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-The Project Gutenberg EBook of La Divina Comedia, by Dante Alighieri
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
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-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
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-
-Title: La Divina Comedia
-
-Author: Dante Alighieri
-
-Translator: Manuel Aranda y Sanjuan
-
-Release Date: June 10, 2018 [EBook #57303]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA DIVINA COMEDIA ***
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-
-Produced by Carlos Colón, The University of Toronto and
-the Online Distributed Proofreading Team at
-http://www.pgdp.net (This file was produced from images
-generously made available by The Internet Archive)
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- Nota del Transcriptor:
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- Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.
-
- Errores obvios de imprenta han sido corregidos.
-
- Páginas en blanco han sido eliminadas.
-
- Letras itálicas son denotadas con _líneas_.
-
- Letras oscuras son denotadas con =signos de igual=.
-
- Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas)
- han sido sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal.
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- _LA DIVINA COMEDIA_
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-
- _DANTE ALIGHIERI_
-
- _La Divina Comedia_
-
-
- [Ilustración]
-
- _Universidad Nacional
- de México._
- 1921
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-
-[Ilustración]
-
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-
-
-"_LA COMMEDIA_"
-
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-¿Que es pues la Comedia? La edad medieval realizada como arte, a pesar
-del autor y de los contemporáneos. ¡Y notad qué cosa tan grande es
-ésta! La edad media no era un mundo artístico, antes lo contrario del
-arte. La religión era misticismo; la filosofía, escolástica. La primera
-excomulgaba el arte, quemaba las imágenes, avezaba a los espíritus a
-desasirse de lo real. La otra vivía de abstracciones y de fórmulas y
-de citas, aguzando el entendimiento y llevándole a sutilizar acerca
-de los nombres y de los vacuas generalidades llamadas _esencias_. Los
-espíritus eran atraídos hacia lo general, más dispuestos a idealizar
-que a realizar: y esto es precisamente lo contrario del arte. En los
-poetas sencillos hallamos la realidad tosca e informe, como en los
-misterios, en las visiones y en las leyendas. En los poetas doctos
-encontramos una forma crudamente didascálica o figurativa y alegórica.
-El arte no había nacido aún. Existía la imagen; pero no la realidad con
-su libertad y carácter.
-
-Dante toma de los misterios la comedia del alma y hace de esta historia
-el centro de una visión suya del otro mundo. Toda esta representación
-no es más que sentido literal; la visión es alegórica, los personajes
-son imágenes y no personas; todo lo que es activo en su espíritu lo
-lleva hacia la figura y no hacia lo figurado. Su naturaleza poética,
-arrastrada a pesar suyo a las abstracciones teológicas y escolásticas,
-se rebela y puebla su cerebro de fantasmas, obligándolo a concretar,
-a materializar y a dar forma a lo que es más espiritual e impalpable,
-aún a Dios mismo. Aquel mundo literal lo hechiza, lo persigue, lo
-asedia y no descansa hasta que recibe de él su forma definitiva; y ya
-no es letra, sino espíritu; ya no es imagen, sino realidad; un mundo
-en sí cabal e inteligible, perfectamente realizado. Visión y alegoría,
-tratado o leyenda, crónicas, historias, loores, himnos, misticismo y
-escolástica, todas las formas literarias y toda la cultura de la época
-están aquí encerradas y animadas en este gran misterio del alma y de la
-humanidad: poema universal en que se reflejan todos los pueblos y todos
-los siglos que constituyen la edad media.
-
-Más este mundo artístico, nacido de una contradicción entre la
-intención del poeta y su obra, no es acabadamente armónico, no es
-poesía pura. La falsa conciencia poética perturba la obra de aquella
-espontaneidad genial, y pone en ella un no sé qué de inseguro y de
-no acabado, una mezcla y crudeza de colores. El pensamiento, en su
-desnudez escolástica; o exornado con imágenes que sin embargo no bastan
-a vencer su abstracción, tiene demasiada importancia. Sus figuras
-alegóricas recuerdan en ocasiones a los monstruos orientales más que
-a la serena belleza griega: lo mismo las entidades abstractas que los
-personajes conscientes y libres. A menudo, preocupado por el segundo
-sentido que tiene en mientes, agrega pormenores extraños a la imagen,
-lo que perturba y distrae al lector, interrumpiéndole el libre vuelo
-de la fantasía. La presencia constante de otro sentido que aligera
-la representación y a veces la penetra, menoscaba la claridad y la
-armonía. Aún el estilo, enmarañado de cuando en cuando con asuntos
-lejanos y sutiles pierde su claridad y se torna confuso y turbio. No es
-un templo griego sino una catedral gótica, llena de vastas sombras, en
-donde pugnan elementos contrarios, que no han sido bien armonizados. A
-veces es tosco; otras, delicado. En ocasiones, poeta docto y en otras,
-popular. Ora pierde de vista a la verdad y se entrega a sutilezas, ora
-la intuye rápidamente y la expresa con sencillez. Ya es un cronista
-burdo, ya un pintor acabado. Cuándo se pierde en cuestiones abstractas;
-cuándo, en medio de ellas, hace germinar la vida. Aquí desciende
-a cosas pueriles, allá se remonta a excelsitudes sobrehumanas. Al
-ocuparse en un silogismo brilla la luz de una imagen; mientras
-teologiza estalla la flama del sentimiento. En ratos os halláis ante
-una fría alegoría y repentinamente sentís a la carne estremecerse con
-ella. Su credulidad nos hace hoy sonreír; luego su audacia nos llenará
-de asombro. Fué un pequeño mundo donde se reflejaba toda la existencia
-de entonces.
-
-Los elementos contrarios que fermentaban en una sociedad en estado
-aún de formación contendían en él, sin que se diera cuenta de ello.
-Si miráis sus aspiraciones encontraréis que en ellas todo es armonía.
-Filósofo, piensa en el reino de la ciencia y de la virtud; cristiano,
-contempla el reino de Dios; patriota, suspira por el reino de la
-justicia y de la paz; poeta, sueña una forma toda luz, proporción y
-armonía, _lo bello stile_; su autor es Virgilio. Mientras más grande
-era la barbarie y la ignorancia, mayor su aspiración hacia un mundo
-armónico y concorde. Mas el poeta se halla rodeado por esta burda
-realidad, por esas formas discordes; se apesadumbra y le falta la
-serenidad del artista y saca de su fantasía un mundo del arte, en gran
-parte realizado, pero donde se encuentra aún las asperezas de una
-materia domeñada imperfectamente.
-
- * * * * *
-
-Penetremos en este mundo, mirémoslo e interroguémoslo. Porque un
-argumento no es _tabula rasa_, donde podamos escribir a nuestro antojo,
-sino mármol entallado, que tiene en sí mismo su concepto y las leyes
-de su desarrollo. La virtud mayor del genio consiste en entender su
-argumento, ser uno con él, apartando todo lo que le sea extraño. Es
-necesario apasionarse por él, vivir dentro de él, constituirse en
-su alma o su conciencia. De modo semejante el crítico en lugar de
-imponerse reglas abstractas y juzgar con el mismo criterio la _Comedia_
-y la _Ilíada_, la _Gerusalemme_ y el _Orlando Furioso_, debe estudiar
-el mundo creado por el poeta, interrogarlo, indagar su naturaleza que
-contiene forzosamente su poética o sean las leyes orgánicas de su
-formación, su concepto, su forma, su génesis, su estilo. ¿Qué cosa es
-el otro mundo?
-
-Es el problema del destino humano resuelto, la explicación del misterio
-del alma, el fin de la historia del hombre, el mundo perfecto, lo
-eterno presente, la inmutable necesidad. En la naturaleza ya no ocurre
-el accidente; en el hombre ya no hay libertad. La naturaleza está
-predeterminada y fijada por una lógica preconcebida según la idea
-moral. Lo real y lo ideal se vuelven idénticos; la apariencia y la
-sustancia son una misma cosa. El hombre ya no tiene libre albedrío:
-está ahí fijo e inmóvil como la naturaleza. Toda acción ha cesado;
-se ha roto todo vínculo que une a los hombres en la tierra; patria,
-familia, riquezas, dignidad, costumbres. No existe sucesión ni
-desenvolvimiento, ni principio, ni fin; falta la narración, el drama.
-El individuo desaparece en el género. El carácter, la personalidad
-no tiene modo de manifestarse. Eterno dolor, gozo eterno, sin eco,
-sin variación, sin contraste ni grado. No hay epopeya porque falta
-la acción; no hay drama porque falta la libertad; la lírica es la
-inmutable y monótona expresión de una sola aria; queda la existencia en
-su inmóvil manera de ser, la descripción de la naturaleza y del hombre.
-
-¿Qué cosa es, pues, el otro mundo--con relación al arte? Visión,
-contemplación, descripción: una historia natural.
-
-Más en esta visión penetra la leyenda o el misterio porque dentro está
-representada la comedia o redención del alma en su peregrinaje desde
-lo humano a lo divino, _da Fiorenza in popol giusto e sano_. Tiene
-pues la apariencia de un drama que se desarrolla en el otro mundo, y
-sus actores son Dante, Virgilio, Catón, Estacio, el demonio, Matilde,
-Beatriz, San Pedro, San Bernardo, la Virgen, Dios; drama alegórico como
-lo es la comedia del alma, _Commedia dell'anima_. Digo _apariencia
-de un drama_, porque la santificación no nace del obrar sino del
-contemplar, y Dante contempla, no obra, y los otros adoctrinan,
-enseñan. El drama, en consecuencia, se desvanece en la contemplación.
-
-Así concebido, este mundo era el de los misterios y las leyendas y
-se convertía en mundo teológico-escolástico en manos de los doctos.
-Dante lo ha realizado, lo ha hecho existir en el arte; ha creado esa
-naturaleza y ese hombre. Y si su mundo no es perfectamente artístico,
-la falta no es de él sino que aquel mundo en donde el hombre es
-naturaleza y la naturaleza, ciencia, y del cual se ha desterrado a lo
-accidental y a la libertad, los dos grandes factores de la vida real y
-del arte.
-
-Si Dante hubiera sido fraile o filósofo, apartado de la vida real, se
-habría encerrado en esas formas y en esa alegoría sin salir de ellas.
-Mas Dante, al entrar en el reino de los muertos lleva consigo todas
-las pasiones de los vivos, y las preocupaciones terrenas. Descuida
-ser un símbolo o una figura alegórica, y es Dante, la más potente
-individualidad de aquel tiempo, en la cual está compendiada toda la
-vida de la época, con sus abstracciones, sus éxtasis, sus pasiones
-impetuosas, su refinamiento y su barbarie. A la vista de un ser
-viviente y al oír sus palabras, las almas renacen por un instante,
-sienten de nuevo la antigua vida, se tornan hombres; en lo eterno
-vuelve a aparecer el tiempo; en el seno de lo porvenir, vive y se
-mueve Italia, y más bien aún, la Europa de aquel siglo. Así la poesía
-abarca toda la vida, cielo y tierra, tiempo y eternidad, lo humano y
-lo divino; y el poema sobrenatural conviértese en humano y terreno, con
-la marca del hombre y del tiempo. Reaparece la naturaleza terrenal como
-oposición o parangón o remembranza. Reaparece el accidente y el tiempo,
-la historia y la sociedad en su vida exterior e interna; apunta la
-tradición virgiliana con Roma por capital del mundo y con la monarquía
-preestablecida; y dentro de este marco magnífico, pasa ante nuestros
-ojos la historia de la época: Bonifacio VIII, Roberto, Felipe el
-hermoso, Carlos de Valois, los Cerchi y los Donati, la nueva Florencia
-y la antigua, la historia de Italia, y la historia de Dante, sus iras,
-sus odios, sus venganzas, sus amores, sus predilecciones.
-
-Así se integra la vida; el otro mundo sale de su abstracción doctrinal
-y mística; cielo y tierra se confunden; síntesis viviente de esta
-inmensa comprensión, Dante es espectador, actor y juez. La vida,
-contemplada desde el otro mundo adquiere nuevas actitudes, sensaciones
-e impresiones. El otro mundo visto desde la tierra, se reviste de sus
-pasiones e intereses. Y resulta de todo una concepción originalísima,
-una naturaleza nueva y un hombre nuevo. Son dos mundos omnipresentes,
-en reciprocidad de acción, que se suceden, se alternan, se cruzan,
-se compenetran, se explican y se iluminan mutuamente, en perpetua
-vuelta. Su unidad no reside en un protagonista, ni en una acción, ni
-en un fin abstracto y extraño a la materia; está en la misma materia;
-unidad interior e impersonal, viviente, indivisible; unidad orgánica
-cuyos instantes se suceden en el espíritu del poeta, no como agregación
-mecánica de partes separables, sino compenetrados e identificados
-como en la vida. Esta unidad enérgica y armoniosa se halla en la
-naturaleza misma de los dos mundos, materialmente diversos, pero que
-no constituyen sino una misma cosa en la unidad de la conciencia.
-Cielo y tierra son términos correlativos; no es posible el uno sin el
-otro. Lo puramente real y lo puramente ideal son dos abstracciones;
-cada cosa real lleva consigo su ideal; todo hombre porta su infierno y
-su paraíso; todo hombre encierra en su pecho a los dioses del Olimpo:
-el escéptico puede negar el infierno, pero no suprimir la conciencia.
-Puesto que estos dos mundos son la vida misma en sus dos aspectos, en
-el seno de esta unidad se desenvuelve el dualismo más vivaz, mejor
-dicho, antagonismo: el otro mundo hace de los cuerpos sombras; sombras
-son los afectos, las grandezas y las pompas; mas en esas sombras aún
-se estremece la carne, se agita el deseo, resuenan las imprecaciones
-terrenales que llegan hasta la tranquila bóveda del cielo. Los hombres
-con sus pasiones, vicios y virtudes quedan eternizados como estatuas,
-en la misma actitud y expresión de odio, de desdén y de amor en que han
-sido sorprendidos por el artista; pero mientras el otro mundo hace de
-la tierra algo eterno, transportándola a su centro y poniéndole delante
-la imagen de lo infinito, descubre lo vano y la nada; los hombres son
-los mismos en un escenario distinto, que es su ironía. Esta unidad y
-dualidad que salen del fondo mismo de la situación brilla a la luz
-del día en las más variadas formas; a veces en un apóstrofe, en un
-discurso, en un gesto, en una acción; ya en la naturaleza, ya en el
-hombre; en esta unidad queda comprendida la mayor variedad, y no es
-fácil encontrar una obra artística cuyos límites sean tan precisos y
-tan vastos. Nada hay en el argumento que constriña al poeta a preferir
-a tal personaje, a cierta época o acción; él escoge toda la historia,
-todos los aspectos bajo los cuales aparece la humanidad; y puede
-abandonarse libremente a sus iras y opiniones e intercalar en el plan
-general fines particulares sin que la unidad se dañe. Todo esto da a su
-universo una acabada realidad poética, y es patente en la permanente
-unidad, todo lo que surge del ser humano, del libre albedrío y de lo
-casual y el moverse con vario juego todos los contrastes y lo necesario
-unido con el libre albedrío y el destino con la casualidad.
-
-En resumen, ¿qué clase de poesía es ésta? contiene materia épica y no
-es epopeya; hay una situación lírica y no es lírica; posee una trama
-dramática y no es drama. Trátase de una de aquellas construcciones
-gigantescas y primitivas, verdaderas enciclopedias, biblias nacionales;
-no de un género más bien que de otro, sino de un todo que contiene en
-embrión toda la materia y todas las formas poéticas, el germen de todo
-desarrollo ulterior. Por lo tanto ningún género de poesía sobresale
-y es explicado; el uno entra en el otro y se perfecciona en él de la
-misma manera que los dos mundos se identifican y no se puede decir:
-aquí está uno de ellos y allá el otro; así los diversos géneros están
-unidos de manera que nadie puede señalar los confines que los dividen y
-aún menos decir: esto es absolutamente épico y esto, dramático.
-
-Es el contenido universal del cual todas las poesías no son más que
-fragmentos; el _poema sacro_; la eterna geometría y la eterna lógica
-de la creación encarnada en los tres mundos cristianos; la ciudad de
-Dios, en la que se refleja la ciudad del hombre con toda su realidad de
-determinado lugar y época; la esfera inmóvil del mundo teológico, en la
-cual alientan tempestuosamente todas las pasiones humanas.
-
-La idea que anima esta vasta construcción y le infunde vida y la
-desarrolla, es el concepto de la salvación, el camino que lleva al alma
-del mal al bien, del error a la verdad, de la anarquía a la ley, de
-lo múltiple a lo uno. Es el concepto cristiano y moderno de la unidad
-de Dios sustituída a la pluralidad pagana. Si este concepto fuera
-solamente algo exterior, explicado en su abstracción doctrinal, como
-pensamiento, o presentado en forma alegórica, la imagen no bastaría
-para engendrar una obra de arte. Pero el concepto no es sólo externo
-sino interno; no es únicamente del significado y la ciencia de aquel
-mundo, obra de filósofo y de crítico, sino principio activo, como en
-el hombre y en la naturaleza, que construye y forma ese mundo y le da
-una historia y un desarrollo. Este principio activo puede llamarse
-en su abstracción lo verdadero o el bien, o la virtud, o la ley;
-como realidad viva y activa es el espíritu, que tiene por contrario
-a la materia o la carne, donde se halla como en prisión o como en
-un _vasello_ de donde se esfuerza por salir. Así, pues, la vida es
-un antagonismo, una batalla entre el espíritu y la carne, entre Dios
-y el demonio. Su historia es la victoria progresiva del espíritu, su
-conciencia y albedrío, bajo las formas en que vive sutilizándose,
-descorporificándose, idealizándose hasta Dios, espíritu absoluto,
-la Verdad, la Bondad, la Unidad, el último Ideal. La concepción
-dantesca, el espíritu que anima su mundo es, pues, la progresiva
-disolución de las formas, un constante ascender desde la carne al
-espíritu, la emancipación de la materia y del sentido mediante la
-expiación y el dolor, el choque entre lo satánico y lo divino, el
-infierno y el paraíso. Homero transporta a los dioses a la tierra
-y los materializa; Dante transporta a los hombres al otro mundo y
-los espiritualiza. La materia no es más que apariencia; lo que sólo
-existe es el espíritu; los hombres son sombras; las acciones humanas
-se reproducen como fantasmas en el dominio de la memoria; la tierra
-misma es un recuerdo que fluctúa como una visión; lo real, lo presente
-es el espíritu infinito; todo lo demás es _vanita che par persona_.
-Todo se va acrisolando progresivamente; el velo se torna cada vez más
-transparente; el _Infierno_ es la sede de la materia, el dominio de
-la carne y del pecado; lo terrenal no solamente es remembranza sino
-presente; el castigo no logra modificar los caracteres y las pasiones;
-el pecado y lo terreno se perpetúan en el otro mundo y se inmovilizan
-en esas almas incapaces de arrepentimiento; pecado eterno, pena eterna.
-En el _Purgatorio_ cesan las tinieblas y brilla el sol, la luz de la
-inteligencia, el espíritu; lo mundano es un penoso recuerdo que el
-penitente procura olvidar; y el espíritu, separándose de lo corpóreo,
-tiende a la completa posesión de sí, a la salvación. En el _Paraíso_
-la persona humana desaparece y todas las formas se desvanecen y se
-elevan en la luz; a medida que se asciende, y mientras más se idealiza
-esta gloriosa transfiguración hasta llegar a la presencia de Dios,
-el espíritu absoluto, la forma se desvanece y no persiste más que el
-sentimiento:
-
- _....Tutta cessa
- Mia visione, ed ancor mi distilla
- Nel cuor lo dolce che nacque da essa.
- Cosi la neve al sol si disigilla;
- Cosi al vento nelle foglie lievi
- Si perdea la sentenzia di Sibilla._
-
-Este concepto comprende todo lo que se puede saber y toda la historia;
-no sólo construye y desarrolla el mundo dantesco sino que lo halláis
-siempre vivo en el camino intelectual e histórico de la vida, bajo
-todas las formas, en todos los problemas que se presentan al poeta,
-en religión, en filosofía, en política, en moral; y así se concreta y
-cumple en todas las direcciones de la vida. En religión, es el camino
-de la letra al espíritu, del símbolo a la idea, del Viejo al Nuevo
-Testamento; en la ciencia, el tránsito de la ignorancia y del error a
-la religión y de la razón a la revelación; en moral, el paso del mal
-al bien, del odio al amor mediante la expiación; en política, la senda
-que conduce de la anarquía a la unidad. Sometido a las condiciones de
-espacio y de tiempo, vuélvese historia; tal hombre, tal pueblo, tal
-siglo. En religión, está ante la Iglesia Romana, ante el papado, que
-el poeta quiere emancipar de los intereses y pasiones terrenales y
-retornar a su fin espiritual; en filosofía, encuentra la ciencia vulgar
-y la ciencia de la verdad en el paraíso; en moral, os halláis delante
-de las pasiones, las discordias, las culpas y los vicios de la edad
-bárbara de la cual os sentís poco a poco alejados en vuestro camino
-hacia el sumo bien; en política, es la Italia anárquica y ensangrentada
-que el poeta aspira a traer a la paz y concordia en la unidad del
-imperio. De este modo un mismo concepto anima el todo, en la forma, en
-el pensamiento y en la historia. Pero comprensión más vasta y concorde
-no había salido jamás de mente humana. Algunos encuentran en la
-_Comedia_ el otro mundo, considerando lo demás como una intrusión, casi
-como una profanación; Edgard Quinet se siente _choqué_ de ver como las
-pasiones del poeta le siguen hasta el paraíso; otros descubren en él un
-mundo político que no es más que una representación figurada. Llaman
-a este poema _religioso_ o _político_, _didascálico_ o _moral_; lo
-reducen a querellas de católicos y protestantes, a disputas de güelfos
-y gibelinos. No miran desde la cumbre del monte sino desde la llanura y
-toman por el todo lo que encuentran en la línea recta del camino. Cada
-uno se forja un pequeño mundo y dice: este es el mundo de Dante. Y el
-mundo de Dante contiene en sí todos esos mundos. Es el mundo universal
-de la edad media realizado en el arte.
-
- _FRANCESCO DE SANCTIS._
-
-(Tomado de la _STORIA DELLA LETTERATURA ITALIANA_, Volume I.)
-
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-
-_INFIERNO_
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
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-
-_CANTO PRIMERO_
-
-
-A la mitad del viaje de nuestra vida me encontré en una selva obscura,
-por haberme apartado del camino recto. ¡Ah! Cuán penoso me sería
-decir lo salvaje, áspera y espesa que era esta selva, cuyo recuerdo
-renueva mi pavor, pavor tan amargo, que la muerte no lo es tanto. Pero
-antes de hablar del bien que allí encontré, revelaré las demás cosas
-que he visto. No sé decir fijamente cómo entré allí; tan adormecido
-estaba cuando abandoné el verdadero camino. Pero al llegar al pie de
-una cuesta, donde terminaba el valle que me había llenado de miedo el
-corazón, miré hacia arriba, y vi su cima revestida ya de los rayos del
-planeta que nos guía con seguridad por todos los senderos. Entonces
-se calmó algún tanto el miedo que había permanecido en el lago de mi
-corazón durante la noche que pasé con tanta angustia; y del mismo modo
-que aquel que, saliendo anhelante fuera del piélago, al llegar a la
-playa, se vuelve hacia las ondas peligrosas y las contempla, así mi
-espíritu, fugitivo aún, se volvió hacia atrás para mirar el lugar de
-que no salió nunca nadie vivo. Después de haber dado algún reposo a mi
-fatigado cuerpo, continué subiendo por la solitaria playa, procurando
-afirmar siempre aquel de mis pies que estuviera más bajo. Al principio
-de la cuesta, aparecióseme una pantera ágil, de rápidos movimientos
-y cubierta de manchada piel. No se separaba de mi vista, sino que
-interceptaba de tal modo mi camino, que me volví muchas veces para
-retroceder. Era a tiempo que apuntaba el día, y el sol subía rodeado de
-aquellas estrellas que estaban con él cuando el amor divino imprimió el
-primer movimiento a todas las cosas bellas. Hora y estación tan dulces
-me daban motivo para augurar bien de aquella fiera de pintada piel.
-Pero no tanto que no me infundiera terror el aspecto de un león que a
-su vez se me apareció: figuróseme que venía contra mí, con la cabeza
-alta y con un hambre tan rabiosa, que hasta el aire parecía temerle.
-Siguió a éste una loba que, en medio de su demacración, parecía cargada
-de deseos; loba que ha obligado a vivir miserable a mucha gente. El
-fuego que despedían sus ojos me causó tal turbación, que perdí la
-esperanza de llegar a la cima. Y así como el que gustoso atesora y se
-entristece y llora con todos sus pensamientos cuando llega el momento
-en que sufre una pérdida, así me hizo padecer aquella inquieta fiera,
-que, viniendo a mi encuentro, poco a poco me repelía hacia donde el sol
-se calla. Mientras yo retrocedía hacia el valle, se presentó a mi vista
-uno, que por su prolongado silencio parecía mudo. Cuando le vi en aquel
-gran desierto:
-
---Piedad de mí--le grité--quienquiera que seas, sombra u hombre
-verdadero.
-
-Respondióme:
-
-No soy ya hombre, pero lo he sido; mis padres fueron lombardos y ambos
-tuvieron a Mantua por patria. Nací "sub Julio," aunque algo tarde,
-y vi a Roma bajo el mando del buen Augusto en tiempo de los dioses
-falsos y engañosos. Poeta fuí, y canté a aquel justo hijo de Anquises,
-que volvió de Troya después del incendio de la soberbia Ilión. Pero,
-¿por qué te entregas de nuevo a tu aflicción? ¿Por qué no asciendes al
-delicioso monte, que es causa y principio de todo goce?
-
---¡Oh! ¿Eres tú aquel Virgilio, aquella fuente que derrama tan ancho
-raudal de elocuencia?--le respondí ruboroso. ¡Ah!, ¡honor y antorcha
-de los demás poetas! Válganme para contigo el prolongado estudio y el
-grande amor con que he leído y meditado tu obra. Tú eres mi maestro y
-mi autor predilecto; tú solo eres aquél de quien he imitado el bello
-estilo que me ha dado tanto honor. Mira esa fiera debido a la cual
-retrocedía; líbrame de ella, famoso sabio, porque a su aspecto se
-estremecen mis venas y late con precipitación mi pulso.
-
---Te conviene seguir otra ruta--respondió al verme llorar--, si quieres
-huír de este sitio salvaje; porque esa fiera que te hace prorrumpir
-en tales lamentaciones no deja pasar a nadie por su camino, sino que
-se opone a ello matando al que a tanto se atreve. Su instinto es tan
-malvado y cruel, que nunca ve satisfechos sus ambiciosos deseos, y
-después de comer tiene más hambre que antes. Muchos son los animales
-a quienes se une, y serán aun muchos más hasta que venga el Lebrel[1]
-y la haga morir entre dolores. Este no se alimentará de tierra ni de
-peltre, sino de sabiduría, de amor y de virtud, y su patria estará
-entre Feltro y Feltro. Será la salvación de esta humilde Italia, por
-quien murieron de sus heridas la virgen Camila, Euríalo y Turno y Niso.
-Perseguirá a la loba de ciudad en ciudad hasta que la haya arrojado en
-el infierno, de donde en otro tiempo la hizo salir la envidia. Ahora,
-por tu bien, pienso y veo claramente que debes seguirme: yo seré tu
-guía, y te sacaré de aquí para llevarte a un lugar eterno, donde oirás
-aullidos desesperados; verás los espíritus dolientes de los antiguos
-condenados, que llaman a gritos a la segunda muerte; verás también a
-los que están contentos entre las llamas, porque esperan, cuando llegue
-la ocasión, tener un puesto entre los bienaventurados. Si quieres, en
-seguida, subir hasta ellos, te acompañará en este viaje un alma más
-digna que yo, te dejaré con ella cuando yo parta; pues el Emperador que
-reina en las alturas no quiere que por mediación mía se entre en su
-ciudad, porque fuí rebelde a su ley. El impera en todas partes y reina
-arriba; arriba está su ciudad y su alto solio: ¡Oh! ¡Feliz el elegido
-para su reino!
-
- [1] Can Grande della Scala, señor de Verona y bienhechor de
- Dante.
-
-Y yo le contesté:
-
---Poeta, te requiero por ese Dios a quien no has conocido, que me hagas
-huír de este mal y de otro peor; condúceme adonde has dicho, para que
-yo vea la puerta de San Pedro y a los que, según dices, están tan
-desolados.
-
-Entonces se puso en marcha, y yo seguí tras él.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO SEGUNDO_
-
-
-El día terminaba; la atmósfera obscura de la noche invitaba a descansar
-de sus fatigas a los seres animados que existen sobre la tierra, y yo
-solo me preparaba a sostener los combates del camino y de las cosas
-dignas de compasión, que mi memoria trazará sin equivocarse. ¡Oh
-Musas!, ¡oh alto ingenio!, venid en mi ayuda: ¡oh mente, que escribiste
-lo que ví!, ahora aparecerá tu nobleza.
-
-Yo comencé:
-
---Poeta, que me guías, mira si mi virtud es bastante fuerte antes de
-aventurarme en tan profundo viaje. Tú dices que el padre de Silvio,
-aun corruptible, pasó al siglo inmortal y pasó sensiblemente. Si el
-adversario de todo mal le fué favorable, debióse a los grandes efectos
-que de él debían sobrevenir; y el por qué no parece injusto a un hombre
-de talento; pues en el Empíreo fué elegido para ser el padre de la
-fecunda Roma y de su imperio: el uno y la otra, a decir verdad, fueron
-establecidos en favor del sitio santo en donde reside el sucesor del
-gran Pedro. Durante este viaje, por el que le elogias, oyó cosas que
-presagiaron su victoria y el manto papal. Después el Vaso de elección
-fué transportado hasta el cielo para dar más firmeza a la fe, que es
-el principio del camino de la salvación. Pero yo ¿por qué he de ir?,
-¿quién me lo permite? Yo no soy Eneas, ni San Pablo: ante nadie, ni
-ante mí mismo, me creo digno de tal honor. Porque si me lanzo a tal
-empresa, temo por mi loco empeño. Puesto que eres sabio, comprenderás
-las razones que me callo.
-
-Y como aquel que no quiere ya lo que quería, y asaltado de una nueva
-idea, cambia de parecer, de suerte que abandona todo lo que había
-comenzado, así me sucedía en aquella obscura cuesta; porque, a fuerza
-de pensar, abandoné la empresa que había empezado con tanto ardor.
-
---Si he comprendido bien tus palabras--respondió aquella sombra
-magnánima--, tu alma está traspasada de espanto, el cual se apodera
-frecuentemente del hombre, y tanto, que le retrae de una empresa
-honrosa, como una vana sombra hace a veces retroceder a una fiera,
-cuando se introduce en la obscuridad. Para librarte de ese temor, te
-diré por qué he venido, y lo que vi en el primer momento en que me
-moviste a compasión. Yo estaba entre los que se hallan en suspenso,
-y me llamó una dama tan bienaventurada y tan bella, que le rogué me
-diera sus órdenes. Brillaban sus ojos más que la estrella, y empezó a
-decirme con voz angelical, en su lengua: "¡Oh alma cortés Mantuana,
-cuya fama dura aún en el mundo y durará mientras su movimiento se
-prolongue! Mi amigo, que no lo es de la ventura, se ve tan embarazado
-en la playa desierta, que en medio del camino el miedo le ha hecho
-retroceder; y temo (por lo que he oído de él en el Cielo) que se haya
-extraviado ya, y que yo haya acudido tarde en su socorro. Vé, pues, y
-con tus elocuentes palabras, y con lo que se necesita para sacarle de
-su apuro, auxíliale tan bien, que yo quede consolada. Yo soy Beatriz,
-la que te hace marchar; vengo de un sitio adonde deseo volver: amor
-me impele, y es el que me hace hablar. Cuando vuelva a estar delante
-de mi Señor, le hablaré de ti bien y con frecuencia." Calló entonces,
-y yo repuse: "¡Oh mujer de virtud única, por quien la especie humana
-excede en dignidad a todos los seres contenidos bajo aquel Cielo que
-tiene los círculos más pequeños! Tanto me place tu orden, que si ya
-te hubiera obedecido, creería haber tardado: no tienes necesidad de
-expresarme más tus deseos. Mas dime: ¿por qué causa no temes descender
-al fondo de este centro desde lo alto de esos inmensos lugares, adonde
-ardes en deseos de volver?" "Puesto que tanto quieres saber, te diré
-brevemente, respondióme, por qué no temo venir a este abismo. Sólo
-deben temerse las cosas que pueden redundar en perjuicio de otros;
-pero no aquellas que no inspiran este temor. Por la merced de Dios,
-estoy hecha de tal suerte, que no me alcanzan vuestras miserias, ni
-puede prender en mí la llama de este incendio. Hay en el Cielo una dama
-gentil,[2] que se conduele del obstáculo opuesto al que te envío, y
-que mitiga el duro juicio de la justicia divina. Ella se ha dirigido a
-Lucía[3] con sus ruegos, y le ha dicho: "Tu fiel amigo tiene necesidad
-de ti, y te lo recomiendo." Lucía, enemiga de todo corazón cruel, se ha
-conmovido e ido al lugar donde yo me encontraba, sentada al lado de la
-antigua Raquel. Y me ha dicho: "Beatriz, verdadera alabanza de Dios,
-¿no socorres a aquél que te amó tanto, y que por ti salió de la vulgar
-esfera? ¿No oyes su queja conmovedora? ¿No ves la muerte contra quien
-combate sobre ese río, más formidable que el mismo mar?" En el mundo no
-ha habido jamás una persona más pronta en correr hacia un beneficio ni
-en huír de un peligro, que yo, en cuanto oí tales palabras. Descendí
-desde mi dichoso puesto, fiándome en esa elocuente palabra que te
-honra, y que honra a cuantos la han oído." Después de haberme hablado
-de este modo, volvió llorando hacia mí sus ojos brillantes, con lo que
-me hizo partir más presuroso. Y me he dirigido a ti tal como ha sido
-su voluntad, y te he preservado de aquella fiera que te cerraba el
-camino más corto de la hermosa montaña. Pero ¿qué tienes?, ¿por qué te
-suspendes?, ¿por qué abrigas tanta cobardía en tu corazón?, ¿por qué no
-tienes atrevimiento ni valor, cuando tres mujeres benditas cuidan de ti
-en la corte celestial, y mis palabras te prometen tanto bien?
-
- [2] La clemencia divina.
-
- [3] La gracia divina, o más bien, la gracia que ilumina.
-
-Y así como las florecillas, inclinadas y cerradas por la escarcha, se
-abren erguidas en cuanto el Sol las ilumina, así creció mi abatido
-ánimo, e inundó tal aliento mi corazón, que exclamé como un hombre
-decidido:
-
---¡Oh! ¡Cuán piadosa es la que me ha socorrido! ¡Y tú, alma
-bienhechora, que has obedecido con tal prontitud las palabras de verdad
-que ella te ha dicho! Con las tuyas has preparado mi corazón de tal
-suerte, y le has comunicado tanto deseo de emprender el gran viaje, que
-vuelvo a abrigar mi primer propósito. Vé, pues; que una sola voluntad
-nos dirija: tú eres mi guía, mi señor, mi maestro.
-
-Así le dije, y en cuanto echó a andar, entré por el camino profundo y
-salvaje.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO TERCERO_
-
-
-"Por mí se va a la ciudad del llanto; por mí se va al eterno dolor;
-por mi se va hacia la raza condenada: la justicia animó a mi sublime
-arquitecto; me hizo la divina potestad, la suprema sabiduría y el
-primer amor. Antes que yo no hubo nada creado, a excepción de lo
-eterno, y yo duro eternamente. ¡Oh vosotros los que entráis, abandonad
-toda esperanza!"
-
-Vi escritas estas palabras con caracteres negros en el dintel de una
-puerta, por lo cual exclamé:
-
---Maestro, el sentido de estas palabras me causa pena.
-
-Y él, como hombre lleno de prudencia, me contestó:
-
---Conviene abandonar aquí todo temor; conviene que aquí termine toda
-cobardía. Hemos llegado al lugar donde te he dicho que verías a la
-dolorida gente, que ha perdido el bien de la inteligencia.
-
-Y después de haber puesto su mano en la mía con rostro alegre, que me
-reanimó, me introdujo en medio de las cosas secretas. Allí, bajo un
-cielo sin estrellas, resonaban suspiros, quejas y profundos gemidos,
-de suerte que al escucharlos comencé a llorar. Diversas lenguas,
-horribles blasfemias, palabras de dolor, acentos de ira, voces altas y
-roncas, acompañadas de palmadas, producían un tumulto que va rodando
-siempre por aquel espacio eternamente obscuro, como la arena impelida
-por un torbellino. Yo, que estaba horrorizado, dije:
-
---Maestro, ¿qué es lo que oigo, y qué gente es ésa, que parece
-doblegada por el dolor?
-
-Me respondió:
-
---Esta miserable suerte está reservada a las tristes almas de aquellos
-que vivieron sin merecer alabanzas ni vituperio: están confundidas
-entre el perverso coro de los ángeles que no fueron rebeldes ni fieles
-a Dios, sino que sólo vivieron para sí. El Cielo los lanzó de su
-seno por no ser menos hermoso; pero el profundo Infierno no quiere
-recibirlos por la gloria que con ello podrían reportar los demás
-culpables.
-
-Y yo repuse:
-
---Maestro, ¿qué cruel dolor les hace lamentarse tanto?
-
-A lo que me contestó:
-
---Te lo diré brevemente. Estos no esperan morir; y su ceguedad es
-tanta, que se muestran envidiosos de cualquier otra suerte. El mundo
-no conserva ningún recuerdo suyo; la misericordia y la justicia los
-desdeñan: no hablemos más de ellos, míralos y pasa adelante.
-
-Y yo, fijándome más, vi una bandera que iba ondeando tan de prisa, que
-parecía desdeñosa del menor reposo: tras ella venía tanta muchedumbre,
-que no hubiera creído que la muerte destruyera tan gran número.
-Después de haber reconocido a algunos, miré más fijamente, y vi la
-sombra de aquel que por cobardía hizo la gran renuncia[4]. Comprendí
-inmediatamente y adquirí la certeza de que aquella turba era la de los
-ruines que se hicieron desagradables a los ojos de Dios y a los de
-sus enemigos. Aquellos desgraciados, que no vivieron nunca, estaban
-desnudos, y eran molestados sin tregua por las picaduras de las moscas
-y de las avispas que allí había; las cuales hacían correr por su rostro
-la sangre, que mezclada con sus lágrimas, era recogida a sus pies por
-asquerosos gusanos.
-
- [4] Según algunos comentadores, éste debe ser Esaú, que
- renunció a su derecho de primogenitura; según otros,
- Diocleciano, que abdicó el imperio; según Venturini, el papa
- Celestino V, y otros creen que el que hizo la gran renuncia es
- Pilatos.
-
-Habiendo dirigido mis miradas a otra parte, vi nuevas almas a la orilla
-de un gran río, por lo cual, dije:
-
---Maestro, dígnate manifestarme quiénes son y por qué ley parecen ésos
-tan prontos a atravesar el río, según puedo ver a favor de esta débil
-claridad.
-
-Y él me respondió:
-
---Te lo diré cuando pongamos nuestros pies sobre la triste orilla del
-Aqueronte.
-
-Entonces, avergonzado y con los ojos bajos, temiendo que le disgustasen
-mis preguntas, me abstuve de hablar hasta que llegamos al río. En
-aquel momento vimos un anciano cubierto de canas, que se dirigía
-hacia nosotros en una barquichuela, gritando: "¡Ay de vosotras, almas
-perversas! No esperéis ver nunca el Cielo. Vengo para conduciros a la
-otra orilla, donde reinan eternas tinieblas, en medio del calor y del
-frío. Y tú, alma viva, que estás aquí, aléjate de entre esas que están
-muertas." Pero cuando vió que yo no me movía, dijo: "Llegarás a la
-playa por otra orilla, por otro puerto, mas no por aquí: para llevarte
-se necesita una barca más ligera."
-
-Y mi guía le dijo:
-
---Carón, no te irrites. Así se ha dispuesto allí donde se puede todo lo
-que se quiere; y no preguntes más.
-
-Entonces se aquietaron las velludas mejillas del barquero de las
-lívidas lagunas, que tenía círculos de llamas alrededor de sus ojos.
-Pero aquellas almas, que estaban desnudas y fatigadas, no bien oyeron
-tan terribles palabras, cambiaron de color, rechinando los dientes,
-blasfemando de Dios, de sus padres, de la especie humana, del sitio y
-del día de su nacimiento, de la prole de su prole y de su descendencia:
-después se retiraron todas juntas, llorando fuertemente, hacia la
-orilla maldita en donde se espera a todo aquel que no teme a Dios.
-El demonio Carón, con ojos de ascuas, haciendo una señal, las fué
-reuniendo, golpeando con su remo a las que se rezagaban; y así como
-en otoño van cayendo las hojas una tras otra, hasta que las ramas han
-devuelto a la tierra todos sus despojos, del mismo modo los malvados
-hijos de Adán se lanzaban uno a uno desde la orilla, a aquella señal,
-como pájaros que acuden al reclamo. De esta suerte se fueron alejando
-por las negras ondas; pero antes de que hubieran saltado en la orilla
-opuesta, se reunió otra nueva muchedumbre en la que aquéllas habían
-dejado.
-
---Hijo mío--me dijo el cortés Maestro--, los que mueren en la cólera
-de Dios acuden aquí de todos los países, y se apresuran a atravesar
-el río, espoleados de tal suerte por la justicia divina, que su temor
-se convierte en deseo. Por aquí no pasa nunca un alma pura; por lo
-cual, si Carón se irrita contra ti, ya conoces ahora el motivo de sus
-desdeñosas palabras.
-
-Apenas hubo terminado, tembló tan fuertemente la sombría campiña,
-que el recuerdo del espanto que sentí aún me inunda la frente de
-sudor. De aquella tierra de lágrimas salió un viento que produjo
-rojizos relámpagos, haciéndome perder el sentido y caer como un hombre
-sorprendido por el sueño.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO CUARTO_
-
-
-Interrumpió mi profundo sueño un trueno tan fuerte, que me estremecí
-como hombre a quien se despierta a la fuerza: me levanté, y dirigiendo
-una mirada en derredor mío, fijé la vista para reconocer el lugar donde
-me hallaba. Vime junto al borde del triste valle, abismo de dolor, en
-que resuenan infinitos ayes, semejantes a truenos. El abismo era tan
-profundo, obscuro y nebuloso, que en vano fijaba mis ojos en su fondo,
-pues no distinguía cosa alguna.
-
---Ahora descendamos allá abajo, al tenebroso mundo--me dijo el poeta
-muy pálido--: yo iré el primero; tú el segundo.
-
-Yo, que había advertido su palidez, le respondí:
-
---¿Cómo he de ir yo, si tú, que sueles desvanecer mis incertidumbres,
-te atemorizas?
-
-Y él repuso:
-
---La angustia de los desgraciados que están ahí bajo, refleja en mi
-rostro una piedad que tú tomas por terror. Vamos, pues; que la longitud
-del camino exige que nos apresuremos.
-
-Y sin decir más, penetró y me hizo entrar en el primer círculo que
-rodea el abismo. Allí, según pude advertir, no se oían quejas, sino
-sólo suspiros, que hacían temblar la eterna bóveda, y que procedían
-de la pena sin tormento de una inmensa multitud de hombres, mujeres y
-niños. El buen Maestro me dijo:
-
---¿No me preguntas qué espíritus son los que estamos viendo? Quiero,
-pues, que sepas, antes de seguir adelante, que éstos no pecaron; y
-si contrajeron en su vida algunos méritos, no es bastante, pues no
-recibieron el agua del bautismo, que es la puerta de la Fe que forma
-tu creencia. Y si vivieron antes del cristianismo, no adoraron a Dios
-como debían: yo también soy uno de ellos. Por tal falta, y no por otra
-culpa, estamos condenados, consistiendo nuestra pena en vivir con el
-deseo sin esperanza.
-
-Un gran dolor afligió mi corazón cuando oí esto, porque conocí personas
-de mucho valor que estaban suspensas en el Limbo.
-
---Dime, Maestro y señor mío--le pregunté para afirmarme más en esta
-Fe que triunfa de todo error;--¿alguna de esas almas ha podido, bien
-por sus méritos o por los de otros, salir del Limbo y alcanzar la
-bienaventuranza?
-
-Y él, que comprendió mis palabras encubiertas y obscuras, repuso:
-
---Yo era recién llegado a este sitio, cuando vi venir a un Sér
-poderoso, coronado con la señal de la victoria. Hizo salir de aquí
-el alma del primer padre, y la de Abel su hijo, y la de Noé; la del
-legislador Moisés, tan obediente; la del patriarca Abraham, y la del
-rey David; a Israel, con su padre y con sus hijos, y a Raquel por
-quien aquél hizo tanto,[5] y a otros muchos, a quienes otorgó la
-bienaventuranza; pues debes saber que, antes de ellos, no se salvaban
-las almas humanas.
-
- [5] Se refiere a Jacobo o Israel, que por casarse con Raquel
- sirvió al padre de ella catorce años.
-
-Mientras así hablaba, no dejábamos de andar; pero seguíamos atravesando
-siempre la selva, esto es, la selva que formaban los espíritus
-apiñados. Aun no estábamos muy lejos de la entrada del abismo, cuando
-vi un resplandor que triunfaba del hemisferio de las tinieblas: nos
-encontrábamos todavía a bastante distancia, pero no a tanta que no
-pudiera yo distinguir que aquel sitio estaba ocupado por personas
-dignas.
-
---Oh tú, que honras toda ciencia y todo arte, ¿quiénes son ésos, cuyo
-valimiento debe ser tanto, que así están separados de los demás?
-
-Y él a mí:
-
---La hermosa fama que aún se conserva de ellos en el mundo que habitas,
-les hace acreedores a esta gracia del cielo, que de tal suerte los
-distingue.
-
-Entonces oí una voz que decía: "¡Honrad al sublime poeta; regresa
-su sombra, que se había separado de nosotros!" Cuando calló la voz,
-vi venir a nuestro encuentro cuatro grandes sombras, cuyo rostro no
-manifestaba tristeza ni alegría. El buen maestro empezó a decirme:
-
---Mira aquel que tiene una espada en la mano, y viene a la cabeza de
-los tres como su señor. Ese es Homero, poeta soberano: el otro es el
-satírico Horacio, Ovidio es el tercero y el último Lucano. Cada cual
-merece, como yo, el nombre que antes pronunciaron unánimes; me honran y
-hacen bien.
-
-De este modo vi reunida la hermosa escuela de aquel príncipe del
-sublime cántico, que vuela como el águila sobre todos los demás.
-
-Después de haber estado conversando entre sí un rato, se volvieron
-hacia mí dirigiéndome un amistoso saludo, que hizo sonreír a mi
-Maestro; y me honraron aún más, puesto que me admitieron en su
-compañía, de suerte que fuí el sexto entre aquellos grandes genios.
-Así seguimos hasta donde estaba la luz, hablando de cosas que es
-bueno callar, como bueno era hablar de ellas en el sitio en que nos
-encontrábamos. Llegamos al pie de un noble castillo, rodeado siete
-veces de altas murallas, y defendido alrededor por un bello riachuelo.
-Pasamos sobre éste como sobre tierra firme; y atravesando siete puertas
-con aquellos sabios, llegamos a un prado de fresca verdura. Allí había
-personajes de mirada tranquila y grave, cuyo semblante revelaba una
-grande autoridad: hablaban poco y con voz suave. Nos retiramos luego
-hacia un extremo de la pradera; a un sitio despejado, alto y luminoso,
-desde donde podían verse todas aquellas almas. Allí, en pie sobre
-el verde esmalte, me fueron señalados los grandes espíritus, cuya
-contemplación me hizo estremecer de alegría. Allí vi a Electra con
-muchos de sus compañeros, entre los que conocí a Héctor y a Eneas;
-después a César, armado, con sus ojos de ave de rapiña. Vi en otra
-parte a Camila y a Pentesilea, y vi al Rey Latino, que estaba sentado
-al lado de su hija Lavinia; vi a aquel Bruto, que arrojó a Tarquino de
-Roma; a Lucrecia también, a Julia, a Marcia y a Cornelia, y a Saladino,
-que estaba solo y separado de los demás. Habiendo levantado después la
-vista, vi al maestro de los que saben,[6] sentado entre su filosófica
-familia. Todos le admiran, todos le honran: vi además a Sócrates y
-Platón, que estaban más próximos a aquél que los demás; a Demócrito,
-que pretende que el mundo ha tenido por origen la casualidad; a
-Diógenes, a Anaxágoras y a Tales, a Empédocles, a Heráclito y a Zenón:
-vi al buen observador de la cualidad, es decir, a Dioscórides, y vi a
-Orfeo, a Tulio y a Lino, y al moralista Séneca; al geómetra Euclides, a
-Tolomeo, Hipócrates, Avicena y Galeno, y a Averroes, que hizo el gran
-comentario. No me es posible mencionarlos a todos, porque me arrastra
-el largo tema que he de seguir y muchas veces las palabras son breves
-para el asunto. Bien pronto la compañía de seis queda reducida a dos:
-mi sabio guía me conduce por otro camino fuera de aquella inmovilidad
-hacia una aura temblorosa, y llego a un punto privado totalmente de luz.
-
- [6] El filósofo Aristóteles.
-
-[Ilustración]
-
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-
-
-[Ilustración]
-
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-
-
-_CANTO QUINTO_
-
-
-Así descendí del primer círculo al segundo, que contiene menos espacio,
-pero mucho más dolor, y dolor punzante, que origina desgarradores
-gritos. Allí estaba el horrible Minos que, rechinando los dientes,
-examina las culpas de los que entran; juzga y da a comprender sus
-órdenes por medio de las vueltas de su cola. Es decir, que cuando se
-presenta ante él un alma pecadora, y le confiesa todas sus culpas,
-aquel gran conocedor de los pecados ve qué lugar del infierno debe
-ocupar y se lo designa, ciñéndose al cuerpo la cola tantas veces
-cuantas sea el número del círculo a que debe ser enviada. Ante él están
-siempre muchas almas, acudiendo por turno para ser juzgadas; hablan y
-escuchan, y después son arrojadas al abismo.
-
---¡Oh, tú, que vienes a la mansión del dolor!--me gritó Minos cuando
-me vió, suspendiendo sus terribles funciones--; mira cómo entras y de
-quién te fías: no te alucine lo anchuroso de la entrada.
-
-Entonces mi guía le preguntó:
-
---¿Por qué gritas? No te opongas a su viaje ordenado por el destino:
-así lo han dispuesto allí donde se puede lo que se quiere; y no
-preguntes más.
-
-Empezaron a dejarse oír voces plañideras: y llegué a un sitio donde
-hirieron mis oídos grandes lamentos. Entrábamos en un lugar que carecía
-de luz, y que rugía como el mar tempestuoso cuando está combatido
-por vientos contrarios. La tromba infernal, que no se detiene nunca,
-envuelve en su torbellino a los espíritus; les hace dar vueltas
-continuamente, y les agita y les molesta: cuando se encuentran ante la
-ruinosa valla que los encierra, allí son los gritos, los llantos y los
-lamentos, y las blasfemias contra la virtud divina. Supe que estaban
-condenados a semejante tormento los pecadores carnales que sometieron
-la razón a sus lascivos apetitos; y así como los estorninos vuelan en
-grandes y compactas bandadas en la estación de los fríos, así aquel
-torbellino arrastra a los espíritus malvados llevándolos de acá para
-allá, de arriba abajo, sin que abriguen nunca la esperanza de tener
-un momento de reposo, ni de que su pena se aminore. Y del mismo modo
-que las grullas van lanzando sus tristes acentos, formando todas una
-prolongada hilera en el aire, así también vi venir, exhalando gemidos,
-a las sombras arrastradas por aquella tromba. Por lo cual pregunté:
-
---Maestro, ¿qué almas son ésas a quienes de tal suerte castiga ese aire
-negro?
-
---La primera de ésas, de quienes deseas noticias--me dijo entonces--,
-fué emperatriz de una multitud de pueblos donde se hablaban diferentes
-lenguas, y tan dada al vicio de la lujuria, que permitió en sus leyes
-todo lo que excitaba el placer, para ocultar de este modo la abyección
-en que vivía. Es Semíramis, de quien se lee que sucedió a Nino y fué
-su esposa y reinó en la tierra en donde impera el Sultán. La otra es
-la que se mató por amor y quebrantó la fe prometida a las cenizas de
-Siqueo. Después sigue la lasciva Cleopatra. Ve también a Helena, que
-dió lugar a tan funestos tiempos; y ve al gran Aquiles, que al fin tuvo
-que combatir por el amor. Ve a París y a Tristán....
-
-Y a más de mil sombras me fué enseñando y designando con el dedo, a
-quienes Amor había hecho salir de esta vida. Cuando oí a mi sabio
-nombrar las antiguas damas y los caballeros, me sentí dominado por la
-piedad y quedé como aturdido. Empecé a decir:
-
---Poeta, quisiera hablar a aquellas dos almas que van juntas y parecen
-más ligeras que las otras impelidas por el viento.
-
-Y él me contestó:
-
---Espera que estén más cerca de nosotros: y entonces ruégales, por el
-amor que las conduce, que se dirijan hacia ti.
-
-Tan pronto como el viento las impulsó hacia nosotros, alcé la voz
-diciendo:
-
---¡Oh almas atormentadas!, venid a hablarnos, si otro no se opone a
-ello.
-
-Así como dos palomas, excitadas por sus deseos, se dirigen con las alas
-abiertas y firmes hacia el dulce nido, llevadas en el aire por una
-misma voluntad, así salieron aquellas dos almas de entre la multitud
-donde estaba Dido, dirigiéndose hacia nosotros a través del aire
-malsano, atraídas por mi eficaz y afectuoso llamamiento.
-
---¡Oh sér gracioso y benigno, que vienes a visitar enmedio de este aire
-negruzco a los que hemos teñido el mundo de sangre! Si fuéramos amados
-por el Rey del universo, le rogaríamos por tu tranquilidad, ya que te
-compadeces de nuestro acerbo dolor. Todo lo que te agrade oír y decir,
-te lo diremos y escucharemos con gusto mientras que siga el viento tan
-tranquilo como ahora. La tierra donde nací está situada en la costa
-donde desemboca el Po con todos sus afluentes para descansar en el mar.
-Amor, que se apodera pronto de un corazón gentil, hizo que éste se
-prendara de aquel hermoso cuerpo que me fué arrebatado de un modo que
-aún me atormenta. Amor, que no dispensa de amar al que es amado, hizo
-que me entregara vivamente al placer de que se embriagaba éste, que,
-como ves, no me abandona nunca. Amor nos condujo a la misma muerte.
-Caína[7] espera al que nos arrancó la vida.
-
- [7] La primera de las cuatro divisiones concéntricas del
- último círculo del Infierno, en donde son castigados los
- traidores y los matadores de sus propios consanguíneos. Véase
- el canto trigésimo segundo.
-
-Tales fueron las palabras de las dos sombras. Al oír a aquellas almas
-atormentadas, bajé la cabeza y la tuve inclinada tanto tiempo, que el
-poeta me dijo:
-
---¿En qué piensas?
-
---¡Ah!--exclamé al contestarle--; ¡cuán dulces pensamientos, cuántos
-deseos les han conducido a doloroso tránsito!
-
-Después me dirigí hacia ellos, diciéndoles:
-
---Francisca, tus desgracias me hacen derramar tristes y compasivas
-lágrimas. Pero dime: en tiempo de los dulces suspiros ¿cómo os permitió
-Amor conocer vuestros secretos deseos?
-
-Ella me contestó:
-
---No hay mayor dolor que acordarse del tiempo feliz en la miseria; y
-eso lo sabe bien tu Maestro. Pero si tienes tanto deseo de conocer cuál
-fué el principal origen de nuestro amor, haré como el que habla y llora
-a la vez. Leíamos un día por pasatiempo las aventuras de Lancelote, y
-de qué modo cayó en las redes del Amor: estábamos solos y sin abrigar
-sospecha alguna. Aquella lectura hizo que nuestros ojos se buscaran
-muchas veces y que palideciera nuestro semblante; mas un solo pasaje
-fué el que decidió de nosotros. Cuando leímos que la deseada sonrisa de
-la amada fué interrumpida por el beso del amante, éste, que jamás se ha
-de separar de mí, me besó tembloroso en la boca: el libro y quien lo
-escribió fué para nosotros otro Galeoto; aquel día ya no leímos más.
-
-Mientras que un alma decía esto, la otra lloraba de tal modo, que,
-movido de compasión, desfallecí como si me muriera, y caí como cae un
-cuerpo inanimado.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO SEXTO_
-
-
-Al recobrar los sentidos, que perdí por la tristeza y la compasión
-que me causó la suerte de los dos cuñados, vi en derredor mío nuevos
-tormentos y nuevas almas atormentadas doquier iba y doquier me volvía o
-miraba. Me encuentro en el tercer círculo; en el de la lluvia eterna,
-maldita, fría y densa, que cae siempre igualmente copiosa y con la
-misma fuerza. Espesos granizos, agua negruzca y nieve descienden en
-turbión a través de las tinieblas; la tierra, al recibirlos, exhala
-un olor pestífero. Cerbero, fiera cruel y monstruosa, ladra con sus
-tres fauces de perro contra los condenados que están allí sumergidos.
-Tiene los ojos rojos, los pelos negros y cerdosos, el vientre ancho y
-las patas guarnecidas de uñas que clava en los espíritus, les desgarra
-la piel y les descuartiza. La lluvia les hace aullar como perros; los
-miserables condenados forman entre sí una muralla con sus costados
-y se revuelven sin cesar. Cuando nos descubrió Cerbero, el gran
-gusano abrió las bocas enseñándonos sus colmillos; todos sus miembros
-estaban agitados. Entonces mi guía extendió las manos, cogió tierra,
-y la arrojó a puñados en las fauces ávidas de la fiera. Y del mismo
-modo que un perro se deshace ladrando al tener hambre, y se apacigua
-cuando muerde su presa, ocupado tan sólo en devorarla, así también el
-demonio Cerbero cerró sus impuras bocas, cuyos ladridos causaban tal
-aturdimiento a las almas que quisieran quedarse sordas. Pasamos por
-encima de las sombras derribadas por la incesante lluvia, poniendo
-nuestros pies sobre sus fantasmas, que parecían cuerpos humanos. Todas
-yacían por el suelo, excepto una que se levantó con presteza para
-sentarse, cuando nos vió pasar ante ella.
-
---¡Oh, tú, que has venido a este Infierno!--me dijo--; reconóceme si
-puedes. Tú fuiste hecho, antes que yo deshecho.
-
-Yo le contesté:
-
---La angustia que te atormenta es quizá causa de que no me acuerde de
-ti; me parece que no te he visto nunca. Pero dime, ¿quién eres tú, que
-a tan triste lugar has sido conducido, y condenado a un suplicio, que
-si hay otro mayor, no será por cierto tan desagradable?
-
-Contestóme:
-
---Tu ciudad, tan llena hoy de envidia, que ya colma la medida, me vió
-en su seno en vida más serena. Vosotros, los habitantes de esa ciudad,
-me llamasteis Ciacco. Por el reprensible pecado de la gula, me veo,
-como ves, sufriendo esta lluvia. Yo no soy aquí la única alma triste;
-todas las demás están condenadas a igual pena por la misma causa.
-
-Y no pronunció una palabra más. Yo le respondí:
-
---Ciacco, tu martirio me conmueve tanto, que me hace verter lágrimas;
-pero dime, si es que lo sabes: ¿en qué pararán los habitantes de esa
-ciudad tan dividida en facciones? ¿Hay algún justo entre ellos? Dime
-por qué razón se ha introducido en ella la discordia.
-
-Me contestó:
-
---Después de grandes debates, llegarán a verter su sangre, y el partido
-salvaje arrojará al otro partido causándole grandes pérdidas. Luego
-será preciso que el partido vencedor sucumba al cabo de tres años,
-y que el vencido se eleve, merced a la ayuda de aquel que ahora es
-neutral. Esta facción llevará la frente erguida por mucho tiempo,
-teniendo bajo su férreo yugo a la otra, por más que ésta se lamente y
-avergüence. Aun hay dos justos, pero nadie les escucha: la soberbia,
-la envidia y la avaricia son las tres chispas que han inflamado los
-corazones.
-
-Aquí dió Ciacco fin a su lamentable discurso, y yo le dije:
-
---Todavía quiero que me informes, y me concedas algunas palabras. Dime
-dónde están, y dame a conocer a Farinata y al Tegghiaio, que fueron tan
-dignos, a Jacobo Rusticucci, Arigo y Mosca, y a otros que a hacer bien
-consagraron su ingenio, pues siento un gran deseo de saber si están
-entre las dulzuras del Cielo o entre las amarguras del Infierno.
-
-A lo que me contestó:
-
---Están entre almas más perversas; otros pecados los han arrojado a un
-círculo más profundo: si bajas hasta allí, podrás verlos. Pero cuando
-vuelvas al dulce mundo, te ruego que hagas porque en él se renueve mi
-recuerdo: y no te digo ni te respondo más.
-
-Entonces torció los ojos que había tenido fijos; miróme un momento, y
-luego inclinó la cabeza, y volvió a caer entre los demás ciegos. Mi
-guía me dijo:
-
---Ya no volverá a levantarse hasta que se oiga el sonido de la angélica
-trompeta; cuando venga la potestad enemiga del pecado. Cada cual
-encontrará entonces su triste tumba; recobrará sus carnes y su figura;
-y oirá el juicio que debe resonar por toda una eternidad.
-
-Así fuimos atravesando aquella impura mezcla de sombras y de lluvia,
-con paso lento, razonando un poco sobre la vida futura. Por lo cual
-dije:
-
---Maestro, ¿estos tormentos serán mayores después de la gran sentencia,
-o bien menores, o seguirán siendo tan dolorosos?
-
-Y él a mí:
-
---Acuérdate de tu ciencia, que pretende que cuanto más perfecta es una
-cosa, tanto mayor bien o dolor experimenta. Aunque esta raza maldita
-no debe jamás llegar a la verdadera perfección, espera ser después del
-juicio más perfecta que ahora.
-
-Caminando por la vía que gira alrededor del círculo, continuamos
-hablando de otras cosas que no refiero, y llegamos al sitio donde se
-desciende: allí encontramos a Plutón, el gran enemigo.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO SEPTIMO_
-
-
-"Pape satán, pape satán aleppe"[8] comenzó a gritar Plutón con ronca
-voz. Y aquel sabio gentil, que lo supo todo, para animarme, dijo:
-
- [8] Pape, interjección griega y latina, que significa
- sorpresa; aleppe, lo mismo que aleph (o Ioseph), voz hebraica,
- equivalente a jefe, príncipe, etc. La frase, truncada por
- reticencia, quiere decir: "¡Cómo, Satanás; cómo, Satanás,
- príncipe del Infierno!... ¿Un audaz mortal se atreve a entrar
- aquí?"--Fraticelli.
-
---No te inquiete el temor; pues a pesar de su poder, no te impedirá que
-desciendas a este círculo.
-
-Después, volviéndose hacia aquel rostro hinchado de ira, le dijo:
-
---Calla, lobo maldito: consúmete interiormente con tu propia rabia. No
-sin razón venimos al profundo infierno; pues así lo han dispuesto allá
-arriba, donde Miguel castigó la soberbia rebelión.
-
-Como las velas, hinchadas por el viento, caen derribadas cuando el
-mástil se rompe, del mismo modo cayó al suelo aquella fiera cruel. Así
-bajamos a la cuarta cavidad, aproximándonos más a la dolorosa orilla
-que encierra en sí todo el mal del universo. ¡Ah, justicia de Dios!,
-¿quién, si no tú, puede amontonar tantas penas y trabajos como allí
-vi? ¿Por qué nos desgarran así nuestras propias faltas? Como una ola
-se estrella contra otra ola en el escollo de Caribdis, así chocan uno
-contra otro los condenados. Allí vi más condenados que en ninguna
-otra parte, los cuales formados en dos filas, se lanzaban de la una
-a la otra enormes pesos con todo el esfuerzo de su pecho, gritando
-fuertemente: dábanse grandes golpes, y después se volvían cada cual
-hacia atrás, exclamando: "¿Por qué guardas? ¿Por qué derrochas?" De
-esta suerte iban girando por aquel tétrico círculo, yendo desde un
-extremo a su opuesto, y repitiendo a gritos su injurioso estribillo.
-Después, cuando cada cual había llegado al centro de su círculo, se
-volvían todos a la vez para empezar de nuevo otra pelea.
-
-Yo, que tenía el corazón conmovido de lástima, dije:
-
---Maestro mío, indícame qué gente es ésta. Todos esos tonsurados que
-vemos a nuestra izquierda ¿han sido clérigos?
-
-Y él me respondió:
-
---Erró la mente de todos en la primera vida, y no supieron gastar
-razonablemente: así lo manifiestan claramente sus aullidos cuando
-llegan a los dos puntos del círculo que los separa de los que siguieron
-camino opuesto. Esos que no tienen cabellos que cubran su cabeza,
-fueron clérigos, papas y cardenales, a quienes subyugó la avaricia.
-
-Y yo:
-
---Maestro, entre todos ésos, bien deberá haber algunos a quienes yo
-conozca y a quienes tan inmundos hizo este vicio.
-
-Y él a mí:
-
---En vano esforzarás tu imaginación: la vida sórdida que los hizo
-deformes, hace que hoy sean obscuros y desconocidos. Continuarán
-chocando entre sí eternamente; y saldrán éstos del sepulcro con los
-puños cerrados, y aquéllos con el cabello rapado. Por haber gastado
-mal y guardado mal, han perdido el Paraíso, y se ven condenados a ese
-eterno combate, que no necesito pintarte con palabras escogidas. Ahí
-podrás ver, hijo mío, cuán rápidamente pasa el soplo de los bienes de
-la Fortuna, por los que la raza humana se enorgullece y querella. Todo
-el oro que existe bajo la Luna, y todo lo que ha existido, no puede dar
-un momento de reposo a una sola de esas almas fatigadas.
-
---Maestro--le dije entonces--, enséñame cuál es esa Fortuna de que me
-hablas, y que así tiene entre sus manos los bienes del mundo.
-
-Y él a mí:
-
---¡Oh necias criaturas! ¡Cuán grande es la ignorancia que os extravía!
-Quiero que te alimentes con mis lecciones. Aquél, cuya sabiduría
-es superior a todo, hizo los cielos y les dió un guía, de modo que
-toda parte brilla para toda parte, distribuyendo la luz por igual;
-con el esplendor del mundo hizo lo mismo, y le dió una guía, que
-administrándolo todo, hiciera pasar de tiempo en tiempo las vanas
-riquezas de una a otra familia, de una a otra nación, a pesar de los
-obstáculos que crean la prudencia y previsión humanas. He aquí por qué,
-mientras una nación impera, otra languidece, según el juicio de Aquél
-que está oculto, como la serpiente en la hierba. Vuestro saber no puedo
-contrastarla; porque provee, juzga y prosigue su reinado, como el suyo
-cada una de las otras deidades. Sus transformaciones no tienen tregua;
-la necesidad la obliga a ser rápida; por eso se cambia todo en el mundo
-con tanta frecuencia. Tal es esa a quien tan a menudo vituperan los
-mismos que deberían ensalzarla, y de quien blasfeman y maldicen sin
-razón. Pero ella es feliz, y no oye esas maldiciones: contenta entre
-las primeras criaturas, prosigue su obra y goza en su beatitud. Bajemos
-ahora donde existen mayores y más lamentables males: ya descienden
-todas las estrellas que salían cuando me puse en marcha, y nos está
-prohibido retrasarnos mucho.
-
-Atravesamos el círculo hasta la otra orilla, sobre un hirviente
-manantial, que vierte sus aguas en un arroyo que le debe su origen
-y cuyas aguas son más bien obscuras que azuladas; y bajamos por un
-camino distinto, siguiendo el curso de tan tenebrosas ondas. Cuando
-aquel arroyo ha llegado al pie de la playa gris e infecta, forma una
-laguna llamada Estigia; y yo, que miraba atentamente, vi algunas almas
-encenagadas en aquel pantano, completamente desnudas y de irritado
-semblante. Se golpeaban no sólo con las manos, sino con la cabeza,
-con el pecho, con los pies, arrancándose la carne a pedazos con los
-dientes. Díjome el buen Maestro:
-
---Hijo, contempla las almas de los que han sido dominados por la ira:
-quiero además que sepas que bajo esta agua hay una raza condenada
-que suspira, y la hace hervir en la superficie, como te lo indican
-tus miradas en cuantos sitios se fijan. Metidos en el lodo, dicen:
-"Estuvimos siempre tristes bajo aquel aire dulce que alegra el
-Sol, llevando en nuestro interior una tétrica humareda: ahora nos
-entristecemos también en medio de este negro cieno." Estas palabras
-salen del fondo de su garganta, como si formaran gárgaras, no pudiendo
-pronunciar una sola íntegra.
-
-Así fuimos describiendo un gran arco alrededor del fétido pantano,
-entre la playa seca y el agua, vueltos los ojos hacia los que se
-atragantaban con el fango, hasta que al fin llegamos al pie de una
-torre.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO OCTAVO_
-
-
-Digo, continuando, que mucho antes de llegar al pie de la elevada
-torre, nuestros ojos se fijaron en su parte más alta, a causa de dos
-lucecitas que allí vimos, y otra que correspondía a estas dos, pero
-desde tan lejos, que apenas podía distinguirse. Entonces, dirigiéndome
-hacia el mar de toda ciencia, dije:
-
---¿Qué significan esas llamas? ¿Qué responde aquella otra, y quiénes
-son los que hacen esas señales?
-
-Respondióme:
-
---Sobre esas aguas fangosas puedes ver lo que ha de venir, si es que no
-te lo ocultan los vapores del pantano.
-
-Jamás cuerda alguna despidió una flecha que corriese por el aire con
-tanta velocidad, como una navecilla que vi surcando las aguas en
-nuestra dirección, gobernada por un solo remero que gritaba: "¿Has
-llegado ya, alma vil?"
-
---Flegias, Flegias, gritas en vano esta vez--dijo mi Señor--; no nos
-tendrás en tu poder más tiempo que el necesario para pasar la laguna.
-
-Flegias, conteniendo su cólera, hizo lo que un hombre a quien descubren
-que ha sido víctima de un engaño, ocasionándole esto un dolor profundo.
-Mi guía saltó a la barca y me hizo entrar en ella tras él; pero aquélla
-no pareció ir cargada hasta que recibió mi peso. En cuanto ambos
-estuvimos dentro, la antigua proa partió trazando en el agua una estela
-más profunda de lo que solía cuando llevaba otros pasajeros. Mientras
-recorríamos aquel canal de agua estancada, se me presentó una sombra
-llena de lodo, y me preguntó:
-
---¿Quién eres tú, que vienes antes de tiempo?
-
-A lo que contesté:
-
---Si he venido, no es para permanecer aquí; mas dime ¿quién eres tú,
-que tan sucio estás?
-
-Respondióme:
-
---Ya ves que soy uno de los que lloran.
-
-Y yo a él:
-
---¡Permanece, pues, entre el llanto y la desolación, espíritu maldito!
-Te conozco aunque estés tan enlodado.
-
-Entonces extendió sus manos hacia la barca, pero mi prudente Maestro le
-rechazó diciendo:
-
---Véte de aquí con los otros perros.
-
-En seguida rodeó mi cuello con sus brazos, me besó en el rostro y me
-dijo:
-
---Alma desdeñosa, ¡bendita aquella que te llevó en su seno! Ese que
-ves fué en el mundo una persona soberbia; ninguna virtud ha honrado su
-memoria, por lo que su sombra está siempre furiosa. ¡Cuántos se tienen
-allá arriba por grandes reyes, que se verán sumidos como cerdos en este
-pantano, sin dejar en pos de sí más que horribles desprecios!
-
-Y yo:
-
---Maestro, antes de salir de este lago, desearía en gran manera ver a
-ese pecador sumergido en el fango.
-
-Y él a mí:
-
---Antes de que veas la orilla, quedarás satisfecho: convendrá que goces
-de ese deseo.
-
-Poco después, le vi acometido de tal modo por las demás sombras
-cenagosas, que aún alabo a Dios y le doy gracias por ello. Todas
-gritaban: "¡A Felipe Argenti!" Este florentino, espíritu orgulloso,
-se revolvía contra sí mismo, destrozándose con sus dientes. Dejémosle
-allí, pues no pienso ocuparme más de él. Después vino a herir mis oídos
-un lamento doloroso, por lo cual miré con más atención en torno mío. El
-buen Maestro me dijo:
-
---Hijo mío, ya estamos cerca de la ciudad que se llama Dite; sus
-habitantes pecaron gravemente y son muy numerosos.
-
-Y yo le respondí:
-
---Ya distingo en el fondo del valle sus torres bermejas, como si
-salieran de entre llamas.
-
-A lo cual me contestó:
-
---El fuego eterno que interiormente las abrasa, les comunica el rojo
-color que ves en ese bajo infierno.
-
-Al fin entramos en los profundos fosos que ciñen aquella desolada
-tierra: las murallas me parecían de hierro. Llegamos, no sin haber
-dado antes un gran rodeo, a un sitio en que el barquero nos dijo en
-alta voz: "Salid, he aquí la entrada." Vi sobre las puertas más de
-mil espíritus, caídos del cielo como una lluvia, que decían con ira:
-"¿Quién es ése que sin haber muerto anda por el reino de los muertos?"
-Mi sabio Maestro hizo un ademán expresando que quería hablarles en
-secreto. Entonces contuvieron un poco su cólera y respondieron: "Ven
-tú solo, y que se vaya aquel que tan audazmente entró en este reino.
-Que se vuelva solo por el camino que ha emprendido locamente: que
-lo intente, si sabe; porque tú, que le has guiado por esta obscura
-comarca, te has de quedar aquí."
-
-Juzga, lector, si estaría yo tranquilo al oír aquellas palabras
-malditas: no creí volver nunca a la tierra.
-
---¡Oh, mi guía querido!, tú que más de siete veces me has devuelto la
-tranquilidad y librado de los grandes peligros con que he tropezado,
-no me dejes, le dije, tan abatido: si nos está prohibido avanzar más,
-volvamos inmediatamente sobre nuestros pasos.
-
-Y aquel señor que allí me había llevado me dijo:
-
---No temas, pues nadie puede cerrarnos el paso que Dios nos ha abierto.
-Aguárdame aquí: reanima tu abatido espíritu y alimenta una grata
-esperanza, que yo no te dejaré en este bajo mundo.
-
-En seguida se fué el dulce Padre, y me dejó solo. Permanecí en una gran
-incertidumbre, agitándose el sí y el no en mi cabeza.
-
-No pude oír lo que les propuso; pero habló poco tiempo con ellos, y
-todos a una corrieron hacia la ciudad. Nuestros enemigos dieron con
-las puertas en el rostro a mi Señor, que se quedó fuera, y se dirigió
-lentamente hacia donde yo estaba. Tenía los ojos inclinados, sin dar
-señales de atrevimiento, y decía entre suspiros: "¿Quién me ha impedido
-la entrada en la mansión de los dolores?" Y dirigiéndose a mí:
-
---Si estoy irritado--me dijo--, no te inquietes; yo saldré victorioso
-de esta prueba, cualesquiera que sean los que se opongan a nuestra
-entrada. Su temeridad no es nueva: ya la demostraron ante una puerta
-menos secreta, que se encuentra todavía sin cerradura. Ya has visto
-sobre ella la inscripción de muerte. Pero más acá de esa puerta,
-descendiendo la montaña y pasando por los círculos sin necesidad de
-guía, viene uno que nos abrirá la ciudad.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO NONO_
-
-
-Aquel color que el miedo pintó en mi rostro cuando vi a mi guía
-retroceder, hizo que en el suyo se desvaneciera más pronto la palidez
-insólita, púsose atento, como un hombre que escucha, porque las miradas
-no podían penetrar a través del denso aire y de la espesa niebla.
-
---Sin embargo, debemos vencer en esta lucha--empezó a decir--; ¡si
-no!... pero se nos ha prometido... ¡Oh!, ¡cuánto tarda el otro en
-llegar![9]
-
- [9] Si no... Esta reticencia expresa el temor y la duda, que
- inmediatamente desecha Virgilio por respeto al Sér Supremo.
- Quiere decir: "¡Si no... viniese ayuda del cielo!... Pero,
- ¿qué digo? Se me ha prometido... y no puede faltar." Se
- refiere a la llegada del ángel.
-
-Yo vi bien que ocultaba lo que había comenzado a decir bajo otra idea
-que le asaltó después, y que estas últimas palabras eran diferentes
-de las primeras: sin embargo, su discurso me causó espanto, porque me
-parecía descubrir en sus entrecortadas frases un sentido peor del que
-en realidad tenían.
-
---¿Ha bajado alguna vez al fondo de este triste abismo algún espíritu
-del primer círculo, cuya sola pena es la de perder la esperanza?--le
-pregunté.
-
-A lo que me respondió:
-
---Rara vez sucede que alguno recorra el camino por donde yo voy. Es
-cierto que tuve que bajar aquí otra vez a causa de los conjuros de la
-cruel Erictón, que llamaba las almas a sus cuerpos, hacía poco tiempo
-que mi carne estaba despojada de su alma, cuando me hizo traspasar esas
-murallas para sacar un espíritu del círculo de Judas. Este círculo es
-el más profundo, el más obscuro y el más lejano del Cielo que lo mueve
-todo. Conozco bien el camino; por lo cual debes estar tranquilo. Esta
-laguna, que exhala tan gran fetidez, ciñe en torno la ciudad del dolor,
-donde ya no podremos entrar sin justa indignación.
-
-Dijo además otras cosas, que no he podido retener en mi memoria, porque
-me hallaba absorto, mirando la alta torre de ardiente cúspide, donde
-vi de improviso aparecer rápidamente tres furias infernales, tintas en
-sangre, las cuales tenían movimientos y miembros femeniles. Estaban
-ceñidas de hidras verdosas, y tenían por cabellos pequeñas serpientes y
-cerastas, que ceñían sus horribles sienes. Y aquél que conocía muy bien
-a las siervas de la Reina del dolor eterno:
-
---Mira--me dijo--, las feroces Erinnias. La de la izquierda es Megera;
-la que llora a la derecha es Alecton, y la del centro es Tisifona.
-
-Después calló. Las furias se desgarraban el pecho con sus uñas; se
-golpeaban con las manos, y daban tan fuertes gritos, que por temor me
-acerqué más al poeta. "Venga Medusa, y le convertiremos en piedra,
-decían todas mirando hacia abajo: mal hemos vengado la entrada del
-audaz Teseo."
-
---Vuélvete y cúbrete los ojos con las manos, porque si apareciese la
-Gorgona, y la vieses, no podrías jamás volver arriba.
-
-Así me dijo el Maestro, volviéndome él mismo; y no fiándose de mis
-manos, me tapó los ojos con las suyas. ¡Oh vosotros, que gozáis de sano
-entendimiento; descubrid la doctrina que se oculta bajo el velo de tan
-extraños versos!
-
-Oíase a través de las turbias ondas un gran ruido, lleno de horror, que
-hacía retemblar las dos orillas, asemejándose a un viento impetuoso,
-impelido por contrarios ardores, que se ensaña en las selvas, y sin
-tregua las ramas rompe y desgaja, y las arroja fuera; y marchando
-polvoroso y soberbio, hace huír a las fieras y a los pastores. Me
-descubrió los ojos, y me dijo:
-
---Ahora dirige el nervio de tu vista sobre esa antigua espuma, hacia el
-sitio en que el humo es más maligno.
-
-Como las ranas, que, al ver la culebra enemiga, desaparecen a través
-del agua, hasta que se han reunido todas en el cieno, del mismo modo
-vi más de mil almas condenadas, huyendo de uno que atravesaba la
-Estigia a pie enjuto. Alejaba de su rostro el aire denso, extendiendo
-con frecuencia la siniestra mano hacia delante, y sólo este trabajo
-parecía cansarle. Bien comprendí que era un mensajero del Cielo, y
-volvíme hacia el Maestro; pero éste me indicó que permaneciese quieto y
-me inclinara. ¡Ah!, ¡cuán desdeñoso me pareció aquel enviado celeste!
-Llegó a la puerta, y la abrió con una varita sin encontrar obstáculo.
-
---¡Oh demonios arrojados del Cielo, raza despreciable!--empezó a
-decir en el horrible umbral--; ¿cómo habéis podido conservar vuestra
-arrogancia? ¿Por qué os resistís contra esa voluntad, que no deja nunca
-de conseguir su intento, y que ha aumentado tantas veces vuestros
-dolores? ¿De qué os sirve luchar contra el destino? Vuestro Cerbero,
-si bien lo recordáis, tiene aún el cuello y el hocico pelados.
-
-Entonces se volvió hacia el cenagoso camino sin dirigirnos la palabra,
-semejante a un hombre a quien preocupan y apremian otros cuidados, que
-no se relacionan con la gente que tiene delante. Y nosotros, confiados
-en las palabras santas, dirigimos nuestros pasos hacia la ciudad de
-Dite. Entramos en ella sin ninguna resistencia; y como yo deseaba
-conocer la suerte de los que estaban encerrados en aquella fortaleza,
-luego que estuve dentro, empecé a dirigir escudriñadoras miradas en
-torno mío, y vi por todos lados un gran campo lleno de dolor y de
-crueles tormentos. Como en los alrededores de Arlés, donde se estanca
-el Ródano, o como en Pola, cerca del Quarnero, que encierra a Italia
-y baña sus fronteras, vense antiguos sepulcros, que hacen montuoso el
-terreno, así también aquí se elevaban sepulcros por todas partes; con
-la diferencia de que su aspecto era más terrible, por estar envueltos
-entre un mar de llamas, que los encendían enteramente, más que lo fué
-nunca el hierro en ningún arte. Todas sus losas estaban levantadas, y
-del interior de aquéllos salían tristes lamentos, parecidos a los de
-los míseros ajusticiados. Entonces le pregunté a mi Maestro:
-
---¿Qué clase de gente es ésa, que sepultada en aquellas arcas, se da a
-conocer por sus dolientes suspiros?
-
-A lo que me respondió:
-
---Son los heresiarcas, con sus secuaces de todas sectas: esas tumbas
-están mucho más llenas de lo que puedes figurarte. Ahí está sepultado
-cada cual con su semejante, y las tumbas arden más o menos.
-
-Después, dirigiéndose hacia la derecha, pasamos por entre los sepulcros
-y las altas murallas.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO DECIMO_
-
-
-Mi maestro avanzó por un estrecho sendero, entre los muros de la ciudad
-y las tumbas de los condenados, y yo seguí tras él.
-
---¡Oh suma virtud--exclamé--que me conduces a tu placer por los
-círculos impíos! Háblame y satisface mis deseos. ¿Podré ver la gente
-que yace en esos sepulcros? Todas las losas están levantadas, y no hay
-nadie que vigile.
-
-Respondióme:
-
---Todos quedarán cerrados, cuando hayan vuelto de Josafat las almas con
-los cuerpos que han dejado allá arriba. Epicuro y todos sus sectarios,
-que pretenden que el alma muere con el cuerpo, tienen su cementerio
-hacia esta parte. Así, que pronto contestarán aquí dentro a la pregunta
-que me haces, y al deseo que me ocultas.
-
-Yo le repliqué:
-
---Buen Guía, si acaso te oculto mi corazón, es por hablar poco, a lo
-cual no es la primera vez que me has predispuesto con tus advertencias.
-
---¡Oh Toscano, que vas por la ciudad del fuego hablando modestamente!,
-dígnate detenerte en este sitio. Tu modo de hablar revela claramente el
-noble país al que quizá fuí yo funesto.
-
-Tales palabras salieron súbitamente de una de aquellas arcas, haciendo
-que me aproximara con temor a mi Guía. Este me dijo:
-
---Vuélvete: ¿qué haces? Mira a Farinata, que se ha levantado en su
-tumba, y a quien puedes contemplar desde la cintura a la cabeza.
-
-Yo tenía ya mis miradas fijas en las suyas: él erguía su pecho y su
-cabeza en ademán de despreciar al Infierno. Entonces mi Guía, con
-mano animosa y pronta, me impelió hacia él a través de los sepulcros,
-diciéndome: "Háblale con claridad."
-
-En cuanto estuve al pie de su tumba, examinóme un momento; y después,
-con acento un tanto desdeñoso, me preguntó:
-
---¿Quiénes fueron tus antepasados?
-
-Yo, que deseaba obedecer, no le oculté nada, sino que se lo descubrí
-todo; por lo cual arqueó un poco las cejas, y dijo:
-
---Fueron terribles contrarios míos, de mis parientes y de mi partido;
-por eso los desterré dos veces.
-
---Si estuvieron desterrados--le contesté--, volvieron de todas partes
-una y otra vez, arte que los vuestros no han aprendido.
-
-Entonces, al lado de aquél, apareció a mi vista una sombra, que sólo
-descubría hasta la barba, lo que me hace creer que estaba de rodillas.
-Miró en torno mío, como deseando ver si estaba alguien conmigo; y
-apenas se desvanecieron sus sospechas, me dijo llorando:
-
---Si la fuerza de tu genio es la que te ha abierto esta obscura
-prisión, ¿dónde está mi hijo y por qué no se encuentra a tu lado?
-
-Respondíle:
-
---No he venido por mí mismo: el que me espera allí me guía por estos
-lugares: quizá vuestro Guido "tuvo" hacia él demasiado desdén.
-
-Sus palabras y la clase de su suplicio me habían revelado ya el nombre
-de aquella sombra: así es que mi respuesta fué precisa. Irguiéndose
-repentinamente exclamó:
-
---¿Cómo dijiste "tuvo"? Pues qué, ¿no vive aún? ¿No hiere ya sus ojos
-la dulce luz del día?
-
-Cuando observó que yo tardaba en responderle, cayó de espaldas en su
-tumba, y no volvió a aparecer fuera de ella. Pero aquel otro magnánimo,
-por quien yo estaba allí, no cambió de color, ni movió el cuello, ni
-inclinó el cuerpo.
-
---El que no hayan aprendido bien ese arte--me dijo continuando la
-conversación empezada--, me atormenta más que este lecho. Mas la deidad
-que reina aquí no mostrará cincuenta veces su faz iluminada, sin que tú
-conozcas lo difícil que es ese arte. Pero dime, así puedas volver al
-dulce mundo, ¿por qué causa es ese pueblo tan desapiadado con los míos
-en todas sus leyes?
-
-A lo cual le contesté:
-
---El destrozo y la gran matanza que enrojeció el Arbia excita tales
-discursos en nuestro templo.
-
-Entonces movió la cabeza suspirando, y después dijo:
-
---No estaba yo allí solo; y en verdad, no sin razón me encontré en
-aquel sitio con los demás; pero sí fuí el único que, cuando se trató de
-destruir a Florencia, la defendí resueltamente.
-
---¡Ah!--le contesté--; ¡ojalá vuestra descendencia tenga paz y reposo!
-Pero os ruego que deshagáis el nudo que ha enmarañado mi pensamiento.
-Me parece, por lo que he oído, que prevéis lo que el tiempo ha de
-traer, a pesar de que os suceda lo contrario con respecto a lo presente.
-
---Nosotros--dijo--somos como los que tienen la vista cansada, que
-vemos las cosas distantes, gracias a una luz con que nos ilumina el
-Guía soberano. Cuando las cosas están próximas o existen, nuestra
-inteligencia es vana, y si otro no nos lo cuenta, nada sabemos de
-los sucesos humanos; por lo cual puedes comprender que toda nuestra
-inteligencia morirá el día en que se cierre la puerta del porvenir.
-
---Decid a ese que acaba de caer, que su hijo está aún entre los vivos.
-Si antes no le respondí, hacedle saber que lo hice porque estaba
-distraído con la duda que habéis aclarado.
-
-Mi Maestro me llamaba ya, por cuya razón rogué más solícitamente al
-espíritu que me dijera quién estaba con él.
-
---Estoy tendido entre más de mil--me respondió--; ahí dentro están el
-segundo Federico y el Cardenal.[10] En cuanto a los demás, me callo.
-
- [10] El emperador Federico II, siempre en guerra con los
- Papas, contra los cuales escribió versos, fué excomulgado
- por Gregorio IX e Inocencio IV, y murió en 1250.--Octaviano
- degli Ubaldini, de Florencia y del partido gibelino, a pesar
- de ser Cardenal, dijo una vez, que, si acaso tuviera alma, la
- perdería por los gibelinos. Por esta razón los coloca Dante
- entre los herejes.
-
-Se ocultó después de decir esto, y yo dirigí mis pasos hacia el antiguo
-poeta, pensando en aquellas palabras que me parecían amenazadoras. Se
-puso en marcha, y mientras caminábamos, me dijo:
-
---¿Por qué estás tan turbado?
-
-Y cuando satisfice su pregunta:
-
---Conserva en tu memoria lo que has oído contra ti--me ordenó aquel
-sabio--; y ahora estáme atento.
-
-Y levantando el dedo, prosiguió:
-
---Cuando estés ante la dulce mirada de aquella cuyos bellos ojos lo ven
-todo, conocerás el porvenir que te espera.
-
-En seguida se dirigió hacia la izquierda. Dejamos las murallas y fuimos
-hacia el centro de la ciudad, por un sendero que conduce a un valle, el
-cual exhalaba un hedor insoportable.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO UNDECIMO_
-
-
-A la extremidad de un alto promontorio, formado por grandes piedras
-rotas y acumuladas en círculo, llegamos hasta un montón de espíritus
-más cruelmente atormentados. Allí, para preservarnos de las horribles
-emanaciones y de la fetidez que despedía el profundo abismo, nos
-pusimos al abrigo de la losa de un gran sepulcro, donde vi una
-inscripción que decía: "Encierro al papa Anastasio, a quien Fotino
-arrastró lejos del camino recto."
-
---Es preciso que descendamos por aquí lentamente, a fin de acostumbrar
-de antemano nuestros sentidos a este triste hedor, y después no
-tendremos necesidad de precavernos de él.
-
-Así habló mi Maestro, y yo le dije:
-
---Busca algún recurso para que no perdamos el tiempo inútilmente.
-
-A lo que me respondió:
-
---Ya ves que en ello pienso. Hijo mío--continuó--, en medio de estas
-rocas hay tres círculos, que se estrechan gradualmente como los que has
-dejado: todos están llenos de espíritus malditos; mas para que después
-te baste con sólo verlos, oye cómo y por qué están aquí encerrados. La
-injuria es el fin de toda maldad que se atrae el odio del cielo, y se
-llega a este fin, que redunda en perjuicio de otros, bien por medio de
-la violencia, o bien por medio del fraude. Pero como el fraude es una
-maldad propia del hombre, por eso es más desagradable a los ojos de
-Dios, y por esta razón los fraudulentos están debajo, entregados a un
-dolor más vivo. Todo el primer círculo lo ocupan los violentos, círculo
-que está además construído y dividido en tres recintos; porque puede
-cometerse violencia contra tres clases de seres: contra Dios, contra sí
-mismo y contra el prójimo; y no sólo contra sus personas, sino también
-contra sus bienes, como lo comprenderás por estas claras razones. Se
-comete violencia contra el prójimo dándole la muerte o causándole
-heridas dolorosas; y contra sus bienes, por medio de la ruina, del
-incendio o de los latrocinios. De aquí resulta que los homicidas, los
-que causan heridas, los incendiarios y los ladrones están atormentados
-sucesivamente en el primer recinto. Un hombre puede haber dirigido su
-mano violenta contra sí mismo o contra sus bienes: justo es, pues,
-que purgue su culpa en el segundo recinto, sin esperar tampoco mejor
-suerte aquel que por su propia voluntad se priva de vuestro mundo,
-juega, disipa sus bienes o llora donde debía haber estado alegre y
-gozoso. Puede cometer violencia contra la Divinidad el que reniega de
-ella y blasfema con el corazón, y el que desprecia la Naturaleza y sus
-bondades. He aquí por qué el recinto más pequeño marca con su fuego a
-Sodoma y a Cahors, y a todo el que, despreciando a Dios, le injuria
-sin hablar, desde el fondo de su corazón. El hombre puede emplear el
-fraude que produce remordimientos en todas las conciencias, ya con el
-que de él se fía, ya también con el que desconfía de él. Este último
-modo de usar del fraude parece que sólo quebranta los vínculos de amor,
-que forma la Naturaleza; por esta causa están encadenados en el segundo
-recinto los hipócritas, los aduladores, los hechiceros, los falsarios,
-los ladrones, los simoníacos, los rufianes, los barateros y todos los
-que se han manchado con semejantes e inmundos vicios. Por el primer
-fraude no sólo se olvida el amor que establece la Naturaleza, sino
-también el sentimiento que le sigue, y de donde nace la confianza: he
-aquí por qué, en el círculo menor, donde está el centro de la Tierra y
-donde se halla el asiento de Dite, yace eternamente atormentado todo
-aquel que ha cometido traición.
-
-Le dije entonces:
-
---Maestro, tus razones son muy claras, y bien me dan a conocer, por
-medio de tales divisiones, ese abismo y la muchedumbre que le habita;
-pero dime: los que están arrojados en aquella laguna cenagosa, los que
-agita el viento sin cesar, los que azota la lluvia, y los que chocan
-entre sí lanzando tan estridentes gritos, ¿por qué no son castigados en
-la ciudad del fuego, si se han atraído la cólera de Dios? Y si no se la
-han atraído, ¿por qué se ven atormentados de tal suerte?
-
-Me contestó:
-
---¿Por qué tu ingenio, contra su costumbre, delira tanto ahora?, ¿o es
-que tienes el pensamiento en otra parte? ¿No te acuerdas de aquellas
-palabras de la Etica, que has estudiado, en las que se trata de las
-tres inclinaciones que el Cielo reprueba: la incontinencia, la malicia
-y la loca bestialidad, y de qué modo la incontinencia ofende menos
-a Dios y produce menor censura? Si examinas bien esta sentencia,
-acordándote de los que sufren su castigo fuera de aquí, conocerás
-por qué están separados de esos felones, y por qué los atormenta la
-justicia divina, a pesar de demostrarse con ellos menos ofendida.
-
---¡Oh Sol, que sanas toda vista conturbada!--exclamé--: tal contento
-me das cuando desarrollas tus ideas, que sólo por eso me es tan grato
-dudar como saber. Vuelve atrás un momento, y explícame de qué modo
-ofende la usura a la bondad divina: desvanece esta duda.
-
---La filosofía--me contestó--enseña en más de un punto al que la
-estudia, que la Naturaleza tiene su origen en la Inteligencia divina y
-en su arte; y si consultas bien tu Física, encontrarás, sin necesidad
-de hojear muchas páginas, que el arte humano sigue cuanto puede a
-la Naturaleza, como el discípulo a su maestro; de modo que aquél es
-casi nieto de Dios. Partiendo, pues, de estos principios, sabrás si
-recuerdas bien el Génesis, que es conveniente sacar de la vida la mayor
-utilidad, y multiplicar el género humano. El usurero sigue otra vía;
-desprecia a la naturaleza y a su secuaz, y coloca su esperanza en otra
-parte. Ahora sígueme; que me place avanzar. Los peces suben ya por el
-horizonte; el carro se ve hacia aquel punto donde expira Coro, y lejos
-de aquí el alto promontorio parece que desciende.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
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-
-_CANTO DUODECIMO_
-
-
-El sitio por donde empezamos a bajar era un paraje alpestre y, a causa
-del que allí se hallaba, todas las miradas se apartarían de él con
-horror. Como aquellas ruinas, cuyo flanco azota el río Adigio, más acá
-de Trento, producidas por un terremoto o por falta de base, que desde
-la cima del monte de donde cayeron hasta la llanura, presentan la roca
-tan hendida, que ningún paso hallaría el que estuviese sobre ellas, así
-era la bajada de aquel precipicio; y en el borde de la entreabierta
-sima estaba tendido el monstruo, oprobio de Creta, que fué concebido
-por una falsa vaca. Cuando nos vió, se mordió a sí mismo, como aquel a
-quien abrasa la ira. Gritóle entonces mi Sabio:
-
---¿Por ventura crees que esté aquí el rey de Atenas, que allá arriba,
-en el mundo, te dió la muerte? Aléjate, monstruo; que éste no viene
-amaestrado por tu hermana, sino con el objeto de contemplar vuestras
-penas.
-
-Como el toro que rompe las ligaduras en el momento de recibir el golpe
-mortal, que huír no puede, pero salta de un lado a otro, lo mismo hizo
-el Minotauro; y mi prudente Maestro me gritó:
-
---Corre hacia el borde; mientras esté furioso, bueno es que desciendas.
-
-Nos encaminamos por aquel derrumbamiento de piedras, que oscilaban por
-primera vez bajo el peso de mi cuerpo. Iba yo pensativo; por lo cual me
-dijo:
-
---Acaso piensas en estas ruinas, defendidas por aquella ira bestial,
-que he disipado. Quiero, pues, que sepas que la otra vez que bajé al
-profundo Infierno aun no se habían desprendido estas piedras; pero un
-poco antes (si no estoy equivocado) de que viniese aquél que arrebató
-a Dite la gran presa del primer círculo, retembló el impuro valle tan
-profundamente por todos sus ámbitos, que creí ver al universo sintiendo
-aquel amor, por el cual otros creyeron que el mundo ha vuelto más de
-una vez a sumirse en el caos; y entonces fué cuando esa antigua roca se
-destrozó por tan diversas partes. Pero fija tus miradas en el valle;
-pues ya estamos cerca del río de sangre, en el cual hierve todo el que
-por medio de la violencia ha hecho daño a los demás.
-
-¡Oh ciegos deseos! ¡Oh ira desatentada, que nos aguijonea de tal modo
-en nuestra corta vida, y así nos sumerge en sangre hirviente por toda
-una eternidad! Vi un ancho foso en forma circular, como la montaña que
-rodea toda la llanura, según me había dicho mi Guía, y entre el pie de
-la roca y este foso corrían en fila muchos centauros armados de saetas,
-del mismo modo que solían ir a cazar por el mundo. Al vernos descender,
-se detuvieron, y tres de ellos se separaron de la banda, preparando sus
-arcos y escogiendo antes sus flechas. Uno de ellos gritó desde lejos:
-
---¿Qué tormento os está reservado a vosotros los que bajáis por esa
-cuesta? Decidlo desde donde estáis, porque si no, disparo mi arco.
-
-Mi Maestro respondió:
-
---Contestaremos a Quirón, cuando estemos cerca. Tus deseos fueron
-siempre por desgracia muy impetuosos.
-
-Después me tocó y me dijo:
-
---Ese es Neso, el que murió por la hermosa Deyanira, y vengó por sí
-mismo su muerte; el de enmedio, que inclina la cabeza sobre el pecho,
-es el gran Quirón, que educó a Aquiles; el otro es el irascible Foló.
-Alrededor del foso van a millares, atravesando con sus flechas a toda
-alma que sale de la sangre más de lo que le permiten sus culpas.
-
-Nos fuimos aproximando a aquellos ágiles monstruos: Quirón cogió
-una flecha, y con el regatón apartó las barbas hacia detrás de sus
-quijadas. Cuando se descubrió la enorme boca, dijo a sus compañeros:
-
---¿Habéis observado que el de detrás mueve cuanto toca? Los pies de los
-muertos no suelen hacer eso.
-
-Y mi buen Maestro, que estaba ya junto a él, y le llegaba al pecho,
-donde las dos naturalezas se unen, repuso:
-
---Está en efecto vivo, y yo sólo debo enseñarle el sombrío valle: viene
-a él por necesidad, y no por distracción. La que me ha encomendado este
-nuevo oficio, ha cesado por un momento de cantar "aleluya." No es él un
-ladrón, ni yo un alma criminal. Pero por aquella virtud que dirige mis
-pasos en un camino tan salvaje, cédeme uno de los tuyos para que nos
-acompañe, que nos indique un punto vadeable y lleve a éste sobre sus
-ancas, pues no es espíritu que vaya por el aire.
-
-Quirón se volvió hacia la derecha, y dijo a Neso:
-
---Vé, guíales; y si tropiezan con algún grupo de los nuestros, haz que
-les abran paso.
-
-Nos pusimos en marcha, tan fielmente escoltados, hacia lo largo de
-las orillas de aquella roja espuma, donde lanzaban horribles gritos
-los ahogados. Los vi sumergidos hasta las cejas, por lo que el gran
-Centauro dijo:
-
---Esos son los tiranos, que vivieron de sangre y de rapiña. Aquí
-se lloran las desapiadadas culpas: aquí está Alejandro, y el feroz
-Dionisio, que tantos años de dolor hizo sufrir a la Sicilia. Aquella
-frente que tiene el cabello tan negro es la de Azzolino, y la otra
-que lo tiene rubio es la de Obezzo de Este, que verdaderamente fué
-asesinado en el mundo por su hijastro.
-
-Entonces me volví hacia el Poeta, el cual me dijo:
-
---Sea éste ahora tu primer guía; yo seré el segundo.
-
-Algo más lejos se detuvo el Centauro sobre unos condenados, que
-parecían sacar fuera de aquel hervidero su cabeza hasta la garganta, y
-nos mostró una sombra que estaba separada de las demás, diciendo:
-
-Aquél hirió, en recinto sagrado, a un corazón, que aún se ve honrado en
-las orillas del Támesis.[11]
-
- [11] Guido de Montfort. Para vengar la muerte de Simón, su
- padre, muerto en Inglaterra por Eduardo, asesinó en 1271, en
- una iglesia de Viterbo, a Enrique, hermano de aquél, mientras
- el sacerdote elevaba la hostia. El corazón del asesinado fué
- llevado en una copa a Londres, y colocado sobre una columna en
- el puente del Támesis, para recordar a los ingleses la ofensa
- que se les había hecho.
-
-Después vi otras sombras que sacaban la cabeza fuera del río, y algunas
-todo el pecho, y reconocí a muchos de ellos. Como la sangre iba
-disminuyendo poco a poco, hasta no cubrir más que el pie, vadeamos el
-foso.
-
---Quiero que creas--me dijo el Centauro--que así como ves disminuir
-la corriente por esta parte, por la otra es su fondo cada vez mayor,
-hasta que llega a reunirse en aquel punto donde la tiranía está
-condenada a gemir. Allí es donde la justicia divina ha arrojado a
-Atila, que fué su azote en la tierra; a Pirro, a Sexto, y eternamente
-arranca lágrimas, con el hervor de esa sangre, a Renato de Corneto y a
-Renato Pazzo, que tanto daño causaron en los caminos.
-
-Dicho esto, se volvió y repasó el vado.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO DECIMOTERCIO_
-
-
-No había llegado aún Neso a la otra parte, cuando penetramos en un
-bosque, que no estaba surcado por ningún sendero. El follaje no era
-verde, sino de un color obscuro; las ramas no eran rectas, sino nudosas
-y entrelazadas; no había frutas, sino espinas venenosas. No son tan
-ásperas y espesas las selvas donde moran las fieras, que aborrecen los
-sitios cultivados entre el Cecina y Corneto. Allí anidan las brutales
-Arpías, que arrojaron a los Troyanos de las Estrofades con el triste
-presagio de un mal futuro. Tienen alas anchas, cuellos y rostros
-humanos, pies con garras, y el vientre cubierto de plumas: subidas en
-los árboles, lanzan extraños lamentos.
-
-Mi buen Maestro empezó a decirme:
-
---Antes de avanzar más, debes saber que te encuentras en el segundo
-recinto, por el cual continuarás hasta que llegues a los terribles
-arenales. Por tanto, mira con atención; y de este modo verás cosas, que
-darán testimonio de mis palabras.
-
-Por todas partes oía yo gemidos, sin ver a nadie que los exhalara; por
-eso me detuve todo atemorizado. Creo que él creyó que yo creía que
-aquellas voces eran de gente que se ocultaba de nosotros entre la
-espesura; y así me dijo mi Maestro:
-
---Si rompes cualquier ramita de una de esas plantas, verás trocarse tus
-pensamientos.
-
-Entonces extendí la mano hacia delante, cogí una ramita de un gran
-endrino, y su tronco exclamó:
-
---¿Por qué me tronchas?
-
-Inmediatamente se tiñó de sangre, y volvió a exclamar:
-
---¿Por qué me desgarras? ¿No tienes ningún sentimiento de piedad?
-Hombres fuimos, y ahora estamos convertidos en troncos: tu mano debería
-haber sido más piadosa, aunque fuéramos almas de serpientes.
-
-Cual de verde tizón que, encendido por uno de sus extremos, gotea y
-chilla por el otro, a causa del aire que le atraviesa, así salían de
-aquel tronco palabras y sangre juntamente; lo que me hizo dejar caer la
-rama, y detenerme como hombre acobardado.
-
---Alma herida--respondió mi Sabio--; si él hubiera podido creer,
-desde luego, que era verdad lo que ha leído en mis versos, no habría
-extendido su mano hacia ti: el ser una cosa tan increíble me ha
-obligado a aconsejarle que hiciese lo que ahora me está pesando. Pero
-dile quién fuiste, a fin de que, en compensación, renueve tu fama en el
-mundo, donde le es lícito volver.
-
-El tronco respondió:
-
---Me halagas tanto con tus dulces palabras, que no puedo callar:
-no llevéis a mal que me entretenga un poco hablando con vosotros.
-Yo soy aquél[12] que tuvo las dos llaves del corazón de Federico,
-manejándolas tan suavemente para cerrar y abrir, que a casi todos
-aparté de su confianza, habiéndome dedicado con tanta fe a aquel
-glorioso cargo, que perdí el sueño y la vida. La cortesana que no
-ha separado nunca del palacio de César sus impúdicos ojos, peste
-común y vicio de las cortes, inflamó contra mí todos los ánimos, y
-los inflamados inflamaron a su vez y de tal modo a Augusto, que mis
-dichosos honores se trocaron en triste duelo. Mi alma, en un arranque
-de indignación, creyendo librarse del oprobio por medio de la muerte,
-me hizo injusto contra mí mismo, siendo justo. Os juro, por las tiernas
-raíces de este leño, que jamás fuí desleal a mi señor, tan digno de
-ser honrado. Y si uno de vosotros vuelve al mundo, restaure en él mi
-memoria, que yace aún bajo el golpe que le asestó la envidia.
-
- [12] Pedro Desvignes, o Pedro della Vigna, jurisconsulto
- de Capua; gozó por mucho tiempo el favor del emperador
- Federico II, de quien era canciller y a quien inclinaba lo
- mismo a la clemencia que a la severidad. Acusado de traición
- por envidiosos cortesanos, le sacaron los ojos en 1246. Su
- desesperación fué tal que se estrelló la cabeza contra los
- muros de su calabozo.
-
-El poeta esperó un momento, y después me dijo:
-
---Pues que calla, no pierdas el tiempo: habla y pregúntale, si quieres
-saber más.
-
-Yo le contesté:
-
---Interrógale tú mismo lo que creas que me interese, pues yo no podría:
-tanto es lo que me aflige la compasión.
-
-Por lo cual volvió él a empezar de este modo:
-
---A fin de que este hombre haga generosamente lo que tu súplica
-reclama, espíritu encarcelado, dígnate aún decirnos cómo se encierra el
-alma en esos nudosos troncos, y dime además, si puedes, si hay alguna
-que se desprenda de tales miembros.
-
-Entonces el tronco suspiró, y aquel resoplido se convirtió en esta voz:
-
---Os contestaré brevemente: cuando el alma feroz sale del cuerpo de
-donde se ha arrancado ella misma, Minos la envía al séptimo círculo.
-Cae en la selva, sin que tenga designado sitio fijo, y allí donde la
-lanza la fortuna, germina cual grano de espelta. Brota primero como
-un retoño, y luego se convierte en planta silvestre: las Arpías, al
-devorar sus hojas, le causan dolor, y abren paso por donde ese dolor
-se exhale. Como las demás almas, iremos a recoger nuestros despojos;
-pero sin que ninguna de nosotras pueda revestirse con ellos, porque no
-sería justo volver a tener lo que uno se ha quitado voluntariamente.
-Los arrastraremos hasta aquí; y en este lúgubre bosque estará cada uno
-de nuestros cuerpos suspendido en el mismo endrino donde sufre tal
-tormento su alma.
-
-Prestábamos aún atención a aquel tronco, creyendo que añadiría algo
-más, cuando fuimos sorprendidos por un rumor, a la manera del que
-siente venir el jabalí y los perros hacia el sitio donde está apostado,
-que juntamente oye el ruido de las fieras y el fragor del ramaje. Y
-he aquí que aparecen a nuestra izquierda dos infelices, desnudos y
-lacerados, huyendo tan precipitadamente, que rompían todas las ramas
-de la selva. El de delante: "¡Acude, acude, muerte!," decía; y el
-otro, que no corría tanto: "Lano, tus piernas no eran tan ágiles en el
-combate del Toppo." Y sin duda, faltándole el aliento, hizo un grupo de
-sí y de un arbusto.
-
-Detrás de ellos estaba la selva llena de perras negras, ávidas y
-corriendo cual lebreles a quienes quitan su cadena. Empezaron a dar
-terribles dentelladas a aquél que se ocultó, y después de despedazarle,
-se llevaron sus miembros palpitantes. Mi Guía me tomó entonces de
-la mano, y llevóme hacia el arbusto, que en vano se quejaba por sus
-sangrientas heridas:
-
---¡Oh, Jacobo de San Andrés!--decía--. ¿De qué te ha servido tomarme
-por refugio? ¿Tengo yo la culpa de tu vida criminal?
-
-Cuando mi Maestro se detuvo delante de aquel arbusto, dijo:
-
---¿Quién fuiste tú que por tantas ramas rotas exhalas con tu sangre tan
-quejumbrosas palabras?
-
-A lo que contestó:
-
---¡Oh, almas, que habéis venido a contemplar el lamentable estrago
-que me ha separado así de mis hojas!, recogedlas al pie del triste
-arbusto. Yo fuí de la ciudad que cambió su primer patrón por San Juan
-Bautista;[13] por cuya razón aquél la contristará siempre con su
-terrible arte: y a no ser porque en el puente del Arno se conserva
-todavía alguna imagen suya, fuera en vano todo el trabajo de aquellos
-ciudadanos que la reedificaron sobre las cenizas que de ella dejó
-Atila. Yo de mi casa hice mi propia horca.
-
- [13] Florencia, cuyo antiguo patrón era el dios Marte.
- Su estatua ecuestre se conservaba aún en 1337 en el
- Ponte-Vecchio, de donde la arrancó, juntamente con un trozo
- del puente, una avenida del Arno.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO DECIMOCUARTO_
-
-
-Enternecido por el amor patrio, reuní las hojas dispersas, y las
-devolví a aquel que ya se había callado. Desde allí nos dirigimos al
-punto en que se divide el segundo recinto del tercero, y donde se ve
-el terrible poder de la justicia divina. Para explicar mejor las cosas
-nuevas que allí vi, diré que llegamos a un arenal, que rechaza toda
-planta de su superficie. La dolorosa selva lo rodeaba cual guirnalda,
-así como el sangriento foso circundaba a aquélla. Nuestros pies
-quedaron fijos en el mismo lindero de la selva y la llanura. El espacio
-estaba cubierto de una arena tan árida y espesa, como la que oprimieron
-los pies de Catón en otro tiempo. ¡Oh venganza de Dios! ¡Cuánto debe
-temerte todo aquél que lea lo que se presentó a mis ojos! Vi numerosos
-grupos de almas desnudas, que lloraban miserablemente, y parecían
-cumplir sentencias diversas. Unas yacían de espaldas sobre el suelo;
-otras estaban sentadas en confuso montón; otras andaban continuamente.
-Las que daban la vuelta al círculo eran más numerosas, y en menor
-número las que yacían para sufrir algún tormento; pero éstas tenían
-la lengua más suelta para quejarse. Llovían lentamente en el arenal
-grandes copos de fuego, semejantes a los de nieve que en los Alpes caen
-cuando no sopla el viento. Así como Alejandro vió en las ardientes
-comarcas de la India caer sobre sus soldados llamas, que quedaban en el
-suelo sin extinguirse, lo que le obligó a ordenar a las tropas que las
-pisaran, porque el incendio se apagaba mejor cuanto más aislado estaba,
-así descendía el fuego eterno, abrasando la arena, como abrasa a la
-yesca el pedernal, para redoblar el dolor de las almas. Sus míseras
-manos se agitaban sin reposo, apartando a uno y otro lado las brasas
-continuamente renovadas. Yo empecé a decir:
-
---Maestro, tú que has vencido todos los obstáculos, a excepción del que
-nos opusieron los demonios inflexibles a la puerta de la ciudad, dime,
-¿quién es aquella gran sombra, que no parece cuidarse del incendio, y
-yace tan feroz y altanera, como si no la martirizara esa lluvia?
-
-Y la sombra, observando que yo hablaba de ella a mi Guía, gritó:
-
---Tal cual fuí en vida, soy después de muerto. Aun cuando Júpiter
-cansara a su herrero, de quien tomó en su cólera el agudo rayo que me
-hirió el último día de mi vida; aun cuando fatigara uno tras otro a
-todos los negros obreros del Mongibelo, gritando: "Ayúdame, ayúdame,
-buen Vulcano," según hizo en el combate de Flegra, y me asaeteara con
-todas sus fuerzas, no lograría vengarse de mí cumplidamente.
-
-Entonces mi Guía habló con tanta vehemencia, que nunca yo lo había oído
-expresarse de aquel modo:
-
---¡Oh! Capaneo, si no se modera tu orgullo, él será tu mayor castigo.
-No hay martirio comparable al dolor que te hace sufrir tu rabia.
-
-Después se dirigió a mí, diciendo con acento más apacible:
-
---Ese fué uno de los siete reyes que sitiaron a Tebas; despreció a
-Dios, y aun parece seguir despreciándole, sin que se note que le
-ruegue; pero, como le he dicho, su mismo despecho es el más digno
-premio debido a su corazón. Ahora, sígueme, y cuida de no poner tus
-pies sobre la abrasada arena; camina siempre arrimado al bosque.
-
-Llegamos en silencio al sitio donde desemboca fuera de la selva un
-riachuelo, cuyo rojo color aún me horripila. Cual sale del Bulicame[14]
-el arroyo, cuyas aguas se reparten las pecadoras, así corría aquel
-riachuelo por la arena. Las orillas y el fondo estaban petrificados,
-por lo que pensé que por ellas debía andar.
-
- [14] Manantial de aguas minerales calientes, a dos millas
- de Viterbo. De él salía un riachuelo con el cual se formaba
- un baño, al que acudían toda clase de enfermos, y más abajo
- tomaban y se repartían sus aguas le peccatrici, las mujeres
- públicas.
-
---Entre todas las cosas que te he enseñado, desde que entramos por la
-puerta en cuyo umbral puede detenerse cualquiera, tus ojos no han visto
-otra tan notable como esa corriente, que amortigua todas las llamas.
-
-Tales fueron las palabras de mi Guía; por lo que le supliqué se
-explicase más claramente, ya que había excitado mi curiosidad.
-
---En medio del mar existe un país arruinado--me dijo entonces--, que se
-llama Creta, y tuvo un rey, bajo cuyo imperio el mundo fué virtuoso:
-en él hay un monte, llamado Ida, que en otro tiempo fué delicioso por
-sus aguas y su frondosidad, y hoy está desierto, como todas las cosas
-antiguas. Rea lo escogió por cuna segura de su hijo; y para ocultarlo
-mejor, cuando lloraba, hacía que se produjesen grandes ruidos. En el
-interior del monte se mantiene en pie un gran anciano, que está de
-espaldas hacia Damieta, con la mirada fija en Roma como en un espejo.
-Su cabeza es formada de oro fino, y de plata pura son los brazos y el
-pecho; después es de bronce hasta la entrepierna, y de allí para abajo,
-es todo de hierro escogido, excepto el pie derecho, que es de barro
-cocido, y se afirma sobre éste más que sobre el otro. Cada parte, menos
-la formada de oro, está surcada por una hendedura que mana lágrimas,
-las cuales, reunidas, agujeran aquel monte. Su curso se dirige hacia
-este valle, de roca en roca, formando el Aqueronte, la Estigia y el
-Flegetón; después descienden por este estrecho conducto, hasta el punto
-donde no se puede bajar más, y allí forman el Cocito: ya verás lo que
-es este lago; por eso no te lo describo ahora.
-
-Yo le contesté:
-
---Si ese riachuelo se deriva así de nuestro mundo, ¿por qué se deja ver
-únicamente al margen de este bosque?
-
-Y él a mí:
-
---Tú sabes que este lugar es redondo, y aunque hayas andado mucho,
-descendiendo siempre al fondo por la izquierda, no has dado aún la
-vuelta a todo el círculo; por lo cual, si se te aparece alguna cosa
-nueva, no debe pintarse la admiración en tu rostro.
-
-Le repliqué:
-
---Maestro, ¿dónde están el Flegetón y el Leteo? Del uno no dices nada,
-y del otro sólo me dices que lo origina esa lluvia de lágrimas.
-
---Me agradan todas tus preguntas--contestó--: pero el hervor de esa
-agua roja debiera haberte servido de contestación a una de ellas.
-Verás el Leteo; pero fuera de este abismo, allá donde van las almas a
-lavarse, cuando, arrepentidas de sus culpas, les son perdonadas.
-
-Después añadió:
-
---Ya es tiempo de que nos apartemos de este bosque; procura venir
-detrás de mí: sus márgenes nos ofrecen un camino; pues no son
-ardientes, y sobre ellas se extinguen todas las brasas.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO DECIMOQUINTO_
-
-
-Nos pusimos en marcha siguiendo una de aquellas orillas petrificadas:
-el vapor del arroyuelo formaba sobre él una niebla, que preservaba del
-fuego las ondas y los ribazos. Así como los flamencos que habitan entre
-Gante y Brujas, temiendo al mar que avanza hacia ellos, levantan diques
-para contenerle; o como los Paduanos lo hacen a lo largo del Brenta
-para defender sus ciudades y castillos, antes que el Chiarentana sienta
-el calor, de un modo semejante eran formados aquellos ribazos; pero su
-constructor, quienquiera que fuese, no los había hecho tan altos ni tan
-gruesos.
-
-Nos hallábamos ya tan lejos de la selva, que no me habría sido posible
-descubrirla, por más que volviese atrás la vista, cuando encontramos
-una legión de almas, que venía a lo largo del ribazo: cada cual de
-ellas me miraba, como de noche suelen mirarse unos a otros los humanos
-a la escasa luz de la luna nueva, y aguzaban hacia nosotros las
-pestañas, como hace un sastre viejo para enfilar la aguja.
-
-Examinado de este modo por aquellas almas, fuí conocido por una de
-ellas, que me cogió el vestido, exclamando:
-
---¡Qué maravilla!
-
-Y yo, mientras me tendía los brazos, miré atentamente su abrasado
-rostro, de tal modo que, a pesar de estar desfigurado, no me fué
-imposible conocerle a mi vez; e inclinando hacia su faz la mía contesté:
-
---¿Vos aquí, "ser" Brunetto?
-
-Y él repuso:
-
---¡Oh hijo mío!, no te enojes si Brunetto Latini vuelve un poco atrás
-contigo, y deja que se adelanten las demás almas.
-
-Yo le dije:
-
---Os lo ruego cuanto me es posible; y si queréis que nos sentemos, lo
-haré, si así le place a éste con quien voy.
-
---¡Oh hijo mío!--replicó--; cualquiera de nosotros que se detenga un
-momento, queda después cien años sufriendo esta lluvia, sin poder
-esquivar el fuego que le abrasa. Así, pues, sigue adelante; yo caminaré
-a tu lado, y luego me reuniré a mi mesnada, que va llorando sus eternos
-tormentos.
-
-No me atreví a bajar del ribazo por donde iba para nivelarme con él;
-pero tenía la cabeza inclinada, en actitud respetuosa. Empezó de este
-modo:
-
---¿Cuál es la suerte o el destino que te trae aquí abajo antes de tu
-última hora? ¿Y quién es ése que te enseña el camino?
-
---Allá arriba, en la vida serena--le respondí--, me extravié en un
-valle antes de haberse llenado mi edad. Pero ayer de mañana le volví la
-espalda; y cuando retrocedía otra vez hacia él, se me apareció ése, y
-me volvió al verdadero camino por esta vía.
-
-A lo que me contestó:
-
---Si sigues tu estrella, no puedes menos de llegar a glorioso puerto,
-dado que yo en el mundo predijera bien tu destino. Y a no haber muerto
-tan pronto, viendo que el cielo te era tan favorable, te habría dado
-alientos para proseguir tu obra. Pero aquel pueblo ingrato y malo,
-que en otro tiempo descendió de Fiésole, y que aun conserva algo de
-la aspereza de sus montañas y de sus rocas, será tu enemigo, por lo
-mismo que prodigarás el bien; lo cual es natural, pues no conviene que
-madure el dulce higo entre ásperos serbales. Una antigua fama les da en
-el mundo el nombre de ciegos; raza avara, envidiosa y soberbia: ¡que
-sus malas costumbres no te manchen nunca! La fortuna te reserva tanto
-honor, que los dos partidos anhelarán poseerte; pero la hierba estará
-lejos del pico. Hagan las bestias fiesolanas forraje de sus mismos
-cuerpos, y no puedan tocar a la planta, si es que todavía sale alguna
-de entre su estiércol, en la que reviva la santa semilla de aquellos
-romanos que quedaron después de construído aquel nido de perversidad.
-
---Si todos mis deseos se hubiesen realizado--le respondí--, no
-estaríais vos fuera de la humana naturaleza; porque tengo siempre fija
-en mi mente, y ahora me contrista verla así, vuestra querida, buena y
-paternal imagen, cuando me enseñabais en el mundo cómo el hombre se
-inmortaliza: me creo, pues, en el deber, mientras viva, de patentizar
-con mis palabras el agradecimiento que os profeso. Conservo grabado
-en la memoria cuanto me referís acerca de mi destino, para hacerlo
-explicar con otro texto por una Dama que lo sabrá hacer, si consigo
-llegar hasta ella. Solamente deseo manifestaros que estoy dispuesto a
-correr todos los azares de la Fortuna con tal que mi conciencia no me
-remuerda nada. No es la vez primera que he oído semejante predicción; y
-así, mueva su rueda la Fortuna como le plazca, y el campesino su azada.
-
-Entonces mi Maestro se volvió hacia la derecha, me miró, y después me
-dijo:
-
---Bien escucha quien bien retiene.
-
-No por eso dejé de seguir hablando con "ser" Brunetto; y preguntándole
-quiénes eran sus más notables y eminentes compañeros, me contestó:
-
---Bueno es que conozcan los nombres de algunos de ellos: con respecto
-a los otros, vale más callar; que para tanta conversación el tiempo
-es corto. Sabe, pues, que todos ellos fueron clérigos y literatos de
-gran fama, y el mismo pecado los contaminó a todos en el mundo. Con
-aquella turba desolada va Prisciano, como también Francisco de Accorso;
-y si desearas conocer a tan inmunda caterva, podrías ver a aquel
-que por el Siervo de los siervos de Dios fué trasladado del Arno al
-Bacchiglione,[15] donde dejó sus mal extendidos miembros. Más te diría;
-pero no puedo avanzar ni hablar más, porque ya veo salir nuevo humo de
-la arena. Vienen almas con las cuales no debo estar. Te recomiendo mi
-"Tesoro,"[16] en el que aún vive mi memoria, y no pido nada más.
-
- [15] Andrés de Mozzi, que fué desposeído del obispado de
- Florencia a causa de sus vicios, y trasladado después al de
- Vicenza, por donde pasa el Bacchiglione.
-
- [16] Título de la obra principal de Brunetto Latini, escrita
- en francés. El "Tesoro" fué publicado en su lengua original
- por Chabaille (París, 1863), y traducido al italiano por Bono
- Giamboni (Bolonia, 1878-83, 4 vols.).
-
-Después se volvió con los otros, del mismo modo que los que, en la
-campiña de Verona, disputan a la carrera el palio verde, pareciéndose
-en el correr a los que vencen y no a los vencidos.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO DECIMOSEXTO_
-
-
-Encontrábame ya en un sitio donde se oía el rimbombar del agua que
-caía en el otro recinto, rumor semejante al zumbido que producen las
-abejas en sus colmenas, cuando a un tiempo y corriendo se separaron
-tres sombras de entre una multitud que pasaba sobre la lluvia del
-áspero martirio. Vinieron hacia nosotros, gritando cada cual: "Detente,
-tú, que, a juzgar por tus vestidos, eres hijo de nuestra depravada
-tierra." ¡Ah!, ¡qué de llagas antiguas y recientes vi en sus miembros,
-producidas por las llamas! Su recuerdo me contrista todavía. A sus
-gritos se detuvo mi Maestro; volvió el rostro hacia mí, y me dijo:
-
---Espera aquí si quieres ser cortés con esos; aunque si no fuese por el
-fuego que lanza sus rayos sobre este lugar, te diría que, mejor que a
-ellos la prisa de venir, te estaría a ti la de correr a su encuentro.
-
-Las sombras volvieron de nuevo a sus exclamaciones luego que nos
-detuvimos, y cuando llegaron adonde estábamos, empezaron las tres a
-dar vueltas formando un círculo. Y como solían hacer los gladiadores
-desnudos y untados de aceite, que antes de venir a las manos buscaba
-cada cual la oportunidad de lanzarse con ventaja sobre su contrario,
-del mismo modo cada una de aquellas sombras dirigía su rostro hacia mí,
-girando sin cesar, de suerte que tenían vuelto el cuello en distinta
-dirección de la que seguían sus pies.
-
---Aunque la miseria de este suelo movedizo y nuestro llagado y sucio
-aspecto haga que nosotros y nuestros ruegos seamos despreciables,
-comenzó a decir una de ellas, nuestra fama debe incitar a tu corazón a
-decirnos quién eres tú, que sientas con tal seguridad los pies vivos
-en el Infierno. Este que ves tan desnudo y destrozado, y cuyas huellas
-voy siguiendo, fué de un rango mucho más elevado de lo que te figuras.
-Nieto fué de la púdica Gualdrata,[17] se llamó Guido Guerra, y durante
-su vida hizo tanto con su talento, como con su espada: el otro, que
-tras de mí oprime la arena, es Tegghiaio Aldobrandi, cuya voz debería
-ser agradecida en el mundo; y yo, que sufro el mismo tormento que
-ellos, fuí Jacobo Rusticucci, y por cierto que nadie me causó más daño
-que mi fiera mujer.
-
- [17] Bellísima y honesta doncella, hija de Bellicion Berti, la
- cual, al mostrarse el emperador Otón IV deseoso de besarla,
- se volvió hacia su padre diciendo: "Nadie me ha da besar,
- excepto aquel a quien dé la mano de esposa." Se casó con el
- conde Guido, de familia germánica, del cual descendieron los
- condes Guidi, señores de Casentino. De este matrimonio nació
- Marcovaldo, que fué padre de Guido Guerra, valiente caballero
- y hombre de gran prudencia y talento, a quien se debió la
- victoria en la batalla de Benavento.
-
-Si hubiese podido estar al abrigo del fuego, me habría lanzado hacia
-los de abajo, y creo que mi Maestro lo hubiera tolerado; pero como
-estaba expuesto a abrasarme y cocerme, el miedo venció la buena
-intención que me impelía a abrazarlos. Así les dije:
-
---Vuestra situación no me ha inspirado desprecio, sino un dolor que
-tardará en desaparecer; esto es lo que he sentido desde el momento
-que mi Señor me dijo algunas palabras, por las cuales comprendí que
-era gente de vuestra calidad la que hacia nosotros venía. De vuestra
-tierra soy; y siempre he retenido y escuchado con gusto vuestros actos
-y vuestros honrados nombres. Dejo las amarguras, y voy en busca de los
-sabrosos frutos que me ha prometido mi sincero Guía; pero antes me es
-preciso bajar hasta el centro.
-
---Así tu alma permanezca unida a tus miembros por mucho tiempo--repuso
-aquél--, y así también resplandezca tu fama después de la muerte,
-ruégote nos digas si la gentileza y el valor habitan aún en nuestra
-ciudad, como solían, o si se han desterrado por completo; porque
-Guillermo Borsiere, que gime hace poco tiempo entre nosotros, y va allí
-con los demás compañeros, nos atormenta con sus relatos.
-
---¡Los advenedizos y las rápidas fortunas han engendrado en ti,
-Florencia, tanto orgullo e inmoderación, que tú misma te lamentas ya
-por esa causa!
-
-Así exclamé con el rostro levantado; y las tres sombras, oyendo esta
-respuesta, se miraron mutuamente, como cuando se oyen cosas que se
-tienen por verdaderas.
-
---¡Si tan poco te cuesta en otras ocasiones satisfacer las preguntas de
-cualquiera--respondieron todos--, dichoso tú que dices lo que sientes!
-Mas, si sales de estos lugares, obscuros, y vuelves a ver las hermosas
-estrellas, cuando te plazca decir: "Estuve allí," haz que los hombres
-hablen de nosotros.
-
-En seguida rompieron el círculo, y huyeron tan de prisa, que sus
-piernas parecían alas. No podría decirse "amén" tan pronto como ellos
-desaparecieron: por lo cual mi Maestro determinó que nos fuésemos. Yo
-le seguía, y a los pocos pasos advertí que el ruido del agua estaba
-tan próximo, que aun hablando alto apenas nos hubieran oído. Como
-aquel río que sigue su propio curso desde el monte Veso hacia levante
-por la izquierda del Apenino, el cual se llama Acquacheta antes de
-precipitarse en un lecho más bajo, y perdiendo este nombre en Forli, y
-formando después una cascada, ruge sobre San Benedetto en los Alpes,
-donde un millar de hombres debiera hallar su retiro, así en la parte
-inferior de una roca escarpada, oímos resonar tan fuertemente aquella
-agua teñida de sangre, que me habría hecho ensordecer en poco tiempo.
-Tenía yo una cuerda ceñida al cuerpo, con la cual había esperado
-apoderarme de la pantera de pintada piel: cuando me la desaté, según
-me lo había ordenado mi Guía, se la presenté arrollada y replegada:
-entonces se volvió hacia la derecha, y desde una distancia considerable
-de la orilla, la arrojó en aquel abismo profundo. "Preciso es, decía
-yo entre mí, que alguna novedad responda a esa nueva señal, cuyo
-efecto espera con tanta atención mi Maestro." ¡Oh!; ¡qué circunspectos
-deberían ser los hombres ante los que, no solamente ven sus actos, sino
-que, con la inteligencia, leen en el fondo de su pensamiento! Mi Guía
-me dijo:
-
---Pronto vendrá de arriba lo que espero, y pronto también es preciso
-que descubran tus ojos lo que tu pensamiento no ve con claridad.
-
-El hombre debe, siempre que pueda, cerrar sus labios antes de decir una
-verdad, que tenga visos de mentira; porque se expone a avergonzarse sin
-tener culpa. Pero ahora no puedo callarme, y te juro, ¡oh lector!, por
-los versos de esta comedia, a la que deseo la mayor aceptación, que vi
-venir nadando por el aire denso y obscuro una figura, que causaría
-espanto al corazón más entero; la cual se asemejaba al buzo que vuelve
-del fondo adonde bajó acaso a desprender el ancla que está afianzada a
-un escollo, u otro cualquier objeto escondido en el mar, y que extiende
-hacia arriba los brazos, al mismo tiempo que encoge sus piernas.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO DECIMOSEPTIMO_
-
-
-He ahí la fiera de aguzada cola, que traspasa las montañas, y rompe los
-muros y las armas: he ahí la que corrompe al mundo entero.
-
-Así empezó a hablarme mi Maestro, e hizo a aquélla una seña,
-indicándole que se dirigiera hacia la margen de piedra donde nos
-encontrábamos. Y aquella inmunda imagen del fraude, llegó a nosotros, y
-adelantó la cabeza y el cuerpo, pero no puso la cola sobre la orilla.
-Su rostro era el de un varón justo, tan bondadosa era su apariencia
-exterior, y el resto del cuerpo el de una serpiente. Tenía dos garras
-llenas de vello hasta los sobacos, y la espalda, el pecho y los
-costados salpicados de tal modo de lazos y escudos, que no ha habido
-tela turca ni tártara tan rica en colores, no pudiendo compararse
-tampoco a aquéllos los de las telas de Aracnea. Como se ven muchas
-veces las barcas en la orilla, mitad en el agua y mitad en tierra, o
-como en el país de los glotones tudescos el castor se prepara a hacer
-la guerra a los peces, así la detestable fiera se mantenía sobre el
-cerco de piedra que circunda la arenosa llanura, agitando su cola
-en el vacío, y levantando el venenoso dardo de que tenía armada su
-extremidad, como la de un escorpión. Mi Guía me dijo:
-
---Ahora conviene que dirijamos nuestros pasos hacia la perversa fiera
-que allí está tendida.
-
-Por lo cual descendimos por la derecha, y dimos diez pasos sobre la
-extremidad del margen, procurando evitar la arena abrasada y las
-llamas: cuando llegamos donde la fiera se encontraba, vi a corta
-distancia sobre la arena mucha gente sentada al borde del abismo. Allí
-me dijo mi Maestro:
-
---A fin de que adquieras una completa experiencia de lo que es este
-recinto, anda y examina la condición de aquellas almas, pero que sea
-corta tu conferencia. Mientras vuelves, hablaré con esta fiera, para
-que nos preste sus fuertes espaldas.
-
-Continué, pues, andando solo hasta el extremo del séptimo círculo,
-donde gemían aquellos desgraciados. El dolor brotaba de sus ojos,
-mientras acá y allá se defendían con las manos, ya de las pavesas, ya
-de la candente arena, como los perros, en el estío, rechazan con las
-patas o con el hocico las pulgas, moscas o tábanos, que les molestan.
-Mirando atentamente el rostro de muchos de aquellos a quienes azota
-el doloroso fuego, no conocí a ninguno; pero observé que del cuello
-de cada cual pendía una bolsa de cierto color, marcada con un signo,
-en cuya contemplación parecían deleitarse sus miradas. Aproximándome
-más para examinar mejor, vi en una bolsa amarilla una figura azul, que
-tenía toda la apariencia de un león. Después, prosiguiendo el curso de
-mis observaciones, vi otra, roja como la sangre, que ostentaba una oca
-más blanca que la leche. Uno de ellos, en cuya bolsa blanca figuraba
-una puerca preñada, de color azul, me dijo:
-
---¿Qué haces en esta fosa? Véte; y puesto que aún vives, sabe que mi
-vecino Vitaliano debe sentarse aquí a mi izquierda. Yo soy paduano,
-en medio de estos florentinos, que muchas veces me atruenan los oídos
-gritando: "Venga el caballero soberano, que llevará la bolsa con los
-tres picos."
-
-Después torció la boca, y sacó la lengua como el buey que se lame las
-narices. Y yo, temiendo que mi tardanza incomodase a aquél que me
-había encargado que estuviera allí poco tiempo, volví la espalda a tan
-miserables almas. Encontré a mi Guía, que había saltado ya sobre la
-grupa del feroz animal, y me dijo:
-
---Ahora sé fuerte y atrevido. Por aquí no se baja sino por escaleras de
-esta clase: monta delante; quiero quedarme entre ti y la cola, a fin de
-que ésta no pueda hacerte daño alguno.
-
-Al oír estas palabras, me quedé como aquel que, presintiendo el frío de
-la cuartana, tiene ya las uñas pálidas, y tiembla con todo su cuerpo
-tan sólo al mirar la sombra; pero su sentido amenazador me produjo la
-vergüenza que da ánimo a un servidor delante de un buen amo. Me coloqué
-sobre las anchas espaldas de la fiera, y quise decir: "Ten cuidado de
-sostenerme;" pero, contra lo que esperaba, me faltó la voz; si bien él,
-que ya anteriormente me había socorrido en todos los peligros, apenas
-monté, me estrechó y me sostuvo entre sus brazos. Después dijo:
-
---Gerión, ponte ya en marcha, trazando anchos círculos y descendiendo
-lentamente: piensa en la nueva carga que llevas.
-
-Aquel animal fué retrocediendo como la barca que se aleja de la orilla,
-y cuando sintió todos sus movimientos en libertad, revolvió la cola
-hacia donde antes tenía el pecho, y extendiéndola, la agitó como
-una anguila, atrayéndose el aire con las garras. No creo que Faetón
-tuviera tanto miedo, cuando abandonó las riendas, por lo cual se
-abrasó el cielo, como se puede ver todavía; ni el desgraciado Icaro,
-cuando, derritiéndose la cera, sintió que las alas se desprendían de su
-cintura, al mismo tiempo que su padre le gritaba: "Mal camino llevas,"
-como el que yo sentí, al verme en el aire por toda partes, y alejado
-de mi vista todo, excepto la fiera. Esta empezó a marchar, nadando
-lentamente, girando y descendiendo; pero yo no podía apercibirme
-más que del viento que sentía en mi rostro y en la parte inferior
-de mi cuerpo. Empecé a oír hacia la derecha el horrible estrépito
-que producían las aguas en el abismo; por lo cual incliné la cabeza
-y dirigí mis miradas hacia abajo, causándome un gran miedo aquel
-precipicio; porque vi llamas y percibí lamentos, que me obligaron a
-encogerme tembloroso. Entonces observé, pues no lo había reparado
-antes, que descendíamos dando vueltas, como me lo hizo notar la
-proximidad de los grandes dolores, amontonados por doquier en torno
-nuestro. Como el halcón, que ha permanecido volando largo tiempo sin
-ver reclamo ni pájaro alguno, hace exclamar al halconero: "¡Eh! ¿Ya
-bajas?," y efectivamente desciende cansado de las alturas donde trazaba
-cien rápidos círculos, posándose lejos del que lo amaestró, desdeñoso
-e iracundo, así nos dejó Gerión en el fondo del abismo, al pie de una
-desmoronada roca; y libre de nuestras personas, se alejó como la saeta
-despedida por la cuerda.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO DECIMOOCTAVO_
-
-
-Hay un lugar en el Infierno, llamado Malebolge,[18] construído todo
-de piedra y de color ferruginoso, como la cerca que lo rodea. En el
-centro mismo de aquella funesta planicie se abre un pozo bastante
-ancho y profundo, de cuya estructura me ocuparé en su lugar. El
-espacio que queda entre el pozo y el pie de la dura cerca es redondo,
-y está dividido en diez valles, o recintos cerrados, semejantes a los
-numerosos fosos que rodean a un castillo para defensa de las murallas;
-y así como estos fosos tienen puentes que van desde el umbral de la
-puerta a su otro extremo, del mismo modo aquí avanzaban desde la base
-de la montaña algunas rocas, que atravesando las márgenes y los fosos,
-llegaban hasta el pozo central, y allí se reunían quedando truncadas.
-Tal era el sitio donde nos encontramos cuando descendimos de la grupa
-de Gerión: el Poeta echó a andar hacia la izquierda, y yo seguí tras
-él. A mi derecha vi nuevas causas de conmiseración, nuevos tormentos y
-nuevos burladores, que llenaban la primera fosa. En el fondo estaban
-desnudos los pecadores; los del centro acá venían de frente a nosotros;
-y los de esta parte afuera seguían nuestra misma dirección, pero con
-paso más veloz. Como en el año del Jubileo, a causa de la afluencia
-de gente que atraviesa el puente de San Angelo, los romanos han
-determinado que todos los que se dirijan al castillo y vayan hacia San
-Pedro pasen por un lado, y por el otro los que van hacia el monte, así
-vi, por uno y otro lado de la negra roca, cornudos demonios con grandes
-látigos, que azotaban cruelmente las espaldas de los condenados. ¡Oh!
-¡Cómo les hacían mover las piernas al primer golpe! Ninguno aguardaba
-el segundo ni el tercero. Mientras yo andaba, mis ojos se encontraron
-con los de un pecador, y dije en seguida: "No es la primera vez que
-veo a ése." Por lo que me detuve a observarlo mejor: mi dulce Guía
-se detuvo al mismo tiempo, y aun me permitió retroceder un tanto. El
-azotado creyó ocultarse bajando la cabeza; mas le sirvió de poco, pues
-le dije:
-
- [18] "Malebolge," fosas malditas. Vocablo dantesco compuesto
- de "bolge," bolsas, alforjas, y "male" malditas.
-
---Tú, que fijas los ojos en el suelo, si no son falsas las facciones
-que llevas, eres Venedico Caccianimico. Pero ¿qué es lo que te ha
-traído a tan picantes salsas?
-
-A lo que me contestó:
-
---Lo digo con repugnancia; pero cedo a tu claro lenguaje, que me hace
-recordar el mundo de otro tiempo. Yo fuí aquel que obligó a la bella
-Ghisola a satisfacer los deseos del Marqués, cuéntese como se quiera la
-tal historia. Y no soy el único boloñés que llora aquí; antes bien este
-sitio está tan lleno de ellos, que no hay en el día entre el Savena y
-el Reno tantas lenguas que digan "sipa,"[19] como en esta fosa; y si
-quieres una prueba de lo que te digo, recuerda nuestra codicia notoria.
-
- [19] En la provincia de Bolonia, situada entre los ríos
- Savena y Reno, para decir sia o sí, decían sipa o sipó. En el
- día pronuncian: se pó, que viene a ser el c'est bon de los
- franceses.
-
-Mientras así hablaba, un demonio le pegó un latigazo, diciéndole:
-"Anda, rufián; que aquí no hay mujeres que se vendan."
-
-Me reuní a mi Guía; y a los pocos pasos llegamos a un punto de donde
-salía una roca de la montaña. Subimos por ella ligeramente, y volviendo
-a la derecha sobre su áspero dorso, salimos de aquel eterno recinto.
-Luego que llegamos al sitio en que aquel peñasco se ahueca por debajo a
-modo de puente, para dar paso a los condenados, mi Guía me dijo:
-
---Detente, y haz que en ti se fijen las miradas de esos otros
-malnacidos, cuyos rostros no has visto aún, porque han caminado hasta
-ahora en nuestra misma dirección.
-
-Desde el vetusto puente contemplamos la larga fila que hacia nosotros
-venía por la otra parte, y que era igualmente castigada por el látigo.
-El buen Maestro me dijo, sin que yo le preguntara nada:
-
---Mira esa gran sombra que se acerca, y que, a pesar de su dolor, no
-parece derramar ninguna lágrima. ¡Qué aspecto tan majestuoso conserva
-aún! Ese es Jasón, que con su valor y su destreza robó en Cólquide el
-vellocino de oro. Pasó por la isla de Lemnos, después que las audaces
-y crueles mujeres de aquella isla dieron muerte a todos los habitantes
-varones; y allí, con sus artificios y sus halagüeñas palabras, engañó
-a la joven Hisipila, que antes había engañado a todas sus compañeras,
-y la dejó encinta y abandonada; por tal culpa está condenado a tal
-martirio, que es también la venganza de Medea. Con él van todos los que
-han cometido igual clase de engaños: bástete, pues, saber esto de la
-primera fosa, y de los que en ella son atormentados.
-
-Nos encontrábamos ya en el punto donde el estrecho sendero se cruza con
-el segundo margen, que sirve de apoyo para otro arco. Allí vimos a los
-que se anidan en una nueva fosa, dando resoplidos con sus narices y
-golpeándose con sus propias manos. Las orillas estaban incrustadas de
-moho, producido por las emanaciones de abajo, que allí se condensan,
-ofendiendo a la vista y al olfato. La fosa es tan profunda, que no se
-puede ver el fondo, sino mirando desde la parte más alta del arco, que
-lo domina perpendicularmente. Allí nos pusimos, y desde aquel punto
-vimos en el foso unas gentes sumergidas en un estiércol, que parecía
-salir de las letrinas humanas; y mientras tenía la vista fija allí
-dentro, vi uno con la cabeza tan sucia de excremento, que no podía
-saber si era clérigo o seglar. Aquella cabeza me dijo:
-
---¿Por qué te muestras tan ávido de mirarme a mí, con preferencia a los
-otros que están tan sucios como yo?
-
-Le respondí:
-
---Porque, si mal no recuerdo, te he visto otra vez con los cabellos
-enjutos, y tú eres Alejo Interminelli de Luca; por eso te miro más que
-a todos los otros.
-
-Entonces, él, golpeándose la calabaza, exclamó:
-
---Aquí me han sumergido las lisonjas que no se cansó de prodigar mi
-lengua.
-
-Después de esto, mi Guía me dijo:
-
---Procura adelantar un poco la cabeza, a fin de que tus miradas
-alcancen las facciones de aquella sucia esclava desmelenada, que se
-desgarra las carnes con sus uñas llenas de inmundicia, y que tan pronto
-se encoge como se estira. Esa es Thais, la prostituta, que cuando su
-amante le preguntó: "¿Tengo grandes méritos a tus ojos?," ella le
-contestó: "Sí, maravillosos." Y con esto queden saciadas nuestras
-miradas.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO DECIMONONO_
-
-
-¡Oh Simón el mago! ¡Oh miserables sectarios suyos, almas rapaces, que
-prostituís a cambio de oro y plata las cosas de Dios, que deben ser las
-esposas de la virtud! Ahora resonará la trompa para vosotros, puesto
-que os encontráis en la tercera fosa.
-
-Estábamos ya junto a ésta, subidos en aquella parte del escollo que
-cae justamente sobre su centro. ¡Oh suma Sabiduría! ¡Cuán grande es el
-arte que demuestras en el cielo, en la tierra y en el mundo maldito, y
-con cuánta equidad se reparte tu virtud! Vi en los lados y en el fondo
-la piedra lívida llena de pozuelos, todos redondos y de igual tamaño,
-los cuales me parecieron ni más ni menos anchos que los que hay en mi
-hermoso San Juan para servir de pilas bautismales; uno de éstos rompí
-yo no ha muchos años, por salvar a un niño que dentro de él se ahogaba;
-y baste lo que digo, para desengañar a todos.[20] Fuera de la boca
-de cada uno de aquellos pozuelos salían los pies y las piernas de un
-pecador, hasta el muslo, quedando dentro el resto del cuerpo. Ambos
-pies estaban encendidos, por cuya razón se agitaban tan fuertemente
-sus coyunturas, que hubieran roto sogas y cuerdas. Del mismo modo que
-la llama suele recorrer la superficie de los objetos untados de grasa,
-así el fuego flameaba desde el talón a la punta en los pies de los
-condenados.
-
- [20] Habiendo roto Dante una de las pilas bautismales de la
- iglesia de San Juan en Florencia, para salvar a un niño que se
- ahogaba, fué acusado de sacrilegio. Por esto hace constar aquí
- que no lo hizo por desprecio a las cosas sagradas, sino por
- amor a la humanidad.
-
---¿Quién es aquél, Maestro, que furioso agita los pies más que sus
-otros compañeros--dije entonces--, y a quien corroe y deseca una llama
-mucho más roja?
-
-A lo cual me contestó:
-
---Si quieres que te conduzca por aquella parte de la escarpa que está
-más cercana al fondo, él mismo te dirá quién es y cuáles son sus
-crímenes.
-
-Le respondí:
-
---Me parece bien todo lo que a ti te agrada: tú eres el dueño y sabes
-que yo no me separo de tu voluntad, así como también conoces lo que me
-callo.
-
-Subimos entonces al cuarto margen; después volvimos y bajamos por la
-izquierda hacia la estrecha y perforada fosa, sin que el buen Maestro
-me hiciera separar de su lado, hasta haberme conducido junto al hoyo
-de aquel que daba tantas señales de dolor con los movimientos de sus
-piernas.
-
---¡Oh! Quienquiera que seas, tú, que tienes enterrada la parte superior
-de tu cuerpo; alma triste, plantada como una estaca--empecé a decir--,
-habla, si puedes.
-
-Yo estaba como el fraile que confiesa al pérfido asesino, que, metido
-en la tierra, le llama para que cese su muerte. Y él gritó:
-
---¿Estás ya aquí derecho, estás ya aquí derecho, Bonifacio?[21] Me
-ha engañado en algunos años lo que está escrito. ¿Tan pronto te has
-saciado de aquellos bienes, por los cuales no temiste apoderarte con
-embustes de la hermosa Dama,[22] y gobernarla después indignamente?
-
- [21] Esta sombra es la del papa Nicolás III, de la familia
- de los Orsini de Roma, electo en 1277. Cree que quien le
- interroga es el alma de Bonifacio VIII; y por eso dice:
- "¿Estás ya aquí, Bonifacio?" Y añade en seguida: "Me ha
- engañado en algunos años lo escrito." Es decir: El libro
- profético, en que nosotros los condenados leemos lo futuro, me
- ha engañado; porque, según él, tú debías morir en 1303, y no
- en 1300.
-
- [22] Según la Historia, esta opinión de Dante es exagerada.
- Sin embargo, Celestino V dijo de Bonifacio VIII, que este papa
- entró a reinar como un zorro, gobernó como un león y murió
- como un perro.
-
-Quedéme, al oír esto, como aquellos que, casi avergonzados de no haber
-comprendido lo que se les ha dicho, no saben qué contestar. Entonces
-Virgilio dijo:
-
---Respóndele pronto: "yo no soy, yo no soy el que tú crees."
-
-Y yo contesté como se me ordenó. Por lo cual el espíritu retorció sus
-pies; y luego, suspirando y con llorosa voz, me dijo:
-
---¿Pues qué es lo que me preguntas? Si te urge conocer quién soy, hasta
-el punto de haber descendido para ello por todos estos peñascos, sabrás
-que estuve investido del gran manto, y fuí verdadero hijo de la Osa,
-tan codicioso, que, por aumentar la riqueza de los oseznos, embolsé
-arriba todo el dinero que pude, y aquí mi alma. Bajo mi cabeza están
-sepultados los demás papas, que antes de mí cometieron simonía, y se
-hallan comprimidos a lo largo de este angosto agujero. Yo me hundiré
-también luego que venga aquel que creí fueses tú, cuando te dirigí mi
-súbita pregunta. Pero desde que mis pies se abrasan, y me encuentro
-colocado al revés, ha transcurrido más tiempo del que él permanecerá
-en este mismo sitio con los pies quemados; porque en pos de él vendrá
-de poniente un pastor sin ley, por causa más repugnante, y ése deberá
-cubrirnos a entrambos. Será un nuevo Jasón, parecido al de que se habla
-en el libro de los Macabeos; y así como el rey de éste fué débil para
-con él, así con el otro lo será el que rige la Francia.
-
-No sé si en tal momento fué demasiada audacia la mía; pues le respondí
-en estos términos:
-
---¡Eh!, dime: ¿cuánto dinero exigió Nuestro Señor de San Pedro, antes
-de poner las llaves en su poder? En verdad que no le pidió más sino
-que le siguiera. Ni Pedro ni los otros pidieron a Matías oro ni plata
-cuando por suerte fué elegido en reemplazo del que perdió su alma
-traidora. Permanece, pues, ahí, porque has sido castigado justamente, y
-guarda bien la mal adquirida riqueza, que tan atrevido te hizo contra
-Carlos. Y si no fuese porque aun me contiene el respeto a las llaves
-soberanas, que poseíste en tu alegre vida, emplearía palabras mucho más
-severas; porque vuestra avaricia contrista al mundo, pisoteando a los
-buenos, y ensalzando a los malos. Pastores, a vosotros se refería el
-Evangelista, cuando vió prostituída ante los reyes a la que se sienta
-sobre las aguas; a la que nació con siete cabezas, y obtuvo autoridad
-por sus diez cuernos, mientras la virtud agradó a su marido.[23] Os
-habéis construído dioses de oro y plata: ¿qué diferencia, pues, existe
-entre vosotros y los idólatras, sino la de que ellos adoran a uno y
-vosotros adoráis a ciento? ¡Ah, Constantino! ¡A cuántos males dió
-origen, no tu conversión al cristianismo, sino la donación que de ti
-recibió el primer papa que fué rico!
-
- [23] Dante alude aquí a Roma, edificada sobre siete colinas,
- a la que rendían obediencia muchos pueblos y naciones, y
- permaneció constituída en gran poder y autoridad, mientras (su
- marido) sus jefes fueron virtuosos: pero decayó en la opinión,
- que por tanto tiempo había merecido y gozado, cuando la corte
- romana prefirió a la virtud el oro y la plata, prostituyéndose
- a los reyes de la tierra.
-
-Mientras yo le hablaba con esta claridad, él, ya fuese a impulsos de
-la ira, o porque le remordiese la conciencia, respingaba fuertemente
-con ambas piernas. Creo que complací a mi Guía; porque escuchó siempre
-con rostro satisfecho el sonido de mis palabras, expresadas con
-sinceridad. Entonces me cogió con los dos brazos, y teniéndome en alto
-bien afianzado sobre su pecho, volvió a subir por el camino por donde
-habíamos descendido, sin dejar de estrecharme contra sí, hasta llegar a
-la parte superior del puente que va de la cuarta a la quinta calzada.
-Allí, depositó suavemente su querido fardo sobre el áspero y pelado
-escollo, que hasta para las cabras sería un difícil sendero, desde
-donde descubrí una nueva fosa.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
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-
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-
-_CANTO VIGESIMO_
-
-
-Mis versos deben relatar un nuevo suplicio, el cual servirá de asunto
-al vigésimo canto del primer cántico, que trata de los sumergidos
-en el Infierno. Me hallaba ya dispuesto a contemplar el descubierto
-fondo, que está bañado de lágrimas de angustia, cuando vi venir por la
-fosa circular gentes que, llorando en silencio, caminaban con aquel
-paso lento que llevan las letanías en el mundo. Cuando incliné más
-hacia ellos mi mirada, me pareció que cada uno de aquellos condenados
-estaba retorcido de un modo extraño desde la barba al principio del
-pecho; pues tenían el rostro vuelto hacia las espaldas, y les era
-preciso andar hacia atrás, porque habían perdido la facultad de ver por
-delante. Quizá, por la fuerza de la perlesía, se encuentre un hombre
-de tal manera contrahecho; pero yo no lo he visto ni creo que pueda
-suceder. Ahora bien, lector, ¡así Dios te permita sacar fruto de esta
-lectura! Considera por ti mismo si mis ojos podrían permanecer secos,
-cuando vi de cerca nuestra humana figura tan torcida, que las lágrimas
-le caían por la espina dorsal. Yo lloraba en verdad, apoyado contra
-una de las rocas de la dura montaña, de suerte que mi Guía me dijo:
-
---¿Tú también eres de los insensatos? Aquí vive la piedad cuando está
-bien muerta. ¿Quién es más criminal que el que se apasiona contemplando
-la justicia divina? Levanta la cabeza, levántala y mira a aquel por
-quién se abrió la tierra en presencia de los tebanos, que exclamaban:
-"¿Adónde caes, Anfiarao? ¿Por qué abandonas la guerra?" Y no cesó
-de caer en el Infierno hasta llegar a Minos, que se apodera de cada
-culpable. Mira cómo ha convertido sus espaldas en pecho: por haber
-querido ver demasiado hacia adelante, ahora mira hacia atrás, y sigue
-un camino retrógrado. Mira a Tiresias, que mudó de aspecto cuando de
-varón se convirtió en hembra, cambiando también todos su miembros,
-y hubo de abatir con su vara las dos serpientes unidas, antes que
-recobrara su pelo viril. El que acerca sus espaldas al vientre de aquél
-es Aronte, que tuvo por morada una gruta de blancos mármoles en las
-montañas de Luni, cultivadas por el carrarés que habita en su falda,
-y desde allí no había nada que limitara su vista, cuando contemplaba
-el mar o las estrellas. Aquella que, con los destrenzados cabellos,
-cubre sus pechos, por lo cual se ocultan a tus miradas, y tiene en ese
-lado de su cuerpo todas las partes velludas, fué Manto, que recorrió
-muchas comarcas, hasta que se detuvo en el sitio donde yo nací; por
-lo cual deseo que me prestes un poco de atención. Luego que su padre
-salió de la vida, y fué esclavizada la ciudad de Baco,[24] Manto anduvo
-errante por el mundo durante mucho tiempo. Allá arriba, en la bella
-Italia, existe un lago al pie de los Alpes que ciñen la Alemania por
-la parte superior del Tirol, el cual se llama Benaco. Mil corrientes,
-y aun más, según creo, vienen a aumentar, entre Garda, Val-Camonica
-y el Apenino, el agua que se estanca en dicho lago. En medio de éste
-hay un sitio, donde el Pastor de Trento, y los de Verona y Brescia,
-podrían dar su bendición si siguiesen aquel camino. En el punto donde
-es más baja la orilla que le circunda, está situada Peschiera, bello
-y fuerte castillo, a propósito para hacer frente a los de Brescia y a
-los de Bérgamo. Allí afluye necesariamente toda el agua que no puede
-estar contenida en el lago de Benaco, formando un río que corre entre
-verdes praderas. En cuanto aquella agua sigue un curso propio, ya no se
-llama Benaco, sino Mincio, hasta que llega a Governolo, donde desemboca
-en el Po. No corre mucho sin que encuentre una hondonada, en la cual
-se extiende y se estanca, y suele ser malsana en el estío. Pasando,
-pues, por allí la feroz doncella, vió en medio del pantano una tierra
-inculta y deshabitada. Se detuvo en ella con sus esclavas, para huír de
-todo consorcio humano, y para ejercer su arte mágica, y allí vivió y
-dejó sus restos mortales. Entonces los hombres, que estaban dispersos
-por los alrededores, se reunieron en aquel sitio, que era fuerte a
-causa del pantano que le circundaba: edificaron una ciudad sobre los
-huesos de la difunta, y del nombre de la primera que había elegido
-aquel sitio, la llamaron Mantua, sin consultar para ello al Destino. En
-otro tiempo fueron sus habitantes más numerosos, antes de que Casalodi
-se dejara engañar neciamente por Pinamonte. Te lo advierto a fin de
-que, si oyes atribuir otro origen a mi patria, ninguna mentira pueda
-obscurecer la verdad.
-
- [24] Tebas, ciudad consagrada a Baco.
-
-Le respondí:
-
---Maestro, tus razonamientos son para mí tan verídicos, y me obligan
-a prestarles tanta fe, que cualesquiera otros me parecerían carbones
-apagados. Pero dime si entre la gente que va pasando hay alguno digno
-de notarse, pues eso solo ocupa mi alma.
-
-Entonces me dijo:
-
---Aquél, cuya barba se extiende desde el rostro a sus morenas espaldas,
-fué augur cuando la Grecia se quedó tan exhausta de varones, que apenas
-los había en las cunas, y junto con Calcas dió la señal en Aulide para
-cortar el primer cable. Se llamó Euripilo, y así lo nombra en algún
-punto mi alta tragedia. Aquel otro que ves tan demacrado fué Miguel
-Scott, que conoció perfectamente las imposturas del arte mágica. Mira a
-Guido Bonatti, y ve allí a Asdente, que ahora desearía no haber dejado
-su cuero y su bramante; pero se arrepiente demasiado tarde: contempla
-las tristes que abandonaron la aguja, la lanzadera y el huso para
-convertirse en adivinas, y para hacer maleficios con hierbas y con
-figuras. Pero ven ahora, porque ya el astro en que se ve a Caín con las
-espinas ocupa el confín de los dos hemisferios, y toca el mar más abajo
-de Sevilla. La luna era ya redonda en la noche anterior; debes recordar
-bien que no te molestó a veces por la selva umbría.
-
-Así me hablaba y entre tanto íbamos caminando.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO VIGESIMOPRIMERO_
-
-
-Así, de un puente a otro, y hablando de cosas que mi comedia no se
-cuida de referir, fuimos avanzando y llegamos a lo alto del quinto,
-donde nos detuvimos para ver la otra hondonada de Malebolge y otras
-vanas lágrimas, y la vi maravillosamente obscura. Así como en el
-arsenal de los venecianos hierve en el invierno la pez tenaz, destinada
-a reparar los buques averiados que no pueden navegar, y al mismo tiempo
-que uno construye su embarcación, otro calafatea los costados de la que
-ha hecho ya muchos viajes; otro recorre la proa, otro la popa; quién
-hace remos; quién retuerce las cuerdas; quiénes, por fin, reparan el
-palo de mesana y el mayor; de igual suerte, y no por medio del fuego,
-sino por la voluntad divina, hervía allá abajo una resina espesa, que
-se pegaba a la orilla por todas partes. Yo la veía, pero sin percibir
-en ella más que las burbujas que producía el hervor, hinchándose toda y
-volviendo a caer desplomada. Mientras la contemplaba fijamente, mi Guía
-me atrajo hacia sí desde el sitio en que me encontraba, diciéndome:
-"Ten cuidado, ten cuidado." Entonces me volví como el hombre que ansía
-ver aquello de que le conviene huír, y a quien asalta un temor tan
-grande y repentino, que ni para mirar detiene su fuga; y vi detrás de
-nosotros un negro diablo, que venía corriendo por el puente. ¡Oh! ¡Cuán
-feroz era su aspecto, y qué amenazador me parecía con sus alas abiertas
-y sus ligeros pies! Sobre sus hombros, altos y angulosos, llevaba a
-cuestas un pecador, a quien tenía agarrado por ambos jarretes. Desde
-nuestro puente dijo:
-
---¡Oh! Malebranche, ved aquí uno de los ancianos de Santa Zita: ponedle
-debajo; que yo me vuelvo otra vez a aquella tierra, que está tan bien
-provista de ellos. Allí todos son bribones, excepto Bonturo; y por
-dinero, de un "no" hacen un "ita."[25]
-
- [25] Solíase antiguamente, en los testimonios públicos,
- escribir el ita de los latinos por signo de afirmación, y el
- no por signo de negación.
-
-Le arrojó abajo, y se volvió por la dura roca tan de prisa, que jamás
-ha habido mastín suelto que haya perseguido a un ladrón con tanta
-ligereza. El pecador se hundió y volvió a subir hecho un arco; pero los
-demonios, que estaban resguardados por el puente, gritaban:
-
---Aquí no está el Santo Rostro; aquí se nada de diferente modo que en
-el Serchio. Si no quieres probar nuestros garfios, no salgas de la pez.
-
-Después le pincharon con más de cien harpones, diciéndole:
-
---Es forzoso que bailes aquí a cubierto, de modo que, si puedes,
-prevariques ocultamente.
-
-No de otra suerte hacen los cocineros que sus marmitones sumerjan en
-la caldera las viandas por medio de grandes tenedores, para que no
-sobrenaden.
-
---A fin de que no adviertan que estás aquí--me dijo el buen Maestro--,
-ocúltate detrás de una roca, que te sirva de abrigo; y aunque se me
-haga alguna ofensa, no temas nada; pues ya conozco estas cosas por
-haber estado otra vez entre estas almas venales.
-
-En seguida pasó al otro lado del puente, y cuando llegó a la sexta
-orilla, tuvo necesidad de mostrar su intrepidez. Con el furor y el
-ímpetu con que salen los perros tras el pobre que de pronto pide
-limosna donde se detiene, así salieron los demonios de debajo del
-puente, volviendo todos contra él sus harpones; pero les gritó:
-
---Que ninguno de vosotros se atreva. Antes que me punce vuestra
-orquilla, adelántese uno que me oiga, y después medite si debe
-perdonarme.
-
-Todos gritaron:
-
---Vé, Malacoda.
-
-Por lo cual uno de ellos se puso en marcha, mientras los otros
-permanecían quietos, y se adelantó diciendo:
-
---¿Qué te podrá salvar de nuestras garras?
-
---¿Crees tú, Malacoda, que a no ser por la voluntad divina y por tener
-el destino propicio--dijo mi Maestro--, me hubieras visto llegar aquí,
-sano y salvo, a pesar de todas vuestras armas? Déjame pasar, porque en
-el cielo quieren que enseñe a otro este camino salvaje.
-
-Entonces quedó tan abatido el orgullo del demonio, que dejó caer el
-harpón a sus plantas, y dijo a los otros:
-
---Que no se le haga daño.
-
-Y mi guía a mí:
-
---¡Oh tú, que estás agazapado tras de las rocas del puente! Ya puedes
-llegar a mí con toda seguridad.
-
-Entonces eché a andar, y me acerqué a él con prontitud; pero los
-diablos avanzaron, de modo que yo temí que no observaran lo pactado:
-así vi temblar en otro tiempo a los que por capitulación salían de
-Caprona, viéndose entre tantos enemigos. Me acerqué cuanto pude a mi
-Guía, y no separaba mis ojos del rostro de aquéllos, que no era nada
-bueno. Bajaban ellos sus garfios, y: "¿Quiéres que le pinche en la
-rabadilla?," decía uno de ellos a los otros. Y respondían: "Sí, sí
-clávale." Pero aquel demonio, que estaba conversando con mi Guía, se
-volvió de repente, y gritó: "Quieto, quieto, Scarmiglione." Después nos
-dijo:
-
---Por este escollo no podréis ir más lejos, pues el sexto arco yace
-destrozado en el fondo. Si os place ir más adelante, seguid esta
-costa escarpada: cerca veréis otro escollo por el que podréis pasar.
-Ayer, cinco horas más tarde que en este momento, se cumplieron mil
-doscientos sesenta y seis años desde que se rompió aquí el camino.[26]
-Voy a enviar hacia allá varios de los míos para que observen si algún
-condenado procura sacar la cabeza al aire: id con ellos, que no os
-harán daño.
-
- [26] Ayer, Viernes, a las tres de la tarde, quiere decir el
- diablo (pues se supone que habla a las diez de la mañana del
- Sábado Santo), se cumplieron 1266 años desde que se rompió
- este puente, a consecuencia de un terremoto, en el momento de
- la muerte de Jesucristo.
-
---Adelante, Alichino y Calcabrina--empezó a decir--; y tú también,
-Cagnazzo; Barbariccia guiará a los diez. Vengan además Libicocco, y
-Draghignazzo; Ciriatto, el de los grandes colmillos, y Graffiacane, y
-Farfarello, y el loco de Rubicantondad en torno de la pez hirviente:
-éstos deben llegar salvos hasta el otro escollo, que atraviesa
-enteramente sobre la fosa.[27]
-
- [27] He aquí traducidos los nombres de los doce diablos
- que Dante menciona en este canto: Malebranche, malas
- garras.--Malacoda, cola maldita.--Scarmiglione, que
- arranca los cabellos.--Alichino, que hace inclinar a los
- otros.--Calcabrina, que pisa el rocío.--Cagnazzo, perro
- malo.--Barbariccia, el de la barba erizada.--Libicocco, deseo
- ardiente.--Draghignazzo, veneno de dragón.--Ciriatto-Sannuto,
- colmillo de jabalí.--Graffiaccane, perro que
- araña.--Rubicante, inflamado. Todas estas versiones son de
- Landino.
-
---¡Oh Maestro! ¿Qué es lo que veo?--dije--; si conoces el camino, vamos
-sin escolta; yo, por mí, no la solicito. Si eres tan prudente como de
-costumbre, ¿no ves que rechinan los dientes, y se hacen guiños que nos
-amenazan algún mal?
-
---No quiero que te espantes--me contestó--; deja que rechinen los
-dientes a su gusto. Si lo hacen, es por los desgraciados que están
-hirviendo.
-
-Se pusieron en camino por la margen izquierda; pero cada uno de
-aquéllos de antemano se habían mordido la lengua en señal de
-inteligencia con su jefe, y éste se sirvió de su ano a guisa de
-trompeta.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
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-
-
-_CANTO VEGISIMOSEGUNDO_
-
-
-He visto alguna vez a la caballería levantar el campo, empezar el
-combate, pasar revista, y a veces batirse en retirada; he visto ¡oh,
-aretinos! hacer excursiones por vuestra tierra y saquearla; he visto
-luchar en los torneos y correr en las justas, ya al sonido de las
-trompetas, ya al de las campanas, al ruido de los tambores, con las
-señales de los castillos, y con todo el aparato nacional y extranjero;
-pero lo que no he visto nunca es que tan extraño instrumento de viento
-haya indicado la marcha a jinetes ni peones; jamás, ni en la tierra,
-ni en los cielos, guió semejante faro a ningún buque. Marchábamos
-juntamente con los diez demonios (¡oh terrible compañía!); pero en la
-iglesia con los santos, y en la taberna con los borrachos. Sin embargo,
-mi atención estaba concentrada en la pez para distinguir todo lo que
-contenía la fosa y los que se abrasaban dentro de ella. Así como saltan
-los delfines fuera del agua, indicando a los marinos que precavan la
-nave de la tempestad, así también algunos condenados, para aliviar su
-tormento, sacaban la espalda y la volvían a esconder más rápidos que
-el relámpago; y lo mismo que en un charco las ranas sacan la cabeza a
-flor de agua, aunque teniendo dentro de ella sus patas y el resto del
-cuerpo, así estaban por todas partes los pecadores; pero en cuanto
-Barbariccia se aproximaba, volvían a sumergirse en aquel hervidero.
-Yo vi, y aun se estremece por ello mi corazón, a uno de aquellos que
-había tardado más tiempo en hundirse, como sucede con las ranas, que
-una queda fuera del agua, mientras otra se zambulle; y Graffiacane, que
-estaba más cerca de él, le enganchó por los cabellos enviscados de pez,
-y lo sacó fuera como si fuese una nutria. Yo sabía el nombre de todos
-aquellos demonios, por haberme hecho cargo de ellos cuando los eligió
-Malacoda. "Rubicante, plántale encima tu garfio y desuéllalo," gritaban
-a un tiempo todos aquellos malditos. Yo dije:
-
---Maestro mío, si puedes, procura saber quién es ese desgraciado que ha
-caído en manos de sus adversarios.
-
-Mi Guía se le acercó, y le preguntó de dónde era, a lo que respondió:
-
---Yo nací en el reino de Navarra. Mi madre me puso al servicio de un
-señor: ella me había engendrado de un pródigo, que se destruyó a sí
-mismo y disipó su fortuna. Después fuí favorito del buen rey Tebaldo, y
-me lancé a comerciar con sus favores; crimen de que doy cuenta en este
-horno.
-
-Y Ciriatto, a quien salía de cada lado de la boca un colmillo como el
-de un jabalí, le hizo sentir lo bien que uno de ellos hería. Entre
-malos gatos había caído aquel ratón; porque Barbariccia lo sujetó entre
-sus brazos, diciendo: "Quedaos ahí mientras que yo le ensarto." Y
-volviendo el rostro hacia mi Maestro, añadió: "Pregúntale aún si deseas
-saber más, antes que otros lo destrocen."
-
-Mi Guía preguntó:
-
---Dime, pues, si entre los otros culpables que están sumergidos en esa
-pez, conoces algunos que sean latinos.
-
-A lo que contestó:
-
---Acabo de separarme de uno que fué de allí cerca. ¡Así estuviera, como
-él, bajo la pez; no temería ahora ni las garras ni los garfios!
-
-Y Libicocco: "Ya hemos tenido demasiada paciencia," dijo; y le enganchó
-por el brazo con su harpón, arrancándole de un golpe todo el antebrazo.
-Draghignazzo quiso también cogerle por las piernas; pero su Decurión
-se volvió hacia todos ellos lanzando una mirada furiosa. Cuando se
-hubieron calmado un poco, mi Guía no tardó en preguntar a aquel que
-estaba contemplando su herida:
-
---¿Quién es ése de quien dices que te has separado, por tu desgracia,
-para salir a flote?
-
-Y le respondió:
-
---Es el hermano Gomita, aquel de Gallura, vaso de iniquidad, que tuvo
-en su poder a los enemigos de su señor, e hizo de modo que todos
-le alabasen. Aceptó su oro y los dejó libres, según él mismo dice;
-y con respecto a los empleos, no fué un pequeño, sino un soberano
-prevaricador. Con él conversa a menudo don Miguel Zanche de Logodoro, y
-sus lenguas no se cansan nunca de hablar de las cosas de Cerdeña. ¡Ay
-de mí! Ved a ese otro cómo aprieta los dientes. Aun hablaría más, pero
-temo que se prepare a rascarme la tiña.
-
-El gran jefe de los demonios se dirigió a Farfarelo, que movía sus ojos
-en todas direcciones buscando donde herir, y le dijo: "Quítate de ahí,
-pájaro malvado."
-
---Si queréis ver u oír a toscanos y lombardos--empezó a decir en
-seguida el desgraciado pecador--, haré que vengan. Pero que esas
-malditas garras se mantengan un poco apartadas, a fin de que ellos
-no teman sus venganzas: yo, sentándome en este mismo sitio, por uno
-que soy haré venir siete, silbando como acostumbramos cuando uno de
-nosotros saca la cabeza fuera de la pez.
-
-Al oír estas palabras, Gagnazzo levantó el hocico meneando la cabeza,
-y dijo: "¡Oigan el medio malicioso de que se ha valido para volver
-a sumergirse!" A lo cual contestó aquél, que tenía abundancia de
-estratagemas: "¡En verdad que soy muy malicioso, cuando expongo a los
-míos a mayores tormentos!" No pudo contenerse Alichino, y en contra de
-lo dicho por los otros, respondió: "Si te arrojas en la pez, no correré
-al galope detrás de ti, sino que emplearé mis alas para ello. Te damos
-de ventaja la escarpa, y el ribazo por defensa, y veamos si tú solo
-vales más que todos nosotros."
-
-¡Oh tú, que lees esto, ahora verás un nuevo juego! Todos los demonios
-se volvieron hacia la pendiente opuesta, y el primero de ellos, el que
-se había mostrado más renitente. El navarro aprovechó bien el tiempo;
-fijó sus pies en el suelo, y precipitándose de un solo salto, se puso
-al abrigo de los malos propósitos de aquéllos. Contristados se quedaron
-los demonios ante esta treta, pero mucho más el que tuvo la culpa de
-ella; por lo cual se lanzó tras de él gritando: "Ya te tengo." Pero
-de poco le valió, porque sus alas no pudieron igualar en velocidad
-al espanto de Ciampolo: éste se lanzó en la pez, y aquél cambió la
-dirección de su vuelo, llevando el pecho hacia arriba.
-
-No de otro modo se sumerge instantáneamente el pato cuando el halcón se
-aproxima, y éste se remonta furioso y fatigado. Calcabrina, irritado
-contra Lichino por aquel engaño, echó a volar tras él, deseoso de
-que el pecador se escapara para tener un motivo de querella. Y
-cuando hubo desaparecido el prevaricador, volvió sus garras contra
-su compañero, y se aferró con él sobre el mismo estanque. Pero éste,
-gavilán adiestrado, hizo uso también de las suyas, y los dos cayeron
-en medio de la pez hirviente. El calor los separó bien pronto;
-pero todo su esfuerzo para remontarse era en vano, porque sus alas
-estaban enviscadas. Barbariccia, descontento como los demás, hizo
-volar a cuatro desde la otra parte con todos sus harpones, y bajando
-rápidamente hacia el sitio designado, tendieron sus garfios a los dos
-demonios, que estaban medio cocidos en la superficie de aquella fosa.
-Nosotros los dejamos allí enredados de aquella manera.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO VIGESIMOTERCERO_
-
-
-Solos, en silencio y sin escolta, íbamos uno tras otro, como
-acostumbran ir los frailes menores. La riña que acabábamos de
-presenciar me trajo a la memoria la fábula de Esopo, en que habló
-de la rana y del topo; pues las partículas "mo" e "issa"[28] no son
-tan semejantes como estos dos hechos, si atentamente se consideran
-el principio y el fin de entrambos. Y como un pensamiento procede
-rápidamente de otro, de éste nació uno nuevo, que redobló mi primitivo
-espanto. Yo pensaba así: "Esos demonios han sido engañados por nuestra
-causa, y con tanto daño y escarnio, que les creo muy ofendidos. Si a
-la malevolencia se añade la ira, nos van a perseguir con más crueldad
-que el perro que sujeta a la liebre por el cuello." Ya sentía que
-se erizaban mis cabellos a causa del temor, y miraba hacia atrás
-atentamente, por lo que dije:
-
---Maestro, si no nos ocultas a los dos prontamente, temo a los demonios
-que vienen detrás de nosotros; y tan así me lo imagino, que ya me
-parece que los oigo.
-
- [28] Mo e issa, voces que significan ahora en lombardo. Mo,
- del latín modo, que es ahora; issa, elipsis del latín hac,
- ipsa hora, es también ahora.
-
-A lo que él contestó:
-
---Si yo fuera un espejo, no verías en mí tu imagen tan pronto como veo
-en tu interior. En este momento se cruzaban tus pensamientos con los
-míos bajo la misma faz y aspecto, de suerte que he deducido de ambos un
-solo consejo. Si es cierto que la cuesta que hay a nuestra derecha está
-tan inclinada, que nos permita bajar a la sexta fosa, huiremos de la
-caza que imaginamos.
-
-Apenas había concluído de decirme su parecer, cuando vi venir a los
-demonios con las alas extendidas y muy cerca de nosotros, queriendo
-cogernos. Mi Guía me agarró súbitamente, como una madre que, despertada
-por el ruido y viendo brillar las llamas cerca de ella, coge a su hijo
-y huye, y teniendo más cuidado de él que de sí misma, no se detiene ni
-aun a ponerse una camisa. Desde lo alto de la calzada, se deslizó de
-espaldas por la pendiente roca, uno de cuyos lados divide la quinta
-de la sexta fosa. Jamás corrió tan rápida el agua por la canal de un
-molino, cuando más se acerca a las paletas de la rueda, como descendió
-por aquel declive mi Maestro, llevándome sobre su pecho, cual si
-fuese hijo suyo y no su compañero. Apenas tocaron sus pies al suelo
-del profundo abismo, cuando los demonios aparecieron en la roca sobre
-nuestras cabezas: pero ya no nos inspiraban temor; porque la alta
-Providencia que los había designado para ministros de la quinta fosa,
-les quitó la facultad de separarse de allí. Abajo encontramos unas
-gentes pintadas, que giraban en torno con bastante lentitud, llorosas
-y con los semblantes fatigados y abatidos. Llevaban capas con capuchas
-echadas sobre los ojos, por el estilo de las que llevan los monjes
-de Colonia.[29] Aquellas capas eran doradas por de fuera, de modo que
-deslumbraban; pero por dentro eran todas de plomo, y tan pesadas, que
-las de Federico a su lado parecían de paja.[30] ¡Oh manto fatigoso por
-toda la eternidad! Nos volvimos aún hacia la izquierda, y anduvimos
-con aquellas almas, escuchando sus tristes lamentos. Pero las sombras,
-rendidas por el peso, caminaban tan despacio, que a cada paso que
-dábamos cambiábamos de compañero. Yo dije a mi Guía:
-
---Procura encontrar a alguno que sea conocido por su nombre o por sus
-hechos; y mira al efecto en derredor tuyo mientras andas.
-
- [29] Cuéntase que hubo en Colonia un abad tan ambicioso e
- insolente, que pidió permiso al Papa para que sus monjes
- pudieran usar capas de escarlata, cintos, espuelas y estribos
- de plata sobredorada. Esta petición desagradó tanto al
- Pontífice, que dispuso que en adelante el abad y sus monjes
- usaran capas negras y mal hechas, y cintos y estribos de
- madera.
-
- [30] El emperador Federico II encerraba a los culpables de
- lesa majestad en capas de plomo, y luego los arrojaba al fuego.
-
-Y uno de ellos, que entendió el idioma toscano, exclamó detrás de
-nosotros:
-
-Detened vuestros pasos, vosotros que tanto corréis a través del aire
-sombrío: quizá podrás obtener de mí lo que solicitas.
-
-En seguida mi Guía se volvió y me dijo:
-
---Espera, y modera tu paso hasta igualar al suyo.
-
-Me detuve, y vi dos de aquéllos, que en sus miradas demostraban gran
-deseo de estar conmigo; pero su carga y lo estrecho del camino les
-hacían tardar. Cuando se me hubieron reunido, me miraron con torvos
-ojos y sin hablarme: después se volvieron uno a otros diciéndose: "Ese
-parece vivo, a juzgar por el movimiento de su garganta; pero si están
-muertos, ¿por qué privilegio no llevan nuestra pesada capa?" Después
-me dijeron:
-
---¡Oh toscano, que has venido a la mansión de los tristes hipócritas!,
-dígnate decirnos quién eres.
-
-Les contesté:
-
---Nací y crecí junto a la orilla del hermoso Arno, en la gran ciudad,
-y conservo el cuerpo que he tenido siempre. Pero vosotros, a quienes,
-según veo, cae tan doloroso llanto gota a gota por las mejillas,
-¿quiénes sois, y qué pena padecéis que tanto se hace ver?
-
-Uno de ellos me respondió:
-
---¡Ay de mí! Estas doradas capas son de plomo, y tan gruesas, que su
-peso nos hace gemir como cargadas balanzas. Fuimos hermanos Gozosos[31]
-y boloñeses. Yo me llamé Catalano y éste Loderingo. Tu ciudad nos
-nombró magistrados, como suele elegirse a un hombre neutral para
-conservar la paz; y la conservamos tan bien como puede verse aún cerca
-del Gardingo.
-
- [31] Hermanos de una orden de caballería instituída para
- combatir contra los infieles y los que violaran la justicia.
- Se les llamó Gaudenti (gozosos) por la vida licenciosa que
- llevaron.
-
-Yo repuse: "¡Oh hermanos! Vuestros males..." Pero no pude continuar;
-porque vi en el suelo a uno crucificado en tres palos. En cuanto
-me vió, se retorció, haciendo agitar su barba con la fuerza de los
-suspiros; y el hermano Catalano, que lo advirtió, me dijo:
-
---Ese que estás mirando crucificado aconsejó a los fariseos que era
-necesario hacer sufrir a un hombre el martirio por el pueblo. Está
-atravesado y desnudo sobre el camino, como ves; y es preciso que sienta
-lo que pesa cada uno de los que pasan. Su suegro está condenado a igual
-suplicio en esta fosa, así como los demás del Consejo que fué para los
-judíos origen de tantas desgracias.
-
-Entonces vi a Virgilio que contemplaba con asombro a aquel que estaba
-tan vilmente crucificado en el eterno destierro. Luego se dirigió al
-fraile en estos términos:
-
---¿Queríais decirnos si hacia la derecha hay alguna abertura por donde
-podamos salir los dos, sin obligar a los ángeles negros a que nos
-saquen de este abismo?
-
-Aquel respondió:
-
---Más cerca de aquí de lo que esperas, se levanta una peña que parte
-del gran círculo y atraviesa todas las terribles fosas; pero está
-cortada en ésta y no continúa sobre ella. Podréis subir por las ruinas
-que existen en el declive de su falda y cubren el fondo.
-
-Mi Guía permaneció un momento con la cabeza inclinada, y después dijo:
-
---¡Cómo nos ha engañado aquel que ensarta con su garfio a los pecadores!
-
-Y el fraile repuso:
-
---He oído referir en Bolonia los numerosos vicios del demonio, entre
-los cuales no era el menor el de ser falso y padre de la mentira.
-
-Entonces mi Guía se alejó precipitadamente con el rostro inmutado por
-la cólera; y en consecuencia, me alejé también de aquellas almas que
-soportaban tanto peso, y seguí las huellas de los pies queridos.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO VIGESIMOCUARTO_
-
-
-En la época del año nuevo en que templa el sol su cabellera bajo el
-Acuario, y en que ya las noches van igualándose con los días; cuando
-la escarcha imita en la tierra, aunque por poco tiempo, el color de
-su blanca hermana, el campesino que carece de forraje, se levanta,
-mira, y al ver blanco el campo se golpea el muslo, vuelve a su casa,
-y se lamenta continuamente como el desgraciado que no sabe qué hacer;
-pero torna luego a mirar, y recobra la esperanza, viendo que la tierra
-ha cambiado de aspecto en pocas horas, y entonces coge su cayado y
-sale a apacentar sus ovejas: así mi Maestro me llenó de inquietud
-cuando vi tan turbado su rostro, y así también aplicó pronto remedio
-a mi mal; porque al llegar al derruído puente, se volvió hacia mí con
-aquel amable aspecto que tenía cuando le vi al pie del monte. Después
-de haber pensado la determinación que había de tomar, contemplando
-antes con cuidado las ruinas, abrió sus brazos, cogióme por detrás, y
-como aquel que trabaja, pensando siempre en la labor que emprenderá
-en seguida, del mismo modo, elevándome sobre la cima de una roca,
-contemplaba otra diciendo:
-
---Agárrate bien a ésa, pero tantea primero si tal cual es podrá
-sostenerte.
-
-Aquel no era un camino a propósito para los que iban con capa; pues
-apenas podíamos, Virgilio tan ágil, y yo sostenido por él, trepar de
-piedra en piedra. Y a no ser porque en aquel recinto era más corto el
-camino que en otro alguno, no sé lo que a él le habría sucedido, pero
-a mí me hubiera vencido el cansancio. Mas como Malebolge va siempre en
-declive hasta la boca del profundísimo pozo, cada fosa que se recorre
-presenta un margen que se eleva y otro que desciende. Llegamos por fin
-al extremo en que se destaca la última piedra. Cuando estuve sobre
-ella, de tal modo me faltaba el aliento, que no podía más; así es que
-me senté en cuanto nos detuvimos.
-
---Ahora es preciso que sacudas tu pereza--me dijo el Maestro--; que
-no se alcanza la fama reclinado en blanda pluma, ni al abrigo de
-colchas: y el que sin gloria consume su vida, deja en pos de sí el
-mismo vestigio que el humo en el aire o la espuma en el agua. Ea,
-pues, levántate; domina la fatiga con el alma, que vence todos los
-obstáculos, mientras no se envilece con la pesadez del cuerpo. Tenemos
-que subir todavía una escala mucho más larga; pues no basta haber
-atravesado por entre los espíritus infernales. Si me entiendes, deben
-reanimarte mis palabras.
-
-Levantéme entonces, demostrando más resolución de la que verdaderamente
-sentía en mi interior, y dije:
-
---Vamos, ya me siento fuerte y atrevido.
-
-Echamos a andar por el escollo, que era áspero, estrecho y escabroso, y
-más pendiente que el anterior. Iba hablando para disimular mi flaqueza,
-cuando oí una voz que salía de la otra fosa, articulando palabras
-ininteligibles. No sé lo que dijo, a pesar de encontrarme en la cima
-del arco que por allí pasa; mas el que hablaba parecía conmovido por
-la ira. Yo me había inclinado; pero los ojos de un vivo no podían
-distinguir el fondo a través de aquella obscuridad; por lo cual dije:
-
---Maestro, haz por llegar al otro recinto, y descendamos este muro,
-porque desde aquí oigo y no comprendo nada; miro hacia abajo y nada veo.
-
---Te responderé--me dijo--haciendo lo que deseas; que las peticiones
-justas deben satisfacerse en silencio.
-
-Bajamos por el puente desde lo alto hasta donde se une con el octavo
-margen; y entonces descubrí la fosa, y vi una espantosa masa de
-serpientes, de tan diferentes especies, que su recuerdo me hiela
-todavía la sangre. Deje la Libia de envanecerse con sus arenas; que
-si produce quelidras, yáculos y faras, cencros y anfisbenas, ni en
-ella, ni en toda la Etiopía con el país que está sobre el mar Rojo,
-existieron jamás tantas ni tan nocivas pestilencias como en este lugar.
-A través de aquella espantosa y cruel multitud de reptiles corrían
-gentes desnudas y aterrorizadas, sin esperanza de encontrar refugio ni
-heliotropo.[32] Tenían las manos atadas a la espalda con sierpes, las
-cuales, formando nudos por encima, les hincaban la cola y la cabeza en
-los riñones. Y he aquí que uno de aquellos desgraciados, que estaba
-cerca de nosotros, fué mordido por una serpiente en el punto en que
-el cuello se une a los hombros; y en el breve tiempo que se necesita
-para escribir una O y una I, se incendió, ardió y cayó reducido a
-cenizas. Pero apenas quedó consumido en el suelo, reuniéronse aquéllas
-por sí mismas, y súbitamente se rehizo aquel espíritu como estaba
-antes. Así dicen los grandes sabios que muere el Fénix, y renace cuando
-está cercano a su quinto siglo: no se alimenta de hierba ni de trigo
-durante su vida, sino de amomo y lágrimas de incienso, y su último nido
-está formado con nardo y mirra. Y como aquel que cae y no sabe cómo,
-a impulsos del demonio que lo arroja en el suelo o de algún accidente
-producido por su temperamento enfermizo, cuando se levanta, se queda
-asombrado de la cruel angustia que ha sufrido y suspira al mirar en
-torno suyo, así se levantó el pecador ante nosotros. ¡Oh, cuán severa
-es la justicia de Dios, que hace estallar su cólera por medio de tales
-golpes! Mi Guía le preguntó después quién era, y él le contestó:
-
---Yo caí hace poco tiempo desde Toscana en este horrible abismo. La
-vida salvaje me agradó más que la humana; fuí lo mismo que un mulo: soy
-Vanni Fucci, el bestia, y Pistoya fué mi digno cubil.
-
- [32] Agata de color verde obscuro con manchas rojizas, a
- la que se atribuían virtudes milagrosas contra toda clase
- de veneno y especialmente contra las mordeduras de las
- serpientes, y que tenía además la de hacer invisible al que la
- llevaba.
-
-Entonces dije a mi Guía:
-
---Dile que no huya, y pregúntale qué delito le ha precipitado aquí;
-pues yo le conocí ya hombre colérico y sanguinario.
-
-El pecador, que me oyó, no se ocultó, sino que dirigió hacia mí
-atentamente su mirada, y se cubrió el rostro de triste vergüenza.
-Después dijo:
-
---Siento más que me hayas encontrado en la miseria en que me ves, de lo
-que sentí verme privado de la vida; pero no puedo negarme a satisfacer
-tus preguntas. Estoy sumido aquí, porque robé en la sacristía los
-hermosos ornamentos, de cuyo delito fué otro acusado falsamente.
-Mas para que no te goces en mi desgracia, si acaso llegas a salir
-de estos lugares sombríos, abre tus oídos a mi anuncio, y escucha:
-primeramente, Pistoya quedará despoblada de Negros; después Florencia
-renovará sus habitantes y su forma de gobierno; Marte hará salir
-del valle de Magra un vapor, que envuelto en sombrías nieblas y en
-tempestad impetuosa y terrible, se desencadenará sobre el campo Piceno;
-y allí, desgarrándose de repente la nube, aniquilará todos los Blancos.
-Te he dicho esto para que te cause dolor.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO VIGESIMOQUINTO_
-
-
-Al terminar estas palabras, el ladrón alzó ambas manos haciendo un
-gesto indecente y exclamando: "Toma, Dios, esto es para tí." Desde
-entonces fuí amigo de las serpientes; porque una de ellas se le enroscó
-en el cuello como diciendo: "No quiero que hables más:" y otra se
-agarró a sus brazos, sujetándolos de tal modo, que no le era posible
-al condenado hacer ningún movimiento. ¡Ah, Pistoya, Pistoya! ¿Cómo no
-decides reducirte tú misma a cenizas, y dejar de existir, pues que tus
-hijos son peores que sus antepasados? En todos los círculos del obscuro
-Infierno no he visto espíritu tan soberbio ante Dios, a no ser aquel
-que cayó desde los muros de Tebas. El ladrón huyó sin decir una palabra
-más. Entonces vi un Centauro lleno de ira, que acudía gritando: "¿Dónde
-está, dónde está el soberbio?" No creo que contengan las Marismas
-tanto reptil como llevaba el Centauro sobre su grupa hasta el sitio en
-que empezaba la forma humana: sobre sus espaldas, detrás de la nuca,
-descansaba un dragón con las alas abiertas, el cual abrasaba cuanto
-salía a su encuentro. Mi Maestro dijo:
-
---Ese monstruo es Caco, el que al pie de las rocas del monte Aventino
-formó más de una vez un lago de sangre. No va por el mismo camino que
-sus hermanos, porque robó fraudulentamente el gran rebaño que pacía en
-las inmediaciones del sitio que había escogido por vivienda: pero sus
-inicuos hechos acabaron por fin bajo la clava de Hércules, que si le
-dió cien golpes con ella, aquél no llegó a sentir el décimo.
-
-Mientras así hablaba Virgilio, Caco desapareció, al mismo tiempo que se
-acercaban tres espíritus por debajo del margen donde estábamos, lo cual
-no advertimos ni mi Guía ni yo, hasta que les oímos gritar: "¿Quiénes
-sois?" Cesó entonces nuestra conversación, y nos fijamos solamente en
-ellos. Yo no les conocía; pero sucedió, como suele acontecer algunas
-veces, que el uno tuvo necesidad de llamar al otro, diciéndole:
-"Cianfa, ¿dónde te has metido?" Y yo, a fin de que estuviese atento mi
-Guía, me puse el dedo desde la nariz a la barba. Ahora, lector, si se
-te hace difícil creer lo que te voy a decir, no será extraño, porque
-yo que lo vi, apenas lo creo. Mientras estaba contemplando a aquellos
-espíritus, se lanzó una serpiente con seis patas sobre uno de ellos,
-agarrándosele enteramente. Con las patas de enmedio le oprimió el
-vientre; con las de delante le sujetó los brazos, y después le mordió
-en ambas mejillas. Extendiendo en seguida las patas de detrás sobre sus
-muslos, le pasó la cola por entre los dos, y se la mantuvo apretada
-contra los riñones. Nunca se agarró tan fuertemente la hiedra al
-árbol, como la horrible fiera adaptó sus miembros a los del culpable:
-después una y otro se confundieron, como si fuesen de blanda cera, y
-mezclaron tan bien sus colores, que ninguno de ambos parecía ya lo
-que antes había sido. Así con el ardor del fuego se extiende sobre el
-papel un color obscuro, que no es negro, y sin embargo deja de ser
-blanco. Los otros dos condenados le miraban, exclamando cada cual:
-"¡Ay, Angel,[33] cómo cambias! No eres ya uno ni dos." Las dos cabezas
-se habían convertido en una, y aparecían dos figuras mezcladas en una
-sola faz, quedando en ella confundidas entrambas. De los cuatro brazos
-se hicieron dos: los muslos y las piernas, el vientre y el tronco se
-convirtieron en miembros nunca vistos. Quedó borrado todo su primitivo
-aspecto: aquella imagen transformada parecía dos y ninguna de las
-anteriores; y en tal estado se alejaba a pasos lentos.
-
- [33] Agnolo Bruneleschi, florentino.
-
-Como el lagarto, que bajo el ardor de los días caniculares, cuando
-cambia de maleza, parece un rayo al atravesar el camino, tal parecía,
-dirigiéndose hacia el vientre de los otros dos espíritus, una pequeña
-serpiente irritada, lívida y negra como grano de pimienta. Picó a uno
-de ellos en aquella parte del cuerpo por donde nos alimentamos antes de
-nacer, y después cayó a sus pies quedando tendida. El herido la miró
-sin decir nada; y permaneció inmóvil, en pie y bostezando, como si le
-hubiera sorprendido el sueño o la fiebre. El y la serpiente se miraban,
-y el uno por la herida y la otra por la boca, lanzaban un denso humo
-que llegaba a confundirse. Calle Lucano al referir las miserias de
-Sabello y de Nasidio, y escuche atentamente lo que describo aquí: calle
-Ovidio al ocuparse de Cadmo y Aretusa; que si, en su poema, convirtió
-a aquél en serpiente y a éste en fuente, no le envidio. Ovidio no
-transformó jamás dos naturalezas frente a frente, de tal modo que
-sus formas cambiaran también de materia. El hombre y la serpiente se
-correspondieron de tal suerte, que cuando ésta abrió su cola en forma
-de horquilla, el herido juntó sus dos pies. Las piernas y los muslos
-de éste se estrecharon tanto, que en poco tiempo no quedaron vestigios
-de su natural separación. La cola hendida de la serpiente tomaba la
-figura que desaparecía en el hombre, y su piel se hacía blanda al
-paso que dura la de aquél. Vi entrar los brazos del condenado en los
-sobacos; y las dos patas de la fiera, que eran cortas, se alargaban
-tanto cuanto aquéllos se encogían. Las patas de detrás de aquélla,
-retorciéndose, formaban el miembro que el hombre oculta, y el del
-miserable dividióse en dos patas. Mientras que el humo daba el color de
-la serpiente al hombre y viceversa, y hacía salir en aquélla el pelo
-que quitaba a éste, el uno, es decir, la fiera transformada en hombre,
-se levantó, y cayó el otro; pero sin dejar de lanzarse miradas feroces,
-ante las cuales cada uno de ellos cambiaba de rostro. El que estaba en
-pie lo encogió hacia las sienes, y de la carne excedente se le formaron
-las orejas en sus lisos carrillos. La parte del hocico de la serpiente
-que no se replegó en la cabeza quedó fuera formando la nariz del rostro
-humano, y abultó al propio tiempo convenientemente los labios. El que
-estaba en el suelo extendió su boca hacia delante, e hizo entrar sus
-orejas en la cabeza, como el caracol hace con sus cuernos; y la lengua,
-que estaba antes unida y dispuesta a hablar, se hendió, al paso que
-se unía la lengua hendida del reptil, dejando de lanzar humo. El alma
-que se había convertido en serpiente huyó silbando por la fosa; y el
-otro, hablando detrás de ella, le escupía. Volvióle después sus recién
-formadas espaldas, y dijo al otro condenado: "Quiero que Buoso se
-arrastre por este camino como yo lo he hecho." De tal suerte vi yo, en
-la séptima fosa, cambiarse y metamorfosearse dos naturalezas; y si mi
-lenguaje no es florido, sírvame de excusa la novedad del caso.
-
-Aunque mis ojos estuviesen turbados y mi espíritu aturdido, no pudieron
-huír las otras dos sombras tan ocultamente, que yo no conociese a
-Puccio Sciancato, el único de los tres espíritus de los llegados
-anteriormente que no había cambiado de forma: el otro era aquel que tú
-lloras, ¡oh Gaville![34]
-
- [34] Para mayor claridad, nótese bien que Dante ve primero
- tres espíritus: Agnolo Brunelleschi, Buoso Donati y Puccio
- Sciancato. Luego viene Cianfa en forma de serpiente con
- seis patas, se arroja sobre Brunelleschi, y los dos se
- convierten en un solo monstruo, que se va con pasos lentos.
- Llega después, en forma de serpiente lívida y negra, Guercio
- Cavalcante: pica a Buoso, le transforma en serpiente y él se
- vuelve hombre: Buoso huye silbando. Quedan solos en escena
- Puccio Sciancato, que no ha sufrido transformación, y "aquel a
- quien llora Gaville;" es decir, Guercio Cavalcante.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO VIGESIMOSEXTO_
-
-
-Alégrate, Florencia, pues eres tan grande, que tu nombre vuela por
-mar y tierra, y es famoso en todo el infierno. Entre los ladrones he
-encontrado cinco de tus nobles ciudadanos; lo cual me avergüenza, y
-a tí no te honra mucho. Pero, si es verdad lo que se sueña cerca del
-amanecer, dentro de poco tiempo conocerás lo que contra ti desean, no
-ya otros pueblos, sino Prato: y si este mal se hubiese ya cumplido, no
-sería prematuro. ¡Así viniese hoy lo que ha de suceder, pues tanto más
-me contristará, cuanto más viejo me vuelva!
-
-Partimos; y por los mismos escalones de las rocas que nos habían
-servido para bajar, subió mi Guía, tirando de mí. Prosiguiendo la ruta
-solitaria a través de los picos y rocas del escollo, no era posible
-mover un pie sin el auxilio de la mano. Entonces me afligí, como me
-aflijo ahora, cuando pienso en lo que vi; y refreno mi espíritu más
-de lo que acostumbro, para que no aventure tanto que deje de guiarlo
-la virtud; porque, si mi buena estrella u otra influencia mejor me ha
-dado algún ingenio, no quiero yo mismo envidiármelo. Así como en la
-estación en que aquel que ilumina al mundo nos oculta menos su faz,
-el campesino que reposa en la colina a la hora en que el mosquito
-reemplaza a la mosca, ve por el valle las luciérnagas que corren por
-el sitio donde vendimia y ara, así también vi resplandecer infinitas
-llamas en la octava fosa, en cuanto estuve en el punto desde donde
-se distinguía su fondo. Y como aquel a quien los osos ayudaron en su
-venganza[35] vió partir el carro de Elías, cuando los caballos subían
-erguidos al cielo, de tal modo que no pudiendo sus ojos seguirle,
-sólo distinguían una ligera llama elevándose como débil nubecilla,
-así también noté que se agitaban aquéllas en la abertura de la fosa,
-encerrando cada una un pecador, pero sin manifestar lo que ocultaban.
-Yo estaba sobre el puente, tan absorto en la contemplación de aquel
-espectáculo, que, a no haberme agarrado a un trozo de roca, hubiera
-caído sin ser empujado. Mi Guía, que me vió tan atento, me dijo:
-
---Dentro del fuego están los espíritus, cada uno revestido de la llama
-que le abrasa.
-
- [35] Colocados en una misma pira los cadáveres de los hermanos
- Eteocles y Polinyces, que se habían dado muerte el uno al
- otro, la llama descubría, bifurcándose, que se odiaban aun
- después de muertos.
-
---¡Oh, Maestro!--respondí;--tus palabras han hecho que me cerciore de
-lo que veo; pero ya lo había pensado así y quería decírtelo. Mas dime:
-¿quién está en aquella llama que se divide en su parte superior, y
-parece salir de la pira donde fueron puestos Eteocles y su hermano?
-
-Me contestó:
-
---Allí dentro están torturados Ulises y Diomedes: juntos sufren aquí
-un mismo castigo, como juntos se entregaron a la ira. En esa llama
-se llora también el engaño del caballo de madera, que fué la puerta
-por donde salió la noble estirpe de los romanos. Llórase también el
-artificio por el que Deidamia, aun después de muerta, se lamenta de
-Aquiles, y se sufre además el castigo por el robo del Paladión.
-
---Si es que pueden hablar en medio de las llamas--dije yo--, Maestro,
-te pido y te suplico, y así mi súplica valga por mil, que me permitas
-esperar que esa llama dividida llegue hasta aquí: mira cómo, arrastrado
-por mi deseo, me abalanzo hacia ella.
-
-A lo que me contestó:
-
-Tu súplica es digna de alabanza, y yo la acojo; pero haz que tu lengua
-se reprima, y déjame a mí hablar; pues comprendo lo que quieres, y
-quizás ellos, siendo griegos, se desdeñarían de contestarte.
-
-Cuando la llama estuvo cerca de nosotros, y mi Guía juzgó el lugar y el
-momento favorables, le oí expresarse en estos términos:
-
---¡Oh vosotros, que sois dos en un mismo fuego! Si he merecido vuestra
-gracia durante mi vida, si he merecido de vosotros poco o mucho, cuando
-escribí mi gran poema en el mundo, no os alejéis; antes bien dígame uno
-de vosotros dónde fué a morir, llevado de su valor.
-
-La punta más elevada de la antigua llama empezó a oscilar murmurando
-como la que agita el viento; después, dirigiendo a uno y otro lado su
-extremidad, empezó a lanzar algunos sonidos, como si fuera una lengua
-que hablara, y dijo:
-
---Cuando me separé de Circe, que me tuvo oculto más de un año en Gaeta,
-antes de que Eneas le diera este nombre, ni las dulzuras paternales,
-ni la piedad debida a un padre anciano, ni el amor mutuo que debía
-hacer dichosa a Penélope, pudieron vencer el ardiente deseo que yo tuve
-de conocer el mundo, los vicios y las virtudes de los humanos, sino
-que me lancé por el abierto mar sólo con un navío, y con los pocos
-compañeros que nunca me abandonaron. Vi entrambas costas, por un lado
-hasta España, por otro hasta Marruecos, y la isla de los Sardos y las
-demás que baña en torno aquel mar. Mis compañeros y yo nos habíamos
-vuelto viejos y pesados cuando llegamos a la estrecha garganta donde
-plantó Hércules las dos columnas para que ningún hombre pasase más
-adelante. Dejé a Sevilla a mi derecha, como había dejado ya a Ceuta a
-mi izquierda. "¡Oh hermanos, dije, que habéis llegado al Occidente a
-través de cien mil peligros!, ya que tan poco os resta de vida, no os
-neguéis a conocer el mundo sin habitantes, que se encuentra siguiendo
-al Sol. Pensad en vuestro origen; vosotros no habéis nacido para vivir
-como brutos, sino para alcanzar la virtud y la ciencia." Con esta corta
-arenga infundí en mis compañeros tal deseo de continuar el viaje, que
-apenas los hubiera podido detener después. Y volviendo la popa hacia
-el Oriente, de nuestros remos hicimos alas para seguir tan desatentado
-viaje, inclinándonos siempre hacia la izquierda. La noche veía ya
-brillar todas las estrellas del otro polo, y estaba el nuestro tan bajo
-que apenas parecía salir fuera de la superficie de las aguas. Cinco
-veces se había encendido y otras tantas apagado la luz de la luna desde
-que entramos en aquel gran mar, cuando apareció una montaña obscurecida
-por la distancia, la cual me pareció la más alta de cuantas había
-visto hasta entonces. Nos causó alegría, pero nuestro gozo se trocó
-bien pronto en llanto; pues de aquella tierra se levantó un torbellino
-que chocó contra la proa de nuestro buque: tres veces lo hizo girar
-juntamente con las encrespadas ondas, y a la cuarta levantó la popa y
-sumergió la proa como plugo al Otro, hasta que el mar volvió a unirse
-sobre nosotros.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO VIGESIMOSEPTIMO_
-
-
-Habíase quedado derecha e inmóvil la llama para no decir nada más, y ya
-se iba alejando de nosotros, con permiso del dulce poeta, cuando otra
-que seguía detrás nos hizo volver la vista hacia su punta, a causa del
-confuso rumor que salía de ella. Como el toro de Sicilia que, lanzando
-por primer mugido el llanto del que lo había trabajado con su lima (lo
-cual fué justo), bramaba con las voces de los torturados en él de tal
-suerte, que a pesar de estar construído de bronce, parecía realmente
-traspasado de dolor, así también las palabras lastimeras del espíritu
-contenido en la llama, no encontrando en toda la extensión de ella
-ninguna abertura por donde salir, se convertían en el lenguaje del
-fuego; pero cuando consiguieron llegar a su punta, comunicándole a ésta
-el movimiento que la lengua les había dado al pasar, oímos decir:
-
---¡Oh tú, a quien me dirijo, y que hace poco hablabas en lombardo,
-diciendo: "Véte ya, no te detengo más!" Aun cuando yo haya llegado
-tarde, no te pese permanecer hablando conmigo; pues a mí no me pesa,
-no obstante que estoy ardiendo.[36] Si acabas de caer en este mundo
-lóbrego desde la dulce tierra latina, donde he cometido todas mis
-faltas, dime si los romañolos están en paz o en guerra; pues fuí de las
-montañas que se elevan entre Urbino y el yugo de que el Tíber se desata.
-
- [36] Este espíritu es el conde Guido de Montefeltro.
-
-Yo escuchaba aún atento e inclinado, cuando mi Guía me tocó, diciendo:
-
---Habla tú, ese es latino.
-
-Y yo, que tenía la respuesta preparada, empecé a hablarle así sin
-tardanza:
-
---¡Oh alma, que te escondes ahí debajo! Tu Romanía no está ni estuvo
-nunca sin guerra en el corazón de sus tiranos; pero al venir no he
-dejado guerra manifiesta: Ravena está como hace muchos años: el águila
-de Polenta anida allí, y cubre aún a Cervia con sus alas. La tierra que
-sostuvo tan larga prueba, y contiene sangrientos montones de cadáveres
-franceses, se encuentra en poder de las garras verdes; y el mastín
-viejo y el joven de Verrucchio, que tanto daño hicieron a Montagna,
-siguen ensangrentando sus dientes donde acostumbran. La ciudad del
-Lamone y la del Santerno están dirigidas por el leoncillo de blanco
-cubil, que del verano al invierno cambia de partido; y aquella que está
-bañada por el Savio, vive entre la tiranía y la libertad, así como se
-asienta entre la llanura y la montaña. Ahora te ruego que me digas
-quién eres: no seas más duro de lo que lo han sido otros; así pueda tu
-nombre durar eternamente en el mundo.
-
-Cuando el fuego hubo producido su acostumbrado rumor, movió de una
-parte a otra su aguda punta, y después habló así:
-
-Si yo creyera que dirijo mi respuesta a una persona que debe volver al
-mundo, esta llama dejaría de agitarse; pero como ninguno pudo salir
-jamás de esta profundidad, si es cierto lo que he oído, te responderé
-sin temor a la infamia. Yo fuí hombre de guerra y luego franciscano,
-creyendo que con este hábito expiaría mis faltas; y mi creencia hubiera
-tenido ciertamente efecto, si el gran Sacerdote, a quien deseo todo
-mal, no me hubiese hecho incurrir en mis primeras faltas. Quiero que
-tú sepas cómo y por qué. Mientras conservé la forma de carne y hueso
-que mi madre me dió, mis acciones no fueron de león, sino de zorra. Yo
-conocí toda clase de astucias, todas las asechanzas, y las practiqué
-tan bien, que su fama resonó hasta en el último confín del mundo.
-Cuando me ví cercano a la edad en que cada cual debería cargar las
-velas y recoger las cuerdas, lo que antes me agradaba me disgustó
-entonces; y arrepentido, confesé mis culpas, retirándome al claustro.
-Entonces ¡ay, infeliz de mí! pude haberme salvado: pero el príncipe
-de los nuevos fariseos estaba en guerra cerca de Letrán (y no con los
-sarracenos ni con los judíos, pues todos sus enemigos eran cristianos,
-y ninguno de ellos había ido a conquistar a Acre, ni a comerciar en
-la tierra del Sultán): no tuvo en cuenta su dignidad suprema ni las
-sagradas órdenes de que estaba investido, ni vió en mí aquel cordón que
-solía enflaquecer a los que lo llevaban; sino que, así como Constantino
-llamó a Silvestre en el monte Soracto, para que le curase la lepra, así
-también me llamó aquél para que le curara su orgullosa fiebre: pidióme
-consejo, y yo me callé, porque sus palabras me parecieron las de un
-hombre ebrio. Después añadió: "No abrigue tu corazón temor alguno: te
-absuelvo de antemano; pero me has de decir cómo podré echar por tierra
-los muros de Preneste. Yo puedo abrir y cerrar el cielo, como sabes;
-porque son dos las llaves a que no tuvo mucho apego mi antecesor."
-Estos graves argumentos me impresionaron, y pensando que sería peor
-callar que hablar, dije: "Padre, puesto que tú me lavas del pecado en
-que voy a incurrir, para triunfar en tu alto solio, debes prometer
-mucho y cumplir poco de lo que prometas." Cuando ocurrió mi muerte, fué
-Francisco a buscarme; pero uno de los negros querubines le dijo: "No
-puedes llevártelo; no me prives de lo que es mío: éste debe bajar a lo
-profundo entre mis condenados, por haber aconsejado el fraude, desde
-cuya falta le tengo cogido por los cabellos. No es posible absolver al
-que no se arrepiente, como tampoco es posible arrepentirse y querer el
-pecado al mismo tiempo, pues la contradicción no lo consiente." ¡Ay de
-mí, desdichado! ¡Cómo me aterré cuando me agarró, diciendo: "¡Acaso no
-creerías que fuera yo tan lógico!" Me condujo ante Minos, el cual se
-ciñó ocho veces la cola en derredor de su duro cuerpo, y mordiéndosela
-con gran rabia, dijo: "Ese debe estar entre los culpables que esconde
-el fuego." He aquí por qué estoy sepultado donde me ves, y por qué gimo
-al llevar este vestido.
-
-Cuando hubo acabado de hablar, se alejó la plañidora llama, torciendo y
-agitando su aguda punta. Mi Guía y yo seguimos adelante, a través del
-escollo, hasta llegar al otro arco que cubre el foso donde se castiga a
-los que cargaron su conciencia introduciendo la discordia.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO VIGESIMOCTAVO_
-
-
-¿Quién podría jamás, ni aún con palabras sin medida, por más que lo
-intentase muchas veces, describir toda la sangre y las heridas que vi
-entonces? No existe ciertamente lengua alguna que pueda expresar, ni
-entendimiento que retenga, lo que apenas cabe en la imaginación. Si
-pudiera reunirse toda la gente que derramó su sangre en la infortunada
-tierra de la Pulla, cuando combatieron los romanos durante aquella
-prolongada guerra en que se recogió tan gran botín de anillos, como
-refiere Tito Livio y no se equivoca, con la que sufrió tan rudos golpes
-por contrastar a Roberto Guiscardo, y con aquella cuyos huesos se
-recogen aún, tanto en Ceperano, donde cada habitante fué un traidor,
-como en Tagliacozzo, donde el viejo Allard venció sin armas, y fuera
-posible que todos los combatientes mencionados enseñaran sus miembros
-rotos y traspasados, ni aun así tendría una idea del aspecto horrible
-que presentaba la novena fosa. Una cuba que haya perdido las duelas del
-fondo no se vacía tanto como un espíritu que ví hendido desde la barba
-hasta la parte inferior del vientre; sus intestinos le colgaban por
-las piernas: se veía el corazón en movimiento y el triste saco donde
-se convierte en excremento todo cuanto se come. Mientras le estaba
-contemplando atentamente, me miró, y con las manos se abrió el pecho,
-diciendo:
-
---Mira cómo me desgarro: mira cuán estropeado está Mahoma. Allí va
-delante de mí llorando, con la cabeza abierta desde el cráneo hasta la
-barba, y todos los que aquí ves, vivieron; mas por haber diseminado
-el escándalo y el cisma en la tierra, están hendidos del mismo modo.
-En pos de nosotros viene un diablo que nos hiere cruelmente, dando
-tajos con su afilada espada a cuantos alcanza entre esta multitud de
-pecadores, luego que hemos dado una vuelta por esta lamentable fosa;
-porque nuestras heridas se cierran antes de volvernos a encontrar con
-aquel demonio. Pero tú, que estás husmeando desde lo alto del escollo,
-quizá para demorar tu marcha hacia el suplicio que te haya sido
-impuesto por tus culpas, ¿quién eres?
-
---Ni la muerte le alcanzó aún, ni le traen aquí sus culpas para que sea
-atormentado--contestó mi Maestro--, sino que ha venido para conocer
-todos los suplicios. Yo, que estoy muerto, debo guiarle por cada uno de
-los círculos del profundo Infierno, y esto es tan cierto como que te
-estoy hablando.
-
-Al oír estas palabras, más de cien condenados se detuvieron en la fosa
-para contemplarme, haciéndoles olvidar la sorpresa su martirio.
-
---Pues bien, tú que tal vez dentro de poco volverás a ver el sol, di a
-fray Dolcino que, si no quiere reunirse conmigo aquí muy pronto, debe
-proveerse de víveres y no dejarse rodear por la nieve; pues sin el
-hambre y la nieve, difícil le será al novarés vencerle.
-
-Mahoma me dijo estas palabras después de haber levantado un pie para
-alejarse; cuando cesó de hablar, lo fijó en el suelo y partió.
-
-Otro, que tenía la garganta atravesada, la nariz cortada hasta las
-cejas, y una oreja solamente, se quedó mirándome asombrado con los
-demás espíritus, y abriendo antes que ellos su boca, exteriormente
-rodeada de sangre por todas partes, dijo:
-
---¡Oh, tú a quien no condena culpa alguna, y a quien ya vi allá arriba,
-en la tierra latina, si es que no me engaña una gran semejanza!,
-acuérdate de Pedro de Medicina, si logras ver de nuevo la hermosa
-llanura que declina desde Vercelli a Marcabó; y haz saber a los dos
-mejores de Fano, a messer Guido y Angiolello, que si la previsión no es
-aquí vana, serán arrojados fuera de su bajel, y ahogados cerca de la
-Católica por la traición de un tirano desleal. Desde la isla de Chipre
-a la de Mallorca no habrá visto jamás Neptuno una felonía tan grande,
-llevada a cabo por piratas, ni por corsarios griegos. Aquel traidor,
-que ve solamente con un ojo, y que gobierna el país que no quisiera
-haber visto uno que está aquí conmigo, les invitará a parlamentar con
-él, y después hará de modo que no necesiten conjurar con sus votos y
-oraciones el viento de Focara.
-
-Yo le dije:
-
---Si quieres que lleve noticias tuyas allá arriba, muéstrame y declara
-quién es ése que deplora haber visto aquel país.
-
-Entonces puso su mano sobre la mandíbula de uno de sus compañeros, y le
-abrió la boca exclamando:
-
---Héle aquí; pero no habla.
-
-Era aquel que, desterrado de Roma, ahogó la duda en el corazón de
-César, afirmando que el que está preparado, se perjudica en aplazar
-la realización de una empresa. ¡Oh! ¡Cuán acorbardado me parecía con
-su lengua cortada en la garganta aquel Curión, que tan audaz fué para
-hablar!
-
-Otro, que tenía las manos cortadas, levantando sus muñones al aire
-sombrío, de tal modo que se inundaba la cara de sangre, gritó:
-
---Acuérdate también de Mosca, que dijo, ¡desventurado!: "Cosa hecha
-está concluída." Palabras que fueron el origen de las discordias
-civiles de los toscanos.
-
---¡Y de la muerte de tu raza!--exclamé yo.
-
-Entonces él, acumulando dolor sobre dolor, se alejó como una persona
-triste y demente.
-
-Continué examinando la banda infernal, y vi cosas que no me atrevería a
-referir sin otra prueba, si no fuese por la seguridad de mi conciencia;
-esa buena compañera, que confiada en su pureza, fortifica tanto el
-corazón del hombre: vi, en efecto, y aun me parece que lo estoy viendo,
-un cuerpo sin cabeza, andando como los demás que formaban aquella
-triste grey: asida por los cabellos, y pendiente a guisa de linterna,
-llevaba en una mano su cabeza cortada, la cual nos miraba exclamando:
-"¡Ay de mí!" Servíase de sí mismo como de una lámpara, y eran dos en
-uno y uno en dos: cómo puede ser esto, sólo lo sabe Aquél que nos
-gobierna. Cuando llegó al pie del puente, levantó en alto su brazo con
-la cabeza para acercarnos más sus palabras, que fueron éstas:
-
---Mira mi tormento cruel, tú que, aunque estás vivo, vas contemplando
-los muertos: ve si puede haber alguno tan grande como éste. Y para que
-puedas dar noticias mías, sabe que yo soy Bertrán de Born, aquel que
-dió tan malos consejos al rey joven. Yo armé al padre y al hijo uno
-contra otro: no hizo más Aquitofel con sus perversas instigaciones a
-David y Absalón. Por haber dividido a personas tan unidas, llevo ¡ay
-de mí! mi cabeza separada de su principio, que queda encerrado en este
-tronco: así se observa conmigo la pena del talión.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO VIGESIMONONO_
-
-
-El espectáculo de aquella multitud de precitos y de sus diversas
-heridas, de tal modo henchía de lágrimas mis ojos, que hubiera deseado
-detenerme para llorar. Pero Virgilio me dijo:
-
---¿Qué miras ahora? ¿Por qué tu vista se obstina en contemplar ahí
-abajo esas sombras tristes y mutiladas? Tú no has hecho eso en las
-otras fosas: si crees poder contar esas almas, piensa que la fosa tiene
-veintidós millas de circunferencia. La luna está ya debajo de nosotros:
-el tiempo que se nos ha concedido es muy corto, y aún nos queda por ver
-más de lo que has visto.
-
---Si hubieses considerado atentamente--le respondí--la causa que me
-obligaba a mirar, quizá hubieras permitido que me detuviera aquí un
-poco.
-
-Mi Guía se alejaba ya, mientras yo iba tras de él contestándole y
-añadiendo:
-
---Dentro de aquella cueva donde tenía los ojos tan fijos, creo que
-había un espíritu de mi familia llorando el delito que se castiga ahí
-con tan graves penas.
-
-Entonces me contestó el Maestro:
-
---No se ocupe ya más tu pensamiento en la suerte de ese espíritu;
-piensa en otra cosa, y quédese él donde está. Le he visto al pie del
-puente señalarte y amenazarte airadamente con el dedo, y oí que le
-llamaban Geri del Bello; pero tú estabas tan distraído con el que
-gobernó a Altaforte, que como no miraste hacia donde él estaba, se
-marchó.
-
---¡Oh, mi Guía!--dije yo--Su violenta muerte, que no ha sido aún
-vengada por ninguno de nosotros, partícipes de la ofensa, le ha
-indignado: he aquí por qué, según presumo, se ha ido sin hablarme; y
-esto es causa de que me inspire más compasión.
-
-Así continuamos hablando hasta el primer punto del peñasco, desde
-donde se distinguiría la otra fosa hasta el fondo, si hubiera en ella
-más claridad. Cuando estuvimos colocados sobre el último recinto de
-Malebolge, de manera que los transfigurados que contenía pudieran
-aparecer a nuestra vista, hirieron mis oídos diversos lamentos que cual
-agudas flechas me traspasaron el corazón; por lo cual tuve que cubrirme
-las orejas con ambas manos. Si entre los meses de julio y septiembre
-los hospitales de la Valdichiana y los enfermos de las Marismas y
-de Cerdeña estuvieran reunidos en una sola fosa, esta acumulación
-formaría un espectáculo tan doloroso como el que ví en aquella, de la
-cual se exhalaba la misma pestilencia que la que despiden los miembros
-gangrenados. Descendimos hacia la izquierda por la última orilla del
-largo peñasco, y entonces pude distinguir mejor la profundidad de aquel
-abismo, donde la infalible Justicia, ministro del Altísimo, castiga a
-los falsarios que apunta en su registro.
-
-No creo que causara mayor tristeza ver enfermo el pueblo entero de
-Egina, cuando se inficionó tanto el aire, que perecieron todos los
-animales hasta el miserable gusano, habiendo salido después los
-habitantes de aquella isla de la raza de las hormigas, según aseguran
-los poetas, como causaba el ver a los espíritus languidecer en tristes
-montones por aquel obscuro valle. Cuál yacía tendido sobre el vientre,
-cuál sobre las espaldas unos de otros; y alguno andaba a rastras por el
-triste camino.
-
-Ibamos caminando paso a paso sin decir una palabra, mirando y
-escuchando a los enfermos, que no podían sostener sus cuerpos. Vi dos
-de ellos sentados y apoyados el uno contra el otro, como se apoyan las
-tejas para cocerlas, y llenos de pústulas desde la cabeza hasta los
-pies. Nunca he visto criado alguno, a quien espera su amo o que vela a
-pesar suyo, tan diligente en remover la almohaza, como lo era cada uno
-de aquellos condenados para rascarse con frecuencia y calmar así la
-terrible rabia de su comezón, que no tenía otro remedio. Se arrancaban
-con las uñas las pústulas, como el cuchillo arranca las escamas del
-escaro o de otro pescado que las tenga más grandes.
-
---¡Oh tú, que con los dedos te desarmas--dijo mi Guía a uno de ellos--,
-y que los empleas como si fueran tenazas! Dime si hay algún latino
-entre los que están aquí, y ¡ojalá puedan tus uñas bastarte eternamente
-para ese trabajo!
-
---Latinos somos los dos a quienes ves tan deformes--respondió uno de
-ellos llorando--; pero ¿quién eres tú, que preguntas por nosotros?
-
-Y el Guía repuso:
-
---Soy un espíritu que he descendido con este sér viviente de grado en
-grado, y tengo el encargo de enseñarle el Infierno.
-
-Las dos sombras cesaron entonces de prestarse mutuo apoyo, y cada una
-de ellas se volvió temblando hacia mí, juntamente con otras que lo
-oyeron, aunque no se dirigía a ellas la contestación. El buen Maestro
-se me acercó diciendo: "Diles lo que quieras." Y ya que él lo permitía,
-empecé de este modo:
-
---Así vuestra memoria no se borre de las mentes humanas en el primer
-mundo, y antes bien dure por muchos años; decidme quiénes sois y de qué
-nación: no tengáis reparo en franquearos conmigo, sin que os lo impida
-vuestro insoportable y vergonzoso suplicio.
-
---Yo fuí de Arezzo--respondió uno--, y Alberto de Siena me condenó a
-las llamas; pero la causa de mi muerte no es la que me ha traído al
-Infierno.[37] Es cierto que le dije chanceándome: "Yo sabría elevarme
-por el aire volando;" y él, que era curioso y de cortos alcances, quiso
-que yo le enseñase aquel arte: y tan sólo porque no le convertí en
-Dédalo, me hizo quemar por mandato de uno que le tenía por hijo; pero
-Minos, que no puede equivocarse, me condenó a la última de las diez
-fosas por haberme dedicado a la alquimia en el mundo.
-
- [37] Dícese que éste fué cierto Griffolino, alquimista, que
- alabándose de conocer el arte de volar, prometió enseñárselo a
- un sienés llamado Alberto, el cual al principio le creyó; pero
- habiendo advertido después el engaño, le acusó ante el obispo
- de Siena como reo de nigromancia, y Griffolino fué condenado
- por dicho obispo a ser quemado vivo, como nigromante.
-
-Yo dije al Poeta:
-
---¿Hubo jamás un pueblo tan vano como el sienés? Seguramente no lo es
-tanto, ni con mucho, el pueblo francés.
-
-Entonces el otro leproso, que me oyó, contestó a mis palabras:
-
---Exceptúa a Stricca, que supo hacer tan moderados gastos; y a Niccolo,
-que fué el primero que descubrió la rica usanza del clavo de especia,
-en la ciudad donde hoy es tan común su uso. Exceptúa también la
-sociedad en que malgastó Caccia de Asciano sus viñas y sus bosques, y
-en la que Abbagliato demostró hasta donde llegaba su juicio. Mas para
-que sepas quién es el que de este modo te secunda contra los sieneses,
-fija en mí tus ojos a fin de que mi rostro corresponda al deseo que
-tienes de conocerme, y podrás ver que soy la sombra de Capocchio, el
-que falsificó los metales por medio de la alquimia: y debes recordar,
-si eres efectivamente el que pienso, que fuí por naturaleza un buen
-imitador.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO TRIGESIMO_
-
-
-En aquel tiempo en que Juno, por causa de Semele, estaba irritada
-contra la sangre tebana, como lo demostró más de una vez, Atamas se
-volvió tan insensato que, al ver acercarse a su mujer, llevando de
-la mano a sus dos hijos, exclamó: "Tendamos las redes de modo que yo
-coja a su paso la leona con sus cachorros;" y extendiendo después las
-desapiadadas manos, agarró a uno de ellos, que se llamaba Learco, le
-hizo dar vueltas en el aire y lo estrelló contra una roca: la madre se
-ahogó con el hijo restante. Cuando la fortuna abatió la grandeza de
-los troyanos, que a todo se atrevían, hasta que el reino fué destruído
-juntamente con el rey, la triste Hécuba, miserable y cautiva, después
-de haber visto a Polixena muerta, y el cuerpo de su Polidoro tendido en
-la orilla del mar quedó con el corazón tan desgarrado, que, fuera de
-sí, empezó a ladrar como un perro; de tal modo la había trastornado el
-dolor. Pero ni los tebanos ni los troyanos furiosos demostraron tanta
-crueldad, no ya en torturar cuerpos humanos, sino ni siquiera animales,
-como la que vi en dos sombras desnudas y pálidas, que corrían
-mordiéndose, como el cerdo cuando se escapa de su pocilga. Una de ellas
-alcanzó a Capocchio, y se le afianzó a la nuca de tal modo, que tirando
-de él, le hizo arañar con su vientre el duro suelo. El aretino, que
-quedó temblando, me dijo:
-
---Ese loco es Gianni Schicchi, que va rabioso maltratando a los demás.
-
---¡Oh!--le dije yo--: no temas decirme quién es la otra sombra que va
-con él, antes que desaparezca, y ojalá no venga a hincarte los dientes
-en el cuerpo.
-
-Me contestó:
-
---Es el alma antigua de la perversa Mirra, que fué amante de su padre
-contra las leyes del amor honesto: para cometer tal pecado se disfrazó
-bajo la forma de otra; como aquel que ya se va tuvo empeño en fingirse
-Buoso Donati, a fin de ganar la "Donna della Torma," testando en su
-lugar, y dictando las cláusulas del testamento.[38]
-
- [38] Gianni Schicchi acometió la empresa de suplantar la
- persona de Buoso Donati, muerto sin testar; para lo cual se
- metió en la cama de éste, y fingiendo que estaba cercano a la
- muerte, testó e instituyó por heredero a Simón Donati, hijo de
- Buoso, y como legado, dejó a Gianni Schicchi, es decir, a sí
- mismo, la mejor yegua de las caballerizas de Buoso, llamada
- Madona Tonina. Dante dice: della Torma por desprecio.
-
-Cuando hubieron pasado aquellas dos almas furiosas, sobre las cuales
-había tenido fija mi vista, me volví para mirar las sombras de los
-otros mal nacidos. Vi uno, que pareciera un laúd, si hubiese tenido
-el cuerpo cortado en el sitio donde el hombre se bifurca. La pesada
-hidropesía, que, a causa de los humores convertidos en maligna
-sustancia, hace los miembros tan desproporcionados, que el rostro
-no corresponde al vientre, le obligaba a tener la boca abierta,
-pareciéndose al hético que, cuando está sediento, dirige uno de sus
-labios hacia la barba y otro hacia la nariz.
-
---¡Oh vosotros, que no sufrís pena alguna (y no sé por qué) en este
-mundo miserable!--nos dijo--: mirad y estad atentos al infortunio de
-maese Adam: yo tuve en abundancia, mientras viví, todo cuanto deseé; y
-ahora, ¡ay de mí!, sólo deseo una gota de agua.
-
-Los arroyuelos que desde las verdes colinas del Casentino descienden
-hasta el Arno, trazando frescos y apacibles cauces, continuamente están
-ante mi vista, y no en vano; pues su imagen me reseca más que el mal
-que descarna mi rostro. La rígida justicia que me castiga se sirve
-del mismo lugar donde he pecado para hacerme exhalar más suspiros.
-Allí está Romena, donde falsifiqué la moneda acuñada con el busto del
-Bautista, por lo cual dejé en la tierra mi cuerpo quemado. Pero si yo
-viese aquí el alma criminal de Guido, o la de Alejandro, o la de su
-hermano, no cambiaría el placer de mirarlos a mi lado ni aun por la
-fuente Branda. Una de ellas está ya aquí dentro, si es cierto lo que
-dicen las coléricas sombras de los que giran por estos sitios; pero
-¿qué me importa, si tengo encadenados mis miembros? Si a lo menos fuese
-yo tan ágil que en cien años pudiera andar una pulgada, ya me habría
-internado por el sendero, buscándola entre esa gente deforme, a pesar
-de que la fosa tiene once millas de circunferencia y no menos de media
-milla de diámetro. Por su causa me veo entre estos condenados: ellos me
-indujeron a acuñar los florines, que bien tenían tres quilates de liga.
-
-A mi vez lo dije:
-
---¿Quiénes son esos dos espíritus infelices, que despiden vaho, como en
-el invierno una mano mojada, y que tan unidas yacen a tu derecha?
-
---Aquí los encontré--respondióme--, cuando bajé a este abismo; y desde
-entonces, ni se han movido, ni creo que eternamente se muevan. El uno
-es la falsa que acusó a José; el otro es el falso Sinón, griego de
-Troya: por efecto de su ardiente fiebre, lanzan ese vapor fétido.
-
-Uno de ellos, indignado quizá porque se le daba aquel nombre infame, le
-golpeó con el puño en su endurecido vientre, haciéndoselo resonar como
-un tambor. Maese Adam le dió a su vez en el rostro con su puño, que no
-parecía menos duro, diciéndole:
-
---Aunque me vea privado de moverme a causa de la pesadez de algunos de
-mis miembros, tengo el brazo suelto para semejante tarea.
-
-A lo que aquél replicó:
-
---Cuando marchabas hacia la hoguera no lo tenías tan suelto; pero lo
-tenías mucho más cuando acuñabas moneda.
-
-El hidrópico repuso:
-
---Eres verídico en eso; mas no lo fuiste tanto cuando en Troya te
-incitaron a que dijeses la verdad.
-
---Si allí dije una falsedad, en cambio tú falsificaste el cuño--dijo
-Sinón--; y si yo estoy aquí por una falta, tú lo estás por muchas más
-que ninguno otro demonio.
-
---Acuérdate, perjuro, del caballo--replicó aquel que tenía el vientre
-hinchado--; y sírvate de castigo el que el mundo entero conoce tu
-delito.
-
---Sírvate a ti también de castigo la sed que tiene agrietada tu
-lengua--contestó el Griego--, y el agua podrida que eleva tu vientre
-como una barrera ante tus ojos.
-
-Entonces el monedero replicó:
-
---También tu boca se rasga por hablar mal, como acostumbra: si yo tengo
-sed, y si el humor me hincha, tú tienes fiebre y te duele la cabeza;
-no te harías mucho de rogar para lamer el espejo de Narciso.
-
-Yo estaba escuchándoles atentamente, cuando me dijo mi Maestro:
-
---Sigue, sigue contemplándolos aún; que poco me falta para reírme de ti.
-
-Cuando le oí hablarme con ira, me volví hacia él tan abochornado, que
-aún conservo vivo el recuerdo en mi memoria: y como quien sueña en su
-desgracia, que aun soñando desea soñar, y anhela ardientemente que sea
-sueño lo que ya lo es, así estaba yo, sin poder proferir una palabra,
-por más que quisiera excusarme; y a pesar de que con el silencio me
-excusaba, no creía hacerlo así.
-
---Con menos vergüenza habría bastante para borrar una falta mayor que
-la tuya--me dijo el Maestro--: consuélate; y si acaso vuelve a suceder
-que te reunas con gente entregada a semejantes debates, piensa en que
-estoy siempre a tu lado; porque querer oír eso es querer una bajeza.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO TRIGESIMOPRIMERO_
-
-
-La misma lengua que antes me hirió, tiñendo de rubor mis mejillas,
-me aplicó en seguida el remedio: Así he oído contar que la lanza de
-Aquiles y de su padre solía ocasionar primero un disfavor, y luego un
-buen regalo. Volvimos la espalda a aquel desventurado valle, andando,
-sin decir una palabra, por encima del margen que lo rodea. Allí no
-era de día ni de noche, de modo que mi vista alcanzaba poco delante
-de mí: pero oí resonar una gran trompa, tan fuertemente, que habría
-impuesto silencio a cualquier trueno; por lo cual mis ojos, siguiendo
-la dirección que aquel ruido traía, se fijaron totalmente en un solo
-punto. No hizo sonar tan terriblemente su trompa Orlando, después de
-la dolorosa derrota en que Carlo Magno perdió el fruto de su santa
-empresa. A poco de haber vuelto hacia aquel lado la cabeza, me pareció
-ver muchas torres elevadas, por lo que dije:
-
---Maestro, ¿qué tierra es ésta?
-
-Me respondió:
-
---Como miras a lo lejos a través de las tinieblas, te equivocas en lo
-que te imaginas. Ya verás, cuando hayas llegado allí, cuánto engaña a
-la vista la distancia: así pues, aprieta el paso.
-
-Después me cogió afectuosamente de la mano, y me dijo:
-
---Antes que pasemos más adelante, y a fin de que el caso no te cause
-tanta extrañeza, sabe que eso no son torres, sino gigantes; todos los
-cuales están metidos hasta el ombligo en el pozo alrededor de sus muros.
-
-Así como la vista, cuando se disipa la niebla, reconoce poco a poco
-las cosas ocultas por el vapor en que estaba envuelto el aire, de
-igual modo, y a medida que la mía atravesaba aquella atmósfera densa
-y obscura, conforme nos íbamos acercando hacia el borde del pozo, mi
-error se disipaba y crecía mi miedo. Lo mismo que Montereggione corona
-de torres su recinto amurallado, así, por el borde que rodea el pozo,
-se elevaban como torres y hasta la mitad del cuerpo los horribles
-gigantes, a quienes amenaza todavía Júpiter desde el cielo, cuando
-truena. Yo podía distinguir ya el rostro, los hombros y el pecho de
-uno de ellos, y gran parte de su vientre, y sus dos brazos a lo largo
-de los costados. En verdad que hizo bien la Naturaleza cuando abandonó
-el arte de crear semejantes animales, para quitar pronto a Marte
-tales ejecutores; y si ella no se arrepiente de producir elefantes y
-ballenas, quien lo repare sutilmente, verá en esto mismo su justicia
-y su discreción; porque donde la fuerza del ingenio se une a la
-malevolencia y al vigor, no hay resistencia posible para los hombres.
-
-Su cabeza me parecía tan larga y gruesa como la piña de San Pedro en
-Roma[39], guardando la misma proporción los demás huesos; de suerte
-que, aun cuando el ribazo le ocultaba de medio cuerpo abajo, se veía lo
-bastante para que tres frisones no hubieran podido alabarse de alcanzar
-a su cabellera; porque yo calculaba que tendría treinta grandes palmos
-desde el borde del pozo hasta el sitio donde el hombre se abrocha la
-capa.
-
- [39] Piña de bronce que primero estuvo sobre la Mole Adriana;
- en tiempo de Dante estaba en la plaza de la antigua basílica
- de San Pedro en el Vaticano, y ahora en la sala del gran nicho
- de Bramante en el jardín que rodean los Museos, llamado por
- esto "giardin della pigna." Su altura actualmente es de diez
- palmos, pero en tiempo de Dante, antes de truncada su parte
- superior, medía unos quince.
-
-"Raphel mai amech isabi almi"[40], empezó a gritar la fiera boca, en la
-cual no estarían bien otras voces más suaves; y mi Guía le dijo:
-
---Alma insensata, sigue entreteniéndote con la trompa, y desahógate con
-ella, cuando te agite la cólera u otra pasión. Busca por tu cuello y
-encontrarás la soga que la sujeta, ¡oh alma turbada!; mírala cómo ciñe
-tu enorme pecho.
-
- [40] Según Fraticelli, cada una de estas cinco extrañas
- palabras pertenece a diferente lengua; la primera al hebreo,
- y las otras a cuatro de los principales dialectos derivados
- de aquélla. Esta opinión parece confirmarla Dante, cuando
- dice más abajo: "El mismo se acusa: este es Nemrod, etc.;"
- el que por haber querido construir la torre de Babel,
- produjo la confusión e hizo que en el mundo no se hable una
- sola lengua. En tal supuesto, y admitiendo la versión del
- abate José Venturi (aunque éste dice que las palabras son
- siriacas), significarían ¡Poder de Dios! ¿Por qué estoy en
- esta profundidad? Vuelve atrás: escóndete: pero perteneciendo
- a varias lenguas, sería como si traducidas en español,
- latín, alemán, francés e italiano, dijésemos: ¡Pardiez!--cur
- ego--hier--Va-t-en:--fascondi.
-
-Después me dijo:
-
-El mismo se acusa: ese es Nemrod, por cuyo audaz pensamiento se ve
-obligado el mundo a usar más de una lengua. Dejémosle estar, y no
-lancemos nuestras palabras al viento; pues ni él comprende el lenguaje
-de los demás, ni nadie conoce el suyo.
-
-Continuamos, pues, nuestro viaje, siguiendo hacia la izquierda; y a un
-tiro de ballesta de aquel punto encontramos otro gigante mucho más
-grande y fiero. No podré decir quién fué capaz de sujetarle; pero sí
-que tenía ligado el brazo izquierdo por delante y el otro por detrás
-con una cadena, la cual le rodeaba del cuello abajo, dándole cinco
-vueltas en la parte del cuerpo que salía fuera del pozo.
-
---Ese soberbio quiso ensayar su poder contra el sumo Júpiter--dijo mi
-Guía--, por lo cual tiene la pena que ha merecido. Llámase Efialto,
-y dió muestras de audacia cuando los gigantes causaron miedo a los
-Dioses: los brazos que tanto movió entonces, no los moverá ya jamás.
-
-Y yo le dije:
-
---Si fuese posible, quisiera que mis ojos tuviesen una idea de lo que
-es el desmesurado Briareo.
-
-A lo que contestó:
-
---Verás cerca de aquí a Anteo, que habla y anda suelto, el cual nos
-conducirá al fondo del Infierno. El que tú quieres ver está atado mucho
-más lejos, y es lo mismo que éste, sólo que su rostro parece más feroz.
-
-El más impetuoso terremoto no sacudió nunca una torre con tal violencia
-como se agitó repentinamente Efialto. Entonces temí la muerte más que
-nunca, y a no haber visto que el gigante estaba bien atado, bastara
-para ello el miedo que me poseía. Seguimos avanzando, y llegamos adonde
-estaba Anteo, que, sin contar la cabeza, salía fuera del abismo lo
-menos cinco alas.[41]
-
- [41] Antigua medida inglesa, equivalente a un metro ciento
- sesenta y ocho milímetros. Cinco alas equivalen, pues, a unos
- treinta palmos.
-
---¡Oh tú, que en el afortunado valle donde Escipión heredó tanta
-gloria, cuando Aníbal y los suyos volvieron las espaldas, recogiste mil
-leones por presa, y que, si hubieras asistido a la gran guerra de tus
-hermanos, aún hay quien crea que habrías asegurado la victoria a los
-hijos de la Tierra! Si no lo llevas a mal, condúcenos al fondo en donde
-el frío endurece al Cocito. No hagas que me dirija a Ticio ni a Tifeo:
-este que ves puede dar lo que aquí se desea: por tanto, inclínate y no
-tuerzas la boca. Todavía puede renovar tu fama en el mundo; pues vive,
-y espera gozar aún de larga vida, si la gracia no lo llama a sí antes
-de tiempo.
-
-Así le dijo el Maestro; y el gigante, apresurándose a extender aquellas
-manos que tan rudamente oprimieron a Hércules, cogió a mi Guía. Cuando
-Virgilio se sintió agarrar, me dijo: "Acércate para que yo te tome."
-Y en seguida me abrazó de modo, que los dos juntos formábamos un solo
-fardo.
-
-Como al mirar la Carisenda[42] por el lado a que está inclinada, cuando
-pasa una nube por encima de ella en sentido contrario, parece próxima a
-derrumbarse, tal me pareció Anteo cuando le vi inclinarse; y fué para
-mí tan terrible aquel momento, que habría querido ir por otro camino.
-Pero él nos condujo suavemente al fondo del abismo que devora a Lucifer
-y a Judas; y sin demora cesó su inclinación, volviendo a erguirse como
-el mástil de un navío.
-
- [42] Torre inclinada de Bolonia, llamada así del nombre de
- sus constructores, Felipe y Odón de Garisendi (año de 1110),
- y que hoy se llama la Torre Mozza por haberla mandado truncar
- en 1355 el tirano Juan Visconti de Oleggio. Tiene 130 pies de
- elevación. Al que se coloca al pie de ella en el lado a que
- se inclina, mirando arriba cuando pasa una nube en sentido
- contrario a su inclinación, le parece que la torre va a caerse.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO TRIGESIMOSEGUNDO_
-
-
-Si poseyese un estilo áspero y ronco, cual conviene para describir el
-sombrío pozo, sobre el que se apoyan todas las otras rocas, expresaría
-mucho mejor la esencia de mi pensamiento; pero como no lo tengo,
-me decido a ello con temor; pues no es empresa que pueda tomarse
-como juego, ni para ser acometida por una lengua balbuciente, la de
-describir el fondo de todo el universo. Pero vengan en auxilio de
-mis versos aquellas Mujeres que ayudaron a Anfión a fundar a Tebas,
-para que el estilo no desdiga de la naturaleza del asunto. ¡Oh gentes
-malditas sobre todas las demás, que estáis en el sitio del que me es
-tan duro hablar; más os valiera haber sido aquí convertidas en ovejas o
-cabras!
-
-Cuando llegamos al fondo del obscuro pozo, mucho más abajo de donde
-tenía los pies el gigante, como yo estuviese aún mirando el alto muro,
-oí que me decían: "Cuidado cómo andas: procura no pisar las cabezas de
-nuestros infelices y torturados hermanos." Volvíme al oír esto, y vi
-delante de mí y a mis pies un lago, que por estar helado, parecía de
-vidrio y no de agua. Ni el Danubio en Austria durante el invierno,
-ni el Tanais allá, bajo el frío cielo, cubren su curso de un velo tan
-denso como el de aquel lago, en el cual, aunque hubieran caído el
-Tabernick o el Pietrapana, no habrían causado el menor estallido. Y a
-la manera de las ranas cuando gritan con la cabeza fuera del agua, en
-la estación en que la villana sueña que espiga, así estaban aquellas
-sombras llorosas y lívidas, sumergidas en el hielo hasta el sitio donde
-aparece la vergüenza, produciendo con sus dientes el mismo sonido que
-la cigüeña con su pico. Tenían todas el rostro vuelto hacia abajo: su
-boca daba muestras del frío que sentían, y sus ojos las daban de la
-tristeza de su corazón. Cuando hube examinado algún tiempo en torno
-mío, miré a mis pies, y vi dos sombras tan estrechamente unidas, que
-sus cabellos se mezclaban.
-
---Decidme quiénes sois, vosotros, que tanto unís vuestros pechos--dije
-yo.
-
-Levantaron la cabeza, y después de haberme mirado, sus ojos, que
-estaban preñados de lágrimas, se derramaron en los párpados; pero el
-frío congeló en ellos aquellas lágrimas, volviéndolos a cerrar. Ninguna
-grapa unió jamás tan fuertemente dos trozos de madera; por lo cual
-ambos condenados se entrechocaron como dos carneros: tanta fué la ira
-que los dominó. Y otro, a quien el frío había hecho perder las orejas,
-me dijo, sin levantar la cabeza:
-
---¿Por qué nos miras tanto? Si quieres saber quiénes son estos dos, te
-diré que el valle por donde corre el Bisenzio fué de su padre Alberto
-y de ellos. Ambos salieron de un mismo cuerpo; y aunque recorras toda
-la Caína, no encontrarás una sombra más digna de estar sumergida en el
-hielo, ni aun la de aquel a quien la mano de Arturo rompió de un golpe
-el pecho y la sombra, ni la de Focaccia, ni la de éste que me impide
-con su cabeza ver más lejos, y que se llamó Sassolo Mascheroni: si eres
-toscano, bien sabrás quién es. Y para que no me hagas hablar más, sabe
-que yo soy Camiccione de Pazzi, y que espero a Carlino, cuyas culpas
-harán aparecer menos graves las mías.
-
-Después vi otros mil rostros amoratados por el frío, tanto que desde
-entonces tengo horror, y lo tendré siempre a los estanques helados.
-Y mientras nos dirigíamos hacia el centro, donde converge toda la
-gravedad de la Tierra, yo temblaba en la lobreguez eterna; y no sé
-si lo dispuso Dios, el Destino o la Fortuna; pero al pasar por entre
-aquellas cabezas, dí un fuerte golpe con el pie en el rostro de una de
-ellas, que me dijo llorando:
-
---¿Por qué me pisas? Si no vienes a aumentar la venganza de
-Monteaperto, ¿por qué me molestas?
-
-Entonces dije yo:
-
---Maestro mío, espérame aquí, a fin de que éste me esclarezca una duda:
-en seguida me daré cuanta prisa quieras.
-
-El Guía se detuvo, y yo dije a aquel que aún estaba blasfemando:
-
---¿Quien eres tú, que así reprendes a los demás?
-
-Me contestó:
-
---Y tú, que vas por el recinto de Antenor, golpeando a los demás en
-el rostro, de modo que, si estuvieras vivo, aún serían tus golpes
-demasiado fuertes, ¿quién eres?
-
---Yo estoy vivo--fué mi respuesta--; y puede serte grato, si fama
-deseas, que ponga tu nombre entre los otros que conservo en la memoria.
-
-A lo que repuso:
-
---Deseo todo lo contrario: véte de aquí, y no me causes más molestia,
-pues suenan mal tus lisonjas en esta caverna.
-
-Entonces le cogí por los pelos del cogote, y le dije:
-
---Es preciso que digas tu nombre, o no te quedará ni un solo cabello.
-
-Pero él me replicó:
-
---Aunque me repeles, ni te diré quien soy, ni verás mi rostro, por más
-que me golpees mil veces en la cabeza.
-
-Yo tenía ya sus cabellos enroscados en mi mano, y le había arrancado
-más de un puñado de ellos, mientras él aullaba con los ojos fijos en
-el hielo, cuando otro condenado gritó: "¿Qué tienes, Bocca? ¿No te
-basta castañetear los dientes, sino que también ladras? ¿Qué demonio te
-atormenta?"
-
---Ahora--dije--ya no quiero que hables, traidor maldito; que para tu
-eterna vergüenza, llevaré al mundo noticias ciertas de ti.
-
---Véte pronto--repuso--, y cuenta lo que quieras; pero si sales de
-aquí, no dejes de hablar de ese que ha tenido la lengua tan suelta,
-y que está llorando el dinero que recibió de los franceses: "Yo
-vi, podrás decir, a Buoso de Duera, allí donde los pecadores están
-helados." Si te preguntan por los demás que están aquí, a tu lado
-tienes al de Becchería, cuya garganta segó Florencia. Creo que más allá
-está Gianni de Soldanieri con Ganelón y Tebaldello, el que entregó a
-Faenza cuando sus habitantes dormían.
-
-Estábamos ya lejos de aquél, cuando vi a otros dos helados en una
-misma fosa, colocados de tal modo, que la cabeza del uno parecía ser
-el sombrero del otro. Y como el hambriento en el pan, así el de encima
-clavó sus dientes al de debajo en el sitio donde el cerebro se une con
-la nuca. No mordió con más furor Tideo las sienes de Menalipo, que
-aquél roía el cráneo de su enemigo y las demás cosas inherentes al
-mismo.
-
---¡Oh tú, que demuestras, por medio de tan brutal acción, el odio que
-tienes al que estás devorando! Dime qué es lo que te induce a ello--le
-pregunté--bajo el pacto de que, si te quejas con razón de él, sabiendo
-yo qué crimen es el suyo y quiénes sois, te vengaré en el mundo, si mi
-lengua no llega antes a secarse.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO TRIGESIMOTERCIO_
-
-Aquel pecador apartó su boca de tan horrible alimento, limpiándosela en
-los pelos de la cabeza cuya parte posterior acababa de roer; y luego
-empezó a hablar de esta manera:
-
---Tú quieres que renueve el desesperado dolor que oprime mi corazón,
-sólo al pensar en él, y aun antes de hablar. Pero si mis palabras
-deben ser un germen de infamia para el traidor a quien devoro, me
-verás llorar y hablar a un mismo tiempo. No sé quién eres, ni de qué
-medios te has valido para llegar hasta aquí; pero al oírte, me pareces
-efectivamente florentino. Has de saber que yo fuí el conde Ugolino,
-y éste el arzobispo Ruggieri: ahora te diré por qué lo trato así. No
-es necesario manifestarte que por efecto de sus malos pensamientos,
-y fiándome de él, fuí preso y muerto después. Pero te contaré lo
-que no puedes haber sabido; esto es, lo cruel que fué mi muerte, y
-comprenderás cuánto me ha ofendido. Un pequeño agujero abierto en la
-torre, que por mi mal se llama hoy del Hambre, y en la que todavía
-serán encerrados otros, me había permitido ver por su hendedura ya
-muchas lunas, cuando tuve el mal sueño que descorrió para mí el velo
-del porvenir. Ruggieri se me aparecía como señor y caudillo, cazando el
-lobo y los lobeznos en el monte que impide a los pisanos ver la ciudad
-de Luca. Se había hecho preceder de los Gualandi, de los Sismondi y los
-Lanfranchi, que iban a la cabeza con perros hambrientos, diligentes y
-amaestrados. El padre y sus hijuelos me parecieron rendidos después de
-una corta carrera, y creí ver que aquéllos les desgarraban los costados
-con sus agudas presas. Cuando desperté antes de la aurora, oí llorar
-entre sueños a mis hijos, que estaban conmigo, y pedían pan. Bien
-cruel eres, si no te contristas pensando en lo que aquello anunciaba
-a mi corazón; y si ahora no lloras, no sé lo que puede excitar tus
-lágrimas. Estábamos ya despiertos, y se acercaba la hora en que solían
-traernos nuestro alimento; pero todos dudábamos, porque cada cual había
-tenido un sueño semejante. Oí que clavaban la puerta de la horrible
-torre, por lo cual miré al rostro de mis hijos sin decir palabra: yo
-no podía llorar, porque el dolor me tenía como petrificado: lloraban
-ellos, y mi Anselmito dijo: "¿Qué tienes, padre, que así nos miras?"
-Sin embargo, no lloré ni respondí una palabra en todo aquel día, ni
-en la noche siguiente, hasta que el otro Sol alumbró el mundo. Cuando
-entró en la dolorosa prisión uno de sus débiles rayos, y consideré
-en aquellos cuatro rostros el aspecto que debía tener el mío, empecé
-a morderme las manos desesperado; y ellos, creyendo que yo lo hacía
-obligado por el hambre, se levantaron con presteza y dijeron: "Padre,
-nuestro dolor será mucho menor, si nos comes a nosotros: tú nos diste
-estas miserables carnes; despójanos, pues, de ellas." Entonces me calmé
-para no entristecerlos más; y aquel día y el siguiente permanecimos
-mudos. ¡Ay, dura tierra! ¿Por qué no te abriste? Cuando llegamos al
-cuarto día, Gaddo se tendió a mis pies, diciendo: "Padre mío, ¿por qué
-no me auxilias?" Allí murió; y lo mismo que me estás viendo, vi yo caer
-los tres, uno a uno, entre el quinto y el sexto día. Ciego ya, fuí a
-tientas buscando a cada cual, llamándolos durante tres días después de
-estar muertos; hasta que, al fin, pudo en mí más la inedia que el dolor.
-
-Cuando hubo pronunciado estas palabras, torciendo los ojos, volvió a
-coger el miserable cráneo con los dientes, que royeron el hueso como
-los de un perro. ¡Ah, Pisa, vituperio de las gentes del hermoso país
-donde el "si" suena! Ya que tus vecinos son tan morosos en castigarte,
-muévanse la Capraja y la Gorgona, y formen un dique a la embocadura del
-Arno, para que sepulte en sus aguas a todos tus habitantes; pues si el
-conde Ugolino fué acusado de haber vendido tus castillos, no debiste
-someter a sus hijos a tal suplicio. Su tierna edad patentizaba, ¡oh
-nueva Tebas!, la inocencia de Ugucción y del Brigata, y la de los otros
-dos que ya he nombrado.
-
-Seguimos luego más allá, donde el hielo oprime duramente a otros
-condenados, que no están con el rostro hacia abajo, sino vueltos hacia
-arriba. Su mismo llanto no les deja llorar; pues las lágrimas, que al
-salir encuentran otras condensadas, se vuelven adentro, aumentando la
-angustia; porque las primeras lágrimas forman un dique, y como una
-visera de cristal, llenan debajo de los párpados toda la cavidad del
-ojo. Y aunque mi rostro, a causa del gran frío, había perdido toda
-sensibilidad, como si estuviera encallecido, me pareció qué sentía
-algún viento, por lo cual dije:
-
---Maestro, ¿qué causa mueve este viento? ¿No está extinguido aquí todo
-vapor?
-
-A lo cual me contestó:
-
---Pronto llegarás a un sitio donde tus ojos te darán la respuesta,
-viendo la causa de ese viento.
-
-Y uno de los desgraciados de la helada charca nos gritó:
-
---¡Oh almas tan culpables que habéis sido destinadas al último recinto!
-Arrancadme de los ojos este duro velo, a fin de que pueda desahogar el
-dolor que me hincha el corazón, antes que mis lágrimas se hielen de
-nuevo.
-
-Al oír tales palabras, le dije:
-
---Si quieres que te alivie, dime quién fuiste; y si no te presto ese
-consuelo, véame sumergido en el fondo de ese hielo.
-
-Entonces me contestó:
-
---Yo soy fray Alberigo[43]: soy aquel, cuyo huerto ha producido tan
-mala fruta, que aquí recibo un dátil por un higo.
-
- [43] Alberigo de Manfredi, señor de Faenza, que ingresó en la
- orden de los hermanos Gozosos, se había enemistado con sus
- parientes. Un día, fingiendo reconciliarse con ellos, les
- invitó a un gran banquete, y en el momento de servirse los
- postres, les hizo asesinar. De aquí tuvo origen el proverbio
- italiano: "Ese ha probado la fruta de Alberigo."
-
---¡Oh!--le dije--; ¿también tú has muerto?
-
---No sé cómo estará mi cuerpo allá arriba--repuso--; esta Ptolomea
-tiene el privilegio de que las almas caigan con frecuencia en ella
-antes de que Atropos mueva los dedos; y para que de mejor grado me
-arranques las congeladas lágrimas del rostro, sabe que en cuanto un
-alma comete alguna traición como la que yo cometí, se apodera de su
-cuerpo un demonio, que después dirige todas sus acciones, hasta que
-llega el término de su vida. En cuanto al alma, cae en esta cisterna;
-y por eso tal vez aparezca todavía en el mundo el cuerpo de esa sombra
-que está detrás de mí en este hielo. Debes conocerle, si es que acabas
-de llegar al Infierno: es "ser" Branca d'Oria, el cual hace ya muchos
-años que fué encerrado aquí.
-
---Yo creo--le dije--que me engañas; porque Branca d'Oria no ha muerto
-aún, y come, y bebe, y duerme, y va vestido.
-
---Aun no había caído Miguel Zanche--repuso aquél--en la fosa de
-Malebranche, allí donde hierve continuamente la pez, cuando Branca
-d'Oria ya dejaba un diablo haciendo sus veces en su cuerpo y en el de
-uno de sus parientes, que fué cómplice de su traición. Extiende ahora
-la mano y ábreme los ojos.
-
-Yo no se los abrí, y creo que fué una lealtad el ser con él desleal.
-
-¡Ah, genoveses!, ¡hombres diversos de los demás en costumbres, y llenos
-de toda iniquidad!, ¿por qué no sois desterrados del mundo? Junto con
-el peor espíritu de la Romanía he encontrado uno de vosotros, que, por
-sus acciones, tiene el alma sumergida en el Cocito, mientras que su
-cuerpo aparece aún vivo en el mundo.
-
-[Ilustración]
-
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-[Ilustración]
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-
-_CANTO TRIGESIMOCUARTO_
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-"Vexilla regis prodeunt inferni"[44] hacia nosotros. Mira
-adelante--dijo mi Maestro,--a ver si lo distingues.
-
- [44] "Los estandartes del rey de los Infiernos
- avanzan."--Imitación del primer verso del himno que entona
- la Iglesia ante el estandarte de la Cruz, y que aquí aplica
- irónicamente Virgilio hablando de Lucifer.
-
-Como aparece a lo lejos un molino, cuyas aspas hace girar el viento,
-cuando éste arrastra una espesa niebla, o cuando anochece en nuestro
-hemisferio, así me pareció ver a gran distancia un artificio semejante;
-y luego, para resguardarme del viento, a falta de otro abrigo, me
-encogí detrás de mi Guía. Estaba ya (con pavor lo digo en mis versos)
-en el sitio donde las sombras se hallaban completamente cubiertas de
-hielo, y se transparentaban como paja en vidrio. Unas estaban tendidas,
-otras derechas; aquéllas con la cabeza, éstas con los pies hacia abajo,
-y otras por fin con la cabeza tocando a los pies como un arco. Cuando
-mi Guía creyó que habíamos avanzado lo suficiente para enseñarme la
-criatura que tuvo el más hermoso rostro, me dejó libre el paso, e hizo
-que me detuviera.
-
---He ahí a Dite--me dijo--, y he aquí el lugar donde es preciso que te
-armes de fortaleza.
-
-No me preguntes, lector, si me quedaría entonces helado y yerto; no
-quiero escribirlo, porque cuanto dijera sería poco. No quedé muerto ni
-vivo: piensa por ti, si tienes alguna imaginación, lo que me sucedería
-viéndome así privado de la vida sin estar muerto. El emperador del
-doloroso reino salía fuera del hielo desde la mitad del pecho: mi
-estatura era más proporcionada a la de un gigante, que la de uno de
-éstos a la longitud de los brazos de Lucifer: juzga, pues, cuál deba
-ser el todo que a semejante parte corresponda. Si fué tan bello como
-deforme es hoy, y osó levantar sus ojos contra su Creador, de él debe
-proceder sin duda todo mal. ¡Oh! ¡Cuánto asombro me causó, al ver
-que su cabeza tenía tres rostros! Uno por delante, que era de color
-bermejo: los otros dos se unían a éste sobre el medio de los hombros,
-y se juntaban por detrás en lo alto de la coronilla, siendo el de la
-derecha entre blanco y amarillo, según me pareció; el de la izquierda
-tenía el aspecto de los oriundos del valle del Nilo.[45] Debajo de
-cada rostro salían dos grandes alas, proporcionadas a la magnitud de
-tal pájaro; y no he visto jamás velas de buque comparables a ellas:
-no tenían plumas, pues eran por el estilo de las del murciélago; y se
-agitaban de manera que producían tres vientos, con los cuales se helaba
-todo el Cocito. Con seis ojos lloraba Lucifer, y por las tres barbas
-corrían sus lágrimas, mezcladas de baba sanguinolenta. Con los dientes
-de cada boca, a modo de agramadera, trituraba un pecador, de suerte que
-hacía tres desgraciados a un tiempo. Los mordiscos que sufría el de
-adelante no eran nada en comparación de los rasguños que le causaban
-las garras de Lucifer, dejándole a veces las espaldas enteramente
-desolladas.
-
- [45] Los tres rostros de diversos colores significan las tres
- partes del mundo entonces conocidas. El rojo o bermejo, los
- europeos; el entre blanco y amarillo, los asiáticos; el negro,
- los africanos.--Los tres vientos de que habla luego simbolizan
- tal vez los tres vicios generadores de todo mal, a saber: la
- soberbia, la envidia y la avaricia.
-
---El alma que está sufriendo la mayor pena allá arriba--dijo el
-Maestro--es la de Judas Iscariote, que tiene la cabeza dentro de la
-boca de Lucifer y agita fuera de ella las piernas. De las otras dos,
-que tienen la cabeza hacia abajo, la que pende de la boca negra es
-Bruto; mira cómo se retuerce sin decir una palabra: el otro, que tan
-membrudo parece, es Casio. Pero se acerca la noche, y es hora ya de
-partir, pues todo lo hemos visto.
-
-Según le plugo, me abracé a su cuello; aprovechó el momento y el lugar
-favorable, y cuando las alas estuvieron bien abiertas, agarróse a las
-velludas costillas de Lucifer, y de pelo en pelo descendió por entre
-el hirsuto costado y las heladas costras. Cuando llegamos al sitio en
-que el muslo se desarrolla justamente sobre el grueso de las caderas,
-mi Guía, con fatiga y con angustia, volvió su cabeza hacia donde aquél
-tenía las zancas, y se agarró al pelo como un hombre que sube, de modo
-que creí que volvíamos al Infierno.
-
---Sosténte bien--me dijo jadeando como un hombre cansado--; que por
-esta escalera es preciso partir de la mansión del dolor.
-
-Después salió fuera por la hendedura de una roca, y me sentó sobre el
-borde de la misma, poniendo junto a mí su pie prudente. Yo levanté mis
-ojos, creyendo ver a Lucifer como le había dejado; pero vi que tenía
-las piernas en alto. Si debí quedar asombrado, júzguelo el vulgo, que
-no sabe qué punto es aquel por donde yo había pasado.
-
---Levántate--me dijo el Maestro--; la ruta es larga, el camino malo, y
-ya el Sol se acerca a la mitad de tercia.
-
-El sitio donde nos encontrábamos no era como la galería de un palacio,
-sino una caverna de mal piso y escasa de luz.
-
---Antes que yo salga de este abismo, Maestro mío,--le dije al ponerme
-en pie--, dime algo que me saque de confusiones. ¿Dónde está el hielo,
-y cómo es que Lucifer está de ese modo invertido? ¿Cómo es que, en tan
-pocas horas, ha recorrido el Sol su carrera desde la noche a la mañana?
-
-Me contestó:
-
---¿Te imaginas sin duda que estás aún al otro lado del centro, donde me
-cogí al pelo de ese miserable gusano que atraviesa el mundo? Allá te
-encontrabas mientras descendíamos; cuando me volví, pasaste el punto
-hacia el que converge toda la gravedad de la Tierra; y ahora estás
-bajo el hemisferio opuesto a aquel que cubre el árido desierto, y bajo
-cuyo más alto punto fué muerto el Hombre que nació y vivió sin pecado.
-Tienes los pies sobre una pequeña esfera, que por el otro lado mira a
-la Judesca. Aquí amanece, cuando allí anochece; y éste de cuyo pelo nos
-hemos servido como de una escala, permanece aún fijo del mismo modo
-que antes. Por esta parte cayó del cielo; y la tierra, que antes se
-mostraba en este lado, aterrorizada al verle, se hizo del mar un velo,
-y se retiró hacia nuestro hemisferio; y quizá también huyendo de él,
-dejó aquí este vacío la que aparece por acá formando un elevado monte.
-
-Hay allá abajo una cavidad que se aleja tanto de Lucifer cuanta es la
-extensión de su tumba; cavidad que no puede reconocerse por la vista,
-sino por el rumor de un arroyuelo, que desciende por el cauce de un
-peñasco que ha perforado con su curso sinuoso y poco pendiente. Mi Guía
-y yo entramos en aquel camino oculto, para volver al mundo luminoso;
-y sin concedernos el menor descanso, subimos, él delante y yo detrás,
-hasta que pude ver por una abertura redonda las bellezas que contiene
-el Cielo, y por allí salimos para volver a ver las estrellas.
-
-[Ilustración]
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-
-_PURGATORIO_
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-
-[Ilustración]
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-_CANTO PRIMERO_
-
-
-Ahora la navecilla de mi ingenio, que deja en pos de sí un mar
-tan cruel, desplegará las velas para navegar por mejores aguas; y
-cantaré aquel segundo reino, donde se purifica el espíritu humano,
-y se hace digno de subir al Cielo. Resucite aquí, pues, la muerta
-poseía, ¡oh santas Musas!, pues que soy vuestro; y realce Calíope mi
-canto, acompañándolo con aquella voz que produjo tal efecto en las
-desgraciadas Urracas, que desesperaron de alcanzar su perdón.[46]
-
- [46] Las nueve hijas de Piero, rey de Pella en Macedonia,
- que habiendo desafiado a las Musas, fueron vencidas y
- transformadas en urracas. Las mismas Musas son llamadas
- Piérides.
-
-Un suave color de zafiro oriental, contenido en el sereno aspecto del
-aire puro hasta el primer cielo, reapareció delicioso a mi vista en
-cuanto salí de la atmósfera muerta, que me había contristado los ojos
-y el corazón. El bello planeta que convida a amar hacía sonreír todo
-el Oriente, desvaneciendo al signo de Piscis, que seguía en pos de él.
-Me volví a la derecha, y dirigiendo mi espíritu hacia el otro polo,
-distinguí cuatro estrellas únicamente vistas por los primeros humanos.
-El cielo parecía gozar con sus resplandores. ¡Oh Septentrión, sitio
-verdaderamente viudo, pues que te ves privado de admirarlas! Cuando
-cesé en su contemplación, volvíme un tanto hacia el otro polo, de donde
-el Carro había desaparecido, y vi cerca de mí un anciano solo, y digno,
-por su aspecto, de tanta veneración, que un padre no puede inspirarla
-mayor a su hijo. Llevaba una larga barba, canosa como sus cabellos,
-que le caía hasta el pecho, dividida en dos mechones. Los rayos de las
-cuatro luces santas rodeaban de tal resplandor su rostro, que lo veía
-como si hubiese tenido el Sol ante mis ojos.
-
---¿Quiénes sois vosotros que, contra el curso del tenebroso río,
-habéis huído de la prisión eterna?--dijo el anciano, agitando su barba
-venerable--. ¿Quién os ha guiado, o quién os ha servido de antorcha
-para salir de la profunda noche, que hace sea continuamente negro el
-valle infernal? ¿Así se han quebrantado las leyes del abismo? ¿O se ha
-dado quizás en el Cielo un nuevo decreto, que os permite, a pesar de
-estar condenados, venir a mis grutas?
-
-Entonces mi Guía me indicó, por medio de sus palabras, de sus gestos
-y sus miradas, que debía mostrarme respetuoso, doblar la rodilla e
-inclinar la vista. Después le respondió:
-
---No vine por mi deliberación, sino porque una mujer, descendida del
-cielo, me ha rogado que acompañe y ayude a éste. Pero ya que es tu
-voluntad que te expliquemos más ampliamente cuál sea nuestra verdadera
-condición, la mía no puede rehusarte nada. Este no ha visto aún su
-última noche; pero por su locura estuvo tan cerca de ello, que le
-quedaba poquísimo tiempo de vida. Así es que, según he dicho, fuí
-enviado a su encuentro para salvarle, y no había otro camino más
-que este, por el cual me he aventurado. Hele dado a conocer todos
-los réprobos, y ahora pretendo mostrarle aquellos espíritus que se
-purifican bajo tu jurisdicción. Sería largo de referir el modo como
-le he traído hasta aquí: de lo alto baja la virtud que me ayuda a
-conducirle para verte y oírte. Dígnate, pues, acoger su llegada
-benignamente: va buscando la libertad, que es tan amada, como lo sabe
-el que por ella desprecia la vida. Bien lo sabes tú, que por ella no te
-pareció amarga la muerte en Utica, donde dejaste tu cuerpo, que tanto
-brillará en el gran día. No han sido revocados por nosotros los eternos
-decretos; pues éste vive, y Minos no me tiene en su poder, sino que
-pertenezco al círculo donde están los castos ojos de tu Marcia, que
-parece rogarte aún, ¡oh santo corazón!, que la tengas por compañera
-y por tuya. En nombre, pues, de su amor, accede a nuestra súplica, y
-déjanos ir por tus siete reinos: le manifestaré mi agradecimiento hacia
-ti si permites que allá abajo se pronuncie tu nombre.
-
---Marcia fué tan agradable a mis ojos mientras pertenecí a la
-Tierra--dijo él entonces--, que obtuvo de mí cuantas gracias quiso;
-ahora que habita a la otra parte del mal río, no puedo ya conmoverme a
-causa de la ley que se me impuso cuando salí fuera de mi cuerpo. Pero
-si una mujer del cielo te anima y te dirige, según dices, no tienes
-necesidad de tan laudatorios ruegos; me basta conque me supliques en
-su nombre. Vé, pues, y haz que ése se ciña con un junco sin hojas, y
-lávale el rostro de modo que quede borrada en él toda mancha; porque no
-conviene que se presente con la vista ofuscada ante el primer ministro,
-que es de los del Paraíso. Esa pequeña isla que ves allá abajo
-produce, en torno suyo y por donde la combaten las olas, juncos en su
-tierra blanda y limosa. Ninguna clase de plantas que eche hojas o que
-se endurezca puede existir ahí, porque le sería imposible doblegarse
-a los embates de las olas. Después no volváis por esta parte; el sol
-naciente os indicará el modo de encontrar la más fácil subida del monte.
-
-Al decir esto desapareció. Me levanté sin hablar, me coloqué junto a mi
-Guía, y fijé en él los ojos. Entonces empezó a hablarme de este modo:
-
---Hijo mío, sigue mis pasos: volvamos atrás; porque esta llanura va
-descendiendo siempre hasta su último límite.
-
-El alba vencía ya al aura matutina, que huía delante de ella, y desde
-lejos pude distinguir las ondulaciones del mar. Ibamos por la llanura
-solitaria, como el que busca la senda perdida, y cree caminar en vano
-hasta que logra encontrarla. Cuando llegamos a un sitio en que el rocío
-resiste al calor del sol, y protegido por la sombra, se desvanece poco
-a poco, puso mi Maestro suavemente sus dos manos abiertas sobre la
-fresca hierba; y yo, comprendiendo su intento, le presenté mis mejillas
-cubiertas aún de lágrimas, y en las que por su mediación apareció de
-nuevo el color de que las privó el Infierno.
-
-Llegamos después a la playa desierta, que no vió nunca navegar por
-sus aguas a hombre alguno capaz de salir de ellas. Allí me hizo un
-cinturón, según la voluntad del otro; y, ¡oh maravilla!, cuando arrancó
-la humilde planta, volvió otra a renacer súbitamente en el mismo sitio
-de donde había arrancado aquélla.
-
-[Ilustración]
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-
-[Ilustración]
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-_CANTO SEGUNDO_
-
-
-Ya estaba el Sol tocando al horizonte, cuyo círculo meridiano cubre a
-Jerusalén con su punto más elevado; y ya la noche, formando un arco
-en oposición a él, salía fuera del Ganges con las Balanzas que se le
-caen de las manos cuando supera en extensión al día; de modo que allí,
-donde yo me encontraba, las blancas y sonrosadas mejillas de la bella
-Aurora, según iba creciendo, se tornaban de color de oro. Estábamos
-aún en la orilla del mar, como quien piensa en el camino que debe
-seguir, y anda con el deseo, sin que el cuerpo se mueva. Cuando he
-aquí que, así como, al amanecer, por efecto de los densos vapores, se
-ve a Marte enrojecido hacia Poniente sobre las aguas marinas, de igual
-modo me apareció--¡ojalá pudiese verla otra vez!--una luz, la cual
-venía tan rápidamente por el mar, que ningún vuelo sería comparable a
-su celeridad. Un solo momento aparté de ella la vista para interrogar
-a mi Guía, y al punto volví a verla mucho más voluminosa y brillante;
-distinguiendo luego a cada lado de la misma una cosa blanca, sin saber
-lo que era, debajo de la cual se descubría poco a poco otro objeto
-igualmente blanco. Aun no había pronunciado una palabra mi Maestro,
-cuando se vió que las primeras formas blancas eran alas; y entonces,
-habiendo conocido bien al gondolero, exclamó:
-
---Dobla, dobla pronto la rodilla: he aquí el ángel de Dios; une las
-manos: nunca verás semejantes ministros del Señor. Mira cómo desdeña
-los medios humanos, pues no necesita remo, ni otras velas que sus alas,
-entre tan apartadas orillas. Mira cómo las tiene elevadas hacia el
-cielo, agitando el aire con las eternas plumas, que no se mudan como el
-cabello de los mortales.
-
-Cuanto más se acercaba a nosotros el ave divina, más brillante
-aparecía: por lo cual, no pudiendo resistir su resplandor mis ojos,
-los incliné; y aquél se dirigió hacia la orilla en un esquife airoso
-y ligero, que apenas se sumergía un poco en el agua. El celestial
-barquero estaba en la popa, y la bienaventuranza parecía estar escrita
-en su semblante. Más de cien espíritus, sentados en la barquilla,
-cantaban a coro: "In exitu Israel de Ægipto" y todo lo demás que
-sigue de este salmo. El ángel les hizo la señal de la santa cruz, a
-cuya señal se arrojaron todos a la playa, y él se alejó con la misma
-velocidad con que había venido. La turba que dejó allí parecía llena
-de estupor en tal sitio, mirando y remirando en torno suyo, como el
-que descubre cosas que no ha visto nunca. El Sol, que había arrojado
-con sus brillante saetas al signo de Capricornio del centro del cielo,
-irradiaba por todas partes el día, cuando los recién llegados alzaron
-la frente hacia nosotros, diciéndonos:
-
---Si lo sabéis, indicadnos el camino que conduce a la montaña.
-
-Virgilio respondió:
-
---¿Por ventura creéis que conocemos este sitio? Somos aquí tan nuevos
-como vosotros, y hemos llegado a él poco antes por otro camino tan rudo
-y áspero, que el subir esta montaña será para nosotros ahora cosa de
-juego.
-
-Las almas, que advirtieron, por mi respiración, que yo estaba aún
-vivo, palidecieron de asombro; y así como se agolpa la gente en
-derredor del mensajero coronado de olivo para oír sus noticias, sin
-temor de empujarse y pisarse unos a otros, así se agolparon en torno
-mío todas aquellas almas afortunadas, olvidando casi su deseo de ir a
-embellecerse. Vi una de ellas, que se adelantó para abrazarme con tales
-muestras de afecto, que me movió a hacer lo mismo con ella; pero, ¡oh
-sombras vanas, excepto para la vista! Tres veces quise rodearla con mis
-brazos, y otras tantas volvieron éstos a caer solos sobre mi pecho.
-Creo que la admiración debió pintarse en mi rostro; porque la sombra
-sonrió y se retiró; y yo, siguiéndola, continué avanzando. Me dijo con
-voz suave que me detuviese; conocí entonces quién era, y habiéndole
-rogado que se parase un momento para hablarme, respondióme:
-
---Lo mismo que te amaba con mi cuerpo mortal, te amo también
-desprendido de él; por eso me detengo; pero tú ¿por qué vienes aquí?
-
---Casella mío, hago este viaje para volver al mundo de los vivos, donde
-permanezco aún; pero a ti, ¿cómo es que se te ha negado por tanto
-tiempo el venir a este sitio?
-
-Me respondió:
-
---Si aquel que conduce a quien y cómo le place me ha negado muchas
-veces este pasaje, no se ha cometido conmigo ninguna injusticia; porque
-es justa la voluntad a quien obedece. En verdad, de tres meses a esta
-parte ha recogido sin oposición a cuantos han querido entrar en su
-nave: así es que yo, que me encontraba en la playa donde el Tíber se
-mezcla con las saladas ondas del mar, fuí acogido benignamente por él.
-A la embocadura de aquel río dirige ahora su vuelo; pues allí se reúnen
-siempre los que no descienden hacia el Aqueronte.
-
-Y yo dije:
-
---Si alguna nueva ley no te quita la memoria o el uso de aquellos
-cantos amorosos, que solían calmar todos mis deseos, dígnate consolar
-un poco mi alma, que viniendo aquí con su cuerpo, se ha angustiado
-tanto.
-
-"Amor, que dentro de mi mente habla,"[47] empezó él a cantar tan
-dulcemente, que su dulzura aún resuena en mi corazón. Mi Maestro, y yo,
-y las sombras que allí estaban, parecíamos tan contentos, como si no
-tuviéramos otra cosa en que pensar. Estábamos absortos y atentos a sus
-notas, cuando apareció el venerable anciano exclamando:
-
---¿Qué es esto, espíritus perezosos? ¿Qué negligencia, qué demora
-es ésta? Corred al monte a purificaros de vuestros pecados, que no
-permiten que Dios se os manifieste.
-
- [47] "Amor, che nella mente mi ragiona"... Así empieza la
- canción de Dante señalada con el número XV en "Il Canzionere"
- anotado por Pedro Fraticelli (Florencia, 1911).
-
-Del mismo modo que las palomas, cuando están reunidas en torno a su
-alimento, cogiendo el grano y quietas, sin hacer oír sus acostumbrados
-arrullos, si acontece algo que las asuste, abandonan súbitamente la
-comida, porque las asalta un cuidado mayor, así vi yo aquellas almas
-recién llegadas abandonar el canto y desbandarse por la costa, como
-quien corre sin saber adónde va; y no menos rápidamente huimos también
-nosotros.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO TERCERO_
-
-
-Mientras la repentina fuga dispersaba por la campiña aquellas almas,
-que se volvían hacia la montaña donde la razón divina las aguija, me
-acerqué a mi fiel compañero; porque, ¿cómo hubiera podido sin él seguir
-mi viaje?, ¿quién me habría sostenido al subir por la montaña? Me
-pareció que mi Guía estaba por sí mismo arrepentido de su flaqueza. ¡Oh
-conciencia digna y pura!, ¡qué amargo roedor es para ti la más pequeña
-falta! Cuando sus pies cesaron de caminar con aquella precipitación
-que se aviene mal con la majestad de la persona, mi mente, desechando
-el pensamiento que la inquietaba, concentró su atención, como deseosa
-de recibir las nuevas impresiones; y me puse a contemplar el monte más
-alto de cuantos hacia el Cielo se elevan sobre las aguas. El Sol, que
-a mis espaldas despedía su rubicunda luz, quedaba interceptado por mi
-cuerpo, en el que se apoyaban sus rayos; y cuando vi que sólo delante
-de mí se obscurecía la tierra, volvíme de lado, temeroso de haber sido
-abandonado. Mi Protector entonces empezó a decirme, vuelto hacia mí:
-
---¿Por qué desconfías aún? ¿Crees que no estoy contigo, y que ya
-no te guío? Ahora es ya por la tarde allá donde está sepultado el
-cuerpo, dentro del cual hacía yo sombra. Nápoles lo posee, porque lo
-han quitado de Brindis. Si, pues, ninguna sombra se proyecta delante
-de mí, no debes admirarte de ello más que de ver cómo los cielos no
-interceptan unos a otros el paso de sus luces. La Virtud divina hace
-que semejantes cuerpos sean aptos para sufrir tormentos, calor y frío;
-mas no ha querido revelarnos cómo opera tal maravilla. Insensato es
-el que espera que nuestra razón pueda recorrer las infinitas vías de
-que dispone el que es una substancia en tres personas. Seres humanos,
-contentaos con el "quia;"[48] pues si os fuera dable verlo todo, no
-habría sido necesario que pariese María; y habéis visto desearlo en
-vano a tales hombres, que, a ser posible, hubieran satisfecho ese
-deseo, el cual forma su eterno suplicio: hablo de Aristóteles, de
-Platón y otros muchos.
-
- [48] Según Aristóteles, la demostración es de dos clases: una
- llamada propter quod, que es cuando los efectos se deducen
- de las causas, y otra llamada quia, y es cuando las causas
- se deducen de los efectos por lo cual este período debe
- interpretarse del modo siguiente: Contentaos, ¡oh humanos!,
- con las demostraciones que se pueden deducir de los efectos,
- por los cuales se viene en conocimiento de sus causas, y no
- pretendáis conocer más de lo que los hechos os demuestran: que
- en las cosas que son superiores a la inteligencia humana y a
- la fuerza de la razón, se ejercita la fe.
-
-En este punto, inclinó la frente sin decir nada más, y quedó como
-turbado. Llegamos en tanto al pie del monte, cuyas rocas encontramos
-tan escarpadas, que las piernas más ágiles nos hubieran sido inútiles.
-El camino más desierto, el más áspero entre Lerici y Turbía, es,
-comparado con aquél, una rampa suave y anchurosa.
-
---¿Quién sabe ahora--dijo mi Maestro deteniendo sus pasos--hacia qué
-mano es accesible la costa, de modo que pueda subir el que no tiene
-alas?
-
-Y mientras él tenía los ojos bajos, meditando qué camino seguiríamos,
-y yo miraba hacia arriba alrededor de las rocas, apareció por la
-izquierda una multitud de almas, que se dirigían hacia nosotros, aunque
-no lo parecía; tanta era la lentitud con que caminaban.
-
---Levanta los ojos--dije a mi Maestro--; he aquí quien nos podrá
-aconsejar, si es que no puedes aconsejarte a ti mismo.
-
-Miróme entonces, y con rostro franco respondió:
-
---Vamos allá, pues ellos vienen muy despacio; y tú no pierdas la
-esperanza, hijo querido.
-
-Habríamos andado mil pasos, y aun distaba de nosotros aquella
-muchedumbre tanto espacio cuanto podría recorrer una piedra lanzada por
-un buen hondero, cuando se arrimaron todos a los duros peñascos de la
-escarpada orilla, y permanecieron firmes y apretados entre sí, como se
-detiene a mirar aquel que duda.
-
---¡Oh muertos en la gracia de Dios, espíritus ya elegidos!--empezó
-a decir Virgilio--; por aquella paz que, según creo, esperáis todos
-vosotros, decidme por qué parte declina esta montaña, de modo que sea
-posible ascender a ella; pues al que mejor conoce el valor del tiempo,
-le es más desagradable perderlo.
-
-Como las ovejas que salen de su redil una a una, dos a dos y tres y
-tres, mientras las otras se detienen tímidamente, inclinando hacia la
-tierra sus ojos y su hocico, y lo mismo que hace la primera hacen las
-demás, deteniéndose a su lado si se detiene, sencillas y tranquilas,
-y sin darse cuenta de por qué lo hacen, así vi yo moverse para venir
-hacia nosotros las primeras almas de aquella temerosa y afortunada
-grey, de rostro púdico y de honesto continente. Cuando vieron que
-la luz se interrumpía en el suelo a mi mano derecha, de modo que
-se proyectaba la sombra desde mí a la gruta, se detuvieron y aun
-retrocedieron algún tanto, y todos los que venían detrás, sin saber por
-qué, hicieron lo mismo.
-
---Sin que me lo preguntéis, os confieso que este que aquí veis es
-un cuerpo humano; por cuya causa la luz del Sol aparece cortada en
-el suelo. No os asombréis; pero creed que si pretende trepar esta
-escarpada costa, lo hace inducido por virtud celestial.
-
-Así habló mi Maestro; y aquella noble multitud nos dijo:
-
---Pues volveos atrás y caminad delante de nosotros.
-
-Y al mismo tiempo nos hacían señas con el dorso de las manos. Uno de
-ellos exclamó:
-
---Quienquiera que seas, andando como vas, vuelve el rostro hacia mí, y
-procura recordar si me has visto en el mundo alguna vez.
-
-Yo me volví hacia él, y le miré fijamente: era rubio, hermoso y de
-gentil aspecto; pero tenía la ceja partida de un golpe. Cuando le
-manifesté humildemente que no le había visto nunca, me dijo:
-
---¡Mira, pues!
-
-Y enseñóme una herida en la parte superior de su pecho. Después añadió
-sonriendo:
-
---Yo soy Manfredo, nieto de la emperatriz Constanza: por lo cual te
-ruego, que cuando vuelvas a la Tierra, vayas a visitar a mi graciosa
-hija, madre del honor de Sicilia y de Aragón, y le digas la verdad,
-si es que se ha dicho lo contrario. Después de tener atravesado mi
-cuerpo por dos heridas mortales, me volví llorando hacia Aquél, que
-voluntariamente perdona. Mis pecados fueron horribles; pero la bondad
-infinita tiene tan largos los brazos, que recibe a todo el que se
-vuelve hacia ella. Si el Pastor de Cosenza, que fué enviado por
-Clemente para darme caza, hubiese leído bien en aquella página de Dios,
-mis huesos estarían aún en la cabeza del puente, cerca de Benevento,
-bajo la salvaguardia de las pesadas piedras. Ahora los moja la lluvia;
-el viento los impele fuera del reino, casi a la orilla del Verde, donde
-los hizo transportar con cirios apagados. Pero por su maldición no
-se pierde el amor de Dios de tal modo, que no vuelva nunca, mientras
-reverdezca la flor de la esperanza. Es verdad que el que muere contumaz
-para con la santa Iglesia, por más que al fin se arrepienta, debe estar
-en la parte exterior de esta montaña un espacio de tiempo treinta
-veces mayor del que vivió en contumacia, a menos que no se abrevie la
-duración de este decreto merced a eficaces oraciones. Calcula, pues, lo
-dichoso que puedes hacerme, revelando a mi buena Constanza cómo me has
-visto, y la prohibición que pesa sobre mí, que puede alzarse por los
-ruegos de los que existen allá arriba.
-
-[Ilustración]
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-
-[Ilustración]
-
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-
-_CANTO CUARTO_
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-Cuando por efecto del placer o del dolor de que se siente afectada
-alguna de nuestras facultades, el alma entera se concentra en esa
-facultad, parece que no atienda a ninguna otra; y esto demuestra el
-error de los que creen que en nosotros arde un alma sobre otra alma.
-Por eso mismo, cuando se oye o ve alguna cosa que absorbe fuertemente
-el alma en su contemplación, el tiempo se desliza sin que el hombre
-se aperciba de ello; porque una es la facultad que escucha, y otra
-la que cautiva por completo el alma: ésta está como atada; aquella
-es libre. Yo adquirí una prueba de esta verdad oyendo y admirando a
-aquel espíritu; pues había el Sol ascendido cincuenta grados sobre el
-horizonte, sin que yo lo echase de ver, cuando llegamos a un punto en
-que las almas exclamaron a una voz: "Aquí está el objeto de vuestra
-demanda."
-
-Cualquier portillo de los que suele tapar el aldeano con un manojo de
-espinos, cuando maduran las uvas, es mayor que el sendero por donde
-subimos solos mi Maestro y yo, cuando la multitud de almas se separó de
-nosotros. Bastan los pies para ir a San Leo, para bajar a Noli, para
-ascender hasta la elevada cumbre de Bismantua; pero aquí es preciso
-que el hombre vuele: quiero decir, como volaba yo, conducido por las
-ligeras alas y por las plumas de un gran deseo, detrás de Aquel que
-reanimaba mi esperanza y me iluminaba. Ibamos subiendo por el sendero
-excavado en el peñasco, cuyas quebradas rocas nos estrechaban por ambos
-lados, y el suelo que pisábamos nos obligaba a ayudarnos con pies y
-manos. Cuando llegamos a sitio descubierto, sobre el rellano de la alta
-base del monte, dije:
-
---Maestro mío, ¿qué camino seguiremos?
-
-Y él me contestó:
-
---No des ningún paso hacia abajo: prosigue subiendo detrás de mí hacia
-la cima de este monte, hasta que se nos aparezca algún experto guía.
-
-La cima era tan alta, que no podía alcanzarla la vista, y la subida
-mucho más empinada que la línea que divide en dos partes el cuadrante.
-Yo estaba ya cansado, y entonces exclamé:
-
---¡Oh amado Padre! Vuélvete, y mira que me quedo aquí solo, si no te
-detienes.
-
---Hijo mío, haz por llegar hasta aquel punto--respondió mostrándome una
-prominencia que rodeaba por aquel lado toda la montaña.
-
-Sus palabras me aguijonearon de tal modo, que me esforcé cuanto
-pude trepando hasta donde él estaba, tanto que puse mis plantas
-sobre aquella especie de cornisa. Nos sentamos allí ambos, vueltos
-hacia Levante, por cuyo lado habíamos subido; pues suele agradar la
-contemplación del camino que uno ha hecho. Primeramente dirigí los ojos
-al fondo, después los levanté hacia el Sol, y me admiraba de que éste
-nos iluminase por la izquierda.
-
-El Poeta observó que me quedaba estupefacto, mirando el carro de la
-luz que iba a pasar entre nosotros y el Aquilón; por lo cual me dijo:
-
---Si Cástor y Pólux estuvieran en compañía de aquel espejo, que
-ilumina al mundo tanto por arriba como por abajo, verías al Zodíaco
-refulgente girar más próximo aún a las Osas, a no ser que saliese
-fuera de su antiguo camino. Y si quieres comprender cómo puede suceder
-esto, reconcentra tu pensamiento, y considera que el monte Sion está
-situado sobre la Tierra, relativamente a éste, de modo que ambos
-tienen un mismo horizonte y diferentes hemisferios; por lo cual, si tu
-inteligencia te permite discernir con claridad, verás cómo el camino
-que por su mal no supo recorrer Faetón, debe ir necesariamente por un
-lado de este monte, al paso que va por el opuesto lado de aquel otro.
-
---En verdad. Maestro mío--le contesté--, nunca había visto tan
-claramente como ahora distingo estas cosas, para cuya comprensión no
-me parecía bastante apto mi ingenio. Por las razones que me has dado
-entiendo que el círculo intermedio del primer móvil, llamado Ecuador
-en alguna ciencia, y que permanece siempre entre el Sol y el invierno,
-dista de aquí tanto hacia el Septentrión, cuanto los Hebreos lo veían
-hacia la parte cálida. Pero, si te place, quisiera saber cuanto hemos
-de andar aún; pues el monte se eleva más de lo que puede alcanzar mi
-vista.
-
---Esta montaña es tal--me respondió--, que siempre cuesta trabajo
-empezar a subirla, y cuanto más va para arriba es menos fatigoso.
-Cuando te parezca tan suave, que subas ligeramente por ella como van
-por el agua las naves, entonces habrás llegado al fin de este sendero:
-espera, pues, a conseguirlo para descansar de tu fatiga. Y no respondo
-más, pues sólo esto tengo por cierto.
-
-Cuando hubo terminado de decir estas palabras, resonó cerca de nosotros
-una voz que decía: "Quizá te veas precisado antes a sentarte." Al
-sonido de aquella voz, volvímonos, y vimos a la izquierda un gran
-peñasco, en el que no habíamos reparado antes ninguno de los dos.
-Nos dirigimos hacia allí, donde estaban algunos espíritus reposando
-a la sombra detrás del peñasco, como quien lo hace por indolencia.
-Uno de ellos, que me parecía cansado, estaba sentado con las rodillas
-abrazadas, reposando sobre ellas su cabeza.
-
---¡Oh amado Señor mío!--dije entonces--: contempla a ése, que se
-muestra más negligente que si fuese hermano de la pereza.
-
-Entonces se volvió hacia nosotros, y nos examinó, dirigiendo su mirada
-por encima de los muslos, y diciendo:
-
---Vé, pues, allá arriba, tú que eres tan valiente.
-
-Conocí entonces quién era; y aquella fatiga que agitaba todavía un poco
-mi respiración, no me impidió acercarme a él. Cuando estuve a su lado,
-alzó apenas la cabeza, diciendo:
-
---¿Has comprendido bien por qué el Sol dirige su carro por tu izquierda?
-
-Sus perezosos movimientos y sus lacónicas palabras hicieron asomar una
-sonrisa a mis labios; después dije:
-
---Belacqua, ahora ya no me conduelo de ti: pero dime, ¿por qué estás
-aquí sentado? ¿Esperas algún guía, o es que has vuelto a tus antiguas
-costumbres?
-
-Contestóme:
-
---¡Oh, hermano! ¿Para qué he de ir arriba, si no ha de permitirme
-llegar al sitio de la expiación el Angel de Dios, que está sentado a
-su puerta? Antes que yo entre por ella, es necesario que el cielo dé
-tantas vueltas en torno mío, cuantas dió en el transcurso de mi vida,
-por haber aplazado los buenos suspiros hasta la hora de mi muerte; a no
-ser que me auxilie una plegaria, que se eleve de un corazón que viva en
-la gracia. ¿De qué sirven las demás, si no han de ser oídas en el cielo?
-
-Ya el Poeta subía delante de mí diciendo:
-
---No te detengas más: mira que el Sol toca al Meridiano, y la Noche
-cubre ya con su pie la costa de Marruecos.
-
-[Ilustración]
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-
-[Ilustración]
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-
-_CANTO QUINTO_
-
-
-Me había alejado ya de aquellas sombras, y seguía las huellas de mi
-Guía, cuando detrás de mí, y señalándome con el dedo, gritó una de
-ellas:
-
---Mirad; no se nota que el Sol brille a la izquierda de aquel de más
-abajo, que marcha al parecer como un vivo.
-
-Al oír estas palabras, volví la cabeza, y vi que las sombras miraban
-con admiración, no solamente a mí, sino también a la luz interceptada
-por mi cuerpo.
-
---¿Por qué se turba tanto tu ánimo--dijo el Maestro--, que así acortas
-el paso? ¿Qué te importa lo que allí murmuran? Sígueme, y deja que
-hable esa gente. Sé firme como una torre, cuya cúspide no se doblega
-jamás al embate de los vientos: el hombre en quien bulle pensamiento
-sobre pensamiento, siempre aleja de sí el fin que se propone; porque el
-uno debilita la actividad del otro.
-
-¿Qué otra cosa podría yo contestarle sino: "Ya voy?" Así lo hice,
-cubierto algún tanto de aquel color que hace a veces al hombre digno
-de perdón. En tanto, de través por la cuesta venían hacia nosotros
-algunas almas entonando, versículo a versículo, el "Miserere." Cuando
-observaron que yo no daba paso al través de mi cuerpo a los rayos
-solares, cambiaron su canto en un "¡Oh!" ronco y prolongado: y dos de
-ellas, a guisa de mensajeros, corrieron a nuestro encuentro, diciendo:
-
---Hacednos sabedores de vuestra condición.
-
-Mi Maestro contestó:
-
---Podéis iros y referir a los que os han enviado, que el cuerpo de éste
-es de verdadera carne. Si se han detenido, según me figuro, por ver
-su sombra, bastante tienen con tal respuesta: hónrenle, porque podrá
-serles grato.
-
-Jamás he visto a prima noche los vapores encendidos, ni a puesta del
-Sol las exhalaciones de Agosto, hendir el Cielo sereno tan rápidamente
-como corrieron aquellas almas hacia sus compañeras; y una vez allí,
-regresaron adonde estábamos, juntas con las demás, como escuadrón que
-corre a rienda suelta.
-
---Esa gente que se agolpa hacia nosotros es numerosa--dijo el Poeta--,
-y vienen a dirigirte alguna súplica: tú, sin embargo, sigue adelante, y
-escucha mientras andas.
-
---¡Oh alma, que, para llegar a la felicidad, vas con los miembros con
-que naciste!--venían gritando--: modera un poco tu paso. Repara si has
-conocido a alguno de nosotros, de quien puedas llevar allá noticias.
-¡Ah! ¿Por qué te vas? ¿Por qué no te detienes? Todos hemos terminado
-nuestros días por muerte violenta, y fuimos pecadores hasta la última
-hora: entonces la luz del Cielo iluminó nuestra razón tan bien, que,
-arrepentidos y perdonados, abandonamos la vida en la gracia de Dios,
-que nos abrasa por el gran deseo que tenemos de verle.
-
-Yo les contesté:
-
---Aun cuando no reconozco las desfiguradas facciones de ninguno de
-vosotros, no obstante, si deseáis de mí algo que me sea posible,
-espíritus bien nacidos, yo lo haré por aquella paz que se me hace
-buscar de mundo en mundo, siguiendo los pasos de este Guía.
-
-Uno de ellos empezó diciendo:
-
---Todos confiamos en tu benevolencia sin necesidad de que lo jures,
-a no ser que la impotencia destruya tu buena voluntad. Yo, que hablo
-solo antes que los demás, te ruego que si ves alguna vez aquel país que
-se extiende entre la Romanía y el de Carlos,[49] me concedas en Fano
-el dón de tus preces, a fin de que los buenos rueguen allí por mí, de
-modo que yo pueda purgar mis graves pecados. De allí fuí yo: pero las
-profundas heridas por donde salió la sangre en la que me asentaba, me
-fueron hechas en el territorio de los Antenóridas,[50] donde creía
-encontrarme más seguro. El de Este lo ordenó, porque me odiaba mucho
-más de lo que le permitía la justicia; pero si yo hubiese huído hacia
-la Mira, cuando llegué a Oriaco, aún estaría allá donde se respira:
-corrí al pantano, donde las cañas y el lodo me embarazaron tanto, que
-caí, y vi formarse en tierra un lago con la sangre de mis venas.
-
- [49] La Marca de Ancona, gobernada por Carlos de Anjou.
-
- [50] Padua, fundada por Antenor.
-
-Después me dijo otro:
-
---¡Ay! Así se cumpla el deseo que te conduce a esta elevada montaña,
-dígnate auxiliar al mío con obras de piedad. Yo fuí de Montefeltro, y
-soy Buonconte. Ni Juana ni los otros se cuidan de mí; por lo cual voy
-entre éstos con la cabeza baja.
-
-Le pregunté:
-
---¿Qué violencia o qué aventura te sacó fuera de Campaldino, que no se
-supo nunca donde está tu sepultura?
-
---¡Oh!--me respondió--; al pie del Casentino corre un río llamado
-Archiano, que nace en el Apenino encima del Ermo. Allí donde pierde
-su nombre, llegué yo con el cuello atravesado, huyendo a pie y
-ensangrentando la llanura. Allí perdí la vista, y mi última palabra fué
-el nombre de María; allí caí, y no quedó más que mi carne. Te diré la
-verdad, y tú la referirás entre los vivos: el ángel de Dios me cogió,
-y el del Infierno gritaba: "¡Oh tú, venido del Cielo! ¿Por qué me lo
-quitas? Te llevas la parte eterna de éste por una pequeña lágrima que
-me le arrebata; pero yo trataré de diferente modo la otra parte."
-Tú sabes bien cómo se condensa en el aire ese húmedo vapor, que se
-convierte en lluvia en cuanto sube hasta donde le sorprende el frío:
-pues bien, el demonio, juntando a su entendimiento aquella malevolencia
-que sólo procura hacer daño, con el poder inherente a su naturaleza,
-agitó el vapor y el viento. En cuanto se extinguió el día, cubrió de
-nieblas el valle desde Pratomagno hasta el Apenino, e hizo tan denso
-aquel cielo, que el espeso aire se convirtió en agua: cayó la lluvia,
-y el agua que la tierra no pudo absorber fué a parar a los barrancos,
-y uniéndose a la de los torrentes, se precipitó hacia el río real con
-tal rapidez, que nada podía contenerla. El Archiano furioso encontró
-mi cuerpo helado en su embocadura, lo arrastró hacia el Arno, y separó
-mis brazos que había puesto en cruz sobre el pecho cuando me venció
-el dolor. Después de haberme volteado por sus orillas y su fondo, me
-cubrió y rodeó con la arena que había hecho desprenderse de los campos.
-
---¡Ah!, cuando vuelvas al mundo, y hayas descansado de tu largo
-viaje--continuó un tercer espíritu, luego que hubo acabado de hablar
-el segundo--, acuérdate de mí, que soy la Pía.[51] Siena me hizo, y las
-Marismas me deshicieron: bien lo sabe aquel que, siendo ya viuda, me
-puso en el dedo su anillo enriquecido de piedras preciosas.
-
- [51]Pía de Tolomei, natural de Siena, casó con Nello o
- Paganello Pannocchieschi, señor del castillo della Pietra, en
- la Marisma Toscana, el cual, creyéndola infiel, le dió muerte,
- en 1295, mandando, según refiere algún comentarista, arrojarla
- por una ventana.
-
-[Ilustración]
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-
-
-
-[Ilustración]
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-_CANTO SEXTO_
-
-
-Cuando, acabado el juego de la zara, se desparten los jugadores, el que
-pierde se queda triste, pensando en las jugadas, y aprendiendo entonces
-con sentimiento el modo de que debió haberse valido para ganar: con el
-ganancioso se van los circunstantes; y uno por delante, otro por detrás
-y otro por el lado procuran hacerse presentes al afortunado; éste no
-se detiene aunque los escucha a todos, hasta que tiende a uno su mano,
-que por ello deja de atosigarle, librándose así de los empujones de
-la multitud. Así estaba yo en medio de aquella compacta muchedumbre
-de almas, volviendo a uno y otro lado el rostro, hasta que, merced a
-mis promesas, pude desprenderme de ellas. Allí estaban el Aretino que
-recibió la muerte de los brazos crueles de Ghin di Tacco, y el otro
-que se ahogó al darle caza sus enemigos. Allí oraba, con los brazos
-extendidos, Federico Novello, y aquel de Pisa, que dió ocasión de
-demostrar la grandeza de su alma al buen Marzucco. Vi al conde Orso,
-y a aquella alma separada de su cuerpo por hastío y por envidia, como
-ella misma decía, y no por sus culpas; a Pedro de la Broccia, digo: y
-bien es menester que provea en ello la princesa de Brabante, mientras
-esté por acá, si no quiere verse colocada entre peores compañeros.
-
-Cuando me vi libre de todas aquellas sombras, que rogaban para
-que otros rogasen por ellas, a fin de abreviar el tiempo de su
-purificación, empecé a decir:
-
---Parece que me niegas expresamente en algún texto, ¡oh luz que
-desvaneces mis dudas!, que la oración aplaca los decretos del cielo; y
-sin embargo, esta gente ruega para conseguirlo. ¿Será, pues, vana su
-esperanza? ¿O es que no he comprendido bien el sentido de tus palabras?
-
-A lo que me contestó:
-
---Lo que escribí es muy claro, y la esperanza de ésos no se verá
-fallida, si se examina con recto sentido. No se menoscaba el alto
-juicio divino, porque el fuego amoroso de la caridad cumpla en un
-instante lo que deben satisfacer los que aquí están relegados; y allí,
-donde senté tal máxima, la oración no tenía la virtud de borrar las
-faltas, porque el objeto de aquélla estaba alejado de Dios. No te
-detenga, sin embargo, tan profunda duda, hasta que te la desvanezca
-aquélla que ha de iluminar tu entendimiento, mostrándole la verdad. No
-sé si me entiendes: hablo de Beatriz, a quien verás risueña y feliz
-sobre la cumbre de este monte.
-
-Yo repuse:
-
---Mi buen Guía, caminemos más de prisa: pues ya no me canso tanto como
-antes, y la montaña proyecta su sombra hacia este lado.
-
---Avanzaremos hoy tanto como podamos--me respondió--; pero el camino
-es muy diferente de lo que te figuras. Antes que lleguemos arriba,
-verás volver a aquel que ahora se oculta tras de la cuesta, y cuyos
-rayos no quiebras en este momento. Pero ve allí un alma que, inmóvil
-y completamente sola, dirige hacia nosotros sus miradas: ella nos
-enseñará el camino más corto.
-
-Llegamos junto a ella. ¡Oh alma lombarda, cuán altanera y desdeñosa
-estabas, y cuán noble y grave era el movimiento de tus ojos! Ella no
-nos decía nada; pero dejaba que nos aproximásemos, mirando únicamente
-como el león cuando reposa. Virgilio se le acercó, rogándole que nos
-enseñase la subida más fácil; pero ella, sin contestar a su pregunta,
-quiso informarse acerca de nuestro país y de nuestra vida; y al
-empezar mi Guía a decir. "Mantua...," la sombra, que antes estaba como
-concentrada en sí misma, corrió hacia él desde el sitio en que se
-encontraba, diciendo: "¡Oh, mantuano!, yo soy Sordello, de tu tierra."
-Y se abrazaron mutuamente.
-
-¡Ah Italia esclava, albergue de dolor, nave sin timonel en medio de
-una gran tempestad, no ya señora de provincias, sino de burdeles! Al
-dulce nombre de su país natal, aquel alma gentil se apresuró a festejar
-a su conciudadano; al paso que tus vivos no saben estar sin guerra, y
-se destrozan entre sí aquellos a quienes guarda una misma muralla y un
-mismo foso. Busca, desgraciada, en derredor de tus costas, y después
-contempla en tu seno si alguna parte de ti misma goza de paz. ¿Qué
-vale que Justiniano te enfrenara, si la silla está vacía? Tu vergüenza
-sería menor sin ese mismo freno. ¡Ah, gentes que debierais ser devotas,
-y dejar al César en su trono, si comprendierais bien lo que Dios ha
-prescrito! Mirad cuán arisca se ha vuelto esa Italia, por no haber sido
-castigada a tiempo con las espuelas, desde que os apoderasteis de sus
-riendas. ¡Oh alemán Alberto, que la abandonas, al verla tan indómita
-y salvaje, cuando debiste oprimir sus ijares! Caiga sobre tu sangre
-el justo castigo del Cielo, y sea éste tan nuevo y evidente, que sirva
-también de temeroso escarmiento a tu sucesor, ya que tú y tu padre,
-alejados de aquí por ambición, habéis tolerado que quede desierto el
-jardín del imperio. Hombre indolente, ven a ver a los Montecchi y a los
-Cappelletti, a los Monaldi y Filippeschi, aquéllos ya tristes, y éstos
-poseídos de amargos recelos. Ven, cruel, ven; y mira la opresión de tus
-nobles, y remedia sus males, y verás cuán segura está Santaflora. Ven a
-ver a tu Roma, que llora, viuda y sola, exclamando día y noche: "¡César
-mío! ¿Por qué no estás en mi compañía?" Ven y contempla cuán grande es
-el mutuo amor de la gente; y si nada te mueve a compasión de nosotros,
-ven a avergonzarte de tu fama. Y, séame lícito preguntarte, ¡oh sumo
-Jove, que fuiste crucificado por nosotros en la tierra! ¿Están vueltos
-hacia otra parte tus justos ojos? ¿O es que nos vas preparando de ese
-modo, en lo profundo de tus pensamientos, para recibir algún gran bien
-que no puede prever nuestra inteligencia? Porque la tierra de Italia
-está llena de tiranos; y el hombre más ruin, al ingresar en un partido,
-se convierte en un Marcelo.
-
-Florencia mía, bien puedes estar satisfecha de esta digresión, que no
-habla contigo, merced a tu pueblo que tanto se ingenia. Hay muchos
-que tienen la justicia en el corazón, pero son tardíos en aplicarla,
-porque temen disparar el arco imprudentemente; mas tu pueblo la tiene
-en la punta de sus labios. Muchos rehusan los cargos públicos; pero tu
-pueblo responde solícito, sin que le llamen, y grita: "Yo los acepto."
-Alégrate, pues, que motivo tienes para ello. Eres rica, disfrutas
-tranquilidad, tienes prudencia. Si digo la verdad, claramente lo
-demuestran los hechos. Atenas y Lacedemonia, que hicieron las antiguas
-leyes y fueron tan civilizadas, dieron un débil ejemplo de vivir
-bien, comparadas contigo; pues dictas tan sutiles decretos, que los
-que expides en Octubre no llegan a mediados de Noviembre. ¿Cuántas
-veces, en el tiempo a que alcanza la memoria, has cambiado de leyes, de
-monedas, de oficios y de costumbres, y renovado tus habitantes? Y si
-quieres recordarlo y ver la luz, conocerás que eres semejante a aquella
-enferma, que no encuentra posición que le cuadre sobre la pluma, y
-procura hacer más llevadero su dolor dando continuas vueltas.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO SEPTIMO_
-
-
-Después de haber cambiado entre sí tres o cuatro veces corteses y
-halagüeños saludos, Sordello se hizo un poco atrás, y dijo:
-
---¿Quiénes sois?
-
---Mis huesos fueron sepultados por mandato de Octavio, antes que se
-hubiesen dirigido hacia esta montaña las almas dignas de subir hasta
-Dios. Yo soy Virgilio, que perdí el cielo por no tener fe, y no por
-otra culpa.
-
-Así respondió mi Guía. Como el que de improviso ve una cosa que le
-asombra, y a la que no sabe si dar o no crédito, diciendo: "es, no es,"
-así se quedó aquél: después bajó los ojos, se adelantó humildemente
-hacia él, y le abrazó en el sitio del cuerpo donde alcanza el pequeño.
-
---¡Oh gloria de los latinos--dijo--, por quién nuestra lengua demostró
-cuánto podía! ¡Honor eterno del lugar donde nací! ¿Qué mérito o qué
-gracia permite que yo te vea? Si es que soy digno de oír tus palabras,
-dime si vienes del Infierno, y de qué recinto.
-
---He llegado hasta aquí pasando por todos los círculos del reino
-del llanto--respondióle--; la virtud del cielo me guía, y con ella
-vengo. No por lo que he hecho, sino por lo que no he hecho, he perdido
-la facultad de contemplar el alto Sol que tú deseas, y que conocí
-demasiado tarde. Allá abajo hay un lugar triste, no por los martirios,
-sino por las tinieblas, donde en vez de lamentos como gritos, sólo
-resuenan suspiros. Allí estoy yo con los inocentes párvulos, mordidos
-por los dientes de la muerte antes de que fueran lavados del pecado
-original. Allí estoy yo con aquellos que no se cubrieron con las tres
-virtudes santas, aunque, exentos de vicios, conocieron y observaron las
-demás. Pero danos algún indicio, si es que puedes y sabes, a fin de
-que lleguemos más pronto al sitio donde tiene verdadero principio el
-Purgatorio.
-
-Sordello respondió:
-
---Aquí no tenemos designado un punto fijo, y a mí me es lícito subir
-andando alrededor por la montaña: te serviré de guía por todos los
-parajes hasta donde puedo llegar. Pero advierte que ya declina el día;
-y no siendo posible ir arriba de noche, convendrá que pensemos en
-buscar un buen abrigo. Algo lejos de aquí, a la derecha, hay algunas
-almas: si quieres, te conduciré adonde están, seguro de que te agradará
-conocerlas.
-
---¿Cómo es eso?--le contestó--. Quien quisiera subir de noche, ¿se
-vería detenido por alguien? ¿O es acaso que no podría subir?
-
-El buen Sordello pasó su dedo por el suelo, diciendo:
-
---¿Ves esta sola línea? Pues no la atravesarás después de haberse
-ocultado el Sol; no por otra causa, sino porque te lo impedirán las
-tinieblas nocturnas; las cuales, con la impotencia que originan,
-contrarrestan la voluntad. Con ellas, podríase muy bien volver abajo
-y recorrer la cuesta vagando en torno, mientras el día esté bajo el
-horizonte.
-
-Entonces mi Señor, como asombrado, repuso:
-
---Condúcenos adonde dices que puede ser agradable permanecer.
-
-Nos habíamos alejado un poco de allí, cuando eché de ver que el monte
-estaba hendido como los valles que hay en nuestro hemisferio.
-
---Iremos--dijo aquella sombra--allá donde la cuesta forma una cavidad,
-y esperaremos en ella el nuevo día.
-
-Un sendero tortuoso, entre pendiente y llano, nos condujo a un lado
-de aquella cavidad, en donde las orillas que la circundan descienden
-más de la mitad de su altura. El oro y la plata fina, la púrpura, el
-albayalde, el añil azul y brillante, y las esmeraldas recientemente
-talladas en el momento en que se desprenden sus trozos, serían vencidos
-en brillantez por las hierbas y las flores de aquella cavidad, como
-lo menor es vencido por lo mayor. La naturaleza no había ostentado
-solamente allí sus adornos, sino que con la suavidad de mil aromas
-había formado un olor indistinto y desconocido para nosotros. Allí vi
-sentadas sobre la verdura y entre las flores algunas almas, que desde
-fuera no podían distinguirse, por ocultarlas las laderas del valle, las
-cuales estaban cantando el "Salve Regina." El Mantuano, que nos había
-conducido por el tortuoso sendero, nos dijo:
-
---No pretendáis que os guíe hasta donde están ésos, antes de que se
-oculte el poco Sol que queda. Desde esta altura veréis las acciones
-y los rostros de todos, mejor que si estuvierais entre ellos en el
-mismo valle. Aquel que está sentado en el puesto más alto, que en su
-actitud parece haberse descuidado de hacer lo que debía, y cuya boca
-no se mueve para cantar con los demás, fué el emperador Rodolfo, que
-pudo curar las heridas que han dado muerte a Italia, de tal modo, que
-tarde le vendrá de otro el remedio. El que con su presencia conforta al
-primero, gobernó la tierra donde nace el agua que el Moltava conduce
-al Elba, y el Elba al mar. Llamóse Ottokar, y ya en la infancia fué
-mucho mejor príncipe que su hijo Wenceslao cuando barbado, a quien
-enervaron el ocio y la lujuria. Y aquel romo, que parece consultar con
-tanta intimidad al otro de benigno aspecto, murió huyendo y marchitando
-la flor de lis: mirad cómo se golpea el pecho; y ved cómo el otro,
-suspirando, apoya su mejilla en la palma de la mano. Padre y suegro son
-del mal de Francia: saben que su vida es grosera y viciosa, y de ahí
-proviene el dolor que les aflige. Aquel que parece tan corpulento,[52]
-y que canta acorde con el narigudo,[53] llevó ceñida la cuerda de toda
-virtud; y si después de él hubiera reinado más tiempo el jovencito que
-a su espalda se sienta,[54] bien habría pasado el valor de padre a
-hijo; lo cual no se puede decir de sus otros herederos Jaime y Fadrique
-conservan los reinos; pero ninguno de ellos posee la mejor herencia.
-Raras veces renace por las ramas la humana probidad; pues así lo quiere
-Aquél que nos la da, para que se la pidamos. No menos se dirigen mis
-palabras al narigudo, que al otro, a Pedro, que canta con él; pues de
-su descendencia se lamentan ya la Pulla y la Provenza. La planta es
-inferior a su semilla tanto, cuanto más que Beatriz y Margarita se
-gloria Constanza aún de su marido. Ved ahí al rey de sencilla vida,
-sentado aparte y solo, a Enrique de Inglaterra: éste ha producido
-mejores vástagos. Aquel que está en el suelo más abajo que los otros,
-mirando hacia arriba, es el marqués Guillermo, por quien Alejandría y
-sus guerreros hacen llorar hoy al Monferrato y al Canavés.
-
- [52] Pedro III de Aragón.
-
- [53] Carlos I, conde de Provenza y rey de Pulla.
-
- [54] Alfonso III, primogénito de Pedro el Grande, que sucedió
- a su padre, y sólo reinó seis años, muriendo en 1291.
-
-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-_CANTO OCTAVO_
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-Era ya la hora en que se enternece el corazón de los navegantes, y
-renace su deseo de abrazar a los caros amigos, de quienes el mismo día
-se han despedido, y en que el novel viajero se compunge de amor, si oye
-a lo lejos alguna campana, que parezca plañir al moribundo día; cuando
-dejé de oír, y comencé a mirar a una de aquellas almas, que, puesta en
-pie, hacía señas con la mano en ademán de que las otras la escuchasen.
-Unió y levantó ambas palmas, dirigiendo sus ojos hacia Oriente, como si
-dijese a Dios: "Sólo en ti pienso;" y salió de su boca tan devotamente
-y con tan dulces notas el "Te lucis ante," que el placer me hizo salir
-fuera de mí. Aguza bien aquí la vista, ¡oh lector!, para descubrir
-la verdad; porque el velo es ahora tan sutil, que te será en efecto
-sumamente fácil atravesarlo.
-
-Vi luego a aquel ejército gentil, pálido y humilde, que en silencio
-contempla el cielo, como esperando algo; y vi salir de las alturas y
-descender al valle dos ángeles con dos espadas flamígeras, truncadas
-y privadas de sus puntas. Verdes como las tiernas hojas que acaban de
-brotar eran sus vestiduras, y agitadas por las plumas de sus alas,
-verdes también, flotaban por detrás a merced del viento. El uno se posó
-algo más arriba de donde estábamos; el otro descendió hacia el lado
-opuesto; de suerte que las almas quedaron entre ellos. Se distinguía
-perfectamente su blonda cabellera; pero al querer mirar sus facciones,
-se ofuscaba la vista, como se ofusca toda facultad, por la excesiva
-fuerza de las impresiones.
-
---Ambos vienen del seno de María--dijo Sordello--para guardar el valle
-contra la serpiente, que acudirá a él en breve.
-
-Y yo, que no sabía por qué sitio había de venir, miré en torno mío, y
-helado de terror, me arrimé cuanto pude a las fieles espaldas. Sordello
-continuó:
-
---Ahora descendamos hacia donde están esas grandes sombras, y
-hablaremos con ellas: les será muy grato veros.
-
-Sólo había descendido tres pasos, según creo, cuando ya me encontré
-abajo, y vi uno que me miraba como si hubiera querido conocerme. El
-aire iba ya obscureciéndose, pero no tanto que entre sus ojos y los
-míos no permitiese ver lo que antes por la distancia se ocultaba. Vino
-hacia mí, y yo me adelanté hacia él. ¡Noble juez! ¡Oh, Nino! ¡Con
-cuánto placer vi que no estabas entre los condenados! No hubo amistoso
-saludo que no nos dirigiésemos; después me preguntó:
-
---¿Cuánto tiempo hace que has llegado al pie de este monte a través de
-las lejanas aguas?
-
---¡Ah!--le dije--; esta mañana he llegado pasando por tristes lugares,
-y estoy aún en la primera vida; aunque al hacer este viaje, voy
-preparándome para la otra.
-
-Apenas oyeron mi respuesta, cuando Sordello y él retrocedieron como
-hombres poseídos de un repentino espanto. El primero se volvió hacia
-Virgilio, y el otro hacia uno que estaba sentado, gritando: "Ven,
-Conrado, ven a ver lo que Dios por su gracia permite." Después,
-dirigiéndose a mí, exclamó:
-
---Por la singular gratitud que debes a Aquél que oculta de tal modo su
-primitivo origen, que no es posible penetrarlo, cuando estés más allá
-de las anchurosas aguas, di a mi Juana, que pida por mí allí donde
-se oyen los ruegos de los inocentes. No creo que su madre me ame ya,
-pues ha dejado las blancas tocas, que la desventurada echará de menos
-algún día. Por ella se comprende fácilmente cuánto dura en una mujer el
-fuego del amor, si la vista o el íntimo trato no lo alimenta. La víbora
-que campea en las armas del Milanés no le proporcionará tan hermosa
-sepultura como se la hubiera dado el gallo de Gallura.[55]
-
- [55] No será tan honrosa su sepultura cuando muera enlazada
- a la casa de los Visconti de Milán, como lo sería si hubiera
- guardado fidelidad a la de los Visconti de Gallura. Los
- primeros tenían una víbora en su escudo; los segundos un gallo.
-
-Así decía, y en todo su aspecto se veía impreso el sello de aquel
-recto celo que arde con mesura en el corazón. Entretanto, mis ojos se
-dirigían ávidos hacia la parte del cielo donde es más lento el curso de
-las estrellas, como sucede en los puntos de una rueda más próximos al
-eje. Mi Guía me preguntó:
-
---Hijo mío, ¿qué miras allá arriba?
-
-Y yo le contesté:
-
---Aquellas tres antorchas[56], en cuya luz arde todo el polo hacia esta
-parte.
-
- [56] Las constelaciones del Eridano, de la Nave y del Pez de
- oro.--Alegóricamente son las tres virtudes teologales.
-
-Y él repuso:
-
---Las cuatro estrellas brillantes que viste esta mañana, han descendido
-por aquel lado, y éstas han subido donde estaban aquéllas.
-
-Mientras él hablaba, Sordello se le acercó, diciendo: "He ahí a nuestro
-adversario;" y extendió el dedo para que mirásemos hacia el sitio
-que indicaba. En la parte donde queda indefenso el pequeño valle,
-había una serpiente, que quizá era la que dió a Eva el amargo manjar.
-Se adelantaba el maligno reptil por entre la hierba y las flores,
-volviendo de vez en cuando la cabeza, y lamiéndose el lomo como un
-animal que se alisa la piel. No puedo decir cómo se movieron los
-azores celestiales, pues no me fué posible distinguirlo; pero sí vi
-a entreambos en movimiento. Sintiendo que sus verdes alas hendían el
-aire, huyó la serpiente, y los ángeles se volvieron a su puesto con
-vuelo igual. La sombra que se acercó al juez, cuando éste la llamó, no
-dejó un momento de mirarme durante todo aquel asalto.
-
---Que la antorcha que te conduce hacia arriba encuentre en tu voluntad
-tanta cera cuanta se necesita para llegar al sumo esmalte--empezó a
-decir--; si sabes alguna noticia positiva del Val di Magra o de su
-tierra circunvecina, dímela, pues yo era señor en aquel país: fuí
-llamado Conrado Malaspina, no el antiguo, sino descendiente suyo, y
-tuve para con los míos un amor que aquí se purifica.
-
---¡Oh!--le contesté--; no estuve nunca en vuestro país; pero ¿a qué
-parte de Europa no habrá llegado su fama? La gloria que honra vuestra
-casa da tal renombre a sus señores y a la comarca entera, que tiene
-noticia de ella aun aquel que no la ha visitado. Y os juro, así pueda
-llegar a lo alto de este monte, que vuestra honrosa estirpe no pierde
-la prez que le han conquistado su bolsa y su espada. Sus buenas
-costumbres y excelente carácter la colocan en tan privilegiado puesto,
-que aunque el perverso jefe aparte al mundo del verdadero camino, ella
-va por el recto sendero despreciando el torcido.
-
-El replicó:
-
---Ve, pues; que antes de que el Sol entre siete veces en el espacio
-que Aries con sus cuatro patas cubre y abarca, esa opinión cortés te
-será clavada en medio de la cabeza con clavos mayores que lo pueden ser
-las palabras de otro, si no se cambia el curso de lo dispuesto por la
-Providencia.
-
-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-_CANTO NONO_
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-
-La concubina del viejo Titón, desprendida de los brazos de su dulce
-amigo, alboreaba ya en los linderos orientales, reluciendo su frente
-de rica pedrería colocada en la forma del frío animal que sacude a la
-gente con la cola;[57] y ya por el lugar donde nos hallábamos había
-dado la Noche dos de los pasos con que asciende, y el tercero inclinaba
-hacia abajo su vuelo, cuando yo, que tenía conmigo la flaqueza de Adán,
-vencido del sueño, me tendí en la hierba sobre que estábamos sentados
-los cinco.
-
-A la hora del amanecer, cuando la golondrina empieza sus tristes
-endechas, quizá en memoria de sus primeros ayes, y cuando nuestro
-espíritu, más libre de los lazos de la carne y menos asediado de
-pensamientos, es casi divino en sus visiones, parecióme ver entre
-sueños un águila con plumas de oro suspendida del cielo, con las alas
-abiertas y preparada a bajar, y creía estar allí donde Ganimedes
-abandonó a los suyos, cuando fué arrebatado a la celestial asamblea.
-Yo pensaba entre mí: "Quizá esta águila tenga la costumbre de cazar
-aquí solamente, y puede ser que en otro sitio se desdeñe de levantar en
-alto la presa con sus garras." Después me pareció que, dando algunas
-vueltas, bajaba terrible como un rayo, y me arrebataba hasta la esfera
-del fuego, donde parecía que ardiésemos los dos; y de tal modo me
-quemaba aquel incendio imaginario, que se interrumpió súbitamente mi
-sueño. No de otra suerte se sobresaltó Aquiles revolviendo en torno
-suyo sus ojos desvelados y sin saber donde se encontraba, cuando su
-madre, robándolo a Quirón, le transportó dormido en sus brazos a la
-isla de Scyros, de donde le sacaron después los griegos, como me
-sobresalté yo, apenas huyó el sueño de mi rostro; y me puse pálido
-como el hombre a quien hiela el espanto. A mi lado estaba únicamente
-mi Protector; el Sol había salido hacía ya más de dos horas, y yo me
-hallaba con la cara vuelta hacia el mar.
-
- [57] La esposa de Titón es la Aurora, y su frente aparecía
- coronada en las estrellas que forman el signo de Piscis.
-
---No temas--dijo mi Señor--; tranquilízate, que estamos en buen lugar.
-Da rienda suelta a tu vigor, lejos de reprimirlo, pues has llegado
-ya junto al Purgatorio; mira allí el muro que le cerca en derredor;
-y mira la entrada en aquel sitio donde parece estar roto. Durante el
-alba que precede al día, cuando tu alma dormía dentro del cuerpo sobre
-las flores que allá abajo adornan el suelo, vino una dama y dijo:
-"Yo soy Lucía: déjame coger a ese que duerme, y haré que recorra más
-ágilmente su camino." Sordello se quedó con las otras nobles sombras;
-ella te cogió, y cuando fué de día, se vino hacia arriba y yo seguí sus
-huellas: aquí te dejó, habiéndome antes designado con sus bellos ojos
-aquella entrada abierta; y después, ella y tu sueño desaparecieron al
-mismo tiempo.
-
-Me quedé como el hombre que ve sus dudas convertidas en certidumbre, y
-cuyo miedo se trueca en fortaleza, cuando le han descubierto la verdad;
-y viéndome tranquilo mi Guía, empezó a subir por la calzada, y yo
-seguí tras él hacia lo alto.
-
-Lector: bien ves cómo ensalzo el objeto de mis cantos: no te admire,
-pues, si procuro sostenerlo cada vez con más arte. Nos aproximamos
-hasta llegar al sitio que antes me había parecido ser una rotura,
-semejante a la brecha que divide un muro; y vi una puerta a la cual se
-subía por tres gradas de diferentes colores, y un portero que aún no
-había proferido ninguna palabra. Y como yo abriese cada vez más los
-ojos, le vi sentado sobre la grada superior, con tan luminoso rostro,
-que no podía fijar en él mi vista. Tenía en la mano una espada desnuda,
-que reflejaba sus rayos hacia nosotros de tal modo, que en vano intentó
-fijar en ella mis miradas.
-
---Decidme desde ahí: ¿qué queréis?--empezó a decir.--¿Dónde está el que
-os acompaña? Cuidad que vuestra llegada no os sea funesta.
-
---Una dama del Cielo, enterada de estas cosas--le respondió mi
-Maestro--, nos ha dicho hace poco: "Id allí: aquella es la puerta."
-
---Ella guía felizmente vuestros pasos--replicó el cortés portero--.
-Llegad, pues, y subid nuestras gradas.
-
-Nos adelantamos: el primer escalón era de mármol blanco, tan bruñido y
-terso, que me reflejé en él tal como soy: el segundo, más obscuro que
-el color turquí, era de una piedra calcinada y áspera, resquebrajada
-a lo largo y de través: el tercero, que gravita sobre los demás, me
-parecía de un pórfido tan rojo como la sangre que brota de las venas.
-Sobre este último tenía ambas plantas el Angel de Dios, el cual estaba
-sentado en el umbral, que me pareció formado de diamante. Mi Guía me
-condujo de buen grado por los tres escalones, diciendo:
-
---Pide humildemente que se abra la cerradura.
-
-Me postré devotamente a los pies santos: le pedí por misericordia que
-abriese, pero antes me dí tres golpes en el pecho. Con la punta de su
-espada me trazó siete veces en la frente la letra P[58], y dijo:
-
---Procura lavar estas manchas cuando estés dentro.
-
- [58] Símbolo de los siete pecados capitales.
-
-En seguida sacó de debajo de sus vestiduras, que eran del color de la
-ceniza o de la tierra seca, dos llaves, una de las cuales era de oro y
-la otra de plata: primero con la blanca, y luego con la amarilla, hizo
-en la puerta lo que yo deseaba.
-
---Cuando una de estas llaves falsea, y no gira con regularidad por la
-cerradura--nos dijo--, esta entrada no se abre. Una de ellas es más
-preciosa; pero la otra requiere más arte e inteligencia antes de abrir,
-porque es la que mueve el resorte. Pedro me las dió, previniéndome que
-más bien me equivocara en abrir la puerta, que en tenerla cerrada,
-siempre que los pecadores se prosternen a mis pies.
-
-Después empujó la puerta hacia el sagrado recinto, diciendo:
-
---Entrad; mas debo advertiros que quien mira hacia atrás vuelve a salir.
-
-Entonces giraron en sus quicios los espigones de la sacra puerta, que
-son de metal, macizos y sonoros; y no produjo tanto fragor, ni se
-mostró tan resistente la de la roca Tarpeya, cuando fué arrojado de
-ésta el buen Metelo, por el cual quedó luego vacía. Yo me volví atento
-al primer ruido, y me pareció oír voces que cantaban al son de dulces
-acordes: "Te Deum laudamus." Tal impresión hizo en mí aquello que oía,
-como la que ordinariamente se recibe cuando se oye el canto acompañado
-del órgano, que tan pronto se perciben como dejan de percibirse las
-palabras.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO DECIMO_
-
-
-Cuando hubimos traspasado el umbral de la puerta que se abre pocas
-veces, porque la mala inclinación de las pasiones lo impide, haciendo
-aparecer recta la vía tortuosa, conocí por el ruido que acababa de
-cerrarse; y si yo hubiese vuelto mis ojos hacia ella, ¿qué excusa
-hubiera sido digna de tal falta? Subíamos por la hendedura de una roca,
-la cual ondulaba tortuosamente, semejante a la ola que va y viene.
-
---Aquí--dijo mi Guía--, es preciso que tengamos alguna precaución,
-acercándonos, ya por un lado, o por otro, a las ondulaciones de esta
-hendedura.
-
-Y este cuidado hizo tan lentos nuestros pasos, que la Luna llegó a su
-lecho para acurrucarse, antes que nosotros saliésemos de aquel angosto
-camino. Mas cuando estuvimos arriba, libres y al descubierto, en el
-paraje donde se interna el monte, nos encontramos, yo fatigado, y
-ambos inciertos de la dirección que debíamos seguir, en un rellano más
-solitario que sendero a través del desierto. Desde el borde exterior
-hasta el pie del alto tajo que se alza en la parte interior, aquel
-rellano sólo tendría de anchura tres veces un cuerpo humano; y hasta
-donde mis ojos alcanzaban, tanto por la izquierda como por la derecha,
-parecíame siempre igual esta especie de cornisa. Aún no habíamos dado
-un paso por aquella vía, cuando observé que el tajo interior y escueto,
-por el cual no se podía subir, era de mármol blanco, y adornado de tan
-preciosas entalladuras, que no ya Policleto, sino la Naturaleza en
-presencia de ellas habría sido superada y vencida. El ángel que bajó a
-la Tierra con el decreto de la paz por tantos años suspirada, y abrió
-las puertas del cielo después de su prolongada clausura, se ofreció
-a nuestra vista con tanta verdad, y en tan dulce actitud esculpido,
-que no parecía una figura silenciosa. Hubiérase jurado que hablaba
-diciendo: "Ave;" porque también estaba allí representada la que dió
-vuelta a la llave para abrir al Amor supremo. En su actitud se veían
-impresas estas palabras: "Ecce ancilla Dei," tan propiamente como
-aparece una figura sellada en la cera.
-
---No fijes tu atención en un solo punto--me dijo el querido Maestro--,
-que me tenía cerca de sí en el lado que los hombres tienen el corazón.
-
-Volví el rostro, y hacia la parte donde se encontraba el que movía mis
-pasos, vi después de María otra historia esculpida en la roca; y para
-examinarla mejor, pasé al otro lado de Virgilio, y me aproximé a ella.
-Estaban tallados en el mismo mármol el carro y los bueyes conduciendo
-el Arca santa, por la cual es temible desempeñar un cargo que Dios no
-ha confiado. Delante de ella veíase alguna gente, dividida en siete
-coros, que a dos de mis sentidos hacía decir: a uno, "sí canta," y a
-otro, "no canta." En igual discordancia ponía a mi vista y a mi olfato
-el humo del incienso que estaba allí representado. El humilde Salmista,
-danzando y saltando, precedía al vaso bendito; y en aquella ocasión
-era más y menos que rey. Desde lo alto de un gran palacio que había
-enfrente, Micol lo contemplaba como mujer despechada y mohina. Moví mis
-pies más allá del sitio en que me encontraba, para examinar de cerca
-otra historia que resaltaba después de Micol. Allí estaba escrita en
-piedra la alta gloria del príncipe romano, cuya insigne virtud movió a
-Gregorio para alcanzar su gran victoria: hablo del emperador Trajano.
-Asida al freno de su caballo se veía a una viuda, penetrada de dolor y
-deshecha en lágrimas: en torno suyo aparecía una considerable multitud
-de caballeros, sobre cuyas cabezas se movían al viento las águilas de
-oro. La desventurada, metida entre todos ellos, parecía decir: "Señor,
-véngame de la muerte de mi hijo, que me ha traspasado el corazón;" y él
-responderle: "Espérate a que yo vuelva;" y ella replicar, como persona
-a quien impacienta su mismo dolor: "Señor mío, ¿y si no vuelves?" Y él:
-"Quien ocupe mi lugar te vengará." Y ella: "¿Qué te importa el bien
-que pueda hacer otro, si te olvidas del que puedes hacer tú?" Y él
-por último: "Tranquilízate; preciso es que cumpla con mi deber antes
-de ponerme en marcha: la justicia lo quiere, y la piedad me detiene."
-Aquel que no vió jamás cosa nueva produjo este hablar visible, nuevo
-para nosotros, porque no se encuentra en la Tierra nada parecido.
-Mientras yo me deleitaba contemplando aquellas imágenes de tanta
-humildad, más que por su belleza, gratas a la vista, por ser quien era
-su Artífice, el poeta murmuraba:
-
---Mira cuántas almas se dirigen hacia acá con paso lento: ellas nos
-conducirán a las gradas superiores.
-
-Mis ojos atentos a mirar para ver las novedades de que se mostraban tan
-ávidos, no fueron tardos en volverse hacia él. No quiero, ¡oh lector!,
-que te apartes de tus buenas disposiciones, oyendo cómo Dios quiere
-que se paguen las deudas. No presten atención a la forma de estas
-penas, sino a lo que en pos de ellas vendrá: piensa que, en el último y
-peor resultado, no pueden prolongarse más allá de la gran sentencia. Yo
-empecé a decir:
-
---Maestro, lo que veo dirigirse hacia nosotros no me parecen personas,
-ni sé lo que es; pues se desvanece a mi vista.
-
-Me contestó:
-
---La abrumadora condición de sus tormentos les hace inclinarse de tal
-modo hacia el suelo, que aun mis ojos dudaron al principio; pero mira
-allí fijamente, descubre con tu vista lo que viene debajo de aquellas
-peñas, y podrás juzgar cuál es el tormento de cada uno de ellos.
-
-¡Oh cristianos soberbios, miserables y débiles, que enfermos de la
-vista del entendimiento, os fiáis en vuestros pasos retrógrados! ¿No
-observáis que somos gusanos nacidos para formar la angelical mariposa,
-que dirige su vuelo sin impedimento hacia la justicia de Dios? ¿Por
-qué se engríe soberbio vuestro ánimo, cuando sólo sois defectuosos
-insectos, como crisálidas que no llegan a desarrollarse? Así como,
-para sostener un piso o un techo, se ve a veces por ménsula una figura
-cuyas rodillas se doblan hasta el pecho, la cual, con ser fingido su
-esfuerzo, produce verdadera aflicción en quien la mira, del mismo modo
-vi yo a aquellas almas cuando las examiné con cuidado. Es cierto que
-estaban más o menos contraídas, según era mayor o menor el peso que
-soportaban; pero aun la que más paciente y aliviada se mostraba en sus
-movimientos parecía decir llorando: "No puedo más."
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO UNDECIMO_
-
-
-"¡Oh padre nuestro, que estás en los cielos, aunque no circunscrito a
-ellos, sino por el mayor amor que arriba sientes hacia los primeros
-efectos! Alabados sean tu nombre y tu poder por las criaturas, así como
-se deben dar gracias a las dulces emanaciones de tu bondad. Venga a nos
-la paz de tu reino, a la que no podemos llegar por nosotros mismos,
-a pesar de toda nuestra inteligencia, si ella no se dirige hacia
-nosotros. Así como los ángeles te sacrifican su voluntad entonando
-Hosanna, deben sacrificarte la suya los hombres. Danos hoy el pan
-cuotidiano, sin el cual retrocede por este áspero desierto aquel que
-más se afana por avanzar. Y así como nosotros perdonamos a cada cual
-el mal que nos ha hecho padecer, perdónanos tú benigno, sin mirar a
-nuestros méritos. No pongas a prueba nuestra virtud, que tan fácilmente
-se abate, contra el antiguo adversario, sino líbranos de él, que la
-instiga de tantos modos. No hacemos, ¡oh Señor amado!, esta última
-súplica por nosotros, pues ya no tenemos necesidad de ella, sino por
-los que tras de nosotros quedan."
-
-De esta suerte, pidiendo para ellas y para nosotros un feliz viaje,
-iban aquellas almas soportando su carga, semejante a la que a veces
-cree uno llevar cuando sueña. Desigualmente cargadas y desfallecidas
-caminaban alrededor del primer círculo, a fin de purificarse de las
-vanidades del mundo. Si desde allí siempre se ruega por nosotros, ¿qué
-no podrán decir y hacer por ellas desde aquí los que a su voluntad
-reúnen la gracia divina? Es preciso ayudarles a lavarse las manchas que
-del mundo llevaron, para que puedan llegar, limpias y ágiles, hasta las
-estrelladas esferas.
-
---¡Ah! Que la justicia y la piedad os alivien pronto de vuestro peso,
-de modo que podáis desplegar las alas y elevaros según vuestro deseo:
-mostradnos por qué lado se va más pronto hacia la escala; y si hay más
-de un camino, enseñadnos cuál es el menos pendiente, pues este que
-viene conmigo es muy tardo en subir, a causa de la carne de Adán de que
-va revestido.
-
-No pudimos averiguar de quién procedían las palabras que respondieron a
-éstas que había proferido aquel a quien yo seguía; pero contestaron:
-
---Venid con nosotros, a mano derecha, por la orilla, y encontraréis un
-sendero por donde puede subir una persona viva. Y si no me lo impidiera
-este peñasco, que doma mi soberbia cerviz, y me obliga a llevar la
-cabeza baja, miraría a ese que vive aún y no se nombra, para ver si le
-conozco, y para excitar su piedad por mi suplicio. Yo fuí latino e hijo
-de un gran toscano: mi padre fué Guillermo Aldobrandeschi; no sé si
-habréis oído alguna vez su nombre. La antigua nobleza y las brillantes
-acciones de mis antepasados me hicieron tan arrogante, que no pensando
-en nuestra madre común, tuve tanto desprecio hacia los demás hombres,
-que este desprecio causó mi muerte, como saben los sieneses, y como
-sabe en Campagnatico todo el que habla. Yo soy Umberto; y no es a mí
-solo a quien ha perjudicado el orgullo, sino que también ha acarreado
-la desgracia de todos mis parientes. Por mis pecados me veo en la
-precisión de soportar aquí este peso, hasta dejar a Dios satisfecho: ya
-que no lo hice entre los vivos, debo hacerlo entre los muertos.
-
-Al oirle, bajé la cabeza; y uno de ellos, que no era el que hablaba,
-se volvió bajo el peso que lo agobiaba: me vió, conocióme, y me llamó,
-teniendo los ojos fijos con gran trabajo en mí, que caminaba inclinado
-junto a ellos.
-
---¡Oh!--le dije--; ¿no eres tú Oderisi, honor de Agobbio y de aquel
-arte que llaman de iluminar en París?
-
---Hermano--me dijo--: más agradan los dibujos que ilumina Francisco
-Bolognese: ahora todo el honor es suyo, si bien yo participo de él.
-No hubiera yo sido en vida tan generoso, a causa del gran deseo de
-sobresalir en mi arte que dominaba mi corazón. De tal soberbia aquí
-se paga la pena; y estoy aquí, gracias a que, cuando aún podía pecar,
-volví mi alma a Dios. ¡Oh vanagloria del ingenio humano! ¡Cuán poco
-dura tu lozano verdor, cuando no alcanza épocas de ignorancia! Creía
-Cimabue ser árbitro en el campo de la pintura, y ahora es Giotto al
-que se aclama, de modo que ha quedado obscurecida la fama de aquél:
-de igual suerte un Guido ha despojado a otro de la gloria de la
-lengua[59], y acaso ha nacido ya quien arroje a los dos de su nido.
-El rumor del mundo no es más que un soplo, que tan pronto viene de un
-lado, como de otro, y cambia de nombres por lo mismo que cambia de
-sitios. ¡Qué mayor fama será la tuya de aquí a mil años, separando
-de ti tu cuerpo envejecido, que si hubieses muerto antes de dejar el
-"pappo" y el "dindi"[60]? Ese espacio de tiempo, comparado con la
-eternidad, es mucho más corto que un abrir y cerrar de ojos respecto
-al círculo que más lentamente se mueva en el cielo. En toda la
-Toscana resonó el nombre del que camina paso a paso delante de mí; y
-ahora apenas se le menciona en Siena, de donde era Señor cuando fué
-destruída la ira florentina, que en aquel tiempo era tan altanera, como
-prostituta es ahora. Vuestra fama es semejante al color de la hierba,
-que viene y va; y el que la decolora es el mismo que hace brotar sus
-tiernos tallos.
-
- [59] Guido Guinicelli, poeta de Bolonia, y Guido Cavalcanti,
- otro célebre poeta florentino, hijo de Cavalcante: éste hizo
- olvidar la fama del primero; murió en 1301.
-
- [60] Voces con las que designaban los niños al pan y al
- dinero. Quiere decir: Al cabo de mil años, que son nada
- comparados con la eternidad, tu fama no será mayor si mueres
- viejo, que si hubieses muerto en la infancia.
-
-Le contesté:
-
---Tus verídicas palabras infunden en mi corazón una buena humildad, y
-abaten mi hinchazón; pero ¿quién es ese del cual hablabas ahora?
-
---Es--me respondió--Provenzano Salvani--; está aquí, porque tuvo la
-presunción de reunir en su mano todo el gobierno de Siena. Ha marchado
-y continúa marchando sin reposo desde que murió; pues en tal moneda
-paga quien allá se ha mostrado demasiado audaz.
-
-Le repliqué:
-
---Si un espíritu que, para arrepentirse, aguarda llegar al límite de
-la vida, permanece en la parte inferior de la montaña, y a no ser
-que le ayude una ferviente oración, no sube a este sitio hasta haber
-transcurrido un espacio de tiempo igual al que vivió, ¿cómo es que se
-le ha permitido a ése venir aquí?
-
---Cuando vivía en medio de su mayor gloria--dijo--, se presentó en
-la plaza de Siena deponiendo toda vanidad, y allí, para librar a un
-amigo suyo[61] del cautiverio que sufría en la prisión de Carlos, se
-portó de modo que temblaban todas sus venas. No te diré más: sé que te
-hablo en términos obscuros; pero no transcurrirá mucho tiempo sin que
-tus conciudadanos obren de modo que te permitirán penetrar el sentido
-de mis palabras. Esta acción le ha valido traspasar los límites del
-Purgatorio.
-
- [61] Para librar a un amigo suyo, un tal Vigna, que sólo
- mediante la suma de diez mil florines de oro podía salir de la
- cárcel, donde lo tenía Carlos I, rey de Pulla, se presentó en
- la plaza de Siena a pedir limosna, tembloroso y angustiado.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO DUODECIMO_
-
-
-Unidos, como bueyes bajo el yugo, íbamos aquella alma cargada y yo,
-mientras lo permitió mi amado pedagogo; pero cuando dijo: "Déjale, y
-sigue, que aquí conviene que cada cual dé cuanto impulso pueda a su
-barca con la vela y con los remos," erguí mi cuerpo como debe andar
-el hombre, por más que mis pensamientos continuaran siendo humildes y
-sencillos. Ya estaba yo en marcha, siguiendo gustoso los pasos de mi
-Maestro, y ambos hacíamos alarde de nuestra agilidad, cuando él me dijo:
-
---Mira hacia abajo; pues para que sea menos penoso el camino, te
-convendrá ver el suelo en que se asientan tus plantas.
-
-Del modo que las sepulturas tienen esculpido en signos emblemáticos lo
-que fueron los muertos enterrados en ellas, para perpetuar su memoria,
-por lo cual muchas veces arranca lágrimas allí el aguijón del recuerdo,
-que sólo punza a las almas piadosas, de igual suerte, pero con más
-propiedad y perfecto artificio, vi yo cubierto de figuras todo el plano
-de aquella vía que avanza fuera del monte. Veía, por una parte, a aquel
-que fué creado más noble que las demás criaturas, cayendo desde el
-cielo como un rayo[62]. Veía en otro lado a Briareo, herido por el
-dardo celestial, yaciendo en el suelo y oprimiéndolo con el peso de
-su helado cuerpo. Veía a Timbreo[63], a Palas y a Marte, armados aún
-y en derredor de su padre, contemplando los esparcidos miembros de
-los Gigantes. Veía a Nemrod al pie de su gran obra, mirando con ojos
-extraviados a los que fueron en Senaar soberbios como él. ¡Oh Níobe,
-con cuán desolados ojos te veía representada en el camino entre tus
-siete y siete hijos exánimes! ¡Oh Saúl, cómo te me aparecías allí,
-atravesado con tu propia espada y muerto en Gelboé, que desde entonces
-no volvió a recibir la lluvia ni el rocío! Con igual evidencia te veía,
-¡oh loca Aracnea!, ya medio convertida en araña, y triste sobre los
-rotos pedazos de la obra que labraste por desgracia tuya. ¡Oh Roboam!
-Allí no estabas ya representado con aspecto amenazador, sino lleno de
-espanto y conducido en un carro, huyendo antes que otros te expulsasen
-de tu reino. Mostrábase además en aquel duro pavimento de qué modo
-Alcmeón hizo pagar caro a su madre el desastroso adorno; cómo los hijos
-de Sennaquerib se arrojaron sobre su padre dentro del templo, dejándole
-allí muerto; la destrucción y el cruel estrago que hizo Tamiris, cuando
-dijo a Ciro: "Tuviste sed de sangre; pues bien, yo te harto de ella;"
-y la derrota de los asirios, después de la muerte de Holofernes, y el
-destrozo de sus restos fugitivos. Veíase a Troya convertida en cenizas
-y en ruinas. ¡Oh Ilión!, ¡cuán abatida y despreciable te representaba
-la escultura que allí se distinguía! ¿Quién fué el maestro, cuyo pincel
-o buril trazó tales sombras y actitudes, que causarían admiración al
-más agudo ingenio? Allí los muertos parecían muertos, y los vivos
-realmente vivos. El que presenció los hechos no vió mejor que yo la
-verdad de cuanto fuí pisando mientras anduve inclinado. Así, pues,
-hijos de Eva, ensoberbeceos; marchad con la mirada altiva, y no
-inclinéis el rostro de modo que podáis ver el mal sendero.
-
- [62] Luzbel.
-
- [63] Apolo.
-
-Habíamos dado ya una gran vuelta por el monte, y el Sol estaba mucho
-más adelantado en su camino de lo que nuestro absorto espíritu creyera,
-cuando aquel que siempre andaba cuidadoso, empezó a decir:
-
---Levanta la cabeza: no es tiempo de ir tan pensativo. He allí un
-ángel, que se prepara a venir hacia nosotros, y ve también que se
-retira del servicio del día la sexta esclava. Reviste de reverencia tu
-rostro y tu actitud, a fin de que le plazca conducirnos más arriba:
-piensa en que este día no volverá jamás a lucir.
-
-Estaba yo tan acostumbrado por sus amonestaciones a no desperdiciar el
-tiempo, que su lenguaje, con respecto a este punto, no podía parecerme
-obscuro. La hermosa criatura venía en nuestra dirección, vestida de
-blanco, y centelleando su rostro como la estrella matutina. Abrió los
-brazos y después las alas, diciendo:
-
---Venid; cerca de aquí están las gradas, y puede subirse fácilmente por
-ellas. ¡Qué pocos acuden a esta invitación! ¡Oh raza humana, nacida
-para remontar el vuelo!, ¿por qué el menor soplo de viento te hace caer?
-
-Nos condujo hacia donde la roca estaba cortada; y allí agitó sus alas
-sobre mi frente, permitiéndome luego seguir con seguridad mi camino.
-Así como, para subir al monte donde está la iglesia que, a mano derecha
-y más arriba del Rubaconte, domina a la bien gobernada ciudad[64], se
-modera la rápida pendiente por medio de las escaleras hechas en otro
-tiempo, cuando estaban seguros los registros y las marcas oficiales,
-así también aquí, de un modo semejante, se templa la aspereza de la
-escarpada cuesta que desciende casi a plomo desde el otro círculo; pero
-es preciso pasar rasando por ambos lados con las altas rocas. Mientras
-nos internábamos en aquella angostura, oímos voces que cantaban "Beati
-pauperes spiritu," de tal manera, que no podía expresarse con palabras.
-¡Ah! ¡Cuán diferentes de los del Infierno son estos desfiladeros! Aquí
-se entra oyendo cánticos, y allá horribles lamentos. Subíamos ya por la
-escalera santa, y me parecía ir más ligero por ella, que antes iba por
-el camino llano; lo que me obligó a exclamar:
-
---Maestro, dime: ¿de qué peso me han aliviado, pues ando sin sentir
-apenas cansancio alguno?
-
- [64] Florencia.
-
-Respondióme:
-
---Cuando las P, que aún quedan en tu frente casi borradas, hayan
-desaparecido enteramente, como una de ellas, tus pies obedecerán tan
-sumisos a tu voluntad, que lejos de sentir el menor cansancio, tendrán
-un placer en moverse.
-
-Al oír esto, hice como los que llevan algo en la cabeza y no lo saben,
-pero lo sospechan por los ademanes de otros; que procuran acertarlo con
-ayuda de la mano, la cual busca y encuentra, y desempeña el oficio que
-no es posible encomendar a la vista: extendiendo los dedos de la mano
-derecha, sólo encontré seis de las letras que el Angel de las llaves
-había grabado en mi frente; y al ver lo que yo hacía, se sonrió mi
-Maestro.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO DECIMO TERCIO_
-
-
-Habíamos llegado a lo alto de la escala, donde por segunda vez se
-adelgaza la montaña destinada a la purificación de los que suben por
-ella. También allí la ciñe en derredor un rellano como el primero, sólo
-que el arco de su circunferencia se repliega más pronto: en él no hay
-esculturas ni nada parecido, y así el ribazo interior, como el camino
-presentan al desnudo el color lívido de la piedra.
-
---Si esperamos aquí a alguien para preguntarle hacia qué lado hemos de
-seguir--decía el Poeta--, temo que tardaremos mucho en decidirnos.
-
-Dirigió luego la vista fijamente hacia el Sol; afirmó en el pie derecho
-el centro de rotación, e hizo girar su costado izquierdo.
-
---¡Oh dulce luz, en quien confío al entrar por el nuevo camino!
-Condúcenos--decía--como conviene ser conducido por este lugar. Tú das
-calor al mundo, tú le iluminas: tus rayos, pues, deben servir siempre
-de guía, a menos que otra razón disponga lo contrario.
-
-Ya habíamos recorrido en poco tiempo y merced a nuestra activa
-voluntad, un trayecto como el que acá se cuenta por una milla, cuando
-sentimos volar hacia nosotros, pero sin verlos, algunos espíritus que,
-hablando, invitaban cortésmente a tomar asiento en la mesa de amor. La
-primera voz que pasó volando decía distintamente: "Vinum non habent!"
-y se alejó, repitiéndolo por detrás de nosotros. Antes que dejara de
-percibirse enteramente a causa de la distancia, pasó otra gritando: "Yo
-soy Orestes;" y tampoco se detuvo.
-
---¡Oh Padre!--dije yo--; ¿qué voces son esas?
-
-Y mientras esto preguntaba, oímos una tercera que decía: "Amad a los
-que os han hecho daño." El buen Maestro me contestó:
-
---En este círculo se castiga la culpa de la envidia; pero las cuerdas
-del azote son movidas por el amor. El freno de ese pecado debe producir
-diferente sonido; y creo que lo oirás, según me parece, antes de que
-llegues al paso del perdón. Pero fija bien tus miradas a través del
-aire, y verás algunas almas sentadas delante de nosotros, apoyándose
-todas a lo largo de la roca.
-
-Entonces abrí los ojos más que antes; miré hacia delante, y vi sombras
-con mantos, cuyo color no era diferente del de la piedra. Y luego que
-hubimos avanzado algo más, oí exclamar: "¡María, ruega por nosotros!"
-"¡Miguel, y Pedro, y todos los santos, rogad!" No creo que hoy exista
-en la Tierra un hombre tan duro, que no se sintiese movido de compasión
-hacia lo que vi en seguida; pues cuando llegué junto a las almas, y
-pude observar sus actos claramente, brotó de mis ojos un gran dolor.
-Me parecían cubiertas de vil cilicio; cada cual sostenía a otra con la
-espalda, y todas lo estaban a su vez por la roca, como los ciegos, a
-quienes falta la subsistencia, se colocan en los Perdones, y solicitan
-el socorro de sus necesidades, apoyando cada uno su cabeza sobre la
-del otro, para excitar más pronto la compasión, no por medio de sus
-palabras, sino con su aspecto que no contrista menos. Y del mismo modo
-que el sol no llega hasta los ciegos, así también la luz del Cielo no
-quiere mostrarse a las sombras de que hablo; pues todas tienen sus
-párpados atravesados y cosidos por un alambre, como se hace con los
-gavilanes salvajes para domesticarlos.
-
-Mientras iba andando, me parecía inferir una ofensa, viendo a otros sin
-ser visto de ellos; por lo cual me volví hacia mi prudente Consejero.
-Bien sabía él lo que quería significar mi silencio; así es que no
-esperó mi pregunta, sino que me dijo:
-
---Habla, y sé breve y sensato.
-
-Virgilio caminaba a mi lado por aquella parte de la calzada desde donde
-se podía caer, pues no estaba resguardada por ningún pretil: hacia mi
-otro lado estaban las devotas sombras, las cuales lanzaban con tanta
-fuerza las lágrimas a través de su horrible costura, que bañaban con
-ellas sus mejillas. Me dirigí a ellas y les dije:
-
---¡Oh gente segura de ver la más alta luz del cielo, único fin a que
-aspira vuestro deseo! Así la gracia disipe pronto las impurezas de
-vuestra conciencia, de tal suerte que descienda por ella puro y claro
-el río de vuestra mente, decidme (que me será muy dulce y grato) si
-entre vosotras hay algún alma que sea latina, a quien quizá podrá serle
-útil que yo la conozca.
-
---¡Oh hermano mío!, todas nosotras somos ciudadanas de una verdadera
-ciudad; pero tú querrás decir si hay alguna que haya peregrinado en
-vida por Italia.
-
-Estas palabras creí percibir en respuesta a las mías, algo más
-adelante del sitio en que me encontraba; por lo cual me hice oír de
-nuevo más allá. Entre las demás sombras vi una que parecía estar a la
-expectativa; y si alguien pregunta cómo podía insinuarse, le diré que
-levantando en alto la barba, como hacen los ciegos.
-
---Espíritu--le dije--, que te abates para subir, si eres aquel que me
-ha respondido, dame cuenta de tu país y de tu nombre.
-
---Yo fuí sienesa--respondió--, y estoy aquí con estos otros purificando
-mi vida culpable, y suplicando con lágrimas a Aquél que debe
-concedérsenos. No fuí sabia, por más que me llamaran "Sapía," y me
-alegraron más los males ajenos que mis propias venturas. Y porque no
-creas que te engaño, oye si fuí tan necia como te digo. Descendía ya
-por la pendiente de mis años, cuando mis conciudadanos se encontraron
-cerca de Colle a la vista de sus adversarios, y yo rogaba a Dios lo
-mismo que El quería. Fueron destrozados, y reducidos en aquel sitio
-al paso amargo de la fuga; y al ver aquella caza, tuve tal contento,
-que ningún otro puede igualársele. Mientras tanto elevaba al cielo mi
-atrevida faz gritando a Dios: "Ahora ya no te temo," como hizo el mirlo
-engañado en invierno por algunos días apacibles. Hacia el fin de mi
-vida quise reconciliarme con Dios; y aún no habría comenzado a pagar mi
-deuda por medio de la penitencia, si no fuera porque me tuvo presente
-en sus santas oraciones Pedro Pettinagno, que se apiadó de mí, movido
-de su caridad. Pero ¿quién eres tú, que vas informándote de esa suerte
-de nuestra condición, con los ojos libres, según creo, y que hablas
-respirando?
-
---También estarán mis ojos cosidos aquí--le dije--, pero por poco
-tiempo; pues el delito que cometí mirando con ellos envidiosamente ha
-sido pequeño. Mucho más miedo infunde a mi alma el castigo de abajo;
-pues ya siento gravitar sobre mí el peso de que van cargados los que
-allí están.
-
-Ella me preguntó:
-
---¿Quién te ha conducido, pues, aquí arriba entre nosotros, si crees
-volver abajo?
-
-Contestéle:
-
---Ese que está conmigo y no pronuncia una palabra. Vivo estoy; por lo
-cual dime, espíritu elegido, si quieres que allá mueva en tu favor aún
-los pies mortales.
-
---¡Oh!, eso sí que es una cosa nunca oída--repuso--, y una gran señal
-de que Dios te ama: ruégote, por tanto, que me auxilies con tus
-oraciones; y te suplico por aquello que más desees, que si vuelves a
-pisar la tierra de Toscana, me pongas en buen lugar con mis parientes.
-Los verás entre aquella gente vana, que confía en Talamone; y esa
-esperanza, más descabellada que la de encontrar la Diana, los perderá;
-pero los almirantes perderán más aún.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO DECIMOCUARTO_
-
-
-¿Quién es ese que gira en torno de nuestro monte, antes de que la
-muerte le haya hecho emprender su vuelo, y abre y cierra los ojos según
-su voluntad?
-
---Ignoro quién sea; pero sé que no va solo: pregúntale tú que estás más
-próximo a él, y acógele con dulzura, de modo que le hagas hablar.
-
-Así razonaban a mi derecha dos espíritus, apoyado uno contra otro:
-después levantaron la cabeza para dirigirme la palabra, y dijo uno de
-ellos:
-
---¡Oh alma que, encerrada aún en tu cuerpo, te encaminas hacia el
-Cielo! Consuélanos por caridad, y dinos de dónde vienes y quién eres;
-pues la gracia que de Dios has recibido nos causa el asombro que
-produce una cosa que no ha existido jamás.
-
-Yo les contesté:
-
---Por en medio de la Toscana serpentea un riachuelo, que nace en
-Falterona, y al que no le bastan cien millas de curso: a orillas de
-este río he recibido mi persona: deciros quién soy yo, sería hablar en
-vano, porque mi nombre aún no es muy conocido.
-
---Si he penetrado bien tu entendimiento con el mío--me respondió el
-que me había preguntado--, hablas del Arno.
-
-Y el otro le dijo:
-
---¿Por qué oculta el nombre de aquel río, como se hace con una cosa
-horrible?
-
-Y la sombra a quien le preguntaban esto respondió como debía:
-
---No lo sé; pero es muy digno de desaparecer el nombre de tal valle;
-porque desde su origen (donde la alpestre cordillera de que está
-desprendido el Peloro es tan copiosa de aguas, que en pocos sitios lo
-será más) hasta el punto en que restituye lo que el cielo ha sacado
-del mar, a quien deben los ríos el caudal que va con ellos, todos
-sus pobladores, enemistados con la virtud, la persiguen como a una
-serpiente, ya sea por desventura del país, o ya por una mala costumbre
-que los arrastra; por lo cual tienen los habitantes de aquel mísero
-valle tan pervertida su naturaleza, que parece que Circe los haya
-apacentado. Aquel río lleva primero su débil curso por entre sucios
-puercos, más dignos de bellotas que de otro alimento condimentado para
-uso de los hombres. Llegando abajo, encuentra viles gozquecillos, más
-rabiosos de lo que permite su fuerza, y a quienes tuerce con desdén el
-hocico. Va descendiendo, y cuanto más acrecienta su caudal, tanto más
-encuentra los perros convertidos en lobos la maldecida y desdichada
-fosa: bajando luego por entre profundas gargantas, tropieza con las
-engañosas zorras, que no temen lazo que pueda cogerlas. No he de dejar
-de decirlo, aunque haya quien me oiga; y le convendrá a ése, con tal
-que se acuerde de lo que un espíritu de verdad me revela. Veo a tu
-sobrino, que se convierte en cazador cruel de aquellos lobos sobre
-la orilla del feroz río, y a todos los atemoriza. Vende por dinero
-su carne, aun estando viva: después los mata como si fuesen bueyes
-viejos, y quita a muchos la vida y a sí mismo el honor. Ensangrentado
-sale de la triste selva, dejándola de tal modo, que de aquí a mil años
-no volverá a su estado primitivo[65].
-
- [65] En los puercos, perros, lobos y zorras de que habla
- en este párrafo ha simbolizado Dante respectivamente a los
- casentinos, aretinos, güelfos florentinos y pisanos. El
- cazador a que se alude es Fulcieri da Calboli, que, siendo
- en 1302 potestad de Florencia, fué inducido por los Negros
- a perseguir a los Blancos, a muchos de los cuales puso por
- dinero en manos de sus enemigos.
-
-Como al anuncio de futuros males se turba el rostro del que lo escucha,
-venga de donde quiera el peligro que le amenace, así vi yo turbarse y
-entristecerse a la otra alma, que estaba vuelta escuchando, apenas hubo
-recapacitado aquellas palabras. El lenguaje de la una y el rostro de
-la otra excitaban en mí el deseo de saber sus nombres: híceles entre
-ruegos esta pregunta; por lo cual, el espíritu que antes me había
-hablado repuso:
-
---Quieres que yo condescienda en hacer por ti lo que tú no quieres
-hacer por mí; pero pues Dios permite que se trasluzca tanto su gracia
-en ti, no dejaré de satisfacer tus deseos. Sabe, pues, que yo soy Guido
-del Duca: de tal modo abrasó la envidia mi sangre, que cuando veía
-un hombre feliz, hubieras podido contemplar la lividez de mi rostro.
-Por eso ahora siego la mies de mi simiente.--¡Oh raza humana!, ¿por
-qué pones tu corazón en lo que requiere una posesión exclusiva? Este
-es Rinieri, honra y prez de la casa de Calboli, la cual no ha tenido
-después ningún heredero de sus virtudes. Y no es sólo su descendencia
-la que, entre el Po y los montes, el mar y el Reno, se encuentra hoy
-despojada de los bienes que entrañan la verdad y subliman el ánimo;
-pues dentro de esos límites todo el terreno está cubierto de plantas
-venenosas, de tal modo que tarde podrá volvérsele a meter en cultivo.
-¿Dónde está el buen Licio y Enrique Manardi, Pedro Traversaro y
-Guido de Carpigna? ¡Oh, romañoles, raza bastardeada! ¿Cuándo nacerá
-en Bolonia un nuevo Fabbro? ¿Cuándo en Faenza echará raíces otro
-Bernardino de Fosco, hermoso tronco salido de una insignificante
-semilla? No te asombres, Toscano, si ves que lloro al recordar a Guido
-de Prata, y a Ugolino de Azzo, que vivió entre nosotros; a Federico
-Tignoso y a todos los suyos; a la familia Traversara y los Anastagi,
-casas ambas que están hoy desheredadas de la virtud de sus mayores: no
-te asombre mi duelo al recordar las damas y los caballeros, los afanes
-y agasajos que inspiraban amor y cortesía, allí donde han llegado a ser
-tan depravados los corazones. ¡Oh Brettinoro! ¿por qué no desapareciste
-cuando tu antigua familia y muchos de tus habitantes huyeron por no
-ser culpables? Bien hace Bagnacaval en no reproducirse; y por el
-contrario, hace mal Castrocaro y peor Conio, que se empeña en procrear
-tales condes. Los Pagani se portarán bien cuando huya el Demonio; pero
-no tanto que consigan dejar de sí un recuerdo puro. ¡Oh Ugolino de
-Fantoli!, tu nombre está bien seguro; pues no es de esperar que haya
-quien, degenerando, pueda obscurecerlo. Pero déjame, ¡oh Toscano!; que
-ahora me son más gratas las lágrimas que las palabras: tanto es lo que
-me ha oprimido la mente nuestra conversación.
-
-Sabíamos que aquellas almas queridas nos oían andar; y pues que
-callaban, debíamos estar seguros del camino que seguíamos. Luego que
-andando nos encontramos solos, llegó directamente a nosotros una
-voz, que hendió el aire como un rayo, diciendo: "El que me encuentre
-debe darme la muerte;" y huyó como el trueno que se aleja, cuando
-de pronto se desgarra la nube. Apenas cesamos de oirla, percibimos
-otra, la cual retumbó con gran estrépito, semejante al trueno que
-sigue inmediatamente al relámpago: "Yo soy Aglauro, que me convertí en
-piedra." Entonces, para unirme más al Poeta, dí un paso hacia atrás y
-no hacia adelante. Ya se había calmado el aire por todas partes, cuando
-él me dijo:
-
---Aquel fué el duro freno que debería contener al hombre en sus
-límites; pero mordéis tan fácilmente el cebo, que os atrae con su
-anzuelo el antiguo adversario, sirviendoos de poco el freno o el
-reclamo. El cielo os llama y gira en torno vuestro mostrándoos sus
-eternas bellezas, y sin embargo, vuestras miradas se dirijen hacia la
-Tierra; por lo cual os castiga Aquél que lo ve todo.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO DECIMOQUINTO_
-
-
-Caminando ya el Sol hacia la noche, parecía quedarle por recorrer
-tanto espacio como el que media entre el principio del día y el punto
-donde aquel señala el término de la hora de tercia en la esfera, que,
-cual niño inquieto, se mueve continuamente: allí era ya la tarde, y
-aquí media noche. Los rayos solares nos herían de lleno en el rostro,
-porque habíamos dado tal vuelta en derredor de la montaña, que
-íbamos directamente hacia el Ocaso; cuando sentí que el resplandor
-deslumbraba mis ojos mucho más que antes; y siéndome desconocida la
-causa, me quedé estupefacto: levanté las manos, y me formé con ellas
-una sombrilla encima de las cejas, que es el preservativo contra el
-exceso de luz. Como cuando en el agua o en un espejo rebota el rayo
-luminoso, elevándose al lado opuesto de idéntica manera que desciende,
-y desviándose por ambas partes a igual distancia de la caída de la
-piedra, según demuestran la experiencia y el arte, así me pareció ser
-herido por una luz que delante de mí se reflejaba; por lo cual aparté
-de ella presurosamente los ojos.
-
---¿Qué es aquello, amado Padre, de que no puedo, por más que haga,
-resguardar mi vista--dije--, y que parece venir hacia nosotros?
-
---No te asombres si la familia del Cielo te deslumbra todavía--me
-respondió--: es un mensajero que viene a invitar a un hombre a que
-suba. En breve, no sólo podrás contemplar estas cosas sin molestia,
-sino que te serán tanto más deleitables, cuanto más dispuesta se halle
-tu naturaleza a sentirlas.
-
-Luego que llegamos cerca del Angel bendito, con agradable voz nos dijo:
-"Entrad por aquí a una escalera, que es menos empinada que las otras."
-Subíamos ya, dejando en pos de nosotros aquel círculo, cuando oímos
-cantar a nuestra espalda: "Beati misericordes" y "Regocíjate tú que
-vences." Mi maestro y yo ascendíamos solos, y yo pensaba entretanto
-sacar provecho de sus palabras; por lo que, dirigiéndome a él, le
-pregunté:
-
---¿Qué quiso decir el espíritu de la Romanía al hablar de lo que
-requiere una posesión exclusiva?
-
-Respondióme:
-
---Ahora conoce el daño que causa su principal pecado: así, pues, no
-debes admirarte si le condena, a fin de que haya menos que llorar
-por él; porque si vuestros deseos se cifran en bienes que puedan
-disminuirse dando a otros participación en ellos, la envidia excita
-vuestros pulmones a suspirar; pero si el amor de la suprema esfera
-dirigiese hacia el Cielo vuestros deseos, no abrigaríais tal temor en
-vuestro corazón; pues cuanto más se dice allí "lo nuestro," tanto mayor
-es el bien que posee cada cual, y mayor caridad arde en aquel recinto.
-
---Menos contento estoy que si me hubiese callado--dije--; y ahora
-ofuscan más dudas mi mente. ¿Cómo puede ser que un bien distribuído
-entre muchos haga más ricos a sus poseedores, que poseyéndolo unos
-pocos?
-
-A lo que me contestó:
-
---Por fijar siempre tu pensamiento en las cosas terrenales deduces
-obscuridad y error de las claras verdades que te demuestro. Aquel bien
-infinito e inefable que está arriba, se lanza hacia el amor, como un
-rayo de luz a un cuerpo fúlgido, comunicándose tanto más cuanto mayor
-es el ardor que encuentra; de modo que la eterna virtud crece sobre la
-caridad a medida que ésta se aumenta; por lo cual, cuanto mayor número
-de almas se dirigen a él, tanto más amor hay allá arriba, y más allí se
-ama, reflejándose este amor de una a otra alma como la luz entre dos
-espejos. Si no te satisfacen mis razones, ya verás a Beatriz, y ella
-acallará por completo ese deseo y cualquier otro que tengas. Avanza,
-pues, para que pronto desaparezcan, como ya han desaparecido dos, esas
-cinco señales, que sólo se borran por medio de lágrimas.
-
-Cuando iba a decir: "Me has dejado satisfecho," observé que habíamos
-llegado al otro círculo; por lo cual, ocupado en pasear por él
-mis anhelantes miradas, guardé silencio. Allí me pareció que era
-súbitamente arrebatado en éxtasis, y que veía un templo con muchas
-personas, y una mujer a la entrada exclamando, en la dulce actitud de
-una madre: "Hijo mío, ¿por qué has obrado así con nosotros? Tu Padre
-y yo te buscábamos angustiados." Cuando se calló, desapareció lo que
-antes se me había aparecido. Después se ofreció a mi vista otra, por
-cuyas mejillas se deslizaba aquel agua que destila el dolor, cuando
-procede de un gran despecho contra otro; ésta decía: "Si eres señor de
-la ciudad cuyo nombre originó tanta contienda entre los dioses, y en
-la que toda ciencia destella[66], véngate de los atrevidos brazos que
-abrazaron a nuestra hija, ¡oh Pisístrato!" Y este señor bondadoso y
-clemente le respondía con rostro sereno: "¿Qué haremos con el que nos
-quiere mal, si condenamos al que nos ama?" Después vi a varios hombres
-abrasados por la ira, matando a pedradas a un joven[67], y diciéndose
-a grandes gritos unos a otros: "¡Martirízale, martirízale!" Y le
-contemplaba encorvado hacia el suelo bajo el peso de la muerte que ya
-le derribaba; pero haciendo de sus ojos puertas para llegar al cielo,
-y rogando al Señor en medio de tal martirio y con aquel aspecto que
-excita a la piedad, que perdonase a sus perseguidores. Cuando mi alma
-volvió de fuera a las cosas que fuera de ella son verdaderas, reconocí
-mis errores que, sin embargo, no eran falsos. Mi Guía, que me veía
-hacer lo que un hombre que sale de un sueño, me dijo:
-
---¿Qué tienes, que no puedes sostenerte? Has andado más de media legua
-con los ojos cerrados y con paso vacilante, como el que está dominado
-por el vino o por el sueño.
-
- [66] El protomártir San Esteban.
-
- [67] Atenas, por cuyo nombre trabaron gran contienda Neptuno y
- Minerva.
-
---¡Oh amado Padre mío!--dije yo--; si me prestas atención, te diré lo
-que se me ha aparecido cuando mis piernas vacilaban.
-
-Y él a su vez:
-
---Aunque tuvieras cien máscaras que ocultaran tu rostro, adivinaría yo
-hasta tus menores pensamientos. Lo que has visto te ha sido revelado
-para que no te excuses de abrir el corazón al agua de la paz, que
-mana de la fuente eterna. Te he preguntado "¿qué tienes?," no porque
-me dijeras lo que hace el que tiene los ojos entornados cuando se ha
-apoderado algún sopor de su cuerpo, sino para que tus pies recobrasen
-fuerzas: es preciso estimular así a los perezosos, demasiado lentos en
-emplear el tiempo de sus vigilias, cuando, una vez despiertos, recobran
-el imperio de su voluntad.
-
-Seguíamos nuestro camino, cuando ya obscurecía, mirando atentamente
-lo más allá que podían nuestros ojos por entre los luminosos rayos
-vespertinos, cuando vimos adelantarse poco a poco hacia nosotros una
-humareda obscura como la noche, sin que hubiese por allí un sitio donde
-guarecerse de ella, y que nos privó del uso de la vista y del aire puro.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-_CANTO DECIMOSEXTO_
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-La obscuridad del Infierno, y la de la noche privada de todo planeta
-bajo un mezquino cielo, entenebrecido por las nubes hasta lo sumo, no
-echarían sobre mi vista un velo tan denso como aquel humo que allí
-nos envolvió; siendo tal la sensación de su punzante aspereza, que
-no podían los ojos permanecer abiertos; por lo cual, mi sabio y fiel
-Acompañante se acercó a mí, ofreciéndome su hombro. Como va el ciego
-detrás de su lazarillo para no extraviarse, ni tropezar en algo que
-le ofenda o acaso le origine la muerte, así caminaba yo a través de
-aquel aire fosco y acre, atento a la voz de mi Guía, que únicamente iba
-diciendo: "Cuida de no separarte de mí." Oía yo voces, cada una de las
-cuales parecía rogar a fin de obtener paz y misericordia del Cordero de
-Dios, que quita los pecados. El principio de su oración era solamente
-"Agnus Dei;" todos pronunciaban estas palabras a un mismo tiempo y con
-tan igual tono, que parecía existir entre ellos una perfecta concordia.
-
---Maestro--dije--; ¿son espíritus esos que oigo?
-
---Lo has acertado--contestó--; van desatando el nudo de la ira.
-
---¿Quién eres tú, que hiendes nuestro humo, y hablas de nosotros como
-si contaras aún el tiempo por calendas?
-
-De esta suerte habló una voz; por lo cual el Maestro me dijo:
-
-Responde, y pregúntale si por aquí se va arriba.
-
-Entonces dije yo:
-
---¡Oh criatura, que te purificas para volver a presentarte hermosa ante
-Aquél que te hizo! Oirás cosas maravillosas si quieres seguirme.
-
---Te seguiré cuanto me está permitido--me contestó--; y si el humo
-impide que nos veamos, el oído nos aproximará a falta de la vista.
-
-Empecé, pues, de esta manera:
-
---Me dirijo hacia arriba con la forma que la muerte desvanece, y he
-llegado hasta aquí a través de las penas del Infierno. Y si Dios me ha
-acogido en su gracia de tal modo, que quiere que yo vea su corte por
-un medio tan distinto de lo usual, no me ocultes quién fuiste antes de
-morir, sino dímelo: dime también si voy bien por aquí hacia la subida,
-y tus palabras nos servirán de guía.
-
---Fuí lombardo, y me llamé Marco: conocí el mundo; y amé aquella virtud
-hacia la cual nadie dirige hoy su mira. Para llegar a lo alto, sigue en
-derechura por donde vas.
-
-Así respondió, añadiendo después:
-
---Te suplico que ruegues por mí cuando estés arriba.
-
-A lo que le contesté:
-
---Por mi fe te prometo que haré lo que me pides; pero me veo envuelto
-en una duda, que no me es dado aclarar. Primeramente era sencilla,
-más ahora se ha duplicado con tus palabras, que unidas a las que he
-oído en otra parte, me certifican un mismo hecho. El mundo está, pues,
-exhausto de toda virtud, como me indicas, y sembrado y cubierto de
-maldad; pero te ruego que me digas la causa, de modo que yo pueda verla
-y mostrarla a los demás; pues unos la hacen depender del cielo, y otros
-de aquí abajo.
-
-Antes de contestar exhaló un profundo suspiro, que terminó en un ¡ay!
-doloroso, y después dijo:
-
---Hermano, el mundo es ciego, y se conoce que tú vienes de él.
-Vosotros los vivos hacéis estribar toda causa en el cielo, como si
-él imprimiera por necesidad su movimiento a todas las cosas. Si así
-fuese, quedaría destruído en vosotros el libre albedrío, y no sería
-justo que se retribuyera el bien con goces y alegrías, y el mal con
-llanto y luto. El cielo inicia vuestros movimientos: no quiero decir
-todos; pero, aunque así lo dijese, os ha dado luz para distinguir el
-bien y el mal. Os ha dado también el libre albedrío, que aun cuando
-se fatigue luchando en los primeros combates con el cielo, después
-lo vence todo, si persevera en el buen propósito. A mayor fuerza y a
-naturaleza mejor estáis sometidos, sin dejar de ser libres; y ella crea
-vuestro espíritu, que no está bajo el dominio del cielo. Así pues,
-si el mundo se aparta del verdadero camino, vuestra es la culpa; que
-en vosotros debe buscarse, y ahora te lo probaré con toda veracidad.
-Sale el alma de manos de su Creador, que la acaricia antes de que
-exista, semejante al niño que entre el llanto y la risa balbucea; y
-es entonces una simplecilla, que nada sabe, y solamente movida por el
-instinto de la felicidad, se inclina gustosa hacia lo que la contenta
-y regocija. Desde luego siente placer en los bienes más mezquinos;
-pero en esto se engaña, y corre tras ellos, si no tiene guía o freno
-que tuerza su inclinación. Por eso es necesario establecer leyes que
-sirvan de freno, y tener un rey que sepa discernir al menos la torre
-de la verdadera ciudad. Las leyes existen; pero ¿quién se cuida de su
-cumplimiento? Nadie; porque el pastor que precede a las almas puede
-rumiar, pero no tiene la pezuña hendida; por lo cual, viendo todo el
-rebaño a su pastor cebarse únicamente en aquellos bienes de que él es
-tan codicioso, se apacienta de lo mismo y no pide más. Bien puedes ver,
-por esto, que en el mal gobierno estriba la causa de que el mundo sea
-culpable, y no en que vuestra naturaleza esté corrompida. Roma, que
-hizo bueno al mundo, solía tener dos soles, que hacían ver uno y otro
-camino, el del mundo y el de Dios. Uno de los dos soles ha obscurecido
-al otro, y la espada se ha unido al báculo pastoral: así juntos, por
-fuerza deben ir las cosas de mala manera; porque estando unidos, no se
-temen mutuamente. Si no me prestas crédito, pon mientes en la espiga;
-pues toda hierba se conoce por su semilla. En el país que bañan el Po
-y el Adigio solía encontrase valor y cortesía, antes de que Federico
-tuviese contiendas. Hoy, todo aquel que dejara de acercarse a aquellas
-provincias por vergüenza de hablar con hombres probos, puede pasar por
-ellas, seguro de que no hallará ninguno. Bien es verdad que aun existen
-allí tres ancianos, en quienes la edad antigua reprende a la moderna, y
-les parece que Dios tarda en llamarlos a mejor vida: son éstos Conrado
-de Palazzo, el buen Gerardo, y Guido de Castel, a quien mejor le llaman
-al estilo francés el lombardo sencillo. En el día la Iglesia de Roma,
-para confundir en sí dos gobiernos, cae en el lodo ensuciándose a sí
-misma y a su carga.
-
---¡Oh Marco mío!--dije yo--; razonas bien: y ahora comprendo por qué
-fueron excluídos de heredar los hijos de Leví. Pero ¿qué Gerardo es ése
-a quien tienes por un sabio, ese resto de una raza extinguida, que es
-un reproche para este siglo salvaje?
-
---O tus palabras me engañan, o me tientan--respondióme--; porque,
-a pesar de hablarme en toscano, parece que no sepas nada del buen
-Gerardo. Yo no le conozco ningún sobrenombre, a no ser que lo tome de
-su hija Gaya. Dios sea con vosotros, que no puedo seguiros más. Mira el
-albor que ya clarea, brillando a través del humo: me es preciso partir
-antes de que aparezca el Angel que está allí.
-
-Así dijo, y no quiso escuchar más.
-
-[Ilustración]
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-
-
-
-[Ilustración]
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-_CANTO DECIMOSEPTIMO_
-
-
-Lector, si alguna vez te ha sorprendido la niebla en los Alpes, de
-modo que no vieses a través de ella sino como el topo a través de la
-membrana que cubre sus ojos, recuerda cuán débilmente penetra el globo
-solar por entre los húmedos y densos vapores, cuando éstos empiezan a
-enrarecerse, y tu imaginación podrá fácilmente figurarse cómo volví yo
-a ver el Sol, que estaba ya próximo a su ocaso. Así pues, caminando al
-igual de mi fiel Maestro, salimos fuera de la nube de humo a los rayos
-luminosos, que ya se habían extinguido en la falda de la montaña.
-
-¡Oh fantasía, que de tal modo nos arrebatas a veces fuera de nosotros
-mismos, que nada siente el hombre aunque suenen mil trompetas en
-torno suyo! ¿Quién te anima cuando no recibes impresión alguna de los
-sentidos? sin duda te anima una luz que se forma en el cielo, y que
-desciende por sí misma, o por la voluntad divina que nos la envía. En
-mi imaginación aparecieron las huellas de la impiedad de aquélla, que
-se transformó en el pájaro que más se deleita cantando. Entonces mi
-espíritu se reconcentró tanto en sí mismo, que no llegaba hasta él
-ninguna cosa exterior. Después descendió a mi exaltada fantasía la
-imagen desdeñosa y fiera de un crucificado, a quien veía morir de aquel
-modo. Junto a él estaban el grande Asuero, Esther su esposa, y el justo
-Mardoqueo, que fué tan recto en sus obras y en sus palabras. Cuando se
-desvaneció por sí misma aquella visión, como una burbuja a la que falta
-el agua de que estaba formada, surgió a mi imaginación una doncella
-que, llorando desconsolada, decía: "¡Oh Reina!, ¿por qué tu cólera
-te redujo a la nada? Te has dado muerte por no perder a Lavinia: sin
-embargo, me has perdido; y yo soy la que lloro, madre, tu pérdida antes
-que la de otro."
-
-Así como se interrumpe el sueño, cuando una nueva luz hiere de
-improviso nuestros ojos cerrados, y aunque interrumpido se agita
-antes de morir enteramente, así terminaron mis visiones tan pronto
-como me dió en el rostro una claridad mucho mayor de la que estamos
-acostumbrados a ver. Me volví a uno y otro lado para examinar el sitio
-en que me encontraba, cuando oí una voz que decía: "Por aquí se sube."
-Aquella voz hizo que me olvidase de todo, y despertó en mí tan vivo
-deseo de mirar quién era el que hablaba, que no habría descansado hasta
-averiguarlo; pero me faltó allí la facultad de ver, como sucede cuando
-el Sol nos deslumbra y se vela a nuestros ojos con el esplendor de sus
-rayos.
-
---Este--me dijo mi Maestro--es un espíritu divino, que se oculta en
-su propia luz, y que nos indica la vía para ir arriba, sin que se
-lo roguemos. Hace con nosotros lo que el hombre consigo mismo; pues
-el que ve una necesidad, y aguarda que le supliquen, ya se prepara
-malignamente a rehusar todo socorro. Ahora nuestros pies deben
-aprestarse a obedecer tan cortés invitación: apresurémonos, pues, a
-subir antes que obscurezca, porque después no podríamos hacerlo hasta
-la nueva aurora.
-
-Así dijo mi Guía, y ambos dirigimos nuestros pasos hacia una
-escalera: en cuanto estuve en la primera grada, sentí junto a mí como
-un movimiento de alas, que aventaba mi rostro, y oí decir: "Beati
-pacifici," que carecen de pecaminosa ira. Estaban ya tan elevados
-sobre nosotros los últimos rayos a quienes sigue la noche, que las
-estrellas aparecían por muchas partes. "¡Oh valor mío!, ¿por qué así
-me abandonas?," decía yo entre mí, sintiendo que me flaqueaban las
-piernas. Nos encontrábamos donde concluía la escalera, y estábamos
-parados, como la nave que llega a la playa: escuché un momento por si
-oía algo en el nuevo círculo; y después, dirigiéndome hacia mi Maestro,
-le dije:
-
---Dulce Padre mío, ¿qué ofensa se purifica en el círculo en que
-estamos? Ya que se detienen nuestros pies, no detengas tus palabras.
-
-Me contestó:
-
---El amor del bien, que no ha cumplido su deber, aquí se reintegra:
-aquí se castiga al tardo remero. Para que lo entiendas más claramente,
-dirige tu pensamiento hacia mí, y recogerás algún buen fruto de nuestra
-detención. Hijo mío--empezó a decir--, ni el Creador, ni criatura
-alguna carecieron jamás de amor, bien sea natural o racional, según
-te consta. El natural no se equivocó nunca: el otro puede errar, por
-dirigirse a un mal objeto, por exceso o por falta de fervor. Mientras
-se dirige a los principales bienes, y se modera en su afecto a los
-secundarios, no puede ser causa de censurable deleite; pero cuando se
-inclina al mal, o se lanza al bien con mayor o menor solicitud de la
-que debe, entonces la criatura se vuelve contra su Creador. De aquí
-puedes deducir que el amor es en vosotros la semilla de toda virtud, y
-de toda acción que merezca castigo. Ahora bien, como el amor no puede
-nunca renunciar a la dicha del sujeto en quien reside, todas las cosas
-están preservadas de su propio odio; y como no se concibe que ningún
-ser creado pueda existir por sí solo, ni separado del Sér primero,
-es imposible todo sentimiento que tienda a odiar a éste. Resulta,
-pues, si mi deducción es lógica, que el mal que se desea es contra el
-prójimo; y este amor nace de tres modos en vuestro frágil barro. Hay
-quien espera elevarse sobre la ruina de su vecino, y sólo por esto
-desea que se derrumbe desde la altura de su grandeza; hay quien teme
-perder mando, gracia, honor y fama ante la elevación de otro, y esto
-le causa tal disgusto, que anhela lo contrario; y en fin, hay quien,
-por haber recibido alguna injuria, se irrita de tal suerte, que arde en
-sed de venganza, y únicamente piensa en hacer daño a su contrario. Este
-triforme amor es el que hemos visto llorar en los círculos inferiores.
-Ahora quiero que conozcas el otro amor que corre al bien sin orden
-ni medida. Cada cual concibe confusamente y desea un bien en el que
-se recrea el alma; y por eso se esfuerzan todos para alcanzarlo. Si
-vuestro amor es lento en dirigirse o en adquirir aquel bien, este
-círculo os da el debido castigo, aun después de vuestro arrepentimiento
-en vida. Existe otro bien que no hace al hombre dichoso: no es la
-felicidad, no es la buena esencia, el fruto y la raíz de todo bien.
-El amor que se entrega demasiado a ese bien, se castiga en los tres
-círculos superiores a éste; pero no te diré el modo cómo está hecha
-esta división, a fin de que tú lo averigües.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
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-
-_CANTO DECIMOCTAVO_
-
-
-El gran doctor había terminado su razonamiento, y miraba atentamente a
-mi ojos para ver si me dejaba satisfecho; y yo, que me sentía excitado
-por una nueva sed, callaba exteriormente, pero decía en mi interior:
-"Quizá le cansen mis numerosas preguntas." Mas aquel Padre veraz, que
-adivinó el tímido deseo que no me atrevía a descubrir, hablando, me dió
-aliento para hablar; por lo que le dije:
-
---Maestro, mi vista se aviva de tal modo con tu luz, que discierne
-claramente cuanto tu razón abarca o describe: por eso te ruego, dulce
-y querido Padre, que me definas el Amor al que atribuyes toda buena y
-mala acción.
-
---Dirige hacia mí--me dijo--las penetrantes miradas de tu inteligencia
-y te será manifiesto el error de los ciegos que se convierten en guías.
-El alma, que ha sido creada con predisposición al amor, se lanza hacia
-todo lo agradable, tan pronto como es incitada por el placer a ponerse
-en acción. Vuestra facultad aprehensiva recibe la imagen o la especie
-de un objeto exterior, y la desenvuelve dentro de vosotros, de tal
-modo que induce a vuestro ánimo a dirigirse hacia dicho objeto; y si
-al hacerlo se abandona a él, ese abandono es amor, y ese amor es la
-naturaleza que de nuevo se une a vosotros, por efecto del placer.
-Después, así como el fuego se dirige hacia lo alto, a causa de su
-forma, que ha sido hecha para subir allá donde más se conserva en su
-materia primitiva, así también el alma apasionada se entrega al deseo,
-que es el movimiento espiritual, y no sosiega hasta que goza de la
-cosa amada. Por lo dicho puedes comprender cuánto se oculta la verdad
-a los que afirman que todo amor tiene en sí algo de laudable, quizá
-porque creen que su materia es siempre buena; pero no todos los sellos
-estampados en cera son buenos, por más que la cera lo sea.
-
---Tus palabras y mi inteligencia que las ha seguido--le respondí--,
-me han descubierto lo que es el amor: pero eso mismo me ha llenado de
-nuevas dudas; porque si el amor nace en nosotros por efecto de las
-cosas exteriores, sin que el alma proceda de otro modo, ésta no tendrá
-ningún mérito en seguir un camino recto o tortuoso.
-
-Respondióme:
-
---Puedo decirte todo cuanto en ello ve nuestra razón: respecto a lo
-demás, espera llegar hasta Beatriz, porque esto es materia de fe. Toda
-forma substancial, que es distinta de la materia, y que sin embargo
-está unida a ella, contiene una virtud que le es particular; la cual,
-sin las obras, no se siente, ni se demuestra sino por los efectos, como
-la vida de la planta por su verde follaje. El hombre ignora de dónde
-proceden el conocimiento de las ideas primarias y el afecto a las cosas
-que primeramente apetece, los cuales existen en vosotros como en las
-abejas la inclinación a fabricar miel: en estos primeros deseos no
-cabe alabanza ni censura. Mas por cuanto a ellos se agregan todos los
-demás deseos, es innata en vosotros la virtud que aconseja, y que debe
-custodiar los umbrales del consentimiento. Ella es el principio de
-donde sacáis la ocasión de contraer méritos, según que acoge o rechaza
-los buenos o los malos amores. Los que razonando llegaron al fondo de
-las cosas, han reconocido esa libertad innata, y han dejado al mundo
-doctrinas morales. Supongamos, pues, que nazca por fuerza necesaria
-todo amor que se enciende en vosotros; siempre tenéis la potestad de
-contenerlo. Esa noble virtud es lo que Beatriz entiende por libre
-albedrío; y debes procurar tenerlo presente, si acaso te habla de ello.
-
-La Luna, que salió tarde y casi a media noche, hacía que nos parecieran
-más escasas las estrellas: semejante a un caldero encendido, corría
-contra el cielo por aquel camino que inflama el Sol cuando el habitante
-de Roma le ve caer entre Córcega y Cerdeña; y la Sombra gentil, por
-quien Piétola goza de más fama que la ciudad de Mantua, se hallaba
-descargada del peso de mis preguntas: por lo cual yo, que había
-recibido claras y sólidas razones con respecto a todas ellas, estaba
-como el hombre que sorprendido por el sueño no piensa en nada. Pero
-esta soñolencia me fué desvanecida de improviso por mucha gente que
-avanzaba ya detrás de nosotros; y así como en otro tiempo el Ismeno y
-el Asopo vieron correr de noche por sus orillas una muchedumbre furiosa
-de tebanos para tener propicio a Baco, así avanzaban por aquel círculo,
-según pude ver, los que eran estimulados por una buena voluntad y un
-justo amor. En breve llegaron hasta nosotros; porque toda aquella gran
-turba venía corriendo, y los dos de delante gritaban llorando: "María
-se dirigió con suma celeridad a la montaña; y César, por subyugar a
-Ilerda, voló a Marsella, y después pasó a España." "Pronto, pronto,
-exclamaban otros en pos de ellos; que el tiempo no se pierda por poco
-amor, a fin de que el anhelo de las buenas obras haga reverdecer la
-gracia."
-
---¡Oh almas, en quienes un fervor ardiente compensa ahora quizá la
-negligencia y la tardanza, que por tibieza empleasteis para el bien!
-Este, que vive aún (y no os engaño), quiere ir allá arriba en cuanto el
-Sol brille de nuevo: decidnos, pues, dónde está la subida.
-
-Tales fueron las palabras de mi Guía; y uno de aquellos espíritus dijo:
-
---Ven tras de nosotros, y la encontrarás. Estamos tan deseosos de
-avanzar, que no podemos detenernos: perdona, pues, si lo que hacemos
-por justo castigo te parece una descortesía. Yo fuí abad en San Zenón
-de Verona, durante el imperio del buen Barbarroja, de quien todavía se
-lamenta Milán. Hay quien tiene ya un pie en la fosa, que pronto llorará
-por aquel monasterio, entristeciéndole el poder que allí tuvo; porque
-en lugar de su verdadero pastor, ha puesto en él a un hijo suyo, malo
-de cuerpo, peor aún del espíritu, y nacido de mal consorcio.
-
-No sé si dijo más, o si se calló; tan lejos se encontraba ya de
-nosotros; pero esto es lo que oí, y me pareció bien retenerlo en la
-memoria. Y aquél que era el socorro de todas mis necesidades dijo:
-
---Vuélvete hacia aquí; mira dos que vienen mordiendo a la Pereza.
-
-Estos iban diciendo detrás de todos: "La nación por quien se abrió
-el mar, murió antes de que sus descendientes viesen el Jordán;[68] y
-aquella gente que no quiso compartir hasta el fin las fatigas del hijo
-de Anquises, se ofreció por sí misma a una vida sin gloria."[69]
-
- [68] El pueblo hebreo.
-
- [69] Los troyanos.
-
-En seguida, cuando aquellas sombras se alejaron tanto de nosotros, que
-ya no podíamos verlas, me asaltó una nueva idea, de la que nacieron
-otras varias; y mi imaginación empezó a divagar de tal modo de una a
-otra, que por alucinación cerré los ojos, y mi pensamiento se trocó
-pronto en sueño.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO DECIMONONO_
-
-
-A la hora en que el calor del día, vencido por la tierra y por Saturno
-acaso, no puede ya templar el frío de la Luna; cuando los geománticos
-ven, antes del alba, elevarse en Oriente "su mayor fortuna"[70] por
-aquel camino que para ella permanece poco tiempo obscuro, se me
-apareció en sueños una mujer tartamuda, bizca, con los pies torcidos,
-manca y de amarillento color. Yo la miraba; y así como el Sol reanima
-los miembros entorpecidos por el frío de la noche, de igual suerte mi
-mirada hacía expedita su lengua, y erguía su cuerpo en poco tiempo,
-colorándole el marchito rostro, como requiere el amor. Cuando tuvo la
-lengua suelta, empezó a cantar de tal modo, que con trabajo hubiera
-podido separar mi atención de ella. "Yo soy, cantaba, yo soy dulce
-Sirena, que distraigo a los marineros en medio del mar; tanto es el
-placer que hago sentir. Con mi canto aparté a Ulises de su camino
-inseguro; y el que conmigo se aviene, rara vez se va; de tal modo le
-fascino." Aun no se había cerrado su boca, cuando apareció a mi lado
-una mujer santa, pronta a confundirla: "¡Oh Virgilio, Virgilio! ¿Quién
-es ésa?," decía con altivez; y él se acercaba con los ojos fijos
-solamente en aquella honesta mujer. Cogió a la otra, y desgarrando
-sus vestiduras, la descubrió por delante y me mostró su vientre. La
-pestilencia que de él salía me despertó. Volví los ojos y el buen
-Virgilio me dijo:
-
-Lo menos te he llamado tres veces: levántate y ven; busquemos la
-abertura por donde has de entrar.
-
- [70] Los geománticos solían trazar figuras de puntos hechos
- a la ventura, y cuando resultaba una parecida a la de las
- estrellas que forman lo último del signo Acuario y el
- principio del de Piscis, la llamaban su mayor fortuna.
-
-Me levanté: todos los círculos del sagrado monte estaban ya inundados
-por la luz del día, y continuamos caminando teniendo el Sol a nuestra
-espalda. Mientras le seguía, llevaba yo la frente como aquel a quien
-abruman los pensamientos, que de sí mismo hace un arco de puente,
-cuando oí decir: "Venid, por aquí se pasa." Estas palabras fueron
-pronunciadas con un tono suave y benigno, como no se oye en esta región
-mortal. Con las alas abiertas, que parecían de cisne, el que nos había
-hablado así nos dirigió hacia arriba por entre las dos laderas del
-áspero peñasco. Movió después sus plumas, y aventó mi frente, afirmando
-que son bienaventurados "qui lugent," porque sus almas serán ricas de
-consuelo.
-
---¿Qué tienes, que sólo miras hacia el suelo?--me preguntó mi Guía,
-cuando estuvimos poco más arriba del Angel.
-
-Y yo le contesté:
-
---Me hace ir de este modo, suspenso y caviloso, una visión reciente, la
-cual me atrae hacia sí, de suerte que no puedo eximirme de pensar en
-ella.
-
---¿Has visto--me dijo--la antigua hechicera, causante única del llanto
-que más arriba de donde estamos se vierte? ¿Has visto cómo el hombre
-puede desprenderse de ella? Bástete, pues, eso, y apresura el paso;
-vuelve tus ojos al reclamo de las magníficas esferas, que hace girar el
-Rey eterno.
-
-Como el halcón, que, mirando primero a sus pies, acude al grito del
-cazador y tiende el vuelo, atraído por el deseo de la presa, lo mismo
-hice yo, recorriendo la hendedura de la roca destinada a dar paso a
-los que suben, sin detenerme hasta llegar al punto donde se camina
-en redondo. Cuando hube salido al quinto círculo, vi algunas almas,
-que lloraban tendidas en el suelo boca abajo; y las oí exclamar con
-tan fuertes suspiros, que apenas se entendían las palabras: "Adhæsit
-pavimento anima mea."[71]
-
- [71] Palabras del salmo CXVIII, con las que aquellas almas
- expresan el apego que tuvieron a los cosas terrenas.
-
---¡Oh elegidos de Dios, cuyos padecimientos son suavizados por la
-resignación y la esperanza! Dirigidnos hacia las altas gradas.
-
---Si venís libres de yacer aquí con nosotros, y queréis encontrar más
-pronto la subida, caminad siempre llevando vuestra derecha hacia fuera
-del círculo.
-
-Tal fué la súplica del Poeta, y tal la contestación que le dieron algo
-más adelante de nosotros; pudiendo yo conocer por el sonido de las
-palabras cuál era el que había hablado: volví entonces los ojos hacia
-mi Señor, quien con un gesto complaciente consintió en lo que pedía
-la expresión de mi deseo. Cuando pude obrar a mi gusto, me acerqué
-a aquella criatura, que había llamado mi atención con sus palabras,
-diciéndole:
-
---Espíritu, en quien el llanto madura la expiación, sin la cual no se
-puede llegar hasta Dios, suspende un momento por mí tu mayor cuidado.
-Dime quién fuiste, y por qué tenéis todos la espalda vuelta hacia
-arriba, y si quieres que pida por ti alguna cosa en el mundo de donde
-salí vivo.
-
-Me respondió:
-
---Sabrás por qué ordena el Cielo que tengamos la espalda vuelta hacia
-él; pero antes "scias quod ego fui successor Petri."[72] Entre Sesti
-y Chiavari se interna un hermoso río, de cuyo nombre toma origen el
-título de mi sangre. Un mes y poco más pude experimentar cuán pesado es
-el gran manto al que lo preserva del lodo; pues cualquier otra carga
-parece una pluma. Mi conversión ¡ay de mí! fué tardía; pero cuando
-fuí elegido Pastor romano, conocí lo engañosa que es la vida. Vi que
-ni aun allí reposaba el corazón, no siendo posible subir a más altura
-en aquella vida mortal: así es que me inflamó el amor de la eterna.
-Hasta entonces fuí una alma miserable, alejada de Dios, y completamente
-avara, por lo cual sufro el castigo que ves. Lo que hace la avaricia,
-se manifiesta aquí con la pena que sufren las almas echadas boca abajo;
-pena mas amarga que ninguna otra. Así como nuestros ojos, fijos en las
-cosas terrenales, no miraron nunca hacia arriba, del mismo modo la
-justicia los sumerge aquí en el suelo. Así como la avaricia extinguió
-en nosotros el amor hacia todo verdadero bien, por lo cual fueron vanas
-nuestras obras, así también la justicia nos tiene aquí oprimidos,
-atados de pies y manos, e inmóviles y extendidos mientras plazca al
-justo Señor.
-
- [72] "Sabe que yo fuí sucesor de Pedro." Este es Ottobon de
- Fieschi, conde de Lavagna, pontífice con el nombre de Adriano
- V, que reinó un mes y nueve días: murió en 1276.
-
-Yo me había arrodillado, y quise hablar; pero cuando empezaba, el
-espíritu advirtió, con sólo escuchar, este acto de reverencia, y me
-dijo:
-
---¿Por qué te inclinas al suelo de ese modo?
-
-Le contesté:
-
---Mi recta conciencia me obliga a respetar vuestra dignidad.
-
---Endereza tus piernas, y levántate, hermano--repuso--; no te engañes:
-como tú y los demás, soy servidor de la misma potestad. Si has podido
-comprender aquellas palabras evangélicas que dicen "neque nubent," bien
-puedes ver por qué hablo así. Véte ya: no quiero que te detengas por
-más tiempo; que tu permanencia aquí da treguas a mi llanto, con el que
-acelero lo que tú has dicho antes. Tengo allá abajo una sobrina, que
-se llama Alagia, naturalmente buena, a no ser que nuestra casa la haya
-pervertido con su ejemplo. Ella sola me queda ya en el mundo.
-
-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-_CANTO VIGESIMO_
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-Mal resiste un deseo contra otro mejor: por esto, para complacer a
-aquel espíritu, retiré del agua, contra mi gusto, la esponja de la
-curiosidad no saturada. Púseme en marcha, y mi Guía se encaminó por
-los únicos parajes que había expeditos a lo largo de la escarpa del
-monte, andando como quien va por una muralla pegado a los merlones;
-porque aquellas almas que vierten gota a gota por sus ojos el mal que
-se apodera del mundo entero, se acercan demasiado de la otra parte
-hacia fuera. ¡Maldita seas, antigua loba, que con tu hambre profunda e
-insaciable haces más presas que todas las demás fieras! ¡Oh Cielo, en
-cuyas revoluciones ven algunos la causa de los cambios que sufren las
-cosas y las condiciones humanas!, ¿cuándo vendrá el que haga huír a esa
-loba?
-
-Ibamos caminando con pasos lentos y contados, y yo ponía toda
-mi atención en las sombras, escuchándolas piadosamente llorar y
-lamentarse; cuando por ventura oí exclamar con dolorida voz, semejante
-a la de una mujer próxima a su alumbramiento: "¡Dulce María!" Y en
-seguida: "Fuiste tan pobre como se puede ver por aquel establo donde
-depusiste tu santo fruto." A continuación oí: "¡Oh buen Fabricio!,
-preferiste ser pobre y virtuoso, antes que poseer grandes riquezas
-cayendo en el vicio." Estas palabras me eran tan agradables, que me
-adelanté para conocer el espíritu de quien al parecer procedían. Este
-seguía hablando de los donativos que hizo Nicolás a las doncellas para
-conducir su juventud por la senda del honor.[73]
-
- [73] San Nicolás, obispo de Mira, dotó a tres doncellas que
- a causa de su pobreza se veían en peligro de llevar una vida
- deshonesta.
-
---¡Oh alma, que recuerdas tan benéficas acciones! Dime quién fuiste--le
-pregunté--, y por qué eres la única que reitera esas dignas alabanzas.
-Tus palabras no quedarán sin recompensa, si vuelvo al mundo para
-concluir el corto camino de aquella vida que vuela a su término.
-
---Te lo diré--me contestó--, no porque espere consuelo alguno que
-proceda de allá, sino porque brilla en ti tanta gracia antes de haber
-muerto. Yo fuí raíz de la mala planta que arroja hoy sobre toda la
-tierra cristiana tan nociva sombra que apenas se coge en ella ningún
-fruto bueno. Pero si Douay, Gante, Lilla, y Brujas pudieran, pronto
-tomarían venganza; y yo se la pido a Aquél que lo juzga todo. En el
-mundo me llamé Hugo Capeto: de mí descienden los Felipes y los Luises,
-que en estos últimos tiempos rigen la Francia. Hijo fuí de un carnicero
-de París. Cuando faltaron los antiguos reyes, salvo uno que se revistió
-de paños grises, empuñé las riendas del gobierno del reino, y en
-mi nueva posición adquirí tal poder y tantos amigos, que la corona
-vacante fué colocada en la cabeza de mi hijo, en quien comienza la
-estirpe consagrada de los nuevos reyes. Mientras la gran adquisición
-de los Estados provenzales no quitó la vergüenza a mi familia, ésta
-valió poco, mas en cambio no hizo daño; pero allí dió principio a sus
-rapiñas, empleando la fuerza y la mentira: luego, para enmendarse,
-usurpó el Ponthieu, la Normandía y la Gascuña. Carlos fué a Italia,
-y para enmendarse, hizo una víctima de Conradino, y después envió al
-Cielo a Tomás, también para enmendarse. Veo un tiempo, no muy lejano,
-en que saldrá de Francia otro Carlos, para darse a conocer mejor a sí
-mismo y a los suyos.[74] Sale de ella sin armas, y sólo con la lanza
-con que luchó Judas; y la maneja de modo que abre con ella y vacía
-el vientre de Florencia. En esta ocasión no adquirirá comarcas, sino
-pecados y oprobio, tanto más gravosos para él, cuanto más leve le
-parezca semejante daño. Veo al otro que ya salió, y cayó prisionero
-en un bajel, vender a su hija regateando el precio, como hacen los
-corsarios con sus esclavas. ¡Oh avaricia! ¿Qué más puedes hacer, cuando
-te has apoderado de mi estirpe, tanto que no se cuida de su propia
-carne? Y a fin de que parezca menor el mal futuro y el pasado, veo a
-la flor de Lis entrar en Alagna, y a Cristo prisionero en la persona
-de su vicario, véole otra vez entregado al ludibrio, veo renovar la
-hiel y vinagre, y le veo morir entre otros dos ladrones. Veo tan cruel
-al nuevo Pilatos, que no le basta eso, y sin dictar sentencia, lleva
-hasta el templo sus codiciosos deseos. ¡Oh Señor mío! ¿Cuándo tendré
-la dicha de contemplar la venganza que, oculta en tus arcanos, te hace
-agradable tu ira? En cuanto a lo que yo decía de la única Esposa del
-Espíritu Santo, lo cual hizo que te volvieses hacia mí para obtener
-alguna explicación, te diré que esto forma parte de nuestras oraciones
-durante el día; mas luego que anochece, recitamos en su lugar ejemplos
-contrarios. Entonces recordamos a Pigmalión, a quien su pasión por el
-oro hizo traidor, ladrón y parricida; y la miseria del avaro Midas,
-consecuencia de su petición desmesurada, que será siempre motivo de
-burla. Recuérdese también al insensato Acham, y cómo robó los despojos
-del enemigo, de suerte que aun aquí parece que le persiga la ira de
-Josué. Después acusamos a Safira y a su marido; alabamos los pies que
-pisotearon a Eliodoro, y por todo el monte circula infamado el nombre
-de Polinéstor, que mató a Polidoro. Por último, gritamos: "¡Oh Craso!
-Dinos, pues no lo ignoras, qué sabor tiene el oro." A veces hablamos
-unos en alta voz, otros en voz baja, según la afección que a ello nos
-estimula con más o menos fuerza. Por lo demás, no era yo sólo quien
-antes recordaba los buenos ejemplos de que nos ocupamos durante el día;
-pero no había cerca de aquí otro que levantara la voz.
-
- [74] Carlos de Valois. El destierro de Dante provino
- principalmente de la ida de este príncipe a Florencia, enviado
- por el papa Bonifacio VIII en calidad de mediador entre los
- dos partidos en que estaba dividida la ciudad.
-
-Nos habíamos separado ya de aquel espíritu, y procurábamos avanzar por
-el camino cuanto nos era posible, cuando sentí retemblar el monte como
-si se hundiera; por lo cual me sobrecogió un frío, sólo comparable
-al que siente aquel que va a morir. No se estremeció en verdad tan
-fuertemente Delos, antes que Latona anidase en ella para dar a luz los
-dos ojos del Cielo.[75] Después resonó por todos los ámbitos de la
-montaña tal grito, que el Maestro se acercó a mí diciendo:
-
---No vaciles, mientras yo te guíe.
-
- [75] Cuéntase que la isla de Delos, en el Archipiélago,
- temblaba y se movía, hasta que Latona, refugiándose en ella,
- dió a luz a Apolo y Diana, representados por la Mitología en
- el Sol y la Luna, que Dante llama aquí los dos ojos del Cielo.
-
-"Gloria in excelsis Deo," decían todos, según comprendí por las voces
-que salían de los puntos cercanos, desde donde era posible oirlas.
-Nos quedamos inmóviles y suspensos, como los pastores que por primera
-vez oyeron aquel canto, hasta que cesó el temblor, y acabó el himno.
-Emprendimos nuevamente nuestro santo camino, mirando las sombras que
-yacían por el suelo vueltas boca abajo y exhalando su acostumbrado
-llanto. Si la memoria no me es infiel, jamás la ignorancia de una cosa
-incitó con tanto empeño mi deseo de saber, como entonces, pensando en
-lo ocurrido: y como, por la premura de nuestra marcha, no me atreví a
-preguntar, ni por mí mismo podía comprender nada, caminaba tímido y
-pensativo.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-_CANTO VIGESIMOPRIMERO_
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-Me atormentaba la sed natural, que no se sacia nunca sino con aquella
-agua que pidió como gracia la joven samaritana; excitábame la prisa de
-seguir a mi jefe por el obstruído sendero, y me afligía el espectáculo
-del justo castigo. En esto, según refiere Lucas que se apareció Cristo
-a dos hombres en el camino, después de haber salido del sepulcro, así
-se nos apareció una sombra, que venía en pos de nosotros mirando a sus
-plantas las almas tendidas: aun no habíamos reparado en ella, cuando
-nos dirigió la palabra diciéndonos:
-
---Hermanos míos, la paz de Dios sea con vosotros.
-
-Nos volvimos presurosamente, y Virgilio le hizo la demostración que
-convenía a aquel saludo. Después le dijo:
-
---¡Que en el concilio bienaventurado te admita en paz el tribunal de
-verdad que me relega a un destierro perpetuo!
-
---¡Cómo!--exclamó el espíritu--; ¿pues por qué vais tan de prisa, si
-sois sombras que Dios no se digna admitir allá arriba? ¿Quien os ha
-guiado hasta aquí por su escala?
-
-Mi Doctor contestó:
-
---Si miras las señales que lleva éste y trazas al Angel, podrás ver que
-tiene el derecho de reinar con los buenos; pero como aquella que hila
-de noche y de día no había terminado aún la husada que le corresponde,
-y que Cloto prepara e impone a cada uno de nosotros, su alma, que es
-hermana tuya y mía, viniendo aquí, no podía venir sola, porque no puede
-ver como nosotros. Por esta razón fuí yo sacado de la vasta garganta
-del Infierno para enseñarle el camino, y se lo enseñaré hasta donde
-mi ciencia pueda guiarle. Pero dime, si es que lo sabes, ¿por qué
-dió antes el monte tales sacudidas, y por qué hasta en sus húmedos
-fundamentos parecían gritar a la vez todas las almas?
-
-Haciendo esta pregunta, Virgilio acertó como en una aguja con el ojo de
-mi deseo, de tal suerte, que bastó la esperanza para mitigar mi sed de
-saber. Aquél empezó de esta manera:
-
---Nada sucede en la religiosa montaña, que esté fuera del orden o del
-uso establecido. Este sitio está libre de toda conmoción; y la que
-habéis sentido sólo puede proceder de aquello que el Cielo recibe
-digno de sí mismo, y no de otra causa. Porque no llueve, ni graniza,
-ni nieva, ni cae escarcha ni rocío más acá de la puerta de las tres
-pequeñas gradas. No aparecen nubes densas ni enrarecidas, ni se ven
-relámpagos, ni a la hija de Taumante, que allá abajo cambia con
-frecuencia de sitio. No hay seco vapor, que se eleve a mayor altura de
-la de aquellas tres gradas de que he hablado, donde tiene sus plantas
-el vicario de Pedro. Quizá temblará el monte poco o mucho más abajo
-de allí; pero por más viento que se esconda en la tierra, no sé en
-qué consiste que aquí no ha temblado nunca. Unicamente se estremece
-cuando algún alma, sintiéndose purificada, se levanta o se mueve para
-subir, acompañándola aquel cántico. La prueba de la purificación es
-la voluntad que excita al alma, libre ya, a mudar de sitio, ayudándole
-en su mismo deseo. No por eso deja de sentir antes de tiempo el anhelo
-ineficaz de subir al cielo, pero sin que tampoco la abandone el de
-satisfacer a la justicia divina, pues ésta le impone por el castigo el
-mismo afán que tuvo por el pecado. Yo, que he yacido en esta mansión de
-dolor más de quinientos años, no he tenido hasta este momento la libre
-voluntad de pasar a otra mejor: por eso has sentido el terremoto, y a
-los piadosos espíritus alabando por la montaña a aquel Señor, que los
-admitirá pronto en su seno.
-
-Así habló; y como el hombre goza tanto más en beber, cuanta mayor sed
-tiene, no sabré decir el contento que me dió. Mi sabio Guía le dijo:
-
---Ahora veo la red en que estáis prendidos, y de qué manera os libráis
-de ella; la causa del temblor del monte y la de que os congratuléis.
-Hazme saber ahora, si lo tienes a bien, quién fuiste, y por qué has
-estado tendido durante tantos siglos: permíteme que lo deduzca de tus
-palabras.
-
---En aquel tiempo en que el buen Tito, con la ayuda del supremo
-Rey, vengó las heridas por donde salió la sangre que había vendido
-Judas--respondió aquel espíritu--, estaba yo allá abajo llevando el
-nombre que más dura y honra más, bastante famoso, pero todavía sin
-fe. Fué tan dulce mi canto, que, a pesar de ser tolosano, me atrajo
-a sí Roma, donde merecí que coronaran de mirto mis sienes. Aun me
-llama Estacio la gente que allí vive: canté a Tebas, y después al gran
-Aquiles; pero caí en el camino llevando mi segunda carga. Encendieron
-mi ardor las chispas de la divina llama que han inflamado a más de mil.
-Hablo de la "Eneida," la cual fué mi madre y mi nodriza en poesía: nada
-escribí sin ella que tuviera el menor peso; y pasaría gustoso un año
-más en este destierro, con tal de haber vivido en el mundo cuando vivió
-Virgilio.
-
-Estas palabras hicieron que Virgilio se volviera hacia mí, con un
-ademán, que tácitamente decía: "Cállate;" pero la voluntad no lo puede
-todo; porque la risa y el llanto siguen de tal modo a la pasión de que
-proceden, que en los hombres más sinceros se manifiestan sin querer:
-así es que yo me sonreí, como quien muestra estar en inteligencia con
-otro; por lo cual la sombra se calló, y me miró a los ojos, que es
-donde más se refleja el pensamiento.
-
---¡Ah! ¡Ojalá puedas llevar a buen término tu grande obra!--dijo--; más
-¿por qué tu rostro me ha mostrado ahora ese relámpago de sonrisa?
-
-Vime entonces apurado entre ambos: el uno me obligaba a callar, el otro
-me pedía que hablase; por lo cual suspiré, y fuí comprendido.
-
---Puedes hablar sin temor--me dijo mi Maestro--; habla y dile lo que
-pregunta con tanto empeño.
-
-Contesté, pues:
-
---Quizá te asombres, antiguo espíritu, de mi sonrisa; pero quiero
-causarte mayor admiración. Este, que guía mis ojos hacia arriba, es
-aquel Virgilio, de quien aprendiste a cantar en sublimes versos los
-actos de los hombres y de los dioses. Si creíste que mi sonrisa tenía
-otra causa, deséchala como errónea, que sólo procedía de las palabras
-que pronunciaste con respecto a él.
-
-Estacio se inclinaba ya para abrazar las rodillas de mi Señor; pero
-éste le dijo:
-
---Hermano, no lo hagas; que tú eres sombra, y ves ante ti a otra sombra.
-
-Y él, levantándose, contestó:
-
---Tú puedes comprender ahora la magnitud del amor que por ti me
-inflama, cuando olvido nuestra vanidad, tratando a una sombra como a un
-cuerpo sólido.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO VIGESIMOSEGUNDO_
-
-
-Ya el ángel se había quedado detrás de nosotros; el ángel que nos
-dirigió hacia el sexto círculo, después de haber borrado una de las
-manchas de mi frente; y nos había dicho que son bienaventurados los que
-cifran sus deseos en la justicia, pero su voz expresó esta sentencia
-con la palabra "sitiunt" sin pronunciar la otra. Yo andaba por allí
-más ligero que por las otras aberturas, de modo que sin ningún trabajo
-seguía hacia arriba a los veloces espíritus. Entonces Virgilio empezó a
-decir:
-
---El amor que nace de la virtud inflama siempre otros amores, con
-tal que su llama se dé a conocer. Desde la hora en que Juvenal bajó
-entre nosotros al Limbo del Infierno, y me manifestó tu afecto hacia
-mí, mi benevolencia para contigo fué la mayor que sentirse puede por
-una persona a quien no se ha visto nunca: así es que ahora me parecen
-cortas estas escaleras. Pero dime, y, como amigo, perdona si la
-demasiada confianza afloja el freno de mi lengua, en el concepto de
-que también deseo que como amigo me hables: ¿cómo pudo encontrar la
-avaricia un lugar en tu corazón, a pesar del recto sentido que con tu
-diligencia y estudio llegaste a poseer en tanto grado?
-
-Estas palabras hicieron sonreír desde luego a Estacio; después
-respondió:
-
---Todo cuanto me digas es para mí una prueba de cariño. Muchas veces,
-en efecto, aparecen las cosas de manera, que dan motivo a falsas
-presunciones, porque las verdaderas causas están ocultas. Tú crees,
-según me prueba tu pregunta, que yo fuí avaro en la otra vida, quizá
-por haberme visto en el círculo en que me encontraba. Sabe, pues, que
-la avaricia estuvo muy lejos de mí, y que mis excesos en contrario han
-sido castigados por millares de lunas. Y si no hubiera sido porque me
-apliqué el oportuno remedio, cuando medité los versos en que exclamas,
-casi irritado contra la humana naturaleza: "¡Oh execrable hambre del
-oro!, ¿adónde no conduces al insaciable apetito de los mortales?," me
-vería dando vueltas por el círculo donde se lanzan pesos. Entonces
-calculé que, por abrir demasiado las alas, podían llegar a gastarse mis
-manos, y me arrepentí tanto de aquél como de los otros males. ¡Cuántos
-resucitarán con los cabellos rapados, por la ignorancia en que están
-de que la prodigalidad sea un pecado, y que les impide arrepentirse,
-ya durante su vida, ya en el término de ella! Y sabe que la culpa
-diametralmente opuesta a cada pecado se expía aquí juntamente con el
-mismo pecado: así es que si he permanecido purificándome entre los que
-lloran su avaricia, ha sido precisamente por el vicio contrario.
-
-El Cantor de las "Bucólicas" dijo entonces:
-
---Cuando cantaste las crueles contiendas de la doble tristeza de
-Yocasta, no creo, a juzgar por los acentos en que Clío te hizo
-prorrumpir, que te contase entre los suyos la Fe, sin la cual no basta
-obrar bien. Si así es, ¿qué sol o qué luz ha disipado tus tinieblas de
-tal modo, que te permitiera elevar tus velas hacia el Pescador?
-
-Y el otro contestó:
-
---Tú me enviaste primero a beber en las grutas del Parnaso, y luego
-me iluminaste para que conociese al verdadero Dios. Hiciste como el
-que camina de noche llevando tras de sí una luz, que a él no le sirve,
-pero alumbra a las personas que le siguen, cuando dijiste: "El siglo se
-renueva, vuelve la justicia con los primeros tiempos del género humano,
-y una nueva progenie desciende del cielo." Por ti fuí poeta, por ti
-cristiano; mas para que veas mejor lo que te pinto, extenderé las manos
-a fin de darle más colorido. Ya estaba el mundo lleno de la verdadera
-creencia, sembrada por los mensajeros del eterno reino, y tus palabras,
-antes citadas, concordaban con la doctrina de los nuevos apóstoles; por
-lo cual yo me acostumbré a visitarlos: después me parecieron rodeados
-de tal santidad, que cuando Domiciano los persiguió, corrieron mis
-lágrimas mezcladas con las suyas. Mientras viví, les socorrí; sus
-rectas costumbres me hicieron despreciar todas las otras sectas, y
-antes que, en mi poema, condujese a los griegos ante los ríos de Tebas,
-había recibido el bautismo; pero por miedo fuí cristiano en secreto,
-y durante largo tiempo me mostré pagano. Esta timidez me ha hecho
-recorrer el cuarto círculo durante más de cuatro siglos. Y ahora, pues
-tenemos más tiempo del que necesitamos para subir por nuestro camino,
-dime tú, que has descorrido el velo que me ocultaba el soberano bien,
-dónde están nuestro antiguo Terencio, Cecilio, Plauto y Varrón, si es
-que lo sabes. Dime si están condenados y en qué círculo.
-
---Todos esos, y Persio, y yo, y otros muchos--respondió mi Guía--,
-estamos en el primer círculo de la ciega prisión con aquel Griego[76]
-a quien lactaron las Musas más que a otro alguno: muchas veces hablamos
-del monte donde se encuentran siempre nuestras nodrizas. Allí están
-con nosotros Eurípides, Anacreonte, Simónides, Agatón, y otros muchos
-griegos que vieron ya sus frentes coronadas de laurel. De los que tú
-cantaste, se ve allí a Antígona, a Deifila, Argía e Ismene, tan triste
-como antes. Está también la que enseñó la Langía, la hija de Tiresias,
-y Tetis, y Deidamia con sus hermanas.
-
- [76] Homero.
-
-Los dos poetas habían guardado silencio, mirando de nuevo con atención
-en torno suyo, por haber terminado la escala y sus paredes: ya las
-cuatro esclavas del día habían quedado atrás, y la quinta estaba en
-el timón del carro solar, dirigiendo hacia arriba su luminosa punta,
-cuando mi Guía dijo:
-
---Creo conveniente que volvamos nuestro hombro derecho hacia la orilla
-del círculo, para dar la vuelta a la montaña, según acostumbramos hacer.
-
-Esta costumbre fué nuestra guía, y emprendimos el camino sin titubear,
-una vez que a ello asintió la otra alma virtuosa. Ellos iban delante
-y yo detrás, solo, escuchando sus palabras, que me comunicaban la
-inteligencia de la poesía. Pero pronto interrumpió tan dulce coloquio
-la vista de un árbol, que encontramos en medio del camino, cargado de
-manzanas olorosas; y así como el abeto, elevándose hacia el cielo,
-va disminuyendo de rama en rama, aquél iba disminuyendo por su parte
-inferior, con objeto, según creo, de que nadie suba a él. Por el lado
-en que estaba cerrado nuestro camino, caía de la alta roca un agua
-cristalina, que se esparcía por las hojas superiores.
-
-Los dos Poetas se acercaron al árbol, cuando exclamó una voz entre
-el follaje: "Os puede costar caro tocar este manjar." Después dijo:
-"María pensaba más en que las bodas fuesen honrosas y cumplidas, que
-en su boca que ahora intercede por vosotros. Las antiguas romanas
-se contentaron con el agua por toda bebida, y Daniel despreció los
-manjares y adquirió la ciencia. El primer siglo fué tan bello como el
-oro; el hambre hacía más sabrosas las bellotas, y la sed convertía en
-néctar cualquier arroyuelo. En miel y langostas consistió el alimento
-del Bautista en el Desierto: esto le da más gloria, y le hace tan
-grande como lo patentiza el Evangelio."
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO VIGESIMOTERCERO_
-
-
-Mientras tenía mi vista fija en el verde follaje, como suele hacer
-quien pierde el tiempo detrás de un pájaro, el que era para mí más que
-un padre, decía:
-
---Hijo mío, ven ahora, porque el tiempo que se nos concede debe
-emplearse más útilmente.
-
-Volví el rostro con ligereza y con no menos mis pasos hacia los Sabios,
-los cuales hablaban tan bien, que escuchándolos no sentía en el andar
-cansancio alguno; cuando se oyó cantar llorando: "Labia mea, Dómine,"
-de un modo que hizo nacer en mí placer y dolor.
-
---¡Oh dulce Padre!, ¿qué es lo que oigo?--empecé a decir.
-
-Y él dijo:
-
---Son las sombras, que van quizá deshaciendo el nudo de sus deudas.
-
-Cual peregrinos pensativos, que al encontrar en su camino gente a quien
-no conocen, se vuelven hacia ella sin detenerse, así venía tras de
-nosotros, pero con paso más rápido, una turba de espíritus, callados
-y piadosos, que pasaban adelante mirándonos. Todos ellos tenían los
-ojos hundidos y apagados, la faz pálida, y tan demacrada, que a través
-de la piel se notaba la forma de los huesos. No creo que Erisictón se
-viese reducido a una piel tan seca cuando más tuvo que temer el hambre.
-Yo decía, pensando entre mí: "He aquí cómo debía estar la nación que
-perdió a Jerusalén, cuando María llegó a devorar a su propio hijo."
-Sus ojos parecían anillos sin piedras; los que en el rostro del hombre
-leen Homo, hubieran conocido allí con facilidad la M[77]. ¿Quién
-creería, ignorando la causa, que el olor de una fruta y aquel salto de
-agua, excitando su deseo, pudiera reducirlos a tal extremo? Yo estaba
-asombrado al verles tan hambrientos, porque aun no conocía la causa de
-su demacración y de su triste aridez; cuando desde la profunda cavidad
-de su cabeza dirigió hacia mí sus ojos una sombra, y me miró fijamente;
-después de lo cual exclamó en alta voz:
-
---¿Qué gracia es ésta que se me concede?
-
- [77] Algunos teólogos y predicadores místicos de la Edad Media
- pretendían que Dios había escrito de propio puño las palabras
- Homo Dei en el rostro humano. Como a causa de su flacura,
- quiere decir Dante, sus ojos (las oes) estaban tan hundidos en
- la cabeza, claramente podía verse la M, formada por la nariz,
- las cejas y las mejillas.
-
-Nunca le hubiera conocido por su rostro; pero su voz me recordó todo lo
-que sus facciones habían absorbido en sí mismas; esta chispa encendió
-en mí el completo conocimiento de aquel rostro cambiado, y reconocí el
-de Forese.
-
---¡Ah!--me dijo--; no fijes tu atención en esta lepra árida, que me
-decolora la piel, ni en la carne que me falta. Pero dime la verdad
-con respecto a ti, y dime quiénes son esas dos almas que te guían: no
-pararé hasta que me lo digas.
-
---Tu rostro, que ya muerto me hizo llorar, excita ahora en mí nuevos
-deseos de llanto--le respondí viéndole tan desfigurado--; pero dime,
-por Dios, qué es lo que os demacra tanto; y no me hagas hablar de otra
-cosa mientras dura mi asombro, porque mal puede hablar el que está
-poseído de otro deseo.
-
-Me contestó:
-
---Desde el eterno tribunal desciende una virtud sobre el agua y
-la planta que hemos dejado más atrás; virtud que me extenúa de
-esta suerte. Todos esos que cantan llorando por haberse entregado
-desenfrenadamente al vicio de la gula, deben santificarse aquí por
-medio del hambre y de la sed. El olor que se exhala de la fruta y el
-agua que se extiende sobre ese follaje, excitan en nosotros el deseo
-de comer y beber, y más de una vez se repite nuestra pena mientras
-damos la vuelta a este círculo: he dicho pena, debiendo decir consuelo;
-porque el deseo que nos conduce hacia ese árbol es el mismo que condujo
-a Jesucristo a decir lleno de gozo: "Eli," cuando nos redimió con la
-sangre de sus venas.
-
---Forese--repliqué--, desde aquel día en que dejaste el mundo por mejor
-vida, no han transcurrido aún cinco años. Si la facultad de pecar
-concluyó en ti antes de que sobreviniera la hora del saludable dolor
-que nos reconcilia con Dios, ¿cómo es que has venido aquí arriba? Creía
-encontrarte abajo, donde el tiempo con el tiempo se repara.
-
-Respondióme:
-
---Mi Nella es la que, con sus ruegos asiduos, me ha conducido a beber
-el dulce ajenjo del dolor. Con sus devotas oraciones y sus suspiros
-me ha sacado del lugar donde se espera, y me ha librado de los otros
-círculos. Mi viudita, a quien amé mucho, es tanto más querida y
-agradable a Dios, cuanto más sola es en obrar bien; pues la Barbagia
-de Cerdeña tiene mujeres mucho más púdicas que la Barbagia donde la
-he dejado. ¡Oh caro hermano!, ¿qué quieres que te diga? Ante mi vista
-se presenta un tiempo futuro, del que no dista mucho el presente, en
-el cual se prohibirá desde el púlpito a las descaradas florentinas ir
-enseñando los pechos, ¿Qué mujeres bárbaras ni sarracenas ha habido
-jamás, contra las que se debiera apelar a penas espirituales o a otras
-restricciones para obligarlas a ir cubiertas? Pero si las impúdicas
-estuvieran seguras de lo que el cielo les prepara pronto, tendría ya la
-boca abierta para aullar; porque si mi previsión no me engaña, serán
-entristecidas antes de que salga el bozo al niño que ahora se consuela
-con la "nana." ¡Ah, hermano!, no te me ocultes más: estás viendo que,
-no sólo yo, sino todas esas almas, miran el sitio donde interceptas la
-luz del Sol.
-
-Entonces le dije:
-
---Si recuerdas lo que tú y yo fuimos, aun el mencionarlo ahora deberá
-serte doloroso. De aquella vida me sacó el otro día ese que va delante
-de mí, cuando se ostentaba redonda la hermana de aquel (y le designé el
-Sol). Ese sabio me ha guiado a través de la profunda noche por entre
-los verdaderos muertos, y con mi verdadera carne que le sigue. Su
-auxilio me ha sostenido hasta aquí en las cuestas y recodos del monte,
-que hace que seáis rectos vosotros a quienes tan torcidos hizo el
-mundo. Me ha dicho que me acompañaría hasta dejarme donde está Beatriz:
-allí es preciso que me quede sin él. Virgilio es ese que me habló así
-(y se lo indiqué con el dedo); el otro es aquella sombra por quien hubo
-hace poco tales sacudimientos en todos los ámbitos de vuestro monte,
-que de sí la despide.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO VIGESIMOCUARTO_
-
-
-Ni la conversación detenía nuestra marcha, ni ésta a aquélla, sino que,
-a pesar de ir hablando, caminábamos de prisa, como la nave impelida
-por un viento favorable. Las sombras, que parecían cosas doblemente
-muertas, noticiosas de que yo estaba vivo, mostraban su admiración por
-las hondas cavidades de sus ojos. Continuando yo mi discurso, dije:
-
---Esa sombra, quizá por causa del otro, se dirige arriba más lentamente
-de lo que lo haría. Pero dime, si acaso lo sabes, dónde está Piccarda,
-y si entre esta gente que así me mira veo alguna persona digna de
-llamar mi atención.
-
---Mi hermana, que no sé lo que fué más, si hermosa o buena, ostenta ya
-su triunfal corona en el alto Olimpo.
-
-Esto dijo primero, y luego añadió:
-
---Aquí no está prohibido nombrar a nadie, atendida la prontitud con que
-es alterado nuestro semblante por la dieta. Ese (y lo señaló con el
-dedo) es Buonaggiunta, Buonaggiunta el de Luca; y aquel de más allá,
-más apergaminado que los otros, tuvo en sus brazos la Santa Iglesia:
-fué natural de Tours, y ahora expía con el ayuno las anguilas del
-Bolsena y la garnacha[78].
-
- [78] El papa Martín IV, natural de Tours. Fué hombre de bien,
- y muy amigo de la casa de Francia. Dado a la gula, hacía morir
- las anguilas del lago de Bolsena, ahogándolas en vino blanco
- generoso y dulce (garnacha), y después de bien guisadas, las
- comía con afán.
-
-Otros muchos me fué citando uno a uno, y todos parecían contentos de
-que se les nombrase; pues no reparé en ellos ningún gesto de desagrado.
-Vi mover las mandíbulas, mascando en vacío por efecto del hambre, a
-Ubaldino de la Pila, y a Bonifacio, que apacentó a muchos revestido
-con el roquete[79]. Vi a meser Marchese, que habiendo tenido tiempo
-para beber en Forli con menos sed, fué tal que nunca se sintió saciado.
-Pero, como aquel que mira, y después simpatiza más con uno que con
-otro, así me pasó con el de Luca, que parecía querer decirme algo.
-Murmuraba entre dientes; y yo le oía no sé qué de Gentucca donde él
-sentía el castigo que tanto le devoraba.
-
- [79] Bonifacio de Fieschi, conde de Lavagna y arzobispo de
- Ravena.
-
---¡Oh alma, le dije, que tan deseosa pareces de hablar conmigo! Haz de
-modo que yo te entienda, y satisfácenos a los dos con tu conversación.
-
-El empezó a decir:
-
---Existe una mujer que no lleva el velo todavía, la cual hará que te
-agrade mi ciudad, aunque alguno hable mal de ella. Tú irás allá con
-esta predicción, y si acaso no has entendido bien lo que murmuro, ya
-te lo pondrá en claro la realidad de los hechos. Pero dime: ¿no estoy
-viendo al que ha dado a luz las nuevas rimas, que comienzan así:
-"Donne, ch'avete intelleto d'Amore"[80]
-
- [80] Así empieza una bellísima canción de Dante, que puede
- verse en La Vida Nueva.
-
-Le contesté:
-
---Yo soy uno que voy notando lo que Amor inspira, y luego lo expreso
-tal como él me dicta dentro del alma.
-
---¡Oh hermano!--exclamó.--Ahora veo el nudo que al Notario, a
-Guittone[81] y a mí nos impidió llegar al dulce y nuevo estilo que
-oigo. Bien veo que vuestras plumas siguen fielmente al que les dicta,
-lo cual no han hecho en verdad las nuestras; y que quien se propone
-remontarse a mayor altura, no ve la diferencia del uno al otro estilo.
-
- [81] Jacobo de Lentino, llamado el Notario, y Guittone de
- Arezzo, poetas mediocres.
-
-Dichas estas palabras, se calló como si estuviese satisfecho.
-
-Así como las grullas que pasan el invierno a orillas del Nilo forman
-a veces una bandada en el aire, y luego vuelan rápidamente marchando
-en hilera, de igual suerte todas las almas que allí estaban, volviendo
-el rostro, aceleraron el paso, ligeras por su demacración y por su
-deseo: y al modo que un hombre cansado de correr deja ir delante a sus
-compañeros, y sigue lentamente hasta que cesa la agitación de su pecho,
-así Forese dejó pasar a la grey santa, y continuó conmigo su camino
-diciéndome:
-
---¿Cuándo te volveré a ver?
-
---No sé cuánto he de vivir--le respondí--; pero no será tan pronto mi
-regreso, que antes no llegue yo con el deseo a la orilla; porque el
-sitio donde fuí colocado para vivir se despoja de día en día y cada vez
-más del bien, y parece destinado a una triste ruina.
-
---Vé, pues--repuso--; que ya estoy viendo al que tiene la mayor
-culpa de esa ruina, arrastrado a la cola de un animal hacia el valle
-donde nadie se excusa de sus faltas[82]. El animal a cada paso va
-más rápido, aumentando siempre su celeridad, hasta que lo arroja, y
-abandona el cuerpo vilmente destrozado. Esas esferas no darán muchas
-vueltas (y dirigió sus ojos al cielo) sin que sea claro para ti lo que
-mis palabras no pueden ampliar más. Ahora te dejo; porque el tiempo es
-caro en este reino, y yo pierdo mucho caminando a tu lado.
-
- [82] Corso Donati, hermano del mismo Forese, jefe de los
- Negros, y principal causante de los males de Florencia. Forese
- no nombra a Corso, porque es su hermano.
-
-Cual jinete que se adelanta al galope de entre el escuadrón que
-avanza, a fin de alcanzar el honor del primer choque, del mismo modo
-y con mayores pasos se apartó de nosotros aquel espíritu, y yo quedé
-en el camino con aquellos dos que fueron tan grandes generales del
-mundo. Cuando estuvo tan retirado de nosotros, que mis ojos no podían
-seguirle, así como tampoco podía mi mente alcanzar el sentido de sus
-palabras, observé no muy lejos las ramas frescas y cargadas de frutas
-de otro manzano, por haberme vuelto entonces hacia aquel lado. Y vi
-debajo de él muchas almas que alzaban las manos y gritaban no sé qué en
-dirección del follaje, como los niños que, codiciando impotentes alguna
-cosa, la piden sin que aquel a quien ruegan les responda, y antes al
-contrario, para excitar más sus deseos, tiene elevado y sin ocultar lo
-que causa su anhelo. Después se marcharon como desengañadas, y nosotros
-nos acercamos entonces al gran árbol, que rechaza tantos ruegos y
-tantas lágrimas.
-
-"Pasad adelante sin aproximaros: más arriba existe otro árbol, cuyo
-fruto fué mordido por Eva, y éste es un retoño de aquél." Así decía no
-sé quién entre las ramas; por lo cual Virgilio, Estacio y yo seguimos
-adelante, estrechándonos cuanto pudimos hacia el lado en que se eleva
-el monte. "Acordaos, decía la voz, de los malditos formados en las
-nubes, que, repletos, combatieron a Teseo con sus dobles pechos[83].
-Acordaos de los hebreos, que mostraron al beber su molicie, por lo que
-Gedeón no los quiso por compañeros cuando descendió de las colinas
-cerca de Madián." De este modo, arrimados a una de las orillas,
-pasamos adelante, oyendo diferentes ejemplos del pecado de la gula,
-seguidos de las miserables consecuencias de aquel vicio. Después,
-entrando nuevamente en medio del camino desierto, nos adelantamos mil
-pasos y aun más, reflexionando cada cual y sin hablar. "¿Qué vais
-pensando vosotros tres solos?", dijo de improviso una voz, que me hizo
-estremecer, como sucede a los animales tímidos y asustadizos. Levanté
-la cabeza para ver quién fuese, y jamás se vieron en un horno vidrios o
-metales tan luminosos y rojos como lo estaba uno que decía: "Si queréis
-llegar hasta arriba, es preciso que deis aquí la vuelta: por aquí va
-el que quiere ir en paz." Su aspecto me había deslumbrado la vista;
-por lo cual me volví, siguiendo a mis Doctores a la manera de quien se
-guía por lo que escucha. Y sentí que me daba en medio de la frente un
-viento, como sopla y embalsama el ambiente la brisa de Mayo, mensajera
-del alba, impregnada con el aroma de las plantas y flores; y bien sentí
-moverse la pluma, que me hizo percibir el perfume de la ambrosía,
-oyendo decir: "Bienaventurados aquellos a quienes ilumina tanta gracia,
-que la inclinación a comer no enciende en sus corazones desmesurados
-deseos, y sólo tienen el hambre que es razonable."
-
- [83] Los Centauros, engendrados por el consorcio de Ixion
- con una nube, llenos de vino, intentaron robar la esposa
- de Piritóo en medio del convite nupcial, por lo cual Teseo
- los mató. Combatieron con sus dobles pechos, de hombre y de
- caballo.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO VIGESIMOQUINTO_
-
-
-Era la hora en que no debía demorarse nuestra subida, pues el sol había
-dejado el círculo meridional al Tauro, y la noche al Escorpión: por lo
-cual, así como el hombre a quien estimula el aguijón de la necesidad,
-no se detiene por nada que encuentre, sino que sigue su camino, de
-igual suerte entramos nosotros por la abertura del peñasco, uno delante
-de otro, tomando la escalera, que por su angostura obliga a separarse a
-los que la suben. Y como la joven cigüeña que extiende sus alas deseosa
-de volar, y no atreviéndose a abandonar el nido, las pliega nuevamente,
-lo mismo hacía yo llevado de un ardiente deseo de preguntar, que se
-inflamaba y se extinguía, hasta que llegué a hacer el ademán del que
-se prepara a hablar. A pesar de lo rápido de nuestra marcha, mi amado
-Padre no dejó de decirme:
-
---Dispara el arco de la palabra, que tienes tirante hasta el hierro.
-
-Entonces abrí la boca con seguridad, y empecé a decir:
-
---¿Cómo es posible enflaquecer donde no hay necesidad de alimentarse?
-
---Si te acordaras de cómo se consumió Meleagre al consumirse un
-tizón--respondió--, no te sería ahora tan difícil comprender esto; y
-si considerases cómo, al moveros, se mueve vuestra imagen dentro del
-espejo, te parecería blando lo que te parece duro. Mas para que tu
-deseo quede satisfecho, aquí tienes a Estacio, a quien pido y suplico
-que sea el médico de tus heridas.
-
---Si estando tú presente, le descubro los arcanos de la eterna
-justicia--respondió Estacio--, sírvame de disculpa el no poder negarte
-nada.
-
-Luego empezó diciendo:
-
---Hijo, si tu mente recibe y guarda mis palabras, ellas te darán
-luz sobre el punto de que hablas. La sangre más pura, que nunca es
-absorbida por las sedientas venas y que sobra, como el resto de los
-alimentos que se retiran de la mesa, adquiere en el corazón una virtud
-tan apta para formar todos los miembros humanos, como la que tiene para
-transformarse en ellos la que va por las venas. Todavía más depurada,
-desciende a un punto que es mejor callar que nombrar, de donde se
-destila después sobre la sangre de otro ser en vaso natural. Aquí se
-mezclan las dos, la una dispuesta a recibir la impresión, la otra a
-producirla por efecto de la perfección del lugar de que procede; y
-apenas están juntas, la sangre viril empieza desde luego a operar,
-coagulando primero, y vivificando en seguida lo que ha hecho unírsele
-como materia propia. Convertida la virtud activa en alma, como la de
-una planta, pero con la diferencia de que aquélla está en vías de
-formación, mientras que la otra ha llegado ya a su término, continúa
-obrando de tal modo, que luego se mueve y siente como la esponja
-marina, y en seguida emprende la organización de las potencias, de la
-cual es el germen. Hijo mío, la virtud que procede del corazón del
-padre, y desde la cual atiende la naturaleza a todos los miembros, ora
-se ensancha, y ora se prolonga; mas no ves todavía cómo el feto, de
-animal pasa a ser racional: este punto es tal, que uno más sabio que tú
-incurrió con su doctrina en el error de separar del alma el intelecto
-posible, porque no vió que éste tuviese ningún órgano especial adecuado
-a sus funciones. Abre tu corazón a la verdad que te presento, y sabe
-que, en cuanto está concluído el organismo del cerebro del feto, el
-Primer Motor se dirige placentero hacia aquella obra maestra de la
-naturaleza, y le infunde un nuevo espíritu, lleno de virtud, que atrae
-a su substancia lo que allí encuentra de activo, y se convierte en
-un alma sola, que vive, y siente, y se refleja sobre sí misma: a fin
-de que te causen menos admiración mis palabras, considera el calor
-del Sol, que se transforma en vino, uniéndose al humor que sale de la
-vid. Cuando Laquesis no tiene ya lino, el alma se separa del cuerpo,
-llevándose virtualmente consigo sus potencias divinas y humanas:
-todas las facultades sensitivas quedan como mudas; pero la memoria,
-el entendimiento y la voluntad son en su acción mucho más sutiles que
-antes. Sin detenerse, el alma llega maravillosamente por sí misma a una
-de las orillas, donde conoce el camino que le está reservado. En cuanto
-se encuentra circunscrita en él, la virtud informativa irradia en
-torno, del mismo modo que cuando vivía en sus miembros; y así como el
-aire, cuando el tiempo está lluvioso, se presenta adornado de distintos
-colores por los rayos del Sol que en él se reflejan, de igual suerte el
-aire de alrededor toma la forma que le imprime virtualmente el alma que
-está allí detenida; y semejante después a la llama que sigue en todos
-sus movimientos al fuego, la nueva forma va siguiendo al espíritu. Por
-fin, como el alma toma de esto su apariencia, se le llama sombra, y
-en esa forma organiza luego cada uno de sus sentidos, hasta el de la
-vista. En virtud de este cuerpo aéreo hablamos, reímos, derramamos
-lágrimas y suspiramos, como habrás podido observar por el monte. Según
-como los deseos y los demás afectos nos impresionan, la sombra toma
-diferentes figuras: tal es la causa de lo que te admira.
-
-Habíamos llegado ya al círculo de la última tortura, y nos dirigíamos
-hacia la derecha, cuando llamó nuestra atención otro cuidado. Allí
-la ladera de la montaña lanza llamas con ímpetu hacia el exterior, y
-la orilla opuesta del camino da paso a un viento que, dirigiéndose
-hacia arriba, la rechaza y aleja de sí. Por esta razón nos era preciso
-caminar de uno en uno por el lado descubierto del camino, de modo
-que si, por una parte, me causaba temor el fuego, por otra temía
-despeñarme. Mi Jefe decía:
-
---En este sitio es preciso refrenar bien los ojos, porque muy poco
-bastaría para dar un mal paso.
-
-Entonces oí cantar en el seno de aquel gran ardor: "Summæ Deus
-clementiæ"[84]; lo cual excitó en mí un deseo no menos ardiente de
-volverme, y vi a varios espíritus andando por la llama: yo les miraba,
-pero fijando alternativamente la vista, ya en sus pasos, ya en los
-míos. Después de la última estrofa de aquel himno, gritaron en voz
-alta: "Virum non cognosco"[85]; y en seguida volvieron a entonarlo en
-voz baja. Terminado el himno, gritaron aún: "Diana corrió al bosque, y
-arrojó de él a Hélice, que había gustado el veneno de Venus." Repetían
-su canto, y citaban después ejemplos de mujeres y maridos que fueron
-castos, como lo exigen la virtud y el matrimonio. Y de este modo, según
-creo, continuarán durante todo el tiempo que los abrase el fuego; pues
-con tal remedio y tales ejercicios ha de cicatrizarse la última llaga.
-
- [84] Principio del himno que la Iglesia recita en los maitines
- del Sábado, y que cantan las almas que se purifican del vicio
- de la lujuria, porque en él se pide a Dios la pureza.
-
- [85] Palabras dichas por María al arcángel San Gabriel. Dante
- continúa haciendo citar a las almas ejemplos contrarios a los
- vicios de que se purifican. Enumeran los ejemplos en alta voz,
- porque con ellos las almas se reprenden a sí mismas: el himno
- lo cantan en voz baja, como una oración que dirigen a Dios.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO VIGESIMOSEXTO_
-
-
-Mientras que uno tras otro íbamos por el borde del camino, el buen
-Maestro decía muchas veces: "Mira, y ten cuidado, pues ya estás
-advertido." Daba en mi hombro derecho el Sol, que irradiando por todo
-el Occidente, cambiaba en blanco su color azulado. Con mi sombra hacía
-parecer más roja la llama, y aquí también vi muchas almas que, andando,
-fijaban su atención en tal indicio. Con este motivo se pusieron a
-hablar de mí, y empezaron a decir: "Parece que éste no tenga un cuerpo
-ficticio." Después se cercioraron, aproximándose a mí cuanto podían,
-pero siempre con el cuidado de no salir adonde no ardieran.
-
---¡Oh tú, que vas en pos de los otros, no por ser el más lento, sino
-quizá por respeto!, respóndeme a mí, a quien abrasan la sed y el fuego.
-No soy yo el único que necesita tu respuesta, pues todos éstos tienen
-mayor sed, que deseo de agua fresca el Indio y el Etíope. Dinos: ¿cómo
-es que formas con tu cuerpo un muro que se antepone al Sol, cual si no
-hubieras caído aún en las redes de la muerte?
-
-Así me hablaba una de aquellas sombras, y yo me habría explicado en
-el acto, si no hubiese atraído mi atención otra novedad que apareció
-entonces. Por el centro del camino inflamado venía una multitud
-de almas con el rostro vuelto hacia las primeras, lo cual me hizo
-contemplarlas asombrado. Por ambas partes vi apresurarse todas las
-sombras, y besarse unas a otras, sin detenerse, y contentándose con tan
-breve agasajo; semejantes a las hormigas, que en medio de sus pardas
-hileras, van a encontrarse cara a cara, quizá para darse noticias de su
-viaje o de su botín. Una vez terminado el amistoso saludo, y antes de
-dar el primer paso, cada una de ellas se ponía a gritar con todas sus
-fuerzas, las recién llegadas: "Sodoma y Gomorra," y las otras: "En la
-vaca entró Pasifae, para que el toro acudiera a su lujuria." Después,
-como grullas que dirigiesen su vuelo, parte hacia los montes Rifeos, y
-parte hacia las ardientes arenas, huyendo éstas del hielo, y aquéllas
-del Sol, así unas almas se iban y otras venían, volviendo a entonar
-entre lágrimas sus primeros cantos, y a decir a gritos lo que más
-necesitaban. Como anteriormente, se acercaron a mí las mismas almas que
-me habían preguntado, atentas y prontas a escucharme. Yo, que dos veces
-había visto su deseo, empecé a decir:
-
---¡Oh almas seguras de llegar algún día al estado de paz! Mis miembros
-no han quedado allá verdes ni maduros, sino que están aquí conmigo, con
-su sangre y con sus coyunturas. De este modo voy arriba, a fin de no
-ser ciego nunca más: sobre nosotros existe una mujer, que alcanza para
-mí esta gracia por la cual llevo por vuestra mundo mi cuerpo mortal.
-Pero decidme, ¡así se logre en breve vuestro mayor deseo, y os acoja
-el cielo que está más lleno de amor y por más ancho espacio se dilata!
-Decidme, a fin de que yo pueda ponerlo por escrito, ¿quiénes sois, y
-quién es aquella turba que se va en dirección contraria a la vuestra?
-
-No de otra suerte se turba estupefacto el montañés, y enmudece absorto,
-cuando, rudo y salvaje, entra en una ciudad, de como pareció turbarse
-cada una de aquellas sombras: pero repuestas de su estupor, el cual
-se calma pronto en los corazones elevados, empezó a decirme la que
-anteriormente me había preguntado:
-
---¡Dichoso tú, que sacas de nuestra actual mansión experiencia para
-vivir mejor! Las almas que no vienen con nosotros cometieron el
-pecado por el que César, en medio de su triunfo, oyó que se burlaban
-de él y le llamaban reina. Por esto se alejan gritando "Sodoma;"
-y reprendiéndose a sí mismos, como has oído, añaden al fuego que
-les abrasa el que les produce su vergüenza. Nuestro pecado fué
-hermafrodita; pero no habiendo observado la ley humana, y sí seguido
-nuestro apetito al modo de las bestias, por eso, al separarnos de los
-otros, gritamos para oprobio nuestro el nombre de aquélla, que se
-bestializó en una envoltura bestial. Ya conoces nuestras acciones y el
-delito que cometimos: si por nuestros nombres quieres conocer quiénes
-somos, ni sabré decírtelos, ni tengo tiempo para ello. Satisfaré, sin
-embargo, tu deseo diciéndote el mío: soy Guido Guinicelli, que me
-purifico ya por haberme arrepentido antes de mi última hora.
-
-Como corrieron hacia su madre los dos hijos al encontrarla bajo las
-tristes iras de Licurgo, así me lancé yo, pero sin atreverme a tanto,
-cuando escuché nombrarse a sí mismo a mi padre, y al mejor de todos
-los míos que jamás hicieron rimas de amor dulces y floridas; y sin oír
-hablar, anduve pensativo largo trecho, contemplándolo, aunque sin poder
-acercarme más a causa del fuego. Cuando me harté de mirarle, me ofrecí
-de todo corazón a su servicio con aquellos juramentos que hacen creer
-en las promesas. Me contestó:
-
---Dejas en mí, por lo que oigo, una huella tan profunda y clara, que
-el Leteo no puede borrarla ni obscurecerla: pero si tus palabras han
-jurado la verdad, dime, ¿cuál es la causa del cariño que me demuestras
-en tus frases y en tus miradas?
-
-Le contesté:
-
---Vuestras dulces rimas, que harán preciosos los manuscritos que las
-contienen, tanto como dure el lenguaje moderno.
-
---¡Oh hermano!--replicó--; éste que te señalo con el dedo[86] (e
-indicó un espíritu que iba delante de él), fué mejor obrero en su
-lengua materna. Sobrepujó a todos en sus versos amorosos y en la
-prosa de sus novelas; y deja hablar a los necios, que creen que el
-Lemosín[87] es mejor que él; prestan más atención al ruido que a la
-verdad, y así forman su juicio antes de dar oídos al arte o la razón.
-Lo mismo hicieron muchos de los antiguos con respecto a Guittone,
-colocándole, merced a sus gritos, en el primer lugar, hasta que lo ha
-vencido la verdad con los méritos adquiridos por otras personas. Ahora,
-si tienes el alto privilegio de poder penetrar en el claustro donde
-Cristo es abad del colegio, díle por mí del "Padre nuestro" todo lo
-que necesitamos nosotros los habitantes de este mundo, en el que ya no
-tenemos el poder de pecar.
-
- [86] Arnaldo Daniel, célebre poeta provenzal del siglo XII,
- celebrado por Petrarca como gran maestro de amor y como el
- primer poeta en lengua vulgar. Escribió novelas caballerescas
- en prosa.
-
- [87] Gerardo Borneil, poeta de Limoges.
-
-Luego, tal vez para hacer sitio a otro que venía en pos de él,
-desapareció entre el fuego, como desaparece el pez en el fondo del
-agua. Yo me adelanté un poco hacia el que me había designado, y le dije
-que mi deseo preparaba a su nombre una grata acogida: él empezó a decir
-donosamente:
-
---Me complace tanto vuestra cortés pregunta, que ni puedo ni quiero
-ocultarme a vos: yo soy Arnaldo, que lloro y voy cantando: veo, triste,
-mis pasadas locuras, y veo, contento, el día que en adelante me espera.
-Ahora os ruego, por esa virtud que os conduce a lo más alto de la
-escala, que os acordéis de endulzar mi dolor.
-
-Después se ocultó en el fuego que les purifica.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO VIGESIMOSEPTIMO_
-
-
-El Sol estaba ya en aquel punto desde donde lanza sus primeros rayos
-sobre la ciudad en que se derramó la sangre de su Hacedor: el Ebro caía
-bajo el alto signo de Libra, y las ondas del Ganges eran caldeadas al
-empezar la hora de nona; de modo que donde estábamos terminaba el día,
-cuando nos divisó placentero el Angel de Dios, que apartado de la llama
-se puso en la orilla a cantar: "Beati mundo corde," en voz bastante más
-viva que la nuestra. Después dijo:
-
---No se sigue adelante, almas santas, si el fuego no os muerde antes:
-entrad en él, y no os hagáis sordas al cántico que llegará hasta
-vosotras.
-
-Así habló cuando estuvimos cerca de él, por lo que me quedé al oirle
-como aquel que es metido en la fosa. Elevé mis manos entrelazadas
-mirando al fuego, y se representaron vivamente en mi imaginación los
-cuerpos humanos que había visto arder. Mis buenos Guías se volvieron
-hacia mí, y Virgilio me dijo:
-
---Hijo mío, aquí puedes encontrar un tormento; pero no la muerte.
-Acuérdate, acuérdate... y si te guié sano y salvo sobre Gerión, ¿qué
-no haré ahora que estoy más cerca de Dios? Ten por cierto que, aunque
-estuvieras mil años en medio de esa llama, no perderías un solo
-cabello; y si acaso crees que te engaño, ponte cerca de ella, y como
-prueba, aproxima con tus manos al fuego la orla de tu ropaje. Depón,
-pues, depón todo temor; vuélvete hacia aquí, y pasa adelante con
-seguridad.
-
-Yo, sin embargo, permanecí inmóvil aun en contra de mi conciencia.
-Cuando vió que me estaba quieto y reacio, repuso algo turbado:
-
---Hijo mío, repara en que entre Beatriz y tú sólo existe ese obstáculo.
-
-Así como al oír el nombre de Tisbe, Piramo, cercano a la muerte, abrió
-los ojos y la contempló bajo la morera, que desde entonces echó frutos
-rojos, así yo, vencida mi obstinación, me dirigí hacia mi sabio Guía,
-al oír el nombre que siempre está en mi mente. Entonces él, moviendo la
-cabeza, dijo:
-
---¡Cómo! ¿Queremos permanecer aquí?
-
-Y se sonrió, como se sonríe al niño a quien se conquista con una fruta.
-Después se metió en el fuego el primero, rogando a Estacio, que durante
-todo el camino se había interpuesto entre ambos, que viniese detrás
-de mí. Cuando estuve dentro, habríame arrojado, para refrescarme, en
-medio del vidrio hirviendo; tan desmesurado era el ardor que allí se
-sentía. Mi dulce Padre, para animarme, continuaba hablando de Beatriz y
-diciendo: "Ya me parece ver sus ojos." Nos guiaba una voz que cantaba
-al otro lado; y nosotros, atentos solamente a ella, salimos del fuego
-por el sitio donde está la subida.
-
---"Venite, benedicti patris mei"--se oyó en medio de una luz que allí
-había, tan resplandeciente que me ofuscó y no la pude mirar.--El Sol se
-va--añadió--, y viene la noche; no os detengáis, sino acelerad el paso
-antes que el horizonte se obscurezca.
-
-El sendero subía recto a través de la peña hacia el Oriente, y yo
-interrumpía delante de mí los rayos del Sol, que ya estaba muy bajo.
-Habíamos subido pocos escalones, cuando mis sabios Guías y yo, por mi
-sombra que se desvanecía, observamos que tras de nosotros se ocultaba
-el Sol; y antes de que en toda su inmensa extensión tomara el horizonte
-el mismo aspecto, y de que la noche se esparciera por todas partes,
-cada uno de nosotros hizo de un escalón su lecho; porque la naturaleza
-del monte, más bien que nuestro deseo, nos impedía subir. Como las
-cabras que antes de haber satisfecho su apetito van veloces y atrevidas
-por los picos de los montes, y una vez saciado éste, se quedan rumiando
-tranquilas a la sombra, mientras el Sol quema, guardadas por el
-pastor, que, apoyado en su cayado, cuida de ellas; y como el pastor
-que se queda fuera y pernocta cerca de su rebaño, para preservarlo de
-que lo disperse alguna bestia feroz, así estábamos entonces nosotros
-tres, yo como cabra, y ellos como pastores, estrechados por los dos
-lados de aquella abertura. Poco alcanzaba nuestra vista de las cosas
-que había fuera de allí; pero por aquel reducido espacio veía yo las
-estrellas más claras y mayores de lo acostumbrado. Rumiando de esta
-suerte y contemplándolas me sorprendió el sueño; el sueño que muchas
-veces predice lo que ha de sobrevenir. En la hora, según creo, en que
-Citerea, que parece siempre abrasada por el fuego del amor, lanzaba
-desde Oriente sus primeros rayos sobre la montaña, me parecía ver
-entre sueños una mujer joven y bella, que iba cogiendo flores por una
-pradera, y decía cantando: "Sepa todo aquel que preguntó mi nombre, que
-yo soy Lía, y voy extendiendo en torno mis bellas manos para formarme
-una guirnalda. Para agradarme delante del espejo, me adorno aquí; pero
-mi hermana Raquel no se separa jamás del suyo, y permanece todo el día
-sentada ante él. A ella le gusta contemplar sus hermosos ojos, como a
-mí adornarme con mis propias manos: ella se satisface con mirar, yo con
-obrar." Ya, ante los esplendores que preceden al día, tanto más gratos
-a los peregrinos, cuanto más cerca de su patria se albergan al volver a
-ella, huían por todas partes las tinieblas, y con ellas mi sueño; por
-lo cual me levanté, y vi a mis grandes Maestros levantados también.
-
-La dulce fruta que por tantas ramas va buscando la solicitud de los
-mortales, hoy calmará tu hambre.
-
-Tales fueron las palabras que me dirigió Virgilio; palabras que
-me causaron un placer como no lo ha causado jamás regalo alguno.
-Acrecentóse tanto en mí el deseo de llegar a la cima del monte, que a
-cada paso que daba sentía crecer alas para mi vuelo. Cuando, recorrida
-toda la escalera, estuvimos en la última grada, Virgilio fijó en mí sus
-ojos y dijo:
-
---Has visto el fuego temporal y el eterno, hijo mío, y has llegado a un
-sitio donde no puedo ver nada más por mí mismo. Con ingenio y con arte
-te he conducido hasta aquí: en adelante sírvate de guía tu voluntad;
-fuera estás de los caminos escarpados y de las estrechuras; mira el Sol
-que brilla en tu frente; mira la hierba, las flores, los arbustos, que
-se producen solamente en esta tierra. Mientras no vengan radiantes de
-alegría los hermosos ojos que, entre lágrimas, me hicieron acudir en tu
-socorro, puedes sentarte, y puedes pasear entre esas flores. No esperes
-ya mis palabras, ni mis consejos: tu albedrío es ya libre, recto y
-sano, y sería una falta no obrar según lo que él te dicte. Así, pues,
-ensalzándote sobre ti mismo, te corono y te mitro.[88]
-
- [88] Tu albedrío es ya libre; recto y sano, por el
- esclarecimiento de tu razón y el dominio de tus pasiones:
- por lo tanto te hago señor de ti mismo, en lo tocante a la
- dirección civil (corona), y a la espiritual (mitra).
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO VIGESIMOCTAVO_
-
-
-Deseoso ya de observar en su interior y en sus contornos la divina
-floresta espesa y viva, que amortiguaba la luz del nuevo día, dejé sin
-esperar más el borde del monte y marché lentamente a través del campo,
-cuyo suelo por todas partes despedía gratos aromas. Un aura blanda e
-invariable me oreaba la frente con no mayor fuerza que la de un viento
-suave: a su impulso, todas las verdes frondas se inclinaban trémulas
-hacia el lado a que proyecta su primera sombra el sagrado monte; pero
-sin separarse tanto de su derechura, que las avecillas dejaran por
-esta causa de ejercitar su arte sobre las copas de los árboles, pues
-antes bien, llenas de alegría, saludaban a las primeras auras, cantando
-entre las hojas, que acompañaban a sus ritmos haciendo el bajo, con un
-susurro semejante al que de rama en rama va creciendo en los pinares
-del llano de Chiassi, cuando Eolo deja escapar el Sirocco.
-
-Ya me habían transportado mis lentos pasos tan adentro de la antigua
-selva, que no podía distinguir el sitio por donde había entrado, cuando
-vi interceptado mi camino por un riachuelo, que corriendo hacia la
-izquierda, doblegaba bajo el peso de pequeñas linfas las hierbas que
-brotaban en sus orillas. Las aguas que en la tierra se tienen por más
-puras, parecerían turbias comparadas con aquellas, que no ocultan nada,
-aunque corran obscurecidas bajo una perpetua sombra, que no da paso
-nunca a los rayos del Sol ni de la Luna. Detuve mis pasos, y atravesé
-con la vista aquel riachuelo, para admirar la gran variedad de sus
-frescas arboledas, cuando se me apareció, como aparece súbitamente una
-cosa maravillosa que desvía de nuestra mente todo otro pensamiento, una
-mujer sola, que iba cantando y cogiendo flores de las muchas de que
-estaba esmaltado todo su camino.
-
---¡Ah!, hermosa Dama, que te abrasas en los rayos de Amor, si he de
-dar crédito al semblante que suele ser testimonio del corazón; dígnate
-adelantarte--le dije--hacia este riachuelo, lo bastante para que pueda
-comprender qué es lo que cantas. Tú traes a mi memoria el sitio donde
-estaba Proserpina, y cómo era cuando la perdió su madre, y ella perdió
-sus lozanas flores.
-
-Así como bailando se vuelve una mujer, con los pies juntos y arrimados
-al suelo, poniendo apenas uno delante de otro, de igual suerte se
-volvió aquélla hacia mí sobre las florecillas rojas y amarillas,
-semejante a una virgen que inclina sus modestos ojos, y satisfizo mis
-súplicas aproximándose tanto, que llegaba hasta mí la dulce armonía
-de su canto, y sus palabras claras y distintas. Luego que se detuvo
-en el sitio donde las hierbas son bañadas por las ondas del lindo
-riachuelo, me concedió el favor de levantar sus ojos. No creo que
-saliera tal resplandor bajo las cejas de Venus, cuando su hijo la
-hirió inconsideradamente. Ella se sonreía desde la orilla derecha,
-cogiendo mientras tanto las flores que aquella elevada tierra produce
-sin necesidad de simiente. El río nos separaba a la distancia de tres
-pasos; pero el Helesponto por donde pasó Jerjes, cuyo ejemplo sirve aún
-de freno a todo orgullo humano, no fué tan odioso a Leandro, por el
-impetuoso movimiento de sus aguas entre Sestos y Abydos, como lo era
-aquél para mí por no abrirme paso.
-
---Sois recién llegados--dijo ella--; y quizá porque me sonrío en este
-sitio escogido para nido de la humana naturaleza, os causo asombro y
-hasta alguna sospecha; pero el salmo "Delectasti" esparce una luz que
-puede disipar las nubes de vuestro entendimiento. Y tú, que vas delante
-y me has rogado que hable, dime si quieres oír otra cosa, que yo
-responderé con presteza a todas tus preguntas hasta dejarte satisfecho.
-
---El agua--le dije--y el rumor de la floresta impugnan en mi interior
-una nueva creencia sobre una cosa que he oído y que es contraria a esta.
-
-A lo que ella contestó:
-
---Te diré cómo procede de su causa eso que te admira, y disiparé la
-nube que te ciega. El Sumo Bien, que se complace sólo en sí mismo, hizo
-al hombre bueno y apto para el bien, y le dió este sitio como arras en
-señal de eterna paz. El hombre, por sus culpas, permaneció aquí poco
-tiempo: por sus culpas cambió su honesta risa y su dulce pasatiempo en
-llanto y en tristeza. A fin de que todas las conmociones producidas
-más abajo por las exhalaciones del agua y de la tierra, que se dirigen
-cuanto pueden tras del calor, no molestasen al hombre, se elevó este
-monte hacia el cielo tanto como has visto, y está libre de todas ellas
-desde el punto donde se cierra su puerta. Ahora bien, como el aire gira
-en torno de la tierra con la primera bóveda movible del cielo, si el
-círculo no es interrumpido por algún punto, un movimiento semejante
-viene a repercutir en esta altura, que está libre de toda perturbación
-en medio del aire puro, produciendo este ruido en la selva, porque
-es espesa; y la planta sacudida comunica su propia virtud generativa
-al aire, el cual girando en torno deposita dicha virtud en el suelo;
-y la otra tierra, según que es apta por sí misma o por su cielo,
-concibe y produce diversos árboles de diferentes especies. Una vez oído
-esto, no te parecerá ya maravilloso que haya plantas que broten sin
-semillas aparentes. Debes saber, además, que la santa campiña en que te
-encuentras está llena de toda clase de semillas, y encierra frutos que
-allá abajo no se cogen. El agua que ves no brota de ninguna vena que
-sea renovada por los vapores que el frío del cielo convierte en lluvia,
-como un río que adquiere o pierde caudal, sino que sale de una fuente
-invariable y segura, que recibe de la voluntad de Dios cuanto derrama
-por dos partes. Por esta desciende con una virtud que borra la memoria
-del pecado; por la otra renueva la de toda buena acción. Aquí se llama
-Leteo; en el otro lado, Eunoe; y no produce sus efectos si no se bebe
-aquí primero que allí: su sabor supera a todos los demás. Aunque tu
-sed esté ya bastante mitigada sin necesidad de más explicaciones mías,
-por una gracia especial, aún te daré un corolario; y no creo que mis
-palabras te sean menos gratas, si por ti exceden a mis promesas. Los
-que antiguamente fingieron la edad de oro y su estado feliz, quizá
-soñaron en el Parnaso este sitio. Aquí fué inocente el origen de la
-raza humana; aquí la primavera y los frutos son eternos: este es el
-verdadero néctar de que todos hablan.
-
-Entonces me volví completamente hacia mis Poetas y vi que habían
-acogido con una sonrisa esta última explicación: después dirigí de
-nuevo mis ojos hacia la bella Dama.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO VIGESIMONONO_
-
-
-Después de aquellas últimas palabras, continuó cantando cual mujer
-enamorada: "Beati, quorum tecta sunt peccata"[89]: y a la manera de
-las ninfas, que andaban solas por las umbrías selvas, complaciéndose
-unas en huír del Sol, y otras en verle, púsose a caminar por la orilla
-contra la corriente del río; y yo al igual de ella, seguí sus cortos
-pasos con los míos. Entre los dos no habíamos aún adelantado ciento,
-cuando las dos riberas equidistantes presentaron una curva, de tal modo
-que me encontré vuelto hacia Oriente. A poco de andar así, volvióse la
-Dama enteramente a mí, diciendo: "Hermano mío, mira y escucha." Y he
-aquí que por todas partes iluminó la selva un resplandor tan súbito,
-que dudé si había sido un relámpago; mas como éste desaparece en cuanto
-brilla, y aquél duraba cada vez más resplandeciente, decía yo entre
-mí: "¿Qué será esto?" Circulaba por el luminoso aire una dulce melodía,
-por lo cual mi buen celo me hizo censurar el atrevimiento de Eva; pues
-que allí, donde obedecían la tierra y el cielo, una mujer sola y apenas
-formada, no pudo sufrir el permanecer bajo ningún velo; cuando si
-hubiera permanecido resignado bajo él, habría yo gozado más pronto, y
-luego eternamente aquellas inefables delicias.
-
- [89] Beati, quorum remissae sunt iniquitates, et quorum tecta
- sunt peccata: palabras del segundo Salmo penitencial, con las
- cuales la Dama congratula a Dante por verle limpio de las
- manchas de los siete pecados. Esta Dama representa, según
- algunos comentadores, la Iglesia católica.
-
-Mientras iba yo enteramente absorto en la contemplación de tantas
-primicias del placer eterno, y deseoso todavía de más dichas, el aire,
-semejante a un gran fuego, apareció ante nosotros inflamado bajo las
-verdes ramas, y la dulce armonía que habíamos percibido se convirtió en
-un canto claro y distinto. ¡Oh sacrosantas Vírgenes! Si alguna vez he
-soportado por vosotras el hambre, el frío y las vigilias, prestadme en
-cambio la ayuda, que la necesidad me obliga a demandaros. Es preciso
-que Helicón derrame para mí sus aguas, y que el coro de Urania me ayude
-a poner en versos cosas apenas concebibles.
-
-Parecióme ver algo más allá siete árboles de oro[90], engañado por la
-gran distancia que todavía mediaba entre nosotros y ellos; mas cuando
-me hube aproximado tanto, que la semejanza engañadora del sentido
-no perdía ya por la distancia ninguno de sus rasgos distintivos, la
-facultad que prepara materia al raciocinio me hizo conocer que eran
-candelabros, y que las voces cantaban "Hosanna." Los hermosos muebles
-llameaban en su parte superior despidiendo una luz mucho más clara
-que la Luna a media noche y a la mitad de su mes. Me volví lleno de
-admiración al buen Virgilio, y él me respondió con una mirada no
-menos llena de asombro. Después fijé de nuevo mi atención en los altos
-candelabros, los cuales avanzaban en nuestra dirección tan lentamente
-que una recién desposada los habría vencido en celeridad. La Dama me
-gritó:
-
---¿Por qué contemplas con tanto ardor esas vívidas luces, y no reparas
-en lo que viene tras de ellas?
-
- [90] Según unos comentadores, los siete dones del Espíritu
- Santo; según otros, los siete sacramentos.
-
-Entonces vi venir detrás de las luces, y como guiadas por éstas, muchos
-personajes[91], vestidos de un blanco tan puro como no ha brillado
-jamás en el mundo. A la izquierda resplandecía el agua, y reflejaba
-la parte izquierda de mi cuerpo; así es que me miraba en ella como en
-un espejo. Cuando desde mi orilla llegué a un punto en que únicamente
-el río me separaba de aquéllos, me detuve para mirar mejor, y vi las
-llamas caminando hacia adelante, dejando tras de sí pintado el aire
-con rasgos semejantes a banderolas extendidas; de modo que sobre ellas
-se veían claramente siete listas formadas de los colores de que el Sol
-hace su arco y Delia su cinturón. Aquellas listas se extendían por el
-cielo más allá de lo que alcanzaba mi vista, y según me pareció, las
-de los extremos distaban entre sí diez pasos una de otra[92]. Bajo el
-hermoso cielo que describo, se adelantaban de dos en dos veinticuatro
-ancianos coronados de azucenas[93]. Todos cantaban: "Bendita tú eres
-entre las hijas de Adán, y benditas sean eternamente tus bellezas."
-Después que las flores y las frescas hierbecillas que había en la otra
-ribera frente a mí se vieron libres de aquellos espíritus elegidos,
-así como en el cielo siguen unas a otras las estrellas, en pos de
-los ancianos vinieron cuatro animales, con ellos coronados de verdes
-hojas[94]. Cada uno tenía seis alas, con las plumas llenas de ojos,
-como serían los de Argos si viviese[95]. Lector, no empleo mis rimas en
-describir las formas de estos animales, pues me contiene tanto el gasto
-futuro, que no puedo ser ahora pródigo; pero puedes leer a Ezequiel,
-que los pinta tales como los vió acudir de las frías regiones, con
-el viento, con las nubes y con el fuego; y del mismo modo que los
-encontrarás en sus libros, así se presentaban aquí si se exceptúa que,
-en cuanto a las alas, Juan está conmigo y se separa de él. El espacio
-que quedaba entre los cuatro lo ocupaba un carro triunfal sobre dos
-ruedas, que iba tirado por un grifo. Este extendía sus alas ante la
-lista de en medio y las tres de ambos lados, sin que interceptara
-ninguna de ellas al hender el espacio entre las mismas comprendido. Se
-elevaban tanto, que se las perdía de vista: la parte de su cuerpo que
-era ave tenía los miembros de oro, y los de la otra parte eran blancos
-manchados de rojo. Ni Escipión el Africano, ni aun Augusto, hicieron
-jamás recrearse a Roma en la contemplación de un carro tan bello, y aun
-comparado con él, sería pobre aquel carro del Sol, que desviándose de
-su camino, fué abrasado, por los ruegos de la Tierra suplicante, cuando
-Júpiter fué misteriosamente justo.
-
- [91] Los patriarcas, profetas y otros santos varones, que
- creyeron en la venida de Jesucristo.
-
- [92] Estos diez pasos figuran, según todos los comentadores,
- los diez mandamientos.
-
- [93] Símbolos de los libros del Antiguo Testamento.
-
- [94] Símbolos de los cuatro Evangelistas.
-
- [95] Las alas son símbolo de la prontitud con que el Evangelio
- recorrió el mundo. Los ojos, semejantes a los de Argos, lo son
- de la vigilancia que es necesaria para mantener pura la verdad
- evangélica contra los sofismas de que se valen las pasiones.
-
-Tres mujeres venían danzando en redondo al lado de la rueda derecha;
-una de ellas tan roja, que apenas se la hubiera distinguido dentro
-del fuego: la otra era como si su carne y sus huesos fuesen de
-esmeralda: la tercera parecía nieve recién caída[96]. Tan pronto iba
-a la cabeza la blanca, como la roja; y según el canto de ésta, así
-las demás ajustaban el paso, avanzando lentas o rápidas. Hacia la
-izquierda del carro venían gozosas otras cuatro vestidas de púrpura
-asustando sus movimientos al de una de ellas, que tenía tres ojos
-en la cabeza.[97] En pos de estos grupos de que acabo de hablar, vi
-dos ancianos con diferentes vestiduras; pero iguales en su actitud,
-venerable y reposada. Uno de ellos parecía ser de los discípulos de
-aquel gran Hipócrates, a quien hizo la naturaleza en favor de los seres
-animados que le son más queridos;[98] el otro demostraba un cuidado
-contrario, con una espada tan reluciente y aguda, que a través del río
-me causó miedo.[99] Después vi otros cuatro de humilde apariencia;[100]
-y detrás de todos venía un anciano solo y durmiendo, pero con la faz
-inspirada.[101] Estos siete estaban vestidos como los veinticuatro
-primeros; pero no iban coronados de azucenas, sino de rosas y de otras
-flores coloradas; quien los hubiese visto desde algo lejos, habría
-jurado que ardía una llama sobre sus sienes. Cuando el carro estuvo
-frente a mí, se oyó un trueno; y aquellos dignos personajes, como si
-se les hubiera prohibido seguir adelante, se detuvieron allí al mismo
-tiempo que los candelabros.
-
- [96] Las tres virtudes teologales: la Fe, color de nieve; la
- Esperanza, color de esmeralda, y la Caridad, color de fuego.
-
- [97] Las cuatro Virtudes cardinales: Prudencia, Justicia,
- Fortaleza y Templanza. Se suponen tres ojos a la Prudencia:
- con uno mira al pasado, para sacar un recuerdo provechoso;
- con el otro al presente, para no equivocarse al tomar una
- determinación; y con el otro al porvenir, para evitar a tiempo
- el mal y prepararse al bien.
-
- [98] San Lucas.
-
- [99] San Pablo.
-
- [100] Los apóstoles Santiago, Pedro, Juan y Judas, escritores
- de las Epístolas canónicas; y dice de humilde apariencia,
- porque sus escritos son breves.
-
- [101] S. Juan Apóstol, que cuando escribió el Apocalipsis,
- estaba cercano a los noventa años.
-
-[Ilustración]
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-
-[Ilustración]
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-_CANTO TRIGESIMO_
-
-
-Cuando se detuvo el septentrión del primer Cielo, que no conoció
-nunca orto ni ocaso, ni más niebla que el velo que sobre él corrió el
-pecado, y que allí enseñaba a cada cual su deber, como el septentrión
-más bajo lo enseña al que dirige el timón para llegar al puerto, los
-veraces personajes que iban entre el Grifo y los siete candelabros
-se volvieron hacia el carro, como hacia el fin de sus deseos; y uno
-de ellos como enviado del Cielo, exclamó tres veces cantando: "Veni,
-sponsa, de Libano," y todos los demás cantaron lo mismo después de él.
-Así como los bienaventurados, cuando llegue la hora del juicio final,
-se levantarán con presteza de sus tumbas, cantando "Aleluya" con su voz
-recobrada por fin, del mismo modo se elevaron sobre el carro divino,
-"ad vocem tanti senis," cien ministros y mensajeros de la vida eterna.
-Todos decían: "Benedictus qui venis," y después, esparciendo flores por
-encima y alrededor, añadían: "Manibus o date lilia plenis."
-
-Yo he visto, al romper el día, la parte oriental enteramente sonrosada,
-el resto del cielo adornado de una hermosa serenidad, y la faz del Sol
-naciente cubierta de sombras, de suerte que a través de los vapores
-que amortiguaban su resplandor, podía contemplarla el ojo por largo
-tiempo: del mismo modo, a través de una nube de flores que salía de
-manos angelicales y caía sobre el carro y en torno suyo, se me apareció
-una dama coronada de oliva sobre un velo blanco, cubierta de un verde
-manto, y vestida del color de una vívida llama.[102] Mi espíritu, que
-hacía largo tiempo no había quedado abatido, temblando de estupor en
-su presencia, sin que mis ojos la reconocieran, sintió no obstante el
-gran poder del antiguo amor, a causa de la oculta influencia que de
-ella emanaba. En cuanto hirió mis ojos la alta virtud que me había
-avasallado antes de que yo saliera de la infancia, me volví hacia la
-izquierda, con el mismo respeto con que corre el niño hacia su madre,
-cuando tiene miedo, o cuando está afligido, para decir a Virgilio:
-"No ha quedado en mi cuerpo una sola gota de sangre que no tiemble;
-reconozco las señales de mi antigua llama." Pero Virgilio nos había
-privado de sí; Virgilio, el dulcísimo padre, Virgilio, que me había
-sido enviado por aquélla para mi salvación. Ni aun todo lo que perdió
-la antigua madre pudo impedir que mis mejillas enjutas se bañaran en
-triste llanto.
-
- [102] El velo blanco, el manto verde y el vestido color de
- fuego, que adornan a Beatriz, simbolizan las tres Virtudes
- teologales: la corona de oliva indica la Sabiduría.
-
---¡Dante, no llores todavía; no llores todavía porque Virgilio se vaya,
-pues es preciso que llores por otra herida!
-
-Como el almirante que va de popa a proa examinando la gente que monta
-los otros buques, y la anima a portarse bien, del mismo modo sobre el
-borde izquierdo del carro, vi yo, cuando me volví al oír mi nombre,
-que aquí se consigna por necesidad, a la Dama que se me apareció
-anteriormente velada por los halagos angelicales, dirigiendo sus
-ojos hacia mí de la parte acá del río. Aunque el velo que descendía
-de su cabeza, rodeado de las hojas de Minerva, no permitiese que se
-distinguieran sus facciones, con su actitud regia y altiva continuó
-de esta suerte, como aquel que al hablar reserva las palabras más
-calurosas para lo último:
-
---Mírame bien, soy yo; soy en efecto Beatriz, ¿Cómo te has dignado
-subir a este monte? ¿No sabías que el hombre es aquí dichoso?
-
-Mis ojos se inclinaron hacia las limpias ondas; pero viéndome reflejado
-en ellas, los dirigí hacia la hierba: tanta fué la vergüenza que abatió
-mi frente. Parecióme Beatriz tan terrible como una madre irritada a su
-hijo, porque amarga el sabor de la piedad acerba. Ella guardó silencio,
-y los ángeles cantaron de improviso: "In te Domine speravi;" pero
-no pasaron de "pedes meos." Así como la nieve se congela y endurece
-al soplo de los vientos de Esclavonia, entre los árboles que crecen
-sobre el dorso de Italia; y luego se licúa por sí misma, en cuanto
-la tierra que pierde la sombra envía su aliento, semejante al fuego
-que derrite una vela; así me quedé sin lágrimas ni suspiros antes que
-cantasen aquéllos cuyas notas responden siempre a la armonía de las
-esferas celestiales: mas cuando comprendí por sus dulces palabras que
-se compadecían de mí más que si hubiesen dicho: "Mujer, ¿por qué así
-le maltratas?," el hielo que oprimía mi corazón se deshizo en suspiros
-y agua, y junto con mi angustia, salió del pecho por la boca y por los
-ojos. Estando Ella, sin embargo, inmóvil sobre el costado izquierdo del
-carro, dirigió de este modo sus palabras a las compasivas substancias:
-
---Vosotros veláis en el eterno día, de modo que ni la noche ni el
-sueño os roban ninguno de los pasos que da el siglo en su camino: así
-pues, responderé con más cuidado, a fin de que me comprenda el que
-allí llora, y sienta un dolor proporcionado a su falta. No solamente
-por influencia de las grandes esferas que dirigen cada semilla hacia
-algún fin, según la virtud de la estrella que la acompaña, sino también
-por la abundancia de la gracia divina (cuya lluvia desciende de tan
-altos vapores, que no puede alcanzarlos nuestra vista), fué tal ése
-en su edad temprana por natural disposición, que todos los buenos
-hábitos habrían producido en él admirables efectos; pero el terreno
-mal sembrado e inculto se hace tanto más maligno y salvaje, cuanto
-mayor vigor terrestre hay en él. Por algún tiempo le sostuve con mi
-presencia: mostrándole mis ojos juveniles, le llevaba conmigo en
-dirección del camino recto; pero tan pronto como estuve en el umbral
-de la segunda edad, y cambié de vida, ése se separó de mí y se entregó
-a otros amores. Cuando subí desde la carne al espíritu, y hube crecido
-en belleza y virtud, fuí para él menos querida y menos agradable.
-Encaminó sus pasos por una vía falsa, siguiendo tras engañosas imágenes
-del bien, que no cumplen totalmente ninguna promesa: ni siquiera me
-ha valido impetrar para él inspiraciones, por medio de las cuales le
-llamaba en sueños o de otros modos, según el poco caso que de ellas ha
-hecho. Tan abajo cayó, que todos mis medios eran ya insuficientes para
-salvarle, si no le mostraba las razas condenadas. Por él he visitado el
-umbral de los muertos, y dirigí mis ruegos y mis lágrimas al que le ha
-conducido hasta aquí. Se hubiera violado el alto decreto de Dios, si
-pasara el Leteo y gustara tales manjares sin haber pagado alguna parte
-de la penitencia que hace verter lágrimas.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
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-
-
-_CANTO TRIGESIMOPRIMERO_
-
-
-¡Oh tú, que estás a la otra parte del sagrado río!--Empezó de nuevo a
-decir, continuando sin demora, y dirigiéndome de punta sus palabras,
-que aun de filo me habían parecido tan acerbas--; di, di si esto es
-verdad--; a tal acusación es preciso que tu confesión corresponda.
-
-Estaba yo tan confuso, que mi voz conmovida se extinguió antes de salir
-de sus órganos. Ella esperó un momento, y después dijo:
-
---¿En qué piensas? Respóndeme, pues todavía las aguas del Leteo no han
-borrado tus tristes recuerdos.
-
-La confusión y el miedo reunidos me arrancaron de la boca un "sí" tan
-débil, que fué menester el auxilio de la vista para entenderlo. Así
-como se rompe una ballesta por estar demasiado tirantes la cuerda y
-el arco, de modo que la flecha da con menos fuerza en el blanco, así
-yo, quebrantado bajo el peso de tan grave cargo, prorrumpí en lágrimas
-y suspiros, y la voz enflaquecida vino a expirar entre mis labios.
-Entonces Ella me dijo:
-
---En medio de los saludables deseos procedentes de mí, que te
-impulsaban a amar el bien, más allá del cual no hay nada a que aspirar,
-¿qué fosos insuperables o qué cadenas has encontrado para perder de
-tal modo la esperanza de pasar adelante? ¿Y qué ventajas o atractivos
-descubriste en el aspecto de los otros bienes, para que debieras rondar
-en torno de ellos?
-
-Después de haber exhalado un amargo suspiro, apenas tuve bastante voz
-para responder; voz que mis labios formaron con trabajo. Llorando dije:
-
---Las cosas presentes con sus falsos placeres desviaron mis pasos,
-apenas se me ocultó vuestro rostro.
-
-Ella me respondió:
-
---Aunque callases o negases lo mismo que ahora confiesas, no por eso tu
-falta sería menos conocida: ¡tal es el Juez que la sabe! Pero cuando la
-confesión del pecado sale de la propia boca del pecador, la rueda se
-vuelve en nuestro tribunal contra el filo de la espada. Sin embargo,
-para que más te aproveche la vergüenza de tu error, y para que otra
-vez seas más fuerte al oír las sirenas, depón la causa de tu llanto y
-escucha: de este modo sabrás que mi carne sepultada debía encaminarte
-en una dirección totalmente contraria. El arte o la naturaleza no te
-presentaron jamás una cosa tan agradable como los bellos miembros en
-que estuve contenida, miembros que ahora son polvo de la tierra. Y si
-el sumo placer de verme te faltó por mi muerte, ¿qué cosa mortal debía
-excitar después tus deseos? A la primera herida que te causaron las
-cosas falaces del mundo, debiste elevar tus ojos al cielo, siguiéndome
-a mí, que no era ya como ellas. No debían abatirse tus alas para
-esperar allí nuevos golpes, o bien alguna doncellita u otra cualquiera
-vanidad de tan corta duración. El tierno pajarillo cae en dos o tres
-asechanzas; pero ante los ojos de los ya cubiertos de pluma en vano se
-despliegan las redes, en vano se lanzan flechas.
-
-Yo estaba como los niños que, mudos de vergüenza y con los ojos fijos
-en el suelo, escuchan en pie, reconociendo sus faltas, y arrepentidos.
-Ella continuó:
-
---Ya que te muestras tan contrito por lo que has oído, alza la barba, y
-sentirás más dolor mirándome.
-
-Con menos resistencia se desarraiga la robusta encina, bien al embate
-de los vientos boreales, o bien al de aquel que viene del país de
-Jarba, de la que, al oír su orden, opuse yo para levantar la cabeza; y
-cuando dió el nombre de barba a mi rostro, bien conocí el veneno que
-encerraban sus palabras. Por fin, cuando alcé la faz, advertí que las
-primeras criaturas habían cesado de esparcir flores, y mis miradas,
-poco seguras aún, vieron a Beatriz vuelta hacia la fiera que es una
-sola persona con dos naturalezas. Cubierta con su velo, y al otro lado
-de la verde orilla, parecióme que se vencía a sí misma en su primitiva
-belleza, mucho más de lo que vencía a las demás mujeres cuando vivía
-en el mundo. La ortiga del arrepentimiento me punzó tanto, que de
-todas las cosas mortales la que más me desvió de su amor me fué la
-más odiosa: el remordimiento me oprimió el corazón de tal modo, que
-caí desmayado. Lo que me sucedió entonces lo sabe aquélla que fué la
-causa de ello. Cuando el corazón me restituyó la facultad de percibir
-las cosas exteriores, vi por encima de mí a la Dama que antes había
-encontrado sola, y la oí decir:
-
---¡Agárrate, agárrate a mí!
-
-Habíame sumergido en el río hasta la garganta, e impeliéndome tras
-ella, iba caminando sobre el agua con la ligereza de una lanzadera.
-Cuando estuve cerca de la dichosa orilla, oí tan dulcemente "Asperges
-me," que no sabría recordarlo, cuanto menos escribirlo. La hermosa
-Dama abrió sus brazos, rodeó con ellos mi cabeza, y me sumergió de modo
-que hube de beber el agua. Después me sacó fuera, y mojado como estaba
-me presentó a las cuatro bellas bailarinas, cada una de las cuales
-extendió sobre mí su brazo.
-
---Aquí somos ninfas, y en el Cielo estrellas: antes de que Beatriz
-descendiese al mundo fuimos designadas como siervas suyas. Te
-conduciremos ante sus ojos; pero las tres del otro lado, que ven más
-a fondo, aguzarán los tuyos para que percibas la plácida luz que hay
-dentro de ellos.
-
-Así me dijeron cantando; y después me llevaron hacia el pecho del
-Grifo, donde estaba Beatriz vuelta hacia nosotros. En seguida añadieron:
-
---No economices tus miradas: te hemos puesto delante de las esmeraldas,
-desde donde Amor te lanzó un día sus dardos.
-
-Mil deseos más ardorosos que la llama atrajeron mis ojos hacia aquellos
-ojos brillantes, que aún estaban fijos en el Grifo. Como el Sol en
-un espejo, la doble fiera se reflejaba en ellos, ya de un modo, ya
-de otro. Piensa, lector, si yo estaría maravillado al ver tal objeto
-permanecer inalterable en sí mismo, y transformándose en su imagen
-reflejada. Mientras que, llena de estupor y gozosa, mi alma gustaba
-de aquel alimento que, satisfaciéndola, la hacía más deseosa de él,
-aquellas tres, que demostraban en su actitud ser de una jerarquía más
-elevada, se adelantaron danzando al compás de sus angélicos cantares.
-
---Vuelve, Beatriz, vuelve tus ojos santos (tal era su canción) hacia tu
-fiel amigo, que ha dado tantos pasos para verte. Por gracia, haznos la
-gracia de descubrirle tu faz, de modo que contemple la nueva belleza
-que le ocultas.
-
-¡Oh esplendor de viva luz eterna! ¿Quién es el que habiendo palidecido
-a la sombra del Parnaso, o bebido en su fuente, no tendría la mente
-ofuscada, al intentar representarte tal cual apareciste allí donde el
-cielo te circundaba, resonando con su acostumbrada armonía, cuando al
-aire libre te descubriste?
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
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-
-_CANTO TRIGESIMOSEGUNDO_
-
-
-Estaban mis ojos tan fijos y atentos para calmar su sed de diez años,
-que tenía embotados los otros sentidos, encontrando además aquéllos por
-todas partes obstáculos que no les permitían cuidarse de ninguna otra
-cosa; así es que la santa sonrisa los atraía con sus antiguas redes.
-Pero por fuerza me obligaron aquellas diosas a volver la cabeza hacia
-la izquierda, porque les oía decir: "Mira demasiado fijamente;" y la
-disposición en que se encuentran los ojos cuando acaban de ser heridos
-por los rayos del Sol, me dejó por algún tiempo sin vista; mas cuando
-se repusieron los míos ante otro pequeño resplandor (y digo pequeño,
-comparándolo con la gran luz de que me había separado forzosamente), vi
-que el glorioso ejército se había vuelto hacia la derecha, recibiendo
-en el rostro los rayos del Sol y los de las siete llamas. Así como
-para salvarse una cohorte, se retira cobijada bajo los escudos, y se
-vuelve con su estandarte antes de que haya terminado por completo su
-evolución, así la milicia del reino celestial que precedía al carro
-desfiló toda antes de que éste hubiera vuelto su lanza. En seguida las
-mujeres se volvieron a colocar cerca de las ruedas, y el Grifo puso en
-movimiento el carro bendito, de tal modo que no se agitó ninguna de
-sus plumas. La hermosa Dama que me hizo vadear el río, Estacio y yo
-seguíamos a la rueda que describió al girar el arco menor. Caminando de
-esta suerte a través de la alta selva deshabitada por culpa de aquella
-que creyó a la serpiente, ajustaba mis pasos al cántico de los ángeles.
-Una flecha despedida del arco recorre quizá en tres veces el espacio
-que habíamos avanzado, cuando bajó Beatriz. Oí que todos murmuraban:
-"¡Adán!" En seguida rodearon un árbol enteramente despojado de hojas
-y flores en todas sus ramas. Su copa, que se extendía a medida que el
-árbol se elevaba, sería, a causa de su altura, admirada por los indios
-en sus selvas.
-
---¡Bendito seas, oh Grifo, que con tu pico no arrancaste nada de este
-tronco dulce al gusto, después que, por haberlo probado, se inclinó al
-mal el apetito humano!
-
-Así exclamaron todos en derredor del árbol robusto; y el animal de
-doble naturaleza respondió:
-
---De ese modo se conserva la semilla de toda justicia.
-
-Y volviéndose al timón de que había tirado, lo condujo al pie de la
-planta viuda de sus hojas, y dejó atado a ella el carro que era de
-ella. Así como nuestras plantas se ponen turgentes cuando la gran luz
-desciende mezclada con aquella que irradia detrás de los celestes
-Peces, y luego se reviste cada una con su propio color antes que el
-Sol guíe sus caballos bajo otra estrella, de igual modo se renovó el
-árbol cuyas ramas estaban antes tan desnudas, adquiriendo colores menos
-vivos que los de la rosa, pero más que los de la violeta. Yo no pude
-entender, ni aquí abajo se canta, el himno que aquella gente entonó
-entonces, ni tampoco pude oír todo el canto hasta el fin. Si me fuera
-posible describir cómo se adormecieron aquellos desapiadados ojos
-que tan cara pagaron su excesiva vigilancia, oyendo las aventuras de
-Siringa, representaría, como un pintor que copia un modelo, el modo
-como me dormí; pero hágalo quienquiera que sepa figurar bien el sueño.
-
-Paso, pues, al momento en que me desperté, y digo que un resplandor
-desgarró el velo de mi sueño, al mismo tiempo que me gritaba una
-voz: "Levántate; ¿qué haces?" Como Pedro, Juan y Jacobo, conducidos
-a ver las florecitas del manzano, que hace a los ángeles codiciosos
-de su fruta y perpetuas las bodas en el cielo; y aterrados por el
-esplendor divino, volvieron en sí al oír la palabra que ha interrumpido
-sueños mayores, y vieron su compañía mermada por la ausencia de
-Moisés y Elías, y cambiada la túnica de su Maestro, así desperté yo,
-viendo inclinada sobre mí a aquella compasiva mujer que había guiado
-anteriormente mis pasos por el río; lleno de inquietud dije:
-
---¿Dónde está Beatriz?
-
-A lo que me contestó:
-
---Mírala sentada sobre las raíces y bajo el nuevo follaje de ese árbol.
-Mira la compañía que la rodea: los otros se van hacia arriba tras el
-Grifo, entonando cánticos más dulces y más profundos.
-
-Ignoro si fué más difusa su respuesta; porque se hallaba otra vez ante
-mis ojos aquella que me impedía fijar la atención en ninguna otra cosa.
-Estaba sentada ella sola en la tierra verdadera, como dejada allí
-para custodiar el carro que vi atar a la biforme fiera. En torno suyo
-formaban un círculo las siete Ninfas, teniendo en las manos aquellas
-luces que no puede apagar el Aquilón ni el Austro.
-
---Poco tiempo habitarás esta selva, y serás eternamente conmigo
-ciudadano de aquella Roma donde Cristo es romano. Por lo tanto, fija
-tus ojos en este carro para bien del mundo que vive mal, y cuando
-vuelvas a él, escribe lo que has visto.
-
-Así habló Beatriz; y yo, enteramente sumiso a sus órdenes, puse mi
-mente y mis ojos donde ella quiso. Nunca tan velozmente partió el
-rayo de condensada nube, cuando cae del más remoto confín del aire,
-como vi yo al ave de Júpiter precipitarse y bajar por el árbol,
-rompiendo su corteza, ya que no las flores y hojas nuevas: y con toda
-su fuerza hirió al carro, y le hizo vacilar, como nave combatida por
-la tempestad, que las olas derriban, ora a babor, ora a estribor. Vi
-luego introducirse en el carro triunfal una zorra, que parecía no haber
-tomado jamás ningún buen alimento: pero reprendiéndole mi Dama sus feas
-culpas, la obligó a huír tan precipitadamente como lo permitieron sus
-descarnados huesos. En seguida, por donde mismo había venido antes,
-vi al águila descender a la caja del carro, y dejarla cubierta de sus
-plumas: y semejante a la voz que sale de un corazón contristado, salió
-del cielo una voz que dijo: "¡Ay, navecilla mía, cuán mal cargada
-estás!" Después me pareció que se abría la tierra entre las dos
-ruedas, y vi salir un dragón que hincó su maligna cola en el carro, y
-retirándola luego como la avispa su aguijón, se llevó consigo una parte
-del fondo, y se alejó muy contento. Lo que quedó del carro, como la
-tierra fértil que se cubre de grama, se cubrió de la pluma ofrecida por
-el águila quizá con intención casta y benigna; y de ella se cubrieron
-una y otra rueda y la lanza en menos tiempo del que mantiene un suspiro
-la boca abierta. Transformado de esta suerte el edificio santo,
-salieron de sus diversas partes varias cabezas, tres de ellas sobre la
-lanza, y las restantes una en cada ángulo. Las primeras tenían cuernos
-como los bueyes; pero las otras sólo tenían un cuerno por frente: jamás
-se han visto semejantes monstruos.
-
-Tan segura como una fortaleza sobre una alta montaña, vi sentada en
-el carro a una prostituta desenvuelta, paseando sus miradas en torno
-suyo. Y como para impedir que se la quitaran, vi un gigante colocado
-en pie junto a ella, y ambos se besaban de vez en cuando; más habiendo
-ella vuelto hacia mí sus ojos codiciosos y errantes, el feroz amante
-la azotó desde la cabeza a los pies. Después, lleno de suspicacia y
-de cruel ira, desató el monstruoso carro, y lo arrastró tan lejos por
-la selva, que tras de ella se ocultaron a mi vista la prostituta y la
-nueva fiera.
-
-[Ilustración]
-
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-
-[Ilustración]
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-
-_CANTO TRIGESIMOTERCIO_
-
-
-Las mujeres comenzaron llorosas una dulce salmodia, cantando
-alternativamente, ya las tres, ya las cuatro: "Deus, venerunt
-gentes."[103] Y Beatriz, suspirando compasiva, las escuchaba tan
-abatida, que poco más lo estuvo María al pie de la Cruz. Pero cuando
-las otras vírgenes le dieron ocasión de hablar, poniéndose en pie,
-respondió encendida como el fuego:
-
---"Modicum, et non videbitis me; et iterum," mis queridas hermanas,
-"modicum, et vos videbitis me."[104]
-
- [103] Cantan, alternando, los versículos del salmo LXXVIII,
- que el poeta aplica en este lugar a las desventuras de la
- Iglesia cristiana.
-
- [104] "Dentro de poco no me veréis: pero dentro de otro poco
- me veréis." Palabras de Jesús, en el Evangelio de San Juan,
- prediciendo su próxima muerte y su resurrección.
-
-Después reunió ante sí a todas siete, y con sólo un ademán, nos hizo
-marchar tras ellas a mí, a la Dama, y al sabio que quedó en nuestra
-compañía. Así se alejaba, y no creo que hubiese dado diez pasos,
-cuando hirió mis ojos con sus ojos, y con aspecto tranquilo me dijo:
-
---Ven más de prisa, de modo que si hablo contigo, estés dispuesto a
-escucharme.
-
-Cuando estuve cerca de ella, como debía, añadió:
-
---Hermano, ¿por qué, viniendo conmigo, no te atreves a preguntarme algo?
-
-Me sucedió lo que a aquellos que, por excesiva reverencia, al hablar
-con sus superiores, no pueden hacer salir con viveza las palabras de
-entre sus dientes, y contesté balbuceando:
-
---Señora, vos conocéis mis necesidades y lo que les conviene.
-
-Contestóme:
-
---Quiero que en adelante te despojes de ese temor y esa vergüenza, para
-que no hables como hombre que sueña. Sabe que el vaso que rompió la
-serpiente fué y no es; pero crea el culpable que la venganza de Dios no
-se vence con sortilegios. El águila que dejó sus plumas en el carro,
-convirtiéndolo en un monstruo y después en una presa, no estará siempre
-sin herederos; pues veo ciertamente, y por eso lo refiero, algunas
-estrellas ya cercanas a un tiempo seguro de todo obstáculo y de todo
-impedimento, en el cual un quinientos diez y cinco,[105] enviado por
-Dios, destruirá a la ramera, y a aquel gigante que con ella delinque.
-Y quizá mi predicción obscura, como los oráculos de Temis y de la
-Esfinge, no te persuade, porque, como ellos, ofusca el entendimiento;
-pero en breve los hechos serán las Náyades que resuelvan este difícil
-enigma, sin temor por los ganados y los trigos. Anota estas palabras,
-y tales como salen de mis labios enséñaselas a los que viven con
-aquella vida que no es más que una rápida carrera hacia la muerte:
-acuérdate además, cuando las escribas, de no ocultar cómo has visto
-la planta, que ha sido robada dos veces. Quien la despoja o la rompe
-ofende con una blasfemia de hecho a Dios, que la hizo santa sólo para
-su uso. Por haber mordido su fruto, la primera alma aguardó en el dolor
-y en el deseo durante cinco mil años y más al que en sí mismo castigó
-aquel bocado. Tu espíritu está adormecido, si no comprende que sólo por
-una causa singular es aquel árbol tan alto, y tan anchurosa su copa: y
-si los vanos pensamientos no hubiesen sido alrededor de tu mente como
-las aguas del Elsa, y el placer que te causaron no la hubiera manchado
-como Píramo manchó la mora, sólo por tantas circunstancias reconocerías
-moralmente la justicia de Dios en la prohibición de tocar aquel árbol.
-Mas como veo tu inteligencia petrificada y tan obscurecida por el
-pecado, que te deslumbra el brillo de mis palabras, quiero que te las
-lleves, si no escritas, al menos estampadas en ti mismo, por aquel
-motivo que el peregrino lleva el bordón rodeado de palmas.
-
- [105] Esto es, un DXV, letras que transportadas equivalen a un
- DVX, o Capitán, o, como otros quieren, iniciales abreviativas
- de Dante Xristi Vertagus, Domini Xristi Vicarius, Dominus
- Xristi Victor o Vitor, etc.
-
-Le contesté:
-
---Así como la cera conserva inalterable la imagen que en ella imprime
-el sello, del mismo modo la vuestra ha quedado grabada en mi cerebro.
-Pero ¿por qué vuestra deseada palabra se eleva tanto sobre mi
-entendimiento, que cuanto más procura comprenderla menos lo consigue?
-
---Para que conozcas--dijo--aquella escuela que has seguido, y cómo ha
-de poder su doctrina seguir a mis palabras; y veas que vuestro camino
-se separa tanto del divino, cuanto de la Tierra dista el cielo que gira
-más velozmente a la mayor altura.
-
-Entonces le respondí:
-
---No recuerdo haberme alejado jamás de vos, ni me remuerde por ello la
-conciencia.
-
---Es que tú no puedes recordarlo--me dijo sonriéndose--; acuérdate de
-que has bebido las aguas del Leteo; y si del humo se deduce el fuego,
-de ese olvido se infiere claramente que tu voluntad, ocupada en otras
-cosas, era culpable. Pero en adelante serán mis palabras tan desnudas
-cuanto es preciso descubrirlas a tu rudo entendimiento.
-
-El Sol, más resplandeciente y con pasos más lentos, atravesaba el
-círculo del Meridiano, que cambia de posición según de donde se mira,
-cuando al extremo de una opaca umbría, semejante a las que se ven bajo
-las verdes hojas y las negruzcas ramas por donde llevan los Alpes sus
-fríos riachuelos, se detuvieron las siete mujeres, como se detiene la
-tropa que va de avanzada, si encuentra alguna novedad en su camino.
-Ante ellas me pareció ver salir el Tigris y el Eufrates de un mismo
-manantial, y como amigos separarse lentamente.
-
---¡Oh luz!, ¡oh gloria de la raza humana! ¿Qué agua es esta que mana de
-una misma fuente, y dividida, se aleja una de otra?
-
-A tal pregunta se me contestó:
-
---Ruega a Matilde que te lo diga.
-
-Y la hermosa Dama respondió como aquel que se disculpa:
-
---Ya le he dicho esta y otras varias cosas; y estoy segura de que el
-agua del Leteo no se las ha hecho olvidar.
-
-Beatriz añadió:
-
---Quizá un interés mayor, de esos que muchas veces quitan la memoria,
-ha obscurecido su mente con respecto a los demás objetos. Pero mira
-el Eunoe, que por allí se desliza; condúcele hacia él, y según
-acostumbras, reanima su amortecida virtud.
-
-Como una alma gentil que de nada se excusa, sino que adapta su voluntad
-a la de los otros en cuanto se la dan a conocer por medio de alguna
-seña, de igual suerte se puso en marcha la bella Dama en cuanto estuve
-a su lado, y dijo a Estacio con su gracia femenil:
-
---Ven con él.
-
-Lector, si dispusiera de mayor espacio para escribir, cantaría en parte
-la dulzura de las aguas de que no me habría saciado nunca; pero como
-están ya llenos todos los papeles dispuestos para este segundo cántico,
-el freno del arte no me deja ir más allá.
-
-Volví de aquellas sacrosantas ondas tan reanimado como las plantas
-nuevas, renovadas con nuevas hojas, purificado y dispuesto para subir a
-las estrellas.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_PARAISO_
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO PRIMERO_
-
-
-La gloria de Aquél que todo lo mueve se difunde por el universo, y
-resplandece en unas partes más y en otras menos. Yo estuve en el
-cielo que recibe mayor suma de su luz, y vi tales cosas, que ni sabe
-ni puede referirlas el que desciende de allá arriba; porque nuestra
-inteligencia, al acercarse al fin de sus deseos, profundiza tanto, que
-la memoria no puede volver atrás. Sin embargo, todo cuanto mi mente
-haya podido atesorar de lo concerniente al reino santo, será en lo
-sucesivo objeto de mi cántico.
-
-¡Oh buen Apolo! Haz de mí para este último trabajo un vaso lleno de tu
-valor, tal como lo exiges para conceder tu laurel amado; pues si hasta
-aquí tuve bastante con una cima del Parnaso, ahora necesito las dos
-para entrar en el resto de mi carrera. Entra en mi seno, e inspírame el
-aliento de que estabas poseído cuando sacaste los miembros de Marsias
-fuera de su piel.
-
-¡Oh divina virtud! Si te prestas a mí, de modo que yo pueda poner de
-manifiesto la sombra del reino bienaventurado estampada en mi cabeza,
-me verás acudir a tu árbol querido y coronarme entonces de aquellas
-hojas; pues el asunto de mi canto y tu favor me harán digno de ello.
-
-Tan pocas veces, ¡oh Padre!, se recoge el lauro del triunfo, ya como
-César, ya como poeta (por culpa y vergüenza de la humana voluntad), que
-cuando alguno arde en deseos de alcanzarlo, el follaje penéico debería
-difundir la alegría en la feliz deidad délfica. A una pequeña chispa
-sigue una gran llama: quizá después de mí habrá quien ruegue con mejor
-voz para que responda Cirra.
-
-La lámpara del mundo se presenta a los mortales por diferentes
-aberturas; pero cuando se deja ver por aquella en que se unen cuatro
-círculos formando tres cruces, entonces sale con mejor curso y con
-mejor estrella, y modela y sella más a su modo la cera de nuestro
-mundo. Por aquella abertura se había hecho allí de día, y aquí de
-noche: casi todo aquel hemisferio estaba ya blanco, y la otra parte
-negra, cuando vi a Beatriz vuelta hacia el lado izquierdo, mirando
-al Sol; jamás lo ha mirado un águila con tanta fijeza. Y así como un
-segundo rayo sale del primero, y se remonta a lo alto, semejante al
-peregrino que quiere volverse, así la acción de Beatriz, penetrando
-por mis ojos en mi imaginación, originó la mía, y fijé los ojos en
-el Sol contra nuestra costumbre. Muchas cosas son allí permitidas a
-nuestras facultades, que no lo son aquí, por ser aquel lugar creado
-para residencia propia de la especie humana. Me fué imposible mirar
-por mucho tiempo al Sol; pero no tan poco, que no le viera centellear
-en torno suyo, como el hierro que sale candente del fuego; y de pronto
-me pareció que un nuevo día se unía al día, como si Aquél que puede
-hubiese adornado el Cielo con otro Sol.
-
-Beatriz miraba fijamente las eternas esferas, y yo fijé mis ojos en
-ella, desviándolos de allá arriba: contemplándola, me transformé
-interiormente, como Glauco al gustar la hierba que le hizo en el mar
-compañero de los otros Dioses. No es posible significar con palabras el
-acto de pasar a un grado superior la naturaleza humana; pero baste el
-citado ejemplo a quien la gracia divina reserve tal experiencia.
-
-¡Oh Amor, que gobiernas el cielo! Tú, que me elevaste con tu luz, sabes
-si yo era entonces solamente aquella parte de mí que primero creaste.
-Cuando la rotación de los cielos, que eternizas por el deseo que estos
-tienen de poseerte, atrajo mi atención con su armonía, que regularizas
-y distribuyes, me pareció que entonces se encendía con la llama del Sol
-tanto espacio del cielo, que ni las lluvias ni los ríos han ocasionado
-jamás tan extenso lago. La novedad de los sonidos y tan gran resplandor
-me abrasaron de tal modo en el deseo de conocer su causa, que jamás he
-sentido tan punzante aguijón. Así es que Ella, que veía mi interior
-como yo mismo, abrió su boca para calmar mi excitado ánimo, antes que
-yo la abriera para preguntarle, y empezó a decir:
-
---Tú mismo te atontas con tus falsas ideas, de tal modo que no ves lo
-que verías si las hubieras desechado. No estás ya en la Tierra, según
-te figuras: el rayo, huyendo de la región donde se forma, no corre tan
-velozmente como tú asciendes hacia ella.
-
-Si vi desvanecida mi primera duda, gracias a sus palabras sonrientes y
-breves, me vi en cambio más envuelto en otra nueva, y dije:
-
---Ya me contemplo con placer libre de mi primitiva admiración; mas
-ahora me asombra cómo es que puedo atravesar por entre estos cuerpos
-leves.
-
-Por lo cual Beatriz, lanzando un piadoso suspiro, dirigió hacia mí sus
-ojos con aquel aspecto de que se reviste la madre al oír un desvarío de
-su hijo, y repuso:
-
---Todas las cosas guardan un orden entre sí; y este orden es la forma,
-que hace al universo semejante a Dios. Aquí ven las altas criaturas el
-signo de la eterna sabiduría, que es el fin para que se ha creado el
-orden antedicho. En el de que hablo, todas las naturalezas propenden y,
-según su diversa esencia, se aproximan más o menos a su principio. Así
-es que se dirigen a diferentes puertos por el gran mar del sér, y cada
-una con el instinto que se le concedió para que la lleve al suyo. Este
-instinto es el que conduce al fuego hacia la Luna; el que promueve los
-primeros movimientos del corazón de los mortales, y el que concentra y
-hace compacta a la Tierra. Y este arco se dispara, no tan sólo contra
-las criaturas desprovistas de inteligencia, sino contra las que tienen
-inteligencia y amor. La Providencia, que todo lo ordena, hace con su
-luz que esté tranquilo el cielo en el que gira aquél que tiene mayo
-velocidad: allí es donde ahora, como a sitio designado, nos lleva la
-virtud de la cuerda de aquel arco que dirige todo cuanto despide hacia
-un objeto agradable. Bien es verdad que, así como la forma no guarda
-muchas veces armonía con las intenciones del arte, porque la materia
-es sorda para contestar, así de esta dirección se desvía tal vez la
-criatura, que tiene el poder de inclinarse hacia otro lado, por más
-que esté impulsada de aquel modo, y cae (como se puede ver caer el
-fuego desde una nube), si su primer impulso la tuerce hacia la Tierra
-por un falso placer. No debes, pues, a lo que pienso, admirarte más
-de tu ascensión, que de ver a un río descender desde lo alto de una
-montaña hasta su base. Lo maravilloso en ti sería que, libre de todo
-obstáculo, te hubieras sentado abajo, como lo sería el que la viva
-llama permaneciese quieta y apegada a la Tierra.
-
-Dicho esto, elevó sus ojos al Cielo.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO SEGUNDO_
-
-
-¡Oh vosotros, que, deseosos de escucharme, habéis seguido en una
-pequeña barca tras de mi bajel que navega cantando, virad para ver de
-nuevo vuestras playas! No os internéis en el piélago, porque quizá,
-perdiéndome yo, quedaríais perdidos. El agua por donde sigo no fué
-jamás recorrida; Minerva sopla en mi vela, Apolo me conduce y las
-nueve Musas me enseñan las Osas. Y vosotros los que, en corto número,
-levantasteis ha tiempo las miradas hacia el pan de los ángeles, del
-cual se vivo aquí pero sin que nadie quede harto, bien podéis dirigir
-vuestra nave por el alta mar, siguiendo mi estela sobre el agua que
-se reúne en breve. Aquellos gloriosos héroes que pasaron a Colcos
-no se admiraron cuando vieron a Jasón convertido en boyero, como os
-admiraréis ahora vosotros. La innata y perpetua sed del deiforme reino
-nos hacía ir tan veloces como veloz veis al mismo cielo. Beatriz miraba
-hacia arriba, y yo la miraba a ella; y quizá en menos tiempo del en
-que se coloca un dardo, y se despide del arco y vuela, me vi llegado
-a un punto donde una cosa admirable atrajo mis miradas: por lo cual,
-Aquélla para quien no podían estar ocultos mis sentimientos, vuelta
-hacia mí tan agradable como bella, me dijo:
-
---Eleva tu agradecida mente hacia Dios, que nos ha transportado a la
-primera estrella.
-
-Parecíame que se extendiese sobre nosotros una nube lúcida, densa,
-sólida y bruñida, como un diamante herido por los rayos del Sol.
-La eterna margarita nos recibió dentro de sí, como el agua que,
-permaneciendo unida, recibe un rayo de luz. Si yo era cuerpo, y si en
-la Tierra no se concibe cómo una dimensión pueda admitir a otra, según
-debe suceder si un cuerpo penetra en otro, debería abrasarnos mucho
-más el deseo de contemplar aquella esencia, en que se ve cómo Dios y
-nuestra naturaleza se unieron. Allí se verá esto que creemos por la fe;
-pero sin demostración alguna, pues será conocido por sí mismo, como la
-primera verdad en que el hombre cree. Yo respondí:
-
---Señora, con tanto reconocimiento como cabe en mí, doy gracias a Aquél
-que me ha alejado del mundo mortal. Pero decidme: ¿qué son las obscuras
-señales de este cuerpo, que allá abajo en la Tierra dan ocasión a
-algunos para inventar patrañas sobre Caín?[106]
-
- [106] Las manchas de la Luna, que, según el vulgo, eran Caín
- con un haz de leña.
-
-Sonrióse un poco, y después me dijo:
-
---Si la opinión de los mortales se extravía donde la llave de los
-sentidos no puede abrir, no deberían en verdad punzarte desde ahora
-las flechas de la admiración; pues ves que, si la razón sigue a los
-sentidos, debe tener muy cortas las alas; pero dime qué es lo que tú
-piensas con respecto a esto.
-
-Le contesté:
-
---Lo que aquí arriba me parece de diferente forma, creo que debe ser
-producido por cuerpos enrarecidos y por cuerpos densos.
-
-Ella repuso:
-
---Verás de un modo cierto que tu creencia está basada en una idea
-falsa, si escuchas bien el argumento que voy a oponerte. La octava
-esfera os muestra muchas luces, las cuales puede verse que presentan
-aspectos diferentes así en calidad como en cantidad. Si esto fuera
-efecto solamente del enrarecimiento y la densidad, en todas ellas
-habría una sola e idéntica virtud, aunque distribuida en más o menos
-abundancia y proporcionalmente a sus respectivas masas. Siendo diversas
-las virtudes, necesariamente han de ser fruto de principios formales;
-y éstos, menos uno, quedarían destruídos por tu raciocinio. Además,
-si el enrarecimiento fuese la causa de aquellas manchas acerca de las
-cuales me preguntas, entonces o el planeta estaría en algunos puntos
-privado de su materia de parte a parte, o bien del modo que en un
-cuerpo alternan lo graso y magro, así el volumen de éste se compondría
-de hojas diferentes. Si fuese cierto lo primero, se manifestaría en
-los eclipses de Sol, porque la luz de éste pasaría a través de la
-Luna, como atraviesa por cualquier cuerpo enrarecido. Esto no es así:
-por lo tanto hemos de examinar el otro supuesto; y si llego también
-a anularlo, verás demostrado lo falso de tu opinión. Si ese cuerpo
-enrarecido no llega de un lado a otro de la Luna, es preciso que
-termine en algún punto donde su contrario no deje pasar la luz, y que
-el otro rayo reverbere desde allí, como el color se refleja en un
-cristal que está forrado de estaño. Pero tú dirás que el rayo aparece
-aquí más obscuro que en otras partes, porque se refracta desde mayor
-profundidad. De esta réplica puede librarte la experiencia, si haces
-uso de ella alguna vez, por ser la fuente de donde manan los arroyos
-de vuestras artes. Toma tres espejos: coloca dos de ellos delante de ti
-a igual distancia, y el otro un poco más lejos: después fija tus ojos
-entre los dos primeros. Vuelto así hacia ellos, dispon que a tu espalda
-se eleve una luz que ilumine los tres espejos, y vuelva a ti reflejada
-por todos: entonces, aun cuando la luz reflejada sea menos intensa
-en el más distante, verás que resplandece igualmente en los tres.
-Desvanecido ya el primer error de tu entendimiento, como a impulso de
-los cálidos rayos se desvanecen el color y el frío primitivos de la
-nieve, quiero mostrarte ahora una luz tan viva, que apenas aparezca
-sentirás sus destellos. Dentro del Cielo de la divina paz se mueve un
-cuerpo, en cuya virtud reside el ser de todo su contenido. El Cielo
-siguiente, que tiene tantas estrellas, distribuye aquel sér entre
-diversas esencias, distintas de él y que en él están contenidas. Los
-demás cielos, por varios y diferentes modos, disponen para sus fines
-aquellas cosas distintas que hay en cada uno, y sus influencias. Estos
-órganos del mundo van así descendiendo de grado en grado, como ahora
-ves, de suerte que adquieren del superior la virtud que comunican al
-inferior. Repara bien cómo voy por este camino hacia la verdad que
-deseas, a fin de que después sepas por ti solo vencer toda dificultad.
-El movimiento y la virtud de las sagradas esferas deben proceder de
-los bienaventurados motores, como del artífice procede la obra del
-martillo. Aquel cielo, al que tantas luces hermosean, recibe forma
-y virtud de la inteligencia profunda que lo mueve, y se transforma
-en su sello. Y así como el alma dentro de vuestro polvo se extiende
-a los diferentes miembros, aptos para distintas facultades, así la
-inteligencia despliega por las estrellas su bondad multiplicada,
-girando sobre su unidad. Cada virtud se une de distinto modo con el
-precioso cuerpo a quien vivifica, y en el cual se infunde como en
-vosotros la vida. Por la plácida naturaleza de donde se deriva, esa
-virtud mezclada a los cuerpos celestes brilla en ellos, como la alegría
-en una pupila ardiente. De ella procede la diferencia que se observa
-de luz a luz, y no de los cuerpos densos y enrarecidos; ella es el
-principio formal que produce lo obscuro y lo claro, según su bondad.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-_CANTO TERCERO_
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-Aquel Sol que primeramente abrasó de amor mi corazón[107] me había
-descubierto, con sus pruebas y refutaciones, el dulce aspecto de una
-hermosa verdad; y yo, para confesarme desengañado y persuadido, levanté
-la cabeza, tanto como era necesario a fin de declararlo resueltamente.
-Pero apareció una visión, la cual haciéndose perceptible me atrajo
-de tal modo hacia sí, que ya no me acordé de mi confesión. Así como
-a través de cristales tersos y transparentes o de aguas nítidas y
-tranquilas, aunque no tan profundas que se obscurezca el fondo,
-llegan a nuestra vista las imágenes tan debilitadas, que una perla en
-una frente blanca no la distinguirían más débilmente nuestros ojos,
-así vi yo muchos rostros prontos a hablarme; por lo cual caí en el
-error contrario a aquel que inflamó el amor entre un hombre y una
-fuente.[108] En cuanto las distinguí, creyendo que fuesen imágenes
-reflejadas en un espejo, volví los ojos para ver los cuerpos a que
-correspondían; y como nada vi, los dirigí de nuevo hacia delante,
-fijándolos en mi dulce Guía, que sonriéndose despedía vívidos destellos
-de sus santos ojos.
-
- [107] Beatriz.
-
- [108] Alude a la fábula de Narciso.
-
---No te asombres porque me sonría de tu pueril pensamiento--me dijo--;
-pues no se apoya todavía tu pie sobre la verdad, y como de costumbre,
-te inclina a las ilusiones. Esas que ves son verdaderas substancias,
-relegadas aquí por haber faltado a su votos. Por consiguiente, habla
-con ellas, y oye y cree lo que te digan; pues la verdadera luz que las
-regocija no permite que se tuerzan sus pasos.
-
-Y yo me dirigí a la sombra que parecía más dispuesta a hablar, y empecé
-a decirle, como hombre a quien su mismo deseo le quita el valor.
-
---¡Oh espíritu bien creado, que bajo los rayos de la vida eterna
-sientes la dulzura que no se comprende nunca si no se ha gustado! Me
-será muy grato que te dignes decirme tu nombre y cuál es vuestra suerte.
-
-A lo que contestó pronta y con risueños ojos:
-
---Nuestra caridad nunca cierra sus puertas a un deseo justo, siendo
-como aquella que quiere que se le asemeje toda su corte. Yo fuí en el
-mundo una virgen religiosa; y si tu mente me contempla bien, no me
-ocultará a tus recuerdos el ser hoy la más bella, sino que reconocerás
-que yo soy Piccarda: colocada aquí con estos otros bienaventurados,
-soy como ellos bienaventurada en la esfera más lenta. Nuestros afectos
-a quienes sólo inflama el amor del Espíritu Santo, se regocijan en el
-orden designado por él, y nos ha cabido en suerte este sitio que parece
-tan bajo, porque descuidamos nuestros votos, y en parte no fueron
-observados.
-
-A lo que le contesté:
-
---En vuestros admirables rostros resplandece no sé qué de divino, que
-cambia el primer aspecto que de vosotras se ha conservado. Por eso no
-fuí más presto en recordar; pero ahora viene en mi ayuda lo que tú me
-dices, de suerte que me es más fácil reconocerte. Mas dime: vosotras
-que sois aquí felices ¿deseáis estar en otro lugar más elevado para ver
-más o para haceros más amigas?
-
-Sonrióse un poco mirando a las otras sombras, y en seguida me respondió
-tan placentera, que parecía arder en el primer fuego del amor:
-
---Hermano, la virtud de la caridad calma nuestra voluntad, y esa virtud
-nos hace querer solamente lo que tenemos, y no apetecer nada más. Si
-deseáramos estar más elevadas, nuestro anhelo estaría en desacuerdo
-con la voluntad de Aquél que nos reúne aquí; desacuerdo que no admiten
-las esferas celestiales, como verás si consideras bien que aquí es
-condición necesaria estar unidas a Dios por medio de la caridad, y
-la naturaleza de esta misma caridad. También es esencial a nuestra
-existencia bienaventurada uniformar la propia voluntad a la de Dios, de
-modo que nuestras mismas voluntades se refundan en una. Así es que al
-estar como estamos distribuídas de grado en grado por este reino, place
-a todo él, porque place al Rey cuya voluntad forma la nuestra. En su
-voluntad está nuestra paz; ella es el mar adonde va a parar todo lo que
-ha creado, o lo que hace la naturaleza.
-
-Entonces comprendí claramente por qué en el Cielo todo es Paraíso, por
-más que la gracia del Supremo Bien no llueva en todas partes por igual.
-Pero, así como suele suceder que un manjar nos sacie, y que sintamos
-aún apetito por otro, de suerte que pedimos éste y rechazamos aquél,
-así hice yo con el gesto y la palabra para saber por ella cuál fué el
-tejido cuya lanzadera no continuó manejando hasta el fin.
-
---Una virtud perfecta, un mérito eminente colocan en un cielo más alto
-a una mujer[109]--me dijo--, según cuya regla se lleva allá abajo en
-vuestro mundo el hábito y el velo monacal, a fin de que hasta la muerte
-se viva noche y día con aquel esposo, a quien es grato todo voto que la
-caridad hace conforme a su deseo. Por seguirla, huí del mundo jovencita
-aún, y me encerré en su hábito, y prometí observar la regla de su
-orden. Posteriormente, algunos hombres, más habituados al mal que al
-bien, me arrebataron de la dulce clausura. ¡Dios sabe cuál fué después
-mi vida!... Lo que digo de mí, entiende que lo digo asimismo de esta
-otra alma esplendente que te se muestra a mi derecha, y en quien brilla
-toda la luz de nuestra esfera: monja fué, y también le arrebataron
-de la cabeza la sombra de las sagradas tocas; pero cuando volvió al
-mundo, contra su gusto y contra ley, no se despojó jamás del velo de su
-corazón. Esa es la luz de la gran Constanza, que del segundo príncipe
-poderoso de la casa de Suabia engendró al tercero, última potencia de
-esta raza.
-
- [109] Santa Clara, a cuya orden pertenecía Piccarda.
-
-Así me habló y empezó después a cantar "Ave María," y cantando
-desapareció, como una cosa pesada a través del agua profunda. Mi vista,
-que la siguió tanto cuanto le fué posible, después que la perdió,
-se volvió hacia el objeto de su mayor deseo, y se fijó enteramente
-en Beatriz; pero ésta lanzó tales fulgores sobre mi mirada, que no
-los pude sufrir en el primer momento, por cuya causa tardé más en
-preguntarle.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO CUARTO_
-
-
-Un hombre libre de elegir entre dos manjares igualmente distantes de
-él y que exciten del mismo modo su apetito, moriría de hambre antes de
-llevarse a la boca uno de ambos. De igual suerte permanecería inmóvil
-un cordero entre dos hambrientos lobos, temiéndoles igualmente, o un
-perro entre dos gamos. Por esta razón no me culpo ni me alabo de haber
-callado, teniéndome en suspenso igualmente dos dudas; pues mi silencio
-era necesario. Yo callaba; pero tenía pintado en el rostro mi deseo, y
-en él aparecía más clara mi pregunta que si la hubiera expresado por
-medio de palabras. Beatriz hizo lo que Daniel al librar a Nabucodonosor
-de aquella cólera que le había hecho cruel injustamente, y me dijo:
-
---Bien veo cómo te atrae uno y otro deseo, de modo que tu curiosidad
-se liga a sí misma de tal suerte, que no se manifiesta con palabras.
-Tú raciocinas así: si la buena voluntad persevera, ¿por qué razón
-la violencia ajena ha de disminuir la medida de mi mérito? También
-te ofrece motivo de duda el que las almas al parecer vuelvan a las
-estrellas, según la sentencia de Platón. Tales son las cuestiones
-que pesan igualmente sobre tu voluntad; pero antes me ocuparé en lo
-que tiene más hiel. El serafín que más goce de Dios, Moisés, Samuel,
-cualquiera de los dos Juanes que quieras escoger, María misma, no
-tienen su asiento en un cielo distinto de aquel donde moran esos
-espíritus que aquí te han aparecido, ni su estado de beatitud tiene
-fijada más ni menos duración, sino que todos embellecen el primer
-círculo, y gozan de una vida diferentemente feliz, según que sienten
-más o menos el Espíritu eterno. Aquí se te aparecieron, no porque les
-haya tocado en suerte esta esfera, sino para significar que ocupan en
-la celestial la parte menos elevada. Así es preciso hablar a vuestro
-espíritu, porque sólo comprende por medio de los sentidos lo que hace
-después digno de la inteligencia. Por eso la Escritura, atemperándose
-a vuestras facultades, atribuye a Dios pies y manos, mientras que
-ella lo ve de otro modo; y la Santa Iglesia os representa bajo formas
-humanas a Gabriel y a Miguel y al que sanó a Tobías. Lo que Timeo dice
-acerca de las almas no es figurado, como aquí se ve, pues parece que
-siente lo que afirma. Dice que el alma vuelve a su estrella, creyendo
-que se desprendió de ella cuando la naturaleza la unió a su forma. Tal
-vez su opinión sea diferente de lo que expresan sus palabras, y es
-posible que la intención de éstas no sea irrisoria. Si quiere decir
-que la influencia operada por las estrellas se convierte en honor o
-en vituperio de las mismas, quizá haya dado su flecha en el blanco de
-una verdad. Este principio, mal comprendido, extravió a casi todo el
-mundo, haciendo que corriese a invocar a Júpiter, a Mercurio y a Marte.
-La otra duda que te agita tiene menos veneno, porque su malignidad no
-te podría alejar de mí. Que nuestra justicia parezca injusta a los
-ojos de los mortales, es un argumento de fe y no de herética malicia;
-pero como puede vuestro discernimiento penetrar bien esta verdad, te
-dejaré satisfecho según deseas. Si hay verdadera violencia cuando el
-que la sufre no se adhiere en nada a aquel que la comete, aquellas
-almas no pueden servirse de ella como excusa; porque la voluntad, si
-no quiere, no se aquieta, sino que hace lo que naturalmente hace el
-fuego, aunque la tuerzan mil veces con violencia. Por lo cual, si la
-voluntad se doblega poco o mucho, sigue a la fuerza; y así hicieron
-aquéllas, pues pudieron haber vuelto al sagrado lugar. Si su voluntad
-hubiera sido firme, como lo fué la de Lorenzo sobre las parrillas, y
-como la de Mucio al ser tan severo con su mano, ella misma las habría
-vuelto al camino de donde las habían separado, en cuanto se vieron
-libres; pero una voluntad tan sólida es muy rara. Por estas palabras,
-si es que las has recogido como debes, queda destruído el argumento
-que te hubiera importunado aún muchas veces. Pero se atraviesa otra
-dificultad ante tus ojos, y tal que por ti mismo no sabrías salir
-de ella; antes bien te rendirías fatigado. He dado como cierto a tu
-mente que el alma bienaventurada no podía mentir, porque está siempre
-próxima a la primera Verdad; y luego habrás podido oír por Piccarda,
-que Constanza había guardado su inclinación al velo, de manera que
-parece contradecirme. Muchas veces, hermano, sucede que por huír de un
-peligro, se hace con repugnancia aquello que no debería hacerse; como
-Alcmeón, que, a instancias de su padre, mató a su propia madre, y por
-no faltar a la piedad, se hizo desapiadado. Con respecto a este punto,
-quiero que sepas que, si la fuerza y la voluntad obran de acuerdo,
-resulta que no pueden excusarse las faltas. La voluntad en absoluto no
-consiente el daño; pero lo consiente en cuanto teme caer en mayor pena
-oponiéndose a él. Cuando Piccarda, pues, se expresa como lo ha hecho,
-entiende que habla de la voluntad absoluta, y yo de la otra; de suerte
-que ambas decíamos la verdad.
-
-Tales fueron las ondulaciones del santo arroyo que salía de la fuente
-de donde fluye toda verdad, y que aquietaron todos mis deseos.
-
---¡Oh amada del primer Amante!, ¡oh divina--dije en seguida--, cuyas
-palabras me inundan comunicándome tal calor que me reaniman cada vez
-más! No es tan profunda mi afección, que baste a devolveros gracia
-por gracia; pero que responda por mí Aquél que todo lo ve y lo puede.
-Bien veo que nuestra inteligencia no queda nunca satisfecha, si no
-la ilumina aquella Verdad, fuera de la cual no se difunde ninguna
-otra. En cuanto ha podido alcanzarla, descansa en ella como la fiera
-en su cubil; y puedo indudablemente conseguirla; de lo contrario,
-todos nuestros deseos serían vanos. De este deseo de saber nace,
-como un retoño, la duda al pie de la verdad; siendo esto un impulso
-de la naturaleza que guía de grado en grado nuestra inteligencia al
-conocimiento de Dios. Esto mismo me invita, esto mismo me anima,
-Señora, a pediros reverentemente que me aclaréis otra verdad que
-encuentro obscura. Quiero saber si el hombre puede satisfaceros, con
-respecto a los votos quebrantados, por medio de otras buenas acciones
-que no sean pocas en vuestra balanza.
-
-Beatriz me miró con los ojos llenos de amorosos destellos, y tan
-divinos, que sintiendo mi fuerza vencida, me volví y quedé como
-anonadado con los ojos bajos.
-
-[Ilustración]
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-
-
-
-[Ilustración]
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-
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-_CANTO QUINTO_
-
-
-Si te parezco más radiante en el fuego de este amor de lo que suele
-verse en la tierra, hasta el punto de superar la fuerza de tus ojos,
-no debes asombrarte, porque esto procede de una vista perfecta, que,
-distinguiendo bien los objetos, se dirige con más rapidez hacia el
-bien. Veo claramente cómo resplandece ya en tu inteligencia la eterna
-luz, que contemplada una sola vez enciende un perpetuo amor. Y si otra
-cosa seduce el vuestro, sólo es un vestigio mal conocido del resplandor
-que aquí brilla. Tú quieres saber si con otras buenas acciones puede
-satisfacerse el voto no cumplido, de modo que el alma esté segura de
-todo debate con la justicia divina.
-
-Así empezó Beatriz este canto, y como hombre que no interrumpe su
-razonamiento, continuó de este modo su santa enseñanza:
-
---El mayor dón que Dios, en su liberalidad, nos hizo al crearnos,
-como más conforme a su bondad, y el que más aprecia, fué el del libre
-albedrío de que estuvieron y están dotadas únicamente las criaturas
-inteligentes. Ahora conocerás, si raciocinas según este principio,
-el alto valor del voto, si éste es tal que Dios consienta cuando tú
-consientes; porque al cerrarse el pacto entre Dios y el hombre, se le
-sacrifica ese tesoro de que hablo, y se le sacrifica por su propio
-acto. Así, pues, ¿qué se podrá dar en cambio de esto? Si crees que
-puedes hacer buen uso de lo que ya has ofrecido, es como si quisieras
-hacer una buena obra con una cosa mal adquirida. Ya conoces, pues,
-la importancia del punto principal: pero como la Santa Iglesia da
-sobre esto sus dispensas, lo cual parece contrario a la verdad que te
-he descubierto, es preciso que continúes sentado un poco a la mesa,
-porque el pesado alimento que has tomado requiere alguna ayuda para
-ser digerido. Abre el espíritu a lo que te presento y enciérralo en ti
-mismo, pues no proporciona ciencia alguna el oír sin retener. Dos cosas
-son necesarias en la esencia de este sacrificio: una es la materia
-del voto, y otra el pacto que se forma con Dios. Este último no se
-borra jamás, si no es observado, y acerca de ello te he hablado antes
-en términos precisos. Por esta causa fué necesario que los Hebreos
-continuasen ofreciendo, aunque alguna de sus ofrendas fuese permutada,
-como debes saber. Respecto a la que te he dado a conocer como materia
-del voto, puede ser tal que no se cometa yerro alguno al cambiarla en
-otra materia: pero que ninguno por su propia autoridad mude el fardo de
-su espalda, sin la vuelta de la llave blanca y de la llave amarilla:
-crea que todo cambio es insensato, si la cosa abandonada no se contiene
-en la elegida, como el cuatro está contenido en el seis. Todo lo que
-pese tanto por su valor, que incline hacia su lado la balanza, no
-puede reemplazarse con otra cosa. Que los mortales no tomen a broma
-el voto. Sed fieles, y al comprometeros no seáis ciegos como lo fué
-Jephté en su primera ofrenda, porque más le valiera haber dicho: "Hice
-mal," que hacer otra cosa peor al cumplir su voto: tan insensato como
-a él puedes suponer al gran jefe de los Griegos,[110] quien obligó a
-Ifigenia a llorar su hermoso rostro, e hizo llorar por ella a sabios
-e ignorantes, cuando oyeron hablar de tal sacrificio. Cristianos,
-sed más pausados en vuestras acciones; no seáis como la pluma a todo
-viento, ni creáis que toda agua pueda lavaros. Tenéis el Antiguo y el
-Nuevo Testamento, y el Pastor de la Iglesia que os guía: baste esto
-para vuestra salvación. Si os dice otra cosa el espíritu del mal,
-sed hombres, y no locas ovejas, de suerte que el judío no se ría de
-vosotros entre vosotros. No hagáis como el cordero, que deja la leche
-de su madre, y sencillo y alegre, combate a su placer consigo mismo.
-
- [110] Agamenón.
-
-Así me habló Beatriz, según lo escribo: después se volvió anhelante
-hacia aquella parte donde el mundo es más vivo. Su silencio y la
-mudanza de su semblante impusieron silencio a mi ávido espíritu, que
-tenía ya preparadas nuevas preguntas. Y como la saeta que da en el
-blanco antes de que haya quedado en reposo la cuerda, así corríamos
-hacia el segundo reino[111]. Allí vi yo tan contenta a mi Dama
-cuando penetró en la luz de aquel cielo, que el planeta se volvió
-más resplandeciente. Y si la estrella se transformó y rió, ¿cuánto
-más alegre estaría yo, que por mi naturaleza soy en todos sentidos
-transmutable? Así como en un vivero, que está tranquilo y puro, acuden
-solícitos los peces al objeto procedente del exterior, por creerlo su
-pasto, así vi yo más de mil almas esplendorosas acudir hacia nosotros,
-y a cada cual de ellas se oía exclamar: "¡He ahí quien acrecentará
-nuestros amores!" Y tan pronto como cada una se nos acercaba, conocíase
-su júbilo por el claro fulgor que de ella salía. Piensa, lector, cuál
-sería tu impaciente anhelo de saber, si lo que aquí empieza no siguiese
-adelante, y por ti comprenderás cuánto sería mi deseo de conocer la
-condición de estas almas, en cuanto se presentaron a mi vista.
-
- [111] Al cielo de Mercurio.
-
---¡Oh bien nacido, a quien está concedida la gracia de ver los tronos
-del triunfo eterno, antes de haber abandonado la milicia de los vivos!
-Nosotros nos abrasamos en el fuego que se extiende por todo el cielo:
-así, pues, si deseas que te iluminemos acerca de nuestra suerte, puedes
-saciarte según tu deseo.
-
-Así me dijo uno de aquellos espíritus piadosos, y Beatriz añadió:
-
---Di, di con toda confianza, y créeles como a Dioses.
-
---Veo bien cómo anidas en tu propia luz, y que la despides por tus
-ojos, para que resplandezcan cuando ríes; pero no sé quién eres, ni por
-qué ocupas, ¡oh alma digna!, el grado de la esfera que se oculta a los
-mortales con los rayos de otro.
-
-Esto dije dirigiéndome al alma resplandeciente que me había hablado;
-por lo cual se volvió más luminosa de lo que antes era. Lo mismo que
-el Sol, que a sí mismo se oculta por su excesiva luz, cuando el calor
-ha destruído los densos vapores que la amortiguaban, así aquella santa
-figura se ocultó a causa de su alegría en su mismo fulgor, y encerrada
-de aquel modo me contestó como se verá en el canto siguiente.
-
-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-_CANTO SEXTO_
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-
-Después que Constantino volvió el águila contra el curso del Cielo que
-antes siguiera tras el antiguo esposo de Lavinia, cien y cien años y
-más permaneció el ave de Dios en el extremo de Europa, próxima a los
-montes de que primitivamente había salido; y bajo la sombra de las
-sagradas plumas gobernó allí el mundo pasando de mano en mano, hasta
-que en estos cambios llegó a las mías. César fuí; soy Justiniano,
-que por voluntad del primer Amor, de que ahora disfruto en el cielo,
-suprimí de las leyes lo superfluo y lo inútil: antes de haberme
-dedicado a esta obra, creí que había en Cristo una sola naturaleza y
-no más, y estaba contento con tal creencia; pero el bendito Agapito,
-que fué Sumo Pastor, me encaminó con sus palabras a la verdadera fe;
-yo le creí, y ahora veo claramente cuanto él me decía, así como tú
-ves en toda contradicción una parte falsa y otra verdadera. En cuanto
-caminé al par de la Iglesia, plugo a Dios por su gracia inspirarme la
-grande obra, y me dediqué completamente a ella: confié las armas a
-mi Belisario, a quien se unió de tal modo la diestra del cielo, que
-ésta fué para mí una señal de que debía descansar en él. Aquí termina,
-pues, mi respuesta a tu primera pregunta; pero su condición me obliga
-a añadir algunas explicaciones. Para que veas con cuán poca razón se
-levantan contra la sacrosanta enseña los que se la apropian y los
-que se le oponen, considera cuántas virtudes la han hecho digna de
-reverencia, desde el día en que Palanto murió para darle el imperio. Tú
-sabes que aquel signo fijó su mansión en Alba por más de trescientos
-años, hasta el día en que por él combatieron tres contra tres[112].
-Sabes lo que hizo bajo siete reyes, desde el robo de las Sabinas hasta
-el dolor de Lucrecia, conquistando los países circunvecinos. Sabes lo
-que hizo llevado por los egregios romanos contra Breno, contra Pirro,
-contra otros príncipes solos y coligados, por lo cual Torcuato, y
-Quintio que recibió un sobrenombre por su descuidada cabellera[113],
-los Decios y los Fabios, conquistaron un renombre que me complazco
-en admirar. El abatió el orgullo de los árabes que tras de Aníbal
-pasaron las rocas alpestres de donde tú, Po, te desprendes. A su sombra
-triunfaron, siendo aún muy jóvenes, Escipión y Pompeyo; y su dominio
-pareció amargo a aquella colina bajo la cual naciste[114]. Después,
-cerca del tiempo en que todo el cielo quiso reducir el mundo al estado
-sereno de que es modelo, César tomó aquel signo por la voluntad del
-pueblo romano; y lo que hizo desde el Var hasta el Rhin, lo vieron el
-Isere y el Loira, y lo vió el Sena, y todos los ríos que afluyen al
-Ródano. Lo que hizo cuando César salió de Ravena y pasó el Rubicón
-fué con tan levantado vuelo, que no lo podrían seguir la lengua ni la
-pluma. Hacia España dirigió sus tropas, después hacia Durazzo, y a
-Farsalia hirió de tal modo, que hasta en las cálidas orillas del Nilo
-se sintió el dolor. Volvió a ver a Antandro y al Simois de donde había
-salido, y el sitio donde reposa Héctor; después se alejó de nuevo, con
-detrimento de Tolomeo. Desde allí cayó como un rayo sobre Juba, y luego
-se dirigió hacia vuestro Occidente, donde oía la trompa pompeyana. Lo
-que aquel signo hizo en manos del que lo llevó en seguida lo ladran
-Bruto y Casio en el Infierno; y de ello se lamentan Módena y Perusa.
-También llora la triste Cleopatra, que, huyendo ante él, recibió de
-un áspid muerte cruel y súbita. Con él corrió en seguida al mar Rojo;
-con él estableció en el mundo paz tan grande que se cerró el templo
-de Jano. Pero lo que el signo de que hablo había hecho antes, y lo
-que debía hacer después por el reino mortal que le está sometido, es
-en la apariencia poco y obscuro, si con mirada clara y con afecto
-puro se le considera después en manos del tercer César; porque la
-viva justicia que me inspira le concedió, puesto en manos de aquel a
-quien me refiero, la gloria de vengar la cólera divina[115]. Admírate,
-pues, ante lo que voy a repetirte. Con Tito corrió en seguida a tomar
-venganza de la venganza del pecado antiguo. Cuando el diente lombardo
-mordió a la Santa Iglesia, venciendo Carlo-Magno bajo sus alas,
-acudió a socorrerla. En adelante puedes juzgar a los que he acusado
-más arriba y sus faltas, que son la causa de todos vuestros males.
-El uno opone a la enseña común las amarillas lises, y el otro se la
-apropia, no pensando más que en su partido, de suerte que es difícil
-comprender cuál comete mayor falta. Lleven los gibelinos, lleven a
-cabo sus empresas bajo otra enseña; que mal sigue ésta a los que ponen
-un obstáculo entre ella y la justicia; y que este nuevo Carlos no la
-abata con sus güelfos, pues debe temer las garras que a más feroces
-leones arrancaron la piel. Muchas veces han tenido que llorar los hijos
-las faltas de los padres; y no se crea que Dios cambie sus armas por
-las lises. Esta pequeña estrella está poblada de buenos espíritus,
-que fueron activos en la Tierra, para dejar en ella memoria de su
-honor y su fama; y cuando los deseos se elevan hacia tales objetos
-desviándose del Cielo, es preciso que los rayos del verdadero amor se
-eleven también con menos viveza; pero nuestra beatitud consiste en la
-medida de las recompensas con nuestros méritos, porque no la vemos
-mayor ni menor que éstos. La viva justicia endulza, pues, de tal modo
-en nosotros el deseo, que nunca puede dirigirse éste a ninguna malicia.
-Diversas voces despiden dulce armonía; así también los diversos grados
-de gloria de nuestra vida producen una dulce armonía entre estas
-esferas. Dentro de la presente margarita fulgura la luz de Romeo[116],
-cuya hermosa y grande obra fué tan mal agradecida. Pero los Provenzales
-que se declararon en contra suya no se han reído por mucho tiempo;
-porque mal camina quien convierte en desgracia propia los beneficios
-que ha recibido de otro. Raimundo Berenguer tuvo cuatro hijas; todas
-fueron reinas, y esto lo hizo Romeo, persona humilde y errante
-peregrino; pero después algunas palabras envidiosas movieron a aquél a
-pedir cuentas a este justo, que le dió siete y cinco por diez, por lo
-cual partió pobre y anciano; y si el mundo hubiera sabido cuál era su
-corazón al mendigar pedazo a pedazo su vida, le ensalzaría más de lo
-que ahora le ensalza.
-
- [112] Alude al combate de los Horacios y los Curiacios, en que
- éstos fueron vencidos por aquéllos, quedando Alba sujeta al
- dominio romano.
-
- [113] Cincinato.
-
- [114] Alude a la destrucción de Fiésole, ocasionada por haber
- dado asilo esta ciudad a Catilina. En su lugar fué edificada
- Florencia, donde nació Dante.
-
- [115] El emperador Tiberio.
-
- [116] Hombre de obscuro nacimiento, que al volver de su
- peregrinación a Santiago de Galicia, llegó a Provenza y se
- acomodó en casa del conde Raimundo Berenguer. Administrando
- los bienes de éste, los acrecentó de tal modo que lo que valía
- diez valió después doce, lo que fué causa de que cuatro hijas
- del Conde se casaran con cuatro reyes. Romeo, malquistado con
- Raimundo por algunos barones envidiosos, se separó de él, y
- fué mendigando su vida.
-
-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-_CANTO SEPTIMO_
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-"Gloria a ti, Santo Dios de los Ejércitos, que esparces tu claridad
-sobre los felices fuegos, esto es, sobre las almas dichosas de este
-reino." Así oí que cantaba, volviéndose hacia su esfera, aquella
-substancia, sobre la cual resplandece un doble fulgor. Ella y las otras
-emprendieron su danza, y cual centellas velocísimas se me ocultaron con
-su repentino alejamiento. Yo dudaba y decía entre mí: "Dile, dile a mi
-Dama que calme mi sed con sus dulces palabras." Pero aquel respeto que
-se apodera completamente de mí tan sólo al oír B o ICE,[117] me hacía
-inclinar la cabeza como un hombre que dormita. Beatriz no consintió que
-yo estuviese así mucho tiempo; e irradiando sobre mí una sonrisa que
-haría feliz a un hombre en el fuego, empezó a decirme:
-
- [117] Bice, diminutivo de Beatriz. Significa que la reverencia
- que le causaba sólo el oír pronunciar una sílaba de aquel
- nombre, le tenía con la cabeza baja y sin atreverse a hablar.
-
---Según mi parecer infalible, estás pensando cómo fué justamente
-castigada la justa venganza; pero yo despejaré en breve tu espíritu:
-escucha, pues, que mis palabras te ofrecerán el dón de una gran
-verdad. Por no haber soportado un útil freno a su voluntad aquel hombre
-que no nació[118], al condenarse, condenó a toda su descendencia; por
-lo cual la especie humana yació enferma por muchos siglos en medio de
-un grande error, hasta que el Verbo de Dios se dignó descender adonde,
-por un sólo acto de su eterno amor, unió a sí en persona la naturaleza,
-que se había alejado de su Hacedor. Ahora mira atentamente lo que
-digo: Esta naturaleza unida a su Hacedor, tal cual fué creada, era
-sincera y buena; pero por sí misma fué desterrada del Paraíso, porque
-se salió del camino de la verdad y de su vida. La pena, pues, que la
-Cruz hizo sufrir a la naturaleza humana de Jesucristo, si se mide por
-esa misma naturaleza, fué más justa que otra cualquiera; pero tampoco
-hubo otra tan injusta, si se atiende a la Persona divina que la sufrió,
-y a la que estaba unida aquella naturaleza. Por lo tanto, aquel hecho
-produjo efectos diferentes; porque la misma muerte fué grata a Dios
-y a los Judíos; por ella tembló la Tierra, y por ella se abrió el
-Cielo. No te debe ya parecer tan incomprensible cuando te digan que un
-tribunal justo ha castigado una justa venganza. Mas ahora veo tu mente
-comprimida, de idea en idea, en un nudo, del que espera con ansia verse
-libre. Tú dices: "Comprendo bien lo que oigo; pero no veo bien por
-qué Dios quisiera valerse de este medio para nuestra redención." Este
-decreto, hermano, está velado a los ojos de todo aquel cuyo espíritu no
-haya crecido en la llama de la caridad. Y en efecto, como se examina
-mucho este punto, y se le comprende poco, te diré por qué fué elegido
-aquel medio como el más digno. La divina bondad, que rechaza de sí todo
-rencor, ardiendo en sí misma centellea de tal modo, que hace brotar
-las bellezas eternas. Lo que procede inmediatamente de ella sin otra
-cooperación no tiene fin; porque nada hace cambiar su sello una vez
-impreso. Lo que sin cooperación procede de ella es completamente libre,
-porque no está sujeto a la influencia de las cosas secundarias; y
-cuanto más se le asemeja, más le place, pues el amor divino que irradia
-sobre todo, se manifiesta con mayor brillo en lo que se le parece más.
-La criatura humana disfruta la ventaja de todos estos dones; pero si le
-falta uno solo, es preciso que decaiga su nobleza. Sólo el pecado es
-el que le arrebata su libertad y su semejanza con el Sumo Bien; por lo
-cual refleja muy poco su luz, y no vuelve a adquirir su dignidad, si no
-llena de nuevo el vacío que dejó la culpa, expiando sus malos placeres
-por medio de justas penas. Cuando vuestra naturaleza entera pecó en su
-germen, se vió despojada de estas dignidades y lanzada del Paraíso, y
-no hubiera podido recobrarlas (si lo examinas sutilmente) por ningún
-camino, sin pasar por uno de estos vados: o porque Dios, en su bondad,
-perdonara el pecado, o porque el hombre por sí mismo redimiera su
-falta. Fija ahora tus miradas en el abismo del Consejo eterno, y está
-tan atento como puedas a mis palabras. El hombre no podía jamás, en sus
-límites naturales, dar satisfacción, por no poder después humillarse
-con su obediencia tanto cuanto pretendió elevarse con su desobediencia;
-y esta es la causa porque el hombre fué exceptuado de poder dar
-satisfacción por sí mismo. Era preciso, pues, que Dios condujera al
-hombre a la vida sempiterna por sus propias vías, bien por una, o bien
-por ambas. Pero, como la obra es tanto más grata al obrero, cuanto más
-representa la bondad del corazón de donde ha salido, la divina bondad,
-que imprime al mundo su imagen, se regocijó de proceder por todas sus
-vías para elevaros hasta ella. Entro el primer día y la última noche
-no hubo ni habrá jamás un procedimiento tan sublime y magnífico, de
-cualquier modo que se le considere; porque al entregarse Dios a sí
-mismo, haciendo al hombre apto para levantarse de su caída, fué más
-liberal que si le hubiese perdonado por su clemencia; y todos los demás
-medios eran insuficientes ante la justicia, si el Hijo de Dios no se
-hubiera humillado hasta encarnarse. Ahora, para colmar bien todos tus
-deseos, vuelvo atrás, a fin de aclararte algún punto de modo que lo
-veas como yo. Tú dices: "Yo veo el aire, veo el fuego, el agua, la
-tierra y todas sus mezclas llegar a corromperse y durar poco; y estas
-cosas, sin embargo, fueron creadas: ahora bien, si lo que has dicho
-es cierto, deberían estar al abrigo de la corrupción." Los ángeles,
-hermano, y el país libre y puro en que estás, pueden decirse creados
-tales como son, en su eterno sér; pero los elementos que has nombrado,
-y aquellas cosas que de ellos se componen, tienen su forma de una
-potencia creada. Creada fué la materia de que están hechos: creada
-fué la virtud generatriz de las formas en estas estrellas que giran
-en torno suyo. El rayo y el movimiento de las santas luces sacan de
-la complexión potencial el alma de todos los brutos y plantas; pero
-vuestra vida aspira directamente la divina bondad, la cual la enamora
-de sí de modo que siempre la desea. De aquí puedes deducir aún vuestra
-resurrección, si reflexionas cómo fué creada la carne humana, cuando
-fueron creados los primeros padres.
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- [118] Adán.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-_CANTO OCTAVO_
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-Solía creer el mundo en su peligro, que de los rayos de la bella
-Ciprina, que gira en el tercer epiciclo, emanaba el loco amor: por esto
-las naciones antiguas, en su antiguo error, no solamente la honraban
-por medio de sacrificios y de ruegos votivos, sino que también honraban
-a Dione y a Cupido, a aquélla como madre, y a éste como hijo suyo, de
-quien decían que estaba sentado en el regazo de Dido. Y de ésta que he
-citado al empezar mi canto dieron nombre a la estrella que el Sol mira
-placentero, ya contemplando sus pestañas, ya su cabellera[119].
-
- [119] Ya cuando va tras de él y se llama Espero, ya cuando va
- delante y se llama Lucífero, de cuya palabra hemos hecho los
- españoles lucero.
-
-Yo no advertí mi ascensión a ella; pero me cercioré de que estaba en su
-interior, cuando vi a mi Dama adquirir más hermosura. Y así como se ve
-la chispa en la llama, y se distinguen dos voces entre sí, cuando la
-una sostiene una nota y la otra ejecuta varias modulaciones, del mismo
-modo vi en aquella luz otros resplandores que se movían en círculo
-más o menos ágiles, con arreglo, según creo, a sus dichosas visiones
-eternas. De fría nube no salieron jamás, visibles o invisibles, vientos
-tan veloces, que no parecieran entorpecidos y lentos a quien hubiese
-visto llegar hasta nosotros aquellos divinos fulgores, dejando la
-órbita comenzada antes en el Cielo de los serafines. Y dentro de los
-que se nos aparecieron delante resonaba "Hosanna," tan dulce que nunca
-me ha abandonado el deseo de volverlo a oír. Entonces se acercó uno de
-ellos a nosotros, y empezó a decir solo:
-
---Todos estamos prontos en tu obsequio, para que te regocijes en
-nosotros. Todos giramos con los príncipes celestiales dentro de la
-misma órbita, con el mismo movimiento circular y con idéntico deseo que
-aquellos de quienes has dicho ya en el mundo: "Vosotros que movéis el
-tercer cielo con vuestra inteligencia"[120], y estamos tan llenos de
-amor, que por agradarte, no nos será menos dulce un momento de reposo.
-
- [120] Así comienza una canción de Dante en el Convito.
-
-Después que mis ojos se fijaron reverentes en mi Dama, y que ella
-les dió la seguridad de su contentamiento, los volví hacia la
-resplandeciente alma que tanto se me había ofrecido, y:
-
---Di, ¿quién fuiste?--fué mi respuesta, impregnada del mayor afecto.
-
-¡Oh, cuánto más brillante y bella se volvió cuando le hablé, a causa
-del nuevo gozo que acrecentó sus alegrías! Embellecida de este modo, me
-dijo:
-
---Poco tiempo me tuvo allá abajo el mundo[121]: si yo hubiera
-permanecido más en él, no habrían sucedido muchos de los males que
-allí suceden. La alegría que despide en torno mío estos fulgores, me
-cubre como al gusano su capullo, y me oculta a tus ojos. Tú me has
-amado mucho, y tuviste motivo para ello; porque si yo hubiera estado
-allá abajo más tiempo, te habría dado en prueba de mi amor algo más
-que las hojas. Aquella ribera izquierda, que baña el Ródano después
-de haberse unido con el Sorgues, me esperaba, andando el tiempo, para
-recibirme por su señor; así como también aquella punta de la Ausonia
-que comprende los pueblos de Bari, Gaeta y Crotona, desde donde el
-Tronto y el Verde desembocan en el mar. Brillaba ya en mi frente la
-corona de aquella tierra que riega el Danubio después de abandonar las
-riberas tudescas; y la bella Trinacria, que entre los promontorios
-Pachino y Peloro, sobre el golfo que el Euro azota con más violencia,
-se cubre de humo caliginoso, no a causa de Tifeo, sino por el azufre
-que se exhala de su suelo, habría esperado aún sus reyes nacidos por
-mí de Carlos y de Rodolfo, si el mal gobierno que rebela siempre a
-los pueblos sumisos, no hubiese excitado a Palermo a gritar: "¡Muera!
-¡muera!" Y si mi hermano hubiera previsto esto, huiría ya la avara
-pobreza de Cataluña para no ofender a aquellos pueblos. Necesita, en
-verdad, proveer por sí mismo o por otros, a fin de que su barca no
-tenga más carga de la que pueda soportar. Su índole, que de liberal se
-ha hecho avara, necesitaría ministros que no se cuidasen sólo de llenar
-sus arcas.
-
- [121] Esta es el alma de Carlos Martel, muerto en 1295, hijo
- de Carlos II.
-
---El gran contento que me infunden tus palabras, ¡oh señor mío!, me
-es mucho más grato al considerar que aquí, donde está el principio y
-el fin de todo bien, lo ves como yo lo veo; y también gozo pensando
-que en presencia de Dios conoces mi felicidad. Ya que me has dado esta
-alegría, aclárame (pues hablando me has hecho dudar) cómo de una
-semilla dulce puede salir un fruto amargo.
-
-Esto le dije, y él me contestó:
-
---Si puedo demostrarte una verdad, volverás el rostro a lo que
-preguntas, como ahora le vuelves la espalda. El Bien que da movimiento
-y alegría a todo el reino por donde asciendes, hace que su providencia
-sea virtud influyente de estos grandes cuerpos; y en la Mente perfecta
-por sí misma, no sólo se ha provisto a la naturaleza de cada cosa, sino
-también a la conservación y estabilidad de todas juntas: por lo cual,
-todo cuanto desciende disparando de este arco, va dispuesto hacia un
-fin determinado, como la flecha se dirige al blanco. Si esto no fuese
-así, el cielo sobre que caminas produciría sus efectos de tal modo, que
-no serían obras de arte, sino ruinas; y eso no puede ser, a no admitir
-que son defectuosas las inteligencias que mueven estos astros, y
-defectuoso también el Sér primero, que no las hizo perfectas. ¿Quieres
-que te aclare más esta verdad?
-
---No es menester--contesté--; pues considero imposible que la
-naturaleza llegue a faltar en aquello que es necesario.
-
-El Alma continuó:
-
---Dime, pues: ¿sería peor la existencia del hombre en la Tierra, si no
-viviera en sociedad?
-
---Sí--repuse--; y no pregunto la razón de eso.
-
---¿Y puede ser tal cosa, si allá abajo no vive cada cual de diferente
-modo por la diversidad de oficios? No puede ser, si vuestro maestro
-escribió la verdad.
-
-Así, procediendo de una en otra deducción, llegó a ésta; y después
-concluyó:
-
---Luego es preciso que sean diversas las raíces de vuestras aptitudes;
-por lo cual uno nace Solón y otro Jerjes, uno Melquisedec y otro aquel
-que perdió a su hijo, al volar éste por el aire.[122] La influencia
-de los círculos celestes, que imprime su sello a la cera mortal, hace
-bien su oficio; pero no distingue una morada de otra. De aquí proviene
-que Esaú se aparte de Jacob desde el vientre materno, y que Quirino
-descienda de un padre tan vil, que se atribuye su origen a Marte. La
-naturaleza engendrada sería siempre semejante a la naturaleza que
-engendra, si la Providencia divina no predominase. Ahora tienes ya
-delante lo que antes detrás; mas para que sepas que me complazco en
-instruirte, quiero proveerte aún de un corolario. La naturaleza es
-siempre estéril, si la fortuna le es contraria, como toda simiente
-esparcida fuera del clima que le conviene. Y si el mundo allá abajo
-se apoyara en los cimientos que pone la naturaleza, habría por cierto
-mejores habitantes en él; pero vosotros destináis para el templo al que
-nació para ceñir la espada, y hacéis rey al que debía ser predicador:
-así es que vuestros pasos se separan siempre del camino recto.
-
- [122] Uno nace, como Solón, a propósito para dar leyes a los
- pueblos; otro, como Jerjes, para regir imperios; otro, como
- Melquisedec, para el sacerdocio, y otro, como Dédalo, para
- la industria.--Estas diferentes aptitudes con que nacen los
- hombres las infunden los influjos celestes, según el poeta,
- pero sin distinguir de clases ni de jerarquías.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO NONO_
-
-
-Cuando tu Carlos, hermosa Clemencia, hubo aclarado mis dudas, me
-refirió los fraudes de que había de ser víctima su descendencia, pero
-añadió: "Calla, y deja transcurrir los años." Así es que yo no puedo
-decir más, sino que tras de vuestros daños vendrá el llanto originado
-por un justo castigo.
-
-La santa y viva luz se había vuelto ya hacia el Sol que la inunda, como
-hacia el bien que a todo alcanza. ¡Oh almas engañadas, locas e impías,
-que apartáis vuestros corazones de semejante bien, dirigiendo hacia la
-vanidad vuestros pensamientos! He aquí que otro de aquellos esplendores
-se dirigió hacia mí, expresando, con la claridad que esparcía, su deseo
-de complacerme. Los ojos de Beatriz, que estaban fijos en mí, como
-antes, me aseguraron del dulce asentimiento que daba a mi deseo.
-
---¡Oh espíritu bienaventurado!--dije--; satisface cuanto antes mi
-anhelo, y pruébame que lo que pienso puede reflejarse en ti.
-
-Entonces la luz, a quien aún no conocía, desde su interior donde antes
-cantaba, respondió a mis palabras como quien se complace en ser cortés
-con otro:
-
---En aquella parte de la depravada tierra de Italia que está situada
-entre Rialto y las fuentes del Brenta y del Piava, se eleva una
-colina no muy alta, de donde descendió una llamarada que causó un
-gran desastre en toda la comarca. Ella y yo salimos de la misma raíz:
-Cunizza fué llamada; y aquí brillo, porque me venció la luz de esta
-estrella; pero con alegría me perdono a mí misma la causa de mi muerte,
-y no me pesa, lo cual quizá parecerá difícil de comprender a vuestro
-vulgo. Esta alma próxima a mí, que es una espléndida y preciosa joya de
-nuestro cielo, dejó en la Tierra una gran fama; y antes que su gloria
-se pierda, este centésimo año se quintuplicará. Ya ves si el hombre
-debe hacerse ilustre a fin de que su primera vida deje sobre la tierra
-una segunda. Esto es lo que no piensa la turba presente que habita
-entre el Tagliamento y el Adigio, sin que le sirvan de escarmiento
-los males de que es víctima. Pero pronto sucederá que Padua y sus
-habitantes, por ser obstinados contra el deber, enrojecerán el agua de
-la laguna que baña a Vicenza, y allí donde el Sile y el Cagnano se unen
-hay quien domina y va con la cabeza erguida,[123] cuando ya se componen
-las redes que han de cogerle. También llorará Feltro la felonía de su
-impío pastor, que será tal, que ninguno por otra semejante ha sido
-encerrado en Malta. Será necesario un recipiente muy ancho para recibir
-la sangre ferraresa, y cansado quedará el que quiera pesar onza a onza
-la que derramará tan cortés sacerdote por mostrarse hombre de partido,
-siendo por otra parte tales dones conformes a las costumbres de tal
-país. Allá arriba hay unos espejos, que vosotros llamáis Tronos, de
-donde se reflejan hasta nosotros los juicios de Dios; así es que
-tenemos por buenas y verídicas nuestras palabras.
-
- [123] Ricardo de Cammino, que fué muerto por instigación de
- Altiniero del Calzoni.
-
-Al llegar aquí, el alma guardó silencio, y habiéndose vuelto a colocar
-en la órbita como estaba anteriormente, me dió a conocer que no pensaba
-ya en mí. La otra alma dichosa, a quien ya conocía, se me presentó tan
-resplandeciente como una piedra preciosa herida por los rayos del Sol.
-Allá arriba la alegría produce un vivo esplendor, como entre nosotros
-produce la risa; pero en el Infierno la sombra de los condenados se
-obscurece cada vez más, a medida que se entristece su espíritu.
-
---Dios lo ve todo, y tu vista se identifica en El--exclamé--, ¡oh feliz
-espíritu!, de suerte que ningún deseo puede ocultarse a ti. Así, pues,
-¿por qué tu voz, que deleita siempre al Cielo con el canto de aquellas
-llamas piadosas que se forman una ancha vestidura con sus seis alas,
-no satisface mis deseos? No esperaría yo por cierto tus preguntas, si
-viera en tu interior como tú ves en el mío.
-
-Entonces contestó con estas palabras:
-
---El mayor valle en que se vierten las aguas, después de aquel mar que
-circunda la Tierra, se aleja tanto contra el curso del Sol entre las
-desacordes playas, que aquel círculo que antes era su horizonte se
-convierte en meridiano. Yo fuí uno de los ribereños de aquel valle,
-entre el Ebro y el Macra, que por un corto trecho separa el genovés
-del toscano. Casi a la misma distancia a Oriente y Occidente se
-asienta Bugia y la tierra de donde fuí, en cuyo puerto se vertió un
-día la sangre de sus habitantes.[124] Folco me llamó aquella gente,
-que conocía mi nombre, y este cielo recibe mi luz, como recibí yo su
-influjo amoroso; pues en tanto que me lo permitió la edad, no ardieron
-cual yo en aquel fuego la hija de Belo, causando enojos a Siqueo
-y a Creusa; ni aquella Rodopea que fué abandonada por Demofón, ni
-Alcides cuando tuvo a Iole encerrada en su pecho. Aquí empero no hay
-arrepentimiento, sino regocijo; no de las culpas, que jamás vuelven a
-la memoria, sino de la sabiduría que ordenó este cielo y provee sus
-influjos. Aquí se contempla el arte que adorna y embellece tantas cosas
-creadas, y se descubre el bien por el cual el mundo de arriba obra
-directamente sobre el de abajo. Mas a fin de que queden satisfechos
-todos los deseos que te han nacido en esta esfera, es preciso que lleve
-más adelante mis instrucciones. Tú quieres saber quién está en esa
-luz que centellea cerca de mí, como un rayo de Sol en el agua pura y
-cristalina. Sabe, pues, que en su interior es dichosa Rahab, y unida
-a nuestro coro, brilla en él con el esplendor más eminente. Ascendió
-a este cielo, en el que termina la sombra que proyecta vuestro mundo,
-antes que ninguna otra alma se viese libre por el triunfo de Cristo.
-Era justo dejarla en algún cielo como trofeo de la alta victoria que El
-alcanzó con ambas palmas; porque aquella mujer favoreció las primeras
-hazañas de Josué en la Tierra Santa, que tan poco excita la memoria
-del Papa. Tu ciudad, que debió su origen a aquel que fué el primero
-en volver las espaldas a su Hacedor y cuya envidia ocasionó tantas
-lágrimas, produce y esparce las malditas flores, que han descarriado a
-las ovejas y los corderos, porque han convertido en lobo al pastor. Por
-eso están abandonados el Evangelio y los grandes doctores, y tan sólo
-se estudian las Decretales, según lo indica lo usado de sus márgenes. A
-eso se dedican el Papa y los cardenales: sus pensamientos no llegan a
-Nazareth, allí donde Gabriel abrió las alas; pero el Vaticano y demás
-sitios elegidos de Roma, que han sido el cementerio de la milicia que
-siguió a Pedro, pronto se verán libres del adulterio.
-
- [124] Se refiere al sitio de Marsella por Julio César.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-_CANTO DECIMO_
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-El inefable poder primero, juntamente con su hijo y con el amor
-que de uno y otro eternamente procede, hizo con tanto orden todo
-cuanto concibe la inteligencia y ven los ojos, que no es posible a
-nadie contemplarlo sin gustar de sus bellezas. Eleva, pues, lector,
-conmigo tus ojos hacia las altas esferas, por aquella parte en que un
-movimiento se encuentra con otro, y empieza a recrearte en la obra de
-aquel Maestro, que la ama tanto en su interior, que jamás separa de
-ella sus miradas. Observa cómo desde allí se desvía el círculo oblicuo,
-conductor de los planetas, para satisfacer al mundo que le llama. Y
-si el camino de aquéllos no fuese inclinado, más de una influencia en
-el cielo sería vana, y como muerta aquí abajo toda potencia. Y si al
-girar se alejaran más o menos de la línea recta, dejaría mucho que
-desear arriba y abajo el orden del mundo. Ahora, lector, permanece
-tranquilo en tu asiento, meditando acerca de estas cosas que aquí sólo
-se bosquejan, si quieres que te causen mayor deleite antes que tedio.
-Te he puesto delante el alimento; tómalo ya por ti mismo, porque el
-asunto de que escribo reclama para sí todos mis cuidados.
-
-El mayor ministro de la naturaleza, que imprime en el mundo la
-virtud del Cielo y mide el tiempo con su luz, giraba, juntamente con
-aquella parte de que te he hablado antes, por las espirales en que
-cada día se nos presenta más temprano. Yo estaba en él, sin haber
-notado mi ascensión, sino como nota el hombre una idea después que
-se le ocurre. ¡Oh Beatriz! ¡Cuán esplendorosa no debía de estar por
-sí misma, ella que de tal modo me hacía pasar de bien a mejor tan
-súbitamente, que su acción no se sujetaba al transcurso del tiempo!
-Lo que por dentro era el Sol, donde yo entraba, y lo que aparecía,
-no por medio de colores, sino de luz, jamás pudiera imaginarse, aun
-cuando para explicarlo llamase en mi auxilio el ingenio, el arte y
-todos sus recursos; pero puede creérseme, y debe desearse verlo. Y
-si nuestra fantasía no alcanza a tanta altura, no es maravilla; pues
-nadie ha visto un resplandor que supere al del Sol. Como él era allí la
-cuarta familia[125] del Padre Supremo, que siempre sacia sus deseos,
-mostrándole cómo engendra al Hijo, y cómo procede el Espíritu. Y
-Beatriz exclamó:
-
---Da gracias, da gracias al Sol de los ángeles, que por su bondad te ha
-elevado a este Sol sensible.
-
- [125] Brillantes como el Sol eran los bienaventurados que allí
- estaban. Los llama cuarta familia, porque se le aparecen en
- el cuarto cielo. Estos son las almas de los doctores de la
- Iglesia.
-
-Jamás ha habido un corazón humano tan dispuesto a la devoción y a
-entregarse a Dios tan vivamente con todo su agradecimiento, como el
-mío al oír aquellas palabras; y puse en El de tal modo todo mi amor,
-que Beatriz se eclipsó en el olvido. No le desagradó; antes por el
-contrario, se sonrió; y el esplendor de sus ojos sonrientes dividió en
-muchos mi pensamiento absorto en uno solo. Vi muchos espíritus vivos y
-triunfantes, más gratos aún por su voz que relucientes a la vista, los
-cuales, tomándonos por centro, nos formaron una corona de sí mismos.
-No de otro modo vemos a veces a la hija de Latona rodeada de un cerco,
-cuando el aire, impregnado de vapores, retiene las substancias de que
-aquél se compone. En la corte del cielo, de donde vuelvo, se encuentran
-muchas joyas, tan raras y bellas, que no es posible hallarlas fuera de
-aquel reino; y una de estas joyas era el encanto de aquellos fulgores:
-el que no se provea de alas para volar hasta allí, espere tener
-noticias de aquel canto como si las preguntase a un mudo.
-
-Después que, cantando de esta suerte, aquellos ardientes soles dieron
-tres vueltas en derredor nuestro, como las estrellas próximas a los
-fijos polos, me parecieron semejantes a las mujeres, que, sin dejar
-el baile, se detienen escuchando con atención, hasta que han conocido
-cuáles son las nuevas notas. Y oí que del interior de una de aquellas
-luces salían estas palabras:
-
---Ya que el rayo de la gracia, en que se enciende el verdadero amor,
-y que después crece amando, resplandece en ti tan multiplicado, que
-te conduce hacia arriba por aquella escala de donde nadie desciende
-sin volver a subir de nuevo, el que negase a tu sed el vino de su
-redoma se vería en el mismo estado de violencia en que está el agua
-impedida de correr hasta el mar. Tú quieres saber de qué flores se
-compone esta guirnalda, que acaricia en torno a la hermosa Dama que
-te da ánimo para subir al cielo. Yo fuí uno de los corderos del santo
-rebaño que condujo Domingo por el camino en que el alma se fortifica
-si no se extravía. Este, que está el más próximo a mi derecha, fué mi
-maestro y mi hermano; es Alberto de Colonia, y yo Tomás de Aquino.
-Si quieres saber quiénes son los demás, sigue mis palabras con tus
-miradas, dando la vuelta a la bienaventurada corona. Aquel otro
-esplendor brota de la sonrisa de Graciano, tan útil por sus escritos
-a uno y otro fuero, que mereció el Paraíso. El otro que le sigue fué
-Pedro,[126] que, como la pobre viuda, ofreció su tesoro a la Santa
-Iglesia. La quinta luz,[127] que es la más bella entre nosotros, se
-abrasa en tal amor, que todo el mundo tiene abajo sed de sus noticias.
-Dentro de ella está el alto espíritu, donde se albergó tan profunda
-sabiduría, que si la verdad es verdad, ninguno otro ascendió a tanto
-saber. Después contempla la luz de aquel cirio, que ha sido el que
-en vida vió mejor la naturaleza y el ministerio de los ángeles.[128]
-En aquella diminuta luz sonríe el abogado de los tiempos cristianos,
-cuya doctrina aprovechó Agustín.[129] Si diriges ahora la mirada de
-tu entendimiento de luz en luz, siguiendo mis elogios, debes ya tener
-sed de conocer la octava. Dentro de ella se recrea en la vista del
-soberano Bien el alma santa que pone de manifiesto las falacias del
-mundo a quien atentamente escucha sus doctrinas. El cuerpo de donde fué
-separada yace en Cieldauro,[130] y desde el martirio y el destierro
-ha venido a disfrutar de esta paz celestial. Ve más allá fulgurar el
-ardiente espíritu de Isidoro, el de Beda y el de Ricardo,[131] que en
-sus contemplaciones fué más que hombre. Esa, de quien se separa tu
-mirada para fijarse en mí, es la luz de un espíritu que, considerando
-tranquilamente la vanidad del mundo, deseó morir. Es la luz eterna de
-Sigieri,[132] que ejerciendo el profesorado en la calle de la Paja,
-excitó la envidia por sus verdaderos silogismos.
-
- [126] Pedro Lombardo, llamado el =Maestro de las sentencias=.
- En el proemio de su obra dice modestamente que con ella hacía
- un pequeño dón a la Iglesia, como la viuda de que habla San
- Lucas, cap. XXI.
-
- [127] El rey Salomón.
-
- [128] San Dionisio Areopagita, autor de un libro titulado: =De
- coelesti hierarchia=.
-
- [129] Paulo Orosio, que escribió contra los idólatras siete
- libros de historia, y los dedicó a San Agustín.
-
- [130] Boecio, a quien hizo morir Teodorico, rey de los godos,
- y que está sepultado en la iglesia de San Pedro llamada Cielo
- de oro, en Pavía.
-
- [131] Canónigo regular de San Víctor, escocés.
-
- [132] Seguier, profesor de Filosofía y Ciencias, que enseñaba
- en la rue du Fouarre, de París, donde estaban las escuelas.
-
-En seguida, como el reloj que nos llama a la hora en que la Esposa de
-Dios principia a cantar maitines a su Esposo, a fin de que la ame, y
-cuyas ruedas mueven unas a otras, y apresuran a la que va delante hasta
-que ese oye "tin tin" con notas tan dulces, que el espíritu felizmente
-dispuesto se inflama de amor; así vi yo en la gloriosa esfera moverse y
-responder las voces a las voces con una armonía tan llena de dulzura,
-que sólo puede conocerse allá donde la dicha se eterniza.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
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-
-_CANTO UNDECIMO_
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-
-¡Oh insensatos afanes de los mortales!, ¡cuán débiles son las razones
-que os inducen a bajar el vuelo y a rozar la Tierra con vuestras
-alas! Mientras unos se dedicaban al foro, y otros se entregaban a los
-aforismos de la medicina; y éstos seguían el sacerdocio, y aquéllos
-se esforzaban en reinar por la fuerza de las armas, haciendo creer
-en su derecho por medio de sofismas; y algunos rodaban, y otros se
-consagraban a los negocios civiles; y muchos se enervaban en los
-placeres de la carne, y bastantes por fin se daban a la ociosidad, yo,
-libre de todas estas cosas, había subido con Beatriz hasta el cielo,
-donde tan gloriosamente fuí acogido. Después que cada uno de aquellos
-espíritus hubo vuelto al punto del círculo en que antes estaba, tan
-inmóvil como la bujía de un candelero, la luz[133] que me había hablado
-anteriormente se hizo más esplendorosa y risueña, y dentro de ella oí
-una voz que comenzó a decir de esta manera:
-
- [133] Santo Tomás de Aquino.
-
---Así como yo me enciendo a los rayos de la luz eterna, del mismo
-modo, mirándola, conozco la causa de donde proceden tus pensamientos.
-Tú dudas, y quieres que mi boca emplee palabras tan claras y
-ostensibles, que pongan al alcance de tu inteligencia las que pronuncié
-antes cuando dije: "Camino en que el alma se fortifica;" y las otras:
-"Ningún otro ascendió." En cuanto a éstas, es preciso hacer una
-distinción. La Providencia, que gobierna al mundo con el consejo en
-que se abisma la mirada de todo sér creado antes de penetrar en el
-fondo, a fin de que la Esposa de Aquél, que con su bendita sangre
-se unió a ella en altas voces, corriese hacia su amado segura de sí
-misma y siéndole más fiel, envió en su ayuda dos príncipes, que para
-entrambos objetos le sirvieran de guías. El uno fué todo seráfico en
-su ardor; el otro, por su sabiduría, resplandeció en la Tierra con
-la luz de los querubines.[134] Hablaré de uno solo; pues elogiando a
-cualquiera de ellos indistintamente, se habla de los dos, porque sus
-obras tendieron a un mismo fin. Entre el Tupino y el agua que desciende
-del collado elegido por el beato Ubaldo, baja un fértil declive de un
-alto monte, del cual Perusa siente venir el calor y el frío por la
-parte de Porta Sole, y tras de cuyo monte lloran oprimidas Nocera y
-Gualdo. En el sitio donde aquella pendiente es menos rápida, vino al
-mundo un Sol, resplandeciendo como éste a veces cuando asoma sobre las
-márgenes del Ganges. Quien hable de ese lugar, no le llame Asís, pues
-diría muy poco: si quiere hablar con propiedad, llámele Oriente. Aun
-no distaba mucho de su nacimiento, cuando aquel Sol comenzó a hacer
-que la Tierra sintiese algún consuelo con su gran virtud; pues siendo
-todavía muy joven, incurrió en la cólera de su padre por inclinarse
-a una dama,[135] a quien, como a la muerte, nadie acoge con gusto; y
-ante la corte espiritual "et coram patre" se unió a ella, amándola
-después más y más cada día. Ella, privada de su primer marido,[136]
-permaneció despreciada y obscura mil cien años y más, sin que nadie lo
-solicitase hasta que vino éste. De nada le valió que se oyera decir
-cómo aquel que hizo temer a todo el mundo la encontró alegre con
-Amiclates, cuando llamó a su puerta: ni le valió haber sido constante
-y animosa hasta el punto de ser crucificada con Cristo, mientras María
-estaba al pie de la Cruz. Mas, para no continuar en un estilo demasiado
-obscuro, reconoce en mis difusas palabras que estos dos amantes son
-Francisco y la Pobreza. Su concordia y sus placenteros semblantes, su
-amor maravilloso y sus dulces miradas inspiraban santos pensamientos
-a otros; de tal modo que el venerable Bernardo fué el primero que se
-descalzó para correr en pos de tanta paz, y aun corriendo le parecía
-llegar tarde. ¡Oh riqueza ignorada! ¡Oh verdadero bien! Egidio se
-descalza, se descalza también Silvestre por seguir al Esposo; tanto es
-lo que les agrada la Esposa. Desde allí partió aquel padre y maestro
-con su mujer y con aquella familia, ceñida ya del humilde cordón; y sin
-que una vil cobardía le hiciese bajar la frente por ser hijo de Pedro
-Bernardone, ni por su apariencia asombrosamente despreciable, manifestó
-con gran dignidad sus rígidas intenciones a Inocencio, de quien recibió
-la primera aprobación de su orden. Luego que fué aumentado en torno
-suyo la pobre gente, cuya admirable vida se cantaría mejor entre las
-glorias del Cielo, el Eterno Espíritu, valiéndose de Honorio, coronó
-de nuevo el santo propósito de aquel archimandrita; y cuando éste,
-sediento del martirio, predicó en presencia del soberbio Soldán la
-doctrina de Cristo y de los que le siguieron, encontrando aquella gente
-poco dispuesta a la conversión, para no permanecer inactivo, volvió a
-recoger el fruto de las plantas de Italia. Sobre un áspero monte, entre
-el Tíber y el Arno, recibió de Cristo el último sello, que sus miembros
-llevaron durante dos años. Cuando plugo a Aquél que le había elegido
-para tan gran tarea elevarle a la recompensa que mereció por haberse
-humillado, recomendó a sus hermanos, como a herederos legítimos, el
-cuidado de su más querida Esposa, y que la amaran con fe: y en el
-seno de ella quiso el alma preclara desprenderse para volver a su
-reino, sin permitir que a su cuerpo se le diese otra sepultura. Piensa
-ahora cuál fué el digno colega de Francisco, encargado de mantener
-la barca de Pedro en alta mar y dirigirla hacia su objeto: ese fué,
-pues, nuestro patriarca; por lo cual, el que le sigue, según él manda,
-puede decir que adquiere buena mercancía. Pero su rebaño se ha vuelto
-tan codicioso de nuevo alimento, que no puede menos de esparcirse por
-distintos prados; y cuanto más lejos de él van sus vagabundas ovejas,
-más exhaustas de leche vuelven al redil. Algunas de ellas, temiendo
-el peligro, se agrupan junto al pastor; pero son tan pocas, que no se
-necesita mucho paño para sus capas. Así pues, si mis palabras no son
-obscuras, si me has escuchado con atención, y si tu mente recuerda
-lo que te he dicho, tu deseo debe estar en parte satisfecho; porque
-habrás visto la causa de que la planta se desgaje, y comprenderás la
-distinción que hice al decir: "Donde el alma se fortifica, si no se
-extravía."
-
- [134] Los dos grandes jefes que debían guiar a la Iglesia,
- el uno hacia la caridad por el espíritu de pobreza, el otro
- a la mayor fidelidad por medio de la predicación, son,
- respectivamente, San Francisco de Asís, modelo de amor
- seráfico, y Santo Domingo, dotado de esplendor querúbico por
- su sabiduría.
-
- [135] La Pobreza.
-
- [136] Jesucristo.
-
-
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-
-[Ilustración]
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-
-_CANTO DUODECIMO_
-
-
-En cuanto la bendita llama hubo dicho su última palabra, empezó a girar
-la santa rueda, y aún no había dado una vuelta entera, cuando otra la
-encerró en un círculo, uniendo movimiento a movimiento y canto a canto:
-y eran éstos tales que, articulados por los dulces órganos de aquellos
-espíritus, sobrepujaban a los de nuestras Musas y nuestras Sirenas,
-tanto como la luz directa supera a sus reflejos. Cual se ve a dos arcos
-paralelos y del mismo color encorvarse sobre una ligera nube, cuando
-Juno envía a su mensajera (naciendo el de fuera del de dentro, al modo
-de la voz de aquella ninfa[137] que consumió el amor, como el Sol
-consume los vapores), y cuyos arcos son un presagio para los hombres,
-a causa del pacto que Dios hizo con Noé, de que el mundo no volverá
-a sufrir otro diluvio, de igual suerte aquellas dos guirnaldas de
-sempiternas rosas daban vueltas en torno de nosotros, correspondiendo
-en todo la guirnalda exterior a la interior. Cuando cesaron simultánea
-y unánimemente las danzas y los fulgurantes y mutuos destellos de
-aquellas luces gozosas y placenteras, semejantes a los ojos que se
-abren y se cierran al mismo tiempo, dóciles a la voluntad del que los
-mueve, del seno de una de las nuevas luces salió una voz,[138] la cual
-hizo que me volviese hacia donde estaba, como la aguja hacia el polo:
-aquella voz empezó a decir:
-
- [137] La ninfa Eco, que enamorada de Narciso, se consumió,
- quedando únicamente su voz. Entiéndase: naciendo el arco
- exterior de la reflexión de los rayos del arco menor
- concéntrico, lo mismo que el eco nace de la reflexión de la
- voz.
-
- [138] San Buenaventura.
-
---El amor que me embellece me obliga a tratar del otro jefe por quien
-se habla tan bien del mío.[139] Es justo que donde se hace mención del
-uno, se haga también del otro; pues habiendo militado ambos por una
-misma causa, debe brillar su gloria juntamente. El ejército de Cristo,
-al que tan caro costó armar de nuevo, seguía su enseña lento, receloso
-y escaso, cuando el Emperador que siempre reina acudió en ayuda de
-su milicia, que se hallaba en peligro, no porque ésta fuera digna de
-ello, sino por un efecto de su gracia; y según se ha dicho, socorrió
-a su Esposa con dos campeones, ante cuyas obras y palabras se reunió
-el descarriado pueblo. En aquella parte donde el dulce céfiro acude a
-hacer germinar las nuevas plantas de que se reviste Europa,[140] no
-muy lejos de los embates de las olas, tras de las cuales, por su larga
-extensión, el Sol se oculta a veces a todos los hombres, se asienta la
-afortunada Calahorra, bajo la protección del grande escudo, en que el
-león está subyugado y subyuga a su vez. En ella nació el apasionado
-amante de la fe cristiana, el santo atleta, benigno para los suyos, y
-cruel para sus enemigos. Apenas fué creada, su alma se llenó de virtud
-tan viva, que en el seno mismo de su madre inspiró a ésta el dón de
-profecía. Cuando se celebraron los esponsales entre él y la fe en la
-sagrada pila, donde se dotaron de mutua salud, la mujer que dió por
-él su asentimiento vió en sueños el admirable fruto que debía salir
-de él y de sus herederos; y para que fuese más visible lo que ya era,
-descendió del cielo un espíritu, y le dió el nombre de Aquél que le
-poseía por completo. Domingo se llamó; y habló de él como del labrador
-que Cristo escogió para que le ayudase a cultivar su huerto. Pareció
-en efecto enviado y familiar de Cristo; porque el primer deseo que se
-manifestó en él fué el de seguir el primer consejo de Cristo. Muchas
-veces su nodriza lo encontró despierto y arrodillado en el suelo, como
-diciendo: "He venido para esto." ¡Oh padre verdaderamente Feliz!, ¡oh
-madre verdaderamente Juana!, si la interpretación de sus nombres es
-la que se les da. En poco tiempo llegó a ser un gran doctor, no por
-esa vanidad mundana por la que se afanan hoy todos tras del Ostiense
-y de Tadeo, sino por amor hacia el verdadero maná; entonces se puso
-a custodiar la viña que pierde en breve su verdura, si el viñador
-es malo; y habiendo acudido a la Sede, que en otro tiempo fué más
-benigna de lo que es ahora para los pobres justos, no por culpa suya,
-sino del que en ella se sienta y la mancilla, no pidió la facultad de
-dispensar dos o tres por seis; no pidió el primer beneficio vacante;
-"non decimas, quæ sunt pauperum Dei;" sino que pidió licencia para
-combatir los errores del mundo, y en defensa de la semilla de que
-nacieron las veinticuatro plantas que te rodean. Después, con su
-doctrina y su voluntad juntamente, corrió a desempeñar su misión
-apostólica, cual torrente que se desprende de un elevado origen; y su
-ímpetu atacó con más vigor los retoños de la herejía allí donde era
-mayor la resistencia. De él salieron en breve varios arroyos, con los
-que se regó el jardín católico, de modo que sus arbustos adquirieron
-más vida. Si tal fué una de las ruedas del carro en que se defendió la
-Santa Iglesia, venciendo en el campo las discordias civiles, bastante
-debes conocer ya la excelencia de la otra rueda de que te ha hablado
-Tomás con tantos elogios antes de mi llegada. Pero el carril trazado
-por la parte superior de la circunferencia de esta última rueda está
-abandonado, de suerte que ahora se halla el mal donde antes el bien.
-La familia que seguía fielmente las huellas de Francisco ha cambiado
-tanto su marcha, que pone la punta del pie donde él ponía los talones:
-pero pronto verá la cosecha que ha producido tan mal cultivo, cuando
-la cizaña se queje de que no se la lleve al granero. Convengo en que
-quien examinase hoja por hoja nuestro libro aún encontraría una página
-en que leería: "Yo soy el que acostumbro;" pero no procederá de Casale
-ni Acquasparta, de donde vienen algunos que, o huyen el rigor de la
-regla, o aumentan desmesuradamente su austeridad. Yo soy el alma de
-Buenaventura de Bagnoregio, que en mis grandes cargos pospuse siempre
-los cuidados temporales a los espirituales. Iluminato y Agustín están
-aquí: éstos fueron de los primeros pobres descalzos que, llevando el
-cordón, se hicieron amigos de Dios. Con ellos están Hugo de San Víctor,
-y Pedro Mangiadore, y Pedro Hispano, el cual brilló allá abajo por
-sus doce libros; el profeta Natán, y el metropolitano Crisóstomo, y
-Anselmo, y aquel Donato que se dignó poner su mano en la primera de las
-artes.[141] Aquí está también Rabano, y a mi lado brilla Joaquín, abad
-de Calabria, que estuvo dotado de espíritu profético. He debido alabar
-a aquel gran paladín de la Iglesia, por moverme a ello la ardiente
-simpatía y las discretas palabras de fray Tomás, que, así como a mí,
-han conmovido a todas estas almas.
-
- [139] Me obliga a ocuparme en Santo Domingo, por quien Santo
- Tomás habló tan bien de mi jefe San Francisco.
-
- [140] En España.
-
- [141] La Gramática.
-
-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-_CANTO DECIMOTERCIO_
-
-
-Quien deseare conocer bien lo que yo vi ahora, imagínese (y, mientras
-hablo, retenga la imagen como si fuese esculpida en fuerte roca) las
-quince estrellas, que en diversas regiones iluminan el cielo con tanta
-viveza, que vencen toda la densidad del aire: imagínese aquel Carro, al
-cual le basta el espacio de nuestro cielo para girar de noche y día,
-sin desaparecer nunca de aquella bocina, que comienza en la punta del
-eje en torno del cual se mueve la primera esfera; y piense que estas
-estrellas forman juntas en el cielo dos signos semejantes al que formó
-la hija de Minos cuando sintió el frío de la muerte:[142] figúrese uno
-de ellos despidiendo sus resplandores dentro del otro, y ambos a dos
-girando de manera que vayan en sentido inverso; y así tendrá como una
-sombra de la verdadera constelación y de la doble danza que circulaba
-en el sitio donde yo me encontraba; pues lo que vi es tan superior a
-lo que acostumbramos a ver, como el lento curso del Chiana es inferior
-al movimiento del más alto y veloz de los cielos. Allí se cantaba,
-no a Baco ni Peán, sino a tres Personas en una Naturaleza Divina, y
-ésta y la humana en una sola Persona. Tan luego como en las danzas
-y los cantos invirtieron el debido tiempo, aquellas santas luces se
-fijaron en nosotros, felicitándose de pasar de uno a otro cuidado.
-Después rompió el silencio de los espíritus acordes la luz que me había
-referido la admirable vida del Pobre de Dios, y dijo:
-
- [142] Imagine que estas veinticuatro estrellas formen en el
- cielo dos constelaciones dispuestas en círculo, como aquella
- corona en que al morir Ariadna, hija de Minos, hizo que se
- convirtiera la guirnalda de flores que adornaba su cabeza.
-
---Estando ya trillada una parte del trigo y guardado el grano, el
-dulce amor que te profeso me invita a trillar la otra parte. Tú
-crees que en el pecho de donde fué sacada la costilla para formar
-la hermosa boca cuyo paladar costó caro a todo el mundo, y en aquel
-otro que, atravesado de una lanzada, satisfizo tanto, que venció el
-peso de toda culpa cometida antes y después, el gran poder creador
-de uno y otro infundió cuanta ciencia es asequible a la naturaleza
-humana: por esto te admiras de lo que dije antes, al manifestar que
-el bienaventurado que está contenido en la quinta luz[143] fué sin
-segundo. Abre, pues, los ojos de la inteligencia a lo que voy a
-exponerte, y verás cómo tu creencia y mis palabras son con respecto a
-la verdad como el centro es respecto de todos los puntos del círculo.
-Lo que no muere, y lo que puede morir, no es más que un destello de
-la idea que nuestro Señor engendra por efecto de su bondad; porque
-aquella viva luz que sale del radiante Padre, y no se separa de él
-ni del Amor que se interpone entre ambos, por un efecto de su bondad,
-comunica su irradiación a nueve cielos, como transmitida de espejo en
-espejo, pero permaneciendo una eternamente. De allí desciende hasta las
-últimas potencias, disminuyendo de tal modo su fuerza por grados, que
-últimamente sólo produce breves contingencias. Por estas contingencias
-entiendo las cosas engendradas, que el Cielo en su movimiento produce
-con germen o sin él. La materia de éstas, y la mano que le da forma,
-no causan siempre los mismos efectos; por lo cual dichas cosas, que
-llevan el sello de la idea divina, aparecen más o menos perfectas.
-De aquí se sigue que una misma especie de árboles dé frutos buenos o
-malos, y que vosotros nazcáis con diferente ingenio. Si la materia
-fuese enteramente perfecta, y el Cielo estuviese también en su virtud
-suprema, la luz de la idea divina se mostraría en todo su esplendor.
-Pero la naturaleza da siempre una forma imperfecta, semejante en
-sus obras al artista que domina prácticamente su arte, y cuya mano
-tiembla. Si, pues, el ferviente amor dispone la materia, e imprime en
-ella la clara luz del ideal divino, entonces las cosas contingentes
-alcanzan la perfección. Así es como fué hecha la tierra digna de toda
-perfección animal, y así es cómo concibió la Virgen. Por lo tanto,
-apruebo tu opinión, porque la humana naturaleza no fué ni será jamás
-lo que ha sido en esas dos personas. Pero si yo no siguiese ahora
-adelante, empezarías por exclamar: "¿Cómo es, pues, que aquél no tuvo
-igual?" Para que aparezca bien lo que ahora no aparece, piensa quién
-era, y la razón que tuvo para pedir cuando se le dijo: "Pide." No he
-hablado de modo que no hayas podido comprender que aquél fué un rey,
-que pidió la sabiduría, a fin de ser un verdadero rey, y no por saber
-cuál es el número de los motores celestiales; o si lo necesario con
-lo contingente produce lo necesario; o bien "si est dare primum motum
-esse," ni si en un semicírculo puede colocarse un triángulo que no
-tenga un ángulo recto: así pues, si has comprendido bien lo que he
-dicho y lo que digo, conocerás que la sabiduría real era la ciencia sin
-par en que se clavaba la flecha de mi intención. Si claramente miras,
-verás que la palabra "Ascendió" sólo hacía referencia a los reyes,
-que son muchos, pero pocos los buenos. Acoge mis palabras con esta
-distinción; y así podrás conservar tu creencia sobre el primer padre
-y nuestro Amado. Esto debe hacerte andar siempre con pies de plomo,
-para que, cual hombre cansado, los muevas lentamente hacia el sí y el
-no que no distingues con claridad; pues necio es entre los necios el
-que sin distinción afirma o niega, ya en uno, ya en otro caso; porque
-acontece a menudo que una opinión precipitada se extravía, y después
-el amor propio ofusca nuestro entendimiento. El que va en busca de la
-verdad, sin conocer el arte de encontrarla, hace el viaje peor que en
-vano, porque no vuelve tal como fué; de lo cual son en el mundo pruebas
-ostensibles Parménides, Meliso, Briso y otros muchos que marchaban y
-no sabían adónde. Así hicieron Sabelio y Arrio, y aquellos necios que
-fueron como espadas para las Escrituras, torciendo el recto sentido de
-sus palabras. Los hombres no deben aventurarse a juzgar, como hace el
-que aprecia las mieses en el campo sin estar granadas; porque he visto
-primero el zarzal áspero y punzante durante todo el invierno, y luego
-cubrirse de rosas en su cima; y he visto a la nave surcar el mar recta
-y veloz durante su viaje, y perecer a la entrada del puerto. No crean
-doña Berta y seor Martino,[144] por haber visto a uno robando, y a otro
-haciendo ofrendas, verlos del mismo modo en la mente de Dios, porque
-aquél puede elevarse y éste caer.
-
- [143] El rey Salomón.
-
- [144] Nombres usados antiguamente para significar gentes de
- poco cacúmen.
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-[Ilustración]
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-[Ilustración]
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-_CANTO DECIMOCUARTO_
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-
-El agua contenida en un vaso redondo se mueve del centro a la
-circunferencia o de ésta al centro, según que la agiten por dentro o
-por fuera. Ocurrióseme de pronto esto que digo en cuanto calló el alma
-gloriosa de Santo Tomás, por la semejanza que nacía de sus palabras y
-de las de Beatriz, a quien plugo decir, después de aquél:
-
---Este necesita, aunque no os lo indique ni con la voz ni con el
-pensamiento, llegar a la raíz de otra verdad. Decidle si la luz con que
-se adorna vuestra substancia permanecerá con vosotros eternamente tal
-como es ahora; y si así es, decidle cómo podrá suceder que no os ofenda
-la vista cuando os rehagáis visiblemente.
-
-Así como en un arranque de alegría los que dan vueltas danzando elevan
-la voz y manifiestan en sus gestos su regocijo, del mismo modo, ante
-aquel ruego piadoso y expresivo, los santos círculos demostraron nuevo
-gozo en su danza y en su admirable canto. El que se lamenta de que
-haya de morir aquí abajo para vivir después en el cielo, no ha visto
-el placer que la lluvia eterna de la sacrosanta luz produce en los
-bienaventurados. Aquel uno y dos y tres que vive siempre, y siempre
-reina en tres y dos y uno, no circunscrito y circunscribiéndolo todo,
-era cantado tres veces por cada uno de aquellos espíritus con tal
-melodía, que oírlos sería justa recompensa para todo mérito. Yo oí en
-la luz más resplandeciente del menor círculo una voz modesta,[145]
-quizá como la del Angel al dirigirse a María que respondió:
-
- [145] La voz de Salomón, modesta como lo es la verdadera
- sabiduría.
-
---Mientras dure la fiesta del Paraíso, otro tanto tiempo irradiará
-nuestro amor en torno de nuestra vestidura. Su claridad corresponde
-al ardor que nos inflama; el ardor, a nuestras celestiales visiones;
-y éstas son tanto más claras, cuanto mayor es la gracia que cada uno
-tiene según su valor. Cuando nos revistamos de la carne gloriosa y
-santa, nuestra persona será mucho más grata a Dios y a nosotros, porque
-estará completa: entonces se aumentará lo que de su gratuita luz nos
-da el Sumo Bien, luz que nos permite contemplarle; y entonces deberá
-aumentarse también nuestra santa visión, el ardor que ésta produce y el
-rayo que del ardor desciende; pero así como el carbón que origina la
-llama la sobrepuja en deslumbrante blancura, de tal modo que aparece
-en medio de ella, de igual suerte este fulgor que ya nos rodea, será
-vencido en apariencia por la carne, que todavía está cubierta por la
-tierra; y un esplendor tan grande no podrá ofendernos, porque los
-órganos del cuerpo serán bastante fuertes para todo lo que pueda
-deleitarnos.
-
-Uno y otro coro me parecieron tan prontos y unánimes en decir "Amén,"
-que manifestaron bien claramente el deseo de revestir sus cuerpos
-mortales; no por ellos quizá, sino por sus madres, por sus padres,
-y por los demás seres que les fueron queridos antes de convertirse
-en sempiternas llamas. Y he aquí que en derredor de tales claridades
-nació una nueva luz sobre la que allí había, semejante a un horizonte
-luminoso; y así como al anochecer empiezan a entreverse en el Cielo
-nuevas apariciones, que parecen ser y no ser, así me pareció empezar
-a ver allí nuevas substancias. ¡Oh verdadero centelleo del Espíritu
-Santo! ¡Cuán brillante se presentó de improviso a mis ojos que,
-vencidos, no pudieron soportarlo! Pero se me mostró Beatriz tan bella y
-sonriente, que a su aspecto hubo de quedar esta visión entre las demás
-que no he podido retener en la memoria: entonces mis ojos recobraron
-fuerzas para alzarse de nuevo, y me vi transportado a mayor gloria
-sólo con mi Dama. Por el ígneo fulgor de la estrella, que me parecía
-más rojo que de costumbre, eché de ver que había subido a un punto
-más elevado; y con el lenguaje que es común a todos, de todo corazón
-ofrecí a Dios el holocausto debido por esta nueva gracia. No se había
-extinguido aún en mi pecho el ardor del sacrificio, cuando conocí que
-éste había sido felizmente bien aceptado; pues se me aparecieron unos
-resplandores tan deslumbrantes y rojos dentro de dos rayos luminosos,
-que exclamé: "¡Oh Helios, cuánto los embelleces!"
-
-Salpicados de grandes y pequeños luminares, lo mismo de Galaxia, cuya
-blancura extendida entre los polos del mundo hace dudar a los más
-sabios, aquellos rayos formaban en el fondo de Marte el venerable signo
-que produce la intersección de los cuadrantes en un círculo. Aquí el
-ingenio es inferior a mi memoria; en aquella cruz resplandecía Cristo
-de suerte, que no puedo encontrar una comparación digna; pero el que
-toma su cruz y sigue a Cristo me perdonará una vez más lo que omito,
-cuando vea centellear a Cristo en aquel albor. De uno a otro extremo de
-los brazos de la cruz y de arriba abajo se agitaban luces, que lanzaban
-vívidos destellos cada vez que se unían o pasaban más allá, tal como se
-ven en la Tierra los átomos agitándose en línea recta o curva, ágiles
-o lentos, cambiando sin cesar de aspecto, en el rayo de luz que corta
-la sombra que el hombre, por medio de su inteligencia y de su arte,
-se procura contra el Sol; y así como el laúd o el arpa forman con sus
-numerosas cuerdas una dulce armonía, aun para el que no distingue
-cada nota, del mismo modo aquellas luces que allí se me aparecieron
-produjeron alrededor de la cruz una melodía, que me arrebataba a pesar
-de no comprender el himno. Bien conocí que encerraba altas alabanzas,
-porque llegaron hasta mí estas palabras: "Resucita y vence," pero como
-el que oye sin entender. Y aquella melodía me arrobaba tanto, que hasta
-entonces no hubo cosa alguna que me ligara con tan dulces vínculos.
-Quizá parezcan demasiado atrevidas mis palabras, creyendo que pospongo
-a otras delicias el placer de los bellos ojos, en cuya contemplación se
-calman todos mis deseos; pero quien sepa que las vivas marcas de toda
-belleza la imprimen mayor a medida que están más elevadas, y considere
-que allí no me había vuelto aun hacia ellos, podrá excusarme de lo que
-me acuso para excusarme, y conocerá que digo la verdad; pues el santo
-placer de aquella mirada no está excluído aquí, supuesto que se hace
-más puro a medida que nos elevamos.
-
-[Ilustración]
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-
-[Ilustración]
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-_CANTO DECIMOQUINTO_
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-La benigna voluntad, en la que se manifiesta siempre el amor cuyas
-aspiraciones son rectas, como la codicia se manifiesta en la voluntad
-inicua, impuso silencio a aquella dulce armonía e hizo reposar las
-santas cuerdas que por la diestra de Dios están templadas. ¿Cómo se
-habían de hacer sordas a súplicas justas aquellas substancias, que,
-para infundirme el deseo de dirigirles alguna pregunta, estuvieron
-acordes en callarse? Justo es que se lamente sin tregua el que, por
-amor a cosas que no pueden durar eternamente, se desprende de aquel
-amor. Como en noche serena discurre acá o allá por el cielo tranquilo
-y puro un repentino fuego, atrayendo las miradas hasta entonces
-indiferentes, y parecido a una estrella que cambia de sitio, sólo que
-ninguna desaparece de la parte donde aquél se enciende y dura poco, así
-desde el extremo del brazo derecho al pie de la cruz se corrió un astro
-de la constelación que aquí resplandece;[146] pero el diamante no se
-separó de su ángulo, sino que siguió la faja luminosa, asemejándose a
-una luz que pasa por detrás del alabastro. No menos afectuosa que aquel
-espíritu se mostró la sombra de Anquises cuando reconoció a su hijo en
-los Campos Elíseos, si hemos de dar crédito a nuestro mayor Poeta.
-
- [146] El alma de Caociaguida, tatarabuelo del Poeta.
-
---¡Oh sangre mía!, ¡oh superabundante gracia de Dios! ¿Quién, como tú,
-ha visto abiertas dos veces ante sí las puertas del Cielo?
-
-Así dijo aquella luz; por lo cual fijé en ella toda mi atención:
-después volví el rostro hacia mi Dama, y por una y otra parte quedé
-asombrado; pues en sus ojos brillaba tal sonrisa, que creí llegar con
-los míos al fondo de mi gracia y de mi Paraíso. Luego aquel espíritu,
-al que era tan grato ver y oír, añadió a sus primeras palabras cosas
-que no comprendí; tan profundos fueron sus conceptos: no porque fuese
-su intento el ocultármelos, sino por necesidad a causa de ser éstos
-superiores a la inteligencia de los mortales. Cuando el arco de su
-ardiente afecto estuvo menos tirante para que sus palabras descendiesen
-hasta el límite concedido a nuestra inteligencia, la primera cosa que
-oí fué:
-
---Bendito seas Tú, trino y uno, que tan propicio eres a mi descendencia.
-
-Y continuó diciendo:
-
---Hijo mío: gracias a ésa que te ha revestido de plumas para emprender
-tan alto vuelo, has satisfecho dentro de esta luz en que te hablo un
-plácido y largo deseo de verte, originado en mí de haber leído tu
-venida en el gran libro donde no se cambia jamás lo blanco en negro,
-ni lo negro en blanco. Tú crees que tu pensamiento ha llegado hasta mí
-por medio de aquel que es el primero, así como de la unidad, de todos
-conocida, se forman el cinco y el seis; y por eso ni me preguntas
-quién soy, ni por qué te parezco más gozoso que otro alguno de esta
-alegre cohorte. Crees la verdad; porque, en esta vida, los espíritus
-que disfrutan, así de mayor como de menor gloria, miran en el espejo
-en que aparece el pensamiento antes de nacer. Pero a fin de que el
-sagrado amor que observo con perpetua atención, y que excita en mí un
-dulce deseo, se satisfaga mejor, manifiesta con voz segura, franca y
-placentera, cuál es tu voluntad, cuál tu deseo, pues mi respuesta está
-ya preparada.
-
-Yo me volví hacia Beatriz; y ella, que me había oído antes de que yo
-hablara, se sonrió de un modo que hizo crecer las alas de mi deseo.
-Después empecé de este modo:
-
---Desde que se os patentizó la Igualdad primera, el afecto y la
-inteligencia tienen un peso igual en cada uno de vosotros; porque en
-ese Sol, que os ilumina y abrasa con su luz y su calor, son tan iguales
-ambas virtudes, que toda semejanza es poca. Pero el entendimiento y
-la voluntad de los mortales, por la razón que os es ya manifiesta,
-vuelan con diferentes alas. Así es que yo, que soy mortal, me veo en
-esta desigualdad, y únicamente puedo dar gracias con el corazón a tan
-paternal acogida. Te suplico, pues, encarecidamente, ¡oh vivo topacio,
-que enriqueces esa preciosa joya!, que me hagas sabedor de tu nombre.
-
---¡Oh vástago mío, en quien me complacía mientras te esperaba! Yo fuí
-tu raíz.
-
-De esta suerte dió principio a su respuesta. Después añadió:
-
---Aquel de quien ha tomado su nombre tu prosapia, y que por espacio de
-ciento y más años ha estado girando por el primer círculo del monte,
-fué mi hijo y tu bisabuelo: bien necesita que con tus obras disminuyas
-su prolongada fatiga. Florencia, dentro del antiguo recinto donde
-oye sonar aún tercia y nona, estaba en paz, sobria y púdica. No tenía
-gargantillas, ni coronas, ni mujeres ostentosamente calzadas, ni
-cinturones más llamativos a la vista que la persona que los lleva.
-Al nacer, no causaba miedo la hija al padre, porque la época del
-matrimonio y el dote no habían salido aún de los límites regulares. No
-estaban entonces las casas vacías de moradores; no había llegado aún
-Sardanápalo a enseñar lo que se puede hacer en una cámara. Montemalo
-no era aún vencido por Uccellatoio, el cual, así como le excede en
-la subida, le excederá en la bajada. Yo he visto a Bellincion Berti
-con cinturón de cuero y hebilla de hueso, y a su mujer separarse del
-espejo sin colorete en el rostro: he visto a los de Nerli y a los
-del Vecchio contentarse con ir cubiertos de una simple piel, y a sus
-mujeres dedicadas a la rueca y al huso. ¡Oh afortunadas! Cada una de
-ellas conocía el lugar donde había de ser sepultada, y ninguna se
-había visto abandonada en el lecho por causa de Francia. La una velaba
-su cuna, y para consolar a su hijo usaba el idioma que constituye la
-primera alegría de los padres y de las madres: la otra, tirando de la
-blanca cabellera de su rueca, charlaba con su familia de los troyanos,
-y de Fiésole y de Roma. En aquellos tiempos se habría mirado como una
-maravilla a una Cianghella y a un Lapo Salterello, como hoy causarían
-asombro un Cincinato y una Cornelia. En medio de tanta calma, y de
-tan hermosa vida por parte de todos y entre tan fieles conciudadanos,
-me hizo nacer la Virgen María, llamada a grandes gritos, y en vuestro
-antiguo Baptisterio fuí a un tiempo cristiano y Cacciaguida. Moronto
-y Eliseo fueron mis hermanos; mi esposa procedía del valle del Po, y
-de ella viene tu apellido. Después seguí al emperador Conrado, que me
-concedió el título de caballero; tanto fué lo que le agradé por mis
-buenas acciones. Tras él fuí contra la maldad de aquella ley, cuyo
-pueblo usurpa vuestro dominio, por culpa del Pastor. Allí aquella torpe
-raza me libró del mundo falaz, cuyo amor envilece tantas almas, y desde
-el martirio llegué a esta paz.
-
-[Ilustración]
-
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-
-[Ilustración]
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-_CANTO DECIMOSEXTO_
-
-
-¡Oh nobleza de la sangre! Aunque seas muy poca cosa, nunca me admiraré
-de que hagas vanagloriarse de ti a la gente aquí abajo, donde nuestros
-afectos languidecen; pues yo mismo, allá donde el apetito no se tuerce,
-quiero decir, en el cielo, me vanaglorié de poseerte. A la verdad,
-eres como un manto que se acorta en breve, de modo que si cada día
-no se le añade algún pedazo, el tiempo lo va recortando en torno con
-sus tijeras. Con el "vos," al que Roma fué la primera en someterse y
-en cuyo empleo no han perseverado tanto sus descendientes, empezaron
-esta vez mis palabras: por lo cual, Beatriz, que estaba algún tanto
-apartada, sonrióse, pareciéndose a la que tosió cuando Ginebra cometió
-la primera falta de que habla la crónica.[147] Yo empecé a decir:
-
- [147] Según cuenta la crónica de la Tabla redonda, la camarera
- de la reina Ginebra tosió al notar el primer mal paso dado por
- su señora, llevada del amor a Lanzarote.
-
---Vos sois mi padre; vos me infundís aliento para hablar; vos me
-enaltecéis de modo, que soy más que yo mismo. Por tantos arroyos se
-inunda de alegría mi mente, que se goza en sí misma al considerar que
-puede contener tanta sin que la abrume. Decidme, pues, ¡oh mi querido
-antepasado!, quiénes fueron vuestros predecesores, y cuáles los años en
-que comenzó vuestra infancia. Decidme lo que era entonces el rebaño de
-San Juan, y cuáles las personas más dignas de elevados puestos.
-
-Como se aviva la llama del carbón al soplo del viento, así vi yo
-resplandecer aquella luz ante mis afectuosas palabras; y si pareció más
-bella a mis ojos, más dulce y suave fué también su acento cuando me
-dijo, aunque no en nuestro moderno lenguaje:
-
---Desde el día en que se dijo "Ave," hasta el parto en que mi madre,
-que hoy es santa, se libró de mi peso, este Planeta fué a inflamarse
-quinientas cincuenta y tres veces a los pies del León. Mis antepasados
-y yo nacimos en aquel sitio donde primero encuentra el último distrito
-el que corre en vuestros juegos anuales. Bástete saber esto con
-respecto a mis mayores; lo que fueron o de dónde vinieron, es más
-cuerdo callarlo que decirlo. Todos los que se encontraban entonces en
-estado de llevar las armas, entre la estatua de Marte y el Baptisterio,
-formaban la quinta parte de los que ahora viven allí; pero la
-población, que es al presente una mezcla de gente de Campi, de Certaldo
-y de Fighine, se veía pura hasta en el último artesano. ¡Oh!, ¡cuánto
-mejor fuera tener por vecinas a aquellas gentes, y vuestras fronteras
-en Galluzo y Trespiano, que no tenerlas dentro de vuestros muros, y
-soportar la fetidez del villano de Aguglión y del de Signa, que tiene
-ya los ojos muy abiertos para traficar! Si la gente que está más
-degenerada en el mundo no hubiera sido una madrastra para César, sino
-benigna como una madre para con su hijo, más de uno que se ha hecho
-florentino, y cambia y trafica, se habría vuelto a Semifonti, donde
-andaba su abuelo pordioseando: los Conti estarían aún en Montemurlo;
-los Cerchi en la jurisdicción de Ancona, y quizá aun en Valdigrieve
-los Buondelmonti. La confusión de las personas fué siempre el
-principio de las desgracias de las ciudades, como la mescolanza de los
-alimentos lo es de las del cuerpo; pues un toro ciego cae más pronto
-que un cordero ciego; y muchas veces corta más y mejor una espada
-que cinco. Si consideras cómo han desaparecido Luni y Urbisaglia, y
-cómo siguen sus huellas Chiusi y Sinigaglia, no te parecerá una cosa
-difícil de creer el oír cómo se deshacen las familias, puesto que las
-ciudades mismas tienen un término. Todas vuestras cosas mueren como
-vosotros; pero se os oculta la muerte de algunas que duran mucho,
-porque vuestra vida es muy corta; y así como los giros del cielo de
-la Luna cubren y descubren sin tregua las orillas del mar, lo mismo
-hace con Florencia la Fortuna: por lo cual no debe asombrarte lo que
-voy a decir con respecto a los primeros florentinos, cuya fama está
-envuelta en la obscuridad de los tiempos. He visto ya en decadencia
-los Ughi, los Catellini, Filippi, Greci, Ormanni y Alberichi, todos
-ilustres caballeros; he visto también con los de la Sannella a los
-del Arca y a los Soldanieri, los Ardinghi y los Bostichi, tan grandes
-como antiguos. Sobre la puerta, cargada al presente con una felonía de
-tan gran peso, que en breve hará zozobrar vuestra barca, estaban los
-Ravignani, de quienes descienden el conde Guido, y los que han tomado
-después el nombre del gran Bellincion. El primogénito de la familia de
-la Pressa conocía el arte de gobernar bien, y en casa de Galigaio se
-veían ya los distintivos de la nobleza, que consistían en usar dorados
-la guarnición y el pomo de la espada. Grande era ya la columna de la
-Comadreja, e ilustres los Cacchetti, Giuochi, Fifanti, Baruci y Galli,
-y los que se avergüenzan al recuerdo de la medida. El tronco de que
-nacieron los Calfucci era ya grande, y ya habían sido promovidos a las
-sillas curules los Sizii y los Arrigucci. ¡Oh! ¡cuán fuertes he visto a
-aquéllos, que han sido destruídos por su soberbia! Y sin embargo, las
-bolas de oro[148] con sus altos hechos hacían florecer a Florencia;
-así como también los padres de aquellos que siempre que está vacante
-vuestra iglesia engordan mientras se hallan reunidos en consistorio. La
-presuntuosa familia[149] que persigue como un dragón al que huye, y se
-humilla como un cordero ante el que le enseña los dientes o la bolsa,
-venía ya engrandeciéndose; pero su origen era bajo: por esto no agradó
-a Ubertino Donato que su suegro le hiciera emparentar con ella. Los
-Caponsacco habían descendido ya de Fiésole, y habitaban en el Mercado,
-y ya Giuda e Infangato eran buenos ciudadanos. Voy a decirte una cosa
-increíble y verdadera: en el pequeño círculo que formaba la ciudad, se
-entraba por una puerta que debía su nombre a la familia de la Pera.
-Todos los que llevan las bellas insignias del gran Barón, cuyo nombre
-y cuya gloria se renuevan en la fiesta de Santo Tomás, recibieron
-de él sus títulos de caballero y sus privilegios; si bien hoy se ha
-colocado en el partido del pueblo aquel que rodea sus insignias de un
-círculo de oro. Ya los Gualterotti y los Importuni vivían tranquilos
-en el Borgo, y más lo habrían estado sin nuevos vecinos. La casa de
-que ha nacido vuestro llanto, por el justo rencor que os ha destruído
-y dado fin a vuestra agradable vida, era honrada con todos los suyos.
-¡Oh Buondelmonte!, ¡cuán mal hiciste en no aliarte con ella por medio
-del matrimonio para consuelo de los demás! Muchos de los que hoy están
-tristes estarían alegres, si Dios te hubiese entregado a Ema la primera
-vez que viniste a la ciudad. Pero era preciso que ante aquella piedra
-rota que guarda el puente sacrificara Florencia una víctima en sus
-últimos días de paz. Con tales familias y con otras muchas he visto a
-Florencia en medio de tan gran reposo, que no tenía motivo para llorar.
-Con estas familias he visto a su pueblo tan glorioso y justo, que jamás
-el lirio fué llevado al revés en la lanza, ni se había vuelto aún rojo
-a causa de las discordias.
-
- [148] Los Umberti y los Lamberti, que en sus armas tenían
- bolas de oro.
-
- [149] Los Adimari, uno de los cuales perjudicó mucho a Dante.
-
-[Ilustración]
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-
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-
-[Ilustración]
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-
-_CANTO DECIMOSEPTIMO_
-
-
-Estaba yo afanoso como aquel cuyo ejemplo hace que los padres sean
-un poco condescendientes con sus hijos, cuando acudió a Climene para
-cerciorarse de lo que acerca de él había oído; y bien lo conocían
-Beatriz y aquella luz que por mí había cambiado antes de sitio; por lo
-cual me dijo mi Dama:
-
---Exhala el ardor de tu deseo de tal modo que salga bien expresado con
-la fuerza que lo sientes; no para que nosotros lo conozcamos mejor por
-tus palabras, sino para que te atrevas a manifestar tu sed, a fin de
-que otros te den de beber.
-
---¡Oh mi querida planta, que te elevas tanto, que mirando al punto
-a quien todos los tiempos son presentes, ves las cosas contingentes
-antes de que sean en sí, como ven las inteligencias terrestres que dos
-ángulos obtusos no pueden caber en un triángulo! Mientras acompañado
-de Virgilio subía yo por el monte donde se curan las almas, y cuando
-bajaba por el mundo de los muertos, se me dijeron palabras graves
-acerca de mi vida futura; y aunque me considere como un tetrágono ante
-los golpes de la desgracia, quisiera saber cuál es la suerte que me
-está reservada; pues el dardo previsto hiere con menos fuerza.
-
-Así dije a la misma luz que me había hablado antes, manifestando mi
-deseo como lo quiso Beatriz. Aquel amoroso progenitor mío, encerrado y
-patente a un mismo tiempo en su esplendor risueño, me contestó, no en
-los términos ambiguos con que eran engañados los necios gentiles antes
-de que fuese inmolado el Cordero de Dios que redimió los pecados, sino
-con palabras claras y en latín correcto:
-
---Las contingencias a cuyo conocimiento no alcanzan los límites de
-vuestra materia, están todas presentes a la vista de Dios. De aquí
-no se infiere, sin embargo, su necesidad, sino como es preciso que
-se pinte en los ojos de quien la mira, la nave que desciende por una
-corriente. Desde la mente divina llega a mi vista, como a los oídos la
-dulce armonía del órgano, el tiempo que para ti se prepara. Del mismo
-modo que Hipólito partió de Atenas por la crueldad y perfidia de su
-madrastra, tendrás que salir de Florencia. Esto es lo que se quiere, y
-lo que se busca y pronto será hecho por los que lo meditan allá donde
-diariamente se vende a Cristo. Las culpas caerán sobre los vencidos,
-como es costumbre; pero el castigo dará testimonio de la verdad, que
-lo envía al que lo merece. Tú abandonarás todas las cosas que más
-entrañablemente amas, y este es el primer dardo que arroja el arco del
-destierro. Tú probarás cuán amargo es el pan ajeno, y cuán duro camino
-el que conduce a subir y bajar las escaleras de otros. Y lo que más
-gravará tus espaldas será la compañía estúpida y malvada con la cual
-caerás en este valle; porque ingrata, loca e impía, se revolverá contra
-tí; si bien poco después, ella y no tú, verá destrozada su frente.
-Su conducta probará su bestialidad, de suerte que para ti será más
-laudable haberte separado completamente de ella. Tu primer refugio y
-tu primer albergue serán la cortesía del Gran Lombardo, que sobre la
-escala lleva el ave santa,[150] el cual te mirará tan benignamente, que
-entre ambos el dar precederá al pedir, al contrario de lo que sucede
-entre los demás. Sí, verás a aquel que al nacer fué tan inspirado por
-esta fuerte estrella, que sus hechos serán siempre admirados. Los
-pueblos no han reparado en él aún a causa de su corta edad, pues sólo
-hace nueve años que giran en derredor suyo estas esferas. Pero antes de
-que el Gascón engañe al gran Enrique,[151] aparecerán los destellos de
-su virtud en su desprecio al dinero y a las fatigas. Sus magnificencias
-serán tan conocidas, que ni aun sus mismos enemigos podrán dejar de
-referirlas. Espera en él y en sus beneficios; por él muchos hombres
-serán transformados, y los ricos y los pobres cambiarán de condición.
-Lleva grabado en tu mente cuanto te predigo acerca de él; pero no lo
-manifiestes a nadie.
-
- [150] Can el Grande, señor de Verona.
-
- [151] El papa Clemente V, de Gascuña, después de haber
- promovido al imperio a Enrique VII, favoreció a sus enemigos.
-
-Y me refirió después cosas, que parecerán increíbles aun a aquellos que
-las presencien. Después añadió:
-
---Hijo mío, tales son las interpretaciones de lo que se te ha dicho;
-tales las asechanzas que se te ocultarán por pocos años. No quiero, sin
-embargo, que odies a tus conciudadanos; pues tu vida se prolongará más
-aún de lo que tarde el castigo de su perfidia.
-
-Cuando, por su silencio, demostró el alma santa que había concluído de
-poner la trama en la tela que le presenté urdida, empecé a decir, como
-el que en sus dudas desea el consejo de una persona entendida, recta y
-amante:
-
---Bien veo, padre mío, cómo corre el tiempo hacia mí para darme uno de
-esos golpes, tanto más graves, cuanto más desprevenido se vive; por lo
-cual es bueno que me arme de previsión, a fin de que, si se me priva
-del lugar que más quiero, no pierda los demás por causa de mis versos.
-Allá abajo, en el mundo eternamente amargo, y en el monte desde cuya
-hermosa cumbre me elevaron los ojos de mi Dama, y después en el cielo,
-de luz en luz, he oído cosas, que si las repitiera, serían para muchos
-de un sabor desagradable; y si soy cobarde amigo de la verdad, temo
-perder la fama entre los que llamarán a este tiempo el tiempo antiguo.
-
-La luz en que sonreía el tesoro que yo había encontrado allí, empezó
-por brillar como un espejo de oro a los rayos del Sol, y después
-respondió:
-
---Sólo una conciencia manchada por su propia vergüenza o por la ajena
-encontrará aspereza en tus palabras: no obstante esto, aparte de ti
-toda mentira manifiesta por completo tu visión, y deja que se rasque
-el que tenga sarna; pues si tu voz es desagradable al gustarla por
-primera vez, dejará un alimento vivificante cuando sea digerida. Tu
-grito hará lo que el viento, que azota más las más elevadas cumbres, lo
-cual no será una pequeña prueba de honor. Por eso tan sólo se te han
-mostrado en estas esferas, en el monte y en el doloroso valle las almas
-que han gozado de cierto renombre; porque el ánimo del que escucha no
-fija su atención ni presta fe a ejemplos sacados de una raíz oculta y
-desconocida, ni a otras cosas que no se manifiesten claramente.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO DECIMOCTAVO_
-
-
-Aquel espíritu bienaventurado se recreaba ya en sus reflexiones, y yo
-saboreaba las mías, atemperando lo amargo con lo dulce, cuando la Dama
-que me conducía hasta Dios me dijo:
-
---Cambia de ideas; piensa que yo estoy al lado de Aquél que alivia
-todas las contrariedades.
-
-Yo me volví hacia la voz amorosa de mi consuelo, y desisto de expresar
-cuál fué el amor que vi entonces en sus santos ojos; no sólo porque
-desconfíe de mis palabras, sino porque la mente no puede repetir lo
-que es superior a ella, si otro poder no le ayuda. Sólo puedo decir
-con respecto a este punto que, contemplándola, mi ánimo se vió libre
-de todo otro deseo: pues el placer eterno, que irradiaba directamente
-sobre Beatriz, me hacía dichoso al verlo reflejado en su hermoso
-rostro. Pero ella, desviándome de esta contemplación con la luz de una
-sonrisa, me dijo:
-
---Vuélvete y escucha; que no está solamente en mis ojos el paraíso.
-
-Así como algunas veces se ve la pasión en la fisonomía, si aquélla
-es tanta que el alma entera le está sometida, del mismo modo en los
-destellos del fulgor santo, hacia el cual me volví, conocí el deseo de
-continuar nuestra plática. Y en efecto, empezó diciendo:
-
---En esta quinta rama del árbol que recibe la vida por la copa, y
-fructifica siempre y nunca pierde sus hojas, son bienaventurados los
-espíritus que allá abajo, antes de venir al cielo, alcanzaron tan gran
-renombre, que toda musa se enriquecería con sus acciones: mira los
-brazos de la cruz, y los que te iré nombrando harán en ellos lo que el
-relámpago en la nube.
-
-Apenas nombró a Josué, vi pasar un fulgor por la cruz, y el oír
-pronunciar aquel nombre y ver deslizarse su resplandor fué todo uno. Al
-nombre del Gran Macabeo, vi moverse otra luz dando vueltas a causa de
-su alegría. Del mismo modo, a los nombres de Carlo-Magno y de Orlando,
-mi atenta mirada siguió a dos luces, como sigue la vista el vuelo
-del halcón. Después pasaron ante mis ojos por aquella cruz Guillermo
-y Rinoardo, el duque Godofredo y Roberto Guiscardo. En seguida, el
-alma que me había hablado se movió del mismo modo y se reunió a los
-anteriores, demostrándome lo artista que era entre los cantores del
-cielo.
-
-Volvíme hacia la derecha para conocer en Beatriz lo que debía hacer,
-bien por sus palabras o por sus ademanes; y vi sus ojos tan serenos,
-tan gozosos, que su rostro sobrepujaba a todos los otros, y hasta a
-su anterior aspecto. Y así como el hombre que obra bien, por el mayor
-placer que siente, advierte de día en día el aumento de su virtud, así
-yo, viendo más resplandeciente aquel milagro de belleza, reparé que se
-había hecho más extenso el círculo de mi rotación juntamente con el
-cielo; y en breve espacio de tiempo que muda de color el rostro de una
-doncella cuando depone el peso de la vergüenza, presentóse a mis ojos,
-al volverme, una transmutación semejante, por efecto de la blancura
-de la sexta y templada estrella, que me había recibido en su interior.
-Yo vi en aquella antorcha de Jove los destellos del amor que en ella
-existía, representando a mis ojos nuestro alfabeto; y así como las aves
-que se elevan sobre un río, regocijándose al llegar al sitio donde
-encuentran su alimento, forman a veces una hilera circular, y otras
-veces la prolongan, de igual suerte revoloteaban cantando las santas
-criaturas dentro de aquellas luces, y describiendo D, I o L con sus
-movimientos.[152] Primeramente ajustaban su baile al canto; después,
-representando uno de aquellos caracteres, se detenían un momento y
-guardaban silencio.
-
- [152] Son las tres primeras letras de la palabra Diligite de
- la frase: Diligite justitiam qui judicatis terram; que se lee
- en la Sagrada Escritura.
-
-¡Oh divina Pegásea,[153] que glorificas y prolongas la vida de los
-ingenios, haciendo que perpetúen la memoria de las ciudades y de los
-reinos! Ilumíname a fin de que describa sus figuras tales cuales las he
-visto, y de que aparezca tu poder en estos cortos versos.
-
- [153] La musa Calíope.
-
-Las luces formaron, pues, cinco veces siete vocales y consonantes, y
-yo observé aquellas figuras conforme me fueron apareciendo. "Diligite
-justitiam" fué el primer verbo y el primer nombre que representaron;
-"qui judicatis terram" fueron las últimas palabras. Después, en la M
-del quinto vocablo se quedaron formadas de modo que la estrella de
-Júpiter en aquel punto parecía de plata moteada de oro. Entonces vi
-descender otras luces sobre la parte superior de la M y detenerse allí
-cantando, según creo, el bien que hacia sí las atrae. Después, así como
-del choque de dos tizones ardientes salen innumerables chispas, de
-donde los necios deducen augurios, parecióme que se elevaban más de
-mil luces, remontándose unas más y otras menos, según las distribuye el
-Sol que las enciende; y cuando cada cual quedó fijo en su puesto, vi
-que aquellas luces formaban distintamente la cabeza y el cuello de un
-águila. Aquel que pinta esto no tiene quien le guíe, antes bien él guía
-todas las cosas, y de él procede esa virtud que mueve a los animales
-a dar una forma apropiada a sus nidos. Los demás bienaventurados, que
-anteriormente parecían contentarse con formar sobre la M una corona de
-lises, por medio de un pequeño movimiento concluyeron la figura del
-águila.
-
---¡Oh dulce estrella!, ¡cuántas y qué resplandecientes almas me
-demostraron allí que nuestra justicia es un efecto del cielo que tú
-adornas! Por eso suplico a la Mente, principio de tu movimiento y de
-tu fuerza, que repare de dónde sale el humo que obscurece tus rayos, a
-fin de que se irrite otra vez contra los compradores y vendedores del
-templo que se fortificó con los milagros y la sangre de los mártires.
-¡Oh milicia celestial a quien contemplo! Ruega por los que existen en
-la Tierra extraviados por el mal ejemplo. Era ya antigua costumbre
-hacer la guerra con la espada; hoy se hace arrebatando por doquiera
-el pan que a nadie niega nuestro piadoso Padre. Pero tú, que escribes
-solamente para borrar, piensa que aún están vivos Pedro y Pablo, los
-cuales murieron por la viña que de tal modo echas a perder. Con razón
-puedes decir: "Tengo tan fijos mis deseos en aquél que quiso vivir
-solo, y que a consecuencia de un baile fué arrastrado al martirio,[154]
-que no conozco al Pescador ni a Pablo."
-
- [154] San Juan Bautista.
-
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-[Ilustración]
-
-
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-_CANTO DECIMONONO_
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-
-Ante mi aparecía, con las alas abiertas, la bella imagen que en su
-dulce fruición hacía dichosas a las almas reunidas. Cada una de éstas
-parecía un pequeño rubí, en el que brillaba tan encendido un rayo
-de Sol, que reflejaba a mis ojos la imagen del mismo Sol. Y lo que
-necesito describir ahora no lo anunció la voz jamás, ni lo escribió la
-tinta, ni lo concibió la imaginación. Porque vi, y aun oí hablar al
-pico del águila y decir con su voz "Yo" y "Mio," cuando su intención
-era decir: "Nos" y "Nuestro." Y empezó así:
-
---Por haber sido justo y piadoso estoy aquí exaltado hasta esta gloria,
-que no se deja vencer por el deseo; y en la Tierra dejé tal memoria de
-mí, que los hombres más perversos la recomiendan, pero no siguen su
-ejemplo.
-
-Así como de muchas brasas sale un solo calor, así también de aquella
-imagen, formada por muchos amores, salía una sola voz. Entonces
-respondí:
-
---¡Oh perpetuas flores de la dicha eterna, que como un solo perfume me
-hacéis sentir todos vuestros aromas! Poned fin con vuestras palabras
-al gran ayuno que me ha tenido hambriento durante largo tiempo, por
-no encontrar en la Tierra alimento alguno. Bien sé que, si la justicia
-divina se refleja en otras esferas como en un espejo, en la vuestra no
-se ve a través de un velo. Sabéis cuán atento me preparo a escucharos;
-sabéis también cuál es aquella duda que para mí se convierte en tan
-antiguo ayuno.
-
-Así como el halcón a quien quitan la caperuza mueve la cabeza, y bate
-las alas en señal de contento, demostrando sus deseos e irguiéndose con
-gallardía, lo mismo ví hacer al águila que estaba formada de alabanzas
-de la divina Gracia, las cuales cantaban como sabe cantar el que se
-deleita allá arriba. Después comenzó de esta suerte:
-
---Aquel que abarcó con su compás hasta las extremidades del mundo, y
-encerró en su abertura tantas cosas ocultas y manifiestas, no pudo
-dejar sobre todo el universo una huella tan profunda de su poder,
-que su entendimiento no fuese infinitamente superior al de todos los
-entendimientos creados, como lo prueba el que el primer soberbio, que
-era la criatura más excelente, por no esperar la luz de la gracia
-divina, cayó del Cielo antes de ser confirmado en ella. De aquí resulta
-que las criaturas menos perfectas que aquélla son pequeños receptáculos
-para contener aquel bien sin fin, único que puede medirse a sí mismo.
-Aun nuestra vista, que es casi un rayo de la mente divina de que están
-llenas todas las cosas, no puede, por su naturaleza, ser tan penetrante
-que discierna su principio sino bajo una apariencia muy lejana de la
-verdad. La vista que recibe vuestro mundo sólo penetra en la justicia
-sempiterna como el ojo se interna en el mar; que aunque vea el fondo
-cerca de la orilla, no lo ve en el inmenso piélago; y sin embargo, el
-fondo existe, pero su profundidad misma lo oculta. No existe luz si
-no procede del Sér tranquilo que no se turba nunca; fuera de él no
-hay más que tinieblas, o sombras de la carne o su veneno. Bastante
-he descorrido el velo que te ocultaba la viva justicia, sobre la que
-hacías tan frecuentes preguntas, pues tú decías: "Un hombre nace en
-la orilla del Indo, y allí no hay quien hable de Cristo, ni quien lea
-o escriba con respecto a él; todas sus acciones y deseos son buenos,
-y en cuanto puede ver la razón humana, no ha pecado ni en obras ni en
-palabras: si muere sin bautismo y sin fe, ¿dónde está la justicia que
-le condena? ¿Dónde su falta, si no cree?" Ahora bien: ¿quién eres tú,
-que quieres tomar asiento en el tribunal para juzgar a mil millas de
-distancia con un palmo de vista? En verdad que quien hablando conmigo
-sutiliza por ver los rayos de la justicia divina, tendría razón para
-dudar de su rectitud, si no estuviese sobre vosotros la Escritura. ¡Oh
-animales terrestres!, ¡oh inteligencias burdas! La primera voluntad,
-que es buena por sí misma, que es el Sumo Bien, no se ha separado jamás
-de sí misma. Solamente es justo lo que a ella se conforma; ningún bien
-creado la atrae; pero ella produce este bien con sus rayos.
-
-Cual cigüeña que se revuelve sobre el nido, después de haber alimentado
-a sus hijos, y así como uno de éstos, ya alimentado, la mira, del mismo
-modo empezó la bella imagen a agitarse sobre mí, e igualmente elevé mis
-ojos hacia ella, que movía sus alas, impelidas por tantos espíritus.
-Al dar vueltas, cantaba y decía: "Mis notas son tan incomprensibles
-para tí, como el juicio eterno para vosotros los mortales." Luego
-que aquellos refulgentes ardores del Espíritu Santo se detuvieron,
-sin dejar de formar el signo que hizo a los Romanos temibles en el
-mundo,[155] el mismo signo continuó diciendo:
-
- [155] El águila.
-
---A este reino no ha subido jamás quien no creyó en Cristo, ni antes
-ni después de que éste fuera enclavado en el santo leño: pero mira;
-muchos que exclaman "Cristo, Cristo," estarán menos próximos a él en
-el día del juicio, que algunos de los que no han conocido a Cristo; y
-a tales cristianos causará vergüenza el Etíope, cuando se dividan los
-dos colegios, uno enteramente rico, y otro miserable. ¿Qué no podrán
-decir los Persas a vuestros reyes, cuando vean abierto aquel volumen
-en el que se escriben todos sus desprecios? Allí se verá, entre las
-obras de Alberto, la que en breve agitará la pluma, y por la cual
-quedará desierto el reino de Praga. Allí se verá el daño que ocasiona
-junto al Sena, falsificando la moneda, el que morirá herido por un
-jabalí.[156] Allí se verá la insaciable soberbia que enloquece del tal
-modo al escocés y al inglés, que no pueden sufrir el verse contenidos
-en los límites de sus Estados.[157] Se verá la lujuria y la molicie
-del de España, y del de Bohemia, que jamás conoció ni quiso conocer el
-valor.[158] Allí se verá también marcada con una I la bondad del Cojo
-de Jerusalén,[159] mientras que lo contrario a ella tendrá por marca
-una M. Se verá la avaricia y la vileza de aquel que guarda la isla
-del fuego, donde terminaron los prolongados días de Anquises;[160] y
-para demostrar su mezquindad, se emplearán muchas abreviaturas en su
-escrito, a fin de que en poco espacio se contengan muchas palabras.
-Y a la vista de todos aparecerán las vergonzosas obras del tío y del
-hermano,[161] que han envilecido tan egregia estirpe y dos coronas.
-Allí serán conocidos el de Portugal y el de Noruega,[162] y el de
-Rascia, que alteró los cuños de Venecia.[163] ¡Oh Hungría feliz, si no
-se deja guiar mal! ¡Oh dichosa Navarra, si se defendiese con el monte
-que la rodea! Todos deben creer que ya, en presagio de esto, Nicosia y
-Famagusta se lamentan y claman contra su bestia, que no discrepa de las
-otras.
-
- [156] Felipe el Hermoso.
-
- [157] Los reyes Roberto de Escocia y Eduardo I de Inglaterra.
-
- [158] Alfonso, rey de España. Wenceslao, rey de Bohemia.
-
- [159] La bondad de Carlos el Cojo, rey de Pulla y Jerusalén,
- estará marcada con una I (uno): es decir, que será igual a
- uno, mientras que sus maldades llevarán por marca una M (mil),
- serán iguales a mil.
-
- [160] Fadrique, hijo de Pedro de Aragón, que gobierna la isla
- de Sicilia, donde está el fuego del Etna.--Dice la vileza,
- porque Fadrique, después de la muerte de Enrique VII, abandonó
- vilmente la causa de los gibelinos.
-
- [161] Jaime, rey de Mallorca, y Menorca, y Jaime de Aragón,
- tío aquél y hermano éste de dicho Fadrique.
-
- [162] Dionisio el Agrícola, rey de Portugal. Noruega, en
- tiempo de Dante, tenía su rey propio.
-
- [163] Rascia, Raugia, Ragusa, ciudad y territorio de la
- antigua Dalmacia, sobre el Adriático, cuyo rey falsificó los
- ducados de Venecia.
-
-[Ilustración]
-
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-
-[Ilustración]
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-
-_CANTO VIGESIMO_
-
-
-Cuando Aquél que ilumina el mundo entero desciende de nuestro
-hemisferio, de tal modo que el día se extingue en todas partes, el
-cielo encendido antes por él solo, aparece súbitamente sembrado de
-luces, en las cuales se refleja una sola. Y aquel estado del cielo
-me vino a la imaginación, cuando la enseña del mundo y de sus jefes
-cerró su bendito pico; porque brillando mucho más todos aquellos vivos
-resplandores, entonaron suaves cantos, que han desaparecido de mi
-memoria. ¡Oh dulce amor, que bajo aquella riente luz te ocultas! ¡Cuán
-ardiente me parecías en medio de aquellos efluvios sonoros, que sólo
-respiran santos pensamientos!
-
-Después que las preciosas y brillantes joyas de que vi adornada la
-sexta estrella cesaron en sus cantos angélicos, me pareció oír el
-murmullo de un río que límpido desciende de roca en roca, mostrando la
-fecundidad de su elevado manantial. Y así como el sonido adquiere su
-forma en el cuello de la cítara, y en los orificios de la zampoña el
-soplo del que la toca, así también subió de improviso aquel murmullo
-por el cuello del Aguila, como si éste estuviese perforado. Prodújose
-allí una voz, que salió por su pico en forma de palabras, según las
-esperaba mi corazón, donde las escribí:
-
---Debes ahora mirar fijamente--empezó a decir--aquella parte de mí
-misma que en las águilas mortales contempla y soporta la luz del
-Sol; porque entre los fuegos que componen mi figura, los que hacen
-centellear el ojo de mi cabeza tienen un grado de luz mayor que todos
-los demás. Aquel que, haciendo las veces de pupila, luce en medio,
-fué el cantor del Espíritu Santo, que transportó el arca de ciudad en
-ciudad: ahora conoce el mérito de su canto en la parte que fué obra
-de su propia voluntad, por la remuneración que proporcionalmente ha
-recibido. De los cinco que forman el arco de mi ceja, el que está más
-próximo al pico consoló a la viuda de la pérdida de su hijo;[164] ahora
-conoce cuán caro cuesta no seguir a Cristo, por la experiencia que
-tiene de esta dulce vida y de la opuesta. El que le sigue en la parte
-superior de la circunferencia de que hablo, dilató su muerte para hacer
-verdadera penitencia:[165] ahora conoce que los eternos juicios de Dios
-son invariables, aunque una ferviente oración consiga allá abajo que
-suceda mañana lo que debería suceder hoy. El otro que sigue se hizo
-griego conmigo y con las leyes para ceder su puesto al Pastor, guiado
-por una buena intención que produjo malos frutos:[166] ahora conoce que
-el mal resultado de su buena acción no le es nocivo, por más que haya
-sido causa de la destrucción del mundo. Aquel que ves en el declive
-del arco fué Guillermo, a quien llora la Tierra que se lamenta de
-Carlos y Federico vivos:[167] ahora conoce el amor del cielo hacia un
-rey justo, y así lo manifiesta por el resplandor de que está rodeado.
-¿Quién creería en el mundo lleno de errores, que el troyano Rifeo fuera
-en este arco la quinta de las luces santas? Aunque su vista no penetre
-hasta el fondo de la divina gracia, demasiado conoce ahora lo que en
-ella no puede ver el mundo.
-
- [164] El emperador Trajano. (Véase el canto X del Purgatorio.)
-
- [165] Ezequías, rey de Judá, a quien Dios, escuchando sus
- ruegos, concedió quince años más de vida para arrepentirse de
- sus culpas.
-
- [166] El emperador Constantino, que se hizo griego, esto es,
- trasladó de Roma a Bizancio la capital del Imperio romano, con
- las leyes romanas y con el Aguila imperial, por ceder al Papa
- la ciudad eterna.
-
- [167] Guillermo II, llamado el Bueno, de cuya pérdida se
- lamenta Sicilia, así como de ver vivos a Carlos el Cojo y
- Fadrique de Aragón.
-
-Como la alondra que en el aire se cierne cantando, y después calla,
-contenta de la última melodía que la satisface, tal me pareció la
-imagen, satisfecha del eterno placer, por cuya voluntad todas las cosas
-son lo que son: y aun cuando yo hiciese allí visibles mis dudas como el
-vidrio manifiesta por su transparencia el color de que se ha revestido
-su superficie, esas mismas dudas no me permitieron esperar la respuesta
-callando, sino que con su fuerza hicieron salir de mi boca estas
-palabras: "¿Qué cosas son esas?": por lo cual conocí en los nuevos
-destellos que despedían aquellas almas dichosas la alegría que les
-causaba responder a mis preguntas. Después, con el ojo más inflamado,
-me respondió el bendito signo, para no tenerme por más tiempo entregado
-a mi asombro:
-
---Veo que crees estas cosas, porque yo las digo; pero no comprendes
-cómo pueden ser: de suerte que, aunque creídas, no por eso están menos
-ocultas. Tú haces como aquel que aprende a conocer las cosas por su
-nombre, pero que no puede ver su esencia, si otro no se la manifiesta.
-"Regnum coelorum" cede a la violencia del ardiente deseo y de la
-viva esperanza, cuyos afectos vencen a la divina voluntad; pero no a
-la manera que el hombre prevalece sobre el hombre, sino que la vencen
-porque quiere ser vencida; y vencida, vence con su benignidad. Te
-causan asombro la primera y la quinta almas que forman el arco de
-la ceja, porque ves adornada con ellas la región de los Angeles. No
-salieron paganas de sus cuerpos, como crees, sino cristianas, teniendo
-fe viva, la una en los pies que debían ser crucificados, y la otra en
-los que ya lo habían sido. Una de ellas, saliendo del Infierno donde
-nadie se convierte a Dios con buen deseo, volvió a habitar su cuerpo
-en recompensa de una viva esperanza; de una viva esperanza, que rogó
-fervientemente a Dios para resucitarla, a fin de que su voluntad
-pudiera ser movida. El alma gloriosa de que se habla, vuelta a su carne
-en que permaneció poco tiempo, creyó en Aquél que podía ayudarla; y
-al creer, se abrasó de tal modo en el fuego de un verdadero amor,
-que después de su segunda muerte fué digna de venir a participar de
-estos goces. La otra, merced a una gracia que mana de una fuente tan
-profunda, que no ha habido criatura cuya mirada pudiera penetrar
-hasta su manantial, cifró allá abajo todo su amor en la justicia; por
-lo cual de gracia en gracia Dios abrió sus ojos a nuestra redención
-futura, y creyendo en ella, no soportó por más tiempo la fetidez
-del paganismo, reprendiendo por su causa a las gentes pervertidas.
-Aquellas tres mujeres que viste junto a la rueda derecha del carro, le
-bautizaron más de mil años antes de que se instituyera el bautismo. ¡Oh
-predestinación!, ¡cuán remota está tu raíz de la vista de aquellos que
-no ven toda la causa primera! Y vosotros, mortales, sed circunspectos
-en vuestros juicios; pues nosotros, que vemos a Dios, no conocemos aún
-todos sus elegidos: y sin embargo, no es grata semejante ignorancia;
-porque nuestra beatitud se perfecciona con este bien, y queremos lo que
-Dios quiere.
-
-Tal fué el suave remedio que me dió aquella imagen divina para aclarar
-mi vista. Y así como un buen tocador de cítara hace acompañamiento a un
-buen cantor con la vibración de las cuerdas, adquiriendo de este modo
-mayor atractivo el canto, así mientras hablaba, recuerdo que vi a los
-benditos resplandores agitar sus llamas al compás de las palabras, como
-los párpados que se mueven acordes y al mismo tiempo.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO VIGESIMOPRIMERO_
-
-
-Mis ojos se habían fijado de nuevo en el rostro de mi Dama, y el ánimo
-con ellos se había separado de todo otro objeto. Ella no sonreía:
-
---Pero si yo riese--empezó a decirme--, te quedarías como Semele,
-cuando fué reducida a cenizas; pues mi belleza, que, según has visto,
-brilla más cuanto más asciende por las gradas del eterno palacio, si no
-se moderase, resplandecería tanto, que tu fuerza mortal perecería ante
-su fulgor como la rama destrozada por el rayo. Nos hemos elevado al
-séptimo esplendor[168] que, colocado bajo el pecho del ardiente León,
-difunde ahora sobre la Tierra sus rayos mezclados con el fuerte influjo
-de aquél. Fija la mente en pos de tus miradas, y haz de tus ojos un
-espejo para la imagen que se te aparecerá en este espejo.
-
- [168] Al cielo de Saturno.
-
-Quien supiese cuán dulcemente se recreaba mi vista en el semblante
-dichoso de Beatriz, cuando invitado por ella la dirigí hacia otro
-objeto, conocería lo grato que me sería obedecer a mi Guía celestial,
-considerando que el placer de obedecerla contrabalanceaba al que yo
-sentía contemplándola. Dentro del cristal que, rodeando al mundo,
-lleva el nombre de su querido señor, bajo cuyo imperio permaneció
-muerto todo mal, vi una escala del color del oro en que se refleja
-un rayo de Sol, y tan elevada, que mis ojos no podían seguirla. Vi
-además bajar por sus escalones tantos resplandores, que pensé que todas
-las luces que brillaban en el cielo estaban esparcidas allí. Y así,
-como, por una costumbre natural, las cornejas se agitan reunidas al
-romper el día para dar calor a sus ateridas alas, y mientras se alejan
-algunas sin volver, otras regresan al punto de donde se remontaban,
-y otras revolotean sobre él, lo mismo me pareció que hacían aquellos
-fulgores que habían ido descendiendo hasta que se detuvieron en un
-escalón determinado. El que se quedó más cerca de nosotros empezó a
-resplandecer tanto, que yo decía entre mí: "Conozco el amor que me
-anuncias." Pero Aquélla, de quien espero la orden para hablar o callar,
-permaneció inmóvil: así es que, a pesar mío, hice bien en no preguntar
-nada. Por lo cual, ella, que leía en la vista de Aquél que lo ve todo
-el deseo que yo ocultaba, me dijo:
-
---Puedes manifestar tu ardiente anhelo.
-
-Entonces empecé de esta suerte:
-
---Mis méritos no me hacen digno de tu respuesta; pero en nombre de
-aquella que me permite interrogarte, alma bienaventurada, que te
-ocultas en tu alegría, dame a conocer la causa que tanto te aproxima
-a mí, y dime por qué no se oye en esta esfera la dulce sinfonía del
-Paraíso, que tan devotamente resuena en las de abajo.
-
---Tu oído es tan débil como tu vista--me contestó--; aquí no se canta
-por la misma razón que Beatriz no sonríe. He descendido tanto por las
-gradas de la escala santa, sólo para recrearte con mis palabras y con
-la luz de que estoy revestida. No es un mayor afecto lo que me ha hecho
-más solícita; pues en toda esta escala hay un amor tan ferviente y más
-que el mío, según te lo manifiestan los destellos de esas almas; pero
-la alta caridad, que nos convierte en siervas atentas a la voluntad que
-rige al mundo, nos designa el sitio en que, según puedes ver, estamos
-colocadas.
-
---Bien veo--dije yo--, ¡oh sagrada lámpara!, que un amor libre basta en
-esta corte para hacer lo que quiere la eterna Providencia; mas lo que
-me parece sumamente difícil de comprender es por qué fuiste tú entre
-todas tus compañeras la destinada a este cargo.
-
-Aun no había pronunciado la última palabra, cuando la luz, haciendo
-un eje de su centro, giró con la rapidez de una rueda. Después me
-respondió la amorosa alma que estaba dentro de ella:
-
---La luz divina se fija en mí penetrando en la que me envuelve, y su
-virtud, unida a mi vista, me eleva tanto sobre mí misma, que veo la
-suma esencia de que aquélla emana. De aquí proviene la alegría con que
-brillo; porque a la claridad de mi visión junto la de la luz que me
-rodea. Pero el alma que más brilla en el cielo, el serafín que tiene
-más fijos los ojos en Dios no podrá satisfacer tus preguntas; porque
-lo que deseas saber penetra tan profundamente en el abismo del decreto
-eterno, que está muy apartado de toda vista creada; y cuando vuelvas al
-mundo mortal, refiere lo que te digo, a fin de que nadie presuma llegar
-al fondo de tal arcano. La mente, que aquí es luz, en la Tierra es
-humo; considera, pues, cómo podrá comprender allá abajo lo que aquí no
-comprende, por más que el cielo la enaltezca.
-
-Sus palabras me contuvieron de tal modo, que abandoné la cuestión, y me
-limité a rogarle humildemente que me dijese quién era.
-
---Entre las dos costas de Italia, y no muy lejos de tu patria, se
-elevan unos peñascos, tanto que los truenos retumban a mucha menos
-altura. Aquellos peñascos forman una eminencia que se llama Catria,
-al pie de la cual hay un yermo consagrado únicamente al culto del
-verdadero Dios.
-
-Así empezó a hablar por tercera vez; y continuando luego, añadió:
-
---De tal modo me dediqué allí al servicio de Dios, que sólo con
-legumbres y zumo de olivas pasaba fácilmente fríos y calores,
-satisfecho con mis ideas contemplativas. Aquel claustro producía
-fértilmente para esta parte de los cielos, y ahora está tan vacío,
-que será preciso que en breve lo sepa el mundo. En aquel sitio estuve
-yo, Pedro Damián; y Pedro el Pecador en la casa de Nuestra Señora,
-a orillas del Adriático. Escasa era ya mi vida mortal, cuando fuí
-llamado y obligado a recibir aquel capelo que sólo se transmite de
-malo a peor. Vinieron en otro tiempo Cefas y el Vaso de elección del
-Espíritu Santo,[169] flacos y descalzos, aceptando su alimento de
-cualquier mano. Ahora los modernos pastores quieren que de uno y otro
-lado los apoyen, ¡tan pesados son!, y que les lleven en litera, y que
-vaya detrás quien les sostenga la cola. Cubren con sus mantos sus
-cabalgaduras, de suerte que van dos bestias bajo una sola piel. ¡Oh
-paciencia de Dios, que tanto soportas!
-
- [169] San Pedro y San Pablo.
-
-Al sonido de estas palabras, vi muchas llamas que bajaban girando de
-escalón en escalón, y a cada vuelta se hacían más bellas. Vinieron
-a detenerse alrededor de aquella luz, y prorrumpieron en un clamor
-tan alto, que nada en el mundo puede asemejársele: su estruendo me
-ensordeció de tal modo, que no comprendí lo que dijeron.
-
-[Ilustración]
-
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-
-[Ilustración]
-
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-
-_CANTO VEGESIMOSEGUNDO_
-
-
-Mudo de estupor me volví hacia mi Guía, como un niño que se acoge
-siempre a quien le inspira más confianza: y aquélla, como la madre que
-socorre prontamente al hijo azorado y pálido con su voz consoladora, me
-dijo:
-
---¿No sabes que estás en el cielo? ¿No sabes que todo el cielo es
-santo, y que lo que en él se hace procede de un buen celo? Si el grito
-que acabas de oír te ha conmovido tanto, ahora puedes pensar cómo te
-habría perturbado aquel suave cántico unido a mi sonrisa. Y si hubieras
-comprendido lo que se rogó al exhalar ese grito, conocerías la venganza
-que verás antes de tu muerte. La espada de aquí arriba no hiere nunca
-demasiado pronto, ni demasiado tarde, como suele parecerles a los que
-la esperan con temor o con deseo. Pero ahora vuélvete hacia otro lado,
-y verás muchos espíritus ilustres, si diriges tus miradas según te
-indico.
-
-Volví los ojos como ella quiso, y vi cien pequeñas esferas, que se
-embellecían unas a otras con sus mutuos rayos. Yo estaba como aquel
-que reprime en sí el agudo estímulo del deseo, y no se aventura a
-preguntar, temiendo excederse, cuando la mayor y más brillante de
-aquellas perlas se adelantó para contentar mi curiosidad: después oí en
-su interior:
-
---Si vieses, como yo, la caridad que arde entre nosotros, habrías
-expresado ya tus deseos; pero a fin de que, por demasiado esperar, no
-tardes en llegar al alto fin de tu viaje, contestaré al pensamiento
-que no te atreves a proferir. La cumbre de aquel monte en cuya falda
-está Casino fué frecuentada en otro tiempo por gentes engañadas y mal
-dispuestas. Yo soy el que llevó allí el nombre de Aquél que enseñó en
-la Tierra la verdad que tanto nos enaltece;[170] y lució sobre mí tanta
-gracia, que aparté a las ciudades circunvecinas del impío culto que
-sedujo al mundo. Esos otros fuegos fueron todos hombres contemplativos,
-abrasados en aquel ardor que hace nacer las flores y los frutos
-santos. Aquí están Macario y Romualdo; aquí están mis hermanos, que se
-encerraron en el claustro y conservaron un corazón perseverante.
-
- [170] San Benito abad, que dió a conocer allí la religión
- cristiana.
-
-Lo contesté:
-
---El afecto que demuestras hablando conmigo, y la benevolencia que veo
-y observo en todas vuestras luces, me inspiran la misma confianza que
-inspira el Sol a la rosa cuando se abre tanto cuanto le es posible. Por
-eso te ruego, padre, que si soy digno de tal merced, me concedas la
-gracia de ver tu imagen descubierta.
-
---Hermano--me respondió--: tu elevado deseo se realizará en la última
-esfera, donde se realizan todos los otros y los míos, y donde todos
-son perfectos, maduros y enteros: en aquella sola esfera, todas sus
-partes permanecen inmóviles, porque no está en un sitio, ni gira
-entre dos polos, y nuestra escala llega hasta ella, lo que hace que la
-pierdas de vista. El patriarca Jacob la vió prolongarse hasta arriba,
-cuando se le apareció tan llena de ángeles; pero ahora no retira
-nadie sus pies de la tierra para subirla, y mi regla sólo sirve abajo
-para gastar papel. Los muros que eran una abadía se han convertido en
-cavernas; y las cogullas en sacos de mala harina. La más sórdida usura
-no es tan contraria a la voluntad de Dios, como lo es el fruto de esas
-riquezas que tanto enloquecen el corazón de los monjes, porque todo lo
-que la Iglesia guarda pertenece a aquellos que piden por Dios, y no
-a los parientes o a otros más indignos. La carne de los mortales es
-tan flexible, que las buenas obras no duran el tiempo que transcurre
-desde el nacimiento de la encina hasta la formación de la bellota.
-Pedro empezó su fecunda tarea sin oro ni plata; yo con oraciones y
-con ayunos; Francisco basó su orden en la humildad: y si atiendes al
-principio de cada orden, y consideras después adonde han llegado, verás
-lo blanco cambiado en negro. Más admiración causó en verdad ver al
-Jordán retrocediendo y al mar huír cuando Dios quiso, que la causará
-ver remediados estos males.
-
-Así me dijo, y después se reunió a sus demás compañeros, que a su
-vez se reconcentraron, y como un torbellino se elevaron a lo alto.
-La dulce Dama con un solo ademán me impulsó a subir tras ellos por
-aquella escala: tanto fué lo que su virtud venció mi grave naturaleza:
-y jamás aquí abajo, donde se sube y desciende naturalmente, hubo un
-movimiento tan rápido que pudiera igualar a mi vuelo. Así pueda volver,
-¡oh lector!, a aquel piadoso reino triunfante, por el que lloro con
-frecuencia mis pecados golpeándome el pecho, como es cierto que vi el
-signo que sigue al Tauro,[171] y me encontré en él en menos tiempo del
-que necesitarías para meter y sacar un dedo del fuego. ¡Oh gloriosas
-estrellas!, ¡oh luz llena de gran virtud, en la que reconozco todo mi
-ingenio, cualquiera que ésta sea! Con vosotras nacía, y se ocultaba
-con vosotras aquel que es padre de toda vida mortal,[172] cuando sentí
-por vez primera el aire toscano; y cuando más tarde se me concedió la
-gracia de entrar en la alta rueda que os hace girar, me fué también
-permitido pasar por la región en donde estáis. A vosotras dirige ahora
-devotamente mi alma sus suspiros, para alcanzar la virtud necesaria en
-la difícil empresa que la atrae.
-
- [171] La constelación de Géminis.
-
- [172] El Sol.
-
---Estás tan cerca de la última salvación--empezó a decirme Beatriz--,
-que debes tener los ojos claros y penetrantes; así pues, antes de que
-llegues a ella, mira hacia abajo y contempla cuántos mundos he puesto
-bajo tus pies, a fin de que tu corazón se presente tan gozoso como
-pueda ante la triunfante multitud que alegre acude por esta bóveda
-etérea.
-
-Recorrí con la vista todas las siete esferas, y ví a nuestro globo
-tan pequeño, que me reí de su vil aspecto: así es que apruebo como
-mejor parecer el de quien le tiene en poca estima; pudiendo llamarse
-verdaderamente probo el que sólo piensa en el otro mundo.
-
-Vi a la hija de Latona inflamada, sin aquella sombra que fué causa de
-que yo la creyera enrarecida y densa. Allí, ¡oh Hiperión!, pudieron
-soportar mis ojos la luz de tu hijo, y vi cómo se mueven próximas a él
-y en derredor suyo Maya y Dione. Allí me apareció Júpiter atemperando a
-su padre y a su hijo;[173] allí distinguí con claridad sus frecuentes
-cambios de lugar, y todos los siete planetas me manifestaron su
-magnitud, su velocidad, y la distancia a que respectivamente se
-encuentran colocados. Aquel pequeño punto que nos hace tan orgullosos
-se me apareció por completo desde las montañas a los mares, mientras
-que yo giraba con los eternos Gemelos. Después fijé mis ojos en los
-hermosos ojos.
-
- [173] Saturno y Marte.
-
-[Ilustración]
-
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-
-
-[Ilustración]
-
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-
-_CANTO VIGESIMOTERCERO_
-
-
-Como el ave que, habiendo reposado entre la predilecta enramada junto
-al nido de sus dulces hijuelos, durante la noche ocultadora de las
-cosas, y deseando ver tan caros objetos y hallar el sustento para
-nutrirlos, cuyo penoso trabajo soporta placentera, se adelanta al
-día, y antes de rayar el alba sube a la cima del abierto follaje, y
-fijamente mira, esperando con ardoroso anhelo la salida del Sol, así
-estaba mi Dama, en pie y atenta, vuelto el rostro hacia la región del
-cielo bajo la cual se muestra el Sol menos presuroso; y en tanto yo,
-viéndola suspensa y ansiosa, permanecí como el que anhelante querría
-otra cosa, pero se calma con la esperanza de obtenerla. Poco intervalo
-medió entre ambos momentos, es decir, entre el de mi expectativa y el
-de ver de un instante a otro iluminarse más el cielo. Y Beatriz dijo:
-
---He ahí la legión del triunfo de Cristo, y todo el fruto recogido de
-la rotación de estas esferas.
-
-Me pareció que ardía todo su semblante; y tenía los ojos tan llenos
-de alegría, que debo seguir adelante sin más explicación. Cual en los
-plenilunios serenos Trivia ríe entre las ninfas eternas, que iluminan
-el cielo por todas partes, así vi yo sobre millares de luces un Sol,
-que las encendía todas, como hace el nuestro con las que vemos sobre
-nosotros; y a través de su viva luz aparecía tan clara a mis ojos la
-divina substancia, que no podían soportarla.
-
---¡Oh Beatriz--exclamé--, Guía dulce y querida!
-
-Ella me dijo:
-
---Lo que te abisma es una virtud a la que nada resiste. Allí están la
-Sabiduría y el Poder que abrieron entre el Cielo y la Tierra las vías
-por tanto tiempo deseadas.
-
-Así como el fuego de la nube, dilatándose de modo que ésta no puede
-contenerlo, se escapa de ella, y, contra su naturaleza, se precipita
-hacia abajo, de igual suerte mi mente, engrandeciéndose más entre
-aquellas delicias, salió de sí misma, y no sabe recordar lo que fué de
-ella.
-
---Abre los ojos y mírame cual soy; has visto cosas que te han dado
-fuerza suficiente para sostener mi sonrisa.
-
-Yo estaba como aquel que conserva cierta reminiscencia de una visión
-olvidada, y que se esfuerza en vano por renovarla en su imaginación,
-cuando oí proferir estas palabras tan dignas de gratitud, que no
-se borrarán jamás del libro donde se consigna lo pasado. Si ahora
-resonasen todas aquellas lenguas que Polimnia y sus hermanas hicieron
-más pingües con su dulcísima leche para venir en mi ayuda, no
-expresarían la milésima parte de la verdad, al pretender cantar tan
-santa sonrisa, y el resplandor que comunicaba a aquel santo rostro:
-por lo mismo, al describir yo el Paraíso, es forzoso que mi sagrado
-poema salte como un hombre que encuentra cortado su camino. Quien
-considere el peso del asunto y el hombro mortal que soporta la carga,
-no censurará el que éste tiemble bajo su gravedad. El derrotero que
-hiende mi atrevida proa no es a propósito para una pequeña embarcación,
-ni para el nauta que quiera ahorrarse la fatiga.
-
---¿Por qué te enamora mi faz de tal suerte, que no te vuelves hacia
-el hermoso jardín que florece bajo los rayos de Cristo? Allí está la
-Rosa[174] en que el Verbo divino encarnó; y allí están los lirios[175]
-por cuyo aroma se descubre el buen camino.
-
- [174] La Virgen María, llamada por la Iglesia Rosa Mística.
-
- [175] Los bienaventurados.
-
-Así dijo Beatriz, y yo, que estaba siempre pronto a seguir sus
-consejos, me lancé nuevamente a la batalla de mis débiles párpados.
-Y así como mis ojos, al abrigo de la sombra, han visto alguna vez un
-prado de flores iluminado por un rayo de Sol que atravesaba por entre
-desgarrada nube, del mismo modo distinguí entonces una multitud de
-esplendores, iluminados desde arriba por ardientes rayos, sin ver el
-origen de donde estos fulgores procedían.
-
-¡Oh benigna virtud que así los iluminas! Sin duda te elevaste por dejar
-campo libre a mis ojos, que eran demasiado débiles para contemplarte.
-El nombre de la hermosa flor que invoco siempre, por mañana y tarde,
-concentró todo mi espíritu en la contemplación del mayor fuego; y
-cuando mis dos ojos me representaron la belleza y la extensión de
-la fulgente estrella que vence arriba, como venció abajo, desde el
-interior del cielo descendió una llamarada, que tenía la forma de un
-círculo como una corona,[176] y rodeó a la estrella girando en torno
-suyo. La melodía que más dulcemente se deje oír en la Tierra, y que más
-atraiga el ánimo, parecería una nube que desgarrada truena, comparada
-con el sonido de aquella lira de que estaba coronado el bello zafiro
-con que se engalana el más claro cielo.
-
- [176] El arcángel San Gabriel.
-
---Yo soy el amor angélico, que giro difundiendo la sublime dicha,
-nacida del vientre que fué morada de nuestro deseo; y giraré, Señora
-del Cielo, mientras acompañas a tu Hijo, y hagas resplandeciente la
-suprema esfera en donde habitas.
-
-Así se dejaba oír la circular melodía, y todas las demás luces hacían
-resonar el nombre de María. El manto real de todas las esferas del
-mundo, que más se inflama y anima bajo el hálito y las perfecciones de
-Dios, tenía sobre nosotros tan distante la faz interna, que no me era
-posible distinguir su aspecto desde el sitio en que me encontraba; por
-lo cual no tuvieron mis ojos la fuerza necesaria para seguir a la llama
-coronada, que se elevó en pos de su divina primogenitura. Y semejantes
-al niño que tiende los brazos hacia su madre después de haberse
-alimentado con su leche, movido del afecto que aun exteriormente
-se inflama, cada uno de aquellos fulgores se prolongó hacia
-arriba, patentizándome así el amor que profesaban a María. Después
-permanecieron ante mi vista cantando "Regina coeli" tan dulcemente,
-que jamás ha huído de mí el placer que me causaron.
-
-¡Oh cuánta es la abundancia que se encierra en aquellas arcas
-riquísimas por haber esparcido en la Tierra buenas semillas! Allí
-viven y gozan del eterno tesoro que conquistaron en el destierro de
-Babilonia, donde hicieron dejación del oro. Allí triunfa de su victoria
-bajo el alto Hijo de Dios y de María, y juntamente con el antiguo y el
-nuevo concilio, el que tiene las llaves de tal gloria.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO VIGESIMOCUARTO_
-
-
-¡Oh compañía escogida para la gran cena del cordero bendito, el cual
-os alimenta de tal modo, que vuestro apetito está siempre satisfecho!
-Ya que por la gracia de Dios éste prueba prematuramente lo que cae de
-vuestra mesa, antes de que la muerte ponga fin a sus días, pensad en su
-deseo inmenso, y refrescadlo algún tanto: vosotros bebéis siempre en la
-fuente de donde procede lo que él piensa.
-
-Esto dijo Beatriz: y aquellas almas gozosas se convirtieron en esferas
-sobre polos fijos, resplandeciendo vivamente a guisa de cometas. Y
-como las ruedas en el mecanismo de un reloj se mueven de tal suerte,
-que a quien las observa le parece que la primera está quieta y la
-última vuela, así también aquellos glóbulos, danzando diferentemente,
-me hacían estimar su velocidad o lentitud por el grado de sus
-resplandores. De aquel conjunto de bellas luces vi salir un fulgor tan
-alegre y esplendente, que superaba a todos los demás. Tres veces giró
-en torno de Beatriz, cantando de un modo tan divino, que mi fantasía no
-ha podido retener su encanto; por lo cual mi pluma pasa adelante sin
-describirlo, pues para pintar tales pliegues carece de matices, no ya
-la lengua, sino la misma imaginación.
-
---¡Oh mi santa hermana, que tan devotamente ruegas, movida de tu
-ardiente afecto, que me separas de aquella hermosa esfera!
-
-De este modo, luego que se detuvo aquel fuego bendito,[177] dirigió su
-aliento hacia mi Dama, y le habló como he dicho. Y ella contestó:
-
- [177] San Pedro.
-
---¡Oh luz eterna del gran Barón a quien nuestro Señor dejó las llaves
-que llevó abajo desde este goce maravilloso! Examina a éste como te
-plazca con respecto a los puntos fáciles y difíciles de la Fe, que te
-hizo andar sobre el mar. A ti no se te oculta si él ama bien, y espera
-bien y cree; porque tienes la vista fija donde todo está patente; pero
-ya que este reino ha conseguido ciudadanos por medio de la Fe veraz, es
-bueno que para glorificarla le toque a él hablar de ella.
-
-Así como el bachiller se prepara, y no habla hasta que el maestro
-propone la cuestión que debe aprobar, pero no resolver, del mismo modo
-preparaba yo todas mis razones, mientras ella hablaba, para estar
-pronto a contestar a tal examinador y a tal profesión.
-
---Dí buen cristiano, explícate: ¿Qué es la Fe?
-
-Al oír esto alcé la frente hacia aquella luz de donde salían tales
-palabras; después me volví hacia Beatriz, y ella me hizo un rápido
-ademán para que dejara brotar el agua de mi fuente interior.
-
-La gracia divina que me permite confesarme con tan alto
-primipilo--exclamé,--haga claros y expresivos mis conceptos.
-
-Después continué:
-
---Según lo ha escrito, padre, la verídica pluma de tu querido
-hermano,[178] que contigo hizo entrar a Roma por el buen camino, la Fe
-es la substancia de las cosas que se esperan, y el argumento de las que
-no aparecen a nuestra mente: tal me parece su esencia.
-
- [178] San Pablo.
-
-Entonces oí:
-
---Piensas rectamente, si comprendes bien por qué la colocó entre las
-substancias, y no entre los argumentos.
-
-A lo cual contesté:
-
---Las profundas cosas que aquí se me manifiestan claras y patentes
-están tan ocultas a los ojos del mundo, que sólo existen en la creencia
-sobre que se funda la alta esperanza; por eso toma el nombre de
-substancia. Con respecto a esta creencia es preciso argumentar sin otra
-luz; por eso toma el nombre de argumento.
-
-Entonces oí:
-
---Si todo lo que en la Tierra se aprende por vía de enseñanza, se
-entendiera de ese modo, la sutileza del sofisma sería en vano.
-
-Tales fueron las palabras que exhaló aquel ardiente amor; y después
-añadió:
-
---Ha salido bien la prueba de la liga y el peso de esta moneda; pero
-dime si la tienes en tu bolsa.
-
-Le respondí:
-
---Sí, la tengo tan brillante y tan redonda, que no cabe duda sobre su
-cuño.
-
-En seguida salieron estas palabras de la profunda luz que allí
-resplandecía:
-
---Esa querida joya, en la que se funda toda otra virtud, ¿de dónde te
-proviene?
-
---La abundante lluvia del Espíritu Santo--le contesté--, que está
-esparcida sobre las antiguas y las nuevas páginas, es el silogismo que
-me la ha demostrado tan sutilmente, que comparada con ella me parece
-obtusa toda otra demostración.
-
-Después oí:
-
---¿Por qué tienes por palabra divina a la antigua y la nueva
-proposición, que así te han convencido?
-
-Respondí:
-
---La prueba que me descubre la verdad consiste en las obras
-subsiguientes, para las cuales la naturaleza no calentó nunca el hierro
-ni dió golpes en el yunque.
-
-Se me contestó:
-
---Dí, ¿quién te asegura que aquellas obras hayan existido? ¿Acaso te lo
-asegura aquello mismo que se quiere probar con ellas? ¿No tienes otro
-testimonio?
-
---Si el mundo se convirtió al cristianismo sin necesidad de
-milagros--dije yo--esto sólo es un milagro tan grande, que los otros no
-son la centésima parte de él; porque tú entraste pobre y famélico en el
-campo a sembrar la buena planta que en otro tiempo fué vid y ahora se
-ha convertido en zarza.
-
-Terminadas estas palabras, resonó en las esferas de la sublime y
-elevada corte un "Alabemos a Dios" con la melodía que se canta allá
-arriba. Y aquel Barón que examinándome así me había llevado de rama en
-rama hasta acercarnos a las últimas hojas, volvió a empezar de esta
-manera:
-
---La gracia que enamora a tu mente hate abierto la boca hasta este
-punto, como abrirse debía: por tanto apruebo cuanto ha salido de ella;
-mas ahora es preciso que expliques lo que crees y el origen de tu
-creencia.
-
---¡Oh Santo Padre!, ¡oh Espíritu, que ves lo que creíste con tal
-firmeza, que dirigiéndote hacia el sepulcro venciste a pies más
-jóvenes!--empecé a decir--: quieres que te manifieste el orden de las
-cosas en que creo, y además me preguntas el motivo de mi creencia.
-Pues bien, yo te respondo: Creo en un solo y eterno Dios, que sin ser
-movido, mueve todo el Cielo con amor y con deseo; y en apoyo de tal
-creencia, no sólo tengo pruebas físicas y metafísicas, sino que también
-me las suministra la verdad que de aquí llueve por medio de Moisés, por
-los profetas, por los salmos, por el Evangelio, y por lo que vosotros
-escribistéis después de haberos iluminado el ardiente Espíritu. Creo
-en tres Personas eternas, y las creo una esencia tan trina y una, que
-admiten a la vez "son" y "es." La profunda naturaleza divina de que
-ahora trato se ha grabado en mi mente muchas veces por la doctrina
-evangélica. Tal es el principio, tal la chispa que se dilata hasta
-convertirse en viva llama, y que brilla en mi interior como estrella en
-el cielo.
-
-Cual señor que oye lo que lo agrada, y por ello abraza a su siervo,
-congratulándose por la noticia en cuanto éste se calla, de igual
-suerte me bendijo cantando y giró tres veces en derredor de mi frente,
-luego que me callé, aquel apostólico fulgor, por cuyo mandato había yo
-hablado: tanto fué lo que mis palabras le agradaron.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO VIGESIMOQUINTO_
-
-
-Si alguna vez sucede que el poema sagrado en que han puesto sus manos
-el Cielo y la Tierra, y que me ha hecho enflaquecer por espacio de
-muchos años, triunfe de la crueldad que me tiene alejado del bello
-redil, donde dormí corderillo enemigo de los lobos que le hacen la
-guerra; entonces volveré como poeta, con otra voz y otros cabellos, y
-tomaré la corona de laurel sobre mis fuentes bautismales: porque allí
-entré en la fe que hace las almas familiares a Dios, y por ella me
-rodeó Pedro de aquel modo la frente. Después se adelantó hacia nosotros
-un resplandor desde aquella legión de que salió el primero de los
-vicarios que Cristo dejó en la Tierra; y mi Dama, llena de alegría, me
-dijo:
-
---Mira, mira, he ahí el Barón por quien allá abajo visitan a
-Galicia.[179]
-
- [179] El apóstol Santiago.
-
-Cual dos palomas que, al reunirse, se demuestran su amor dando vueltas
-y arrullándose, así vi yo aquellos grandes y gloriosos príncipes
-acogerse mutuamente, alabando el alimento de que allá arriba se
-nutren. Mas, cuando hubieron dado fin a sus gratulaciones, ambos se
-detuvieron silenciosos "coram me," tan encendidos que humillaban mi
-rostro. Beatriz dijo entonces riendo:
-
---¡Oh alma ilustre, que has escrito acerca de la liberalidad de nuestra
-basílica! Haz resonar la Esperanza en esta altura. Tú sabes que la has
-simbolizado tantas veces cuantas Jesucristo se os manifestó a los tres
-en todo su esplendor.
-
---Levanta la cabeza, y tranquilízate; porque es preciso que lo que
-llega aquí arriba desde el mundo mortal se madure a nuestros rayos.
-
-Tan consoladoras palabras me fueron dirigidas por el segundo
-resplandor: entonces elevé los ojos hacia aquellos montes que antes los
-habían inclinado con su excesivo peso.
-
---Ya que nuestro Emperador te dispensa la merced de que te encuentres,
-antes de tu muerte, en la estancia más secreta de su palacio con sus
-condes, a fin de que habiendo visto la verdad de esta corte, os anime
-por eso a ti y a los otros la Esperanza que tanto enamora allá abajo,
-dime en qué consiste ésta; dime cómo florece en tu mente, y de dónde te
-proviene.
-
-Así habló el segundo resplandor. Y aquella piadosa Dama que guió las
-plumas de mis alas hacia tan elevado vuelo, respondió antes que yo de
-esta suerte:
-
---La Iglesia militante no tiene entre sus hijos otro más provisto
-de esperanza, como está escrito en el Sol que irradia sobre nuestra
-multitud: por eso se le ha concedido que desde Egipto venga a ver a
-Jerusalén, antes de terminar sus combates. Los otros dos puntos sobre
-que han versado tus preguntas, no por deseo de saber, sino para que él
-refiera lo grata que te es esta virtud, los dejo a su cargo; que no
-le serán de difícil resolución, ni le servirán de jactancia: responda,
-pues, y que la gracia de Dios se lo conceda.
-
-Cual discípulo que responde a su maestro con gusto y prontitud en
-aquello en que es experto, a fin de revelar su mérito, así respondí yo:
-
---La Esperanza es una expectación cierta de la vida futura, producida
-por la gracia divina y los méritos anteriores. Muchas son las estrellas
-que me comunican esta luz; pero quien primero la derramó en mi corazón
-fué el supremo cantor[180] del Supremo Señor, "Que esperen en ti los
-que conocen tu nombre," dice en sus sublimes cánticos; y ¿quién no lo
-conoce teniendo mi fe? Tú me has inundado después con su oleada en tu
-Epístola; de modo que ya estoy lleno, y derramo sobre otros vuestra
-lluvia.
-
- [180] David.
-
-Mientras yo hablaba, en el seno de aquel incendio fulguraba una llama
-rápida y frecuente como un relámpago. Después me dijo:
-
---El amor en que me abraso todavía por la virtud que me siguió hasta la
-palma y hasta mi salida del campo, quiero que te hable, a ti que con
-ella te deleitas; siéndome por lo mismo grato que me digas lo que la
-Esperanza te promete.
-
-Yo le contesté:
-
---Las nuevas y las antiguas Escrituras prefijan el término a que deben
-aspirar las almas a quienes Dios ha concedido su amistad, y ese término
-lo veo ahora tal cual es. Isaías dice que cada una de ellas vestirá
-en su patria un doble ropaje, y su patria es esta dulce vida. Y tu
-hermano[181] nos manifiesta más claramente esta revelación, allí donde
-trata de las blancas vestiduras.
-
- [181] San Juan en el Apocalipsis.
-
-Inmediatamente después de pronunciadas estas palabras, se oyó
-primeramente sobre nosotros: "Sperent in te;" a lo cual respondieron
-todos los círculos de almas. Luego resplandeció entre ellas una luz tan
-viva, que si Cáncer tuviera semejante claridad, el invierno tendría un
-mes de un solo día. Y como la doncella placentera, que se levanta, y va
-y toma parte en la danza, sólo por festejar a la recién venida, y no
-por vanidad u otra flaqueza, así vi al esclarecido esplendor acercarse
-a los otros dos, que seguían dando vueltas cual era necesario a su
-ardiente amor. Púsose a cantar con ellos las mismas palabras con la
-misma melodía; y mi Dama fijó en él sus miradas como esposa inmóvil y
-silenciosa.
-
---Ese es aquél que descansó sobre el pecho de nuestro Pelícano; es el
-que fué elegido desde la cruz para el gran cargo.
-
-Así dijo mi Dama; y sus miradas no dejaron de estar más atentas después
-que antes de pronunciar estas palabras. Como a quien fija los ojos
-en el Sol esperando verlo eclipsarse un poco, que a fuerza de mirar,
-concluye por no ver, así me sucedió con aquel último fuego, hasta que
-me fué dicho:
-
---¿Por qué te deslumbras para ver una cosa que aquí no existe? Mi
-cuerpo es tierra en la Tierra, y allí permanecerá con los otros cuerpos
-hasta tanto que nuestro número se iguale con el eterno propósito. Las
-dos luces que se elevaron antes son las únicas que existen en este
-bienaventurado claustro con sus dos vestiduras; y así lo debes repetir
-en tu mundo.
-
-Dichas estas palabras, cesó el girar del círculo inflamado juntamente
-con el dulce concierto que formaba la armonía del triple canto; así
-como, para descansar o huír de un peligro, se detienen al sonido de un
-silbo los remos que venían azotando el agua.
-
-¡Ah! ¡Cuánta fué la turbación de mi mente cuando me volví para ver a
-Beatriz, y no pude lograrlo, a pesar de encontrarme cerca de ella y en
-el dichoso mundo!
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO VIGESIMOSEXTO_
-
-
-Mientras yo permanecía indeciso a causa de mi deslumbrada vista, salió
-la fúlgida llama que la deslumbró una voz, que llamó mi atención
-diciendo:
-
---En tanto que recobras la vista que has perdido mirándome, bueno es
-que hablando conmigo compenses su pérdida. Empieza, pues, y dime adónde
-se dirige tu alma, y persuádete de que tu vista sólo está ofuscada,
-pero no destruída; pues la Dama que te conduce por esta región luminosa
-tiene en su mirada la virtud que tuvo la mano de Ananías.
-
-Yo dije:
-
---Venga tarde o temprano, según su voluntad, el remedio a mis ojos, que
-fueron las puertas por donde ella entró con el fuego en que me abraso.
-El bien que esparce la alegría en esta corte es el "alfa" y el "omega"
-de cuanto el amor escribe en mí, ya sea leve o fuertemente.
-
-Aquella misma voz que había desvanecido el miedo causado por mi súbito
-deslumbramiento, excitó nuevamente en mí el deseo de hablar, diciendo:
-
---Es preciso que te limpies en una criba más fina: es preciso que digas
-quién dirigió tu arco hacia tal blanco.
-
---Los argumentos filosóficos--contesté--, y la autoridad que desciende
-de aquí, han debido infundirme tal amor; porque el bien, por sí mismo,
-apenas es conocido, enciende tanto más el amor, cuanta mayor bondad
-encierra. Así pues, la mente de todo el que conoce la verdad en que se
-funda esta prueba, debe inclinarse a amar con preferencia a ninguna
-otra cosa aquella esencia,[182] en la cual hay tanta ventaja, que los
-demás bienes existentes fuera de ella no son más que un rayo de su luz.
-Esa verdad la ha declarado a mi inteligencia aquel que me demuestra el
-primer amor de todas las substancias eternas. Me la declaran también
-las palabras del veraz Hacedor, que dijo a Moisés hablando de sí mismo:
-"Yo te mostraré reunidas en mí todas las perfecciones." Tú también me
-la declaras en el principio de tu sublime anuncio, que publica en la
-Tierra el arcano de arriba más altamente que ningún otro.
-
- [182] Dios.
-
-Y yo oí:
-
---Por cuanto te dice la inteligencia humana, de acuerdo con la
-autoridad divina, reserva para Dios el mayor de tus amores. Pero dime
-todavía si te sientes atraído hacia él por otras cuerdas, y dime con
-cuantos dientes te muerde este amor.
-
-No se me ocultó la santa intención del águila de Cristo; pues comprendí
-hasta dónde quería llevar mi confesión: por eso empecé a decir:
-
---Todos los estímulos que pueden obligar al corazón a volverse hacia
-Dios concurren en mi caridad; porque la existencia del mundo y mi
-existencia, la muerte que El sufrió para que yo viva, y lo que espera
-todo fiel como yo, juntamente con el conocimiento antedicho, me han
-sacado del piélago de los amores tortuosos, y me han puesto en la playa
-del recto amor. Amo las hojas que adornan todo el huerto del Hortelano
-eterno en la misma proporción del bien que aquél les comunica.
-
-Apenas guardé silencio, resonó por el Cielo un dulcísimo canto; y
-mi Dama decía con los demás: "¡Santo, Santo, Santo!" Y así como la
-aparición de una luz penetrante desvanece el sueño, excitando el
-sentido de la vista, el cual acude a la claridad que atraviesa las
-membranas; y el despertado la rehuye, aturdido en su repentino desvelo,
-mientras no le ayuda la facultad estimativa, de igual suerte ahuyentó
-Beatriz todo entorpecimiento de mis ojos con el rayo de los suyos,
-que brillaba a más de mil millas: entonces vi mejor que antes, y casi
-estupefacto pregunté quién era un cuarto resplandor que distinguí con
-nosotros. Mi Dama me dijo:
-
---Dentro de esos rayos contempla amorosa a su Hacedor la primera alma
-creada por la Virtud primera.[183]
-
- [183] Adán.
-
-Como el follaje que doblega su copa al paso del viento, y después se
-levanta por la propia virtud que la endereza, tal hice yo, maravillado
-mientras ella hablaba, e irguiéndome después a impulsos del deseo de
-preguntar que me abrasaba; por lo que empecé de esta suerte:
-
---¡Oh fruto, que fuiste producido ya maduro! ¡Oh padre antiguo, de
-quien toda esposa es hija y nuera! Tan devotamente como puedo te
-suplico que me hables; tú ves mis deseos, los cuales no te manifiesto
-por oír más pronto tus palabras.
-
-A veces un animal encubertado se agita de modo que manifiesta por los
-movimientos de su envoltura aquello que desea: del mismo modo la primer
-alma me daba a conocer por la luz de que estaba revestida la alegría
-que le causaba complacerme. Después dijo:
-
---Sin que me lo hayas expresado, conozco tu deseo mejor que tú aquello
-de que estés más cierto; porque lo veo en el veraz espejo cuyo parhelio
-son las demás cosas, y que no es parhelio de ninguna. Quieres oír
-cuánto tiempo ha que Dios me colocó en el excelso jardín en donde ésa
-te preparó a subir tan larga escala; por cuánto tiempo deleitó mis
-ojos; la verdadera causa de la gran ira, y el idioma inventado por mí
-de que hice uso. Sabe, pues, hijo mío, que el haber probado la fruta
-del árbol no fué la causa de tan largo destierro, sino solamente
-el haber infringido la orden. En aquel lugar de donde tu Dama hizo
-partir a Virgilio, estuve deseando esta compañía por espacio de cuatro
-mil trescientas dos revoluciones del Sol; y mientras permanecí en
-la Tierra, le vi volver a todas las luces de su carrera novecientas
-treinta veces. La lengua que hablé se extinguió completamente antes
-que las gentes de Nemrod se dedicaran a la obra interminable; porque
-ningún efecto racional fué jamás duradero, a causa de la voluntad
-humana, que se renueva según la posición y la influencia de los astros.
-Es cosa muy natural que el hombre hable; pero la naturaleza deja a
-vuestra discreción que lo hagáis de este o del otro modo. Antes que yo
-descendiese a las angustias infernales, se daba en la Tierra el nombre
-de I[184] al Sumo Bien de quien procede la alegría que me circunda;
-ELI se le llamó después y así debía ser; porque el uso de los mortales
-es como la hoja de una rama, que desaparece para ceder su puesto a otra
-nueva. En el monte que se eleva más sobre las ondas estuve yo, con
-vida pura y deshonesta, desde la primera hora hasta la que es segunda
-después de la hora sexta, cuando el Sol pasa de uno a otro cuadrante.
-
- [184] Otros escriben un (único), El, por Eli, o J, principio
- del nombre de Jehová, y sobre cada una de estas opiniones se
- ha discutido mucho.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO VIGESIMOSEPTIMO_
-
-"Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo," entonó
-todo el Paraíso con tan dulce canto, que me embriagaba. Lo que veía
-me parecía una sonrisa del Universo, pues mi embriaguez penetraba por
-el oído y por la vista. ¡Oh gozo!, ¡oh inefable alegría!, ¡oh vida
-entera de amor y de paz!, ¡oh riqueza segura y sin deseo! Ante mis
-ojos estaban encendidas las cuatro antorchas, y aquella que había
-venido primero empezó a lanzar más vivos destellos, transformándose su
-aspecto cual aparecería el de Júpiter, si éste y Marte fueran aves y
-trocasen su plumaje. La Providencia, que distribuye aquí a su placer
-los oficios de cada uno, había impuesto silencio a todo el coro de los
-bienaventurados, cuando oí estas palabras:
-
---No te admires al ver que mi semblante se demuda; pues verás demudarse
-el de todos éstos mientras hablo. Aquel que usurpa en la Tierra mi
-puesto, mi puesto, mi puesto, que está vacante a los ojos del Hijo de
-Dios, ha hecho de mi cementerio una sentina de sangre y podredumbre,
-que al perverso caído desde aquí[185] sirve allá abajo de complacencia.
-
- [185] Lucifer.
-
-Entonces vi cubrirse todo el cielo de aquel color que comunica el Sol
-por mañana y tarde a las nubes opuestas a él; y cual mujer honesta que,
-segura de sí misma, se ruboriza tan sólo al escuchar las faltas ajenas,
-así vi yo a Beatriz cambiar de aspecto: un eclipse semejante creo que
-hubo en el cielo cuando la pasión del Poder Supremo. Después, con voz
-tan alterada, que no fué mayor la alteración de su semblante, continuó
-en estos términos:
-
---Mi sangre, así como la de Lino y la de Cleto,[186] no alimentó a
-la Esposa de Cristo para acostumbrarla a adquirir oro, sino para que
-adquiriese aquella vida virtuosa por la que Sixto y Pío, Calixto y
-Urbano derramaron su sangre después de muchas lágrimas. No fué nuestra
-intención que una parte del pueblo cristiano estuviese sentada a la
-derecha y otra a la izquierda de nuestro sucesor, ni que las llaves
-que me fueron concedidas se convirtieran en una enseña de guerra para
-combatir contra los bautizados, ni que estuviese representada mi imagen
-en un sello para servir a privilegios vendidos y falsos, de que con
-frecuencia me avergüenzo e irrito. En todos los prados se ven allá
-abajo lobos rapaces disfrazados de pastores. ¡Oh justicia de Dios!,
-¿por qué duermes? Los de Cahors y los de Gascuña se preparan a beber
-nuestra sangre. ¡Oh buen principio, en que fin tan vil has de venir a
-parar! Pero la alta Providencia, que por medio de Escipión defendió
-en Roma la gloria del mundo, lo socorrerá en breve según imagino. Y
-tú, hijo, que todavía has de volver abajo, llevado por el peso de tu
-cuerpo mortal, abre allí la boca y no ocultes lo que yo no oculto.
-
- [186] Papas y mártires, sucesores de San Pedro.
-
-Así como nuestro aire despide hacia la Tierra copos de helados vapores,
-cuando el cuerno de la Cabra del cielo toca al Sol,[187] de igual modo
-vi elevarse aquel éter puro, y despedir hacia lo alto los vapores
-triunfantes que allí se habían detenido con nosotros. Mi vista seguía
-sus semblantes, y los siguió hasta que la mucha distancia me impidió ir
-más adelante: por lo cual mi Dama, reparando que había cesado de mirar
-hacia arriba, me dijo:
-
---Baja la vista y advierte cuánto has girado.
-
- [187] Cuando el Sol está en Capricornio, o sea en diciembre y
- enero.
-
-Entonces vi que, desde la hora en que miré por primera vez a la Tierra,
-había yo recorrido todo el arco formado por el primer clima desde la
-mitad hasta el fin; de modo que veía más allá de Cádiz el insensato
-paso de Ulises, y a esta parte casi divisaba la playa donde Europa se
-convirtió en dulce carga:[188] y aun habría descubierto mayor espacio
-de este globulillo, a no ser porque el Sol me precedía bajo mis pies
-un signo y algo más. El amoroso espíritu con que adoro siempre a mi
-Dama ardía más que nunca en deseos de volver nuevamente hacia ella
-los ojos; y las bellezas que la naturaleza o el arte han producido
-para cautivar la vista y atraer los espíritus, ya en cuerpos humanos,
-ya en pinturas, todas juntas serían nada en comparación del placer
-divino que me iluminó cuando me volví hacia su faz riente: la fuerza
-que me infundió su mirada me apartó del bello nido de Leda,[189] y me
-transportó al cielo más veloz.[190] Sus partes vivísimas y excelsas
-son tan uniformes, que no sabré decir cuál de ellas escogió Beatriz
-para mi entrada en él; pero ella, que veía mi deseo, empezó a decirme,
-sonriéndose tan placentera, que parecía regocijarse Dios en su
-semblante:
-
- [188] Las playas fenicias, donde Júpiter, transformado en
- toro, robó a Europa.
-
- [189] Del signo de Géminis.
-
- [190] Al cielo llamado Primer móvil.
-
---En esta esfera empieza, como en su meta, el movimiento, que
-naturalmente cesa en el centro, mientras todo lo demás gira en torno
-suyo; y este cielo no tiene otro sitio donde adquirir movimiento más
-que la mente divina, en la cual se enciende el amor que le impulsa y
-la influencia que vierte sobre las demás cosas. La luz y el amor la
-circundan, así como él circunda a los otros cielos inferiores; y ese
-círculo de luz y de amor lo dirige y lo comprende tan sólo Aquél que
-rodea con él a este cielo. Su movimiento no está determinado por otro
-alguno; pero los demás están medidos por éste, lo mismo que diez por
-la mitad y el quinto. Ahora puedes comprender cómo el tiempo tiene sus
-raíces en este tiesto, y en los otros las hojas. ¡Oh concupiscencia,
-que de tal modo sumerges en ti a los mortales, que a ninguno le es
-posible sacar los ojos fuera de tus ondas! Mucho florece la voluntad
-en los hombres; pero la continua lluvia convierte las verdaderas
-ciruelas en endrinas. La fe y la inocencia sólo se encuentran en los
-niños; y después cada una de ellas huye antes de que el vello cubra sus
-mejillas. Hay quien ayuna balbuceando todavía, y luego que tiene la
-lengua suelta, devora cualquier alimento en cualquier época; y también
-hay quien, balbuciente aún, ama y escucha a su madre, y cuando llega
-a hablar claramente, desea verla sepultada. No de otro modo la piel
-de la bella hija del que os trae la mañana y os deja la noche, siendo
-blanca al principio, se ennegrece después.[191] Y a fin de que no te
-maravilles, sabe que en la Tierra no hay quien gobierne; por lo cual
-va tan descarriada la raza humana. Pero antes de que el mes de enero
-deje de pertenecer al invierno, a causa del centésimo de que allá abajo
-no hacen caso, estos círculos superiores rugirán de tal suerte, que
-la borrasca, por tanto tiempo esperada, volverá las popas donde ahora
-están las proas, haciendo que la flota navegue directamente, y que el
-verdadero fruto venga en pos de la flor.
-
- [191] La Naturaleza humana.
-
-[Ilustración]
-
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-
-[Ilustración]
-
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-
-_CANTO VIGESIMOCTAVO_
-
-
-Después que aquella que eleva mi alma al Paraíso me manifestó la verdad
-contrapuesta a la vida actual de los míseros mortales, recuerda mi
-memoria que, así como el que ve en un espejo la llama de una antorcha
-encendida detrás de él, antes de haberla visto o pensado en ella,
-se vuelve para cerciorarse de si el cristal le dice la verdad, y ve
-que los dos están acordes, como la nota musical con el compás, así
-hice yo al contemplar los hermosos ojos en donde tejió amor la cuerda
-que me sujetó: y cuando me volví, y se vieron heridos los míos por
-lo que aparece en aquel cielo toda vez que se observe con atención
-su movimiento, distinguí un punto que despedía tan penetrante luz,
-que es preciso cerrar los ojos iluminados por ella, a causa de su
-aguda intensidad. La estrella que más pequeña parece desde la Tierra,
-colocada a su lado, como una estrella cerca de otra, parecería una
-luna. Casi tanto como el cerco de un astro parece distar de la luz
-que le traza, cuando el vapor que lo forma es más denso, distaba del
-centro de aquel punto un círculo de fuego, girando tan rápidamente,
-que hubiera vencido en celeridad al movimiento de aquel Cielo que más
-velozmente gira ciñendo al mundo. Este círculo estaba rodeado por
-otro, y éste por un tercero, y el tercero por el cuarto, por el quinto
-el cuarto, y después por el sexto el quinto; sobre éstos seguía el
-séptimo, de tan gran extensión, que la mensajera de Juno[192] sería
-demasiado estrecha para contenerlo por completo. Lo mismo sucedía con
-el octavo y el noveno,[193] y cada cual de ellos se movía con más
-lentitud según su mayor distancia del Uno, teniendo la llama más clara
-el que menos distaba de la luz purísima; porque, según creo, participa
-más de su verdad. Mi Dama, que me veía presa de una viva curiosidad, me
-dijo:
-
- [192] Iris.
-
- [193] Estos nueve círculos luminosos son formados por los
- nueve órdenes angélicos, y su punto céntrico es Dios.
-
---De aquel punto depende el Cielo y toda la naturaleza. Mira aquel
-círculo que está más próximo a él, y sabe que su movimiento es tan
-rápido a causa del ardiente amor que le impulsa.
-
-Le contesté:
-
---Si el mundo estuviera dispuesto en el orden en que veo esas ruedas,
-tu explicación me hubiera satisfecho; pero en el mundo sensible se
-pueden ver las cosas tanto más rápidas cuanto más apartadas están de su
-centro: así es que, si mi deseo debe tener fin en este maravilloso y
-angélico templo, cuyos únicos confines son el amor y la luz, necesito
-todavía oír cómo es que el modelo y la copia no van del mismo modo;
-porque yo en vano reflexiono en ello.
-
---Si tus dedos no bastan para deshacer ese nudo, no es maravilla: ¡tan
-sólido se ha hecho por no haber sido tocado!
-
-Así dijo mi Dama; después añadió:
-
---Medita lo que voy a decirte, si quieres quedar satisfecho, y aguza
-sobre ello el ingenio. Los círculos corpóreos son anchos y estrechos,
-según la mayor o menor virtud que se difunde por todas partes. Cuanto
-mayor es su bondad, más saludables son los efectos que produce; y el
-cuerpo mayor contiene mayor bondad, con tal que sean todas sus partes
-igualmente perfectas. Ahora bien, este círculo en que estamos, que
-arrastra consigo todo el alto universo, corresponde al que más ama y
-más sabe; por lo cual, si te fijas en la virtud y no en la extensión
-de las substancias que te aparecen dispuestas en círculos, verás una
-relación admirable y gradual entre cada Cielo y su inteligencia.
-
-Puro y sereno, como queda el hemisferio del aire cuando Bóreas sopla
-con la menos impetuosa de sus mejillas, limpiando y disolviendo la
-niebla que antes lo obscurecía todo, y haciendo que el cielo ostente
-las bellezas de toda su comitiva, quedé yo cuando mi Dama me satisfizo
-con sus claras respuestas, viendo entonces la verdad tan brillante
-como las estrellas en el cielo. Cuando hubo terminado sus palabras,
-empezaron a chispear los círculos, como chispea el hierro candente; y
-aquel centelleo, que parecía un incendio, era imitado por cada chispa
-de por sí, siendo éstas tantas, que su número se multiplicaba mil
-veces más que el producido por la multiplicación de las casillas de un
-tablero de ajedrez.[194] Yo oía cantar "Hosanna," de coro en coro, en
-alabanza del punto fijo, que los tiene y siempre los tendrá en el lugar
-donde siempre han estado: y aquella que veía las dudas de mi mente dijo:
-
- [194] La multiplicación duplicada de las casillas del tablero
- de ajedrez produce una cantidad asombrosa, en esta forma:
- 1.ª casilla, 1; 2.ª, 2; 3.ª, 4; 4.ª, 8; 5.ª, 16; 6.ª, 32;
- hasta la casilla 64, que arroja veinte cifras, o sean decenas
- de trillón. Cuéntase que el inventor del ajedrez fué un
- indiano, el cual presentó el nuevo juego a un rey de Persia;
- y habiéndole ofrecido éste darle lo que pidiese, pidió un
- cuartillo de grano, duplicado y tantas veces multiplicado
- cuantas eran las casillas del tablero. El rey se lo concedió
- riéndose; pero no pudo pagarle, porque no hubo en todo el
- reino bastante grano para ello.
-
---Los primeros círculos te han mostrado los Serafines y los Querubines.
-Siguen con tal velocidad su amorosa cadena para asemejarse al punto
-cuanto pueden, y pueden tanto más, cuanto más altos están para verle.
-Aquellos otros amores, que van en torno de ellos, se llaman Tronos de
-la presencia divina, en los cuales termina el primer ternario; y debes
-saber que es tanto mayor su gozo, cuanto más penetra su vista en la
-Verdad, en que se calma toda inteligencia. Aquí puede conocerse que
-la beatitud se funda en el acto de ver, y no en el de amar a Dios, lo
-cual viene después; y siendo las obras meritorias engendradas por la
-gracia y la buena voluntad, la medida de la contemplación procede así
-de grado en grado. El otro ternario, que germina en esta primavera
-eterna de modo que no le despoja el Aries nocturno, canta perpetuamente
-"Hosanna" con tres melodías, que resuenan en los tres órdenes de
-alegría de que se compone. En esa jerarquía están las tres diosas:
-primera, Dominaciones; segunda, Virtudes, y el tercer orden es el de
-las Potestades. Después, en los dos penúltimos círculos giran los
-Principados y los Arcángeles: el último se compone todo de angélicos
-festejos. Todos estos órdenes tienen sus miradas fijas arriba, y
-ejercen abajo tal influencia, que así como ellos son atraídos por Dios,
-atraen lo que está debajo de ellos. Con tal ardor se puso Dionisio[195]
-a contemplar esos órdenes, que los nombró y distinguió como yo. Pero
-Gregorio[196] se separó de él después; así es que en cuanto abrió los
-ojos en este cielo, se ha reído de sí mismo. Y si un mortal ha revelado
-en la Tierra una verdad tan secreta, no quiero que te admires; porque
-el que la vió aquí arriba[197] se la descubrió, con otras muchas cosas
-referentes a las verdades de estos círculos.
-
- [195] San Dionisio Areopagita, en su libro =De coelesti
- hierarchia=.
-
- [196] San Gregorio el Grande, que modificó el orden de los
- ángeles seguido por San Dionisio.
-
- [197] San Pablo, que fué transportado al cielo, e instruyó a
- San Dionisio.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO VIGESIMONONO_
-
-
-Silenciosa y con el rostro risueño permaneció Beatriz, mirando
-fijamente al punto que me había deslumbrado, tanto espacio de
-tiempo como el que media desde el momento en que el cenit mantiene
-en equilibrio a los dos hijos de Latona, cuando éstos, cobijados
-respectivamente por Aries y Libra, se forman una misma zona del
-horizonte, hasta que uno y otro rompen aquel cinto cambiando de
-hemisferio.[198] Después empezó así:
-
- [198] Quiere decir que Beatriz guardó silencio, mirando
- fijamente a Dios sólo un instante. Los hijos de Latona son el
- Sol y la Luna: cuando ambos se hallan en el mismo horizonte,
- uno en frente de otro, en Aries y Libra, como tenidos en
- balanza por una mano invisible, inmediatamente rompen ese
- equilibrio aparente, ascendiendo el uno a nuestro hemisferio,
- y pasando el otro al hemisferio opuesto.
-
---Yo te diré sin preguntar lo que deseas oír, porque lo he visto
-desde allí donde converge todo "ubi" y todo "quando." No con objeto
-de adquirir para sí ningún bien (que esto no puede ser), sino a fin
-de que su esplendor, reflejándose en las criaturas, pudiera decir:
-"Existo," el Eterno Amor, en su eternidad, antes que el tiempo fuese, y
-de un modo incomprensible a toda otra inteligencia, se difundió según
-le plugo, creando nuevos amores. No es decir que antes permaneciera
-ocioso y como inerte; pues el proceder del espíritu de Dios sobre estas
-aguas no tuvo antes ni después. La forma y la materia pura salieron
-juntamente con una existencia sin defecto, como salen tres flechas de
-un arco de tres cuerdas; y así como la luz brilla en el vidrio, en el
-ámbar o en el cristal, de manera que entre el llegar y el ser toda no
-media intervalo alguno, así también aquel triforme efecto irradió a
-la vez de su Señor, sin distinción entre su principio y su existencia
-perfecta. Simultáneamente fué también creado y establecido el orden
-de las substancias; y aquellas en que se produjo el acto puro fueron
-colocadas en la cima del mundo. A la parte inferior fué destinada
-la potencia pura; y en el medio unió a la potencia y a la acción un
-vínculo que nunca se desata. Jerónimo escribió que los ángeles fueron
-creados muchos siglos antes de que fuera hecho el otro mundo; pero
-esta verdad está escrita en varios pasajes de los escritores del
-Espíritu Santo, y la podrás observar si bien la examinas, como que
-hasta la misma razón la ve en parte; pues no podría comprender que los
-motores permanecieran tanto tiempo sin su perfección. Ahora sabes ya
-dónde, cómo y cuándo fueron creados estos amores; de modo que están
-extinguidos tres ardores de tu deseo. No contarías de uno a veinte
-con la prontitud con que una parte de los ángeles turbó el mundo de
-vuestros elementos. La otra parte quedó aquí, y empezó la obra que
-contemplas, con tanto placer que nunca cesa de girar. La causa de la
-caída fué el maldito orgullo de aquel que viste en el centro de la
-Tierra, pesando sobre él toda la gravedad del mundo. Esos que ves aquí
-fueron modestos, reconociendo la bondad que los había hecho dispuestos
-a tan altas miras; por lo cual sus inteligencias fueron de tal modo
-exaltadas por la gracia que ilumina y por su mérito, que poseen una
-plena y firme voluntad. Y no quiero que dudes, sino que tengas completa
-certidumbre de que es meritorio recibir la gracia en proporción del
-amor con que se la pide y acoge. En adelante, puedes contemplar a
-tu placer y sin otra ayuda este consistorio, si has entendido mis
-palabras: pero como en la Tierra y en vuestras escuelas se lee que la
-naturaleza angélica es tal que entiende, recuerda y quiere, te diré
-más todavía para que veas en toda su pureza la verdad que abajo se
-confunde, equivocando semejante doctrina. Estas substancias, después de
-haberse recreado en el rostro de Dios, no separaron su mirada de éste
-para quien nada hay oculto; así es que su vista no está interceptada
-por ningún nuevo objeto, y en consecuencia, no necesitan la memoria
-para recordar un concepto separado de su pensamiento. Allá abajo,
-pues, se sueña sin dormir, creyendo unos y no creyendo otros decir
-la verdad; pero en éstos hay más falta y más vergüenza. Los que allá
-abajo os dedicáis a filosofar, no vais por un mismo sendero; tanto
-es lo que os arrastra el afán de parecer sabios e ingeniosos: y aun
-esto se tolera aquí con menos rigor que el desprecio de la Sagrada
-Escritura o su torcida interpretación. No pensáis en la sangre que
-cuesta sembrarla por el mundo, y lo grato que es a Dios el que uniforma
-humildemente sus ideas a las de aquélla. Sólo por parecer docto, cada
-cual se ingenia y se esfuerza en invenciones, que sirven de texto a los
-predicadores, mientras que el Evangelio se calla. Uno dice que la Luna
-retrocedió cuando la pasión de Cristo, y se interpuso a fin de que la
-luz del Sol no pudiera bajar a la Tierra; otros que la luz se ocultó
-por sí misma, razón por la cual este eclipse fué tan sensible para
-los Españoles y los Indios, como para los Judíos. No tiene Florencia
-tantos Lapi y Bindi[199] como fábulas se pronuncian durante un año
-y por todas partes en el púlpito; así es que las ovejas ignorantes
-vuelven del pasto repletas de viento, sin que les sirva de excusa no
-haber visto el daño. Cristo no dijo a su primer convento: "Andad y
-predicad patrañas al mundo," sino que les dió por base la verdad: y
-ésta sonó en sus bocas de tal modo, que al combatir para encender la
-Fe, solamente se valieron del Evangelio como de escudo y lanza. Ahora,
-para predicar, se abusa de las argucias y bufonadas; con tal de excitar
-la hilaridad, la cogulla se hincha y no se desea otra cosa. Pero en la
-punta de esa cogulla anida tal pájaro,[200] que si el vulgo lo viese,
-no admitiría las indulgencias de aquellos en quienes confía; por las
-cuales ha crecido tanto la necedad en la Tierra, que sin pedir pruebas
-de su autenticidad, se agolparía la gente a cualquier promesa de ellas.
-Con esto engorda el puerco de San Antonio, y engordan otros muchos
-que son peores que puercos, pagando en moneda sin cuño. Mas, poniendo
-fin a esta larga digresión, vuelve ya tus ojos hacia la vía recta,
-de modo que el camino y el tiempo se abrevien. La naturaleza de los
-ángeles aumenta tanto su número de grado en grado, que no hay palabra
-ni inteligencia mortal que pueda llegar a significar ese número; y si
-examinas bien lo que reveló Daniel, verás que en sus millares no se
-manifiesta un número determinado. La primera luz que ilumina toda la
-naturaleza angélica penetra en ella de tantos modos cuantos son los
-esplendores a que se une. Así pues, como el afecto es proporcionado
-a la intensidad de la visión beatífica, la dulzura del amor es en los
-ángeles diversamente fervorosa o tibia. Contempla en adelante la altura
-y la extensión del Poder Eterno; pues ha formado para sí tantos espejos
-en los que se reparte, quedando siempre uno e indivisible como antes de
-haberlos creado.
-
- [199] Nombres muy comunes en Florencia.
-
- [200] El demonio.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO TRIGESIMO_
-
-
-Acaso arde la hora sexta distante seis mil millas de nosotros, y este
-mundo inclina ya su sombra casi horizontalmente, cuando el centro del
-cielo que vemos más profundo empieza a ponerse de modo, que algunas
-estrellas van perdiéndose de vista desde la Tierra; y a medida que
-viene adelantando la clarísima sierva del Sol, el cielo apaga de una en
-una sus luces hasta la más bella. No de otra suerte desapareció poco a
-poco a mi vista el triunfo de los coros angélicos, que siempre festeja
-en torno de aquel punto que me deslumbró, pareciéndome contenido en
-lo mismo que él contiene; por lo cual, no viendo ya nada, esto unido
-al amor me obligó a volver los ojos hacia Beatriz. Si todo cuanto
-hasta aquí se ha dicho acerca de ella estuviera reunido en una sola
-alabanza, sería poco para llenar el objeto. La belleza que en ella
-vi no sólo está fuera del alcance de nuestra inteligencia, sino que
-creo con certeza que su Hacedor es el único que la comprende toda. Me
-confieso vencido por este pasaje de mi poema más de lo que con respecto
-a otro punto lo fué jamás autor trágico o cómico; porque así como
-el Sol ofusca la vista más trémula, del mismo modo el recuerdo de la
-dulce sonrisa paraliza mi mente. Desde el primer día que vi su rostro
-en esta vida, hasta mi actual contemplación, no se ha interrumpido la
-continuación de mi canto; pero ahora es preciso que mi poema desista de
-seguir cantando la belleza de mi Dama, como hace todo artista que llega
-al último esfuerzo en su arte. Tal cual la dejo para que la anuncie una
-trompa de mayor sonido que la mía, que conduce al término su difícil
-tarea, Beatriz repuso con el gesto y la voz de una guía solícita:
-
---Hemos salido fuera del mayor de los cuerpos celestes, para subir al
-cielo que es pura luz;[201] luz intelectual, llena de amor, amor de
-verdadero bien, lleno de gozo; gozo superior a toda dulzura. Aquí verás
-una y otra milicia del Paraíso, y una de ellas bajo aquel aspecto con
-que la contemplarás en el juicio final.
-
- [201] Del Primer móvil al Empíreo.
-
-Como súbito relámpago que disipa las potencias visivas, privando al ojo
-de la facultad de distinguir los mayores objetos, así me circundó una
-luz resplandeciente, dejándome velado de tal suerte con su fulgor, que
-nada descubría.
-
---El Amor que tranquiliza este cielo, acoge siempre con semejante
-saludo al que entra en él, a fin de disponer al cirio para recibir su
-llama.
-
-No bien hube oído estas palabras, cuando me sentí elevar de un modo
-superior a mis fuerzas, y adquirí una nueva vista de tal vigor, que no
-hay luz alguna tan brillante que no pudieran soportarla mis ojos. Y vi
-en forma de río una luz áurea, que despedía espléndidos fulgores entre
-dos orillas adornadas de admirable primavera. De este río salían vivas
-centellas, que por todas partes llovían sobre las flores, pareciendo
-rubíes engastados en oro. Después, como embriagadas con aquellos
-aromas, volvían a sumergirse en el maravilloso raudal; pero si una
-entraba en él, otra salía.
-
---El alto deseo que ahora te inflama y estimula para comprender lo
-que estás viendo, me place tanto más cuanto es más vehemente; pero es
-preciso que bebas de esa agua antes que sacies tanta sed.
-
-Así me dijo el Sol de mis ojos. Luego añadió:
-
---El río y los topacios, que entran y salen, y la sonrisa de las
-hierbas son nada más que sombras y prefacios de la verdad: no es decir
-que estas cosas sean en sí de difícil comprensión; pues el defecto está
-en ti, que no tienes aún la vista bastante elevada.
-
-Ningún niño se tira de cabeza tan presuroso al pecho de su madre cuando
-despierta más tarde de lo acostumbrado, como yo, para mejorar los
-espejos de mis ojos, me incliné sobre la onda luminosa, que corre a fin
-de que se perfeccione la vista; y apenas se bañó en ella la extremidad
-de mis párpados, me pareció que la larga corriente se había vuelto
-redonda. Después, así como la gente enmascarada parece otra cosa muy
-distinta en cuanto se despoja de la falsa apariencia bajo la cual se
-ocultaba, así me pareció que adquirían mayor alegría las flores y las
-centellas; de modo que vi distintamente las dos cortes del cielo. ¡Oh
-esplendor de Dios, merced al cual vi el gran triunfo del reino de la
-verdad! Dame fuerzas para decir cómo lo vi.
-
-Hay allá arriba una luz, que hace visible el Creador a toda criatura
-que sólo funda su paz en contemplarle; y se extiende en forma circular
-por tanto espacio, que su circunferencia sería para el Sol un cinturón
-demasiado anchuroso. Toda su apariencia procede de un rayo reflejado
-sobre la cumbre del Primer Móvil, que de él adquiere movimiento y
-potencia; y así como una colina se contempla en el agua que baña su
-base, cual si quisiera mirarse adornada cuando es más rica de verdor y
-flores, así, suspendidas en torno, en torno de la luz, vi reflejarse en
-más de mil gradas todas las almas que desde nuestro mundo han vuelto
-allá arriba. Y si la última grada concentra en sí tanta luz, ¡cuál no
-será el esplendor de esta rosa en sus últimas hojas! Mi vista no se
-perdía en la anchura ni en la elevación de esta rosa, sino que abarcaba
-toda la cantidad y la calidad de aquella alegría. Allí, el estar cerca
-o lejos, no da ni quita; porque donde Dios gobierna sin interposición
-de causas secundarias, no ejerce ninguna acción la ley natural. Hacia
-el centro de la rosa sempiterna, que se dilata, se eleva gradualmente
-y exhala un perfume de alabanzas al Sol que allí produce una eterna
-primavera, me atrajo Beatriz como el que calla al mismo tiempo que
-quiere hablar, y dijo:
-
---¡Mira cuán grande es la reunión de blancas estolas! ¡Mira qué gran
-circuito tiene nuestra ciudad! ¡Mira nuestros escaños tan llenos, que
-ya son pocos los llamados a ocuparlos! En aquel gran asiento donde
-tienes los ojos fijos a causa de la corona que está colocada sobre
-él, antes que tú cenes en estas bodas se sentará el alma de gran
-Enrique, que será augusta en la Tierra,[202] el cual irá a reformar
-la Italia antes que se halle preparada para ello. La ciega codicia
-que os enferma, os ha hecho semejantes al niño que muere de hambre
-y rechaza a su nodriza. Entonces será prefecto en el foro divino un
-hombre,[203] que abierta y ocultamente no irá por el mismo camino que
-aquél; pero poco tiempo le tolerará Dios en su santo cargo; porque será
-arrojado donde está Simón Mago por sus merecimientos, y hará que el de
-Alagna[204] se hunda más.
-
- [202] Aquí Dante finge predecir en 1300 la coronación del
- emperador Enrique VII de Luxemburgo, que tuvo efecto en 1308.
-
- [203] El papa Clemente V.
-
- [204] El papa Bonifacio VIII. (Véase el Infierno, canto XIX.)
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO TRIGESIMOPRIMERO_
-
-
-En forma, pues, de blanca rosa se ofrecía a mi vista la milicia santa
-que Cristo con su sangre hizo su esposa; pero la otra, que volando ve y
-canta la gloria de aquel que la enamora y la bondad que tan excelsa la
-ha hecho, como un enjambre de abejas, que ora se posa sobre las flores,
-ora vuelve al sitio donde su trabajo se convierte en dulce miel,
-descendía a la gran flor que se adorna de tantas hojas, y desde allí
-se lanzaba de nuevo hacia el punto donde siempre permanece su Amor.
-Todas estas almas tenían el rostro de llama viva, las alas de oro, y
-lo restante de tal blancura, que no hay nieve que pueda comparársele.
-Cuando descendían por la flor de grada en grada, comunicaban a las
-otras almas la paz y el ardor que ellas adquirían volando; y por más
-que aquella familia alada se interpusiera entre lo alto y la flor, no
-impedía la vista ni el esplendor, porque la luz divina penetra en el
-universo según que éste es digno de ello, de manera que nada puede
-servirle de obstáculo.
-
-Este reino tranquilo y gozoso, poblado de gente antigua y moderna,
-tenía todo él la vista y el amor dirigidos hacia un solo punto. ¡Oh
-trina luz, que centelleando en una sola estrella, regocijas de tal
-modo la vista de esos espíritus!, mira cuál es aquí abajo nuestra
-tormenta. Si los bárbaros, procedentes de la región que cubre Hélice
-diariamente girando con su hijo a quien mira con amor,[205] se quedaban
-estupefactos al ver a Roma y sus magníficos monumentos, cuando Letrán
-superaba a todas las obras salidas de manos de los hombres, yo, que
-acababa de pasar de lo humano a lo divino, del tiempo limitado a lo
-eterno, y de Florencia a un pueblo justo y santo, ¿de qué estupor no
-estaría lleno? En verdad que, entregado a tal estupor y a mi gozo, me
-complacía el no oír ni decir nada. Y como el peregrino que se recrea
-contemplando el templo que había hecho voto de visitar, y espera, al
-volver a su país, referir cómo estaba construído, así yo, contemplando
-la viva luz, paseaba mis miradas por todas las gradas, ya hacia arriba,
-ya hacia abajo, ya en derredor, y veía rostros que excitaban a la
-caridad, embellecidos por otras luces y por su sonrisa, y en actitudes
-adornadas de toda clase de gracia. Mi vista había abarcado por completo
-la forma general del Paraíso, pero no se había fijado en parte alguna:
-entonces, poseído de un nuevo deseo, me volví hacia mi Dama para
-preguntarle sobre algunos puntos que tenían en suspenso mi mente; pero
-cuando esperaba una cosa, me sucedió otra: creía ver a Beatriz, y vi un
-anciano[206] vestido como la familia gloriosa. En sus ojos y en sus
-mejillas estaba esparcida una benigna alegría, y su aspecto era tan
-dulce como el de un tierno padre.
-
- [205] El Norte, sobre el cual gira constantemente la Osa
- mayor, junto con su hijo Bootes o Arturo.
-
- [206] Beatriz ha cumplido ya su misión, y desaparece del
- lado de Dante, sustituyéndole San Bernardo, símbolo de la
- contemplación y del amor a María, de quien impetra luego que
- alcance para el Poeta la gracia de ver a Dios; tal vez porque
- para esto no basta la ciencia teológica, y se necesita de la
- Gracia.
-
---Y ella ¿dónde está?--dije al momento.
-
-A lo cual contestó él:
-
---Beatriz me ha enviado desde mi asiento para poner fin a tu deseo;
-y si miras el tercer círculo a partir de la grada superior, la verás
-ocupar el trono en que la han colocado sus méritos.
-
-Sin responder levanté los ojos, y la vi formándose una corona de los
-eternos rayos que de sí reflejaba. El ojo del que estuviese en lo
-profundo del mar no distaría tanto de la región más elevada donde
-truena, como distaban de Beatriz los míos; pero nada importaba, porque
-su imagen descendía hasta mí sin interposición de otro cuerpo.
-
---¡Oh mujer, en quien vive mi esperanza, y que consentiste, por mi
-salvación, en dejar tus huellas en el Infierno! Si he visto tantas
-cosas, a tu bondad y a tu poder debo esta gracia y la fuerza que me ha
-sido necesaria. Tú, desde la esclavitud, me has conducido a la libertad
-por todas las vías y por todos los medios que para hacerlo han estado a
-tu alcance. Consérvame tus magníficos dones, a fin de que mi alma, que
-sanaste, se separe de su cuerpo siendo agradable a tus ojos.
-
-Así oré; y aquella que tan lejana parecía, se sonrió y me miró,
-volviéndose después hacia la eterna fuente.[207] El santo Anciano me
-dijo:
-
- [207] Dios, eterna fuente de bien.
-
---A fin de que lleves a feliz término tu viaje, para lo cual me han
-movido el ruego y el amor santo, vuela con los ojos por este jardín;
-pues mirándolo se avivará más tu vista para subir hasta el rayo
-divino. Y la Reina del Cielo, por quien ardo enteramente en amor, nos
-concederá todas las gracias, porque yo soy su fiel Bernardo.
-
-Como aquel que acaso viene de Croacia para ver nuestra Verónica, y no
-se cansa de contemplarla a causa de su antigua fama, antes bien dice
-para sí mientras se la enseñan: "Señor mío Jesucristo, Dios verdadero,
-¿era tal vuestro rostro?," lo mismo estaba yo mirando la viva caridad
-de aquél, que entregado a la contemplación, gustó en el mundo las
-delicias de que ahora goza.
-
---Hijo de la gracia--empezó a decirme--, no podrás conocer esta
-existencia dichosa, mientras fijes los ojos solamente aquí abajo. Ve
-mirando los círculos hasta el más remoto, a fin de que veas el trono de
-la Reina a quien está sometido y consagrado este reino.
-
-Levanté los ojos; y así como por la mañana la parte oriental del
-horizonte excede en claridad a aquella por donde el Sol se pone, del
-mismo modo, y dirigiendo la vista como el que va del fondo de un valle
-a la cumbre de un monte, vi en el más elevado círculo una parte del
-mismo que sobrepujaba en claridad a todas las otras; y así como allí
-donde se espera el carro que tan mal guió Faetón,[208] más se inflama
-el cielo y fuera de aquel punto va perdiendo la luz su viveza, de
-igual suerte aquella pacífica oriflama[209] brillaba más en su centro,
-disminuyéndose gradualmente el resplandor en todas las demás partes.
-En aquel centro vi más de mil ángeles que la festejaban con las alas
-desplegadas, diferente cada cual en su esplendor y en su actitud. Ante
-sus juegos y sus cantos vi sonreír una beldad, que infundía el contento
-en los ojos de los demás santos. Aun cuando tuviera tantos recursos
-para decir como para imaginar, no me atrevería a expresar la mínima
-parte de sus delicias.
-
- [208] El carro del Sol.
-
- [209] La Virgen María.
-
-Cuando Bernardo vió mis ojos atentos y fijos en el objeto de su
-ferviente amor, volvió los suyos hacia él con tanto afecto, que
-infundió en los míos más ardor para contemplarlo.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO TRIGESIMOSEGUNDO_
-
-
-Atento a su dicha, aquel contemplador asumió espontáneamente en sí el
-cargo de maestro y empezó por estas santas palabras:
-
---La herida que María restañó y curó fué abierta y enconada por aquella
-mujer tan hermosa que está a sus pies.[210] Debajo de ésta, en el
-orden que forman los terceros puestos, se sientan, como ves, Raquel
-y Beatriz.[211] Sara, Rebeca, Judith, y la bisabuela[212] del Cantor
-que en medio del dolor producido por su falta dijo "Miserere mei,"
-puedes verlas sucederse de grado en grado, descendiendo, a medida que
-en la rosa te las voy nombrando de hoja en hoja. Y desde la séptima
-grada para abajo, como desde la más alta a la misma grada, se suceden
-las Hebreas, dividiendo todas las hojas de la flor; porque aquéllas
-son como un recto muro, que comparte los sagrados escalones, según
-como se fijó en Cristo la mirada de la fe. En esa parte, en que la
-flor está provista de todas sus hojas, se sientan los que creyeron
-en la venida de Jesucristo; y en la otra, en que los semicírculos se
-ven interrumpidos por algunos huecos, se sientan los que creyeron en
-El después de haber venido; y así como en esa parte el glorioso trono
-de la Señora del cielo y los otros escaños inferiores forman tan
-gran separación, así en la opuesta está el trono del gran Juan que,
-siempre santo, sufrió la soledad y el martirio, y el Infierno después
-durante dos años;[213] y así también debajo de él, formando a propósito
-igual separación, está el de Francisco; bajo éste el de Benito, bajo
-Benito Agustín y otros varios, descendiendo de igual modo hasta aquí
-de círculo en círculo. Admira, pues, la elevada Providencia divina;
-porque uno y otro aspecto de la Fe llenarán por igual este jardín. Y
-sabe que desde la grada que corta por mitad ambas filas hasta abajo,
-nadie se sienta por su propio mérito, sino por el que contrajo otro, y
-con ciertas condiciones; porque todos ellos son espíritus desprendidos
-de la Tierra antes que estuviesen dotados de criterio para elegir la
-verdad. Fácil te será cerciorarte de ello por sus rostros y también por
-sus voces infantiles, si los miras y los escuchas bien. Ahora dudas,
-y dudando guardas silencio; pero yo soltaré las fuertes ligaduras con
-que te estrechan tus sutiles pensamientos. En toda la extensión de
-este reino no puede tener cabida un asiento dado por casualidad, como
-tampoco caben la tristeza, la sed, ni el hambre; pues todo cuanto ves
-se halla establecido por eterna ley, de modo que aquí cada cosa viene
-justa como anillo al dedo. Por lo tanto, estas almas apresuradas a la
-verdadera vida no son aquí "sine causa" más o menos excelentes entre
-sí. El Rey por quien este reino reposa en tanto amor y deleite, que
-ninguna voluntad se atreve a desear más, creando todas las almas bajo
-su dichoso aspecto, las dota según quiere de más o menos gracia: en
-cuanto a esto baste conocer el efecto; lo cual se demuestra expresa
-y claramente por la Sagrada Escritura en aquellos gemelos a quienes
-agitó la ira en el vientre de su madre.[214] Por lo tanto, es preciso
-que la altísima luz corone de su gloria a los espíritus según sea el
-color de los cabellos de tal gracia. Así pues, sin consideración al
-mérito de sus obras, se hallan ésos colocados en diferentes grados,
-distinguiéndose tan sólo por su penetración primitiva. En los primeros
-siglos bastaba ciertamente para salvarse tener, junto con la inocencia,
-la fe de los padres. Transcurridas las primeras edades, fué menester
-que los varones todavía inocentes adquiriesen la virtud por medio
-de la circuncisión; pero cuando llegó el tiempo de la Gracia, toda
-aquella inocencia debió permanecer en el Limbo, si no había recibido el
-perfecto bautismo de Cristo. Contempla ahora la faz que más se asemeja
-a la de Cristo, pues sólo su resplandor podrá disponerte a ver a Cristo.
-
- [210] Eva.
-
- [211] Beatriz es la imagen de la Teología, y Raquel de la vida
- contemplativa.
-
- [212] Ruth, bisabuela de David.
-
- [213] San Juan Bautista estuvo en el Limbo casi dos años,
- porque murió antes que Jesucristo.
-
- [214] Esaú y Jacob.
-
-Vi llover sobre ella tanta alegría, llevada por los santos espíritus,
-creados para volar por aquella altura, que todo cuanto antes había
-visto no me había causado tal admiración, ni me había mostrado mayor
-semejanza con Dios. Y aquel amor[215] que fué el primero en descender
-cantando "Ave, María, gratia plena," extendió sus alas delante de
-ella. A tan divina cantinela respondió por todas partes la corte
-bienaventurada, de tal modo que cada espíritu pareció más radiante.
-
- [215] El arcángel San Gabriel.
-
---¡Oh Santo Padre, que por mí te dignas estar aquí abajo, dejando el
-dulce sitio donde te sientas por toda una eternidad! ¿Qué ángel es ese,
-que con tanto gozo mira los ojos de nuestra Reina, y tan enamorado está
-que parece de fuego?
-
-Con estas palabras recurrí nuevamente a la enseñanza de aquel que se
-embellecía con las bellezas de María, como a los rayos del Sol se
-embellece la estrella matutina. Y él me respondió:
-
---Toda la confianza y la gracia que pueden caber en un ángel y en un
-alma, se encuentran en él, y así queremos que sea; porque es el que
-llevó la palma a María, cuando el Hijo de Dios quiso cargar con nuestro
-peso. Pero sigue ahora con la vista según yo vaya hablando, y fija la
-atención en los grandes patricios de este imperio justísimo y piadoso.
-Aquellos dos que ves sentados allá arriba, más felices por estar
-sumamente próximos a la Augusta Señora, son casi dos raíces de esta
-rosa. El que está a la izquierda es el padre, cuyo atrevido paladar fué
-causa de que la especie humana probara tanta amargura.[216] Contempla a
-la derecha al anciano padre de la santa Iglesia, a quien Cristo confió
-las llaves de esta encantadora flor:[217] a su lado se sienta aquel que
-vió, antes de morir, todos los tiempos calamitosos que debía atravesar
-la bella esposa que fué conquistada con la lanza y los clavos;[218] y
-próximo al otro, aquel Jefe bajo cuyas órdenes vivió de maná la nación
-ingrata, voluble y obstinada.[219] Mira sentada a Ana frente a Pedro,
-contemplando a su hija con tal arrobamiento, que ni aun al cantar
-"Hosanna" separa de ella los ojos: y frente al mayor Padre de familia
-se sienta Lucía, que envió a tu Dama en tu socorro, cuando cerraste
-los párpados al borde del abismo. Mas, puesto que huye el tiempo que
-te adormece, haremos punto aquí, como un buen sastre, que según el
-paño con que cuenta, así hace el traje y elevaremos los ojos hacia el
-primer Amor, de modo que, mirándole, penetres en su fulgor cuanto te
-sea posible. Sin embargo, a fin de que al mover tus alas no retrocedas
-acaso creyendo adelantar, es preciso pedir con ruegos la gracia que
-necesitas, e impetrarla de aquella que puede ayudarte: sígueme, pues,
-con el afecto, de modo que tu corazón acompañe a mis palabras.
-
- [216] Adán, cabeza del Antiguo Testamento.
-
- [217] San Pedro, cabeza del Nuevo Testamento.
-
- [218] San Juan Evangelista.
-
- [219] Moisés, que está cerca de Adán.
-
-Y comenzó a decir esta santa oración:
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-_CANTO TRIGESIMOTERCIO_
-
-
-"Virgen madre, hija de tu hijo, la más humilde al par que la más alta
-de todas las criaturas, término fijo de la voluntad eterna, tú eres la
-que has ennoblecido de tal suerte la humana naturaleza, que su Hacedor
-no se desdeñó de convertirse en su propia obra. En tu seno se inflamó
-el amor cuyo calor ha hecho germinar esta flor en la paz eterna. Eres
-aquí para nosotros meridiano Sol de caridad, y abajo para los mortales
-vivo manantial de esperanza. Eres tan grande, señora, y tanto vales,
-que todo el que desea alcanzar alguna gracia y no recurre a ti, quiere
-que su deseo vuele sin alas. Tu benignidad no sólo socorre al que
-te implora, sino que muchas veces se anticipa espontáneamente a la
-súplica. En ti se reúnen la misericordia, la piedad, la magnificencia,
-y todo cuanto bueno existe en la criatura. Este, pues, que desde la más
-profunda laguna del universo hasta aquí ha visto una a una todas las
-existencias espirituales, te suplica le concedas la gracia de adquirir
-tal virtud, que pueda elevarse con los ojos hasta la salud suprema. Y
-yo, que nunca he deseado ver más de lo que deseo que él vea, te dirijo
-todos mis ruegos, y te suplico que no sean vanos, a fin de que disipes
-con los tuyos todas las nieblas procedentes de su condición mortal,
-de suerte que pueda contemplar abiertamente el sumo placer. Te ruego
-además, ¡oh Reina, que puedes cuanto quieres!, que conserves puros sus
-afectos después de tanto ver; que tu custodia triunfe de los impulsos
-de las pasiones humanas: mira a Beatriz cómo junta sus manos con todos
-los bienaventurados para unir sus plegarias a las mías."
-
-Los ojos que Dios ama y venera,[220] fijos en el que por mí oraba, me
-demostraron cuán gratos le son los devotos ruegos. Después se elevaron
-hacia la Luz eterna en la cual no es creíble que la mirada de criatura
-alguna pueda fijarse tan abiertamente. Y yo, que me acercaba al fin
-de todo anhelo, puse término en mí, como debía, al ardor del deseo.
-Bernardo sonriéndose me indicaba que mirase hacia arriba; pero yo había
-hecho ya por mí mismo lo que él quería: porque mi vista, adquiriendo
-más y más pureza y claridad, penetraba gradualmente en la alta luz que
-tiene en sí misma la verdad de su existencia. Desde aquel instante, lo
-que vi excede a todo humano lenguaje, que es impotente para expresar
-tal visión, y la memoria se rinde a tanta grandeza. Como el que ve
-soñando, y después del sueño conserva impresa la sensación que ha
-recibido, sin que le quede otra cosa en la mente, así estoy yo ahora;
-pues casi ha cesado del todo mi visión, y aun destila en mi pecho la
-dulzura que nació de ella. Del mismo modo ante el Sol pierde su forma
-la nieve, y así también se dispersaban al viento en las ligeras hojas
-las sentencias de la Sibila.
-
- [220] Los ojos de la Virgen María.
-
-¡Oh luz suprema que te elevas tanto sobre los pensamientos de los
-mortales! Presta a mi mente algo de lo que parecías, y haz que mi
-lengua sea tan potente, que pueda dejar a lo menos un destello de tu
-gloria a las generaciones venideras; pues si se muestra algún tanto a
-mi memoria y resuena lo mínimo en mis versos, se podrá concebir más tu
-victoria.
-
-Por la intensidad del vivo rayo que soporté sin cegar, creo que me
-habría perdido, si hubiera separado de él mis ojos; y recuerdo que
-por esto fuí tan osado para sostenerlo, que uní mi mirada con el
-Poder infinito. ¡Oh gracia abundante, por la cual tuve atrevimiento
-para fijar mis ojos en la Luz eterna hasta tanto que consumí toda mi
-fuerza visiva! En su profundidad vi que se contiene ligado con vínculos
-de amor en un volumen todo cuanto hay esparcido por el universo:
-substancias, accidentes y sus cualidades, unido todo de tal manera,
-que cuanto digo no es más que una pálida luz. Creo que vi la forma
-universal de este nudo, porque, recordando estas cosas, me siento
-poseído de mayor alegría. Un solo punto me causa mayor olvido, que el
-que han causado veinticinco siglos transcurridos desde la empresa que
-hizo a Neptuno admirarse de la sombra de Argos. Así es que mi mente en
-suspenso miraba fija, inmóvil y atenta, y continuaba mirando con ardor
-creciente. El efecto de esta luz es tal, que no es posible consentir
-jamás en separarse de ella para contemplar otra cosa; porque el bien,
-que es objeto de la voluntad, se encierra todo en ella, y fuera de
-ella es defectuoso lo que allí perfecto. Desde este punto, a causa de
-lo poco que recuerdo, mis palabras serán más breves que las de un niño
-cuya lengua se baña todavía en la leche materna. No porque hubiese más
-de un simple aspecto en la viva luz que yo miraba, pues siempre es
-tal como antes era, sino porque mi vista se avaloraba contemplándola,
-su apariencia única se me representaba en otra forma según iba
-alterándose mi aptitud visiva. En la profunda y clara substancia de la
-alta luz se me aparecieron tres círculos de tres colores y de una sola
-dimensión:[221] el uno parecía reflejado por otro como Iris por Iris, y
-el tercero parecía un fuego procedente de ambos por igual. ¡Ah!, ¡cuán
-escasa y débil es la lengua para decir mi concepto! Y éste lo es tanto,
-comparado a lo que vi, que la palabra "poco" no basta para expresar su
-pequeñez.
-
- [221] La Santísima Trinidad.
-
-¡Oh Luz eterna, que en ti solamente resides, que sola te comprendes,
-y que siendo por ti a la vez inteligente y entendida, te amas y te
-complaces en ti misma! Aquel de tus círculos, que parecía proceder de
-ti como el rayo reflejado procede del rayo directo, cuando mis ojos
-lo contemplaron en torno, parecióme que dentro de sí con su propio
-color representaba nuestra efigie, por lo cual mi vista estaba fija
-atentamente en él. Como el geómetra que se dedica con todo empeño a
-medir el círculo, y por más que piensa no encuentra el principio que
-necesita, lo mismo estaba yo ante aquella nueva imagen. Yo quería ver
-cómo correspondía la efigie al círculo, y cómo a él estaba unida; pero
-no alcanzaban a tanto mis propias alas, si no hubiera sido iluminada mi
-mente por un resplandor, merced al cual fué satisfecho su deseo.
-
-Aquí faltó la fuerza a mi elevada fantasía; pero ya eran movidos mi
-deseo y mi voluntad, como rueda cuyas partes giran todas igualmente,
-por el Amor que mueve el Sol y las demás estrellas.
-
- FIN
-
-
-
-
- _INDICE_
-
-
- Pág.
-
- "La Commedia" 5
-
-
- INFIERNO
-
- Canto Primero 25
- Canto Segundo 29
- Canto Tercero 33
- Canto Cuarto 39
- Canto Quinto 45
- Canto Sexto 51
- Canto Séptimo 55
- Canto Octavo 59
- Canto Nono 63
- Canto Décimo 67
- Canto Undécimo 73
- Canto Duodécimo 77
- Canto Décimotercio 83
- Canto Décimocuarto 89
- Canto Décimoquinto 95
- Canto Décimosexto 99
- Canto Décimoséptimo 105
- Canto Décimoctavo 109
- Canto Décimonono 118
- Canto Vigésimo 119
- Canto Vigésimoprimero 128
- Canto Vigésimosegundo 129
- Canto Vigésimotercio 135
- Canto Vigésimocuarto 141
- Canto Vigésimoquinto 147
- Canto Vigésimosexto 153
- Canto Vigésimoséptimo 157
- Canto Vigésimoctavo 161
- Canto Vigésimonono 165
- Canto Trigésimo 171
- Canto Trigésimoprimero 177
- Canto Trigésimosegundo 183
- Canto Trigésimotercio 189
- Canto Trigésimocuarto 195
-
-
- PURGATORIO
-
- Canto Primero 203
- Canto Segundo 207
- Canto Tercero 211
- Canto Cuarto 217
- Canto Quinto 223
- Canto Sexto 229
- Canto Séptimo 235
- Canto Octavo 241
- Canto Nono 247
- Canto Décimo 251
- Canto Undécimo 255
- Canto Duodécimo 261
- Canto Décimotercio 265
- Canto Décimocuarto 271
- Canto Décimoquinto 277
- Canto Décimosexto 283
- Canto Décimoséptimo 289
- Canto Décimoctavo 293
- Canto Décimonono 299
- Canto Vigésimo 305
- Canto Vigésimoprimero 311
- Canto Vigésimosegundo 315
- Canto Vigésimotercio 321
- Canto Vigésimocuarto 325
- Canto Vigésimoquinto 331
- Canto Vigésimosexto 337
- Canto Vigésimoséptimo 343
- Canto Vigésimoctavo 347
- Canto Vigésimonono 351
- Canto Trigésimo 357
- Canto Trigésimoprimero 361
- Canto Trigésimosegundo 367
- Canto Trigésimotercio 373
-
-
- PARAISO
-
- Canto Primero 381
- Canto Segundo 385
- Canto Tercero 391
- Canto Cuarto 395
- Canto Quinto 399
- Canto Sexto 403
- Canto Séptimo 409
- Canto Octavo 413
- Canto Nono 419
- Canto Décimo 425
- Canto Décimoprimero 431
- Canto Décimosegundo 435
- Canto Décimotercio 441
- Canto Décimocuarto 447
- Canto Décimoquinto 451
- Canto Décimosexto 457
- Canto Décimoséptimo 463
- Canto Décimoctavo 467
- Canto Décimonono 471
- Canto Vigésimo 477
- Canto Vigésimoprimero 483
- Canto Vigésimosegundo 489
- Canto Vigésimotercio 495
- Canto Vigésimocuarto 499
- Canto Vigésimoquinto 505
- Canto Vigésimosexto 511
- Canto Vigésimoséptimo 517
- Canto Vigésimoctavo 523
- Canto Vigésimonono 529
- Canto Trigésimo 535
- Canto Trigésimoprimero 541
- Canto Trigésimosegundo 547
- Canto Trigésimotercio 553
-
-
-
-
- SE ACABÓ DE IMPRIMIR EN LOS TALLERES
- GRÁFICOS, BAJO LA DIRECCIÓN DEL
- DEPARTAMENTO EDITORIAL DE LA
- SECRETARÍA DE EDUCACIÓN
- PÚBLICA, EL 18 DE NOVIEMBRE,
- EN EL AÑO DEL SEXTO
- CENTENARIO DE LA
- MUERTE DEL
- POETA.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of La Divina Comedia, by Dante Alighieri
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA DIVINA COMEDIA ***
-
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-
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-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
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