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If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - -Title: La Divina Comedia - -Author: Dante Alighieri - -Translator: Manuel Aranda y Sanjuan - -Release Date: June 10, 2018 [EBook #57303] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA DIVINA COMEDIA *** - - - - -Produced by Carlos Colón, The University of Toronto and -the Online Distributed Proofreading Team at -http://www.pgdp.net (This file was produced from images -generously made available by The Internet Archive) - - - - - - - - - - Nota del Transcriptor: - - - Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original. - - Errores obvios de imprenta han sido corregidos. - - Páginas en blanco han sido eliminadas. - - Letras itálicas son denotadas con _líneas_. - - Letras oscuras son denotadas con =signos de igual=. - - Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas) - han sido sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal. - - - - - _LA DIVINA COMEDIA_ - - - - - _DANTE ALIGHIERI_ - - _La Divina Comedia_ - - - [Ilustración] - - _Universidad Nacional - de México._ - 1921 - - - - -[Ilustración] - - - - -"_LA COMMEDIA_" - - -¿Que es pues la Comedia? La edad medieval realizada como arte, a pesar -del autor y de los contemporáneos. ¡Y notad qué cosa tan grande es -ésta! La edad media no era un mundo artístico, antes lo contrario del -arte. La religión era misticismo; la filosofía, escolástica. La primera -excomulgaba el arte, quemaba las imágenes, avezaba a los espíritus a -desasirse de lo real. La otra vivía de abstracciones y de fórmulas y -de citas, aguzando el entendimiento y llevándole a sutilizar acerca -de los nombres y de los vacuas generalidades llamadas _esencias_. Los -espíritus eran atraídos hacia lo general, más dispuestos a idealizar -que a realizar: y esto es precisamente lo contrario del arte. En los -poetas sencillos hallamos la realidad tosca e informe, como en los -misterios, en las visiones y en las leyendas. En los poetas doctos -encontramos una forma crudamente didascálica o figurativa y alegórica. -El arte no había nacido aún. Existía la imagen; pero no la realidad con -su libertad y carácter. - -Dante toma de los misterios la comedia del alma y hace de esta historia -el centro de una visión suya del otro mundo. Toda esta representación -no es más que sentido literal; la visión es alegórica, los personajes -son imágenes y no personas; todo lo que es activo en su espíritu lo -lleva hacia la figura y no hacia lo figurado. Su naturaleza poética, -arrastrada a pesar suyo a las abstracciones teológicas y escolásticas, -se rebela y puebla su cerebro de fantasmas, obligándolo a concretar, -a materializar y a dar forma a lo que es más espiritual e impalpable, -aún a Dios mismo. Aquel mundo literal lo hechiza, lo persigue, lo -asedia y no descansa hasta que recibe de él su forma definitiva; y ya -no es letra, sino espíritu; ya no es imagen, sino realidad; un mundo -en sí cabal e inteligible, perfectamente realizado. Visión y alegoría, -tratado o leyenda, crónicas, historias, loores, himnos, misticismo y -escolástica, todas las formas literarias y toda la cultura de la época -están aquí encerradas y animadas en este gran misterio del alma y de la -humanidad: poema universal en que se reflejan todos los pueblos y todos -los siglos que constituyen la edad media. - -Más este mundo artístico, nacido de una contradicción entre la -intención del poeta y su obra, no es acabadamente armónico, no es -poesía pura. La falsa conciencia poética perturba la obra de aquella -espontaneidad genial, y pone en ella un no sé qué de inseguro y de -no acabado, una mezcla y crudeza de colores. El pensamiento, en su -desnudez escolástica; o exornado con imágenes que sin embargo no bastan -a vencer su abstracción, tiene demasiada importancia. Sus figuras -alegóricas recuerdan en ocasiones a los monstruos orientales más que -a la serena belleza griega: lo mismo las entidades abstractas que los -personajes conscientes y libres. A menudo, preocupado por el segundo -sentido que tiene en mientes, agrega pormenores extraños a la imagen, -lo que perturba y distrae al lector, interrumpiéndole el libre vuelo -de la fantasía. La presencia constante de otro sentido que aligera -la representación y a veces la penetra, menoscaba la claridad y la -armonía. Aún el estilo, enmarañado de cuando en cuando con asuntos -lejanos y sutiles pierde su claridad y se torna confuso y turbio. No es -un templo griego sino una catedral gótica, llena de vastas sombras, en -donde pugnan elementos contrarios, que no han sido bien armonizados. A -veces es tosco; otras, delicado. En ocasiones, poeta docto y en otras, -popular. Ora pierde de vista a la verdad y se entrega a sutilezas, ora -la intuye rápidamente y la expresa con sencillez. Ya es un cronista -burdo, ya un pintor acabado. Cuándo se pierde en cuestiones abstractas; -cuándo, en medio de ellas, hace germinar la vida. Aquí desciende -a cosas pueriles, allá se remonta a excelsitudes sobrehumanas. Al -ocuparse en un silogismo brilla la luz de una imagen; mientras -teologiza estalla la flama del sentimiento. En ratos os halláis ante -una fría alegoría y repentinamente sentís a la carne estremecerse con -ella. Su credulidad nos hace hoy sonreír; luego su audacia nos llenará -de asombro. Fué un pequeño mundo donde se reflejaba toda la existencia -de entonces. - -Los elementos contrarios que fermentaban en una sociedad en estado -aún de formación contendían en él, sin que se diera cuenta de ello. -Si miráis sus aspiraciones encontraréis que en ellas todo es armonía. -Filósofo, piensa en el reino de la ciencia y de la virtud; cristiano, -contempla el reino de Dios; patriota, suspira por el reino de la -justicia y de la paz; poeta, sueña una forma toda luz, proporción y -armonía, _lo bello stile_; su autor es Virgilio. Mientras más grande -era la barbarie y la ignorancia, mayor su aspiración hacia un mundo -armónico y concorde. Mas el poeta se halla rodeado por esta burda -realidad, por esas formas discordes; se apesadumbra y le falta la -serenidad del artista y saca de su fantasía un mundo del arte, en gran -parte realizado, pero donde se encuentra aún las asperezas de una -materia domeñada imperfectamente. - - * * * * * - -Penetremos en este mundo, mirémoslo e interroguémoslo. Porque un -argumento no es _tabula rasa_, donde podamos escribir a nuestro antojo, -sino mármol entallado, que tiene en sí mismo su concepto y las leyes -de su desarrollo. La virtud mayor del genio consiste en entender su -argumento, ser uno con él, apartando todo lo que le sea extraño. Es -necesario apasionarse por él, vivir dentro de él, constituirse en -su alma o su conciencia. De modo semejante el crítico en lugar de -imponerse reglas abstractas y juzgar con el mismo criterio la _Comedia_ -y la _Ilíada_, la _Gerusalemme_ y el _Orlando Furioso_, debe estudiar -el mundo creado por el poeta, interrogarlo, indagar su naturaleza que -contiene forzosamente su poética o sean las leyes orgánicas de su -formación, su concepto, su forma, su génesis, su estilo. ¿Qué cosa es -el otro mundo? - -Es el problema del destino humano resuelto, la explicación del misterio -del alma, el fin de la historia del hombre, el mundo perfecto, lo -eterno presente, la inmutable necesidad. En la naturaleza ya no ocurre -el accidente; en el hombre ya no hay libertad. La naturaleza está -predeterminada y fijada por una lógica preconcebida según la idea -moral. Lo real y lo ideal se vuelven idénticos; la apariencia y la -sustancia son una misma cosa. El hombre ya no tiene libre albedrío: -está ahí fijo e inmóvil como la naturaleza. Toda acción ha cesado; -se ha roto todo vínculo que une a los hombres en la tierra; patria, -familia, riquezas, dignidad, costumbres. No existe sucesión ni -desenvolvimiento, ni principio, ni fin; falta la narración, el drama. -El individuo desaparece en el género. El carácter, la personalidad -no tiene modo de manifestarse. Eterno dolor, gozo eterno, sin eco, -sin variación, sin contraste ni grado. No hay epopeya porque falta -la acción; no hay drama porque falta la libertad; la lírica es la -inmutable y monótona expresión de una sola aria; queda la existencia en -su inmóvil manera de ser, la descripción de la naturaleza y del hombre. - -¿Qué cosa es, pues, el otro mundo--con relación al arte? Visión, -contemplación, descripción: una historia natural. - -Más en esta visión penetra la leyenda o el misterio porque dentro está -representada la comedia o redención del alma en su peregrinaje desde -lo humano a lo divino, _da Fiorenza in popol giusto e sano_. Tiene -pues la apariencia de un drama que se desarrolla en el otro mundo, y -sus actores son Dante, Virgilio, Catón, Estacio, el demonio, Matilde, -Beatriz, San Pedro, San Bernardo, la Virgen, Dios; drama alegórico como -lo es la comedia del alma, _Commedia dell'anima_. Digo _apariencia -de un drama_, porque la santificación no nace del obrar sino del -contemplar, y Dante contempla, no obra, y los otros adoctrinan, -enseñan. El drama, en consecuencia, se desvanece en la contemplación. - -Así concebido, este mundo era el de los misterios y las leyendas y -se convertía en mundo teológico-escolástico en manos de los doctos. -Dante lo ha realizado, lo ha hecho existir en el arte; ha creado esa -naturaleza y ese hombre. Y si su mundo no es perfectamente artístico, -la falta no es de él sino que aquel mundo en donde el hombre es -naturaleza y la naturaleza, ciencia, y del cual se ha desterrado a lo -accidental y a la libertad, los dos grandes factores de la vida real y -del arte. - -Si Dante hubiera sido fraile o filósofo, apartado de la vida real, se -habría encerrado en esas formas y en esa alegoría sin salir de ellas. -Mas Dante, al entrar en el reino de los muertos lleva consigo todas -las pasiones de los vivos, y las preocupaciones terrenas. Descuida -ser un símbolo o una figura alegórica, y es Dante, la más potente -individualidad de aquel tiempo, en la cual está compendiada toda la -vida de la época, con sus abstracciones, sus éxtasis, sus pasiones -impetuosas, su refinamiento y su barbarie. A la vista de un ser -viviente y al oír sus palabras, las almas renacen por un instante, -sienten de nuevo la antigua vida, se tornan hombres; en lo eterno -vuelve a aparecer el tiempo; en el seno de lo porvenir, vive y se -mueve Italia, y más bien aún, la Europa de aquel siglo. Así la poesía -abarca toda la vida, cielo y tierra, tiempo y eternidad, lo humano y -lo divino; y el poema sobrenatural conviértese en humano y terreno, con -la marca del hombre y del tiempo. Reaparece la naturaleza terrenal como -oposición o parangón o remembranza. Reaparece el accidente y el tiempo, -la historia y la sociedad en su vida exterior e interna; apunta la -tradición virgiliana con Roma por capital del mundo y con la monarquía -preestablecida; y dentro de este marco magnífico, pasa ante nuestros -ojos la historia de la época: Bonifacio VIII, Roberto, Felipe el -hermoso, Carlos de Valois, los Cerchi y los Donati, la nueva Florencia -y la antigua, la historia de Italia, y la historia de Dante, sus iras, -sus odios, sus venganzas, sus amores, sus predilecciones. - -Así se integra la vida; el otro mundo sale de su abstracción doctrinal -y mística; cielo y tierra se confunden; síntesis viviente de esta -inmensa comprensión, Dante es espectador, actor y juez. La vida, -contemplada desde el otro mundo adquiere nuevas actitudes, sensaciones -e impresiones. El otro mundo visto desde la tierra, se reviste de sus -pasiones e intereses. Y resulta de todo una concepción originalísima, -una naturaleza nueva y un hombre nuevo. Son dos mundos omnipresentes, -en reciprocidad de acción, que se suceden, se alternan, se cruzan, -se compenetran, se explican y se iluminan mutuamente, en perpetua -vuelta. Su unidad no reside en un protagonista, ni en una acción, ni -en un fin abstracto y extraño a la materia; está en la misma materia; -unidad interior e impersonal, viviente, indivisible; unidad orgánica -cuyos instantes se suceden en el espíritu del poeta, no como agregación -mecánica de partes separables, sino compenetrados e identificados -como en la vida. Esta unidad enérgica y armoniosa se halla en la -naturaleza misma de los dos mundos, materialmente diversos, pero que -no constituyen sino una misma cosa en la unidad de la conciencia. -Cielo y tierra son términos correlativos; no es posible el uno sin el -otro. Lo puramente real y lo puramente ideal son dos abstracciones; -cada cosa real lleva consigo su ideal; todo hombre porta su infierno y -su paraíso; todo hombre encierra en su pecho a los dioses del Olimpo: -el escéptico puede negar el infierno, pero no suprimir la conciencia. -Puesto que estos dos mundos son la vida misma en sus dos aspectos, en -el seno de esta unidad se desenvuelve el dualismo más vivaz, mejor -dicho, antagonismo: el otro mundo hace de los cuerpos sombras; sombras -son los afectos, las grandezas y las pompas; mas en esas sombras aún -se estremece la carne, se agita el deseo, resuenan las imprecaciones -terrenales que llegan hasta la tranquila bóveda del cielo. Los hombres -con sus pasiones, vicios y virtudes quedan eternizados como estatuas, -en la misma actitud y expresión de odio, de desdén y de amor en que han -sido sorprendidos por el artista; pero mientras el otro mundo hace de -la tierra algo eterno, transportándola a su centro y poniéndole delante -la imagen de lo infinito, descubre lo vano y la nada; los hombres son -los mismos en un escenario distinto, que es su ironía. Esta unidad y -dualidad que salen del fondo mismo de la situación brilla a la luz -del día en las más variadas formas; a veces en un apóstrofe, en un -discurso, en un gesto, en una acción; ya en la naturaleza, ya en el -hombre; en esta unidad queda comprendida la mayor variedad, y no es -fácil encontrar una obra artística cuyos límites sean tan precisos y -tan vastos. Nada hay en el argumento que constriña al poeta a preferir -a tal personaje, a cierta época o acción; él escoge toda la historia, -todos los aspectos bajo los cuales aparece la humanidad; y puede -abandonarse libremente a sus iras y opiniones e intercalar en el plan -general fines particulares sin que la unidad se dañe. Todo esto da a su -universo una acabada realidad poética, y es patente en la permanente -unidad, todo lo que surge del ser humano, del libre albedrío y de lo -casual y el moverse con vario juego todos los contrastes y lo necesario -unido con el libre albedrío y el destino con la casualidad. - -En resumen, ¿qué clase de poesía es ésta? contiene materia épica y no -es epopeya; hay una situación lírica y no es lírica; posee una trama -dramática y no es drama. Trátase de una de aquellas construcciones -gigantescas y primitivas, verdaderas enciclopedias, biblias nacionales; -no de un género más bien que de otro, sino de un todo que contiene en -embrión toda la materia y todas las formas poéticas, el germen de todo -desarrollo ulterior. Por lo tanto ningún género de poesía sobresale -y es explicado; el uno entra en el otro y se perfecciona en él de la -misma manera que los dos mundos se identifican y no se puede decir: -aquí está uno de ellos y allá el otro; así los diversos géneros están -unidos de manera que nadie puede señalar los confines que los dividen y -aún menos decir: esto es absolutamente épico y esto, dramático. - -Es el contenido universal del cual todas las poesías no son más que -fragmentos; el _poema sacro_; la eterna geometría y la eterna lógica -de la creación encarnada en los tres mundos cristianos; la ciudad de -Dios, en la que se refleja la ciudad del hombre con toda su realidad de -determinado lugar y época; la esfera inmóvil del mundo teológico, en la -cual alientan tempestuosamente todas las pasiones humanas. - -La idea que anima esta vasta construcción y le infunde vida y la -desarrolla, es el concepto de la salvación, el camino que lleva al alma -del mal al bien, del error a la verdad, de la anarquía a la ley, de -lo múltiple a lo uno. Es el concepto cristiano y moderno de la unidad -de Dios sustituída a la pluralidad pagana. Si este concepto fuera -solamente algo exterior, explicado en su abstracción doctrinal, como -pensamiento, o presentado en forma alegórica, la imagen no bastaría -para engendrar una obra de arte. Pero el concepto no es sólo externo -sino interno; no es únicamente del significado y la ciencia de aquel -mundo, obra de filósofo y de crítico, sino principio activo, como en -el hombre y en la naturaleza, que construye y forma ese mundo y le da -una historia y un desarrollo. Este principio activo puede llamarse -en su abstracción lo verdadero o el bien, o la virtud, o la ley; -como realidad viva y activa es el espíritu, que tiene por contrario -a la materia o la carne, donde se halla como en prisión o como en -un _vasello_ de donde se esfuerza por salir. Así, pues, la vida es -un antagonismo, una batalla entre el espíritu y la carne, entre Dios -y el demonio. Su historia es la victoria progresiva del espíritu, su -conciencia y albedrío, bajo las formas en que vive sutilizándose, -descorporificándose, idealizándose hasta Dios, espíritu absoluto, -la Verdad, la Bondad, la Unidad, el último Ideal. La concepción -dantesca, el espíritu que anima su mundo es, pues, la progresiva -disolución de las formas, un constante ascender desde la carne al -espíritu, la emancipación de la materia y del sentido mediante la -expiación y el dolor, el choque entre lo satánico y lo divino, el -infierno y el paraíso. Homero transporta a los dioses a la tierra -y los materializa; Dante transporta a los hombres al otro mundo y -los espiritualiza. La materia no es más que apariencia; lo que sólo -existe es el espíritu; los hombres son sombras; las acciones humanas -se reproducen como fantasmas en el dominio de la memoria; la tierra -misma es un recuerdo que fluctúa como una visión; lo real, lo presente -es el espíritu infinito; todo lo demás es _vanita che par persona_. -Todo se va acrisolando progresivamente; el velo se torna cada vez más -transparente; el _Infierno_ es la sede de la materia, el dominio de -la carne y del pecado; lo terrenal no solamente es remembranza sino -presente; el castigo no logra modificar los caracteres y las pasiones; -el pecado y lo terreno se perpetúan en el otro mundo y se inmovilizan -en esas almas incapaces de arrepentimiento; pecado eterno, pena eterna. -En el _Purgatorio_ cesan las tinieblas y brilla el sol, la luz de la -inteligencia, el espíritu; lo mundano es un penoso recuerdo que el -penitente procura olvidar; y el espíritu, separándose de lo corpóreo, -tiende a la completa posesión de sí, a la salvación. En el _Paraíso_ -la persona humana desaparece y todas las formas se desvanecen y se -elevan en la luz; a medida que se asciende, y mientras más se idealiza -esta gloriosa transfiguración hasta llegar a la presencia de Dios, -el espíritu absoluto, la forma se desvanece y no persiste más que el -sentimiento: - - _....Tutta cessa - Mia visione, ed ancor mi distilla - Nel cuor lo dolce che nacque da essa. - Cosi la neve al sol si disigilla; - Cosi al vento nelle foglie lievi - Si perdea la sentenzia di Sibilla._ - -Este concepto comprende todo lo que se puede saber y toda la historia; -no sólo construye y desarrolla el mundo dantesco sino que lo halláis -siempre vivo en el camino intelectual e histórico de la vida, bajo -todas las formas, en todos los problemas que se presentan al poeta, -en religión, en filosofía, en política, en moral; y así se concreta y -cumple en todas las direcciones de la vida. En religión, es el camino -de la letra al espíritu, del símbolo a la idea, del Viejo al Nuevo -Testamento; en la ciencia, el tránsito de la ignorancia y del error a -la religión y de la razón a la revelación; en moral, el paso del mal -al bien, del odio al amor mediante la expiación; en política, la senda -que conduce de la anarquía a la unidad. Sometido a las condiciones de -espacio y de tiempo, vuélvese historia; tal hombre, tal pueblo, tal -siglo. En religión, está ante la Iglesia Romana, ante el papado, que -el poeta quiere emancipar de los intereses y pasiones terrenales y -retornar a su fin espiritual; en filosofía, encuentra la ciencia vulgar -y la ciencia de la verdad en el paraíso; en moral, os halláis delante -de las pasiones, las discordias, las culpas y los vicios de la edad -bárbara de la cual os sentís poco a poco alejados en vuestro camino -hacia el sumo bien; en política, es la Italia anárquica y ensangrentada -que el poeta aspira a traer a la paz y concordia en la unidad del -imperio. De este modo un mismo concepto anima el todo, en la forma, en -el pensamiento y en la historia. Pero comprensión más vasta y concorde -no había salido jamás de mente humana. Algunos encuentran en la -_Comedia_ el otro mundo, considerando lo demás como una intrusión, casi -como una profanación; Edgard Quinet se siente _choqué_ de ver como las -pasiones del poeta le siguen hasta el paraíso; otros descubren en él un -mundo político que no es más que una representación figurada. Llaman -a este poema _religioso_ o _político_, _didascálico_ o _moral_; lo -reducen a querellas de católicos y protestantes, a disputas de güelfos -y gibelinos. No miran desde la cumbre del monte sino desde la llanura y -toman por el todo lo que encuentran en la línea recta del camino. Cada -uno se forja un pequeño mundo y dice: este es el mundo de Dante. Y el -mundo de Dante contiene en sí todos esos mundos. Es el mundo universal -de la edad media realizado en el arte. - - _FRANCESCO DE SANCTIS._ - -(Tomado de la _STORIA DELLA LETTERATURA ITALIANA_, Volume I.) - - - - -_INFIERNO_ - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO PRIMERO_ - - -A la mitad del viaje de nuestra vida me encontré en una selva obscura, -por haberme apartado del camino recto. ¡Ah! Cuán penoso me sería -decir lo salvaje, áspera y espesa que era esta selva, cuyo recuerdo -renueva mi pavor, pavor tan amargo, que la muerte no lo es tanto. Pero -antes de hablar del bien que allí encontré, revelaré las demás cosas -que he visto. No sé decir fijamente cómo entré allí; tan adormecido -estaba cuando abandoné el verdadero camino. Pero al llegar al pie de -una cuesta, donde terminaba el valle que me había llenado de miedo el -corazón, miré hacia arriba, y vi su cima revestida ya de los rayos del -planeta que nos guía con seguridad por todos los senderos. Entonces -se calmó algún tanto el miedo que había permanecido en el lago de mi -corazón durante la noche que pasé con tanta angustia; y del mismo modo -que aquel que, saliendo anhelante fuera del piélago, al llegar a la -playa, se vuelve hacia las ondas peligrosas y las contempla, así mi -espíritu, fugitivo aún, se volvió hacia atrás para mirar el lugar de -que no salió nunca nadie vivo. Después de haber dado algún reposo a mi -fatigado cuerpo, continué subiendo por la solitaria playa, procurando -afirmar siempre aquel de mis pies que estuviera más bajo. Al principio -de la cuesta, aparecióseme una pantera ágil, de rápidos movimientos -y cubierta de manchada piel. No se separaba de mi vista, sino que -interceptaba de tal modo mi camino, que me volví muchas veces para -retroceder. Era a tiempo que apuntaba el día, y el sol subía rodeado de -aquellas estrellas que estaban con él cuando el amor divino imprimió el -primer movimiento a todas las cosas bellas. Hora y estación tan dulces -me daban motivo para augurar bien de aquella fiera de pintada piel. -Pero no tanto que no me infundiera terror el aspecto de un león que a -su vez se me apareció: figuróseme que venía contra mí, con la cabeza -alta y con un hambre tan rabiosa, que hasta el aire parecía temerle. -Siguió a éste una loba que, en medio de su demacración, parecía cargada -de deseos; loba que ha obligado a vivir miserable a mucha gente. El -fuego que despedían sus ojos me causó tal turbación, que perdí la -esperanza de llegar a la cima. Y así como el que gustoso atesora y se -entristece y llora con todos sus pensamientos cuando llega el momento -en que sufre una pérdida, así me hizo padecer aquella inquieta fiera, -que, viniendo a mi encuentro, poco a poco me repelía hacia donde el sol -se calla. Mientras yo retrocedía hacia el valle, se presentó a mi vista -uno, que por su prolongado silencio parecía mudo. Cuando le vi en aquel -gran desierto: - ---Piedad de mí--le grité--quienquiera que seas, sombra u hombre -verdadero. - -Respondióme: - -No soy ya hombre, pero lo he sido; mis padres fueron lombardos y ambos -tuvieron a Mantua por patria. Nací "sub Julio," aunque algo tarde, -y vi a Roma bajo el mando del buen Augusto en tiempo de los dioses -falsos y engañosos. Poeta fuí, y canté a aquel justo hijo de Anquises, -que volvió de Troya después del incendio de la soberbia Ilión. Pero, -¿por qué te entregas de nuevo a tu aflicción? ¿Por qué no asciendes al -delicioso monte, que es causa y principio de todo goce? - ---¡Oh! ¿Eres tú aquel Virgilio, aquella fuente que derrama tan ancho -raudal de elocuencia?--le respondí ruboroso. ¡Ah!, ¡honor y antorcha -de los demás poetas! Válganme para contigo el prolongado estudio y el -grande amor con que he leído y meditado tu obra. Tú eres mi maestro y -mi autor predilecto; tú solo eres aquél de quien he imitado el bello -estilo que me ha dado tanto honor. Mira esa fiera debido a la cual -retrocedía; líbrame de ella, famoso sabio, porque a su aspecto se -estremecen mis venas y late con precipitación mi pulso. - ---Te conviene seguir otra ruta--respondió al verme llorar--, si quieres -huír de este sitio salvaje; porque esa fiera que te hace prorrumpir -en tales lamentaciones no deja pasar a nadie por su camino, sino que -se opone a ello matando al que a tanto se atreve. Su instinto es tan -malvado y cruel, que nunca ve satisfechos sus ambiciosos deseos, y -después de comer tiene más hambre que antes. Muchos son los animales -a quienes se une, y serán aun muchos más hasta que venga el Lebrel[1] -y la haga morir entre dolores. Este no se alimentará de tierra ni de -peltre, sino de sabiduría, de amor y de virtud, y su patria estará -entre Feltro y Feltro. Será la salvación de esta humilde Italia, por -quien murieron de sus heridas la virgen Camila, Euríalo y Turno y Niso. -Perseguirá a la loba de ciudad en ciudad hasta que la haya arrojado en -el infierno, de donde en otro tiempo la hizo salir la envidia. Ahora, -por tu bien, pienso y veo claramente que debes seguirme: yo seré tu -guía, y te sacaré de aquí para llevarte a un lugar eterno, donde oirás -aullidos desesperados; verás los espíritus dolientes de los antiguos -condenados, que llaman a gritos a la segunda muerte; verás también a -los que están contentos entre las llamas, porque esperan, cuando llegue -la ocasión, tener un puesto entre los bienaventurados. Si quieres, en -seguida, subir hasta ellos, te acompañará en este viaje un alma más -digna que yo, te dejaré con ella cuando yo parta; pues el Emperador que -reina en las alturas no quiere que por mediación mía se entre en su -ciudad, porque fuí rebelde a su ley. El impera en todas partes y reina -arriba; arriba está su ciudad y su alto solio: ¡Oh! ¡Feliz el elegido -para su reino! - - [1] Can Grande della Scala, señor de Verona y bienhechor de - Dante. - -Y yo le contesté: - ---Poeta, te requiero por ese Dios a quien no has conocido, que me hagas -huír de este mal y de otro peor; condúceme adonde has dicho, para que -yo vea la puerta de San Pedro y a los que, según dices, están tan -desolados. - -Entonces se puso en marcha, y yo seguí tras él. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO SEGUNDO_ - - -El día terminaba; la atmósfera obscura de la noche invitaba a descansar -de sus fatigas a los seres animados que existen sobre la tierra, y yo -solo me preparaba a sostener los combates del camino y de las cosas -dignas de compasión, que mi memoria trazará sin equivocarse. ¡Oh -Musas!, ¡oh alto ingenio!, venid en mi ayuda: ¡oh mente, que escribiste -lo que ví!, ahora aparecerá tu nobleza. - -Yo comencé: - ---Poeta, que me guías, mira si mi virtud es bastante fuerte antes de -aventurarme en tan profundo viaje. Tú dices que el padre de Silvio, -aun corruptible, pasó al siglo inmortal y pasó sensiblemente. Si el -adversario de todo mal le fué favorable, debióse a los grandes efectos -que de él debían sobrevenir; y el por qué no parece injusto a un hombre -de talento; pues en el Empíreo fué elegido para ser el padre de la -fecunda Roma y de su imperio: el uno y la otra, a decir verdad, fueron -establecidos en favor del sitio santo en donde reside el sucesor del -gran Pedro. Durante este viaje, por el que le elogias, oyó cosas que -presagiaron su victoria y el manto papal. Después el Vaso de elección -fué transportado hasta el cielo para dar más firmeza a la fe, que es -el principio del camino de la salvación. Pero yo ¿por qué he de ir?, -¿quién me lo permite? Yo no soy Eneas, ni San Pablo: ante nadie, ni -ante mí mismo, me creo digno de tal honor. Porque si me lanzo a tal -empresa, temo por mi loco empeño. Puesto que eres sabio, comprenderás -las razones que me callo. - -Y como aquel que no quiere ya lo que quería, y asaltado de una nueva -idea, cambia de parecer, de suerte que abandona todo lo que había -comenzado, así me sucedía en aquella obscura cuesta; porque, a fuerza -de pensar, abandoné la empresa que había empezado con tanto ardor. - ---Si he comprendido bien tus palabras--respondió aquella sombra -magnánima--, tu alma está traspasada de espanto, el cual se apodera -frecuentemente del hombre, y tanto, que le retrae de una empresa -honrosa, como una vana sombra hace a veces retroceder a una fiera, -cuando se introduce en la obscuridad. Para librarte de ese temor, te -diré por qué he venido, y lo que vi en el primer momento en que me -moviste a compasión. Yo estaba entre los que se hallan en suspenso, -y me llamó una dama tan bienaventurada y tan bella, que le rogué me -diera sus órdenes. Brillaban sus ojos más que la estrella, y empezó a -decirme con voz angelical, en su lengua: "¡Oh alma cortés Mantuana, -cuya fama dura aún en el mundo y durará mientras su movimiento se -prolongue! Mi amigo, que no lo es de la ventura, se ve tan embarazado -en la playa desierta, que en medio del camino el miedo le ha hecho -retroceder; y temo (por lo que he oído de él en el Cielo) que se haya -extraviado ya, y que yo haya acudido tarde en su socorro. Vé, pues, y -con tus elocuentes palabras, y con lo que se necesita para sacarle de -su apuro, auxíliale tan bien, que yo quede consolada. Yo soy Beatriz, -la que te hace marchar; vengo de un sitio adonde deseo volver: amor -me impele, y es el que me hace hablar. Cuando vuelva a estar delante -de mi Señor, le hablaré de ti bien y con frecuencia." Calló entonces, -y yo repuse: "¡Oh mujer de virtud única, por quien la especie humana -excede en dignidad a todos los seres contenidos bajo aquel Cielo que -tiene los círculos más pequeños! Tanto me place tu orden, que si ya -te hubiera obedecido, creería haber tardado: no tienes necesidad de -expresarme más tus deseos. Mas dime: ¿por qué causa no temes descender -al fondo de este centro desde lo alto de esos inmensos lugares, adonde -ardes en deseos de volver?" "Puesto que tanto quieres saber, te diré -brevemente, respondióme, por qué no temo venir a este abismo. Sólo -deben temerse las cosas que pueden redundar en perjuicio de otros; -pero no aquellas que no inspiran este temor. Por la merced de Dios, -estoy hecha de tal suerte, que no me alcanzan vuestras miserias, ni -puede prender en mí la llama de este incendio. Hay en el Cielo una dama -gentil,[2] que se conduele del obstáculo opuesto al que te envío, y -que mitiga el duro juicio de la justicia divina. Ella se ha dirigido a -Lucía[3] con sus ruegos, y le ha dicho: "Tu fiel amigo tiene necesidad -de ti, y te lo recomiendo." Lucía, enemiga de todo corazón cruel, se ha -conmovido e ido al lugar donde yo me encontraba, sentada al lado de la -antigua Raquel. Y me ha dicho: "Beatriz, verdadera alabanza de Dios, -¿no socorres a aquél que te amó tanto, y que por ti salió de la vulgar -esfera? ¿No oyes su queja conmovedora? ¿No ves la muerte contra quien -combate sobre ese río, más formidable que el mismo mar?" En el mundo no -ha habido jamás una persona más pronta en correr hacia un beneficio ni -en huír de un peligro, que yo, en cuanto oí tales palabras. Descendí -desde mi dichoso puesto, fiándome en esa elocuente palabra que te -honra, y que honra a cuantos la han oído." Después de haberme hablado -de este modo, volvió llorando hacia mí sus ojos brillantes, con lo que -me hizo partir más presuroso. Y me he dirigido a ti tal como ha sido -su voluntad, y te he preservado de aquella fiera que te cerraba el -camino más corto de la hermosa montaña. Pero ¿qué tienes?, ¿por qué te -suspendes?, ¿por qué abrigas tanta cobardía en tu corazón?, ¿por qué no -tienes atrevimiento ni valor, cuando tres mujeres benditas cuidan de ti -en la corte celestial, y mis palabras te prometen tanto bien? - - [2] La clemencia divina. - - [3] La gracia divina, o más bien, la gracia que ilumina. - -Y así como las florecillas, inclinadas y cerradas por la escarcha, se -abren erguidas en cuanto el Sol las ilumina, así creció mi abatido -ánimo, e inundó tal aliento mi corazón, que exclamé como un hombre -decidido: - ---¡Oh! ¡Cuán piadosa es la que me ha socorrido! ¡Y tú, alma -bienhechora, que has obedecido con tal prontitud las palabras de verdad -que ella te ha dicho! Con las tuyas has preparado mi corazón de tal -suerte, y le has comunicado tanto deseo de emprender el gran viaje, que -vuelvo a abrigar mi primer propósito. Vé, pues; que una sola voluntad -nos dirija: tú eres mi guía, mi señor, mi maestro. - -Así le dije, y en cuanto echó a andar, entré por el camino profundo y -salvaje. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO TERCERO_ - - -"Por mí se va a la ciudad del llanto; por mí se va al eterno dolor; -por mi se va hacia la raza condenada: la justicia animó a mi sublime -arquitecto; me hizo la divina potestad, la suprema sabiduría y el -primer amor. Antes que yo no hubo nada creado, a excepción de lo -eterno, y yo duro eternamente. ¡Oh vosotros los que entráis, abandonad -toda esperanza!" - -Vi escritas estas palabras con caracteres negros en el dintel de una -puerta, por lo cual exclamé: - ---Maestro, el sentido de estas palabras me causa pena. - -Y él, como hombre lleno de prudencia, me contestó: - ---Conviene abandonar aquí todo temor; conviene que aquí termine toda -cobardía. Hemos llegado al lugar donde te he dicho que verías a la -dolorida gente, que ha perdido el bien de la inteligencia. - -Y después de haber puesto su mano en la mía con rostro alegre, que me -reanimó, me introdujo en medio de las cosas secretas. Allí, bajo un -cielo sin estrellas, resonaban suspiros, quejas y profundos gemidos, -de suerte que al escucharlos comencé a llorar. Diversas lenguas, -horribles blasfemias, palabras de dolor, acentos de ira, voces altas y -roncas, acompañadas de palmadas, producían un tumulto que va rodando -siempre por aquel espacio eternamente obscuro, como la arena impelida -por un torbellino. Yo, que estaba horrorizado, dije: - ---Maestro, ¿qué es lo que oigo, y qué gente es ésa, que parece -doblegada por el dolor? - -Me respondió: - ---Esta miserable suerte está reservada a las tristes almas de aquellos -que vivieron sin merecer alabanzas ni vituperio: están confundidas -entre el perverso coro de los ángeles que no fueron rebeldes ni fieles -a Dios, sino que sólo vivieron para sí. El Cielo los lanzó de su -seno por no ser menos hermoso; pero el profundo Infierno no quiere -recibirlos por la gloria que con ello podrían reportar los demás -culpables. - -Y yo repuse: - ---Maestro, ¿qué cruel dolor les hace lamentarse tanto? - -A lo que me contestó: - ---Te lo diré brevemente. Estos no esperan morir; y su ceguedad es -tanta, que se muestran envidiosos de cualquier otra suerte. El mundo -no conserva ningún recuerdo suyo; la misericordia y la justicia los -desdeñan: no hablemos más de ellos, míralos y pasa adelante. - -Y yo, fijándome más, vi una bandera que iba ondeando tan de prisa, que -parecía desdeñosa del menor reposo: tras ella venía tanta muchedumbre, -que no hubiera creído que la muerte destruyera tan gran número. -Después de haber reconocido a algunos, miré más fijamente, y vi la -sombra de aquel que por cobardía hizo la gran renuncia[4]. Comprendí -inmediatamente y adquirí la certeza de que aquella turba era la de los -ruines que se hicieron desagradables a los ojos de Dios y a los de -sus enemigos. Aquellos desgraciados, que no vivieron nunca, estaban -desnudos, y eran molestados sin tregua por las picaduras de las moscas -y de las avispas que allí había; las cuales hacían correr por su rostro -la sangre, que mezclada con sus lágrimas, era recogida a sus pies por -asquerosos gusanos. - - [4] Según algunos comentadores, éste debe ser Esaú, que - renunció a su derecho de primogenitura; según otros, - Diocleciano, que abdicó el imperio; según Venturini, el papa - Celestino V, y otros creen que el que hizo la gran renuncia es - Pilatos. - -Habiendo dirigido mis miradas a otra parte, vi nuevas almas a la orilla -de un gran río, por lo cual, dije: - ---Maestro, dígnate manifestarme quiénes son y por qué ley parecen ésos -tan prontos a atravesar el río, según puedo ver a favor de esta débil -claridad. - -Y él me respondió: - ---Te lo diré cuando pongamos nuestros pies sobre la triste orilla del -Aqueronte. - -Entonces, avergonzado y con los ojos bajos, temiendo que le disgustasen -mis preguntas, me abstuve de hablar hasta que llegamos al río. En -aquel momento vimos un anciano cubierto de canas, que se dirigía -hacia nosotros en una barquichuela, gritando: "¡Ay de vosotras, almas -perversas! No esperéis ver nunca el Cielo. Vengo para conduciros a la -otra orilla, donde reinan eternas tinieblas, en medio del calor y del -frío. Y tú, alma viva, que estás aquí, aléjate de entre esas que están -muertas." Pero cuando vió que yo no me movía, dijo: "Llegarás a la -playa por otra orilla, por otro puerto, mas no por aquí: para llevarte -se necesita una barca más ligera." - -Y mi guía le dijo: - ---Carón, no te irrites. Así se ha dispuesto allí donde se puede todo lo -que se quiere; y no preguntes más. - -Entonces se aquietaron las velludas mejillas del barquero de las -lívidas lagunas, que tenía círculos de llamas alrededor de sus ojos. -Pero aquellas almas, que estaban desnudas y fatigadas, no bien oyeron -tan terribles palabras, cambiaron de color, rechinando los dientes, -blasfemando de Dios, de sus padres, de la especie humana, del sitio y -del día de su nacimiento, de la prole de su prole y de su descendencia: -después se retiraron todas juntas, llorando fuertemente, hacia la -orilla maldita en donde se espera a todo aquel que no teme a Dios. -El demonio Carón, con ojos de ascuas, haciendo una señal, las fué -reuniendo, golpeando con su remo a las que se rezagaban; y así como -en otoño van cayendo las hojas una tras otra, hasta que las ramas han -devuelto a la tierra todos sus despojos, del mismo modo los malvados -hijos de Adán se lanzaban uno a uno desde la orilla, a aquella señal, -como pájaros que acuden al reclamo. De esta suerte se fueron alejando -por las negras ondas; pero antes de que hubieran saltado en la orilla -opuesta, se reunió otra nueva muchedumbre en la que aquéllas habían -dejado. - ---Hijo mío--me dijo el cortés Maestro--, los que mueren en la cólera -de Dios acuden aquí de todos los países, y se apresuran a atravesar -el río, espoleados de tal suerte por la justicia divina, que su temor -se convierte en deseo. Por aquí no pasa nunca un alma pura; por lo -cual, si Carón se irrita contra ti, ya conoces ahora el motivo de sus -desdeñosas palabras. - -Apenas hubo terminado, tembló tan fuertemente la sombría campiña, -que el recuerdo del espanto que sentí aún me inunda la frente de -sudor. De aquella tierra de lágrimas salió un viento que produjo -rojizos relámpagos, haciéndome perder el sentido y caer como un hombre -sorprendido por el sueño. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO CUARTO_ - - -Interrumpió mi profundo sueño un trueno tan fuerte, que me estremecí -como hombre a quien se despierta a la fuerza: me levanté, y dirigiendo -una mirada en derredor mío, fijé la vista para reconocer el lugar donde -me hallaba. Vime junto al borde del triste valle, abismo de dolor, en -que resuenan infinitos ayes, semejantes a truenos. El abismo era tan -profundo, obscuro y nebuloso, que en vano fijaba mis ojos en su fondo, -pues no distinguía cosa alguna. - ---Ahora descendamos allá abajo, al tenebroso mundo--me dijo el poeta -muy pálido--: yo iré el primero; tú el segundo. - -Yo, que había advertido su palidez, le respondí: - ---¿Cómo he de ir yo, si tú, que sueles desvanecer mis incertidumbres, -te atemorizas? - -Y él repuso: - ---La angustia de los desgraciados que están ahí bajo, refleja en mi -rostro una piedad que tú tomas por terror. Vamos, pues; que la longitud -del camino exige que nos apresuremos. - -Y sin decir más, penetró y me hizo entrar en el primer círculo que -rodea el abismo. Allí, según pude advertir, no se oían quejas, sino -sólo suspiros, que hacían temblar la eterna bóveda, y que procedían -de la pena sin tormento de una inmensa multitud de hombres, mujeres y -niños. El buen Maestro me dijo: - ---¿No me preguntas qué espíritus son los que estamos viendo? Quiero, -pues, que sepas, antes de seguir adelante, que éstos no pecaron; y -si contrajeron en su vida algunos méritos, no es bastante, pues no -recibieron el agua del bautismo, que es la puerta de la Fe que forma -tu creencia. Y si vivieron antes del cristianismo, no adoraron a Dios -como debían: yo también soy uno de ellos. Por tal falta, y no por otra -culpa, estamos condenados, consistiendo nuestra pena en vivir con el -deseo sin esperanza. - -Un gran dolor afligió mi corazón cuando oí esto, porque conocí personas -de mucho valor que estaban suspensas en el Limbo. - ---Dime, Maestro y señor mío--le pregunté para afirmarme más en esta -Fe que triunfa de todo error;--¿alguna de esas almas ha podido, bien -por sus méritos o por los de otros, salir del Limbo y alcanzar la -bienaventuranza? - -Y él, que comprendió mis palabras encubiertas y obscuras, repuso: - ---Yo era recién llegado a este sitio, cuando vi venir a un Sér -poderoso, coronado con la señal de la victoria. Hizo salir de aquí -el alma del primer padre, y la de Abel su hijo, y la de Noé; la del -legislador Moisés, tan obediente; la del patriarca Abraham, y la del -rey David; a Israel, con su padre y con sus hijos, y a Raquel por -quien aquél hizo tanto,[5] y a otros muchos, a quienes otorgó la -bienaventuranza; pues debes saber que, antes de ellos, no se salvaban -las almas humanas. - - [5] Se refiere a Jacobo o Israel, que por casarse con Raquel - sirvió al padre de ella catorce años. - -Mientras así hablaba, no dejábamos de andar; pero seguíamos atravesando -siempre la selva, esto es, la selva que formaban los espíritus -apiñados. Aun no estábamos muy lejos de la entrada del abismo, cuando -vi un resplandor que triunfaba del hemisferio de las tinieblas: nos -encontrábamos todavía a bastante distancia, pero no a tanta que no -pudiera yo distinguir que aquel sitio estaba ocupado por personas -dignas. - ---Oh tú, que honras toda ciencia y todo arte, ¿quiénes son ésos, cuyo -valimiento debe ser tanto, que así están separados de los demás? - -Y él a mí: - ---La hermosa fama que aún se conserva de ellos en el mundo que habitas, -les hace acreedores a esta gracia del cielo, que de tal suerte los -distingue. - -Entonces oí una voz que decía: "¡Honrad al sublime poeta; regresa -su sombra, que se había separado de nosotros!" Cuando calló la voz, -vi venir a nuestro encuentro cuatro grandes sombras, cuyo rostro no -manifestaba tristeza ni alegría. El buen maestro empezó a decirme: - ---Mira aquel que tiene una espada en la mano, y viene a la cabeza de -los tres como su señor. Ese es Homero, poeta soberano: el otro es el -satírico Horacio, Ovidio es el tercero y el último Lucano. Cada cual -merece, como yo, el nombre que antes pronunciaron unánimes; me honran y -hacen bien. - -De este modo vi reunida la hermosa escuela de aquel príncipe del -sublime cántico, que vuela como el águila sobre todos los demás. - -Después de haber estado conversando entre sí un rato, se volvieron -hacia mí dirigiéndome un amistoso saludo, que hizo sonreír a mi -Maestro; y me honraron aún más, puesto que me admitieron en su -compañía, de suerte que fuí el sexto entre aquellos grandes genios. -Así seguimos hasta donde estaba la luz, hablando de cosas que es -bueno callar, como bueno era hablar de ellas en el sitio en que nos -encontrábamos. Llegamos al pie de un noble castillo, rodeado siete -veces de altas murallas, y defendido alrededor por un bello riachuelo. -Pasamos sobre éste como sobre tierra firme; y atravesando siete puertas -con aquellos sabios, llegamos a un prado de fresca verdura. Allí había -personajes de mirada tranquila y grave, cuyo semblante revelaba una -grande autoridad: hablaban poco y con voz suave. Nos retiramos luego -hacia un extremo de la pradera; a un sitio despejado, alto y luminoso, -desde donde podían verse todas aquellas almas. Allí, en pie sobre -el verde esmalte, me fueron señalados los grandes espíritus, cuya -contemplación me hizo estremecer de alegría. Allí vi a Electra con -muchos de sus compañeros, entre los que conocí a Héctor y a Eneas; -después a César, armado, con sus ojos de ave de rapiña. Vi en otra -parte a Camila y a Pentesilea, y vi al Rey Latino, que estaba sentado -al lado de su hija Lavinia; vi a aquel Bruto, que arrojó a Tarquino de -Roma; a Lucrecia también, a Julia, a Marcia y a Cornelia, y a Saladino, -que estaba solo y separado de los demás. Habiendo levantado después la -vista, vi al maestro de los que saben,[6] sentado entre su filosófica -familia. Todos le admiran, todos le honran: vi además a Sócrates y -Platón, que estaban más próximos a aquél que los demás; a Demócrito, -que pretende que el mundo ha tenido por origen la casualidad; a -Diógenes, a Anaxágoras y a Tales, a Empédocles, a Heráclito y a Zenón: -vi al buen observador de la cualidad, es decir, a Dioscórides, y vi a -Orfeo, a Tulio y a Lino, y al moralista Séneca; al geómetra Euclides, a -Tolomeo, Hipócrates, Avicena y Galeno, y a Averroes, que hizo el gran -comentario. No me es posible mencionarlos a todos, porque me arrastra -el largo tema que he de seguir y muchas veces las palabras son breves -para el asunto. Bien pronto la compañía de seis queda reducida a dos: -mi sabio guía me conduce por otro camino fuera de aquella inmovilidad -hacia una aura temblorosa, y llego a un punto privado totalmente de luz. - - [6] El filósofo Aristóteles. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO QUINTO_ - - -Así descendí del primer círculo al segundo, que contiene menos espacio, -pero mucho más dolor, y dolor punzante, que origina desgarradores -gritos. Allí estaba el horrible Minos que, rechinando los dientes, -examina las culpas de los que entran; juzga y da a comprender sus -órdenes por medio de las vueltas de su cola. Es decir, que cuando se -presenta ante él un alma pecadora, y le confiesa todas sus culpas, -aquel gran conocedor de los pecados ve qué lugar del infierno debe -ocupar y se lo designa, ciñéndose al cuerpo la cola tantas veces -cuantas sea el número del círculo a que debe ser enviada. Ante él están -siempre muchas almas, acudiendo por turno para ser juzgadas; hablan y -escuchan, y después son arrojadas al abismo. - ---¡Oh, tú, que vienes a la mansión del dolor!--me gritó Minos cuando -me vió, suspendiendo sus terribles funciones--; mira cómo entras y de -quién te fías: no te alucine lo anchuroso de la entrada. - -Entonces mi guía le preguntó: - ---¿Por qué gritas? No te opongas a su viaje ordenado por el destino: -así lo han dispuesto allí donde se puede lo que se quiere; y no -preguntes más. - -Empezaron a dejarse oír voces plañideras: y llegué a un sitio donde -hirieron mis oídos grandes lamentos. Entrábamos en un lugar que carecía -de luz, y que rugía como el mar tempestuoso cuando está combatido -por vientos contrarios. La tromba infernal, que no se detiene nunca, -envuelve en su torbellino a los espíritus; les hace dar vueltas -continuamente, y les agita y les molesta: cuando se encuentran ante la -ruinosa valla que los encierra, allí son los gritos, los llantos y los -lamentos, y las blasfemias contra la virtud divina. Supe que estaban -condenados a semejante tormento los pecadores carnales que sometieron -la razón a sus lascivos apetitos; y así como los estorninos vuelan en -grandes y compactas bandadas en la estación de los fríos, así aquel -torbellino arrastra a los espíritus malvados llevándolos de acá para -allá, de arriba abajo, sin que abriguen nunca la esperanza de tener -un momento de reposo, ni de que su pena se aminore. Y del mismo modo -que las grullas van lanzando sus tristes acentos, formando todas una -prolongada hilera en el aire, así también vi venir, exhalando gemidos, -a las sombras arrastradas por aquella tromba. Por lo cual pregunté: - ---Maestro, ¿qué almas son ésas a quienes de tal suerte castiga ese aire -negro? - ---La primera de ésas, de quienes deseas noticias--me dijo entonces--, -fué emperatriz de una multitud de pueblos donde se hablaban diferentes -lenguas, y tan dada al vicio de la lujuria, que permitió en sus leyes -todo lo que excitaba el placer, para ocultar de este modo la abyección -en que vivía. Es Semíramis, de quien se lee que sucedió a Nino y fué -su esposa y reinó en la tierra en donde impera el Sultán. La otra es -la que se mató por amor y quebrantó la fe prometida a las cenizas de -Siqueo. Después sigue la lasciva Cleopatra. Ve también a Helena, que -dió lugar a tan funestos tiempos; y ve al gran Aquiles, que al fin tuvo -que combatir por el amor. Ve a París y a Tristán.... - -Y a más de mil sombras me fué enseñando y designando con el dedo, a -quienes Amor había hecho salir de esta vida. Cuando oí a mi sabio -nombrar las antiguas damas y los caballeros, me sentí dominado por la -piedad y quedé como aturdido. Empecé a decir: - ---Poeta, quisiera hablar a aquellas dos almas que van juntas y parecen -más ligeras que las otras impelidas por el viento. - -Y él me contestó: - ---Espera que estén más cerca de nosotros: y entonces ruégales, por el -amor que las conduce, que se dirijan hacia ti. - -Tan pronto como el viento las impulsó hacia nosotros, alcé la voz -diciendo: - ---¡Oh almas atormentadas!, venid a hablarnos, si otro no se opone a -ello. - -Así como dos palomas, excitadas por sus deseos, se dirigen con las alas -abiertas y firmes hacia el dulce nido, llevadas en el aire por una -misma voluntad, así salieron aquellas dos almas de entre la multitud -donde estaba Dido, dirigiéndose hacia nosotros a través del aire -malsano, atraídas por mi eficaz y afectuoso llamamiento. - ---¡Oh sér gracioso y benigno, que vienes a visitar enmedio de este aire -negruzco a los que hemos teñido el mundo de sangre! Si fuéramos amados -por el Rey del universo, le rogaríamos por tu tranquilidad, ya que te -compadeces de nuestro acerbo dolor. Todo lo que te agrade oír y decir, -te lo diremos y escucharemos con gusto mientras que siga el viento tan -tranquilo como ahora. La tierra donde nací está situada en la costa -donde desemboca el Po con todos sus afluentes para descansar en el mar. -Amor, que se apodera pronto de un corazón gentil, hizo que éste se -prendara de aquel hermoso cuerpo que me fué arrebatado de un modo que -aún me atormenta. Amor, que no dispensa de amar al que es amado, hizo -que me entregara vivamente al placer de que se embriagaba éste, que, -como ves, no me abandona nunca. Amor nos condujo a la misma muerte. -Caína[7] espera al que nos arrancó la vida. - - [7] La primera de las cuatro divisiones concéntricas del - último círculo del Infierno, en donde son castigados los - traidores y los matadores de sus propios consanguíneos. Véase - el canto trigésimo segundo. - -Tales fueron las palabras de las dos sombras. Al oír a aquellas almas -atormentadas, bajé la cabeza y la tuve inclinada tanto tiempo, que el -poeta me dijo: - ---¿En qué piensas? - ---¡Ah!--exclamé al contestarle--; ¡cuán dulces pensamientos, cuántos -deseos les han conducido a doloroso tránsito! - -Después me dirigí hacia ellos, diciéndoles: - ---Francisca, tus desgracias me hacen derramar tristes y compasivas -lágrimas. Pero dime: en tiempo de los dulces suspiros ¿cómo os permitió -Amor conocer vuestros secretos deseos? - -Ella me contestó: - ---No hay mayor dolor que acordarse del tiempo feliz en la miseria; y -eso lo sabe bien tu Maestro. Pero si tienes tanto deseo de conocer cuál -fué el principal origen de nuestro amor, haré como el que habla y llora -a la vez. Leíamos un día por pasatiempo las aventuras de Lancelote, y -de qué modo cayó en las redes del Amor: estábamos solos y sin abrigar -sospecha alguna. Aquella lectura hizo que nuestros ojos se buscaran -muchas veces y que palideciera nuestro semblante; mas un solo pasaje -fué el que decidió de nosotros. Cuando leímos que la deseada sonrisa de -la amada fué interrumpida por el beso del amante, éste, que jamás se ha -de separar de mí, me besó tembloroso en la boca: el libro y quien lo -escribió fué para nosotros otro Galeoto; aquel día ya no leímos más. - -Mientras que un alma decía esto, la otra lloraba de tal modo, que, -movido de compasión, desfallecí como si me muriera, y caí como cae un -cuerpo inanimado. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO SEXTO_ - - -Al recobrar los sentidos, que perdí por la tristeza y la compasión -que me causó la suerte de los dos cuñados, vi en derredor mío nuevos -tormentos y nuevas almas atormentadas doquier iba y doquier me volvía o -miraba. Me encuentro en el tercer círculo; en el de la lluvia eterna, -maldita, fría y densa, que cae siempre igualmente copiosa y con la -misma fuerza. Espesos granizos, agua negruzca y nieve descienden en -turbión a través de las tinieblas; la tierra, al recibirlos, exhala -un olor pestífero. Cerbero, fiera cruel y monstruosa, ladra con sus -tres fauces de perro contra los condenados que están allí sumergidos. -Tiene los ojos rojos, los pelos negros y cerdosos, el vientre ancho y -las patas guarnecidas de uñas que clava en los espíritus, les desgarra -la piel y les descuartiza. La lluvia les hace aullar como perros; los -miserables condenados forman entre sí una muralla con sus costados -y se revuelven sin cesar. Cuando nos descubrió Cerbero, el gran -gusano abrió las bocas enseñándonos sus colmillos; todos sus miembros -estaban agitados. Entonces mi guía extendió las manos, cogió tierra, -y la arrojó a puñados en las fauces ávidas de la fiera. Y del mismo -modo que un perro se deshace ladrando al tener hambre, y se apacigua -cuando muerde su presa, ocupado tan sólo en devorarla, así también el -demonio Cerbero cerró sus impuras bocas, cuyos ladridos causaban tal -aturdimiento a las almas que quisieran quedarse sordas. Pasamos por -encima de las sombras derribadas por la incesante lluvia, poniendo -nuestros pies sobre sus fantasmas, que parecían cuerpos humanos. Todas -yacían por el suelo, excepto una que se levantó con presteza para -sentarse, cuando nos vió pasar ante ella. - ---¡Oh, tú, que has venido a este Infierno!--me dijo--; reconóceme si -puedes. Tú fuiste hecho, antes que yo deshecho. - -Yo le contesté: - ---La angustia que te atormenta es quizá causa de que no me acuerde de -ti; me parece que no te he visto nunca. Pero dime, ¿quién eres tú, que -a tan triste lugar has sido conducido, y condenado a un suplicio, que -si hay otro mayor, no será por cierto tan desagradable? - -Contestóme: - ---Tu ciudad, tan llena hoy de envidia, que ya colma la medida, me vió -en su seno en vida más serena. Vosotros, los habitantes de esa ciudad, -me llamasteis Ciacco. Por el reprensible pecado de la gula, me veo, -como ves, sufriendo esta lluvia. Yo no soy aquí la única alma triste; -todas las demás están condenadas a igual pena por la misma causa. - -Y no pronunció una palabra más. Yo le respondí: - ---Ciacco, tu martirio me conmueve tanto, que me hace verter lágrimas; -pero dime, si es que lo sabes: ¿en qué pararán los habitantes de esa -ciudad tan dividida en facciones? ¿Hay algún justo entre ellos? Dime -por qué razón se ha introducido en ella la discordia. - -Me contestó: - ---Después de grandes debates, llegarán a verter su sangre, y el partido -salvaje arrojará al otro partido causándole grandes pérdidas. Luego -será preciso que el partido vencedor sucumba al cabo de tres años, -y que el vencido se eleve, merced a la ayuda de aquel que ahora es -neutral. Esta facción llevará la frente erguida por mucho tiempo, -teniendo bajo su férreo yugo a la otra, por más que ésta se lamente y -avergüence. Aun hay dos justos, pero nadie les escucha: la soberbia, -la envidia y la avaricia son las tres chispas que han inflamado los -corazones. - -Aquí dió Ciacco fin a su lamentable discurso, y yo le dije: - ---Todavía quiero que me informes, y me concedas algunas palabras. Dime -dónde están, y dame a conocer a Farinata y al Tegghiaio, que fueron tan -dignos, a Jacobo Rusticucci, Arigo y Mosca, y a otros que a hacer bien -consagraron su ingenio, pues siento un gran deseo de saber si están -entre las dulzuras del Cielo o entre las amarguras del Infierno. - -A lo que me contestó: - ---Están entre almas más perversas; otros pecados los han arrojado a un -círculo más profundo: si bajas hasta allí, podrás verlos. Pero cuando -vuelvas al dulce mundo, te ruego que hagas porque en él se renueve mi -recuerdo: y no te digo ni te respondo más. - -Entonces torció los ojos que había tenido fijos; miróme un momento, y -luego inclinó la cabeza, y volvió a caer entre los demás ciegos. Mi -guía me dijo: - ---Ya no volverá a levantarse hasta que se oiga el sonido de la angélica -trompeta; cuando venga la potestad enemiga del pecado. Cada cual -encontrará entonces su triste tumba; recobrará sus carnes y su figura; -y oirá el juicio que debe resonar por toda una eternidad. - -Así fuimos atravesando aquella impura mezcla de sombras y de lluvia, -con paso lento, razonando un poco sobre la vida futura. Por lo cual -dije: - ---Maestro, ¿estos tormentos serán mayores después de la gran sentencia, -o bien menores, o seguirán siendo tan dolorosos? - -Y él a mí: - ---Acuérdate de tu ciencia, que pretende que cuanto más perfecta es una -cosa, tanto mayor bien o dolor experimenta. Aunque esta raza maldita -no debe jamás llegar a la verdadera perfección, espera ser después del -juicio más perfecta que ahora. - -Caminando por la vía que gira alrededor del círculo, continuamos -hablando de otras cosas que no refiero, y llegamos al sitio donde se -desciende: allí encontramos a Plutón, el gran enemigo. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO SEPTIMO_ - - -"Pape satán, pape satán aleppe"[8] comenzó a gritar Plutón con ronca -voz. Y aquel sabio gentil, que lo supo todo, para animarme, dijo: - - [8] Pape, interjección griega y latina, que significa - sorpresa; aleppe, lo mismo que aleph (o Ioseph), voz hebraica, - equivalente a jefe, príncipe, etc. La frase, truncada por - reticencia, quiere decir: "¡Cómo, Satanás; cómo, Satanás, - príncipe del Infierno!... ¿Un audaz mortal se atreve a entrar - aquí?"--Fraticelli. - ---No te inquiete el temor; pues a pesar de su poder, no te impedirá que -desciendas a este círculo. - -Después, volviéndose hacia aquel rostro hinchado de ira, le dijo: - ---Calla, lobo maldito: consúmete interiormente con tu propia rabia. No -sin razón venimos al profundo infierno; pues así lo han dispuesto allá -arriba, donde Miguel castigó la soberbia rebelión. - -Como las velas, hinchadas por el viento, caen derribadas cuando el -mástil se rompe, del mismo modo cayó al suelo aquella fiera cruel. Así -bajamos a la cuarta cavidad, aproximándonos más a la dolorosa orilla -que encierra en sí todo el mal del universo. ¡Ah, justicia de Dios!, -¿quién, si no tú, puede amontonar tantas penas y trabajos como allí -vi? ¿Por qué nos desgarran así nuestras propias faltas? Como una ola -se estrella contra otra ola en el escollo de Caribdis, así chocan uno -contra otro los condenados. Allí vi más condenados que en ninguna -otra parte, los cuales formados en dos filas, se lanzaban de la una -a la otra enormes pesos con todo el esfuerzo de su pecho, gritando -fuertemente: dábanse grandes golpes, y después se volvían cada cual -hacia atrás, exclamando: "¿Por qué guardas? ¿Por qué derrochas?" De -esta suerte iban girando por aquel tétrico círculo, yendo desde un -extremo a su opuesto, y repitiendo a gritos su injurioso estribillo. -Después, cuando cada cual había llegado al centro de su círculo, se -volvían todos a la vez para empezar de nuevo otra pelea. - -Yo, que tenía el corazón conmovido de lástima, dije: - ---Maestro mío, indícame qué gente es ésta. Todos esos tonsurados que -vemos a nuestra izquierda ¿han sido clérigos? - -Y él me respondió: - ---Erró la mente de todos en la primera vida, y no supieron gastar -razonablemente: así lo manifiestan claramente sus aullidos cuando -llegan a los dos puntos del círculo que los separa de los que siguieron -camino opuesto. Esos que no tienen cabellos que cubran su cabeza, -fueron clérigos, papas y cardenales, a quienes subyugó la avaricia. - -Y yo: - ---Maestro, entre todos ésos, bien deberá haber algunos a quienes yo -conozca y a quienes tan inmundos hizo este vicio. - -Y él a mí: - ---En vano esforzarás tu imaginación: la vida sórdida que los hizo -deformes, hace que hoy sean obscuros y desconocidos. Continuarán -chocando entre sí eternamente; y saldrán éstos del sepulcro con los -puños cerrados, y aquéllos con el cabello rapado. Por haber gastado -mal y guardado mal, han perdido el Paraíso, y se ven condenados a ese -eterno combate, que no necesito pintarte con palabras escogidas. Ahí -podrás ver, hijo mío, cuán rápidamente pasa el soplo de los bienes de -la Fortuna, por los que la raza humana se enorgullece y querella. Todo -el oro que existe bajo la Luna, y todo lo que ha existido, no puede dar -un momento de reposo a una sola de esas almas fatigadas. - ---Maestro--le dije entonces--, enséñame cuál es esa Fortuna de que me -hablas, y que así tiene entre sus manos los bienes del mundo. - -Y él a mí: - ---¡Oh necias criaturas! ¡Cuán grande es la ignorancia que os extravía! -Quiero que te alimentes con mis lecciones. Aquél, cuya sabiduría -es superior a todo, hizo los cielos y les dió un guía, de modo que -toda parte brilla para toda parte, distribuyendo la luz por igual; -con el esplendor del mundo hizo lo mismo, y le dió una guía, que -administrándolo todo, hiciera pasar de tiempo en tiempo las vanas -riquezas de una a otra familia, de una a otra nación, a pesar de los -obstáculos que crean la prudencia y previsión humanas. He aquí por qué, -mientras una nación impera, otra languidece, según el juicio de Aquél -que está oculto, como la serpiente en la hierba. Vuestro saber no puedo -contrastarla; porque provee, juzga y prosigue su reinado, como el suyo -cada una de las otras deidades. Sus transformaciones no tienen tregua; -la necesidad la obliga a ser rápida; por eso se cambia todo en el mundo -con tanta frecuencia. Tal es esa a quien tan a menudo vituperan los -mismos que deberían ensalzarla, y de quien blasfeman y maldicen sin -razón. Pero ella es feliz, y no oye esas maldiciones: contenta entre -las primeras criaturas, prosigue su obra y goza en su beatitud. Bajemos -ahora donde existen mayores y más lamentables males: ya descienden -todas las estrellas que salían cuando me puse en marcha, y nos está -prohibido retrasarnos mucho. - -Atravesamos el círculo hasta la otra orilla, sobre un hirviente -manantial, que vierte sus aguas en un arroyo que le debe su origen -y cuyas aguas son más bien obscuras que azuladas; y bajamos por un -camino distinto, siguiendo el curso de tan tenebrosas ondas. Cuando -aquel arroyo ha llegado al pie de la playa gris e infecta, forma una -laguna llamada Estigia; y yo, que miraba atentamente, vi algunas almas -encenagadas en aquel pantano, completamente desnudas y de irritado -semblante. Se golpeaban no sólo con las manos, sino con la cabeza, -con el pecho, con los pies, arrancándose la carne a pedazos con los -dientes. Díjome el buen Maestro: - ---Hijo, contempla las almas de los que han sido dominados por la ira: -quiero además que sepas que bajo esta agua hay una raza condenada -que suspira, y la hace hervir en la superficie, como te lo indican -tus miradas en cuantos sitios se fijan. Metidos en el lodo, dicen: -"Estuvimos siempre tristes bajo aquel aire dulce que alegra el -Sol, llevando en nuestro interior una tétrica humareda: ahora nos -entristecemos también en medio de este negro cieno." Estas palabras -salen del fondo de su garganta, como si formaran gárgaras, no pudiendo -pronunciar una sola íntegra. - -Así fuimos describiendo un gran arco alrededor del fétido pantano, -entre la playa seca y el agua, vueltos los ojos hacia los que se -atragantaban con el fango, hasta que al fin llegamos al pie de una -torre. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO OCTAVO_ - - -Digo, continuando, que mucho antes de llegar al pie de la elevada -torre, nuestros ojos se fijaron en su parte más alta, a causa de dos -lucecitas que allí vimos, y otra que correspondía a estas dos, pero -desde tan lejos, que apenas podía distinguirse. Entonces, dirigiéndome -hacia el mar de toda ciencia, dije: - ---¿Qué significan esas llamas? ¿Qué responde aquella otra, y quiénes -son los que hacen esas señales? - -Respondióme: - ---Sobre esas aguas fangosas puedes ver lo que ha de venir, si es que no -te lo ocultan los vapores del pantano. - -Jamás cuerda alguna despidió una flecha que corriese por el aire con -tanta velocidad, como una navecilla que vi surcando las aguas en -nuestra dirección, gobernada por un solo remero que gritaba: "¿Has -llegado ya, alma vil?" - ---Flegias, Flegias, gritas en vano esta vez--dijo mi Señor--; no nos -tendrás en tu poder más tiempo que el necesario para pasar la laguna. - -Flegias, conteniendo su cólera, hizo lo que un hombre a quien descubren -que ha sido víctima de un engaño, ocasionándole esto un dolor profundo. -Mi guía saltó a la barca y me hizo entrar en ella tras él; pero aquélla -no pareció ir cargada hasta que recibió mi peso. En cuanto ambos -estuvimos dentro, la antigua proa partió trazando en el agua una estela -más profunda de lo que solía cuando llevaba otros pasajeros. Mientras -recorríamos aquel canal de agua estancada, se me presentó una sombra -llena de lodo, y me preguntó: - ---¿Quién eres tú, que vienes antes de tiempo? - -A lo que contesté: - ---Si he venido, no es para permanecer aquí; mas dime ¿quién eres tú, -que tan sucio estás? - -Respondióme: - ---Ya ves que soy uno de los que lloran. - -Y yo a él: - ---¡Permanece, pues, entre el llanto y la desolación, espíritu maldito! -Te conozco aunque estés tan enlodado. - -Entonces extendió sus manos hacia la barca, pero mi prudente Maestro le -rechazó diciendo: - ---Véte de aquí con los otros perros. - -En seguida rodeó mi cuello con sus brazos, me besó en el rostro y me -dijo: - ---Alma desdeñosa, ¡bendita aquella que te llevó en su seno! Ese que -ves fué en el mundo una persona soberbia; ninguna virtud ha honrado su -memoria, por lo que su sombra está siempre furiosa. ¡Cuántos se tienen -allá arriba por grandes reyes, que se verán sumidos como cerdos en este -pantano, sin dejar en pos de sí más que horribles desprecios! - -Y yo: - ---Maestro, antes de salir de este lago, desearía en gran manera ver a -ese pecador sumergido en el fango. - -Y él a mí: - ---Antes de que veas la orilla, quedarás satisfecho: convendrá que goces -de ese deseo. - -Poco después, le vi acometido de tal modo por las demás sombras -cenagosas, que aún alabo a Dios y le doy gracias por ello. Todas -gritaban: "¡A Felipe Argenti!" Este florentino, espíritu orgulloso, -se revolvía contra sí mismo, destrozándose con sus dientes. Dejémosle -allí, pues no pienso ocuparme más de él. Después vino a herir mis oídos -un lamento doloroso, por lo cual miré con más atención en torno mío. El -buen Maestro me dijo: - ---Hijo mío, ya estamos cerca de la ciudad que se llama Dite; sus -habitantes pecaron gravemente y son muy numerosos. - -Y yo le respondí: - ---Ya distingo en el fondo del valle sus torres bermejas, como si -salieran de entre llamas. - -A lo cual me contestó: - ---El fuego eterno que interiormente las abrasa, les comunica el rojo -color que ves en ese bajo infierno. - -Al fin entramos en los profundos fosos que ciñen aquella desolada -tierra: las murallas me parecían de hierro. Llegamos, no sin haber -dado antes un gran rodeo, a un sitio en que el barquero nos dijo en -alta voz: "Salid, he aquí la entrada." Vi sobre las puertas más de -mil espíritus, caídos del cielo como una lluvia, que decían con ira: -"¿Quién es ése que sin haber muerto anda por el reino de los muertos?" -Mi sabio Maestro hizo un ademán expresando que quería hablarles en -secreto. Entonces contuvieron un poco su cólera y respondieron: "Ven -tú solo, y que se vaya aquel que tan audazmente entró en este reino. -Que se vuelva solo por el camino que ha emprendido locamente: que -lo intente, si sabe; porque tú, que le has guiado por esta obscura -comarca, te has de quedar aquí." - -Juzga, lector, si estaría yo tranquilo al oír aquellas palabras -malditas: no creí volver nunca a la tierra. - ---¡Oh, mi guía querido!, tú que más de siete veces me has devuelto la -tranquilidad y librado de los grandes peligros con que he tropezado, -no me dejes, le dije, tan abatido: si nos está prohibido avanzar más, -volvamos inmediatamente sobre nuestros pasos. - -Y aquel señor que allí me había llevado me dijo: - ---No temas, pues nadie puede cerrarnos el paso que Dios nos ha abierto. -Aguárdame aquí: reanima tu abatido espíritu y alimenta una grata -esperanza, que yo no te dejaré en este bajo mundo. - -En seguida se fué el dulce Padre, y me dejó solo. Permanecí en una gran -incertidumbre, agitándose el sí y el no en mi cabeza. - -No pude oír lo que les propuso; pero habló poco tiempo con ellos, y -todos a una corrieron hacia la ciudad. Nuestros enemigos dieron con -las puertas en el rostro a mi Señor, que se quedó fuera, y se dirigió -lentamente hacia donde yo estaba. Tenía los ojos inclinados, sin dar -señales de atrevimiento, y decía entre suspiros: "¿Quién me ha impedido -la entrada en la mansión de los dolores?" Y dirigiéndose a mí: - ---Si estoy irritado--me dijo--, no te inquietes; yo saldré victorioso -de esta prueba, cualesquiera que sean los que se opongan a nuestra -entrada. Su temeridad no es nueva: ya la demostraron ante una puerta -menos secreta, que se encuentra todavía sin cerradura. Ya has visto -sobre ella la inscripción de muerte. Pero más acá de esa puerta, -descendiendo la montaña y pasando por los círculos sin necesidad de -guía, viene uno que nos abrirá la ciudad. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO NONO_ - - -Aquel color que el miedo pintó en mi rostro cuando vi a mi guía -retroceder, hizo que en el suyo se desvaneciera más pronto la palidez -insólita, púsose atento, como un hombre que escucha, porque las miradas -no podían penetrar a través del denso aire y de la espesa niebla. - ---Sin embargo, debemos vencer en esta lucha--empezó a decir--; ¡si -no!... pero se nos ha prometido... ¡Oh!, ¡cuánto tarda el otro en -llegar![9] - - [9] Si no... Esta reticencia expresa el temor y la duda, que - inmediatamente desecha Virgilio por respeto al Sér Supremo. - Quiere decir: "¡Si no... viniese ayuda del cielo!... Pero, - ¿qué digo? Se me ha prometido... y no puede faltar." Se - refiere a la llegada del ángel. - -Yo vi bien que ocultaba lo que había comenzado a decir bajo otra idea -que le asaltó después, y que estas últimas palabras eran diferentes -de las primeras: sin embargo, su discurso me causó espanto, porque me -parecía descubrir en sus entrecortadas frases un sentido peor del que -en realidad tenían. - ---¿Ha bajado alguna vez al fondo de este triste abismo algún espíritu -del primer círculo, cuya sola pena es la de perder la esperanza?--le -pregunté. - -A lo que me respondió: - ---Rara vez sucede que alguno recorra el camino por donde yo voy. Es -cierto que tuve que bajar aquí otra vez a causa de los conjuros de la -cruel Erictón, que llamaba las almas a sus cuerpos, hacía poco tiempo -que mi carne estaba despojada de su alma, cuando me hizo traspasar esas -murallas para sacar un espíritu del círculo de Judas. Este círculo es -el más profundo, el más obscuro y el más lejano del Cielo que lo mueve -todo. Conozco bien el camino; por lo cual debes estar tranquilo. Esta -laguna, que exhala tan gran fetidez, ciñe en torno la ciudad del dolor, -donde ya no podremos entrar sin justa indignación. - -Dijo además otras cosas, que no he podido retener en mi memoria, porque -me hallaba absorto, mirando la alta torre de ardiente cúspide, donde -vi de improviso aparecer rápidamente tres furias infernales, tintas en -sangre, las cuales tenían movimientos y miembros femeniles. Estaban -ceñidas de hidras verdosas, y tenían por cabellos pequeñas serpientes y -cerastas, que ceñían sus horribles sienes. Y aquél que conocía muy bien -a las siervas de la Reina del dolor eterno: - ---Mira--me dijo--, las feroces Erinnias. La de la izquierda es Megera; -la que llora a la derecha es Alecton, y la del centro es Tisifona. - -Después calló. Las furias se desgarraban el pecho con sus uñas; se -golpeaban con las manos, y daban tan fuertes gritos, que por temor me -acerqué más al poeta. "Venga Medusa, y le convertiremos en piedra, -decían todas mirando hacia abajo: mal hemos vengado la entrada del -audaz Teseo." - ---Vuélvete y cúbrete los ojos con las manos, porque si apareciese la -Gorgona, y la vieses, no podrías jamás volver arriba. - -Así me dijo el Maestro, volviéndome él mismo; y no fiándose de mis -manos, me tapó los ojos con las suyas. ¡Oh vosotros, que gozáis de sano -entendimiento; descubrid la doctrina que se oculta bajo el velo de tan -extraños versos! - -Oíase a través de las turbias ondas un gran ruido, lleno de horror, que -hacía retemblar las dos orillas, asemejándose a un viento impetuoso, -impelido por contrarios ardores, que se ensaña en las selvas, y sin -tregua las ramas rompe y desgaja, y las arroja fuera; y marchando -polvoroso y soberbio, hace huír a las fieras y a los pastores. Me -descubrió los ojos, y me dijo: - ---Ahora dirige el nervio de tu vista sobre esa antigua espuma, hacia el -sitio en que el humo es más maligno. - -Como las ranas, que, al ver la culebra enemiga, desaparecen a través -del agua, hasta que se han reunido todas en el cieno, del mismo modo -vi más de mil almas condenadas, huyendo de uno que atravesaba la -Estigia a pie enjuto. Alejaba de su rostro el aire denso, extendiendo -con frecuencia la siniestra mano hacia delante, y sólo este trabajo -parecía cansarle. Bien comprendí que era un mensajero del Cielo, y -volvíme hacia el Maestro; pero éste me indicó que permaneciese quieto y -me inclinara. ¡Ah!, ¡cuán desdeñoso me pareció aquel enviado celeste! -Llegó a la puerta, y la abrió con una varita sin encontrar obstáculo. - ---¡Oh demonios arrojados del Cielo, raza despreciable!--empezó a -decir en el horrible umbral--; ¿cómo habéis podido conservar vuestra -arrogancia? ¿Por qué os resistís contra esa voluntad, que no deja nunca -de conseguir su intento, y que ha aumentado tantas veces vuestros -dolores? ¿De qué os sirve luchar contra el destino? Vuestro Cerbero, -si bien lo recordáis, tiene aún el cuello y el hocico pelados. - -Entonces se volvió hacia el cenagoso camino sin dirigirnos la palabra, -semejante a un hombre a quien preocupan y apremian otros cuidados, que -no se relacionan con la gente que tiene delante. Y nosotros, confiados -en las palabras santas, dirigimos nuestros pasos hacia la ciudad de -Dite. Entramos en ella sin ninguna resistencia; y como yo deseaba -conocer la suerte de los que estaban encerrados en aquella fortaleza, -luego que estuve dentro, empecé a dirigir escudriñadoras miradas en -torno mío, y vi por todos lados un gran campo lleno de dolor y de -crueles tormentos. Como en los alrededores de Arlés, donde se estanca -el Ródano, o como en Pola, cerca del Quarnero, que encierra a Italia -y baña sus fronteras, vense antiguos sepulcros, que hacen montuoso el -terreno, así también aquí se elevaban sepulcros por todas partes; con -la diferencia de que su aspecto era más terrible, por estar envueltos -entre un mar de llamas, que los encendían enteramente, más que lo fué -nunca el hierro en ningún arte. Todas sus losas estaban levantadas, y -del interior de aquéllos salían tristes lamentos, parecidos a los de -los míseros ajusticiados. Entonces le pregunté a mi Maestro: - ---¿Qué clase de gente es ésa, que sepultada en aquellas arcas, se da a -conocer por sus dolientes suspiros? - -A lo que me respondió: - ---Son los heresiarcas, con sus secuaces de todas sectas: esas tumbas -están mucho más llenas de lo que puedes figurarte. Ahí está sepultado -cada cual con su semejante, y las tumbas arden más o menos. - -Después, dirigiéndose hacia la derecha, pasamos por entre los sepulcros -y las altas murallas. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMO_ - - -Mi maestro avanzó por un estrecho sendero, entre los muros de la ciudad -y las tumbas de los condenados, y yo seguí tras él. - ---¡Oh suma virtud--exclamé--que me conduces a tu placer por los -círculos impíos! Háblame y satisface mis deseos. ¿Podré ver la gente -que yace en esos sepulcros? Todas las losas están levantadas, y no hay -nadie que vigile. - -Respondióme: - ---Todos quedarán cerrados, cuando hayan vuelto de Josafat las almas con -los cuerpos que han dejado allá arriba. Epicuro y todos sus sectarios, -que pretenden que el alma muere con el cuerpo, tienen su cementerio -hacia esta parte. Así, que pronto contestarán aquí dentro a la pregunta -que me haces, y al deseo que me ocultas. - -Yo le repliqué: - ---Buen Guía, si acaso te oculto mi corazón, es por hablar poco, a lo -cual no es la primera vez que me has predispuesto con tus advertencias. - ---¡Oh Toscano, que vas por la ciudad del fuego hablando modestamente!, -dígnate detenerte en este sitio. Tu modo de hablar revela claramente el -noble país al que quizá fuí yo funesto. - -Tales palabras salieron súbitamente de una de aquellas arcas, haciendo -que me aproximara con temor a mi Guía. Este me dijo: - ---Vuélvete: ¿qué haces? Mira a Farinata, que se ha levantado en su -tumba, y a quien puedes contemplar desde la cintura a la cabeza. - -Yo tenía ya mis miradas fijas en las suyas: él erguía su pecho y su -cabeza en ademán de despreciar al Infierno. Entonces mi Guía, con -mano animosa y pronta, me impelió hacia él a través de los sepulcros, -diciéndome: "Háblale con claridad." - -En cuanto estuve al pie de su tumba, examinóme un momento; y después, -con acento un tanto desdeñoso, me preguntó: - ---¿Quiénes fueron tus antepasados? - -Yo, que deseaba obedecer, no le oculté nada, sino que se lo descubrí -todo; por lo cual arqueó un poco las cejas, y dijo: - ---Fueron terribles contrarios míos, de mis parientes y de mi partido; -por eso los desterré dos veces. - ---Si estuvieron desterrados--le contesté--, volvieron de todas partes -una y otra vez, arte que los vuestros no han aprendido. - -Entonces, al lado de aquél, apareció a mi vista una sombra, que sólo -descubría hasta la barba, lo que me hace creer que estaba de rodillas. -Miró en torno mío, como deseando ver si estaba alguien conmigo; y -apenas se desvanecieron sus sospechas, me dijo llorando: - ---Si la fuerza de tu genio es la que te ha abierto esta obscura -prisión, ¿dónde está mi hijo y por qué no se encuentra a tu lado? - -Respondíle: - ---No he venido por mí mismo: el que me espera allí me guía por estos -lugares: quizá vuestro Guido "tuvo" hacia él demasiado desdén. - -Sus palabras y la clase de su suplicio me habían revelado ya el nombre -de aquella sombra: así es que mi respuesta fué precisa. Irguiéndose -repentinamente exclamó: - ---¿Cómo dijiste "tuvo"? Pues qué, ¿no vive aún? ¿No hiere ya sus ojos -la dulce luz del día? - -Cuando observó que yo tardaba en responderle, cayó de espaldas en su -tumba, y no volvió a aparecer fuera de ella. Pero aquel otro magnánimo, -por quien yo estaba allí, no cambió de color, ni movió el cuello, ni -inclinó el cuerpo. - ---El que no hayan aprendido bien ese arte--me dijo continuando la -conversación empezada--, me atormenta más que este lecho. Mas la deidad -que reina aquí no mostrará cincuenta veces su faz iluminada, sin que tú -conozcas lo difícil que es ese arte. Pero dime, así puedas volver al -dulce mundo, ¿por qué causa es ese pueblo tan desapiadado con los míos -en todas sus leyes? - -A lo cual le contesté: - ---El destrozo y la gran matanza que enrojeció el Arbia excita tales -discursos en nuestro templo. - -Entonces movió la cabeza suspirando, y después dijo: - ---No estaba yo allí solo; y en verdad, no sin razón me encontré en -aquel sitio con los demás; pero sí fuí el único que, cuando se trató de -destruir a Florencia, la defendí resueltamente. - ---¡Ah!--le contesté--; ¡ojalá vuestra descendencia tenga paz y reposo! -Pero os ruego que deshagáis el nudo que ha enmarañado mi pensamiento. -Me parece, por lo que he oído, que prevéis lo que el tiempo ha de -traer, a pesar de que os suceda lo contrario con respecto a lo presente. - ---Nosotros--dijo--somos como los que tienen la vista cansada, que -vemos las cosas distantes, gracias a una luz con que nos ilumina el -Guía soberano. Cuando las cosas están próximas o existen, nuestra -inteligencia es vana, y si otro no nos lo cuenta, nada sabemos de -los sucesos humanos; por lo cual puedes comprender que toda nuestra -inteligencia morirá el día en que se cierre la puerta del porvenir. - ---Decid a ese que acaba de caer, que su hijo está aún entre los vivos. -Si antes no le respondí, hacedle saber que lo hice porque estaba -distraído con la duda que habéis aclarado. - -Mi Maestro me llamaba ya, por cuya razón rogué más solícitamente al -espíritu que me dijera quién estaba con él. - ---Estoy tendido entre más de mil--me respondió--; ahí dentro están el -segundo Federico y el Cardenal.[10] En cuanto a los demás, me callo. - - [10] El emperador Federico II, siempre en guerra con los - Papas, contra los cuales escribió versos, fué excomulgado - por Gregorio IX e Inocencio IV, y murió en 1250.--Octaviano - degli Ubaldini, de Florencia y del partido gibelino, a pesar - de ser Cardenal, dijo una vez, que, si acaso tuviera alma, la - perdería por los gibelinos. Por esta razón los coloca Dante - entre los herejes. - -Se ocultó después de decir esto, y yo dirigí mis pasos hacia el antiguo -poeta, pensando en aquellas palabras que me parecían amenazadoras. Se -puso en marcha, y mientras caminábamos, me dijo: - ---¿Por qué estás tan turbado? - -Y cuando satisfice su pregunta: - ---Conserva en tu memoria lo que has oído contra ti--me ordenó aquel -sabio--; y ahora estáme atento. - -Y levantando el dedo, prosiguió: - ---Cuando estés ante la dulce mirada de aquella cuyos bellos ojos lo ven -todo, conocerás el porvenir que te espera. - -En seguida se dirigió hacia la izquierda. Dejamos las murallas y fuimos -hacia el centro de la ciudad, por un sendero que conduce a un valle, el -cual exhalaba un hedor insoportable. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO UNDECIMO_ - - -A la extremidad de un alto promontorio, formado por grandes piedras -rotas y acumuladas en círculo, llegamos hasta un montón de espíritus -más cruelmente atormentados. Allí, para preservarnos de las horribles -emanaciones y de la fetidez que despedía el profundo abismo, nos -pusimos al abrigo de la losa de un gran sepulcro, donde vi una -inscripción que decía: "Encierro al papa Anastasio, a quien Fotino -arrastró lejos del camino recto." - ---Es preciso que descendamos por aquí lentamente, a fin de acostumbrar -de antemano nuestros sentidos a este triste hedor, y después no -tendremos necesidad de precavernos de él. - -Así habló mi Maestro, y yo le dije: - ---Busca algún recurso para que no perdamos el tiempo inútilmente. - -A lo que me respondió: - ---Ya ves que en ello pienso. Hijo mío--continuó--, en medio de estas -rocas hay tres círculos, que se estrechan gradualmente como los que has -dejado: todos están llenos de espíritus malditos; mas para que después -te baste con sólo verlos, oye cómo y por qué están aquí encerrados. La -injuria es el fin de toda maldad que se atrae el odio del cielo, y se -llega a este fin, que redunda en perjuicio de otros, bien por medio de -la violencia, o bien por medio del fraude. Pero como el fraude es una -maldad propia del hombre, por eso es más desagradable a los ojos de -Dios, y por esta razón los fraudulentos están debajo, entregados a un -dolor más vivo. Todo el primer círculo lo ocupan los violentos, círculo -que está además construído y dividido en tres recintos; porque puede -cometerse violencia contra tres clases de seres: contra Dios, contra sí -mismo y contra el prójimo; y no sólo contra sus personas, sino también -contra sus bienes, como lo comprenderás por estas claras razones. Se -comete violencia contra el prójimo dándole la muerte o causándole -heridas dolorosas; y contra sus bienes, por medio de la ruina, del -incendio o de los latrocinios. De aquí resulta que los homicidas, los -que causan heridas, los incendiarios y los ladrones están atormentados -sucesivamente en el primer recinto. Un hombre puede haber dirigido su -mano violenta contra sí mismo o contra sus bienes: justo es, pues, -que purgue su culpa en el segundo recinto, sin esperar tampoco mejor -suerte aquel que por su propia voluntad se priva de vuestro mundo, -juega, disipa sus bienes o llora donde debía haber estado alegre y -gozoso. Puede cometer violencia contra la Divinidad el que reniega de -ella y blasfema con el corazón, y el que desprecia la Naturaleza y sus -bondades. He aquí por qué el recinto más pequeño marca con su fuego a -Sodoma y a Cahors, y a todo el que, despreciando a Dios, le injuria -sin hablar, desde el fondo de su corazón. El hombre puede emplear el -fraude que produce remordimientos en todas las conciencias, ya con el -que de él se fía, ya también con el que desconfía de él. Este último -modo de usar del fraude parece que sólo quebranta los vínculos de amor, -que forma la Naturaleza; por esta causa están encadenados en el segundo -recinto los hipócritas, los aduladores, los hechiceros, los falsarios, -los ladrones, los simoníacos, los rufianes, los barateros y todos los -que se han manchado con semejantes e inmundos vicios. Por el primer -fraude no sólo se olvida el amor que establece la Naturaleza, sino -también el sentimiento que le sigue, y de donde nace la confianza: he -aquí por qué, en el círculo menor, donde está el centro de la Tierra y -donde se halla el asiento de Dite, yace eternamente atormentado todo -aquel que ha cometido traición. - -Le dije entonces: - ---Maestro, tus razones son muy claras, y bien me dan a conocer, por -medio de tales divisiones, ese abismo y la muchedumbre que le habita; -pero dime: los que están arrojados en aquella laguna cenagosa, los que -agita el viento sin cesar, los que azota la lluvia, y los que chocan -entre sí lanzando tan estridentes gritos, ¿por qué no son castigados en -la ciudad del fuego, si se han atraído la cólera de Dios? Y si no se la -han atraído, ¿por qué se ven atormentados de tal suerte? - -Me contestó: - ---¿Por qué tu ingenio, contra su costumbre, delira tanto ahora?, ¿o es -que tienes el pensamiento en otra parte? ¿No te acuerdas de aquellas -palabras de la Etica, que has estudiado, en las que se trata de las -tres inclinaciones que el Cielo reprueba: la incontinencia, la malicia -y la loca bestialidad, y de qué modo la incontinencia ofende menos -a Dios y produce menor censura? Si examinas bien esta sentencia, -acordándote de los que sufren su castigo fuera de aquí, conocerás -por qué están separados de esos felones, y por qué los atormenta la -justicia divina, a pesar de demostrarse con ellos menos ofendida. - ---¡Oh Sol, que sanas toda vista conturbada!--exclamé--: tal contento -me das cuando desarrollas tus ideas, que sólo por eso me es tan grato -dudar como saber. Vuelve atrás un momento, y explícame de qué modo -ofende la usura a la bondad divina: desvanece esta duda. - ---La filosofía--me contestó--enseña en más de un punto al que la -estudia, que la Naturaleza tiene su origen en la Inteligencia divina y -en su arte; y si consultas bien tu Física, encontrarás, sin necesidad -de hojear muchas páginas, que el arte humano sigue cuanto puede a -la Naturaleza, como el discípulo a su maestro; de modo que aquél es -casi nieto de Dios. Partiendo, pues, de estos principios, sabrás si -recuerdas bien el Génesis, que es conveniente sacar de la vida la mayor -utilidad, y multiplicar el género humano. El usurero sigue otra vía; -desprecia a la naturaleza y a su secuaz, y coloca su esperanza en otra -parte. Ahora sígueme; que me place avanzar. Los peces suben ya por el -horizonte; el carro se ve hacia aquel punto donde expira Coro, y lejos -de aquí el alto promontorio parece que desciende. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DUODECIMO_ - - -El sitio por donde empezamos a bajar era un paraje alpestre y, a causa -del que allí se hallaba, todas las miradas se apartarían de él con -horror. Como aquellas ruinas, cuyo flanco azota el río Adigio, más acá -de Trento, producidas por un terremoto o por falta de base, que desde -la cima del monte de donde cayeron hasta la llanura, presentan la roca -tan hendida, que ningún paso hallaría el que estuviese sobre ellas, así -era la bajada de aquel precipicio; y en el borde de la entreabierta -sima estaba tendido el monstruo, oprobio de Creta, que fué concebido -por una falsa vaca. Cuando nos vió, se mordió a sí mismo, como aquel a -quien abrasa la ira. Gritóle entonces mi Sabio: - ---¿Por ventura crees que esté aquí el rey de Atenas, que allá arriba, -en el mundo, te dió la muerte? Aléjate, monstruo; que éste no viene -amaestrado por tu hermana, sino con el objeto de contemplar vuestras -penas. - -Como el toro que rompe las ligaduras en el momento de recibir el golpe -mortal, que huír no puede, pero salta de un lado a otro, lo mismo hizo -el Minotauro; y mi prudente Maestro me gritó: - ---Corre hacia el borde; mientras esté furioso, bueno es que desciendas. - -Nos encaminamos por aquel derrumbamiento de piedras, que oscilaban por -primera vez bajo el peso de mi cuerpo. Iba yo pensativo; por lo cual me -dijo: - ---Acaso piensas en estas ruinas, defendidas por aquella ira bestial, -que he disipado. Quiero, pues, que sepas que la otra vez que bajé al -profundo Infierno aun no se habían desprendido estas piedras; pero un -poco antes (si no estoy equivocado) de que viniese aquél que arrebató -a Dite la gran presa del primer círculo, retembló el impuro valle tan -profundamente por todos sus ámbitos, que creí ver al universo sintiendo -aquel amor, por el cual otros creyeron que el mundo ha vuelto más de -una vez a sumirse en el caos; y entonces fué cuando esa antigua roca se -destrozó por tan diversas partes. Pero fija tus miradas en el valle; -pues ya estamos cerca del río de sangre, en el cual hierve todo el que -por medio de la violencia ha hecho daño a los demás. - -¡Oh ciegos deseos! ¡Oh ira desatentada, que nos aguijonea de tal modo -en nuestra corta vida, y así nos sumerge en sangre hirviente por toda -una eternidad! Vi un ancho foso en forma circular, como la montaña que -rodea toda la llanura, según me había dicho mi Guía, y entre el pie de -la roca y este foso corrían en fila muchos centauros armados de saetas, -del mismo modo que solían ir a cazar por el mundo. Al vernos descender, -se detuvieron, y tres de ellos se separaron de la banda, preparando sus -arcos y escogiendo antes sus flechas. Uno de ellos gritó desde lejos: - ---¿Qué tormento os está reservado a vosotros los que bajáis por esa -cuesta? Decidlo desde donde estáis, porque si no, disparo mi arco. - -Mi Maestro respondió: - ---Contestaremos a Quirón, cuando estemos cerca. Tus deseos fueron -siempre por desgracia muy impetuosos. - -Después me tocó y me dijo: - ---Ese es Neso, el que murió por la hermosa Deyanira, y vengó por sí -mismo su muerte; el de enmedio, que inclina la cabeza sobre el pecho, -es el gran Quirón, que educó a Aquiles; el otro es el irascible Foló. -Alrededor del foso van a millares, atravesando con sus flechas a toda -alma que sale de la sangre más de lo que le permiten sus culpas. - -Nos fuimos aproximando a aquellos ágiles monstruos: Quirón cogió -una flecha, y con el regatón apartó las barbas hacia detrás de sus -quijadas. Cuando se descubrió la enorme boca, dijo a sus compañeros: - ---¿Habéis observado que el de detrás mueve cuanto toca? Los pies de los -muertos no suelen hacer eso. - -Y mi buen Maestro, que estaba ya junto a él, y le llegaba al pecho, -donde las dos naturalezas se unen, repuso: - ---Está en efecto vivo, y yo sólo debo enseñarle el sombrío valle: viene -a él por necesidad, y no por distracción. La que me ha encomendado este -nuevo oficio, ha cesado por un momento de cantar "aleluya." No es él un -ladrón, ni yo un alma criminal. Pero por aquella virtud que dirige mis -pasos en un camino tan salvaje, cédeme uno de los tuyos para que nos -acompañe, que nos indique un punto vadeable y lleve a éste sobre sus -ancas, pues no es espíritu que vaya por el aire. - -Quirón se volvió hacia la derecha, y dijo a Neso: - ---Vé, guíales; y si tropiezan con algún grupo de los nuestros, haz que -les abran paso. - -Nos pusimos en marcha, tan fielmente escoltados, hacia lo largo de -las orillas de aquella roja espuma, donde lanzaban horribles gritos -los ahogados. Los vi sumergidos hasta las cejas, por lo que el gran -Centauro dijo: - ---Esos son los tiranos, que vivieron de sangre y de rapiña. Aquí -se lloran las desapiadadas culpas: aquí está Alejandro, y el feroz -Dionisio, que tantos años de dolor hizo sufrir a la Sicilia. Aquella -frente que tiene el cabello tan negro es la de Azzolino, y la otra -que lo tiene rubio es la de Obezzo de Este, que verdaderamente fué -asesinado en el mundo por su hijastro. - -Entonces me volví hacia el Poeta, el cual me dijo: - ---Sea éste ahora tu primer guía; yo seré el segundo. - -Algo más lejos se detuvo el Centauro sobre unos condenados, que -parecían sacar fuera de aquel hervidero su cabeza hasta la garganta, y -nos mostró una sombra que estaba separada de las demás, diciendo: - -Aquél hirió, en recinto sagrado, a un corazón, que aún se ve honrado en -las orillas del Támesis.[11] - - [11] Guido de Montfort. Para vengar la muerte de Simón, su - padre, muerto en Inglaterra por Eduardo, asesinó en 1271, en - una iglesia de Viterbo, a Enrique, hermano de aquél, mientras - el sacerdote elevaba la hostia. El corazón del asesinado fué - llevado en una copa a Londres, y colocado sobre una columna en - el puente del Támesis, para recordar a los ingleses la ofensa - que se les había hecho. - -Después vi otras sombras que sacaban la cabeza fuera del río, y algunas -todo el pecho, y reconocí a muchos de ellos. Como la sangre iba -disminuyendo poco a poco, hasta no cubrir más que el pie, vadeamos el -foso. - ---Quiero que creas--me dijo el Centauro--que así como ves disminuir -la corriente por esta parte, por la otra es su fondo cada vez mayor, -hasta que llega a reunirse en aquel punto donde la tiranía está -condenada a gemir. Allí es donde la justicia divina ha arrojado a -Atila, que fué su azote en la tierra; a Pirro, a Sexto, y eternamente -arranca lágrimas, con el hervor de esa sangre, a Renato de Corneto y a -Renato Pazzo, que tanto daño causaron en los caminos. - -Dicho esto, se volvió y repasó el vado. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMOTERCIO_ - - -No había llegado aún Neso a la otra parte, cuando penetramos en un -bosque, que no estaba surcado por ningún sendero. El follaje no era -verde, sino de un color obscuro; las ramas no eran rectas, sino nudosas -y entrelazadas; no había frutas, sino espinas venenosas. No son tan -ásperas y espesas las selvas donde moran las fieras, que aborrecen los -sitios cultivados entre el Cecina y Corneto. Allí anidan las brutales -Arpías, que arrojaron a los Troyanos de las Estrofades con el triste -presagio de un mal futuro. Tienen alas anchas, cuellos y rostros -humanos, pies con garras, y el vientre cubierto de plumas: subidas en -los árboles, lanzan extraños lamentos. - -Mi buen Maestro empezó a decirme: - ---Antes de avanzar más, debes saber que te encuentras en el segundo -recinto, por el cual continuarás hasta que llegues a los terribles -arenales. Por tanto, mira con atención; y de este modo verás cosas, que -darán testimonio de mis palabras. - -Por todas partes oía yo gemidos, sin ver a nadie que los exhalara; por -eso me detuve todo atemorizado. Creo que él creyó que yo creía que -aquellas voces eran de gente que se ocultaba de nosotros entre la -espesura; y así me dijo mi Maestro: - ---Si rompes cualquier ramita de una de esas plantas, verás trocarse tus -pensamientos. - -Entonces extendí la mano hacia delante, cogí una ramita de un gran -endrino, y su tronco exclamó: - ---¿Por qué me tronchas? - -Inmediatamente se tiñó de sangre, y volvió a exclamar: - ---¿Por qué me desgarras? ¿No tienes ningún sentimiento de piedad? -Hombres fuimos, y ahora estamos convertidos en troncos: tu mano debería -haber sido más piadosa, aunque fuéramos almas de serpientes. - -Cual de verde tizón que, encendido por uno de sus extremos, gotea y -chilla por el otro, a causa del aire que le atraviesa, así salían de -aquel tronco palabras y sangre juntamente; lo que me hizo dejar caer la -rama, y detenerme como hombre acobardado. - ---Alma herida--respondió mi Sabio--; si él hubiera podido creer, -desde luego, que era verdad lo que ha leído en mis versos, no habría -extendido su mano hacia ti: el ser una cosa tan increíble me ha -obligado a aconsejarle que hiciese lo que ahora me está pesando. Pero -dile quién fuiste, a fin de que, en compensación, renueve tu fama en el -mundo, donde le es lícito volver. - -El tronco respondió: - ---Me halagas tanto con tus dulces palabras, que no puedo callar: -no llevéis a mal que me entretenga un poco hablando con vosotros. -Yo soy aquél[12] que tuvo las dos llaves del corazón de Federico, -manejándolas tan suavemente para cerrar y abrir, que a casi todos -aparté de su confianza, habiéndome dedicado con tanta fe a aquel -glorioso cargo, que perdí el sueño y la vida. La cortesana que no -ha separado nunca del palacio de César sus impúdicos ojos, peste -común y vicio de las cortes, inflamó contra mí todos los ánimos, y -los inflamados inflamaron a su vez y de tal modo a Augusto, que mis -dichosos honores se trocaron en triste duelo. Mi alma, en un arranque -de indignación, creyendo librarse del oprobio por medio de la muerte, -me hizo injusto contra mí mismo, siendo justo. Os juro, por las tiernas -raíces de este leño, que jamás fuí desleal a mi señor, tan digno de -ser honrado. Y si uno de vosotros vuelve al mundo, restaure en él mi -memoria, que yace aún bajo el golpe que le asestó la envidia. - - [12] Pedro Desvignes, o Pedro della Vigna, jurisconsulto - de Capua; gozó por mucho tiempo el favor del emperador - Federico II, de quien era canciller y a quien inclinaba lo - mismo a la clemencia que a la severidad. Acusado de traición - por envidiosos cortesanos, le sacaron los ojos en 1246. Su - desesperación fué tal que se estrelló la cabeza contra los - muros de su calabozo. - -El poeta esperó un momento, y después me dijo: - ---Pues que calla, no pierdas el tiempo: habla y pregúntale, si quieres -saber más. - -Yo le contesté: - ---Interrógale tú mismo lo que creas que me interese, pues yo no podría: -tanto es lo que me aflige la compasión. - -Por lo cual volvió él a empezar de este modo: - ---A fin de que este hombre haga generosamente lo que tu súplica -reclama, espíritu encarcelado, dígnate aún decirnos cómo se encierra el -alma en esos nudosos troncos, y dime además, si puedes, si hay alguna -que se desprenda de tales miembros. - -Entonces el tronco suspiró, y aquel resoplido se convirtió en esta voz: - ---Os contestaré brevemente: cuando el alma feroz sale del cuerpo de -donde se ha arrancado ella misma, Minos la envía al séptimo círculo. -Cae en la selva, sin que tenga designado sitio fijo, y allí donde la -lanza la fortuna, germina cual grano de espelta. Brota primero como -un retoño, y luego se convierte en planta silvestre: las Arpías, al -devorar sus hojas, le causan dolor, y abren paso por donde ese dolor -se exhale. Como las demás almas, iremos a recoger nuestros despojos; -pero sin que ninguna de nosotras pueda revestirse con ellos, porque no -sería justo volver a tener lo que uno se ha quitado voluntariamente. -Los arrastraremos hasta aquí; y en este lúgubre bosque estará cada uno -de nuestros cuerpos suspendido en el mismo endrino donde sufre tal -tormento su alma. - -Prestábamos aún atención a aquel tronco, creyendo que añadiría algo -más, cuando fuimos sorprendidos por un rumor, a la manera del que -siente venir el jabalí y los perros hacia el sitio donde está apostado, -que juntamente oye el ruido de las fieras y el fragor del ramaje. Y -he aquí que aparecen a nuestra izquierda dos infelices, desnudos y -lacerados, huyendo tan precipitadamente, que rompían todas las ramas -de la selva. El de delante: "¡Acude, acude, muerte!," decía; y el -otro, que no corría tanto: "Lano, tus piernas no eran tan ágiles en el -combate del Toppo." Y sin duda, faltándole el aliento, hizo un grupo de -sí y de un arbusto. - -Detrás de ellos estaba la selva llena de perras negras, ávidas y -corriendo cual lebreles a quienes quitan su cadena. Empezaron a dar -terribles dentelladas a aquél que se ocultó, y después de despedazarle, -se llevaron sus miembros palpitantes. Mi Guía me tomó entonces de -la mano, y llevóme hacia el arbusto, que en vano se quejaba por sus -sangrientas heridas: - ---¡Oh, Jacobo de San Andrés!--decía--. ¿De qué te ha servido tomarme -por refugio? ¿Tengo yo la culpa de tu vida criminal? - -Cuando mi Maestro se detuvo delante de aquel arbusto, dijo: - ---¿Quién fuiste tú que por tantas ramas rotas exhalas con tu sangre tan -quejumbrosas palabras? - -A lo que contestó: - ---¡Oh, almas, que habéis venido a contemplar el lamentable estrago -que me ha separado así de mis hojas!, recogedlas al pie del triste -arbusto. Yo fuí de la ciudad que cambió su primer patrón por San Juan -Bautista;[13] por cuya razón aquél la contristará siempre con su -terrible arte: y a no ser porque en el puente del Arno se conserva -todavía alguna imagen suya, fuera en vano todo el trabajo de aquellos -ciudadanos que la reedificaron sobre las cenizas que de ella dejó -Atila. Yo de mi casa hice mi propia horca. - - [13] Florencia, cuyo antiguo patrón era el dios Marte. - Su estatua ecuestre se conservaba aún en 1337 en el - Ponte-Vecchio, de donde la arrancó, juntamente con un trozo - del puente, una avenida del Arno. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMOCUARTO_ - - -Enternecido por el amor patrio, reuní las hojas dispersas, y las -devolví a aquel que ya se había callado. Desde allí nos dirigimos al -punto en que se divide el segundo recinto del tercero, y donde se ve -el terrible poder de la justicia divina. Para explicar mejor las cosas -nuevas que allí vi, diré que llegamos a un arenal, que rechaza toda -planta de su superficie. La dolorosa selva lo rodeaba cual guirnalda, -así como el sangriento foso circundaba a aquélla. Nuestros pies -quedaron fijos en el mismo lindero de la selva y la llanura. El espacio -estaba cubierto de una arena tan árida y espesa, como la que oprimieron -los pies de Catón en otro tiempo. ¡Oh venganza de Dios! ¡Cuánto debe -temerte todo aquél que lea lo que se presentó a mis ojos! Vi numerosos -grupos de almas desnudas, que lloraban miserablemente, y parecían -cumplir sentencias diversas. Unas yacían de espaldas sobre el suelo; -otras estaban sentadas en confuso montón; otras andaban continuamente. -Las que daban la vuelta al círculo eran más numerosas, y en menor -número las que yacían para sufrir algún tormento; pero éstas tenían -la lengua más suelta para quejarse. Llovían lentamente en el arenal -grandes copos de fuego, semejantes a los de nieve que en los Alpes caen -cuando no sopla el viento. Así como Alejandro vió en las ardientes -comarcas de la India caer sobre sus soldados llamas, que quedaban en el -suelo sin extinguirse, lo que le obligó a ordenar a las tropas que las -pisaran, porque el incendio se apagaba mejor cuanto más aislado estaba, -así descendía el fuego eterno, abrasando la arena, como abrasa a la -yesca el pedernal, para redoblar el dolor de las almas. Sus míseras -manos se agitaban sin reposo, apartando a uno y otro lado las brasas -continuamente renovadas. Yo empecé a decir: - ---Maestro, tú que has vencido todos los obstáculos, a excepción del que -nos opusieron los demonios inflexibles a la puerta de la ciudad, dime, -¿quién es aquella gran sombra, que no parece cuidarse del incendio, y -yace tan feroz y altanera, como si no la martirizara esa lluvia? - -Y la sombra, observando que yo hablaba de ella a mi Guía, gritó: - ---Tal cual fuí en vida, soy después de muerto. Aun cuando Júpiter -cansara a su herrero, de quien tomó en su cólera el agudo rayo que me -hirió el último día de mi vida; aun cuando fatigara uno tras otro a -todos los negros obreros del Mongibelo, gritando: "Ayúdame, ayúdame, -buen Vulcano," según hizo en el combate de Flegra, y me asaeteara con -todas sus fuerzas, no lograría vengarse de mí cumplidamente. - -Entonces mi Guía habló con tanta vehemencia, que nunca yo lo había oído -expresarse de aquel modo: - ---¡Oh! Capaneo, si no se modera tu orgullo, él será tu mayor castigo. -No hay martirio comparable al dolor que te hace sufrir tu rabia. - -Después se dirigió a mí, diciendo con acento más apacible: - ---Ese fué uno de los siete reyes que sitiaron a Tebas; despreció a -Dios, y aun parece seguir despreciándole, sin que se note que le -ruegue; pero, como le he dicho, su mismo despecho es el más digno -premio debido a su corazón. Ahora, sígueme, y cuida de no poner tus -pies sobre la abrasada arena; camina siempre arrimado al bosque. - -Llegamos en silencio al sitio donde desemboca fuera de la selva un -riachuelo, cuyo rojo color aún me horripila. Cual sale del Bulicame[14] -el arroyo, cuyas aguas se reparten las pecadoras, así corría aquel -riachuelo por la arena. Las orillas y el fondo estaban petrificados, -por lo que pensé que por ellas debía andar. - - [14] Manantial de aguas minerales calientes, a dos millas - de Viterbo. De él salía un riachuelo con el cual se formaba - un baño, al que acudían toda clase de enfermos, y más abajo - tomaban y se repartían sus aguas le peccatrici, las mujeres - públicas. - ---Entre todas las cosas que te he enseñado, desde que entramos por la -puerta en cuyo umbral puede detenerse cualquiera, tus ojos no han visto -otra tan notable como esa corriente, que amortigua todas las llamas. - -Tales fueron las palabras de mi Guía; por lo que le supliqué se -explicase más claramente, ya que había excitado mi curiosidad. - ---En medio del mar existe un país arruinado--me dijo entonces--, que se -llama Creta, y tuvo un rey, bajo cuyo imperio el mundo fué virtuoso: -en él hay un monte, llamado Ida, que en otro tiempo fué delicioso por -sus aguas y su frondosidad, y hoy está desierto, como todas las cosas -antiguas. Rea lo escogió por cuna segura de su hijo; y para ocultarlo -mejor, cuando lloraba, hacía que se produjesen grandes ruidos. En el -interior del monte se mantiene en pie un gran anciano, que está de -espaldas hacia Damieta, con la mirada fija en Roma como en un espejo. -Su cabeza es formada de oro fino, y de plata pura son los brazos y el -pecho; después es de bronce hasta la entrepierna, y de allí para abajo, -es todo de hierro escogido, excepto el pie derecho, que es de barro -cocido, y se afirma sobre éste más que sobre el otro. Cada parte, menos -la formada de oro, está surcada por una hendedura que mana lágrimas, -las cuales, reunidas, agujeran aquel monte. Su curso se dirige hacia -este valle, de roca en roca, formando el Aqueronte, la Estigia y el -Flegetón; después descienden por este estrecho conducto, hasta el punto -donde no se puede bajar más, y allí forman el Cocito: ya verás lo que -es este lago; por eso no te lo describo ahora. - -Yo le contesté: - ---Si ese riachuelo se deriva así de nuestro mundo, ¿por qué se deja ver -únicamente al margen de este bosque? - -Y él a mí: - ---Tú sabes que este lugar es redondo, y aunque hayas andado mucho, -descendiendo siempre al fondo por la izquierda, no has dado aún la -vuelta a todo el círculo; por lo cual, si se te aparece alguna cosa -nueva, no debe pintarse la admiración en tu rostro. - -Le repliqué: - ---Maestro, ¿dónde están el Flegetón y el Leteo? Del uno no dices nada, -y del otro sólo me dices que lo origina esa lluvia de lágrimas. - ---Me agradan todas tus preguntas--contestó--: pero el hervor de esa -agua roja debiera haberte servido de contestación a una de ellas. -Verás el Leteo; pero fuera de este abismo, allá donde van las almas a -lavarse, cuando, arrepentidas de sus culpas, les son perdonadas. - -Después añadió: - ---Ya es tiempo de que nos apartemos de este bosque; procura venir -detrás de mí: sus márgenes nos ofrecen un camino; pues no son -ardientes, y sobre ellas se extinguen todas las brasas. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMOQUINTO_ - - -Nos pusimos en marcha siguiendo una de aquellas orillas petrificadas: -el vapor del arroyuelo formaba sobre él una niebla, que preservaba del -fuego las ondas y los ribazos. Así como los flamencos que habitan entre -Gante y Brujas, temiendo al mar que avanza hacia ellos, levantan diques -para contenerle; o como los Paduanos lo hacen a lo largo del Brenta -para defender sus ciudades y castillos, antes que el Chiarentana sienta -el calor, de un modo semejante eran formados aquellos ribazos; pero su -constructor, quienquiera que fuese, no los había hecho tan altos ni tan -gruesos. - -Nos hallábamos ya tan lejos de la selva, que no me habría sido posible -descubrirla, por más que volviese atrás la vista, cuando encontramos -una legión de almas, que venía a lo largo del ribazo: cada cual de -ellas me miraba, como de noche suelen mirarse unos a otros los humanos -a la escasa luz de la luna nueva, y aguzaban hacia nosotros las -pestañas, como hace un sastre viejo para enfilar la aguja. - -Examinado de este modo por aquellas almas, fuí conocido por una de -ellas, que me cogió el vestido, exclamando: - ---¡Qué maravilla! - -Y yo, mientras me tendía los brazos, miré atentamente su abrasado -rostro, de tal modo que, a pesar de estar desfigurado, no me fué -imposible conocerle a mi vez; e inclinando hacia su faz la mía contesté: - ---¿Vos aquí, "ser" Brunetto? - -Y él repuso: - ---¡Oh hijo mío!, no te enojes si Brunetto Latini vuelve un poco atrás -contigo, y deja que se adelanten las demás almas. - -Yo le dije: - ---Os lo ruego cuanto me es posible; y si queréis que nos sentemos, lo -haré, si así le place a éste con quien voy. - ---¡Oh hijo mío!--replicó--; cualquiera de nosotros que se detenga un -momento, queda después cien años sufriendo esta lluvia, sin poder -esquivar el fuego que le abrasa. Así, pues, sigue adelante; yo caminaré -a tu lado, y luego me reuniré a mi mesnada, que va llorando sus eternos -tormentos. - -No me atreví a bajar del ribazo por donde iba para nivelarme con él; -pero tenía la cabeza inclinada, en actitud respetuosa. Empezó de este -modo: - ---¿Cuál es la suerte o el destino que te trae aquí abajo antes de tu -última hora? ¿Y quién es ése que te enseña el camino? - ---Allá arriba, en la vida serena--le respondí--, me extravié en un -valle antes de haberse llenado mi edad. Pero ayer de mañana le volví la -espalda; y cuando retrocedía otra vez hacia él, se me apareció ése, y -me volvió al verdadero camino por esta vía. - -A lo que me contestó: - ---Si sigues tu estrella, no puedes menos de llegar a glorioso puerto, -dado que yo en el mundo predijera bien tu destino. Y a no haber muerto -tan pronto, viendo que el cielo te era tan favorable, te habría dado -alientos para proseguir tu obra. Pero aquel pueblo ingrato y malo, -que en otro tiempo descendió de Fiésole, y que aun conserva algo de -la aspereza de sus montañas y de sus rocas, será tu enemigo, por lo -mismo que prodigarás el bien; lo cual es natural, pues no conviene que -madure el dulce higo entre ásperos serbales. Una antigua fama les da en -el mundo el nombre de ciegos; raza avara, envidiosa y soberbia: ¡que -sus malas costumbres no te manchen nunca! La fortuna te reserva tanto -honor, que los dos partidos anhelarán poseerte; pero la hierba estará -lejos del pico. Hagan las bestias fiesolanas forraje de sus mismos -cuerpos, y no puedan tocar a la planta, si es que todavía sale alguna -de entre su estiércol, en la que reviva la santa semilla de aquellos -romanos que quedaron después de construído aquel nido de perversidad. - ---Si todos mis deseos se hubiesen realizado--le respondí--, no -estaríais vos fuera de la humana naturaleza; porque tengo siempre fija -en mi mente, y ahora me contrista verla así, vuestra querida, buena y -paternal imagen, cuando me enseñabais en el mundo cómo el hombre se -inmortaliza: me creo, pues, en el deber, mientras viva, de patentizar -con mis palabras el agradecimiento que os profeso. Conservo grabado -en la memoria cuanto me referís acerca de mi destino, para hacerlo -explicar con otro texto por una Dama que lo sabrá hacer, si consigo -llegar hasta ella. Solamente deseo manifestaros que estoy dispuesto a -correr todos los azares de la Fortuna con tal que mi conciencia no me -remuerda nada. No es la vez primera que he oído semejante predicción; y -así, mueva su rueda la Fortuna como le plazca, y el campesino su azada. - -Entonces mi Maestro se volvió hacia la derecha, me miró, y después me -dijo: - ---Bien escucha quien bien retiene. - -No por eso dejé de seguir hablando con "ser" Brunetto; y preguntándole -quiénes eran sus más notables y eminentes compañeros, me contestó: - ---Bueno es que conozcan los nombres de algunos de ellos: con respecto -a los otros, vale más callar; que para tanta conversación el tiempo -es corto. Sabe, pues, que todos ellos fueron clérigos y literatos de -gran fama, y el mismo pecado los contaminó a todos en el mundo. Con -aquella turba desolada va Prisciano, como también Francisco de Accorso; -y si desearas conocer a tan inmunda caterva, podrías ver a aquel -que por el Siervo de los siervos de Dios fué trasladado del Arno al -Bacchiglione,[15] donde dejó sus mal extendidos miembros. Más te diría; -pero no puedo avanzar ni hablar más, porque ya veo salir nuevo humo de -la arena. Vienen almas con las cuales no debo estar. Te recomiendo mi -"Tesoro,"[16] en el que aún vive mi memoria, y no pido nada más. - - [15] Andrés de Mozzi, que fué desposeído del obispado de - Florencia a causa de sus vicios, y trasladado después al de - Vicenza, por donde pasa el Bacchiglione. - - [16] Título de la obra principal de Brunetto Latini, escrita - en francés. El "Tesoro" fué publicado en su lengua original - por Chabaille (París, 1863), y traducido al italiano por Bono - Giamboni (Bolonia, 1878-83, 4 vols.). - -Después se volvió con los otros, del mismo modo que los que, en la -campiña de Verona, disputan a la carrera el palio verde, pareciéndose -en el correr a los que vencen y no a los vencidos. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMOSEXTO_ - - -Encontrábame ya en un sitio donde se oía el rimbombar del agua que -caía en el otro recinto, rumor semejante al zumbido que producen las -abejas en sus colmenas, cuando a un tiempo y corriendo se separaron -tres sombras de entre una multitud que pasaba sobre la lluvia del -áspero martirio. Vinieron hacia nosotros, gritando cada cual: "Detente, -tú, que, a juzgar por tus vestidos, eres hijo de nuestra depravada -tierra." ¡Ah!, ¡qué de llagas antiguas y recientes vi en sus miembros, -producidas por las llamas! Su recuerdo me contrista todavía. A sus -gritos se detuvo mi Maestro; volvió el rostro hacia mí, y me dijo: - ---Espera aquí si quieres ser cortés con esos; aunque si no fuese por el -fuego que lanza sus rayos sobre este lugar, te diría que, mejor que a -ellos la prisa de venir, te estaría a ti la de correr a su encuentro. - -Las sombras volvieron de nuevo a sus exclamaciones luego que nos -detuvimos, y cuando llegaron adonde estábamos, empezaron las tres a -dar vueltas formando un círculo. Y como solían hacer los gladiadores -desnudos y untados de aceite, que antes de venir a las manos buscaba -cada cual la oportunidad de lanzarse con ventaja sobre su contrario, -del mismo modo cada una de aquellas sombras dirigía su rostro hacia mí, -girando sin cesar, de suerte que tenían vuelto el cuello en distinta -dirección de la que seguían sus pies. - ---Aunque la miseria de este suelo movedizo y nuestro llagado y sucio -aspecto haga que nosotros y nuestros ruegos seamos despreciables, -comenzó a decir una de ellas, nuestra fama debe incitar a tu corazón a -decirnos quién eres tú, que sientas con tal seguridad los pies vivos -en el Infierno. Este que ves tan desnudo y destrozado, y cuyas huellas -voy siguiendo, fué de un rango mucho más elevado de lo que te figuras. -Nieto fué de la púdica Gualdrata,[17] se llamó Guido Guerra, y durante -su vida hizo tanto con su talento, como con su espada: el otro, que -tras de mí oprime la arena, es Tegghiaio Aldobrandi, cuya voz debería -ser agradecida en el mundo; y yo, que sufro el mismo tormento que -ellos, fuí Jacobo Rusticucci, y por cierto que nadie me causó más daño -que mi fiera mujer. - - [17] Bellísima y honesta doncella, hija de Bellicion Berti, la - cual, al mostrarse el emperador Otón IV deseoso de besarla, - se volvió hacia su padre diciendo: "Nadie me ha da besar, - excepto aquel a quien dé la mano de esposa." Se casó con el - conde Guido, de familia germánica, del cual descendieron los - condes Guidi, señores de Casentino. De este matrimonio nació - Marcovaldo, que fué padre de Guido Guerra, valiente caballero - y hombre de gran prudencia y talento, a quien se debió la - victoria en la batalla de Benavento. - -Si hubiese podido estar al abrigo del fuego, me habría lanzado hacia -los de abajo, y creo que mi Maestro lo hubiera tolerado; pero como -estaba expuesto a abrasarme y cocerme, el miedo venció la buena -intención que me impelía a abrazarlos. Así les dije: - ---Vuestra situación no me ha inspirado desprecio, sino un dolor que -tardará en desaparecer; esto es lo que he sentido desde el momento -que mi Señor me dijo algunas palabras, por las cuales comprendí que -era gente de vuestra calidad la que hacia nosotros venía. De vuestra -tierra soy; y siempre he retenido y escuchado con gusto vuestros actos -y vuestros honrados nombres. Dejo las amarguras, y voy en busca de los -sabrosos frutos que me ha prometido mi sincero Guía; pero antes me es -preciso bajar hasta el centro. - ---Así tu alma permanezca unida a tus miembros por mucho tiempo--repuso -aquél--, y así también resplandezca tu fama después de la muerte, -ruégote nos digas si la gentileza y el valor habitan aún en nuestra -ciudad, como solían, o si se han desterrado por completo; porque -Guillermo Borsiere, que gime hace poco tiempo entre nosotros, y va allí -con los demás compañeros, nos atormenta con sus relatos. - ---¡Los advenedizos y las rápidas fortunas han engendrado en ti, -Florencia, tanto orgullo e inmoderación, que tú misma te lamentas ya -por esa causa! - -Así exclamé con el rostro levantado; y las tres sombras, oyendo esta -respuesta, se miraron mutuamente, como cuando se oyen cosas que se -tienen por verdaderas. - ---¡Si tan poco te cuesta en otras ocasiones satisfacer las preguntas de -cualquiera--respondieron todos--, dichoso tú que dices lo que sientes! -Mas, si sales de estos lugares, obscuros, y vuelves a ver las hermosas -estrellas, cuando te plazca decir: "Estuve allí," haz que los hombres -hablen de nosotros. - -En seguida rompieron el círculo, y huyeron tan de prisa, que sus -piernas parecían alas. No podría decirse "amén" tan pronto como ellos -desaparecieron: por lo cual mi Maestro determinó que nos fuésemos. Yo -le seguía, y a los pocos pasos advertí que el ruido del agua estaba -tan próximo, que aun hablando alto apenas nos hubieran oído. Como -aquel río que sigue su propio curso desde el monte Veso hacia levante -por la izquierda del Apenino, el cual se llama Acquacheta antes de -precipitarse en un lecho más bajo, y perdiendo este nombre en Forli, y -formando después una cascada, ruge sobre San Benedetto en los Alpes, -donde un millar de hombres debiera hallar su retiro, así en la parte -inferior de una roca escarpada, oímos resonar tan fuertemente aquella -agua teñida de sangre, que me habría hecho ensordecer en poco tiempo. -Tenía yo una cuerda ceñida al cuerpo, con la cual había esperado -apoderarme de la pantera de pintada piel: cuando me la desaté, según -me lo había ordenado mi Guía, se la presenté arrollada y replegada: -entonces se volvió hacia la derecha, y desde una distancia considerable -de la orilla, la arrojó en aquel abismo profundo. "Preciso es, decía -yo entre mí, que alguna novedad responda a esa nueva señal, cuyo -efecto espera con tanta atención mi Maestro." ¡Oh!; ¡qué circunspectos -deberían ser los hombres ante los que, no solamente ven sus actos, sino -que, con la inteligencia, leen en el fondo de su pensamiento! Mi Guía -me dijo: - ---Pronto vendrá de arriba lo que espero, y pronto también es preciso -que descubran tus ojos lo que tu pensamiento no ve con claridad. - -El hombre debe, siempre que pueda, cerrar sus labios antes de decir una -verdad, que tenga visos de mentira; porque se expone a avergonzarse sin -tener culpa. Pero ahora no puedo callarme, y te juro, ¡oh lector!, por -los versos de esta comedia, a la que deseo la mayor aceptación, que vi -venir nadando por el aire denso y obscuro una figura, que causaría -espanto al corazón más entero; la cual se asemejaba al buzo que vuelve -del fondo adonde bajó acaso a desprender el ancla que está afianzada a -un escollo, u otro cualquier objeto escondido en el mar, y que extiende -hacia arriba los brazos, al mismo tiempo que encoge sus piernas. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMOSEPTIMO_ - - -He ahí la fiera de aguzada cola, que traspasa las montañas, y rompe los -muros y las armas: he ahí la que corrompe al mundo entero. - -Así empezó a hablarme mi Maestro, e hizo a aquélla una seña, -indicándole que se dirigiera hacia la margen de piedra donde nos -encontrábamos. Y aquella inmunda imagen del fraude, llegó a nosotros, y -adelantó la cabeza y el cuerpo, pero no puso la cola sobre la orilla. -Su rostro era el de un varón justo, tan bondadosa era su apariencia -exterior, y el resto del cuerpo el de una serpiente. Tenía dos garras -llenas de vello hasta los sobacos, y la espalda, el pecho y los -costados salpicados de tal modo de lazos y escudos, que no ha habido -tela turca ni tártara tan rica en colores, no pudiendo compararse -tampoco a aquéllos los de las telas de Aracnea. Como se ven muchas -veces las barcas en la orilla, mitad en el agua y mitad en tierra, o -como en el país de los glotones tudescos el castor se prepara a hacer -la guerra a los peces, así la detestable fiera se mantenía sobre el -cerco de piedra que circunda la arenosa llanura, agitando su cola -en el vacío, y levantando el venenoso dardo de que tenía armada su -extremidad, como la de un escorpión. Mi Guía me dijo: - ---Ahora conviene que dirijamos nuestros pasos hacia la perversa fiera -que allí está tendida. - -Por lo cual descendimos por la derecha, y dimos diez pasos sobre la -extremidad del margen, procurando evitar la arena abrasada y las -llamas: cuando llegamos donde la fiera se encontraba, vi a corta -distancia sobre la arena mucha gente sentada al borde del abismo. Allí -me dijo mi Maestro: - ---A fin de que adquieras una completa experiencia de lo que es este -recinto, anda y examina la condición de aquellas almas, pero que sea -corta tu conferencia. Mientras vuelves, hablaré con esta fiera, para -que nos preste sus fuertes espaldas. - -Continué, pues, andando solo hasta el extremo del séptimo círculo, -donde gemían aquellos desgraciados. El dolor brotaba de sus ojos, -mientras acá y allá se defendían con las manos, ya de las pavesas, ya -de la candente arena, como los perros, en el estío, rechazan con las -patas o con el hocico las pulgas, moscas o tábanos, que les molestan. -Mirando atentamente el rostro de muchos de aquellos a quienes azota -el doloroso fuego, no conocí a ninguno; pero observé que del cuello -de cada cual pendía una bolsa de cierto color, marcada con un signo, -en cuya contemplación parecían deleitarse sus miradas. Aproximándome -más para examinar mejor, vi en una bolsa amarilla una figura azul, que -tenía toda la apariencia de un león. Después, prosiguiendo el curso de -mis observaciones, vi otra, roja como la sangre, que ostentaba una oca -más blanca que la leche. Uno de ellos, en cuya bolsa blanca figuraba -una puerca preñada, de color azul, me dijo: - ---¿Qué haces en esta fosa? Véte; y puesto que aún vives, sabe que mi -vecino Vitaliano debe sentarse aquí a mi izquierda. Yo soy paduano, -en medio de estos florentinos, que muchas veces me atruenan los oídos -gritando: "Venga el caballero soberano, que llevará la bolsa con los -tres picos." - -Después torció la boca, y sacó la lengua como el buey que se lame las -narices. Y yo, temiendo que mi tardanza incomodase a aquél que me -había encargado que estuviera allí poco tiempo, volví la espalda a tan -miserables almas. Encontré a mi Guía, que había saltado ya sobre la -grupa del feroz animal, y me dijo: - ---Ahora sé fuerte y atrevido. Por aquí no se baja sino por escaleras de -esta clase: monta delante; quiero quedarme entre ti y la cola, a fin de -que ésta no pueda hacerte daño alguno. - -Al oír estas palabras, me quedé como aquel que, presintiendo el frío de -la cuartana, tiene ya las uñas pálidas, y tiembla con todo su cuerpo -tan sólo al mirar la sombra; pero su sentido amenazador me produjo la -vergüenza que da ánimo a un servidor delante de un buen amo. Me coloqué -sobre las anchas espaldas de la fiera, y quise decir: "Ten cuidado de -sostenerme;" pero, contra lo que esperaba, me faltó la voz; si bien él, -que ya anteriormente me había socorrido en todos los peligros, apenas -monté, me estrechó y me sostuvo entre sus brazos. Después dijo: - ---Gerión, ponte ya en marcha, trazando anchos círculos y descendiendo -lentamente: piensa en la nueva carga que llevas. - -Aquel animal fué retrocediendo como la barca que se aleja de la orilla, -y cuando sintió todos sus movimientos en libertad, revolvió la cola -hacia donde antes tenía el pecho, y extendiéndola, la agitó como -una anguila, atrayéndose el aire con las garras. No creo que Faetón -tuviera tanto miedo, cuando abandonó las riendas, por lo cual se -abrasó el cielo, como se puede ver todavía; ni el desgraciado Icaro, -cuando, derritiéndose la cera, sintió que las alas se desprendían de su -cintura, al mismo tiempo que su padre le gritaba: "Mal camino llevas," -como el que yo sentí, al verme en el aire por toda partes, y alejado -de mi vista todo, excepto la fiera. Esta empezó a marchar, nadando -lentamente, girando y descendiendo; pero yo no podía apercibirme -más que del viento que sentía en mi rostro y en la parte inferior -de mi cuerpo. Empecé a oír hacia la derecha el horrible estrépito -que producían las aguas en el abismo; por lo cual incliné la cabeza -y dirigí mis miradas hacia abajo, causándome un gran miedo aquel -precipicio; porque vi llamas y percibí lamentos, que me obligaron a -encogerme tembloroso. Entonces observé, pues no lo había reparado -antes, que descendíamos dando vueltas, como me lo hizo notar la -proximidad de los grandes dolores, amontonados por doquier en torno -nuestro. Como el halcón, que ha permanecido volando largo tiempo sin -ver reclamo ni pájaro alguno, hace exclamar al halconero: "¡Eh! ¿Ya -bajas?," y efectivamente desciende cansado de las alturas donde trazaba -cien rápidos círculos, posándose lejos del que lo amaestró, desdeñoso -e iracundo, así nos dejó Gerión en el fondo del abismo, al pie de una -desmoronada roca; y libre de nuestras personas, se alejó como la saeta -despedida por la cuerda. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMOOCTAVO_ - - -Hay un lugar en el Infierno, llamado Malebolge,[18] construído todo -de piedra y de color ferruginoso, como la cerca que lo rodea. En el -centro mismo de aquella funesta planicie se abre un pozo bastante -ancho y profundo, de cuya estructura me ocuparé en su lugar. El -espacio que queda entre el pozo y el pie de la dura cerca es redondo, -y está dividido en diez valles, o recintos cerrados, semejantes a los -numerosos fosos que rodean a un castillo para defensa de las murallas; -y así como estos fosos tienen puentes que van desde el umbral de la -puerta a su otro extremo, del mismo modo aquí avanzaban desde la base -de la montaña algunas rocas, que atravesando las márgenes y los fosos, -llegaban hasta el pozo central, y allí se reunían quedando truncadas. -Tal era el sitio donde nos encontramos cuando descendimos de la grupa -de Gerión: el Poeta echó a andar hacia la izquierda, y yo seguí tras -él. A mi derecha vi nuevas causas de conmiseración, nuevos tormentos y -nuevos burladores, que llenaban la primera fosa. En el fondo estaban -desnudos los pecadores; los del centro acá venían de frente a nosotros; -y los de esta parte afuera seguían nuestra misma dirección, pero con -paso más veloz. Como en el año del Jubileo, a causa de la afluencia -de gente que atraviesa el puente de San Angelo, los romanos han -determinado que todos los que se dirijan al castillo y vayan hacia San -Pedro pasen por un lado, y por el otro los que van hacia el monte, así -vi, por uno y otro lado de la negra roca, cornudos demonios con grandes -látigos, que azotaban cruelmente las espaldas de los condenados. ¡Oh! -¡Cómo les hacían mover las piernas al primer golpe! Ninguno aguardaba -el segundo ni el tercero. Mientras yo andaba, mis ojos se encontraron -con los de un pecador, y dije en seguida: "No es la primera vez que -veo a ése." Por lo que me detuve a observarlo mejor: mi dulce Guía -se detuvo al mismo tiempo, y aun me permitió retroceder un tanto. El -azotado creyó ocultarse bajando la cabeza; mas le sirvió de poco, pues -le dije: - - [18] "Malebolge," fosas malditas. Vocablo dantesco compuesto - de "bolge," bolsas, alforjas, y "male" malditas. - ---Tú, que fijas los ojos en el suelo, si no son falsas las facciones -que llevas, eres Venedico Caccianimico. Pero ¿qué es lo que te ha -traído a tan picantes salsas? - -A lo que me contestó: - ---Lo digo con repugnancia; pero cedo a tu claro lenguaje, que me hace -recordar el mundo de otro tiempo. Yo fuí aquel que obligó a la bella -Ghisola a satisfacer los deseos del Marqués, cuéntese como se quiera la -tal historia. Y no soy el único boloñés que llora aquí; antes bien este -sitio está tan lleno de ellos, que no hay en el día entre el Savena y -el Reno tantas lenguas que digan "sipa,"[19] como en esta fosa; y si -quieres una prueba de lo que te digo, recuerda nuestra codicia notoria. - - [19] En la provincia de Bolonia, situada entre los ríos - Savena y Reno, para decir sia o sí, decían sipa o sipó. En el - día pronuncian: se pó, que viene a ser el c'est bon de los - franceses. - -Mientras así hablaba, un demonio le pegó un latigazo, diciéndole: -"Anda, rufián; que aquí no hay mujeres que se vendan." - -Me reuní a mi Guía; y a los pocos pasos llegamos a un punto de donde -salía una roca de la montaña. Subimos por ella ligeramente, y volviendo -a la derecha sobre su áspero dorso, salimos de aquel eterno recinto. -Luego que llegamos al sitio en que aquel peñasco se ahueca por debajo a -modo de puente, para dar paso a los condenados, mi Guía me dijo: - ---Detente, y haz que en ti se fijen las miradas de esos otros -malnacidos, cuyos rostros no has visto aún, porque han caminado hasta -ahora en nuestra misma dirección. - -Desde el vetusto puente contemplamos la larga fila que hacia nosotros -venía por la otra parte, y que era igualmente castigada por el látigo. -El buen Maestro me dijo, sin que yo le preguntara nada: - ---Mira esa gran sombra que se acerca, y que, a pesar de su dolor, no -parece derramar ninguna lágrima. ¡Qué aspecto tan majestuoso conserva -aún! Ese es Jasón, que con su valor y su destreza robó en Cólquide el -vellocino de oro. Pasó por la isla de Lemnos, después que las audaces -y crueles mujeres de aquella isla dieron muerte a todos los habitantes -varones; y allí, con sus artificios y sus halagüeñas palabras, engañó -a la joven Hisipila, que antes había engañado a todas sus compañeras, -y la dejó encinta y abandonada; por tal culpa está condenado a tal -martirio, que es también la venganza de Medea. Con él van todos los que -han cometido igual clase de engaños: bástete, pues, saber esto de la -primera fosa, y de los que en ella son atormentados. - -Nos encontrábamos ya en el punto donde el estrecho sendero se cruza con -el segundo margen, que sirve de apoyo para otro arco. Allí vimos a los -que se anidan en una nueva fosa, dando resoplidos con sus narices y -golpeándose con sus propias manos. Las orillas estaban incrustadas de -moho, producido por las emanaciones de abajo, que allí se condensan, -ofendiendo a la vista y al olfato. La fosa es tan profunda, que no se -puede ver el fondo, sino mirando desde la parte más alta del arco, que -lo domina perpendicularmente. Allí nos pusimos, y desde aquel punto -vimos en el foso unas gentes sumergidas en un estiércol, que parecía -salir de las letrinas humanas; y mientras tenía la vista fija allí -dentro, vi uno con la cabeza tan sucia de excremento, que no podía -saber si era clérigo o seglar. Aquella cabeza me dijo: - ---¿Por qué te muestras tan ávido de mirarme a mí, con preferencia a los -otros que están tan sucios como yo? - -Le respondí: - ---Porque, si mal no recuerdo, te he visto otra vez con los cabellos -enjutos, y tú eres Alejo Interminelli de Luca; por eso te miro más que -a todos los otros. - -Entonces, él, golpeándose la calabaza, exclamó: - ---Aquí me han sumergido las lisonjas que no se cansó de prodigar mi -lengua. - -Después de esto, mi Guía me dijo: - ---Procura adelantar un poco la cabeza, a fin de que tus miradas -alcancen las facciones de aquella sucia esclava desmelenada, que se -desgarra las carnes con sus uñas llenas de inmundicia, y que tan pronto -se encoge como se estira. Esa es Thais, la prostituta, que cuando su -amante le preguntó: "¿Tengo grandes méritos a tus ojos?," ella le -contestó: "Sí, maravillosos." Y con esto queden saciadas nuestras -miradas. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMONONO_ - - -¡Oh Simón el mago! ¡Oh miserables sectarios suyos, almas rapaces, que -prostituís a cambio de oro y plata las cosas de Dios, que deben ser las -esposas de la virtud! Ahora resonará la trompa para vosotros, puesto -que os encontráis en la tercera fosa. - -Estábamos ya junto a ésta, subidos en aquella parte del escollo que -cae justamente sobre su centro. ¡Oh suma Sabiduría! ¡Cuán grande es el -arte que demuestras en el cielo, en la tierra y en el mundo maldito, y -con cuánta equidad se reparte tu virtud! Vi en los lados y en el fondo -la piedra lívida llena de pozuelos, todos redondos y de igual tamaño, -los cuales me parecieron ni más ni menos anchos que los que hay en mi -hermoso San Juan para servir de pilas bautismales; uno de éstos rompí -yo no ha muchos años, por salvar a un niño que dentro de él se ahogaba; -y baste lo que digo, para desengañar a todos.[20] Fuera de la boca -de cada uno de aquellos pozuelos salían los pies y las piernas de un -pecador, hasta el muslo, quedando dentro el resto del cuerpo. Ambos -pies estaban encendidos, por cuya razón se agitaban tan fuertemente -sus coyunturas, que hubieran roto sogas y cuerdas. Del mismo modo que -la llama suele recorrer la superficie de los objetos untados de grasa, -así el fuego flameaba desde el talón a la punta en los pies de los -condenados. - - [20] Habiendo roto Dante una de las pilas bautismales de la - iglesia de San Juan en Florencia, para salvar a un niño que se - ahogaba, fué acusado de sacrilegio. Por esto hace constar aquí - que no lo hizo por desprecio a las cosas sagradas, sino por - amor a la humanidad. - ---¿Quién es aquél, Maestro, que furioso agita los pies más que sus -otros compañeros--dije entonces--, y a quien corroe y deseca una llama -mucho más roja? - -A lo cual me contestó: - ---Si quieres que te conduzca por aquella parte de la escarpa que está -más cercana al fondo, él mismo te dirá quién es y cuáles son sus -crímenes. - -Le respondí: - ---Me parece bien todo lo que a ti te agrada: tú eres el dueño y sabes -que yo no me separo de tu voluntad, así como también conoces lo que me -callo. - -Subimos entonces al cuarto margen; después volvimos y bajamos por la -izquierda hacia la estrecha y perforada fosa, sin que el buen Maestro -me hiciera separar de su lado, hasta haberme conducido junto al hoyo -de aquel que daba tantas señales de dolor con los movimientos de sus -piernas. - ---¡Oh! Quienquiera que seas, tú, que tienes enterrada la parte superior -de tu cuerpo; alma triste, plantada como una estaca--empecé a decir--, -habla, si puedes. - -Yo estaba como el fraile que confiesa al pérfido asesino, que, metido -en la tierra, le llama para que cese su muerte. Y él gritó: - ---¿Estás ya aquí derecho, estás ya aquí derecho, Bonifacio?[21] Me -ha engañado en algunos años lo que está escrito. ¿Tan pronto te has -saciado de aquellos bienes, por los cuales no temiste apoderarte con -embustes de la hermosa Dama,[22] y gobernarla después indignamente? - - [21] Esta sombra es la del papa Nicolás III, de la familia - de los Orsini de Roma, electo en 1277. Cree que quien le - interroga es el alma de Bonifacio VIII; y por eso dice: - "¿Estás ya aquí, Bonifacio?" Y añade en seguida: "Me ha - engañado en algunos años lo escrito." Es decir: El libro - profético, en que nosotros los condenados leemos lo futuro, me - ha engañado; porque, según él, tú debías morir en 1303, y no - en 1300. - - [22] Según la Historia, esta opinión de Dante es exagerada. - Sin embargo, Celestino V dijo de Bonifacio VIII, que este papa - entró a reinar como un zorro, gobernó como un león y murió - como un perro. - -Quedéme, al oír esto, como aquellos que, casi avergonzados de no haber -comprendido lo que se les ha dicho, no saben qué contestar. Entonces -Virgilio dijo: - ---Respóndele pronto: "yo no soy, yo no soy el que tú crees." - -Y yo contesté como se me ordenó. Por lo cual el espíritu retorció sus -pies; y luego, suspirando y con llorosa voz, me dijo: - ---¿Pues qué es lo que me preguntas? Si te urge conocer quién soy, hasta -el punto de haber descendido para ello por todos estos peñascos, sabrás -que estuve investido del gran manto, y fuí verdadero hijo de la Osa, -tan codicioso, que, por aumentar la riqueza de los oseznos, embolsé -arriba todo el dinero que pude, y aquí mi alma. Bajo mi cabeza están -sepultados los demás papas, que antes de mí cometieron simonía, y se -hallan comprimidos a lo largo de este angosto agujero. Yo me hundiré -también luego que venga aquel que creí fueses tú, cuando te dirigí mi -súbita pregunta. Pero desde que mis pies se abrasan, y me encuentro -colocado al revés, ha transcurrido más tiempo del que él permanecerá -en este mismo sitio con los pies quemados; porque en pos de él vendrá -de poniente un pastor sin ley, por causa más repugnante, y ése deberá -cubrirnos a entrambos. Será un nuevo Jasón, parecido al de que se habla -en el libro de los Macabeos; y así como el rey de éste fué débil para -con él, así con el otro lo será el que rige la Francia. - -No sé si en tal momento fué demasiada audacia la mía; pues le respondí -en estos términos: - ---¡Eh!, dime: ¿cuánto dinero exigió Nuestro Señor de San Pedro, antes -de poner las llaves en su poder? En verdad que no le pidió más sino -que le siguiera. Ni Pedro ni los otros pidieron a Matías oro ni plata -cuando por suerte fué elegido en reemplazo del que perdió su alma -traidora. Permanece, pues, ahí, porque has sido castigado justamente, y -guarda bien la mal adquirida riqueza, que tan atrevido te hizo contra -Carlos. Y si no fuese porque aun me contiene el respeto a las llaves -soberanas, que poseíste en tu alegre vida, emplearía palabras mucho más -severas; porque vuestra avaricia contrista al mundo, pisoteando a los -buenos, y ensalzando a los malos. Pastores, a vosotros se refería el -Evangelista, cuando vió prostituída ante los reyes a la que se sienta -sobre las aguas; a la que nació con siete cabezas, y obtuvo autoridad -por sus diez cuernos, mientras la virtud agradó a su marido.[23] Os -habéis construído dioses de oro y plata: ¿qué diferencia, pues, existe -entre vosotros y los idólatras, sino la de que ellos adoran a uno y -vosotros adoráis a ciento? ¡Ah, Constantino! ¡A cuántos males dió -origen, no tu conversión al cristianismo, sino la donación que de ti -recibió el primer papa que fué rico! - - [23] Dante alude aquí a Roma, edificada sobre siete colinas, - a la que rendían obediencia muchos pueblos y naciones, y - permaneció constituída en gran poder y autoridad, mientras (su - marido) sus jefes fueron virtuosos: pero decayó en la opinión, - que por tanto tiempo había merecido y gozado, cuando la corte - romana prefirió a la virtud el oro y la plata, prostituyéndose - a los reyes de la tierra. - -Mientras yo le hablaba con esta claridad, él, ya fuese a impulsos de -la ira, o porque le remordiese la conciencia, respingaba fuertemente -con ambas piernas. Creo que complací a mi Guía; porque escuchó siempre -con rostro satisfecho el sonido de mis palabras, expresadas con -sinceridad. Entonces me cogió con los dos brazos, y teniéndome en alto -bien afianzado sobre su pecho, volvió a subir por el camino por donde -habíamos descendido, sin dejar de estrecharme contra sí, hasta llegar a -la parte superior del puente que va de la cuarta a la quinta calzada. -Allí, depositó suavemente su querido fardo sobre el áspero y pelado -escollo, que hasta para las cabras sería un difícil sendero, desde -donde descubrí una nueva fosa. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMO_ - - -Mis versos deben relatar un nuevo suplicio, el cual servirá de asunto -al vigésimo canto del primer cántico, que trata de los sumergidos -en el Infierno. Me hallaba ya dispuesto a contemplar el descubierto -fondo, que está bañado de lágrimas de angustia, cuando vi venir por la -fosa circular gentes que, llorando en silencio, caminaban con aquel -paso lento que llevan las letanías en el mundo. Cuando incliné más -hacia ellos mi mirada, me pareció que cada uno de aquellos condenados -estaba retorcido de un modo extraño desde la barba al principio del -pecho; pues tenían el rostro vuelto hacia las espaldas, y les era -preciso andar hacia atrás, porque habían perdido la facultad de ver por -delante. Quizá, por la fuerza de la perlesía, se encuentre un hombre -de tal manera contrahecho; pero yo no lo he visto ni creo que pueda -suceder. Ahora bien, lector, ¡así Dios te permita sacar fruto de esta -lectura! Considera por ti mismo si mis ojos podrían permanecer secos, -cuando vi de cerca nuestra humana figura tan torcida, que las lágrimas -le caían por la espina dorsal. Yo lloraba en verdad, apoyado contra -una de las rocas de la dura montaña, de suerte que mi Guía me dijo: - ---¿Tú también eres de los insensatos? Aquí vive la piedad cuando está -bien muerta. ¿Quién es más criminal que el que se apasiona contemplando -la justicia divina? Levanta la cabeza, levántala y mira a aquel por -quién se abrió la tierra en presencia de los tebanos, que exclamaban: -"¿Adónde caes, Anfiarao? ¿Por qué abandonas la guerra?" Y no cesó -de caer en el Infierno hasta llegar a Minos, que se apodera de cada -culpable. Mira cómo ha convertido sus espaldas en pecho: por haber -querido ver demasiado hacia adelante, ahora mira hacia atrás, y sigue -un camino retrógrado. Mira a Tiresias, que mudó de aspecto cuando de -varón se convirtió en hembra, cambiando también todos su miembros, -y hubo de abatir con su vara las dos serpientes unidas, antes que -recobrara su pelo viril. El que acerca sus espaldas al vientre de aquél -es Aronte, que tuvo por morada una gruta de blancos mármoles en las -montañas de Luni, cultivadas por el carrarés que habita en su falda, -y desde allí no había nada que limitara su vista, cuando contemplaba -el mar o las estrellas. Aquella que, con los destrenzados cabellos, -cubre sus pechos, por lo cual se ocultan a tus miradas, y tiene en ese -lado de su cuerpo todas las partes velludas, fué Manto, que recorrió -muchas comarcas, hasta que se detuvo en el sitio donde yo nací; por -lo cual deseo que me prestes un poco de atención. Luego que su padre -salió de la vida, y fué esclavizada la ciudad de Baco,[24] Manto anduvo -errante por el mundo durante mucho tiempo. Allá arriba, en la bella -Italia, existe un lago al pie de los Alpes que ciñen la Alemania por -la parte superior del Tirol, el cual se llama Benaco. Mil corrientes, -y aun más, según creo, vienen a aumentar, entre Garda, Val-Camonica -y el Apenino, el agua que se estanca en dicho lago. En medio de éste -hay un sitio, donde el Pastor de Trento, y los de Verona y Brescia, -podrían dar su bendición si siguiesen aquel camino. En el punto donde -es más baja la orilla que le circunda, está situada Peschiera, bello -y fuerte castillo, a propósito para hacer frente a los de Brescia y a -los de Bérgamo. Allí afluye necesariamente toda el agua que no puede -estar contenida en el lago de Benaco, formando un río que corre entre -verdes praderas. En cuanto aquella agua sigue un curso propio, ya no se -llama Benaco, sino Mincio, hasta que llega a Governolo, donde desemboca -en el Po. No corre mucho sin que encuentre una hondonada, en la cual -se extiende y se estanca, y suele ser malsana en el estío. Pasando, -pues, por allí la feroz doncella, vió en medio del pantano una tierra -inculta y deshabitada. Se detuvo en ella con sus esclavas, para huír de -todo consorcio humano, y para ejercer su arte mágica, y allí vivió y -dejó sus restos mortales. Entonces los hombres, que estaban dispersos -por los alrededores, se reunieron en aquel sitio, que era fuerte a -causa del pantano que le circundaba: edificaron una ciudad sobre los -huesos de la difunta, y del nombre de la primera que había elegido -aquel sitio, la llamaron Mantua, sin consultar para ello al Destino. En -otro tiempo fueron sus habitantes más numerosos, antes de que Casalodi -se dejara engañar neciamente por Pinamonte. Te lo advierto a fin de -que, si oyes atribuir otro origen a mi patria, ninguna mentira pueda -obscurecer la verdad. - - [24] Tebas, ciudad consagrada a Baco. - -Le respondí: - ---Maestro, tus razonamientos son para mí tan verídicos, y me obligan -a prestarles tanta fe, que cualesquiera otros me parecerían carbones -apagados. Pero dime si entre la gente que va pasando hay alguno digno -de notarse, pues eso solo ocupa mi alma. - -Entonces me dijo: - ---Aquél, cuya barba se extiende desde el rostro a sus morenas espaldas, -fué augur cuando la Grecia se quedó tan exhausta de varones, que apenas -los había en las cunas, y junto con Calcas dió la señal en Aulide para -cortar el primer cable. Se llamó Euripilo, y así lo nombra en algún -punto mi alta tragedia. Aquel otro que ves tan demacrado fué Miguel -Scott, que conoció perfectamente las imposturas del arte mágica. Mira a -Guido Bonatti, y ve allí a Asdente, que ahora desearía no haber dejado -su cuero y su bramante; pero se arrepiente demasiado tarde: contempla -las tristes que abandonaron la aguja, la lanzadera y el huso para -convertirse en adivinas, y para hacer maleficios con hierbas y con -figuras. Pero ven ahora, porque ya el astro en que se ve a Caín con las -espinas ocupa el confín de los dos hemisferios, y toca el mar más abajo -de Sevilla. La luna era ya redonda en la noche anterior; debes recordar -bien que no te molestó a veces por la selva umbría. - -Así me hablaba y entre tanto íbamos caminando. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMOPRIMERO_ - - -Así, de un puente a otro, y hablando de cosas que mi comedia no se -cuida de referir, fuimos avanzando y llegamos a lo alto del quinto, -donde nos detuvimos para ver la otra hondonada de Malebolge y otras -vanas lágrimas, y la vi maravillosamente obscura. Así como en el -arsenal de los venecianos hierve en el invierno la pez tenaz, destinada -a reparar los buques averiados que no pueden navegar, y al mismo tiempo -que uno construye su embarcación, otro calafatea los costados de la que -ha hecho ya muchos viajes; otro recorre la proa, otro la popa; quién -hace remos; quién retuerce las cuerdas; quiénes, por fin, reparan el -palo de mesana y el mayor; de igual suerte, y no por medio del fuego, -sino por la voluntad divina, hervía allá abajo una resina espesa, que -se pegaba a la orilla por todas partes. Yo la veía, pero sin percibir -en ella más que las burbujas que producía el hervor, hinchándose toda y -volviendo a caer desplomada. Mientras la contemplaba fijamente, mi Guía -me atrajo hacia sí desde el sitio en que me encontraba, diciéndome: -"Ten cuidado, ten cuidado." Entonces me volví como el hombre que ansía -ver aquello de que le conviene huír, y a quien asalta un temor tan -grande y repentino, que ni para mirar detiene su fuga; y vi detrás de -nosotros un negro diablo, que venía corriendo por el puente. ¡Oh! ¡Cuán -feroz era su aspecto, y qué amenazador me parecía con sus alas abiertas -y sus ligeros pies! Sobre sus hombros, altos y angulosos, llevaba a -cuestas un pecador, a quien tenía agarrado por ambos jarretes. Desde -nuestro puente dijo: - ---¡Oh! Malebranche, ved aquí uno de los ancianos de Santa Zita: ponedle -debajo; que yo me vuelvo otra vez a aquella tierra, que está tan bien -provista de ellos. Allí todos son bribones, excepto Bonturo; y por -dinero, de un "no" hacen un "ita."[25] - - [25] Solíase antiguamente, en los testimonios públicos, - escribir el ita de los latinos por signo de afirmación, y el - no por signo de negación. - -Le arrojó abajo, y se volvió por la dura roca tan de prisa, que jamás -ha habido mastín suelto que haya perseguido a un ladrón con tanta -ligereza. El pecador se hundió y volvió a subir hecho un arco; pero los -demonios, que estaban resguardados por el puente, gritaban: - ---Aquí no está el Santo Rostro; aquí se nada de diferente modo que en -el Serchio. Si no quieres probar nuestros garfios, no salgas de la pez. - -Después le pincharon con más de cien harpones, diciéndole: - ---Es forzoso que bailes aquí a cubierto, de modo que, si puedes, -prevariques ocultamente. - -No de otra suerte hacen los cocineros que sus marmitones sumerjan en -la caldera las viandas por medio de grandes tenedores, para que no -sobrenaden. - ---A fin de que no adviertan que estás aquí--me dijo el buen Maestro--, -ocúltate detrás de una roca, que te sirva de abrigo; y aunque se me -haga alguna ofensa, no temas nada; pues ya conozco estas cosas por -haber estado otra vez entre estas almas venales. - -En seguida pasó al otro lado del puente, y cuando llegó a la sexta -orilla, tuvo necesidad de mostrar su intrepidez. Con el furor y el -ímpetu con que salen los perros tras el pobre que de pronto pide -limosna donde se detiene, así salieron los demonios de debajo del -puente, volviendo todos contra él sus harpones; pero les gritó: - ---Que ninguno de vosotros se atreva. Antes que me punce vuestra -orquilla, adelántese uno que me oiga, y después medite si debe -perdonarme. - -Todos gritaron: - ---Vé, Malacoda. - -Por lo cual uno de ellos se puso en marcha, mientras los otros -permanecían quietos, y se adelantó diciendo: - ---¿Qué te podrá salvar de nuestras garras? - ---¿Crees tú, Malacoda, que a no ser por la voluntad divina y por tener -el destino propicio--dijo mi Maestro--, me hubieras visto llegar aquí, -sano y salvo, a pesar de todas vuestras armas? Déjame pasar, porque en -el cielo quieren que enseñe a otro este camino salvaje. - -Entonces quedó tan abatido el orgullo del demonio, que dejó caer el -harpón a sus plantas, y dijo a los otros: - ---Que no se le haga daño. - -Y mi guía a mí: - ---¡Oh tú, que estás agazapado tras de las rocas del puente! Ya puedes -llegar a mí con toda seguridad. - -Entonces eché a andar, y me acerqué a él con prontitud; pero los -diablos avanzaron, de modo que yo temí que no observaran lo pactado: -así vi temblar en otro tiempo a los que por capitulación salían de -Caprona, viéndose entre tantos enemigos. Me acerqué cuanto pude a mi -Guía, y no separaba mis ojos del rostro de aquéllos, que no era nada -bueno. Bajaban ellos sus garfios, y: "¿Quiéres que le pinche en la -rabadilla?," decía uno de ellos a los otros. Y respondían: "Sí, sí -clávale." Pero aquel demonio, que estaba conversando con mi Guía, se -volvió de repente, y gritó: "Quieto, quieto, Scarmiglione." Después nos -dijo: - ---Por este escollo no podréis ir más lejos, pues el sexto arco yace -destrozado en el fondo. Si os place ir más adelante, seguid esta -costa escarpada: cerca veréis otro escollo por el que podréis pasar. -Ayer, cinco horas más tarde que en este momento, se cumplieron mil -doscientos sesenta y seis años desde que se rompió aquí el camino.[26] -Voy a enviar hacia allá varios de los míos para que observen si algún -condenado procura sacar la cabeza al aire: id con ellos, que no os -harán daño. - - [26] Ayer, Viernes, a las tres de la tarde, quiere decir el - diablo (pues se supone que habla a las diez de la mañana del - Sábado Santo), se cumplieron 1266 años desde que se rompió - este puente, a consecuencia de un terremoto, en el momento de - la muerte de Jesucristo. - ---Adelante, Alichino y Calcabrina--empezó a decir--; y tú también, -Cagnazzo; Barbariccia guiará a los diez. Vengan además Libicocco, y -Draghignazzo; Ciriatto, el de los grandes colmillos, y Graffiacane, y -Farfarello, y el loco de Rubicantondad en torno de la pez hirviente: -éstos deben llegar salvos hasta el otro escollo, que atraviesa -enteramente sobre la fosa.[27] - - [27] He aquí traducidos los nombres de los doce diablos - que Dante menciona en este canto: Malebranche, malas - garras.--Malacoda, cola maldita.--Scarmiglione, que - arranca los cabellos.--Alichino, que hace inclinar a los - otros.--Calcabrina, que pisa el rocío.--Cagnazzo, perro - malo.--Barbariccia, el de la barba erizada.--Libicocco, deseo - ardiente.--Draghignazzo, veneno de dragón.--Ciriatto-Sannuto, - colmillo de jabalí.--Graffiaccane, perro que - araña.--Rubicante, inflamado. Todas estas versiones son de - Landino. - ---¡Oh Maestro! ¿Qué es lo que veo?--dije--; si conoces el camino, vamos -sin escolta; yo, por mí, no la solicito. Si eres tan prudente como de -costumbre, ¿no ves que rechinan los dientes, y se hacen guiños que nos -amenazan algún mal? - ---No quiero que te espantes--me contestó--; deja que rechinen los -dientes a su gusto. Si lo hacen, es por los desgraciados que están -hirviendo. - -Se pusieron en camino por la margen izquierda; pero cada uno de -aquéllos de antemano se habían mordido la lengua en señal de -inteligencia con su jefe, y éste se sirvió de su ano a guisa de -trompeta. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VEGISIMOSEGUNDO_ - - -He visto alguna vez a la caballería levantar el campo, empezar el -combate, pasar revista, y a veces batirse en retirada; he visto ¡oh, -aretinos! hacer excursiones por vuestra tierra y saquearla; he visto -luchar en los torneos y correr en las justas, ya al sonido de las -trompetas, ya al de las campanas, al ruido de los tambores, con las -señales de los castillos, y con todo el aparato nacional y extranjero; -pero lo que no he visto nunca es que tan extraño instrumento de viento -haya indicado la marcha a jinetes ni peones; jamás, ni en la tierra, -ni en los cielos, guió semejante faro a ningún buque. Marchábamos -juntamente con los diez demonios (¡oh terrible compañía!); pero en la -iglesia con los santos, y en la taberna con los borrachos. Sin embargo, -mi atención estaba concentrada en la pez para distinguir todo lo que -contenía la fosa y los que se abrasaban dentro de ella. Así como saltan -los delfines fuera del agua, indicando a los marinos que precavan la -nave de la tempestad, así también algunos condenados, para aliviar su -tormento, sacaban la espalda y la volvían a esconder más rápidos que -el relámpago; y lo mismo que en un charco las ranas sacan la cabeza a -flor de agua, aunque teniendo dentro de ella sus patas y el resto del -cuerpo, así estaban por todas partes los pecadores; pero en cuanto -Barbariccia se aproximaba, volvían a sumergirse en aquel hervidero. -Yo vi, y aun se estremece por ello mi corazón, a uno de aquellos que -había tardado más tiempo en hundirse, como sucede con las ranas, que -una queda fuera del agua, mientras otra se zambulle; y Graffiacane, que -estaba más cerca de él, le enganchó por los cabellos enviscados de pez, -y lo sacó fuera como si fuese una nutria. Yo sabía el nombre de todos -aquellos demonios, por haberme hecho cargo de ellos cuando los eligió -Malacoda. "Rubicante, plántale encima tu garfio y desuéllalo," gritaban -a un tiempo todos aquellos malditos. Yo dije: - ---Maestro mío, si puedes, procura saber quién es ese desgraciado que ha -caído en manos de sus adversarios. - -Mi Guía se le acercó, y le preguntó de dónde era, a lo que respondió: - ---Yo nací en el reino de Navarra. Mi madre me puso al servicio de un -señor: ella me había engendrado de un pródigo, que se destruyó a sí -mismo y disipó su fortuna. Después fuí favorito del buen rey Tebaldo, y -me lancé a comerciar con sus favores; crimen de que doy cuenta en este -horno. - -Y Ciriatto, a quien salía de cada lado de la boca un colmillo como el -de un jabalí, le hizo sentir lo bien que uno de ellos hería. Entre -malos gatos había caído aquel ratón; porque Barbariccia lo sujetó entre -sus brazos, diciendo: "Quedaos ahí mientras que yo le ensarto." Y -volviendo el rostro hacia mi Maestro, añadió: "Pregúntale aún si deseas -saber más, antes que otros lo destrocen." - -Mi Guía preguntó: - ---Dime, pues, si entre los otros culpables que están sumergidos en esa -pez, conoces algunos que sean latinos. - -A lo que contestó: - ---Acabo de separarme de uno que fué de allí cerca. ¡Así estuviera, como -él, bajo la pez; no temería ahora ni las garras ni los garfios! - -Y Libicocco: "Ya hemos tenido demasiada paciencia," dijo; y le enganchó -por el brazo con su harpón, arrancándole de un golpe todo el antebrazo. -Draghignazzo quiso también cogerle por las piernas; pero su Decurión -se volvió hacia todos ellos lanzando una mirada furiosa. Cuando se -hubieron calmado un poco, mi Guía no tardó en preguntar a aquel que -estaba contemplando su herida: - ---¿Quién es ése de quien dices que te has separado, por tu desgracia, -para salir a flote? - -Y le respondió: - ---Es el hermano Gomita, aquel de Gallura, vaso de iniquidad, que tuvo -en su poder a los enemigos de su señor, e hizo de modo que todos -le alabasen. Aceptó su oro y los dejó libres, según él mismo dice; -y con respecto a los empleos, no fué un pequeño, sino un soberano -prevaricador. Con él conversa a menudo don Miguel Zanche de Logodoro, y -sus lenguas no se cansan nunca de hablar de las cosas de Cerdeña. ¡Ay -de mí! Ved a ese otro cómo aprieta los dientes. Aun hablaría más, pero -temo que se prepare a rascarme la tiña. - -El gran jefe de los demonios se dirigió a Farfarelo, que movía sus ojos -en todas direcciones buscando donde herir, y le dijo: "Quítate de ahí, -pájaro malvado." - ---Si queréis ver u oír a toscanos y lombardos--empezó a decir en -seguida el desgraciado pecador--, haré que vengan. Pero que esas -malditas garras se mantengan un poco apartadas, a fin de que ellos -no teman sus venganzas: yo, sentándome en este mismo sitio, por uno -que soy haré venir siete, silbando como acostumbramos cuando uno de -nosotros saca la cabeza fuera de la pez. - -Al oír estas palabras, Gagnazzo levantó el hocico meneando la cabeza, -y dijo: "¡Oigan el medio malicioso de que se ha valido para volver -a sumergirse!" A lo cual contestó aquél, que tenía abundancia de -estratagemas: "¡En verdad que soy muy malicioso, cuando expongo a los -míos a mayores tormentos!" No pudo contenerse Alichino, y en contra de -lo dicho por los otros, respondió: "Si te arrojas en la pez, no correré -al galope detrás de ti, sino que emplearé mis alas para ello. Te damos -de ventaja la escarpa, y el ribazo por defensa, y veamos si tú solo -vales más que todos nosotros." - -¡Oh tú, que lees esto, ahora verás un nuevo juego! Todos los demonios -se volvieron hacia la pendiente opuesta, y el primero de ellos, el que -se había mostrado más renitente. El navarro aprovechó bien el tiempo; -fijó sus pies en el suelo, y precipitándose de un solo salto, se puso -al abrigo de los malos propósitos de aquéllos. Contristados se quedaron -los demonios ante esta treta, pero mucho más el que tuvo la culpa de -ella; por lo cual se lanzó tras de él gritando: "Ya te tengo." Pero -de poco le valió, porque sus alas no pudieron igualar en velocidad -al espanto de Ciampolo: éste se lanzó en la pez, y aquél cambió la -dirección de su vuelo, llevando el pecho hacia arriba. - -No de otro modo se sumerge instantáneamente el pato cuando el halcón se -aproxima, y éste se remonta furioso y fatigado. Calcabrina, irritado -contra Lichino por aquel engaño, echó a volar tras él, deseoso de -que el pecador se escapara para tener un motivo de querella. Y -cuando hubo desaparecido el prevaricador, volvió sus garras contra -su compañero, y se aferró con él sobre el mismo estanque. Pero éste, -gavilán adiestrado, hizo uso también de las suyas, y los dos cayeron -en medio de la pez hirviente. El calor los separó bien pronto; -pero todo su esfuerzo para remontarse era en vano, porque sus alas -estaban enviscadas. Barbariccia, descontento como los demás, hizo -volar a cuatro desde la otra parte con todos sus harpones, y bajando -rápidamente hacia el sitio designado, tendieron sus garfios a los dos -demonios, que estaban medio cocidos en la superficie de aquella fosa. -Nosotros los dejamos allí enredados de aquella manera. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMOTERCERO_ - - -Solos, en silencio y sin escolta, íbamos uno tras otro, como -acostumbran ir los frailes menores. La riña que acabábamos de -presenciar me trajo a la memoria la fábula de Esopo, en que habló -de la rana y del topo; pues las partículas "mo" e "issa"[28] no son -tan semejantes como estos dos hechos, si atentamente se consideran -el principio y el fin de entrambos. Y como un pensamiento procede -rápidamente de otro, de éste nació uno nuevo, que redobló mi primitivo -espanto. Yo pensaba así: "Esos demonios han sido engañados por nuestra -causa, y con tanto daño y escarnio, que les creo muy ofendidos. Si a -la malevolencia se añade la ira, nos van a perseguir con más crueldad -que el perro que sujeta a la liebre por el cuello." Ya sentía que -se erizaban mis cabellos a causa del temor, y miraba hacia atrás -atentamente, por lo que dije: - ---Maestro, si no nos ocultas a los dos prontamente, temo a los demonios -que vienen detrás de nosotros; y tan así me lo imagino, que ya me -parece que los oigo. - - [28] Mo e issa, voces que significan ahora en lombardo. Mo, - del latín modo, que es ahora; issa, elipsis del latín hac, - ipsa hora, es también ahora. - -A lo que él contestó: - ---Si yo fuera un espejo, no verías en mí tu imagen tan pronto como veo -en tu interior. En este momento se cruzaban tus pensamientos con los -míos bajo la misma faz y aspecto, de suerte que he deducido de ambos un -solo consejo. Si es cierto que la cuesta que hay a nuestra derecha está -tan inclinada, que nos permita bajar a la sexta fosa, huiremos de la -caza que imaginamos. - -Apenas había concluído de decirme su parecer, cuando vi venir a los -demonios con las alas extendidas y muy cerca de nosotros, queriendo -cogernos. Mi Guía me agarró súbitamente, como una madre que, despertada -por el ruido y viendo brillar las llamas cerca de ella, coge a su hijo -y huye, y teniendo más cuidado de él que de sí misma, no se detiene ni -aun a ponerse una camisa. Desde lo alto de la calzada, se deslizó de -espaldas por la pendiente roca, uno de cuyos lados divide la quinta -de la sexta fosa. Jamás corrió tan rápida el agua por la canal de un -molino, cuando más se acerca a las paletas de la rueda, como descendió -por aquel declive mi Maestro, llevándome sobre su pecho, cual si -fuese hijo suyo y no su compañero. Apenas tocaron sus pies al suelo -del profundo abismo, cuando los demonios aparecieron en la roca sobre -nuestras cabezas: pero ya no nos inspiraban temor; porque la alta -Providencia que los había designado para ministros de la quinta fosa, -les quitó la facultad de separarse de allí. Abajo encontramos unas -gentes pintadas, que giraban en torno con bastante lentitud, llorosas -y con los semblantes fatigados y abatidos. Llevaban capas con capuchas -echadas sobre los ojos, por el estilo de las que llevan los monjes -de Colonia.[29] Aquellas capas eran doradas por de fuera, de modo que -deslumbraban; pero por dentro eran todas de plomo, y tan pesadas, que -las de Federico a su lado parecían de paja.[30] ¡Oh manto fatigoso por -toda la eternidad! Nos volvimos aún hacia la izquierda, y anduvimos -con aquellas almas, escuchando sus tristes lamentos. Pero las sombras, -rendidas por el peso, caminaban tan despacio, que a cada paso que -dábamos cambiábamos de compañero. Yo dije a mi Guía: - ---Procura encontrar a alguno que sea conocido por su nombre o por sus -hechos; y mira al efecto en derredor tuyo mientras andas. - - [29] Cuéntase que hubo en Colonia un abad tan ambicioso e - insolente, que pidió permiso al Papa para que sus monjes - pudieran usar capas de escarlata, cintos, espuelas y estribos - de plata sobredorada. Esta petición desagradó tanto al - Pontífice, que dispuso que en adelante el abad y sus monjes - usaran capas negras y mal hechas, y cintos y estribos de - madera. - - [30] El emperador Federico II encerraba a los culpables de - lesa majestad en capas de plomo, y luego los arrojaba al fuego. - -Y uno de ellos, que entendió el idioma toscano, exclamó detrás de -nosotros: - -Detened vuestros pasos, vosotros que tanto corréis a través del aire -sombrío: quizá podrás obtener de mí lo que solicitas. - -En seguida mi Guía se volvió y me dijo: - ---Espera, y modera tu paso hasta igualar al suyo. - -Me detuve, y vi dos de aquéllos, que en sus miradas demostraban gran -deseo de estar conmigo; pero su carga y lo estrecho del camino les -hacían tardar. Cuando se me hubieron reunido, me miraron con torvos -ojos y sin hablarme: después se volvieron uno a otros diciéndose: "Ese -parece vivo, a juzgar por el movimiento de su garganta; pero si están -muertos, ¿por qué privilegio no llevan nuestra pesada capa?" Después -me dijeron: - ---¡Oh toscano, que has venido a la mansión de los tristes hipócritas!, -dígnate decirnos quién eres. - -Les contesté: - ---Nací y crecí junto a la orilla del hermoso Arno, en la gran ciudad, -y conservo el cuerpo que he tenido siempre. Pero vosotros, a quienes, -según veo, cae tan doloroso llanto gota a gota por las mejillas, -¿quiénes sois, y qué pena padecéis que tanto se hace ver? - -Uno de ellos me respondió: - ---¡Ay de mí! Estas doradas capas son de plomo, y tan gruesas, que su -peso nos hace gemir como cargadas balanzas. Fuimos hermanos Gozosos[31] -y boloñeses. Yo me llamé Catalano y éste Loderingo. Tu ciudad nos -nombró magistrados, como suele elegirse a un hombre neutral para -conservar la paz; y la conservamos tan bien como puede verse aún cerca -del Gardingo. - - [31] Hermanos de una orden de caballería instituída para - combatir contra los infieles y los que violaran la justicia. - Se les llamó Gaudenti (gozosos) por la vida licenciosa que - llevaron. - -Yo repuse: "¡Oh hermanos! Vuestros males..." Pero no pude continuar; -porque vi en el suelo a uno crucificado en tres palos. En cuanto -me vió, se retorció, haciendo agitar su barba con la fuerza de los -suspiros; y el hermano Catalano, que lo advirtió, me dijo: - ---Ese que estás mirando crucificado aconsejó a los fariseos que era -necesario hacer sufrir a un hombre el martirio por el pueblo. Está -atravesado y desnudo sobre el camino, como ves; y es preciso que sienta -lo que pesa cada uno de los que pasan. Su suegro está condenado a igual -suplicio en esta fosa, así como los demás del Consejo que fué para los -judíos origen de tantas desgracias. - -Entonces vi a Virgilio que contemplaba con asombro a aquel que estaba -tan vilmente crucificado en el eterno destierro. Luego se dirigió al -fraile en estos términos: - ---¿Queríais decirnos si hacia la derecha hay alguna abertura por donde -podamos salir los dos, sin obligar a los ángeles negros a que nos -saquen de este abismo? - -Aquel respondió: - ---Más cerca de aquí de lo que esperas, se levanta una peña que parte -del gran círculo y atraviesa todas las terribles fosas; pero está -cortada en ésta y no continúa sobre ella. Podréis subir por las ruinas -que existen en el declive de su falda y cubren el fondo. - -Mi Guía permaneció un momento con la cabeza inclinada, y después dijo: - ---¡Cómo nos ha engañado aquel que ensarta con su garfio a los pecadores! - -Y el fraile repuso: - ---He oído referir en Bolonia los numerosos vicios del demonio, entre -los cuales no era el menor el de ser falso y padre de la mentira. - -Entonces mi Guía se alejó precipitadamente con el rostro inmutado por -la cólera; y en consecuencia, me alejé también de aquellas almas que -soportaban tanto peso, y seguí las huellas de los pies queridos. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMOCUARTO_ - - -En la época del año nuevo en que templa el sol su cabellera bajo el -Acuario, y en que ya las noches van igualándose con los días; cuando -la escarcha imita en la tierra, aunque por poco tiempo, el color de -su blanca hermana, el campesino que carece de forraje, se levanta, -mira, y al ver blanco el campo se golpea el muslo, vuelve a su casa, -y se lamenta continuamente como el desgraciado que no sabe qué hacer; -pero torna luego a mirar, y recobra la esperanza, viendo que la tierra -ha cambiado de aspecto en pocas horas, y entonces coge su cayado y -sale a apacentar sus ovejas: así mi Maestro me llenó de inquietud -cuando vi tan turbado su rostro, y así también aplicó pronto remedio -a mi mal; porque al llegar al derruído puente, se volvió hacia mí con -aquel amable aspecto que tenía cuando le vi al pie del monte. Después -de haber pensado la determinación que había de tomar, contemplando -antes con cuidado las ruinas, abrió sus brazos, cogióme por detrás, y -como aquel que trabaja, pensando siempre en la labor que emprenderá -en seguida, del mismo modo, elevándome sobre la cima de una roca, -contemplaba otra diciendo: - ---Agárrate bien a ésa, pero tantea primero si tal cual es podrá -sostenerte. - -Aquel no era un camino a propósito para los que iban con capa; pues -apenas podíamos, Virgilio tan ágil, y yo sostenido por él, trepar de -piedra en piedra. Y a no ser porque en aquel recinto era más corto el -camino que en otro alguno, no sé lo que a él le habría sucedido, pero -a mí me hubiera vencido el cansancio. Mas como Malebolge va siempre en -declive hasta la boca del profundísimo pozo, cada fosa que se recorre -presenta un margen que se eleva y otro que desciende. Llegamos por fin -al extremo en que se destaca la última piedra. Cuando estuve sobre -ella, de tal modo me faltaba el aliento, que no podía más; así es que -me senté en cuanto nos detuvimos. - ---Ahora es preciso que sacudas tu pereza--me dijo el Maestro--; que -no se alcanza la fama reclinado en blanda pluma, ni al abrigo de -colchas: y el que sin gloria consume su vida, deja en pos de sí el -mismo vestigio que el humo en el aire o la espuma en el agua. Ea, -pues, levántate; domina la fatiga con el alma, que vence todos los -obstáculos, mientras no se envilece con la pesadez del cuerpo. Tenemos -que subir todavía una escala mucho más larga; pues no basta haber -atravesado por entre los espíritus infernales. Si me entiendes, deben -reanimarte mis palabras. - -Levantéme entonces, demostrando más resolución de la que verdaderamente -sentía en mi interior, y dije: - ---Vamos, ya me siento fuerte y atrevido. - -Echamos a andar por el escollo, que era áspero, estrecho y escabroso, y -más pendiente que el anterior. Iba hablando para disimular mi flaqueza, -cuando oí una voz que salía de la otra fosa, articulando palabras -ininteligibles. No sé lo que dijo, a pesar de encontrarme en la cima -del arco que por allí pasa; mas el que hablaba parecía conmovido por -la ira. Yo me había inclinado; pero los ojos de un vivo no podían -distinguir el fondo a través de aquella obscuridad; por lo cual dije: - ---Maestro, haz por llegar al otro recinto, y descendamos este muro, -porque desde aquí oigo y no comprendo nada; miro hacia abajo y nada veo. - ---Te responderé--me dijo--haciendo lo que deseas; que las peticiones -justas deben satisfacerse en silencio. - -Bajamos por el puente desde lo alto hasta donde se une con el octavo -margen; y entonces descubrí la fosa, y vi una espantosa masa de -serpientes, de tan diferentes especies, que su recuerdo me hiela -todavía la sangre. Deje la Libia de envanecerse con sus arenas; que -si produce quelidras, yáculos y faras, cencros y anfisbenas, ni en -ella, ni en toda la Etiopía con el país que está sobre el mar Rojo, -existieron jamás tantas ni tan nocivas pestilencias como en este lugar. -A través de aquella espantosa y cruel multitud de reptiles corrían -gentes desnudas y aterrorizadas, sin esperanza de encontrar refugio ni -heliotropo.[32] Tenían las manos atadas a la espalda con sierpes, las -cuales, formando nudos por encima, les hincaban la cola y la cabeza en -los riñones. Y he aquí que uno de aquellos desgraciados, que estaba -cerca de nosotros, fué mordido por una serpiente en el punto en que -el cuello se une a los hombros; y en el breve tiempo que se necesita -para escribir una O y una I, se incendió, ardió y cayó reducido a -cenizas. Pero apenas quedó consumido en el suelo, reuniéronse aquéllas -por sí mismas, y súbitamente se rehizo aquel espíritu como estaba -antes. Así dicen los grandes sabios que muere el Fénix, y renace cuando -está cercano a su quinto siglo: no se alimenta de hierba ni de trigo -durante su vida, sino de amomo y lágrimas de incienso, y su último nido -está formado con nardo y mirra. Y como aquel que cae y no sabe cómo, -a impulsos del demonio que lo arroja en el suelo o de algún accidente -producido por su temperamento enfermizo, cuando se levanta, se queda -asombrado de la cruel angustia que ha sufrido y suspira al mirar en -torno suyo, así se levantó el pecador ante nosotros. ¡Oh, cuán severa -es la justicia de Dios, que hace estallar su cólera por medio de tales -golpes! Mi Guía le preguntó después quién era, y él le contestó: - ---Yo caí hace poco tiempo desde Toscana en este horrible abismo. La -vida salvaje me agradó más que la humana; fuí lo mismo que un mulo: soy -Vanni Fucci, el bestia, y Pistoya fué mi digno cubil. - - [32] Agata de color verde obscuro con manchas rojizas, a - la que se atribuían virtudes milagrosas contra toda clase - de veneno y especialmente contra las mordeduras de las - serpientes, y que tenía además la de hacer invisible al que la - llevaba. - -Entonces dije a mi Guía: - ---Dile que no huya, y pregúntale qué delito le ha precipitado aquí; -pues yo le conocí ya hombre colérico y sanguinario. - -El pecador, que me oyó, no se ocultó, sino que dirigió hacia mí -atentamente su mirada, y se cubrió el rostro de triste vergüenza. -Después dijo: - ---Siento más que me hayas encontrado en la miseria en que me ves, de lo -que sentí verme privado de la vida; pero no puedo negarme a satisfacer -tus preguntas. Estoy sumido aquí, porque robé en la sacristía los -hermosos ornamentos, de cuyo delito fué otro acusado falsamente. -Mas para que no te goces en mi desgracia, si acaso llegas a salir -de estos lugares sombríos, abre tus oídos a mi anuncio, y escucha: -primeramente, Pistoya quedará despoblada de Negros; después Florencia -renovará sus habitantes y su forma de gobierno; Marte hará salir -del valle de Magra un vapor, que envuelto en sombrías nieblas y en -tempestad impetuosa y terrible, se desencadenará sobre el campo Piceno; -y allí, desgarrándose de repente la nube, aniquilará todos los Blancos. -Te he dicho esto para que te cause dolor. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMOQUINTO_ - - -Al terminar estas palabras, el ladrón alzó ambas manos haciendo un -gesto indecente y exclamando: "Toma, Dios, esto es para tí." Desde -entonces fuí amigo de las serpientes; porque una de ellas se le enroscó -en el cuello como diciendo: "No quiero que hables más:" y otra se -agarró a sus brazos, sujetándolos de tal modo, que no le era posible -al condenado hacer ningún movimiento. ¡Ah, Pistoya, Pistoya! ¿Cómo no -decides reducirte tú misma a cenizas, y dejar de existir, pues que tus -hijos son peores que sus antepasados? En todos los círculos del obscuro -Infierno no he visto espíritu tan soberbio ante Dios, a no ser aquel -que cayó desde los muros de Tebas. El ladrón huyó sin decir una palabra -más. Entonces vi un Centauro lleno de ira, que acudía gritando: "¿Dónde -está, dónde está el soberbio?" No creo que contengan las Marismas -tanto reptil como llevaba el Centauro sobre su grupa hasta el sitio en -que empezaba la forma humana: sobre sus espaldas, detrás de la nuca, -descansaba un dragón con las alas abiertas, el cual abrasaba cuanto -salía a su encuentro. Mi Maestro dijo: - ---Ese monstruo es Caco, el que al pie de las rocas del monte Aventino -formó más de una vez un lago de sangre. No va por el mismo camino que -sus hermanos, porque robó fraudulentamente el gran rebaño que pacía en -las inmediaciones del sitio que había escogido por vivienda: pero sus -inicuos hechos acabaron por fin bajo la clava de Hércules, que si le -dió cien golpes con ella, aquél no llegó a sentir el décimo. - -Mientras así hablaba Virgilio, Caco desapareció, al mismo tiempo que se -acercaban tres espíritus por debajo del margen donde estábamos, lo cual -no advertimos ni mi Guía ni yo, hasta que les oímos gritar: "¿Quiénes -sois?" Cesó entonces nuestra conversación, y nos fijamos solamente en -ellos. Yo no les conocía; pero sucedió, como suele acontecer algunas -veces, que el uno tuvo necesidad de llamar al otro, diciéndole: -"Cianfa, ¿dónde te has metido?" Y yo, a fin de que estuviese atento mi -Guía, me puse el dedo desde la nariz a la barba. Ahora, lector, si se -te hace difícil creer lo que te voy a decir, no será extraño, porque -yo que lo vi, apenas lo creo. Mientras estaba contemplando a aquellos -espíritus, se lanzó una serpiente con seis patas sobre uno de ellos, -agarrándosele enteramente. Con las patas de enmedio le oprimió el -vientre; con las de delante le sujetó los brazos, y después le mordió -en ambas mejillas. Extendiendo en seguida las patas de detrás sobre sus -muslos, le pasó la cola por entre los dos, y se la mantuvo apretada -contra los riñones. Nunca se agarró tan fuertemente la hiedra al -árbol, como la horrible fiera adaptó sus miembros a los del culpable: -después una y otro se confundieron, como si fuesen de blanda cera, y -mezclaron tan bien sus colores, que ninguno de ambos parecía ya lo -que antes había sido. Así con el ardor del fuego se extiende sobre el -papel un color obscuro, que no es negro, y sin embargo deja de ser -blanco. Los otros dos condenados le miraban, exclamando cada cual: -"¡Ay, Angel,[33] cómo cambias! No eres ya uno ni dos." Las dos cabezas -se habían convertido en una, y aparecían dos figuras mezcladas en una -sola faz, quedando en ella confundidas entrambas. De los cuatro brazos -se hicieron dos: los muslos y las piernas, el vientre y el tronco se -convirtieron en miembros nunca vistos. Quedó borrado todo su primitivo -aspecto: aquella imagen transformada parecía dos y ninguna de las -anteriores; y en tal estado se alejaba a pasos lentos. - - [33] Agnolo Bruneleschi, florentino. - -Como el lagarto, que bajo el ardor de los días caniculares, cuando -cambia de maleza, parece un rayo al atravesar el camino, tal parecía, -dirigiéndose hacia el vientre de los otros dos espíritus, una pequeña -serpiente irritada, lívida y negra como grano de pimienta. Picó a uno -de ellos en aquella parte del cuerpo por donde nos alimentamos antes de -nacer, y después cayó a sus pies quedando tendida. El herido la miró -sin decir nada; y permaneció inmóvil, en pie y bostezando, como si le -hubiera sorprendido el sueño o la fiebre. El y la serpiente se miraban, -y el uno por la herida y la otra por la boca, lanzaban un denso humo -que llegaba a confundirse. Calle Lucano al referir las miserias de -Sabello y de Nasidio, y escuche atentamente lo que describo aquí: calle -Ovidio al ocuparse de Cadmo y Aretusa; que si, en su poema, convirtió -a aquél en serpiente y a éste en fuente, no le envidio. Ovidio no -transformó jamás dos naturalezas frente a frente, de tal modo que -sus formas cambiaran también de materia. El hombre y la serpiente se -correspondieron de tal suerte, que cuando ésta abrió su cola en forma -de horquilla, el herido juntó sus dos pies. Las piernas y los muslos -de éste se estrecharon tanto, que en poco tiempo no quedaron vestigios -de su natural separación. La cola hendida de la serpiente tomaba la -figura que desaparecía en el hombre, y su piel se hacía blanda al -paso que dura la de aquél. Vi entrar los brazos del condenado en los -sobacos; y las dos patas de la fiera, que eran cortas, se alargaban -tanto cuanto aquéllos se encogían. Las patas de detrás de aquélla, -retorciéndose, formaban el miembro que el hombre oculta, y el del -miserable dividióse en dos patas. Mientras que el humo daba el color de -la serpiente al hombre y viceversa, y hacía salir en aquélla el pelo -que quitaba a éste, el uno, es decir, la fiera transformada en hombre, -se levantó, y cayó el otro; pero sin dejar de lanzarse miradas feroces, -ante las cuales cada uno de ellos cambiaba de rostro. El que estaba en -pie lo encogió hacia las sienes, y de la carne excedente se le formaron -las orejas en sus lisos carrillos. La parte del hocico de la serpiente -que no se replegó en la cabeza quedó fuera formando la nariz del rostro -humano, y abultó al propio tiempo convenientemente los labios. El que -estaba en el suelo extendió su boca hacia delante, e hizo entrar sus -orejas en la cabeza, como el caracol hace con sus cuernos; y la lengua, -que estaba antes unida y dispuesta a hablar, se hendió, al paso que -se unía la lengua hendida del reptil, dejando de lanzar humo. El alma -que se había convertido en serpiente huyó silbando por la fosa; y el -otro, hablando detrás de ella, le escupía. Volvióle después sus recién -formadas espaldas, y dijo al otro condenado: "Quiero que Buoso se -arrastre por este camino como yo lo he hecho." De tal suerte vi yo, en -la séptima fosa, cambiarse y metamorfosearse dos naturalezas; y si mi -lenguaje no es florido, sírvame de excusa la novedad del caso. - -Aunque mis ojos estuviesen turbados y mi espíritu aturdido, no pudieron -huír las otras dos sombras tan ocultamente, que yo no conociese a -Puccio Sciancato, el único de los tres espíritus de los llegados -anteriormente que no había cambiado de forma: el otro era aquel que tú -lloras, ¡oh Gaville![34] - - [34] Para mayor claridad, nótese bien que Dante ve primero - tres espíritus: Agnolo Brunelleschi, Buoso Donati y Puccio - Sciancato. Luego viene Cianfa en forma de serpiente con - seis patas, se arroja sobre Brunelleschi, y los dos se - convierten en un solo monstruo, que se va con pasos lentos. - Llega después, en forma de serpiente lívida y negra, Guercio - Cavalcante: pica a Buoso, le transforma en serpiente y él se - vuelve hombre: Buoso huye silbando. Quedan solos en escena - Puccio Sciancato, que no ha sufrido transformación, y "aquel a - quien llora Gaville;" es decir, Guercio Cavalcante. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMOSEXTO_ - - -Alégrate, Florencia, pues eres tan grande, que tu nombre vuela por -mar y tierra, y es famoso en todo el infierno. Entre los ladrones he -encontrado cinco de tus nobles ciudadanos; lo cual me avergüenza, y -a tí no te honra mucho. Pero, si es verdad lo que se sueña cerca del -amanecer, dentro de poco tiempo conocerás lo que contra ti desean, no -ya otros pueblos, sino Prato: y si este mal se hubiese ya cumplido, no -sería prematuro. ¡Así viniese hoy lo que ha de suceder, pues tanto más -me contristará, cuanto más viejo me vuelva! - -Partimos; y por los mismos escalones de las rocas que nos habían -servido para bajar, subió mi Guía, tirando de mí. Prosiguiendo la ruta -solitaria a través de los picos y rocas del escollo, no era posible -mover un pie sin el auxilio de la mano. Entonces me afligí, como me -aflijo ahora, cuando pienso en lo que vi; y refreno mi espíritu más -de lo que acostumbro, para que no aventure tanto que deje de guiarlo -la virtud; porque, si mi buena estrella u otra influencia mejor me ha -dado algún ingenio, no quiero yo mismo envidiármelo. Así como en la -estación en que aquel que ilumina al mundo nos oculta menos su faz, -el campesino que reposa en la colina a la hora en que el mosquito -reemplaza a la mosca, ve por el valle las luciérnagas que corren por -el sitio donde vendimia y ara, así también vi resplandecer infinitas -llamas en la octava fosa, en cuanto estuve en el punto desde donde -se distinguía su fondo. Y como aquel a quien los osos ayudaron en su -venganza[35] vió partir el carro de Elías, cuando los caballos subían -erguidos al cielo, de tal modo que no pudiendo sus ojos seguirle, -sólo distinguían una ligera llama elevándose como débil nubecilla, -así también noté que se agitaban aquéllas en la abertura de la fosa, -encerrando cada una un pecador, pero sin manifestar lo que ocultaban. -Yo estaba sobre el puente, tan absorto en la contemplación de aquel -espectáculo, que, a no haberme agarrado a un trozo de roca, hubiera -caído sin ser empujado. Mi Guía, que me vió tan atento, me dijo: - ---Dentro del fuego están los espíritus, cada uno revestido de la llama -que le abrasa. - - [35] Colocados en una misma pira los cadáveres de los hermanos - Eteocles y Polinyces, que se habían dado muerte el uno al - otro, la llama descubría, bifurcándose, que se odiaban aun - después de muertos. - ---¡Oh, Maestro!--respondí;--tus palabras han hecho que me cerciore de -lo que veo; pero ya lo había pensado así y quería decírtelo. Mas dime: -¿quién está en aquella llama que se divide en su parte superior, y -parece salir de la pira donde fueron puestos Eteocles y su hermano? - -Me contestó: - ---Allí dentro están torturados Ulises y Diomedes: juntos sufren aquí -un mismo castigo, como juntos se entregaron a la ira. En esa llama -se llora también el engaño del caballo de madera, que fué la puerta -por donde salió la noble estirpe de los romanos. Llórase también el -artificio por el que Deidamia, aun después de muerta, se lamenta de -Aquiles, y se sufre además el castigo por el robo del Paladión. - ---Si es que pueden hablar en medio de las llamas--dije yo--, Maestro, -te pido y te suplico, y así mi súplica valga por mil, que me permitas -esperar que esa llama dividida llegue hasta aquí: mira cómo, arrastrado -por mi deseo, me abalanzo hacia ella. - -A lo que me contestó: - -Tu súplica es digna de alabanza, y yo la acojo; pero haz que tu lengua -se reprima, y déjame a mí hablar; pues comprendo lo que quieres, y -quizás ellos, siendo griegos, se desdeñarían de contestarte. - -Cuando la llama estuvo cerca de nosotros, y mi Guía juzgó el lugar y el -momento favorables, le oí expresarse en estos términos: - ---¡Oh vosotros, que sois dos en un mismo fuego! Si he merecido vuestra -gracia durante mi vida, si he merecido de vosotros poco o mucho, cuando -escribí mi gran poema en el mundo, no os alejéis; antes bien dígame uno -de vosotros dónde fué a morir, llevado de su valor. - -La punta más elevada de la antigua llama empezó a oscilar murmurando -como la que agita el viento; después, dirigiendo a uno y otro lado su -extremidad, empezó a lanzar algunos sonidos, como si fuera una lengua -que hablara, y dijo: - ---Cuando me separé de Circe, que me tuvo oculto más de un año en Gaeta, -antes de que Eneas le diera este nombre, ni las dulzuras paternales, -ni la piedad debida a un padre anciano, ni el amor mutuo que debía -hacer dichosa a Penélope, pudieron vencer el ardiente deseo que yo tuve -de conocer el mundo, los vicios y las virtudes de los humanos, sino -que me lancé por el abierto mar sólo con un navío, y con los pocos -compañeros que nunca me abandonaron. Vi entrambas costas, por un lado -hasta España, por otro hasta Marruecos, y la isla de los Sardos y las -demás que baña en torno aquel mar. Mis compañeros y yo nos habíamos -vuelto viejos y pesados cuando llegamos a la estrecha garganta donde -plantó Hércules las dos columnas para que ningún hombre pasase más -adelante. Dejé a Sevilla a mi derecha, como había dejado ya a Ceuta a -mi izquierda. "¡Oh hermanos, dije, que habéis llegado al Occidente a -través de cien mil peligros!, ya que tan poco os resta de vida, no os -neguéis a conocer el mundo sin habitantes, que se encuentra siguiendo -al Sol. Pensad en vuestro origen; vosotros no habéis nacido para vivir -como brutos, sino para alcanzar la virtud y la ciencia." Con esta corta -arenga infundí en mis compañeros tal deseo de continuar el viaje, que -apenas los hubiera podido detener después. Y volviendo la popa hacia -el Oriente, de nuestros remos hicimos alas para seguir tan desatentado -viaje, inclinándonos siempre hacia la izquierda. La noche veía ya -brillar todas las estrellas del otro polo, y estaba el nuestro tan bajo -que apenas parecía salir fuera de la superficie de las aguas. Cinco -veces se había encendido y otras tantas apagado la luz de la luna desde -que entramos en aquel gran mar, cuando apareció una montaña obscurecida -por la distancia, la cual me pareció la más alta de cuantas había -visto hasta entonces. Nos causó alegría, pero nuestro gozo se trocó -bien pronto en llanto; pues de aquella tierra se levantó un torbellino -que chocó contra la proa de nuestro buque: tres veces lo hizo girar -juntamente con las encrespadas ondas, y a la cuarta levantó la popa y -sumergió la proa como plugo al Otro, hasta que el mar volvió a unirse -sobre nosotros. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMOSEPTIMO_ - - -Habíase quedado derecha e inmóvil la llama para no decir nada más, y ya -se iba alejando de nosotros, con permiso del dulce poeta, cuando otra -que seguía detrás nos hizo volver la vista hacia su punta, a causa del -confuso rumor que salía de ella. Como el toro de Sicilia que, lanzando -por primer mugido el llanto del que lo había trabajado con su lima (lo -cual fué justo), bramaba con las voces de los torturados en él de tal -suerte, que a pesar de estar construído de bronce, parecía realmente -traspasado de dolor, así también las palabras lastimeras del espíritu -contenido en la llama, no encontrando en toda la extensión de ella -ninguna abertura por donde salir, se convertían en el lenguaje del -fuego; pero cuando consiguieron llegar a su punta, comunicándole a ésta -el movimiento que la lengua les había dado al pasar, oímos decir: - ---¡Oh tú, a quien me dirijo, y que hace poco hablabas en lombardo, -diciendo: "Véte ya, no te detengo más!" Aun cuando yo haya llegado -tarde, no te pese permanecer hablando conmigo; pues a mí no me pesa, -no obstante que estoy ardiendo.[36] Si acabas de caer en este mundo -lóbrego desde la dulce tierra latina, donde he cometido todas mis -faltas, dime si los romañolos están en paz o en guerra; pues fuí de las -montañas que se elevan entre Urbino y el yugo de que el Tíber se desata. - - [36] Este espíritu es el conde Guido de Montefeltro. - -Yo escuchaba aún atento e inclinado, cuando mi Guía me tocó, diciendo: - ---Habla tú, ese es latino. - -Y yo, que tenía la respuesta preparada, empecé a hablarle así sin -tardanza: - ---¡Oh alma, que te escondes ahí debajo! Tu Romanía no está ni estuvo -nunca sin guerra en el corazón de sus tiranos; pero al venir no he -dejado guerra manifiesta: Ravena está como hace muchos años: el águila -de Polenta anida allí, y cubre aún a Cervia con sus alas. La tierra que -sostuvo tan larga prueba, y contiene sangrientos montones de cadáveres -franceses, se encuentra en poder de las garras verdes; y el mastín -viejo y el joven de Verrucchio, que tanto daño hicieron a Montagna, -siguen ensangrentando sus dientes donde acostumbran. La ciudad del -Lamone y la del Santerno están dirigidas por el leoncillo de blanco -cubil, que del verano al invierno cambia de partido; y aquella que está -bañada por el Savio, vive entre la tiranía y la libertad, así como se -asienta entre la llanura y la montaña. Ahora te ruego que me digas -quién eres: no seas más duro de lo que lo han sido otros; así pueda tu -nombre durar eternamente en el mundo. - -Cuando el fuego hubo producido su acostumbrado rumor, movió de una -parte a otra su aguda punta, y después habló así: - -Si yo creyera que dirijo mi respuesta a una persona que debe volver al -mundo, esta llama dejaría de agitarse; pero como ninguno pudo salir -jamás de esta profundidad, si es cierto lo que he oído, te responderé -sin temor a la infamia. Yo fuí hombre de guerra y luego franciscano, -creyendo que con este hábito expiaría mis faltas; y mi creencia hubiera -tenido ciertamente efecto, si el gran Sacerdote, a quien deseo todo -mal, no me hubiese hecho incurrir en mis primeras faltas. Quiero que -tú sepas cómo y por qué. Mientras conservé la forma de carne y hueso -que mi madre me dió, mis acciones no fueron de león, sino de zorra. Yo -conocí toda clase de astucias, todas las asechanzas, y las practiqué -tan bien, que su fama resonó hasta en el último confín del mundo. -Cuando me ví cercano a la edad en que cada cual debería cargar las -velas y recoger las cuerdas, lo que antes me agradaba me disgustó -entonces; y arrepentido, confesé mis culpas, retirándome al claustro. -Entonces ¡ay, infeliz de mí! pude haberme salvado: pero el príncipe -de los nuevos fariseos estaba en guerra cerca de Letrán (y no con los -sarracenos ni con los judíos, pues todos sus enemigos eran cristianos, -y ninguno de ellos había ido a conquistar a Acre, ni a comerciar en -la tierra del Sultán): no tuvo en cuenta su dignidad suprema ni las -sagradas órdenes de que estaba investido, ni vió en mí aquel cordón que -solía enflaquecer a los que lo llevaban; sino que, así como Constantino -llamó a Silvestre en el monte Soracto, para que le curase la lepra, así -también me llamó aquél para que le curara su orgullosa fiebre: pidióme -consejo, y yo me callé, porque sus palabras me parecieron las de un -hombre ebrio. Después añadió: "No abrigue tu corazón temor alguno: te -absuelvo de antemano; pero me has de decir cómo podré echar por tierra -los muros de Preneste. Yo puedo abrir y cerrar el cielo, como sabes; -porque son dos las llaves a que no tuvo mucho apego mi antecesor." -Estos graves argumentos me impresionaron, y pensando que sería peor -callar que hablar, dije: "Padre, puesto que tú me lavas del pecado en -que voy a incurrir, para triunfar en tu alto solio, debes prometer -mucho y cumplir poco de lo que prometas." Cuando ocurrió mi muerte, fué -Francisco a buscarme; pero uno de los negros querubines le dijo: "No -puedes llevártelo; no me prives de lo que es mío: éste debe bajar a lo -profundo entre mis condenados, por haber aconsejado el fraude, desde -cuya falta le tengo cogido por los cabellos. No es posible absolver al -que no se arrepiente, como tampoco es posible arrepentirse y querer el -pecado al mismo tiempo, pues la contradicción no lo consiente." ¡Ay de -mí, desdichado! ¡Cómo me aterré cuando me agarró, diciendo: "¡Acaso no -creerías que fuera yo tan lógico!" Me condujo ante Minos, el cual se -ciñó ocho veces la cola en derredor de su duro cuerpo, y mordiéndosela -con gran rabia, dijo: "Ese debe estar entre los culpables que esconde -el fuego." He aquí por qué estoy sepultado donde me ves, y por qué gimo -al llevar este vestido. - -Cuando hubo acabado de hablar, se alejó la plañidora llama, torciendo y -agitando su aguda punta. Mi Guía y yo seguimos adelante, a través del -escollo, hasta llegar al otro arco que cubre el foso donde se castiga a -los que cargaron su conciencia introduciendo la discordia. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMOCTAVO_ - - -¿Quién podría jamás, ni aún con palabras sin medida, por más que lo -intentase muchas veces, describir toda la sangre y las heridas que vi -entonces? No existe ciertamente lengua alguna que pueda expresar, ni -entendimiento que retenga, lo que apenas cabe en la imaginación. Si -pudiera reunirse toda la gente que derramó su sangre en la infortunada -tierra de la Pulla, cuando combatieron los romanos durante aquella -prolongada guerra en que se recogió tan gran botín de anillos, como -refiere Tito Livio y no se equivoca, con la que sufrió tan rudos golpes -por contrastar a Roberto Guiscardo, y con aquella cuyos huesos se -recogen aún, tanto en Ceperano, donde cada habitante fué un traidor, -como en Tagliacozzo, donde el viejo Allard venció sin armas, y fuera -posible que todos los combatientes mencionados enseñaran sus miembros -rotos y traspasados, ni aun así tendría una idea del aspecto horrible -que presentaba la novena fosa. Una cuba que haya perdido las duelas del -fondo no se vacía tanto como un espíritu que ví hendido desde la barba -hasta la parte inferior del vientre; sus intestinos le colgaban por -las piernas: se veía el corazón en movimiento y el triste saco donde -se convierte en excremento todo cuanto se come. Mientras le estaba -contemplando atentamente, me miró, y con las manos se abrió el pecho, -diciendo: - ---Mira cómo me desgarro: mira cuán estropeado está Mahoma. Allí va -delante de mí llorando, con la cabeza abierta desde el cráneo hasta la -barba, y todos los que aquí ves, vivieron; mas por haber diseminado -el escándalo y el cisma en la tierra, están hendidos del mismo modo. -En pos de nosotros viene un diablo que nos hiere cruelmente, dando -tajos con su afilada espada a cuantos alcanza entre esta multitud de -pecadores, luego que hemos dado una vuelta por esta lamentable fosa; -porque nuestras heridas se cierran antes de volvernos a encontrar con -aquel demonio. Pero tú, que estás husmeando desde lo alto del escollo, -quizá para demorar tu marcha hacia el suplicio que te haya sido -impuesto por tus culpas, ¿quién eres? - ---Ni la muerte le alcanzó aún, ni le traen aquí sus culpas para que sea -atormentado--contestó mi Maestro--, sino que ha venido para conocer -todos los suplicios. Yo, que estoy muerto, debo guiarle por cada uno de -los círculos del profundo Infierno, y esto es tan cierto como que te -estoy hablando. - -Al oír estas palabras, más de cien condenados se detuvieron en la fosa -para contemplarme, haciéndoles olvidar la sorpresa su martirio. - ---Pues bien, tú que tal vez dentro de poco volverás a ver el sol, di a -fray Dolcino que, si no quiere reunirse conmigo aquí muy pronto, debe -proveerse de víveres y no dejarse rodear por la nieve; pues sin el -hambre y la nieve, difícil le será al novarés vencerle. - -Mahoma me dijo estas palabras después de haber levantado un pie para -alejarse; cuando cesó de hablar, lo fijó en el suelo y partió. - -Otro, que tenía la garganta atravesada, la nariz cortada hasta las -cejas, y una oreja solamente, se quedó mirándome asombrado con los -demás espíritus, y abriendo antes que ellos su boca, exteriormente -rodeada de sangre por todas partes, dijo: - ---¡Oh, tú a quien no condena culpa alguna, y a quien ya vi allá arriba, -en la tierra latina, si es que no me engaña una gran semejanza!, -acuérdate de Pedro de Medicina, si logras ver de nuevo la hermosa -llanura que declina desde Vercelli a Marcabó; y haz saber a los dos -mejores de Fano, a messer Guido y Angiolello, que si la previsión no es -aquí vana, serán arrojados fuera de su bajel, y ahogados cerca de la -Católica por la traición de un tirano desleal. Desde la isla de Chipre -a la de Mallorca no habrá visto jamás Neptuno una felonía tan grande, -llevada a cabo por piratas, ni por corsarios griegos. Aquel traidor, -que ve solamente con un ojo, y que gobierna el país que no quisiera -haber visto uno que está aquí conmigo, les invitará a parlamentar con -él, y después hará de modo que no necesiten conjurar con sus votos y -oraciones el viento de Focara. - -Yo le dije: - ---Si quieres que lleve noticias tuyas allá arriba, muéstrame y declara -quién es ése que deplora haber visto aquel país. - -Entonces puso su mano sobre la mandíbula de uno de sus compañeros, y le -abrió la boca exclamando: - ---Héle aquí; pero no habla. - -Era aquel que, desterrado de Roma, ahogó la duda en el corazón de -César, afirmando que el que está preparado, se perjudica en aplazar -la realización de una empresa. ¡Oh! ¡Cuán acorbardado me parecía con -su lengua cortada en la garganta aquel Curión, que tan audaz fué para -hablar! - -Otro, que tenía las manos cortadas, levantando sus muñones al aire -sombrío, de tal modo que se inundaba la cara de sangre, gritó: - ---Acuérdate también de Mosca, que dijo, ¡desventurado!: "Cosa hecha -está concluída." Palabras que fueron el origen de las discordias -civiles de los toscanos. - ---¡Y de la muerte de tu raza!--exclamé yo. - -Entonces él, acumulando dolor sobre dolor, se alejó como una persona -triste y demente. - -Continué examinando la banda infernal, y vi cosas que no me atrevería a -referir sin otra prueba, si no fuese por la seguridad de mi conciencia; -esa buena compañera, que confiada en su pureza, fortifica tanto el -corazón del hombre: vi, en efecto, y aun me parece que lo estoy viendo, -un cuerpo sin cabeza, andando como los demás que formaban aquella -triste grey: asida por los cabellos, y pendiente a guisa de linterna, -llevaba en una mano su cabeza cortada, la cual nos miraba exclamando: -"¡Ay de mí!" Servíase de sí mismo como de una lámpara, y eran dos en -uno y uno en dos: cómo puede ser esto, sólo lo sabe Aquél que nos -gobierna. Cuando llegó al pie del puente, levantó en alto su brazo con -la cabeza para acercarnos más sus palabras, que fueron éstas: - ---Mira mi tormento cruel, tú que, aunque estás vivo, vas contemplando -los muertos: ve si puede haber alguno tan grande como éste. Y para que -puedas dar noticias mías, sabe que yo soy Bertrán de Born, aquel que -dió tan malos consejos al rey joven. Yo armé al padre y al hijo uno -contra otro: no hizo más Aquitofel con sus perversas instigaciones a -David y Absalón. Por haber dividido a personas tan unidas, llevo ¡ay -de mí! mi cabeza separada de su principio, que queda encerrado en este -tronco: así se observa conmigo la pena del talión. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMONONO_ - - -El espectáculo de aquella multitud de precitos y de sus diversas -heridas, de tal modo henchía de lágrimas mis ojos, que hubiera deseado -detenerme para llorar. Pero Virgilio me dijo: - ---¿Qué miras ahora? ¿Por qué tu vista se obstina en contemplar ahí -abajo esas sombras tristes y mutiladas? Tú no has hecho eso en las -otras fosas: si crees poder contar esas almas, piensa que la fosa tiene -veintidós millas de circunferencia. La luna está ya debajo de nosotros: -el tiempo que se nos ha concedido es muy corto, y aún nos queda por ver -más de lo que has visto. - ---Si hubieses considerado atentamente--le respondí--la causa que me -obligaba a mirar, quizá hubieras permitido que me detuviera aquí un -poco. - -Mi Guía se alejaba ya, mientras yo iba tras de él contestándole y -añadiendo: - ---Dentro de aquella cueva donde tenía los ojos tan fijos, creo que -había un espíritu de mi familia llorando el delito que se castiga ahí -con tan graves penas. - -Entonces me contestó el Maestro: - ---No se ocupe ya más tu pensamiento en la suerte de ese espíritu; -piensa en otra cosa, y quédese él donde está. Le he visto al pie del -puente señalarte y amenazarte airadamente con el dedo, y oí que le -llamaban Geri del Bello; pero tú estabas tan distraído con el que -gobernó a Altaforte, que como no miraste hacia donde él estaba, se -marchó. - ---¡Oh, mi Guía!--dije yo--Su violenta muerte, que no ha sido aún -vengada por ninguno de nosotros, partícipes de la ofensa, le ha -indignado: he aquí por qué, según presumo, se ha ido sin hablarme; y -esto es causa de que me inspire más compasión. - -Así continuamos hablando hasta el primer punto del peñasco, desde -donde se distinguiría la otra fosa hasta el fondo, si hubiera en ella -más claridad. Cuando estuvimos colocados sobre el último recinto de -Malebolge, de manera que los transfigurados que contenía pudieran -aparecer a nuestra vista, hirieron mis oídos diversos lamentos que cual -agudas flechas me traspasaron el corazón; por lo cual tuve que cubrirme -las orejas con ambas manos. Si entre los meses de julio y septiembre -los hospitales de la Valdichiana y los enfermos de las Marismas y -de Cerdeña estuvieran reunidos en una sola fosa, esta acumulación -formaría un espectáculo tan doloroso como el que ví en aquella, de la -cual se exhalaba la misma pestilencia que la que despiden los miembros -gangrenados. Descendimos hacia la izquierda por la última orilla del -largo peñasco, y entonces pude distinguir mejor la profundidad de aquel -abismo, donde la infalible Justicia, ministro del Altísimo, castiga a -los falsarios que apunta en su registro. - -No creo que causara mayor tristeza ver enfermo el pueblo entero de -Egina, cuando se inficionó tanto el aire, que perecieron todos los -animales hasta el miserable gusano, habiendo salido después los -habitantes de aquella isla de la raza de las hormigas, según aseguran -los poetas, como causaba el ver a los espíritus languidecer en tristes -montones por aquel obscuro valle. Cuál yacía tendido sobre el vientre, -cuál sobre las espaldas unos de otros; y alguno andaba a rastras por el -triste camino. - -Ibamos caminando paso a paso sin decir una palabra, mirando y -escuchando a los enfermos, que no podían sostener sus cuerpos. Vi dos -de ellos sentados y apoyados el uno contra el otro, como se apoyan las -tejas para cocerlas, y llenos de pústulas desde la cabeza hasta los -pies. Nunca he visto criado alguno, a quien espera su amo o que vela a -pesar suyo, tan diligente en remover la almohaza, como lo era cada uno -de aquellos condenados para rascarse con frecuencia y calmar así la -terrible rabia de su comezón, que no tenía otro remedio. Se arrancaban -con las uñas las pústulas, como el cuchillo arranca las escamas del -escaro o de otro pescado que las tenga más grandes. - ---¡Oh tú, que con los dedos te desarmas--dijo mi Guía a uno de ellos--, -y que los empleas como si fueran tenazas! Dime si hay algún latino -entre los que están aquí, y ¡ojalá puedan tus uñas bastarte eternamente -para ese trabajo! - ---Latinos somos los dos a quienes ves tan deformes--respondió uno de -ellos llorando--; pero ¿quién eres tú, que preguntas por nosotros? - -Y el Guía repuso: - ---Soy un espíritu que he descendido con este sér viviente de grado en -grado, y tengo el encargo de enseñarle el Infierno. - -Las dos sombras cesaron entonces de prestarse mutuo apoyo, y cada una -de ellas se volvió temblando hacia mí, juntamente con otras que lo -oyeron, aunque no se dirigía a ellas la contestación. El buen Maestro -se me acercó diciendo: "Diles lo que quieras." Y ya que él lo permitía, -empecé de este modo: - ---Así vuestra memoria no se borre de las mentes humanas en el primer -mundo, y antes bien dure por muchos años; decidme quiénes sois y de qué -nación: no tengáis reparo en franquearos conmigo, sin que os lo impida -vuestro insoportable y vergonzoso suplicio. - ---Yo fuí de Arezzo--respondió uno--, y Alberto de Siena me condenó a -las llamas; pero la causa de mi muerte no es la que me ha traído al -Infierno.[37] Es cierto que le dije chanceándome: "Yo sabría elevarme -por el aire volando;" y él, que era curioso y de cortos alcances, quiso -que yo le enseñase aquel arte: y tan sólo porque no le convertí en -Dédalo, me hizo quemar por mandato de uno que le tenía por hijo; pero -Minos, que no puede equivocarse, me condenó a la última de las diez -fosas por haberme dedicado a la alquimia en el mundo. - - [37] Dícese que éste fué cierto Griffolino, alquimista, que - alabándose de conocer el arte de volar, prometió enseñárselo a - un sienés llamado Alberto, el cual al principio le creyó; pero - habiendo advertido después el engaño, le acusó ante el obispo - de Siena como reo de nigromancia, y Griffolino fué condenado - por dicho obispo a ser quemado vivo, como nigromante. - -Yo dije al Poeta: - ---¿Hubo jamás un pueblo tan vano como el sienés? Seguramente no lo es -tanto, ni con mucho, el pueblo francés. - -Entonces el otro leproso, que me oyó, contestó a mis palabras: - ---Exceptúa a Stricca, que supo hacer tan moderados gastos; y a Niccolo, -que fué el primero que descubrió la rica usanza del clavo de especia, -en la ciudad donde hoy es tan común su uso. Exceptúa también la -sociedad en que malgastó Caccia de Asciano sus viñas y sus bosques, y -en la que Abbagliato demostró hasta donde llegaba su juicio. Mas para -que sepas quién es el que de este modo te secunda contra los sieneses, -fija en mí tus ojos a fin de que mi rostro corresponda al deseo que -tienes de conocerme, y podrás ver que soy la sombra de Capocchio, el -que falsificó los metales por medio de la alquimia: y debes recordar, -si eres efectivamente el que pienso, que fuí por naturaleza un buen -imitador. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO TRIGESIMO_ - - -En aquel tiempo en que Juno, por causa de Semele, estaba irritada -contra la sangre tebana, como lo demostró más de una vez, Atamas se -volvió tan insensato que, al ver acercarse a su mujer, llevando de -la mano a sus dos hijos, exclamó: "Tendamos las redes de modo que yo -coja a su paso la leona con sus cachorros;" y extendiendo después las -desapiadadas manos, agarró a uno de ellos, que se llamaba Learco, le -hizo dar vueltas en el aire y lo estrelló contra una roca: la madre se -ahogó con el hijo restante. Cuando la fortuna abatió la grandeza de -los troyanos, que a todo se atrevían, hasta que el reino fué destruído -juntamente con el rey, la triste Hécuba, miserable y cautiva, después -de haber visto a Polixena muerta, y el cuerpo de su Polidoro tendido en -la orilla del mar quedó con el corazón tan desgarrado, que, fuera de -sí, empezó a ladrar como un perro; de tal modo la había trastornado el -dolor. Pero ni los tebanos ni los troyanos furiosos demostraron tanta -crueldad, no ya en torturar cuerpos humanos, sino ni siquiera animales, -como la que vi en dos sombras desnudas y pálidas, que corrían -mordiéndose, como el cerdo cuando se escapa de su pocilga. Una de ellas -alcanzó a Capocchio, y se le afianzó a la nuca de tal modo, que tirando -de él, le hizo arañar con su vientre el duro suelo. El aretino, que -quedó temblando, me dijo: - ---Ese loco es Gianni Schicchi, que va rabioso maltratando a los demás. - ---¡Oh!--le dije yo--: no temas decirme quién es la otra sombra que va -con él, antes que desaparezca, y ojalá no venga a hincarte los dientes -en el cuerpo. - -Me contestó: - ---Es el alma antigua de la perversa Mirra, que fué amante de su padre -contra las leyes del amor honesto: para cometer tal pecado se disfrazó -bajo la forma de otra; como aquel que ya se va tuvo empeño en fingirse -Buoso Donati, a fin de ganar la "Donna della Torma," testando en su -lugar, y dictando las cláusulas del testamento.[38] - - [38] Gianni Schicchi acometió la empresa de suplantar la - persona de Buoso Donati, muerto sin testar; para lo cual se - metió en la cama de éste, y fingiendo que estaba cercano a la - muerte, testó e instituyó por heredero a Simón Donati, hijo de - Buoso, y como legado, dejó a Gianni Schicchi, es decir, a sí - mismo, la mejor yegua de las caballerizas de Buoso, llamada - Madona Tonina. Dante dice: della Torma por desprecio. - -Cuando hubieron pasado aquellas dos almas furiosas, sobre las cuales -había tenido fija mi vista, me volví para mirar las sombras de los -otros mal nacidos. Vi uno, que pareciera un laúd, si hubiese tenido -el cuerpo cortado en el sitio donde el hombre se bifurca. La pesada -hidropesía, que, a causa de los humores convertidos en maligna -sustancia, hace los miembros tan desproporcionados, que el rostro -no corresponde al vientre, le obligaba a tener la boca abierta, -pareciéndose al hético que, cuando está sediento, dirige uno de sus -labios hacia la barba y otro hacia la nariz. - ---¡Oh vosotros, que no sufrís pena alguna (y no sé por qué) en este -mundo miserable!--nos dijo--: mirad y estad atentos al infortunio de -maese Adam: yo tuve en abundancia, mientras viví, todo cuanto deseé; y -ahora, ¡ay de mí!, sólo deseo una gota de agua. - -Los arroyuelos que desde las verdes colinas del Casentino descienden -hasta el Arno, trazando frescos y apacibles cauces, continuamente están -ante mi vista, y no en vano; pues su imagen me reseca más que el mal -que descarna mi rostro. La rígida justicia que me castiga se sirve -del mismo lugar donde he pecado para hacerme exhalar más suspiros. -Allí está Romena, donde falsifiqué la moneda acuñada con el busto del -Bautista, por lo cual dejé en la tierra mi cuerpo quemado. Pero si yo -viese aquí el alma criminal de Guido, o la de Alejandro, o la de su -hermano, no cambiaría el placer de mirarlos a mi lado ni aun por la -fuente Branda. Una de ellas está ya aquí dentro, si es cierto lo que -dicen las coléricas sombras de los que giran por estos sitios; pero -¿qué me importa, si tengo encadenados mis miembros? Si a lo menos fuese -yo tan ágil que en cien años pudiera andar una pulgada, ya me habría -internado por el sendero, buscándola entre esa gente deforme, a pesar -de que la fosa tiene once millas de circunferencia y no menos de media -milla de diámetro. Por su causa me veo entre estos condenados: ellos me -indujeron a acuñar los florines, que bien tenían tres quilates de liga. - -A mi vez lo dije: - ---¿Quiénes son esos dos espíritus infelices, que despiden vaho, como en -el invierno una mano mojada, y que tan unidas yacen a tu derecha? - ---Aquí los encontré--respondióme--, cuando bajé a este abismo; y desde -entonces, ni se han movido, ni creo que eternamente se muevan. El uno -es la falsa que acusó a José; el otro es el falso Sinón, griego de -Troya: por efecto de su ardiente fiebre, lanzan ese vapor fétido. - -Uno de ellos, indignado quizá porque se le daba aquel nombre infame, le -golpeó con el puño en su endurecido vientre, haciéndoselo resonar como -un tambor. Maese Adam le dió a su vez en el rostro con su puño, que no -parecía menos duro, diciéndole: - ---Aunque me vea privado de moverme a causa de la pesadez de algunos de -mis miembros, tengo el brazo suelto para semejante tarea. - -A lo que aquél replicó: - ---Cuando marchabas hacia la hoguera no lo tenías tan suelto; pero lo -tenías mucho más cuando acuñabas moneda. - -El hidrópico repuso: - ---Eres verídico en eso; mas no lo fuiste tanto cuando en Troya te -incitaron a que dijeses la verdad. - ---Si allí dije una falsedad, en cambio tú falsificaste el cuño--dijo -Sinón--; y si yo estoy aquí por una falta, tú lo estás por muchas más -que ninguno otro demonio. - ---Acuérdate, perjuro, del caballo--replicó aquel que tenía el vientre -hinchado--; y sírvate de castigo el que el mundo entero conoce tu -delito. - ---Sírvate a ti también de castigo la sed que tiene agrietada tu -lengua--contestó el Griego--, y el agua podrida que eleva tu vientre -como una barrera ante tus ojos. - -Entonces el monedero replicó: - ---También tu boca se rasga por hablar mal, como acostumbra: si yo tengo -sed, y si el humor me hincha, tú tienes fiebre y te duele la cabeza; -no te harías mucho de rogar para lamer el espejo de Narciso. - -Yo estaba escuchándoles atentamente, cuando me dijo mi Maestro: - ---Sigue, sigue contemplándolos aún; que poco me falta para reírme de ti. - -Cuando le oí hablarme con ira, me volví hacia él tan abochornado, que -aún conservo vivo el recuerdo en mi memoria: y como quien sueña en su -desgracia, que aun soñando desea soñar, y anhela ardientemente que sea -sueño lo que ya lo es, así estaba yo, sin poder proferir una palabra, -por más que quisiera excusarme; y a pesar de que con el silencio me -excusaba, no creía hacerlo así. - ---Con menos vergüenza habría bastante para borrar una falta mayor que -la tuya--me dijo el Maestro--: consuélate; y si acaso vuelve a suceder -que te reunas con gente entregada a semejantes debates, piensa en que -estoy siempre a tu lado; porque querer oír eso es querer una bajeza. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO TRIGESIMOPRIMERO_ - - -La misma lengua que antes me hirió, tiñendo de rubor mis mejillas, -me aplicó en seguida el remedio: Así he oído contar que la lanza de -Aquiles y de su padre solía ocasionar primero un disfavor, y luego un -buen regalo. Volvimos la espalda a aquel desventurado valle, andando, -sin decir una palabra, por encima del margen que lo rodea. Allí no -era de día ni de noche, de modo que mi vista alcanzaba poco delante -de mí: pero oí resonar una gran trompa, tan fuertemente, que habría -impuesto silencio a cualquier trueno; por lo cual mis ojos, siguiendo -la dirección que aquel ruido traía, se fijaron totalmente en un solo -punto. No hizo sonar tan terriblemente su trompa Orlando, después de -la dolorosa derrota en que Carlo Magno perdió el fruto de su santa -empresa. A poco de haber vuelto hacia aquel lado la cabeza, me pareció -ver muchas torres elevadas, por lo que dije: - ---Maestro, ¿qué tierra es ésta? - -Me respondió: - ---Como miras a lo lejos a través de las tinieblas, te equivocas en lo -que te imaginas. Ya verás, cuando hayas llegado allí, cuánto engaña a -la vista la distancia: así pues, aprieta el paso. - -Después me cogió afectuosamente de la mano, y me dijo: - ---Antes que pasemos más adelante, y a fin de que el caso no te cause -tanta extrañeza, sabe que eso no son torres, sino gigantes; todos los -cuales están metidos hasta el ombligo en el pozo alrededor de sus muros. - -Así como la vista, cuando se disipa la niebla, reconoce poco a poco -las cosas ocultas por el vapor en que estaba envuelto el aire, de -igual modo, y a medida que la mía atravesaba aquella atmósfera densa -y obscura, conforme nos íbamos acercando hacia el borde del pozo, mi -error se disipaba y crecía mi miedo. Lo mismo que Montereggione corona -de torres su recinto amurallado, así, por el borde que rodea el pozo, -se elevaban como torres y hasta la mitad del cuerpo los horribles -gigantes, a quienes amenaza todavía Júpiter desde el cielo, cuando -truena. Yo podía distinguir ya el rostro, los hombros y el pecho de -uno de ellos, y gran parte de su vientre, y sus dos brazos a lo largo -de los costados. En verdad que hizo bien la Naturaleza cuando abandonó -el arte de crear semejantes animales, para quitar pronto a Marte -tales ejecutores; y si ella no se arrepiente de producir elefantes y -ballenas, quien lo repare sutilmente, verá en esto mismo su justicia -y su discreción; porque donde la fuerza del ingenio se une a la -malevolencia y al vigor, no hay resistencia posible para los hombres. - -Su cabeza me parecía tan larga y gruesa como la piña de San Pedro en -Roma[39], guardando la misma proporción los demás huesos; de suerte -que, aun cuando el ribazo le ocultaba de medio cuerpo abajo, se veía lo -bastante para que tres frisones no hubieran podido alabarse de alcanzar -a su cabellera; porque yo calculaba que tendría treinta grandes palmos -desde el borde del pozo hasta el sitio donde el hombre se abrocha la -capa. - - [39] Piña de bronce que primero estuvo sobre la Mole Adriana; - en tiempo de Dante estaba en la plaza de la antigua basílica - de San Pedro en el Vaticano, y ahora en la sala del gran nicho - de Bramante en el jardín que rodean los Museos, llamado por - esto "giardin della pigna." Su altura actualmente es de diez - palmos, pero en tiempo de Dante, antes de truncada su parte - superior, medía unos quince. - -"Raphel mai amech isabi almi"[40], empezó a gritar la fiera boca, en la -cual no estarían bien otras voces más suaves; y mi Guía le dijo: - ---Alma insensata, sigue entreteniéndote con la trompa, y desahógate con -ella, cuando te agite la cólera u otra pasión. Busca por tu cuello y -encontrarás la soga que la sujeta, ¡oh alma turbada!; mírala cómo ciñe -tu enorme pecho. - - [40] Según Fraticelli, cada una de estas cinco extrañas - palabras pertenece a diferente lengua; la primera al hebreo, - y las otras a cuatro de los principales dialectos derivados - de aquélla. Esta opinión parece confirmarla Dante, cuando - dice más abajo: "El mismo se acusa: este es Nemrod, etc.;" - el que por haber querido construir la torre de Babel, - produjo la confusión e hizo que en el mundo no se hable una - sola lengua. En tal supuesto, y admitiendo la versión del - abate José Venturi (aunque éste dice que las palabras son - siriacas), significarían ¡Poder de Dios! ¿Por qué estoy en - esta profundidad? Vuelve atrás: escóndete: pero perteneciendo - a varias lenguas, sería como si traducidas en español, - latín, alemán, francés e italiano, dijésemos: ¡Pardiez!--cur - ego--hier--Va-t-en:--fascondi. - -Después me dijo: - -El mismo se acusa: ese es Nemrod, por cuyo audaz pensamiento se ve -obligado el mundo a usar más de una lengua. Dejémosle estar, y no -lancemos nuestras palabras al viento; pues ni él comprende el lenguaje -de los demás, ni nadie conoce el suyo. - -Continuamos, pues, nuestro viaje, siguiendo hacia la izquierda; y a un -tiro de ballesta de aquel punto encontramos otro gigante mucho más -grande y fiero. No podré decir quién fué capaz de sujetarle; pero sí -que tenía ligado el brazo izquierdo por delante y el otro por detrás -con una cadena, la cual le rodeaba del cuello abajo, dándole cinco -vueltas en la parte del cuerpo que salía fuera del pozo. - ---Ese soberbio quiso ensayar su poder contra el sumo Júpiter--dijo mi -Guía--, por lo cual tiene la pena que ha merecido. Llámase Efialto, -y dió muestras de audacia cuando los gigantes causaron miedo a los -Dioses: los brazos que tanto movió entonces, no los moverá ya jamás. - -Y yo le dije: - ---Si fuese posible, quisiera que mis ojos tuviesen una idea de lo que -es el desmesurado Briareo. - -A lo que contestó: - ---Verás cerca de aquí a Anteo, que habla y anda suelto, el cual nos -conducirá al fondo del Infierno. El que tú quieres ver está atado mucho -más lejos, y es lo mismo que éste, sólo que su rostro parece más feroz. - -El más impetuoso terremoto no sacudió nunca una torre con tal violencia -como se agitó repentinamente Efialto. Entonces temí la muerte más que -nunca, y a no haber visto que el gigante estaba bien atado, bastara -para ello el miedo que me poseía. Seguimos avanzando, y llegamos adonde -estaba Anteo, que, sin contar la cabeza, salía fuera del abismo lo -menos cinco alas.[41] - - [41] Antigua medida inglesa, equivalente a un metro ciento - sesenta y ocho milímetros. Cinco alas equivalen, pues, a unos - treinta palmos. - ---¡Oh tú, que en el afortunado valle donde Escipión heredó tanta -gloria, cuando Aníbal y los suyos volvieron las espaldas, recogiste mil -leones por presa, y que, si hubieras asistido a la gran guerra de tus -hermanos, aún hay quien crea que habrías asegurado la victoria a los -hijos de la Tierra! Si no lo llevas a mal, condúcenos al fondo en donde -el frío endurece al Cocito. No hagas que me dirija a Ticio ni a Tifeo: -este que ves puede dar lo que aquí se desea: por tanto, inclínate y no -tuerzas la boca. Todavía puede renovar tu fama en el mundo; pues vive, -y espera gozar aún de larga vida, si la gracia no lo llama a sí antes -de tiempo. - -Así le dijo el Maestro; y el gigante, apresurándose a extender aquellas -manos que tan rudamente oprimieron a Hércules, cogió a mi Guía. Cuando -Virgilio se sintió agarrar, me dijo: "Acércate para que yo te tome." -Y en seguida me abrazó de modo, que los dos juntos formábamos un solo -fardo. - -Como al mirar la Carisenda[42] por el lado a que está inclinada, cuando -pasa una nube por encima de ella en sentido contrario, parece próxima a -derrumbarse, tal me pareció Anteo cuando le vi inclinarse; y fué para -mí tan terrible aquel momento, que habría querido ir por otro camino. -Pero él nos condujo suavemente al fondo del abismo que devora a Lucifer -y a Judas; y sin demora cesó su inclinación, volviendo a erguirse como -el mástil de un navío. - - [42] Torre inclinada de Bolonia, llamada así del nombre de - sus constructores, Felipe y Odón de Garisendi (año de 1110), - y que hoy se llama la Torre Mozza por haberla mandado truncar - en 1355 el tirano Juan Visconti de Oleggio. Tiene 130 pies de - elevación. Al que se coloca al pie de ella en el lado a que - se inclina, mirando arriba cuando pasa una nube en sentido - contrario a su inclinación, le parece que la torre va a caerse. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO TRIGESIMOSEGUNDO_ - - -Si poseyese un estilo áspero y ronco, cual conviene para describir el -sombrío pozo, sobre el que se apoyan todas las otras rocas, expresaría -mucho mejor la esencia de mi pensamiento; pero como no lo tengo, -me decido a ello con temor; pues no es empresa que pueda tomarse -como juego, ni para ser acometida por una lengua balbuciente, la de -describir el fondo de todo el universo. Pero vengan en auxilio de -mis versos aquellas Mujeres que ayudaron a Anfión a fundar a Tebas, -para que el estilo no desdiga de la naturaleza del asunto. ¡Oh gentes -malditas sobre todas las demás, que estáis en el sitio del que me es -tan duro hablar; más os valiera haber sido aquí convertidas en ovejas o -cabras! - -Cuando llegamos al fondo del obscuro pozo, mucho más abajo de donde -tenía los pies el gigante, como yo estuviese aún mirando el alto muro, -oí que me decían: "Cuidado cómo andas: procura no pisar las cabezas de -nuestros infelices y torturados hermanos." Volvíme al oír esto, y vi -delante de mí y a mis pies un lago, que por estar helado, parecía de -vidrio y no de agua. Ni el Danubio en Austria durante el invierno, -ni el Tanais allá, bajo el frío cielo, cubren su curso de un velo tan -denso como el de aquel lago, en el cual, aunque hubieran caído el -Tabernick o el Pietrapana, no habrían causado el menor estallido. Y a -la manera de las ranas cuando gritan con la cabeza fuera del agua, en -la estación en que la villana sueña que espiga, así estaban aquellas -sombras llorosas y lívidas, sumergidas en el hielo hasta el sitio donde -aparece la vergüenza, produciendo con sus dientes el mismo sonido que -la cigüeña con su pico. Tenían todas el rostro vuelto hacia abajo: su -boca daba muestras del frío que sentían, y sus ojos las daban de la -tristeza de su corazón. Cuando hube examinado algún tiempo en torno -mío, miré a mis pies, y vi dos sombras tan estrechamente unidas, que -sus cabellos se mezclaban. - ---Decidme quiénes sois, vosotros, que tanto unís vuestros pechos--dije -yo. - -Levantaron la cabeza, y después de haberme mirado, sus ojos, que -estaban preñados de lágrimas, se derramaron en los párpados; pero el -frío congeló en ellos aquellas lágrimas, volviéndolos a cerrar. Ninguna -grapa unió jamás tan fuertemente dos trozos de madera; por lo cual -ambos condenados se entrechocaron como dos carneros: tanta fué la ira -que los dominó. Y otro, a quien el frío había hecho perder las orejas, -me dijo, sin levantar la cabeza: - ---¿Por qué nos miras tanto? Si quieres saber quiénes son estos dos, te -diré que el valle por donde corre el Bisenzio fué de su padre Alberto -y de ellos. Ambos salieron de un mismo cuerpo; y aunque recorras toda -la Caína, no encontrarás una sombra más digna de estar sumergida en el -hielo, ni aun la de aquel a quien la mano de Arturo rompió de un golpe -el pecho y la sombra, ni la de Focaccia, ni la de éste que me impide -con su cabeza ver más lejos, y que se llamó Sassolo Mascheroni: si eres -toscano, bien sabrás quién es. Y para que no me hagas hablar más, sabe -que yo soy Camiccione de Pazzi, y que espero a Carlino, cuyas culpas -harán aparecer menos graves las mías. - -Después vi otros mil rostros amoratados por el frío, tanto que desde -entonces tengo horror, y lo tendré siempre a los estanques helados. -Y mientras nos dirigíamos hacia el centro, donde converge toda la -gravedad de la Tierra, yo temblaba en la lobreguez eterna; y no sé -si lo dispuso Dios, el Destino o la Fortuna; pero al pasar por entre -aquellas cabezas, dí un fuerte golpe con el pie en el rostro de una de -ellas, que me dijo llorando: - ---¿Por qué me pisas? Si no vienes a aumentar la venganza de -Monteaperto, ¿por qué me molestas? - -Entonces dije yo: - ---Maestro mío, espérame aquí, a fin de que éste me esclarezca una duda: -en seguida me daré cuanta prisa quieras. - -El Guía se detuvo, y yo dije a aquel que aún estaba blasfemando: - ---¿Quien eres tú, que así reprendes a los demás? - -Me contestó: - ---Y tú, que vas por el recinto de Antenor, golpeando a los demás en -el rostro, de modo que, si estuvieras vivo, aún serían tus golpes -demasiado fuertes, ¿quién eres? - ---Yo estoy vivo--fué mi respuesta--; y puede serte grato, si fama -deseas, que ponga tu nombre entre los otros que conservo en la memoria. - -A lo que repuso: - ---Deseo todo lo contrario: véte de aquí, y no me causes más molestia, -pues suenan mal tus lisonjas en esta caverna. - -Entonces le cogí por los pelos del cogote, y le dije: - ---Es preciso que digas tu nombre, o no te quedará ni un solo cabello. - -Pero él me replicó: - ---Aunque me repeles, ni te diré quien soy, ni verás mi rostro, por más -que me golpees mil veces en la cabeza. - -Yo tenía ya sus cabellos enroscados en mi mano, y le había arrancado -más de un puñado de ellos, mientras él aullaba con los ojos fijos en -el hielo, cuando otro condenado gritó: "¿Qué tienes, Bocca? ¿No te -basta castañetear los dientes, sino que también ladras? ¿Qué demonio te -atormenta?" - ---Ahora--dije--ya no quiero que hables, traidor maldito; que para tu -eterna vergüenza, llevaré al mundo noticias ciertas de ti. - ---Véte pronto--repuso--, y cuenta lo que quieras; pero si sales de -aquí, no dejes de hablar de ese que ha tenido la lengua tan suelta, -y que está llorando el dinero que recibió de los franceses: "Yo -vi, podrás decir, a Buoso de Duera, allí donde los pecadores están -helados." Si te preguntan por los demás que están aquí, a tu lado -tienes al de Becchería, cuya garganta segó Florencia. Creo que más allá -está Gianni de Soldanieri con Ganelón y Tebaldello, el que entregó a -Faenza cuando sus habitantes dormían. - -Estábamos ya lejos de aquél, cuando vi a otros dos helados en una -misma fosa, colocados de tal modo, que la cabeza del uno parecía ser -el sombrero del otro. Y como el hambriento en el pan, así el de encima -clavó sus dientes al de debajo en el sitio donde el cerebro se une con -la nuca. No mordió con más furor Tideo las sienes de Menalipo, que -aquél roía el cráneo de su enemigo y las demás cosas inherentes al -mismo. - ---¡Oh tú, que demuestras, por medio de tan brutal acción, el odio que -tienes al que estás devorando! Dime qué es lo que te induce a ello--le -pregunté--bajo el pacto de que, si te quejas con razón de él, sabiendo -yo qué crimen es el suyo y quiénes sois, te vengaré en el mundo, si mi -lengua no llega antes a secarse. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO TRIGESIMOTERCIO_ - -Aquel pecador apartó su boca de tan horrible alimento, limpiándosela en -los pelos de la cabeza cuya parte posterior acababa de roer; y luego -empezó a hablar de esta manera: - ---Tú quieres que renueve el desesperado dolor que oprime mi corazón, -sólo al pensar en él, y aun antes de hablar. Pero si mis palabras -deben ser un germen de infamia para el traidor a quien devoro, me -verás llorar y hablar a un mismo tiempo. No sé quién eres, ni de qué -medios te has valido para llegar hasta aquí; pero al oírte, me pareces -efectivamente florentino. Has de saber que yo fuí el conde Ugolino, -y éste el arzobispo Ruggieri: ahora te diré por qué lo trato así. No -es necesario manifestarte que por efecto de sus malos pensamientos, -y fiándome de él, fuí preso y muerto después. Pero te contaré lo -que no puedes haber sabido; esto es, lo cruel que fué mi muerte, y -comprenderás cuánto me ha ofendido. Un pequeño agujero abierto en la -torre, que por mi mal se llama hoy del Hambre, y en la que todavía -serán encerrados otros, me había permitido ver por su hendedura ya -muchas lunas, cuando tuve el mal sueño que descorrió para mí el velo -del porvenir. Ruggieri se me aparecía como señor y caudillo, cazando el -lobo y los lobeznos en el monte que impide a los pisanos ver la ciudad -de Luca. Se había hecho preceder de los Gualandi, de los Sismondi y los -Lanfranchi, que iban a la cabeza con perros hambrientos, diligentes y -amaestrados. El padre y sus hijuelos me parecieron rendidos después de -una corta carrera, y creí ver que aquéllos les desgarraban los costados -con sus agudas presas. Cuando desperté antes de la aurora, oí llorar -entre sueños a mis hijos, que estaban conmigo, y pedían pan. Bien -cruel eres, si no te contristas pensando en lo que aquello anunciaba -a mi corazón; y si ahora no lloras, no sé lo que puede excitar tus -lágrimas. Estábamos ya despiertos, y se acercaba la hora en que solían -traernos nuestro alimento; pero todos dudábamos, porque cada cual había -tenido un sueño semejante. Oí que clavaban la puerta de la horrible -torre, por lo cual miré al rostro de mis hijos sin decir palabra: yo -no podía llorar, porque el dolor me tenía como petrificado: lloraban -ellos, y mi Anselmito dijo: "¿Qué tienes, padre, que así nos miras?" -Sin embargo, no lloré ni respondí una palabra en todo aquel día, ni -en la noche siguiente, hasta que el otro Sol alumbró el mundo. Cuando -entró en la dolorosa prisión uno de sus débiles rayos, y consideré -en aquellos cuatro rostros el aspecto que debía tener el mío, empecé -a morderme las manos desesperado; y ellos, creyendo que yo lo hacía -obligado por el hambre, se levantaron con presteza y dijeron: "Padre, -nuestro dolor será mucho menor, si nos comes a nosotros: tú nos diste -estas miserables carnes; despójanos, pues, de ellas." Entonces me calmé -para no entristecerlos más; y aquel día y el siguiente permanecimos -mudos. ¡Ay, dura tierra! ¿Por qué no te abriste? Cuando llegamos al -cuarto día, Gaddo se tendió a mis pies, diciendo: "Padre mío, ¿por qué -no me auxilias?" Allí murió; y lo mismo que me estás viendo, vi yo caer -los tres, uno a uno, entre el quinto y el sexto día. Ciego ya, fuí a -tientas buscando a cada cual, llamándolos durante tres días después de -estar muertos; hasta que, al fin, pudo en mí más la inedia que el dolor. - -Cuando hubo pronunciado estas palabras, torciendo los ojos, volvió a -coger el miserable cráneo con los dientes, que royeron el hueso como -los de un perro. ¡Ah, Pisa, vituperio de las gentes del hermoso país -donde el "si" suena! Ya que tus vecinos son tan morosos en castigarte, -muévanse la Capraja y la Gorgona, y formen un dique a la embocadura del -Arno, para que sepulte en sus aguas a todos tus habitantes; pues si el -conde Ugolino fué acusado de haber vendido tus castillos, no debiste -someter a sus hijos a tal suplicio. Su tierna edad patentizaba, ¡oh -nueva Tebas!, la inocencia de Ugucción y del Brigata, y la de los otros -dos que ya he nombrado. - -Seguimos luego más allá, donde el hielo oprime duramente a otros -condenados, que no están con el rostro hacia abajo, sino vueltos hacia -arriba. Su mismo llanto no les deja llorar; pues las lágrimas, que al -salir encuentran otras condensadas, se vuelven adentro, aumentando la -angustia; porque las primeras lágrimas forman un dique, y como una -visera de cristal, llenan debajo de los párpados toda la cavidad del -ojo. Y aunque mi rostro, a causa del gran frío, había perdido toda -sensibilidad, como si estuviera encallecido, me pareció qué sentía -algún viento, por lo cual dije: - ---Maestro, ¿qué causa mueve este viento? ¿No está extinguido aquí todo -vapor? - -A lo cual me contestó: - ---Pronto llegarás a un sitio donde tus ojos te darán la respuesta, -viendo la causa de ese viento. - -Y uno de los desgraciados de la helada charca nos gritó: - ---¡Oh almas tan culpables que habéis sido destinadas al último recinto! -Arrancadme de los ojos este duro velo, a fin de que pueda desahogar el -dolor que me hincha el corazón, antes que mis lágrimas se hielen de -nuevo. - -Al oír tales palabras, le dije: - ---Si quieres que te alivie, dime quién fuiste; y si no te presto ese -consuelo, véame sumergido en el fondo de ese hielo. - -Entonces me contestó: - ---Yo soy fray Alberigo[43]: soy aquel, cuyo huerto ha producido tan -mala fruta, que aquí recibo un dátil por un higo. - - [43] Alberigo de Manfredi, señor de Faenza, que ingresó en la - orden de los hermanos Gozosos, se había enemistado con sus - parientes. Un día, fingiendo reconciliarse con ellos, les - invitó a un gran banquete, y en el momento de servirse los - postres, les hizo asesinar. De aquí tuvo origen el proverbio - italiano: "Ese ha probado la fruta de Alberigo." - ---¡Oh!--le dije--; ¿también tú has muerto? - ---No sé cómo estará mi cuerpo allá arriba--repuso--; esta Ptolomea -tiene el privilegio de que las almas caigan con frecuencia en ella -antes de que Atropos mueva los dedos; y para que de mejor grado me -arranques las congeladas lágrimas del rostro, sabe que en cuanto un -alma comete alguna traición como la que yo cometí, se apodera de su -cuerpo un demonio, que después dirige todas sus acciones, hasta que -llega el término de su vida. En cuanto al alma, cae en esta cisterna; -y por eso tal vez aparezca todavía en el mundo el cuerpo de esa sombra -que está detrás de mí en este hielo. Debes conocerle, si es que acabas -de llegar al Infierno: es "ser" Branca d'Oria, el cual hace ya muchos -años que fué encerrado aquí. - ---Yo creo--le dije--que me engañas; porque Branca d'Oria no ha muerto -aún, y come, y bebe, y duerme, y va vestido. - ---Aun no había caído Miguel Zanche--repuso aquél--en la fosa de -Malebranche, allí donde hierve continuamente la pez, cuando Branca -d'Oria ya dejaba un diablo haciendo sus veces en su cuerpo y en el de -uno de sus parientes, que fué cómplice de su traición. Extiende ahora -la mano y ábreme los ojos. - -Yo no se los abrí, y creo que fué una lealtad el ser con él desleal. - -¡Ah, genoveses!, ¡hombres diversos de los demás en costumbres, y llenos -de toda iniquidad!, ¿por qué no sois desterrados del mundo? Junto con -el peor espíritu de la Romanía he encontrado uno de vosotros, que, por -sus acciones, tiene el alma sumergida en el Cocito, mientras que su -cuerpo aparece aún vivo en el mundo. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO TRIGESIMOCUARTO_ - - -"Vexilla regis prodeunt inferni"[44] hacia nosotros. Mira -adelante--dijo mi Maestro,--a ver si lo distingues. - - [44] "Los estandartes del rey de los Infiernos - avanzan."--Imitación del primer verso del himno que entona - la Iglesia ante el estandarte de la Cruz, y que aquí aplica - irónicamente Virgilio hablando de Lucifer. - -Como aparece a lo lejos un molino, cuyas aspas hace girar el viento, -cuando éste arrastra una espesa niebla, o cuando anochece en nuestro -hemisferio, así me pareció ver a gran distancia un artificio semejante; -y luego, para resguardarme del viento, a falta de otro abrigo, me -encogí detrás de mi Guía. Estaba ya (con pavor lo digo en mis versos) -en el sitio donde las sombras se hallaban completamente cubiertas de -hielo, y se transparentaban como paja en vidrio. Unas estaban tendidas, -otras derechas; aquéllas con la cabeza, éstas con los pies hacia abajo, -y otras por fin con la cabeza tocando a los pies como un arco. Cuando -mi Guía creyó que habíamos avanzado lo suficiente para enseñarme la -criatura que tuvo el más hermoso rostro, me dejó libre el paso, e hizo -que me detuviera. - ---He ahí a Dite--me dijo--, y he aquí el lugar donde es preciso que te -armes de fortaleza. - -No me preguntes, lector, si me quedaría entonces helado y yerto; no -quiero escribirlo, porque cuanto dijera sería poco. No quedé muerto ni -vivo: piensa por ti, si tienes alguna imaginación, lo que me sucedería -viéndome así privado de la vida sin estar muerto. El emperador del -doloroso reino salía fuera del hielo desde la mitad del pecho: mi -estatura era más proporcionada a la de un gigante, que la de uno de -éstos a la longitud de los brazos de Lucifer: juzga, pues, cuál deba -ser el todo que a semejante parte corresponda. Si fué tan bello como -deforme es hoy, y osó levantar sus ojos contra su Creador, de él debe -proceder sin duda todo mal. ¡Oh! ¡Cuánto asombro me causó, al ver -que su cabeza tenía tres rostros! Uno por delante, que era de color -bermejo: los otros dos se unían a éste sobre el medio de los hombros, -y se juntaban por detrás en lo alto de la coronilla, siendo el de la -derecha entre blanco y amarillo, según me pareció; el de la izquierda -tenía el aspecto de los oriundos del valle del Nilo.[45] Debajo de -cada rostro salían dos grandes alas, proporcionadas a la magnitud de -tal pájaro; y no he visto jamás velas de buque comparables a ellas: -no tenían plumas, pues eran por el estilo de las del murciélago; y se -agitaban de manera que producían tres vientos, con los cuales se helaba -todo el Cocito. Con seis ojos lloraba Lucifer, y por las tres barbas -corrían sus lágrimas, mezcladas de baba sanguinolenta. Con los dientes -de cada boca, a modo de agramadera, trituraba un pecador, de suerte que -hacía tres desgraciados a un tiempo. Los mordiscos que sufría el de -adelante no eran nada en comparación de los rasguños que le causaban -las garras de Lucifer, dejándole a veces las espaldas enteramente -desolladas. - - [45] Los tres rostros de diversos colores significan las tres - partes del mundo entonces conocidas. El rojo o bermejo, los - europeos; el entre blanco y amarillo, los asiáticos; el negro, - los africanos.--Los tres vientos de que habla luego simbolizan - tal vez los tres vicios generadores de todo mal, a saber: la - soberbia, la envidia y la avaricia. - ---El alma que está sufriendo la mayor pena allá arriba--dijo el -Maestro--es la de Judas Iscariote, que tiene la cabeza dentro de la -boca de Lucifer y agita fuera de ella las piernas. De las otras dos, -que tienen la cabeza hacia abajo, la que pende de la boca negra es -Bruto; mira cómo se retuerce sin decir una palabra: el otro, que tan -membrudo parece, es Casio. Pero se acerca la noche, y es hora ya de -partir, pues todo lo hemos visto. - -Según le plugo, me abracé a su cuello; aprovechó el momento y el lugar -favorable, y cuando las alas estuvieron bien abiertas, agarróse a las -velludas costillas de Lucifer, y de pelo en pelo descendió por entre -el hirsuto costado y las heladas costras. Cuando llegamos al sitio en -que el muslo se desarrolla justamente sobre el grueso de las caderas, -mi Guía, con fatiga y con angustia, volvió su cabeza hacia donde aquél -tenía las zancas, y se agarró al pelo como un hombre que sube, de modo -que creí que volvíamos al Infierno. - ---Sosténte bien--me dijo jadeando como un hombre cansado--; que por -esta escalera es preciso partir de la mansión del dolor. - -Después salió fuera por la hendedura de una roca, y me sentó sobre el -borde de la misma, poniendo junto a mí su pie prudente. Yo levanté mis -ojos, creyendo ver a Lucifer como le había dejado; pero vi que tenía -las piernas en alto. Si debí quedar asombrado, júzguelo el vulgo, que -no sabe qué punto es aquel por donde yo había pasado. - ---Levántate--me dijo el Maestro--; la ruta es larga, el camino malo, y -ya el Sol se acerca a la mitad de tercia. - -El sitio donde nos encontrábamos no era como la galería de un palacio, -sino una caverna de mal piso y escasa de luz. - ---Antes que yo salga de este abismo, Maestro mío,--le dije al ponerme -en pie--, dime algo que me saque de confusiones. ¿Dónde está el hielo, -y cómo es que Lucifer está de ese modo invertido? ¿Cómo es que, en tan -pocas horas, ha recorrido el Sol su carrera desde la noche a la mañana? - -Me contestó: - ---¿Te imaginas sin duda que estás aún al otro lado del centro, donde me -cogí al pelo de ese miserable gusano que atraviesa el mundo? Allá te -encontrabas mientras descendíamos; cuando me volví, pasaste el punto -hacia el que converge toda la gravedad de la Tierra; y ahora estás -bajo el hemisferio opuesto a aquel que cubre el árido desierto, y bajo -cuyo más alto punto fué muerto el Hombre que nació y vivió sin pecado. -Tienes los pies sobre una pequeña esfera, que por el otro lado mira a -la Judesca. Aquí amanece, cuando allí anochece; y éste de cuyo pelo nos -hemos servido como de una escala, permanece aún fijo del mismo modo -que antes. Por esta parte cayó del cielo; y la tierra, que antes se -mostraba en este lado, aterrorizada al verle, se hizo del mar un velo, -y se retiró hacia nuestro hemisferio; y quizá también huyendo de él, -dejó aquí este vacío la que aparece por acá formando un elevado monte. - -Hay allá abajo una cavidad que se aleja tanto de Lucifer cuanta es la -extensión de su tumba; cavidad que no puede reconocerse por la vista, -sino por el rumor de un arroyuelo, que desciende por el cauce de un -peñasco que ha perforado con su curso sinuoso y poco pendiente. Mi Guía -y yo entramos en aquel camino oculto, para volver al mundo luminoso; -y sin concedernos el menor descanso, subimos, él delante y yo detrás, -hasta que pude ver por una abertura redonda las bellezas que contiene -el Cielo, y por allí salimos para volver a ver las estrellas. - -[Ilustración] - - - - -_PURGATORIO_ - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO PRIMERO_ - - -Ahora la navecilla de mi ingenio, que deja en pos de sí un mar -tan cruel, desplegará las velas para navegar por mejores aguas; y -cantaré aquel segundo reino, donde se purifica el espíritu humano, -y se hace digno de subir al Cielo. Resucite aquí, pues, la muerta -poseía, ¡oh santas Musas!, pues que soy vuestro; y realce Calíope mi -canto, acompañándolo con aquella voz que produjo tal efecto en las -desgraciadas Urracas, que desesperaron de alcanzar su perdón.[46] - - [46] Las nueve hijas de Piero, rey de Pella en Macedonia, - que habiendo desafiado a las Musas, fueron vencidas y - transformadas en urracas. Las mismas Musas son llamadas - Piérides. - -Un suave color de zafiro oriental, contenido en el sereno aspecto del -aire puro hasta el primer cielo, reapareció delicioso a mi vista en -cuanto salí de la atmósfera muerta, que me había contristado los ojos -y el corazón. El bello planeta que convida a amar hacía sonreír todo -el Oriente, desvaneciendo al signo de Piscis, que seguía en pos de él. -Me volví a la derecha, y dirigiendo mi espíritu hacia el otro polo, -distinguí cuatro estrellas únicamente vistas por los primeros humanos. -El cielo parecía gozar con sus resplandores. ¡Oh Septentrión, sitio -verdaderamente viudo, pues que te ves privado de admirarlas! Cuando -cesé en su contemplación, volvíme un tanto hacia el otro polo, de donde -el Carro había desaparecido, y vi cerca de mí un anciano solo, y digno, -por su aspecto, de tanta veneración, que un padre no puede inspirarla -mayor a su hijo. Llevaba una larga barba, canosa como sus cabellos, -que le caía hasta el pecho, dividida en dos mechones. Los rayos de las -cuatro luces santas rodeaban de tal resplandor su rostro, que lo veía -como si hubiese tenido el Sol ante mis ojos. - ---¿Quiénes sois vosotros que, contra el curso del tenebroso río, -habéis huído de la prisión eterna?--dijo el anciano, agitando su barba -venerable--. ¿Quién os ha guiado, o quién os ha servido de antorcha -para salir de la profunda noche, que hace sea continuamente negro el -valle infernal? ¿Así se han quebrantado las leyes del abismo? ¿O se ha -dado quizás en el Cielo un nuevo decreto, que os permite, a pesar de -estar condenados, venir a mis grutas? - -Entonces mi Guía me indicó, por medio de sus palabras, de sus gestos -y sus miradas, que debía mostrarme respetuoso, doblar la rodilla e -inclinar la vista. Después le respondió: - ---No vine por mi deliberación, sino porque una mujer, descendida del -cielo, me ha rogado que acompañe y ayude a éste. Pero ya que es tu -voluntad que te expliquemos más ampliamente cuál sea nuestra verdadera -condición, la mía no puede rehusarte nada. Este no ha visto aún su -última noche; pero por su locura estuvo tan cerca de ello, que le -quedaba poquísimo tiempo de vida. Así es que, según he dicho, fuí -enviado a su encuentro para salvarle, y no había otro camino más -que este, por el cual me he aventurado. Hele dado a conocer todos -los réprobos, y ahora pretendo mostrarle aquellos espíritus que se -purifican bajo tu jurisdicción. Sería largo de referir el modo como -le he traído hasta aquí: de lo alto baja la virtud que me ayuda a -conducirle para verte y oírte. Dígnate, pues, acoger su llegada -benignamente: va buscando la libertad, que es tan amada, como lo sabe -el que por ella desprecia la vida. Bien lo sabes tú, que por ella no te -pareció amarga la muerte en Utica, donde dejaste tu cuerpo, que tanto -brillará en el gran día. No han sido revocados por nosotros los eternos -decretos; pues éste vive, y Minos no me tiene en su poder, sino que -pertenezco al círculo donde están los castos ojos de tu Marcia, que -parece rogarte aún, ¡oh santo corazón!, que la tengas por compañera -y por tuya. En nombre, pues, de su amor, accede a nuestra súplica, y -déjanos ir por tus siete reinos: le manifestaré mi agradecimiento hacia -ti si permites que allá abajo se pronuncie tu nombre. - ---Marcia fué tan agradable a mis ojos mientras pertenecí a la -Tierra--dijo él entonces--, que obtuvo de mí cuantas gracias quiso; -ahora que habita a la otra parte del mal río, no puedo ya conmoverme a -causa de la ley que se me impuso cuando salí fuera de mi cuerpo. Pero -si una mujer del cielo te anima y te dirige, según dices, no tienes -necesidad de tan laudatorios ruegos; me basta conque me supliques en -su nombre. Vé, pues, y haz que ése se ciña con un junco sin hojas, y -lávale el rostro de modo que quede borrada en él toda mancha; porque no -conviene que se presente con la vista ofuscada ante el primer ministro, -que es de los del Paraíso. Esa pequeña isla que ves allá abajo -produce, en torno suyo y por donde la combaten las olas, juncos en su -tierra blanda y limosa. Ninguna clase de plantas que eche hojas o que -se endurezca puede existir ahí, porque le sería imposible doblegarse -a los embates de las olas. Después no volváis por esta parte; el sol -naciente os indicará el modo de encontrar la más fácil subida del monte. - -Al decir esto desapareció. Me levanté sin hablar, me coloqué junto a mi -Guía, y fijé en él los ojos. Entonces empezó a hablarme de este modo: - ---Hijo mío, sigue mis pasos: volvamos atrás; porque esta llanura va -descendiendo siempre hasta su último límite. - -El alba vencía ya al aura matutina, que huía delante de ella, y desde -lejos pude distinguir las ondulaciones del mar. Ibamos por la llanura -solitaria, como el que busca la senda perdida, y cree caminar en vano -hasta que logra encontrarla. Cuando llegamos a un sitio en que el rocío -resiste al calor del sol, y protegido por la sombra, se desvanece poco -a poco, puso mi Maestro suavemente sus dos manos abiertas sobre la -fresca hierba; y yo, comprendiendo su intento, le presenté mis mejillas -cubiertas aún de lágrimas, y en las que por su mediación apareció de -nuevo el color de que las privó el Infierno. - -Llegamos después a la playa desierta, que no vió nunca navegar por -sus aguas a hombre alguno capaz de salir de ellas. Allí me hizo un -cinturón, según la voluntad del otro; y, ¡oh maravilla!, cuando arrancó -la humilde planta, volvió otra a renacer súbitamente en el mismo sitio -de donde había arrancado aquélla. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO SEGUNDO_ - - -Ya estaba el Sol tocando al horizonte, cuyo círculo meridiano cubre a -Jerusalén con su punto más elevado; y ya la noche, formando un arco -en oposición a él, salía fuera del Ganges con las Balanzas que se le -caen de las manos cuando supera en extensión al día; de modo que allí, -donde yo me encontraba, las blancas y sonrosadas mejillas de la bella -Aurora, según iba creciendo, se tornaban de color de oro. Estábamos -aún en la orilla del mar, como quien piensa en el camino que debe -seguir, y anda con el deseo, sin que el cuerpo se mueva. Cuando he -aquí que, así como, al amanecer, por efecto de los densos vapores, se -ve a Marte enrojecido hacia Poniente sobre las aguas marinas, de igual -modo me apareció--¡ojalá pudiese verla otra vez!--una luz, la cual -venía tan rápidamente por el mar, que ningún vuelo sería comparable a -su celeridad. Un solo momento aparté de ella la vista para interrogar -a mi Guía, y al punto volví a verla mucho más voluminosa y brillante; -distinguiendo luego a cada lado de la misma una cosa blanca, sin saber -lo que era, debajo de la cual se descubría poco a poco otro objeto -igualmente blanco. Aun no había pronunciado una palabra mi Maestro, -cuando se vió que las primeras formas blancas eran alas; y entonces, -habiendo conocido bien al gondolero, exclamó: - ---Dobla, dobla pronto la rodilla: he aquí el ángel de Dios; une las -manos: nunca verás semejantes ministros del Señor. Mira cómo desdeña -los medios humanos, pues no necesita remo, ni otras velas que sus alas, -entre tan apartadas orillas. Mira cómo las tiene elevadas hacia el -cielo, agitando el aire con las eternas plumas, que no se mudan como el -cabello de los mortales. - -Cuanto más se acercaba a nosotros el ave divina, más brillante -aparecía: por lo cual, no pudiendo resistir su resplandor mis ojos, -los incliné; y aquél se dirigió hacia la orilla en un esquife airoso -y ligero, que apenas se sumergía un poco en el agua. El celestial -barquero estaba en la popa, y la bienaventuranza parecía estar escrita -en su semblante. Más de cien espíritus, sentados en la barquilla, -cantaban a coro: "In exitu Israel de Ægipto" y todo lo demás que -sigue de este salmo. El ángel les hizo la señal de la santa cruz, a -cuya señal se arrojaron todos a la playa, y él se alejó con la misma -velocidad con que había venido. La turba que dejó allí parecía llena -de estupor en tal sitio, mirando y remirando en torno suyo, como el -que descubre cosas que no ha visto nunca. El Sol, que había arrojado -con sus brillante saetas al signo de Capricornio del centro del cielo, -irradiaba por todas partes el día, cuando los recién llegados alzaron -la frente hacia nosotros, diciéndonos: - ---Si lo sabéis, indicadnos el camino que conduce a la montaña. - -Virgilio respondió: - ---¿Por ventura creéis que conocemos este sitio? Somos aquí tan nuevos -como vosotros, y hemos llegado a él poco antes por otro camino tan rudo -y áspero, que el subir esta montaña será para nosotros ahora cosa de -juego. - -Las almas, que advirtieron, por mi respiración, que yo estaba aún -vivo, palidecieron de asombro; y así como se agolpa la gente en -derredor del mensajero coronado de olivo para oír sus noticias, sin -temor de empujarse y pisarse unos a otros, así se agolparon en torno -mío todas aquellas almas afortunadas, olvidando casi su deseo de ir a -embellecerse. Vi una de ellas, que se adelantó para abrazarme con tales -muestras de afecto, que me movió a hacer lo mismo con ella; pero, ¡oh -sombras vanas, excepto para la vista! Tres veces quise rodearla con mis -brazos, y otras tantas volvieron éstos a caer solos sobre mi pecho. -Creo que la admiración debió pintarse en mi rostro; porque la sombra -sonrió y se retiró; y yo, siguiéndola, continué avanzando. Me dijo con -voz suave que me detuviese; conocí entonces quién era, y habiéndole -rogado que se parase un momento para hablarme, respondióme: - ---Lo mismo que te amaba con mi cuerpo mortal, te amo también -desprendido de él; por eso me detengo; pero tú ¿por qué vienes aquí? - ---Casella mío, hago este viaje para volver al mundo de los vivos, donde -permanezco aún; pero a ti, ¿cómo es que se te ha negado por tanto -tiempo el venir a este sitio? - -Me respondió: - ---Si aquel que conduce a quien y cómo le place me ha negado muchas -veces este pasaje, no se ha cometido conmigo ninguna injusticia; porque -es justa la voluntad a quien obedece. En verdad, de tres meses a esta -parte ha recogido sin oposición a cuantos han querido entrar en su -nave: así es que yo, que me encontraba en la playa donde el Tíber se -mezcla con las saladas ondas del mar, fuí acogido benignamente por él. -A la embocadura de aquel río dirige ahora su vuelo; pues allí se reúnen -siempre los que no descienden hacia el Aqueronte. - -Y yo dije: - ---Si alguna nueva ley no te quita la memoria o el uso de aquellos -cantos amorosos, que solían calmar todos mis deseos, dígnate consolar -un poco mi alma, que viniendo aquí con su cuerpo, se ha angustiado -tanto. - -"Amor, que dentro de mi mente habla,"[47] empezó él a cantar tan -dulcemente, que su dulzura aún resuena en mi corazón. Mi Maestro, y yo, -y las sombras que allí estaban, parecíamos tan contentos, como si no -tuviéramos otra cosa en que pensar. Estábamos absortos y atentos a sus -notas, cuando apareció el venerable anciano exclamando: - ---¿Qué es esto, espíritus perezosos? ¿Qué negligencia, qué demora -es ésta? Corred al monte a purificaros de vuestros pecados, que no -permiten que Dios se os manifieste. - - [47] "Amor, che nella mente mi ragiona"... Así empieza la - canción de Dante señalada con el número XV en "Il Canzionere" - anotado por Pedro Fraticelli (Florencia, 1911). - -Del mismo modo que las palomas, cuando están reunidas en torno a su -alimento, cogiendo el grano y quietas, sin hacer oír sus acostumbrados -arrullos, si acontece algo que las asuste, abandonan súbitamente la -comida, porque las asalta un cuidado mayor, así vi yo aquellas almas -recién llegadas abandonar el canto y desbandarse por la costa, como -quien corre sin saber adónde va; y no menos rápidamente huimos también -nosotros. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO TERCERO_ - - -Mientras la repentina fuga dispersaba por la campiña aquellas almas, -que se volvían hacia la montaña donde la razón divina las aguija, me -acerqué a mi fiel compañero; porque, ¿cómo hubiera podido sin él seguir -mi viaje?, ¿quién me habría sostenido al subir por la montaña? Me -pareció que mi Guía estaba por sí mismo arrepentido de su flaqueza. ¡Oh -conciencia digna y pura!, ¡qué amargo roedor es para ti la más pequeña -falta! Cuando sus pies cesaron de caminar con aquella precipitación -que se aviene mal con la majestad de la persona, mi mente, desechando -el pensamiento que la inquietaba, concentró su atención, como deseosa -de recibir las nuevas impresiones; y me puse a contemplar el monte más -alto de cuantos hacia el Cielo se elevan sobre las aguas. El Sol, que -a mis espaldas despedía su rubicunda luz, quedaba interceptado por mi -cuerpo, en el que se apoyaban sus rayos; y cuando vi que sólo delante -de mí se obscurecía la tierra, volvíme de lado, temeroso de haber sido -abandonado. Mi Protector entonces empezó a decirme, vuelto hacia mí: - ---¿Por qué desconfías aún? ¿Crees que no estoy contigo, y que ya -no te guío? Ahora es ya por la tarde allá donde está sepultado el -cuerpo, dentro del cual hacía yo sombra. Nápoles lo posee, porque lo -han quitado de Brindis. Si, pues, ninguna sombra se proyecta delante -de mí, no debes admirarte de ello más que de ver cómo los cielos no -interceptan unos a otros el paso de sus luces. La Virtud divina hace -que semejantes cuerpos sean aptos para sufrir tormentos, calor y frío; -mas no ha querido revelarnos cómo opera tal maravilla. Insensato es -el que espera que nuestra razón pueda recorrer las infinitas vías de -que dispone el que es una substancia en tres personas. Seres humanos, -contentaos con el "quia;"[48] pues si os fuera dable verlo todo, no -habría sido necesario que pariese María; y habéis visto desearlo en -vano a tales hombres, que, a ser posible, hubieran satisfecho ese -deseo, el cual forma su eterno suplicio: hablo de Aristóteles, de -Platón y otros muchos. - - [48] Según Aristóteles, la demostración es de dos clases: una - llamada propter quod, que es cuando los efectos se deducen - de las causas, y otra llamada quia, y es cuando las causas - se deducen de los efectos por lo cual este período debe - interpretarse del modo siguiente: Contentaos, ¡oh humanos!, - con las demostraciones que se pueden deducir de los efectos, - por los cuales se viene en conocimiento de sus causas, y no - pretendáis conocer más de lo que los hechos os demuestran: que - en las cosas que son superiores a la inteligencia humana y a - la fuerza de la razón, se ejercita la fe. - -En este punto, inclinó la frente sin decir nada más, y quedó como -turbado. Llegamos en tanto al pie del monte, cuyas rocas encontramos -tan escarpadas, que las piernas más ágiles nos hubieran sido inútiles. -El camino más desierto, el más áspero entre Lerici y Turbía, es, -comparado con aquél, una rampa suave y anchurosa. - ---¿Quién sabe ahora--dijo mi Maestro deteniendo sus pasos--hacia qué -mano es accesible la costa, de modo que pueda subir el que no tiene -alas? - -Y mientras él tenía los ojos bajos, meditando qué camino seguiríamos, -y yo miraba hacia arriba alrededor de las rocas, apareció por la -izquierda una multitud de almas, que se dirigían hacia nosotros, aunque -no lo parecía; tanta era la lentitud con que caminaban. - ---Levanta los ojos--dije a mi Maestro--; he aquí quien nos podrá -aconsejar, si es que no puedes aconsejarte a ti mismo. - -Miróme entonces, y con rostro franco respondió: - ---Vamos allá, pues ellos vienen muy despacio; y tú no pierdas la -esperanza, hijo querido. - -Habríamos andado mil pasos, y aun distaba de nosotros aquella -muchedumbre tanto espacio cuanto podría recorrer una piedra lanzada por -un buen hondero, cuando se arrimaron todos a los duros peñascos de la -escarpada orilla, y permanecieron firmes y apretados entre sí, como se -detiene a mirar aquel que duda. - ---¡Oh muertos en la gracia de Dios, espíritus ya elegidos!--empezó -a decir Virgilio--; por aquella paz que, según creo, esperáis todos -vosotros, decidme por qué parte declina esta montaña, de modo que sea -posible ascender a ella; pues al que mejor conoce el valor del tiempo, -le es más desagradable perderlo. - -Como las ovejas que salen de su redil una a una, dos a dos y tres y -tres, mientras las otras se detienen tímidamente, inclinando hacia la -tierra sus ojos y su hocico, y lo mismo que hace la primera hacen las -demás, deteniéndose a su lado si se detiene, sencillas y tranquilas, -y sin darse cuenta de por qué lo hacen, así vi yo moverse para venir -hacia nosotros las primeras almas de aquella temerosa y afortunada -grey, de rostro púdico y de honesto continente. Cuando vieron que -la luz se interrumpía en el suelo a mi mano derecha, de modo que -se proyectaba la sombra desde mí a la gruta, se detuvieron y aun -retrocedieron algún tanto, y todos los que venían detrás, sin saber por -qué, hicieron lo mismo. - ---Sin que me lo preguntéis, os confieso que este que aquí veis es -un cuerpo humano; por cuya causa la luz del Sol aparece cortada en -el suelo. No os asombréis; pero creed que si pretende trepar esta -escarpada costa, lo hace inducido por virtud celestial. - -Así habló mi Maestro; y aquella noble multitud nos dijo: - ---Pues volveos atrás y caminad delante de nosotros. - -Y al mismo tiempo nos hacían señas con el dorso de las manos. Uno de -ellos exclamó: - ---Quienquiera que seas, andando como vas, vuelve el rostro hacia mí, y -procura recordar si me has visto en el mundo alguna vez. - -Yo me volví hacia él, y le miré fijamente: era rubio, hermoso y de -gentil aspecto; pero tenía la ceja partida de un golpe. Cuando le -manifesté humildemente que no le había visto nunca, me dijo: - ---¡Mira, pues! - -Y enseñóme una herida en la parte superior de su pecho. Después añadió -sonriendo: - ---Yo soy Manfredo, nieto de la emperatriz Constanza: por lo cual te -ruego, que cuando vuelvas a la Tierra, vayas a visitar a mi graciosa -hija, madre del honor de Sicilia y de Aragón, y le digas la verdad, -si es que se ha dicho lo contrario. Después de tener atravesado mi -cuerpo por dos heridas mortales, me volví llorando hacia Aquél, que -voluntariamente perdona. Mis pecados fueron horribles; pero la bondad -infinita tiene tan largos los brazos, que recibe a todo el que se -vuelve hacia ella. Si el Pastor de Cosenza, que fué enviado por -Clemente para darme caza, hubiese leído bien en aquella página de Dios, -mis huesos estarían aún en la cabeza del puente, cerca de Benevento, -bajo la salvaguardia de las pesadas piedras. Ahora los moja la lluvia; -el viento los impele fuera del reino, casi a la orilla del Verde, donde -los hizo transportar con cirios apagados. Pero por su maldición no -se pierde el amor de Dios de tal modo, que no vuelva nunca, mientras -reverdezca la flor de la esperanza. Es verdad que el que muere contumaz -para con la santa Iglesia, por más que al fin se arrepienta, debe estar -en la parte exterior de esta montaña un espacio de tiempo treinta -veces mayor del que vivió en contumacia, a menos que no se abrevie la -duración de este decreto merced a eficaces oraciones. Calcula, pues, lo -dichoso que puedes hacerme, revelando a mi buena Constanza cómo me has -visto, y la prohibición que pesa sobre mí, que puede alzarse por los -ruegos de los que existen allá arriba. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO CUARTO_ - - -Cuando por efecto del placer o del dolor de que se siente afectada -alguna de nuestras facultades, el alma entera se concentra en esa -facultad, parece que no atienda a ninguna otra; y esto demuestra el -error de los que creen que en nosotros arde un alma sobre otra alma. -Por eso mismo, cuando se oye o ve alguna cosa que absorbe fuertemente -el alma en su contemplación, el tiempo se desliza sin que el hombre -se aperciba de ello; porque una es la facultad que escucha, y otra -la que cautiva por completo el alma: ésta está como atada; aquella -es libre. Yo adquirí una prueba de esta verdad oyendo y admirando a -aquel espíritu; pues había el Sol ascendido cincuenta grados sobre el -horizonte, sin que yo lo echase de ver, cuando llegamos a un punto en -que las almas exclamaron a una voz: "Aquí está el objeto de vuestra -demanda." - -Cualquier portillo de los que suele tapar el aldeano con un manojo de -espinos, cuando maduran las uvas, es mayor que el sendero por donde -subimos solos mi Maestro y yo, cuando la multitud de almas se separó de -nosotros. Bastan los pies para ir a San Leo, para bajar a Noli, para -ascender hasta la elevada cumbre de Bismantua; pero aquí es preciso -que el hombre vuele: quiero decir, como volaba yo, conducido por las -ligeras alas y por las plumas de un gran deseo, detrás de Aquel que -reanimaba mi esperanza y me iluminaba. Ibamos subiendo por el sendero -excavado en el peñasco, cuyas quebradas rocas nos estrechaban por ambos -lados, y el suelo que pisábamos nos obligaba a ayudarnos con pies y -manos. Cuando llegamos a sitio descubierto, sobre el rellano de la alta -base del monte, dije: - ---Maestro mío, ¿qué camino seguiremos? - -Y él me contestó: - ---No des ningún paso hacia abajo: prosigue subiendo detrás de mí hacia -la cima de este monte, hasta que se nos aparezca algún experto guía. - -La cima era tan alta, que no podía alcanzarla la vista, y la subida -mucho más empinada que la línea que divide en dos partes el cuadrante. -Yo estaba ya cansado, y entonces exclamé: - ---¡Oh amado Padre! Vuélvete, y mira que me quedo aquí solo, si no te -detienes. - ---Hijo mío, haz por llegar hasta aquel punto--respondió mostrándome una -prominencia que rodeaba por aquel lado toda la montaña. - -Sus palabras me aguijonearon de tal modo, que me esforcé cuanto -pude trepando hasta donde él estaba, tanto que puse mis plantas -sobre aquella especie de cornisa. Nos sentamos allí ambos, vueltos -hacia Levante, por cuyo lado habíamos subido; pues suele agradar la -contemplación del camino que uno ha hecho. Primeramente dirigí los ojos -al fondo, después los levanté hacia el Sol, y me admiraba de que éste -nos iluminase por la izquierda. - -El Poeta observó que me quedaba estupefacto, mirando el carro de la -luz que iba a pasar entre nosotros y el Aquilón; por lo cual me dijo: - ---Si Cástor y Pólux estuvieran en compañía de aquel espejo, que -ilumina al mundo tanto por arriba como por abajo, verías al Zodíaco -refulgente girar más próximo aún a las Osas, a no ser que saliese -fuera de su antiguo camino. Y si quieres comprender cómo puede suceder -esto, reconcentra tu pensamiento, y considera que el monte Sion está -situado sobre la Tierra, relativamente a éste, de modo que ambos -tienen un mismo horizonte y diferentes hemisferios; por lo cual, si tu -inteligencia te permite discernir con claridad, verás cómo el camino -que por su mal no supo recorrer Faetón, debe ir necesariamente por un -lado de este monte, al paso que va por el opuesto lado de aquel otro. - ---En verdad. Maestro mío--le contesté--, nunca había visto tan -claramente como ahora distingo estas cosas, para cuya comprensión no -me parecía bastante apto mi ingenio. Por las razones que me has dado -entiendo que el círculo intermedio del primer móvil, llamado Ecuador -en alguna ciencia, y que permanece siempre entre el Sol y el invierno, -dista de aquí tanto hacia el Septentrión, cuanto los Hebreos lo veían -hacia la parte cálida. Pero, si te place, quisiera saber cuanto hemos -de andar aún; pues el monte se eleva más de lo que puede alcanzar mi -vista. - ---Esta montaña es tal--me respondió--, que siempre cuesta trabajo -empezar a subirla, y cuanto más va para arriba es menos fatigoso. -Cuando te parezca tan suave, que subas ligeramente por ella como van -por el agua las naves, entonces habrás llegado al fin de este sendero: -espera, pues, a conseguirlo para descansar de tu fatiga. Y no respondo -más, pues sólo esto tengo por cierto. - -Cuando hubo terminado de decir estas palabras, resonó cerca de nosotros -una voz que decía: "Quizá te veas precisado antes a sentarte." Al -sonido de aquella voz, volvímonos, y vimos a la izquierda un gran -peñasco, en el que no habíamos reparado antes ninguno de los dos. -Nos dirigimos hacia allí, donde estaban algunos espíritus reposando -a la sombra detrás del peñasco, como quien lo hace por indolencia. -Uno de ellos, que me parecía cansado, estaba sentado con las rodillas -abrazadas, reposando sobre ellas su cabeza. - ---¡Oh amado Señor mío!--dije entonces--: contempla a ése, que se -muestra más negligente que si fuese hermano de la pereza. - -Entonces se volvió hacia nosotros, y nos examinó, dirigiendo su mirada -por encima de los muslos, y diciendo: - ---Vé, pues, allá arriba, tú que eres tan valiente. - -Conocí entonces quién era; y aquella fatiga que agitaba todavía un poco -mi respiración, no me impidió acercarme a él. Cuando estuve a su lado, -alzó apenas la cabeza, diciendo: - ---¿Has comprendido bien por qué el Sol dirige su carro por tu izquierda? - -Sus perezosos movimientos y sus lacónicas palabras hicieron asomar una -sonrisa a mis labios; después dije: - ---Belacqua, ahora ya no me conduelo de ti: pero dime, ¿por qué estás -aquí sentado? ¿Esperas algún guía, o es que has vuelto a tus antiguas -costumbres? - -Contestóme: - ---¡Oh, hermano! ¿Para qué he de ir arriba, si no ha de permitirme -llegar al sitio de la expiación el Angel de Dios, que está sentado a -su puerta? Antes que yo entre por ella, es necesario que el cielo dé -tantas vueltas en torno mío, cuantas dió en el transcurso de mi vida, -por haber aplazado los buenos suspiros hasta la hora de mi muerte; a no -ser que me auxilie una plegaria, que se eleve de un corazón que viva en -la gracia. ¿De qué sirven las demás, si no han de ser oídas en el cielo? - -Ya el Poeta subía delante de mí diciendo: - ---No te detengas más: mira que el Sol toca al Meridiano, y la Noche -cubre ya con su pie la costa de Marruecos. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO QUINTO_ - - -Me había alejado ya de aquellas sombras, y seguía las huellas de mi -Guía, cuando detrás de mí, y señalándome con el dedo, gritó una de -ellas: - ---Mirad; no se nota que el Sol brille a la izquierda de aquel de más -abajo, que marcha al parecer como un vivo. - -Al oír estas palabras, volví la cabeza, y vi que las sombras miraban -con admiración, no solamente a mí, sino también a la luz interceptada -por mi cuerpo. - ---¿Por qué se turba tanto tu ánimo--dijo el Maestro--, que así acortas -el paso? ¿Qué te importa lo que allí murmuran? Sígueme, y deja que -hable esa gente. Sé firme como una torre, cuya cúspide no se doblega -jamás al embate de los vientos: el hombre en quien bulle pensamiento -sobre pensamiento, siempre aleja de sí el fin que se propone; porque el -uno debilita la actividad del otro. - -¿Qué otra cosa podría yo contestarle sino: "Ya voy?" Así lo hice, -cubierto algún tanto de aquel color que hace a veces al hombre digno -de perdón. En tanto, de través por la cuesta venían hacia nosotros -algunas almas entonando, versículo a versículo, el "Miserere." Cuando -observaron que yo no daba paso al través de mi cuerpo a los rayos -solares, cambiaron su canto en un "¡Oh!" ronco y prolongado: y dos de -ellas, a guisa de mensajeros, corrieron a nuestro encuentro, diciendo: - ---Hacednos sabedores de vuestra condición. - -Mi Maestro contestó: - ---Podéis iros y referir a los que os han enviado, que el cuerpo de éste -es de verdadera carne. Si se han detenido, según me figuro, por ver -su sombra, bastante tienen con tal respuesta: hónrenle, porque podrá -serles grato. - -Jamás he visto a prima noche los vapores encendidos, ni a puesta del -Sol las exhalaciones de Agosto, hendir el Cielo sereno tan rápidamente -como corrieron aquellas almas hacia sus compañeras; y una vez allí, -regresaron adonde estábamos, juntas con las demás, como escuadrón que -corre a rienda suelta. - ---Esa gente que se agolpa hacia nosotros es numerosa--dijo el Poeta--, -y vienen a dirigirte alguna súplica: tú, sin embargo, sigue adelante, y -escucha mientras andas. - ---¡Oh alma, que, para llegar a la felicidad, vas con los miembros con -que naciste!--venían gritando--: modera un poco tu paso. Repara si has -conocido a alguno de nosotros, de quien puedas llevar allá noticias. -¡Ah! ¿Por qué te vas? ¿Por qué no te detienes? Todos hemos terminado -nuestros días por muerte violenta, y fuimos pecadores hasta la última -hora: entonces la luz del Cielo iluminó nuestra razón tan bien, que, -arrepentidos y perdonados, abandonamos la vida en la gracia de Dios, -que nos abrasa por el gran deseo que tenemos de verle. - -Yo les contesté: - ---Aun cuando no reconozco las desfiguradas facciones de ninguno de -vosotros, no obstante, si deseáis de mí algo que me sea posible, -espíritus bien nacidos, yo lo haré por aquella paz que se me hace -buscar de mundo en mundo, siguiendo los pasos de este Guía. - -Uno de ellos empezó diciendo: - ---Todos confiamos en tu benevolencia sin necesidad de que lo jures, -a no ser que la impotencia destruya tu buena voluntad. Yo, que hablo -solo antes que los demás, te ruego que si ves alguna vez aquel país que -se extiende entre la Romanía y el de Carlos,[49] me concedas en Fano -el dón de tus preces, a fin de que los buenos rueguen allí por mí, de -modo que yo pueda purgar mis graves pecados. De allí fuí yo: pero las -profundas heridas por donde salió la sangre en la que me asentaba, me -fueron hechas en el territorio de los Antenóridas,[50] donde creía -encontrarme más seguro. El de Este lo ordenó, porque me odiaba mucho -más de lo que le permitía la justicia; pero si yo hubiese huído hacia -la Mira, cuando llegué a Oriaco, aún estaría allá donde se respira: -corrí al pantano, donde las cañas y el lodo me embarazaron tanto, que -caí, y vi formarse en tierra un lago con la sangre de mis venas. - - [49] La Marca de Ancona, gobernada por Carlos de Anjou. - - [50] Padua, fundada por Antenor. - -Después me dijo otro: - ---¡Ay! Así se cumpla el deseo que te conduce a esta elevada montaña, -dígnate auxiliar al mío con obras de piedad. Yo fuí de Montefeltro, y -soy Buonconte. Ni Juana ni los otros se cuidan de mí; por lo cual voy -entre éstos con la cabeza baja. - -Le pregunté: - ---¿Qué violencia o qué aventura te sacó fuera de Campaldino, que no se -supo nunca donde está tu sepultura? - ---¡Oh!--me respondió--; al pie del Casentino corre un río llamado -Archiano, que nace en el Apenino encima del Ermo. Allí donde pierde -su nombre, llegué yo con el cuello atravesado, huyendo a pie y -ensangrentando la llanura. Allí perdí la vista, y mi última palabra fué -el nombre de María; allí caí, y no quedó más que mi carne. Te diré la -verdad, y tú la referirás entre los vivos: el ángel de Dios me cogió, -y el del Infierno gritaba: "¡Oh tú, venido del Cielo! ¿Por qué me lo -quitas? Te llevas la parte eterna de éste por una pequeña lágrima que -me le arrebata; pero yo trataré de diferente modo la otra parte." -Tú sabes bien cómo se condensa en el aire ese húmedo vapor, que se -convierte en lluvia en cuanto sube hasta donde le sorprende el frío: -pues bien, el demonio, juntando a su entendimiento aquella malevolencia -que sólo procura hacer daño, con el poder inherente a su naturaleza, -agitó el vapor y el viento. En cuanto se extinguió el día, cubrió de -nieblas el valle desde Pratomagno hasta el Apenino, e hizo tan denso -aquel cielo, que el espeso aire se convirtió en agua: cayó la lluvia, -y el agua que la tierra no pudo absorber fué a parar a los barrancos, -y uniéndose a la de los torrentes, se precipitó hacia el río real con -tal rapidez, que nada podía contenerla. El Archiano furioso encontró -mi cuerpo helado en su embocadura, lo arrastró hacia el Arno, y separó -mis brazos que había puesto en cruz sobre el pecho cuando me venció -el dolor. Después de haberme volteado por sus orillas y su fondo, me -cubrió y rodeó con la arena que había hecho desprenderse de los campos. - ---¡Ah!, cuando vuelvas al mundo, y hayas descansado de tu largo -viaje--continuó un tercer espíritu, luego que hubo acabado de hablar -el segundo--, acuérdate de mí, que soy la Pía.[51] Siena me hizo, y las -Marismas me deshicieron: bien lo sabe aquel que, siendo ya viuda, me -puso en el dedo su anillo enriquecido de piedras preciosas. - - [51]Pía de Tolomei, natural de Siena, casó con Nello o - Paganello Pannocchieschi, señor del castillo della Pietra, en - la Marisma Toscana, el cual, creyéndola infiel, le dió muerte, - en 1295, mandando, según refiere algún comentarista, arrojarla - por una ventana. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO SEXTO_ - - -Cuando, acabado el juego de la zara, se desparten los jugadores, el que -pierde se queda triste, pensando en las jugadas, y aprendiendo entonces -con sentimiento el modo de que debió haberse valido para ganar: con el -ganancioso se van los circunstantes; y uno por delante, otro por detrás -y otro por el lado procuran hacerse presentes al afortunado; éste no -se detiene aunque los escucha a todos, hasta que tiende a uno su mano, -que por ello deja de atosigarle, librándose así de los empujones de -la multitud. Así estaba yo en medio de aquella compacta muchedumbre -de almas, volviendo a uno y otro lado el rostro, hasta que, merced a -mis promesas, pude desprenderme de ellas. Allí estaban el Aretino que -recibió la muerte de los brazos crueles de Ghin di Tacco, y el otro -que se ahogó al darle caza sus enemigos. Allí oraba, con los brazos -extendidos, Federico Novello, y aquel de Pisa, que dió ocasión de -demostrar la grandeza de su alma al buen Marzucco. Vi al conde Orso, -y a aquella alma separada de su cuerpo por hastío y por envidia, como -ella misma decía, y no por sus culpas; a Pedro de la Broccia, digo: y -bien es menester que provea en ello la princesa de Brabante, mientras -esté por acá, si no quiere verse colocada entre peores compañeros. - -Cuando me vi libre de todas aquellas sombras, que rogaban para -que otros rogasen por ellas, a fin de abreviar el tiempo de su -purificación, empecé a decir: - ---Parece que me niegas expresamente en algún texto, ¡oh luz que -desvaneces mis dudas!, que la oración aplaca los decretos del cielo; y -sin embargo, esta gente ruega para conseguirlo. ¿Será, pues, vana su -esperanza? ¿O es que no he comprendido bien el sentido de tus palabras? - -A lo que me contestó: - ---Lo que escribí es muy claro, y la esperanza de ésos no se verá -fallida, si se examina con recto sentido. No se menoscaba el alto -juicio divino, porque el fuego amoroso de la caridad cumpla en un -instante lo que deben satisfacer los que aquí están relegados; y allí, -donde senté tal máxima, la oración no tenía la virtud de borrar las -faltas, porque el objeto de aquélla estaba alejado de Dios. No te -detenga, sin embargo, tan profunda duda, hasta que te la desvanezca -aquélla que ha de iluminar tu entendimiento, mostrándole la verdad. No -sé si me entiendes: hablo de Beatriz, a quien verás risueña y feliz -sobre la cumbre de este monte. - -Yo repuse: - ---Mi buen Guía, caminemos más de prisa: pues ya no me canso tanto como -antes, y la montaña proyecta su sombra hacia este lado. - ---Avanzaremos hoy tanto como podamos--me respondió--; pero el camino -es muy diferente de lo que te figuras. Antes que lleguemos arriba, -verás volver a aquel que ahora se oculta tras de la cuesta, y cuyos -rayos no quiebras en este momento. Pero ve allí un alma que, inmóvil -y completamente sola, dirige hacia nosotros sus miradas: ella nos -enseñará el camino más corto. - -Llegamos junto a ella. ¡Oh alma lombarda, cuán altanera y desdeñosa -estabas, y cuán noble y grave era el movimiento de tus ojos! Ella no -nos decía nada; pero dejaba que nos aproximásemos, mirando únicamente -como el león cuando reposa. Virgilio se le acercó, rogándole que nos -enseñase la subida más fácil; pero ella, sin contestar a su pregunta, -quiso informarse acerca de nuestro país y de nuestra vida; y al -empezar mi Guía a decir. "Mantua...," la sombra, que antes estaba como -concentrada en sí misma, corrió hacia él desde el sitio en que se -encontraba, diciendo: "¡Oh, mantuano!, yo soy Sordello, de tu tierra." -Y se abrazaron mutuamente. - -¡Ah Italia esclava, albergue de dolor, nave sin timonel en medio de -una gran tempestad, no ya señora de provincias, sino de burdeles! Al -dulce nombre de su país natal, aquel alma gentil se apresuró a festejar -a su conciudadano; al paso que tus vivos no saben estar sin guerra, y -se destrozan entre sí aquellos a quienes guarda una misma muralla y un -mismo foso. Busca, desgraciada, en derredor de tus costas, y después -contempla en tu seno si alguna parte de ti misma goza de paz. ¿Qué -vale que Justiniano te enfrenara, si la silla está vacía? Tu vergüenza -sería menor sin ese mismo freno. ¡Ah, gentes que debierais ser devotas, -y dejar al César en su trono, si comprendierais bien lo que Dios ha -prescrito! Mirad cuán arisca se ha vuelto esa Italia, por no haber sido -castigada a tiempo con las espuelas, desde que os apoderasteis de sus -riendas. ¡Oh alemán Alberto, que la abandonas, al verla tan indómita -y salvaje, cuando debiste oprimir sus ijares! Caiga sobre tu sangre -el justo castigo del Cielo, y sea éste tan nuevo y evidente, que sirva -también de temeroso escarmiento a tu sucesor, ya que tú y tu padre, -alejados de aquí por ambición, habéis tolerado que quede desierto el -jardín del imperio. Hombre indolente, ven a ver a los Montecchi y a los -Cappelletti, a los Monaldi y Filippeschi, aquéllos ya tristes, y éstos -poseídos de amargos recelos. Ven, cruel, ven; y mira la opresión de tus -nobles, y remedia sus males, y verás cuán segura está Santaflora. Ven a -ver a tu Roma, que llora, viuda y sola, exclamando día y noche: "¡César -mío! ¿Por qué no estás en mi compañía?" Ven y contempla cuán grande es -el mutuo amor de la gente; y si nada te mueve a compasión de nosotros, -ven a avergonzarte de tu fama. Y, séame lícito preguntarte, ¡oh sumo -Jove, que fuiste crucificado por nosotros en la tierra! ¿Están vueltos -hacia otra parte tus justos ojos? ¿O es que nos vas preparando de ese -modo, en lo profundo de tus pensamientos, para recibir algún gran bien -que no puede prever nuestra inteligencia? Porque la tierra de Italia -está llena de tiranos; y el hombre más ruin, al ingresar en un partido, -se convierte en un Marcelo. - -Florencia mía, bien puedes estar satisfecha de esta digresión, que no -habla contigo, merced a tu pueblo que tanto se ingenia. Hay muchos -que tienen la justicia en el corazón, pero son tardíos en aplicarla, -porque temen disparar el arco imprudentemente; mas tu pueblo la tiene -en la punta de sus labios. Muchos rehusan los cargos públicos; pero tu -pueblo responde solícito, sin que le llamen, y grita: "Yo los acepto." -Alégrate, pues, que motivo tienes para ello. Eres rica, disfrutas -tranquilidad, tienes prudencia. Si digo la verdad, claramente lo -demuestran los hechos. Atenas y Lacedemonia, que hicieron las antiguas -leyes y fueron tan civilizadas, dieron un débil ejemplo de vivir -bien, comparadas contigo; pues dictas tan sutiles decretos, que los -que expides en Octubre no llegan a mediados de Noviembre. ¿Cuántas -veces, en el tiempo a que alcanza la memoria, has cambiado de leyes, de -monedas, de oficios y de costumbres, y renovado tus habitantes? Y si -quieres recordarlo y ver la luz, conocerás que eres semejante a aquella -enferma, que no encuentra posición que le cuadre sobre la pluma, y -procura hacer más llevadero su dolor dando continuas vueltas. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO SEPTIMO_ - - -Después de haber cambiado entre sí tres o cuatro veces corteses y -halagüeños saludos, Sordello se hizo un poco atrás, y dijo: - ---¿Quiénes sois? - ---Mis huesos fueron sepultados por mandato de Octavio, antes que se -hubiesen dirigido hacia esta montaña las almas dignas de subir hasta -Dios. Yo soy Virgilio, que perdí el cielo por no tener fe, y no por -otra culpa. - -Así respondió mi Guía. Como el que de improviso ve una cosa que le -asombra, y a la que no sabe si dar o no crédito, diciendo: "es, no es," -así se quedó aquél: después bajó los ojos, se adelantó humildemente -hacia él, y le abrazó en el sitio del cuerpo donde alcanza el pequeño. - ---¡Oh gloria de los latinos--dijo--, por quién nuestra lengua demostró -cuánto podía! ¡Honor eterno del lugar donde nací! ¿Qué mérito o qué -gracia permite que yo te vea? Si es que soy digno de oír tus palabras, -dime si vienes del Infierno, y de qué recinto. - ---He llegado hasta aquí pasando por todos los círculos del reino -del llanto--respondióle--; la virtud del cielo me guía, y con ella -vengo. No por lo que he hecho, sino por lo que no he hecho, he perdido -la facultad de contemplar el alto Sol que tú deseas, y que conocí -demasiado tarde. Allá abajo hay un lugar triste, no por los martirios, -sino por las tinieblas, donde en vez de lamentos como gritos, sólo -resuenan suspiros. Allí estoy yo con los inocentes párvulos, mordidos -por los dientes de la muerte antes de que fueran lavados del pecado -original. Allí estoy yo con aquellos que no se cubrieron con las tres -virtudes santas, aunque, exentos de vicios, conocieron y observaron las -demás. Pero danos algún indicio, si es que puedes y sabes, a fin de -que lleguemos más pronto al sitio donde tiene verdadero principio el -Purgatorio. - -Sordello respondió: - ---Aquí no tenemos designado un punto fijo, y a mí me es lícito subir -andando alrededor por la montaña: te serviré de guía por todos los -parajes hasta donde puedo llegar. Pero advierte que ya declina el día; -y no siendo posible ir arriba de noche, convendrá que pensemos en -buscar un buen abrigo. Algo lejos de aquí, a la derecha, hay algunas -almas: si quieres, te conduciré adonde están, seguro de que te agradará -conocerlas. - ---¿Cómo es eso?--le contestó--. Quien quisiera subir de noche, ¿se -vería detenido por alguien? ¿O es acaso que no podría subir? - -El buen Sordello pasó su dedo por el suelo, diciendo: - ---¿Ves esta sola línea? Pues no la atravesarás después de haberse -ocultado el Sol; no por otra causa, sino porque te lo impedirán las -tinieblas nocturnas; las cuales, con la impotencia que originan, -contrarrestan la voluntad. Con ellas, podríase muy bien volver abajo -y recorrer la cuesta vagando en torno, mientras el día esté bajo el -horizonte. - -Entonces mi Señor, como asombrado, repuso: - ---Condúcenos adonde dices que puede ser agradable permanecer. - -Nos habíamos alejado un poco de allí, cuando eché de ver que el monte -estaba hendido como los valles que hay en nuestro hemisferio. - ---Iremos--dijo aquella sombra--allá donde la cuesta forma una cavidad, -y esperaremos en ella el nuevo día. - -Un sendero tortuoso, entre pendiente y llano, nos condujo a un lado -de aquella cavidad, en donde las orillas que la circundan descienden -más de la mitad de su altura. El oro y la plata fina, la púrpura, el -albayalde, el añil azul y brillante, y las esmeraldas recientemente -talladas en el momento en que se desprenden sus trozos, serían vencidos -en brillantez por las hierbas y las flores de aquella cavidad, como -lo menor es vencido por lo mayor. La naturaleza no había ostentado -solamente allí sus adornos, sino que con la suavidad de mil aromas -había formado un olor indistinto y desconocido para nosotros. Allí vi -sentadas sobre la verdura y entre las flores algunas almas, que desde -fuera no podían distinguirse, por ocultarlas las laderas del valle, las -cuales estaban cantando el "Salve Regina." El Mantuano, que nos había -conducido por el tortuoso sendero, nos dijo: - ---No pretendáis que os guíe hasta donde están ésos, antes de que se -oculte el poco Sol que queda. Desde esta altura veréis las acciones -y los rostros de todos, mejor que si estuvierais entre ellos en el -mismo valle. Aquel que está sentado en el puesto más alto, que en su -actitud parece haberse descuidado de hacer lo que debía, y cuya boca -no se mueve para cantar con los demás, fué el emperador Rodolfo, que -pudo curar las heridas que han dado muerte a Italia, de tal modo, que -tarde le vendrá de otro el remedio. El que con su presencia conforta al -primero, gobernó la tierra donde nace el agua que el Moltava conduce -al Elba, y el Elba al mar. Llamóse Ottokar, y ya en la infancia fué -mucho mejor príncipe que su hijo Wenceslao cuando barbado, a quien -enervaron el ocio y la lujuria. Y aquel romo, que parece consultar con -tanta intimidad al otro de benigno aspecto, murió huyendo y marchitando -la flor de lis: mirad cómo se golpea el pecho; y ved cómo el otro, -suspirando, apoya su mejilla en la palma de la mano. Padre y suegro son -del mal de Francia: saben que su vida es grosera y viciosa, y de ahí -proviene el dolor que les aflige. Aquel que parece tan corpulento,[52] -y que canta acorde con el narigudo,[53] llevó ceñida la cuerda de toda -virtud; y si después de él hubiera reinado más tiempo el jovencito que -a su espalda se sienta,[54] bien habría pasado el valor de padre a -hijo; lo cual no se puede decir de sus otros herederos Jaime y Fadrique -conservan los reinos; pero ninguno de ellos posee la mejor herencia. -Raras veces renace por las ramas la humana probidad; pues así lo quiere -Aquél que nos la da, para que se la pidamos. No menos se dirigen mis -palabras al narigudo, que al otro, a Pedro, que canta con él; pues de -su descendencia se lamentan ya la Pulla y la Provenza. La planta es -inferior a su semilla tanto, cuanto más que Beatriz y Margarita se -gloria Constanza aún de su marido. Ved ahí al rey de sencilla vida, -sentado aparte y solo, a Enrique de Inglaterra: éste ha producido -mejores vástagos. Aquel que está en el suelo más abajo que los otros, -mirando hacia arriba, es el marqués Guillermo, por quien Alejandría y -sus guerreros hacen llorar hoy al Monferrato y al Canavés. - - [52] Pedro III de Aragón. - - [53] Carlos I, conde de Provenza y rey de Pulla. - - [54] Alfonso III, primogénito de Pedro el Grande, que sucedió - a su padre, y sólo reinó seis años, muriendo en 1291. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO OCTAVO_ - - -Era ya la hora en que se enternece el corazón de los navegantes, y -renace su deseo de abrazar a los caros amigos, de quienes el mismo día -se han despedido, y en que el novel viajero se compunge de amor, si oye -a lo lejos alguna campana, que parezca plañir al moribundo día; cuando -dejé de oír, y comencé a mirar a una de aquellas almas, que, puesta en -pie, hacía señas con la mano en ademán de que las otras la escuchasen. -Unió y levantó ambas palmas, dirigiendo sus ojos hacia Oriente, como si -dijese a Dios: "Sólo en ti pienso;" y salió de su boca tan devotamente -y con tan dulces notas el "Te lucis ante," que el placer me hizo salir -fuera de mí. Aguza bien aquí la vista, ¡oh lector!, para descubrir -la verdad; porque el velo es ahora tan sutil, que te será en efecto -sumamente fácil atravesarlo. - -Vi luego a aquel ejército gentil, pálido y humilde, que en silencio -contempla el cielo, como esperando algo; y vi salir de las alturas y -descender al valle dos ángeles con dos espadas flamígeras, truncadas -y privadas de sus puntas. Verdes como las tiernas hojas que acaban de -brotar eran sus vestiduras, y agitadas por las plumas de sus alas, -verdes también, flotaban por detrás a merced del viento. El uno se posó -algo más arriba de donde estábamos; el otro descendió hacia el lado -opuesto; de suerte que las almas quedaron entre ellos. Se distinguía -perfectamente su blonda cabellera; pero al querer mirar sus facciones, -se ofuscaba la vista, como se ofusca toda facultad, por la excesiva -fuerza de las impresiones. - ---Ambos vienen del seno de María--dijo Sordello--para guardar el valle -contra la serpiente, que acudirá a él en breve. - -Y yo, que no sabía por qué sitio había de venir, miré en torno mío, y -helado de terror, me arrimé cuanto pude a las fieles espaldas. Sordello -continuó: - ---Ahora descendamos hacia donde están esas grandes sombras, y -hablaremos con ellas: les será muy grato veros. - -Sólo había descendido tres pasos, según creo, cuando ya me encontré -abajo, y vi uno que me miraba como si hubiera querido conocerme. El -aire iba ya obscureciéndose, pero no tanto que entre sus ojos y los -míos no permitiese ver lo que antes por la distancia se ocultaba. Vino -hacia mí, y yo me adelanté hacia él. ¡Noble juez! ¡Oh, Nino! ¡Con -cuánto placer vi que no estabas entre los condenados! No hubo amistoso -saludo que no nos dirigiésemos; después me preguntó: - ---¿Cuánto tiempo hace que has llegado al pie de este monte a través de -las lejanas aguas? - ---¡Ah!--le dije--; esta mañana he llegado pasando por tristes lugares, -y estoy aún en la primera vida; aunque al hacer este viaje, voy -preparándome para la otra. - -Apenas oyeron mi respuesta, cuando Sordello y él retrocedieron como -hombres poseídos de un repentino espanto. El primero se volvió hacia -Virgilio, y el otro hacia uno que estaba sentado, gritando: "Ven, -Conrado, ven a ver lo que Dios por su gracia permite." Después, -dirigiéndose a mí, exclamó: - ---Por la singular gratitud que debes a Aquél que oculta de tal modo su -primitivo origen, que no es posible penetrarlo, cuando estés más allá -de las anchurosas aguas, di a mi Juana, que pida por mí allí donde -se oyen los ruegos de los inocentes. No creo que su madre me ame ya, -pues ha dejado las blancas tocas, que la desventurada echará de menos -algún día. Por ella se comprende fácilmente cuánto dura en una mujer el -fuego del amor, si la vista o el íntimo trato no lo alimenta. La víbora -que campea en las armas del Milanés no le proporcionará tan hermosa -sepultura como se la hubiera dado el gallo de Gallura.[55] - - [55] No será tan honrosa su sepultura cuando muera enlazada - a la casa de los Visconti de Milán, como lo sería si hubiera - guardado fidelidad a la de los Visconti de Gallura. Los - primeros tenían una víbora en su escudo; los segundos un gallo. - -Así decía, y en todo su aspecto se veía impreso el sello de aquel -recto celo que arde con mesura en el corazón. Entretanto, mis ojos se -dirigían ávidos hacia la parte del cielo donde es más lento el curso de -las estrellas, como sucede en los puntos de una rueda más próximos al -eje. Mi Guía me preguntó: - ---Hijo mío, ¿qué miras allá arriba? - -Y yo le contesté: - ---Aquellas tres antorchas[56], en cuya luz arde todo el polo hacia esta -parte. - - [56] Las constelaciones del Eridano, de la Nave y del Pez de - oro.--Alegóricamente son las tres virtudes teologales. - -Y él repuso: - ---Las cuatro estrellas brillantes que viste esta mañana, han descendido -por aquel lado, y éstas han subido donde estaban aquéllas. - -Mientras él hablaba, Sordello se le acercó, diciendo: "He ahí a nuestro -adversario;" y extendió el dedo para que mirásemos hacia el sitio -que indicaba. En la parte donde queda indefenso el pequeño valle, -había una serpiente, que quizá era la que dió a Eva el amargo manjar. -Se adelantaba el maligno reptil por entre la hierba y las flores, -volviendo de vez en cuando la cabeza, y lamiéndose el lomo como un -animal que se alisa la piel. No puedo decir cómo se movieron los -azores celestiales, pues no me fué posible distinguirlo; pero sí vi -a entreambos en movimiento. Sintiendo que sus verdes alas hendían el -aire, huyó la serpiente, y los ángeles se volvieron a su puesto con -vuelo igual. La sombra que se acercó al juez, cuando éste la llamó, no -dejó un momento de mirarme durante todo aquel asalto. - ---Que la antorcha que te conduce hacia arriba encuentre en tu voluntad -tanta cera cuanta se necesita para llegar al sumo esmalte--empezó a -decir--; si sabes alguna noticia positiva del Val di Magra o de su -tierra circunvecina, dímela, pues yo era señor en aquel país: fuí -llamado Conrado Malaspina, no el antiguo, sino descendiente suyo, y -tuve para con los míos un amor que aquí se purifica. - ---¡Oh!--le contesté--; no estuve nunca en vuestro país; pero ¿a qué -parte de Europa no habrá llegado su fama? La gloria que honra vuestra -casa da tal renombre a sus señores y a la comarca entera, que tiene -noticia de ella aun aquel que no la ha visitado. Y os juro, así pueda -llegar a lo alto de este monte, que vuestra honrosa estirpe no pierde -la prez que le han conquistado su bolsa y su espada. Sus buenas -costumbres y excelente carácter la colocan en tan privilegiado puesto, -que aunque el perverso jefe aparte al mundo del verdadero camino, ella -va por el recto sendero despreciando el torcido. - -El replicó: - ---Ve, pues; que antes de que el Sol entre siete veces en el espacio -que Aries con sus cuatro patas cubre y abarca, esa opinión cortés te -será clavada en medio de la cabeza con clavos mayores que lo pueden ser -las palabras de otro, si no se cambia el curso de lo dispuesto por la -Providencia. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO NONO_ - - -La concubina del viejo Titón, desprendida de los brazos de su dulce -amigo, alboreaba ya en los linderos orientales, reluciendo su frente -de rica pedrería colocada en la forma del frío animal que sacude a la -gente con la cola;[57] y ya por el lugar donde nos hallábamos había -dado la Noche dos de los pasos con que asciende, y el tercero inclinaba -hacia abajo su vuelo, cuando yo, que tenía conmigo la flaqueza de Adán, -vencido del sueño, me tendí en la hierba sobre que estábamos sentados -los cinco. - -A la hora del amanecer, cuando la golondrina empieza sus tristes -endechas, quizá en memoria de sus primeros ayes, y cuando nuestro -espíritu, más libre de los lazos de la carne y menos asediado de -pensamientos, es casi divino en sus visiones, parecióme ver entre -sueños un águila con plumas de oro suspendida del cielo, con las alas -abiertas y preparada a bajar, y creía estar allí donde Ganimedes -abandonó a los suyos, cuando fué arrebatado a la celestial asamblea. -Yo pensaba entre mí: "Quizá esta águila tenga la costumbre de cazar -aquí solamente, y puede ser que en otro sitio se desdeñe de levantar en -alto la presa con sus garras." Después me pareció que, dando algunas -vueltas, bajaba terrible como un rayo, y me arrebataba hasta la esfera -del fuego, donde parecía que ardiésemos los dos; y de tal modo me -quemaba aquel incendio imaginario, que se interrumpió súbitamente mi -sueño. No de otra suerte se sobresaltó Aquiles revolviendo en torno -suyo sus ojos desvelados y sin saber donde se encontraba, cuando su -madre, robándolo a Quirón, le transportó dormido en sus brazos a la -isla de Scyros, de donde le sacaron después los griegos, como me -sobresalté yo, apenas huyó el sueño de mi rostro; y me puse pálido -como el hombre a quien hiela el espanto. A mi lado estaba únicamente -mi Protector; el Sol había salido hacía ya más de dos horas, y yo me -hallaba con la cara vuelta hacia el mar. - - [57] La esposa de Titón es la Aurora, y su frente aparecía - coronada en las estrellas que forman el signo de Piscis. - ---No temas--dijo mi Señor--; tranquilízate, que estamos en buen lugar. -Da rienda suelta a tu vigor, lejos de reprimirlo, pues has llegado -ya junto al Purgatorio; mira allí el muro que le cerca en derredor; -y mira la entrada en aquel sitio donde parece estar roto. Durante el -alba que precede al día, cuando tu alma dormía dentro del cuerpo sobre -las flores que allá abajo adornan el suelo, vino una dama y dijo: -"Yo soy Lucía: déjame coger a ese que duerme, y haré que recorra más -ágilmente su camino." Sordello se quedó con las otras nobles sombras; -ella te cogió, y cuando fué de día, se vino hacia arriba y yo seguí sus -huellas: aquí te dejó, habiéndome antes designado con sus bellos ojos -aquella entrada abierta; y después, ella y tu sueño desaparecieron al -mismo tiempo. - -Me quedé como el hombre que ve sus dudas convertidas en certidumbre, y -cuyo miedo se trueca en fortaleza, cuando le han descubierto la verdad; -y viéndome tranquilo mi Guía, empezó a subir por la calzada, y yo -seguí tras él hacia lo alto. - -Lector: bien ves cómo ensalzo el objeto de mis cantos: no te admire, -pues, si procuro sostenerlo cada vez con más arte. Nos aproximamos -hasta llegar al sitio que antes me había parecido ser una rotura, -semejante a la brecha que divide un muro; y vi una puerta a la cual se -subía por tres gradas de diferentes colores, y un portero que aún no -había proferido ninguna palabra. Y como yo abriese cada vez más los -ojos, le vi sentado sobre la grada superior, con tan luminoso rostro, -que no podía fijar en él mi vista. Tenía en la mano una espada desnuda, -que reflejaba sus rayos hacia nosotros de tal modo, que en vano intentó -fijar en ella mis miradas. - ---Decidme desde ahí: ¿qué queréis?--empezó a decir.--¿Dónde está el que -os acompaña? Cuidad que vuestra llegada no os sea funesta. - ---Una dama del Cielo, enterada de estas cosas--le respondió mi -Maestro--, nos ha dicho hace poco: "Id allí: aquella es la puerta." - ---Ella guía felizmente vuestros pasos--replicó el cortés portero--. -Llegad, pues, y subid nuestras gradas. - -Nos adelantamos: el primer escalón era de mármol blanco, tan bruñido y -terso, que me reflejé en él tal como soy: el segundo, más obscuro que -el color turquí, era de una piedra calcinada y áspera, resquebrajada -a lo largo y de través: el tercero, que gravita sobre los demás, me -parecía de un pórfido tan rojo como la sangre que brota de las venas. -Sobre este último tenía ambas plantas el Angel de Dios, el cual estaba -sentado en el umbral, que me pareció formado de diamante. Mi Guía me -condujo de buen grado por los tres escalones, diciendo: - ---Pide humildemente que se abra la cerradura. - -Me postré devotamente a los pies santos: le pedí por misericordia que -abriese, pero antes me dí tres golpes en el pecho. Con la punta de su -espada me trazó siete veces en la frente la letra P[58], y dijo: - ---Procura lavar estas manchas cuando estés dentro. - - [58] Símbolo de los siete pecados capitales. - -En seguida sacó de debajo de sus vestiduras, que eran del color de la -ceniza o de la tierra seca, dos llaves, una de las cuales era de oro y -la otra de plata: primero con la blanca, y luego con la amarilla, hizo -en la puerta lo que yo deseaba. - ---Cuando una de estas llaves falsea, y no gira con regularidad por la -cerradura--nos dijo--, esta entrada no se abre. Una de ellas es más -preciosa; pero la otra requiere más arte e inteligencia antes de abrir, -porque es la que mueve el resorte. Pedro me las dió, previniéndome que -más bien me equivocara en abrir la puerta, que en tenerla cerrada, -siempre que los pecadores se prosternen a mis pies. - -Después empujó la puerta hacia el sagrado recinto, diciendo: - ---Entrad; mas debo advertiros que quien mira hacia atrás vuelve a salir. - -Entonces giraron en sus quicios los espigones de la sacra puerta, que -son de metal, macizos y sonoros; y no produjo tanto fragor, ni se -mostró tan resistente la de la roca Tarpeya, cuando fué arrojado de -ésta el buen Metelo, por el cual quedó luego vacía. Yo me volví atento -al primer ruido, y me pareció oír voces que cantaban al son de dulces -acordes: "Te Deum laudamus." Tal impresión hizo en mí aquello que oía, -como la que ordinariamente se recibe cuando se oye el canto acompañado -del órgano, que tan pronto se perciben como dejan de percibirse las -palabras. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMO_ - - -Cuando hubimos traspasado el umbral de la puerta que se abre pocas -veces, porque la mala inclinación de las pasiones lo impide, haciendo -aparecer recta la vía tortuosa, conocí por el ruido que acababa de -cerrarse; y si yo hubiese vuelto mis ojos hacia ella, ¿qué excusa -hubiera sido digna de tal falta? Subíamos por la hendedura de una roca, -la cual ondulaba tortuosamente, semejante a la ola que va y viene. - ---Aquí--dijo mi Guía--, es preciso que tengamos alguna precaución, -acercándonos, ya por un lado, o por otro, a las ondulaciones de esta -hendedura. - -Y este cuidado hizo tan lentos nuestros pasos, que la Luna llegó a su -lecho para acurrucarse, antes que nosotros saliésemos de aquel angosto -camino. Mas cuando estuvimos arriba, libres y al descubierto, en el -paraje donde se interna el monte, nos encontramos, yo fatigado, y -ambos inciertos de la dirección que debíamos seguir, en un rellano más -solitario que sendero a través del desierto. Desde el borde exterior -hasta el pie del alto tajo que se alza en la parte interior, aquel -rellano sólo tendría de anchura tres veces un cuerpo humano; y hasta -donde mis ojos alcanzaban, tanto por la izquierda como por la derecha, -parecíame siempre igual esta especie de cornisa. Aún no habíamos dado -un paso por aquella vía, cuando observé que el tajo interior y escueto, -por el cual no se podía subir, era de mármol blanco, y adornado de tan -preciosas entalladuras, que no ya Policleto, sino la Naturaleza en -presencia de ellas habría sido superada y vencida. El ángel que bajó a -la Tierra con el decreto de la paz por tantos años suspirada, y abrió -las puertas del cielo después de su prolongada clausura, se ofreció -a nuestra vista con tanta verdad, y en tan dulce actitud esculpido, -que no parecía una figura silenciosa. Hubiérase jurado que hablaba -diciendo: "Ave;" porque también estaba allí representada la que dió -vuelta a la llave para abrir al Amor supremo. En su actitud se veían -impresas estas palabras: "Ecce ancilla Dei," tan propiamente como -aparece una figura sellada en la cera. - ---No fijes tu atención en un solo punto--me dijo el querido Maestro--, -que me tenía cerca de sí en el lado que los hombres tienen el corazón. - -Volví el rostro, y hacia la parte donde se encontraba el que movía mis -pasos, vi después de María otra historia esculpida en la roca; y para -examinarla mejor, pasé al otro lado de Virgilio, y me aproximé a ella. -Estaban tallados en el mismo mármol el carro y los bueyes conduciendo -el Arca santa, por la cual es temible desempeñar un cargo que Dios no -ha confiado. Delante de ella veíase alguna gente, dividida en siete -coros, que a dos de mis sentidos hacía decir: a uno, "sí canta," y a -otro, "no canta." En igual discordancia ponía a mi vista y a mi olfato -el humo del incienso que estaba allí representado. El humilde Salmista, -danzando y saltando, precedía al vaso bendito; y en aquella ocasión -era más y menos que rey. Desde lo alto de un gran palacio que había -enfrente, Micol lo contemplaba como mujer despechada y mohina. Moví mis -pies más allá del sitio en que me encontraba, para examinar de cerca -otra historia que resaltaba después de Micol. Allí estaba escrita en -piedra la alta gloria del príncipe romano, cuya insigne virtud movió a -Gregorio para alcanzar su gran victoria: hablo del emperador Trajano. -Asida al freno de su caballo se veía a una viuda, penetrada de dolor y -deshecha en lágrimas: en torno suyo aparecía una considerable multitud -de caballeros, sobre cuyas cabezas se movían al viento las águilas de -oro. La desventurada, metida entre todos ellos, parecía decir: "Señor, -véngame de la muerte de mi hijo, que me ha traspasado el corazón;" y él -responderle: "Espérate a que yo vuelva;" y ella replicar, como persona -a quien impacienta su mismo dolor: "Señor mío, ¿y si no vuelves?" Y él: -"Quien ocupe mi lugar te vengará." Y ella: "¿Qué te importa el bien -que pueda hacer otro, si te olvidas del que puedes hacer tú?" Y él -por último: "Tranquilízate; preciso es que cumpla con mi deber antes -de ponerme en marcha: la justicia lo quiere, y la piedad me detiene." -Aquel que no vió jamás cosa nueva produjo este hablar visible, nuevo -para nosotros, porque no se encuentra en la Tierra nada parecido. -Mientras yo me deleitaba contemplando aquellas imágenes de tanta -humildad, más que por su belleza, gratas a la vista, por ser quien era -su Artífice, el poeta murmuraba: - ---Mira cuántas almas se dirigen hacia acá con paso lento: ellas nos -conducirán a las gradas superiores. - -Mis ojos atentos a mirar para ver las novedades de que se mostraban tan -ávidos, no fueron tardos en volverse hacia él. No quiero, ¡oh lector!, -que te apartes de tus buenas disposiciones, oyendo cómo Dios quiere -que se paguen las deudas. No presten atención a la forma de estas -penas, sino a lo que en pos de ellas vendrá: piensa que, en el último y -peor resultado, no pueden prolongarse más allá de la gran sentencia. Yo -empecé a decir: - ---Maestro, lo que veo dirigirse hacia nosotros no me parecen personas, -ni sé lo que es; pues se desvanece a mi vista. - -Me contestó: - ---La abrumadora condición de sus tormentos les hace inclinarse de tal -modo hacia el suelo, que aun mis ojos dudaron al principio; pero mira -allí fijamente, descubre con tu vista lo que viene debajo de aquellas -peñas, y podrás juzgar cuál es el tormento de cada uno de ellos. - -¡Oh cristianos soberbios, miserables y débiles, que enfermos de la -vista del entendimiento, os fiáis en vuestros pasos retrógrados! ¿No -observáis que somos gusanos nacidos para formar la angelical mariposa, -que dirige su vuelo sin impedimento hacia la justicia de Dios? ¿Por -qué se engríe soberbio vuestro ánimo, cuando sólo sois defectuosos -insectos, como crisálidas que no llegan a desarrollarse? Así como, -para sostener un piso o un techo, se ve a veces por ménsula una figura -cuyas rodillas se doblan hasta el pecho, la cual, con ser fingido su -esfuerzo, produce verdadera aflicción en quien la mira, del mismo modo -vi yo a aquellas almas cuando las examiné con cuidado. Es cierto que -estaban más o menos contraídas, según era mayor o menor el peso que -soportaban; pero aun la que más paciente y aliviada se mostraba en sus -movimientos parecía decir llorando: "No puedo más." - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO UNDECIMO_ - - -"¡Oh padre nuestro, que estás en los cielos, aunque no circunscrito a -ellos, sino por el mayor amor que arriba sientes hacia los primeros -efectos! Alabados sean tu nombre y tu poder por las criaturas, así como -se deben dar gracias a las dulces emanaciones de tu bondad. Venga a nos -la paz de tu reino, a la que no podemos llegar por nosotros mismos, -a pesar de toda nuestra inteligencia, si ella no se dirige hacia -nosotros. Así como los ángeles te sacrifican su voluntad entonando -Hosanna, deben sacrificarte la suya los hombres. Danos hoy el pan -cuotidiano, sin el cual retrocede por este áspero desierto aquel que -más se afana por avanzar. Y así como nosotros perdonamos a cada cual -el mal que nos ha hecho padecer, perdónanos tú benigno, sin mirar a -nuestros méritos. No pongas a prueba nuestra virtud, que tan fácilmente -se abate, contra el antiguo adversario, sino líbranos de él, que la -instiga de tantos modos. No hacemos, ¡oh Señor amado!, esta última -súplica por nosotros, pues ya no tenemos necesidad de ella, sino por -los que tras de nosotros quedan." - -De esta suerte, pidiendo para ellas y para nosotros un feliz viaje, -iban aquellas almas soportando su carga, semejante a la que a veces -cree uno llevar cuando sueña. Desigualmente cargadas y desfallecidas -caminaban alrededor del primer círculo, a fin de purificarse de las -vanidades del mundo. Si desde allí siempre se ruega por nosotros, ¿qué -no podrán decir y hacer por ellas desde aquí los que a su voluntad -reúnen la gracia divina? Es preciso ayudarles a lavarse las manchas que -del mundo llevaron, para que puedan llegar, limpias y ágiles, hasta las -estrelladas esferas. - ---¡Ah! Que la justicia y la piedad os alivien pronto de vuestro peso, -de modo que podáis desplegar las alas y elevaros según vuestro deseo: -mostradnos por qué lado se va más pronto hacia la escala; y si hay más -de un camino, enseñadnos cuál es el menos pendiente, pues este que -viene conmigo es muy tardo en subir, a causa de la carne de Adán de que -va revestido. - -No pudimos averiguar de quién procedían las palabras que respondieron a -éstas que había proferido aquel a quien yo seguía; pero contestaron: - ---Venid con nosotros, a mano derecha, por la orilla, y encontraréis un -sendero por donde puede subir una persona viva. Y si no me lo impidiera -este peñasco, que doma mi soberbia cerviz, y me obliga a llevar la -cabeza baja, miraría a ese que vive aún y no se nombra, para ver si le -conozco, y para excitar su piedad por mi suplicio. Yo fuí latino e hijo -de un gran toscano: mi padre fué Guillermo Aldobrandeschi; no sé si -habréis oído alguna vez su nombre. La antigua nobleza y las brillantes -acciones de mis antepasados me hicieron tan arrogante, que no pensando -en nuestra madre común, tuve tanto desprecio hacia los demás hombres, -que este desprecio causó mi muerte, como saben los sieneses, y como -sabe en Campagnatico todo el que habla. Yo soy Umberto; y no es a mí -solo a quien ha perjudicado el orgullo, sino que también ha acarreado -la desgracia de todos mis parientes. Por mis pecados me veo en la -precisión de soportar aquí este peso, hasta dejar a Dios satisfecho: ya -que no lo hice entre los vivos, debo hacerlo entre los muertos. - -Al oirle, bajé la cabeza; y uno de ellos, que no era el que hablaba, -se volvió bajo el peso que lo agobiaba: me vió, conocióme, y me llamó, -teniendo los ojos fijos con gran trabajo en mí, que caminaba inclinado -junto a ellos. - ---¡Oh!--le dije--; ¿no eres tú Oderisi, honor de Agobbio y de aquel -arte que llaman de iluminar en París? - ---Hermano--me dijo--: más agradan los dibujos que ilumina Francisco -Bolognese: ahora todo el honor es suyo, si bien yo participo de él. -No hubiera yo sido en vida tan generoso, a causa del gran deseo de -sobresalir en mi arte que dominaba mi corazón. De tal soberbia aquí -se paga la pena; y estoy aquí, gracias a que, cuando aún podía pecar, -volví mi alma a Dios. ¡Oh vanagloria del ingenio humano! ¡Cuán poco -dura tu lozano verdor, cuando no alcanza épocas de ignorancia! Creía -Cimabue ser árbitro en el campo de la pintura, y ahora es Giotto al -que se aclama, de modo que ha quedado obscurecida la fama de aquél: -de igual suerte un Guido ha despojado a otro de la gloria de la -lengua[59], y acaso ha nacido ya quien arroje a los dos de su nido. -El rumor del mundo no es más que un soplo, que tan pronto viene de un -lado, como de otro, y cambia de nombres por lo mismo que cambia de -sitios. ¡Qué mayor fama será la tuya de aquí a mil años, separando -de ti tu cuerpo envejecido, que si hubieses muerto antes de dejar el -"pappo" y el "dindi"[60]? Ese espacio de tiempo, comparado con la -eternidad, es mucho más corto que un abrir y cerrar de ojos respecto -al círculo que más lentamente se mueva en el cielo. En toda la -Toscana resonó el nombre del que camina paso a paso delante de mí; y -ahora apenas se le menciona en Siena, de donde era Señor cuando fué -destruída la ira florentina, que en aquel tiempo era tan altanera, como -prostituta es ahora. Vuestra fama es semejante al color de la hierba, -que viene y va; y el que la decolora es el mismo que hace brotar sus -tiernos tallos. - - [59] Guido Guinicelli, poeta de Bolonia, y Guido Cavalcanti, - otro célebre poeta florentino, hijo de Cavalcante: éste hizo - olvidar la fama del primero; murió en 1301. - - [60] Voces con las que designaban los niños al pan y al - dinero. Quiere decir: Al cabo de mil años, que son nada - comparados con la eternidad, tu fama no será mayor si mueres - viejo, que si hubieses muerto en la infancia. - -Le contesté: - ---Tus verídicas palabras infunden en mi corazón una buena humildad, y -abaten mi hinchazón; pero ¿quién es ese del cual hablabas ahora? - ---Es--me respondió--Provenzano Salvani--; está aquí, porque tuvo la -presunción de reunir en su mano todo el gobierno de Siena. Ha marchado -y continúa marchando sin reposo desde que murió; pues en tal moneda -paga quien allá se ha mostrado demasiado audaz. - -Le repliqué: - ---Si un espíritu que, para arrepentirse, aguarda llegar al límite de -la vida, permanece en la parte inferior de la montaña, y a no ser -que le ayude una ferviente oración, no sube a este sitio hasta haber -transcurrido un espacio de tiempo igual al que vivió, ¿cómo es que se -le ha permitido a ése venir aquí? - ---Cuando vivía en medio de su mayor gloria--dijo--, se presentó en -la plaza de Siena deponiendo toda vanidad, y allí, para librar a un -amigo suyo[61] del cautiverio que sufría en la prisión de Carlos, se -portó de modo que temblaban todas sus venas. No te diré más: sé que te -hablo en términos obscuros; pero no transcurrirá mucho tiempo sin que -tus conciudadanos obren de modo que te permitirán penetrar el sentido -de mis palabras. Esta acción le ha valido traspasar los límites del -Purgatorio. - - [61] Para librar a un amigo suyo, un tal Vigna, que sólo - mediante la suma de diez mil florines de oro podía salir de la - cárcel, donde lo tenía Carlos I, rey de Pulla, se presentó en - la plaza de Siena a pedir limosna, tembloroso y angustiado. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DUODECIMO_ - - -Unidos, como bueyes bajo el yugo, íbamos aquella alma cargada y yo, -mientras lo permitió mi amado pedagogo; pero cuando dijo: "Déjale, y -sigue, que aquí conviene que cada cual dé cuanto impulso pueda a su -barca con la vela y con los remos," erguí mi cuerpo como debe andar -el hombre, por más que mis pensamientos continuaran siendo humildes y -sencillos. Ya estaba yo en marcha, siguiendo gustoso los pasos de mi -Maestro, y ambos hacíamos alarde de nuestra agilidad, cuando él me dijo: - ---Mira hacia abajo; pues para que sea menos penoso el camino, te -convendrá ver el suelo en que se asientan tus plantas. - -Del modo que las sepulturas tienen esculpido en signos emblemáticos lo -que fueron los muertos enterrados en ellas, para perpetuar su memoria, -por lo cual muchas veces arranca lágrimas allí el aguijón del recuerdo, -que sólo punza a las almas piadosas, de igual suerte, pero con más -propiedad y perfecto artificio, vi yo cubierto de figuras todo el plano -de aquella vía que avanza fuera del monte. Veía, por una parte, a aquel -que fué creado más noble que las demás criaturas, cayendo desde el -cielo como un rayo[62]. Veía en otro lado a Briareo, herido por el -dardo celestial, yaciendo en el suelo y oprimiéndolo con el peso de -su helado cuerpo. Veía a Timbreo[63], a Palas y a Marte, armados aún -y en derredor de su padre, contemplando los esparcidos miembros de -los Gigantes. Veía a Nemrod al pie de su gran obra, mirando con ojos -extraviados a los que fueron en Senaar soberbios como él. ¡Oh Níobe, -con cuán desolados ojos te veía representada en el camino entre tus -siete y siete hijos exánimes! ¡Oh Saúl, cómo te me aparecías allí, -atravesado con tu propia espada y muerto en Gelboé, que desde entonces -no volvió a recibir la lluvia ni el rocío! Con igual evidencia te veía, -¡oh loca Aracnea!, ya medio convertida en araña, y triste sobre los -rotos pedazos de la obra que labraste por desgracia tuya. ¡Oh Roboam! -Allí no estabas ya representado con aspecto amenazador, sino lleno de -espanto y conducido en un carro, huyendo antes que otros te expulsasen -de tu reino. Mostrábase además en aquel duro pavimento de qué modo -Alcmeón hizo pagar caro a su madre el desastroso adorno; cómo los hijos -de Sennaquerib se arrojaron sobre su padre dentro del templo, dejándole -allí muerto; la destrucción y el cruel estrago que hizo Tamiris, cuando -dijo a Ciro: "Tuviste sed de sangre; pues bien, yo te harto de ella;" -y la derrota de los asirios, después de la muerte de Holofernes, y el -destrozo de sus restos fugitivos. Veíase a Troya convertida en cenizas -y en ruinas. ¡Oh Ilión!, ¡cuán abatida y despreciable te representaba -la escultura que allí se distinguía! ¿Quién fué el maestro, cuyo pincel -o buril trazó tales sombras y actitudes, que causarían admiración al -más agudo ingenio? Allí los muertos parecían muertos, y los vivos -realmente vivos. El que presenció los hechos no vió mejor que yo la -verdad de cuanto fuí pisando mientras anduve inclinado. Así, pues, -hijos de Eva, ensoberbeceos; marchad con la mirada altiva, y no -inclinéis el rostro de modo que podáis ver el mal sendero. - - [62] Luzbel. - - [63] Apolo. - -Habíamos dado ya una gran vuelta por el monte, y el Sol estaba mucho -más adelantado en su camino de lo que nuestro absorto espíritu creyera, -cuando aquel que siempre andaba cuidadoso, empezó a decir: - ---Levanta la cabeza: no es tiempo de ir tan pensativo. He allí un -ángel, que se prepara a venir hacia nosotros, y ve también que se -retira del servicio del día la sexta esclava. Reviste de reverencia tu -rostro y tu actitud, a fin de que le plazca conducirnos más arriba: -piensa en que este día no volverá jamás a lucir. - -Estaba yo tan acostumbrado por sus amonestaciones a no desperdiciar el -tiempo, que su lenguaje, con respecto a este punto, no podía parecerme -obscuro. La hermosa criatura venía en nuestra dirección, vestida de -blanco, y centelleando su rostro como la estrella matutina. Abrió los -brazos y después las alas, diciendo: - ---Venid; cerca de aquí están las gradas, y puede subirse fácilmente por -ellas. ¡Qué pocos acuden a esta invitación! ¡Oh raza humana, nacida -para remontar el vuelo!, ¿por qué el menor soplo de viento te hace caer? - -Nos condujo hacia donde la roca estaba cortada; y allí agitó sus alas -sobre mi frente, permitiéndome luego seguir con seguridad mi camino. -Así como, para subir al monte donde está la iglesia que, a mano derecha -y más arriba del Rubaconte, domina a la bien gobernada ciudad[64], se -modera la rápida pendiente por medio de las escaleras hechas en otro -tiempo, cuando estaban seguros los registros y las marcas oficiales, -así también aquí, de un modo semejante, se templa la aspereza de la -escarpada cuesta que desciende casi a plomo desde el otro círculo; pero -es preciso pasar rasando por ambos lados con las altas rocas. Mientras -nos internábamos en aquella angostura, oímos voces que cantaban "Beati -pauperes spiritu," de tal manera, que no podía expresarse con palabras. -¡Ah! ¡Cuán diferentes de los del Infierno son estos desfiladeros! Aquí -se entra oyendo cánticos, y allá horribles lamentos. Subíamos ya por la -escalera santa, y me parecía ir más ligero por ella, que antes iba por -el camino llano; lo que me obligó a exclamar: - ---Maestro, dime: ¿de qué peso me han aliviado, pues ando sin sentir -apenas cansancio alguno? - - [64] Florencia. - -Respondióme: - ---Cuando las P, que aún quedan en tu frente casi borradas, hayan -desaparecido enteramente, como una de ellas, tus pies obedecerán tan -sumisos a tu voluntad, que lejos de sentir el menor cansancio, tendrán -un placer en moverse. - -Al oír esto, hice como los que llevan algo en la cabeza y no lo saben, -pero lo sospechan por los ademanes de otros; que procuran acertarlo con -ayuda de la mano, la cual busca y encuentra, y desempeña el oficio que -no es posible encomendar a la vista: extendiendo los dedos de la mano -derecha, sólo encontré seis de las letras que el Angel de las llaves -había grabado en mi frente; y al ver lo que yo hacía, se sonrió mi -Maestro. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMO TERCIO_ - - -Habíamos llegado a lo alto de la escala, donde por segunda vez se -adelgaza la montaña destinada a la purificación de los que suben por -ella. También allí la ciñe en derredor un rellano como el primero, sólo -que el arco de su circunferencia se repliega más pronto: en él no hay -esculturas ni nada parecido, y así el ribazo interior, como el camino -presentan al desnudo el color lívido de la piedra. - ---Si esperamos aquí a alguien para preguntarle hacia qué lado hemos de -seguir--decía el Poeta--, temo que tardaremos mucho en decidirnos. - -Dirigió luego la vista fijamente hacia el Sol; afirmó en el pie derecho -el centro de rotación, e hizo girar su costado izquierdo. - ---¡Oh dulce luz, en quien confío al entrar por el nuevo camino! -Condúcenos--decía--como conviene ser conducido por este lugar. Tú das -calor al mundo, tú le iluminas: tus rayos, pues, deben servir siempre -de guía, a menos que otra razón disponga lo contrario. - -Ya habíamos recorrido en poco tiempo y merced a nuestra activa -voluntad, un trayecto como el que acá se cuenta por una milla, cuando -sentimos volar hacia nosotros, pero sin verlos, algunos espíritus que, -hablando, invitaban cortésmente a tomar asiento en la mesa de amor. La -primera voz que pasó volando decía distintamente: "Vinum non habent!" -y se alejó, repitiéndolo por detrás de nosotros. Antes que dejara de -percibirse enteramente a causa de la distancia, pasó otra gritando: "Yo -soy Orestes;" y tampoco se detuvo. - ---¡Oh Padre!--dije yo--; ¿qué voces son esas? - -Y mientras esto preguntaba, oímos una tercera que decía: "Amad a los -que os han hecho daño." El buen Maestro me contestó: - ---En este círculo se castiga la culpa de la envidia; pero las cuerdas -del azote son movidas por el amor. El freno de ese pecado debe producir -diferente sonido; y creo que lo oirás, según me parece, antes de que -llegues al paso del perdón. Pero fija bien tus miradas a través del -aire, y verás algunas almas sentadas delante de nosotros, apoyándose -todas a lo largo de la roca. - -Entonces abrí los ojos más que antes; miré hacia delante, y vi sombras -con mantos, cuyo color no era diferente del de la piedra. Y luego que -hubimos avanzado algo más, oí exclamar: "¡María, ruega por nosotros!" -"¡Miguel, y Pedro, y todos los santos, rogad!" No creo que hoy exista -en la Tierra un hombre tan duro, que no se sintiese movido de compasión -hacia lo que vi en seguida; pues cuando llegué junto a las almas, y -pude observar sus actos claramente, brotó de mis ojos un gran dolor. -Me parecían cubiertas de vil cilicio; cada cual sostenía a otra con la -espalda, y todas lo estaban a su vez por la roca, como los ciegos, a -quienes falta la subsistencia, se colocan en los Perdones, y solicitan -el socorro de sus necesidades, apoyando cada uno su cabeza sobre la -del otro, para excitar más pronto la compasión, no por medio de sus -palabras, sino con su aspecto que no contrista menos. Y del mismo modo -que el sol no llega hasta los ciegos, así también la luz del Cielo no -quiere mostrarse a las sombras de que hablo; pues todas tienen sus -párpados atravesados y cosidos por un alambre, como se hace con los -gavilanes salvajes para domesticarlos. - -Mientras iba andando, me parecía inferir una ofensa, viendo a otros sin -ser visto de ellos; por lo cual me volví hacia mi prudente Consejero. -Bien sabía él lo que quería significar mi silencio; así es que no -esperó mi pregunta, sino que me dijo: - ---Habla, y sé breve y sensato. - -Virgilio caminaba a mi lado por aquella parte de la calzada desde donde -se podía caer, pues no estaba resguardada por ningún pretil: hacia mi -otro lado estaban las devotas sombras, las cuales lanzaban con tanta -fuerza las lágrimas a través de su horrible costura, que bañaban con -ellas sus mejillas. Me dirigí a ellas y les dije: - ---¡Oh gente segura de ver la más alta luz del cielo, único fin a que -aspira vuestro deseo! Así la gracia disipe pronto las impurezas de -vuestra conciencia, de tal suerte que descienda por ella puro y claro -el río de vuestra mente, decidme (que me será muy dulce y grato) si -entre vosotras hay algún alma que sea latina, a quien quizá podrá serle -útil que yo la conozca. - ---¡Oh hermano mío!, todas nosotras somos ciudadanas de una verdadera -ciudad; pero tú querrás decir si hay alguna que haya peregrinado en -vida por Italia. - -Estas palabras creí percibir en respuesta a las mías, algo más -adelante del sitio en que me encontraba; por lo cual me hice oír de -nuevo más allá. Entre las demás sombras vi una que parecía estar a la -expectativa; y si alguien pregunta cómo podía insinuarse, le diré que -levantando en alto la barba, como hacen los ciegos. - ---Espíritu--le dije--, que te abates para subir, si eres aquel que me -ha respondido, dame cuenta de tu país y de tu nombre. - ---Yo fuí sienesa--respondió--, y estoy aquí con estos otros purificando -mi vida culpable, y suplicando con lágrimas a Aquél que debe -concedérsenos. No fuí sabia, por más que me llamaran "Sapía," y me -alegraron más los males ajenos que mis propias venturas. Y porque no -creas que te engaño, oye si fuí tan necia como te digo. Descendía ya -por la pendiente de mis años, cuando mis conciudadanos se encontraron -cerca de Colle a la vista de sus adversarios, y yo rogaba a Dios lo -mismo que El quería. Fueron destrozados, y reducidos en aquel sitio -al paso amargo de la fuga; y al ver aquella caza, tuve tal contento, -que ningún otro puede igualársele. Mientras tanto elevaba al cielo mi -atrevida faz gritando a Dios: "Ahora ya no te temo," como hizo el mirlo -engañado en invierno por algunos días apacibles. Hacia el fin de mi -vida quise reconciliarme con Dios; y aún no habría comenzado a pagar mi -deuda por medio de la penitencia, si no fuera porque me tuvo presente -en sus santas oraciones Pedro Pettinagno, que se apiadó de mí, movido -de su caridad. Pero ¿quién eres tú, que vas informándote de esa suerte -de nuestra condición, con los ojos libres, según creo, y que hablas -respirando? - ---También estarán mis ojos cosidos aquí--le dije--, pero por poco -tiempo; pues el delito que cometí mirando con ellos envidiosamente ha -sido pequeño. Mucho más miedo infunde a mi alma el castigo de abajo; -pues ya siento gravitar sobre mí el peso de que van cargados los que -allí están. - -Ella me preguntó: - ---¿Quién te ha conducido, pues, aquí arriba entre nosotros, si crees -volver abajo? - -Contestéle: - ---Ese que está conmigo y no pronuncia una palabra. Vivo estoy; por lo -cual dime, espíritu elegido, si quieres que allá mueva en tu favor aún -los pies mortales. - ---¡Oh!, eso sí que es una cosa nunca oída--repuso--, y una gran señal -de que Dios te ama: ruégote, por tanto, que me auxilies con tus -oraciones; y te suplico por aquello que más desees, que si vuelves a -pisar la tierra de Toscana, me pongas en buen lugar con mis parientes. -Los verás entre aquella gente vana, que confía en Talamone; y esa -esperanza, más descabellada que la de encontrar la Diana, los perderá; -pero los almirantes perderán más aún. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMOCUARTO_ - - -¿Quién es ese que gira en torno de nuestro monte, antes de que la -muerte le haya hecho emprender su vuelo, y abre y cierra los ojos según -su voluntad? - ---Ignoro quién sea; pero sé que no va solo: pregúntale tú que estás más -próximo a él, y acógele con dulzura, de modo que le hagas hablar. - -Así razonaban a mi derecha dos espíritus, apoyado uno contra otro: -después levantaron la cabeza para dirigirme la palabra, y dijo uno de -ellos: - ---¡Oh alma que, encerrada aún en tu cuerpo, te encaminas hacia el -Cielo! Consuélanos por caridad, y dinos de dónde vienes y quién eres; -pues la gracia que de Dios has recibido nos causa el asombro que -produce una cosa que no ha existido jamás. - -Yo les contesté: - ---Por en medio de la Toscana serpentea un riachuelo, que nace en -Falterona, y al que no le bastan cien millas de curso: a orillas de -este río he recibido mi persona: deciros quién soy yo, sería hablar en -vano, porque mi nombre aún no es muy conocido. - ---Si he penetrado bien tu entendimiento con el mío--me respondió el -que me había preguntado--, hablas del Arno. - -Y el otro le dijo: - ---¿Por qué oculta el nombre de aquel río, como se hace con una cosa -horrible? - -Y la sombra a quien le preguntaban esto respondió como debía: - ---No lo sé; pero es muy digno de desaparecer el nombre de tal valle; -porque desde su origen (donde la alpestre cordillera de que está -desprendido el Peloro es tan copiosa de aguas, que en pocos sitios lo -será más) hasta el punto en que restituye lo que el cielo ha sacado -del mar, a quien deben los ríos el caudal que va con ellos, todos -sus pobladores, enemistados con la virtud, la persiguen como a una -serpiente, ya sea por desventura del país, o ya por una mala costumbre -que los arrastra; por lo cual tienen los habitantes de aquel mísero -valle tan pervertida su naturaleza, que parece que Circe los haya -apacentado. Aquel río lleva primero su débil curso por entre sucios -puercos, más dignos de bellotas que de otro alimento condimentado para -uso de los hombres. Llegando abajo, encuentra viles gozquecillos, más -rabiosos de lo que permite su fuerza, y a quienes tuerce con desdén el -hocico. Va descendiendo, y cuanto más acrecienta su caudal, tanto más -encuentra los perros convertidos en lobos la maldecida y desdichada -fosa: bajando luego por entre profundas gargantas, tropieza con las -engañosas zorras, que no temen lazo que pueda cogerlas. No he de dejar -de decirlo, aunque haya quien me oiga; y le convendrá a ése, con tal -que se acuerde de lo que un espíritu de verdad me revela. Veo a tu -sobrino, que se convierte en cazador cruel de aquellos lobos sobre -la orilla del feroz río, y a todos los atemoriza. Vende por dinero -su carne, aun estando viva: después los mata como si fuesen bueyes -viejos, y quita a muchos la vida y a sí mismo el honor. Ensangrentado -sale de la triste selva, dejándola de tal modo, que de aquí a mil años -no volverá a su estado primitivo[65]. - - [65] En los puercos, perros, lobos y zorras de que habla - en este párrafo ha simbolizado Dante respectivamente a los - casentinos, aretinos, güelfos florentinos y pisanos. El - cazador a que se alude es Fulcieri da Calboli, que, siendo - en 1302 potestad de Florencia, fué inducido por los Negros - a perseguir a los Blancos, a muchos de los cuales puso por - dinero en manos de sus enemigos. - -Como al anuncio de futuros males se turba el rostro del que lo escucha, -venga de donde quiera el peligro que le amenace, así vi yo turbarse y -entristecerse a la otra alma, que estaba vuelta escuchando, apenas hubo -recapacitado aquellas palabras. El lenguaje de la una y el rostro de -la otra excitaban en mí el deseo de saber sus nombres: híceles entre -ruegos esta pregunta; por lo cual, el espíritu que antes me había -hablado repuso: - ---Quieres que yo condescienda en hacer por ti lo que tú no quieres -hacer por mí; pero pues Dios permite que se trasluzca tanto su gracia -en ti, no dejaré de satisfacer tus deseos. Sabe, pues, que yo soy Guido -del Duca: de tal modo abrasó la envidia mi sangre, que cuando veía -un hombre feliz, hubieras podido contemplar la lividez de mi rostro. -Por eso ahora siego la mies de mi simiente.--¡Oh raza humana!, ¿por -qué pones tu corazón en lo que requiere una posesión exclusiva? Este -es Rinieri, honra y prez de la casa de Calboli, la cual no ha tenido -después ningún heredero de sus virtudes. Y no es sólo su descendencia -la que, entre el Po y los montes, el mar y el Reno, se encuentra hoy -despojada de los bienes que entrañan la verdad y subliman el ánimo; -pues dentro de esos límites todo el terreno está cubierto de plantas -venenosas, de tal modo que tarde podrá volvérsele a meter en cultivo. -¿Dónde está el buen Licio y Enrique Manardi, Pedro Traversaro y -Guido de Carpigna? ¡Oh, romañoles, raza bastardeada! ¿Cuándo nacerá -en Bolonia un nuevo Fabbro? ¿Cuándo en Faenza echará raíces otro -Bernardino de Fosco, hermoso tronco salido de una insignificante -semilla? No te asombres, Toscano, si ves que lloro al recordar a Guido -de Prata, y a Ugolino de Azzo, que vivió entre nosotros; a Federico -Tignoso y a todos los suyos; a la familia Traversara y los Anastagi, -casas ambas que están hoy desheredadas de la virtud de sus mayores: no -te asombre mi duelo al recordar las damas y los caballeros, los afanes -y agasajos que inspiraban amor y cortesía, allí donde han llegado a ser -tan depravados los corazones. ¡Oh Brettinoro! ¿por qué no desapareciste -cuando tu antigua familia y muchos de tus habitantes huyeron por no -ser culpables? Bien hace Bagnacaval en no reproducirse; y por el -contrario, hace mal Castrocaro y peor Conio, que se empeña en procrear -tales condes. Los Pagani se portarán bien cuando huya el Demonio; pero -no tanto que consigan dejar de sí un recuerdo puro. ¡Oh Ugolino de -Fantoli!, tu nombre está bien seguro; pues no es de esperar que haya -quien, degenerando, pueda obscurecerlo. Pero déjame, ¡oh Toscano!; que -ahora me son más gratas las lágrimas que las palabras: tanto es lo que -me ha oprimido la mente nuestra conversación. - -Sabíamos que aquellas almas queridas nos oían andar; y pues que -callaban, debíamos estar seguros del camino que seguíamos. Luego que -andando nos encontramos solos, llegó directamente a nosotros una -voz, que hendió el aire como un rayo, diciendo: "El que me encuentre -debe darme la muerte;" y huyó como el trueno que se aleja, cuando -de pronto se desgarra la nube. Apenas cesamos de oirla, percibimos -otra, la cual retumbó con gran estrépito, semejante al trueno que -sigue inmediatamente al relámpago: "Yo soy Aglauro, que me convertí en -piedra." Entonces, para unirme más al Poeta, dí un paso hacia atrás y -no hacia adelante. Ya se había calmado el aire por todas partes, cuando -él me dijo: - ---Aquel fué el duro freno que debería contener al hombre en sus -límites; pero mordéis tan fácilmente el cebo, que os atrae con su -anzuelo el antiguo adversario, sirviendoos de poco el freno o el -reclamo. El cielo os llama y gira en torno vuestro mostrándoos sus -eternas bellezas, y sin embargo, vuestras miradas se dirijen hacia la -Tierra; por lo cual os castiga Aquél que lo ve todo. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMOQUINTO_ - - -Caminando ya el Sol hacia la noche, parecía quedarle por recorrer -tanto espacio como el que media entre el principio del día y el punto -donde aquel señala el término de la hora de tercia en la esfera, que, -cual niño inquieto, se mueve continuamente: allí era ya la tarde, y -aquí media noche. Los rayos solares nos herían de lleno en el rostro, -porque habíamos dado tal vuelta en derredor de la montaña, que -íbamos directamente hacia el Ocaso; cuando sentí que el resplandor -deslumbraba mis ojos mucho más que antes; y siéndome desconocida la -causa, me quedé estupefacto: levanté las manos, y me formé con ellas -una sombrilla encima de las cejas, que es el preservativo contra el -exceso de luz. Como cuando en el agua o en un espejo rebota el rayo -luminoso, elevándose al lado opuesto de idéntica manera que desciende, -y desviándose por ambas partes a igual distancia de la caída de la -piedra, según demuestran la experiencia y el arte, así me pareció ser -herido por una luz que delante de mí se reflejaba; por lo cual aparté -de ella presurosamente los ojos. - ---¿Qué es aquello, amado Padre, de que no puedo, por más que haga, -resguardar mi vista--dije--, y que parece venir hacia nosotros? - ---No te asombres si la familia del Cielo te deslumbra todavía--me -respondió--: es un mensajero que viene a invitar a un hombre a que -suba. En breve, no sólo podrás contemplar estas cosas sin molestia, -sino que te serán tanto más deleitables, cuanto más dispuesta se halle -tu naturaleza a sentirlas. - -Luego que llegamos cerca del Angel bendito, con agradable voz nos dijo: -"Entrad por aquí a una escalera, que es menos empinada que las otras." -Subíamos ya, dejando en pos de nosotros aquel círculo, cuando oímos -cantar a nuestra espalda: "Beati misericordes" y "Regocíjate tú que -vences." Mi maestro y yo ascendíamos solos, y yo pensaba entretanto -sacar provecho de sus palabras; por lo que, dirigiéndome a él, le -pregunté: - ---¿Qué quiso decir el espíritu de la Romanía al hablar de lo que -requiere una posesión exclusiva? - -Respondióme: - ---Ahora conoce el daño que causa su principal pecado: así, pues, no -debes admirarte si le condena, a fin de que haya menos que llorar -por él; porque si vuestros deseos se cifran en bienes que puedan -disminuirse dando a otros participación en ellos, la envidia excita -vuestros pulmones a suspirar; pero si el amor de la suprema esfera -dirigiese hacia el Cielo vuestros deseos, no abrigaríais tal temor en -vuestro corazón; pues cuanto más se dice allí "lo nuestro," tanto mayor -es el bien que posee cada cual, y mayor caridad arde en aquel recinto. - ---Menos contento estoy que si me hubiese callado--dije--; y ahora -ofuscan más dudas mi mente. ¿Cómo puede ser que un bien distribuído -entre muchos haga más ricos a sus poseedores, que poseyéndolo unos -pocos? - -A lo que me contestó: - ---Por fijar siempre tu pensamiento en las cosas terrenales deduces -obscuridad y error de las claras verdades que te demuestro. Aquel bien -infinito e inefable que está arriba, se lanza hacia el amor, como un -rayo de luz a un cuerpo fúlgido, comunicándose tanto más cuanto mayor -es el ardor que encuentra; de modo que la eterna virtud crece sobre la -caridad a medida que ésta se aumenta; por lo cual, cuanto mayor número -de almas se dirigen a él, tanto más amor hay allá arriba, y más allí se -ama, reflejándose este amor de una a otra alma como la luz entre dos -espejos. Si no te satisfacen mis razones, ya verás a Beatriz, y ella -acallará por completo ese deseo y cualquier otro que tengas. Avanza, -pues, para que pronto desaparezcan, como ya han desaparecido dos, esas -cinco señales, que sólo se borran por medio de lágrimas. - -Cuando iba a decir: "Me has dejado satisfecho," observé que habíamos -llegado al otro círculo; por lo cual, ocupado en pasear por él -mis anhelantes miradas, guardé silencio. Allí me pareció que era -súbitamente arrebatado en éxtasis, y que veía un templo con muchas -personas, y una mujer a la entrada exclamando, en la dulce actitud de -una madre: "Hijo mío, ¿por qué has obrado así con nosotros? Tu Padre -y yo te buscábamos angustiados." Cuando se calló, desapareció lo que -antes se me había aparecido. Después se ofreció a mi vista otra, por -cuyas mejillas se deslizaba aquel agua que destila el dolor, cuando -procede de un gran despecho contra otro; ésta decía: "Si eres señor de -la ciudad cuyo nombre originó tanta contienda entre los dioses, y en -la que toda ciencia destella[66], véngate de los atrevidos brazos que -abrazaron a nuestra hija, ¡oh Pisístrato!" Y este señor bondadoso y -clemente le respondía con rostro sereno: "¿Qué haremos con el que nos -quiere mal, si condenamos al que nos ama?" Después vi a varios hombres -abrasados por la ira, matando a pedradas a un joven[67], y diciéndose -a grandes gritos unos a otros: "¡Martirízale, martirízale!" Y le -contemplaba encorvado hacia el suelo bajo el peso de la muerte que ya -le derribaba; pero haciendo de sus ojos puertas para llegar al cielo, -y rogando al Señor en medio de tal martirio y con aquel aspecto que -excita a la piedad, que perdonase a sus perseguidores. Cuando mi alma -volvió de fuera a las cosas que fuera de ella son verdaderas, reconocí -mis errores que, sin embargo, no eran falsos. Mi Guía, que me veía -hacer lo que un hombre que sale de un sueño, me dijo: - ---¿Qué tienes, que no puedes sostenerte? Has andado más de media legua -con los ojos cerrados y con paso vacilante, como el que está dominado -por el vino o por el sueño. - - [66] El protomártir San Esteban. - - [67] Atenas, por cuyo nombre trabaron gran contienda Neptuno y - Minerva. - ---¡Oh amado Padre mío!--dije yo--; si me prestas atención, te diré lo -que se me ha aparecido cuando mis piernas vacilaban. - -Y él a su vez: - ---Aunque tuvieras cien máscaras que ocultaran tu rostro, adivinaría yo -hasta tus menores pensamientos. Lo que has visto te ha sido revelado -para que no te excuses de abrir el corazón al agua de la paz, que -mana de la fuente eterna. Te he preguntado "¿qué tienes?," no porque -me dijeras lo que hace el que tiene los ojos entornados cuando se ha -apoderado algún sopor de su cuerpo, sino para que tus pies recobrasen -fuerzas: es preciso estimular así a los perezosos, demasiado lentos en -emplear el tiempo de sus vigilias, cuando, una vez despiertos, recobran -el imperio de su voluntad. - -Seguíamos nuestro camino, cuando ya obscurecía, mirando atentamente -lo más allá que podían nuestros ojos por entre los luminosos rayos -vespertinos, cuando vimos adelantarse poco a poco hacia nosotros una -humareda obscura como la noche, sin que hubiese por allí un sitio donde -guarecerse de ella, y que nos privó del uso de la vista y del aire puro. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMOSEXTO_ - - -La obscuridad del Infierno, y la de la noche privada de todo planeta -bajo un mezquino cielo, entenebrecido por las nubes hasta lo sumo, no -echarían sobre mi vista un velo tan denso como aquel humo que allí -nos envolvió; siendo tal la sensación de su punzante aspereza, que -no podían los ojos permanecer abiertos; por lo cual, mi sabio y fiel -Acompañante se acercó a mí, ofreciéndome su hombro. Como va el ciego -detrás de su lazarillo para no extraviarse, ni tropezar en algo que -le ofenda o acaso le origine la muerte, así caminaba yo a través de -aquel aire fosco y acre, atento a la voz de mi Guía, que únicamente iba -diciendo: "Cuida de no separarte de mí." Oía yo voces, cada una de las -cuales parecía rogar a fin de obtener paz y misericordia del Cordero de -Dios, que quita los pecados. El principio de su oración era solamente -"Agnus Dei;" todos pronunciaban estas palabras a un mismo tiempo y con -tan igual tono, que parecía existir entre ellos una perfecta concordia. - ---Maestro--dije--; ¿son espíritus esos que oigo? - ---Lo has acertado--contestó--; van desatando el nudo de la ira. - ---¿Quién eres tú, que hiendes nuestro humo, y hablas de nosotros como -si contaras aún el tiempo por calendas? - -De esta suerte habló una voz; por lo cual el Maestro me dijo: - -Responde, y pregúntale si por aquí se va arriba. - -Entonces dije yo: - ---¡Oh criatura, que te purificas para volver a presentarte hermosa ante -Aquél que te hizo! Oirás cosas maravillosas si quieres seguirme. - ---Te seguiré cuanto me está permitido--me contestó--; y si el humo -impide que nos veamos, el oído nos aproximará a falta de la vista. - -Empecé, pues, de esta manera: - ---Me dirijo hacia arriba con la forma que la muerte desvanece, y he -llegado hasta aquí a través de las penas del Infierno. Y si Dios me ha -acogido en su gracia de tal modo, que quiere que yo vea su corte por -un medio tan distinto de lo usual, no me ocultes quién fuiste antes de -morir, sino dímelo: dime también si voy bien por aquí hacia la subida, -y tus palabras nos servirán de guía. - ---Fuí lombardo, y me llamé Marco: conocí el mundo; y amé aquella virtud -hacia la cual nadie dirige hoy su mira. Para llegar a lo alto, sigue en -derechura por donde vas. - -Así respondió, añadiendo después: - ---Te suplico que ruegues por mí cuando estés arriba. - -A lo que le contesté: - ---Por mi fe te prometo que haré lo que me pides; pero me veo envuelto -en una duda, que no me es dado aclarar. Primeramente era sencilla, -más ahora se ha duplicado con tus palabras, que unidas a las que he -oído en otra parte, me certifican un mismo hecho. El mundo está, pues, -exhausto de toda virtud, como me indicas, y sembrado y cubierto de -maldad; pero te ruego que me digas la causa, de modo que yo pueda verla -y mostrarla a los demás; pues unos la hacen depender del cielo, y otros -de aquí abajo. - -Antes de contestar exhaló un profundo suspiro, que terminó en un ¡ay! -doloroso, y después dijo: - ---Hermano, el mundo es ciego, y se conoce que tú vienes de él. -Vosotros los vivos hacéis estribar toda causa en el cielo, como si -él imprimiera por necesidad su movimiento a todas las cosas. Si así -fuese, quedaría destruído en vosotros el libre albedrío, y no sería -justo que se retribuyera el bien con goces y alegrías, y el mal con -llanto y luto. El cielo inicia vuestros movimientos: no quiero decir -todos; pero, aunque así lo dijese, os ha dado luz para distinguir el -bien y el mal. Os ha dado también el libre albedrío, que aun cuando -se fatigue luchando en los primeros combates con el cielo, después -lo vence todo, si persevera en el buen propósito. A mayor fuerza y a -naturaleza mejor estáis sometidos, sin dejar de ser libres; y ella crea -vuestro espíritu, que no está bajo el dominio del cielo. Así pues, -si el mundo se aparta del verdadero camino, vuestra es la culpa; que -en vosotros debe buscarse, y ahora te lo probaré con toda veracidad. -Sale el alma de manos de su Creador, que la acaricia antes de que -exista, semejante al niño que entre el llanto y la risa balbucea; y -es entonces una simplecilla, que nada sabe, y solamente movida por el -instinto de la felicidad, se inclina gustosa hacia lo que la contenta -y regocija. Desde luego siente placer en los bienes más mezquinos; -pero en esto se engaña, y corre tras ellos, si no tiene guía o freno -que tuerza su inclinación. Por eso es necesario establecer leyes que -sirvan de freno, y tener un rey que sepa discernir al menos la torre -de la verdadera ciudad. Las leyes existen; pero ¿quién se cuida de su -cumplimiento? Nadie; porque el pastor que precede a las almas puede -rumiar, pero no tiene la pezuña hendida; por lo cual, viendo todo el -rebaño a su pastor cebarse únicamente en aquellos bienes de que él es -tan codicioso, se apacienta de lo mismo y no pide más. Bien puedes ver, -por esto, que en el mal gobierno estriba la causa de que el mundo sea -culpable, y no en que vuestra naturaleza esté corrompida. Roma, que -hizo bueno al mundo, solía tener dos soles, que hacían ver uno y otro -camino, el del mundo y el de Dios. Uno de los dos soles ha obscurecido -al otro, y la espada se ha unido al báculo pastoral: así juntos, por -fuerza deben ir las cosas de mala manera; porque estando unidos, no se -temen mutuamente. Si no me prestas crédito, pon mientes en la espiga; -pues toda hierba se conoce por su semilla. En el país que bañan el Po -y el Adigio solía encontrase valor y cortesía, antes de que Federico -tuviese contiendas. Hoy, todo aquel que dejara de acercarse a aquellas -provincias por vergüenza de hablar con hombres probos, puede pasar por -ellas, seguro de que no hallará ninguno. Bien es verdad que aun existen -allí tres ancianos, en quienes la edad antigua reprende a la moderna, y -les parece que Dios tarda en llamarlos a mejor vida: son éstos Conrado -de Palazzo, el buen Gerardo, y Guido de Castel, a quien mejor le llaman -al estilo francés el lombardo sencillo. En el día la Iglesia de Roma, -para confundir en sí dos gobiernos, cae en el lodo ensuciándose a sí -misma y a su carga. - ---¡Oh Marco mío!--dije yo--; razonas bien: y ahora comprendo por qué -fueron excluídos de heredar los hijos de Leví. Pero ¿qué Gerardo es ése -a quien tienes por un sabio, ese resto de una raza extinguida, que es -un reproche para este siglo salvaje? - ---O tus palabras me engañan, o me tientan--respondióme--; porque, -a pesar de hablarme en toscano, parece que no sepas nada del buen -Gerardo. Yo no le conozco ningún sobrenombre, a no ser que lo tome de -su hija Gaya. Dios sea con vosotros, que no puedo seguiros más. Mira el -albor que ya clarea, brillando a través del humo: me es preciso partir -antes de que aparezca el Angel que está allí. - -Así dijo, y no quiso escuchar más. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMOSEPTIMO_ - - -Lector, si alguna vez te ha sorprendido la niebla en los Alpes, de -modo que no vieses a través de ella sino como el topo a través de la -membrana que cubre sus ojos, recuerda cuán débilmente penetra el globo -solar por entre los húmedos y densos vapores, cuando éstos empiezan a -enrarecerse, y tu imaginación podrá fácilmente figurarse cómo volví yo -a ver el Sol, que estaba ya próximo a su ocaso. Así pues, caminando al -igual de mi fiel Maestro, salimos fuera de la nube de humo a los rayos -luminosos, que ya se habían extinguido en la falda de la montaña. - -¡Oh fantasía, que de tal modo nos arrebatas a veces fuera de nosotros -mismos, que nada siente el hombre aunque suenen mil trompetas en -torno suyo! ¿Quién te anima cuando no recibes impresión alguna de los -sentidos? sin duda te anima una luz que se forma en el cielo, y que -desciende por sí misma, o por la voluntad divina que nos la envía. En -mi imaginación aparecieron las huellas de la impiedad de aquélla, que -se transformó en el pájaro que más se deleita cantando. Entonces mi -espíritu se reconcentró tanto en sí mismo, que no llegaba hasta él -ninguna cosa exterior. Después descendió a mi exaltada fantasía la -imagen desdeñosa y fiera de un crucificado, a quien veía morir de aquel -modo. Junto a él estaban el grande Asuero, Esther su esposa, y el justo -Mardoqueo, que fué tan recto en sus obras y en sus palabras. Cuando se -desvaneció por sí misma aquella visión, como una burbuja a la que falta -el agua de que estaba formada, surgió a mi imaginación una doncella -que, llorando desconsolada, decía: "¡Oh Reina!, ¿por qué tu cólera -te redujo a la nada? Te has dado muerte por no perder a Lavinia: sin -embargo, me has perdido; y yo soy la que lloro, madre, tu pérdida antes -que la de otro." - -Así como se interrumpe el sueño, cuando una nueva luz hiere de -improviso nuestros ojos cerrados, y aunque interrumpido se agita -antes de morir enteramente, así terminaron mis visiones tan pronto -como me dió en el rostro una claridad mucho mayor de la que estamos -acostumbrados a ver. Me volví a uno y otro lado para examinar el sitio -en que me encontraba, cuando oí una voz que decía: "Por aquí se sube." -Aquella voz hizo que me olvidase de todo, y despertó en mí tan vivo -deseo de mirar quién era el que hablaba, que no habría descansado hasta -averiguarlo; pero me faltó allí la facultad de ver, como sucede cuando -el Sol nos deslumbra y se vela a nuestros ojos con el esplendor de sus -rayos. - ---Este--me dijo mi Maestro--es un espíritu divino, que se oculta en -su propia luz, y que nos indica la vía para ir arriba, sin que se -lo roguemos. Hace con nosotros lo que el hombre consigo mismo; pues -el que ve una necesidad, y aguarda que le supliquen, ya se prepara -malignamente a rehusar todo socorro. Ahora nuestros pies deben -aprestarse a obedecer tan cortés invitación: apresurémonos, pues, a -subir antes que obscurezca, porque después no podríamos hacerlo hasta -la nueva aurora. - -Así dijo mi Guía, y ambos dirigimos nuestros pasos hacia una -escalera: en cuanto estuve en la primera grada, sentí junto a mí como -un movimiento de alas, que aventaba mi rostro, y oí decir: "Beati -pacifici," que carecen de pecaminosa ira. Estaban ya tan elevados -sobre nosotros los últimos rayos a quienes sigue la noche, que las -estrellas aparecían por muchas partes. "¡Oh valor mío!, ¿por qué así -me abandonas?," decía yo entre mí, sintiendo que me flaqueaban las -piernas. Nos encontrábamos donde concluía la escalera, y estábamos -parados, como la nave que llega a la playa: escuché un momento por si -oía algo en el nuevo círculo; y después, dirigiéndome hacia mi Maestro, -le dije: - ---Dulce Padre mío, ¿qué ofensa se purifica en el círculo en que -estamos? Ya que se detienen nuestros pies, no detengas tus palabras. - -Me contestó: - ---El amor del bien, que no ha cumplido su deber, aquí se reintegra: -aquí se castiga al tardo remero. Para que lo entiendas más claramente, -dirige tu pensamiento hacia mí, y recogerás algún buen fruto de nuestra -detención. Hijo mío--empezó a decir--, ni el Creador, ni criatura -alguna carecieron jamás de amor, bien sea natural o racional, según -te consta. El natural no se equivocó nunca: el otro puede errar, por -dirigirse a un mal objeto, por exceso o por falta de fervor. Mientras -se dirige a los principales bienes, y se modera en su afecto a los -secundarios, no puede ser causa de censurable deleite; pero cuando se -inclina al mal, o se lanza al bien con mayor o menor solicitud de la -que debe, entonces la criatura se vuelve contra su Creador. De aquí -puedes deducir que el amor es en vosotros la semilla de toda virtud, y -de toda acción que merezca castigo. Ahora bien, como el amor no puede -nunca renunciar a la dicha del sujeto en quien reside, todas las cosas -están preservadas de su propio odio; y como no se concibe que ningún -ser creado pueda existir por sí solo, ni separado del Sér primero, -es imposible todo sentimiento que tienda a odiar a éste. Resulta, -pues, si mi deducción es lógica, que el mal que se desea es contra el -prójimo; y este amor nace de tres modos en vuestro frágil barro. Hay -quien espera elevarse sobre la ruina de su vecino, y sólo por esto -desea que se derrumbe desde la altura de su grandeza; hay quien teme -perder mando, gracia, honor y fama ante la elevación de otro, y esto -le causa tal disgusto, que anhela lo contrario; y en fin, hay quien, -por haber recibido alguna injuria, se irrita de tal suerte, que arde en -sed de venganza, y únicamente piensa en hacer daño a su contrario. Este -triforme amor es el que hemos visto llorar en los círculos inferiores. -Ahora quiero que conozcas el otro amor que corre al bien sin orden -ni medida. Cada cual concibe confusamente y desea un bien en el que -se recrea el alma; y por eso se esfuerzan todos para alcanzarlo. Si -vuestro amor es lento en dirigirse o en adquirir aquel bien, este -círculo os da el debido castigo, aun después de vuestro arrepentimiento -en vida. Existe otro bien que no hace al hombre dichoso: no es la -felicidad, no es la buena esencia, el fruto y la raíz de todo bien. -El amor que se entrega demasiado a ese bien, se castiga en los tres -círculos superiores a éste; pero no te diré el modo cómo está hecha -esta división, a fin de que tú lo averigües. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMOCTAVO_ - - -El gran doctor había terminado su razonamiento, y miraba atentamente a -mi ojos para ver si me dejaba satisfecho; y yo, que me sentía excitado -por una nueva sed, callaba exteriormente, pero decía en mi interior: -"Quizá le cansen mis numerosas preguntas." Mas aquel Padre veraz, que -adivinó el tímido deseo que no me atrevía a descubrir, hablando, me dió -aliento para hablar; por lo que le dije: - ---Maestro, mi vista se aviva de tal modo con tu luz, que discierne -claramente cuanto tu razón abarca o describe: por eso te ruego, dulce -y querido Padre, que me definas el Amor al que atribuyes toda buena y -mala acción. - ---Dirige hacia mí--me dijo--las penetrantes miradas de tu inteligencia -y te será manifiesto el error de los ciegos que se convierten en guías. -El alma, que ha sido creada con predisposición al amor, se lanza hacia -todo lo agradable, tan pronto como es incitada por el placer a ponerse -en acción. Vuestra facultad aprehensiva recibe la imagen o la especie -de un objeto exterior, y la desenvuelve dentro de vosotros, de tal -modo que induce a vuestro ánimo a dirigirse hacia dicho objeto; y si -al hacerlo se abandona a él, ese abandono es amor, y ese amor es la -naturaleza que de nuevo se une a vosotros, por efecto del placer. -Después, así como el fuego se dirige hacia lo alto, a causa de su -forma, que ha sido hecha para subir allá donde más se conserva en su -materia primitiva, así también el alma apasionada se entrega al deseo, -que es el movimiento espiritual, y no sosiega hasta que goza de la -cosa amada. Por lo dicho puedes comprender cuánto se oculta la verdad -a los que afirman que todo amor tiene en sí algo de laudable, quizá -porque creen que su materia es siempre buena; pero no todos los sellos -estampados en cera son buenos, por más que la cera lo sea. - ---Tus palabras y mi inteligencia que las ha seguido--le respondí--, -me han descubierto lo que es el amor: pero eso mismo me ha llenado de -nuevas dudas; porque si el amor nace en nosotros por efecto de las -cosas exteriores, sin que el alma proceda de otro modo, ésta no tendrá -ningún mérito en seguir un camino recto o tortuoso. - -Respondióme: - ---Puedo decirte todo cuanto en ello ve nuestra razón: respecto a lo -demás, espera llegar hasta Beatriz, porque esto es materia de fe. Toda -forma substancial, que es distinta de la materia, y que sin embargo -está unida a ella, contiene una virtud que le es particular; la cual, -sin las obras, no se siente, ni se demuestra sino por los efectos, como -la vida de la planta por su verde follaje. El hombre ignora de dónde -proceden el conocimiento de las ideas primarias y el afecto a las cosas -que primeramente apetece, los cuales existen en vosotros como en las -abejas la inclinación a fabricar miel: en estos primeros deseos no -cabe alabanza ni censura. Mas por cuanto a ellos se agregan todos los -demás deseos, es innata en vosotros la virtud que aconseja, y que debe -custodiar los umbrales del consentimiento. Ella es el principio de -donde sacáis la ocasión de contraer méritos, según que acoge o rechaza -los buenos o los malos amores. Los que razonando llegaron al fondo de -las cosas, han reconocido esa libertad innata, y han dejado al mundo -doctrinas morales. Supongamos, pues, que nazca por fuerza necesaria -todo amor que se enciende en vosotros; siempre tenéis la potestad de -contenerlo. Esa noble virtud es lo que Beatriz entiende por libre -albedrío; y debes procurar tenerlo presente, si acaso te habla de ello. - -La Luna, que salió tarde y casi a media noche, hacía que nos parecieran -más escasas las estrellas: semejante a un caldero encendido, corría -contra el cielo por aquel camino que inflama el Sol cuando el habitante -de Roma le ve caer entre Córcega y Cerdeña; y la Sombra gentil, por -quien Piétola goza de más fama que la ciudad de Mantua, se hallaba -descargada del peso de mis preguntas: por lo cual yo, que había -recibido claras y sólidas razones con respecto a todas ellas, estaba -como el hombre que sorprendido por el sueño no piensa en nada. Pero -esta soñolencia me fué desvanecida de improviso por mucha gente que -avanzaba ya detrás de nosotros; y así como en otro tiempo el Ismeno y -el Asopo vieron correr de noche por sus orillas una muchedumbre furiosa -de tebanos para tener propicio a Baco, así avanzaban por aquel círculo, -según pude ver, los que eran estimulados por una buena voluntad y un -justo amor. En breve llegaron hasta nosotros; porque toda aquella gran -turba venía corriendo, y los dos de delante gritaban llorando: "María -se dirigió con suma celeridad a la montaña; y César, por subyugar a -Ilerda, voló a Marsella, y después pasó a España." "Pronto, pronto, -exclamaban otros en pos de ellos; que el tiempo no se pierda por poco -amor, a fin de que el anhelo de las buenas obras haga reverdecer la -gracia." - ---¡Oh almas, en quienes un fervor ardiente compensa ahora quizá la -negligencia y la tardanza, que por tibieza empleasteis para el bien! -Este, que vive aún (y no os engaño), quiere ir allá arriba en cuanto el -Sol brille de nuevo: decidnos, pues, dónde está la subida. - -Tales fueron las palabras de mi Guía; y uno de aquellos espíritus dijo: - ---Ven tras de nosotros, y la encontrarás. Estamos tan deseosos de -avanzar, que no podemos detenernos: perdona, pues, si lo que hacemos -por justo castigo te parece una descortesía. Yo fuí abad en San Zenón -de Verona, durante el imperio del buen Barbarroja, de quien todavía se -lamenta Milán. Hay quien tiene ya un pie en la fosa, que pronto llorará -por aquel monasterio, entristeciéndole el poder que allí tuvo; porque -en lugar de su verdadero pastor, ha puesto en él a un hijo suyo, malo -de cuerpo, peor aún del espíritu, y nacido de mal consorcio. - -No sé si dijo más, o si se calló; tan lejos se encontraba ya de -nosotros; pero esto es lo que oí, y me pareció bien retenerlo en la -memoria. Y aquél que era el socorro de todas mis necesidades dijo: - ---Vuélvete hacia aquí; mira dos que vienen mordiendo a la Pereza. - -Estos iban diciendo detrás de todos: "La nación por quien se abrió -el mar, murió antes de que sus descendientes viesen el Jordán;[68] y -aquella gente que no quiso compartir hasta el fin las fatigas del hijo -de Anquises, se ofreció por sí misma a una vida sin gloria."[69] - - [68] El pueblo hebreo. - - [69] Los troyanos. - -En seguida, cuando aquellas sombras se alejaron tanto de nosotros, que -ya no podíamos verlas, me asaltó una nueva idea, de la que nacieron -otras varias; y mi imaginación empezó a divagar de tal modo de una a -otra, que por alucinación cerré los ojos, y mi pensamiento se trocó -pronto en sueño. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMONONO_ - - -A la hora en que el calor del día, vencido por la tierra y por Saturno -acaso, no puede ya templar el frío de la Luna; cuando los geománticos -ven, antes del alba, elevarse en Oriente "su mayor fortuna"[70] por -aquel camino que para ella permanece poco tiempo obscuro, se me -apareció en sueños una mujer tartamuda, bizca, con los pies torcidos, -manca y de amarillento color. Yo la miraba; y así como el Sol reanima -los miembros entorpecidos por el frío de la noche, de igual suerte mi -mirada hacía expedita su lengua, y erguía su cuerpo en poco tiempo, -colorándole el marchito rostro, como requiere el amor. Cuando tuvo la -lengua suelta, empezó a cantar de tal modo, que con trabajo hubiera -podido separar mi atención de ella. "Yo soy, cantaba, yo soy dulce -Sirena, que distraigo a los marineros en medio del mar; tanto es el -placer que hago sentir. Con mi canto aparté a Ulises de su camino -inseguro; y el que conmigo se aviene, rara vez se va; de tal modo le -fascino." Aun no se había cerrado su boca, cuando apareció a mi lado -una mujer santa, pronta a confundirla: "¡Oh Virgilio, Virgilio! ¿Quién -es ésa?," decía con altivez; y él se acercaba con los ojos fijos -solamente en aquella honesta mujer. Cogió a la otra, y desgarrando -sus vestiduras, la descubrió por delante y me mostró su vientre. La -pestilencia que de él salía me despertó. Volví los ojos y el buen -Virgilio me dijo: - -Lo menos te he llamado tres veces: levántate y ven; busquemos la -abertura por donde has de entrar. - - [70] Los geománticos solían trazar figuras de puntos hechos - a la ventura, y cuando resultaba una parecida a la de las - estrellas que forman lo último del signo Acuario y el - principio del de Piscis, la llamaban su mayor fortuna. - -Me levanté: todos los círculos del sagrado monte estaban ya inundados -por la luz del día, y continuamos caminando teniendo el Sol a nuestra -espalda. Mientras le seguía, llevaba yo la frente como aquel a quien -abruman los pensamientos, que de sí mismo hace un arco de puente, -cuando oí decir: "Venid, por aquí se pasa." Estas palabras fueron -pronunciadas con un tono suave y benigno, como no se oye en esta región -mortal. Con las alas abiertas, que parecían de cisne, el que nos había -hablado así nos dirigió hacia arriba por entre las dos laderas del -áspero peñasco. Movió después sus plumas, y aventó mi frente, afirmando -que son bienaventurados "qui lugent," porque sus almas serán ricas de -consuelo. - ---¿Qué tienes, que sólo miras hacia el suelo?--me preguntó mi Guía, -cuando estuvimos poco más arriba del Angel. - -Y yo le contesté: - ---Me hace ir de este modo, suspenso y caviloso, una visión reciente, la -cual me atrae hacia sí, de suerte que no puedo eximirme de pensar en -ella. - ---¿Has visto--me dijo--la antigua hechicera, causante única del llanto -que más arriba de donde estamos se vierte? ¿Has visto cómo el hombre -puede desprenderse de ella? Bástete, pues, eso, y apresura el paso; -vuelve tus ojos al reclamo de las magníficas esferas, que hace girar el -Rey eterno. - -Como el halcón, que, mirando primero a sus pies, acude al grito del -cazador y tiende el vuelo, atraído por el deseo de la presa, lo mismo -hice yo, recorriendo la hendedura de la roca destinada a dar paso a -los que suben, sin detenerme hasta llegar al punto donde se camina -en redondo. Cuando hube salido al quinto círculo, vi algunas almas, -que lloraban tendidas en el suelo boca abajo; y las oí exclamar con -tan fuertes suspiros, que apenas se entendían las palabras: "Adhæsit -pavimento anima mea."[71] - - [71] Palabras del salmo CXVIII, con las que aquellas almas - expresan el apego que tuvieron a los cosas terrenas. - ---¡Oh elegidos de Dios, cuyos padecimientos son suavizados por la -resignación y la esperanza! Dirigidnos hacia las altas gradas. - ---Si venís libres de yacer aquí con nosotros, y queréis encontrar más -pronto la subida, caminad siempre llevando vuestra derecha hacia fuera -del círculo. - -Tal fué la súplica del Poeta, y tal la contestación que le dieron algo -más adelante de nosotros; pudiendo yo conocer por el sonido de las -palabras cuál era el que había hablado: volví entonces los ojos hacia -mi Señor, quien con un gesto complaciente consintió en lo que pedía -la expresión de mi deseo. Cuando pude obrar a mi gusto, me acerqué -a aquella criatura, que había llamado mi atención con sus palabras, -diciéndole: - ---Espíritu, en quien el llanto madura la expiación, sin la cual no se -puede llegar hasta Dios, suspende un momento por mí tu mayor cuidado. -Dime quién fuiste, y por qué tenéis todos la espalda vuelta hacia -arriba, y si quieres que pida por ti alguna cosa en el mundo de donde -salí vivo. - -Me respondió: - ---Sabrás por qué ordena el Cielo que tengamos la espalda vuelta hacia -él; pero antes "scias quod ego fui successor Petri."[72] Entre Sesti -y Chiavari se interna un hermoso río, de cuyo nombre toma origen el -título de mi sangre. Un mes y poco más pude experimentar cuán pesado es -el gran manto al que lo preserva del lodo; pues cualquier otra carga -parece una pluma. Mi conversión ¡ay de mí! fué tardía; pero cuando -fuí elegido Pastor romano, conocí lo engañosa que es la vida. Vi que -ni aun allí reposaba el corazón, no siendo posible subir a más altura -en aquella vida mortal: así es que me inflamó el amor de la eterna. -Hasta entonces fuí una alma miserable, alejada de Dios, y completamente -avara, por lo cual sufro el castigo que ves. Lo que hace la avaricia, -se manifiesta aquí con la pena que sufren las almas echadas boca abajo; -pena mas amarga que ninguna otra. Así como nuestros ojos, fijos en las -cosas terrenales, no miraron nunca hacia arriba, del mismo modo la -justicia los sumerge aquí en el suelo. Así como la avaricia extinguió -en nosotros el amor hacia todo verdadero bien, por lo cual fueron vanas -nuestras obras, así también la justicia nos tiene aquí oprimidos, -atados de pies y manos, e inmóviles y extendidos mientras plazca al -justo Señor. - - [72] "Sabe que yo fuí sucesor de Pedro." Este es Ottobon de - Fieschi, conde de Lavagna, pontífice con el nombre de Adriano - V, que reinó un mes y nueve días: murió en 1276. - -Yo me había arrodillado, y quise hablar; pero cuando empezaba, el -espíritu advirtió, con sólo escuchar, este acto de reverencia, y me -dijo: - ---¿Por qué te inclinas al suelo de ese modo? - -Le contesté: - ---Mi recta conciencia me obliga a respetar vuestra dignidad. - ---Endereza tus piernas, y levántate, hermano--repuso--; no te engañes: -como tú y los demás, soy servidor de la misma potestad. Si has podido -comprender aquellas palabras evangélicas que dicen "neque nubent," bien -puedes ver por qué hablo así. Véte ya: no quiero que te detengas por -más tiempo; que tu permanencia aquí da treguas a mi llanto, con el que -acelero lo que tú has dicho antes. Tengo allá abajo una sobrina, que -se llama Alagia, naturalmente buena, a no ser que nuestra casa la haya -pervertido con su ejemplo. Ella sola me queda ya en el mundo. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMO_ - - -Mal resiste un deseo contra otro mejor: por esto, para complacer a -aquel espíritu, retiré del agua, contra mi gusto, la esponja de la -curiosidad no saturada. Púseme en marcha, y mi Guía se encaminó por -los únicos parajes que había expeditos a lo largo de la escarpa del -monte, andando como quien va por una muralla pegado a los merlones; -porque aquellas almas que vierten gota a gota por sus ojos el mal que -se apodera del mundo entero, se acercan demasiado de la otra parte -hacia fuera. ¡Maldita seas, antigua loba, que con tu hambre profunda e -insaciable haces más presas que todas las demás fieras! ¡Oh Cielo, en -cuyas revoluciones ven algunos la causa de los cambios que sufren las -cosas y las condiciones humanas!, ¿cuándo vendrá el que haga huír a esa -loba? - -Ibamos caminando con pasos lentos y contados, y yo ponía toda -mi atención en las sombras, escuchándolas piadosamente llorar y -lamentarse; cuando por ventura oí exclamar con dolorida voz, semejante -a la de una mujer próxima a su alumbramiento: "¡Dulce María!" Y en -seguida: "Fuiste tan pobre como se puede ver por aquel establo donde -depusiste tu santo fruto." A continuación oí: "¡Oh buen Fabricio!, -preferiste ser pobre y virtuoso, antes que poseer grandes riquezas -cayendo en el vicio." Estas palabras me eran tan agradables, que me -adelanté para conocer el espíritu de quien al parecer procedían. Este -seguía hablando de los donativos que hizo Nicolás a las doncellas para -conducir su juventud por la senda del honor.[73] - - [73] San Nicolás, obispo de Mira, dotó a tres doncellas que - a causa de su pobreza se veían en peligro de llevar una vida - deshonesta. - ---¡Oh alma, que recuerdas tan benéficas acciones! Dime quién fuiste--le -pregunté--, y por qué eres la única que reitera esas dignas alabanzas. -Tus palabras no quedarán sin recompensa, si vuelvo al mundo para -concluir el corto camino de aquella vida que vuela a su término. - ---Te lo diré--me contestó--, no porque espere consuelo alguno que -proceda de allá, sino porque brilla en ti tanta gracia antes de haber -muerto. Yo fuí raíz de la mala planta que arroja hoy sobre toda la -tierra cristiana tan nociva sombra que apenas se coge en ella ningún -fruto bueno. Pero si Douay, Gante, Lilla, y Brujas pudieran, pronto -tomarían venganza; y yo se la pido a Aquél que lo juzga todo. En el -mundo me llamé Hugo Capeto: de mí descienden los Felipes y los Luises, -que en estos últimos tiempos rigen la Francia. Hijo fuí de un carnicero -de París. Cuando faltaron los antiguos reyes, salvo uno que se revistió -de paños grises, empuñé las riendas del gobierno del reino, y en -mi nueva posición adquirí tal poder y tantos amigos, que la corona -vacante fué colocada en la cabeza de mi hijo, en quien comienza la -estirpe consagrada de los nuevos reyes. Mientras la gran adquisición -de los Estados provenzales no quitó la vergüenza a mi familia, ésta -valió poco, mas en cambio no hizo daño; pero allí dió principio a sus -rapiñas, empleando la fuerza y la mentira: luego, para enmendarse, -usurpó el Ponthieu, la Normandía y la Gascuña. Carlos fué a Italia, -y para enmendarse, hizo una víctima de Conradino, y después envió al -Cielo a Tomás, también para enmendarse. Veo un tiempo, no muy lejano, -en que saldrá de Francia otro Carlos, para darse a conocer mejor a sí -mismo y a los suyos.[74] Sale de ella sin armas, y sólo con la lanza -con que luchó Judas; y la maneja de modo que abre con ella y vacía -el vientre de Florencia. En esta ocasión no adquirirá comarcas, sino -pecados y oprobio, tanto más gravosos para él, cuanto más leve le -parezca semejante daño. Veo al otro que ya salió, y cayó prisionero -en un bajel, vender a su hija regateando el precio, como hacen los -corsarios con sus esclavas. ¡Oh avaricia! ¿Qué más puedes hacer, cuando -te has apoderado de mi estirpe, tanto que no se cuida de su propia -carne? Y a fin de que parezca menor el mal futuro y el pasado, veo a -la flor de Lis entrar en Alagna, y a Cristo prisionero en la persona -de su vicario, véole otra vez entregado al ludibrio, veo renovar la -hiel y vinagre, y le veo morir entre otros dos ladrones. Veo tan cruel -al nuevo Pilatos, que no le basta eso, y sin dictar sentencia, lleva -hasta el templo sus codiciosos deseos. ¡Oh Señor mío! ¿Cuándo tendré -la dicha de contemplar la venganza que, oculta en tus arcanos, te hace -agradable tu ira? En cuanto a lo que yo decía de la única Esposa del -Espíritu Santo, lo cual hizo que te volvieses hacia mí para obtener -alguna explicación, te diré que esto forma parte de nuestras oraciones -durante el día; mas luego que anochece, recitamos en su lugar ejemplos -contrarios. Entonces recordamos a Pigmalión, a quien su pasión por el -oro hizo traidor, ladrón y parricida; y la miseria del avaro Midas, -consecuencia de su petición desmesurada, que será siempre motivo de -burla. Recuérdese también al insensato Acham, y cómo robó los despojos -del enemigo, de suerte que aun aquí parece que le persiga la ira de -Josué. Después acusamos a Safira y a su marido; alabamos los pies que -pisotearon a Eliodoro, y por todo el monte circula infamado el nombre -de Polinéstor, que mató a Polidoro. Por último, gritamos: "¡Oh Craso! -Dinos, pues no lo ignoras, qué sabor tiene el oro." A veces hablamos -unos en alta voz, otros en voz baja, según la afección que a ello nos -estimula con más o menos fuerza. Por lo demás, no era yo sólo quien -antes recordaba los buenos ejemplos de que nos ocupamos durante el día; -pero no había cerca de aquí otro que levantara la voz. - - [74] Carlos de Valois. El destierro de Dante provino - principalmente de la ida de este príncipe a Florencia, enviado - por el papa Bonifacio VIII en calidad de mediador entre los - dos partidos en que estaba dividida la ciudad. - -Nos habíamos separado ya de aquel espíritu, y procurábamos avanzar por -el camino cuanto nos era posible, cuando sentí retemblar el monte como -si se hundiera; por lo cual me sobrecogió un frío, sólo comparable -al que siente aquel que va a morir. No se estremeció en verdad tan -fuertemente Delos, antes que Latona anidase en ella para dar a luz los -dos ojos del Cielo.[75] Después resonó por todos los ámbitos de la -montaña tal grito, que el Maestro se acercó a mí diciendo: - ---No vaciles, mientras yo te guíe. - - [75] Cuéntase que la isla de Delos, en el Archipiélago, - temblaba y se movía, hasta que Latona, refugiándose en ella, - dió a luz a Apolo y Diana, representados por la Mitología en - el Sol y la Luna, que Dante llama aquí los dos ojos del Cielo. - -"Gloria in excelsis Deo," decían todos, según comprendí por las voces -que salían de los puntos cercanos, desde donde era posible oirlas. -Nos quedamos inmóviles y suspensos, como los pastores que por primera -vez oyeron aquel canto, hasta que cesó el temblor, y acabó el himno. -Emprendimos nuevamente nuestro santo camino, mirando las sombras que -yacían por el suelo vueltas boca abajo y exhalando su acostumbrado -llanto. Si la memoria no me es infiel, jamás la ignorancia de una cosa -incitó con tanto empeño mi deseo de saber, como entonces, pensando en -lo ocurrido: y como, por la premura de nuestra marcha, no me atreví a -preguntar, ni por mí mismo podía comprender nada, caminaba tímido y -pensativo. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMOPRIMERO_ - - -Me atormentaba la sed natural, que no se sacia nunca sino con aquella -agua que pidió como gracia la joven samaritana; excitábame la prisa de -seguir a mi jefe por el obstruído sendero, y me afligía el espectáculo -del justo castigo. En esto, según refiere Lucas que se apareció Cristo -a dos hombres en el camino, después de haber salido del sepulcro, así -se nos apareció una sombra, que venía en pos de nosotros mirando a sus -plantas las almas tendidas: aun no habíamos reparado en ella, cuando -nos dirigió la palabra diciéndonos: - ---Hermanos míos, la paz de Dios sea con vosotros. - -Nos volvimos presurosamente, y Virgilio le hizo la demostración que -convenía a aquel saludo. Después le dijo: - ---¡Que en el concilio bienaventurado te admita en paz el tribunal de -verdad que me relega a un destierro perpetuo! - ---¡Cómo!--exclamó el espíritu--; ¿pues por qué vais tan de prisa, si -sois sombras que Dios no se digna admitir allá arriba? ¿Quien os ha -guiado hasta aquí por su escala? - -Mi Doctor contestó: - ---Si miras las señales que lleva éste y trazas al Angel, podrás ver que -tiene el derecho de reinar con los buenos; pero como aquella que hila -de noche y de día no había terminado aún la husada que le corresponde, -y que Cloto prepara e impone a cada uno de nosotros, su alma, que es -hermana tuya y mía, viniendo aquí, no podía venir sola, porque no puede -ver como nosotros. Por esta razón fuí yo sacado de la vasta garganta -del Infierno para enseñarle el camino, y se lo enseñaré hasta donde -mi ciencia pueda guiarle. Pero dime, si es que lo sabes, ¿por qué -dió antes el monte tales sacudidas, y por qué hasta en sus húmedos -fundamentos parecían gritar a la vez todas las almas? - -Haciendo esta pregunta, Virgilio acertó como en una aguja con el ojo de -mi deseo, de tal suerte, que bastó la esperanza para mitigar mi sed de -saber. Aquél empezó de esta manera: - ---Nada sucede en la religiosa montaña, que esté fuera del orden o del -uso establecido. Este sitio está libre de toda conmoción; y la que -habéis sentido sólo puede proceder de aquello que el Cielo recibe -digno de sí mismo, y no de otra causa. Porque no llueve, ni graniza, -ni nieva, ni cae escarcha ni rocío más acá de la puerta de las tres -pequeñas gradas. No aparecen nubes densas ni enrarecidas, ni se ven -relámpagos, ni a la hija de Taumante, que allá abajo cambia con -frecuencia de sitio. No hay seco vapor, que se eleve a mayor altura de -la de aquellas tres gradas de que he hablado, donde tiene sus plantas -el vicario de Pedro. Quizá temblará el monte poco o mucho más abajo -de allí; pero por más viento que se esconda en la tierra, no sé en -qué consiste que aquí no ha temblado nunca. Unicamente se estremece -cuando algún alma, sintiéndose purificada, se levanta o se mueve para -subir, acompañándola aquel cántico. La prueba de la purificación es -la voluntad que excita al alma, libre ya, a mudar de sitio, ayudándole -en su mismo deseo. No por eso deja de sentir antes de tiempo el anhelo -ineficaz de subir al cielo, pero sin que tampoco la abandone el de -satisfacer a la justicia divina, pues ésta le impone por el castigo el -mismo afán que tuvo por el pecado. Yo, que he yacido en esta mansión de -dolor más de quinientos años, no he tenido hasta este momento la libre -voluntad de pasar a otra mejor: por eso has sentido el terremoto, y a -los piadosos espíritus alabando por la montaña a aquel Señor, que los -admitirá pronto en su seno. - -Así habló; y como el hombre goza tanto más en beber, cuanta mayor sed -tiene, no sabré decir el contento que me dió. Mi sabio Guía le dijo: - ---Ahora veo la red en que estáis prendidos, y de qué manera os libráis -de ella; la causa del temblor del monte y la de que os congratuléis. -Hazme saber ahora, si lo tienes a bien, quién fuiste, y por qué has -estado tendido durante tantos siglos: permíteme que lo deduzca de tus -palabras. - ---En aquel tiempo en que el buen Tito, con la ayuda del supremo -Rey, vengó las heridas por donde salió la sangre que había vendido -Judas--respondió aquel espíritu--, estaba yo allá abajo llevando el -nombre que más dura y honra más, bastante famoso, pero todavía sin -fe. Fué tan dulce mi canto, que, a pesar de ser tolosano, me atrajo -a sí Roma, donde merecí que coronaran de mirto mis sienes. Aun me -llama Estacio la gente que allí vive: canté a Tebas, y después al gran -Aquiles; pero caí en el camino llevando mi segunda carga. Encendieron -mi ardor las chispas de la divina llama que han inflamado a más de mil. -Hablo de la "Eneida," la cual fué mi madre y mi nodriza en poesía: nada -escribí sin ella que tuviera el menor peso; y pasaría gustoso un año -más en este destierro, con tal de haber vivido en el mundo cuando vivió -Virgilio. - -Estas palabras hicieron que Virgilio se volviera hacia mí, con un -ademán, que tácitamente decía: "Cállate;" pero la voluntad no lo puede -todo; porque la risa y el llanto siguen de tal modo a la pasión de que -proceden, que en los hombres más sinceros se manifiestan sin querer: -así es que yo me sonreí, como quien muestra estar en inteligencia con -otro; por lo cual la sombra se calló, y me miró a los ojos, que es -donde más se refleja el pensamiento. - ---¡Ah! ¡Ojalá puedas llevar a buen término tu grande obra!--dijo--; más -¿por qué tu rostro me ha mostrado ahora ese relámpago de sonrisa? - -Vime entonces apurado entre ambos: el uno me obligaba a callar, el otro -me pedía que hablase; por lo cual suspiré, y fuí comprendido. - ---Puedes hablar sin temor--me dijo mi Maestro--; habla y dile lo que -pregunta con tanto empeño. - -Contesté, pues: - ---Quizá te asombres, antiguo espíritu, de mi sonrisa; pero quiero -causarte mayor admiración. Este, que guía mis ojos hacia arriba, es -aquel Virgilio, de quien aprendiste a cantar en sublimes versos los -actos de los hombres y de los dioses. Si creíste que mi sonrisa tenía -otra causa, deséchala como errónea, que sólo procedía de las palabras -que pronunciaste con respecto a él. - -Estacio se inclinaba ya para abrazar las rodillas de mi Señor; pero -éste le dijo: - ---Hermano, no lo hagas; que tú eres sombra, y ves ante ti a otra sombra. - -Y él, levantándose, contestó: - ---Tú puedes comprender ahora la magnitud del amor que por ti me -inflama, cuando olvido nuestra vanidad, tratando a una sombra como a un -cuerpo sólido. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMOSEGUNDO_ - - -Ya el ángel se había quedado detrás de nosotros; el ángel que nos -dirigió hacia el sexto círculo, después de haber borrado una de las -manchas de mi frente; y nos había dicho que son bienaventurados los que -cifran sus deseos en la justicia, pero su voz expresó esta sentencia -con la palabra "sitiunt" sin pronunciar la otra. Yo andaba por allí -más ligero que por las otras aberturas, de modo que sin ningún trabajo -seguía hacia arriba a los veloces espíritus. Entonces Virgilio empezó a -decir: - ---El amor que nace de la virtud inflama siempre otros amores, con -tal que su llama se dé a conocer. Desde la hora en que Juvenal bajó -entre nosotros al Limbo del Infierno, y me manifestó tu afecto hacia -mí, mi benevolencia para contigo fué la mayor que sentirse puede por -una persona a quien no se ha visto nunca: así es que ahora me parecen -cortas estas escaleras. Pero dime, y, como amigo, perdona si la -demasiada confianza afloja el freno de mi lengua, en el concepto de -que también deseo que como amigo me hables: ¿cómo pudo encontrar la -avaricia un lugar en tu corazón, a pesar del recto sentido que con tu -diligencia y estudio llegaste a poseer en tanto grado? - -Estas palabras hicieron sonreír desde luego a Estacio; después -respondió: - ---Todo cuanto me digas es para mí una prueba de cariño. Muchas veces, -en efecto, aparecen las cosas de manera, que dan motivo a falsas -presunciones, porque las verdaderas causas están ocultas. Tú crees, -según me prueba tu pregunta, que yo fuí avaro en la otra vida, quizá -por haberme visto en el círculo en que me encontraba. Sabe, pues, que -la avaricia estuvo muy lejos de mí, y que mis excesos en contrario han -sido castigados por millares de lunas. Y si no hubiera sido porque me -apliqué el oportuno remedio, cuando medité los versos en que exclamas, -casi irritado contra la humana naturaleza: "¡Oh execrable hambre del -oro!, ¿adónde no conduces al insaciable apetito de los mortales?," me -vería dando vueltas por el círculo donde se lanzan pesos. Entonces -calculé que, por abrir demasiado las alas, podían llegar a gastarse mis -manos, y me arrepentí tanto de aquél como de los otros males. ¡Cuántos -resucitarán con los cabellos rapados, por la ignorancia en que están -de que la prodigalidad sea un pecado, y que les impide arrepentirse, -ya durante su vida, ya en el término de ella! Y sabe que la culpa -diametralmente opuesta a cada pecado se expía aquí juntamente con el -mismo pecado: así es que si he permanecido purificándome entre los que -lloran su avaricia, ha sido precisamente por el vicio contrario. - -El Cantor de las "Bucólicas" dijo entonces: - ---Cuando cantaste las crueles contiendas de la doble tristeza de -Yocasta, no creo, a juzgar por los acentos en que Clío te hizo -prorrumpir, que te contase entre los suyos la Fe, sin la cual no basta -obrar bien. Si así es, ¿qué sol o qué luz ha disipado tus tinieblas de -tal modo, que te permitiera elevar tus velas hacia el Pescador? - -Y el otro contestó: - ---Tú me enviaste primero a beber en las grutas del Parnaso, y luego -me iluminaste para que conociese al verdadero Dios. Hiciste como el -que camina de noche llevando tras de sí una luz, que a él no le sirve, -pero alumbra a las personas que le siguen, cuando dijiste: "El siglo se -renueva, vuelve la justicia con los primeros tiempos del género humano, -y una nueva progenie desciende del cielo." Por ti fuí poeta, por ti -cristiano; mas para que veas mejor lo que te pinto, extenderé las manos -a fin de darle más colorido. Ya estaba el mundo lleno de la verdadera -creencia, sembrada por los mensajeros del eterno reino, y tus palabras, -antes citadas, concordaban con la doctrina de los nuevos apóstoles; por -lo cual yo me acostumbré a visitarlos: después me parecieron rodeados -de tal santidad, que cuando Domiciano los persiguió, corrieron mis -lágrimas mezcladas con las suyas. Mientras viví, les socorrí; sus -rectas costumbres me hicieron despreciar todas las otras sectas, y -antes que, en mi poema, condujese a los griegos ante los ríos de Tebas, -había recibido el bautismo; pero por miedo fuí cristiano en secreto, -y durante largo tiempo me mostré pagano. Esta timidez me ha hecho -recorrer el cuarto círculo durante más de cuatro siglos. Y ahora, pues -tenemos más tiempo del que necesitamos para subir por nuestro camino, -dime tú, que has descorrido el velo que me ocultaba el soberano bien, -dónde están nuestro antiguo Terencio, Cecilio, Plauto y Varrón, si es -que lo sabes. Dime si están condenados y en qué círculo. - ---Todos esos, y Persio, y yo, y otros muchos--respondió mi Guía--, -estamos en el primer círculo de la ciega prisión con aquel Griego[76] -a quien lactaron las Musas más que a otro alguno: muchas veces hablamos -del monte donde se encuentran siempre nuestras nodrizas. Allí están -con nosotros Eurípides, Anacreonte, Simónides, Agatón, y otros muchos -griegos que vieron ya sus frentes coronadas de laurel. De los que tú -cantaste, se ve allí a Antígona, a Deifila, Argía e Ismene, tan triste -como antes. Está también la que enseñó la Langía, la hija de Tiresias, -y Tetis, y Deidamia con sus hermanas. - - [76] Homero. - -Los dos poetas habían guardado silencio, mirando de nuevo con atención -en torno suyo, por haber terminado la escala y sus paredes: ya las -cuatro esclavas del día habían quedado atrás, y la quinta estaba en -el timón del carro solar, dirigiendo hacia arriba su luminosa punta, -cuando mi Guía dijo: - ---Creo conveniente que volvamos nuestro hombro derecho hacia la orilla -del círculo, para dar la vuelta a la montaña, según acostumbramos hacer. - -Esta costumbre fué nuestra guía, y emprendimos el camino sin titubear, -una vez que a ello asintió la otra alma virtuosa. Ellos iban delante -y yo detrás, solo, escuchando sus palabras, que me comunicaban la -inteligencia de la poesía. Pero pronto interrumpió tan dulce coloquio -la vista de un árbol, que encontramos en medio del camino, cargado de -manzanas olorosas; y así como el abeto, elevándose hacia el cielo, -va disminuyendo de rama en rama, aquél iba disminuyendo por su parte -inferior, con objeto, según creo, de que nadie suba a él. Por el lado -en que estaba cerrado nuestro camino, caía de la alta roca un agua -cristalina, que se esparcía por las hojas superiores. - -Los dos Poetas se acercaron al árbol, cuando exclamó una voz entre -el follaje: "Os puede costar caro tocar este manjar." Después dijo: -"María pensaba más en que las bodas fuesen honrosas y cumplidas, que -en su boca que ahora intercede por vosotros. Las antiguas romanas -se contentaron con el agua por toda bebida, y Daniel despreció los -manjares y adquirió la ciencia. El primer siglo fué tan bello como el -oro; el hambre hacía más sabrosas las bellotas, y la sed convertía en -néctar cualquier arroyuelo. En miel y langostas consistió el alimento -del Bautista en el Desierto: esto le da más gloria, y le hace tan -grande como lo patentiza el Evangelio." - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMOTERCERO_ - - -Mientras tenía mi vista fija en el verde follaje, como suele hacer -quien pierde el tiempo detrás de un pájaro, el que era para mí más que -un padre, decía: - ---Hijo mío, ven ahora, porque el tiempo que se nos concede debe -emplearse más útilmente. - -Volví el rostro con ligereza y con no menos mis pasos hacia los Sabios, -los cuales hablaban tan bien, que escuchándolos no sentía en el andar -cansancio alguno; cuando se oyó cantar llorando: "Labia mea, Dómine," -de un modo que hizo nacer en mí placer y dolor. - ---¡Oh dulce Padre!, ¿qué es lo que oigo?--empecé a decir. - -Y él dijo: - ---Son las sombras, que van quizá deshaciendo el nudo de sus deudas. - -Cual peregrinos pensativos, que al encontrar en su camino gente a quien -no conocen, se vuelven hacia ella sin detenerse, así venía tras de -nosotros, pero con paso más rápido, una turba de espíritus, callados -y piadosos, que pasaban adelante mirándonos. Todos ellos tenían los -ojos hundidos y apagados, la faz pálida, y tan demacrada, que a través -de la piel se notaba la forma de los huesos. No creo que Erisictón se -viese reducido a una piel tan seca cuando más tuvo que temer el hambre. -Yo decía, pensando entre mí: "He aquí cómo debía estar la nación que -perdió a Jerusalén, cuando María llegó a devorar a su propio hijo." -Sus ojos parecían anillos sin piedras; los que en el rostro del hombre -leen Homo, hubieran conocido allí con facilidad la M[77]. ¿Quién -creería, ignorando la causa, que el olor de una fruta y aquel salto de -agua, excitando su deseo, pudiera reducirlos a tal extremo? Yo estaba -asombrado al verles tan hambrientos, porque aun no conocía la causa de -su demacración y de su triste aridez; cuando desde la profunda cavidad -de su cabeza dirigió hacia mí sus ojos una sombra, y me miró fijamente; -después de lo cual exclamó en alta voz: - ---¿Qué gracia es ésta que se me concede? - - [77] Algunos teólogos y predicadores místicos de la Edad Media - pretendían que Dios había escrito de propio puño las palabras - Homo Dei en el rostro humano. Como a causa de su flacura, - quiere decir Dante, sus ojos (las oes) estaban tan hundidos en - la cabeza, claramente podía verse la M, formada por la nariz, - las cejas y las mejillas. - -Nunca le hubiera conocido por su rostro; pero su voz me recordó todo lo -que sus facciones habían absorbido en sí mismas; esta chispa encendió -en mí el completo conocimiento de aquel rostro cambiado, y reconocí el -de Forese. - ---¡Ah!--me dijo--; no fijes tu atención en esta lepra árida, que me -decolora la piel, ni en la carne que me falta. Pero dime la verdad -con respecto a ti, y dime quiénes son esas dos almas que te guían: no -pararé hasta que me lo digas. - ---Tu rostro, que ya muerto me hizo llorar, excita ahora en mí nuevos -deseos de llanto--le respondí viéndole tan desfigurado--; pero dime, -por Dios, qué es lo que os demacra tanto; y no me hagas hablar de otra -cosa mientras dura mi asombro, porque mal puede hablar el que está -poseído de otro deseo. - -Me contestó: - ---Desde el eterno tribunal desciende una virtud sobre el agua y -la planta que hemos dejado más atrás; virtud que me extenúa de -esta suerte. Todos esos que cantan llorando por haberse entregado -desenfrenadamente al vicio de la gula, deben santificarse aquí por -medio del hambre y de la sed. El olor que se exhala de la fruta y el -agua que se extiende sobre ese follaje, excitan en nosotros el deseo -de comer y beber, y más de una vez se repite nuestra pena mientras -damos la vuelta a este círculo: he dicho pena, debiendo decir consuelo; -porque el deseo que nos conduce hacia ese árbol es el mismo que condujo -a Jesucristo a decir lleno de gozo: "Eli," cuando nos redimió con la -sangre de sus venas. - ---Forese--repliqué--, desde aquel día en que dejaste el mundo por mejor -vida, no han transcurrido aún cinco años. Si la facultad de pecar -concluyó en ti antes de que sobreviniera la hora del saludable dolor -que nos reconcilia con Dios, ¿cómo es que has venido aquí arriba? Creía -encontrarte abajo, donde el tiempo con el tiempo se repara. - -Respondióme: - ---Mi Nella es la que, con sus ruegos asiduos, me ha conducido a beber -el dulce ajenjo del dolor. Con sus devotas oraciones y sus suspiros -me ha sacado del lugar donde se espera, y me ha librado de los otros -círculos. Mi viudita, a quien amé mucho, es tanto más querida y -agradable a Dios, cuanto más sola es en obrar bien; pues la Barbagia -de Cerdeña tiene mujeres mucho más púdicas que la Barbagia donde la -he dejado. ¡Oh caro hermano!, ¿qué quieres que te diga? Ante mi vista -se presenta un tiempo futuro, del que no dista mucho el presente, en -el cual se prohibirá desde el púlpito a las descaradas florentinas ir -enseñando los pechos, ¿Qué mujeres bárbaras ni sarracenas ha habido -jamás, contra las que se debiera apelar a penas espirituales o a otras -restricciones para obligarlas a ir cubiertas? Pero si las impúdicas -estuvieran seguras de lo que el cielo les prepara pronto, tendría ya la -boca abierta para aullar; porque si mi previsión no me engaña, serán -entristecidas antes de que salga el bozo al niño que ahora se consuela -con la "nana." ¡Ah, hermano!, no te me ocultes más: estás viendo que, -no sólo yo, sino todas esas almas, miran el sitio donde interceptas la -luz del Sol. - -Entonces le dije: - ---Si recuerdas lo que tú y yo fuimos, aun el mencionarlo ahora deberá -serte doloroso. De aquella vida me sacó el otro día ese que va delante -de mí, cuando se ostentaba redonda la hermana de aquel (y le designé el -Sol). Ese sabio me ha guiado a través de la profunda noche por entre -los verdaderos muertos, y con mi verdadera carne que le sigue. Su -auxilio me ha sostenido hasta aquí en las cuestas y recodos del monte, -que hace que seáis rectos vosotros a quienes tan torcidos hizo el -mundo. Me ha dicho que me acompañaría hasta dejarme donde está Beatriz: -allí es preciso que me quede sin él. Virgilio es ese que me habló así -(y se lo indiqué con el dedo); el otro es aquella sombra por quien hubo -hace poco tales sacudimientos en todos los ámbitos de vuestro monte, -que de sí la despide. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMOCUARTO_ - - -Ni la conversación detenía nuestra marcha, ni ésta a aquélla, sino que, -a pesar de ir hablando, caminábamos de prisa, como la nave impelida -por un viento favorable. Las sombras, que parecían cosas doblemente -muertas, noticiosas de que yo estaba vivo, mostraban su admiración por -las hondas cavidades de sus ojos. Continuando yo mi discurso, dije: - ---Esa sombra, quizá por causa del otro, se dirige arriba más lentamente -de lo que lo haría. Pero dime, si acaso lo sabes, dónde está Piccarda, -y si entre esta gente que así me mira veo alguna persona digna de -llamar mi atención. - ---Mi hermana, que no sé lo que fué más, si hermosa o buena, ostenta ya -su triunfal corona en el alto Olimpo. - -Esto dijo primero, y luego añadió: - ---Aquí no está prohibido nombrar a nadie, atendida la prontitud con que -es alterado nuestro semblante por la dieta. Ese (y lo señaló con el -dedo) es Buonaggiunta, Buonaggiunta el de Luca; y aquel de más allá, -más apergaminado que los otros, tuvo en sus brazos la Santa Iglesia: -fué natural de Tours, y ahora expía con el ayuno las anguilas del -Bolsena y la garnacha[78]. - - [78] El papa Martín IV, natural de Tours. Fué hombre de bien, - y muy amigo de la casa de Francia. Dado a la gula, hacía morir - las anguilas del lago de Bolsena, ahogándolas en vino blanco - generoso y dulce (garnacha), y después de bien guisadas, las - comía con afán. - -Otros muchos me fué citando uno a uno, y todos parecían contentos de -que se les nombrase; pues no reparé en ellos ningún gesto de desagrado. -Vi mover las mandíbulas, mascando en vacío por efecto del hambre, a -Ubaldino de la Pila, y a Bonifacio, que apacentó a muchos revestido -con el roquete[79]. Vi a meser Marchese, que habiendo tenido tiempo -para beber en Forli con menos sed, fué tal que nunca se sintió saciado. -Pero, como aquel que mira, y después simpatiza más con uno que con -otro, así me pasó con el de Luca, que parecía querer decirme algo. -Murmuraba entre dientes; y yo le oía no sé qué de Gentucca donde él -sentía el castigo que tanto le devoraba. - - [79] Bonifacio de Fieschi, conde de Lavagna y arzobispo de - Ravena. - ---¡Oh alma, le dije, que tan deseosa pareces de hablar conmigo! Haz de -modo que yo te entienda, y satisfácenos a los dos con tu conversación. - -El empezó a decir: - ---Existe una mujer que no lleva el velo todavía, la cual hará que te -agrade mi ciudad, aunque alguno hable mal de ella. Tú irás allá con -esta predicción, y si acaso no has entendido bien lo que murmuro, ya -te lo pondrá en claro la realidad de los hechos. Pero dime: ¿no estoy -viendo al que ha dado a luz las nuevas rimas, que comienzan así: -"Donne, ch'avete intelleto d'Amore"[80] - - [80] Así empieza una bellísima canción de Dante, que puede - verse en La Vida Nueva. - -Le contesté: - ---Yo soy uno que voy notando lo que Amor inspira, y luego lo expreso -tal como él me dicta dentro del alma. - ---¡Oh hermano!--exclamó.--Ahora veo el nudo que al Notario, a -Guittone[81] y a mí nos impidió llegar al dulce y nuevo estilo que -oigo. Bien veo que vuestras plumas siguen fielmente al que les dicta, -lo cual no han hecho en verdad las nuestras; y que quien se propone -remontarse a mayor altura, no ve la diferencia del uno al otro estilo. - - [81] Jacobo de Lentino, llamado el Notario, y Guittone de - Arezzo, poetas mediocres. - -Dichas estas palabras, se calló como si estuviese satisfecho. - -Así como las grullas que pasan el invierno a orillas del Nilo forman -a veces una bandada en el aire, y luego vuelan rápidamente marchando -en hilera, de igual suerte todas las almas que allí estaban, volviendo -el rostro, aceleraron el paso, ligeras por su demacración y por su -deseo: y al modo que un hombre cansado de correr deja ir delante a sus -compañeros, y sigue lentamente hasta que cesa la agitación de su pecho, -así Forese dejó pasar a la grey santa, y continuó conmigo su camino -diciéndome: - ---¿Cuándo te volveré a ver? - ---No sé cuánto he de vivir--le respondí--; pero no será tan pronto mi -regreso, que antes no llegue yo con el deseo a la orilla; porque el -sitio donde fuí colocado para vivir se despoja de día en día y cada vez -más del bien, y parece destinado a una triste ruina. - ---Vé, pues--repuso--; que ya estoy viendo al que tiene la mayor -culpa de esa ruina, arrastrado a la cola de un animal hacia el valle -donde nadie se excusa de sus faltas[82]. El animal a cada paso va -más rápido, aumentando siempre su celeridad, hasta que lo arroja, y -abandona el cuerpo vilmente destrozado. Esas esferas no darán muchas -vueltas (y dirigió sus ojos al cielo) sin que sea claro para ti lo que -mis palabras no pueden ampliar más. Ahora te dejo; porque el tiempo es -caro en este reino, y yo pierdo mucho caminando a tu lado. - - [82] Corso Donati, hermano del mismo Forese, jefe de los - Negros, y principal causante de los males de Florencia. Forese - no nombra a Corso, porque es su hermano. - -Cual jinete que se adelanta al galope de entre el escuadrón que -avanza, a fin de alcanzar el honor del primer choque, del mismo modo -y con mayores pasos se apartó de nosotros aquel espíritu, y yo quedé -en el camino con aquellos dos que fueron tan grandes generales del -mundo. Cuando estuvo tan retirado de nosotros, que mis ojos no podían -seguirle, así como tampoco podía mi mente alcanzar el sentido de sus -palabras, observé no muy lejos las ramas frescas y cargadas de frutas -de otro manzano, por haberme vuelto entonces hacia aquel lado. Y vi -debajo de él muchas almas que alzaban las manos y gritaban no sé qué en -dirección del follaje, como los niños que, codiciando impotentes alguna -cosa, la piden sin que aquel a quien ruegan les responda, y antes al -contrario, para excitar más sus deseos, tiene elevado y sin ocultar lo -que causa su anhelo. Después se marcharon como desengañadas, y nosotros -nos acercamos entonces al gran árbol, que rechaza tantos ruegos y -tantas lágrimas. - -"Pasad adelante sin aproximaros: más arriba existe otro árbol, cuyo -fruto fué mordido por Eva, y éste es un retoño de aquél." Así decía no -sé quién entre las ramas; por lo cual Virgilio, Estacio y yo seguimos -adelante, estrechándonos cuanto pudimos hacia el lado en que se eleva -el monte. "Acordaos, decía la voz, de los malditos formados en las -nubes, que, repletos, combatieron a Teseo con sus dobles pechos[83]. -Acordaos de los hebreos, que mostraron al beber su molicie, por lo que -Gedeón no los quiso por compañeros cuando descendió de las colinas -cerca de Madián." De este modo, arrimados a una de las orillas, -pasamos adelante, oyendo diferentes ejemplos del pecado de la gula, -seguidos de las miserables consecuencias de aquel vicio. Después, -entrando nuevamente en medio del camino desierto, nos adelantamos mil -pasos y aun más, reflexionando cada cual y sin hablar. "¿Qué vais -pensando vosotros tres solos?", dijo de improviso una voz, que me hizo -estremecer, como sucede a los animales tímidos y asustadizos. Levanté -la cabeza para ver quién fuese, y jamás se vieron en un horno vidrios o -metales tan luminosos y rojos como lo estaba uno que decía: "Si queréis -llegar hasta arriba, es preciso que deis aquí la vuelta: por aquí va -el que quiere ir en paz." Su aspecto me había deslumbrado la vista; -por lo cual me volví, siguiendo a mis Doctores a la manera de quien se -guía por lo que escucha. Y sentí que me daba en medio de la frente un -viento, como sopla y embalsama el ambiente la brisa de Mayo, mensajera -del alba, impregnada con el aroma de las plantas y flores; y bien sentí -moverse la pluma, que me hizo percibir el perfume de la ambrosía, -oyendo decir: "Bienaventurados aquellos a quienes ilumina tanta gracia, -que la inclinación a comer no enciende en sus corazones desmesurados -deseos, y sólo tienen el hambre que es razonable." - - [83] Los Centauros, engendrados por el consorcio de Ixion - con una nube, llenos de vino, intentaron robar la esposa - de Piritóo en medio del convite nupcial, por lo cual Teseo - los mató. Combatieron con sus dobles pechos, de hombre y de - caballo. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMOQUINTO_ - - -Era la hora en que no debía demorarse nuestra subida, pues el sol había -dejado el círculo meridional al Tauro, y la noche al Escorpión: por lo -cual, así como el hombre a quien estimula el aguijón de la necesidad, -no se detiene por nada que encuentre, sino que sigue su camino, de -igual suerte entramos nosotros por la abertura del peñasco, uno delante -de otro, tomando la escalera, que por su angostura obliga a separarse a -los que la suben. Y como la joven cigüeña que extiende sus alas deseosa -de volar, y no atreviéndose a abandonar el nido, las pliega nuevamente, -lo mismo hacía yo llevado de un ardiente deseo de preguntar, que se -inflamaba y se extinguía, hasta que llegué a hacer el ademán del que -se prepara a hablar. A pesar de lo rápido de nuestra marcha, mi amado -Padre no dejó de decirme: - ---Dispara el arco de la palabra, que tienes tirante hasta el hierro. - -Entonces abrí la boca con seguridad, y empecé a decir: - ---¿Cómo es posible enflaquecer donde no hay necesidad de alimentarse? - ---Si te acordaras de cómo se consumió Meleagre al consumirse un -tizón--respondió--, no te sería ahora tan difícil comprender esto; y -si considerases cómo, al moveros, se mueve vuestra imagen dentro del -espejo, te parecería blando lo que te parece duro. Mas para que tu -deseo quede satisfecho, aquí tienes a Estacio, a quien pido y suplico -que sea el médico de tus heridas. - ---Si estando tú presente, le descubro los arcanos de la eterna -justicia--respondió Estacio--, sírvame de disculpa el no poder negarte -nada. - -Luego empezó diciendo: - ---Hijo, si tu mente recibe y guarda mis palabras, ellas te darán -luz sobre el punto de que hablas. La sangre más pura, que nunca es -absorbida por las sedientas venas y que sobra, como el resto de los -alimentos que se retiran de la mesa, adquiere en el corazón una virtud -tan apta para formar todos los miembros humanos, como la que tiene para -transformarse en ellos la que va por las venas. Todavía más depurada, -desciende a un punto que es mejor callar que nombrar, de donde se -destila después sobre la sangre de otro ser en vaso natural. Aquí se -mezclan las dos, la una dispuesta a recibir la impresión, la otra a -producirla por efecto de la perfección del lugar de que procede; y -apenas están juntas, la sangre viril empieza desde luego a operar, -coagulando primero, y vivificando en seguida lo que ha hecho unírsele -como materia propia. Convertida la virtud activa en alma, como la de -una planta, pero con la diferencia de que aquélla está en vías de -formación, mientras que la otra ha llegado ya a su término, continúa -obrando de tal modo, que luego se mueve y siente como la esponja -marina, y en seguida emprende la organización de las potencias, de la -cual es el germen. Hijo mío, la virtud que procede del corazón del -padre, y desde la cual atiende la naturaleza a todos los miembros, ora -se ensancha, y ora se prolonga; mas no ves todavía cómo el feto, de -animal pasa a ser racional: este punto es tal, que uno más sabio que tú -incurrió con su doctrina en el error de separar del alma el intelecto -posible, porque no vió que éste tuviese ningún órgano especial adecuado -a sus funciones. Abre tu corazón a la verdad que te presento, y sabe -que, en cuanto está concluído el organismo del cerebro del feto, el -Primer Motor se dirige placentero hacia aquella obra maestra de la -naturaleza, y le infunde un nuevo espíritu, lleno de virtud, que atrae -a su substancia lo que allí encuentra de activo, y se convierte en -un alma sola, que vive, y siente, y se refleja sobre sí misma: a fin -de que te causen menos admiración mis palabras, considera el calor -del Sol, que se transforma en vino, uniéndose al humor que sale de la -vid. Cuando Laquesis no tiene ya lino, el alma se separa del cuerpo, -llevándose virtualmente consigo sus potencias divinas y humanas: -todas las facultades sensitivas quedan como mudas; pero la memoria, -el entendimiento y la voluntad son en su acción mucho más sutiles que -antes. Sin detenerse, el alma llega maravillosamente por sí misma a una -de las orillas, donde conoce el camino que le está reservado. En cuanto -se encuentra circunscrita en él, la virtud informativa irradia en -torno, del mismo modo que cuando vivía en sus miembros; y así como el -aire, cuando el tiempo está lluvioso, se presenta adornado de distintos -colores por los rayos del Sol que en él se reflejan, de igual suerte el -aire de alrededor toma la forma que le imprime virtualmente el alma que -está allí detenida; y semejante después a la llama que sigue en todos -sus movimientos al fuego, la nueva forma va siguiendo al espíritu. Por -fin, como el alma toma de esto su apariencia, se le llama sombra, y -en esa forma organiza luego cada uno de sus sentidos, hasta el de la -vista. En virtud de este cuerpo aéreo hablamos, reímos, derramamos -lágrimas y suspiramos, como habrás podido observar por el monte. Según -como los deseos y los demás afectos nos impresionan, la sombra toma -diferentes figuras: tal es la causa de lo que te admira. - -Habíamos llegado ya al círculo de la última tortura, y nos dirigíamos -hacia la derecha, cuando llamó nuestra atención otro cuidado. Allí -la ladera de la montaña lanza llamas con ímpetu hacia el exterior, y -la orilla opuesta del camino da paso a un viento que, dirigiéndose -hacia arriba, la rechaza y aleja de sí. Por esta razón nos era preciso -caminar de uno en uno por el lado descubierto del camino, de modo -que si, por una parte, me causaba temor el fuego, por otra temía -despeñarme. Mi Jefe decía: - ---En este sitio es preciso refrenar bien los ojos, porque muy poco -bastaría para dar un mal paso. - -Entonces oí cantar en el seno de aquel gran ardor: "Summæ Deus -clementiæ"[84]; lo cual excitó en mí un deseo no menos ardiente de -volverme, y vi a varios espíritus andando por la llama: yo les miraba, -pero fijando alternativamente la vista, ya en sus pasos, ya en los -míos. Después de la última estrofa de aquel himno, gritaron en voz -alta: "Virum non cognosco"[85]; y en seguida volvieron a entonarlo en -voz baja. Terminado el himno, gritaron aún: "Diana corrió al bosque, y -arrojó de él a Hélice, que había gustado el veneno de Venus." Repetían -su canto, y citaban después ejemplos de mujeres y maridos que fueron -castos, como lo exigen la virtud y el matrimonio. Y de este modo, según -creo, continuarán durante todo el tiempo que los abrase el fuego; pues -con tal remedio y tales ejercicios ha de cicatrizarse la última llaga. - - [84] Principio del himno que la Iglesia recita en los maitines - del Sábado, y que cantan las almas que se purifican del vicio - de la lujuria, porque en él se pide a Dios la pureza. - - [85] Palabras dichas por María al arcángel San Gabriel. Dante - continúa haciendo citar a las almas ejemplos contrarios a los - vicios de que se purifican. Enumeran los ejemplos en alta voz, - porque con ellos las almas se reprenden a sí mismas: el himno - lo cantan en voz baja, como una oración que dirigen a Dios. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMOSEXTO_ - - -Mientras que uno tras otro íbamos por el borde del camino, el buen -Maestro decía muchas veces: "Mira, y ten cuidado, pues ya estás -advertido." Daba en mi hombro derecho el Sol, que irradiando por todo -el Occidente, cambiaba en blanco su color azulado. Con mi sombra hacía -parecer más roja la llama, y aquí también vi muchas almas que, andando, -fijaban su atención en tal indicio. Con este motivo se pusieron a -hablar de mí, y empezaron a decir: "Parece que éste no tenga un cuerpo -ficticio." Después se cercioraron, aproximándose a mí cuanto podían, -pero siempre con el cuidado de no salir adonde no ardieran. - ---¡Oh tú, que vas en pos de los otros, no por ser el más lento, sino -quizá por respeto!, respóndeme a mí, a quien abrasan la sed y el fuego. -No soy yo el único que necesita tu respuesta, pues todos éstos tienen -mayor sed, que deseo de agua fresca el Indio y el Etíope. Dinos: ¿cómo -es que formas con tu cuerpo un muro que se antepone al Sol, cual si no -hubieras caído aún en las redes de la muerte? - -Así me hablaba una de aquellas sombras, y yo me habría explicado en -el acto, si no hubiese atraído mi atención otra novedad que apareció -entonces. Por el centro del camino inflamado venía una multitud -de almas con el rostro vuelto hacia las primeras, lo cual me hizo -contemplarlas asombrado. Por ambas partes vi apresurarse todas las -sombras, y besarse unas a otras, sin detenerse, y contentándose con tan -breve agasajo; semejantes a las hormigas, que en medio de sus pardas -hileras, van a encontrarse cara a cara, quizá para darse noticias de su -viaje o de su botín. Una vez terminado el amistoso saludo, y antes de -dar el primer paso, cada una de ellas se ponía a gritar con todas sus -fuerzas, las recién llegadas: "Sodoma y Gomorra," y las otras: "En la -vaca entró Pasifae, para que el toro acudiera a su lujuria." Después, -como grullas que dirigiesen su vuelo, parte hacia los montes Rifeos, y -parte hacia las ardientes arenas, huyendo éstas del hielo, y aquéllas -del Sol, así unas almas se iban y otras venían, volviendo a entonar -entre lágrimas sus primeros cantos, y a decir a gritos lo que más -necesitaban. Como anteriormente, se acercaron a mí las mismas almas que -me habían preguntado, atentas y prontas a escucharme. Yo, que dos veces -había visto su deseo, empecé a decir: - ---¡Oh almas seguras de llegar algún día al estado de paz! Mis miembros -no han quedado allá verdes ni maduros, sino que están aquí conmigo, con -su sangre y con sus coyunturas. De este modo voy arriba, a fin de no -ser ciego nunca más: sobre nosotros existe una mujer, que alcanza para -mí esta gracia por la cual llevo por vuestra mundo mi cuerpo mortal. -Pero decidme, ¡así se logre en breve vuestro mayor deseo, y os acoja -el cielo que está más lleno de amor y por más ancho espacio se dilata! -Decidme, a fin de que yo pueda ponerlo por escrito, ¿quiénes sois, y -quién es aquella turba que se va en dirección contraria a la vuestra? - -No de otra suerte se turba estupefacto el montañés, y enmudece absorto, -cuando, rudo y salvaje, entra en una ciudad, de como pareció turbarse -cada una de aquellas sombras: pero repuestas de su estupor, el cual -se calma pronto en los corazones elevados, empezó a decirme la que -anteriormente me había preguntado: - ---¡Dichoso tú, que sacas de nuestra actual mansión experiencia para -vivir mejor! Las almas que no vienen con nosotros cometieron el -pecado por el que César, en medio de su triunfo, oyó que se burlaban -de él y le llamaban reina. Por esto se alejan gritando "Sodoma;" -y reprendiéndose a sí mismos, como has oído, añaden al fuego que -les abrasa el que les produce su vergüenza. Nuestro pecado fué -hermafrodita; pero no habiendo observado la ley humana, y sí seguido -nuestro apetito al modo de las bestias, por eso, al separarnos de los -otros, gritamos para oprobio nuestro el nombre de aquélla, que se -bestializó en una envoltura bestial. Ya conoces nuestras acciones y el -delito que cometimos: si por nuestros nombres quieres conocer quiénes -somos, ni sabré decírtelos, ni tengo tiempo para ello. Satisfaré, sin -embargo, tu deseo diciéndote el mío: soy Guido Guinicelli, que me -purifico ya por haberme arrepentido antes de mi última hora. - -Como corrieron hacia su madre los dos hijos al encontrarla bajo las -tristes iras de Licurgo, así me lancé yo, pero sin atreverme a tanto, -cuando escuché nombrarse a sí mismo a mi padre, y al mejor de todos -los míos que jamás hicieron rimas de amor dulces y floridas; y sin oír -hablar, anduve pensativo largo trecho, contemplándolo, aunque sin poder -acercarme más a causa del fuego. Cuando me harté de mirarle, me ofrecí -de todo corazón a su servicio con aquellos juramentos que hacen creer -en las promesas. Me contestó: - ---Dejas en mí, por lo que oigo, una huella tan profunda y clara, que -el Leteo no puede borrarla ni obscurecerla: pero si tus palabras han -jurado la verdad, dime, ¿cuál es la causa del cariño que me demuestras -en tus frases y en tus miradas? - -Le contesté: - ---Vuestras dulces rimas, que harán preciosos los manuscritos que las -contienen, tanto como dure el lenguaje moderno. - ---¡Oh hermano!--replicó--; éste que te señalo con el dedo[86] (e -indicó un espíritu que iba delante de él), fué mejor obrero en su -lengua materna. Sobrepujó a todos en sus versos amorosos y en la -prosa de sus novelas; y deja hablar a los necios, que creen que el -Lemosín[87] es mejor que él; prestan más atención al ruido que a la -verdad, y así forman su juicio antes de dar oídos al arte o la razón. -Lo mismo hicieron muchos de los antiguos con respecto a Guittone, -colocándole, merced a sus gritos, en el primer lugar, hasta que lo ha -vencido la verdad con los méritos adquiridos por otras personas. Ahora, -si tienes el alto privilegio de poder penetrar en el claustro donde -Cristo es abad del colegio, díle por mí del "Padre nuestro" todo lo -que necesitamos nosotros los habitantes de este mundo, en el que ya no -tenemos el poder de pecar. - - [86] Arnaldo Daniel, célebre poeta provenzal del siglo XII, - celebrado por Petrarca como gran maestro de amor y como el - primer poeta en lengua vulgar. Escribió novelas caballerescas - en prosa. - - [87] Gerardo Borneil, poeta de Limoges. - -Luego, tal vez para hacer sitio a otro que venía en pos de él, -desapareció entre el fuego, como desaparece el pez en el fondo del -agua. Yo me adelanté un poco hacia el que me había designado, y le dije -que mi deseo preparaba a su nombre una grata acogida: él empezó a decir -donosamente: - ---Me complace tanto vuestra cortés pregunta, que ni puedo ni quiero -ocultarme a vos: yo soy Arnaldo, que lloro y voy cantando: veo, triste, -mis pasadas locuras, y veo, contento, el día que en adelante me espera. -Ahora os ruego, por esa virtud que os conduce a lo más alto de la -escala, que os acordéis de endulzar mi dolor. - -Después se ocultó en el fuego que les purifica. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMOSEPTIMO_ - - -El Sol estaba ya en aquel punto desde donde lanza sus primeros rayos -sobre la ciudad en que se derramó la sangre de su Hacedor: el Ebro caía -bajo el alto signo de Libra, y las ondas del Ganges eran caldeadas al -empezar la hora de nona; de modo que donde estábamos terminaba el día, -cuando nos divisó placentero el Angel de Dios, que apartado de la llama -se puso en la orilla a cantar: "Beati mundo corde," en voz bastante más -viva que la nuestra. Después dijo: - ---No se sigue adelante, almas santas, si el fuego no os muerde antes: -entrad en él, y no os hagáis sordas al cántico que llegará hasta -vosotras. - -Así habló cuando estuvimos cerca de él, por lo que me quedé al oirle -como aquel que es metido en la fosa. Elevé mis manos entrelazadas -mirando al fuego, y se representaron vivamente en mi imaginación los -cuerpos humanos que había visto arder. Mis buenos Guías se volvieron -hacia mí, y Virgilio me dijo: - ---Hijo mío, aquí puedes encontrar un tormento; pero no la muerte. -Acuérdate, acuérdate... y si te guié sano y salvo sobre Gerión, ¿qué -no haré ahora que estoy más cerca de Dios? Ten por cierto que, aunque -estuvieras mil años en medio de esa llama, no perderías un solo -cabello; y si acaso crees que te engaño, ponte cerca de ella, y como -prueba, aproxima con tus manos al fuego la orla de tu ropaje. Depón, -pues, depón todo temor; vuélvete hacia aquí, y pasa adelante con -seguridad. - -Yo, sin embargo, permanecí inmóvil aun en contra de mi conciencia. -Cuando vió que me estaba quieto y reacio, repuso algo turbado: - ---Hijo mío, repara en que entre Beatriz y tú sólo existe ese obstáculo. - -Así como al oír el nombre de Tisbe, Piramo, cercano a la muerte, abrió -los ojos y la contempló bajo la morera, que desde entonces echó frutos -rojos, así yo, vencida mi obstinación, me dirigí hacia mi sabio Guía, -al oír el nombre que siempre está en mi mente. Entonces él, moviendo la -cabeza, dijo: - ---¡Cómo! ¿Queremos permanecer aquí? - -Y se sonrió, como se sonríe al niño a quien se conquista con una fruta. -Después se metió en el fuego el primero, rogando a Estacio, que durante -todo el camino se había interpuesto entre ambos, que viniese detrás -de mí. Cuando estuve dentro, habríame arrojado, para refrescarme, en -medio del vidrio hirviendo; tan desmesurado era el ardor que allí se -sentía. Mi dulce Padre, para animarme, continuaba hablando de Beatriz y -diciendo: "Ya me parece ver sus ojos." Nos guiaba una voz que cantaba -al otro lado; y nosotros, atentos solamente a ella, salimos del fuego -por el sitio donde está la subida. - ---"Venite, benedicti patris mei"--se oyó en medio de una luz que allí -había, tan resplandeciente que me ofuscó y no la pude mirar.--El Sol se -va--añadió--, y viene la noche; no os detengáis, sino acelerad el paso -antes que el horizonte se obscurezca. - -El sendero subía recto a través de la peña hacia el Oriente, y yo -interrumpía delante de mí los rayos del Sol, que ya estaba muy bajo. -Habíamos subido pocos escalones, cuando mis sabios Guías y yo, por mi -sombra que se desvanecía, observamos que tras de nosotros se ocultaba -el Sol; y antes de que en toda su inmensa extensión tomara el horizonte -el mismo aspecto, y de que la noche se esparciera por todas partes, -cada uno de nosotros hizo de un escalón su lecho; porque la naturaleza -del monte, más bien que nuestro deseo, nos impedía subir. Como las -cabras que antes de haber satisfecho su apetito van veloces y atrevidas -por los picos de los montes, y una vez saciado éste, se quedan rumiando -tranquilas a la sombra, mientras el Sol quema, guardadas por el -pastor, que, apoyado en su cayado, cuida de ellas; y como el pastor -que se queda fuera y pernocta cerca de su rebaño, para preservarlo de -que lo disperse alguna bestia feroz, así estábamos entonces nosotros -tres, yo como cabra, y ellos como pastores, estrechados por los dos -lados de aquella abertura. Poco alcanzaba nuestra vista de las cosas -que había fuera de allí; pero por aquel reducido espacio veía yo las -estrellas más claras y mayores de lo acostumbrado. Rumiando de esta -suerte y contemplándolas me sorprendió el sueño; el sueño que muchas -veces predice lo que ha de sobrevenir. En la hora, según creo, en que -Citerea, que parece siempre abrasada por el fuego del amor, lanzaba -desde Oriente sus primeros rayos sobre la montaña, me parecía ver -entre sueños una mujer joven y bella, que iba cogiendo flores por una -pradera, y decía cantando: "Sepa todo aquel que preguntó mi nombre, que -yo soy Lía, y voy extendiendo en torno mis bellas manos para formarme -una guirnalda. Para agradarme delante del espejo, me adorno aquí; pero -mi hermana Raquel no se separa jamás del suyo, y permanece todo el día -sentada ante él. A ella le gusta contemplar sus hermosos ojos, como a -mí adornarme con mis propias manos: ella se satisface con mirar, yo con -obrar." Ya, ante los esplendores que preceden al día, tanto más gratos -a los peregrinos, cuanto más cerca de su patria se albergan al volver a -ella, huían por todas partes las tinieblas, y con ellas mi sueño; por -lo cual me levanté, y vi a mis grandes Maestros levantados también. - -La dulce fruta que por tantas ramas va buscando la solicitud de los -mortales, hoy calmará tu hambre. - -Tales fueron las palabras que me dirigió Virgilio; palabras que -me causaron un placer como no lo ha causado jamás regalo alguno. -Acrecentóse tanto en mí el deseo de llegar a la cima del monte, que a -cada paso que daba sentía crecer alas para mi vuelo. Cuando, recorrida -toda la escalera, estuvimos en la última grada, Virgilio fijó en mí sus -ojos y dijo: - ---Has visto el fuego temporal y el eterno, hijo mío, y has llegado a un -sitio donde no puedo ver nada más por mí mismo. Con ingenio y con arte -te he conducido hasta aquí: en adelante sírvate de guía tu voluntad; -fuera estás de los caminos escarpados y de las estrechuras; mira el Sol -que brilla en tu frente; mira la hierba, las flores, los arbustos, que -se producen solamente en esta tierra. Mientras no vengan radiantes de -alegría los hermosos ojos que, entre lágrimas, me hicieron acudir en tu -socorro, puedes sentarte, y puedes pasear entre esas flores. No esperes -ya mis palabras, ni mis consejos: tu albedrío es ya libre, recto y -sano, y sería una falta no obrar según lo que él te dicte. Así, pues, -ensalzándote sobre ti mismo, te corono y te mitro.[88] - - [88] Tu albedrío es ya libre; recto y sano, por el - esclarecimiento de tu razón y el dominio de tus pasiones: - por lo tanto te hago señor de ti mismo, en lo tocante a la - dirección civil (corona), y a la espiritual (mitra). - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMOCTAVO_ - - -Deseoso ya de observar en su interior y en sus contornos la divina -floresta espesa y viva, que amortiguaba la luz del nuevo día, dejé sin -esperar más el borde del monte y marché lentamente a través del campo, -cuyo suelo por todas partes despedía gratos aromas. Un aura blanda e -invariable me oreaba la frente con no mayor fuerza que la de un viento -suave: a su impulso, todas las verdes frondas se inclinaban trémulas -hacia el lado a que proyecta su primera sombra el sagrado monte; pero -sin separarse tanto de su derechura, que las avecillas dejaran por -esta causa de ejercitar su arte sobre las copas de los árboles, pues -antes bien, llenas de alegría, saludaban a las primeras auras, cantando -entre las hojas, que acompañaban a sus ritmos haciendo el bajo, con un -susurro semejante al que de rama en rama va creciendo en los pinares -del llano de Chiassi, cuando Eolo deja escapar el Sirocco. - -Ya me habían transportado mis lentos pasos tan adentro de la antigua -selva, que no podía distinguir el sitio por donde había entrado, cuando -vi interceptado mi camino por un riachuelo, que corriendo hacia la -izquierda, doblegaba bajo el peso de pequeñas linfas las hierbas que -brotaban en sus orillas. Las aguas que en la tierra se tienen por más -puras, parecerían turbias comparadas con aquellas, que no ocultan nada, -aunque corran obscurecidas bajo una perpetua sombra, que no da paso -nunca a los rayos del Sol ni de la Luna. Detuve mis pasos, y atravesé -con la vista aquel riachuelo, para admirar la gran variedad de sus -frescas arboledas, cuando se me apareció, como aparece súbitamente una -cosa maravillosa que desvía de nuestra mente todo otro pensamiento, una -mujer sola, que iba cantando y cogiendo flores de las muchas de que -estaba esmaltado todo su camino. - ---¡Ah!, hermosa Dama, que te abrasas en los rayos de Amor, si he de -dar crédito al semblante que suele ser testimonio del corazón; dígnate -adelantarte--le dije--hacia este riachuelo, lo bastante para que pueda -comprender qué es lo que cantas. Tú traes a mi memoria el sitio donde -estaba Proserpina, y cómo era cuando la perdió su madre, y ella perdió -sus lozanas flores. - -Así como bailando se vuelve una mujer, con los pies juntos y arrimados -al suelo, poniendo apenas uno delante de otro, de igual suerte se -volvió aquélla hacia mí sobre las florecillas rojas y amarillas, -semejante a una virgen que inclina sus modestos ojos, y satisfizo mis -súplicas aproximándose tanto, que llegaba hasta mí la dulce armonía -de su canto, y sus palabras claras y distintas. Luego que se detuvo -en el sitio donde las hierbas son bañadas por las ondas del lindo -riachuelo, me concedió el favor de levantar sus ojos. No creo que -saliera tal resplandor bajo las cejas de Venus, cuando su hijo la -hirió inconsideradamente. Ella se sonreía desde la orilla derecha, -cogiendo mientras tanto las flores que aquella elevada tierra produce -sin necesidad de simiente. El río nos separaba a la distancia de tres -pasos; pero el Helesponto por donde pasó Jerjes, cuyo ejemplo sirve aún -de freno a todo orgullo humano, no fué tan odioso a Leandro, por el -impetuoso movimiento de sus aguas entre Sestos y Abydos, como lo era -aquél para mí por no abrirme paso. - ---Sois recién llegados--dijo ella--; y quizá porque me sonrío en este -sitio escogido para nido de la humana naturaleza, os causo asombro y -hasta alguna sospecha; pero el salmo "Delectasti" esparce una luz que -puede disipar las nubes de vuestro entendimiento. Y tú, que vas delante -y me has rogado que hable, dime si quieres oír otra cosa, que yo -responderé con presteza a todas tus preguntas hasta dejarte satisfecho. - ---El agua--le dije--y el rumor de la floresta impugnan en mi interior -una nueva creencia sobre una cosa que he oído y que es contraria a esta. - -A lo que ella contestó: - ---Te diré cómo procede de su causa eso que te admira, y disiparé la -nube que te ciega. El Sumo Bien, que se complace sólo en sí mismo, hizo -al hombre bueno y apto para el bien, y le dió este sitio como arras en -señal de eterna paz. El hombre, por sus culpas, permaneció aquí poco -tiempo: por sus culpas cambió su honesta risa y su dulce pasatiempo en -llanto y en tristeza. A fin de que todas las conmociones producidas -más abajo por las exhalaciones del agua y de la tierra, que se dirigen -cuanto pueden tras del calor, no molestasen al hombre, se elevó este -monte hacia el cielo tanto como has visto, y está libre de todas ellas -desde el punto donde se cierra su puerta. Ahora bien, como el aire gira -en torno de la tierra con la primera bóveda movible del cielo, si el -círculo no es interrumpido por algún punto, un movimiento semejante -viene a repercutir en esta altura, que está libre de toda perturbación -en medio del aire puro, produciendo este ruido en la selva, porque -es espesa; y la planta sacudida comunica su propia virtud generativa -al aire, el cual girando en torno deposita dicha virtud en el suelo; -y la otra tierra, según que es apta por sí misma o por su cielo, -concibe y produce diversos árboles de diferentes especies. Una vez oído -esto, no te parecerá ya maravilloso que haya plantas que broten sin -semillas aparentes. Debes saber, además, que la santa campiña en que te -encuentras está llena de toda clase de semillas, y encierra frutos que -allá abajo no se cogen. El agua que ves no brota de ninguna vena que -sea renovada por los vapores que el frío del cielo convierte en lluvia, -como un río que adquiere o pierde caudal, sino que sale de una fuente -invariable y segura, que recibe de la voluntad de Dios cuanto derrama -por dos partes. Por esta desciende con una virtud que borra la memoria -del pecado; por la otra renueva la de toda buena acción. Aquí se llama -Leteo; en el otro lado, Eunoe; y no produce sus efectos si no se bebe -aquí primero que allí: su sabor supera a todos los demás. Aunque tu -sed esté ya bastante mitigada sin necesidad de más explicaciones mías, -por una gracia especial, aún te daré un corolario; y no creo que mis -palabras te sean menos gratas, si por ti exceden a mis promesas. Los -que antiguamente fingieron la edad de oro y su estado feliz, quizá -soñaron en el Parnaso este sitio. Aquí fué inocente el origen de la -raza humana; aquí la primavera y los frutos son eternos: este es el -verdadero néctar de que todos hablan. - -Entonces me volví completamente hacia mis Poetas y vi que habían -acogido con una sonrisa esta última explicación: después dirigí de -nuevo mis ojos hacia la bella Dama. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMONONO_ - - -Después de aquellas últimas palabras, continuó cantando cual mujer -enamorada: "Beati, quorum tecta sunt peccata"[89]: y a la manera de -las ninfas, que andaban solas por las umbrías selvas, complaciéndose -unas en huír del Sol, y otras en verle, púsose a caminar por la orilla -contra la corriente del río; y yo al igual de ella, seguí sus cortos -pasos con los míos. Entre los dos no habíamos aún adelantado ciento, -cuando las dos riberas equidistantes presentaron una curva, de tal modo -que me encontré vuelto hacia Oriente. A poco de andar así, volvióse la -Dama enteramente a mí, diciendo: "Hermano mío, mira y escucha." Y he -aquí que por todas partes iluminó la selva un resplandor tan súbito, -que dudé si había sido un relámpago; mas como éste desaparece en cuanto -brilla, y aquél duraba cada vez más resplandeciente, decía yo entre -mí: "¿Qué será esto?" Circulaba por el luminoso aire una dulce melodía, -por lo cual mi buen celo me hizo censurar el atrevimiento de Eva; pues -que allí, donde obedecían la tierra y el cielo, una mujer sola y apenas -formada, no pudo sufrir el permanecer bajo ningún velo; cuando si -hubiera permanecido resignado bajo él, habría yo gozado más pronto, y -luego eternamente aquellas inefables delicias. - - [89] Beati, quorum remissae sunt iniquitates, et quorum tecta - sunt peccata: palabras del segundo Salmo penitencial, con las - cuales la Dama congratula a Dante por verle limpio de las - manchas de los siete pecados. Esta Dama representa, según - algunos comentadores, la Iglesia católica. - -Mientras iba yo enteramente absorto en la contemplación de tantas -primicias del placer eterno, y deseoso todavía de más dichas, el aire, -semejante a un gran fuego, apareció ante nosotros inflamado bajo las -verdes ramas, y la dulce armonía que habíamos percibido se convirtió en -un canto claro y distinto. ¡Oh sacrosantas Vírgenes! Si alguna vez he -soportado por vosotras el hambre, el frío y las vigilias, prestadme en -cambio la ayuda, que la necesidad me obliga a demandaros. Es preciso -que Helicón derrame para mí sus aguas, y que el coro de Urania me ayude -a poner en versos cosas apenas concebibles. - -Parecióme ver algo más allá siete árboles de oro[90], engañado por la -gran distancia que todavía mediaba entre nosotros y ellos; mas cuando -me hube aproximado tanto, que la semejanza engañadora del sentido -no perdía ya por la distancia ninguno de sus rasgos distintivos, la -facultad que prepara materia al raciocinio me hizo conocer que eran -candelabros, y que las voces cantaban "Hosanna." Los hermosos muebles -llameaban en su parte superior despidiendo una luz mucho más clara -que la Luna a media noche y a la mitad de su mes. Me volví lleno de -admiración al buen Virgilio, y él me respondió con una mirada no -menos llena de asombro. Después fijé de nuevo mi atención en los altos -candelabros, los cuales avanzaban en nuestra dirección tan lentamente -que una recién desposada los habría vencido en celeridad. La Dama me -gritó: - ---¿Por qué contemplas con tanto ardor esas vívidas luces, y no reparas -en lo que viene tras de ellas? - - [90] Según unos comentadores, los siete dones del Espíritu - Santo; según otros, los siete sacramentos. - -Entonces vi venir detrás de las luces, y como guiadas por éstas, muchos -personajes[91], vestidos de un blanco tan puro como no ha brillado -jamás en el mundo. A la izquierda resplandecía el agua, y reflejaba -la parte izquierda de mi cuerpo; así es que me miraba en ella como en -un espejo. Cuando desde mi orilla llegué a un punto en que únicamente -el río me separaba de aquéllos, me detuve para mirar mejor, y vi las -llamas caminando hacia adelante, dejando tras de sí pintado el aire -con rasgos semejantes a banderolas extendidas; de modo que sobre ellas -se veían claramente siete listas formadas de los colores de que el Sol -hace su arco y Delia su cinturón. Aquellas listas se extendían por el -cielo más allá de lo que alcanzaba mi vista, y según me pareció, las -de los extremos distaban entre sí diez pasos una de otra[92]. Bajo el -hermoso cielo que describo, se adelantaban de dos en dos veinticuatro -ancianos coronados de azucenas[93]. Todos cantaban: "Bendita tú eres -entre las hijas de Adán, y benditas sean eternamente tus bellezas." -Después que las flores y las frescas hierbecillas que había en la otra -ribera frente a mí se vieron libres de aquellos espíritus elegidos, -así como en el cielo siguen unas a otras las estrellas, en pos de -los ancianos vinieron cuatro animales, con ellos coronados de verdes -hojas[94]. Cada uno tenía seis alas, con las plumas llenas de ojos, -como serían los de Argos si viviese[95]. Lector, no empleo mis rimas en -describir las formas de estos animales, pues me contiene tanto el gasto -futuro, que no puedo ser ahora pródigo; pero puedes leer a Ezequiel, -que los pinta tales como los vió acudir de las frías regiones, con -el viento, con las nubes y con el fuego; y del mismo modo que los -encontrarás en sus libros, así se presentaban aquí si se exceptúa que, -en cuanto a las alas, Juan está conmigo y se separa de él. El espacio -que quedaba entre los cuatro lo ocupaba un carro triunfal sobre dos -ruedas, que iba tirado por un grifo. Este extendía sus alas ante la -lista de en medio y las tres de ambos lados, sin que interceptara -ninguna de ellas al hender el espacio entre las mismas comprendido. Se -elevaban tanto, que se las perdía de vista: la parte de su cuerpo que -era ave tenía los miembros de oro, y los de la otra parte eran blancos -manchados de rojo. Ni Escipión el Africano, ni aun Augusto, hicieron -jamás recrearse a Roma en la contemplación de un carro tan bello, y aun -comparado con él, sería pobre aquel carro del Sol, que desviándose de -su camino, fué abrasado, por los ruegos de la Tierra suplicante, cuando -Júpiter fué misteriosamente justo. - - [91] Los patriarcas, profetas y otros santos varones, que - creyeron en la venida de Jesucristo. - - [92] Estos diez pasos figuran, según todos los comentadores, - los diez mandamientos. - - [93] Símbolos de los libros del Antiguo Testamento. - - [94] Símbolos de los cuatro Evangelistas. - - [95] Las alas son símbolo de la prontitud con que el Evangelio - recorrió el mundo. Los ojos, semejantes a los de Argos, lo son - de la vigilancia que es necesaria para mantener pura la verdad - evangélica contra los sofismas de que se valen las pasiones. - -Tres mujeres venían danzando en redondo al lado de la rueda derecha; -una de ellas tan roja, que apenas se la hubiera distinguido dentro -del fuego: la otra era como si su carne y sus huesos fuesen de -esmeralda: la tercera parecía nieve recién caída[96]. Tan pronto iba -a la cabeza la blanca, como la roja; y según el canto de ésta, así -las demás ajustaban el paso, avanzando lentas o rápidas. Hacia la -izquierda del carro venían gozosas otras cuatro vestidas de púrpura -asustando sus movimientos al de una de ellas, que tenía tres ojos -en la cabeza.[97] En pos de estos grupos de que acabo de hablar, vi -dos ancianos con diferentes vestiduras; pero iguales en su actitud, -venerable y reposada. Uno de ellos parecía ser de los discípulos de -aquel gran Hipócrates, a quien hizo la naturaleza en favor de los seres -animados que le son más queridos;[98] el otro demostraba un cuidado -contrario, con una espada tan reluciente y aguda, que a través del río -me causó miedo.[99] Después vi otros cuatro de humilde apariencia;[100] -y detrás de todos venía un anciano solo y durmiendo, pero con la faz -inspirada.[101] Estos siete estaban vestidos como los veinticuatro -primeros; pero no iban coronados de azucenas, sino de rosas y de otras -flores coloradas; quien los hubiese visto desde algo lejos, habría -jurado que ardía una llama sobre sus sienes. Cuando el carro estuvo -frente a mí, se oyó un trueno; y aquellos dignos personajes, como si -se les hubiera prohibido seguir adelante, se detuvieron allí al mismo -tiempo que los candelabros. - - [96] Las tres virtudes teologales: la Fe, color de nieve; la - Esperanza, color de esmeralda, y la Caridad, color de fuego. - - [97] Las cuatro Virtudes cardinales: Prudencia, Justicia, - Fortaleza y Templanza. Se suponen tres ojos a la Prudencia: - con uno mira al pasado, para sacar un recuerdo provechoso; - con el otro al presente, para no equivocarse al tomar una - determinación; y con el otro al porvenir, para evitar a tiempo - el mal y prepararse al bien. - - [98] San Lucas. - - [99] San Pablo. - - [100] Los apóstoles Santiago, Pedro, Juan y Judas, escritores - de las Epístolas canónicas; y dice de humilde apariencia, - porque sus escritos son breves. - - [101] S. Juan Apóstol, que cuando escribió el Apocalipsis, - estaba cercano a los noventa años. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO TRIGESIMO_ - - -Cuando se detuvo el septentrión del primer Cielo, que no conoció -nunca orto ni ocaso, ni más niebla que el velo que sobre él corrió el -pecado, y que allí enseñaba a cada cual su deber, como el septentrión -más bajo lo enseña al que dirige el timón para llegar al puerto, los -veraces personajes que iban entre el Grifo y los siete candelabros -se volvieron hacia el carro, como hacia el fin de sus deseos; y uno -de ellos como enviado del Cielo, exclamó tres veces cantando: "Veni, -sponsa, de Libano," y todos los demás cantaron lo mismo después de él. -Así como los bienaventurados, cuando llegue la hora del juicio final, -se levantarán con presteza de sus tumbas, cantando "Aleluya" con su voz -recobrada por fin, del mismo modo se elevaron sobre el carro divino, -"ad vocem tanti senis," cien ministros y mensajeros de la vida eterna. -Todos decían: "Benedictus qui venis," y después, esparciendo flores por -encima y alrededor, añadían: "Manibus o date lilia plenis." - -Yo he visto, al romper el día, la parte oriental enteramente sonrosada, -el resto del cielo adornado de una hermosa serenidad, y la faz del Sol -naciente cubierta de sombras, de suerte que a través de los vapores -que amortiguaban su resplandor, podía contemplarla el ojo por largo -tiempo: del mismo modo, a través de una nube de flores que salía de -manos angelicales y caía sobre el carro y en torno suyo, se me apareció -una dama coronada de oliva sobre un velo blanco, cubierta de un verde -manto, y vestida del color de una vívida llama.[102] Mi espíritu, que -hacía largo tiempo no había quedado abatido, temblando de estupor en -su presencia, sin que mis ojos la reconocieran, sintió no obstante el -gran poder del antiguo amor, a causa de la oculta influencia que de -ella emanaba. En cuanto hirió mis ojos la alta virtud que me había -avasallado antes de que yo saliera de la infancia, me volví hacia la -izquierda, con el mismo respeto con que corre el niño hacia su madre, -cuando tiene miedo, o cuando está afligido, para decir a Virgilio: -"No ha quedado en mi cuerpo una sola gota de sangre que no tiemble; -reconozco las señales de mi antigua llama." Pero Virgilio nos había -privado de sí; Virgilio, el dulcísimo padre, Virgilio, que me había -sido enviado por aquélla para mi salvación. Ni aun todo lo que perdió -la antigua madre pudo impedir que mis mejillas enjutas se bañaran en -triste llanto. - - [102] El velo blanco, el manto verde y el vestido color de - fuego, que adornan a Beatriz, simbolizan las tres Virtudes - teologales: la corona de oliva indica la Sabiduría. - ---¡Dante, no llores todavía; no llores todavía porque Virgilio se vaya, -pues es preciso que llores por otra herida! - -Como el almirante que va de popa a proa examinando la gente que monta -los otros buques, y la anima a portarse bien, del mismo modo sobre el -borde izquierdo del carro, vi yo, cuando me volví al oír mi nombre, -que aquí se consigna por necesidad, a la Dama que se me apareció -anteriormente velada por los halagos angelicales, dirigiendo sus -ojos hacia mí de la parte acá del río. Aunque el velo que descendía -de su cabeza, rodeado de las hojas de Minerva, no permitiese que se -distinguieran sus facciones, con su actitud regia y altiva continuó -de esta suerte, como aquel que al hablar reserva las palabras más -calurosas para lo último: - ---Mírame bien, soy yo; soy en efecto Beatriz, ¿Cómo te has dignado -subir a este monte? ¿No sabías que el hombre es aquí dichoso? - -Mis ojos se inclinaron hacia las limpias ondas; pero viéndome reflejado -en ellas, los dirigí hacia la hierba: tanta fué la vergüenza que abatió -mi frente. Parecióme Beatriz tan terrible como una madre irritada a su -hijo, porque amarga el sabor de la piedad acerba. Ella guardó silencio, -y los ángeles cantaron de improviso: "In te Domine speravi;" pero -no pasaron de "pedes meos." Así como la nieve se congela y endurece -al soplo de los vientos de Esclavonia, entre los árboles que crecen -sobre el dorso de Italia; y luego se licúa por sí misma, en cuanto -la tierra que pierde la sombra envía su aliento, semejante al fuego -que derrite una vela; así me quedé sin lágrimas ni suspiros antes que -cantasen aquéllos cuyas notas responden siempre a la armonía de las -esferas celestiales: mas cuando comprendí por sus dulces palabras que -se compadecían de mí más que si hubiesen dicho: "Mujer, ¿por qué así -le maltratas?," el hielo que oprimía mi corazón se deshizo en suspiros -y agua, y junto con mi angustia, salió del pecho por la boca y por los -ojos. Estando Ella, sin embargo, inmóvil sobre el costado izquierdo del -carro, dirigió de este modo sus palabras a las compasivas substancias: - ---Vosotros veláis en el eterno día, de modo que ni la noche ni el -sueño os roban ninguno de los pasos que da el siglo en su camino: así -pues, responderé con más cuidado, a fin de que me comprenda el que -allí llora, y sienta un dolor proporcionado a su falta. No solamente -por influencia de las grandes esferas que dirigen cada semilla hacia -algún fin, según la virtud de la estrella que la acompaña, sino también -por la abundancia de la gracia divina (cuya lluvia desciende de tan -altos vapores, que no puede alcanzarlos nuestra vista), fué tal ése -en su edad temprana por natural disposición, que todos los buenos -hábitos habrían producido en él admirables efectos; pero el terreno -mal sembrado e inculto se hace tanto más maligno y salvaje, cuanto -mayor vigor terrestre hay en él. Por algún tiempo le sostuve con mi -presencia: mostrándole mis ojos juveniles, le llevaba conmigo en -dirección del camino recto; pero tan pronto como estuve en el umbral -de la segunda edad, y cambié de vida, ése se separó de mí y se entregó -a otros amores. Cuando subí desde la carne al espíritu, y hube crecido -en belleza y virtud, fuí para él menos querida y menos agradable. -Encaminó sus pasos por una vía falsa, siguiendo tras engañosas imágenes -del bien, que no cumplen totalmente ninguna promesa: ni siquiera me -ha valido impetrar para él inspiraciones, por medio de las cuales le -llamaba en sueños o de otros modos, según el poco caso que de ellas ha -hecho. Tan abajo cayó, que todos mis medios eran ya insuficientes para -salvarle, si no le mostraba las razas condenadas. Por él he visitado el -umbral de los muertos, y dirigí mis ruegos y mis lágrimas al que le ha -conducido hasta aquí. Se hubiera violado el alto decreto de Dios, si -pasara el Leteo y gustara tales manjares sin haber pagado alguna parte -de la penitencia que hace verter lágrimas. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO TRIGESIMOPRIMERO_ - - -¡Oh tú, que estás a la otra parte del sagrado río!--Empezó de nuevo a -decir, continuando sin demora, y dirigiéndome de punta sus palabras, -que aun de filo me habían parecido tan acerbas--; di, di si esto es -verdad--; a tal acusación es preciso que tu confesión corresponda. - -Estaba yo tan confuso, que mi voz conmovida se extinguió antes de salir -de sus órganos. Ella esperó un momento, y después dijo: - ---¿En qué piensas? Respóndeme, pues todavía las aguas del Leteo no han -borrado tus tristes recuerdos. - -La confusión y el miedo reunidos me arrancaron de la boca un "sí" tan -débil, que fué menester el auxilio de la vista para entenderlo. Así -como se rompe una ballesta por estar demasiado tirantes la cuerda y -el arco, de modo que la flecha da con menos fuerza en el blanco, así -yo, quebrantado bajo el peso de tan grave cargo, prorrumpí en lágrimas -y suspiros, y la voz enflaquecida vino a expirar entre mis labios. -Entonces Ella me dijo: - ---En medio de los saludables deseos procedentes de mí, que te -impulsaban a amar el bien, más allá del cual no hay nada a que aspirar, -¿qué fosos insuperables o qué cadenas has encontrado para perder de -tal modo la esperanza de pasar adelante? ¿Y qué ventajas o atractivos -descubriste en el aspecto de los otros bienes, para que debieras rondar -en torno de ellos? - -Después de haber exhalado un amargo suspiro, apenas tuve bastante voz -para responder; voz que mis labios formaron con trabajo. Llorando dije: - ---Las cosas presentes con sus falsos placeres desviaron mis pasos, -apenas se me ocultó vuestro rostro. - -Ella me respondió: - ---Aunque callases o negases lo mismo que ahora confiesas, no por eso tu -falta sería menos conocida: ¡tal es el Juez que la sabe! Pero cuando la -confesión del pecado sale de la propia boca del pecador, la rueda se -vuelve en nuestro tribunal contra el filo de la espada. Sin embargo, -para que más te aproveche la vergüenza de tu error, y para que otra -vez seas más fuerte al oír las sirenas, depón la causa de tu llanto y -escucha: de este modo sabrás que mi carne sepultada debía encaminarte -en una dirección totalmente contraria. El arte o la naturaleza no te -presentaron jamás una cosa tan agradable como los bellos miembros en -que estuve contenida, miembros que ahora son polvo de la tierra. Y si -el sumo placer de verme te faltó por mi muerte, ¿qué cosa mortal debía -excitar después tus deseos? A la primera herida que te causaron las -cosas falaces del mundo, debiste elevar tus ojos al cielo, siguiéndome -a mí, que no era ya como ellas. No debían abatirse tus alas para -esperar allí nuevos golpes, o bien alguna doncellita u otra cualquiera -vanidad de tan corta duración. El tierno pajarillo cae en dos o tres -asechanzas; pero ante los ojos de los ya cubiertos de pluma en vano se -despliegan las redes, en vano se lanzan flechas. - -Yo estaba como los niños que, mudos de vergüenza y con los ojos fijos -en el suelo, escuchan en pie, reconociendo sus faltas, y arrepentidos. -Ella continuó: - ---Ya que te muestras tan contrito por lo que has oído, alza la barba, y -sentirás más dolor mirándome. - -Con menos resistencia se desarraiga la robusta encina, bien al embate -de los vientos boreales, o bien al de aquel que viene del país de -Jarba, de la que, al oír su orden, opuse yo para levantar la cabeza; y -cuando dió el nombre de barba a mi rostro, bien conocí el veneno que -encerraban sus palabras. Por fin, cuando alcé la faz, advertí que las -primeras criaturas habían cesado de esparcir flores, y mis miradas, -poco seguras aún, vieron a Beatriz vuelta hacia la fiera que es una -sola persona con dos naturalezas. Cubierta con su velo, y al otro lado -de la verde orilla, parecióme que se vencía a sí misma en su primitiva -belleza, mucho más de lo que vencía a las demás mujeres cuando vivía -en el mundo. La ortiga del arrepentimiento me punzó tanto, que de -todas las cosas mortales la que más me desvió de su amor me fué la -más odiosa: el remordimiento me oprimió el corazón de tal modo, que -caí desmayado. Lo que me sucedió entonces lo sabe aquélla que fué la -causa de ello. Cuando el corazón me restituyó la facultad de percibir -las cosas exteriores, vi por encima de mí a la Dama que antes había -encontrado sola, y la oí decir: - ---¡Agárrate, agárrate a mí! - -Habíame sumergido en el río hasta la garganta, e impeliéndome tras -ella, iba caminando sobre el agua con la ligereza de una lanzadera. -Cuando estuve cerca de la dichosa orilla, oí tan dulcemente "Asperges -me," que no sabría recordarlo, cuanto menos escribirlo. La hermosa -Dama abrió sus brazos, rodeó con ellos mi cabeza, y me sumergió de modo -que hube de beber el agua. Después me sacó fuera, y mojado como estaba -me presentó a las cuatro bellas bailarinas, cada una de las cuales -extendió sobre mí su brazo. - ---Aquí somos ninfas, y en el Cielo estrellas: antes de que Beatriz -descendiese al mundo fuimos designadas como siervas suyas. Te -conduciremos ante sus ojos; pero las tres del otro lado, que ven más -a fondo, aguzarán los tuyos para que percibas la plácida luz que hay -dentro de ellos. - -Así me dijeron cantando; y después me llevaron hacia el pecho del -Grifo, donde estaba Beatriz vuelta hacia nosotros. En seguida añadieron: - ---No economices tus miradas: te hemos puesto delante de las esmeraldas, -desde donde Amor te lanzó un día sus dardos. - -Mil deseos más ardorosos que la llama atrajeron mis ojos hacia aquellos -ojos brillantes, que aún estaban fijos en el Grifo. Como el Sol en -un espejo, la doble fiera se reflejaba en ellos, ya de un modo, ya -de otro. Piensa, lector, si yo estaría maravillado al ver tal objeto -permanecer inalterable en sí mismo, y transformándose en su imagen -reflejada. Mientras que, llena de estupor y gozosa, mi alma gustaba -de aquel alimento que, satisfaciéndola, la hacía más deseosa de él, -aquellas tres, que demostraban en su actitud ser de una jerarquía más -elevada, se adelantaron danzando al compás de sus angélicos cantares. - ---Vuelve, Beatriz, vuelve tus ojos santos (tal era su canción) hacia tu -fiel amigo, que ha dado tantos pasos para verte. Por gracia, haznos la -gracia de descubrirle tu faz, de modo que contemple la nueva belleza -que le ocultas. - -¡Oh esplendor de viva luz eterna! ¿Quién es el que habiendo palidecido -a la sombra del Parnaso, o bebido en su fuente, no tendría la mente -ofuscada, al intentar representarte tal cual apareciste allí donde el -cielo te circundaba, resonando con su acostumbrada armonía, cuando al -aire libre te descubriste? - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO TRIGESIMOSEGUNDO_ - - -Estaban mis ojos tan fijos y atentos para calmar su sed de diez años, -que tenía embotados los otros sentidos, encontrando además aquéllos por -todas partes obstáculos que no les permitían cuidarse de ninguna otra -cosa; así es que la santa sonrisa los atraía con sus antiguas redes. -Pero por fuerza me obligaron aquellas diosas a volver la cabeza hacia -la izquierda, porque les oía decir: "Mira demasiado fijamente;" y la -disposición en que se encuentran los ojos cuando acaban de ser heridos -por los rayos del Sol, me dejó por algún tiempo sin vista; mas cuando -se repusieron los míos ante otro pequeño resplandor (y digo pequeño, -comparándolo con la gran luz de que me había separado forzosamente), vi -que el glorioso ejército se había vuelto hacia la derecha, recibiendo -en el rostro los rayos del Sol y los de las siete llamas. Así como -para salvarse una cohorte, se retira cobijada bajo los escudos, y se -vuelve con su estandarte antes de que haya terminado por completo su -evolución, así la milicia del reino celestial que precedía al carro -desfiló toda antes de que éste hubiera vuelto su lanza. En seguida las -mujeres se volvieron a colocar cerca de las ruedas, y el Grifo puso en -movimiento el carro bendito, de tal modo que no se agitó ninguna de -sus plumas. La hermosa Dama que me hizo vadear el río, Estacio y yo -seguíamos a la rueda que describió al girar el arco menor. Caminando de -esta suerte a través de la alta selva deshabitada por culpa de aquella -que creyó a la serpiente, ajustaba mis pasos al cántico de los ángeles. -Una flecha despedida del arco recorre quizá en tres veces el espacio -que habíamos avanzado, cuando bajó Beatriz. Oí que todos murmuraban: -"¡Adán!" En seguida rodearon un árbol enteramente despojado de hojas -y flores en todas sus ramas. Su copa, que se extendía a medida que el -árbol se elevaba, sería, a causa de su altura, admirada por los indios -en sus selvas. - ---¡Bendito seas, oh Grifo, que con tu pico no arrancaste nada de este -tronco dulce al gusto, después que, por haberlo probado, se inclinó al -mal el apetito humano! - -Así exclamaron todos en derredor del árbol robusto; y el animal de -doble naturaleza respondió: - ---De ese modo se conserva la semilla de toda justicia. - -Y volviéndose al timón de que había tirado, lo condujo al pie de la -planta viuda de sus hojas, y dejó atado a ella el carro que era de -ella. Así como nuestras plantas se ponen turgentes cuando la gran luz -desciende mezclada con aquella que irradia detrás de los celestes -Peces, y luego se reviste cada una con su propio color antes que el -Sol guíe sus caballos bajo otra estrella, de igual modo se renovó el -árbol cuyas ramas estaban antes tan desnudas, adquiriendo colores menos -vivos que los de la rosa, pero más que los de la violeta. Yo no pude -entender, ni aquí abajo se canta, el himno que aquella gente entonó -entonces, ni tampoco pude oír todo el canto hasta el fin. Si me fuera -posible describir cómo se adormecieron aquellos desapiadados ojos -que tan cara pagaron su excesiva vigilancia, oyendo las aventuras de -Siringa, representaría, como un pintor que copia un modelo, el modo -como me dormí; pero hágalo quienquiera que sepa figurar bien el sueño. - -Paso, pues, al momento en que me desperté, y digo que un resplandor -desgarró el velo de mi sueño, al mismo tiempo que me gritaba una -voz: "Levántate; ¿qué haces?" Como Pedro, Juan y Jacobo, conducidos -a ver las florecitas del manzano, que hace a los ángeles codiciosos -de su fruta y perpetuas las bodas en el cielo; y aterrados por el -esplendor divino, volvieron en sí al oír la palabra que ha interrumpido -sueños mayores, y vieron su compañía mermada por la ausencia de -Moisés y Elías, y cambiada la túnica de su Maestro, así desperté yo, -viendo inclinada sobre mí a aquella compasiva mujer que había guiado -anteriormente mis pasos por el río; lleno de inquietud dije: - ---¿Dónde está Beatriz? - -A lo que me contestó: - ---Mírala sentada sobre las raíces y bajo el nuevo follaje de ese árbol. -Mira la compañía que la rodea: los otros se van hacia arriba tras el -Grifo, entonando cánticos más dulces y más profundos. - -Ignoro si fué más difusa su respuesta; porque se hallaba otra vez ante -mis ojos aquella que me impedía fijar la atención en ninguna otra cosa. -Estaba sentada ella sola en la tierra verdadera, como dejada allí -para custodiar el carro que vi atar a la biforme fiera. En torno suyo -formaban un círculo las siete Ninfas, teniendo en las manos aquellas -luces que no puede apagar el Aquilón ni el Austro. - ---Poco tiempo habitarás esta selva, y serás eternamente conmigo -ciudadano de aquella Roma donde Cristo es romano. Por lo tanto, fija -tus ojos en este carro para bien del mundo que vive mal, y cuando -vuelvas a él, escribe lo que has visto. - -Así habló Beatriz; y yo, enteramente sumiso a sus órdenes, puse mi -mente y mis ojos donde ella quiso. Nunca tan velozmente partió el -rayo de condensada nube, cuando cae del más remoto confín del aire, -como vi yo al ave de Júpiter precipitarse y bajar por el árbol, -rompiendo su corteza, ya que no las flores y hojas nuevas: y con toda -su fuerza hirió al carro, y le hizo vacilar, como nave combatida por -la tempestad, que las olas derriban, ora a babor, ora a estribor. Vi -luego introducirse en el carro triunfal una zorra, que parecía no haber -tomado jamás ningún buen alimento: pero reprendiéndole mi Dama sus feas -culpas, la obligó a huír tan precipitadamente como lo permitieron sus -descarnados huesos. En seguida, por donde mismo había venido antes, -vi al águila descender a la caja del carro, y dejarla cubierta de sus -plumas: y semejante a la voz que sale de un corazón contristado, salió -del cielo una voz que dijo: "¡Ay, navecilla mía, cuán mal cargada -estás!" Después me pareció que se abría la tierra entre las dos -ruedas, y vi salir un dragón que hincó su maligna cola en el carro, y -retirándola luego como la avispa su aguijón, se llevó consigo una parte -del fondo, y se alejó muy contento. Lo que quedó del carro, como la -tierra fértil que se cubre de grama, se cubrió de la pluma ofrecida por -el águila quizá con intención casta y benigna; y de ella se cubrieron -una y otra rueda y la lanza en menos tiempo del que mantiene un suspiro -la boca abierta. Transformado de esta suerte el edificio santo, -salieron de sus diversas partes varias cabezas, tres de ellas sobre la -lanza, y las restantes una en cada ángulo. Las primeras tenían cuernos -como los bueyes; pero las otras sólo tenían un cuerno por frente: jamás -se han visto semejantes monstruos. - -Tan segura como una fortaleza sobre una alta montaña, vi sentada en -el carro a una prostituta desenvuelta, paseando sus miradas en torno -suyo. Y como para impedir que se la quitaran, vi un gigante colocado -en pie junto a ella, y ambos se besaban de vez en cuando; más habiendo -ella vuelto hacia mí sus ojos codiciosos y errantes, el feroz amante -la azotó desde la cabeza a los pies. Después, lleno de suspicacia y -de cruel ira, desató el monstruoso carro, y lo arrastró tan lejos por -la selva, que tras de ella se ocultaron a mi vista la prostituta y la -nueva fiera. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO TRIGESIMOTERCIO_ - - -Las mujeres comenzaron llorosas una dulce salmodia, cantando -alternativamente, ya las tres, ya las cuatro: "Deus, venerunt -gentes."[103] Y Beatriz, suspirando compasiva, las escuchaba tan -abatida, que poco más lo estuvo María al pie de la Cruz. Pero cuando -las otras vírgenes le dieron ocasión de hablar, poniéndose en pie, -respondió encendida como el fuego: - ---"Modicum, et non videbitis me; et iterum," mis queridas hermanas, -"modicum, et vos videbitis me."[104] - - [103] Cantan, alternando, los versículos del salmo LXXVIII, - que el poeta aplica en este lugar a las desventuras de la - Iglesia cristiana. - - [104] "Dentro de poco no me veréis: pero dentro de otro poco - me veréis." Palabras de Jesús, en el Evangelio de San Juan, - prediciendo su próxima muerte y su resurrección. - -Después reunió ante sí a todas siete, y con sólo un ademán, nos hizo -marchar tras ellas a mí, a la Dama, y al sabio que quedó en nuestra -compañía. Así se alejaba, y no creo que hubiese dado diez pasos, -cuando hirió mis ojos con sus ojos, y con aspecto tranquilo me dijo: - ---Ven más de prisa, de modo que si hablo contigo, estés dispuesto a -escucharme. - -Cuando estuve cerca de ella, como debía, añadió: - ---Hermano, ¿por qué, viniendo conmigo, no te atreves a preguntarme algo? - -Me sucedió lo que a aquellos que, por excesiva reverencia, al hablar -con sus superiores, no pueden hacer salir con viveza las palabras de -entre sus dientes, y contesté balbuceando: - ---Señora, vos conocéis mis necesidades y lo que les conviene. - -Contestóme: - ---Quiero que en adelante te despojes de ese temor y esa vergüenza, para -que no hables como hombre que sueña. Sabe que el vaso que rompió la -serpiente fué y no es; pero crea el culpable que la venganza de Dios no -se vence con sortilegios. El águila que dejó sus plumas en el carro, -convirtiéndolo en un monstruo y después en una presa, no estará siempre -sin herederos; pues veo ciertamente, y por eso lo refiero, algunas -estrellas ya cercanas a un tiempo seguro de todo obstáculo y de todo -impedimento, en el cual un quinientos diez y cinco,[105] enviado por -Dios, destruirá a la ramera, y a aquel gigante que con ella delinque. -Y quizá mi predicción obscura, como los oráculos de Temis y de la -Esfinge, no te persuade, porque, como ellos, ofusca el entendimiento; -pero en breve los hechos serán las Náyades que resuelvan este difícil -enigma, sin temor por los ganados y los trigos. Anota estas palabras, -y tales como salen de mis labios enséñaselas a los que viven con -aquella vida que no es más que una rápida carrera hacia la muerte: -acuérdate además, cuando las escribas, de no ocultar cómo has visto -la planta, que ha sido robada dos veces. Quien la despoja o la rompe -ofende con una blasfemia de hecho a Dios, que la hizo santa sólo para -su uso. Por haber mordido su fruto, la primera alma aguardó en el dolor -y en el deseo durante cinco mil años y más al que en sí mismo castigó -aquel bocado. Tu espíritu está adormecido, si no comprende que sólo por -una causa singular es aquel árbol tan alto, y tan anchurosa su copa: y -si los vanos pensamientos no hubiesen sido alrededor de tu mente como -las aguas del Elsa, y el placer que te causaron no la hubiera manchado -como Píramo manchó la mora, sólo por tantas circunstancias reconocerías -moralmente la justicia de Dios en la prohibición de tocar aquel árbol. -Mas como veo tu inteligencia petrificada y tan obscurecida por el -pecado, que te deslumbra el brillo de mis palabras, quiero que te las -lleves, si no escritas, al menos estampadas en ti mismo, por aquel -motivo que el peregrino lleva el bordón rodeado de palmas. - - [105] Esto es, un DXV, letras que transportadas equivalen a un - DVX, o Capitán, o, como otros quieren, iniciales abreviativas - de Dante Xristi Vertagus, Domini Xristi Vicarius, Dominus - Xristi Victor o Vitor, etc. - -Le contesté: - ---Así como la cera conserva inalterable la imagen que en ella imprime -el sello, del mismo modo la vuestra ha quedado grabada en mi cerebro. -Pero ¿por qué vuestra deseada palabra se eleva tanto sobre mi -entendimiento, que cuanto más procura comprenderla menos lo consigue? - ---Para que conozcas--dijo--aquella escuela que has seguido, y cómo ha -de poder su doctrina seguir a mis palabras; y veas que vuestro camino -se separa tanto del divino, cuanto de la Tierra dista el cielo que gira -más velozmente a la mayor altura. - -Entonces le respondí: - ---No recuerdo haberme alejado jamás de vos, ni me remuerde por ello la -conciencia. - ---Es que tú no puedes recordarlo--me dijo sonriéndose--; acuérdate de -que has bebido las aguas del Leteo; y si del humo se deduce el fuego, -de ese olvido se infiere claramente que tu voluntad, ocupada en otras -cosas, era culpable. Pero en adelante serán mis palabras tan desnudas -cuanto es preciso descubrirlas a tu rudo entendimiento. - -El Sol, más resplandeciente y con pasos más lentos, atravesaba el -círculo del Meridiano, que cambia de posición según de donde se mira, -cuando al extremo de una opaca umbría, semejante a las que se ven bajo -las verdes hojas y las negruzcas ramas por donde llevan los Alpes sus -fríos riachuelos, se detuvieron las siete mujeres, como se detiene la -tropa que va de avanzada, si encuentra alguna novedad en su camino. -Ante ellas me pareció ver salir el Tigris y el Eufrates de un mismo -manantial, y como amigos separarse lentamente. - ---¡Oh luz!, ¡oh gloria de la raza humana! ¿Qué agua es esta que mana de -una misma fuente, y dividida, se aleja una de otra? - -A tal pregunta se me contestó: - ---Ruega a Matilde que te lo diga. - -Y la hermosa Dama respondió como aquel que se disculpa: - ---Ya le he dicho esta y otras varias cosas; y estoy segura de que el -agua del Leteo no se las ha hecho olvidar. - -Beatriz añadió: - ---Quizá un interés mayor, de esos que muchas veces quitan la memoria, -ha obscurecido su mente con respecto a los demás objetos. Pero mira -el Eunoe, que por allí se desliza; condúcele hacia él, y según -acostumbras, reanima su amortecida virtud. - -Como una alma gentil que de nada se excusa, sino que adapta su voluntad -a la de los otros en cuanto se la dan a conocer por medio de alguna -seña, de igual suerte se puso en marcha la bella Dama en cuanto estuve -a su lado, y dijo a Estacio con su gracia femenil: - ---Ven con él. - -Lector, si dispusiera de mayor espacio para escribir, cantaría en parte -la dulzura de las aguas de que no me habría saciado nunca; pero como -están ya llenos todos los papeles dispuestos para este segundo cántico, -el freno del arte no me deja ir más allá. - -Volví de aquellas sacrosantas ondas tan reanimado como las plantas -nuevas, renovadas con nuevas hojas, purificado y dispuesto para subir a -las estrellas. - -[Ilustración] - - - - -_PARAISO_ - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO PRIMERO_ - - -La gloria de Aquél que todo lo mueve se difunde por el universo, y -resplandece en unas partes más y en otras menos. Yo estuve en el -cielo que recibe mayor suma de su luz, y vi tales cosas, que ni sabe -ni puede referirlas el que desciende de allá arriba; porque nuestra -inteligencia, al acercarse al fin de sus deseos, profundiza tanto, que -la memoria no puede volver atrás. Sin embargo, todo cuanto mi mente -haya podido atesorar de lo concerniente al reino santo, será en lo -sucesivo objeto de mi cántico. - -¡Oh buen Apolo! Haz de mí para este último trabajo un vaso lleno de tu -valor, tal como lo exiges para conceder tu laurel amado; pues si hasta -aquí tuve bastante con una cima del Parnaso, ahora necesito las dos -para entrar en el resto de mi carrera. Entra en mi seno, e inspírame el -aliento de que estabas poseído cuando sacaste los miembros de Marsias -fuera de su piel. - -¡Oh divina virtud! Si te prestas a mí, de modo que yo pueda poner de -manifiesto la sombra del reino bienaventurado estampada en mi cabeza, -me verás acudir a tu árbol querido y coronarme entonces de aquellas -hojas; pues el asunto de mi canto y tu favor me harán digno de ello. - -Tan pocas veces, ¡oh Padre!, se recoge el lauro del triunfo, ya como -César, ya como poeta (por culpa y vergüenza de la humana voluntad), que -cuando alguno arde en deseos de alcanzarlo, el follaje penéico debería -difundir la alegría en la feliz deidad délfica. A una pequeña chispa -sigue una gran llama: quizá después de mí habrá quien ruegue con mejor -voz para que responda Cirra. - -La lámpara del mundo se presenta a los mortales por diferentes -aberturas; pero cuando se deja ver por aquella en que se unen cuatro -círculos formando tres cruces, entonces sale con mejor curso y con -mejor estrella, y modela y sella más a su modo la cera de nuestro -mundo. Por aquella abertura se había hecho allí de día, y aquí de -noche: casi todo aquel hemisferio estaba ya blanco, y la otra parte -negra, cuando vi a Beatriz vuelta hacia el lado izquierdo, mirando -al Sol; jamás lo ha mirado un águila con tanta fijeza. Y así como un -segundo rayo sale del primero, y se remonta a lo alto, semejante al -peregrino que quiere volverse, así la acción de Beatriz, penetrando -por mis ojos en mi imaginación, originó la mía, y fijé los ojos en -el Sol contra nuestra costumbre. Muchas cosas son allí permitidas a -nuestras facultades, que no lo son aquí, por ser aquel lugar creado -para residencia propia de la especie humana. Me fué imposible mirar -por mucho tiempo al Sol; pero no tan poco, que no le viera centellear -en torno suyo, como el hierro que sale candente del fuego; y de pronto -me pareció que un nuevo día se unía al día, como si Aquél que puede -hubiese adornado el Cielo con otro Sol. - -Beatriz miraba fijamente las eternas esferas, y yo fijé mis ojos en -ella, desviándolos de allá arriba: contemplándola, me transformé -interiormente, como Glauco al gustar la hierba que le hizo en el mar -compañero de los otros Dioses. No es posible significar con palabras el -acto de pasar a un grado superior la naturaleza humana; pero baste el -citado ejemplo a quien la gracia divina reserve tal experiencia. - -¡Oh Amor, que gobiernas el cielo! Tú, que me elevaste con tu luz, sabes -si yo era entonces solamente aquella parte de mí que primero creaste. -Cuando la rotación de los cielos, que eternizas por el deseo que estos -tienen de poseerte, atrajo mi atención con su armonía, que regularizas -y distribuyes, me pareció que entonces se encendía con la llama del Sol -tanto espacio del cielo, que ni las lluvias ni los ríos han ocasionado -jamás tan extenso lago. La novedad de los sonidos y tan gran resplandor -me abrasaron de tal modo en el deseo de conocer su causa, que jamás he -sentido tan punzante aguijón. Así es que Ella, que veía mi interior -como yo mismo, abrió su boca para calmar mi excitado ánimo, antes que -yo la abriera para preguntarle, y empezó a decir: - ---Tú mismo te atontas con tus falsas ideas, de tal modo que no ves lo -que verías si las hubieras desechado. No estás ya en la Tierra, según -te figuras: el rayo, huyendo de la región donde se forma, no corre tan -velozmente como tú asciendes hacia ella. - -Si vi desvanecida mi primera duda, gracias a sus palabras sonrientes y -breves, me vi en cambio más envuelto en otra nueva, y dije: - ---Ya me contemplo con placer libre de mi primitiva admiración; mas -ahora me asombra cómo es que puedo atravesar por entre estos cuerpos -leves. - -Por lo cual Beatriz, lanzando un piadoso suspiro, dirigió hacia mí sus -ojos con aquel aspecto de que se reviste la madre al oír un desvarío de -su hijo, y repuso: - ---Todas las cosas guardan un orden entre sí; y este orden es la forma, -que hace al universo semejante a Dios. Aquí ven las altas criaturas el -signo de la eterna sabiduría, que es el fin para que se ha creado el -orden antedicho. En el de que hablo, todas las naturalezas propenden y, -según su diversa esencia, se aproximan más o menos a su principio. Así -es que se dirigen a diferentes puertos por el gran mar del sér, y cada -una con el instinto que se le concedió para que la lleve al suyo. Este -instinto es el que conduce al fuego hacia la Luna; el que promueve los -primeros movimientos del corazón de los mortales, y el que concentra y -hace compacta a la Tierra. Y este arco se dispara, no tan sólo contra -las criaturas desprovistas de inteligencia, sino contra las que tienen -inteligencia y amor. La Providencia, que todo lo ordena, hace con su -luz que esté tranquilo el cielo en el que gira aquél que tiene mayo -velocidad: allí es donde ahora, como a sitio designado, nos lleva la -virtud de la cuerda de aquel arco que dirige todo cuanto despide hacia -un objeto agradable. Bien es verdad que, así como la forma no guarda -muchas veces armonía con las intenciones del arte, porque la materia -es sorda para contestar, así de esta dirección se desvía tal vez la -criatura, que tiene el poder de inclinarse hacia otro lado, por más -que esté impulsada de aquel modo, y cae (como se puede ver caer el -fuego desde una nube), si su primer impulso la tuerce hacia la Tierra -por un falso placer. No debes, pues, a lo que pienso, admirarte más -de tu ascensión, que de ver a un río descender desde lo alto de una -montaña hasta su base. Lo maravilloso en ti sería que, libre de todo -obstáculo, te hubieras sentado abajo, como lo sería el que la viva -llama permaneciese quieta y apegada a la Tierra. - -Dicho esto, elevó sus ojos al Cielo. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO SEGUNDO_ - - -¡Oh vosotros, que, deseosos de escucharme, habéis seguido en una -pequeña barca tras de mi bajel que navega cantando, virad para ver de -nuevo vuestras playas! No os internéis en el piélago, porque quizá, -perdiéndome yo, quedaríais perdidos. El agua por donde sigo no fué -jamás recorrida; Minerva sopla en mi vela, Apolo me conduce y las -nueve Musas me enseñan las Osas. Y vosotros los que, en corto número, -levantasteis ha tiempo las miradas hacia el pan de los ángeles, del -cual se vivo aquí pero sin que nadie quede harto, bien podéis dirigir -vuestra nave por el alta mar, siguiendo mi estela sobre el agua que -se reúne en breve. Aquellos gloriosos héroes que pasaron a Colcos -no se admiraron cuando vieron a Jasón convertido en boyero, como os -admiraréis ahora vosotros. La innata y perpetua sed del deiforme reino -nos hacía ir tan veloces como veloz veis al mismo cielo. Beatriz miraba -hacia arriba, y yo la miraba a ella; y quizá en menos tiempo del en -que se coloca un dardo, y se despide del arco y vuela, me vi llegado -a un punto donde una cosa admirable atrajo mis miradas: por lo cual, -Aquélla para quien no podían estar ocultos mis sentimientos, vuelta -hacia mí tan agradable como bella, me dijo: - ---Eleva tu agradecida mente hacia Dios, que nos ha transportado a la -primera estrella. - -Parecíame que se extendiese sobre nosotros una nube lúcida, densa, -sólida y bruñida, como un diamante herido por los rayos del Sol. -La eterna margarita nos recibió dentro de sí, como el agua que, -permaneciendo unida, recibe un rayo de luz. Si yo era cuerpo, y si en -la Tierra no se concibe cómo una dimensión pueda admitir a otra, según -debe suceder si un cuerpo penetra en otro, debería abrasarnos mucho -más el deseo de contemplar aquella esencia, en que se ve cómo Dios y -nuestra naturaleza se unieron. Allí se verá esto que creemos por la fe; -pero sin demostración alguna, pues será conocido por sí mismo, como la -primera verdad en que el hombre cree. Yo respondí: - ---Señora, con tanto reconocimiento como cabe en mí, doy gracias a Aquél -que me ha alejado del mundo mortal. Pero decidme: ¿qué son las obscuras -señales de este cuerpo, que allá abajo en la Tierra dan ocasión a -algunos para inventar patrañas sobre Caín?[106] - - [106] Las manchas de la Luna, que, según el vulgo, eran Caín - con un haz de leña. - -Sonrióse un poco, y después me dijo: - ---Si la opinión de los mortales se extravía donde la llave de los -sentidos no puede abrir, no deberían en verdad punzarte desde ahora -las flechas de la admiración; pues ves que, si la razón sigue a los -sentidos, debe tener muy cortas las alas; pero dime qué es lo que tú -piensas con respecto a esto. - -Le contesté: - ---Lo que aquí arriba me parece de diferente forma, creo que debe ser -producido por cuerpos enrarecidos y por cuerpos densos. - -Ella repuso: - ---Verás de un modo cierto que tu creencia está basada en una idea -falsa, si escuchas bien el argumento que voy a oponerte. La octava -esfera os muestra muchas luces, las cuales puede verse que presentan -aspectos diferentes así en calidad como en cantidad. Si esto fuera -efecto solamente del enrarecimiento y la densidad, en todas ellas -habría una sola e idéntica virtud, aunque distribuida en más o menos -abundancia y proporcionalmente a sus respectivas masas. Siendo diversas -las virtudes, necesariamente han de ser fruto de principios formales; -y éstos, menos uno, quedarían destruídos por tu raciocinio. Además, -si el enrarecimiento fuese la causa de aquellas manchas acerca de las -cuales me preguntas, entonces o el planeta estaría en algunos puntos -privado de su materia de parte a parte, o bien del modo que en un -cuerpo alternan lo graso y magro, así el volumen de éste se compondría -de hojas diferentes. Si fuese cierto lo primero, se manifestaría en -los eclipses de Sol, porque la luz de éste pasaría a través de la -Luna, como atraviesa por cualquier cuerpo enrarecido. Esto no es así: -por lo tanto hemos de examinar el otro supuesto; y si llego también -a anularlo, verás demostrado lo falso de tu opinión. Si ese cuerpo -enrarecido no llega de un lado a otro de la Luna, es preciso que -termine en algún punto donde su contrario no deje pasar la luz, y que -el otro rayo reverbere desde allí, como el color se refleja en un -cristal que está forrado de estaño. Pero tú dirás que el rayo aparece -aquí más obscuro que en otras partes, porque se refracta desde mayor -profundidad. De esta réplica puede librarte la experiencia, si haces -uso de ella alguna vez, por ser la fuente de donde manan los arroyos -de vuestras artes. Toma tres espejos: coloca dos de ellos delante de ti -a igual distancia, y el otro un poco más lejos: después fija tus ojos -entre los dos primeros. Vuelto así hacia ellos, dispon que a tu espalda -se eleve una luz que ilumine los tres espejos, y vuelva a ti reflejada -por todos: entonces, aun cuando la luz reflejada sea menos intensa -en el más distante, verás que resplandece igualmente en los tres. -Desvanecido ya el primer error de tu entendimiento, como a impulso de -los cálidos rayos se desvanecen el color y el frío primitivos de la -nieve, quiero mostrarte ahora una luz tan viva, que apenas aparezca -sentirás sus destellos. Dentro del Cielo de la divina paz se mueve un -cuerpo, en cuya virtud reside el ser de todo su contenido. El Cielo -siguiente, que tiene tantas estrellas, distribuye aquel sér entre -diversas esencias, distintas de él y que en él están contenidas. Los -demás cielos, por varios y diferentes modos, disponen para sus fines -aquellas cosas distintas que hay en cada uno, y sus influencias. Estos -órganos del mundo van así descendiendo de grado en grado, como ahora -ves, de suerte que adquieren del superior la virtud que comunican al -inferior. Repara bien cómo voy por este camino hacia la verdad que -deseas, a fin de que después sepas por ti solo vencer toda dificultad. -El movimiento y la virtud de las sagradas esferas deben proceder de -los bienaventurados motores, como del artífice procede la obra del -martillo. Aquel cielo, al que tantas luces hermosean, recibe forma -y virtud de la inteligencia profunda que lo mueve, y se transforma -en su sello. Y así como el alma dentro de vuestro polvo se extiende -a los diferentes miembros, aptos para distintas facultades, así la -inteligencia despliega por las estrellas su bondad multiplicada, -girando sobre su unidad. Cada virtud se une de distinto modo con el -precioso cuerpo a quien vivifica, y en el cual se infunde como en -vosotros la vida. Por la plácida naturaleza de donde se deriva, esa -virtud mezclada a los cuerpos celestes brilla en ellos, como la alegría -en una pupila ardiente. De ella procede la diferencia que se observa -de luz a luz, y no de los cuerpos densos y enrarecidos; ella es el -principio formal que produce lo obscuro y lo claro, según su bondad. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO TERCERO_ - - -Aquel Sol que primeramente abrasó de amor mi corazón[107] me había -descubierto, con sus pruebas y refutaciones, el dulce aspecto de una -hermosa verdad; y yo, para confesarme desengañado y persuadido, levanté -la cabeza, tanto como era necesario a fin de declararlo resueltamente. -Pero apareció una visión, la cual haciéndose perceptible me atrajo -de tal modo hacia sí, que ya no me acordé de mi confesión. Así como -a través de cristales tersos y transparentes o de aguas nítidas y -tranquilas, aunque no tan profundas que se obscurezca el fondo, -llegan a nuestra vista las imágenes tan debilitadas, que una perla en -una frente blanca no la distinguirían más débilmente nuestros ojos, -así vi yo muchos rostros prontos a hablarme; por lo cual caí en el -error contrario a aquel que inflamó el amor entre un hombre y una -fuente.[108] En cuanto las distinguí, creyendo que fuesen imágenes -reflejadas en un espejo, volví los ojos para ver los cuerpos a que -correspondían; y como nada vi, los dirigí de nuevo hacia delante, -fijándolos en mi dulce Guía, que sonriéndose despedía vívidos destellos -de sus santos ojos. - - [107] Beatriz. - - [108] Alude a la fábula de Narciso. - ---No te asombres porque me sonría de tu pueril pensamiento--me dijo--; -pues no se apoya todavía tu pie sobre la verdad, y como de costumbre, -te inclina a las ilusiones. Esas que ves son verdaderas substancias, -relegadas aquí por haber faltado a su votos. Por consiguiente, habla -con ellas, y oye y cree lo que te digan; pues la verdadera luz que las -regocija no permite que se tuerzan sus pasos. - -Y yo me dirigí a la sombra que parecía más dispuesta a hablar, y empecé -a decirle, como hombre a quien su mismo deseo le quita el valor. - ---¡Oh espíritu bien creado, que bajo los rayos de la vida eterna -sientes la dulzura que no se comprende nunca si no se ha gustado! Me -será muy grato que te dignes decirme tu nombre y cuál es vuestra suerte. - -A lo que contestó pronta y con risueños ojos: - ---Nuestra caridad nunca cierra sus puertas a un deseo justo, siendo -como aquella que quiere que se le asemeje toda su corte. Yo fuí en el -mundo una virgen religiosa; y si tu mente me contempla bien, no me -ocultará a tus recuerdos el ser hoy la más bella, sino que reconocerás -que yo soy Piccarda: colocada aquí con estos otros bienaventurados, -soy como ellos bienaventurada en la esfera más lenta. Nuestros afectos -a quienes sólo inflama el amor del Espíritu Santo, se regocijan en el -orden designado por él, y nos ha cabido en suerte este sitio que parece -tan bajo, porque descuidamos nuestros votos, y en parte no fueron -observados. - -A lo que le contesté: - ---En vuestros admirables rostros resplandece no sé qué de divino, que -cambia el primer aspecto que de vosotras se ha conservado. Por eso no -fuí más presto en recordar; pero ahora viene en mi ayuda lo que tú me -dices, de suerte que me es más fácil reconocerte. Mas dime: vosotras -que sois aquí felices ¿deseáis estar en otro lugar más elevado para ver -más o para haceros más amigas? - -Sonrióse un poco mirando a las otras sombras, y en seguida me respondió -tan placentera, que parecía arder en el primer fuego del amor: - ---Hermano, la virtud de la caridad calma nuestra voluntad, y esa virtud -nos hace querer solamente lo que tenemos, y no apetecer nada más. Si -deseáramos estar más elevadas, nuestro anhelo estaría en desacuerdo -con la voluntad de Aquél que nos reúne aquí; desacuerdo que no admiten -las esferas celestiales, como verás si consideras bien que aquí es -condición necesaria estar unidas a Dios por medio de la caridad, y -la naturaleza de esta misma caridad. También es esencial a nuestra -existencia bienaventurada uniformar la propia voluntad a la de Dios, de -modo que nuestras mismas voluntades se refundan en una. Así es que al -estar como estamos distribuídas de grado en grado por este reino, place -a todo él, porque place al Rey cuya voluntad forma la nuestra. En su -voluntad está nuestra paz; ella es el mar adonde va a parar todo lo que -ha creado, o lo que hace la naturaleza. - -Entonces comprendí claramente por qué en el Cielo todo es Paraíso, por -más que la gracia del Supremo Bien no llueva en todas partes por igual. -Pero, así como suele suceder que un manjar nos sacie, y que sintamos -aún apetito por otro, de suerte que pedimos éste y rechazamos aquél, -así hice yo con el gesto y la palabra para saber por ella cuál fué el -tejido cuya lanzadera no continuó manejando hasta el fin. - ---Una virtud perfecta, un mérito eminente colocan en un cielo más alto -a una mujer[109]--me dijo--, según cuya regla se lleva allá abajo en -vuestro mundo el hábito y el velo monacal, a fin de que hasta la muerte -se viva noche y día con aquel esposo, a quien es grato todo voto que la -caridad hace conforme a su deseo. Por seguirla, huí del mundo jovencita -aún, y me encerré en su hábito, y prometí observar la regla de su -orden. Posteriormente, algunos hombres, más habituados al mal que al -bien, me arrebataron de la dulce clausura. ¡Dios sabe cuál fué después -mi vida!... Lo que digo de mí, entiende que lo digo asimismo de esta -otra alma esplendente que te se muestra a mi derecha, y en quien brilla -toda la luz de nuestra esfera: monja fué, y también le arrebataron -de la cabeza la sombra de las sagradas tocas; pero cuando volvió al -mundo, contra su gusto y contra ley, no se despojó jamás del velo de su -corazón. Esa es la luz de la gran Constanza, que del segundo príncipe -poderoso de la casa de Suabia engendró al tercero, última potencia de -esta raza. - - [109] Santa Clara, a cuya orden pertenecía Piccarda. - -Así me habló y empezó después a cantar "Ave María," y cantando -desapareció, como una cosa pesada a través del agua profunda. Mi vista, -que la siguió tanto cuanto le fué posible, después que la perdió, -se volvió hacia el objeto de su mayor deseo, y se fijó enteramente -en Beatriz; pero ésta lanzó tales fulgores sobre mi mirada, que no -los pude sufrir en el primer momento, por cuya causa tardé más en -preguntarle. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO CUARTO_ - - -Un hombre libre de elegir entre dos manjares igualmente distantes de -él y que exciten del mismo modo su apetito, moriría de hambre antes de -llevarse a la boca uno de ambos. De igual suerte permanecería inmóvil -un cordero entre dos hambrientos lobos, temiéndoles igualmente, o un -perro entre dos gamos. Por esta razón no me culpo ni me alabo de haber -callado, teniéndome en suspenso igualmente dos dudas; pues mi silencio -era necesario. Yo callaba; pero tenía pintado en el rostro mi deseo, y -en él aparecía más clara mi pregunta que si la hubiera expresado por -medio de palabras. Beatriz hizo lo que Daniel al librar a Nabucodonosor -de aquella cólera que le había hecho cruel injustamente, y me dijo: - ---Bien veo cómo te atrae uno y otro deseo, de modo que tu curiosidad -se liga a sí misma de tal suerte, que no se manifiesta con palabras. -Tú raciocinas así: si la buena voluntad persevera, ¿por qué razón -la violencia ajena ha de disminuir la medida de mi mérito? También -te ofrece motivo de duda el que las almas al parecer vuelvan a las -estrellas, según la sentencia de Platón. Tales son las cuestiones -que pesan igualmente sobre tu voluntad; pero antes me ocuparé en lo -que tiene más hiel. El serafín que más goce de Dios, Moisés, Samuel, -cualquiera de los dos Juanes que quieras escoger, María misma, no -tienen su asiento en un cielo distinto de aquel donde moran esos -espíritus que aquí te han aparecido, ni su estado de beatitud tiene -fijada más ni menos duración, sino que todos embellecen el primer -círculo, y gozan de una vida diferentemente feliz, según que sienten -más o menos el Espíritu eterno. Aquí se te aparecieron, no porque les -haya tocado en suerte esta esfera, sino para significar que ocupan en -la celestial la parte menos elevada. Así es preciso hablar a vuestro -espíritu, porque sólo comprende por medio de los sentidos lo que hace -después digno de la inteligencia. Por eso la Escritura, atemperándose -a vuestras facultades, atribuye a Dios pies y manos, mientras que -ella lo ve de otro modo; y la Santa Iglesia os representa bajo formas -humanas a Gabriel y a Miguel y al que sanó a Tobías. Lo que Timeo dice -acerca de las almas no es figurado, como aquí se ve, pues parece que -siente lo que afirma. Dice que el alma vuelve a su estrella, creyendo -que se desprendió de ella cuando la naturaleza la unió a su forma. Tal -vez su opinión sea diferente de lo que expresan sus palabras, y es -posible que la intención de éstas no sea irrisoria. Si quiere decir -que la influencia operada por las estrellas se convierte en honor o -en vituperio de las mismas, quizá haya dado su flecha en el blanco de -una verdad. Este principio, mal comprendido, extravió a casi todo el -mundo, haciendo que corriese a invocar a Júpiter, a Mercurio y a Marte. -La otra duda que te agita tiene menos veneno, porque su malignidad no -te podría alejar de mí. Que nuestra justicia parezca injusta a los -ojos de los mortales, es un argumento de fe y no de herética malicia; -pero como puede vuestro discernimiento penetrar bien esta verdad, te -dejaré satisfecho según deseas. Si hay verdadera violencia cuando el -que la sufre no se adhiere en nada a aquel que la comete, aquellas -almas no pueden servirse de ella como excusa; porque la voluntad, si -no quiere, no se aquieta, sino que hace lo que naturalmente hace el -fuego, aunque la tuerzan mil veces con violencia. Por lo cual, si la -voluntad se doblega poco o mucho, sigue a la fuerza; y así hicieron -aquéllas, pues pudieron haber vuelto al sagrado lugar. Si su voluntad -hubiera sido firme, como lo fué la de Lorenzo sobre las parrillas, y -como la de Mucio al ser tan severo con su mano, ella misma las habría -vuelto al camino de donde las habían separado, en cuanto se vieron -libres; pero una voluntad tan sólida es muy rara. Por estas palabras, -si es que las has recogido como debes, queda destruído el argumento -que te hubiera importunado aún muchas veces. Pero se atraviesa otra -dificultad ante tus ojos, y tal que por ti mismo no sabrías salir -de ella; antes bien te rendirías fatigado. He dado como cierto a tu -mente que el alma bienaventurada no podía mentir, porque está siempre -próxima a la primera Verdad; y luego habrás podido oír por Piccarda, -que Constanza había guardado su inclinación al velo, de manera que -parece contradecirme. Muchas veces, hermano, sucede que por huír de un -peligro, se hace con repugnancia aquello que no debería hacerse; como -Alcmeón, que, a instancias de su padre, mató a su propia madre, y por -no faltar a la piedad, se hizo desapiadado. Con respecto a este punto, -quiero que sepas que, si la fuerza y la voluntad obran de acuerdo, -resulta que no pueden excusarse las faltas. La voluntad en absoluto no -consiente el daño; pero lo consiente en cuanto teme caer en mayor pena -oponiéndose a él. Cuando Piccarda, pues, se expresa como lo ha hecho, -entiende que habla de la voluntad absoluta, y yo de la otra; de suerte -que ambas decíamos la verdad. - -Tales fueron las ondulaciones del santo arroyo que salía de la fuente -de donde fluye toda verdad, y que aquietaron todos mis deseos. - ---¡Oh amada del primer Amante!, ¡oh divina--dije en seguida--, cuyas -palabras me inundan comunicándome tal calor que me reaniman cada vez -más! No es tan profunda mi afección, que baste a devolveros gracia -por gracia; pero que responda por mí Aquél que todo lo ve y lo puede. -Bien veo que nuestra inteligencia no queda nunca satisfecha, si no -la ilumina aquella Verdad, fuera de la cual no se difunde ninguna -otra. En cuanto ha podido alcanzarla, descansa en ella como la fiera -en su cubil; y puedo indudablemente conseguirla; de lo contrario, -todos nuestros deseos serían vanos. De este deseo de saber nace, -como un retoño, la duda al pie de la verdad; siendo esto un impulso -de la naturaleza que guía de grado en grado nuestra inteligencia al -conocimiento de Dios. Esto mismo me invita, esto mismo me anima, -Señora, a pediros reverentemente que me aclaréis otra verdad que -encuentro obscura. Quiero saber si el hombre puede satisfaceros, con -respecto a los votos quebrantados, por medio de otras buenas acciones -que no sean pocas en vuestra balanza. - -Beatriz me miró con los ojos llenos de amorosos destellos, y tan -divinos, que sintiendo mi fuerza vencida, me volví y quedé como -anonadado con los ojos bajos. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO QUINTO_ - - -Si te parezco más radiante en el fuego de este amor de lo que suele -verse en la tierra, hasta el punto de superar la fuerza de tus ojos, -no debes asombrarte, porque esto procede de una vista perfecta, que, -distinguiendo bien los objetos, se dirige con más rapidez hacia el -bien. Veo claramente cómo resplandece ya en tu inteligencia la eterna -luz, que contemplada una sola vez enciende un perpetuo amor. Y si otra -cosa seduce el vuestro, sólo es un vestigio mal conocido del resplandor -que aquí brilla. Tú quieres saber si con otras buenas acciones puede -satisfacerse el voto no cumplido, de modo que el alma esté segura de -todo debate con la justicia divina. - -Así empezó Beatriz este canto, y como hombre que no interrumpe su -razonamiento, continuó de este modo su santa enseñanza: - ---El mayor dón que Dios, en su liberalidad, nos hizo al crearnos, -como más conforme a su bondad, y el que más aprecia, fué el del libre -albedrío de que estuvieron y están dotadas únicamente las criaturas -inteligentes. Ahora conocerás, si raciocinas según este principio, -el alto valor del voto, si éste es tal que Dios consienta cuando tú -consientes; porque al cerrarse el pacto entre Dios y el hombre, se le -sacrifica ese tesoro de que hablo, y se le sacrifica por su propio -acto. Así, pues, ¿qué se podrá dar en cambio de esto? Si crees que -puedes hacer buen uso de lo que ya has ofrecido, es como si quisieras -hacer una buena obra con una cosa mal adquirida. Ya conoces, pues, -la importancia del punto principal: pero como la Santa Iglesia da -sobre esto sus dispensas, lo cual parece contrario a la verdad que te -he descubierto, es preciso que continúes sentado un poco a la mesa, -porque el pesado alimento que has tomado requiere alguna ayuda para -ser digerido. Abre el espíritu a lo que te presento y enciérralo en ti -mismo, pues no proporciona ciencia alguna el oír sin retener. Dos cosas -son necesarias en la esencia de este sacrificio: una es la materia -del voto, y otra el pacto que se forma con Dios. Este último no se -borra jamás, si no es observado, y acerca de ello te he hablado antes -en términos precisos. Por esta causa fué necesario que los Hebreos -continuasen ofreciendo, aunque alguna de sus ofrendas fuese permutada, -como debes saber. Respecto a la que te he dado a conocer como materia -del voto, puede ser tal que no se cometa yerro alguno al cambiarla en -otra materia: pero que ninguno por su propia autoridad mude el fardo de -su espalda, sin la vuelta de la llave blanca y de la llave amarilla: -crea que todo cambio es insensato, si la cosa abandonada no se contiene -en la elegida, como el cuatro está contenido en el seis. Todo lo que -pese tanto por su valor, que incline hacia su lado la balanza, no -puede reemplazarse con otra cosa. Que los mortales no tomen a broma -el voto. Sed fieles, y al comprometeros no seáis ciegos como lo fué -Jephté en su primera ofrenda, porque más le valiera haber dicho: "Hice -mal," que hacer otra cosa peor al cumplir su voto: tan insensato como -a él puedes suponer al gran jefe de los Griegos,[110] quien obligó a -Ifigenia a llorar su hermoso rostro, e hizo llorar por ella a sabios -e ignorantes, cuando oyeron hablar de tal sacrificio. Cristianos, -sed más pausados en vuestras acciones; no seáis como la pluma a todo -viento, ni creáis que toda agua pueda lavaros. Tenéis el Antiguo y el -Nuevo Testamento, y el Pastor de la Iglesia que os guía: baste esto -para vuestra salvación. Si os dice otra cosa el espíritu del mal, -sed hombres, y no locas ovejas, de suerte que el judío no se ría de -vosotros entre vosotros. No hagáis como el cordero, que deja la leche -de su madre, y sencillo y alegre, combate a su placer consigo mismo. - - [110] Agamenón. - -Así me habló Beatriz, según lo escribo: después se volvió anhelante -hacia aquella parte donde el mundo es más vivo. Su silencio y la -mudanza de su semblante impusieron silencio a mi ávido espíritu, que -tenía ya preparadas nuevas preguntas. Y como la saeta que da en el -blanco antes de que haya quedado en reposo la cuerda, así corríamos -hacia el segundo reino[111]. Allí vi yo tan contenta a mi Dama -cuando penetró en la luz de aquel cielo, que el planeta se volvió -más resplandeciente. Y si la estrella se transformó y rió, ¿cuánto -más alegre estaría yo, que por mi naturaleza soy en todos sentidos -transmutable? Así como en un vivero, que está tranquilo y puro, acuden -solícitos los peces al objeto procedente del exterior, por creerlo su -pasto, así vi yo más de mil almas esplendorosas acudir hacia nosotros, -y a cada cual de ellas se oía exclamar: "¡He ahí quien acrecentará -nuestros amores!" Y tan pronto como cada una se nos acercaba, conocíase -su júbilo por el claro fulgor que de ella salía. Piensa, lector, cuál -sería tu impaciente anhelo de saber, si lo que aquí empieza no siguiese -adelante, y por ti comprenderás cuánto sería mi deseo de conocer la -condición de estas almas, en cuanto se presentaron a mi vista. - - [111] Al cielo de Mercurio. - ---¡Oh bien nacido, a quien está concedida la gracia de ver los tronos -del triunfo eterno, antes de haber abandonado la milicia de los vivos! -Nosotros nos abrasamos en el fuego que se extiende por todo el cielo: -así, pues, si deseas que te iluminemos acerca de nuestra suerte, puedes -saciarte según tu deseo. - -Así me dijo uno de aquellos espíritus piadosos, y Beatriz añadió: - ---Di, di con toda confianza, y créeles como a Dioses. - ---Veo bien cómo anidas en tu propia luz, y que la despides por tus -ojos, para que resplandezcan cuando ríes; pero no sé quién eres, ni por -qué ocupas, ¡oh alma digna!, el grado de la esfera que se oculta a los -mortales con los rayos de otro. - -Esto dije dirigiéndome al alma resplandeciente que me había hablado; -por lo cual se volvió más luminosa de lo que antes era. Lo mismo que -el Sol, que a sí mismo se oculta por su excesiva luz, cuando el calor -ha destruído los densos vapores que la amortiguaban, así aquella santa -figura se ocultó a causa de su alegría en su mismo fulgor, y encerrada -de aquel modo me contestó como se verá en el canto siguiente. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO SEXTO_ - - -Después que Constantino volvió el águila contra el curso del Cielo que -antes siguiera tras el antiguo esposo de Lavinia, cien y cien años y -más permaneció el ave de Dios en el extremo de Europa, próxima a los -montes de que primitivamente había salido; y bajo la sombra de las -sagradas plumas gobernó allí el mundo pasando de mano en mano, hasta -que en estos cambios llegó a las mías. César fuí; soy Justiniano, -que por voluntad del primer Amor, de que ahora disfruto en el cielo, -suprimí de las leyes lo superfluo y lo inútil: antes de haberme -dedicado a esta obra, creí que había en Cristo una sola naturaleza y -no más, y estaba contento con tal creencia; pero el bendito Agapito, -que fué Sumo Pastor, me encaminó con sus palabras a la verdadera fe; -yo le creí, y ahora veo claramente cuanto él me decía, así como tú -ves en toda contradicción una parte falsa y otra verdadera. En cuanto -caminé al par de la Iglesia, plugo a Dios por su gracia inspirarme la -grande obra, y me dediqué completamente a ella: confié las armas a -mi Belisario, a quien se unió de tal modo la diestra del cielo, que -ésta fué para mí una señal de que debía descansar en él. Aquí termina, -pues, mi respuesta a tu primera pregunta; pero su condición me obliga -a añadir algunas explicaciones. Para que veas con cuán poca razón se -levantan contra la sacrosanta enseña los que se la apropian y los -que se le oponen, considera cuántas virtudes la han hecho digna de -reverencia, desde el día en que Palanto murió para darle el imperio. Tú -sabes que aquel signo fijó su mansión en Alba por más de trescientos -años, hasta el día en que por él combatieron tres contra tres[112]. -Sabes lo que hizo bajo siete reyes, desde el robo de las Sabinas hasta -el dolor de Lucrecia, conquistando los países circunvecinos. Sabes lo -que hizo llevado por los egregios romanos contra Breno, contra Pirro, -contra otros príncipes solos y coligados, por lo cual Torcuato, y -Quintio que recibió un sobrenombre por su descuidada cabellera[113], -los Decios y los Fabios, conquistaron un renombre que me complazco -en admirar. El abatió el orgullo de los árabes que tras de Aníbal -pasaron las rocas alpestres de donde tú, Po, te desprendes. A su sombra -triunfaron, siendo aún muy jóvenes, Escipión y Pompeyo; y su dominio -pareció amargo a aquella colina bajo la cual naciste[114]. Después, -cerca del tiempo en que todo el cielo quiso reducir el mundo al estado -sereno de que es modelo, César tomó aquel signo por la voluntad del -pueblo romano; y lo que hizo desde el Var hasta el Rhin, lo vieron el -Isere y el Loira, y lo vió el Sena, y todos los ríos que afluyen al -Ródano. Lo que hizo cuando César salió de Ravena y pasó el Rubicón -fué con tan levantado vuelo, que no lo podrían seguir la lengua ni la -pluma. Hacia España dirigió sus tropas, después hacia Durazzo, y a -Farsalia hirió de tal modo, que hasta en las cálidas orillas del Nilo -se sintió el dolor. Volvió a ver a Antandro y al Simois de donde había -salido, y el sitio donde reposa Héctor; después se alejó de nuevo, con -detrimento de Tolomeo. Desde allí cayó como un rayo sobre Juba, y luego -se dirigió hacia vuestro Occidente, donde oía la trompa pompeyana. Lo -que aquel signo hizo en manos del que lo llevó en seguida lo ladran -Bruto y Casio en el Infierno; y de ello se lamentan Módena y Perusa. -También llora la triste Cleopatra, que, huyendo ante él, recibió de -un áspid muerte cruel y súbita. Con él corrió en seguida al mar Rojo; -con él estableció en el mundo paz tan grande que se cerró el templo -de Jano. Pero lo que el signo de que hablo había hecho antes, y lo -que debía hacer después por el reino mortal que le está sometido, es -en la apariencia poco y obscuro, si con mirada clara y con afecto -puro se le considera después en manos del tercer César; porque la -viva justicia que me inspira le concedió, puesto en manos de aquel a -quien me refiero, la gloria de vengar la cólera divina[115]. Admírate, -pues, ante lo que voy a repetirte. Con Tito corrió en seguida a tomar -venganza de la venganza del pecado antiguo. Cuando el diente lombardo -mordió a la Santa Iglesia, venciendo Carlo-Magno bajo sus alas, -acudió a socorrerla. En adelante puedes juzgar a los que he acusado -más arriba y sus faltas, que son la causa de todos vuestros males. -El uno opone a la enseña común las amarillas lises, y el otro se la -apropia, no pensando más que en su partido, de suerte que es difícil -comprender cuál comete mayor falta. Lleven los gibelinos, lleven a -cabo sus empresas bajo otra enseña; que mal sigue ésta a los que ponen -un obstáculo entre ella y la justicia; y que este nuevo Carlos no la -abata con sus güelfos, pues debe temer las garras que a más feroces -leones arrancaron la piel. Muchas veces han tenido que llorar los hijos -las faltas de los padres; y no se crea que Dios cambie sus armas por -las lises. Esta pequeña estrella está poblada de buenos espíritus, -que fueron activos en la Tierra, para dejar en ella memoria de su -honor y su fama; y cuando los deseos se elevan hacia tales objetos -desviándose del Cielo, es preciso que los rayos del verdadero amor se -eleven también con menos viveza; pero nuestra beatitud consiste en la -medida de las recompensas con nuestros méritos, porque no la vemos -mayor ni menor que éstos. La viva justicia endulza, pues, de tal modo -en nosotros el deseo, que nunca puede dirigirse éste a ninguna malicia. -Diversas voces despiden dulce armonía; así también los diversos grados -de gloria de nuestra vida producen una dulce armonía entre estas -esferas. Dentro de la presente margarita fulgura la luz de Romeo[116], -cuya hermosa y grande obra fué tan mal agradecida. Pero los Provenzales -que se declararon en contra suya no se han reído por mucho tiempo; -porque mal camina quien convierte en desgracia propia los beneficios -que ha recibido de otro. Raimundo Berenguer tuvo cuatro hijas; todas -fueron reinas, y esto lo hizo Romeo, persona humilde y errante -peregrino; pero después algunas palabras envidiosas movieron a aquél a -pedir cuentas a este justo, que le dió siete y cinco por diez, por lo -cual partió pobre y anciano; y si el mundo hubiera sabido cuál era su -corazón al mendigar pedazo a pedazo su vida, le ensalzaría más de lo -que ahora le ensalza. - - [112] Alude al combate de los Horacios y los Curiacios, en que - éstos fueron vencidos por aquéllos, quedando Alba sujeta al - dominio romano. - - [113] Cincinato. - - [114] Alude a la destrucción de Fiésole, ocasionada por haber - dado asilo esta ciudad a Catilina. En su lugar fué edificada - Florencia, donde nació Dante. - - [115] El emperador Tiberio. - - [116] Hombre de obscuro nacimiento, que al volver de su - peregrinación a Santiago de Galicia, llegó a Provenza y se - acomodó en casa del conde Raimundo Berenguer. Administrando - los bienes de éste, los acrecentó de tal modo que lo que valía - diez valió después doce, lo que fué causa de que cuatro hijas - del Conde se casaran con cuatro reyes. Romeo, malquistado con - Raimundo por algunos barones envidiosos, se separó de él, y - fué mendigando su vida. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO SEPTIMO_ - - -"Gloria a ti, Santo Dios de los Ejércitos, que esparces tu claridad -sobre los felices fuegos, esto es, sobre las almas dichosas de este -reino." Así oí que cantaba, volviéndose hacia su esfera, aquella -substancia, sobre la cual resplandece un doble fulgor. Ella y las otras -emprendieron su danza, y cual centellas velocísimas se me ocultaron con -su repentino alejamiento. Yo dudaba y decía entre mí: "Dile, dile a mi -Dama que calme mi sed con sus dulces palabras." Pero aquel respeto que -se apodera completamente de mí tan sólo al oír B o ICE,[117] me hacía -inclinar la cabeza como un hombre que dormita. Beatriz no consintió que -yo estuviese así mucho tiempo; e irradiando sobre mí una sonrisa que -haría feliz a un hombre en el fuego, empezó a decirme: - - [117] Bice, diminutivo de Beatriz. Significa que la reverencia - que le causaba sólo el oír pronunciar una sílaba de aquel - nombre, le tenía con la cabeza baja y sin atreverse a hablar. - ---Según mi parecer infalible, estás pensando cómo fué justamente -castigada la justa venganza; pero yo despejaré en breve tu espíritu: -escucha, pues, que mis palabras te ofrecerán el dón de una gran -verdad. Por no haber soportado un útil freno a su voluntad aquel hombre -que no nació[118], al condenarse, condenó a toda su descendencia; por -lo cual la especie humana yació enferma por muchos siglos en medio de -un grande error, hasta que el Verbo de Dios se dignó descender adonde, -por un sólo acto de su eterno amor, unió a sí en persona la naturaleza, -que se había alejado de su Hacedor. Ahora mira atentamente lo que -digo: Esta naturaleza unida a su Hacedor, tal cual fué creada, era -sincera y buena; pero por sí misma fué desterrada del Paraíso, porque -se salió del camino de la verdad y de su vida. La pena, pues, que la -Cruz hizo sufrir a la naturaleza humana de Jesucristo, si se mide por -esa misma naturaleza, fué más justa que otra cualquiera; pero tampoco -hubo otra tan injusta, si se atiende a la Persona divina que la sufrió, -y a la que estaba unida aquella naturaleza. Por lo tanto, aquel hecho -produjo efectos diferentes; porque la misma muerte fué grata a Dios -y a los Judíos; por ella tembló la Tierra, y por ella se abrió el -Cielo. No te debe ya parecer tan incomprensible cuando te digan que un -tribunal justo ha castigado una justa venganza. Mas ahora veo tu mente -comprimida, de idea en idea, en un nudo, del que espera con ansia verse -libre. Tú dices: "Comprendo bien lo que oigo; pero no veo bien por -qué Dios quisiera valerse de este medio para nuestra redención." Este -decreto, hermano, está velado a los ojos de todo aquel cuyo espíritu no -haya crecido en la llama de la caridad. Y en efecto, como se examina -mucho este punto, y se le comprende poco, te diré por qué fué elegido -aquel medio como el más digno. La divina bondad, que rechaza de sí todo -rencor, ardiendo en sí misma centellea de tal modo, que hace brotar -las bellezas eternas. Lo que procede inmediatamente de ella sin otra -cooperación no tiene fin; porque nada hace cambiar su sello una vez -impreso. Lo que sin cooperación procede de ella es completamente libre, -porque no está sujeto a la influencia de las cosas secundarias; y -cuanto más se le asemeja, más le place, pues el amor divino que irradia -sobre todo, se manifiesta con mayor brillo en lo que se le parece más. -La criatura humana disfruta la ventaja de todos estos dones; pero si le -falta uno solo, es preciso que decaiga su nobleza. Sólo el pecado es -el que le arrebata su libertad y su semejanza con el Sumo Bien; por lo -cual refleja muy poco su luz, y no vuelve a adquirir su dignidad, si no -llena de nuevo el vacío que dejó la culpa, expiando sus malos placeres -por medio de justas penas. Cuando vuestra naturaleza entera pecó en su -germen, se vió despojada de estas dignidades y lanzada del Paraíso, y -no hubiera podido recobrarlas (si lo examinas sutilmente) por ningún -camino, sin pasar por uno de estos vados: o porque Dios, en su bondad, -perdonara el pecado, o porque el hombre por sí mismo redimiera su -falta. Fija ahora tus miradas en el abismo del Consejo eterno, y está -tan atento como puedas a mis palabras. El hombre no podía jamás, en sus -límites naturales, dar satisfacción, por no poder después humillarse -con su obediencia tanto cuanto pretendió elevarse con su desobediencia; -y esta es la causa porque el hombre fué exceptuado de poder dar -satisfacción por sí mismo. Era preciso, pues, que Dios condujera al -hombre a la vida sempiterna por sus propias vías, bien por una, o bien -por ambas. Pero, como la obra es tanto más grata al obrero, cuanto más -representa la bondad del corazón de donde ha salido, la divina bondad, -que imprime al mundo su imagen, se regocijó de proceder por todas sus -vías para elevaros hasta ella. Entro el primer día y la última noche -no hubo ni habrá jamás un procedimiento tan sublime y magnífico, de -cualquier modo que se le considere; porque al entregarse Dios a sí -mismo, haciendo al hombre apto para levantarse de su caída, fué más -liberal que si le hubiese perdonado por su clemencia; y todos los demás -medios eran insuficientes ante la justicia, si el Hijo de Dios no se -hubiera humillado hasta encarnarse. Ahora, para colmar bien todos tus -deseos, vuelvo atrás, a fin de aclararte algún punto de modo que lo -veas como yo. Tú dices: "Yo veo el aire, veo el fuego, el agua, la -tierra y todas sus mezclas llegar a corromperse y durar poco; y estas -cosas, sin embargo, fueron creadas: ahora bien, si lo que has dicho -es cierto, deberían estar al abrigo de la corrupción." Los ángeles, -hermano, y el país libre y puro en que estás, pueden decirse creados -tales como son, en su eterno sér; pero los elementos que has nombrado, -y aquellas cosas que de ellos se componen, tienen su forma de una -potencia creada. Creada fué la materia de que están hechos: creada -fué la virtud generatriz de las formas en estas estrellas que giran -en torno suyo. El rayo y el movimiento de las santas luces sacan de -la complexión potencial el alma de todos los brutos y plantas; pero -vuestra vida aspira directamente la divina bondad, la cual la enamora -de sí de modo que siempre la desea. De aquí puedes deducir aún vuestra -resurrección, si reflexionas cómo fué creada la carne humana, cuando -fueron creados los primeros padres. - - [118] Adán. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO OCTAVO_ - - -Solía creer el mundo en su peligro, que de los rayos de la bella -Ciprina, que gira en el tercer epiciclo, emanaba el loco amor: por esto -las naciones antiguas, en su antiguo error, no solamente la honraban -por medio de sacrificios y de ruegos votivos, sino que también honraban -a Dione y a Cupido, a aquélla como madre, y a éste como hijo suyo, de -quien decían que estaba sentado en el regazo de Dido. Y de ésta que he -citado al empezar mi canto dieron nombre a la estrella que el Sol mira -placentero, ya contemplando sus pestañas, ya su cabellera[119]. - - [119] Ya cuando va tras de él y se llama Espero, ya cuando va - delante y se llama Lucífero, de cuya palabra hemos hecho los - españoles lucero. - -Yo no advertí mi ascensión a ella; pero me cercioré de que estaba en su -interior, cuando vi a mi Dama adquirir más hermosura. Y así como se ve -la chispa en la llama, y se distinguen dos voces entre sí, cuando la -una sostiene una nota y la otra ejecuta varias modulaciones, del mismo -modo vi en aquella luz otros resplandores que se movían en círculo -más o menos ágiles, con arreglo, según creo, a sus dichosas visiones -eternas. De fría nube no salieron jamás, visibles o invisibles, vientos -tan veloces, que no parecieran entorpecidos y lentos a quien hubiese -visto llegar hasta nosotros aquellos divinos fulgores, dejando la -órbita comenzada antes en el Cielo de los serafines. Y dentro de los -que se nos aparecieron delante resonaba "Hosanna," tan dulce que nunca -me ha abandonado el deseo de volverlo a oír. Entonces se acercó uno de -ellos a nosotros, y empezó a decir solo: - ---Todos estamos prontos en tu obsequio, para que te regocijes en -nosotros. Todos giramos con los príncipes celestiales dentro de la -misma órbita, con el mismo movimiento circular y con idéntico deseo que -aquellos de quienes has dicho ya en el mundo: "Vosotros que movéis el -tercer cielo con vuestra inteligencia"[120], y estamos tan llenos de -amor, que por agradarte, no nos será menos dulce un momento de reposo. - - [120] Así comienza una canción de Dante en el Convito. - -Después que mis ojos se fijaron reverentes en mi Dama, y que ella -les dió la seguridad de su contentamiento, los volví hacia la -resplandeciente alma que tanto se me había ofrecido, y: - ---Di, ¿quién fuiste?--fué mi respuesta, impregnada del mayor afecto. - -¡Oh, cuánto más brillante y bella se volvió cuando le hablé, a causa -del nuevo gozo que acrecentó sus alegrías! Embellecida de este modo, me -dijo: - ---Poco tiempo me tuvo allá abajo el mundo[121]: si yo hubiera -permanecido más en él, no habrían sucedido muchos de los males que -allí suceden. La alegría que despide en torno mío estos fulgores, me -cubre como al gusano su capullo, y me oculta a tus ojos. Tú me has -amado mucho, y tuviste motivo para ello; porque si yo hubiera estado -allá abajo más tiempo, te habría dado en prueba de mi amor algo más -que las hojas. Aquella ribera izquierda, que baña el Ródano después -de haberse unido con el Sorgues, me esperaba, andando el tiempo, para -recibirme por su señor; así como también aquella punta de la Ausonia -que comprende los pueblos de Bari, Gaeta y Crotona, desde donde el -Tronto y el Verde desembocan en el mar. Brillaba ya en mi frente la -corona de aquella tierra que riega el Danubio después de abandonar las -riberas tudescas; y la bella Trinacria, que entre los promontorios -Pachino y Peloro, sobre el golfo que el Euro azota con más violencia, -se cubre de humo caliginoso, no a causa de Tifeo, sino por el azufre -que se exhala de su suelo, habría esperado aún sus reyes nacidos por -mí de Carlos y de Rodolfo, si el mal gobierno que rebela siempre a -los pueblos sumisos, no hubiese excitado a Palermo a gritar: "¡Muera! -¡muera!" Y si mi hermano hubiera previsto esto, huiría ya la avara -pobreza de Cataluña para no ofender a aquellos pueblos. Necesita, en -verdad, proveer por sí mismo o por otros, a fin de que su barca no -tenga más carga de la que pueda soportar. Su índole, que de liberal se -ha hecho avara, necesitaría ministros que no se cuidasen sólo de llenar -sus arcas. - - [121] Esta es el alma de Carlos Martel, muerto en 1295, hijo - de Carlos II. - ---El gran contento que me infunden tus palabras, ¡oh señor mío!, me -es mucho más grato al considerar que aquí, donde está el principio y -el fin de todo bien, lo ves como yo lo veo; y también gozo pensando -que en presencia de Dios conoces mi felicidad. Ya que me has dado esta -alegría, aclárame (pues hablando me has hecho dudar) cómo de una -semilla dulce puede salir un fruto amargo. - -Esto le dije, y él me contestó: - ---Si puedo demostrarte una verdad, volverás el rostro a lo que -preguntas, como ahora le vuelves la espalda. El Bien que da movimiento -y alegría a todo el reino por donde asciendes, hace que su providencia -sea virtud influyente de estos grandes cuerpos; y en la Mente perfecta -por sí misma, no sólo se ha provisto a la naturaleza de cada cosa, sino -también a la conservación y estabilidad de todas juntas: por lo cual, -todo cuanto desciende disparando de este arco, va dispuesto hacia un -fin determinado, como la flecha se dirige al blanco. Si esto no fuese -así, el cielo sobre que caminas produciría sus efectos de tal modo, que -no serían obras de arte, sino ruinas; y eso no puede ser, a no admitir -que son defectuosas las inteligencias que mueven estos astros, y -defectuoso también el Sér primero, que no las hizo perfectas. ¿Quieres -que te aclare más esta verdad? - ---No es menester--contesté--; pues considero imposible que la -naturaleza llegue a faltar en aquello que es necesario. - -El Alma continuó: - ---Dime, pues: ¿sería peor la existencia del hombre en la Tierra, si no -viviera en sociedad? - ---Sí--repuse--; y no pregunto la razón de eso. - ---¿Y puede ser tal cosa, si allá abajo no vive cada cual de diferente -modo por la diversidad de oficios? No puede ser, si vuestro maestro -escribió la verdad. - -Así, procediendo de una en otra deducción, llegó a ésta; y después -concluyó: - ---Luego es preciso que sean diversas las raíces de vuestras aptitudes; -por lo cual uno nace Solón y otro Jerjes, uno Melquisedec y otro aquel -que perdió a su hijo, al volar éste por el aire.[122] La influencia -de los círculos celestes, que imprime su sello a la cera mortal, hace -bien su oficio; pero no distingue una morada de otra. De aquí proviene -que Esaú se aparte de Jacob desde el vientre materno, y que Quirino -descienda de un padre tan vil, que se atribuye su origen a Marte. La -naturaleza engendrada sería siempre semejante a la naturaleza que -engendra, si la Providencia divina no predominase. Ahora tienes ya -delante lo que antes detrás; mas para que sepas que me complazco en -instruirte, quiero proveerte aún de un corolario. La naturaleza es -siempre estéril, si la fortuna le es contraria, como toda simiente -esparcida fuera del clima que le conviene. Y si el mundo allá abajo -se apoyara en los cimientos que pone la naturaleza, habría por cierto -mejores habitantes en él; pero vosotros destináis para el templo al que -nació para ceñir la espada, y hacéis rey al que debía ser predicador: -así es que vuestros pasos se separan siempre del camino recto. - - [122] Uno nace, como Solón, a propósito para dar leyes a los - pueblos; otro, como Jerjes, para regir imperios; otro, como - Melquisedec, para el sacerdocio, y otro, como Dédalo, para - la industria.--Estas diferentes aptitudes con que nacen los - hombres las infunden los influjos celestes, según el poeta, - pero sin distinguir de clases ni de jerarquías. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO NONO_ - - -Cuando tu Carlos, hermosa Clemencia, hubo aclarado mis dudas, me -refirió los fraudes de que había de ser víctima su descendencia, pero -añadió: "Calla, y deja transcurrir los años." Así es que yo no puedo -decir más, sino que tras de vuestros daños vendrá el llanto originado -por un justo castigo. - -La santa y viva luz se había vuelto ya hacia el Sol que la inunda, como -hacia el bien que a todo alcanza. ¡Oh almas engañadas, locas e impías, -que apartáis vuestros corazones de semejante bien, dirigiendo hacia la -vanidad vuestros pensamientos! He aquí que otro de aquellos esplendores -se dirigió hacia mí, expresando, con la claridad que esparcía, su deseo -de complacerme. Los ojos de Beatriz, que estaban fijos en mí, como -antes, me aseguraron del dulce asentimiento que daba a mi deseo. - ---¡Oh espíritu bienaventurado!--dije--; satisface cuanto antes mi -anhelo, y pruébame que lo que pienso puede reflejarse en ti. - -Entonces la luz, a quien aún no conocía, desde su interior donde antes -cantaba, respondió a mis palabras como quien se complace en ser cortés -con otro: - ---En aquella parte de la depravada tierra de Italia que está situada -entre Rialto y las fuentes del Brenta y del Piava, se eleva una -colina no muy alta, de donde descendió una llamarada que causó un -gran desastre en toda la comarca. Ella y yo salimos de la misma raíz: -Cunizza fué llamada; y aquí brillo, porque me venció la luz de esta -estrella; pero con alegría me perdono a mí misma la causa de mi muerte, -y no me pesa, lo cual quizá parecerá difícil de comprender a vuestro -vulgo. Esta alma próxima a mí, que es una espléndida y preciosa joya de -nuestro cielo, dejó en la Tierra una gran fama; y antes que su gloria -se pierda, este centésimo año se quintuplicará. Ya ves si el hombre -debe hacerse ilustre a fin de que su primera vida deje sobre la tierra -una segunda. Esto es lo que no piensa la turba presente que habita -entre el Tagliamento y el Adigio, sin que le sirvan de escarmiento -los males de que es víctima. Pero pronto sucederá que Padua y sus -habitantes, por ser obstinados contra el deber, enrojecerán el agua de -la laguna que baña a Vicenza, y allí donde el Sile y el Cagnano se unen -hay quien domina y va con la cabeza erguida,[123] cuando ya se componen -las redes que han de cogerle. También llorará Feltro la felonía de su -impío pastor, que será tal, que ninguno por otra semejante ha sido -encerrado en Malta. Será necesario un recipiente muy ancho para recibir -la sangre ferraresa, y cansado quedará el que quiera pesar onza a onza -la que derramará tan cortés sacerdote por mostrarse hombre de partido, -siendo por otra parte tales dones conformes a las costumbres de tal -país. Allá arriba hay unos espejos, que vosotros llamáis Tronos, de -donde se reflejan hasta nosotros los juicios de Dios; así es que -tenemos por buenas y verídicas nuestras palabras. - - [123] Ricardo de Cammino, que fué muerto por instigación de - Altiniero del Calzoni. - -Al llegar aquí, el alma guardó silencio, y habiéndose vuelto a colocar -en la órbita como estaba anteriormente, me dió a conocer que no pensaba -ya en mí. La otra alma dichosa, a quien ya conocía, se me presentó tan -resplandeciente como una piedra preciosa herida por los rayos del Sol. -Allá arriba la alegría produce un vivo esplendor, como entre nosotros -produce la risa; pero en el Infierno la sombra de los condenados se -obscurece cada vez más, a medida que se entristece su espíritu. - ---Dios lo ve todo, y tu vista se identifica en El--exclamé--, ¡oh feliz -espíritu!, de suerte que ningún deseo puede ocultarse a ti. Así, pues, -¿por qué tu voz, que deleita siempre al Cielo con el canto de aquellas -llamas piadosas que se forman una ancha vestidura con sus seis alas, -no satisface mis deseos? No esperaría yo por cierto tus preguntas, si -viera en tu interior como tú ves en el mío. - -Entonces contestó con estas palabras: - ---El mayor valle en que se vierten las aguas, después de aquel mar que -circunda la Tierra, se aleja tanto contra el curso del Sol entre las -desacordes playas, que aquel círculo que antes era su horizonte se -convierte en meridiano. Yo fuí uno de los ribereños de aquel valle, -entre el Ebro y el Macra, que por un corto trecho separa el genovés -del toscano. Casi a la misma distancia a Oriente y Occidente se -asienta Bugia y la tierra de donde fuí, en cuyo puerto se vertió un -día la sangre de sus habitantes.[124] Folco me llamó aquella gente, -que conocía mi nombre, y este cielo recibe mi luz, como recibí yo su -influjo amoroso; pues en tanto que me lo permitió la edad, no ardieron -cual yo en aquel fuego la hija de Belo, causando enojos a Siqueo -y a Creusa; ni aquella Rodopea que fué abandonada por Demofón, ni -Alcides cuando tuvo a Iole encerrada en su pecho. Aquí empero no hay -arrepentimiento, sino regocijo; no de las culpas, que jamás vuelven a -la memoria, sino de la sabiduría que ordenó este cielo y provee sus -influjos. Aquí se contempla el arte que adorna y embellece tantas cosas -creadas, y se descubre el bien por el cual el mundo de arriba obra -directamente sobre el de abajo. Mas a fin de que queden satisfechos -todos los deseos que te han nacido en esta esfera, es preciso que lleve -más adelante mis instrucciones. Tú quieres saber quién está en esa -luz que centellea cerca de mí, como un rayo de Sol en el agua pura y -cristalina. Sabe, pues, que en su interior es dichosa Rahab, y unida -a nuestro coro, brilla en él con el esplendor más eminente. Ascendió -a este cielo, en el que termina la sombra que proyecta vuestro mundo, -antes que ninguna otra alma se viese libre por el triunfo de Cristo. -Era justo dejarla en algún cielo como trofeo de la alta victoria que El -alcanzó con ambas palmas; porque aquella mujer favoreció las primeras -hazañas de Josué en la Tierra Santa, que tan poco excita la memoria -del Papa. Tu ciudad, que debió su origen a aquel que fué el primero -en volver las espaldas a su Hacedor y cuya envidia ocasionó tantas -lágrimas, produce y esparce las malditas flores, que han descarriado a -las ovejas y los corderos, porque han convertido en lobo al pastor. Por -eso están abandonados el Evangelio y los grandes doctores, y tan sólo -se estudian las Decretales, según lo indica lo usado de sus márgenes. A -eso se dedican el Papa y los cardenales: sus pensamientos no llegan a -Nazareth, allí donde Gabriel abrió las alas; pero el Vaticano y demás -sitios elegidos de Roma, que han sido el cementerio de la milicia que -siguió a Pedro, pronto se verán libres del adulterio. - - [124] Se refiere al sitio de Marsella por Julio César. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMO_ - - -El inefable poder primero, juntamente con su hijo y con el amor -que de uno y otro eternamente procede, hizo con tanto orden todo -cuanto concibe la inteligencia y ven los ojos, que no es posible a -nadie contemplarlo sin gustar de sus bellezas. Eleva, pues, lector, -conmigo tus ojos hacia las altas esferas, por aquella parte en que un -movimiento se encuentra con otro, y empieza a recrearte en la obra de -aquel Maestro, que la ama tanto en su interior, que jamás separa de -ella sus miradas. Observa cómo desde allí se desvía el círculo oblicuo, -conductor de los planetas, para satisfacer al mundo que le llama. Y -si el camino de aquéllos no fuese inclinado, más de una influencia en -el cielo sería vana, y como muerta aquí abajo toda potencia. Y si al -girar se alejaran más o menos de la línea recta, dejaría mucho que -desear arriba y abajo el orden del mundo. Ahora, lector, permanece -tranquilo en tu asiento, meditando acerca de estas cosas que aquí sólo -se bosquejan, si quieres que te causen mayor deleite antes que tedio. -Te he puesto delante el alimento; tómalo ya por ti mismo, porque el -asunto de que escribo reclama para sí todos mis cuidados. - -El mayor ministro de la naturaleza, que imprime en el mundo la -virtud del Cielo y mide el tiempo con su luz, giraba, juntamente con -aquella parte de que te he hablado antes, por las espirales en que -cada día se nos presenta más temprano. Yo estaba en él, sin haber -notado mi ascensión, sino como nota el hombre una idea después que -se le ocurre. ¡Oh Beatriz! ¡Cuán esplendorosa no debía de estar por -sí misma, ella que de tal modo me hacía pasar de bien a mejor tan -súbitamente, que su acción no se sujetaba al transcurso del tiempo! -Lo que por dentro era el Sol, donde yo entraba, y lo que aparecía, -no por medio de colores, sino de luz, jamás pudiera imaginarse, aun -cuando para explicarlo llamase en mi auxilio el ingenio, el arte y -todos sus recursos; pero puede creérseme, y debe desearse verlo. Y -si nuestra fantasía no alcanza a tanta altura, no es maravilla; pues -nadie ha visto un resplandor que supere al del Sol. Como él era allí la -cuarta familia[125] del Padre Supremo, que siempre sacia sus deseos, -mostrándole cómo engendra al Hijo, y cómo procede el Espíritu. Y -Beatriz exclamó: - ---Da gracias, da gracias al Sol de los ángeles, que por su bondad te ha -elevado a este Sol sensible. - - [125] Brillantes como el Sol eran los bienaventurados que allí - estaban. Los llama cuarta familia, porque se le aparecen en - el cuarto cielo. Estos son las almas de los doctores de la - Iglesia. - -Jamás ha habido un corazón humano tan dispuesto a la devoción y a -entregarse a Dios tan vivamente con todo su agradecimiento, como el -mío al oír aquellas palabras; y puse en El de tal modo todo mi amor, -que Beatriz se eclipsó en el olvido. No le desagradó; antes por el -contrario, se sonrió; y el esplendor de sus ojos sonrientes dividió en -muchos mi pensamiento absorto en uno solo. Vi muchos espíritus vivos y -triunfantes, más gratos aún por su voz que relucientes a la vista, los -cuales, tomándonos por centro, nos formaron una corona de sí mismos. -No de otro modo vemos a veces a la hija de Latona rodeada de un cerco, -cuando el aire, impregnado de vapores, retiene las substancias de que -aquél se compone. En la corte del cielo, de donde vuelvo, se encuentran -muchas joyas, tan raras y bellas, que no es posible hallarlas fuera de -aquel reino; y una de estas joyas era el encanto de aquellos fulgores: -el que no se provea de alas para volar hasta allí, espere tener -noticias de aquel canto como si las preguntase a un mudo. - -Después que, cantando de esta suerte, aquellos ardientes soles dieron -tres vueltas en derredor nuestro, como las estrellas próximas a los -fijos polos, me parecieron semejantes a las mujeres, que, sin dejar -el baile, se detienen escuchando con atención, hasta que han conocido -cuáles son las nuevas notas. Y oí que del interior de una de aquellas -luces salían estas palabras: - ---Ya que el rayo de la gracia, en que se enciende el verdadero amor, -y que después crece amando, resplandece en ti tan multiplicado, que -te conduce hacia arriba por aquella escala de donde nadie desciende -sin volver a subir de nuevo, el que negase a tu sed el vino de su -redoma se vería en el mismo estado de violencia en que está el agua -impedida de correr hasta el mar. Tú quieres saber de qué flores se -compone esta guirnalda, que acaricia en torno a la hermosa Dama que -te da ánimo para subir al cielo. Yo fuí uno de los corderos del santo -rebaño que condujo Domingo por el camino en que el alma se fortifica -si no se extravía. Este, que está el más próximo a mi derecha, fué mi -maestro y mi hermano; es Alberto de Colonia, y yo Tomás de Aquino. -Si quieres saber quiénes son los demás, sigue mis palabras con tus -miradas, dando la vuelta a la bienaventurada corona. Aquel otro -esplendor brota de la sonrisa de Graciano, tan útil por sus escritos -a uno y otro fuero, que mereció el Paraíso. El otro que le sigue fué -Pedro,[126] que, como la pobre viuda, ofreció su tesoro a la Santa -Iglesia. La quinta luz,[127] que es la más bella entre nosotros, se -abrasa en tal amor, que todo el mundo tiene abajo sed de sus noticias. -Dentro de ella está el alto espíritu, donde se albergó tan profunda -sabiduría, que si la verdad es verdad, ninguno otro ascendió a tanto -saber. Después contempla la luz de aquel cirio, que ha sido el que -en vida vió mejor la naturaleza y el ministerio de los ángeles.[128] -En aquella diminuta luz sonríe el abogado de los tiempos cristianos, -cuya doctrina aprovechó Agustín.[129] Si diriges ahora la mirada de -tu entendimiento de luz en luz, siguiendo mis elogios, debes ya tener -sed de conocer la octava. Dentro de ella se recrea en la vista del -soberano Bien el alma santa que pone de manifiesto las falacias del -mundo a quien atentamente escucha sus doctrinas. El cuerpo de donde fué -separada yace en Cieldauro,[130] y desde el martirio y el destierro -ha venido a disfrutar de esta paz celestial. Ve más allá fulgurar el -ardiente espíritu de Isidoro, el de Beda y el de Ricardo,[131] que en -sus contemplaciones fué más que hombre. Esa, de quien se separa tu -mirada para fijarse en mí, es la luz de un espíritu que, considerando -tranquilamente la vanidad del mundo, deseó morir. Es la luz eterna de -Sigieri,[132] que ejerciendo el profesorado en la calle de la Paja, -excitó la envidia por sus verdaderos silogismos. - - [126] Pedro Lombardo, llamado el =Maestro de las sentencias=. - En el proemio de su obra dice modestamente que con ella hacía - un pequeño dón a la Iglesia, como la viuda de que habla San - Lucas, cap. XXI. - - [127] El rey Salomón. - - [128] San Dionisio Areopagita, autor de un libro titulado: =De - coelesti hierarchia=. - - [129] Paulo Orosio, que escribió contra los idólatras siete - libros de historia, y los dedicó a San Agustín. - - [130] Boecio, a quien hizo morir Teodorico, rey de los godos, - y que está sepultado en la iglesia de San Pedro llamada Cielo - de oro, en Pavía. - - [131] Canónigo regular de San Víctor, escocés. - - [132] Seguier, profesor de Filosofía y Ciencias, que enseñaba - en la rue du Fouarre, de París, donde estaban las escuelas. - -En seguida, como el reloj que nos llama a la hora en que la Esposa de -Dios principia a cantar maitines a su Esposo, a fin de que la ame, y -cuyas ruedas mueven unas a otras, y apresuran a la que va delante hasta -que ese oye "tin tin" con notas tan dulces, que el espíritu felizmente -dispuesto se inflama de amor; así vi yo en la gloriosa esfera moverse y -responder las voces a las voces con una armonía tan llena de dulzura, -que sólo puede conocerse allá donde la dicha se eterniza. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO UNDECIMO_ - - -¡Oh insensatos afanes de los mortales!, ¡cuán débiles son las razones -que os inducen a bajar el vuelo y a rozar la Tierra con vuestras -alas! Mientras unos se dedicaban al foro, y otros se entregaban a los -aforismos de la medicina; y éstos seguían el sacerdocio, y aquéllos -se esforzaban en reinar por la fuerza de las armas, haciendo creer -en su derecho por medio de sofismas; y algunos rodaban, y otros se -consagraban a los negocios civiles; y muchos se enervaban en los -placeres de la carne, y bastantes por fin se daban a la ociosidad, yo, -libre de todas estas cosas, había subido con Beatriz hasta el cielo, -donde tan gloriosamente fuí acogido. Después que cada uno de aquellos -espíritus hubo vuelto al punto del círculo en que antes estaba, tan -inmóvil como la bujía de un candelero, la luz[133] que me había hablado -anteriormente se hizo más esplendorosa y risueña, y dentro de ella oí -una voz que comenzó a decir de esta manera: - - [133] Santo Tomás de Aquino. - ---Así como yo me enciendo a los rayos de la luz eterna, del mismo -modo, mirándola, conozco la causa de donde proceden tus pensamientos. -Tú dudas, y quieres que mi boca emplee palabras tan claras y -ostensibles, que pongan al alcance de tu inteligencia las que pronuncié -antes cuando dije: "Camino en que el alma se fortifica;" y las otras: -"Ningún otro ascendió." En cuanto a éstas, es preciso hacer una -distinción. La Providencia, que gobierna al mundo con el consejo en -que se abisma la mirada de todo sér creado antes de penetrar en el -fondo, a fin de que la Esposa de Aquél, que con su bendita sangre -se unió a ella en altas voces, corriese hacia su amado segura de sí -misma y siéndole más fiel, envió en su ayuda dos príncipes, que para -entrambos objetos le sirvieran de guías. El uno fué todo seráfico en -su ardor; el otro, por su sabiduría, resplandeció en la Tierra con -la luz de los querubines.[134] Hablaré de uno solo; pues elogiando a -cualquiera de ellos indistintamente, se habla de los dos, porque sus -obras tendieron a un mismo fin. Entre el Tupino y el agua que desciende -del collado elegido por el beato Ubaldo, baja un fértil declive de un -alto monte, del cual Perusa siente venir el calor y el frío por la -parte de Porta Sole, y tras de cuyo monte lloran oprimidas Nocera y -Gualdo. En el sitio donde aquella pendiente es menos rápida, vino al -mundo un Sol, resplandeciendo como éste a veces cuando asoma sobre las -márgenes del Ganges. Quien hable de ese lugar, no le llame Asís, pues -diría muy poco: si quiere hablar con propiedad, llámele Oriente. Aun -no distaba mucho de su nacimiento, cuando aquel Sol comenzó a hacer -que la Tierra sintiese algún consuelo con su gran virtud; pues siendo -todavía muy joven, incurrió en la cólera de su padre por inclinarse -a una dama,[135] a quien, como a la muerte, nadie acoge con gusto; y -ante la corte espiritual "et coram patre" se unió a ella, amándola -después más y más cada día. Ella, privada de su primer marido,[136] -permaneció despreciada y obscura mil cien años y más, sin que nadie lo -solicitase hasta que vino éste. De nada le valió que se oyera decir -cómo aquel que hizo temer a todo el mundo la encontró alegre con -Amiclates, cuando llamó a su puerta: ni le valió haber sido constante -y animosa hasta el punto de ser crucificada con Cristo, mientras María -estaba al pie de la Cruz. Mas, para no continuar en un estilo demasiado -obscuro, reconoce en mis difusas palabras que estos dos amantes son -Francisco y la Pobreza. Su concordia y sus placenteros semblantes, su -amor maravilloso y sus dulces miradas inspiraban santos pensamientos -a otros; de tal modo que el venerable Bernardo fué el primero que se -descalzó para correr en pos de tanta paz, y aun corriendo le parecía -llegar tarde. ¡Oh riqueza ignorada! ¡Oh verdadero bien! Egidio se -descalza, se descalza también Silvestre por seguir al Esposo; tanto es -lo que les agrada la Esposa. Desde allí partió aquel padre y maestro -con su mujer y con aquella familia, ceñida ya del humilde cordón; y sin -que una vil cobardía le hiciese bajar la frente por ser hijo de Pedro -Bernardone, ni por su apariencia asombrosamente despreciable, manifestó -con gran dignidad sus rígidas intenciones a Inocencio, de quien recibió -la primera aprobación de su orden. Luego que fué aumentado en torno -suyo la pobre gente, cuya admirable vida se cantaría mejor entre las -glorias del Cielo, el Eterno Espíritu, valiéndose de Honorio, coronó -de nuevo el santo propósito de aquel archimandrita; y cuando éste, -sediento del martirio, predicó en presencia del soberbio Soldán la -doctrina de Cristo y de los que le siguieron, encontrando aquella gente -poco dispuesta a la conversión, para no permanecer inactivo, volvió a -recoger el fruto de las plantas de Italia. Sobre un áspero monte, entre -el Tíber y el Arno, recibió de Cristo el último sello, que sus miembros -llevaron durante dos años. Cuando plugo a Aquél que le había elegido -para tan gran tarea elevarle a la recompensa que mereció por haberse -humillado, recomendó a sus hermanos, como a herederos legítimos, el -cuidado de su más querida Esposa, y que la amaran con fe: y en el -seno de ella quiso el alma preclara desprenderse para volver a su -reino, sin permitir que a su cuerpo se le diese otra sepultura. Piensa -ahora cuál fué el digno colega de Francisco, encargado de mantener -la barca de Pedro en alta mar y dirigirla hacia su objeto: ese fué, -pues, nuestro patriarca; por lo cual, el que le sigue, según él manda, -puede decir que adquiere buena mercancía. Pero su rebaño se ha vuelto -tan codicioso de nuevo alimento, que no puede menos de esparcirse por -distintos prados; y cuanto más lejos de él van sus vagabundas ovejas, -más exhaustas de leche vuelven al redil. Algunas de ellas, temiendo -el peligro, se agrupan junto al pastor; pero son tan pocas, que no se -necesita mucho paño para sus capas. Así pues, si mis palabras no son -obscuras, si me has escuchado con atención, y si tu mente recuerda -lo que te he dicho, tu deseo debe estar en parte satisfecho; porque -habrás visto la causa de que la planta se desgaje, y comprenderás la -distinción que hice al decir: "Donde el alma se fortifica, si no se -extravía." - - [134] Los dos grandes jefes que debían guiar a la Iglesia, - el uno hacia la caridad por el espíritu de pobreza, el otro - a la mayor fidelidad por medio de la predicación, son, - respectivamente, San Francisco de Asís, modelo de amor - seráfico, y Santo Domingo, dotado de esplendor querúbico por - su sabiduría. - - [135] La Pobreza. - - [136] Jesucristo. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DUODECIMO_ - - -En cuanto la bendita llama hubo dicho su última palabra, empezó a girar -la santa rueda, y aún no había dado una vuelta entera, cuando otra la -encerró en un círculo, uniendo movimiento a movimiento y canto a canto: -y eran éstos tales que, articulados por los dulces órganos de aquellos -espíritus, sobrepujaban a los de nuestras Musas y nuestras Sirenas, -tanto como la luz directa supera a sus reflejos. Cual se ve a dos arcos -paralelos y del mismo color encorvarse sobre una ligera nube, cuando -Juno envía a su mensajera (naciendo el de fuera del de dentro, al modo -de la voz de aquella ninfa[137] que consumió el amor, como el Sol -consume los vapores), y cuyos arcos son un presagio para los hombres, -a causa del pacto que Dios hizo con Noé, de que el mundo no volverá -a sufrir otro diluvio, de igual suerte aquellas dos guirnaldas de -sempiternas rosas daban vueltas en torno de nosotros, correspondiendo -en todo la guirnalda exterior a la interior. Cuando cesaron simultánea -y unánimemente las danzas y los fulgurantes y mutuos destellos de -aquellas luces gozosas y placenteras, semejantes a los ojos que se -abren y se cierran al mismo tiempo, dóciles a la voluntad del que los -mueve, del seno de una de las nuevas luces salió una voz,[138] la cual -hizo que me volviese hacia donde estaba, como la aguja hacia el polo: -aquella voz empezó a decir: - - [137] La ninfa Eco, que enamorada de Narciso, se consumió, - quedando únicamente su voz. Entiéndase: naciendo el arco - exterior de la reflexión de los rayos del arco menor - concéntrico, lo mismo que el eco nace de la reflexión de la - voz. - - [138] San Buenaventura. - ---El amor que me embellece me obliga a tratar del otro jefe por quien -se habla tan bien del mío.[139] Es justo que donde se hace mención del -uno, se haga también del otro; pues habiendo militado ambos por una -misma causa, debe brillar su gloria juntamente. El ejército de Cristo, -al que tan caro costó armar de nuevo, seguía su enseña lento, receloso -y escaso, cuando el Emperador que siempre reina acudió en ayuda de -su milicia, que se hallaba en peligro, no porque ésta fuera digna de -ello, sino por un efecto de su gracia; y según se ha dicho, socorrió -a su Esposa con dos campeones, ante cuyas obras y palabras se reunió -el descarriado pueblo. En aquella parte donde el dulce céfiro acude a -hacer germinar las nuevas plantas de que se reviste Europa,[140] no -muy lejos de los embates de las olas, tras de las cuales, por su larga -extensión, el Sol se oculta a veces a todos los hombres, se asienta la -afortunada Calahorra, bajo la protección del grande escudo, en que el -león está subyugado y subyuga a su vez. En ella nació el apasionado -amante de la fe cristiana, el santo atleta, benigno para los suyos, y -cruel para sus enemigos. Apenas fué creada, su alma se llenó de virtud -tan viva, que en el seno mismo de su madre inspiró a ésta el dón de -profecía. Cuando se celebraron los esponsales entre él y la fe en la -sagrada pila, donde se dotaron de mutua salud, la mujer que dió por -él su asentimiento vió en sueños el admirable fruto que debía salir -de él y de sus herederos; y para que fuese más visible lo que ya era, -descendió del cielo un espíritu, y le dió el nombre de Aquél que le -poseía por completo. Domingo se llamó; y habló de él como del labrador -que Cristo escogió para que le ayudase a cultivar su huerto. Pareció -en efecto enviado y familiar de Cristo; porque el primer deseo que se -manifestó en él fué el de seguir el primer consejo de Cristo. Muchas -veces su nodriza lo encontró despierto y arrodillado en el suelo, como -diciendo: "He venido para esto." ¡Oh padre verdaderamente Feliz!, ¡oh -madre verdaderamente Juana!, si la interpretación de sus nombres es -la que se les da. En poco tiempo llegó a ser un gran doctor, no por -esa vanidad mundana por la que se afanan hoy todos tras del Ostiense -y de Tadeo, sino por amor hacia el verdadero maná; entonces se puso -a custodiar la viña que pierde en breve su verdura, si el viñador -es malo; y habiendo acudido a la Sede, que en otro tiempo fué más -benigna de lo que es ahora para los pobres justos, no por culpa suya, -sino del que en ella se sienta y la mancilla, no pidió la facultad de -dispensar dos o tres por seis; no pidió el primer beneficio vacante; -"non decimas, quæ sunt pauperum Dei;" sino que pidió licencia para -combatir los errores del mundo, y en defensa de la semilla de que -nacieron las veinticuatro plantas que te rodean. Después, con su -doctrina y su voluntad juntamente, corrió a desempeñar su misión -apostólica, cual torrente que se desprende de un elevado origen; y su -ímpetu atacó con más vigor los retoños de la herejía allí donde era -mayor la resistencia. De él salieron en breve varios arroyos, con los -que se regó el jardín católico, de modo que sus arbustos adquirieron -más vida. Si tal fué una de las ruedas del carro en que se defendió la -Santa Iglesia, venciendo en el campo las discordias civiles, bastante -debes conocer ya la excelencia de la otra rueda de que te ha hablado -Tomás con tantos elogios antes de mi llegada. Pero el carril trazado -por la parte superior de la circunferencia de esta última rueda está -abandonado, de suerte que ahora se halla el mal donde antes el bien. -La familia que seguía fielmente las huellas de Francisco ha cambiado -tanto su marcha, que pone la punta del pie donde él ponía los talones: -pero pronto verá la cosecha que ha producido tan mal cultivo, cuando -la cizaña se queje de que no se la lleve al granero. Convengo en que -quien examinase hoja por hoja nuestro libro aún encontraría una página -en que leería: "Yo soy el que acostumbro;" pero no procederá de Casale -ni Acquasparta, de donde vienen algunos que, o huyen el rigor de la -regla, o aumentan desmesuradamente su austeridad. Yo soy el alma de -Buenaventura de Bagnoregio, que en mis grandes cargos pospuse siempre -los cuidados temporales a los espirituales. Iluminato y Agustín están -aquí: éstos fueron de los primeros pobres descalzos que, llevando el -cordón, se hicieron amigos de Dios. Con ellos están Hugo de San Víctor, -y Pedro Mangiadore, y Pedro Hispano, el cual brilló allá abajo por -sus doce libros; el profeta Natán, y el metropolitano Crisóstomo, y -Anselmo, y aquel Donato que se dignó poner su mano en la primera de las -artes.[141] Aquí está también Rabano, y a mi lado brilla Joaquín, abad -de Calabria, que estuvo dotado de espíritu profético. He debido alabar -a aquel gran paladín de la Iglesia, por moverme a ello la ardiente -simpatía y las discretas palabras de fray Tomás, que, así como a mí, -han conmovido a todas estas almas. - - [139] Me obliga a ocuparme en Santo Domingo, por quien Santo - Tomás habló tan bien de mi jefe San Francisco. - - [140] En España. - - [141] La Gramática. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMOTERCIO_ - - -Quien deseare conocer bien lo que yo vi ahora, imagínese (y, mientras -hablo, retenga la imagen como si fuese esculpida en fuerte roca) las -quince estrellas, que en diversas regiones iluminan el cielo con tanta -viveza, que vencen toda la densidad del aire: imagínese aquel Carro, al -cual le basta el espacio de nuestro cielo para girar de noche y día, -sin desaparecer nunca de aquella bocina, que comienza en la punta del -eje en torno del cual se mueve la primera esfera; y piense que estas -estrellas forman juntas en el cielo dos signos semejantes al que formó -la hija de Minos cuando sintió el frío de la muerte:[142] figúrese uno -de ellos despidiendo sus resplandores dentro del otro, y ambos a dos -girando de manera que vayan en sentido inverso; y así tendrá como una -sombra de la verdadera constelación y de la doble danza que circulaba -en el sitio donde yo me encontraba; pues lo que vi es tan superior a -lo que acostumbramos a ver, como el lento curso del Chiana es inferior -al movimiento del más alto y veloz de los cielos. Allí se cantaba, -no a Baco ni Peán, sino a tres Personas en una Naturaleza Divina, y -ésta y la humana en una sola Persona. Tan luego como en las danzas -y los cantos invirtieron el debido tiempo, aquellas santas luces se -fijaron en nosotros, felicitándose de pasar de uno a otro cuidado. -Después rompió el silencio de los espíritus acordes la luz que me había -referido la admirable vida del Pobre de Dios, y dijo: - - [142] Imagine que estas veinticuatro estrellas formen en el - cielo dos constelaciones dispuestas en círculo, como aquella - corona en que al morir Ariadna, hija de Minos, hizo que se - convirtiera la guirnalda de flores que adornaba su cabeza. - ---Estando ya trillada una parte del trigo y guardado el grano, el -dulce amor que te profeso me invita a trillar la otra parte. Tú -crees que en el pecho de donde fué sacada la costilla para formar -la hermosa boca cuyo paladar costó caro a todo el mundo, y en aquel -otro que, atravesado de una lanzada, satisfizo tanto, que venció el -peso de toda culpa cometida antes y después, el gran poder creador -de uno y otro infundió cuanta ciencia es asequible a la naturaleza -humana: por esto te admiras de lo que dije antes, al manifestar que -el bienaventurado que está contenido en la quinta luz[143] fué sin -segundo. Abre, pues, los ojos de la inteligencia a lo que voy a -exponerte, y verás cómo tu creencia y mis palabras son con respecto a -la verdad como el centro es respecto de todos los puntos del círculo. -Lo que no muere, y lo que puede morir, no es más que un destello de -la idea que nuestro Señor engendra por efecto de su bondad; porque -aquella viva luz que sale del radiante Padre, y no se separa de él -ni del Amor que se interpone entre ambos, por un efecto de su bondad, -comunica su irradiación a nueve cielos, como transmitida de espejo en -espejo, pero permaneciendo una eternamente. De allí desciende hasta las -últimas potencias, disminuyendo de tal modo su fuerza por grados, que -últimamente sólo produce breves contingencias. Por estas contingencias -entiendo las cosas engendradas, que el Cielo en su movimiento produce -con germen o sin él. La materia de éstas, y la mano que le da forma, -no causan siempre los mismos efectos; por lo cual dichas cosas, que -llevan el sello de la idea divina, aparecen más o menos perfectas. -De aquí se sigue que una misma especie de árboles dé frutos buenos o -malos, y que vosotros nazcáis con diferente ingenio. Si la materia -fuese enteramente perfecta, y el Cielo estuviese también en su virtud -suprema, la luz de la idea divina se mostraría en todo su esplendor. -Pero la naturaleza da siempre una forma imperfecta, semejante en -sus obras al artista que domina prácticamente su arte, y cuya mano -tiembla. Si, pues, el ferviente amor dispone la materia, e imprime en -ella la clara luz del ideal divino, entonces las cosas contingentes -alcanzan la perfección. Así es como fué hecha la tierra digna de toda -perfección animal, y así es cómo concibió la Virgen. Por lo tanto, -apruebo tu opinión, porque la humana naturaleza no fué ni será jamás -lo que ha sido en esas dos personas. Pero si yo no siguiese ahora -adelante, empezarías por exclamar: "¿Cómo es, pues, que aquél no tuvo -igual?" Para que aparezca bien lo que ahora no aparece, piensa quién -era, y la razón que tuvo para pedir cuando se le dijo: "Pide." No he -hablado de modo que no hayas podido comprender que aquél fué un rey, -que pidió la sabiduría, a fin de ser un verdadero rey, y no por saber -cuál es el número de los motores celestiales; o si lo necesario con -lo contingente produce lo necesario; o bien "si est dare primum motum -esse," ni si en un semicírculo puede colocarse un triángulo que no -tenga un ángulo recto: así pues, si has comprendido bien lo que he -dicho y lo que digo, conocerás que la sabiduría real era la ciencia sin -par en que se clavaba la flecha de mi intención. Si claramente miras, -verás que la palabra "Ascendió" sólo hacía referencia a los reyes, -que son muchos, pero pocos los buenos. Acoge mis palabras con esta -distinción; y así podrás conservar tu creencia sobre el primer padre -y nuestro Amado. Esto debe hacerte andar siempre con pies de plomo, -para que, cual hombre cansado, los muevas lentamente hacia el sí y el -no que no distingues con claridad; pues necio es entre los necios el -que sin distinción afirma o niega, ya en uno, ya en otro caso; porque -acontece a menudo que una opinión precipitada se extravía, y después -el amor propio ofusca nuestro entendimiento. El que va en busca de la -verdad, sin conocer el arte de encontrarla, hace el viaje peor que en -vano, porque no vuelve tal como fué; de lo cual son en el mundo pruebas -ostensibles Parménides, Meliso, Briso y otros muchos que marchaban y -no sabían adónde. Así hicieron Sabelio y Arrio, y aquellos necios que -fueron como espadas para las Escrituras, torciendo el recto sentido de -sus palabras. Los hombres no deben aventurarse a juzgar, como hace el -que aprecia las mieses en el campo sin estar granadas; porque he visto -primero el zarzal áspero y punzante durante todo el invierno, y luego -cubrirse de rosas en su cima; y he visto a la nave surcar el mar recta -y veloz durante su viaje, y perecer a la entrada del puerto. No crean -doña Berta y seor Martino,[144] por haber visto a uno robando, y a otro -haciendo ofrendas, verlos del mismo modo en la mente de Dios, porque -aquél puede elevarse y éste caer. - - [143] El rey Salomón. - - [144] Nombres usados antiguamente para significar gentes de - poco cacúmen. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMOCUARTO_ - - -El agua contenida en un vaso redondo se mueve del centro a la -circunferencia o de ésta al centro, según que la agiten por dentro o -por fuera. Ocurrióseme de pronto esto que digo en cuanto calló el alma -gloriosa de Santo Tomás, por la semejanza que nacía de sus palabras y -de las de Beatriz, a quien plugo decir, después de aquél: - ---Este necesita, aunque no os lo indique ni con la voz ni con el -pensamiento, llegar a la raíz de otra verdad. Decidle si la luz con que -se adorna vuestra substancia permanecerá con vosotros eternamente tal -como es ahora; y si así es, decidle cómo podrá suceder que no os ofenda -la vista cuando os rehagáis visiblemente. - -Así como en un arranque de alegría los que dan vueltas danzando elevan -la voz y manifiestan en sus gestos su regocijo, del mismo modo, ante -aquel ruego piadoso y expresivo, los santos círculos demostraron nuevo -gozo en su danza y en su admirable canto. El que se lamenta de que -haya de morir aquí abajo para vivir después en el cielo, no ha visto -el placer que la lluvia eterna de la sacrosanta luz produce en los -bienaventurados. Aquel uno y dos y tres que vive siempre, y siempre -reina en tres y dos y uno, no circunscrito y circunscribiéndolo todo, -era cantado tres veces por cada uno de aquellos espíritus con tal -melodía, que oírlos sería justa recompensa para todo mérito. Yo oí en -la luz más resplandeciente del menor círculo una voz modesta,[145] -quizá como la del Angel al dirigirse a María que respondió: - - [145] La voz de Salomón, modesta como lo es la verdadera - sabiduría. - ---Mientras dure la fiesta del Paraíso, otro tanto tiempo irradiará -nuestro amor en torno de nuestra vestidura. Su claridad corresponde -al ardor que nos inflama; el ardor, a nuestras celestiales visiones; -y éstas son tanto más claras, cuanto mayor es la gracia que cada uno -tiene según su valor. Cuando nos revistamos de la carne gloriosa y -santa, nuestra persona será mucho más grata a Dios y a nosotros, porque -estará completa: entonces se aumentará lo que de su gratuita luz nos -da el Sumo Bien, luz que nos permite contemplarle; y entonces deberá -aumentarse también nuestra santa visión, el ardor que ésta produce y el -rayo que del ardor desciende; pero así como el carbón que origina la -llama la sobrepuja en deslumbrante blancura, de tal modo que aparece -en medio de ella, de igual suerte este fulgor que ya nos rodea, será -vencido en apariencia por la carne, que todavía está cubierta por la -tierra; y un esplendor tan grande no podrá ofendernos, porque los -órganos del cuerpo serán bastante fuertes para todo lo que pueda -deleitarnos. - -Uno y otro coro me parecieron tan prontos y unánimes en decir "Amén," -que manifestaron bien claramente el deseo de revestir sus cuerpos -mortales; no por ellos quizá, sino por sus madres, por sus padres, -y por los demás seres que les fueron queridos antes de convertirse -en sempiternas llamas. Y he aquí que en derredor de tales claridades -nació una nueva luz sobre la que allí había, semejante a un horizonte -luminoso; y así como al anochecer empiezan a entreverse en el Cielo -nuevas apariciones, que parecen ser y no ser, así me pareció empezar -a ver allí nuevas substancias. ¡Oh verdadero centelleo del Espíritu -Santo! ¡Cuán brillante se presentó de improviso a mis ojos que, -vencidos, no pudieron soportarlo! Pero se me mostró Beatriz tan bella y -sonriente, que a su aspecto hubo de quedar esta visión entre las demás -que no he podido retener en la memoria: entonces mis ojos recobraron -fuerzas para alzarse de nuevo, y me vi transportado a mayor gloria -sólo con mi Dama. Por el ígneo fulgor de la estrella, que me parecía -más rojo que de costumbre, eché de ver que había subido a un punto -más elevado; y con el lenguaje que es común a todos, de todo corazón -ofrecí a Dios el holocausto debido por esta nueva gracia. No se había -extinguido aún en mi pecho el ardor del sacrificio, cuando conocí que -éste había sido felizmente bien aceptado; pues se me aparecieron unos -resplandores tan deslumbrantes y rojos dentro de dos rayos luminosos, -que exclamé: "¡Oh Helios, cuánto los embelleces!" - -Salpicados de grandes y pequeños luminares, lo mismo de Galaxia, cuya -blancura extendida entre los polos del mundo hace dudar a los más -sabios, aquellos rayos formaban en el fondo de Marte el venerable signo -que produce la intersección de los cuadrantes en un círculo. Aquí el -ingenio es inferior a mi memoria; en aquella cruz resplandecía Cristo -de suerte, que no puedo encontrar una comparación digna; pero el que -toma su cruz y sigue a Cristo me perdonará una vez más lo que omito, -cuando vea centellear a Cristo en aquel albor. De uno a otro extremo de -los brazos de la cruz y de arriba abajo se agitaban luces, que lanzaban -vívidos destellos cada vez que se unían o pasaban más allá, tal como se -ven en la Tierra los átomos agitándose en línea recta o curva, ágiles -o lentos, cambiando sin cesar de aspecto, en el rayo de luz que corta -la sombra que el hombre, por medio de su inteligencia y de su arte, -se procura contra el Sol; y así como el laúd o el arpa forman con sus -numerosas cuerdas una dulce armonía, aun para el que no distingue -cada nota, del mismo modo aquellas luces que allí se me aparecieron -produjeron alrededor de la cruz una melodía, que me arrebataba a pesar -de no comprender el himno. Bien conocí que encerraba altas alabanzas, -porque llegaron hasta mí estas palabras: "Resucita y vence," pero como -el que oye sin entender. Y aquella melodía me arrobaba tanto, que hasta -entonces no hubo cosa alguna que me ligara con tan dulces vínculos. -Quizá parezcan demasiado atrevidas mis palabras, creyendo que pospongo -a otras delicias el placer de los bellos ojos, en cuya contemplación se -calman todos mis deseos; pero quien sepa que las vivas marcas de toda -belleza la imprimen mayor a medida que están más elevadas, y considere -que allí no me había vuelto aun hacia ellos, podrá excusarme de lo que -me acuso para excusarme, y conocerá que digo la verdad; pues el santo -placer de aquella mirada no está excluído aquí, supuesto que se hace -más puro a medida que nos elevamos. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMOQUINTO_ - - -La benigna voluntad, en la que se manifiesta siempre el amor cuyas -aspiraciones son rectas, como la codicia se manifiesta en la voluntad -inicua, impuso silencio a aquella dulce armonía e hizo reposar las -santas cuerdas que por la diestra de Dios están templadas. ¿Cómo se -habían de hacer sordas a súplicas justas aquellas substancias, que, -para infundirme el deseo de dirigirles alguna pregunta, estuvieron -acordes en callarse? Justo es que se lamente sin tregua el que, por -amor a cosas que no pueden durar eternamente, se desprende de aquel -amor. Como en noche serena discurre acá o allá por el cielo tranquilo -y puro un repentino fuego, atrayendo las miradas hasta entonces -indiferentes, y parecido a una estrella que cambia de sitio, sólo que -ninguna desaparece de la parte donde aquél se enciende y dura poco, así -desde el extremo del brazo derecho al pie de la cruz se corrió un astro -de la constelación que aquí resplandece;[146] pero el diamante no se -separó de su ángulo, sino que siguió la faja luminosa, asemejándose a -una luz que pasa por detrás del alabastro. No menos afectuosa que aquel -espíritu se mostró la sombra de Anquises cuando reconoció a su hijo en -los Campos Elíseos, si hemos de dar crédito a nuestro mayor Poeta. - - [146] El alma de Caociaguida, tatarabuelo del Poeta. - ---¡Oh sangre mía!, ¡oh superabundante gracia de Dios! ¿Quién, como tú, -ha visto abiertas dos veces ante sí las puertas del Cielo? - -Así dijo aquella luz; por lo cual fijé en ella toda mi atención: -después volví el rostro hacia mi Dama, y por una y otra parte quedé -asombrado; pues en sus ojos brillaba tal sonrisa, que creí llegar con -los míos al fondo de mi gracia y de mi Paraíso. Luego aquel espíritu, -al que era tan grato ver y oír, añadió a sus primeras palabras cosas -que no comprendí; tan profundos fueron sus conceptos: no porque fuese -su intento el ocultármelos, sino por necesidad a causa de ser éstos -superiores a la inteligencia de los mortales. Cuando el arco de su -ardiente afecto estuvo menos tirante para que sus palabras descendiesen -hasta el límite concedido a nuestra inteligencia, la primera cosa que -oí fué: - ---Bendito seas Tú, trino y uno, que tan propicio eres a mi descendencia. - -Y continuó diciendo: - ---Hijo mío: gracias a ésa que te ha revestido de plumas para emprender -tan alto vuelo, has satisfecho dentro de esta luz en que te hablo un -plácido y largo deseo de verte, originado en mí de haber leído tu -venida en el gran libro donde no se cambia jamás lo blanco en negro, -ni lo negro en blanco. Tú crees que tu pensamiento ha llegado hasta mí -por medio de aquel que es el primero, así como de la unidad, de todos -conocida, se forman el cinco y el seis; y por eso ni me preguntas -quién soy, ni por qué te parezco más gozoso que otro alguno de esta -alegre cohorte. Crees la verdad; porque, en esta vida, los espíritus -que disfrutan, así de mayor como de menor gloria, miran en el espejo -en que aparece el pensamiento antes de nacer. Pero a fin de que el -sagrado amor que observo con perpetua atención, y que excita en mí un -dulce deseo, se satisfaga mejor, manifiesta con voz segura, franca y -placentera, cuál es tu voluntad, cuál tu deseo, pues mi respuesta está -ya preparada. - -Yo me volví hacia Beatriz; y ella, que me había oído antes de que yo -hablara, se sonrió de un modo que hizo crecer las alas de mi deseo. -Después empecé de este modo: - ---Desde que se os patentizó la Igualdad primera, el afecto y la -inteligencia tienen un peso igual en cada uno de vosotros; porque en -ese Sol, que os ilumina y abrasa con su luz y su calor, son tan iguales -ambas virtudes, que toda semejanza es poca. Pero el entendimiento y -la voluntad de los mortales, por la razón que os es ya manifiesta, -vuelan con diferentes alas. Así es que yo, que soy mortal, me veo en -esta desigualdad, y únicamente puedo dar gracias con el corazón a tan -paternal acogida. Te suplico, pues, encarecidamente, ¡oh vivo topacio, -que enriqueces esa preciosa joya!, que me hagas sabedor de tu nombre. - ---¡Oh vástago mío, en quien me complacía mientras te esperaba! Yo fuí -tu raíz. - -De esta suerte dió principio a su respuesta. Después añadió: - ---Aquel de quien ha tomado su nombre tu prosapia, y que por espacio de -ciento y más años ha estado girando por el primer círculo del monte, -fué mi hijo y tu bisabuelo: bien necesita que con tus obras disminuyas -su prolongada fatiga. Florencia, dentro del antiguo recinto donde -oye sonar aún tercia y nona, estaba en paz, sobria y púdica. No tenía -gargantillas, ni coronas, ni mujeres ostentosamente calzadas, ni -cinturones más llamativos a la vista que la persona que los lleva. -Al nacer, no causaba miedo la hija al padre, porque la época del -matrimonio y el dote no habían salido aún de los límites regulares. No -estaban entonces las casas vacías de moradores; no había llegado aún -Sardanápalo a enseñar lo que se puede hacer en una cámara. Montemalo -no era aún vencido por Uccellatoio, el cual, así como le excede en -la subida, le excederá en la bajada. Yo he visto a Bellincion Berti -con cinturón de cuero y hebilla de hueso, y a su mujer separarse del -espejo sin colorete en el rostro: he visto a los de Nerli y a los -del Vecchio contentarse con ir cubiertos de una simple piel, y a sus -mujeres dedicadas a la rueca y al huso. ¡Oh afortunadas! Cada una de -ellas conocía el lugar donde había de ser sepultada, y ninguna se -había visto abandonada en el lecho por causa de Francia. La una velaba -su cuna, y para consolar a su hijo usaba el idioma que constituye la -primera alegría de los padres y de las madres: la otra, tirando de la -blanca cabellera de su rueca, charlaba con su familia de los troyanos, -y de Fiésole y de Roma. En aquellos tiempos se habría mirado como una -maravilla a una Cianghella y a un Lapo Salterello, como hoy causarían -asombro un Cincinato y una Cornelia. En medio de tanta calma, y de -tan hermosa vida por parte de todos y entre tan fieles conciudadanos, -me hizo nacer la Virgen María, llamada a grandes gritos, y en vuestro -antiguo Baptisterio fuí a un tiempo cristiano y Cacciaguida. Moronto -y Eliseo fueron mis hermanos; mi esposa procedía del valle del Po, y -de ella viene tu apellido. Después seguí al emperador Conrado, que me -concedió el título de caballero; tanto fué lo que le agradé por mis -buenas acciones. Tras él fuí contra la maldad de aquella ley, cuyo -pueblo usurpa vuestro dominio, por culpa del Pastor. Allí aquella torpe -raza me libró del mundo falaz, cuyo amor envilece tantas almas, y desde -el martirio llegué a esta paz. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMOSEXTO_ - - -¡Oh nobleza de la sangre! Aunque seas muy poca cosa, nunca me admiraré -de que hagas vanagloriarse de ti a la gente aquí abajo, donde nuestros -afectos languidecen; pues yo mismo, allá donde el apetito no se tuerce, -quiero decir, en el cielo, me vanaglorié de poseerte. A la verdad, -eres como un manto que se acorta en breve, de modo que si cada día -no se le añade algún pedazo, el tiempo lo va recortando en torno con -sus tijeras. Con el "vos," al que Roma fué la primera en someterse y -en cuyo empleo no han perseverado tanto sus descendientes, empezaron -esta vez mis palabras: por lo cual, Beatriz, que estaba algún tanto -apartada, sonrióse, pareciéndose a la que tosió cuando Ginebra cometió -la primera falta de que habla la crónica.[147] Yo empecé a decir: - - [147] Según cuenta la crónica de la Tabla redonda, la camarera - de la reina Ginebra tosió al notar el primer mal paso dado por - su señora, llevada del amor a Lanzarote. - ---Vos sois mi padre; vos me infundís aliento para hablar; vos me -enaltecéis de modo, que soy más que yo mismo. Por tantos arroyos se -inunda de alegría mi mente, que se goza en sí misma al considerar que -puede contener tanta sin que la abrume. Decidme, pues, ¡oh mi querido -antepasado!, quiénes fueron vuestros predecesores, y cuáles los años en -que comenzó vuestra infancia. Decidme lo que era entonces el rebaño de -San Juan, y cuáles las personas más dignas de elevados puestos. - -Como se aviva la llama del carbón al soplo del viento, así vi yo -resplandecer aquella luz ante mis afectuosas palabras; y si pareció más -bella a mis ojos, más dulce y suave fué también su acento cuando me -dijo, aunque no en nuestro moderno lenguaje: - ---Desde el día en que se dijo "Ave," hasta el parto en que mi madre, -que hoy es santa, se libró de mi peso, este Planeta fué a inflamarse -quinientas cincuenta y tres veces a los pies del León. Mis antepasados -y yo nacimos en aquel sitio donde primero encuentra el último distrito -el que corre en vuestros juegos anuales. Bástete saber esto con -respecto a mis mayores; lo que fueron o de dónde vinieron, es más -cuerdo callarlo que decirlo. Todos los que se encontraban entonces en -estado de llevar las armas, entre la estatua de Marte y el Baptisterio, -formaban la quinta parte de los que ahora viven allí; pero la -población, que es al presente una mezcla de gente de Campi, de Certaldo -y de Fighine, se veía pura hasta en el último artesano. ¡Oh!, ¡cuánto -mejor fuera tener por vecinas a aquellas gentes, y vuestras fronteras -en Galluzo y Trespiano, que no tenerlas dentro de vuestros muros, y -soportar la fetidez del villano de Aguglión y del de Signa, que tiene -ya los ojos muy abiertos para traficar! Si la gente que está más -degenerada en el mundo no hubiera sido una madrastra para César, sino -benigna como una madre para con su hijo, más de uno que se ha hecho -florentino, y cambia y trafica, se habría vuelto a Semifonti, donde -andaba su abuelo pordioseando: los Conti estarían aún en Montemurlo; -los Cerchi en la jurisdicción de Ancona, y quizá aun en Valdigrieve -los Buondelmonti. La confusión de las personas fué siempre el -principio de las desgracias de las ciudades, como la mescolanza de los -alimentos lo es de las del cuerpo; pues un toro ciego cae más pronto -que un cordero ciego; y muchas veces corta más y mejor una espada -que cinco. Si consideras cómo han desaparecido Luni y Urbisaglia, y -cómo siguen sus huellas Chiusi y Sinigaglia, no te parecerá una cosa -difícil de creer el oír cómo se deshacen las familias, puesto que las -ciudades mismas tienen un término. Todas vuestras cosas mueren como -vosotros; pero se os oculta la muerte de algunas que duran mucho, -porque vuestra vida es muy corta; y así como los giros del cielo de -la Luna cubren y descubren sin tregua las orillas del mar, lo mismo -hace con Florencia la Fortuna: por lo cual no debe asombrarte lo que -voy a decir con respecto a los primeros florentinos, cuya fama está -envuelta en la obscuridad de los tiempos. He visto ya en decadencia -los Ughi, los Catellini, Filippi, Greci, Ormanni y Alberichi, todos -ilustres caballeros; he visto también con los de la Sannella a los -del Arca y a los Soldanieri, los Ardinghi y los Bostichi, tan grandes -como antiguos. Sobre la puerta, cargada al presente con una felonía de -tan gran peso, que en breve hará zozobrar vuestra barca, estaban los -Ravignani, de quienes descienden el conde Guido, y los que han tomado -después el nombre del gran Bellincion. El primogénito de la familia de -la Pressa conocía el arte de gobernar bien, y en casa de Galigaio se -veían ya los distintivos de la nobleza, que consistían en usar dorados -la guarnición y el pomo de la espada. Grande era ya la columna de la -Comadreja, e ilustres los Cacchetti, Giuochi, Fifanti, Baruci y Galli, -y los que se avergüenzan al recuerdo de la medida. El tronco de que -nacieron los Calfucci era ya grande, y ya habían sido promovidos a las -sillas curules los Sizii y los Arrigucci. ¡Oh! ¡cuán fuertes he visto a -aquéllos, que han sido destruídos por su soberbia! Y sin embargo, las -bolas de oro[148] con sus altos hechos hacían florecer a Florencia; -así como también los padres de aquellos que siempre que está vacante -vuestra iglesia engordan mientras se hallan reunidos en consistorio. La -presuntuosa familia[149] que persigue como un dragón al que huye, y se -humilla como un cordero ante el que le enseña los dientes o la bolsa, -venía ya engrandeciéndose; pero su origen era bajo: por esto no agradó -a Ubertino Donato que su suegro le hiciera emparentar con ella. Los -Caponsacco habían descendido ya de Fiésole, y habitaban en el Mercado, -y ya Giuda e Infangato eran buenos ciudadanos. Voy a decirte una cosa -increíble y verdadera: en el pequeño círculo que formaba la ciudad, se -entraba por una puerta que debía su nombre a la familia de la Pera. -Todos los que llevan las bellas insignias del gran Barón, cuyo nombre -y cuya gloria se renuevan en la fiesta de Santo Tomás, recibieron -de él sus títulos de caballero y sus privilegios; si bien hoy se ha -colocado en el partido del pueblo aquel que rodea sus insignias de un -círculo de oro. Ya los Gualterotti y los Importuni vivían tranquilos -en el Borgo, y más lo habrían estado sin nuevos vecinos. La casa de -que ha nacido vuestro llanto, por el justo rencor que os ha destruído -y dado fin a vuestra agradable vida, era honrada con todos los suyos. -¡Oh Buondelmonte!, ¡cuán mal hiciste en no aliarte con ella por medio -del matrimonio para consuelo de los demás! Muchos de los que hoy están -tristes estarían alegres, si Dios te hubiese entregado a Ema la primera -vez que viniste a la ciudad. Pero era preciso que ante aquella piedra -rota que guarda el puente sacrificara Florencia una víctima en sus -últimos días de paz. Con tales familias y con otras muchas he visto a -Florencia en medio de tan gran reposo, que no tenía motivo para llorar. -Con estas familias he visto a su pueblo tan glorioso y justo, que jamás -el lirio fué llevado al revés en la lanza, ni se había vuelto aún rojo -a causa de las discordias. - - [148] Los Umberti y los Lamberti, que en sus armas tenían - bolas de oro. - - [149] Los Adimari, uno de los cuales perjudicó mucho a Dante. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMOSEPTIMO_ - - -Estaba yo afanoso como aquel cuyo ejemplo hace que los padres sean -un poco condescendientes con sus hijos, cuando acudió a Climene para -cerciorarse de lo que acerca de él había oído; y bien lo conocían -Beatriz y aquella luz que por mí había cambiado antes de sitio; por lo -cual me dijo mi Dama: - ---Exhala el ardor de tu deseo de tal modo que salga bien expresado con -la fuerza que lo sientes; no para que nosotros lo conozcamos mejor por -tus palabras, sino para que te atrevas a manifestar tu sed, a fin de -que otros te den de beber. - ---¡Oh mi querida planta, que te elevas tanto, que mirando al punto -a quien todos los tiempos son presentes, ves las cosas contingentes -antes de que sean en sí, como ven las inteligencias terrestres que dos -ángulos obtusos no pueden caber en un triángulo! Mientras acompañado -de Virgilio subía yo por el monte donde se curan las almas, y cuando -bajaba por el mundo de los muertos, se me dijeron palabras graves -acerca de mi vida futura; y aunque me considere como un tetrágono ante -los golpes de la desgracia, quisiera saber cuál es la suerte que me -está reservada; pues el dardo previsto hiere con menos fuerza. - -Así dije a la misma luz que me había hablado antes, manifestando mi -deseo como lo quiso Beatriz. Aquel amoroso progenitor mío, encerrado y -patente a un mismo tiempo en su esplendor risueño, me contestó, no en -los términos ambiguos con que eran engañados los necios gentiles antes -de que fuese inmolado el Cordero de Dios que redimió los pecados, sino -con palabras claras y en latín correcto: - ---Las contingencias a cuyo conocimiento no alcanzan los límites de -vuestra materia, están todas presentes a la vista de Dios. De aquí -no se infiere, sin embargo, su necesidad, sino como es preciso que -se pinte en los ojos de quien la mira, la nave que desciende por una -corriente. Desde la mente divina llega a mi vista, como a los oídos la -dulce armonía del órgano, el tiempo que para ti se prepara. Del mismo -modo que Hipólito partió de Atenas por la crueldad y perfidia de su -madrastra, tendrás que salir de Florencia. Esto es lo que se quiere, y -lo que se busca y pronto será hecho por los que lo meditan allá donde -diariamente se vende a Cristo. Las culpas caerán sobre los vencidos, -como es costumbre; pero el castigo dará testimonio de la verdad, que -lo envía al que lo merece. Tú abandonarás todas las cosas que más -entrañablemente amas, y este es el primer dardo que arroja el arco del -destierro. Tú probarás cuán amargo es el pan ajeno, y cuán duro camino -el que conduce a subir y bajar las escaleras de otros. Y lo que más -gravará tus espaldas será la compañía estúpida y malvada con la cual -caerás en este valle; porque ingrata, loca e impía, se revolverá contra -tí; si bien poco después, ella y no tú, verá destrozada su frente. -Su conducta probará su bestialidad, de suerte que para ti será más -laudable haberte separado completamente de ella. Tu primer refugio y -tu primer albergue serán la cortesía del Gran Lombardo, que sobre la -escala lleva el ave santa,[150] el cual te mirará tan benignamente, que -entre ambos el dar precederá al pedir, al contrario de lo que sucede -entre los demás. Sí, verás a aquel que al nacer fué tan inspirado por -esta fuerte estrella, que sus hechos serán siempre admirados. Los -pueblos no han reparado en él aún a causa de su corta edad, pues sólo -hace nueve años que giran en derredor suyo estas esferas. Pero antes de -que el Gascón engañe al gran Enrique,[151] aparecerán los destellos de -su virtud en su desprecio al dinero y a las fatigas. Sus magnificencias -serán tan conocidas, que ni aun sus mismos enemigos podrán dejar de -referirlas. Espera en él y en sus beneficios; por él muchos hombres -serán transformados, y los ricos y los pobres cambiarán de condición. -Lleva grabado en tu mente cuanto te predigo acerca de él; pero no lo -manifiestes a nadie. - - [150] Can el Grande, señor de Verona. - - [151] El papa Clemente V, de Gascuña, después de haber - promovido al imperio a Enrique VII, favoreció a sus enemigos. - -Y me refirió después cosas, que parecerán increíbles aun a aquellos que -las presencien. Después añadió: - ---Hijo mío, tales son las interpretaciones de lo que se te ha dicho; -tales las asechanzas que se te ocultarán por pocos años. No quiero, sin -embargo, que odies a tus conciudadanos; pues tu vida se prolongará más -aún de lo que tarde el castigo de su perfidia. - -Cuando, por su silencio, demostró el alma santa que había concluído de -poner la trama en la tela que le presenté urdida, empecé a decir, como -el que en sus dudas desea el consejo de una persona entendida, recta y -amante: - ---Bien veo, padre mío, cómo corre el tiempo hacia mí para darme uno de -esos golpes, tanto más graves, cuanto más desprevenido se vive; por lo -cual es bueno que me arme de previsión, a fin de que, si se me priva -del lugar que más quiero, no pierda los demás por causa de mis versos. -Allá abajo, en el mundo eternamente amargo, y en el monte desde cuya -hermosa cumbre me elevaron los ojos de mi Dama, y después en el cielo, -de luz en luz, he oído cosas, que si las repitiera, serían para muchos -de un sabor desagradable; y si soy cobarde amigo de la verdad, temo -perder la fama entre los que llamarán a este tiempo el tiempo antiguo. - -La luz en que sonreía el tesoro que yo había encontrado allí, empezó -por brillar como un espejo de oro a los rayos del Sol, y después -respondió: - ---Sólo una conciencia manchada por su propia vergüenza o por la ajena -encontrará aspereza en tus palabras: no obstante esto, aparte de ti -toda mentira manifiesta por completo tu visión, y deja que se rasque -el que tenga sarna; pues si tu voz es desagradable al gustarla por -primera vez, dejará un alimento vivificante cuando sea digerida. Tu -grito hará lo que el viento, que azota más las más elevadas cumbres, lo -cual no será una pequeña prueba de honor. Por eso tan sólo se te han -mostrado en estas esferas, en el monte y en el doloroso valle las almas -que han gozado de cierto renombre; porque el ánimo del que escucha no -fija su atención ni presta fe a ejemplos sacados de una raíz oculta y -desconocida, ni a otras cosas que no se manifiesten claramente. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMOCTAVO_ - - -Aquel espíritu bienaventurado se recreaba ya en sus reflexiones, y yo -saboreaba las mías, atemperando lo amargo con lo dulce, cuando la Dama -que me conducía hasta Dios me dijo: - ---Cambia de ideas; piensa que yo estoy al lado de Aquél que alivia -todas las contrariedades. - -Yo me volví hacia la voz amorosa de mi consuelo, y desisto de expresar -cuál fué el amor que vi entonces en sus santos ojos; no sólo porque -desconfíe de mis palabras, sino porque la mente no puede repetir lo -que es superior a ella, si otro poder no le ayuda. Sólo puedo decir -con respecto a este punto que, contemplándola, mi ánimo se vió libre -de todo otro deseo: pues el placer eterno, que irradiaba directamente -sobre Beatriz, me hacía dichoso al verlo reflejado en su hermoso -rostro. Pero ella, desviándome de esta contemplación con la luz de una -sonrisa, me dijo: - ---Vuélvete y escucha; que no está solamente en mis ojos el paraíso. - -Así como algunas veces se ve la pasión en la fisonomía, si aquélla -es tanta que el alma entera le está sometida, del mismo modo en los -destellos del fulgor santo, hacia el cual me volví, conocí el deseo de -continuar nuestra plática. Y en efecto, empezó diciendo: - ---En esta quinta rama del árbol que recibe la vida por la copa, y -fructifica siempre y nunca pierde sus hojas, son bienaventurados los -espíritus que allá abajo, antes de venir al cielo, alcanzaron tan gran -renombre, que toda musa se enriquecería con sus acciones: mira los -brazos de la cruz, y los que te iré nombrando harán en ellos lo que el -relámpago en la nube. - -Apenas nombró a Josué, vi pasar un fulgor por la cruz, y el oír -pronunciar aquel nombre y ver deslizarse su resplandor fué todo uno. Al -nombre del Gran Macabeo, vi moverse otra luz dando vueltas a causa de -su alegría. Del mismo modo, a los nombres de Carlo-Magno y de Orlando, -mi atenta mirada siguió a dos luces, como sigue la vista el vuelo -del halcón. Después pasaron ante mis ojos por aquella cruz Guillermo -y Rinoardo, el duque Godofredo y Roberto Guiscardo. En seguida, el -alma que me había hablado se movió del mismo modo y se reunió a los -anteriores, demostrándome lo artista que era entre los cantores del -cielo. - -Volvíme hacia la derecha para conocer en Beatriz lo que debía hacer, -bien por sus palabras o por sus ademanes; y vi sus ojos tan serenos, -tan gozosos, que su rostro sobrepujaba a todos los otros, y hasta a -su anterior aspecto. Y así como el hombre que obra bien, por el mayor -placer que siente, advierte de día en día el aumento de su virtud, así -yo, viendo más resplandeciente aquel milagro de belleza, reparé que se -había hecho más extenso el círculo de mi rotación juntamente con el -cielo; y en breve espacio de tiempo que muda de color el rostro de una -doncella cuando depone el peso de la vergüenza, presentóse a mis ojos, -al volverme, una transmutación semejante, por efecto de la blancura -de la sexta y templada estrella, que me había recibido en su interior. -Yo vi en aquella antorcha de Jove los destellos del amor que en ella -existía, representando a mis ojos nuestro alfabeto; y así como las aves -que se elevan sobre un río, regocijándose al llegar al sitio donde -encuentran su alimento, forman a veces una hilera circular, y otras -veces la prolongan, de igual suerte revoloteaban cantando las santas -criaturas dentro de aquellas luces, y describiendo D, I o L con sus -movimientos.[152] Primeramente ajustaban su baile al canto; después, -representando uno de aquellos caracteres, se detenían un momento y -guardaban silencio. - - [152] Son las tres primeras letras de la palabra Diligite de - la frase: Diligite justitiam qui judicatis terram; que se lee - en la Sagrada Escritura. - -¡Oh divina Pegásea,[153] que glorificas y prolongas la vida de los -ingenios, haciendo que perpetúen la memoria de las ciudades y de los -reinos! Ilumíname a fin de que describa sus figuras tales cuales las he -visto, y de que aparezca tu poder en estos cortos versos. - - [153] La musa Calíope. - -Las luces formaron, pues, cinco veces siete vocales y consonantes, y -yo observé aquellas figuras conforme me fueron apareciendo. "Diligite -justitiam" fué el primer verbo y el primer nombre que representaron; -"qui judicatis terram" fueron las últimas palabras. Después, en la M -del quinto vocablo se quedaron formadas de modo que la estrella de -Júpiter en aquel punto parecía de plata moteada de oro. Entonces vi -descender otras luces sobre la parte superior de la M y detenerse allí -cantando, según creo, el bien que hacia sí las atrae. Después, así como -del choque de dos tizones ardientes salen innumerables chispas, de -donde los necios deducen augurios, parecióme que se elevaban más de -mil luces, remontándose unas más y otras menos, según las distribuye el -Sol que las enciende; y cuando cada cual quedó fijo en su puesto, vi -que aquellas luces formaban distintamente la cabeza y el cuello de un -águila. Aquel que pinta esto no tiene quien le guíe, antes bien él guía -todas las cosas, y de él procede esa virtud que mueve a los animales -a dar una forma apropiada a sus nidos. Los demás bienaventurados, que -anteriormente parecían contentarse con formar sobre la M una corona de -lises, por medio de un pequeño movimiento concluyeron la figura del -águila. - ---¡Oh dulce estrella!, ¡cuántas y qué resplandecientes almas me -demostraron allí que nuestra justicia es un efecto del cielo que tú -adornas! Por eso suplico a la Mente, principio de tu movimiento y de -tu fuerza, que repare de dónde sale el humo que obscurece tus rayos, a -fin de que se irrite otra vez contra los compradores y vendedores del -templo que se fortificó con los milagros y la sangre de los mártires. -¡Oh milicia celestial a quien contemplo! Ruega por los que existen en -la Tierra extraviados por el mal ejemplo. Era ya antigua costumbre -hacer la guerra con la espada; hoy se hace arrebatando por doquiera -el pan que a nadie niega nuestro piadoso Padre. Pero tú, que escribes -solamente para borrar, piensa que aún están vivos Pedro y Pablo, los -cuales murieron por la viña que de tal modo echas a perder. Con razón -puedes decir: "Tengo tan fijos mis deseos en aquél que quiso vivir -solo, y que a consecuencia de un baile fué arrastrado al martirio,[154] -que no conozco al Pescador ni a Pablo." - - [154] San Juan Bautista. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO DECIMONONO_ - - -Ante mi aparecía, con las alas abiertas, la bella imagen que en su -dulce fruición hacía dichosas a las almas reunidas. Cada una de éstas -parecía un pequeño rubí, en el que brillaba tan encendido un rayo -de Sol, que reflejaba a mis ojos la imagen del mismo Sol. Y lo que -necesito describir ahora no lo anunció la voz jamás, ni lo escribió la -tinta, ni lo concibió la imaginación. Porque vi, y aun oí hablar al -pico del águila y decir con su voz "Yo" y "Mio," cuando su intención -era decir: "Nos" y "Nuestro." Y empezó así: - ---Por haber sido justo y piadoso estoy aquí exaltado hasta esta gloria, -que no se deja vencer por el deseo; y en la Tierra dejé tal memoria de -mí, que los hombres más perversos la recomiendan, pero no siguen su -ejemplo. - -Así como de muchas brasas sale un solo calor, así también de aquella -imagen, formada por muchos amores, salía una sola voz. Entonces -respondí: - ---¡Oh perpetuas flores de la dicha eterna, que como un solo perfume me -hacéis sentir todos vuestros aromas! Poned fin con vuestras palabras -al gran ayuno que me ha tenido hambriento durante largo tiempo, por -no encontrar en la Tierra alimento alguno. Bien sé que, si la justicia -divina se refleja en otras esferas como en un espejo, en la vuestra no -se ve a través de un velo. Sabéis cuán atento me preparo a escucharos; -sabéis también cuál es aquella duda que para mí se convierte en tan -antiguo ayuno. - -Así como el halcón a quien quitan la caperuza mueve la cabeza, y bate -las alas en señal de contento, demostrando sus deseos e irguiéndose con -gallardía, lo mismo ví hacer al águila que estaba formada de alabanzas -de la divina Gracia, las cuales cantaban como sabe cantar el que se -deleita allá arriba. Después comenzó de esta suerte: - ---Aquel que abarcó con su compás hasta las extremidades del mundo, y -encerró en su abertura tantas cosas ocultas y manifiestas, no pudo -dejar sobre todo el universo una huella tan profunda de su poder, -que su entendimiento no fuese infinitamente superior al de todos los -entendimientos creados, como lo prueba el que el primer soberbio, que -era la criatura más excelente, por no esperar la luz de la gracia -divina, cayó del Cielo antes de ser confirmado en ella. De aquí resulta -que las criaturas menos perfectas que aquélla son pequeños receptáculos -para contener aquel bien sin fin, único que puede medirse a sí mismo. -Aun nuestra vista, que es casi un rayo de la mente divina de que están -llenas todas las cosas, no puede, por su naturaleza, ser tan penetrante -que discierna su principio sino bajo una apariencia muy lejana de la -verdad. La vista que recibe vuestro mundo sólo penetra en la justicia -sempiterna como el ojo se interna en el mar; que aunque vea el fondo -cerca de la orilla, no lo ve en el inmenso piélago; y sin embargo, el -fondo existe, pero su profundidad misma lo oculta. No existe luz si -no procede del Sér tranquilo que no se turba nunca; fuera de él no -hay más que tinieblas, o sombras de la carne o su veneno. Bastante -he descorrido el velo que te ocultaba la viva justicia, sobre la que -hacías tan frecuentes preguntas, pues tú decías: "Un hombre nace en -la orilla del Indo, y allí no hay quien hable de Cristo, ni quien lea -o escriba con respecto a él; todas sus acciones y deseos son buenos, -y en cuanto puede ver la razón humana, no ha pecado ni en obras ni en -palabras: si muere sin bautismo y sin fe, ¿dónde está la justicia que -le condena? ¿Dónde su falta, si no cree?" Ahora bien: ¿quién eres tú, -que quieres tomar asiento en el tribunal para juzgar a mil millas de -distancia con un palmo de vista? En verdad que quien hablando conmigo -sutiliza por ver los rayos de la justicia divina, tendría razón para -dudar de su rectitud, si no estuviese sobre vosotros la Escritura. ¡Oh -animales terrestres!, ¡oh inteligencias burdas! La primera voluntad, -que es buena por sí misma, que es el Sumo Bien, no se ha separado jamás -de sí misma. Solamente es justo lo que a ella se conforma; ningún bien -creado la atrae; pero ella produce este bien con sus rayos. - -Cual cigüeña que se revuelve sobre el nido, después de haber alimentado -a sus hijos, y así como uno de éstos, ya alimentado, la mira, del mismo -modo empezó la bella imagen a agitarse sobre mí, e igualmente elevé mis -ojos hacia ella, que movía sus alas, impelidas por tantos espíritus. -Al dar vueltas, cantaba y decía: "Mis notas son tan incomprensibles -para tí, como el juicio eterno para vosotros los mortales." Luego -que aquellos refulgentes ardores del Espíritu Santo se detuvieron, -sin dejar de formar el signo que hizo a los Romanos temibles en el -mundo,[155] el mismo signo continuó diciendo: - - [155] El águila. - ---A este reino no ha subido jamás quien no creyó en Cristo, ni antes -ni después de que éste fuera enclavado en el santo leño: pero mira; -muchos que exclaman "Cristo, Cristo," estarán menos próximos a él en -el día del juicio, que algunos de los que no han conocido a Cristo; y -a tales cristianos causará vergüenza el Etíope, cuando se dividan los -dos colegios, uno enteramente rico, y otro miserable. ¿Qué no podrán -decir los Persas a vuestros reyes, cuando vean abierto aquel volumen -en el que se escriben todos sus desprecios? Allí se verá, entre las -obras de Alberto, la que en breve agitará la pluma, y por la cual -quedará desierto el reino de Praga. Allí se verá el daño que ocasiona -junto al Sena, falsificando la moneda, el que morirá herido por un -jabalí.[156] Allí se verá la insaciable soberbia que enloquece del tal -modo al escocés y al inglés, que no pueden sufrir el verse contenidos -en los límites de sus Estados.[157] Se verá la lujuria y la molicie -del de España, y del de Bohemia, que jamás conoció ni quiso conocer el -valor.[158] Allí se verá también marcada con una I la bondad del Cojo -de Jerusalén,[159] mientras que lo contrario a ella tendrá por marca -una M. Se verá la avaricia y la vileza de aquel que guarda la isla -del fuego, donde terminaron los prolongados días de Anquises;[160] y -para demostrar su mezquindad, se emplearán muchas abreviaturas en su -escrito, a fin de que en poco espacio se contengan muchas palabras. -Y a la vista de todos aparecerán las vergonzosas obras del tío y del -hermano,[161] que han envilecido tan egregia estirpe y dos coronas. -Allí serán conocidos el de Portugal y el de Noruega,[162] y el de -Rascia, que alteró los cuños de Venecia.[163] ¡Oh Hungría feliz, si no -se deja guiar mal! ¡Oh dichosa Navarra, si se defendiese con el monte -que la rodea! Todos deben creer que ya, en presagio de esto, Nicosia y -Famagusta se lamentan y claman contra su bestia, que no discrepa de las -otras. - - [156] Felipe el Hermoso. - - [157] Los reyes Roberto de Escocia y Eduardo I de Inglaterra. - - [158] Alfonso, rey de España. Wenceslao, rey de Bohemia. - - [159] La bondad de Carlos el Cojo, rey de Pulla y Jerusalén, - estará marcada con una I (uno): es decir, que será igual a - uno, mientras que sus maldades llevarán por marca una M (mil), - serán iguales a mil. - - [160] Fadrique, hijo de Pedro de Aragón, que gobierna la isla - de Sicilia, donde está el fuego del Etna.--Dice la vileza, - porque Fadrique, después de la muerte de Enrique VII, abandonó - vilmente la causa de los gibelinos. - - [161] Jaime, rey de Mallorca, y Menorca, y Jaime de Aragón, - tío aquél y hermano éste de dicho Fadrique. - - [162] Dionisio el Agrícola, rey de Portugal. Noruega, en - tiempo de Dante, tenía su rey propio. - - [163] Rascia, Raugia, Ragusa, ciudad y territorio de la - antigua Dalmacia, sobre el Adriático, cuyo rey falsificó los - ducados de Venecia. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMO_ - - -Cuando Aquél que ilumina el mundo entero desciende de nuestro -hemisferio, de tal modo que el día se extingue en todas partes, el -cielo encendido antes por él solo, aparece súbitamente sembrado de -luces, en las cuales se refleja una sola. Y aquel estado del cielo -me vino a la imaginación, cuando la enseña del mundo y de sus jefes -cerró su bendito pico; porque brillando mucho más todos aquellos vivos -resplandores, entonaron suaves cantos, que han desaparecido de mi -memoria. ¡Oh dulce amor, que bajo aquella riente luz te ocultas! ¡Cuán -ardiente me parecías en medio de aquellos efluvios sonoros, que sólo -respiran santos pensamientos! - -Después que las preciosas y brillantes joyas de que vi adornada la -sexta estrella cesaron en sus cantos angélicos, me pareció oír el -murmullo de un río que límpido desciende de roca en roca, mostrando la -fecundidad de su elevado manantial. Y así como el sonido adquiere su -forma en el cuello de la cítara, y en los orificios de la zampoña el -soplo del que la toca, así también subió de improviso aquel murmullo -por el cuello del Aguila, como si éste estuviese perforado. Prodújose -allí una voz, que salió por su pico en forma de palabras, según las -esperaba mi corazón, donde las escribí: - ---Debes ahora mirar fijamente--empezó a decir--aquella parte de mí -misma que en las águilas mortales contempla y soporta la luz del -Sol; porque entre los fuegos que componen mi figura, los que hacen -centellear el ojo de mi cabeza tienen un grado de luz mayor que todos -los demás. Aquel que, haciendo las veces de pupila, luce en medio, -fué el cantor del Espíritu Santo, que transportó el arca de ciudad en -ciudad: ahora conoce el mérito de su canto en la parte que fué obra -de su propia voluntad, por la remuneración que proporcionalmente ha -recibido. De los cinco que forman el arco de mi ceja, el que está más -próximo al pico consoló a la viuda de la pérdida de su hijo;[164] ahora -conoce cuán caro cuesta no seguir a Cristo, por la experiencia que -tiene de esta dulce vida y de la opuesta. El que le sigue en la parte -superior de la circunferencia de que hablo, dilató su muerte para hacer -verdadera penitencia:[165] ahora conoce que los eternos juicios de Dios -son invariables, aunque una ferviente oración consiga allá abajo que -suceda mañana lo que debería suceder hoy. El otro que sigue se hizo -griego conmigo y con las leyes para ceder su puesto al Pastor, guiado -por una buena intención que produjo malos frutos:[166] ahora conoce que -el mal resultado de su buena acción no le es nocivo, por más que haya -sido causa de la destrucción del mundo. Aquel que ves en el declive -del arco fué Guillermo, a quien llora la Tierra que se lamenta de -Carlos y Federico vivos:[167] ahora conoce el amor del cielo hacia un -rey justo, y así lo manifiesta por el resplandor de que está rodeado. -¿Quién creería en el mundo lleno de errores, que el troyano Rifeo fuera -en este arco la quinta de las luces santas? Aunque su vista no penetre -hasta el fondo de la divina gracia, demasiado conoce ahora lo que en -ella no puede ver el mundo. - - [164] El emperador Trajano. (Véase el canto X del Purgatorio.) - - [165] Ezequías, rey de Judá, a quien Dios, escuchando sus - ruegos, concedió quince años más de vida para arrepentirse de - sus culpas. - - [166] El emperador Constantino, que se hizo griego, esto es, - trasladó de Roma a Bizancio la capital del Imperio romano, con - las leyes romanas y con el Aguila imperial, por ceder al Papa - la ciudad eterna. - - [167] Guillermo II, llamado el Bueno, de cuya pérdida se - lamenta Sicilia, así como de ver vivos a Carlos el Cojo y - Fadrique de Aragón. - -Como la alondra que en el aire se cierne cantando, y después calla, -contenta de la última melodía que la satisface, tal me pareció la -imagen, satisfecha del eterno placer, por cuya voluntad todas las cosas -son lo que son: y aun cuando yo hiciese allí visibles mis dudas como el -vidrio manifiesta por su transparencia el color de que se ha revestido -su superficie, esas mismas dudas no me permitieron esperar la respuesta -callando, sino que con su fuerza hicieron salir de mi boca estas -palabras: "¿Qué cosas son esas?": por lo cual conocí en los nuevos -destellos que despedían aquellas almas dichosas la alegría que les -causaba responder a mis preguntas. Después, con el ojo más inflamado, -me respondió el bendito signo, para no tenerme por más tiempo entregado -a mi asombro: - ---Veo que crees estas cosas, porque yo las digo; pero no comprendes -cómo pueden ser: de suerte que, aunque creídas, no por eso están menos -ocultas. Tú haces como aquel que aprende a conocer las cosas por su -nombre, pero que no puede ver su esencia, si otro no se la manifiesta. -"Regnum coelorum" cede a la violencia del ardiente deseo y de la -viva esperanza, cuyos afectos vencen a la divina voluntad; pero no a -la manera que el hombre prevalece sobre el hombre, sino que la vencen -porque quiere ser vencida; y vencida, vence con su benignidad. Te -causan asombro la primera y la quinta almas que forman el arco de -la ceja, porque ves adornada con ellas la región de los Angeles. No -salieron paganas de sus cuerpos, como crees, sino cristianas, teniendo -fe viva, la una en los pies que debían ser crucificados, y la otra en -los que ya lo habían sido. Una de ellas, saliendo del Infierno donde -nadie se convierte a Dios con buen deseo, volvió a habitar su cuerpo -en recompensa de una viva esperanza; de una viva esperanza, que rogó -fervientemente a Dios para resucitarla, a fin de que su voluntad -pudiera ser movida. El alma gloriosa de que se habla, vuelta a su carne -en que permaneció poco tiempo, creyó en Aquél que podía ayudarla; y -al creer, se abrasó de tal modo en el fuego de un verdadero amor, -que después de su segunda muerte fué digna de venir a participar de -estos goces. La otra, merced a una gracia que mana de una fuente tan -profunda, que no ha habido criatura cuya mirada pudiera penetrar -hasta su manantial, cifró allá abajo todo su amor en la justicia; por -lo cual de gracia en gracia Dios abrió sus ojos a nuestra redención -futura, y creyendo en ella, no soportó por más tiempo la fetidez -del paganismo, reprendiendo por su causa a las gentes pervertidas. -Aquellas tres mujeres que viste junto a la rueda derecha del carro, le -bautizaron más de mil años antes de que se instituyera el bautismo. ¡Oh -predestinación!, ¡cuán remota está tu raíz de la vista de aquellos que -no ven toda la causa primera! Y vosotros, mortales, sed circunspectos -en vuestros juicios; pues nosotros, que vemos a Dios, no conocemos aún -todos sus elegidos: y sin embargo, no es grata semejante ignorancia; -porque nuestra beatitud se perfecciona con este bien, y queremos lo que -Dios quiere. - -Tal fué el suave remedio que me dió aquella imagen divina para aclarar -mi vista. Y así como un buen tocador de cítara hace acompañamiento a un -buen cantor con la vibración de las cuerdas, adquiriendo de este modo -mayor atractivo el canto, así mientras hablaba, recuerdo que vi a los -benditos resplandores agitar sus llamas al compás de las palabras, como -los párpados que se mueven acordes y al mismo tiempo. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMOPRIMERO_ - - -Mis ojos se habían fijado de nuevo en el rostro de mi Dama, y el ánimo -con ellos se había separado de todo otro objeto. Ella no sonreía: - ---Pero si yo riese--empezó a decirme--, te quedarías como Semele, -cuando fué reducida a cenizas; pues mi belleza, que, según has visto, -brilla más cuanto más asciende por las gradas del eterno palacio, si no -se moderase, resplandecería tanto, que tu fuerza mortal perecería ante -su fulgor como la rama destrozada por el rayo. Nos hemos elevado al -séptimo esplendor[168] que, colocado bajo el pecho del ardiente León, -difunde ahora sobre la Tierra sus rayos mezclados con el fuerte influjo -de aquél. Fija la mente en pos de tus miradas, y haz de tus ojos un -espejo para la imagen que se te aparecerá en este espejo. - - [168] Al cielo de Saturno. - -Quien supiese cuán dulcemente se recreaba mi vista en el semblante -dichoso de Beatriz, cuando invitado por ella la dirigí hacia otro -objeto, conocería lo grato que me sería obedecer a mi Guía celestial, -considerando que el placer de obedecerla contrabalanceaba al que yo -sentía contemplándola. Dentro del cristal que, rodeando al mundo, -lleva el nombre de su querido señor, bajo cuyo imperio permaneció -muerto todo mal, vi una escala del color del oro en que se refleja -un rayo de Sol, y tan elevada, que mis ojos no podían seguirla. Vi -además bajar por sus escalones tantos resplandores, que pensé que todas -las luces que brillaban en el cielo estaban esparcidas allí. Y así, -como, por una costumbre natural, las cornejas se agitan reunidas al -romper el día para dar calor a sus ateridas alas, y mientras se alejan -algunas sin volver, otras regresan al punto de donde se remontaban, -y otras revolotean sobre él, lo mismo me pareció que hacían aquellos -fulgores que habían ido descendiendo hasta que se detuvieron en un -escalón determinado. El que se quedó más cerca de nosotros empezó a -resplandecer tanto, que yo decía entre mí: "Conozco el amor que me -anuncias." Pero Aquélla, de quien espero la orden para hablar o callar, -permaneció inmóvil: así es que, a pesar mío, hice bien en no preguntar -nada. Por lo cual, ella, que leía en la vista de Aquél que lo ve todo -el deseo que yo ocultaba, me dijo: - ---Puedes manifestar tu ardiente anhelo. - -Entonces empecé de esta suerte: - ---Mis méritos no me hacen digno de tu respuesta; pero en nombre de -aquella que me permite interrogarte, alma bienaventurada, que te -ocultas en tu alegría, dame a conocer la causa que tanto te aproxima -a mí, y dime por qué no se oye en esta esfera la dulce sinfonía del -Paraíso, que tan devotamente resuena en las de abajo. - ---Tu oído es tan débil como tu vista--me contestó--; aquí no se canta -por la misma razón que Beatriz no sonríe. He descendido tanto por las -gradas de la escala santa, sólo para recrearte con mis palabras y con -la luz de que estoy revestida. No es un mayor afecto lo que me ha hecho -más solícita; pues en toda esta escala hay un amor tan ferviente y más -que el mío, según te lo manifiestan los destellos de esas almas; pero -la alta caridad, que nos convierte en siervas atentas a la voluntad que -rige al mundo, nos designa el sitio en que, según puedes ver, estamos -colocadas. - ---Bien veo--dije yo--, ¡oh sagrada lámpara!, que un amor libre basta en -esta corte para hacer lo que quiere la eterna Providencia; mas lo que -me parece sumamente difícil de comprender es por qué fuiste tú entre -todas tus compañeras la destinada a este cargo. - -Aun no había pronunciado la última palabra, cuando la luz, haciendo -un eje de su centro, giró con la rapidez de una rueda. Después me -respondió la amorosa alma que estaba dentro de ella: - ---La luz divina se fija en mí penetrando en la que me envuelve, y su -virtud, unida a mi vista, me eleva tanto sobre mí misma, que veo la -suma esencia de que aquélla emana. De aquí proviene la alegría con que -brillo; porque a la claridad de mi visión junto la de la luz que me -rodea. Pero el alma que más brilla en el cielo, el serafín que tiene -más fijos los ojos en Dios no podrá satisfacer tus preguntas; porque -lo que deseas saber penetra tan profundamente en el abismo del decreto -eterno, que está muy apartado de toda vista creada; y cuando vuelvas al -mundo mortal, refiere lo que te digo, a fin de que nadie presuma llegar -al fondo de tal arcano. La mente, que aquí es luz, en la Tierra es -humo; considera, pues, cómo podrá comprender allá abajo lo que aquí no -comprende, por más que el cielo la enaltezca. - -Sus palabras me contuvieron de tal modo, que abandoné la cuestión, y me -limité a rogarle humildemente que me dijese quién era. - ---Entre las dos costas de Italia, y no muy lejos de tu patria, se -elevan unos peñascos, tanto que los truenos retumban a mucha menos -altura. Aquellos peñascos forman una eminencia que se llama Catria, -al pie de la cual hay un yermo consagrado únicamente al culto del -verdadero Dios. - -Así empezó a hablar por tercera vez; y continuando luego, añadió: - ---De tal modo me dediqué allí al servicio de Dios, que sólo con -legumbres y zumo de olivas pasaba fácilmente fríos y calores, -satisfecho con mis ideas contemplativas. Aquel claustro producía -fértilmente para esta parte de los cielos, y ahora está tan vacío, -que será preciso que en breve lo sepa el mundo. En aquel sitio estuve -yo, Pedro Damián; y Pedro el Pecador en la casa de Nuestra Señora, -a orillas del Adriático. Escasa era ya mi vida mortal, cuando fuí -llamado y obligado a recibir aquel capelo que sólo se transmite de -malo a peor. Vinieron en otro tiempo Cefas y el Vaso de elección del -Espíritu Santo,[169] flacos y descalzos, aceptando su alimento de -cualquier mano. Ahora los modernos pastores quieren que de uno y otro -lado los apoyen, ¡tan pesados son!, y que les lleven en litera, y que -vaya detrás quien les sostenga la cola. Cubren con sus mantos sus -cabalgaduras, de suerte que van dos bestias bajo una sola piel. ¡Oh -paciencia de Dios, que tanto soportas! - - [169] San Pedro y San Pablo. - -Al sonido de estas palabras, vi muchas llamas que bajaban girando de -escalón en escalón, y a cada vuelta se hacían más bellas. Vinieron -a detenerse alrededor de aquella luz, y prorrumpieron en un clamor -tan alto, que nada en el mundo puede asemejársele: su estruendo me -ensordeció de tal modo, que no comprendí lo que dijeron. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VEGESIMOSEGUNDO_ - - -Mudo de estupor me volví hacia mi Guía, como un niño que se acoge -siempre a quien le inspira más confianza: y aquélla, como la madre que -socorre prontamente al hijo azorado y pálido con su voz consoladora, me -dijo: - ---¿No sabes que estás en el cielo? ¿No sabes que todo el cielo es -santo, y que lo que en él se hace procede de un buen celo? Si el grito -que acabas de oír te ha conmovido tanto, ahora puedes pensar cómo te -habría perturbado aquel suave cántico unido a mi sonrisa. Y si hubieras -comprendido lo que se rogó al exhalar ese grito, conocerías la venganza -que verás antes de tu muerte. La espada de aquí arriba no hiere nunca -demasiado pronto, ni demasiado tarde, como suele parecerles a los que -la esperan con temor o con deseo. Pero ahora vuélvete hacia otro lado, -y verás muchos espíritus ilustres, si diriges tus miradas según te -indico. - -Volví los ojos como ella quiso, y vi cien pequeñas esferas, que se -embellecían unas a otras con sus mutuos rayos. Yo estaba como aquel -que reprime en sí el agudo estímulo del deseo, y no se aventura a -preguntar, temiendo excederse, cuando la mayor y más brillante de -aquellas perlas se adelantó para contentar mi curiosidad: después oí en -su interior: - ---Si vieses, como yo, la caridad que arde entre nosotros, habrías -expresado ya tus deseos; pero a fin de que, por demasiado esperar, no -tardes en llegar al alto fin de tu viaje, contestaré al pensamiento -que no te atreves a proferir. La cumbre de aquel monte en cuya falda -está Casino fué frecuentada en otro tiempo por gentes engañadas y mal -dispuestas. Yo soy el que llevó allí el nombre de Aquél que enseñó en -la Tierra la verdad que tanto nos enaltece;[170] y lució sobre mí tanta -gracia, que aparté a las ciudades circunvecinas del impío culto que -sedujo al mundo. Esos otros fuegos fueron todos hombres contemplativos, -abrasados en aquel ardor que hace nacer las flores y los frutos -santos. Aquí están Macario y Romualdo; aquí están mis hermanos, que se -encerraron en el claustro y conservaron un corazón perseverante. - - [170] San Benito abad, que dió a conocer allí la religión - cristiana. - -Lo contesté: - ---El afecto que demuestras hablando conmigo, y la benevolencia que veo -y observo en todas vuestras luces, me inspiran la misma confianza que -inspira el Sol a la rosa cuando se abre tanto cuanto le es posible. Por -eso te ruego, padre, que si soy digno de tal merced, me concedas la -gracia de ver tu imagen descubierta. - ---Hermano--me respondió--: tu elevado deseo se realizará en la última -esfera, donde se realizan todos los otros y los míos, y donde todos -son perfectos, maduros y enteros: en aquella sola esfera, todas sus -partes permanecen inmóviles, porque no está en un sitio, ni gira -entre dos polos, y nuestra escala llega hasta ella, lo que hace que la -pierdas de vista. El patriarca Jacob la vió prolongarse hasta arriba, -cuando se le apareció tan llena de ángeles; pero ahora no retira -nadie sus pies de la tierra para subirla, y mi regla sólo sirve abajo -para gastar papel. Los muros que eran una abadía se han convertido en -cavernas; y las cogullas en sacos de mala harina. La más sórdida usura -no es tan contraria a la voluntad de Dios, como lo es el fruto de esas -riquezas que tanto enloquecen el corazón de los monjes, porque todo lo -que la Iglesia guarda pertenece a aquellos que piden por Dios, y no -a los parientes o a otros más indignos. La carne de los mortales es -tan flexible, que las buenas obras no duran el tiempo que transcurre -desde el nacimiento de la encina hasta la formación de la bellota. -Pedro empezó su fecunda tarea sin oro ni plata; yo con oraciones y -con ayunos; Francisco basó su orden en la humildad: y si atiendes al -principio de cada orden, y consideras después adonde han llegado, verás -lo blanco cambiado en negro. Más admiración causó en verdad ver al -Jordán retrocediendo y al mar huír cuando Dios quiso, que la causará -ver remediados estos males. - -Así me dijo, y después se reunió a sus demás compañeros, que a su -vez se reconcentraron, y como un torbellino se elevaron a lo alto. -La dulce Dama con un solo ademán me impulsó a subir tras ellos por -aquella escala: tanto fué lo que su virtud venció mi grave naturaleza: -y jamás aquí abajo, donde se sube y desciende naturalmente, hubo un -movimiento tan rápido que pudiera igualar a mi vuelo. Así pueda volver, -¡oh lector!, a aquel piadoso reino triunfante, por el que lloro con -frecuencia mis pecados golpeándome el pecho, como es cierto que vi el -signo que sigue al Tauro,[171] y me encontré en él en menos tiempo del -que necesitarías para meter y sacar un dedo del fuego. ¡Oh gloriosas -estrellas!, ¡oh luz llena de gran virtud, en la que reconozco todo mi -ingenio, cualquiera que ésta sea! Con vosotras nacía, y se ocultaba -con vosotras aquel que es padre de toda vida mortal,[172] cuando sentí -por vez primera el aire toscano; y cuando más tarde se me concedió la -gracia de entrar en la alta rueda que os hace girar, me fué también -permitido pasar por la región en donde estáis. A vosotras dirige ahora -devotamente mi alma sus suspiros, para alcanzar la virtud necesaria en -la difícil empresa que la atrae. - - [171] La constelación de Géminis. - - [172] El Sol. - ---Estás tan cerca de la última salvación--empezó a decirme Beatriz--, -que debes tener los ojos claros y penetrantes; así pues, antes de que -llegues a ella, mira hacia abajo y contempla cuántos mundos he puesto -bajo tus pies, a fin de que tu corazón se presente tan gozoso como -pueda ante la triunfante multitud que alegre acude por esta bóveda -etérea. - -Recorrí con la vista todas las siete esferas, y ví a nuestro globo -tan pequeño, que me reí de su vil aspecto: así es que apruebo como -mejor parecer el de quien le tiene en poca estima; pudiendo llamarse -verdaderamente probo el que sólo piensa en el otro mundo. - -Vi a la hija de Latona inflamada, sin aquella sombra que fué causa de -que yo la creyera enrarecida y densa. Allí, ¡oh Hiperión!, pudieron -soportar mis ojos la luz de tu hijo, y vi cómo se mueven próximas a él -y en derredor suyo Maya y Dione. Allí me apareció Júpiter atemperando a -su padre y a su hijo;[173] allí distinguí con claridad sus frecuentes -cambios de lugar, y todos los siete planetas me manifestaron su -magnitud, su velocidad, y la distancia a que respectivamente se -encuentran colocados. Aquel pequeño punto que nos hace tan orgullosos -se me apareció por completo desde las montañas a los mares, mientras -que yo giraba con los eternos Gemelos. Después fijé mis ojos en los -hermosos ojos. - - [173] Saturno y Marte. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMOTERCERO_ - - -Como el ave que, habiendo reposado entre la predilecta enramada junto -al nido de sus dulces hijuelos, durante la noche ocultadora de las -cosas, y deseando ver tan caros objetos y hallar el sustento para -nutrirlos, cuyo penoso trabajo soporta placentera, se adelanta al -día, y antes de rayar el alba sube a la cima del abierto follaje, y -fijamente mira, esperando con ardoroso anhelo la salida del Sol, así -estaba mi Dama, en pie y atenta, vuelto el rostro hacia la región del -cielo bajo la cual se muestra el Sol menos presuroso; y en tanto yo, -viéndola suspensa y ansiosa, permanecí como el que anhelante querría -otra cosa, pero se calma con la esperanza de obtenerla. Poco intervalo -medió entre ambos momentos, es decir, entre el de mi expectativa y el -de ver de un instante a otro iluminarse más el cielo. Y Beatriz dijo: - ---He ahí la legión del triunfo de Cristo, y todo el fruto recogido de -la rotación de estas esferas. - -Me pareció que ardía todo su semblante; y tenía los ojos tan llenos -de alegría, que debo seguir adelante sin más explicación. Cual en los -plenilunios serenos Trivia ríe entre las ninfas eternas, que iluminan -el cielo por todas partes, así vi yo sobre millares de luces un Sol, -que las encendía todas, como hace el nuestro con las que vemos sobre -nosotros; y a través de su viva luz aparecía tan clara a mis ojos la -divina substancia, que no podían soportarla. - ---¡Oh Beatriz--exclamé--, Guía dulce y querida! - -Ella me dijo: - ---Lo que te abisma es una virtud a la que nada resiste. Allí están la -Sabiduría y el Poder que abrieron entre el Cielo y la Tierra las vías -por tanto tiempo deseadas. - -Así como el fuego de la nube, dilatándose de modo que ésta no puede -contenerlo, se escapa de ella, y, contra su naturaleza, se precipita -hacia abajo, de igual suerte mi mente, engrandeciéndose más entre -aquellas delicias, salió de sí misma, y no sabe recordar lo que fué de -ella. - ---Abre los ojos y mírame cual soy; has visto cosas que te han dado -fuerza suficiente para sostener mi sonrisa. - -Yo estaba como aquel que conserva cierta reminiscencia de una visión -olvidada, y que se esfuerza en vano por renovarla en su imaginación, -cuando oí proferir estas palabras tan dignas de gratitud, que no -se borrarán jamás del libro donde se consigna lo pasado. Si ahora -resonasen todas aquellas lenguas que Polimnia y sus hermanas hicieron -más pingües con su dulcísima leche para venir en mi ayuda, no -expresarían la milésima parte de la verdad, al pretender cantar tan -santa sonrisa, y el resplandor que comunicaba a aquel santo rostro: -por lo mismo, al describir yo el Paraíso, es forzoso que mi sagrado -poema salte como un hombre que encuentra cortado su camino. Quien -considere el peso del asunto y el hombro mortal que soporta la carga, -no censurará el que éste tiemble bajo su gravedad. El derrotero que -hiende mi atrevida proa no es a propósito para una pequeña embarcación, -ni para el nauta que quiera ahorrarse la fatiga. - ---¿Por qué te enamora mi faz de tal suerte, que no te vuelves hacia -el hermoso jardín que florece bajo los rayos de Cristo? Allí está la -Rosa[174] en que el Verbo divino encarnó; y allí están los lirios[175] -por cuyo aroma se descubre el buen camino. - - [174] La Virgen María, llamada por la Iglesia Rosa Mística. - - [175] Los bienaventurados. - -Así dijo Beatriz, y yo, que estaba siempre pronto a seguir sus -consejos, me lancé nuevamente a la batalla de mis débiles párpados. -Y así como mis ojos, al abrigo de la sombra, han visto alguna vez un -prado de flores iluminado por un rayo de Sol que atravesaba por entre -desgarrada nube, del mismo modo distinguí entonces una multitud de -esplendores, iluminados desde arriba por ardientes rayos, sin ver el -origen de donde estos fulgores procedían. - -¡Oh benigna virtud que así los iluminas! Sin duda te elevaste por dejar -campo libre a mis ojos, que eran demasiado débiles para contemplarte. -El nombre de la hermosa flor que invoco siempre, por mañana y tarde, -concentró todo mi espíritu en la contemplación del mayor fuego; y -cuando mis dos ojos me representaron la belleza y la extensión de -la fulgente estrella que vence arriba, como venció abajo, desde el -interior del cielo descendió una llamarada, que tenía la forma de un -círculo como una corona,[176] y rodeó a la estrella girando en torno -suyo. La melodía que más dulcemente se deje oír en la Tierra, y que más -atraiga el ánimo, parecería una nube que desgarrada truena, comparada -con el sonido de aquella lira de que estaba coronado el bello zafiro -con que se engalana el más claro cielo. - - [176] El arcángel San Gabriel. - ---Yo soy el amor angélico, que giro difundiendo la sublime dicha, -nacida del vientre que fué morada de nuestro deseo; y giraré, Señora -del Cielo, mientras acompañas a tu Hijo, y hagas resplandeciente la -suprema esfera en donde habitas. - -Así se dejaba oír la circular melodía, y todas las demás luces hacían -resonar el nombre de María. El manto real de todas las esferas del -mundo, que más se inflama y anima bajo el hálito y las perfecciones de -Dios, tenía sobre nosotros tan distante la faz interna, que no me era -posible distinguir su aspecto desde el sitio en que me encontraba; por -lo cual no tuvieron mis ojos la fuerza necesaria para seguir a la llama -coronada, que se elevó en pos de su divina primogenitura. Y semejantes -al niño que tiende los brazos hacia su madre después de haberse -alimentado con su leche, movido del afecto que aun exteriormente -se inflama, cada uno de aquellos fulgores se prolongó hacia -arriba, patentizándome así el amor que profesaban a María. Después -permanecieron ante mi vista cantando "Regina coeli" tan dulcemente, -que jamás ha huído de mí el placer que me causaron. - -¡Oh cuánta es la abundancia que se encierra en aquellas arcas -riquísimas por haber esparcido en la Tierra buenas semillas! Allí -viven y gozan del eterno tesoro que conquistaron en el destierro de -Babilonia, donde hicieron dejación del oro. Allí triunfa de su victoria -bajo el alto Hijo de Dios y de María, y juntamente con el antiguo y el -nuevo concilio, el que tiene las llaves de tal gloria. - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMOCUARTO_ - - -¡Oh compañía escogida para la gran cena del cordero bendito, el cual -os alimenta de tal modo, que vuestro apetito está siempre satisfecho! -Ya que por la gracia de Dios éste prueba prematuramente lo que cae de -vuestra mesa, antes de que la muerte ponga fin a sus días, pensad en su -deseo inmenso, y refrescadlo algún tanto: vosotros bebéis siempre en la -fuente de donde procede lo que él piensa. - -Esto dijo Beatriz: y aquellas almas gozosas se convirtieron en esferas -sobre polos fijos, resplandeciendo vivamente a guisa de cometas. Y -como las ruedas en el mecanismo de un reloj se mueven de tal suerte, -que a quien las observa le parece que la primera está quieta y la -última vuela, así también aquellos glóbulos, danzando diferentemente, -me hacían estimar su velocidad o lentitud por el grado de sus -resplandores. De aquel conjunto de bellas luces vi salir un fulgor tan -alegre y esplendente, que superaba a todos los demás. Tres veces giró -en torno de Beatriz, cantando de un modo tan divino, que mi fantasía no -ha podido retener su encanto; por lo cual mi pluma pasa adelante sin -describirlo, pues para pintar tales pliegues carece de matices, no ya -la lengua, sino la misma imaginación. - ---¡Oh mi santa hermana, que tan devotamente ruegas, movida de tu -ardiente afecto, que me separas de aquella hermosa esfera! - -De este modo, luego que se detuvo aquel fuego bendito,[177] dirigió su -aliento hacia mi Dama, y le habló como he dicho. Y ella contestó: - - [177] San Pedro. - ---¡Oh luz eterna del gran Barón a quien nuestro Señor dejó las llaves -que llevó abajo desde este goce maravilloso! Examina a éste como te -plazca con respecto a los puntos fáciles y difíciles de la Fe, que te -hizo andar sobre el mar. A ti no se te oculta si él ama bien, y espera -bien y cree; porque tienes la vista fija donde todo está patente; pero -ya que este reino ha conseguido ciudadanos por medio de la Fe veraz, es -bueno que para glorificarla le toque a él hablar de ella. - -Así como el bachiller se prepara, y no habla hasta que el maestro -propone la cuestión que debe aprobar, pero no resolver, del mismo modo -preparaba yo todas mis razones, mientras ella hablaba, para estar -pronto a contestar a tal examinador y a tal profesión. - ---Dí buen cristiano, explícate: ¿Qué es la Fe? - -Al oír esto alcé la frente hacia aquella luz de donde salían tales -palabras; después me volví hacia Beatriz, y ella me hizo un rápido -ademán para que dejara brotar el agua de mi fuente interior. - -La gracia divina que me permite confesarme con tan alto -primipilo--exclamé,--haga claros y expresivos mis conceptos. - -Después continué: - ---Según lo ha escrito, padre, la verídica pluma de tu querido -hermano,[178] que contigo hizo entrar a Roma por el buen camino, la Fe -es la substancia de las cosas que se esperan, y el argumento de las que -no aparecen a nuestra mente: tal me parece su esencia. - - [178] San Pablo. - -Entonces oí: - ---Piensas rectamente, si comprendes bien por qué la colocó entre las -substancias, y no entre los argumentos. - -A lo cual contesté: - ---Las profundas cosas que aquí se me manifiestan claras y patentes -están tan ocultas a los ojos del mundo, que sólo existen en la creencia -sobre que se funda la alta esperanza; por eso toma el nombre de -substancia. Con respecto a esta creencia es preciso argumentar sin otra -luz; por eso toma el nombre de argumento. - -Entonces oí: - ---Si todo lo que en la Tierra se aprende por vía de enseñanza, se -entendiera de ese modo, la sutileza del sofisma sería en vano. - -Tales fueron las palabras que exhaló aquel ardiente amor; y después -añadió: - ---Ha salido bien la prueba de la liga y el peso de esta moneda; pero -dime si la tienes en tu bolsa. - -Le respondí: - ---Sí, la tengo tan brillante y tan redonda, que no cabe duda sobre su -cuño. - -En seguida salieron estas palabras de la profunda luz que allí -resplandecía: - ---Esa querida joya, en la que se funda toda otra virtud, ¿de dónde te -proviene? - ---La abundante lluvia del Espíritu Santo--le contesté--, que está -esparcida sobre las antiguas y las nuevas páginas, es el silogismo que -me la ha demostrado tan sutilmente, que comparada con ella me parece -obtusa toda otra demostración. - -Después oí: - ---¿Por qué tienes por palabra divina a la antigua y la nueva -proposición, que así te han convencido? - -Respondí: - ---La prueba que me descubre la verdad consiste en las obras -subsiguientes, para las cuales la naturaleza no calentó nunca el hierro -ni dió golpes en el yunque. - -Se me contestó: - ---Dí, ¿quién te asegura que aquellas obras hayan existido? ¿Acaso te lo -asegura aquello mismo que se quiere probar con ellas? ¿No tienes otro -testimonio? - ---Si el mundo se convirtió al cristianismo sin necesidad de -milagros--dije yo--esto sólo es un milagro tan grande, que los otros no -son la centésima parte de él; porque tú entraste pobre y famélico en el -campo a sembrar la buena planta que en otro tiempo fué vid y ahora se -ha convertido en zarza. - -Terminadas estas palabras, resonó en las esferas de la sublime y -elevada corte un "Alabemos a Dios" con la melodía que se canta allá -arriba. Y aquel Barón que examinándome así me había llevado de rama en -rama hasta acercarnos a las últimas hojas, volvió a empezar de esta -manera: - ---La gracia que enamora a tu mente hate abierto la boca hasta este -punto, como abrirse debía: por tanto apruebo cuanto ha salido de ella; -mas ahora es preciso que expliques lo que crees y el origen de tu -creencia. - ---¡Oh Santo Padre!, ¡oh Espíritu, que ves lo que creíste con tal -firmeza, que dirigiéndote hacia el sepulcro venciste a pies más -jóvenes!--empecé a decir--: quieres que te manifieste el orden de las -cosas en que creo, y además me preguntas el motivo de mi creencia. -Pues bien, yo te respondo: Creo en un solo y eterno Dios, que sin ser -movido, mueve todo el Cielo con amor y con deseo; y en apoyo de tal -creencia, no sólo tengo pruebas físicas y metafísicas, sino que también -me las suministra la verdad que de aquí llueve por medio de Moisés, por -los profetas, por los salmos, por el Evangelio, y por lo que vosotros -escribistéis después de haberos iluminado el ardiente Espíritu. Creo -en tres Personas eternas, y las creo una esencia tan trina y una, que -admiten a la vez "son" y "es." La profunda naturaleza divina de que -ahora trato se ha grabado en mi mente muchas veces por la doctrina -evangélica. Tal es el principio, tal la chispa que se dilata hasta -convertirse en viva llama, y que brilla en mi interior como estrella en -el cielo. - -Cual señor que oye lo que lo agrada, y por ello abraza a su siervo, -congratulándose por la noticia en cuanto éste se calla, de igual -suerte me bendijo cantando y giró tres veces en derredor de mi frente, -luego que me callé, aquel apostólico fulgor, por cuyo mandato había yo -hablado: tanto fué lo que mis palabras le agradaron. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMOQUINTO_ - - -Si alguna vez sucede que el poema sagrado en que han puesto sus manos -el Cielo y la Tierra, y que me ha hecho enflaquecer por espacio de -muchos años, triunfe de la crueldad que me tiene alejado del bello -redil, donde dormí corderillo enemigo de los lobos que le hacen la -guerra; entonces volveré como poeta, con otra voz y otros cabellos, y -tomaré la corona de laurel sobre mis fuentes bautismales: porque allí -entré en la fe que hace las almas familiares a Dios, y por ella me -rodeó Pedro de aquel modo la frente. Después se adelantó hacia nosotros -un resplandor desde aquella legión de que salió el primero de los -vicarios que Cristo dejó en la Tierra; y mi Dama, llena de alegría, me -dijo: - ---Mira, mira, he ahí el Barón por quien allá abajo visitan a -Galicia.[179] - - [179] El apóstol Santiago. - -Cual dos palomas que, al reunirse, se demuestran su amor dando vueltas -y arrullándose, así vi yo aquellos grandes y gloriosos príncipes -acogerse mutuamente, alabando el alimento de que allá arriba se -nutren. Mas, cuando hubieron dado fin a sus gratulaciones, ambos se -detuvieron silenciosos "coram me," tan encendidos que humillaban mi -rostro. Beatriz dijo entonces riendo: - ---¡Oh alma ilustre, que has escrito acerca de la liberalidad de nuestra -basílica! Haz resonar la Esperanza en esta altura. Tú sabes que la has -simbolizado tantas veces cuantas Jesucristo se os manifestó a los tres -en todo su esplendor. - ---Levanta la cabeza, y tranquilízate; porque es preciso que lo que -llega aquí arriba desde el mundo mortal se madure a nuestros rayos. - -Tan consoladoras palabras me fueron dirigidas por el segundo -resplandor: entonces elevé los ojos hacia aquellos montes que antes los -habían inclinado con su excesivo peso. - ---Ya que nuestro Emperador te dispensa la merced de que te encuentres, -antes de tu muerte, en la estancia más secreta de su palacio con sus -condes, a fin de que habiendo visto la verdad de esta corte, os anime -por eso a ti y a los otros la Esperanza que tanto enamora allá abajo, -dime en qué consiste ésta; dime cómo florece en tu mente, y de dónde te -proviene. - -Así habló el segundo resplandor. Y aquella piadosa Dama que guió las -plumas de mis alas hacia tan elevado vuelo, respondió antes que yo de -esta suerte: - ---La Iglesia militante no tiene entre sus hijos otro más provisto -de esperanza, como está escrito en el Sol que irradia sobre nuestra -multitud: por eso se le ha concedido que desde Egipto venga a ver a -Jerusalén, antes de terminar sus combates. Los otros dos puntos sobre -que han versado tus preguntas, no por deseo de saber, sino para que él -refiera lo grata que te es esta virtud, los dejo a su cargo; que no -le serán de difícil resolución, ni le servirán de jactancia: responda, -pues, y que la gracia de Dios se lo conceda. - -Cual discípulo que responde a su maestro con gusto y prontitud en -aquello en que es experto, a fin de revelar su mérito, así respondí yo: - ---La Esperanza es una expectación cierta de la vida futura, producida -por la gracia divina y los méritos anteriores. Muchas son las estrellas -que me comunican esta luz; pero quien primero la derramó en mi corazón -fué el supremo cantor[180] del Supremo Señor, "Que esperen en ti los -que conocen tu nombre," dice en sus sublimes cánticos; y ¿quién no lo -conoce teniendo mi fe? Tú me has inundado después con su oleada en tu -Epístola; de modo que ya estoy lleno, y derramo sobre otros vuestra -lluvia. - - [180] David. - -Mientras yo hablaba, en el seno de aquel incendio fulguraba una llama -rápida y frecuente como un relámpago. Después me dijo: - ---El amor en que me abraso todavía por la virtud que me siguió hasta la -palma y hasta mi salida del campo, quiero que te hable, a ti que con -ella te deleitas; siéndome por lo mismo grato que me digas lo que la -Esperanza te promete. - -Yo le contesté: - ---Las nuevas y las antiguas Escrituras prefijan el término a que deben -aspirar las almas a quienes Dios ha concedido su amistad, y ese término -lo veo ahora tal cual es. Isaías dice que cada una de ellas vestirá -en su patria un doble ropaje, y su patria es esta dulce vida. Y tu -hermano[181] nos manifiesta más claramente esta revelación, allí donde -trata de las blancas vestiduras. - - [181] San Juan en el Apocalipsis. - -Inmediatamente después de pronunciadas estas palabras, se oyó -primeramente sobre nosotros: "Sperent in te;" a lo cual respondieron -todos los círculos de almas. Luego resplandeció entre ellas una luz tan -viva, que si Cáncer tuviera semejante claridad, el invierno tendría un -mes de un solo día. Y como la doncella placentera, que se levanta, y va -y toma parte en la danza, sólo por festejar a la recién venida, y no -por vanidad u otra flaqueza, así vi al esclarecido esplendor acercarse -a los otros dos, que seguían dando vueltas cual era necesario a su -ardiente amor. Púsose a cantar con ellos las mismas palabras con la -misma melodía; y mi Dama fijó en él sus miradas como esposa inmóvil y -silenciosa. - ---Ese es aquél que descansó sobre el pecho de nuestro Pelícano; es el -que fué elegido desde la cruz para el gran cargo. - -Así dijo mi Dama; y sus miradas no dejaron de estar más atentas después -que antes de pronunciar estas palabras. Como a quien fija los ojos -en el Sol esperando verlo eclipsarse un poco, que a fuerza de mirar, -concluye por no ver, así me sucedió con aquel último fuego, hasta que -me fué dicho: - ---¿Por qué te deslumbras para ver una cosa que aquí no existe? Mi -cuerpo es tierra en la Tierra, y allí permanecerá con los otros cuerpos -hasta tanto que nuestro número se iguale con el eterno propósito. Las -dos luces que se elevaron antes son las únicas que existen en este -bienaventurado claustro con sus dos vestiduras; y así lo debes repetir -en tu mundo. - -Dichas estas palabras, cesó el girar del círculo inflamado juntamente -con el dulce concierto que formaba la armonía del triple canto; así -como, para descansar o huír de un peligro, se detienen al sonido de un -silbo los remos que venían azotando el agua. - -¡Ah! ¡Cuánta fué la turbación de mi mente cuando me volví para ver a -Beatriz, y no pude lograrlo, a pesar de encontrarme cerca de ella y en -el dichoso mundo! - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMOSEXTO_ - - -Mientras yo permanecía indeciso a causa de mi deslumbrada vista, salió -la fúlgida llama que la deslumbró una voz, que llamó mi atención -diciendo: - ---En tanto que recobras la vista que has perdido mirándome, bueno es -que hablando conmigo compenses su pérdida. Empieza, pues, y dime adónde -se dirige tu alma, y persuádete de que tu vista sólo está ofuscada, -pero no destruída; pues la Dama que te conduce por esta región luminosa -tiene en su mirada la virtud que tuvo la mano de Ananías. - -Yo dije: - ---Venga tarde o temprano, según su voluntad, el remedio a mis ojos, que -fueron las puertas por donde ella entró con el fuego en que me abraso. -El bien que esparce la alegría en esta corte es el "alfa" y el "omega" -de cuanto el amor escribe en mí, ya sea leve o fuertemente. - -Aquella misma voz que había desvanecido el miedo causado por mi súbito -deslumbramiento, excitó nuevamente en mí el deseo de hablar, diciendo: - ---Es preciso que te limpies en una criba más fina: es preciso que digas -quién dirigió tu arco hacia tal blanco. - ---Los argumentos filosóficos--contesté--, y la autoridad que desciende -de aquí, han debido infundirme tal amor; porque el bien, por sí mismo, -apenas es conocido, enciende tanto más el amor, cuanta mayor bondad -encierra. Así pues, la mente de todo el que conoce la verdad en que se -funda esta prueba, debe inclinarse a amar con preferencia a ninguna -otra cosa aquella esencia,[182] en la cual hay tanta ventaja, que los -demás bienes existentes fuera de ella no son más que un rayo de su luz. -Esa verdad la ha declarado a mi inteligencia aquel que me demuestra el -primer amor de todas las substancias eternas. Me la declaran también -las palabras del veraz Hacedor, que dijo a Moisés hablando de sí mismo: -"Yo te mostraré reunidas en mí todas las perfecciones." Tú también me -la declaras en el principio de tu sublime anuncio, que publica en la -Tierra el arcano de arriba más altamente que ningún otro. - - [182] Dios. - -Y yo oí: - ---Por cuanto te dice la inteligencia humana, de acuerdo con la -autoridad divina, reserva para Dios el mayor de tus amores. Pero dime -todavía si te sientes atraído hacia él por otras cuerdas, y dime con -cuantos dientes te muerde este amor. - -No se me ocultó la santa intención del águila de Cristo; pues comprendí -hasta dónde quería llevar mi confesión: por eso empecé a decir: - ---Todos los estímulos que pueden obligar al corazón a volverse hacia -Dios concurren en mi caridad; porque la existencia del mundo y mi -existencia, la muerte que El sufrió para que yo viva, y lo que espera -todo fiel como yo, juntamente con el conocimiento antedicho, me han -sacado del piélago de los amores tortuosos, y me han puesto en la playa -del recto amor. Amo las hojas que adornan todo el huerto del Hortelano -eterno en la misma proporción del bien que aquél les comunica. - -Apenas guardé silencio, resonó por el Cielo un dulcísimo canto; y -mi Dama decía con los demás: "¡Santo, Santo, Santo!" Y así como la -aparición de una luz penetrante desvanece el sueño, excitando el -sentido de la vista, el cual acude a la claridad que atraviesa las -membranas; y el despertado la rehuye, aturdido en su repentino desvelo, -mientras no le ayuda la facultad estimativa, de igual suerte ahuyentó -Beatriz todo entorpecimiento de mis ojos con el rayo de los suyos, -que brillaba a más de mil millas: entonces vi mejor que antes, y casi -estupefacto pregunté quién era un cuarto resplandor que distinguí con -nosotros. Mi Dama me dijo: - ---Dentro de esos rayos contempla amorosa a su Hacedor la primera alma -creada por la Virtud primera.[183] - - [183] Adán. - -Como el follaje que doblega su copa al paso del viento, y después se -levanta por la propia virtud que la endereza, tal hice yo, maravillado -mientras ella hablaba, e irguiéndome después a impulsos del deseo de -preguntar que me abrasaba; por lo que empecé de esta suerte: - ---¡Oh fruto, que fuiste producido ya maduro! ¡Oh padre antiguo, de -quien toda esposa es hija y nuera! Tan devotamente como puedo te -suplico que me hables; tú ves mis deseos, los cuales no te manifiesto -por oír más pronto tus palabras. - -A veces un animal encubertado se agita de modo que manifiesta por los -movimientos de su envoltura aquello que desea: del mismo modo la primer -alma me daba a conocer por la luz de que estaba revestida la alegría -que le causaba complacerme. Después dijo: - ---Sin que me lo hayas expresado, conozco tu deseo mejor que tú aquello -de que estés más cierto; porque lo veo en el veraz espejo cuyo parhelio -son las demás cosas, y que no es parhelio de ninguna. Quieres oír -cuánto tiempo ha que Dios me colocó en el excelso jardín en donde ésa -te preparó a subir tan larga escala; por cuánto tiempo deleitó mis -ojos; la verdadera causa de la gran ira, y el idioma inventado por mí -de que hice uso. Sabe, pues, hijo mío, que el haber probado la fruta -del árbol no fué la causa de tan largo destierro, sino solamente -el haber infringido la orden. En aquel lugar de donde tu Dama hizo -partir a Virgilio, estuve deseando esta compañía por espacio de cuatro -mil trescientas dos revoluciones del Sol; y mientras permanecí en -la Tierra, le vi volver a todas las luces de su carrera novecientas -treinta veces. La lengua que hablé se extinguió completamente antes -que las gentes de Nemrod se dedicaran a la obra interminable; porque -ningún efecto racional fué jamás duradero, a causa de la voluntad -humana, que se renueva según la posición y la influencia de los astros. -Es cosa muy natural que el hombre hable; pero la naturaleza deja a -vuestra discreción que lo hagáis de este o del otro modo. Antes que yo -descendiese a las angustias infernales, se daba en la Tierra el nombre -de I[184] al Sumo Bien de quien procede la alegría que me circunda; -ELI se le llamó después y así debía ser; porque el uso de los mortales -es como la hoja de una rama, que desaparece para ceder su puesto a otra -nueva. En el monte que se eleva más sobre las ondas estuve yo, con -vida pura y deshonesta, desde la primera hora hasta la que es segunda -después de la hora sexta, cuando el Sol pasa de uno a otro cuadrante. - - [184] Otros escriben un (único), El, por Eli, o J, principio - del nombre de Jehová, y sobre cada una de estas opiniones se - ha discutido mucho. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMOSEPTIMO_ - -"Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo," entonó -todo el Paraíso con tan dulce canto, que me embriagaba. Lo que veía -me parecía una sonrisa del Universo, pues mi embriaguez penetraba por -el oído y por la vista. ¡Oh gozo!, ¡oh inefable alegría!, ¡oh vida -entera de amor y de paz!, ¡oh riqueza segura y sin deseo! Ante mis -ojos estaban encendidas las cuatro antorchas, y aquella que había -venido primero empezó a lanzar más vivos destellos, transformándose su -aspecto cual aparecería el de Júpiter, si éste y Marte fueran aves y -trocasen su plumaje. La Providencia, que distribuye aquí a su placer -los oficios de cada uno, había impuesto silencio a todo el coro de los -bienaventurados, cuando oí estas palabras: - ---No te admires al ver que mi semblante se demuda; pues verás demudarse -el de todos éstos mientras hablo. Aquel que usurpa en la Tierra mi -puesto, mi puesto, mi puesto, que está vacante a los ojos del Hijo de -Dios, ha hecho de mi cementerio una sentina de sangre y podredumbre, -que al perverso caído desde aquí[185] sirve allá abajo de complacencia. - - [185] Lucifer. - -Entonces vi cubrirse todo el cielo de aquel color que comunica el Sol -por mañana y tarde a las nubes opuestas a él; y cual mujer honesta que, -segura de sí misma, se ruboriza tan sólo al escuchar las faltas ajenas, -así vi yo a Beatriz cambiar de aspecto: un eclipse semejante creo que -hubo en el cielo cuando la pasión del Poder Supremo. Después, con voz -tan alterada, que no fué mayor la alteración de su semblante, continuó -en estos términos: - ---Mi sangre, así como la de Lino y la de Cleto,[186] no alimentó a -la Esposa de Cristo para acostumbrarla a adquirir oro, sino para que -adquiriese aquella vida virtuosa por la que Sixto y Pío, Calixto y -Urbano derramaron su sangre después de muchas lágrimas. No fué nuestra -intención que una parte del pueblo cristiano estuviese sentada a la -derecha y otra a la izquierda de nuestro sucesor, ni que las llaves -que me fueron concedidas se convirtieran en una enseña de guerra para -combatir contra los bautizados, ni que estuviese representada mi imagen -en un sello para servir a privilegios vendidos y falsos, de que con -frecuencia me avergüenzo e irrito. En todos los prados se ven allá -abajo lobos rapaces disfrazados de pastores. ¡Oh justicia de Dios!, -¿por qué duermes? Los de Cahors y los de Gascuña se preparan a beber -nuestra sangre. ¡Oh buen principio, en que fin tan vil has de venir a -parar! Pero la alta Providencia, que por medio de Escipión defendió -en Roma la gloria del mundo, lo socorrerá en breve según imagino. Y -tú, hijo, que todavía has de volver abajo, llevado por el peso de tu -cuerpo mortal, abre allí la boca y no ocultes lo que yo no oculto. - - [186] Papas y mártires, sucesores de San Pedro. - -Así como nuestro aire despide hacia la Tierra copos de helados vapores, -cuando el cuerno de la Cabra del cielo toca al Sol,[187] de igual modo -vi elevarse aquel éter puro, y despedir hacia lo alto los vapores -triunfantes que allí se habían detenido con nosotros. Mi vista seguía -sus semblantes, y los siguió hasta que la mucha distancia me impidió ir -más adelante: por lo cual mi Dama, reparando que había cesado de mirar -hacia arriba, me dijo: - ---Baja la vista y advierte cuánto has girado. - - [187] Cuando el Sol está en Capricornio, o sea en diciembre y - enero. - -Entonces vi que, desde la hora en que miré por primera vez a la Tierra, -había yo recorrido todo el arco formado por el primer clima desde la -mitad hasta el fin; de modo que veía más allá de Cádiz el insensato -paso de Ulises, y a esta parte casi divisaba la playa donde Europa se -convirtió en dulce carga:[188] y aun habría descubierto mayor espacio -de este globulillo, a no ser porque el Sol me precedía bajo mis pies -un signo y algo más. El amoroso espíritu con que adoro siempre a mi -Dama ardía más que nunca en deseos de volver nuevamente hacia ella -los ojos; y las bellezas que la naturaleza o el arte han producido -para cautivar la vista y atraer los espíritus, ya en cuerpos humanos, -ya en pinturas, todas juntas serían nada en comparación del placer -divino que me iluminó cuando me volví hacia su faz riente: la fuerza -que me infundió su mirada me apartó del bello nido de Leda,[189] y me -transportó al cielo más veloz.[190] Sus partes vivísimas y excelsas -son tan uniformes, que no sabré decir cuál de ellas escogió Beatriz -para mi entrada en él; pero ella, que veía mi deseo, empezó a decirme, -sonriéndose tan placentera, que parecía regocijarse Dios en su -semblante: - - [188] Las playas fenicias, donde Júpiter, transformado en - toro, robó a Europa. - - [189] Del signo de Géminis. - - [190] Al cielo llamado Primer móvil. - ---En esta esfera empieza, como en su meta, el movimiento, que -naturalmente cesa en el centro, mientras todo lo demás gira en torno -suyo; y este cielo no tiene otro sitio donde adquirir movimiento más -que la mente divina, en la cual se enciende el amor que le impulsa y -la influencia que vierte sobre las demás cosas. La luz y el amor la -circundan, así como él circunda a los otros cielos inferiores; y ese -círculo de luz y de amor lo dirige y lo comprende tan sólo Aquél que -rodea con él a este cielo. Su movimiento no está determinado por otro -alguno; pero los demás están medidos por éste, lo mismo que diez por -la mitad y el quinto. Ahora puedes comprender cómo el tiempo tiene sus -raíces en este tiesto, y en los otros las hojas. ¡Oh concupiscencia, -que de tal modo sumerges en ti a los mortales, que a ninguno le es -posible sacar los ojos fuera de tus ondas! Mucho florece la voluntad -en los hombres; pero la continua lluvia convierte las verdaderas -ciruelas en endrinas. La fe y la inocencia sólo se encuentran en los -niños; y después cada una de ellas huye antes de que el vello cubra sus -mejillas. Hay quien ayuna balbuceando todavía, y luego que tiene la -lengua suelta, devora cualquier alimento en cualquier época; y también -hay quien, balbuciente aún, ama y escucha a su madre, y cuando llega -a hablar claramente, desea verla sepultada. No de otro modo la piel -de la bella hija del que os trae la mañana y os deja la noche, siendo -blanca al principio, se ennegrece después.[191] Y a fin de que no te -maravilles, sabe que en la Tierra no hay quien gobierne; por lo cual -va tan descarriada la raza humana. Pero antes de que el mes de enero -deje de pertenecer al invierno, a causa del centésimo de que allá abajo -no hacen caso, estos círculos superiores rugirán de tal suerte, que -la borrasca, por tanto tiempo esperada, volverá las popas donde ahora -están las proas, haciendo que la flota navegue directamente, y que el -verdadero fruto venga en pos de la flor. - - [191] La Naturaleza humana. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMOCTAVO_ - - -Después que aquella que eleva mi alma al Paraíso me manifestó la verdad -contrapuesta a la vida actual de los míseros mortales, recuerda mi -memoria que, así como el que ve en un espejo la llama de una antorcha -encendida detrás de él, antes de haberla visto o pensado en ella, -se vuelve para cerciorarse de si el cristal le dice la verdad, y ve -que los dos están acordes, como la nota musical con el compás, así -hice yo al contemplar los hermosos ojos en donde tejió amor la cuerda -que me sujetó: y cuando me volví, y se vieron heridos los míos por -lo que aparece en aquel cielo toda vez que se observe con atención -su movimiento, distinguí un punto que despedía tan penetrante luz, -que es preciso cerrar los ojos iluminados por ella, a causa de su -aguda intensidad. La estrella que más pequeña parece desde la Tierra, -colocada a su lado, como una estrella cerca de otra, parecería una -luna. Casi tanto como el cerco de un astro parece distar de la luz -que le traza, cuando el vapor que lo forma es más denso, distaba del -centro de aquel punto un círculo de fuego, girando tan rápidamente, -que hubiera vencido en celeridad al movimiento de aquel Cielo que más -velozmente gira ciñendo al mundo. Este círculo estaba rodeado por -otro, y éste por un tercero, y el tercero por el cuarto, por el quinto -el cuarto, y después por el sexto el quinto; sobre éstos seguía el -séptimo, de tan gran extensión, que la mensajera de Juno[192] sería -demasiado estrecha para contenerlo por completo. Lo mismo sucedía con -el octavo y el noveno,[193] y cada cual de ellos se movía con más -lentitud según su mayor distancia del Uno, teniendo la llama más clara -el que menos distaba de la luz purísima; porque, según creo, participa -más de su verdad. Mi Dama, que me veía presa de una viva curiosidad, me -dijo: - - [192] Iris. - - [193] Estos nueve círculos luminosos son formados por los - nueve órdenes angélicos, y su punto céntrico es Dios. - ---De aquel punto depende el Cielo y toda la naturaleza. Mira aquel -círculo que está más próximo a él, y sabe que su movimiento es tan -rápido a causa del ardiente amor que le impulsa. - -Le contesté: - ---Si el mundo estuviera dispuesto en el orden en que veo esas ruedas, -tu explicación me hubiera satisfecho; pero en el mundo sensible se -pueden ver las cosas tanto más rápidas cuanto más apartadas están de su -centro: así es que, si mi deseo debe tener fin en este maravilloso y -angélico templo, cuyos únicos confines son el amor y la luz, necesito -todavía oír cómo es que el modelo y la copia no van del mismo modo; -porque yo en vano reflexiono en ello. - ---Si tus dedos no bastan para deshacer ese nudo, no es maravilla: ¡tan -sólido se ha hecho por no haber sido tocado! - -Así dijo mi Dama; después añadió: - ---Medita lo que voy a decirte, si quieres quedar satisfecho, y aguza -sobre ello el ingenio. Los círculos corpóreos son anchos y estrechos, -según la mayor o menor virtud que se difunde por todas partes. Cuanto -mayor es su bondad, más saludables son los efectos que produce; y el -cuerpo mayor contiene mayor bondad, con tal que sean todas sus partes -igualmente perfectas. Ahora bien, este círculo en que estamos, que -arrastra consigo todo el alto universo, corresponde al que más ama y -más sabe; por lo cual, si te fijas en la virtud y no en la extensión -de las substancias que te aparecen dispuestas en círculos, verás una -relación admirable y gradual entre cada Cielo y su inteligencia. - -Puro y sereno, como queda el hemisferio del aire cuando Bóreas sopla -con la menos impetuosa de sus mejillas, limpiando y disolviendo la -niebla que antes lo obscurecía todo, y haciendo que el cielo ostente -las bellezas de toda su comitiva, quedé yo cuando mi Dama me satisfizo -con sus claras respuestas, viendo entonces la verdad tan brillante -como las estrellas en el cielo. Cuando hubo terminado sus palabras, -empezaron a chispear los círculos, como chispea el hierro candente; y -aquel centelleo, que parecía un incendio, era imitado por cada chispa -de por sí, siendo éstas tantas, que su número se multiplicaba mil -veces más que el producido por la multiplicación de las casillas de un -tablero de ajedrez.[194] Yo oía cantar "Hosanna," de coro en coro, en -alabanza del punto fijo, que los tiene y siempre los tendrá en el lugar -donde siempre han estado: y aquella que veía las dudas de mi mente dijo: - - [194] La multiplicación duplicada de las casillas del tablero - de ajedrez produce una cantidad asombrosa, en esta forma: - 1.ª casilla, 1; 2.ª, 2; 3.ª, 4; 4.ª, 8; 5.ª, 16; 6.ª, 32; - hasta la casilla 64, que arroja veinte cifras, o sean decenas - de trillón. Cuéntase que el inventor del ajedrez fué un - indiano, el cual presentó el nuevo juego a un rey de Persia; - y habiéndole ofrecido éste darle lo que pidiese, pidió un - cuartillo de grano, duplicado y tantas veces multiplicado - cuantas eran las casillas del tablero. El rey se lo concedió - riéndose; pero no pudo pagarle, porque no hubo en todo el - reino bastante grano para ello. - ---Los primeros círculos te han mostrado los Serafines y los Querubines. -Siguen con tal velocidad su amorosa cadena para asemejarse al punto -cuanto pueden, y pueden tanto más, cuanto más altos están para verle. -Aquellos otros amores, que van en torno de ellos, se llaman Tronos de -la presencia divina, en los cuales termina el primer ternario; y debes -saber que es tanto mayor su gozo, cuanto más penetra su vista en la -Verdad, en que se calma toda inteligencia. Aquí puede conocerse que -la beatitud se funda en el acto de ver, y no en el de amar a Dios, lo -cual viene después; y siendo las obras meritorias engendradas por la -gracia y la buena voluntad, la medida de la contemplación procede así -de grado en grado. El otro ternario, que germina en esta primavera -eterna de modo que no le despoja el Aries nocturno, canta perpetuamente -"Hosanna" con tres melodías, que resuenan en los tres órdenes de -alegría de que se compone. En esa jerarquía están las tres diosas: -primera, Dominaciones; segunda, Virtudes, y el tercer orden es el de -las Potestades. Después, en los dos penúltimos círculos giran los -Principados y los Arcángeles: el último se compone todo de angélicos -festejos. Todos estos órdenes tienen sus miradas fijas arriba, y -ejercen abajo tal influencia, que así como ellos son atraídos por Dios, -atraen lo que está debajo de ellos. Con tal ardor se puso Dionisio[195] -a contemplar esos órdenes, que los nombró y distinguió como yo. Pero -Gregorio[196] se separó de él después; así es que en cuanto abrió los -ojos en este cielo, se ha reído de sí mismo. Y si un mortal ha revelado -en la Tierra una verdad tan secreta, no quiero que te admires; porque -el que la vió aquí arriba[197] se la descubrió, con otras muchas cosas -referentes a las verdades de estos círculos. - - [195] San Dionisio Areopagita, en su libro =De coelesti - hierarchia=. - - [196] San Gregorio el Grande, que modificó el orden de los - ángeles seguido por San Dionisio. - - [197] San Pablo, que fué transportado al cielo, e instruyó a - San Dionisio. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO VIGESIMONONO_ - - -Silenciosa y con el rostro risueño permaneció Beatriz, mirando -fijamente al punto que me había deslumbrado, tanto espacio de -tiempo como el que media desde el momento en que el cenit mantiene -en equilibrio a los dos hijos de Latona, cuando éstos, cobijados -respectivamente por Aries y Libra, se forman una misma zona del -horizonte, hasta que uno y otro rompen aquel cinto cambiando de -hemisferio.[198] Después empezó así: - - [198] Quiere decir que Beatriz guardó silencio, mirando - fijamente a Dios sólo un instante. Los hijos de Latona son el - Sol y la Luna: cuando ambos se hallan en el mismo horizonte, - uno en frente de otro, en Aries y Libra, como tenidos en - balanza por una mano invisible, inmediatamente rompen ese - equilibrio aparente, ascendiendo el uno a nuestro hemisferio, - y pasando el otro al hemisferio opuesto. - ---Yo te diré sin preguntar lo que deseas oír, porque lo he visto -desde allí donde converge todo "ubi" y todo "quando." No con objeto -de adquirir para sí ningún bien (que esto no puede ser), sino a fin -de que su esplendor, reflejándose en las criaturas, pudiera decir: -"Existo," el Eterno Amor, en su eternidad, antes que el tiempo fuese, y -de un modo incomprensible a toda otra inteligencia, se difundió según -le plugo, creando nuevos amores. No es decir que antes permaneciera -ocioso y como inerte; pues el proceder del espíritu de Dios sobre estas -aguas no tuvo antes ni después. La forma y la materia pura salieron -juntamente con una existencia sin defecto, como salen tres flechas de -un arco de tres cuerdas; y así como la luz brilla en el vidrio, en el -ámbar o en el cristal, de manera que entre el llegar y el ser toda no -media intervalo alguno, así también aquel triforme efecto irradió a -la vez de su Señor, sin distinción entre su principio y su existencia -perfecta. Simultáneamente fué también creado y establecido el orden -de las substancias; y aquellas en que se produjo el acto puro fueron -colocadas en la cima del mundo. A la parte inferior fué destinada -la potencia pura; y en el medio unió a la potencia y a la acción un -vínculo que nunca se desata. Jerónimo escribió que los ángeles fueron -creados muchos siglos antes de que fuera hecho el otro mundo; pero -esta verdad está escrita en varios pasajes de los escritores del -Espíritu Santo, y la podrás observar si bien la examinas, como que -hasta la misma razón la ve en parte; pues no podría comprender que los -motores permanecieran tanto tiempo sin su perfección. Ahora sabes ya -dónde, cómo y cuándo fueron creados estos amores; de modo que están -extinguidos tres ardores de tu deseo. No contarías de uno a veinte -con la prontitud con que una parte de los ángeles turbó el mundo de -vuestros elementos. La otra parte quedó aquí, y empezó la obra que -contemplas, con tanto placer que nunca cesa de girar. La causa de la -caída fué el maldito orgullo de aquel que viste en el centro de la -Tierra, pesando sobre él toda la gravedad del mundo. Esos que ves aquí -fueron modestos, reconociendo la bondad que los había hecho dispuestos -a tan altas miras; por lo cual sus inteligencias fueron de tal modo -exaltadas por la gracia que ilumina y por su mérito, que poseen una -plena y firme voluntad. Y no quiero que dudes, sino que tengas completa -certidumbre de que es meritorio recibir la gracia en proporción del -amor con que se la pide y acoge. En adelante, puedes contemplar a -tu placer y sin otra ayuda este consistorio, si has entendido mis -palabras: pero como en la Tierra y en vuestras escuelas se lee que la -naturaleza angélica es tal que entiende, recuerda y quiere, te diré -más todavía para que veas en toda su pureza la verdad que abajo se -confunde, equivocando semejante doctrina. Estas substancias, después de -haberse recreado en el rostro de Dios, no separaron su mirada de éste -para quien nada hay oculto; así es que su vista no está interceptada -por ningún nuevo objeto, y en consecuencia, no necesitan la memoria -para recordar un concepto separado de su pensamiento. Allá abajo, -pues, se sueña sin dormir, creyendo unos y no creyendo otros decir -la verdad; pero en éstos hay más falta y más vergüenza. Los que allá -abajo os dedicáis a filosofar, no vais por un mismo sendero; tanto -es lo que os arrastra el afán de parecer sabios e ingeniosos: y aun -esto se tolera aquí con menos rigor que el desprecio de la Sagrada -Escritura o su torcida interpretación. No pensáis en la sangre que -cuesta sembrarla por el mundo, y lo grato que es a Dios el que uniforma -humildemente sus ideas a las de aquélla. Sólo por parecer docto, cada -cual se ingenia y se esfuerza en invenciones, que sirven de texto a los -predicadores, mientras que el Evangelio se calla. Uno dice que la Luna -retrocedió cuando la pasión de Cristo, y se interpuso a fin de que la -luz del Sol no pudiera bajar a la Tierra; otros que la luz se ocultó -por sí misma, razón por la cual este eclipse fué tan sensible para -los Españoles y los Indios, como para los Judíos. No tiene Florencia -tantos Lapi y Bindi[199] como fábulas se pronuncian durante un año -y por todas partes en el púlpito; así es que las ovejas ignorantes -vuelven del pasto repletas de viento, sin que les sirva de excusa no -haber visto el daño. Cristo no dijo a su primer convento: "Andad y -predicad patrañas al mundo," sino que les dió por base la verdad: y -ésta sonó en sus bocas de tal modo, que al combatir para encender la -Fe, solamente se valieron del Evangelio como de escudo y lanza. Ahora, -para predicar, se abusa de las argucias y bufonadas; con tal de excitar -la hilaridad, la cogulla se hincha y no se desea otra cosa. Pero en la -punta de esa cogulla anida tal pájaro,[200] que si el vulgo lo viese, -no admitiría las indulgencias de aquellos en quienes confía; por las -cuales ha crecido tanto la necedad en la Tierra, que sin pedir pruebas -de su autenticidad, se agolparía la gente a cualquier promesa de ellas. -Con esto engorda el puerco de San Antonio, y engordan otros muchos -que son peores que puercos, pagando en moneda sin cuño. Mas, poniendo -fin a esta larga digresión, vuelve ya tus ojos hacia la vía recta, -de modo que el camino y el tiempo se abrevien. La naturaleza de los -ángeles aumenta tanto su número de grado en grado, que no hay palabra -ni inteligencia mortal que pueda llegar a significar ese número; y si -examinas bien lo que reveló Daniel, verás que en sus millares no se -manifiesta un número determinado. La primera luz que ilumina toda la -naturaleza angélica penetra en ella de tantos modos cuantos son los -esplendores a que se une. Así pues, como el afecto es proporcionado -a la intensidad de la visión beatífica, la dulzura del amor es en los -ángeles diversamente fervorosa o tibia. Contempla en adelante la altura -y la extensión del Poder Eterno; pues ha formado para sí tantos espejos -en los que se reparte, quedando siempre uno e indivisible como antes de -haberlos creado. - - [199] Nombres muy comunes en Florencia. - - [200] El demonio. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO TRIGESIMO_ - - -Acaso arde la hora sexta distante seis mil millas de nosotros, y este -mundo inclina ya su sombra casi horizontalmente, cuando el centro del -cielo que vemos más profundo empieza a ponerse de modo, que algunas -estrellas van perdiéndose de vista desde la Tierra; y a medida que -viene adelantando la clarísima sierva del Sol, el cielo apaga de una en -una sus luces hasta la más bella. No de otra suerte desapareció poco a -poco a mi vista el triunfo de los coros angélicos, que siempre festeja -en torno de aquel punto que me deslumbró, pareciéndome contenido en -lo mismo que él contiene; por lo cual, no viendo ya nada, esto unido -al amor me obligó a volver los ojos hacia Beatriz. Si todo cuanto -hasta aquí se ha dicho acerca de ella estuviera reunido en una sola -alabanza, sería poco para llenar el objeto. La belleza que en ella -vi no sólo está fuera del alcance de nuestra inteligencia, sino que -creo con certeza que su Hacedor es el único que la comprende toda. Me -confieso vencido por este pasaje de mi poema más de lo que con respecto -a otro punto lo fué jamás autor trágico o cómico; porque así como -el Sol ofusca la vista más trémula, del mismo modo el recuerdo de la -dulce sonrisa paraliza mi mente. Desde el primer día que vi su rostro -en esta vida, hasta mi actual contemplación, no se ha interrumpido la -continuación de mi canto; pero ahora es preciso que mi poema desista de -seguir cantando la belleza de mi Dama, como hace todo artista que llega -al último esfuerzo en su arte. Tal cual la dejo para que la anuncie una -trompa de mayor sonido que la mía, que conduce al término su difícil -tarea, Beatriz repuso con el gesto y la voz de una guía solícita: - ---Hemos salido fuera del mayor de los cuerpos celestes, para subir al -cielo que es pura luz;[201] luz intelectual, llena de amor, amor de -verdadero bien, lleno de gozo; gozo superior a toda dulzura. Aquí verás -una y otra milicia del Paraíso, y una de ellas bajo aquel aspecto con -que la contemplarás en el juicio final. - - [201] Del Primer móvil al Empíreo. - -Como súbito relámpago que disipa las potencias visivas, privando al ojo -de la facultad de distinguir los mayores objetos, así me circundó una -luz resplandeciente, dejándome velado de tal suerte con su fulgor, que -nada descubría. - ---El Amor que tranquiliza este cielo, acoge siempre con semejante -saludo al que entra en él, a fin de disponer al cirio para recibir su -llama. - -No bien hube oído estas palabras, cuando me sentí elevar de un modo -superior a mis fuerzas, y adquirí una nueva vista de tal vigor, que no -hay luz alguna tan brillante que no pudieran soportarla mis ojos. Y vi -en forma de río una luz áurea, que despedía espléndidos fulgores entre -dos orillas adornadas de admirable primavera. De este río salían vivas -centellas, que por todas partes llovían sobre las flores, pareciendo -rubíes engastados en oro. Después, como embriagadas con aquellos -aromas, volvían a sumergirse en el maravilloso raudal; pero si una -entraba en él, otra salía. - ---El alto deseo que ahora te inflama y estimula para comprender lo -que estás viendo, me place tanto más cuanto es más vehemente; pero es -preciso que bebas de esa agua antes que sacies tanta sed. - -Así me dijo el Sol de mis ojos. Luego añadió: - ---El río y los topacios, que entran y salen, y la sonrisa de las -hierbas son nada más que sombras y prefacios de la verdad: no es decir -que estas cosas sean en sí de difícil comprensión; pues el defecto está -en ti, que no tienes aún la vista bastante elevada. - -Ningún niño se tira de cabeza tan presuroso al pecho de su madre cuando -despierta más tarde de lo acostumbrado, como yo, para mejorar los -espejos de mis ojos, me incliné sobre la onda luminosa, que corre a fin -de que se perfeccione la vista; y apenas se bañó en ella la extremidad -de mis párpados, me pareció que la larga corriente se había vuelto -redonda. Después, así como la gente enmascarada parece otra cosa muy -distinta en cuanto se despoja de la falsa apariencia bajo la cual se -ocultaba, así me pareció que adquirían mayor alegría las flores y las -centellas; de modo que vi distintamente las dos cortes del cielo. ¡Oh -esplendor de Dios, merced al cual vi el gran triunfo del reino de la -verdad! Dame fuerzas para decir cómo lo vi. - -Hay allá arriba una luz, que hace visible el Creador a toda criatura -que sólo funda su paz en contemplarle; y se extiende en forma circular -por tanto espacio, que su circunferencia sería para el Sol un cinturón -demasiado anchuroso. Toda su apariencia procede de un rayo reflejado -sobre la cumbre del Primer Móvil, que de él adquiere movimiento y -potencia; y así como una colina se contempla en el agua que baña su -base, cual si quisiera mirarse adornada cuando es más rica de verdor y -flores, así, suspendidas en torno, en torno de la luz, vi reflejarse en -más de mil gradas todas las almas que desde nuestro mundo han vuelto -allá arriba. Y si la última grada concentra en sí tanta luz, ¡cuál no -será el esplendor de esta rosa en sus últimas hojas! Mi vista no se -perdía en la anchura ni en la elevación de esta rosa, sino que abarcaba -toda la cantidad y la calidad de aquella alegría. Allí, el estar cerca -o lejos, no da ni quita; porque donde Dios gobierna sin interposición -de causas secundarias, no ejerce ninguna acción la ley natural. Hacia -el centro de la rosa sempiterna, que se dilata, se eleva gradualmente -y exhala un perfume de alabanzas al Sol que allí produce una eterna -primavera, me atrajo Beatriz como el que calla al mismo tiempo que -quiere hablar, y dijo: - ---¡Mira cuán grande es la reunión de blancas estolas! ¡Mira qué gran -circuito tiene nuestra ciudad! ¡Mira nuestros escaños tan llenos, que -ya son pocos los llamados a ocuparlos! En aquel gran asiento donde -tienes los ojos fijos a causa de la corona que está colocada sobre -él, antes que tú cenes en estas bodas se sentará el alma de gran -Enrique, que será augusta en la Tierra,[202] el cual irá a reformar -la Italia antes que se halle preparada para ello. La ciega codicia -que os enferma, os ha hecho semejantes al niño que muere de hambre -y rechaza a su nodriza. Entonces será prefecto en el foro divino un -hombre,[203] que abierta y ocultamente no irá por el mismo camino que -aquél; pero poco tiempo le tolerará Dios en su santo cargo; porque será -arrojado donde está Simón Mago por sus merecimientos, y hará que el de -Alagna[204] se hunda más. - - [202] Aquí Dante finge predecir en 1300 la coronación del - emperador Enrique VII de Luxemburgo, que tuvo efecto en 1308. - - [203] El papa Clemente V. - - [204] El papa Bonifacio VIII. (Véase el Infierno, canto XIX.) - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO TRIGESIMOPRIMERO_ - - -En forma, pues, de blanca rosa se ofrecía a mi vista la milicia santa -que Cristo con su sangre hizo su esposa; pero la otra, que volando ve y -canta la gloria de aquel que la enamora y la bondad que tan excelsa la -ha hecho, como un enjambre de abejas, que ora se posa sobre las flores, -ora vuelve al sitio donde su trabajo se convierte en dulce miel, -descendía a la gran flor que se adorna de tantas hojas, y desde allí -se lanzaba de nuevo hacia el punto donde siempre permanece su Amor. -Todas estas almas tenían el rostro de llama viva, las alas de oro, y -lo restante de tal blancura, que no hay nieve que pueda comparársele. -Cuando descendían por la flor de grada en grada, comunicaban a las -otras almas la paz y el ardor que ellas adquirían volando; y por más -que aquella familia alada se interpusiera entre lo alto y la flor, no -impedía la vista ni el esplendor, porque la luz divina penetra en el -universo según que éste es digno de ello, de manera que nada puede -servirle de obstáculo. - -Este reino tranquilo y gozoso, poblado de gente antigua y moderna, -tenía todo él la vista y el amor dirigidos hacia un solo punto. ¡Oh -trina luz, que centelleando en una sola estrella, regocijas de tal -modo la vista de esos espíritus!, mira cuál es aquí abajo nuestra -tormenta. Si los bárbaros, procedentes de la región que cubre Hélice -diariamente girando con su hijo a quien mira con amor,[205] se quedaban -estupefactos al ver a Roma y sus magníficos monumentos, cuando Letrán -superaba a todas las obras salidas de manos de los hombres, yo, que -acababa de pasar de lo humano a lo divino, del tiempo limitado a lo -eterno, y de Florencia a un pueblo justo y santo, ¿de qué estupor no -estaría lleno? En verdad que, entregado a tal estupor y a mi gozo, me -complacía el no oír ni decir nada. Y como el peregrino que se recrea -contemplando el templo que había hecho voto de visitar, y espera, al -volver a su país, referir cómo estaba construído, así yo, contemplando -la viva luz, paseaba mis miradas por todas las gradas, ya hacia arriba, -ya hacia abajo, ya en derredor, y veía rostros que excitaban a la -caridad, embellecidos por otras luces y por su sonrisa, y en actitudes -adornadas de toda clase de gracia. Mi vista había abarcado por completo -la forma general del Paraíso, pero no se había fijado en parte alguna: -entonces, poseído de un nuevo deseo, me volví hacia mi Dama para -preguntarle sobre algunos puntos que tenían en suspenso mi mente; pero -cuando esperaba una cosa, me sucedió otra: creía ver a Beatriz, y vi un -anciano[206] vestido como la familia gloriosa. En sus ojos y en sus -mejillas estaba esparcida una benigna alegría, y su aspecto era tan -dulce como el de un tierno padre. - - [205] El Norte, sobre el cual gira constantemente la Osa - mayor, junto con su hijo Bootes o Arturo. - - [206] Beatriz ha cumplido ya su misión, y desaparece del - lado de Dante, sustituyéndole San Bernardo, símbolo de la - contemplación y del amor a María, de quien impetra luego que - alcance para el Poeta la gracia de ver a Dios; tal vez porque - para esto no basta la ciencia teológica, y se necesita de la - Gracia. - ---Y ella ¿dónde está?--dije al momento. - -A lo cual contestó él: - ---Beatriz me ha enviado desde mi asiento para poner fin a tu deseo; -y si miras el tercer círculo a partir de la grada superior, la verás -ocupar el trono en que la han colocado sus méritos. - -Sin responder levanté los ojos, y la vi formándose una corona de los -eternos rayos que de sí reflejaba. El ojo del que estuviese en lo -profundo del mar no distaría tanto de la región más elevada donde -truena, como distaban de Beatriz los míos; pero nada importaba, porque -su imagen descendía hasta mí sin interposición de otro cuerpo. - ---¡Oh mujer, en quien vive mi esperanza, y que consentiste, por mi -salvación, en dejar tus huellas en el Infierno! Si he visto tantas -cosas, a tu bondad y a tu poder debo esta gracia y la fuerza que me ha -sido necesaria. Tú, desde la esclavitud, me has conducido a la libertad -por todas las vías y por todos los medios que para hacerlo han estado a -tu alcance. Consérvame tus magníficos dones, a fin de que mi alma, que -sanaste, se separe de su cuerpo siendo agradable a tus ojos. - -Así oré; y aquella que tan lejana parecía, se sonrió y me miró, -volviéndose después hacia la eterna fuente.[207] El santo Anciano me -dijo: - - [207] Dios, eterna fuente de bien. - ---A fin de que lleves a feliz término tu viaje, para lo cual me han -movido el ruego y el amor santo, vuela con los ojos por este jardín; -pues mirándolo se avivará más tu vista para subir hasta el rayo -divino. Y la Reina del Cielo, por quien ardo enteramente en amor, nos -concederá todas las gracias, porque yo soy su fiel Bernardo. - -Como aquel que acaso viene de Croacia para ver nuestra Verónica, y no -se cansa de contemplarla a causa de su antigua fama, antes bien dice -para sí mientras se la enseñan: "Señor mío Jesucristo, Dios verdadero, -¿era tal vuestro rostro?," lo mismo estaba yo mirando la viva caridad -de aquél, que entregado a la contemplación, gustó en el mundo las -delicias de que ahora goza. - ---Hijo de la gracia--empezó a decirme--, no podrás conocer esta -existencia dichosa, mientras fijes los ojos solamente aquí abajo. Ve -mirando los círculos hasta el más remoto, a fin de que veas el trono de -la Reina a quien está sometido y consagrado este reino. - -Levanté los ojos; y así como por la mañana la parte oriental del -horizonte excede en claridad a aquella por donde el Sol se pone, del -mismo modo, y dirigiendo la vista como el que va del fondo de un valle -a la cumbre de un monte, vi en el más elevado círculo una parte del -mismo que sobrepujaba en claridad a todas las otras; y así como allí -donde se espera el carro que tan mal guió Faetón,[208] más se inflama -el cielo y fuera de aquel punto va perdiendo la luz su viveza, de -igual suerte aquella pacífica oriflama[209] brillaba más en su centro, -disminuyéndose gradualmente el resplandor en todas las demás partes. -En aquel centro vi más de mil ángeles que la festejaban con las alas -desplegadas, diferente cada cual en su esplendor y en su actitud. Ante -sus juegos y sus cantos vi sonreír una beldad, que infundía el contento -en los ojos de los demás santos. Aun cuando tuviera tantos recursos -para decir como para imaginar, no me atrevería a expresar la mínima -parte de sus delicias. - - [208] El carro del Sol. - - [209] La Virgen María. - -Cuando Bernardo vió mis ojos atentos y fijos en el objeto de su -ferviente amor, volvió los suyos hacia él con tanto afecto, que -infundió en los míos más ardor para contemplarlo. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO TRIGESIMOSEGUNDO_ - - -Atento a su dicha, aquel contemplador asumió espontáneamente en sí el -cargo de maestro y empezó por estas santas palabras: - ---La herida que María restañó y curó fué abierta y enconada por aquella -mujer tan hermosa que está a sus pies.[210] Debajo de ésta, en el -orden que forman los terceros puestos, se sientan, como ves, Raquel -y Beatriz.[211] Sara, Rebeca, Judith, y la bisabuela[212] del Cantor -que en medio del dolor producido por su falta dijo "Miserere mei," -puedes verlas sucederse de grado en grado, descendiendo, a medida que -en la rosa te las voy nombrando de hoja en hoja. Y desde la séptima -grada para abajo, como desde la más alta a la misma grada, se suceden -las Hebreas, dividiendo todas las hojas de la flor; porque aquéllas -son como un recto muro, que comparte los sagrados escalones, según -como se fijó en Cristo la mirada de la fe. En esa parte, en que la -flor está provista de todas sus hojas, se sientan los que creyeron -en la venida de Jesucristo; y en la otra, en que los semicírculos se -ven interrumpidos por algunos huecos, se sientan los que creyeron en -El después de haber venido; y así como en esa parte el glorioso trono -de la Señora del cielo y los otros escaños inferiores forman tan -gran separación, así en la opuesta está el trono del gran Juan que, -siempre santo, sufrió la soledad y el martirio, y el Infierno después -durante dos años;[213] y así también debajo de él, formando a propósito -igual separación, está el de Francisco; bajo éste el de Benito, bajo -Benito Agustín y otros varios, descendiendo de igual modo hasta aquí -de círculo en círculo. Admira, pues, la elevada Providencia divina; -porque uno y otro aspecto de la Fe llenarán por igual este jardín. Y -sabe que desde la grada que corta por mitad ambas filas hasta abajo, -nadie se sienta por su propio mérito, sino por el que contrajo otro, y -con ciertas condiciones; porque todos ellos son espíritus desprendidos -de la Tierra antes que estuviesen dotados de criterio para elegir la -verdad. Fácil te será cerciorarte de ello por sus rostros y también por -sus voces infantiles, si los miras y los escuchas bien. Ahora dudas, -y dudando guardas silencio; pero yo soltaré las fuertes ligaduras con -que te estrechan tus sutiles pensamientos. En toda la extensión de -este reino no puede tener cabida un asiento dado por casualidad, como -tampoco caben la tristeza, la sed, ni el hambre; pues todo cuanto ves -se halla establecido por eterna ley, de modo que aquí cada cosa viene -justa como anillo al dedo. Por lo tanto, estas almas apresuradas a la -verdadera vida no son aquí "sine causa" más o menos excelentes entre -sí. El Rey por quien este reino reposa en tanto amor y deleite, que -ninguna voluntad se atreve a desear más, creando todas las almas bajo -su dichoso aspecto, las dota según quiere de más o menos gracia: en -cuanto a esto baste conocer el efecto; lo cual se demuestra expresa -y claramente por la Sagrada Escritura en aquellos gemelos a quienes -agitó la ira en el vientre de su madre.[214] Por lo tanto, es preciso -que la altísima luz corone de su gloria a los espíritus según sea el -color de los cabellos de tal gracia. Así pues, sin consideración al -mérito de sus obras, se hallan ésos colocados en diferentes grados, -distinguiéndose tan sólo por su penetración primitiva. En los primeros -siglos bastaba ciertamente para salvarse tener, junto con la inocencia, -la fe de los padres. Transcurridas las primeras edades, fué menester -que los varones todavía inocentes adquiriesen la virtud por medio -de la circuncisión; pero cuando llegó el tiempo de la Gracia, toda -aquella inocencia debió permanecer en el Limbo, si no había recibido el -perfecto bautismo de Cristo. Contempla ahora la faz que más se asemeja -a la de Cristo, pues sólo su resplandor podrá disponerte a ver a Cristo. - - [210] Eva. - - [211] Beatriz es la imagen de la Teología, y Raquel de la vida - contemplativa. - - [212] Ruth, bisabuela de David. - - [213] San Juan Bautista estuvo en el Limbo casi dos años, - porque murió antes que Jesucristo. - - [214] Esaú y Jacob. - -Vi llover sobre ella tanta alegría, llevada por los santos espíritus, -creados para volar por aquella altura, que todo cuanto antes había -visto no me había causado tal admiración, ni me había mostrado mayor -semejanza con Dios. Y aquel amor[215] que fué el primero en descender -cantando "Ave, María, gratia plena," extendió sus alas delante de -ella. A tan divina cantinela respondió por todas partes la corte -bienaventurada, de tal modo que cada espíritu pareció más radiante. - - [215] El arcángel San Gabriel. - ---¡Oh Santo Padre, que por mí te dignas estar aquí abajo, dejando el -dulce sitio donde te sientas por toda una eternidad! ¿Qué ángel es ese, -que con tanto gozo mira los ojos de nuestra Reina, y tan enamorado está -que parece de fuego? - -Con estas palabras recurrí nuevamente a la enseñanza de aquel que se -embellecía con las bellezas de María, como a los rayos del Sol se -embellece la estrella matutina. Y él me respondió: - ---Toda la confianza y la gracia que pueden caber en un ángel y en un -alma, se encuentran en él, y así queremos que sea; porque es el que -llevó la palma a María, cuando el Hijo de Dios quiso cargar con nuestro -peso. Pero sigue ahora con la vista según yo vaya hablando, y fija la -atención en los grandes patricios de este imperio justísimo y piadoso. -Aquellos dos que ves sentados allá arriba, más felices por estar -sumamente próximos a la Augusta Señora, son casi dos raíces de esta -rosa. El que está a la izquierda es el padre, cuyo atrevido paladar fué -causa de que la especie humana probara tanta amargura.[216] Contempla a -la derecha al anciano padre de la santa Iglesia, a quien Cristo confió -las llaves de esta encantadora flor:[217] a su lado se sienta aquel que -vió, antes de morir, todos los tiempos calamitosos que debía atravesar -la bella esposa que fué conquistada con la lanza y los clavos;[218] y -próximo al otro, aquel Jefe bajo cuyas órdenes vivió de maná la nación -ingrata, voluble y obstinada.[219] Mira sentada a Ana frente a Pedro, -contemplando a su hija con tal arrobamiento, que ni aun al cantar -"Hosanna" separa de ella los ojos: y frente al mayor Padre de familia -se sienta Lucía, que envió a tu Dama en tu socorro, cuando cerraste -los párpados al borde del abismo. Mas, puesto que huye el tiempo que -te adormece, haremos punto aquí, como un buen sastre, que según el -paño con que cuenta, así hace el traje y elevaremos los ojos hacia el -primer Amor, de modo que, mirándole, penetres en su fulgor cuanto te -sea posible. Sin embargo, a fin de que al mover tus alas no retrocedas -acaso creyendo adelantar, es preciso pedir con ruegos la gracia que -necesitas, e impetrarla de aquella que puede ayudarte: sígueme, pues, -con el afecto, de modo que tu corazón acompañe a mis palabras. - - [216] Adán, cabeza del Antiguo Testamento. - - [217] San Pedro, cabeza del Nuevo Testamento. - - [218] San Juan Evangelista. - - [219] Moisés, que está cerca de Adán. - -Y comenzó a decir esta santa oración: - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -_CANTO TRIGESIMOTERCIO_ - - -"Virgen madre, hija de tu hijo, la más humilde al par que la más alta -de todas las criaturas, término fijo de la voluntad eterna, tú eres la -que has ennoblecido de tal suerte la humana naturaleza, que su Hacedor -no se desdeñó de convertirse en su propia obra. En tu seno se inflamó -el amor cuyo calor ha hecho germinar esta flor en la paz eterna. Eres -aquí para nosotros meridiano Sol de caridad, y abajo para los mortales -vivo manantial de esperanza. Eres tan grande, señora, y tanto vales, -que todo el que desea alcanzar alguna gracia y no recurre a ti, quiere -que su deseo vuele sin alas. Tu benignidad no sólo socorre al que -te implora, sino que muchas veces se anticipa espontáneamente a la -súplica. En ti se reúnen la misericordia, la piedad, la magnificencia, -y todo cuanto bueno existe en la criatura. Este, pues, que desde la más -profunda laguna del universo hasta aquí ha visto una a una todas las -existencias espirituales, te suplica le concedas la gracia de adquirir -tal virtud, que pueda elevarse con los ojos hasta la salud suprema. Y -yo, que nunca he deseado ver más de lo que deseo que él vea, te dirijo -todos mis ruegos, y te suplico que no sean vanos, a fin de que disipes -con los tuyos todas las nieblas procedentes de su condición mortal, -de suerte que pueda contemplar abiertamente el sumo placer. Te ruego -además, ¡oh Reina, que puedes cuanto quieres!, que conserves puros sus -afectos después de tanto ver; que tu custodia triunfe de los impulsos -de las pasiones humanas: mira a Beatriz cómo junta sus manos con todos -los bienaventurados para unir sus plegarias a las mías." - -Los ojos que Dios ama y venera,[220] fijos en el que por mí oraba, me -demostraron cuán gratos le son los devotos ruegos. Después se elevaron -hacia la Luz eterna en la cual no es creíble que la mirada de criatura -alguna pueda fijarse tan abiertamente. Y yo, que me acercaba al fin -de todo anhelo, puse término en mí, como debía, al ardor del deseo. -Bernardo sonriéndose me indicaba que mirase hacia arriba; pero yo había -hecho ya por mí mismo lo que él quería: porque mi vista, adquiriendo -más y más pureza y claridad, penetraba gradualmente en la alta luz que -tiene en sí misma la verdad de su existencia. Desde aquel instante, lo -que vi excede a todo humano lenguaje, que es impotente para expresar -tal visión, y la memoria se rinde a tanta grandeza. Como el que ve -soñando, y después del sueño conserva impresa la sensación que ha -recibido, sin que le quede otra cosa en la mente, así estoy yo ahora; -pues casi ha cesado del todo mi visión, y aun destila en mi pecho la -dulzura que nació de ella. Del mismo modo ante el Sol pierde su forma -la nieve, y así también se dispersaban al viento en las ligeras hojas -las sentencias de la Sibila. - - [220] Los ojos de la Virgen María. - -¡Oh luz suprema que te elevas tanto sobre los pensamientos de los -mortales! Presta a mi mente algo de lo que parecías, y haz que mi -lengua sea tan potente, que pueda dejar a lo menos un destello de tu -gloria a las generaciones venideras; pues si se muestra algún tanto a -mi memoria y resuena lo mínimo en mis versos, se podrá concebir más tu -victoria. - -Por la intensidad del vivo rayo que soporté sin cegar, creo que me -habría perdido, si hubiera separado de él mis ojos; y recuerdo que -por esto fuí tan osado para sostenerlo, que uní mi mirada con el -Poder infinito. ¡Oh gracia abundante, por la cual tuve atrevimiento -para fijar mis ojos en la Luz eterna hasta tanto que consumí toda mi -fuerza visiva! En su profundidad vi que se contiene ligado con vínculos -de amor en un volumen todo cuanto hay esparcido por el universo: -substancias, accidentes y sus cualidades, unido todo de tal manera, -que cuanto digo no es más que una pálida luz. Creo que vi la forma -universal de este nudo, porque, recordando estas cosas, me siento -poseído de mayor alegría. Un solo punto me causa mayor olvido, que el -que han causado veinticinco siglos transcurridos desde la empresa que -hizo a Neptuno admirarse de la sombra de Argos. Así es que mi mente en -suspenso miraba fija, inmóvil y atenta, y continuaba mirando con ardor -creciente. El efecto de esta luz es tal, que no es posible consentir -jamás en separarse de ella para contemplar otra cosa; porque el bien, -que es objeto de la voluntad, se encierra todo en ella, y fuera de -ella es defectuoso lo que allí perfecto. Desde este punto, a causa de -lo poco que recuerdo, mis palabras serán más breves que las de un niño -cuya lengua se baña todavía en la leche materna. No porque hubiese más -de un simple aspecto en la viva luz que yo miraba, pues siempre es -tal como antes era, sino porque mi vista se avaloraba contemplándola, -su apariencia única se me representaba en otra forma según iba -alterándose mi aptitud visiva. En la profunda y clara substancia de la -alta luz se me aparecieron tres círculos de tres colores y de una sola -dimensión:[221] el uno parecía reflejado por otro como Iris por Iris, y -el tercero parecía un fuego procedente de ambos por igual. ¡Ah!, ¡cuán -escasa y débil es la lengua para decir mi concepto! Y éste lo es tanto, -comparado a lo que vi, que la palabra "poco" no basta para expresar su -pequeñez. - - [221] La Santísima Trinidad. - -¡Oh Luz eterna, que en ti solamente resides, que sola te comprendes, -y que siendo por ti a la vez inteligente y entendida, te amas y te -complaces en ti misma! Aquel de tus círculos, que parecía proceder de -ti como el rayo reflejado procede del rayo directo, cuando mis ojos -lo contemplaron en torno, parecióme que dentro de sí con su propio -color representaba nuestra efigie, por lo cual mi vista estaba fija -atentamente en él. Como el geómetra que se dedica con todo empeño a -medir el círculo, y por más que piensa no encuentra el principio que -necesita, lo mismo estaba yo ante aquella nueva imagen. Yo quería ver -cómo correspondía la efigie al círculo, y cómo a él estaba unida; pero -no alcanzaban a tanto mis propias alas, si no hubiera sido iluminada mi -mente por un resplandor, merced al cual fué satisfecho su deseo. - -Aquí faltó la fuerza a mi elevada fantasía; pero ya eran movidos mi -deseo y mi voluntad, como rueda cuyas partes giran todas igualmente, -por el Amor que mueve el Sol y las demás estrellas. - - FIN - - - - - _INDICE_ - - - Pág. - - "La Commedia" 5 - - - INFIERNO - - Canto Primero 25 - Canto Segundo 29 - Canto Tercero 33 - Canto Cuarto 39 - Canto Quinto 45 - Canto Sexto 51 - Canto Séptimo 55 - Canto Octavo 59 - Canto Nono 63 - Canto Décimo 67 - Canto Undécimo 73 - Canto Duodécimo 77 - Canto Décimotercio 83 - Canto Décimocuarto 89 - Canto Décimoquinto 95 - Canto Décimosexto 99 - Canto Décimoséptimo 105 - Canto Décimoctavo 109 - Canto Décimonono 118 - Canto Vigésimo 119 - Canto Vigésimoprimero 128 - Canto Vigésimosegundo 129 - Canto Vigésimotercio 135 - Canto Vigésimocuarto 141 - Canto Vigésimoquinto 147 - Canto Vigésimosexto 153 - Canto Vigésimoséptimo 157 - Canto Vigésimoctavo 161 - Canto Vigésimonono 165 - Canto Trigésimo 171 - Canto Trigésimoprimero 177 - Canto Trigésimosegundo 183 - Canto Trigésimotercio 189 - Canto Trigésimocuarto 195 - - - PURGATORIO - - Canto Primero 203 - Canto Segundo 207 - Canto Tercero 211 - Canto Cuarto 217 - Canto Quinto 223 - Canto Sexto 229 - Canto Séptimo 235 - Canto Octavo 241 - Canto Nono 247 - Canto Décimo 251 - Canto Undécimo 255 - Canto Duodécimo 261 - Canto Décimotercio 265 - Canto Décimocuarto 271 - Canto Décimoquinto 277 - Canto Décimosexto 283 - Canto Décimoséptimo 289 - Canto Décimoctavo 293 - Canto Décimonono 299 - Canto Vigésimo 305 - Canto Vigésimoprimero 311 - Canto Vigésimosegundo 315 - Canto Vigésimotercio 321 - Canto Vigésimocuarto 325 - Canto Vigésimoquinto 331 - Canto Vigésimosexto 337 - Canto Vigésimoséptimo 343 - Canto Vigésimoctavo 347 - Canto Vigésimonono 351 - Canto Trigésimo 357 - Canto Trigésimoprimero 361 - Canto Trigésimosegundo 367 - Canto Trigésimotercio 373 - - - PARAISO - - Canto Primero 381 - Canto Segundo 385 - Canto Tercero 391 - Canto Cuarto 395 - Canto Quinto 399 - Canto Sexto 403 - Canto Séptimo 409 - Canto Octavo 413 - Canto Nono 419 - Canto Décimo 425 - Canto Décimoprimero 431 - Canto Décimosegundo 435 - Canto Décimotercio 441 - Canto Décimocuarto 447 - Canto Décimoquinto 451 - Canto Décimosexto 457 - Canto Décimoséptimo 463 - Canto Décimoctavo 467 - Canto Décimonono 471 - Canto Vigésimo 477 - Canto Vigésimoprimero 483 - Canto Vigésimosegundo 489 - Canto Vigésimotercio 495 - Canto Vigésimocuarto 499 - Canto Vigésimoquinto 505 - Canto Vigésimosexto 511 - Canto Vigésimoséptimo 517 - Canto Vigésimoctavo 523 - Canto Vigésimonono 529 - Canto Trigésimo 535 - Canto Trigésimoprimero 541 - Canto Trigésimosegundo 547 - Canto Trigésimotercio 553 - - - - - SE ACABÓ DE IMPRIMIR EN LOS TALLERES - GRÁFICOS, BAJO LA DIRECCIÓN DEL - DEPARTAMENTO EDITORIAL DE LA - SECRETARÍA DE EDUCACIÓN - PÚBLICA, EL 18 DE NOVIEMBRE, - EN EL AÑO DEL SEXTO - CENTENARIO DE LA - MUERTE DEL - POETA. - -[Ilustración] - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of La Divina Comedia, by Dante Alighieri - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA DIVINA COMEDIA *** - -***** This file should be named 57303-8.txt or 57303-8.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/7/3/0/57303/ - -Produced by Carlos Colón, The University of Toronto and -the Online Distributed Proofreading Team at -http://www.pgdp.net (This file was produced from images -generously made available by The Internet Archive) - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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