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You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at www.gutenberg.org/license - - -Title: De Sobremesa; crónicas, Quinta Parte (de 5) - -Author: Jacinto Benavente - -Release Date: December 26, 2018 [EBook #58545] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; CRONICAS *** - - - - -Produced by Carlos Colón, Josep Cols Canals and the Online -Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This -file was produced from images generously made available -by The Internet Archive/Canadian Libraries) - - - - - - - - - - - Nota del Transcriptor: - - - Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original. - - Errores obvios de imprenta han sido corregidos. - - Páginas en blanco han sido eliminadas. - - Letras itálicas son denotadas con _líneas_. - - Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas) - han sido sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal. - - - - - Jacinto Benavente - - - De sobremesa - - CRÓNICAS - - _QUINTA SERIE_ - - - MADRID - PERLADO, PÁEZ Y COMPAÑÍA - SUCESORES DE HERNANDO - Arenal, 11 y Quintana, 31 y 33 - 1913 - - - - - ES PROPIEDAD.--DERECHOS RESERVADOS - - Artes Gráficas MATEU.--Paseo del Prado, 30.--MADRID - - - - -[Ilustración] - - - - -De sobremesa - - - - -I - - -Los ojos y las almas se van tras lo que brilla, y la botadura del barco -_España_ ha sido lo más brillante en esta semana pasada. - -¡Un barco de guerra magnífico! La consideración de la cantidad pudiera -entibiar el entusiasmo por la calidad, si, como dijo Shakespeare, lo -que es hambre para un gigante, no fuera hartazgo para un enano. - -Los que no se deslumbran por lo que brilla, acaso más relumbrón que -lucimiento, sin quitarle importancia al flamante acorazado, estiman en -tanto el saber que muy pronto la Transatlántica Española contará con -dos nuevos barcos, barcos de paz, con todos los adelantos y comodidades -de los mejores transatlánticos ingleses y alemanes. - -Como en España todo se hace cuestión de ideas, por lo mismo que nos -tienen todas sin cuidado, el hablar mal y por sistema de la Compañía -Transatlántica Española es uno de los tópicos anticlericales. - -Aquí, hasta del hallazgo de un supuesto retrato de Cervantes se hace -programa de partido y poco menos que dogma católico. D. Alejandro Pidal -ya comprometió á la Divina Providencia en el hallazgo. - -Se ha censurado á la Compañía Transatlántica porque en sus barcos -se dice misa y se reza la oración y el rosario. Yo no creo que la -asistencia á estos actos sea obligatoria para los pasajeros. Pero, -nótese: siempre censuran la celebración de estas ceremonias los que, -sin creer en ellas, no se atreven á proclamar su descreimiento y... -porque no se diga, se molestan en presenciarlas. Es cobardía suya y -dicen que es intolerancia ajena. - -A mí me parece más intolerancia la de los barcos ingleses, que, al -viajar por líneas donde son muchos los pasajeros católicos, sólo -celebran el culto protestante y no llevan un sacerdote que pueda -auxiliar á un moribundo de religión católica. - -Pero, en este caso, nadie habla de intolerancias ni de intransigencias, -y lo más gracioso es que los más libres pensadores no pierden ceremonia -del culto protestante por... curiosidad, por pasar el rato. Y eso que, -al final, hay colecta. - -También habrá oído usted decir que los camareros de los barcos -españoles, con esa democracia tan nuestra, se permitían andar en mangas -de camisa entre los pasajeros. No he podido comprobarlo; pero sí que, -en barcos ingleses, con esa aristocracia tan suya, andaban... no en -mangas de camisa, en calzoncillos. - -En esto, como en todo, así hemos escrito nuestra historia y así vamos -contándola por el mundo. - -El saludo al nuevo barco de guerra _España_ no debe ser cuestión de -ideas; tampoco debe serlo el saludo á los barcos de paz de la Compañía -Transatlántica Española. - - - - -II - - -Distinguidos escritores y críticos de Arte han solicitado, para la -próxima Exposición Nacional de Bellas Artes, una instalación destinada -á exponer obras de don Ignacio Pinazo. - -Tan de justicia es la demanda que, sin duda, la inmediata respuesta -será la concesión, y aun ha de parecemos tardía, pues quizás hubiera -debido anticiparse á la petición el ofrecimiento en este caso. - -En la inquietud algo anarquista de nuestra moderna pintura, entre -oscilaciones de la moda, influencia de fuertes individualidades, -titubeos de los unos y afirmaciones prematuras de los otros, Pinazo -ha sido de esos grandes y seguros artistas que, fieles á la realidad -objetiva del Arte, sobre modas y gustos pasajeros, son como estrellas -fijas guiadoras infalibles del derrotero cierto. - -No quiere decir que la moda no sea legítima en arte y que no tenga sus -encantos. La moda es siempre expresión de una modalidad espiritual en -el tiempo, y por ser documento interesante en la Historia del Espíritu -Humano, también puede serlo en la Filosofía del Arte. - -Mas si nada pierde una mujer hermosa con ir vestida y adornada al gusto -del día, y aun lo gracioso del atavío es picante realce de la hermosura -á los ojos vulgares, solicitados por lo llamativo del adorno antes que -por la verdad de la hermosura, no es menos cierto que, si el adorno es -gracia, sólo la desnudez es verdad. - -Un figurín es muy poco; una hermosa mujer, bien vestida, es algo; una -mujer desnuda y muy hermosa, es hermosa de veras. - -Pues de esta sólida hermosura es la obra de Pinazo. Por las obras -de otros pintores han dejado figurines y modas sus gracias y sus -artificios; en unas, eso fué toda su razón de ser; de otras, quizás por -haber atendido demasiado á lo pasajero no quedó todo lo que debiera -haber quedado. En Arte sólo sobrevive lo que es vida, lo que es -Espíritu. - -La obra de Pinazo es algo más que un figurín, y la exposición de sus -obras puede ser saludable enseñanza para tantos jóvenes artistas en -camino de perderse desorientados; unos, por andar á la última moda; -otros, por sacar moda nueva, como no se haya visto, si es posible. - -Hay obras de arte de contemplación recomendable contra neurastenias -artísticas, como el campo y el mar y sus aires puros contra la -neurastenia física. - -Las obras de Pinazo son de estas obras privilegiadas; obras de salud, -de fuerza, de verdad, como las de Velázquez, sus hermanas mayores. - - * * * * * - -En París han andado á cachetes un autor y un crítico por un quítame -allá esa obra. El autor es M. Caillavet, fecundo colaborador de M. -Flers, con algunas infidelidades, como es natural en toda colaboración, -ya sea matrimonial, ya literaria; el crítico es M. Mas, del periódico -_Comedia_; y la obra en cuestión es _Primerose_, representada en la -Comedia Francesa. - -En los Círculos teatrales de París ha sido sabrosa comidilla el -incidente. Unos ponen por Tenorio y otros por Mejía. No estoy seguro, -pero me atrevería á jurar, supuesto el compañerismo entre gente de -letras, que los autores estarán á favor del crítico y los críticos á -favor del autor. Los actores, naturalmente, á favor del autor y del -crítico, en presencia de cada uno de ellos, y en ausencia... deseando -que no hubieran quedado ni las plumas del uno y del otro. - -En París, como en todas partes, la crítica teatral peca de benévola. -Su mayor injusticia consiste, quizás, en tratar con igual benevolencia -á todo el mundo. En este caso particular M. Caillavet no ha tenido -razón para incomodarse. M. Mas es un fanático admirador de la Comedia -Francesa. Considera dicho teatro como una preciosa institución nacional -y vela celoso por sus prestigios y por sus excelencias. M. Mas cree -que el teatro Francés no puede ser como otro teatro cualquiera, atento -sólo á lo productivo del negocio; cree que son más elevados sus deberes -y sus atenciones. Se lamenta de continuo porque los actores de la -Comedia andan desperdigados por esos mundos y dificultan con sus -continuas ausencias la esmerada interpretación de las obras. Deplora -que las actrices del severo teatro conviertan la clásica escena en -escaparate exhibitorio de atrevidas creaciones modistiles, y truena -contra el predominio de las obras modernas sobre el repertorio clásico -de Corneille, Racine y Molière. - -Lo mismo que ahora contra _Primerose_, la obra de Flers y Caillavet, -ha protestado contra otras muchas obras de Lavedan, de Donnay, de -Bataille, de Hervieu. - -Era un sistema, y ya se sabe que contra un sistema sólo es posible -otro sistema. Como las bofetadas no pueden ser un sistema, el mejor de -todos era el seguido por los demás autores y por el administrador de la -Comedia Francesa, M. Claretie, hombre de mundo y de teatro: Dejar decir -y... ¡que critiquen!, como decía Pina Domínguez al cerrar con ímpetu la -portezuela de su elegante berlina. - -Monsieur Mas sostiene, con razón, que sólo por tratarse de un teatro -subvencionado se permitía protestar contra el excesivo número de -representaciones de _Primerose_. - -Monsieur Claretie opina que, no sólo de la subvención oficial vive -su teatro, y con números, vencedores siempre de las letras, puede -demostrar que el público prefiere las obras modernas á las de -Corneille, Racine y Molière. - -En un país republicano y democrático el sufragio universal es la razón -suprema. - -Y en cuestiones de Arte es en lo único que estará de acuerdo la -aristocracia con la democracia. Votarán siempre por la vulgaridad y por -la tontería. - -En un salón se notaría gran diferencia entre una duquesa y una -cocinera. En el teatro, si hay alguna, es en ventaja de la cocinera. - - - - -III - - -Un curioso impertinente ha descubierto y publicado la verdadera fecha -del natalicio de algunas celebridades. - -La gente goza mucho con estas indiscreciones. - -Nuestra admiración se trocaría en odio si no considerásemos á los seres -superiores sujetos á estas miserias, patrimonio de la humanidad. - -Necesitamos saber que en algo son nuestros iguales, y en algo, tal vez, -inferiores. - -La tristeza de admirar sólo está comparada por la alegría de compadecer. - -Pobre del grande hombre de quien no se haya dicho alguna vez ¡Pobre -hombre! - -Por eso la admiración á los grandes hombres es más espontánea cuando -son más viejos. No se les admira por haber sido grandes más tiempo, -sino porque ya les queda menos tiempo de serlo. - -Los setenta años de la Patti, los sesenta y pico de Sarah, -despertaron generales simpatías y admiración. Cuando un artista es -tan declaradamente viejo, quisiéramos que, á poder ser, no se muriera -nunca. Las gracias seniles hallan tan propicia nuestra admiración como -las gracias infantiles. Todo lo que sea poder decir: ¿Ha visto usted? -¡A su edad! ¡Es admirable! - -Los perjudicados con estas indiscreciones son los de la edad ingrata: -Caruso y D'Annunzio, con sus cuarenta y tantos años, y las artistas -cincuentonas. Para estas edades no hay compasión. Son los años crueles, -sin amor y sin respeto. Años en que todo es ridículo, en que todo -parece afectado, impropio, equivalentes á las horas de la tarde en -el día, las más difíciles de distraer, las más difíciles en acertar -con el traje adecuado. Cualquiera es elegante por la mañana ó por la -noche; pero ¡por la tarde! La tarde es la verdadera piedra de toque -de la elegancia; como la tarde de la vida lo es del saber vivir. ¡No -ser ridículo en esa edad ingrata, de los cuarenta á los sesenta! -¡Insuperable dificultad! - -Y ¡si hombres y mujeres se limitaran en esa edad terrible al trato y -sociedad de sus contemporáneos! Mas, justamente, en esa edad, como -se teme al espejo, se huye de la confrontación con los que pueden -servirnos de espejo. - -Las señoras y los señores maduros se rodean de jovencitos. Es la edad -de los amores desproporcionados, trágicos. La edad en que á nuestro -llanto responden las risas; á nuestra fidelidad el engaño; en que -decimos: Tú, y nos dicen: Usted. Besamos en la boca y nos besan en la -frente. - - * * * * * - -También ha sido sabrosa indiscreción la de haber enterado al público de -lo que cobran anualmente los más aplaudidos autores y compositores. - -A estas horas habrá quien crea que no hay profesión en España como la -de compositor ó autor dramático. - -Yo me permito advertir á los deslumbrados por esas cifras, más -verdaderas que elocuentes en esta ocasión, cómo esas cantidades -apetitosas, cobradas por algunos autores durante algunos años de su -vida teatral, son, en parte, los atrasos de muchos años de penuria y -de lucha, y en parte anticipo de otros que llegarán, de agotamiento y -decadencia. - -Si el público quiere saber la verdad que se esconde detrás de esas -cifras, no mire lo que cobran los autores; mire cómo viven muchos de -ellos, y sabrá mejor á qué atenerse. - -Y no es que pequen de ahorradores ni de avarientos. ¡Si el público -supiera los apuros que pasan á veces, por muy poco dinero, muchos de -esos que cobran tanto! - -No hay duda que sobre el dinero del teatro pesa alguna maldición, sin -duda por ser el teatro cosa diabólica. Lo cierto es que no hay dinero -que menos luzca. Ni renta que en menos tiempo consuma el capital. - -Todo autor pudiera decir, como la actriz francesa Mme. Dorval, ante los -aplausos del público: Bien pueden aplaudirme; les doy mi vida. - -En fin, si será teatral el dinero del teatro, que estoy seguro de que, -al leer las cantidades cobradas, los primeros sorprendidos habrán -sido los mismos autores. Pero ¿es posible que yo haya cobrado todo ese -dinero?--pensarán algunos. - -Y no hay duda; las cifras no mienten, todo eso es verdad. La de autor -dramático debe ser profesión envidiable. ¡Ojalá pudiera cederse ó -traspasarse como un comercio ó establecimiento cualquiera con todos sus -enseres! Y ¡ojalá pudiera anunciarse la cesión ó el traspaso como en -Francia: _¡Après fortune faite!_ - - * * * * * - -Entre dos amigos: - ---Pero ¡chico! ¿Estás comprando ostras? ¿Quieres suicidarte? - ---No. Yo no soy aprensivo. Además, tengo convidada á la familia de mi -mujer. - - - - -IV - - -Como anticipo al centenario de Shakespeare, y ya nos contentaríamos -para suma total con un anticipo como ese en nuestro centenario de -Cervantes, durante el próximo Mayo ha de inaugurarse en Londres una -curiosa reconstitución de dicha capital en tiempos de Shakespeare, con -sus tortuosas callejas, sus casas de madera. Habrá suntuosas fiestas, -en que tomarán parte más de tres mil personas de la mejor sociedad, -vestidas á usanza de la época en la severa pero fastuosa corte de la -reina Isabel, la vestal de Occidente. Habrá torneos y pasos de armas, -con históricas armaduras en caballeros y palafrenes. - -En el teatro del Globo, copia exacta del que fué dirigido por -Shakespeare en unión de Burlage, serán representadas obras de -Shakespeare, de Marlowe, de Ben-Johnson, de Beaumont y Fletcher y de -otros gloriosos autores contemporáneos del que logró oscurecer la -gloria de todos. - -Una _kermesse_ revivirá costumbres populares, las canciones y danzas de -la época, pavanas y gallardas. - -En la sala de los festines podrá asistirse á una comida de ceremonia de -la reina Isabel, rodeada de sus adoradores y de sus cortesanos. - -Habrá conciertos de música del siglo XVI y mascaradas á la italiana, -tan del gusto de aquella corte, rara mezcla de rudeza y refinamiento, -de energía y de corrupción. - -No faltará el recuerdo triste para nosotros; la reproducción del -_Revenge_, el barco que mandaba lord Ricardo Granville en el combate -contra nuestra Armada Invencible; el mismo, también, en que nuestro -mortal enemigo el Drake dió por primera vez la vuelta al mundo. - -Tan magnífico espectáculo ha sido organizado por una empresa particular -y será á modo de heraldo anunciador de las grandiosas fiestas que -dispone Inglaterra para el año diez y seis. - -Lo mismito que aquí, ¿no es verdad, amigo Cávia? Aquí ya hemos -convertido la conmemoración de Cervantes en algo religioso, en declarar -dogma católico y conservador la Invención del escondido retrato; -Invención no menos gloriosa que la de la Santa Cruz por Santa Elena. - -Ahora van á enviarse fotografías y foto-grabados del retrato por esos -mundos. ¡Quiera Dios que no vuelva maltrecho y vapuleado, como Don -Quijote de sus aventuras y andanzas! - - * * * * * - -En nuestro espíritu nada se pierde ni se destruye, aunque mucho se -oculte. De continuo allegamos experiencia y conocimiento, y por -una serie de superposiciones, juzgamos tal vez terreno de solidez -fundamental lo que sólo es arena de aluvión movediza. Cuando creemos -más perdida alguna primera cualidad de nuestro espíritu, una emoción, -un recuerdo, una sacudida cualquiera, arrastra todo lo superpuesto y -reaparece en nosotros lo que más enterrado parecía. - -Sólo así se comprende cómo sobre una balumba de ciencias filosóficas y -naturales surje y se alza de pronto un libro diminuto: el Catecismo. - -Sólo así se explica cómo después de haber leído á Mæterlink y á Ibsen, -nos interesamos en el teatro con pueril interés, con emoción plebeya, -por el melodrama de burdas complicaciones. Cómo, después de haber leído -á Flaubert y á D'Annunzio, nos divierte el folletín policíaco ó el -cuento de niños. - -Por eso hay espectáculos y libros y cuentos que durarán cuanto dure la -Humanidad. Y no porque al renovarse las generaciones cada generación -celebre las novedades, sino porque, como en la Humanidad, con ser -tan vieja, siempre habrá niños y juventud, en el hombre, por muchos -años y mucha experiencia y muchos desengaños que pesen sobre su vida, -siempre existirán el joven y el niño, prontos á mostrarse apenas una -emoción de su mocedad ó de su infancia los solicite. Como la tierra -madre, el corazón del hombre se abre en grietas, simas, para decirnos, -una, la historia, de sus edades geológicas; el otro, la de sus edades -espirituales. - -He aquí por qué unos cuantos hombres maduros y muchos viejos estábamos -encantados una de estas noches con los juegos de prestidigitación y de -ilusionismo del caballero Watry. - -Este es un espectáculo en que se ha progresado muy poco. Quizá en eso -está su mayor encanto. Las innovaciones le perjudican. Preferimos á los -modernos aparatos de electricidad, combinaciones de espejos y cámaras -oscuras, las antiguas suertes de baraja y de escamoteos; las que dieron -inmortal prestigio á Roberto Houdin, á Benita Anguinet, á Herman, al -conde Patricio y demás célebres figuras de un arte siempre antiguo -y siempre nuevo, como todo lo que tiene raíces profundas en lo más -profundo de la Humanidad. - -¿No es este todo el secreto del Arte? ¿Hay novedad que valga tanto como -acertar con una de vejeces que nunca envejecen; el cuento de ilusión -que al niño maravilla por ser niño y al hombre le ilusiona porque se -cree niño al recordarlo? - - - - -V - - -Bien dice el refrán: «No hay peor cuña que la de la misma madera». -Cuando entre los pintores hay más literatos, deciden los pintores -recusar el juicio de los literatos. - -Para la próxima Exposición de Bellas Artes desean los pintores que -nadie, ajeno á la pintura, intervenga en la admisión de cuadros. Grave -pecado de ingratitud me parece. ¿Qué sería de la mayor parte de los -pintores modernos si los literatos no se encargaran de comentar y de -explicar sus cuadros al público? - -Sin los literatos, ¿hubiera logrado imponerse el impresionismo francés? -¿Qué hubiera sido sin Ruskin de los hermanos prerrafaelistas de -Inglaterra? Y ¡de cuántos pintores modernos no puede decirse lo que el -conde Tolstoi decía de Ibsen: «Ibsen es feliz; él escribe lo que le -parece, sin saber lo que escribe, y después los críticos se encargan -de explicárselo». ¡Ah! ¡Si algunos de nuestros pintores modernos -tuvieran que entendérselas directamente y cara á cara con el público! Y -también muchos de los antiguos. - -Uno de los experimentos más interesantes es el de acompañar en su -visita al Museo á una persona que no esté tocada de literatura, -á un espíritu virgen y sincero. Yo les aseguro á ustedes que las -convicciones más firmes se tambalean. ¡Ven tan claro y tan limpio estos -ojos vulgares! ¿No veríamos nosotros como ellos, si sólo percibiéramos -la objetividad de la belleza en los cuadros, en vez de ir saturados -de subjetivismos de escritores y críticos? ¡Cuántas obras de arte no -deben su gloria á su propia hermosura, sino á la hermosa página que -inspiraron! Cuando contemplamos la Venus de Milo, ¿es la Venus de Milo -la que nos admira, ó tantas famosas páginas literarias escritas en su -honor? - -La cultura es la buena educación del entendimiento, mas por lo mismo -que es buena educación, no puede ser siempre sinceridad. - -Hay buenas formas, indispensables para frecuentar el mundo artístico, -como para andar en sociedad. ¡Si dijéramos siempre lo que pensamos y lo -que sentimos! - -Pero, como dice en la comedia de Pailleron _Le monde oú l'on s'ennuie_, -en castellano, _Las tres jaquecas_, el subprefecto republicano á la -duquesa monárquica, que le propone hablar mal del Gobierno: «¡Ah, -duquesa, yo no puedo hablar mal, soy empleado; pero la oiré á usted con -mucho gusto». Cuando no nos atrevemos á ser sinceros ni con nosotros -mismos, ¡cómo agradecemos y cuánto celebramos que alguien se atreva á -serlo! - -Por esto, los reyes y los grandes señores, obligados á fingimientos de -cortesía, gustaban de traer á su lado bufones y chocarreros, que, con -achaque de burlas, dijeran las verdades. Por esta misma razón, todavía, -en muchas casas aristocráticas gustan de convidar á unas cuantas -personas mal educadas, que puedan, de cuando en cuando, soltar cuatro -frescas á los demás invitados, con gran susto, aparente, de los señores -de la casa; en realidad, con gran regocijo, porque son las cuatro -frescas que ellos soltarían con mucho gusto, si la buena educación no -se lo estorbara. - -Y hay que convenir en que si la sinceridad y la mala educación á todas -horas serían intolerables, son muy convenientes alguna vez, como -ventiladores. Sin ellos no se podría respirar en algunos momentos. ¡Tan -cargada de mentiras y de convencionalismos está la atmósfera social! - -Hay salidas de tono, ó dígase coces, inapreciables para determinar una -corriente de aire puro. - -Ahora, que á las personas de buen talante ni les gusta acocear ni -ser acoceadas. Por eso suelen acompañarse de quien sepa hacerlo con -oportunidad. - -Un empresario de mucho entendimiento decía que todo empresario -necesitaba tener dos representantes: uno, honrado, para entenderse con -él, y otro, pillo, para entenderse con el público. Del mismo modo, -es muy conveniente en la vida tener dos amigos de confianza: uno, -bien educado, para tratar con él; otro, mal educado, para que trate -á los demás amigos. Y ¡si fuera posible reunir en uno solo al que -supiera decirnos las mentiras agradables á nosotros y las verdades -desagradables á los demás! - -Pero esta suerte es patrimonio de los grandes personajes políticos. Por -lo regular, cuando se tiene un amigo mal educado, somos sus primeras -víctimas. Pero, en fin, en gracia de que puede molestar á todo el -mundo, le perdonamos gustosos que nos moleste. - - * * * * * - -La huelga carbonera de Inglaterra, de interés mundial, como ahora se -dice, nos preocupa muy poco. La actitud de Francia en la cuestión de -Marruecos, de interés tan nacional, nos preocupa lo mismo; menos, es -imposible. - -Los temas de conversación preferentes son: la crisis probable, el -nuevo arrendamiento de la Plaza de Toros, la opereta vienesa, las tres -peticiones en la Iglesia de Jesús, la chismografía de sociedad y de -bastidores... Amenidades todo: como en los pueblos felices y en las -casas en donde hay que comer. - -Y bien mirado, ¿no es admirable esta despreocupación nuestra? Los -destinos futuros de la Humanidad ¡son tan inciertos! ¡Todo el poderío, -toda la riqueza del Imperio británico á merced de una huelga proletaria! - -¡Oh! ¡El brazo de reyes, emperadores, hombres de guerra y hombres de -Estado, ese brazo extendido, que parece en nuestras estatuas imperioso, -dominador! - -Ya son los brazos cruzados del obrero, del trabajador, del miserable, -los que rigen, gobiernan y mandan en el mundo. - -Ante esta pasiva acción, ¿qué puede otra acción? ¿Qué puede el -pensamiento? Los bárbaros no necesitan esta vez ni avanzar sobre el -Imperio; les basta con cruzarse de brazos, y el Imperio caerá por sí -solo. - -Mientras el mundo viva preocupado por esta amenaza, y hasta realizarse, -nosotros, que ni aun entonces nos preocuparemos gran cosa, podemos -ser el rincón apetecible del mundo, que sirva como de Sanatorio á los -pensadores europeos que se hayan vuelto locos de tanto preocuparse por -lo que nosotros nos tendrá sin cuidado. - - - - -VI - - -No hay que echar á mala parte nuestra ingratitud con los grandes -hombres. Se ha dicho que la ingratitud es la independencia del corazón. -Entre nosotros no es sino la independencia del cerebro. Nuestra -ingratitud sólo es olvido, y somos olvidadizos por pereza. - -Como la soberanía nacional en unos cuantos políticos de profesión, -delegamos gustosos la facultad de discurrir, con tal de molestarnos lo -menos posible. - -Cuando admiramos ó cuando dejamos de admirar, no hay que tomar en -serio nuestro entusiasmo ó nuestro desvío. Nada es convicción, todo es -comodidad. - -Así, no hay gloria duradera entre nosotros. Y no por combatida, por -ignorada. La crítica, aunque fuera para negar, ya sería conocimiento, -pero ya sería molestia. Es mejor suprimir. - -La fama de todo gran escritor, por glorioso que sea, padece un -eclipse peligroso: cuando extirpada la generación de sus admiradores -contemporáneos, se suceden otras nuevas generaciones, solicitadas por -nuevos nombres y nuevas glorias; cuando la obra es vieja y aún no es -antigua; cuando ya no es actualidad y aún no es historia; cuando ya no -creemos en el Revilla que la celebró en su tiempo y aún no llegó para -ella el Menéndez y Pelayo que haya de consagrarla á nuestra admiración -definitiva. - -La gloria de Campoamor ha podido tener este eclipse. Los jóvenes -dejaron de admirarle porque era el mejor pretexto para no leerle. Lo -mismo ha sido con Víctor Hugo, con Lamartine, con otros muchos. - -Apenaba la escasez de estudios biográficos y críticos de Campoamor -y de sus obras. Entristece que el poeta de las mujeres no tenga una -edición de sus obras, elegante, artística, digna de ser ofrecida á una -mujer como regalo. Las mujeres ¡ingratas! dejaron morir al poeta sin -ofrecerle el homenaje de su admiración y de su cariño. - -Ahora, patrocinada por leales amigos, se abre una suscripción para -erigir un monumento al poeta. Las hijas de aquellas madres que amó -tanto, como él decía, ¿se acordarán del poeta? «Me besan hoy como se -besa á un santo»; exclamaba con ternura de abuelo, en el noble ocaso de -su vida. - -Las jóvenes de ahora no besan á los poetas ni los tienen por santos, -y á los santos tampoco los besan, se los comen. Como no ande en ello -batuta eclesiástica, poco puede esperarse de las damas aristocráticas y -de las jóvenes distinguidas. - -De este modo, como decía Hamlet, bien puede asegurarse que la memoria -del más ilustre hombre vivirá cuatro días, y eso si fué fundador de -iglesias, que si no, podrá decirse como del caballito de palo se canta: - - ¡Ya murió el caballito de palo, - y ya le olvidaron así que murió! - -Sería muy triste que sólo contribuyeran los hombres al monumento que ha -de perpetuar las glorias del poeta de las mujeres, del que poetizó el -dolor en femenino con nombre de dolora. - -Andrés González Blanco ha redimido culpas de la juventud literaria -de nuestros días con un magistral estudio sobre Campoamor; libro de -crítica seria, sin impresionismos, sin nerviosidades; un estudio todo -serenidad, como corresponde á uno de los pocos poetas españoles del -siglo XIX, que ha de hallar, por lo menos cada veinte años, un crítico -de entendimiento que lea sus obras y sepa imponerlas á la admiración de -los que no leen. - -En España, este público que no lee nunca es el que más sostiene el -esplendor de las glorias literarias; como la multitud que nunca piensa, -el esplendor de las religiones. - - * * * * * - -Los deportistas de nuestra Sierra del Guadarrama se oponen á la -construcción de un Sanatorio para tuberculosos. - -El deportista ha leído á Nietzche; el deportista no tiene compasión. -Como aquel hombre frío, del que habla Wordsworth en una poesía, capaz -de estudiar botánica sobre la sepultura de su madre, el deportista -considera el mundo como un inmenso campo de recreo. Si su afición -es el automóvil, quisiera que el mundo fuera una inmensa carretera -asfaltada y que hasta los cráneos de los transeuntes fueran de asfalto -para deslizarse con suavidad sobre ellos. - -Sobre la Sierra han puesto sus grandes patines dominadores. Bien está -que se expongan por gusto á romperse la cabeza en un ejercicio tan -saludable y tan útil en España; pero ¡exponerse, por sensiblerías -impropias de hombres fuertes, á contagiarse de tuberculosis! Una cosa -es tener valor ante un riesgo seguro, y otra ante un riesgo imaginario. -Sí sabe uno cómo puede matarse, pero ¡cómo puede morir! - -En este caso, los higienistas se ven combatidos con sus propias armas. -¡Se ha exagerado tanto el peligro de los contagios! Ya es casi heroísmo -acercarse á un enfermo. - -Lo que debieron considerar esos intratables deportistas opuestos á la -construcción del Sanatorio en el Guadarrama es que, más vale prevenir -y curar á los tuberculosos en un Sanatorio apropiado, que no vivir de -continuo entre ellos sin medios de evitar el contagio. ¿Es el nombre -lo que asusta? Pues si en el edificio de la Sierra puede escribirse: -Sanatorio, por todo Madrid puede escribirse: Foco. Véase lo que es -preferible y dónde es mayor el peligro. - - - - -VII - - -Es la Academia Española institución tan aristocrática y conservadora, -que tiene á gala no dejarse guiar en sus acuerdos y en sus -determinaciones por nada que trascienda á dictado de la opinión pública -y democrática. Por esto, tal vez sea contraproducente el movimiento -general de la opinión á favor de la candidatura de la condesa de Pardo -Bazán para ocupar uno de los sillones académicos vacantes. - -Aunque tanto blasonan de su mayoría, cuando les conviene, es axioma -de nuestras clases conservadoras que la mayoría no tiene razón nunca. -Pero es, claro está, cuando se trata de la otra mayoría. En España, -tratándose de literatura, la mayoría, por desgracia, es una mayoría -relativa, que solo puede considerarse mayoría como D. Hermógenes -consideraba numerosos los tres ejemplares vendidos de _El cerco de -Viena_, con relación á uno. La opinión general ¡se interesa tan poco -por estos asuntos! Tener cinco mil lectores en España, ya es ser un -escritor popular. Como nuestro poeta más popular hemos celebrado -siempre á Zorrilla, y, aparte _Don Juan Tenorio_, ¡cuántos de los que -conocen la obra ignoran el nombre de su autor! De sus restantes obras, -¿qué razón puede dar el pueblo, lo que se llama el pueblo? - -La Academia Española debiera, pues, atender de vez en cuando -indicaciones de la opinión, sin temor á verse atropellada por el vulgo -y mucho menos por el populacho. Los que se preocupan en España por la -literatura, aun los más vulgares, ya constituyen una aristocracia. - -En el caso de la condesa de Pardo Bazán no podrá atribuirse la demanda -á espíritu sectario de ninguna clase. La condesa de Pardo Bazán ha -sido siempre una gran señora de las Letras, y ya que tan mal parece á -nuestras clases conservadoras el escritor metido en política--cuando -esta política no es la suya, por supuesto, pues á los suyos bien les -celebran el civismo y la literatura,--no se dirá en esta ocasión que -la política y el sectarismo y las pícaras ideas desnaturalizan el puro -desinterés artístico de lo solicitado. - -¿Qué puede oponerse á la concesión? Fundar la negativa en el sexo de -la ilustre escritora sería notoria injusticia, y ni siquiera puede -alegarse como tradición. Justamente las primeras Academias de España, -aquellas Academias de poesía, famosas en lo antiguo, eran presididas y -congregadas por mujeres y las más nobles y discretas damas concurrían á -ellas. Los Juegos Florales, las Cortes de Amor, origen de las modernas -Academias, por la mujer tuvieron vida y espíritu. - -Por lo mismo que las Academias son instituciones aristocráticas, -conservadoras, y está bien que así sea y esa es toda su razón de ser, -yo creo que nada puede aristocratizarlas tanto como el ingreso de las -mujeres distinguidas. - -Sin negar ni desconocer el mérito de algunos escritores, indicados á -cada vacante por la opinión pública, no dejo de conocer que su sitio -no está en la Academia; desentonan. La Academia no debe atender sólo -al mérito literario. No es en círculo tan selecto como una Academia, -es en cualquier reunión de café, y hay escritores de gran talento -y de grandes merecimientos á quienes no se les puede tolerar de -contertulios... - -Por eso está muy justificada la resistencia de la Academia Española á -ciertos nombramientos. - -Ahora, tratándose de la condesa de Pardo Bazán, ninguna oposición lo -estaría. - -¿Se teme que, una vez abierta la puerta á las mujeres, no habría -marisabidilla ni literata de las perniciosas que no se creyera con el -mismo derecho á ser académica? Esta objeción lo mismo reza con los -hombres. ¡Pues sí que hay entre los escritores varones alguno que no se -crea academizable! - -Nos quejamos á todas horas de la inferior cultura y capacidad de la -mujer, y cuando alguna mujer sobresale entre todas, la negamos el -debido premio á sus merecimientos á pretexto de que es mujer. - -Hay, además, una razón patriótica para que la condesa de Pardo Bazán -sea nombrada académica. Muy pronto ha de ir á la República Argentina, -quizás á otras Repúblicas americanas. Son pueblos progresivos, donde -la mujer es el alma de la cultura, donde se tiene muy triste idea de -nuestro atraso y de nuestro espíritu tradicionalista. Conviene, ya -que una infanta de España fué nuestra embajadora política con todos -los honores, que nuestra embajadora literaria vaya rodeada de todos -los prestigios y pueda dar testimonio, no sólo de lo que puedan valer -las mujeres entre nosotros, de esto se basta la ilustre escritora -para responder, sino de algo que significa más para nosotros: de cómo -sabemos honrarlas y enaltecerlas. Cuando al saber y al talento se le -regatean satisfacciones en su patria, por donde va, más que grandezas, -va atestiguando mezquindades. - - * * * * * - -Se anuncia el estreno de una refundición, reducción, adaptación, ó como -quiera llamarse, de _El barbero de Sevilla_, de Rossini, con destino á -los teatros de zarzuela española y de género chico. - -Hay quien clama contra esto, que le parece atentado y profanación -contra la ópera de Rossini. - -No lo creo así. Si las obras musicales fueran profanadas en cuanto no -se presentan en toda su integridad y en su marco adecuado, profanadas -están todos los días en interpretaciones detestables, en ejecuciones -parciales, en sextetos, pianos, discos fonográficos, etc. - -Popularizar y vulgarizar estas obras en condiciones decorosas me parece -obra muy laudable. Sobre que el interés del refundidor y el de los -artistas que han de interpretar estas refundiciones, han de tener en -cuenta con quién y hasta dónde pueden atreverse. Seguramente, á nadie -se le ocurrirá reducir _El ocaso de los dioses ni La Walkiria_. - -Pero la música ligera y alegre de _El barbero_, ¿por qué no ha de oirse -en nuestros teatros de zarzuela? En Romea oímos la «Quinta sinfonía», -de Beethoven, entre las danzas de la Tórtola de Valencia. - -El teatro Real es teatro caro. Hay muchos que no pueden ir á la -montaña; hay que llevarlos á la montaña--_El barbero_ no son los -Andes--aunque sea en pedacitos. - -Créanlo esos críticos celosos del respeto debido á una obra. No es tan -grave falta descender una ópera al género chico como elevar el género -chico á categoría de ópera. - - - - -VIII - - -La obra literaria, el Arte moderno en general, aun en lo más serio y -meditado, adolecen de inconsistencia, con aire de improvisación, de -algo ligero y provisional. - -En cada época hay un género literario dominante que, por decirlo así, -da el tono á toda la literatura de una época. Hay un período literario -épico, hay otro dramático, los hay líricos y los hay novelescos. - -En la época actual el género dominante, el que da el tono á toda -la producción artística, es el género periodístico. La literatura -periodística domina sobre todo el Arte moderno. - -El poeta lírico, el autor dramático, el novelista, el orador sagrado, -el historiador, pintores y escultores; todos ellos son periodistas -en sus poesías, en sus dramas y comedias, en sus novelas, en sus -sermones, en sus historias, en sus cuadros y en sus estatuas. - -La actualidad periodística con alas de mariposa; polvillo de sus alas, -tinta fresca y pegajosa de imprenta, es la musa del Arte moderno. - -Por eso cuando los mismos edificios, sólidas obras de arquitectura, -los monumentos escultóricos de mármol ó de bronce nos parecen hojas de -volandera actualidad, más nos sorprende hallar la obra de serenidad y -de reposo en la obra periodística juntamente. - -Tal es el libro de _Azorín_ «Lecturas de España», formado con artículos -de periódico que tuvieron su día de actualidad y entran ahora, por -derecho propio, en la eterna actualidad de las obras maestras. - -Cuando tantos libros grandes ofrecidos á la inmortalidad por sus -autores, desdeñosos del juicio y del aplauso de sus contemporáneos, -pasaron como pasa el artículo de periódico, este libro de artículos -de periódico sólo ahora parece en su verdadera forma, con su prosa -robusta, sano equilibrio de músculos y nervios, sus juicios certeros, -su noble continente de hidalgo castellano. - -Para mí, tan propenso á nerviosismos y destemplanzas, nada tan -admirable como esta prosa de _Azorín_, tan distinta de casi toda -nuestra moderna prosa. Entre tanto asomo de chillones colorines, es la -prosa de _Azorín_ como un buen grabado en acero, como un aguafuerte, -donde claros y obscuros dan la exacta equivalencia de todos los colores -y de todos los tonos. - -Tiene este libro, además, para los que siempre hemos admirado á -_Azorín_, aunque alguna vez haya irritado nuestra sensibilidad, la -ventaja, sobre otros libros suyos, de que nada, al leerle, en nuestro -sentimiento protesta contra nuestra admiración. - -_Azorín_, como no podía ser menos, parece curado de su «maurismo» -agudo. Ya no cree, como creen los conservadores, que el mundo es sólo -un medio para que don Antonio Maura y don Juan de la Cierva gobiernen -en España. - -_Azorín_ es demasiado inteligente, demasiado artista para limitar su -ideal á los ideales de ninguno de nuestros partidos políticos. Su -apasionada ceguedad conservadora fué... natural reacción de protesta -contra los liberales. - -Nuestros partidos liberales se dan tal arte que, en España, parece -incompatible el ser liberal y el ser inteligente. Los conservadores -tienen de bueno el no ser liberales; pero el no ser algo es ser muy -poca cosa. Como la única ventaja que tiene un partido español sobre -otro es no ser el otro, lo mejor es echar por la calle de en medio, -aunque se exponga uno á que le miren de mala manera los de una acera -y los de la otra, y más si ven que uno va por su camino sin hacerles -maldito el caso. - -Se quejan los políticos del desvío de los escritores, de los artistas. -Pero ¿estiman en algo los políticos á los escritores, á los artistas? -Lo que ellos estiman en el escritor no es la inteligencia, es la -sumisión de la inteligencia. - -Los políticos, como las mujeres, no se contentan con dominar en el -corazón si no dominan en la cabeza. No se contentan con que los -perdonemos sus faltas por cariño, quieren que no las conozcamos por -ignorancia. Los políticos y las mujeres perciben claramente, aunque la -envolvamos en palabras de afecto, la mirada de inteligencia que parece -decirles: «Aunque te quiero... te conozco; á mí no me engañas.» - -Las mujeres y los políticos odian á todo el que no pueden engañar. - -Por eso los hombres inteligentes no son nunca afortunados en amor ni en -política. - - - - -IX - - -En la historia del teatro español, durante la segunda mitad del siglo -XIX, es de gran importancia el estudio de los actores italianos que han -pasado por nuestros escenarios y de su influencia sobre nuestro arte -dramático y nuestro arte escénico. - -Los actores italianos han sido siempre los que mejor han realizado el -ideal de la representación escénica: verdad en la poesía y poesía en la -verdad. - -Este era el arte de sus grandes trágicos: la Ristori, Salvini, Rossi. -Este es el arte de sus modernos comediantes. - -Lo extraño es que, tierra de admirables actores, no lo haya sido de -grandes autores. Italia no ha tenido un Shakespeare, un Calderón, ni -siquiera un Molière. Sus actores, más que del teatro patrio, han sido -por todo el mundo mensajeros y vulgarizadores del teatro de Shakespeare -y del teatro francés. - -La Ristori apenas representaba obras italianas: _Medea_, _Fedra_, -_María Estuardo_, _Macbeth_ eran las obras de su repertorio. Alguna -tragedia de Alfieri, como _Mirra_, y la _Francesca de Rimini_, de -Silvio Pellico, eran las únicas obras italianas de su repertorio. - -Salvini y Rossi eran los intérpretes de Shakespeare. - -Virginia Marini, con su excelente compañía, la mejor compañía italiana -que hemos visto en Madrid, en la que figuraban segundas actrices que -luego fueron eminentes y primerísimas, como la Vitaliani, la Reiter y -la Belli-Blanes, y actores como Ceresa, Cola, Vitaliani y Zoppetti, -nos dió á conocer el repertorio, antes modernísimo, de Sardou y Dumas, -hijo: _Dora_, _Fernanda_, _Rabagás_, _Demi-monde_, _Monsieur Alphonse_, -_La princesa Jorge_, etc. - -Estas obras parecían la última palabra del realismo en el teatro. La -falsedad esencial se ocultaba bajo la minuciosidad de los detalles y -el verismo de la presentación escénica. Los árboles no dejaban ver el -bosque. - -Después de Virginia Marini fueron la Pía Marchi, Novelli; después la -Mariani, Zacconi, la Vitaliani, Tina di Lorenzo, y entre ellos Emmanuel -con la Glech, primero, después con la Reiter, y, sobre todos, la Duse -incomparable: la divina y la humana, dolorosa del Arte, cuerpo de nube -fulgurada por intensa luz espiritual, resplandeciente en relámpagos de -pasión ó ensombrecida de tristezas profundas como la noche sobre el mar. - -Todos estos actores han influído con su arte sobre nuestros actores, -sobre nuestros autores y sobre nuestro público. Han sido educadores -de nuestro gusto y vulgarizadores del teatro extranjero. Gracias á -ellos, nuestro público sabe que hay algo mejor, algo lo mismo, y mucho, -también, peor que lo nuestro. - -Hoy su influencia no es tan notoria, las novedades teatrales que pueden -ofrecernos son pocas, y el interés por asistir á sus representaciones -se limita al aprecio del mérito personal de los actores. - -Lyda Borelli es la actriz italiana de este año. Llega la última, sin -novedades llamativas en su repertorio, y lucha con desventaja en el -terreno ocasionado de las comparaciones. Pero su figura, su arte, son -tan personales, es tan _ella_, que la comparación más inevitable se -desvirtúa. Lyda Borelli es la última... como el último amor, que nos -parece el primero. - -En esa melo-comedia de _Zazá_, que es á _La dama de las camelias_ lo -que la República francesa es al Imperio, en lo social y político, y lo -que Zola es á Víctor Hugo, en imperios y repúblicas literarias, Lyda -Borelli consigue, con ser obra de tantos recuerdos, que no recordemos á -ninguna otra actriz; y esto, sin preocuparse de no recordar á ninguna, -sin rebuscar nuevos efectos ni caer en extravagantes originalidades. La -mayor originalidad de Lyda Borelli es ésa: que no pretende ser original. - -Y, por eso mismo, lo es, del único modo que se puede ser original en -Arte: por sentimiento propio, íntimo. - -Lyda Borelli, sobre todas las excelencias de su arte, posee la -_gracia_; la gracia, en el sentido artístico de la palabra, más cerca -del teológico que del vulgar significado. Es la gracia, ese don de -esclarecerlo todo, de ver alegría hasta en la tristeza; en una armonía -de la inteligencia y del sentimiento, que siempre es claridad. - -Esa gracia que es todo el arte griego y pone la divina alegría de -comprender sobre el humano dolor de sentir; como la serenidad del -mármol, en la escultura, ennoblece el dolor inquietante de la carne. - -El arte de Lyda Borelli culmina en _Salomé_, de Oscar Wilde. - -Ella consigue lo que no pudo conseguir el desdichado poeta inglés en su -obra ni en su vida: con nervios modernos, actitudes esculturales. - - - - -X - - -La Exposición Beruete, con fervorosa atención ordenada por el cariño -filial y el noble afecto de un insigne artista, Sorolla, quizás haya -sido una revelación para lo que hemos convenido en llamar el gran -público. - -Aquí, donde el Arte sólo es cultivado por los pobretes, nadie suele -tomar en serio las aficiones artísticas de un gran señor que para nada -necesita del Arte. El título de buen aficionado es el más alto á que -puede aspirar. - -Que don Aureliano Beruete era un admirable paisajista han de -reconocerlo ahora todos al visitar la Exposición de sus obras, y esta -hora de justicia quizá sea para muchos de remordimiento. - -Con ser un gran lírico del paisaje, como lo es todo gran artista, -era Beruete, como todos los grandes líricos, un espíritu abierto y -receptivo que en todo se transformaba, en vez de transformarlo todo á -la propia comodidad de una manera y de una técnica, como tantos falsos -líricos del Arte. Conviene no confundir el carácter con la tozudez, y, -en el artista, la personalidad con el amaneramiento. - -Ha de ser el artista, como la luz del sol, más admirada en cuanto -alumbra al esparcirse que en el sol mismo. Y ¡el sol es un gran lírico! - -Toledo, Guadarrama, Avila, Suiza, nada perdieron de su objetividad, con -ser tan diversa, porque todo fué contemplado sin la preocupación del -procedimiento. No era el paisaje el que se acomodaba á la técnica; era -la técnica la que se acomodaba al paisaje. - -No es siempre lo que más se admira lo que más enamora. Para mis -simpatías hay, entre todos, un cuadro; una vista de Madrid, castiza -como un sainete de Ricardo de la Vega: entre solares y tapias de -ladrillo rojo, desmontes areniscos, unas pobres casuchas bajas, y, -sobre ellas, una de esas casas madrileñas, tejado color de puchero, -balcones de colorines, la fachada con sucio revoque amarillento, y el -sol de Madrid alegrándolo todo; el sol, que rosea y dora los sucios -revoques descoloridos como si fueran mármoles y jaspes de palacios -señoriales. - -Es preciso ser muy madrileño para hallar poesía en estas cosas. Es -preciso ser muy artista para saber decir á los demás: Aquí hay poesía. - - * * * * * - -Los países meridionales, tan calumniados por las personas serias, -ejercen una gran atracción sobre los artistas y los escritores del -Norte. Italia, España, su Arte, su Historia, son de continuo estudiados -por ingleses, alemanes, rusos y escandinavos. - -Ahora es el dinamarqués Joerguensen, enamorado de San Francisco de -Asís, peregrino fervoroso por los lugares que en su vida recorrió aquel -caballero andante de Cristo, vestido el sayal de la fuerte humildad por -toda armadura. - -Es el sueco Bratli, estudioso investigador de la vida y la obra de -Felipe II, con imparcialidad desacostumbrada en autores extranjeros, -y aun nacionales, al tratarse de rey tan desgraciado con los -historiadores como con los novelistas y autores dramáticos. - -De estos últimos, el que le ha presentado con menos sombríos colores ha -sido el más cercano á sus días, el español Enciso, en su comedia _El -príncipe Don Carlos_. - -El escritor sueco, en su monografía, pretende, y no en vano, esclarecer -la sombría figura del monarca español, tan mal estudiada y comprendida -por sus apologistas como por sus detractores. - -Se considere la Historia como Ciencia ó como Arte, sólo cabe poner en -ella el calor de una pasión, la pasión por la verdad. - -La obra de Bratli debe ser agradecida por los españoles. Nuestra -Historia corre por el mundo en libros extranjeros y en libros casi -siempre inspirados por odios y antipatías. Diríase, al leerlos, que -sólo en España hubo Inquisición; que sólo en España hubo persecuciones -religiosas, cuando fué, en realidad, donde hubo menos; que sólo España -conquistó y colonizó cruelmente, y que sólo la Ciencia y las Artes -españolas padecieron bajo la presión de la Iglesia y del Poder real. Y -no es lo malo que los extranjeros hayan contado así nuestra Historia; -lo peor es que nosotros la hemos aprendido también en sus libros, sin -tomarnos el trabajo de aprender las Historias de otras naciones, para -comprender cómo, calumniados y todo, la nuestra no desmerece nada. - -Felipe II era el soberano más noble, más culto y más humano de su -tiempo. Su mayor defecto fué el que tan donosamente le señaló don Juan -Valera: el de ser un tanto _engorroso_. Y esto fué lo que alabaron en -él de prudencia. - - * * * * * - -El alcalde de Madrid se ha creído en el caso de amonestar al -concesionario del teatro Español, el sabio doctor Madrazo, por la -baratura del precio en las localidades. - -Yo creo que el Ayuntamiento debiera agradecer el desinterés del señor -Madrazo y congratularse de que un teatro municipal sea, por fin, un -teatro popular, por sus precios, al alcance de las clases menos -acomodadas. - -¿No es deber del Ayuntamiento procurar por todos los medios el -abaratamiento de las subsistencias? ¿Quieren que el teatro español sea -un teatro aristocrático? Entonces debieron empezar por no concedérselo -al doctor Madrazo, tan conocido por sus ideas democráticas y -republicanas. - -Entonces, si un millonario generoso se ofreciera como empresario del -teatro Español para obsequiar al público con funciones gratuitas, ¿no -se le concedería el teatro? - -Además, ¿cree el Ayuntamiento que es el precio de las localidades lo -que da ó quita al teatro el decoro debido á sus prestigios? - -No es al precio, sino á la calidad del espectáculo á lo que debiera -atender el Ayuntamiento. - -Bien está á peseta el chocolate de á peseta. El Ayuntamiento, en este -caso, al contrario que en el sabido cuento, lo pide más caro, sabiendo -que peor es imposible. - - - - -XI - - -Dice una antigua canción inglesa, parafraseada por Dante Gabriel -Rossetti: «El mar no tiene más rey que Dios». - -Los archimillonarios, reyes del mundo, pasajeros del _Titanic_, -navegaban sobre el mar con toda confianza, seguros de haberle vencido. -En un palacio, fortaleza flotante, con la garantía de haber pagado -muchos miles de francos por el pasaje. La travesía, alegre: fiestas, -bailes y músicas y amoríos viajeros de esos que no comprometen á nada. -¿Naufragar? ¿Hundirse? ¿Quién pensaba en eso? El barco poderoso, con -toda su fuerza, con todas sus seguridades, era, en medio del mar, como -un símbolo de un Estado social capitalista, defendido por cañones y -escuadras pagados á buen precio, como el pasaje en el transatlántico de -lujo. - -Algunos de aquellos millonarios, grandes industriales, hombres -de negocios, quizás buscaban en viaje de recreo descanso á sus -preocupaciones, al malestar causado por una huelga obrera en sus -fábricas, en sus industrias. Y las olas del mar les parecían de -mansedumbre; no amenazadoras, como las olas proletarias. Era el mar un -reposo y una caricia. ¿Cómo habían de imaginarse que pudiera ser el -vengador? - -Vencieron la huelga de los hambrientos y no contaban con el hambre -vengativa del mar. - -Ya no se ofrecen víctimas humanas en sacrificios religiosos. Pero hay -una divinidad justiciera para ordenarlos. Y esta imprevista nivelación -ante el dolor y la muerte es tal vez el único destello de justicia que -resplandece sobre la tierra. - -Víctimas expiatorias son estos millonarios. Con su muerte ponen -inquietud sobre la soberbia de los poderosos y paz sobre el odio de los -miserables. - -¡También los grandes transatlánticos pueden hundirse en un momento! - -Entre ellos y las pobres embarcaciones veleras, donde van á ganarse -la vida pescadores y marineros de ventura, ya puede haber algo de -simpatía. ¡El mar no tiene más rey que Dios! Más grande y más fuerte -que la tierra, ni siquiera el dinero. - - * * * * * - -Y el mar no cuenta sus historias con ruinas, epitafios ni monumentos, -como la tierra, vieja comadre, que nos va señalando á cada paso: «Aquí -fué Troya», «Estas son las ruinas de Nínive», «Esta fué la Acrópolis -de Atenas». En la mayor desolación hay siempre rastros visibles sobre -la tierra, efemérides de su historia. En el mar no hay señales ni -vestigios de ruinas ó grandezas. El mar no dice historias, sólo nos -dice: ¡Eternidad! - -Por eso en él se templan las almas mejor que en la tierra. Unos pobres -músicos, los últimos tripulantes del barco, sin duda, que tal vez en -el incendio de un teatro, en una catástrofe terrestre, hubieran sido -los primeros en huir y en defender su existencia precaria de músicos -jornaleros, ante el mar se agrandaron como héroes de epopeya y fué su -pobre música destemplada un himno al espíritu: el salmo religioso en -que acepta el Dios de misericordia la música de valses y rigodones que -animó el danzar frívolo de los millonarios durante la alegre travesía -de recreo. - - * * * * * - -Monsieur Le Bargy, el ex socio de la Comedia Francesa, en reciente -entrevista con el travieso _Duende de la Colegiata_, ha juzgado con -despectiva frase á los actores italianos. - -Al decirle el inquieto duende que los actores italianos ensayan las -obras con mayor prontitud que los franceses, el celebrado actor hubo de -replicar: ¡Así las hacen! - -¿Cree el aplaudido intérprete de _El marqués de Priola_ que es tanta la -diferencia y siempre en favor de los actores grandes actrices? - -Ni por artistas, individualmente considerados, y por compañías, en su -conjunto, mucho menos, creo, y conmigo el público madrileño, que la -desventaja está de parte de los actores italianos. - -Entre los actores franceses los hay excelentes ¡quién lo duda! Pero, -sea por culpa suya ó de los autores que para ellos escriben, lo cierto -es que su trabajo se limita á una especialidad. Ni Sarah, ni la Bartet, -ni la Réjane han interpretado en toda su carrera artística la variedad -de obras y de personajes distintos que nuestra María Guerrero ó -cualquiera de nuestras actrices. - -Ahora mismo, en el último retrato de Sarah, intérprete de la obra -_Isabel de Inglaterra_, vemos á Sarah, la de siempre, vestida... como -Sarah, no como la reina Isabel; peinada... como Sarah... La misma Sarah -que se presentó rubia en _Cleopatra_ y ha sido Sarah eternamente; como -Guitry es Guitry siempre y Mounet Sully es Mounet Sully en cuantas -obras interpreta. - -Actor por actor, ni Sarah es la Duse, ni ninguno de los actores -franceses que nos han visitado es comparable á Zacconi, á Novelli, á -Emmanuel, á Ceresa, á Flavio Andó; ni las compañías francesas, la de -Antoine inclusive, han presentado nunca un conjunto como cualquiera de -las compañías italianas. - -En arte escénico no hemos podido aprender nada de los franceses; de los -italianos, sí. - -Los actores franceses van demasiado poseídos de su superioridad por -esos mundos. Ya es hora de que se vayan desengañando. - -Y conste que soy el primero en admirar á los buenos actores franceses -y, entre ellos, á M. Le Bargy, á quien es lástima que el público -madrileño no haya podido admirar como galán joven cuando, al sustituir -á M. Delonnay en la Comedia Francesa, era excelente intérprete de las -comedias de Musset. - -Hoy, como primer actor, _grand premier sole_, habría algunos reparos -que ponerle. Pero no es cosa de complicar la cuestión de Marruecos. - - - - -XII - - -El actor M. Le-Bargy me ruega que inserte en esta sección la siguiente -carta. Así lo hago con sumo gusto y fina voluntad. - - «Sr. D. Jacinto Benavente. - - Muy señor mío: He tenido ocasión de decir á uno de sus compañeros - que la improvisación en cualquier arte no me parecía un buen - mecanismo de perfección en el trabajo y que para la _mise en scene_ - de una obra dramática prefiero, á los bruscos procedimientos de - los comediantes italianos, el sistema de los ensayos lentos y - minuciosos que han adoptado los teatros de París. Con tal motivo, - se ha lanzado usted á la guerra como un conquistador y ha declarado - que en la interpretación dramática, París ha sido eclipsado por - Roma. - - Las opiniones son libres; mas tengo la costumbre, respetándolas - todas, de no prestar atención sino á aquellas que se apoyan sobre - pruebas ó sobre la autoridad de un juicio informado, prudente, - comprensible. Respeto, pues, infinitamente su juicio sobre los - actores franceses; pero excusándome de no poder detenerme en esto, - pues se vislumbra en aquél una idea preconcebida de menosprecio, ó - al menos el desconocimiento absoluto del genio de nuestra raza. Si - yo tomase en consideración lo que ha dicho usted, en particular, - de Sarah Bernhardt y de Mounet Sully, haría, al defender á estos - gloriosos artistas, un esfuerzo más vano sin duda que el que hizo - usted al atacarles. - - Antes de despedirme os ruego vengáis un día á París: tendré el - honor y el placer de recibirle, enseñarle nuestro arte dramático en - su propio marco y revelarle esos matices que parecen haber pasado - desapercibidos á su fino discernimiento. - - Queda su más atento seguro servidor, q. b. s. m., _Ch. Le-Bargy_.» - -Conste, en primer término, que mis ideas respecto á los actores -franceses podrán ser equivocadas, pero no preconcebidas, como M. -Le-Bargy asegura. - -Contra la opinión de la crítica, en general, juzgué en la temporada -anterior al artista italiano Caravaglia como desdichado intérprete de -_Hamlet_. Ya ve M. Le-Bargy cómo no siempre es Roma la capital del -Arte. En Italia, por fortuna, el Arte está descentralizado y no es -Roma, ciertamente, la capital artística de mayor importancia. - -He sido y soy gran admirador de Sarah, sin desconocer que la Duse es -artista de más sinceridad. - -En cuanto á Mounet Sully, cuando tanto dió que reir al público -madrileño, fuí de los pocos defensores que tuvo. No me negará M. -Le-Bargy que el arte de Mounet Sully es un arte _sui géneris_, y en -el mismo París no todos son admiradores del fogoso artista. Monsieur -Le-Bargy procede con nobleza al defenderle, ya que todos sabemos que -no ha reinado siempre la mejor armonía entre el decano de la Comedia -Francesa y el propio M. Le Bargy. - -¿No recuerda el excelente artista--han pasado algunos años,--durante -una representación de _Enrique III y su Corte_, de Dumas, padre, una -desagradable escena, _hors d'oevre_, ocurrida entre M. Le-Bargy y -Mounet Sully? Parece ser que Mounet Sully reprendió en tono algo -destemplado á M. Le-Bargy por haberse permitido una alteración en -la _mise en scene_ de la obra. Monsieur Le-Bargy replicó con la -misma viveza y dijo, refiriéndose á Mounet Sully: «Il se permet bien -d'autres». - -Ya ve M. Le-Bargy que conozco las intimidades artísticas de los -teatros de París tanto como á sus actores, y que mi juicio podrá ser -equivocado, pero no ligero. Es el de todo el público madrileño, y M. -Le-Bargy sabe que empieza á ser el del americano. - -Los actores franceses carecen de sinceridad; son muy especialistas. -¿Puede citarse una actriz francesa que haya interpretado la variedad de -personajes que María Tubau, María Guerrero ó Rosario Pino? - -Los actores franceses cuentan por docenas lo que ellos llaman sus -«creaciones»; los actores españoles y los italianos, por cientos. Esta -intensidad en la variedad es tan estimable, por lo menos, como la -intensidad en la unidad. Y para el público, más interesante. - -Si alguna vez vuelvo á París, tendré sumo gusto en saludar á M. -Le-Bargy y en atender sus indicaciones; aunque temo no consigan -rectificar mis juicios, ya que, actrices y actores, por dicha suya, -serán los mismos que tuve ocasión de aplaudir, hace treinta años, -cuando fuí á París por primera vez, y los mismos que he vuelto á -celebrar cuantas veces he vuelto. Y los actores ¡ay! no son como el -buen vino: con los años y con los viajes no ganan nada. - - - - -XIII - - -Existen industrias por esos mundos de las que no tenemos aquí la menor -idea. Una de ellas es la cría de mariposas. En Inglaterra, en el -condado de Kent, Mr. Newman ha destinado una granja á esta novísima -producción, recompensada con no despreciables rendimientos. - -En Inglaterra son muchos los coleccionistas de mariposas. Son muchos -también los Museos que tienen por proveedor á míster Newman. La moda -también ha venido á favorecer su industria. Mesas y veladores se -cubren con una tela de seda y sobre ella mariposas disecadas de varias -especies y múltiples colores. Todo ello se cubre con un cristal y el -efecto es muy vistoso, como de bordado japonés ó chinesco. - -Para obtener alguna nueva especie de mariposas es preciso un -procedimiento llamado «azucarar». Para azucarar se emplea una mezcla -de azúcar, melaza, ron, cerveza y jugo de pera. Con esta mezcla se -trazan rayas sobre la corteza de los árboles. Las rayas han de ser -verticales, á un metro del suelo, y han de tener 45 centímetros de -largo por dos de ancho. Entrada la noche, las mariposas acuden á -golosear. Las mejores noches de caza son las noches tormentosas. Cuanto -más cerrada la noche, más fructuosa recolección. - -Para la caza hay que proveerse de una cajita, bien mullida de algodón -en rama, y de una linterna: con la linterna se ilumina la raya -azucarada; el cazador acerca la caja, cuya tapa sostiene abierta con -un dedo; el cazador elige su presa, toca ligeramente en la cabeza á la -mariposa, la mariposa cae en la caja, que se cierra de golpe. Desde -allí pasa á las jaulas de cultivo, cuando no es condenada á inmediata -muerte. - -Míster Newman posee unas cien mil mariposas. Algunas de ellas, como -la llamada «Rey de la selva» (Purple Emperor), se paga á cinco y seis -francos. Aunque son muchas las pérdidas en tan frágil mercancía, las -ganancias compensan lo suficiente. - -Y ¡es una industria tan poética! Aquí no se concibe. Y eso que el -procedimiento de «azucarar» es muy conocido. Es el medio empleado -por los Gobiernos para obtener mayoría en todas las votaciones. Los -caramelos repartidos con profusión en el Parlamento vienen á ser el -símbolo tangible y chupable de otras más apetitosas golosinas. Todo es -«azucarar». - -Pero ¿quién ha de criar mariposas aquí, donde es preciso proteger á los -pájaros y donde no quedará dentro de poco animalito con alas, pájaro, -mariposa ó poeta? - -Lo raro es no ver cazuelas de mariposas fritas como de pájaros. Entre -la substancia de una mariposa y la de un pájaro... ¡Comida de ilusión! -Por eso tan española, tan madrileña sobre todo. El pájaro frito viene -á ser para los madrileños la gallina que Enrique IV de Francia deseaba -para todo ciudadano francés, como garantía de paz y de ventura en sus -Estados. - -En estos de España no pueden pedir los gobernantes más de lo que -asegura un pájaro frito. - -Ahora se trata de proteger á los pájaros con detrimento de la popular -alimentación. - -El pájaro tiene una leyenda sentimental de beneficioso para la -agricultura. - -Yo sé de quien prohibió que se matara ni se hostigara á un solo pájaro -en sus huertas y tierras de labranza, y ¡vaya si notó el beneficio! De -la siembra dieron tan buena cuenta como administrador en «absentismo» -del amo. Y de la fruta... como si se hubieran propuesto anunciar un -remedio contra la obesidad: la dejaron toda en los huesos. - -Por eso digo que lo de beneficiar á la agricultura debe ser leyenda -que han hecho correr los pájaros en combinación con los naturalistas. -Y es que la mayor parte de los naturalistas estudian á los animales... -disecados. Como al pueblo la mayor parte de los sociólogos. Así hay -tantas lamentables equivocaciones al legislar. - - * * * * * - -Dentro de pocos días tendremos en el teatro de la Comedia una compañía -italiana con el repertorio del Gran Guignol, á imitación del tan -celebrado de París. - -Género teatral, á ratos también literario, muy á la moderna. Rápido, -cinematográfico, violento, brutal en ocasiones, se apodera del -espectador por los nervios. ¡La inteligencia y el corazón se defienden -tanto! Los autores dramáticos, atentos á la psicología del público, -han comprendido que el espectador moderno es más atacable por lo -fisiológico. Se impone un teatro rascanervios. Como única emoción, el -espanto; como único razonamiento, la sorpresa; como único sentimiento, -la curiosidad. - -El autor se entra por los nervios del espectador como un loco, como un -criminal, como un violador. Le considera como á una mujer histérica, -se impone á él como hipnotizador, como alienista, como juez de -instrucción. Es un teatro para estudiar á los espectadores. Obtendrá un -excelente éxito. Sobre todo con las señoras. ¡A las mujeres les gusta -tanto asustarse en público! - -Después, y visto el buen éxito, padeceremos las imitaciones -consiguientes. Y aquí sí que puede decirse como de tantas otras cosas: -¡Bien vengas, Gran Guignol, si vienes solo! - - - - -XIV - - -Un escritor de alto entendimiento y generoso corazón, el señor Zozaya, -ha supuesto que yo era enemigo de los pájaros. De ningún modo. - -Unas cuantas libras de fruta averiada por su glotonería no es -razón para malquistarse con los pájaros. Como unas cuantas pesetas -«sableadas» por un amigo no es razón para reñir con él, si el amigo es -simpático y sablea con gracia; que es el caso de los pájaros al picar -en la fruta. - -Nadie como yo les defiende de asechanzas de gentes y de muchachos. -Para sazonarles la acidez de la fruta añado unas migajas de pan á su -merienda. - -De no haber sido gato en otra encarnación--en ésta lo soy por gracia -de madrileño--ó ave de rapiña--menos probable, pues no me queda el -menor instinto,--no me remuerde la conciencia por haber perseguido, -maltratado, cazado, ó simplemente devorado, después de cazado por otro, -al más insignificante pajarillo. - -A predicarles, como San Francisco de Asís ó San Antonio de Padua, no he -llegado. Pero versos de Rubén Darío, de Gabriel D'Annunzio y de Guerra -Junqueiro sí han podido oirme recitar en mis soledades, á las horas -de siesta canicular, en que todo se amodorra, como en la cantada por -Zorrilla. Todo, menos los pájaros y yo, bien hallados á la sombra de un -huerto, oasis en dorada llanura castellana. - -Su piar y los versos por mí recitados son como escala de armonía -infinita, ascendente, que va del abecedario, balbucido por labios -infantiles, al libro todo sabiduría. - -Por todo esto amo á los pájaros, sin pararme á considerar si son útiles -para la agricultura. - -Mis poetas tampoco le serán de gran utilidad. - -Pero yo no quisiera creer que los pájaros cantores y yo, recitador de -poetas, somos como un insulto á los campos de trabajo y de pena que nos -rodean. - -Tampoco debemos creer, como algunos pájaros y muchos poetas, que todo -aquello no es más de apropiada decoración para nuestra escena poética. - -Como el piar de los pájaros es preludio balbuciente de tanta música -y tanta poesía, mi recitar de versos en el silencio de los campos -abrasados acaso es también preludio de cosechas futuras. Los poetas no -pueden haber sembrado en vano. Entre tanto, sería injusto preguntarles -como á los pájaros: si son útiles para la agricultura. - - * * * * * - -Los niños son muchas veces víctimas de la vanidad de los padres. Los -perros, de la vanidad de sus amos. - -¿A qué otro sentimiento responde, en el primer caso, los concursos -de belleza infantil, los disfraces de Carnaval, la exhibición de -habilidades en los niños; en el segundo caso, las Exposiciones de -perros? Los pobres animales, encerrados en jaulas mal acondicionadas, -rodeados de personas extrañas, padecen, inocentes, el mal del siglo: -el exhibicionismo. Cuando ya no tenemos más que exhibir, exhibimos al -perro. - -El perro, animal simbólico de la fidelidad, atributo de tumbas -conyugales en otros tiempos, simboliza en estas Exposiciones la -exhibición íntima de los hogares. Ya sabían ustedes cómo éramos todos -en casa: la señora, las niñas, los criados; ahí va el perro. Que no se -quede sin su fotografía. - -El trabajo de los futuros historiadores no será, ciertamente, el de -juntar documentos, sino el de aportarlos. ¡Bien documentada va la -posteridad! - -Ni siquiera tienen estas Exposiciones de perros la justificación de -contribuir á la mejora ó propagación de las razas mejores. Sabido que -no hay nadie tan egoísta como un poseedor de ejemplares de precio. - -Es más difícil obtener la mano izquierda de uno de estos perritos de -lujo que la derecha de una linajuda y bien dotada heredera. - -Ahora que ha vuelto á reconstituirse la Sociedad Protectora de -Animales, bajo la presidencia de una inteligente dama, debiera oponerse -á estas Exposiciones tan opuestas al verdadero amor por los animales. - -En algunas partes las Sociedades protectoras han llegado á oponerse al -sostenimiento de las casas de fieras y jardines zoológicos. - -Tratándose de animales feroces y salvajes, sin cesar perseguidos, yo -no sé, ignorante de su concepto y su aprecio de la libertad, si ellos -no pudieran preferir la cómoda y descansada vida de estos jardines y -_menageries_ á la azarosa vida de las selvas y de los desiertos. - -Tratándose de animales domésticos, no hay duda. La protesta de las -Sociedades protectoras estaría más justificada. - -El jardín zoológico puede ser civilizador para las fieras. Todas las -razas salvajes se han civilizado en jaulas, más ó menos holgadas. - -El perro está ya bastante civilizado. Volverle á la jaula es un -peligro. Podría volver á sentirse lobo. Tal vez de puro civilizado -participe del sentimiento vanidoso de los hombres y goce con las -exhibiciones. Pero hay que concederle alguna superioridad mental. - -Aunque lleva mucho tiempo de ser el mejor amigo del hombre. Mucho -más que Muley Hafid de ser el buen amigo de los franceses. Debe estar -contagiado del todo. Muley Hafid parecía más fiero y hoy está hecho un -falderillo. Dentro de poco también estará en París en su buena jaula y -¡tan contento! - - - - -XV - - -_Voces de gesta_ ha aparecido en las librerías antes de ser -representada en Madrid. Esto indica en cuánto más estima Valle-Inclán -el juicio reposado del lector que la emoción arrancada al público, -por sorpresa unas veces, con habilidades teatrales, que tienen más de -lo artificioso que de lo artístico; otras, con los recursos del arte -escénico: brillantez de la interpretación ó del decorado. - -Son muy pocas las obras dramáticas que, como esta admirable tragedia -de Valle-Inclán, pueden permitirse el lujo de su desnudez artística al -presentarse sin engaños teatrales. - -Al escribir estas líneas ignoro la opinión del público de teatro. -Importa poco. Obras como _Voces de gesta_ están sobre el público, y -su probable fracaso demostraría, una vez más, que hay un nivel medio -del que no conviene elevarse. Yo estoy seguro de que el público del -estreno, en el teatro de la Princesa, alcanza ese nivel con holgura. -No me atrevería á decir lo mismo del público en los días de abono -aristocrático. - -_Voces de gesta_ es obra redentora. Ella sola se basta á redimir de -muchos pecados teatrales. Es obra de esas que sirven para justificar á -un empresario: «No dirán que no se hace Arte.» Y sirve para disculparle -cuando no lo hace: «Pero, ya ven ustedes, el Arte no da dinero.» - -Por desgracia, los empresarios tienen razón... mientras el público se -obstine en dársela. - - * * * * * - -Hay que afrontar la verdad cara á cara. La Prensa periódica ha -procurado, con alto patriotismo, realzar la tristeza de todos por la -muerte de Menéndez y Pelayo. - -En este caso, la actitud de tristeza no ha bastado á determinar el -sentimiento, como afirma el psicólogo James. - -Cierto que la persona de Menéndez y Pelayo ni su obra, por su índole -misma, podían ser populares. Lo triste ha sido que, entre la misma -gente culta, antes hemos advertido el revuelo alrededor de las muchas -vacantes dejadas por el muerto glorioso que la emoción por su prematura -pérdida. - -En los mismos artículos necrológicos han podido advertirse más -amplificaciones de fórmulas encomiásticas que estudio detenido de -las obras de Menéndez y Pelayo. Sin duda el dolor embargaba las -inteligencias. - -Es muy de la tierra lo de contar por cada lector cien admiradores. -Hablen los muchos que se decían admiradores de Costa, sin haber leído -uno solo de sus libros; hablen muchos de los que se decían admiradores -de Menéndez y Pelayo. - -La fe y la admiración son muy amables formas de la pereza. Hay quien no -cree y quien no admira por la misma causa. - -Por todo esto, sucede que la fe, como la admiración, como sus -contrarios, adolecen entre nosotros de una tibieza fundamental, por -falta de fundamento, que en vano pretende mostrarse calurosa entre -voces enfáticas y gestos exaltados. - -Sólo parece al exterior, con luz del alma, lo que ha sido calor del -alma interiormente. - -Por eso al morir Menéndez y Pelayo hemos oído clamar su nombre; -pero ese clamor sonaba como el eco de vacío aposento: un aposento -que debieran haber llenado las obras del escritor, más admirado que -conocido. - - - - -XVI - - -Los Museos de cuadros antiguos tienen algo de panteón. Un cuadro sólo -parece animado con vida propia como acorde justo en toda una armonía -de ambiente. El retrato del noble caballero ó de la dama infanzona, -en la sala señorial de linajudo palacio, entre sillones y escaños de -roble, mullidos de terciopelos ó damascos desvaídos; entre tapicerías -heráldicas, candelabros de plata ó de hierro forjado, armaduras -enmohecidas y códices miniados. La pintura religiosa de atormentado -ascetismo, á la indecisa claridad de lámpara votiva, en un rincón -de alguna antigua iglesia ó convento pobre. La pintura religiosa -risueña, de vírgenes y niños de Dios familiares, divinizados por -gozosa humanidad, en altares acariciados de sol, en iglesias muy -blancas, de algún convento de monjitas más hacendosas que rezadoras; -hadas de santidad con manos milagrosas para confituras, bizcochadas, -bordados al realce y randales sutiles como vilanos ó telas de araña. -Las triunfantes alegorías, entre mitológicas y caballerescas, con su -trompetear de oros y púrpuras, en la amplia galería del alcázar, frente -á los ventanales que dominan á la ciudad de leyenda. - -Fuera de su lugar son los cuadros vago contorno espectral sin vida. -Siquiera en los Museos dice la tumba, que es cada cuadro, un nombre -glorioso. Y el nombre evoca un recuerdo vivo en nuestra memoria, y no -es todo muerte. - -Pero estas Exposiciones de cuadros modernos son aun más tristes. Si -nos ponemos en la realidad, parecen almacén y dicen comercio. Si -poetizamos, son como galería de nichos; pero con nombres que no dicen -glorias; sólo dicen muerte, con la frialdad de una estadística. - -Y uno por uno, en adecuado lugar, en propio ambiente, es posible que -todos los cuadros estuvieran bien. Figuraos una Exposición de niños: -al verlos allí solos, ante las miradas curiosas, indiferentes del -público, no pensaríamos en que era alegría de una casa; pensaríamos -en la Inclusa. El Arte necesita un calor que no puede hallar en las -Exposiciones. Todo parece allí muerto ó abandonado, y, con la multitud -de sepulturas, todo va en el recuerdo al hoyo grande. - -Cuando la Exposición haya terminado, el Arte reconocerá á los suyos, -como Dios en la matanza de hugonotes. - - * * * * * - -Los sultanes de Marruecos serán muy brutos, pero no tienen nada -de tontos. Cuando se hallan muy empeñados, en toda la magnitud de -la palabra, corte de cuentas, borrón y... sultán nuevo. Como su -dulce hermano, cuando se vió metido en el callejón sin salida de la -Conferencia de Algeciras, Muley Haffid, acorralado por los franceses, -tira por la calle de en medio y les deja con tres palmos de narices. -Esta insolvencia--también en toda la extensión de la palabra--supone -mucho trabajo y mucho dinero perdidos para los franceses. La diplomacia -marroquí es única en el arte de no pagar al casero. Aunque, en este -caso, el casero era el sultán y su arte ha sido el de quedarse con -la fianza y el mes adelantado por un inquilino que está pagando el -alquiler bastante caro. - -Con este juego de sultanes compadres todo es tejer y tejer, para la -diplomacia europea, en los asuntos de Marruecos. Lo peor es que Europa -no consigue la civilización de Marruecos; pero Marruecos va á conseguir -la descivilización de Europa. - -En Francia, en el propio París, en el corazón de su corazón, como si -dijéramos, ya se ha levantado cruzada contra el extranjero. - -¡Si esto no es africanizarse! - - * * * * * - -La opereta vienesa triunfante no será una fórmula suprema ni definitiva -del Arte para los teatros de género chico. Yo la juzgo reacción -saludable; tal vez extremosa, como todas las reacciones. Hay quien la -juzga inferior á nuestro género chico; hay quien, por el contrario, -asegura que ésto ha matado aquéllo. En mi opinión, mejor puede -decirse: Aquéllo ha traído ésto. - -Aquéllo, es decir, nuestro género chico ¡había caído tan bajo! Hay que -convenir en que la gracia española es siempre agresiva, dura. ¿No ha -sido el hambre tema fecundo de chistes en nuestra novela y en nuestro -teatro? - -También el error de muchos escritores, al creer que lo castizo sólo se -halla en las clases bajas de la sociedad española, porque es en ellas -más superficial y no cuesta desentrañarlo, como en las clases alta y -media, trajo la fatigosa repetición de cuadros populares, de cada vez -más falseados. - -De la calle vinieron admirables cuadros al teatro: _La verbena de la -Paloma_, _El santo de la Isidra_; los hermanos Quintero trajeron las -calles andaluzas, con su sana alegría y sus limpios donaires. Pero -después llegaron los imitadores; como ya no quedaba qué traer de la -calle más que el arroyo, se trajeron el arroyo al teatro con toda su -suciedad y su grosería. - -Esta opereta vienesa representa, en el género, la reacción idealista. -Su gracia es inocentona, sus chistes infantiles, su literatura de -novela sentimental á la moda del año 30; pero todo es dulce, amable, -de una fantasía sin perversión, como sueño de niña casadera. Los dúos -de amor terminan con besos en tiempo de vals y en el ritmo del vals se -espiritualizan. Los hombres son galantes y las mujeres coquetas. Nadie -se insulta ni salen á relucir las navajas. Las aldeanas visten de raso -y ofrecen flores. Los militares son como príncipes de cromo... - -Todo es lindo, lindo. ¿Pondremos á la finura el reparo de cursi? De -ningún modo. Más vale que nuestras cocineras aprendan estas finuras de -las operetas vienesas que no nuestras señoritas aquellas ordinarieces. -Y perdonen los casticistas. - - - - -XVII - - -El conde de Pradére ha tenido un rasgo de verdadero españolismo al -adquirir _La Vicaría_, de Fortuny. Ya que del conde no puede decirse -nada, se dice del cuadro. Ha pasado de moda; Fortuny ya no se lleva. - -Y ¿qué pintor no ha pasado por estas alternativas y veleidades de la -moda? Tiempo hubo en que Murillo era estimado sobre Velázquez, el Greco -era menospreciado y Goya no era tenido en mucho. Ahora mismo ¿no hemos -desempolvado á Lucas? - -La pintura de Fortuny está, sin duda, en ese período crítico para toda -obra de arte: cuando se está viejo y no se ha llegado á ser antiguo. -Hasta muy pocos años ha ¿no eran risibles y ridículos los retratos -de señora con su miriñaque? Hoy ya tienen valor histórico. Actrices -modernas se han atrevido á presentarse con miriñaque en escena al -interpretar obras de aquel tiempo. Y obras dramáticas; á lo que -ninguna actriz se hubiera atrevido antes, segura de comprometer el -éxito, ante el público regocijado. - -El polisón no ha logrado todavía estos honores. Dentro de algunos años -tendrá también su valor histórico y las actrices podrán atreverse con -él como ahora con el tontillo y con el miriñaque. - -Fortuny, como Meissonier, como tantos otros pintores, indiscutibles -en su tiempo, pasan ahora por el período difícil del miriñaque y del -polisón. - -La posteridad inmediata es el más recusable juez para las obras de -arte. Sólo nos interesa lo actual ó lo que ya parece muy lejano. Lo que -pasó, pero aun está cerca, diríase que nos envejece al considerarlo. -Mejor sabemos dar razón de las guerras púnicas que de la guerra -francoprusiana. Más sabemos de Carlos V que de Isabel II. - -_La Vicaría_, de Fortuny, recobrará su puesto de honor en la historia -de la pintura española. Aunque no fuera más que por la numerosa -descendencia que tuvo. Durante medio siglo la pintura española fué -procedente de Fortuny. Los grandes cuadros de historia, teatrales -en sus personajes y en su indumentaria, los cuadros de género, -lindos, acabaditos, como miniaturas: de una España amable, bonita, de -terciopelos, rasos y blondas. Visión de un arte lisonjero que á todos -nos tenía adormecidos hasta el despertar cruel del desastre. ¡Oh! ¡El -arte optimista! - -Hoy todavía dicen algunos de Zuloaga que nos calumnia. Zuloaga no -hubiera pintado nunca _La Vicaría_. - -_La Vicaría_ era un cuadro de sueño. Los cuadros de Zuloaga son el -despertar. Pero ¡hay quien dormía tan á gusto! - - * * * * * - -En Barcelona la opinión ilustrada de algunos médicos se ha creído en el -deber de llamar la atención sobre los perjudiciales efectos causados en -la imaginación de los niños por las películas cinematográficas. - -El cinematógrafo, como el teatro, abusa de lo terrorífico. - -Cuando la vida era más ruda y violenta; cuando la expansión individual -alternaba, por lo menos, grandes heroísmos con grandes crímenes, estos -espectáculos de horror no podían ser tan nocivos. En la vida moderna, -tan socialmente disciplinada, en que los buenos ciudadanos no son -capaces de grandes heroísmos ni de grandes virtudes, por no desentonar, -por no descomponer el conjunto, y sólo se manifiesta el individualismo -en los rebeldes y en los criminales, el contraste es más llamativo. -Para una imaginación inquieta, al huir del gris monótono, sólo ve la -intensidad del rojo de sangre. Los criminales son como héroes cuando no -vemos héroes mejores. - -Los dramas y las novelas románticas de ahora son dramas y novelas de -ladrones y de asesinos. Sus aventuras son robos y asesinatos. - -Estos son los modernos libros de caballerías, capaces á crear elementos -artificiales inspiradores de siniestros propósitos. - -El teatro y el cinematógrafo para los niños es un problema de higiene, -un problema educador en que el Estado debe intervenir con urgencia. - -Nuestras calles y nuestras casas, y el espectáculo todo de nuestra -vida, ya son bastante para manchar el alma de nuestros niños. Que al -asomarse con la imaginación á los sueños de nuestro Arte, nuestro Arte -no sea más sucio, más negro que la misma vida. - -¿Llevaríais á vuestros hijos á pasear por un estercolero ó junto á una -charca pestilente? - -Pues aun es más necesario el aire puro á su imaginación que á sus -pulmones. - - * * * * * - -Al ver cómo se interesaba la opinión por el nombramiento del nuevo -director de la Biblioteca, alguien de buena fe habrá pensado: ¡Gracias -á Dios que nos interesamos por algo que no sea política menuda ó -torería! - -¡Ay! Todo es uno y lo mismo. Si la gente se ha interesado en este caso -es por lo que ello ha tenido de política y de torería. La importancia -del cargo era lo de menos. Las personas designadas para ocuparle, -significaba poco. Lo divertido era la lucha, la competencia. Hasta se -han cruzado apuestas. - -Como siempre, y muy á la española, los partidarios del uno negaban al -otro todo merecimiento. - -La triste satisfacción que pueden tener uno y otro es la seguridad de -que los más fieros disputadores eran los que más ignoraban el valer de -los dos ilustres contrincantes. - -En España sería millonario cualquier escritor si le leyeran todos los -que le admiran y la mitad siquiera de los que le odian. - - - - -XVIII - - -Desde Hamburgo me envía persona respetable el original y la traducción -de un artículo publicado en el diario _General Anzeigner_, de la ciudad -citada. - -Extractaré lo más substancioso, según la traducción de referencia. El -artículo se titula «Deshonra de la raza», y dice, entre otras cosas: -«Varios periódicos publican relación de las impúdicas aproximaciones -de algunas señoras y señoritas de raza blanca, á los hombres de la -tribu de beduínos que actualmente se exhibe en el Jardín Zoológico de -Hagenbeck, en Hamburgo. - -Los buenos beduínos vinieron á las manos por cuestión de faldas y fué -necesaria la intervención de la Policía y la repatriación de los más -levantiscos. - -Aunque la empresa Hagenbeck ha tomado enérgicas medidas para evitar -la repetición de estos incidentes y ha dado á sus empleados orden -terminante de expulsar del parque á toda _señora_ que se aproxime á -los beduínos en forma sospechosa, todavía han ocurrido escenas tan -lamentables como la que acabamos de describir. - -Triste y lamentable es que la mujer alemana, por lo general de carácter -y costumbres ejemplares, olvide hasta ese punto su decoro.» - -Otras muchas consideraciones trae el artículo; pero no quisiera que, -al transcribirlo, nadie creyera que yo me complacía en publicar -debilidades de algunas señoras alemanas; debilidades que, si allí son -excepcionales, aunque numerosas, no son exclusivas de Alemania. - -Cuando en París se han exhibido de estas tribus salvajes, en el Jardín -de Aclimatación ó con motivo de Exposiciones universales ó coloniales, -tampoco han faltado curiosas de amores exóticos. - -Los mulateros de la calle del Cairo, en la Exposición de 1889, fueron -en aquella temporada, la _coqueluche de cés dames_. - -Por aquí no menudea ese género de exhibiciones. Sólo hemos tenido una -de aschantis y otra de esquimales, en los malogrados Jardines del Buen -Retiro. Para prueba no es mucho. La mujer meridional, contra la vulgar -opinión, es mucho menos acometedora en amor que las mujeres del Norte. -Pero, en fin, celebremos que las exhibiciones no hayan sido muchas y -que los aschantis y los esquimales fueran, unos, demasiado negros, y -otros, demasiado descoloridos. - -Las inglesas, por su parte, también se han significado bastante en -estas exhibiciones; con más cautela y decoro, claro está: con pretextos -de filantropía ó de evangelización. La raza inglesa ha sido siempre -maestra en hallar buenas razones para hacer lo que le conviene ó lo que -se le antoja. En esto tal vez consiste su superioridad. Los ingleses -tienen una religión ó una filosofía para justificarlo todo. Pero su -conducto no es nunca consecuencia de una religión ó de una filosofía, -sino lo contrario; la religión ó la filosofía, consecuencia de su -conducta. La conciencia procede del acto; como en todos los pueblos y -en todos los hombres fuertes. - -Las alemanas, por lo visto, á pesar de hallarse en tierra de filosofías -para todos los gustos, no se andan por las ramas filosóficas y se -descaran buenamente en este sistema de colonización pacífica y casera. - -La mujer tiende siempre á restaurar más que á revolucionar. Esta -manifiesta inclinación por los hombres de otras razas es, quizás, un -argumento á favor de la unidad de origen de las diversas razas humanas. -Pero aunque á la unidad volviéramos por estos procedimientos, respecto -á las mujeres, siempre habría dos razas, comunes á todos los pueblos y -en todas las latitudes: las unas y... las otras. Es á saber, para que -no haya duda en la clasificación: las limpias y... las puercas. - - * * * * * - -De todas las intolerancias, la más intolerable es la pretensión de un -monopolio para ejercitar el bien ó cumplir un deber. - -Por esta pretensión se ha planteado un desagradable conflicto en el -benéfico Instituto del doctor Rubio. - -La Junta de señoras pretendía sustituir á las enfermeras laicas por -hermanas de la Caridad. Los fieles guardadores de la voluntad del -doctor Rubio se oponían á esta sustitución. No obstante, con mayor -espíritu de tolerancia, no se oponían á que alternara un número -determinado de hermanas de la Caridad con otro determinado número de -enfermeras en la asistencia de los enfermos. - -Las señoras intransigentes no admitieron este _modus vivendi_. -Dimitieron sus cargos muy ofendidas y retiraron su valiosa protección -al benéfico Instituto. - -No soy sospechoso; desde muy niño aprendí á respetar, á admirar á las -hermanas de la Caridad. En una de mis obras presento la figura de una -de ellas, de tal modo, que muchos la juzgaron por ideal; pero yo sé que -bien podía ser copia exacta de la realidad. Hay muchas hermanas como -aquella hermana. - -Cuando se fundó el hospital del Niño Jesús, el primitivo, en el barrio -de las Peñuelas, era su directora una admirable mujer, por su talento -y por sus virtudes: sor Rosalía. El doctor Tolosa Latour la conoció -seguramente y podrá atestiguarlo. Ella sola podía ser honor de una -institución. Pero también, como aquélla, son muchas otras. - -Pero también como éstas y como todas las hermanas de la Caridad, hay -otras mujeres inteligentes y honradas y buenas, capaces de cumplir con -su deber profesional tan santamente como las hermanas de la Caridad con -su deber religioso. - -Cuando alguien cumple con su deber, no debe preguntársele en nombre -de qué ideal lo cumple. A buen seguro que si esas señoras de la -Junta se hallaran en peligro de muerte y supieran que sólo un doctor -especialista podía salvarlas, no se andarían preguntando si era buen -católico, protestante ó librepensador. - -El personal facultativo del establecimiento se basta y se sobra para -juzgar si las enfermeras atienden con solicitud á los enfermos y -cumplen con su deber. Ellos son los más interesados en que así sea. - -Ni el amor al prójimo, ni la más sublime caridad, ni el sacrificio por -la más alta idea del deber, son patrimonio de una creencia religiosa -determinada. ¿Con qué derecho puede negarse á nadie que cumpla con su -deber, porque sus razones no son las mismas que las nuestras? - -Además, no hay religión en el mundo que llegue á imprimir uno solo de -sus mandamientos en nuestro corazón, si en nuestro corazón no estaban -ya impresos todos los mandamientos religiosos. - - - - -XIX - - -Doña Sol Rubio, hija del eminente fundador del Instituto Rubio, me -pide en carta abierta rectificación de algunos errores en que incurrí, -por equivocados informes, al relatar los hechos que dieron ocasión á -disidencias en dicho Instituto. - -No fué descortesía mi retraso en acusar recibo de tan atenta carta, -sino el deseo de rectificar en esta misma sección. - -Lo de menos eran los hechos en mis apreciaciones. Pero, en fin, conste -que los cumplidores de la voluntad del doctor Rubio no podían admitir -la asistencia de hermanas de la Caridad, por oponerse á ello la -voluntad del fundador. Fueron, pues, las damas del Patronato las que -propusieron la asistencia mixta de hermanas y de enfermeras. - -Lo importante era consignar que bien estaban unas y otras, como todas -cumplieran con su deber. - -Al decir laicas á las enfermeras, sólo quise significar el no hallarse -sujetas á la regla de una Hermandad religiosa, sin poner en duda -su catolicismo. Por más que yo nunca haya creído que la caridad y, -sobre todo, el cumplimiento del deber sean patrimonio de una religión -determinada. Sin desconocer tampoco que en nuestra santa religión -católica resplandecen como en ninguna otra las más altas virtudes. - -¿Estamos todos contentos? - - * * * * * - -La noche del miércoles pasado fué de fiesta mayor en casa de Joaquín -Sorolla. Se obsequiaba á Mr. Huntington, hispanófilo americano, -meritísimo de cuantos honores pueda España ofrecerle. - -La casa de Sorolla es un palacio del Arte, tan á la española trazado, -que allí la suntuosidad no es soberbia ostentación, sino hidalga -limpieza. Antes que el palacio os admire os acaricia el hogar, y antes -que las maravillas del Arte absorten vuestros ojos el amor y la paz -familiares ungieron de buenos pensamientos vuestra frente. Por inquieto -y perturbado que esté nuestro espíritu, cuando nos hallamos entre -gentes buenas y dichosas nos sentimos también dichosos y buenos, como -si las alas de nuestros ángeles custodios, los que nos guardaban de -niños, volvieran á traernos nuestra inocencia. - -Con vuelo impetuoso más suele el Arte destruir que labrar nidos. Sus -glorias rara vez van unidas á la gloria de amar y ser amado. Por eso -al juntarse en la casa de Joaquín Sorolla, este hogar del Arte, este -palacio del Amor, parece como un templo ideal á una diosa más ideal -todavía: la felicidad. - -La casa de Joaquín Sorolla es tan española como el alma de cuantos la -habitan; modelo de la verdadera familia española. ¡La familia española, -la más pura gloria de nuestra raza! - -La casa de Joaquín Sorolla debiera ser provechosa lección de -edificaciones españolas enfrente de tantos esperpentos á la francesa, -á la inglesa y á la suiza con que la cursilería europeizante deshonra -nuestras tradiciones arquitectónicas. - -Sorolla debe ahora recorrer toda España. Estudia tipos y paisajes para -el grandioso friso decorativo del Museo Español de Mr. Huntington en -los Estados Unidos. - -¿Podíamos soñar mejor desquite de pasadas humillaciones? Detrás de una -puerta cerrada, en un gran salón, se nos dice que están los estudios -del natural apuntados por Sorolla para su gran obra. La entrada está -prohibida. Míster Huntington no quiere que nadie goce las primicias de -su encargo. ¡El simpático hispanófilo no lo es del todo! - -Nada podemos ver, pero es mucho lo que adivinamos. Adivinamos, con los -ojos que tantas admirables obras del gran pintor español admiraron, la -más asombrosa evocación de España, la verdadera España: luz, color, -brío. Se abren ante nosotros páginas del Romancero y del _Quijote_, de -las novelas picarescas y de las hazañas de Italia y de Nueva España... - -Y también tristezas, y también sombras que el pincel de Sorolla, al -no mentir, no lisonjea. Pero de esas sombras y esas tristezas no se -alza el pesimismo espectral, agüero de muerte; es más bien la sensación -caótica de algo muy fuerte y vigoroso que no puede morir porque no ha -nacido todavía. - -He aquí la obra de un gran pintor, todo realismo, que, para poner -espíritu en su obra, le basta con poner verdad. Y todo es Arte. - -Y es que en Arte hay dos grandes estilos: uno, en que el alma del -artista envuelve el alma de las cosas; otro, en que el alma de las -cosas envuelve el alma del artista. - - - - -XX - - -Con la firma de «Un concursante de buena fe» recibo una carta muy -atendible, de la que copio lo más interesante: - -«¿Querría usted llamar la atención del Ayuntamiento respecto á lo que -está ocurriendo con el tercer concurso de comedias? - -Es el caso que, iniciativa tan plausible, no ha dado hasta ahora otro -resultado práctico que molestar inútilmente á los Jurados y hacer -perder tiempo é ilusiones á los concursantes de buena fe. - -Tres concursos van convocados; permítame que en pocas palabras le -recuerde el historial de cada uno. - -El primero se convocó el 29 de Noviembre de 1909. Al expirar el plazo -de admisión se habían presentado 153 obras. El Jurado, que formaban -los señores Sellés, Rodríguez Marín, Répide, Gómez de Baquero, Linares -Rivas y Jurado de la Parra, falló el 25 de Junio. (Es decir, invirtió -menos de cuatro meses en examinar los 153 originales), premió la -comedia _Los jácaros_ y mencionó con elogio otras varias. - -Bajo su firma declararon los señores del Jurado que el concurso era -excelente. ¿Recuerda usted el expresivo artículo que Répide publicó en -_El Liberal_? Pues si hubiera sido pésimo, no hubiera fracasado de más -completo modo. Ninguna de las obras elogiadas se ha representado, ni -siquiera la premiada, en el Español ni en ningún otro teatro. - -Segundo concurso. Se convocó el 5 de Diciembre de 1910; se clausuró el -5 del siguiente Marzo, con 86 originales. El Jurado, que formaban los -señores Villegas, Linares Rivas, Zozaya, Bueno y Martínez Sierra, tardó -en fallar cerca de nueve meses. Por fin, premió la comedia _El bobo_ y -declaró por buenas otras cinco. - -¿Resultado práctico? Acaso por la demora del fallo, _El bobo_ sólo -pudo estrenarse, al terminar la temporada oficial, en deplorables -condiciones. Así, mal ensayada, representada para salir del paso, la -obra sólo tuvo las tres representaciones á que obliga la ley. Las -demás comedias elogiadas siguen inéditas. - -Antes de fallar en el segundo concurso--vea otra anomalía--se convocó -para el tercero. Al terminar el plazo de admisión--el 4 del pasado -Febrero--sólo había presentadas 46 obras. Esta progresión descendente -significa mucho también. Estamos á fines de Junio, esto es, han -transcurrido cinco meses, y ni hay fallo, ni se sabe si hay Jurado, -aunque en el Ayuntamiento son pródigos en dar noticias hasta de lo que -pasea cada concejal. - -¿Considera usted justo hacer una excitación al Ayuntamiento, encaminada -á que se sepa lo que ha sido de esos originales y á evitar que, una vez -más, se esterilice la iniciativa con un fallo en exceso tardío?» - -Queda complacido el comunicante. Muy razonables me parecen sus quejas; -pero ¡ay! ¡si el concursante de buena fe supiera lo que es ser Jurado, -también de buena fe, en uno de estos concursos! Por haberlo sido en -varios, no tengo ninguna fe en sus resultados. - -Cierto que los autores desconocidos dirán: Y ¿cómo hemos de darnos á -conocer? Hay que ser algo fatalistas: lo que ha de ser, está escrito, -y cuando está bien escrito... es siempre. ¿Que puede existir algún -talento ignorado? Es posible. ¡Dichoso él, que, al verse desconocido, -llegará á dudar de su talento y podrá creerse tonto... y ser feliz! - - * * * * * - -El cultísimo escritor Bernardo Cándamo abre información sobre la -conveniencia de establecer la previa censura teatral. - -Un exceso de celo del jefe superior de Policía ha dado ocasión á que se -discuta de la moral y del arte. - -De todo ello podrá discutirse, como de las ventajas y desventajas de -la previa censura. Lo que está fuera de discusión es que un jefe de -Policía, de no producirse alboroto ó grave escándalo en el teatro, -no es quién para juzgar de moral ni de arte, cuando ni artistas, ni -críticos, ni filósofos han logrado dictaminar de acuerdo en tan ardua -materia. - -La vulgar opinión entiende por inmoral en arte algo que muchas -veces nada tiene que ver con la moral, en el más alto sentido de la -palabra. Hay quien se escandaliza en el teatro por algo que bien puede -calificarse de «mera porquería», como un ingenio peregrino calificaba -en picarescos versos algo que otro, no menos peregrino, diputaba por -pecado nefando. - -En cambio, obras que pueden ser antisociales, demoledoras ó tal vez -peligrosas por inoportunas, no pasan por inmorales ni dan ocasión á que -se alarmen los jefes de Policía. - -Estas otras, que tanto alarman á los pudibundos, me parecen la suprema -inocencia, y el público que con ellas se regocija de una simplicidad -infantil. Considérese que toda la gracia del espectáculo consiste en -que nos digan ante centenares de personas lo que estamos aburridos -de oir en reducidos grupos. La novedad no está en lo que oímos, sino -en oirlo delante de mucha gente. Ya sabemos lo que ha de parecemos -á nosotros; la picardía está en averiguar lo que les parecerá á los -demás. - -Obsérvese al espectador durante la representación de una de estas obras -«inmorales». Más que á la escena, atiende al público. No dirá nunca: -¡Cómo me he reído!, sino: ¡Cómo se reían! - -El efecto cómico de este género es el mismo que se logra en cátedra ó -en el salón de sesiones con un chiste malo que en los claustros ó en el -salón de conferencias no tendría maldita la gracia. - -¿Previa censura? Voto en contra. En España estaría supeditada á todo -género de pasioncillas, caprichos y arbitrariedades, sin contar con la -influencia de los cambios políticos. - -Y no sería la censura conservadora la más temible. Sabido es que -los liberales son los que aquí se toman mayores confianzas con las -libertades. - -Hay una solución productiva. Este género alegre no es más nocivo que -el juego. ¿Por qué no gravarle con un impuesto especial? Es el mejor -partido que puede sacarse de todo lo malo. ¡Ay! ¡Menos de los malos -Gobiernos! - - - - -XXI - - -Las únicas cartas anónimas insultantes que recibo proceden de furiosos -aficionados á toros, cuando me permito atacar la sublime fiesta. Como -el blanco de mis tiros, más que la fiesta misma, ha sido siempre su -público, claro está que esas cartas llenas de improperios vienen -á confirmar lo que pienso respecto á los furibundos aficionados á -toros. Escriben como van á la Plaza. Son ellos, los mismos, los de las -almohadillas al redondel y los insultos á los lidiadores que arriesgan -su vida, y sólo por esto, ya merecen el mayor respeto. - -En justa compensación recibo otras muchas cartas que bastarían á -sostenerme en mi empeño, si yo lo tuviera en combatir contra las -corridas de toros. Pero siempre he juzgado ineficaz toda predicación -destructora. En la vida no se destruye nada. Las cosas desaparecen por -sí solas cuando deben desaparecer. Es decir, cuando se ha edificado -lo que debe sustituirlas. No es la labor negativa de clamar contra las -corridas de toros lo que puede ser provechosa, sino la paciente labor -de promover en las gentes más nobles aficiones. - -Entre las cartas agradables recibo una, firmada por un madrileño, -solicitando mi atención sobre un niño, verdadero «fenómeno»; así dice, -con razón, la carta. - -Ese niño, fenómeno en España, se halla en el Asilo de la Paloma, quiere -y cuida á los pajarillos y ha llegado á inspirarles á su vez tal cariño -que, cuando sale por los patios y jardines, le siguen en bandadas, -se posan confiados en sus manos y sobre sus hombros y, á su modo, le -saludan y le agasajan. - -Esto, que en otras partes del extranjero es cosa corriente; que en las -vidas de santos, como San Francisco de Asís y San Antonio de Padua, -pasa por milagroso; que Murillo juzgó como suprema bondad infantil, -al mostrarnos en su cuadro de _La Sagrada Familia_, conocida por la -del pajarillo, al niño Jesús en actitud de defender á un pájaro del -gozquezuelo que le espanta con sus ladridos, en un niño español es más -que milagroso por lo inaudito. - -Cuántas veces he visto con pena, porque pensaba en los niños y en los -pájaros de España, en paseos y jardines de París á los niños rodeados -de pájaros. Los pájaros eran como los nuestros. ¡Eran los niños los -que no eran iguales! Aquí el niño es el enemigo, el hostigador; allí -era el buen amiguito, el esperado con impaciencia. Y nada excede en -poesía á la realidad cuando compone estos cuadros. Cuando el arte, -al imaginarlos, no pudo inspirarse en ella, nos parece arte falso y -sensiblero. - -Nuestro arte, si quiere ser realista, por fuerza ha de ser duro y seco. -¿Dónde están las inspiraciones de dulzura en nuestra realidad? - -Los que no sentimos la poesía de lo violento, ¿no hemos de agradecer á -ese niño su inspiración piadosa? - -¿No habrá quien le premie por ella? ¿No ha de merecer la atención que -no le hubiera faltado de ser un precoz criminal? - -El nombre de ese niño es Francisco Pancorbo, como dije, asilado en -la Paloma. Los amantes de los niños, ¿no harán algo en favor de ese -niño bueno? No estaría bien que se anticiparan los protectores de los -pájaros á recompensarle. - - * * * * * - -Cuando la política apesta--y nunca apesta como al convertir en cuestión -política la que debiera ser cuestión nacional,--el único desinfectante -eficativo es volver los ojos á otras manifestaciones de la actividad: á -las corrientes aguas, donde va la vida española por más ancho cauce. - -¡Si atendiéramos sólo al salón de sesiones del Congreso! ¡Si todo fuera -como la política en España! Por fortuna, fuera de ella, á despecho de -ella, casi siempre se trabaja, se camina y se progresa. Siempre que -nos sorprende alguna novedad agradable es algo que no se ha discutido -en las Cortes ó que pasó por ellas en silencio, en un renglón de los -presupuestos; esos presupuestos que nadie discute, cuya enunciación -basta para despejar la Cámara de diputados y de curiosos. - -La admirable instalación de telegrafía sin hilos, en Carabanchel Alto, -es una de estas gratas novedades confortadoras. - -¿Por qué nuestros modernos poetas, tan desmayados y luctuosos, por -regla general, no cantan estas cosas? ¿Son menos interesantes que los -parterres de Versalles? Hay para dar razón á los futuristas, con todas -sus exageraciones. - -Yo os aseguro que la instalación de telegrafía sin hilos de Carabanchel -Alto bien merece una oda. - -El invento pertenece á la Humanidad. Admira y deslumbra á nuestra -inteligencia. Pero aquella instalación es nuestra, es de España; -halaga y conforta el corazón. Y españoles, soldados de su ejército, -son los sargentos inteligentes, modestos, que allí prestan servicio y -han recibido ofertas tentadoras de empresas extranjeras de navegación -y prefieren servir á su patria: á esta patria que no suele ser muy -espléndida con los que trabajan por ella; porque los que trabajan no -intervienen en los presupuestos, y los que intervienen... no trabajan. - - - - -XXII - - -Tres muertos ilustres cuenta la crónica en estos días: Massenet, el -general Booth, y, el más grave de todos, Muley Hafid. - -El músico francés no ha tenido á su fallecimiento la Prensa que podía -esperarse de su popularidad en vida. No es que la Prensa francesa y, -por reflejo, la europea le haya escatimado las necrologías; pero los -elogios han sido tímidos. - -Desde que un aristocratismo intelectual y artístico ha sentado como -criterio fundamental en sus juicios la razón inversa del mérito con el -aplauso público, es preciso blasonar de independiente y despreocupado -para atreverse á celebrar lo que todos celebran. Por donde sucede que, -cuando una obra empieza á ser aplaudida, es cuando empezamos á dudar de -que merezca serlo. ¡Ah! ¡Si las obras de Massenet no hubieran sido tan -del gusto público! ¡Si Massenet hubiera muerto obscuro y postergado -como Bizet! - -Yo no digo que Massenet fuera uno de esos genios musicales definitivos -en una época; pero supo agradar y agradará por mucho tiempo á los que -aun piensan ó sienten que la música no es una tabla de logaritmos. Al -fin y al cabo, genios, lo que se dice genios musicales, ¿cuántos han -sido? Por los dedos de una mano pueden contarse. Y algunos de ellos muy -discutidos por los grandes inteligentes. Por ejemplo, Bach, de quien -yo he oído decir perrerías á personas de muy buen gusto musical. Yo no -entro ni salgo, ni juzgo de música más que por sentimiento. A mí la -música de Bach me suena á capilla protestante, que es para mí el sonido -más antipático que puede tener música en el mundo. A otro gran músico, -César Franck, también se le cedo á ustedes por una friolera. Me parece -un filósofo de esos que pretenden explicar por razonamientos cosas -pertenecientes á la emoción íntima; conciliadores entre la Ciencia y la -Fe, que no concilian nada. - -Por todo esto, bien merecía Massenet elogio más fervoroso de la -crítica. ¿Es que sólo puede haber dioses mayores? - -En Madrid sólo hemos oído tres óperas de Massenet: _El rey de Lahore_, -_Manon_ y _Werther_. La primera es de las más endebles. Obra estrenada -en la Opera de París, confiado el éxito al aparato escénico, á la -espléndida figura de la Reskée y á la hermosa voz del barítono Lasalle. - -_Manon_, mutilada con supresiones importantes, no tuvo al estrenarse -en Madrid favorable acogida. Hasta que no fué cantada por Anselmi, y -después por Anselmi y la Storchio, no logró el aprecio del público. - -El estreno de _Werther_ también fué desgraciado. Batistini, primero, -luego, Anselmi, consiguieron rehabilitarla. - -Massenet lo intentó todo, con desigual desempeño, pero con laudable -propósito siempre. Soñaba con hacer grande, y, como tantos otros, sólo -consiguió triunfar cuando menos se preocupaba por el triunfo. ¡Vanidad -del artista! En sus obras siempre prevalece un sentido inconciente que -está sobre los cinco sentidos puestos por el artista en su obra. - -En las óperas de Massenet hay variedad de asuntos y de estilos. -Historias de amor en _Manon_ y en _Werther_; el cuento de hadas en _La -Cenicienta_; el poema lírico en _Don Quijote_; en _Esclarmonda_ la -mística leyenda; en _Lohengrin_ hembra, donde Massenet aspiró á Wagner -y fué su aspiración dulce suspiro de enamorado más que de creyente. - -La crítica hostil llamaba á Massenet el músico de las _cocottes_. Ya -es algo ser el músico de alguien; porque ¿quién no tiene algo de todo -á sus horas? Sólo los espíritus superiores son siempre ellos mismos, -que es ser muy poca cosa. Los demás, á poco que soltemos las riendas, -ya nos interesamos con las peripecias de un melodrama como la _Margot_ -de Musset--«¡vive le mélodrame oú Margot a pleuré!»,--ya relinchamos -como sementales rijosos ante un tablado de tangos y garrotines, ya, -como sencillas _cocottes_, nos emocionamos con las chulerías Luis XV de -Manon y de su caballero, puestas en música absolutoria por un músico -amable y francés. - -El general Booth, el admirable fundador del Ejército de Salvación, -sólo hubiera podido salir adelante con su obra en Inglaterra. Sólo en -Inglaterra podía salvarse el peligro más terrible de su empresa: el -ridículo. ¿Qué hubiéramos hecho en España con un general Booth? ¿Qué -hubieran hecho en Francia? Sólo en Inglaterra es posible predicar el -Evangelio al son de una murga, entre una estrafalaria mascarada, y sólo -allí es posible sobreponer la intención de la obra á los procedimientos -hasta ser considerado por los Poderes públicos y colaborador suyo en -ocasiones difíciles. - -Todavía, al contemplar el retrato del difunto general, publicado -en casi todos los periódicos ilustrados del mundo, una sonrisa de -escepticismo se disimula apenas en labios latinos. ¿Era un santo? ¿Era -un vividor? ¿Un grande hombre? ¿Un chiflado? ¡Ah! ¡Cuántas buenas obras -como la del general Booth se habrán malogrado en el mundo por temor á -que todos pregunten: ¿Quién es el hombre? - -¡Y cuántas veces el hombre no puede dar mejor razón de sí que sus obras! - -¿Nos da Dios, con ser Dios, otra razón de su existencia? - - - - -XXIII - - -Para la próxima temporada teatral la dirección artística del teatro -Español anuncia obras de casi todos los autores militantes y otras -de autores noveles en el teatro, pero no tan desconocidos que sea -aventurado esperar mucho y bueno de sus obras. Un nombre falta en -la lista, un nombre que está sobre todos, el del propio director -artístico: el de don Benito Pérez Galdós. Por delicadeza, estimada por -todos en cuanto significa, pero inatendible en esta ocasión, don Benito -se niega á estrenar obra suya y á que sean representadas las de su -repertorio; y eso no debe ser. - -Cuando, por causas de enojosa explicación, las obras y el nombre de -don Benito Pérez Galdós no figuran en teatros de importancia, y, por -dificultades de interpretación, no pueden ser representadas como ellas -merecen en teatros de segundo orden, el teatro Español es el único -que puede ofrecerlas digno escenario. ¿Habrá un solo autor de los que -tienen obras anunciadas que pueda mirar con recelo la representación -de las obras de don Benito? Todo lo contrario; yo creo que todos se -apresurarán á firmar una solicitud pidiéndole que vuelva de su acuerdo. -Una campaña de Arte independiente, popular, como debe ser la que en el -teatro Español se emprenda en esta temporada, con actores de juveniles -alientos como Matilde Moreno y Francisco Fuentes, no sería completa -si faltaran las obras del maestro glorioso de la novela y del teatro -contemporáneo. Con palabras de _Un drama nuevo_ yo, soldado de fila, -me atrevo á dirigirme al maestro de todos para decirle: «Sed nuestro -general: conducidnos á la victoria.» - - * * * * * - -Ni en costumbres, ni en leyes, ni en política, en nada se muestra -Francia tan republicana como en el arte de poner en ridículo á cuantos -reyes y soberanos, en activo ó pasivo, transeuntes ó residentes, -caen en ella. No son, por cierto, reyes y príncipes modernos héroes -de tragedia; mas si alguno lo fuera, al llegar á Francia quedaría -convertido en caricatura de opereta. Francia es la Dalila capaz de -tomar la cabellera al más fuerte Sansón. Ved á Muley Hafid, el sultán -esperanza de los creyentes, el que fué proclamado por ellos como -restaurador del espíritu nacional y religioso, contra su hermano, el -débil, el descreído, el europeo. Nada pudo contra los invasores de -su Imperio; pero todavía, en el recogimiento de su palacio, podíamos -suponerle, como á Prometeo encadenado, más alto y más noble en su -vencimiento que el vencedor injusto. ¡Estaba escrito! Pero ahora, al -permitir que se traduzca al francés--¡al francés de Montmartre!--lo -que el Destino escribió en árabe, ha perdido hasta el derecho á la -compasión. Es un triste león de feria, amaestrado como un perro. -Lastimosas fueron las femeniles lágrimas del último rey moro de -Granada; pero aun han podido hallar piadosa acogida en la leyenda y -en el poema. Para Muley Hafid sólo queda la musa «bulevardesca» del -café-concierto y de las revistas del año. - -Olvidado en el último rincón de su Imperio, pudo ser una figura trágica -digna de ser representada en tiempos futuros por algún Monnet-Sully -del porvenir, en París mismo, en la escena del teatro Francés. Así, no -habrá clown que no le remede y ridiculice por circos y tablados. Al -ofrecerle Francia las libertades de su República ha sido más cruel que -si le hubiera encerrado en una jaula del Jardín de Plantas. Su libertad -es el ridículo. Y ¿qué hace en París el sultán caído que no hiciera en -su Imperio? Lo mismo: satisfacer todos sus deseos; pero lo que allí -parecían voluntades de un Dios, aquí parecen caprichos de niño ó de -loco. - - * * * * * - -Nuestro aislamiento de la política internacional no era, ciertamente, -el espléndido aislamiento de que blasonaba Inglaterra al saberse odiado -de todos, pero, al fin, temida, en tiempos no muy lejanos. - -Ahora, según noticias, nos disponemos á entrar en alianzas; esas -alianzas políticas en abstracto, que significan muy poco en concreto. -¡Francia, España, Inglaterra, Rusia! Está muy bien; no puede sonar -mejor. Pero... ¿y los franceses, los españoles, los ingleses y los -rusos? - -Formidable alianza si fuera siquiera por conveniencia de todos, ya que -de amor no hay para qué hablar en estos matrimonios internacionales. -¡Cómo se reirá Alemania! Si es que las abstracciones pueden reirse como -pueden aliarse. - -La alianza es preciosa; pero ¿qué apostamos á que, salvo entre Francia -y Rusia, hay muy pronto que lamentar algún _coup de canif_, como -dicen los franceses, en el contrato matrimonial? Pese á quien pese, -Inglaterra y Alemania están llamadas á entenderse; y en cuanto á -Francia y España... Al buen callar llaman Sancho; pero bueno sería que -le llamáramos Don Quijote. - - - - -XXIV - - -Como en todos los veranos, las «capeas» han originado conflictos por -esos pueblos. La autoridad gubernativa las prohibe, la autoridad de -los alcaldes es insuficiente para imponer la prohibición. Los mozos -se amotinan; la intervención de la Guardia civil ocasionaría mayor -conflicto. ¿Qué han de hacer los alcaldes? Dejar que los mozos se -salgan con la suya. ¡Es mucho salvajismo el de los pueblos!, se dice. -No es más del que se ha cultivado en ellos. ¡Si para ellos no hay otra -fiesta más que la «capea», y, suprimida, no les queda otra diversión! -Pero, aunque otra cosa crean los que por comodidad ó desidia declaran -al pueblo ineducable, ¡es tan fácil su educación! - -Buen ejemplo es un humilde lugar de la provincia de Toledo: Aldeaencabo -de Escalona. Por la fiesta del Santo Patrón era inevitable la «capea». -Verdad es que á la «capea» quedaba reducido todo el festejo. En este -año se acordó organizar una función teatral, hubo unas cucañas, unas -carreras en sacos, unos fuegos artificiales y nadie echó de menos la -«capea» y nadie protestó contra su prohibición. Para ello ha bastado -con muy poco: con la autoridad de un sacerdote ejemplar, con la -influencia educadora de un maestro, con la buena voluntad de algunos -vecinos, y la fiesta se ha celebrado á satisfacción de todos, modelo de -orden y de cultura. - -Con muy poco gasto y menor esfuerzo se conseguiría lo mismo en todos -los lugares de España. El paisaje de España es como su espíritu: -hosco, áspero. Pongamos dulzura en los paisajes y en las almas. No -escuchemos la voz egoísta de esos enamorados de lo característico, de -lo pintoresco. Son los que se asoman al campo y pasan de largo, sin -dejar á su paso amor ni bondad. El amor al paisaje por el paisaje es -como el amor á los animales: una forma del egoísmo, de la misantropía. -Los paisajes y los animales no dan disgustos como las personas. -Estos _dilettanti_ de lo pintoresco se complacen en la rudeza de los -campesinos. ¡Para lo que han de estar entre ellos! ¿Que se instruyen? -¡Qué lástima! ¿Que pierden carácter? ¡Qué profanación! Hasta el día de -la pedrada ó del garrotazo ó de la coz, que todo llega... - -No hay derecho á mantener, en nombre de lo pintoresco, la ignorancia, -el atraso, que nunca son bondad, aunque puedan parecer sencillez. -Dulcifiquemos, dulcifiquemos, sin temor á que la dulzura desvirtúe -la virilidad. Los pueblos de vida amable serán siempre más ardorosos -defensores de su independencia que los pueblos de vida ingrata, -atormentada. Sólo entre los descontentos nacen los traidores. Es -preciso una gran virtud para amar á una patria en que nada es amable. - -El señor Canalejas, que tan gubernamentalmente ha tronado contra los -inadaptados, debiera darse una vueltecita por algunos lugares de -España; y lo que había de admirarle entonces sería... que hubiera -tantos adaptados á lo inadaptable. - - * * * * * - -Sarah Bernhardt celebra sus bodas de oro teatrales. ¡Cincuenta años de -teatro! Y todavía su arte extraordinario, único en la historia de la -escena, logra sobreponerse á los ultrajes del tiempo. Verdad es que -nunca el espíritu se sirvió de medios tan inmateriales de expresión -material como en la divina artista. El cuerpo de Sarah nunca tuvo edad; -su voz no fué nunca de humano timbre. No era la voz que se oye; era la -voz con que se sueña. Era como la luz musical del pensamiento. Y ¡la -noble armonía de sus actitudes! No hubo sensación fugitiva que no se -consagrara en ella, como en escultura, para la inmortalidad. - -París, escéptico adorador de sus dioses, ya sonríe ante los cincuenta -años escénicos de la actriz bisabuela; pero sonríe cariñoso y admirado. -Sarah, con muy buen acuerdo, ha ido á celebrar sus cincuenta años de -teatro á Inglaterra. Los ingleses saben admirarla sin escepticismo. -La juventud espiritual de Sarah es para ellos tan respetable como la -propia juventud de la vieja Inglaterra. Un milagro de voluntad, si al -decir voluntad cabe decir milagro. Esa gloriosa vida de arte supone -una tensión constante de espíritu sin un desfallecimiento, sin una -desconfianza en las propias fuerzas. Sarah sólo ha vivido para su arte; -el arte ha correspondido, generoso, á tanta fidelidad. - - * * * * * - -En las fiestas de Salamanca he podido apreciar los tristes efectos del -_absentismo_. De las casas grandes, de linajuda nobleza, cuyas más -saneadas rentas de Salamanca proceden, muy contadas han sido las que -contribuyeron al lucimiento de las fiestas. Y digo yo, y decían muchos: -«¿Qué mejor ocasión para un acto de presencia?» Son días en que los -humildes, no sólo miran sin odio el lujo de los señores, sino que lo -agradecen y lo admiran como un esplendor más de la fiesta. Son días de -acortar distancias y de suavizar asperezas. - -Las hermosas muchachas premiadas en el Concurso de belleza, las que -vistieron los trajes clásicos de charra, tuvieron que pasear por la -población en deslucidos coches de alquiler. ¿Para cuándo guardan los -grandes señores de la provincia sus trenes de gala? - -En la escolta de charros montaraces, que dieron guardia de honor á los -príncipes de Baviera, faltaron los de casas muy principales. ¡Buen -ejemplo para los de abajo! - -¡Luego se quejarán del desamor de los humildes! ¡Pues qué!, ¿hacen algo -por merecer su amor ó su respeto? - -Hay altas posiciones sociales que imponen muy altos deberes. No es de -los más penosos el de dejar, por unos días de fiesta en la provincia, -alguna playa ó balneario del extranjero, donde, sin pensar, se va en la -ruleta del Casino lo mejor de las rentas solariegas. - -Los grandes señores han olvidado el arte de agradar, que, claro está, -no es más que el arte de saber aburrirse. Pero ese arte es un deber -de la nobleza y del dinero. Y ¡es un deber que está tan compensado! -Siempre que procuramos agradar acabamos por ser agradables; y... cuando -se es agradable, se está más divertido que nunca. - - - - -XXV - - -Bien pudiera algún predicador haber repetido las exclamaciones famosas -de Bossuet, en los funerales de una princesa de Francia: «¡Madame -se meurt!... ¡Madame est morte!» Las que pusieron espanto en aquel -auditorio de príncipes y grandes señores de la Corte, al considerar -cómo, en el breve espacio de dos exclamaciones, aun no vista llegar, -pasó la Muerte. La Muerte niveladora, y, por serlo, el más cierto -resplandor de la ideal Justicia sobre la tierra; el más seguro anticipo -suyo para otra eterna vida. La Muerte, de quien otro poeta francés -dijo: «Et les gardes qui veillent aux barriéres du Louvre, n'en -defendent pas nos rois». - -Y triste actualidad recobran también los versos de Cervantes á la -súbita muerte de la reina Isabel de Valois: - - Cuando dejaba la guerra - libre ya el hispano suelo, - en un repentino vuelo, - la mejor flor de la tierra - se fué trasplantada al cielo. - Y al cortarla de la rama - el mortífero accidente, - fué tan oculto á la gente, - como el que no ve la llama - hasta después que la siente. - -Los poetas de ahora temen ser tildados de cortesanos, y, sólo cuando -se trata de lisonjear las malas pasiones de los de abajo, no se -juzgan aduladores. Así, los poetas no cantarán á la buena memoria de -la infanta María Teresa. Ni es necesario: estas vidas sencillas, de -bondad, de recogimiento, parece como si se profanaran con altisonancias -ditirámbicas. En el abultado libro de la Historia, sobre el trompeteo -de las grandes hazañas bélicas y de las intrincadas empresas políticas, -estas vidas han de ser como flor guardada entre las hojas del libro: -una meditación, un silencio entre el barullo de tantas grandes y de -tantas malas acciones, que son la Historia y son la vida... - -Ni aun sientan bien ponderaciones cortesanas por el dolor que su -muerte causara á los suyos. ¿Para qué decirnos que las tristezas de los -grandes de la tierra son excepcionales como su grandeza? ¿No estará -nuestra mayor simpatía en saber que son iguales á las nuestras? ¿El -dolor de la madre? No digáis á las madres que es un dolor de reina; -decidles que es el dolor de todas las madres, y ¿cómo no han de -comprenderlo? Ved cómo la Religión cristiana, al divinizar el dolor de -Cristo, humanizó el dolor de la Virgen madre; porque divinizado hubiera -dejado de ser dolor, al gloriarse en la gloria del Hijo. - -Ni es bien poner distancias ante el dolor que á todos iguala. Ofrezcan, -con grandeza de alma, los grandes de la tierra sus dolores, como -sacrificio aplacador de odios y envidias. Nunca como en la Cruz -comprendió á Dios la Humanidad; porque en la Cruz está más cerca de -nosotros. - - * * * * * - -Cuando se estudia con serenidad algún problema económico, hay que decir -como aquel personaje de una comedia: «¿A quién se engaña aquí?» Esto -es: «¿Quién se lleva aquí el dinero?» Porque oye usted á los patronos, -y no es porque lo digan ellos, les ajusta usted las cuentas y no puede -usted por menos de darles la razón. Ellos no se llevan el dinero. Oye -usted al trabajador, al obrero, y la razón les sobra: no pueden vivir. -Y oye usted á todo el mundo, y el dinero no parece por ninguna parte. -El propietario de fincas, ya rústicas, ya urbanas, obtiene un menguado -interés de su capital, y el arrendatario y el inquilino dicen que ya -no pueden con la renta. El industrial se queja del comerciante, el -comerciante del industrial, y el comprador de todos. Todo el mundo está -mal servido y nadie está contento. Y, no obstante, á esto es á lo que -llaman orden social y esto es lo que, según dicen, hay que sostener á -toda costa. - -¿No valdría la pena de hacer algún ensayito para cambiarlo todo? -Aunque fuera en seco; esto es, sin guillotina ni tiroteo por las -calles; un ensayo en buena armonía, puesto que nadie está á gusto y -todos se quejan. Y si viniera á resultar, como es de temer, que el -verdadero tenedor del dinero de todos es el Estado, con impuestos -desproporcionados, insoportables para el país, que el Estado se -encargue de todo y con dos suculentos ranchos al día nos alimente á -todos. Y no nos asustemos del socialismo, cuando la actual organización -social no es otra cosa: un socialismo con mala administración. - - * * * * * - -Caricatura veraniega (sin dibujo y fuera de Concurso). - -En el Casino: - ---¿Qué le pasa á Juanito? ¡Tiene una cara! - ---Que le han dejado sin una peseta. - ---¿Sí? ¿Cuánto ha perdido? - ---Pues eso: una peseta. - - - - -XXVI - - -Cuando un madrileño, en cualquier esfera social, ha llegado á ocupar -un puesto, alto ó bajo, ya puede asegurarse que se lo ha ganado por -su propio esfuerzo. Al madrileño no le gusta deber nada á nadie. Por -eso, aun de la clase más humilde, prefiere los oficios independientes, -en los que menos haya que obedecer y ser mandado. Así es muy raro -hallar un madrileño dedicado al servicio doméstico, y si, por razón -de sus ocupaciones, depende de algún patrón, maestro ó jefe, todo se -conseguirá del madrileño por la razón persuasiva ó por el ruego amable; -nada por el mandato indiscutible, ni por el rigor áspero. - -El madrileño no tiene cacique á quien pedir recomendaciones; no trata, -ni siquiera conoce, á sus diputados; no tiene colonia que le proteja ó -le obsequie. - -Por todas estas consideraciones, yo, que he perdido en absoluto mi -afición á los toros, siento muy viva simpatía por el torero madrileño -Vicente Pastor y celebro su triunfo en la última corrida. Lo celebro -con doble satisfacción, porque, aunque me esté mal el decirlo, entiendo -de toros una barbaridad y no soy de los admiradores del día siguiente. -Cuando Vicente Pastor, en sus años de desgracia, que fueron más de -los debidos, y apuntados van á su condición de madrileño, andaba -aperreado por esas Plazas, y en la madrileña sobre todo; favorecido por -los empresarios con todo el ganado de peor lidia, toros cornalones, -resabiados, mansos perdidos, nunca dejé de ver y de apreciar en él lo -que más tarde apreciaron muchos como un descubrimiento: que Vicente -Pastor es de los pocos toreros que saben para lo que sirve la muleta; -de los pocos que paran y castigan. - -Y ¡vaya si ha bregado Vicente Pastor hasta colocarse en el lugar que le -corresponde! Nadie dirá que lo ha robado. - -Los toreros madrileños luchan siempre con grandes desventajas. Por -la mayor baratura y facilidad de conducción, en las novilladas les -sueltan, por lo regular, ganado de la tierra que, si escogido para -corridas de toros, es siempre más duro y más dificultoso que el ganado -andaluz, que será en novilladas, donde todo boyancón es de recibo. -Hechos á torear mansos, al tomar la alternativa y encontrarse con toros -ligeros y bravos, los toreros madrileños andan de primeras torpes y -desmañados. Al contrario de lo que suele sucederles á los fenómenos -novilleriles de Andalucía, que, acostumbrados á torear allí toritos -fáciles y ligeros, al primer toro de la tierra que ven asomar por los -toriles andan de cabeza y se acabó el fenómeno. - -Con Vicente Pastor hicieron horrores las empresas. Recuerdo una corrida -de novillos, con lucha entre un león y un toro como amenidad de mayor -atractivo, y en ella Vicente Pastor hubo de torear con el estorbo de -una gran jaula en medio del redondel; y por si esto no bastara, como -después de la lucha no hubo medio de sacar al toro de la jaula, el -presidente ordenó la salida del toro de lidia, el cual, naturalmente, -tomó la querencia de su compañero y semejante, y así hubiera tenido -que torearle y que matarle Vicente Pastor si la protesta unánime del -público no hubiera obligado al presidente á disponer la retirada del -toro enjaulado. - -Luego se espantan los empresarios si los toreros, cuando llega la suya, -tienen exigencias. - -Vicente Pastor no ha llegado por intrigas; no, ciertamente. Bien puede -estar orgulloso de ello; ha llegado, como buen madrileño, sin deber -nada á nadie. Y hoy habrá toreros más vistosos, más bonitos, más -alegres; pero lo único verdad, lo único serio, el único toreo de buena -ley que se ve en las Plazas es el de Vicente Pastor, el madrileño. - - * * * * * - -El Hotel Palace se levanta soberbio como un gran transatlántico. Aquel -trozo de Madrid, de tan señorial aspecto cuando los tres linajudos -palacios, de Medinaceli, del Infantado y de Vistahermosa, eran todo un -caserío; tan desolado, cuando el inmenso solar del primero de dichos -palacios llenaba de obscuridad y de tristeza aquella parte de Madrid; -hoy, con el gran hotel á la moderna, ha cobrado un aire cosmopolita, de -playa ó de balneario á la moda, con su Casino resplandeciente de luces, -bullicioso de multitud pasajera, con su música bailable y su ejército -de servidores. - -Con el hotel Ritz y el Palace ya cuenta Madrid con dos hoteles -europeos. Quizás los precios sean más asiáticos que europeos y, por -este lado, el problema de los alojamientos en Madrid no se haya -resuelto con arreglo á la capacidad española. Es de esperar que los -europeos y los americanos nos sostendrán estos lujos, que para nosotros -solos serían excesivos. - -Ya no hay pretexto para no venir á Madrid. Y, en verdad, ahora que -tanto se habla del turismo y tendremos en Madrid un Congreso para -discutir cuanto al turismo se refiere, todo el problema es este: ¿No -acuden los turistas á España por falta de buenos hoteles, ó no hay -buenos hoteles en España por falta de turistas? Problema biológico: ¿Es -la función la que crea el órgano ó el órgano la función? - -De cualquier modo, hay mucho que agradecer á los que así arriesgan su -dinero en el órgano, anticipándose á la función. - -El viajero de raza no retrocede ante las incomodidades; pero el viajero -de raza es poco productivo; suele viajar á pie y sin dinero. Al -viajero _snob_, que es el más provechoso, hay que atraerle con mucho -mimo y cultivarle con todo regalo. Una catedral gótica, las ruinas -de un castillo son admirables después de una buena comida en un buen -hotel. Tan admirables, que algún viajero que sólo venía por admirar -la catedral ó las ruinas, deja de visitarlas por el gusto de volver á -un hotel donde tan bien se come. Porque si es verdad que un cuadro de -Velázquez compensa de una mala fonda, también es verdad que una buena -fonda compensa de no ver el cuadro. - - - - -XXVII - - -A los que se inquietan por mis obras futuras, á los que suponen mi -entrada en la Academia como una abdicación de mi independencia, puedo -asegurarles que no reniego de una sola de mis obras ni renegaré nunca; -ellas son toda mi vida, y unas mejores, otras peores, todas responden á -un estado espiritual. Ni de las culpas ni de los errores debe renegarse -cuando no se ha perdido en ellos nuestra conciencia, antes nos han -servido de provechosa enseñanza. - -Nuestra vida no se gobierna por ideas, sino por sentimientos. Nadie se -asimila las ideas que no apetece, como nadie se alimenta de lo que no -le gusta, salvo en caso de necesidad extrema. Por fortuna, yo no me he -visto precisado á comer de ideas que me repugnaran. Es aventurado jurar -sobre nuestro estómago mucho más que jurar sobre nuestra conciencia; -pero me creo capaz de haberme dejado morir de hambre. Mas, si alguna -vez me hubiera visto en esa extremidad, como el miserable boticario de -_Romeo y Julieta_, hubiera dicho: «Mi necesidad es la que delinque; no -mi conciencia.» - -De que son las ideas las que se coloran de nuestros sentimientos, -es buena prueba la idea religiosa. Ninguna parece más fija, más -determinada; parece que á todos los creyentes había de unificar en una -misma acción, encaminada al mismo fin; no obstante, unos prefieren la -vida contemplativa; otros, se consagran á obras de caridad con fervor -activísimo; otros, á la propaganda batalladora; todos creen seguir una -idea, y lo que siguen es las naturales inclinaciones de su corazón. -Lo mismo en Arte; si por ideas escribiéramos, diríamos siempre lo -mismo y diríamos una misma tontería siempre. Que nuestro arte sea -espontáneo, como juego de niños, expresión de vida y de fuerza y de -natural esparcimiento; después, nuestro arte, como los juegos también, -irá ordenándose con cierto ritmo, y lo que fué primero actividad será -luego belleza y al fin será bondad. - -¿No habrá sido así la creación, como una obra de arte, como un juego -de niños; expresión de una fuerza que, por ser fuerza, es bella y por -ser bella es al fin buena? Actividad, Inteligencia, Bienaventuranza: el -«Tamas», «Rajas» y «Gattva» de la Teosofía india, en que Dios dice al -hombre: «Tú eres yo mismo, mi imagen y mi sombra; yo me he revestido -de ti y tú eres mi vehículo, hasta el día ¡sea con nosotros! en que -volverás á ser yo mismo y los demás tú mismo y yo.» - -De donde se deduce que en la vida universal, como en la vida de cada -uno de nosotros, todo es armonía y no hay para qué maldecir de las -disonancias. - - * * * * * - -Sería falsa modestia hacerme el desentendido. Amigos cariñosos -pretenden obsequiarme y, con el mejor deseo, acaso no aciertan con el -obsequio de mi gusto. ¿Queréis saber lo que más pudiera satisfacerme? -Nada de banquetes, nada de exhibiciones; podéis suponer que por grande -que fuera mi vanidad personal, estaría ya bien satisfecha. - -Empieza el invierno; hay una obra meritoria que no consigue prosperar, -en lucha con la indiferencia: la obra del Desayuno Escolar. Yo os -agradecería con toda mi alma que ese fuera el obsequio: contribuir á -ella en lo que habíais de contribuir á obsequiarme en otra forma. A -todos nos quedaría mejor recuerdo; la buena obra del Desayuno Escolar, -atendida, será el mejor obsequio para mí y un obsequio más duradero en -el corazón de todos los que nos unamos en el amor á los niños. - -Si me creéis capaz de una gran vanidad, permitidme que me envanezca de -este modo; si me estimáis lo bastante para creer que llevo más alto el -corazón que la inteligencia, ya que por amigos os estimo más que por -admiradores, sea el obsequio de corazón á corazón. Así el día que me -sienta vanidoso, podré decir: «¡Gracias á mi talento, he procurado el -desayuno á muchos pobres niños!» Y el día que me sienta modesto, por -lo menos tendré el consuelo de pensar: «¡Yo no tendré mucho talento; -pero los pobres niños de las escuelas tienen su buen desayuno en las -mañanas del invierno!» - -De suerte que ya lo sabéis: con este obsequio no me obsequiais para -un día solo, que sería de vanidad; me obsequiais para muchos días: -unos, de vanidad; otros, de modestia, que allá se van alternados, como -los días tristes y los alegres; pero todos son buenos cuando sobre su -variable temperanza ponemos algo que esté sobre nosotros mismos, sobre -nuestras arrogancias ó nuestros desalientos. - - - - -XXVIII - - -Siento molestar á mis lectores con asunto referente en parte á mi -persona, aunque, por tratarse de una obra buena, tenga ya más alto -interés para todos. Pero debo satisfacción á cuantos han respondido -generosos, y es justo que responda la gratitud en donde mismo se elevó -el ruego. - -De todas partes llegan á mí ofrecimientos en favor del «Desayuno -Escolar» y también importantes donativos. Gracias á todos. A Rosario -Pino, la insigne actriz, que ofrece el producto íntegro de la función -inaugural de su temporada en Valladolid. Y, en este caso, yo me atrevo -á solicitar de Rosario Pino que la mitad del ingreso se destine á La -Gota de Leche, institución fundada en Valladolid. Del mismo modo, -cuantos beneficios se den en teatros de provincias deben repartirse -entre la institución madrileña y alguna que, con el mismo fin de -protección á la infancia, exista en la provincia. - -La empresa del teatro Español y, al frente de ella, Matilde Moreno, -la gran artista de todas las delicadezas, se apresuraba á ceder el -ingreso de otra función que ha sido aplazada á ruegos de la Comisión -organizadora de estos beneficios. - -El Círculo de Bellas Artes me anuncia en carta de su presidente, don -Alberto Aguilera, que destina la cantidad de 1.000 pesetas para el -«Desayuno escolar». - -El primer actor don Luis Echaide me ha entregado la cantidad de 500 -pesetas, importe total de su sueldo durante los días en que ha actuado -en el teatro Español. Luis Echaide no quería cobrar dichas funciones y -sólo ha aceptado el cobro con la idea de ofrecerme esa cantidad. - -En carta que firma «Un admirador» me envían 25 pesetas; don Santiago -Aragón, otras 25; el señor Gazul, de Llerena, otras 25; el señor -Sabito, de Infiesto, 7,50. Muchas gracias á todos. - -Ahora yo suplico á los que me anuncian el envío de otros donativos y -á los que me preguntan á quién han de enviarlos, esperen por unos -días hasta que pueda organizarse convenientemente. Yo tengo sobradas -ocupaciones para entender en esto. - -Muchas son también las solicitudes para que se atienda á otras -instituciones benéficas, todas muy laudables y muy dignas de ser -atendidas; pero como atender á todas es imposible, preferible es -atender á una sola con resultado. - -Una hay, sin embargo, que yo creía identificada con el «Desayuno -escolar», y aunque no sea una misma en la organización, identificada -está en el propósito. Es la institución de las Cantinas Escolares. -Como todo hace esperar que la recaudación ha de ser importante, bien -puede repartirse el ingreso entre las dos benéficas instituciones, ya -que las dos realizan la misma buena obra y mal puede haber división ni -rivalidad entre ellas. De todas suertes, como el ofrecimiento primero -fué al «Desayuno escolar», no he de ser yo quien decida; apelo á la -generosidad de los señores organizadores de esta última institución, y -creo que no apelaré en vano. - - * * * * * - -Entre los acuerdos de la Comisión reunida para festejarme hay uno con -el que no puedo estar conforme, y perdone la respetable Comisión. Todo -cuanto redunde en beneficio de los pobres niños me parece de perlas, -aunque sea á costa de mi exhibición personal. Pero la idea de erigirme -un monumento, por sencilla que sea, tendrá siempre mi oposición más -decidida. Soy enemigo de esos homenajes en vida, mucho más si la vida, -por desgracia ó por dicha, aun no toca á su acabamiento. Yo no sé si -habré ya escrito mis mejores obras; pero sé que aun puedo escribir las -peores. Esos homenajes esculturales que, por serlo, tienen algo de -funerarios, sólo pueden discernirlos con serenidad las generaciones -futuras. ¿Qué sabemos lo que pensarán los que vengan de nuestras obras? -Pesa mucha literatura sobre la Humanidad y de cada vez se impondrá una -selección más depurada. - -Necesitan estos monumentos, además, para su contemplación gentes -desapasionadas; pero mientras vivimos entre amigos y entre enemigos -personales, ¿quién sabrá decirnos dónde acaba la pasión y dónde -empieza el conocimiento? - -No, por Dios; nada de monumentos: todo para los niños pobres. - -Y otra vez pido perdón á mis lectores por haberles hablado de mí; vaya -en gracia de la intención. - - - - -XXIX - - -Aquellas guerras de los cien años, de los treinta años, tan molestas -para los estudiantes de Historia Universal, ya no serían posibles. -Las guerras de ahora tienen la ventaja de la brevedad. Mueren en -ellas más hombres que en las antiguas; pero mueren más pronto. Puede -ponderarse su corta duración con las mismas expresivas frases de cierto -predicador, al considerar la rapidez de los deleites carnales: ¿Por qué -os condenáis, hermanos? Si fuera asunto de una hora... ¿Qué digo de una -hora? Si fuera asunto de cinco minutos... Pero, no; ¡zás, zás, zás, y -ya estáis en el infierno! - -Por fortuna, las guerras modernas son un lujo muy costoso. Lo único -barato en ellas, por eso es lo único que puede derrocharse, es el -factor hombre. Un soldado, con su ración y todo, vale bastante menos -que los cartuchos por él disparados. - -Esta baratura del factor hombre es consecuencia del poco coste de -producción. - -En esta guerra de los Balkanes se ha dado el mismo edificante -espectáculo que solían dar en otros tiempos algunos príncipes -cristianos aliándose con el Gran Turco por enemistad con otros -príncipes cristianos. Mal disimuladas, por el buen parecer, las -simpatías de la culta y cristiana Europa estaban, en esta guerra, del -lado turco. No quiero pensar mal; pero sospecho que hasta oraciones, en -templos muy católicos, se han elevado al cielo en favor de las armas -mahometanas. - -Los turcos tenían su deuda muy bien repartida. Los otros desgraciados, -por no tener, no tenían ni acreedores. ¿Qué interés podían inspirar á -nadie? - -Todavía, después de las victorias conseguidas, han de esperar á que las -grandes potencias las den por buenas; porque los turcos habrán perdido -muchas batallas, pero ¡pensar que Europa va á perder su dinero! - -Como que no hay quien mire por uno como los acreedores. Por -patriotismo, debiera procurar el Gobierno español, al levantar el -anunciado empréstito de 300 millones, que se cubriera en el extranjero; -de ese modo, tal vez en situaciones apuradas contaríamos con la -simpatía y el interés de otras naciones fuertes; interés y simpatía -que nos faltaron en momentos muy críticos, quizás porque no estábamos -bastante entrampados con el extranjero. - -Todo el arte de la guerra moderna está en enzarzarse, no con quien -pueda menos que nosotros, sino con quien deba menos. - - * * * * * - -Tan vulgar tópico era el de la alegría española que, por extremosa -reacción, han sido muchos los escritores á rectificarle con la -contraria afirmación de nuestra tristeza. Yo no sé si seremos alegres; -pero tristes, de ningún modo. El pueblo español no es un pueblo triste; -es un pueblo duro, que no es lo mismo. - -De que no somos tristes es buena prueba nuestro modo de celebrar la -conmemoración de los difuntos. ¿Puede darse menos emoción, menos -recogimiento espiritual, menos ternura, en una palabra? - -La gente pasea por los cementerios como por un jardín; ríe y bromea -y comenta con chistes los epitafios. Esto no puede llamarse alegría, -ni siquiera desprecio á la muerte, por fe religiosa ó por elevado -estoicismo filosófico; esto es, sencillamente, dureza; esa dureza -agresiva que está en la entraña de la vida española. En el hogar, en la -vida pública, en el Arte. Por eso hemos sido siempre tan retóricos; por -eso tenemos tantas fórmulas de cortesía y de cumplimientos. ¡Nuestra -naturalidad es tan áspera! - -La fiesta de los muertos debiera serlo de gratitud para los muertos -gloriosos, para los buenos muertos... Y el amor acude á las sepulturas -en el primer año, la vanidad hasta cinco; mas la verdadera piedad del -recuerdo no tiene flores para los poetas, ni para los héroes, ni para -los humildes... ¡Allá nos esperen por muchos años!, dicen los que viven -á gusto. ¡Están muy ricamente!, dicen los que viven desesperados. Y -así, entre el egoísmo satisfecho de los unos y el egoísmo desesperado -de los otros, los vivos van á la muerte, los muertos al olvido, y la -vida española es muy alegre, si alegría es que nada importe, y muy -triste, si tristeza es no amar la vida, en verdad, ni alegre ni triste; -dura como el odio: la única pasión sin risas y sin lágrimas. - - * * * * * - -_Don Juan Tenorio_, casi desterrado de Madrid, ha encontrado espléndido -refugio en Barcelona. En quince teatros, lo menos, se ha representado -allí en estos días. - -Si no supiéramos que en Barcelona ha triunfado también durante -muchos años, y aun sostiene muy bien su cartel, el señor Lerroux, -que es el Don Juan Tenorio de la política española, por lo seductor, -por lo audaz y por lo de bajar á las cabañas y lo de subir á los -palacios--presidenciales, se entiende,--pudiera creerse que la -predilección del público de Barcelona por héroe tan nacional como Don -Juan Tenorio tenía mucho de ensañamiento despectivo: ¡Vean el personaje -que nos mandan esos castellanos! - -Pero no; no hay segunda ni pérfida intención. El público de Barcelona -se entusiasma con nuestro Don Juan, como ya no nos entusiasmamos -nosotros. ¡Señales de los tiempos! - -Váyase por el proyecto de mancomunidades, que tiene en Madrid más -decididos partidarios que en Barcelona. - - - - -XXX - - -En la sesión dedicada por el Ateneo de Madrid á la gloriosa memoria de -Menéndez y Pelayo, al oir algunos fragmentos de sus obras, sabiamente -glosados por el señor Bonilla San Martín en su magistral estudio de -las obras y del espíritu del gran don Marcelino; al sentir cómo la -prosa cálida, vibrante, toda emoción, toda elocuencia, del insigne -polígrafo conmovía hondamente al auditorio, pensaba yo cómo se debiera -en España, á imitación de Francia y de Inglaterra, sobre todo, publicar -selecciones de las obras maestras; medio eficacísimo para vulgarizar el -conocimiento de muchos escritores que, como Menéndez y Pelayo, por no -haber escrito siempre obras de un interés general, sólo consiguen ser -leídos por los especialistas interesados en aquellas materias. - -Dije en otra ocasión que Menéndez y Pelayo era más admirado que leído. -Y no hay que espantarse por ello. Hay dos clases de lectores: los -estudiosos, atentos con preferencia á las obras que pueden servirles en -sus investigaciones especiales, y los desocupados, atentos sólo á la -amenidad de los libros; lectores de novelas, de poesías, de cuentos. - -La obra total de Menéndez y Pelayo, cada una de sus obras en -particular, aunque nadie como él, por ser tan artista y tan poeta y -tan creador, supo dar amenidad y calor de vida á la crítica erudición, -todavía mantiene á respetuosa distancia á los que muy especialmente no -se interesan por la crítica y la historia literarias. - -Una esmerada selección de sus obras, á semejanza de las muchas -publicadas en Inglaterra, de Ruskin, de Carlyle, de otros grandes -escritores, facilitaría la lectura de lo bueno á los asustadizos de lo -mucho. - -En España no sabemos ser oportunistas; siempre por los extremos: ó todo -ó nada. - -¿No convendría refundir, aligerar muchas de nuestras obras clásicas? -¿Es preferible que permanezcan ignoradas del todo? Ya sé que sus -admiradores incondicionales, muchos de los cuales las admiran de oídas, -no dejarían de clamar: ¡Profanación! ¡Sacrilegio! - -Profanación sería recortar, borrar y repintar una pintura de Velázquez -ó de Goya, pues los cuadros sólo tienen un ejemplar. Pero una obra -literaria no padece detrimento por estas experiencias. Siempre queda el -original para los que quieran admirarla y estudiarla en su integridad. - -Quevedo, Gracián, Saavedra Fajardo, otros grandes escritores, hoy -tan poco leídos; _La Celestina_, _Guzmán de Alfarache_, otras muchas -excelentes novelas, ¿perderían algo con estas selecciones? - -De Inglaterra nos llegan todos los días libros pequeños, libros -amables, lindos como juguetes, con pensamientos y trozos escogidos -de los grandes poetas y escritores. Para quien de ellos sabe, son un -recuerdo, una flor del jardín, una rama del bosque; para el que nada -sabía, son una iniciación, tal vez la puerta de oro que se abre al -jardín encantado. - -Pongamos estos libros ligeros en las manos perezosas, ante los ojos -distraídos de las almas frívolas, que vayan perdiéndoles el miedo... -El libro español trae siempre un severo ceño de maestro; es preciso -alegrarle con la sonrisa del buen amigo. - - * * * * * - -Por fin, el señor jefe superior de Policía, tan riguroso cumplidor de -la ley de protección á la infancia, cuando de espectáculos teatrales se -trataba, se ha convencido de que lo menos perjudicial, el trabajo menos -penoso para un niño es el de representar un corto papel en el teatro. - -Era ridícula esa severidad en el trabajo de los niños en el teatro, -cuando á todas horas del día y de la noche andan infelices criaturas -tiradas como perros por esas calles; cuando niños de cuatro y de cinco -años vocean periódicos á las altas horas de la madrugada; cuando hay -vendedoras de periódicos y décimos de lotería, menores de edad, que, -como los horteras complacientes, siempre le preguntan al comprador: -¿Desea usted algo más? No hablemos de los botones y recaderos de -Círculos y hoteles que, por razón de su oficio, muy semejante, en -ocasiones, al que Cervantes tenía por muy necesario en toda república -bien ordenada, han de enterarse y entender de todo. - -Y ya que de niños hablamos, á las muchas personas que á mí se dirigen, -interesadas en la buena obra del «Desayuno escolar» y de las Cantinas, -les diré, que, nombrada una Comisión, ella es la que ha de disponer lo -más conveniente. - -A mí estas andanzas, por ahora, no me han traído más que disgustos y -molestias. A disposición de la Comisión está lo recaudado por mí; y en -cuanto á la nube de pedigüeños que de continuo me envía solicitudes y -memoriales, ha de saber que el cargo de académico no tiene asignadas -rentas ni sueldos; que agradezco mucho las postales alegóricas, mesas -revueltas, platos pintados y otras chucherías, como toda prueba de -admiración, siempre que sea, por lo menos, gratuita. Sí, por Dios. -«¡Basta de aplausos ya, bravos pecheros!» - - - - -XXXI - - -Un crimen es un caso de una enfermedad social, que puede ser endémica -ó epidémica. Por eso todo crimen debe ser asunto de meditación, de -recogimiento de nuestra conciencia. No caigan todo el horror y toda la -culpa sobre el _caso_, tan irresponsable como el palúdico que en su -organismo debilitado recogió los miasmas perniciosos, inofensivos para -el fuerte. - -¿El anarquista? Si le consideráis como un hombre de ideas, _sus -ideas_, ya le enaltecéis demasiado y al mismo tiempo eludís vuestra -responsabilidad. El anarquista viene á ser lo que en Teosofía llamamos -una forma de pensamiento, un elemental artificial, producto de esa -misteriosa energía animada por nuestros pensamientos, buenos ó malos, -de amor ó de odio. - -¿Sabéis de qué está hecho un anarquista? Del espectáculo del lujo -insolente, de la ociosidad parasitaria, de la envidia que calumnia y -murmura, de la intriga y del favor encumbrados, del mérito desconocido, -de la justicia recomendada, y, sobre todo esto, de mil ligerezas que -consideramos insignificantes: amenidades, pasatiempos de la vida -diaria... - -El orador que, por redondear un discurso con una frase de efecto, -preconiza el atentado personal contra el enemigo político á quien -después saluda respetuoso, á quien por sí mismo ó por tercera persona, -pedirá algún favor, á quien estima personalmente, á quien sería incapaz -de ocasionar el menor daño. - -El escritor--y entremos todos--malabarista de frases que desmiente -en privado lo que escribió en público, y esas graciosas charlas que -desgranamos en los Círculos, en los cafés, y esas indignaciones que no -llegan á perturbar nuestra digestión... ¡Qué país este! ¡Los políticos! -¡El chanchullo! ¡El negocio sucio! ¿Sabe usted por qué se ha hecho -esto? ¡Todos lo mismo!... - -Y todo ello, un día y otro, va condensándose en una forma de -pensamiento, en ese elemental artificial, ávido de tomar vida y -cuerpo, y, al fin, como espíritu diabólico en los antiguos posesos, -se entra por el cerebro débil del mastoide, ya perturbado con pobres -lecturas, se adueña de él y le deslumbra con la idea fija de ser el -reparador, el justiciero. Una idea fija siempre parece una gran idea, -no por ser grande, sino porque llena todo un cerebro. Y el brazo se -arma, y el crimen, como el rayo, hiere brutalmente, sin elección, -sin descernimiento... Un zarpazo de fiera desgarra una página de la -Historia. Los más inconscientes culpan al criminal, los más cándidos -á la Policía, los más solapados aprovechan la ocasión para culpar al -enemigo, para pedir represión violenta, prevenciones extremadas. Todo -se vuelve aspavientos sobre el _caso_. No es el caso, es la enfermedad, -endémica ó epidémica, lo que importa. - -Hagamos escrupuloso examen de conciencia social, y todos tendremos de -qué acusarnos. ¿Quién no ha sembrado un granito de anarquismo? ¿Quién -no ha perturbado con algún pensamiento de odio? - -¡Hay que reprimir, hay que escarmentar, hay que suprimir! Ya se sabe: -al energúmeno siempre responde el energúmeno. - -No; no es por el campo exterior por donde hay que dar la batida; -intrinquémonos dentro de nosotros mismos, y será más segura caza y más -acertado remedio. - -Cuando ocurre un caso de enfermedad contagiosa--y ninguna tan -contagiosa como el crimen,--desinfectar la vivienda es muy importante, -por lo pronto; pero es más importante sanear toda la ciudad, todo el -ambiente. - - * * * * * - -La sesión del Congreso suspendida en señal de duelo por la muerte del -presidente del Consejo, fué de tan glacial severidad, que no parecía -sino que la mano trágica de la _Intrusa_ atenazaba todos los corazones. -Aquello fué hielito puro. Dícese que los grandes dolores son mudos y -que el verdadero sentimiento nunca es retórico. No lo creo yo así; -antes creo que el dolor, como todo sentimiento verdadero, son los -más grandes retóricos; que no fué la retórica la que dió reglas al -sentimiento, sino el sentimiento á la retórica. - -Y la verdad es que un poco de retórica no hubiera sentado mal en -aquellos momentos. Se abomina, sin razón, de la retórica, y tal vez -creyóse dar más solemnidad al acto con aquel laconismo sin arte y sin -artificio. - -Pero aquella elegante concisión, aquella noble sobriedad, no fueron -apreciadas en toda su delicadeza ni por los diputados en el Congreso, -ni por el público después. - -El alma de la multitud es amplia y, como en los amplios lugares, se -pierden en ella los matices delicados; necesita de frases sonoras, -calurosas, vibrantes. Sin duda los oradores lloraban de verdad en -aquellos momentos; pero el público no pudo apreciar el valor de -aquellas lágrimas sin palabras... - -Y es que el Arte será una mentira, pero es insustituíble para comunicar -verdades. - - - - -XXXII - - -El decreto para organización de la Policía ha promovido discusiones. La -Policía es uno de los organismos sociales más difíciles de acomodar á -gusto de todos. Si pretende ser previsora, es casi imposible que lo sea -sin profanar á cada paso las libertades públicas y hasta el sagrado de -la vida privada. Las indagaciones secretas, los informes privados, las -fichas; en una palabra, todo lo que viene á ser higiene en la Policía -es antipático á los ciudadanos. Sin perjuicio de censurarla airadamente -y de pedirle estrecha cuenta de la imprevisión, cuando no ha podido -evitar un delito, por falta, muchas veces, de esa higiene preventiva y -molesta. - -¿Cómo conciliarlo todo? Llamamos inquisitorial á la Policía si se -excede en sus previsiones, y la censuramos por inepta si no es capaz de -impedir un delito ó, si cometido, no lo descubre y esclarece en todos -sus pormenores. - -Sobre la Policía pesa una triste tradición en nuestro país, desde los -alguaciles siniestros de nuestras novelas picarescas y sus cuadrilleros -pavorosos hasta el polizonte del absolutismo y el guindilla de nuestras -jaranas populares. No se dignifica una institución en un día. ¿Qué -es preciso para ello? Que nadie considere vergonzosa la profesión de -policía, que nadie se desdore por ser auxiliar suyo. - -Indicado el nombre de un distinguido personaje político para la -Jefatura de Policía, ¿no hemos leído la rectificación desabrida, como -de quien rechaza una injuria? Pues es preciso que la Policía llegue á -ser estimada como profesión noble. - -Para ser un buen jefe de Policía son necesarias condiciones superiores -de inteligencia. Hay que ser hombre de mundo, ante todo, y no de un -solo mundo. Hay que ser gran psicólogo, para saber tratar las leyes -como á las mujeres; esto es: lo mismo cuando se las atropella que -cuando se las respeta, parezca siempre que es por amarlas, sobre todo. - -En nombre del amor están justificados todos los atropellos. Un buen -jefe de Policía debe poseer con las leyes el supremo arte en que fué -maestro Don Juan Tenorio con las mujeres: el de violador que enamora; -al que, cuando atropella, se le dice: ¡Gracias! - - * * * * * - -En París se ha conmemorado el trescientos cincuenta aniversario del -natalicio de Lope de Vega. En un teatro de los llamados allí «à coté» -se ha representado, precedido de una interesante conferencia, un acto -de _La estrella de Sevilla_, otro de _El mejor alcalde, el rey_, unas -escenas de _La Dorotea_, no representadas nunca, ni en España, decía -el cartel, y unas escenas de _El castigo sin venganza_. Todo ello -traducido con cierta libertad, pero muy lindamente. - -Aquí se ha representado por estos días _El anzuelo de Fenisa_, una -de las más primorosas comedias de Lope de Vega. Ya sabemos que estas -obras antiguas, nunca viejas, no pueden despertar hoy la viva emoción -de cualquier obra moderna. El teatro, como la oratoria, como el -periodismo, vive de lo actual y su mayor gracia es lo efímero; como en -la flor, como en la mariposa. Son contados los genios poderosos que en -la oratoria, en el teatro ó en el periodismo lograron «eternizar el -instante». - -Pero causa tristeza la displicente actitud de nuestro público ante -esas obras. Ello revela una incultura, un alejamiento de nuestra -historia, una incapacidad de ponerse en situación, todo ello á base -de ignorancia, que mal pretende disfrazarse de sabiduría, echándolo á -elegante escepticismo. - -Dentro de poco nuestro teatro clásico será letra muerta. Y lo malo es -que no lo habremos sustituído en nuestra admiración con el teatro de -Ibsen ni con el de Mæterlink. - - * * * * * - -El doctor Moliner anda por Madrid en busca de... cien millones de -pesetas, nada menos. El doctor Moliner no es hombre para desistir de -su propósito. Esos cien millones son su idea fija. Tener en España -una idea fija, constituirse en incansable propagandista de ella, -sacrificar comodidades, posición social, por esa idea, es sentar plaza -de loco ó, por lo menos, de monomaníaco. - -Las ideas son bonitas para exponerlas un día en un brillante discurso, -en un artículo vibrante, en una crónica de actualidad; pero ¡por Dios!, -no conviene insistir sobre ellas... - -A mí me advirtieron: Ya verá usted; el doctor Moliner le irá á ver á -usted, le hablará á usted de sus cosas, le dará á usted la lata; no -sabe hablar de otra cosa. - -Y el doctor Moliner vino á verme y le oí con admiración, y volví -á oírle en la conferencia que dió en el Ateneo sobre lo mismo; -conferencia, por cierto, que no ha merecido una noticia en muchos -periódicos, y el doctor Moliner tendrá en mí otro incansable -propagandista de su locura, de su lata, como quieran llamarla. - -Esa locura, esa lata, es pedir al Gobierno cien millones de pesetas -para Sanatorios marítimos, para colonias escolares, para escuelas -higiénicas... Es un presupuesto que pudiéramos llamar de la salud, de -la vida. ¡Ya veis si la cosa es disparatada! Las Sociedades obreras de -Valencia lo piden en respetuoso mensaje, de que es portador el doctor -Moliner. - -Las Sociedades obreras de Madrid, la Casa del Pueblo, no se han dignado -tomarlo en consideración. - -Manifiesta señal de la funesta orientación revolucionaria de esas -Sociedades. - -No quieren tener que agradecer nada para conservar en toda su plenitud -el derecho á la queja; opinan como el sabio, en la comedia de Calderón, -que: - - A trueque de quejarse, - habían las desdichas de buscarse. - -Ya lo dicen en carta dirigida al doctor Moliner: «Todo eso no es más -que un calmante...» - -Lo quieren todo ó nada. ¿Todo? Y ¿qué es todo en la vida? ¿Qué es todo -si no es un poco cada día, un paso en el camino de la perfección? -¿Serían ellos capaces de revolucionar su mundo interior en un día? ¡Y -de lo que no son capaces en su espíritu, se creen capaces con el mundo -entero! - -Por lo mismo que así desvarían, hay que darles eso que ellas llaman -calmante, á pesar suyo, contra su voluntad; voluntad que ni siquiera -interpreta la voluntad de todos, como lo muestra ese mensaje de las -Sociedades obreras de Valencia. - -El Gobierno del señor conde de Romanones puede hallar el mejor programa -de su política en ese «calmante», en ese presupuesto de salud, de -vida. - - - - -XXXIII - - -En el número de _El Libro Popular_, correspondiente al 5 de Diciembre, -en un artículo titulado «El príncipe de los dramaturgos», referente -al autor francés M. Curel, escribe don Enrique Gómez Carrillo lo que -textualmente copio: - - --¡Curel!--os oigo murmurar--¿quién es Curel?... En castellano - nunca hemos visto ninguna de sus obras. - - Con su nombre no, efectivamente. Pero hay una comedia suya que fué - traducida por Benavente y que obtiene desde hace diez años el más - grande de los éxitos en España y en América. Me refiero al «Repas - du lion», que en nuestra lengua se titula «La comida de las fieras». - - --Pero--vais, sin duda, á decirme con justa malicia--¿por qué esta - pieza figura como original entre las obras de Benavente? - - --Sin duda por razones de empresa--os contestaré, repitiendo una - frase del mismo dramaturgo madrileño. - - Una comedia que se da como traducida, no tiene nunca, para las - compañías, la misma importancia que una comedia nueva. - - En todo caso, si el autor de «Los intereses creados», que es, ante - todo, un hombre de honor, se apropia la paternidad del «Repas - du lion», no por eso deja de entregarle los derechos que le - corresponden al verdadero autor. En las cuentas que la Sociedad - de Autores, de Madrid, manda cada trimestre á la Société des - Auteurs, de París, los productos de «La comida de las fieras» - figuran siempre en el haber de Curel. Entre gente del oficio esto - no es un secreto para nadie. El gran Joaquín Dicenta, que tan - admirablemente ha presidido el Sindicato de los comediógrafos - madrileños durante algunos años, da testimonio de que en cuanto los - «auteurs» parisinos reclamaron en nombre de uno de sus asociados la - paternidad de la obra castellana, Jacinto Benavente fué el primero - en reconocer que su «Comida de las fieras» no era, en efecto, sino - un arreglo del francés. - -Cuando un escritor de seriedad y respetabilidad como don Enrique Gómez -Carrillo asienta con tal aplomo semejantes afirmaciones, algo debe -haber de verdad en ellas. Veamos. ¿Será verdad que _La comida de las -fieras_ no es sino traducción ó arreglo de la obra de Curel _Le repas -du lion_? Por unas cinco ó seis pesetas que costarán los ejemplares de -las dos obras puede cualquiera salir de dudas. Ni por el asunto, ni -por la idea, ni por los personajes, hay el menor parecido entre una y -otra. Hasta la aparente similitud del título es una gran diferencia. -_Le repas du lion_--basta haber leído las fábulas--es, como todos -saben, la parte del león. _La comida de las fieras_ es... el domador, -según mi obra, basada, como recuerdan cuantos la han visto ó leído, -en escenas muy madrileñas y de actualidad cuando la obra se estrenó. -Pasemos. - -¿Será verdad que don Joaquín Dicenta, como presidente de la Sociedad -de Autores Españoles, aseguró á don Enrique Gómez Carrillo que los -derechos de _La comida de las fieras_ eran enviados á la Sociedad de -Autores Franceses? - -Don Joaquín Dicenta tiene la palabra; entre tanto, don Miguel Ramos -Carrión, actual presidente de la Sociedad, me escribe la siguiente -carta: - - Mi querido amigo: La Sociedad de Autores Españoles no envía ni ha - enviado nunca á la de Autores Franceses parte, grande ni pequeña, - de los derechos de representación correspondientes á las obras de - usted, porque, para hacerlo, no hay ninguna orden. - - Claro es que á usted le consta; pero, por complacerle en lo que - desea, así lo declaro oficialmente. - - Sirva, pues, para quien, sin fundamento, afirma lo contrario. - Siempre de usted compañero y padrino literario, - - MIGUEL RAMOS CARRIÓN. - -Todo esto aparte, mal podría M. Curel cobrar esos trimestres, de que el -señor don Enrique Gómez Carrillo está tan al tanto, cuando _La comida -de las fieras_ no se ha representado en España ni en América desde -hace once ó doce años. Como se ve, á pesar de mi buen deseo, no puede -hallarse el fondo de verdad que yo deseaba en las afirmaciones de don -Enrique Gómez Carrillo. - -¿Ha sido ligereza? Para ligereza, es demasiado. ¿Ha sido mala -intención? Para mala intención, es poco. ¿Ha sido ironía? Para -ironía faltaba el fundamento de que _La comida de las fieras_ fuera, -en efecto, algo parecido á _Le repas du lion_. ¿Ha sido una broma -literaria? Como broma sí hubiera tenido gracia... allá en la juventud -de don Enrique Gómez Carrillo. - -Contra la opinión de muchos, yo creo que sólo ha habido ligereza por -parte de don Enrique Gómez Carrillo, y espero que se apresurará á -rectificarla. - -Don Enrique Gómez Carrillo, por su historia literaria, por su -significación, no está en el caso de que se le confunda con uno de -esos jovenzuelos cronistas que sueltan dos ó tres impertinencias, para -llamar la atención, en cualquier periódico de ventura. - -Y conste que el menos molestado con «la ligereza» he sido yo. En esta -semana la actualidad era hablar, en pro ó en contra, de la Prensa. -Don Enrique Gómez Carrillo me ha dado asunto para no verme obligado á -opinar; asunto y argumento. Muchas gracias. - - - - -XXXIV - - -A cada año nuevo acude, con todo el valor de una gran verdad -filosófica, la reflexión que, en otras ocasiones, no es más de un -tópico adecuado á tertulias caseras: ¡Cómo pasa el tiempo! - -Parece que fué ayer cuando estrenábamos siglo, y ya nos andamos por su -año 13. ¡Pavoroso número para los agoreros! - -Por lo pronto, aparte la guerra de los Balkanes, ineludible legado de -su antecesor, para nosotros ha comenzado con su poquito de perturbación -política y, lo que es más grave, con la amenaza de una carestía general -de los comestibles si no sacamos pronto en rogativa á unas cuantas -imágenes de singular devoción. - -A este respecto, sería muy de agradecer la buena intención del ilustre -jefe del partido conservador si, al retirarse de la vida pública, -hubiera pensado: «Después de mí, el diluvio». Hoy por hoy, un diluvio -es lo más necesario sobre esta tierra nuestra, siempre combatida por -los extremos: ó sequía hasta perecer, ó inundaciones y desbordamientos -hasta la ruina. - -Por una vez, llovería á gusto de todos; conformidad tan dificultosa de -obtener en negocios del cielo y de la tierra. - -En la noche primera del año una multitud alborozada, más que un nuevo -año, parecía estrenar una vida nueva. ¡A la flor de ilusión le basta -con tan poco para prender de nuevo en nuestras almas! Una fecha del -calendario es suficiente. A las once y media, nada esperamos de la -vida; al sonar de las doce, lo esperamos todo de un año nuevo. Doce -uvas nos bastan para embriagarnos de ilusiones y de esperanzas. - -¿Qué nos traerá el año 13? Hasta ahora no trae, como cumple á todo -recién nacido, su correspondiente pan debajo del brazo. - -La multitud gozosa, que le saludaba al nacer, no pensaba en esto. Ni -siquiera pensaba que, con el pan, subirá la carne, y con la carne el -precio de los toros de lidia. - -La multitud, como los niños, es irreflexiva en su alegría. - - * * * * * - -La moda tiene su significación en Arte. Y tiene su valor el artista que -logra imponer una moda, y más si la moda es natural expresión de su -espíritu y en él fué originalidad y sólo pareció moda al ser después -seguida y copiada por los imitadores. Y gran valor tiene también el -que, con ajustarse á la moda, logra, no obstante, destacarse entre los -uniformes figurines con fisonomía y aire muy personales. - -Pero así como en una reunión de la mejor sociedad, aunque por lo pronto -se lleven la atención las mujeres más llamativas en el vestir y en el -adorno, las que ponen la moda, cuando nuestra curiosidad se ha reposado -agradecemos el sencillo atavío de alguna noble dama y en su señorial -sencillez aprendemos dónde está la verdadera distinción, así en Arte, -sobre las gracias y frivolidades llamativas de la moda, acabamos por -volver los ojos á la noble sencillez, que es de todos los tiempos. - -Antes de ahora lo he dicho: creo que en ningún tiempo hubo en España -tantos y tan buenos poetas como ahora. De ellos, los hay favorecidos -por la moda; de ellos, á quien la moda perjudica. De ellos, y Manuel -Sandoval es el primero, de los que no vistieron su poesía con galas á -la última, de los que dejaron pasar figurines, seguros de que la moda -volvería á ellos, y ellos, aunque alguna vez pudieron desesperarse al -verse desairados, nada perdieron con esperar. - -_De mi cercado_ es el último libro de versos de Manuel de Sandoval. -En los anteriores, _Cancionero_ y _Musa castellana_, había dado clara -muestra de su valer. Hay en uno de ellos una poesía á los primeros -pasos de su hija, de las que no se olvidan, de las que dejan esa -emoción perdurable que se suma á las emociones de nuestra propia vida y -es el verdadero valor de una obra de Arte. - -_De mi cercado_ es la plenitud del poeta. Léase «Pátina»; léase -«Recompensa». - -Como es esta última poesía la musa castiza, de noble prosapia -castellana de Manuel Sandoval, bien puede decir á los que á ella se -lleguen: - - Yo soy para vosotros deidad, sirena y maga; - yo soy pasión sin celos y goce sin hastío; - hoguera que el aliento del huracán no apaga - y fuente que no seca los soles del estío. - - Tan sólo al que me ama someto á mi albedrío; - me otorgo como premio, mas no como merced; - exijo, si soy fuego, que me busquéis con frío, - y quiero, si soy agua, que me busquéis con sed. - - * * * * * - -Irá para tres años, día más, día menos, que empecé á escribir estas -charlas de Sobremesa. Muy agradecido á mis lectores, muy agradecido á -la dirección de este periódico, creo que ha llegado, con el año nuevo, -ocasión de despedirme por algún tiempo, no sin sentimiento por mi -parte; fuera ingratitud, de que soy incapaz. - -Renovarse ó morir, ha dicho un excelso poeta. Ya que uno no pueda -renovarse á su voluntad, bueno es que la propia conciencia nos advierta -del peligro que hay en ser siempre el mismo, que es el de fatigar á los -lectores. A mí me conviene descanso, y á vosotros variedad. - - - - -XXXV - - -_Desde Algeciras._--Algeciras es una minúscula Cosmópolis. Picaresca, -linda andaluza de todos festejada, á quien nadie pregunta por su -abolengo y de quien nadie indaga el origen de su fortuna. Es bonita, se -presenta bien, sabe comportarse en sociedad, y basta. - -Su nombre logró resonancia universal en los días de la Conferencia; -aquella Conferencia en que la diplomacia europea dejó arreglado todo... -lo que ha sido preciso arreglar después punto por punto. - -Tiene dos excelentes hoteles muy á la europea, un _kursaal_ muy -concurrido, con recreos honestos; cinematógrafo, un buen sexteto. -Alguien echará de menos otros recreos, aliciente sabroso de estos -lugares. Yo no eché nada de menos. Algunos murmuradores dirán que allí -se juega; yo no he visto jugar. - -Las mujeres de Algeciras son muy guapas y visten con verdadera -elegancia. El madrileño puede guardar para otro lugar y otra ocasión la -compasiva sonrisa que tuvo para otras elegancias provincianas. Aquí no -hay por qué sonreir. - -Frente á Algeciras se alza el Peñón de Gibraltar como enorme -_dreadnought_ anclado. Un lejano atavismo nos mueve á indignación y á -tristeza. Bien será guardar el sentimiento patriótico en lo más amplio -de nuestra filosofía. De manifestarlo, nos expondríamos á observar en -torno esas actitudes y esas caras que podemos advertir cuando en una -visita cometemos alguna indiscreción de la que no es posible avisarnos -en voz alta sin cometer otra más grave. - -Algeciras, La Línea, San Roque, toda la comarca debe mucho á la -vecindad del Peñón. Corren aires de Europa. Tal vez se piensa si no -sería más conveniente que razas y pueblos estuvieran así salpicados, -entremezclados, por pequeñas agrupaciones, sin la gran división de -extensos territorios y señaladas fronteras. Quizás la fraternidad -universal sería ya efectiva. - - * * * * * - -_Desde Ceuta._--Estremece pensar que Ceuta, en manos de nuestros -Gobiernos, haya sido lo que fué hasta muy poco. Por fortuna, gracias á -los conjuros del general Alfau, se desvaneció la pesadilla. Aun dejó el -presidio alguna atmósfera angustiosa: los elementales artificiales de -que nos habla la Teosofía. No subsistirán. Ceuta despierta, Ceuta vive -y trabaja con fe y con entusiasmo. - -Las tropas españolas animan y alegran la ciudad de situación -privilegiada, de suave clima, de sanos aires. Soldados y oficialidad -son orgullo de todo buen español. Los que hemos visto en ciudades -extranjeras muy guarnecidas, tumultos, indisciplinas, borracheras, y -vemos este orden, esta disciplina, esta confraternidad de nuestros -soldados, nos atrevemos á decir á nuestros inquietos antimilitaristas: -La perfección no es de este mundo; pero, dentro de nuestro estado -social, el Ejército es lo mejor que tenemos en España. - - * * * * * - -En las canteras de Benzú trabajan españoles y moros en las obras del -puerto. Un moro jovenzuelo, de vivo mirar, fino de cabos, como una -gacela, como un antílope; resplandeciente de señorío sobre el pobre -jaique, con esa nobleza de origen, don celestial en todas las razas -hijas del Sol. Su vestidura es mísera, no teme al sol ni á las lluvias -y lleva, como pudiera llevar un atributo de realeza, un gran paraguas, -bien arrollada su tela de algodón. Los moros más pobres tienen -predilección por el paraguas. No es utilidad, es lujo. Como el sultán -bajo su imperial quitasol, ellos van orgullosos con su paraguas de tres -pesetas debajo del brazo. La democracia busca extraños senderos para -llegar á todas partes. - -El morito busca trabajo, se conduele--Moro no tiene trabajo; busca y -no encuentra.--Y el morito sonríe ladino. Yo sé que en las obras del -puerto se da trabajo con facilidad. Le digo que no lo buscará con -muchas ganas. De seguro. Será su padre quien le mande. El morito se -ríe ya francamente.--Cuando trabaja, duele cabeza.--Y se tiende sobre -unas piedras como sobre un almohadillado diván; me pide un cigarro, -lo enciende y ni siquiera se divierte en mirar á los que trabajan en -derredor; alza los ojos y mira á lo alto. - - * * * * * - -Desde Ceuta á Tetuán va pasando ante nuestros ojos todo el escenario de -nuestra guerra de Africa. ¿Cómo sobreponerse á la emoción del glorioso -recuerdo? La guerra de Africa fué el único redoble épico que sonó á -glorias españolas en nuestros días. - -Recordamos cuanto oímos referir á nuestros padres, con el calor de -viviente actualidad. La entrada de las tropas victoriosas en Madrid, -después de la toma de Tetuán; el entusiasmo delirante del pueblo -madrileño; las bizarrías de Prim; la serena inteligencia de O'Donnell. -Recordamos el _Diario de un testigo de la guerra de Africa_, el libro -que prendió en nuestra infancia bélicas llamaradas, resueltas en peleas -á pedradas; juegos de moros y cristianos. - -¡El _Diario de un testigo_, tantas veces leído en aquella edición de -Gaspar y Roig, con sus ingenuos grabados en madera, con sus terribles -morazos, terror de nuestros sueños infantiles! - -Ahora, en la realidad, pasan ante nuestros ojos Sierra Bullones, Los -Castillejos, con su prestigio de épica leyenda. Ya puede haber caído -sobre nuestro espíritu una avalancha arrolladora de escepticismo, de -criticismo y de cuanto puede pesar sobre el corazón como losa sepulcral -de entusiasmos, que la losa saltará á latidos del corazón ante estos -lugares y la oración á la patria se alzará desde muy hondo; más hondo -que de nuestro propio corazón: desde el corazón de nuestra madre; como -las oraciones á Dios que ella nos enseñaba y surgen siempre cuando, -sobre todos los engaños de nuestra inteligencia, la verdad del corazón -se estremece al golpear de un verdadero sentimiento. - - * * * * * - -Antes de llegar á Tetuán son bosquecillos de adelfales, frondosos de -laurel y floridos de rosa. El mar, muy azul, se festonea de blancura -al caer sobre la playa de las conchas; blanca también, más blanca que -las espumas; de albor calizo sus arenas. - -Después, al fin, Tetuán, más blanco todavía; sus caseríos, como -terrones de azúcar, extendidos aquí, allá apilados. Como irisación de -tanta blancura deslumbradora, los alminares de las mezquitas con el -esmalte de sus mosaicos multicolores. - -Un aura de encanto, de misterio sagrado, envuelve á la ciudad de las -cincuenta mezquitas y los innumerables morabitos. Yo tengo que recordar -algunas ciudades españolas para no asustarme. - -Al entrar por la Puerta de Ceuta el encanto queda roto. Parece -imposible que toda aquella blancura total pueda descomponerse en tantas -negras suciedades. Nunca con más razón puede decirse que la suma no es -igual á los sumandos. - -El «¿Quién vive?» á las puertas de la ciudad le da un acre olor á -tenerías; el olor que os perseguirá siempre, que sentiréis penetrar -hasta los huesos, correr por las venas. - -Figuras y grupos interesantes restablecen pronto la atención -desilusionada. Un negro enano, con grandes anillos en las orejas, -loquea en la plaza. Es el _Garibaldi_ de Tetuán. Pasa un aguador, -vestido de los más pintorescos harapos que puede imaginarse. Toca -su cabeza con un canastillo de mimbres. Sólo nosotros le miramos -sorprendidos. El ni siquiera se sorprende de nuestra extrañeza. - - -Visitamos al nuevo bajá, recién llegado á Tetuán. Es mulato, de -arrogante figura y noble porte. Viste como un moro de romance: de sedas -sutiles como gasas, una túnica azul muy pálido, y sobre ella otra -blanca, y sobre todo ello un ropón también blanco y transparente. Nos -ofrece el té á la morisca. Sonríe y se lleva la mano al corazón. - -El cónsul me presenta. Tiene una frase amable, que pudiera envidiar -cualquiera de nuestros hombres públicos: Las ciencias y las artes hacen -grandes á las naciones. - -Las casas de los moros acomodados presentan graciosos contrastes. -Patios y salas á lo morisco, y, entre todo, lámparas de comedor, -procedentes de cualquier bazar europeo; cómodas dignas de la calle de -los Estudios, espejos de cafetín, floreros y baratijas de baratillo. - -En la casa de un rico moro, sobre una cómoda se ostentaban dos floreros -de altar entre candeleros de la misma especie. Parecía dispuesto para -las Flores de Mayo ó para una devota novena casera. No falta el álbum -de retratos con música y profusión de relojes sin mérito alguno. - -En el patio de un moro poeta, un patio todo recogimiento, todo poesía, -junto á una fuente de preciosos azulejos veíase un armario chinero, y, -al través de sus cristales, como preciosidades de vitrina, un frasco -de Odol. ¡Buen reclamo! Otros cachivaches, y... ¡oh, civilización!, -verdadero símbolo de la penetración pacífica, un instrumento... ¿Cómo -nombrarlo? Una soberbia lavativa, en fin, inglesa, de llave. - -Este poeta, famoso entre los suyos, escribió en el álbum de uno de mis -acompañantes unos versos en árabe. Traducidos, decían así: «Cuántas -veces amamos á la ciudad, aunque sepamos que no es la mejor, ni su -cielo el más azul, ni buena el agua de sus manantiales... Pero ¡es la -Patria!» - -Yo no sé si el poeta moro escribiría con intención y á la nuestra, -estos versos. En su fisonomía inteligente la ancianidad sonreía con -maliciosa resignación. - - - - -XXXVI[1] - - [1] Discurso leído en la fiesta que dió el _Mundo Gráfico_ á - beneficio de los soldados heridos en campaña. - - - Señoras y señores: - -Si yo creyera que habíais tomado en serio el anuncio de esta, que -mal puede llamarse conferencia, ni lección, ni disertación, y no ha -de ser más que una charla veraniega, apropiada al lugar y al tiempo, -no sabría cómo disculparme antes de empezar, ni cómo pediros perdón -al haber terminado sin deciros cosa de provecho. ¡Ahí es nada! ¡El -arte de escribir! Toda una vida de escritor sólo puede mostrarnos las -dificultades de ese arte, que ni se aprende ni se enseña, por lo menos -con reglas fijas. - -Cuentan de un señorón adinerado, que al recibir en su casa á un -glorioso poeta, con esa osadía que da el dinero, le preguntó: -«Dígame usted: ¿Es muy difícil ser poeta?» Y el poeta le contestó -sencillamente: «¡Oh, señor! O es muy fácil ó es imposible.» - -De todo arte, del arte de escribir, por lo tanto, puede asegurarse lo -mismo. O es muy fácil ó es imposible. - -¿Quiere esto decir que el estudio no sirva de nada, que el arte sea un -don ajeno á todo esfuerzo, á toda voluntad; que el verdadero artista -sea inconsciente y en su obra se limite á ser instrumento, poco menos -material que los materiales, y como dice la Escritura: «La voz sea de -Jacob; pero la mano de Esaú»? - -Cierto que, sin ser fatalistas, es preciso creer en una predestinación. -Basta leer la vida de los grandes hombres de la Humanidad, basta con -observar nuestra propia vida para comprender cómo hay en toda criatura -una predisposición natural que le inclina, sin forzarle, como dicen los -teólogos, hacia una dirección espiritual determinada, y cómo hasta los -sucesos de nuestra vida que más parecen apartarnos de nuestro camino, -al fin vienen á ser como atajos de ventaja, y sin ellos veríamos que -algo faltaba á nuestra vida y no hubiéramos llegado tan seguros y tan -experimentados al derechero camino de nuestro propósito. - -Sin esta inclinación natural, sin esta predestinación, ¿comprenderíamos -el ejercicio de algunas profesiones necesarias á la soberana armonía -del mundo? Si por libre elección procediéramos, todos elegiríamos las -profesiones más brillantes. - -Ved una orquesta, por ejemplo; todos comprenderéis que haya quien -sea director, hasta violín, lleguemos hasta el clarinete; ¡pero el -bombo y los platillos!, ¿quien comprende que puedan tocarse sin una -predestinación irresistible? Y no obstante, como es preciso que haya -bombo y platillos para el perfecto conjunto instrumental, admiremos la -sabiduría infinita que no inclinó á todos los hombres al violín ó la -batuta. ¡Y desgraciados los pueblos en que todos quieren ser directores -de orquesta! - -Que sobre la natural predisposición es preciso el estudio, ¿quién lo -duda? No creáis nunca en eso que llaman inspiración. Hay artistas -que prefieren pasar por geniales á pasar por estudiosos. Quieren dar -á sus obras la importancia de lo sobrenatural: «Yo no he estudiado -nada--afirman;--yo no sé cómo escribo, yo no sé cómo pinto...» No lo -creáis; son coqueterías de artista. Alguien dijo que el genio era una -gran paciencia; yo me atrevería á decir que el genio es siempre el -premio de un gran trabajo. - -Ahora que, el trabajo del artista, es muchas veces lo más parecido á la -holganza. El artista pasea, el artista está tumbado, el artista fuma -ó saborea una taza de café; el artista, al parecer, no hace nada. Los -que andan como azacanes por la vida en trabajos de actividad material, -pasan por delante de él y sonríen despectivos: ¡Que buena vida! El -artista, tal vez pudoroso, ¿como convencerá al afanado de que aquel su -holgar es trabajo contra la vulgar opinión?--¿No se hace nada?--¡Phs! -Ya lo ve usted; nada.--Pero en esos aparentes ocios fueron engendradas -las grandes obras del espíritu; porque todo es trabajo para el artista, -siempre en actividad su conciencia, siempre al atisbo su percepción, -siempre vibrantes sus nervios... tan vibrantes, que muchas veces saltan -y se quiebran y en vez del bien templado acorde y la dulce armonía, -es el desgarrado desconcierto de la locura ó es el silencio pavoroso -de la muerte. ¡El arte de escribir! El más perfecto sería el que -llegara á comunicar esa exaltación de nuestro espíritu sin necesidad de -expresarnos con palabras. - -Escribir es una limitación, como lo es toda obra, como lo es todo lo -creado. Sí; la creación es una resta del infinito; como toda obra es -una resta del espíritu creador del artista. Por eso, lo mejor de una -obra no es lo que está en ella, sino lo que de ella se escapa para ir á -sumarse al espíritu infinito. - -Ved, pues, si es difícil espiritualizar materializando. Y eso es la -obra del escritor y eso es la creación. Somos los hombres como vasos -en que fué recogida un poco de agua de un mar espiritual infinito. El -mar se ignoraba en su infinidad y quiso conocerse, ganar conciencia -así limitado. Nuestra labor espiritual no es otra cosa: reintegrar una -conciencia á lo infinito inconsciente. - -A pesar mío, he hablado demasiado en serio. La ocasión que aquí me -trajo á interrumpir por unos instantes el grato esparcimiento de esta -noche, era para mí seguridad de vuestra benevolencia. - -Yo sí quisiera, en esta noche, poseer absoluto dominio del arte de -escribir para unir todos los corazones españoles en un solo sentimiento -de amor á nuestros hermanos. El nos juntó aquí esta noche, y por la -expresión de este material sentimiento hasta sería ofensa daros las -gracias. - -Esperemos que esta fiesta de amor sea el precedente de otras muchas -en este verano en San Sebastián, en las playas y balnearios donde -la gente adinerada se esparce y se divierte. Olvidarnos de los que -luchan y mueren por España, sería criminal. Cuando allí se cumplen -deberes penosos, ¿olvidaremos nosotros los más fáciles? Ved que para -el triunfo glorioso de España en tan difícil empresa, si mucho importa -que nosotros confiemos en los que allá combaten, importa más que ellos -confíen en los que aquí quedamos. Al ¡alerta! de aquellos campamentos -en tierra extraña ha de responder el ¡alerta está! de la tierra -española. Sólo así comprenderán nuestros hermanos que donde ellos están -está con ellos toda España. - - - - -XXXVII[2] - - [2] Leído en la ciudad de Valladolid en una fiesta de los - pájaros. - - -Si esta fiesta, queridos niños míos, solo significase una lección -aprendida en la escuela, poco significaría en verdad. No aprendida -por vuestra inteligencia, prendida en vuestro corazón la quisiera yo -para siempre; no por razonamientos de necesaria cultura y menos de -provechosa utilidad, sino por sentimiento muy íntimo, muy hondo, por -efusión de simpatía, por amor, en una palabra: aquella misma llamarada -de amor en que se ardía el corazón de San Francisco, el serafín de -Asís, cuando cantaba á todas las criaturas de Dios como á hermanos: -Hermano sol, hermana agua, hermano lobo, hasta la hermana muerte; el -mismo amor que se eleva en aquella sublime plegaria del Buda: ¡Dios -mío, evitad el dolor á cuanto existe! - -Si esta fiesta solo significa una pública exhibición, algo como un -examen bien preparado de una asignatura, nada valdría, os digo. -No valdría más que esas ruidosas hazañas guerreras de tambores y -trompetería, que con ser mucho en la historia de los pueblos son muy -poco en su vida. Los héroes de la vida son muy otros que los reyes y -los guerreros de la Historia; son los trabajadores del telar, de la -aguja, los inventores humildes, que ni un nombre dejaron. - -Si hoy diéseis suelta á estos pajarillos y mañana en casa atormentárais -al gato y al perro, y al otro día en el jardín ó en el campo, os -dedicárais á sorprender nidos y á destrozar árboles y flores, ¿qué -valdría esta fiesta? - -No es que yo desconfíe de vosotros, queridos niños; aunque muy graves -sabios aseguran que sois de mala condición por lo general, esos -sabios no os conocen bien, porque sólo os han estudiado como hombres -de ciencia, y á vosotros hay que estudiaros con el corazón. Yo sé -que los buenos sentimientos son naturales en vosotros, que vuestro -corazón está siempre abierto á la generosidad, que en vuestro espíritu -alienta la más clara idea de justicia; pero sé también que los hombres, -cuando no con palabras y obras, con obras que desmienten á cada paso -sus palabras, os enseñan muy pronto la mentira, la crueldad, la -desconfianza. Y no sé yo qué sea peor, si malas palabras y malas obras -de acuerdo, ó buenas palabras en contradicción con las malas obras; aun -es más perturbador, más dañoso este desacuerdo. - -¿Qué importa que digamos al niño: no se debe mentir nunca, si el niño -ve y observa y comprende que nosotros mentimos siempre que nos conviene -y á él mismo le engañamos muchas veces por comodidad nuestra? - -¿Qué importa que le digamos: hay que ser afable con todo el mundo, si -él nos ve descompuestos y groseros con los criados, con la familia, -con él mismo, con enojo desproporcionado, más cuando una travesura -suya inocente nos molesta que cuando una verdadera manifestación de -peligrosa maldad no llega á molestarnos? - -¿Y creéis que los niños no se percatan muy pronto de todas estas -contradicciones nuestras? ¿Creeis que todo ello no va labrando en su -espíritu recelos, hipocresía y rencores? - -Por todo esto me atrevo yo á dudar de la eficacia de esta fiesta. Si -hoy los niños dan suelta á los pájaros y mañana los padres van á los -toros, ¿á qué lección se inclinará su espíritu? - -Palabras buenas nos llegan de todas partes; pero ¿de dónde vendrá el -ejemplo? Y en la educación sólo el ejemplo es eficaz y sólo él tiene -virtud de imprimir bueno ó malo en las almas. - -Ya lo dijo San Juan de la Cruz: más vale predicador de pocas letras, -pero de ejemplares costumbres, que muy sabio en letras humanas y -divinas y de mal arreglada conducta. - -No lo que nos dijeron padres y maestros, lo que en ellos vimos es lo -que quedó para siempre grabado en nuestra inteligencia y en nuestro -corazón. Por eso la escuela sin la cooperación del hogar nada valdría: -casa y escuela ha de ser como un solo templo con un solo culto: el alma -del niño. - -Con palabras y con ejemplos es preciso educar la sensibilidad del -niño, despertar su simpatía por cuanto existe y vive á su alrededor. -Los españoles carecemos de ese precioso don de la simpatía, que es -comprenderlo y amarlo todo. Si en lo geográfico somos una península, en -lo espiritual somos un archipiélago. Separados unos de otros como islas -espirituales. Somos hoscos y duros, y toda la vida española adolece de -esta sequedad de nuestro espíritu. - -Somos pobres y nuestra vida es dura; como la vida es cruel con -nosotros, nosotros somos también duros y crueles. Y es que cuando somos -crueles con los demás, es que alguien fué antes cruel con nosotros. -Sólo muy altos y nobles espíritus saben volver el dolor en bondad y en -dulzura. - -La historia nos lo dice: los reyes que dejaron nombres de sanguinarios -y de crueles, fueron los que antes de reinar tuvieron que soportar -penurias y afrentas: tal fué el caso de Nerón en Roma, de Don Pedro -llamado el Cruel en España. En cambio, los que se criaron entre -halagos y blanduras, sin que nadie les afrentara ni persiguiera, -fueron de condición apacible y magnánima: tales San Luis de Francia -y San Fernando de España, educados por aquellas dos nobles reinas de -Castilla, Doña Blanca y Doña Berenguela, de eterno ejemplo como madres -y reinas. - -Yo sé que muchos son en España los que en nombre de un mal entendido -casticismo preconizan esta dureza nuestra como una preciosa virtud. -Juzgan que si fuéramos blandos de condición, acaso perderíamos en -virilidad. Nunca fueron á mi entender muy varoniles virtudes la -crueldad y la destemplanza. Mejor sienta al varón fuerte la noble -continencia y la apacible gravedad. Ni la dulzura de costumbres -debilita á los pueblos, antes por ser más amable la vida será en ellos -también más firme el amor patrio. - -De los descontentos y los mal hallados salen los traidores y los malos -patriotas, y en verdad que gran virtud es preciso para amar lo que no -es amable. - -Una patria en que todos fueran dichosos, ¿cómo no había de defenderse -con mayor entusiasmo que una patria en que nadie se hallara á gusto? - -Meditad sobre la significación de esta fiesta. Al llegar á un pueblo no -hay que conocer á sus sabios, ni á sus artistas, ni su riqueza, ni su -poderío para apreciar su grado de educación y de bienestar; basta con -muy poco. Pueblo en que veáis que los pájaros no huyen espantados al -acercarse un niño; pueblo en que veáis que los gatos, esos mansos gatos -que se tienden al sol en las puertas de calle, no huyen como escaldados -y escarmentados cuando niños y mozalbetes se les acercan; pueblo en -que sobre las más pobres tapias se alza la frescura frondosa de unos -árboles y en las ventanas sonríen como saludo de paz las macetas -floridas, bien cuidadas, como á caricias de manos de mujer, bien puede -asegurarse que es un pueblo culto, de dulces costumbres, un pueblo -dichoso. - -Queridos niños, vosotros sois el sol de mañana: que ese sol brille más -glorioso en nuestro cielo que aquel otro de nuestras grandezas, cuando -el sol no se ocultaba nunca en los dominios de España. - - - - -XXXVIII[3] - - [3] Leído en una función á beneficio del Montepío para médicos. - - -Para mostrarnos cómo no puede haber paz en el alma de los malvados, -como aun al verlos triunfantes y en apariencia dichosos, no por eso -debemos desconfiar de la eterna justicia, dice un Santo Padre de la -Iglesia: «En la conciencia del malvado hay siempre algo que tiembla». -Sí, es verdad...; pero también para los buenos, para los justos hay -algo que tiembla siempre. Ved; es un día feliz en la familia, tal vez -se celebra un santo, una fecha venturosa, más unidos que nunca los -corazones, padres, hijos, allegados... todos respiran esa confianza -mutua, ese enlace de unas almas con otras, probadas en alegrías y -dolores compartidos á todas horas... el corazón de cada uno engrana -en el corazón de los otros, como una piedra en sólido edificio... el -edificio familiar; ¡la familia! Nuestro pequeño mundo, en que nunca -pesa sobre nosotros la angustia de sentirnos abandonados, como Robinsón -en su isla, ni la tristeza de sentirnos perdidos, dispersos en la -multitud del mundo grande, indiferente, hostil, acaso... Es la hora de -la comida; la familia modesta, parte de su pan de comunión, bendito por -el trabajo honrado. En el silencio hay más efusiva cordialidad que en -las palabras. Los pequeños ríen alborozados. - -Los padres sin mirarse se miran en sus hijos... De pronto la mirada -del padre se nubla de tristeza, un pensamiento triste ha pasado por -su frente, ha estrujado su corazón. Sí, también en el alma de los -buenos hay algo que tiembla, como en el alma de los malvados. El amor -de los suyos. Si yo me muero, ha pensado el padre, ¿qué será de estos -hijos? ¿Quién podrá darles esta alegría de ahora? Y en la desolación -de su alma, los ve con hambre, con frío, como esas criaturas de la -calle que estremecieron tantas veces su corazón de padre, tanto de -compasión por ellos como de egoísmo por los suyos... las criaturas -que piden limosna, que venden periódicos, la mozuela desvergonzada, -víctima de hombres soeces... el ladronzuelo conducido entre guardias á -empellones... Todo eso puede ser de sus hijos, de aquellas criaturas -que ahora son tan felices con tan poco, con la alegría de estar juntos, -de compartir con amor aquella comida de bendición... alegrada por -alguna golosina de extraordinario... Y el padre tiembla y palidece, y -cuanto más ríen los hijos más le cuesta contener el llanto que desborda -en su corazón. - ---¿Qué te pasa?--le pregunta la esposa, que advirtió pronto la cerrazón -de su alma. - ---Nada, mujer. ¿Qué quieres que me pase? - -Pero ella lo sabe, porque también ha pensado lo mismo muchas veces... -sólo que la mujer, cuando piensa en la muerte, piensa en Dios antes, -y ella está segura, porque así se lo ha pedido á Dios muchas veces... -de que el padre no les faltará nunca, porque ella le pide á Dios todos -los días que de morirse alguno sea ella... ¡Yo no les hago tanta falta! -Sólo las madres saben ofrecer así su vida en el recogimiento de sus -rezos, sólo ella, por amor á sus hijos, llega á creer que no les hacen -tanta falta en el mundo como los padres... - -¡Bendita institución esta, que para socorro de viudas y huérfanos de -médicos algún consuelo será en la vida de los que apenas logran con -su trabajo la seguridad del día de hoy, siempre angustiada por la -incertidumbre del mañana! - -Penosa profesión es siempre la medicina, aun para los que logran -cumplida recompensa. No se comprende sin vocación tan decidida como -la del sacerdocio. Consagrarse al dolor... luchar contra la muerte... -enemigo que cuando huye parece que no hubo mérito en vencerle, y cuando -se vence siempre deja lugar á la sospecha de que faltó el acierto en -combatirle. - -Juzga la vulgar opinión que los médicos, en fuerza de frecuentar el -dolor, tienen embotada la sensibilidad... A pocos médicos han conocido -en la intimidad los que así juzgan. Yo sé de médicos que han llorado -por muchos niños las lágrimas que no lloraba alguna madre indigna -de serlo; yo sé de algunos médicos que han salvado con abnegación -á muchos enfermos del abandono de familias despreocupadas, yo sé de -muchos médicos que han muerto sin enfermedad, sin saber de qué... del -corazón, certificaba otro médico, más bien por convencimiento íntimo -que por diagnóstico seguro... Lo que sucede es que el médico, cuando -nadie ve llegar á la muerte, cuando todos sonríen á su alrededor -confiados, es el único que no puede llorar todavía, y cuando todos -lloran porque la ven llegar implacable, es el único que ha de sonreir -hasta el supremo instante... interponiéndose con fingida calma entre -los ojos espantados del moribundo y la negrura insondable de la muerte. - -Pues estos hombres que pasan sonrientes como la esperanza, entre todos -los dolores y males de la tierra no pensaron apenas en el dolor de los -suyos. Ellos que saben como nadie, que esa crueldad del sentimiento -egoísta, cuando al llorar la pérdida de un ser querido hace pensar con -animal instinto: - -¡En qué situación hemos quedado! Ellos que saben la brutalidad de -la frase: El muerto se lleva la llave de la despensa. Realidad más -descarnada que la misma muerte, consideración brutal que parece -como si rebajara el sentimiento del alma al grito de la animalidad; -ellos no habían pensado nunca en los suyos para evitarles este dolor -vergonzoso... - -Pues es preciso que, unidos todos, los predilectos de la ciencia y -de la fortuna con los humildes sea desde hoy tranquilidad de todos y -honra de la clase el que vuestras esposas, vuestros hijos, no tengan -que añadir á un dolor del alma el dolor del hambre. Que el padre -trabajador y honrado no se lleve al morir la llave de la despensa. Que -esas palabras crueles, sólo justificadas por la crueldad de la vida, no -vuelvan á oirse en duelos familiares. - -Es mala disculpa de nuestra indiferencia ante los males exclamar -resignados: ¡La vida es así! ¡Cosas de la vida! - -Hay un espíritu en nosotros que nada valdría si no fuera capaz de -sobreponerse á los males del mundo. - -Tened en cuenta que la mayor seguridad de que hay una Justicia y una -Bondad infinitas está en que nuestro espíritu las comprenda y las -desea, y que en nosotros hay poder para realizarlas, poder que Dios -bendice desde el cielo, cuando cantan sus ángeles: «Paz en la tierra á -los hombres de buena voluntad». - - - - -XXXIX[4] - - [4] Discurso de D. Jacinto Benavente. 11 de Mayo de 1911. En - los Juegos Florales de Badajoz. - - - Señoras y señores: - -Fuera descortesía solicitar vuestra benevolencia. Al haberme designado -para ocupar este puesto de honor, ya os anticipasteis á ofrecerme algo -más: un cariño, al que sabré corresponder con toda la gratitud de -mi alma, y una admiración, á la que ya no puedo aseguraros si sabré -corresponder del mismo modo. Y, no por vanidad propia, creedme, para -contento vuestro, hoy más que nunca quisiera corresponder á ella. Mas -si en algo habíais de ser defraudados, antes prefiero que lo seáis -por mi entendimiento que por mi corazón. Si el verdadero cariño es -el que más perdona, y el más verdadero el que ni aun se cree en el -caso de perdonar, porque ni advierte si hubo falta, mayor será mi -agradecimiento cuanto más crea yo en conciencia que mucho habéis -tenido que perdonarme; como perdona el noble, por natural nobleza, -sin darme á entender siquiera cuanto habéis tenido que perdonar. En -ocasiones como esta, os sentisteis entusiasmados y conmovidos por -la palabra de elocuentes oradores; la palabra vibrante, con todo el -calor del sentimiento, con toda la gracia de la espontaneidad. Hoy la -palabra escrita llegará á vosotros apagada y descolorida. Hay de la -elocuencia del orador, corriente de agua saltadora y libre, á estas -mansas aguas aprisionadas, de la palabra escrita, la diferencia que -hay, entre enamorados, de la declaración de amor trémula, que va de -la boca al oído, mejor diré, de boca á boca, á la carta en que el -amor se declara, con palabras muy comedidas, muy respetuosas, porque -no están delante, al escribirlas, los ojos que niegan ó conceden -licencia para mayor atrevimiento. Y, menos mal, si aunque cortés y -fría, aun indica, por su misma timidez, la verdad del sentimiento, -peor, si con frialdades retóricas, que quieren parecer apasionadas, -dice bien claro que fué copiada de alguna novela ó más vulgarmente del -secretario de los amantes. Yo no soy orador, ni soy elocuente. Aquí me -tenéis con mi carta de enamorado tímido. Las hermosas jóvenes que me -escuchan comprenderán mejor que nadie la verdad de esta comparación -entre oradores y escritores. Habéis tenido novios orales y escritos. -Porque habréis tenido más de un novio. No temáis que descubra aquí -vuestro secreto. Las mamás no escuchan. Las mamás no escuchan nunca; -sólo miran. ¿No lo habéis observado? Al despedirse algún rendido -galán de ingeniosa charla, cuando las jóvenes encantadas dicen: ¡Es -muy simpático!, cómo las mamás solo advierten: lleva muy rozados los -puños ó tuerce los tacones. Es que las jóvenes escuchan hasta con los -ojos; las mamás no escuchan, miran siempre, hasta cuando parece que -leen un periódico ó que duermen. Y ¡qué bien hacen en mirar mientras -escucháis vosotras! Porque su triste experiencia ve más lejos, porque -el matrimonio de mañana y la vida de todos los días, tienen más -relación con los puños rozados y los tacones torcidos que con las -palabras seductoras, eterna letra sin sentido, de esa divina música -del amor, con que la vida se burla eternamente, sin vencerlos nunca, -del eterno dolor y de la eterna muerte. Pensaréis: ya pareció el -escéptico, el ironista. Mal sientan ironías y escepticismo en fiesta de -amor y poesía. Pero el escepticismo no es negación absoluta, es duda y -nadie duda de una verdad aparente, si no lleva en lo más profundo de -su alma el sentimiento íntimo, la limpia imagen de la verdad verdadera -y con ella de lo que es bueno, y es bello, y es justo, y es noble, y -es grande. El escepticismo es comparación y, naturalmente, todos los -que quieren engañarnos quisieran que no hubiera comparaciones, que no -fuéramos escépticos. Ya lo creo... ¡Qué ganga para los falsificadores -de moneda si no hubiera moneda legítima para confrontarla...! Nunca -veréis que el verdadero creyente se escandalice porque haya quien -no crea santidad la hipocresía de muchos devotos por conveniencia. -Nunca veréis que la verdadera caridad se alarme porque no tomemos en -serio esas funciones y esas rifas benéficas organizadas por alguna -Junta de señoras aristocráticas; esa caridad que no cuesta mayor -sacrificio que enviar unas circulares á los amigos, lucir un lindo -traje y leer después la revista de algún cronista de salones--acaso -éste sea el mayor sacrificio--donde á vuelta de adjetivarlas á todas -muy primorosamente, el propio cronista, con guante blanco y llave -de aluminio, les abre de par en par las puertas del cielo. Pues á -no creer en cosas como éstas se llama escepticismo. En cuanto á la -ironía ¿qué es la ironía sino la bondad en la indignación? Vamos á -indignarnos y nos entristecemos tanto que acabamos por compadecer y ni -queremos entristecer compadecidos. Y así es la ironía... una tristeza -que no quiere llorar... y sonríe... porque compadece y perdona. El -escepticismo y la ironía son alas también del ideal, que, si no sirven -para elevarnos á grandes alturas, como la fe y el entusiasmo, sirven -para no tocar demasiado bajo en la tierra cuando á la realidad hemos -de acercarnos. Pero, ¡no creer en nada! Eso sólo es posible cuando -hemos dejado de creer en nosotros mismos. Cuando nada bueno hallamos -en nosotros, es cuando podemos decir: todo es malo; porque es nuestra -alma como nuestros ojos, que al asomarse á otros ojos lo primero que en -ellos vemos es nuestra propia imagen... Pero el bien existe mientras -el sentimiento del bien esté en nosotros, aunque no seamos capaces -de realizarlo por imperfección de nuestra voluntad. El amor existe -mientras seamos capaces de amar, aunque nadie nos ame. La verdad es, -mientras nuestra razón no llegue á persuadirse de que son verdades, -todas las mentiras con que nuestros intereses y nuestras pasiones y -nuestras cobardías procuran engañar á nuestra conciencia. En nosotros -está nuestra vida y está nuestra muerte y está lo que más importa, -nuestra eternidad, siempre que nuestra conciencia esté sobre todo. No -hay que pedir fuera de nosotros mismos esa satisfacción del premio y -del castigo, buena para desenlazar melodramas y folletines. Ved, en -las grandes tragedias de Shakespeare, la más amplia concepción de la -humanidad que produjo el arte. En ellas, como en la vida, el dolor, que -pudiera parecer castigo, cae por igual sobre los buenos y los malos, -con más ciega fatalidad que en la tragedia griega. El poeta mismo, tal -vez espantado de no percibir en la tierra un resplandor de justicia -divina, llega á exclamar: Como las moscas para los chicuelos traviesos, -somos los hombres para los dioses; nos matan por divertirse... Pero -él sabe que sobre el terrible juego de los dioses, si eso fuera, está -siempre la idea de justicia en nuestra conciencia, más alta que los -mismos dioses. Cuando envueltos en la misma trama de maldades mueren -con muerte violenta el infame Yago, el apasionado Otelo, Desdémona -sin culpa; aunque la fatalidad del destino sea para los tres dolor -y muerte, ¿no es verdad que nuestra conciencia basta para decirnos, -aunque el poeta no lo diga, que es infierno y condenación la muerte -para Yago, el que solo vivió para su egoísmo, y es muerte animal, -muerte de fiera, la de Otelo, el que amaba mucho pero no amaba bien, -porque sólo amó por instinto, y es gloriosa la muerte de Desdémona, la -inocente, la que culpada no supo hallar más que sencillas disculpas -porque las razones de la virtud son sencillas siempre? Y de los -tres, aunque solo Yago, por crueldad del poeta, hubiera sobrevivido y -triunfado de todos... ¿Quién quisiera ser Yago? No hay víctima inocente -que quiera cambiarse al sucumbir por su verdugo triunfante. El que hace -bien ni sabe decir por qué lo hace; el que hace mal, ved cómo busca -explicación á su conducta; más que convencernos necesita convencerse -á sí mismo de que hizo bien, tan cierto está de que hizo mal. Y es -que toda la maldad de los malos quizás llegara á suprimir el bien -sobre la tierra, pero no la justicia. Cuando todos los buenos fueran -desdichados, no habría un solo malvado que fuera dichoso. El mundo -moral está regido por rigurosas leyes mercantiles; todo valor recibido -representa el mismo valor abonado. Tal vez recibimos mal por bien, bien -por mal de quien no lo esperábamos. Es que el bien y el mal que hicimos -son créditos transferibles; cobramos ó pagamos unos por otros, pero al -cabo de cierto tiempo todo está satisfecho. Vuelve el mal al mal, el -bien al bien; la moneda tal vez es distinta, el valor es el mismo. El -malvado parece hombre dichoso, está alegre... No os engañéis. Impunes -todos sus delitos que _escaparon_ á las leyes humanas, absuelto por -todas las indulgencias, ó descreído de la justicia de los hombres como -de la justicia de Dios, sin temor á nada ni á nadie, hay siempre en el -fondo algo que tiembla... En la mayor tristeza del justo, abrumado de -todos los males, sobre todas las negruras que pudieran obscurecer su -conciencia, hay siempre una serenidad de cielo, que ya sería el cielo -aunque otro cielo no existiera... Es tan mezquina nuestra idea de la -eternidad, que no podemos concebirla sin que de ella forme parte lo -que más nuestro nos parece, por sentirlo más cerca de nosotros. Esto -es, nosotros mismos; esta mezquindad, esta limitación que es nuestra -persona, un nombre propio, una percepción reducida en una reducción -del tiempo y del espacio. Esperamos que la otra vida sea... casi como -esta vida, otra vez nuestra vida; un lugar de reunión en que hemos -de saludar á la familia y á los amigos por sus nombres y aun hemos -de continuar murmurando de sus asuntos y preocupándonos por nuestros -negocios. ¿Qué eternidad sería esta? Eternidad es no saber de nosotros -mismos; porque la eternidad no es material ganancia. La riqueza de -nuestra vida no será lo que hayamos atesorado, sino lo que hayamos -repartido. Vivirá de nosotros lo que de nosotros hayamos dado; más -se encontrará de nosotros cuanto más hayamos perdido. Y ¿cómo hemos -de entregarnos, cómo hemos de perdernos? ¿Dónde hallaremos nuestra -eternidad, que por serlo del todo, ni podremos decir que es nuestra? -En el amor y solo por el amor. Religión, Ciencia y Poesía; los tres -más claros luminares de nuestro espíritu, nos esclarecen el camino del -Bien, de la Verdad, de la Belleza, que es el camino de la eternidad del -espíritu. Amar inmensamente, amar infinitamente: ascender por escala -de amor desde el instinto á la inteligencia, de la inteligencia á la -divinidad. Hablemos sólo de la poesía... Sabio es el lema tradicional -de su torneo: Fe, Patria, Amor. Amor todo. Amor, primero instinto; -forma ya menos egoísta del instinto de conservación, del miedo á la -muerte, de su instintivo horror en toda criatura... Siente el hombre -que ha de morir y siente la necesidad de prolongar su existencia -en la prole, carne de su carne, vida de su vida. El amor es todavía -instinto... Después, siente que la conservación de la prole le impone -sacrificios, ha de defender á sus hijos, ha de cuidarlos... Empieza el -deber. Este deber se limita á la familia, todo lo más á la tribu... los -otros hombres son... el enemigo, el extraño... Pero el estado de lucha -no puede ser constante... Se pacta con la tribu vecina, tal vez para -combatir contra otra tribu más fuerte, tal vez porque la paz permita -el trabajo del campo, la quietud doméstica. Empieza la amistad. El -hombre, por su propio interés, se desinteresa ya en algo de sí propio -y de los suyos. Y al acercarse al extraño, que fué su enemigo, tal vez -se encuentra en él, porque el extraño también tiene hijos, también los -cuida y los defiende. Y empieza la simpatía, y tras la simpatía, que es -amor, la inteligencia. Sí; tan una es la inteligencia con el corazón -que no podremos nunca entender lo que no hemos sentido. Una vida de -estudios y de meditaciones no dará tanta luz á nuestra inteligencia -como una hora de amor. Cuántas veces nos sucede sentir por alguien una -antipatía invencible. Fulano es un ser odioso, insoportable; le oímos -hablar y sentimos la necesidad de llevarle la contraria, por poco le -mataríamos. Y aquel hombre odioso, antipático, llega un día á nosotros -con cara triste; habla de sus penas, tal vez perdió á su madre, tal -vez á su hijo, tal vez fué víctima de una crueldad, de una injusticia -de los hombres. Ya le escuchamos conmovidos; aquel hombre es un hombre -como nosotros, aquella pena ha sido nuestra alguna vez, puede volver -á serlo, no es una pena extraña, es una pena de nuestro prójimo. Ya -no parece aquel hombre tan odioso ni tan antipático, ya es nuestro -odio lo que nos parece injustificado. Y así todo se entiende cuando la -simpatía nos acerca... La virtud y sus más altos heroísmos, como el -vicio y el crimen. Hay en todo ello algo humano que puede ser también -nuestro. Para el amor no hay nada extraño ni nada incomprensible. Yo -he oído á una desdichada mujer, amante de un verdadero monstruo, un -criminal rematado de presidio: Me dicen todos por qué quiero á este -hombre tan malo; pues porque para mí no lo es, y si es malo para -todos y para mí no, señal de que á mí me quiere más que á nadie en el -mundo. Y era verdad, solo que ella equivocaba la razón de su cariño; -porque aquel hombre también era malo para ella, pero era ella quien le -quería más que nadie en el mundo, y aquel amor de mujer era bastante -para vestir de luz el alma del criminal, como de luz resplandecían las -llagas de los leprosos al posarse en ellas las manos de azucena de la -Santa Reina Isabel de Hungría. Milagros del amor, acaricie leprosos -ó criminales; milagros del amor, sobre todas las miserias del alma. -Nunca tuvo más hermoso gesto el Cid Castellano, que al tender la -mano sin guantelete al lazarino hundido en el fangal. Como esa mano -entonces y tantas manos de mujeres divinas y de santos gloriosos, -fueron las que vistieron en la Edad Media las armaduras de sayales, -los sayales de armaduras, en aquella empresa de bárbara grandeza, que -fueron las cruzadas y el incesante guerrear de los cristianos contra -los infieles. Y ved también cómo lo que empezó en odio y en guerra, -fué origen de civilización y de tolerancia, que si el Occidente y el -Oriente guerrearon, también se conocieron y también llegaron á amarse -y los poetas cristianos cantaron gentilezas y amores y bizarrías de -los infieles, y los poetas orientales hazañas milagrosas, noblezas de -corazón de los cristianos. Y sobre el sentimiento de Patria y el de -Religión, surgió el de Humanidad... Y prendiendo sus alas de luz en el -espaldar de las corazas, el espíritu alboreaba... Aun alborea. No hay -que desesperar porque tarde en brillar el día. ¿Qué importa la tardanza -de siglos en las auroras del Espíritu si amanece para la Eternidad? El -amor á la Patria es primero instinto también, es el amor á la tierra, -al campo que el hombre labra con su trabajo; la Patria es la parte de -tierra necesaria á la subsistencia del hombre y de la prole, es el -terreno en que ha de afirmarse la perpetuidad de la raza. Después van -despertándose emociones; recuerdos de horas felices, recuerdos de días -gloriosos. El espíritu de la Patria surge; van quedando más hondas las -raíces y elevándose más aéreo el ramaje, y en la rama hay flor, y en -la flor aroma. La Patria va teniendo conciencia y se constituye como -Estado, que es ya la Patria inteligente. La raza aspira á realizar -el bien, la justicia. A la venganza se sobrepone la ley y á la ley -el perdón, que es tal vez la más segura justicia. Por el amor á la -Patria comprende el hombre como debe respetarse la Patria de otros -hombres; como por el amor á sus hijos comprendió cómo era respetable -el amor de otros hombres á los suyos. También en otras Patrias hay -campos labrados con pena, y hay hogares de amor, y en torno abuelos -y nietecitos, y recuerdos de días felices y gloriosos, y tierra -que cubre los restos de muertos llorados. Y la simpatía va de unas -Patrias á otras, y contra el combate injusto la conciencia universal -protesta como contra una lucha fratricida. No es decir que toda guerra -sea injusta. Hay guerras inevitables; cuando una nación, un Estado -constituído, olvida, egoísta, las relaciones de amor y de justicia -con otros Estados; cuando un pueblo bárbaro, todavía de instinto, -opone tenaz resistencia al avance de la civilización, precisa es la -guerra, como es preciso limpiar de salteadores los caminos. Si por -ambición personal de un tirano, como Napoleón; si por codicias de una -oligarquía; si por intereses egoístas de un pueblo entero el camino de -la civilización se dificulta, deber es de las naciones inteligentes, -de las que no descendieron de su elevación espiritual, combatir -contra los merodeadores. La guerra entonces es justa y es legítima, -como lo fué nuestra guerra de la Independencia, hoy conmemorada entre -vosotros en una de sus más gloriosas y decisivas batallas, en que -la conciencia de tres nobles pueblos se unió contra el instinto de -un gran ambicioso, de quién apenas desaparecido, ya preguntaba el -poeta: «Fu vera gloria, Ai posteri l'ardua sentenza». La posteridad -ha sentenciado. Todos los arcos triunfales, todas las columnas, todos -los monumentos alzados en su honor por el pueblo cuyo nombre usurpó -para imponer sus ambiciones personales como aspiración nacional, no -hablan tan alto de justicia como cualquiera de esos humildes campos -aldeanos, cuyos terruños, nutridos con la sangre de sus labriegos, -que supieron morir gloriosos sobre la misma tierra que cultivaron -humildes, levantan las espigas de sus mieses, como si protestaran -de haber sido pisoteados por el extranjero. Extranjero de espíritu, -que extranjeros eran también por la Patria y no lo fueron al pelear -con nosotros en nombre de la justicia y del Derecho atropellados, los -nobles ejércitos de Inglaterra y de Portugal que en España y por España -combatieron. Si necesaria es en ocasiones semejantes la solidaridad de -naciones alejadas por la distancia, unidas sólo por el sentimiento, -¿qué debemos pensar de esas demencias separatistas que pretenden la -desunión en un Estado inteligente para volver á la Patria primitiva del -instinto? ¿Empequeñecer la Patria que antes debe tener por aspiración -constante destruir fronteras por el amor, que levantarlas por el odio? -Si una Patria se perdiera y hasta el recuerdo de todas sus tradiciones -y todas sus glorias, por realizar mejor la justicia al fundirse con -otras naciones, para constituir un Estado más perfecto, más apto para -realizar la justicia... bien perdida estaría; nunca había realizado -mejor el destino de su eternidad. ¿Y qué decir de esos que en nombre -de la Patria son constantes perturbadores del Estado? ¿Qué les impide -aportar su concurso inteligente á mejorar lo que sólo por solicitud -amorosa de todos llegará á ser perfecto? ¡Ah, no están conformes con -la forma de gobierno! ¿La forma? ¿No les dice bastante esta palabra? -¿Hay alguna forma de Gobierno en los pueblos modernos civilizados que -se oponga á la realización de los más altos ideales de justicia? Todo -será saber imponerlos y por el odio nada se impone. ¡Ah, cuantas de -esas brillantes inteligencias servirían mejor á la Patria trabajando -más por ideales de fondo que por ideales de forma! ¿Qué importa el -metro en que se versifica si la poesía es buena? Cuánto mejor fuera -que muchos de esos halagadores de instintos despertaran inteligencias -dormidas, y mejor que á prometer bienaventuranzas que ellos son los -primeros en saber que no consisten en cambiar de régimen, en vez de -decir al pueblo mentiras de la República fueran á los palacios á decir -á los Reyes, cara á cara, sin grosería pero con entereza, verdades -de la Monarquía... ¡Ah, ese amor á la Patria que lo pide todo de -los demás y nada ofrece por cuenta propia! El que no lee, pide que -se estudie; el holgazán, que se trabaje; el falsificador, que no se -engañe. El padre que no supo educar á sus hijos, se lamenta de la -falta de escuelas. No: en la escuela, en la Universidad, ilustran los -maestros, los libros. Educar sólo educan los padres. Y no con palabras -que se contradicen después en las acciones, sino con ejemplos. Por eso -son tantos los padres que dicen: Que vayan al colegio estos chicos, -hay que educarlos. Saben que ellos no los educarían nunca. Y cuando -no se educa á la Patria en nuestros hijos, cuando nada hacemos por -ella en nuestra propia casa, queremos que los gobiernos trabajen por -los que no trabajan, estudien por los que no estudian, piensen por -los que nunca pensaron, tengan una conciencia que nadie tiene. Nadie -barre la puerta de su casa y nos quejamos de que la calle esté sucia. -Pedimos gobiernos inteligentes. ¡Felices los pueblos que pueden ser -gobernados por tontos! Y ahora, ved otra grave falta de educación. Si -preguntáis al pueblo para qué sirve el Ejército, os dirá: para hacer la -guerra. Así lo aprendió, así se lo dijeron. No fuera mejor decirle: el -Ejército sirve para mantener la paz. El Ejército es la fuerza, sí, pero -es la fuerza á la orden de la razón y de la justicia. No es amenaza, -es seguridad. Si le juzgáis improductivo en su acción, no veis que -es todo vigilancia y la vigilancia no es nunca ociosa aunque parezca -improductiva. La espada del Ejército, como la espada de la justicia, -vela sobre vuestros campos, sobre vuestros talleres, sobre vuestros -amores y vuestros ideales; sobre las codicias de fuera y las traiciones -de dentro. Desconfiad de los que dicen: ¿para qué tanta fuerza, para -qué tantas precauciones? El que nada intenta contra la seguridad de -un domicilio, no se ofende si al llamar á la puerta observa que le -miran por el ventanillo. Sólo á la gente maleante le parece que sobra -la policía. Hasta del cielo cristiano, mansión de amor, donde la fe -del creyente ó la imaginación del poeta asientan todos los ideales de -perfección, se dice que hay milicias celestiales. Hasta la justicia y -el amor divino afirman el santo temor de Dios entre espadas flamígeras -de arcángeles. Aun no ha llegado el día en que la inteligencia sea -tan natural en los hombres como el instinto, cuando todo instinto -animal se haya espiritualizado en la conciencia de nuestra eternidad. -La fe religiosa del hombre es también instinto al despertar. Es anhelo -angustioso de no morir para siempre. El hombre mira dentro de sí y -halla una vida interior que es algo que no palpan sus manos, ni ven -sus ojos: es el pensamiento que vive en todo él y no está en parte -alguna de su cuerpo. No es el latir de su corazón, ni es el golpear -de su cerebro, es algo sutil, algo impalpable. Cierra los ojos, y le -parece que ha muerto al cerrarlos á la visión de cuanto le rodea y su -pensamiento vive todavía, dormido sueña... No hay duda, el pensamiento -es la parte inmortal de su ser. Morirá, pero seguirá pensando siempre. -Y su pensamiento sueña con una eternidad de vida. Vivirá eternamente, -pero ¿dónde vivirá? Y sus ojos entonces se vuelven adonde el horizonte -es limitado, al misterio insondable de los cielos donde todo habla -eternidad. Y allí va su esperanza y allí pone su fe. Después, aquel -cielo ignorado va poblándose de imágenes ideales. Primero, para el -hombre de instinto, hay un Dios de venganza; después es un Dios de -justicia, después un Dios de misericordia, un Dios que por amor se -hace hombre y siendo todo sabiduría y todo poder, no quiere juzgar á -los hombres sin haber padecido todo el dolor de la humanidad. Y padece -como si no supiera. El, que todo lo sabe, que es un Dios quien padece -y puede sobreponerse al dolor. ¡Hermosa verdad para el creyente! -¡Hermoso símbolo de la verdad para los descreídos! Al expirar en la -cruz, al gemir como una pobre criatura humana, ¡Padre mío! ¿por qué -me has abandonado? Habrá quien dude de que Dios pudiera nunca hacerse -hombre; no habrá quien dude de que en aquel instante, crucificado por -amor á todos los dolores de la carne y á todas las tristezas del alma, -el hombre se hizo Dios. Y nunca alboreó la aurora del espíritu como al -morir un Dios crucificado, señalando á los hombres el camino de nuestra -redención y nuestra eternidad. Poetas, reina, damas gentiles, señores -todos: vuestro corazón sea conmigo, el mío es con vosotros. Nada más. - - - - -XL[5] - - [5] Leído en la función de despedida de Rosario Pino. - - -Mi vida de autor dramático no podrá recordarse sin recordar á Rosario -Pino, la intérprete ideal de tantas comedias mías cuando mis comedias -no le gustaban á nadie más que á mí, al contrario de lo que ahora -sucede, que á muchos les gustan y á mí no me gustan nada. Y yo estoy -más triste ahora, que no puedo estar conforme con el aplauso, que -entonces cuando no sabía estar conforme con las censuras. - -Sé que al despedirse Rosario Pino muchas obras mías se despiden -también; pero no seré yo, por eso, quien entristezca esta despedida. -¡Despedirnos, caminar, alejarnos... morir... olvidar al fin, que es -verdadera muerte...! Todo es lo mismo, todo es la vida... y hay que -afrontarlo cara á cara... - -Si fuímos siquiera, ya que no luz de astro esplendoroso, amable luz -de lámpara familiar; si por algún alma pasamos como una caricia; -si supimos avivar á nuestro paso la simpatía de otros corazones, -capaces de sentir como propios toda alegría y toda tristeza humanas... -al alejarnos--despedida ó muerte--y sustituir la presencia con el -recuerdo, será como purificarnos, será como desmaterializarnos, será -un resplandor sin llamarada, será como una diafanidad de gloria... Lo -mejor de nuestra vida está en el corazón de los que nos aman. Para el -artista el amor es la admiración, que, como dijo Shelley, la gloria es -amor disfrazado... Por eso sólo puede decirse que se van ó que mueren -los que no supieron hacerse amar. - -La dulce voz será silencio. Pero ¿qué música valdrá lo que el recuerdo -de esa voz en nuestras almas? No seré yo quien le salga á usted al paso -para decirle: No nos deje, que el callar de su voz es como si algo -también enmudeciera en nosotros... No; que aquí, en nuestro corazón, -queda para siempre y bastará poner atento el oído al corazón para -escucharla, como al acercar un caracol nos parece oir como recogidos en -sus repligues de nácar el oleaje del mar lejano... - -No seamos egoístas en nuestra admiración... De una insigne actriz -francesa se cuenta que en triunfo de teatro exclamaba: ¡Bien me pueden -aplaudir; les doy mi vida! Usted nos ha dado lo mejor de su vida; justo -es que nuestra admiración le consienta á usted descanso. - -El público no ve, no sabe que cuando á él llega una ráfaga de arte -puro, esa ráfaga... presupone una tempestad en el alma del artista, -como el aire apacible que refresca un día ardoroso nos llega tal vez de -un vendaval remoto que fué desolación y espanto... - -Para el artista son las lágrimas crueles, para el espectador las dulces -lágrimas. Amor y gratitud para el artista que da por bien pagadas sus -tristezas más hondas con vuestro aplauso. - -Rosario Pino no podrá olvidar nunca los aplausos de este público suyo: -su recuerdo será quizás toda su alegría en el descanso buscado... No -olvidéis vosotros pronto á la que supo haceros olvidar tantas veces las -emociones penosas de la vida con la elevada emoción de su arte. - - - - -XLI - -CAMPOAMOR - - -Siempre he temido volver á los lugares que dejaran en mí gratos -recuerdos. Siempre he temido volver á leer los libros que fueron el -encanto de mi niñez ó de mi juventud. El lugar será el mismo, el libro -también. Pero ¿estaba en ellos el encanto ó el encanto era el de -nuestras almas, sorprendidas y admiradas de todo, como ojos de ciego -abiertos por milagro á la luz... y sólo de ver ya gozosos, porque ya el -ver es una hermosura, aunque no sea hermoso todo lo visto...? - -Pero, entonces, ¿es que las cosas no son nada por sí? ¿No hay valor -alguno objetivo? Sí; las cosas son algo, son ellas, las mismas siempre; -pero la luz que las alegra ó las entristece, auroras ó crepúsculos, -pleno sol estival ó luz de luna, nubarrones tormentosos con relámpagos -de luz ó relámpagos de sombra, frecuentes en el cielo de las almas, -todo eso es nuestro, y todo eso es el espíritu de las cosas... y -también nuestro espíritu. Nos vemos en los ojos que nos miran y vivimos -en las almas que nos atienden... - -Nosotros mismos no sabemos de nosotros más de lo que saben decirnos los -demás. Nuestra propia conciencia, lo más nuestro, se esconde ante la -conciencia ajena para que ella no pueda decirnos la verdad de nuestra -conciencia. Y este ocultarnos unos á otros la verdad para creernos -mejores de lo que somos, si es hipocresía cuando nos damos tan mal arte -á vestir el disfraz que todos advierten que es disfraz, bien pudiera -ser toda nuestra verdad cuando sabemos disfrazarnos de tal suerte -que el disfraz llega á ser más que el vestido, algo tan propio y tan -adaptado á nuestro espíritu como nuestra corporal hechura. El que logra -hacerse una cara con la más agradable de las caretas ha dejado de ser -hipócrita para ser virtuoso. Y no digáis: ¡Buena virtud de mascarada -será esa!, si consideramos que ya es virtud llevar de ese modo una -careta, y que estas caretas espirituales, si han de parecer como -nuestra propia cara, han de amoldarse de dentro á fuera, y han de ir -muy prendidas en nuestro corazón. - -Pues si difícil es saber la verdad de nosotros mismos, ¡cuánto más -difícil será saber la verdad de las cosas! Y si al volver á ellas ya no -somos los mismos, ¿qué habrá sido de ellas? - -Como decía Ronssard, el poeta que dió sus mejores canciones á la gloria -efímera, ¿dónde están las nieves de antaño...? Nuestro corazón es -caminante que aunque dos veces pase por un camino siempre le parece -camino nuevo. - -Un amigo mío acababa de reñir con su novia, á la que había jurado -amar eternamente, y á los pocos días me daba á leer una carta de otra -novia. Y con otra carta en sus manos de la novia antigua, me decía como -loco: «Esta sí que me quiere. Lee esa carta y compara, compara con esa -carta». Yo leí las dos cartas, y comparé: las dos decían lo mismo. Y -cuando él, al verme reir, se dió cuenta de ello, sin darse á partido, -me decía: «Sí, sí, dicen lo mismo; pero esta es verdad y aquella era -mentira». - -Después de esto no extrañaréis que aun no os haya dicho nada de nuestro -poeta. Si veis que la apariencia de las cosas, no me atrevo á decir su -verdad, está en nosotros más que en ellas, estas emociones suscitadas -por el poeta, ¿no os dirán más lo que del poeta siento que si de él os -hablara? - -¡Campoamor! Yo le conocí. Era yo un niño y su fisonomía me era ya -familiar. Sólo una vez hablé con él en los postreros años de su vida; -yo comenzaba á _literatear_, literatura de señorito. - -Un ferviente admirador del gran poeta, gran amigo mío, me presentó -á él. Era á la puerta de la librería de Fe. Don Ramón, antiguo -tertuliante de la librería, por aquellos últimos años de su vida, -llegaba en coche ante la puerta, y desde allí saludaba á los amigos; -todos salían un momento de la tienda, rodeaban el coche y conversaban -con el anciano poeta, de rostro rubicundo, de ojos azules, muy claros, -unos ojos que sonreían á todo, con tal gracia, que con no sonreir sus -labios nunca, pues la boca era de severa expresión, la gracia de sus -ojos bastaba á mostrarle sonriente, como abuelo bondadoso que con la -voz reprende al nietezuelo y con los ojos ríe la travesura. - -Un amigo le dijo al presentarme: «Maestro, le presento á usted á -Jacinto Benavente, escritor; tiene mucho talento». Y el maestro, el -abuelo, me miró muy despacio y dijo: «¿Mucho, mucho talento? Porque -si no tiene mucho talento, vale más que sea bueno». Y yo no he -olvidado nunca aquellas palabras ni la mirada de bondad. Y como no -he estado nunca muy seguro de tener mucho talento, mucho talento, he -procurado siquiera, ya que en talento no fuese aventajado, aventajar en -bondad. Porque aquellas palabras del poeta y otras del obispo, que al -confirmarme me dijo: «Hijito, seas santo», no he dejado de repetirlas -un solo día desde que las oyera, y han sido acaso mis oraciones más -fervorosas, para que ellas me guarden de toda vanidad. - -Ahora, de la vida de Campoamor, ¿que sabré deciros? La vida de los -poetas está en sus poesías. La poesía de Campoamor es toda inquietud -espiritual; pero una inquietud que pudiera decirse sosegada. Hay -hombres de vida azarosa, perdida en vanas agitaciones, que al parecer -responden á desasosiego interior, á inquietud espiritual, y si vamos á -ver, toda aquella turbulencia es epidérmica, de gestos y pasos. - -Otras vidas hay de tranquila apariencia, sin sacudidas aparentes, -y toda aquella serenidad y placidez es muro de piedra en palacio -señorial, que parece al exterior alegre mansión de riqueza y es por -dentro mansión de dolor. - -Nuestro poeta hubiera podido escribir como Goethe: «Tengo bien señalada -la demarcación entre mi vida política y social y mi vida moral y -poética. Demarcación puramente exterior, se entiende; pero me va muy -bien así». Goethe llamaba á Beethoven ser indomesticable, y él se decía -á sí mismo un ser social. - -Campoamor era, como Goethe, un ser social. Y como el hombre era tan -amable de cerca, su poesía era también amable. Y el poeta de las -ironías y de los sarcasmos, el menos ortodoxo de los poetas españoles, -oía celebrados y repetidos sus versos en labios de las damas y de las -jóvenes más distinguidas de la mejor sociedad. - -Fué el poeta preferido de las mujeres. Era el poeta que mejor las -comprendía; las perdonaba todo. Las mujeres ¡pobres mujeres! creían -por eso que las amaba mucho... No comprendían que aquel su amable -perdón, aquella su indulgencia para todas las faltas y errores que -pueden cometer las mujeres, tenía más de profundo conocimiento de que -no podían ser de otra manera, de que no se las debía pedir lo que no -pueden dar... - -Las mujeres que saben de amor saben que el hombre que de verdad las -ama es el que peor habla de ellas y más abomina de sus engaños y más -se atormenta por sus traiciones... Lo otro no es amar, es comprender -y perdonar. Ahora, que la mujer, cuando sólo de poesía se trata, no -sabe distinguir al amigo del amante. El poeta amigo de las mujeres, -comprende y perdona. El poeta amante, maldice y castiga. - -En la realidad, ya saben ellas distinguirlos. Al buen amigo es al que -las mujeres le cuentan las perrerías que les hace el verdadero amante, -y suelen decirle: ¿Por qué no será como usted? Usted sí que me quiere, -usted sí que es bueno para mí. No hay que creerlas mucho, porque si lo -creyeran así, con dejar al amante y tomar al amigo... Y ya se sabe que -las mujeres conceden rara vez ese ascenso. - -El amor y la muerte fueron las dos grandes inquietudes que animaron -en la poesía de Campoamor. ¿Y qué pensaba Campoamor del amor y de la -muerte? - -Del amor, tal vez como el filósofo pesimista. Es el lazo que la -Naturaleza nos tiende para perpetuar la especie. - -¿Nada más? No, que de este lazo tendido por la Naturaleza, de este -instinto en que el hombre puede ser inferior al bruto, cuando el hombre -solo atienda al placer que engendra dolor, el espíritu puede elevarse -en sacrificio que, con ser dolor, será más alto goce, si nuestro -espíritu sabe elevarse al aceptarlo. Así, del placer instintivo, por -su conciencia de dolor, podemos elevarnos al amor espiritual. Cerrado -queda así el círculo de nuestra evolución. Completa será cuando en -sentido inverso, aceptado el deber, ya todo será espiritualidad en -nuestros amores, y del deber como instinto proceda el goce espiritual, -en vez de proceder del goce instintivo el deber doloroso. - -Y de la muerte... La región ignorada, de cuyos límites ningún caminante -torna, como dice Hamlet, ¿qué pensó Campoamor? - -Campoamor no sabía si había un Dios; creía que debía haberlo. Y -esta creencia ya era una realidad. Si encerrados en un aposento -obscuro, por donde entre las maderas entornadas llega un rayo de sol -á nuestra frente, no supiéramos que el sol estaba allí detrás; si -ese rayo viniera del cielo azul sin astro visible á nuestros ojos, -¿no pudiéramos creer que ese rayo de luz lo mismo pudiera llegar del -cielo á nuestra frente que de nuestra frente perderse en el cielo? ¿Y -dejaría su luz de ser luz por eso? ¡Dios! ¡Dios! ¿Dónde está? ¿Qué -es? ¿Qué importa? Si el sol fuese invisible á nuestros ojos pero su -luz no nos faltara... ¿qué importaría? Creyéramos que el rayo de sol -en el aposento obscuro era luz de nuestra frente ó luz de lo alto, su -resplandor siempre sería divino. - - - - -XLII[6] - - [6] Leído en la inauguración del Florilegio de poetas - castellanos. - - - Señoras y señores: - -La Sección de Literatura sabe muy bien á lo que se expone con este -florilegio de poetas cuya lectura hoy comenzamos. Se expone á vuestro -aburrimiento. Y á conciencia de aburriros nos arriesgamos en esta -empresa. Sí, señores. En España es preciso que nos acostumbremos al -aburrimiento. Los españoles somos tristes por ser demasiado divertidos. -Parece paradoja, ¿verdad? Pues así es... Todo nos aburre y todo nos -fastidia, porque pretendemos divertirnos con todo. De la palabra lata -hemos hecho una pavorosa divinidad. Todo es lata. Lata es un discurso -de presupuestos; los diputados y senadores huyen apenas se inicia la -discusión, se refugian en el salón de conferencias, en los pasillos -y allí se bromea á costa de los oradores serios y se prefiere la -amenidad, la diversión de la comidilla política diaria... - -Después nos sorprende algún impuesto oneroso, algún despilfarro que ha -de pesar sobre el contribuyente harto castigado. - -Pero ¿qué importa? Nos hemos librado de una lata. - -La Ciencia nos engorra, el Arte en serio nos fastidia. Faltos de -ambiente, son muy contados los que trabajan por la Ciencia y el Arte... -¡Asusta tanto que nos llamen lateros! - -Un día las naciones de Europa llaman á concurso, se buscan nombres, -obras, no hay nombres ni obras que ofrecer á los extranjeros. La -vanidad nacional se siente herida... No tenemos Ciencia, no tenemos -Arte. Está bien. Pero tampoco hemos tenido que soportar latas, ¿y lo -que nos hemos divertido entre tanto? - -Yo confieso que me encanta y me enamora este modo de ser nuestro y -prefiero para vivir las ciudades á lo morisco, en que las gentes se -tienden al sol y van reposadas por las calles en amables y ociosas -charlas á las ciudades á la europea, á la americana, por donde se -camina á empujones, á codazos, sin un saludo cordial, sin un piropo -chirigotero... - -Lo malo es que la humanidad ha llegado á su madurez, y estos pueblos -infantiles, que sólo quieren diversión y juego como los niños, están -muy expuestos á ser traídos á la razón de mala manera. Porque en la -casa donde se trabaja, á la hora de trabajar molestan los niños. - -Por eso conviene que los españoles empecemos á saber aburrirnos. La -cultura no es otra cosa. Sólo son grandes y cultos los pueblos que han -logrado por fin no aburrirse con todo lo aburrido. Cuando se ha llegado -á sublimar el aburrimiento hasta el éxtasis, como en la música de -Wagner, se ha llegado á esa civilización suprema. - -Por fortuna, este aburrimiento disciplinado concluye por ser más segura -diversión que la otra, la diversión alocada de un día y otro. Porque la -vida, aunque parece que es eso, un día y otro y una hora y otra hora es -algo más. Es el día de la suma, la hora de las cuentas, en que todo se -paga. - -Hay una parte de nuestro ser perezosa, casi inerte, su aspiración es el -reposo y todo lo más un dulce columpiarnos, una diversión del espíritu; -avanzar un poco para retroceder al mismo punto. Hay otra parte más -alta y más noble que aspira á desprendernos de todo esto que sujeta y -detiene, de esto que llamamos la vida y con decir «la vida es así» lo -disculpa todo. Pero esta parte, única evolutiva, creadora, única que -puede libertarnos al fin de la vida y de nosotros mismos, es la que -hemos de cultivar con dolor y con aburrimiento hasta vencerlos, hasta -sobreponerse á ellos. - -Decir ¡Qué lata! Es decir pereza mental, indigencia de nuestro -entendimiento, sequedad de nuestro corazón. - -Decimos ¡Qué lata! Y cerramos el libro y apartamos al amigo y por no -aburrirnos un día nos quedamos en soledad para muchos días, para toda -la vida. - -Y esa soledad, que es desolación porque nada queda donde nada hubo y -por habernos divertido unas horas nos aburrimos para siempre. - -He dicho, y como pocas veces he dicho lo que sentía, porque ¡deja uno -tantas veces de decir lo que siente por temor á parecer latero...! - - - - -XLIII[7] - - [7] Leído en la sesión en honor de Rubén Darío. - - - Señoras y señores: - -Por esta vez ¡Loado sea Dios! la Sección de Literatura no celebra -funerales literarios. Hoy podemos regocijarnos sin asomos de tristeza, -más ó menos espontánea. En otras ocasiones, al honrar la memoria de -algún difunto, veníamos á ser como la viuda rica, según dice el refrán: -«La viuda rica con un ojo llora y con el otro repica». Hoy por fortuna -podemos repicar y tocar á gloria de todo corazón. - -Vivo y entre nosotros está el poeta festejado, vivo y en plenitud -de su númen poético; así es que tampoco tiene esta fiesta ese dejo -amargo de las despedidas, como otras semejantes en que parece decirse -al festejado, al declinar de su vida y de su entendimiento: «Con esto -cumplimos; ahora á casita y no se moleste usted más por nosotros». -Estos homenajes á lo Carlos V vienen á ser algo así como el tercer -aviso ó como la salida de tono de aquel ingenioso cuanto iracundo -escritor, al increpar á un portero agonizante: Usted á morirse pronto, -que es su obligación. - -La Sección de Literatura bien quisiera no ser siempre una especie de -funeraria. Y si no prodiga con los vivos estos homenajes es... porque -entre los vivos los hay tan vivos que se organizarían ellos mismos el -obsequio y habría que declararse en sesión permanente. Los muertos no -suelen valerse de recomendación ni son tan intrigantes. Aun así, yo no -sé, ahora que hemos dado en practicar el espiritismo, si no acudirá -alguno del otro mundo á solicitar su homenaje. - -Pero, en verdad, estos honores, sólo son en verdad honores cuando más -honra á quien los ofrece que á quien los acepta. Y nadie dudará que hoy -es el caso para esta Sección de Literatura. - -Fuera también de toda utilidad y de toda consideración extraña al Arte, -ni siquiera pensamos al realizar este acto en estrechar los consabidos -lazos hispano-americanos... esos lazos tan traídos y llevados en -congresiles discursos y brindis de banquetes. - -¿Qué discurso valdrá lo que un solo verso de Rubén Darío escrito en -noble lengua castellana? - -¿Qué brindis, como la inspirada elevación de su poesía al alzar -el poeta, como el sacerdote en el más sublime misterio de nuestra -religión, en cáliz de oro la propia sangre que no es otro el misterio -de la poesía? - -No hay poeta cuyo corazón no sangre siempre. La sangre del poeta es -chorro de luz, pero esa luz que es resplandor para todos, es en el -corazón del poeta herida dolorosa. Cuando cantáis á nuestra gloria -cantáis á vuestro dolor. ¿No es cierto, poeta? Que vuestras rosas -suavicen por un instante las espinas de vuestra corona. Las mejores que -os ofrecemos son de vuestros floridos rosales. - -Nos las ofrecísteis para gloria de todos. Su aroma fué una música -espiritual de oraciones que saturó nuestras almas de poesía. Al -prenderlas sobre nuestro corazón aprenderán la más dulce palabra de -gloria. ¡Amor! ¡Amor al poeta! canta hoy en nuestros corazones esa -canción que es armonía de risa y llanto y pone en las palabras más -vulgares acentos de una verdad resplandeciente, y es como temblar de -aguas vivas, y es la caricia de lo sublime, y es el pasar de Dios por -nuestras almas. - -He dicho. - - - - -XLIV - -JUAN DE LEPES - - -Nació este santo poeta en Ontiveros, provincia de Salamanca; el menor -de tres hijos que tuvieran de su matrimonio Gonzalo de Lepes, tejedor -de oficio, y Catalina Alvarez. Nació en el año de 1542. - -Viuda á muy poco su madre, y en extrema pobreza, pasó con sus hijos á -la villa de Arévalo y después á Medina del Campo. Allí halló Juan un -noble protector en don Alonso Alvarez de Toledo, administrador de un -Hospital de la villa. En este Hospital cuidaba Juan de los enfermos y -era en edad de doce años grave y pensativo. - -A los veintiuno entró como novicio en el Monasterio de Santa Ana, de -los PP. Carmelitas, en Medina, y en este mismo Monasterio profesó á su -tiempo, con el nombre de Fray Juan de Santa María. - -Enviáronle sus superiores á estudiar teología en Salamanca, y -aconsejado por Santa Teresa, ingresó en la Orden expresada de -Carmelitas descalzos. Discordias entre los calzados y los descalzos, -fueron causa de persecuciones para Fray Juan de la Cruz, que así se -llamó al cambiar de Orden. Fué trasladado á Toledo y allí encerrado en -el convento de observantes sujeto á duras penitencias. - -Por inspiración divina, nunca nos falta en semejante caso, recibió -la orden de fugarse y así lo ejecutó, descolgándose por una ventana. -Refugióse en un convento de monjas y huyó después á Almodóvar. De -allí pasó á Granada y fué nombrado, primero, definidor de la Orden, y -después, vicario de la casa de Segovia. - -Mal hallado su natural humilde en estos cargos, se retiró al desierto -de la Penila, en Sierra Morena, y allí, caballero andante á lo divino, -como Don Quijote, hizo penitencia, aunque por más alta Dulcinea. - -Quebrantada su salud, hubo de recogerse en el convento de Ubeda, y allí -murió á 14 de Diciembre de 1591. - -Fué canonizado en 1674. Su cuerpo está en Segovia en el convento de la -Orden. - - * * * * * - -Fué San Juan de la Cruz el místico por excelencia. La vulgar acepción -considera místicos á muchos escritores, que en rigor sólo pueden ser -llamados devotos y cuando más, ascéticos. De los españoles, sólo Santa -Teresa, en «Las moradas», el beato Juan de Avila, algunas veces, pueden -ser considerados como místicos en el verdadero sentido del misticismo. - -El misticismo, ha dicho Matter, se eleva sobre la ciencia positiva y -la especulación racional y aspira al elevarse, á la intuición en lo -metafísico, en lo moral á la perfección. - -El misticismo llega al conocimiento por el amor como la filosofía y la -teología pretenden llegar por el entendimiento. - -El misticismo no es luz que alumbra la razón, es llamarada que abrasa -sentidos y potencias y sublima el espíritu hasta confundirse con -el objeto de su amor. Amada en el amado confundido. Y para él la -verdad sólo tiene un nombre. Amor. ¡Amor! Unica verdad que no admite -contradicción ni razonamiento. - -Cuando se dice: Creo, tal vez se dice: Dudo. La duda condescendiente -siempre se expresa así: Yo creo que... Cuando se dice: Amo, se dice: -Creo, creo con toda el alma. - -De todos nuestros místicos ninguno tan desunido del mundo exterior, -de su propio mundo interior como San Juan de la Cruz. Su espíritu no -era siquiera mariposa que se abrasa á la llama del amor divino, era -la propia llama ardiente como el Espíritu divino en los zarzales de -Moisés, en el tabor de Cristo. - -Voy á leeros la canción entre el alma y el Esposo, paráfrasis del -Cantar de los Cantares. San Juan de la Cruz escribió sobre estas -canciones: «El Cántico Espiritual», glosa y declaración de cada una de -sus estrofas. - -Y según palabras del Santo. Por cuanto estas canciones parecen ser -escritas con algún fervor por el amor de Dios, no quiero yo decir toda -la anchura y copia que el espíritu fecundo del amor en ellos lleva. -Porque--añade después:--¿Quién podrá escribir lo que á las almas -amorosas donde él mora, hace entender? - -Esta es la causa porque con figuras, comparaciones y semejanzas antes -rebosan algo de lo que sienten. - -Las cuales semejanzas no leídas con la sencillez del espíritu de amor -é inteligencia que ellas llevan, antes parecen dislates que dichos -puestos en razón. - -Por haberse, pues, estas canciones compuesto en amor de abundante -inteligencia mística, no se podrá declarar al justo, ni mi intento es -tal, sino dar alguna luz en general, y esto tengo por mejor, porque los -dichos de amor es mejor dejarlos á su anchura. - -Sabia advertencia para los que pretenden razonar de lo que está sobre -toda razón. - -Dejemos el amor á su anchura y ensanche el amor nuestras almas. - - - - -XLV - - -El proyecto de erigir una estatua á _Lagartijo_ ha escandalizado á -muchos. No hay razón para ello. - -Nunca tan bien empleado el arte de la escultura como al reproducir en -bronce ó mármol la humana belleza en su más apreciable manifestación: -la belleza del cuerpo. - -Sabido es que, hasta la representación simbólica de abstracciones por -medio de la escultura, no tiene otra forma de expresión que la más -bella forma del cuerpo humano. - -¿Es preciso buscar antecedentes, razón suprema de muchas sinrazones -nacionales? En Grecia tuvieron más estatuas los atletas y corredores de -sus juegos olímpicos, que los hombres de Estado, los filósofos y los -poetas. No se diga en Roma y en Bizancio. - -Un sabio, un escritor, cualquier intelectual, en suma, va mejor -servido con la reproducción y estudio de sus obras, y si de perpetuar -su memoria en efigie se trata, con un busto es suficiente. ¿A qué -afligirnos con la contemplación antiestética de su abdomen, doblemente -si se nos presenta enfundado en una levita? - -Por mucho arte y mucha habilidad del escultor, no podrá evitarse que la -estatua de un caballero moderno más nos recuerde las figuras de cera -del Museo Grevin que las esculturas del Museo del Vaticano. - -La prueba es, que los escultores modernos procuran desquitarse en -grupos ó figuras alegóricas, del inconveniente buen señor, que viene, -de este modo, á ser accesorio del monumento elevado á su gloria. - -Lo que sí puede discutirse es si la figura del torero en general, -y la de _Lagartijo_, en particular, se prestan á la representación -escultórica. - -El toreo es una habilidad. Sus apasionados y sus cultivadores aseguran -que es un arte. Vaya por el arte. De toda suerte--y aquí bien puede -decirse y _en todas las suertes_, es un arte cuya gracia está en el -movimiento.--Fijad cualquiera actitud de un lidiador, como cualquiera -actitud de una bailarina y habrá perdido toda su gracia en la -inmovilidad. No hay más que ver las fotografías instantáneas obtenidas -durante la ejecución de las más graciosas suertes del toreo. - -Sin el ritmo y el garbo en la sucesión de movimientos, ni el lidiador -ni la bailarina tienen valor artístico alguno. Es difícil, casi -imposible, plantar en una sola actitud la gracia, resultado de varias -armónicas actitudes. _The moments monuments._ La eternidad de un -instante, que según Rossetti es el soneto, no puede serlo el arte de -torear. - -Particularmente en _Lagartijo_, el ritmo era su mayor encanto. Aquella -dejadez señorial de sus pasos y de sus actitudes. - -Este arte, de gracia dinámica, digámoslo así, tiene su mejor expresión -en la música. Por eso vemos que el toreo, con ser cosa tan española, no -ha inspirado grandes obras á los pintores ó los escultores españoles. -En cambio, es mucha y excelente la música torera de nuestros más -famosos compositores. - -Y nótese, cómo un pasodoble brillante es más evocador de majezas -taurinas, que puede serlo una página literaria, un cuadro ó una -escultura. - -Con ser figuras tan famosas y características, la pintura española -no ha legado á la posteridad un buen retrato de _Lagartijo_, ni de -_Frascuelo_, ni de _Guerrita_, ni del _Espartero_, ni de _Reverte_. - -Los mejores cuadros inspirados por nuestra fiesta nacional, son los de -Zuloaga. Y no son por cierto un himno á sus gallardías y sus proezas. -Hay en ellos una sonrisa de amargura, más patriótica que las fanfarrias -coloristas de los aduladores de multitudes incultas. - -Hay más luz interior en los cuadros de Zuloaga que en todos los cuadros -de esos pintores de la luz tan celebrados. Hay luz que debiera iluminar -la conciencia española. Por eso ofende, irrita á muchos. - ---¡Es una España de fantasía!--dicen.--No; la de fantasía es la otra. - -Por eso me parece muy bien el proyecto de erigir una estatua á -_Lagartijo_, y celebraría con toda el alma que se llegara á su -realización. - -Esa estatua pudiera, al levantarse, ser una forma visible del -remordimiento, _como la sombra de Banguo en el festín de Macbeth_. - -Hay conciencias tan dormidas que no necesitan menos para despertarse. - -Ante la estatua de _Lagartijo_ se caería en la cuenta: ó de las muchas -que faltan, ó de que sobran todas. - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of De Sobremesa; crónicas, Quinta Parte -(de 5), by Jacinto Benavente - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; CRONICAS *** - -***** This file should be named 58545-8.txt or 58545-8.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/8/5/4/58545/ - -Produced by Carlos Colón, Josep Cols Canals and the Online -Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This -file was produced from images generously made available -by The Internet Archive/Canadian Libraries) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions -will be renamed. - -Creating the works from public domain print editions means that no -one owns a United States copyright in these works, so the Foundation -(and you!) can copy and distribute it in the United States without -permission and without paying copyright royalties. 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