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-The Project Gutenberg eBook, De Sobremesa; crónicas, Primera Parte (de
-5), by Jacinto Benavente
-
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
-the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have
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-
-
-
-
-Title: De Sobremesa; crónicas, Primera Parte (de 5)
-
-
-Author: Jacinto Benavente
-
-
-
-Release Date: March 5, 2017 [eBook #54283]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-
-***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; CRÓNICAS, PRIMERA
-PARTE (DE 5)***
-
-
-E-text prepared by Josep Cols Canals, Paul Marshall, and the Online
-Distributed Proofreading Team (http://www.pgdp.net) from page images
-generously made available by Internet Archive (https://archive.org)
-
-
-
-Note: Images of the original pages are available through
- Internet Archive. See
- https://archive.org/details/desobremesacrn01bena
-
-
-Notas del Transcriptor:
-
- Letras itálicas son denotadas con _líneas_.
-
- El símbolo ^ indica letras en sobrescrito.
-
- Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las
- minúsculas) han sido sustituidas por letras mayúsculas
- de tamaño normal.
-
-
-
-
-
-JACINTO BENAVENTE
-
-DE SOBREMESA
-
-CRÓNICAS
-
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-MADRID
-LIBRERÍA DE FERNANDO FÉ
-Puerta del Sol, 15
-
-1910
-
-ES PROPIEDAD.—DERECHOS RESERVADOS
-
-MADRID.—Imprenta Española, calle del Olivar, 8
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-PRÓLOGO
-
-
-Muchas y celebres conversaciones de sobremesa pasaron á la Historia
-ilustradas con grandes nombres, y aún grandes acontecimientos de la
-Historia se decidieron entre la _poir et le fromage_. De la panza sale
-la danza, y esta danza del bien comer, danza de la vida, como aquellas
-famosas danzas de la muerte, evocadas por poetas y pintores en la Edad
-Media, á nadie excusa de danzar y todos hacen en ella su mudanza, unos
-con gentileza y garbo, otros con más presunción que gracia; otros sin
-una ni otra, tímidos y encogidos; pero todos al mismo son, que es la
-armonía bien concertada de la vida que nunca pierde el compás, aunque
-puede parecerlo alguna vez—á los que más atiendan al moverse de los
-danzantes humanos que al son de la música divina.
-
-Suelen ser mis comensales, muchas veces un periódico, revista ó libro,
-sostenido entre la copa y el plato, cosa mal vista de los higienistas,
-pero no se que más pueda perturbar la digestión, una lectura agradable
-que un impertinente compañero de mesa ó que una orquesta próxima, así
-sea la banda de alabarderos. Otras veces mis comensales son de las más
-variadas condiciones y procedencias, y de todo se charla y de todo se
-opina con la mayor disparidad de criterio, que no soy yo hombre de
-compromisos políticos ni artísticos, ni mucho menos morales, para no
-permitir la libre emisión de todos los disparates. Son juicios orales
-sin reo y sin sentencia: personas y cosas son llamados á el, solo como
-testigos y al final es siempre la absolución, sin más costas que haber
-amenizado la sobremesa. Y he aquí, que como al terminar la comida
-recoge el doméstico las migajas materiales, recojo yo las migajas del
-alimento espiritual, que son estas charlas de sobremesa en que de todo
-se habla, de todo se opina y nada se condena. Y para que nunca nos
-falte qué comer ni de qué hablar, empecemos piadosamente diciendo: el
-pan nuestro de cada día dánosle hoy ...
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-DE SOBREMESA
-
-
-
-
-I
-
-
-Bizancio anda revuelto; del circo sale la revolución, pero no se trata
-de guiadores de carros, sino de bailarinas; no de verdes y azules,
-sino de verdes y más verdes. Ya lo dijo un moralista: lo desnudo no es
-indecente, sino lo «remangado»; y estos renacimientos paganos que de
-cuando en cuando florecen en nuestros teatros, no son más que un puro
-«remangarse». No es la Venus de Milo la diosa majestuosa que preside en
-sus altares, no; la Venus de Milo oculta sus piernas y no tiene brazos,
-y en esta ocasión piernas y brazos (¡oh Pepita Sevilla!) han sido los
-perturbadores. ¿A quien culparemos? ¿A empresas y autores, que dirán
-seguramente: el público lo pide? ¡ay, no! El público es como los niños:
-sólo pide lo que le enseñan; eso sí, como los niños también, cuando
-pide, siempre pide más, y empresas y autores son maternales. ¿Los
-artistas? Recuerdo siempre una plegaria con aire de tango que cantaba
-la bella Belén en sus tiempos, y era sólo la expresión poética de un
-deseo prosaico:
-
- ¡Padre nuestro que estas en los cielos!
- ¿Por qué no me das mil duros de renta,
- y la pobre Belén estaría sentada en su casa
- tomando la cuenta?
-
-El público reía y pedía: ¡más, más! Seguramente en tres mil pesetas
-hubiera podido dejarse la petición por no servirle más de juguete.
-¿Verdad que hay aplausos que deben sonar como bofetadas? ¡Pobres
-mujeres! ¡Acaso las bofetadas de su casa les hacen preferir esos
-aplausos del público!
-
-¡El público! El público también es digno de compasión. En sus bramidos
-bestiales, no hay alegría ni voluptuosidad; no es la admiración
-desinteresada ó satisfecha á la belleza y á la gracia, es el rugido del
-hambre, hambre de carne en todas sus manifestaciones; son las mismas
-caras que se observa ante los escaparates de los «restaurants» ó casas
-de comidas; no es la sonrisa plácida del sultán ante las danzas de sus
-favoritas, es la burla del eunuco ó la rabia del esclavo ante lo que
-nunca fué ni será para ellos. Un conjunto lastimoso al que solo pone
-la nota ridícula, la autoridad en clase de «encargada», encargada de
-que no haya escándalo en el barrio. Como siempre, para los efectos
-muy solícita, para las causas ... Las causas que las estudien los
-moralistas, los literatos, los periodistas; los que gobiernan sólo
-están para prohibir y para castigar.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-II
-
-
-Una querida amiga viene á visitarme después de misa y se convida á
-almorzar conmigo. Es una casada joven que no se preocupa para nada del
-feminismo, porque hace mucho tiempo que ella se ha conquistado, por sí
-y para sí, todos los privilegios femeninos y masculinos. (No hay como
-la neutralidad en esta lucha de sexos).
-
-El principal objeto de su visita es preguntarme quien hace los
-sombreros á Rosario Pino.
-
-—¿Se los traen de París, como las comedias?
-
-—No lo se. Vivo alejado de los teatros; no se nada de comedias ni de
-sombreros.
-
-Mi amiga encuentra deliciosas las comedias francesas y admirables los
-sombreros de Rosario Pino.
-
-¡Ah! una mujer no cuidará nunca bastante su sombrero. El vestido puede
-engañarnos respecto á la clase y condición social de una mujer, el
-sombrero no engaña nunca. Desde que las señoras asisten sin sombrero
-á los teatros, es más difícil distinguir de personas. Nos dirían que
-tal señora no es la señora sino su cocinera, y lo creeríamos. Con
-el sombrero no hay equivocación. Mi amiga se atreve á descubrir en
-cualquier reunión de mujeres, sólo por el sombrero, á una «cocotte»
-entre cien señoras, y viceversa. (Aunque el orden de factores altera
-el producto, no altera la habilidad adivinatoria de mi amiga). Y del
-mismo modo se atreve á clasificar á las idealistas, á las de sentido
-práctico, á las rebeldes, á las resignadas ... (Esto me hace reparar en
-el sombrero de mi amiga, que es, en efecto, un ¡viva la anarquía!).
-
-Hablamos de otras cosas; de la temporada del Real que ha terminado. Le
-preguntó si ha oído cantar á Anselmi, y cuando espero oir un elogio del
-«bel canto» italiano que hiciera las delicias de Arana como empresario
-retrospectivo, me deja atónito con un grito del corazón, vibrante como
-un «sí» de la Barrientos ... ¡Qué hombre tan guapo!
-
-—¿Quién?
-
-—Anselmi.
-
-—Canta con mucho gusto—insinúo, para encauzar la conversación, por
-respeto al criado que nos sirve.
-
-—¡Guapísimo!—insiste con una valentía irrebatible.
-
-—Dicen que volverán á traérselo á ustedes para el año que viene.
-
-—¿Cree usted que no habrá perdido voz?
-
-—Si dependiera de ustedes, amiga mía. Pero creo que no; esos tenores
-se cuidan mucho.
-
-—¡Demasiado!—suspira con ingenuidad.
-
-Procuro informarme de sus aficiones musicales; si comprende á Wagner,
-si prefiere las óperas modernas, si ...
-
-—Mire usted—me interrumpe.—La ópera es lo de menos. Anselmi con el
-traje de Lohengrín, me haría soportar á Wagner.
-
-—Sí, en efecto. La música entra mucho por los ojos.
-
-Un santo bonito, un rey joven y un artista de buena figura, harán
-siempre mucho por la Religión, por la Monarquía y por el Arte.
-
-Cambia el tema.
-
-—¿Qué le parece á usted de la «moción» que las solteras de Dublín han
-elevado á la virreina de Irlanda, lamentándose de que las casadas de por
-allá se traen un toreo que no deja colocarse en suerte á un soltero?
-
-—Me parece que antes que las solteras, debían haberse querellado los
-maridos de las acusadas, y no á la virreina precisamente.
-
-—¿Cree usted que aquí sucede algo semejante, y á eso se deba la
-abundancia de solteras sin acomodo?
-
-—¿Aquí? Aquí debíamos ser las casadas las que nos quejáramos de que el
-coro de vírgenes no nos deja en paz á los maridos.
-
-Y me refiere unas cuántas historias tan escabrosas, tan escabrosas, que
-no puede por menos de creerse que son verdaderas.
-
-—Ahí tiene usted asuntos para unas cuántas comedias.
-
-—¿Para sábados blancos? ¿Le parece á usted? ¿No es el día de las
-solteras?
-
-—¿Usted sabe el origen de los sábados blancos?
-
-—No. Cuéntemelo usted. Con usted siempre se aprende.
-
-—Eso me dice todo el mundo. Verá usted. Es muy verosímil.
-
-Una señora distinguidísima, opulenta belleza á lo Rubens, mamá de dos
-espirituales «Boticellis», padecía con tanta frecuencia de jaquecas,
-que apenas asistía á teatros ni á reuniones, y para no privar de
-asistir á sus hijas, las confiaba á la autoridad de una señora de
-compañía muy garantizada, á quien tenía muy recomendado que si alguna
-vez en el teatro, la comedia representada no era de la más absoluta
-moralidad, se llevara á las niñas inmediatamente. Sucedió que una
-noche, apenas levantado el telón, la primera actriz anuncio tan
-resueltamente la decisión de engañar á su marido, que no había duda de
-que así sucedería, á más tardar, en el segundo acto.
-
-La buena señora creyó lo más conveniente levantarse y salir del
-teatro con el mayor ruido posible, para marcar bien su desagrado.
-Las muchachas hubieran querido terminar la noche en cualquier otro
-espectáculo, pero la señora rabiaba por hacer presente á la mamá su
-escrupuloso celo, y más que aprisa se las llevo á casa ... en mala hora,
-porque la mamá, ante tan inesperado retorno, apenas tuvo tiempo de
-esconder la verdadera antipirina de sus jaquecas, que era un íntimo
-amigo. Y para que no volviera á suceder tal percance, al día siguiente
-escribió al director del teatro: Distinguido señor: Como las obras que
-se representan en su teatro, no siempre son de una moralidad y una
-sana tendencia que puedan inspirar confianza á una madre celosa de no
-ofrecer á sus hijas como recreo un espectáculo peligroso, de acuerdo
-con otras distinguidas amigas en el mismo caso, ruego á usted fije un
-día de abono en que todas, absolutamente todas las obras, puedan ser
-vistas por nuestras hijas.
-
-El director, amable, sometió á la censura de las celosas madres la flor
-de azahar de su repertorio, las celosas madres aprobaron ... Y ese fué
-el origen de los sábados blancos ... en París. Aquí siguieron por moda.
-
- * * * * *
-
-—Una huelga, un albañil muerto ...
-
-—No hablemos de eso. Son cosas inevitables, viejas como el mundo, hoy
-recrudecidas por la falta de creencias.
-
-—¿De quien?
-
-—De unos y de otros.
-
-—Diga usted de unos, porque los otros en algo deben creer todavía. Les
-han dicho: No matarás, y no matan. Les han dicho: No te matarás, y no
-se dejan morir de hambre. Les han dicho: Ganarás el pan con el sudor
-de tu frente, y eso es lo que no pueden obedecer, porque trabajar sí
-trabajan, pero no ganan el pan, y eso es lo triste.
-
-—Yo creí que ya se había usted curado del sarampión socialista que
-todos los escritores y políticos de estos tiempos han padecido con
-mayor ó menor intensidad.
-
-—Sí, en efecto. Fué como sarampión. ¡Oh! muy benigno. Escritores y
-políticos buscaban en la idea socialista un medio fácil de atraer hacia
-ellos el aura popular. Paso la moda; los burgueses fruncieron pronto el
-ceño, aterrados por el fantasma anarquista, y escritores y políticos
-tornaron hacia el sol que todavía calienta.
-
-El anarquismo, con ser el mayor antagonista del socialismo, proyecta
-sobre éste su sombra fatídica, que confunde á los dos para la opinión
-vulgar en el mismo espanto.
-
-Si en la región de las ideas todas son admisibles, y acaso las más
-avanzadas son las más necesarias, porque impidiendo la «calma chicha»
-de los espíritus, agitan, renuevan y fecundan, en el terreno práctico,
-una idea extremada es el mayor enemigo de una idea razonable. Por eso
-cuando halléis un fanático en un partido, sospechad siempre si estará
-de acuerdo con el partido contrario. No dijo ningún disparate el que
-dijo que el santo es el mayor enemigo de la religión.
-
-Muchas veces se disfrazan de grandes ideales ideas muy pequeñas. El
-anarquismo, no hay duda, quiere un mundo transformado y perfecto, pero
-con sus intransigencias estorba el andar reposado del socialismo hacia
-ese mundo ideal. Desconfiemos de los grandes ideales y atengámonos á
-los pequeños.
-
-Como esos que dicen: Yo no soy español, soy algo más; soy ciudadano del
-mundo.
-
-Tened por seguro que en el fondo es un regionalista que solo quiere ser
-ciudadano de su pueblo, y si es posible, vecino de su calle.
-
-Por ser ciudadanos del mundo antes que españoles, regionalistas y
-anarquistas se confunden á veces, y entre la idea chica y la idea
-grande, estorban el andar de la vida, que no tolera empujones hacia
-adelante ni tirones hacia atrás de violentos ni de fanáticos, sino que
-va, va siempre, segura, majestuosa, al paso reposado y firme de los
-hombres de buena voluntad.
-
-
-
-
-III
-
-
-Se de una linda marquesa, por blasón de su hermosura, rayos de sol en
-campo de rosas, de pura elegancia española—única elegancia femenina á
-la que sientan bien todas las elegancias, lo mismo las de Van-Dyck que
-las de Watteau, que las de Gainsborough que las de nuestro Goya—que al
-salir del estreno de «Daniel» decía á sus amigos:
-
-—Esta obra sólo puede gustar á los que no tienen una peseta ó no
-tienen vergüenza.
-
-¿Una peseta ó vergüenza? ¡Pícara peseta! En qué poco ha estado que la
-obra no gustara por completo á cierto público.
-
-¡Oh gentil marquesa, como aquellas de Versalles, más inconscientes ó
-más atrevidas al representar con su reina y en la misma corte, «Las
-Bodas de Fígaro», como si las burlas no fueran también amenazas; el
-autor de «Daniel» no tuvo consideración con vosotras. Ha recargado de
-negrura su obra, ¿verdad? Esas cosas no pasan en la vida ó por lo menos
-pasan de tarde en tarde. ¿No es eso? Los ricos no son tan malos ni los
-pobres tan desgraciados. Lo dices tu, lo dice la crítica. Sí, Dicenta
-ha recargado los colores.
-
-Suaves tintas de acuarela son las de ese embarque de emigrantes de que
-pocos días después supimos. La realidad ha sido el mejor crítico de la
-obra de Dicenta.
-
-¡Oh, qué lindo _embarquement pour Cythere_, como aquel de Watteau, el
-de ese barco de miseria, de dolor y de muerte! ¡Oh, qué propio asunto
-para ser cantado en rimas ricas y metros dislocados por algún exquisito
-poeta de los del Arte por el Arte y caiga el que caiga!
-
-¡Heliópolis! ¿Puede darse más bello nombre para un barco florido,
-bogador siempre por mares azules hacia tierras de sol y de alegría?
-
-Dice un crítico, que desde Edipo no se ha presentado en el teatro un
-personaje sobre el que tantas desdichas se acumulen como sobre Daniel.
-Sí, son muchas desdichas para un solo hombre si fuera un hombre solo.
-Pero Daniel es algo más: no es un hombre, son muchos, son muchas
-generaciones; sus desdichas no son las que caben en unas horas de
-representación teatral: son las de muchos siglos, las de muchas vidas.
-Y lo mismo la crueldad, la fuerza y la indiferencia de los otros.
-
-La visión amplia, abarcadora de Dicenta concentra lo esparcido. ¿No es
-un derecho del artista? La gentil marquesa estaba también en su derecho
-al distraer cuanto podía su atención de la obra y á juzgarla con frase
-ligera y desdeñosa. Pero la crítica, no; la crítica ante la obra de
-Arte tiene otros deberes que las lindas marquesas.
-
- * * * * *
-
-Los artistas lamentan de continuo la falta de ambiente artístico,
-increpan al filisteo y al beocio, que no sienten ni admiran, como los
-artistas quisieran, la artística belleza, y cuando ellos tratan de
-glorificar á otro artista no se les ocurre sino vulgaridades del más
-prosaico burguesismo: el insustituible banquete á siete cincuenta,
-la abominable estatua á cincuenta mil pesetas, la velada teatral ó
-académica. ¿No habrá un poco de fantasía, señores artistas? ¡A ver si
-_pué_ ser!—como dicen los chulos.
-
-La escultura conmemorativa moderna, aplicada á políticos, escritores
-y demás señores civiles, es francamente horrible. Si el escultor se
-atiene á la realidad, un señor de levita ó gabán parecerá siempre
-una figura de cera sin colores; si mezcla lo real con lo ideal, la
-mezcolanza no es menos detestable: el buen señor rodeado de ninfas ó
-genios desnudos hace la más triste figura. Recuerdo la estatua del gran
-Eça de Queiroz en Lisboa, bailando un vals _renversée_ con la Verdad
-desnuda entre sus brazos; todo ello como interpretación escultórica del
-lema literario del escritor: Sobre la fuerte desnudez de la verdad el
-velo diáfano de la fantasía.
-
-No sospechaba artista de tan delicado gusto como Eça de Queiroz, que
-tan al pie de la letra iban á tomarse sus palabras como esculturales.
-
-Quédese la estatua para perpetuar cuerpos bellos y bellas actitudes, y
-de los grandes hombres que triunfaron por el espíritu, perpetúese el
-espíritu en copiosas y artísticas ediciones de sus obras. De este modo
-llegará su espíritu á todas partes y será la inmortalidad mejor que una
-estatua ridícula ante la cual el hombre del vulgo preguntará ignorante:
-¿Quién será este? Para que su mujer le responda: ¿No lo ves? Un tío muy
-feo.
-
- * * * * *
-
-Bombita regresa triunfador de Méjico, Madrid y Sevilla le reciben con
-aclamaciones.
-
-Los hombres graves exclaman una vez más: ¡Qué país este! Y otros
-hombres que no parecen graves, porque nada les parece tan antipático
-como las jeremiadas de esos que no encuentran mejor forma de
-patriotismo que abominar por todo de su patria, decimos y creemos: Que
-por muchos años vayan nuestros toreros á Méjico y por muchos años sean
-allí aplaudidos, que peor señal de los tiempos sería para España si una
-ley en idioma extranjero hubiera prohibido las corridas de toros en
-aquellas tierras.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-IV
-
-
-Pérez Galdós es siempre admirable: terminados sus cuarenta Episodios;
-después de haber estudiado para escribirlos, mejor dicho, después
-de haber vivido para revivirlos, toda la historia contemporánea de
-España con toda su lastimosa política, en lugar de quedar fatigado,
-desilusionado y, si se quiere, empachado, con la mayor ilusión del
-mundo—¿no se presenta como candidato republicano?—se lanza á la
-política activa.
-
-Y es que Galdós, nuestro único gran historiador, al escribir
-sus Episodios, ha podido comprender como nadie que, sobre todas
-las desventuras de la patria, sobre sus luchas civiles y sus
-pronunciamientos, y las intrigas de camarilla y de partido, sobre
-Carlos IV, y Godoy, y Fernando VII, y Calomarde, y Espartero, y Narváez
-y todas las clases directoras que tan malos pastores fueron de este
-pobre rebaño, esta siempre la _masa_, la soberana masa, que dijo el
-mismo Galdós, la masa, verdadero héroe de esos cuarenta Episodios
-nacionales; y cuando un hombre como Pérez Galdós, después de haber
-escrito los cuarenta episodios, hace profesión de fe republicana, es
-porque espera mucho de esa masa; porque es de creer que no será en
-Salmerón en quien espere.
-
-De todos modos, Pérez Galdós, en lenguaje de empresa teatral, es
-una excelente adquisición para el partido republicano; y si no va á
-el sólo llevado de su curioso espíritu, á documentarse para futuras
-novelas ó comedias, la significación de su nombre glorioso es de gran
-importancia. Galdós cuenta con incondicionales adictos á su talento
-y á su persona, cuenta con una juventud que le admira y le proclama
-maestro; todo eso aporta Galdós á la causa de la República. ¡Ah! Y la
-espada de Machaquito. No la tuvo mejor ningún partido español hace
-mucho tiempo.
-
- * * * * *
-
-Entre la Fiesta del Sainete, la corrida de la Prensa, la Semana Santa,
-para terminar con la corrida de inauguración de temporada, he aquí una
-semana bien española. Lo picaresco, lo piadoso, lo emocional y lo
-sangriento en pintoresca mezcla: toda la lira, mejor dicho, toda la
-guitarra.
-
-Y sobre todo ello y para todo ello, la mantilla, que es tanto como la
-bandera española, nunca mejor prendida que en nuestras actrices, de tan
-diversos pero tan castizos tipos de belleza española todas ellas.
-
-D. Ramón de la Cruz y Goya se habrán asomado, allá por un barandal de
-la gloria—algo como la cúpula de San Antonio de la Florida,—para
-sentirse más en sus glorias, y los académicos habrán pensado que con
-tan lucido cortejo no es posible negar entrada al plebeyo sainete en la
-aristocrática Academia. Los ojos de Rosario Pino bien valen por todo un
-Diccionario.
-
- * * * * *
-
-Con el sainete vuelve el baile español, casi perdido ya, degradado
-en esos tangos de un orientalismo de Exposición universal; el baile
-clásico español, señoril ó popular ó villanesco, pero verdadero baile
-de arte, el baile por el baile; no como el baile francés, que es
-siempre decente—porque siempre es un pretexto para enseñar,—ni
-como el inglés, que, por otros medios, llega á los mismos fines,
-más gimnasia que baile.—En Inglaterra el _sport_ lo tapa todo ó
-lo descubre todo.—En Francia aparenta malicia lo más inocente; en
-Inglaterra aparenta inocencia lo más malicioso.—Sólo el baile español
-es baile, en una justa ponderación, como el amor sano, ni todo carne ni
-todo espíritu.
-
-¡Boleras gloriosas que inmortalizaron los nombres de Lola
-Montes, de la Nena y de Petra Cámara! En la memoria de los viejos se
-asocia el recuerdo de aquellos bailes al del toreo de brazos de Montes,
-el Chiclanero y Cúchares: ¡Entonces se bailaba, entonces se toreaba!,
-dicen estos respetables viejos, y es: ¡Entonces bailábamos, entonces
-toreábamos!, lo que quieren decir siempre estos recuerdos.
-
-¡Dios mío! ¿No habré yo sido nunca joven? Porque todavía alcancé los
-tiempos en que las boleras robadas eran fin de fiesta en el teatro
-del Príncipe, y me parece más divertido el tango con molinete; y de
-toreros, ví muchas veces á Lagartijo y á Frascuelo, y confieso que no
-me divertí en los toros hasta el advenimiento del _Guerra_ con todos
-sus modernismos tan censurados.
-
-Por fortuna, dentro de pocos años la Imperio y el _Guerra_ serán tan
-clásicos como la Nena y Montes, y con qué desdeñoso gesto diré yo
-á mi vez: ¡Como se bailaba entonces, como se toreaba ... y como se
-escribía! Porque yo también seré clásico. ¿Por qué no? Comparado con el
-cinematógrafo, que será toda la literatura dramática del
-porvenir al paso que vamos.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-V
-
-
-Las naciones que han convenido en llamarse civilizadas, tienen, como
-suele decirse, cosas de á cuarto. Apenas en un pueblo de los llamados
-salvajes se atropella de cualquier modo á un súbdito de alguna de las
-susodichas naciones, ponen todas el grito en el cielo y el cañonazo
-en la tierra, y amenazan con meterse todas como Pedro por su casa
-y el Kaiser por la de todos, para hacer un ejemplar escarmiento
-en los infelices salvajes, y mientras, en el propio territorio de
-esas grandes, fuertes y civilizadas naciones, en sus mismísimas
-y civilizadísimas capitales, campan bandidos de toda especie que
-asesinan, roban, estafan y atropellan á naturales y á extranjeros; y si
-cada vez que esto sucede se hablara de intervenciones, no pasaría día
-sin una conflagración mundial, como ahora se dice.
-
-Y al hablar de bandidos, no lo digo por el Pernales, que España en
-esto también apenas puede llamarse civilizada, y bandolerismo es
-éste de lo más inocente y primitivo, como de jácara ó romance; pero
-léase cualquier periódico de París, y como la cosa más natural, sin
-comentarios y sin aspavientos, raro es el día que no traen sección
-especial dedicada á las proezas de _apaches_, _cambrioleurs_,
-_souteneurs_ y demás productos de una civilización admirable. ¿Qué
-diríamos si aquí sucediera algo parecido, ó qué dirían los franceses si
-los moros menudearan tanto y con tal desahogo sus atropellos? Fuera del
-centro de París es más aventurado pasearse á ciertas horas que explorar
-por el centro de Africa, y mucho más ciertamente que pasear á cualquier
-hora por cualquier lugar de Marruecos.
-
-De Londres no se diga; asustan las recomendaciones y advertencias
-que recibe cualquiera que llega á la poderosa Metrópoli, y todas son
-pocas para evitar y prevenir emboscadas, atracos al cloroformo y otras
-menudencias.
-
-En los Estados Unidos el robo á mano armada, el _chantage_, el timo en
-todas sus manifestaciones, han llegado á tan suprema perfección, que ya
-no se sabe si clasificarlos entre las ciencias ó entre las bellas artes.
-
-Esos piratas modernistas de que nos habla la prensa, que desalojan
-una quinta de todo el ajuar y mobiliario y lo transportan á un barco
-especial, con toda comodidad y elegancia, son el último chillido de la
-civilización. Y nadie se asusta ni pide urgente remedio.
-
-En cambio, ya verán ustedes correr por toda la prensa europea la
-leyenda de nuestro Pernales, y en cuanto á los infelices moros,
-¡cuidadito con pisar siquiera á un civilizado! ¡No faltaba más! ¿Es que
-no habrá nunca seguridad personal en Marruecos?
-
-Sería preciso saber quien tiene la culpa de que no la haya.
-
-Dice la mamá al niño:—Pepito, no tires del rabo al gato.—Si yo no le
-tiro, no he hecho más que agarrarle; el que tira es el, por eso chilla.
-
-Marruecos es siempre el gato; Europa no le tira del rabo, no hace más
-que sujetarle, el que tira es el y por eso chilla y alguna vez araña.
-¡Pobre gato! Todavía recuerdo que fué león en algún tiempo; pero ya
-si la piel de león no le alcanza, no le queda siquiera el recurso que
-aconsejaba el sabio, de empalmarla con la de zorro, porque su piel
-la han agotado entre todas las naciones civilizadas para su
-diplomacia.
-
- * * * * *
-
-Desde que paso la moda—pícara moda que tanto se detiene en las
-frivolidades y tan de ligero pasa por las cosas serias—de asistir á
-los conciertos del antiguo Príncipe Alfonso, en cuántas restauraciones
-se ha intentado en Madrid de aquellas fiestas musicales, con excelente
-propósito todas y éstas de ahora, dirigidas por el maestro Arbós,
-con entusiasmo y constancia dignos de todo estímulo y aplauso, se ha
-notado siempre el _absentismo_ de la clase más distinguida de nuestra
-sociedad. Y digo yo: para esas familias fundadoras de sábados blancos
-¿qué espectáculo menos peligroso y de mejores garantías que éste?
-
-¿Ó creen ustedes, como el conde Tolstoï, que hay música pecaminosa y
-una sinfonía de Beethoven ó una fantasía de Berlioz pueden turbar la
-limpidez lacustre de las almas cándidas?
-
-¿Ó es que teméis á los verdaderos aficionados, que estorbarían con sus
-protestas vuestra bulliciosa cháchara?
-
-¿Ó es que la música, sin gorjeos de tiple ó arrullos de tenor, os
-aburre?
-
-De cualquier modo, vuestra ausencia de los conciertos no marca un buen
-punto en vuestra cultura ni en vuestro interés por el arte nacional.
-Claro es que vuestras razones tendréis para no asistir; pero si la
-decisiva fuera la del aburrimiento—aburrirse con Beethoven ya es una
-distinción como otra cualquiera,—hay un medio de conciliarlo todo.
-Podéis pagar vuestro abono y regalarlo después á familias modestas
-que, sin duda, agradecerían el regalo. ¿Que sería una primada? No lo
-niego; pero yo os hablo en nombre de la distinción, y eso es lo que
-hacen en otras partes las personas distinguidas cuando se creen en el
-caso de proteger el arte de su patria: pagan, y cuando el espectáculo
-les agrada, asisten, y cuando no, regalan su localidad ó se quedan en
-casa, pero no _chinchorrean_ á empresas y á autores exigiendo obras
-especiales y cambios de función por no perder un solo día y sacarle
-el jugó al abonito. Y no cuidarse del dinero ni del cartel, eso es lo
-_chic_.
-
-El dinero ya se que no os importa, ni el cartel tampoco debe
-importaros, porque si no, debiera parecéroslo de ignominia que sobre la
-taquilla del Circo aparezca todos los jueves de moda el cartel de: «No
-hay palcos ni sillas», y en la de los conciertos del Real: «Sólo quedan
-palcos y butacas».
-
- * * * * *
-
-Por lo demás, toda mi simpatía—toda mi admiración están con el Circo.
-Mucho ha perdido de su encanto con la intromisión de números más
-propios de _Music-hall_ que del circo clásico, el de los caballitos, el
-de los volatines, el de los payasos, como le amábamos de niños.
-
-¡Qué efímera gloria la de sus artistas! Su cuerpo es toda el alma de su
-arte. Para ellos, como para las mariposas en el año, sólo hay una edad
-en la vida. Su arte y su gloria van unidos á la juventud, á la fuerza,
-á la agilidad, y cuando acaban, aunque viva el cuerpo, su arte no puede
-sobrevivirles.
-
-No se da un salto mortal como se escribe un libro ó se pinta un cuadro
-ó se compone una ópera, con recursos de la experiencia cuando faltan
-alientos de la juventud.
-
-¡Ah, si para todo arte y toda gloria suya existiera ese momento fatal
-y preciso que advirtiera llegado el fin de los saltos mortales! Pero
-el espíritu se cree siempre joven, y mientras aletee ya le basta para
-creer que vuela.
-
-¡Felices los acróbatas del circo que sólo tienen la juventud para su
-arte, aunque muchas veces sólo tengan el hospital para la vejez!
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-VI
-
-
-Tengo dos muchachas amigas, de estas madrileñitas de la clase media,
-cuerpo corto y cabeza gorda, ojillos ratoniles y color de piso tercero,
-izquierda ó derecha, con vistas á un patio sucio y obscuro y á una
-calle más obscura y sucia que el patio. Pues con este físico y _el
-moral_ correspondiente, hete aquí que les ha dado por todo lo inglés,
-y hoy vienen á verme acompañadas de una _miss_ de lo más barato y
-vestidas como no quieran ustedes saber. Cuando me aseguran que han
-llegado á pie desde su casa y las contemplo incólumes, no puedo por
-menos de pensar que este Madrid no es aquel Madrid.
-
-Vienen á consultarme sobre lectura de novelas inglesas. Traen dos ó
-tres tomos de la colección _Tauchnitz_; yo me esfuerzo por persuadirlas
-de que la han errado de plano al principio: la colección _Tauchnitz_ no
-tiene entrada en Inglaterra. A ellas no les cabe en la cabeza que un
-libro inglés pueda no ser inglés. Les indico los nombres de los
-novelistas ingleses más en boga—norteamericanos casi todos;—ellas,
-en cambio, me informan de su nueva vida. Todas las mañanas toman su
-ducha frío. Así están de roncas y con una tos perruna que debe alarmar
-á los que llamen á su puerta en estos días de hidrofobia y recogida de
-perros. Pero ellas no se acobardan. No comprenden como se puede vivir
-sin ducha. Sus comidas todas á la inglesa, traducidas por una cocinera
-de á cuatro duros. Un Támesis de te. En sociedad con otras amigas, han
-alquilado un solar por las afueras, han plantado no se qué hierba,
-y sobre la verde alfombra tienen su _lawn-tennis_ con su poquito de
-_flirt_ y una variada exhibición de medias. La mamá cuida mucho de que
-varíe su color todo lo posible, como dice ella, para que se vea que no
-son siempre las mismas. ¡Sólo el corazón de una madre tiene cabeza para
-pensar en todo!
-
-Tienen una colección de perros y gatos para hablarles en inglés, como
-si la _miss_ no fuera bastante. Procuran indignarse si algún corto de
-vista las piropea en la calle. El rey Eduardo es para ellas como de la
-familia. Piensan mudarse hacia la calle del Gobernador ó adyacentes,
-para recibir bien los humos de la fábrica de electricidad sita en aquel
-barrio y tener así una sensación londinense.
-
-Toda esto son tonterías sin importancia, pero pensemos que á estas
-horas son muchos los políticos, los hombres de negocios, los
-comerciantes, los literatos, hasta los filósofos, atacados de esta
-última manía nacional. Hay que llamarla de algún modo.
-
-Ya Francia con su París no nos dicen nada; ya sólo creemos, todo lo
-esperamos de la que fué reina de los mares y aspira á serlo de las
-tierras. La ballena (por algo es mamífero) pretende ser anfibio.
-
-Pidamos que nuestra suerte sea á lo menos la de Jonás en el vientre
-del enorme cetáceo: fué devorado, pero salió incólume. Y si algo ha de
-sucedernos con el cambio de vida, que no pase de dar que reir, ó todo
-lo más, de una tos perruna, como en mis amigas las madrileñitas cursis,
-á las que sienta lo inglés como es posible que nos siente á todos. No
-tenemos físico para ello.
-
- * * * * *
-
-Por fin la lluvia. En Madrid, salvo por razón de salud pública, se
-recibe como quien oye llover. Pero en esta pobre aldea donde ahora
-escribo, es una fiesta para todos; la gente canta, baila, todos los
-ojos se vuelven al cielo y el agua corre por los rostros curtidos
-mezclada con lágrimas de alegría. Era la ruina y la miseria, y hoy es
-la esperanza.
-
-En Madrid, los abastecedores cuidan amorosos como padres de no bajar
-el precio del pan en los años buenos para que no sea tan sensible
-la subida en los malos. De este modo, nos preocupamos poco de las
-cosechas. Pero aquí el pan es el verdadero pan de comunión, el pan de
-vida que es toda la vida. En familia se sembró el grano, en familia se
-labró la tierra, en familia se recogió el fruto, y en familia se muele
-el trigo, y en familia se amasa la harina, y en familia se cuece el pan
-que en familia se come; y el pan, que es casi un adorno en la mesa de
-los ricos—la última moda es servir muy poco, y lo más _chic_ dejarlo
-casi intacto, leo en unos avisos del buen tono,—es aquí todo el
-alimento y su carestía es el hambre para los que muchos días sólo pan
-comen.
-
-Por eso el más incrédulo ó para rezar ó para maldecir, pero esperando
-de la súplica ó de la amenaza, vuelve los ojos al cielo cuando pasa la
-imagen santa en rogativa y mujeres y niños cantan:
-
- ¡Virgen, madre nuestra,
- Virgen del Rosario,
- envíanos agua
- para nuestros campos!
-
-y luego, en estrofas de dulce espíritu franciscano, piden por sus
-ganados también, y la voz de los niños tiembla al cantar: «Los
-corderitos se mueren de hambre ...» Porque no serán sólo los corderitos,
-serán ellos también los que tendrán hambre. ¡Oh, madrileños, vosotros
-no sabéis que la lluvia puede hacer llorar de alegría!
-
-La lluvia, que puede suspender una corrida de toros, es necesaria para
-que los toros se críen lúcidos y pujantes.
-
-Pensad en esto y os alegrará también la lluvia como á las pobres gentes
-de la pobre aldea.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-VII
-
-
-Me entusiasman esas personas que, sea cualquiera el asunto de que
-se trata, son siempre de la opinión contraria. No hay que decir si
-admiraré á D. Miguel de Unamuno. Por eso no pude por menos de abrazar
-al amigo que después de leer las noticias de los últimos atentados de
-Barcelona, exclamó con el mayor aplomo, sin dejó alguno de ironía:
-
-—¡Qué agradable debe ser la vida en Barcelona!
-
-Y como advirtió pronto la airada protesta de los otros amigos y mi
-conformidad, que debió parecerle todavía más alarmante—no se tiene en
-vano la reputación de mefistofélico,—no quiso esperar más para exponer
-sus razones.
-
-—Sí, señores; agradable agradabilísima: porque cuando en todas partes
-y para todo el mundo y desde muy antiguo, ha sido una de las más
-intolerables molestias del trato humano el curioseo y fisgoneo de
-toda casta de vecindades, vecinos de barrio, de calle y de casa,
-hay que admirar la discreción y poca curiosidad de los vecinos
-en Barcelona, cuando es allí posible que por tanto tiempo y tan
-continuadamente puedan existir gentes dedicadas á la confección y
-colocación de explosivos sin haber tropezado todavía con un vecino
-curioso investigador de vidas ajenas. Y esto, cuando todos deben estar
-vigilantes como policías, con la indignación y la alarma naturales ante
-la repetición de atentados que á todos amenazan. Ó ¿creen ustedes en
-cavernas, lugares subterráneos y recónditas guaridas en una ciudad como
-Barcelona?
-
-—Luego, ¿usted cree?...
-
-—No creo nada. Sólo pienso que en este caso, como en el de muchos
-enfermos crónicos, parece que el enfermo acaba por encariñarse con su
-enfermedad que le coloca en una situación interesante. Creo también,
-cuando se habla de anarquismo, que por algo es la industrial Cataluña
-famosa en imitaciones de todo género de productos, y no estará de más
-la sabida advertencia: _Se méfier de contrefaçons_.
-
-—¿Entonces?...
-
-—¿No les parece á ustedes como á mí, que para anarquismo es poco y
-para separatismo sería demasiado?
-
-Y hubo un silencio que si no fué de aprobación, fué por lo menos de
-_solidaridad_.
-
- * * * * *
-
-Entre los colores que la moda femenina ha impuesto en esta temporada,
-hay uno que me seduce sobre todos: el color de humo; el color de humo
-es adorable. _Couleur fumé_, digámoslo en francés, que es el lenguaje
-de la modistería universal, como lo es de la diplomacia, y ya que en
-modistería y en diplomacia de fuera ha de venirnos siempre la moda.
-
-Dos tendencias opuestas dominan en el vestir de las mujeres: el género
-sastre, vestimenta práctica para la calle, que es democrática, y tanto
-quiere serlo que no se contenta con nivelar las clases, sino que
-pretende nivelar los sexos. El gabán con vuelo y pliegue _Watteau_
-masculino, y la falda redonda, _troteusse_, femenina, son una verdadera
-_entente cordiale_ de sastres y modistos.
-
-Pero en la casa, en los salones, en el teatro, triunfa por contraste
-en la _toilette_ de las mujeres, lo dulcemente femenino. Nunca más
-delicada, más tenuemente vestidas, ¿vestidas? No es exacto; envueltas
-apenas, acariciadas en la suavidad de gasas, tules y encajes y telas
-flexibles, ondulantes, de matices descoloridos, esos tonos al pastel,
-inconsistentes como pelusilla de alas de mariposa, como el polen de las
-azucenas. No son aquellos terciopelos y brocados y rasos que se tenían
-de pie, según ponderaban nuestras abuelas; aquellos trajes de aparatoso
-señorío que podían transmitirse de madre á hijas en cinco ó seis
-generaciones. Estos de ahora son gala de una noche, efímeros como flor
-ó mariposa, no admiten reformas ni composturas, sus telas diáfanas, no
-se cortan, se cortiquean; no se cosen con aquel fuerte pespunteado de
-la clásica costura española, se hilvanan ó se prenden de alfileres. Un
-pisotón es bastante para destrozar una de estas envolturas de ensueño
-que costó cuatro ó cinco mil francos; su misma fragilidad es la mejor
-defensa de otras fragilidades. ¿Qué mujer se dejará acariciar con
-pasión con uno de estos trajes? Ya eran nube, espuma, flor y mariposa,
-y ahora, con el color de moda, son algo más tenue, más vaporoso, son
-humo. ¿No es el color de nuestro tiempo? Humo por todas partes. De
-la riqueza de las naciones es señal el humo de sus fábricas, de sus
-trasatlánticos, de sus ferrocarriles; de su poderío, el humo de sus
-acorazados; con el automóvil triunfa también el humo, porque el
-automóvil pasa pero el humo queda. Si el siglo XIX pudo llamarse de las
-luces, ¿no puede llamarse este siglo XX el de los humos? Los humos de
-aquellas luces que no brillaron tanto como había derecho á esperar.
-
-Yo os digo que hay trajes de mujer que son una verdadera obra de arte;
-pero si un traje de estos es además de color de humo, ¡oh! entonces ya
-es filosofía.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-VIII
-
-
-A estas horas son innumerables los Paturots que andan por esos
-distritos en busca de una posición social. Unos, con lucida escolta,
-se entran por los pueblos como conquistadores, á cosa hecha, les basta
-con pasar. Otros, llegan humildes, desconfiados, prodigan sonrisas,
-apretones de manos, prometen, regalan; los buenos aldeanos se muestran
-socarrones ...—Tocante á nosotros ...—Por nuestra parte ...
-
-¿Pero qué más tiene un diputado que otro? Eso, lo que tenga.
-
-A dos pesetas, un cigarro y vino á _indiscreción_, el voto ... Después
-de todo, un voto no es ninguna primogenitura que no esté bien pagada
-con un plato de lentejas.
-
-¿Quién engaña á quien? Nadie se engaña por lo visto; todos están
-contentos. El diputado cuenta sus votos y triunfa con su acta; los
-buenos aldeanos cuentan unas pesetas y ríen entre ellos ...
-
-Entre tanto se sigue labrando la tierra como debió labrarla Adán á la
-salida del Paraíso, y cuando llueve, por el techo de la escuela cae la
-lluvia benéfica sobre la cabeza de los chicos; y es la mejor enseñanza
-que allí reciben, porque así aprenden que todo han de esperarlo del
-cielo, hasta el sencillo acto de lavarse la cara algunas veces.
-
- * * * * *
-
-Uno de los _clous_ del Salón de París en este año es el retrato de
-Tomás Hardy, obra de Blanche. Como la aduana francesa es el tránsito
-obligatorio para que llegue hasta nosotros todo nombre y toda fama, es
-posible que con este motivo descubramos á Hardy.
-
-Entre la balumba abrumadora de novelas inglesas, acaso no sean las
-suyas las que tengan más lectores, aún en la misma Inglaterra. Al
-francés tampoco creo que haya sido traducida ninguna, y en España,
-donde nos extasiamos con D’Annunzio, donde Bourget, Prevost y Hervieu
-nos parecen hondos psicológicos, y las _Claudinas_ de Willy nos
-interesan como si aquí estuviéramos en el secreto de los chismes del
-_boulevard_, que son todo su chiste, Hardy es casi ignorado, como es
-ignorado Meredith, el más original estilista entre los novelistas
-ingleses, á quien seguramente D’Annunzio ha leído mucho, porque aquí
-nos pasamos el tiempo buscando los plagios en los de casa y mientras
-los de fuera se despachan á su gusto.
-
-Hardy es un admirable novelista, de esa raza robusta de escritores
-que sólo es producto de una sociedad fuerte; no es de los que salen á
-conquistar un público con colorines y fanfarrias.
-
-Hay una firme serenidad en los escritores ingleses, una despreocupación
-de la _coterie_ literaria de muy buen ejemplo para nuestros escritores
-jóvenes, que sólo saben andar en grupitos para la recíproca admiración;
-hasta que alguno del grupo sobresale, que apenas eso sucede, ya le
-declaran indigno por haber hecho concesiones al público; porque la
-condición para formar parte de uno de esos grupos, es la de ser
-_genio_, pero sólo para andar por el grupo.
-
-Sucede como en esas pandillas de estudiantes mozalbetes que emprenden
-reunidos la conquista de alguna agraciada muchacha, y reunidos la
-siguen y reunidos le pasean la calle y entre todos se escribe una
-declaración, y cuando la favorecida, naturalmente, desea saber en quien
-ha de fijarse, ó concluye aquel amor colectivo como por encanto, ó
-se destaca uno más resuelto á terminar por su cuenta la conquista. Y
-entonces los demás le llaman mal amigo.
-
- * * * * *
-
-_Baby_ es terrible; tiene unas ocurrencias que dejan parado á
-cualquiera; sus padres no saben á quien ha salido. Sus papás son dos
-jóvenes, aristócratas de abolengo ilustre, que de sobremesa íntima
-tijeretean á los amigos sin preocuparse por la presencia de _Baby_, muy
-entretenido en enseñar las estampas de una ilustración extranjera á un
-tremendo danés que no parece muy interesado por los sucesos mundiales.
-
-Los papás hablan de unos _parvenus_ con flamantes títulos adquiridos en
-Roma, y ríen á su costa.
-
-_Baby_ pregunta muy grave:
-
-—¿Quién es más, el Rey ó el Papa?
-
-El padre se hace el desentendido, esta afiliado á una de las cuarenta y
-nueve fracciones liberales.
-
-La madre se cree en el caso de afirmar sus sentimientos católicos, y
-contesta sin vacilar:
-
-—El Papa, hijo mío.
-
-—Entonces, ¿por qué os burláis de los títulos pontificios?
-
-Los padres convienen en que delante de los niños no se puede hablar de
-nada.
-
- * * * * *
-
-Ecos de las elecciones.
-
-La marquesa de—— tiene á su marido diputado conservador y á su mejor
-amigo, liberal. La gente ya la llama: el triunfo de la solidaridad.
-
- * * * * *
-
-A un candidato á la diputación, de quien ya no se cuenta las
-desventuras conyugales, como se lamentara de que le habían birlado su
-distrito, le aconsejaba un amigo para consolarle:
-
-—Si usted no necesita el distrito para nada. Usted debía presentarse
-por acumulación.
-
- * * * * *
-
-En casa del modisto:
-
-La cliente, entusiasmada con un nuevo vestido que favorece mucho su
-belleza algo vespertina, le dice al modisto:
-
-—Crea usted que si aquí tuviéramos voto las mujeres, todas las señoras
-le votaríamos á usted.
-
-El modisto, confuso y galante:
-
-—¡Oh, muy amable! Pero sería yo el que votaría siempre con ustedes.
-
-
-
-
-IX
-
-
-Cuando creíamos que los norteamericanos estaban como el pez en el agua,
-con sus instituciones democráticas—¿nos habrán refregado el morro
-con ellas, hablando pronto y claro, nuestros sociólogos de corrillo
-intelectual y lata libre?,—ahora salimos con que el pez es rana y el
-agua de charca, y de las más corrompidas, y las ranas no se contentan
-con pedir un rey para cambio de sus males, sino que piden nada menos
-que un emperador. Mejor dicho, es posible que no sean las ranas, sino
-el único que no es rana quien lo pide. Como aquel personaje de un
-fin de fiesta, interpretado por Mariano Fernández, que, harto de las
-molestias que una finca de recreo le produce, se decide á ponerla en
-venta, porque dice el: Mal vendida, ya podrán darme cinco mil duritos
-por ella. Y al poco rato insiste en su propósito: Nada, nada, yo vendo
-esta finca ... ¿Quién me dijo que me daba por ella cinco mil duros?...
-¡Ah! Fuí yo mismo. ¿Quién dijo que los norteamericanos necesitaban un
-emperador? El mismo, Teodoro Roosevelt, de imperial y sonoro nombre,
-ese Napoleón que, más afortunado que el primero, recoge los laureles de
-la guerra y cobra en buenas coronas—¡oh, presagios!—la oliva de la paz.
-
-Yo celebraré la realización de esos imperiales sueños, aunque no sea
-más que por ver á su alteza Alicia (así la llamaban de antemano) de
-alteza imperial efectiva; porque es seguro que habrá de dar mucho juego
-en clase de princesa, y á qué estamos los que hemos de agarrarnos al
-clavo ardiendo de la actualidad, antes de que se enfríe, para escribir
-de cosas, á los que más calienten, muevan y remuevan esa actualidad de
-ordinario monótona.
-
-Pero ¡ay! qué difícil es estar á la última moda en nada y como hemos
-de vivir aquí siempre retrasados en literatura, en política, en
-filosofía ...
-
-En dramaturgia, cuando nos damos á imitar á Ibsen, ya es Maeterlink lo
-que se lleva; cuando empezamos con éste, ya es D’Annunzio; y lo mismo
-en filosofía: cuando empezamos á sentirnos superhombres con Nietzche,
-ya es la filosofía rusa la que se cotiza por el mundo ó ya hemos vuelto
-á Platón; como decía aquel señor á quien pretendían pasmar sus amigos
-con toda clase de _sicalipsis_ exóticas. Aquí ya hemos vuelto á lo de
-siempre. El caso es que siempre hemos de retrasar. He aquí que cuando
-todo un D. Benito Pérez Galdós en España, se hace republicano, todo
-un pueblo tan adelantado, tan práctico y tan _vivo_ como los Estados
-Unidos, declara que la república y la democracia están mandadas á
-retirar.
-
- * * * * *
-
-Las buenas hadas de los infantiles cuentos madrinas en todos los
-bautizos de príncipes, con sus carrozas voladoras y su cortejo de
-elfos y silfos, minúsculos y alados, ya se apresuran para llegar en
-torno de la regia cuna á predecir felicidad; y el hada de la Poesía,
-la que tiene su reino en un rosal silvestre enrejado de zarzales, la
-que ni adula ni miente, sólo te dirá: Príncipe ó princesita; cuando
-todas las hadas con su lenguaje cortesano te predicen venturas, yo sólo
-te compadezco; te compadezco, por el odio y la envidia que zumbarán
-alrededor de tu cuna, sólo por ser regia, cuando todo es amor sobre
-cunas humildes; te compadezco por los preceptores que atormentarán tu
-inteligencia para cultivarla como flor de invernadero, sabedora de
-muchas ciencias, ignorante de la vida; por las adulaciones cortesanas
-que interpondrán siempre el velo encantado de Maya entre tus ojos y la
-verdad; por tus pasos, siempre vigilados; por tus acciones de todos
-sabidas, y cuando no sabidas, calumniadas; por tu corazón, del que
-dispondrá la razón de Estado; por toda esa esclavitud de los reyes y
-de los príncipes, que os hará sonreir con amargura cuando sepáis que
-vuestro pueblo pide libertad. ¡Libertad, que para vosotros quisierais!
-Y por todo esto, cuando todas las hadas con su lenguaje más cortesano
-te predicen felicidad, el hada de la Poesía, la que tiene su reino
-entre los rosales, enrejados de zarzales, el hada libre que ni miente
-ni adula, con todo su corazón compadece.
-
- * * * * *
-
-La fiesta de San Isidro es como la poesía lírica eminentemente
-subjetiva. Hallar motivo de esparcimiento en un paisaje risueño, á la
-sombra de árboles frondosos, sobre prados amenos y por fondo montañas
-siempre verdecidas y más lejos otras que azulean, no tiene gracia
-alguna: la decoración pone la mejor parte. Lo admirable es hallar
-ocasión de regocijo en un erial con cuatro estaquillas hojosas por
-toda vegetación, entre sucios tenderetes, mendigos harapientos, y allá
-arriba, como aviso supremo de un triunfo final de la muerte, digno
-de figurar entre los frescos del Camposanto de Pisa, la vista de los
-cementerios.
-
-Sólo un pueblo como el madrileño es capaz de poner alegría sobre todo
-esto; esa alegría que tanto desconcierta á los extraños, que quieren
-persuadirnos de que no es tal alegría. Bien esta, será humorismo si
-ustedes quieren; pero es la misma que ríe del hambre, de la suciedad
-y de la truhanería en nuestras novelas picarescas; es la misma que
-ríe en los mendigos de Velázquez y de Goya, la misma que se desborda
-en la Plaza de Toros entre horrores de sangre y peligros de muerte;
-alegría que solo puede comprender el que sienta la espiritualidad de
-esos ascetas atormentados de los cuadros del Greco, alegría que no
-comprenden los extraños, porque es la alegría del «no importa», ese no
-importa que es toda la filosofía del alma castellana.
-
-Somos pobres, nuestra tierra es triste, sabemos que hemos de morir,
-después ... nada sabemos; se reza ó se blasfema, según las horas; pero
-como no pedimos razón para vivir ni para alegrarnos en la vida, tampoco
-la pedimos para morir cuando es preciso; ya supo decirlo el pueblo del
-Dos de Mayo; el mismo que acude á la fiesta de San Isidro á divertirse
-de su propia alegría, en el erial desolado, entre mendigos harapientos
-y á la vista de un Camposanto.
-
- * * * * *
-
-Después del éxito comercial de la exposición de automóviles, en la
-que apenas queda coche sin vender, empezamos á ser distinguidas las
-personas que nos hemos quedado sin comprar uno. Por llegar tarde, no
-por otra cosa, porque según los jaleadores del _democrático sport_, el
-que no tiene auto es porque no quiere.
-
-Hay coches baratísimos, el verdadero _carro do povo_, como llaman en
-Portugal al tranvía; el sostenimiento insignificante, los _chauffeurs_
-de balde, un apostolado por vocación, los neumáticos irrompibles, ¡Y
-los encantos del auto! ¡Higiene, cultura, poesía! ¡El aire libre de
-campos y montañas, la geografía y la topografía aprendidas del modo
-más fácil y práctico!... ¡El amor sano al paso! ¡Y qué paso! Aquí,
-sin exagerar, bien puede sentirse en Cádiz repercutir un beso dado en
-Cantón.
-
-Pero digan lo que quieran los propagandistas del automóvil como
-panacea, no es su ejercicio muy propicio á los amores; desgasta mucha
-fuerza nerviosa y absorbe la atención demasiado. El juego, el automóvil
-y las corridas de toros, son los más terribles rivales de las mujeres.
-Un hombre sentado á una mesa de juego ó con el guía de un 40 H. P. en
-la mano ó sentado en una barrera de la plaza, ante una faena de Bombita
-ó de Machaquito, es insensible á las seducciones femeninas. Las mujeres
-lo saben; por eso, ya que no pueden competir con esas tres grandes
-aficiones de los hombres, han decidido compartirlas con ellos; y cuando
-una mujer sale jugadora, automovilista ó aficionada á toros, que se
-quiten todos los hombres, con la ventaja para las mujeres de que ellas
-pueden llevar su pasión al extremo: en el juego, hasta el _croupier_;
-hasta el _chauffeur_ en el automóvil, y en los toros hasta el torero.
-
- * * * * *
-
-En la exposición de automóviles:
-
-Un distinguido automovilista á una belleza recién lanzada á la
-circulación.
-
-—¿Vienes á ver los automóviles? ¿Quieres comprar alguno?
-
-—Ya lo creo.
-
-—¿Pues sabes quien puede venderte uno?
-
-—No; lo que quiero saber es quien puede comprármelo.
-
- * * * * *
-
-Entre mujeres de hombres políticos:
-
-Una de ellas se queja á su amiga del marcado desvío que viene
-observando en su marido, desde algún tiempo. Su amiga, para consolarla:
-
-—Eso es por disciplina política.
-
-—¿ ...?
-
-—Como tu marido es de los liberales, esta en plena abstención.
-
-—Si es que ayer le sorprendí abrazando á la doncella.
-
-—Entonces es que se ha pasado á los demócratas.
-
- * * * * *
-
-Dejemos al Congreso con sus discusiones de actas, dejemos á los
-liberales en su abstención y á los carlistas en su incontinencia; de
-todo eso se hace la Historia; la Historia, que va por encima, lo mismo
-en las naciones que en los individuos; mientras la vida va por dentro,
-tan hondo á veces que apenas percibimos sus pulsaciones. Por eso hay
-quien, atento sólo á la superficie bullidora, no vacila en declarar:
-Aquí se muere algo; pero aún vivimos, por lo menos aún queremos vivir.
-
-La Agricultura, la Industria, el Comercio, alientan en exposiciones y
-concursos, á los que debe atenderse con mayor interés que al cubileteo
-de actas; esto es la Historia, mejor dicho, la chismografía de la
-Historia; lo otro es la vida, en la que debemos esperar salvación.
-
-Si algunas veces he _fustigado_ (según _cliché_) á nuestra
-aristocracia, no fué por prevención desfavorable contra ella, sino que
-puesto á satirizar y dada la natural y pícara preferencia del público
-por reir á costa de alguien, me pareció más piadoso hacer reir á costa
-de los que gozan de muchas ventajas en la vida, que á costa de los
-humildes que trabajan y padecen escasez de todo. Nunca me ha parecido
-que el tener hambre sea cosa de risa, y ya sabemos que en la mitad de
-nuestro teatro cómico es el hambriento principal motivo de regocijo.
-
-Pero como nunca me dolieron prendas, soy el primero en reconocer que á
-nuestra aristocracia debe en primer lugar la agricultura española sus
-mayores progresos y adelantos. Buena prueba es la actual Exposición
-agrícola y de ganados.
-
-En la sección de ganadería, hay ejemplares magníficos. Toros dignos de
-ser amados por Pasifae; caballos, por Semíramis.
-
-Un toro negro, de dulce y paternal mirada, como un patriarca bíblico,
-nos promete dilatada sucesión y con ella pródigas provisiones de
-sabrosa leche y suculentos solomillos.
-
-Vacas suizas nos hablan de praderas idílicas, ovejas y corderos de
-todas castas, al ser acariciados por manos de marquesas, evocan
-pastorales de Versalles.
-
-Allí están nuestros famosos merinos, y la oveja castellana, y la
-andaluza, y las inglesas, de cabezota redonda (como los puritanos
-de Cromwell) y de lana apretada, que parecen talladas en piedra por
-escultores medioevales. Y razas cruzadas, muy dignas de consideración
-en estos tiempos. Y el caballo Orlof, digna cabalgadura de un héroe
-victorioso, para bracear sobre laureles y rosas. Y caballos andaluces
-de jacarandosa estampa, y tantos bellos animales, á los que nunca
-amaremos bastante.
-
-Porque no hay animales fieros; si algunos lo parecen, es porque el
-hambre ó el hombre (no es juego de palabras) los hostiga. Pero ellos
-agradecen nuestros cuidados y nuestras caricias; ellos nos ofrecen
-sumisos su fuerza, y al someterse al hombre, parecen someterse á su
-natural destino. En su mirada, ó hay alegría ó dulce resignación;
-tristeza, sólo cuando su dueño los maltrata.
-
-¡Como nos enseñan á vivir y á morir los buenos animales; algo hermanos
-nuestros porque son hijos también de la Tierra, madre de todos!
-
- * * * * *
-
-Si el príncipe Hamlet, prototipo de la duda aunque, como todos los
-escépticos, creyó en lo más dudoso, la eficacia de las representaciones
-teatrales para descubrir secretos,—aseguraba que hay algo en cielo y
-tierra á que no alcanza nuestra filosofía, ¿por qué no hemos de creer
-en ese algo? Si toda fe nos falta, tengamos fe en la fe.
-
-Próximo el centenario de los Sitios de Zaragoza, aquel milagro de
-heroísmo sobrehumano, en que todos pudieron admirar á un pueblo más
-tullido que todos los tullidos, sin creencia y sin esperanzas en lo
-humano, levantarse y andar y estremecer con su empuje al mayor imperio
-moderno, ¿por qué hemos de sonreir y burlarnos escépticos de un humilde
-milagro?
-
-Bien se que las burlas de los descreídos hubieran sido más
-irrespetuosas si de otra imagen se tratara. El Pilar es algo muy
-respetable, y mal aconsejado estaría el que á estas fechas quisiera
-milagrear á su costa, sin un hecho, todo lo maravilloso que se quiera,
-pero hecho al fin indudable, que después cada uno puede explicarse á
-su manera: desde el milagro divino hasta la sugestión hipnótica ó el
-histerismo, hay explicaciones para todos los gustos. Hay cosas que
-parecen sobrenaturales y son las más naturales del mundo.
-
-Tengamos fe en la fe, no sonriamos demasiado pronto. ¿Quién sabe si aún
-no veremos mayores milagros?
-
-Si algún día, un imperio absorbente ó un disolvente anarquismo,
-hubieran conseguido borrar las fronteras de todos los pueblos, el
-último patriota que sucumbiría sería un aragonés sobre la última piedra
-que marcaría una frontera: el Pilar de Zaragoza.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-X
-
-
-Si la felicidad se consiguiera por leyes, decretos, reales órdenes,
-ordenanzas, bandos y demás literatura oficial, España sería la nación
-bienaventurada entre todas; pero si el infierno, según dicen, esta
-todo el empedrado de buenas intenciones, es posible que también esté
-empapelado de leyes españolas.
-
-Esta novísima de la colonización interior es otro bello trozo de
-literatura, y por si no pasará de serlo, ¿por qué no añadirle algunos
-comentarios poéticos?
-
-Esa colonización interior sería una gran empresa si para ella no se
-contara sólo con las naturales gentes del campo. La trasfusión de
-sangre es de tanto interés para el organismo físico como para los
-organismos sociales. Colonizar el campo con gente de la ciudad sería
-verdadera y meritoria colonización.
-
-La tierra en España es sólo un lujo de ricos ó una esclavitud de
-pobres. Grandes propiedades mal atendidas por sus dueños y otras tan
-reducidas que apenas ofrecen la porción de tierra que basta, como
-suele decirse, para tener donde caerse muerto, no digamos de qué vivir
-mientras se muere.
-
-Hay en las ciudades un proletariado burgués, el que más padece y menos
-grita, que se consideraría dichoso con poseer un pedazo de tierra en el
-campo. Es un gran error creer que el habitante de la ciudad no ama el
-campo. Ofrecedle facilidades para llegar á el, dádselas para poseerlo
-y veréis con cuánto más amor lo cultiva y hace suyo que quien vivió
-siempre en el y ya lo mira como indiferente ó enemigo.
-
-Sean donaciones de tierras el premio de los buenos servidores del
-Estado, el pago de muchas de esas clases pasivas que acaso llevan vida
-inútil y vergonzosa en las ciudades. Ellos llevarán al campo cultura
-social y el campo les dará en cambio salud y alegría. La tierra no
-pide sólo brazos fuertes que la trabajen con dureza, como quien golpea
-ó hiere, pide también quien la mire con amor; y nadie la amaría tanto
-como esos proletarios que vivieron siempre en vivienda alquilada, muy
-tasado el terreno, y el sol y el aire aún más tasados. Esos que en un
-día de fiesta en Madrid, van en bandadas como peregrinos del sol, hacia
-el Retiro, hacia la Moncloa, hacia los Cuatro Caminos, á emborracharse
-de luz para muchos días, ¡como serían felices sobre un pedazo de
-tierra suyo, donde el sol es el buen padre de la tierra que á su calor
-fructifica y florece, no el astro avergonzador de la gente pobre con su
-luz indiscreta que descubre el brillo de la ropa usada y las grietas
-del calzado viejo!
-
- * * * * *
-
-No me atrevería yo á censurar la prohibición de las capeas en nombre
-de las sacrosantas costumbres nacionales, pero á trueque de incurrir
-en el enojo de Mariano de Cávia, me atrevo á censurarla por exceso
-de sensiblería mía, no de la orden, que á primera vista parece bien
-intencionada.
-
-Pero considerando que en esas capeas tomaban la más activa parte los
-más brutos de cada pueblo; considerando que en la mayoría de los casos
-había cornadas providenciales; considerando que todo ello era indulto
-de infelices mujeres, condenadas de por vida á marido bruto, alivio
-para el Estado de candidatos al ingreso, aumentando sus cargas, en
-establecimientos penitenciarios, considerando que, llegado el día de
-la fiesta, habrá sus motines y algaradas que darán lugar á mayores
-barbaridades, pues es casi seguro que en muchos pueblos no admitirán
-á la Sociedad de Conciertos, como festejo digno de sustituir al toro,
-considerando que las escuelas de casi todos los pueblos y aldeas de
-España no tienen mejor uso que servir con sus ventanas de palcos y
-talanqueras para presenciar con relativa seguridad la gallarda fiesta;
-considerando que si damos en lavarnos la cara no van á conocernos,
-vengo en opinar que la orden sería más efectiva, plausible y meritoria,
-de haber ido precedida de otra: la ley de Instrucción obligatoria;
-porque los lugareños son gente maliciosa, y como sólo les llegan del
-poder central órdenes prohibitorias, no será extraño que algún día se
-cansen y digan: ¡Todo es prohibir, prohibir! ¿Y qué nos dais en cambio?
-Que nos manden siquiera un cinematógrafo.
-
- * * * * *
-
-Todas las mujeres tienen una edad para parecer más hermosas ó menos
-feas. No siempre es la juventud, como puede creerse. Hay géneros de
-belleza que se acomodan mejor con la madurez y hasta con la ancianidad.
-Cuántas veces la que conocimos francamente fea de joven, nos sorprende
-á su declinar con un agradable aspecto.
-
-Hay también bellezas por horas, á las que favorece más ó la mañana ó
-la tarde ó la noche, sea por la luz, sea por los trajes propios de
-aquellas horas.
-
-Para ser hermosa á toda edad, á todas horas y á todas luces, es preciso
-ser la forma de Arte que nunca pasa, como dijo Leonardo de Vinci.
-
-A las ciudades les sucede lo mismo que á las mujeres. Hay de ellas que
-sólo parecen bien en invierno, otras que entonan mejor con la suavidad
-otoñal, otras que sólo son bellas en verano.
-
-A París, por ejemplo, le sientan bien las estaciones crepusculares;
-primavera y otoño, como belleza cansada que se defiende de la luz cruel
-con velos y pantallas. A las viejas ciudades flamencas y castellanas
-les dice bien la lluvia, bajo un cielo como de cristal esmerilado.
-Granada y Córdoba, á pesar de su oriental carácter, entonan mejor en el
-invierno. Sevilla, en cambio, sólo se concibe inundada de luz.
-
-Madrid también es hijo predilecto del sol y necesita de toda su luz
-para parecer algo. En los días de invierno, con sus tejados parduzcos
-y la pobreza de su caserío, visto á lo lejos, parece de un color de
-puchero viejo, y bajo la lluvia como lamentable trapo de mil remiendos
-desteñido al mojarse.
-
-Pero al sol es como prisma que rompe la luz en destellos de pedrería.
-Ya sus remiendos parecen labores de tapiz oriental, los revoques
-desconchados de sus fachadas reflejan el oro y el rosa como granitos
-y mármoles preciosos. Su gente también parece engalanada: la mayor
-baratura de las telas veraniegas pone en las calles la alegría de sus
-colores claros.
-
-Esas pobres y simpáticas cursis, tan mal pergeñadas en invierno con
-sus abriguillos de sutil pañete, que á nadie engañan, y al frío mucho
-menos, con sus boas de pluma de pavo casero y sus manguitos ó sus
-estolas de piel, en que aún palpita el último maullido de la víctima,
-con sus caritas anémicas amoratadas y sus narices arreboladas y sus
-ojillos lacrimosos por el frío, esas pobres cursis que tanto deben
-odiar el invierno, con ellas más que con nadie despiadado, ahora son
-reinas de calles y paseos, ahora lucen con valentía batistas y gasas y
-muselinas y arrogantes sombreros de paja con sus flores vistosas ó su
-golpe de guindas entre verde hojarasca que la lluvia y el sol no han
-descolorido todavía.
-
-Madrid es suyo en este tiempo. Son las mariposas de su primavera. Pero
-como dijo el poeta: ¿Es que los pájaros se esconden para morir? Digamos
-también: ¿Dónde se esconderá en invierno tanta pobre cursi? Porque
-todas estas que véis ahora no las volveréis á ver hasta otra primavera
-y otro verano, aunque las busquéis en el paraíso del teatro Real,
-en las galerías de Palacio en los días de capilla pública ó en las
-funciones de sociedades de aficionados.
-
- * * * * *
-
-En Copenhague, un actor y marido ha disparado unos tiros sobre su dos
-veces compañera, en la vida y en el teatro, al terminar ella de bailar
-con otro actor un vals que, por lo visto, se las traía. ¡Para que se
-fíen ustedes del teatro del Norte!
-
-Se atribuye á los celos el arrebato del marido; pero como da la
-casualidad de que el valsecito había entusiasmado al público, vaya
-usted á saber si no serían los aplausos los que pusieron al actor,
-antes que marido, en el disparadero. ¡La psicología de los actores es
-tan complicada!
-
-De cualquier modo, los matrimonios siempre son ocasión de disgustos en
-el teatro; sólo sirven para dificultar el buen reparto de las obras y
-para desilusionar al público.
-
-Cuántas veces oye uno durante una representación:—Me parece que la
-fulana (el nombre de una actriz) engaña á su marido.
-
-—No lo crea usted; si es un matrimonio modelo.
-
-—Si digo en la comedia.
-
-—¡Ah!
-
-Y otras veces lo contrario.
-
-—¡Qué buena es esta mujer para su marido!
-
-—¿Pero usted no sabe ...?
-
-—Ya lo se; si digo en este papel ...
-
-Y con esta confusión de la vida doméstica con la artística se embrolla
-á cada paso el asunto de las comedias. Los actores no debían tener vida
-privada y las actrices mucho menos. A lo mejor hay aquello de:
-
-—¿Ve usted aquellos cinco niños tan monos que están en aquel palco?...
-Son de la que hace de Doña Inés de Ulloa.
-
-Y, en efecto, al llegar la escena del rapto, los chiquitines lloran que
-se las pelan porque se llevan á su mamita, y las buenas mamás que están
-en el teatro cuchichean unas con otras ... ¡Pobrecitos! ¡Qué ricos!
-¡Lloran porque ven que se llevan á su mamá ...!
-
-Y á un espectador que no esta en el secreto y los manda á la Inclusa
-desde el paraíso, le advierte uno de la _claque_, con muy malos modos:
-
-—¡No sea usted bruto! ¿No ve usted que son los niños de doña Fulana?
-
-Y con todo esto, al llegar la escena del sofá, ya el público sólo se
-interesa porque los niños van á volver á llorar más desesperados,
-temiendo que con los arrumacos de Don Juan les van á traer otro
-hermanito de París ... ó de Nápoles, rico vergel, que es de donde se los
-traerían á Don Juan ...
-
-En fin, que en el teatro como en la política cuando la vida privada
-no casa con la pública, no hay modo de convencer á nadie, aunque los
-versos sean de Zorrilla y los discursos de Demóstenes.
-
- * * * * *
-
-Un libro de versos—_Alma-Museo-Cantares_—simpático como su autor,
-Manolo Machado; un moro andaluz que, por no saber adónde iba, se perdió
-en Montmartre y se encontró en Madrid, y en el fué bien hallado, porque
-su espíritu es de chispero, aunque al cantar su serenata á la luna,
-su blancura parece envolverle unas veces en el blanco alquicel de los
-árabes, otras en la túnica blanca de Pierrot.
-
-Es muy convencional la división de géneros en poesía; porque si la
-poesía lírica es sincera, tiene siempre mucho de dramática; en un solo
-monólogo nos dice el drama interior del poeta.
-
-Los sonetos ¿no son una tragedia más de Shakespeare? En las poesías
-de Manuel Machado también podemos seguir los pasos de una interesante
-acción dramática, por fortuna no trágica. En este caso, ó yo no se
-leer, ó todo acabará en boda, y la voluntad del poeta, su voluntad, que
-_murió en una noche luna, en que era muy hermoso no pensar ni querer_,
-resucitará á la luz de otra luna ... de miel. ¿No es eso? Y el poeta nos
-dirá entonces: que es muy hermoso pensar, pensar intensamente ... cuando
-se piensa en lo que se quiere.
-
- * * * * *
-
-Una madre con cinco hijas en cuenta corriente, esto es, en espera de
-colocación, me decía: ¿Ha visto qué idea la de ese joven mejicano?
-¡Distinguido, millonario y dedicarse á torero! ¡Mire usted que si le
-cogiera un toro!
-
-—¡Qué envidia!, digo, ¡qué lástima!, contesto distraído, pensando en
-las cinco hijas.
-
-Lo cierto es que la gente de dinero es la que arriesga la vida con
-mayor facilidad y por puro capricho.
-
-¿Es aburrimiento de todo lo que el dinero puede proporcionar, lo que
-les lleva á buscar emociones en peligros contra los que nada puede el
-dinero? ¿Es la confianza que da el haber triunfado de todo en la vida
-por el dinero, la que acaso les hace considerarse inmunes á todo
-peligro? ¿Ó es, como dice una amiga mía, que el dinero por sí solo es
-seco como un sustantivo y los que lo poseen buscan á toda costa un
-adjetivo que lo califique y lo decore?
-
-¡La conquista del adjetivo! No basta tener dinero, hay que llamarse
-distinguido, intrépido, inteligente; cuando no se puede otra
-cosa, _sportsman_. No saben que una vez encasillados en un adjetivo, no
-hay mayor esclavitud que la de sostenerlo y justificarlo.
-
-—¿Usted sabe, me dice esta amiga mía, la venganza que tomó un cronista
-de salones de una señora muy distinguida, que en cierta ocasión le hizo
-un pequeño desaire? Muy sencillo. En una de sus crónicas de sociedad
-escribió:
-
-«La elegantísima señora de——, que cada vez que se presenta en
-sociedad luce una nueva _toilette_ ...» Bastó con esto; la elegante
-señora, que como cada hija de vecino, tenía sus cuatro ó cinco trajes
-de luces para todas las _soirées_ de una temporada, se creyó desde
-entonces comprometida á sostener su reputación, y á fuerza de exhibir
-_toilettes_, se arruinó en un par de años bonitamente. ¿Qué le parece á
-usted?
-
-—Que no debe uno preocuparse por adquirir adjetivos ni por sostenerlos.
-
-—Es mi opinión. Por eso verá usted que yo no vivo para la galería;
-no me verá usted nunca danzar en fiestas de sociedad, ni en funciones
-benéficas, ni en juntas piadosas ni feministas ... Renuncio á todos los
-adjetivos.
-
-—¿Se atiene usted al sustantivo?
-
-—Al verbo, amigo mío, al verbo, que es el fundamento de la oración y
-de la vida ... ¡Vivir, poseer, querer ... gozar ...!
-
-—¡Basta, basta amiga mía! Temo que va usted á traspasar los límites
-del Diccionario en un rapto lírico.
-
-—¿Pero no esta usted de acuerdo conmigo?
-
-—¡Ya lo creo! Yo tampoco me he preocupado nunca por los adjetivos. Y
-sobre todo, ya sabe usted lo que dice el _Génesis_: En principio era
-el Verbo ... El adjetivo fué después del Paraíso perdido ... ¡Y cuántas,
-cuántas veces puede perderse el estado de inocencia del Paraíso por
-querer saber del bien y del mal de un adjetivo!
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-XI
-
-
-Cuando Enrique III de Francia se vió venir amenazadora aquella famosa
-liga dirigida por el duque de Guisa, como no era el un rey para
-asustarse por liga más ó menos, se acordó del florentino que llevaba
-dentro (¡tal madre tuvo!) y dió con una idea maquiavélica: proclamarse
-el mismo como jefe supremo de la liga, que fué como decir á los que
-en ella entraban: todo lo que vosotros queréis soy yo el primero en
-quererlo, no hay por qué molestar.
-
-No me atrevería yo á comparar á D. Antonio Maura con Enrique III,
-aunque en su corte, como en la del último Valois, figuren muy gentiles
-_mignons_; pero el también, como Enrique III, se ha visto venir esta
-nueva liga de la solidaridad como un peligro más ó menos temible, y ha
-querido salirle al encuentro con su proyecto de Administración local;
-con el pensaba poco menos que parecer como el primer solidario.
-
-Naturalmente, como la historia es de una gran monotonía, tanto ha
-convencido á los solidarios el proyecto como á los partidarios del
-duque de Guisa la jefatura de Enrique III.
-
-Hasta aquí la semejanza, y esperemos que de aquí no pase, porque los
-sucesos que siguieron en la historia de Francia fueron muy trágicos.
-Pero los tiempos no están para tragedias—como deplora D. Valentín
-Gómez en su discurso de recepción en la Academia.—La vida, como el
-arte, sólo recogen de la historia las pequeñas comedias. La política
-moderna, como el teatro moderno, da poco en qué pensar y mucho de qué
-reir.
-
-Este proyecto de Administración local, ni una cosa ni otra; es de esas
-obras en que el aburrimiento no deja fuerzas para el pateo, en opinión
-de los pocos que se han tomado el trabajo de leerlo, tan pocos que,
-seguramente á su propio autor podría decírsele sin paradoja, lo que una
-dama de la corte de Luis XV contestó á un obispo que le preguntaba si
-no había leído sus últimas pastorales.
-
-—No, no las he leído. ¿Y vos, monseñor?
-
- * * * * *
-
-Los que conocemos al doctor Simarro, nunca pudimos imaginar que no
-fuera el amado maestro de sus discípulos. Con su cara de amable
-filósofo griego, con su indulgente escepticismo, sólo podemos creer que
-esa severidad de examinador, que tanto ha soliviantado á sus alumnos,
-es sólo bondadosa y fraternal solicitud, mal comprendida por ellos.
-
-Creedlo, jóvenes estudiantes; cuando no se ama la ciencia con toda
-verdad y todo desinterés; cuando solo se busca en la indulgencia de un
-profesor el portillo de escape para llegar más pronto á la declaración
-oficial de sabiduría, el maestro, y mucho más si lo es de Fisiología
-psicológica, tiene el deber, no sólo de juzgar por vuestra suficiencia
-en el examen, sino hasta por la expresión de vuestra fisonomía, que no
-habéis elegido el mejor camino, aunque solo pretendáis de la ciencia un
-modo de vivir; pero la Ciencia, como el Arte, sólo dan de vivir al que
-les dió toda su vida; hay otras profesiones honrosas y lucrativas en
-que la impaciencia por llegar pronto esta justificada.
-
-Los sacerdocios exigen verdadera vocación y la verdadera vocación no es
-nunca impaciente.
-
-Muchas veces, por la voz del maestro que nos detiene con un suspenso
-en lo mejor de una carrera, habla la voz del destino que nos llama
-por nuestra verdadera senda. ¡Hay tantos caminos en la vida! Pero la
-Ciencia, que es la verdad, sólo tiene uno: ella misma.
-
- * * * * *
-
-Cada día es una nueva conquista de la libertad; esta del voto
-obligatorio es una de las más preciosas. Cuando vivíamos en la creencia
-de que ese voto era un derecho que la ley nos concedía graciosamente,
-ahora resulta que es un deber ineludible, un deber del que no nos
-habían hablado ni el Catecismo ni la Etica. Verdad es que cuando se
-escribió el Catecismo y cuando nosotros estudiamos la Etica, era la ley
-la que impedía á la mayoría de los ciudadanos el cumplimiento de ese
-deber, al que ahora cree que ninguno debe faltar.
-
-Hasta ahora lo mejor de ese derecho, como de casi todos los derechos,
-era la facultad de no usarlo; aparte que si es bueno que todo ciudadano
-intervenga en la gobernación del Estado, el abstenerse de votar era en
-política, como el sueño en cuestiones literarias, una opinión de tanto
-peso como cualquiera otra.
-
-Porque veamos qué hace con su voto un ciudadano con ideas propias y
-particulares. ¿Votar una de esas candidaturas impresas, de candidatos
-encasillados, desconocidos para el, ó demasiado conocidos? ¿Manuscribir
-una candidatura de su gusto, con personas de su particular confianza y
-aprecio? ¿Y qué adelantará con votarla el solo? Porque, supuesto que
-haya otros ciudadanos que tampoco estén conformes con los papelitos
-impresos, menos han de estarlo con el manuscrito por cualquier buen
-ciudadano con los nombres de amigos muy apreciables para el, pero no
-tan apreciables para su vecino.
-
-¡Ay, bien dicen que nunca aprecia uno lo que tiene ni sabe lo que pide!
-
-Pedimos una gracia y nos encontramos con una obligación. De este modo
-no sería extraño que el día en que se votara la ley del divorcio,
-en vista de que la gente no hacia tampoco gran aprecio de ella, se
-impusiera también como obligatorio; porque las libertades se conceden
-para eso, para disfrutarlas, ya que tanto les cuesta á los gobiernos
-concederlas.
-
-Como todo se andará al paso que vamos, la instrucción obligatoria,
-el servicio obligatorio, la vacuna obligatoria, el matrimonio y el
-divorcio obligatorios, el voto obligatorio, prohibida la emigración
-y el suicidio muy perseguido, no será ningún contrasentido que las
-futuras revoluciones liberales se hagan al grito de: ¡Abajo la
-libertad! ¡No más libertades!
-
- * * * * *
-
-El actual verano se presenta en Madrid como los más clásicos de feliz
-memoria; mucho calor, crimen misterioso, y para que no le faltará su
-poquito de epidemia, hemos padecido una de oratoria, más alarmante por
-haber sido los casos más fulminantes justamente entre los encargados de
-inocularnos el virus preservativo de la enfermedad.
-
-Se conoce que por ahora su sistema de curación es la homeopatía; no por
-las pequeñas dosis, sino por lo de _similia_, etc., el mismo que ya
-recomendó Cervantes en su entremés de _Los dos habladores_.
-
-Como era de esperar, en el concurso de gorros solidarios: frigio,
-barretina y boina, ha sobresalido la última; de modo que ya sabemos por
-dónde viene esa España viva dispuesta á luchar con la España muerta.
-Con eso y con dividirnos, subdividirnos y desmenuzarnos en castas, cada
-una con sus fueros particulares, según su aplicación y comportamiento,
-pero siempre bajo la hegemonía de Atenas, ya estamos arreglados para ir
-tirando otros cuántos siglos por esos andurriales de la historia.
-
-¡Buenos están los tiempos para jugar á los estaditos! En Alemania—que
-es hoy por hoy la verdadera portería—darán razón; y en la Haya, las
-mejores referencias.
-
- * * * * *
-
-Muy del tiempo y de los tiempos también, ese juez que entrega al
-fuego purificador la biblioteca de Vicenta Verdier. Todo cuestión de
-forma literaria; porque si esos libros los hubieran firmado Bourget,
-D’Annunzio, Willy y Felipe Trigo, á estas horas la Vicenta figuraría en
-el libro de oro de nuestros intelectuales.
-
-¡Y qué reclamo para los autores! Como lo será, sin duda, para los
-vendedores furtivos de esas amenidades galantes, el susurrar al
-ofrecernos su mercancía: ¡Un librito alegre! ¡De la biblioteca de la
-Vicenta! ¡El último que me queda!... ¡Qué idea! El reclamo moderno
-no se detiene por nada. ¿Será esta una nueva pista del crimen? Si
-estuviéramos en los Estados Unidos, no habría que dudarlo; aquí los
-crímenes son de una vulgaridad tal, que lo único que puede darles un
-poco de poesía es el misterio.
-
-Después de un crimen de estos ¿quien no comprende la emoción que deben
-sentir esas mujeres para quien el amor es un constante juego de azar al
-encuentro, cuando piensen ante el desconocido de cada día: ¿Será éste
-el que mató?
-
-¡Oh suprema voluptuosidad que no saboreó el marqués de Sade y que
-tantas mujeres desgraciadas pueden saborear cada día, para envidia de
-esas mundanas aburridas que, ansiosas de emociones, se despeñan en un
-automóvil á 80 kilómetros por hora!
-
-Las conveniencias sociales nos obligan á buscar derivativos confesables
-á nuestras energías más íntimas. ¡Asusta pensar lo que sería de algunas
-elegantes automovilistas que conocemos si aplicaran al amor esas
-velocidades y ese desprecio á los peligros!
-
- * * * * *
-
-Rafael Calvo y Antonio Vico fueron los dos intérpretes brillantes de
-ese teatro tan nuestro, sin sinuosidades psicológicas, rotundo como
-un imperativo, todo altivez, todo arrogancias; con impertinencia de
-bravucón á veces, sombrío acaso, nunca obscuro, en que la imprecación
-es razonamiento y el rugido llanto. Ese teatro fué tan de Rafael Calvo
-y de Antonio Vico, que bien puede dudarse si ellos fueron por el ó el
-fué por ellos.
-
-Hoy es otro teatro; el llamado de ideas, donde se refugian como
-novedades las ideas ya viejas en el libro y en el pensamiento. Y otras
-obras de chistes ingeniosos, de chismorreo malicioso; hay quien las
-dispensa el favor de llamarlas satíricas y hasta quien las considera
-demoledoras; nos asustamos por poco, quizás porque lo tememos todo.
-
-Los buenos burgueses no quieren que los autores de comedias asustemos á
-sus mujeres y á sus hijas: es un monopolio que quieren conservarlas.
-
-Yo lo encuentro muy natural; tan cuidadosos como ellos de que sus hijas
-no oigan algunas de mis comedias, lo sería yo si tuviera hijas de que
-no oyeran las conversaciones de las suyas. ¡Porque si uno se limitara á
-copiar lo que oye, sin atenuaciones!
-
-Y no es sólo en las clases altas; no cometeré yo tal injusticia. En
-la primitiva aldea en que paso algunas temporadas, oí un día de estos
-á una sencilla zagala que le decía al autor de sus días con la mayor
-ingenuidad: ¡Pero cuando reventará usted, padre! ¡Para lo que sirve
-usted en el mundo!
-
-No digo que quedé consternado, porque hace tiempo me sometí á un
-tratamiento muy enérgico para curarme de la consternación á que era muy
-propenso desde pequeñito, pero sí pensé que tampoco queda el recurso de
-refugiarse en la sencillez de los campos para llevar algo de realidad
-al teatro sin miedo á escandalizar. Habrá que buscar asuntos de pura
-imaginación. ¡Pero hay que ver como esta la imaginación muchas veces,
-sobre todo con estos calores!
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-XII
-
-
-El gobierno con las Cortés y los empresarios de género chico con sus
-teatros, siempre se proponen lo mismo al empezar el verano: no cerrar ó
-cerrar lo más tarde posible.
-
-Los empresarios siquiera procuran refrescar la vista del público
-con su golpe de cortinajes blancos y macetas de permanente verdor,
-repartidas por el vestíbulo y los pasillos del teatro. Cuentan además
-con la fantasía de autores y escenógrafos, para transportar á los
-espectadores á una de esas playas de ensueño cómico-lírico en que todas
-las bañistas lucen carnes de color de rosa—todos los rosas marítimos,
-desde el salmón al coral, sin olvidar el salmonete ni la langosta
-cocida,—visten de raso, impermeabilizado sin duda, calzan sandalias
-con tacones Luis XV, y no prescinden de corsé, pendientes, sortijas,
-colorete, etc. Y no es cosa de lamentar la impropiedad; desde muy
-antiguo, los poetas se permitieron con Galatea toda clase de licencias
-al presentarla _alegre y bulliciosa por la ribera arenosa_ ...
-
-¿No nos dijo por ella el poeta en sus quintillas clásicas?
-
- ¿Qué pasatiempo mejor
- orilla al mar puede hallarse
- que escuchar al ruiseñor,
- coger la olorosa flor
- y en clara fuente bañarse?
-
-Pasatiempos algo más difíciles de hallar á orillas del mar que puede
-serlo el ver por esas playas á una bañista moderna, más bulliciosa que
-Galatea, vestida como una tiple de juguete cómico-lírico veraniego.
-
-¡Así dispusiera el gobierno de estos recursos teatrales para retener
-á su público durante el verano! Pero cualquiera detiene á nuestros
-legisladores para estudiar y discutir leyes de tanto peso y abrigo, con
-billete gratuito por todas las líneas, y, el que más y el que menos,
-con dos ó tres sirenas en casa llamándole hacia el mar con voz, ya
-acariciadora y mimosa, como de hija, ya terrible y conminadora, como de
-mujer ó de suegra, y todas ellas mostrándole, no sólo un nuevo mundo
-como á Colón, sino muchos mundos, tal vez viejos, pero llenos de cosas
-nuevas que descubrir y que enseñar por esas playas y casinos.
-
-Como hay autores cómicos que no empiezan á escribir una obra hasta
-tener apuntado el suficiente número de chistes con que amenizarla, hay
-señoras que hasta no contar con buen número de _toilettes_ no empiezan
-á planear su viaje; de otro modo, tampoco tendría chiste. Después,
-según la ropa, se piensa en un sitio ó en otro.
-
-Yo se de un padre de familia que este año ha decidido dar la vuelta al
-mundo con su mujer y sus hijas, según dice, por economía.
-
-—¡Pero, hombre!—le argumentan los amigos.—¿Por economía? Si le
-costará á usted un dineral el viaje.
-
-—No lo crean ustedes. Como estaremos poco tiempo en cada sitio y sólo
-vamos de _touristas_, mi mujer y mis hijas se contentan con llevar el
-preciso equipaje. Y no saben ustedes lo que esto significa. Un verano
-me las lleve á Cercedilla con la idea de hacer economías, y como la
-misma gente se reune catorce veces al día, y porque no creyeran que
-estábamos allí por economizar ... ¡Aquello era una representación de
-Frégoli diaria! En fin, tanto cambiaban de vestidos y tan de pies á
-cabeza, que yo no entraba una vez en casa que no me las encontrara
-en camisa ... ¿Pero por qué os desnudáis tanto? les decía; vais á
-resfriaros ...
-
-—Si no nos desnudamos, papá; nos vestimos.
-
-¡Respuesta de una gran filosofía! Porque, en efecto, las mujeres no
-se desnudan nunca, se visten siempre; si alguna vez en su vida puede
-parecer que sólo se trata de desnudarse, no lo crean ustedes: es por el
-gusto de vestirse luego ... y vestirse algo mejor, si es posible.
-
- * * * * *
-
-Lo que más siente el público—¡oh buen público, lector de folletines y
-espectador de melodramas!—cuando no parece el autor de un crimen, no
-es que éste quedé impune y pueda ser un peligroso ejemplo para animar
-á más de cuatro indecisos que no han encontrado todavía su senda por
-el mundo; lo que el público siente, es la desilusión de su curiosidad
-no satisfecha. Como si un periódico de gran circulación cortara su
-gran novela de crímenes en lo más interesante, y los fieles lectores
-quedaran sin saber lo que fué de Emma, después de encerrada en el
-subterráneo del castillo, ó de la condesa, después de hipnotizada
-por el barón, para sugerirle la idea de robar el Banco de Londres, ó
-cualquier otra friolera.
-
-¡Ah! si la conciencia pública se manifestara con sinceridad, cuántas
-veces en casos de crimen misterioso se votaría con general satisfacción
-un plebiscito concediendo, no sólo el perdón, sino hasta una pension
-vitalicia y algunas condecoraciones, al criminal, con la única
-condición de presentarse á descifrarnos la charada y no dejarnos en la
-duda de como y porqué fué el crimen.
-
-No faltarían personas distinguidas que le invitaran á sus comidas y
-_soirées_ para oírselo referir de viva voz. ¡Esta pícara hipocresía
-social nos priva de los mayores placeres y hasta de algunas buenas
-obras! Porque, ¿quien sabe si un criminal, por empedernido que fuera,
-al verse así halagado y considerado por las gentes, no acabaría por ser
-el hombre más sociable y más _adaptado_ del mundo? Acaso acabaría en
-filántropo. No sería el primer caso que conocemos, y no de criminales
-misteriosos precisamente, sino muy notorios, aunque impunes.
-
-¡Los altos designios de la impunidad son tan respetables! ¡Cuántas
-veces una condena prematura por un _crimencito_ de tres al cuarto,
-puede privar á la humanidad de un gran bienhechor, á la sociedad de un
-hombre agradable!
-
- * * * * *
-
-Cuando llegan de algunas provincias tristes lamentaciones por los
-perdidos fueros y andan esos regionalistas—como ciertas mujeres que
-culpan siempre de todas sus desgracias al que las perdió, como ellas
-dicen—maldiciendo todavía del señor rey Don Felipe II ó Don Carlos
-II ó Don Felipe V—según regiones,—que fueron también la causa de su
-perdición primera con quitarles sus fueros y privilegios, bueno sería
-que los madrileños, tan despreocupados de nuestra historia, indagásemos
-si en algún tiempo tuvimos también algún fuero ó siquiera fuerillo
-ó ventajilla de que ampararnos ahora ante el nuevo impuesto que nos
-amenaza, digno de los mejores tiempos feudales.
-
-Nuestro alcalde quiere ejercer con los madrileños algo así como el
-llamado por los franceses, con más delicadeza de frase que entre
-nosotros, _le droit du seigneur_. ¡Y cuánto más seguras que en el
-antiguo derecho de pernada, serán las primicias de la verdadera flor de
-azahar, tratándose de que en Madrid trabajemos todos! ¡Cuántos brazos
-vírgenes de toda faena!
-
-Pero como los madrileños, no en balde gatos, somos de natural rebeldes
-á imposiciones, tendrá que ver de lo que seremos capaces antes de
-someternos á esa prestación personal. Los sablistas y pedigüeños ya
-tienen un motivo oratorio más con qué conmovernos: «¡Dos días sin comer
-y mañana al tajo; tengan compasión!» No faltarán tampoco funciones
-teatrales con el objeto de redimir á un padre de familia, del azadón,
-del pico, y ¡qué se yo! Habrá quien sea capaz ... hasta de trabajar por
-primera vez en su vida sólo por reunir la cuota necesaria á redimirse
-del trabajo.
-
-Pero no hay que alarmarse demasiado; si ello llegase á ser ordenanza
-municipal, ya sabemos á lo que todo quedará reducido: á que los días de
-elecciones vayan á trabajar al tajo todos los electores de oposición.
-
- * * * * *
-
-Entre la infinidad de compras, precursoras del viaje veraniego, las
-mujeres no olvidan los libros. En Madrid no hay vagar para la lectura:
-el periódico, la revista ilustrada, lo que basta para saber lo que pasa
-por el mundo. Pero en estos días la librería á la moda se anima con el
-charloteo femenino:—¿Qué novedades hay? ¿Qué novelas pueden leer estas
-niñas? Algún libro de versos ...
-
-Ya es la gran dama que presume de intelectual y consulta catálogos y
-elige por sí misma, y en el mismo paquete une á Nietzsche con Bourget,
-y á Tolstoï con D’Annunzio, sin olvidar algún estudio histórico sobre
-algún personaje del siglo XVIII, con preferencia alguna favorita del
-Rey Sol ó del Bien Amado. Hay que documentarse, nadie sabe lo que
-puede ocurrir en este mundo. Ya es la madre de severos principios que
-lleva de antemano anotados los libros que recomienda ó permite el
-Padre Dulce, de la Compañía. Ya es la institutriz que elige ante todo
-los libros de su gusto, muy convencida de que las señoritas no han de
-leerlos, y para ella todos serán pocos en muchas ocasiones cuando para
-una institutriz de buen tono no hay libro bastante interesante si ha
-de absorber su atención por completo ni bastante voluminoso si ha de
-ocultarla discretamente todo lo que sucede á su alrededor.
-
-Ahora son unas muchachas bullangueras, de esas que quisieran á cada
-momento, sólo con pasar, exteriorizarse todas, y hablan y ríen,
-pensando tanto en que las oyen, que apenas piensan lo que dicen. A
-la rebatiña de palabras unas con otras, no suben á tranvía, ni hacen
-corro en la calle con amigos, ni entran en tienda sin dar noticia de su
-nombre, y parentescos, y relaciones, y gustos y disgustos ...
-
-—Yo, como no puedo resistir á los hombres tontos ...
-
-—Yo, como me vuelvo loca por la horchata de chufas ...
-
-—Yo, como no soy como Fulanita ...
-
-Y á propósito, traje cortado, hilvanado y cortado á la medida de
-Fulanita en menos tiempo que un luto.
-
-Estas revuelven la librería, con un comentario para todos los libros,
-sin desatender por eso, desde la vidriera, á cuántos pasan por la calle.
-
-—Mira ... Becquer. ¡Qué preciosidad! ¡Es mi poeta!
-
-—Y el mío.
-
-—¿Has leído esto?
-
-—Es muy aburrido, una lata ... ¡Pero como va esa criatura! ¿Habéis
-visto?
-
-—¿Quién, quien?
-
-—Juanita.
-
-—¡A ver, á ver!
-
-Se precipitan á la puerta. Risas. Comentarios al traje de Juanita; del
-traje pasan á la piel. Vuelven á los libros.
-
-—¿Habéis elegido ya?
-
-—¿Qué decidís?
-
-—Yo, éste.
-
-—Yo, estos dos.
-
-En un aparte furtivo, una de ellas señala un libro.
-
-—¡Fijaos!
-
-—¡Qué horror!
-
-Es un libro de que oyeron hablar, como de tantas cosas; un libro que
-ellas sólo pueden conocer así, por el forro, como tantas cosas. Pero
-sus ojos acarician el libro cerrado y por su frente pasan adivinaciones
-que se traslucen en un reir nervioso.
-
-—¡Qué tonta! ¿De que te ríes ahora?
-
-—¿Y tu?
-
-—Me acuerdo de Juanita.
-
-Entra un criado de casa grande, entrega á un dependiente una larga
-lista de libros. El dependiente busca, reune; entre ellos va el libro.
-Sale el criado. Ellas, casi á coro:
-
-—¿Para quien son esos libros, sabe usted?
-
-—Para la duquesa de——.
-
-—¡Fulanita!
-
-Lanzan el nombre propio y familiar, para que se entere el dependiente
-de que la duquesa es cosa muy suya. A continuación, traje de corte y
-gran gala para la duquesa y algunos allegados.
-
-Es un rato muy divertido el que puede pasarse en la librería á la
-moda, en estos días en que tantas bellas y graciosas mujeres acuden á
-proveerse de literatura.
-
-Yo las deseo á todas que el primer libro abierto ruede días y días por
-mesas y sillas y mecedoras de terrazas de hotel ó de balneario, con
-un pico doblado, nunca más allá de las veinte primeras páginas. Será
-la mejor señal de que el veraneo ha sido agradable para ellas. Que la
-lectura sea el refugio de vuestras institutrices y señoras de compañía.
-Cuando hayáis leído todos los libros del mundo, no seréis más bonitas
-y acaso seréis tan ignorantes. Los libros no enseñan nada cuando, al
-leerlos, aún podemos preguntar: ¿Será verdad esto? ¿Será así?
-
-Y cuando podemos decir, al leerlos: ¡Qué verdad es esto! ¡Así es!, ya
-es tarde; la vida nos ha enseñado más que todos los libros, y tampoco
-pueden ya aprovecharnos de nada.
-
- * * * * *
-
-Las autoridades de algunas regiones de Francia infestadas de lobos,
-acordaron en una ocasión conceder á los cazadores una cantidad,
-bastante apetitosa, por cada lobo presentado. Y sucedió ... ¿Que todo
-el mundo se dió á cazar lobos en aquellas regiones?, dirán ustedes. De
-ningún modo; á lo que se dieron fué á criarlos como á hijos y á cuidar
-por todos los medios de que no acabara la casta, para ir cobrando;
-hasta que las autoridades, más que paternales, maritales siempre, en
-esto de ser las últimas en enterarse, cayeron en la cuenta de que no
-es el mejor modo de acabar con los lobos el convertirlos en fuente de
-ingresos saneados para mucha gente.
-
-He aquí un sucedido que debieran tener en cuenta esas autoridades que
-se sirven de confidentes, delatores y todo linaje de soplones, para
-descubrir y cazar malhechores de cualquier especie. Por natural ley
-económica, la demanda crea la oferta. Paguen ustedes por descubrir
-anarquistas y los anarquistas no se acabaran nunca y las confidencias
-se irán complicando como novelas por entregas, y con todo esto les
-sucede á las autoridades celosas lo que á esos maridos, celosos
-también, que acuden á una agencia de informaciones para que le
-averigüen si su mujer le engaña, y al cabo de gastarse muy buenos
-cuartos, confidencia va, confidencia viene, acaba por enterarse de que
-precisamente el que trata de pegársela con su mujer es el director de
-la agencia.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-XIII
-
-
-¡Por qué se veranea? ¿Por huir del calor? Las mismas ó mejores razones
-habría para huir del frío en invierno. Y aún el huir del calor sería
-un motivo si los que veranean fueran á los polos ó á la América del
-Sur, á empalmar invierno con invierno; pero la mayoría va á lugares
-en donde el calor, cuando aprieta, no es menor que en Madrid, aunque
-exornado con mosquitos, pulgas, orfeones y otros alicientes. En esos
-días de calor _excepcional_—los fondistas y patronas del norte siempre
-le llaman excepcional—tienen los veraneantes el consuelo de pensar
-como aquel espectador de toros en tendido de sol: ¡Si aquí estamos
-así, como estarán los de enfrente con el resistero! Suele suceder que
-los de enfrente estamos más frescos y más comodos, pero no es cosa
-de telefonear ó telegrafiar para que rabien los de fuera, ya que se
-han gastado su dinero. Ellos, en cambio, tienen días muy frescos; tan
-frescos, que casi siempre van acompañados de ventiscas ó chaparrones,
-y hay que pasarlos encerrado en casa ó en el cuarto de una fonda y con
-los balcones cerrados; de modo que ... ¡fresco perdido!
-
-¿Se veranea por cambiar de vida? Nada de eso; el ideal de todo
-veraneante es encontrarse con el mayor número de gente conocida y
-hay que ver con qué exclamaciones de júbilo se saluda á los que van
-llegando, aunque sólo se los conozca de vista. ¡Dicha completa si la
-tertulia reunida es la habitual de Madrid, sin faltar un amigo! Y si la
-compañía que actúa en el teatro es también madrileña y representa las
-mismas obras que en Madrid nos aburrieron; y si en la Plaza de Toros
-ocupamos localidad equivalente á la de Madrid y alrededor se sientan
-los mismos aficionados con los mismos comentarios y las mismas gracias,
-y en el redondel vemos á los mismos toreros las mismas faenas.
-
-De San Sebastián á Zarauz, de Zarauz á Biarritz, no se oye otra
-pregunta: ¿Qué gente conocida hay? ¿Hay mucha gente conocida? Y se va
-de un punto á otro para averiguarlo, y se pondera la excelencia de
-un sitio, no por sus propias excelencias, sino porque esta cerca de
-otoros sitios y es excelente base de operaciones: Nosotros preferimos
-esto—dicen muchos—porque se esta cerca de todas partes. Y hay quien
-dice con frase gedeónica: Nosotros lo pasamos muy bien aquí ¿sabe
-usted? porque nunca estamos aquí.
-
-A todas horas van por esas carreteras los automóviles, lanzados como
-en montaña rusa, trayendo y llevando gente conocida. Y esa es toda la
-psicología del veraneo: ¡Movimiento, movimiento!
-
-Es gente de tan pocos recursos propios, que la soledad y el reposo les
-llevaría al suicidio por aburrimiento.
-
-En su cerebro sólo suena algo, como en los cascabeles, cuando se
-agitan. Todo para que en Madrid pensemos al leer las crónicas de los
-corresponsales: ¡Como se divierten por allí! Mientras los de allí dirán
-al leerlas: ¿Pero será verdad que nos divertimos tanto?
-
-¡Y Madrid es tan delicioso en verano! En primer lugar deja uno de ver
-á mucha gente desagradable. La temperatura es la natural; calor de
-verano, fresco de verano—nada de excepcional como en el Norte.
-
-La salud pública es excelente, como en ninguna estación del año; la
-prueba es que casi todos los médicos veranean muy descuidados; verdad
-que esto puede ser causa ó efecto. En la Exposición del Retiro se
-da uno la satisfacción, por poco dinero, de proteger el Arte y la
-Industria juntamente, y lo demás se nos da por añadidura. En Parisiana,
-con un poco de imaginación, se figura uno estar en la terraza de algún
-casino de playa á la moda, con su música de _tziganes_ y su teatrillo.
-Y aún queda la Bombilla para darnos la ilusión de que no nos ve nadie,
-aunque al otro día le diga á uno todo el mundo: ¿Conque anoche en la
-Bombilla? ¡Ya esta usted bueno! Y queda el _boulevard_ para darnos la
-ilusión de un paseo provinciano, y queda ... del Prado al Hipódromo
-para pasear en simón con neumáticos, con tanta poesía como en góndola
-veneciana, amores propios de la estación ... Y en fin, lo que dice un
-diputado, retenido en Madrid por la discusión de los azúcares: ¡Si en
-Madrid se pasa el verano como en ninguna parte! Yo no tengo prisa por
-que se cierren las Cortés; he mandado fuera á la familia.
-
-—No siga usted—le atajé en seguida.—Usted lo entiende. Si sigue
-usted en Madrid y la familia fuera, pasará usted el gran verano. Créame
-usted; lo que sofoca no es el calor, es la familia. Y si los senadores
-y diputados dan en mandar á la familia por delante, ya verá usted como
-no hay tantas prisas porque se cierren las Cortés, y cuando se cierren,
-todavía se harán algunos los remolones.
-
-Para los que se presenta mal el año, es para esos jóvenes que veranean
-en un pueblecito modesto y al regresar quieren hacernos creer que han
-estado en todas partes y han alternado con la mejor gente; porque
-este año no basta con tener la cara tostada como por el aire del mar,
-para darse tono, hay que traer unos cuántos chichones y otros cuántos
-cardenales bien repartidos, para demostrar que se ha cultivado los
-_sports_ de moda y con alternativa.
-
- * * * * *
-
-Permitida la fabricación y la venta de armas, no sólo de las que puede
-considerarse como de caza entre las de fuego, ó como utensilios de
-trabajo entre las blancas, sino de otras muchas que visiblemente no
-pueden tener mejor uso y destino que el de _mojar_, según tecnicismo,
-más tarde ó más temprano, ¿no es una contradicción ó _contracción_,
-mejor dicho, que la autoridad proceda á impedir el uso de lo que no
-impidió la adquisición?
-
-Un navajón tamaño de esos que vemos, ornato de escaparates, con sus
-arabescos y lemas en la hoja, para mayor gala; un puñalito de esos
-del precioso saca y mete, como cantan en una popular zarzuela, ¿para
-qué pueden servir sino es para solucionar á un prójimo, en un abrir
-y cerrar de muelles, el pavoroso problema la eternidad? ¿Se supone
-que sólo los compra el coleccionista de armas para colocarlos en una
-panoplia, ó el extranjero para llevarse un recuerdo más de España, con
-la pandereta, el abanico, el par de castañuelas y el de banderillas?
-Y si sólo estos pueden ser los usos materialmente inofensivos de
-estas armas, ¿no es hora de atajar la superproducción? Y si tales
-armas tienen otra utilidad que no adivino, ¿no debe por lo menos
-equiparárselas con las medicinas peligrosas y no despacharlas sino con
-receta garantizada por algún doctor en medicina social?
-
-No son juguetes que pueda manejar cualquiera, pero mientras cualquiera
-pueda adquirirlos, despojarle luego de una propiedad que adquirió
-legalmente es ... por lo menos un contrasentido, y los contrasentidos
-siempre desprestigian. ¿Que las autoridades tienen el deber y el
-derecho de prevenir? Ya lo creo; pero antes de registrar el bolsillo
-del transeúnte que compró el arma, debe registrar el bolsillo del
-fabricante que la vendió.
-
-¡El acero tiene aplicaciones tan útiles! Además, á la larga, no habría
-pérdidas para nadie. Cuando esas preciosas navajas de muelle y esos
-puñales primorosos escasearan en el mercado, los coleccionistas y los
-extranjeros los pagarían como curiosidades arqueológicas.
-
-Entre tanto, ese procedimiento antipático del _cacheo_ es ... lo de
-siempre: poner emplastos á los granitos en vez de purificarnos la
-sangre.
-
- * * * * *
-
-En Valencia se ha vuelto loco un toro y en Córdoba se ha vuelto loco
-todo un público. Los dos han hecho lo mismo: embestir con cuanto se les
-ponía por delante. El público se puso en tal estado de indignación por
-la mansedumbre de los toros. La locura del toro esta más justificada:
-fué de indignación por la fiereza de los hombres. Se vió acosado,
-acorralado, enchiquerado, y pensaría: ¿Pero qué va á ser esto? Y
-decidió morirse, dispensándonos un favor; porque si tanto se indigno
-con los preliminares, si hubiera llegado á la lidia, ¿qué de cosas no
-hubiera ido mugiendo de nosotros á los elíseos pastos? ¡«Azafrán»,
-«Azafrán»! Tu sangre de toro sería excelente, pero no era sangre
-española; los españoles nos dejamos lidiar hasta el fin. Además, nunca
-te perdonarán los aficionados sus ilusiones defraudadas. ¡Lo que
-hubiera hecho ese toro en la plaza! Menos mal que á los pocos días
-pudimos consolarnos, diciendo: ¡lo que han hecho esos animales en la
-plaza!
-
-El caso es que veamos siempre bravura, ó en los toros ó en los toreros
-ó en el público.
-
- * * * * *
-
-Esta vez sí que nos han dado una buena lección los catalanistas, y no
-hay que ofenderse por ella, porque si es verdad que nuestra policía les
-parece deficiente, no hay que decir que han acudido á ellos mismos para
-suplir la deficiencia. Se conoce que entre los cráneos superiores no
-se da la protuberancia policiaca, y así lo han reconocido con modestia
-al buscar un policía del mejor género inglés, tan acreditado en esta
-especialidad. Así esta bien, y lo bueno debe buscarse donde lo haya
-mejor. ¡Y ojalá en todo y siempre hubiéramos hecho lo mismo por aquí y
-otro gallo nos cantara ó no cantara ninguno!
-
-Los lujos hay que pagarlos, y este se paga bien y tampoco hay que
-censurarlo; de este modo se puede exigir méritos en justa relación con
-el precio; la verdad, pedir un Gorón ó un Sherlock Holmes por treinta
-ó veinticinco duros al mes que cobrarán algunos de nuestros modestos
-policías, es como pedir primores culinarios á una cocinera con tres
-duros de salario y uno para la compra. La creencia en ultraterrenas
-recompensas esta muy debilitada en los espíritus modernos, para que
-nadie haga apostolado de servirnos por nuestra linda cara. Todos
-sabemos lo que podemos exigir, poco más ó menos, según lo que pagamos
-á nuestros servidores particulares; sólo cuando se trata de servicios
-sociales, nos creemos en el caso de pedir gollerías. Por mil libras
-esterlinas y gastos de _mise en scene_, los barceloneses ya tienen
-derecho á quejarse si M. Arrow no les deja aquello hecho un Paraíso
-terrenal.
-
-En todas las grandes capitales quedan todos los años más de uno y más
-de dos crímenes impunes; en Madrid, aunque quedaran por docenas, no
-tendríamos razón para extrañarlo. Con los sueldos mezquinos de nuestra
-policía, el personal escaso, y ese ocupado de continuo en velar por
-existencias preciosas ¡quien lo duda! y que aún debieran estar mejor
-guardadas, pero con personal aparte, lo admirable es que Madrid sea,
-y no lo duden ustedes, una de las capitales en que menos _sucesos_
-ocurran. Descuenten ustedes muchos de esos timos del portugués y de los
-perdigones, que nos hacen pensar: ¿pero es posible que todavía haya
-gente tan cándida por el mundo? Y, en efecto, muchas veces el dinero
-se perdió en el juego ó se gasto en la aventurilla escabrosa, y el
-cándido forastero necesita que _salga_ en los periódicos la noticia del
-timo para justificarse con la parienta que le sacará los ojos si otra
-cosa creyera. Del mismo modo hay muchos robos y atracos de la más pura
-auto-sugestión, y las culpas son siempre para la policía, que no diré
-yo que sea perfecta, ni mucho menos, á poco que se piense en como esta
-pagada. Aquí, donde para ser lógicos, ya que hay maestros con cinco
-duros al mes, necesitaríamos policías con cinco mil al año. En cambio,
-si tuviéramos maestros con cinco mil duros al año, acaso nos bastara
-con policías á cinco. Para la gente pobre, ya se sabe, al cabo del año
-lo que no va en alimentos, se va en botica, y la verdad ¡con cinco
-duros de alimentación espiritual, todo debía ser poco después para
-remedios!
-
-Esperemos esa segunda lección de los catalanistas. ¡Un maestro de
-escuela con mil libras esterlinas de sueldo! Eso sería ... como el
-título de la última obra de Mark Twain: «Better than Sherlock Holmes»;
-traducido para que no lo entienda míster Arrow y no quieran entenderlo
-sus importadores: «Mejor que Sherlock Holmes».
-
- * * * * *
-
-¿Qué especie de curiosidad ha llevado á la vista del juicio de
-Soleilland á tanta Eva, aunque en lo corporal vestidas por Doucet,
-Redfern ó Paquín, en lo espiritual sin la menor hoja de parra para
-encubrir su desvergüenza?
-
-¿Era como una tardía manifestación de protesta que pudiera significar:
-¡Ah, estos hombres! He aquí un crimen que cualquiera de nosotras
-hubiera podido evitar á tiempo?
-
-¿Era la figura simpática del criminal, divulgada por la fotografía, la
-que acaso les hacia creer en una probable inocencia, demostrada por
-alguna revelación imprevista en el transcurso del juicio?
-
-¿Ó era este mismo picante contraste entre el físico y el empleo, que
-dicen por allá, lo que constituía la mayor atracción de Soleilland?
-
-¡La psicología femenina es tan poco complicada como complicada es su
-fisiología!
-
-De todos modos, en estos tiempos de apacible vulgaridad, sin
-sacudimientos pasionales, un criminal de cualquier género siempre
-inspira admiración más ó menos disfrazada. Las mujeres lo disfrazan
-todo de curiosidad.
-
-Por este sentimiento no será extraño que leamos muy pronto en los
-avisos particulares de algún periódico de París: «Señora del gran
-mundo, otoño espléndido, desengaños sentimentales. Desearía ser
-violentada. Todos los días, entre dos luces, se hallará sola en el
-Bosque de Vincennes». Lo peor es que no se hallaría sola; para una
-que se anunciara, hay que pensar en las que acudirían por curiosidad
-á ver quien era ella y á ver lo que pasaba, aunque las confundieran
-con la del anuncio y las dieran un buen susto; un susto de esos que se
-recuerdan siempre en confidencias con las amigas: ¡Para susto el mío!
-¡Todavía no me ha salido del cuerpo!
-
-¡Oh, Soleilland, Soleilland! La cabeza te cuesta; pero cuántas
-lindas y soñadoras cabecitas se han estremecido por ti, como si las
-acariciaras con tu mano estranguladora, tu mano de asesino, fría como
-el cuchillo de la guillotina.
-
- * * * * *
-
-Por si no bastaba con el uso muy extendido de las máquinas, han dado
-las mujeres en escribir con una letra tan impersonal, tan sin carácter
-como letra de imprenta. Esa letra á la moda, toda líneas rectas, que
-hace parecer una carta como plana de finos palotes, y todas las cartas
-iguales, se presta, como los antiguos mantos en nuestras comedias del
-siglo XVII, á todo género de confusiones y enredos teatrales.
-¡Cualquiera sabe qué mano pudo escribir, cuando todas escriben del
-mismo modo!
-
-Yo no se lo que dirá la grafología de ese carácter de escritura que,
-ante todo, muestra la falta de carácter de la escribidora. ¡Destruída
-la emoción de percibir sólo por el sobrescrito si la carta que llega á
-nuestras manos es la carta esperada entre todas!
-
-Confiad un poco más en nuestra discreción y en nuestra lealtad. ¡Oh,
-mujeres! Escribid de ese modo á los indiferentes. No hagáis á los que
-os aman que recuerden con pena aquellas divinas cartas de mala letra y
-peor ortografía, pero cuyo estilo era una mujer, no todas las mujeres,
-cualquier mujer, como estas de ahora que, en letra y estilo, parecen
-copiadas de un solo modelo epistolar para uso de señoras y señoritas
-que no quieren soltar prenda y siempre pueden tener el recurso de
-renegar de lo que escribieron: ¡Esa carta no es mía! ¡Es de Fulanita!
-Pensad que Fulanita es también vuestra amiga y la comprometéis por
-salvaros.
-
-Con la letra y la ortografía de antes podía escribiros las cartas
-vuestra cocinera; vosotras tampoco os comprometíais, nosotros nos
-divertíamos más, y alguna vez la cocinera podía hacer su suerte.
-
- * * * * *
-
-—¿A dónde va usted este verano, marquesa?
-
-—A mis baños, como siempre.
-
-—¿Con el marqués?
-
-—No; el va á los suyos. Ya sabe usted que todos los veranos nos
-separamos por incompatibilidad ... de humores.
-
- * * * * *
-
-En la playa.
-
-Doña Patro, á quien han recomendado los baños de mar para adelgazar, se
-presenta en la playa con un amplio traje que borra todos sus contornos.
-Su ilusión de haber disminuido desde el año anterior es completa;
-porque el bañero, que es el mismo de otras temporadas, no la reconoce á
-pesar de las buenas propinas.
-
-A la media hora del baño, ceñido ya el traje y entregada por completo
-á las olas, dejando fuera de la línea de flotación una enorme boya
-natural, el bañero, asaltado por un recuerdo imborrable, exclama:
-¡Perdone usted, doña Patro! ¡Qué habrá dicho usted! ¡Hasta ahora no la
-había conocido!
-
-Doña Patro se sumerge de golpe como para ahogarse.
-
-
-
-
-XV
-
-
-¡Por qué extraño contraste cuanto más intensa se muestra la vida á
-nuestro alrededor, más se impone á nuestro pensamiento la idea de la
-muerte! Y como Jerjes lloraba ante la inmensidad de sus ejércitos,
-al pensar como dentro de pocos años toda aquella multitud de hombres
-habría dejado de existir sobre la tierra, así nos entristece el mismo
-pensamiento cuando el hormiguero humano parece más afanoso por la vida,
-en esos pueblos de la vida intensa, en esas grandes ciudades emporios
-de la civilización en que las gentes van presurosas siempre, apartando
-á empujones al que estorba el paso.
-
-En cambio, esos pueblos petrificados que parecen muertos, de raros
-paseantes sin prisa, que van lentos, majestuosos, como quien nada tiene
-que hacer en ninguna parte, por su misma quietud nos dan una sensación
-de eternidad que aleja la idea de la muerte. Pero estos son los pueblos
-atrasados á los que es necesario llevar, á cañonazos si es preciso, esa
-vida intensa que llamamos civilización. Vivir ó morir; dormir, no. La
-civilización, como Macbeth, ha asesinado el sueño.
-
-Y no obstante, no fué en las calles de la gran capital civilizada
-donde nos pareció entrever la silueta de algún hombre dichoso. Fué en
-la calleja moruna, sobre una esterilla raída, entre el humo aromado
-del café y de la pipa, envuelto en su jaique color de pedrusco, el
-moro inmóvil, anulado el pensamiento, sabedor de toda sabiduría; la
-inutilidad de todo paso nuestro en la vida cuando todos, lentos ó
-presurosos, nos llevan á la muerte.
-
- * * * * *
-
-Nuestros gobernantes, tan dicharacheros y sábelo todo cuando de los
-asuntos caseros se trata, tratándose de asuntos internacionales se
-tornan graves y silenciosos; y ya se sabe, cuando ellos se encierran
-en la mayor reserva, ó no piensan nada ó piensan hacer una tontería.
-Desde Felipe II, llamado el Prudente, que no hizo más que cometer
-imprudencias, que todavía colean, en toda su vida, debíamos echarnos á
-temblar cada vez que en España se invoca la prudencia para algo.
-
-Los pies de plomo no fueron nunca buenos para ir á ninguna parte,
-sobre todo donde sería mejor no ir de ningún modo. La frase vulgar
-«Con Fulano ni á coger monedas de cinco duros», debía ser un axioma
-de política internacional con respecto á Francia. ¡Porque cuidado si
-tuvo siempre mala mano para estas andanzas! Dicen sus admiradores
-incondicionales que es la única nación que hizo pura política
-internacional de corazón y por ideal. Será que estas cosas de la
-política estén reñidas con los arranques cardiacos. Si aún para coger
-monedas de cinco duros había que tener reparo, ¿qué será por ochavos
-morunos, que es todo lo que podemos ganar en la compañía, viniendo muy
-bien dadas?
-
-Entre tanto allá vamos, y quiera Dios que no sea la mil y una salida
-que hizo ... alguien más loco que Don Quijote; porque Don Quijote, hay
-que hacerle justicia, embistió alguna vez con rebaños pensando que
-eran ejércitos, pero no se le ocurrió nunca embestir con ejércitos
-creyéndolos rebaños.
-
- * * * * *
-
-La competencia de Bombita con Machaquito vuelve á poner sobre el ruedo
-la eterna cuestión taurómaca: si es preferible un buen torero á un buen
-matador.
-
-Los públicos meridionales siempre han sido más admiradores de los
-arabescos con capote y muleta; los públicos del Norte estiman en más la
-estocada; la hora de la verdad. Los madrileños en esto nos inclinamos
-más al Norte. Los buenos matadores han tenido siempre entre nosotros
-mayor partido que los buenos toreros. El madrileño de raza fué gran
-frascuelista, como sería hoy machaquista si la espada del valiente
-cordobés contrapesara la muleta de Bombita tanto como contrapesó la
-espada de Salvador la muleta soberana de Lagartijo.
-
-Por ahora la balanza oscila por días para mayor interés del público,
-que en España siempre necesita de estas competencias para sostener sus
-admiraciones.
-
-Como el Guerra no tuvo competidor en su tiempo, el público no podía
-tolerarlo, y consiguió aburrirle. A lo que esta muy expuesto el Sr.
-Maura si continúa toreando sin competencia. En España la admiración se
-cansa pronto. La alternativa de solidaridad, que hizo concebir tantas
-esperanzas, las defraudó por completo. El espectáculo languidece.
-
-Los toreros viejos cansan al público; entre los novilleros no apunta
-ningún astro ... ¡Y es tan aburrido torear sin competidores! ¡Y tan
-triste tener que decir, parodiando al Guerra: Después de mí, _naide_;
-después de _naide_ ... Rodríguez San Pedro. Ó aquello otro más
-expresivo: ¡Qué malos _seis toos_!
-
- * * * * *
-
-No hay que ser escépticos; como dijo nuestro gran dramaturgo: _Algunas
-veces aquí_ halla la virtud su recompensa, y no sólo la virtud, sino
-también el talento, con ser cosa menos estimable. Gracias á nuestras
-sabias instituciones oficiales, podemos lograr de cuando en cuando este
-anticipo del reino de Dios sobre la tierra.
-
-La Real Academia de la Historia anuncia un concurso de premios á la
-virtud y al talento. A primera vista parece que la virtud y la historia
-habían de andar algo reñidas, porque siempre se dijo de la gente escasa
-de virtudes que era gente de historia, y por lo general, las personas
-virtuosas, como los pueblos felices, no tienen historia.
-
-El premio es de mil pesetas, y bien se advierte la sabia previsión de
-los donantes; con esa cantidad es seguro que el favorecido con el,
-persevere en la virtud. Con mil pesetas no hay para entregarse á muchos
-vicios. También se advierte como quiere alejarse toda idea de cálculo
-al aspirar al premio; porque mil pesetillas, cualquier vicio bien
-administrado puede dejarlas, más ó menos en limpio, al cabo del año.
-
-Pasemos á las condiciones, y copio textualmente porque no quiero
-malograr ningún primor de estilo: Este premio será adjudicado á la
-persona de quien se cuenten más actos virtuosos, ya salvando náufragos,
-apagando incendios ó exponiendo de otra manera su vida por la humanidad.
-
-Aquí se ve como los señores académicos consideran el valor como virtud;
-porque á nadie se le oculta que bien puede uno salvar náufragos,
-apagar incendios y exponer de otras mil maneras su vida, sin ser por
-eso ejemplar de virtudes. ¿Ven ustedes la incompatibilidad entre ser
-bombero espontáneo y emborracharse de cuando en cuando? ¿Ó entre
-arrojarse á las olas procelosas para salvar hasta media docena de
-náufragos y darle luego en casa una paliza diaria á la parienta?
-
-Tampoco me parece muy bien eso de apreciar como mérito la acumulación
-de estas proezas. Creo que para cualquier persona de bien ya es
-bastante asistir en su vida á uno de estos casos lastimosos. Yo
-desconfiaría del que me dijera haber asistido á seis incendios, diez
-naufragios y doce epidemias, con alguna que otra tragedia, aunque
-en todo ello hubiera realizado heroicas hazañas. Más que virtud me
-parecería ... mala pata. Y perdone la Academia.
-
-Sigamos leyendo, que ahora se entra ya sin equívocos en el verdadero
-terreno de la virtud. Copio otra vez: Ó al que luchando con escaseces
-y adversidades, se distinga en el silencio del orden doméstico por una
-conducta perseverante en el bien, ejemplar por la abnegación y laudable
-por el amor á sus semejantes y por el esmero en el cumplimiento de los
-deberes con la familia y con la sociedad, llamando apenas la atención
-de algunas almas sublimes como la suya.
-
-Tomemos un buen aliento y reflexionemos. Todo esta muy bien; sólo que
-á esas almas sublimes capaces de apreciar otra alma sublime ... ¿qué
-otra alma sublime las garantiza? ¿Y á usted quien le presenta?, puede
-aquí decirse. Y en caso de que esas almas sublimes que garantizan
-estén á su vez garantizadas, ¿no será cosa de premiarlas también con
-algo, siquiera con el tanto por ciento que suele corresponder á los
-denunciadores de la riqueza oculta? ¿Es cosa de premiar á los acusones
-de culpas y de dejar sin premio á los descubridores de virtudes? No, no
-esta bien, y es más de lamentar cualquier humana injusticia cuando se
-trata de anticiparnos algo de justicia divina.
-
-El talento ya es tenido en menos que el valor por los académicos, y
-en la convocatoria parece por completo deslindado de la virtud. Eso
-sí, en lo material el aprecio es el mismo: mil pesetas; es la cifra:
-mil pesetas á la virtud, mil al talento. Sólo que aquí no se exige
-la acumulación de méritos; una monografía histórica, y listos. No
-es tampoco preciso el concurso de otras almas sublimes, etc ... Los
-académicos son modestos; para aquilatar virtudes, necesitan del auxilio
-de esas almas sublimes, etc.; para juzgar del talento, ellos solos se
-bastan.
-
-¡Héroes, santos y sabios! ¡Vayan, vayan llegando ... ¡Mil pesetas á la
-virtud, mil pesetas al talento! ¡Ocasión única! El premio no compromete
-á nada. Una vez cobrado, puede uno dejar de ser virtuoso ó puede uno
-dejar de tener talento. En el primer caso, tendrá abiertas todas las
-puertas, y en el segundo ... de par en par _las de la Academia_.
-
- * * * * *
-
-Lo de hacer su Agosto, no debía decirse tanto por los labradores como
-por los toreros. Nadie como ellos en España hace su verdadero Agosto.
-Aunque en el preside el signo del Zodiaco más contrario á los cuernos,
-Agosto es el mes taurino por excelencia. No hay capital, villa ni
-lugarejo que no arda en fiestas en su coso, con grandes corridas,
-novilladas, ó, de no poder más, capeas. La sangre torera hierve al sol
-canicular.
-
-Y no es sólo en España; Europa entera asiste emocionada á esa
-interesante corrida que en el ruedo _mundial_ se juega. En ella,
-Francia y España, con entusiasmo de principiantes, se las entienden
-con un ganado de mucho peso y de mucho sentido. En localidad de
-preferencia, Eduardo VII preside sonriente, y entre barreras Guillermo
-II hace números: el arrastre y la contrata de la carne van por su
-cuenta.
-
- * * * * *
-
-Así como así, la crónica del veraneo ha sido en este año de lo más
-precario. Los pequeños escándalos de siempre á cargo de las mismas de
-siempre, vestales _au rebours_ del fuego sagrado de la murmuración.
-
-Sin embargo, la buena sociedad, mostrándose con ellas muy
-desagradecida, parece ser que por parte de algunas distinguidas
-señoras, se ha permitido este verano sus pinitos de _boycottage_,
-creemos que como ensayo de un nuevo _sport_ inglés que no puede
-prosperar en nuestras costumbres.
-
-Esos alardes de severidad sólo pueden estar justificados por el
-deseo de hacer economías; porque si las señoras dan en seleccionar
-sus relaciones, sus comidas de más aparato quedarán reducidas á seis
-cubiertos y sus bailes más concurridos á unas veinte personas.
-
-Sin contar con que si los invitados dan también en escrupulizar, habrá
-señora que coma sola todos los días del año y tenga que bailar el
-rigodón de honor con su portero, si es hombre despreocupado.
-
-¡Cuánto mejor, para evitar complicaciones y comparaciones, es atenerse
-á la evangélica indulgencia, sin la cual no sería posible en sociedad
-ni tener una mala partida de tresillo!
-
- * * * * *
-
-Los reyes, como todo el que hace un regular papel en la mundanal
-comedia, no pueden tener vida privada; y me parece muy justa
-compensación, ya que ellos suelen privarse de menos cosas en su vida
-que el resto de los insignificantes mortales.
-
-Por ejemplo: vida menos privada, en todos los sentidos y extensión de
-la palabra, que la del rey Eduardo ...
-
-Según noticias, que hoy son chismografía y mañana serán historia, su
-graciosa majestad no se ha aburrido nada durante su permanencia en
-Marienbad.
-
-Aparte la interesante aventura de la dama del velo, todos los
-periódicos franceses nos han dado cuenta, unos en su sección de
-teatros, otros en su sección política—según la procedencia del
-reclamo,—de su afectuosa despedida á Lina Cavalieri, próxima á
-emprender una gran _tournée_ por los Estados Unidos.
-
-Esa despedida significa para la celebrada intérprete de Tais, tanto
-como llevar la bendición paternal de la Vieja á la Nueva Inglaterra.
-¡Bendición que caerá también en lluvia de dollars sobre la ondulada
-cabecita de la gentil plenipotenciaria!
-
-¡Los millonarios norteamericanos, cuando quieren ennoblecerse, buscan
-con tanto afán un antecesor entre los reyes de Inglaterra!
-
-Nadie como la Cavalieri puede ofrecerles ahora ese lujo en las mejores
-condiciones de autenticidad.
-
-Y no hay que discutir esa forma de ennoblecerse. De menos hizo una
-voluntad soberana la más preciada orden caballeresca de Inglaterra.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-XVI
-
-
-El Pernales ha muerto. ¡Viva el Pernales! No puede extinguirse la
-dinastía. Si tarda en surgir un sucesor de carne y hueso, la fantasía
-popular sabrá crearle y su espíritu vagará por los campos con todas las
-apariencias de la realidad. Será sólo un nombre, pero es preciso que
-ese nombre suene. Necesita de el mucha gente. El marido ó el hijo de
-familia que se jugó en alguna feria las rentas cobradas, y al regresar,
-en una carta de letra temblorosa: El Fulano me salió al paso ... sale
-del suyo. El administrador que ha de justificar distracciones, el
-pastor á quien se le extravió alguna cabeza de ganado, el cacique que
-se vale del temido nombre para amedrentar á enemigos molestos ... No hay
-duda, un bandido es siempre de utilidad pública.
-
-A pesar de la indudable identificación del cadáver, es de creer que
-sólo ha muerto un fantasma, que volverá muy pronto con otro nombre, con
-otra apariencia, pero siempre el mismo. ¡Como que á estas horas habrá
-quien le llore como á uno de la familia! ¡Pobrecillo! El algo robo,
-pero hay que pensar en lo que le habrán explotado. En España es la
-condición, para uno que trabaja hay siempre diez holgazanes que viven á
-su costa.
-
- * * * * *
-
-Hay quien al primer accidente entorpecedor, quisiera dar por fracasado
-todo invento; al primer tropiezo, declarar inútil y peligroso todo
-paso progresivo. ¿Que hubo un choque de trenes ó cualquier otro
-siniestro ferroviario? Volvamos á las galeras y diligencias. ¿Que
-la luz eléctrica dejó de lucir en unas horas por desperfectos de la
-maquinaria? ¡Quiten ustedes allá! ¡Donde esté un buen candil de aceite!
-¿Que los obreros de una gran fábrica se declaran en huelga y perturban
-por unos días la siesta y la digestión de los señores? ¡Esas pícaras
-industrias modernas!
-
-No hay que decir si el motín de los presos en la Cárcel Modelo se habrá
-prestado á este género de consideraciones, á cargo de nuestros más
-infatigables retrógrados.
-
-Las novísimas—á ellos les parecen novísimas—doctrinas penales son
-buenas para el libro, para el gabinete de estudio del hombre de
-ciencia, pero peligrosas en la práctica. ¿Qué tal? La bancarrota de la
-ciencia. ¿No es eso?
-
-Todos los penalistas, antropólogos, fisiólogos y psicólogos modernos
-son unos soñadores utópicos al pretender llevar algo de luz divina y
-con ella algo de calor humano á la clásica mazmorra carcelaria, la
-del cantarillo, el haz de sucia paja y su buena argolla con su mejor
-cadena. Y como procedimientos judiciales, el tormento y la pena de
-azotes son insustituibles.
-
-¡Oh, el palo! Donde esté un buen palo, que se quiten Lombroso, Ferri y
-toda la escuela italiana antropológica y el modernísimo inglés Bernardo
-Shaw, con sus atinadas opiniones sobre el derecho á castigar. Lean
-ustedes sus consideraciones sobre el último ruidoso atentado anarquista
-en España, y verán ustedes lo que es _demoler_; aquí donde se llama
-demoledor á cualquiera. Y no se trata de un escritor populachero, ni
-mucho menos. Bernardo Shaw es hoy por hoy el escritor que más se lleva
-en la sociedad aristocrática inglesa. ¡Pero cualquiera se atreve á
-traducir lo que allí esta impreso y publicado y todo el mundo lee y á
-nadie le parece punible! Tampoco tienen desperdicio sus consideraciones
-sobre el militarismo. Pero todo teorías de gabinete, utopias, locuras,
-como dirán muchos que, por su gusto, hubieran considerado fracasado el
-cristianismo el día en que Cristo fué crucificado.
-
-Acaso ignoran los partidarios de toda suavidad penitenciaria que
-existe otra novísima escuela penal muy de su gusto, que no se anda con
-rodeos y va derecha á la supresión del delincuente como medio el más
-expeditivo de defensa social.
-
-Pero aún estos, dentro de su lógica despiadada, hablan de suprimir, no
-hablan de apalear, ni de atormentar, ni de todas esas brutalidades,
-encanto aquí de muchos que aprovechan cualquier ocasión para destapar
-su furia reaccionaria, como si no los tuviéramos bien conocidos.
-
- * * * * *
-
-En otoño es, más que el año nuevo, el verdadero comienzo del año. El
-año político, el año teatral, el año social, en fin, tienen en el
-principio más determinado que en el día 1.^o de Enero.
-
-Los propósitos de vida nueva son también más decididos en este tiempo.
-Todo es planes propósitos para el invierno; casi todos basados en el
-espantable desnivel de los presupuestos. ¡Hay que vivir de otra manera!
-¡Hay que cambiar de vida! Y en el reposo de los días otoñales creemos,
-en efecto, que empezaremos otra vida.
-
-Pero el invierno se aproxima, los teatros anuncian sus abonos y sus
-estrenos, los salones sus fiestas, vuelven los rezagados con las
-últimas modas y los últimos automóviles, la política, la Bolsa, la
-literatura recobran su animación, y el torbellino de la vida, se
-lleva los buenos propósitos como las hojas secas del otoño ... Y es un
-invierno más como el pasado, como tantos otros, porque la vida es tan
-igual que sólo de tantos en tantos años podemos fijar una fecha que
-diferencie un año de muchos en nuestro recuerdo.
-
-Y esa fecha señalada en nuestra memoria y en nuestro corazón, lleva
-casi siempre una cruz encima, como las lápidas mortuorias.
-
- * * * * *
-
-Imponentes son en verdad los programas de oposiciones para ingresar
-en los cuerpos de policía y de correos. Pocos ministros y directores
-de los respectivos ramos serían capaces de contestar sin un punto á
-un cuestionario de tantas y tan varias materias. Ya dijo Beaumarchais
-por boca de Fígaro, que con las virtudes que exigimos á los servidores
-habría pocos amos que pudieran ser criados.
-
-¡Y todo por mil quinientas ó dos mil pesetas al año! No hay duda que
-menos cuesta hacer oposiciones á ministro. Todo se reduce á declararse
-adicto á un gran personaje, jefe de partido, y durante algunas
-temporadas políticas hacer comedor ó biblioteca en su casa, según
-las aficiones del conspicuo, hasta que le llegue el día de formar
-gabinete, en una de esas crisis difíciles en que todos los ilustres
-del partido promueven dificultades, y el gran señor en un arranque de
-despecho exclama:—¡Ea, voy á demostrarles que no los necesito para
-nada! ¿A quien haría yo ministro? ¡Hombre! A Fulano. Fulano es leal
-por lo menos. Y Fulano, que en aquel momento presenta respetuoso una
-cerilla con la punta doblada, para que el jefe encienda una breva ó un
-águila imperial, escucha con la mayor emoción estas palabras:—¡Hombre!
-Va usted á ser ministro. Voy á demostrar que se puede gobernar con
-cualquiera.
-
-Ya ven ustedes si estas oposiciones son fáciles, sin saber derecho
-penal, ni idiomas, ni geografía. ¡Ni logaritmos!
-
- * * * * *
-
-Nuestra municipalidad, haciendo una vez más de la aseada de Burguillos,
-no ha querido que los puestos de libros viejos afrentaran la suntuosa
-fachada del ministerio de Instrucción Pública. Y los pobres libros,
-más traídos y llevados que leídos, han estado á punto de no asolearse
-este año y seguir en el fondo de las obscuras tiendas, á donde sólo el
-parroquiano fiel acude á visitarlos de cuando en cuando.
-
-Después tratóse de llevarlos camino del Este, camino que llevaría
-siempre por gusto de la grey conservadora todo lo que fuera letra y
-espíritu. Por fin han ido á caer frente á unos cuarteles, para que
-armas y letras fraternicen una vez más.
-
-Allí volveremos á ver en las estanterías á nuestros buenos amigos de
-todos los años: la «Historia Natural», de Buffon; el «Teatro crítico»,
-del Padre Feijóo; la «Historia de los trovadores», de D. Víctor
-Balaguer ... Y en el montón del baratillo, huesa común de los humildes,
-muchos libros, unos de las más raras materias, pero con una misma
-historia triste todo: la del autor que los compuso. Penosa historia
-que lo mismo dice el viejo libro erudito aforrado en pergamino, que
-el flamante volumen de limpia impresión y vistosa cubierta, con sus
-páginas sin abrir, virginales, sólo arrancada la primera, donde tal
-vez campeaba la dedicatoria aduladora al crítico que le pronosticó
-gloriosos destinos en una de sus más brillantes crónicas; «Este libro
-es de los que quedan ...» Y en efecto, ha quedado.
-
-Pero en la feria de cada año, al sentirse hojeado por algún curioso, es
-una ilusión de inmortalidad para el triste libro, como para una mujer
-fea es una ilusión de amor la mirada más indiferente.
-
-Y para los que sabemos comprender estas tristezas calladas hay en estos
-libros olvidados, como en las mujeres nunca amadas, un lamento que
-parece decir: ¡Quién sabe! ¡Si alguien me leyera! ¡Si alguien me amara!
-
- * * * * *
-
-No han de ser conferencias de la paz, ni acuerdos internacionales de
-los socialistas lo que ha de concluir con las guerras. Las guerras
-acabaran ... por artículo de lujo.
-
-En unos doce millones de francos, sin contar indemnizaciones ni otras
-menudencias, se calcula, muy por encima, lo que lleva gastado Francia
-en su expedición á Casablanca. Millones que tardará en cobrarse, dada
-la habilidad de los moros en el arte de no pagar al casero.
-
-¡Pensar que toda la _mise en scene_ de la «Iliada», con sus carros
-de guerra, escudos, lanzas y hasta la maquinaria final del pérfido
-caballo, supone cuatro cuartos si se compara con lo gastado en
-cualquiera de estas epopeyas modernas!
-
-Hasta para cantarlas, comparen el gasto de corresponsales literarios y
-gráficos con lo que costó á Grecia el poema de Homero. Lo que basta,
-como suele decirse, para hacer cantar á un ciego.
-
- * * * * *
-
-Los tigres del Gran Teatro están presentados con mucho arte. Si no
-fueran tigres, habría que convenir en que eran grandes actores. Tal vez
-un poco exagerados. Más feroces que el natural. Pero el teatro no es
-siempre copia de la realidad.
-
-Como en los conflictos de muchos dramas, no puede uno por menos de
-pensar: Si los personajes, en vez de esto, hicieran esto otro, no
-habría drama ó el drama sería otro; con los tigres pensamos: Si uno
-solo de los zarpazos con que amenazan al domador lo aplicaran á la
-débil jaula que los encierra ..., el drama sería otro.
-
-Pero, sin duda, los tigres saben que la fácil libertad les duraría
-poco, porque detrás de los hierros no esta la selva, sino la fuerza
-armada, por eso se contentan con bufar y enseñar los dientes al opresor
-visible, que es el domador.
-
-Los tigres no saben que el verdadero amo es el de fuera, el público.
-Por eso se revuelven contra el domador, no contra la jaula.
-
-Eso suelen hacer los pueblos oprimidos cuando se revuelven. Por eso
-todas las revoluciones quedan reducidas á lo mismo, á un cambio de
-domador.
-
- * * * * *
-
-Si la virtud esta en un buen medio, no es de lo alto ciertamente
-de donde nos llega á los mortales el mejor ejemplo de esa virtud
-templada de los términos medios. Sabido es que aún no hemos terminado
-lamentaciones, preces y rogativas para impetrar una benéfica lluvia
-que remedie en algo los efectos de una pertinaz sequía, cuando hay
-que empezar á lamentarse; implorar y _rogativear_ para que cesen
-inundaciones, tormentas y desbordamientos de todas aguas, amenazadoras
-de un nuevo diluvio que, por no ser universal, es más desagradable. De
-donde pudiera deducirse que, ó los mortales no sabemos lo que pedimos,
-ó los dioses inmortales no entienden lo que se les pide.
-
-Tengo además notado que las casas en que hay algún individuo muy
-devoto, sin otra ocupación que la de implorar el favor divino para toda
-la familia, suelen ser las más castigadas de enfermedades, quebrantos
-de fortuna, matrimonios desgraciados, etc.
-
-En los pueblos se advierte lo mismo; cuanta más gente hay en ellos
-dedicada á implorar por su salud y bienestar, más desdichas les afligen
-de continuo. Favor señalado y no castigo es esto, que de este modo
-nos fortificamos en el desprecio de lo terrenal, y lo que perdemos en
-cosechas de frutos materiales, lo ganamos en cosecha espiritual.
-
-Sin esta creencia sería para desesperar del todo ver que en un pueblo
-como el nuestro, donde tantos son á rezar, hasta desatender toda otra
-ocupación, sea siempre de los más azotados, mientras á otros pueblos de
-herejes y descreídos todo se les vuelve prosperidad y bienandanza.
-
-¡Y como estas calamidades despiertan los más nobles sentimientos!
-Podemos leer con indiferencia la noticia de que en tal parte han
-empezado los trabajos para canalizar tal ó cual río, y leer á poco
-que las obras se estancaron por falta de fondos ... ¿Pero quien no se
-conmueve al leer que apenas ocurrió la inevitable inundación, todo el
-mundo inicia suscripciones para remediarla y todo el mundo se apresura
-á ofrecer su dinero? ¡Oh dinero español, siempre pronto para toda
-calamidad! Ese dinero que siempre llega para tus hombres eminentes, á
-la hora del entierro; para tus soldados, á la hora del desastre; para
-tus pueblos, á la hora de la epidemia ó de la inundación.
-
-A nuestro yermo nacional, como al de los santos penitentes, siempre ha
-de venir el pan de vida en el pico de los cuervos, agoreros de muerte.
-
- * * * * *
-
-La memoria de las mujeres.—Entre dos amigas:
-
-—No se de quien me hablas.
-
-—Sí, tienes que acordarte ... La mujer de aquel ingeniero, primo de mi
-marido, que te estuvo hablando de tus hermanos y de tu madre.
-
-—Pues no recuerdo.
-
-—Que llevaba un traje heliotropo con adornos de terciopelo negro y un
-sombrero negro también con una amazona del mismo color del vestido.
-
-—¡Ah! Ya se quien dices.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-XVII
-
-
-No puedo negar mi debilidad—verdad que esto de las debilidades no
-sirve negarlo, se trasluce siempre:—me encantan la tiranía y la
-reacción en los gobiernos. La demasiada libertad debilita y endulza los
-caracteres, que nunca afirman con tanta energía en su individualidad
-como al rebelarse contra la opresión del medio, ya sea social, política
-ó familiar.
-
-Soy enemigo también de las protestas ruidosas y colectivas. ¡Es tan
-fácil, sin molestar á nadie, hacer un noventa y tres para nuestro
-uso particular! ¿Y puede haber nada más agradable que sentirse
-revolucionario á tan poca costa, sólo con buscar un refugio en donde
-cenar ó beber después de la una y media á despecho de severas leyes?
-¿Y á quien le faltará ese refugio? Donde cien puertas se cierran, una
-se abre, suave y misteriosa, detrás de la cual suele aparecer como
-apoteosis de la rebelión triunfante, en primer término, algún delegado
-de la autoridad como hada protectora del establecimiento. El sésamo que
-nos abre el encantado lugar, tiene algo de santo y seña de conjuración,
-y todo ello es sabroso como el fruto prohibido.
-
-Siempre fuí de la opinión de aquella gran señora, golosa de helados,
-que al saborearlos con fruición, decía á sus amigos: ¡Lástima que no
-sea pecado!
-
-¡Agradezcamos á nuestros moralizadores que hayan hecho pecado de
-tantas cosas inocentes.
-
-Y no temamos por nuestras malas costumbres. Antes que los gobiernos, el
-mismo Dios intentó reformarlas con diluvios, asolamientos de ciudades,
-y, por última vez, con su presencia y predicaciones en la tierra, y
-nada, la humanidad empecatada sigue lo mismo, los mismos pecados, los
-mismos vicios. ¡Hay para rato!
-
-Pero, en fin, los gobiernos están en su papel. Como aquel fatalista
-que, creyendo que todo cuanto sucedía no podía por menos de suceder
-así, y á pesar de ello, se indignaba cuando sucedía algo que le
-desagradaba y al decirle los amigos: ¿Pero se cree usted que todo esta
-escrito porque se incomode usted? Porque esta escrito también que yo me
-incomode.
-
-Del mismo modo, como son fatales las malas costumbres de los
-gobernados, fatal es también la tontería de los gobiernos en querer
-reformarlas. Pero no seamos intolerantes. Hay que justificar los
-cargos. Si los gobiernos no molestan alguna vez, ¿se notaría que había
-gobierno?
-
- * * * * *
-
-A los que no acaba de convencernos la necesidad de dividir las horas en
-morales é inmorales, se nos quiere convencer por la materialidad de la
-conveniencia higiénica. Y eso sí que es ponerse fuera de la realidad.
-En lo sano de los madrugones no es posible que nadie crea.
-
-Salgan ustedes una mañanita tempranito, dénse una vueltecita por esas
-calles, suban á un tranvía, entren en una iglesia, y oirán ustedes
-toses perrunas y carrasperas y voces catarrosas, y verán ustedes caras
-de desenterrados que les pondrán espanto. ¡Son los que madrugan!
-
-Las primeras horas de la mañana son en Madrid las más destempladas y
-variables de temperatura; hay un olor á cieno que penetra hasta los
-huesos. En cambio á las altas horas de la noche, aún en las más frías
-del invierno, parece como que el aire se suspende, hay una limpidez,
-una serenidad en la atmósfera. Además, á esas horas el organismo
-nutrido por completo (para los que no se nutren todas las horas son
-iguales), goza la plena posesión de sus energías; el cerebro funciona
-más activo. Entréguense ustedes á cualquier trabajo, sobre todo
-intelectual, en las primeras horas de la mañana, con la costumbre
-española del desayuno frugal, y verán ustedes primores. Yo creo que el
-mal humor de nuestros empleados y oficinistas no tiene otra causa.
-
-Estoy seguro de que si las oficinas del Estado, las particulares,
-empezaran á esas horas pecaminosas en que todo ha de cerrarse, sería
-aquello un anticipo del teatro poético: tan afables y complacientes se
-mostrarían los empleados.
-
-La mañana es la hora del mal humor, de la destemplanza, de las
-disputas, de los crímenes. Basta consultar cualquier estadística, para
-ver que con ser más propicia la obscuridad de la noche, abundan más los
-crímenes matutinos.
-
-La noche es toda amor, afectuosidad. Lo saben los gatos, lo saben las
-señoras que dan bailes ... A propósito: ¿en la próxima temporada de
-invierno terminarán los bailes de sociedad á la hora en que se cierren
-los teatros ó á la hora en que se cierren los cafés? Hay que advertir
-que cuando se celebra uno de esos grandes bailes, las molestias del
-ruido de coches y de músicas es mayor para los vecinos que las que
-puede ocasionar cualquier café abierto hasta la madrugada. Ó se reforma
-para todos, ó para ninguno.
-
-Por lo menos, los escotes de las señoras sí deben cerrarse: A las doce
-y media, si se consideran como espectáculo; á la una y media, si se
-consideran como _restaurant_.
-
- * * * * *
-
-Todavía hay ancianos que nos hablan de la aparatosa presentación de
-Listz en escena, seguido de un lacayo, al que arrojaba desdeñosamente
-los guantes, antes de sentarse al piano.
-
-Hoy, ningún concertista de reputación se dignaría presentarse con
-un vulgar lacayo. Para firmar contratos ventajosos, es preciso ir
-acompañado de una princesa, por lo menos.
-
-Dado el número de altezas reales é imperiales que en estos últimos años
-han lanzado su corona _par dessus les moulins_, pronto veremos como
-hasta en los circos no hay _jongleur_ que no lleve consigo una princesa
-para alargarle los chirimbolos. Cuando en los carteles de algún teatro
-aparezca el anuncio: Asistirán sus majestades y altezas, ya sabrá el
-público que no será en los palcos regios, sino en el escenario.
-
-¡Oh locas princesas! ¿No sabéis que en los cuentos de hadas el amor
-hace príncipes á los pastores, pero nunca pastores á los príncipes?
-¿Tan poco puede la magia del amor en estos tiempos? ¿No pensáis que
-algún día el pianista más enamorado podrá recriminaros por vuestra
-ligereza? Me has estropeado la carrera, os dirá. Si no hubieras dejado
-de ser princesa, á estas horas podía yo ser músico de cámara, director
-del Conservatorio y acaso ministro de Bellas Artes.
-
-Y tendrá razón. ¡Pobre Catalina de Rusia, si la primera vez que se
-enamoró de un soldado, en vez de ascenderle á general, hubiera ella
-dejado de ser emperatriz para hacerse cantinera del regimiento! ¡No
-hubieran sido bofetadas! ¡Oh locas princesas! ¿No sabéis que aún en las
-más vulgares aventuras callejeras, el amor, por fin, dice: ¡Sube! nunca
-dice: ¡Bajo!
-
-Creedlo, bueno esta que perdáis todos los tornillos de la cabeza, pero
-no el que sujeta la corona. El amor es gran revolucionario, pero por
-eso mismo, si admira á los príncipes que saben morir, desprecia á los
-que solo saben abdicar.
-
- * * * * *
-
-Sarah Bernard pública el primer volumen de sus memorias. Esta mujer
-extraordinaria, que será sin duda una de las figuras representativas
-del siglo XIX—no comprendemos como Don Miguel de Unamuno no
-la ha tomado ya ojeriza—al relatarnos su vida pone el mismo encanto de
-su vida toda. Ese encanto prestigioso de una vida armoniosa, afirmación
-de su arrogante divisa: _Quand même_.
-
-Y no obstante, para curarnos de vanidades, ¡como en esta vida en que
-todo parece fuerza de voluntad se muestra más claramente el trazo
-señalado á nuestros destinos por una voluntad sobrehumana!
-
-Todo, hasta lo que más parece desviar de la senda marcada, es
-solo rodeo para llegar más pronto y con más brío. Y sobre las
-luchas, los obstáculos, los desfallecimientos, siempre esa alegría
-íntima, patrimonio del verdadero artista, que puede tener horas de
-desesperación en su vida, pero nunca una vida desesperada, porque hay
-algo en el que se sobrepone á todo, la seguridad en sí mismo. Pero
-los que crean que el camino es fácil, lean la historia de los penosos
-comienzos de la artista, que ella recuerda con sonrisa indulgente de
-triunfadora.
-
-¡Las mezquindades de la envidia, la malevolencia de los compañeros, las
-injusticias de la crítica, las veleidades del público, tornadizo en sus
-admiraciones, deseoso siempre, como niño, de destrozar y de cambiar sus
-juguetes!
-
-Cuando se triunfa de todo esto, á pesar de todo—_Quand même_—es
-preciso creer en la predestinación, y debemos agradecer á los grandes
-elegidos de la gloria que nos cuenten su vida, porque si en ellos puede
-haber orgullo al contarla, al leerla nosotros aprenderemos humildad. No
-triunfa el que quiere, sino el que puede. Y si el querer es humano, el
-poder es divino.
-
-De otro modo, ¿quien triunfaría nunca de la envidia, de la calumnia,
-de tanta y tanta miseria?... que esas ¡ay! sí son humanas, demasiado
-humanas.
-
- * * * * *
-
-Uno que no quiere aburrirse, ó por lo menos cree que no se aburrirá
-de ese modo, es un señor que anuncia en la cuarta plana de un popular
-periódico lo siguiente: _Deseo conocer á escritores de verdadero
-talento._ Y debajo: _Deseo amistad con mujer inteligente_.
-
-Así, poca cosa. Como poseedor de talismán en comedia de magia, que
-no cesa de pedir gollerías, seguro de que el genio protector ha de
-concedérselo todo.
-
-Es posible que á estas horas ya tenga en su poder buen número de
-ofertas y aún es posible, si es hombre de buen humor, que con todas
-ellas publique un curioso libro, como hizo un norteamericano, quien
-también anuncio en los periódicos que deseaba correspondencia con
-señorita distinguida, inteligente y bella, y después con los miles
-de cartas recibidas, publicó un libro, con el agradecido título de
-_Mujeres anormales que contestan á los anuncios_.
-
-En este caso más que las ofertas de las mujeres inteligentes tendrán
-que leer las de los escritores de talento.
-
-También es posible que el anunciante desee lo contrario de lo que pide,
-y no hay duda que es el mejor medio para conseguirlo. Porque bien
-puede asegurarse que si no logra su deseo de conocer á escritores de
-verdadero talento y á una mujer inteligente, conocerá en cambio á mucho
-majadero y á muchísima loca.
-
-Lo que no quiere decir que deba dar por mal empleado el dinero que le
-costó el anuncio. ¡Puede uno divertirse tanto con un majadero! Y con
-una mujer loca, ¡no se diga! Desde la más remota antigüedad son las que
-vienen dando mejor resultado.
-
-Y las únicas capaces de amar con desinterés. Por eso son locas. Las
-mujeres inteligentes solo aman al que puede ofrecerlas mucho dinero.
-Por eso son inteligentes.
-
- * * * * *
-
-El paso de Mercurio ha servido, según nos dicen, para descubrir y
-demostrar una ley astronómica, que era ya verdad demostrada en las
-esferas sociales de este bajo mundo. Que los satélites son los que
-determinan el movimiento de los planetas y no lo contrario, como se
-creía.
-
-Con toda su luz, el planeta es un juguete de los satélites, que le
-traen y le llevan, le acercan ó le alejan de un punto determinado.
-¡Pobres planetas! ¡Pensar que si alguno de ellos nos desmenuzara en
-partículas por el espacio infinito, el se llevaría la culpa con nuestra
-última maldición, cuando toda lo sería de los satélites.
-
-¡Oh, los grandes planetas políticos, orgullosos por contar con una
-mayoría compacta, los planetas del arte, ufanos con sus admiradores,
-los planetas taurinos _moñudos_ con sus aficionados ... ¡Satélites,
-satélites son todos que os marcarán el rumbo á pesar vuestro!
-
-El planeta político se esta quietecito en casa, comprendiendo cuánto le
-conviene el reposo para reponer averías, pero los satélites imperan.
-¡Hay que volver á la lucha! ¡Hay que aceptar el poder! Y allá va el
-planeta ...
-
-El planeta del arte duerme sosegado sobre sus laureles, pero los
-satélites le despiertan y sacuden ... ¡Algo nuevo, más, más!... Y el
-planeta se lanza por donde no pensaba.
-
-El planeta taurino no quiere competencias, pero los satélites le
-vociferan: ¡A ver eso! ¡Que le pisan á usted el terreno! ¡Que se lo
-comen!... Y el planeta taurino va á la enfermería.
-
-¡Dichosos los planetas que no tienen satélites, así en la tierra como
-en el cielo!
-
- * * * * *
-
-Mientras se discute el presupuesto de enseñanza y el señor ministro
-de Instrucción Pública se permite finísimas ironías á propósito de
-la nueva asociación de cultura, yo evoco una vez más el recuerdo
-de aquella escuela de aldea que avergonzaría en el último aduar de
-Marruecos.
-
-Lóbrega, sucia, desmantelada; lo único que allí puede aprenderse—y
-esto las niñas, que tienen su escuela en el piso alto—es gimnasia,
-para trepar por una escalera derrumbada, que es, por lo menos, una
-tentativa de infanticidio en cada peldaño.
-
-Y allí preside, bajo un dosel pingajoso, un Cristo lúgubre,
-inquisitorial; ese Cristo á quien todos los días crucifica la maldad,
-la ignorancia y la indiferencia de los hombres, ese Cristo que dijo:
-Dejad á los niños que se acerquen á mí; y allí parece decir, con más
-verdadero amor: No, no los dejéis que se acerquen aquí, no los traigáis
-á esta mazmorra ...
-
-Y recuerdo los versos de indignación, de santa ira, con que el ilustre
-Guerra-Junqueiro maldijo de las escuelas portuguesas.
-
-¡Y aún se discute y se regatea en el presupuesto de enseñanza! Sí, es
-verdad, no debe pensarse en pensiones para estudios en el extranjero,
-en grandes centros de enseñanza superior, mientras exista una, una sola
-de esas escuelas de pueblo, que darían ganas de llorar si no las dieran
-de matar ... ¿A quien? ¿Donde puede hallarse el verdadero responsable
-de ese crimen tan nacional, tan de todos? El único castigo sería el
-de obligar á muchos á llevar á sus hijos, á otros á ser maestros en
-ellas, á todos ... ¡Ah! Ese castigo ya se realiza, el de respirar en un
-ambiente de incultura, de atraso, en que solo viven y prosperan los que
-saben explotarlo en provecho propio.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-XVIII
-
-
-Si algún día se escribiera la historia de la tontería, humana, que
-sería tanto como escribir la Historia de la Humanidad, uno de sus
-capítulos más interesantes sería el de por qué los españoles hemos de
-asistir todos los años en fecha fija á las representaciones de «Don
-Juan Tenorio».
-
-¿Es que el mérito de la obra la impone á la admiración anual del
-público? Bueno sería entonces cualquier día del año. ¿Es por el
-cementerio y los aparecidos que en ella figuran por lo que tiene
-lugar apropiado al conmemorar la Iglesia á todos sus santos y á todos
-sus difuntos? Con la misma razón podría representarse Hamlet, donde
-no faltan tampoco apariciones de muertos y camposanto, y donde las
-consideraciones sobre la vida y la muerte y la eternidad son más graves
-y austeras que en nuestro popular drama, en que más parece tomarse á
-broma todo esto ... ¿Pero qué digo? Justamente porque se toma á broma,
-es porque no hemos encontrado nada mejor para distraernos de la
-seriedad que los días imponen.
-
-¿No es toda la vida española la de Don Juan Tenorio? Fanfarrona,
-despreocupada, altas frases, bajas acciones, el sentir y el pensar
-afectados, mucha elocuencia, mucha retórica ... y sobre todo esto, la
-esperanza en el punto de contrición, gustoso y fácil, y la salvación
-final por mano de doña Inés, que por no faltar en nada al simbolismo,
-viste hábitos monjiles. Porque ¿como puede salvarse nadie en España sin
-intervención de monjío ó _frailío_?
-
-Por algo, con ser tan popular en España la figura de Don Juan Tenorio,
-no halló su consagración literaria definitiva hasta que el genio
-archiespañol de Zorrilla supo españolizarlo del todo. Los españoles no
-podíamos tolerar que Don Juan se condenase de ningún modo, ni con la
-música divina de Mozart. Era como condenarnos nosotros mismos.
-
-¿Y no merecía la salvación Don Juan Tenorio mejor que el doctor Fausto,
-que es algo también del alma alemana, todo filosofía y pesadez, hasta
-cuando enamora y ama?
-
-No, no puede condenarse á estos hombres que son el alma de una raza.
-Don Juan Tenorio será siempre el héroe preferido de España, solo por
-esto, por salvarse.
-
-Lo hubiera sido Don Quijote, si Cervantes más humano que español, ó
-quizás más de su tiempo que español, que humano, en vez de curarle al
-morir de todos sus desatinos, para hacerle posible la salvación como
-cristiano, le hubiera entrado valientemente en la gloria, de la mano de
-Dulcinea, en la suprema exaltación de su locura triunfadora.
-
- * * * * *
-
-Madrid se aburre como nunca, desmintiendo así la afirmación de que bajo
-gobiernos reaccionarios fué siempre cuando más se divirtió la gente.
-Dígalo Roma en tiempos del poder temporal pontificio, dígalo París en
-tiempos de Luis XIV, dígalo, en fin, Madrid mismo en tiempos de los
-Austrias.
-
-Madrid se aburre, sin que su aburrimiento logre interesarse por nada,
-apenas por la reaparición de Gallito. Y eso que al decir de algunos
-aficionados, nunca se vió fenómeno igual. ¡Un pase de muleta en dos
-corridas!
-
-Bien puede estar agradecido el susodicho diestro á la afición madrileña
-y aún decirle como Marión Delorme al caballero Didier en el drama
-de Víctor Hugo: _Ton amour m’á refait une virginité_. ¡Oh afición
-madrileña, tu que hiciste temblar á Frascuelo, Lagartijo y Guerra,
-entusiasmándote por un pase! Bien dicen que cuando nada interesa es
-cuando esta uno en peligro de interesarse por cualquier cosa. Hay cosas
-que solo el aburrimiento puede explicarlas.
-
-Nada solícita nuestra atención ni nuestro interés. Política, arte,
-vida de sociedad, todo languidece. Por algo nuestro nuevo alcalde
-quiere obligarnos á marchar deprisita por esas calles, á ver si con la
-celeridad de la circulación nos animamos un poquito.
-
-Si la orden se cumple y los habituales plantones de la Puerta del Sol
-se ven obligados á circular, aquello parecerá un Tío Vivo. Hay allí
-losas que no mojaron nunca lluvias del cielo ni riegos municipales;
-resguardadas de todas las inclemencias por el mismo grupo compacto que
-hizo de ellas pedestal de un momento á la vagancia y al arte de residir
-en el sitio más céntrico y más caro de Madrid, sin pagar al casero.
-
-Bien muestra el nuevo alcalde su procedencia automovilista, y por las
-trazas su ideal es ponernos á los madrileños en cuarta velocidad. No
-será malo, si lo consigue, porque en Madrid, donde moralmente, el que
-no corre vuela, materialmente no se sabe andar por la calle.
-
-Hay quien á más de ir á paso de procesión, serpentea graciosamente para
-estorbar el paso al que viene detrás. Hay señor que lleva el bastón ó
-el paraguas á guisa de pica, y al andar va marcando puyazos á cuántos
-le preceden. Hay quien juguetea con dichos artefactos, como _jongleur_
-de circo, y lo mismo le derriba á uno el sombrero que le salta un
-ojo. Hay quien se emboza á todo vuelo, envolviendo amorosamente al
-transeúnte más próximo. Hay quien es capaz de leer un drama á un amigo
-en la acera más transitada, entre un coche parado y un escaparate
-llamativo. Hay señoras que reciben á sus relaciones en una esquina y
-allí se constituyen en sesión permanente.
-
-Y es que en Madrid, cuando se anda, nadie va á ninguna parte; hace
-tiempo para ir á ella y se sale siempre demasiado temprano para ir á un
-sitio al que siempre se llega demasiado tarde.
-
-Cosa que también puede suceder al señor Maura en sus concesiones á los
-solidarios. Salir á buscarlos; perder el tiempo y llegar tarde.
-
- * * * * *
-
-Cuentan del gran Víctor Hugo, que cuando se hallaba en alguna reunión
-de escritores, valíase de una inocente estratagema para descubrir
-cuáles de entre ellos abrigaban la ilusión y la esperanza de ser
-académicos. Para ello, soltaba alguna tremenda irreverencia contra la
-Academia ó contra algún grupo ó individuo de ella. Los que francamente
-reían á coro con el, era señal de que estaban limpios de toda ambición.
-Pero si alguno permanecía serio ó reía para dentro, entonces Víctor
-Hugo, sonriente, advertía pronto: Fulano no se ha reído. Quiere ser
-académico. Y así descubrió á más de un futuro candidato.
-
-A prueba semejante asistimos á cada paso, cuando algún crimen de
-resonancia es preocupación general en todos los círculos sociales.
-
-Hay quien no puede ó no sabe ocultar sus simpatías y su admiración. Se
-habla, por ejemplo, de la estafa al Banco de España:
-
-—¿Ha visto usted qué bien combinado todo? Y ya verá usted como al
-verdadero autor no se le descubre. Y se extiende en todo género de
-admiraciones á la habilidad y serenidad de los falsificadores, y cada
-fracaso de las autoridades en descubrirlos lo considera como un triunfo
-personal. ¡No los cogen, no; ya lo verán ustedes!
-
-Parece como si se animara á sí propio con la impunidad.
-
-Se habla del crimen del «Hojalata», y el que no se atreve á aclamarle
-por su crimen le admira por su muerte. ¿Han visto ustedes? ¡Qué valor!
-¡Vaya un tío! La verdad es que ha conseguido imponerse el respeto de la
-gente. El hombre que hace eso no es un criminal cualquiera ...
-
-Lectores, desconfiad de estos panegiristas y cuando oigáis á algunos
-expresarse así, como Víctor Hugo decía: Fulano quiere ser académico,
-pensad vosotros: Fulano va para criminal. A cuatro delitos que queden
-impunes, se lanza.
-
- * * * * *
-
-Todos hemos asistido alguna vez al estreno de una obra dramática de
-interesantísima acción, situaciones de gran efecto, «cuajada» de
-pensamientos deslumbradores y frases relampagueantes; todos nos hemos
-interesado, emocionado; hemos aplaudido, aclamado, y al salir del
-teatro, apenas el aire de la noche ha refrescado nuestra frente, al
-pretender recoger nuestra emoción, pensamos y no tardamos en descubrir
-que la emoción desaparece. Aquella hermosa situación, recordamos ...
-pero verdad es que era muy falsa, porque si el personaje aquel llega
-antes con la carta ... Y lo natural era que hubiera llegado. ¿Y aquella
-frase?... Sí, pero la verdad es que lo mismo puede significar lo
-contrario ... Y así ante el análisis reposado, pronto nos damos cuenta
-de que nos habían robado la emoción, habíamos sido víctimas de un
-atraco violento, más ó menos artístico, pero atraco, al fin.
-
-Una cosa parecida nos ha sucedido con la memorable sesión que
-pudiéramos llamar patriótica. El entusiasmo de la representación no ha
-resistido el frío de la calle. La obra ha sido de las efectistas.
-
-Muchos millones, mucho patriotismo, hermosas frases, pero muy poca
-escuadra. Todo ha sido decirnos: Tengamos marina y lo demás se nos dará
-por añadidura; el común sentir dice más bien: Tengamos lo demás y la
-marina se nos dará por añadidura.
-
-Nos dicen que de otro modo no podemos salir de casa, y hay que asomarse
-al mundo. ¡Ay! Esto me hace pensar en esas gentes cursis que viven
-de mala manera, y cuando se encuentran á algún conocido que ofrece
-visitarlas se apresuran á decir: No se moleste usted, nosotros iremos á
-verle á usted, no faltaba más. Todo porque no les descubran la modesta
-vivienda donde falta toda comodidad y todo lujo. ¿Será por esto nuestro
-afán de salir á Europa, como los cursis que con cuatro trapitos hacen
-su papel por esas calles y paseos, aunque en casa no coman? ¿Y no sería
-mejor que ponernos en facha de salir á visitar el mundo, ponernos en
-condiciones de que el mundo pudiera venir á visitarnos?
-
- * * * * *
-
-¡El invierno se presenta terrible para los ricos! Ha subido el precio
-del pan de lujo. Sólo falta que suba también el precio de la gasolina y
-la vida será imposible para las clases acomodadas.
-
-Por fortuna, ahora es la última moda en comidas aristocráticas probar
-apenas una cortecita de pan. La delgadez es el ideal estético y casi
-todo el mundo esta á régimen. Los anfitriones están de enhorabuena.
-Suprimidos los vinos «matusalenes» y las marcas de precio; con buen
-surtido de aguas medicinales se sale del paso. Apolinaris, Vichy,
-Mondariz ... Los comensales se juntan por afinidades curativas.
-
-—¡Usted es Vichy, verdad, marqués? Siéntese usted aquí con la condesa.
-
-—No, querida amiga. Ahora he cambiado. Vichy no me iba nada ... Ahora
-soy Apolinaris.
-
-—Entonces á mi lado.
-
-—Es lo que yo quería.
-
-—¿Cuántos kilos ha perdido usted este mes? Yo, kilo y medio.
-
-—Yo he aumentado en tres.
-
-—¡Qué disparate!
-
-—Pero no estoy seguro, porque me pesé con gabán de pieles y después de
-oir «María di Rohan».
-
-—Yo tengo báscula en mi cuarto y me peso con la menor ropa posible.
-
-—Avíseme usted.
-
-—¿Y usted, marquesa? ¿Como va con su régimen?
-
-—Ya me ve usted. Ya no tengo nada que perder.
-
-No hay duda, de los tres enemigos del alma, la carne es el más
-combatido entre las personas distinguidas, y la subida del pan, que
-tanto contribuye á aumentarlas, no puede afectarlas grandemente.
-
-En cuanto á las clases menesterosas, ¿cuando no han estado á régimen en
-España? Ahora, por lo menos, tienen el consuelo de pensar que están á
-la última, siempre suena mejor que en las últimas.
-
- * * * * *
-
-La verdadera solidaridad española se muestra como nunca en estos días
-anteriores á la gran lotería de Navidad. Hay número que, como Don
-Juan Tenorio, recorre toda la escala social. Del ministro al último
-ordenanza del Ministerio, de la gran señora al carbonero, de la primera
-actriz al tramoyista. ¡Todos unidos en una misma aspiración y una misma
-esperanza! Hay quien no puede ver un número sin pedir participación, y
-por lograrla es capaz de todo. En estos días se descubre como nunca el
-carácter de las personas. El egoistón que compra su billete ó su
-décimo, según los posibles, con el mayor sigilo, á nadie dice palabra,
-y así previene las peticiones de participación antes y las de dinero
-después si logra un premio. El altruísta que quisiera compartir su
-suerte con todo el mundo y acaba por quedarse con veinticinco céntimos
-en cada número y aún piensa fundar un asilo benéfico si le tocara
-el gordo. Y el supersticioso que coloca el papelito bajo una imagen
-devota ó un amuleto diabólico, según sus inclinaciones agoreras, y el
-pendolista que goza sobre todo con extender los recibos de su puño
-y letra con arabescos y tintas de colores y toda clase de primores
-caligráficos, y el matemático que luce toda su ciencia calculista
-repentizando operaciones al tanto de lo que corresponde por fracción
-y por premio ... todos, todos descubren su carácter en estos días de
-ilusiones, de esperanzas, en que toda preocupación desaparece envuelta
-en ilusiones ... ¡Admirable institución esta de la lotería! ¿No es acaso
-la única felicidad positiva que debemos á nuestros gobiernos?
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-XIX
-
-
-La propiedad histórica ha llegado hasta los belenes. Las figuras de
-los modernos nacimientos se ajustan á ella con su indumentaria, y no
-obstante este «modernismo» retrospectivo—valga el contrasentido,—priva
-á los clásicos retablos de su carácter ingenuo. ¡Sientan tan bien las
-graciosas impropiedades en la representación de un misterio que es de
-todos los tiempos!
-
-Yo he visto un nacimiento en que junto al portal de Belén había una
-iglesia con su campanario y un monaguillo que tocaba á misa, y más
-lejos una cuadrilla de toreros celebraba con una corrida—suponemos que
-regia—el natalicio del Niño de Dios, y por un puente atravesaba un
-ferrocarril y esta disparatada mezcla de tiempos y costumbres da la más
-clara impresión de catolicismo, porque nos decía como Jesús nació para
-todos los siglos y para todos los hombres.
-
-Estos nacimientos de ahora no emocionan tan hondamente. Por algo los
-pintores antiguos, tan soberanos artistas, se atenían en las pinturas
-sagradas á las figuras y trajes de su época y por ser de su tiempo
-lograron ser de todos.
-
-Respetemos el arte primitivo, ingenuo, de los belenes. ¿Qué significan
-trajes y figuras? Para los belenes, la humanidad es siempre la misma.
-
- * * * * *
-
-Los teatros aprovechan estos días de alegría oficial para presentarnos
-lo más disparatado del repertorio francés. El «vaudeville» es el
-pavo literario de las Pascuas. Como el pavo, los mejores son los de
-más confianza, los más conocidos, con sus eternas combinaciones; el
-personaje que pasa por otro durante los tres actos, sin hallar ocasión
-de decir quien es, ni á qué vino, hasta la última escena; el segundo
-acto con su decoración de veintidós puertas por donde los personajes
-entran y salen, se buscan, se persiguen, se suceden, se huyen contra
-toda razón y toda lógica.
-
-Y el público que ríe porque es Nochebuena, de lo mismo que protestaría
-en otro cualquier día del año. ¿Como no ha pensado nadie en publicar un
-almanaque teatral, como el almanaque del agricultor y el del empleado?
-Sería tan útil para los autores novicios con sus recetas, consejos y
-pronósticos. Por ejemplo, Octubre: Bueno para la comedia satírica.
-Noviembre: Excelente para el drama de tesis. Diciembre: Disparate
-libre. Enero: Drama y comedia de amor, y así sucesivamente.
-
-No hay idea de la influencia de la estación y de los meses en la
-literatura dramática. ¡Cuántas obras que parecen detestables en
-invierno hubieran parecido excelentes en primavera! ¡A cuántos habrá
-perjudicado el estrenarse en Marzo en vez de estrenarse en Diciembre!
-
-«Don Juan Tenorio», estrenado con mal éxito, no logró el favor del
-público hasta que halló su día en el de los difuntos. Estrenar en Apolo
-á la entrada de primavera es una seguridad de buen éxito. ¿Qué autor de
-experiencia no lo sabe?
-
-¡Ah, el autor dramático debe entender de todo y hasta la Astronomía y
-la Meteorología son de utilísima aplicación en su arte!
-
- * * * * *
-
-En estas fiestas de Pascua, en las funciones de tarde de los teatros,
-en las fiestas familiares á ellas dedicadas, lo he observado con pena
-una vez más; los niños de ahora son tristes, no saben reir, parece que,
-como Musset, _han venido muy tarde á un mundo muy viejo_.
-
-Nada les sorprende, como si todo lo supieran. En el teatro son ellos
-los que preguntan á los mayores: ¿Por qué os reís? Ellos son los
-primeros que dicen: ¡Me aburro!
-
-En torno del árbol de Noël se muestran graves y desdeñosos, y en los
-Reyes Magos ya no cree ninguno.
-
-Una mamá se lamentaba de esta disposición de espíritu en los
-niños.—Figúrese usted que hoy le digo al pequeño: Si no eres bueno, no
-te llevó al teatro; y me dice: Mejor. ¡Para ver tonterías!
-
-¡Esta seriedad española! Cuando aquí decimos de un hombre que no es
-serio, le hemos imputado el mayor defecto ... Y los que, por desgracia
-nuestra, hemos trasmutado los valores, y lo que todos juzgan serio es
-lo que más risible nos parece, estamos perdidos.
-
-Yo creo, sin duda alguna, que la mayor superioridad de los
-anglo-sajones, consiste en saber reir, en el desprecio al ridículo. Yo
-he visto á señoras inglesas muy metidas en carnes y muy entradas en
-años, lanzarse al vals y hasta al cake-walk, sin la menor idea de que
-estaban _haciendo el paso_. A personajes de grave significación social
-ofrecerse espontáneamente á cantar las más extravagantes canciones
-de negros, y á distinguidos oficiales de guarnición en Gibraltar,
-representar una parodia del «Fausto», interpretando papeles de hombres
-y mujeres: todo ello en presencia del gobernador de la plaza y ante
-los soldados de la guarnición francos de servicio. ¡Figurémonos el
-escándalo que esto hubiera producido en España!
-
-¡Seriedad, seriedad! Es nuestra consigna. En estos días he leído como
-algunos revisteros de toros aconsejan á la empresa de la plaza el
-contrato de determinados toreros, para dar seriedad al cartel. Y digo
-yo: ¿Para qué necesitará la seriedad un cartel de toros?
-
- * * * * *
-
-El incendio de uno de los barracones destinados al cultivo del arte
-barato, ha venido á dar un voto en pro de los que aconsejaban á las
-autoridades la supresión de los que no estuvieran en condiciones
-de seguridad. Aconsejaban otros en cambio, la mayor tolerancia,
-considerando dichos teatrillos como un anticipo de teatro popular,
-muy conveniente para la educación artística de las masas. No creo yo
-semejante cosa, y opino que la única defensa que podía tener era el
-servir de _modus vivendi_ á mucha gente; pero en nombre del arte no
-son defendibles. El arte, ó debe darse gratis, con la protección y
-espléndida subvención del Estado, y entonces puede exigirse que sea
-verdadero arte, ó hay que pedir, mientras esté en manos de empresas
-particulares, que sea lo más caro posible. El arte malo no puede ser
-nunca educador, y antes pervertirá que afinará el gusto de la multitud.
-Bueno esta compadecerse de los modestos artistas que no pueden, por
-ahora, aspirar á mayores empresas; pero ¡ay! que el arte no tiene
-entrañas y el sentimiento de compasión que inspiran unos pobres cómicos
-antes destruye que aumentan el placer estético. El arte dramático
-necesita de bellas figuras con bellos trajes; las caras de hambre y los
-trapos descoloridos sólo pueden emocionar tristemente ó cruelmente, por
-perverso sadismo, y las dos emociones son las más extrañas á la pura
-emoción artística.
-
-El Arte es como el sol; no hay uno para los pobres y otro para los
-ricos. Día llegará en que, como el sol también, su luz llegue por igual
-á todos; entretanto no se hable de arte barato, arte caro, arte grande
-y arte chico, porque el arte es ó no es; no se falsifica con nada.
-
- * * * * *
-
-Ha muerto uno de los representantes más ilustres de un arte francés;
-mejor dicho, parisiense por excelencia: el modisto Paquín.
-
-El modisto y el literato han sido los creadores de ese tipo
-convencional, trapos y literatura de mujer francesa; heroína de novelas
-y comedias para la exportación.
-
-Como los modistos imponen sus figurines á las más rebeldes á la moda,
-los escritores imponen también sus figurines de almas aún á los menos
-atacados de intelectualismo.
-
-¡Bourget y Paquín habrán sido creadores de tantos espíritus femeninos!
-Una lectura y una toilette basta á producir un estado de alma. ¡Oh!
-¡El Don Juan Tenorio que supiera el libro que acaba de leer una mujer
-y sepa interpretar el sentido de un traje ó de un tocado femeninos,
-atacaría siempre sobre seguro!
-
-Hay toilettes que suponen una meditación previa sobre el Kempis, otras
-que denuncian lecturas de poetas delicados, otras que nos hablan de
-Claudina, Colette ...
-
-Hay toilettes que por sí solas dicen al hombre más atrevido: Hoy no
-estoy para nada. Hay otras que al más tímido le animan y le dicen: Hoy
-estoy para todo.
-
-Y advierto á los que pudieran cometer equivocaciones lamentables, que
-la severidad y la ligereza del vestido femenino, suelen estar en razón
-inversa del estado de ánimo. Ni debe uno atreverse demasiado por su
-«deshabillé», todo trasparencias sugestivas, ni acobardarse por un
-riguroso luto ó un severo hábito. ¡Oh, no! El luto sobre todo si es de
-viudez reciente, no debe desanimar á nadie. ¡El dolor trastorna!
-
-Los autores dramáticos, por nuestra parte, debemos también una grata
-memoria al modisto.
-
-¡Cuántas veces una de sus creaciones habrá distraído al público de una
-pesada escena de relleno ó habrá permitido que las elegantes abonadas
-perdonen alguna crudeza de frase, disimulando la atención al diálogo
-con el examen de la toilette!
-
-¡Y para cuántas actrices habrá sido también el modisto gran inspirador,
-y lo que ellas no supieron poner de su alma en un personaje, supo
-ponerlo el modisto, mejor intérprete de su carácter con sus trajes, que
-la actriz con sus recursos teatrales!
-
-Lloremos á un precioso colaborador y piensen algunas actrices, quien va
-á proporcionarles ahora el talento que necesitan. Por algo cuando un
-papel le va á un artista, se dice que es un traje á la medida.
-
-Y habrá actrices que no sepan de Ibsen; ¡pero de Paquín!
-
- * * * * *
-
-Nadie como yo cree en la conveniencia de los teatros populares como
-excelente medio de propaganda educadora; pero creo también que los
-espectáculos ofrecidos en nuestros teatros baratos más contrarian que
-favorecen la cultura del pueblo.
-
-Convengamos, en que la mayor parte de las obras en ellos representadas
-no son escuela de buenas costumbres, ni siquiera de buen lenguaje.
-El teatro ha contribuído no poco en España con sus exageraciones ya
-cómicas, ya melodramáticas, á la profusión de ese tipo odioso del chulo
-teatral, al que si fuera á buscarse cabal genealogía no sería difícil
-hallársela en los galanes de nuestras comedias clásicas; pero allí era
-por lo menos limpio el vocabulario y la chulada era retórica.
-
-Grave es siempre la responsabilidad del autor que es escuchado del
-público; pero si es al pueblo ó á los niños á quien se dirige, su
-responsabilidad es mucho mayor.
-
-Lo he dicho en otras ocasiones; calumnian al pueblo los que le
-creen incapaz de comprender un arte superior á su inteligencia. El
-sentimiento tiene un seguro instinto y estoy seguro de que solo ante un
-auditorio popular sería hoy posible en España, sin temor á un fracaso,
-la representación de las obras teatrales más sublimes; las mismas que
-no vacilaría en calificar de «latosas» (algunas lo fueron ya), el
-selecto público del abono.
-
-Sí; tratándose de ofrecer arte al pueblo, soy radical. Nada mejor que
-algo, si ese algo es malo.
-
-Muy atendible es la consideración de que muchos pobres artistas viven
-de ese teatro. Me parece muy bien que todo el mundo viva, pero de lo
-que pueda vivir.
-
-Harto es ya España el país en que decir ¡Pobrecito! lo justifica
-todo. Menos compasión y más justicia. Los empleos están ocupados por
-muchos ineptos, pero ... ¡Pobrecitos! Los escenarios soportan á muchos
-cómicos detestables, pero ... ¡Pobre gente! Hay quien escribe una
-obra, no porque sepa escribirla, sino porque lo necesita para comer.
-¡Pobrecillo! Y todos ellos encuentran en esta compasión mayor apoyo,
-mayor benevolencia, que el fuerte, el valedor, el útil. Con todo esto
-hemos llegado á estimar como la mayor prueba de cariño á nuestra tierra
-que los extranjeros nos digan: ¡La pobre España!
-
- * * * * *
-
-La boda de una Vanderbilt ha _epatado_ á la noble y vieja Europa, con
-la verdadera explosión de lujo americano, lujo bárbaro, que dicen los
-americanos latinos, pero lujo que en su misma barbarie es de tanto
-_grandor_, no diremos grandeza, que sólo así salva los peligrosos
-linderos de la ordinariez y la cursería. Un lujo así tiene algo de
-sobrehumano, eleva el dinero á la categoría de fuerza ideal, única
-capaz de realizar en lo humano fantasías y caprichos divinos. ¡Toda esa
-fuerza aplicada á un ideal de Justicia, de Belleza, en vez de aplicarse
-á un lujo estéril que ni es justo ni es bello!
-
-Cierto, que ese lujo da de comer á mucha gente; no es dinero tirado,
-aunque lo parezca, esos miles de dollars gastados solamente en
-orquídeas.
-
-En la actual organización social, sin el lujo y sin los vicios de los
-ricos la revolución social sería ya un hecho. Cuando gastan su dinero
-tontamente, cuando se arruinan locamente, es tal vez cuando realizan un
-principio de justicia.
-
-Y lo que tiene ese lujo de insultante es también un estímulo poderoso,
-de envidia ó de ira. Piensan unos: «Así quiero ser yo». Piensan otros:
-«Nadie debe ser así». Y estos dos pensamientos, en apariencia tan
-opuestos, llevan el germen de una futura y más perfecta organización
-social.
-
-Tal vez no sea posible que en todas las mesas haya orquídeas. ¿Pero
-será tan difícil, estará tan lejano el día en que pueda haber en todas
-pan y unas rosas?
-
-
-
-
-XX
-
-
-Las señoras de Nueva York andan alborotadas porque recientes ordenanzas
-las prohiben fumar en lugares públicos. Creo que las autoridades más
-han pretendido favorecerlas que molestarlas.
-
-Nunca he comprendido ese furor que siente mucha gente por obtener una
-consagración oficial y pública para una porción de cosas que tiene su
-mayor encanto en no trascender del dominio privado.
-
-El cigarrito femenino es una de estas. En la mujer no se comprende el
-uso del cigarro por el cigarro. Ha de ser un detalle más de una «mise
-en scene» muy cuidada en un cuadro muy íntimo. Decoración muy moderna
-de tonos muy armonizados, tono sobre tono, la escala de los verdes ó
-de los rosas ó de los grises. Aconsejaos de un buen pintor ... muerto.
-En el Museo del Prado hallaréis excelentes motivos de inspiración.
-Después, uno de esos divanes, que una señora amiga mía, llamaba con
-gráfica expresión, revolcaderos, pero que yo no me atreveré á nombrar
-de ese modo; un diván cama, poco levantado del suelo, cubierto con
-una auténtica piel; camello, oso blanco, cabra de Angora, zorros
-azules con sus cabecitas. Esto último no se recomienda tanto, porque
-los amigos harían chistes. La piel puede sustituirse por un rico paño
-de terciopelo, bien entonado con nuestra carnación. Hay que ponerse
-en todo. Profusión de almohadones, no esos almohadones vulgares de
-telas estampadas; almohadones muy personales. Cerca, lo necesario y lo
-superfluo «pour en griller une». Todo como de juguete y todo ejemplar
-único, á ser posible.
-
-En estas condiciones el cigarrillo, el mismo cigarro puro, parecen tan
-propiamente femeninos, que son los hombres los que piensan entonces que
-acaso el fumar sea más propio vicio femenino y no tarden en arrojar su
-cigarro, como avergonzados.
-
-Para mí no hay duda de que el cigarro pasará en fecha no muy lejana
-á ser de uso exclusivo de las mujeres, como el abanico, el manguito,
-que en un principio usaban por igual hombres y mujeres; como será con
-tantas otras cosas á todas luces más apropiadas al carácter femenino,
-por ejemplo, el arte, la política, todo aquello en que sea elemento
-primordial la seducción. Porque vamos á ver. ¿A ustedes les parece
-propia de hombres la actitud de un artista pensando siempre como
-agradará al público? ¿Y la de Maura, pensando siempre como agradará á
-Cambó?
-
- * * * * *
-
-Es la hora del te. La hora que en los largos anocheceres de invierno
-sería para las mujeres la hora de los aburrimientos peligrosos, si la
-moda no hubiera inventado esta costumbre.
-
-En torno á la hervidera de plata, que es con su llama azul temblorosa,
-como ara encendida en culto á la diosa Frivolidad, es un charlotear
-incesante, apenas interrumpido por el picoteo en bocadillos y
-golosinas. De un tema á otro, mariposea la charla femenina con frases
-que son unas veces, batalla de flores; flores de trapo; otras, como
-cruzar de floretes en juego de esgrima, todo galantería; alguna vez,
-aquel alfilerazo que busca y acierta con el defecto de la armadura.
-
-Allí murmuran, como en parte alguna, los mil arroyuelos por donde van
-las pequeñas historias á formar el mar de la historia grande de una
-época.
-
-¿Qué es la murmuración sino la historia de un día? ¿Qué es la historia
-sino la gran murmuración de los siglos?
-
-—¡Como canta el Werther ese hombre! ¿Le habéis oído?
-
-—Pero la ópera es una tontería.
-
-—Hay que oirla más de una vez.
-
-—Eso dicen de todas las tonterías. ¿Será ese el secreto del matrimonio?
-
-—¿Has estado en estos bailes?
-
-—En todos. No te he visto en ninguno.
-
-—¿Olvidas mi luto?
-
-—Por una tía ...
-
-—Pero era de mi marido. Tengo que guardar más las apariencias.
-
-—¿Habéis visto la obra del Español?
-
-—No quiere mamá. Creo que es una soltera que tiene relaciones con un
-casado, lo mismo que dicen de ...
-
-—¡Calla, que esta ahí su mujer!
-
-—No, si iba á decir la de ...
-
-—¡Calla! ¡Que esta ahí su hermana!
-
-—No comprendo que haya quien no quiera recibir á las que tienen
-historia, porque es no poder hablar de nadie en sociedad ...
-
-Y así pasan dulcemente esas horas de los largos anocheceres de
-invierno, que son tan peligrosas para las mujeres distinguidas que no
-toman te en sociedad con sus mejores amigas.
-
- * * * * *
-
-Distinguidas señoras que preparaban bailes de trajes, minués y otras
-fantasías propias de Carnaval, han tenido que desistir de sus proyectos
-por no hallar suficiente personal masculino propicio á la inocente
-diversión y al insignificante gasto que supone presentarse trasformado
-por una noche, con propiedad de ópera, en mosquetero, marqués, Luis XIV
-ó XV, petimetre del XIX, etc.
-
-El _sport_ lo absorbe todo, energías físicas y pecuniarias. El
-automóvil, el polo, el golph, el tiro, el _lawn-tennis_, con la
-apropiada indumentaria y los precisos accesorios, no dejan tiempo, ni
-dinero, ni fuerzas á la juventud masculina.
-
-Para el ligero _flirt_ que ha de preceder á un matrimonio convenido
-en familia, tan bueno es el automóvil con sus expediciones, como un
-salón de baile. Un moderno torneo de polo, mejor que un cotillón con
-sus figuras grotescas. Dejemos á las cotorronas llorar por las pérdidas
-costumbres de los pasados tiempos ... Sus hijas no parecen mal avenidas
-con los alardes de fuerza, agilidad y destreza. Cierto que un valsador
-infatigable era una garantía; pero en el baile, á la luz artificial de
-los salones, es más bien fuerza nerviosa la que se gasta, y la fuerza
-nerviosa es traicionera y puede faltar en el mejor momento, como todo
-lo que es inspiración.
-
-¡Fuerza, fuerza! Aunque el amor se despoetice. Esta generación no es de
-novios; pero quien sabe si, por lo mismo, no nos prepara una brillante
-generación de padres.
-
- * * * * *
-
-D. Prudencio—nuestro Mr. Prudhomme,—ha tenido en estos días ocasión
-de manifestarse. D. Prudencio abomina de las exageraciones, y en su
-concepto—D. Prudencio no tiene opiniones, tiene siempre conceptos,—en
-su concepto, los sucesos de Portugal han sido una lamentable y funesta
-serie de exageraciones. Exagerado el dictador, exagerados sus enemigos
-políticos, exagerada, ¿y como no? la prensa, exagerados los regicidas,
-estos sobre todo. Los únicos que no le han parecido exagerados, son
-los republicanos de allá, lavándose y aún perfumándose las manos, como
-Pilatos, abominando del crimen y dejándolo todo para mejor ocasión,
-y los ingleses enviando á modo de amistosa advertencia, unos cuántos
-barcos á la vista de Lisboa.
-
-No hay que decir si á D. Prudencio le habrá parecido también exagerada
-la actitud de esa gente que se ha pasado las horas en acecho y acoso
-del caído dictador, durante su estancia en Madrid.
-
-D. Prudencio, en cambio, ante estas grandes tragedias de los grandes,
-siente como nunca el efecto que, según retóricos preceptistas, ha de
-producir la tragedia en el ánimo del espectador, el de purgar nuestras
-pasiones. D. Prudencio se purga, de toda ambición en primer término,
-de toda envidia y de toda codicia. ¡Oh su apacible medianía! ¿Quién
-quiere ser rey ni dictador después de esto? Y D. Prudencio cree tener
-asegurada la material inmortalidad solo con sentirse insignificante.
-
-También han sido gloriosos días estos para los exaltados, para quienes
-todo es síntoma y anuncio precursor de trastornos mundiales, para los
-que todo lo tenían previsto, porque la historia enseña ...
-
-Y aquí un curso de filosofía de la historia ... Y la historia no debe
-enseñar gran cosa cuando todavía no han aprendido algunos gobernantes
-que se puede hasta tiranizar en pleno siglo XX, y lo que no se puede es
-dejar sin voz á los pueblos para quejarse siquiera de la tiranía.
-
-Carlyle, tan enamorado del silencio, consideraba, no obstante, como
-pueblos muertos á los que, según el, no tenían voz, es decir, á los
-que no habían expresado en forma artística sus sentimientos, sus
-aspiraciones, sus esperanzas ó sus recuerdos. Fuera del arte existen
-en la vida moderna otras muchas voces que son señales de vida, el
-Parlamento, la prensa, la opinión pública en todas sus manifestaciones;
-gobernar sin ellos es gobernar en silencio, el silencio del vacío es
-remedar al avestruz en lo de esconder la cabeza bajo el ala, para no
-ver al cazador, porque lo que no se ve ni se oye, es por un momento
-como si no existiera ... No, la historia no enseña nada, ni siquiera la
-Natural; hay gobernantes que no aprenderán nunca que dejar á un pueblo
-sin voz es obligarle á que la acción sea más violenta, y que la postura
-del avestruz no es postura airosa para hombres de gobierno.
-
- * * * * *
-
-La rueca y la pluma. Apólogo.
-
-Dijo la sartén al cazo, etc. Dijo el orador al escritor: Quita de ahí,
-hablador.
-
-Ya lo véis, escritores; con un poco de imaginación, podéis pareceros,
-al escribir, á la mismísima Margarita del «Fausto» al surgir, evocada
-por Mefistófeles, ante los ojos del viejo doctor, dándole á la rueca y
-al huso.
-
-¿Con que el ejercicio de la pluma supone cierta timidez y debilidad de
-carácter? Pruebe, pruebe el Sr. Maura por una vez á estrenar, siquiera
-una piececita del género chico, sin mayoría, es decir, sin _claque_, y
-verá lo que es bueno.
-
-Y aún insisten los escritores en acudir al gobierno en demanda de
-indultos para Nakens y Morato. Ya véis en lo que se nos estima, y bien
-podemos suponer en lo que han de estimarse nuestras peticiones. ¡Gente
-de pluma! De rueca como si dijéramos.
-
-¡Si lo dijeran Hernán Cortés y el Gran Capitán!
-
-Pero créanos el Sr. Maura: oradores y escritores, todos somos unos.
-Plumas y lenguas, todas son ruecas.
-
-Aparte de que la rueca no es tan despreciable por ser su ejercicio
-ocupación de mujeres. Los ingleses tienen un proverbio que dice: La
-mano que mece la cuna, mueve el mundo. Y esa mano es la de la mujer, la
-misma que mueve la rueca.
-
-Yo, por mi parte, prefiero figurarme al mover la pluma que muevo una
-rueca y estoy hilando, que no una espada que corte los hilos de algunas
-vidas. Pero es un modo de pensar, de sentir, mejor dicho.
-
- * * * * *
-
-Por ser la primera vez que se ha tomado en consideración el voto de las
-mujeres, el Congreso ha estado muy consecuente, como dicen los chulos.
-Principio quieren las cosas.
-
-Si los hombres fuéramos agradecidos, la votación favorable hubiera sido
-más nutrida. ¡Habrá tantos que deban su carrera política á las faldas y
-habrán votado en contra ó se habrán abstenido! Cuando en los bastidores
-de la política, tan importante papel juegan las mujeres, ¿por qué
-impedirles mostrarse en el escenario? ¿Qué se teme? ¿Sus tendencias
-reaccionarias? ¡Ay! En otros tiempos no lejanos sí era la mujer la que
-extremaba esas tendencias; pero ahora ¡hay tantos matrimonios en que
-es la señora la que tiene que retrasar la hora del almuerzo porque
-el marido esta en el sermón ó en la junta de cofradía! Será dichosa
-casualidad, pero yo conozco muchas más liberalas que liberales. Cierto
-que cuando se trato la cuestión de las asociaciones, las señoras
-dieron una acentuada nota reaccionaria; pero es que esa cuestión no
-las importaba mucho. Pero que se votara la ley del divorcio y ellas
-hubieran de decidir con sus votos: reforma implantada; bastaría con
-que la votación fuera secreta. Y si había de ser pública, todas se
-disculparían con sus amigas.—Yo por mí no hubiera votado ¡qué horror!,
-he votado por Fulanita (aquí el nombre de alguna amiga). ¡Para verla
-vivir como vive con su marido, más vale que se divorcie!—¿Y qué mujer
-no tiene una amiga á quien favorecer en ese caso?
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-XXI
-
-
-Polichinela airado ha sido una vez más protagonista de la tragedia
-tantas veces representada en el teatro, el drama verdadero de la vida
-sobreponiéndose á la farsa, el payaso asesino.
-
-Pero esta vez no han sido los celos, resorte dramático, ha sido el arte
-mismo. Por torpeza ó malicia del apuntador—un autor teatral hallará
-pronto el revuelo de faldas, móvil de la aventura,—fracaso un chiste
-de Polichinela y ciego de ira le golpeó el cráneo, como suelen los
-polichinelas de cartón golpear á sus interlocutores.
-
-El público reía ... En las farsas de la vida es lo mismo; hasta
-ver sangre y muerte tardamos en percibir que no va de burlas.
-Actores, siempre queremos parecer trágicos; lo trágico es más noble.
-Espectadores, siempre queremos serlo de farsas regocijadas.
-
-Hacer reir es la consigna del payaso. Robar un chiste al público era
-faltar á su deber y el deber es antes que todo. ¡El teatro agranda de
-tal manera las obligaciones y deberes! ¿No hemos visto dramas en que el
-protagonista se cree el hombre más desgraciado por no poder casar á su
-hija con el hombre á quien ama, por el terrible caso de conciencia de
-que una abuela de la chica tuvo que ver con el abuelo del muchacho?
-
-¡Qué extraño es que el Polichinela agrandara en su imaginación, hecha á
-las exageraciones de la farsa, la importancia de aquel conflicto! ¡Un
-chiste menos! ¿Como podía compensar al público? Ofreciéndole á cambio
-del chiste una tragedia entera.
-
-Lo que puede demostrar la superioridad del género cómico sobre el
-trágico. Por un chiste una tragedia, y el público todavía no saldría
-satisfecho y preguntaría: ¿Qué chiste era ese? ¡Nos hemos quedado sin
-oir el chiste!
-
- * * * * *
-
-Esta vez nos llega de Inglaterra la leyenda del bandido simpático,
-enamorador de mujeres y de multitudes, leyenda que parecía patrimonio
-de países meridionales. Aunque los ingleses cuentan con su Robín Hood,
-antecesor pintoresco y glorioso de Roque Guinart y Carlos Moore.
-
-No conozco Raffles, como novela; ignoro si en ella triunfa la justicia
-sobre el ladrón «gentleman»; si así fuera, el autor de la adaptación
-teatral ha comprendido el grave disgusto que hubiera dado al público
-de teatro, más apasionado é irreflexivo que el lector, si Raffles no
-quedará triunfante, por lo menos con ese triunfo de final de obra, que
-el público, sin más discusiones, acepta como definitivo.
-
-Y esta simpatía por los «out-laws»—que como vemos, la historia
-literaria desmiente, localizada en países meridionales,—esta simpatía
-universal por los rebeldes á la disciplina social, sobre todo si su
-rebeldía solo es peligrosa y solo amenaza á lo que no tenemos ó tenemos
-seguro de no perderlo, ¿no es prueba evidente de una protesta continúa
-de todos los tiempos y de todos los hombres contra el orden social ...
-de los demás?
-
-¡Ah, como celebran las hazañas de Raffles los que nada poseen y de
-buena gana le imitarían! ¡Como le celebran también los que tienen su
-dinero en valores seguros, resguardados en las cajas de algún Banco
-inquebrable! ¿Y las damas?... Darían por bien robados sus collares por
-el gusto de haber conocido á ladrón tan encantador. «¡So lovely!»
-
-La chismografía teatral nos cuenta que en Londres el intérprete del
-papel es el ídolo de las damas solo con representarlo.
-
-¡No quiero pensar qué sería con el efectivo Raffles! Estos simpáticos
-bandidos dejan huella muy honda en los corazones femeninos. Por ellos
-suelen decir muchas, cuando el bandido les roba alguna alhaja de precio
-y huye, como es natural, de la justicia: ¡Que le busquen, que le
-prendan! Pero que no le hagan nada ... aunque no parezca la alhaja. Se
-ve que todo el interés esta en que parezca el, para decirle:—¡Ingrato!
-¿Qué necesidad tenías de robarme nada? Yo te lo hubiera regalado todo.
-
- * * * * *
-
-Paréntesis cuaresmal. Meditación, recogimiento y ... ahorro. Los tés sin
-golosinas, las reuniones sin cena, suprimido el teatro; sus turnos de
-moda se trasladan á las conferencias religiosas, á cargo de esos buenos
-melífluos, y mundanos padres de la Compañía, que son una especie de
-Fernando Díaz de Mendoza en lo de saber como agradar al abono.
-
-En esas conferencias se trata casi siempre de ligeros temas sociales;
-sólo faltan los nombres propios para que más parezcan prolongación de
-los chismorreos de sociedad. Su habilidad consiste en que siempre se de
-por aludido ... el prójimo. De este modo nadie se molesta.
-
-Recuerdo el tole tole producido años ha con el famoso sermón de los
-descotes, refundición de otro no menos famoso, pronunciado por el abate
-Boileau ante la corte de Luis XIV: «Sur l’abus des nudités de
-gorge». Pero los tiempos eran otros y lo que las cortesanas del Rey Sol
-escucharon con paciencia—claro esta que sin enmendarse,—las modernas
-devotas no pudieron sufrirlo.
-
-La religión como el arte deben ser ante todo un consuelo, y si los
-predicadores como los artistas, dan en decir cosas desagradables y en
-asustar con fieras amenazas ...
-
-Bien lo saben los dulces padres; la severidad no aparta del pecado
-y aparta de la Iglesia. Dulzura en el púlpito, dulzura en el
-confesionario ... «¡De la douceur, de la douceur!», que dijo aquel gran
-poeta y socarrón de Verlaine, que también supo alternar lo pagano con
-lo cristiano, como nuestras bellas penitentes en estos cuarenta días de
-«magdalenismo» y coqueteo á lo divino.
-
-La «toilette» es más austera, las conversaciones más graves; si se
-murmura es por moralizar. Desaparecen los libros profanos y en su lugar
-se ostenta «La Imitación de Cristo», «El reloj de la Pasión» y otros de
-serias meditaciones. El ayuno colabora con el régimen para adelgazar,
-el flirt es compatible con todo, y luego ¡cuarenta días pasan tan
-pronto! Y el sábado de Gloria las campanas repican, y las faldas,
-que por algo tienen forma de campaña, revuelan también, y las bellas
-penitentes parecen rejuvenecidas, como después de una temporada de
-baños ó de campo ... Porque, eso sí, veraneen física ó espiritualmente,
-todas vuelven del veraneo y de la cuaresma. Ni el mar ni el campo, ni
-la religión, pueden más con ellas que este Madrid de sus fatigas y de
-sus pecados.
-
- * * * * *
-
-Era un tiempo en que el más descreído y despreocupado, sentía avivarse
-en su espíritu cierto fervor religioso al llegar los días solemnes
-de la Semana Santa. Pero en estos tiempos de profunda piedad que
-alcanzamos, tan pródigos en diarias manifestaciones religiosas, la
-Semana Santa no es más de notar que otra cualquiera en cuanto á lo
-piadoso se refiere. Más bien por lo mundano, si buen tiempo y buen sol
-ayudan. No son rostros atormentados por mortificaciones y penitencias,
-ni siquiera ensombrecidos por austeros pensamientos los que se ven por
-calles y por iglesias en esos días. Y ¿por qué entristecernos? Sabemos
-que el sábado han de tocar á gloria; creemos en un Dios misericordioso
-y una legión de vírgenes y santos intercesores, que han de salvarnos
-por muchos que sean nuestros pecados. El sentimiento religioso pudo ser
-alguna vez cruel en España, pero nunca fué triste. No fué triste porque
-supo mirar al dolor y á la muerte cara á cara. Fué cruel, porque si el
-propio dolor y la propia muerte no importaban ¿qué habían de importar
-los ajenos?
-
-Si esta confianza en Dios y esta despreocupación de la muerte fueran
-tan conscientes ó tan hijas de una profunda fe religiosa como son de
-irreflexivas y de inconscientes, la raza española sería la primera
-del mundo. Pero ¡ay! que el despreciar la muerte no es más que la
-consecuencia de despreciar la vida, y vida y muerte vienen á ser de
-este modo una sola negación y sólo son verdaderamente grandes los
-hombres y los pueblos que toda su vida afirman y el morir es para ellos
-la suprema afirmación de su vida.
-
- * * * * *
-
-Era un tiempo también en que las más bellas y nobles damas turnaban
-en las mesas de petitorio, y las ofrendas eran cuantiosas. Pero era
-acaso esta sola vez en el año, cuando las señoras ponían á prueba
-el desprendimiento de sus buenos amigos. Hoy, todo el año es Jueves
-Santo para el petitorio; las funciones benéficas, las cuestaciones
-caritativas son un renglón de los más costosos en el capítulo de las
-relaciones sociales. Media España vive de la beneficencia de la otra
-media y hay dudas sobre cual de las dos mitades vive mejor.
-
-Cualquier persona de cierto viso, al abrir la diaria correspondencia,
-puede estar segura de que entre diez cartas, las nueve serán de
-peticiones; echarse á pie por esas calles es ir recogiendo memoriales
-de palabra con toda suerte de peticiones. No son los mendigos más
-enojosos los que le tienden á uno la mano, sino los que la dan. Y
-á esos, ¿quien los recoge? No hay idea de lo que aumentarían los
-donativos para la Asociación de la Caridad, si las autoridades
-se comprometieran á librarnos á cada uno de nuestros pordioseros
-particulares.
-
- * * * * *
-
-Ya que nuestros legisladores andan tan remisos en conceder á las
-mujeres derechos políticos, ¿por qué privarles también del más
-elemental de los individuales, que consiste en poder hacer cada una de
-su capa un sayo y de su pellejo un tamboril? Desde el punto de vista
-estético podrá discutirse la intrusión del feminismo en el toreo. Y
-será muy discutible el punto, porque desde el traje hasta las monadas
-inherentes al ejercicio de la profesión, hay en todo ello mucho más de
-femenino que de propiamente masculino. No digamos de la admiración que
-el público siente por sus toreros favoritos. Si el espíritu de las
-colectividades es siempre femenino, el de un público de Plaza de Toros
-es _hembra_ por los cuatro costados. Acaso es esta la mejor razón de un
-espectáculo que con otras razones no puede explicarse ni defenderse. Es
-parte de ese eterno femenino, móvil supremo de todo lo humano.
-
-Pero quedamos en que, por no ser costumbre fundar leyes en motivos
-estéticos, el ministro de la Gobernación ha fundado en motivos de
-moralidad y de protección al bello sexo la prohibición á las mujeres
-de una profesión, no más arriesgada que el matrimonio en la mayoría
-de los casos y mucho menos inmoral que otras, ¡ay! reglamentadas y
-patrocinadas por el ministerio de la Gobernación.
-
-Más cornadas da el hambre, y de la enfermería de la Plaza de Toros
-á la enfermería de San Juan de Dios no vemos que la moralidad ponga
-tanta distancia—la materialidad ha puesto muy poca.—Pero, en fin,
-el legislador paternal os protege, ¡oh, mujeres! Os quitan un modo de
-vivir, pero de morir todavía os quedan muchos. Ahora, que en una Plaza
-de Toros y ante todo un público, se escandalizaría la gente; en un
-hospital no lo ve nadie, y los que lo ven no se escandalizan; están
-acostumbrados.
-
-¡Mujeres toreras! Ya lo sabéis; vuelva el estoque á la vaina. El señor
-ministro os priva del primer recurso; menos mal que os deja el segundo.
-
- * * * * *
-
-¡Oh piadosa voluptuosidad de la justicia humana! ¿No han leído ustedes
-la noticia? ¿No les ha conmovido á ustedes? Se ha suspendido la
-ejecución de un reo por hallarse muy delicado de salud. Temerían que la
-impresión le fuera funesta.
-
-En cambio, un doctor norteamericano propone que á todo enfermo
-incurable se le anticipe la muerte. ¿Quién es más piadoso? ¡Vaya
-usted á saber! Dado lo que tiene nuestra vida de lucha, desde que
-nos abre la puerta del chiquero, hasta que nos arrastra por la de
-corrales—perdonen los casados la comparación,—yo creo que siempre
-hemos de mirar con más simpatía al puntillero que á los demás que
-intervienen en la lidia.
-
- * * * * *
-
-Y ¿habrá pagado Madrid toda su deuda de admiración y de gratitud con su
-madrileñísimo músico? ¿Nada más, madrileños? Si fuera así, sería cosa
-de pensar una vez más en que Madrid es bien ingrata tierra para sus
-naturales, y es preferible para toda gloria, viviente ó póstuma, ser
-cabeza de ratón en cualquier lugarejo, que cola de león y hasta león
-entero, en esta ciudad grande, que quizás por serlo, pone distancias de
-desierto en las gentes para los nobles entusiasmos aunque las acerque
-y las una, como en Casino provinciano ó solana lugareña, para el
-chismorreo, el _despellejeo_ y la maledicencia menuda.
-
-Cuando por esas capitales de provincia, cabezas de partido y hasta
-villorrios, con más partido que cabeza, se alzan estatuas y monumentos
-á muertos y á vivos, que no hicieron cosa mejor que firmar concesiones
-de momios á favor de caciques y mangoneadores, ¿no tendrá en Madrid su
-monumento el maestro Chueca? ¿Merecerá menos el que alegró nuestra vida
-honradamente que tantos como la entristecieron?
-
-Y no nos vengan doctorales señores, de esos que piensan haber depurado
-el gusto, cuando sólo han depurado la envidia y la molestia que les
-produce cuanto brilla y triunfa, con lo de música ligera, musiquilla,
-de teatrillo, de piano ...
-
-Los entendidos se extasían ahora con _Peleas y Melisenda_ de Debussy,
-como expresión exquisita del más puro arte musical. Celebran en
-ella como el ritmo musical es fiel intérprete del ritmo de la frase
-hablada. Secreto es este que la música de Chueca había encontrado por
-genial instinto. Su música tiene todos los ritmos del habla madrileña,
-al requebrar, al burlarse, al aclamar al torero en la plaza, á los
-soldados en la calle; es desgarrada y fanfarrona en los chulos,
-picarescamente llorona en los pobres, desgarbada en los agentes de la
-autoridad, cursi en los cursis, airosa en los pasos dobles, con el
-gallardo andar de la gente madrileña, que aprendió á andar al son de
-músicas callejeras, charangas, pianos de manubrio, guitarras y panderas
-de estudiantinas, y al andar parece siempre marcar el paso al ritmo de
-esas músicas de la calle, que espantan á los pobres sus cuidados y su
-tedio á los ricos.
-
-Si cada uno que se alegró un día á los sones de una canción de Chueca,
-contribuye ... con poco, lo que se arroja desde el balcón al pianista
-que alegra la calle, ¿no bastará para perpetuar en Madrid, no la gloria
-del maestro, sino la gratitud del pueblo madrileño al que alegró su
-vida? Y alegrar la vida, ¿no es el modo más sabio de hacerla mejor?
-
-Ya que se empeñan en levantarnos ese monumento lúgubre, funerario de la
-calle Mayor, opongamos un monumento risueño, que no evoque tristezas ni
-crímenes, por donde se cante al pasar, como la mejor oración y el mejor
-recuerdo.
-
- * * * * *
-
-Por algo político y cortesía son sinónimos: en las relaciones sociales,
-ambas obligan igualmente á transigir con el trato de personas poco
-gratas. La visita de Eduardo VII, rey en el pueblo de las más
-verdaderas y sólidas libertades políticas, al sombrío Zar de las
-persecuciones neronianas, en pleno siglo XX, no es de seguro una visita
-de verdadero afecto. La figura del zar Nicolás fué simpática durante
-algún tiempo, porque el también parecía, como la primera víctima de su
-propio poder autocrático, sometido á pesar suyo por la fuerza de una
-aristocracia feudal y bárbara, contra la que era imposible rebelarse.
-Pero llegó un día en que tuvo de su parte al pueblo, que sólo le
-pedía justicia á cambio de amor y lealtad, y su respuesta esta en esa
-estadística publicada por _La Tribuna_ rusa: sentencias de muerte,
-deportaciones á millares, víctimas de todas clases, crueldades sin
-cuento, crueldades inútiles, feroces ... Y la mano que firmó—horrible
-si firmó sin temblar, más horrible si firmó con el temblor del
-miedo,—es la que estrecha el rey de un pueblo libre y civilizado, por
-conveniencia política. ¿Quién se atreve á condenar las abdicaciones de
-los pequeños ante estas abdicaciones de los grandes?
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-XXII
-
-
-En este mes se celebra la fiesta del santo—San Roque es patrón
-favorito—en muchos pueblos y aldeas de España. La prohibición de las
-capeas quita á la fiesta su mayor atractivo. Como que no suele haber
-otro; de modo que suprimir la capea es suprimir la fiesta, esperada con
-ilusión, que no pueden comprender los habitantes de grandes ciudades,
-durante todo el año.
-
-Las capeas eran una barbaridad. ¿Quién lo duda? Pero no causa, sino
-efecto de otras barbaridades. Cuando se cultiva con ensañamiento la
-incultura de un pueblo; ¿á qué pedirle cultura en un día determinado?
-Buena esta la incultura para que no piensen, para que labren la tierra
-sin protestar al sol y al frío, para que paguen su contribución á un
-Estado al que nada deben ni para nada se preocupa por ellos; para que
-voten á quien los cuatro caciques mangoneadores ordenan, y ¡ay del que
-se resista! Buena para sufrir, buena para el servicio de las armas y
-los embargos del fisco, buena para ser rebaño dócil, conducido á gusto
-y provecho de cucos pastores ... Para todo eso bien están la ignorancia
-y la incultura: cuanto más brutos mejor. ¿No es eso?... ¡Pero una
-capea! ¡Ah! Ese espectáculo inculto, esa diversión bárbara no puede
-permitirse. Que tengan educación siquiera un día. En las elecciones
-pueden desquitarse capeando al candidato de oposición, presididos por
-la autoridad competente.
-
-La fiesta de los pobres lugares y aldeas será triste este año. La capea
-importará poco, ¡pero es toda la fiesta! Los pueblos son humildes,
-son resignados, pero su fiesta es toda su alegría del año. ¿Sería tan
-difícil alegrarles la fiesta y compensar con ventaja la prohibición
-de las capeas enviando á los pueblos por cuenta del poder central—el
-odioso poder central—alguna culta diversión; una compañía de actores
-modestos, un cinematógrafo; poca cosa? ¡La alegría de los pueblos, como
-la de los niños, es tan barata!
-
-¡Prohibir! ¡Suprimir! ¡Castigar! ¡Pedir! ¿No han de ser otras las
-palabras del Estado para esos pobres lugares y esas pobres gentes?
-¿Sería indecoroso para el Estado tener comediantes y titiriteros
-á sueldo para alegrar un día la vida, cuando paga tantos para
-entristecerla en todos los días del año?
-
-Ya se que es demasiado pedir. El socialismo del Estado no puede llegar
-á tanto. Por ahora se contenta con llevárselo todo y no repartir nada.
-Quedan prohibidas las capeas. Quedan suprimidas las fiestas. El Estado
-no esta para divertir á nadie.
-
- * * * * *
-
-La alta política de los estados europeos es incomprensible para las
-inteligencias vulgares. Un día cualquiera, cuando creemos que no hay
-mayores motivos para una conflagración internacional que en la víspera
-de ese día y que en todos los días del año, resulta que sin saber como
-ni cuando, ni porqué la situación es gravísima; que el conflicto de los
-Dardanelos se ha complicado; que la supremacía sobre el mar Báltico
-ha de dirimirse; que Alemania no ve con buenos ojos—los ojos del
-kaiser—el _flirt_ de Inglaterra con Rusia y con Francia; que Austria é
-Italia se despegan de la triple alianza; que en vista de la pequeñez de
-los mares, hay nación que desea arrendar el Mediterráneo ó el
-Atlántico ó el Pacífico, para uso particular de sus barcos, como si
-se tratara del estanque del Retiro; problemas terribles todos ellos
-que, no preocupando ni poco ni mucho á nadie en particular, en cuanto
-ciudadano inglés, alemán, francés, etc., tienen la virtud de preocupar
-á Inglaterra, Alemania, Francia, etc., en cuanto naciones y estados.
-Váyase por los muchos problemas que preocupan cada día á los ciudadanos
-de esos estados, sin que el Estado se preocupe de ellos para nada.
-
-De un lado va la historia grande, la que se escribe á cañonazos. De
-otro la historia chica, la que no se escribe nunca, pero vive siempre.
-El divorcio entre una y otra es mayor cada día; de tal modo, que bien
-puede arriesgarse la siguiente definición. ¿Qué se entiende por grandes
-cuestiones de política internacional?—Las que no le importan á nadie
-en el mundo.
-
- * * * * *
-
-Y va de pintura. Con motivo del triunfo obtenido por Zuloaga en el
-Salón de París, hemos lamentado una vez más la ingratitud de España, en
-donde es menos conocido y estimado el nombre del insigne pintor, que en
-el extranjero. No es decir que no seamos aquí capaces de algún desvío y
-de alguna injusticia, pero en este caso no sería nuestra toda la culpa.
-El pintor—¡felices los pintores que por hablar en su arte un lenguaje
-en todas partes comprendido pueden elegir ambiente para su arte y
-mercado para sus obras!—no se ha dignado nunca presentar sus cuadros
-en España; harto hacemos en admirarlos por la fe de fotograbados y de
-la admiración que en todas partes los proclama por obras maestras. En
-cambio, cuando llega la hora del entusiasmo no nos detenemos por nada.
-Para algunos los últimos cuadros de Zuloaga son nada menos que símbolo
-de España. Esto ya me parece simplificar el simbolismo como en las
-revistas teatrales, donde basta que salga una tiple vestida con más ó
-menos fantasía y nos diga: yo soy esto ó lo otro, para que lo demos
-por bueno. Pero francamente, un enano con un ojo verde, y al fondo
-unas casucas verduzcas y un cielo verdinegro también, de una parte, y
-de otra dos brujas, de nariz, barba y dedos retorcidos como de aves de
-rapiña, podrán ser todo lo admirables que se quiera como pintura, ¡pero
-decir que eso es toda España!
-
-Bien esta que lo digan los franceses, tan aficionados siempre á las
-grandes síntesis: el sintetizar ahorra de discurrir, pero nosotros,
-¿por qué hemos de decirlo? cuando el mismo pintor al triunfar con sus
-cuadros de la más legítima escuela española es el primero en demostrar
-que en España hay algo más que enanos y brujas.
-
- * * * * *
-
-Zaragoza triunfa con su Exposición. Saludemos á la noble ciudad, entre
-todas las de España, hermana predilecta de Madrid. Entre todos los
-cantos regionales, la jota, el verdadero himno nacional, fué siempre
-el preferido de los madrileños; quizás porque nunca se manchó como
-otros aires regionales, al ser demasiado traídos y llevados como enseña
-política más que patriótica.
-
-Sin arrogancias, sin bambolla, Zaragoza, que para ser siempre grande,
-pudo más que ninguna reposar en sus gloriosas tradiciones, ha sabido
-agrandarse y prosperar y engrandecerse sin molestar y sin presumir.
-Con sano equilibrio, no atendió solo á los progresos materiales, y
-su Facultad de Medicina es gloria de una ciencia, que es quizás hoy
-la mayor gloria de España, que ninguna sigue tan de cerca, cuando
-no adelanta á la ciencia extranjera. Como en tiempos se dijo de
-los Argensolas que habían venido de Aragón á Castilla á enseñar el
-castellano, muchos son hoy los escritores aragoneses de que puede
-decirse lo mismo, y entre todos ellos no es preciso nombrar en estas
-columnas al que todos tenemos por maestro.
-
-En la fe religiosa no hay asomos de clericalismo ni de beatería. Ante
-tu Virgen del Pilar—su inicial es la de Patria,—rinde armas toda
-impiedad y todo volterianismo. En días tristes, supiste decir que no
-querías ser francesa, pero con estar tu pilar tan asentado en tierra
-aragonesa, nadie te preguntó nunca si no querías ser española.
-
-Por todo esto, noble Zaragoza, entre todas las ciudades de España,
-hermana predilecta de Madrid: ¡Salud y gloria!
-
- * * * * *
-
-A estas horas, si el tiempo ó cualquier otro accidente imprevisto no lo
-ha impedido, para el público madrileño habrá pasado á la historia del
-toreo, acaso la más interesante en la historia de España, uno de los
-toreros más aplaudidos y celebrados en los modernos tiempos.
-
-Inteligente, elegante; de una elegancia un poco afectada, poco vario en
-su repertorio, fué el torero de las cuatro cosas, pero en esas cuatro,
-maestro. Tuvo las bastantes tardes felices para ser admirado, y las
-bastantes tardes desdichadas para no llegar á ser odioso al público y á
-sus compañeros. No llegó á fatigar la admiración como el Guerra.
-
-Siempre recordaré la corrida en que éste, á lo que se supo después,
-toreo por última vez, en Zaragoza. Había toreado toda la tarde con
-el mismo arte, con la misma alegría de siempre; pero el público se
-resistía al aplauso. A lo admirable decía: ¡Eso ya sabemos que lo hace
-bien! y no aplaudía; á lo defectuoso se mostraba severo en demasía.
-Aquel año empezaba á brillar el Algabeño, y el público, deseoso de
-inventar un torero, se excedía en mostrarle su entusiasmo. Guerra había
-dado muerte á sus dos toros; intentó ayudar en una de sus faenas al
-Algabeño, y el público, creyendo que trataba de deslucirle, le obligó
-con injustas protestas á retirarse. Sentado en el estribo de la
-barrera, contemplaba la faena de su compañero, el astro naciente. Los
-pases eran efectistas; esos pases llamados del Celeste Imperio: el
-público los coreaba con olés, con ese rabioso regocijo de la multitud
-cuando más que en aplaudir á uno, piensa en mortificar á otro. Gritó
-una voz: ¡Aprende, Guerra! Y Guerra paseo una mirada en torno del
-circo, una mirada de profunda melancolía, que era sin duda su adiós á
-las glorias del triunfo, su amargura ante la ingratitud de la
-muchedumbre.
-
-¡No fué más triste el adiós de Otelo á sus victorias al dudar de la
-fidelidad de su amada!
-
-¡Oh público, público; tu nombre puede ser masculino, pero tu alma es
-siempre de mujer, y más que ella eres pérfido como el mar!
-
-Por suerte no reza contigo el refrán: «A muertos y á idos ...» que para
-unos y otros guardas lo mejor de tu admiración, y una vez desaparecido
-el artista, sabes depurar en tus recuerdos todo lo desagradable de su
-memoria.
-
-¡Feliz el artista que logra sobrevivir como hombre y apartado de su
-arte puede oir todavía de sus contemporáneos como su nombre es parangón
-constante á los que permanecen y á los que van llegando!
-
-Antonio Fuentes ha pasado á la historia del toreo. Ya lo sabéis,
-toreros del presente y del porvenir, los que más le silbaron en su
-vida taurina, serán ahora los que no dejarán de deciros: ¡Como aquel
-Fuentes, ninguno!
-
-Salud á todos, el que se retira y los que quedan, para oirlo por muchos
-años.
-
- * * * * *
-
-Más tarde ó más temprano siempre se recoge lo que se siembra. Llevamos
-á América nuestro espíritu, que ella nos ha devuelto pródigamente en
-admirables poetas que cantan en nuestro idioma, en inteligentes y
-bellas mujeres, que son encanto de nuestra sociedad. Pero América nos
-debía algo más, nos debía un torero, y si las señales no mienten llegó
-el torero y llegó á su hora, cuando más necesitado estaba el arte
-taurino de algo que le animara y renovara.
-
-No debe padecer el amor patrio por eso; aquí no hay América que valga,
-y un torero no puede dudarse de que es cosa bien nuestra, mejor que
-cualquier otra manifestación de nuestra influencia espiritual. Ya lo
-dijo Voltaire: «C’est du nord aujourd’hui qui nous vient la lumière».
-Como el sol taurino no nos falte, salga por Antequera. Justo era que
-de nuestros antiguos dominios, en donde el sol no se ponía nunca,
-viniera siquiera algún reflejo á confortar nuestro desmayado espíritu.
-¡Aplaudamos á Gaona y no olvidemos á Hernán Cortés!
-
- * * * * *
-
-El proceso Rull es interesante como una novela; no de las llamadas
-novelescas; la intriga es poco interesante; mejor de las psicológicas ó
-experimentales, y hasta si se quiere, docentes.
-
-Su enseñanza, por no decir moralidad, es mostrarnos bien claramente
-lo peligroso que ha sido siempre para toda autoridad valerse como
-auxiliares de esos confidentes, delatores y espías, que antes de ser
-frailes han sido cocineros y han jugado demasiado á ladrones antes de
-jugar á policías, para olvidar tan pronto sus primeras mañas.
-
-Si hay casos en que el fin justifica los medios, hay medios que no se
-justifican en ningún caso.
-
-Siempre fué achaque de la policía española servirse de esa clase de
-auxiliares que obligan á más de lo que sirven. Hay remedios mucho
-peores que las enfermedades. Se ha probado á perseguir el terrorismo de
-todas maneras. ¿Si se probara á no perseguirlo de ninguna? Por lo menos
-se conseguiría lo mismo, salvo el ridículo.
-
- * * * * *
-
-Si hemos de caer alguna vez en falta, el Señor nos libre de que
-esa falta pueda ser calificada de tontería. Locura y tontería son
-igualmente disparates, pero según la definición de un amigo mío:
-tonterías son los disparates que no producen dinero.
-
-Ejemplos: Una joven honrada pierde su reputación por un hombre rico.
-Todos dirán: ¡Qué locura la de esa muchacha!
-
-Se casa con un pobre. Todos dirán: ¡Qué tontería!
-
-Un hombre, en opinión de cumplidísimo caballero, se alza de la noche
-á la mañana con unos fondos confiados á su honradez. Todos dicen: ¿Ha
-visto usted qué locura la de ese hombre?
-
-Se arruina por completo: ¡Qué tontería!
-
-No hay confusión posible entre el tono de compasión del que dice: ¡Qué
-tontería!, y el de admiración envidiosa del que exclama: ¡Qué locura!
-
-A propósito de ese desfalco de trescientas mil pesetas. ¿A que no han
-oído ustedes decir á nadie: Qué tontería?
-
- * * * * *
-
-Todo, menos moralizar. Contemos las cosas como son y la moralidad
-saldrá sola, si moralidad hubiere. Dígolo, porque esto de la moralidad
-y del humorismo se ha puesto tan barato, que ya no es posible leer la
-más sencilla noticia del más insignificante suceso sin su comentario,
-ya moral, ya jocoso. Pase por la moralidad; pero lo de hacer donaire
-á costa del infeliz que se suicidó, ó del que fué robado, ó del que
-sorprendió á su mujer con el amigo, ya no me parece de tan buen gusto.
-Los sucesos no deben pesarse por sus causas, sino por sus efectos, y es
-crueldad hacer sainete de estas pequeñas tragedias de la vida humilde.
-
-¡Cuánto mejor empleado el humorismo á costa de las ridiculeces de los
-grandes! ¿Por qué hablar en serio de los perifollos de la marquesa X
-y de sus ridículos saraos y tomar el pelo, en cambio, á la infeliz
-costurera que fracasa en su tentativa de suicidio? ¿Por qué tratar en
-grave estilo la borrachera de vanidad del eminente imbécil Don Fulano,
-y en tono ligero la simpática curda de algún alegre ciudadano?
-
-Bien se, ¡oh apreciables humoristas! que esto del humor es lo más
-subjetivo y es cualidad suya reir de lo triste y entristecerse por lo
-alegre, pero haya á lo menos simpatía en nuestro humor. Bueno es reirse
-de los que quieren entristecernos, pero es crueldad reir de los que
-realmente están tristes. ¡Viva el humorismo sobre todo! Menos sobre el
-dolor ajeno.
-
- * * * * *
-
-Ninguna campaña tan injusta como la emprendida contra los prestamistas;
-seguramente por gente que no les debe nada. El arte de estimar á sus
-acreedores es un arte de gran señor. ¡Aquel admirable Don Juan de
-Molière, deshaciéndose en cortesías y en agasajos con Mr. Dimanche! El
-dinero es mercancía cara y no se por qué ha de estimarse al comerciante
-que gana un cincuenta por ciento vendiéndonos una corbata, y hemos
-de maltratar al que vende su dinero con la misma ganancia. Mucho más
-cuando la corbata no nos saca de ningún apuro, y de mejor ó peor
-clase, nunca falta un amigo ó pariente que nos regale una flamante
-ó de desecho, ó alguna amiga cariñosa que nos fabrique una de algún
-vistoso retal de sus galas ... ¡Pero el dinero! Cuando ni amigos ni
-parientes os lo faciliten, siempre hallaréis al prestamista, que sin
-razones de afecto ni de simpatía, ni importarle dos cuartos de vuestras
-condiciones personales, solo por la garantía de vuestro trabajo; ó de
-vuestros bienes presentes y futuros, incluida vuestra tumba, si la
-poseéis á perpetuidad, os ofrezca, mediante unas ligeras formalidades,
-lo bastante á pagarle comisión y el primer mes de intereses. Y es tanto
-su deseo de serviros eternamente, que su mayor disgusto es verse pagado
-en breve plazo. A los pocos días el mismo vendrá á ofreceros su bolsa,
-siempre repleta y siempre franca—salvo las pequeñas formalidades.—Su
-ideal es ligaros por fin con algún contrato de carácter matrimonial,
-por lo sagrado y por lo inrompible. Sólo así se considerará dichoso. Y
-¡hay quien reniega de estos vínculos, que ligan á una persona á nuestra
-vida por toda la suya! ¡Una persona que se inquieta como ninguna otra
-por nuestra salud, por nuestra suerte, por todas nuestras vicisitudes!
-Que será la primera en aconsejarnos y en recomendarnos específicos y
-doctores; la primera en evitarnos toda clase de disgustos y lances
-desagradables en que podamos arriesgar nuestra vida ... ¡Qué horrible
-soledad la del que vive sin este calor afectuoso que nunca falta,
-cuando acaso falta el de otras personas á quienes nada debemos y todo
-nos lo deben! Esto nunca se paga bastante, no se paga con nada ...
-¡Contar con una lealtad á prueba, á cambio de dinero! ¡Cuando todos
-nos engañan, saber que alguien no nos engaña nunca! ¡El prestamista! Y
-si alguna vez nos engaña, ¡qué sublime engaño! Es que nos rebaja los
-intereses ó nos perdona parte de la deuda ... No comprendo como haya
-quien hable mal de los prestamistas. El que no haya tenido acreedores,
-se morirá sin saber lo que es un verdadero afecto. Y el que antes de
-morir haya pagado todas sus deudas, ¿como podrá tener la seguridad de
-que alguien llora su muerte sinceramente.
-
- * * * * *
-
-La respetable señora que paró el sol de sus elegancias en las modas del
-segundo imperio, ve entrar á su nieta, moldeada en un vestido tanagra y
-no puede contener su espanto.
-
-—¡Jesús!
-
-—¿Qué te pasa, abuelita?
-
-—Nada. ¡Ese vestido, estas modas! ¡No puedo acostumbrarme!
-
-Una atrevida postura de la joven al sentarse, redobla el espanto de la
-abuela.
-
-—¡Si eso es como ir desnudas! Con estos trajes no podrán decir los
-hombres que se casen, que fueron engañados al matrimonio, respecto á lo
-físico ...
-
-—Es verdad; el miriñaque y el polisón eran más graciosos y más
-artísticos. No hay más que ver estos retratos ... ¡Como teníais valor
-para vestiros de ese modo!
-
-—¡Calla, calla! Esos trajes tenían un aire señorial que marcaban con
-solo el modo de llevarlos la diferencia de clases, de educación ... Eran
-imposibles las falsificaciones ... Pero ¡con estos! El aire «cocotte»
-predomina. ¡Cualquiera distingue á una señorita de ... las que no lo
-son! Esos trajes lo nivelan todo.
-
-—No lo creas,—responde la joven, dándose unos golpecitos en las
-caderas.
-
-—Y ¡eso de haber suprimido la ropa interior, para abultar lo menos
-posible! Eso ni es decente ni puede ser sano ...
-
-—¿Sientes la nostalgia del refajo, abuelita?...
-
-—¡No cruces las piernas de ese modo! ¡Jesús, Jesús! Pero, ¿no te ves
-en el espejo?
-
-—No veo nada de particular. Tu me has contado que muchas veces se os
-levantaba el miriñaque al ir á sentaros y dabais un espectáculo ...
-El abuelito contaba con mucha gracia que tía Vicenta en un baile de
-Palacio ... Gracias á que el abuelito era general, hablaba en un grupo
-cerca con sus ayudantes y muchos oficiales y mando formar el cuadro,
-mientras se reparaba el desperfecto ...
-
-—No se vió nada. Y, sin embargo, á tu pobre tía le costó una
-enfermedad. ¡No quiero pensar si con un traje de estos os ocurriera
-algo en la calle!
-
-—Pues nada, abuelita. Lo que sorprende es lo imprevisto ...
-
-—Pues eso es lo que debiérais tener en cuenta para no aceptar esa
-moda ... ¡Lo imprevisto! Ese es el secreto de la felicidad y del amor,
-por lo tanto. ¡Como habéis de inspirar amor si dejáis de inspirar
-curiosidad!
-
-—Queda el reino espiritual, abuelita ... En ese terreno todavía impera
-el miriñaque ... No hay vestido tanagra que moldee el corazón como el
-cuerpo de las mujeres ... Ahora, siquiera, no engañamos en cuestión de
-forma ...
-
-—No, de seguro ... ¡Jesús, Jesús! ¡Si eso es como ir desnudas!
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-XXIII
-
-
-En un teatro de Italia se ha ensayado el sistema de votación pacífica
-para que el público decida del éxito de las comedias, sin molestarse en
-aplaudir ó patear, según el argumento requiera. Pero como siempre que
-se pone el derecho de sufragio á disposición de un público, son más los
-que se han abstenido de ejercerlo, y el autor se ha quedado sin saber
-lo que opina la mayoría del público. Siempre he creído á despecho de
-los que abominan de la masa neutra, que esto de la abstención es una
-opinión tan respetable como cualquiera otra, lo mismo en política que
-en arte. ¿Hay que opinar de todo por fuerza? Hay muchas cosas de las
-que no puede decirse ni que sí ni que no, que ni están mal ni están
-bien, y acaso estarían mejor no estando de ninguna manera. A este
-respetable orden de cosas pertenece casi todo lo que es fundamento
-del tinglado social. Por instinto de conservación debemos impedir las
-votaciones decisivas.
-
- * * * * *
-
-Otra aplicación del sufragio universal al teatro es la que ha iniciado
-M. de Brieux modificando el desenlace de su nueva obra «Simone» á gusto
-del público.
-
-¿Que las obras, y sobre todo las teatrales, se escriben para el
-público? Indudable. ¿Que M. de Brieux estuvo en su perfecto derecho
-al procurar complacerle por todos los medios? Indudable también. Solo
-que cuando se usa de tal derecho y de tales procedimientos, no debe
-nadie, como el autor de «La toga roja», de «Maternidad» y de los
-famosos ...—¿estaría mal si tradujéramos «Averiados», puesto que de
-averías se trata?—presumir de autor que hace tribuna y cátedra del
-teatro para defender ideas y doctrinas humanitarias.
-
-Nada habría que decir de esos cambios y acomodos si se tratara de obras
-á lo Sardou. Y no ha sido Sardou, hagámosle justicia, de los autores
-menos intransigentes en sostener escenas y desenlaces contra las
-indicaciones de sus intérpretes y aún del gusto del público.
-
-Pero, francamente, que un autor de ideas pueda dar el mismo valor á
-las ideas opuestas, que un carácter humano pueda desenvolverse con la
-misma lógica en un sentido ó en el contrario, que Otelo pueda perdonar
-á Desdémona y que Yago pueda arrepentirse, todo sin más razón que el
-desagrado del público ... No se, pero aún autorizándome con el ejemplo
-de Ibsen, no me parece de una gran probidad artística.
-
-Asuntos hay en la realidad, y no digamos en la imaginación, en que
-sin detrimento de la verdad ni de la lógica, puede cualquier autor
-garantizarse el completo agrado del público. Pero una vez emprendido
-el camino de quitarle el hipo, no se debe retroceder ni rectificar.
-A más de esto, es no conocer al público el creer que agradece esas
-concesiones. El público es como las mujeres, sólo tolera los primeros
-atrevimientos con la condición de que se llegue á los últimos. Todo
-menos defraudar.
-
- * * * * *
-
-Cuando como el mejor pretexto para tirar un poco de la cuerda á la mala
-prensa—toda la de oposición, en el más amplio sentido de la frase,—se
-aduce el peligro del contagio que la publicidad puede producir en los
-crímenes del terrorismo, no se compagina el interés en conmemorar uno
-de esos crímenes con un monumento. ¿Puede darse mayor publicidad? Y
-de las cuatro caras del monumento, una para la piedad, otra para la
-execración, otra para la historia ... ¿no quedará una siquiera para la
-glorificación, cuando frente á el se encaren los de la idea?
-
-Hay cosas que mejor están olvidadas que recordadas de ninguna manera.
-Ese monumento, como los que recuerdan discordias civiles y luchas
-domésticas, no puede servir de ejemplo ni de enseñanza.
-
-¿Qué se pretende con ese inoportuno monumento? ¿Un alarde de
-monarquismo? Ahí esta el monumento á Alfonso XII esperando el óbolo de
-los más leales monárquicos. ¿Un alarde de piedad religiosa? Sufragios
-tiene la Iglesia que aplicar por las víctimas, sin olvidar al culpable,
-que para algo somos cristianos. Todo, menos ese monumento antipático,
-odioso, recuerdo perenne de algo que esta mejor no recordado.
-
- * * * * *
-
-Todos los años al empezar la temporada taurina leemos las mismas
-lamentaciones de los profesionales escritores taurinos:—¿Como? La
-empresa se olvida del buen torero fulano, un torero serio, un torero
-muy apañadito: es imperdonable que la empresa no de un lugar en el
-cartel de abono al simpático diestro mengano, que tan desgraciado ha
-estado siempre en esta plaza, pero á quien los verdaderos aficionados
-verían con gusto por su toreo serio ...—Esto de la seriedad es muy
-apreciado en el toreo.
-
-Sucede que la empresa suele conmoverse y atender los clamores de la
-opinión, y sucede que la tarde en que anuncia á esos diestros, la
-entrada no da ni para pagar las mulillas; sucede que el escaso público
-se aburre, y sucede que los mismos que clamaban por que la empresa
-diera un lugar en el cartel al torero serio y al torero apañadito,
-salen renegando de ellos y de la empresa que los contrato. Es que en el
-toreo como en la política hay quien sostiene la reputación á fuerza de
-fracasos. Por algo son los dos espectáculos más nacionales. La cuestión
-esta en fracasar seriamente. Y en esto de la seriedad el Quinito y
-Maura son insustituibles.
-
- * * * * *
-
-A Fígaro, como á Espronceda le ha llegado su hora de gloria. Si es
-cierto, como asegura un amigo mío, que cuando á un escritor le llega
-esa hora es señal de que ya no lo lee nadie, no hay por qué celebrar el
-tardío recuerdo, muy prematuro, si cuando más se recuerda al hombre más
-olvidadas están las obras.
-
-Pero, en fin, si recuerdo hubiere, Dios nos lo depare bueno, y sobre
-todo, para nada se tenga en cuenta los precedentes—¡nuestro gran
-tirano!—Hagan algo nuevo, y si á los precedentes hay que atenerse,
-cerca esta el de los admiradores de Tolstoï, que se disponen á celebrar
-el jubileo del gran escritor, publicando una copiosa edición de sus
-obras en todos los idiomas del mundo.
-
-Sin propagar previamente la lectura de sus obras, ¿podemos estar
-seguros de que el Larra más popular y conocido sea el primero de la
-dinastía, cuando existe el celebrado actor cómico del mismo nombre y
-apellido? Sin olvidar al aplaudido autor de «El barberillo de Lavapiés»
-y al no menos aplaudido autor de «La trapera»; todos ellos más
-populares y conocidos hoy que el inmortal Fígaro; para que los hombres
-graves puedan decir como el Rey Lear: «¡Take phisic pomp!» Y no
-traduzco, porque dentro de pocos días tendremos aquí una compañía de
-opereta inglesa y todos nos hemos de reir como si lo entendiéramos.
-
-A los partidarios de un idioma universal, les anticipo que las artistas
-son muy guapas. Tuve el gusto de verlas en Santos; el barco que las
-conducía á Buenos Aires hacia allí escala, y las lindas artistas se
-divertían en hacer un poco el muelle, y entre los negros cargadores
-y los traficantes del puerto, ellas, con sus más claros trajes y sus
-más rubias cabelleras daban una alegre nota de juventud y de belleza;
-la alegría del arte que pasaba por aquel hormiguero de traficantes y
-especuladores ... y ellas reían, reían, en la claridad de sus cabellos
-rubios, sus vestidos blancos y sus sombrillas rojas, reían con esa risa
-fresca y sana que hace parecer siempre niñas á las inglesas cuando
-pasan por tierras de sol y ellas son lindas.
-
- * * * * *
-
-La compañía de opereta inglesa ha sorprendido á muchos con su
-repertorio y con su manera. ¿Qué esperaban ustedes? ¿Es peor nuestro
-género chico? ¿Se convencen ustedes de como nuestro público es el
-más difícil de contentar, y eso que paga menos que ningún otro por
-divertirse en el teatro? No es que me parezca mal esta opereta inglesa,
-que desde luego supone un público bonachón, un público que ha trabajado
-y ha pensado seriamente durante la jornada y quiere distraerse con
-el menor esfuerzo intelectual posible. Es teatro para razas fuertes
-y trabajadoras. Sucede también que en estas razas fuertes están más
-especializadas las aptitudes y hay un respeto mutuo de unas profesiones
-á otras, que aquí desconocemos, porque aquí todos servimos ó creemos
-servir para todo. Aquí, el público se coloca siempre en actitud de
-superioridad sobre el autor. Cada uno tanto como vos, y todos juntos
-más que vos.
-
-Lo cierto es que por esos mundos teatrales el público se contenta con
-menos, y cuatro chistes bastan para decorar una obra cómica y una
-escena de fuerza para interesar en una obra dramática; de lo demás se
-encarga la belleza de las actrices, el decorado y el vestuario. ¡Pensar
-que aquí tenemos para ilustrar el género chico á un músico como Chapí
-que en otras partes sólo hubiera escrito grandes óperas, que muy
-contados entre los que las escriben por ahí pueden compararse con
-nuestro glorioso maestro! Y entre los libretistas son muchos, por
-graciosos y atinados observadores, por lo vario y fértil de su
-ingenio, los que pueden compararse sin menoscabo, con tanto y tanto
-«vaudevillista» de universal exportación y renombre.
-
-Mientras nuestro más selecto público procura convencerse de los
-encantos de la opereta inglesa,—el abono esta ya pagado y qué remedio
-sino apencar y divertirse,—y mientras en París, una de las obras
-maestras del teatro inglés—«Cándida», de Bernardo Shaw,—es acogida
-con el eterno desdén de los parisienses por todo lo extranjero,
-nuestro género chico, representado por «El pollo Tejada»—«Le beau
-Tejada»,—obtiene la más calurosa acogida.
-
-La música alegre de Quinito Valverde esta en París como en su casa.
-Bueno es que autores y músicos nos vayamos preparando para la
-emigración, porque como esa ley terrorista á todo llega y todo lo
-abarca, como el dedo de la Providencia, no digo un Calderón, autor
-dramático, hasta un calderón musical puede parecer subversivo.
-
- * * * * *
-
-Dice Nietzsche que el imperio—donde dice Imperio léase cualquier
-partido de fuerza,—mira en el fondo con gran simpatía al
-socialismo—léase cualquier partido más ó menos perturbador ó
-avanzado,—porque le da pretexto para extremar los medios de represión,
-en defensa del orden social que á todo gobierno esta encomendada.
-
-No diré yo que el terrorismo barcelonés fuera plato de gusto para el
-gobierno conservador, pero no ha sido mal pretexto para desatar de una
-vez toda su furia reaccionaria y sobre toda España, bien inocente y
-bien ajena á lo que en una determinada provincia ocurra.
-
-Si alguien dudaba que el terrorismo se había hecho reaccionario, bien
-puede convencerse ahora. Y no hay que fiar en las buenas palabras de
-estos conservadores al uso—harto ha confiado en ellas la opinión
-liberal del país,—con que pretenden convencernos de que no es para
-tanto ni la cosa es tan sería como parece; malo es dejar y permitir en
-manos de esta gente leyes de estira y afloja. Sobre todo, hora es ya
-de no permitir que entre los partidos reaccionarios y los liberales,
-suponiendo que los dos extremos constituyeran un mismo peligro para el
-orden conservador, no digamos social, todos los halagos, complacencias
-y mimos sean para los primeros, y todos los desdenes, represiones y
-alardes de fuerza contra los últimos. Tanto va el cántaro ...
-
-¿Son Rusia, Turquía y Marruecos, ejemplo de países civilizados ni de
-tranquilidad siquiera en sus esferas gubernamentales?
-
-¿Tan buen éxito tuvo el ensayo reaccionario en Portugal con estar algo
-más justificado que en España? ¿Qué situación excepcional del país
-reclama la aplicación de tantas leyes especiales? Porque una persona de
-la familia esté enferma, ¿es para sujetar á un plan curativo á toda la
-familia? Bastante es ya tolerar las impertinencias del enfermo, y mucho
-más cuando la enfermedad es nerviosa y hay tantos motivos para creer
-que de conveniencia.
-
- * * * * *
-
-¡Si á lo menos para compensación, lo que va en retrocesos espirituales
-fuera en adelantos materiales! Pero sí; una vez más el servicio de
-incendios ha demostrado que cuenta con todos los elementos más modernos
-y necesarios, exceptuando el agua, detalle sin importancia. De la
-recogida de pobres, como si nada hubiéramos hablado, porque al que no
-le molestan á cada paso, será porque no salga de su casa ó vaya en
-coche galoneado. Las calles mal barridas y peor regadas; el pavimento
-imitando á la naturaleza, y en todo así. Nuestros gobernantes no tienen
-siquiera la delicada atención de esas mujeres que cuando más engañan á
-su marido más procuran que no tenga que poner falta en el cuidado de
-la casa y de la comida. Yo se de algunos. ¡Seres egoístas y regalones!
-que por ver una población linda, con sus calles bien pavimentadas, sus
-jardines bien cuidados, las gentes limpias en su aspecto y urbanas en
-su trato, la policía y todos los servicios municipales de organización
-intachable, darían muy gustosos todas las conquistas de la libertad y
-de la democracia, sufragio universal, jurado, hasta la Constitución
-inclusive ... Pero la verdad, ¡tan abandonado y tan sucio todo y encima
-leyes terroristas! No hay derecho, señores, no hay derecho.
-
- * * * * *
-
-¡Quién te ha visto y quien te ve, corrida de Beneficencia! ¡Aquella
-famosa, entre todas, en que reapareció Frascuelo, después de no haber
-toreado por algún tiempo en Madrid! La víspera de la corrida la gente
-velo toda la noche en larga fila esperando la apertura del despacho de
-billetes. No bastaba el dinero sin buenas influencias para obtener una
-localidad preferente, un coche y un ramo de claveles.
-
-Por fortuna, en esta temporada, algo hemos tenido evocador de aquellos
-pasados entusiasmos. La corrida en que tan bien se esta toreando esa
-ley del terrorismo, bicho de mucho cuidado y sentido. Corrida que puede
-considerarse de beneficencia; que tan necesitada de ella estaba la
-pobrecita libertad española. Y gracias sean dadas á los sobresalientes
-lidiadores que con el mayor desinterés y entusiasmo se han prestado á
-torear en ella. Barcia, Grandmontagne, Iglesias, Dicenta, Costa y otros
-muchos, que han picado, banderilleado y estoqueado con arte supremo;
-sin olvidar el soberbio quite aguantando del maestro Burell; todo lo
-cual ha constituído una corrida inolvidable, bastante á compensarnos de
-las mojigangas y novilladas que presenciamos á diario.
-
-La intención de la empresa estaba vista; soltar unos toros que acabaran
-de una vez con los primeros espadas que no se presten á contratarse en
-las condiciones exigidas por el empresario. Pero la corrida quedó bien
-despachada, y por ahora, la empresa no se saldrá con la suya, y en el
-fondo, aunque se lastime un poco en su amor propio, debe alegrarse. Por
-ese camino íbamos á las corridas á la portuguesa.
-
- * * * * *
-
-¡Quién te ha visto y quien te ve también, paseo de coches del Retiro
-y de la Castellana, en estas tardes de primavera y entrada de verano!
-Eras una de las delicias madrileñas, con tus trenes de lujo á paso
-tranquilo, tus mujeres con alegres trajes y floridos sombreros que se
-dejaban ver en los milores y sociables. El automóvil ha atropellado con
-todo.
-
-La gente adinerada ha sustituído los arrogantes troncos de caballos,
-los coches señoriales, por el ruidoso artefacto mecánico. El coche de
-establecimiento, el de círculo y el alquilón democrático, quedan como
-campeones vencidos del arrastre de sangre. El paseo esta convertido en
-carretera, por donde entre nubes de polvo y de humo pestilente corren
-los automóviles como tren de viaje ó de guerra. No sabemos que admirar
-más, si la tolerancia de las autoridades consintiendo en el paseo
-automóviles que no sean eléctricos, si la paciencia de los que reciben
-polvo y humo, desde sus modestos carruajes ó la falta de ... diremos
-de buen gusto, de los que hacen carretera de un paseo por ostentar un
-lujo, que en este caso más parece economía; porque cada cosa en su
-lugar y el automóvil para una prisa. ¡Pero para dar unas vueltas en el
-Retiro ó la Castellana! ¿No tendrán un capítulo de esto esos libros que
-tratan del buen tono ó del arte de vivir en sociedad?
-
- * * * * *
-
-Lo poco que hable de la Exposición de pinturas, fué antes de haberla
-visto. Hoy, contra la opinión de muchos me atrevo á afirmar que no
-puede calificarse de insignificante una Exposición en que figuran—no
-cito otras obras de mérito—los cuadros de Romero Torres. No recuerdo á
-qué Exposición habría que remontarse para encontrar algo parecido. Las
-frases admirativas están mal gastadas por el abuso y no son obras que
-puedan elogiarse como se han elogiado tantas otras. Son piezas de
-museo; pero si á ese lugar son destinadas, no debe olvidarse que
-tenemos dos; uno, ¡ay! llamado moderno—aunque ya va pareciendo
-prehistórico,—y otro, el verdadero, el único, conocido en todo el
-mundo del arte y Madrid por el, como Museo del Prado. Si los cuadros
-de Romero Torres han de figurar entre sus iguales, solo en este Museo
-deben hallar lugar, sin temor al fallo de revisión de los venideros.
-
-¡Pero váyanle ó vénganle ustedes con exposiciones al señor público!
-Después del día de inauguración, en el que acude la concurrencia por
-motivos de curiosidad, ajenos al arte y sus vanidades, no hay sitio
-más á propósito para citas misteriosas y entrevistas reservadas, que
-cualquiera de nuestras exposiciones.
-
-De la de Pinturas, según nos afirman, ha ahuyentado al público bien,
-¡muy bien! la abundancia de desnudos. ¡Siquiera hubieran tenido los
-artistas la precaución de vestirlos con esos trajes directorio que
-empiezan á lucir nuestras elegantes!
-
-¡La moda de los trajes Directorio después de la moda de los trajes
-Imperio! ¿Tendrá esto su filosofía? Solo un Carlyle en un nuevo «Sartor
-Resartus» pudiera explicárnoslo ... Pero si la serie continúa de
-este modo en sentido inverso á ese paso regresivo, llegaremos á la
-Revolución. Todo, por supuesto, en las esferas modistiles y femeninas,
-que tocante á los hombres, paso la moda Imperio sin un Napoleón; pasará
-la Directorio sin un mal Barrás, y así todo ... La Historia, en su mayor
-parte, es hechura de sastres y modistas. Sin la variedad de trajes,
-¡sería tan difícil diferenciar los siglos unos de otros! ¡Modas en el
-vestir, modas en el pensar! Desnudos cuerpos y pensamientos ... ¡el
-hombre siempre el mismo!
-
- * * * * *
-
-El pasado día de la Ascensión fué en este año, con doble motivo, uno de
-los jueves que relumbran más que el sol, según canta la copla popular.
-Todo fué Ascensión; _sursum corda_ de los corazones liberales. Ni la
-corrida de toros con su cartel de Miura—casi en aniversario de la
-muerte del Espartero, hay que estar en todo ¡oh, empresarios!—pudo
-restar concurrencia y entusiasmo al _meeting_ del teatro de la
-Princesa. De Maura á Miura no va más que una letra, y desde luego
-había más confianza en los diestros que habían de lidiar el ganado del
-primero que en los anunciados para lidiar el del segundo.
-
-Plutocracia y Teocracia fueron bien despachadas. Si esta moderna
-Teocracia tuviera algo de común con la doctrina predicada por Cristo,
-El, que consideró más difícil el paso de un camello por el ojo de una
-aguja que la entrada de un rico en el reino de los cielos, no dejaría
-de sorprenderse al ver como á los mil novecientos ocho años de su
-nacimiento eran los ricos de este mundo los más decididos apóstoles de
-su doctrina.
-
- * * * * *
-
-Es natural; en una buena y cómoda posición puede esperarse más
-tranquilamente el reino de los cielos, y nadie más obligado á creer en
-el poder de lo divino que los que tantos favores han recibido de su
-bondad. Cuánto más ricos, más fervorosos creyentes. Los que pasaron
-su vida dando con el mazo, aunque no hayan dejado de rogar á Dios por
-eso, saben muy bien lo que razonablemente puede esperarse del trabajo
-honrado y del favor divino.
-
-Pero los que se hallaron en posesión de grandes riquezas, sin esfuerzo
-mayor de su parte, por cómodas herencias ó saneados negocios, de esos
-que se vienen á la mano, sin buscarlos muchas veces, ¿como no han
-de ver algo sobrenatural y milagroso en su suerte, y como no han de
-protestar contra los rebeldes y los inquietos que, mal hallados con el
-orden social, se atreven á pretender un arreglo más equitativo en las
-cosas del mundo, fiando algo más en el esfuerzo humano y un poco menos
-en la intervención divina? ¡Oh, gente impaciente y descreída! Como si
-todo no estuviera lo mejor posible y los hombres pudiéramos atrevernos
-á trastornar esta divina armonía del mundo.
-
-Para estos plutócratas la Teocracia es un punto de apoyo, no para
-mover, sino para inmovilizar el mundo.
-
-No es ninguna tontería la de los señores: Resignación, humildad, nada
-de rebeldías, nada de impaciencias ... Dios sabe dónde vamos y adónde
-nos lleva ... Esperemos, esperemos ...
-
-Todo esta bien: esperemos, pero ¿quieren ustedes cambiar de sitio?
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-XXIV
-
-
-Desde Juan Pablo Rubens, el magnífico pintor de los dioses paganos,
-no tuvo nación alguna por embajador á tan gran artista, como ahora la
-república de Nicaragua, en la persona de Rubén Darío.
-
-Mejor que de nación alguna, por noble y poderosa que fuera, quisiéramos
-verle embajador por derecho propio, del reino ideal de la Poesía, á
-este soberano poeta, rey mago de una región encantada, como Próspero en
-la isla prodigiosa de Caliban y Ariel.
-
-Y así ha de ser, que por mano de tal poeta nunca han de cruzarse
-enfadosas notas diplomáticas, sino mensajes de paz y salutaciones de
-amor.
-
-¡Por bien empleados todos nuestros triunfos y todos nuestros
-descalabros en tierra americana; por bien empleados, que por todo
-ello hoy nos vuelve con nuestra propia lengua tan alto poeta, como
-flor suprema de cuanto allí sembró nuestro espíritu en glorias y en
-tristezas.
-
- * * * * *
-
-Las compañías de opereta inglesa é italiana ofrecen al observador
-fecundo campo en comparaciones. Para que éstas no sean odiosas—hemos
-convenido en que las comparaciones son odiosas, mejor dicho, han
-convenido los que tienen que perder en ellas,—me limitaré á comparar
-estilo con estilo, _la manera_.
-
-En la opereta inglesa todo es candoroso, infantil; se canta, se
-baila, se salta, se corre, se abraza y se besa también, sin que el
-espectador más picardeado halle malicia en todo ello; es como juego de
-niños, todo alegría inocente, salud y vida. Y no es que las artistas
-escatimen ninguna exhibición; hay descotes valientes y piernas por
-el aire—verdad que tratándose de inglesas, muchas veces es difícil
-descubrir dónde acaba el aire y donde empiezan las piernas,—pero
-todo, ya digo, es como juego ó gimnasia, que aleja del espectador las
-sugestiones maliciosas. Es un espectáculo confortador, reconstituyente;
-sale uno del teatro con ganas de bailar, de saltar, más fuerte, más
-ágil y más alegre.
-
-En la opereta italiana, todo es sensualidad y maliciosa intención. Los
-artistas subrayan las frases más inocentes. Cuando una artista italiana
-dice: _Buona notte_, _arrivederci_, el espectador cree adivinar la
-promesa de una noche de amor, y así en todo; música, baile, todo
-es sensual, todo con ese doble sentido erótico, tan aguzado en los
-públicos latinos.
-
-No hay que decir si el éxito de una compañía italiana ha de ser siempre
-mayor entre nosotros que el de una compañía inglesa.
-
-Nuestra sensualidad no es nada pagana, no es de bellas formas y
-nobles ritmos de actitudes; es de desnudeces entrevistas, de frases
-intencionadas, de malicias equívocas ...
-
-La sensualidad de un pueblo de educación frailuna, que se ha bañado
-poco y en muchos siglos no ha sabido de más desnudeces que las de los
-Cristos crucificados, inquisitoriales y tétricos.
-
- * * * * *
-
-¡Tanto puede decirse en defensa y apología del automóvil! Aunque
-no le debiéramos más que el arreglo y mejora de muchas de nuestras
-carreteras, ya sería para celebrarlo. No diremos lo que contribuye
-al conocimiento de la geografía y topografía nacionales, al de
-las costumbres, necesidades y escaseces de pueblos y lugares casi
-desconocidos antes de quien debía conocerlos, que no toda España esta
-en sus capitales y ciudades de importancia, y mucho menos cuando se
-engalanan para fiestas.
-
-El automóvil es progreso y es civilización por donde pasa. Alguna vez,
-al pasar, atropella; cierta señal del progreso y la civilización que
-simboliza.
-
-Nunca, á lo menos, podrá decirse por el: A salvo esta el que repica;
-que si mucho han atropellado los automóviles, no han volcado menos, y
-si no han sido avaros de la seguridad ajena, tampoco lo han sido de la
-propia. Vaya en descargo de sus culpas.
-
-Lo peor del automóvil es que ha venido á ser juguete de «parvenus».
-El que viaja por necesidad ó por recreo, ya tiene buen cuidado de no
-estropear el viaje con imprudencias. Pero el que solo viaja á corre que
-te corre, sin que en ninguna parte le espere asunto que le importe, ni
-en el camino haya belleza natural ni edificio histórico que le
-interese, el que no tiene más satisfacción al llegar que poder decir:
-«Hemos venido en cinco horas, á 95 kilómetros por hora. ¿Qué les parece
-á ustedes?» esos terribles traga kilómetros son el mayor enemigo del
-automovilismo.
-
-El automóvil utilizado por el industrial, por el comerciante ó por
-personas de buen gusto para agradables é instructivas expediciones ...
-Pero, ¿cuántas son las personas de buen gusto que en España tienen
-dinero? Y el buen gusto sin dinero ... es una patarata, como diría algún
-solidario.
-
- * * * * *
-
-Yo insistiría, atendiendo la indicación de muchas personas, en lo del
-monumento á Chueca. En tan buena compañía como Mariano de Cávia, se
-puede ir gustoso á todas partes, hasta el fracaso. Pero dicho lo que se
-debía, á otros corresponde hacer lo que se debe, aunque se deba lo que
-se hace, como dijo el otro. Ni una vez lanzadas estas ideas—¡y ojalá
-pudiera darles uno la misma autoridad lanzándolas sin nombre!—conviene
-usufructuarlas demasiado. ¡Hay gentes tan suspicaces que pudieran creer
-tenía uno interés especial en aprovecharse, ó por lo menos en lucirse á
-su costa!
-
-Bien se yo que no basta con el primer aviso y que toda insistencia
-es poca para despertar entusiasmos tan dormidos. ¿Qué fué de los
-monumentos proyectados á Zorrilla, á Campoamor? Pero váyale usted
-con insistencias á nuestro publiquito. Mejor dicho, al público no;
-el verdadero público—nunca nos falte—sabe estimar las buenas
-intenciones. Me refiero á los maese Reparos, que si ya les molesta
-ver una firma con frecuente periodicidad, ¿qué será ello si además se
-repite el tema?—¿Ha visto usted? ¡Otra vez con la misma lata! ¡No hay
-paciencia!
-
-Estos maese Reparos son los mismos que en cuanto no ven la firma de
-uno en ocho días empiezan á decir que esta uno agotado. Los mismos,
-que si la prensa hubiera dejado pasar la ley del terrorismo, hubieran
-clamado:—¡Eh, qué prensa! ¡Vea usted, toda á los pies de Maura! Y
-apenas los periódicos llevaban tres días de campaña contra la ley, ya
-arrojaban el periódico desdeñosos: ¡Vaya! ¡Ya tenemos lata! ¡No saben
-hablar de otra cosa!
-
-No seré yo quien arrostre su enojo insistiendo en la idea del monumento
-á Chueca. Tienen la palabra más señores. Mejor dicho, palabras es lo
-que menos falta hace. Palabras sin dinero, patarata también. No dirá el
-Sr. Cambó que no le tengo entre mis clásicos.
-
- * * * * *
-
-Aquella discretísima azafata, cuyas memorias nos servía con tanta
-amenidad el buen Kasabal, no puede consolarse del cambio de los
-tiempos. Y con ella, aquellas castizas señoras madrileñas, fieles
-espectadoras de toda gala y de todo ceremonial cortesano, aquellas,
-tan bien conocidas de D. Benito Pérez Galdós, que sabían describir tan
-puntualísimamente las carrozas de corte, sus arneses y distintivos,
-aquellas que conocían á toda nuestra grandeza por sus nombres y caras,
-y no había para ellas mejor día que el de una jura, boda ó bautizo
-reales.
-
-¡Como comparar aquellos magníficos cortejos de pomposas carrozas,
-palafrenos empenachados, pelucas y casacones, por todo un Madrid! ¡que
-sólo Madrid es corte! con este ajetreo de ahora tan sin ceremonia, los
-automóviles por la carretera, las damas tocándose de prisa y corriendo,
-los caballeros sin tiempo ni sitio acomodado para colgarse bandas y
-cruces y hasta última hora, sin saber quien llevaría el mazapán, ni
-quien llevaría la vela ...
-
-¡Oh, tradiciones veneradas! ¡Oh, pompas! ¡Oh, grandezas! Las viejas
-azafatas lloran sin consuelo. Las bocinas de los automóviles las
-responden burlonas. El recién nacido sonríe á los tiempos nuevos.
-
- * * * * *
-
-No se comprende que la empresa de la Plaza de Toros madrileña haya
-puesto tantos obstáculos á la corrida llamada de la Prensa. Nadie más
-interesado que esa empresa en que dicha corrida se celebre en las más
-favorables condiciones. Si la corrida sale bien, sabido es que una
-buena corrida es el mejor cartel para las siguientes, y nada pierde la
-empresa con el buen sabor de boca del público. Si la corrida sale mala,
-¡ay! como suele verificarse, ¿dónde hallará mejor razón la empresa para
-protestar cuando á ella la censuren por sus malas corridas? ¿No será
-bueno que esos diablos de chicos de la Prensa aprendan en cabeza propia
-lo difícil que es organizar una corrida y divertir á un público que
-paga? Si con la flor de los toreros—salvo el capullo de Gaona,—si con
-toros escogidos y plaza nueva y camino regado, la corrida no dió mucho
-gusto, que digamos, ¿no prueba esto lo difícil que es garantizar la
-diversión en fiestas de toros, siendo el arte y valor de los toreros y
-el coraje de los toros imposibles de contratar para fecha determinada?
-Por eso creo que nadie más interesado que las empresas en que sus
-críticos sean, una vez al año, por lo menos, empresarios. Si en todas
-las esferas sociales fuera posible de cuando en cuando este cambio
-de papeles, la indulgencia, la tolerancia y la benevolencia mutuas,
-florecerían naturalmente en los corazones.
-
-¡Ah! Si cada espectador de una corrida hubiera sido una vez siquiera
-empresario, otra presidente, otra torero, otra caballo y otra toro,
-¿quien se atrevería á llamar ¡ladrón! al empresario, ¡burro! al
-presidente, ¡maleta! al torero, y mucho menos á pedir banderillas de
-fuego?
-
- * * * * *
-
-El proverbio francés: «Les absents ont toujours tort», no reza en
-modo alguno con nosotros, que nunca hacemos mejor papel que cuando
-nos ausentamos. Dígalo el entusiasmo conque nuestros marinos han sido
-recibidos en la Habana. No hay idea del amor que nos tienen en toda la
-América española, desde que solo nos queda allí el reino de las almas.
-¿No es el, bien mirado todo, el inmortal seguro de que nos hablo el
-poeta?
-
-¿Sabremos colonizar mejor estos espirituales dominios que supimos
-colonizar los materiales? ¿Todo quedará reducido á luminarias, brindis
-y salutaciones?
-
-Ahora somos nosotros los que debemos desear más que nadie la libertad
-de Cuba, que yendo para libre se quedó en protegida; cosa tan triste,
-como ir para santo y quedarse en beato.
-
-Pero cuando Cuba haya conquistado por completo su independencia y haya
-aprendido á gobernarse por sí misma, ¿no será la peor señal de que ha
-dejado de ser española?
-
-El día en que esas hijas nuestras tengan juicio, no las va á conocer su
-madre.
-
- * * * * *
-
-Con las más persuasivas razones quieren convencernos de que ese
-proyecto de administración local es, si no la felicidad completa,
-que no es de este mundo, ni siquiera dividiéndole en regiones, lo
-más parecido á la felicidad. Quieren, además, persuadirnos de que el
-más amplio espíritu liberal lo informa, y siendo así no se comprende
-la tenaz oposición de los elementos liberales á que el proyecto sea
-ley. Y puede que todo sea verdad, pero, ¡«velay» ustedes! Nadie tiene
-la culpa de que la opinión liberal esté tan desconfiada que de manos
-conservadoras y solidarias, de cien vueltas al duro antes de tomarlo.
-
-Las cosas son buenas ó malas por sí. ¿Quién lo duda? Pero como la
-opinión general, de la que todos vivimos, no suele ir tan al fondo y se
-detiene en la forma, y la forma en este caso deja tanto que desear ...
-
-¡Oh, la manera! No es nada y es todo. En esta superficialísima región
-central, corte del reino de la Bagatela, en este Madrid del chiste y de
-la broma, nos pagamos tanto de la manera! Si los catalanistas creen que
-nos asustamos de lo que piden, están equivocados; nadie se asusta ...
-Nos desagrada la manera de pedirlo.
-
-En cuanto viéramos en ellos alguna indicación que pareciera de un
-camino hacia Europa, por allí iríamos con ellos ...
-
-Pero hasta ahora, ¿qué hemos visto? Lo mismo que por aquí, con peores
-maneras. ¡Oh, la manera.
-
-Con la culta Atenas á todas partes; con la ruda Esparta, con la áspera
-Beocia, á ninguna; mejor estamos en Bizancio.
-
-¿Por qué son tan poco áticas las maneras de los catalanistas? ¡Oh, la
-manera, la manera! parece nada y es todo.
-
- * * * * *
-
-Desde Buenos Aires me envían con gran constancia un interesante
-periódico—_El Zoófilo Argentino_,—dedicado como el nombre indica,
-á la defensa y protección de los animales. Ese periódico y sus
-propagandistas tienen todas mis simpatías. Como es natural, su campaña,
-contra las corridas de toros es incesante, y como á escritor español,
-en todos los números que me envían vienen señalados con lápiz rojo
-los artículos impugnadores de nuestra fiesta. ¿A quien predican
-ustedes? Los argumentos en contra son muy razonables, cuando no se
-fundan en estadísticas caprichosas, como el relacionar la proporción
-de criminalidad en una provincia con el número de corridas de toros
-celebradas en ella.
-
-Que en Madrid haya más delitos y que también haya más corridas,
-es natural porque también hay mayor número de habitantes. Que en
-Barcelona—ya pareció la oreja catalanista—haya menos delitos y menos
-corridas, tampoco es cierto. Justamente, es la única capital en que
-existen dos grandes plazas que funcionan constantemente; y en cuánto
-á delitos ... con los del terrorismo basta para deducir consecuencias.
-Que en lugares de escasa población haya pocos delitos, es tan natural
-como que haya pocas corridas. De modo que toda esa sólida argumentación
-basada en la estadística, es ... líquido, como dice el banderillero
-socialista de «Sangre y arena».
-
-Pero no se apuren los zoófilos argentinos; sin que las estadísticas
-nos convenzan, las corridas de toros se caen por sí solas. Es cuestión
-de tiempo, de evolución. Si faltarán otros síntomas de su decadencia,
-bastaría con ver el número de plazas nuevas en los alrededores de
-Madrid. No hay quien tenga el ojo de nuestros empresarios para perder
-el dinero. ¿Que la gente se cansa ya del cinematógrafo? Pues ya se
-sabe, un cinematógrafo en cada esquina. ¿Que el género chico empieza á
-estar agotado? Pues género chico en todos los teatros. Los empresarios
-no han comprendido todavía que el secreto no esta en ofrecer al público
-lo que le gusta, sino lo que le gustará. Plaza de toros en Madrid,
-plaza en Carabanchel, plaza en Tetuán, plaza en las Ventas ... ¿Qué
-mejor propaganda contra las corridas de toros?
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-XXV
-
-
-Las impresiones que recibimos de niños, influyen sobre nuestro espíritu
-para toda la vida. ¿Qué deberán pensar esas tiernas criaturas tan
-traídas y llevadas en estos días alrededor de la estatua de Mendizábal?
-Sus maestros, autoridad respetable: Es preciso que vayáis, niños míos,
-á ofrecer el homenaje del porvenir, que sois vosotros, al grande
-hombre, al hombre glorioso ... Y el gobierno, autoridad suprema que
-dice: No dejéis á los niños que se acerquen; esas manifestaciones son
-peligrosas en edad temprana; exponer á los niños á los rigores del
-calor, de las apreturas, de la oratoria progresista ... Además, ¿quien
-os ha dicho que Mendizábal fuera tan grande hombre? ¿Porque tenga una
-estatua en la plazuela del Progreso?
-
-Esa estatua, mantenida sobre el pedestal gracias á la tolerancia sin
-límites de los muchos gobiernos conservadores que no se han dignado
-concederla ninguna importancia, significa muy poco. La historia no ha
-juzgado todavía y la moda ... ¡Ah! La moda nos dijo hace tiempo que el
-figurín progresista era de lo más cursi, y ninguna persona distinguida
-se atrevería hoy á presentarse en público con la capa de Mendizábal. No
-saben muchos de los que así hablan, que acaso en el infierno, círculo
-de los hipócritas, les aguardan aquellas capas de plomo con que el
-poeta florentino vió pasar abrumados á los más célebres antecesores
-de Tartufo. Pero, ¿qué pensarán los niños? De un lado, sus maestros;
-de otro, el gobierno ... Un hombre que merece una estatua y no merece
-un homenaje ... Para comprender la situación de esas criaturas hay que
-recordar cuando alguna vez en nuestra infancia, al anunciarse una
-visita en nuestra casa, olmos murmurar:
-
-—¡Ahí esta ese señor tan antipático!—Y cuando nosotros, mal
-prevenidos, le mirábamos de reojo, alguno nos decía:—Vamos, da un
-besito á este caballero, que es muy bueno y te quiere mucho ... Y estas
-primeras impresiones que recibimos de niños, influyen sobre toda la
-vida ... No se debe decir á los niños que un señor es antipático, cuando
-después hay que decirles que le besen. No se deben levantar estatuas
-cuando después hay que prohibir á las nuevas generaciones que las
-saluden con respeto.
-
- * * * * *
-
-Las vacaciones del veraneo ... ¡Si fueran tales vacaciones! ¡Pero son
-descanso para tan pocos! ¿Quién puede decir que deja sus cuidados,
-sus preocupaciones, sus afanes, al tomar el tren ó el automóvil que
-ha de llevarle lejos de todo menos de sí mismo? El hombre político á
-esperar los periódicos y á prodigarse en declaraciones y conferencias,
-la dama elegante á fatigar su belleza en bailes, comidas, excursiones,
-«flirts», á lucir media docena de «toilettes» por día, á lanzar un
-atrevido «tanagra», ya que el desnudo artístico ha sido sancionado
-por los tribunales franceses; el _sportsman_ á continuar pendiente
-del «poney» de polo, del balandro, del automóvil y del tapete verde,
-el escritor á exprimir los sesos por estupendas crónicas, artículos,
-comedias; el hombre de negocios á pensar en la futura escuadra,
-en una nueva emisión de duros sevillanos, en los que se arruinan
-con el veraneo, en las fincas de posible hipoteca; los novios en
-llenar pliegos de papel, si ausentes; si juntos, en continuar las
-interminables charlas de cuello vuelto, el «allumage» sin escape de
-gases, tan perjudicial á los motores ... Las esposas á desesperarse
-porque el marido gasta mucho, y los maridos á rabiar porque la mujer
-despilfarra. Y los pocos que pretenden descansar y olvidarse de todo,
-los contados que cambian en absoluto de vida, ¿no son aquellos para
-quienes se definió el veraneo: «Los ocho primeros días descansa uno del
-cansancio, los siguientes se cansa uno de descansar»?
-
-Si observamos la terraza del casino en cualquier playa elegante, basta
-comprender lo que es el veraneo para muchos. De una parte, el mar; de
-otra, la fachada del Casino: gente que pasa y entra y sale ... Todos se
-sientan de espaldas al mar, que con razón murmura más que nunca, pero
-no tanto como los que le vuelven la espalda.
-
- * * * * *
-
-La exhibición de desnudeces en los escenarios de París trae alarmados
-á los que no asisten nunca á los teatros. Fué siempre condición humana
-la de preocuparnos más por la paja ajena que por la viga propia. Los
-tribunales intervinieron con un tacto exquisito. El teatro y las
-«cocottes» son instituciones en París muy respetables, para que la
-misma justicia no se mire mucho antes de dar un fallo que pueda
-disminuirlas en sus prestigios. Y así fué en este caso, mejor dicho
-en estos dos casos, pues fueron dos los sometidos á sentencia. En uno
-de ellos la absolución fué completa y con todos los pronunciamientos
-favorables: se trataba de arte, arte puro; los desnudos eran vivas
-esculturas, pero la carne no es menos sagrada que el mármol cuando la
-carne copia del mármol blancura y reposo. En el otro caso, ya hubo que
-estrechar la manga de la toga. Los desnudos ya se animaban, ya no era
-posible confundirlos con estatuas, ya pasaban á cuadros y demasiado
-vivos. En la moralidad hay grados. Primero, la escultura sin color y
-sin movimiento; después, la pintura, que se anima con colores; por
-último, la carne viva con toda la expresión del color y del movimiento.
-Mientras la carne copia á la estatua, vamos pasando; si llega al
-cuadro, fruncimos el entrecejo ... pero si se empeña en ser carne, ya no
-podemos tolerarlo.
-
-La estática, buena; la dinámica, mala: esto es lo que han fallado los
-jueces. Al contrario de muchos medicamentos, en el teatro puede usarse
-el desnudo, pero sin agitarlo.
-
-¿Qué dirá el público de nuestros teatros sicalípticos, en donde anda el
-movimiento más que nada y por el movimiento se disimulan algún tanto
-anatomías nada esculturales y muy poco pictóricas? ¿Qué dirán los
-insaciables del molinete y de la cadera?
-
-Todo no puede tenerse en este mundo. Ya lo saben las apreciables
-tiples. No se puede ser á un tiempo mármol y artista. La que tenga
-más de lo primero, que se contente con ser material de estatua: no se
-mueva, no hable, no cante sobre todo. La que presuma de lo segundo,
-sienta todo y lo mejor que pueda, subraye los equívocos, de á las
-coplillas la intención posible, que si en ellas mienta la escarola ó la
-lechuga ó la chocolatera ó el molinillo, la sola enunciación de dichas
-hortalizas ó utensilios abre á la imaginación de los espectadores
-horizontes ilimitados ... Todo es arte; pero ya lo han sentenciado los
-jueces franceses y antes lo había sentenciado el buen gusto: lo que no
-se puede es promiscuar.
-
- * * * * *
-
-Acostumbrados á que las guerras de los marroquíes acaben siempre
-con pirámides de cabezas cortadas, mutilaciones crueles, cuando más
-dulcemente, por cadenas y mazmorras, esta de ahora entre los dos
-hermanos ha parecido poética y caballeresca relación del Romancero
-morisco. De tal modo, que á cuántos conocen la tortuosa sencillez del
-espíritu moruno, más que lucha entre hermanos parece juego de compadres.
-
-No es el «Quítate tu, para ponerme yo» de otras guerras y luchas
-fratricidas, sino el «Yo no puedo quitarme á esos franceses; á ver
-como tu me los quitas». Por lo pronto, se abre un compás de espera y
-de expectación. Pueblo que sabe esperar sentado á ver pasar el cadáver
-de su enemigo por delante de su casa, sabrá esperar con calma en esta
-ocasión; mucho más, cuando la silla la ofrece el kaiser, y cuando lo
-que ha de ser esta escrito ... en la conferencia de Algeciras. Pero
-se ha volcado el tintero, y aunque todo esté escrito, tardará en
-descifrarse. Para esto de echar borrones sobre la correcta escritura
-de la diplomacia europea, se pintan solos los moritos. Veremos si ese
-borrón es cuenta nueva, si basta con el papel secante, ó si el gran
-emperador vuelca toda la salvadera, y entonces sí que podrá decir
-Francia, alterando nuestro refrán: «De aquellos lodos, vienen estos
-polvos». ¡Con tal que no nos pongan perdidos las salpicaduras!
-
-Como al desfallecido de estómago, por insuficiente alimentación, solo
-el olor de la comida le produce mareos, así á los españoles, tan
-desfallecidos de toda clase de receptáculos, estómago, bolsillo, etc.,
-por fuerza ha de producirles mareos y vértigos y delirios, nada más que
-el olor de esa cifra fantástica de millones, destinados al principio
-del proemio del prólogo de nuestra futura escuadra.
-
-No es extraño que el concurso haya inspirado tanta curiosidad y
-despertado tantas emociones como el sorteo de Navidad. El gordo valía
-la pena. Sin embargo, ¿será cosa de compadecer á los agraciados? Me
-decía una vez el propietario explotador de uno de esos admirables
-Tíos-vivos, que tan bien simbolizan la marcha de la humanidad: Mire
-usted, esto podía ser un negocio. ¡Pero si viera usted! Para que
-esta máquina ande, ¡hay que untar tantas ruedas! Que la licencia del
-Ayuntamiento, que el inspector del distrito, que el alcalde de barrio,
-que los guardias, que si se quejó un vecino y hay que callarle ...
-Crea usted que si me queda una vuelta en limpio me doy por contento.
-Guardando las debidas proporciones, bien puede ser que esto de la
-escuadra no sea negocio más saneado que el del Tío-vivo, y los
-envidiados concesionarios sean al fin más dignos de lástima que de
-envidia.
-
-Entre tanto, hay quien no contribuye á las cargas del Estado con más
-de una peseta de cédula, y anda por esos corrillos vociferando como si
-los millones de la escuadra se los sacaran á el íntegros del bolsillo.
-¿Han visto ustedes? ¡qué modo de esquilmar al contribuyente! ¡No se
-puede vivir en este país! ¡Eche usted millones! ¿Y de dónde salen esos
-millones; ¿quieren ustedes decirme? Y el hombre se congestiona como si
-acabara de entregar el cheque.
-
-No, no hay razón para quejarse. Aún los mayores contribuyentes, piensen
-como son muchas cosas las que el Estado les da por muy poco dinero. ¡No
-digamos los de la cédula de á peseta y los que ni cédula pagan! Y ellos
-tienen calles y paseos para esparcirse, alumbrado, museos, iglesias
-donde pasar el rato; disfrutan de suntuosos espectáculos, como desfiles
-de corte, revistas militares, procesiones; todo mejor presentado que en
-cualquier teatro ó cinematógrafo y por menos dinero.
-
-Y estos barcos de ahora, digo de mañana, ¿no son también baratísimos?
-Si la canalización del Manzanares permite que lleguen un día, siquiera
-hasta la Florida ... Solo el gusto de verlos no se paga. Y no hay duda,
-una buena escuadra y un buen ejército son las mejores garantías de paz.
-Con buena ropa tiene uno más cuidado de no meterse en pendencias, por
-no estropearla. Sobre todo, cuando no se tiene más que lo puesto.
-
- * * * * *
-
-Anuncié que la prohibición de las capeas traería algunos disgustos,
-como se ha verificado. Es lo que tienen esas leyes de gabinete, tan
-bien intencionadas como desconocedoras del terreno en que han de
-cumplirse.
-
-La capea más bárbara no perturbará nunca tanto la vida de un lugar,
-como esas colisiones entre la Guardia civil y los lugareños, que dejan
-un rastro de odios y de venganzas para muchas generaciones.
-
-Ya lo dije; no se ha tenido en cuenta que en muchos pueblos, la fiesta
-es la capea, y suprimida falta el pretexto para ir de los pueblos
-comarcanos, y falta la alegría y falta el dinero.
-
-Y entre los mozos del pueblo, que por necesidad han de manejar todo el
-año vacas y toros, y por gusto los torean un día, y los señoritos de la
-ciudad, que sin aplicación ninguna á sus necesidades, matan pichones
-estúpidamente ... Dígase quien es más disculpable.
-
-Civilizar por reales órdenes es muy cómodo y muy fácil. Queda prohibido
-comer patatas. ¿Y qué comemos? dirán los que no tienen otra cosa. Todos
-los españoles se bañarán diariamente. ¿Y donde no hay agua bastante
-para beber siquiera?
-
-Los ministros dan leyes desde su gabinete, la «claque» aplaude. ¡Oh,
-qué ley tan sabia! En el terreno ya es otra cosa, ya es la Guardia
-civil, ya es el Mauser ... El orden ha quedado restablecido. ¡Que se lo
-pregunten á los muertos y á sus familias! Es la civilización que pasa.
-¡Si hubiera pasado antes en otra forma!
-
-¡Mucha Guardia civil para impedir capeas y ni un mal inspector para
-copar partidas de monte y otros recreos en esos casinos burgueses y
-aristocráticos! La ley no puede estar en todas partes.
-
-Además, la capea es cosa de bárbaros, lo otro, de pillos. ¡Aún hay
-clases!
-
- * * * * *
-
-El automóvil ha matado el veraneo estacionario; ya no se esta en
-ninguna parte, se va de una parte á otra; del almuerzo al te, del te á
-la comida, de la comida á la fiesta, y de la fiesta al descanso; ya no
-son horas, sino kilómetros. La racha ó el _tierce á tout_, empezados á
-jugar en San Sebastián, se continúa en Biarritz y quiebra en Luchón. El
-_flirt_, iniciado en Cestona, termina en Bigorre, sobre todo para los
-acompañantes y testigos, que en esto de _flirts_, de llevar la cestona
-ó ponerle á uno el bigorre—¡chistes de verano!—no se sale nunca.
-
-De este continuo ajetreo, que convierte el veraneo en una especie de
-_toboggan_, se lamentan en primer lugar los que no tienen dinero para
-hacer lo mismo; después, los que sólo van á un sitio con el deseo de
-cultivar, fomentar y adquirir relaciones, allá para el invierno. Pero
-sucede que cuando los periódicos le han dicho á usted que en tales
-aguas ó en tal playa están las duquesas de tal y cual, y las marquesas
-de esto y de lo otro, y las distinguidas señoras de más acá y de más
-allá, y el ilustre hombre público y el conocido _sportsman_, y cuando
-llega usted con la lengua fuera para ofrecerles sus respetos y alternar
-con ellos, siquiera en las correspondencias periodísticas, ya todos se
-han dispersado en alas del _taf-taf_ maldecido. ¡Es para desesperarse!
-
-Se lamentan también las madres de hijas casaderas: el automóvil es
-todo lo más el amor que pasa, pero rara vez es el marido que queda. Se
-lamentan los fondistas y hosteleros, aunque estos sin razón, porque
-ellos bien saben practicar el refrán: «Al ave de paso cañazo». Pero
-no sólo del libro de caja vive el hombre, y á ellos les agrada contar
-con una selecta clientela fija que decore el libro de oro de su
-establecimiento.
-
-La única verdad de estas andanzas es que se ha subido el veraneo, y
-las modestas familias que esperaban hacer algún papel instalándose por
-una temporada en las sillas más visibles del bulevar de San Sebastián,
-tienen que resignarse, como las señoritas que veranean en pueblecillos
-y bajan á la estación todas las tardes por ver pasar los trenes, á ver
-pasar también el gran tren de lujo, que no se detiene á saludarlas ni
-siquiera se fija en ellas. ¡Haga usted sacrificios para esto!
-
-El progreso es cruel. Adelanta mucho ... el que tiene dinero para
-adelantarse; los demás van quedando cada vez más rezagados y más
-tristes. Unos van por el mundo en el tren de lujo; los otros son
-los maquinistas, los fogoneros, los guarda-agujas, los que trabajan
-para que el tren de unos pocos pueda llevarles con seguridad á sus
-placeres ... Luego quedan las señoritas del pueblo, que ven pasar con
-envidia á las elegantes viajeras; la pobre gente de los lugares que ni
-siquiera concibe adónde puede irse con tanto lujo, y queda, por fin,
-el perro, ese perro sucio y humilde que se pasea siempre por todas las
-estaciones por si cae algún resto de las meriendas. Los perros conocen
-muy bien el corazón humano. Saben que de los trenes de lujo sale
-siempre una voz femenina que dice: ¡Pobre perro! Voy á echarle este
-pedazo de jamón y este panecillo.
-
-En los otros trenes nadie se acuerda del perro; y si algún corazón
-sensible procura socorrerle, no falta quien lo estorbe:—¡Deje usted
-al perro! Cuando veamos á un pobre le daremos lo que ha sobrado de la
-merienda.
-
-De ahí la simpatía de los perros por los trenes de lujo y por la
-gente rica. ¡Quién sabe! Acaso estos pobres perros hambrientos que
-se alimentan con las sobras de las meriendas, sean una fuerza para
-contener la revolución social.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-XXVI
-
-
-La ópera del Circo merece todas las simpatías; ponerla «Africana»
-al precio de la «Cachunda», á más de ponerla en su justo precio, es
-empresa laudable. ¡Cuando se piensa que Meyerbeer fué juzgado en sus
-tiempos como un gran revolucionario de la música! Algo así, para
-los italianistas de entonces como lo que había de ser Wagner años
-después. El acaudalado israelita hubiera sido un excelente compositor
-de operetas. ¡Qué deliciosos libros y qué deliciosas partituras las
-de «Hugonotes», «Africana» y «Roberto el Diablo», tratados en cómico!
-Por eso Meyerbeer, que tan buena pareja hizo con Scribe, como Puccini,
-en la actualidad, con Sardou, cuando anduvo más cerca de acertar
-fué en «La estrella del Norte» y en «Dinorah». ¡Qué tiempos, cuando
-«Los Hugonotes» eran la ópera capital para nuestro público, pieza de
-concurso obligada para tenores y tiples dramáticas!
-
-«La Africana», bilingüe, del Circo, adquiere algo de ese carácter
-cómico que hubiera hecho por completo su fortuna. ¡Son tan divertidas
-las aventuras de Vasco de Gama y sus indios!
-
-De la moral, ya sabemos que gana mucho en la ópera con ser cantada
-y en italiano; pero del arte, no sabemos que gane gran cosa con la
-castellanización de la letra; si castellano puede llamarse esa especie
-de Esperanto en que suele traducirse las óperas.
-
-Aparte lo indiferente del idioma para la mayoría de los cantantes,
-que en vez de vocalizar, se enfangan con las palabras, sin que sea
-posible entenderles nunca una sola; yo creo que á la amplitud de
-líneas dramáticas de la ópera, conviene mejor un idioma extraño, que
-dejándonos percibir el sentimiento de la acción dramática, aleje de
-la imaginación toda idea prosaica, con frases y palabras vulgares,
-desgastadas y pervertidas por el uso corriente.
-
-Por algo la Iglesia católica, gran maestra en psicología de las
-multitudes, conserva el latín en sus ceremonias litúrgicas. ¿Nos
-impondría tanto el Miserere, cantado en castellano? Si entendiéramos
-de la misa la media, ¿no asomaría alguna vez á los más devotos labios,
-sonrisa irreverente, evocada por alguna palabra de esas, que como suele
-decirse, nos hace pensar en otra cosa? Bien esta la ópera en italiano;
-aunque según va siendo moda en los teatros, pronto será una torre de
-Babel cada ópera, y cada artista cantara en lo que mejor sepa y pueda;
-uno en italiano, otro en francés, otro en alemán, otro en ruso ...
-Y para el caso será lo mismo. Yo he oído muchas veces «Marina» en
-castellano, y si me preguntan ustedes el argumento me vería en un apuro
-para contárselo. Como decía un buen señor, supongo que será el de todas
-las óperas; la tiple y el tenor se quieren, el barítono se opone y al
-bajo le es indiferente.
-
- * * * * *
-
-Con motivo de unas apreciaciones, publicadas en _The Times_, sobre
-Madrid y el carácter madrileño, se ha puesto una vez más en evidencia
-lo inconsistente de esos juicios sintéticos de viajero, en los que rara
-vez se conoce ó quiere conocerse el favorecido ó desfavorecido, según
-los casos.
-
-Eso de englobar á todo un pueblo en juicios tan rotundos como estos: el
-inglés es frío y correcto, el parisiense es afable y espiritual, el
-español es valiente y caballeroso ... Y llega usted á Londres y
-lo primero que se encuentra es un buen golpe de curdas de lo más
-incorrecto, y en París, con un cochero, que no es precisamente un
-Anatole France, y en España ... encuentra usted de todo, como en
-todas partes. No hay virtudes, ni vicios, ni gracias, ni desgracias,
-patrimonio exclusivo de ningún pueblo. Además, cada uno habla de la
-feria según le va en ella, y si esto es así, aún entre los naturales,
-¿qué no será con los extranjeros, cuyo juicio puede estar influído por
-tantos accidentes? Desde la comodidad del alojamiento y la calidad de
-los alimentos, hasta las relaciones sociales que haya cultivado por su
-profesión ó por sus aficiones ¿puede hablar lo mismo de un pueblo el
-que haya tratado con preferencia á sus clases comerciales, que el que
-haya tratado á sus artistas ó á sus políticos ó á sus militares?
-
-El periodista inglés se lamenta de que los madrileños nos preocupemos
-más por los asuntos más ligeros. Aparte de que todo esta en todo y de
-lo más ligero puede desentrañarse la más profunda filosofía, ¿no se
-ha preocupado nunca toda Inglaterra por un boxeador ó por un caballo
-de carreras ó el famoso elefante Jumlo? Y los graves alemanes, tan
-entusiasmados, del kaiser abajo, con el travieso zapatero que tan
-graciosamente supo burlarse de respetables autoridades?
-
-El articulista dice también que el madrileño tiene muy buen humor.
-¿Buen humor? Aquí donde todo el mundo gruñe y protesta y discute por
-todo y se dice mil groserías y cada uno lleva dentro un inquisidorcillo
-que quisiera imponer en todo su modo de pensar y su regla de
-conducta ... ¿Buen humor en Madrid? Hay poco dinero para eso. Por lo
-visto el articulista asistió á una junta de accionistas del Banco ó á
-la tertulia del ministro de la Gobernación.
-
- * * * * *
-
-Sucede en esto del veraneo, que los últimos en marcharse son los
-primeros en regresar. Los que no se han movido de Madrid, los miran con
-cierto desprecio. Para el caso, tanto da no haber salido como volver
-antes que la gente «chic». Justamente lo aristocrático del veraneo es
-la coda, que supone dinero de largo; la estación otoñal en Biarritz, la
-excursión á París en busca de los últimos figurines y de los primeros
-estrenos ... Todo lo que no sea volver á Madrid envueltos en pieles, con
-los baúles llenos de modelos y con noticias de la «première» de Donnay
-ó de Capús, es degradarse.
-
-¡Y andan algunas personas respetables tan afanadas por ver de animar
-Madrid con fiestas y bullas! ¿No ven ustedes que la gente pudiente solo
-viene á Madrid á hacer economías? Su única gracia es tener dinero y se
-lo dejan por ahí; aquí solo nos traen religiosidad, que cuando se gasta
-el dinero va también para Roma ... ¡Como que no saben en Barcelona la
-ganga que tiene Madrid con ser la capital de España!
-
- * * * * *
-
-Nuestro querido amigo y compañero—como escriben en las dedicatorias
-de sus obras, los autores eminentes que quieren halagar á un autor
-novel,—Guillermo II, ha tenido un brillante éxito, en el baile de gran
-espectáculo «Sardanápalo», estrenado en Berlín.
-
-Ningún género teatral, tan propio para ser cultivado por un emperador,
-como este de los grandes bailables pantomímicos, tan parecidos por la
-precisión de evoluciones á las maniobras militares. Género, además,
-en que huelga toda literatura, género sin palabras inútiles, en que
-todo ha de explicarse por la acción misma; género de todo punto
-imperialista, en una palabra.
-
-Ahora, si reparamos en que la elección de personaje tan decadente y
-desfalleciente, como el sibarita Sardanápalo, más parece en los gustos
-de un Luis de Baviera que en los de un Guillermo de toda Alemania ...
-
-Claro es que un Alejandro Magno, un Aníbal, un Julio César, no se
-prestan á pasos de bailes. Y ¡quien sabe si Guillermo II no ha puesto
-en su obra una delicada ironía y una saludable advertencia! ¿No hay
-en los desfallecimientos del mundo moderno, mucho de sardanapalesco?
-¿No es el Imperio Germánico, el gran mantenedor de energías, el gran
-director de baile, cuya imperiosa voz de mando hace danzar á todos?
-Pero, ¿quien tendrá razón al final de las humanas danzas que han de
-terminar todas en una general danza macabra? Solo el hecho de haberse
-acordado un Guillermo II de un Sardanápalo, para héroe de su obra, nos
-dice la obsesión interior de muchas cosas que aparentamos aborrecer
-exteriormente, pero que en el fondo admiramos ... Moralizar, es querer
-convencernos de que no debemos admirarlas; pero si no las admirásemos
-no tendríamos por qué moralizar. ¡Arde Sardanápalo en su pira!
-Moralicemos ... Todos, chicos ó grandes, hemos quemado á fuego lento
-nuestro Sardanápalo; unos por falta de medios para sostener sus vicios,
-otros por falta de valor; pero de cuando en cuando Sardanápalo surge;
-unas veces en una obra de arte, como el poema de Byron; otras, en un
-baile de gran espectáculo, como el del emperador Guillermo II.
-
- * * * * *
-
-Una de las amenidades del verano para los que no veranean, es leer
-las revistas de toros y confrontar las versiones de los distintos
-corresponsales de provincias. En nada se muestra tanto la falibilidad,
-no ya de los juicios humanos, de los mismos sentidos corporales. Donde
-uno dice magistral faena, el otro dice: faena desdichada por la torpeza
-del torero, y el otro: deslucida por las malas condiciones del toro.
-Donde uno dice: volapié magno; el otro dice: bajonazo ignominioso, y el
-otro: bajonazo, precedido de siete pinchazos.
-
-Yo no creo que las simpatías personales por este ó el otro diestro,
-puedan modificar hasta ese punto las apreciaciones. Prefiero
-atribuirlo, como dije, á error de la vista. De todos modos, debiera
-evitarse esa disparidad de visiones. El asunto, salvo para las
-futuras crónicas de las grandes figuras del toreo, no es de gran
-transcendencia. Pero hay gentes suspicaces que por los pequeños asuntos
-juzgan de los grandes y no falta quien diga: ¡Ah! la prensa; aquí
-tienen ustedes, si en estas cosas tan claras, que entran por los ojos
-de miles de personas, dice cada uno lo que le parece, ¿qué será en
-otros asuntos? ¡Cualquiera se fía!
-
-Todos estamos interesados en sostener el prestigio de una institución
-que cuenta con muchos fieles. No hagamos vacilar la fe de los creyentes
-ni perdamos del todo la de los indecisos. ¡Ah! las menudencias, las
-pequeñeces, parecen nada y son un mundo. Yo conocía una señora muy
-buena cristiana y muy devota, que de pronto dejó de ir á misa y
-renunció á toda práctica religiosa. Pero, ¿qué es eso? la preguntaban
-sus amigos ... Usted, tan buena cristiana ...
-
-—No me digan ustedes; ya no creo en nada; no vuelvo á poner los pies
-en una iglesia ...
-
-—Pero, ¿ha leído usted algún libro, se ha hecho usted protestante?...
-
-—Nada de eso. Es que el otro día tuve una cuestión con un monaguillo.
-
-En esto, como en todo, ¡cuántas veces se pierde la fe, no por dudar
-del dogma, ni de verdades fundamentales, sino por haber tenido unas
-palabras con un monaguillo!
-
-Conviene juzgar con imparcialidad á los toreros, para que el público no
-pueda dudar de la imparcialidad con que se juzga á los que torean al
-país.
-
- * * * * *
-
-Se juzgó siempre triste destino el del actor, el cantante y el
-instrumentista, porque al morir sólo dejan el recuerdo de su arte, sin
-otro testimonio de su gloria que la opinión de los contemporáneos.
-
-Por algún tiempo, aún son muchos los que pueden decir: Nosotros le
-hemos oído. Después, son unos pocos, algún anciano, reacio á nuevas
-admiraciones, que pretende consolarse de lo que el no verá, con lo que
-ha visto, y hay que oirle decir con fervorosa devoción, como testigo
-electo de un milagro: ¡Yo le oí, señores, yo le oí! Y ponderar
-definitivo: ¡No volverá á oirse nada semejante! Después ... ya no queda
-ninguna voz viva que atestigüe la razón de la gloria; solo queda la
-crónica escrita para asegurar la inmortalidad.
-
-¿Triste? No; ¡envidiable destino! ¿Puede haber gloria más espiritual
-que esta que solo deja el destello de un nombre glorioso? Toda la obra
-es el nombre mismo. Toda su fama esta encerrada en ese nombre, como en
-urna preciosa, de más segura permanencia que monumento cimentado en
-obras.
-
-¡Las obras! ¿No hemos visto por ellas al aquilatarse muchas glorias,
-obscurecerse unas, desaparecer otras? En cambio, estos nombres sin
-obra, van ganando en estimación cada día y los juicios de la posteridad
-nada podrán sobre ellos. Por ellos tal vez, á pesar del automóvil y
-del aeroplano, pensamos alguna vez con tristeza si no habremos nacido
-demasiado tarde. Por ellos también nos envidiarán en lo venidero.
-¿Quién nos quitará, sobre las generaciones futuras, sobre la eternidad
-del tiempo, la gloria de estos recuerdos, quizás los únicos sin sombra
-de tristeza en nuestra vida efímera? ¡Oimos á Julián Gayarre, oimos á
-Adelina Patti, oimos á Sarasate, oimos la voz de oro de Sarah y la
-admiramos, reina de la actitud y princesa del gesto, como la proclama
-el poeta: nos conmovió Leonora Dusse, dolorosa del Arte!... Y la gracia
-de esas divinas voces, que al callarse callarán para siempre, es algo
-muy nuestro, porque ya otros no volverán á escucharlas, y la emoción
-que nos causaron será eterna de toda eternidad en lo humano: porque esa
-emoción es todo lo que queda de su arte, y ¿quien podrá decir en lo
-futuro, que ese arte no valía la pena de emocionarnos, si su obra es
-solo un nombre y ese nombre es nuestra emoción eternizada?
-
- * * * * *
-
-¡La buena Prensa! ¡La mala Prensa! Que si la buena no se lee y la mala
-cuenta por millares sus lectores ... Esto me recuerda algo que ocurría
-hace años, y creo que sigue ocurriendo, en una capital de provincia,
-que no he de nombrar, pero que bien pudiera no hallarse muy lejos de
-donde en la actualidad se discute tan calurosamente la cuestión de la
-buena y de la mala Prensa. Sucedía que eran allí dos comerciantes del
-mismo apellido y los dos en géneros comestibles, y de los dos, el
-uno era excelente persona, muy cristiano, muy buen esposo, muy buen
-padre, y hasta dicen que pesaba corrido. Era el otro persona de mala
-reputación y peores costumbres y mal mirado por todos; pero, por
-cuanto, los géneros que expendía eran siempre de lo más selecto,
-mientras los del primero eran de calidad muy inferior. Y nadie sabe las
-confusiones que esto originaba á cada paso. Decían las señoras á sus
-criadas: ¿De dónde ha traído usted este chocolate tan detestable?—De
-casa de Fulano.—¿Cuál de ellos? ¿el bueno ó el malo?—El que la señora
-dice que es tan bueno.—Es que ese es el malo, el bueno es el otro ...
-¡nunca acabarás de entenderlo!—Que es lo mismo que les sucede á los
-lectores con la Prensa; la buena, que es la mala; la mala, que es
-la buena ... Si los de la buena, que es la mala, procuran mejorar el
-género, quizás los lectores de la mala, que es la buena, se decidieran
-á leerla.
-
-FIN DE LA 1.^a SERIE
-
-
-
-
- * * * * * *
-
-
-
-
-Notas del Transcriptor:
-
- Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.
-
- Errores obvios de imprenta han sido corregidos.
-
- Páginas en blanco han sido eliminadas.
-
-
-
-***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; CRÓNICAS, PRIMERA
-PARTE (DE 5)***
-
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-<body>
-<h1>The Project Gutenberg eBook, De Sobremesa; crónicas, Primera Parte (de
-5), by Jacinto Benavente</h1>
-<p>This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States
-and most other parts of the world at no cost and with almost no
-restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it
-under the terms of the Project Gutenberg License included with this
-eBook or online at <a
-href="http://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you are not
-located in the United States, you'll have to check the laws of the
-country where you are located before using this ebook.</p>
-<p>Title: De Sobremesa; crónicas, Primera Parte (de 5)</p>
-<p>Author: Jacinto Benavente</p>
-<p>Release Date: March 5, 2017 [eBook #54283]</p>
-<p>Language: Spanish</p>
-<p>Character set encoding: UTF-8</p>
-<p>***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; CRóNICAS, PRIMERA PARTE (DE 5)***</p>
-<p>&nbsp;</p>
-<h4>E-text prepared by Josep Cols Canals, Paul Marshall,<br />
- and the Online Distributed Proofreading Team<br />
- (<a href="http://www.pgdp.net">http://www.pgdp.net</a>)<br />
- from page images generously made available by<br />
- Internet Archive<br />
- (<a href="https://archive.org">https://archive.org</a>)</h4>
-<p>&nbsp;</p>
-<table border="0" style="background-color: #ccccff;margin: 0 auto;" cellpadding="10">
- <tr>
- <td valign="top">
- Note:
- </td>
- <td>
- Images of the original pages are available through
- Internet Archive. See
- <a href="https://archive.org/details/desobremesacrn01bena">
- https://archive.org/details/desobremesacrn01bena</a>
- </td>
- </tr>
-</table>
-<p>&nbsp;</p>
-<hr class="full" />
-<p>&nbsp;</p>
-<p>&nbsp;</p>
-<p>&nbsp;</p>
-
-<div class="figcenter covernote">
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-</div>
-<p class="f120 ws8"><b>Jacinto Benavente</b></p>
-<h1><i>De Sobremesa</i></h1>
-<p class="f90 space-below3"><b>CRÓNICAS</b></p>
-<hr class="r25" />
-<p class="center">MADRID<br />LIBRERÍA DE FERNANDO FÉ<br />Puerta del Sol, 15<br /><br />1910</p>
-<p class="center space-below3">
- ES PROPIEDAD.—DERECHOS RESERVADOS<br />
- MADRID.—Imprenta Española, calle del Olivar, 8</p>
-
-<div class="figcenter">
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-</div>
-
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_5" id="Page_5">[5]</a></span>
- <h2>PRÓLOGO</h2>
-</div>
-
-<div>
- <img class="drop-cap" src="images/drop-m.jpg" width="100" height="123" alt="M" />
-</div>
-<p class="drop-letter drop-cap">Muchas y celebres conversaciones de sobremesa pasaron á la Historia
-ilustradas con grandes nombres, y aún grandes acontecimientos de la
-Historia se decidieron entre la <i>poir et le fromage</i>. De la panza sale
-la danza, y esta danza del bien comer, danza de la vida, como aquellas
-famosas danzas de la muerte, evocadas por poetas y pintores en la Edad
-Media, á nadie excusa de danzar y todos hacen en ella su mudanza, unos
-con gentileza y garbo, otros con más presunción que gracia; otros sin
-una ni otra, tímidos y encogidos; pero todos al mismo son, que es la
-armonía bien concertada de la vida que nunca pierde el compás, aunque
-puede parecerlo alguna vez—á los que más atiendan al moverse de los
-danzantes humanos que al son de la música divina.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_6" id="Page_6">[6]</a></span>
-Suelen ser mis comensales, muchas veces un periódico, revista ó libro,
-sostenido entre la copa y el plato, cosa mal vista de los higienistas,
-pero no se que más pueda perturbar la digestión, una lectura agradable
-que un impertinente compañero de mesa ó que una orquesta próxima, así
-sea la banda de alabarderos. Otras veces mis comensales son de las más
-variadas condiciones y procedencias, y de todo se charla y de todo se
-opina con la mayor disparidad de criterio, que no soy yo hombre de
-compromisos políticos ni artísticos, ni mucho menos morales, para no
-permitir la libre emisión de todos los disparates. Son juicios orales
-sin reo y sin sentencia: personas y cosas son llamados á el, solo como
-testigos y al final es siempre la absolución, sin más costas que haber
-amenizado la sobremesa. Y he aquí, que como al terminar la comida
-recoge el doméstico las migajas materiales, recojo yo las migajas del
-alimento espiritual, que son estas charlas de sobremesa en que de todo
-se habla, de todo se opina y nada se condena. Y para que nunca nos
-falte qué comer ni de qué hablar, empecemos piadosamente diciendo: el
-pan nuestro de cada día dánosle hoy ...</p>
-
-<div class="figcenter">
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-</div>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
- <p class="f150 space-above2"><b>DE SOBREMESA</b></p>
- <span class="pagenum"><a name="Page_7" id="Page_7">[7]</a></span>
- <h2>I</h2>
-</div>
-
-<p>Bizancio anda revuelto; del circo sale la revolución, pero no se trata
-de guiadores de carros, sino de bailarinas; no de verdes y azules,
-sino de verdes y más verdes. Ya lo dijo un moralista: lo desnudo no es
-indecente, sino lo «remangado»; y estos renacimientos paganos que de
-cuando en cuando florecen en nuestros teatros, no son más que un puro
-«remangarse». No es la Venus de Milo la diosa majestuosa que preside en
-sus altares, no; la Venus de Milo oculta sus piernas y no tiene brazos,
-y en esta ocasión piernas y brazos (¡oh Pepita Sevilla!) han sido los
-perturbadores. ¿A quien culparemos? ¿A empresas y autores, que dirán
-seguramente: el público lo pide? ¡ay, no! El público es como los niños:
-sólo pide lo que le enseñan; eso sí, como los niños también, cuando
-<span class="pagenum"><a name="Page_8" id="Page_8">[8]</a></span>
-pide, siempre pide más, y empresas y autores son maternales. ¿Los
-artistas? Recuerdo siempre una plegaria con aire de tango que cantaba
-la bella Belén en sus tiempos, y era sólo la expresión poética de un
-deseo prosaico:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i2">¡Padre nuestro que estas en los cielos!</span>
-<span class="i0">¿Por qué no me das mil duros de renta,</span>
-<span class="i0">y la pobre Belén estaría sentada en su casa</span>
-<span class="i12">tomando la cuenta?</span>
-</div></div></div>
-
-<p>El público reía y pedía: ¡más, más! Seguramente en tres mil pesetas
-hubiera podido dejarse la petición por no servirle más de juguete.
-¿Verdad que hay aplausos que deben sonar como bofetadas? ¡Pobres
-mujeres! ¡Acaso las bofetadas de su casa les hacen preferir esos
-aplausos del público!</p>
-
-<p>¡El público! El público también es digno de compasión. En sus bramidos
-bestiales, no hay alegría ni voluptuosidad; no es la admiración
-desinteresada ó satisfecha á la belleza y á la gracia, es el rugido del
-hambre, hambre de carne en todas sus manifestaciones; son las mismas
-caras que se observa ante los escaparates de los «restaurants» ó casas
-de comidas; no es la sonrisa plácida del sultán ante las danzas de sus
-<span class="pagenum"><a name="Page_9" id="Page_9">[9]</a></span>
-favoritas, es la burla del eunuco ó la rabia del esclavo ante lo que
-nunca fué ni será para ellos. Un conjunto lastimoso al que solo pone
-la nota ridícula, la autoridad en clase de «encargada», encargada de
-que no haya escándalo en el barrio. Como siempre, para los efectos
-muy solícita, para las causas ... Las causas que las estudien los
-moralistas, los literatos, los periodistas; los que gobiernan sólo
-están para prohibir y para castigar.
-<span class="pagenum"><a name="Page_10" id="Page_10">[10]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter">
- <img src="images/detail02.jpg" alt="_" width="80" height="74" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span>
- <h2>II</h2>
-</div>
-
-<p>Una querida amiga viene á visitarme después de misa y se convida á
-almorzar conmigo. Es una casada joven que no se preocupa para nada del
-feminismo, porque hace mucho tiempo que ella se ha conquistado, por sí
-y para sí, todos los privilegios femeninos y masculinos. (No hay como
-la neutralidad en esta lucha de sexos).</p>
-
-<p>El principal objeto de su visita es preguntarme quien hace los
-sombreros á Rosario Pino.</p>
-
-<p>—¿Se los traen de París, como las comedias?</p>
-
-<p>—No lo se. Vivo alejado de los teatros; no se nada de comedias ni de
-sombreros.</p>
-
-<p>Mi amiga encuentra deliciosas las comedias francesas y admirables los
-sombreros de Rosario Pino.</p>
-
-<p>¡Ah! una mujer no cuidará nunca bastante su sombrero. El vestido puede
-engañarnos respecto á la clase y condición social de una mujer, el
-<span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span>
-sombrero no engaña nunca. Desde que las señoras asisten sin sombrero
-á los teatros, es más difícil distinguir de personas. Nos dirían que
-tal señora no es la señora sino su cocinera, y lo creeríamos. Con
-el sombrero no hay equivocación. Mi amiga se atreve á descubrir en
-cualquier reunión de mujeres, sólo por el sombrero, á una «cocotte»
-entre cien señoras, y viceversa. (Aunque el orden de factores altera
-el producto, no altera la habilidad adivinatoria de mi amiga). Y del
-mismo modo se atreve á clasificar á las idealistas, á las de sentido
-práctico, á las rebeldes, á las resignadas ... (Esto me hace reparar en
-el sombrero de mi amiga, que es, en efecto, un ¡viva la anarquía!).</p>
-
-<p>Hablamos de otras cosas; de la temporada del Real que ha terminado. Le
-preguntó si ha oído cantar á Anselmi, y cuando espero oir un elogio del
-«bel canto» italiano que hiciera las delicias de Arana como empresario
-retrospectivo, me deja atónito con un grito del corazón, vibrante como
-un «sí» de la Barrientos ... ¡Qué hombre tan guapo!</p>
-
-<p>—¿Quién?</p>
-
-<p>—Anselmi.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span>
-—Canta con mucho gusto—insinúo, para encauzar la conversación, por respeto
-al criado que nos sirve.</p>
-
-<p>—¡Guapísimo!—insiste con una valentía irrebatible.</p>
-
-<p>—Dicen que volverán á traérselo á ustedes para el año que viene.</p>
-
-<p>—¿Cree usted que no habrá perdido voz?</p>
-
-<p>—Si dependiera de ustedes, amiga mía. Pero creo que no; esos tenores
-se cuidan mucho.</p>
-
-<p>—¡Demasiado!—suspira con ingenuidad.</p>
-
-<p>Procuro informarme de sus aficiones musicales; si comprende á Wagner,
-si prefiere las óperas modernas, si ...</p>
-
-<p>—Mire usted—me interrumpe.—La ópera es lo de menos. Anselmi con el
-traje de Lohengrín, me haría soportar á Wagner.</p>
-
-<p>—Sí, en efecto. La música entra mucho por los ojos.</p>
-
-<p>Un santo bonito, un rey joven y un artista de buena figura, harán
-siempre mucho por la Religión, por la Monarquía y por el Arte.</p>
-
-<p>Cambia el tema.</p>
-
-<p>—¿Qué le parece á usted de la «moción» que las solteras de Dublín han
-elevado á la virreina de Irlanda, lamentándose de que las casadas de por
-allá se traen un toreo que no deja colocarse en suerte á un soltero?
-<span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span></p>
-
-<p>—Me parece que antes que las solteras, debían haberse querellado los
-maridos de las acusadas, y no á la virreina precisamente.</p>
-
-<p>—¿Cree usted que aquí sucede algo semejante, y á eso se deba la
-abundancia de solteras sin acomodo?</p>
-
-<p>—¿Aquí? Aquí debíamos ser las casadas las que nos quejáramos de que el
-coro de vírgenes no nos deja en paz á los maridos.</p>
-
-<p>Y me refiere unas cuántas historias tan escabrosas, tan escabrosas, que
-no puede por menos de creerse que son verdaderas.</p>
-
-<p>—Ahí tiene usted asuntos para unas cuántas comedias.</p>
-
-<p>—¿Para sábados blancos? ¿Le parece á usted? ¿No es el día de las solteras?</p>
-
-<p>—¿Usted sabe el origen de los sábados blancos?</p>
-
-<p>—No. Cuéntemelo usted. Con usted siempre se aprende.</p>
-
-<p>—Eso me dice todo el mundo. Verá usted. Es muy verosímil.
-<span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span></p>
-
-<p>Una señora distinguidísima, opulenta belleza á lo Rubens, mamá de dos
-espirituales «Boticellis», padecía con tanta frecuencia de jaquecas,
-que apenas asistía á teatros ni á reuniones, y para no privar de
-asistir á sus hijas, las confiaba á la autoridad de una señora de
-compañía muy garantizada, á quien tenía muy recomendado que si alguna
-vez en el teatro, la comedia representada no era de la más absoluta
-moralidad, se llevara á las niñas inmediatamente. Sucedió que una
-noche, apenas levantado el telón, la primera actriz anuncio tan
-resueltamente la decisión de engañar á su marido, que no había duda de
-que así sucedería, á más tardar, en el segundo acto.</p>
-
-<p>La buena señora creyó lo más conveniente levantarse y salir del
-teatro con el mayor ruido posible, para marcar bien su desagrado.
-Las muchachas hubieran querido terminar la noche en cualquier otro
-espectáculo, pero la señora rabiaba por hacer presente á la mamá su
-escrupuloso celo, y más que aprisa se las llevo á casa ... en mala hora,
-porque la mamá, ante tan inesperado retorno, apenas tuvo tiempo de
-esconder la verdadera antipirina de sus jaquecas, que era un íntimo
-amigo. Y para que no volviera á suceder tal percance, al día siguiente
-<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span>
-escribió al director del teatro: Distinguido señor: Como las obras que
-se representan en su teatro, no siempre son de una moralidad y una
-sana tendencia que puedan inspirar confianza á una madre celosa de no
-ofrecer á sus hijas como recreo un espectáculo peligroso, de acuerdo
-con otras distinguidas amigas en el mismo caso, ruego á usted fije un
-día de abono en que todas, absolutamente todas las obras, puedan ser
-vistas por nuestras hijas.</p>
-
-<p>El director, amable, sometió á la censura de las celosas madres la flor
-de azahar de su repertorio, las celosas madres aprobaron ... Y ese fué
-el origen de los sábados blancos ... en París. Aquí siguieron por moda.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>—Una huelga, un albañil muerto ...</p>
-
-<p>—No hablemos de eso. Son cosas inevitables, viejas como el mundo, hoy
-recrudecidas por la falta de creencias.</p>
-
-<p>—¿De quien?</p>
-
-<p>—De unos y de otros.
-<span class="pagenum"><a name="Page_17" id="Page_17">[17]</a></span></p>
-
-<p>—Diga usted de unos, porque los otros en algo deben creer todavía. Les
-han dicho: No matarás, y no matan. Les han dicho: No te matarás, y no
-se dejan morir de hambre. Les han dicho: Ganarás el pan con el sudor
-de tu frente, y eso es lo que no pueden obedecer, porque trabajar sí
-trabajan, pero no ganan el pan, y eso es lo triste.</p>
-
-<p>—Yo creí que ya se había usted curado del sarampión socialista que
-todos los escritores y políticos de estos tiempos han padecido con
-mayor ó menor intensidad.</p>
-
-<p>—Sí, en efecto. Fué como sarampión. ¡Oh! muy benigno. Escritores y
-políticos buscaban en la idea socialista un medio fácil de atraer hacia
-ellos el aura popular. Paso la moda; los burgueses fruncieron pronto el
-ceño, aterrados por el fantasma anarquista, y escritores y políticos
-tornaron hacia el sol que todavía calienta.</p>
-
-<p>El anarquismo, con ser el mayor antagonista del socialismo, proyecta
-sobre éste su sombra fatídica, que confunde á los dos para la opinión
-vulgar en el mismo espanto.</p>
-
-<p>Si en la región de las ideas todas son admisibles, y acaso las más
-avanzadas son las más necesarias, porque impidiendo la «calma chicha»
-de los espíritus, agitan, renuevan y fecundan, en el terreno práctico,
-<span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span>
-una idea extremada es el mayor enemigo de una idea razonable. Por eso
-cuando halléis un fanático en un partido, sospechad siempre si estará
-de acuerdo con el partido contrario. No dijo ningún disparate el que
-dijo que el santo es el mayor enemigo de la religión.</p>
-
-<p>Muchas veces se disfrazan de grandes ideales ideas muy pequeñas. El
-anarquismo, no hay duda, quiere un mundo transformado y perfecto, pero
-con sus intransigencias estorba el andar reposado del socialismo hacia
-ese mundo ideal. Desconfiemos de los grandes ideales y atengámonos á
-los pequeños.</p>
-
-<p>Como esos que dicen: Yo no soy español, soy algo más; soy ciudadano
-del mundo.</p>
-
-<p>Tened por seguro que en el fondo es un regionalista que solo quiere ser
-ciudadano de su pueblo, y si es posible, vecino de su calle.</p>
-
-<p>Por ser ciudadanos del mundo antes que españoles, regionalistas y
-anarquistas se confunden á veces, y entre la idea chica y la idea
-grande, estorban el andar de la vida, que no tolera empujones hacia
-adelante ni tirones hacia atrás de violentos ni de fanáticos, sino que
-va, va siempre, segura, majestuosa, al paso reposado y firme de los
-hombres de buena voluntad.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span>
- <h2>III</h2>
-</div>
-
-<p>Se de una linda marquesa, por blasón de su hermosura, rayos de sol en
-campo de rosas, de pura elegancia española—única elegancia femenina á
-la que sientan bien todas las elegancias, lo mismo las de Van-Dyck que
-las de Watteau, que las de Gainsborough que las de nuestro Goya—que al
-salir del estreno de «Daniel» decía á sus amigos:</p>
-
-<p>—Esta obra sólo puede gustar á los que no tienen una peseta ó no
-tienen vergüenza.</p>
-
-<p>¿Una peseta ó vergüenza? ¡Pícara peseta! En qué poco ha estado que la
-obra no gustara por completo á cierto público.</p>
-
-<p>¡Oh gentil marquesa, como aquellas de Versalles, más inconscientes ó
-más atrevidas al representar con su reina y en la misma corte, «Las
-Bodas de Fígaro», como si las burlas no fueran también amenazas; el
-autor de «Daniel» no tuvo consideración con vosotras. Ha recargado de
-<span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span>
-negrura su obra, ¿verdad? Esas cosas no pasan en la vida ó por lo menos
-pasan de tarde en tarde. ¿No es eso? Los ricos no son tan malos ni los
-pobres tan desgraciados. Lo dices tu, lo dice la crítica. Sí, Dicenta
-ha recargado los colores.</p>
-
-<p>Suaves tintas de acuarela son las de ese embarque de emigrantes de que
-pocos días después supimos. La realidad ha sido el mejor crítico de la
-obra de Dicenta.</p>
-
-<p>¡Oh, qué lindo <i>embarquement pour Cythere</i>, como aquel de Watteau,
-el de ese barco de miseria, de dolor y de muerte! ¡Oh, qué propio asunto
-para ser cantado en rimas ricas y metros dislocados por algún exquisito
-poeta de los del Arte por el Arte y caiga el que caiga!</p>
-
-<p>¡Heliópolis! ¿Puede darse más bello nombre para un barco florido,
-bogador siempre por mares azules hacia tierras de sol y de alegría?</p>
-
-<p>Dice un crítico, que desde Edipo no se ha presentado en el teatro un
-personaje sobre el que tantas desdichas se acumulen como sobre Daniel.
-Sí, son muchas desdichas para un solo hombre si fuera un hombre solo.
-Pero Daniel es algo más: no es un hombre, son muchos, son muchas
-generaciones; sus desdichas no son las que caben en unas horas de
-<span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span>
-representación teatral: son las de muchos siglos, las de muchas vidas.
-Y lo mismo la crueldad, la fuerza y la indiferencia de los otros.</p>
-
-<p>La visión amplia, abarcadora de Dicenta concentra lo esparcido. ¿No es
-un derecho del artista? La gentil marquesa estaba también en su derecho
-al distraer cuanto podía su atención de la obra y á juzgarla con frase
-ligera y desdeñosa. Pero la crítica, no; la crítica ante la obra de
-Arte tiene otros deberes que las lindas marquesas.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Los artistas lamentan de continuo la falta de ambiente artístico,
-increpan al filisteo y al beocio, que no sienten ni admiran, como los
-artistas quisieran, la artística belleza, y cuando ellos tratan de
-glorificar á otro artista no se les ocurre sino vulgaridades del más
-prosaico burguesismo: el insustituible banquete á siete cincuenta,
-la abominable estatua á cincuenta mil pesetas, la velada teatral ó
-académica. ¿No habrá un poco de fantasía, señores artistas? ¡A ver si
-<i>pué</i> ser!—como dicen los chulos.
-<span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span></p>
-
-<p>La escultura conmemorativa moderna, aplicada á políticos, escritores
-y demás señores civiles, es francamente horrible. Si el escultor se
-atiene á la realidad, un señor de levita ó gabán parecerá siempre
-una figura de cera sin colores; si mezcla lo real con lo ideal, la
-mezcolanza no es menos detestable: el buen señor rodeado de ninfas ó
-genios desnudos hace la más triste figura. Recuerdo la estatua del gran
-Eça de Queiroz en Lisboa, bailando un vals <i>renversée</i> con la Verdad
-desnuda entre sus brazos; todo ello como interpretación escultórica del
-lema literario del escritor: Sobre la fuerte desnudez de la verdad el
-velo diáfano de la fantasía.</p>
-
-<p>No sospechaba artista de tan delicado gusto como Eça de Queiroz, que
-tan al pie de la letra iban á tomarse sus palabras como esculturales.</p>
-
-<p>Quédese la estatua para perpetuar cuerpos bellos y bellas actitudes, y
-de los grandes hombres que triunfaron por el espíritu, perpetúese el
-espíritu en copiosas y artísticas ediciones de sus obras. De este modo
-llegará su espíritu á todas partes y será la inmortalidad mejor que una
-estatua ridícula ante la cual el hombre del vulgo preguntará ignorante:
-¿Quién será este? Para que su mujer le responda: ¿No lo ves? Un tío muy feo.
-<span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Bombita regresa triunfador de Méjico, Madrid y Sevilla le reciben con
-aclamaciones.</p>
-
-<p>Los hombres graves exclaman una vez más: ¡Qué país este! Y otros
-hombres que no parecen graves, porque nada les parece tan antipático
-como las jeremiadas de esos que no encuentran mejor forma de
-patriotismo que abominar por todo de su patria, decimos y creemos: Que
-por muchos años vayan nuestros toreros á Méjico y por muchos años sean
-allí aplaudidos, que peor señal de los tiempos sería para España si una
-ley en idioma extranjero hubiera prohibido las corridas de toros en aquellas tierras.
-<span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter">
- <img src="images/detail03.jpg" alt="_" width="75" height="74" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[25]</a></span>
- <h2>IV</h2>
-</div>
-
-<p>Pérez Galdós es siempre admirable: terminados sus cuarenta Episodios;
-después de haber estudiado para escribirlos, mejor dicho, después
-de haber vivido para revivirlos, toda la historia contemporánea de
-España con toda su lastimosa política, en lugar de quedar fatigado,
-desilusionado y, si se quiere, empachado, con la mayor ilusión del
-mundo—¿no se presenta como candidato republicano?—se lanza á la
-política activa.</p>
-
-<p>Y es que Galdós, nuestro único gran historiador, al escribir
-sus Episodios, ha podido comprender como nadie que, sobre todas
-las desventuras de la patria, sobre sus luchas civiles y sus
-pronunciamientos, y las intrigas de camarilla y de partido, sobre
-Carlos IV, y Godoy, y Fernando VII, y Calomarde, y Espartero, y Narváez
-y todas las clases directoras que tan malos pastores fueron de este
-pobre rebaño, esta siempre la <i>masa</i>, la soberana masa, que dijo el
-<span class="pagenum"><a name="Page_26" id="Page_26">[26]</a></span>
-mismo Galdós, la masa, verdadero héroe de esos cuarenta Episodios
-nacionales; y cuando un hombre como Pérez Galdós, después de haber
-escrito los cuarenta episodios, hace profesión de fe republicana, es
-porque espera mucho de esa masa; porque es de creer que no será en
-Salmerón en quien espere.</p>
-
-<p>De todos modos, Pérez Galdós, en lenguaje de empresa teatral, es
-una excelente adquisición para el partido republicano; y si no va á
-el sólo llevado de su curioso espíritu, á documentarse para futuras
-novelas ó comedias, la significación de su nombre glorioso es de gran
-importancia. Galdós cuenta con incondicionales adictos á su talento
-y á su persona, cuenta con una juventud que le admira y le proclama
-maestro; todo eso aporta Galdós á la causa de la República. ¡Ah! Y la
-espada de Machaquito. No la tuvo mejor ningún partido español hace
-mucho tiempo.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Entre la Fiesta del Sainete, la corrida de la Prensa, la Semana Santa,
-para terminar con la corrida de inauguración de temporada, he aquí una
-<span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span>
-semana bien española. Lo picaresco, lo piadoso, lo emocional y lo
-sangriento en pintoresca mezcla: toda la lira, mejor dicho, toda la guitarra.</p>
-
-<p>Y sobre todo ello y para todo ello, la mantilla, que es tanto como la
-bandera española, nunca mejor prendida que en nuestras actrices, de tan
-diversos pero tan castizos tipos de belleza española todas ellas.</p>
-
-<p>D. Ramón de la Cruz y Goya se habrán asomado, allá por un barandal de
-la gloria—algo como la cúpula de San Antonio de la Florida,—para
-sentirse más en sus glorias, y los académicos habrán pensado que con
-tan lucido cortejo no es posible negar entrada al plebeyo sainete en la
-aristocrática Academia. Los ojos de Rosario Pino bien valen por todo un
-Diccionario.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Con el sainete vuelve el baile español, casi perdido ya, degradado
-en esos tangos de un orientalismo de Exposición universal; el baile
-clásico español, señoril ó popular ó villanesco, pero verdadero baile
-de arte, el baile por el baile; no como el baile francés, que es
-<span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span>
-siempre decente—porque siempre es un pretexto para enseñar,—ni
-como el inglés, que, por otros medios, llega á los mismos fines,
-más gimnasia que baile.—En Inglaterra el <i>sport</i> lo tapa todo ó
-lo descubre todo.—En Francia aparenta malicia lo más inocente; en
-Inglaterra aparenta inocencia lo más malicioso.—Sólo el baile español
-es baile, en una justa ponderación, como el amor sano, ni todo carne ni
-todo espíritu.</p>
-
-<p>¡Boleras gloriosas que inmortalizaron los nombres de Lola
-Montes, de la Nena y de Petra Cámara! En la memoria de los viejos se
-asocia el recuerdo de aquellos bailes al del toreo de brazos de Montes,
-el Chiclanero y Cúchares: ¡Entonces se bailaba, entonces se toreaba!,
-dicen estos respetables viejos, y es: ¡Entonces bailábamos, entonces
-toreábamos!, lo que quieren decir siempre estos recuerdos.</p>
-
-<p>¡Dios mío! ¿No habré yo sido nunca joven? Porque todavía alcancé los
-tiempos en que las boleras robadas eran fin de fiesta en el teatro
-del Príncipe, y me parece más divertido el tango con molinete; y de
-toreros, ví muchas veces á Lagartijo y á Frascuelo, y confieso que no
-me divertí en los toros hasta el advenimiento del <i>Guerra</i> con todos
-sus modernismos tan censurados.
-<span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span></p>
-
-<p>Por fortuna, dentro de pocos años la Imperio y el <i>Guerra</i> serán tan
-clásicos como la Nena y Montes, y con qué desdeñoso gesto diré yo
-á mi vez: ¡Como se bailaba entonces, como se toreaba ... y como se
-escribía! Porque yo también seré clásico. ¿Por qué no? Comparado con el
-cinematógrafo, que será toda la literatura dramática del porvenir al paso que vamos.
-<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter">
- <img src="images/detail04.jpg" alt="_" width="75" height="73" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span>
- <h2>V</h2>
-</div>
-
-<p>Las naciones que han convenido en llamarse civilizadas, tienen, como
-suele decirse, cosas de á cuarto. Apenas en un pueblo de los llamados
-salvajes se atropella de cualquier modo á un súbdito de alguna de las
-susodichas naciones, ponen todas el grito en el cielo y el cañonazo
-en la tierra, y amenazan con meterse todas como Pedro por su casa
-y el Kaiser por la de todos, para hacer un ejemplar escarmiento
-en los infelices salvajes, y mientras, en el propio territorio de
-esas grandes, fuertes y civilizadas naciones, en sus mismísimas
-y civilizadísimas capitales, campan bandidos de toda especie que
-asesinan, roban, estafan y atropellan á naturales y á extranjeros; y si
-cada vez que esto sucede se hablara de intervenciones, no pasaría día
-sin una conflagración mundial, como ahora se dice.
-<span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span></p>
-
-<p>Y al hablar de bandidos, no lo digo por el Pernales, que España en
-esto también apenas puede llamarse civilizada, y bandolerismo es
-éste de lo más inocente y primitivo, como de jácara ó romance; pero
-léase cualquier periódico de París, y como la cosa más natural, sin
-comentarios y sin aspavientos, raro es el día que no traen sección
-especial dedicada á las proezas de <i>apaches</i>, <i>cambrioleurs</i>,
-<i>souteneurs</i> y demás productos de una civilización admirable. ¿Qué
-diríamos si aquí sucediera algo parecido, ó qué dirían los franceses si
-los moros menudearan tanto y con tal desahogo sus atropellos? Fuera del
-centro de París es más aventurado pasearse á ciertas horas que explorar
-por el centro de Africa, y mucho más ciertamente que pasear á cualquier
-hora por cualquier lugar de Marruecos.</p>
-
-<p>De Londres no se diga; asustan las recomendaciones y advertencias
-que recibe cualquiera que llega á la poderosa Metrópoli, y todas son
-pocas para evitar y prevenir emboscadas, atracos al cloroformo y otras
-menudencias.</p>
-
-<p>En los Estados Unidos el robo á mano armada, el <i>chantage</i>, el timo en
-todas sus manifestaciones, han llegado á tan suprema perfección, que ya
-no se sabe si clasificarlos entre las ciencias ó entre las bellas artes.
-<span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span></p>
-
-<p>Esos piratas modernistas de que nos habla la prensa, que desalojan
-una quinta de todo el ajuar y mobiliario y lo transportan á un barco
-especial, con toda comodidad y elegancia, son el último chillido de la
-civilización. Y nadie se asusta ni pide urgente remedio.</p>
-
-<p>En cambio, ya verán ustedes correr por toda la prensa europea la
-leyenda de nuestro Pernales, y en cuanto á los infelices moros,
-¡cuidadito con pisar siquiera á un civilizado! ¡No faltaba más! ¿Es que
-no habrá nunca seguridad personal en Marruecos?</p>
-
-<p>Sería preciso saber quien tiene la culpa de que no la haya.</p>
-
-<p>Dice la mamá al niño:—Pepito, no tires del rabo al gato.—Si yo no le
-tiro, no he hecho más que agarrarle; el que tira es el, por eso chilla.</p>
-
-<p>Marruecos es siempre el gato; Europa no le tira del rabo, no hace más
-que sujetarle, el que tira es el y por eso chilla y alguna vez araña.
-¡Pobre gato! Todavía recuerdo que fué león en algún tiempo; pero ya
-si la piel de león no le alcanza, no le queda siquiera el recurso que
-aconsejaba el sabio, de empalmarla con la de zorro, porque su piel
-la han agotado entre todas las naciones civilizadas para su diplomacia.
-<span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Desde que paso la moda—pícara moda que tanto se detiene en las
-frivolidades y tan de ligero pasa por las cosas serias—de asistir á
-los conciertos del antiguo Príncipe Alfonso, en cuántas restauraciones
-se ha intentado en Madrid de aquellas fiestas musicales, con excelente
-propósito todas y éstas de ahora, dirigidas por el maestro Arbós,
-con entusiasmo y constancia dignos de todo estímulo y aplauso, se ha
-notado siempre el <i>absentismo</i> de la clase más distinguida de nuestra
-sociedad. Y digo yo: para esas familias fundadoras de sábados blancos
-¿qué espectáculo menos peligroso y de mejores garantías que éste?</p>
-
-<p>¿Ó creen ustedes, como el conde Tolstoï, que hay música pecaminosa y
-una sinfonía de Beethoven ó una fantasía de Berlioz pueden turbar la
-limpidez lacustre de las almas cándidas?</p>
-
-<p>¿Ó es que teméis á los verdaderos aficionados, que estorbarían con sus
-protestas vuestra bulliciosa cháchara?
-<span class="pagenum"><a name="Page_35" id="Page_35">[35]</a></span></p>
-
-<p>¿Ó es que la música, sin gorjeos de tiple ó arrullos de tenor, os aburre?</p>
-
-<p>De cualquier modo, vuestra ausencia de los conciertos no marca un buen
-punto en vuestra cultura ni en vuestro interés por el arte nacional.
-Claro es que vuestras razones tendréis para no asistir; pero si la
-decisiva fuera la del aburrimiento—aburrirse con Beethoven ya es una
-distinción como otra cualquiera,—hay un medio de conciliarlo todo.
-Podéis pagar vuestro abono y regalarlo después á familias modestas
-que, sin duda, agradecerían el regalo. ¿Que sería una primada? No lo
-niego; pero yo os hablo en nombre de la distinción, y eso es lo que
-hacen en otras partes las personas distinguidas cuando se creen en el
-caso de proteger el arte de su patria: pagan, y cuando el espectáculo
-les agrada, asisten, y cuando no, regalan su localidad ó se quedan en
-casa, pero no <i>chinchorrean</i> á empresas y á autores exigiendo obras
-especiales y cambios de función por no perder un solo día y sacarle
-el jugó al abonito. Y no cuidarse del dinero ni del cartel, eso es lo <i>chic</i>.</p>
-
-<p>El dinero ya se que no os importa, ni el cartel tampoco debe
-importaros, porque si no, debiera parecéroslo de ignominia que sobre la
-<span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span>
-taquilla del Circo aparezca todos los jueves de moda el cartel de: «No
-hay palcos ni sillas», y en la de los conciertos del Real: «Sólo quedan
-palcos y butacas».</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Por lo demás, toda mi simpatía—toda mi admiración están con el Circo.
-Mucho ha perdido de su encanto con la intromisión de números más
-propios de <i>Music-hall</i> que del circo clásico, el de los caballitos, el
-de los volatines, el de los payasos, como le amábamos de niños.</p>
-
-<p>¡Qué efímera gloria la de sus artistas! Su cuerpo es toda el alma de su
-arte. Para ellos, como para las mariposas en el año, sólo hay una edad
-en la vida. Su arte y su gloria van unidos á la juventud, á la fuerza,
-á la agilidad, y cuando acaban, aunque viva el cuerpo, su arte no puede
-sobrevivirles.</p>
-
-<p>No se da un salto mortal como se escribe un libro ó se pinta un cuadro
-ó se compone una ópera, con recursos de la experiencia cuando faltan
-alientos de la juventud.
-<span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span></p>
-
-<p>¡Ah, si para todo arte y toda gloria suya existiera ese momento fatal
-y preciso que advirtiera llegado el fin de los saltos mortales! Pero
-el espíritu se cree siempre joven, y mientras aletee ya le basta para
-creer que vuela.</p>
-
-<p>¡Felices los acróbatas del circo que sólo tienen la juventud para su
-arte, aunque muchas veces sólo tengan el hospital para la vejez!
-<span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter">
- <img src="images/detail05.jpg" alt="_" width="75" height="74" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span>
- <h2>VI</h2>
-</div>
-
-<p>Tengo dos muchachas amigas, de estas madrileñitas de la clase media,
-cuerpo corto y cabeza gorda, ojillos ratoniles y color de piso tercero,
-izquierda ó derecha, con vistas á un patio sucio y obscuro y á una
-calle más obscura y sucia que el patio. Pues con este físico y <i>el
-moral</i> correspondiente, hete aquí que les ha dado por todo lo inglés,
-y hoy vienen á verme acompañadas de una <i>miss</i> de lo más barato y
-vestidas como no quieran ustedes saber. Cuando me aseguran que han
-llegado á pie desde su casa y las contemplo incólumes, no puedo por
-menos de pensar que este Madrid no es aquel Madrid.</p>
-
-<p>Vienen á consultarme sobre lectura de novelas inglesas. Traen dos ó
-tres tomos de la colección <i>Tauchnitz</i>; yo me esfuerzo por persuadirlas
-de que la han errado de plano al principio: la colección <i>Tauchnitz</i> no
-tiene entrada en Inglaterra. A ellas no les cabe en la cabeza que un
-<span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span>
-libro inglés pueda no ser inglés. Les indico los nombres de los
-novelistas ingleses más en boga—norteamericanos casi todos;—ellas,
-en cambio, me informan de su nueva vida. Todas las mañanas toman su
-ducha frío. Así están de roncas y con una tos perruna que debe alarmar
-á los que llamen á su puerta en estos días de hidrofobia y recogida de
-perros. Pero ellas no se acobardan. No comprenden como se puede vivir
-sin ducha. Sus comidas todas á la inglesa, traducidas por una cocinera
-de á cuatro duros. Un Támesis de te. En sociedad con otras amigas, han
-alquilado un solar por las afueras, han plantado no se qué hierba,
-y sobre la verde alfombra tienen su <i>lawn-tennis</i> con su poquito de
-<i>flirt</i> y una variada exhibición de medias. La mamá cuida mucho de que
-varíe su color todo lo posible, como dice ella, para que se vea que no
-son siempre las mismas. ¡Sólo el corazón de una madre tiene cabeza para
-pensar en todo!</p>
-
-<p>Tienen una colección de perros y gatos para hablarles en inglés, como
-si la <i>miss</i> no fuera bastante. Procuran indignarse si algún corto de
-vista las piropea en la calle. El rey Eduardo es para ellas como de la
-familia. Piensan mudarse hacia la calle del Gobernador ó adyacentes,
-<span class="pagenum"><a name="Page_41" id="Page_41">[41]</a></span>
-para recibir bien los humos de la fábrica de electricidad sita en aquel
-barrio y tener así una sensación londinense.</p>
-
-<p>Toda esto son tonterías sin importancia, pero pensemos que á estas
-horas son muchos los políticos, los hombres de negocios, los
-comerciantes, los literatos, hasta los filósofos, atacados de esta
-última manía nacional. Hay que llamarla de algún modo.</p>
-
-<p>Ya Francia con su París no nos dicen nada; ya sólo creemos, todo lo
-esperamos de la que fué reina de los mares y aspira á serlo de las
-tierras. La ballena (por algo es mamífero) pretende ser anfibio.</p>
-
-<p>Pidamos que nuestra suerte sea á lo menos la de Jonás en el vientre
-del enorme cetáceo: fué devorado, pero salió incólume. Y si algo ha de
-sucedernos con el cambio de vida, que no pase de dar que reir, ó todo
-lo más, de una tos perruna, como en mis amigas las madrileñitas cursis,
-á las que sienta lo inglés como es posible que nos siente á todos. No
-tenemos físico para ello.
-<span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Por fin la lluvia. En Madrid, salvo por razón de salud pública, se
-recibe como quien oye llover. Pero en esta pobre aldea donde ahora
-escribo, es una fiesta para todos; la gente canta, baila, todos los
-ojos se vuelven al cielo y el agua corre por los rostros curtidos
-mezclada con lágrimas de alegría. Era la ruina y la miseria, y hoy es
-la esperanza.</p>
-
-<p>En Madrid, los abastecedores cuidan amorosos como padres de no bajar
-el precio del pan en los años buenos para que no sea tan sensible
-la subida en los malos. De este modo, nos preocupamos poco de las
-cosechas. Pero aquí el pan es el verdadero pan de comunión, el pan de
-vida que es toda la vida. En familia se sembró el grano, en familia se
-labró la tierra, en familia se recogió el fruto, y en familia se muele
-el trigo, y en familia se amasa la harina, y en familia se cuece el pan
-que en familia se come; y el pan, que es casi un adorno en la mesa de
-los ricos—la última moda es servir muy poco, y lo más <i>chic</i> dejarlo
-casi intacto, leo en unos avisos del buen tono,—es aquí todo el
-alimento y su carestía es el hambre para los que muchos días sólo pan comen.
-<span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span></p>
-
-<p>Por eso el más incrédulo ó para rezar ó para maldecir, pero esperando
-de la súplica ó de la amenaza, vuelve los ojos al cielo cuando pasa la
-imagen santa en rogativa y mujeres y niños cantan:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i2">¡Virgen, madre nuestra,</span>
-<span class="i0">Virgen del Rosario,</span>
-<span class="i0">envíanos agua</span>
-<span class="i0">para nuestros campos!</span>
-</div></div></div>
-
-<p class="no-indent">y luego, en estrofas de dulce espíritu
-franciscano, piden por sus ganados también, y la voz de los niños
-tiembla al cantar: «Los corderitos se mueren de hambre ...» Porque no
-serán sólo los corderitos, serán ellos también los que tendrán hambre.
-¡Oh, madrileños, vosotros no sabéis que la lluvia puede hacer llorar de alegría!</p>
-
-<p>La lluvia, que puede suspender una corrida de toros, es necesaria para
-que los toros se críen lúcidos y pujantes.</p>
-
-<p>Pensad en esto y os alegrará también la lluvia como á las pobres gentes
-de la pobre aldea.
-<span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter">
- <img src="images/detail06.jpg" alt="_" width="80" height="71" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span>
- <h2>VII</h2>
-</div>
-
-<p>Me entusiasman esas personas que, sea cualquiera el asunto de que
-se trata, son siempre de la opinión contraria. No hay que decir si
-admiraré á D. Miguel de Unamuno. Por eso no pude por menos de abrazar
-al amigo que después de leer las noticias de los últimos atentados de
-Barcelona, exclamó con el mayor aplomo, sin dejó alguno de ironía:</p>
-
-<p>—¡Qué agradable debe ser la vida en Barcelona!</p>
-
-<p>Y como advirtió pronto la airada protesta de los otros amigos y mi
-conformidad, que debió parecerle todavía más alarmante—no se tiene en
-vano la reputación de mefistofélico,—no quiso esperar más para exponer
-sus razones.</p>
-
-<p>—Sí, señores; agradable agradabilísima: porque cuando en todas partes
-y para todo el mundo y desde muy antiguo, ha sido una de las más
-<span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span>
-intolerables molestias del trato humano el curioseo y fisgoneo de
-toda casta de vecindades, vecinos de barrio, de calle y de casa,
-hay que admirar la discreción y poca curiosidad de los vecinos
-en Barcelona, cuando es allí posible que por tanto tiempo y tan
-continuadamente puedan existir gentes dedicadas á la confección y
-colocación de explosivos sin haber tropezado todavía con un vecino
-curioso investigador de vidas ajenas. Y esto, cuando todos deben estar
-vigilantes como policías, con la indignación y la alarma naturales ante
-la repetición de atentados que á todos amenazan. Ó ¿creen ustedes en
-cavernas, lugares subterráneos y recónditas guaridas en una ciudad como
-Barcelona?</p>
-
-<p>—Luego, ¿usted cree?...</p>
-
-<p>—No creo nada. Sólo pienso que en este caso, como en el de muchos
-enfermos crónicos, parece que el enfermo acaba por encariñarse con su
-enfermedad que le coloca en una situación interesante. Creo también,
-cuando se habla de anarquismo, que por algo es la industrial Cataluña
-famosa en imitaciones de todo género de productos, y no estará de más
-la sabida advertencia: <i>Se méfier de contrefaçons</i>.</p>
-
-<p>—¿Entonces?...</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span>
-—¿No les parece á ustedes como á mí, que para anarquismo es poco y
-para separatismo sería demasiado?</p>
-
-<p>Y hubo un silencio que si no fué de aprobación, fué por lo menos de <i>solidaridad</i>.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Entre los colores que la moda femenina ha impuesto en esta temporada,
-hay uno que me seduce sobre todos: el color de humo; el color de humo
-es adorable. <i>Couleur fumé</i>, digámoslo en francés, que es el lenguaje
-de la modistería universal, como lo es de la diplomacia, y ya que en
-modistería y en diplomacia de fuera ha de venirnos siempre la moda.</p>
-
-<p>Dos tendencias opuestas dominan en el vestir de las mujeres: el género
-sastre, vestimenta práctica para la calle, que es democrática, y tanto
-quiere serlo que no se contenta con nivelar las clases, sino que
-pretende nivelar los sexos. El gabán con vuelo y pliegue <i>Watteau</i>
-masculino, y la falda redonda, <i>troteusse</i>, femenina, son una verdadera
-<i>entente cordiale</i> de sastres y modistos.
-<span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span></p>
-
-<p>Pero en la casa, en los salones, en el teatro, triunfa por contraste
-en la <i>toilette</i> de las mujeres, lo dulcemente femenino. Nunca más
-delicada, más tenuemente vestidas, ¿vestidas? No es exacto; envueltas
-apenas, acariciadas en la suavidad de gasas, tules y encajes y telas
-flexibles, ondulantes, de matices descoloridos, esos tonos al pastel,
-inconsistentes como pelusilla de alas de mariposa, como el polen de las
-azucenas. No son aquellos terciopelos y brocados y rasos que se tenían
-de pie, según ponderaban nuestras abuelas; aquellos trajes de aparatoso
-señorío que podían transmitirse de madre á hijas en cinco ó seis
-generaciones. Estos de ahora son gala de una noche, efímeros como flor
-ó mariposa, no admiten reformas ni composturas, sus telas diáfanas, no
-se cortan, se cortiquean; no se cosen con aquel fuerte pespunteado de
-la clásica costura española, se hilvanan ó se prenden de alfileres. Un
-pisotón es bastante para destrozar una de estas envolturas de ensueño
-que costó cuatro ó cinco mil francos; su misma fragilidad es la mejor
-defensa de otras fragilidades. ¿Qué mujer se dejará acariciar con
-pasión con uno de estos trajes? Ya eran nube, espuma, flor y mariposa,
-y ahora, con el color de moda, son algo más tenue, más vaporoso, son
-<span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span>
-humo. ¿No es el color de nuestro tiempo? Humo por todas partes. De
-la riqueza de las naciones es señal el humo de sus fábricas, de sus
-trasatlánticos, de sus ferrocarriles; de su poderío, el humo de sus
-acorazados; con el automóvil triunfa también el humo, porque el
-automóvil pasa pero el humo queda. Si el siglo <span class="smcap">xix</span> pudo
-llamarse de las luces, ¿no puede llamarse este siglo <span class="smcap">xx</span> el
-de los humos? Los humos de aquellas luces que no brillaron tanto como
-había derecho á esperar.</p>
-
-<p>Yo os digo que hay trajes de mujer que son una verdadera obra de arte;
-pero si un traje de estos es además de color de humo, ¡oh! entonces ya es filosofía.
-<span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter">
- <img src="images/detail07.jpg" alt="_" width="80" height="76" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_51" id="Page_51">[51]</a></span>
- <h2>VIII</h2>
-</div>
-
-<p>A estas horas son innumerables los Paturots que andan por esos
-distritos en busca de una posición social. Unos, con lucida escolta,
-se entran por los pueblos como conquistadores, á cosa hecha, les basta
-con pasar. Otros, llegan humildes, desconfiados, prodigan sonrisas,
-apretones de manos, prometen, regalan; los buenos aldeanos se muestran
-socarrones ...—Tocante á nosotros ...—Por nuestra parte ...</p>
-
-<p>¿Pero qué más tiene un diputado que otro? Eso, lo que tenga.</p>
-
-<p>A dos pesetas, un cigarro y vino á <i>indiscreción</i>, el voto ...
-Después de todo, un voto no es ninguna primogenitura que no esté bien
-pagada con un plato de lentejas.</p>
-
-<p>¿Quién engaña á quien? Nadie se engaña por lo visto; todos están
-contentos. El diputado cuenta sus votos y triunfa con su acta; los
-buenos aldeanos cuentan unas pesetas y ríen entre ellos ...
-<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span></p>
-
-<p>Entre tanto se sigue labrando la tierra como debió labrarla Adán á la
-salida del Paraíso, y cuando llueve, por el techo de la escuela cae la
-lluvia benéfica sobre la cabeza de los chicos; y es la mejor enseñanza
-que allí reciben, porque así aprenden que todo han de esperarlo del
-cielo, hasta el sencillo acto de lavarse la cara algunas veces.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Uno de los <i>clous</i> del Salón de París en este año es el retrato de
-Tomás Hardy, obra de Blanche. Como la aduana francesa es el tránsito
-obligatorio para que llegue hasta nosotros todo nombre y toda fama, es
-posible que con este motivo descubramos á Hardy.</p>
-
-<p>Entre la balumba abrumadora de novelas inglesas, acaso no sean las
-suyas las que tengan más lectores, aún en la misma Inglaterra. Al
-francés tampoco creo que haya sido traducida ninguna, y en España,
-donde nos extasiamos con D’Annunzio, donde Bourget, Prevost y Hervieu
-nos parecen hondos psicológicos, y las <i>Claudinas</i> de Willy nos
-<span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span>
-interesan como si aquí estuviéramos en el secreto de los chismes del
-<i>boulevard</i>, que son todo su chiste, Hardy es casi ignorado, como es
-ignorado Meredith, el más original estilista entre los novelistas
-ingleses, á quien seguramente D’Annunzio ha leído mucho, porque aquí
-nos pasamos el tiempo buscando los plagios en los de casa y mientras
-los de fuera se despachan á su gusto.</p>
-
-<p>Hardy es un admirable novelista, de esa raza robusta de escritores
-que sólo es producto de una sociedad fuerte; no es de los que salen á
-conquistar un público con colorines y fanfarrias.</p>
-
-<p>Hay una firme serenidad en los escritores ingleses, una despreocupación
-de la <i>coterie</i> literaria de muy buen ejemplo para nuestros escritores
-jóvenes, que sólo saben andar en grupitos para la recíproca admiración;
-hasta que alguno del grupo sobresale, que apenas eso sucede, ya le
-declaran indigno por haber hecho concesiones al público; porque la
-condición para formar parte de uno de esos grupos, es la de ser
-<i>genio</i>, pero sólo para andar por el grupo.</p>
-
-<p>Sucede como en esas pandillas de estudiantes mozalbetes que emprenden
-reunidos la conquista de alguna agraciada muchacha, y reunidos la
-<span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span>
-siguen y reunidos le pasean la calle y entre todos se escribe una
-declaración, y cuando la favorecida, naturalmente, desea saber en quien
-ha de fijarse, ó concluye aquel amor colectivo como por encanto, ó
-se destaca uno más resuelto á terminar por su cuenta la conquista. Y
-entonces los demás le llaman mal amigo.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p><i>Baby</i> es terrible; tiene unas ocurrencias que dejan parado á
-cualquiera; sus padres no saben á quien ha salido. Sus papás son dos
-jóvenes, aristócratas de abolengo ilustre, que de sobremesa íntima
-tijeretean á los amigos sin preocuparse por la presencia de <i>Baby</i>, muy
-entretenido en enseñar las estampas de una ilustración extranjera á un
-tremendo danés que no parece muy interesado por los sucesos mundiales.</p>
-
-<p>Los papás hablan de unos <i>parvenus</i> con flamantes títulos adquiridos en
-Roma, y ríen á su costa.</p>
-
-<p><i>Baby</i> pregunta muy grave:</p>
-
-<p>—¿Quién es más, el Rey ó el Papa?</p>
-
-<p>El padre se hace el desentendido, esta afiliado á una de las cuarenta y
-nueve fracciones liberales.
-<span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span></p>
-
-<p>La madre se cree en el caso de afirmar sus sentimientos católicos, y
-contesta sin vacilar:</p>
-
-<p>—El Papa, hijo mío.</p>
-
-<p>—Entonces, ¿por qué os burláis de los títulos pontificios?</p>
-
-<p>Los padres convienen en que delante de los niños no se puede hablar de nada.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Ecos de las elecciones.</p>
-
-<p>La marquesa de—— tiene á su marido diputado conservador y á su mejor
-amigo, liberal. La gente ya la llama: el triunfo de la solidaridad.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>A un candidato á la diputación, de quien ya no se cuenta las
-desventuras conyugales, como se lamentara de que le habían birlado su
-distrito, le aconsejaba un amigo para consolarle:</p>
-
-<p>—Si usted no necesita el distrito para nada. Usted debía presentarse por acumulación.
-<span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>En casa del modisto:</p>
-
-<p>La cliente, entusiasmada con un nuevo vestido que favorece mucho su
-belleza algo vespertina, le dice al modisto:</p>
-
-<p>—Crea usted que si aquí tuviéramos voto las mujeres, todas las señoras
-le votaríamos á usted.</p>
-
-<p>El modisto, confuso y galante:</p>
-
-<p>—¡Oh, muy amable! Pero sería yo el que votaría siempre con ustedes.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_57" id="Page_57">[57]</a></span>
- <h2>IX</h2>
-</div>
-
-<p>Cuando creíamos que los norteamericanos estaban como el pez en el agua,
-con sus instituciones democráticas—¿nos habrán refregado el morro
-con ellas, hablando pronto y claro, nuestros sociólogos de corrillo
-intelectual y lata libre?,—ahora salimos con que el pez es rana y el
-agua de charca, y de las más corrompidas, y las ranas no se contentan
-con pedir un rey para cambio de sus males, sino que piden nada menos
-que un emperador. Mejor dicho, es posible que no sean las ranas, sino
-el único que no es rana quien lo pide. Como aquel personaje de un
-fin de fiesta, interpretado por Mariano Fernández, que, harto de las
-molestias que una finca de recreo le produce, se decide á ponerla en
-venta, porque dice el: Mal vendida, ya podrán darme cinco mil duritos
-por ella. Y al poco rato insiste en su propósito: Nada, nada, yo vendo
-esta finca ... ¿Quién me dijo que me daba por ella cinco mil duros?...
-<span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span>
-¡Ah! Fuí yo mismo. ¿Quién dijo que los norteamericanos necesitaban un
-emperador? El mismo, Teodoro Roosevelt, de imperial y sonoro nombre,
-ese Napoleón que, más afortunado que el primero, recoge los laureles de
-la guerra y cobra en buenas coronas—¡oh, presagios!—la oliva de la
-paz.</p>
-
-<p>Yo celebraré la realización de esos imperiales sueños, aunque no sea
-más que por ver á su alteza Alicia (así la llamaban de antemano) de
-alteza imperial efectiva; porque es seguro que habrá de dar mucho juego
-en clase de princesa, y á qué estamos los que hemos de agarrarnos al
-clavo ardiendo de la actualidad, antes de que se enfríe, para escribir
-de cosas, á los que más calienten, muevan y remuevan esa actualidad de
-ordinario monótona.</p>
-
-<p>Pero ¡ay! qué difícil es estar á la última moda en nada y como hemos
-de vivir aquí siempre retrasados en literatura, en política, en
-filosofía ...</p>
-
-<p>En dramaturgia, cuando nos damos á imitar á Ibsen, ya es Maeterlink lo
-que se lleva; cuando empezamos con éste, ya es D’Annunzio; y lo mismo
-en filosofía: cuando empezamos á sentirnos superhombres con Nietzche,
-ya es la filosofía rusa la que se cotiza por el mundo ó ya hemos vuelto
-<span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span>
-á Platón; como decía aquel señor á quien pretendían pasmar sus amigos
-con toda clase de <i>sicalipsis</i> exóticas. Aquí ya hemos vuelto á lo de
-siempre. El caso es que siempre hemos de retrasar. He aquí que cuando
-todo un D. Benito Pérez Galdós en España, se hace republicano, todo
-un pueblo tan adelantado, tan práctico y tan <i>vivo</i> como los Estados
-Unidos, declara que la república y la democracia están mandadas á
-retirar.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Las buenas hadas de los infantiles cuentos madrinas en todos los
-bautizos de príncipes, con sus carrozas voladoras y su cortejo de
-elfos y silfos, minúsculos y alados, ya se apresuran para llegar en
-torno de la regia cuna á predecir felicidad; y el hada de la Poesía,
-la que tiene su reino en un rosal silvestre enrejado de zarzales, la
-que ni adula ni miente, sólo te dirá: Príncipe ó princesita; cuando
-todas las hadas con su lenguaje cortesano te predicen venturas, yo sólo
-te compadezco; te compadezco, por el odio y la envidia que zumbarán
-alrededor de tu cuna, sólo por ser regia, cuando todo es amor sobre
-<span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span>
-cunas humildes; te compadezco por los preceptores que atormentarán tu
-inteligencia para cultivarla como flor de invernadero, sabedora de
-muchas ciencias, ignorante de la vida; por las adulaciones cortesanas
-que interpondrán siempre el velo encantado de Maya entre tus ojos y la
-verdad; por tus pasos, siempre vigilados; por tus acciones de todos
-sabidas, y cuando no sabidas, calumniadas; por tu corazón, del que
-dispondrá la razón de Estado; por toda esa esclavitud de los reyes y
-de los príncipes, que os hará sonreir con amargura cuando sepáis que
-vuestro pueblo pide libertad. ¡Libertad, que para vosotros quisierais!
-Y por todo esto, cuando todas las hadas con su lenguaje más cortesano
-te predicen felicidad, el hada de la Poesía, la que tiene su reino
-entre los rosales, enrejados de zarzales, el hada libre que ni miente
-ni adula, con todo su corazón compadece.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>La fiesta de San Isidro es como la poesía lírica eminentemente
-subjetiva. Hallar motivo de esparcimiento en un paisaje risueño, á la
-sombra de árboles frondosos, sobre prados amenos y por fondo montañas
-<span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span>
-siempre verdecidas y más lejos otras que azulean, no tiene gracia
-alguna: la decoración pone la mejor parte. Lo admirable es hallar
-ocasión de regocijo en un erial con cuatro estaquillas hojosas por
-toda vegetación, entre sucios tenderetes, mendigos harapientos, y allá
-arriba, como aviso supremo de un triunfo final de la muerte, digno
-de figurar entre los frescos del Camposanto de Pisa, la vista de los
-cementerios.</p>
-
-<p>Sólo un pueblo como el madrileño es capaz de poner alegría sobre todo
-esto; esa alegría que tanto desconcierta á los extraños, que quieren
-persuadirnos de que no es tal alegría. Bien esta, será humorismo si
-ustedes quieren; pero es la misma que ríe del hambre, de la suciedad
-y de la truhanería en nuestras novelas picarescas; es la misma que
-ríe en los mendigos de Velázquez y de Goya, la misma que se desborda
-en la Plaza de Toros entre horrores de sangre y peligros de muerte;
-alegría que solo puede comprender el que sienta la espiritualidad de
-esos ascetas atormentados de los cuadros del Greco, alegría que no
-comprenden los extraños, porque es la alegría del «no importa», ese no
-importa que es toda la filosofía del alma castellana.
-<span class="pagenum"><a name="Page_62" id="Page_62">[62]</a></span></p>
-
-<p>Somos pobres, nuestra tierra es triste, sabemos que hemos de morir,
-después ... nada sabemos; se reza ó se blasfema, según las horas; pero
-como no pedimos razón para vivir ni para alegrarnos en la vida, tampoco
-la pedimos para morir cuando es preciso; ya supo decirlo el pueblo del
-Dos de Mayo; el mismo que acude á la fiesta de San Isidro á divertirse
-de su propia alegría, en el erial desolado, entre mendigos harapientos
-y á la vista de un Camposanto.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Después del éxito comercial de la exposición de automóviles, en la
-que apenas queda coche sin vender, empezamos á ser distinguidas las
-personas que nos hemos quedado sin comprar uno. Por llegar tarde, no
-por otra cosa, porque según los jaleadores del <i>democrático sport</i>, el
-que no tiene auto es porque no quiere.</p>
-
-<p>Hay coches baratísimos, el verdadero <i>carro do povo</i>, como llaman en
-Portugal al tranvía; el sostenimiento insignificante, los <i>chauffeurs</i>
-de balde, un apostolado por vocación, los neumáticos irrompibles, ¡Y
-los encantos del auto! ¡Higiene, cultura, poesía! ¡El aire libre de
-<span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span>
-campos y montañas, la geografía y la topografía aprendidas del modo
-más fácil y práctico!... ¡El amor sano al paso! ¡Y qué paso! Aquí,
-sin exagerar, bien puede sentirse en Cádiz repercutir un beso dado en Cantón.</p>
-
-<p>Pero digan lo que quieran los propagandistas del automóvil como
-panacea, no es su ejercicio muy propicio á los amores; desgasta mucha
-fuerza nerviosa y absorbe la atención demasiado. El juego, el automóvil
-y las corridas de toros, son los más terribles rivales de las mujeres.
-Un hombre sentado á una mesa de juego ó con el guía de un 40 H. P. en
-la mano ó sentado en una barrera de la plaza, ante una faena de Bombita
-ó de Machaquito, es insensible á las seducciones femeninas. Las mujeres
-lo saben; por eso, ya que no pueden competir con esas tres grandes
-aficiones de los hombres, han decidido compartirlas con ellos; y cuando
-una mujer sale jugadora, automovilista ó aficionada á toros, que se
-quiten todos los hombres, con la ventaja para las mujeres de que ellas
-pueden llevar su pasión al extremo: en el juego, hasta el <i>croupier</i>;
-hasta el <i>chauffeur</i> en el automóvil, y en los toros hasta el torero.
-<span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>En la exposición de automóviles:</p>
-
-<p>Un distinguido automovilista á una belleza recién lanzada á la circulación.</p>
-
-<p>—¿Vienes á ver los automóviles? ¿Quieres comprar alguno?</p>
-
-<p>—Ya lo creo.</p>
-
-<p>—¿Pues sabes quien puede venderte uno?</p>
-
-<p>—No; lo que quiero saber es quien puede comprármelo.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Entre mujeres de hombres políticos:</p>
-
-<p>Una de ellas se queja á su amiga del marcado desvío que viene
-observando en su marido, desde algún tiempo. Su amiga, para consolarla:</p>
-
-<p>—Eso es por disciplina política.</p>
-
-<p>—¿ ...?</p>
-
-<p>—Como tu marido es de los liberales, esta en plena abstención.</p>
-
-<p>—Si es que ayer le sorprendí abrazando á la doncella.</p>
-
-<p>—Entonces es que se ha pasado á los demócratas.
-<span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Dejemos al Congreso con sus discusiones de actas, dejemos á los
-liberales en su abstención y á los carlistas en su incontinencia; de
-todo eso se hace la Historia; la Historia, que va por encima, lo mismo
-en las naciones que en los individuos; mientras la vida va por dentro,
-tan hondo á veces que apenas percibimos sus pulsaciones. Por eso hay
-quien, atento sólo á la superficie bullidora, no vacila en declarar:
-Aquí se muere algo; pero aún vivimos, por lo menos aún queremos vivir.</p>
-
-<p>La Agricultura, la Industria, el Comercio, alientan en exposiciones y
-concursos, á los que debe atenderse con mayor interés que al cubileteo
-de actas; esto es la Historia, mejor dicho, la chismografía de la
-Historia; lo otro es la vida, en la que debemos esperar salvación.</p>
-
-<p>Si algunas veces he <i>fustigado</i> (según <i>cliché</i>) á nuestra
-aristocracia, no fué por prevención desfavorable contra ella, sino que
-puesto á satirizar y dada la natural y pícara preferencia del público
-por reir á costa de alguien, me pareció más piadoso hacer reir á costa
-de los que gozan de muchas ventajas en la vida, que á costa de los
-humildes que trabajan y padecen escasez de todo. Nunca me ha parecido
-<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span>
-que el tener hambre sea cosa de risa, y ya sabemos que en la mitad de
-nuestro teatro cómico es el hambriento principal motivo de regocijo.</p>
-
-<p>Pero como nunca me dolieron prendas, soy el primero en reconocer que á
-nuestra aristocracia debe en primer lugar la agricultura española sus
-mayores progresos y adelantos. Buena prueba es la actual Exposición
-agrícola y de ganados.</p>
-
-<p>En la sección de ganadería, hay ejemplares magníficos. Toros dignos de
-ser amados por Pasifae; caballos, por Semíramis.</p>
-
-<p>Un toro negro, de dulce y paternal mirada, como un patriarca bíblico,
-nos promete dilatada sucesión y con ella pródigas provisiones de
-sabrosa leche y suculentos solomillos.</p>
-
-<p>Vacas suizas nos hablan de praderas idílicas, ovejas y corderos de
-todas castas, al ser acariciados por manos de marquesas, evocan
-pastorales de Versalles.</p>
-
-<p>Allí están nuestros famosos merinos, y la oveja castellana, y la
-andaluza, y las inglesas, de cabezota redonda (como los puritanos
-de Cromwell) y de lana apretada, que parecen talladas en piedra por
-escultores medioevales. Y razas cruzadas, muy dignas de consideración
-<span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span>
-en estos tiempos. Y el caballo Orlof, digna cabalgadura de un héroe
-victorioso, para bracear sobre laureles y rosas. Y caballos andaluces
-de jacarandosa estampa, y tantos bellos animales, á los que nunca
-amaremos bastante.</p>
-
-<p>Porque no hay animales fieros; si algunos lo parecen, es porque el
-hambre ó el hombre (no es juego de palabras) los hostiga. Pero ellos
-agradecen nuestros cuidados y nuestras caricias; ellos nos ofrecen
-sumisos su fuerza, y al someterse al hombre, parecen someterse á su
-natural destino. En su mirada, ó hay alegría ó dulce resignación;
-tristeza, sólo cuando su dueño los maltrata.</p>
-
-<p>¡Como nos enseñan á vivir y á morir los buenos animales; algo hermanos
-nuestros porque son hijos también de la Tierra, madre de todos!</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Si el príncipe Hamlet, prototipo de la duda aunque, como todos los
-escépticos, creyó en lo más dudoso, la eficacia de las representaciones
-teatrales para descubrir secretos,—aseguraba que hay algo en cielo y
-tierra á que no alcanza nuestra filosofía, ¿por qué no hemos de creer
-en ese algo? Si toda fe nos falta, tengamos fe en la fe.
-<span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span></p>
-
-<p>Próximo el centenario de los Sitios de Zaragoza, aquel milagro de
-heroísmo sobrehumano, en que todos pudieron admirar á un pueblo más
-tullido que todos los tullidos, sin creencia y sin esperanzas en lo
-humano, levantarse y andar y estremecer con su empuje al mayor imperio
-moderno, ¿por qué hemos de sonreir y burlarnos escépticos de un humilde milagro?</p>
-
-<p>Bien se que las burlas de los descreídos hubieran sido más
-irrespetuosas si de otra imagen se tratara. El Pilar es algo muy
-respetable, y mal aconsejado estaría el que á estas fechas quisiera
-milagrear á su costa, sin un hecho, todo lo maravilloso que se quiera,
-pero hecho al fin indudable, que después cada uno puede explicarse á
-su manera: desde el milagro divino hasta la sugestión hipnótica ó el
-histerismo, hay explicaciones para todos los gustos. Hay cosas que
-parecen sobrenaturales y son las más naturales del mundo.</p>
-
-<p>Tengamos fe en la fe, no sonriamos demasiado pronto. ¿Quién sabe si aún
-no veremos mayores milagros?
-<span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span></p>
-
-<p>Si algún día, un imperio absorbente ó un disolvente anarquismo,
-hubieran conseguido borrar las fronteras de todos los pueblos, el
-último patriota que sucumbiría sería un aragonés sobre la última piedra
-que marcaría una frontera: el Pilar de Zaragoza.
-<span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter">
- <img src="images/detail08.jpg" alt="_" width="80" height="76" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span>
- <h2>X</h2>
-</div>
-
-<p>Si la felicidad se consiguiera por leyes, decretos, reales órdenes,
-ordenanzas, bandos y demás literatura oficial, España sería la nación
-bienaventurada entre todas; pero si el infierno, según dicen, esta
-todo el empedrado de buenas intenciones, es posible que también esté
-empapelado de leyes españolas.</p>
-
-<p>Esta novísima de la colonización interior es otro bello trozo de
-literatura, y por si no pasará de serlo, ¿por qué no añadirle algunos
-comentarios poéticos?</p>
-
-<p>Esa colonización interior sería una gran empresa si para ella no se
-contara sólo con las naturales gentes del campo. La trasfusión de
-sangre es de tanto interés para el organismo físico como para los
-organismos sociales. Colonizar el campo con gente de la ciudad sería
-verdadera y meritoria colonización.
-<span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span></p>
-
-<p>La tierra en España es sólo un lujo de ricos ó una esclavitud de
-pobres. Grandes propiedades mal atendidas por sus dueños y otras tan
-reducidas que apenas ofrecen la porción de tierra que basta, como
-suele decirse, para tener donde caerse muerto, no digamos de qué vivir
-mientras se muere.</p>
-
-<p>Hay en las ciudades un proletariado burgués, el que más padece y menos
-grita, que se consideraría dichoso con poseer un pedazo de tierra en el
-campo. Es un gran error creer que el habitante de la ciudad no ama el
-campo. Ofrecedle facilidades para llegar á el, dádselas para poseerlo
-y veréis con cuánto más amor lo cultiva y hace suyo que quien vivió
-siempre en el y ya lo mira como indiferente ó enemigo.</p>
-
-<p>Sean donaciones de tierras el premio de los buenos servidores del
-Estado, el pago de muchas de esas clases pasivas que acaso llevan vida
-inútil y vergonzosa en las ciudades. Ellos llevarán al campo cultura
-social y el campo les dará en cambio salud y alegría. La tierra no
-pide sólo brazos fuertes que la trabajen con dureza, como quien golpea
-ó hiere, pide también quien la mire con amor; y nadie la amaría tanto
-como esos proletarios que vivieron siempre en vivienda alquilada, muy
-tasado el terreno, y el sol y el aire aún más tasados. Esos que en un
-<span class="pagenum"><a name="Page_73" id="Page_73">[73]</a></span>
-día de fiesta en Madrid, van en bandadas como peregrinos del sol, hacia
-el Retiro, hacia la Moncloa, hacia los Cuatro Caminos, á emborracharse
-de luz para muchos días, ¡como serían felices sobre un pedazo de
-tierra suyo, donde el sol es el buen padre de la tierra que á su calor
-fructifica y florece, no el astro avergonzador de la gente pobre con su
-luz indiscreta que descubre el brillo de la ropa usada y las grietas
-del calzado viejo!</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>No me atrevería yo á censurar la prohibición de las capeas en nombre
-de las sacrosantas costumbres nacionales, pero á trueque de incurrir
-en el enojo de Mariano de Cávia, me atrevo á censurarla por exceso
-de sensiblería mía, no de la orden, que á primera vista parece bien intencionada.</p>
-
-<p>Pero considerando que en esas capeas tomaban la más activa parte los
-más brutos de cada pueblo; considerando que en la mayoría de los casos
-había cornadas providenciales; considerando que todo ello era indulto
-de infelices mujeres, condenadas de por vida á marido bruto, alivio
-<span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span>
-para el Estado de candidatos al ingreso, aumentando sus cargas, en
-establecimientos penitenciarios, considerando que, llegado el día de
-la fiesta, habrá sus motines y algaradas que darán lugar á mayores
-barbaridades, pues es casi seguro que en muchos pueblos no admitirán
-á la Sociedad de Conciertos, como festejo digno de sustituir al toro,
-considerando que las escuelas de casi todos los pueblos y aldeas de
-España no tienen mejor uso que servir con sus ventanas de palcos y
-talanqueras para presenciar con relativa seguridad la gallarda fiesta;
-considerando que si damos en lavarnos la cara no van á conocernos,
-vengo en opinar que la orden sería más efectiva, plausible y meritoria,
-de haber ido precedida de otra: la ley de Instrucción obligatoria;
-porque los lugareños son gente maliciosa, y como sólo les llegan del
-poder central órdenes prohibitorias, no será extraño que algún día se
-cansen y digan: ¡Todo es prohibir, prohibir! ¿Y qué nos dais en cambio?
-Que nos manden siquiera un cinematógrafo.
-<span class="pagenum"><a name="Page_75" id="Page_75">[75]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Todas las mujeres tienen una edad para parecer más hermosas ó menos
-feas. No siempre es la juventud, como puede creerse. Hay géneros de
-belleza que se acomodan mejor con la madurez y hasta con la ancianidad.
-Cuántas veces la que conocimos francamente fea de joven, nos sorprende
-á su declinar con un agradable aspecto.</p>
-
-<p>Hay también bellezas por horas, á las que favorece más ó la mañana ó
-la tarde ó la noche, sea por la luz, sea por los trajes propios de aquellas horas.</p>
-
-<p>Para ser hermosa á toda edad, á todas horas y á todas luces, es preciso
-ser la forma de Arte que nunca pasa, como dijo Leonardo de Vinci.</p>
-
-<p>A las ciudades les sucede lo mismo que á las mujeres. Hay de ellas que
-sólo parecen bien en invierno, otras que entonan mejor con la suavidad
-otoñal, otras que sólo son bellas en verano.</p>
-
-<p>A París, por ejemplo, le sientan bien las estaciones crepusculares;
-primavera y otoño, como belleza cansada que se defiende de la luz cruel
-con velos y pantallas. A las viejas ciudades flamencas y castellanas
-les dice bien la lluvia, bajo un cielo como de cristal esmerilado.
-Granada y Córdoba, á pesar de su oriental carácter, entonan mejor en el
-invierno. Sevilla, en cambio, sólo se concibe inundada de luz.
-<span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span></p>
-
-<p>Madrid también es hijo predilecto del sol y necesita de toda su luz
-para parecer algo. En los días de invierno, con sus tejados parduzcos
-y la pobreza de su caserío, visto á lo lejos, parece de un color de
-puchero viejo, y bajo la lluvia como lamentable trapo de mil remiendos
-desteñido al mojarse.</p>
-
-<p>Pero al sol es como prisma que rompe la luz en destellos de pedrería.
-Ya sus remiendos parecen labores de tapiz oriental, los revoques
-desconchados de sus fachadas reflejan el oro y el rosa como granitos
-y mármoles preciosos. Su gente también parece engalanada: la mayor
-baratura de las telas veraniegas pone en las calles la alegría de sus
-colores claros.</p>
-
-<p>Esas pobres y simpáticas cursis, tan mal pergeñadas en invierno con
-sus abriguillos de sutil pañete, que á nadie engañan, y al frío mucho
-menos, con sus boas de pluma de pavo casero y sus manguitos ó sus
-estolas de piel, en que aún palpita el último maullido de la víctima,
-con sus caritas anémicas amoratadas y sus narices arreboladas y sus
-ojillos lacrimosos por el frío, esas pobres cursis que tanto deben
-odiar el invierno, con ellas más que con nadie despiadado, ahora son
-<span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span>
-reinas de calles y paseos, ahora lucen con valentía batistas y gasas y
-muselinas y arrogantes sombreros de paja con sus flores vistosas ó su
-golpe de guindas entre verde hojarasca que la lluvia y el sol no han
-descolorido todavía.</p>
-
-<p>Madrid es suyo en este tiempo. Son las mariposas de su primavera. Pero
-como dijo el poeta: ¿Es que los pájaros se esconden para morir? Digamos
-también: ¿Dónde se esconderá en invierno tanta pobre cursi? Porque
-todas estas que véis ahora no las volveréis á ver hasta otra primavera
-y otro verano, aunque las busquéis en el paraíso del teatro Real,
-en las galerías de Palacio en los días de capilla pública ó en las
-funciones de sociedades de aficionados.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>En Copenhague, un actor y marido ha disparado unos tiros sobre su dos
-veces compañera, en la vida y en el teatro, al terminar ella de bailar
-con otro actor un vals que, por lo visto, se las traía. ¡Para que se
-fíen ustedes del teatro del Norte!
-<span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span></p>
-
-<p>Se atribuye á los celos el arrebato del marido; pero como da la
-casualidad de que el valsecito había entusiasmado al público, vaya
-usted á saber si no serían los aplausos los que pusieron al actor,
-antes que marido, en el disparadero. ¡La psicología de los actores es
-tan complicada!</p>
-
-<p>De cualquier modo, los matrimonios siempre son ocasión de disgustos en
-el teatro; sólo sirven para dificultar el buen reparto de las obras y
-para desilusionar al público.</p>
-
-<p>Cuántas veces oye uno durante una representación:—Me parece que la
-fulana (el nombre de una actriz) engaña á su marido.</p>
-
-<p>—No lo crea usted; si es un matrimonio modelo.</p>
-
-<p>—Si digo en la comedia.</p>
-
-<p>—¡Ah!</p>
-
-<p>Y otras veces lo contrario.</p>
-
-<p>—¡Qué buena es esta mujer para su marido!</p>
-
-<p>—¿Pero usted no sabe ...?</p>
-
-<p>—Ya lo se; si digo en este papel ...</p>
-
-<p>Y con esta confusión de la vida doméstica con la artística se embrolla
-á cada paso el asunto de las comedias. Los actores no debían tener vida
-privada y las actrices mucho menos. A lo mejor hay aquello de:
-<span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span></p>
-
-<p>—¿Ve usted aquellos cinco niños tan monos que están en aquel palco?...
-Son de la que hace de Doña Inés de Ulloa.</p>
-
-<p>Y, en efecto, al llegar la escena del rapto, los chiquitines lloran que
-se las pelan porque se llevan á su mamita, y las buenas mamás que están
-en el teatro cuchichean unas con otras ... ¡Pobrecitos! ¡Qué ricos!
-¡Lloran porque ven que se llevan á su mamá ...!</p>
-
-<p>Y á un espectador que no esta en el secreto y los manda á la Inclusa
-desde el paraíso, le advierte uno de la <i>claque</i>, con muy malos modos:</p>
-
-<p>—¡No sea usted bruto! ¿No ve usted que son los niños de doña Fulana?</p>
-
-<p>Y con todo esto, al llegar la escena del sofá, ya el público sólo se
-interesa porque los niños van á volver á llorar más desesperados,
-temiendo que con los arrumacos de Don Juan les van á traer otro
-hermanito de París ... ó de Nápoles, rico vergel, que es de donde se los
-traerían á Don Juan ...</p>
-
-<p>En fin, que en el teatro como en la política cuando la vida privada
-no casa con la pública, no hay modo de convencer á nadie, aunque los
-versos sean de Zorrilla y los discursos de Demóstenes.
-<span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Un libro de versos—<i>Alma-Museo-Cantares</i>—simpático como su autor,
-Manolo Machado; un moro andaluz que, por no saber adónde iba, se perdió
-en Montmartre y se encontró en Madrid, y en el fué bien hallado, porque
-su espíritu es de chispero, aunque al cantar su serenata á la luna,
-su blancura parece envolverle unas veces en el blanco alquicel de los
-árabes, otras en la túnica blanca de Pierrot.</p>
-
-<p>Es muy convencional la división de géneros en poesía; porque si la
-poesía lírica es sincera, tiene siempre mucho de dramática; en un solo
-monólogo nos dice el drama interior del poeta.</p>
-
-<p>Los sonetos ¿no son una tragedia más de Shakespeare? En las poesías
-de Manuel Machado también podemos seguir los pasos de una interesante
-acción dramática, por fortuna no trágica. En este caso, ó yo no se
-leer, ó todo acabará en boda, y la voluntad del poeta, su voluntad, que
-<i>murió en una noche luna, en que era muy hermoso no pensar ni querer</i>,
-resucitará á la luz de otra luna ... de miel. ¿No es eso? Y el poeta nos
-dirá entonces: que es muy hermoso pensar, pensar intensamente ... cuando
-se piensa en lo que se quiere.
-<span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Una madre con cinco hijas en cuenta corriente, esto es, en espera de
-colocación, me decía: ¿Ha visto qué idea la de ese joven mejicano?
-¡Distinguido, millonario y dedicarse á torero! ¡Mire usted que si le
-cogiera un toro!</p>
-
-<p>—¡Qué envidia!, digo, ¡qué lástima!, contesto distraído, pensando en
-las cinco hijas.</p>
-
-<p>Lo cierto es que la gente de dinero es la que arriesga la vida con
-mayor facilidad y por puro capricho.</p>
-
-<p>¿Es aburrimiento de todo lo que el dinero puede proporcionar, lo que
-les lleva á buscar emociones en peligros contra los que nada puede el
-dinero? ¿Es la confianza que da el haber triunfado de todo en la vida
-por el dinero, la que acaso les hace considerarse inmunes á todo
-peligro? ¿Ó es, como dice una amiga mía, que el dinero por sí solo es
-seco como un sustantivo y los que lo poseen buscan á toda costa un
-adjetivo que lo califique y lo decore?</p>
-
-<p>¡La conquista del adjetivo! No basta tener dinero, hay que llamarse
-distinguido, intrépido, inteligente; cuando no se puede otra
-cosa, <i>sportsman</i>. No saben que una vez encasillados en un adjetivo, no
-hay mayor esclavitud que la de sostenerlo y justificarlo.
-<span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span></p>
-
-<p>—¿Usted sabe, me dice esta amiga mía, la venganza que tomó un cronista
-de salones de una señora muy distinguida, que en cierta ocasión le hizo
-un pequeño desaire? Muy sencillo. En una de sus crónicas de sociedad escribió:</p>
-
-<p>«La elegantísima señora de——, que cada vez que se presenta en
-sociedad luce una nueva <i>toilette</i> ...» Bastó con esto; la elegante
-señora, que como cada hija de vecino, tenía sus cuatro ó cinco trajes
-de luces para todas las <i>soirées</i> de una temporada, se creyó desde
-entonces comprometida á sostener su reputación, y á fuerza de exhibir
-<i>toilettes</i>, se arruinó en un par de años bonitamente. ¿Qué le parece á usted?</p>
-
-<p>—Que no debe uno preocuparse por adquirir adjetivos ni por sostenerlos.</p>
-
-<p>—Es mi opinión. Por eso verá usted que yo no vivo para la galería;
-no me verá usted nunca danzar en fiestas de sociedad, ni en funciones
-benéficas, ni en juntas piadosas ni feministas ... Renuncio á todos los adjetivos.</p>
-
-<p>—¿Se atiene usted al sustantivo?</p>
-
-<p>—Al verbo, amigo mío, al verbo, que es el fundamento de la oración y
-de la vida ... ¡Vivir, poseer, querer ... gozar ...!
-<span class="pagenum"><a name="Page_83" id="Page_83">[83]</a></span></p>
-
-<p>—¡Basta, basta amiga mía! Temo que va usted á traspasar los límites
-del Diccionario en un rapto lírico.</p>
-
-<p>—¿Pero no esta usted de acuerdo conmigo?</p>
-
-<p>—¡Ya lo creo! Yo tampoco me he preocupado nunca por los adjetivos. Y
-sobre todo, ya sabe usted lo que dice el <i>Génesis</i>: En principio era
-el Verbo ... El adjetivo fué después del Paraíso perdido ... ¡Y cuántas,
-cuántas veces puede perderse el estado de inocencia del Paraíso por
-querer saber del bien y del mal de un adjetivo!
-<span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter">
- <img src="images/detail09.jpg" alt="_" width="80" height="78" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span>
- <h2>XI</h2>
-</div>
-
-<p>Cuando Enrique III de Francia se vió venir amenazadora aquella famosa
-liga dirigida por el duque de Guisa, como no era el un rey para
-asustarse por liga más ó menos, se acordó del florentino que llevaba
-dentro (¡tal madre tuvo!) y dió con una idea maquiavélica: proclamarse
-el mismo como jefe supremo de la liga, que fué como decir á los que
-en ella entraban: todo lo que vosotros queréis soy yo el primero en
-quererlo, no hay por qué molestar.</p>
-
-<p>No me atrevería yo á comparar á D. Antonio Maura con Enrique III,
-aunque en su corte, como en la del último Valois, figuren muy gentiles
-<i>mignons</i>; pero el también, como Enrique III, se ha visto venir esta
-nueva liga de la solidaridad como un peligro más ó menos temible, y ha
-querido salirle al encuentro con su proyecto de Administración local;
-con el pensaba poco menos que parecer como el primer solidario.
-<span class="pagenum"><a name="Page_86" id="Page_86">[86]</a></span></p>
-
-<p>Naturalmente, como la historia es de una gran monotonía, tanto ha
-convencido á los solidarios el proyecto como á los partidarios del
-duque de Guisa la jefatura de Enrique III.</p>
-
-<p>Hasta aquí la semejanza, y esperemos que de aquí no pase, porque los
-sucesos que siguieron en la historia de Francia fueron muy trágicos.
-Pero los tiempos no están para tragedias—como deplora D. Valentín
-Gómez en su discurso de recepción en la Academia.—La vida, como el
-arte, sólo recogen de la historia las pequeñas comedias. La política
-moderna, como el teatro moderno, da poco en qué pensar y mucho de qué reir.</p>
-
-<p>Este proyecto de Administración local, ni una cosa ni otra; es de esas
-obras en que el aburrimiento no deja fuerzas para el pateo, en opinión
-de los pocos que se han tomado el trabajo de leerlo, tan pocos que,
-seguramente á su propio autor podría decírsele sin paradoja, lo que una
-dama de la corte de Luis XV contestó á un obispo que le preguntaba si
-no había leído sus últimas pastorales.</p>
-
-<p>—No, no las he leído. ¿Y vos, monseñor?
-<span class="pagenum"><a name="Page_87" id="Page_87">[87]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Los que conocemos al doctor Simarro, nunca pudimos imaginar que no
-fuera el amado maestro de sus discípulos. Con su cara de amable
-filósofo griego, con su indulgente escepticismo, sólo podemos creer que
-esa severidad de examinador, que tanto ha soliviantado á sus alumnos,
-es sólo bondadosa y fraternal solicitud, mal comprendida por ellos.</p>
-
-<p>Creedlo, jóvenes estudiantes; cuando no se ama la ciencia con toda
-verdad y todo desinterés; cuando solo se busca en la indulgencia de un
-profesor el portillo de escape para llegar más pronto á la declaración
-oficial de sabiduría, el maestro, y mucho más si lo es de Fisiología
-psicológica, tiene el deber, no sólo de juzgar por vuestra suficiencia
-en el examen, sino hasta por la expresión de vuestra fisonomía, que no
-habéis elegido el mejor camino, aunque solo pretendáis de la ciencia un
-modo de vivir; pero la Ciencia, como el Arte, sólo dan de vivir al que
-les dió toda su vida; hay otras profesiones honrosas y lucrativas en
-que la impaciencia por llegar pronto esta justificada.</p>
-
-<p>Los sacerdocios exigen verdadera vocación y la verdadera
-vocación no es nunca impaciente.
-<span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span></p>
-
-<p>Muchas veces, por la voz del maestro que nos detiene con un suspenso
-en lo mejor de una carrera, habla la voz del destino que nos llama
-por nuestra verdadera senda. ¡Hay tantos caminos en la vida! Pero la
-Ciencia, que es la verdad, sólo tiene uno: ella misma.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Cada día es una nueva conquista de la libertad; esta del voto
-obligatorio es una de las más preciosas. Cuando vivíamos en la creencia
-de que ese voto era un derecho que la ley nos concedía graciosamente,
-ahora resulta que es un deber ineludible, un deber del que no nos
-habían hablado ni el Catecismo ni la Etica. Verdad es que cuando se
-escribió el Catecismo y cuando nosotros estudiamos la Etica, era la ley
-la que impedía á la mayoría de los ciudadanos el cumplimiento de ese
-deber, al que ahora cree que ninguno debe faltar.</p>
-
-<p>Hasta ahora lo mejor de ese derecho, como de casi todos los derechos,
-era la facultad de no usarlo; aparte que si es bueno que todo ciudadano
-intervenga en la gobernación del Estado, el abstenerse de votar era en
-política, como el sueño en cuestiones literarias, una opinión de tanto
-peso como cualquiera otra.
-<span class="pagenum"><a name="Page_89" id="Page_89">[89]</a></span></p>
-
-<p>Porque veamos qué hace con su voto un ciudadano con ideas propias y
-particulares. ¿Votar una de esas candidaturas impresas, de candidatos
-encasillados, desconocidos para el, ó demasiado conocidos? ¿Manuscribir
-una candidatura de su gusto, con personas de su particular confianza y
-aprecio? ¿Y qué adelantará con votarla el solo? Porque, supuesto que
-haya otros ciudadanos que tampoco estén conformes con los papelitos
-impresos, menos han de estarlo con el manuscrito por cualquier buen
-ciudadano con los nombres de amigos muy apreciables para el, pero no
-tan apreciables para su vecino.</p>
-
-<p>¡Ay, bien dicen que nunca aprecia uno lo que tiene ni sabe lo que pide!</p>
-
-<p>Pedimos una gracia y nos encontramos con una obligación. De este modo
-no sería extraño que el día en que se votara la ley del divorcio,
-en vista de que la gente no hacia tampoco gran aprecio de ella, se
-impusiera también como obligatorio; porque las libertades se conceden
-para eso, para disfrutarlas, ya que tanto les cuesta á los gobiernos concederlas.
-<span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span></p>
-
-<p>Como todo se andará al paso que vamos, la instrucción obligatoria,
-el servicio obligatorio, la vacuna obligatoria, el matrimonio y el
-divorcio obligatorios, el voto obligatorio, prohibida la emigración
-y el suicidio muy perseguido, no será ningún contrasentido que las
-futuras revoluciones liberales se hagan al grito de: ¡Abajo la
-libertad! ¡No más libertades!</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>El actual verano se presenta en Madrid como los más clásicos de feliz
-memoria; mucho calor, crimen misterioso, y para que no le faltará su
-poquito de epidemia, hemos padecido una de oratoria, más alarmante por
-haber sido los casos más fulminantes justamente entre los encargados de
-inocularnos el virus preservativo de la enfermedad.</p>
-
-<p>Se conoce que por ahora su sistema de curación es la homeopatía; no por
-las pequeñas dosis, sino por lo de <i>similia</i>, etc., el mismo que ya
-recomendó Cervantes en su entremés de <i>Los dos habladores</i>.</p>
-
-<p>Como era de esperar, en el concurso de gorros solidarios: frigio,
-barretina y boina, ha sobresalido la última; de modo que ya sabemos por
-<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span>
-dónde viene esa España viva dispuesta á luchar con la España muerta.
-Con eso y con dividirnos, subdividirnos y desmenuzarnos en castas, cada
-una con sus fueros particulares, según su aplicación y comportamiento,
-pero siempre bajo la hegemonía de Atenas, ya estamos arreglados para ir
-tirando otros cuántos siglos por esos andurriales de la historia.</p>
-
-<p>¡Buenos están los tiempos para jugar á los estaditos! En Alemania—que
-es hoy por hoy la verdadera portería—darán razón; y en la Haya, las
-mejores referencias.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Muy del tiempo y de los tiempos también, ese juez que entrega al
-fuego purificador la biblioteca de Vicenta Verdier. Todo cuestión de
-forma literaria; porque si esos libros los hubieran firmado Bourget,
-D’Annunzio, Willy y Felipe Trigo, á estas horas la Vicenta figuraría en
-el libro de oro de nuestros intelectuales.</p>
-
-<p>¡Y qué reclamo para los autores! Como lo será, sin duda, para los
-vendedores furtivos de esas amenidades galantes, el susurrar al
-<span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span>
-ofrecernos su mercancía: ¡Un librito alegre! ¡De la biblioteca de la
-Vicenta! ¡El último que me queda!... ¡Qué idea! El reclamo moderno
-no se detiene por nada. ¿Será esta una nueva pista del crimen? Si
-estuviéramos en los Estados Unidos, no habría que dudarlo; aquí los
-crímenes son de una vulgaridad tal, que lo único que puede darles un
-poco de poesía es el misterio.</p>
-
-<p>Después de un crimen de estos ¿quien no comprende la emoción que deben
-sentir esas mujeres para quien el amor es un constante juego de azar al
-encuentro, cuando piensen ante el desconocido de cada día: ¿Será éste
-el que mató?</p>
-
-<p>¡Oh suprema voluptuosidad que no saboreó el marqués de Sade y que
-tantas mujeres desgraciadas pueden saborear cada día, para envidia de
-esas mundanas aburridas que, ansiosas de emociones, se despeñan en un
-automóvil á 80 kilómetros por hora!</p>
-
-<p>Las conveniencias sociales nos obligan á buscar derivativos confesables
-á nuestras energías más íntimas. ¡Asusta pensar lo que sería de algunas
-elegantes automovilistas que conocemos si aplicaran al amor esas
-velocidades y ese desprecio á los peligros!
-<span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Rafael Calvo y Antonio Vico fueron los dos intérpretes brillantes de
-ese teatro tan nuestro, sin sinuosidades psicológicas, rotundo como
-un imperativo, todo altivez, todo arrogancias; con impertinencia de
-bravucón á veces, sombrío acaso, nunca obscuro, en que la imprecación
-es razonamiento y el rugido llanto. Ese teatro fué tan de Rafael Calvo
-y de Antonio Vico, que bien puede dudarse si ellos fueron por el ó el
-fué por ellos.</p>
-
-<p>Hoy es otro teatro; el llamado de ideas, donde se refugian como
-novedades las ideas ya viejas en el libro y en el pensamiento. Y otras
-obras de chistes ingeniosos, de chismorreo malicioso; hay quien las
-dispensa el favor de llamarlas satíricas y hasta quien las considera
-demoledoras; nos asustamos por poco, quizás porque lo tememos todo.</p>
-
-<p>Los buenos burgueses no quieren que los autores de comedias asustemos á
-sus mujeres y á sus hijas: es un monopolio que quieren conservarlas.</p>
-
-<p>Yo lo encuentro muy natural; tan cuidadosos como ellos de que sus hijas
-no oigan algunas de mis comedias, lo sería yo si tuviera hijas de que
-no oyeran las conversaciones de las suyas. ¡Porque si uno se limitara á
-copiar lo que oye, sin atenuaciones!
-<span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span></p>
-
-<p>Y no es sólo en las clases altas; no cometeré yo tal injusticia. En
-la primitiva aldea en que paso algunas temporadas, oí un día de estos
-á una sencilla zagala que le decía al autor de sus días con la mayor
-ingenuidad: ¡Pero cuando reventará usted, padre! ¡Para lo que sirve
-usted en el mundo!</p>
-
-<p>No digo que quedé consternado, porque hace tiempo me sometí á un
-tratamiento muy enérgico para curarme de la consternación á que era muy
-propenso desde pequeñito, pero sí pensé que tampoco queda el recurso de
-refugiarse en la sencillez de los campos para llevar algo de realidad
-al teatro sin miedo á escandalizar. Habrá que buscar asuntos de pura
-imaginación. ¡Pero hay que ver como esta la imaginación muchas veces,
-sobre todo con estos calores!</p>
-
-<div class="figcenter">
- <img src="images/detail10.jpg" alt="_" width="58" height="74" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span>
- <h2>XII</h2>
-</div>
-
-<p>El gobierno con las Cortés y los empresarios de género chico con sus
-teatros, siempre se proponen lo mismo al empezar el verano: no cerrar ó
-cerrar lo más tarde posible.</p>
-
-<p>Los empresarios siquiera procuran refrescar la vista del público
-con su golpe de cortinajes blancos y macetas de permanente verdor,
-repartidas por el vestíbulo y los pasillos del teatro. Cuentan además
-con la fantasía de autores y escenógrafos, para transportar á los
-espectadores á una de esas playas de ensueño cómico-lírico en que todas
-las bañistas lucen carnes de color de rosa—todos los rosas marítimos,
-desde el salmón al coral, sin olvidar el salmonete ni la langosta
-cocida,—visten de raso, impermeabilizado sin duda, calzan sandalias
-con tacones Luis XV, y no prescinden de corsé, pendientes, sortijas,
-colorete, etc. Y no es cosa de lamentar la impropiedad; desde muy
-antiguo, los poetas se permitieron con Galatea toda clase de licencias
-al presentarla <i>alegre y bulliciosa por la ribera arenosa</i> ...
-<span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span></p>
-
-<p>¿No nos dijo por ella el poeta en sus quintillas clásicas?</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i2">¿Qué pasatiempo mejor</span>
-<span class="i0">orilla al mar puede hallarse</span>
-<span class="i0">que escuchar al ruiseñor,</span>
-<span class="i0">coger la olorosa flor</span>
-<span class="i0">y en clara fuente bañarse?</span>
-</div></div></div>
-
-<p>Pasatiempos algo más difíciles de hallar á orillas del mar que puede
-serlo el ver por esas playas á una bañista moderna, más bulliciosa que
-Galatea, vestida como una tiple de juguete cómico-lírico veraniego.</p>
-
-<p>¡Así dispusiera el gobierno de estos recursos teatrales para retener
-á su público durante el verano! Pero cualquiera detiene á nuestros
-legisladores para estudiar y discutir leyes de tanto peso y abrigo, con
-billete gratuito por todas las líneas, y, el que más y el que menos,
-con dos ó tres sirenas en casa llamándole hacia el mar con voz, ya
-acariciadora y mimosa, como de hija, ya terrible y conminadora, como de
-mujer ó de suegra, y todas ellas mostrándole, no sólo un nuevo mundo
-como á Colón, sino muchos mundos, tal vez viejos, pero llenos de cosas
-nuevas que descubrir y que enseñar por esas playas y casinos.
-<span class="pagenum"><a name="Page_97" id="Page_97">[97]</a></span></p>
-
-<p>Como hay autores cómicos que no empiezan á escribir una obra hasta
-tener apuntado el suficiente número de chistes con que amenizarla, hay
-señoras que hasta no contar con buen número de <i>toilettes</i> no empiezan
-á planear su viaje; de otro modo, tampoco tendría chiste. Después,
-según la ropa, se piensa en un sitio ó en otro.</p>
-
-<p>Yo se de un padre de familia que este año ha decidido dar la vuelta al
-mundo con su mujer y sus hijas, según dice, por economía.</p>
-
-<p>—¡Pero, hombre!—le argumentan los amigos.—¿Por economía? Si le
-costará á usted un dineral el viaje.</p>
-
-<p>—No lo crean ustedes. Como estaremos poco tiempo en cada sitio y sólo
-vamos de <i>touristas</i>, mi mujer y mis hijas se contentan con llevar el
-preciso equipaje. Y no saben ustedes lo que esto significa. Un verano
-me las lleve á Cercedilla con la idea de hacer economías, y como la
-misma gente se reune catorce veces al día, y porque no creyeran que
-estábamos allí por economizar ... ¡Aquello era una representación de
-<span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span>
-Frégoli diaria! En fin, tanto cambiaban de vestidos y tan de pies á
-cabeza, que yo no entraba una vez en casa que no me las encontrara
-en camisa ... ¿Pero por qué os desnudáis tanto? les decía; vais á resfriaros ...</p>
-
-<p>—Si no nos desnudamos, papá; nos vestimos.</p>
-
-<p>¡Respuesta de una gran filosofía! Porque, en efecto, las mujeres no
-se desnudan nunca, se visten siempre; si alguna vez en su vida puede
-parecer que sólo se trata de desnudarse, no lo crean ustedes: es por el
-gusto de vestirse luego ... y vestirse algo mejor, si es posible.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Lo que más siente el público—¡oh buen público, lector de folletines y
-espectador de melodramas!—cuando no parece el autor de un crimen, no
-es que éste quedé impune y pueda ser un peligroso ejemplo para animar
-á más de cuatro indecisos que no han encontrado todavía su senda por
-el mundo; lo que el público siente, es la desilusión de su curiosidad
-no satisfecha. Como si un periódico de gran circulación cortara su
-gran novela de crímenes en lo más interesante, y los fieles lectores
-<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span>
-quedaran sin saber lo que fué de Emma, después de encerrada en el
-subterráneo del castillo, ó de la condesa, después de hipnotizada
-por el barón, para sugerirle la idea de robar el Banco de Londres, ó
-cualquier otra friolera.</p>
-
-<p>¡Ah! si la conciencia pública se manifestara con sinceridad, cuántas
-veces en casos de crimen misterioso se votaría con general satisfacción
-un plebiscito concediendo, no sólo el perdón, sino hasta una pension
-vitalicia y algunas condecoraciones, al criminal, con la única
-condición de presentarse á descifrarnos la charada y no dejarnos en la
-duda de como y porqué fué el crimen.</p>
-
-<p>No faltarían personas distinguidas que le invitaran á sus comidas y
-<i>soirées</i> para oírselo referir de viva voz. ¡Esta pícara hipocresía
-social nos priva de los mayores placeres y hasta de algunas buenas
-obras! Porque, ¿quien sabe si un criminal, por empedernido que fuera,
-al verse así halagado y considerado por las gentes, no acabaría por ser
-el hombre más sociable y más <i>adaptado</i> del mundo? Acaso acabaría en
-filántropo. No sería el primer caso que conocemos, y no de criminales
-misteriosos precisamente, sino muy notorios, aunque impunes.
-<span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span></p>
-
-<p>¡Los altos designios de la impunidad son tan respetables! ¡Cuántas
-veces una condena prematura por un <i>crimencito</i> de tres al cuarto,
-puede privar á la humanidad de un gran bienhechor, á la sociedad de un
-hombre agradable!</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Cuando llegan de algunas provincias tristes lamentaciones por los
-perdidos fueros y andan esos regionalistas—como ciertas mujeres que
-culpan siempre de todas sus desgracias al que las perdió, como ellas
-dicen—maldiciendo todavía del señor rey Don Felipe II ó Don Carlos
-II ó Don Felipe V—según regiones,—que fueron también la causa de su
-perdición primera con quitarles sus fueros y privilegios, bueno sería
-que los madrileños, tan despreocupados de nuestra historia, indagásemos
-si en algún tiempo tuvimos también algún fuero ó siquiera fuerillo
-ó ventajilla de que ampararnos ahora ante el nuevo impuesto que nos
-amenaza, digno de los mejores tiempos feudales.
-<span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span></p>
-
-<p>Nuestro alcalde quiere ejercer con los madrileños algo así como el
-llamado por los franceses, con más delicadeza de frase que entre
-nosotros, <i>le droit du seigneur</i>. ¡Y cuánto más seguras que en el
-antiguo derecho de pernada, serán las primicias de la verdadera flor de
-azahar, tratándose de que en Madrid trabajemos todos! ¡Cuántos brazos
-vírgenes de toda faena!</p>
-
-<p>Pero como los madrileños, no en balde gatos, somos de natural rebeldes
-á imposiciones, tendrá que ver de lo que seremos capaces antes de
-someternos á esa prestación personal. Los sablistas y pedigüeños ya
-tienen un motivo oratorio más con qué conmovernos: «¡Dos días sin comer
-y mañana al tajo; tengan compasión!» No faltarán tampoco funciones
-teatrales con el objeto de redimir á un padre de familia, del azadón,
-del pico, y ¡qué se yo! Habrá quien sea capaz ... hasta de trabajar por
-primera vez en su vida sólo por reunir la cuota necesaria á redimirse
-del trabajo.</p>
-
-<p>Pero no hay que alarmarse demasiado; si ello llegase á ser ordenanza
-municipal, ya sabemos á lo que todo quedará reducido: á que los días de
-elecciones vayan á trabajar al tajo todos los electores de oposición.
-<span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Entre la infinidad de compras, precursoras del viaje veraniego, las
-mujeres no olvidan los libros. En Madrid no hay vagar para la lectura:
-el periódico, la revista ilustrada, lo que basta para saber lo que pasa
-por el mundo. Pero en estos días la librería á la moda se anima con el
-charloteo femenino:—¿Qué novedades hay? ¿Qué novelas pueden leer estas
-niñas? Algún libro de versos ...</p>
-
-<p>Ya es la gran dama que presume de intelectual y consulta catálogos y
-elige por sí misma, y en el mismo paquete une á Nietzsche con Bourget,
-y á Tolstoï con D’Annunzio, sin olvidar algún estudio histórico sobre
-algún personaje del siglo <span class="smcap">xviii</span>, con preferencia alguna
-favorita del Rey Sol ó del Bien Amado. Hay que documentarse, nadie
-sabe lo que puede ocurrir en este mundo. Ya es la madre de severos
-principios que lleva de antemano anotados los libros que recomienda ó
-permite el Padre Dulce, de la Compañía. Ya es la institutriz que elige
-ante todo los libros de su gusto, muy convencida de que las señoritas
-no han de leerlos, y para ella todos serán pocos en muchas ocasiones
-cuando para una institutriz de buen tono no hay libro bastante
-<span class="pagenum"><a name="Page_103" id="Page_103">[103]</a></span>
-interesante si ha de absorber su atención por completo ni bastante
-voluminoso si ha de ocultarla discretamente todo lo que sucede á su alrededor.</p>
-
-<p>Ahora son unas muchachas bullangueras, de esas que quisieran á cada
-momento, sólo con pasar, exteriorizarse todas, y hablan y ríen,
-pensando tanto en que las oyen, que apenas piensan lo que dicen. A
-la rebatiña de palabras unas con otras, no suben á tranvía, ni hacen
-corro en la calle con amigos, ni entran en tienda sin dar noticia de su
-nombre, y parentescos, y relaciones, y gustos y disgustos ...</p>
-
-<p>—Yo, como no puedo resistir á los hombres tontos ...</p>
-
-<p>—Yo, como me vuelvo loca por la horchata de chufas ...</p>
-
-<p>—Yo, como no soy como Fulanita ...</p>
-
-<p>Y á propósito, traje cortado, hilvanado y cortado á la medida de
-Fulanita en menos tiempo que un luto.</p>
-
-<p>Estas revuelven la librería, con un comentario para todos los libros,
-sin desatender por eso, desde la vidriera, á cuántos pasan por la calle.</p>
-
-<p>—Mira ... Becquer. ¡Qué preciosidad! ¡Es mi poeta!</p>
-
-<p>—Y el mío.
-<span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span></p>
-
-<p>—¿Has leído esto?</p>
-
-<p>—Es muy aburrido, una lata ... ¡Pero como va esa criatura! ¿Habéis
-visto?</p>
-
-<p>—¿Quién, quien?</p>
-
-<p>—Juanita.</p>
-
-<p>—¡A ver, á ver!</p>
-
-<p>Se precipitan á la puerta. Risas. Comentarios al traje de Juanita; del
-traje pasan á la piel. Vuelven á los libros.</p>
-
-<p>—¿Habéis elegido ya?</p>
-
-<p>—¿Qué decidís?</p>
-
-<p>—Yo, éste.</p>
-
-<p>—Yo, estos dos.</p>
-
-<p>En un aparte furtivo, una de ellas señala un libro.</p>
-
-<p>—¡Fijaos!</p>
-
-<p>—¡Qué horror!</p>
-
-<p>Es un libro de que oyeron hablar, como de tantas cosas; un libro que
-ellas sólo pueden conocer así, por el forro, como tantas cosas. Pero
-sus ojos acarician el libro cerrado y por su frente pasan adivinaciones
-que se traslucen en un reir nervioso.</p>
-
-<p>—¡Qué tonta! ¿De que te ríes ahora?</p>
-
-<p>—¿Y tu?</p>
-
-<p>—Me acuerdo de Juanita.
-<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span></p>
-
-<p>Entra un criado de casa grande, entrega á un dependiente una larga
-lista de libros. El dependiente busca, reune; entre ellos va el libro.
-Sale el criado. Ellas, casi á coro:</p>
-
-<p>—¿Para quien son esos libros, sabe usted?</p>
-
-<p>—Para la duquesa de——.</p>
-
-<p>—¡Fulanita!</p>
-
-<p>Lanzan el nombre propio y familiar, para que se entere el dependiente
-de que la duquesa es cosa muy suya. A continuación, traje de corte y
-gran gala para la duquesa y algunos allegados.</p>
-
-<p>Es un rato muy divertido el que puede pasarse en la librería á la
-moda, en estos días en que tantas bellas y graciosas mujeres acuden á
-proveerse de literatura.</p>
-
-<p>Yo las deseo á todas que el primer libro abierto ruede días y días por
-mesas y sillas y mecedoras de terrazas de hotel ó de balneario, con
-un pico doblado, nunca más allá de las veinte primeras páginas. Será
-la mejor señal de que el veraneo ha sido agradable para ellas. Que la
-lectura sea el refugio de vuestras institutrices y señoras de compañía.
-Cuando hayáis leído todos los libros del mundo, no seréis más bonitas
-y acaso seréis tan ignorantes. Los libros no enseñan nada cuando, al
-leerlos, aún podemos preguntar: ¿Será verdad esto? ¿Será así?
-<span class="pagenum"><a name="Page_106" id="Page_106">[106]</a></span></p>
-
-<p>Y cuando podemos decir, al leerlos: ¡Qué verdad es esto! ¡Así es!, ya
-es tarde; la vida nos ha enseñado más que todos los libros, y tampoco
-pueden ya aprovecharnos de nada.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Las autoridades de algunas regiones de Francia infestadas de lobos,
-acordaron en una ocasión conceder á los cazadores una cantidad,
-bastante apetitosa, por cada lobo presentado. Y sucedió ... ¿Que todo
-el mundo se dió á cazar lobos en aquellas regiones?, dirán ustedes. De
-ningún modo; á lo que se dieron fué á criarlos como á hijos y á cuidar
-por todos los medios de que no acabara la casta, para ir cobrando;
-hasta que las autoridades, más que paternales, maritales siempre, en
-esto de ser las últimas en enterarse, cayeron en la cuenta de que no
-es el mejor modo de acabar con los lobos el convertirlos en fuente de
-ingresos saneados para mucha gente.
-<span class="pagenum"><a name="Page_107" id="Page_107">[107]</a></span></p>
-
-<p>He aquí un sucedido que debieran tener en cuenta esas autoridades que
-se sirven de confidentes, delatores y todo linaje de soplones, para
-descubrir y cazar malhechores de cualquier especie. Por natural ley
-económica, la demanda crea la oferta. Paguen ustedes por descubrir
-anarquistas y los anarquistas no se acabaran nunca y las confidencias
-se irán complicando como novelas por entregas, y con todo esto les
-sucede á las autoridades celosas lo que á esos maridos, celosos
-también, que acuden á una agencia de informaciones para que le
-averigüen si su mujer le engaña, y al cabo de gastarse muy buenos
-cuartos, confidencia va, confidencia viene, acaba por enterarse de que
-precisamente el que trata de pegársela con su mujer es el director de la agencia.
-<span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter">
- <img src="images/detail11.jpg" alt="_" width="80" height="80" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span>
- <h2>XIII</h2>
-</div>
-
-<p>¡Por qué se veranea? ¿Por huir del calor? Las mismas ó mejores razones
-habría para huir del frío en invierno. Y aún el huir del calor sería
-un motivo si los que veranean fueran á los polos ó á la América del
-Sur, á empalmar invierno con invierno; pero la mayoría va á lugares
-en donde el calor, cuando aprieta, no es menor que en Madrid, aunque
-exornado con mosquitos, pulgas, orfeones y otros alicientes. En esos
-días de calor <i>excepcional</i>—los fondistas y patronas del norte siempre
-le llaman excepcional—tienen los veraneantes el consuelo de pensar
-como aquel espectador de toros en tendido de sol: ¡Si aquí estamos
-así, como estarán los de enfrente con el resistero! Suele suceder que
-los de enfrente estamos más frescos y más comodos, pero no es cosa
-de telefonear ó telegrafiar para que rabien los de fuera, ya que se
-han gastado su dinero. Ellos, en cambio, tienen días muy frescos; tan
-<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span>
-frescos, que casi siempre van acompañados de ventiscas ó chaparrones,
-y hay que pasarlos encerrado en casa ó en el cuarto de una fonda y con
-los balcones cerrados; de modo que ... ¡fresco perdido!</p>
-
-<p>¿Se veranea por cambiar de vida? Nada de eso; el ideal de todo
-veraneante es encontrarse con el mayor número de gente conocida y
-hay que ver con qué exclamaciones de júbilo se saluda á los que van
-llegando, aunque sólo se los conozca de vista. ¡Dicha completa si la
-tertulia reunida es la habitual de Madrid, sin faltar un amigo! Y si la
-compañía que actúa en el teatro es también madrileña y representa las
-mismas obras que en Madrid nos aburrieron; y si en la Plaza de Toros
-ocupamos localidad equivalente á la de Madrid y alrededor se sientan
-los mismos aficionados con los mismos comentarios y las mismas gracias,
-y en el redondel vemos á los mismos toreros las mismas faenas.</p>
-
-<p>De San Sebastián á Zarauz, de Zarauz á Biarritz, no se oye otra
-pregunta: ¿Qué gente conocida hay? ¿Hay mucha gente conocida? Y se va
-de un punto á otro para averiguarlo, y se pondera la excelencia de
-un sitio, no por sus propias excelencias, sino porque esta cerca de otoros
-<span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span>
-sitios y es excelente base de operaciones: Nosotros preferimos
-esto—dicen muchos—porque se esta cerca de todas partes. Y hay quien
-dice con frase gedeónica: Nosotros lo pasamos muy bien aquí ¿sabe
-usted? porque nunca estamos aquí.</p>
-
-<p>A todas horas van por esas carreteras los automóviles, lanzados como
-en montaña rusa, trayendo y llevando gente conocida. Y esa es toda la
-psicología del veraneo: ¡Movimiento, movimiento!</p>
-
-<p>Es gente de tan pocos recursos propios, que la soledad y el reposo les
-llevaría al suicidio por aburrimiento.</p>
-
-<p>En su cerebro sólo suena algo, como en los cascabeles, cuando se
-agitan. Todo para que en Madrid pensemos al leer las crónicas de los
-corresponsales: ¡Como se divierten por allí! Mientras los de allí dirán
-al leerlas: ¿Pero será verdad que nos divertimos tanto?</p>
-
-<p>¡Y Madrid es tan delicioso en verano! En primer lugar deja uno de ver
-á mucha gente desagradable. La temperatura es la natural; calor de
-verano, fresco de verano—nada de excepcional como en el Norte.
-<span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span></p>
-
-<p>La salud pública es excelente, como en ninguna estación del año; la
-prueba es que casi todos los médicos veranean muy descuidados; verdad
-que esto puede ser causa ó efecto. En la Exposición del Retiro se
-da uno la satisfacción, por poco dinero, de proteger el Arte y la
-Industria juntamente, y lo demás se nos da por añadidura. En Parisiana,
-con un poco de imaginación, se figura uno estar en la terraza de algún
-casino de playa á la moda, con su música de <i>tziganes</i> y su teatrillo.
-Y aún queda la Bombilla para darnos la ilusión de que no nos ve nadie,
-aunque al otro día le diga á uno todo el mundo: ¿Conque anoche en la
-Bombilla? ¡Ya esta usted bueno! Y queda el <i>boulevard</i> para darnos la
-ilusión de un paseo provinciano, y queda ... del Prado al Hipódromo
-para pasear en simón con neumáticos, con tanta poesía como en góndola
-veneciana, amores propios de la estación ... Y en fin, lo que dice un
-diputado, retenido en Madrid por la discusión de los azúcares: ¡Si en
-Madrid se pasa el verano como en ninguna parte! Yo no tengo prisa por
-que se cierren las Cortés; he mandado fuera á la familia.
-<span class="pagenum"><a name="Page_113" id="Page_113">[113]</a></span></p>
-
-<p>—No siga usted—le atajé en seguida.—Usted lo entiende. Si sigue
-usted en Madrid y la familia fuera, pasará usted el gran verano. Créame
-usted; lo que sofoca no es el calor, es la familia. Y si los senadores
-y diputados dan en mandar á la familia por delante, ya verá usted como
-no hay tantas prisas porque se cierren las Cortés, y cuando se cierren,
-todavía se harán algunos los remolones.</p>
-
-<p>Para los que se presenta mal el año, es para esos jóvenes que veranean
-en un pueblecito modesto y al regresar quieren hacernos creer que han
-estado en todas partes y han alternado con la mejor gente; porque
-este año no basta con tener la cara tostada como por el aire del mar,
-para darse tono, hay que traer unos cuántos chichones y otros cuántos
-cardenales bien repartidos, para demostrar que se ha cultivado los
-<i>sports</i> de moda y con alternativa.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Permitida la fabricación y la venta de armas, no sólo de las que puede
-considerarse como de caza entre las de fuego, ó como utensilios de
-trabajo entre las blancas, sino de otras muchas que visiblemente no
-pueden tener mejor uso y destino que el de <i>mojar</i>, según tecnicismo,
-<span class="pagenum"><a name="Page_114" id="Page_114">[114]</a></span>
-más tarde ó más temprano, ¿no es una contradicción ó <i>contracción</i>,
-mejor dicho, que la autoridad proceda á impedir el uso de lo que no
-impidió la adquisición?</p>
-
-<p>Un navajón tamaño de esos que vemos, ornato de escaparates, con sus
-arabescos y lemas en la hoja, para mayor gala; un puñalito de esos
-del precioso saca y mete, como cantan en una popular zarzuela, ¿para
-qué pueden servir sino es para solucionar á un prójimo, en un abrir
-y cerrar de muelles, el pavoroso problema la eternidad? ¿Se supone
-que sólo los compra el coleccionista de armas para colocarlos en una
-panoplia, ó el extranjero para llevarse un recuerdo más de España, con
-la pandereta, el abanico, el par de castañuelas y el de banderillas?
-Y si sólo estos pueden ser los usos materialmente inofensivos de
-estas armas, ¿no es hora de atajar la superproducción? Y si tales
-armas tienen otra utilidad que no adivino, ¿no debe por lo menos
-equiparárselas con las medicinas peligrosas y no despacharlas sino con
-receta garantizada por algún doctor en medicina social?
-<span class="pagenum"><a name="Page_115" id="Page_115">[115]</a></span></p>
-
-<p>No son juguetes que pueda manejar cualquiera, pero mientras cualquiera
-pueda adquirirlos, despojarle luego de una propiedad que adquirió
-legalmente es ... por lo menos un contrasentido, y los contrasentidos
-siempre desprestigian. ¿Que las autoridades tienen el deber y el
-derecho de prevenir? Ya lo creo; pero antes de registrar el bolsillo
-del transeúnte que compró el arma, debe registrar el bolsillo del
-fabricante que la vendió.</p>
-
-<p>¡El acero tiene aplicaciones tan útiles! Además, á la larga, no habría
-pérdidas para nadie. Cuando esas preciosas navajas de muelle y esos
-puñales primorosos escasearan en el mercado, los coleccionistas y los
-extranjeros los pagarían como curiosidades arqueológicas.</p>
-
-<p>Entre tanto, ese procedimiento antipático del <i>cacheo</i> es ... lo de
-siempre: poner emplastos á los granitos en vez de purificarnos la sangre.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>En Valencia se ha vuelto loco un toro y en Córdoba se ha vuelto loco
-todo un público. Los dos han hecho lo mismo: embestir con cuanto se les
-ponía por delante. El público se puso en tal estado de indignación por
-la mansedumbre de los toros. La locura del toro esta más justificada:
-<span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span>
-fué de indignación por la fiereza de los hombres. Se vió acosado,
-acorralado, enchiquerado, y pensaría: ¿Pero qué va á ser esto? Y
-decidió morirse, dispensándonos un favor; porque si tanto se indigno
-con los preliminares, si hubiera llegado á la lidia, ¿qué de cosas no
-hubiera ido mugiendo de nosotros á los elíseos pastos? ¡«Azafrán»,
-«Azafrán»! Tu sangre de toro sería excelente, pero no era sangre
-española; los españoles nos dejamos lidiar hasta el fin. Además, nunca
-te perdonarán los aficionados sus ilusiones defraudadas. ¡Lo que
-hubiera hecho ese toro en la plaza! Menos mal que á los pocos días
-pudimos consolarnos, diciendo: ¡lo que han hecho esos animales en la plaza!</p>
-
-<p>El caso es que veamos siempre bravura, ó en los toros ó en los toreros
-ó en el público.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Esta vez sí que nos han dado una buena lección los catalanistas, y no
-hay que ofenderse por ella, porque si es verdad que nuestra policía les
-parece deficiente, no hay que decir que han acudido á ellos mismos para
-<span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span>
-suplir la deficiencia. Se conoce que entre los cráneos superiores no
-se da la protuberancia policiaca, y así lo han reconocido con modestia
-al buscar un policía del mejor género inglés, tan acreditado en esta
-especialidad. Así esta bien, y lo bueno debe buscarse donde lo haya
-mejor. ¡Y ojalá en todo y siempre hubiéramos hecho lo mismo por aquí y
-otro gallo nos cantara ó no cantara ninguno!</p>
-
-<p>Los lujos hay que pagarlos, y este se paga bien y tampoco hay que
-censurarlo; de este modo se puede exigir méritos en justa relación con
-el precio; la verdad, pedir un Gorón ó un Sherlock Holmes por treinta
-ó veinticinco duros al mes que cobrarán algunos de nuestros modestos
-policías, es como pedir primores culinarios á una cocinera con tres
-duros de salario y uno para la compra. La creencia en ultraterrenas
-recompensas esta muy debilitada en los espíritus modernos, para que
-nadie haga apostolado de servirnos por nuestra linda cara. Todos
-sabemos lo que podemos exigir, poco más ó menos, según lo que pagamos
-á nuestros servidores particulares; sólo cuando se trata de servicios
-sociales, nos creemos en el caso de pedir gollerías. Por mil libras
-esterlinas y gastos de <i>mise en scene</i>, los barceloneses ya tienen
-derecho á quejarse si M. Arrow no les deja aquello hecho un Paraíso terrenal.
-<span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span></p>
-
-<p>En todas las grandes capitales quedan todos los años más de uno y más
-de dos crímenes impunes; en Madrid, aunque quedaran por docenas, no
-tendríamos razón para extrañarlo. Con los sueldos mezquinos de nuestra
-policía, el personal escaso, y ese ocupado de continuo en velar por
-existencias preciosas ¡quien lo duda! y que aún debieran estar mejor
-guardadas, pero con personal aparte, lo admirable es que Madrid sea,
-y no lo duden ustedes, una de las capitales en que menos <i>sucesos</i>
-ocurran. Descuenten ustedes muchos de esos timos del portugués y de los
-perdigones, que nos hacen pensar: ¿pero es posible que todavía haya
-gente tan cándida por el mundo? Y, en efecto, muchas veces el dinero
-se perdió en el juego ó se gasto en la aventurilla escabrosa, y el
-cándido forastero necesita que <i>salga</i> en los periódicos la noticia del
-timo para justificarse con la parienta que le sacará los ojos si otra
-cosa creyera. Del mismo modo hay muchos robos y atracos de la más pura
-auto-sugestión, y las culpas son siempre para la policía, que no diré
-<span class="pagenum"><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span>
-yo que sea perfecta, ni mucho menos, á poco que se piense en como esta
-pagada. Aquí, donde para ser lógicos, ya que hay maestros con cinco
-duros al mes, necesitaríamos policías con cinco mil al año. En cambio,
-si tuviéramos maestros con cinco mil duros al año, acaso nos bastara
-con policías á cinco. Para la gente pobre, ya se sabe, al cabo del año
-lo que no va en alimentos, se va en botica, y la verdad ¡con cinco
-duros de alimentación espiritual, todo debía ser poco después para remedios!</p>
-
-<p>Esperemos esa segunda lección de los catalanistas. ¡Un maestro de
-escuela con mil libras esterlinas de sueldo! Eso sería ... como el
-título de la última obra de Mark Twain: «Better than Sherlock Holmes»;
-traducido para que no lo entienda míster Arrow y no quieran entenderlo
-sus importadores: «Mejor que Sherlock Holmes».</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>¿Qué especie de curiosidad ha llevado á la vista del juicio de
-Soleilland á tanta Eva, aunque en lo corporal vestidas por Doucet,
-Redfern ó Paquín, en lo espiritual sin la menor hoja de parra para
-encubrir su desvergüenza?
-<span class="pagenum"><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span></p>
-
-<p>¿Era como una tardía manifestación de protesta que pudiera significar:
-¡Ah, estos hombres! He aquí un crimen que cualquiera de nosotras
-hubiera podido evitar á tiempo?</p>
-
-<p>¿Era la figura simpática del criminal, divulgada por la fotografía, la
-que acaso les hacia creer en una probable inocencia, demostrada por
-alguna revelación imprevista en el transcurso del juicio?</p>
-
-<p>¿Ó era este mismo picante contraste entre el físico y el empleo, que
-dicen por allá, lo que constituía la mayor atracción de Soleilland?</p>
-
-<p>¡La psicología femenina es tan poco complicada como complicada es su
-fisiología!</p>
-
-<p>De todos modos, en estos tiempos de apacible vulgaridad, sin
-sacudimientos pasionales, un criminal de cualquier género siempre
-inspira admiración más ó menos disfrazada. Las mujeres lo disfrazan
-todo de curiosidad.</p>
-
-<p>Por este sentimiento no será extraño que leamos muy pronto en los
-avisos particulares de algún periódico de París: «Señora del gran
-mundo, otoño espléndido, desengaños sentimentales. Desearía ser
-violentada. Todos los días, entre dos luces, se hallará sola en el
-<span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span>
-Bosque de Vincennes». Lo peor es que no se hallaría sola; para una
-que se anunciara, hay que pensar en las que acudirían por curiosidad
-á ver quien era ella y á ver lo que pasaba, aunque las confundieran
-con la del anuncio y las dieran un buen susto; un susto de esos que se
-recuerdan siempre en confidencias con las amigas: ¡Para susto el mío!
-¡Todavía no me ha salido del cuerpo!</p>
-
-<p>¡Oh, Soleilland, Soleilland! La cabeza te cuesta; pero cuántas
-lindas y soñadoras cabecitas se han estremecido por ti, como si las
-acariciaras con tu mano estranguladora, tu mano de asesino, fría como
-el cuchillo de la guillotina.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Por si no bastaba con el uso muy extendido de las máquinas, han dado
-las mujeres en escribir con una letra tan impersonal, tan sin carácter
-como letra de imprenta. Esa letra á la moda, toda líneas rectas, que
-hace parecer una carta como plana de finos palotes, y todas las cartas
-iguales, se presta, como los antiguos mantos en nuestras comedias del
-siglo <span class="smcap">xvii</span>, á todo género de confusiones y enredos teatrales.
-¡Cualquiera sabe qué mano pudo escribir, cuando todas escriben del mismo modo!
-<span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span></p>
-
-<p>Yo no se lo que dirá la grafología de ese carácter de escritura que,
-ante todo, muestra la falta de carácter de la escribidora. ¡Destruída
-la emoción de percibir sólo por el sobrescrito si la carta que llega á
-nuestras manos es la carta esperada entre todas!</p>
-
-<p>Confiad un poco más en nuestra discreción y en nuestra lealtad. ¡Oh,
-mujeres! Escribid de ese modo á los indiferentes. No hagáis á los que
-os aman que recuerden con pena aquellas divinas cartas de mala letra y
-peor ortografía, pero cuyo estilo era una mujer, no todas las mujeres,
-cualquier mujer, como estas de ahora que, en letra y estilo, parecen
-copiadas de un solo modelo epistolar para uso de señoras y señoritas
-que no quieren soltar prenda y siempre pueden tener el recurso de
-renegar de lo que escribieron: ¡Esa carta no es mía! ¡Es de Fulanita!
-Pensad que Fulanita es también vuestra amiga y la comprometéis por salvaros.</p>
-
-<p>Con la letra y la ortografía de antes podía escribiros las cartas
-vuestra cocinera; vosotras tampoco os comprometíais, nosotros nos
-divertíamos más, y alguna vez la cocinera podía hacer su suerte.
-<span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>—¿A dónde va usted este verano, marquesa?</p>
-
-<p>—A mis baños, como siempre.</p>
-
-<p>—¿Con el marqués?</p>
-
-<p>—No; el va á los suyos. Ya sabe usted que todos los veranos nos
-separamos por incompatibilidad ... de humores.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>En la playa.</p>
-
-<p>Doña Patro, á quien han recomendado los baños de mar para adelgazar, se
-presenta en la playa con un amplio traje que borra todos sus contornos.
-Su ilusión de haber disminuido desde el año anterior es completa;
-porque el bañero, que es el mismo de otras temporadas, no la reconoce á
-pesar de las buenas propinas.</p>
-
-<p>A la media hora del baño, ceñido ya el traje y entregada por completo
-á las olas, dejando fuera de la línea de flotación una enorme boya
-natural, el bañero, asaltado por un recuerdo imborrable, exclama:
-¡Perdone usted, doña Patro! ¡Qué habrá dicho usted! ¡Hasta ahora no la
-había conocido!</p>
-
-<p>Doña Patro se sumerge de golpe como para ahogarse.
-<span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span></p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span>
- <h2>XV</h2>
-</div>
-
-<p>¡Por qué extraño contraste cuanto más intensa se muestra la vida á
-nuestro alrededor, más se impone á nuestro pensamiento la idea de la
-muerte! Y como Jerjes lloraba ante la inmensidad de sus ejércitos,
-al pensar como dentro de pocos años toda aquella multitud de hombres
-habría dejado de existir sobre la tierra, así nos entristece el mismo
-pensamiento cuando el hormiguero humano parece más afanoso por la vida,
-en esos pueblos de la vida intensa, en esas grandes ciudades emporios
-de la civilización en que las gentes van presurosas siempre, apartando
-á empujones al que estorba el paso.</p>
-
-<p>En cambio, esos pueblos petrificados que parecen muertos, de raros
-paseantes sin prisa, que van lentos, majestuosos, como quien nada tiene
-que hacer en ninguna parte, por su misma quietud nos dan una sensación
-de eternidad que aleja la idea de la muerte. Pero estos son los pueblos
-<span class="pagenum"><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span>
-atrasados á los que es necesario llevar, á cañonazos si es preciso, esa
-vida intensa que llamamos civilización. Vivir ó morir; dormir, no. La
-civilización, como Macbeth, ha asesinado el sueño.</p>
-
-<p>Y no obstante, no fué en las calles de la gran capital civilizada
-donde nos pareció entrever la silueta de algún hombre dichoso. Fué en
-la calleja moruna, sobre una esterilla raída, entre el humo aromado
-del café y de la pipa, envuelto en su jaique color de pedrusco, el
-moro inmóvil, anulado el pensamiento, sabedor de toda sabiduría; la
-inutilidad de todo paso nuestro en la vida cuando todos, lentos ó
-presurosos, nos llevan á la muerte.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Nuestros gobernantes, tan dicharacheros y sábelo todo cuando de los
-asuntos caseros se trata, tratándose de asuntos internacionales se
-tornan graves y silenciosos; y ya se sabe, cuando ellos se encierran
-en la mayor reserva, ó no piensan nada ó piensan hacer una tontería.
-Desde Felipe II, llamado el Prudente, que no hizo más que cometer
-imprudencias, que todavía colean, en toda su vida, debíamos echarnos á
-temblar cada vez que en España se invoca la prudencia para algo.
-<span class="pagenum"><a name="Page_127" id="Page_127">[127]</a></span></p>
-
-<p>Los pies de plomo no fueron nunca buenos para ir á ninguna parte,
-sobre todo donde sería mejor no ir de ningún modo. La frase vulgar
-«Con Fulano ni á coger monedas de cinco duros», debía ser un axioma
-de política internacional con respecto á Francia. ¡Porque cuidado si
-tuvo siempre mala mano para estas andanzas! Dicen sus admiradores
-incondicionales que es la única nación que hizo pura política
-internacional de corazón y por ideal. Será que estas cosas de la
-política estén reñidas con los arranques cardiacos. Si aún para coger
-monedas de cinco duros había que tener reparo, ¿qué será por ochavos
-morunos, que es todo lo que podemos ganar en la compañía, viniendo muy
-bien dadas?</p>
-
-<p>Entre tanto allá vamos, y quiera Dios que no sea la mil y una salida
-que hizo ... alguien más loco que Don Quijote; porque Don Quijote, hay
-que hacerle justicia, embistió alguna vez con rebaños pensando que
-eran ejércitos, pero no se le ocurrió nunca embestir con ejércitos creyéndolos rebaños.
-<span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>La competencia de Bombita con Machaquito vuelve á poner sobre el ruedo
-la eterna cuestión taurómaca: si es preferible un buen torero á un buen matador.</p>
-
-<p>Los públicos meridionales siempre han sido más admiradores de los
-arabescos con capote y muleta; los públicos del Norte estiman en más la
-estocada; la hora de la verdad. Los madrileños en esto nos inclinamos
-más al Norte. Los buenos matadores han tenido siempre entre nosotros
-mayor partido que los buenos toreros. El madrileño de raza fué gran
-frascuelista, como sería hoy machaquista si la espada del valiente
-cordobés contrapesara la muleta de Bombita tanto como contrapesó la
-espada de Salvador la muleta soberana de Lagartijo.</p>
-
-<p>Por ahora la balanza oscila por días para mayor interés del público,
-que en España siempre necesita de estas competencias para sostener sus
-admiraciones.</p>
-
-<p>Como el Guerra no tuvo competidor en su tiempo, el público no podía
-tolerarlo, y consiguió aburrirle. A lo que esta muy expuesto el Sr.
-Maura si continúa toreando sin competencia. En España la admiración se
-cansa pronto. La alternativa de solidaridad, que hizo concebir tantas
-esperanzas, las defraudó por completo. El espectáculo languidece.
-<span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span></p>
-
-<p>Los toreros viejos cansan al público; entre los novilleros no apunta
-ningún astro ... ¡Y es tan aburrido torear sin competidores! ¡Y tan
-triste tener que decir, parodiando al Guerra: Después de mí, <i>naide</i>;
-después de <i>naide</i> ... Rodríguez San Pedro. Ó aquello otro más
-expresivo: ¡Qué malos <i>seis toos</i>!</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>No hay que ser escépticos; como dijo nuestro gran dramaturgo: <i>Algunas
-veces aquí</i> halla la virtud su recompensa, y no sólo la virtud, sino
-también el talento, con ser cosa menos estimable. Gracias á nuestras
-sabias instituciones oficiales, podemos lograr de cuando en cuando este
-anticipo del reino de Dios sobre la tierra.</p>
-
-<p>La Real Academia de la Historia anuncia un concurso de premios á la
-virtud y al talento. A primera vista parece que la virtud y la historia
-habían de andar algo reñidas, porque siempre se dijo de la gente escasa
-de virtudes que era gente de historia, y por lo general, las personas
-virtuosas, como los pueblos felices, no tienen historia.
-<span class="pagenum"><a name="Page_130" id="Page_130">[130]</a></span></p>
-
-<p>El premio es de mil pesetas, y bien se advierte la sabia previsión de
-los donantes; con esa cantidad es seguro que el favorecido con el,
-persevere en la virtud. Con mil pesetas no hay para entregarse á muchos
-vicios. También se advierte como quiere alejarse toda idea de cálculo
-al aspirar al premio; porque mil pesetillas, cualquier vicio bien
-administrado puede dejarlas, más ó menos en limpio, al cabo del año.</p>
-
-<p>Pasemos á las condiciones, y copio textualmente porque no quiero
-malograr ningún primor de estilo: Este premio será adjudicado á la
-persona de quien se cuenten más actos virtuosos, ya salvando náufragos,
-apagando incendios ó exponiendo de otra manera su vida por la humanidad.</p>
-
-<p>Aquí se ve como los señores académicos consideran el valor como virtud;
-porque á nadie se le oculta que bien puede uno salvar náufragos,
-apagar incendios y exponer de otras mil maneras su vida, sin ser por
-eso ejemplar de virtudes. ¿Ven ustedes la incompatibilidad entre ser
-<span class="pagenum"><a name="Page_131" id="Page_131">[131]</a></span>
-bombero espontáneo y emborracharse de cuando en cuando? ¿Ó entre
-arrojarse á las olas procelosas para salvar hasta media docena de
-náufragos y darle luego en casa una paliza diaria á la parienta?</p>
-
-<p>Tampoco me parece muy bien eso de apreciar como mérito la acumulación
-de estas proezas. Creo que para cualquier persona de bien ya es
-bastante asistir en su vida á uno de estos casos lastimosos. Yo
-desconfiaría del que me dijera haber asistido á seis incendios, diez
-naufragios y doce epidemias, con alguna que otra tragedia, aunque
-en todo ello hubiera realizado heroicas hazañas. Más que virtud me
-parecería ... mala pata. Y perdone la Academia.</p>
-
-<p>Sigamos leyendo, que ahora se entra ya sin equívocos en el verdadero
-terreno de la virtud. Copio otra vez: Ó al que luchando con escaseces
-y adversidades, se distinga en el silencio del orden doméstico por una
-conducta perseverante en el bien, ejemplar por la abnegación y laudable
-por el amor á sus semejantes y por el esmero en el cumplimiento de los
-deberes con la familia y con la sociedad, llamando apenas la atención
-de algunas almas sublimes como la suya.
-<span class="pagenum"><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span></p>
-
-<p>Tomemos un buen aliento y reflexionemos. Todo esta muy bien; sólo que
-á esas almas sublimes capaces de apreciar otra alma sublime ... ¿qué
-otra alma sublime las garantiza? ¿Y á usted quien le presenta?, puede
-aquí decirse. Y en caso de que esas almas sublimes que garantizan
-estén á su vez garantizadas, ¿no será cosa de premiarlas también con
-algo, siquiera con el tanto por ciento que suele corresponder á los
-denunciadores de la riqueza oculta? ¿Es cosa de premiar á los acusones
-de culpas y de dejar sin premio á los descubridores de virtudes? No, no
-esta bien, y es más de lamentar cualquier humana injusticia cuando se
-trata de anticiparnos algo de justicia divina.</p>
-
-<p>El talento ya es tenido en menos que el valor por los académicos, y
-en la convocatoria parece por completo deslindado de la virtud. Eso
-sí, en lo material el aprecio es el mismo: mil pesetas; es la cifra:
-mil pesetas á la virtud, mil al talento. Sólo que aquí no se exige
-la acumulación de méritos; una monografía histórica, y listos. No
-es tampoco preciso el concurso de otras almas sublimes, etc ... Los
-académicos son modestos; para aquilatar virtudes, necesitan del auxilio
-de esas almas sublimes, etc.; para juzgar del talento, ellos solos se bastan.
-<span class="pagenum"><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span></p>
-
-<p>¡Héroes, santos y sabios! ¡Vayan, vayan llegando ... ¡Mil pesetas á la
-virtud, mil pesetas al talento! ¡Ocasión única! El premio no compromete
-á nada. Una vez cobrado, puede uno dejar de ser virtuoso ó puede uno
-dejar de tener talento. En el primer caso, tendrá abiertas todas las
-puertas, y en el segundo ... de par en par <i>las de la Academia</i>.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Lo de hacer su Agosto, no debía decirse tanto por los labradores como
-por los toreros. Nadie como ellos en España hace su verdadero Agosto.
-Aunque en el preside el signo del Zodiaco más contrario á los cuernos,
-Agosto es el mes taurino por excelencia. No hay capital, villa ni
-lugarejo que no arda en fiestas en su coso, con grandes corridas,
-novilladas, ó, de no poder más, capeas. La sangre torera hierve al sol canicular.</p>
-
-<p>Y no es sólo en España; Europa entera asiste emocionada á esa
-interesante corrida que en el ruedo <i>mundial</i> se juega. En ella,
-Francia y España, con entusiasmo de principiantes, se las entienden con
-<span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span>
-un ganado de mucho peso y de mucho sentido. En localidad de
-preferencia, Eduardo VII preside sonriente, y entre barreras Guillermo
-II hace números: el arrastre y la contrata de la carne van por su cuenta.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Así como así, la crónica del veraneo ha sido en este año de lo más
-precario. Los pequeños escándalos de siempre á cargo de las mismas de
-siempre, vestales <i>au rebours</i> del fuego sagrado de la murmuración.</p>
-
-<p>Sin embargo, la buena sociedad, mostrándose con ellas muy
-desagradecida, parece ser que por parte de algunas distinguidas
-señoras, se ha permitido este verano sus pinitos de <i>boycottage</i>,
-creemos que como ensayo de un nuevo <i>sport</i> inglés que no puede
-prosperar en nuestras costumbres.</p>
-
-<p>Esos alardes de severidad sólo pueden estar justificados por el
-deseo de hacer economías; porque si las señoras dan en seleccionar
-sus relaciones, sus comidas de más aparato quedarán reducidas á seis
-cubiertos y sus bailes más concurridos á unas veinte personas.
-<span class="pagenum"><a name="Page_135" id="Page_135">[135]</a></span></p>
-
-<p>Sin contar con que si los invitados dan también en escrupulizar, habrá
-señora que coma sola todos los días del año y tenga que bailar el
-rigodón de honor con su portero, si es hombre despreocupado.</p>
-
-<p>¡Cuánto mejor, para evitar complicaciones y comparaciones, es atenerse
-á la evangélica indulgencia, sin la cual no sería posible en sociedad
-ni tener una mala partida de tresillo!</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Los reyes, como todo el que hace un regular papel en la mundanal
-comedia, no pueden tener vida privada; y me parece muy justa
-compensación, ya que ellos suelen privarse de menos cosas en su vida
-que el resto de los insignificantes mortales.</p>
-
-<p>Por ejemplo: vida menos privada, en todos los sentidos y extensión de
-la palabra, que la del rey Eduardo ...</p>
-
-<p>Según noticias, que hoy son chismografía y mañana serán historia, su
-graciosa majestad no se ha aburrido nada durante su permanencia en Marienbad.
-<span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span></p>
-
-<p>Aparte la interesante aventura de la dama del velo, todos los
-periódicos franceses nos han dado cuenta, unos en su sección de
-teatros, otros en su sección política—según la procedencia del
-reclamo,—de su afectuosa despedida á Lina Cavalieri, próxima á
-emprender una gran <i>tournée</i> por los Estados Unidos.</p>
-
-<p>Esa despedida significa para la celebrada intérprete de Tais, tanto
-como llevar la bendición paternal de la Vieja á la Nueva Inglaterra.
-¡Bendición que caerá también en lluvia de dollars sobre la ondulada
-cabecita de la gentil plenipotenciaria!</p>
-
-<p>¡Los millonarios norteamericanos, cuando quieren ennoblecerse, buscan
-con tanto afán un antecesor entre los reyes de Inglaterra!</p>
-
-<p>Nadie como la Cavalieri puede ofrecerles ahora ese lujo en las mejores
-condiciones de autenticidad.</p>
-
-<p>Y no hay que discutir esa forma de ennoblecerse. De menos hizo una
-voluntad soberana la más preciada orden caballeresca de Inglaterra.</p>
-
-<div class="figcenter">
- <img src="images/detail12.jpg" alt="_" width="80" height="79" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_137" id="Page_137">[137]</a></span>
- <h2>XVI</h2>
-</div>
-
-<p>El Pernales ha muerto. ¡Viva el Pernales! No puede extinguirse la
-dinastía. Si tarda en surgir un sucesor de carne y hueso, la fantasía
-popular sabrá crearle y su espíritu vagará por los campos con todas las
-apariencias de la realidad. Será sólo un nombre, pero es preciso que
-ese nombre suene. Necesita de el mucha gente. El marido ó el hijo de
-familia que se jugó en alguna feria las rentas cobradas, y al regresar,
-en una carta de letra temblorosa: El Fulano me salió al paso ... sale
-del suyo. El administrador que ha de justificar distracciones, el
-pastor á quien se le extravió alguna cabeza de ganado, el cacique que
-se vale del temido nombre para amedrentar á enemigos molestos ... No hay
-duda, un bandido es siempre de utilidad pública.</p>
-
-<p>A pesar de la indudable identificación del cadáver, es de creer que
-sólo ha muerto un fantasma, que volverá muy pronto con otro nombre, con
-<span class="pagenum"><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span>
-otra apariencia, pero siempre el mismo. ¡Como que á estas horas habrá
-quien le llore como á uno de la familia! ¡Pobrecillo! El algo robo,
-pero hay que pensar en lo que le habrán explotado. En España es la condición,
-para uno que trabaja hay siempre diez holgazanes que viven á su costa.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Hay quien al primer accidente entorpecedor, quisiera dar por fracasado
-todo invento; al primer tropiezo, declarar inútil y peligroso todo
-paso progresivo. ¿Que hubo un choque de trenes ó cualquier otro
-siniestro ferroviario? Volvamos á las galeras y diligencias. ¿Que
-la luz eléctrica dejó de lucir en unas horas por desperfectos de la
-maquinaria? ¡Quiten ustedes allá! ¡Donde esté un buen candil de aceite!
-¿Que los obreros de una gran fábrica se declaran en huelga y perturban
-por unos días la siesta y la digestión de los señores? ¡Esas pícaras
-industrias modernas!</p>
-
-<p>No hay que decir si el motín de los presos en la Cárcel Modelo se habrá
-prestado á este género de consideraciones, á cargo de nuestros más
-infatigables retrógrados.
-<span class="pagenum"><a name="Page_139" id="Page_139">[139]</a></span></p>
-
-<p>Las novísimas—á ellos les parecen novísimas—doctrinas penales son
-buenas para el libro, para el gabinete de estudio del hombre de
-ciencia, pero peligrosas en la práctica. ¿Qué tal? La bancarrota de la
-ciencia. ¿No es eso?</p>
-
-<p>Todos los penalistas, antropólogos, fisiólogos y psicólogos modernos
-son unos soñadores utópicos al pretender llevar algo de luz divina y
-con ella algo de calor humano á la clásica mazmorra carcelaria, la
-del cantarillo, el haz de sucia paja y su buena argolla con su mejor
-cadena. Y como procedimientos judiciales, el tormento y la pena de
-azotes son insustituibles.</p>
-
-<p>¡Oh, el palo! Donde esté un buen palo, que se quiten Lombroso, Ferri y
-toda la escuela italiana antropológica y el modernísimo inglés Bernardo
-Shaw, con sus atinadas opiniones sobre el derecho á castigar. Lean
-ustedes sus consideraciones sobre el último ruidoso atentado anarquista
-en España, y verán ustedes lo que es <i>demoler</i>; aquí donde se llama
-demoledor á cualquiera. Y no se trata de un escritor populachero, ni
-mucho menos. Bernardo Shaw es hoy por hoy el escritor que más se lleva
-en la sociedad aristocrática inglesa. ¡Pero cualquiera se atreve á
-<span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span>
-traducir lo que allí esta impreso y publicado y todo el mundo lee y á
-nadie le parece punible! Tampoco tienen desperdicio sus consideraciones
-sobre el militarismo. Pero todo teorías de gabinete, utopias, locuras,
-como dirán muchos que, por su gusto, hubieran considerado fracasado el
-cristianismo el día en que Cristo fué crucificado.</p>
-
-<p>Acaso ignoran los partidarios de toda suavidad penitenciaria que
-existe otra novísima escuela penal muy de su gusto, que no se anda con
-rodeos y va derecha á la supresión del delincuente como medio el más
-expeditivo de defensa social.</p>
-
-<p>Pero aún estos, dentro de su lógica despiadada, hablan de suprimir, no
-hablan de apalear, ni de atormentar, ni de todas esas brutalidades,
-encanto aquí de muchos que aprovechan cualquier ocasión para destapar
-su furia reaccionaria, como si no los tuviéramos bien conocidos.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>En otoño es, más que el año nuevo, el verdadero comienzo del año. El
-año político, el año teatral, el año social, en fin, tienen en el
-<span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span>
-principio más determinado que en el día 1.<sup>o</sup> de Enero.</p>
-
-<p>Los propósitos de vida nueva son también más decididos en este tiempo.
-Todo es planes propósitos para el invierno; casi todos basados en el
-espantable desnivel de los presupuestos. ¡Hay que vivir de otra manera!
-¡Hay que cambiar de vida! Y en el reposo de los días otoñales creemos,
-en efecto, que empezaremos otra vida.</p>
-
-<p>Pero el invierno se aproxima, los teatros anuncian sus abonos y sus
-estrenos, los salones sus fiestas, vuelven los rezagados con las
-últimas modas y los últimos automóviles, la política, la Bolsa, la
-literatura recobran su animación, y el torbellino de la vida, se
-lleva los buenos propósitos como las hojas secas del otoño ... Y es un
-invierno más como el pasado, como tantos otros, porque la vida es tan
-igual que sólo de tantos en tantos años podemos fijar una fecha que
-diferencie un año de muchos en nuestro recuerdo.</p>
-
-<p>Y esa fecha señalada en nuestra memoria y en nuestro corazón, lleva
-casi siempre una cruz encima, como las lápidas mortuorias.
-<span class="pagenum"><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Imponentes son en verdad los programas de oposiciones para ingresar
-en los cuerpos de policía y de correos. Pocos ministros y directores
-de los respectivos ramos serían capaces de contestar sin un punto á
-un cuestionario de tantas y tan varias materias. Ya dijo Beaumarchais
-por boca de Fígaro, que con las virtudes que exigimos á los servidores
-habría pocos amos que pudieran ser criados.</p>
-
-<p>¡Y todo por mil quinientas ó dos mil pesetas al año! No hay duda que
-menos cuesta hacer oposiciones á ministro. Todo se reduce á declararse
-adicto á un gran personaje, jefe de partido, y durante algunas
-temporadas políticas hacer comedor ó biblioteca en su casa, según
-las aficiones del conspicuo, hasta que le llegue el día de formar
-gabinete, en una de esas crisis difíciles en que todos los ilustres
-del partido promueven dificultades, y el gran señor en un arranque de
-despecho exclama:—¡Ea, voy á demostrarles que no los necesito para
-nada! ¿A quien haría yo ministro? ¡Hombre! A Fulano. Fulano es leal
-por lo menos. Y Fulano, que en aquel momento presenta respetuoso una
-cerilla con la punta doblada, para que el jefe encienda una breva ó un
-águila imperial, escucha con la mayor emoción estas palabras:—¡Hombre!
-Va usted á ser ministro. Voy á demostrar que se puede gobernar con cualquiera.
-<span class="pagenum"><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span></p>
-
-<p>Ya ven ustedes si estas oposiciones son fáciles, sin saber derecho
-penal, ni idiomas, ni geografía. ¡Ni logaritmos!</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Nuestra municipalidad, haciendo una vez más de la aseada de Burguillos,
-no ha querido que los puestos de libros viejos afrentaran la suntuosa
-fachada del ministerio de Instrucción Pública. Y los pobres libros,
-más traídos y llevados que leídos, han estado á punto de no asolearse
-este año y seguir en el fondo de las obscuras tiendas, á donde sólo el
-parroquiano fiel acude á visitarlos de cuando en cuando.</p>
-
-<p>Después tratóse de llevarlos camino del Este, camino que llevaría
-siempre por gusto de la grey conservadora todo lo que fuera letra y
-espíritu. Por fin han ido á caer frente á unos cuarteles, para que
-armas y letras fraternicen una vez más.
-<span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span></p>
-
-<p>Allí volveremos á ver en las estanterías á nuestros buenos amigos de
-todos los años: la «Historia Natural», de Buffon; el «Teatro crítico»,
-del Padre Feijóo; la «Historia de los trovadores», de D. Víctor
-Balaguer ... Y en el montón del baratillo, huesa común de los humildes,
-muchos libros, unos de las más raras materias, pero con una misma
-historia triste todo: la del autor que los compuso. Penosa historia
-que lo mismo dice el viejo libro erudito aforrado en pergamino, que
-el flamante volumen de limpia impresión y vistosa cubierta, con sus
-páginas sin abrir, virginales, sólo arrancada la primera, donde tal
-vez campeaba la dedicatoria aduladora al crítico que le pronosticó
-gloriosos destinos en una de sus más brillantes crónicas; «Este libro
-es de los que quedan ...» Y en efecto, ha quedado.</p>
-
-<p>Pero en la feria de cada año, al sentirse hojeado por algún curioso, es
-una ilusión de inmortalidad para el triste libro, como para una mujer
-fea es una ilusión de amor la mirada más indiferente.</p>
-
-<p>Y para los que sabemos comprender estas tristezas calladas hay en estos
-libros olvidados, como en las mujeres nunca amadas, un lamento que
-parece decir: ¡Quién sabe! ¡Si alguien me leyera! ¡Si alguien me amara!
-<span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>No han de ser conferencias de la paz, ni acuerdos internacionales de
-los socialistas lo que ha de concluir con las guerras. Las guerras
-acabaran ... por artículo de lujo.</p>
-
-<p>En unos doce millones de francos, sin contar indemnizaciones ni otras
-menudencias, se calcula, muy por encima, lo que lleva gastado Francia
-en su expedición á Casablanca. Millones que tardará en cobrarse, dada
-la habilidad de los moros en el arte de no pagar al casero.</p>
-
-<p>¡Pensar que toda la <i>mise en scene</i> de la «Iliada», con sus carros
-de guerra, escudos, lanzas y hasta la maquinaria final del pérfido
-caballo, supone cuatro cuartos si se compara con lo gastado en
-cualquiera de estas epopeyas modernas!</p>
-
-<p>Hasta para cantarlas, comparen el gasto de corresponsales literarios y
-gráficos con lo que costó á Grecia el poema de Homero. Lo que basta,
-como suele decirse, para hacer cantar á un ciego.
-<span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Los tigres del Gran Teatro están presentados con mucho arte. Si no
-fueran tigres, habría que convenir en que eran grandes actores. Tal vez
-un poco exagerados. Más feroces que el natural. Pero el teatro no es
-siempre copia de la realidad.</p>
-
-<p>Como en los conflictos de muchos dramas, no puede uno por menos de
-pensar: Si los personajes, en vez de esto, hicieran esto otro, no
-habría drama ó el drama sería otro; con los tigres pensamos: Si uno
-solo de los zarpazos con que amenazan al domador lo aplicaran á la
-débil jaula que los encierra ..., el drama sería otro.</p>
-
-<p>Pero, sin duda, los tigres saben que la fácil libertad les duraría
-poco, porque detrás de los hierros no esta la selva, sino la fuerza
-armada, por eso se contentan con bufar y enseñar los dientes al opresor
-visible, que es el domador.</p>
-
-<p>Los tigres no saben que el verdadero amo es el de fuera, el público.
-Por eso se revuelven contra el domador, no contra la jaula.</p>
-
-<p>Eso suelen hacer los pueblos oprimidos cuando se revuelven. Por eso
-todas las revoluciones quedan reducidas á lo mismo, á un cambio de domador.
-<span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Si la virtud esta en un buen medio, no es de lo alto ciertamente
-de donde nos llega á los mortales el mejor ejemplo de esa virtud
-templada de los términos medios. Sabido es que aún no hemos terminado
-lamentaciones, preces y rogativas para impetrar una benéfica lluvia
-que remedie en algo los efectos de una pertinaz sequía, cuando hay
-que empezar á lamentarse; implorar y <i>rogativear</i> para que cesen
-inundaciones, tormentas y desbordamientos de todas aguas, amenazadoras
-de un nuevo diluvio que, por no ser universal, es más desagradable. De
-donde pudiera deducirse que, ó los mortales no sabemos lo que pedimos,
-ó los dioses inmortales no entienden lo que se les pide.</p>
-
-<p>Tengo además notado que las casas en que hay algún individuo muy
-devoto, sin otra ocupación que la de implorar el favor divino para toda
-la familia, suelen ser las más castigadas de enfermedades, quebrantos
-de fortuna, matrimonios desgraciados, etc.</p>
-
-<p>En los pueblos se advierte lo mismo; cuanta más gente hay en ellos
-dedicada á implorar por su salud y bienestar, más desdichas les afligen
-de continuo. Favor señalado y no castigo es esto, que de este modo
-nos fortificamos en el desprecio de lo terrenal, y lo que perdemos en
-cosechas de frutos materiales, lo ganamos en cosecha espiritual.
-<span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span></p>
-
-<p>Sin esta creencia sería para desesperar del todo ver que en un pueblo
-como el nuestro, donde tantos son á rezar, hasta desatender toda otra
-ocupación, sea siempre de los más azotados, mientras á otros pueblos de
-herejes y descreídos todo se les vuelve prosperidad y bienandanza.</p>
-
-<p>¡Y como estas calamidades despiertan los más nobles sentimientos!
-Podemos leer con indiferencia la noticia de que en tal parte han
-empezado los trabajos para canalizar tal ó cual río, y leer á poco
-que las obras se estancaron por falta de fondos ... ¿Pero quien no se
-conmueve al leer que apenas ocurrió la inevitable inundación, todo el
-mundo inicia suscripciones para remediarla y todo el mundo se apresura
-á ofrecer su dinero? ¡Oh dinero español, siempre pronto para toda
-calamidad! Ese dinero que siempre llega para tus hombres eminentes, á
-la hora del entierro; para tus soldados, á la hora del desastre; para
-tus pueblos, á la hora de la epidemia ó de la inundación.
-<span class="pagenum"><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span></p>
-
-<p>A nuestro yermo nacional, como al de los santos penitentes, siempre ha
-de venir el pan de vida en el pico de los cuervos, agoreros de muerte.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>La memoria de las mujeres.—Entre dos amigas:</p>
-
-<p>—No se de quien me hablas.</p>
-
-<p>—Sí, tienes que acordarte ... La mujer de aquel ingeniero, primo de mi
-marido, que te estuvo hablando de tus hermanos y de tu madre.</p>
-
-<p>—Pues no recuerdo.</p>
-
-<p>—Que llevaba un traje heliotropo con adornos de terciopelo negro y un
-sombrero negro también con una amazona del mismo color del vestido.</p>
-
-<p>—¡Ah! Ya se quien dices.
-<span class="pagenum"><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter">
- <img src="images/detail13.jpg" alt="_" width="75" height="76" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span>
- <h2>XVII</h2>
-</div>
-
-<p>No puedo negar mi debilidad—verdad que esto de las debilidades no
-sirve negarlo, se trasluce siempre:—me encantan la tiranía y la
-reacción en los gobiernos. La demasiada libertad debilita y endulza los
-caracteres, que nunca afirman con tanta energía en su individualidad
-como al rebelarse contra la opresión del medio, ya sea social, política
-ó familiar.</p>
-
-<p>Soy enemigo también de las protestas ruidosas y colectivas. ¡Es tan
-fácil, sin molestar á nadie, hacer un noventa y tres para nuestro
-uso particular! ¿Y puede haber nada más agradable que sentirse
-revolucionario á tan poca costa, sólo con buscar un refugio en donde
-cenar ó beber después de la una y media á despecho de severas leyes?
-¿Y á quien le faltará ese refugio? Donde cien puertas se cierran, una
-se abre, suave y misteriosa, detrás de la cual suele aparecer como
-apoteosis de la rebelión triunfante, en primer término, algún delegado
-<span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span>
-de la autoridad como hada protectora del establecimiento. El sésamo que
-nos abre el encantado lugar, tiene algo de santo y seña de conjuración,
-y todo ello es sabroso como el fruto prohibido.</p>
-
-<p>Siempre fuí de la opinión de aquella gran señora, golosa de helados,
-que al saborearlos con fruición, decía á sus amigos: ¡Lástima que no
-sea pecado!</p>
-
-<p>¡Agradezcamos á nuestros moralizadores que hayan hecho pecado de
-tantas cosas inocentes.</p>
-
-<p>Y no temamos por nuestras malas costumbres. Antes que los gobiernos, el
-mismo Dios intentó reformarlas con diluvios, asolamientos de ciudades,
-y, por última vez, con su presencia y predicaciones en la tierra, y
-nada, la humanidad empecatada sigue lo mismo, los mismos pecados, los
-mismos vicios. ¡Hay para rato!</p>
-
-<p>Pero, en fin, los gobiernos están en su papel. Como aquel fatalista
-que, creyendo que todo cuanto sucedía no podía por menos de suceder
-así, y á pesar de ello, se indignaba cuando sucedía algo que le
-desagradaba y al decirle los amigos: ¿Pero se cree usted que todo esta
-escrito porque se incomode usted? Porque esta escrito también que yo me incomode.
-<span class="pagenum"><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span></p>
-
-<p>Del mismo modo, como son fatales las malas costumbres de los
-gobernados, fatal es también la tontería de los gobiernos en querer
-reformarlas. Pero no seamos intolerantes. Hay que justificar los
-cargos. Si los gobiernos no molestan alguna vez, ¿se notaría que había gobierno?</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>A los que no acaba de convencernos la necesidad de dividir las horas en
-morales é inmorales, se nos quiere convencer por la materialidad de la
-conveniencia higiénica. Y eso sí que es ponerse fuera de la realidad.
-En lo sano de los madrugones no es posible que nadie crea.</p>
-
-<p>Salgan ustedes una mañanita tempranito, dénse una vueltecita por esas
-calles, suban á un tranvía, entren en una iglesia, y oirán ustedes
-toses perrunas y carrasperas y voces catarrosas, y verán ustedes caras
-de desenterrados que les pondrán espanto. ¡Son los que madrugan!
-<span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span></p>
-
-<p>Las primeras horas de la mañana son en Madrid las más destempladas y
-variables de temperatura; hay un olor á cieno que penetra hasta los
-huesos. En cambio á las altas horas de la noche, aún en las más frías
-del invierno, parece como que el aire se suspende, hay una limpidez,
-una serenidad en la atmósfera. Además, á esas horas el organismo
-nutrido por completo (para los que no se nutren todas las horas son
-iguales), goza la plena posesión de sus energías; el cerebro funciona
-más activo. Entréguense ustedes á cualquier trabajo, sobre todo
-intelectual, en las primeras horas de la mañana, con la costumbre
-española del desayuno frugal, y verán ustedes primores. Yo creo que el
-mal humor de nuestros empleados y oficinistas no tiene otra causa.</p>
-
-<p>Estoy seguro de que si las oficinas del Estado, las particulares,
-empezaran á esas horas pecaminosas en que todo ha de cerrarse, sería
-aquello un anticipo del teatro poético: tan afables y complacientes se
-mostrarían los empleados.</p>
-
-<p>La mañana es la hora del mal humor, de la destemplanza, de las
-disputas, de los crímenes. Basta consultar cualquier estadística, para
-ver que con ser más propicia la obscuridad de la noche, abundan más los
-crímenes matutinos.
-<span class="pagenum"><a name="Page_155" id="Page_155">[155]</a></span></p>
-
-<p>La noche es toda amor, afectuosidad. Lo saben los gatos, lo saben
-las señoras que dan bailes ... A propósito: ¿en la próxima temporada de
-invierno terminarán los bailes de sociedad á la hora en que se cierren
-los teatros ó á la hora en que se cierren los cafés? Hay que advertir
-que cuando se celebra uno de esos grandes bailes, las molestias del
-ruido de coches y de músicas es mayor para los vecinos que las que
-puede ocasionar cualquier café abierto hasta la madrugada. Ó se reforma
-para todos, ó para ninguno.</p>
-
-<p>Por lo menos, los escotes de las señoras sí deben cerrarse: A las doce
-y media, si se consideran como espectáculo; á la una y media, si se
-consideran como <i>restaurant</i>.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Todavía hay ancianos que nos hablan de la aparatosa presentación de
-Listz en escena, seguido de un lacayo, al que arrojaba desdeñosamente
-los guantes, antes de sentarse al piano.</p>
-
-<p>Hoy, ningún concertista de reputación se dignaría presentarse con
-un vulgar lacayo. Para firmar contratos ventajosos, es preciso ir
-acompañado de una princesa, por lo menos.
-<span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span></p>
-
-<p>Dado el número de altezas reales é imperiales que en estos últimos años
-han lanzado su corona <i>par dessus les moulins</i>, pronto veremos como
-hasta en los circos no hay <i>jongleur</i> que no lleve consigo una princesa
-para alargarle los chirimbolos. Cuando en los carteles de algún teatro
-aparezca el anuncio: Asistirán sus majestades y altezas, ya sabrá el
-público que no será en los palcos regios, sino en el escenario.</p>
-
-<p>¡Oh locas princesas! ¿No sabéis que en los cuentos de hadas el amor
-hace príncipes á los pastores, pero nunca pastores á los príncipes?
-¿Tan poco puede la magia del amor en estos tiempos? ¿No pensáis que
-algún día el pianista más enamorado podrá recriminaros por vuestra
-ligereza? Me has estropeado la carrera, os dirá. Si no hubieras dejado
-de ser princesa, á estas horas podía yo ser músico de cámara, director
-del Conservatorio y acaso ministro de Bellas Artes.</p>
-
-<p>Y tendrá razón. ¡Pobre Catalina de Rusia, si la primera vez que se
-enamoró de un soldado, en vez de ascenderle á general, hubiera ella
-<span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span>
-dejado de ser emperatriz para hacerse cantinera del regimiento! ¡No
-hubieran sido bofetadas! ¡Oh locas princesas! ¿No sabéis que aún en las
-más vulgares aventuras callejeras, el amor, por fin, dice: ¡Sube! nunca dice: ¡Bajo!</p>
-
-<p>Creedlo, bueno esta que perdáis todos los tornillos de la cabeza, pero
-no el que sujeta la corona. El amor es gran revolucionario, pero por
-eso mismo, si admira á los príncipes que saben morir, desprecia á los
-que solo saben abdicar.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Sarah Bernard pública el primer volumen de sus memorias. Esta mujer
-extraordinaria, que será sin duda una de las figuras representativas
-del siglo <span class="smcap">xix</span>—no comprendemos como Don Miguel de Unamuno
-no la ha tomado ya ojeriza—al relatarnos su vida pone el mismo encanto de
-su vida toda. Ese encanto prestigioso de una vida armoniosa, afirmación
-de su arrogante divisa: <i>Quand même</i>.</p>
-
-<p>Y no obstante, para curarnos de vanidades, ¡como en esta vida en que
-todo parece fuerza de voluntad se muestra más claramente el trazo
-señalado á nuestros destinos por una voluntad sobrehumana!
-<span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span></p>
-
-<p>Todo, hasta lo que más parece desviar de la senda marcada, es
-solo rodeo para llegar más pronto y con más brío. Y sobre las
-luchas, los obstáculos, los desfallecimientos, siempre esa alegría
-íntima, patrimonio del verdadero artista, que puede tener horas de
-desesperación en su vida, pero nunca una vida desesperada, porque hay
-algo en el que se sobrepone á todo, la seguridad en sí mismo. Pero
-los que crean que el camino es fácil, lean la historia de los penosos
-comienzos de la artista, que ella recuerda con sonrisa indulgente de triunfadora.</p>
-
-<p>¡Las mezquindades de la envidia, la malevolencia de los compañeros, las
-injusticias de la crítica, las veleidades del público, tornadizo en sus
-admiraciones, deseoso siempre, como niño, de destrozar y de cambiar sus juguetes!</p>
-
-<p>Cuando se triunfa de todo esto, á pesar de todo—<i>Quand même</i>—es
-preciso creer en la predestinación, y debemos agradecer á los grandes
-elegidos de la gloria que nos cuenten su vida, porque si en ellos puede
-haber orgullo al contarla, al leerla nosotros aprenderemos humildad. No triunfa
-el que quiere, sino el que puede. Y si el querer es humano, el poder es divino.
-<span class="pagenum"><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span></p>
-
-<p>De otro modo, ¿quien triunfaría nunca de la envidia, de la calumnia,
-de tanta y tanta miseria?... que esas ¡ay! sí son humanas, demasiado
-humanas.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Uno que no quiere aburrirse, ó por lo menos cree que no se aburrirá
-de ese modo, es un señor que anuncia en la cuarta plana de un popular
-periódico lo siguiente: <i>Deseo conocer á escritores de verdadero
-talento.</i> Y debajo: <i>Deseo amistad con mujer inteligente</i>.</p>
-
-<p>Así, poca cosa. Como poseedor de talismán en comedia de magia, que
-no cesa de pedir gollerías, seguro de que el genio protector ha de
-concedérselo todo.</p>
-
-<p>Es posible que á estas horas ya tenga en su poder buen número de
-ofertas y aún es posible, si es hombre de buen humor, que con todas
-ellas publique un curioso libro, como hizo un norteamericano, quien
-también anuncio en los periódicos que deseaba correspondencia con
-señorita distinguida, inteligente y bella, y después con los miles
-de cartas recibidas, publicó un libro, con el agradecido título de
-<i>Mujeres anormales que contestan á los anuncios</i>.
-<span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span></p>
-
-<p>En este caso más que las ofertas de las mujeres inteligentes tendrán
-que leer las de los escritores de talento.</p>
-
-<p>También es posible que el anunciante desee lo contrario de lo que pide,
-y no hay duda que es el mejor medio para conseguirlo. Porque bien
-puede asegurarse que si no logra su deseo de conocer á escritores de
-verdadero talento y á una mujer inteligente, conocerá en cambio á mucho
-majadero y á muchísima loca.</p>
-
-<p>Lo que no quiere decir que deba dar por mal empleado el dinero que le
-costó el anuncio. ¡Puede uno divertirse tanto con un majadero! Y con
-una mujer loca, ¡no se diga! Desde la más remota antigüedad son las que
-vienen dando mejor resultado.</p>
-
-<p>Y las únicas capaces de amar con desinterés. Por eso son locas. Las
-mujeres inteligentes solo aman al que puede ofrecerlas mucho dinero.
-Por eso son inteligentes.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>El paso de Mercurio ha servido, según nos dicen, para descubrir y
-demostrar una ley astronómica, que era ya verdad demostrada en las
-<span class="pagenum"><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span>
-esferas sociales de este bajo mundo. Que los satélites son los que
-determinan el movimiento de los planetas y no lo contrario, como se creía.</p>
-
-<p>Con toda su luz, el planeta es un juguete de los satélites, que le
-traen y le llevan, le acercan ó le alejan de un punto determinado.
-¡Pobres planetas! ¡Pensar que si alguno de ellos nos desmenuzara en
-partículas por el espacio infinito, el se llevaría la culpa con nuestra
-última maldición, cuando toda lo sería de los satélites.</p>
-
-<p>¡Oh, los grandes planetas políticos, orgullosos por contar con una
-mayoría compacta, los planetas del arte, ufanos con sus admiradores,
-los planetas taurinos <i>moñudos</i> con sus aficionados ... ¡Satélites,
-satélites son todos que os marcarán el rumbo á pesar vuestro!</p>
-
-<p>El planeta político se esta quietecito en casa, comprendiendo cuánto le
-conviene el reposo para reponer averías, pero los satélites imperan.
-¡Hay que volver á la lucha! ¡Hay que aceptar el poder! Y allá va el planeta ...</p>
-
-<p>El planeta del arte duerme sosegado sobre sus laureles, pero los
-satélites le despiertan y sacuden ... ¡Algo nuevo, más, más!... Y el
-planeta se lanza por donde no pensaba.
-<span class="pagenum"><a name="Page_162" id="Page_162">[162]</a></span></p>
-
-<p>El planeta taurino no quiere competencias, pero los satélites le
-vociferan: ¡A ver eso! ¡Que le pisan á usted el terreno! ¡Que se lo
-comen!... Y el planeta taurino va á la enfermería.</p>
-
-<p>¡Dichosos los planetas que no tienen satélites, así en la tierra como
-en el cielo!</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Mientras se discute el presupuesto de enseñanza y el señor ministro
-de Instrucción Pública se permite finísimas ironías á propósito de
-la nueva asociación de cultura, yo evoco una vez más el recuerdo
-de aquella escuela de aldea que avergonzaría en el último aduar de Marruecos.</p>
-
-<p>Lóbrega, sucia, desmantelada; lo único que allí puede aprenderse—y
-esto las niñas, que tienen su escuela en el piso alto—es gimnasia,
-para trepar por una escalera derrumbada, que es, por lo menos, una
-tentativa de infanticidio en cada peldaño.</p>
-
-<p>Y allí preside, bajo un dosel pingajoso, un Cristo lúgubre,
-inquisitorial; ese Cristo á quien todos los días crucifica la maldad,
-la ignorancia y la indiferencia de los hombres, ese Cristo que dijo:
-<span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span>
-Dejad á los niños que se acerquen á mí; y allí parece decir, con más
-verdadero amor: No, no los dejéis que se acerquen aquí, no los traigáis
-á esta mazmorra ...</p>
-
-<p>Y recuerdo los versos de indignación, de santa ira, con que el ilustre
-Guerra-Junqueiro maldijo de las escuelas portuguesas.</p>
-
-<p>¡Y aún se discute y se regatea en el presupuesto de enseñanza! Sí, es
-verdad, no debe pensarse en pensiones para estudios en el extranjero,
-en grandes centros de enseñanza superior, mientras exista una, una sola
-de esas escuelas de pueblo, que darían ganas de llorar si no las dieran
-de matar ... ¿A quien? ¿Donde puede hallarse el verdadero responsable
-de ese crimen tan nacional, tan de todos? El único castigo sería el
-de obligar á muchos á llevar á sus hijos, á otros á ser maestros en
-ellas, á todos ... ¡Ah! Ese castigo ya se realiza, el de respirar en un
-ambiente de incultura, de atraso, en que solo viven y prosperan los que
-saben explotarlo en provecho propio.
-<span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter">
- <img src="images/detail14.jpg" alt="_" width="75" height="76" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span>
- <h2>XVIII</h2>
-</div>
-
-<p>Si algún día se escribiera la historia de la tontería, humana, que
-sería tanto como escribir la Historia de la Humanidad, uno de sus
-capítulos más interesantes sería el de por qué los españoles hemos de
-asistir todos los años en fecha fija á las representaciones de «Don
-Juan Tenorio».</p>
-
-<p>¿Es que el mérito de la obra la impone á la admiración anual del
-público? Bueno sería entonces cualquier día del año. ¿Es por el
-cementerio y los aparecidos que en ella figuran por lo que tiene
-lugar apropiado al conmemorar la Iglesia á todos sus santos y á todos
-sus difuntos? Con la misma razón podría representarse Hamlet, donde
-no faltan tampoco apariciones de muertos y camposanto, y donde las
-consideraciones sobre la vida y la muerte y la eternidad son más graves
-y austeras que en nuestro popular drama, en que más parece tomarse á
-<span class="pagenum"><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span>
-broma todo esto ... ¿Pero qué digo? Justamente porque se toma á broma,
-es porque no hemos encontrado nada mejor para distraernos de la
-seriedad que los días imponen.</p>
-
-<p>¿No es toda la vida española la de Don Juan Tenorio? Fanfarrona,
-despreocupada, altas frases, bajas acciones, el sentir y el pensar
-afectados, mucha elocuencia, mucha retórica ... y sobre todo esto, la
-esperanza en el punto de contrición, gustoso y fácil, y la salvación
-final por mano de doña Inés, que por no faltar en nada al simbolismo,
-viste hábitos monjiles. Porque ¿como puede salvarse nadie en España sin
-intervención de monjío ó <i>frailío</i>?</p>
-
-<p>Por algo, con ser tan popular en España la figura de Don Juan Tenorio,
-no halló su consagración literaria definitiva hasta que el genio
-archiespañol de Zorrilla supo españolizarlo del todo. Los españoles no
-podíamos tolerar que Don Juan se condenase de ningún modo, ni con la
-música divina de Mozart. Era como condenarnos nosotros mismos.</p>
-
-<p>¿Y no merecía la salvación Don Juan Tenorio mejor que el doctor Fausto, que es
-algo también del alma alemana, todo filosofía y pesadez, hasta cuando enamora y ama?
-<span class="pagenum"><a name="Page_167" id="Page_167">[167]</a></span></p>
-
-<p>No, no puede condenarse á estos hombres que son el alma de una raza.
-Don Juan Tenorio será siempre el héroe preferido de España, solo por
-esto, por salvarse.</p>
-
-<p>Lo hubiera sido Don Quijote, si Cervantes más humano que español, ó
-quizás más de su tiempo que español, que humano, en vez de curarle al
-morir de todos sus desatinos, para hacerle posible la salvación como
-cristiano, le hubiera entrado valientemente en la gloria, de la mano de
-Dulcinea, en la suprema exaltación de su locura triunfadora.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Madrid se aburre como nunca, desmintiendo así la afirmación de que bajo
-gobiernos reaccionarios fué siempre cuando más se divirtió la gente.
-Dígalo Roma en tiempos del poder temporal pontificio, dígalo París en
-tiempos de Luis XIV, dígalo, en fin, Madrid mismo en tiempos de los Austrias.</p>
-
-<p>Madrid se aburre, sin que su aburrimiento logre interesarse por nada,
-apenas por la reaparición de Gallito. Y eso que al decir de algunos
-aficionados, nunca se vió fenómeno igual. ¡Un pase de muleta en dos corridas!
-<span class="pagenum"><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span></p>
-
-<p>Bien puede estar agradecido el susodicho diestro á la afición madrileña
-y aún decirle como Marión Delorme al caballero Didier en el drama
-de Víctor Hugo: <i>Ton amour m’á refait une virginité</i>. ¡Oh afición
-madrileña, tu que hiciste temblar á Frascuelo, Lagartijo y Guerra,
-entusiasmándote por un pase! Bien dicen que cuando nada interesa es
-cuando esta uno en peligro de interesarse por cualquier cosa. Hay cosas
-que solo el aburrimiento puede explicarlas.</p>
-
-<p>Nada solícita nuestra atención ni nuestro interés. Política, arte,
-vida de sociedad, todo languidece. Por algo nuestro nuevo alcalde
-quiere obligarnos á marchar deprisita por esas calles, á ver si con la
-celeridad de la circulación nos animamos un poquito.</p>
-
-<p>Si la orden se cumple y los habituales plantones de la Puerta del Sol
-se ven obligados á circular, aquello parecerá un Tío Vivo. Hay allí
-losas que no mojaron nunca lluvias del cielo ni riegos municipales;
-resguardadas de todas las inclemencias por el mismo grupo compacto que
-hizo de ellas pedestal de un momento á la vagancia y al arte de residir
-en el sitio más céntrico y más caro de Madrid, sin pagar al casero.
-<span class="pagenum"><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span></p>
-
-<p>Bien muestra el nuevo alcalde su procedencia automovilista, y por las
-trazas su ideal es ponernos á los madrileños en cuarta velocidad. No
-será malo, si lo consigue, porque en Madrid, donde moralmente, el que
-no corre vuela, materialmente no se sabe andar por la calle.</p>
-
-<p>Hay quien á más de ir á paso de procesión, serpentea graciosamente para
-estorbar el paso al que viene detrás. Hay señor que lleva el bastón ó
-el paraguas á guisa de pica, y al andar va marcando puyazos á cuántos
-le preceden. Hay quien juguetea con dichos artefactos, como <i>jongleur</i>
-de circo, y lo mismo le derriba á uno el sombrero que le salta un
-ojo. Hay quien se emboza á todo vuelo, envolviendo amorosamente al
-transeúnte más próximo. Hay quien es capaz de leer un drama á un amigo
-en la acera más transitada, entre un coche parado y un escaparate
-llamativo. Hay señoras que reciben á sus relaciones en una esquina y
-allí se constituyen en sesión permanente.</p>
-
-<p>Y es que en Madrid, cuando se anda, nadie va á ninguna parte; hace
-tiempo para ir á ella y se sale siempre demasiado temprano para ir á un
-sitio al que siempre se llega demasiado tarde.
-<span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span></p>
-
-<p>Cosa que también puede suceder al señor Maura en sus concesiones á los
-solidarios. Salir á buscarlos; perder el tiempo y llegar tarde.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Cuentan del gran Víctor Hugo, que cuando se hallaba en alguna reunión
-de escritores, valíase de una inocente estratagema para descubrir
-cuáles de entre ellos abrigaban la ilusión y la esperanza de ser
-académicos. Para ello, soltaba alguna tremenda irreverencia contra la
-Academia ó contra algún grupo ó individuo de ella. Los que francamente
-reían á coro con el, era señal de que estaban limpios de toda ambición.
-Pero si alguno permanecía serio ó reía para dentro, entonces Víctor
-Hugo, sonriente, advertía pronto: Fulano no se ha reído. Quiere ser
-académico. Y así descubrió á más de un futuro candidato.</p>
-
-<p>A prueba semejante asistimos á cada paso, cuando algún crimen de
-resonancia es preocupación general en todos los círculos sociales.</p>
-
-<p>Hay quien no puede ó no sabe ocultar sus simpatías y su admiración. Se
-habla, por ejemplo, de la estafa al Banco de España:
-<span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span></p>
-
-<p>—¿Ha visto usted qué bien combinado todo? Y ya verá usted como al
-verdadero autor no se le descubre. Y se extiende en todo género de
-admiraciones á la habilidad y serenidad de los falsificadores, y cada
-fracaso de las autoridades en descubrirlos lo considera como un triunfo
-personal. ¡No los cogen, no; ya lo verán ustedes!</p>
-
-<p>Parece como si se animara á sí propio con la impunidad.</p>
-
-<p>Se habla del crimen del «Hojalata», y el que no se atreve á aclamarle
-por su crimen le admira por su muerte. ¿Han visto ustedes? ¡Qué valor!
-¡Vaya un tío! La verdad es que ha conseguido imponerse el respeto de la
-gente. El hombre que hace eso no es un criminal cualquiera ...</p>
-
-<p>Lectores, desconfiad de estos panegiristas y cuando oigáis á algunos
-expresarse así, como Víctor Hugo decía: Fulano quiere ser académico,
-pensad vosotros: Fulano va para criminal. A cuatro delitos que queden
-impunes, se lanza.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Todos hemos asistido alguna vez al estreno de una obra dramática de
-interesantísima acción, situaciones de gran efecto, «cuajada» de
-<span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span>
-pensamientos deslumbradores y frases relampagueantes; todos nos hemos
-interesado, emocionado; hemos aplaudido, aclamado, y al salir del
-teatro, apenas el aire de la noche ha refrescado nuestra frente, al
-pretender recoger nuestra emoción, pensamos y no tardamos en descubrir
-que la emoción desaparece. Aquella hermosa situación, recordamos ...
-pero verdad es que era muy falsa, porque si el personaje aquel llega
-antes con la carta ... Y lo natural era que hubiera llegado. ¿Y aquella
-frase?... Sí, pero la verdad es que lo mismo puede significar lo
-contrario ... Y así ante el análisis reposado, pronto nos damos cuenta
-de que nos habían robado la emoción, habíamos sido víctimas de un
-atraco violento, más ó menos artístico, pero atraco, al fin.</p>
-
-<p>Una cosa parecida nos ha sucedido con la memorable sesión que
-pudiéramos llamar patriótica. El entusiasmo de la representación no ha
-resistido el frío de la calle. La obra ha sido de las efectistas.</p>
-
-<p>Muchos millones, mucho patriotismo, hermosas frases, pero muy poca
-escuadra. Todo ha sido decirnos: Tengamos marina y lo demás se nos dará
-por añadidura; el común sentir dice más bien: Tengamos lo demás y la
-marina se nos dará por añadidura.
-<span class="pagenum"><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span></p>
-
-<p>Nos dicen que de otro modo no podemos salir de casa, y hay que asomarse
-al mundo. ¡Ay! Esto me hace pensar en esas gentes cursis que viven
-de mala manera, y cuando se encuentran á algún conocido que ofrece
-visitarlas se apresuran á decir: No se moleste usted, nosotros iremos á
-verle á usted, no faltaba más. Todo porque no les descubran la modesta
-vivienda donde falta toda comodidad y todo lujo. ¿Será por esto nuestro
-afán de salir á Europa, como los cursis que con cuatro trapitos hacen
-su papel por esas calles y paseos, aunque en casa no coman? ¿Y no sería
-mejor que ponernos en facha de salir á visitar el mundo, ponernos en
-condiciones de que el mundo pudiera venir á visitarnos?</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>¡El invierno se presenta terrible para los ricos! Ha subido el precio
-del pan de lujo. Sólo falta que suba también el precio de la gasolina y
-la vida será imposible para las clases acomodadas.
-<span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span></p>
-
-<p>Por fortuna, ahora es la última moda en comidas aristocráticas probar
-apenas una cortecita de pan. La delgadez es el ideal estético y casi
-todo el mundo esta á régimen. Los anfitriones están de enhorabuena.
-Suprimidos los vinos «matusalenes» y las marcas de precio; con buen
-surtido de aguas medicinales se sale del paso. Apolinaris, Vichy,
-Mondariz ... Los comensales se juntan por afinidades curativas.</p>
-
-<p>—¡Usted es Vichy, verdad, marqués? Siéntese usted aquí con la condesa.</p>
-
-<p>—No, querida amiga. Ahora he cambiado. Vichy no me iba nada ... Ahora
-soy Apolinaris.</p>
-
-<p>—Entonces á mi lado.</p>
-
-<p>—Es lo que yo quería.</p>
-
-<p>—¿Cuántos kilos ha perdido usted este mes? Yo, kilo y medio.</p>
-
-<p>—Yo he aumentado en tres.</p>
-
-<p>—¡Qué disparate!</p>
-
-<p>—Pero no estoy seguro, porque me pesé con gabán de pieles y después de
-oir «María di Rohan».</p>
-
-<p>—Yo tengo báscula en mi cuarto y me peso con la menor ropa posible.</p>
-
-<p>—Avíseme usted.</p>
-
-<p>—¿Y usted, marquesa? ¿Como va con su régimen?
-<span class="pagenum"><a name="Page_175" id="Page_175">[175]</a></span></p>
-
-<p>—Ya me ve usted. Ya no tengo nada que perder.</p>
-
-<p>No hay duda, de los tres enemigos del alma, la carne es el más
-combatido entre las personas distinguidas, y la subida del pan, que
-tanto contribuye á aumentarlas, no puede afectarlas grandemente.</p>
-
-<p>En cuanto á las clases menesterosas, ¿cuando no han estado á régimen en
-España? Ahora, por lo menos, tienen el consuelo de pensar que están á
-la última, siempre suena mejor que en las últimas.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>La verdadera solidaridad española se muestra como nunca en estos días
-anteriores á la gran lotería de Navidad. Hay número que, como Don
-Juan Tenorio, recorre toda la escala social. Del ministro al último
-ordenanza del Ministerio, de la gran señora al carbonero, de la primera
-actriz al tramoyista. ¡Todos unidos en una misma aspiración y una misma
-esperanza! Hay quien no puede ver un número sin pedir participación, y
-por lograrla es capaz de todo. En estos días se descubre como nunca el
-<span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span>
-carácter de las personas. El egoistón que compra su billete ó su
-décimo, según los posibles, con el mayor sigilo, á nadie dice palabra,
-y así previene las peticiones de participación antes y las de dinero
-después si logra un premio. El altruísta que quisiera compartir su
-suerte con todo el mundo y acaba por quedarse con veinticinco céntimos
-en cada número y aún piensa fundar un asilo benéfico si le tocara
-el gordo. Y el supersticioso que coloca el papelito bajo una imagen
-devota ó un amuleto diabólico, según sus inclinaciones agoreras, y el
-pendolista que goza sobre todo con extender los recibos de su puño
-y letra con arabescos y tintas de colores y toda clase de primores
-caligráficos, y el matemático que luce toda su ciencia calculista
-repentizando operaciones al tanto de lo que corresponde por fracción
-y por premio ... todos, todos descubren su carácter en estos días de
-ilusiones, de esperanzas, en que toda preocupación desaparece envuelta
-en ilusiones ... ¡Admirable institución esta de la lotería! ¿No es acaso
-la única felicidad positiva que debemos á nuestros gobiernos?</p>
-
-<div class="figcenter">
- <img src="images/detail15.jpg" alt="_" width="75" height="72" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span>
- <h2>XIX</h2>
-</div>
-
-<p>La propiedad histórica ha llegado hasta los belenes. Las figuras de
-los modernos nacimientos se ajustan á ella con su indumentaria, y no
-obstante este «modernismo» retrospectivo—valga el contrasentido,—priva
-á los clásicos retablos de su carácter ingenuo. ¡Sientan tan bien las
-graciosas impropiedades en la representación de un misterio que es de
-todos los tiempos!</p>
-
-<p>Yo he visto un nacimiento en que junto al portal de Belén había una
-iglesia con su campanario y un monaguillo que tocaba á misa, y más
-lejos una cuadrilla de toreros celebraba con una corrida—suponemos que
-regia—el natalicio del Niño de Dios, y por un puente atravesaba un
-ferrocarril y esta disparatada mezcla de tiempos y costumbres da la más
-clara impresión de catolicismo, porque nos decía como Jesús nació para
-todos los siglos y para todos los hombres.
-<span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span></p>
-
-<p>Estos nacimientos de ahora no emocionan tan hondamente. Por algo los
-pintores antiguos, tan soberanos artistas, se atenían en las pinturas
-sagradas á las figuras y trajes de su época y por ser de su tiempo
-lograron ser de todos.</p>
-
-<p>Respetemos el arte primitivo, ingenuo, de los belenes. ¿Qué significan
-trajes y figuras? Para los belenes, la humanidad es siempre la misma.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Los teatros aprovechan estos días de alegría oficial para presentarnos
-lo más disparatado del repertorio francés. El «vaudeville» es el
-pavo literario de las Pascuas. Como el pavo, los mejores son los de
-más confianza, los más conocidos, con sus eternas combinaciones; el
-personaje que pasa por otro durante los tres actos, sin hallar ocasión
-de decir quien es, ni á qué vino, hasta la última escena; el segundo
-acto con su decoración de veintidós puertas por donde los personajes
-entran y salen, se buscan, se persiguen, se suceden, se huyen contra
-toda razón y toda lógica.</p>
-
-<p>Y el público que ríe porque es Nochebuena, de lo mismo que protestaría
-en otro cualquier día del año. ¿Como no ha pensado nadie en publicar un
-<span class="pagenum"><a name="Page_179" id="Page_179">[179]</a></span>
-almanaque teatral, como el almanaque del agricultor y el del empleado?
-Sería tan útil para los autores novicios con sus recetas, consejos y
-pronósticos. Por ejemplo, Octubre: Bueno para la comedia satírica.
-Noviembre: Excelente para el drama de tesis. Diciembre: Disparate
-libre. Enero: Drama y comedia de amor, y así sucesivamente.</p>
-
-<p>No hay idea de la influencia de la estación y de los meses en la
-literatura dramática. ¡Cuántas obras que parecen detestables en
-invierno hubieran parecido excelentes en primavera! ¡A cuántos habrá
-perjudicado el estrenarse en Marzo en vez de estrenarse en Diciembre!</p>
-
-<p>«Don Juan Tenorio», estrenado con mal éxito, no logró el favor del
-público hasta que halló su día en el de los difuntos. Estrenar en Apolo
-á la entrada de primavera es una seguridad de buen éxito. ¿Qué autor de
-experiencia no lo sabe?</p>
-
-<p>¡Ah, el autor dramático debe entender de todo y hasta la Astronomía y
-la Meteorología son de utilísima aplicación en su arte!
-<span class="pagenum"><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>En estas fiestas de Pascua, en las funciones de tarde de los teatros,
-en las fiestas familiares á ellas dedicadas, lo he observado con pena
-una vez más; los niños de ahora son tristes, no saben reir, parece que,
-como Musset, <i>han venido muy tarde á un mundo muy viejo</i>.</p>
-
-<p>Nada les sorprende, como si todo lo supieran. En el teatro son ellos
-los que preguntan á los mayores: ¿Por qué os reís? Ellos son los
-primeros que dicen: ¡Me aburro!</p>
-
-<p>En torno del árbol de Noël se muestran graves y desdeñosos, y en los
-Reyes Magos ya no cree ninguno.</p>
-
-<p>Una mamá se lamentaba de esta disposición de espíritu en los
-niños.—Figúrese usted que hoy le digo al pequeño: Si no eres bueno, no
-te llevó al teatro; y me dice: Mejor. ¡Para ver tonterías!</p>
-
-<p>¡Esta seriedad española! Cuando aquí decimos de un hombre que no es
-serio, le hemos imputado el mayor defecto ... Y los que, por desgracia
-nuestra, hemos trasmutado los valores, y lo que todos juzgan serio es
-lo que más risible nos parece, estamos perdidos.
-<span class="pagenum"><a name="Page_181" id="Page_181">[181]</a></span></p>
-
-<p>Yo creo, sin duda alguna, que la mayor superioridad de los
-anglo-sajones, consiste en saber reir, en el desprecio al ridículo. Yo
-he visto á señoras inglesas muy metidas en carnes y muy entradas en
-años, lanzarse al vals y hasta al cake-walk, sin la menor idea de que
-estaban <i>haciendo el paso</i>. A personajes de grave significación social
-ofrecerse espontáneamente á cantar las más extravagantes canciones
-de negros, y á distinguidos oficiales de guarnición en Gibraltar,
-representar una parodia del «Fausto», interpretando papeles de hombres
-y mujeres: todo ello en presencia del gobernador de la plaza y ante
-los soldados de la guarnición francos de servicio. ¡Figurémonos el
-escándalo que esto hubiera producido en España!</p>
-
-<p>¡Seriedad, seriedad! Es nuestra consigna. En estos días he leído como
-algunos revisteros de toros aconsejan á la empresa de la plaza el
-contrato de determinados toreros, para dar seriedad al cartel. Y digo
-yo: ¿Para qué necesitará la seriedad un cartel de toros?
-<span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>El incendio de uno de los barracones destinados al cultivo del arte
-barato, ha venido á dar un voto en pro de los que aconsejaban á las
-autoridades la supresión de los que no estuvieran en condiciones
-de seguridad. Aconsejaban otros en cambio, la mayor tolerancia,
-considerando dichos teatrillos como un anticipo de teatro popular,
-muy conveniente para la educación artística de las masas. No creo yo
-semejante cosa, y opino que la única defensa que podía tener era el
-servir de <i>modus vivendi</i> á mucha gente; pero en nombre del arte no
-son defendibles. El arte, ó debe darse gratis, con la protección y
-espléndida subvención del Estado, y entonces puede exigirse que sea
-verdadero arte, ó hay que pedir, mientras esté en manos de empresas
-particulares, que sea lo más caro posible. El arte malo no puede ser
-nunca educador, y antes pervertirá que afinará el gusto de la multitud.
-Bueno esta compadecerse de los modestos artistas que no pueden, por
-ahora, aspirar á mayores empresas; pero ¡ay! que el arte no tiene
-entrañas y el sentimiento de compasión que inspiran unos pobres cómicos
-antes destruye que aumentan el placer estético. El arte dramático
-necesita de bellas figuras con bellos trajes; las caras de hambre y los
-trapos descoloridos sólo pueden emocionar tristemente ó cruelmente, por perverso
-sadismo, y las dos emociones son las más extrañas á la pura emoción artística.
-<span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span></p>
-
-<p>El Arte es como el sol; no hay uno para los pobres y otro para los
-ricos. Día llegará en que, como el sol también, su luz llegue por igual
-á todos; entretanto no se hable de arte barato, arte caro, arte grande
-y arte chico, porque el arte es ó no es; no se falsifica con nada.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Ha muerto uno de los representantes más ilustres de un arte francés;
-mejor dicho, parisiense por excelencia: el modisto Paquín.</p>
-
-<p>El modisto y el literato han sido los creadores de ese tipo
-convencional, trapos y literatura de mujer francesa; heroína de novelas
-y comedias para la exportación.</p>
-
-<p>Como los modistos imponen sus figurines á las más rebeldes á la moda,
-los escritores imponen también sus figurines de almas aún á los menos
-atacados de intelectualismo.</p>
-
-<p>¡Bourget y Paquín habrán sido creadores de tantos espíritus femeninos!
-Una lectura y una toilette basta á producir un estado de alma. ¡Oh!
-¡El Don Juan Tenorio que supiera el libro que acaba de leer una mujer
-y sepa interpretar el sentido de un traje ó de un tocado femeninos,
-atacaría siempre sobre seguro!
-<span class="pagenum"><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span></p>
-
-<p>Hay toilettes que suponen una meditación previa sobre el Kempis, otras
-que denuncian lecturas de poetas delicados, otras que nos hablan de
-Claudina, Colette ...</p>
-
-<p>Hay toilettes que por sí solas dicen al hombre más atrevido: Hoy no
-estoy para nada. Hay otras que al más tímido le animan y le dicen: Hoy
-estoy para todo.</p>
-
-<p>Y advierto á los que pudieran cometer equivocaciones lamentables, que
-la severidad y la ligereza del vestido femenino, suelen estar en razón
-inversa del estado de ánimo. Ni debe uno atreverse demasiado por su
-«deshabillé», todo trasparencias sugestivas, ni acobardarse por un
-riguroso luto ó un severo hábito. ¡Oh, no! El luto sobre todo si es de
-viudez reciente, no debe desanimar á nadie. ¡El dolor trastorna!</p>
-
-<p>Los autores dramáticos, por nuestra parte, debemos también una grata
-memoria al modisto.</p>
-
-<p>¡Cuántas veces una de sus creaciones habrá distraído al público de una
-pesada escena de relleno ó habrá permitido que las elegantes abonadas
-perdonen alguna crudeza de frase, disimulando la atención al diálogo
-con el examen de la toilette!
-<span class="pagenum"><a name="Page_185" id="Page_185">[185]</a></span></p>
-
-<p>¡Y para cuántas actrices habrá sido también el modisto gran inspirador,
-y lo que ellas no supieron poner de su alma en un personaje, supo
-ponerlo el modisto, mejor intérprete de su carácter con sus trajes, que
-la actriz con sus recursos teatrales!</p>
-
-<p>Lloremos á un precioso colaborador y piensen algunas actrices, quien va
-á proporcionarles ahora el talento que necesitan. Por algo cuando un
-papel le va á un artista, se dice que es un traje á la medida.</p>
-
-<p>Y habrá actrices que no sepan de Ibsen; ¡pero de Paquín!</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Nadie como yo cree en la conveniencia de los teatros populares como
-excelente medio de propaganda educadora; pero creo también que los
-espectáculos ofrecidos en nuestros teatros baratos más contrarian que
-favorecen la cultura del pueblo.
-<span class="pagenum"><a name="Page_186" id="Page_186">[186]</a></span></p>
-
-<p>Convengamos, en que la mayor parte de las obras en ellos representadas
-no son escuela de buenas costumbres, ni siquiera de buen lenguaje.
-El teatro ha contribuído no poco en España con sus exageraciones ya
-cómicas, ya melodramáticas, á la profusión de ese tipo odioso del chulo
-teatral, al que si fuera á buscarse cabal genealogía no sería difícil
-hallársela en los galanes de nuestras comedias clásicas; pero allí era
-por lo menos limpio el vocabulario y la chulada era retórica.</p>
-
-<p>Grave es siempre la responsabilidad del autor que es escuchado del
-público; pero si es al pueblo ó á los niños á quien se dirige, su
-responsabilidad es mucho mayor.</p>
-
-<p>Lo he dicho en otras ocasiones; calumnian al pueblo los que le
-creen incapaz de comprender un arte superior á su inteligencia. El
-sentimiento tiene un seguro instinto y estoy seguro de que solo ante un
-auditorio popular sería hoy posible en España, sin temor á un fracaso,
-la representación de las obras teatrales más sublimes; las mismas que
-no vacilaría en calificar de «latosas» (algunas lo fueron ya), el
-selecto público del abono.</p>
-
-<p>Sí; tratándose de ofrecer arte al pueblo, soy radical. Nada mejor que
-algo, si ese algo es malo.
-<span class="pagenum"><a name="Page_187" id="Page_187">[187]</a></span></p>
-
-<p>Muy atendible es la consideración de que muchos pobres artistas viven
-de ese teatro. Me parece muy bien que todo el mundo viva, pero de lo
-que pueda vivir.</p>
-
-<p>Harto es ya España el país en que decir ¡Pobrecito! lo justifica
-todo. Menos compasión y más justicia. Los empleos están ocupados por
-muchos ineptos, pero ... ¡Pobrecitos! Los escenarios soportan á muchos
-cómicos detestables, pero ... ¡Pobre gente! Hay quien escribe una
-obra, no porque sepa escribirla, sino porque lo necesita para comer.
-¡Pobrecillo! Y todos ellos encuentran en esta compasión mayor apoyo,
-mayor benevolencia, que el fuerte, el valedor, el útil. Con todo esto
-hemos llegado á estimar como la mayor prueba de cariño á nuestra tierra
-que los extranjeros nos digan: ¡La pobre España!</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>La boda de una Vanderbilt ha <i>epatado</i> á la noble y vieja Europa, con
-la verdadera explosión de lujo americano, lujo bárbaro, que dicen los
-americanos latinos, pero lujo que en su misma barbarie es de tanto
-<span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span>
-<i>grandor</i>, no diremos grandeza, que sólo así salva los peligrosos
-linderos de la ordinariez y la cursería. Un lujo así tiene algo de
-sobrehumano, eleva el dinero á la categoría de fuerza ideal, única
-capaz de realizar en lo humano fantasías y caprichos divinos. ¡Toda esa
-fuerza aplicada á un ideal de Justicia, de Belleza, en vez de aplicarse
-á un lujo estéril que ni es justo ni es bello!</p>
-
-<p>Cierto, que ese lujo da de comer á mucha gente; no es dinero tirado,
-aunque lo parezca, esos miles de dollars gastados solamente en orquídeas.</p>
-
-<p>En la actual organización social, sin el lujo y sin los vicios de los
-ricos la revolución social sería ya un hecho. Cuando gastan su dinero
-tontamente, cuando se arruinan locamente, es tal vez cuando realizan un
-principio de justicia.</p>
-
-<p>Y lo que tiene ese lujo de insultante es también un estímulo poderoso,
-de envidia ó de ira. Piensan unos: «Así quiero ser yo». Piensan otros:
-«Nadie debe ser así». Y estos dos pensamientos, en apariencia tan
-opuestos, llevan el germen de una futura y más perfecta organización social.</p>
-
-<p>Tal vez no sea posible que en todas las mesas haya orquídeas. ¿Pero
-será tan difícil, estará tan lejano el día en que pueda haber en todas
-pan y unas rosas?</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_189" id="Page_189">[189]</a></span>
- <h2>XX</h2>
-</div>
-
-<p>Las señoras de Nueva York andan alborotadas porque recientes ordenanzas
-las prohiben fumar en lugares públicos. Creo que las autoridades más
-han pretendido favorecerlas que molestarlas.</p>
-
-<p>Nunca he comprendido ese furor que siente mucha gente por obtener una
-consagración oficial y pública para una porción de cosas que tiene su
-mayor encanto en no trascender del dominio privado.</p>
-
-<p>El cigarrito femenino es una de estas. En la mujer no se comprende el
-uso del cigarro por el cigarro. Ha de ser un detalle más de una «mise
-en scene» muy cuidada en un cuadro muy íntimo. Decoración muy moderna
-de tonos muy armonizados, tono sobre tono, la escala de los verdes ó
-de los rosas ó de los grises. Aconsejaos de un buen pintor ... muerto.
-En el Museo del Prado hallaréis excelentes motivos de inspiración.
-<span class="pagenum"><a name="Page_190" id="Page_190">[190]</a></span>
-Después, uno de esos divanes, que una señora amiga mía, llamaba con
-gráfica expresión, revolcaderos, pero que yo no me atreveré á nombrar
-de ese modo; un diván cama, poco levantado del suelo, cubierto con
-una auténtica piel; camello, oso blanco, cabra de Angora, zorros
-azules con sus cabecitas. Esto último no se recomienda tanto, porque
-los amigos harían chistes. La piel puede sustituirse por un rico paño
-de terciopelo, bien entonado con nuestra carnación. Hay que ponerse
-en todo. Profusión de almohadones, no esos almohadones vulgares de
-telas estampadas; almohadones muy personales. Cerca, lo necesario y lo
-superfluo «pour en griller une». Todo como de juguete y todo ejemplar
-único, á ser posible.</p>
-
-<p>En estas condiciones el cigarrillo, el mismo cigarro puro, parecen tan
-propiamente femeninos, que son los hombres los que piensan entonces que
-acaso el fumar sea más propio vicio femenino y no tarden en arrojar su
-cigarro, como avergonzados.</p>
-
-<p>Para mí no hay duda de que el cigarro pasará en fecha no muy lejana
-á ser de uso exclusivo de las mujeres, como el abanico, el manguito,
-que en un principio usaban por igual hombres y mujeres; como será con
-<span class="pagenum"><a name="Page_191" id="Page_191">[191]</a></span>
-tantas otras cosas á todas luces más apropiadas al carácter femenino,
-por ejemplo, el arte, la política, todo aquello en que sea elemento
-primordial la seducción. Porque vamos á ver. ¿A ustedes les parece
-propia de hombres la actitud de un artista pensando siempre como
-agradará al público? ¿Y la de Maura, pensando siempre como agradará á Cambó?</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Es la hora del te. La hora que en los largos anocheceres de invierno
-sería para las mujeres la hora de los aburrimientos peligrosos, si la
-moda no hubiera inventado esta costumbre.</p>
-
-<p>En torno á la hervidera de plata, que es con su llama azul temblorosa,
-como ara encendida en culto á la diosa Frivolidad, es un charlotear
-incesante, apenas interrumpido por el picoteo en bocadillos y
-golosinas. De un tema á otro, mariposea la charla femenina con frases
-que son unas veces, batalla de flores; flores de trapo; otras, como
-cruzar de floretes en juego de esgrima, todo galantería; alguna vez,
-aquel alfilerazo que busca y acierta con el defecto de la armadura.
-<span class="pagenum"><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span></p>
-
-<p>Allí murmuran, como en parte alguna, los mil arroyuelos por donde van
-las pequeñas historias á formar el mar de la historia grande de una época.</p>
-
-<p>¿Qué es la murmuración sino la historia de un día? ¿Qué es la historia
-sino la gran murmuración de los siglos?</p>
-
-<p>—¡Como canta el Werther ese hombre! ¿Le habéis oído?</p>
-
-<p>—Pero la ópera es una tontería.</p>
-
-<p>—Hay que oirla más de una vez.</p>
-
-<p>—Eso dicen de todas las tonterías. ¿Será ese el secreto del matrimonio?</p>
-
-<p>—¿Has estado en estos bailes?</p>
-
-<p>—En todos. No te he visto en ninguno.</p>
-
-<p>—¿Olvidas mi luto?</p>
-
-<p>—Por una tía ...</p>
-
-<p>—Pero era de mi marido. Tengo que guardar más las apariencias.</p>
-
-<p>—¿Habéis visto la obra del Español?</p>
-
-<p>—No quiere mamá. Creo que es una soltera que tiene relaciones con un
-casado, lo mismo que dicen de ...</p>
-
-<p>—¡Calla, que esta ahí su mujer!</p>
-
-<p>—No, si iba á decir la de ...</p>
-
-<p>—¡Calla! ¡Que esta ahí su hermana!
-<span class="pagenum"><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span></p>
-
-<p>—No comprendo que haya quien no quiera recibir á las que tienen
-historia, porque es no poder hablar de nadie en sociedad ...</p>
-
-<p>Y así pasan dulcemente esas horas de los largos anocheceres de
-invierno, que son tan peligrosas para las mujeres distinguidas que no
-toman te en sociedad con sus mejores amigas.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Distinguidas señoras que preparaban bailes de trajes, minués y otras
-fantasías propias de Carnaval, han tenido que desistir de sus proyectos
-por no hallar suficiente personal masculino propicio á la inocente
-diversión y al insignificante gasto que supone presentarse trasformado
-por una noche, con propiedad de ópera, en mosquetero, marqués, Luis XIV
-ó XV, petimetre del XIX, etc.</p>
-
-<p>El <i>sport</i> lo absorbe todo, energías físicas y pecuniarias. El
-automóvil, el polo, el golph, el tiro, el <i>lawn-tennis</i>, con la
-apropiada indumentaria y los precisos accesorios, no dejan tiempo, ni
-dinero, ni fuerzas á la juventud masculina.
-<span class="pagenum"><a name="Page_194" id="Page_194">[194]</a></span></p>
-
-<p>Para el ligero <i>flirt</i> que ha de preceder á un matrimonio convenido
-en familia, tan bueno es el automóvil con sus expediciones, como un
-salón de baile. Un moderno torneo de polo, mejor que un cotillón con
-sus figuras grotescas. Dejemos á las cotorronas llorar por las pérdidas
-costumbres de los pasados tiempos ... Sus hijas no parecen mal avenidas
-con los alardes de fuerza, agilidad y destreza. Cierto que un valsador
-infatigable era una garantía; pero en el baile, á la luz artificial de
-los salones, es más bien fuerza nerviosa la que se gasta, y la fuerza
-nerviosa es traicionera y puede faltar en el mejor momento, como todo
-lo que es inspiración.</p>
-
-<p>¡Fuerza, fuerza! Aunque el amor se despoetice. Esta generación no es de
-novios; pero quien sabe si, por lo mismo, no nos prepara una brillante
-generación de padres.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>D. Prudencio—nuestro Mr. Prudhomme,—ha tenido en estos días ocasión
-de manifestarse. D. Prudencio abomina de las exageraciones, y en su
-concepto—D. Prudencio no tiene opiniones, tiene siempre conceptos,—en
-su concepto, los sucesos de Portugal han sido una lamentable y funesta
-<span class="pagenum"><a name="Page_195" id="Page_195">[195]</a></span>
-serie de exageraciones. Exagerado el dictador, exagerados sus enemigos
-políticos, exagerada, ¿y como no? la prensa, exagerados los regicidas,
-estos sobre todo. Los únicos que no le han parecido exagerados, son
-los republicanos de allá, lavándose y aún perfumándose las manos, como
-Pilatos, abominando del crimen y dejándolo todo para mejor ocasión,
-y los ingleses enviando á modo de amistosa advertencia, unos cuántos
-barcos á la vista de Lisboa.</p>
-
-<p>No hay que decir si á D. Prudencio le habrá parecido también exagerada
-la actitud de esa gente que se ha pasado las horas en acecho y acoso
-del caído dictador, durante su estancia en Madrid.</p>
-
-<p>D. Prudencio, en cambio, ante estas grandes tragedias de los grandes,
-siente como nunca el efecto que, según retóricos preceptistas, ha de
-producir la tragedia en el ánimo del espectador, el de purgar nuestras
-pasiones. D. Prudencio se purga, de toda ambición en primer término,
-de toda envidia y de toda codicia. ¡Oh su apacible medianía! ¿Quién
-quiere ser rey ni dictador después de esto? Y D. Prudencio cree tener
-asegurada la material inmortalidad solo con sentirse insignificante.
-<span class="pagenum"><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span></p>
-
-<p>También han sido gloriosos días estos para los exaltados, para quienes
-todo es síntoma y anuncio precursor de trastornos mundiales, para los
-que todo lo tenían previsto, porque la historia enseña ...</p>
-
-<p>Y aquí un curso de filosofía de la historia ... Y la historia no debe
-enseñar gran cosa cuando todavía no han aprendido algunos gobernantes
-que se puede hasta tiranizar en pleno siglo <span class="smcap">xx</span>,
-y lo que no se puede es dejar sin voz á los pueblos para quejarse siquiera
-de la tiranía.</p>
-
-<p>Carlyle, tan enamorado del silencio, consideraba, no obstante, como
-pueblos muertos á los que, según el, no tenían voz, es decir, á los
-que no habían expresado en forma artística sus sentimientos, sus
-aspiraciones, sus esperanzas ó sus recuerdos. Fuera del arte existen
-en la vida moderna otras muchas voces que son señales de vida, el
-Parlamento, la prensa, la opinión pública en todas sus manifestaciones;
-gobernar sin ellos es gobernar en silencio, el silencio del vacío es
-remedar al avestruz en lo de esconder la cabeza bajo el ala, para no
-ver al cazador, porque lo que no se ve ni se oye, es por un momento
-<span class="pagenum"><a name="Page_197" id="Page_197">[197]</a></span>
-como si no existiera ... No, la historia no enseña nada, ni siquiera la
-Natural; hay gobernantes que no aprenderán nunca que dejar á un pueblo
-sin voz es obligarle á que la acción sea más violenta, y que la postura
-del avestruz no es postura airosa para hombres de gobierno.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>La rueca y la pluma. Apólogo.</p>
-
-<p>Dijo la sartén al cazo, etc. Dijo el orador al escritor: Quita de ahí, hablador.</p>
-
-<p>Ya lo véis, escritores; con un poco de imaginación, podéis pareceros,
-al escribir, á la mismísima Margarita del «Fausto» al surgir, evocada
-por Mefistófeles, ante los ojos del viejo doctor, dándole á la rueca y al huso.
-<span class="pagenum"><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span></p>
-
-<p>¿Con que el ejercicio de la pluma supone cierta timidez y debilidad de
-carácter? Pruebe, pruebe el Sr. Maura por una vez á estrenar, siquiera
-una piececita del género chico, sin mayoría, es decir, sin <i>claque</i>, y
-verá lo que es bueno.</p>
-
-<p>Y aún insisten los escritores en acudir al gobierno en demanda de
-indultos para Nakens y Morato. Ya véis en lo que se nos estima, y bien
-podemos suponer en lo que han de estimarse nuestras peticiones. ¡Gente
-de pluma! De rueca como si dijéramos.</p>
-
-<p>¡Si lo dijeran Hernán Cortés y el Gran Capitán!</p>
-
-<p>Pero créanos el Sr. Maura: oradores y escritores, todos somos unos.
-Plumas y lenguas, todas son ruecas.</p>
-
-<p>Aparte de que la rueca no es tan despreciable por ser su ejercicio
-ocupación de mujeres. Los ingleses tienen un proverbio que dice: La
-mano que mece la cuna, mueve el mundo. Y esa mano es la de la mujer, la
-misma que mueve la rueca.</p>
-
-<p>Yo, por mi parte, prefiero figurarme al mover la pluma que muevo una
-rueca y estoy hilando, que no una espada que corte los hilos de algunas
-vidas. Pero es un modo de pensar, de sentir, mejor dicho.
-<span class="pagenum"><a name="Page_199" id="Page_199">[199]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Por ser la primera vez que se ha tomado en consideración el voto de las
-mujeres, el Congreso ha estado muy consecuente, como dicen los chulos.
-Principio quieren las cosas.</p>
-
-<p>Si los hombres fuéramos agradecidos, la votación favorable hubiera sido
-más nutrida. ¡Habrá tantos que deban su carrera política á las faldas y
-habrán votado en contra ó se habrán abstenido! Cuando en los bastidores
-de la política, tan importante papel juegan las mujeres, ¿por qué
-impedirles mostrarse en el escenario? ¿Qué se teme? ¿Sus tendencias
-reaccionarias? ¡Ay! En otros tiempos no lejanos sí era la mujer la que
-extremaba esas tendencias; pero ahora ¡hay tantos matrimonios en que
-es la señora la que tiene que retrasar la hora del almuerzo porque
-el marido esta en el sermón ó en la junta de cofradía! Será dichosa
-casualidad, pero yo conozco muchas más liberalas que liberales. Cierto
-que cuando se trato la cuestión de las asociaciones, las señoras
-dieron una acentuada nota reaccionaria; pero es que esa cuestión no
-las importaba mucho. Pero que se votara la ley del divorcio y ellas
-hubieran de decidir con sus votos: reforma implantada; bastaría con
-que la votación fuera secreta. Y si había de ser pública, todas se
-<span class="pagenum"><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span>
-disculparían con sus amigas.—Yo por mí no hubiera votado ¡qué horror!,
-he votado por Fulanita (aquí el nombre de alguna amiga). ¡Para verla
-vivir como vive con su marido, más vale que se divorcie!—¿Y qué mujer
-no tiene una amiga á quien favorecer en ese caso?</p>
-
-<div class="figcenter">
- <img src="images/detail16.jpg" alt="_" width="75" height="73" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_201" id="Page_201">[201]</a></span>
- <h2>XXI</h2>
-</div>
-
-<p>Polichinela airado ha sido una vez más protagonista de la tragedia
-tantas veces representada en el teatro, el drama verdadero de la vida
-sobreponiéndose á la farsa, el payaso asesino.</p>
-
-<p>Pero esta vez no han sido los celos, resorte dramático, ha sido el arte
-mismo. Por torpeza ó malicia del apuntador—un autor teatral hallará
-pronto el revuelo de faldas, móvil de la aventura,—fracaso un chiste
-de Polichinela y ciego de ira le golpeó el cráneo, como suelen los
-polichinelas de cartón golpear á sus interlocutores.</p>
-
-<p>El público reía ... En las farsas de la vida es lo mismo; hasta
-ver sangre y muerte tardamos en percibir que no va de burlas.
-Actores, siempre queremos parecer trágicos; lo trágico es más noble.
-Espectadores, siempre queremos serlo de farsas regocijadas.
-<span class="pagenum"><a name="Page_202" id="Page_202">[202]</a></span></p>
-
-<p>Hacer reir es la consigna del payaso. Robar un chiste al público era
-faltar á su deber y el deber es antes que todo. ¡El teatro agranda de
-tal manera las obligaciones y deberes! ¿No hemos visto dramas en que el
-protagonista se cree el hombre más desgraciado por no poder casar á su
-hija con el hombre á quien ama, por el terrible caso de conciencia de
-que una abuela de la chica tuvo que ver con el abuelo del muchacho?</p>
-
-<p>¡Qué extraño es que el Polichinela agrandara en su imaginación, hecha á
-las exageraciones de la farsa, la importancia de aquel conflicto! ¡Un
-chiste menos! ¿Como podía compensar al público? Ofreciéndole á cambio
-del chiste una tragedia entera.</p>
-
-<p>Lo que puede demostrar la superioridad del género cómico sobre el
-trágico. Por un chiste una tragedia, y el público todavía no saldría
-satisfecho y preguntaría: ¿Qué chiste era ese? ¡Nos hemos quedado sin
-oir el chiste!</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Esta vez nos llega de Inglaterra la leyenda del bandido simpático,
-enamorador de mujeres y de multitudes, leyenda que parecía patrimonio
-de países meridionales. Aunque los ingleses cuentan con su Robín Hood,
-antecesor pintoresco y glorioso de Roque Guinart y Carlos Moore.
-<span class="pagenum"><a name="Page_203" id="Page_203">[203]</a></span></p>
-
-<p>No conozco Raffles, como novela; ignoro si en ella triunfa la justicia
-sobre el ladrón «gentleman»; si así fuera, el autor de la adaptación
-teatral ha comprendido el grave disgusto que hubiera dado al público
-de teatro, más apasionado é irreflexivo que el lector, si Raffles no
-quedará triunfante, por lo menos con ese triunfo de final de obra, que
-el público, sin más discusiones, acepta como definitivo.</p>
-
-<p>Y esta simpatía por los «out-laws»—que como vemos, la historia
-literaria desmiente, localizada en países meridionales,—esta simpatía
-universal por los rebeldes á la disciplina social, sobre todo si su
-rebeldía solo es peligrosa y solo amenaza á lo que no tenemos ó tenemos
-seguro de no perderlo, ¿no es prueba evidente de una protesta continúa
-de todos los tiempos y de todos los hombres contra el orden social ...
-de los demás?</p>
-
-<p>¡Ah, como celebran las hazañas de Raffles los que nada poseen y de
-buena gana le imitarían! ¡Como le celebran también los que tienen su
-dinero en valores seguros, resguardados en las cajas de algún Banco
-<span class="pagenum"><a name="Page_204" id="Page_204">[204]</a></span>
-inquebrable! ¿Y las damas?... Darían por bien robados sus collares por
-el gusto de haber conocido á ladrón tan encantador. «¡So lovely!»</p>
-
-<p>La chismografía teatral nos cuenta que en Londres el intérprete del
-papel es el ídolo de las damas solo con representarlo.</p>
-
-<p>¡No quiero pensar qué sería con el efectivo Raffles! Estos simpáticos
-bandidos dejan huella muy honda en los corazones femeninos. Por ellos
-suelen decir muchas, cuando el bandido les roba alguna alhaja de precio
-y huye, como es natural, de la justicia: ¡Que le busquen, que le
-prendan! Pero que no le hagan nada ... aunque no parezca la alhaja. Se
-ve que todo el interés esta en que parezca el, para decirle:—¡Ingrato!
-¿Qué necesidad tenías de robarme nada? Yo te lo hubiera regalado todo.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Paréntesis cuaresmal. Meditación, recogimiento y ... ahorro. Los tés sin
-golosinas, las reuniones sin cena, suprimido el teatro; sus turnos de
-moda se trasladan á las conferencias religiosas, á cargo de esos buenos
-melífluos, y mundanos padres de la Compañía, que son una especie de
-Fernando Díaz de Mendoza en lo de saber como agradar al abono.
-<span class="pagenum"><a name="Page_205" id="Page_205">[205]</a></span></p>
-
-<p>En esas conferencias se trata casi siempre de ligeros temas sociales;
-sólo faltan los nombres propios para que más parezcan prolongación de
-los chismorreos de sociedad. Su habilidad consiste en que siempre se de
-por aludido ... el prójimo. De este modo nadie se molesta.</p>
-
-<p>Recuerdo el tole tole producido años ha con el famoso sermón de
-los descotes, refundición de otro no menos famoso, pronunciado por el
-abate Boileau ante la corte de Luis <span class="smcap">xiv</span>:
-«Sur l’abus des nudités de gorge». Pero los tiempos eran otros y lo que
-las cortesanas del Rey Sol escucharon con paciencia—claro esta que sin
-enmendarse,—las modernas devotas no pudieron sufrirlo.</p>
-
-<p>La religión como el arte deben ser ante todo un consuelo, y si los
-predicadores como los artistas, dan en decir cosas desagradables y en
-asustar con fieras amenazas ...</p>
-
-<p>Bien lo saben los dulces padres; la severidad no aparta del pecado
-y aparta de la Iglesia. Dulzura en el púlpito, dulzura en el
-confesionario ... «¡De la douceur, de la douceur!», que dijo aquel gran
-<span class="pagenum"><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span>
-poeta y socarrón de Verlaine, que también supo alternar lo pagano con
-lo cristiano, como nuestras bellas penitentes en estos cuarenta días de
-«magdalenismo» y coqueteo á lo divino.</p>
-
-<p>La «toilette» es más austera, las conversaciones más graves; si se
-murmura es por moralizar. Desaparecen los libros profanos y en su lugar
-se ostenta «La Imitación de Cristo», «El reloj de la Pasión» y otros de
-serias meditaciones. El ayuno colabora con el régimen para adelgazar,
-el flirt es compatible con todo, y luego ¡cuarenta días pasan tan
-pronto! Y el sábado de Gloria las campanas repican, y las faldas,
-que por algo tienen forma de campaña, revuelan también, y las bellas
-penitentes parecen rejuvenecidas, como después de una temporada de
-baños ó de campo ... Porque, eso sí, veraneen física ó espiritualmente,
-todas vuelven del veraneo y de la cuaresma. Ni el mar ni el campo, ni
-la religión, pueden más con ellas que este Madrid de sus fatigas y de sus pecados.
-<span class="pagenum"><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Era un tiempo en que el más descreído y despreocupado, sentía avivarse
-en su espíritu cierto fervor religioso al llegar los días solemnes
-de la Semana Santa. Pero en estos tiempos de profunda piedad que
-alcanzamos, tan pródigos en diarias manifestaciones religiosas, la
-Semana Santa no es más de notar que otra cualquiera en cuanto á lo
-piadoso se refiere. Más bien por lo mundano, si buen tiempo y buen sol
-ayudan. No son rostros atormentados por mortificaciones y penitencias,
-ni siquiera ensombrecidos por austeros pensamientos los que se ven por
-calles y por iglesias en esos días. Y ¿por qué entristecernos? Sabemos
-que el sábado han de tocar á gloria; creemos en un Dios misericordioso
-y una legión de vírgenes y santos intercesores, que han de salvarnos
-por muchos que sean nuestros pecados. El sentimiento religioso pudo ser
-alguna vez cruel en España, pero nunca fué triste. No fué triste porque
-supo mirar al dolor y á la muerte cara á cara. Fué cruel, porque si el
-propio dolor y la propia muerte no importaban ¿qué habían de importar los ajenos?
-<span class="pagenum"><a name="Page_208" id="Page_208">[208]</a></span></p>
-
-<p>Si esta confianza en Dios y esta despreocupación de la muerte fueran
-tan conscientes ó tan hijas de una profunda fe religiosa como son de
-irreflexivas y de inconscientes, la raza española sería la primera
-del mundo. Pero ¡ay! que el despreciar la muerte no es más que la
-consecuencia de despreciar la vida, y vida y muerte vienen á ser de
-este modo una sola negación y sólo son verdaderamente grandes los
-hombres y los pueblos que toda su vida afirman y el morir es para ellos
-la suprema afirmación de su vida.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Era un tiempo también en que las más bellas y nobles damas turnaban
-en las mesas de petitorio, y las ofrendas eran cuantiosas. Pero era
-acaso esta sola vez en el año, cuando las señoras ponían á prueba
-el desprendimiento de sus buenos amigos. Hoy, todo el año es Jueves
-Santo para el petitorio; las funciones benéficas, las cuestaciones
-caritativas son un renglón de los más costosos en el capítulo de las
-relaciones sociales. Media España vive de la beneficencia de la otra
-media y hay dudas sobre cual de las dos mitades vive mejor.
-<span class="pagenum"><a name="Page_209" id="Page_209">[209]</a></span></p>
-
-<p>Cualquier persona de cierto viso, al abrir la diaria correspondencia,
-puede estar segura de que entre diez cartas, las nueve serán de
-peticiones; echarse á pie por esas calles es ir recogiendo memoriales
-de palabra con toda suerte de peticiones. No son los mendigos más
-enojosos los que le tienden á uno la mano, sino los que la dan. Y
-á esos, ¿quien los recoge? No hay idea de lo que aumentarían los
-donativos para la Asociación de la Caridad, si las autoridades
-se comprometieran á librarnos á cada uno de nuestros pordioseros particulares.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Ya que nuestros legisladores andan tan remisos en conceder á las
-mujeres derechos políticos, ¿por qué privarles también del más
-elemental de los individuales, que consiste en poder hacer cada una de
-su capa un sayo y de su pellejo un tamboril? Desde el punto de vista
-estético podrá discutirse la intrusión del feminismo en el toreo. Y
-será muy discutible el punto, porque desde el traje hasta las monadas
-inherentes al ejercicio de la profesión, hay en todo ello mucho más de
-femenino que de propiamente masculino. No digamos de la admiración que
-<span class="pagenum"><a name="Page_210" id="Page_210">[210]</a></span>
-el público siente por sus toreros favoritos. Si el espíritu de las
-colectividades es siempre femenino, el de un público de Plaza de Toros
-es <i>hembra</i> por los cuatro costados. Acaso es esta la mejor razón de un
-espectáculo que con otras razones no puede explicarse ni defenderse. Es
-parte de ese eterno femenino, móvil supremo de todo lo humano.</p>
-
-<p>Pero quedamos en que, por no ser costumbre fundar leyes en motivos
-estéticos, el ministro de la Gobernación ha fundado en motivos de
-moralidad y de protección al bello sexo la prohibición á las mujeres
-de una profesión, no más arriesgada que el matrimonio en la mayoría
-de los casos y mucho menos inmoral que otras, ¡ay! reglamentadas y
-patrocinadas por el ministerio de la Gobernación.</p>
-
-<p>Más cornadas da el hambre, y de la enfermería de la Plaza de Toros
-á la enfermería de San Juan de Dios no vemos que la moralidad ponga
-tanta distancia—la materialidad ha puesto muy poca.—Pero, en fin,
-el legislador paternal os protege, ¡oh, mujeres! Os quitan un modo de
-vivir, pero de morir todavía os quedan muchos. Ahora, que en una Plaza
-de Toros y ante todo un público, se escandalizaría la gente; en un
-hospital no lo ve nadie, y los que lo ven no se escandalizan; están acostumbrados.
-<span class="pagenum"><a name="Page_211" id="Page_211">[211]</a></span></p>
-
-<p>¡Mujeres toreras! Ya lo sabéis; vuelva el estoque á la vaina. El señor
-ministro os priva del primer recurso; menos mal que os deja el segundo.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>¡Oh piadosa voluptuosidad de la justicia humana! ¿No han leído ustedes
-la noticia? ¿No les ha conmovido á ustedes? Se ha suspendido la
-ejecución de un reo por hallarse muy delicado de salud. Temerían que la
-impresión le fuera funesta.</p>
-
-<p>En cambio, un doctor norteamericano propone que á todo enfermo
-incurable se le anticipe la muerte. ¿Quién es más piadoso? ¡Vaya
-usted á saber! Dado lo que tiene nuestra vida de lucha, desde que
-nos abre la puerta del chiquero, hasta que nos arrastra por la de
-corrales—perdonen los casados la comparación,—yo creo que siempre
-hemos de mirar con más simpatía al puntillero que á los demás que
-intervienen en la lidia.
-<span class="pagenum"><a name="Page_212" id="Page_212">[212]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Y ¿habrá pagado Madrid toda su deuda de admiración y de gratitud con su
-madrileñísimo músico? ¿Nada más, madrileños? Si fuera así, sería cosa
-de pensar una vez más en que Madrid es bien ingrata tierra para sus
-naturales, y es preferible para toda gloria, viviente ó póstuma, ser
-cabeza de ratón en cualquier lugarejo, que cola de león y hasta león
-entero, en esta ciudad grande, que quizás por serlo, pone distancias de
-desierto en las gentes para los nobles entusiasmos aunque las acerque
-y las una, como en Casino provinciano ó solana lugareña, para el
-chismorreo, el <i>despellejeo</i> y la maledicencia menuda.</p>
-
-<p>Cuando por esas capitales de provincia, cabezas de partido y hasta
-villorrios, con más partido que cabeza, se alzan estatuas y monumentos
-á muertos y á vivos, que no hicieron cosa mejor que firmar concesiones
-de momios á favor de caciques y mangoneadores, ¿no tendrá en Madrid su
-monumento el maestro Chueca? ¿Merecerá menos el que alegró nuestra vida
-honradamente que tantos como la entristecieron?</p>
-
-<p>Y no nos vengan doctorales señores, de esos que piensan haber depurado
-el gusto, cuando sólo han depurado la envidia y la molestia que les
-produce cuanto brilla y triunfa, con lo de música ligera, musiquilla,
-de teatrillo, de piano ...
-<span class="pagenum"><a name="Page_213" id="Page_213">[213]</a></span></p>
-
-<p>Los entendidos se extasían ahora con <i>Peleas y Melisenda</i> de Debussy,
-como expresión exquisita del más puro arte musical. Celebran en
-ella como el ritmo musical es fiel intérprete del ritmo de la frase
-hablada. Secreto es este que la música de Chueca había encontrado por
-genial instinto. Su música tiene todos los ritmos del habla madrileña,
-al requebrar, al burlarse, al aclamar al torero en la plaza, á los
-soldados en la calle; es desgarrada y fanfarrona en los chulos,
-picarescamente llorona en los pobres, desgarbada en los agentes de la
-autoridad, cursi en los cursis, airosa en los pasos dobles, con el
-gallardo andar de la gente madrileña, que aprendió á andar al son de
-músicas callejeras, charangas, pianos de manubrio, guitarras y panderas
-de estudiantinas, y al andar parece siempre marcar el paso al ritmo de
-esas músicas de la calle, que espantan á los pobres sus cuidados y su
-tedio á los ricos.</p>
-
-<p>Si cada uno que se alegró un día á los sones de una canción de Chueca,
-contribuye ... con poco, lo que se arroja desde el balcón al pianista
-que alegra la calle, ¿no bastará para perpetuar en Madrid, no la gloria
-del maestro, sino la gratitud del pueblo madrileño al que alegró su
-vida? Y alegrar la vida, ¿no es el modo más sabio de hacerla mejor?
-<span class="pagenum"><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span></p>
-
-<p>Ya que se empeñan en levantarnos ese monumento lúgubre, funerario de la
-calle Mayor, opongamos un monumento risueño, que no evoque tristezas ni
-crímenes, por donde se cante al pasar, como la mejor oración y el mejor recuerdo.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Por algo político y cortesía son sinónimos: en las relaciones
-sociales, ambas obligan igualmente á transigir con el trato de
-personas poco gratas. La visita de Eduardo VII, rey en el pueblo de
-las más verdaderas y sólidas libertades políticas, al sombrío Zar de
-las persecuciones neronianas, en pleno siglo <span class="smcap">xx</span>, no es de
-seguro una visita de verdadero afecto. La figura del zar Nicolás fué
-simpática durante algún tiempo, porque el también parecía, como la
-primera víctima de su propio poder autocrático, sometido á pesar suyo
-por la fuerza de una aristocracia feudal y bárbara, contra la que era
-imposible rebelarse. Pero llegó un día en que tuvo de su parte al
-<span class="pagenum"><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span>
-pueblo, que sólo le pedía justicia á cambio de amor y lealtad, y su
-respuesta esta en esa estadística publicada por <i>La Tribuna</i> rusa:
-sentencias de muerte, deportaciones á millares, víctimas de todas
-clases, crueldades sin cuento, crueldades inútiles, feroces ... Y la
-mano que firmó—horrible si firmó sin temblar, más horrible si firmó
-con el temblor del miedo,—es la que estrecha el rey de un pueblo libre
-y civilizado, por conveniencia política. ¿Quién se atreve á condenar
-las abdicaciones de los pequeños ante estas abdicaciones de los grandes?
-<span class="pagenum"><a name="Page_216" id="Page_216">[216]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter">
- <img src="images/detail17.jpg" alt="_" width="80" height="77" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_217" id="Page_217">[217]</a></span>
- <h2>XXII</h2>
-</div>
-
-<p>En este mes se celebra la fiesta del santo—San Roque es patrón
-favorito—en muchos pueblos y aldeas de España. La prohibición de las
-capeas quita á la fiesta su mayor atractivo. Como que no suele haber
-otro; de modo que suprimir la capea es suprimir la fiesta, esperada con
-ilusión, que no pueden comprender los habitantes de grandes ciudades,
-durante todo el año.</p>
-
-<p>Las capeas eran una barbaridad. ¿Quién lo duda? Pero no causa, sino
-efecto de otras barbaridades. Cuando se cultiva con ensañamiento la
-incultura de un pueblo; ¿á qué pedirle cultura en un día determinado?
-Buena esta la incultura para que no piensen, para que labren la tierra
-sin protestar al sol y al frío, para que paguen su contribución á un
-Estado al que nada deben ni para nada se preocupa por ellos; para que
-voten á quien los cuatro caciques mangoneadores ordenan, y ¡ay del que
-<span class="pagenum"><a name="Page_218" id="Page_218">[218]</a></span>
-se resista! Buena para sufrir, buena para el servicio de las armas y
-los embargos del fisco, buena para ser rebaño dócil, conducido á gusto
-y provecho de cucos pastores ... Para todo eso bien están la ignorancia
-y la incultura: cuanto más brutos mejor. ¿No es eso?... ¡Pero una
-capea! ¡Ah! Ese espectáculo inculto, esa diversión bárbara no puede
-permitirse. Que tengan educación siquiera un día. En las elecciones
-pueden desquitarse capeando al candidato de oposición, presididos por
-la autoridad competente.</p>
-
-<p>La fiesta de los pobres lugares y aldeas será triste este año. La capea
-importará poco, ¡pero es toda la fiesta! Los pueblos son humildes,
-son resignados, pero su fiesta es toda su alegría del año. ¿Sería tan
-difícil alegrarles la fiesta y compensar con ventaja la prohibición
-de las capeas enviando á los pueblos por cuenta del poder central—el
-odioso poder central—alguna culta diversión; una compañía de actores
-modestos, un cinematógrafo; poca cosa? ¡La alegría de los pueblos, como
-la de los niños, es tan barata!</p>
-
-<p>¡Prohibir! ¡Suprimir! ¡Castigar! ¡Pedir! ¿No han de ser otras las
-palabras del Estado para esos pobres lugares y esas pobres gentes?
-<span class="pagenum"><a name="Page_219" id="Page_219">[219]</a></span>
-¿Sería indecoroso para el Estado tener comediantes y titiriteros
-á sueldo para alegrar un día la vida, cuando paga tantos para
-entristecerla en todos los días del año?</p>
-
-<p>Ya se que es demasiado pedir. El socialismo del Estado no puede llegar
-á tanto. Por ahora se contenta con llevárselo todo y no repartir nada.
-Quedan prohibidas las capeas. Quedan suprimidas las fiestas. El Estado
-no esta para divertir á nadie.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>La alta política de los estados europeos es incomprensible para las
-inteligencias vulgares. Un día cualquiera, cuando creemos que no hay
-mayores motivos para una conflagración internacional que en la víspera
-de ese día y que en todos los días del año, resulta que sin saber como
-ni cuando, ni porqué la situación es gravísima; que el conflicto de los
-Dardanelos se ha complicado; que la supremacía sobre el mar Báltico
-ha de dirimirse; que Alemania no ve con buenos ojos—los ojos del
-kaiser—el <i>flirt</i> de Inglaterra con Rusia y con Francia; que Austria é
-Italia se despegan de la triple alianza; que en vista de la pequeñez de
-<span class="pagenum"><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span>
-los mares, hay nación que desea arrendar el Mediterráneo ó el
-Atlántico ó el Pacífico, para uso particular de sus barcos, como si
-se tratara del estanque del Retiro; problemas terribles todos ellos
-que, no preocupando ni poco ni mucho á nadie en particular, en cuanto
-ciudadano inglés, alemán, francés, etc., tienen la virtud de preocupar
-á Inglaterra, Alemania, Francia, etc., en cuanto naciones y estados.
-Váyase por los muchos problemas que preocupan cada día á los ciudadanos
-de esos estados, sin que el Estado se preocupe de ellos para nada.</p>
-
-<p>De un lado va la historia grande, la que se escribe á cañonazos. De
-otro la historia chica, la que no se escribe nunca, pero vive siempre.
-El divorcio entre una y otra es mayor cada día; de tal modo, que bien
-puede arriesgarse la siguiente definición. ¿Qué se entiende por grandes
-cuestiones de política internacional?—Las que no le importan á nadie en el mundo.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Y va de pintura. Con motivo del triunfo obtenido por Zuloaga en el
-Salón de París, hemos lamentado una vez más la ingratitud de España, en
-<span class="pagenum"><a name="Page_221" id="Page_221">[221]</a></span>
-donde es menos conocido y estimado el nombre del insigne pintor, que en
-el extranjero. No es decir que no seamos aquí capaces de algún desvío y
-de alguna injusticia, pero en este caso no sería nuestra toda la culpa.
-El pintor—¡felices los pintores que por hablar en su arte un lenguaje
-en todas partes comprendido pueden elegir ambiente para su arte y
-mercado para sus obras!—no se ha dignado nunca presentar sus cuadros
-en España; harto hacemos en admirarlos por la fe de fotograbados y de
-la admiración que en todas partes los proclama por obras maestras. En
-cambio, cuando llega la hora del entusiasmo no nos detenemos por nada.
-Para algunos los últimos cuadros de Zuloaga son nada menos que símbolo
-de España. Esto ya me parece simplificar el simbolismo como en las
-revistas teatrales, donde basta que salga una tiple vestida con más ó
-menos fantasía y nos diga: yo soy esto ó lo otro, para que lo demos
-por bueno. Pero francamente, un enano con un ojo verde, y al fondo
-unas casucas verduzcas y un cielo verdinegro también, de una parte, y
-de otra dos brujas, de nariz, barba y dedos retorcidos como de aves de
-rapiña, podrán ser todo lo admirables que se quiera como pintura, ¡pero
-decir que eso es toda España!
-<span class="pagenum"><a name="Page_222" id="Page_222">[222]</a></span></p>
-
-<p>Bien esta que lo digan los franceses, tan aficionados siempre á las
-grandes síntesis: el sintetizar ahorra de discurrir, pero nosotros,
-¿por qué hemos de decirlo? cuando el mismo pintor al triunfar con sus
-cuadros de la más legítima escuela española es el primero en demostrar
-que en España hay algo más que enanos y brujas.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Zaragoza triunfa con su Exposición. Saludemos á la noble ciudad, entre
-todas las de España, hermana predilecta de Madrid. Entre todos los
-cantos regionales, la jota, el verdadero himno nacional, fué siempre
-el preferido de los madrileños; quizás porque nunca se manchó como
-otros aires regionales, al ser demasiado traídos y llevados como enseña
-política más que patriótica.</p>
-
-<p>Sin arrogancias, sin bambolla, Zaragoza, que para ser siempre grande,
-pudo más que ninguna reposar en sus gloriosas tradiciones, ha sabido
-<span class="pagenum"><a name="Page_223" id="Page_223">[223]</a></span>
-agrandarse y prosperar y engrandecerse sin molestar y sin presumir.
-Con sano equilibrio, no atendió solo á los progresos materiales, y
-su Facultad de Medicina es gloria de una ciencia, que es quizás hoy
-la mayor gloria de España, que ninguna sigue tan de cerca, cuando
-no adelanta á la ciencia extranjera. Como en tiempos se dijo de
-los Argensolas que habían venido de Aragón á Castilla á enseñar el
-castellano, muchos son hoy los escritores aragoneses de que puede
-decirse lo mismo, y entre todos ellos no es preciso nombrar en estas
-columnas al que todos tenemos por maestro.</p>
-
-<p>En la fe religiosa no hay asomos de clericalismo ni de beatería. Ante
-tu Virgen del Pilar—su inicial es la de Patria,—rinde armas toda
-impiedad y todo volterianismo. En días tristes, supiste decir que no
-querías ser francesa, pero con estar tu pilar tan asentado en tierra
-aragonesa, nadie te preguntó nunca si no querías ser española.</p>
-
-<p>Por todo esto, noble Zaragoza, entre todas las ciudades de España,
-hermana predilecta de Madrid: ¡Salud y gloria!
-<span class="pagenum"><a name="Page_224" id="Page_224">[224]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>A estas horas, si el tiempo ó cualquier otro accidente imprevisto no lo
-ha impedido, para el público madrileño habrá pasado á la historia del
-toreo, acaso la más interesante en la historia de España, uno de los
-toreros más aplaudidos y celebrados en los modernos tiempos.</p>
-
-<p>Inteligente, elegante; de una elegancia un poco afectada, poco vario en
-su repertorio, fué el torero de las cuatro cosas, pero en esas cuatro,
-maestro. Tuvo las bastantes tardes felices para ser admirado, y las
-bastantes tardes desdichadas para no llegar á ser odioso al público y á
-sus compañeros. No llegó á fatigar la admiración como el Guerra.</p>
-
-<p>Siempre recordaré la corrida en que éste, á lo que se supo después,
-toreo por última vez, en Zaragoza. Había toreado toda la tarde con
-el mismo arte, con la misma alegría de siempre; pero el público se
-resistía al aplauso. A lo admirable decía: ¡Eso ya sabemos que lo hace
-bien! y no aplaudía; á lo defectuoso se mostraba severo en demasía.
-Aquel año empezaba á brillar el Algabeño, y el público, deseoso de
-inventar un torero, se excedía en mostrarle su entusiasmo. Guerra había
-dado muerte á sus dos toros; intentó ayudar en una de sus faenas al
-<span class="pagenum"><a name="Page_225" id="Page_225">[225]</a></span>
-Algabeño, y el público, creyendo que trataba de deslucirle, le obligó
-con injustas protestas á retirarse. Sentado en el estribo de la
-barrera, contemplaba la faena de su compañero, el astro naciente. Los
-pases eran efectistas; esos pases llamados del Celeste Imperio: el
-público los coreaba con olés, con ese rabioso regocijo de la multitud
-cuando más que en aplaudir á uno, piensa en mortificar á otro. Gritó
-una voz: ¡Aprende, Guerra! Y Guerra paseo una mirada en torno del
-circo, una mirada de profunda melancolía, que era sin duda su adiós á
-las glorias del triunfo, su amargura ante la ingratitud de la muchedumbre.</p>
-
-<p>¡No fué más triste el adiós de Otelo á sus victorias al dudar de la
-fidelidad de su amada!</p>
-
-<p>¡Oh público, público; tu nombre puede ser masculino, pero tu alma es
-siempre de mujer, y más que ella eres pérfido como el mar!</p>
-
-<p>Por suerte no reza contigo el refrán: «A muertos y á idos ...» que para
-unos y otros guardas lo mejor de tu admiración, y una vez desaparecido
-el artista, sabes depurar en tus recuerdos todo lo desagradable de su memoria.</p>
-
-<p>¡Feliz el artista que logra sobrevivir como hombre y apartado de su
-arte puede oir todavía de sus contemporáneos como su nombre es parangón
-constante á los que permanecen y á los que van llegando!
-<span class="pagenum"><a name="Page_226" id="Page_226">[226]</a></span></p>
-
-<p>Antonio Fuentes ha pasado á la historia del toreo. Ya lo sabéis,
-toreros del presente y del porvenir, los que más le silbaron en su
-vida taurina, serán ahora los que no dejarán de deciros: ¡Como aquel
-Fuentes, ninguno!</p>
-
-<p>Salud á todos, el que se retira y los que quedan, para oirlo por muchos años.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Más tarde ó más temprano siempre se recoge lo que se siembra. Llevamos
-á América nuestro espíritu, que ella nos ha devuelto pródigamente en
-admirables poetas que cantan en nuestro idioma, en inteligentes y
-bellas mujeres, que son encanto de nuestra sociedad. Pero América nos
-debía algo más, nos debía un torero, y si las señales no mienten llegó
-el torero y llegó á su hora, cuando más necesitado estaba el arte
-taurino de algo que le animara y renovara.
-<span class="pagenum"><a name="Page_227" id="Page_227">[227]</a></span></p>
-
-<p>No debe padecer el amor patrio por eso; aquí no hay América que valga,
-y un torero no puede dudarse de que es cosa bien nuestra, mejor que
-cualquier otra manifestación de nuestra influencia espiritual. Ya lo
-dijo Voltaire: «C’est du nord aujourd’hui qui nous vient la lumière».
-Como el sol taurino no nos falte, salga por Antequera. Justo era que
-de nuestros antiguos dominios, en donde el sol no se ponía nunca,
-viniera siquiera algún reflejo á confortar nuestro desmayado espíritu.
-¡Aplaudamos á Gaona y no olvidemos á Hernán Cortés!</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>El proceso Rull es interesante como una novela; no de las llamadas
-novelescas; la intriga es poco interesante; mejor de las psicológicas ó
-experimentales, y hasta si se quiere, docentes.</p>
-
-<p>Su enseñanza, por no decir moralidad, es mostrarnos bien claramente
-lo peligroso que ha sido siempre para toda autoridad valerse como
-auxiliares de esos confidentes, delatores y espías, que antes de ser
-frailes han sido cocineros y han jugado demasiado á ladrones antes de
-jugar á policías, para olvidar tan pronto sus primeras mañas.
-<span class="pagenum"><a name="Page_228" id="Page_228">[228]</a></span></p>
-
-<p>Si hay casos en que el fin justifica los medios, hay medios que no se
-justifican en ningún caso.</p>
-
-<p>Siempre fué achaque de la policía española servirse de esa clase de
-auxiliares que obligan á más de lo que sirven. Hay remedios mucho
-peores que las enfermedades. Se ha probado á perseguir el terrorismo de
-todas maneras. ¿Si se probara á no perseguirlo de ninguna? Por lo menos
-se conseguiría lo mismo, salvo el ridículo.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Si hemos de caer alguna vez en falta, el Señor nos libre de que
-esa falta pueda ser calificada de tontería. Locura y tontería son
-igualmente disparates, pero según la definición de un amigo mío:
-tonterías son los disparates que no producen dinero.</p>
-
-<p>Ejemplos: Una joven honrada pierde su reputación por un hombre rico.
-Todos dirán: ¡Qué locura la de esa muchacha!</p>
-
-<p>Se casa con un pobre. Todos dirán: ¡Qué tontería!</p>
-
-<p>Un hombre, en opinión de cumplidísimo caballero, se alza de la noche
-á la mañana con unos fondos confiados á su honradez. Todos dicen: ¿Ha
-visto usted qué locura la de ese hombre?
-<span class="pagenum"><a name="Page_229" id="Page_229">[229]</a></span></p>
-
-<p>Se arruina por completo: ¡Qué tontería!</p>
-
-<p>No hay confusión posible entre el tono de compasión del que dice: ¡Qué
-tontería!, y el de admiración envidiosa del que exclama: ¡Qué locura!</p>
-
-<p>A propósito de ese desfalco de trescientas mil pesetas. ¿A que no han
-oído ustedes decir á nadie: Qué tontería?</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Todo, menos moralizar. Contemos las cosas como son y la moralidad
-saldrá sola, si moralidad hubiere. Dígolo, porque esto de la moralidad
-y del humorismo se ha puesto tan barato, que ya no es posible leer la
-más sencilla noticia del más insignificante suceso sin su comentario,
-ya moral, ya jocoso. Pase por la moralidad; pero lo de hacer donaire
-á costa del infeliz que se suicidó, ó del que fué robado, ó del que
-sorprendió á su mujer con el amigo, ya no me parece de tan buen gusto.
-Los sucesos no deben pesarse por sus causas, sino por sus efectos, y es
-crueldad hacer sainete de estas pequeñas tragedias de la vida humilde.
-<span class="pagenum"><a name="Page_230" id="Page_230">[230]</a></span></p>
-
-<p>¡Cuánto mejor empleado el humorismo á costa de las ridiculeces de los
-grandes! ¿Por qué hablar en serio de los perifollos de la marquesa X
-y de sus ridículos saraos y tomar el pelo, en cambio, á la infeliz
-costurera que fracasa en su tentativa de suicidio? ¿Por qué tratar en
-grave estilo la borrachera de vanidad del eminente imbécil Don Fulano,
-y en tono ligero la simpática curda de algún alegre ciudadano?</p>
-
-<p>Bien se, ¡oh apreciables humoristas! que esto del humor es lo más
-subjetivo y es cualidad suya reir de lo triste y entristecerse por lo
-alegre, pero haya á lo menos simpatía en nuestro humor. Bueno es reirse
-de los que quieren entristecernos, pero es crueldad reir de los que
-realmente están tristes. ¡Viva el humorismo sobre todo! Menos sobre el
-dolor ajeno.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Ninguna campaña tan injusta como la emprendida contra los prestamistas;
-seguramente por gente que no les debe nada. El arte de estimar á sus
-<span class="pagenum"><a name="Page_231" id="Page_231">[231]</a></span>
-acreedores es un arte de gran señor. ¡Aquel admirable Don Juan de
-Molière, deshaciéndose en cortesías y en agasajos con Mr. Dimanche! El
-dinero es mercancía cara y no se por qué ha de estimarse al comerciante
-que gana un cincuenta por ciento vendiéndonos una corbata, y hemos
-de maltratar al que vende su dinero con la misma ganancia. Mucho más
-cuando la corbata no nos saca de ningún apuro, y de mejor ó peor
-clase, nunca falta un amigo ó pariente que nos regale una flamante
-ó de desecho, ó alguna amiga cariñosa que nos fabrique una de algún
-vistoso retal de sus galas ... ¡Pero el dinero! Cuando ni amigos ni
-parientes os lo faciliten, siempre hallaréis al prestamista, que sin
-razones de afecto ni de simpatía, ni importarle dos cuartos de vuestras
-condiciones personales, solo por la garantía de vuestro trabajo; ó de
-vuestros bienes presentes y futuros, incluida vuestra tumba, si la
-poseéis á perpetuidad, os ofrezca, mediante unas ligeras formalidades,
-lo bastante á pagarle comisión y el primer mes de intereses. Y es tanto
-su deseo de serviros eternamente, que su mayor disgusto es verse pagado
-en breve plazo. A los pocos días el mismo vendrá á ofreceros su bolsa,
-<span class="pagenum"><a name="Page_232" id="Page_232">[232]</a></span>
-siempre repleta y siempre franca—salvo las pequeñas formalidades.—Su
-ideal es ligaros por fin con algún contrato de carácter matrimonial,
-por lo sagrado y por lo inrompible. Sólo así se considerará dichoso. Y
-¡hay quien reniega de estos vínculos, que ligan á una persona á nuestra
-vida por toda la suya! ¡Una persona que se inquieta como ninguna otra
-por nuestra salud, por nuestra suerte, por todas nuestras vicisitudes!
-Que será la primera en aconsejarnos y en recomendarnos específicos y
-doctores; la primera en evitarnos toda clase de disgustos y lances
-desagradables en que podamos arriesgar nuestra vida ... ¡Qué horrible
-soledad la del que vive sin este calor afectuoso que nunca falta,
-cuando acaso falta el de otras personas á quienes nada debemos y todo
-nos lo deben! Esto nunca se paga bastante, no se paga con nada ...
-¡Contar con una lealtad á prueba, á cambio de dinero! ¡Cuando todos
-nos engañan, saber que alguien no nos engaña nunca! ¡El prestamista! Y
-si alguna vez nos engaña, ¡qué sublime engaño! Es que nos rebaja los
-intereses ó nos perdona parte de la deuda ... No comprendo como haya
-quien hable mal de los prestamistas. El que no haya tenido acreedores,
-se morirá sin saber lo que es un verdadero afecto. Y el que antes de
-morir haya pagado todas sus deudas, ¿como podrá tener la seguridad de
-que alguien llora su muerte sinceramente.
-<span class="pagenum"><a name="Page_233" id="Page_233">[233]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>La respetable señora que paró el sol de sus elegancias en las modas del
-segundo imperio, ve entrar á su nieta, moldeada en un vestido tanagra y
-no puede contener su espanto.</p>
-
-<p>—¡Jesús!</p>
-
-<p>—¿Qué te pasa, abuelita?</p>
-
-<p>—Nada. ¡Ese vestido, estas modas! ¡No puedo acostumbrarme!</p>
-
-<p>Una atrevida postura de la joven al sentarse, redobla el espanto
-de la abuela.</p>
-
-<p>—¡Si eso es como ir desnudas! Con estos trajes no podrán decir los
-hombres que se casen, que fueron engañados al matrimonio, respecto á lo
-físico ...</p>
-
-<p>—Es verdad; el miriñaque y el polisón eran más graciosos y más
-artísticos. No hay más que ver estos retratos ... ¡Como teníais valor
-para vestiros de ese modo!
-<span class="pagenum"><a name="Page_234" id="Page_234">[234]</a></span></p>
-
-<p>—¡Calla, calla! Esos trajes tenían un aire señorial que marcaban con
-solo el modo de llevarlos la diferencia de clases, de educación ... Eran
-imposibles las falsificaciones ... Pero ¡con estos! El aire «cocotte»
-predomina. ¡Cualquiera distingue á una señorita de ... las que no lo
-son! Esos trajes lo nivelan todo.</p>
-
-<p>—No lo creas,—responde la joven, dándose unos golpecitos en las caderas.</p>
-
-<p>—Y ¡eso de haber suprimido la ropa interior, para abultar lo menos
-posible! Eso ni es decente ni puede ser sano ...</p>
-
-<p>—¿Sientes la nostalgia del refajo, abuelita?...</p>
-
-<p>—¡No cruces las piernas de ese modo! ¡Jesús, Jesús! Pero, ¿no te ves
-en el espejo?</p>
-
-<p>—No veo nada de particular. Tu me has contado que muchas veces se os
-levantaba el miriñaque al ir á sentaros y dabais un espectáculo ...
-El abuelito contaba con mucha gracia que tía Vicenta en un baile de
-Palacio ... Gracias á que el abuelito era general, hablaba en un grupo
-cerca con sus ayudantes y muchos oficiales y mando formar el cuadro,
-mientras se reparaba el desperfecto ...</p>
-
-<p>—No se vió nada. Y, sin embargo, á tu pobre tía le costó una
-enfermedad. ¡No quiero pensar si con un traje de estos os ocurriera
-algo en la calle!
-<span class="pagenum"><a name="Page_235" id="Page_235">[235]</a></span></p>
-
-<p>—Pues nada, abuelita. Lo que sorprende es lo imprevisto ...</p>
-
-<p>—Pues eso es lo que debiérais tener en cuenta para no aceptar esa
-moda ... ¡Lo imprevisto! Ese es el secreto de la felicidad y del amor,
-por lo tanto. ¡Como habéis de inspirar amor si dejáis de inspirar curiosidad!</p>
-
-<p>—Queda el reino espiritual, abuelita ... En ese terreno todavía impera
-el miriñaque ... No hay vestido tanagra que moldee el corazón como el
-cuerpo de las mujeres ... Ahora, siquiera, no engañamos en cuestión de forma ...</p>
-
-<p>—No, de seguro ... ¡Jesús, Jesús! ¡Si eso es como ir desnudas!
-<span class="pagenum"><a name="Page_236" id="Page_236">[236]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter">
- <img src="images/detail18.jpg" alt="_" width="80" height="76" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_237" id="Page_237">[237]</a></span>
- <h2>XXIII</h2>
-</div>
-
-<p>En un teatro de Italia se ha ensayado el sistema de votación pacífica
-para que el público decida del éxito de las comedias, sin molestarse en
-aplaudir ó patear, según el argumento requiera. Pero como siempre que
-se pone el derecho de sufragio á disposición de un público, son más los
-que se han abstenido de ejercerlo, y el autor se ha quedado sin saber
-lo que opina la mayoría del público. Siempre he creído á despecho de
-los que abominan de la masa neutra, que esto de la abstención es una
-opinión tan respetable como cualquiera otra, lo mismo en política que
-en arte. ¿Hay que opinar de todo por fuerza? Hay muchas cosas de las
-que no puede decirse ni que sí ni que no, que ni están mal ni están
-bien, y acaso estarían mejor no estando de ninguna manera. A este
-respetable orden de cosas pertenece casi todo lo que es fundamento
-del tinglado social. Por instinto de conservación debemos impedir las votaciones decisivas.
-<span class="pagenum"><a name="Page_238" id="Page_238">[238]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Otra aplicación del sufragio universal al teatro es la que ha iniciado M. de Brieux
-modificando el desenlace de su nueva obra «Simone» á gusto del público.</p>
-
-<p>¿Que las obras, y sobre todo las teatrales, se escriben para el
-público? Indudable. ¿Que M. de Brieux estuvo en su perfecto derecho
-al procurar complacerle por todos los medios? Indudable también. Solo
-que cuando se usa de tal derecho y de tales procedimientos, no debe
-nadie, como el autor de «La toga roja», de «Maternidad» y de los
-famosos ...—¿estaría mal si tradujéramos «Averiados», puesto que de
-averías se trata?—presumir de autor que hace tribuna y cátedra del
-teatro para defender ideas y doctrinas humanitarias.</p>
-
-<p>Nada habría que decir de esos cambios y acomodos si se tratara de obras
-á lo Sardou. Y no ha sido Sardou, hagámosle justicia, de los autores
-menos intransigentes en sostener escenas y desenlaces contra las
-indicaciones de sus intérpretes y aún del gusto del público.
-<span class="pagenum"><a name="Page_239" id="Page_239">[239]</a></span></p>
-
-<p>Pero, francamente, que un autor de ideas pueda dar el mismo valor á
-las ideas opuestas, que un carácter humano pueda desenvolverse con la
-misma lógica en un sentido ó en el contrario, que Otelo pueda perdonar
-á Desdémona y que Yago pueda arrepentirse, todo sin más razón que el
-desagrado del público ... No se, pero aún autorizándome con el ejemplo
-de Ibsen, no me parece de una gran probidad artística.</p>
-
-<p>Asuntos hay en la realidad, y no digamos en la imaginación, en que
-sin detrimento de la verdad ni de la lógica, puede cualquier autor
-garantizarse el completo agrado del público. Pero una vez emprendido
-el camino de quitarle el hipo, no se debe retroceder ni rectificar.
-A más de esto, es no conocer al público el creer que agradece esas
-concesiones. El público es como las mujeres, sólo tolera los primeros
-atrevimientos con la condición de que se llegue á los últimos. Todo menos defraudar.
-<span class="pagenum"><a name="Page_240" id="Page_240">[240]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Cuando como el mejor pretexto para tirar un poco de la cuerda á la mala
-prensa—toda la de oposición, en el más amplio sentido de la frase,—se
-aduce el peligro del contagio que la publicidad puede producir en los
-crímenes del terrorismo, no se compagina el interés en conmemorar uno
-de esos crímenes con un monumento. ¿Puede darse mayor publicidad? Y
-de las cuatro caras del monumento, una para la piedad, otra para la
-execración, otra para la historia ... ¿no quedará una siquiera para la
-glorificación, cuando frente á el se encaren los de la idea?</p>
-
-<p>Hay cosas que mejor están olvidadas que recordadas de ninguna manera.
-Ese monumento, como los que recuerdan discordias civiles y luchas
-domésticas, no puede servir de ejemplo ni de enseñanza.</p>
-
-<p>¿Qué se pretende con ese inoportuno monumento? ¿Un alarde de
-monarquismo? Ahí esta el monumento á Alfonso XII esperando el óbolo de
-los más leales monárquicos. ¿Un alarde de piedad religiosa? Sufragios
-tiene la Iglesia que aplicar por las víctimas, sin olvidar al culpable,
-que para algo somos cristianos. Todo, menos ese monumento antipático,
-odioso, recuerdo perenne de algo que esta mejor no recordado.
-<span class="pagenum"><a name="Page_241" id="Page_241">[241]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Todos los años al empezar la temporada taurina leemos las mismas
-lamentaciones de los profesionales escritores taurinos:—¿Como? La
-empresa se olvida del buen torero fulano, un torero serio, un torero
-muy apañadito: es imperdonable que la empresa no de un lugar en el
-cartel de abono al simpático diestro mengano, que tan desgraciado ha
-estado siempre en esta plaza, pero á quien los verdaderos aficionados
-verían con gusto por su toreo serio ...—Esto de la seriedad es muy
-apreciado en el toreo.</p>
-
-<p>Sucede que la empresa suele conmoverse y atender los clamores de la
-opinión, y sucede que la tarde en que anuncia á esos diestros, la
-entrada no da ni para pagar las mulillas; sucede que el escaso público
-se aburre, y sucede que los mismos que clamaban por que la empresa
-diera un lugar en el cartel al torero serio y al torero apañadito,
-salen renegando de ellos y de la empresa que los contrato. Es que en el
-toreo como en la política hay quien sostiene la reputación á fuerza de
-fracasos. Por algo son los dos espectáculos más nacionales. La cuestión
-esta en fracasar seriamente. Y en esto de la seriedad el Quinito y
-Maura son insustituibles.
-<span class="pagenum"><a name="Page_242" id="Page_242">[242]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>A Fígaro, como á Espronceda le ha llegado su hora de gloria. Si es
-cierto, como asegura un amigo mío, que cuando á un escritor le llega
-esa hora es señal de que ya no lo lee nadie, no hay por qué celebrar el
-tardío recuerdo, muy prematuro, si cuando más se recuerda al hombre más
-olvidadas están las obras.</p>
-
-<p>Pero, en fin, si recuerdo hubiere, Dios nos lo depare bueno, y sobre
-todo, para nada se tenga en cuenta los precedentes—¡nuestro gran
-tirano!—Hagan algo nuevo, y si á los precedentes hay que atenerse,
-cerca esta el de los admiradores de Tolstoï, que se disponen á celebrar
-el jubileo del gran escritor, publicando una copiosa edición de sus
-obras en todos los idiomas del mundo.</p>
-
-<p>Sin propagar previamente la lectura de sus obras, ¿podemos estar
-seguros de que el Larra más popular y conocido sea el primero de la
-dinastía, cuando existe el celebrado actor cómico del mismo nombre y
-apellido? Sin olvidar al aplaudido autor de «El barberillo de Lavapiés»
-y al no menos aplaudido autor de «La trapera»; todos ellos más
-populares y conocidos hoy que el inmortal Fígaro; para que los hombres
-<span class="pagenum"><a name="Page_243" id="Page_243">[243]</a></span>
-graves puedan decir como el Rey Lear: «¡Take phisic pomp!» Y no
-traduzco, porque dentro de pocos días tendremos aquí una compañía de
-opereta inglesa y todos nos hemos de reir como si lo entendiéramos.</p>
-
-<p>A los partidarios de un idioma universal, les anticipo que las artistas
-son muy guapas. Tuve el gusto de verlas en Santos; el barco que las
-conducía á Buenos Aires hacia allí escala, y las lindas artistas se
-divertían en hacer un poco el muelle, y entre los negros cargadores
-y los traficantes del puerto, ellas, con sus más claros trajes y sus
-más rubias cabelleras daban una alegre nota de juventud y de belleza;
-la alegría del arte que pasaba por aquel hormiguero de traficantes y
-especuladores ... y ellas reían, reían, en la claridad de sus cabellos
-rubios, sus vestidos blancos y sus sombrillas rojas, reían con esa risa
-fresca y sana que hace parecer siempre niñas á las inglesas cuando
-pasan por tierras de sol y ellas son lindas.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>La compañía de opereta inglesa ha sorprendido á muchos con su
-repertorio y con su manera. ¿Qué esperaban ustedes? ¿Es peor nuestro
-<span class="pagenum"><a name="Page_244" id="Page_244">[244]</a></span>
-género chico? ¿Se convencen ustedes de como nuestro público es el
-más difícil de contentar, y eso que paga menos que ningún otro por
-divertirse en el teatro? No es que me parezca mal esta opereta inglesa,
-que desde luego supone un público bonachón, un público que ha trabajado
-y ha pensado seriamente durante la jornada y quiere distraerse con
-el menor esfuerzo intelectual posible. Es teatro para razas fuertes
-y trabajadoras. Sucede también que en estas razas fuertes están más
-especializadas las aptitudes y hay un respeto mutuo de unas profesiones
-á otras, que aquí desconocemos, porque aquí todos servimos ó creemos
-servir para todo. Aquí, el público se coloca siempre en actitud de
-superioridad sobre el autor. Cada uno tanto como vos, y todos juntos más que vos.</p>
-
-<p>Lo cierto es que por esos mundos teatrales el público se contenta con
-menos, y cuatro chistes bastan para decorar una obra cómica y una
-escena de fuerza para interesar en una obra dramática; de lo demás se
-encarga la belleza de las actrices, el decorado y el vestuario. ¡Pensar
-que aquí tenemos para ilustrar el género chico á un músico como Chapí
-<span class="pagenum"><a name="Page_245" id="Page_245">[245]</a></span>
-que en otras partes sólo hubiera escrito grandes óperas, que muy
-contados entre los que las escriben por ahí pueden compararse con
-nuestro glorioso maestro! Y entre los libretistas son muchos, por
-graciosos y atinados observadores, por lo vario y fértil de su
-ingenio, los que pueden compararse sin menoscabo, con tanto y tanto
-«vaudevillista» de universal exportación y renombre.</p>
-
-<p>Mientras nuestro más selecto público procura convencerse de los
-encantos de la opereta inglesa,—el abono esta ya pagado y qué remedio
-sino apencar y divertirse,—y mientras en París, una de las obras
-maestras del teatro inglés—«Cándida», de Bernardo Shaw,—es acogida
-con el eterno desdén de los parisienses por todo lo extranjero,
-nuestro género chico, representado por «El pollo Tejada»—«Le beau
-Tejada»,—obtiene la más calurosa acogida.</p>
-
-<p>La música alegre de Quinito Valverde esta en París como en su casa.
-Bueno es que autores y músicos nos vayamos preparando para la
-emigración, porque como esa ley terrorista á todo llega y todo lo
-abarca, como el dedo de la Providencia, no digo un Calderón, autor
-dramático, hasta un calderón musical puede parecer subversivo.
-<span class="pagenum"><a name="Page_246" id="Page_246">[246]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Dice Nietzsche que el imperio—donde dice Imperio léase cualquier
-partido de fuerza,—mira en el fondo con gran simpatía al
-socialismo—léase cualquier partido más ó menos perturbador ó
-avanzado,—porque le da pretexto para extremar los medios de represión,
-en defensa del orden social que á todo gobierno esta encomendada.</p>
-
-<p>No diré yo que el terrorismo barcelonés fuera plato de gusto para el
-gobierno conservador, pero no ha sido mal pretexto para desatar de una
-vez toda su furia reaccionaria y sobre toda España, bien inocente y
-bien ajena á lo que en una determinada provincia ocurra.</p>
-
-<p>Si alguien dudaba que el terrorismo se había hecho reaccionario, bien
-puede convencerse ahora. Y no hay que fiar en las buenas palabras de
-estos conservadores al uso—harto ha confiado en ellas la opinión
-liberal del país,—con que pretenden convencernos de que no es para
-tanto ni la cosa es tan sería como parece; malo es dejar y permitir en
-manos de esta gente leyes de estira y afloja. Sobre todo, hora es ya
-de no permitir que entre los partidos reaccionarios y los liberales,
-suponiendo que los dos extremos constituyeran un mismo peligro para el
-<span class="pagenum"><a name="Page_247" id="Page_247">[247]</a></span>
-orden conservador, no digamos social, todos los halagos, complacencias
-y mimos sean para los primeros, y todos los desdenes, represiones y
-alardes de fuerza contra los últimos. Tanto va el cántaro ...</p>
-
-<p>¿Son Rusia, Turquía y Marruecos, ejemplo de países civilizados ni de
-tranquilidad siquiera en sus esferas gubernamentales?</p>
-
-<p>¿Tan buen éxito tuvo el ensayo reaccionario en Portugal con estar algo
-más justificado que en España? ¿Qué situación excepcional del país
-reclama la aplicación de tantas leyes especiales? Porque una persona de
-la familia esté enferma, ¿es para sujetar á un plan curativo á toda la
-familia? Bastante es ya tolerar las impertinencias del enfermo, y mucho
-más cuando la enfermedad es nerviosa y hay tantos motivos para creer
-que de conveniencia.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>¡Si á lo menos para compensación, lo que va en retrocesos espirituales
-fuera en adelantos materiales! Pero sí; una vez más el servicio de
-incendios ha demostrado que cuenta con todos los elementos más modernos
-<span class="pagenum"><a name="Page_248" id="Page_248">[248]</a></span>
-y necesarios, exceptuando el agua, detalle sin importancia. De la
-recogida de pobres, como si nada hubiéramos hablado, porque al que no
-le molestan á cada paso, será porque no salga de su casa ó vaya en
-coche galoneado. Las calles mal barridas y peor regadas; el pavimento
-imitando á la naturaleza, y en todo así. Nuestros gobernantes no tienen
-siquiera la delicada atención de esas mujeres que cuando más engañan á
-su marido más procuran que no tenga que poner falta en el cuidado de
-la casa y de la comida. Yo se de algunos. ¡Seres egoístas y regalones!
-que por ver una población linda, con sus calles bien pavimentadas, sus
-jardines bien cuidados, las gentes limpias en su aspecto y urbanas en
-su trato, la policía y todos los servicios municipales de organización
-intachable, darían muy gustosos todas las conquistas de la libertad y
-de la democracia, sufragio universal, jurado, hasta la Constitución
-inclusive ... Pero la verdad, ¡tan abandonado y tan sucio todo y encima
-leyes terroristas! No hay derecho, señores, no hay derecho.
-<span class="pagenum"><a name="Page_249" id="Page_249">[249]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>¡Quién te ha visto y quien te ve, corrida de Beneficencia! ¡Aquella
-famosa, entre todas, en que reapareció Frascuelo, después de no haber
-toreado por algún tiempo en Madrid! La víspera de la corrida la gente
-velo toda la noche en larga fila esperando la apertura del despacho de
-billetes. No bastaba el dinero sin buenas influencias para obtener una
-localidad preferente, un coche y un ramo de claveles.</p>
-
-<p>Por fortuna, en esta temporada, algo hemos tenido evocador de aquellos
-pasados entusiasmos. La corrida en que tan bien se esta toreando esa
-ley del terrorismo, bicho de mucho cuidado y sentido. Corrida que puede
-considerarse de beneficencia; que tan necesitada de ella estaba la
-pobrecita libertad española. Y gracias sean dadas á los sobresalientes
-lidiadores que con el mayor desinterés y entusiasmo se han prestado á
-torear en ella. Barcia, Grandmontagne, Iglesias, Dicenta, Costa y otros
-muchos, que han picado, banderilleado y estoqueado con arte supremo;
-sin olvidar el soberbio quite aguantando del maestro Burell; todo lo
-cual ha constituído una corrida inolvidable, bastante á compensarnos de
-las mojigangas y novilladas que presenciamos á diario.
-<span class="pagenum"><a name="Page_250" id="Page_250">[250]</a></span></p>
-
-<p>La intención de la empresa estaba vista; soltar unos toros que acabaran
-de una vez con los primeros espadas que no se presten á contratarse en
-las condiciones exigidas por el empresario. Pero la corrida quedó bien
-despachada, y por ahora, la empresa no se saldrá con la suya, y en el
-fondo, aunque se lastime un poco en su amor propio, debe alegrarse. Por
-ese camino íbamos á las corridas á la portuguesa.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>¡Quién te ha visto y quien te ve también, paseo de coches del Retiro
-y de la Castellana, en estas tardes de primavera y entrada de verano!
-Eras una de las delicias madrileñas, con tus trenes de lujo á paso
-tranquilo, tus mujeres con alegres trajes y floridos sombreros que se
-dejaban ver en los milores y sociables. El automóvil ha atropellado con todo.</p>
-
-<p>La gente adinerada ha sustituído los arrogantes troncos de caballos,
-los coches señoriales, por el ruidoso artefacto mecánico. El coche de
-establecimiento, el de círculo y el alquilón democrático, quedan como
-campeones vencidos del arrastre de sangre. El paseo esta convertido en
-carretera, por donde entre nubes de polvo y de humo pestilente corren
-<span class="pagenum"><a name="Page_251" id="Page_251">[251]</a></span>
-los automóviles como tren de viaje ó de guerra. No sabemos que admirar
-más, si la tolerancia de las autoridades consintiendo en el paseo
-automóviles que no sean eléctricos, si la paciencia de los que reciben
-polvo y humo, desde sus modestos carruajes ó la falta de ... diremos
-de buen gusto, de los que hacen carretera de un paseo por ostentar un
-lujo, que en este caso más parece economía; porque cada cosa en su
-lugar y el automóvil para una prisa. ¡Pero para dar unas vueltas en el
-Retiro ó la Castellana! ¿No tendrán un capítulo de esto esos libros que
-tratan del buen tono ó del arte de vivir en sociedad?</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Lo poco que hable de la Exposición de pinturas, fué antes de haberla
-visto. Hoy, contra la opinión de muchos me atrevo á afirmar que no
-puede calificarse de insignificante una Exposición en que figuran—no
-cito otras obras de mérito—los cuadros de Romero Torres. No recuerdo á
-qué Exposición habría que remontarse para encontrar algo parecido. Las
-frases admirativas están mal gastadas por el abuso y no son obras que
-<span class="pagenum"><a name="Page_252" id="Page_252">[252]</a></span>
-puedan elogiarse como se han elogiado tantas otras. Son piezas de
-museo; pero si á ese lugar son destinadas, no debe olvidarse que
-tenemos dos; uno, ¡ay! llamado moderno—aunque ya va pareciendo
-prehistórico,—y otro, el verdadero, el único, conocido en todo el
-mundo del arte y Madrid por el, como Museo del Prado. Si los cuadros
-de Romero Torres han de figurar entre sus iguales, solo en este Museo
-deben hallar lugar, sin temor al fallo de revisión de los venideros.</p>
-
-<p>¡Pero váyanle ó vénganle ustedes con exposiciones al señor público!
-Después del día de inauguración, en el que acude la concurrencia por
-motivos de curiosidad, ajenos al arte y sus vanidades, no hay sitio
-más á propósito para citas misteriosas y entrevistas reservadas, que
-cualquiera de nuestras exposiciones.</p>
-
-<p>De la de Pinturas, según nos afirman, ha ahuyentado al público bien,
-¡muy bien! la abundancia de desnudos. ¡Siquiera hubieran tenido los
-artistas la precaución de vestirlos con esos trajes directorio que
-empiezan á lucir nuestras elegantes!</p>
-
-<p>¡La moda de los trajes Directorio después de la moda de los trajes
-Imperio! ¿Tendrá esto su filosofía? Solo un Carlyle en un nuevo «Sartor
-<span class="pagenum"><a name="Page_253" id="Page_253">[253]</a></span>
-Resartus» pudiera explicárnoslo ... Pero si la serie continúa de
-este modo en sentido inverso á ese paso regresivo, llegaremos á la
-Revolución. Todo, por supuesto, en las esferas modistiles y femeninas,
-que tocante á los hombres, paso la moda Imperio sin un Napoleón; pasará
-la Directorio sin un mal Barrás, y así todo ... La Historia, en su mayor
-parte, es hechura de sastres y modistas. Sin la variedad de trajes,
-¡sería tan difícil diferenciar los siglos unos de otros! ¡Modas en el
-vestir, modas en el pensar! Desnudos cuerpos y pensamientos ... ¡el
-hombre siempre el mismo!</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>El pasado día de la Ascensión fué en este año, con doble motivo, uno de
-los jueves que relumbran más que el sol, según canta la copla popular.
-Todo fué Ascensión; <i>sursum corda</i> de los corazones liberales. Ni la
-corrida de toros con su cartel de Miura—casi en aniversario de la
-muerte del Espartero, hay que estar en todo ¡oh, empresarios!—pudo
-restar concurrencia y entusiasmo al <i>meeting</i> del teatro de la
-Princesa. De Maura á Miura no va más que una letra, y desde luego
-había más confianza en los diestros que habían de lidiar el ganado del
-primero que en los anunciados para lidiar el del segundo.
-<span class="pagenum"><a name="Page_254" id="Page_254">[254]</a></span></p>
-
-<p>Plutocracia y Teocracia fueron bien despachadas. Si esta moderna
-Teocracia tuviera algo de común con la doctrina predicada por Cristo,
-El, que consideró más difícil el paso de un camello por el ojo de una
-aguja que la entrada de un rico en el reino de los cielos, no dejaría
-de sorprenderse al ver como á los mil novecientos ocho años de su
-nacimiento eran los ricos de este mundo los más decididos apóstoles de
-su doctrina.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Es natural; en una buena y cómoda posición puede esperarse más
-tranquilamente el reino de los cielos, y nadie más obligado á creer en
-el poder de lo divino que los que tantos favores han recibido de su
-bondad. Cuánto más ricos, más fervorosos creyentes. Los que pasaron
-su vida dando con el mazo, aunque no hayan dejado de rogar á Dios por
-eso, saben muy bien lo que razonablemente puede esperarse del trabajo
-honrado y del favor divino.
-<span class="pagenum"><a name="Page_255" id="Page_255">[255]</a></span></p>
-
-<p>Pero los que se hallaron en posesión de grandes riquezas, sin esfuerzo
-mayor de su parte, por cómodas herencias ó saneados negocios, de esos
-que se vienen á la mano, sin buscarlos muchas veces, ¿como no han
-de ver algo sobrenatural y milagroso en su suerte, y como no han de
-protestar contra los rebeldes y los inquietos que, mal hallados con el
-orden social, se atreven á pretender un arreglo más equitativo en las
-cosas del mundo, fiando algo más en el esfuerzo humano y un poco menos
-en la intervención divina? ¡Oh, gente impaciente y descreída! Como si
-todo no estuviera lo mejor posible y los hombres pudiéramos atrevernos
-á trastornar esta divina armonía del mundo.</p>
-
-<p>Para estos plutócratas la Teocracia es un punto de apoyo, no para
-mover, sino para inmovilizar el mundo.</p>
-
-<p>No es ninguna tontería la de los señores: Resignación, humildad, nada
-de rebeldías, nada de impaciencias ... Dios sabe dónde vamos y adónde
-nos lleva ... Esperemos, esperemos ...</p>
-
-<p>Todo esta bien: esperemos, pero ¿quieren ustedes cambiar de sitio?
-<span class="pagenum"><a name="Page_256" id="Page_256">[256]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter">
- <img src="images/detail19.jpg" alt="_" width="80" height="77" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_257" id="Page_257">[257]</a></span>
- <h2>XXIV</h2>
-</div>
-
-<p>Desde Juan Pablo Rubens, el magnífico pintor de los dioses paganos,
-no tuvo nación alguna por embajador á tan gran artista, como ahora la
-república de Nicaragua, en la persona de Rubén Darío.</p>
-
-<p>Mejor que de nación alguna, por noble y poderosa que fuera, quisiéramos
-verle embajador por derecho propio, del reino ideal de la Poesía, á
-este soberano poeta, rey mago de una región encantada, como Próspero en
-la isla prodigiosa de Caliban y Ariel.</p>
-
-<p>Y así ha de ser, que por mano de tal poeta nunca han de cruzarse
-enfadosas notas diplomáticas, sino mensajes de paz y salutaciones de
-amor.</p>
-
-<p>¡Por bien empleados todos nuestros triunfos y todos nuestros
-descalabros en tierra americana; por bien empleados, que por todo
-ello hoy nos vuelve con nuestra propia lengua tan alto poeta, como
-flor suprema de cuanto allí sembró nuestro espíritu en glorias y en tristezas.
-<span class="pagenum"><a name="Page_258" id="Page_258">[258]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Las compañías de opereta inglesa é italiana ofrecen al observador
-fecundo campo en comparaciones. Para que éstas no sean odiosas—hemos
-convenido en que las comparaciones son odiosas, mejor dicho, han
-convenido los que tienen que perder en ellas,—me limitaré á comparar
-estilo con estilo, <i>la manera</i>.</p>
-
-<p>En la opereta inglesa todo es candoroso, infantil; se canta, se
-baila, se salta, se corre, se abraza y se besa también, sin que el
-espectador más picardeado halle malicia en todo ello; es como juego de
-niños, todo alegría inocente, salud y vida. Y no es que las artistas
-escatimen ninguna exhibición; hay descotes valientes y piernas por
-el aire—verdad que tratándose de inglesas, muchas veces es difícil
-descubrir dónde acaba el aire y donde empiezan las piernas,—pero
-todo, ya digo, es como juego ó gimnasia, que aleja del espectador las
-sugestiones maliciosas. Es un espectáculo confortador, reconstituyente;
-sale uno del teatro con ganas de bailar, de saltar, más fuerte, más
-ágil y más alegre.
-<span class="pagenum"><a name="Page_259" id="Page_259">[259]</a></span></p>
-
-<p>En la opereta italiana, todo es sensualidad y maliciosa intención. Los
-artistas subrayan las frases más inocentes. Cuando una artista italiana
-dice: <i>Buona notte</i>, <i>arrivederci</i>, el espectador cree adivinar la
-promesa de una noche de amor, y así en todo; música, baile, todo es sensual,
-todo con ese doble sentido erótico, tan aguzado en los públicos latinos.</p>
-
-<p>No hay que decir si el éxito de una compañía italiana ha de ser siempre
-mayor entre nosotros que el de una compañía inglesa.</p>
-
-<p>Nuestra sensualidad no es nada pagana, no es de bellas formas y
-nobles ritmos de actitudes; es de desnudeces entrevistas, de frases
-intencionadas, de malicias equívocas ...</p>
-
-<p>La sensualidad de un pueblo de educación frailuna, que se ha bañado
-poco y en muchos siglos no ha sabido de más desnudeces que las de los
-Cristos crucificados, inquisitoriales y tétricos.
-<span class="pagenum"><a name="Page_260" id="Page_260">[260]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>¡Tanto puede decirse en defensa y apología del automóvil! Aunque
-no le debiéramos más que el arreglo y mejora de muchas de nuestras
-carreteras, ya sería para celebrarlo. No diremos lo que contribuye
-al conocimiento de la geografía y topografía nacionales, al de
-las costumbres, necesidades y escaseces de pueblos y lugares casi
-desconocidos antes de quien debía conocerlos, que no toda España esta
-en sus capitales y ciudades de importancia, y mucho menos cuando se
-engalanan para fiestas.</p>
-
-<p>El automóvil es progreso y es civilización por donde pasa. Alguna vez,
-al pasar, atropella; cierta señal del progreso y la civilización que simboliza.</p>
-
-<p>Nunca, á lo menos, podrá decirse por el: A salvo esta el que repica;
-que si mucho han atropellado los automóviles, no han volcado menos, y
-si no han sido avaros de la seguridad ajena, tampoco lo han sido de la
-propia. Vaya en descargo de sus culpas.</p>
-
-<p>Lo peor del automóvil es que ha venido á ser juguete de «parvenus».
-El que viaja por necesidad ó por recreo, ya tiene buen cuidado de no
-estropear el viaje con imprudencias. Pero el que solo viaja á corre que
-te corre, sin que en ninguna parte le espere asunto que le importe, ni
-<span class="pagenum"><a name="Page_261" id="Page_261">[261]</a></span>
-en el camino haya belleza natural ni edificio histórico que le
-interese, el que no tiene más satisfacción al llegar que poder decir:
-«Hemos venido en cinco horas, á 95 kilómetros por hora. ¿Qué les parece
-á ustedes?» esos terribles traga kilómetros son el mayor enemigo del automovilismo.</p>
-
-<p>El automóvil utilizado por el industrial, por el comerciante ó por
-personas de buen gusto para agradables é instructivas expediciones ...
-Pero, ¿cuántas son las personas de buen gusto que en España tienen dinero?
-Y el buen gusto sin dinero ... es una patarata, como diría algún solidario.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Yo insistiría, atendiendo la indicación de muchas personas, en lo del
-monumento á Chueca. En tan buena compañía como Mariano de Cávia, se
-puede ir gustoso á todas partes, hasta el fracaso. Pero dicho lo que se
-debía, á otros corresponde hacer lo que se debe, aunque se deba lo que
-se hace, como dijo el otro. Ni una vez lanzadas estas ideas—¡y ojalá
-pudiera darles uno la misma autoridad lanzándolas sin nombre!—conviene
-usufructuarlas demasiado. ¡Hay gentes tan suspicaces que pudieran creer tenía
-uno interés especial en aprovecharse, ó por lo menos en lucirse á su costa!
-<span class="pagenum"><a name="Page_262" id="Page_262">[262]</a></span></p>
-
-<p>Bien se yo que no basta con el primer aviso y que toda insistencia
-es poca para despertar entusiasmos tan dormidos. ¿Qué fué de los
-monumentos proyectados á Zorrilla, á Campoamor? Pero váyale usted
-con insistencias á nuestro publiquito. Mejor dicho, al público no;
-el verdadero público—nunca nos falte—sabe estimar las buenas
-intenciones. Me refiero á los maese Reparos, que si ya les molesta
-ver una firma con frecuente periodicidad, ¿qué será ello si además se
-repite el tema?—¿Ha visto usted? ¡Otra vez con la misma lata! ¡No hay paciencia!</p>
-
-<p>Estos maese Reparos son los mismos que en cuanto no ven la firma de
-uno en ocho días empiezan á decir que esta uno agotado. Los mismos,
-que si la prensa hubiera dejado pasar la ley del terrorismo, hubieran
-clamado:—¡Eh, qué prensa! ¡Vea usted, toda á los pies de Maura! Y
-apenas los periódicos llevaban tres días de campaña contra la ley, ya
-arrojaban el periódico desdeñosos: ¡Vaya! ¡Ya tenemos lata! ¡No saben
-hablar de otra cosa!
-<span class="pagenum"><a name="Page_263" id="Page_263">[263]</a></span></p>
-
-<p>No seré yo quien arrostre su enojo insistiendo en la idea del monumento
-á Chueca. Tienen la palabra más señores. Mejor dicho, palabras es lo
-que menos falta hace. Palabras sin dinero, patarata también. No dirá el
-Sr. Cambó que no le tengo entre mis clásicos.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Aquella discretísima azafata, cuyas memorias nos servía con tanta
-amenidad el buen Kasabal, no puede consolarse del cambio de los
-tiempos. Y con ella, aquellas castizas señoras madrileñas, fieles
-espectadoras de toda gala y de todo ceremonial cortesano, aquellas,
-tan bien conocidas de D. Benito Pérez Galdós, que sabían describir tan
-puntualísimamente las carrozas de corte, sus arneses y distintivos,
-aquellas que conocían á toda nuestra grandeza por sus nombres y caras,
-y no había para ellas mejor día que el de una jura, boda ó bautizo reales.</p>
-
-<p>¡Como comparar aquellos magníficos cortejos de pomposas carrozas,
-palafrenos empenachados, pelucas y casacones, por todo un Madrid! ¡que
-sólo Madrid es corte! con este ajetreo de ahora tan sin ceremonia, los
-automóviles por la carretera, las damas tocándose de prisa y corriendo,
-los caballeros sin tiempo ni sitio acomodado para colgarse bandas y
-cruces y hasta última hora, sin saber quien llevaría el mazapán, ni
-quien llevaría la vela ...
-<span class="pagenum"><a name="Page_264" id="Page_264">[264]</a></span></p>
-
-<p>¡Oh, tradiciones veneradas! ¡Oh, pompas! ¡Oh, grandezas! Las viejas
-azafatas lloran sin consuelo. Las bocinas de los automóviles las
-responden burlonas. El recién nacido sonríe á los tiempos nuevos.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>No se comprende que la empresa de la Plaza de Toros madrileña haya
-puesto tantos obstáculos á la corrida llamada de la Prensa. Nadie más
-interesado que esa empresa en que dicha corrida se celebre en las más
-favorables condiciones. Si la corrida sale bien, sabido es que una
-buena corrida es el mejor cartel para las siguientes, y nada pierde la
-empresa con el buen sabor de boca del público. Si la corrida sale mala,
-¡ay! como suele verificarse, ¿dónde hallará mejor razón la empresa para
-protestar cuando á ella la censuren por sus malas corridas? ¿No será
-bueno que esos diablos de chicos de la Prensa aprendan en cabeza propia
-<span class="pagenum"><a name="Page_265" id="Page_265">[265]</a></span>
-lo difícil que es organizar una corrida y divertir á un público que
-paga? Si con la flor de los toreros—salvo el capullo de Gaona,—si con
-toros escogidos y plaza nueva y camino regado, la corrida no dió mucho
-gusto, que digamos, ¿no prueba esto lo difícil que es garantizar la
-diversión en fiestas de toros, siendo el arte y valor de los toreros y
-el coraje de los toros imposibles de contratar para fecha determinada?
-Por eso creo que nadie más interesado que las empresas en que sus
-críticos sean, una vez al año, por lo menos, empresarios. Si en todas
-las esferas sociales fuera posible de cuando en cuando este cambio
-de papeles, la indulgencia, la tolerancia y la benevolencia mutuas,
-florecerían naturalmente en los corazones.</p>
-
-<p>¡Ah! Si cada espectador de una corrida hubiera sido una vez siquiera
-empresario, otra presidente, otra torero, otra caballo y otra toro,
-¿quien se atrevería á llamar ¡ladrón! al empresario, ¡burro! al
-presidente, ¡maleta! al torero, y mucho menos á pedir banderillas de fuego?
-<span class="pagenum"><a name="Page_266" id="Page_266">[266]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>El proverbio francés: «Les absents ont toujours tort», no reza en
-modo alguno con nosotros, que nunca hacemos mejor papel que cuando
-nos ausentamos. Dígalo el entusiasmo conque nuestros marinos han sido
-recibidos en la Habana. No hay idea del amor que nos tienen en toda la
-América española, desde que solo nos queda allí el reino de las almas.
-¿No es el, bien mirado todo, el inmortal seguro de que nos hablo el poeta?</p>
-
-<p>¿Sabremos colonizar mejor estos espirituales dominios que supimos
-colonizar los materiales? ¿Todo quedará reducido á luminarias, brindis
-y salutaciones?</p>
-
-<p>Ahora somos nosotros los que debemos desear más que nadie la libertad
-de Cuba, que yendo para libre se quedó en protegida; cosa tan triste,
-como ir para santo y quedarse en beato.</p>
-
-<p>Pero cuando Cuba haya conquistado por completo su independencia y haya
-aprendido á gobernarse por sí misma, ¿no será la peor señal de que ha
-dejado de ser española?</p>
-
-<p>El día en que esas hijas nuestras tengan juicio, no las va á conocer su madre.
-<span class="pagenum"><a name="Page_267" id="Page_267">[267]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Con las más persuasivas razones quieren convencernos de que ese
-proyecto de administración local es, si no la felicidad completa,
-que no es de este mundo, ni siquiera dividiéndole en regiones, lo
-más parecido á la felicidad. Quieren, además, persuadirnos de que el
-más amplio espíritu liberal lo informa, y siendo así no se comprende
-la tenaz oposición de los elementos liberales á que el proyecto sea
-ley. Y puede que todo sea verdad, pero, ¡«velay» ustedes! Nadie tiene
-la culpa de que la opinión liberal esté tan desconfiada que de manos
-conservadoras y solidarias, de cien vueltas al duro antes de tomarlo.</p>
-
-<p>Las cosas son buenas ó malas por sí. ¿Quién lo duda? Pero como la
-opinión general, de la que todos vivimos, no suele ir tan al fondo y se
-detiene en la forma, y la forma en este caso deja tanto que desear ...</p>
-
-<p>¡Oh, la manera! No es nada y es todo. En esta superficialísima región
-central, corte del reino de la Bagatela, en este Madrid del chiste y de
-la broma, nos pagamos tanto de la manera! Si los catalanistas creen que
-nos asustamos de lo que piden, están equivocados; nadie se asusta ...
-Nos desagrada la manera de pedirlo.
-<span class="pagenum"><a name="Page_268" id="Page_268">[268]</a></span></p>
-
-<p>En cuanto viéramos en ellos alguna indicación que pareciera de un
-camino hacia Europa, por allí iríamos con ellos ...</p>
-
-<p>Pero hasta ahora, ¿qué hemos visto? Lo mismo que por aquí, con peores
-maneras. ¡Oh, la manera.</p>
-
-<p>Con la culta Atenas á todas partes; con la ruda Esparta, con la áspera
-Beocia, á ninguna; mejor estamos en Bizancio.</p>
-
-<p>¿Por qué son tan poco áticas las maneras de los catalanistas? ¡Oh, la
-manera, la manera! parece nada y es todo.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Desde Buenos Aires me envían con gran constancia un interesante
-periódico—<i>El Zoófilo Argentino</i>,—dedicado como el nombre indica, á
-la defensa y protección de los animales. Ese periódico y sus
-propagandistas tienen todas mis simpatías. Como es natural, su campaña,
-contra las corridas de toros es incesante, y como á escritor español,
-en todos los números que me envían vienen señalados con lápiz rojo los
-<span class="pagenum"><a name="Page_269" id="Page_269">[269]</a></span>
-artículos impugnadores de nuestra fiesta. ¿A quien predican ustedes?
-Los argumentos en contra son muy razonables, cuando no se fundan
-en estadísticas caprichosas, como el relacionar la proporción de
-criminalidad en una provincia con el número de corridas de toros
-celebradas en ella.</p>
-
-<p>Que en Madrid haya más delitos y que también haya más corridas,
-es natural porque también hay mayor número de habitantes. Que en
-Barcelona—ya pareció la oreja catalanista—haya menos delitos y menos
-corridas, tampoco es cierto. Justamente, es la única capital en que
-existen dos grandes plazas que funcionan constantemente; y en cuánto
-á delitos ... con los del terrorismo basta para deducir consecuencias.
-Que en lugares de escasa población haya pocos delitos, es tan natural
-como que haya pocas corridas. De modo que toda esa sólida argumentación
-basada en la estadística, es ... líquido, como dice el banderillero
-socialista de «Sangre y arena».</p>
-
-<p>Pero no se apuren los zoófilos argentinos; sin que las estadísticas
-nos convenzan, las corridas de toros se caen por sí solas. Es cuestión
-de tiempo, de evolución. Si faltarán otros síntomas de su decadencia,
-bastaría con ver el número de plazas nuevas en los alrededores de
-<span class="pagenum"><a name="Page_270" id="Page_270">[270]</a></span>
-Madrid. No hay quien tenga el ojo de nuestros empresarios para perder
-el dinero. ¿Que la gente se cansa ya del cinematógrafo? Pues ya se
-sabe, un cinematógrafo en cada esquina. ¿Que el género chico empieza á
-estar agotado? Pues género chico en todos los teatros. Los empresarios
-no han comprendido todavía que el secreto no esta en ofrecer al público
-lo que le gusta, sino lo que le gustará. Plaza de toros en Madrid,
-plaza en Carabanchel, plaza en Tetuán, plaza en las Ventas ... ¿Qué
-mejor propaganda contra las corridas de toros?</p>
-
-<div class="figcenter">
- <img src="images/detail20.jpg" alt="_" width="77" height="74" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_271" id="Page_271">[271]</a></span>
- <h2>XXV</h2>
-</div>
-
-<p>Las impresiones que recibimos de niños, influyen sobre nuestro espíritu
-para toda la vida. ¿Qué deberán pensar esas tiernas criaturas tan
-traídas y llevadas en estos días alrededor de la estatua de Mendizábal?
-Sus maestros, autoridad respetable: Es preciso que vayáis, niños míos,
-á ofrecer el homenaje del porvenir, que sois vosotros, al grande
-hombre, al hombre glorioso ... Y el gobierno, autoridad suprema que
-dice: No dejéis á los niños que se acerquen; esas manifestaciones son
-peligrosas en edad temprana; exponer á los niños á los rigores del
-calor, de las apreturas, de la oratoria progresista ... Además, ¿quien
-os ha dicho que Mendizábal fuera tan grande hombre? ¿Porque tenga una
-estatua en la plazuela del Progreso?</p>
-
-<p>Esa estatua, mantenida sobre el pedestal gracias á la tolerancia sin
-límites de los muchos gobiernos conservadores que no se han dignado
-<span class="pagenum"><a name="Page_272" id="Page_272">[272]</a></span>
-concederla ninguna importancia, significa muy poco. La historia no ha
-juzgado todavía y la moda ... ¡Ah! La moda nos dijo hace tiempo que el
-figurín progresista era de lo más cursi, y ninguna persona distinguida
-se atrevería hoy á presentarse en público con la capa de Mendizábal. No
-saben muchos de los que así hablan, que acaso en el infierno, círculo
-de los hipócritas, les aguardan aquellas capas de plomo con que el
-poeta florentino vió pasar abrumados á los más célebres antecesores
-de Tartufo. Pero, ¿qué pensarán los niños? De un lado, sus maestros;
-de otro, el gobierno ... Un hombre que merece una estatua y no merece
-un homenaje ... Para comprender la situación de esas criaturas hay que
-recordar cuando alguna vez en nuestra infancia, al anunciarse una
-visita en nuestra casa, olmos murmurar:</p>
-
-<p>—¡Ahí esta ese señor tan antipático!—Y cuando nosotros, mal
-prevenidos, le mirábamos de reojo, alguno nos decía:—Vamos, da un
-besito á este caballero, que es muy bueno y te quiere mucho ... Y estas
-primeras impresiones que recibimos de niños, influyen sobre toda la
-vida ... No se debe decir á los niños que un señor es antipático, cuando
-después hay que decirles que le besen. No se deben levantar estatuas cuando
-después hay que prohibir á las nuevas generaciones que las saluden con respeto.
-<span class="pagenum"><a name="Page_273" id="Page_273">[273]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Las vacaciones del veraneo ... ¡Si fueran tales vacaciones! ¡Pero son
-descanso para tan pocos! ¿Quién puede decir que deja sus cuidados,
-sus preocupaciones, sus afanes, al tomar el tren ó el automóvil que
-ha de llevarle lejos de todo menos de sí mismo? El hombre político á
-esperar los periódicos y á prodigarse en declaraciones y conferencias,
-la dama elegante á fatigar su belleza en bailes, comidas, excursiones,
-«flirts», á lucir media docena de «toilettes» por día, á lanzar un
-atrevido «tanagra», ya que el desnudo artístico ha sido sancionado
-por los tribunales franceses; el <i>sportsman</i> á continuar pendiente del
-«poney» de polo, del balandro, del automóvil y del tapete verde, el
-escritor á exprimir los sesos por estupendas crónicas, artículos,
-comedias; el hombre de negocios á pensar en la futura escuadra, en
-una nueva emisión de duros sevillanos, en los que se arruinan con
-el veraneo, en las fincas de posible hipoteca; los novios en llenar
-<span class="pagenum"><a name="Page_274" id="Page_274">[274]</a></span>
-pliegos de papel, si ausentes; si juntos, en continuar las
-interminables charlas de cuello vuelto, el «allumage» sin escape de
-gases, tan perjudicial á los motores ... Las esposas á desesperarse
-porque el marido gasta mucho, y los maridos á rabiar porque la mujer
-despilfarra. Y los pocos que pretenden descansar y olvidarse de todo,
-los contados que cambian en absoluto de vida, ¿no son aquellos para
-quienes se definió el veraneo: «Los ocho primeros días descansa uno del
-cansancio, los siguientes se cansa uno de descansar»?</p>
-
-<p>Si observamos la terraza del casino en cualquier playa elegante, basta
-comprender lo que es el veraneo para muchos. De una parte, el mar; de
-otra, la fachada del Casino: gente que pasa y entra y sale ... Todos se
-sientan de espaldas al mar, que con razón murmura más que nunca, pero
-no tanto como los que le vuelven la espalda.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>La exhibición de desnudeces en los escenarios de París trae alarmados
-á los que no asisten nunca á los teatros. Fué siempre condición humana
-la de preocuparnos más por la paja ajena que por la viga propia. Los
-<span class="pagenum"><a name="Page_275" id="Page_275">[275]</a></span>
-tribunales intervinieron con un tacto exquisito. El teatro y las
-«cocottes» son instituciones en París muy respetables, para que la
-misma justicia no se mire mucho antes de dar un fallo que pueda
-disminuirlas en sus prestigios. Y así fué en este caso, mejor dicho
-en estos dos casos, pues fueron dos los sometidos á sentencia. En uno
-de ellos la absolución fué completa y con todos los pronunciamientos
-favorables: se trataba de arte, arte puro; los desnudos eran vivas
-esculturas, pero la carne no es menos sagrada que el mármol cuando la
-carne copia del mármol blancura y reposo. En el otro caso, ya hubo que
-estrechar la manga de la toga. Los desnudos ya se animaban, ya no era
-posible confundirlos con estatuas, ya pasaban á cuadros y demasiado
-vivos. En la moralidad hay grados. Primero, la escultura sin color y
-sin movimiento; después, la pintura, que se anima con colores; por
-último, la carne viva con toda la expresión del color y del movimiento.
-Mientras la carne copia á la estatua, vamos pasando; si llega al
-cuadro, fruncimos el entrecejo ... pero si se empeña en ser carne,
-ya no podemos tolerarlo.
-<span class="pagenum"><a name="Page_276" id="Page_276">[276]</a></span></p>
-
-<p>La estática, buena; la dinámica, mala: esto es lo que han fallado los
-jueces. Al contrario de muchos medicamentos, en el teatro puede usarse
-el desnudo, pero sin agitarlo.</p>
-
-<p>¿Qué dirá el público de nuestros teatros sicalípticos, en donde anda el
-movimiento más que nada y por el movimiento se disimulan algún tanto
-anatomías nada esculturales y muy poco pictóricas? ¿Qué dirán los
-insaciables del molinete y de la cadera?</p>
-
-<p>Todo no puede tenerse en este mundo. Ya lo saben las apreciables
-tiples. No se puede ser á un tiempo mármol y artista. La que tenga
-más de lo primero, que se contente con ser material de estatua: no se
-mueva, no hable, no cante sobre todo. La que presuma de lo segundo,
-sienta todo y lo mejor que pueda, subraye los equívocos, de á las
-coplillas la intención posible, que si en ellas mienta la escarola ó la
-lechuga ó la chocolatera ó el molinillo, la sola enunciación de dichas
-hortalizas ó utensilios abre á la imaginación de los espectadores
-horizontes ilimitados ... Todo es arte; pero ya lo han sentenciado los
-jueces franceses y antes lo había sentenciado el buen gusto: lo que no
-se puede es promiscuar.
-<span class="pagenum"><a name="Page_277" id="Page_277">[277]</a></span></p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Acostumbrados á que las guerras de los marroquíes acaben siempre
-con pirámides de cabezas cortadas, mutilaciones crueles, cuando más
-dulcemente, por cadenas y mazmorras, esta de ahora entre los dos
-hermanos ha parecido poética y caballeresca relación del Romancero
-morisco. De tal modo, que á cuántos conocen la tortuosa sencillez del
-espíritu moruno, más que lucha entre hermanos parece juego de compadres.</p>
-
-<p>No es el «Quítate tu, para ponerme yo» de otras guerras y luchas
-fratricidas, sino el «Yo no puedo quitarme á esos franceses; á ver
-como tu me los quitas». Por lo pronto, se abre un compás de espera y
-de expectación. Pueblo que sabe esperar sentado á ver pasar el cadáver
-de su enemigo por delante de su casa, sabrá esperar con calma en esta
-ocasión; mucho más, cuando la silla la ofrece el kaiser, y cuando lo
-que ha de ser esta escrito ... en la conferencia de Algeciras. Pero
-se ha volcado el tintero, y aunque todo esté escrito, tardará en
-descifrarse. Para esto de echar borrones sobre la correcta escritura
-de la diplomacia europea, se pintan solos los moritos. Veremos si ese
-<span class="pagenum"><a name="Page_278" id="Page_278">[278]</a></span>
-borrón es cuenta nueva, si basta con el papel secante, ó si el gran
-emperador vuelca toda la salvadera, y entonces sí que podrá decir
-Francia, alterando nuestro refrán: «De aquellos lodos, vienen estos
-polvos». ¡Con tal que no nos pongan perdidos las salpicaduras!</p>
-
-<p>Como al desfallecido de estómago, por insuficiente alimentación, solo
-el olor de la comida le produce mareos, así á los españoles, tan
-desfallecidos de toda clase de receptáculos, estómago, bolsillo, etc.,
-por fuerza ha de producirles mareos y vértigos y delirios, nada más que
-el olor de esa cifra fantástica de millones, destinados al principio
-del proemio del prólogo de nuestra futura escuadra.</p>
-
-<p>No es extraño que el concurso haya inspirado tanta curiosidad y
-despertado tantas emociones como el sorteo de Navidad. El gordo valía
-la pena. Sin embargo, ¿será cosa de compadecer á los agraciados? Me
-decía una vez el propietario explotador de uno de esos admirables
-Tíos-vivos, que tan bien simbolizan la marcha de la humanidad: Mire
-usted, esto podía ser un negocio. ¡Pero si viera usted! Para que
-esta máquina ande, ¡hay que untar tantas ruedas! Que la licencia del
-Ayuntamiento, que el inspector del distrito, que el alcalde de barrio,
-<span class="pagenum"><a name="Page_279" id="Page_279">[279]</a></span>
-que los guardias, que si se quejó un vecino y hay que callarle ...
-Crea usted que si me queda una vuelta en limpio me doy por contento.
-Guardando las debidas proporciones, bien puede ser que esto de la
-escuadra no sea negocio más saneado que el del Tío-vivo, y los
-envidiados concesionarios sean al fin más dignos de lástima que de envidia.</p>
-
-<p>Entre tanto, hay quien no contribuye á las cargas del Estado con más
-de una peseta de cédula, y anda por esos corrillos vociferando como si
-los millones de la escuadra se los sacaran á el íntegros del bolsillo.
-¿Han visto ustedes? ¡qué modo de esquilmar al contribuyente! ¡No se
-puede vivir en este país! ¡Eche usted millones! ¿Y de dónde salen esos
-millones; ¿quieren ustedes decirme? Y el hombre se congestiona como si
-acabara de entregar el cheque.</p>
-
-<p>No, no hay razón para quejarse. Aún los mayores contribuyentes, piensen
-como son muchas cosas las que el Estado les da por muy poco dinero. ¡No
-digamos los de la cédula de á peseta y los que ni cédula pagan! Y ellos
-tienen calles y paseos para esparcirse, alumbrado, museos, iglesias
-<span class="pagenum"><a name="Page_280" id="Page_280">[280]</a></span>
-donde pasar el rato; disfrutan de suntuosos espectáculos, como desfiles
-de corte, revistas militares, procesiones; todo mejor presentado que en
-cualquier teatro ó cinematógrafo y por menos dinero.</p>
-
-<p>Y estos barcos de ahora, digo de mañana, ¿no son también baratísimos?
-Si la canalización del Manzanares permite que lleguen un día, siquiera
-hasta la Florida ... Solo el gusto de verlos no se paga. Y no hay duda,
-una buena escuadra y un buen ejército son las mejores garantías de paz.
-Con buena ropa tiene uno más cuidado de no meterse en pendencias, por
-no estropearla. Sobre todo, cuando no se tiene más que lo puesto.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Anuncié que la prohibición de las capeas traería algunos disgustos,
-como se ha verificado. Es lo que tienen esas leyes de gabinete, tan
-bien intencionadas como desconocedoras del terreno en que han de cumplirse.</p>
-
-<p>La capea más bárbara no perturbará nunca tanto la vida de un lugar,
-como esas colisiones entre la Guardia civil y los lugareños, que dejan
-un rastro de odios y de venganzas para muchas generaciones.
-<span class="pagenum"><a name="Page_281" id="Page_281">[281]</a></span></p>
-
-<p>Ya lo dije; no se ha tenido en cuenta que en muchos pueblos, la fiesta
-es la capea, y suprimida falta el pretexto para ir de los pueblos
-comarcanos, y falta la alegría y falta el dinero.</p>
-
-<p>Y entre los mozos del pueblo, que por necesidad han de manejar todo el
-año vacas y toros, y por gusto los torean un día, y los señoritos de la
-ciudad, que sin aplicación ninguna á sus necesidades, matan pichones
-estúpidamente ... Dígase quien es más disculpable.</p>
-
-<p>Civilizar por reales órdenes es muy cómodo y muy fácil. Queda prohibido
-comer patatas. ¿Y qué comemos? dirán los que no tienen otra cosa. Todos
-los españoles se bañarán diariamente. ¿Y donde no hay agua bastante
-para beber siquiera?</p>
-
-<p>Los ministros dan leyes desde su gabinete, la «claque» aplaude. ¡Oh,
-qué ley tan sabia! En el terreno ya es otra cosa, ya es la Guardia
-civil, ya es el Mauser ... El orden ha quedado restablecido. ¡Que se lo
-pregunten á los muertos y á sus familias! Es la civilización que pasa.
-¡Si hubiera pasado antes en otra forma!</p>
-
-<p>¡Mucha Guardia civil para impedir capeas y ni un mal inspector para
-copar partidas de monte y otros recreos en esos casinos burgueses y
-aristocráticos! La ley no puede estar en todas partes.
-<span class="pagenum"><a name="Page_282" id="Page_282">[282]</a></span></p>
-
-<p>Además, la capea es cosa de bárbaros, lo otro, de pillos. ¡Aún hay clases!</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>El automóvil ha matado el veraneo estacionario; ya no se esta en
-ninguna parte, se va de una parte á otra; del almuerzo al te, del te á
-la comida, de la comida á la fiesta, y de la fiesta al descanso; ya no
-son horas, sino kilómetros. La racha ó el <i>tierce á tout</i>, empezados á
-jugar en San Sebastián, se continúa en Biarritz y quiebra en Luchón. El
-<i>flirt</i>, iniciado en Cestona, termina en Bigorre, sobre todo para los
-acompañantes y testigos, que en esto de <i>flirts</i>, de llevar la cestona
-ó ponerle á uno el bigorre—¡chistes de verano!—no se sale nunca.</p>
-
-<p>De este continuo ajetreo, que convierte el veraneo en una especie de
-<i>toboggan</i>, se lamentan en primer lugar los que no tienen dinero para
-hacer lo mismo; después, los que sólo van á un sitio con el deseo de
-cultivar, fomentar y adquirir relaciones, allá para el invierno. Pero
-<span class="pagenum"><a name="Page_283" id="Page_283">[283]</a></span>
-sucede que cuando los periódicos le han dicho á usted que en tales
-aguas ó en tal playa están las duquesas de tal y cual, y las marquesas
-de esto y de lo otro, y las distinguidas señoras de más acá y de más
-allá, y el ilustre hombre público y el conocido <i>sportsman</i>, y cuando
-llega usted con la lengua fuera para ofrecerles sus respetos y alternar
-con ellos, siquiera en las correspondencias periodísticas, ya todos se
-han dispersado en alas del <i>taf-taf</i> maldecido. ¡Es para desesperarse!</p>
-
-<p>Se lamentan también las madres de hijas casaderas: el automóvil es
-todo lo más el amor que pasa, pero rara vez es el marido que queda. Se
-lamentan los fondistas y hosteleros, aunque estos sin razón, porque
-ellos bien saben practicar el refrán: «Al ave de paso cañazo». Pero
-no sólo del libro de caja vive el hombre, y á ellos les agrada contar
-con una selecta clientela fija que decore el libro de oro de su establecimiento.</p>
-
-<p>La única verdad de estas andanzas es que se ha subido el veraneo, y
-las modestas familias que esperaban hacer algún papel instalándose por
-una temporada en las sillas más visibles del bulevar de San Sebastián,
-tienen que resignarse, como las señoritas que veranean en pueblecillos
-<span class="pagenum"><a name="Page_284" id="Page_284">[284]</a></span>
-y bajan á la estación todas las tardes por ver pasar los trenes, á ver
-pasar también el gran tren de lujo, que no se detiene á saludarlas ni
-siquiera se fija en ellas. ¡Haga usted sacrificios para esto!</p>
-
-<p>El progreso es cruel. Adelanta mucho ... el que tiene dinero para
-adelantarse; los demás van quedando cada vez más rezagados y más
-tristes. Unos van por el mundo en el tren de lujo; los otros son
-los maquinistas, los fogoneros, los guarda-agujas, los que trabajan
-para que el tren de unos pocos pueda llevarles con seguridad á sus
-placeres ... Luego quedan las señoritas del pueblo, que ven pasar con
-envidia á las elegantes viajeras; la pobre gente de los lugares que ni
-siquiera concibe adónde puede irse con tanto lujo, y queda, por fin,
-el perro, ese perro sucio y humilde que se pasea siempre por todas las
-estaciones por si cae algún resto de las meriendas. Los perros conocen
-muy bien el corazón humano. Saben que de los trenes de lujo sale
-siempre una voz femenina que dice: ¡Pobre perro! Voy á echarle este
-pedazo de jamón y este panecillo.</p>
-
-<p>En los otros trenes nadie se acuerda del perro; y si algún corazón
-sensible procura socorrerle, no falta quien lo estorbe:—¡Deje usted
-al perro! Cuando veamos á un pobre le daremos lo que ha sobrado de la merienda.
-<span class="pagenum"><a name="Page_285" id="Page_285">[285]</a></span></p>
-
-<p>De ahí la simpatía de los perros por los trenes de lujo y por la
-gente rica. ¡Quién sabe! Acaso estos pobres perros hambrientos que
-se alimentan con las sobras de las meriendas, sean una fuerza para
-contener la revolución social.
-<span class="pagenum"><a name="Page_286" id="Page_286">[286]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter">
- <img src="images/detail21.jpg" alt="_" width="70" height="73" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
- <span class="pagenum"><a name="Page_287" id="Page_287">[287]</a></span>
- <h2>XXVI</h2>
-</div>
-
-<p>La ópera del Circo merece todas las simpatías; ponerla «Africana»
-al precio de la «Cachunda», á más de ponerla en su justo precio, es
-empresa laudable. ¡Cuando se piensa que Meyerbeer fué juzgado en sus
-tiempos como un gran revolucionario de la música! Algo así, para
-los italianistas de entonces como lo que había de ser Wagner años
-después. El acaudalado israelita hubiera sido un excelente compositor
-de operetas. ¡Qué deliciosos libros y qué deliciosas partituras las
-de «Hugonotes», «Africana» y «Roberto el Diablo», tratados en cómico!
-Por eso Meyerbeer, que tan buena pareja hizo con Scribe, como Puccini,
-en la actualidad, con Sardou, cuando anduvo más cerca de acertar
-fué en «La estrella del Norte» y en «Dinorah». ¡Qué tiempos, cuando
-«Los Hugonotes» eran la ópera capital para nuestro público, pieza de
-concurso obligada para tenores y tiples dramáticas!
-<span class="pagenum"><a name="Page_288" id="Page_288">[288]</a></span></p>
-
-<p>«La Africana», bilingüe, del Circo, adquiere algo de ese carácter
-cómico que hubiera hecho por completo su fortuna. ¡Son tan divertidas
-las aventuras de Vasco de Gama y sus indios!</p>
-
-<p>De la moral, ya sabemos que gana mucho en la ópera con ser cantada
-y en italiano; pero del arte, no sabemos que gane gran cosa con la
-castellanización de la letra; si castellano puede llamarse esa especie
-de Esperanto en que suele traducirse las óperas.</p>
-
-<p>Aparte lo indiferente del idioma para la mayoría de los cantantes,
-que en vez de vocalizar, se enfangan con las palabras, sin que sea
-posible entenderles nunca una sola; yo creo que á la amplitud de
-líneas dramáticas de la ópera, conviene mejor un idioma extraño, que
-dejándonos percibir el sentimiento de la acción dramática, aleje de
-la imaginación toda idea prosaica, con frases y palabras vulgares,
-desgastadas y pervertidas por el uso corriente.</p>
-
-<p>Por algo la Iglesia católica, gran maestra en psicología de las
-multitudes, conserva el latín en sus ceremonias litúrgicas. ¿Nos
-impondría tanto el Miserere, cantado en castellano? Si entendiéramos
-de la misa la media, ¿no asomaría alguna vez á los más devotos labios,
-<span class="pagenum"><a name="Page_289" id="Page_289">[289]</a></span>
-sonrisa irreverente, evocada por alguna palabra de esas, que como suele
-decirse, nos hace pensar en otra cosa? Bien esta la ópera en italiano;
-aunque según va siendo moda en los teatros, pronto será una torre de
-Babel cada ópera, y cada artista cantara en lo que mejor sepa y pueda;
-uno en italiano, otro en francés, otro en alemán, otro en ruso ...
-Y para el caso será lo mismo. Yo he oído muchas veces «Marina» en
-castellano, y si me preguntan ustedes el argumento me vería en un apuro
-para contárselo. Como decía un buen señor, supongo que será el de todas
-las óperas; la tiple y el tenor se quieren, el barítono se opone y al
-bajo le es indiferente.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Con motivo de unas apreciaciones, publicadas en <i>The Times</i>, sobre
-Madrid y el carácter madrileño, se ha puesto una vez más en evidencia
-lo inconsistente de esos juicios sintéticos de viajero, en los que rara
-vez se conoce ó quiere conocerse el favorecido ó desfavorecido, según los casos.</p>
-
-<p>Eso de englobar á todo un pueblo en juicios tan rotundos como estos: el
-inglés es frío y correcto, el parisiense es afable y espiritual, el
-<span class="pagenum"><a name="Page_290" id="Page_290">[290]</a></span>
-español es valiente y caballeroso ... Y llega usted á Londres y
-lo primero que se encuentra es un buen golpe de curdas de lo más
-incorrecto, y en París, con un cochero, que no es precisamente un
-Anatole France, y en España ... encuentra usted de todo, como en
-todas partes. No hay virtudes, ni vicios, ni gracias, ni desgracias,
-patrimonio exclusivo de ningún pueblo. Además, cada uno habla de la
-feria según le va en ella, y si esto es así, aún entre los naturales,
-¿qué no será con los extranjeros, cuyo juicio puede estar influído por
-tantos accidentes? Desde la comodidad del alojamiento y la calidad de
-los alimentos, hasta las relaciones sociales que haya cultivado por su
-profesión ó por sus aficiones ¿puede hablar lo mismo de un pueblo el
-que haya tratado con preferencia á sus clases comerciales, que el que
-haya tratado á sus artistas ó á sus políticos ó á sus militares?</p>
-
-<p>El periodista inglés se lamenta de que los madrileños nos preocupemos
-más por los asuntos más ligeros. Aparte de que todo esta en todo y de
-lo más ligero puede desentrañarse la más profunda filosofía, ¿no se
-ha preocupado nunca toda Inglaterra por un boxeador ó por un caballo
-de carreras ó el famoso elefante Jumlo? Y los graves alemanes, tan
-entusiasmados, del kaiser abajo, con el travieso zapatero que tan
-graciosamente supo burlarse de respetables autoridades?
-<span class="pagenum"><a name="Page_291" id="Page_291">[291]</a></span></p>
-
-<p>El articulista dice también que el madrileño tiene muy buen humor.
-¿Buen humor? Aquí donde todo el mundo gruñe y protesta y discute por
-todo y se dice mil groserías y cada uno lleva dentro un inquisidorcillo
-que quisiera imponer en todo su modo de pensar y su regla de
-conducta ... ¿Buen humor en Madrid? Hay poco dinero para eso. Por lo
-visto el articulista asistió á una junta de accionistas del Banco ó á
-la tertulia del ministro de la Gobernación.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Sucede en esto del veraneo, que los últimos en marcharse son los
-primeros en regresar. Los que no se han movido de Madrid, los miran con
-cierto desprecio. Para el caso, tanto da no haber salido como volver
-antes que la gente «chic». Justamente lo aristocrático del veraneo es
-la coda, que supone dinero de largo; la estación otoñal en Biarritz, la
-excursión á París en busca de los últimos figurines y de los primeros
-estrenos ... Todo lo que no sea volver á Madrid envueltos en pieles, con
-los baúles llenos de modelos y con noticias de la «première» de Donnay
-ó de Capús, es degradarse.
-<span class="pagenum"><a name="Page_292" id="Page_292">[292]</a></span></p>
-
-<p>¡Y andan algunas personas respetables tan afanadas por ver de animar
-Madrid con fiestas y bullas! ¿No ven ustedes que la gente pudiente solo
-viene á Madrid á hacer economías? Su única gracia es tener dinero y se
-lo dejan por ahí; aquí solo nos traen religiosidad, que cuando se gasta
-el dinero va también para Roma ... ¡Como que no saben en Barcelona la
-ganga que tiene Madrid con ser la capital de España!</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Nuestro querido amigo y compañero—como escriben en las dedicatorias
-de sus obras, los autores eminentes que quieren halagar á un autor
-novel,—Guillermo II, ha tenido un brillante éxito, en el baile de gran
-espectáculo «Sardanápalo», estrenado en Berlín.</p>
-
-<p>Ningún género teatral, tan propio para ser cultivado por un emperador,
-como este de los grandes bailables pantomímicos, tan parecidos por la
-<span class="pagenum"><a name="Page_293" id="Page_293">[293]</a></span>
-precisión de evoluciones á las maniobras militares. Género, además,
-en que huelga toda literatura, género sin palabras inútiles, en que
-todo ha de explicarse por la acción misma; género de todo punto
-imperialista, en una palabra.</p>
-
-<p>Ahora, si reparamos en que la elección de personaje tan decadente y
-desfalleciente, como el sibarita Sardanápalo, más parece en los gustos
-de un Luis de Baviera que en los de un Guillermo de toda Alemania ...</p>
-
-<p>Claro es que un Alejandro Magno, un Aníbal, un Julio César, no se
-prestan á pasos de bailes. Y ¡quien sabe si Guillermo II no ha puesto
-en su obra una delicada ironía y una saludable advertencia! ¿No hay
-en los desfallecimientos del mundo moderno, mucho de sardanapalesco?
-¿No es el Imperio Germánico, el gran mantenedor de energías, el gran
-director de baile, cuya imperiosa voz de mando hace danzar á todos?
-Pero, ¿quien tendrá razón al final de las humanas danzas que han de
-terminar todas en una general danza macabra? Solo el hecho de haberse
-acordado un Guillermo II de un Sardanápalo, para héroe de su obra, nos
-dice la obsesión interior de muchas cosas que aparentamos aborrecer
-<span class="pagenum"><a name="Page_294" id="Page_294">[294]</a></span>
-exteriormente, pero que en el fondo admiramos ... Moralizar, es querer
-convencernos de que no debemos admirarlas; pero si no las admirásemos
-no tendríamos por qué moralizar. ¡Arde Sardanápalo en su pira!
-Moralicemos ... Todos, chicos ó grandes, hemos quemado á fuego lento
-nuestro Sardanápalo; unos por falta de medios para sostener sus vicios,
-otros por falta de valor; pero de cuando en cuando Sardanápalo surge;
-unas veces en una obra de arte, como el poema de Byron; otras, en un
-baile de gran espectáculo, como el del emperador Guillermo II.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Una de las amenidades del verano para los que no veranean, es leer
-las revistas de toros y confrontar las versiones de los distintos
-corresponsales de provincias. En nada se muestra tanto la falibilidad,
-no ya de los juicios humanos, de los mismos sentidos corporales. Donde
-uno dice magistral faena, el otro dice: faena desdichada por la torpeza
-del torero, y el otro: deslucida por las malas condiciones del toro.
-Donde uno dice: volapié magno; el otro dice: bajonazo ignominioso, y el
-otro: bajonazo, precedido de siete pinchazos.
-<span class="pagenum"><a name="Page_295" id="Page_295">[295]</a></span></p>
-
-<p>Yo no creo que las simpatías personales por este ó el otro diestro,
-puedan modificar hasta ese punto las apreciaciones. Prefiero
-atribuirlo, como dije, á error de la vista. De todos modos, debiera
-evitarse esa disparidad de visiones. El asunto, salvo para las
-futuras crónicas de las grandes figuras del toreo, no es de gran
-transcendencia. Pero hay gentes suspicaces que por los pequeños asuntos
-juzgan de los grandes y no falta quien diga: ¡Ah! la prensa; aquí
-tienen ustedes, si en estas cosas tan claras, que entran por los ojos
-de miles de personas, dice cada uno lo que le parece, ¿qué será en
-otros asuntos? ¡Cualquiera se fía!</p>
-
-<p>Todos estamos interesados en sostener el prestigio de una institución
-que cuenta con muchos fieles. No hagamos vacilar la fe de los creyentes
-ni perdamos del todo la de los indecisos. ¡Ah! las menudencias, las
-pequeñeces, parecen nada y son un mundo. Yo conocía una señora muy
-buena cristiana y muy devota, que de pronto dejó de ir á misa y
-renunció á toda práctica religiosa. Pero, ¿qué es eso? la preguntaban
-sus amigos ... Usted, tan buena cristiana ...</p>
-
-<p>—No me digan ustedes; ya no creo en nada; no vuelvo á poner los pies en una iglesia ...
-<span class="pagenum"><a name="Page_296" id="Page_296">[296]</a></span></p>
-
-<p>—Pero, ¿ha leído usted algún libro, se ha hecho usted protestante?...</p>
-
-<p>—Nada de eso. Es que el otro día tuve una cuestión con un monaguillo.</p>
-
-<p>En esto, como en todo, ¡cuántas veces se pierde la fe, no por dudar
-del dogma, ni de verdades fundamentales, sino por haber tenido unas
-palabras con un monaguillo!</p>
-
-<p>Conviene juzgar con imparcialidad á los toreros, para que el público no
-pueda dudar de la imparcialidad con que se juzga á los que torean al país.</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>Se juzgó siempre triste destino el del actor, el cantante y el
-instrumentista, porque al morir sólo dejan el recuerdo de su arte, sin
-otro testimonio de su gloria que la opinión de los contemporáneos.</p>
-
-<p>Por algún tiempo, aún son muchos los que pueden decir: Nosotros le
-hemos oído. Después, son unos pocos, algún anciano, reacio á nuevas
-admiraciones, que pretende consolarse de lo que el no verá, con lo que
-ha visto, y hay que oirle decir con fervorosa devoción, como testigo
-<span class="pagenum"><a name="Page_297" id="Page_297">[297]</a></span>
-electo de un milagro: ¡Yo le oí, señores, yo le oí! Y ponderar
-definitivo: ¡No volverá á oirse nada semejante! Después ... ya no queda
-ninguna voz viva que atestigüe la razón de la gloria; solo queda la
-crónica escrita para asegurar la inmortalidad.</p>
-
-<p>¿Triste? No; ¡envidiable destino! ¿Puede haber gloria más espiritual
-que esta que solo deja el destello de un nombre glorioso? Toda la obra
-es el nombre mismo. Toda su fama esta encerrada en ese nombre, como en
-urna preciosa, de más segura permanencia que monumento cimentado en obras.</p>
-
-<p>¡Las obras! ¿No hemos visto por ellas al aquilatarse muchas glorias,
-obscurecerse unas, desaparecer otras? En cambio, estos nombres sin
-obra, van ganando en estimación cada día y los juicios de la posteridad
-nada podrán sobre ellos. Por ellos tal vez, á pesar del automóvil y
-del aeroplano, pensamos alguna vez con tristeza si no habremos nacido
-demasiado tarde. Por ellos también nos envidiarán en lo venidero.
-¿Quién nos quitará, sobre las generaciones futuras, sobre la eternidad
-del tiempo, la gloria de estos recuerdos, quizás los únicos sin sombra
-de tristeza en nuestra vida efímera? ¡Oimos á Julián Gayarre, oimos á
-<span class="pagenum"><a name="Page_298" id="Page_298">[298]</a></span>
-Adelina Patti, oimos á Sarasate, oimos la voz de oro de Sarah y la
-admiramos, reina de la actitud y princesa del gesto, como la proclama
-el poeta: nos conmovió Leonora Dusse, dolorosa del Arte!... Y la gracia
-de esas divinas voces, que al callarse callarán para siempre, es algo
-muy nuestro, porque ya otros no volverán á escucharlas, y la emoción
-que nos causaron será eterna de toda eternidad en lo humano: porque esa
-emoción es todo lo que queda de su arte, y ¿quien podrá decir en lo
-futuro, que ese arte no valía la pena de emocionarnos, si su obra es
-solo un nombre y ese nombre es nuestra emoción eternizada?</p>
-
-<hr class="r25" />
-
-<p>¡La buena Prensa! ¡La mala Prensa! Que si la buena no se lee y la mala
-cuenta por millares sus lectores ... Esto me recuerda algo que ocurría
-hace años, y creo que sigue ocurriendo, en una capital de provincia,
-que no he de nombrar, pero que bien pudiera no hallarse muy lejos de
-donde en la actualidad se discute tan calurosamente la cuestión de la
-buena y de la mala Prensa. Sucedía que eran allí dos comerciantes del
-<span class="pagenum"><a name="Page_299" id="Page_299">[299]</a></span>
-mismo apellido y los dos en géneros comestibles, y de los dos, el
-uno era excelente persona, muy cristiano, muy buen esposo, muy buen
-padre, y hasta dicen que pesaba corrido. Era el otro persona de mala
-reputación y peores costumbres y mal mirado por todos; pero, por
-cuanto, los géneros que expendía eran siempre de lo más selecto,
-mientras los del primero eran de calidad muy inferior. Y nadie sabe las
-confusiones que esto originaba á cada paso. Decían las señoras á sus
-criadas: ¿De dónde ha traído usted este chocolate tan detestable?—De
-casa de Fulano.—¿Cuál de ellos? ¿el bueno ó el malo?—El que la señora
-dice que es tan bueno.—Es que ese es el malo, el bueno es el otro ...
-¡nunca acabarás de entenderlo!—Que es lo mismo que les sucede á los
-lectores con la Prensa; la buena, que es la mala; la mala, que es
-la buena ... Si los de la buena, que es la mala, procuran mejorar el
-género, quizás los lectores de la mala, que es la buena, se decidieran á leerla.</p>
-
-<p class="center space-above2"><b>FIN DE LA 1.<sup>a</sup> SERIE</b></p>
-<hr class="r5" />
-
-<div class="transnote bbox space-above2">
-<p class="f120 space-above1">Notas del Transcriptor:</p>
-<hr class="r5" />
-<p class="indent">La imagen de portada fue creada por la transcripción, y está en el dominio público.</p>
-<p class="indent">Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.</p>
-<p class="indent">Errores obvios de imprenta han sido corregidos.</p>
-<p class="indent">Páginas en blanco han sido eliminadas.</p>
-</div>
-
-<p>&nbsp;</p>
-<p>&nbsp;</p>
-<hr class="full" />
-<p>***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; CRóNICAS, PRIMERA PARTE (DE 5)***</p>
-<p>******* This file should be named 54283-h.htm or 54283-h.zip *******</p>
-<p>This and all associated files of various formats will be found in:<br />
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-<p>
-Updated editions will replace the previous one--the old editions will
-be renamed.</p>
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-<p>Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright
-law means that no one owns a United States copyright in these works,
-so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United
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-</p>
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-<h2 class="pg">START: FULL LICENSE<br />
-<br />
-THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE<br />
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-(or any other work associated in any way with the phrase "Project
-Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full
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-Gutenberg-tm electronic works</h3>
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-electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
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-destroy all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your
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-by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the
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-1.E.8.</p>
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-things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
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-paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
-Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this
-agreement and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm
-electronic works. See paragraph 1.E below.</p>
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-Foundation" or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection
-of Project Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual
-works in the collection are in the public domain in the United
-States. If an individual work is unprotected by copyright law in the
-United States and you are located in the United States, we do not
-claim a right to prevent you from copying, distributing, performing,
-displaying or creating derivative works based on the work as long as
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-derived from texts not protected by U.S. copyright law (does not
-contain a notice indicating that it is posted with permission of the
-copyright holder), the work can be copied and distributed to anyone in
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-redistributing or providing access to a work with the phrase "Project
-Gutenberg" associated with or appearing on the work, you must comply
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-trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or 1.E.9.</p>
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-with the permission of the copyright holder, your use and distribution
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-additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms
-will be linked to the Project Gutenberg-tm License for all works
-posted with the permission of the copyright holder found at the
-beginning of this work.</p>
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-electronic work, or any part of this electronic work, without
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-Gutenberg-tm License.</p>
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-compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including
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-other than "Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official
-version posted on the official Project Gutenberg-tm web site
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-to the user, provide a copy, a means of exporting a copy, or a means
-of obtaining a copy upon request, of the work in its original "Plain
-Vanilla ASCII" or other form. Any alternate format must include the
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-provided that</p>
-
-<ul>
-<li>You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
- the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
- you already use to calculate your applicable taxes. The fee is owed
- to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he has
- agreed to donate royalties under this paragraph to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments must be paid
- within 60 days following each date on which you prepare (or are
- legally required to prepare) your periodic tax returns. Royalty
- payments should be clearly marked as such and sent to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation at the address specified in
- Section 4, "Information about donations to the Project Gutenberg
- Literary Archive Foundation."</li>
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-<li>You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
- you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
- does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
- License. You must require such a user to return or destroy all
- copies of the works possessed in a physical medium and discontinue
- all use of and all access to other copies of Project Gutenberg-tm
- works.</li>
-
-<li>You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of
- any money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
- electronic work is discovered and reported to you within 90 days of
- receipt of the work.</li>
-
-<li>You comply with all other terms of this agreement for free
- distribution of Project Gutenberg-tm works.</li>
-</ul>
-
-<p>1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project
-Gutenberg-tm electronic work or group of works on different terms than
-are set forth in this agreement, you must obtain permission in writing
-from both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and The
-Project Gutenberg Trademark LLC, the owner of the Project Gutenberg-tm
-trademark. Contact the Foundation as set forth in Section 3 below.</p>
-
-<p>1.F.</p>
-
-<p>1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
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-works not protected by U.S. copyright law in creating the Project
-Gutenberg-tm collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm
-electronic works, and the medium on which they may be stored, may
-contain "Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate
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-Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
-Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
-liability to you for damages, costs and expenses, including legal
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-LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
-PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
-TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
-LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
-INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
-DAMAGE.</p>
-
-<p>1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
-defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
-receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
-written explanation to the person you received the work from. If you
-received the work on a physical medium, you must return the medium
-with your written explanation. The person or entity that provided you
-with the defective work may elect to provide a replacement copy in
-lieu of a refund. If you received the work electronically, the person
-or entity providing it to you may choose to give you a second
-opportunity to receive the work electronically in lieu of a refund. If
-the second copy is also defective, you may demand a refund in writing
-without further opportunities to fix the problem.</p>
-
-<p>1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
-in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO
-OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT
-LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.</p>
-
-<p>1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
-warranties or the exclusion or limitation of certain types of
-damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement
-violates the law of the state applicable to this agreement, the
-agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or
-limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or
-unenforceability of any provision of this agreement shall not void the
-remaining provisions.</p>
-
-<p>1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
-trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
-providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in
-accordance with this agreement, and any volunteers associated with the
-production, promotion and distribution of Project Gutenberg-tm
-electronic works, harmless from all liability, costs and expenses,
-including legal fees, that arise directly or indirectly from any of
-the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this
-or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or
-additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any
-Defect you cause. </p>
-
-<h3>Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm</h3>
-
-<p>Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of
-computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.</p>
-
-<p>Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
-goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg-tm and future
-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at
-www.gutenberg.org.</p>
-
-<h3>Section 3. Information about the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation</h3>
-
-<p>The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state's laws.</p>
-
-<p>The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the
-mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its
-volunteers and employees are scattered throughout numerous
-locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt
-Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to
-date contact information can be found at the Foundation's web site and
-official page at www.gutenberg.org/contact</p>
-
-<p>For additional contact information:</p>
-
-<p> Dr. Gregory B. Newby<br />
- Chief Executive and Director<br />
- gbnewby@pglaf.org</p>
-
-<h3>Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation</h3>
-
-<p>Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
-spread public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.</p>
-
-<p>The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
-DONATIONS or determine the status of compliance for any particular
-state visit <a href="http://www.gutenberg.org/donate">www.gutenberg.org/donate</a>.</p>
-
-<p>While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.</p>
-
-<p>International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.</p>
-
-<p>Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations. To
-donate, please visit: www.gutenberg.org/donate</p>
-
-<h3>Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works.</h3>
-
-<p>Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of
-volunteer support.</p>
-
-<p>Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
-necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
-edition.</p>
-
-<p>Most people start at our Web site which has the main PG search
-facility: www.gutenberg.org</p>
-
-<p>This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
-subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.</p>
-
-</body>
-</html>
-
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+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/54283-h/images/drop-m.jpg b/old/54283-h/images/drop-m.jpg
deleted file mode 100644
index 1b92c2e..0000000
--- a/old/54283-h/images/drop-m.jpg
+++ /dev/null
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