaron riéndose y contentos, y los portugueses callaron, y -se fueron descargados del peso que traian. Reímonos nosotros, sino -fué el doctor Sagredo que prosiguió su cuento, diciendo: Antes que -la fortuna diese vuelta á la rueda de nuestra prosperidad, nos dimos -tan buena maña, que dejamos con el saco la cueva casi vacía, nuestro -navío lleno, no solo de frutas secas y frescas, pero de mucho pescado -seco, carne, cecina y muchas botas de agua, y otros licores que -bebian aquellos jigantes de mucho gusto y substancia; pero no fué tan -seguro que á los fines no nos sobresaltasen los jigantes, porque como -hallamos la tierra sin contradiccion, y el cansancio y trabajo de la -mar pedian reposo en tierra, tomámoslo de manera, que nos dormimos en -los descansos frescos de aquella cueva, que ella era de manera apacible -por las salas y remansos que tenia llenos de comida, y á trechos unas -fuentecillas heladas, que aunque estuviéramos muy descansados, nos -obligára á sentar allí nuestros tabernáculos. Duramos dos dias en -este regalo y fresco, hasta que al tercero, estando hasta como entre -las doce y la una sesteando, sentimos tan gran ruido y alboroto de -gente y tamboriles, que recordamos todos, diciendo: Arma, arma, porque -venia toda la isla llena de jigantes sobre nosotros, y acudiendo á los -arcabuces, no hallamos cuerda encendida, ni fuego en que encenderla, -ni hombre que hubiese sacado del navío pedernal, eslabon y yesca; -comenzaron á decir: Perdidos<span class="pagenum" id="Page_415">[p. -415]</span> somos; pero yo, antes que el temor tomase posesion de los -corazones con la imposibilidad de la defensa por verse encerrados, y -no poderse aprovechar de los arcabuces, dí órden que la mayor parte -de ellos quitasen de aquellos maderos que dividian un apartamiento de -otro, y lo pusiesen á manera de trampa, en que tropezasen; despues -de haber rompido la dificultad de los árboles, que como arriba dije, -hacian la entrada muy dificultosa á los jigantes, y los demás tomamos -unos palos muy secos, cada uno dos, que eran unos de moral, y otros -de yedra, y de cañaleja, ó como más á mano se hallaban, y fregando -el uno con el otro fuertemente, á poco espacio vinieron á humear, -sacando lumbre, y nosotros á encender las cuerdas y aprovecharnos de -los arcabuces, y tuvimos demasiado tiempo para todo, porque su intento -no fué venir sobre nosotros, que ya nos tenian por más que muertos, -sino á ver el estrago que su ídolo habia hecho, que los que habian -escapado de él habian ido á dar cuenta á su gobernador, que llamaban -todos Hazmur, y trayéndolo con mucha majestad sobre cuatro muy grandes -vigas, en una silla hecha de mimbres á manera de cesto, le mostraron -hecho pedazos á aquel en quien adoraban, y los que él con su caida -habia despedazado y destripado, y no supiera que estábamos allí, -si el mismo jigante, derrengado, que nos mostró la cueva, no se lo -dijera, lo cual sabido, arremetieron á la boca de la cueva, tirando -peñascos, desgajando y arrancando de los árboles que les estorbaban á -la entrada, aunque el que llegaba primero, ó tropezaba y caia en las -trampas, ó los derribábamos con las balas, porque aunque hubo opiniones -que les tirásemos á el ojo que tenian solo, porque sin él no podian -atinar á la boca de la cueva, la mia fué, que cebando los arcabuces -con dos balas, se les tirase á las piernas, porque el tiro<span -class="pagenum" id="Page_416">[p. 416]</span> del ojo no era tan cierto -como estotro, y todos caian, sirviéndonos de saetera y trinchera, así -los maderos que habíamos puesto, como los árboles espesos que estaban á -la entrada, y aunque las muchas piedras ó peñas que arrojaban pudieran -hacer gran daño en nosotros, como perdian la fuerza de los árboles, -cuando llegaban á las trampas hacian muy poco, ó ninguno; fuéles tan -mal, que admirado su gobernador de tan grande novedad, mandó que se -retirasen del mal que hacian y que recibian de la cueva, pareciéndole -que, pues el ídolo habia caido con tan grande espanto, y los que -tenian por muertos herian á los vivos, debia de haber alguna fuerza -superior que causaba tan grande daño en ellos. Al punto obedecieron y -se sosegaron con caida de algunos de ellos, y ningun daño nuestro, y -haciendo demostraciones de paz y de amistad, el gobernador, mirando -al cielo y alzando hácia él la mano, nos dió seguro que podíamos -manifestarnos libremente, y estar sin recelo hablándole y dando razon -de quién éramos y de nuestra venida allí, y fué el mejor tiempo del -mundo, porque si más tardáran, se nos acabára la municion, y con grande -ánimo salimos muy en órden hechas tres hileras, y las cajas sonando en -sus puestos con gentil correspondencia y aire. Fué tanto el gusto de -aquella sencilla gente, á lo menos de los que no estaban heridos, que -en oyendo el són y órden de las cajas, se les cayeron las duras armas -de las manos, mirando con admiracion grande y alegría á su señor, que -siempre se habia estado en la silla en hombros de los que le habian -traido acuestas, y él quedó como suspenso y admirado de ver en tan -pequeña gente dos brazos y dos piernas, y las demás partes del cuerpo -dobladas, y mucho más del ánimo y traza con que procedíamos; y haciendo -alto en la boca de la cueva, nos paramos á ver<span class="pagenum" -id="Page_417">[p. 417]</span> aquella espantosa gente llena de pieles -de animales, y de plumas de muchos colores, y la gravedad de su -gobernador, respetado, temido y obedecido en sus mandamientos. Habiendo -considerado el modo con que podíamos hablar en nuestra defensa con las -señas más naturales y semejantes á la verdad que pudimos declarar lo -que sentíamos; dejadas prolijidades y señas, y las demás dificultades -que por entonces se allanaron, el gobernador nos preguntó tres cosas: -si éramos hijos de la mar; y si lo éramos, cómo éramos tan pequeños; -y siendo tan pequeños, cómo habíamos osado entrar entre gente tan -grande como la suya. Á lo primero respondimos que no éramos hijos de la -mar, sino del Dios verdadero, superior al suyo, y como tal los habia -castigado, porque viniendo maltratados del mar á pedirle hospedaje, -nos habian querido matar. Á lo demás respondimos que la grandeza no -consiste en la altura del cuerpo, sino en la virtud y valor del ánimo, -y con él osamos entrar en su tierra y pasar todas las aguas del furioso -mar; y que los hijos del Dios, fabricador del cielo y de la tierra, -no temian los peligros que les podian suceder de las manos de los -hombres, especialmente si no adoraban aquel que era Señor universal -sobre todas las dignidades del cielo y de la tierra, y Criador del -mismo sol á quien ellos adoraban. Aquí mudó la conversacion, como -oyó decir que el sol tenia superior, y preguntó á qué fin habia sido -nuestra venida. Respondimos la verdad, refiriendo algunos de nuestros -trabajos, y acordándole la obligacion que tenian unas criaturas á -otras, en razon de ser hijos de Dios, á socorrerse y ampararse en las -necesidades y desventuras, y que esto le pedíamos como á hombre que -tenia lugar supremo, y le habia puesto Dios para juzgar las causas de -premio y de castigo. Dió muestras de admirarse de nuestra respuesta, -y<span class="pagenum" id="Page_418">[p. 418]</span> la suya fué -que le habia parecido muy bien lo que habíamos dicho; pero que él no -podia, sin avisar al rey de la isla de tan grande novedad, recibirnos -y ampararnos, porque tenia pena de la vida si lo contrario hiciese; -y suplicándole nos concediese licencia para enviar al navío cuatro -compañeros, que para todos, ni la quiso dar, ni nosotros desamparar -la puerta de la cueva, diciendo que iba por mantenimiento de los de -nuestra tierra, y con la mayor diligencia que pudieron entraron en el -barco, haciendo señas al navío que tirase de los cabos. Entre tanto el -gobernador despachó un correo al rey de la isla á darle noticia de lo -que pasaba.</p> - -<p>El correo era un perro de que usaban para las diligencias -importantes, que metiéndole en la boca un cañuto atravesado, y dentro -unas hojas de árbol muy anchas con las cifras de lo que avisaban, bien -arrolladas las hojas, las ponian en el cañuto, y al perro le ponian -un barboquejo bien apretado para que no se le cayese el cañuto, ni se -parase á comer y beber; de suerte que solo le quedaba la boca libre -para carlear ó resollar, y no para otra cosa, y en teniéndolo bien -puesto, le despachaban con cuatro palos, con que lo hacian llegar más -presto á su querencia, que debian ser cuatro leguas; y en viéndolo -venir le salian á recibir al camino, y regalándolo con comida y bebida, -hacian con otro perro lo mismo; de manera que la estafeta podia caminar -cien leguas cada dia; pero tenia pena de sacrificarle al ídolo el -que le estorbase el viaje al perro, ó le estorbase que no llegase -á su manida, ó mansion, ó descansare donde habia siempre perros de -las ventas más vecinas, á quien trataban mal, porque volviesen con -más amor á sus querencias. Mientras mis compañeros fueron al navío, -el gobernador mandó que no les dejasen entrar en la cueva<span -class="pagenum" id="Page_419">[p. 419]</span> sin ver lo que llevaban, -ni á nosotros salir de ella; con pena que si alguno saliese le matasen, -y estaba nuestro remedio en la venida de los compañeros, porque habian -ido por pólvora y balas, que nos habia quedado muy poco de ambas cosas, -lo cual aseguraron con mandar el gobernador que no se quitasen seis -guardas de junto á la boca de la cueva de noche, porque de dia todos -lo podian ver. Fuénos forzoso cuando los compañeros venian, decirles -que se tornasen al barco, hasta que diésemos traza para que pudiesen -entrar, y pensando cómo quitaríamos las guardas de noche, díjele, que -en oyendo algun movimiento ó ruido, entrasen con toda la priesa que -pudiesen; y para esto de dia, cuando las guardas se quitaron de su -puesto, estando la gente descuidada, derramé por el suelo, donde se -sentaban, pólvora revuelta con algunas chinas menudas, é hice desde -allí hasta nuestro puesto, una reguerita de la misma pólvora. En -llegando la noche, se pusieron las seis guardas en su lugar, y estando -los unos sentados y los otros tendidos sin calzones, porque no los -usaban, dimos fuego á la reguerita, y llegando en un instante á la -pólvora que tenian debajo, les abrasó aquella parte de manera, que -con las chinas y la pólvora, muchos dias no se podian sentar. Ellos -y los demás, con su sencillez, entendieron que el fuego habia salido -de la tierra, y fueron todos temerosos y admirados á contarlo á su -gobernador, y entonces los compañeros con otros dos que habian quedado -en el navío, entraron con mucha priesa, trayendo seis costalillos -de pólvora y balas, con que nos animamos y pusimos en defensa para -lo que nos pudiera suceder. Pasamos la noche con cuidado, haciendo -centinelas, y atrincherándonos de nuevo con los maderos; pero como -ellos no entendieron que el daño era de la parte de dentro, no hicieron -diligencia con nosotros. Á la<span class="pagenum" id="Page_420">[p. -420]</span> mañana, al tiempo que el sol salia, se pusieron todos -mirándolo, y con una música de aullidos y cañas, le hicieron la salva -con muy pocas palabras y muchas veces repetidas.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c420.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_23"> - <p><span class="pagenum" id="Page_421">[p. 421]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c421.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO XXIII.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">V</p> -</div> - -<p class="icap2"><span class="smcap">Volvió</span> el perro ó correo -con su cañuto en la boca, en que venia escrito con sus señas que no -nos dejasen en la isla, porque gente que tenia los miembros doblados -tambien tendrian la intencion doblada: y para la conservacion de la -paz que siempre habian profesado, no podian sustentarla si forasteros -se apoderaban de su tierra, que si en su república habia alguna -alteracion, teniendo quien les acudiese seria el daño mayor. Que en -tanto se conserva la paz, en cuanto los inquietos no tienen quien -los favorezca, y que no habiendo obediencia de los inferiores á los -superiores no puede haber paz. Que si los alborotadores de ella no -tuviesen quien se les allegase, vivirian en quietud y sosiego. Que los -animales de una misma especie tienen paz unos con otros; pero si son -de diferente especie, nunca tienen paz, y así haríamos nosotros con -ellos. Que lo que habian siempre guardado para sí, sin comunicacion -agena, no era bien que forasteros entrasen á gozarlo. Que no podia -haber buena amistad con gente de diversas costumbres para vivir<span -class="pagenum" id="Page_422">[p. 422]</span> en paz. Y que habiéndose -de administrar justicia con igualdad, habíamos de ser tan favorecidos -como los naturales, y luego entrarian las enemistades á inquietar la -paz. Así mandaba que no nos admitiesen en la isla, pero que nos dejasen -ir con seguridad. Esta respuesta nos la dieron para la salida, pero con -tanta priesa que no nos consintieron estar medio dia en la isla.</p> - -<p>Salimos con más priesa de la que nos dieron, adivinando lo que nos -habia de suceder; porque apenas estuvimos en el barco cuando entraron -en su cueva, y como la hallaron sin mantenimientos, acudieron á la -orilla del mar, arrojando piedras y peñascos sobre nosotros, tan -espesos, que si el barco no fuera tirado y ayudado del navío, nos -hundieran mil veces. Llegamos, y hallé á mi esposa y á las demás -mujeres del navío tan deseosas de vernos como si hubiera muchos años -que estábamos ausentes. Y sosegados en nuestro navío como los marineros -se habian refrescado, no habian estado ociosos, hallámosles velas -remendadas, jarcias, y obras muertas reducidas á mejor estado, y todo -cuanto era necesario reparado, y con el viento que á los marineros les -pareció salimos de aquella isla inaccesible, y con el mantenimiento que -bastó para dar una vuelta al mundo, que para no ser prolijo, al cabo de -un año, con hartos trabajos, nos vinimos á hallar cerca del estrecho -de Gibraltar, donde fué mi mayor desdicha y desventura; porque como -nuestro navío venia maltratado de tan contínuos movimientos y trabajos -como habia sufrido, llegó un navío de infieles, y á vista de Gibraltar -nos cañonearon á su salvo, de suerte que nos hubimos de rendir, y -matando algunos de los compañeros, lo primero que hicieron fué entrar -dentro y llevarse á mi esposa y un pajecillo que nos servia, con otras -mujeres de los compañeros,<span class="pagenum" id="Page_423">[p. -423]</span> y como fué á vista de Gibraltar, y la gente tiene valor -y piedad, acudieron con toda la presteza posible á nuestro socorro -en diez ó doce barcos, llevando por cabeza á don Juan Serrano y don -Francisco su hermano, que dió una cuchillada á un valeroso caudillo, -como la de don Félix Arias, que le cortó el casco de hierro y le abrió -la cabeza, de que cayó muerto en el agua, que nos importó la vida; -pero á mi esposa la muerte, porque los enemigos se retiraron del daño -que nos iban haciendo, recogiéndose á su navío con las mujeres. El -que habia robado á doña Mergelina, enamorado de su hermosura, quiso -forzarla, y huyendo de él, delante de mis ojos, asióse con las jarcias -y cayó en la mar, sin ser socorrida de los herejes. Llegó la noche, y -la gente de Gibraltar, llenos de piedad y misericordia, nos echaron -en tierra, y nos albergaron con regalados alojamientos en casa de don -Francisco Ahumada y Mendoza, y estos tornaron á ver si podian destruir -aquellos enemigos de la fé y de la corona de España. Partíme ayer de -Gibraltar, deseando más la muerte que la vida, aunque no tan de espacio -como va esta. Acabó su relacion el doctor Sagredo, y haciendo las -exequias de su mujer con lágrimas, los dos que estaban con nosotros -quisieron consolarle, ayudándole á llevar su pena muy pesadamente, -porque querian por fuerza que se alegrase; ignorancia de gente que sabe -poco, que mucho más se consuela un desconsolado en decirle que tiene -razon de estarlo, que no con querer que con la reciente pasion muestre -contento; que quieren forzar al paciente á que dance y baile el cuerpo, -teniéndolo casi sin alma, con razones bárbaras y consuelos tan pesados -como ellos, que es como hacer que un rio vuelva su corriente atrás. -Las aflicciones de los atribulados y tristes se han de aligerar con -darles á entender con el semblante, que les alcan<span class="pagenum" -id="Page_424">[p. 424]</span>za parte de su tristeza, que les sobra -la ocasion para estar tristes, que teniendo quien los ayude á sentir, -ya que del todo no se consuelen, á lo menos vase templando la pasion. -Á dos géneros de gente no tengo por acertado que se oponga nadie, -siendo fresco el accidente, á los coléricos y á los tristes, que es -venir á ser muy mayor el daño en ambas personas. Á un cierto juez, -no muy sabio, acabando de cenar se le antojó de azotar á un hombre -honrado, y habiendo mandado encender hachas para la fiesta, como la -ciudad se alterase, y diesen voces sobre el caso, él se encendia más, -de modo que llamó al verdugo con gran determinacion de hacerlo, por -la contradiccion que le hacian. Estando ya del todo perdido llegó un -hombre de buen discurso, y dijo: Bueno es que teniendo tanta razon -el señor corregidor, le vayan á la mano. Castíguelo vuesa merced, -que todos se holgarán de ello; pero porque estos no le pongan en la -residencia esta determinacion, llame vuesa merced un escribano, y haga -un poco de informacion. Satisfízole al juez esto, y al segundo testigo -que tomó se le fué la pasion y alteracion del celebro, que estas dos -pasiones no admiten contradiccion, sino templanza.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c424.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_24"> - <p><span class="pagenum" id="Page_425">[p. 425]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c425.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO XXIV.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">C</p> -</div> - -<p class="icap"><span class="smcap">Como</span> los vaqueros ó -bandoleros andaban con la sospecha dicha, ni querian soltar á los que -tenian en cuevas, ni dejar pasar á los que iban siguiendo su viaje, -porque no hallasen testigos tan cercanos, pareciéndoles que no tenian -bien averiguados sus delitos. Hallaron un pajecico muy hermoso, que -venia solo, y habiéndolo asido cerca de nuestra cueva, le quisieron -atormentar porque dijese con quién venia y por qué se habia adelantado -de la compañía, creyendo que lo habian echado para descubrir tierra, -y que los amos serian, ó gente rica, ó que viniesen á hacerles daño, -que despues no pudieron escusar. Negando el paje lo que le pedian, le -mandaron que se desnudase, para forzarle á confesar la verdad. Él, -con mucha desenvoltura y gracia, les preguntó quién era el caudillo ó -cabeza de aquella compañía. Díjole Roque Amador, que así se llamaba: -Yo soy; ¿por qué lo preguntais? Pregúntolo, dijo el paje, porque tengo -tan grandes informaciones de vuestra justicia y gobierno, que no habeis -jamás hecho injuria á quien os trata verdad, y<span class="pagenum" -id="Page_426">[p. 426]</span> con esta confianza os diré quién soy. -Como aquellos bandoleros ó vaqueros tenian aquella Sauceda por defensa -y sagrado, vivian como gente que no habian de morir, sujetos á todos -los vicios del mundo, rapiñas, homicidios, hurtos, lujurias, juegos, -insultos gravísimos; y como por ser grande, que tiene aquella dehesa -diez y seis leguas de travesía, y por algunas partes tan espesa de -árboles y matas, que se pierden los animales por no acertar á sus -habitaciones, no tenian temor de Dios ni de la justicia, andaban -sin órden y razon, y cada uno siguiendo su antojo, si no era cuando -se juntaban á repartir los despojos de los pobres caminantes, que -entonces habia mucha cuenta y razon. Llegó un bellaconazo en camisa -y zaragüelles, despues que habia jugado lo demás, y renegando de su -suerte, con mucha furia hizo suspender el tormento del paje, diciendo: -¡Maldiga Dios á quien inventó el juego y á quien me enseñó á jugar! -¡Que unas manos que saben derribar un toro, no sepan hacer una suerte! -Mas deben estar descomulgadas, pues echan contra mí treinta pintas en -favor de un medio gallina, ó medio liebre. ¿Hay álguien que se quiera -matar conmigo? ¿Hay algun diablo con sus piés de águila que se me -ponga delante, para que ya que no me ayude á jugar, me ayude á matar? -¡Que no llegue blanca á mis garras que no me la agarren luego! ¡Ni -me basta usar de trampas, ni aprovecharme de fullerías, para que no -vaya todo con el diablo! ¡Voto á tal, que tengo de ir á jugarme á las -galeras! Quizá por aquí, ó me llevará el diablo, ó tendré más ventura. -Mas alzábame con la zurda siempre que yo tomaba el naipe, que tengo -hechos mil juramentos de nunca parar á momo, y me los pone siempre el -diablo delante. Y con el barato que yo le dí ha entrado en vuelta para -desollarme cerrado; mas púsose al lado otro tan grande gallina<span -class="pagenum" id="Page_427">[p. 427]</span> como él, que desea -siempre que yo pierda. ¿De qué se rien? ¿soy yo algun cornudo? Mienten -cuantos se rien. Ríense, dijo el caudillo, de los disparates que decís. -Callad, y pues sabeis que sois desgraciado, no jugueis ni digais -blasfemias, que os haré dar tres tratos de cuerda. Harto mejor será, -dijo él, darme tres escudos para probar la mano y dar de comer á mi -moza, que le he jugado cuanto trujo á mi poder. Vicio endemoniado, -más que todos los que ejercitan los hombres, que el jugador nunca -está quieto: si pierde, por desquitarse; si gana, por ganar más. Este -acarrea la infamia, la poca estimacion de la buena reputacion, la -miseria que padecen mujer é hijos, ser miserable en lo necesario por -guardar el dinero para el juego, y envejecerse en él más presto de lo -que habia de ser; y cuando mucho grangea, es alcanzar que los tahures -conocidos vayan á jugar á su casa, donde, si los puede acarrear, sufre -desvergüenzas de tonos que le abrasan el alma: que como la mayor parte -de ellos son hombres sin obligaciones, se arrojan á decir cualquiera -libertad, y en no sufriéndolas por callar, no vuelven á darle el -provecho; pero son tan grandes poltrones los que dan en esto (trato de -la gente ordinaria, y que por comer y beber viciosamente echan la honra -á las espaldas), que los caballeros y los que tienen renta y hacienda -segura, el tiempo que han de estar ociosos despues de haber cumplido -con sus obligaciones jueguen, no es culpable, porque evitan cosas de -más daño y escándalo; pero el que tiene cuatro reales para mantener -su casa juegue ciento, ¿cómo se puede llevar sin que lo paguen las -joyas y vestidos de la pobre mujer, y la desnudez y el hambre de sus -hijos, y dar en otras cosas peores como este desventurado, aborrecido -aun de aquellos que le acompañaban en sus delitos, robos, homicidios y -fuerzas?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_428">[p. 428]</span>Acabó éste -sus quejas, y llegándose la noche, con que se dejó por entonces la -averiguacion del paje, le pusieron en un apartamiento dentro de nuestra -cueva, porque no fuese á dar soplo á los que pensaban venir con él, -mandándonos que no hablásemos con él palabra, ni le aconsejásemos cosa, -so pena que nos matarian. El paje estuvo toda la noche suspirando, y -si alguna vez se dormia recordaba con grandísimas ansias, y nosotros -no teníamos osadía para preguntarle de qué se quejaba, ó qué tenia. -Como ellos andaban de paso sobre la sospecha, que no les importaba -menos que la vida, recogíanse de noche adonde no los pudiesen hallar, -que habia bien donde hacerlo; y de cualquiera ruido de personas ó -animales se recelaban y recataban. En amaneciendo fueron á visitar las -cuevas, donde tenian presos ó recogidos á los pasajeros, y viniendo -á la nuestra nos hallaron como nos habian dejado, sin haber hablado -palabra con el paje, á quien llamaron primero que á nadie, queriéndole -apretar á que dijese lo que le habian preguntado. El paje con mucha -cortesía y donaire, dijo: Sr. Roque Amador, ayer pregunté cuál era -la cabeza y caudillo de esta compañía, porque siéndolo vos, tendria -mi partido seguro, por el buen nombre que teneis. Que no es hazaña -para vos, atormentar una sabandija tan sola y miserable como yo, ni -manchar vuestra opinion, empleando vuestro valor en lo que más os puede -desdorar, que aumentar vuestro nombre. Si rigiendo y gobernando gente -tan desgobernada, cobrásteis la fama que teneis en toda la Andalucía, -¿qué pareceria ahora, si aniquilaseis este crédito, con abatiros á una -presa tan humilde un águila tan valerosa? Más gloria es conservar la -ya adquirida y granjeada con valor propio, que no ponerse en duda, y -aventurar lo que ya es vuestro. Vos os habeis pre<span class="pagenum" -id="Page_429">[p. 429]</span>ciado siempre de justicia y verdad con -misericordia, no será justo ahora que conmigo solo os falte. Estábamos -en la cueva muy atentos, oyendo la retórica con que el paje hablaba: y -el Roque Amador, movido de las buenas palabras del paje, aseguróle que -no recibiria daño ninguno diciendo la verdad. Yo estaba confuso, porque -me parecia conocer la voz y habla del paje; pero no dí en quién pudiese -ser. Habiendo hablado con aquella blandura Roque, dijo el paje: Pues -si alguna compasion ha llegado á vuestro piadoso pecho de mi tristeza -y soledad, dadme palabra por vos y por vuestros compañeros de guardar, -como naturalmente debeis, mi persona sin agravio ni en secreto, ni en -público. Á esto dijo aquel picaronazo: Ea, sor paje, desnúdese, que -aquí no entendemos de rotrónicas ni ataugias, sino de meter un poco de -plomo en el cuerpo de quien no trae dineros. Dijo el paje con donaire: -Si es tan pesado como vos, el diablo podrá digerillo, que ya yo me -acuerdo haberos visto á vos ó á otro que se os parecia asaeteado en -Sierra-Morena. Rióse Roque, y le dijo: Óyete, bestia, que el paje habla -muy bien: y á vos os digo, gentil hombre, que os doy palabra, por mí y -por mis compañeros no solamente de no agraviaros, mas de favoreceros -y ayudaros en todo lo posible. Pues con esa confianza, respondió el -paje, hablaré como con un pecho lleno de valor, misericordia y verdad. -Y estando nosotros muy atentos á lo que pasaba, habló el paje de esta -manera: Si yo no me consolára con saber que no soy la primera persona -que ha padecido desventuras y trabajos, y desgracias sin gracia, con -la que resplandece en vos, me animára en contar mis desdichas: pero -como la fortuna tiene siempre cuidado de señalar caidos y derribar -levantados, no siendo yo la primera que ha sufrido sus encuentros -y mudanzas, me<span class="pagenum" id="Page_430">[p. 430]</span> -animo á hablar con libertad. Sabed que yo no soy hombre, sino mujer -desventurada, que despues de haber seguido á mi marido por tierra y -mar, con increibles daños de hacienda y persona, y habiendo navegado -hasta todo lo descubierto y mucho más, padeciendo grandes naufragios -por regiones no conocidas, por misericordias que Dios usó con nosotros, -nos venimos á hallar en el estrecho de Gibraltar, donde viendo nuestra -salvacion cierta á vista de tierra, bien deseada, nos acometió un navío -de infieles, viniendo el nuestro desmantelado y casi sin gente, y los -mantenimientos tan gastados, que á su salvo cogieron las mujeres, -asiéndome á mi primero y á un pajecillo que me servia, matando á todos -los que se defendieron, y á mi marido con ellos. El capitan del navío, -enamorado de mí, quiso por buenas palabras inclinarme á su gusto, y á -que ofendiese la pureza y castidad que debia á mi muerto esposo: no le -respondí mal, por que no quisiese usar de la fuerza, que sin defensa -podia. Yo, llamando al paje debajo de cubierta le puse mis vestidos, y -vestíme los suyos, que son los que traigo puestos. Tenia el muchacho -muy buen rostro, y en saliendo fuera quiso el capitan acometerle, -pensando que fuese yo, pero dando á huir el paje con los vestidos y las -jarcias del navío, enfrascándose cayó en la mar, y hundiéndose luego no -pareció más. Sobre la desdicha de la pérdida de mi marido y la pérdida -del paje, yo me habia tiznado el rostro, porque se quedase con la fé de -lo que habia visto, y no me conociese.</p> - -<p>La piadosa gente de Gibraltar, con el valor que siempre ha -profesado, acudieron á nuestra defensa, y habiendo estado en ella dos -dias con sus noches, no se apartaron hasta rendirlos y dar libertad -á los que habian prendido, y queriendo hacer lo mismo de<span -class="pagenum" id="Page_431">[p. 431]</span> ellos, despues de -tenernos en los barcos, diciéndoles que se diesen á prision para -traerlos á la ciudad, dieron fuego al navío, y desde allí abrasados -bajaron derechos al infierno. En Gibraltar, informándome del camino -que habia de llevar para Madrid, me dijeron que habia de pasar por -la Sauceda, y llegando á Ronda me encaminarian en él. Estábamos los -cuatro, y particularmente el doctor Sagredo y yo, como atónitos, y -sospechando que fuese sueño ó ilusion de algun encantamiento, ni -determinados de creerlo, ni resueltos de desconfiar en la verdad. El -Roque Amador, con gran piedad de lágrimas que al fin de su cuento -derramó la bella mujer, la consoló y ofreció encaminarla con mucha -seguridad, y darle dinero para su viaje, preguntándole cómo se llamaba, -porque historia tan estraña no se quedase sin memoria: ella respondió, -diciéndole la verdad como en todo: Llámome doña Mergelina de Aybar, y -el malogrado de mi marido, que no era soldado sino maestro, se llamaba -el doctor Sagredo. El doctor Sagredo que se oyó nombrar de su mujer, -medio ahogándose con la súbita alteracion y gusto, dijo: Vivo es, y en -su compañía dormísteis esta noche. Roque Amador, espantado del caso, -mandó sacar los que estábamos en la cueva, y preguntándole cuál era de -aquellos el que habia hablado. Ella retirándose atrás, como espantada, -respondió: Si no es alguna sombra fantástica de causas superiores, -este es mi marido, y este es Márcos de Obregon, á quien tuve por mi -padre y consejero en Madrid. Pues todos tres os podeis ir en buen -hora, y aunque no sea dinero ganado en buena guerra, veis aquí parto -con los tres algo de lo que á otros se les ha cogido, que el haber -detenido á todos estos presos, no ha sido por hacerles mal, sino porque -nuestros contrarios no se encontrasen con ellos, y aviándonos<span -class="pagenum" id="Page_432">[p. 432]</span> á todos los demás, y -rogándonos que no dijesen de haberlos encontrado. Doña Mergelina con -muestras de grande agradecimiento, dijo al caudillo: No tengo con que -serviros el bien que de vuestras manos me ha venido, sino con deciros -lo que oí en Gibraltar, á quien no os quiere mal; que el licenciado -Valladares trae órden de dar gran premio, y perdonar cualesquiera -delitos á quien os entregare en sus manos: y junto con esto vinieron -á ella los pregones y bandos que mandó echar aquel gran juez: con que -juntando á cabildo á sus compañeros, les hizo una grande oracion, que -tenia entendimiento para ello, y la conclusion fué que todos pensasen -aquella noche lo que podian hacer para su defensa, tomando el consejo -que mejor pareciese. Fueron á sus alojamientos, y mientras ellos -pensaban aquella noche lo que les habia encargado el Roque Amador, -como astuto se acogió á Gibraltar, y en el barco de la vez se pasó en -África, dejándolos á todos suspensos y engañados. Como quedaron sin -cabeza y sin gobierno dispararon, huyendo por diversas partes, cesando -los insultos que antes hacian; aunque prendió con grandes astucias el -juez á doscientos de ellos, de que hizo ejemplar justicia: nosotros -venimos seguros á Madrid sin tropezon ninguno, pareciéndome, como es -verdad, que en ella hay gente que profesa tanta virtud, que quien la -imitare hará mucho.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c432.jpg" - alt="Viñeta de adorno" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter" id="Ch_3_25"> - <p><span class="pagenum" id="Page_433">[p. 433]</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/ill_c433.jpg" - alt="Cenefa de adorno" /> - </div> - <h3>DESCANSO ÚLTIMO, Y EPÍLOGO.</h3> -</div> - -<div class="drop"> - <p class="fs300 lh80 ti0">Y</p> -</div> - -<p class="icap2"><span class="smcap">Ya</span> cansado de tantos golpes -de fortuna, por mar y por tierra, y viendo lo poco que me habia durado -la mocedad, determiné de asegurar la vida y prevenir la muerte, que es -el paradero de todas las cosas; que si esta es buena, corrige y suelda -todos los descuidos cometidos en la juventud. Escribíla en lenguaje -fácil y claro, por no poner en cuidado al lector para entenderlo. -Dijo muy bien el maestro Valdivieso, con la gallardía y claredad de -su ingenio, á un poeta que se precia de escribir muy obscuro; que -si el fin de la historia y poesía es deleitar enseñando, y enseñar -deleitando, ¿cómo puede enseñar y deleitar lo que no se entiende, ó á -lo menos ha de poner en mucho cuidado al lector para entenderlo?</p> - -<p>Si se hallaren algunas inadvertencias, atribúyase á mi poca -erudicion, y no á mi buen deseo, que advirtiéndome de ellas, con -mucha humildad recibiré la correccion de cualquiera que con buena -intencion me quisiere enmendar, que quien ha querido enseñar á -tener paciencia, mal cumpliria con sus preceptos si le faltase para -oir y recibir la correccion fraternal, que<span class="pagenum" -id="Page_434">[p. 434]</span> sin ella, ni opusiera el pecho á las -olas y crueldades del furioso tridente, ni ablandára la inclemencia -de los salteadores, ni redujera á buen término los impíos y contínuos -trabajos de la esclavitud, ni atrajera á mi favor la grandeza elevada -de los poderosos, ni gozára de la gran cortesía de los príncipes, ni -sujetára á tantos y tan inmensos torbellinos como trae consigo la -fragilidad humana, sin la divina virtud de la paciencia; que cuando -no haya hecho otro efecto en mí sino librarme del pernicioso vicio -de la ociosidad, que tan estendida he visto por todos los estados -de los hombres, me bastára tener y haber sacado gran fruto de mis -trabajos; y si la juventud advirtiese bien los hijos que va criando -la ociosidad, tomando ejemplo en los daños ajenos, ni rehusarian los -peligros de la soldadesca, ni vendrian á miserable servidumbre, ni se -sujetarian á las necesidades que ven padecer y traer arrastrados á -varones de buenos nacimientos, rendidos á mil bajezas, que pudieran -remediar á su salvo con buen tiempo; de criar los hijos consintiéndolos -andar ociosos, vienen los padres á ver exorbitantes delitos que no -pueden remediarse sino con mucha infamia, ó con más hacienda de la -que poseen. La ocupacion es la grande maestra de la paciencia, virtud -en que habíamos de estar siempre pensando con grande vigilancia para -resistir las tentaciones que nos atormentan dentro y fuera. Al fin -con ella se alcanzan todas las cosas de que los hombres son capaces. -Que aunque haya calidad, bienes temporales y abundancia de humanos -favores, sin esta virtud no se puede llegar al colmo de lo que se -desea; y si á la paciencia se allega la perseverancia, todo lo facilita -y todo lo enseña: al pobre, á que pase su vida con quietud y mejore su -estado: al rico, á que conserve lo adquirido sin apetecer lo ajeno: -al gran caballero, á que no se contente con<span class="pagenum" -id="Page_435">[p. 435]</span> la sangre que de sus pasados heredó, sino -pasar adelante: al pródigo, á que se ajuste con lo que tiene y puede -tener: al miserable y avariento, á que entienda que no nació para sí -solo: al valiente y arrojadizo, á que refrene los ímpetus que tanto -mal acarrean: al cobarde, á que se tenga por virtud en él lo que es -falta de ánimo: al que se ve en trabajo, á que los lleve con aliento -y suavidad. ¿Qué no hace la virtud de la paciencia? ¿qué furias del -mundo no sujeta? ¿qué premios no alcanza? Pero si un flemático sabe -airarse y ejecutar con vehemencia los ímpetus de la cólera, ¿por qué -un colérico no sabrá templarse y perseverar en los actos de paciencia? -Tenemos ejemplos presentes y vivos de esta verdad muchos, y para -imitar. Mas con uno solo se verá lo que puede la escelente virtud -de la paciencia. ¿Quién pensára que de tan gran cólera, con sangre, -riqueza y juventud, como la que tuvo en sus primeros años el duque -de Osuna D. Pedro Giron, vinieran tan admirables virtudes como las -que tienen espantado el mundo? ¡Que habiendo sido un furioso rayo de -cólera, impacientísimo en los tiernos años de su mocedad, sujetase con -grande paciencia su robusta condicion á servir en Flandes con tantas -ventajas que templase la furia de los amotinados, y pusiese su valeroso -pecho á recibir los mosquetazos con que querian escalar y saquear su -casa! ¿Qué paciencia no tuvo, con templanza y justicia, gobernando -á Sicilia? ¿Y qué valor, sin ella, bastára para la ejecucion de sus -soberanos intentos, echando por mar y tierra tan poderosas armadas, -que ha enfrenado la potencia de los turcos, haciendo temblar á los -demás enemigos, con que ha sido amado y temido de las gentes á quien ha -gobernado y gobierna? Preguntando D. Francisco de Quevedo, caballero -de gallardísimo entendimiento, cómo se hacia respetar con tanta -mansedumbre á este<span class="pagenum" id="Page_436">[p. 436]</span> -gran príncipe, respondió que con la paciencia, que aunque en la gente -humilde y ordinaria engendra algun menosprecio, en los príncipes y -gobernadores engendra temor, amor y respeto; pero esto quédese para -grandes historias, que no puede caber en tan pequeño discurso. Jorge -de Tobar, á quien yo conocí en sus primeros años por hombre que tuvo -bríos y valor para en cosas honradas perder la paciencia, con ella -misma adquirió grandes virtudes morales, que le pusieron en lugares -dignos de tan grande sugeto como ha parecido, usando de gran verdad, -valor y entereza en los actos de la justicia distributiva; pero ¿qué -escelencias no se halláran en la divina virtud de la paciencia? ¡Oh -virtud venida del cielo! Dios nos la dé por su misericordia, y á mí -para que, imitando la virtud de mis compañeros en este recogimiento, -sepa asegurar la vida y prevenir la muerte. Y para la ejecucion del -buen intento, si yo supiera aprovecharme de él, me puso Dios por vecina -á una tan grande señora como doña Juana de Córdoba Aragon y Córdoba, -duquesa de Sesa, cuya virtud cristiana, valor propio y heredado, y -cortesía general puede servir de norma y dechado á cualquiera que -deseare perfeccion cristiana, en cuya disciplina se criaron tales hijos -como D. Luis Fernandez de Córdoba, duque de Sesa, caballero adornado de -muy superiores partes, muy dado á la leccion de las buenas letras, gran -favorecedor de ellas y de los que las profesan.</p> - -<p class="centra mt2">FIN.</p> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/ill_c436.jpg" - alt="Ilustración" /> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="aftit" id="backcover"> - <div class="figcenter"> - <img class="thin" - src="images/cover_back.jpg" - alt="Contracubierta del libro" /> - </div> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="ToC"> - <h2 class="nobreak">ÍNDICE</h2> -</div> - -<table class="toc" summary="Índice de contenidos"> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_0">VICENTE ESPINEL Y SU OBRA</a>.</td> - <td class="tdrb">I</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh pt1"><a href="#Ch_01">PRÓLOGO DEL AUTOR</a>.</td> - <td class="tdrb pt1">1</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh pt1"><a href="#Ch_1">RELACION PRIMERA</a>.</td> - <td class="tdrb pt1">7</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh pt05"><a href="#Ch_1_1">DESCANSO I</a>.</td> - <td class="tdrb pt05">12</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_2">DESCANSO II</a>.</td> - <td class="tdrb">16</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_3">DESCANSO III</a>.</td> - <td class="tdrb">26</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_4">DESCANSO IV</a>.</td> - <td class="tdrb">33</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_5">DESCANSO V</a>.</td> - <td class="tdrb">44</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_6">DESCANSO VI</a>.</td> - <td class="tdrb">54</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_7">DESCANSO VII</a>.</td> - <td class="tdrb">59</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_8">DESCANSO VIII</a>.</td> - <td class="tdrb">68</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_9">DESCANSO IX</a>.</td> - <td class="tdrb">83</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_10">DESCANSO X</a>.</td> - <td class="tdrb">92</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_11">DESCANSO XI</a>.</td> - <td class="tdrb">98</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_12">DESCANSO XII</a>.</td> - <td class="tdrb">103</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_13">DESCANSO XIII</a>.</td> - <td class="tdrb">109</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_14">DESCANSO XIV</a>.</td> - <td class="tdrb">121</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_15">DESCANSO XV</a>.</td> - <td class="tdrb">130</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_16">DESCANSO XVI</a>.</td> - <td class="tdrb">138</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_17">DESCANSO XVII</a>.</td> - <td class="tdrb">145</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_18">DESCANSO XVIII</a>.</td> - <td class="tdrb">150</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_19">DESCANSO XIX</a>.</td> - <td class="tdrb">157</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_20">DESCANSO XX</a>.</td> - <td class="tdrb">162</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_21">DESCANSO XXI</a>.</td> - <td class="tdrb">169</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_22">DESCANSO XXII</a>.</td> - <td class="tdrb">179</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_23">DESCANSO XXIII</a>.</td> - <td class="tdrb">187</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1_24">DESCANSO XXIV</a>.</td> - <td class="tdrb">197</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh pt1"><a href="#Ch_2">RELACION SEGUNDA</a>.</td> - <td class="tdrb pt1">199</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh pt05"><a href="#Ch_2_1">DESCANSO I</a>.</td> - <td class="tdrb pt05">207</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_2_2">DESCANSO II</a>.</td> - <td class="tdrb">210</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_2_3">DESCANSO III</a>.</td> - <td class="tdrb">213</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_2_4">DESCANSO IV</a>.</td> - <td class="tdrb">217</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_2_5">DESCANSO V</a>.</td> - <td class="tdrb">220</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_2_6">DESCANSO VI</a>.</td> - <td class="tdrb">227</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_2_7">DESCANSO VII</a>.</td> - <td class="tdrb">230</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_2_8">DESCANSO VIII</a>.</td> - <td class="tdrb">236</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_2_9">DESCANSO IX</a>.</td> - <td class="tdrb">245</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_2_10">DESCANSO X</a>.</td> - <td class="tdrb">249</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_2_11">DESCANSO XI</a>.</td> - <td class="tdrb">259</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_2_12">DESCANSO XII</a>.</td> - <td class="tdrb">266</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_2_13">DESCANSO XIII</a>.</td> - <td class="tdrb">273</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_2_14">DESCANSO XIV</a>.</td> - <td class="tdrb">283</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh pt1"><a href="#Ch_3">RELACION TERCERA</a>.</td> - <td class="tdrb pt1">289</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh pt05"><a href="#Ch_3_1">DESCANSO I</a>.</td> - <td class="tdrb pt05">295</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_2">DESCANSO II</a>.</td> - <td class="tdrb">300</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_3">DESCANSO III</a>.</td> - <td class="tdrb">303</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_4">DESCANSO IV</a>.</td> - <td class="tdrb">309</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_5">DESCANSO V</a>.</td> - <td class="tdrb">314</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_6">DESCANSO VI</a>.</td> - <td class="tdrb">319</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_7">DESCANSO VII</a>.</td> - <td class="tdrb">325</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_8">DESCANSO VIII</a>.</td> - <td class="tdrb">335</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_9">DESCANSO IX</a>.</td> - <td class="tdrb">340</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_10">DESCANSO X</a>.</td> - <td class="tdrb">345</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_11">DESCANSO XI</a>.</td> - <td class="tdrb">353</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_12">DESCANSO XII</a>.</td> - <td class="tdrb">357</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_13">DESCANSO XIII</a>.</td> - <td class="tdrb">363</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_14">DESCANSO XIV</a>.</td> - <td class="tdrb">367</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_15">DESCANSO XV</a>.</td> - <td class="tdrb">376</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_16">DESCANSO XVI</a>.</td> - <td class="tdrb">384</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_17">DESCANSO XVII</a>.</td> - <td class="tdrb">391</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_18">DESCANSO XVIII</a>.</td> - <td class="tdrb">395</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_19">DESCANSO XIX</a>.</td> - <td class="tdrb">399</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_20">DESCANSO XX</a>.</td> - <td class="tdrb">403</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_21">DESCANSO XXI</a>.</td> - <td class="tdrb">409</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_22">DESCANSO XXII</a>.</td> - <td class="tdrb">413</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_23">DESCANSO XXIII</a>.</td> - <td class="tdrb">421</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_24">DESCANSO XXIV</a>.</td> - <td class="tdrb">425</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3_25">DESCANSO ÚLTIMO, Y EPÍLOGO</a>.</td> - <td class="tdrb">433</td> - </tr> -</table> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Notas"> -<div class="footnotes"> - -<p class="large centra mt1">NOTAS</p> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_1"><span class="label"><a -href="#FNanchor_1">[1]</a></span> «Manuel du libraire et de l’amateur -de livres:» ed. de 1861.—Tom. ij.—fol. 1062.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_2"><span class="label"><a -href="#FNanchor_2">[2]</a></span> Cuaderno iij.—pág. 24.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_3"><span class="label"><a -href="#FNanchor_3">[3]</a></span> Carece esta edicion del nombre del -impresor.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_4"><span class="label"><a -href="#FNanchor_4">[4]</a></span> «Observations critiques sur le roman -de Gil Blas de Santillana: on y fait voir que Gil Blas n’est pas un -ouvrage original, mais un demembrement des Aventures du Bachiller de -Salamanque, ms. espagnol inédit.»—Paris: imp. de Moreau.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_5"><span class="label"><a -href="#FNanchor_5">[5]</a></span> <span class="smcap">H. A. -Everet</span>: «North-American Review:» (oct. 1827)—«Essais de critique -et mélange.» Boston: 1845.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_6"><span class="label"><a -href="#FNanchor_6">[6]</a></span> No he podido hacerme de ejemplar -ninguno de esta traduccion, de que dan sucinta noticia <span -class="smcap">Ticknor</span> «History of Spanish Literature» y «The -Encyclopædia Britannica», edicion de <span class="smcap">Adam and Ch. -Black</span>, de Edimburgo: año de 1875. — Vol. viij. — pág. 548.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_7"><span class="label"><a -href="#FNanchor_7">[7]</a></span> «Leben und Begebenheiten des -Escudero Marcos Obregon. Oder Autobiographie des Spanischen Dichters -Vicente Espinel. Aus dem Spanischen zum erstenmale in das Deutsche -übertragen, und mit Anmerkungen und einer Vorrede begleitet von Ludwig -Tieck.»—Breslau im Verlage bei Josef Max und Komp. 1827.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_8"><span class="label"><a -href="#FNanchor_8">[8]</a></span> Aprobaciones á la edicion de Juan de -la Cuesta: Madrid: 1618.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_9"><span class="label"><a -href="#FNanchor_9">[9]</a></span> Dice así lo mandado tachar:—«Pegóseme -un clerigo de un pueblecillo de por allí cerca, y yendo caminando iba -rezando sus horas en voz que le pudieran oir los alcornoques y robles: -de suerte que nos interrumpia la conversacion, y él cumplia mal con su -obligacion. Preguntóle el oidor:—¿No se podria dejar eso para la noche, -para que se hiciese con el silencio y devocion que se requiere?—¡Oh! -señor, respondió el clérigo, diónos la Iglesia esta pension que, aun -caminando, hemos de rezar. ¿Por qué no ordenara que yendo un clérigo -cansado y pensando en sus negocios y en el fin que han de tener, no -rezara caminando?—Respondió el oidor:—Porque la Iglesia no cria á los -clérigos para correos, sino para rezadores.—Bien respondido está, -dijo el clérigo; ¿pero podria yo caminando rezar esta noche todas -las horas de mañana y cumplir con mi conciencia?—Preguntóle el oidor -al clérigo:—Si os debieran cien ducados para el dia de san Juan, -¿tomaríadeslos la víspera?—Respondió el clérigo:—Si, por cierto.—Pues -lo mismo hace Dios, dijo el oidor: que en las cosas de obligacion y -merecimiento adelantallas es querer cumplir cada uno con su obligacion, -y Dios es tan buen pagador que tambien adelanta la paga.—Quedó con esto -muy satisfecho el sacerdote.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_10"><span class="label"><a -href="#FNanchor_10">[10]</a></span> «Resúmen histórico de la literatura -española:» part. iij. cap. 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_11"><span class="label"><a -href="#FNanchor_11">[11]</a></span> «History of Spanish Literature:» t. -iij. cap. 34.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_12"><span class="label"><a -href="#FNanchor_12">[12]</a></span> «Histoire de la littérature -espagnole:» pág. 503.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_13"><span class="label"><a -href="#FNanchor_13">[13]</a></span> «Gesch. der schönen -Wissenschaften:» t. iij. pág. 451.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_14"><span class="label"><a -href="#FNanchor_14">[14]</a></span> De Ragusa.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_15"><span class="label"><a -href="#FNanchor_15">[15]</a></span> Su verdadero nombre era doña -Antonia Maldonado y Calatayud; era de los Maldonados de Salamanca y -caso en Ocaña con D. Rodrigo de Céspedes, el mayor de los hijos del -capitan Alonso de Céspedes, llamado «el bravo».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_16"><span class="label"><a -href="#FNanchor_16">[16]</a></span> En 1580, época á que <span -class="smcap">Espinel</span> se refiere, D. Antonio de Londoño, D. -Pedro de Lunato, y D. Jorge Manrique formaban el «Consejo secreto de -Milan».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_17"><span class="label"><a -href="#FNanchor_17">[17]</a></span> Esta censura lleva la fecha de 7 de -Enero de 1587: las «Rimas» no se publicaron hasta 1591.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_18"><span class="label"><a -href="#FNanchor_18">[18]</a></span> «Archivo gral. de Simancas:» -Patronato Eclesiástico.—leg. 21.—1.º</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_19"><span class="label"><a -href="#FNanchor_19">[19]</a></span> <span class="smcap">Lope de -Vega</span>: «La Circe.» «No parecía novedad llamar «espinelas» á las -«décimas»: que este es su verdadero nombre, derivado del maestro <span -class="smcap">Espinel</span>, su primer inventor, como los versos -sáficos de Safo.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p id="Footnote_20"><span class="label"><a -href="#FNanchor_20">[20]</a></span> «Œuvres complètes de Voltaire»: -edit. Didot: 1828.—tom. iij.—pág. 2879, col. ij.</p> - -</div> - -</div> -</div> - -<hr class="chap0" /> - - -<div class="chapter pt3"> -<div class="transnote" id="tnote"> - <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p> - <ul> - <li>Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar.</li> - - <li>Se ha respetado la ortografía del original, normalizándola a - la grafía de mayor frecuencia.</li> - - <li>No obstante, se han añadido tildes a las mayúsculas que las - necesitan.</li> - - <li>Las notas a pie de página se han renumerado y colocado al final - del libro.</li> - - <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li> - - <li>Algunas ilustraciones se han desplazado ligeramente, para evitar - que interrumpieran un párrafo.</li> - - <li>Se han añadido viñetas de adorno al final de algunos capítulos que, - en el original impreso y por necesidades de paginación, no las llevan.</li> - - <li>Se ha añadido, al final del libro, un índice de contenidos que no - está presente en el original impreso.</li> - </ul> -</div> -</div> - - -<hr class="full" /> - - - - - - - - -<pre> - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Vida del escudero Marcos de Obregón, by -Vicente Espinel - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK VIDA DE ESCUDERO MARCOS *** - -***** This file should be named 60147-h.htm or 60147-h.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/6/0/1/4/60147/ - -Produced by Ramon Pajares Box and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was -produced from images generously made available by The -Internet Archive/Canadian Libraries) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions -will be renamed. - -Creating the works from public domain print editions means that no -one owns a United States copyright in these works, so the Foundation -(and you!) can copy and distribute it in the United States without -permission and without paying copyright royalties. Special rules, -set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to -copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to -protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project -Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you -charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you -do not charge anything for copies of this eBook, complying with the -rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose -such as creation of derivative works, reports, performances and -research. They may be modified and printed and given away--you may do -practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is -subject to the trademark license, especially commercial -redistribution. - - - -*** START: FULL LICENSE *** - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project -Gutenberg-tm License (available with this file or online at -http://gutenberg.org/license). - - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm -electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all -the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy -all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession. -If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project -Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the -terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or -entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8. - -1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be -used on or associated in any way with an electronic work by people who -agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few -things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works -even without complying with the full terms of this agreement. See -paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project -Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement -and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic -works. See paragraph 1.E below. - -1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation" -or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project -Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the -collection are in the public domain in the United States. If an -individual work is in the public domain in the United States and you are -located in the United States, we do not claim a right to prevent you from -copying, distributing, performing, displaying or creating derivative -works based on the work as long as all references to Project Gutenberg -are removed. Of course, we hope that you will support the Project -Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by -freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of -this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with -the work. You can easily comply with the terms of this agreement by -keeping this work in the same format with its attached full Project -Gutenberg-tm License when you share it without charge with others. - -1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern -what you can do with this work. Copyright laws in most countries are in -a constant state of change. If you are outside the United States, check -the laws of your country in addition to the terms of this agreement -before downloading, copying, displaying, performing, distributing or -creating derivative works based on this work or any other Project -Gutenberg-tm work. The Foundation makes no representations concerning -the copyright status of any work in any country outside the United -States. - -1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg: - -1.E.1. The following sentence, with active links to, or other immediate -access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear prominently -whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work on which the -phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the phrase "Project -Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed, -copied or distributed: - -This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with -almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at www.gutenberg.org/license - -1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived -from the public domain (does not contain a notice indicating that it is -posted with permission of the copyright holder), the work can be copied -and distributed to anyone in the United States without paying any fees -or charges. If you are redistributing or providing access to a work -with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the -work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1 -through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the -Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or -1.E.9. - -1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted -with the permission of the copyright holder, your use and distribution -must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional -terms imposed by the copyright holder. Additional terms will be linked -to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the -permission of the copyright holder found at the beginning of this work. - -1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm -License terms from this work, or any files containing a part of this -work or any other work associated with Project Gutenberg-tm. - -1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this -electronic work, or any part of this electronic work, without -prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with -active links or immediate access to the full terms of the Project -Gutenberg-tm License. - -1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary, -compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any -word processing or hypertext form. However, if you provide access to or -distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format other than -"Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official version -posted on the official Project Gutenberg-tm web site (www.gutenberg.org), -you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a -copy, a means of exporting a copy, or a means of obtaining a copy upon -request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other -form. Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm -License as specified in paragraph 1.E.1. - -1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying, -performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works -unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9. - -1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing -access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works provided -that - -- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from - the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method - you already use to calculate your applicable taxes. The fee is - owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he - has agreed to donate royalties under this paragraph to the - Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments - must be paid within 60 days following each date on which you - prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax - returns. Royalty payments should be clearly marked as such and - sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the - address specified in Section 4, "Information about donations to - the Project Gutenberg Literary Archive Foundation." - -- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies - you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he - does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm - License. You must require such a user to return or - destroy all copies of the works possessed in a physical medium - and discontinue all use of and all access to other copies of - Project Gutenberg-tm works. - -- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any - money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the - electronic work is discovered and reported to you within 90 days - of receipt of the work. - -- You comply with all other terms of this agreement for free - distribution of Project Gutenberg-tm works. - -1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm -electronic work or group of works on different terms than are set -forth in this agreement, you must obtain permission in writing from -both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael -Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the -Foundation as set forth in Section 3 below. - -1.F. - -1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable -effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread -public domain works in creating the Project Gutenberg-tm -collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic -works, and the medium on which they may be stored, may contain -"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or -corrupt data, transcription errors, a copyright or other intellectual -property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a -computer virus, or computer codes that damage or cannot be read by -your equipment. - -1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right -of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project -Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project -Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all -liability to you for damages, costs and expenses, including legal -fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT -LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE -PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE -TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE -LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR -INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH -DAMAGE. - -1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a -defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can -receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a -written explanation to the person you received the work from. If you -received the work on a physical medium, you must return the medium with -your written explanation. The person or entity that provided you with -the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a -refund. If you received the work electronically, the person or entity -providing it to you may choose to give you a second opportunity to -receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy -is also defective, you may demand a refund in writing without further -opportunities to fix the problem. - -1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth -in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER -WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO -WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE. - -1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied -warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages. -If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the -law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be -interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by -the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any -provision of this agreement shall not void the remaining provisions. - -1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the -trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone -providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance -with this agreement, and any volunteers associated with the production, -promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works, -harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees, -that arise directly or indirectly from any of the following which you do -or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm -work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any -Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause. - - -Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm - -Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of computers -including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists -because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from -people in all walks of life. - -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's -goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. -To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 -and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. - - -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive -Foundation - -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at -http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent -permitted by U.S. federal laws and your state's laws. - -The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. -Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered -throughout numerous locations. Its business office is located at -809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email -business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact -information can be found at the Foundation's web site and official -page at http://pglaf.org - -For additional contact information: - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. To -SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any -particular state visit http://pglaf.org - -While we cannot and do not solicit contributions from states where we -have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition -against accepting unsolicited donations from donors in such states who -approach us with offers to donate. - -International donations are gratefully accepted, but we cannot make -any statements concerning tax treatment of donations received from -outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. - -Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation -methods and addresses. Donations are accepted in a number of other -ways including checks, online payments and credit card donations. -To donate, please visit: http://pglaf.org/donate - - -Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic -works. - -Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm -concept of a library of electronic works that could be freely shared -with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project -Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. - - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. -unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily -keep eBooks in compliance with any particular paper edition. - - -Most people start at our Web site which has the main PG search facility: - - http://www.gutenberg.org - -This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. - - -</pre> - -</body> -</html> diff --git a/old/60147-h/images/cover.jpg b/old/60147-h/images/cover.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index ec56637..0000000 --- a/old/60147-h/images/cover.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/cover_back.jpg b/old/60147-h/images/cover_back.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index d33ad8c..0000000 --- a/old/60147-h/images/cover_back.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_a001.jpg b/old/60147-h/images/ill_a001.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index ce583f1..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_a001.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_a003.jpg b/old/60147-h/images/ill_a003.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 6f2a704..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_a003.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_a004.jpg b/old/60147-h/images/ill_a004.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 94ed96f..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_a004.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_b001a.jpg b/old/60147-h/images/ill_b001a.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index a5fe565..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_b001a.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_b001b.jpg b/old/60147-h/images/ill_b001b.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 14f1cb5..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_b001b.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c001a.jpg b/old/60147-h/images/ill_c001a.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index f62c611..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c001a.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c001b.jpg b/old/60147-h/images/ill_c001b.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index d23bdd5..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c001b.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c006.jpg b/old/60147-h/images/ill_c006.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index adcacfc..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c006.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c009.jpg b/old/60147-h/images/ill_c009.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 1ee7d6d..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c009.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c011.jpg b/old/60147-h/images/ill_c011.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 34ecc59..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c011.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c012.jpg b/old/60147-h/images/ill_c012.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 724248b..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c012.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c015.jpg b/old/60147-h/images/ill_c015.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 7bbb654..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c015.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c016.jpg b/old/60147-h/images/ill_c016.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 14b3ccf..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c016.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c025.jpg b/old/60147-h/images/ill_c025.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 8c943b1..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c025.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c026.jpg b/old/60147-h/images/ill_c026.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 81fa58e..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c026.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c032.jpg b/old/60147-h/images/ill_c032.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index c5b922b..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c032.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c033.jpg b/old/60147-h/images/ill_c033.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index c0e2b19..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c033.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c043.jpg b/old/60147-h/images/ill_c043.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index f1931cb..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c043.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c044.jpg b/old/60147-h/images/ill_c044.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index a3aad24..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c044.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c053.jpg b/old/60147-h/images/ill_c053.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index ac4d983..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c053.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c054.jpg b/old/60147-h/images/ill_c054.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 4692bb5..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c054.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c058.jpg b/old/60147-h/images/ill_c058.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 1e8a64b..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c058.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c059.jpg b/old/60147-h/images/ill_c059.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index cdd6f01..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c059.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c067.jpg b/old/60147-h/images/ill_c067.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index be1c518..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c067.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c068.jpg b/old/60147-h/images/ill_c068.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index d29e2f5..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c068.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c070_071.jpg b/old/60147-h/images/ill_c070_071.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index f587457..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c070_071.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c083.jpg b/old/60147-h/images/ill_c083.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 1410fdf..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c083.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c091.jpg b/old/60147-h/images/ill_c091.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 42cc521..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c091.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c092.jpg b/old/60147-h/images/ill_c092.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index d17d13f..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c092.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c097.jpg b/old/60147-h/images/ill_c097.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index ec68c7d..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c097.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c098.jpg b/old/60147-h/images/ill_c098.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index d6cac5d..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c098.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c102.jpg b/old/60147-h/images/ill_c102.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 0dc2498..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c102.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c103.jpg b/old/60147-h/images/ill_c103.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 254fc3b..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c103.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c108.jpg b/old/60147-h/images/ill_c108.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 14be24b..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c108.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c109.jpg b/old/60147-h/images/ill_c109.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index b960d38..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c109.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c120.jpg b/old/60147-h/images/ill_c120.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 05b2dd8..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c120.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c121.jpg b/old/60147-h/images/ill_c121.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index a217d24..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c121.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c129.jpg b/old/60147-h/images/ill_c129.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index da1813c..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c129.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c130.jpg b/old/60147-h/images/ill_c130.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 700b1f5..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c130.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c137.jpg b/old/60147-h/images/ill_c137.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 258266f..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c137.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c138.jpg b/old/60147-h/images/ill_c138.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 797dd6e..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c138.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c144.jpg b/old/60147-h/images/ill_c144.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 527556b..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c144.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c145.jpg b/old/60147-h/images/ill_c145.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 0091136..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c145.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c149.jpg b/old/60147-h/images/ill_c149.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 52e0f59..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c149.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c150.jpg b/old/60147-h/images/ill_c150.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 30040fb..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c150.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c156.jpg b/old/60147-h/images/ill_c156.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 13c7d6f..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c156.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c157.jpg b/old/60147-h/images/ill_c157.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 1866ee7..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c157.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c161.jpg b/old/60147-h/images/ill_c161.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 3ab891f..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c161.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c162.jpg b/old/60147-h/images/ill_c162.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 399be6d..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c162.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c164_165.jpg b/old/60147-h/images/ill_c164_165.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 864cfc2..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c164_165.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c168.jpg b/old/60147-h/images/ill_c168.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 163cf7a..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c168.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c169.jpg b/old/60147-h/images/ill_c169.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 146f981..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c169.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c178.jpg b/old/60147-h/images/ill_c178.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index f968730..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c178.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c179.jpg b/old/60147-h/images/ill_c179.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index de8a417..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c179.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c186.jpg b/old/60147-h/images/ill_c186.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index d05d8b4..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c186.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c187.jpg b/old/60147-h/images/ill_c187.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index d4565b8..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c187.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c196.jpg b/old/60147-h/images/ill_c196.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index c3c7226..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c196.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c197.jpg b/old/60147-h/images/ill_c197.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 00962d6..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c197.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c198.jpg b/old/60147-h/images/ill_c198.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 806e04d..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c198.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c201a.jpg b/old/60147-h/images/ill_c201a.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 71d806e..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c201a.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c201b.jpg b/old/60147-h/images/ill_c201b.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 1853f30..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c201b.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c207.jpg b/old/60147-h/images/ill_c207.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index ef99d5a..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c207.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c209.jpg b/old/60147-h/images/ill_c209.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 60ead9d..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c209.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c210.jpg b/old/60147-h/images/ill_c210.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 34f91bf..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c210.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c212.jpg b/old/60147-h/images/ill_c212.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 0aaf095..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c212.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c213.jpg b/old/60147-h/images/ill_c213.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 1fff7af..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c213.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c217.jpg b/old/60147-h/images/ill_c217.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 5f56106..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c217.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c219.jpg b/old/60147-h/images/ill_c219.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 8f484fa..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c219.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c220.jpg b/old/60147-h/images/ill_c220.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 6c804ee..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c220.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c222_223.jpg b/old/60147-h/images/ill_c222_223.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index b4228f5..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c222_223.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c226.jpg b/old/60147-h/images/ill_c226.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 612ca34..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c226.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c227.jpg b/old/60147-h/images/ill_c227.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 39a293e..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c227.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c229.jpg b/old/60147-h/images/ill_c229.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 215df7c..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c229.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c230.jpg b/old/60147-h/images/ill_c230.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 349041b..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c230.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c235.jpg b/old/60147-h/images/ill_c235.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 1ebdebe..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c235.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c236.jpg b/old/60147-h/images/ill_c236.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index db2d65d..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c236.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c245.jpg b/old/60147-h/images/ill_c245.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 6f3e47f..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c245.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c248.jpg b/old/60147-h/images/ill_c248.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index e76321f..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c248.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c249.jpg b/old/60147-h/images/ill_c249.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 717a63c..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c249.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c258.jpg b/old/60147-h/images/ill_c258.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index c445495..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c258.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c259.jpg b/old/60147-h/images/ill_c259.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 220fe04..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c259.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c264_265.jpg b/old/60147-h/images/ill_c264_265.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 16e9a35..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c264_265.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c265.jpg b/old/60147-h/images/ill_c265.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index ee347b4..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c265.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c266.jpg b/old/60147-h/images/ill_c266.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index e653afd..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c266.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c272.jpg b/old/60147-h/images/ill_c272.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 808f48f..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c272.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c273.jpg b/old/60147-h/images/ill_c273.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 1426c54..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c273.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c282.jpg b/old/60147-h/images/ill_c282.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 3e3d7d3..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c282.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c283.jpg b/old/60147-h/images/ill_c283.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 81072c1..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c283.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c288.jpg b/old/60147-h/images/ill_c288.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index d10ee87..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c288.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c291a.jpg b/old/60147-h/images/ill_c291a.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 852d65b..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c291a.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c291b.jpg b/old/60147-h/images/ill_c291b.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index bcadf78..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c291b.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c294.jpg b/old/60147-h/images/ill_c294.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 6238858..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c294.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c295.jpg b/old/60147-h/images/ill_c295.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index f16da24..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c295.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c299.jpg b/old/60147-h/images/ill_c299.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index d6b9c16..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c299.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c300.jpg b/old/60147-h/images/ill_c300.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 5c1c02f..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c300.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c302.jpg b/old/60147-h/images/ill_c302.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index a88e15c..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c302.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c302_303.jpg b/old/60147-h/images/ill_c302_303.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 8993350..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c302_303.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c303.jpg b/old/60147-h/images/ill_c303.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 32c5296..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c303.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c308.jpg b/old/60147-h/images/ill_c308.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 653d256..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c308.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c309.jpg b/old/60147-h/images/ill_c309.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index ba032c7..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c309.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c313.jpg b/old/60147-h/images/ill_c313.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 1c66ba7..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c313.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c314.jpg b/old/60147-h/images/ill_c314.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 87ecbc7..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c314.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c318.jpg b/old/60147-h/images/ill_c318.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 21dfef2..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c318.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c319.jpg b/old/60147-h/images/ill_c319.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 094a06b..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c319.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c325.jpg b/old/60147-h/images/ill_c325.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 1887831..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c325.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c334.jpg b/old/60147-h/images/ill_c334.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index f28ddf5..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c334.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c335.jpg b/old/60147-h/images/ill_c335.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 20a2f37..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c335.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c339.jpg b/old/60147-h/images/ill_c339.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index f740a66..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c339.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c340.jpg b/old/60147-h/images/ill_c340.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index da7690d..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c340.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c344.jpg b/old/60147-h/images/ill_c344.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index f58516c..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c344.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c345.jpg b/old/60147-h/images/ill_c345.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 8c567a1..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c345.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c352.jpg b/old/60147-h/images/ill_c352.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index e7a4d62..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c352.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c353.jpg b/old/60147-h/images/ill_c353.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index a101648..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c353.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c354_355.jpg b/old/60147-h/images/ill_c354_355.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 9ec29ee..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c354_355.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c356.jpg b/old/60147-h/images/ill_c356.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index c1002f8..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c356.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c357.jpg b/old/60147-h/images/ill_c357.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index bdc184f..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c357.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c362.jpg b/old/60147-h/images/ill_c362.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 4542f78..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c362.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c363.jpg b/old/60147-h/images/ill_c363.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 67380d5..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c363.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c366.jpg b/old/60147-h/images/ill_c366.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 7fd2530..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c366.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c367.jpg b/old/60147-h/images/ill_c367.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 9e83eb7..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c367.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c375.jpg b/old/60147-h/images/ill_c375.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index a3e2715..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c375.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c376.jpg b/old/60147-h/images/ill_c376.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index bba2b5f..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c376.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c383.jpg b/old/60147-h/images/ill_c383.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index be80a7b..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c383.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c384.jpg b/old/60147-h/images/ill_c384.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 77f57c3..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c384.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c390.jpg b/old/60147-h/images/ill_c390.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 1c5a436..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c390.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c391.jpg b/old/60147-h/images/ill_c391.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index a2d87ad..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c391.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c395.jpg b/old/60147-h/images/ill_c395.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index e574cf3..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c395.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c398.jpg b/old/60147-h/images/ill_c398.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index aa1cf07..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c398.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c399.jpg b/old/60147-h/images/ill_c399.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 849b4c6..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c399.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c402.jpg b/old/60147-h/images/ill_c402.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 613ac25..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c402.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c403.jpg b/old/60147-h/images/ill_c403.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 5a83835..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c403.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c408.jpg b/old/60147-h/images/ill_c408.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 3b52cfd..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c408.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c409.jpg b/old/60147-h/images/ill_c409.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index a809270..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c409.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c413.jpg b/old/60147-h/images/ill_c413.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 753f619..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c413.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c420.jpg b/old/60147-h/images/ill_c420.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index e84fced..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c420.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c421.jpg b/old/60147-h/images/ill_c421.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index bcb4278..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c421.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c424.jpg b/old/60147-h/images/ill_c424.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 2845ff2..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c424.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c425.jpg b/old/60147-h/images/ill_c425.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 636a5ff..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c425.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c432.jpg b/old/60147-h/images/ill_c432.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index d8f60fe..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c432.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c433.jpg b/old/60147-h/images/ill_c433.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 8fd5a8a..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c433.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/60147-h/images/ill_c436.jpg b/old/60147-h/images/ill_c436.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 35af10c..0000000 --- a/old/60147-h/images/ill_c436.jpg +++ /dev/null |
