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If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - - - - -Title: De Sobremesa; crónicas, Primera Parte (de 5) - - -Author: Jacinto Benavente - - - -Release Date: March 5, 2017 [eBook #54283] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - - -***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; CRÓNICAS, PRIMERA -PARTE (DE 5)*** - - -E-text prepared by Josep Cols Canals, Paul Marshall, and the Online -Distributed Proofreading Team (http://www.pgdp.net) from page images -generously made available by Internet Archive (https://archive.org) - - - -Note: Images of the original pages are available through - Internet Archive. See - https://archive.org/details/desobremesacrn01bena - - -Notas del Transcriptor: - - Letras itálicas son denotadas con _líneas_. - - El símbolo ^ indica letras en sobrescrito. - - Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las - minúsculas) han sido sustituidas por letras mayúsculas - de tamaño normal. - - - - - -JACINTO BENAVENTE - -DE SOBREMESA - -CRÓNICAS - - - - - -[Ilustración] - -MADRID -LIBRERÍA DE FERNANDO FÉ -Puerta del Sol, 15 - -1910 - -ES PROPIEDAD.—DERECHOS RESERVADOS - -MADRID.—Imprenta Española, calle del Olivar, 8 - - - - -[Ilustración] - - - - -PRÓLOGO - - -Muchas y celebres conversaciones de sobremesa pasaron á la Historia -ilustradas con grandes nombres, y aún grandes acontecimientos de la -Historia se decidieron entre la _poir et le fromage_. De la panza sale -la danza, y esta danza del bien comer, danza de la vida, como aquellas -famosas danzas de la muerte, evocadas por poetas y pintores en la Edad -Media, á nadie excusa de danzar y todos hacen en ella su mudanza, unos -con gentileza y garbo, otros con más presunción que gracia; otros sin -una ni otra, tímidos y encogidos; pero todos al mismo son, que es la -armonía bien concertada de la vida que nunca pierde el compás, aunque -puede parecerlo alguna vez—á los que más atiendan al moverse de los -danzantes humanos que al son de la música divina. - -Suelen ser mis comensales, muchas veces un periódico, revista ó libro, -sostenido entre la copa y el plato, cosa mal vista de los higienistas, -pero no se que más pueda perturbar la digestión, una lectura agradable -que un impertinente compañero de mesa ó que una orquesta próxima, así -sea la banda de alabarderos. Otras veces mis comensales son de las más -variadas condiciones y procedencias, y de todo se charla y de todo se -opina con la mayor disparidad de criterio, que no soy yo hombre de -compromisos políticos ni artísticos, ni mucho menos morales, para no -permitir la libre emisión de todos los disparates. Son juicios orales -sin reo y sin sentencia: personas y cosas son llamados á el, solo como -testigos y al final es siempre la absolución, sin más costas que haber -amenizado la sobremesa. Y he aquí, que como al terminar la comida -recoge el doméstico las migajas materiales, recojo yo las migajas del -alimento espiritual, que son estas charlas de sobremesa en que de todo -se habla, de todo se opina y nada se condena. Y para que nunca nos -falte qué comer ni de qué hablar, empecemos piadosamente diciendo: el -pan nuestro de cada día dánosle hoy ... - -[Ilustración] - - - - -DE SOBREMESA - - - - -I - - -Bizancio anda revuelto; del circo sale la revolución, pero no se trata -de guiadores de carros, sino de bailarinas; no de verdes y azules, -sino de verdes y más verdes. Ya lo dijo un moralista: lo desnudo no es -indecente, sino lo «remangado»; y estos renacimientos paganos que de -cuando en cuando florecen en nuestros teatros, no son más que un puro -«remangarse». No es la Venus de Milo la diosa majestuosa que preside en -sus altares, no; la Venus de Milo oculta sus piernas y no tiene brazos, -y en esta ocasión piernas y brazos (¡oh Pepita Sevilla!) han sido los -perturbadores. ¿A quien culparemos? ¿A empresas y autores, que dirán -seguramente: el público lo pide? ¡ay, no! El público es como los niños: -sólo pide lo que le enseñan; eso sí, como los niños también, cuando -pide, siempre pide más, y empresas y autores son maternales. ¿Los -artistas? Recuerdo siempre una plegaria con aire de tango que cantaba -la bella Belén en sus tiempos, y era sólo la expresión poética de un -deseo prosaico: - - ¡Padre nuestro que estas en los cielos! - ¿Por qué no me das mil duros de renta, - y la pobre Belén estaría sentada en su casa - tomando la cuenta? - -El público reía y pedía: ¡más, más! Seguramente en tres mil pesetas -hubiera podido dejarse la petición por no servirle más de juguete. -¿Verdad que hay aplausos que deben sonar como bofetadas? ¡Pobres -mujeres! ¡Acaso las bofetadas de su casa les hacen preferir esos -aplausos del público! - -¡El público! El público también es digno de compasión. En sus bramidos -bestiales, no hay alegría ni voluptuosidad; no es la admiración -desinteresada ó satisfecha á la belleza y á la gracia, es el rugido del -hambre, hambre de carne en todas sus manifestaciones; son las mismas -caras que se observa ante los escaparates de los «restaurants» ó casas -de comidas; no es la sonrisa plácida del sultán ante las danzas de sus -favoritas, es la burla del eunuco ó la rabia del esclavo ante lo que -nunca fué ni será para ellos. Un conjunto lastimoso al que solo pone -la nota ridícula, la autoridad en clase de «encargada», encargada de -que no haya escándalo en el barrio. Como siempre, para los efectos -muy solícita, para las causas ... Las causas que las estudien los -moralistas, los literatos, los periodistas; los que gobiernan sólo -están para prohibir y para castigar. - -[Ilustración] - - - - -II - - -Una querida amiga viene á visitarme después de misa y se convida á -almorzar conmigo. Es una casada joven que no se preocupa para nada del -feminismo, porque hace mucho tiempo que ella se ha conquistado, por sí -y para sí, todos los privilegios femeninos y masculinos. (No hay como -la neutralidad en esta lucha de sexos). - -El principal objeto de su visita es preguntarme quien hace los -sombreros á Rosario Pino. - -—¿Se los traen de París, como las comedias? - -—No lo se. Vivo alejado de los teatros; no se nada de comedias ni de -sombreros. - -Mi amiga encuentra deliciosas las comedias francesas y admirables los -sombreros de Rosario Pino. - -¡Ah! una mujer no cuidará nunca bastante su sombrero. El vestido puede -engañarnos respecto á la clase y condición social de una mujer, el -sombrero no engaña nunca. Desde que las señoras asisten sin sombrero -á los teatros, es más difícil distinguir de personas. Nos dirían que -tal señora no es la señora sino su cocinera, y lo creeríamos. Con -el sombrero no hay equivocación. Mi amiga se atreve á descubrir en -cualquier reunión de mujeres, sólo por el sombrero, á una «cocotte» -entre cien señoras, y viceversa. (Aunque el orden de factores altera -el producto, no altera la habilidad adivinatoria de mi amiga). Y del -mismo modo se atreve á clasificar á las idealistas, á las de sentido -práctico, á las rebeldes, á las resignadas ... (Esto me hace reparar en -el sombrero de mi amiga, que es, en efecto, un ¡viva la anarquía!). - -Hablamos de otras cosas; de la temporada del Real que ha terminado. Le -preguntó si ha oído cantar á Anselmi, y cuando espero oir un elogio del -«bel canto» italiano que hiciera las delicias de Arana como empresario -retrospectivo, me deja atónito con un grito del corazón, vibrante como -un «sí» de la Barrientos ... ¡Qué hombre tan guapo! - -—¿Quién? - -—Anselmi. - -—Canta con mucho gusto—insinúo, para encauzar la conversación, por -respeto al criado que nos sirve. - -—¡Guapísimo!—insiste con una valentía irrebatible. - -—Dicen que volverán á traérselo á ustedes para el año que viene. - -—¿Cree usted que no habrá perdido voz? - -—Si dependiera de ustedes, amiga mía. Pero creo que no; esos tenores -se cuidan mucho. - -—¡Demasiado!—suspira con ingenuidad. - -Procuro informarme de sus aficiones musicales; si comprende á Wagner, -si prefiere las óperas modernas, si ... - -—Mire usted—me interrumpe.—La ópera es lo de menos. Anselmi con el -traje de Lohengrín, me haría soportar á Wagner. - -—Sí, en efecto. La música entra mucho por los ojos. - -Un santo bonito, un rey joven y un artista de buena figura, harán -siempre mucho por la Religión, por la Monarquía y por el Arte. - -Cambia el tema. - -—¿Qué le parece á usted de la «moción» que las solteras de Dublín han -elevado á la virreina de Irlanda, lamentándose de que las casadas de por -allá se traen un toreo que no deja colocarse en suerte á un soltero? - -—Me parece que antes que las solteras, debían haberse querellado los -maridos de las acusadas, y no á la virreina precisamente. - -—¿Cree usted que aquí sucede algo semejante, y á eso se deba la -abundancia de solteras sin acomodo? - -—¿Aquí? Aquí debíamos ser las casadas las que nos quejáramos de que el -coro de vírgenes no nos deja en paz á los maridos. - -Y me refiere unas cuántas historias tan escabrosas, tan escabrosas, que -no puede por menos de creerse que son verdaderas. - -—Ahí tiene usted asuntos para unas cuántas comedias. - -—¿Para sábados blancos? ¿Le parece á usted? ¿No es el día de las -solteras? - -—¿Usted sabe el origen de los sábados blancos? - -—No. Cuéntemelo usted. Con usted siempre se aprende. - -—Eso me dice todo el mundo. Verá usted. Es muy verosímil. - -Una señora distinguidísima, opulenta belleza á lo Rubens, mamá de dos -espirituales «Boticellis», padecía con tanta frecuencia de jaquecas, -que apenas asistía á teatros ni á reuniones, y para no privar de -asistir á sus hijas, las confiaba á la autoridad de una señora de -compañía muy garantizada, á quien tenía muy recomendado que si alguna -vez en el teatro, la comedia representada no era de la más absoluta -moralidad, se llevara á las niñas inmediatamente. Sucedió que una -noche, apenas levantado el telón, la primera actriz anuncio tan -resueltamente la decisión de engañar á su marido, que no había duda de -que así sucedería, á más tardar, en el segundo acto. - -La buena señora creyó lo más conveniente levantarse y salir del -teatro con el mayor ruido posible, para marcar bien su desagrado. -Las muchachas hubieran querido terminar la noche en cualquier otro -espectáculo, pero la señora rabiaba por hacer presente á la mamá su -escrupuloso celo, y más que aprisa se las llevo á casa ... en mala hora, -porque la mamá, ante tan inesperado retorno, apenas tuvo tiempo de -esconder la verdadera antipirina de sus jaquecas, que era un íntimo -amigo. Y para que no volviera á suceder tal percance, al día siguiente -escribió al director del teatro: Distinguido señor: Como las obras que -se representan en su teatro, no siempre son de una moralidad y una -sana tendencia que puedan inspirar confianza á una madre celosa de no -ofrecer á sus hijas como recreo un espectáculo peligroso, de acuerdo -con otras distinguidas amigas en el mismo caso, ruego á usted fije un -día de abono en que todas, absolutamente todas las obras, puedan ser -vistas por nuestras hijas. - -El director, amable, sometió á la censura de las celosas madres la flor -de azahar de su repertorio, las celosas madres aprobaron ... Y ese fué -el origen de los sábados blancos ... en París. Aquí siguieron por moda. - - * * * * * - -—Una huelga, un albañil muerto ... - -—No hablemos de eso. Son cosas inevitables, viejas como el mundo, hoy -recrudecidas por la falta de creencias. - -—¿De quien? - -—De unos y de otros. - -—Diga usted de unos, porque los otros en algo deben creer todavía. Les -han dicho: No matarás, y no matan. Les han dicho: No te matarás, y no -se dejan morir de hambre. Les han dicho: Ganarás el pan con el sudor -de tu frente, y eso es lo que no pueden obedecer, porque trabajar sí -trabajan, pero no ganan el pan, y eso es lo triste. - -—Yo creí que ya se había usted curado del sarampión socialista que -todos los escritores y políticos de estos tiempos han padecido con -mayor ó menor intensidad. - -—Sí, en efecto. Fué como sarampión. ¡Oh! muy benigno. Escritores y -políticos buscaban en la idea socialista un medio fácil de atraer hacia -ellos el aura popular. Paso la moda; los burgueses fruncieron pronto el -ceño, aterrados por el fantasma anarquista, y escritores y políticos -tornaron hacia el sol que todavía calienta. - -El anarquismo, con ser el mayor antagonista del socialismo, proyecta -sobre éste su sombra fatídica, que confunde á los dos para la opinión -vulgar en el mismo espanto. - -Si en la región de las ideas todas son admisibles, y acaso las más -avanzadas son las más necesarias, porque impidiendo la «calma chicha» -de los espíritus, agitan, renuevan y fecundan, en el terreno práctico, -una idea extremada es el mayor enemigo de una idea razonable. Por eso -cuando halléis un fanático en un partido, sospechad siempre si estará -de acuerdo con el partido contrario. No dijo ningún disparate el que -dijo que el santo es el mayor enemigo de la religión. - -Muchas veces se disfrazan de grandes ideales ideas muy pequeñas. El -anarquismo, no hay duda, quiere un mundo transformado y perfecto, pero -con sus intransigencias estorba el andar reposado del socialismo hacia -ese mundo ideal. Desconfiemos de los grandes ideales y atengámonos á -los pequeños. - -Como esos que dicen: Yo no soy español, soy algo más; soy ciudadano del -mundo. - -Tened por seguro que en el fondo es un regionalista que solo quiere ser -ciudadano de su pueblo, y si es posible, vecino de su calle. - -Por ser ciudadanos del mundo antes que españoles, regionalistas y -anarquistas se confunden á veces, y entre la idea chica y la idea -grande, estorban el andar de la vida, que no tolera empujones hacia -adelante ni tirones hacia atrás de violentos ni de fanáticos, sino que -va, va siempre, segura, majestuosa, al paso reposado y firme de los -hombres de buena voluntad. - - - - -III - - -Se de una linda marquesa, por blasón de su hermosura, rayos de sol en -campo de rosas, de pura elegancia española—única elegancia femenina á -la que sientan bien todas las elegancias, lo mismo las de Van-Dyck que -las de Watteau, que las de Gainsborough que las de nuestro Goya—que al -salir del estreno de «Daniel» decía á sus amigos: - -—Esta obra sólo puede gustar á los que no tienen una peseta ó no -tienen vergüenza. - -¿Una peseta ó vergüenza? ¡Pícara peseta! En qué poco ha estado que la -obra no gustara por completo á cierto público. - -¡Oh gentil marquesa, como aquellas de Versalles, más inconscientes ó -más atrevidas al representar con su reina y en la misma corte, «Las -Bodas de Fígaro», como si las burlas no fueran también amenazas; el -autor de «Daniel» no tuvo consideración con vosotras. Ha recargado de -negrura su obra, ¿verdad? Esas cosas no pasan en la vida ó por lo menos -pasan de tarde en tarde. ¿No es eso? Los ricos no son tan malos ni los -pobres tan desgraciados. Lo dices tu, lo dice la crítica. Sí, Dicenta -ha recargado los colores. - -Suaves tintas de acuarela son las de ese embarque de emigrantes de que -pocos días después supimos. La realidad ha sido el mejor crítico de la -obra de Dicenta. - -¡Oh, qué lindo _embarquement pour Cythere_, como aquel de Watteau, el -de ese barco de miseria, de dolor y de muerte! ¡Oh, qué propio asunto -para ser cantado en rimas ricas y metros dislocados por algún exquisito -poeta de los del Arte por el Arte y caiga el que caiga! - -¡Heliópolis! ¿Puede darse más bello nombre para un barco florido, -bogador siempre por mares azules hacia tierras de sol y de alegría? - -Dice un crítico, que desde Edipo no se ha presentado en el teatro un -personaje sobre el que tantas desdichas se acumulen como sobre Daniel. -Sí, son muchas desdichas para un solo hombre si fuera un hombre solo. -Pero Daniel es algo más: no es un hombre, son muchos, son muchas -generaciones; sus desdichas no son las que caben en unas horas de -representación teatral: son las de muchos siglos, las de muchas vidas. -Y lo mismo la crueldad, la fuerza y la indiferencia de los otros. - -La visión amplia, abarcadora de Dicenta concentra lo esparcido. ¿No es -un derecho del artista? La gentil marquesa estaba también en su derecho -al distraer cuanto podía su atención de la obra y á juzgarla con frase -ligera y desdeñosa. Pero la crítica, no; la crítica ante la obra de -Arte tiene otros deberes que las lindas marquesas. - - * * * * * - -Los artistas lamentan de continuo la falta de ambiente artístico, -increpan al filisteo y al beocio, que no sienten ni admiran, como los -artistas quisieran, la artística belleza, y cuando ellos tratan de -glorificar á otro artista no se les ocurre sino vulgaridades del más -prosaico burguesismo: el insustituible banquete á siete cincuenta, -la abominable estatua á cincuenta mil pesetas, la velada teatral ó -académica. ¿No habrá un poco de fantasía, señores artistas? ¡A ver si -_pué_ ser!—como dicen los chulos. - -La escultura conmemorativa moderna, aplicada á políticos, escritores -y demás señores civiles, es francamente horrible. Si el escultor se -atiene á la realidad, un señor de levita ó gabán parecerá siempre -una figura de cera sin colores; si mezcla lo real con lo ideal, la -mezcolanza no es menos detestable: el buen señor rodeado de ninfas ó -genios desnudos hace la más triste figura. Recuerdo la estatua del gran -Eça de Queiroz en Lisboa, bailando un vals _renversée_ con la Verdad -desnuda entre sus brazos; todo ello como interpretación escultórica del -lema literario del escritor: Sobre la fuerte desnudez de la verdad el -velo diáfano de la fantasía. - -No sospechaba artista de tan delicado gusto como Eça de Queiroz, que -tan al pie de la letra iban á tomarse sus palabras como esculturales. - -Quédese la estatua para perpetuar cuerpos bellos y bellas actitudes, y -de los grandes hombres que triunfaron por el espíritu, perpetúese el -espíritu en copiosas y artísticas ediciones de sus obras. De este modo -llegará su espíritu á todas partes y será la inmortalidad mejor que una -estatua ridícula ante la cual el hombre del vulgo preguntará ignorante: -¿Quién será este? Para que su mujer le responda: ¿No lo ves? Un tío muy -feo. - - * * * * * - -Bombita regresa triunfador de Méjico, Madrid y Sevilla le reciben con -aclamaciones. - -Los hombres graves exclaman una vez más: ¡Qué país este! Y otros -hombres que no parecen graves, porque nada les parece tan antipático -como las jeremiadas de esos que no encuentran mejor forma de -patriotismo que abominar por todo de su patria, decimos y creemos: Que -por muchos años vayan nuestros toreros á Méjico y por muchos años sean -allí aplaudidos, que peor señal de los tiempos sería para España si una -ley en idioma extranjero hubiera prohibido las corridas de toros en -aquellas tierras. - -[Ilustración] - - - - -IV - - -Pérez Galdós es siempre admirable: terminados sus cuarenta Episodios; -después de haber estudiado para escribirlos, mejor dicho, después -de haber vivido para revivirlos, toda la historia contemporánea de -España con toda su lastimosa política, en lugar de quedar fatigado, -desilusionado y, si se quiere, empachado, con la mayor ilusión del -mundo—¿no se presenta como candidato republicano?—se lanza á la -política activa. - -Y es que Galdós, nuestro único gran historiador, al escribir -sus Episodios, ha podido comprender como nadie que, sobre todas -las desventuras de la patria, sobre sus luchas civiles y sus -pronunciamientos, y las intrigas de camarilla y de partido, sobre -Carlos IV, y Godoy, y Fernando VII, y Calomarde, y Espartero, y Narváez -y todas las clases directoras que tan malos pastores fueron de este -pobre rebaño, esta siempre la _masa_, la soberana masa, que dijo el -mismo Galdós, la masa, verdadero héroe de esos cuarenta Episodios -nacionales; y cuando un hombre como Pérez Galdós, después de haber -escrito los cuarenta episodios, hace profesión de fe republicana, es -porque espera mucho de esa masa; porque es de creer que no será en -Salmerón en quien espere. - -De todos modos, Pérez Galdós, en lenguaje de empresa teatral, es -una excelente adquisición para el partido republicano; y si no va á -el sólo llevado de su curioso espíritu, á documentarse para futuras -novelas ó comedias, la significación de su nombre glorioso es de gran -importancia. Galdós cuenta con incondicionales adictos á su talento -y á su persona, cuenta con una juventud que le admira y le proclama -maestro; todo eso aporta Galdós á la causa de la República. ¡Ah! Y la -espada de Machaquito. No la tuvo mejor ningún partido español hace -mucho tiempo. - - * * * * * - -Entre la Fiesta del Sainete, la corrida de la Prensa, la Semana Santa, -para terminar con la corrida de inauguración de temporada, he aquí una -semana bien española. Lo picaresco, lo piadoso, lo emocional y lo -sangriento en pintoresca mezcla: toda la lira, mejor dicho, toda la -guitarra. - -Y sobre todo ello y para todo ello, la mantilla, que es tanto como la -bandera española, nunca mejor prendida que en nuestras actrices, de tan -diversos pero tan castizos tipos de belleza española todas ellas. - -D. Ramón de la Cruz y Goya se habrán asomado, allá por un barandal de -la gloria—algo como la cúpula de San Antonio de la Florida,—para -sentirse más en sus glorias, y los académicos habrán pensado que con -tan lucido cortejo no es posible negar entrada al plebeyo sainete en la -aristocrática Academia. Los ojos de Rosario Pino bien valen por todo un -Diccionario. - - * * * * * - -Con el sainete vuelve el baile español, casi perdido ya, degradado -en esos tangos de un orientalismo de Exposición universal; el baile -clásico español, señoril ó popular ó villanesco, pero verdadero baile -de arte, el baile por el baile; no como el baile francés, que es -siempre decente—porque siempre es un pretexto para enseñar,—ni -como el inglés, que, por otros medios, llega á los mismos fines, -más gimnasia que baile.—En Inglaterra el _sport_ lo tapa todo ó -lo descubre todo.—En Francia aparenta malicia lo más inocente; en -Inglaterra aparenta inocencia lo más malicioso.—Sólo el baile español -es baile, en una justa ponderación, como el amor sano, ni todo carne ni -todo espíritu. - -¡Boleras gloriosas que inmortalizaron los nombres de Lola -Montes, de la Nena y de Petra Cámara! En la memoria de los viejos se -asocia el recuerdo de aquellos bailes al del toreo de brazos de Montes, -el Chiclanero y Cúchares: ¡Entonces se bailaba, entonces se toreaba!, -dicen estos respetables viejos, y es: ¡Entonces bailábamos, entonces -toreábamos!, lo que quieren decir siempre estos recuerdos. - -¡Dios mío! ¿No habré yo sido nunca joven? Porque todavía alcancé los -tiempos en que las boleras robadas eran fin de fiesta en el teatro -del Príncipe, y me parece más divertido el tango con molinete; y de -toreros, ví muchas veces á Lagartijo y á Frascuelo, y confieso que no -me divertí en los toros hasta el advenimiento del _Guerra_ con todos -sus modernismos tan censurados. - -Por fortuna, dentro de pocos años la Imperio y el _Guerra_ serán tan -clásicos como la Nena y Montes, y con qué desdeñoso gesto diré yo -á mi vez: ¡Como se bailaba entonces, como se toreaba ... y como se -escribía! Porque yo también seré clásico. ¿Por qué no? Comparado con el -cinematógrafo, que será toda la literatura dramática del -porvenir al paso que vamos. - -[Ilustración] - - - - -V - - -Las naciones que han convenido en llamarse civilizadas, tienen, como -suele decirse, cosas de á cuarto. Apenas en un pueblo de los llamados -salvajes se atropella de cualquier modo á un súbdito de alguna de las -susodichas naciones, ponen todas el grito en el cielo y el cañonazo -en la tierra, y amenazan con meterse todas como Pedro por su casa -y el Kaiser por la de todos, para hacer un ejemplar escarmiento -en los infelices salvajes, y mientras, en el propio territorio de -esas grandes, fuertes y civilizadas naciones, en sus mismísimas -y civilizadísimas capitales, campan bandidos de toda especie que -asesinan, roban, estafan y atropellan á naturales y á extranjeros; y si -cada vez que esto sucede se hablara de intervenciones, no pasaría día -sin una conflagración mundial, como ahora se dice. - -Y al hablar de bandidos, no lo digo por el Pernales, que España en -esto también apenas puede llamarse civilizada, y bandolerismo es -éste de lo más inocente y primitivo, como de jácara ó romance; pero -léase cualquier periódico de París, y como la cosa más natural, sin -comentarios y sin aspavientos, raro es el día que no traen sección -especial dedicada á las proezas de _apaches_, _cambrioleurs_, -_souteneurs_ y demás productos de una civilización admirable. ¿Qué -diríamos si aquí sucediera algo parecido, ó qué dirían los franceses si -los moros menudearan tanto y con tal desahogo sus atropellos? Fuera del -centro de París es más aventurado pasearse á ciertas horas que explorar -por el centro de Africa, y mucho más ciertamente que pasear á cualquier -hora por cualquier lugar de Marruecos. - -De Londres no se diga; asustan las recomendaciones y advertencias -que recibe cualquiera que llega á la poderosa Metrópoli, y todas son -pocas para evitar y prevenir emboscadas, atracos al cloroformo y otras -menudencias. - -En los Estados Unidos el robo á mano armada, el _chantage_, el timo en -todas sus manifestaciones, han llegado á tan suprema perfección, que ya -no se sabe si clasificarlos entre las ciencias ó entre las bellas artes. - -Esos piratas modernistas de que nos habla la prensa, que desalojan -una quinta de todo el ajuar y mobiliario y lo transportan á un barco -especial, con toda comodidad y elegancia, son el último chillido de la -civilización. Y nadie se asusta ni pide urgente remedio. - -En cambio, ya verán ustedes correr por toda la prensa europea la -leyenda de nuestro Pernales, y en cuanto á los infelices moros, -¡cuidadito con pisar siquiera á un civilizado! ¡No faltaba más! ¿Es que -no habrá nunca seguridad personal en Marruecos? - -Sería preciso saber quien tiene la culpa de que no la haya. - -Dice la mamá al niño:—Pepito, no tires del rabo al gato.—Si yo no le -tiro, no he hecho más que agarrarle; el que tira es el, por eso chilla. - -Marruecos es siempre el gato; Europa no le tira del rabo, no hace más -que sujetarle, el que tira es el y por eso chilla y alguna vez araña. -¡Pobre gato! Todavía recuerdo que fué león en algún tiempo; pero ya -si la piel de león no le alcanza, no le queda siquiera el recurso que -aconsejaba el sabio, de empalmarla con la de zorro, porque su piel -la han agotado entre todas las naciones civilizadas para su -diplomacia. - - * * * * * - -Desde que paso la moda—pícara moda que tanto se detiene en las -frivolidades y tan de ligero pasa por las cosas serias—de asistir á -los conciertos del antiguo Príncipe Alfonso, en cuántas restauraciones -se ha intentado en Madrid de aquellas fiestas musicales, con excelente -propósito todas y éstas de ahora, dirigidas por el maestro Arbós, -con entusiasmo y constancia dignos de todo estímulo y aplauso, se ha -notado siempre el _absentismo_ de la clase más distinguida de nuestra -sociedad. Y digo yo: para esas familias fundadoras de sábados blancos -¿qué espectáculo menos peligroso y de mejores garantías que éste? - -¿Ó creen ustedes, como el conde Tolstoï, que hay música pecaminosa y -una sinfonía de Beethoven ó una fantasía de Berlioz pueden turbar la -limpidez lacustre de las almas cándidas? - -¿Ó es que teméis á los verdaderos aficionados, que estorbarían con sus -protestas vuestra bulliciosa cháchara? - -¿Ó es que la música, sin gorjeos de tiple ó arrullos de tenor, os -aburre? - -De cualquier modo, vuestra ausencia de los conciertos no marca un buen -punto en vuestra cultura ni en vuestro interés por el arte nacional. -Claro es que vuestras razones tendréis para no asistir; pero si la -decisiva fuera la del aburrimiento—aburrirse con Beethoven ya es una -distinción como otra cualquiera,—hay un medio de conciliarlo todo. -Podéis pagar vuestro abono y regalarlo después á familias modestas -que, sin duda, agradecerían el regalo. ¿Que sería una primada? No lo -niego; pero yo os hablo en nombre de la distinción, y eso es lo que -hacen en otras partes las personas distinguidas cuando se creen en el -caso de proteger el arte de su patria: pagan, y cuando el espectáculo -les agrada, asisten, y cuando no, regalan su localidad ó se quedan en -casa, pero no _chinchorrean_ á empresas y á autores exigiendo obras -especiales y cambios de función por no perder un solo día y sacarle -el jugó al abonito. Y no cuidarse del dinero ni del cartel, eso es lo -_chic_. - -El dinero ya se que no os importa, ni el cartel tampoco debe -importaros, porque si no, debiera parecéroslo de ignominia que sobre la -taquilla del Circo aparezca todos los jueves de moda el cartel de: «No -hay palcos ni sillas», y en la de los conciertos del Real: «Sólo quedan -palcos y butacas». - - * * * * * - -Por lo demás, toda mi simpatía—toda mi admiración están con el Circo. -Mucho ha perdido de su encanto con la intromisión de números más -propios de _Music-hall_ que del circo clásico, el de los caballitos, el -de los volatines, el de los payasos, como le amábamos de niños. - -¡Qué efímera gloria la de sus artistas! Su cuerpo es toda el alma de su -arte. Para ellos, como para las mariposas en el año, sólo hay una edad -en la vida. Su arte y su gloria van unidos á la juventud, á la fuerza, -á la agilidad, y cuando acaban, aunque viva el cuerpo, su arte no puede -sobrevivirles. - -No se da un salto mortal como se escribe un libro ó se pinta un cuadro -ó se compone una ópera, con recursos de la experiencia cuando faltan -alientos de la juventud. - -¡Ah, si para todo arte y toda gloria suya existiera ese momento fatal -y preciso que advirtiera llegado el fin de los saltos mortales! Pero -el espíritu se cree siempre joven, y mientras aletee ya le basta para -creer que vuela. - -¡Felices los acróbatas del circo que sólo tienen la juventud para su -arte, aunque muchas veces sólo tengan el hospital para la vejez! - -[Ilustración] - - - - -VI - - -Tengo dos muchachas amigas, de estas madrileñitas de la clase media, -cuerpo corto y cabeza gorda, ojillos ratoniles y color de piso tercero, -izquierda ó derecha, con vistas á un patio sucio y obscuro y á una -calle más obscura y sucia que el patio. Pues con este físico y _el -moral_ correspondiente, hete aquí que les ha dado por todo lo inglés, -y hoy vienen á verme acompañadas de una _miss_ de lo más barato y -vestidas como no quieran ustedes saber. Cuando me aseguran que han -llegado á pie desde su casa y las contemplo incólumes, no puedo por -menos de pensar que este Madrid no es aquel Madrid. - -Vienen á consultarme sobre lectura de novelas inglesas. Traen dos ó -tres tomos de la colección _Tauchnitz_; yo me esfuerzo por persuadirlas -de que la han errado de plano al principio: la colección _Tauchnitz_ no -tiene entrada en Inglaterra. A ellas no les cabe en la cabeza que un -libro inglés pueda no ser inglés. Les indico los nombres de los -novelistas ingleses más en boga—norteamericanos casi todos;—ellas, -en cambio, me informan de su nueva vida. Todas las mañanas toman su -ducha frío. Así están de roncas y con una tos perruna que debe alarmar -á los que llamen á su puerta en estos días de hidrofobia y recogida de -perros. Pero ellas no se acobardan. No comprenden como se puede vivir -sin ducha. Sus comidas todas á la inglesa, traducidas por una cocinera -de á cuatro duros. Un Támesis de te. En sociedad con otras amigas, han -alquilado un solar por las afueras, han plantado no se qué hierba, -y sobre la verde alfombra tienen su _lawn-tennis_ con su poquito de -_flirt_ y una variada exhibición de medias. La mamá cuida mucho de que -varíe su color todo lo posible, como dice ella, para que se vea que no -son siempre las mismas. ¡Sólo el corazón de una madre tiene cabeza para -pensar en todo! - -Tienen una colección de perros y gatos para hablarles en inglés, como -si la _miss_ no fuera bastante. Procuran indignarse si algún corto de -vista las piropea en la calle. El rey Eduardo es para ellas como de la -familia. Piensan mudarse hacia la calle del Gobernador ó adyacentes, -para recibir bien los humos de la fábrica de electricidad sita en aquel -barrio y tener así una sensación londinense. - -Toda esto son tonterías sin importancia, pero pensemos que á estas -horas son muchos los políticos, los hombres de negocios, los -comerciantes, los literatos, hasta los filósofos, atacados de esta -última manía nacional. Hay que llamarla de algún modo. - -Ya Francia con su París no nos dicen nada; ya sólo creemos, todo lo -esperamos de la que fué reina de los mares y aspira á serlo de las -tierras. La ballena (por algo es mamífero) pretende ser anfibio. - -Pidamos que nuestra suerte sea á lo menos la de Jonás en el vientre -del enorme cetáceo: fué devorado, pero salió incólume. Y si algo ha de -sucedernos con el cambio de vida, que no pase de dar que reir, ó todo -lo más, de una tos perruna, como en mis amigas las madrileñitas cursis, -á las que sienta lo inglés como es posible que nos siente á todos. No -tenemos físico para ello. - - * * * * * - -Por fin la lluvia. En Madrid, salvo por razón de salud pública, se -recibe como quien oye llover. Pero en esta pobre aldea donde ahora -escribo, es una fiesta para todos; la gente canta, baila, todos los -ojos se vuelven al cielo y el agua corre por los rostros curtidos -mezclada con lágrimas de alegría. Era la ruina y la miseria, y hoy es -la esperanza. - -En Madrid, los abastecedores cuidan amorosos como padres de no bajar -el precio del pan en los años buenos para que no sea tan sensible -la subida en los malos. De este modo, nos preocupamos poco de las -cosechas. Pero aquí el pan es el verdadero pan de comunión, el pan de -vida que es toda la vida. En familia se sembró el grano, en familia se -labró la tierra, en familia se recogió el fruto, y en familia se muele -el trigo, y en familia se amasa la harina, y en familia se cuece el pan -que en familia se come; y el pan, que es casi un adorno en la mesa de -los ricos—la última moda es servir muy poco, y lo más _chic_ dejarlo -casi intacto, leo en unos avisos del buen tono,—es aquí todo el -alimento y su carestía es el hambre para los que muchos días sólo pan -comen. - -Por eso el más incrédulo ó para rezar ó para maldecir, pero esperando -de la súplica ó de la amenaza, vuelve los ojos al cielo cuando pasa la -imagen santa en rogativa y mujeres y niños cantan: - - ¡Virgen, madre nuestra, - Virgen del Rosario, - envíanos agua - para nuestros campos! - -y luego, en estrofas de dulce espíritu franciscano, piden por sus -ganados también, y la voz de los niños tiembla al cantar: «Los -corderitos se mueren de hambre ...» Porque no serán sólo los corderitos, -serán ellos también los que tendrán hambre. ¡Oh, madrileños, vosotros -no sabéis que la lluvia puede hacer llorar de alegría! - -La lluvia, que puede suspender una corrida de toros, es necesaria para -que los toros se críen lúcidos y pujantes. - -Pensad en esto y os alegrará también la lluvia como á las pobres gentes -de la pobre aldea. - -[Ilustración] - - - - -VII - - -Me entusiasman esas personas que, sea cualquiera el asunto de que -se trata, son siempre de la opinión contraria. No hay que decir si -admiraré á D. Miguel de Unamuno. Por eso no pude por menos de abrazar -al amigo que después de leer las noticias de los últimos atentados de -Barcelona, exclamó con el mayor aplomo, sin dejó alguno de ironía: - -—¡Qué agradable debe ser la vida en Barcelona! - -Y como advirtió pronto la airada protesta de los otros amigos y mi -conformidad, que debió parecerle todavía más alarmante—no se tiene en -vano la reputación de mefistofélico,—no quiso esperar más para exponer -sus razones. - -—Sí, señores; agradable agradabilísima: porque cuando en todas partes -y para todo el mundo y desde muy antiguo, ha sido una de las más -intolerables molestias del trato humano el curioseo y fisgoneo de -toda casta de vecindades, vecinos de barrio, de calle y de casa, -hay que admirar la discreción y poca curiosidad de los vecinos -en Barcelona, cuando es allí posible que por tanto tiempo y tan -continuadamente puedan existir gentes dedicadas á la confección y -colocación de explosivos sin haber tropezado todavía con un vecino -curioso investigador de vidas ajenas. Y esto, cuando todos deben estar -vigilantes como policías, con la indignación y la alarma naturales ante -la repetición de atentados que á todos amenazan. Ó ¿creen ustedes en -cavernas, lugares subterráneos y recónditas guaridas en una ciudad como -Barcelona? - -—Luego, ¿usted cree?... - -—No creo nada. Sólo pienso que en este caso, como en el de muchos -enfermos crónicos, parece que el enfermo acaba por encariñarse con su -enfermedad que le coloca en una situación interesante. Creo también, -cuando se habla de anarquismo, que por algo es la industrial Cataluña -famosa en imitaciones de todo género de productos, y no estará de más -la sabida advertencia: _Se méfier de contrefaçons_. - -—¿Entonces?... - -—¿No les parece á ustedes como á mí, que para anarquismo es poco y -para separatismo sería demasiado? - -Y hubo un silencio que si no fué de aprobación, fué por lo menos de -_solidaridad_. - - * * * * * - -Entre los colores que la moda femenina ha impuesto en esta temporada, -hay uno que me seduce sobre todos: el color de humo; el color de humo -es adorable. _Couleur fumé_, digámoslo en francés, que es el lenguaje -de la modistería universal, como lo es de la diplomacia, y ya que en -modistería y en diplomacia de fuera ha de venirnos siempre la moda. - -Dos tendencias opuestas dominan en el vestir de las mujeres: el género -sastre, vestimenta práctica para la calle, que es democrática, y tanto -quiere serlo que no se contenta con nivelar las clases, sino que -pretende nivelar los sexos. El gabán con vuelo y pliegue _Watteau_ -masculino, y la falda redonda, _troteusse_, femenina, son una verdadera -_entente cordiale_ de sastres y modistos. - -Pero en la casa, en los salones, en el teatro, triunfa por contraste -en la _toilette_ de las mujeres, lo dulcemente femenino. Nunca más -delicada, más tenuemente vestidas, ¿vestidas? No es exacto; envueltas -apenas, acariciadas en la suavidad de gasas, tules y encajes y telas -flexibles, ondulantes, de matices descoloridos, esos tonos al pastel, -inconsistentes como pelusilla de alas de mariposa, como el polen de las -azucenas. No son aquellos terciopelos y brocados y rasos que se tenían -de pie, según ponderaban nuestras abuelas; aquellos trajes de aparatoso -señorío que podían transmitirse de madre á hijas en cinco ó seis -generaciones. Estos de ahora son gala de una noche, efímeros como flor -ó mariposa, no admiten reformas ni composturas, sus telas diáfanas, no -se cortan, se cortiquean; no se cosen con aquel fuerte pespunteado de -la clásica costura española, se hilvanan ó se prenden de alfileres. Un -pisotón es bastante para destrozar una de estas envolturas de ensueño -que costó cuatro ó cinco mil francos; su misma fragilidad es la mejor -defensa de otras fragilidades. ¿Qué mujer se dejará acariciar con -pasión con uno de estos trajes? Ya eran nube, espuma, flor y mariposa, -y ahora, con el color de moda, son algo más tenue, más vaporoso, son -humo. ¿No es el color de nuestro tiempo? Humo por todas partes. De -la riqueza de las naciones es señal el humo de sus fábricas, de sus -trasatlánticos, de sus ferrocarriles; de su poderío, el humo de sus -acorazados; con el automóvil triunfa también el humo, porque el -automóvil pasa pero el humo queda. Si el siglo XIX pudo llamarse de las -luces, ¿no puede llamarse este siglo XX el de los humos? Los humos de -aquellas luces que no brillaron tanto como había derecho á esperar. - -Yo os digo que hay trajes de mujer que son una verdadera obra de arte; -pero si un traje de estos es además de color de humo, ¡oh! entonces ya -es filosofía. - -[Ilustración] - - - - -VIII - - -A estas horas son innumerables los Paturots que andan por esos -distritos en busca de una posición social. Unos, con lucida escolta, -se entran por los pueblos como conquistadores, á cosa hecha, les basta -con pasar. Otros, llegan humildes, desconfiados, prodigan sonrisas, -apretones de manos, prometen, regalan; los buenos aldeanos se muestran -socarrones ...—Tocante á nosotros ...—Por nuestra parte ... - -¿Pero qué más tiene un diputado que otro? Eso, lo que tenga. - -A dos pesetas, un cigarro y vino á _indiscreción_, el voto ... Después -de todo, un voto no es ninguna primogenitura que no esté bien pagada -con un plato de lentejas. - -¿Quién engaña á quien? Nadie se engaña por lo visto; todos están -contentos. El diputado cuenta sus votos y triunfa con su acta; los -buenos aldeanos cuentan unas pesetas y ríen entre ellos ... - -Entre tanto se sigue labrando la tierra como debió labrarla Adán á la -salida del Paraíso, y cuando llueve, por el techo de la escuela cae la -lluvia benéfica sobre la cabeza de los chicos; y es la mejor enseñanza -que allí reciben, porque así aprenden que todo han de esperarlo del -cielo, hasta el sencillo acto de lavarse la cara algunas veces. - - * * * * * - -Uno de los _clous_ del Salón de París en este año es el retrato de -Tomás Hardy, obra de Blanche. Como la aduana francesa es el tránsito -obligatorio para que llegue hasta nosotros todo nombre y toda fama, es -posible que con este motivo descubramos á Hardy. - -Entre la balumba abrumadora de novelas inglesas, acaso no sean las -suyas las que tengan más lectores, aún en la misma Inglaterra. Al -francés tampoco creo que haya sido traducida ninguna, y en España, -donde nos extasiamos con D’Annunzio, donde Bourget, Prevost y Hervieu -nos parecen hondos psicológicos, y las _Claudinas_ de Willy nos -interesan como si aquí estuviéramos en el secreto de los chismes del -_boulevard_, que son todo su chiste, Hardy es casi ignorado, como es -ignorado Meredith, el más original estilista entre los novelistas -ingleses, á quien seguramente D’Annunzio ha leído mucho, porque aquí -nos pasamos el tiempo buscando los plagios en los de casa y mientras -los de fuera se despachan á su gusto. - -Hardy es un admirable novelista, de esa raza robusta de escritores -que sólo es producto de una sociedad fuerte; no es de los que salen á -conquistar un público con colorines y fanfarrias. - -Hay una firme serenidad en los escritores ingleses, una despreocupación -de la _coterie_ literaria de muy buen ejemplo para nuestros escritores -jóvenes, que sólo saben andar en grupitos para la recíproca admiración; -hasta que alguno del grupo sobresale, que apenas eso sucede, ya le -declaran indigno por haber hecho concesiones al público; porque la -condición para formar parte de uno de esos grupos, es la de ser -_genio_, pero sólo para andar por el grupo. - -Sucede como en esas pandillas de estudiantes mozalbetes que emprenden -reunidos la conquista de alguna agraciada muchacha, y reunidos la -siguen y reunidos le pasean la calle y entre todos se escribe una -declaración, y cuando la favorecida, naturalmente, desea saber en quien -ha de fijarse, ó concluye aquel amor colectivo como por encanto, ó -se destaca uno más resuelto á terminar por su cuenta la conquista. Y -entonces los demás le llaman mal amigo. - - * * * * * - -_Baby_ es terrible; tiene unas ocurrencias que dejan parado á -cualquiera; sus padres no saben á quien ha salido. Sus papás son dos -jóvenes, aristócratas de abolengo ilustre, que de sobremesa íntima -tijeretean á los amigos sin preocuparse por la presencia de _Baby_, muy -entretenido en enseñar las estampas de una ilustración extranjera á un -tremendo danés que no parece muy interesado por los sucesos mundiales. - -Los papás hablan de unos _parvenus_ con flamantes títulos adquiridos en -Roma, y ríen á su costa. - -_Baby_ pregunta muy grave: - -—¿Quién es más, el Rey ó el Papa? - -El padre se hace el desentendido, esta afiliado á una de las cuarenta y -nueve fracciones liberales. - -La madre se cree en el caso de afirmar sus sentimientos católicos, y -contesta sin vacilar: - -—El Papa, hijo mío. - -—Entonces, ¿por qué os burláis de los títulos pontificios? - -Los padres convienen en que delante de los niños no se puede hablar de -nada. - - * * * * * - -Ecos de las elecciones. - -La marquesa de—— tiene á su marido diputado conservador y á su mejor -amigo, liberal. La gente ya la llama: el triunfo de la solidaridad. - - * * * * * - -A un candidato á la diputación, de quien ya no se cuenta las -desventuras conyugales, como se lamentara de que le habían birlado su -distrito, le aconsejaba un amigo para consolarle: - -—Si usted no necesita el distrito para nada. Usted debía presentarse -por acumulación. - - * * * * * - -En casa del modisto: - -La cliente, entusiasmada con un nuevo vestido que favorece mucho su -belleza algo vespertina, le dice al modisto: - -—Crea usted que si aquí tuviéramos voto las mujeres, todas las señoras -le votaríamos á usted. - -El modisto, confuso y galante: - -—¡Oh, muy amable! Pero sería yo el que votaría siempre con ustedes. - - - - -IX - - -Cuando creíamos que los norteamericanos estaban como el pez en el agua, -con sus instituciones democráticas—¿nos habrán refregado el morro -con ellas, hablando pronto y claro, nuestros sociólogos de corrillo -intelectual y lata libre?,—ahora salimos con que el pez es rana y el -agua de charca, y de las más corrompidas, y las ranas no se contentan -con pedir un rey para cambio de sus males, sino que piden nada menos -que un emperador. Mejor dicho, es posible que no sean las ranas, sino -el único que no es rana quien lo pide. Como aquel personaje de un -fin de fiesta, interpretado por Mariano Fernández, que, harto de las -molestias que una finca de recreo le produce, se decide á ponerla en -venta, porque dice el: Mal vendida, ya podrán darme cinco mil duritos -por ella. Y al poco rato insiste en su propósito: Nada, nada, yo vendo -esta finca ... ¿Quién me dijo que me daba por ella cinco mil duros?... -¡Ah! Fuí yo mismo. ¿Quién dijo que los norteamericanos necesitaban un -emperador? El mismo, Teodoro Roosevelt, de imperial y sonoro nombre, -ese Napoleón que, más afortunado que el primero, recoge los laureles de -la guerra y cobra en buenas coronas—¡oh, presagios!—la oliva de la paz. - -Yo celebraré la realización de esos imperiales sueños, aunque no sea -más que por ver á su alteza Alicia (así la llamaban de antemano) de -alteza imperial efectiva; porque es seguro que habrá de dar mucho juego -en clase de princesa, y á qué estamos los que hemos de agarrarnos al -clavo ardiendo de la actualidad, antes de que se enfríe, para escribir -de cosas, á los que más calienten, muevan y remuevan esa actualidad de -ordinario monótona. - -Pero ¡ay! qué difícil es estar á la última moda en nada y como hemos -de vivir aquí siempre retrasados en literatura, en política, en -filosofía ... - -En dramaturgia, cuando nos damos á imitar á Ibsen, ya es Maeterlink lo -que se lleva; cuando empezamos con éste, ya es D’Annunzio; y lo mismo -en filosofía: cuando empezamos á sentirnos superhombres con Nietzche, -ya es la filosofía rusa la que se cotiza por el mundo ó ya hemos vuelto -á Platón; como decía aquel señor á quien pretendían pasmar sus amigos -con toda clase de _sicalipsis_ exóticas. Aquí ya hemos vuelto á lo de -siempre. El caso es que siempre hemos de retrasar. He aquí que cuando -todo un D. Benito Pérez Galdós en España, se hace republicano, todo -un pueblo tan adelantado, tan práctico y tan _vivo_ como los Estados -Unidos, declara que la república y la democracia están mandadas á -retirar. - - * * * * * - -Las buenas hadas de los infantiles cuentos madrinas en todos los -bautizos de príncipes, con sus carrozas voladoras y su cortejo de -elfos y silfos, minúsculos y alados, ya se apresuran para llegar en -torno de la regia cuna á predecir felicidad; y el hada de la Poesía, -la que tiene su reino en un rosal silvestre enrejado de zarzales, la -que ni adula ni miente, sólo te dirá: Príncipe ó princesita; cuando -todas las hadas con su lenguaje cortesano te predicen venturas, yo sólo -te compadezco; te compadezco, por el odio y la envidia que zumbarán -alrededor de tu cuna, sólo por ser regia, cuando todo es amor sobre -cunas humildes; te compadezco por los preceptores que atormentarán tu -inteligencia para cultivarla como flor de invernadero, sabedora de -muchas ciencias, ignorante de la vida; por las adulaciones cortesanas -que interpondrán siempre el velo encantado de Maya entre tus ojos y la -verdad; por tus pasos, siempre vigilados; por tus acciones de todos -sabidas, y cuando no sabidas, calumniadas; por tu corazón, del que -dispondrá la razón de Estado; por toda esa esclavitud de los reyes y -de los príncipes, que os hará sonreir con amargura cuando sepáis que -vuestro pueblo pide libertad. ¡Libertad, que para vosotros quisierais! -Y por todo esto, cuando todas las hadas con su lenguaje más cortesano -te predicen felicidad, el hada de la Poesía, la que tiene su reino -entre los rosales, enrejados de zarzales, el hada libre que ni miente -ni adula, con todo su corazón compadece. - - * * * * * - -La fiesta de San Isidro es como la poesía lírica eminentemente -subjetiva. Hallar motivo de esparcimiento en un paisaje risueño, á la -sombra de árboles frondosos, sobre prados amenos y por fondo montañas -siempre verdecidas y más lejos otras que azulean, no tiene gracia -alguna: la decoración pone la mejor parte. Lo admirable es hallar -ocasión de regocijo en un erial con cuatro estaquillas hojosas por -toda vegetación, entre sucios tenderetes, mendigos harapientos, y allá -arriba, como aviso supremo de un triunfo final de la muerte, digno -de figurar entre los frescos del Camposanto de Pisa, la vista de los -cementerios. - -Sólo un pueblo como el madrileño es capaz de poner alegría sobre todo -esto; esa alegría que tanto desconcierta á los extraños, que quieren -persuadirnos de que no es tal alegría. Bien esta, será humorismo si -ustedes quieren; pero es la misma que ríe del hambre, de la suciedad -y de la truhanería en nuestras novelas picarescas; es la misma que -ríe en los mendigos de Velázquez y de Goya, la misma que se desborda -en la Plaza de Toros entre horrores de sangre y peligros de muerte; -alegría que solo puede comprender el que sienta la espiritualidad de -esos ascetas atormentados de los cuadros del Greco, alegría que no -comprenden los extraños, porque es la alegría del «no importa», ese no -importa que es toda la filosofía del alma castellana. - -Somos pobres, nuestra tierra es triste, sabemos que hemos de morir, -después ... nada sabemos; se reza ó se blasfema, según las horas; pero -como no pedimos razón para vivir ni para alegrarnos en la vida, tampoco -la pedimos para morir cuando es preciso; ya supo decirlo el pueblo del -Dos de Mayo; el mismo que acude á la fiesta de San Isidro á divertirse -de su propia alegría, en el erial desolado, entre mendigos harapientos -y á la vista de un Camposanto. - - * * * * * - -Después del éxito comercial de la exposición de automóviles, en la -que apenas queda coche sin vender, empezamos á ser distinguidas las -personas que nos hemos quedado sin comprar uno. Por llegar tarde, no -por otra cosa, porque según los jaleadores del _democrático sport_, el -que no tiene auto es porque no quiere. - -Hay coches baratísimos, el verdadero _carro do povo_, como llaman en -Portugal al tranvía; el sostenimiento insignificante, los _chauffeurs_ -de balde, un apostolado por vocación, los neumáticos irrompibles, ¡Y -los encantos del auto! ¡Higiene, cultura, poesía! ¡El aire libre de -campos y montañas, la geografía y la topografía aprendidas del modo -más fácil y práctico!... ¡El amor sano al paso! ¡Y qué paso! Aquí, -sin exagerar, bien puede sentirse en Cádiz repercutir un beso dado en -Cantón. - -Pero digan lo que quieran los propagandistas del automóvil como -panacea, no es su ejercicio muy propicio á los amores; desgasta mucha -fuerza nerviosa y absorbe la atención demasiado. El juego, el automóvil -y las corridas de toros, son los más terribles rivales de las mujeres. -Un hombre sentado á una mesa de juego ó con el guía de un 40 H. P. en -la mano ó sentado en una barrera de la plaza, ante una faena de Bombita -ó de Machaquito, es insensible á las seducciones femeninas. Las mujeres -lo saben; por eso, ya que no pueden competir con esas tres grandes -aficiones de los hombres, han decidido compartirlas con ellos; y cuando -una mujer sale jugadora, automovilista ó aficionada á toros, que se -quiten todos los hombres, con la ventaja para las mujeres de que ellas -pueden llevar su pasión al extremo: en el juego, hasta el _croupier_; -hasta el _chauffeur_ en el automóvil, y en los toros hasta el torero. - - * * * * * - -En la exposición de automóviles: - -Un distinguido automovilista á una belleza recién lanzada á la -circulación. - -—¿Vienes á ver los automóviles? ¿Quieres comprar alguno? - -—Ya lo creo. - -—¿Pues sabes quien puede venderte uno? - -—No; lo que quiero saber es quien puede comprármelo. - - * * * * * - -Entre mujeres de hombres políticos: - -Una de ellas se queja á su amiga del marcado desvío que viene -observando en su marido, desde algún tiempo. Su amiga, para consolarla: - -—Eso es por disciplina política. - -—¿ ...? - -—Como tu marido es de los liberales, esta en plena abstención. - -—Si es que ayer le sorprendí abrazando á la doncella. - -—Entonces es que se ha pasado á los demócratas. - - * * * * * - -Dejemos al Congreso con sus discusiones de actas, dejemos á los -liberales en su abstención y á los carlistas en su incontinencia; de -todo eso se hace la Historia; la Historia, que va por encima, lo mismo -en las naciones que en los individuos; mientras la vida va por dentro, -tan hondo á veces que apenas percibimos sus pulsaciones. Por eso hay -quien, atento sólo á la superficie bullidora, no vacila en declarar: -Aquí se muere algo; pero aún vivimos, por lo menos aún queremos vivir. - -La Agricultura, la Industria, el Comercio, alientan en exposiciones y -concursos, á los que debe atenderse con mayor interés que al cubileteo -de actas; esto es la Historia, mejor dicho, la chismografía de la -Historia; lo otro es la vida, en la que debemos esperar salvación. - -Si algunas veces he _fustigado_ (según _cliché_) á nuestra -aristocracia, no fué por prevención desfavorable contra ella, sino que -puesto á satirizar y dada la natural y pícara preferencia del público -por reir á costa de alguien, me pareció más piadoso hacer reir á costa -de los que gozan de muchas ventajas en la vida, que á costa de los -humildes que trabajan y padecen escasez de todo. Nunca me ha parecido -que el tener hambre sea cosa de risa, y ya sabemos que en la mitad de -nuestro teatro cómico es el hambriento principal motivo de regocijo. - -Pero como nunca me dolieron prendas, soy el primero en reconocer que á -nuestra aristocracia debe en primer lugar la agricultura española sus -mayores progresos y adelantos. Buena prueba es la actual Exposición -agrícola y de ganados. - -En la sección de ganadería, hay ejemplares magníficos. Toros dignos de -ser amados por Pasifae; caballos, por Semíramis. - -Un toro negro, de dulce y paternal mirada, como un patriarca bíblico, -nos promete dilatada sucesión y con ella pródigas provisiones de -sabrosa leche y suculentos solomillos. - -Vacas suizas nos hablan de praderas idílicas, ovejas y corderos de -todas castas, al ser acariciados por manos de marquesas, evocan -pastorales de Versalles. - -Allí están nuestros famosos merinos, y la oveja castellana, y la -andaluza, y las inglesas, de cabezota redonda (como los puritanos -de Cromwell) y de lana apretada, que parecen talladas en piedra por -escultores medioevales. Y razas cruzadas, muy dignas de consideración -en estos tiempos. Y el caballo Orlof, digna cabalgadura de un héroe -victorioso, para bracear sobre laureles y rosas. Y caballos andaluces -de jacarandosa estampa, y tantos bellos animales, á los que nunca -amaremos bastante. - -Porque no hay animales fieros; si algunos lo parecen, es porque el -hambre ó el hombre (no es juego de palabras) los hostiga. Pero ellos -agradecen nuestros cuidados y nuestras caricias; ellos nos ofrecen -sumisos su fuerza, y al someterse al hombre, parecen someterse á su -natural destino. En su mirada, ó hay alegría ó dulce resignación; -tristeza, sólo cuando su dueño los maltrata. - -¡Como nos enseñan á vivir y á morir los buenos animales; algo hermanos -nuestros porque son hijos también de la Tierra, madre de todos! - - * * * * * - -Si el príncipe Hamlet, prototipo de la duda aunque, como todos los -escépticos, creyó en lo más dudoso, la eficacia de las representaciones -teatrales para descubrir secretos,—aseguraba que hay algo en cielo y -tierra á que no alcanza nuestra filosofía, ¿por qué no hemos de creer -en ese algo? Si toda fe nos falta, tengamos fe en la fe. - -Próximo el centenario de los Sitios de Zaragoza, aquel milagro de -heroísmo sobrehumano, en que todos pudieron admirar á un pueblo más -tullido que todos los tullidos, sin creencia y sin esperanzas en lo -humano, levantarse y andar y estremecer con su empuje al mayor imperio -moderno, ¿por qué hemos de sonreir y burlarnos escépticos de un humilde -milagro? - -Bien se que las burlas de los descreídos hubieran sido más -irrespetuosas si de otra imagen se tratara. El Pilar es algo muy -respetable, y mal aconsejado estaría el que á estas fechas quisiera -milagrear á su costa, sin un hecho, todo lo maravilloso que se quiera, -pero hecho al fin indudable, que después cada uno puede explicarse á -su manera: desde el milagro divino hasta la sugestión hipnótica ó el -histerismo, hay explicaciones para todos los gustos. Hay cosas que -parecen sobrenaturales y son las más naturales del mundo. - -Tengamos fe en la fe, no sonriamos demasiado pronto. ¿Quién sabe si aún -no veremos mayores milagros? - -Si algún día, un imperio absorbente ó un disolvente anarquismo, -hubieran conseguido borrar las fronteras de todos los pueblos, el -último patriota que sucumbiría sería un aragonés sobre la última piedra -que marcaría una frontera: el Pilar de Zaragoza. - -[Ilustración] - - - - -X - - -Si la felicidad se consiguiera por leyes, decretos, reales órdenes, -ordenanzas, bandos y demás literatura oficial, España sería la nación -bienaventurada entre todas; pero si el infierno, según dicen, esta -todo el empedrado de buenas intenciones, es posible que también esté -empapelado de leyes españolas. - -Esta novísima de la colonización interior es otro bello trozo de -literatura, y por si no pasará de serlo, ¿por qué no añadirle algunos -comentarios poéticos? - -Esa colonización interior sería una gran empresa si para ella no se -contara sólo con las naturales gentes del campo. La trasfusión de -sangre es de tanto interés para el organismo físico como para los -organismos sociales. Colonizar el campo con gente de la ciudad sería -verdadera y meritoria colonización. - -La tierra en España es sólo un lujo de ricos ó una esclavitud de -pobres. Grandes propiedades mal atendidas por sus dueños y otras tan -reducidas que apenas ofrecen la porción de tierra que basta, como -suele decirse, para tener donde caerse muerto, no digamos de qué vivir -mientras se muere. - -Hay en las ciudades un proletariado burgués, el que más padece y menos -grita, que se consideraría dichoso con poseer un pedazo de tierra en el -campo. Es un gran error creer que el habitante de la ciudad no ama el -campo. Ofrecedle facilidades para llegar á el, dádselas para poseerlo -y veréis con cuánto más amor lo cultiva y hace suyo que quien vivió -siempre en el y ya lo mira como indiferente ó enemigo. - -Sean donaciones de tierras el premio de los buenos servidores del -Estado, el pago de muchas de esas clases pasivas que acaso llevan vida -inútil y vergonzosa en las ciudades. Ellos llevarán al campo cultura -social y el campo les dará en cambio salud y alegría. La tierra no -pide sólo brazos fuertes que la trabajen con dureza, como quien golpea -ó hiere, pide también quien la mire con amor; y nadie la amaría tanto -como esos proletarios que vivieron siempre en vivienda alquilada, muy -tasado el terreno, y el sol y el aire aún más tasados. Esos que en un -día de fiesta en Madrid, van en bandadas como peregrinos del sol, hacia -el Retiro, hacia la Moncloa, hacia los Cuatro Caminos, á emborracharse -de luz para muchos días, ¡como serían felices sobre un pedazo de -tierra suyo, donde el sol es el buen padre de la tierra que á su calor -fructifica y florece, no el astro avergonzador de la gente pobre con su -luz indiscreta que descubre el brillo de la ropa usada y las grietas -del calzado viejo! - - * * * * * - -No me atrevería yo á censurar la prohibición de las capeas en nombre -de las sacrosantas costumbres nacionales, pero á trueque de incurrir -en el enojo de Mariano de Cávia, me atrevo á censurarla por exceso -de sensiblería mía, no de la orden, que á primera vista parece bien -intencionada. - -Pero considerando que en esas capeas tomaban la más activa parte los -más brutos de cada pueblo; considerando que en la mayoría de los casos -había cornadas providenciales; considerando que todo ello era indulto -de infelices mujeres, condenadas de por vida á marido bruto, alivio -para el Estado de candidatos al ingreso, aumentando sus cargas, en -establecimientos penitenciarios, considerando que, llegado el día de -la fiesta, habrá sus motines y algaradas que darán lugar á mayores -barbaridades, pues es casi seguro que en muchos pueblos no admitirán -á la Sociedad de Conciertos, como festejo digno de sustituir al toro, -considerando que las escuelas de casi todos los pueblos y aldeas de -España no tienen mejor uso que servir con sus ventanas de palcos y -talanqueras para presenciar con relativa seguridad la gallarda fiesta; -considerando que si damos en lavarnos la cara no van á conocernos, -vengo en opinar que la orden sería más efectiva, plausible y meritoria, -de haber ido precedida de otra: la ley de Instrucción obligatoria; -porque los lugareños son gente maliciosa, y como sólo les llegan del -poder central órdenes prohibitorias, no será extraño que algún día se -cansen y digan: ¡Todo es prohibir, prohibir! ¿Y qué nos dais en cambio? -Que nos manden siquiera un cinematógrafo. - - * * * * * - -Todas las mujeres tienen una edad para parecer más hermosas ó menos -feas. No siempre es la juventud, como puede creerse. Hay géneros de -belleza que se acomodan mejor con la madurez y hasta con la ancianidad. -Cuántas veces la que conocimos francamente fea de joven, nos sorprende -á su declinar con un agradable aspecto. - -Hay también bellezas por horas, á las que favorece más ó la mañana ó -la tarde ó la noche, sea por la luz, sea por los trajes propios de -aquellas horas. - -Para ser hermosa á toda edad, á todas horas y á todas luces, es preciso -ser la forma de Arte que nunca pasa, como dijo Leonardo de Vinci. - -A las ciudades les sucede lo mismo que á las mujeres. Hay de ellas que -sólo parecen bien en invierno, otras que entonan mejor con la suavidad -otoñal, otras que sólo son bellas en verano. - -A París, por ejemplo, le sientan bien las estaciones crepusculares; -primavera y otoño, como belleza cansada que se defiende de la luz cruel -con velos y pantallas. A las viejas ciudades flamencas y castellanas -les dice bien la lluvia, bajo un cielo como de cristal esmerilado. -Granada y Córdoba, á pesar de su oriental carácter, entonan mejor en el -invierno. Sevilla, en cambio, sólo se concibe inundada de luz. - -Madrid también es hijo predilecto del sol y necesita de toda su luz -para parecer algo. En los días de invierno, con sus tejados parduzcos -y la pobreza de su caserío, visto á lo lejos, parece de un color de -puchero viejo, y bajo la lluvia como lamentable trapo de mil remiendos -desteñido al mojarse. - -Pero al sol es como prisma que rompe la luz en destellos de pedrería. -Ya sus remiendos parecen labores de tapiz oriental, los revoques -desconchados de sus fachadas reflejan el oro y el rosa como granitos -y mármoles preciosos. Su gente también parece engalanada: la mayor -baratura de las telas veraniegas pone en las calles la alegría de sus -colores claros. - -Esas pobres y simpáticas cursis, tan mal pergeñadas en invierno con -sus abriguillos de sutil pañete, que á nadie engañan, y al frío mucho -menos, con sus boas de pluma de pavo casero y sus manguitos ó sus -estolas de piel, en que aún palpita el último maullido de la víctima, -con sus caritas anémicas amoratadas y sus narices arreboladas y sus -ojillos lacrimosos por el frío, esas pobres cursis que tanto deben -odiar el invierno, con ellas más que con nadie despiadado, ahora son -reinas de calles y paseos, ahora lucen con valentía batistas y gasas y -muselinas y arrogantes sombreros de paja con sus flores vistosas ó su -golpe de guindas entre verde hojarasca que la lluvia y el sol no han -descolorido todavía. - -Madrid es suyo en este tiempo. Son las mariposas de su primavera. Pero -como dijo el poeta: ¿Es que los pájaros se esconden para morir? Digamos -también: ¿Dónde se esconderá en invierno tanta pobre cursi? Porque -todas estas que véis ahora no las volveréis á ver hasta otra primavera -y otro verano, aunque las busquéis en el paraíso del teatro Real, -en las galerías de Palacio en los días de capilla pública ó en las -funciones de sociedades de aficionados. - - * * * * * - -En Copenhague, un actor y marido ha disparado unos tiros sobre su dos -veces compañera, en la vida y en el teatro, al terminar ella de bailar -con otro actor un vals que, por lo visto, se las traía. ¡Para que se -fíen ustedes del teatro del Norte! - -Se atribuye á los celos el arrebato del marido; pero como da la -casualidad de que el valsecito había entusiasmado al público, vaya -usted á saber si no serían los aplausos los que pusieron al actor, -antes que marido, en el disparadero. ¡La psicología de los actores es -tan complicada! - -De cualquier modo, los matrimonios siempre son ocasión de disgustos en -el teatro; sólo sirven para dificultar el buen reparto de las obras y -para desilusionar al público. - -Cuántas veces oye uno durante una representación:—Me parece que la -fulana (el nombre de una actriz) engaña á su marido. - -—No lo crea usted; si es un matrimonio modelo. - -—Si digo en la comedia. - -—¡Ah! - -Y otras veces lo contrario. - -—¡Qué buena es esta mujer para su marido! - -—¿Pero usted no sabe ...? - -—Ya lo se; si digo en este papel ... - -Y con esta confusión de la vida doméstica con la artística se embrolla -á cada paso el asunto de las comedias. Los actores no debían tener vida -privada y las actrices mucho menos. A lo mejor hay aquello de: - -—¿Ve usted aquellos cinco niños tan monos que están en aquel palco?... -Son de la que hace de Doña Inés de Ulloa. - -Y, en efecto, al llegar la escena del rapto, los chiquitines lloran que -se las pelan porque se llevan á su mamita, y las buenas mamás que están -en el teatro cuchichean unas con otras ... ¡Pobrecitos! ¡Qué ricos! -¡Lloran porque ven que se llevan á su mamá ...! - -Y á un espectador que no esta en el secreto y los manda á la Inclusa -desde el paraíso, le advierte uno de la _claque_, con muy malos modos: - -—¡No sea usted bruto! ¿No ve usted que son los niños de doña Fulana? - -Y con todo esto, al llegar la escena del sofá, ya el público sólo se -interesa porque los niños van á volver á llorar más desesperados, -temiendo que con los arrumacos de Don Juan les van á traer otro -hermanito de París ... ó de Nápoles, rico vergel, que es de donde se los -traerían á Don Juan ... - -En fin, que en el teatro como en la política cuando la vida privada -no casa con la pública, no hay modo de convencer á nadie, aunque los -versos sean de Zorrilla y los discursos de Demóstenes. - - * * * * * - -Un libro de versos—_Alma-Museo-Cantares_—simpático como su autor, -Manolo Machado; un moro andaluz que, por no saber adónde iba, se perdió -en Montmartre y se encontró en Madrid, y en el fué bien hallado, porque -su espíritu es de chispero, aunque al cantar su serenata á la luna, -su blancura parece envolverle unas veces en el blanco alquicel de los -árabes, otras en la túnica blanca de Pierrot. - -Es muy convencional la división de géneros en poesía; porque si la -poesía lírica es sincera, tiene siempre mucho de dramática; en un solo -monólogo nos dice el drama interior del poeta. - -Los sonetos ¿no son una tragedia más de Shakespeare? En las poesías -de Manuel Machado también podemos seguir los pasos de una interesante -acción dramática, por fortuna no trágica. En este caso, ó yo no se -leer, ó todo acabará en boda, y la voluntad del poeta, su voluntad, que -_murió en una noche luna, en que era muy hermoso no pensar ni querer_, -resucitará á la luz de otra luna ... de miel. ¿No es eso? Y el poeta nos -dirá entonces: que es muy hermoso pensar, pensar intensamente ... cuando -se piensa en lo que se quiere. - - * * * * * - -Una madre con cinco hijas en cuenta corriente, esto es, en espera de -colocación, me decía: ¿Ha visto qué idea la de ese joven mejicano? -¡Distinguido, millonario y dedicarse á torero! ¡Mire usted que si le -cogiera un toro! - -—¡Qué envidia!, digo, ¡qué lástima!, contesto distraído, pensando en -las cinco hijas. - -Lo cierto es que la gente de dinero es la que arriesga la vida con -mayor facilidad y por puro capricho. - -¿Es aburrimiento de todo lo que el dinero puede proporcionar, lo que -les lleva á buscar emociones en peligros contra los que nada puede el -dinero? ¿Es la confianza que da el haber triunfado de todo en la vida -por el dinero, la que acaso les hace considerarse inmunes á todo -peligro? ¿Ó es, como dice una amiga mía, que el dinero por sí solo es -seco como un sustantivo y los que lo poseen buscan á toda costa un -adjetivo que lo califique y lo decore? - -¡La conquista del adjetivo! No basta tener dinero, hay que llamarse -distinguido, intrépido, inteligente; cuando no se puede otra -cosa, _sportsman_. No saben que una vez encasillados en un adjetivo, no -hay mayor esclavitud que la de sostenerlo y justificarlo. - -—¿Usted sabe, me dice esta amiga mía, la venganza que tomó un cronista -de salones de una señora muy distinguida, que en cierta ocasión le hizo -un pequeño desaire? Muy sencillo. En una de sus crónicas de sociedad -escribió: - -«La elegantísima señora de——, que cada vez que se presenta en -sociedad luce una nueva _toilette_ ...» Bastó con esto; la elegante -señora, que como cada hija de vecino, tenía sus cuatro ó cinco trajes -de luces para todas las _soirées_ de una temporada, se creyó desde -entonces comprometida á sostener su reputación, y á fuerza de exhibir -_toilettes_, se arruinó en un par de años bonitamente. ¿Qué le parece á -usted? - -—Que no debe uno preocuparse por adquirir adjetivos ni por sostenerlos. - -—Es mi opinión. Por eso verá usted que yo no vivo para la galería; -no me verá usted nunca danzar en fiestas de sociedad, ni en funciones -benéficas, ni en juntas piadosas ni feministas ... Renuncio á todos los -adjetivos. - -—¿Se atiene usted al sustantivo? - -—Al verbo, amigo mío, al verbo, que es el fundamento de la oración y -de la vida ... ¡Vivir, poseer, querer ... gozar ...! - -—¡Basta, basta amiga mía! Temo que va usted á traspasar los límites -del Diccionario en un rapto lírico. - -—¿Pero no esta usted de acuerdo conmigo? - -—¡Ya lo creo! Yo tampoco me he preocupado nunca por los adjetivos. Y -sobre todo, ya sabe usted lo que dice el _Génesis_: En principio era -el Verbo ... El adjetivo fué después del Paraíso perdido ... ¡Y cuántas, -cuántas veces puede perderse el estado de inocencia del Paraíso por -querer saber del bien y del mal de un adjetivo! - -[Ilustración] - - - - -XI - - -Cuando Enrique III de Francia se vió venir amenazadora aquella famosa -liga dirigida por el duque de Guisa, como no era el un rey para -asustarse por liga más ó menos, se acordó del florentino que llevaba -dentro (¡tal madre tuvo!) y dió con una idea maquiavélica: proclamarse -el mismo como jefe supremo de la liga, que fué como decir á los que -en ella entraban: todo lo que vosotros queréis soy yo el primero en -quererlo, no hay por qué molestar. - -No me atrevería yo á comparar á D. Antonio Maura con Enrique III, -aunque en su corte, como en la del último Valois, figuren muy gentiles -_mignons_; pero el también, como Enrique III, se ha visto venir esta -nueva liga de la solidaridad como un peligro más ó menos temible, y ha -querido salirle al encuentro con su proyecto de Administración local; -con el pensaba poco menos que parecer como el primer solidario. - -Naturalmente, como la historia es de una gran monotonía, tanto ha -convencido á los solidarios el proyecto como á los partidarios del -duque de Guisa la jefatura de Enrique III. - -Hasta aquí la semejanza, y esperemos que de aquí no pase, porque los -sucesos que siguieron en la historia de Francia fueron muy trágicos. -Pero los tiempos no están para tragedias—como deplora D. Valentín -Gómez en su discurso de recepción en la Academia.—La vida, como el -arte, sólo recogen de la historia las pequeñas comedias. La política -moderna, como el teatro moderno, da poco en qué pensar y mucho de qué -reir. - -Este proyecto de Administración local, ni una cosa ni otra; es de esas -obras en que el aburrimiento no deja fuerzas para el pateo, en opinión -de los pocos que se han tomado el trabajo de leerlo, tan pocos que, -seguramente á su propio autor podría decírsele sin paradoja, lo que una -dama de la corte de Luis XV contestó á un obispo que le preguntaba si -no había leído sus últimas pastorales. - -—No, no las he leído. ¿Y vos, monseñor? - - * * * * * - -Los que conocemos al doctor Simarro, nunca pudimos imaginar que no -fuera el amado maestro de sus discípulos. Con su cara de amable -filósofo griego, con su indulgente escepticismo, sólo podemos creer que -esa severidad de examinador, que tanto ha soliviantado á sus alumnos, -es sólo bondadosa y fraternal solicitud, mal comprendida por ellos. - -Creedlo, jóvenes estudiantes; cuando no se ama la ciencia con toda -verdad y todo desinterés; cuando solo se busca en la indulgencia de un -profesor el portillo de escape para llegar más pronto á la declaración -oficial de sabiduría, el maestro, y mucho más si lo es de Fisiología -psicológica, tiene el deber, no sólo de juzgar por vuestra suficiencia -en el examen, sino hasta por la expresión de vuestra fisonomía, que no -habéis elegido el mejor camino, aunque solo pretendáis de la ciencia un -modo de vivir; pero la Ciencia, como el Arte, sólo dan de vivir al que -les dió toda su vida; hay otras profesiones honrosas y lucrativas en -que la impaciencia por llegar pronto esta justificada. - -Los sacerdocios exigen verdadera vocación y la verdadera vocación no es -nunca impaciente. - -Muchas veces, por la voz del maestro que nos detiene con un suspenso -en lo mejor de una carrera, habla la voz del destino que nos llama -por nuestra verdadera senda. ¡Hay tantos caminos en la vida! Pero la -Ciencia, que es la verdad, sólo tiene uno: ella misma. - - * * * * * - -Cada día es una nueva conquista de la libertad; esta del voto -obligatorio es una de las más preciosas. Cuando vivíamos en la creencia -de que ese voto era un derecho que la ley nos concedía graciosamente, -ahora resulta que es un deber ineludible, un deber del que no nos -habían hablado ni el Catecismo ni la Etica. Verdad es que cuando se -escribió el Catecismo y cuando nosotros estudiamos la Etica, era la ley -la que impedía á la mayoría de los ciudadanos el cumplimiento de ese -deber, al que ahora cree que ninguno debe faltar. - -Hasta ahora lo mejor de ese derecho, como de casi todos los derechos, -era la facultad de no usarlo; aparte que si es bueno que todo ciudadano -intervenga en la gobernación del Estado, el abstenerse de votar era en -política, como el sueño en cuestiones literarias, una opinión de tanto -peso como cualquiera otra. - -Porque veamos qué hace con su voto un ciudadano con ideas propias y -particulares. ¿Votar una de esas candidaturas impresas, de candidatos -encasillados, desconocidos para el, ó demasiado conocidos? ¿Manuscribir -una candidatura de su gusto, con personas de su particular confianza y -aprecio? ¿Y qué adelantará con votarla el solo? Porque, supuesto que -haya otros ciudadanos que tampoco estén conformes con los papelitos -impresos, menos han de estarlo con el manuscrito por cualquier buen -ciudadano con los nombres de amigos muy apreciables para el, pero no -tan apreciables para su vecino. - -¡Ay, bien dicen que nunca aprecia uno lo que tiene ni sabe lo que pide! - -Pedimos una gracia y nos encontramos con una obligación. De este modo -no sería extraño que el día en que se votara la ley del divorcio, -en vista de que la gente no hacia tampoco gran aprecio de ella, se -impusiera también como obligatorio; porque las libertades se conceden -para eso, para disfrutarlas, ya que tanto les cuesta á los gobiernos -concederlas. - -Como todo se andará al paso que vamos, la instrucción obligatoria, -el servicio obligatorio, la vacuna obligatoria, el matrimonio y el -divorcio obligatorios, el voto obligatorio, prohibida la emigración -y el suicidio muy perseguido, no será ningún contrasentido que las -futuras revoluciones liberales se hagan al grito de: ¡Abajo la -libertad! ¡No más libertades! - - * * * * * - -El actual verano se presenta en Madrid como los más clásicos de feliz -memoria; mucho calor, crimen misterioso, y para que no le faltará su -poquito de epidemia, hemos padecido una de oratoria, más alarmante por -haber sido los casos más fulminantes justamente entre los encargados de -inocularnos el virus preservativo de la enfermedad. - -Se conoce que por ahora su sistema de curación es la homeopatía; no por -las pequeñas dosis, sino por lo de _similia_, etc., el mismo que ya -recomendó Cervantes en su entremés de _Los dos habladores_. - -Como era de esperar, en el concurso de gorros solidarios: frigio, -barretina y boina, ha sobresalido la última; de modo que ya sabemos por -dónde viene esa España viva dispuesta á luchar con la España muerta. -Con eso y con dividirnos, subdividirnos y desmenuzarnos en castas, cada -una con sus fueros particulares, según su aplicación y comportamiento, -pero siempre bajo la hegemonía de Atenas, ya estamos arreglados para ir -tirando otros cuántos siglos por esos andurriales de la historia. - -¡Buenos están los tiempos para jugar á los estaditos! En Alemania—que -es hoy por hoy la verdadera portería—darán razón; y en la Haya, las -mejores referencias. - - * * * * * - -Muy del tiempo y de los tiempos también, ese juez que entrega al -fuego purificador la biblioteca de Vicenta Verdier. Todo cuestión de -forma literaria; porque si esos libros los hubieran firmado Bourget, -D’Annunzio, Willy y Felipe Trigo, á estas horas la Vicenta figuraría en -el libro de oro de nuestros intelectuales. - -¡Y qué reclamo para los autores! Como lo será, sin duda, para los -vendedores furtivos de esas amenidades galantes, el susurrar al -ofrecernos su mercancía: ¡Un librito alegre! ¡De la biblioteca de la -Vicenta! ¡El último que me queda!... ¡Qué idea! El reclamo moderno -no se detiene por nada. ¿Será esta una nueva pista del crimen? Si -estuviéramos en los Estados Unidos, no habría que dudarlo; aquí los -crímenes son de una vulgaridad tal, que lo único que puede darles un -poco de poesía es el misterio. - -Después de un crimen de estos ¿quien no comprende la emoción que deben -sentir esas mujeres para quien el amor es un constante juego de azar al -encuentro, cuando piensen ante el desconocido de cada día: ¿Será éste -el que mató? - -¡Oh suprema voluptuosidad que no saboreó el marqués de Sade y que -tantas mujeres desgraciadas pueden saborear cada día, para envidia de -esas mundanas aburridas que, ansiosas de emociones, se despeñan en un -automóvil á 80 kilómetros por hora! - -Las conveniencias sociales nos obligan á buscar derivativos confesables -á nuestras energías más íntimas. ¡Asusta pensar lo que sería de algunas -elegantes automovilistas que conocemos si aplicaran al amor esas -velocidades y ese desprecio á los peligros! - - * * * * * - -Rafael Calvo y Antonio Vico fueron los dos intérpretes brillantes de -ese teatro tan nuestro, sin sinuosidades psicológicas, rotundo como -un imperativo, todo altivez, todo arrogancias; con impertinencia de -bravucón á veces, sombrío acaso, nunca obscuro, en que la imprecación -es razonamiento y el rugido llanto. Ese teatro fué tan de Rafael Calvo -y de Antonio Vico, que bien puede dudarse si ellos fueron por el ó el -fué por ellos. - -Hoy es otro teatro; el llamado de ideas, donde se refugian como -novedades las ideas ya viejas en el libro y en el pensamiento. Y otras -obras de chistes ingeniosos, de chismorreo malicioso; hay quien las -dispensa el favor de llamarlas satíricas y hasta quien las considera -demoledoras; nos asustamos por poco, quizás porque lo tememos todo. - -Los buenos burgueses no quieren que los autores de comedias asustemos á -sus mujeres y á sus hijas: es un monopolio que quieren conservarlas. - -Yo lo encuentro muy natural; tan cuidadosos como ellos de que sus hijas -no oigan algunas de mis comedias, lo sería yo si tuviera hijas de que -no oyeran las conversaciones de las suyas. ¡Porque si uno se limitara á -copiar lo que oye, sin atenuaciones! - -Y no es sólo en las clases altas; no cometeré yo tal injusticia. En -la primitiva aldea en que paso algunas temporadas, oí un día de estos -á una sencilla zagala que le decía al autor de sus días con la mayor -ingenuidad: ¡Pero cuando reventará usted, padre! ¡Para lo que sirve -usted en el mundo! - -No digo que quedé consternado, porque hace tiempo me sometí á un -tratamiento muy enérgico para curarme de la consternación á que era muy -propenso desde pequeñito, pero sí pensé que tampoco queda el recurso de -refugiarse en la sencillez de los campos para llevar algo de realidad -al teatro sin miedo á escandalizar. Habrá que buscar asuntos de pura -imaginación. ¡Pero hay que ver como esta la imaginación muchas veces, -sobre todo con estos calores! - -[Ilustración] - - - - -XII - - -El gobierno con las Cortés y los empresarios de género chico con sus -teatros, siempre se proponen lo mismo al empezar el verano: no cerrar ó -cerrar lo más tarde posible. - -Los empresarios siquiera procuran refrescar la vista del público -con su golpe de cortinajes blancos y macetas de permanente verdor, -repartidas por el vestíbulo y los pasillos del teatro. Cuentan además -con la fantasía de autores y escenógrafos, para transportar á los -espectadores á una de esas playas de ensueño cómico-lírico en que todas -las bañistas lucen carnes de color de rosa—todos los rosas marítimos, -desde el salmón al coral, sin olvidar el salmonete ni la langosta -cocida,—visten de raso, impermeabilizado sin duda, calzan sandalias -con tacones Luis XV, y no prescinden de corsé, pendientes, sortijas, -colorete, etc. Y no es cosa de lamentar la impropiedad; desde muy -antiguo, los poetas se permitieron con Galatea toda clase de licencias -al presentarla _alegre y bulliciosa por la ribera arenosa_ ... - -¿No nos dijo por ella el poeta en sus quintillas clásicas? - - ¿Qué pasatiempo mejor - orilla al mar puede hallarse - que escuchar al ruiseñor, - coger la olorosa flor - y en clara fuente bañarse? - -Pasatiempos algo más difíciles de hallar á orillas del mar que puede -serlo el ver por esas playas á una bañista moderna, más bulliciosa que -Galatea, vestida como una tiple de juguete cómico-lírico veraniego. - -¡Así dispusiera el gobierno de estos recursos teatrales para retener -á su público durante el verano! Pero cualquiera detiene á nuestros -legisladores para estudiar y discutir leyes de tanto peso y abrigo, con -billete gratuito por todas las líneas, y, el que más y el que menos, -con dos ó tres sirenas en casa llamándole hacia el mar con voz, ya -acariciadora y mimosa, como de hija, ya terrible y conminadora, como de -mujer ó de suegra, y todas ellas mostrándole, no sólo un nuevo mundo -como á Colón, sino muchos mundos, tal vez viejos, pero llenos de cosas -nuevas que descubrir y que enseñar por esas playas y casinos. - -Como hay autores cómicos que no empiezan á escribir una obra hasta -tener apuntado el suficiente número de chistes con que amenizarla, hay -señoras que hasta no contar con buen número de _toilettes_ no empiezan -á planear su viaje; de otro modo, tampoco tendría chiste. Después, -según la ropa, se piensa en un sitio ó en otro. - -Yo se de un padre de familia que este año ha decidido dar la vuelta al -mundo con su mujer y sus hijas, según dice, por economía. - -—¡Pero, hombre!—le argumentan los amigos.—¿Por economía? Si le -costará á usted un dineral el viaje. - -—No lo crean ustedes. Como estaremos poco tiempo en cada sitio y sólo -vamos de _touristas_, mi mujer y mis hijas se contentan con llevar el -preciso equipaje. Y no saben ustedes lo que esto significa. Un verano -me las lleve á Cercedilla con la idea de hacer economías, y como la -misma gente se reune catorce veces al día, y porque no creyeran que -estábamos allí por economizar ... ¡Aquello era una representación de -Frégoli diaria! En fin, tanto cambiaban de vestidos y tan de pies á -cabeza, que yo no entraba una vez en casa que no me las encontrara -en camisa ... ¿Pero por qué os desnudáis tanto? les decía; vais á -resfriaros ... - -—Si no nos desnudamos, papá; nos vestimos. - -¡Respuesta de una gran filosofía! Porque, en efecto, las mujeres no -se desnudan nunca, se visten siempre; si alguna vez en su vida puede -parecer que sólo se trata de desnudarse, no lo crean ustedes: es por el -gusto de vestirse luego ... y vestirse algo mejor, si es posible. - - * * * * * - -Lo que más siente el público—¡oh buen público, lector de folletines y -espectador de melodramas!—cuando no parece el autor de un crimen, no -es que éste quedé impune y pueda ser un peligroso ejemplo para animar -á más de cuatro indecisos que no han encontrado todavía su senda por -el mundo; lo que el público siente, es la desilusión de su curiosidad -no satisfecha. Como si un periódico de gran circulación cortara su -gran novela de crímenes en lo más interesante, y los fieles lectores -quedaran sin saber lo que fué de Emma, después de encerrada en el -subterráneo del castillo, ó de la condesa, después de hipnotizada -por el barón, para sugerirle la idea de robar el Banco de Londres, ó -cualquier otra friolera. - -¡Ah! si la conciencia pública se manifestara con sinceridad, cuántas -veces en casos de crimen misterioso se votaría con general satisfacción -un plebiscito concediendo, no sólo el perdón, sino hasta una pension -vitalicia y algunas condecoraciones, al criminal, con la única -condición de presentarse á descifrarnos la charada y no dejarnos en la -duda de como y porqué fué el crimen. - -No faltarían personas distinguidas que le invitaran á sus comidas y -_soirées_ para oírselo referir de viva voz. ¡Esta pícara hipocresía -social nos priva de los mayores placeres y hasta de algunas buenas -obras! Porque, ¿quien sabe si un criminal, por empedernido que fuera, -al verse así halagado y considerado por las gentes, no acabaría por ser -el hombre más sociable y más _adaptado_ del mundo? Acaso acabaría en -filántropo. No sería el primer caso que conocemos, y no de criminales -misteriosos precisamente, sino muy notorios, aunque impunes. - -¡Los altos designios de la impunidad son tan respetables! ¡Cuántas -veces una condena prematura por un _crimencito_ de tres al cuarto, -puede privar á la humanidad de un gran bienhechor, á la sociedad de un -hombre agradable! - - * * * * * - -Cuando llegan de algunas provincias tristes lamentaciones por los -perdidos fueros y andan esos regionalistas—como ciertas mujeres que -culpan siempre de todas sus desgracias al que las perdió, como ellas -dicen—maldiciendo todavía del señor rey Don Felipe II ó Don Carlos -II ó Don Felipe V—según regiones,—que fueron también la causa de su -perdición primera con quitarles sus fueros y privilegios, bueno sería -que los madrileños, tan despreocupados de nuestra historia, indagásemos -si en algún tiempo tuvimos también algún fuero ó siquiera fuerillo -ó ventajilla de que ampararnos ahora ante el nuevo impuesto que nos -amenaza, digno de los mejores tiempos feudales. - -Nuestro alcalde quiere ejercer con los madrileños algo así como el -llamado por los franceses, con más delicadeza de frase que entre -nosotros, _le droit du seigneur_. ¡Y cuánto más seguras que en el -antiguo derecho de pernada, serán las primicias de la verdadera flor de -azahar, tratándose de que en Madrid trabajemos todos! ¡Cuántos brazos -vírgenes de toda faena! - -Pero como los madrileños, no en balde gatos, somos de natural rebeldes -á imposiciones, tendrá que ver de lo que seremos capaces antes de -someternos á esa prestación personal. Los sablistas y pedigüeños ya -tienen un motivo oratorio más con qué conmovernos: «¡Dos días sin comer -y mañana al tajo; tengan compasión!» No faltarán tampoco funciones -teatrales con el objeto de redimir á un padre de familia, del azadón, -del pico, y ¡qué se yo! Habrá quien sea capaz ... hasta de trabajar por -primera vez en su vida sólo por reunir la cuota necesaria á redimirse -del trabajo. - -Pero no hay que alarmarse demasiado; si ello llegase á ser ordenanza -municipal, ya sabemos á lo que todo quedará reducido: á que los días de -elecciones vayan á trabajar al tajo todos los electores de oposición. - - * * * * * - -Entre la infinidad de compras, precursoras del viaje veraniego, las -mujeres no olvidan los libros. En Madrid no hay vagar para la lectura: -el periódico, la revista ilustrada, lo que basta para saber lo que pasa -por el mundo. Pero en estos días la librería á la moda se anima con el -charloteo femenino:—¿Qué novedades hay? ¿Qué novelas pueden leer estas -niñas? Algún libro de versos ... - -Ya es la gran dama que presume de intelectual y consulta catálogos y -elige por sí misma, y en el mismo paquete une á Nietzsche con Bourget, -y á Tolstoï con D’Annunzio, sin olvidar algún estudio histórico sobre -algún personaje del siglo XVIII, con preferencia alguna favorita del -Rey Sol ó del Bien Amado. Hay que documentarse, nadie sabe lo que -puede ocurrir en este mundo. Ya es la madre de severos principios que -lleva de antemano anotados los libros que recomienda ó permite el -Padre Dulce, de la Compañía. Ya es la institutriz que elige ante todo -los libros de su gusto, muy convencida de que las señoritas no han de -leerlos, y para ella todos serán pocos en muchas ocasiones cuando para -una institutriz de buen tono no hay libro bastante interesante si ha -de absorber su atención por completo ni bastante voluminoso si ha de -ocultarla discretamente todo lo que sucede á su alrededor. - -Ahora son unas muchachas bullangueras, de esas que quisieran á cada -momento, sólo con pasar, exteriorizarse todas, y hablan y ríen, -pensando tanto en que las oyen, que apenas piensan lo que dicen. A -la rebatiña de palabras unas con otras, no suben á tranvía, ni hacen -corro en la calle con amigos, ni entran en tienda sin dar noticia de su -nombre, y parentescos, y relaciones, y gustos y disgustos ... - -—Yo, como no puedo resistir á los hombres tontos ... - -—Yo, como me vuelvo loca por la horchata de chufas ... - -—Yo, como no soy como Fulanita ... - -Y á propósito, traje cortado, hilvanado y cortado á la medida de -Fulanita en menos tiempo que un luto. - -Estas revuelven la librería, con un comentario para todos los libros, -sin desatender por eso, desde la vidriera, á cuántos pasan por la calle. - -—Mira ... Becquer. ¡Qué preciosidad! ¡Es mi poeta! - -—Y el mío. - -—¿Has leído esto? - -—Es muy aburrido, una lata ... ¡Pero como va esa criatura! ¿Habéis -visto? - -—¿Quién, quien? - -—Juanita. - -—¡A ver, á ver! - -Se precipitan á la puerta. Risas. Comentarios al traje de Juanita; del -traje pasan á la piel. Vuelven á los libros. - -—¿Habéis elegido ya? - -—¿Qué decidís? - -—Yo, éste. - -—Yo, estos dos. - -En un aparte furtivo, una de ellas señala un libro. - -—¡Fijaos! - -—¡Qué horror! - -Es un libro de que oyeron hablar, como de tantas cosas; un libro que -ellas sólo pueden conocer así, por el forro, como tantas cosas. Pero -sus ojos acarician el libro cerrado y por su frente pasan adivinaciones -que se traslucen en un reir nervioso. - -—¡Qué tonta! ¿De que te ríes ahora? - -—¿Y tu? - -—Me acuerdo de Juanita. - -Entra un criado de casa grande, entrega á un dependiente una larga -lista de libros. El dependiente busca, reune; entre ellos va el libro. -Sale el criado. Ellas, casi á coro: - -—¿Para quien son esos libros, sabe usted? - -—Para la duquesa de——. - -—¡Fulanita! - -Lanzan el nombre propio y familiar, para que se entere el dependiente -de que la duquesa es cosa muy suya. A continuación, traje de corte y -gran gala para la duquesa y algunos allegados. - -Es un rato muy divertido el que puede pasarse en la librería á la -moda, en estos días en que tantas bellas y graciosas mujeres acuden á -proveerse de literatura. - -Yo las deseo á todas que el primer libro abierto ruede días y días por -mesas y sillas y mecedoras de terrazas de hotel ó de balneario, con -un pico doblado, nunca más allá de las veinte primeras páginas. Será -la mejor señal de que el veraneo ha sido agradable para ellas. Que la -lectura sea el refugio de vuestras institutrices y señoras de compañía. -Cuando hayáis leído todos los libros del mundo, no seréis más bonitas -y acaso seréis tan ignorantes. Los libros no enseñan nada cuando, al -leerlos, aún podemos preguntar: ¿Será verdad esto? ¿Será así? - -Y cuando podemos decir, al leerlos: ¡Qué verdad es esto! ¡Así es!, ya -es tarde; la vida nos ha enseñado más que todos los libros, y tampoco -pueden ya aprovecharnos de nada. - - * * * * * - -Las autoridades de algunas regiones de Francia infestadas de lobos, -acordaron en una ocasión conceder á los cazadores una cantidad, -bastante apetitosa, por cada lobo presentado. Y sucedió ... ¿Que todo -el mundo se dió á cazar lobos en aquellas regiones?, dirán ustedes. De -ningún modo; á lo que se dieron fué á criarlos como á hijos y á cuidar -por todos los medios de que no acabara la casta, para ir cobrando; -hasta que las autoridades, más que paternales, maritales siempre, en -esto de ser las últimas en enterarse, cayeron en la cuenta de que no -es el mejor modo de acabar con los lobos el convertirlos en fuente de -ingresos saneados para mucha gente. - -He aquí un sucedido que debieran tener en cuenta esas autoridades que -se sirven de confidentes, delatores y todo linaje de soplones, para -descubrir y cazar malhechores de cualquier especie. Por natural ley -económica, la demanda crea la oferta. Paguen ustedes por descubrir -anarquistas y los anarquistas no se acabaran nunca y las confidencias -se irán complicando como novelas por entregas, y con todo esto les -sucede á las autoridades celosas lo que á esos maridos, celosos -también, que acuden á una agencia de informaciones para que le -averigüen si su mujer le engaña, y al cabo de gastarse muy buenos -cuartos, confidencia va, confidencia viene, acaba por enterarse de que -precisamente el que trata de pegársela con su mujer es el director de -la agencia. - -[Ilustración] - - - - -XIII - - -¡Por qué se veranea? ¿Por huir del calor? Las mismas ó mejores razones -habría para huir del frío en invierno. Y aún el huir del calor sería -un motivo si los que veranean fueran á los polos ó á la América del -Sur, á empalmar invierno con invierno; pero la mayoría va á lugares -en donde el calor, cuando aprieta, no es menor que en Madrid, aunque -exornado con mosquitos, pulgas, orfeones y otros alicientes. En esos -días de calor _excepcional_—los fondistas y patronas del norte siempre -le llaman excepcional—tienen los veraneantes el consuelo de pensar -como aquel espectador de toros en tendido de sol: ¡Si aquí estamos -así, como estarán los de enfrente con el resistero! Suele suceder que -los de enfrente estamos más frescos y más comodos, pero no es cosa -de telefonear ó telegrafiar para que rabien los de fuera, ya que se -han gastado su dinero. Ellos, en cambio, tienen días muy frescos; tan -frescos, que casi siempre van acompañados de ventiscas ó chaparrones, -y hay que pasarlos encerrado en casa ó en el cuarto de una fonda y con -los balcones cerrados; de modo que ... ¡fresco perdido! - -¿Se veranea por cambiar de vida? Nada de eso; el ideal de todo -veraneante es encontrarse con el mayor número de gente conocida y -hay que ver con qué exclamaciones de júbilo se saluda á los que van -llegando, aunque sólo se los conozca de vista. ¡Dicha completa si la -tertulia reunida es la habitual de Madrid, sin faltar un amigo! Y si la -compañía que actúa en el teatro es también madrileña y representa las -mismas obras que en Madrid nos aburrieron; y si en la Plaza de Toros -ocupamos localidad equivalente á la de Madrid y alrededor se sientan -los mismos aficionados con los mismos comentarios y las mismas gracias, -y en el redondel vemos á los mismos toreros las mismas faenas. - -De San Sebastián á Zarauz, de Zarauz á Biarritz, no se oye otra -pregunta: ¿Qué gente conocida hay? ¿Hay mucha gente conocida? Y se va -de un punto á otro para averiguarlo, y se pondera la excelencia de -un sitio, no por sus propias excelencias, sino porque esta cerca de -otoros sitios y es excelente base de operaciones: Nosotros preferimos -esto—dicen muchos—porque se esta cerca de todas partes. Y hay quien -dice con frase gedeónica: Nosotros lo pasamos muy bien aquí ¿sabe -usted? porque nunca estamos aquí. - -A todas horas van por esas carreteras los automóviles, lanzados como -en montaña rusa, trayendo y llevando gente conocida. Y esa es toda la -psicología del veraneo: ¡Movimiento, movimiento! - -Es gente de tan pocos recursos propios, que la soledad y el reposo les -llevaría al suicidio por aburrimiento. - -En su cerebro sólo suena algo, como en los cascabeles, cuando se -agitan. Todo para que en Madrid pensemos al leer las crónicas de los -corresponsales: ¡Como se divierten por allí! Mientras los de allí dirán -al leerlas: ¿Pero será verdad que nos divertimos tanto? - -¡Y Madrid es tan delicioso en verano! En primer lugar deja uno de ver -á mucha gente desagradable. La temperatura es la natural; calor de -verano, fresco de verano—nada de excepcional como en el Norte. - -La salud pública es excelente, como en ninguna estación del año; la -prueba es que casi todos los médicos veranean muy descuidados; verdad -que esto puede ser causa ó efecto. En la Exposición del Retiro se -da uno la satisfacción, por poco dinero, de proteger el Arte y la -Industria juntamente, y lo demás se nos da por añadidura. En Parisiana, -con un poco de imaginación, se figura uno estar en la terraza de algún -casino de playa á la moda, con su música de _tziganes_ y su teatrillo. -Y aún queda la Bombilla para darnos la ilusión de que no nos ve nadie, -aunque al otro día le diga á uno todo el mundo: ¿Conque anoche en la -Bombilla? ¡Ya esta usted bueno! Y queda el _boulevard_ para darnos la -ilusión de un paseo provinciano, y queda ... del Prado al Hipódromo -para pasear en simón con neumáticos, con tanta poesía como en góndola -veneciana, amores propios de la estación ... Y en fin, lo que dice un -diputado, retenido en Madrid por la discusión de los azúcares: ¡Si en -Madrid se pasa el verano como en ninguna parte! Yo no tengo prisa por -que se cierren las Cortés; he mandado fuera á la familia. - -—No siga usted—le atajé en seguida.—Usted lo entiende. Si sigue -usted en Madrid y la familia fuera, pasará usted el gran verano. Créame -usted; lo que sofoca no es el calor, es la familia. Y si los senadores -y diputados dan en mandar á la familia por delante, ya verá usted como -no hay tantas prisas porque se cierren las Cortés, y cuando se cierren, -todavía se harán algunos los remolones. - -Para los que se presenta mal el año, es para esos jóvenes que veranean -en un pueblecito modesto y al regresar quieren hacernos creer que han -estado en todas partes y han alternado con la mejor gente; porque -este año no basta con tener la cara tostada como por el aire del mar, -para darse tono, hay que traer unos cuántos chichones y otros cuántos -cardenales bien repartidos, para demostrar que se ha cultivado los -_sports_ de moda y con alternativa. - - * * * * * - -Permitida la fabricación y la venta de armas, no sólo de las que puede -considerarse como de caza entre las de fuego, ó como utensilios de -trabajo entre las blancas, sino de otras muchas que visiblemente no -pueden tener mejor uso y destino que el de _mojar_, según tecnicismo, -más tarde ó más temprano, ¿no es una contradicción ó _contracción_, -mejor dicho, que la autoridad proceda á impedir el uso de lo que no -impidió la adquisición? - -Un navajón tamaño de esos que vemos, ornato de escaparates, con sus -arabescos y lemas en la hoja, para mayor gala; un puñalito de esos -del precioso saca y mete, como cantan en una popular zarzuela, ¿para -qué pueden servir sino es para solucionar á un prójimo, en un abrir -y cerrar de muelles, el pavoroso problema la eternidad? ¿Se supone -que sólo los compra el coleccionista de armas para colocarlos en una -panoplia, ó el extranjero para llevarse un recuerdo más de España, con -la pandereta, el abanico, el par de castañuelas y el de banderillas? -Y si sólo estos pueden ser los usos materialmente inofensivos de -estas armas, ¿no es hora de atajar la superproducción? Y si tales -armas tienen otra utilidad que no adivino, ¿no debe por lo menos -equiparárselas con las medicinas peligrosas y no despacharlas sino con -receta garantizada por algún doctor en medicina social? - -No son juguetes que pueda manejar cualquiera, pero mientras cualquiera -pueda adquirirlos, despojarle luego de una propiedad que adquirió -legalmente es ... por lo menos un contrasentido, y los contrasentidos -siempre desprestigian. ¿Que las autoridades tienen el deber y el -derecho de prevenir? Ya lo creo; pero antes de registrar el bolsillo -del transeúnte que compró el arma, debe registrar el bolsillo del -fabricante que la vendió. - -¡El acero tiene aplicaciones tan útiles! Además, á la larga, no habría -pérdidas para nadie. Cuando esas preciosas navajas de muelle y esos -puñales primorosos escasearan en el mercado, los coleccionistas y los -extranjeros los pagarían como curiosidades arqueológicas. - -Entre tanto, ese procedimiento antipático del _cacheo_ es ... lo de -siempre: poner emplastos á los granitos en vez de purificarnos la -sangre. - - * * * * * - -En Valencia se ha vuelto loco un toro y en Córdoba se ha vuelto loco -todo un público. Los dos han hecho lo mismo: embestir con cuanto se les -ponía por delante. El público se puso en tal estado de indignación por -la mansedumbre de los toros. La locura del toro esta más justificada: -fué de indignación por la fiereza de los hombres. Se vió acosado, -acorralado, enchiquerado, y pensaría: ¿Pero qué va á ser esto? Y -decidió morirse, dispensándonos un favor; porque si tanto se indigno -con los preliminares, si hubiera llegado á la lidia, ¿qué de cosas no -hubiera ido mugiendo de nosotros á los elíseos pastos? ¡«Azafrán», -«Azafrán»! Tu sangre de toro sería excelente, pero no era sangre -española; los españoles nos dejamos lidiar hasta el fin. Además, nunca -te perdonarán los aficionados sus ilusiones defraudadas. ¡Lo que -hubiera hecho ese toro en la plaza! Menos mal que á los pocos días -pudimos consolarnos, diciendo: ¡lo que han hecho esos animales en la -plaza! - -El caso es que veamos siempre bravura, ó en los toros ó en los toreros -ó en el público. - - * * * * * - -Esta vez sí que nos han dado una buena lección los catalanistas, y no -hay que ofenderse por ella, porque si es verdad que nuestra policía les -parece deficiente, no hay que decir que han acudido á ellos mismos para -suplir la deficiencia. Se conoce que entre los cráneos superiores no -se da la protuberancia policiaca, y así lo han reconocido con modestia -al buscar un policía del mejor género inglés, tan acreditado en esta -especialidad. Así esta bien, y lo bueno debe buscarse donde lo haya -mejor. ¡Y ojalá en todo y siempre hubiéramos hecho lo mismo por aquí y -otro gallo nos cantara ó no cantara ninguno! - -Los lujos hay que pagarlos, y este se paga bien y tampoco hay que -censurarlo; de este modo se puede exigir méritos en justa relación con -el precio; la verdad, pedir un Gorón ó un Sherlock Holmes por treinta -ó veinticinco duros al mes que cobrarán algunos de nuestros modestos -policías, es como pedir primores culinarios á una cocinera con tres -duros de salario y uno para la compra. La creencia en ultraterrenas -recompensas esta muy debilitada en los espíritus modernos, para que -nadie haga apostolado de servirnos por nuestra linda cara. Todos -sabemos lo que podemos exigir, poco más ó menos, según lo que pagamos -á nuestros servidores particulares; sólo cuando se trata de servicios -sociales, nos creemos en el caso de pedir gollerías. Por mil libras -esterlinas y gastos de _mise en scene_, los barceloneses ya tienen -derecho á quejarse si M. Arrow no les deja aquello hecho un Paraíso -terrenal. - -En todas las grandes capitales quedan todos los años más de uno y más -de dos crímenes impunes; en Madrid, aunque quedaran por docenas, no -tendríamos razón para extrañarlo. Con los sueldos mezquinos de nuestra -policía, el personal escaso, y ese ocupado de continuo en velar por -existencias preciosas ¡quien lo duda! y que aún debieran estar mejor -guardadas, pero con personal aparte, lo admirable es que Madrid sea, -y no lo duden ustedes, una de las capitales en que menos _sucesos_ -ocurran. Descuenten ustedes muchos de esos timos del portugués y de los -perdigones, que nos hacen pensar: ¿pero es posible que todavía haya -gente tan cándida por el mundo? Y, en efecto, muchas veces el dinero -se perdió en el juego ó se gasto en la aventurilla escabrosa, y el -cándido forastero necesita que _salga_ en los periódicos la noticia del -timo para justificarse con la parienta que le sacará los ojos si otra -cosa creyera. Del mismo modo hay muchos robos y atracos de la más pura -auto-sugestión, y las culpas son siempre para la policía, que no diré -yo que sea perfecta, ni mucho menos, á poco que se piense en como esta -pagada. Aquí, donde para ser lógicos, ya que hay maestros con cinco -duros al mes, necesitaríamos policías con cinco mil al año. En cambio, -si tuviéramos maestros con cinco mil duros al año, acaso nos bastara -con policías á cinco. Para la gente pobre, ya se sabe, al cabo del año -lo que no va en alimentos, se va en botica, y la verdad ¡con cinco -duros de alimentación espiritual, todo debía ser poco después para -remedios! - -Esperemos esa segunda lección de los catalanistas. ¡Un maestro de -escuela con mil libras esterlinas de sueldo! Eso sería ... como el -título de la última obra de Mark Twain: «Better than Sherlock Holmes»; -traducido para que no lo entienda míster Arrow y no quieran entenderlo -sus importadores: «Mejor que Sherlock Holmes». - - * * * * * - -¿Qué especie de curiosidad ha llevado á la vista del juicio de -Soleilland á tanta Eva, aunque en lo corporal vestidas por Doucet, -Redfern ó Paquín, en lo espiritual sin la menor hoja de parra para -encubrir su desvergüenza? - -¿Era como una tardía manifestación de protesta que pudiera significar: -¡Ah, estos hombres! He aquí un crimen que cualquiera de nosotras -hubiera podido evitar á tiempo? - -¿Era la figura simpática del criminal, divulgada por la fotografía, la -que acaso les hacia creer en una probable inocencia, demostrada por -alguna revelación imprevista en el transcurso del juicio? - -¿Ó era este mismo picante contraste entre el físico y el empleo, que -dicen por allá, lo que constituía la mayor atracción de Soleilland? - -¡La psicología femenina es tan poco complicada como complicada es su -fisiología! - -De todos modos, en estos tiempos de apacible vulgaridad, sin -sacudimientos pasionales, un criminal de cualquier género siempre -inspira admiración más ó menos disfrazada. Las mujeres lo disfrazan -todo de curiosidad. - -Por este sentimiento no será extraño que leamos muy pronto en los -avisos particulares de algún periódico de París: «Señora del gran -mundo, otoño espléndido, desengaños sentimentales. Desearía ser -violentada. Todos los días, entre dos luces, se hallará sola en el -Bosque de Vincennes». Lo peor es que no se hallaría sola; para una -que se anunciara, hay que pensar en las que acudirían por curiosidad -á ver quien era ella y á ver lo que pasaba, aunque las confundieran -con la del anuncio y las dieran un buen susto; un susto de esos que se -recuerdan siempre en confidencias con las amigas: ¡Para susto el mío! -¡Todavía no me ha salido del cuerpo! - -¡Oh, Soleilland, Soleilland! La cabeza te cuesta; pero cuántas -lindas y soñadoras cabecitas se han estremecido por ti, como si las -acariciaras con tu mano estranguladora, tu mano de asesino, fría como -el cuchillo de la guillotina. - - * * * * * - -Por si no bastaba con el uso muy extendido de las máquinas, han dado -las mujeres en escribir con una letra tan impersonal, tan sin carácter -como letra de imprenta. Esa letra á la moda, toda líneas rectas, que -hace parecer una carta como plana de finos palotes, y todas las cartas -iguales, se presta, como los antiguos mantos en nuestras comedias del -siglo XVII, á todo género de confusiones y enredos teatrales. -¡Cualquiera sabe qué mano pudo escribir, cuando todas escriben del -mismo modo! - -Yo no se lo que dirá la grafología de ese carácter de escritura que, -ante todo, muestra la falta de carácter de la escribidora. ¡Destruída -la emoción de percibir sólo por el sobrescrito si la carta que llega á -nuestras manos es la carta esperada entre todas! - -Confiad un poco más en nuestra discreción y en nuestra lealtad. ¡Oh, -mujeres! Escribid de ese modo á los indiferentes. No hagáis á los que -os aman que recuerden con pena aquellas divinas cartas de mala letra y -peor ortografía, pero cuyo estilo era una mujer, no todas las mujeres, -cualquier mujer, como estas de ahora que, en letra y estilo, parecen -copiadas de un solo modelo epistolar para uso de señoras y señoritas -que no quieren soltar prenda y siempre pueden tener el recurso de -renegar de lo que escribieron: ¡Esa carta no es mía! ¡Es de Fulanita! -Pensad que Fulanita es también vuestra amiga y la comprometéis por -salvaros. - -Con la letra y la ortografía de antes podía escribiros las cartas -vuestra cocinera; vosotras tampoco os comprometíais, nosotros nos -divertíamos más, y alguna vez la cocinera podía hacer su suerte. - - * * * * * - -—¿A dónde va usted este verano, marquesa? - -—A mis baños, como siempre. - -—¿Con el marqués? - -—No; el va á los suyos. Ya sabe usted que todos los veranos nos -separamos por incompatibilidad ... de humores. - - * * * * * - -En la playa. - -Doña Patro, á quien han recomendado los baños de mar para adelgazar, se -presenta en la playa con un amplio traje que borra todos sus contornos. -Su ilusión de haber disminuido desde el año anterior es completa; -porque el bañero, que es el mismo de otras temporadas, no la reconoce á -pesar de las buenas propinas. - -A la media hora del baño, ceñido ya el traje y entregada por completo -á las olas, dejando fuera de la línea de flotación una enorme boya -natural, el bañero, asaltado por un recuerdo imborrable, exclama: -¡Perdone usted, doña Patro! ¡Qué habrá dicho usted! ¡Hasta ahora no la -había conocido! - -Doña Patro se sumerge de golpe como para ahogarse. - - - - -XV - - -¡Por qué extraño contraste cuanto más intensa se muestra la vida á -nuestro alrededor, más se impone á nuestro pensamiento la idea de la -muerte! Y como Jerjes lloraba ante la inmensidad de sus ejércitos, -al pensar como dentro de pocos años toda aquella multitud de hombres -habría dejado de existir sobre la tierra, así nos entristece el mismo -pensamiento cuando el hormiguero humano parece más afanoso por la vida, -en esos pueblos de la vida intensa, en esas grandes ciudades emporios -de la civilización en que las gentes van presurosas siempre, apartando -á empujones al que estorba el paso. - -En cambio, esos pueblos petrificados que parecen muertos, de raros -paseantes sin prisa, que van lentos, majestuosos, como quien nada tiene -que hacer en ninguna parte, por su misma quietud nos dan una sensación -de eternidad que aleja la idea de la muerte. Pero estos son los pueblos -atrasados á los que es necesario llevar, á cañonazos si es preciso, esa -vida intensa que llamamos civilización. Vivir ó morir; dormir, no. La -civilización, como Macbeth, ha asesinado el sueño. - -Y no obstante, no fué en las calles de la gran capital civilizada -donde nos pareció entrever la silueta de algún hombre dichoso. Fué en -la calleja moruna, sobre una esterilla raída, entre el humo aromado -del café y de la pipa, envuelto en su jaique color de pedrusco, el -moro inmóvil, anulado el pensamiento, sabedor de toda sabiduría; la -inutilidad de todo paso nuestro en la vida cuando todos, lentos ó -presurosos, nos llevan á la muerte. - - * * * * * - -Nuestros gobernantes, tan dicharacheros y sábelo todo cuando de los -asuntos caseros se trata, tratándose de asuntos internacionales se -tornan graves y silenciosos; y ya se sabe, cuando ellos se encierran -en la mayor reserva, ó no piensan nada ó piensan hacer una tontería. -Desde Felipe II, llamado el Prudente, que no hizo más que cometer -imprudencias, que todavía colean, en toda su vida, debíamos echarnos á -temblar cada vez que en España se invoca la prudencia para algo. - -Los pies de plomo no fueron nunca buenos para ir á ninguna parte, -sobre todo donde sería mejor no ir de ningún modo. La frase vulgar -«Con Fulano ni á coger monedas de cinco duros», debía ser un axioma -de política internacional con respecto á Francia. ¡Porque cuidado si -tuvo siempre mala mano para estas andanzas! Dicen sus admiradores -incondicionales que es la única nación que hizo pura política -internacional de corazón y por ideal. Será que estas cosas de la -política estén reñidas con los arranques cardiacos. Si aún para coger -monedas de cinco duros había que tener reparo, ¿qué será por ochavos -morunos, que es todo lo que podemos ganar en la compañía, viniendo muy -bien dadas? - -Entre tanto allá vamos, y quiera Dios que no sea la mil y una salida -que hizo ... alguien más loco que Don Quijote; porque Don Quijote, hay -que hacerle justicia, embistió alguna vez con rebaños pensando que -eran ejércitos, pero no se le ocurrió nunca embestir con ejércitos -creyéndolos rebaños. - - * * * * * - -La competencia de Bombita con Machaquito vuelve á poner sobre el ruedo -la eterna cuestión taurómaca: si es preferible un buen torero á un buen -matador. - -Los públicos meridionales siempre han sido más admiradores de los -arabescos con capote y muleta; los públicos del Norte estiman en más la -estocada; la hora de la verdad. Los madrileños en esto nos inclinamos -más al Norte. Los buenos matadores han tenido siempre entre nosotros -mayor partido que los buenos toreros. El madrileño de raza fué gran -frascuelista, como sería hoy machaquista si la espada del valiente -cordobés contrapesara la muleta de Bombita tanto como contrapesó la -espada de Salvador la muleta soberana de Lagartijo. - -Por ahora la balanza oscila por días para mayor interés del público, -que en España siempre necesita de estas competencias para sostener sus -admiraciones. - -Como el Guerra no tuvo competidor en su tiempo, el público no podía -tolerarlo, y consiguió aburrirle. A lo que esta muy expuesto el Sr. -Maura si continúa toreando sin competencia. En España la admiración se -cansa pronto. La alternativa de solidaridad, que hizo concebir tantas -esperanzas, las defraudó por completo. El espectáculo languidece. - -Los toreros viejos cansan al público; entre los novilleros no apunta -ningún astro ... ¡Y es tan aburrido torear sin competidores! ¡Y tan -triste tener que decir, parodiando al Guerra: Después de mí, _naide_; -después de _naide_ ... Rodríguez San Pedro. Ó aquello otro más -expresivo: ¡Qué malos _seis toos_! - - * * * * * - -No hay que ser escépticos; como dijo nuestro gran dramaturgo: _Algunas -veces aquí_ halla la virtud su recompensa, y no sólo la virtud, sino -también el talento, con ser cosa menos estimable. Gracias á nuestras -sabias instituciones oficiales, podemos lograr de cuando en cuando este -anticipo del reino de Dios sobre la tierra. - -La Real Academia de la Historia anuncia un concurso de premios á la -virtud y al talento. A primera vista parece que la virtud y la historia -habían de andar algo reñidas, porque siempre se dijo de la gente escasa -de virtudes que era gente de historia, y por lo general, las personas -virtuosas, como los pueblos felices, no tienen historia. - -El premio es de mil pesetas, y bien se advierte la sabia previsión de -los donantes; con esa cantidad es seguro que el favorecido con el, -persevere en la virtud. Con mil pesetas no hay para entregarse á muchos -vicios. También se advierte como quiere alejarse toda idea de cálculo -al aspirar al premio; porque mil pesetillas, cualquier vicio bien -administrado puede dejarlas, más ó menos en limpio, al cabo del año. - -Pasemos á las condiciones, y copio textualmente porque no quiero -malograr ningún primor de estilo: Este premio será adjudicado á la -persona de quien se cuenten más actos virtuosos, ya salvando náufragos, -apagando incendios ó exponiendo de otra manera su vida por la humanidad. - -Aquí se ve como los señores académicos consideran el valor como virtud; -porque á nadie se le oculta que bien puede uno salvar náufragos, -apagar incendios y exponer de otras mil maneras su vida, sin ser por -eso ejemplar de virtudes. ¿Ven ustedes la incompatibilidad entre ser -bombero espontáneo y emborracharse de cuando en cuando? ¿Ó entre -arrojarse á las olas procelosas para salvar hasta media docena de -náufragos y darle luego en casa una paliza diaria á la parienta? - -Tampoco me parece muy bien eso de apreciar como mérito la acumulación -de estas proezas. Creo que para cualquier persona de bien ya es -bastante asistir en su vida á uno de estos casos lastimosos. Yo -desconfiaría del que me dijera haber asistido á seis incendios, diez -naufragios y doce epidemias, con alguna que otra tragedia, aunque -en todo ello hubiera realizado heroicas hazañas. Más que virtud me -parecería ... mala pata. Y perdone la Academia. - -Sigamos leyendo, que ahora se entra ya sin equívocos en el verdadero -terreno de la virtud. Copio otra vez: Ó al que luchando con escaseces -y adversidades, se distinga en el silencio del orden doméstico por una -conducta perseverante en el bien, ejemplar por la abnegación y laudable -por el amor á sus semejantes y por el esmero en el cumplimiento de los -deberes con la familia y con la sociedad, llamando apenas la atención -de algunas almas sublimes como la suya. - -Tomemos un buen aliento y reflexionemos. Todo esta muy bien; sólo que -á esas almas sublimes capaces de apreciar otra alma sublime ... ¿qué -otra alma sublime las garantiza? ¿Y á usted quien le presenta?, puede -aquí decirse. Y en caso de que esas almas sublimes que garantizan -estén á su vez garantizadas, ¿no será cosa de premiarlas también con -algo, siquiera con el tanto por ciento que suele corresponder á los -denunciadores de la riqueza oculta? ¿Es cosa de premiar á los acusones -de culpas y de dejar sin premio á los descubridores de virtudes? No, no -esta bien, y es más de lamentar cualquier humana injusticia cuando se -trata de anticiparnos algo de justicia divina. - -El talento ya es tenido en menos que el valor por los académicos, y -en la convocatoria parece por completo deslindado de la virtud. Eso -sí, en lo material el aprecio es el mismo: mil pesetas; es la cifra: -mil pesetas á la virtud, mil al talento. Sólo que aquí no se exige -la acumulación de méritos; una monografía histórica, y listos. No -es tampoco preciso el concurso de otras almas sublimes, etc ... Los -académicos son modestos; para aquilatar virtudes, necesitan del auxilio -de esas almas sublimes, etc.; para juzgar del talento, ellos solos se -bastan. - -¡Héroes, santos y sabios! ¡Vayan, vayan llegando ... ¡Mil pesetas á la -virtud, mil pesetas al talento! ¡Ocasión única! El premio no compromete -á nada. Una vez cobrado, puede uno dejar de ser virtuoso ó puede uno -dejar de tener talento. En el primer caso, tendrá abiertas todas las -puertas, y en el segundo ... de par en par _las de la Academia_. - - * * * * * - -Lo de hacer su Agosto, no debía decirse tanto por los labradores como -por los toreros. Nadie como ellos en España hace su verdadero Agosto. -Aunque en el preside el signo del Zodiaco más contrario á los cuernos, -Agosto es el mes taurino por excelencia. No hay capital, villa ni -lugarejo que no arda en fiestas en su coso, con grandes corridas, -novilladas, ó, de no poder más, capeas. La sangre torera hierve al sol -canicular. - -Y no es sólo en España; Europa entera asiste emocionada á esa -interesante corrida que en el ruedo _mundial_ se juega. En ella, -Francia y España, con entusiasmo de principiantes, se las entienden -con un ganado de mucho peso y de mucho sentido. En localidad de -preferencia, Eduardo VII preside sonriente, y entre barreras Guillermo -II hace números: el arrastre y la contrata de la carne van por su -cuenta. - - * * * * * - -Así como así, la crónica del veraneo ha sido en este año de lo más -precario. Los pequeños escándalos de siempre á cargo de las mismas de -siempre, vestales _au rebours_ del fuego sagrado de la murmuración. - -Sin embargo, la buena sociedad, mostrándose con ellas muy -desagradecida, parece ser que por parte de algunas distinguidas -señoras, se ha permitido este verano sus pinitos de _boycottage_, -creemos que como ensayo de un nuevo _sport_ inglés que no puede -prosperar en nuestras costumbres. - -Esos alardes de severidad sólo pueden estar justificados por el -deseo de hacer economías; porque si las señoras dan en seleccionar -sus relaciones, sus comidas de más aparato quedarán reducidas á seis -cubiertos y sus bailes más concurridos á unas veinte personas. - -Sin contar con que si los invitados dan también en escrupulizar, habrá -señora que coma sola todos los días del año y tenga que bailar el -rigodón de honor con su portero, si es hombre despreocupado. - -¡Cuánto mejor, para evitar complicaciones y comparaciones, es atenerse -á la evangélica indulgencia, sin la cual no sería posible en sociedad -ni tener una mala partida de tresillo! - - * * * * * - -Los reyes, como todo el que hace un regular papel en la mundanal -comedia, no pueden tener vida privada; y me parece muy justa -compensación, ya que ellos suelen privarse de menos cosas en su vida -que el resto de los insignificantes mortales. - -Por ejemplo: vida menos privada, en todos los sentidos y extensión de -la palabra, que la del rey Eduardo ... - -Según noticias, que hoy son chismografía y mañana serán historia, su -graciosa majestad no se ha aburrido nada durante su permanencia en -Marienbad. - -Aparte la interesante aventura de la dama del velo, todos los -periódicos franceses nos han dado cuenta, unos en su sección de -teatros, otros en su sección política—según la procedencia del -reclamo,—de su afectuosa despedida á Lina Cavalieri, próxima á -emprender una gran _tournée_ por los Estados Unidos. - -Esa despedida significa para la celebrada intérprete de Tais, tanto -como llevar la bendición paternal de la Vieja á la Nueva Inglaterra. -¡Bendición que caerá también en lluvia de dollars sobre la ondulada -cabecita de la gentil plenipotenciaria! - -¡Los millonarios norteamericanos, cuando quieren ennoblecerse, buscan -con tanto afán un antecesor entre los reyes de Inglaterra! - -Nadie como la Cavalieri puede ofrecerles ahora ese lujo en las mejores -condiciones de autenticidad. - -Y no hay que discutir esa forma de ennoblecerse. De menos hizo una -voluntad soberana la más preciada orden caballeresca de Inglaterra. - -[Ilustración] - - - - -XVI - - -El Pernales ha muerto. ¡Viva el Pernales! No puede extinguirse la -dinastía. Si tarda en surgir un sucesor de carne y hueso, la fantasía -popular sabrá crearle y su espíritu vagará por los campos con todas las -apariencias de la realidad. Será sólo un nombre, pero es preciso que -ese nombre suene. Necesita de el mucha gente. El marido ó el hijo de -familia que se jugó en alguna feria las rentas cobradas, y al regresar, -en una carta de letra temblorosa: El Fulano me salió al paso ... sale -del suyo. El administrador que ha de justificar distracciones, el -pastor á quien se le extravió alguna cabeza de ganado, el cacique que -se vale del temido nombre para amedrentar á enemigos molestos ... No hay -duda, un bandido es siempre de utilidad pública. - -A pesar de la indudable identificación del cadáver, es de creer que -sólo ha muerto un fantasma, que volverá muy pronto con otro nombre, con -otra apariencia, pero siempre el mismo. ¡Como que á estas horas habrá -quien le llore como á uno de la familia! ¡Pobrecillo! El algo robo, -pero hay que pensar en lo que le habrán explotado. En España es la -condición, para uno que trabaja hay siempre diez holgazanes que viven á -su costa. - - * * * * * - -Hay quien al primer accidente entorpecedor, quisiera dar por fracasado -todo invento; al primer tropiezo, declarar inútil y peligroso todo -paso progresivo. ¿Que hubo un choque de trenes ó cualquier otro -siniestro ferroviario? Volvamos á las galeras y diligencias. ¿Que -la luz eléctrica dejó de lucir en unas horas por desperfectos de la -maquinaria? ¡Quiten ustedes allá! ¡Donde esté un buen candil de aceite! -¿Que los obreros de una gran fábrica se declaran en huelga y perturban -por unos días la siesta y la digestión de los señores? ¡Esas pícaras -industrias modernas! - -No hay que decir si el motín de los presos en la Cárcel Modelo se habrá -prestado á este género de consideraciones, á cargo de nuestros más -infatigables retrógrados. - -Las novísimas—á ellos les parecen novísimas—doctrinas penales son -buenas para el libro, para el gabinete de estudio del hombre de -ciencia, pero peligrosas en la práctica. ¿Qué tal? La bancarrota de la -ciencia. ¿No es eso? - -Todos los penalistas, antropólogos, fisiólogos y psicólogos modernos -son unos soñadores utópicos al pretender llevar algo de luz divina y -con ella algo de calor humano á la clásica mazmorra carcelaria, la -del cantarillo, el haz de sucia paja y su buena argolla con su mejor -cadena. Y como procedimientos judiciales, el tormento y la pena de -azotes son insustituibles. - -¡Oh, el palo! Donde esté un buen palo, que se quiten Lombroso, Ferri y -toda la escuela italiana antropológica y el modernísimo inglés Bernardo -Shaw, con sus atinadas opiniones sobre el derecho á castigar. Lean -ustedes sus consideraciones sobre el último ruidoso atentado anarquista -en España, y verán ustedes lo que es _demoler_; aquí donde se llama -demoledor á cualquiera. Y no se trata de un escritor populachero, ni -mucho menos. Bernardo Shaw es hoy por hoy el escritor que más se lleva -en la sociedad aristocrática inglesa. ¡Pero cualquiera se atreve á -traducir lo que allí esta impreso y publicado y todo el mundo lee y á -nadie le parece punible! Tampoco tienen desperdicio sus consideraciones -sobre el militarismo. Pero todo teorías de gabinete, utopias, locuras, -como dirán muchos que, por su gusto, hubieran considerado fracasado el -cristianismo el día en que Cristo fué crucificado. - -Acaso ignoran los partidarios de toda suavidad penitenciaria que -existe otra novísima escuela penal muy de su gusto, que no se anda con -rodeos y va derecha á la supresión del delincuente como medio el más -expeditivo de defensa social. - -Pero aún estos, dentro de su lógica despiadada, hablan de suprimir, no -hablan de apalear, ni de atormentar, ni de todas esas brutalidades, -encanto aquí de muchos que aprovechan cualquier ocasión para destapar -su furia reaccionaria, como si no los tuviéramos bien conocidos. - - * * * * * - -En otoño es, más que el año nuevo, el verdadero comienzo del año. El -año político, el año teatral, el año social, en fin, tienen en el -principio más determinado que en el día 1.^o de Enero. - -Los propósitos de vida nueva son también más decididos en este tiempo. -Todo es planes propósitos para el invierno; casi todos basados en el -espantable desnivel de los presupuestos. ¡Hay que vivir de otra manera! -¡Hay que cambiar de vida! Y en el reposo de los días otoñales creemos, -en efecto, que empezaremos otra vida. - -Pero el invierno se aproxima, los teatros anuncian sus abonos y sus -estrenos, los salones sus fiestas, vuelven los rezagados con las -últimas modas y los últimos automóviles, la política, la Bolsa, la -literatura recobran su animación, y el torbellino de la vida, se -lleva los buenos propósitos como las hojas secas del otoño ... Y es un -invierno más como el pasado, como tantos otros, porque la vida es tan -igual que sólo de tantos en tantos años podemos fijar una fecha que -diferencie un año de muchos en nuestro recuerdo. - -Y esa fecha señalada en nuestra memoria y en nuestro corazón, lleva -casi siempre una cruz encima, como las lápidas mortuorias. - - * * * * * - -Imponentes son en verdad los programas de oposiciones para ingresar -en los cuerpos de policía y de correos. Pocos ministros y directores -de los respectivos ramos serían capaces de contestar sin un punto á -un cuestionario de tantas y tan varias materias. Ya dijo Beaumarchais -por boca de Fígaro, que con las virtudes que exigimos á los servidores -habría pocos amos que pudieran ser criados. - -¡Y todo por mil quinientas ó dos mil pesetas al año! No hay duda que -menos cuesta hacer oposiciones á ministro. Todo se reduce á declararse -adicto á un gran personaje, jefe de partido, y durante algunas -temporadas políticas hacer comedor ó biblioteca en su casa, según -las aficiones del conspicuo, hasta que le llegue el día de formar -gabinete, en una de esas crisis difíciles en que todos los ilustres -del partido promueven dificultades, y el gran señor en un arranque de -despecho exclama:—¡Ea, voy á demostrarles que no los necesito para -nada! ¿A quien haría yo ministro? ¡Hombre! A Fulano. Fulano es leal -por lo menos. Y Fulano, que en aquel momento presenta respetuoso una -cerilla con la punta doblada, para que el jefe encienda una breva ó un -águila imperial, escucha con la mayor emoción estas palabras:—¡Hombre! -Va usted á ser ministro. Voy á demostrar que se puede gobernar con -cualquiera. - -Ya ven ustedes si estas oposiciones son fáciles, sin saber derecho -penal, ni idiomas, ni geografía. ¡Ni logaritmos! - - * * * * * - -Nuestra municipalidad, haciendo una vez más de la aseada de Burguillos, -no ha querido que los puestos de libros viejos afrentaran la suntuosa -fachada del ministerio de Instrucción Pública. Y los pobres libros, -más traídos y llevados que leídos, han estado á punto de no asolearse -este año y seguir en el fondo de las obscuras tiendas, á donde sólo el -parroquiano fiel acude á visitarlos de cuando en cuando. - -Después tratóse de llevarlos camino del Este, camino que llevaría -siempre por gusto de la grey conservadora todo lo que fuera letra y -espíritu. Por fin han ido á caer frente á unos cuarteles, para que -armas y letras fraternicen una vez más. - -Allí volveremos á ver en las estanterías á nuestros buenos amigos de -todos los años: la «Historia Natural», de Buffon; el «Teatro crítico», -del Padre Feijóo; la «Historia de los trovadores», de D. Víctor -Balaguer ... Y en el montón del baratillo, huesa común de los humildes, -muchos libros, unos de las más raras materias, pero con una misma -historia triste todo: la del autor que los compuso. Penosa historia -que lo mismo dice el viejo libro erudito aforrado en pergamino, que -el flamante volumen de limpia impresión y vistosa cubierta, con sus -páginas sin abrir, virginales, sólo arrancada la primera, donde tal -vez campeaba la dedicatoria aduladora al crítico que le pronosticó -gloriosos destinos en una de sus más brillantes crónicas; «Este libro -es de los que quedan ...» Y en efecto, ha quedado. - -Pero en la feria de cada año, al sentirse hojeado por algún curioso, es -una ilusión de inmortalidad para el triste libro, como para una mujer -fea es una ilusión de amor la mirada más indiferente. - -Y para los que sabemos comprender estas tristezas calladas hay en estos -libros olvidados, como en las mujeres nunca amadas, un lamento que -parece decir: ¡Quién sabe! ¡Si alguien me leyera! ¡Si alguien me amara! - - * * * * * - -No han de ser conferencias de la paz, ni acuerdos internacionales de -los socialistas lo que ha de concluir con las guerras. Las guerras -acabaran ... por artículo de lujo. - -En unos doce millones de francos, sin contar indemnizaciones ni otras -menudencias, se calcula, muy por encima, lo que lleva gastado Francia -en su expedición á Casablanca. Millones que tardará en cobrarse, dada -la habilidad de los moros en el arte de no pagar al casero. - -¡Pensar que toda la _mise en scene_ de la «Iliada», con sus carros -de guerra, escudos, lanzas y hasta la maquinaria final del pérfido -caballo, supone cuatro cuartos si se compara con lo gastado en -cualquiera de estas epopeyas modernas! - -Hasta para cantarlas, comparen el gasto de corresponsales literarios y -gráficos con lo que costó á Grecia el poema de Homero. Lo que basta, -como suele decirse, para hacer cantar á un ciego. - - * * * * * - -Los tigres del Gran Teatro están presentados con mucho arte. Si no -fueran tigres, habría que convenir en que eran grandes actores. Tal vez -un poco exagerados. Más feroces que el natural. Pero el teatro no es -siempre copia de la realidad. - -Como en los conflictos de muchos dramas, no puede uno por menos de -pensar: Si los personajes, en vez de esto, hicieran esto otro, no -habría drama ó el drama sería otro; con los tigres pensamos: Si uno -solo de los zarpazos con que amenazan al domador lo aplicaran á la -débil jaula que los encierra ..., el drama sería otro. - -Pero, sin duda, los tigres saben que la fácil libertad les duraría -poco, porque detrás de los hierros no esta la selva, sino la fuerza -armada, por eso se contentan con bufar y enseñar los dientes al opresor -visible, que es el domador. - -Los tigres no saben que el verdadero amo es el de fuera, el público. -Por eso se revuelven contra el domador, no contra la jaula. - -Eso suelen hacer los pueblos oprimidos cuando se revuelven. Por eso -todas las revoluciones quedan reducidas á lo mismo, á un cambio de -domador. - - * * * * * - -Si la virtud esta en un buen medio, no es de lo alto ciertamente -de donde nos llega á los mortales el mejor ejemplo de esa virtud -templada de los términos medios. Sabido es que aún no hemos terminado -lamentaciones, preces y rogativas para impetrar una benéfica lluvia -que remedie en algo los efectos de una pertinaz sequía, cuando hay -que empezar á lamentarse; implorar y _rogativear_ para que cesen -inundaciones, tormentas y desbordamientos de todas aguas, amenazadoras -de un nuevo diluvio que, por no ser universal, es más desagradable. De -donde pudiera deducirse que, ó los mortales no sabemos lo que pedimos, -ó los dioses inmortales no entienden lo que se les pide. - -Tengo además notado que las casas en que hay algún individuo muy -devoto, sin otra ocupación que la de implorar el favor divino para toda -la familia, suelen ser las más castigadas de enfermedades, quebrantos -de fortuna, matrimonios desgraciados, etc. - -En los pueblos se advierte lo mismo; cuanta más gente hay en ellos -dedicada á implorar por su salud y bienestar, más desdichas les afligen -de continuo. Favor señalado y no castigo es esto, que de este modo -nos fortificamos en el desprecio de lo terrenal, y lo que perdemos en -cosechas de frutos materiales, lo ganamos en cosecha espiritual. - -Sin esta creencia sería para desesperar del todo ver que en un pueblo -como el nuestro, donde tantos son á rezar, hasta desatender toda otra -ocupación, sea siempre de los más azotados, mientras á otros pueblos de -herejes y descreídos todo se les vuelve prosperidad y bienandanza. - -¡Y como estas calamidades despiertan los más nobles sentimientos! -Podemos leer con indiferencia la noticia de que en tal parte han -empezado los trabajos para canalizar tal ó cual río, y leer á poco -que las obras se estancaron por falta de fondos ... ¿Pero quien no se -conmueve al leer que apenas ocurrió la inevitable inundación, todo el -mundo inicia suscripciones para remediarla y todo el mundo se apresura -á ofrecer su dinero? ¡Oh dinero español, siempre pronto para toda -calamidad! Ese dinero que siempre llega para tus hombres eminentes, á -la hora del entierro; para tus soldados, á la hora del desastre; para -tus pueblos, á la hora de la epidemia ó de la inundación. - -A nuestro yermo nacional, como al de los santos penitentes, siempre ha -de venir el pan de vida en el pico de los cuervos, agoreros de muerte. - - * * * * * - -La memoria de las mujeres.—Entre dos amigas: - -—No se de quien me hablas. - -—Sí, tienes que acordarte ... La mujer de aquel ingeniero, primo de mi -marido, que te estuvo hablando de tus hermanos y de tu madre. - -—Pues no recuerdo. - -—Que llevaba un traje heliotropo con adornos de terciopelo negro y un -sombrero negro también con una amazona del mismo color del vestido. - -—¡Ah! Ya se quien dices. - -[Ilustración] - - - - -XVII - - -No puedo negar mi debilidad—verdad que esto de las debilidades no -sirve negarlo, se trasluce siempre:—me encantan la tiranía y la -reacción en los gobiernos. La demasiada libertad debilita y endulza los -caracteres, que nunca afirman con tanta energía en su individualidad -como al rebelarse contra la opresión del medio, ya sea social, política -ó familiar. - -Soy enemigo también de las protestas ruidosas y colectivas. ¡Es tan -fácil, sin molestar á nadie, hacer un noventa y tres para nuestro -uso particular! ¿Y puede haber nada más agradable que sentirse -revolucionario á tan poca costa, sólo con buscar un refugio en donde -cenar ó beber después de la una y media á despecho de severas leyes? -¿Y á quien le faltará ese refugio? Donde cien puertas se cierran, una -se abre, suave y misteriosa, detrás de la cual suele aparecer como -apoteosis de la rebelión triunfante, en primer término, algún delegado -de la autoridad como hada protectora del establecimiento. El sésamo que -nos abre el encantado lugar, tiene algo de santo y seña de conjuración, -y todo ello es sabroso como el fruto prohibido. - -Siempre fuí de la opinión de aquella gran señora, golosa de helados, -que al saborearlos con fruición, decía á sus amigos: ¡Lástima que no -sea pecado! - -¡Agradezcamos á nuestros moralizadores que hayan hecho pecado de -tantas cosas inocentes. - -Y no temamos por nuestras malas costumbres. Antes que los gobiernos, el -mismo Dios intentó reformarlas con diluvios, asolamientos de ciudades, -y, por última vez, con su presencia y predicaciones en la tierra, y -nada, la humanidad empecatada sigue lo mismo, los mismos pecados, los -mismos vicios. ¡Hay para rato! - -Pero, en fin, los gobiernos están en su papel. Como aquel fatalista -que, creyendo que todo cuanto sucedía no podía por menos de suceder -así, y á pesar de ello, se indignaba cuando sucedía algo que le -desagradaba y al decirle los amigos: ¿Pero se cree usted que todo esta -escrito porque se incomode usted? Porque esta escrito también que yo me -incomode. - -Del mismo modo, como son fatales las malas costumbres de los -gobernados, fatal es también la tontería de los gobiernos en querer -reformarlas. Pero no seamos intolerantes. Hay que justificar los -cargos. Si los gobiernos no molestan alguna vez, ¿se notaría que había -gobierno? - - * * * * * - -A los que no acaba de convencernos la necesidad de dividir las horas en -morales é inmorales, se nos quiere convencer por la materialidad de la -conveniencia higiénica. Y eso sí que es ponerse fuera de la realidad. -En lo sano de los madrugones no es posible que nadie crea. - -Salgan ustedes una mañanita tempranito, dénse una vueltecita por esas -calles, suban á un tranvía, entren en una iglesia, y oirán ustedes -toses perrunas y carrasperas y voces catarrosas, y verán ustedes caras -de desenterrados que les pondrán espanto. ¡Son los que madrugan! - -Las primeras horas de la mañana son en Madrid las más destempladas y -variables de temperatura; hay un olor á cieno que penetra hasta los -huesos. En cambio á las altas horas de la noche, aún en las más frías -del invierno, parece como que el aire se suspende, hay una limpidez, -una serenidad en la atmósfera. Además, á esas horas el organismo -nutrido por completo (para los que no se nutren todas las horas son -iguales), goza la plena posesión de sus energías; el cerebro funciona -más activo. Entréguense ustedes á cualquier trabajo, sobre todo -intelectual, en las primeras horas de la mañana, con la costumbre -española del desayuno frugal, y verán ustedes primores. Yo creo que el -mal humor de nuestros empleados y oficinistas no tiene otra causa. - -Estoy seguro de que si las oficinas del Estado, las particulares, -empezaran á esas horas pecaminosas en que todo ha de cerrarse, sería -aquello un anticipo del teatro poético: tan afables y complacientes se -mostrarían los empleados. - -La mañana es la hora del mal humor, de la destemplanza, de las -disputas, de los crímenes. Basta consultar cualquier estadística, para -ver que con ser más propicia la obscuridad de la noche, abundan más los -crímenes matutinos. - -La noche es toda amor, afectuosidad. Lo saben los gatos, lo saben las -señoras que dan bailes ... A propósito: ¿en la próxima temporada de -invierno terminarán los bailes de sociedad á la hora en que se cierren -los teatros ó á la hora en que se cierren los cafés? Hay que advertir -que cuando se celebra uno de esos grandes bailes, las molestias del -ruido de coches y de músicas es mayor para los vecinos que las que -puede ocasionar cualquier café abierto hasta la madrugada. Ó se reforma -para todos, ó para ninguno. - -Por lo menos, los escotes de las señoras sí deben cerrarse: A las doce -y media, si se consideran como espectáculo; á la una y media, si se -consideran como _restaurant_. - - * * * * * - -Todavía hay ancianos que nos hablan de la aparatosa presentación de -Listz en escena, seguido de un lacayo, al que arrojaba desdeñosamente -los guantes, antes de sentarse al piano. - -Hoy, ningún concertista de reputación se dignaría presentarse con -un vulgar lacayo. Para firmar contratos ventajosos, es preciso ir -acompañado de una princesa, por lo menos. - -Dado el número de altezas reales é imperiales que en estos últimos años -han lanzado su corona _par dessus les moulins_, pronto veremos como -hasta en los circos no hay _jongleur_ que no lleve consigo una princesa -para alargarle los chirimbolos. Cuando en los carteles de algún teatro -aparezca el anuncio: Asistirán sus majestades y altezas, ya sabrá el -público que no será en los palcos regios, sino en el escenario. - -¡Oh locas princesas! ¿No sabéis que en los cuentos de hadas el amor -hace príncipes á los pastores, pero nunca pastores á los príncipes? -¿Tan poco puede la magia del amor en estos tiempos? ¿No pensáis que -algún día el pianista más enamorado podrá recriminaros por vuestra -ligereza? Me has estropeado la carrera, os dirá. Si no hubieras dejado -de ser princesa, á estas horas podía yo ser músico de cámara, director -del Conservatorio y acaso ministro de Bellas Artes. - -Y tendrá razón. ¡Pobre Catalina de Rusia, si la primera vez que se -enamoró de un soldado, en vez de ascenderle á general, hubiera ella -dejado de ser emperatriz para hacerse cantinera del regimiento! ¡No -hubieran sido bofetadas! ¡Oh locas princesas! ¿No sabéis que aún en las -más vulgares aventuras callejeras, el amor, por fin, dice: ¡Sube! nunca -dice: ¡Bajo! - -Creedlo, bueno esta que perdáis todos los tornillos de la cabeza, pero -no el que sujeta la corona. El amor es gran revolucionario, pero por -eso mismo, si admira á los príncipes que saben morir, desprecia á los -que solo saben abdicar. - - * * * * * - -Sarah Bernard pública el primer volumen de sus memorias. Esta mujer -extraordinaria, que será sin duda una de las figuras representativas -del siglo XIX—no comprendemos como Don Miguel de Unamuno no -la ha tomado ya ojeriza—al relatarnos su vida pone el mismo encanto de -su vida toda. Ese encanto prestigioso de una vida armoniosa, afirmación -de su arrogante divisa: _Quand même_. - -Y no obstante, para curarnos de vanidades, ¡como en esta vida en que -todo parece fuerza de voluntad se muestra más claramente el trazo -señalado á nuestros destinos por una voluntad sobrehumana! - -Todo, hasta lo que más parece desviar de la senda marcada, es -solo rodeo para llegar más pronto y con más brío. Y sobre las -luchas, los obstáculos, los desfallecimientos, siempre esa alegría -íntima, patrimonio del verdadero artista, que puede tener horas de -desesperación en su vida, pero nunca una vida desesperada, porque hay -algo en el que se sobrepone á todo, la seguridad en sí mismo. Pero -los que crean que el camino es fácil, lean la historia de los penosos -comienzos de la artista, que ella recuerda con sonrisa indulgente de -triunfadora. - -¡Las mezquindades de la envidia, la malevolencia de los compañeros, las -injusticias de la crítica, las veleidades del público, tornadizo en sus -admiraciones, deseoso siempre, como niño, de destrozar y de cambiar sus -juguetes! - -Cuando se triunfa de todo esto, á pesar de todo—_Quand même_—es -preciso creer en la predestinación, y debemos agradecer á los grandes -elegidos de la gloria que nos cuenten su vida, porque si en ellos puede -haber orgullo al contarla, al leerla nosotros aprenderemos humildad. No -triunfa el que quiere, sino el que puede. Y si el querer es humano, el -poder es divino. - -De otro modo, ¿quien triunfaría nunca de la envidia, de la calumnia, -de tanta y tanta miseria?... que esas ¡ay! sí son humanas, demasiado -humanas. - - * * * * * - -Uno que no quiere aburrirse, ó por lo menos cree que no se aburrirá -de ese modo, es un señor que anuncia en la cuarta plana de un popular -periódico lo siguiente: _Deseo conocer á escritores de verdadero -talento._ Y debajo: _Deseo amistad con mujer inteligente_. - -Así, poca cosa. Como poseedor de talismán en comedia de magia, que -no cesa de pedir gollerías, seguro de que el genio protector ha de -concedérselo todo. - -Es posible que á estas horas ya tenga en su poder buen número de -ofertas y aún es posible, si es hombre de buen humor, que con todas -ellas publique un curioso libro, como hizo un norteamericano, quien -también anuncio en los periódicos que deseaba correspondencia con -señorita distinguida, inteligente y bella, y después con los miles -de cartas recibidas, publicó un libro, con el agradecido título de -_Mujeres anormales que contestan á los anuncios_. - -En este caso más que las ofertas de las mujeres inteligentes tendrán -que leer las de los escritores de talento. - -También es posible que el anunciante desee lo contrario de lo que pide, -y no hay duda que es el mejor medio para conseguirlo. Porque bien -puede asegurarse que si no logra su deseo de conocer á escritores de -verdadero talento y á una mujer inteligente, conocerá en cambio á mucho -majadero y á muchísima loca. - -Lo que no quiere decir que deba dar por mal empleado el dinero que le -costó el anuncio. ¡Puede uno divertirse tanto con un majadero! Y con -una mujer loca, ¡no se diga! Desde la más remota antigüedad son las que -vienen dando mejor resultado. - -Y las únicas capaces de amar con desinterés. Por eso son locas. Las -mujeres inteligentes solo aman al que puede ofrecerlas mucho dinero. -Por eso son inteligentes. - - * * * * * - -El paso de Mercurio ha servido, según nos dicen, para descubrir y -demostrar una ley astronómica, que era ya verdad demostrada en las -esferas sociales de este bajo mundo. Que los satélites son los que -determinan el movimiento de los planetas y no lo contrario, como se -creía. - -Con toda su luz, el planeta es un juguete de los satélites, que le -traen y le llevan, le acercan ó le alejan de un punto determinado. -¡Pobres planetas! ¡Pensar que si alguno de ellos nos desmenuzara en -partículas por el espacio infinito, el se llevaría la culpa con nuestra -última maldición, cuando toda lo sería de los satélites. - -¡Oh, los grandes planetas políticos, orgullosos por contar con una -mayoría compacta, los planetas del arte, ufanos con sus admiradores, -los planetas taurinos _moñudos_ con sus aficionados ... ¡Satélites, -satélites son todos que os marcarán el rumbo á pesar vuestro! - -El planeta político se esta quietecito en casa, comprendiendo cuánto le -conviene el reposo para reponer averías, pero los satélites imperan. -¡Hay que volver á la lucha! ¡Hay que aceptar el poder! Y allá va el -planeta ... - -El planeta del arte duerme sosegado sobre sus laureles, pero los -satélites le despiertan y sacuden ... ¡Algo nuevo, más, más!... Y el -planeta se lanza por donde no pensaba. - -El planeta taurino no quiere competencias, pero los satélites le -vociferan: ¡A ver eso! ¡Que le pisan á usted el terreno! ¡Que se lo -comen!... Y el planeta taurino va á la enfermería. - -¡Dichosos los planetas que no tienen satélites, así en la tierra como -en el cielo! - - * * * * * - -Mientras se discute el presupuesto de enseñanza y el señor ministro -de Instrucción Pública se permite finísimas ironías á propósito de -la nueva asociación de cultura, yo evoco una vez más el recuerdo -de aquella escuela de aldea que avergonzaría en el último aduar de -Marruecos. - -Lóbrega, sucia, desmantelada; lo único que allí puede aprenderse—y -esto las niñas, que tienen su escuela en el piso alto—es gimnasia, -para trepar por una escalera derrumbada, que es, por lo menos, una -tentativa de infanticidio en cada peldaño. - -Y allí preside, bajo un dosel pingajoso, un Cristo lúgubre, -inquisitorial; ese Cristo á quien todos los días crucifica la maldad, -la ignorancia y la indiferencia de los hombres, ese Cristo que dijo: -Dejad á los niños que se acerquen á mí; y allí parece decir, con más -verdadero amor: No, no los dejéis que se acerquen aquí, no los traigáis -á esta mazmorra ... - -Y recuerdo los versos de indignación, de santa ira, con que el ilustre -Guerra-Junqueiro maldijo de las escuelas portuguesas. - -¡Y aún se discute y se regatea en el presupuesto de enseñanza! Sí, es -verdad, no debe pensarse en pensiones para estudios en el extranjero, -en grandes centros de enseñanza superior, mientras exista una, una sola -de esas escuelas de pueblo, que darían ganas de llorar si no las dieran -de matar ... ¿A quien? ¿Donde puede hallarse el verdadero responsable -de ese crimen tan nacional, tan de todos? El único castigo sería el -de obligar á muchos á llevar á sus hijos, á otros á ser maestros en -ellas, á todos ... ¡Ah! Ese castigo ya se realiza, el de respirar en un -ambiente de incultura, de atraso, en que solo viven y prosperan los que -saben explotarlo en provecho propio. - -[Ilustración] - - - - -XVIII - - -Si algún día se escribiera la historia de la tontería, humana, que -sería tanto como escribir la Historia de la Humanidad, uno de sus -capítulos más interesantes sería el de por qué los españoles hemos de -asistir todos los años en fecha fija á las representaciones de «Don -Juan Tenorio». - -¿Es que el mérito de la obra la impone á la admiración anual del -público? Bueno sería entonces cualquier día del año. ¿Es por el -cementerio y los aparecidos que en ella figuran por lo que tiene -lugar apropiado al conmemorar la Iglesia á todos sus santos y á todos -sus difuntos? Con la misma razón podría representarse Hamlet, donde -no faltan tampoco apariciones de muertos y camposanto, y donde las -consideraciones sobre la vida y la muerte y la eternidad son más graves -y austeras que en nuestro popular drama, en que más parece tomarse á -broma todo esto ... ¿Pero qué digo? Justamente porque se toma á broma, -es porque no hemos encontrado nada mejor para distraernos de la -seriedad que los días imponen. - -¿No es toda la vida española la de Don Juan Tenorio? Fanfarrona, -despreocupada, altas frases, bajas acciones, el sentir y el pensar -afectados, mucha elocuencia, mucha retórica ... y sobre todo esto, la -esperanza en el punto de contrición, gustoso y fácil, y la salvación -final por mano de doña Inés, que por no faltar en nada al simbolismo, -viste hábitos monjiles. Porque ¿como puede salvarse nadie en España sin -intervención de monjío ó _frailío_? - -Por algo, con ser tan popular en España la figura de Don Juan Tenorio, -no halló su consagración literaria definitiva hasta que el genio -archiespañol de Zorrilla supo españolizarlo del todo. Los españoles no -podíamos tolerar que Don Juan se condenase de ningún modo, ni con la -música divina de Mozart. Era como condenarnos nosotros mismos. - -¿Y no merecía la salvación Don Juan Tenorio mejor que el doctor Fausto, -que es algo también del alma alemana, todo filosofía y pesadez, hasta -cuando enamora y ama? - -No, no puede condenarse á estos hombres que son el alma de una raza. -Don Juan Tenorio será siempre el héroe preferido de España, solo por -esto, por salvarse. - -Lo hubiera sido Don Quijote, si Cervantes más humano que español, ó -quizás más de su tiempo que español, que humano, en vez de curarle al -morir de todos sus desatinos, para hacerle posible la salvación como -cristiano, le hubiera entrado valientemente en la gloria, de la mano de -Dulcinea, en la suprema exaltación de su locura triunfadora. - - * * * * * - -Madrid se aburre como nunca, desmintiendo así la afirmación de que bajo -gobiernos reaccionarios fué siempre cuando más se divirtió la gente. -Dígalo Roma en tiempos del poder temporal pontificio, dígalo París en -tiempos de Luis XIV, dígalo, en fin, Madrid mismo en tiempos de los -Austrias. - -Madrid se aburre, sin que su aburrimiento logre interesarse por nada, -apenas por la reaparición de Gallito. Y eso que al decir de algunos -aficionados, nunca se vió fenómeno igual. ¡Un pase de muleta en dos -corridas! - -Bien puede estar agradecido el susodicho diestro á la afición madrileña -y aún decirle como Marión Delorme al caballero Didier en el drama -de Víctor Hugo: _Ton amour m’á refait une virginité_. ¡Oh afición -madrileña, tu que hiciste temblar á Frascuelo, Lagartijo y Guerra, -entusiasmándote por un pase! Bien dicen que cuando nada interesa es -cuando esta uno en peligro de interesarse por cualquier cosa. Hay cosas -que solo el aburrimiento puede explicarlas. - -Nada solícita nuestra atención ni nuestro interés. Política, arte, -vida de sociedad, todo languidece. Por algo nuestro nuevo alcalde -quiere obligarnos á marchar deprisita por esas calles, á ver si con la -celeridad de la circulación nos animamos un poquito. - -Si la orden se cumple y los habituales plantones de la Puerta del Sol -se ven obligados á circular, aquello parecerá un Tío Vivo. Hay allí -losas que no mojaron nunca lluvias del cielo ni riegos municipales; -resguardadas de todas las inclemencias por el mismo grupo compacto que -hizo de ellas pedestal de un momento á la vagancia y al arte de residir -en el sitio más céntrico y más caro de Madrid, sin pagar al casero. - -Bien muestra el nuevo alcalde su procedencia automovilista, y por las -trazas su ideal es ponernos á los madrileños en cuarta velocidad. No -será malo, si lo consigue, porque en Madrid, donde moralmente, el que -no corre vuela, materialmente no se sabe andar por la calle. - -Hay quien á más de ir á paso de procesión, serpentea graciosamente para -estorbar el paso al que viene detrás. Hay señor que lleva el bastón ó -el paraguas á guisa de pica, y al andar va marcando puyazos á cuántos -le preceden. Hay quien juguetea con dichos artefactos, como _jongleur_ -de circo, y lo mismo le derriba á uno el sombrero que le salta un -ojo. Hay quien se emboza á todo vuelo, envolviendo amorosamente al -transeúnte más próximo. Hay quien es capaz de leer un drama á un amigo -en la acera más transitada, entre un coche parado y un escaparate -llamativo. Hay señoras que reciben á sus relaciones en una esquina y -allí se constituyen en sesión permanente. - -Y es que en Madrid, cuando se anda, nadie va á ninguna parte; hace -tiempo para ir á ella y se sale siempre demasiado temprano para ir á un -sitio al que siempre se llega demasiado tarde. - -Cosa que también puede suceder al señor Maura en sus concesiones á los -solidarios. Salir á buscarlos; perder el tiempo y llegar tarde. - - * * * * * - -Cuentan del gran Víctor Hugo, que cuando se hallaba en alguna reunión -de escritores, valíase de una inocente estratagema para descubrir -cuáles de entre ellos abrigaban la ilusión y la esperanza de ser -académicos. Para ello, soltaba alguna tremenda irreverencia contra la -Academia ó contra algún grupo ó individuo de ella. Los que francamente -reían á coro con el, era señal de que estaban limpios de toda ambición. -Pero si alguno permanecía serio ó reía para dentro, entonces Víctor -Hugo, sonriente, advertía pronto: Fulano no se ha reído. Quiere ser -académico. Y así descubrió á más de un futuro candidato. - -A prueba semejante asistimos á cada paso, cuando algún crimen de -resonancia es preocupación general en todos los círculos sociales. - -Hay quien no puede ó no sabe ocultar sus simpatías y su admiración. Se -habla, por ejemplo, de la estafa al Banco de España: - -—¿Ha visto usted qué bien combinado todo? Y ya verá usted como al -verdadero autor no se le descubre. Y se extiende en todo género de -admiraciones á la habilidad y serenidad de los falsificadores, y cada -fracaso de las autoridades en descubrirlos lo considera como un triunfo -personal. ¡No los cogen, no; ya lo verán ustedes! - -Parece como si se animara á sí propio con la impunidad. - -Se habla del crimen del «Hojalata», y el que no se atreve á aclamarle -por su crimen le admira por su muerte. ¿Han visto ustedes? ¡Qué valor! -¡Vaya un tío! La verdad es que ha conseguido imponerse el respeto de la -gente. El hombre que hace eso no es un criminal cualquiera ... - -Lectores, desconfiad de estos panegiristas y cuando oigáis á algunos -expresarse así, como Víctor Hugo decía: Fulano quiere ser académico, -pensad vosotros: Fulano va para criminal. A cuatro delitos que queden -impunes, se lanza. - - * * * * * - -Todos hemos asistido alguna vez al estreno de una obra dramática de -interesantísima acción, situaciones de gran efecto, «cuajada» de -pensamientos deslumbradores y frases relampagueantes; todos nos hemos -interesado, emocionado; hemos aplaudido, aclamado, y al salir del -teatro, apenas el aire de la noche ha refrescado nuestra frente, al -pretender recoger nuestra emoción, pensamos y no tardamos en descubrir -que la emoción desaparece. Aquella hermosa situación, recordamos ... -pero verdad es que era muy falsa, porque si el personaje aquel llega -antes con la carta ... Y lo natural era que hubiera llegado. ¿Y aquella -frase?... Sí, pero la verdad es que lo mismo puede significar lo -contrario ... Y así ante el análisis reposado, pronto nos damos cuenta -de que nos habían robado la emoción, habíamos sido víctimas de un -atraco violento, más ó menos artístico, pero atraco, al fin. - -Una cosa parecida nos ha sucedido con la memorable sesión que -pudiéramos llamar patriótica. El entusiasmo de la representación no ha -resistido el frío de la calle. La obra ha sido de las efectistas. - -Muchos millones, mucho patriotismo, hermosas frases, pero muy poca -escuadra. Todo ha sido decirnos: Tengamos marina y lo demás se nos dará -por añadidura; el común sentir dice más bien: Tengamos lo demás y la -marina se nos dará por añadidura. - -Nos dicen que de otro modo no podemos salir de casa, y hay que asomarse -al mundo. ¡Ay! Esto me hace pensar en esas gentes cursis que viven -de mala manera, y cuando se encuentran á algún conocido que ofrece -visitarlas se apresuran á decir: No se moleste usted, nosotros iremos á -verle á usted, no faltaba más. Todo porque no les descubran la modesta -vivienda donde falta toda comodidad y todo lujo. ¿Será por esto nuestro -afán de salir á Europa, como los cursis que con cuatro trapitos hacen -su papel por esas calles y paseos, aunque en casa no coman? ¿Y no sería -mejor que ponernos en facha de salir á visitar el mundo, ponernos en -condiciones de que el mundo pudiera venir á visitarnos? - - * * * * * - -¡El invierno se presenta terrible para los ricos! Ha subido el precio -del pan de lujo. Sólo falta que suba también el precio de la gasolina y -la vida será imposible para las clases acomodadas. - -Por fortuna, ahora es la última moda en comidas aristocráticas probar -apenas una cortecita de pan. La delgadez es el ideal estético y casi -todo el mundo esta á régimen. Los anfitriones están de enhorabuena. -Suprimidos los vinos «matusalenes» y las marcas de precio; con buen -surtido de aguas medicinales se sale del paso. Apolinaris, Vichy, -Mondariz ... Los comensales se juntan por afinidades curativas. - -—¡Usted es Vichy, verdad, marqués? Siéntese usted aquí con la condesa. - -—No, querida amiga. Ahora he cambiado. Vichy no me iba nada ... Ahora -soy Apolinaris. - -—Entonces á mi lado. - -—Es lo que yo quería. - -—¿Cuántos kilos ha perdido usted este mes? Yo, kilo y medio. - -—Yo he aumentado en tres. - -—¡Qué disparate! - -—Pero no estoy seguro, porque me pesé con gabán de pieles y después de -oir «María di Rohan». - -—Yo tengo báscula en mi cuarto y me peso con la menor ropa posible. - -—Avíseme usted. - -—¿Y usted, marquesa? ¿Como va con su régimen? - -—Ya me ve usted. Ya no tengo nada que perder. - -No hay duda, de los tres enemigos del alma, la carne es el más -combatido entre las personas distinguidas, y la subida del pan, que -tanto contribuye á aumentarlas, no puede afectarlas grandemente. - -En cuanto á las clases menesterosas, ¿cuando no han estado á régimen en -España? Ahora, por lo menos, tienen el consuelo de pensar que están á -la última, siempre suena mejor que en las últimas. - - * * * * * - -La verdadera solidaridad española se muestra como nunca en estos días -anteriores á la gran lotería de Navidad. Hay número que, como Don -Juan Tenorio, recorre toda la escala social. Del ministro al último -ordenanza del Ministerio, de la gran señora al carbonero, de la primera -actriz al tramoyista. ¡Todos unidos en una misma aspiración y una misma -esperanza! Hay quien no puede ver un número sin pedir participación, y -por lograrla es capaz de todo. En estos días se descubre como nunca el -carácter de las personas. El egoistón que compra su billete ó su -décimo, según los posibles, con el mayor sigilo, á nadie dice palabra, -y así previene las peticiones de participación antes y las de dinero -después si logra un premio. El altruísta que quisiera compartir su -suerte con todo el mundo y acaba por quedarse con veinticinco céntimos -en cada número y aún piensa fundar un asilo benéfico si le tocara -el gordo. Y el supersticioso que coloca el papelito bajo una imagen -devota ó un amuleto diabólico, según sus inclinaciones agoreras, y el -pendolista que goza sobre todo con extender los recibos de su puño -y letra con arabescos y tintas de colores y toda clase de primores -caligráficos, y el matemático que luce toda su ciencia calculista -repentizando operaciones al tanto de lo que corresponde por fracción -y por premio ... todos, todos descubren su carácter en estos días de -ilusiones, de esperanzas, en que toda preocupación desaparece envuelta -en ilusiones ... ¡Admirable institución esta de la lotería! ¿No es acaso -la única felicidad positiva que debemos á nuestros gobiernos? - -[Ilustración] - - - - -XIX - - -La propiedad histórica ha llegado hasta los belenes. Las figuras de -los modernos nacimientos se ajustan á ella con su indumentaria, y no -obstante este «modernismo» retrospectivo—valga el contrasentido,—priva -á los clásicos retablos de su carácter ingenuo. ¡Sientan tan bien las -graciosas impropiedades en la representación de un misterio que es de -todos los tiempos! - -Yo he visto un nacimiento en que junto al portal de Belén había una -iglesia con su campanario y un monaguillo que tocaba á misa, y más -lejos una cuadrilla de toreros celebraba con una corrida—suponemos que -regia—el natalicio del Niño de Dios, y por un puente atravesaba un -ferrocarril y esta disparatada mezcla de tiempos y costumbres da la más -clara impresión de catolicismo, porque nos decía como Jesús nació para -todos los siglos y para todos los hombres. - -Estos nacimientos de ahora no emocionan tan hondamente. Por algo los -pintores antiguos, tan soberanos artistas, se atenían en las pinturas -sagradas á las figuras y trajes de su época y por ser de su tiempo -lograron ser de todos. - -Respetemos el arte primitivo, ingenuo, de los belenes. ¿Qué significan -trajes y figuras? Para los belenes, la humanidad es siempre la misma. - - * * * * * - -Los teatros aprovechan estos días de alegría oficial para presentarnos -lo más disparatado del repertorio francés. El «vaudeville» es el -pavo literario de las Pascuas. Como el pavo, los mejores son los de -más confianza, los más conocidos, con sus eternas combinaciones; el -personaje que pasa por otro durante los tres actos, sin hallar ocasión -de decir quien es, ni á qué vino, hasta la última escena; el segundo -acto con su decoración de veintidós puertas por donde los personajes -entran y salen, se buscan, se persiguen, se suceden, se huyen contra -toda razón y toda lógica. - -Y el público que ríe porque es Nochebuena, de lo mismo que protestaría -en otro cualquier día del año. ¿Como no ha pensado nadie en publicar un -almanaque teatral, como el almanaque del agricultor y el del empleado? -Sería tan útil para los autores novicios con sus recetas, consejos y -pronósticos. Por ejemplo, Octubre: Bueno para la comedia satírica. -Noviembre: Excelente para el drama de tesis. Diciembre: Disparate -libre. Enero: Drama y comedia de amor, y así sucesivamente. - -No hay idea de la influencia de la estación y de los meses en la -literatura dramática. ¡Cuántas obras que parecen detestables en -invierno hubieran parecido excelentes en primavera! ¡A cuántos habrá -perjudicado el estrenarse en Marzo en vez de estrenarse en Diciembre! - -«Don Juan Tenorio», estrenado con mal éxito, no logró el favor del -público hasta que halló su día en el de los difuntos. Estrenar en Apolo -á la entrada de primavera es una seguridad de buen éxito. ¿Qué autor de -experiencia no lo sabe? - -¡Ah, el autor dramático debe entender de todo y hasta la Astronomía y -la Meteorología son de utilísima aplicación en su arte! - - * * * * * - -En estas fiestas de Pascua, en las funciones de tarde de los teatros, -en las fiestas familiares á ellas dedicadas, lo he observado con pena -una vez más; los niños de ahora son tristes, no saben reir, parece que, -como Musset, _han venido muy tarde á un mundo muy viejo_. - -Nada les sorprende, como si todo lo supieran. En el teatro son ellos -los que preguntan á los mayores: ¿Por qué os reís? Ellos son los -primeros que dicen: ¡Me aburro! - -En torno del árbol de Noël se muestran graves y desdeñosos, y en los -Reyes Magos ya no cree ninguno. - -Una mamá se lamentaba de esta disposición de espíritu en los -niños.—Figúrese usted que hoy le digo al pequeño: Si no eres bueno, no -te llevó al teatro; y me dice: Mejor. ¡Para ver tonterías! - -¡Esta seriedad española! Cuando aquí decimos de un hombre que no es -serio, le hemos imputado el mayor defecto ... Y los que, por desgracia -nuestra, hemos trasmutado los valores, y lo que todos juzgan serio es -lo que más risible nos parece, estamos perdidos. - -Yo creo, sin duda alguna, que la mayor superioridad de los -anglo-sajones, consiste en saber reir, en el desprecio al ridículo. Yo -he visto á señoras inglesas muy metidas en carnes y muy entradas en -años, lanzarse al vals y hasta al cake-walk, sin la menor idea de que -estaban _haciendo el paso_. A personajes de grave significación social -ofrecerse espontáneamente á cantar las más extravagantes canciones -de negros, y á distinguidos oficiales de guarnición en Gibraltar, -representar una parodia del «Fausto», interpretando papeles de hombres -y mujeres: todo ello en presencia del gobernador de la plaza y ante -los soldados de la guarnición francos de servicio. ¡Figurémonos el -escándalo que esto hubiera producido en España! - -¡Seriedad, seriedad! Es nuestra consigna. En estos días he leído como -algunos revisteros de toros aconsejan á la empresa de la plaza el -contrato de determinados toreros, para dar seriedad al cartel. Y digo -yo: ¿Para qué necesitará la seriedad un cartel de toros? - - * * * * * - -El incendio de uno de los barracones destinados al cultivo del arte -barato, ha venido á dar un voto en pro de los que aconsejaban á las -autoridades la supresión de los que no estuvieran en condiciones -de seguridad. Aconsejaban otros en cambio, la mayor tolerancia, -considerando dichos teatrillos como un anticipo de teatro popular, -muy conveniente para la educación artística de las masas. No creo yo -semejante cosa, y opino que la única defensa que podía tener era el -servir de _modus vivendi_ á mucha gente; pero en nombre del arte no -son defendibles. El arte, ó debe darse gratis, con la protección y -espléndida subvención del Estado, y entonces puede exigirse que sea -verdadero arte, ó hay que pedir, mientras esté en manos de empresas -particulares, que sea lo más caro posible. El arte malo no puede ser -nunca educador, y antes pervertirá que afinará el gusto de la multitud. -Bueno esta compadecerse de los modestos artistas que no pueden, por -ahora, aspirar á mayores empresas; pero ¡ay! que el arte no tiene -entrañas y el sentimiento de compasión que inspiran unos pobres cómicos -antes destruye que aumentan el placer estético. El arte dramático -necesita de bellas figuras con bellos trajes; las caras de hambre y los -trapos descoloridos sólo pueden emocionar tristemente ó cruelmente, por -perverso sadismo, y las dos emociones son las más extrañas á la pura -emoción artística. - -El Arte es como el sol; no hay uno para los pobres y otro para los -ricos. Día llegará en que, como el sol también, su luz llegue por igual -á todos; entretanto no se hable de arte barato, arte caro, arte grande -y arte chico, porque el arte es ó no es; no se falsifica con nada. - - * * * * * - -Ha muerto uno de los representantes más ilustres de un arte francés; -mejor dicho, parisiense por excelencia: el modisto Paquín. - -El modisto y el literato han sido los creadores de ese tipo -convencional, trapos y literatura de mujer francesa; heroína de novelas -y comedias para la exportación. - -Como los modistos imponen sus figurines á las más rebeldes á la moda, -los escritores imponen también sus figurines de almas aún á los menos -atacados de intelectualismo. - -¡Bourget y Paquín habrán sido creadores de tantos espíritus femeninos! -Una lectura y una toilette basta á producir un estado de alma. ¡Oh! -¡El Don Juan Tenorio que supiera el libro que acaba de leer una mujer -y sepa interpretar el sentido de un traje ó de un tocado femeninos, -atacaría siempre sobre seguro! - -Hay toilettes que suponen una meditación previa sobre el Kempis, otras -que denuncian lecturas de poetas delicados, otras que nos hablan de -Claudina, Colette ... - -Hay toilettes que por sí solas dicen al hombre más atrevido: Hoy no -estoy para nada. Hay otras que al más tímido le animan y le dicen: Hoy -estoy para todo. - -Y advierto á los que pudieran cometer equivocaciones lamentables, que -la severidad y la ligereza del vestido femenino, suelen estar en razón -inversa del estado de ánimo. Ni debe uno atreverse demasiado por su -«deshabillé», todo trasparencias sugestivas, ni acobardarse por un -riguroso luto ó un severo hábito. ¡Oh, no! El luto sobre todo si es de -viudez reciente, no debe desanimar á nadie. ¡El dolor trastorna! - -Los autores dramáticos, por nuestra parte, debemos también una grata -memoria al modisto. - -¡Cuántas veces una de sus creaciones habrá distraído al público de una -pesada escena de relleno ó habrá permitido que las elegantes abonadas -perdonen alguna crudeza de frase, disimulando la atención al diálogo -con el examen de la toilette! - -¡Y para cuántas actrices habrá sido también el modisto gran inspirador, -y lo que ellas no supieron poner de su alma en un personaje, supo -ponerlo el modisto, mejor intérprete de su carácter con sus trajes, que -la actriz con sus recursos teatrales! - -Lloremos á un precioso colaborador y piensen algunas actrices, quien va -á proporcionarles ahora el talento que necesitan. Por algo cuando un -papel le va á un artista, se dice que es un traje á la medida. - -Y habrá actrices que no sepan de Ibsen; ¡pero de Paquín! - - * * * * * - -Nadie como yo cree en la conveniencia de los teatros populares como -excelente medio de propaganda educadora; pero creo también que los -espectáculos ofrecidos en nuestros teatros baratos más contrarian que -favorecen la cultura del pueblo. - -Convengamos, en que la mayor parte de las obras en ellos representadas -no son escuela de buenas costumbres, ni siquiera de buen lenguaje. -El teatro ha contribuído no poco en España con sus exageraciones ya -cómicas, ya melodramáticas, á la profusión de ese tipo odioso del chulo -teatral, al que si fuera á buscarse cabal genealogía no sería difícil -hallársela en los galanes de nuestras comedias clásicas; pero allí era -por lo menos limpio el vocabulario y la chulada era retórica. - -Grave es siempre la responsabilidad del autor que es escuchado del -público; pero si es al pueblo ó á los niños á quien se dirige, su -responsabilidad es mucho mayor. - -Lo he dicho en otras ocasiones; calumnian al pueblo los que le -creen incapaz de comprender un arte superior á su inteligencia. El -sentimiento tiene un seguro instinto y estoy seguro de que solo ante un -auditorio popular sería hoy posible en España, sin temor á un fracaso, -la representación de las obras teatrales más sublimes; las mismas que -no vacilaría en calificar de «latosas» (algunas lo fueron ya), el -selecto público del abono. - -Sí; tratándose de ofrecer arte al pueblo, soy radical. Nada mejor que -algo, si ese algo es malo. - -Muy atendible es la consideración de que muchos pobres artistas viven -de ese teatro. Me parece muy bien que todo el mundo viva, pero de lo -que pueda vivir. - -Harto es ya España el país en que decir ¡Pobrecito! lo justifica -todo. Menos compasión y más justicia. Los empleos están ocupados por -muchos ineptos, pero ... ¡Pobrecitos! Los escenarios soportan á muchos -cómicos detestables, pero ... ¡Pobre gente! Hay quien escribe una -obra, no porque sepa escribirla, sino porque lo necesita para comer. -¡Pobrecillo! Y todos ellos encuentran en esta compasión mayor apoyo, -mayor benevolencia, que el fuerte, el valedor, el útil. Con todo esto -hemos llegado á estimar como la mayor prueba de cariño á nuestra tierra -que los extranjeros nos digan: ¡La pobre España! - - * * * * * - -La boda de una Vanderbilt ha _epatado_ á la noble y vieja Europa, con -la verdadera explosión de lujo americano, lujo bárbaro, que dicen los -americanos latinos, pero lujo que en su misma barbarie es de tanto -_grandor_, no diremos grandeza, que sólo así salva los peligrosos -linderos de la ordinariez y la cursería. Un lujo así tiene algo de -sobrehumano, eleva el dinero á la categoría de fuerza ideal, única -capaz de realizar en lo humano fantasías y caprichos divinos. ¡Toda esa -fuerza aplicada á un ideal de Justicia, de Belleza, en vez de aplicarse -á un lujo estéril que ni es justo ni es bello! - -Cierto, que ese lujo da de comer á mucha gente; no es dinero tirado, -aunque lo parezca, esos miles de dollars gastados solamente en -orquídeas. - -En la actual organización social, sin el lujo y sin los vicios de los -ricos la revolución social sería ya un hecho. Cuando gastan su dinero -tontamente, cuando se arruinan locamente, es tal vez cuando realizan un -principio de justicia. - -Y lo que tiene ese lujo de insultante es también un estímulo poderoso, -de envidia ó de ira. Piensan unos: «Así quiero ser yo». Piensan otros: -«Nadie debe ser así». Y estos dos pensamientos, en apariencia tan -opuestos, llevan el germen de una futura y más perfecta organización -social. - -Tal vez no sea posible que en todas las mesas haya orquídeas. ¿Pero -será tan difícil, estará tan lejano el día en que pueda haber en todas -pan y unas rosas? - - - - -XX - - -Las señoras de Nueva York andan alborotadas porque recientes ordenanzas -las prohiben fumar en lugares públicos. Creo que las autoridades más -han pretendido favorecerlas que molestarlas. - -Nunca he comprendido ese furor que siente mucha gente por obtener una -consagración oficial y pública para una porción de cosas que tiene su -mayor encanto en no trascender del dominio privado. - -El cigarrito femenino es una de estas. En la mujer no se comprende el -uso del cigarro por el cigarro. Ha de ser un detalle más de una «mise -en scene» muy cuidada en un cuadro muy íntimo. Decoración muy moderna -de tonos muy armonizados, tono sobre tono, la escala de los verdes ó -de los rosas ó de los grises. Aconsejaos de un buen pintor ... muerto. -En el Museo del Prado hallaréis excelentes motivos de inspiración. -Después, uno de esos divanes, que una señora amiga mía, llamaba con -gráfica expresión, revolcaderos, pero que yo no me atreveré á nombrar -de ese modo; un diván cama, poco levantado del suelo, cubierto con -una auténtica piel; camello, oso blanco, cabra de Angora, zorros -azules con sus cabecitas. Esto último no se recomienda tanto, porque -los amigos harían chistes. La piel puede sustituirse por un rico paño -de terciopelo, bien entonado con nuestra carnación. Hay que ponerse -en todo. Profusión de almohadones, no esos almohadones vulgares de -telas estampadas; almohadones muy personales. Cerca, lo necesario y lo -superfluo «pour en griller une». Todo como de juguete y todo ejemplar -único, á ser posible. - -En estas condiciones el cigarrillo, el mismo cigarro puro, parecen tan -propiamente femeninos, que son los hombres los que piensan entonces que -acaso el fumar sea más propio vicio femenino y no tarden en arrojar su -cigarro, como avergonzados. - -Para mí no hay duda de que el cigarro pasará en fecha no muy lejana -á ser de uso exclusivo de las mujeres, como el abanico, el manguito, -que en un principio usaban por igual hombres y mujeres; como será con -tantas otras cosas á todas luces más apropiadas al carácter femenino, -por ejemplo, el arte, la política, todo aquello en que sea elemento -primordial la seducción. Porque vamos á ver. ¿A ustedes les parece -propia de hombres la actitud de un artista pensando siempre como -agradará al público? ¿Y la de Maura, pensando siempre como agradará á -Cambó? - - * * * * * - -Es la hora del te. La hora que en los largos anocheceres de invierno -sería para las mujeres la hora de los aburrimientos peligrosos, si la -moda no hubiera inventado esta costumbre. - -En torno á la hervidera de plata, que es con su llama azul temblorosa, -como ara encendida en culto á la diosa Frivolidad, es un charlotear -incesante, apenas interrumpido por el picoteo en bocadillos y -golosinas. De un tema á otro, mariposea la charla femenina con frases -que son unas veces, batalla de flores; flores de trapo; otras, como -cruzar de floretes en juego de esgrima, todo galantería; alguna vez, -aquel alfilerazo que busca y acierta con el defecto de la armadura. - -Allí murmuran, como en parte alguna, los mil arroyuelos por donde van -las pequeñas historias á formar el mar de la historia grande de una -época. - -¿Qué es la murmuración sino la historia de un día? ¿Qué es la historia -sino la gran murmuración de los siglos? - -—¡Como canta el Werther ese hombre! ¿Le habéis oído? - -—Pero la ópera es una tontería. - -—Hay que oirla más de una vez. - -—Eso dicen de todas las tonterías. ¿Será ese el secreto del matrimonio? - -—¿Has estado en estos bailes? - -—En todos. No te he visto en ninguno. - -—¿Olvidas mi luto? - -—Por una tía ... - -—Pero era de mi marido. Tengo que guardar más las apariencias. - -—¿Habéis visto la obra del Español? - -—No quiere mamá. Creo que es una soltera que tiene relaciones con un -casado, lo mismo que dicen de ... - -—¡Calla, que esta ahí su mujer! - -—No, si iba á decir la de ... - -—¡Calla! ¡Que esta ahí su hermana! - -—No comprendo que haya quien no quiera recibir á las que tienen -historia, porque es no poder hablar de nadie en sociedad ... - -Y así pasan dulcemente esas horas de los largos anocheceres de -invierno, que son tan peligrosas para las mujeres distinguidas que no -toman te en sociedad con sus mejores amigas. - - * * * * * - -Distinguidas señoras que preparaban bailes de trajes, minués y otras -fantasías propias de Carnaval, han tenido que desistir de sus proyectos -por no hallar suficiente personal masculino propicio á la inocente -diversión y al insignificante gasto que supone presentarse trasformado -por una noche, con propiedad de ópera, en mosquetero, marqués, Luis XIV -ó XV, petimetre del XIX, etc. - -El _sport_ lo absorbe todo, energías físicas y pecuniarias. El -automóvil, el polo, el golph, el tiro, el _lawn-tennis_, con la -apropiada indumentaria y los precisos accesorios, no dejan tiempo, ni -dinero, ni fuerzas á la juventud masculina. - -Para el ligero _flirt_ que ha de preceder á un matrimonio convenido -en familia, tan bueno es el automóvil con sus expediciones, como un -salón de baile. Un moderno torneo de polo, mejor que un cotillón con -sus figuras grotescas. Dejemos á las cotorronas llorar por las pérdidas -costumbres de los pasados tiempos ... Sus hijas no parecen mal avenidas -con los alardes de fuerza, agilidad y destreza. Cierto que un valsador -infatigable era una garantía; pero en el baile, á la luz artificial de -los salones, es más bien fuerza nerviosa la que se gasta, y la fuerza -nerviosa es traicionera y puede faltar en el mejor momento, como todo -lo que es inspiración. - -¡Fuerza, fuerza! Aunque el amor se despoetice. Esta generación no es de -novios; pero quien sabe si, por lo mismo, no nos prepara una brillante -generación de padres. - - * * * * * - -D. Prudencio—nuestro Mr. Prudhomme,—ha tenido en estos días ocasión -de manifestarse. D. Prudencio abomina de las exageraciones, y en su -concepto—D. Prudencio no tiene opiniones, tiene siempre conceptos,—en -su concepto, los sucesos de Portugal han sido una lamentable y funesta -serie de exageraciones. Exagerado el dictador, exagerados sus enemigos -políticos, exagerada, ¿y como no? la prensa, exagerados los regicidas, -estos sobre todo. Los únicos que no le han parecido exagerados, son -los republicanos de allá, lavándose y aún perfumándose las manos, como -Pilatos, abominando del crimen y dejándolo todo para mejor ocasión, -y los ingleses enviando á modo de amistosa advertencia, unos cuántos -barcos á la vista de Lisboa. - -No hay que decir si á D. Prudencio le habrá parecido también exagerada -la actitud de esa gente que se ha pasado las horas en acecho y acoso -del caído dictador, durante su estancia en Madrid. - -D. Prudencio, en cambio, ante estas grandes tragedias de los grandes, -siente como nunca el efecto que, según retóricos preceptistas, ha de -producir la tragedia en el ánimo del espectador, el de purgar nuestras -pasiones. D. Prudencio se purga, de toda ambición en primer término, -de toda envidia y de toda codicia. ¡Oh su apacible medianía! ¿Quién -quiere ser rey ni dictador después de esto? Y D. Prudencio cree tener -asegurada la material inmortalidad solo con sentirse insignificante. - -También han sido gloriosos días estos para los exaltados, para quienes -todo es síntoma y anuncio precursor de trastornos mundiales, para los -que todo lo tenían previsto, porque la historia enseña ... - -Y aquí un curso de filosofía de la historia ... Y la historia no debe -enseñar gran cosa cuando todavía no han aprendido algunos gobernantes -que se puede hasta tiranizar en pleno siglo XX, y lo que no se puede es -dejar sin voz á los pueblos para quejarse siquiera de la tiranía. - -Carlyle, tan enamorado del silencio, consideraba, no obstante, como -pueblos muertos á los que, según el, no tenían voz, es decir, á los -que no habían expresado en forma artística sus sentimientos, sus -aspiraciones, sus esperanzas ó sus recuerdos. Fuera del arte existen -en la vida moderna otras muchas voces que son señales de vida, el -Parlamento, la prensa, la opinión pública en todas sus manifestaciones; -gobernar sin ellos es gobernar en silencio, el silencio del vacío es -remedar al avestruz en lo de esconder la cabeza bajo el ala, para no -ver al cazador, porque lo que no se ve ni se oye, es por un momento -como si no existiera ... No, la historia no enseña nada, ni siquiera la -Natural; hay gobernantes que no aprenderán nunca que dejar á un pueblo -sin voz es obligarle á que la acción sea más violenta, y que la postura -del avestruz no es postura airosa para hombres de gobierno. - - * * * * * - -La rueca y la pluma. Apólogo. - -Dijo la sartén al cazo, etc. Dijo el orador al escritor: Quita de ahí, -hablador. - -Ya lo véis, escritores; con un poco de imaginación, podéis pareceros, -al escribir, á la mismísima Margarita del «Fausto» al surgir, evocada -por Mefistófeles, ante los ojos del viejo doctor, dándole á la rueca y -al huso. - -¿Con que el ejercicio de la pluma supone cierta timidez y debilidad de -carácter? Pruebe, pruebe el Sr. Maura por una vez á estrenar, siquiera -una piececita del género chico, sin mayoría, es decir, sin _claque_, y -verá lo que es bueno. - -Y aún insisten los escritores en acudir al gobierno en demanda de -indultos para Nakens y Morato. Ya véis en lo que se nos estima, y bien -podemos suponer en lo que han de estimarse nuestras peticiones. ¡Gente -de pluma! De rueca como si dijéramos. - -¡Si lo dijeran Hernán Cortés y el Gran Capitán! - -Pero créanos el Sr. Maura: oradores y escritores, todos somos unos. -Plumas y lenguas, todas son ruecas. - -Aparte de que la rueca no es tan despreciable por ser su ejercicio -ocupación de mujeres. Los ingleses tienen un proverbio que dice: La -mano que mece la cuna, mueve el mundo. Y esa mano es la de la mujer, la -misma que mueve la rueca. - -Yo, por mi parte, prefiero figurarme al mover la pluma que muevo una -rueca y estoy hilando, que no una espada que corte los hilos de algunas -vidas. Pero es un modo de pensar, de sentir, mejor dicho. - - * * * * * - -Por ser la primera vez que se ha tomado en consideración el voto de las -mujeres, el Congreso ha estado muy consecuente, como dicen los chulos. -Principio quieren las cosas. - -Si los hombres fuéramos agradecidos, la votación favorable hubiera sido -más nutrida. ¡Habrá tantos que deban su carrera política á las faldas y -habrán votado en contra ó se habrán abstenido! Cuando en los bastidores -de la política, tan importante papel juegan las mujeres, ¿por qué -impedirles mostrarse en el escenario? ¿Qué se teme? ¿Sus tendencias -reaccionarias? ¡Ay! En otros tiempos no lejanos sí era la mujer la que -extremaba esas tendencias; pero ahora ¡hay tantos matrimonios en que -es la señora la que tiene que retrasar la hora del almuerzo porque -el marido esta en el sermón ó en la junta de cofradía! Será dichosa -casualidad, pero yo conozco muchas más liberalas que liberales. Cierto -que cuando se trato la cuestión de las asociaciones, las señoras -dieron una acentuada nota reaccionaria; pero es que esa cuestión no -las importaba mucho. Pero que se votara la ley del divorcio y ellas -hubieran de decidir con sus votos: reforma implantada; bastaría con -que la votación fuera secreta. Y si había de ser pública, todas se -disculparían con sus amigas.—Yo por mí no hubiera votado ¡qué horror!, -he votado por Fulanita (aquí el nombre de alguna amiga). ¡Para verla -vivir como vive con su marido, más vale que se divorcie!—¿Y qué mujer -no tiene una amiga á quien favorecer en ese caso? - -[Ilustración] - - - - -XXI - - -Polichinela airado ha sido una vez más protagonista de la tragedia -tantas veces representada en el teatro, el drama verdadero de la vida -sobreponiéndose á la farsa, el payaso asesino. - -Pero esta vez no han sido los celos, resorte dramático, ha sido el arte -mismo. Por torpeza ó malicia del apuntador—un autor teatral hallará -pronto el revuelo de faldas, móvil de la aventura,—fracaso un chiste -de Polichinela y ciego de ira le golpeó el cráneo, como suelen los -polichinelas de cartón golpear á sus interlocutores. - -El público reía ... En las farsas de la vida es lo mismo; hasta -ver sangre y muerte tardamos en percibir que no va de burlas. -Actores, siempre queremos parecer trágicos; lo trágico es más noble. -Espectadores, siempre queremos serlo de farsas regocijadas. - -Hacer reir es la consigna del payaso. Robar un chiste al público era -faltar á su deber y el deber es antes que todo. ¡El teatro agranda de -tal manera las obligaciones y deberes! ¿No hemos visto dramas en que el -protagonista se cree el hombre más desgraciado por no poder casar á su -hija con el hombre á quien ama, por el terrible caso de conciencia de -que una abuela de la chica tuvo que ver con el abuelo del muchacho? - -¡Qué extraño es que el Polichinela agrandara en su imaginación, hecha á -las exageraciones de la farsa, la importancia de aquel conflicto! ¡Un -chiste menos! ¿Como podía compensar al público? Ofreciéndole á cambio -del chiste una tragedia entera. - -Lo que puede demostrar la superioridad del género cómico sobre el -trágico. Por un chiste una tragedia, y el público todavía no saldría -satisfecho y preguntaría: ¿Qué chiste era ese? ¡Nos hemos quedado sin -oir el chiste! - - * * * * * - -Esta vez nos llega de Inglaterra la leyenda del bandido simpático, -enamorador de mujeres y de multitudes, leyenda que parecía patrimonio -de países meridionales. Aunque los ingleses cuentan con su Robín Hood, -antecesor pintoresco y glorioso de Roque Guinart y Carlos Moore. - -No conozco Raffles, como novela; ignoro si en ella triunfa la justicia -sobre el ladrón «gentleman»; si así fuera, el autor de la adaptación -teatral ha comprendido el grave disgusto que hubiera dado al público -de teatro, más apasionado é irreflexivo que el lector, si Raffles no -quedará triunfante, por lo menos con ese triunfo de final de obra, que -el público, sin más discusiones, acepta como definitivo. - -Y esta simpatía por los «out-laws»—que como vemos, la historia -literaria desmiente, localizada en países meridionales,—esta simpatía -universal por los rebeldes á la disciplina social, sobre todo si su -rebeldía solo es peligrosa y solo amenaza á lo que no tenemos ó tenemos -seguro de no perderlo, ¿no es prueba evidente de una protesta continúa -de todos los tiempos y de todos los hombres contra el orden social ... -de los demás? - -¡Ah, como celebran las hazañas de Raffles los que nada poseen y de -buena gana le imitarían! ¡Como le celebran también los que tienen su -dinero en valores seguros, resguardados en las cajas de algún Banco -inquebrable! ¿Y las damas?... Darían por bien robados sus collares por -el gusto de haber conocido á ladrón tan encantador. «¡So lovely!» - -La chismografía teatral nos cuenta que en Londres el intérprete del -papel es el ídolo de las damas solo con representarlo. - -¡No quiero pensar qué sería con el efectivo Raffles! Estos simpáticos -bandidos dejan huella muy honda en los corazones femeninos. Por ellos -suelen decir muchas, cuando el bandido les roba alguna alhaja de precio -y huye, como es natural, de la justicia: ¡Que le busquen, que le -prendan! Pero que no le hagan nada ... aunque no parezca la alhaja. Se -ve que todo el interés esta en que parezca el, para decirle:—¡Ingrato! -¿Qué necesidad tenías de robarme nada? Yo te lo hubiera regalado todo. - - * * * * * - -Paréntesis cuaresmal. Meditación, recogimiento y ... ahorro. Los tés sin -golosinas, las reuniones sin cena, suprimido el teatro; sus turnos de -moda se trasladan á las conferencias religiosas, á cargo de esos buenos -melífluos, y mundanos padres de la Compañía, que son una especie de -Fernando Díaz de Mendoza en lo de saber como agradar al abono. - -En esas conferencias se trata casi siempre de ligeros temas sociales; -sólo faltan los nombres propios para que más parezcan prolongación de -los chismorreos de sociedad. Su habilidad consiste en que siempre se de -por aludido ... el prójimo. De este modo nadie se molesta. - -Recuerdo el tole tole producido años ha con el famoso sermón de los -descotes, refundición de otro no menos famoso, pronunciado por el abate -Boileau ante la corte de Luis XIV: «Sur l’abus des nudités de -gorge». Pero los tiempos eran otros y lo que las cortesanas del Rey Sol -escucharon con paciencia—claro esta que sin enmendarse,—las modernas -devotas no pudieron sufrirlo. - -La religión como el arte deben ser ante todo un consuelo, y si los -predicadores como los artistas, dan en decir cosas desagradables y en -asustar con fieras amenazas ... - -Bien lo saben los dulces padres; la severidad no aparta del pecado -y aparta de la Iglesia. Dulzura en el púlpito, dulzura en el -confesionario ... «¡De la douceur, de la douceur!», que dijo aquel gran -poeta y socarrón de Verlaine, que también supo alternar lo pagano con -lo cristiano, como nuestras bellas penitentes en estos cuarenta días de -«magdalenismo» y coqueteo á lo divino. - -La «toilette» es más austera, las conversaciones más graves; si se -murmura es por moralizar. Desaparecen los libros profanos y en su lugar -se ostenta «La Imitación de Cristo», «El reloj de la Pasión» y otros de -serias meditaciones. El ayuno colabora con el régimen para adelgazar, -el flirt es compatible con todo, y luego ¡cuarenta días pasan tan -pronto! Y el sábado de Gloria las campanas repican, y las faldas, -que por algo tienen forma de campaña, revuelan también, y las bellas -penitentes parecen rejuvenecidas, como después de una temporada de -baños ó de campo ... Porque, eso sí, veraneen física ó espiritualmente, -todas vuelven del veraneo y de la cuaresma. Ni el mar ni el campo, ni -la religión, pueden más con ellas que este Madrid de sus fatigas y de -sus pecados. - - * * * * * - -Era un tiempo en que el más descreído y despreocupado, sentía avivarse -en su espíritu cierto fervor religioso al llegar los días solemnes -de la Semana Santa. Pero en estos tiempos de profunda piedad que -alcanzamos, tan pródigos en diarias manifestaciones religiosas, la -Semana Santa no es más de notar que otra cualquiera en cuanto á lo -piadoso se refiere. Más bien por lo mundano, si buen tiempo y buen sol -ayudan. No son rostros atormentados por mortificaciones y penitencias, -ni siquiera ensombrecidos por austeros pensamientos los que se ven por -calles y por iglesias en esos días. Y ¿por qué entristecernos? Sabemos -que el sábado han de tocar á gloria; creemos en un Dios misericordioso -y una legión de vírgenes y santos intercesores, que han de salvarnos -por muchos que sean nuestros pecados. El sentimiento religioso pudo ser -alguna vez cruel en España, pero nunca fué triste. No fué triste porque -supo mirar al dolor y á la muerte cara á cara. Fué cruel, porque si el -propio dolor y la propia muerte no importaban ¿qué habían de importar -los ajenos? - -Si esta confianza en Dios y esta despreocupación de la muerte fueran -tan conscientes ó tan hijas de una profunda fe religiosa como son de -irreflexivas y de inconscientes, la raza española sería la primera -del mundo. Pero ¡ay! que el despreciar la muerte no es más que la -consecuencia de despreciar la vida, y vida y muerte vienen á ser de -este modo una sola negación y sólo son verdaderamente grandes los -hombres y los pueblos que toda su vida afirman y el morir es para ellos -la suprema afirmación de su vida. - - * * * * * - -Era un tiempo también en que las más bellas y nobles damas turnaban -en las mesas de petitorio, y las ofrendas eran cuantiosas. Pero era -acaso esta sola vez en el año, cuando las señoras ponían á prueba -el desprendimiento de sus buenos amigos. Hoy, todo el año es Jueves -Santo para el petitorio; las funciones benéficas, las cuestaciones -caritativas son un renglón de los más costosos en el capítulo de las -relaciones sociales. Media España vive de la beneficencia de la otra -media y hay dudas sobre cual de las dos mitades vive mejor. - -Cualquier persona de cierto viso, al abrir la diaria correspondencia, -puede estar segura de que entre diez cartas, las nueve serán de -peticiones; echarse á pie por esas calles es ir recogiendo memoriales -de palabra con toda suerte de peticiones. No son los mendigos más -enojosos los que le tienden á uno la mano, sino los que la dan. Y -á esos, ¿quien los recoge? No hay idea de lo que aumentarían los -donativos para la Asociación de la Caridad, si las autoridades -se comprometieran á librarnos á cada uno de nuestros pordioseros -particulares. - - * * * * * - -Ya que nuestros legisladores andan tan remisos en conceder á las -mujeres derechos políticos, ¿por qué privarles también del más -elemental de los individuales, que consiste en poder hacer cada una de -su capa un sayo y de su pellejo un tamboril? Desde el punto de vista -estético podrá discutirse la intrusión del feminismo en el toreo. Y -será muy discutible el punto, porque desde el traje hasta las monadas -inherentes al ejercicio de la profesión, hay en todo ello mucho más de -femenino que de propiamente masculino. No digamos de la admiración que -el público siente por sus toreros favoritos. Si el espíritu de las -colectividades es siempre femenino, el de un público de Plaza de Toros -es _hembra_ por los cuatro costados. Acaso es esta la mejor razón de un -espectáculo que con otras razones no puede explicarse ni defenderse. Es -parte de ese eterno femenino, móvil supremo de todo lo humano. - -Pero quedamos en que, por no ser costumbre fundar leyes en motivos -estéticos, el ministro de la Gobernación ha fundado en motivos de -moralidad y de protección al bello sexo la prohibición á las mujeres -de una profesión, no más arriesgada que el matrimonio en la mayoría -de los casos y mucho menos inmoral que otras, ¡ay! reglamentadas y -patrocinadas por el ministerio de la Gobernación. - -Más cornadas da el hambre, y de la enfermería de la Plaza de Toros -á la enfermería de San Juan de Dios no vemos que la moralidad ponga -tanta distancia—la materialidad ha puesto muy poca.—Pero, en fin, -el legislador paternal os protege, ¡oh, mujeres! Os quitan un modo de -vivir, pero de morir todavía os quedan muchos. Ahora, que en una Plaza -de Toros y ante todo un público, se escandalizaría la gente; en un -hospital no lo ve nadie, y los que lo ven no se escandalizan; están -acostumbrados. - -¡Mujeres toreras! Ya lo sabéis; vuelva el estoque á la vaina. El señor -ministro os priva del primer recurso; menos mal que os deja el segundo. - - * * * * * - -¡Oh piadosa voluptuosidad de la justicia humana! ¿No han leído ustedes -la noticia? ¿No les ha conmovido á ustedes? Se ha suspendido la -ejecución de un reo por hallarse muy delicado de salud. Temerían que la -impresión le fuera funesta. - -En cambio, un doctor norteamericano propone que á todo enfermo -incurable se le anticipe la muerte. ¿Quién es más piadoso? ¡Vaya -usted á saber! Dado lo que tiene nuestra vida de lucha, desde que -nos abre la puerta del chiquero, hasta que nos arrastra por la de -corrales—perdonen los casados la comparación,—yo creo que siempre -hemos de mirar con más simpatía al puntillero que á los demás que -intervienen en la lidia. - - * * * * * - -Y ¿habrá pagado Madrid toda su deuda de admiración y de gratitud con su -madrileñísimo músico? ¿Nada más, madrileños? Si fuera así, sería cosa -de pensar una vez más en que Madrid es bien ingrata tierra para sus -naturales, y es preferible para toda gloria, viviente ó póstuma, ser -cabeza de ratón en cualquier lugarejo, que cola de león y hasta león -entero, en esta ciudad grande, que quizás por serlo, pone distancias de -desierto en las gentes para los nobles entusiasmos aunque las acerque -y las una, como en Casino provinciano ó solana lugareña, para el -chismorreo, el _despellejeo_ y la maledicencia menuda. - -Cuando por esas capitales de provincia, cabezas de partido y hasta -villorrios, con más partido que cabeza, se alzan estatuas y monumentos -á muertos y á vivos, que no hicieron cosa mejor que firmar concesiones -de momios á favor de caciques y mangoneadores, ¿no tendrá en Madrid su -monumento el maestro Chueca? ¿Merecerá menos el que alegró nuestra vida -honradamente que tantos como la entristecieron? - -Y no nos vengan doctorales señores, de esos que piensan haber depurado -el gusto, cuando sólo han depurado la envidia y la molestia que les -produce cuanto brilla y triunfa, con lo de música ligera, musiquilla, -de teatrillo, de piano ... - -Los entendidos se extasían ahora con _Peleas y Melisenda_ de Debussy, -como expresión exquisita del más puro arte musical. Celebran en -ella como el ritmo musical es fiel intérprete del ritmo de la frase -hablada. Secreto es este que la música de Chueca había encontrado por -genial instinto. Su música tiene todos los ritmos del habla madrileña, -al requebrar, al burlarse, al aclamar al torero en la plaza, á los -soldados en la calle; es desgarrada y fanfarrona en los chulos, -picarescamente llorona en los pobres, desgarbada en los agentes de la -autoridad, cursi en los cursis, airosa en los pasos dobles, con el -gallardo andar de la gente madrileña, que aprendió á andar al son de -músicas callejeras, charangas, pianos de manubrio, guitarras y panderas -de estudiantinas, y al andar parece siempre marcar el paso al ritmo de -esas músicas de la calle, que espantan á los pobres sus cuidados y su -tedio á los ricos. - -Si cada uno que se alegró un día á los sones de una canción de Chueca, -contribuye ... con poco, lo que se arroja desde el balcón al pianista -que alegra la calle, ¿no bastará para perpetuar en Madrid, no la gloria -del maestro, sino la gratitud del pueblo madrileño al que alegró su -vida? Y alegrar la vida, ¿no es el modo más sabio de hacerla mejor? - -Ya que se empeñan en levantarnos ese monumento lúgubre, funerario de la -calle Mayor, opongamos un monumento risueño, que no evoque tristezas ni -crímenes, por donde se cante al pasar, como la mejor oración y el mejor -recuerdo. - - * * * * * - -Por algo político y cortesía son sinónimos: en las relaciones sociales, -ambas obligan igualmente á transigir con el trato de personas poco -gratas. La visita de Eduardo VII, rey en el pueblo de las más -verdaderas y sólidas libertades políticas, al sombrío Zar de las -persecuciones neronianas, en pleno siglo XX, no es de seguro una visita -de verdadero afecto. La figura del zar Nicolás fué simpática durante -algún tiempo, porque el también parecía, como la primera víctima de su -propio poder autocrático, sometido á pesar suyo por la fuerza de una -aristocracia feudal y bárbara, contra la que era imposible rebelarse. -Pero llegó un día en que tuvo de su parte al pueblo, que sólo le -pedía justicia á cambio de amor y lealtad, y su respuesta esta en esa -estadística publicada por _La Tribuna_ rusa: sentencias de muerte, -deportaciones á millares, víctimas de todas clases, crueldades sin -cuento, crueldades inútiles, feroces ... Y la mano que firmó—horrible -si firmó sin temblar, más horrible si firmó con el temblor del -miedo,—es la que estrecha el rey de un pueblo libre y civilizado, por -conveniencia política. ¿Quién se atreve á condenar las abdicaciones de -los pequeños ante estas abdicaciones de los grandes? - -[Ilustración] - - - - -XXII - - -En este mes se celebra la fiesta del santo—San Roque es patrón -favorito—en muchos pueblos y aldeas de España. La prohibición de las -capeas quita á la fiesta su mayor atractivo. Como que no suele haber -otro; de modo que suprimir la capea es suprimir la fiesta, esperada con -ilusión, que no pueden comprender los habitantes de grandes ciudades, -durante todo el año. - -Las capeas eran una barbaridad. ¿Quién lo duda? Pero no causa, sino -efecto de otras barbaridades. Cuando se cultiva con ensañamiento la -incultura de un pueblo; ¿á qué pedirle cultura en un día determinado? -Buena esta la incultura para que no piensen, para que labren la tierra -sin protestar al sol y al frío, para que paguen su contribución á un -Estado al que nada deben ni para nada se preocupa por ellos; para que -voten á quien los cuatro caciques mangoneadores ordenan, y ¡ay del que -se resista! Buena para sufrir, buena para el servicio de las armas y -los embargos del fisco, buena para ser rebaño dócil, conducido á gusto -y provecho de cucos pastores ... Para todo eso bien están la ignorancia -y la incultura: cuanto más brutos mejor. ¿No es eso?... ¡Pero una -capea! ¡Ah! Ese espectáculo inculto, esa diversión bárbara no puede -permitirse. Que tengan educación siquiera un día. En las elecciones -pueden desquitarse capeando al candidato de oposición, presididos por -la autoridad competente. - -La fiesta de los pobres lugares y aldeas será triste este año. La capea -importará poco, ¡pero es toda la fiesta! Los pueblos son humildes, -son resignados, pero su fiesta es toda su alegría del año. ¿Sería tan -difícil alegrarles la fiesta y compensar con ventaja la prohibición -de las capeas enviando á los pueblos por cuenta del poder central—el -odioso poder central—alguna culta diversión; una compañía de actores -modestos, un cinematógrafo; poca cosa? ¡La alegría de los pueblos, como -la de los niños, es tan barata! - -¡Prohibir! ¡Suprimir! ¡Castigar! ¡Pedir! ¿No han de ser otras las -palabras del Estado para esos pobres lugares y esas pobres gentes? -¿Sería indecoroso para el Estado tener comediantes y titiriteros -á sueldo para alegrar un día la vida, cuando paga tantos para -entristecerla en todos los días del año? - -Ya se que es demasiado pedir. El socialismo del Estado no puede llegar -á tanto. Por ahora se contenta con llevárselo todo y no repartir nada. -Quedan prohibidas las capeas. Quedan suprimidas las fiestas. El Estado -no esta para divertir á nadie. - - * * * * * - -La alta política de los estados europeos es incomprensible para las -inteligencias vulgares. Un día cualquiera, cuando creemos que no hay -mayores motivos para una conflagración internacional que en la víspera -de ese día y que en todos los días del año, resulta que sin saber como -ni cuando, ni porqué la situación es gravísima; que el conflicto de los -Dardanelos se ha complicado; que la supremacía sobre el mar Báltico -ha de dirimirse; que Alemania no ve con buenos ojos—los ojos del -kaiser—el _flirt_ de Inglaterra con Rusia y con Francia; que Austria é -Italia se despegan de la triple alianza; que en vista de la pequeñez de -los mares, hay nación que desea arrendar el Mediterráneo ó el -Atlántico ó el Pacífico, para uso particular de sus barcos, como si -se tratara del estanque del Retiro; problemas terribles todos ellos -que, no preocupando ni poco ni mucho á nadie en particular, en cuanto -ciudadano inglés, alemán, francés, etc., tienen la virtud de preocupar -á Inglaterra, Alemania, Francia, etc., en cuanto naciones y estados. -Váyase por los muchos problemas que preocupan cada día á los ciudadanos -de esos estados, sin que el Estado se preocupe de ellos para nada. - -De un lado va la historia grande, la que se escribe á cañonazos. De -otro la historia chica, la que no se escribe nunca, pero vive siempre. -El divorcio entre una y otra es mayor cada día; de tal modo, que bien -puede arriesgarse la siguiente definición. ¿Qué se entiende por grandes -cuestiones de política internacional?—Las que no le importan á nadie -en el mundo. - - * * * * * - -Y va de pintura. Con motivo del triunfo obtenido por Zuloaga en el -Salón de París, hemos lamentado una vez más la ingratitud de España, en -donde es menos conocido y estimado el nombre del insigne pintor, que en -el extranjero. No es decir que no seamos aquí capaces de algún desvío y -de alguna injusticia, pero en este caso no sería nuestra toda la culpa. -El pintor—¡felices los pintores que por hablar en su arte un lenguaje -en todas partes comprendido pueden elegir ambiente para su arte y -mercado para sus obras!—no se ha dignado nunca presentar sus cuadros -en España; harto hacemos en admirarlos por la fe de fotograbados y de -la admiración que en todas partes los proclama por obras maestras. En -cambio, cuando llega la hora del entusiasmo no nos detenemos por nada. -Para algunos los últimos cuadros de Zuloaga son nada menos que símbolo -de España. Esto ya me parece simplificar el simbolismo como en las -revistas teatrales, donde basta que salga una tiple vestida con más ó -menos fantasía y nos diga: yo soy esto ó lo otro, para que lo demos -por bueno. Pero francamente, un enano con un ojo verde, y al fondo -unas casucas verduzcas y un cielo verdinegro también, de una parte, y -de otra dos brujas, de nariz, barba y dedos retorcidos como de aves de -rapiña, podrán ser todo lo admirables que se quiera como pintura, ¡pero -decir que eso es toda España! - -Bien esta que lo digan los franceses, tan aficionados siempre á las -grandes síntesis: el sintetizar ahorra de discurrir, pero nosotros, -¿por qué hemos de decirlo? cuando el mismo pintor al triunfar con sus -cuadros de la más legítima escuela española es el primero en demostrar -que en España hay algo más que enanos y brujas. - - * * * * * - -Zaragoza triunfa con su Exposición. Saludemos á la noble ciudad, entre -todas las de España, hermana predilecta de Madrid. Entre todos los -cantos regionales, la jota, el verdadero himno nacional, fué siempre -el preferido de los madrileños; quizás porque nunca se manchó como -otros aires regionales, al ser demasiado traídos y llevados como enseña -política más que patriótica. - -Sin arrogancias, sin bambolla, Zaragoza, que para ser siempre grande, -pudo más que ninguna reposar en sus gloriosas tradiciones, ha sabido -agrandarse y prosperar y engrandecerse sin molestar y sin presumir. -Con sano equilibrio, no atendió solo á los progresos materiales, y -su Facultad de Medicina es gloria de una ciencia, que es quizás hoy -la mayor gloria de España, que ninguna sigue tan de cerca, cuando -no adelanta á la ciencia extranjera. Como en tiempos se dijo de -los Argensolas que habían venido de Aragón á Castilla á enseñar el -castellano, muchos son hoy los escritores aragoneses de que puede -decirse lo mismo, y entre todos ellos no es preciso nombrar en estas -columnas al que todos tenemos por maestro. - -En la fe religiosa no hay asomos de clericalismo ni de beatería. Ante -tu Virgen del Pilar—su inicial es la de Patria,—rinde armas toda -impiedad y todo volterianismo. En días tristes, supiste decir que no -querías ser francesa, pero con estar tu pilar tan asentado en tierra -aragonesa, nadie te preguntó nunca si no querías ser española. - -Por todo esto, noble Zaragoza, entre todas las ciudades de España, -hermana predilecta de Madrid: ¡Salud y gloria! - - * * * * * - -A estas horas, si el tiempo ó cualquier otro accidente imprevisto no lo -ha impedido, para el público madrileño habrá pasado á la historia del -toreo, acaso la más interesante en la historia de España, uno de los -toreros más aplaudidos y celebrados en los modernos tiempos. - -Inteligente, elegante; de una elegancia un poco afectada, poco vario en -su repertorio, fué el torero de las cuatro cosas, pero en esas cuatro, -maestro. Tuvo las bastantes tardes felices para ser admirado, y las -bastantes tardes desdichadas para no llegar á ser odioso al público y á -sus compañeros. No llegó á fatigar la admiración como el Guerra. - -Siempre recordaré la corrida en que éste, á lo que se supo después, -toreo por última vez, en Zaragoza. Había toreado toda la tarde con -el mismo arte, con la misma alegría de siempre; pero el público se -resistía al aplauso. A lo admirable decía: ¡Eso ya sabemos que lo hace -bien! y no aplaudía; á lo defectuoso se mostraba severo en demasía. -Aquel año empezaba á brillar el Algabeño, y el público, deseoso de -inventar un torero, se excedía en mostrarle su entusiasmo. Guerra había -dado muerte á sus dos toros; intentó ayudar en una de sus faenas al -Algabeño, y el público, creyendo que trataba de deslucirle, le obligó -con injustas protestas á retirarse. Sentado en el estribo de la -barrera, contemplaba la faena de su compañero, el astro naciente. Los -pases eran efectistas; esos pases llamados del Celeste Imperio: el -público los coreaba con olés, con ese rabioso regocijo de la multitud -cuando más que en aplaudir á uno, piensa en mortificar á otro. Gritó -una voz: ¡Aprende, Guerra! Y Guerra paseo una mirada en torno del -circo, una mirada de profunda melancolía, que era sin duda su adiós á -las glorias del triunfo, su amargura ante la ingratitud de la -muchedumbre. - -¡No fué más triste el adiós de Otelo á sus victorias al dudar de la -fidelidad de su amada! - -¡Oh público, público; tu nombre puede ser masculino, pero tu alma es -siempre de mujer, y más que ella eres pérfido como el mar! - -Por suerte no reza contigo el refrán: «A muertos y á idos ...» que para -unos y otros guardas lo mejor de tu admiración, y una vez desaparecido -el artista, sabes depurar en tus recuerdos todo lo desagradable de su -memoria. - -¡Feliz el artista que logra sobrevivir como hombre y apartado de su -arte puede oir todavía de sus contemporáneos como su nombre es parangón -constante á los que permanecen y á los que van llegando! - -Antonio Fuentes ha pasado á la historia del toreo. Ya lo sabéis, -toreros del presente y del porvenir, los que más le silbaron en su -vida taurina, serán ahora los que no dejarán de deciros: ¡Como aquel -Fuentes, ninguno! - -Salud á todos, el que se retira y los que quedan, para oirlo por muchos -años. - - * * * * * - -Más tarde ó más temprano siempre se recoge lo que se siembra. Llevamos -á América nuestro espíritu, que ella nos ha devuelto pródigamente en -admirables poetas que cantan en nuestro idioma, en inteligentes y -bellas mujeres, que son encanto de nuestra sociedad. Pero América nos -debía algo más, nos debía un torero, y si las señales no mienten llegó -el torero y llegó á su hora, cuando más necesitado estaba el arte -taurino de algo que le animara y renovara. - -No debe padecer el amor patrio por eso; aquí no hay América que valga, -y un torero no puede dudarse de que es cosa bien nuestra, mejor que -cualquier otra manifestación de nuestra influencia espiritual. Ya lo -dijo Voltaire: «C’est du nord aujourd’hui qui nous vient la lumière». -Como el sol taurino no nos falte, salga por Antequera. Justo era que -de nuestros antiguos dominios, en donde el sol no se ponía nunca, -viniera siquiera algún reflejo á confortar nuestro desmayado espíritu. -¡Aplaudamos á Gaona y no olvidemos á Hernán Cortés! - - * * * * * - -El proceso Rull es interesante como una novela; no de las llamadas -novelescas; la intriga es poco interesante; mejor de las psicológicas ó -experimentales, y hasta si se quiere, docentes. - -Su enseñanza, por no decir moralidad, es mostrarnos bien claramente -lo peligroso que ha sido siempre para toda autoridad valerse como -auxiliares de esos confidentes, delatores y espías, que antes de ser -frailes han sido cocineros y han jugado demasiado á ladrones antes de -jugar á policías, para olvidar tan pronto sus primeras mañas. - -Si hay casos en que el fin justifica los medios, hay medios que no se -justifican en ningún caso. - -Siempre fué achaque de la policía española servirse de esa clase de -auxiliares que obligan á más de lo que sirven. Hay remedios mucho -peores que las enfermedades. Se ha probado á perseguir el terrorismo de -todas maneras. ¿Si se probara á no perseguirlo de ninguna? Por lo menos -se conseguiría lo mismo, salvo el ridículo. - - * * * * * - -Si hemos de caer alguna vez en falta, el Señor nos libre de que -esa falta pueda ser calificada de tontería. Locura y tontería son -igualmente disparates, pero según la definición de un amigo mío: -tonterías son los disparates que no producen dinero. - -Ejemplos: Una joven honrada pierde su reputación por un hombre rico. -Todos dirán: ¡Qué locura la de esa muchacha! - -Se casa con un pobre. Todos dirán: ¡Qué tontería! - -Un hombre, en opinión de cumplidísimo caballero, se alza de la noche -á la mañana con unos fondos confiados á su honradez. Todos dicen: ¿Ha -visto usted qué locura la de ese hombre? - -Se arruina por completo: ¡Qué tontería! - -No hay confusión posible entre el tono de compasión del que dice: ¡Qué -tontería!, y el de admiración envidiosa del que exclama: ¡Qué locura! - -A propósito de ese desfalco de trescientas mil pesetas. ¿A que no han -oído ustedes decir á nadie: Qué tontería? - - * * * * * - -Todo, menos moralizar. Contemos las cosas como son y la moralidad -saldrá sola, si moralidad hubiere. Dígolo, porque esto de la moralidad -y del humorismo se ha puesto tan barato, que ya no es posible leer la -más sencilla noticia del más insignificante suceso sin su comentario, -ya moral, ya jocoso. Pase por la moralidad; pero lo de hacer donaire -á costa del infeliz que se suicidó, ó del que fué robado, ó del que -sorprendió á su mujer con el amigo, ya no me parece de tan buen gusto. -Los sucesos no deben pesarse por sus causas, sino por sus efectos, y es -crueldad hacer sainete de estas pequeñas tragedias de la vida humilde. - -¡Cuánto mejor empleado el humorismo á costa de las ridiculeces de los -grandes! ¿Por qué hablar en serio de los perifollos de la marquesa X -y de sus ridículos saraos y tomar el pelo, en cambio, á la infeliz -costurera que fracasa en su tentativa de suicidio? ¿Por qué tratar en -grave estilo la borrachera de vanidad del eminente imbécil Don Fulano, -y en tono ligero la simpática curda de algún alegre ciudadano? - -Bien se, ¡oh apreciables humoristas! que esto del humor es lo más -subjetivo y es cualidad suya reir de lo triste y entristecerse por lo -alegre, pero haya á lo menos simpatía en nuestro humor. Bueno es reirse -de los que quieren entristecernos, pero es crueldad reir de los que -realmente están tristes. ¡Viva el humorismo sobre todo! Menos sobre el -dolor ajeno. - - * * * * * - -Ninguna campaña tan injusta como la emprendida contra los prestamistas; -seguramente por gente que no les debe nada. El arte de estimar á sus -acreedores es un arte de gran señor. ¡Aquel admirable Don Juan de -Molière, deshaciéndose en cortesías y en agasajos con Mr. Dimanche! El -dinero es mercancía cara y no se por qué ha de estimarse al comerciante -que gana un cincuenta por ciento vendiéndonos una corbata, y hemos -de maltratar al que vende su dinero con la misma ganancia. Mucho más -cuando la corbata no nos saca de ningún apuro, y de mejor ó peor -clase, nunca falta un amigo ó pariente que nos regale una flamante -ó de desecho, ó alguna amiga cariñosa que nos fabrique una de algún -vistoso retal de sus galas ... ¡Pero el dinero! Cuando ni amigos ni -parientes os lo faciliten, siempre hallaréis al prestamista, que sin -razones de afecto ni de simpatía, ni importarle dos cuartos de vuestras -condiciones personales, solo por la garantía de vuestro trabajo; ó de -vuestros bienes presentes y futuros, incluida vuestra tumba, si la -poseéis á perpetuidad, os ofrezca, mediante unas ligeras formalidades, -lo bastante á pagarle comisión y el primer mes de intereses. Y es tanto -su deseo de serviros eternamente, que su mayor disgusto es verse pagado -en breve plazo. A los pocos días el mismo vendrá á ofreceros su bolsa, -siempre repleta y siempre franca—salvo las pequeñas formalidades.—Su -ideal es ligaros por fin con algún contrato de carácter matrimonial, -por lo sagrado y por lo inrompible. Sólo así se considerará dichoso. Y -¡hay quien reniega de estos vínculos, que ligan á una persona á nuestra -vida por toda la suya! ¡Una persona que se inquieta como ninguna otra -por nuestra salud, por nuestra suerte, por todas nuestras vicisitudes! -Que será la primera en aconsejarnos y en recomendarnos específicos y -doctores; la primera en evitarnos toda clase de disgustos y lances -desagradables en que podamos arriesgar nuestra vida ... ¡Qué horrible -soledad la del que vive sin este calor afectuoso que nunca falta, -cuando acaso falta el de otras personas á quienes nada debemos y todo -nos lo deben! Esto nunca se paga bastante, no se paga con nada ... -¡Contar con una lealtad á prueba, á cambio de dinero! ¡Cuando todos -nos engañan, saber que alguien no nos engaña nunca! ¡El prestamista! Y -si alguna vez nos engaña, ¡qué sublime engaño! Es que nos rebaja los -intereses ó nos perdona parte de la deuda ... No comprendo como haya -quien hable mal de los prestamistas. El que no haya tenido acreedores, -se morirá sin saber lo que es un verdadero afecto. Y el que antes de -morir haya pagado todas sus deudas, ¿como podrá tener la seguridad de -que alguien llora su muerte sinceramente. - - * * * * * - -La respetable señora que paró el sol de sus elegancias en las modas del -segundo imperio, ve entrar á su nieta, moldeada en un vestido tanagra y -no puede contener su espanto. - -—¡Jesús! - -—¿Qué te pasa, abuelita? - -—Nada. ¡Ese vestido, estas modas! ¡No puedo acostumbrarme! - -Una atrevida postura de la joven al sentarse, redobla el espanto de la -abuela. - -—¡Si eso es como ir desnudas! Con estos trajes no podrán decir los -hombres que se casen, que fueron engañados al matrimonio, respecto á lo -físico ... - -—Es verdad; el miriñaque y el polisón eran más graciosos y más -artísticos. No hay más que ver estos retratos ... ¡Como teníais valor -para vestiros de ese modo! - -—¡Calla, calla! Esos trajes tenían un aire señorial que marcaban con -solo el modo de llevarlos la diferencia de clases, de educación ... Eran -imposibles las falsificaciones ... Pero ¡con estos! El aire «cocotte» -predomina. ¡Cualquiera distingue á una señorita de ... las que no lo -son! Esos trajes lo nivelan todo. - -—No lo creas,—responde la joven, dándose unos golpecitos en las -caderas. - -—Y ¡eso de haber suprimido la ropa interior, para abultar lo menos -posible! Eso ni es decente ni puede ser sano ... - -—¿Sientes la nostalgia del refajo, abuelita?... - -—¡No cruces las piernas de ese modo! ¡Jesús, Jesús! Pero, ¿no te ves -en el espejo? - -—No veo nada de particular. Tu me has contado que muchas veces se os -levantaba el miriñaque al ir á sentaros y dabais un espectáculo ... -El abuelito contaba con mucha gracia que tía Vicenta en un baile de -Palacio ... Gracias á que el abuelito era general, hablaba en un grupo -cerca con sus ayudantes y muchos oficiales y mando formar el cuadro, -mientras se reparaba el desperfecto ... - -—No se vió nada. Y, sin embargo, á tu pobre tía le costó una -enfermedad. ¡No quiero pensar si con un traje de estos os ocurriera -algo en la calle! - -—Pues nada, abuelita. Lo que sorprende es lo imprevisto ... - -—Pues eso es lo que debiérais tener en cuenta para no aceptar esa -moda ... ¡Lo imprevisto! Ese es el secreto de la felicidad y del amor, -por lo tanto. ¡Como habéis de inspirar amor si dejáis de inspirar -curiosidad! - -—Queda el reino espiritual, abuelita ... En ese terreno todavía impera -el miriñaque ... No hay vestido tanagra que moldee el corazón como el -cuerpo de las mujeres ... Ahora, siquiera, no engañamos en cuestión de -forma ... - -—No, de seguro ... ¡Jesús, Jesús! ¡Si eso es como ir desnudas! - -[Ilustración] - - - - -XXIII - - -En un teatro de Italia se ha ensayado el sistema de votación pacífica -para que el público decida del éxito de las comedias, sin molestarse en -aplaudir ó patear, según el argumento requiera. Pero como siempre que -se pone el derecho de sufragio á disposición de un público, son más los -que se han abstenido de ejercerlo, y el autor se ha quedado sin saber -lo que opina la mayoría del público. Siempre he creído á despecho de -los que abominan de la masa neutra, que esto de la abstención es una -opinión tan respetable como cualquiera otra, lo mismo en política que -en arte. ¿Hay que opinar de todo por fuerza? Hay muchas cosas de las -que no puede decirse ni que sí ni que no, que ni están mal ni están -bien, y acaso estarían mejor no estando de ninguna manera. A este -respetable orden de cosas pertenece casi todo lo que es fundamento -del tinglado social. Por instinto de conservación debemos impedir las -votaciones decisivas. - - * * * * * - -Otra aplicación del sufragio universal al teatro es la que ha iniciado -M. de Brieux modificando el desenlace de su nueva obra «Simone» á gusto -del público. - -¿Que las obras, y sobre todo las teatrales, se escriben para el -público? Indudable. ¿Que M. de Brieux estuvo en su perfecto derecho -al procurar complacerle por todos los medios? Indudable también. Solo -que cuando se usa de tal derecho y de tales procedimientos, no debe -nadie, como el autor de «La toga roja», de «Maternidad» y de los -famosos ...—¿estaría mal si tradujéramos «Averiados», puesto que de -averías se trata?—presumir de autor que hace tribuna y cátedra del -teatro para defender ideas y doctrinas humanitarias. - -Nada habría que decir de esos cambios y acomodos si se tratara de obras -á lo Sardou. Y no ha sido Sardou, hagámosle justicia, de los autores -menos intransigentes en sostener escenas y desenlaces contra las -indicaciones de sus intérpretes y aún del gusto del público. - -Pero, francamente, que un autor de ideas pueda dar el mismo valor á -las ideas opuestas, que un carácter humano pueda desenvolverse con la -misma lógica en un sentido ó en el contrario, que Otelo pueda perdonar -á Desdémona y que Yago pueda arrepentirse, todo sin más razón que el -desagrado del público ... No se, pero aún autorizándome con el ejemplo -de Ibsen, no me parece de una gran probidad artística. - -Asuntos hay en la realidad, y no digamos en la imaginación, en que -sin detrimento de la verdad ni de la lógica, puede cualquier autor -garantizarse el completo agrado del público. Pero una vez emprendido -el camino de quitarle el hipo, no se debe retroceder ni rectificar. -A más de esto, es no conocer al público el creer que agradece esas -concesiones. El público es como las mujeres, sólo tolera los primeros -atrevimientos con la condición de que se llegue á los últimos. Todo -menos defraudar. - - * * * * * - -Cuando como el mejor pretexto para tirar un poco de la cuerda á la mala -prensa—toda la de oposición, en el más amplio sentido de la frase,—se -aduce el peligro del contagio que la publicidad puede producir en los -crímenes del terrorismo, no se compagina el interés en conmemorar uno -de esos crímenes con un monumento. ¿Puede darse mayor publicidad? Y -de las cuatro caras del monumento, una para la piedad, otra para la -execración, otra para la historia ... ¿no quedará una siquiera para la -glorificación, cuando frente á el se encaren los de la idea? - -Hay cosas que mejor están olvidadas que recordadas de ninguna manera. -Ese monumento, como los que recuerdan discordias civiles y luchas -domésticas, no puede servir de ejemplo ni de enseñanza. - -¿Qué se pretende con ese inoportuno monumento? ¿Un alarde de -monarquismo? Ahí esta el monumento á Alfonso XII esperando el óbolo de -los más leales monárquicos. ¿Un alarde de piedad religiosa? Sufragios -tiene la Iglesia que aplicar por las víctimas, sin olvidar al culpable, -que para algo somos cristianos. Todo, menos ese monumento antipático, -odioso, recuerdo perenne de algo que esta mejor no recordado. - - * * * * * - -Todos los años al empezar la temporada taurina leemos las mismas -lamentaciones de los profesionales escritores taurinos:—¿Como? La -empresa se olvida del buen torero fulano, un torero serio, un torero -muy apañadito: es imperdonable que la empresa no de un lugar en el -cartel de abono al simpático diestro mengano, que tan desgraciado ha -estado siempre en esta plaza, pero á quien los verdaderos aficionados -verían con gusto por su toreo serio ...—Esto de la seriedad es muy -apreciado en el toreo. - -Sucede que la empresa suele conmoverse y atender los clamores de la -opinión, y sucede que la tarde en que anuncia á esos diestros, la -entrada no da ni para pagar las mulillas; sucede que el escaso público -se aburre, y sucede que los mismos que clamaban por que la empresa -diera un lugar en el cartel al torero serio y al torero apañadito, -salen renegando de ellos y de la empresa que los contrato. Es que en el -toreo como en la política hay quien sostiene la reputación á fuerza de -fracasos. Por algo son los dos espectáculos más nacionales. La cuestión -esta en fracasar seriamente. Y en esto de la seriedad el Quinito y -Maura son insustituibles. - - * * * * * - -A Fígaro, como á Espronceda le ha llegado su hora de gloria. Si es -cierto, como asegura un amigo mío, que cuando á un escritor le llega -esa hora es señal de que ya no lo lee nadie, no hay por qué celebrar el -tardío recuerdo, muy prematuro, si cuando más se recuerda al hombre más -olvidadas están las obras. - -Pero, en fin, si recuerdo hubiere, Dios nos lo depare bueno, y sobre -todo, para nada se tenga en cuenta los precedentes—¡nuestro gran -tirano!—Hagan algo nuevo, y si á los precedentes hay que atenerse, -cerca esta el de los admiradores de Tolstoï, que se disponen á celebrar -el jubileo del gran escritor, publicando una copiosa edición de sus -obras en todos los idiomas del mundo. - -Sin propagar previamente la lectura de sus obras, ¿podemos estar -seguros de que el Larra más popular y conocido sea el primero de la -dinastía, cuando existe el celebrado actor cómico del mismo nombre y -apellido? Sin olvidar al aplaudido autor de «El barberillo de Lavapiés» -y al no menos aplaudido autor de «La trapera»; todos ellos más -populares y conocidos hoy que el inmortal Fígaro; para que los hombres -graves puedan decir como el Rey Lear: «¡Take phisic pomp!» Y no -traduzco, porque dentro de pocos días tendremos aquí una compañía de -opereta inglesa y todos nos hemos de reir como si lo entendiéramos. - -A los partidarios de un idioma universal, les anticipo que las artistas -son muy guapas. Tuve el gusto de verlas en Santos; el barco que las -conducía á Buenos Aires hacia allí escala, y las lindas artistas se -divertían en hacer un poco el muelle, y entre los negros cargadores -y los traficantes del puerto, ellas, con sus más claros trajes y sus -más rubias cabelleras daban una alegre nota de juventud y de belleza; -la alegría del arte que pasaba por aquel hormiguero de traficantes y -especuladores ... y ellas reían, reían, en la claridad de sus cabellos -rubios, sus vestidos blancos y sus sombrillas rojas, reían con esa risa -fresca y sana que hace parecer siempre niñas á las inglesas cuando -pasan por tierras de sol y ellas son lindas. - - * * * * * - -La compañía de opereta inglesa ha sorprendido á muchos con su -repertorio y con su manera. ¿Qué esperaban ustedes? ¿Es peor nuestro -género chico? ¿Se convencen ustedes de como nuestro público es el -más difícil de contentar, y eso que paga menos que ningún otro por -divertirse en el teatro? No es que me parezca mal esta opereta inglesa, -que desde luego supone un público bonachón, un público que ha trabajado -y ha pensado seriamente durante la jornada y quiere distraerse con -el menor esfuerzo intelectual posible. Es teatro para razas fuertes -y trabajadoras. Sucede también que en estas razas fuertes están más -especializadas las aptitudes y hay un respeto mutuo de unas profesiones -á otras, que aquí desconocemos, porque aquí todos servimos ó creemos -servir para todo. Aquí, el público se coloca siempre en actitud de -superioridad sobre el autor. Cada uno tanto como vos, y todos juntos -más que vos. - -Lo cierto es que por esos mundos teatrales el público se contenta con -menos, y cuatro chistes bastan para decorar una obra cómica y una -escena de fuerza para interesar en una obra dramática; de lo demás se -encarga la belleza de las actrices, el decorado y el vestuario. ¡Pensar -que aquí tenemos para ilustrar el género chico á un músico como Chapí -que en otras partes sólo hubiera escrito grandes óperas, que muy -contados entre los que las escriben por ahí pueden compararse con -nuestro glorioso maestro! Y entre los libretistas son muchos, por -graciosos y atinados observadores, por lo vario y fértil de su -ingenio, los que pueden compararse sin menoscabo, con tanto y tanto -«vaudevillista» de universal exportación y renombre. - -Mientras nuestro más selecto público procura convencerse de los -encantos de la opereta inglesa,—el abono esta ya pagado y qué remedio -sino apencar y divertirse,—y mientras en París, una de las obras -maestras del teatro inglés—«Cándida», de Bernardo Shaw,—es acogida -con el eterno desdén de los parisienses por todo lo extranjero, -nuestro género chico, representado por «El pollo Tejada»—«Le beau -Tejada»,—obtiene la más calurosa acogida. - -La música alegre de Quinito Valverde esta en París como en su casa. -Bueno es que autores y músicos nos vayamos preparando para la -emigración, porque como esa ley terrorista á todo llega y todo lo -abarca, como el dedo de la Providencia, no digo un Calderón, autor -dramático, hasta un calderón musical puede parecer subversivo. - - * * * * * - -Dice Nietzsche que el imperio—donde dice Imperio léase cualquier -partido de fuerza,—mira en el fondo con gran simpatía al -socialismo—léase cualquier partido más ó menos perturbador ó -avanzado,—porque le da pretexto para extremar los medios de represión, -en defensa del orden social que á todo gobierno esta encomendada. - -No diré yo que el terrorismo barcelonés fuera plato de gusto para el -gobierno conservador, pero no ha sido mal pretexto para desatar de una -vez toda su furia reaccionaria y sobre toda España, bien inocente y -bien ajena á lo que en una determinada provincia ocurra. - -Si alguien dudaba que el terrorismo se había hecho reaccionario, bien -puede convencerse ahora. Y no hay que fiar en las buenas palabras de -estos conservadores al uso—harto ha confiado en ellas la opinión -liberal del país,—con que pretenden convencernos de que no es para -tanto ni la cosa es tan sería como parece; malo es dejar y permitir en -manos de esta gente leyes de estira y afloja. Sobre todo, hora es ya -de no permitir que entre los partidos reaccionarios y los liberales, -suponiendo que los dos extremos constituyeran un mismo peligro para el -orden conservador, no digamos social, todos los halagos, complacencias -y mimos sean para los primeros, y todos los desdenes, represiones y -alardes de fuerza contra los últimos. Tanto va el cántaro ... - -¿Son Rusia, Turquía y Marruecos, ejemplo de países civilizados ni de -tranquilidad siquiera en sus esferas gubernamentales? - -¿Tan buen éxito tuvo el ensayo reaccionario en Portugal con estar algo -más justificado que en España? ¿Qué situación excepcional del país -reclama la aplicación de tantas leyes especiales? Porque una persona de -la familia esté enferma, ¿es para sujetar á un plan curativo á toda la -familia? Bastante es ya tolerar las impertinencias del enfermo, y mucho -más cuando la enfermedad es nerviosa y hay tantos motivos para creer -que de conveniencia. - - * * * * * - -¡Si á lo menos para compensación, lo que va en retrocesos espirituales -fuera en adelantos materiales! Pero sí; una vez más el servicio de -incendios ha demostrado que cuenta con todos los elementos más modernos -y necesarios, exceptuando el agua, detalle sin importancia. De la -recogida de pobres, como si nada hubiéramos hablado, porque al que no -le molestan á cada paso, será porque no salga de su casa ó vaya en -coche galoneado. Las calles mal barridas y peor regadas; el pavimento -imitando á la naturaleza, y en todo así. Nuestros gobernantes no tienen -siquiera la delicada atención de esas mujeres que cuando más engañan á -su marido más procuran que no tenga que poner falta en el cuidado de -la casa y de la comida. Yo se de algunos. ¡Seres egoístas y regalones! -que por ver una población linda, con sus calles bien pavimentadas, sus -jardines bien cuidados, las gentes limpias en su aspecto y urbanas en -su trato, la policía y todos los servicios municipales de organización -intachable, darían muy gustosos todas las conquistas de la libertad y -de la democracia, sufragio universal, jurado, hasta la Constitución -inclusive ... Pero la verdad, ¡tan abandonado y tan sucio todo y encima -leyes terroristas! No hay derecho, señores, no hay derecho. - - * * * * * - -¡Quién te ha visto y quien te ve, corrida de Beneficencia! ¡Aquella -famosa, entre todas, en que reapareció Frascuelo, después de no haber -toreado por algún tiempo en Madrid! La víspera de la corrida la gente -velo toda la noche en larga fila esperando la apertura del despacho de -billetes. No bastaba el dinero sin buenas influencias para obtener una -localidad preferente, un coche y un ramo de claveles. - -Por fortuna, en esta temporada, algo hemos tenido evocador de aquellos -pasados entusiasmos. La corrida en que tan bien se esta toreando esa -ley del terrorismo, bicho de mucho cuidado y sentido. Corrida que puede -considerarse de beneficencia; que tan necesitada de ella estaba la -pobrecita libertad española. Y gracias sean dadas á los sobresalientes -lidiadores que con el mayor desinterés y entusiasmo se han prestado á -torear en ella. Barcia, Grandmontagne, Iglesias, Dicenta, Costa y otros -muchos, que han picado, banderilleado y estoqueado con arte supremo; -sin olvidar el soberbio quite aguantando del maestro Burell; todo lo -cual ha constituído una corrida inolvidable, bastante á compensarnos de -las mojigangas y novilladas que presenciamos á diario. - -La intención de la empresa estaba vista; soltar unos toros que acabaran -de una vez con los primeros espadas que no se presten á contratarse en -las condiciones exigidas por el empresario. Pero la corrida quedó bien -despachada, y por ahora, la empresa no se saldrá con la suya, y en el -fondo, aunque se lastime un poco en su amor propio, debe alegrarse. Por -ese camino íbamos á las corridas á la portuguesa. - - * * * * * - -¡Quién te ha visto y quien te ve también, paseo de coches del Retiro -y de la Castellana, en estas tardes de primavera y entrada de verano! -Eras una de las delicias madrileñas, con tus trenes de lujo á paso -tranquilo, tus mujeres con alegres trajes y floridos sombreros que se -dejaban ver en los milores y sociables. El automóvil ha atropellado con -todo. - -La gente adinerada ha sustituído los arrogantes troncos de caballos, -los coches señoriales, por el ruidoso artefacto mecánico. El coche de -establecimiento, el de círculo y el alquilón democrático, quedan como -campeones vencidos del arrastre de sangre. El paseo esta convertido en -carretera, por donde entre nubes de polvo y de humo pestilente corren -los automóviles como tren de viaje ó de guerra. No sabemos que admirar -más, si la tolerancia de las autoridades consintiendo en el paseo -automóviles que no sean eléctricos, si la paciencia de los que reciben -polvo y humo, desde sus modestos carruajes ó la falta de ... diremos -de buen gusto, de los que hacen carretera de un paseo por ostentar un -lujo, que en este caso más parece economía; porque cada cosa en su -lugar y el automóvil para una prisa. ¡Pero para dar unas vueltas en el -Retiro ó la Castellana! ¿No tendrán un capítulo de esto esos libros que -tratan del buen tono ó del arte de vivir en sociedad? - - * * * * * - -Lo poco que hable de la Exposición de pinturas, fué antes de haberla -visto. Hoy, contra la opinión de muchos me atrevo á afirmar que no -puede calificarse de insignificante una Exposición en que figuran—no -cito otras obras de mérito—los cuadros de Romero Torres. No recuerdo á -qué Exposición habría que remontarse para encontrar algo parecido. Las -frases admirativas están mal gastadas por el abuso y no son obras que -puedan elogiarse como se han elogiado tantas otras. Son piezas de -museo; pero si á ese lugar son destinadas, no debe olvidarse que -tenemos dos; uno, ¡ay! llamado moderno—aunque ya va pareciendo -prehistórico,—y otro, el verdadero, el único, conocido en todo el -mundo del arte y Madrid por el, como Museo del Prado. Si los cuadros -de Romero Torres han de figurar entre sus iguales, solo en este Museo -deben hallar lugar, sin temor al fallo de revisión de los venideros. - -¡Pero váyanle ó vénganle ustedes con exposiciones al señor público! -Después del día de inauguración, en el que acude la concurrencia por -motivos de curiosidad, ajenos al arte y sus vanidades, no hay sitio -más á propósito para citas misteriosas y entrevistas reservadas, que -cualquiera de nuestras exposiciones. - -De la de Pinturas, según nos afirman, ha ahuyentado al público bien, -¡muy bien! la abundancia de desnudos. ¡Siquiera hubieran tenido los -artistas la precaución de vestirlos con esos trajes directorio que -empiezan á lucir nuestras elegantes! - -¡La moda de los trajes Directorio después de la moda de los trajes -Imperio! ¿Tendrá esto su filosofía? Solo un Carlyle en un nuevo «Sartor -Resartus» pudiera explicárnoslo ... Pero si la serie continúa de -este modo en sentido inverso á ese paso regresivo, llegaremos á la -Revolución. Todo, por supuesto, en las esferas modistiles y femeninas, -que tocante á los hombres, paso la moda Imperio sin un Napoleón; pasará -la Directorio sin un mal Barrás, y así todo ... La Historia, en su mayor -parte, es hechura de sastres y modistas. Sin la variedad de trajes, -¡sería tan difícil diferenciar los siglos unos de otros! ¡Modas en el -vestir, modas en el pensar! Desnudos cuerpos y pensamientos ... ¡el -hombre siempre el mismo! - - * * * * * - -El pasado día de la Ascensión fué en este año, con doble motivo, uno de -los jueves que relumbran más que el sol, según canta la copla popular. -Todo fué Ascensión; _sursum corda_ de los corazones liberales. Ni la -corrida de toros con su cartel de Miura—casi en aniversario de la -muerte del Espartero, hay que estar en todo ¡oh, empresarios!—pudo -restar concurrencia y entusiasmo al _meeting_ del teatro de la -Princesa. De Maura á Miura no va más que una letra, y desde luego -había más confianza en los diestros que habían de lidiar el ganado del -primero que en los anunciados para lidiar el del segundo. - -Plutocracia y Teocracia fueron bien despachadas. Si esta moderna -Teocracia tuviera algo de común con la doctrina predicada por Cristo, -El, que consideró más difícil el paso de un camello por el ojo de una -aguja que la entrada de un rico en el reino de los cielos, no dejaría -de sorprenderse al ver como á los mil novecientos ocho años de su -nacimiento eran los ricos de este mundo los más decididos apóstoles de -su doctrina. - - * * * * * - -Es natural; en una buena y cómoda posición puede esperarse más -tranquilamente el reino de los cielos, y nadie más obligado á creer en -el poder de lo divino que los que tantos favores han recibido de su -bondad. Cuánto más ricos, más fervorosos creyentes. Los que pasaron -su vida dando con el mazo, aunque no hayan dejado de rogar á Dios por -eso, saben muy bien lo que razonablemente puede esperarse del trabajo -honrado y del favor divino. - -Pero los que se hallaron en posesión de grandes riquezas, sin esfuerzo -mayor de su parte, por cómodas herencias ó saneados negocios, de esos -que se vienen á la mano, sin buscarlos muchas veces, ¿como no han -de ver algo sobrenatural y milagroso en su suerte, y como no han de -protestar contra los rebeldes y los inquietos que, mal hallados con el -orden social, se atreven á pretender un arreglo más equitativo en las -cosas del mundo, fiando algo más en el esfuerzo humano y un poco menos -en la intervención divina? ¡Oh, gente impaciente y descreída! Como si -todo no estuviera lo mejor posible y los hombres pudiéramos atrevernos -á trastornar esta divina armonía del mundo. - -Para estos plutócratas la Teocracia es un punto de apoyo, no para -mover, sino para inmovilizar el mundo. - -No es ninguna tontería la de los señores: Resignación, humildad, nada -de rebeldías, nada de impaciencias ... Dios sabe dónde vamos y adónde -nos lleva ... Esperemos, esperemos ... - -Todo esta bien: esperemos, pero ¿quieren ustedes cambiar de sitio? - -[Ilustración] - - - - -XXIV - - -Desde Juan Pablo Rubens, el magnífico pintor de los dioses paganos, -no tuvo nación alguna por embajador á tan gran artista, como ahora la -república de Nicaragua, en la persona de Rubén Darío. - -Mejor que de nación alguna, por noble y poderosa que fuera, quisiéramos -verle embajador por derecho propio, del reino ideal de la Poesía, á -este soberano poeta, rey mago de una región encantada, como Próspero en -la isla prodigiosa de Caliban y Ariel. - -Y así ha de ser, que por mano de tal poeta nunca han de cruzarse -enfadosas notas diplomáticas, sino mensajes de paz y salutaciones de -amor. - -¡Por bien empleados todos nuestros triunfos y todos nuestros -descalabros en tierra americana; por bien empleados, que por todo -ello hoy nos vuelve con nuestra propia lengua tan alto poeta, como -flor suprema de cuanto allí sembró nuestro espíritu en glorias y en -tristezas. - - * * * * * - -Las compañías de opereta inglesa é italiana ofrecen al observador -fecundo campo en comparaciones. Para que éstas no sean odiosas—hemos -convenido en que las comparaciones son odiosas, mejor dicho, han -convenido los que tienen que perder en ellas,—me limitaré á comparar -estilo con estilo, _la manera_. - -En la opereta inglesa todo es candoroso, infantil; se canta, se -baila, se salta, se corre, se abraza y se besa también, sin que el -espectador más picardeado halle malicia en todo ello; es como juego de -niños, todo alegría inocente, salud y vida. Y no es que las artistas -escatimen ninguna exhibición; hay descotes valientes y piernas por -el aire—verdad que tratándose de inglesas, muchas veces es difícil -descubrir dónde acaba el aire y donde empiezan las piernas,—pero -todo, ya digo, es como juego ó gimnasia, que aleja del espectador las -sugestiones maliciosas. Es un espectáculo confortador, reconstituyente; -sale uno del teatro con ganas de bailar, de saltar, más fuerte, más -ágil y más alegre. - -En la opereta italiana, todo es sensualidad y maliciosa intención. Los -artistas subrayan las frases más inocentes. Cuando una artista italiana -dice: _Buona notte_, _arrivederci_, el espectador cree adivinar la -promesa de una noche de amor, y así en todo; música, baile, todo -es sensual, todo con ese doble sentido erótico, tan aguzado en los -públicos latinos. - -No hay que decir si el éxito de una compañía italiana ha de ser siempre -mayor entre nosotros que el de una compañía inglesa. - -Nuestra sensualidad no es nada pagana, no es de bellas formas y -nobles ritmos de actitudes; es de desnudeces entrevistas, de frases -intencionadas, de malicias equívocas ... - -La sensualidad de un pueblo de educación frailuna, que se ha bañado -poco y en muchos siglos no ha sabido de más desnudeces que las de los -Cristos crucificados, inquisitoriales y tétricos. - - * * * * * - -¡Tanto puede decirse en defensa y apología del automóvil! Aunque -no le debiéramos más que el arreglo y mejora de muchas de nuestras -carreteras, ya sería para celebrarlo. No diremos lo que contribuye -al conocimiento de la geografía y topografía nacionales, al de -las costumbres, necesidades y escaseces de pueblos y lugares casi -desconocidos antes de quien debía conocerlos, que no toda España esta -en sus capitales y ciudades de importancia, y mucho menos cuando se -engalanan para fiestas. - -El automóvil es progreso y es civilización por donde pasa. Alguna vez, -al pasar, atropella; cierta señal del progreso y la civilización que -simboliza. - -Nunca, á lo menos, podrá decirse por el: A salvo esta el que repica; -que si mucho han atropellado los automóviles, no han volcado menos, y -si no han sido avaros de la seguridad ajena, tampoco lo han sido de la -propia. Vaya en descargo de sus culpas. - -Lo peor del automóvil es que ha venido á ser juguete de «parvenus». -El que viaja por necesidad ó por recreo, ya tiene buen cuidado de no -estropear el viaje con imprudencias. Pero el que solo viaja á corre que -te corre, sin que en ninguna parte le espere asunto que le importe, ni -en el camino haya belleza natural ni edificio histórico que le -interese, el que no tiene más satisfacción al llegar que poder decir: -«Hemos venido en cinco horas, á 95 kilómetros por hora. ¿Qué les parece -á ustedes?» esos terribles traga kilómetros son el mayor enemigo del -automovilismo. - -El automóvil utilizado por el industrial, por el comerciante ó por -personas de buen gusto para agradables é instructivas expediciones ... -Pero, ¿cuántas son las personas de buen gusto que en España tienen -dinero? Y el buen gusto sin dinero ... es una patarata, como diría algún -solidario. - - * * * * * - -Yo insistiría, atendiendo la indicación de muchas personas, en lo del -monumento á Chueca. En tan buena compañía como Mariano de Cávia, se -puede ir gustoso á todas partes, hasta el fracaso. Pero dicho lo que se -debía, á otros corresponde hacer lo que se debe, aunque se deba lo que -se hace, como dijo el otro. Ni una vez lanzadas estas ideas—¡y ojalá -pudiera darles uno la misma autoridad lanzándolas sin nombre!—conviene -usufructuarlas demasiado. ¡Hay gentes tan suspicaces que pudieran creer -tenía uno interés especial en aprovecharse, ó por lo menos en lucirse á -su costa! - -Bien se yo que no basta con el primer aviso y que toda insistencia -es poca para despertar entusiasmos tan dormidos. ¿Qué fué de los -monumentos proyectados á Zorrilla, á Campoamor? Pero váyale usted -con insistencias á nuestro publiquito. Mejor dicho, al público no; -el verdadero público—nunca nos falte—sabe estimar las buenas -intenciones. Me refiero á los maese Reparos, que si ya les molesta -ver una firma con frecuente periodicidad, ¿qué será ello si además se -repite el tema?—¿Ha visto usted? ¡Otra vez con la misma lata! ¡No hay -paciencia! - -Estos maese Reparos son los mismos que en cuanto no ven la firma de -uno en ocho días empiezan á decir que esta uno agotado. Los mismos, -que si la prensa hubiera dejado pasar la ley del terrorismo, hubieran -clamado:—¡Eh, qué prensa! ¡Vea usted, toda á los pies de Maura! Y -apenas los periódicos llevaban tres días de campaña contra la ley, ya -arrojaban el periódico desdeñosos: ¡Vaya! ¡Ya tenemos lata! ¡No saben -hablar de otra cosa! - -No seré yo quien arrostre su enojo insistiendo en la idea del monumento -á Chueca. Tienen la palabra más señores. Mejor dicho, palabras es lo -que menos falta hace. Palabras sin dinero, patarata también. No dirá el -Sr. Cambó que no le tengo entre mis clásicos. - - * * * * * - -Aquella discretísima azafata, cuyas memorias nos servía con tanta -amenidad el buen Kasabal, no puede consolarse del cambio de los -tiempos. Y con ella, aquellas castizas señoras madrileñas, fieles -espectadoras de toda gala y de todo ceremonial cortesano, aquellas, -tan bien conocidas de D. Benito Pérez Galdós, que sabían describir tan -puntualísimamente las carrozas de corte, sus arneses y distintivos, -aquellas que conocían á toda nuestra grandeza por sus nombres y caras, -y no había para ellas mejor día que el de una jura, boda ó bautizo -reales. - -¡Como comparar aquellos magníficos cortejos de pomposas carrozas, -palafrenos empenachados, pelucas y casacones, por todo un Madrid! ¡que -sólo Madrid es corte! con este ajetreo de ahora tan sin ceremonia, los -automóviles por la carretera, las damas tocándose de prisa y corriendo, -los caballeros sin tiempo ni sitio acomodado para colgarse bandas y -cruces y hasta última hora, sin saber quien llevaría el mazapán, ni -quien llevaría la vela ... - -¡Oh, tradiciones veneradas! ¡Oh, pompas! ¡Oh, grandezas! Las viejas -azafatas lloran sin consuelo. Las bocinas de los automóviles las -responden burlonas. El recién nacido sonríe á los tiempos nuevos. - - * * * * * - -No se comprende que la empresa de la Plaza de Toros madrileña haya -puesto tantos obstáculos á la corrida llamada de la Prensa. Nadie más -interesado que esa empresa en que dicha corrida se celebre en las más -favorables condiciones. Si la corrida sale bien, sabido es que una -buena corrida es el mejor cartel para las siguientes, y nada pierde la -empresa con el buen sabor de boca del público. Si la corrida sale mala, -¡ay! como suele verificarse, ¿dónde hallará mejor razón la empresa para -protestar cuando á ella la censuren por sus malas corridas? ¿No será -bueno que esos diablos de chicos de la Prensa aprendan en cabeza propia -lo difícil que es organizar una corrida y divertir á un público que -paga? Si con la flor de los toreros—salvo el capullo de Gaona,—si con -toros escogidos y plaza nueva y camino regado, la corrida no dió mucho -gusto, que digamos, ¿no prueba esto lo difícil que es garantizar la -diversión en fiestas de toros, siendo el arte y valor de los toreros y -el coraje de los toros imposibles de contratar para fecha determinada? -Por eso creo que nadie más interesado que las empresas en que sus -críticos sean, una vez al año, por lo menos, empresarios. Si en todas -las esferas sociales fuera posible de cuando en cuando este cambio -de papeles, la indulgencia, la tolerancia y la benevolencia mutuas, -florecerían naturalmente en los corazones. - -¡Ah! Si cada espectador de una corrida hubiera sido una vez siquiera -empresario, otra presidente, otra torero, otra caballo y otra toro, -¿quien se atrevería á llamar ¡ladrón! al empresario, ¡burro! al -presidente, ¡maleta! al torero, y mucho menos á pedir banderillas de -fuego? - - * * * * * - -El proverbio francés: «Les absents ont toujours tort», no reza en -modo alguno con nosotros, que nunca hacemos mejor papel que cuando -nos ausentamos. Dígalo el entusiasmo conque nuestros marinos han sido -recibidos en la Habana. No hay idea del amor que nos tienen en toda la -América española, desde que solo nos queda allí el reino de las almas. -¿No es el, bien mirado todo, el inmortal seguro de que nos hablo el -poeta? - -¿Sabremos colonizar mejor estos espirituales dominios que supimos -colonizar los materiales? ¿Todo quedará reducido á luminarias, brindis -y salutaciones? - -Ahora somos nosotros los que debemos desear más que nadie la libertad -de Cuba, que yendo para libre se quedó en protegida; cosa tan triste, -como ir para santo y quedarse en beato. - -Pero cuando Cuba haya conquistado por completo su independencia y haya -aprendido á gobernarse por sí misma, ¿no será la peor señal de que ha -dejado de ser española? - -El día en que esas hijas nuestras tengan juicio, no las va á conocer su -madre. - - * * * * * - -Con las más persuasivas razones quieren convencernos de que ese -proyecto de administración local es, si no la felicidad completa, -que no es de este mundo, ni siquiera dividiéndole en regiones, lo -más parecido á la felicidad. Quieren, además, persuadirnos de que el -más amplio espíritu liberal lo informa, y siendo así no se comprende -la tenaz oposición de los elementos liberales á que el proyecto sea -ley. Y puede que todo sea verdad, pero, ¡«velay» ustedes! Nadie tiene -la culpa de que la opinión liberal esté tan desconfiada que de manos -conservadoras y solidarias, de cien vueltas al duro antes de tomarlo. - -Las cosas son buenas ó malas por sí. ¿Quién lo duda? Pero como la -opinión general, de la que todos vivimos, no suele ir tan al fondo y se -detiene en la forma, y la forma en este caso deja tanto que desear ... - -¡Oh, la manera! No es nada y es todo. En esta superficialísima región -central, corte del reino de la Bagatela, en este Madrid del chiste y de -la broma, nos pagamos tanto de la manera! Si los catalanistas creen que -nos asustamos de lo que piden, están equivocados; nadie se asusta ... -Nos desagrada la manera de pedirlo. - -En cuanto viéramos en ellos alguna indicación que pareciera de un -camino hacia Europa, por allí iríamos con ellos ... - -Pero hasta ahora, ¿qué hemos visto? Lo mismo que por aquí, con peores -maneras. ¡Oh, la manera. - -Con la culta Atenas á todas partes; con la ruda Esparta, con la áspera -Beocia, á ninguna; mejor estamos en Bizancio. - -¿Por qué son tan poco áticas las maneras de los catalanistas? ¡Oh, la -manera, la manera! parece nada y es todo. - - * * * * * - -Desde Buenos Aires me envían con gran constancia un interesante -periódico—_El Zoófilo Argentino_,—dedicado como el nombre indica, -á la defensa y protección de los animales. Ese periódico y sus -propagandistas tienen todas mis simpatías. Como es natural, su campaña, -contra las corridas de toros es incesante, y como á escritor español, -en todos los números que me envían vienen señalados con lápiz rojo -los artículos impugnadores de nuestra fiesta. ¿A quien predican -ustedes? Los argumentos en contra son muy razonables, cuando no se -fundan en estadísticas caprichosas, como el relacionar la proporción -de criminalidad en una provincia con el número de corridas de toros -celebradas en ella. - -Que en Madrid haya más delitos y que también haya más corridas, -es natural porque también hay mayor número de habitantes. Que en -Barcelona—ya pareció la oreja catalanista—haya menos delitos y menos -corridas, tampoco es cierto. Justamente, es la única capital en que -existen dos grandes plazas que funcionan constantemente; y en cuánto -á delitos ... con los del terrorismo basta para deducir consecuencias. -Que en lugares de escasa población haya pocos delitos, es tan natural -como que haya pocas corridas. De modo que toda esa sólida argumentación -basada en la estadística, es ... líquido, como dice el banderillero -socialista de «Sangre y arena». - -Pero no se apuren los zoófilos argentinos; sin que las estadísticas -nos convenzan, las corridas de toros se caen por sí solas. Es cuestión -de tiempo, de evolución. Si faltarán otros síntomas de su decadencia, -bastaría con ver el número de plazas nuevas en los alrededores de -Madrid. No hay quien tenga el ojo de nuestros empresarios para perder -el dinero. ¿Que la gente se cansa ya del cinematógrafo? Pues ya se -sabe, un cinematógrafo en cada esquina. ¿Que el género chico empieza á -estar agotado? Pues género chico en todos los teatros. Los empresarios -no han comprendido todavía que el secreto no esta en ofrecer al público -lo que le gusta, sino lo que le gustará. Plaza de toros en Madrid, -plaza en Carabanchel, plaza en Tetuán, plaza en las Ventas ... ¿Qué -mejor propaganda contra las corridas de toros? - -[Ilustración] - - - - -XXV - - -Las impresiones que recibimos de niños, influyen sobre nuestro espíritu -para toda la vida. ¿Qué deberán pensar esas tiernas criaturas tan -traídas y llevadas en estos días alrededor de la estatua de Mendizábal? -Sus maestros, autoridad respetable: Es preciso que vayáis, niños míos, -á ofrecer el homenaje del porvenir, que sois vosotros, al grande -hombre, al hombre glorioso ... Y el gobierno, autoridad suprema que -dice: No dejéis á los niños que se acerquen; esas manifestaciones son -peligrosas en edad temprana; exponer á los niños á los rigores del -calor, de las apreturas, de la oratoria progresista ... Además, ¿quien -os ha dicho que Mendizábal fuera tan grande hombre? ¿Porque tenga una -estatua en la plazuela del Progreso? - -Esa estatua, mantenida sobre el pedestal gracias á la tolerancia sin -límites de los muchos gobiernos conservadores que no se han dignado -concederla ninguna importancia, significa muy poco. La historia no ha -juzgado todavía y la moda ... ¡Ah! La moda nos dijo hace tiempo que el -figurín progresista era de lo más cursi, y ninguna persona distinguida -se atrevería hoy á presentarse en público con la capa de Mendizábal. No -saben muchos de los que así hablan, que acaso en el infierno, círculo -de los hipócritas, les aguardan aquellas capas de plomo con que el -poeta florentino vió pasar abrumados á los más célebres antecesores -de Tartufo. Pero, ¿qué pensarán los niños? De un lado, sus maestros; -de otro, el gobierno ... Un hombre que merece una estatua y no merece -un homenaje ... Para comprender la situación de esas criaturas hay que -recordar cuando alguna vez en nuestra infancia, al anunciarse una -visita en nuestra casa, olmos murmurar: - -—¡Ahí esta ese señor tan antipático!—Y cuando nosotros, mal -prevenidos, le mirábamos de reojo, alguno nos decía:—Vamos, da un -besito á este caballero, que es muy bueno y te quiere mucho ... Y estas -primeras impresiones que recibimos de niños, influyen sobre toda la -vida ... No se debe decir á los niños que un señor es antipático, cuando -después hay que decirles que le besen. No se deben levantar estatuas -cuando después hay que prohibir á las nuevas generaciones que las -saluden con respeto. - - * * * * * - -Las vacaciones del veraneo ... ¡Si fueran tales vacaciones! ¡Pero son -descanso para tan pocos! ¿Quién puede decir que deja sus cuidados, -sus preocupaciones, sus afanes, al tomar el tren ó el automóvil que -ha de llevarle lejos de todo menos de sí mismo? El hombre político á -esperar los periódicos y á prodigarse en declaraciones y conferencias, -la dama elegante á fatigar su belleza en bailes, comidas, excursiones, -«flirts», á lucir media docena de «toilettes» por día, á lanzar un -atrevido «tanagra», ya que el desnudo artístico ha sido sancionado -por los tribunales franceses; el _sportsman_ á continuar pendiente -del «poney» de polo, del balandro, del automóvil y del tapete verde, -el escritor á exprimir los sesos por estupendas crónicas, artículos, -comedias; el hombre de negocios á pensar en la futura escuadra, -en una nueva emisión de duros sevillanos, en los que se arruinan -con el veraneo, en las fincas de posible hipoteca; los novios en -llenar pliegos de papel, si ausentes; si juntos, en continuar las -interminables charlas de cuello vuelto, el «allumage» sin escape de -gases, tan perjudicial á los motores ... Las esposas á desesperarse -porque el marido gasta mucho, y los maridos á rabiar porque la mujer -despilfarra. Y los pocos que pretenden descansar y olvidarse de todo, -los contados que cambian en absoluto de vida, ¿no son aquellos para -quienes se definió el veraneo: «Los ocho primeros días descansa uno del -cansancio, los siguientes se cansa uno de descansar»? - -Si observamos la terraza del casino en cualquier playa elegante, basta -comprender lo que es el veraneo para muchos. De una parte, el mar; de -otra, la fachada del Casino: gente que pasa y entra y sale ... Todos se -sientan de espaldas al mar, que con razón murmura más que nunca, pero -no tanto como los que le vuelven la espalda. - - * * * * * - -La exhibición de desnudeces en los escenarios de París trae alarmados -á los que no asisten nunca á los teatros. Fué siempre condición humana -la de preocuparnos más por la paja ajena que por la viga propia. Los -tribunales intervinieron con un tacto exquisito. El teatro y las -«cocottes» son instituciones en París muy respetables, para que la -misma justicia no se mire mucho antes de dar un fallo que pueda -disminuirlas en sus prestigios. Y así fué en este caso, mejor dicho -en estos dos casos, pues fueron dos los sometidos á sentencia. En uno -de ellos la absolución fué completa y con todos los pronunciamientos -favorables: se trataba de arte, arte puro; los desnudos eran vivas -esculturas, pero la carne no es menos sagrada que el mármol cuando la -carne copia del mármol blancura y reposo. En el otro caso, ya hubo que -estrechar la manga de la toga. Los desnudos ya se animaban, ya no era -posible confundirlos con estatuas, ya pasaban á cuadros y demasiado -vivos. En la moralidad hay grados. Primero, la escultura sin color y -sin movimiento; después, la pintura, que se anima con colores; por -último, la carne viva con toda la expresión del color y del movimiento. -Mientras la carne copia á la estatua, vamos pasando; si llega al -cuadro, fruncimos el entrecejo ... pero si se empeña en ser carne, ya no -podemos tolerarlo. - -La estática, buena; la dinámica, mala: esto es lo que han fallado los -jueces. Al contrario de muchos medicamentos, en el teatro puede usarse -el desnudo, pero sin agitarlo. - -¿Qué dirá el público de nuestros teatros sicalípticos, en donde anda el -movimiento más que nada y por el movimiento se disimulan algún tanto -anatomías nada esculturales y muy poco pictóricas? ¿Qué dirán los -insaciables del molinete y de la cadera? - -Todo no puede tenerse en este mundo. Ya lo saben las apreciables -tiples. No se puede ser á un tiempo mármol y artista. La que tenga -más de lo primero, que se contente con ser material de estatua: no se -mueva, no hable, no cante sobre todo. La que presuma de lo segundo, -sienta todo y lo mejor que pueda, subraye los equívocos, de á las -coplillas la intención posible, que si en ellas mienta la escarola ó la -lechuga ó la chocolatera ó el molinillo, la sola enunciación de dichas -hortalizas ó utensilios abre á la imaginación de los espectadores -horizontes ilimitados ... Todo es arte; pero ya lo han sentenciado los -jueces franceses y antes lo había sentenciado el buen gusto: lo que no -se puede es promiscuar. - - * * * * * - -Acostumbrados á que las guerras de los marroquíes acaben siempre -con pirámides de cabezas cortadas, mutilaciones crueles, cuando más -dulcemente, por cadenas y mazmorras, esta de ahora entre los dos -hermanos ha parecido poética y caballeresca relación del Romancero -morisco. De tal modo, que á cuántos conocen la tortuosa sencillez del -espíritu moruno, más que lucha entre hermanos parece juego de compadres. - -No es el «Quítate tu, para ponerme yo» de otras guerras y luchas -fratricidas, sino el «Yo no puedo quitarme á esos franceses; á ver -como tu me los quitas». Por lo pronto, se abre un compás de espera y -de expectación. Pueblo que sabe esperar sentado á ver pasar el cadáver -de su enemigo por delante de su casa, sabrá esperar con calma en esta -ocasión; mucho más, cuando la silla la ofrece el kaiser, y cuando lo -que ha de ser esta escrito ... en la conferencia de Algeciras. Pero -se ha volcado el tintero, y aunque todo esté escrito, tardará en -descifrarse. Para esto de echar borrones sobre la correcta escritura -de la diplomacia europea, se pintan solos los moritos. Veremos si ese -borrón es cuenta nueva, si basta con el papel secante, ó si el gran -emperador vuelca toda la salvadera, y entonces sí que podrá decir -Francia, alterando nuestro refrán: «De aquellos lodos, vienen estos -polvos». ¡Con tal que no nos pongan perdidos las salpicaduras! - -Como al desfallecido de estómago, por insuficiente alimentación, solo -el olor de la comida le produce mareos, así á los españoles, tan -desfallecidos de toda clase de receptáculos, estómago, bolsillo, etc., -por fuerza ha de producirles mareos y vértigos y delirios, nada más que -el olor de esa cifra fantástica de millones, destinados al principio -del proemio del prólogo de nuestra futura escuadra. - -No es extraño que el concurso haya inspirado tanta curiosidad y -despertado tantas emociones como el sorteo de Navidad. El gordo valía -la pena. Sin embargo, ¿será cosa de compadecer á los agraciados? Me -decía una vez el propietario explotador de uno de esos admirables -Tíos-vivos, que tan bien simbolizan la marcha de la humanidad: Mire -usted, esto podía ser un negocio. ¡Pero si viera usted! Para que -esta máquina ande, ¡hay que untar tantas ruedas! Que la licencia del -Ayuntamiento, que el inspector del distrito, que el alcalde de barrio, -que los guardias, que si se quejó un vecino y hay que callarle ... -Crea usted que si me queda una vuelta en limpio me doy por contento. -Guardando las debidas proporciones, bien puede ser que esto de la -escuadra no sea negocio más saneado que el del Tío-vivo, y los -envidiados concesionarios sean al fin más dignos de lástima que de -envidia. - -Entre tanto, hay quien no contribuye á las cargas del Estado con más -de una peseta de cédula, y anda por esos corrillos vociferando como si -los millones de la escuadra se los sacaran á el íntegros del bolsillo. -¿Han visto ustedes? ¡qué modo de esquilmar al contribuyente! ¡No se -puede vivir en este país! ¡Eche usted millones! ¿Y de dónde salen esos -millones; ¿quieren ustedes decirme? Y el hombre se congestiona como si -acabara de entregar el cheque. - -No, no hay razón para quejarse. Aún los mayores contribuyentes, piensen -como son muchas cosas las que el Estado les da por muy poco dinero. ¡No -digamos los de la cédula de á peseta y los que ni cédula pagan! Y ellos -tienen calles y paseos para esparcirse, alumbrado, museos, iglesias -donde pasar el rato; disfrutan de suntuosos espectáculos, como desfiles -de corte, revistas militares, procesiones; todo mejor presentado que en -cualquier teatro ó cinematógrafo y por menos dinero. - -Y estos barcos de ahora, digo de mañana, ¿no son también baratísimos? -Si la canalización del Manzanares permite que lleguen un día, siquiera -hasta la Florida ... Solo el gusto de verlos no se paga. Y no hay duda, -una buena escuadra y un buen ejército son las mejores garantías de paz. -Con buena ropa tiene uno más cuidado de no meterse en pendencias, por -no estropearla. Sobre todo, cuando no se tiene más que lo puesto. - - * * * * * - -Anuncié que la prohibición de las capeas traería algunos disgustos, -como se ha verificado. Es lo que tienen esas leyes de gabinete, tan -bien intencionadas como desconocedoras del terreno en que han de -cumplirse. - -La capea más bárbara no perturbará nunca tanto la vida de un lugar, -como esas colisiones entre la Guardia civil y los lugareños, que dejan -un rastro de odios y de venganzas para muchas generaciones. - -Ya lo dije; no se ha tenido en cuenta que en muchos pueblos, la fiesta -es la capea, y suprimida falta el pretexto para ir de los pueblos -comarcanos, y falta la alegría y falta el dinero. - -Y entre los mozos del pueblo, que por necesidad han de manejar todo el -año vacas y toros, y por gusto los torean un día, y los señoritos de la -ciudad, que sin aplicación ninguna á sus necesidades, matan pichones -estúpidamente ... Dígase quien es más disculpable. - -Civilizar por reales órdenes es muy cómodo y muy fácil. Queda prohibido -comer patatas. ¿Y qué comemos? dirán los que no tienen otra cosa. Todos -los españoles se bañarán diariamente. ¿Y donde no hay agua bastante -para beber siquiera? - -Los ministros dan leyes desde su gabinete, la «claque» aplaude. ¡Oh, -qué ley tan sabia! En el terreno ya es otra cosa, ya es la Guardia -civil, ya es el Mauser ... El orden ha quedado restablecido. ¡Que se lo -pregunten á los muertos y á sus familias! Es la civilización que pasa. -¡Si hubiera pasado antes en otra forma! - -¡Mucha Guardia civil para impedir capeas y ni un mal inspector para -copar partidas de monte y otros recreos en esos casinos burgueses y -aristocráticos! La ley no puede estar en todas partes. - -Además, la capea es cosa de bárbaros, lo otro, de pillos. ¡Aún hay -clases! - - * * * * * - -El automóvil ha matado el veraneo estacionario; ya no se esta en -ninguna parte, se va de una parte á otra; del almuerzo al te, del te á -la comida, de la comida á la fiesta, y de la fiesta al descanso; ya no -son horas, sino kilómetros. La racha ó el _tierce á tout_, empezados á -jugar en San Sebastián, se continúa en Biarritz y quiebra en Luchón. El -_flirt_, iniciado en Cestona, termina en Bigorre, sobre todo para los -acompañantes y testigos, que en esto de _flirts_, de llevar la cestona -ó ponerle á uno el bigorre—¡chistes de verano!—no se sale nunca. - -De este continuo ajetreo, que convierte el veraneo en una especie de -_toboggan_, se lamentan en primer lugar los que no tienen dinero para -hacer lo mismo; después, los que sólo van á un sitio con el deseo de -cultivar, fomentar y adquirir relaciones, allá para el invierno. Pero -sucede que cuando los periódicos le han dicho á usted que en tales -aguas ó en tal playa están las duquesas de tal y cual, y las marquesas -de esto y de lo otro, y las distinguidas señoras de más acá y de más -allá, y el ilustre hombre público y el conocido _sportsman_, y cuando -llega usted con la lengua fuera para ofrecerles sus respetos y alternar -con ellos, siquiera en las correspondencias periodísticas, ya todos se -han dispersado en alas del _taf-taf_ maldecido. ¡Es para desesperarse! - -Se lamentan también las madres de hijas casaderas: el automóvil es -todo lo más el amor que pasa, pero rara vez es el marido que queda. Se -lamentan los fondistas y hosteleros, aunque estos sin razón, porque -ellos bien saben practicar el refrán: «Al ave de paso cañazo». Pero -no sólo del libro de caja vive el hombre, y á ellos les agrada contar -con una selecta clientela fija que decore el libro de oro de su -establecimiento. - -La única verdad de estas andanzas es que se ha subido el veraneo, y -las modestas familias que esperaban hacer algún papel instalándose por -una temporada en las sillas más visibles del bulevar de San Sebastián, -tienen que resignarse, como las señoritas que veranean en pueblecillos -y bajan á la estación todas las tardes por ver pasar los trenes, á ver -pasar también el gran tren de lujo, que no se detiene á saludarlas ni -siquiera se fija en ellas. ¡Haga usted sacrificios para esto! - -El progreso es cruel. Adelanta mucho ... el que tiene dinero para -adelantarse; los demás van quedando cada vez más rezagados y más -tristes. Unos van por el mundo en el tren de lujo; los otros son -los maquinistas, los fogoneros, los guarda-agujas, los que trabajan -para que el tren de unos pocos pueda llevarles con seguridad á sus -placeres ... Luego quedan las señoritas del pueblo, que ven pasar con -envidia á las elegantes viajeras; la pobre gente de los lugares que ni -siquiera concibe adónde puede irse con tanto lujo, y queda, por fin, -el perro, ese perro sucio y humilde que se pasea siempre por todas las -estaciones por si cae algún resto de las meriendas. Los perros conocen -muy bien el corazón humano. Saben que de los trenes de lujo sale -siempre una voz femenina que dice: ¡Pobre perro! Voy á echarle este -pedazo de jamón y este panecillo. - -En los otros trenes nadie se acuerda del perro; y si algún corazón -sensible procura socorrerle, no falta quien lo estorbe:—¡Deje usted -al perro! Cuando veamos á un pobre le daremos lo que ha sobrado de la -merienda. - -De ahí la simpatía de los perros por los trenes de lujo y por la -gente rica. ¡Quién sabe! Acaso estos pobres perros hambrientos que -se alimentan con las sobras de las meriendas, sean una fuerza para -contener la revolución social. - -[Ilustración] - - - - -XXVI - - -La ópera del Circo merece todas las simpatías; ponerla «Africana» -al precio de la «Cachunda», á más de ponerla en su justo precio, es -empresa laudable. ¡Cuando se piensa que Meyerbeer fué juzgado en sus -tiempos como un gran revolucionario de la música! Algo así, para -los italianistas de entonces como lo que había de ser Wagner años -después. El acaudalado israelita hubiera sido un excelente compositor -de operetas. ¡Qué deliciosos libros y qué deliciosas partituras las -de «Hugonotes», «Africana» y «Roberto el Diablo», tratados en cómico! -Por eso Meyerbeer, que tan buena pareja hizo con Scribe, como Puccini, -en la actualidad, con Sardou, cuando anduvo más cerca de acertar -fué en «La estrella del Norte» y en «Dinorah». ¡Qué tiempos, cuando -«Los Hugonotes» eran la ópera capital para nuestro público, pieza de -concurso obligada para tenores y tiples dramáticas! - -«La Africana», bilingüe, del Circo, adquiere algo de ese carácter -cómico que hubiera hecho por completo su fortuna. ¡Son tan divertidas -las aventuras de Vasco de Gama y sus indios! - -De la moral, ya sabemos que gana mucho en la ópera con ser cantada -y en italiano; pero del arte, no sabemos que gane gran cosa con la -castellanización de la letra; si castellano puede llamarse esa especie -de Esperanto en que suele traducirse las óperas. - -Aparte lo indiferente del idioma para la mayoría de los cantantes, -que en vez de vocalizar, se enfangan con las palabras, sin que sea -posible entenderles nunca una sola; yo creo que á la amplitud de -líneas dramáticas de la ópera, conviene mejor un idioma extraño, que -dejándonos percibir el sentimiento de la acción dramática, aleje de -la imaginación toda idea prosaica, con frases y palabras vulgares, -desgastadas y pervertidas por el uso corriente. - -Por algo la Iglesia católica, gran maestra en psicología de las -multitudes, conserva el latín en sus ceremonias litúrgicas. ¿Nos -impondría tanto el Miserere, cantado en castellano? Si entendiéramos -de la misa la media, ¿no asomaría alguna vez á los más devotos labios, -sonrisa irreverente, evocada por alguna palabra de esas, que como suele -decirse, nos hace pensar en otra cosa? Bien esta la ópera en italiano; -aunque según va siendo moda en los teatros, pronto será una torre de -Babel cada ópera, y cada artista cantara en lo que mejor sepa y pueda; -uno en italiano, otro en francés, otro en alemán, otro en ruso ... -Y para el caso será lo mismo. Yo he oído muchas veces «Marina» en -castellano, y si me preguntan ustedes el argumento me vería en un apuro -para contárselo. Como decía un buen señor, supongo que será el de todas -las óperas; la tiple y el tenor se quieren, el barítono se opone y al -bajo le es indiferente. - - * * * * * - -Con motivo de unas apreciaciones, publicadas en _The Times_, sobre -Madrid y el carácter madrileño, se ha puesto una vez más en evidencia -lo inconsistente de esos juicios sintéticos de viajero, en los que rara -vez se conoce ó quiere conocerse el favorecido ó desfavorecido, según -los casos. - -Eso de englobar á todo un pueblo en juicios tan rotundos como estos: el -inglés es frío y correcto, el parisiense es afable y espiritual, el -español es valiente y caballeroso ... Y llega usted á Londres y -lo primero que se encuentra es un buen golpe de curdas de lo más -incorrecto, y en París, con un cochero, que no es precisamente un -Anatole France, y en España ... encuentra usted de todo, como en -todas partes. No hay virtudes, ni vicios, ni gracias, ni desgracias, -patrimonio exclusivo de ningún pueblo. Además, cada uno habla de la -feria según le va en ella, y si esto es así, aún entre los naturales, -¿qué no será con los extranjeros, cuyo juicio puede estar influído por -tantos accidentes? Desde la comodidad del alojamiento y la calidad de -los alimentos, hasta las relaciones sociales que haya cultivado por su -profesión ó por sus aficiones ¿puede hablar lo mismo de un pueblo el -que haya tratado con preferencia á sus clases comerciales, que el que -haya tratado á sus artistas ó á sus políticos ó á sus militares? - -El periodista inglés se lamenta de que los madrileños nos preocupemos -más por los asuntos más ligeros. Aparte de que todo esta en todo y de -lo más ligero puede desentrañarse la más profunda filosofía, ¿no se -ha preocupado nunca toda Inglaterra por un boxeador ó por un caballo -de carreras ó el famoso elefante Jumlo? Y los graves alemanes, tan -entusiasmados, del kaiser abajo, con el travieso zapatero que tan -graciosamente supo burlarse de respetables autoridades? - -El articulista dice también que el madrileño tiene muy buen humor. -¿Buen humor? Aquí donde todo el mundo gruñe y protesta y discute por -todo y se dice mil groserías y cada uno lleva dentro un inquisidorcillo -que quisiera imponer en todo su modo de pensar y su regla de -conducta ... ¿Buen humor en Madrid? Hay poco dinero para eso. Por lo -visto el articulista asistió á una junta de accionistas del Banco ó á -la tertulia del ministro de la Gobernación. - - * * * * * - -Sucede en esto del veraneo, que los últimos en marcharse son los -primeros en regresar. Los que no se han movido de Madrid, los miran con -cierto desprecio. Para el caso, tanto da no haber salido como volver -antes que la gente «chic». Justamente lo aristocrático del veraneo es -la coda, que supone dinero de largo; la estación otoñal en Biarritz, la -excursión á París en busca de los últimos figurines y de los primeros -estrenos ... Todo lo que no sea volver á Madrid envueltos en pieles, con -los baúles llenos de modelos y con noticias de la «première» de Donnay -ó de Capús, es degradarse. - -¡Y andan algunas personas respetables tan afanadas por ver de animar -Madrid con fiestas y bullas! ¿No ven ustedes que la gente pudiente solo -viene á Madrid á hacer economías? Su única gracia es tener dinero y se -lo dejan por ahí; aquí solo nos traen religiosidad, que cuando se gasta -el dinero va también para Roma ... ¡Como que no saben en Barcelona la -ganga que tiene Madrid con ser la capital de España! - - * * * * * - -Nuestro querido amigo y compañero—como escriben en las dedicatorias -de sus obras, los autores eminentes que quieren halagar á un autor -novel,—Guillermo II, ha tenido un brillante éxito, en el baile de gran -espectáculo «Sardanápalo», estrenado en Berlín. - -Ningún género teatral, tan propio para ser cultivado por un emperador, -como este de los grandes bailables pantomímicos, tan parecidos por la -precisión de evoluciones á las maniobras militares. Género, además, -en que huelga toda literatura, género sin palabras inútiles, en que -todo ha de explicarse por la acción misma; género de todo punto -imperialista, en una palabra. - -Ahora, si reparamos en que la elección de personaje tan decadente y -desfalleciente, como el sibarita Sardanápalo, más parece en los gustos -de un Luis de Baviera que en los de un Guillermo de toda Alemania ... - -Claro es que un Alejandro Magno, un Aníbal, un Julio César, no se -prestan á pasos de bailes. Y ¡quien sabe si Guillermo II no ha puesto -en su obra una delicada ironía y una saludable advertencia! ¿No hay -en los desfallecimientos del mundo moderno, mucho de sardanapalesco? -¿No es el Imperio Germánico, el gran mantenedor de energías, el gran -director de baile, cuya imperiosa voz de mando hace danzar á todos? -Pero, ¿quien tendrá razón al final de las humanas danzas que han de -terminar todas en una general danza macabra? Solo el hecho de haberse -acordado un Guillermo II de un Sardanápalo, para héroe de su obra, nos -dice la obsesión interior de muchas cosas que aparentamos aborrecer -exteriormente, pero que en el fondo admiramos ... Moralizar, es querer -convencernos de que no debemos admirarlas; pero si no las admirásemos -no tendríamos por qué moralizar. ¡Arde Sardanápalo en su pira! -Moralicemos ... Todos, chicos ó grandes, hemos quemado á fuego lento -nuestro Sardanápalo; unos por falta de medios para sostener sus vicios, -otros por falta de valor; pero de cuando en cuando Sardanápalo surge; -unas veces en una obra de arte, como el poema de Byron; otras, en un -baile de gran espectáculo, como el del emperador Guillermo II. - - * * * * * - -Una de las amenidades del verano para los que no veranean, es leer -las revistas de toros y confrontar las versiones de los distintos -corresponsales de provincias. En nada se muestra tanto la falibilidad, -no ya de los juicios humanos, de los mismos sentidos corporales. Donde -uno dice magistral faena, el otro dice: faena desdichada por la torpeza -del torero, y el otro: deslucida por las malas condiciones del toro. -Donde uno dice: volapié magno; el otro dice: bajonazo ignominioso, y el -otro: bajonazo, precedido de siete pinchazos. - -Yo no creo que las simpatías personales por este ó el otro diestro, -puedan modificar hasta ese punto las apreciaciones. Prefiero -atribuirlo, como dije, á error de la vista. De todos modos, debiera -evitarse esa disparidad de visiones. El asunto, salvo para las -futuras crónicas de las grandes figuras del toreo, no es de gran -transcendencia. Pero hay gentes suspicaces que por los pequeños asuntos -juzgan de los grandes y no falta quien diga: ¡Ah! la prensa; aquí -tienen ustedes, si en estas cosas tan claras, que entran por los ojos -de miles de personas, dice cada uno lo que le parece, ¿qué será en -otros asuntos? ¡Cualquiera se fía! - -Todos estamos interesados en sostener el prestigio de una institución -que cuenta con muchos fieles. No hagamos vacilar la fe de los creyentes -ni perdamos del todo la de los indecisos. ¡Ah! las menudencias, las -pequeñeces, parecen nada y son un mundo. Yo conocía una señora muy -buena cristiana y muy devota, que de pronto dejó de ir á misa y -renunció á toda práctica religiosa. Pero, ¿qué es eso? la preguntaban -sus amigos ... Usted, tan buena cristiana ... - -—No me digan ustedes; ya no creo en nada; no vuelvo á poner los pies -en una iglesia ... - -—Pero, ¿ha leído usted algún libro, se ha hecho usted protestante?... - -—Nada de eso. Es que el otro día tuve una cuestión con un monaguillo. - -En esto, como en todo, ¡cuántas veces se pierde la fe, no por dudar -del dogma, ni de verdades fundamentales, sino por haber tenido unas -palabras con un monaguillo! - -Conviene juzgar con imparcialidad á los toreros, para que el público no -pueda dudar de la imparcialidad con que se juzga á los que torean al -país. - - * * * * * - -Se juzgó siempre triste destino el del actor, el cantante y el -instrumentista, porque al morir sólo dejan el recuerdo de su arte, sin -otro testimonio de su gloria que la opinión de los contemporáneos. - -Por algún tiempo, aún son muchos los que pueden decir: Nosotros le -hemos oído. Después, son unos pocos, algún anciano, reacio á nuevas -admiraciones, que pretende consolarse de lo que el no verá, con lo que -ha visto, y hay que oirle decir con fervorosa devoción, como testigo -electo de un milagro: ¡Yo le oí, señores, yo le oí! Y ponderar -definitivo: ¡No volverá á oirse nada semejante! Después ... ya no queda -ninguna voz viva que atestigüe la razón de la gloria; solo queda la -crónica escrita para asegurar la inmortalidad. - -¿Triste? No; ¡envidiable destino! ¿Puede haber gloria más espiritual -que esta que solo deja el destello de un nombre glorioso? Toda la obra -es el nombre mismo. Toda su fama esta encerrada en ese nombre, como en -urna preciosa, de más segura permanencia que monumento cimentado en -obras. - -¡Las obras! ¿No hemos visto por ellas al aquilatarse muchas glorias, -obscurecerse unas, desaparecer otras? En cambio, estos nombres sin -obra, van ganando en estimación cada día y los juicios de la posteridad -nada podrán sobre ellos. Por ellos tal vez, á pesar del automóvil y -del aeroplano, pensamos alguna vez con tristeza si no habremos nacido -demasiado tarde. Por ellos también nos envidiarán en lo venidero. -¿Quién nos quitará, sobre las generaciones futuras, sobre la eternidad -del tiempo, la gloria de estos recuerdos, quizás los únicos sin sombra -de tristeza en nuestra vida efímera? ¡Oimos á Julián Gayarre, oimos á -Adelina Patti, oimos á Sarasate, oimos la voz de oro de Sarah y la -admiramos, reina de la actitud y princesa del gesto, como la proclama -el poeta: nos conmovió Leonora Dusse, dolorosa del Arte!... Y la gracia -de esas divinas voces, que al callarse callarán para siempre, es algo -muy nuestro, porque ya otros no volverán á escucharlas, y la emoción -que nos causaron será eterna de toda eternidad en lo humano: porque esa -emoción es todo lo que queda de su arte, y ¿quien podrá decir en lo -futuro, que ese arte no valía la pena de emocionarnos, si su obra es -solo un nombre y ese nombre es nuestra emoción eternizada? - - * * * * * - -¡La buena Prensa! ¡La mala Prensa! Que si la buena no se lee y la mala -cuenta por millares sus lectores ... Esto me recuerda algo que ocurría -hace años, y creo que sigue ocurriendo, en una capital de provincia, -que no he de nombrar, pero que bien pudiera no hallarse muy lejos de -donde en la actualidad se discute tan calurosamente la cuestión de la -buena y de la mala Prensa. Sucedía que eran allí dos comerciantes del -mismo apellido y los dos en géneros comestibles, y de los dos, el -uno era excelente persona, muy cristiano, muy buen esposo, muy buen -padre, y hasta dicen que pesaba corrido. Era el otro persona de mala -reputación y peores costumbres y mal mirado por todos; pero, por -cuanto, los géneros que expendía eran siempre de lo más selecto, -mientras los del primero eran de calidad muy inferior. Y nadie sabe las -confusiones que esto originaba á cada paso. Decían las señoras á sus -criadas: ¿De dónde ha traído usted este chocolate tan detestable?—De -casa de Fulano.—¿Cuál de ellos? ¿el bueno ó el malo?—El que la señora -dice que es tan bueno.—Es que ese es el malo, el bueno es el otro ... -¡nunca acabarás de entenderlo!—Que es lo mismo que les sucede á los -lectores con la Prensa; la buena, que es la mala; la mala, que es -la buena ... Si los de la buena, que es la mala, procuran mejorar el -género, quizás los lectores de la mala, que es la buena, se decidieran -á leerla. - -FIN DE LA 1.^a SERIE - - - - - * * * * * * - - - - -Notas del Transcriptor: - - Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original. - - Errores obvios de imprenta han sido corregidos. - - Páginas en blanco han sido eliminadas. - - - -***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; CRÓNICAS, PRIMERA -PARTE (DE 5)*** - - -******* This file should be named 54283-0.txt or 54283-0.zip ******* - - -This and all associated files of various formats will be found in: -http://www.gutenberg.org/dirs/5/4/2/8/54283 - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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You may copy it, give it away or re-use it -under the terms of the Project Gutenberg License included with this -eBook or online at <a -href="http://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you are not -located in the United States, you'll have to check the laws of the -country where you are located before using this ebook.</p> -<p>Title: De Sobremesa; crónicas, Primera Parte (de 5)</p> -<p>Author: Jacinto Benavente</p> -<p>Release Date: March 5, 2017 [eBook #54283]</p> -<p>Language: Spanish</p> -<p>Character set encoding: UTF-8</p> -<p>***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; CRóNICAS, PRIMERA PARTE (DE 5)***</p> -<p> </p> -<h4>E-text prepared by Josep Cols Canals, Paul Marshall,<br /> - and the Online Distributed Proofreading Team<br /> - (<a href="http://www.pgdp.net">http://www.pgdp.net</a>)<br /> - from page images generously made available by<br /> - Internet Archive<br /> - (<a href="https://archive.org">https://archive.org</a>)</h4> -<p> </p> -<table border="0" style="background-color: #ccccff;margin: 0 auto;" cellpadding="10"> - <tr> - <td valign="top"> - Note: - </td> - <td> - Images of the original pages are available through - Internet Archive. See - <a href="https://archive.org/details/desobremesacrn01bena"> - https://archive.org/details/desobremesacrn01bena</a> - </td> - </tr> -</table> -<p> </p> -<hr class="full" /> -<p> </p> -<p> </p> -<p> </p> - -<div class="figcenter covernote"> - <img src="images/cover.jpg" alt="Title Page." width="600" height="728" /> -</div> -<p class="f120 ws8"><b>Jacinto Benavente</b></p> -<h1><i>De Sobremesa</i></h1> -<p class="f90 space-below3"><b>CRÓNICAS</b></p> -<hr class="r25" /> -<p class="center">MADRID<br />LIBRERÍA DE FERNANDO FÉ<br />Puerta del Sol, 15<br /><br />1910</p> -<p class="center space-below3"> - ES PROPIEDAD.—DERECHOS RESERVADOS<br /> - MADRID.—Imprenta Española, calle del Olivar, 8</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/banner.jpg" alt="Banner" width="500" height="115" /> -</div> - -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_5" id="Page_5">[5]</a></span> - <h2>PRÓLOGO</h2> -</div> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-m.jpg" width="100" height="123" alt="M" /> -</div> -<p class="drop-letter drop-cap">Muchas y celebres conversaciones de sobremesa pasaron á la Historia -ilustradas con grandes nombres, y aún grandes acontecimientos de la -Historia se decidieron entre la <i>poir et le fromage</i>. De la panza sale -la danza, y esta danza del bien comer, danza de la vida, como aquellas -famosas danzas de la muerte, evocadas por poetas y pintores en la Edad -Media, á nadie excusa de danzar y todos hacen en ella su mudanza, unos -con gentileza y garbo, otros con más presunción que gracia; otros sin -una ni otra, tímidos y encogidos; pero todos al mismo son, que es la -armonía bien concertada de la vida que nunca pierde el compás, aunque -puede parecerlo alguna vez—á los que más atiendan al moverse de los -danzantes humanos que al son de la música divina.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_6" id="Page_6">[6]</a></span> -Suelen ser mis comensales, muchas veces un periódico, revista ó libro, -sostenido entre la copa y el plato, cosa mal vista de los higienistas, -pero no se que más pueda perturbar la digestión, una lectura agradable -que un impertinente compañero de mesa ó que una orquesta próxima, así -sea la banda de alabarderos. Otras veces mis comensales son de las más -variadas condiciones y procedencias, y de todo se charla y de todo se -opina con la mayor disparidad de criterio, que no soy yo hombre de -compromisos políticos ni artísticos, ni mucho menos morales, para no -permitir la libre emisión de todos los disparates. Son juicios orales -sin reo y sin sentencia: personas y cosas son llamados á el, solo como -testigos y al final es siempre la absolución, sin más costas que haber -amenizado la sobremesa. Y he aquí, que como al terminar la comida -recoge el doméstico las migajas materiales, recojo yo las migajas del -alimento espiritual, que son estas charlas de sobremesa en que de todo -se habla, de todo se opina y nada se condena. Y para que nunca nos -falte qué comer ni de qué hablar, empecemos piadosamente diciendo: el -pan nuestro de cada día dánosle hoy ...</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/detail01.jpg" alt="_" width="100" height="98" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> - <p class="f150 space-above2"><b>DE SOBREMESA</b></p> - <span class="pagenum"><a name="Page_7" id="Page_7">[7]</a></span> - <h2>I</h2> -</div> - -<p>Bizancio anda revuelto; del circo sale la revolución, pero no se trata -de guiadores de carros, sino de bailarinas; no de verdes y azules, -sino de verdes y más verdes. Ya lo dijo un moralista: lo desnudo no es -indecente, sino lo «remangado»; y estos renacimientos paganos que de -cuando en cuando florecen en nuestros teatros, no son más que un puro -«remangarse». No es la Venus de Milo la diosa majestuosa que preside en -sus altares, no; la Venus de Milo oculta sus piernas y no tiene brazos, -y en esta ocasión piernas y brazos (¡oh Pepita Sevilla!) han sido los -perturbadores. ¿A quien culparemos? ¿A empresas y autores, que dirán -seguramente: el público lo pide? ¡ay, no! El público es como los niños: -sólo pide lo que le enseñan; eso sí, como los niños también, cuando -<span class="pagenum"><a name="Page_8" id="Page_8">[8]</a></span> -pide, siempre pide más, y empresas y autores son maternales. ¿Los -artistas? Recuerdo siempre una plegaria con aire de tango que cantaba -la bella Belén en sus tiempos, y era sólo la expresión poética de un -deseo prosaico:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">¡Padre nuestro que estas en los cielos!</span> -<span class="i0">¿Por qué no me das mil duros de renta,</span> -<span class="i0">y la pobre Belén estaría sentada en su casa</span> -<span class="i12">tomando la cuenta?</span> -</div></div></div> - -<p>El público reía y pedía: ¡más, más! Seguramente en tres mil pesetas -hubiera podido dejarse la petición por no servirle más de juguete. -¿Verdad que hay aplausos que deben sonar como bofetadas? ¡Pobres -mujeres! ¡Acaso las bofetadas de su casa les hacen preferir esos -aplausos del público!</p> - -<p>¡El público! El público también es digno de compasión. En sus bramidos -bestiales, no hay alegría ni voluptuosidad; no es la admiración -desinteresada ó satisfecha á la belleza y á la gracia, es el rugido del -hambre, hambre de carne en todas sus manifestaciones; son las mismas -caras que se observa ante los escaparates de los «restaurants» ó casas -de comidas; no es la sonrisa plácida del sultán ante las danzas de sus -<span class="pagenum"><a name="Page_9" id="Page_9">[9]</a></span> -favoritas, es la burla del eunuco ó la rabia del esclavo ante lo que -nunca fué ni será para ellos. Un conjunto lastimoso al que solo pone -la nota ridícula, la autoridad en clase de «encargada», encargada de -que no haya escándalo en el barrio. Como siempre, para los efectos -muy solícita, para las causas ... Las causas que las estudien los -moralistas, los literatos, los periodistas; los que gobiernan sólo -están para prohibir y para castigar. -<span class="pagenum"><a name="Page_10" id="Page_10">[10]</a></span></p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/detail02.jpg" alt="_" width="80" height="74" /> -</div> - -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span> - <h2>II</h2> -</div> - -<p>Una querida amiga viene á visitarme después de misa y se convida á -almorzar conmigo. Es una casada joven que no se preocupa para nada del -feminismo, porque hace mucho tiempo que ella se ha conquistado, por sí -y para sí, todos los privilegios femeninos y masculinos. (No hay como -la neutralidad en esta lucha de sexos).</p> - -<p>El principal objeto de su visita es preguntarme quien hace los -sombreros á Rosario Pino.</p> - -<p>—¿Se los traen de París, como las comedias?</p> - -<p>—No lo se. Vivo alejado de los teatros; no se nada de comedias ni de -sombreros.</p> - -<p>Mi amiga encuentra deliciosas las comedias francesas y admirables los -sombreros de Rosario Pino.</p> - -<p>¡Ah! una mujer no cuidará nunca bastante su sombrero. El vestido puede -engañarnos respecto á la clase y condición social de una mujer, el -<span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span> -sombrero no engaña nunca. Desde que las señoras asisten sin sombrero -á los teatros, es más difícil distinguir de personas. Nos dirían que -tal señora no es la señora sino su cocinera, y lo creeríamos. Con -el sombrero no hay equivocación. Mi amiga se atreve á descubrir en -cualquier reunión de mujeres, sólo por el sombrero, á una «cocotte» -entre cien señoras, y viceversa. (Aunque el orden de factores altera -el producto, no altera la habilidad adivinatoria de mi amiga). Y del -mismo modo se atreve á clasificar á las idealistas, á las de sentido -práctico, á las rebeldes, á las resignadas ... (Esto me hace reparar en -el sombrero de mi amiga, que es, en efecto, un ¡viva la anarquía!).</p> - -<p>Hablamos de otras cosas; de la temporada del Real que ha terminado. Le -preguntó si ha oído cantar á Anselmi, y cuando espero oir un elogio del -«bel canto» italiano que hiciera las delicias de Arana como empresario -retrospectivo, me deja atónito con un grito del corazón, vibrante como -un «sí» de la Barrientos ... ¡Qué hombre tan guapo!</p> - -<p>—¿Quién?</p> - -<p>—Anselmi.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span> -—Canta con mucho gusto—insinúo, para encauzar la conversación, por respeto -al criado que nos sirve.</p> - -<p>—¡Guapísimo!—insiste con una valentía irrebatible.</p> - -<p>—Dicen que volverán á traérselo á ustedes para el año que viene.</p> - -<p>—¿Cree usted que no habrá perdido voz?</p> - -<p>—Si dependiera de ustedes, amiga mía. Pero creo que no; esos tenores -se cuidan mucho.</p> - -<p>—¡Demasiado!—suspira con ingenuidad.</p> - -<p>Procuro informarme de sus aficiones musicales; si comprende á Wagner, -si prefiere las óperas modernas, si ...</p> - -<p>—Mire usted—me interrumpe.—La ópera es lo de menos. Anselmi con el -traje de Lohengrín, me haría soportar á Wagner.</p> - -<p>—Sí, en efecto. La música entra mucho por los ojos.</p> - -<p>Un santo bonito, un rey joven y un artista de buena figura, harán -siempre mucho por la Religión, por la Monarquía y por el Arte.</p> - -<p>Cambia el tema.</p> - -<p>—¿Qué le parece á usted de la «moción» que las solteras de Dublín han -elevado á la virreina de Irlanda, lamentándose de que las casadas de por -allá se traen un toreo que no deja colocarse en suerte á un soltero? -<span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span></p> - -<p>—Me parece que antes que las solteras, debían haberse querellado los -maridos de las acusadas, y no á la virreina precisamente.</p> - -<p>—¿Cree usted que aquí sucede algo semejante, y á eso se deba la -abundancia de solteras sin acomodo?</p> - -<p>—¿Aquí? Aquí debíamos ser las casadas las que nos quejáramos de que el -coro de vírgenes no nos deja en paz á los maridos.</p> - -<p>Y me refiere unas cuántas historias tan escabrosas, tan escabrosas, que -no puede por menos de creerse que son verdaderas.</p> - -<p>—Ahí tiene usted asuntos para unas cuántas comedias.</p> - -<p>—¿Para sábados blancos? ¿Le parece á usted? ¿No es el día de las solteras?</p> - -<p>—¿Usted sabe el origen de los sábados blancos?</p> - -<p>—No. Cuéntemelo usted. Con usted siempre se aprende.</p> - -<p>—Eso me dice todo el mundo. Verá usted. Es muy verosímil. -<span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span></p> - -<p>Una señora distinguidísima, opulenta belleza á lo Rubens, mamá de dos -espirituales «Boticellis», padecía con tanta frecuencia de jaquecas, -que apenas asistía á teatros ni á reuniones, y para no privar de -asistir á sus hijas, las confiaba á la autoridad de una señora de -compañía muy garantizada, á quien tenía muy recomendado que si alguna -vez en el teatro, la comedia representada no era de la más absoluta -moralidad, se llevara á las niñas inmediatamente. Sucedió que una -noche, apenas levantado el telón, la primera actriz anuncio tan -resueltamente la decisión de engañar á su marido, que no había duda de -que así sucedería, á más tardar, en el segundo acto.</p> - -<p>La buena señora creyó lo más conveniente levantarse y salir del -teatro con el mayor ruido posible, para marcar bien su desagrado. -Las muchachas hubieran querido terminar la noche en cualquier otro -espectáculo, pero la señora rabiaba por hacer presente á la mamá su -escrupuloso celo, y más que aprisa se las llevo á casa ... en mala hora, -porque la mamá, ante tan inesperado retorno, apenas tuvo tiempo de -esconder la verdadera antipirina de sus jaquecas, que era un íntimo -amigo. Y para que no volviera á suceder tal percance, al día siguiente -<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span> -escribió al director del teatro: Distinguido señor: Como las obras que -se representan en su teatro, no siempre son de una moralidad y una -sana tendencia que puedan inspirar confianza á una madre celosa de no -ofrecer á sus hijas como recreo un espectáculo peligroso, de acuerdo -con otras distinguidas amigas en el mismo caso, ruego á usted fije un -día de abono en que todas, absolutamente todas las obras, puedan ser -vistas por nuestras hijas.</p> - -<p>El director, amable, sometió á la censura de las celosas madres la flor -de azahar de su repertorio, las celosas madres aprobaron ... Y ese fué -el origen de los sábados blancos ... en París. Aquí siguieron por moda.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>—Una huelga, un albañil muerto ...</p> - -<p>—No hablemos de eso. Son cosas inevitables, viejas como el mundo, hoy -recrudecidas por la falta de creencias.</p> - -<p>—¿De quien?</p> - -<p>—De unos y de otros. -<span class="pagenum"><a name="Page_17" id="Page_17">[17]</a></span></p> - -<p>—Diga usted de unos, porque los otros en algo deben creer todavía. Les -han dicho: No matarás, y no matan. Les han dicho: No te matarás, y no -se dejan morir de hambre. Les han dicho: Ganarás el pan con el sudor -de tu frente, y eso es lo que no pueden obedecer, porque trabajar sí -trabajan, pero no ganan el pan, y eso es lo triste.</p> - -<p>—Yo creí que ya se había usted curado del sarampión socialista que -todos los escritores y políticos de estos tiempos han padecido con -mayor ó menor intensidad.</p> - -<p>—Sí, en efecto. Fué como sarampión. ¡Oh! muy benigno. Escritores y -políticos buscaban en la idea socialista un medio fácil de atraer hacia -ellos el aura popular. Paso la moda; los burgueses fruncieron pronto el -ceño, aterrados por el fantasma anarquista, y escritores y políticos -tornaron hacia el sol que todavía calienta.</p> - -<p>El anarquismo, con ser el mayor antagonista del socialismo, proyecta -sobre éste su sombra fatídica, que confunde á los dos para la opinión -vulgar en el mismo espanto.</p> - -<p>Si en la región de las ideas todas son admisibles, y acaso las más -avanzadas son las más necesarias, porque impidiendo la «calma chicha» -de los espíritus, agitan, renuevan y fecundan, en el terreno práctico, -<span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span> -una idea extremada es el mayor enemigo de una idea razonable. Por eso -cuando halléis un fanático en un partido, sospechad siempre si estará -de acuerdo con el partido contrario. No dijo ningún disparate el que -dijo que el santo es el mayor enemigo de la religión.</p> - -<p>Muchas veces se disfrazan de grandes ideales ideas muy pequeñas. El -anarquismo, no hay duda, quiere un mundo transformado y perfecto, pero -con sus intransigencias estorba el andar reposado del socialismo hacia -ese mundo ideal. Desconfiemos de los grandes ideales y atengámonos á -los pequeños.</p> - -<p>Como esos que dicen: Yo no soy español, soy algo más; soy ciudadano -del mundo.</p> - -<p>Tened por seguro que en el fondo es un regionalista que solo quiere ser -ciudadano de su pueblo, y si es posible, vecino de su calle.</p> - -<p>Por ser ciudadanos del mundo antes que españoles, regionalistas y -anarquistas se confunden á veces, y entre la idea chica y la idea -grande, estorban el andar de la vida, que no tolera empujones hacia -adelante ni tirones hacia atrás de violentos ni de fanáticos, sino que -va, va siempre, segura, majestuosa, al paso reposado y firme de los -hombres de buena voluntad.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span> - <h2>III</h2> -</div> - -<p>Se de una linda marquesa, por blasón de su hermosura, rayos de sol en -campo de rosas, de pura elegancia española—única elegancia femenina á -la que sientan bien todas las elegancias, lo mismo las de Van-Dyck que -las de Watteau, que las de Gainsborough que las de nuestro Goya—que al -salir del estreno de «Daniel» decía á sus amigos:</p> - -<p>—Esta obra sólo puede gustar á los que no tienen una peseta ó no -tienen vergüenza.</p> - -<p>¿Una peseta ó vergüenza? ¡Pícara peseta! En qué poco ha estado que la -obra no gustara por completo á cierto público.</p> - -<p>¡Oh gentil marquesa, como aquellas de Versalles, más inconscientes ó -más atrevidas al representar con su reina y en la misma corte, «Las -Bodas de Fígaro», como si las burlas no fueran también amenazas; el -autor de «Daniel» no tuvo consideración con vosotras. Ha recargado de -<span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span> -negrura su obra, ¿verdad? Esas cosas no pasan en la vida ó por lo menos -pasan de tarde en tarde. ¿No es eso? Los ricos no son tan malos ni los -pobres tan desgraciados. Lo dices tu, lo dice la crítica. Sí, Dicenta -ha recargado los colores.</p> - -<p>Suaves tintas de acuarela son las de ese embarque de emigrantes de que -pocos días después supimos. La realidad ha sido el mejor crítico de la -obra de Dicenta.</p> - -<p>¡Oh, qué lindo <i>embarquement pour Cythere</i>, como aquel de Watteau, -el de ese barco de miseria, de dolor y de muerte! ¡Oh, qué propio asunto -para ser cantado en rimas ricas y metros dislocados por algún exquisito -poeta de los del Arte por el Arte y caiga el que caiga!</p> - -<p>¡Heliópolis! ¿Puede darse más bello nombre para un barco florido, -bogador siempre por mares azules hacia tierras de sol y de alegría?</p> - -<p>Dice un crítico, que desde Edipo no se ha presentado en el teatro un -personaje sobre el que tantas desdichas se acumulen como sobre Daniel. -Sí, son muchas desdichas para un solo hombre si fuera un hombre solo. -Pero Daniel es algo más: no es un hombre, son muchos, son muchas -generaciones; sus desdichas no son las que caben en unas horas de -<span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span> -representación teatral: son las de muchos siglos, las de muchas vidas. -Y lo mismo la crueldad, la fuerza y la indiferencia de los otros.</p> - -<p>La visión amplia, abarcadora de Dicenta concentra lo esparcido. ¿No es -un derecho del artista? La gentil marquesa estaba también en su derecho -al distraer cuanto podía su atención de la obra y á juzgarla con frase -ligera y desdeñosa. Pero la crítica, no; la crítica ante la obra de -Arte tiene otros deberes que las lindas marquesas.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Los artistas lamentan de continuo la falta de ambiente artístico, -increpan al filisteo y al beocio, que no sienten ni admiran, como los -artistas quisieran, la artística belleza, y cuando ellos tratan de -glorificar á otro artista no se les ocurre sino vulgaridades del más -prosaico burguesismo: el insustituible banquete á siete cincuenta, -la abominable estatua á cincuenta mil pesetas, la velada teatral ó -académica. ¿No habrá un poco de fantasía, señores artistas? ¡A ver si -<i>pué</i> ser!—como dicen los chulos. -<span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span></p> - -<p>La escultura conmemorativa moderna, aplicada á políticos, escritores -y demás señores civiles, es francamente horrible. Si el escultor se -atiene á la realidad, un señor de levita ó gabán parecerá siempre -una figura de cera sin colores; si mezcla lo real con lo ideal, la -mezcolanza no es menos detestable: el buen señor rodeado de ninfas ó -genios desnudos hace la más triste figura. Recuerdo la estatua del gran -Eça de Queiroz en Lisboa, bailando un vals <i>renversée</i> con la Verdad -desnuda entre sus brazos; todo ello como interpretación escultórica del -lema literario del escritor: Sobre la fuerte desnudez de la verdad el -velo diáfano de la fantasía.</p> - -<p>No sospechaba artista de tan delicado gusto como Eça de Queiroz, que -tan al pie de la letra iban á tomarse sus palabras como esculturales.</p> - -<p>Quédese la estatua para perpetuar cuerpos bellos y bellas actitudes, y -de los grandes hombres que triunfaron por el espíritu, perpetúese el -espíritu en copiosas y artísticas ediciones de sus obras. De este modo -llegará su espíritu á todas partes y será la inmortalidad mejor que una -estatua ridícula ante la cual el hombre del vulgo preguntará ignorante: -¿Quién será este? Para que su mujer le responda: ¿No lo ves? Un tío muy feo. -<span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Bombita regresa triunfador de Méjico, Madrid y Sevilla le reciben con -aclamaciones.</p> - -<p>Los hombres graves exclaman una vez más: ¡Qué país este! Y otros -hombres que no parecen graves, porque nada les parece tan antipático -como las jeremiadas de esos que no encuentran mejor forma de -patriotismo que abominar por todo de su patria, decimos y creemos: Que -por muchos años vayan nuestros toreros á Méjico y por muchos años sean -allí aplaudidos, que peor señal de los tiempos sería para España si una -ley en idioma extranjero hubiera prohibido las corridas de toros en aquellas tierras. -<span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span></p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/detail03.jpg" alt="_" width="75" height="74" /> -</div> - -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[25]</a></span> - <h2>IV</h2> -</div> - -<p>Pérez Galdós es siempre admirable: terminados sus cuarenta Episodios; -después de haber estudiado para escribirlos, mejor dicho, después -de haber vivido para revivirlos, toda la historia contemporánea de -España con toda su lastimosa política, en lugar de quedar fatigado, -desilusionado y, si se quiere, empachado, con la mayor ilusión del -mundo—¿no se presenta como candidato republicano?—se lanza á la -política activa.</p> - -<p>Y es que Galdós, nuestro único gran historiador, al escribir -sus Episodios, ha podido comprender como nadie que, sobre todas -las desventuras de la patria, sobre sus luchas civiles y sus -pronunciamientos, y las intrigas de camarilla y de partido, sobre -Carlos IV, y Godoy, y Fernando VII, y Calomarde, y Espartero, y Narváez -y todas las clases directoras que tan malos pastores fueron de este -pobre rebaño, esta siempre la <i>masa</i>, la soberana masa, que dijo el -<span class="pagenum"><a name="Page_26" id="Page_26">[26]</a></span> -mismo Galdós, la masa, verdadero héroe de esos cuarenta Episodios -nacionales; y cuando un hombre como Pérez Galdós, después de haber -escrito los cuarenta episodios, hace profesión de fe republicana, es -porque espera mucho de esa masa; porque es de creer que no será en -Salmerón en quien espere.</p> - -<p>De todos modos, Pérez Galdós, en lenguaje de empresa teatral, es -una excelente adquisición para el partido republicano; y si no va á -el sólo llevado de su curioso espíritu, á documentarse para futuras -novelas ó comedias, la significación de su nombre glorioso es de gran -importancia. Galdós cuenta con incondicionales adictos á su talento -y á su persona, cuenta con una juventud que le admira y le proclama -maestro; todo eso aporta Galdós á la causa de la República. ¡Ah! Y la -espada de Machaquito. No la tuvo mejor ningún partido español hace -mucho tiempo.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Entre la Fiesta del Sainete, la corrida de la Prensa, la Semana Santa, -para terminar con la corrida de inauguración de temporada, he aquí una -<span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span> -semana bien española. Lo picaresco, lo piadoso, lo emocional y lo -sangriento en pintoresca mezcla: toda la lira, mejor dicho, toda la guitarra.</p> - -<p>Y sobre todo ello y para todo ello, la mantilla, que es tanto como la -bandera española, nunca mejor prendida que en nuestras actrices, de tan -diversos pero tan castizos tipos de belleza española todas ellas.</p> - -<p>D. Ramón de la Cruz y Goya se habrán asomado, allá por un barandal de -la gloria—algo como la cúpula de San Antonio de la Florida,—para -sentirse más en sus glorias, y los académicos habrán pensado que con -tan lucido cortejo no es posible negar entrada al plebeyo sainete en la -aristocrática Academia. Los ojos de Rosario Pino bien valen por todo un -Diccionario.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Con el sainete vuelve el baile español, casi perdido ya, degradado -en esos tangos de un orientalismo de Exposición universal; el baile -clásico español, señoril ó popular ó villanesco, pero verdadero baile -de arte, el baile por el baile; no como el baile francés, que es -<span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span> -siempre decente—porque siempre es un pretexto para enseñar,—ni -como el inglés, que, por otros medios, llega á los mismos fines, -más gimnasia que baile.—En Inglaterra el <i>sport</i> lo tapa todo ó -lo descubre todo.—En Francia aparenta malicia lo más inocente; en -Inglaterra aparenta inocencia lo más malicioso.—Sólo el baile español -es baile, en una justa ponderación, como el amor sano, ni todo carne ni -todo espíritu.</p> - -<p>¡Boleras gloriosas que inmortalizaron los nombres de Lola -Montes, de la Nena y de Petra Cámara! En la memoria de los viejos se -asocia el recuerdo de aquellos bailes al del toreo de brazos de Montes, -el Chiclanero y Cúchares: ¡Entonces se bailaba, entonces se toreaba!, -dicen estos respetables viejos, y es: ¡Entonces bailábamos, entonces -toreábamos!, lo que quieren decir siempre estos recuerdos.</p> - -<p>¡Dios mío! ¿No habré yo sido nunca joven? Porque todavía alcancé los -tiempos en que las boleras robadas eran fin de fiesta en el teatro -del Príncipe, y me parece más divertido el tango con molinete; y de -toreros, ví muchas veces á Lagartijo y á Frascuelo, y confieso que no -me divertí en los toros hasta el advenimiento del <i>Guerra</i> con todos -sus modernismos tan censurados. -<span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span></p> - -<p>Por fortuna, dentro de pocos años la Imperio y el <i>Guerra</i> serán tan -clásicos como la Nena y Montes, y con qué desdeñoso gesto diré yo -á mi vez: ¡Como se bailaba entonces, como se toreaba ... y como se -escribía! Porque yo también seré clásico. ¿Por qué no? Comparado con el -cinematógrafo, que será toda la literatura dramática del porvenir al paso que vamos. -<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span></p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/detail04.jpg" alt="_" width="75" height="73" /> -</div> - -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span> - <h2>V</h2> -</div> - -<p>Las naciones que han convenido en llamarse civilizadas, tienen, como -suele decirse, cosas de á cuarto. Apenas en un pueblo de los llamados -salvajes se atropella de cualquier modo á un súbdito de alguna de las -susodichas naciones, ponen todas el grito en el cielo y el cañonazo -en la tierra, y amenazan con meterse todas como Pedro por su casa -y el Kaiser por la de todos, para hacer un ejemplar escarmiento -en los infelices salvajes, y mientras, en el propio territorio de -esas grandes, fuertes y civilizadas naciones, en sus mismísimas -y civilizadísimas capitales, campan bandidos de toda especie que -asesinan, roban, estafan y atropellan á naturales y á extranjeros; y si -cada vez que esto sucede se hablara de intervenciones, no pasaría día -sin una conflagración mundial, como ahora se dice. -<span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span></p> - -<p>Y al hablar de bandidos, no lo digo por el Pernales, que España en -esto también apenas puede llamarse civilizada, y bandolerismo es -éste de lo más inocente y primitivo, como de jácara ó romance; pero -léase cualquier periódico de París, y como la cosa más natural, sin -comentarios y sin aspavientos, raro es el día que no traen sección -especial dedicada á las proezas de <i>apaches</i>, <i>cambrioleurs</i>, -<i>souteneurs</i> y demás productos de una civilización admirable. ¿Qué -diríamos si aquí sucediera algo parecido, ó qué dirían los franceses si -los moros menudearan tanto y con tal desahogo sus atropellos? Fuera del -centro de París es más aventurado pasearse á ciertas horas que explorar -por el centro de Africa, y mucho más ciertamente que pasear á cualquier -hora por cualquier lugar de Marruecos.</p> - -<p>De Londres no se diga; asustan las recomendaciones y advertencias -que recibe cualquiera que llega á la poderosa Metrópoli, y todas son -pocas para evitar y prevenir emboscadas, atracos al cloroformo y otras -menudencias.</p> - -<p>En los Estados Unidos el robo á mano armada, el <i>chantage</i>, el timo en -todas sus manifestaciones, han llegado á tan suprema perfección, que ya -no se sabe si clasificarlos entre las ciencias ó entre las bellas artes. -<span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span></p> - -<p>Esos piratas modernistas de que nos habla la prensa, que desalojan -una quinta de todo el ajuar y mobiliario y lo transportan á un barco -especial, con toda comodidad y elegancia, son el último chillido de la -civilización. Y nadie se asusta ni pide urgente remedio.</p> - -<p>En cambio, ya verán ustedes correr por toda la prensa europea la -leyenda de nuestro Pernales, y en cuanto á los infelices moros, -¡cuidadito con pisar siquiera á un civilizado! ¡No faltaba más! ¿Es que -no habrá nunca seguridad personal en Marruecos?</p> - -<p>Sería preciso saber quien tiene la culpa de que no la haya.</p> - -<p>Dice la mamá al niño:—Pepito, no tires del rabo al gato.—Si yo no le -tiro, no he hecho más que agarrarle; el que tira es el, por eso chilla.</p> - -<p>Marruecos es siempre el gato; Europa no le tira del rabo, no hace más -que sujetarle, el que tira es el y por eso chilla y alguna vez araña. -¡Pobre gato! Todavía recuerdo que fué león en algún tiempo; pero ya -si la piel de león no le alcanza, no le queda siquiera el recurso que -aconsejaba el sabio, de empalmarla con la de zorro, porque su piel -la han agotado entre todas las naciones civilizadas para su diplomacia. -<span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Desde que paso la moda—pícara moda que tanto se detiene en las -frivolidades y tan de ligero pasa por las cosas serias—de asistir á -los conciertos del antiguo Príncipe Alfonso, en cuántas restauraciones -se ha intentado en Madrid de aquellas fiestas musicales, con excelente -propósito todas y éstas de ahora, dirigidas por el maestro Arbós, -con entusiasmo y constancia dignos de todo estímulo y aplauso, se ha -notado siempre el <i>absentismo</i> de la clase más distinguida de nuestra -sociedad. Y digo yo: para esas familias fundadoras de sábados blancos -¿qué espectáculo menos peligroso y de mejores garantías que éste?</p> - -<p>¿Ó creen ustedes, como el conde Tolstoï, que hay música pecaminosa y -una sinfonía de Beethoven ó una fantasía de Berlioz pueden turbar la -limpidez lacustre de las almas cándidas?</p> - -<p>¿Ó es que teméis á los verdaderos aficionados, que estorbarían con sus -protestas vuestra bulliciosa cháchara? -<span class="pagenum"><a name="Page_35" id="Page_35">[35]</a></span></p> - -<p>¿Ó es que la música, sin gorjeos de tiple ó arrullos de tenor, os aburre?</p> - -<p>De cualquier modo, vuestra ausencia de los conciertos no marca un buen -punto en vuestra cultura ni en vuestro interés por el arte nacional. -Claro es que vuestras razones tendréis para no asistir; pero si la -decisiva fuera la del aburrimiento—aburrirse con Beethoven ya es una -distinción como otra cualquiera,—hay un medio de conciliarlo todo. -Podéis pagar vuestro abono y regalarlo después á familias modestas -que, sin duda, agradecerían el regalo. ¿Que sería una primada? No lo -niego; pero yo os hablo en nombre de la distinción, y eso es lo que -hacen en otras partes las personas distinguidas cuando se creen en el -caso de proteger el arte de su patria: pagan, y cuando el espectáculo -les agrada, asisten, y cuando no, regalan su localidad ó se quedan en -casa, pero no <i>chinchorrean</i> á empresas y á autores exigiendo obras -especiales y cambios de función por no perder un solo día y sacarle -el jugó al abonito. Y no cuidarse del dinero ni del cartel, eso es lo <i>chic</i>.</p> - -<p>El dinero ya se que no os importa, ni el cartel tampoco debe -importaros, porque si no, debiera parecéroslo de ignominia que sobre la -<span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span> -taquilla del Circo aparezca todos los jueves de moda el cartel de: «No -hay palcos ni sillas», y en la de los conciertos del Real: «Sólo quedan -palcos y butacas».</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Por lo demás, toda mi simpatía—toda mi admiración están con el Circo. -Mucho ha perdido de su encanto con la intromisión de números más -propios de <i>Music-hall</i> que del circo clásico, el de los caballitos, el -de los volatines, el de los payasos, como le amábamos de niños.</p> - -<p>¡Qué efímera gloria la de sus artistas! Su cuerpo es toda el alma de su -arte. Para ellos, como para las mariposas en el año, sólo hay una edad -en la vida. Su arte y su gloria van unidos á la juventud, á la fuerza, -á la agilidad, y cuando acaban, aunque viva el cuerpo, su arte no puede -sobrevivirles.</p> - -<p>No se da un salto mortal como se escribe un libro ó se pinta un cuadro -ó se compone una ópera, con recursos de la experiencia cuando faltan -alientos de la juventud. -<span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span></p> - -<p>¡Ah, si para todo arte y toda gloria suya existiera ese momento fatal -y preciso que advirtiera llegado el fin de los saltos mortales! Pero -el espíritu se cree siempre joven, y mientras aletee ya le basta para -creer que vuela.</p> - -<p>¡Felices los acróbatas del circo que sólo tienen la juventud para su -arte, aunque muchas veces sólo tengan el hospital para la vejez! -<span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span></p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/detail05.jpg" alt="_" width="75" height="74" /> -</div> - -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span> - <h2>VI</h2> -</div> - -<p>Tengo dos muchachas amigas, de estas madrileñitas de la clase media, -cuerpo corto y cabeza gorda, ojillos ratoniles y color de piso tercero, -izquierda ó derecha, con vistas á un patio sucio y obscuro y á una -calle más obscura y sucia que el patio. Pues con este físico y <i>el -moral</i> correspondiente, hete aquí que les ha dado por todo lo inglés, -y hoy vienen á verme acompañadas de una <i>miss</i> de lo más barato y -vestidas como no quieran ustedes saber. Cuando me aseguran que han -llegado á pie desde su casa y las contemplo incólumes, no puedo por -menos de pensar que este Madrid no es aquel Madrid.</p> - -<p>Vienen á consultarme sobre lectura de novelas inglesas. Traen dos ó -tres tomos de la colección <i>Tauchnitz</i>; yo me esfuerzo por persuadirlas -de que la han errado de plano al principio: la colección <i>Tauchnitz</i> no -tiene entrada en Inglaterra. A ellas no les cabe en la cabeza que un -<span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span> -libro inglés pueda no ser inglés. Les indico los nombres de los -novelistas ingleses más en boga—norteamericanos casi todos;—ellas, -en cambio, me informan de su nueva vida. Todas las mañanas toman su -ducha frío. Así están de roncas y con una tos perruna que debe alarmar -á los que llamen á su puerta en estos días de hidrofobia y recogida de -perros. Pero ellas no se acobardan. No comprenden como se puede vivir -sin ducha. Sus comidas todas á la inglesa, traducidas por una cocinera -de á cuatro duros. Un Támesis de te. En sociedad con otras amigas, han -alquilado un solar por las afueras, han plantado no se qué hierba, -y sobre la verde alfombra tienen su <i>lawn-tennis</i> con su poquito de -<i>flirt</i> y una variada exhibición de medias. La mamá cuida mucho de que -varíe su color todo lo posible, como dice ella, para que se vea que no -son siempre las mismas. ¡Sólo el corazón de una madre tiene cabeza para -pensar en todo!</p> - -<p>Tienen una colección de perros y gatos para hablarles en inglés, como -si la <i>miss</i> no fuera bastante. Procuran indignarse si algún corto de -vista las piropea en la calle. El rey Eduardo es para ellas como de la -familia. Piensan mudarse hacia la calle del Gobernador ó adyacentes, -<span class="pagenum"><a name="Page_41" id="Page_41">[41]</a></span> -para recibir bien los humos de la fábrica de electricidad sita en aquel -barrio y tener así una sensación londinense.</p> - -<p>Toda esto son tonterías sin importancia, pero pensemos que á estas -horas son muchos los políticos, los hombres de negocios, los -comerciantes, los literatos, hasta los filósofos, atacados de esta -última manía nacional. Hay que llamarla de algún modo.</p> - -<p>Ya Francia con su París no nos dicen nada; ya sólo creemos, todo lo -esperamos de la que fué reina de los mares y aspira á serlo de las -tierras. La ballena (por algo es mamífero) pretende ser anfibio.</p> - -<p>Pidamos que nuestra suerte sea á lo menos la de Jonás en el vientre -del enorme cetáceo: fué devorado, pero salió incólume. Y si algo ha de -sucedernos con el cambio de vida, que no pase de dar que reir, ó todo -lo más, de una tos perruna, como en mis amigas las madrileñitas cursis, -á las que sienta lo inglés como es posible que nos siente á todos. No -tenemos físico para ello. -<span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Por fin la lluvia. En Madrid, salvo por razón de salud pública, se -recibe como quien oye llover. Pero en esta pobre aldea donde ahora -escribo, es una fiesta para todos; la gente canta, baila, todos los -ojos se vuelven al cielo y el agua corre por los rostros curtidos -mezclada con lágrimas de alegría. Era la ruina y la miseria, y hoy es -la esperanza.</p> - -<p>En Madrid, los abastecedores cuidan amorosos como padres de no bajar -el precio del pan en los años buenos para que no sea tan sensible -la subida en los malos. De este modo, nos preocupamos poco de las -cosechas. Pero aquí el pan es el verdadero pan de comunión, el pan de -vida que es toda la vida. En familia se sembró el grano, en familia se -labró la tierra, en familia se recogió el fruto, y en familia se muele -el trigo, y en familia se amasa la harina, y en familia se cuece el pan -que en familia se come; y el pan, que es casi un adorno en la mesa de -los ricos—la última moda es servir muy poco, y lo más <i>chic</i> dejarlo -casi intacto, leo en unos avisos del buen tono,—es aquí todo el -alimento y su carestía es el hambre para los que muchos días sólo pan comen. -<span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span></p> - -<p>Por eso el más incrédulo ó para rezar ó para maldecir, pero esperando -de la súplica ó de la amenaza, vuelve los ojos al cielo cuando pasa la -imagen santa en rogativa y mujeres y niños cantan:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">¡Virgen, madre nuestra,</span> -<span class="i0">Virgen del Rosario,</span> -<span class="i0">envíanos agua</span> -<span class="i0">para nuestros campos!</span> -</div></div></div> - -<p class="no-indent">y luego, en estrofas de dulce espíritu -franciscano, piden por sus ganados también, y la voz de los niños -tiembla al cantar: «Los corderitos se mueren de hambre ...» Porque no -serán sólo los corderitos, serán ellos también los que tendrán hambre. -¡Oh, madrileños, vosotros no sabéis que la lluvia puede hacer llorar de alegría!</p> - -<p>La lluvia, que puede suspender una corrida de toros, es necesaria para -que los toros se críen lúcidos y pujantes.</p> - -<p>Pensad en esto y os alegrará también la lluvia como á las pobres gentes -de la pobre aldea. -<span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span></p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/detail06.jpg" alt="_" width="80" height="71" /> -</div> - -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span> - <h2>VII</h2> -</div> - -<p>Me entusiasman esas personas que, sea cualquiera el asunto de que -se trata, son siempre de la opinión contraria. No hay que decir si -admiraré á D. Miguel de Unamuno. Por eso no pude por menos de abrazar -al amigo que después de leer las noticias de los últimos atentados de -Barcelona, exclamó con el mayor aplomo, sin dejó alguno de ironía:</p> - -<p>—¡Qué agradable debe ser la vida en Barcelona!</p> - -<p>Y como advirtió pronto la airada protesta de los otros amigos y mi -conformidad, que debió parecerle todavía más alarmante—no se tiene en -vano la reputación de mefistofélico,—no quiso esperar más para exponer -sus razones.</p> - -<p>—Sí, señores; agradable agradabilísima: porque cuando en todas partes -y para todo el mundo y desde muy antiguo, ha sido una de las más -<span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span> -intolerables molestias del trato humano el curioseo y fisgoneo de -toda casta de vecindades, vecinos de barrio, de calle y de casa, -hay que admirar la discreción y poca curiosidad de los vecinos -en Barcelona, cuando es allí posible que por tanto tiempo y tan -continuadamente puedan existir gentes dedicadas á la confección y -colocación de explosivos sin haber tropezado todavía con un vecino -curioso investigador de vidas ajenas. Y esto, cuando todos deben estar -vigilantes como policías, con la indignación y la alarma naturales ante -la repetición de atentados que á todos amenazan. Ó ¿creen ustedes en -cavernas, lugares subterráneos y recónditas guaridas en una ciudad como -Barcelona?</p> - -<p>—Luego, ¿usted cree?...</p> - -<p>—No creo nada. Sólo pienso que en este caso, como en el de muchos -enfermos crónicos, parece que el enfermo acaba por encariñarse con su -enfermedad que le coloca en una situación interesante. Creo también, -cuando se habla de anarquismo, que por algo es la industrial Cataluña -famosa en imitaciones de todo género de productos, y no estará de más -la sabida advertencia: <i>Se méfier de contrefaçons</i>.</p> - -<p>—¿Entonces?...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span> -—¿No les parece á ustedes como á mí, que para anarquismo es poco y -para separatismo sería demasiado?</p> - -<p>Y hubo un silencio que si no fué de aprobación, fué por lo menos de <i>solidaridad</i>.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Entre los colores que la moda femenina ha impuesto en esta temporada, -hay uno que me seduce sobre todos: el color de humo; el color de humo -es adorable. <i>Couleur fumé</i>, digámoslo en francés, que es el lenguaje -de la modistería universal, como lo es de la diplomacia, y ya que en -modistería y en diplomacia de fuera ha de venirnos siempre la moda.</p> - -<p>Dos tendencias opuestas dominan en el vestir de las mujeres: el género -sastre, vestimenta práctica para la calle, que es democrática, y tanto -quiere serlo que no se contenta con nivelar las clases, sino que -pretende nivelar los sexos. El gabán con vuelo y pliegue <i>Watteau</i> -masculino, y la falda redonda, <i>troteusse</i>, femenina, son una verdadera -<i>entente cordiale</i> de sastres y modistos. -<span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span></p> - -<p>Pero en la casa, en los salones, en el teatro, triunfa por contraste -en la <i>toilette</i> de las mujeres, lo dulcemente femenino. Nunca más -delicada, más tenuemente vestidas, ¿vestidas? No es exacto; envueltas -apenas, acariciadas en la suavidad de gasas, tules y encajes y telas -flexibles, ondulantes, de matices descoloridos, esos tonos al pastel, -inconsistentes como pelusilla de alas de mariposa, como el polen de las -azucenas. No son aquellos terciopelos y brocados y rasos que se tenían -de pie, según ponderaban nuestras abuelas; aquellos trajes de aparatoso -señorío que podían transmitirse de madre á hijas en cinco ó seis -generaciones. Estos de ahora son gala de una noche, efímeros como flor -ó mariposa, no admiten reformas ni composturas, sus telas diáfanas, no -se cortan, se cortiquean; no se cosen con aquel fuerte pespunteado de -la clásica costura española, se hilvanan ó se prenden de alfileres. Un -pisotón es bastante para destrozar una de estas envolturas de ensueño -que costó cuatro ó cinco mil francos; su misma fragilidad es la mejor -defensa de otras fragilidades. ¿Qué mujer se dejará acariciar con -pasión con uno de estos trajes? Ya eran nube, espuma, flor y mariposa, -y ahora, con el color de moda, son algo más tenue, más vaporoso, son -<span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span> -humo. ¿No es el color de nuestro tiempo? Humo por todas partes. De -la riqueza de las naciones es señal el humo de sus fábricas, de sus -trasatlánticos, de sus ferrocarriles; de su poderío, el humo de sus -acorazados; con el automóvil triunfa también el humo, porque el -automóvil pasa pero el humo queda. Si el siglo <span class="smcap">xix</span> pudo -llamarse de las luces, ¿no puede llamarse este siglo <span class="smcap">xx</span> el -de los humos? Los humos de aquellas luces que no brillaron tanto como -había derecho á esperar.</p> - -<p>Yo os digo que hay trajes de mujer que son una verdadera obra de arte; -pero si un traje de estos es además de color de humo, ¡oh! entonces ya es filosofía. -<span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span></p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/detail07.jpg" alt="_" width="80" height="76" /> -</div> - -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_51" id="Page_51">[51]</a></span> - <h2>VIII</h2> -</div> - -<p>A estas horas son innumerables los Paturots que andan por esos -distritos en busca de una posición social. Unos, con lucida escolta, -se entran por los pueblos como conquistadores, á cosa hecha, les basta -con pasar. Otros, llegan humildes, desconfiados, prodigan sonrisas, -apretones de manos, prometen, regalan; los buenos aldeanos se muestran -socarrones ...—Tocante á nosotros ...—Por nuestra parte ...</p> - -<p>¿Pero qué más tiene un diputado que otro? Eso, lo que tenga.</p> - -<p>A dos pesetas, un cigarro y vino á <i>indiscreción</i>, el voto ... -Después de todo, un voto no es ninguna primogenitura que no esté bien -pagada con un plato de lentejas.</p> - -<p>¿Quién engaña á quien? Nadie se engaña por lo visto; todos están -contentos. El diputado cuenta sus votos y triunfa con su acta; los -buenos aldeanos cuentan unas pesetas y ríen entre ellos ... -<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span></p> - -<p>Entre tanto se sigue labrando la tierra como debió labrarla Adán á la -salida del Paraíso, y cuando llueve, por el techo de la escuela cae la -lluvia benéfica sobre la cabeza de los chicos; y es la mejor enseñanza -que allí reciben, porque así aprenden que todo han de esperarlo del -cielo, hasta el sencillo acto de lavarse la cara algunas veces.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Uno de los <i>clous</i> del Salón de París en este año es el retrato de -Tomás Hardy, obra de Blanche. Como la aduana francesa es el tránsito -obligatorio para que llegue hasta nosotros todo nombre y toda fama, es -posible que con este motivo descubramos á Hardy.</p> - -<p>Entre la balumba abrumadora de novelas inglesas, acaso no sean las -suyas las que tengan más lectores, aún en la misma Inglaterra. Al -francés tampoco creo que haya sido traducida ninguna, y en España, -donde nos extasiamos con D’Annunzio, donde Bourget, Prevost y Hervieu -nos parecen hondos psicológicos, y las <i>Claudinas</i> de Willy nos -<span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span> -interesan como si aquí estuviéramos en el secreto de los chismes del -<i>boulevard</i>, que son todo su chiste, Hardy es casi ignorado, como es -ignorado Meredith, el más original estilista entre los novelistas -ingleses, á quien seguramente D’Annunzio ha leído mucho, porque aquí -nos pasamos el tiempo buscando los plagios en los de casa y mientras -los de fuera se despachan á su gusto.</p> - -<p>Hardy es un admirable novelista, de esa raza robusta de escritores -que sólo es producto de una sociedad fuerte; no es de los que salen á -conquistar un público con colorines y fanfarrias.</p> - -<p>Hay una firme serenidad en los escritores ingleses, una despreocupación -de la <i>coterie</i> literaria de muy buen ejemplo para nuestros escritores -jóvenes, que sólo saben andar en grupitos para la recíproca admiración; -hasta que alguno del grupo sobresale, que apenas eso sucede, ya le -declaran indigno por haber hecho concesiones al público; porque la -condición para formar parte de uno de esos grupos, es la de ser -<i>genio</i>, pero sólo para andar por el grupo.</p> - -<p>Sucede como en esas pandillas de estudiantes mozalbetes que emprenden -reunidos la conquista de alguna agraciada muchacha, y reunidos la -<span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span> -siguen y reunidos le pasean la calle y entre todos se escribe una -declaración, y cuando la favorecida, naturalmente, desea saber en quien -ha de fijarse, ó concluye aquel amor colectivo como por encanto, ó -se destaca uno más resuelto á terminar por su cuenta la conquista. Y -entonces los demás le llaman mal amigo.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p><i>Baby</i> es terrible; tiene unas ocurrencias que dejan parado á -cualquiera; sus padres no saben á quien ha salido. Sus papás son dos -jóvenes, aristócratas de abolengo ilustre, que de sobremesa íntima -tijeretean á los amigos sin preocuparse por la presencia de <i>Baby</i>, muy -entretenido en enseñar las estampas de una ilustración extranjera á un -tremendo danés que no parece muy interesado por los sucesos mundiales.</p> - -<p>Los papás hablan de unos <i>parvenus</i> con flamantes títulos adquiridos en -Roma, y ríen á su costa.</p> - -<p><i>Baby</i> pregunta muy grave:</p> - -<p>—¿Quién es más, el Rey ó el Papa?</p> - -<p>El padre se hace el desentendido, esta afiliado á una de las cuarenta y -nueve fracciones liberales. -<span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span></p> - -<p>La madre se cree en el caso de afirmar sus sentimientos católicos, y -contesta sin vacilar:</p> - -<p>—El Papa, hijo mío.</p> - -<p>—Entonces, ¿por qué os burláis de los títulos pontificios?</p> - -<p>Los padres convienen en que delante de los niños no se puede hablar de nada.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Ecos de las elecciones.</p> - -<p>La marquesa de—— tiene á su marido diputado conservador y á su mejor -amigo, liberal. La gente ya la llama: el triunfo de la solidaridad.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>A un candidato á la diputación, de quien ya no se cuenta las -desventuras conyugales, como se lamentara de que le habían birlado su -distrito, le aconsejaba un amigo para consolarle:</p> - -<p>—Si usted no necesita el distrito para nada. Usted debía presentarse por acumulación. -<span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>En casa del modisto:</p> - -<p>La cliente, entusiasmada con un nuevo vestido que favorece mucho su -belleza algo vespertina, le dice al modisto:</p> - -<p>—Crea usted que si aquí tuviéramos voto las mujeres, todas las señoras -le votaríamos á usted.</p> - -<p>El modisto, confuso y galante:</p> - -<p>—¡Oh, muy amable! Pero sería yo el que votaría siempre con ustedes.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_57" id="Page_57">[57]</a></span> - <h2>IX</h2> -</div> - -<p>Cuando creíamos que los norteamericanos estaban como el pez en el agua, -con sus instituciones democráticas—¿nos habrán refregado el morro -con ellas, hablando pronto y claro, nuestros sociólogos de corrillo -intelectual y lata libre?,—ahora salimos con que el pez es rana y el -agua de charca, y de las más corrompidas, y las ranas no se contentan -con pedir un rey para cambio de sus males, sino que piden nada menos -que un emperador. Mejor dicho, es posible que no sean las ranas, sino -el único que no es rana quien lo pide. Como aquel personaje de un -fin de fiesta, interpretado por Mariano Fernández, que, harto de las -molestias que una finca de recreo le produce, se decide á ponerla en -venta, porque dice el: Mal vendida, ya podrán darme cinco mil duritos -por ella. Y al poco rato insiste en su propósito: Nada, nada, yo vendo -esta finca ... ¿Quién me dijo que me daba por ella cinco mil duros?... -<span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span> -¡Ah! Fuí yo mismo. ¿Quién dijo que los norteamericanos necesitaban un -emperador? El mismo, Teodoro Roosevelt, de imperial y sonoro nombre, -ese Napoleón que, más afortunado que el primero, recoge los laureles de -la guerra y cobra en buenas coronas—¡oh, presagios!—la oliva de la -paz.</p> - -<p>Yo celebraré la realización de esos imperiales sueños, aunque no sea -más que por ver á su alteza Alicia (así la llamaban de antemano) de -alteza imperial efectiva; porque es seguro que habrá de dar mucho juego -en clase de princesa, y á qué estamos los que hemos de agarrarnos al -clavo ardiendo de la actualidad, antes de que se enfríe, para escribir -de cosas, á los que más calienten, muevan y remuevan esa actualidad de -ordinario monótona.</p> - -<p>Pero ¡ay! qué difícil es estar á la última moda en nada y como hemos -de vivir aquí siempre retrasados en literatura, en política, en -filosofía ...</p> - -<p>En dramaturgia, cuando nos damos á imitar á Ibsen, ya es Maeterlink lo -que se lleva; cuando empezamos con éste, ya es D’Annunzio; y lo mismo -en filosofía: cuando empezamos á sentirnos superhombres con Nietzche, -ya es la filosofía rusa la que se cotiza por el mundo ó ya hemos vuelto -<span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span> -á Platón; como decía aquel señor á quien pretendían pasmar sus amigos -con toda clase de <i>sicalipsis</i> exóticas. Aquí ya hemos vuelto á lo de -siempre. El caso es que siempre hemos de retrasar. He aquí que cuando -todo un D. Benito Pérez Galdós en España, se hace republicano, todo -un pueblo tan adelantado, tan práctico y tan <i>vivo</i> como los Estados -Unidos, declara que la república y la democracia están mandadas á -retirar.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Las buenas hadas de los infantiles cuentos madrinas en todos los -bautizos de príncipes, con sus carrozas voladoras y su cortejo de -elfos y silfos, minúsculos y alados, ya se apresuran para llegar en -torno de la regia cuna á predecir felicidad; y el hada de la Poesía, -la que tiene su reino en un rosal silvestre enrejado de zarzales, la -que ni adula ni miente, sólo te dirá: Príncipe ó princesita; cuando -todas las hadas con su lenguaje cortesano te predicen venturas, yo sólo -te compadezco; te compadezco, por el odio y la envidia que zumbarán -alrededor de tu cuna, sólo por ser regia, cuando todo es amor sobre -<span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span> -cunas humildes; te compadezco por los preceptores que atormentarán tu -inteligencia para cultivarla como flor de invernadero, sabedora de -muchas ciencias, ignorante de la vida; por las adulaciones cortesanas -que interpondrán siempre el velo encantado de Maya entre tus ojos y la -verdad; por tus pasos, siempre vigilados; por tus acciones de todos -sabidas, y cuando no sabidas, calumniadas; por tu corazón, del que -dispondrá la razón de Estado; por toda esa esclavitud de los reyes y -de los príncipes, que os hará sonreir con amargura cuando sepáis que -vuestro pueblo pide libertad. ¡Libertad, que para vosotros quisierais! -Y por todo esto, cuando todas las hadas con su lenguaje más cortesano -te predicen felicidad, el hada de la Poesía, la que tiene su reino -entre los rosales, enrejados de zarzales, el hada libre que ni miente -ni adula, con todo su corazón compadece.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>La fiesta de San Isidro es como la poesía lírica eminentemente -subjetiva. Hallar motivo de esparcimiento en un paisaje risueño, á la -sombra de árboles frondosos, sobre prados amenos y por fondo montañas -<span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span> -siempre verdecidas y más lejos otras que azulean, no tiene gracia -alguna: la decoración pone la mejor parte. Lo admirable es hallar -ocasión de regocijo en un erial con cuatro estaquillas hojosas por -toda vegetación, entre sucios tenderetes, mendigos harapientos, y allá -arriba, como aviso supremo de un triunfo final de la muerte, digno -de figurar entre los frescos del Camposanto de Pisa, la vista de los -cementerios.</p> - -<p>Sólo un pueblo como el madrileño es capaz de poner alegría sobre todo -esto; esa alegría que tanto desconcierta á los extraños, que quieren -persuadirnos de que no es tal alegría. Bien esta, será humorismo si -ustedes quieren; pero es la misma que ríe del hambre, de la suciedad -y de la truhanería en nuestras novelas picarescas; es la misma que -ríe en los mendigos de Velázquez y de Goya, la misma que se desborda -en la Plaza de Toros entre horrores de sangre y peligros de muerte; -alegría que solo puede comprender el que sienta la espiritualidad de -esos ascetas atormentados de los cuadros del Greco, alegría que no -comprenden los extraños, porque es la alegría del «no importa», ese no -importa que es toda la filosofía del alma castellana. -<span class="pagenum"><a name="Page_62" id="Page_62">[62]</a></span></p> - -<p>Somos pobres, nuestra tierra es triste, sabemos que hemos de morir, -después ... nada sabemos; se reza ó se blasfema, según las horas; pero -como no pedimos razón para vivir ni para alegrarnos en la vida, tampoco -la pedimos para morir cuando es preciso; ya supo decirlo el pueblo del -Dos de Mayo; el mismo que acude á la fiesta de San Isidro á divertirse -de su propia alegría, en el erial desolado, entre mendigos harapientos -y á la vista de un Camposanto.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Después del éxito comercial de la exposición de automóviles, en la -que apenas queda coche sin vender, empezamos á ser distinguidas las -personas que nos hemos quedado sin comprar uno. Por llegar tarde, no -por otra cosa, porque según los jaleadores del <i>democrático sport</i>, el -que no tiene auto es porque no quiere.</p> - -<p>Hay coches baratísimos, el verdadero <i>carro do povo</i>, como llaman en -Portugal al tranvía; el sostenimiento insignificante, los <i>chauffeurs</i> -de balde, un apostolado por vocación, los neumáticos irrompibles, ¡Y -los encantos del auto! ¡Higiene, cultura, poesía! ¡El aire libre de -<span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span> -campos y montañas, la geografía y la topografía aprendidas del modo -más fácil y práctico!... ¡El amor sano al paso! ¡Y qué paso! Aquí, -sin exagerar, bien puede sentirse en Cádiz repercutir un beso dado en Cantón.</p> - -<p>Pero digan lo que quieran los propagandistas del automóvil como -panacea, no es su ejercicio muy propicio á los amores; desgasta mucha -fuerza nerviosa y absorbe la atención demasiado. El juego, el automóvil -y las corridas de toros, son los más terribles rivales de las mujeres. -Un hombre sentado á una mesa de juego ó con el guía de un 40 H. P. en -la mano ó sentado en una barrera de la plaza, ante una faena de Bombita -ó de Machaquito, es insensible á las seducciones femeninas. Las mujeres -lo saben; por eso, ya que no pueden competir con esas tres grandes -aficiones de los hombres, han decidido compartirlas con ellos; y cuando -una mujer sale jugadora, automovilista ó aficionada á toros, que se -quiten todos los hombres, con la ventaja para las mujeres de que ellas -pueden llevar su pasión al extremo: en el juego, hasta el <i>croupier</i>; -hasta el <i>chauffeur</i> en el automóvil, y en los toros hasta el torero. -<span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>En la exposición de automóviles:</p> - -<p>Un distinguido automovilista á una belleza recién lanzada á la circulación.</p> - -<p>—¿Vienes á ver los automóviles? ¿Quieres comprar alguno?</p> - -<p>—Ya lo creo.</p> - -<p>—¿Pues sabes quien puede venderte uno?</p> - -<p>—No; lo que quiero saber es quien puede comprármelo.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Entre mujeres de hombres políticos:</p> - -<p>Una de ellas se queja á su amiga del marcado desvío que viene -observando en su marido, desde algún tiempo. Su amiga, para consolarla:</p> - -<p>—Eso es por disciplina política.</p> - -<p>—¿ ...?</p> - -<p>—Como tu marido es de los liberales, esta en plena abstención.</p> - -<p>—Si es que ayer le sorprendí abrazando á la doncella.</p> - -<p>—Entonces es que se ha pasado á los demócratas. -<span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Dejemos al Congreso con sus discusiones de actas, dejemos á los -liberales en su abstención y á los carlistas en su incontinencia; de -todo eso se hace la Historia; la Historia, que va por encima, lo mismo -en las naciones que en los individuos; mientras la vida va por dentro, -tan hondo á veces que apenas percibimos sus pulsaciones. Por eso hay -quien, atento sólo á la superficie bullidora, no vacila en declarar: -Aquí se muere algo; pero aún vivimos, por lo menos aún queremos vivir.</p> - -<p>La Agricultura, la Industria, el Comercio, alientan en exposiciones y -concursos, á los que debe atenderse con mayor interés que al cubileteo -de actas; esto es la Historia, mejor dicho, la chismografía de la -Historia; lo otro es la vida, en la que debemos esperar salvación.</p> - -<p>Si algunas veces he <i>fustigado</i> (según <i>cliché</i>) á nuestra -aristocracia, no fué por prevención desfavorable contra ella, sino que -puesto á satirizar y dada la natural y pícara preferencia del público -por reir á costa de alguien, me pareció más piadoso hacer reir á costa -de los que gozan de muchas ventajas en la vida, que á costa de los -humildes que trabajan y padecen escasez de todo. Nunca me ha parecido -<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span> -que el tener hambre sea cosa de risa, y ya sabemos que en la mitad de -nuestro teatro cómico es el hambriento principal motivo de regocijo.</p> - -<p>Pero como nunca me dolieron prendas, soy el primero en reconocer que á -nuestra aristocracia debe en primer lugar la agricultura española sus -mayores progresos y adelantos. Buena prueba es la actual Exposición -agrícola y de ganados.</p> - -<p>En la sección de ganadería, hay ejemplares magníficos. Toros dignos de -ser amados por Pasifae; caballos, por Semíramis.</p> - -<p>Un toro negro, de dulce y paternal mirada, como un patriarca bíblico, -nos promete dilatada sucesión y con ella pródigas provisiones de -sabrosa leche y suculentos solomillos.</p> - -<p>Vacas suizas nos hablan de praderas idílicas, ovejas y corderos de -todas castas, al ser acariciados por manos de marquesas, evocan -pastorales de Versalles.</p> - -<p>Allí están nuestros famosos merinos, y la oveja castellana, y la -andaluza, y las inglesas, de cabezota redonda (como los puritanos -de Cromwell) y de lana apretada, que parecen talladas en piedra por -escultores medioevales. Y razas cruzadas, muy dignas de consideración -<span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span> -en estos tiempos. Y el caballo Orlof, digna cabalgadura de un héroe -victorioso, para bracear sobre laureles y rosas. Y caballos andaluces -de jacarandosa estampa, y tantos bellos animales, á los que nunca -amaremos bastante.</p> - -<p>Porque no hay animales fieros; si algunos lo parecen, es porque el -hambre ó el hombre (no es juego de palabras) los hostiga. Pero ellos -agradecen nuestros cuidados y nuestras caricias; ellos nos ofrecen -sumisos su fuerza, y al someterse al hombre, parecen someterse á su -natural destino. En su mirada, ó hay alegría ó dulce resignación; -tristeza, sólo cuando su dueño los maltrata.</p> - -<p>¡Como nos enseñan á vivir y á morir los buenos animales; algo hermanos -nuestros porque son hijos también de la Tierra, madre de todos!</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Si el príncipe Hamlet, prototipo de la duda aunque, como todos los -escépticos, creyó en lo más dudoso, la eficacia de las representaciones -teatrales para descubrir secretos,—aseguraba que hay algo en cielo y -tierra á que no alcanza nuestra filosofía, ¿por qué no hemos de creer -en ese algo? Si toda fe nos falta, tengamos fe en la fe. -<span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span></p> - -<p>Próximo el centenario de los Sitios de Zaragoza, aquel milagro de -heroísmo sobrehumano, en que todos pudieron admirar á un pueblo más -tullido que todos los tullidos, sin creencia y sin esperanzas en lo -humano, levantarse y andar y estremecer con su empuje al mayor imperio -moderno, ¿por qué hemos de sonreir y burlarnos escépticos de un humilde milagro?</p> - -<p>Bien se que las burlas de los descreídos hubieran sido más -irrespetuosas si de otra imagen se tratara. El Pilar es algo muy -respetable, y mal aconsejado estaría el que á estas fechas quisiera -milagrear á su costa, sin un hecho, todo lo maravilloso que se quiera, -pero hecho al fin indudable, que después cada uno puede explicarse á -su manera: desde el milagro divino hasta la sugestión hipnótica ó el -histerismo, hay explicaciones para todos los gustos. Hay cosas que -parecen sobrenaturales y son las más naturales del mundo.</p> - -<p>Tengamos fe en la fe, no sonriamos demasiado pronto. ¿Quién sabe si aún -no veremos mayores milagros? -<span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span></p> - -<p>Si algún día, un imperio absorbente ó un disolvente anarquismo, -hubieran conseguido borrar las fronteras de todos los pueblos, el -último patriota que sucumbiría sería un aragonés sobre la última piedra -que marcaría una frontera: el Pilar de Zaragoza. -<span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span></p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/detail08.jpg" alt="_" width="80" height="76" /> -</div> - -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span> - <h2>X</h2> -</div> - -<p>Si la felicidad se consiguiera por leyes, decretos, reales órdenes, -ordenanzas, bandos y demás literatura oficial, España sería la nación -bienaventurada entre todas; pero si el infierno, según dicen, esta -todo el empedrado de buenas intenciones, es posible que también esté -empapelado de leyes españolas.</p> - -<p>Esta novísima de la colonización interior es otro bello trozo de -literatura, y por si no pasará de serlo, ¿por qué no añadirle algunos -comentarios poéticos?</p> - -<p>Esa colonización interior sería una gran empresa si para ella no se -contara sólo con las naturales gentes del campo. La trasfusión de -sangre es de tanto interés para el organismo físico como para los -organismos sociales. Colonizar el campo con gente de la ciudad sería -verdadera y meritoria colonización. -<span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span></p> - -<p>La tierra en España es sólo un lujo de ricos ó una esclavitud de -pobres. Grandes propiedades mal atendidas por sus dueños y otras tan -reducidas que apenas ofrecen la porción de tierra que basta, como -suele decirse, para tener donde caerse muerto, no digamos de qué vivir -mientras se muere.</p> - -<p>Hay en las ciudades un proletariado burgués, el que más padece y menos -grita, que se consideraría dichoso con poseer un pedazo de tierra en el -campo. Es un gran error creer que el habitante de la ciudad no ama el -campo. Ofrecedle facilidades para llegar á el, dádselas para poseerlo -y veréis con cuánto más amor lo cultiva y hace suyo que quien vivió -siempre en el y ya lo mira como indiferente ó enemigo.</p> - -<p>Sean donaciones de tierras el premio de los buenos servidores del -Estado, el pago de muchas de esas clases pasivas que acaso llevan vida -inútil y vergonzosa en las ciudades. Ellos llevarán al campo cultura -social y el campo les dará en cambio salud y alegría. La tierra no -pide sólo brazos fuertes que la trabajen con dureza, como quien golpea -ó hiere, pide también quien la mire con amor; y nadie la amaría tanto -como esos proletarios que vivieron siempre en vivienda alquilada, muy -tasado el terreno, y el sol y el aire aún más tasados. Esos que en un -<span class="pagenum"><a name="Page_73" id="Page_73">[73]</a></span> -día de fiesta en Madrid, van en bandadas como peregrinos del sol, hacia -el Retiro, hacia la Moncloa, hacia los Cuatro Caminos, á emborracharse -de luz para muchos días, ¡como serían felices sobre un pedazo de -tierra suyo, donde el sol es el buen padre de la tierra que á su calor -fructifica y florece, no el astro avergonzador de la gente pobre con su -luz indiscreta que descubre el brillo de la ropa usada y las grietas -del calzado viejo!</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>No me atrevería yo á censurar la prohibición de las capeas en nombre -de las sacrosantas costumbres nacionales, pero á trueque de incurrir -en el enojo de Mariano de Cávia, me atrevo á censurarla por exceso -de sensiblería mía, no de la orden, que á primera vista parece bien intencionada.</p> - -<p>Pero considerando que en esas capeas tomaban la más activa parte los -más brutos de cada pueblo; considerando que en la mayoría de los casos -había cornadas providenciales; considerando que todo ello era indulto -de infelices mujeres, condenadas de por vida á marido bruto, alivio -<span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span> -para el Estado de candidatos al ingreso, aumentando sus cargas, en -establecimientos penitenciarios, considerando que, llegado el día de -la fiesta, habrá sus motines y algaradas que darán lugar á mayores -barbaridades, pues es casi seguro que en muchos pueblos no admitirán -á la Sociedad de Conciertos, como festejo digno de sustituir al toro, -considerando que las escuelas de casi todos los pueblos y aldeas de -España no tienen mejor uso que servir con sus ventanas de palcos y -talanqueras para presenciar con relativa seguridad la gallarda fiesta; -considerando que si damos en lavarnos la cara no van á conocernos, -vengo en opinar que la orden sería más efectiva, plausible y meritoria, -de haber ido precedida de otra: la ley de Instrucción obligatoria; -porque los lugareños son gente maliciosa, y como sólo les llegan del -poder central órdenes prohibitorias, no será extraño que algún día se -cansen y digan: ¡Todo es prohibir, prohibir! ¿Y qué nos dais en cambio? -Que nos manden siquiera un cinematógrafo. -<span class="pagenum"><a name="Page_75" id="Page_75">[75]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Todas las mujeres tienen una edad para parecer más hermosas ó menos -feas. No siempre es la juventud, como puede creerse. Hay géneros de -belleza que se acomodan mejor con la madurez y hasta con la ancianidad. -Cuántas veces la que conocimos francamente fea de joven, nos sorprende -á su declinar con un agradable aspecto.</p> - -<p>Hay también bellezas por horas, á las que favorece más ó la mañana ó -la tarde ó la noche, sea por la luz, sea por los trajes propios de aquellas horas.</p> - -<p>Para ser hermosa á toda edad, á todas horas y á todas luces, es preciso -ser la forma de Arte que nunca pasa, como dijo Leonardo de Vinci.</p> - -<p>A las ciudades les sucede lo mismo que á las mujeres. Hay de ellas que -sólo parecen bien en invierno, otras que entonan mejor con la suavidad -otoñal, otras que sólo son bellas en verano.</p> - -<p>A París, por ejemplo, le sientan bien las estaciones crepusculares; -primavera y otoño, como belleza cansada que se defiende de la luz cruel -con velos y pantallas. A las viejas ciudades flamencas y castellanas -les dice bien la lluvia, bajo un cielo como de cristal esmerilado. -Granada y Córdoba, á pesar de su oriental carácter, entonan mejor en el -invierno. Sevilla, en cambio, sólo se concibe inundada de luz. -<span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span></p> - -<p>Madrid también es hijo predilecto del sol y necesita de toda su luz -para parecer algo. En los días de invierno, con sus tejados parduzcos -y la pobreza de su caserío, visto á lo lejos, parece de un color de -puchero viejo, y bajo la lluvia como lamentable trapo de mil remiendos -desteñido al mojarse.</p> - -<p>Pero al sol es como prisma que rompe la luz en destellos de pedrería. -Ya sus remiendos parecen labores de tapiz oriental, los revoques -desconchados de sus fachadas reflejan el oro y el rosa como granitos -y mármoles preciosos. Su gente también parece engalanada: la mayor -baratura de las telas veraniegas pone en las calles la alegría de sus -colores claros.</p> - -<p>Esas pobres y simpáticas cursis, tan mal pergeñadas en invierno con -sus abriguillos de sutil pañete, que á nadie engañan, y al frío mucho -menos, con sus boas de pluma de pavo casero y sus manguitos ó sus -estolas de piel, en que aún palpita el último maullido de la víctima, -con sus caritas anémicas amoratadas y sus narices arreboladas y sus -ojillos lacrimosos por el frío, esas pobres cursis que tanto deben -odiar el invierno, con ellas más que con nadie despiadado, ahora son -<span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span> -reinas de calles y paseos, ahora lucen con valentía batistas y gasas y -muselinas y arrogantes sombreros de paja con sus flores vistosas ó su -golpe de guindas entre verde hojarasca que la lluvia y el sol no han -descolorido todavía.</p> - -<p>Madrid es suyo en este tiempo. Son las mariposas de su primavera. Pero -como dijo el poeta: ¿Es que los pájaros se esconden para morir? Digamos -también: ¿Dónde se esconderá en invierno tanta pobre cursi? Porque -todas estas que véis ahora no las volveréis á ver hasta otra primavera -y otro verano, aunque las busquéis en el paraíso del teatro Real, -en las galerías de Palacio en los días de capilla pública ó en las -funciones de sociedades de aficionados.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>En Copenhague, un actor y marido ha disparado unos tiros sobre su dos -veces compañera, en la vida y en el teatro, al terminar ella de bailar -con otro actor un vals que, por lo visto, se las traía. ¡Para que se -fíen ustedes del teatro del Norte! -<span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span></p> - -<p>Se atribuye á los celos el arrebato del marido; pero como da la -casualidad de que el valsecito había entusiasmado al público, vaya -usted á saber si no serían los aplausos los que pusieron al actor, -antes que marido, en el disparadero. ¡La psicología de los actores es -tan complicada!</p> - -<p>De cualquier modo, los matrimonios siempre son ocasión de disgustos en -el teatro; sólo sirven para dificultar el buen reparto de las obras y -para desilusionar al público.</p> - -<p>Cuántas veces oye uno durante una representación:—Me parece que la -fulana (el nombre de una actriz) engaña á su marido.</p> - -<p>—No lo crea usted; si es un matrimonio modelo.</p> - -<p>—Si digo en la comedia.</p> - -<p>—¡Ah!</p> - -<p>Y otras veces lo contrario.</p> - -<p>—¡Qué buena es esta mujer para su marido!</p> - -<p>—¿Pero usted no sabe ...?</p> - -<p>—Ya lo se; si digo en este papel ...</p> - -<p>Y con esta confusión de la vida doméstica con la artística se embrolla -á cada paso el asunto de las comedias. Los actores no debían tener vida -privada y las actrices mucho menos. A lo mejor hay aquello de: -<span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span></p> - -<p>—¿Ve usted aquellos cinco niños tan monos que están en aquel palco?... -Son de la que hace de Doña Inés de Ulloa.</p> - -<p>Y, en efecto, al llegar la escena del rapto, los chiquitines lloran que -se las pelan porque se llevan á su mamita, y las buenas mamás que están -en el teatro cuchichean unas con otras ... ¡Pobrecitos! ¡Qué ricos! -¡Lloran porque ven que se llevan á su mamá ...!</p> - -<p>Y á un espectador que no esta en el secreto y los manda á la Inclusa -desde el paraíso, le advierte uno de la <i>claque</i>, con muy malos modos:</p> - -<p>—¡No sea usted bruto! ¿No ve usted que son los niños de doña Fulana?</p> - -<p>Y con todo esto, al llegar la escena del sofá, ya el público sólo se -interesa porque los niños van á volver á llorar más desesperados, -temiendo que con los arrumacos de Don Juan les van á traer otro -hermanito de París ... ó de Nápoles, rico vergel, que es de donde se los -traerían á Don Juan ...</p> - -<p>En fin, que en el teatro como en la política cuando la vida privada -no casa con la pública, no hay modo de convencer á nadie, aunque los -versos sean de Zorrilla y los discursos de Demóstenes. -<span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Un libro de versos—<i>Alma-Museo-Cantares</i>—simpático como su autor, -Manolo Machado; un moro andaluz que, por no saber adónde iba, se perdió -en Montmartre y se encontró en Madrid, y en el fué bien hallado, porque -su espíritu es de chispero, aunque al cantar su serenata á la luna, -su blancura parece envolverle unas veces en el blanco alquicel de los -árabes, otras en la túnica blanca de Pierrot.</p> - -<p>Es muy convencional la división de géneros en poesía; porque si la -poesía lírica es sincera, tiene siempre mucho de dramática; en un solo -monólogo nos dice el drama interior del poeta.</p> - -<p>Los sonetos ¿no son una tragedia más de Shakespeare? En las poesías -de Manuel Machado también podemos seguir los pasos de una interesante -acción dramática, por fortuna no trágica. En este caso, ó yo no se -leer, ó todo acabará en boda, y la voluntad del poeta, su voluntad, que -<i>murió en una noche luna, en que era muy hermoso no pensar ni querer</i>, -resucitará á la luz de otra luna ... de miel. ¿No es eso? Y el poeta nos -dirá entonces: que es muy hermoso pensar, pensar intensamente ... cuando -se piensa en lo que se quiere. -<span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Una madre con cinco hijas en cuenta corriente, esto es, en espera de -colocación, me decía: ¿Ha visto qué idea la de ese joven mejicano? -¡Distinguido, millonario y dedicarse á torero! ¡Mire usted que si le -cogiera un toro!</p> - -<p>—¡Qué envidia!, digo, ¡qué lástima!, contesto distraído, pensando en -las cinco hijas.</p> - -<p>Lo cierto es que la gente de dinero es la que arriesga la vida con -mayor facilidad y por puro capricho.</p> - -<p>¿Es aburrimiento de todo lo que el dinero puede proporcionar, lo que -les lleva á buscar emociones en peligros contra los que nada puede el -dinero? ¿Es la confianza que da el haber triunfado de todo en la vida -por el dinero, la que acaso les hace considerarse inmunes á todo -peligro? ¿Ó es, como dice una amiga mía, que el dinero por sí solo es -seco como un sustantivo y los que lo poseen buscan á toda costa un -adjetivo que lo califique y lo decore?</p> - -<p>¡La conquista del adjetivo! No basta tener dinero, hay que llamarse -distinguido, intrépido, inteligente; cuando no se puede otra -cosa, <i>sportsman</i>. No saben que una vez encasillados en un adjetivo, no -hay mayor esclavitud que la de sostenerlo y justificarlo. -<span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span></p> - -<p>—¿Usted sabe, me dice esta amiga mía, la venganza que tomó un cronista -de salones de una señora muy distinguida, que en cierta ocasión le hizo -un pequeño desaire? Muy sencillo. En una de sus crónicas de sociedad escribió:</p> - -<p>«La elegantísima señora de——, que cada vez que se presenta en -sociedad luce una nueva <i>toilette</i> ...» Bastó con esto; la elegante -señora, que como cada hija de vecino, tenía sus cuatro ó cinco trajes -de luces para todas las <i>soirées</i> de una temporada, se creyó desde -entonces comprometida á sostener su reputación, y á fuerza de exhibir -<i>toilettes</i>, se arruinó en un par de años bonitamente. ¿Qué le parece á usted?</p> - -<p>—Que no debe uno preocuparse por adquirir adjetivos ni por sostenerlos.</p> - -<p>—Es mi opinión. Por eso verá usted que yo no vivo para la galería; -no me verá usted nunca danzar en fiestas de sociedad, ni en funciones -benéficas, ni en juntas piadosas ni feministas ... Renuncio á todos los adjetivos.</p> - -<p>—¿Se atiene usted al sustantivo?</p> - -<p>—Al verbo, amigo mío, al verbo, que es el fundamento de la oración y -de la vida ... ¡Vivir, poseer, querer ... gozar ...! -<span class="pagenum"><a name="Page_83" id="Page_83">[83]</a></span></p> - -<p>—¡Basta, basta amiga mía! Temo que va usted á traspasar los límites -del Diccionario en un rapto lírico.</p> - -<p>—¿Pero no esta usted de acuerdo conmigo?</p> - -<p>—¡Ya lo creo! Yo tampoco me he preocupado nunca por los adjetivos. Y -sobre todo, ya sabe usted lo que dice el <i>Génesis</i>: En principio era -el Verbo ... El adjetivo fué después del Paraíso perdido ... ¡Y cuántas, -cuántas veces puede perderse el estado de inocencia del Paraíso por -querer saber del bien y del mal de un adjetivo! -<span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span></p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/detail09.jpg" alt="_" width="80" height="78" /> -</div> - -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span> - <h2>XI</h2> -</div> - -<p>Cuando Enrique III de Francia se vió venir amenazadora aquella famosa -liga dirigida por el duque de Guisa, como no era el un rey para -asustarse por liga más ó menos, se acordó del florentino que llevaba -dentro (¡tal madre tuvo!) y dió con una idea maquiavélica: proclamarse -el mismo como jefe supremo de la liga, que fué como decir á los que -en ella entraban: todo lo que vosotros queréis soy yo el primero en -quererlo, no hay por qué molestar.</p> - -<p>No me atrevería yo á comparar á D. Antonio Maura con Enrique III, -aunque en su corte, como en la del último Valois, figuren muy gentiles -<i>mignons</i>; pero el también, como Enrique III, se ha visto venir esta -nueva liga de la solidaridad como un peligro más ó menos temible, y ha -querido salirle al encuentro con su proyecto de Administración local; -con el pensaba poco menos que parecer como el primer solidario. -<span class="pagenum"><a name="Page_86" id="Page_86">[86]</a></span></p> - -<p>Naturalmente, como la historia es de una gran monotonía, tanto ha -convencido á los solidarios el proyecto como á los partidarios del -duque de Guisa la jefatura de Enrique III.</p> - -<p>Hasta aquí la semejanza, y esperemos que de aquí no pase, porque los -sucesos que siguieron en la historia de Francia fueron muy trágicos. -Pero los tiempos no están para tragedias—como deplora D. Valentín -Gómez en su discurso de recepción en la Academia.—La vida, como el -arte, sólo recogen de la historia las pequeñas comedias. La política -moderna, como el teatro moderno, da poco en qué pensar y mucho de qué reir.</p> - -<p>Este proyecto de Administración local, ni una cosa ni otra; es de esas -obras en que el aburrimiento no deja fuerzas para el pateo, en opinión -de los pocos que se han tomado el trabajo de leerlo, tan pocos que, -seguramente á su propio autor podría decírsele sin paradoja, lo que una -dama de la corte de Luis XV contestó á un obispo que le preguntaba si -no había leído sus últimas pastorales.</p> - -<p>—No, no las he leído. ¿Y vos, monseñor? -<span class="pagenum"><a name="Page_87" id="Page_87">[87]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Los que conocemos al doctor Simarro, nunca pudimos imaginar que no -fuera el amado maestro de sus discípulos. Con su cara de amable -filósofo griego, con su indulgente escepticismo, sólo podemos creer que -esa severidad de examinador, que tanto ha soliviantado á sus alumnos, -es sólo bondadosa y fraternal solicitud, mal comprendida por ellos.</p> - -<p>Creedlo, jóvenes estudiantes; cuando no se ama la ciencia con toda -verdad y todo desinterés; cuando solo se busca en la indulgencia de un -profesor el portillo de escape para llegar más pronto á la declaración -oficial de sabiduría, el maestro, y mucho más si lo es de Fisiología -psicológica, tiene el deber, no sólo de juzgar por vuestra suficiencia -en el examen, sino hasta por la expresión de vuestra fisonomía, que no -habéis elegido el mejor camino, aunque solo pretendáis de la ciencia un -modo de vivir; pero la Ciencia, como el Arte, sólo dan de vivir al que -les dió toda su vida; hay otras profesiones honrosas y lucrativas en -que la impaciencia por llegar pronto esta justificada.</p> - -<p>Los sacerdocios exigen verdadera vocación y la verdadera -vocación no es nunca impaciente. -<span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span></p> - -<p>Muchas veces, por la voz del maestro que nos detiene con un suspenso -en lo mejor de una carrera, habla la voz del destino que nos llama -por nuestra verdadera senda. ¡Hay tantos caminos en la vida! Pero la -Ciencia, que es la verdad, sólo tiene uno: ella misma.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Cada día es una nueva conquista de la libertad; esta del voto -obligatorio es una de las más preciosas. Cuando vivíamos en la creencia -de que ese voto era un derecho que la ley nos concedía graciosamente, -ahora resulta que es un deber ineludible, un deber del que no nos -habían hablado ni el Catecismo ni la Etica. Verdad es que cuando se -escribió el Catecismo y cuando nosotros estudiamos la Etica, era la ley -la que impedía á la mayoría de los ciudadanos el cumplimiento de ese -deber, al que ahora cree que ninguno debe faltar.</p> - -<p>Hasta ahora lo mejor de ese derecho, como de casi todos los derechos, -era la facultad de no usarlo; aparte que si es bueno que todo ciudadano -intervenga en la gobernación del Estado, el abstenerse de votar era en -política, como el sueño en cuestiones literarias, una opinión de tanto -peso como cualquiera otra. -<span class="pagenum"><a name="Page_89" id="Page_89">[89]</a></span></p> - -<p>Porque veamos qué hace con su voto un ciudadano con ideas propias y -particulares. ¿Votar una de esas candidaturas impresas, de candidatos -encasillados, desconocidos para el, ó demasiado conocidos? ¿Manuscribir -una candidatura de su gusto, con personas de su particular confianza y -aprecio? ¿Y qué adelantará con votarla el solo? Porque, supuesto que -haya otros ciudadanos que tampoco estén conformes con los papelitos -impresos, menos han de estarlo con el manuscrito por cualquier buen -ciudadano con los nombres de amigos muy apreciables para el, pero no -tan apreciables para su vecino.</p> - -<p>¡Ay, bien dicen que nunca aprecia uno lo que tiene ni sabe lo que pide!</p> - -<p>Pedimos una gracia y nos encontramos con una obligación. De este modo -no sería extraño que el día en que se votara la ley del divorcio, -en vista de que la gente no hacia tampoco gran aprecio de ella, se -impusiera también como obligatorio; porque las libertades se conceden -para eso, para disfrutarlas, ya que tanto les cuesta á los gobiernos concederlas. -<span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span></p> - -<p>Como todo se andará al paso que vamos, la instrucción obligatoria, -el servicio obligatorio, la vacuna obligatoria, el matrimonio y el -divorcio obligatorios, el voto obligatorio, prohibida la emigración -y el suicidio muy perseguido, no será ningún contrasentido que las -futuras revoluciones liberales se hagan al grito de: ¡Abajo la -libertad! ¡No más libertades!</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>El actual verano se presenta en Madrid como los más clásicos de feliz -memoria; mucho calor, crimen misterioso, y para que no le faltará su -poquito de epidemia, hemos padecido una de oratoria, más alarmante por -haber sido los casos más fulminantes justamente entre los encargados de -inocularnos el virus preservativo de la enfermedad.</p> - -<p>Se conoce que por ahora su sistema de curación es la homeopatía; no por -las pequeñas dosis, sino por lo de <i>similia</i>, etc., el mismo que ya -recomendó Cervantes en su entremés de <i>Los dos habladores</i>.</p> - -<p>Como era de esperar, en el concurso de gorros solidarios: frigio, -barretina y boina, ha sobresalido la última; de modo que ya sabemos por -<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span> -dónde viene esa España viva dispuesta á luchar con la España muerta. -Con eso y con dividirnos, subdividirnos y desmenuzarnos en castas, cada -una con sus fueros particulares, según su aplicación y comportamiento, -pero siempre bajo la hegemonía de Atenas, ya estamos arreglados para ir -tirando otros cuántos siglos por esos andurriales de la historia.</p> - -<p>¡Buenos están los tiempos para jugar á los estaditos! En Alemania—que -es hoy por hoy la verdadera portería—darán razón; y en la Haya, las -mejores referencias.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Muy del tiempo y de los tiempos también, ese juez que entrega al -fuego purificador la biblioteca de Vicenta Verdier. Todo cuestión de -forma literaria; porque si esos libros los hubieran firmado Bourget, -D’Annunzio, Willy y Felipe Trigo, á estas horas la Vicenta figuraría en -el libro de oro de nuestros intelectuales.</p> - -<p>¡Y qué reclamo para los autores! Como lo será, sin duda, para los -vendedores furtivos de esas amenidades galantes, el susurrar al -<span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span> -ofrecernos su mercancía: ¡Un librito alegre! ¡De la biblioteca de la -Vicenta! ¡El último que me queda!... ¡Qué idea! El reclamo moderno -no se detiene por nada. ¿Será esta una nueva pista del crimen? Si -estuviéramos en los Estados Unidos, no habría que dudarlo; aquí los -crímenes son de una vulgaridad tal, que lo único que puede darles un -poco de poesía es el misterio.</p> - -<p>Después de un crimen de estos ¿quien no comprende la emoción que deben -sentir esas mujeres para quien el amor es un constante juego de azar al -encuentro, cuando piensen ante el desconocido de cada día: ¿Será éste -el que mató?</p> - -<p>¡Oh suprema voluptuosidad que no saboreó el marqués de Sade y que -tantas mujeres desgraciadas pueden saborear cada día, para envidia de -esas mundanas aburridas que, ansiosas de emociones, se despeñan en un -automóvil á 80 kilómetros por hora!</p> - -<p>Las conveniencias sociales nos obligan á buscar derivativos confesables -á nuestras energías más íntimas. ¡Asusta pensar lo que sería de algunas -elegantes automovilistas que conocemos si aplicaran al amor esas -velocidades y ese desprecio á los peligros! -<span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Rafael Calvo y Antonio Vico fueron los dos intérpretes brillantes de -ese teatro tan nuestro, sin sinuosidades psicológicas, rotundo como -un imperativo, todo altivez, todo arrogancias; con impertinencia de -bravucón á veces, sombrío acaso, nunca obscuro, en que la imprecación -es razonamiento y el rugido llanto. Ese teatro fué tan de Rafael Calvo -y de Antonio Vico, que bien puede dudarse si ellos fueron por el ó el -fué por ellos.</p> - -<p>Hoy es otro teatro; el llamado de ideas, donde se refugian como -novedades las ideas ya viejas en el libro y en el pensamiento. Y otras -obras de chistes ingeniosos, de chismorreo malicioso; hay quien las -dispensa el favor de llamarlas satíricas y hasta quien las considera -demoledoras; nos asustamos por poco, quizás porque lo tememos todo.</p> - -<p>Los buenos burgueses no quieren que los autores de comedias asustemos á -sus mujeres y á sus hijas: es un monopolio que quieren conservarlas.</p> - -<p>Yo lo encuentro muy natural; tan cuidadosos como ellos de que sus hijas -no oigan algunas de mis comedias, lo sería yo si tuviera hijas de que -no oyeran las conversaciones de las suyas. ¡Porque si uno se limitara á -copiar lo que oye, sin atenuaciones! -<span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span></p> - -<p>Y no es sólo en las clases altas; no cometeré yo tal injusticia. En -la primitiva aldea en que paso algunas temporadas, oí un día de estos -á una sencilla zagala que le decía al autor de sus días con la mayor -ingenuidad: ¡Pero cuando reventará usted, padre! ¡Para lo que sirve -usted en el mundo!</p> - -<p>No digo que quedé consternado, porque hace tiempo me sometí á un -tratamiento muy enérgico para curarme de la consternación á que era muy -propenso desde pequeñito, pero sí pensé que tampoco queda el recurso de -refugiarse en la sencillez de los campos para llevar algo de realidad -al teatro sin miedo á escandalizar. Habrá que buscar asuntos de pura -imaginación. ¡Pero hay que ver como esta la imaginación muchas veces, -sobre todo con estos calores!</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/detail10.jpg" alt="_" width="58" height="74" /> -</div> - -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span> - <h2>XII</h2> -</div> - -<p>El gobierno con las Cortés y los empresarios de género chico con sus -teatros, siempre se proponen lo mismo al empezar el verano: no cerrar ó -cerrar lo más tarde posible.</p> - -<p>Los empresarios siquiera procuran refrescar la vista del público -con su golpe de cortinajes blancos y macetas de permanente verdor, -repartidas por el vestíbulo y los pasillos del teatro. Cuentan además -con la fantasía de autores y escenógrafos, para transportar á los -espectadores á una de esas playas de ensueño cómico-lírico en que todas -las bañistas lucen carnes de color de rosa—todos los rosas marítimos, -desde el salmón al coral, sin olvidar el salmonete ni la langosta -cocida,—visten de raso, impermeabilizado sin duda, calzan sandalias -con tacones Luis XV, y no prescinden de corsé, pendientes, sortijas, -colorete, etc. Y no es cosa de lamentar la impropiedad; desde muy -antiguo, los poetas se permitieron con Galatea toda clase de licencias -al presentarla <i>alegre y bulliciosa por la ribera arenosa</i> ... -<span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span></p> - -<p>¿No nos dijo por ella el poeta en sus quintillas clásicas?</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">¿Qué pasatiempo mejor</span> -<span class="i0">orilla al mar puede hallarse</span> -<span class="i0">que escuchar al ruiseñor,</span> -<span class="i0">coger la olorosa flor</span> -<span class="i0">y en clara fuente bañarse?</span> -</div></div></div> - -<p>Pasatiempos algo más difíciles de hallar á orillas del mar que puede -serlo el ver por esas playas á una bañista moderna, más bulliciosa que -Galatea, vestida como una tiple de juguete cómico-lírico veraniego.</p> - -<p>¡Así dispusiera el gobierno de estos recursos teatrales para retener -á su público durante el verano! Pero cualquiera detiene á nuestros -legisladores para estudiar y discutir leyes de tanto peso y abrigo, con -billete gratuito por todas las líneas, y, el que más y el que menos, -con dos ó tres sirenas en casa llamándole hacia el mar con voz, ya -acariciadora y mimosa, como de hija, ya terrible y conminadora, como de -mujer ó de suegra, y todas ellas mostrándole, no sólo un nuevo mundo -como á Colón, sino muchos mundos, tal vez viejos, pero llenos de cosas -nuevas que descubrir y que enseñar por esas playas y casinos. -<span class="pagenum"><a name="Page_97" id="Page_97">[97]</a></span></p> - -<p>Como hay autores cómicos que no empiezan á escribir una obra hasta -tener apuntado el suficiente número de chistes con que amenizarla, hay -señoras que hasta no contar con buen número de <i>toilettes</i> no empiezan -á planear su viaje; de otro modo, tampoco tendría chiste. Después, -según la ropa, se piensa en un sitio ó en otro.</p> - -<p>Yo se de un padre de familia que este año ha decidido dar la vuelta al -mundo con su mujer y sus hijas, según dice, por economía.</p> - -<p>—¡Pero, hombre!—le argumentan los amigos.—¿Por economía? Si le -costará á usted un dineral el viaje.</p> - -<p>—No lo crean ustedes. Como estaremos poco tiempo en cada sitio y sólo -vamos de <i>touristas</i>, mi mujer y mis hijas se contentan con llevar el -preciso equipaje. Y no saben ustedes lo que esto significa. Un verano -me las lleve á Cercedilla con la idea de hacer economías, y como la -misma gente se reune catorce veces al día, y porque no creyeran que -estábamos allí por economizar ... ¡Aquello era una representación de -<span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span> -Frégoli diaria! En fin, tanto cambiaban de vestidos y tan de pies á -cabeza, que yo no entraba una vez en casa que no me las encontrara -en camisa ... ¿Pero por qué os desnudáis tanto? les decía; vais á resfriaros ...</p> - -<p>—Si no nos desnudamos, papá; nos vestimos.</p> - -<p>¡Respuesta de una gran filosofía! Porque, en efecto, las mujeres no -se desnudan nunca, se visten siempre; si alguna vez en su vida puede -parecer que sólo se trata de desnudarse, no lo crean ustedes: es por el -gusto de vestirse luego ... y vestirse algo mejor, si es posible.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Lo que más siente el público—¡oh buen público, lector de folletines y -espectador de melodramas!—cuando no parece el autor de un crimen, no -es que éste quedé impune y pueda ser un peligroso ejemplo para animar -á más de cuatro indecisos que no han encontrado todavía su senda por -el mundo; lo que el público siente, es la desilusión de su curiosidad -no satisfecha. Como si un periódico de gran circulación cortara su -gran novela de crímenes en lo más interesante, y los fieles lectores -<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span> -quedaran sin saber lo que fué de Emma, después de encerrada en el -subterráneo del castillo, ó de la condesa, después de hipnotizada -por el barón, para sugerirle la idea de robar el Banco de Londres, ó -cualquier otra friolera.</p> - -<p>¡Ah! si la conciencia pública se manifestara con sinceridad, cuántas -veces en casos de crimen misterioso se votaría con general satisfacción -un plebiscito concediendo, no sólo el perdón, sino hasta una pension -vitalicia y algunas condecoraciones, al criminal, con la única -condición de presentarse á descifrarnos la charada y no dejarnos en la -duda de como y porqué fué el crimen.</p> - -<p>No faltarían personas distinguidas que le invitaran á sus comidas y -<i>soirées</i> para oírselo referir de viva voz. ¡Esta pícara hipocresía -social nos priva de los mayores placeres y hasta de algunas buenas -obras! Porque, ¿quien sabe si un criminal, por empedernido que fuera, -al verse así halagado y considerado por las gentes, no acabaría por ser -el hombre más sociable y más <i>adaptado</i> del mundo? Acaso acabaría en -filántropo. No sería el primer caso que conocemos, y no de criminales -misteriosos precisamente, sino muy notorios, aunque impunes. -<span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span></p> - -<p>¡Los altos designios de la impunidad son tan respetables! ¡Cuántas -veces una condena prematura por un <i>crimencito</i> de tres al cuarto, -puede privar á la humanidad de un gran bienhechor, á la sociedad de un -hombre agradable!</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Cuando llegan de algunas provincias tristes lamentaciones por los -perdidos fueros y andan esos regionalistas—como ciertas mujeres que -culpan siempre de todas sus desgracias al que las perdió, como ellas -dicen—maldiciendo todavía del señor rey Don Felipe II ó Don Carlos -II ó Don Felipe V—según regiones,—que fueron también la causa de su -perdición primera con quitarles sus fueros y privilegios, bueno sería -que los madrileños, tan despreocupados de nuestra historia, indagásemos -si en algún tiempo tuvimos también algún fuero ó siquiera fuerillo -ó ventajilla de que ampararnos ahora ante el nuevo impuesto que nos -amenaza, digno de los mejores tiempos feudales. -<span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span></p> - -<p>Nuestro alcalde quiere ejercer con los madrileños algo así como el -llamado por los franceses, con más delicadeza de frase que entre -nosotros, <i>le droit du seigneur</i>. ¡Y cuánto más seguras que en el -antiguo derecho de pernada, serán las primicias de la verdadera flor de -azahar, tratándose de que en Madrid trabajemos todos! ¡Cuántos brazos -vírgenes de toda faena!</p> - -<p>Pero como los madrileños, no en balde gatos, somos de natural rebeldes -á imposiciones, tendrá que ver de lo que seremos capaces antes de -someternos á esa prestación personal. Los sablistas y pedigüeños ya -tienen un motivo oratorio más con qué conmovernos: «¡Dos días sin comer -y mañana al tajo; tengan compasión!» No faltarán tampoco funciones -teatrales con el objeto de redimir á un padre de familia, del azadón, -del pico, y ¡qué se yo! Habrá quien sea capaz ... hasta de trabajar por -primera vez en su vida sólo por reunir la cuota necesaria á redimirse -del trabajo.</p> - -<p>Pero no hay que alarmarse demasiado; si ello llegase á ser ordenanza -municipal, ya sabemos á lo que todo quedará reducido: á que los días de -elecciones vayan á trabajar al tajo todos los electores de oposición. -<span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Entre la infinidad de compras, precursoras del viaje veraniego, las -mujeres no olvidan los libros. En Madrid no hay vagar para la lectura: -el periódico, la revista ilustrada, lo que basta para saber lo que pasa -por el mundo. Pero en estos días la librería á la moda se anima con el -charloteo femenino:—¿Qué novedades hay? ¿Qué novelas pueden leer estas -niñas? Algún libro de versos ...</p> - -<p>Ya es la gran dama que presume de intelectual y consulta catálogos y -elige por sí misma, y en el mismo paquete une á Nietzsche con Bourget, -y á Tolstoï con D’Annunzio, sin olvidar algún estudio histórico sobre -algún personaje del siglo <span class="smcap">xviii</span>, con preferencia alguna -favorita del Rey Sol ó del Bien Amado. Hay que documentarse, nadie -sabe lo que puede ocurrir en este mundo. Ya es la madre de severos -principios que lleva de antemano anotados los libros que recomienda ó -permite el Padre Dulce, de la Compañía. Ya es la institutriz que elige -ante todo los libros de su gusto, muy convencida de que las señoritas -no han de leerlos, y para ella todos serán pocos en muchas ocasiones -cuando para una institutriz de buen tono no hay libro bastante -<span class="pagenum"><a name="Page_103" id="Page_103">[103]</a></span> -interesante si ha de absorber su atención por completo ni bastante -voluminoso si ha de ocultarla discretamente todo lo que sucede á su alrededor.</p> - -<p>Ahora son unas muchachas bullangueras, de esas que quisieran á cada -momento, sólo con pasar, exteriorizarse todas, y hablan y ríen, -pensando tanto en que las oyen, que apenas piensan lo que dicen. A -la rebatiña de palabras unas con otras, no suben á tranvía, ni hacen -corro en la calle con amigos, ni entran en tienda sin dar noticia de su -nombre, y parentescos, y relaciones, y gustos y disgustos ...</p> - -<p>—Yo, como no puedo resistir á los hombres tontos ...</p> - -<p>—Yo, como me vuelvo loca por la horchata de chufas ...</p> - -<p>—Yo, como no soy como Fulanita ...</p> - -<p>Y á propósito, traje cortado, hilvanado y cortado á la medida de -Fulanita en menos tiempo que un luto.</p> - -<p>Estas revuelven la librería, con un comentario para todos los libros, -sin desatender por eso, desde la vidriera, á cuántos pasan por la calle.</p> - -<p>—Mira ... Becquer. ¡Qué preciosidad! ¡Es mi poeta!</p> - -<p>—Y el mío. -<span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span></p> - -<p>—¿Has leído esto?</p> - -<p>—Es muy aburrido, una lata ... ¡Pero como va esa criatura! ¿Habéis -visto?</p> - -<p>—¿Quién, quien?</p> - -<p>—Juanita.</p> - -<p>—¡A ver, á ver!</p> - -<p>Se precipitan á la puerta. Risas. Comentarios al traje de Juanita; del -traje pasan á la piel. Vuelven á los libros.</p> - -<p>—¿Habéis elegido ya?</p> - -<p>—¿Qué decidís?</p> - -<p>—Yo, éste.</p> - -<p>—Yo, estos dos.</p> - -<p>En un aparte furtivo, una de ellas señala un libro.</p> - -<p>—¡Fijaos!</p> - -<p>—¡Qué horror!</p> - -<p>Es un libro de que oyeron hablar, como de tantas cosas; un libro que -ellas sólo pueden conocer así, por el forro, como tantas cosas. Pero -sus ojos acarician el libro cerrado y por su frente pasan adivinaciones -que se traslucen en un reir nervioso.</p> - -<p>—¡Qué tonta! ¿De que te ríes ahora?</p> - -<p>—¿Y tu?</p> - -<p>—Me acuerdo de Juanita. -<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span></p> - -<p>Entra un criado de casa grande, entrega á un dependiente una larga -lista de libros. El dependiente busca, reune; entre ellos va el libro. -Sale el criado. Ellas, casi á coro:</p> - -<p>—¿Para quien son esos libros, sabe usted?</p> - -<p>—Para la duquesa de——.</p> - -<p>—¡Fulanita!</p> - -<p>Lanzan el nombre propio y familiar, para que se entere el dependiente -de que la duquesa es cosa muy suya. A continuación, traje de corte y -gran gala para la duquesa y algunos allegados.</p> - -<p>Es un rato muy divertido el que puede pasarse en la librería á la -moda, en estos días en que tantas bellas y graciosas mujeres acuden á -proveerse de literatura.</p> - -<p>Yo las deseo á todas que el primer libro abierto ruede días y días por -mesas y sillas y mecedoras de terrazas de hotel ó de balneario, con -un pico doblado, nunca más allá de las veinte primeras páginas. Será -la mejor señal de que el veraneo ha sido agradable para ellas. Que la -lectura sea el refugio de vuestras institutrices y señoras de compañía. -Cuando hayáis leído todos los libros del mundo, no seréis más bonitas -y acaso seréis tan ignorantes. Los libros no enseñan nada cuando, al -leerlos, aún podemos preguntar: ¿Será verdad esto? ¿Será así? -<span class="pagenum"><a name="Page_106" id="Page_106">[106]</a></span></p> - -<p>Y cuando podemos decir, al leerlos: ¡Qué verdad es esto! ¡Así es!, ya -es tarde; la vida nos ha enseñado más que todos los libros, y tampoco -pueden ya aprovecharnos de nada.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Las autoridades de algunas regiones de Francia infestadas de lobos, -acordaron en una ocasión conceder á los cazadores una cantidad, -bastante apetitosa, por cada lobo presentado. Y sucedió ... ¿Que todo -el mundo se dió á cazar lobos en aquellas regiones?, dirán ustedes. De -ningún modo; á lo que se dieron fué á criarlos como á hijos y á cuidar -por todos los medios de que no acabara la casta, para ir cobrando; -hasta que las autoridades, más que paternales, maritales siempre, en -esto de ser las últimas en enterarse, cayeron en la cuenta de que no -es el mejor modo de acabar con los lobos el convertirlos en fuente de -ingresos saneados para mucha gente. -<span class="pagenum"><a name="Page_107" id="Page_107">[107]</a></span></p> - -<p>He aquí un sucedido que debieran tener en cuenta esas autoridades que -se sirven de confidentes, delatores y todo linaje de soplones, para -descubrir y cazar malhechores de cualquier especie. Por natural ley -económica, la demanda crea la oferta. Paguen ustedes por descubrir -anarquistas y los anarquistas no se acabaran nunca y las confidencias -se irán complicando como novelas por entregas, y con todo esto les -sucede á las autoridades celosas lo que á esos maridos, celosos -también, que acuden á una agencia de informaciones para que le -averigüen si su mujer le engaña, y al cabo de gastarse muy buenos -cuartos, confidencia va, confidencia viene, acaba por enterarse de que -precisamente el que trata de pegársela con su mujer es el director de la agencia. -<span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span></p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/detail11.jpg" alt="_" width="80" height="80" /> -</div> - -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span> - <h2>XIII</h2> -</div> - -<p>¡Por qué se veranea? ¿Por huir del calor? Las mismas ó mejores razones -habría para huir del frío en invierno. Y aún el huir del calor sería -un motivo si los que veranean fueran á los polos ó á la América del -Sur, á empalmar invierno con invierno; pero la mayoría va á lugares -en donde el calor, cuando aprieta, no es menor que en Madrid, aunque -exornado con mosquitos, pulgas, orfeones y otros alicientes. En esos -días de calor <i>excepcional</i>—los fondistas y patronas del norte siempre -le llaman excepcional—tienen los veraneantes el consuelo de pensar -como aquel espectador de toros en tendido de sol: ¡Si aquí estamos -así, como estarán los de enfrente con el resistero! Suele suceder que -los de enfrente estamos más frescos y más comodos, pero no es cosa -de telefonear ó telegrafiar para que rabien los de fuera, ya que se -han gastado su dinero. Ellos, en cambio, tienen días muy frescos; tan -<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span> -frescos, que casi siempre van acompañados de ventiscas ó chaparrones, -y hay que pasarlos encerrado en casa ó en el cuarto de una fonda y con -los balcones cerrados; de modo que ... ¡fresco perdido!</p> - -<p>¿Se veranea por cambiar de vida? Nada de eso; el ideal de todo -veraneante es encontrarse con el mayor número de gente conocida y -hay que ver con qué exclamaciones de júbilo se saluda á los que van -llegando, aunque sólo se los conozca de vista. ¡Dicha completa si la -tertulia reunida es la habitual de Madrid, sin faltar un amigo! Y si la -compañía que actúa en el teatro es también madrileña y representa las -mismas obras que en Madrid nos aburrieron; y si en la Plaza de Toros -ocupamos localidad equivalente á la de Madrid y alrededor se sientan -los mismos aficionados con los mismos comentarios y las mismas gracias, -y en el redondel vemos á los mismos toreros las mismas faenas.</p> - -<p>De San Sebastián á Zarauz, de Zarauz á Biarritz, no se oye otra -pregunta: ¿Qué gente conocida hay? ¿Hay mucha gente conocida? Y se va -de un punto á otro para averiguarlo, y se pondera la excelencia de -un sitio, no por sus propias excelencias, sino porque esta cerca de otoros -<span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span> -sitios y es excelente base de operaciones: Nosotros preferimos -esto—dicen muchos—porque se esta cerca de todas partes. Y hay quien -dice con frase gedeónica: Nosotros lo pasamos muy bien aquí ¿sabe -usted? porque nunca estamos aquí.</p> - -<p>A todas horas van por esas carreteras los automóviles, lanzados como -en montaña rusa, trayendo y llevando gente conocida. Y esa es toda la -psicología del veraneo: ¡Movimiento, movimiento!</p> - -<p>Es gente de tan pocos recursos propios, que la soledad y el reposo les -llevaría al suicidio por aburrimiento.</p> - -<p>En su cerebro sólo suena algo, como en los cascabeles, cuando se -agitan. Todo para que en Madrid pensemos al leer las crónicas de los -corresponsales: ¡Como se divierten por allí! Mientras los de allí dirán -al leerlas: ¿Pero será verdad que nos divertimos tanto?</p> - -<p>¡Y Madrid es tan delicioso en verano! En primer lugar deja uno de ver -á mucha gente desagradable. La temperatura es la natural; calor de -verano, fresco de verano—nada de excepcional como en el Norte. -<span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span></p> - -<p>La salud pública es excelente, como en ninguna estación del año; la -prueba es que casi todos los médicos veranean muy descuidados; verdad -que esto puede ser causa ó efecto. En la Exposición del Retiro se -da uno la satisfacción, por poco dinero, de proteger el Arte y la -Industria juntamente, y lo demás se nos da por añadidura. En Parisiana, -con un poco de imaginación, se figura uno estar en la terraza de algún -casino de playa á la moda, con su música de <i>tziganes</i> y su teatrillo. -Y aún queda la Bombilla para darnos la ilusión de que no nos ve nadie, -aunque al otro día le diga á uno todo el mundo: ¿Conque anoche en la -Bombilla? ¡Ya esta usted bueno! Y queda el <i>boulevard</i> para darnos la -ilusión de un paseo provinciano, y queda ... del Prado al Hipódromo -para pasear en simón con neumáticos, con tanta poesía como en góndola -veneciana, amores propios de la estación ... Y en fin, lo que dice un -diputado, retenido en Madrid por la discusión de los azúcares: ¡Si en -Madrid se pasa el verano como en ninguna parte! Yo no tengo prisa por -que se cierren las Cortés; he mandado fuera á la familia. -<span class="pagenum"><a name="Page_113" id="Page_113">[113]</a></span></p> - -<p>—No siga usted—le atajé en seguida.—Usted lo entiende. Si sigue -usted en Madrid y la familia fuera, pasará usted el gran verano. Créame -usted; lo que sofoca no es el calor, es la familia. Y si los senadores -y diputados dan en mandar á la familia por delante, ya verá usted como -no hay tantas prisas porque se cierren las Cortés, y cuando se cierren, -todavía se harán algunos los remolones.</p> - -<p>Para los que se presenta mal el año, es para esos jóvenes que veranean -en un pueblecito modesto y al regresar quieren hacernos creer que han -estado en todas partes y han alternado con la mejor gente; porque -este año no basta con tener la cara tostada como por el aire del mar, -para darse tono, hay que traer unos cuántos chichones y otros cuántos -cardenales bien repartidos, para demostrar que se ha cultivado los -<i>sports</i> de moda y con alternativa.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Permitida la fabricación y la venta de armas, no sólo de las que puede -considerarse como de caza entre las de fuego, ó como utensilios de -trabajo entre las blancas, sino de otras muchas que visiblemente no -pueden tener mejor uso y destino que el de <i>mojar</i>, según tecnicismo, -<span class="pagenum"><a name="Page_114" id="Page_114">[114]</a></span> -más tarde ó más temprano, ¿no es una contradicción ó <i>contracción</i>, -mejor dicho, que la autoridad proceda á impedir el uso de lo que no -impidió la adquisición?</p> - -<p>Un navajón tamaño de esos que vemos, ornato de escaparates, con sus -arabescos y lemas en la hoja, para mayor gala; un puñalito de esos -del precioso saca y mete, como cantan en una popular zarzuela, ¿para -qué pueden servir sino es para solucionar á un prójimo, en un abrir -y cerrar de muelles, el pavoroso problema la eternidad? ¿Se supone -que sólo los compra el coleccionista de armas para colocarlos en una -panoplia, ó el extranjero para llevarse un recuerdo más de España, con -la pandereta, el abanico, el par de castañuelas y el de banderillas? -Y si sólo estos pueden ser los usos materialmente inofensivos de -estas armas, ¿no es hora de atajar la superproducción? Y si tales -armas tienen otra utilidad que no adivino, ¿no debe por lo menos -equiparárselas con las medicinas peligrosas y no despacharlas sino con -receta garantizada por algún doctor en medicina social? -<span class="pagenum"><a name="Page_115" id="Page_115">[115]</a></span></p> - -<p>No son juguetes que pueda manejar cualquiera, pero mientras cualquiera -pueda adquirirlos, despojarle luego de una propiedad que adquirió -legalmente es ... por lo menos un contrasentido, y los contrasentidos -siempre desprestigian. ¿Que las autoridades tienen el deber y el -derecho de prevenir? Ya lo creo; pero antes de registrar el bolsillo -del transeúnte que compró el arma, debe registrar el bolsillo del -fabricante que la vendió.</p> - -<p>¡El acero tiene aplicaciones tan útiles! Además, á la larga, no habría -pérdidas para nadie. Cuando esas preciosas navajas de muelle y esos -puñales primorosos escasearan en el mercado, los coleccionistas y los -extranjeros los pagarían como curiosidades arqueológicas.</p> - -<p>Entre tanto, ese procedimiento antipático del <i>cacheo</i> es ... lo de -siempre: poner emplastos á los granitos en vez de purificarnos la sangre.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>En Valencia se ha vuelto loco un toro y en Córdoba se ha vuelto loco -todo un público. Los dos han hecho lo mismo: embestir con cuanto se les -ponía por delante. El público se puso en tal estado de indignación por -la mansedumbre de los toros. La locura del toro esta más justificada: -<span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span> -fué de indignación por la fiereza de los hombres. Se vió acosado, -acorralado, enchiquerado, y pensaría: ¿Pero qué va á ser esto? Y -decidió morirse, dispensándonos un favor; porque si tanto se indigno -con los preliminares, si hubiera llegado á la lidia, ¿qué de cosas no -hubiera ido mugiendo de nosotros á los elíseos pastos? ¡«Azafrán», -«Azafrán»! Tu sangre de toro sería excelente, pero no era sangre -española; los españoles nos dejamos lidiar hasta el fin. Además, nunca -te perdonarán los aficionados sus ilusiones defraudadas. ¡Lo que -hubiera hecho ese toro en la plaza! Menos mal que á los pocos días -pudimos consolarnos, diciendo: ¡lo que han hecho esos animales en la plaza!</p> - -<p>El caso es que veamos siempre bravura, ó en los toros ó en los toreros -ó en el público.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Esta vez sí que nos han dado una buena lección los catalanistas, y no -hay que ofenderse por ella, porque si es verdad que nuestra policía les -parece deficiente, no hay que decir que han acudido á ellos mismos para -<span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span> -suplir la deficiencia. Se conoce que entre los cráneos superiores no -se da la protuberancia policiaca, y así lo han reconocido con modestia -al buscar un policía del mejor género inglés, tan acreditado en esta -especialidad. Así esta bien, y lo bueno debe buscarse donde lo haya -mejor. ¡Y ojalá en todo y siempre hubiéramos hecho lo mismo por aquí y -otro gallo nos cantara ó no cantara ninguno!</p> - -<p>Los lujos hay que pagarlos, y este se paga bien y tampoco hay que -censurarlo; de este modo se puede exigir méritos en justa relación con -el precio; la verdad, pedir un Gorón ó un Sherlock Holmes por treinta -ó veinticinco duros al mes que cobrarán algunos de nuestros modestos -policías, es como pedir primores culinarios á una cocinera con tres -duros de salario y uno para la compra. La creencia en ultraterrenas -recompensas esta muy debilitada en los espíritus modernos, para que -nadie haga apostolado de servirnos por nuestra linda cara. Todos -sabemos lo que podemos exigir, poco más ó menos, según lo que pagamos -á nuestros servidores particulares; sólo cuando se trata de servicios -sociales, nos creemos en el caso de pedir gollerías. Por mil libras -esterlinas y gastos de <i>mise en scene</i>, los barceloneses ya tienen -derecho á quejarse si M. Arrow no les deja aquello hecho un Paraíso terrenal. -<span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span></p> - -<p>En todas las grandes capitales quedan todos los años más de uno y más -de dos crímenes impunes; en Madrid, aunque quedaran por docenas, no -tendríamos razón para extrañarlo. Con los sueldos mezquinos de nuestra -policía, el personal escaso, y ese ocupado de continuo en velar por -existencias preciosas ¡quien lo duda! y que aún debieran estar mejor -guardadas, pero con personal aparte, lo admirable es que Madrid sea, -y no lo duden ustedes, una de las capitales en que menos <i>sucesos</i> -ocurran. Descuenten ustedes muchos de esos timos del portugués y de los -perdigones, que nos hacen pensar: ¿pero es posible que todavía haya -gente tan cándida por el mundo? Y, en efecto, muchas veces el dinero -se perdió en el juego ó se gasto en la aventurilla escabrosa, y el -cándido forastero necesita que <i>salga</i> en los periódicos la noticia del -timo para justificarse con la parienta que le sacará los ojos si otra -cosa creyera. Del mismo modo hay muchos robos y atracos de la más pura -auto-sugestión, y las culpas son siempre para la policía, que no diré -<span class="pagenum"><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span> -yo que sea perfecta, ni mucho menos, á poco que se piense en como esta -pagada. Aquí, donde para ser lógicos, ya que hay maestros con cinco -duros al mes, necesitaríamos policías con cinco mil al año. En cambio, -si tuviéramos maestros con cinco mil duros al año, acaso nos bastara -con policías á cinco. Para la gente pobre, ya se sabe, al cabo del año -lo que no va en alimentos, se va en botica, y la verdad ¡con cinco -duros de alimentación espiritual, todo debía ser poco después para remedios!</p> - -<p>Esperemos esa segunda lección de los catalanistas. ¡Un maestro de -escuela con mil libras esterlinas de sueldo! Eso sería ... como el -título de la última obra de Mark Twain: «Better than Sherlock Holmes»; -traducido para que no lo entienda míster Arrow y no quieran entenderlo -sus importadores: «Mejor que Sherlock Holmes».</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>¿Qué especie de curiosidad ha llevado á la vista del juicio de -Soleilland á tanta Eva, aunque en lo corporal vestidas por Doucet, -Redfern ó Paquín, en lo espiritual sin la menor hoja de parra para -encubrir su desvergüenza? -<span class="pagenum"><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span></p> - -<p>¿Era como una tardía manifestación de protesta que pudiera significar: -¡Ah, estos hombres! He aquí un crimen que cualquiera de nosotras -hubiera podido evitar á tiempo?</p> - -<p>¿Era la figura simpática del criminal, divulgada por la fotografía, la -que acaso les hacia creer en una probable inocencia, demostrada por -alguna revelación imprevista en el transcurso del juicio?</p> - -<p>¿Ó era este mismo picante contraste entre el físico y el empleo, que -dicen por allá, lo que constituía la mayor atracción de Soleilland?</p> - -<p>¡La psicología femenina es tan poco complicada como complicada es su -fisiología!</p> - -<p>De todos modos, en estos tiempos de apacible vulgaridad, sin -sacudimientos pasionales, un criminal de cualquier género siempre -inspira admiración más ó menos disfrazada. Las mujeres lo disfrazan -todo de curiosidad.</p> - -<p>Por este sentimiento no será extraño que leamos muy pronto en los -avisos particulares de algún periódico de París: «Señora del gran -mundo, otoño espléndido, desengaños sentimentales. Desearía ser -violentada. Todos los días, entre dos luces, se hallará sola en el -<span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span> -Bosque de Vincennes». Lo peor es que no se hallaría sola; para una -que se anunciara, hay que pensar en las que acudirían por curiosidad -á ver quien era ella y á ver lo que pasaba, aunque las confundieran -con la del anuncio y las dieran un buen susto; un susto de esos que se -recuerdan siempre en confidencias con las amigas: ¡Para susto el mío! -¡Todavía no me ha salido del cuerpo!</p> - -<p>¡Oh, Soleilland, Soleilland! La cabeza te cuesta; pero cuántas -lindas y soñadoras cabecitas se han estremecido por ti, como si las -acariciaras con tu mano estranguladora, tu mano de asesino, fría como -el cuchillo de la guillotina.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Por si no bastaba con el uso muy extendido de las máquinas, han dado -las mujeres en escribir con una letra tan impersonal, tan sin carácter -como letra de imprenta. Esa letra á la moda, toda líneas rectas, que -hace parecer una carta como plana de finos palotes, y todas las cartas -iguales, se presta, como los antiguos mantos en nuestras comedias del -siglo <span class="smcap">xvii</span>, á todo género de confusiones y enredos teatrales. -¡Cualquiera sabe qué mano pudo escribir, cuando todas escriben del mismo modo! -<span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span></p> - -<p>Yo no se lo que dirá la grafología de ese carácter de escritura que, -ante todo, muestra la falta de carácter de la escribidora. ¡Destruída -la emoción de percibir sólo por el sobrescrito si la carta que llega á -nuestras manos es la carta esperada entre todas!</p> - -<p>Confiad un poco más en nuestra discreción y en nuestra lealtad. ¡Oh, -mujeres! Escribid de ese modo á los indiferentes. No hagáis á los que -os aman que recuerden con pena aquellas divinas cartas de mala letra y -peor ortografía, pero cuyo estilo era una mujer, no todas las mujeres, -cualquier mujer, como estas de ahora que, en letra y estilo, parecen -copiadas de un solo modelo epistolar para uso de señoras y señoritas -que no quieren soltar prenda y siempre pueden tener el recurso de -renegar de lo que escribieron: ¡Esa carta no es mía! ¡Es de Fulanita! -Pensad que Fulanita es también vuestra amiga y la comprometéis por salvaros.</p> - -<p>Con la letra y la ortografía de antes podía escribiros las cartas -vuestra cocinera; vosotras tampoco os comprometíais, nosotros nos -divertíamos más, y alguna vez la cocinera podía hacer su suerte. -<span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>—¿A dónde va usted este verano, marquesa?</p> - -<p>—A mis baños, como siempre.</p> - -<p>—¿Con el marqués?</p> - -<p>—No; el va á los suyos. Ya sabe usted que todos los veranos nos -separamos por incompatibilidad ... de humores.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>En la playa.</p> - -<p>Doña Patro, á quien han recomendado los baños de mar para adelgazar, se -presenta en la playa con un amplio traje que borra todos sus contornos. -Su ilusión de haber disminuido desde el año anterior es completa; -porque el bañero, que es el mismo de otras temporadas, no la reconoce á -pesar de las buenas propinas.</p> - -<p>A la media hora del baño, ceñido ya el traje y entregada por completo -á las olas, dejando fuera de la línea de flotación una enorme boya -natural, el bañero, asaltado por un recuerdo imborrable, exclama: -¡Perdone usted, doña Patro! ¡Qué habrá dicho usted! ¡Hasta ahora no la -había conocido!</p> - -<p>Doña Patro se sumerge de golpe como para ahogarse. -<span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span></p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span> - <h2>XV</h2> -</div> - -<p>¡Por qué extraño contraste cuanto más intensa se muestra la vida á -nuestro alrededor, más se impone á nuestro pensamiento la idea de la -muerte! Y como Jerjes lloraba ante la inmensidad de sus ejércitos, -al pensar como dentro de pocos años toda aquella multitud de hombres -habría dejado de existir sobre la tierra, así nos entristece el mismo -pensamiento cuando el hormiguero humano parece más afanoso por la vida, -en esos pueblos de la vida intensa, en esas grandes ciudades emporios -de la civilización en que las gentes van presurosas siempre, apartando -á empujones al que estorba el paso.</p> - -<p>En cambio, esos pueblos petrificados que parecen muertos, de raros -paseantes sin prisa, que van lentos, majestuosos, como quien nada tiene -que hacer en ninguna parte, por su misma quietud nos dan una sensación -de eternidad que aleja la idea de la muerte. Pero estos son los pueblos -<span class="pagenum"><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span> -atrasados á los que es necesario llevar, á cañonazos si es preciso, esa -vida intensa que llamamos civilización. Vivir ó morir; dormir, no. La -civilización, como Macbeth, ha asesinado el sueño.</p> - -<p>Y no obstante, no fué en las calles de la gran capital civilizada -donde nos pareció entrever la silueta de algún hombre dichoso. Fué en -la calleja moruna, sobre una esterilla raída, entre el humo aromado -del café y de la pipa, envuelto en su jaique color de pedrusco, el -moro inmóvil, anulado el pensamiento, sabedor de toda sabiduría; la -inutilidad de todo paso nuestro en la vida cuando todos, lentos ó -presurosos, nos llevan á la muerte.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Nuestros gobernantes, tan dicharacheros y sábelo todo cuando de los -asuntos caseros se trata, tratándose de asuntos internacionales se -tornan graves y silenciosos; y ya se sabe, cuando ellos se encierran -en la mayor reserva, ó no piensan nada ó piensan hacer una tontería. -Desde Felipe II, llamado el Prudente, que no hizo más que cometer -imprudencias, que todavía colean, en toda su vida, debíamos echarnos á -temblar cada vez que en España se invoca la prudencia para algo. -<span class="pagenum"><a name="Page_127" id="Page_127">[127]</a></span></p> - -<p>Los pies de plomo no fueron nunca buenos para ir á ninguna parte, -sobre todo donde sería mejor no ir de ningún modo. La frase vulgar -«Con Fulano ni á coger monedas de cinco duros», debía ser un axioma -de política internacional con respecto á Francia. ¡Porque cuidado si -tuvo siempre mala mano para estas andanzas! Dicen sus admiradores -incondicionales que es la única nación que hizo pura política -internacional de corazón y por ideal. Será que estas cosas de la -política estén reñidas con los arranques cardiacos. Si aún para coger -monedas de cinco duros había que tener reparo, ¿qué será por ochavos -morunos, que es todo lo que podemos ganar en la compañía, viniendo muy -bien dadas?</p> - -<p>Entre tanto allá vamos, y quiera Dios que no sea la mil y una salida -que hizo ... alguien más loco que Don Quijote; porque Don Quijote, hay -que hacerle justicia, embistió alguna vez con rebaños pensando que -eran ejércitos, pero no se le ocurrió nunca embestir con ejércitos creyéndolos rebaños. -<span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>La competencia de Bombita con Machaquito vuelve á poner sobre el ruedo -la eterna cuestión taurómaca: si es preferible un buen torero á un buen matador.</p> - -<p>Los públicos meridionales siempre han sido más admiradores de los -arabescos con capote y muleta; los públicos del Norte estiman en más la -estocada; la hora de la verdad. Los madrileños en esto nos inclinamos -más al Norte. Los buenos matadores han tenido siempre entre nosotros -mayor partido que los buenos toreros. El madrileño de raza fué gran -frascuelista, como sería hoy machaquista si la espada del valiente -cordobés contrapesara la muleta de Bombita tanto como contrapesó la -espada de Salvador la muleta soberana de Lagartijo.</p> - -<p>Por ahora la balanza oscila por días para mayor interés del público, -que en España siempre necesita de estas competencias para sostener sus -admiraciones.</p> - -<p>Como el Guerra no tuvo competidor en su tiempo, el público no podía -tolerarlo, y consiguió aburrirle. A lo que esta muy expuesto el Sr. -Maura si continúa toreando sin competencia. En España la admiración se -cansa pronto. La alternativa de solidaridad, que hizo concebir tantas -esperanzas, las defraudó por completo. El espectáculo languidece. -<span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span></p> - -<p>Los toreros viejos cansan al público; entre los novilleros no apunta -ningún astro ... ¡Y es tan aburrido torear sin competidores! ¡Y tan -triste tener que decir, parodiando al Guerra: Después de mí, <i>naide</i>; -después de <i>naide</i> ... Rodríguez San Pedro. Ó aquello otro más -expresivo: ¡Qué malos <i>seis toos</i>!</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>No hay que ser escépticos; como dijo nuestro gran dramaturgo: <i>Algunas -veces aquí</i> halla la virtud su recompensa, y no sólo la virtud, sino -también el talento, con ser cosa menos estimable. Gracias á nuestras -sabias instituciones oficiales, podemos lograr de cuando en cuando este -anticipo del reino de Dios sobre la tierra.</p> - -<p>La Real Academia de la Historia anuncia un concurso de premios á la -virtud y al talento. A primera vista parece que la virtud y la historia -habían de andar algo reñidas, porque siempre se dijo de la gente escasa -de virtudes que era gente de historia, y por lo general, las personas -virtuosas, como los pueblos felices, no tienen historia. -<span class="pagenum"><a name="Page_130" id="Page_130">[130]</a></span></p> - -<p>El premio es de mil pesetas, y bien se advierte la sabia previsión de -los donantes; con esa cantidad es seguro que el favorecido con el, -persevere en la virtud. Con mil pesetas no hay para entregarse á muchos -vicios. También se advierte como quiere alejarse toda idea de cálculo -al aspirar al premio; porque mil pesetillas, cualquier vicio bien -administrado puede dejarlas, más ó menos en limpio, al cabo del año.</p> - -<p>Pasemos á las condiciones, y copio textualmente porque no quiero -malograr ningún primor de estilo: Este premio será adjudicado á la -persona de quien se cuenten más actos virtuosos, ya salvando náufragos, -apagando incendios ó exponiendo de otra manera su vida por la humanidad.</p> - -<p>Aquí se ve como los señores académicos consideran el valor como virtud; -porque á nadie se le oculta que bien puede uno salvar náufragos, -apagar incendios y exponer de otras mil maneras su vida, sin ser por -eso ejemplar de virtudes. ¿Ven ustedes la incompatibilidad entre ser -<span class="pagenum"><a name="Page_131" id="Page_131">[131]</a></span> -bombero espontáneo y emborracharse de cuando en cuando? ¿Ó entre -arrojarse á las olas procelosas para salvar hasta media docena de -náufragos y darle luego en casa una paliza diaria á la parienta?</p> - -<p>Tampoco me parece muy bien eso de apreciar como mérito la acumulación -de estas proezas. Creo que para cualquier persona de bien ya es -bastante asistir en su vida á uno de estos casos lastimosos. Yo -desconfiaría del que me dijera haber asistido á seis incendios, diez -naufragios y doce epidemias, con alguna que otra tragedia, aunque -en todo ello hubiera realizado heroicas hazañas. Más que virtud me -parecería ... mala pata. Y perdone la Academia.</p> - -<p>Sigamos leyendo, que ahora se entra ya sin equívocos en el verdadero -terreno de la virtud. Copio otra vez: Ó al que luchando con escaseces -y adversidades, se distinga en el silencio del orden doméstico por una -conducta perseverante en el bien, ejemplar por la abnegación y laudable -por el amor á sus semejantes y por el esmero en el cumplimiento de los -deberes con la familia y con la sociedad, llamando apenas la atención -de algunas almas sublimes como la suya. -<span class="pagenum"><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span></p> - -<p>Tomemos un buen aliento y reflexionemos. Todo esta muy bien; sólo que -á esas almas sublimes capaces de apreciar otra alma sublime ... ¿qué -otra alma sublime las garantiza? ¿Y á usted quien le presenta?, puede -aquí decirse. Y en caso de que esas almas sublimes que garantizan -estén á su vez garantizadas, ¿no será cosa de premiarlas también con -algo, siquiera con el tanto por ciento que suele corresponder á los -denunciadores de la riqueza oculta? ¿Es cosa de premiar á los acusones -de culpas y de dejar sin premio á los descubridores de virtudes? No, no -esta bien, y es más de lamentar cualquier humana injusticia cuando se -trata de anticiparnos algo de justicia divina.</p> - -<p>El talento ya es tenido en menos que el valor por los académicos, y -en la convocatoria parece por completo deslindado de la virtud. Eso -sí, en lo material el aprecio es el mismo: mil pesetas; es la cifra: -mil pesetas á la virtud, mil al talento. Sólo que aquí no se exige -la acumulación de méritos; una monografía histórica, y listos. No -es tampoco preciso el concurso de otras almas sublimes, etc ... Los -académicos son modestos; para aquilatar virtudes, necesitan del auxilio -de esas almas sublimes, etc.; para juzgar del talento, ellos solos se bastan. -<span class="pagenum"><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span></p> - -<p>¡Héroes, santos y sabios! ¡Vayan, vayan llegando ... ¡Mil pesetas á la -virtud, mil pesetas al talento! ¡Ocasión única! El premio no compromete -á nada. Una vez cobrado, puede uno dejar de ser virtuoso ó puede uno -dejar de tener talento. En el primer caso, tendrá abiertas todas las -puertas, y en el segundo ... de par en par <i>las de la Academia</i>.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Lo de hacer su Agosto, no debía decirse tanto por los labradores como -por los toreros. Nadie como ellos en España hace su verdadero Agosto. -Aunque en el preside el signo del Zodiaco más contrario á los cuernos, -Agosto es el mes taurino por excelencia. No hay capital, villa ni -lugarejo que no arda en fiestas en su coso, con grandes corridas, -novilladas, ó, de no poder más, capeas. La sangre torera hierve al sol canicular.</p> - -<p>Y no es sólo en España; Europa entera asiste emocionada á esa -interesante corrida que en el ruedo <i>mundial</i> se juega. En ella, -Francia y España, con entusiasmo de principiantes, se las entienden con -<span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span> -un ganado de mucho peso y de mucho sentido. En localidad de -preferencia, Eduardo VII preside sonriente, y entre barreras Guillermo -II hace números: el arrastre y la contrata de la carne van por su cuenta.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Así como así, la crónica del veraneo ha sido en este año de lo más -precario. Los pequeños escándalos de siempre á cargo de las mismas de -siempre, vestales <i>au rebours</i> del fuego sagrado de la murmuración.</p> - -<p>Sin embargo, la buena sociedad, mostrándose con ellas muy -desagradecida, parece ser que por parte de algunas distinguidas -señoras, se ha permitido este verano sus pinitos de <i>boycottage</i>, -creemos que como ensayo de un nuevo <i>sport</i> inglés que no puede -prosperar en nuestras costumbres.</p> - -<p>Esos alardes de severidad sólo pueden estar justificados por el -deseo de hacer economías; porque si las señoras dan en seleccionar -sus relaciones, sus comidas de más aparato quedarán reducidas á seis -cubiertos y sus bailes más concurridos á unas veinte personas. -<span class="pagenum"><a name="Page_135" id="Page_135">[135]</a></span></p> - -<p>Sin contar con que si los invitados dan también en escrupulizar, habrá -señora que coma sola todos los días del año y tenga que bailar el -rigodón de honor con su portero, si es hombre despreocupado.</p> - -<p>¡Cuánto mejor, para evitar complicaciones y comparaciones, es atenerse -á la evangélica indulgencia, sin la cual no sería posible en sociedad -ni tener una mala partida de tresillo!</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Los reyes, como todo el que hace un regular papel en la mundanal -comedia, no pueden tener vida privada; y me parece muy justa -compensación, ya que ellos suelen privarse de menos cosas en su vida -que el resto de los insignificantes mortales.</p> - -<p>Por ejemplo: vida menos privada, en todos los sentidos y extensión de -la palabra, que la del rey Eduardo ...</p> - -<p>Según noticias, que hoy son chismografía y mañana serán historia, su -graciosa majestad no se ha aburrido nada durante su permanencia en Marienbad. -<span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span></p> - -<p>Aparte la interesante aventura de la dama del velo, todos los -periódicos franceses nos han dado cuenta, unos en su sección de -teatros, otros en su sección política—según la procedencia del -reclamo,—de su afectuosa despedida á Lina Cavalieri, próxima á -emprender una gran <i>tournée</i> por los Estados Unidos.</p> - -<p>Esa despedida significa para la celebrada intérprete de Tais, tanto -como llevar la bendición paternal de la Vieja á la Nueva Inglaterra. -¡Bendición que caerá también en lluvia de dollars sobre la ondulada -cabecita de la gentil plenipotenciaria!</p> - -<p>¡Los millonarios norteamericanos, cuando quieren ennoblecerse, buscan -con tanto afán un antecesor entre los reyes de Inglaterra!</p> - -<p>Nadie como la Cavalieri puede ofrecerles ahora ese lujo en las mejores -condiciones de autenticidad.</p> - -<p>Y no hay que discutir esa forma de ennoblecerse. De menos hizo una -voluntad soberana la más preciada orden caballeresca de Inglaterra.</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/detail12.jpg" alt="_" width="80" height="79" /> -</div> - -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_137" id="Page_137">[137]</a></span> - <h2>XVI</h2> -</div> - -<p>El Pernales ha muerto. ¡Viva el Pernales! No puede extinguirse la -dinastía. Si tarda en surgir un sucesor de carne y hueso, la fantasía -popular sabrá crearle y su espíritu vagará por los campos con todas las -apariencias de la realidad. Será sólo un nombre, pero es preciso que -ese nombre suene. Necesita de el mucha gente. El marido ó el hijo de -familia que se jugó en alguna feria las rentas cobradas, y al regresar, -en una carta de letra temblorosa: El Fulano me salió al paso ... sale -del suyo. El administrador que ha de justificar distracciones, el -pastor á quien se le extravió alguna cabeza de ganado, el cacique que -se vale del temido nombre para amedrentar á enemigos molestos ... No hay -duda, un bandido es siempre de utilidad pública.</p> - -<p>A pesar de la indudable identificación del cadáver, es de creer que -sólo ha muerto un fantasma, que volverá muy pronto con otro nombre, con -<span class="pagenum"><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span> -otra apariencia, pero siempre el mismo. ¡Como que á estas horas habrá -quien le llore como á uno de la familia! ¡Pobrecillo! El algo robo, -pero hay que pensar en lo que le habrán explotado. En España es la condición, -para uno que trabaja hay siempre diez holgazanes que viven á su costa.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Hay quien al primer accidente entorpecedor, quisiera dar por fracasado -todo invento; al primer tropiezo, declarar inútil y peligroso todo -paso progresivo. ¿Que hubo un choque de trenes ó cualquier otro -siniestro ferroviario? Volvamos á las galeras y diligencias. ¿Que -la luz eléctrica dejó de lucir en unas horas por desperfectos de la -maquinaria? ¡Quiten ustedes allá! ¡Donde esté un buen candil de aceite! -¿Que los obreros de una gran fábrica se declaran en huelga y perturban -por unos días la siesta y la digestión de los señores? ¡Esas pícaras -industrias modernas!</p> - -<p>No hay que decir si el motín de los presos en la Cárcel Modelo se habrá -prestado á este género de consideraciones, á cargo de nuestros más -infatigables retrógrados. -<span class="pagenum"><a name="Page_139" id="Page_139">[139]</a></span></p> - -<p>Las novísimas—á ellos les parecen novísimas—doctrinas penales son -buenas para el libro, para el gabinete de estudio del hombre de -ciencia, pero peligrosas en la práctica. ¿Qué tal? La bancarrota de la -ciencia. ¿No es eso?</p> - -<p>Todos los penalistas, antropólogos, fisiólogos y psicólogos modernos -son unos soñadores utópicos al pretender llevar algo de luz divina y -con ella algo de calor humano á la clásica mazmorra carcelaria, la -del cantarillo, el haz de sucia paja y su buena argolla con su mejor -cadena. Y como procedimientos judiciales, el tormento y la pena de -azotes son insustituibles.</p> - -<p>¡Oh, el palo! Donde esté un buen palo, que se quiten Lombroso, Ferri y -toda la escuela italiana antropológica y el modernísimo inglés Bernardo -Shaw, con sus atinadas opiniones sobre el derecho á castigar. Lean -ustedes sus consideraciones sobre el último ruidoso atentado anarquista -en España, y verán ustedes lo que es <i>demoler</i>; aquí donde se llama -demoledor á cualquiera. Y no se trata de un escritor populachero, ni -mucho menos. Bernardo Shaw es hoy por hoy el escritor que más se lleva -en la sociedad aristocrática inglesa. ¡Pero cualquiera se atreve á -<span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span> -traducir lo que allí esta impreso y publicado y todo el mundo lee y á -nadie le parece punible! Tampoco tienen desperdicio sus consideraciones -sobre el militarismo. Pero todo teorías de gabinete, utopias, locuras, -como dirán muchos que, por su gusto, hubieran considerado fracasado el -cristianismo el día en que Cristo fué crucificado.</p> - -<p>Acaso ignoran los partidarios de toda suavidad penitenciaria que -existe otra novísima escuela penal muy de su gusto, que no se anda con -rodeos y va derecha á la supresión del delincuente como medio el más -expeditivo de defensa social.</p> - -<p>Pero aún estos, dentro de su lógica despiadada, hablan de suprimir, no -hablan de apalear, ni de atormentar, ni de todas esas brutalidades, -encanto aquí de muchos que aprovechan cualquier ocasión para destapar -su furia reaccionaria, como si no los tuviéramos bien conocidos.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>En otoño es, más que el año nuevo, el verdadero comienzo del año. El -año político, el año teatral, el año social, en fin, tienen en el -<span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span> -principio más determinado que en el día 1.<sup>o</sup> de Enero.</p> - -<p>Los propósitos de vida nueva son también más decididos en este tiempo. -Todo es planes propósitos para el invierno; casi todos basados en el -espantable desnivel de los presupuestos. ¡Hay que vivir de otra manera! -¡Hay que cambiar de vida! Y en el reposo de los días otoñales creemos, -en efecto, que empezaremos otra vida.</p> - -<p>Pero el invierno se aproxima, los teatros anuncian sus abonos y sus -estrenos, los salones sus fiestas, vuelven los rezagados con las -últimas modas y los últimos automóviles, la política, la Bolsa, la -literatura recobran su animación, y el torbellino de la vida, se -lleva los buenos propósitos como las hojas secas del otoño ... Y es un -invierno más como el pasado, como tantos otros, porque la vida es tan -igual que sólo de tantos en tantos años podemos fijar una fecha que -diferencie un año de muchos en nuestro recuerdo.</p> - -<p>Y esa fecha señalada en nuestra memoria y en nuestro corazón, lleva -casi siempre una cruz encima, como las lápidas mortuorias. -<span class="pagenum"><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Imponentes son en verdad los programas de oposiciones para ingresar -en los cuerpos de policía y de correos. Pocos ministros y directores -de los respectivos ramos serían capaces de contestar sin un punto á -un cuestionario de tantas y tan varias materias. Ya dijo Beaumarchais -por boca de Fígaro, que con las virtudes que exigimos á los servidores -habría pocos amos que pudieran ser criados.</p> - -<p>¡Y todo por mil quinientas ó dos mil pesetas al año! No hay duda que -menos cuesta hacer oposiciones á ministro. Todo se reduce á declararse -adicto á un gran personaje, jefe de partido, y durante algunas -temporadas políticas hacer comedor ó biblioteca en su casa, según -las aficiones del conspicuo, hasta que le llegue el día de formar -gabinete, en una de esas crisis difíciles en que todos los ilustres -del partido promueven dificultades, y el gran señor en un arranque de -despecho exclama:—¡Ea, voy á demostrarles que no los necesito para -nada! ¿A quien haría yo ministro? ¡Hombre! A Fulano. Fulano es leal -por lo menos. Y Fulano, que en aquel momento presenta respetuoso una -cerilla con la punta doblada, para que el jefe encienda una breva ó un -águila imperial, escucha con la mayor emoción estas palabras:—¡Hombre! -Va usted á ser ministro. Voy á demostrar que se puede gobernar con cualquiera. -<span class="pagenum"><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span></p> - -<p>Ya ven ustedes si estas oposiciones son fáciles, sin saber derecho -penal, ni idiomas, ni geografía. ¡Ni logaritmos!</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Nuestra municipalidad, haciendo una vez más de la aseada de Burguillos, -no ha querido que los puestos de libros viejos afrentaran la suntuosa -fachada del ministerio de Instrucción Pública. Y los pobres libros, -más traídos y llevados que leídos, han estado á punto de no asolearse -este año y seguir en el fondo de las obscuras tiendas, á donde sólo el -parroquiano fiel acude á visitarlos de cuando en cuando.</p> - -<p>Después tratóse de llevarlos camino del Este, camino que llevaría -siempre por gusto de la grey conservadora todo lo que fuera letra y -espíritu. Por fin han ido á caer frente á unos cuarteles, para que -armas y letras fraternicen una vez más. -<span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span></p> - -<p>Allí volveremos á ver en las estanterías á nuestros buenos amigos de -todos los años: la «Historia Natural», de Buffon; el «Teatro crítico», -del Padre Feijóo; la «Historia de los trovadores», de D. Víctor -Balaguer ... Y en el montón del baratillo, huesa común de los humildes, -muchos libros, unos de las más raras materias, pero con una misma -historia triste todo: la del autor que los compuso. Penosa historia -que lo mismo dice el viejo libro erudito aforrado en pergamino, que -el flamante volumen de limpia impresión y vistosa cubierta, con sus -páginas sin abrir, virginales, sólo arrancada la primera, donde tal -vez campeaba la dedicatoria aduladora al crítico que le pronosticó -gloriosos destinos en una de sus más brillantes crónicas; «Este libro -es de los que quedan ...» Y en efecto, ha quedado.</p> - -<p>Pero en la feria de cada año, al sentirse hojeado por algún curioso, es -una ilusión de inmortalidad para el triste libro, como para una mujer -fea es una ilusión de amor la mirada más indiferente.</p> - -<p>Y para los que sabemos comprender estas tristezas calladas hay en estos -libros olvidados, como en las mujeres nunca amadas, un lamento que -parece decir: ¡Quién sabe! ¡Si alguien me leyera! ¡Si alguien me amara! -<span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>No han de ser conferencias de la paz, ni acuerdos internacionales de -los socialistas lo que ha de concluir con las guerras. Las guerras -acabaran ... por artículo de lujo.</p> - -<p>En unos doce millones de francos, sin contar indemnizaciones ni otras -menudencias, se calcula, muy por encima, lo que lleva gastado Francia -en su expedición á Casablanca. Millones que tardará en cobrarse, dada -la habilidad de los moros en el arte de no pagar al casero.</p> - -<p>¡Pensar que toda la <i>mise en scene</i> de la «Iliada», con sus carros -de guerra, escudos, lanzas y hasta la maquinaria final del pérfido -caballo, supone cuatro cuartos si se compara con lo gastado en -cualquiera de estas epopeyas modernas!</p> - -<p>Hasta para cantarlas, comparen el gasto de corresponsales literarios y -gráficos con lo que costó á Grecia el poema de Homero. Lo que basta, -como suele decirse, para hacer cantar á un ciego. -<span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Los tigres del Gran Teatro están presentados con mucho arte. Si no -fueran tigres, habría que convenir en que eran grandes actores. Tal vez -un poco exagerados. Más feroces que el natural. Pero el teatro no es -siempre copia de la realidad.</p> - -<p>Como en los conflictos de muchos dramas, no puede uno por menos de -pensar: Si los personajes, en vez de esto, hicieran esto otro, no -habría drama ó el drama sería otro; con los tigres pensamos: Si uno -solo de los zarpazos con que amenazan al domador lo aplicaran á la -débil jaula que los encierra ..., el drama sería otro.</p> - -<p>Pero, sin duda, los tigres saben que la fácil libertad les duraría -poco, porque detrás de los hierros no esta la selva, sino la fuerza -armada, por eso se contentan con bufar y enseñar los dientes al opresor -visible, que es el domador.</p> - -<p>Los tigres no saben que el verdadero amo es el de fuera, el público. -Por eso se revuelven contra el domador, no contra la jaula.</p> - -<p>Eso suelen hacer los pueblos oprimidos cuando se revuelven. Por eso -todas las revoluciones quedan reducidas á lo mismo, á un cambio de domador. -<span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Si la virtud esta en un buen medio, no es de lo alto ciertamente -de donde nos llega á los mortales el mejor ejemplo de esa virtud -templada de los términos medios. Sabido es que aún no hemos terminado -lamentaciones, preces y rogativas para impetrar una benéfica lluvia -que remedie en algo los efectos de una pertinaz sequía, cuando hay -que empezar á lamentarse; implorar y <i>rogativear</i> para que cesen -inundaciones, tormentas y desbordamientos de todas aguas, amenazadoras -de un nuevo diluvio que, por no ser universal, es más desagradable. De -donde pudiera deducirse que, ó los mortales no sabemos lo que pedimos, -ó los dioses inmortales no entienden lo que se les pide.</p> - -<p>Tengo además notado que las casas en que hay algún individuo muy -devoto, sin otra ocupación que la de implorar el favor divino para toda -la familia, suelen ser las más castigadas de enfermedades, quebrantos -de fortuna, matrimonios desgraciados, etc.</p> - -<p>En los pueblos se advierte lo mismo; cuanta más gente hay en ellos -dedicada á implorar por su salud y bienestar, más desdichas les afligen -de continuo. Favor señalado y no castigo es esto, que de este modo -nos fortificamos en el desprecio de lo terrenal, y lo que perdemos en -cosechas de frutos materiales, lo ganamos en cosecha espiritual. -<span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span></p> - -<p>Sin esta creencia sería para desesperar del todo ver que en un pueblo -como el nuestro, donde tantos son á rezar, hasta desatender toda otra -ocupación, sea siempre de los más azotados, mientras á otros pueblos de -herejes y descreídos todo se les vuelve prosperidad y bienandanza.</p> - -<p>¡Y como estas calamidades despiertan los más nobles sentimientos! -Podemos leer con indiferencia la noticia de que en tal parte han -empezado los trabajos para canalizar tal ó cual río, y leer á poco -que las obras se estancaron por falta de fondos ... ¿Pero quien no se -conmueve al leer que apenas ocurrió la inevitable inundación, todo el -mundo inicia suscripciones para remediarla y todo el mundo se apresura -á ofrecer su dinero? ¡Oh dinero español, siempre pronto para toda -calamidad! Ese dinero que siempre llega para tus hombres eminentes, á -la hora del entierro; para tus soldados, á la hora del desastre; para -tus pueblos, á la hora de la epidemia ó de la inundación. -<span class="pagenum"><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span></p> - -<p>A nuestro yermo nacional, como al de los santos penitentes, siempre ha -de venir el pan de vida en el pico de los cuervos, agoreros de muerte.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>La memoria de las mujeres.—Entre dos amigas:</p> - -<p>—No se de quien me hablas.</p> - -<p>—Sí, tienes que acordarte ... La mujer de aquel ingeniero, primo de mi -marido, que te estuvo hablando de tus hermanos y de tu madre.</p> - -<p>—Pues no recuerdo.</p> - -<p>—Que llevaba un traje heliotropo con adornos de terciopelo negro y un -sombrero negro también con una amazona del mismo color del vestido.</p> - -<p>—¡Ah! Ya se quien dices. -<span class="pagenum"><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span></p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/detail13.jpg" alt="_" width="75" height="76" /> -</div> - -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span> - <h2>XVII</h2> -</div> - -<p>No puedo negar mi debilidad—verdad que esto de las debilidades no -sirve negarlo, se trasluce siempre:—me encantan la tiranía y la -reacción en los gobiernos. La demasiada libertad debilita y endulza los -caracteres, que nunca afirman con tanta energía en su individualidad -como al rebelarse contra la opresión del medio, ya sea social, política -ó familiar.</p> - -<p>Soy enemigo también de las protestas ruidosas y colectivas. ¡Es tan -fácil, sin molestar á nadie, hacer un noventa y tres para nuestro -uso particular! ¿Y puede haber nada más agradable que sentirse -revolucionario á tan poca costa, sólo con buscar un refugio en donde -cenar ó beber después de la una y media á despecho de severas leyes? -¿Y á quien le faltará ese refugio? Donde cien puertas se cierran, una -se abre, suave y misteriosa, detrás de la cual suele aparecer como -apoteosis de la rebelión triunfante, en primer término, algún delegado -<span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span> -de la autoridad como hada protectora del establecimiento. El sésamo que -nos abre el encantado lugar, tiene algo de santo y seña de conjuración, -y todo ello es sabroso como el fruto prohibido.</p> - -<p>Siempre fuí de la opinión de aquella gran señora, golosa de helados, -que al saborearlos con fruición, decía á sus amigos: ¡Lástima que no -sea pecado!</p> - -<p>¡Agradezcamos á nuestros moralizadores que hayan hecho pecado de -tantas cosas inocentes.</p> - -<p>Y no temamos por nuestras malas costumbres. Antes que los gobiernos, el -mismo Dios intentó reformarlas con diluvios, asolamientos de ciudades, -y, por última vez, con su presencia y predicaciones en la tierra, y -nada, la humanidad empecatada sigue lo mismo, los mismos pecados, los -mismos vicios. ¡Hay para rato!</p> - -<p>Pero, en fin, los gobiernos están en su papel. Como aquel fatalista -que, creyendo que todo cuanto sucedía no podía por menos de suceder -así, y á pesar de ello, se indignaba cuando sucedía algo que le -desagradaba y al decirle los amigos: ¿Pero se cree usted que todo esta -escrito porque se incomode usted? Porque esta escrito también que yo me incomode. -<span class="pagenum"><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span></p> - -<p>Del mismo modo, como son fatales las malas costumbres de los -gobernados, fatal es también la tontería de los gobiernos en querer -reformarlas. Pero no seamos intolerantes. Hay que justificar los -cargos. Si los gobiernos no molestan alguna vez, ¿se notaría que había gobierno?</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>A los que no acaba de convencernos la necesidad de dividir las horas en -morales é inmorales, se nos quiere convencer por la materialidad de la -conveniencia higiénica. Y eso sí que es ponerse fuera de la realidad. -En lo sano de los madrugones no es posible que nadie crea.</p> - -<p>Salgan ustedes una mañanita tempranito, dénse una vueltecita por esas -calles, suban á un tranvía, entren en una iglesia, y oirán ustedes -toses perrunas y carrasperas y voces catarrosas, y verán ustedes caras -de desenterrados que les pondrán espanto. ¡Son los que madrugan! -<span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span></p> - -<p>Las primeras horas de la mañana son en Madrid las más destempladas y -variables de temperatura; hay un olor á cieno que penetra hasta los -huesos. En cambio á las altas horas de la noche, aún en las más frías -del invierno, parece como que el aire se suspende, hay una limpidez, -una serenidad en la atmósfera. Además, á esas horas el organismo -nutrido por completo (para los que no se nutren todas las horas son -iguales), goza la plena posesión de sus energías; el cerebro funciona -más activo. Entréguense ustedes á cualquier trabajo, sobre todo -intelectual, en las primeras horas de la mañana, con la costumbre -española del desayuno frugal, y verán ustedes primores. Yo creo que el -mal humor de nuestros empleados y oficinistas no tiene otra causa.</p> - -<p>Estoy seguro de que si las oficinas del Estado, las particulares, -empezaran á esas horas pecaminosas en que todo ha de cerrarse, sería -aquello un anticipo del teatro poético: tan afables y complacientes se -mostrarían los empleados.</p> - -<p>La mañana es la hora del mal humor, de la destemplanza, de las -disputas, de los crímenes. Basta consultar cualquier estadística, para -ver que con ser más propicia la obscuridad de la noche, abundan más los -crímenes matutinos. -<span class="pagenum"><a name="Page_155" id="Page_155">[155]</a></span></p> - -<p>La noche es toda amor, afectuosidad. Lo saben los gatos, lo saben -las señoras que dan bailes ... A propósito: ¿en la próxima temporada de -invierno terminarán los bailes de sociedad á la hora en que se cierren -los teatros ó á la hora en que se cierren los cafés? Hay que advertir -que cuando se celebra uno de esos grandes bailes, las molestias del -ruido de coches y de músicas es mayor para los vecinos que las que -puede ocasionar cualquier café abierto hasta la madrugada. Ó se reforma -para todos, ó para ninguno.</p> - -<p>Por lo menos, los escotes de las señoras sí deben cerrarse: A las doce -y media, si se consideran como espectáculo; á la una y media, si se -consideran como <i>restaurant</i>.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Todavía hay ancianos que nos hablan de la aparatosa presentación de -Listz en escena, seguido de un lacayo, al que arrojaba desdeñosamente -los guantes, antes de sentarse al piano.</p> - -<p>Hoy, ningún concertista de reputación se dignaría presentarse con -un vulgar lacayo. Para firmar contratos ventajosos, es preciso ir -acompañado de una princesa, por lo menos. -<span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span></p> - -<p>Dado el número de altezas reales é imperiales que en estos últimos años -han lanzado su corona <i>par dessus les moulins</i>, pronto veremos como -hasta en los circos no hay <i>jongleur</i> que no lleve consigo una princesa -para alargarle los chirimbolos. Cuando en los carteles de algún teatro -aparezca el anuncio: Asistirán sus majestades y altezas, ya sabrá el -público que no será en los palcos regios, sino en el escenario.</p> - -<p>¡Oh locas princesas! ¿No sabéis que en los cuentos de hadas el amor -hace príncipes á los pastores, pero nunca pastores á los príncipes? -¿Tan poco puede la magia del amor en estos tiempos? ¿No pensáis que -algún día el pianista más enamorado podrá recriminaros por vuestra -ligereza? Me has estropeado la carrera, os dirá. Si no hubieras dejado -de ser princesa, á estas horas podía yo ser músico de cámara, director -del Conservatorio y acaso ministro de Bellas Artes.</p> - -<p>Y tendrá razón. ¡Pobre Catalina de Rusia, si la primera vez que se -enamoró de un soldado, en vez de ascenderle á general, hubiera ella -<span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span> -dejado de ser emperatriz para hacerse cantinera del regimiento! ¡No -hubieran sido bofetadas! ¡Oh locas princesas! ¿No sabéis que aún en las -más vulgares aventuras callejeras, el amor, por fin, dice: ¡Sube! nunca dice: ¡Bajo!</p> - -<p>Creedlo, bueno esta que perdáis todos los tornillos de la cabeza, pero -no el que sujeta la corona. El amor es gran revolucionario, pero por -eso mismo, si admira á los príncipes que saben morir, desprecia á los -que solo saben abdicar.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Sarah Bernard pública el primer volumen de sus memorias. Esta mujer -extraordinaria, que será sin duda una de las figuras representativas -del siglo <span class="smcap">xix</span>—no comprendemos como Don Miguel de Unamuno -no la ha tomado ya ojeriza—al relatarnos su vida pone el mismo encanto de -su vida toda. Ese encanto prestigioso de una vida armoniosa, afirmación -de su arrogante divisa: <i>Quand même</i>.</p> - -<p>Y no obstante, para curarnos de vanidades, ¡como en esta vida en que -todo parece fuerza de voluntad se muestra más claramente el trazo -señalado á nuestros destinos por una voluntad sobrehumana! -<span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span></p> - -<p>Todo, hasta lo que más parece desviar de la senda marcada, es -solo rodeo para llegar más pronto y con más brío. Y sobre las -luchas, los obstáculos, los desfallecimientos, siempre esa alegría -íntima, patrimonio del verdadero artista, que puede tener horas de -desesperación en su vida, pero nunca una vida desesperada, porque hay -algo en el que se sobrepone á todo, la seguridad en sí mismo. Pero -los que crean que el camino es fácil, lean la historia de los penosos -comienzos de la artista, que ella recuerda con sonrisa indulgente de triunfadora.</p> - -<p>¡Las mezquindades de la envidia, la malevolencia de los compañeros, las -injusticias de la crítica, las veleidades del público, tornadizo en sus -admiraciones, deseoso siempre, como niño, de destrozar y de cambiar sus juguetes!</p> - -<p>Cuando se triunfa de todo esto, á pesar de todo—<i>Quand même</i>—es -preciso creer en la predestinación, y debemos agradecer á los grandes -elegidos de la gloria que nos cuenten su vida, porque si en ellos puede -haber orgullo al contarla, al leerla nosotros aprenderemos humildad. No triunfa -el que quiere, sino el que puede. Y si el querer es humano, el poder es divino. -<span class="pagenum"><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span></p> - -<p>De otro modo, ¿quien triunfaría nunca de la envidia, de la calumnia, -de tanta y tanta miseria?... que esas ¡ay! sí son humanas, demasiado -humanas.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Uno que no quiere aburrirse, ó por lo menos cree que no se aburrirá -de ese modo, es un señor que anuncia en la cuarta plana de un popular -periódico lo siguiente: <i>Deseo conocer á escritores de verdadero -talento.</i> Y debajo: <i>Deseo amistad con mujer inteligente</i>.</p> - -<p>Así, poca cosa. Como poseedor de talismán en comedia de magia, que -no cesa de pedir gollerías, seguro de que el genio protector ha de -concedérselo todo.</p> - -<p>Es posible que á estas horas ya tenga en su poder buen número de -ofertas y aún es posible, si es hombre de buen humor, que con todas -ellas publique un curioso libro, como hizo un norteamericano, quien -también anuncio en los periódicos que deseaba correspondencia con -señorita distinguida, inteligente y bella, y después con los miles -de cartas recibidas, publicó un libro, con el agradecido título de -<i>Mujeres anormales que contestan á los anuncios</i>. -<span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span></p> - -<p>En este caso más que las ofertas de las mujeres inteligentes tendrán -que leer las de los escritores de talento.</p> - -<p>También es posible que el anunciante desee lo contrario de lo que pide, -y no hay duda que es el mejor medio para conseguirlo. Porque bien -puede asegurarse que si no logra su deseo de conocer á escritores de -verdadero talento y á una mujer inteligente, conocerá en cambio á mucho -majadero y á muchísima loca.</p> - -<p>Lo que no quiere decir que deba dar por mal empleado el dinero que le -costó el anuncio. ¡Puede uno divertirse tanto con un majadero! Y con -una mujer loca, ¡no se diga! Desde la más remota antigüedad son las que -vienen dando mejor resultado.</p> - -<p>Y las únicas capaces de amar con desinterés. Por eso son locas. Las -mujeres inteligentes solo aman al que puede ofrecerlas mucho dinero. -Por eso son inteligentes.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>El paso de Mercurio ha servido, según nos dicen, para descubrir y -demostrar una ley astronómica, que era ya verdad demostrada en las -<span class="pagenum"><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span> -esferas sociales de este bajo mundo. Que los satélites son los que -determinan el movimiento de los planetas y no lo contrario, como se creía.</p> - -<p>Con toda su luz, el planeta es un juguete de los satélites, que le -traen y le llevan, le acercan ó le alejan de un punto determinado. -¡Pobres planetas! ¡Pensar que si alguno de ellos nos desmenuzara en -partículas por el espacio infinito, el se llevaría la culpa con nuestra -última maldición, cuando toda lo sería de los satélites.</p> - -<p>¡Oh, los grandes planetas políticos, orgullosos por contar con una -mayoría compacta, los planetas del arte, ufanos con sus admiradores, -los planetas taurinos <i>moñudos</i> con sus aficionados ... ¡Satélites, -satélites son todos que os marcarán el rumbo á pesar vuestro!</p> - -<p>El planeta político se esta quietecito en casa, comprendiendo cuánto le -conviene el reposo para reponer averías, pero los satélites imperan. -¡Hay que volver á la lucha! ¡Hay que aceptar el poder! Y allá va el planeta ...</p> - -<p>El planeta del arte duerme sosegado sobre sus laureles, pero los -satélites le despiertan y sacuden ... ¡Algo nuevo, más, más!... Y el -planeta se lanza por donde no pensaba. -<span class="pagenum"><a name="Page_162" id="Page_162">[162]</a></span></p> - -<p>El planeta taurino no quiere competencias, pero los satélites le -vociferan: ¡A ver eso! ¡Que le pisan á usted el terreno! ¡Que se lo -comen!... Y el planeta taurino va á la enfermería.</p> - -<p>¡Dichosos los planetas que no tienen satélites, así en la tierra como -en el cielo!</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Mientras se discute el presupuesto de enseñanza y el señor ministro -de Instrucción Pública se permite finísimas ironías á propósito de -la nueva asociación de cultura, yo evoco una vez más el recuerdo -de aquella escuela de aldea que avergonzaría en el último aduar de Marruecos.</p> - -<p>Lóbrega, sucia, desmantelada; lo único que allí puede aprenderse—y -esto las niñas, que tienen su escuela en el piso alto—es gimnasia, -para trepar por una escalera derrumbada, que es, por lo menos, una -tentativa de infanticidio en cada peldaño.</p> - -<p>Y allí preside, bajo un dosel pingajoso, un Cristo lúgubre, -inquisitorial; ese Cristo á quien todos los días crucifica la maldad, -la ignorancia y la indiferencia de los hombres, ese Cristo que dijo: -<span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span> -Dejad á los niños que se acerquen á mí; y allí parece decir, con más -verdadero amor: No, no los dejéis que se acerquen aquí, no los traigáis -á esta mazmorra ...</p> - -<p>Y recuerdo los versos de indignación, de santa ira, con que el ilustre -Guerra-Junqueiro maldijo de las escuelas portuguesas.</p> - -<p>¡Y aún se discute y se regatea en el presupuesto de enseñanza! Sí, es -verdad, no debe pensarse en pensiones para estudios en el extranjero, -en grandes centros de enseñanza superior, mientras exista una, una sola -de esas escuelas de pueblo, que darían ganas de llorar si no las dieran -de matar ... ¿A quien? ¿Donde puede hallarse el verdadero responsable -de ese crimen tan nacional, tan de todos? El único castigo sería el -de obligar á muchos á llevar á sus hijos, á otros á ser maestros en -ellas, á todos ... ¡Ah! Ese castigo ya se realiza, el de respirar en un -ambiente de incultura, de atraso, en que solo viven y prosperan los que -saben explotarlo en provecho propio. -<span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span></p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/detail14.jpg" alt="_" width="75" height="76" /> -</div> - -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span> - <h2>XVIII</h2> -</div> - -<p>Si algún día se escribiera la historia de la tontería, humana, que -sería tanto como escribir la Historia de la Humanidad, uno de sus -capítulos más interesantes sería el de por qué los españoles hemos de -asistir todos los años en fecha fija á las representaciones de «Don -Juan Tenorio».</p> - -<p>¿Es que el mérito de la obra la impone á la admiración anual del -público? Bueno sería entonces cualquier día del año. ¿Es por el -cementerio y los aparecidos que en ella figuran por lo que tiene -lugar apropiado al conmemorar la Iglesia á todos sus santos y á todos -sus difuntos? Con la misma razón podría representarse Hamlet, donde -no faltan tampoco apariciones de muertos y camposanto, y donde las -consideraciones sobre la vida y la muerte y la eternidad son más graves -y austeras que en nuestro popular drama, en que más parece tomarse á -<span class="pagenum"><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span> -broma todo esto ... ¿Pero qué digo? Justamente porque se toma á broma, -es porque no hemos encontrado nada mejor para distraernos de la -seriedad que los días imponen.</p> - -<p>¿No es toda la vida española la de Don Juan Tenorio? Fanfarrona, -despreocupada, altas frases, bajas acciones, el sentir y el pensar -afectados, mucha elocuencia, mucha retórica ... y sobre todo esto, la -esperanza en el punto de contrición, gustoso y fácil, y la salvación -final por mano de doña Inés, que por no faltar en nada al simbolismo, -viste hábitos monjiles. Porque ¿como puede salvarse nadie en España sin -intervención de monjío ó <i>frailío</i>?</p> - -<p>Por algo, con ser tan popular en España la figura de Don Juan Tenorio, -no halló su consagración literaria definitiva hasta que el genio -archiespañol de Zorrilla supo españolizarlo del todo. Los españoles no -podíamos tolerar que Don Juan se condenase de ningún modo, ni con la -música divina de Mozart. Era como condenarnos nosotros mismos.</p> - -<p>¿Y no merecía la salvación Don Juan Tenorio mejor que el doctor Fausto, que es -algo también del alma alemana, todo filosofía y pesadez, hasta cuando enamora y ama? -<span class="pagenum"><a name="Page_167" id="Page_167">[167]</a></span></p> - -<p>No, no puede condenarse á estos hombres que son el alma de una raza. -Don Juan Tenorio será siempre el héroe preferido de España, solo por -esto, por salvarse.</p> - -<p>Lo hubiera sido Don Quijote, si Cervantes más humano que español, ó -quizás más de su tiempo que español, que humano, en vez de curarle al -morir de todos sus desatinos, para hacerle posible la salvación como -cristiano, le hubiera entrado valientemente en la gloria, de la mano de -Dulcinea, en la suprema exaltación de su locura triunfadora.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Madrid se aburre como nunca, desmintiendo así la afirmación de que bajo -gobiernos reaccionarios fué siempre cuando más se divirtió la gente. -Dígalo Roma en tiempos del poder temporal pontificio, dígalo París en -tiempos de Luis XIV, dígalo, en fin, Madrid mismo en tiempos de los Austrias.</p> - -<p>Madrid se aburre, sin que su aburrimiento logre interesarse por nada, -apenas por la reaparición de Gallito. Y eso que al decir de algunos -aficionados, nunca se vió fenómeno igual. ¡Un pase de muleta en dos corridas! -<span class="pagenum"><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span></p> - -<p>Bien puede estar agradecido el susodicho diestro á la afición madrileña -y aún decirle como Marión Delorme al caballero Didier en el drama -de Víctor Hugo: <i>Ton amour m’á refait une virginité</i>. ¡Oh afición -madrileña, tu que hiciste temblar á Frascuelo, Lagartijo y Guerra, -entusiasmándote por un pase! Bien dicen que cuando nada interesa es -cuando esta uno en peligro de interesarse por cualquier cosa. Hay cosas -que solo el aburrimiento puede explicarlas.</p> - -<p>Nada solícita nuestra atención ni nuestro interés. Política, arte, -vida de sociedad, todo languidece. Por algo nuestro nuevo alcalde -quiere obligarnos á marchar deprisita por esas calles, á ver si con la -celeridad de la circulación nos animamos un poquito.</p> - -<p>Si la orden se cumple y los habituales plantones de la Puerta del Sol -se ven obligados á circular, aquello parecerá un Tío Vivo. Hay allí -losas que no mojaron nunca lluvias del cielo ni riegos municipales; -resguardadas de todas las inclemencias por el mismo grupo compacto que -hizo de ellas pedestal de un momento á la vagancia y al arte de residir -en el sitio más céntrico y más caro de Madrid, sin pagar al casero. -<span class="pagenum"><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span></p> - -<p>Bien muestra el nuevo alcalde su procedencia automovilista, y por las -trazas su ideal es ponernos á los madrileños en cuarta velocidad. No -será malo, si lo consigue, porque en Madrid, donde moralmente, el que -no corre vuela, materialmente no se sabe andar por la calle.</p> - -<p>Hay quien á más de ir á paso de procesión, serpentea graciosamente para -estorbar el paso al que viene detrás. Hay señor que lleva el bastón ó -el paraguas á guisa de pica, y al andar va marcando puyazos á cuántos -le preceden. Hay quien juguetea con dichos artefactos, como <i>jongleur</i> -de circo, y lo mismo le derriba á uno el sombrero que le salta un -ojo. Hay quien se emboza á todo vuelo, envolviendo amorosamente al -transeúnte más próximo. Hay quien es capaz de leer un drama á un amigo -en la acera más transitada, entre un coche parado y un escaparate -llamativo. Hay señoras que reciben á sus relaciones en una esquina y -allí se constituyen en sesión permanente.</p> - -<p>Y es que en Madrid, cuando se anda, nadie va á ninguna parte; hace -tiempo para ir á ella y se sale siempre demasiado temprano para ir á un -sitio al que siempre se llega demasiado tarde. -<span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span></p> - -<p>Cosa que también puede suceder al señor Maura en sus concesiones á los -solidarios. Salir á buscarlos; perder el tiempo y llegar tarde.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Cuentan del gran Víctor Hugo, que cuando se hallaba en alguna reunión -de escritores, valíase de una inocente estratagema para descubrir -cuáles de entre ellos abrigaban la ilusión y la esperanza de ser -académicos. Para ello, soltaba alguna tremenda irreverencia contra la -Academia ó contra algún grupo ó individuo de ella. Los que francamente -reían á coro con el, era señal de que estaban limpios de toda ambición. -Pero si alguno permanecía serio ó reía para dentro, entonces Víctor -Hugo, sonriente, advertía pronto: Fulano no se ha reído. Quiere ser -académico. Y así descubrió á más de un futuro candidato.</p> - -<p>A prueba semejante asistimos á cada paso, cuando algún crimen de -resonancia es preocupación general en todos los círculos sociales.</p> - -<p>Hay quien no puede ó no sabe ocultar sus simpatías y su admiración. Se -habla, por ejemplo, de la estafa al Banco de España: -<span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span></p> - -<p>—¿Ha visto usted qué bien combinado todo? Y ya verá usted como al -verdadero autor no se le descubre. Y se extiende en todo género de -admiraciones á la habilidad y serenidad de los falsificadores, y cada -fracaso de las autoridades en descubrirlos lo considera como un triunfo -personal. ¡No los cogen, no; ya lo verán ustedes!</p> - -<p>Parece como si se animara á sí propio con la impunidad.</p> - -<p>Se habla del crimen del «Hojalata», y el que no se atreve á aclamarle -por su crimen le admira por su muerte. ¿Han visto ustedes? ¡Qué valor! -¡Vaya un tío! La verdad es que ha conseguido imponerse el respeto de la -gente. El hombre que hace eso no es un criminal cualquiera ...</p> - -<p>Lectores, desconfiad de estos panegiristas y cuando oigáis á algunos -expresarse así, como Víctor Hugo decía: Fulano quiere ser académico, -pensad vosotros: Fulano va para criminal. A cuatro delitos que queden -impunes, se lanza.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Todos hemos asistido alguna vez al estreno de una obra dramática de -interesantísima acción, situaciones de gran efecto, «cuajada» de -<span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span> -pensamientos deslumbradores y frases relampagueantes; todos nos hemos -interesado, emocionado; hemos aplaudido, aclamado, y al salir del -teatro, apenas el aire de la noche ha refrescado nuestra frente, al -pretender recoger nuestra emoción, pensamos y no tardamos en descubrir -que la emoción desaparece. Aquella hermosa situación, recordamos ... -pero verdad es que era muy falsa, porque si el personaje aquel llega -antes con la carta ... Y lo natural era que hubiera llegado. ¿Y aquella -frase?... Sí, pero la verdad es que lo mismo puede significar lo -contrario ... Y así ante el análisis reposado, pronto nos damos cuenta -de que nos habían robado la emoción, habíamos sido víctimas de un -atraco violento, más ó menos artístico, pero atraco, al fin.</p> - -<p>Una cosa parecida nos ha sucedido con la memorable sesión que -pudiéramos llamar patriótica. El entusiasmo de la representación no ha -resistido el frío de la calle. La obra ha sido de las efectistas.</p> - -<p>Muchos millones, mucho patriotismo, hermosas frases, pero muy poca -escuadra. Todo ha sido decirnos: Tengamos marina y lo demás se nos dará -por añadidura; el común sentir dice más bien: Tengamos lo demás y la -marina se nos dará por añadidura. -<span class="pagenum"><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span></p> - -<p>Nos dicen que de otro modo no podemos salir de casa, y hay que asomarse -al mundo. ¡Ay! Esto me hace pensar en esas gentes cursis que viven -de mala manera, y cuando se encuentran á algún conocido que ofrece -visitarlas se apresuran á decir: No se moleste usted, nosotros iremos á -verle á usted, no faltaba más. Todo porque no les descubran la modesta -vivienda donde falta toda comodidad y todo lujo. ¿Será por esto nuestro -afán de salir á Europa, como los cursis que con cuatro trapitos hacen -su papel por esas calles y paseos, aunque en casa no coman? ¿Y no sería -mejor que ponernos en facha de salir á visitar el mundo, ponernos en -condiciones de que el mundo pudiera venir á visitarnos?</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>¡El invierno se presenta terrible para los ricos! Ha subido el precio -del pan de lujo. Sólo falta que suba también el precio de la gasolina y -la vida será imposible para las clases acomodadas. -<span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span></p> - -<p>Por fortuna, ahora es la última moda en comidas aristocráticas probar -apenas una cortecita de pan. La delgadez es el ideal estético y casi -todo el mundo esta á régimen. Los anfitriones están de enhorabuena. -Suprimidos los vinos «matusalenes» y las marcas de precio; con buen -surtido de aguas medicinales se sale del paso. Apolinaris, Vichy, -Mondariz ... Los comensales se juntan por afinidades curativas.</p> - -<p>—¡Usted es Vichy, verdad, marqués? Siéntese usted aquí con la condesa.</p> - -<p>—No, querida amiga. Ahora he cambiado. Vichy no me iba nada ... Ahora -soy Apolinaris.</p> - -<p>—Entonces á mi lado.</p> - -<p>—Es lo que yo quería.</p> - -<p>—¿Cuántos kilos ha perdido usted este mes? Yo, kilo y medio.</p> - -<p>—Yo he aumentado en tres.</p> - -<p>—¡Qué disparate!</p> - -<p>—Pero no estoy seguro, porque me pesé con gabán de pieles y después de -oir «María di Rohan».</p> - -<p>—Yo tengo báscula en mi cuarto y me peso con la menor ropa posible.</p> - -<p>—Avíseme usted.</p> - -<p>—¿Y usted, marquesa? ¿Como va con su régimen? -<span class="pagenum"><a name="Page_175" id="Page_175">[175]</a></span></p> - -<p>—Ya me ve usted. Ya no tengo nada que perder.</p> - -<p>No hay duda, de los tres enemigos del alma, la carne es el más -combatido entre las personas distinguidas, y la subida del pan, que -tanto contribuye á aumentarlas, no puede afectarlas grandemente.</p> - -<p>En cuanto á las clases menesterosas, ¿cuando no han estado á régimen en -España? Ahora, por lo menos, tienen el consuelo de pensar que están á -la última, siempre suena mejor que en las últimas.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>La verdadera solidaridad española se muestra como nunca en estos días -anteriores á la gran lotería de Navidad. Hay número que, como Don -Juan Tenorio, recorre toda la escala social. Del ministro al último -ordenanza del Ministerio, de la gran señora al carbonero, de la primera -actriz al tramoyista. ¡Todos unidos en una misma aspiración y una misma -esperanza! Hay quien no puede ver un número sin pedir participación, y -por lograrla es capaz de todo. En estos días se descubre como nunca el -<span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span> -carácter de las personas. El egoistón que compra su billete ó su -décimo, según los posibles, con el mayor sigilo, á nadie dice palabra, -y así previene las peticiones de participación antes y las de dinero -después si logra un premio. El altruísta que quisiera compartir su -suerte con todo el mundo y acaba por quedarse con veinticinco céntimos -en cada número y aún piensa fundar un asilo benéfico si le tocara -el gordo. Y el supersticioso que coloca el papelito bajo una imagen -devota ó un amuleto diabólico, según sus inclinaciones agoreras, y el -pendolista que goza sobre todo con extender los recibos de su puño -y letra con arabescos y tintas de colores y toda clase de primores -caligráficos, y el matemático que luce toda su ciencia calculista -repentizando operaciones al tanto de lo que corresponde por fracción -y por premio ... todos, todos descubren su carácter en estos días de -ilusiones, de esperanzas, en que toda preocupación desaparece envuelta -en ilusiones ... ¡Admirable institución esta de la lotería! ¿No es acaso -la única felicidad positiva que debemos á nuestros gobiernos?</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/detail15.jpg" alt="_" width="75" height="72" /> -</div> - -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span> - <h2>XIX</h2> -</div> - -<p>La propiedad histórica ha llegado hasta los belenes. Las figuras de -los modernos nacimientos se ajustan á ella con su indumentaria, y no -obstante este «modernismo» retrospectivo—valga el contrasentido,—priva -á los clásicos retablos de su carácter ingenuo. ¡Sientan tan bien las -graciosas impropiedades en la representación de un misterio que es de -todos los tiempos!</p> - -<p>Yo he visto un nacimiento en que junto al portal de Belén había una -iglesia con su campanario y un monaguillo que tocaba á misa, y más -lejos una cuadrilla de toreros celebraba con una corrida—suponemos que -regia—el natalicio del Niño de Dios, y por un puente atravesaba un -ferrocarril y esta disparatada mezcla de tiempos y costumbres da la más -clara impresión de catolicismo, porque nos decía como Jesús nació para -todos los siglos y para todos los hombres. -<span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span></p> - -<p>Estos nacimientos de ahora no emocionan tan hondamente. Por algo los -pintores antiguos, tan soberanos artistas, se atenían en las pinturas -sagradas á las figuras y trajes de su época y por ser de su tiempo -lograron ser de todos.</p> - -<p>Respetemos el arte primitivo, ingenuo, de los belenes. ¿Qué significan -trajes y figuras? Para los belenes, la humanidad es siempre la misma.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Los teatros aprovechan estos días de alegría oficial para presentarnos -lo más disparatado del repertorio francés. El «vaudeville» es el -pavo literario de las Pascuas. Como el pavo, los mejores son los de -más confianza, los más conocidos, con sus eternas combinaciones; el -personaje que pasa por otro durante los tres actos, sin hallar ocasión -de decir quien es, ni á qué vino, hasta la última escena; el segundo -acto con su decoración de veintidós puertas por donde los personajes -entran y salen, se buscan, se persiguen, se suceden, se huyen contra -toda razón y toda lógica.</p> - -<p>Y el público que ríe porque es Nochebuena, de lo mismo que protestaría -en otro cualquier día del año. ¿Como no ha pensado nadie en publicar un -<span class="pagenum"><a name="Page_179" id="Page_179">[179]</a></span> -almanaque teatral, como el almanaque del agricultor y el del empleado? -Sería tan útil para los autores novicios con sus recetas, consejos y -pronósticos. Por ejemplo, Octubre: Bueno para la comedia satírica. -Noviembre: Excelente para el drama de tesis. Diciembre: Disparate -libre. Enero: Drama y comedia de amor, y así sucesivamente.</p> - -<p>No hay idea de la influencia de la estación y de los meses en la -literatura dramática. ¡Cuántas obras que parecen detestables en -invierno hubieran parecido excelentes en primavera! ¡A cuántos habrá -perjudicado el estrenarse en Marzo en vez de estrenarse en Diciembre!</p> - -<p>«Don Juan Tenorio», estrenado con mal éxito, no logró el favor del -público hasta que halló su día en el de los difuntos. Estrenar en Apolo -á la entrada de primavera es una seguridad de buen éxito. ¿Qué autor de -experiencia no lo sabe?</p> - -<p>¡Ah, el autor dramático debe entender de todo y hasta la Astronomía y -la Meteorología son de utilísima aplicación en su arte! -<span class="pagenum"><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>En estas fiestas de Pascua, en las funciones de tarde de los teatros, -en las fiestas familiares á ellas dedicadas, lo he observado con pena -una vez más; los niños de ahora son tristes, no saben reir, parece que, -como Musset, <i>han venido muy tarde á un mundo muy viejo</i>.</p> - -<p>Nada les sorprende, como si todo lo supieran. En el teatro son ellos -los que preguntan á los mayores: ¿Por qué os reís? Ellos son los -primeros que dicen: ¡Me aburro!</p> - -<p>En torno del árbol de Noël se muestran graves y desdeñosos, y en los -Reyes Magos ya no cree ninguno.</p> - -<p>Una mamá se lamentaba de esta disposición de espíritu en los -niños.—Figúrese usted que hoy le digo al pequeño: Si no eres bueno, no -te llevó al teatro; y me dice: Mejor. ¡Para ver tonterías!</p> - -<p>¡Esta seriedad española! Cuando aquí decimos de un hombre que no es -serio, le hemos imputado el mayor defecto ... Y los que, por desgracia -nuestra, hemos trasmutado los valores, y lo que todos juzgan serio es -lo que más risible nos parece, estamos perdidos. -<span class="pagenum"><a name="Page_181" id="Page_181">[181]</a></span></p> - -<p>Yo creo, sin duda alguna, que la mayor superioridad de los -anglo-sajones, consiste en saber reir, en el desprecio al ridículo. Yo -he visto á señoras inglesas muy metidas en carnes y muy entradas en -años, lanzarse al vals y hasta al cake-walk, sin la menor idea de que -estaban <i>haciendo el paso</i>. A personajes de grave significación social -ofrecerse espontáneamente á cantar las más extravagantes canciones -de negros, y á distinguidos oficiales de guarnición en Gibraltar, -representar una parodia del «Fausto», interpretando papeles de hombres -y mujeres: todo ello en presencia del gobernador de la plaza y ante -los soldados de la guarnición francos de servicio. ¡Figurémonos el -escándalo que esto hubiera producido en España!</p> - -<p>¡Seriedad, seriedad! Es nuestra consigna. En estos días he leído como -algunos revisteros de toros aconsejan á la empresa de la plaza el -contrato de determinados toreros, para dar seriedad al cartel. Y digo -yo: ¿Para qué necesitará la seriedad un cartel de toros? -<span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>El incendio de uno de los barracones destinados al cultivo del arte -barato, ha venido á dar un voto en pro de los que aconsejaban á las -autoridades la supresión de los que no estuvieran en condiciones -de seguridad. Aconsejaban otros en cambio, la mayor tolerancia, -considerando dichos teatrillos como un anticipo de teatro popular, -muy conveniente para la educación artística de las masas. No creo yo -semejante cosa, y opino que la única defensa que podía tener era el -servir de <i>modus vivendi</i> á mucha gente; pero en nombre del arte no -son defendibles. El arte, ó debe darse gratis, con la protección y -espléndida subvención del Estado, y entonces puede exigirse que sea -verdadero arte, ó hay que pedir, mientras esté en manos de empresas -particulares, que sea lo más caro posible. El arte malo no puede ser -nunca educador, y antes pervertirá que afinará el gusto de la multitud. -Bueno esta compadecerse de los modestos artistas que no pueden, por -ahora, aspirar á mayores empresas; pero ¡ay! que el arte no tiene -entrañas y el sentimiento de compasión que inspiran unos pobres cómicos -antes destruye que aumentan el placer estético. El arte dramático -necesita de bellas figuras con bellos trajes; las caras de hambre y los -trapos descoloridos sólo pueden emocionar tristemente ó cruelmente, por perverso -sadismo, y las dos emociones son las más extrañas á la pura emoción artística. -<span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span></p> - -<p>El Arte es como el sol; no hay uno para los pobres y otro para los -ricos. Día llegará en que, como el sol también, su luz llegue por igual -á todos; entretanto no se hable de arte barato, arte caro, arte grande -y arte chico, porque el arte es ó no es; no se falsifica con nada.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Ha muerto uno de los representantes más ilustres de un arte francés; -mejor dicho, parisiense por excelencia: el modisto Paquín.</p> - -<p>El modisto y el literato han sido los creadores de ese tipo -convencional, trapos y literatura de mujer francesa; heroína de novelas -y comedias para la exportación.</p> - -<p>Como los modistos imponen sus figurines á las más rebeldes á la moda, -los escritores imponen también sus figurines de almas aún á los menos -atacados de intelectualismo.</p> - -<p>¡Bourget y Paquín habrán sido creadores de tantos espíritus femeninos! -Una lectura y una toilette basta á producir un estado de alma. ¡Oh! -¡El Don Juan Tenorio que supiera el libro que acaba de leer una mujer -y sepa interpretar el sentido de un traje ó de un tocado femeninos, -atacaría siempre sobre seguro! -<span class="pagenum"><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span></p> - -<p>Hay toilettes que suponen una meditación previa sobre el Kempis, otras -que denuncian lecturas de poetas delicados, otras que nos hablan de -Claudina, Colette ...</p> - -<p>Hay toilettes que por sí solas dicen al hombre más atrevido: Hoy no -estoy para nada. Hay otras que al más tímido le animan y le dicen: Hoy -estoy para todo.</p> - -<p>Y advierto á los que pudieran cometer equivocaciones lamentables, que -la severidad y la ligereza del vestido femenino, suelen estar en razón -inversa del estado de ánimo. Ni debe uno atreverse demasiado por su -«deshabillé», todo trasparencias sugestivas, ni acobardarse por un -riguroso luto ó un severo hábito. ¡Oh, no! El luto sobre todo si es de -viudez reciente, no debe desanimar á nadie. ¡El dolor trastorna!</p> - -<p>Los autores dramáticos, por nuestra parte, debemos también una grata -memoria al modisto.</p> - -<p>¡Cuántas veces una de sus creaciones habrá distraído al público de una -pesada escena de relleno ó habrá permitido que las elegantes abonadas -perdonen alguna crudeza de frase, disimulando la atención al diálogo -con el examen de la toilette! -<span class="pagenum"><a name="Page_185" id="Page_185">[185]</a></span></p> - -<p>¡Y para cuántas actrices habrá sido también el modisto gran inspirador, -y lo que ellas no supieron poner de su alma en un personaje, supo -ponerlo el modisto, mejor intérprete de su carácter con sus trajes, que -la actriz con sus recursos teatrales!</p> - -<p>Lloremos á un precioso colaborador y piensen algunas actrices, quien va -á proporcionarles ahora el talento que necesitan. Por algo cuando un -papel le va á un artista, se dice que es un traje á la medida.</p> - -<p>Y habrá actrices que no sepan de Ibsen; ¡pero de Paquín!</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Nadie como yo cree en la conveniencia de los teatros populares como -excelente medio de propaganda educadora; pero creo también que los -espectáculos ofrecidos en nuestros teatros baratos más contrarian que -favorecen la cultura del pueblo. -<span class="pagenum"><a name="Page_186" id="Page_186">[186]</a></span></p> - -<p>Convengamos, en que la mayor parte de las obras en ellos representadas -no son escuela de buenas costumbres, ni siquiera de buen lenguaje. -El teatro ha contribuído no poco en España con sus exageraciones ya -cómicas, ya melodramáticas, á la profusión de ese tipo odioso del chulo -teatral, al que si fuera á buscarse cabal genealogía no sería difícil -hallársela en los galanes de nuestras comedias clásicas; pero allí era -por lo menos limpio el vocabulario y la chulada era retórica.</p> - -<p>Grave es siempre la responsabilidad del autor que es escuchado del -público; pero si es al pueblo ó á los niños á quien se dirige, su -responsabilidad es mucho mayor.</p> - -<p>Lo he dicho en otras ocasiones; calumnian al pueblo los que le -creen incapaz de comprender un arte superior á su inteligencia. El -sentimiento tiene un seguro instinto y estoy seguro de que solo ante un -auditorio popular sería hoy posible en España, sin temor á un fracaso, -la representación de las obras teatrales más sublimes; las mismas que -no vacilaría en calificar de «latosas» (algunas lo fueron ya), el -selecto público del abono.</p> - -<p>Sí; tratándose de ofrecer arte al pueblo, soy radical. Nada mejor que -algo, si ese algo es malo. -<span class="pagenum"><a name="Page_187" id="Page_187">[187]</a></span></p> - -<p>Muy atendible es la consideración de que muchos pobres artistas viven -de ese teatro. Me parece muy bien que todo el mundo viva, pero de lo -que pueda vivir.</p> - -<p>Harto es ya España el país en que decir ¡Pobrecito! lo justifica -todo. Menos compasión y más justicia. Los empleos están ocupados por -muchos ineptos, pero ... ¡Pobrecitos! Los escenarios soportan á muchos -cómicos detestables, pero ... ¡Pobre gente! Hay quien escribe una -obra, no porque sepa escribirla, sino porque lo necesita para comer. -¡Pobrecillo! Y todos ellos encuentran en esta compasión mayor apoyo, -mayor benevolencia, que el fuerte, el valedor, el útil. Con todo esto -hemos llegado á estimar como la mayor prueba de cariño á nuestra tierra -que los extranjeros nos digan: ¡La pobre España!</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>La boda de una Vanderbilt ha <i>epatado</i> á la noble y vieja Europa, con -la verdadera explosión de lujo americano, lujo bárbaro, que dicen los -americanos latinos, pero lujo que en su misma barbarie es de tanto -<span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span> -<i>grandor</i>, no diremos grandeza, que sólo así salva los peligrosos -linderos de la ordinariez y la cursería. Un lujo así tiene algo de -sobrehumano, eleva el dinero á la categoría de fuerza ideal, única -capaz de realizar en lo humano fantasías y caprichos divinos. ¡Toda esa -fuerza aplicada á un ideal de Justicia, de Belleza, en vez de aplicarse -á un lujo estéril que ni es justo ni es bello!</p> - -<p>Cierto, que ese lujo da de comer á mucha gente; no es dinero tirado, -aunque lo parezca, esos miles de dollars gastados solamente en orquídeas.</p> - -<p>En la actual organización social, sin el lujo y sin los vicios de los -ricos la revolución social sería ya un hecho. Cuando gastan su dinero -tontamente, cuando se arruinan locamente, es tal vez cuando realizan un -principio de justicia.</p> - -<p>Y lo que tiene ese lujo de insultante es también un estímulo poderoso, -de envidia ó de ira. Piensan unos: «Así quiero ser yo». Piensan otros: -«Nadie debe ser así». Y estos dos pensamientos, en apariencia tan -opuestos, llevan el germen de una futura y más perfecta organización social.</p> - -<p>Tal vez no sea posible que en todas las mesas haya orquídeas. ¿Pero -será tan difícil, estará tan lejano el día en que pueda haber en todas -pan y unas rosas?</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_189" id="Page_189">[189]</a></span> - <h2>XX</h2> -</div> - -<p>Las señoras de Nueva York andan alborotadas porque recientes ordenanzas -las prohiben fumar en lugares públicos. Creo que las autoridades más -han pretendido favorecerlas que molestarlas.</p> - -<p>Nunca he comprendido ese furor que siente mucha gente por obtener una -consagración oficial y pública para una porción de cosas que tiene su -mayor encanto en no trascender del dominio privado.</p> - -<p>El cigarrito femenino es una de estas. En la mujer no se comprende el -uso del cigarro por el cigarro. Ha de ser un detalle más de una «mise -en scene» muy cuidada en un cuadro muy íntimo. Decoración muy moderna -de tonos muy armonizados, tono sobre tono, la escala de los verdes ó -de los rosas ó de los grises. Aconsejaos de un buen pintor ... muerto. -En el Museo del Prado hallaréis excelentes motivos de inspiración. -<span class="pagenum"><a name="Page_190" id="Page_190">[190]</a></span> -Después, uno de esos divanes, que una señora amiga mía, llamaba con -gráfica expresión, revolcaderos, pero que yo no me atreveré á nombrar -de ese modo; un diván cama, poco levantado del suelo, cubierto con -una auténtica piel; camello, oso blanco, cabra de Angora, zorros -azules con sus cabecitas. Esto último no se recomienda tanto, porque -los amigos harían chistes. La piel puede sustituirse por un rico paño -de terciopelo, bien entonado con nuestra carnación. Hay que ponerse -en todo. Profusión de almohadones, no esos almohadones vulgares de -telas estampadas; almohadones muy personales. Cerca, lo necesario y lo -superfluo «pour en griller une». Todo como de juguete y todo ejemplar -único, á ser posible.</p> - -<p>En estas condiciones el cigarrillo, el mismo cigarro puro, parecen tan -propiamente femeninos, que son los hombres los que piensan entonces que -acaso el fumar sea más propio vicio femenino y no tarden en arrojar su -cigarro, como avergonzados.</p> - -<p>Para mí no hay duda de que el cigarro pasará en fecha no muy lejana -á ser de uso exclusivo de las mujeres, como el abanico, el manguito, -que en un principio usaban por igual hombres y mujeres; como será con -<span class="pagenum"><a name="Page_191" id="Page_191">[191]</a></span> -tantas otras cosas á todas luces más apropiadas al carácter femenino, -por ejemplo, el arte, la política, todo aquello en que sea elemento -primordial la seducción. Porque vamos á ver. ¿A ustedes les parece -propia de hombres la actitud de un artista pensando siempre como -agradará al público? ¿Y la de Maura, pensando siempre como agradará á Cambó?</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Es la hora del te. La hora que en los largos anocheceres de invierno -sería para las mujeres la hora de los aburrimientos peligrosos, si la -moda no hubiera inventado esta costumbre.</p> - -<p>En torno á la hervidera de plata, que es con su llama azul temblorosa, -como ara encendida en culto á la diosa Frivolidad, es un charlotear -incesante, apenas interrumpido por el picoteo en bocadillos y -golosinas. De un tema á otro, mariposea la charla femenina con frases -que son unas veces, batalla de flores; flores de trapo; otras, como -cruzar de floretes en juego de esgrima, todo galantería; alguna vez, -aquel alfilerazo que busca y acierta con el defecto de la armadura. -<span class="pagenum"><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span></p> - -<p>Allí murmuran, como en parte alguna, los mil arroyuelos por donde van -las pequeñas historias á formar el mar de la historia grande de una época.</p> - -<p>¿Qué es la murmuración sino la historia de un día? ¿Qué es la historia -sino la gran murmuración de los siglos?</p> - -<p>—¡Como canta el Werther ese hombre! ¿Le habéis oído?</p> - -<p>—Pero la ópera es una tontería.</p> - -<p>—Hay que oirla más de una vez.</p> - -<p>—Eso dicen de todas las tonterías. ¿Será ese el secreto del matrimonio?</p> - -<p>—¿Has estado en estos bailes?</p> - -<p>—En todos. No te he visto en ninguno.</p> - -<p>—¿Olvidas mi luto?</p> - -<p>—Por una tía ...</p> - -<p>—Pero era de mi marido. Tengo que guardar más las apariencias.</p> - -<p>—¿Habéis visto la obra del Español?</p> - -<p>—No quiere mamá. Creo que es una soltera que tiene relaciones con un -casado, lo mismo que dicen de ...</p> - -<p>—¡Calla, que esta ahí su mujer!</p> - -<p>—No, si iba á decir la de ...</p> - -<p>—¡Calla! ¡Que esta ahí su hermana! -<span class="pagenum"><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span></p> - -<p>—No comprendo que haya quien no quiera recibir á las que tienen -historia, porque es no poder hablar de nadie en sociedad ...</p> - -<p>Y así pasan dulcemente esas horas de los largos anocheceres de -invierno, que son tan peligrosas para las mujeres distinguidas que no -toman te en sociedad con sus mejores amigas.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Distinguidas señoras que preparaban bailes de trajes, minués y otras -fantasías propias de Carnaval, han tenido que desistir de sus proyectos -por no hallar suficiente personal masculino propicio á la inocente -diversión y al insignificante gasto que supone presentarse trasformado -por una noche, con propiedad de ópera, en mosquetero, marqués, Luis XIV -ó XV, petimetre del XIX, etc.</p> - -<p>El <i>sport</i> lo absorbe todo, energías físicas y pecuniarias. El -automóvil, el polo, el golph, el tiro, el <i>lawn-tennis</i>, con la -apropiada indumentaria y los precisos accesorios, no dejan tiempo, ni -dinero, ni fuerzas á la juventud masculina. -<span class="pagenum"><a name="Page_194" id="Page_194">[194]</a></span></p> - -<p>Para el ligero <i>flirt</i> que ha de preceder á un matrimonio convenido -en familia, tan bueno es el automóvil con sus expediciones, como un -salón de baile. Un moderno torneo de polo, mejor que un cotillón con -sus figuras grotescas. Dejemos á las cotorronas llorar por las pérdidas -costumbres de los pasados tiempos ... Sus hijas no parecen mal avenidas -con los alardes de fuerza, agilidad y destreza. Cierto que un valsador -infatigable era una garantía; pero en el baile, á la luz artificial de -los salones, es más bien fuerza nerviosa la que se gasta, y la fuerza -nerviosa es traicionera y puede faltar en el mejor momento, como todo -lo que es inspiración.</p> - -<p>¡Fuerza, fuerza! Aunque el amor se despoetice. Esta generación no es de -novios; pero quien sabe si, por lo mismo, no nos prepara una brillante -generación de padres.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>D. Prudencio—nuestro Mr. Prudhomme,—ha tenido en estos días ocasión -de manifestarse. D. Prudencio abomina de las exageraciones, y en su -concepto—D. Prudencio no tiene opiniones, tiene siempre conceptos,—en -su concepto, los sucesos de Portugal han sido una lamentable y funesta -<span class="pagenum"><a name="Page_195" id="Page_195">[195]</a></span> -serie de exageraciones. Exagerado el dictador, exagerados sus enemigos -políticos, exagerada, ¿y como no? la prensa, exagerados los regicidas, -estos sobre todo. Los únicos que no le han parecido exagerados, son -los republicanos de allá, lavándose y aún perfumándose las manos, como -Pilatos, abominando del crimen y dejándolo todo para mejor ocasión, -y los ingleses enviando á modo de amistosa advertencia, unos cuántos -barcos á la vista de Lisboa.</p> - -<p>No hay que decir si á D. Prudencio le habrá parecido también exagerada -la actitud de esa gente que se ha pasado las horas en acecho y acoso -del caído dictador, durante su estancia en Madrid.</p> - -<p>D. Prudencio, en cambio, ante estas grandes tragedias de los grandes, -siente como nunca el efecto que, según retóricos preceptistas, ha de -producir la tragedia en el ánimo del espectador, el de purgar nuestras -pasiones. D. Prudencio se purga, de toda ambición en primer término, -de toda envidia y de toda codicia. ¡Oh su apacible medianía! ¿Quién -quiere ser rey ni dictador después de esto? Y D. Prudencio cree tener -asegurada la material inmortalidad solo con sentirse insignificante. -<span class="pagenum"><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span></p> - -<p>También han sido gloriosos días estos para los exaltados, para quienes -todo es síntoma y anuncio precursor de trastornos mundiales, para los -que todo lo tenían previsto, porque la historia enseña ...</p> - -<p>Y aquí un curso de filosofía de la historia ... Y la historia no debe -enseñar gran cosa cuando todavía no han aprendido algunos gobernantes -que se puede hasta tiranizar en pleno siglo <span class="smcap">xx</span>, -y lo que no se puede es dejar sin voz á los pueblos para quejarse siquiera -de la tiranía.</p> - -<p>Carlyle, tan enamorado del silencio, consideraba, no obstante, como -pueblos muertos á los que, según el, no tenían voz, es decir, á los -que no habían expresado en forma artística sus sentimientos, sus -aspiraciones, sus esperanzas ó sus recuerdos. Fuera del arte existen -en la vida moderna otras muchas voces que son señales de vida, el -Parlamento, la prensa, la opinión pública en todas sus manifestaciones; -gobernar sin ellos es gobernar en silencio, el silencio del vacío es -remedar al avestruz en lo de esconder la cabeza bajo el ala, para no -ver al cazador, porque lo que no se ve ni se oye, es por un momento -<span class="pagenum"><a name="Page_197" id="Page_197">[197]</a></span> -como si no existiera ... No, la historia no enseña nada, ni siquiera la -Natural; hay gobernantes que no aprenderán nunca que dejar á un pueblo -sin voz es obligarle á que la acción sea más violenta, y que la postura -del avestruz no es postura airosa para hombres de gobierno.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>La rueca y la pluma. Apólogo.</p> - -<p>Dijo la sartén al cazo, etc. Dijo el orador al escritor: Quita de ahí, hablador.</p> - -<p>Ya lo véis, escritores; con un poco de imaginación, podéis pareceros, -al escribir, á la mismísima Margarita del «Fausto» al surgir, evocada -por Mefistófeles, ante los ojos del viejo doctor, dándole á la rueca y al huso. -<span class="pagenum"><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span></p> - -<p>¿Con que el ejercicio de la pluma supone cierta timidez y debilidad de -carácter? Pruebe, pruebe el Sr. Maura por una vez á estrenar, siquiera -una piececita del género chico, sin mayoría, es decir, sin <i>claque</i>, y -verá lo que es bueno.</p> - -<p>Y aún insisten los escritores en acudir al gobierno en demanda de -indultos para Nakens y Morato. Ya véis en lo que se nos estima, y bien -podemos suponer en lo que han de estimarse nuestras peticiones. ¡Gente -de pluma! De rueca como si dijéramos.</p> - -<p>¡Si lo dijeran Hernán Cortés y el Gran Capitán!</p> - -<p>Pero créanos el Sr. Maura: oradores y escritores, todos somos unos. -Plumas y lenguas, todas son ruecas.</p> - -<p>Aparte de que la rueca no es tan despreciable por ser su ejercicio -ocupación de mujeres. Los ingleses tienen un proverbio que dice: La -mano que mece la cuna, mueve el mundo. Y esa mano es la de la mujer, la -misma que mueve la rueca.</p> - -<p>Yo, por mi parte, prefiero figurarme al mover la pluma que muevo una -rueca y estoy hilando, que no una espada que corte los hilos de algunas -vidas. Pero es un modo de pensar, de sentir, mejor dicho. -<span class="pagenum"><a name="Page_199" id="Page_199">[199]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Por ser la primera vez que se ha tomado en consideración el voto de las -mujeres, el Congreso ha estado muy consecuente, como dicen los chulos. -Principio quieren las cosas.</p> - -<p>Si los hombres fuéramos agradecidos, la votación favorable hubiera sido -más nutrida. ¡Habrá tantos que deban su carrera política á las faldas y -habrán votado en contra ó se habrán abstenido! Cuando en los bastidores -de la política, tan importante papel juegan las mujeres, ¿por qué -impedirles mostrarse en el escenario? ¿Qué se teme? ¿Sus tendencias -reaccionarias? ¡Ay! En otros tiempos no lejanos sí era la mujer la que -extremaba esas tendencias; pero ahora ¡hay tantos matrimonios en que -es la señora la que tiene que retrasar la hora del almuerzo porque -el marido esta en el sermón ó en la junta de cofradía! Será dichosa -casualidad, pero yo conozco muchas más liberalas que liberales. Cierto -que cuando se trato la cuestión de las asociaciones, las señoras -dieron una acentuada nota reaccionaria; pero es que esa cuestión no -las importaba mucho. Pero que se votara la ley del divorcio y ellas -hubieran de decidir con sus votos: reforma implantada; bastaría con -que la votación fuera secreta. Y si había de ser pública, todas se -<span class="pagenum"><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span> -disculparían con sus amigas.—Yo por mí no hubiera votado ¡qué horror!, -he votado por Fulanita (aquí el nombre de alguna amiga). ¡Para verla -vivir como vive con su marido, más vale que se divorcie!—¿Y qué mujer -no tiene una amiga á quien favorecer en ese caso?</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/detail16.jpg" alt="_" width="75" height="73" /> -</div> - -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_201" id="Page_201">[201]</a></span> - <h2>XXI</h2> -</div> - -<p>Polichinela airado ha sido una vez más protagonista de la tragedia -tantas veces representada en el teatro, el drama verdadero de la vida -sobreponiéndose á la farsa, el payaso asesino.</p> - -<p>Pero esta vez no han sido los celos, resorte dramático, ha sido el arte -mismo. Por torpeza ó malicia del apuntador—un autor teatral hallará -pronto el revuelo de faldas, móvil de la aventura,—fracaso un chiste -de Polichinela y ciego de ira le golpeó el cráneo, como suelen los -polichinelas de cartón golpear á sus interlocutores.</p> - -<p>El público reía ... En las farsas de la vida es lo mismo; hasta -ver sangre y muerte tardamos en percibir que no va de burlas. -Actores, siempre queremos parecer trágicos; lo trágico es más noble. -Espectadores, siempre queremos serlo de farsas regocijadas. -<span class="pagenum"><a name="Page_202" id="Page_202">[202]</a></span></p> - -<p>Hacer reir es la consigna del payaso. Robar un chiste al público era -faltar á su deber y el deber es antes que todo. ¡El teatro agranda de -tal manera las obligaciones y deberes! ¿No hemos visto dramas en que el -protagonista se cree el hombre más desgraciado por no poder casar á su -hija con el hombre á quien ama, por el terrible caso de conciencia de -que una abuela de la chica tuvo que ver con el abuelo del muchacho?</p> - -<p>¡Qué extraño es que el Polichinela agrandara en su imaginación, hecha á -las exageraciones de la farsa, la importancia de aquel conflicto! ¡Un -chiste menos! ¿Como podía compensar al público? Ofreciéndole á cambio -del chiste una tragedia entera.</p> - -<p>Lo que puede demostrar la superioridad del género cómico sobre el -trágico. Por un chiste una tragedia, y el público todavía no saldría -satisfecho y preguntaría: ¿Qué chiste era ese? ¡Nos hemos quedado sin -oir el chiste!</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Esta vez nos llega de Inglaterra la leyenda del bandido simpático, -enamorador de mujeres y de multitudes, leyenda que parecía patrimonio -de países meridionales. Aunque los ingleses cuentan con su Robín Hood, -antecesor pintoresco y glorioso de Roque Guinart y Carlos Moore. -<span class="pagenum"><a name="Page_203" id="Page_203">[203]</a></span></p> - -<p>No conozco Raffles, como novela; ignoro si en ella triunfa la justicia -sobre el ladrón «gentleman»; si así fuera, el autor de la adaptación -teatral ha comprendido el grave disgusto que hubiera dado al público -de teatro, más apasionado é irreflexivo que el lector, si Raffles no -quedará triunfante, por lo menos con ese triunfo de final de obra, que -el público, sin más discusiones, acepta como definitivo.</p> - -<p>Y esta simpatía por los «out-laws»—que como vemos, la historia -literaria desmiente, localizada en países meridionales,—esta simpatía -universal por los rebeldes á la disciplina social, sobre todo si su -rebeldía solo es peligrosa y solo amenaza á lo que no tenemos ó tenemos -seguro de no perderlo, ¿no es prueba evidente de una protesta continúa -de todos los tiempos y de todos los hombres contra el orden social ... -de los demás?</p> - -<p>¡Ah, como celebran las hazañas de Raffles los que nada poseen y de -buena gana le imitarían! ¡Como le celebran también los que tienen su -dinero en valores seguros, resguardados en las cajas de algún Banco -<span class="pagenum"><a name="Page_204" id="Page_204">[204]</a></span> -inquebrable! ¿Y las damas?... Darían por bien robados sus collares por -el gusto de haber conocido á ladrón tan encantador. «¡So lovely!»</p> - -<p>La chismografía teatral nos cuenta que en Londres el intérprete del -papel es el ídolo de las damas solo con representarlo.</p> - -<p>¡No quiero pensar qué sería con el efectivo Raffles! Estos simpáticos -bandidos dejan huella muy honda en los corazones femeninos. Por ellos -suelen decir muchas, cuando el bandido les roba alguna alhaja de precio -y huye, como es natural, de la justicia: ¡Que le busquen, que le -prendan! Pero que no le hagan nada ... aunque no parezca la alhaja. Se -ve que todo el interés esta en que parezca el, para decirle:—¡Ingrato! -¿Qué necesidad tenías de robarme nada? Yo te lo hubiera regalado todo.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Paréntesis cuaresmal. Meditación, recogimiento y ... ahorro. Los tés sin -golosinas, las reuniones sin cena, suprimido el teatro; sus turnos de -moda se trasladan á las conferencias religiosas, á cargo de esos buenos -melífluos, y mundanos padres de la Compañía, que son una especie de -Fernando Díaz de Mendoza en lo de saber como agradar al abono. -<span class="pagenum"><a name="Page_205" id="Page_205">[205]</a></span></p> - -<p>En esas conferencias se trata casi siempre de ligeros temas sociales; -sólo faltan los nombres propios para que más parezcan prolongación de -los chismorreos de sociedad. Su habilidad consiste en que siempre se de -por aludido ... el prójimo. De este modo nadie se molesta.</p> - -<p>Recuerdo el tole tole producido años ha con el famoso sermón de -los descotes, refundición de otro no menos famoso, pronunciado por el -abate Boileau ante la corte de Luis <span class="smcap">xiv</span>: -«Sur l’abus des nudités de gorge». Pero los tiempos eran otros y lo que -las cortesanas del Rey Sol escucharon con paciencia—claro esta que sin -enmendarse,—las modernas devotas no pudieron sufrirlo.</p> - -<p>La religión como el arte deben ser ante todo un consuelo, y si los -predicadores como los artistas, dan en decir cosas desagradables y en -asustar con fieras amenazas ...</p> - -<p>Bien lo saben los dulces padres; la severidad no aparta del pecado -y aparta de la Iglesia. Dulzura en el púlpito, dulzura en el -confesionario ... «¡De la douceur, de la douceur!», que dijo aquel gran -<span class="pagenum"><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span> -poeta y socarrón de Verlaine, que también supo alternar lo pagano con -lo cristiano, como nuestras bellas penitentes en estos cuarenta días de -«magdalenismo» y coqueteo á lo divino.</p> - -<p>La «toilette» es más austera, las conversaciones más graves; si se -murmura es por moralizar. Desaparecen los libros profanos y en su lugar -se ostenta «La Imitación de Cristo», «El reloj de la Pasión» y otros de -serias meditaciones. El ayuno colabora con el régimen para adelgazar, -el flirt es compatible con todo, y luego ¡cuarenta días pasan tan -pronto! Y el sábado de Gloria las campanas repican, y las faldas, -que por algo tienen forma de campaña, revuelan también, y las bellas -penitentes parecen rejuvenecidas, como después de una temporada de -baños ó de campo ... Porque, eso sí, veraneen física ó espiritualmente, -todas vuelven del veraneo y de la cuaresma. Ni el mar ni el campo, ni -la religión, pueden más con ellas que este Madrid de sus fatigas y de sus pecados. -<span class="pagenum"><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Era un tiempo en que el más descreído y despreocupado, sentía avivarse -en su espíritu cierto fervor religioso al llegar los días solemnes -de la Semana Santa. Pero en estos tiempos de profunda piedad que -alcanzamos, tan pródigos en diarias manifestaciones religiosas, la -Semana Santa no es más de notar que otra cualquiera en cuanto á lo -piadoso se refiere. Más bien por lo mundano, si buen tiempo y buen sol -ayudan. No son rostros atormentados por mortificaciones y penitencias, -ni siquiera ensombrecidos por austeros pensamientos los que se ven por -calles y por iglesias en esos días. Y ¿por qué entristecernos? Sabemos -que el sábado han de tocar á gloria; creemos en un Dios misericordioso -y una legión de vírgenes y santos intercesores, que han de salvarnos -por muchos que sean nuestros pecados. El sentimiento religioso pudo ser -alguna vez cruel en España, pero nunca fué triste. No fué triste porque -supo mirar al dolor y á la muerte cara á cara. Fué cruel, porque si el -propio dolor y la propia muerte no importaban ¿qué habían de importar los ajenos? -<span class="pagenum"><a name="Page_208" id="Page_208">[208]</a></span></p> - -<p>Si esta confianza en Dios y esta despreocupación de la muerte fueran -tan conscientes ó tan hijas de una profunda fe religiosa como son de -irreflexivas y de inconscientes, la raza española sería la primera -del mundo. Pero ¡ay! que el despreciar la muerte no es más que la -consecuencia de despreciar la vida, y vida y muerte vienen á ser de -este modo una sola negación y sólo son verdaderamente grandes los -hombres y los pueblos que toda su vida afirman y el morir es para ellos -la suprema afirmación de su vida.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Era un tiempo también en que las más bellas y nobles damas turnaban -en las mesas de petitorio, y las ofrendas eran cuantiosas. Pero era -acaso esta sola vez en el año, cuando las señoras ponían á prueba -el desprendimiento de sus buenos amigos. Hoy, todo el año es Jueves -Santo para el petitorio; las funciones benéficas, las cuestaciones -caritativas son un renglón de los más costosos en el capítulo de las -relaciones sociales. Media España vive de la beneficencia de la otra -media y hay dudas sobre cual de las dos mitades vive mejor. -<span class="pagenum"><a name="Page_209" id="Page_209">[209]</a></span></p> - -<p>Cualquier persona de cierto viso, al abrir la diaria correspondencia, -puede estar segura de que entre diez cartas, las nueve serán de -peticiones; echarse á pie por esas calles es ir recogiendo memoriales -de palabra con toda suerte de peticiones. No son los mendigos más -enojosos los que le tienden á uno la mano, sino los que la dan. Y -á esos, ¿quien los recoge? No hay idea de lo que aumentarían los -donativos para la Asociación de la Caridad, si las autoridades -se comprometieran á librarnos á cada uno de nuestros pordioseros particulares.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Ya que nuestros legisladores andan tan remisos en conceder á las -mujeres derechos políticos, ¿por qué privarles también del más -elemental de los individuales, que consiste en poder hacer cada una de -su capa un sayo y de su pellejo un tamboril? Desde el punto de vista -estético podrá discutirse la intrusión del feminismo en el toreo. Y -será muy discutible el punto, porque desde el traje hasta las monadas -inherentes al ejercicio de la profesión, hay en todo ello mucho más de -femenino que de propiamente masculino. No digamos de la admiración que -<span class="pagenum"><a name="Page_210" id="Page_210">[210]</a></span> -el público siente por sus toreros favoritos. Si el espíritu de las -colectividades es siempre femenino, el de un público de Plaza de Toros -es <i>hembra</i> por los cuatro costados. Acaso es esta la mejor razón de un -espectáculo que con otras razones no puede explicarse ni defenderse. Es -parte de ese eterno femenino, móvil supremo de todo lo humano.</p> - -<p>Pero quedamos en que, por no ser costumbre fundar leyes en motivos -estéticos, el ministro de la Gobernación ha fundado en motivos de -moralidad y de protección al bello sexo la prohibición á las mujeres -de una profesión, no más arriesgada que el matrimonio en la mayoría -de los casos y mucho menos inmoral que otras, ¡ay! reglamentadas y -patrocinadas por el ministerio de la Gobernación.</p> - -<p>Más cornadas da el hambre, y de la enfermería de la Plaza de Toros -á la enfermería de San Juan de Dios no vemos que la moralidad ponga -tanta distancia—la materialidad ha puesto muy poca.—Pero, en fin, -el legislador paternal os protege, ¡oh, mujeres! Os quitan un modo de -vivir, pero de morir todavía os quedan muchos. Ahora, que en una Plaza -de Toros y ante todo un público, se escandalizaría la gente; en un -hospital no lo ve nadie, y los que lo ven no se escandalizan; están acostumbrados. -<span class="pagenum"><a name="Page_211" id="Page_211">[211]</a></span></p> - -<p>¡Mujeres toreras! Ya lo sabéis; vuelva el estoque á la vaina. El señor -ministro os priva del primer recurso; menos mal que os deja el segundo.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>¡Oh piadosa voluptuosidad de la justicia humana! ¿No han leído ustedes -la noticia? ¿No les ha conmovido á ustedes? Se ha suspendido la -ejecución de un reo por hallarse muy delicado de salud. Temerían que la -impresión le fuera funesta.</p> - -<p>En cambio, un doctor norteamericano propone que á todo enfermo -incurable se le anticipe la muerte. ¿Quién es más piadoso? ¡Vaya -usted á saber! Dado lo que tiene nuestra vida de lucha, desde que -nos abre la puerta del chiquero, hasta que nos arrastra por la de -corrales—perdonen los casados la comparación,—yo creo que siempre -hemos de mirar con más simpatía al puntillero que á los demás que -intervienen en la lidia. -<span class="pagenum"><a name="Page_212" id="Page_212">[212]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Y ¿habrá pagado Madrid toda su deuda de admiración y de gratitud con su -madrileñísimo músico? ¿Nada más, madrileños? Si fuera así, sería cosa -de pensar una vez más en que Madrid es bien ingrata tierra para sus -naturales, y es preferible para toda gloria, viviente ó póstuma, ser -cabeza de ratón en cualquier lugarejo, que cola de león y hasta león -entero, en esta ciudad grande, que quizás por serlo, pone distancias de -desierto en las gentes para los nobles entusiasmos aunque las acerque -y las una, como en Casino provinciano ó solana lugareña, para el -chismorreo, el <i>despellejeo</i> y la maledicencia menuda.</p> - -<p>Cuando por esas capitales de provincia, cabezas de partido y hasta -villorrios, con más partido que cabeza, se alzan estatuas y monumentos -á muertos y á vivos, que no hicieron cosa mejor que firmar concesiones -de momios á favor de caciques y mangoneadores, ¿no tendrá en Madrid su -monumento el maestro Chueca? ¿Merecerá menos el que alegró nuestra vida -honradamente que tantos como la entristecieron?</p> - -<p>Y no nos vengan doctorales señores, de esos que piensan haber depurado -el gusto, cuando sólo han depurado la envidia y la molestia que les -produce cuanto brilla y triunfa, con lo de música ligera, musiquilla, -de teatrillo, de piano ... -<span class="pagenum"><a name="Page_213" id="Page_213">[213]</a></span></p> - -<p>Los entendidos se extasían ahora con <i>Peleas y Melisenda</i> de Debussy, -como expresión exquisita del más puro arte musical. Celebran en -ella como el ritmo musical es fiel intérprete del ritmo de la frase -hablada. Secreto es este que la música de Chueca había encontrado por -genial instinto. Su música tiene todos los ritmos del habla madrileña, -al requebrar, al burlarse, al aclamar al torero en la plaza, á los -soldados en la calle; es desgarrada y fanfarrona en los chulos, -picarescamente llorona en los pobres, desgarbada en los agentes de la -autoridad, cursi en los cursis, airosa en los pasos dobles, con el -gallardo andar de la gente madrileña, que aprendió á andar al son de -músicas callejeras, charangas, pianos de manubrio, guitarras y panderas -de estudiantinas, y al andar parece siempre marcar el paso al ritmo de -esas músicas de la calle, que espantan á los pobres sus cuidados y su -tedio á los ricos.</p> - -<p>Si cada uno que se alegró un día á los sones de una canción de Chueca, -contribuye ... con poco, lo que se arroja desde el balcón al pianista -que alegra la calle, ¿no bastará para perpetuar en Madrid, no la gloria -del maestro, sino la gratitud del pueblo madrileño al que alegró su -vida? Y alegrar la vida, ¿no es el modo más sabio de hacerla mejor? -<span class="pagenum"><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span></p> - -<p>Ya que se empeñan en levantarnos ese monumento lúgubre, funerario de la -calle Mayor, opongamos un monumento risueño, que no evoque tristezas ni -crímenes, por donde se cante al pasar, como la mejor oración y el mejor recuerdo.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Por algo político y cortesía son sinónimos: en las relaciones -sociales, ambas obligan igualmente á transigir con el trato de -personas poco gratas. La visita de Eduardo VII, rey en el pueblo de -las más verdaderas y sólidas libertades políticas, al sombrío Zar de -las persecuciones neronianas, en pleno siglo <span class="smcap">xx</span>, no es de -seguro una visita de verdadero afecto. La figura del zar Nicolás fué -simpática durante algún tiempo, porque el también parecía, como la -primera víctima de su propio poder autocrático, sometido á pesar suyo -por la fuerza de una aristocracia feudal y bárbara, contra la que era -imposible rebelarse. Pero llegó un día en que tuvo de su parte al -<span class="pagenum"><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span> -pueblo, que sólo le pedía justicia á cambio de amor y lealtad, y su -respuesta esta en esa estadística publicada por <i>La Tribuna</i> rusa: -sentencias de muerte, deportaciones á millares, víctimas de todas -clases, crueldades sin cuento, crueldades inútiles, feroces ... Y la -mano que firmó—horrible si firmó sin temblar, más horrible si firmó -con el temblor del miedo,—es la que estrecha el rey de un pueblo libre -y civilizado, por conveniencia política. ¿Quién se atreve á condenar -las abdicaciones de los pequeños ante estas abdicaciones de los grandes? -<span class="pagenum"><a name="Page_216" id="Page_216">[216]</a></span></p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/detail17.jpg" alt="_" width="80" height="77" /> -</div> - -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_217" id="Page_217">[217]</a></span> - <h2>XXII</h2> -</div> - -<p>En este mes se celebra la fiesta del santo—San Roque es patrón -favorito—en muchos pueblos y aldeas de España. La prohibición de las -capeas quita á la fiesta su mayor atractivo. Como que no suele haber -otro; de modo que suprimir la capea es suprimir la fiesta, esperada con -ilusión, que no pueden comprender los habitantes de grandes ciudades, -durante todo el año.</p> - -<p>Las capeas eran una barbaridad. ¿Quién lo duda? Pero no causa, sino -efecto de otras barbaridades. Cuando se cultiva con ensañamiento la -incultura de un pueblo; ¿á qué pedirle cultura en un día determinado? -Buena esta la incultura para que no piensen, para que labren la tierra -sin protestar al sol y al frío, para que paguen su contribución á un -Estado al que nada deben ni para nada se preocupa por ellos; para que -voten á quien los cuatro caciques mangoneadores ordenan, y ¡ay del que -<span class="pagenum"><a name="Page_218" id="Page_218">[218]</a></span> -se resista! Buena para sufrir, buena para el servicio de las armas y -los embargos del fisco, buena para ser rebaño dócil, conducido á gusto -y provecho de cucos pastores ... Para todo eso bien están la ignorancia -y la incultura: cuanto más brutos mejor. ¿No es eso?... ¡Pero una -capea! ¡Ah! Ese espectáculo inculto, esa diversión bárbara no puede -permitirse. Que tengan educación siquiera un día. En las elecciones -pueden desquitarse capeando al candidato de oposición, presididos por -la autoridad competente.</p> - -<p>La fiesta de los pobres lugares y aldeas será triste este año. La capea -importará poco, ¡pero es toda la fiesta! Los pueblos son humildes, -son resignados, pero su fiesta es toda su alegría del año. ¿Sería tan -difícil alegrarles la fiesta y compensar con ventaja la prohibición -de las capeas enviando á los pueblos por cuenta del poder central—el -odioso poder central—alguna culta diversión; una compañía de actores -modestos, un cinematógrafo; poca cosa? ¡La alegría de los pueblos, como -la de los niños, es tan barata!</p> - -<p>¡Prohibir! ¡Suprimir! ¡Castigar! ¡Pedir! ¿No han de ser otras las -palabras del Estado para esos pobres lugares y esas pobres gentes? -<span class="pagenum"><a name="Page_219" id="Page_219">[219]</a></span> -¿Sería indecoroso para el Estado tener comediantes y titiriteros -á sueldo para alegrar un día la vida, cuando paga tantos para -entristecerla en todos los días del año?</p> - -<p>Ya se que es demasiado pedir. El socialismo del Estado no puede llegar -á tanto. Por ahora se contenta con llevárselo todo y no repartir nada. -Quedan prohibidas las capeas. Quedan suprimidas las fiestas. El Estado -no esta para divertir á nadie.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>La alta política de los estados europeos es incomprensible para las -inteligencias vulgares. Un día cualquiera, cuando creemos que no hay -mayores motivos para una conflagración internacional que en la víspera -de ese día y que en todos los días del año, resulta que sin saber como -ni cuando, ni porqué la situación es gravísima; que el conflicto de los -Dardanelos se ha complicado; que la supremacía sobre el mar Báltico -ha de dirimirse; que Alemania no ve con buenos ojos—los ojos del -kaiser—el <i>flirt</i> de Inglaterra con Rusia y con Francia; que Austria é -Italia se despegan de la triple alianza; que en vista de la pequeñez de -<span class="pagenum"><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span> -los mares, hay nación que desea arrendar el Mediterráneo ó el -Atlántico ó el Pacífico, para uso particular de sus barcos, como si -se tratara del estanque del Retiro; problemas terribles todos ellos -que, no preocupando ni poco ni mucho á nadie en particular, en cuanto -ciudadano inglés, alemán, francés, etc., tienen la virtud de preocupar -á Inglaterra, Alemania, Francia, etc., en cuanto naciones y estados. -Váyase por los muchos problemas que preocupan cada día á los ciudadanos -de esos estados, sin que el Estado se preocupe de ellos para nada.</p> - -<p>De un lado va la historia grande, la que se escribe á cañonazos. De -otro la historia chica, la que no se escribe nunca, pero vive siempre. -El divorcio entre una y otra es mayor cada día; de tal modo, que bien -puede arriesgarse la siguiente definición. ¿Qué se entiende por grandes -cuestiones de política internacional?—Las que no le importan á nadie en el mundo.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Y va de pintura. Con motivo del triunfo obtenido por Zuloaga en el -Salón de París, hemos lamentado una vez más la ingratitud de España, en -<span class="pagenum"><a name="Page_221" id="Page_221">[221]</a></span> -donde es menos conocido y estimado el nombre del insigne pintor, que en -el extranjero. No es decir que no seamos aquí capaces de algún desvío y -de alguna injusticia, pero en este caso no sería nuestra toda la culpa. -El pintor—¡felices los pintores que por hablar en su arte un lenguaje -en todas partes comprendido pueden elegir ambiente para su arte y -mercado para sus obras!—no se ha dignado nunca presentar sus cuadros -en España; harto hacemos en admirarlos por la fe de fotograbados y de -la admiración que en todas partes los proclama por obras maestras. En -cambio, cuando llega la hora del entusiasmo no nos detenemos por nada. -Para algunos los últimos cuadros de Zuloaga son nada menos que símbolo -de España. Esto ya me parece simplificar el simbolismo como en las -revistas teatrales, donde basta que salga una tiple vestida con más ó -menos fantasía y nos diga: yo soy esto ó lo otro, para que lo demos -por bueno. Pero francamente, un enano con un ojo verde, y al fondo -unas casucas verduzcas y un cielo verdinegro también, de una parte, y -de otra dos brujas, de nariz, barba y dedos retorcidos como de aves de -rapiña, podrán ser todo lo admirables que se quiera como pintura, ¡pero -decir que eso es toda España! -<span class="pagenum"><a name="Page_222" id="Page_222">[222]</a></span></p> - -<p>Bien esta que lo digan los franceses, tan aficionados siempre á las -grandes síntesis: el sintetizar ahorra de discurrir, pero nosotros, -¿por qué hemos de decirlo? cuando el mismo pintor al triunfar con sus -cuadros de la más legítima escuela española es el primero en demostrar -que en España hay algo más que enanos y brujas.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Zaragoza triunfa con su Exposición. Saludemos á la noble ciudad, entre -todas las de España, hermana predilecta de Madrid. Entre todos los -cantos regionales, la jota, el verdadero himno nacional, fué siempre -el preferido de los madrileños; quizás porque nunca se manchó como -otros aires regionales, al ser demasiado traídos y llevados como enseña -política más que patriótica.</p> - -<p>Sin arrogancias, sin bambolla, Zaragoza, que para ser siempre grande, -pudo más que ninguna reposar en sus gloriosas tradiciones, ha sabido -<span class="pagenum"><a name="Page_223" id="Page_223">[223]</a></span> -agrandarse y prosperar y engrandecerse sin molestar y sin presumir. -Con sano equilibrio, no atendió solo á los progresos materiales, y -su Facultad de Medicina es gloria de una ciencia, que es quizás hoy -la mayor gloria de España, que ninguna sigue tan de cerca, cuando -no adelanta á la ciencia extranjera. Como en tiempos se dijo de -los Argensolas que habían venido de Aragón á Castilla á enseñar el -castellano, muchos son hoy los escritores aragoneses de que puede -decirse lo mismo, y entre todos ellos no es preciso nombrar en estas -columnas al que todos tenemos por maestro.</p> - -<p>En la fe religiosa no hay asomos de clericalismo ni de beatería. Ante -tu Virgen del Pilar—su inicial es la de Patria,—rinde armas toda -impiedad y todo volterianismo. En días tristes, supiste decir que no -querías ser francesa, pero con estar tu pilar tan asentado en tierra -aragonesa, nadie te preguntó nunca si no querías ser española.</p> - -<p>Por todo esto, noble Zaragoza, entre todas las ciudades de España, -hermana predilecta de Madrid: ¡Salud y gloria! -<span class="pagenum"><a name="Page_224" id="Page_224">[224]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>A estas horas, si el tiempo ó cualquier otro accidente imprevisto no lo -ha impedido, para el público madrileño habrá pasado á la historia del -toreo, acaso la más interesante en la historia de España, uno de los -toreros más aplaudidos y celebrados en los modernos tiempos.</p> - -<p>Inteligente, elegante; de una elegancia un poco afectada, poco vario en -su repertorio, fué el torero de las cuatro cosas, pero en esas cuatro, -maestro. Tuvo las bastantes tardes felices para ser admirado, y las -bastantes tardes desdichadas para no llegar á ser odioso al público y á -sus compañeros. No llegó á fatigar la admiración como el Guerra.</p> - -<p>Siempre recordaré la corrida en que éste, á lo que se supo después, -toreo por última vez, en Zaragoza. Había toreado toda la tarde con -el mismo arte, con la misma alegría de siempre; pero el público se -resistía al aplauso. A lo admirable decía: ¡Eso ya sabemos que lo hace -bien! y no aplaudía; á lo defectuoso se mostraba severo en demasía. -Aquel año empezaba á brillar el Algabeño, y el público, deseoso de -inventar un torero, se excedía en mostrarle su entusiasmo. Guerra había -dado muerte á sus dos toros; intentó ayudar en una de sus faenas al -<span class="pagenum"><a name="Page_225" id="Page_225">[225]</a></span> -Algabeño, y el público, creyendo que trataba de deslucirle, le obligó -con injustas protestas á retirarse. Sentado en el estribo de la -barrera, contemplaba la faena de su compañero, el astro naciente. Los -pases eran efectistas; esos pases llamados del Celeste Imperio: el -público los coreaba con olés, con ese rabioso regocijo de la multitud -cuando más que en aplaudir á uno, piensa en mortificar á otro. Gritó -una voz: ¡Aprende, Guerra! Y Guerra paseo una mirada en torno del -circo, una mirada de profunda melancolía, que era sin duda su adiós á -las glorias del triunfo, su amargura ante la ingratitud de la muchedumbre.</p> - -<p>¡No fué más triste el adiós de Otelo á sus victorias al dudar de la -fidelidad de su amada!</p> - -<p>¡Oh público, público; tu nombre puede ser masculino, pero tu alma es -siempre de mujer, y más que ella eres pérfido como el mar!</p> - -<p>Por suerte no reza contigo el refrán: «A muertos y á idos ...» que para -unos y otros guardas lo mejor de tu admiración, y una vez desaparecido -el artista, sabes depurar en tus recuerdos todo lo desagradable de su memoria.</p> - -<p>¡Feliz el artista que logra sobrevivir como hombre y apartado de su -arte puede oir todavía de sus contemporáneos como su nombre es parangón -constante á los que permanecen y á los que van llegando! -<span class="pagenum"><a name="Page_226" id="Page_226">[226]</a></span></p> - -<p>Antonio Fuentes ha pasado á la historia del toreo. Ya lo sabéis, -toreros del presente y del porvenir, los que más le silbaron en su -vida taurina, serán ahora los que no dejarán de deciros: ¡Como aquel -Fuentes, ninguno!</p> - -<p>Salud á todos, el que se retira y los que quedan, para oirlo por muchos años.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Más tarde ó más temprano siempre se recoge lo que se siembra. Llevamos -á América nuestro espíritu, que ella nos ha devuelto pródigamente en -admirables poetas que cantan en nuestro idioma, en inteligentes y -bellas mujeres, que son encanto de nuestra sociedad. Pero América nos -debía algo más, nos debía un torero, y si las señales no mienten llegó -el torero y llegó á su hora, cuando más necesitado estaba el arte -taurino de algo que le animara y renovara. -<span class="pagenum"><a name="Page_227" id="Page_227">[227]</a></span></p> - -<p>No debe padecer el amor patrio por eso; aquí no hay América que valga, -y un torero no puede dudarse de que es cosa bien nuestra, mejor que -cualquier otra manifestación de nuestra influencia espiritual. Ya lo -dijo Voltaire: «C’est du nord aujourd’hui qui nous vient la lumière». -Como el sol taurino no nos falte, salga por Antequera. Justo era que -de nuestros antiguos dominios, en donde el sol no se ponía nunca, -viniera siquiera algún reflejo á confortar nuestro desmayado espíritu. -¡Aplaudamos á Gaona y no olvidemos á Hernán Cortés!</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>El proceso Rull es interesante como una novela; no de las llamadas -novelescas; la intriga es poco interesante; mejor de las psicológicas ó -experimentales, y hasta si se quiere, docentes.</p> - -<p>Su enseñanza, por no decir moralidad, es mostrarnos bien claramente -lo peligroso que ha sido siempre para toda autoridad valerse como -auxiliares de esos confidentes, delatores y espías, que antes de ser -frailes han sido cocineros y han jugado demasiado á ladrones antes de -jugar á policías, para olvidar tan pronto sus primeras mañas. -<span class="pagenum"><a name="Page_228" id="Page_228">[228]</a></span></p> - -<p>Si hay casos en que el fin justifica los medios, hay medios que no se -justifican en ningún caso.</p> - -<p>Siempre fué achaque de la policía española servirse de esa clase de -auxiliares que obligan á más de lo que sirven. Hay remedios mucho -peores que las enfermedades. Se ha probado á perseguir el terrorismo de -todas maneras. ¿Si se probara á no perseguirlo de ninguna? Por lo menos -se conseguiría lo mismo, salvo el ridículo.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Si hemos de caer alguna vez en falta, el Señor nos libre de que -esa falta pueda ser calificada de tontería. Locura y tontería son -igualmente disparates, pero según la definición de un amigo mío: -tonterías son los disparates que no producen dinero.</p> - -<p>Ejemplos: Una joven honrada pierde su reputación por un hombre rico. -Todos dirán: ¡Qué locura la de esa muchacha!</p> - -<p>Se casa con un pobre. Todos dirán: ¡Qué tontería!</p> - -<p>Un hombre, en opinión de cumplidísimo caballero, se alza de la noche -á la mañana con unos fondos confiados á su honradez. Todos dicen: ¿Ha -visto usted qué locura la de ese hombre? -<span class="pagenum"><a name="Page_229" id="Page_229">[229]</a></span></p> - -<p>Se arruina por completo: ¡Qué tontería!</p> - -<p>No hay confusión posible entre el tono de compasión del que dice: ¡Qué -tontería!, y el de admiración envidiosa del que exclama: ¡Qué locura!</p> - -<p>A propósito de ese desfalco de trescientas mil pesetas. ¿A que no han -oído ustedes decir á nadie: Qué tontería?</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Todo, menos moralizar. Contemos las cosas como son y la moralidad -saldrá sola, si moralidad hubiere. Dígolo, porque esto de la moralidad -y del humorismo se ha puesto tan barato, que ya no es posible leer la -más sencilla noticia del más insignificante suceso sin su comentario, -ya moral, ya jocoso. Pase por la moralidad; pero lo de hacer donaire -á costa del infeliz que se suicidó, ó del que fué robado, ó del que -sorprendió á su mujer con el amigo, ya no me parece de tan buen gusto. -Los sucesos no deben pesarse por sus causas, sino por sus efectos, y es -crueldad hacer sainete de estas pequeñas tragedias de la vida humilde. -<span class="pagenum"><a name="Page_230" id="Page_230">[230]</a></span></p> - -<p>¡Cuánto mejor empleado el humorismo á costa de las ridiculeces de los -grandes! ¿Por qué hablar en serio de los perifollos de la marquesa X -y de sus ridículos saraos y tomar el pelo, en cambio, á la infeliz -costurera que fracasa en su tentativa de suicidio? ¿Por qué tratar en -grave estilo la borrachera de vanidad del eminente imbécil Don Fulano, -y en tono ligero la simpática curda de algún alegre ciudadano?</p> - -<p>Bien se, ¡oh apreciables humoristas! que esto del humor es lo más -subjetivo y es cualidad suya reir de lo triste y entristecerse por lo -alegre, pero haya á lo menos simpatía en nuestro humor. Bueno es reirse -de los que quieren entristecernos, pero es crueldad reir de los que -realmente están tristes. ¡Viva el humorismo sobre todo! Menos sobre el -dolor ajeno.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Ninguna campaña tan injusta como la emprendida contra los prestamistas; -seguramente por gente que no les debe nada. El arte de estimar á sus -<span class="pagenum"><a name="Page_231" id="Page_231">[231]</a></span> -acreedores es un arte de gran señor. ¡Aquel admirable Don Juan de -Molière, deshaciéndose en cortesías y en agasajos con Mr. Dimanche! El -dinero es mercancía cara y no se por qué ha de estimarse al comerciante -que gana un cincuenta por ciento vendiéndonos una corbata, y hemos -de maltratar al que vende su dinero con la misma ganancia. Mucho más -cuando la corbata no nos saca de ningún apuro, y de mejor ó peor -clase, nunca falta un amigo ó pariente que nos regale una flamante -ó de desecho, ó alguna amiga cariñosa que nos fabrique una de algún -vistoso retal de sus galas ... ¡Pero el dinero! Cuando ni amigos ni -parientes os lo faciliten, siempre hallaréis al prestamista, que sin -razones de afecto ni de simpatía, ni importarle dos cuartos de vuestras -condiciones personales, solo por la garantía de vuestro trabajo; ó de -vuestros bienes presentes y futuros, incluida vuestra tumba, si la -poseéis á perpetuidad, os ofrezca, mediante unas ligeras formalidades, -lo bastante á pagarle comisión y el primer mes de intereses. Y es tanto -su deseo de serviros eternamente, que su mayor disgusto es verse pagado -en breve plazo. A los pocos días el mismo vendrá á ofreceros su bolsa, -<span class="pagenum"><a name="Page_232" id="Page_232">[232]</a></span> -siempre repleta y siempre franca—salvo las pequeñas formalidades.—Su -ideal es ligaros por fin con algún contrato de carácter matrimonial, -por lo sagrado y por lo inrompible. Sólo así se considerará dichoso. Y -¡hay quien reniega de estos vínculos, que ligan á una persona á nuestra -vida por toda la suya! ¡Una persona que se inquieta como ninguna otra -por nuestra salud, por nuestra suerte, por todas nuestras vicisitudes! -Que será la primera en aconsejarnos y en recomendarnos específicos y -doctores; la primera en evitarnos toda clase de disgustos y lances -desagradables en que podamos arriesgar nuestra vida ... ¡Qué horrible -soledad la del que vive sin este calor afectuoso que nunca falta, -cuando acaso falta el de otras personas á quienes nada debemos y todo -nos lo deben! Esto nunca se paga bastante, no se paga con nada ... -¡Contar con una lealtad á prueba, á cambio de dinero! ¡Cuando todos -nos engañan, saber que alguien no nos engaña nunca! ¡El prestamista! Y -si alguna vez nos engaña, ¡qué sublime engaño! Es que nos rebaja los -intereses ó nos perdona parte de la deuda ... No comprendo como haya -quien hable mal de los prestamistas. El que no haya tenido acreedores, -se morirá sin saber lo que es un verdadero afecto. Y el que antes de -morir haya pagado todas sus deudas, ¿como podrá tener la seguridad de -que alguien llora su muerte sinceramente. -<span class="pagenum"><a name="Page_233" id="Page_233">[233]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>La respetable señora que paró el sol de sus elegancias en las modas del -segundo imperio, ve entrar á su nieta, moldeada en un vestido tanagra y -no puede contener su espanto.</p> - -<p>—¡Jesús!</p> - -<p>—¿Qué te pasa, abuelita?</p> - -<p>—Nada. ¡Ese vestido, estas modas! ¡No puedo acostumbrarme!</p> - -<p>Una atrevida postura de la joven al sentarse, redobla el espanto -de la abuela.</p> - -<p>—¡Si eso es como ir desnudas! Con estos trajes no podrán decir los -hombres que se casen, que fueron engañados al matrimonio, respecto á lo -físico ...</p> - -<p>—Es verdad; el miriñaque y el polisón eran más graciosos y más -artísticos. No hay más que ver estos retratos ... ¡Como teníais valor -para vestiros de ese modo! -<span class="pagenum"><a name="Page_234" id="Page_234">[234]</a></span></p> - -<p>—¡Calla, calla! Esos trajes tenían un aire señorial que marcaban con -solo el modo de llevarlos la diferencia de clases, de educación ... Eran -imposibles las falsificaciones ... Pero ¡con estos! El aire «cocotte» -predomina. ¡Cualquiera distingue á una señorita de ... las que no lo -son! Esos trajes lo nivelan todo.</p> - -<p>—No lo creas,—responde la joven, dándose unos golpecitos en las caderas.</p> - -<p>—Y ¡eso de haber suprimido la ropa interior, para abultar lo menos -posible! Eso ni es decente ni puede ser sano ...</p> - -<p>—¿Sientes la nostalgia del refajo, abuelita?...</p> - -<p>—¡No cruces las piernas de ese modo! ¡Jesús, Jesús! Pero, ¿no te ves -en el espejo?</p> - -<p>—No veo nada de particular. Tu me has contado que muchas veces se os -levantaba el miriñaque al ir á sentaros y dabais un espectáculo ... -El abuelito contaba con mucha gracia que tía Vicenta en un baile de -Palacio ... Gracias á que el abuelito era general, hablaba en un grupo -cerca con sus ayudantes y muchos oficiales y mando formar el cuadro, -mientras se reparaba el desperfecto ...</p> - -<p>—No se vió nada. Y, sin embargo, á tu pobre tía le costó una -enfermedad. ¡No quiero pensar si con un traje de estos os ocurriera -algo en la calle! -<span class="pagenum"><a name="Page_235" id="Page_235">[235]</a></span></p> - -<p>—Pues nada, abuelita. Lo que sorprende es lo imprevisto ...</p> - -<p>—Pues eso es lo que debiérais tener en cuenta para no aceptar esa -moda ... ¡Lo imprevisto! Ese es el secreto de la felicidad y del amor, -por lo tanto. ¡Como habéis de inspirar amor si dejáis de inspirar curiosidad!</p> - -<p>—Queda el reino espiritual, abuelita ... En ese terreno todavía impera -el miriñaque ... No hay vestido tanagra que moldee el corazón como el -cuerpo de las mujeres ... Ahora, siquiera, no engañamos en cuestión de forma ...</p> - -<p>—No, de seguro ... ¡Jesús, Jesús! ¡Si eso es como ir desnudas! -<span class="pagenum"><a name="Page_236" id="Page_236">[236]</a></span></p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/detail18.jpg" alt="_" width="80" height="76" /> -</div> - -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_237" id="Page_237">[237]</a></span> - <h2>XXIII</h2> -</div> - -<p>En un teatro de Italia se ha ensayado el sistema de votación pacífica -para que el público decida del éxito de las comedias, sin molestarse en -aplaudir ó patear, según el argumento requiera. Pero como siempre que -se pone el derecho de sufragio á disposición de un público, son más los -que se han abstenido de ejercerlo, y el autor se ha quedado sin saber -lo que opina la mayoría del público. Siempre he creído á despecho de -los que abominan de la masa neutra, que esto de la abstención es una -opinión tan respetable como cualquiera otra, lo mismo en política que -en arte. ¿Hay que opinar de todo por fuerza? Hay muchas cosas de las -que no puede decirse ni que sí ni que no, que ni están mal ni están -bien, y acaso estarían mejor no estando de ninguna manera. A este -respetable orden de cosas pertenece casi todo lo que es fundamento -del tinglado social. Por instinto de conservación debemos impedir las votaciones decisivas. -<span class="pagenum"><a name="Page_238" id="Page_238">[238]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Otra aplicación del sufragio universal al teatro es la que ha iniciado M. de Brieux -modificando el desenlace de su nueva obra «Simone» á gusto del público.</p> - -<p>¿Que las obras, y sobre todo las teatrales, se escriben para el -público? Indudable. ¿Que M. de Brieux estuvo en su perfecto derecho -al procurar complacerle por todos los medios? Indudable también. Solo -que cuando se usa de tal derecho y de tales procedimientos, no debe -nadie, como el autor de «La toga roja», de «Maternidad» y de los -famosos ...—¿estaría mal si tradujéramos «Averiados», puesto que de -averías se trata?—presumir de autor que hace tribuna y cátedra del -teatro para defender ideas y doctrinas humanitarias.</p> - -<p>Nada habría que decir de esos cambios y acomodos si se tratara de obras -á lo Sardou. Y no ha sido Sardou, hagámosle justicia, de los autores -menos intransigentes en sostener escenas y desenlaces contra las -indicaciones de sus intérpretes y aún del gusto del público. -<span class="pagenum"><a name="Page_239" id="Page_239">[239]</a></span></p> - -<p>Pero, francamente, que un autor de ideas pueda dar el mismo valor á -las ideas opuestas, que un carácter humano pueda desenvolverse con la -misma lógica en un sentido ó en el contrario, que Otelo pueda perdonar -á Desdémona y que Yago pueda arrepentirse, todo sin más razón que el -desagrado del público ... No se, pero aún autorizándome con el ejemplo -de Ibsen, no me parece de una gran probidad artística.</p> - -<p>Asuntos hay en la realidad, y no digamos en la imaginación, en que -sin detrimento de la verdad ni de la lógica, puede cualquier autor -garantizarse el completo agrado del público. Pero una vez emprendido -el camino de quitarle el hipo, no se debe retroceder ni rectificar. -A más de esto, es no conocer al público el creer que agradece esas -concesiones. El público es como las mujeres, sólo tolera los primeros -atrevimientos con la condición de que se llegue á los últimos. Todo menos defraudar. -<span class="pagenum"><a name="Page_240" id="Page_240">[240]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Cuando como el mejor pretexto para tirar un poco de la cuerda á la mala -prensa—toda la de oposición, en el más amplio sentido de la frase,—se -aduce el peligro del contagio que la publicidad puede producir en los -crímenes del terrorismo, no se compagina el interés en conmemorar uno -de esos crímenes con un monumento. ¿Puede darse mayor publicidad? Y -de las cuatro caras del monumento, una para la piedad, otra para la -execración, otra para la historia ... ¿no quedará una siquiera para la -glorificación, cuando frente á el se encaren los de la idea?</p> - -<p>Hay cosas que mejor están olvidadas que recordadas de ninguna manera. -Ese monumento, como los que recuerdan discordias civiles y luchas -domésticas, no puede servir de ejemplo ni de enseñanza.</p> - -<p>¿Qué se pretende con ese inoportuno monumento? ¿Un alarde de -monarquismo? Ahí esta el monumento á Alfonso XII esperando el óbolo de -los más leales monárquicos. ¿Un alarde de piedad religiosa? Sufragios -tiene la Iglesia que aplicar por las víctimas, sin olvidar al culpable, -que para algo somos cristianos. Todo, menos ese monumento antipático, -odioso, recuerdo perenne de algo que esta mejor no recordado. -<span class="pagenum"><a name="Page_241" id="Page_241">[241]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Todos los años al empezar la temporada taurina leemos las mismas -lamentaciones de los profesionales escritores taurinos:—¿Como? La -empresa se olvida del buen torero fulano, un torero serio, un torero -muy apañadito: es imperdonable que la empresa no de un lugar en el -cartel de abono al simpático diestro mengano, que tan desgraciado ha -estado siempre en esta plaza, pero á quien los verdaderos aficionados -verían con gusto por su toreo serio ...—Esto de la seriedad es muy -apreciado en el toreo.</p> - -<p>Sucede que la empresa suele conmoverse y atender los clamores de la -opinión, y sucede que la tarde en que anuncia á esos diestros, la -entrada no da ni para pagar las mulillas; sucede que el escaso público -se aburre, y sucede que los mismos que clamaban por que la empresa -diera un lugar en el cartel al torero serio y al torero apañadito, -salen renegando de ellos y de la empresa que los contrato. Es que en el -toreo como en la política hay quien sostiene la reputación á fuerza de -fracasos. Por algo son los dos espectáculos más nacionales. La cuestión -esta en fracasar seriamente. Y en esto de la seriedad el Quinito y -Maura son insustituibles. -<span class="pagenum"><a name="Page_242" id="Page_242">[242]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>A Fígaro, como á Espronceda le ha llegado su hora de gloria. Si es -cierto, como asegura un amigo mío, que cuando á un escritor le llega -esa hora es señal de que ya no lo lee nadie, no hay por qué celebrar el -tardío recuerdo, muy prematuro, si cuando más se recuerda al hombre más -olvidadas están las obras.</p> - -<p>Pero, en fin, si recuerdo hubiere, Dios nos lo depare bueno, y sobre -todo, para nada se tenga en cuenta los precedentes—¡nuestro gran -tirano!—Hagan algo nuevo, y si á los precedentes hay que atenerse, -cerca esta el de los admiradores de Tolstoï, que se disponen á celebrar -el jubileo del gran escritor, publicando una copiosa edición de sus -obras en todos los idiomas del mundo.</p> - -<p>Sin propagar previamente la lectura de sus obras, ¿podemos estar -seguros de que el Larra más popular y conocido sea el primero de la -dinastía, cuando existe el celebrado actor cómico del mismo nombre y -apellido? Sin olvidar al aplaudido autor de «El barberillo de Lavapiés» -y al no menos aplaudido autor de «La trapera»; todos ellos más -populares y conocidos hoy que el inmortal Fígaro; para que los hombres -<span class="pagenum"><a name="Page_243" id="Page_243">[243]</a></span> -graves puedan decir como el Rey Lear: «¡Take phisic pomp!» Y no -traduzco, porque dentro de pocos días tendremos aquí una compañía de -opereta inglesa y todos nos hemos de reir como si lo entendiéramos.</p> - -<p>A los partidarios de un idioma universal, les anticipo que las artistas -son muy guapas. Tuve el gusto de verlas en Santos; el barco que las -conducía á Buenos Aires hacia allí escala, y las lindas artistas se -divertían en hacer un poco el muelle, y entre los negros cargadores -y los traficantes del puerto, ellas, con sus más claros trajes y sus -más rubias cabelleras daban una alegre nota de juventud y de belleza; -la alegría del arte que pasaba por aquel hormiguero de traficantes y -especuladores ... y ellas reían, reían, en la claridad de sus cabellos -rubios, sus vestidos blancos y sus sombrillas rojas, reían con esa risa -fresca y sana que hace parecer siempre niñas á las inglesas cuando -pasan por tierras de sol y ellas son lindas.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>La compañía de opereta inglesa ha sorprendido á muchos con su -repertorio y con su manera. ¿Qué esperaban ustedes? ¿Es peor nuestro -<span class="pagenum"><a name="Page_244" id="Page_244">[244]</a></span> -género chico? ¿Se convencen ustedes de como nuestro público es el -más difícil de contentar, y eso que paga menos que ningún otro por -divertirse en el teatro? No es que me parezca mal esta opereta inglesa, -que desde luego supone un público bonachón, un público que ha trabajado -y ha pensado seriamente durante la jornada y quiere distraerse con -el menor esfuerzo intelectual posible. Es teatro para razas fuertes -y trabajadoras. Sucede también que en estas razas fuertes están más -especializadas las aptitudes y hay un respeto mutuo de unas profesiones -á otras, que aquí desconocemos, porque aquí todos servimos ó creemos -servir para todo. Aquí, el público se coloca siempre en actitud de -superioridad sobre el autor. Cada uno tanto como vos, y todos juntos más que vos.</p> - -<p>Lo cierto es que por esos mundos teatrales el público se contenta con -menos, y cuatro chistes bastan para decorar una obra cómica y una -escena de fuerza para interesar en una obra dramática; de lo demás se -encarga la belleza de las actrices, el decorado y el vestuario. ¡Pensar -que aquí tenemos para ilustrar el género chico á un músico como Chapí -<span class="pagenum"><a name="Page_245" id="Page_245">[245]</a></span> -que en otras partes sólo hubiera escrito grandes óperas, que muy -contados entre los que las escriben por ahí pueden compararse con -nuestro glorioso maestro! Y entre los libretistas son muchos, por -graciosos y atinados observadores, por lo vario y fértil de su -ingenio, los que pueden compararse sin menoscabo, con tanto y tanto -«vaudevillista» de universal exportación y renombre.</p> - -<p>Mientras nuestro más selecto público procura convencerse de los -encantos de la opereta inglesa,—el abono esta ya pagado y qué remedio -sino apencar y divertirse,—y mientras en París, una de las obras -maestras del teatro inglés—«Cándida», de Bernardo Shaw,—es acogida -con el eterno desdén de los parisienses por todo lo extranjero, -nuestro género chico, representado por «El pollo Tejada»—«Le beau -Tejada»,—obtiene la más calurosa acogida.</p> - -<p>La música alegre de Quinito Valverde esta en París como en su casa. -Bueno es que autores y músicos nos vayamos preparando para la -emigración, porque como esa ley terrorista á todo llega y todo lo -abarca, como el dedo de la Providencia, no digo un Calderón, autor -dramático, hasta un calderón musical puede parecer subversivo. -<span class="pagenum"><a name="Page_246" id="Page_246">[246]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Dice Nietzsche que el imperio—donde dice Imperio léase cualquier -partido de fuerza,—mira en el fondo con gran simpatía al -socialismo—léase cualquier partido más ó menos perturbador ó -avanzado,—porque le da pretexto para extremar los medios de represión, -en defensa del orden social que á todo gobierno esta encomendada.</p> - -<p>No diré yo que el terrorismo barcelonés fuera plato de gusto para el -gobierno conservador, pero no ha sido mal pretexto para desatar de una -vez toda su furia reaccionaria y sobre toda España, bien inocente y -bien ajena á lo que en una determinada provincia ocurra.</p> - -<p>Si alguien dudaba que el terrorismo se había hecho reaccionario, bien -puede convencerse ahora. Y no hay que fiar en las buenas palabras de -estos conservadores al uso—harto ha confiado en ellas la opinión -liberal del país,—con que pretenden convencernos de que no es para -tanto ni la cosa es tan sería como parece; malo es dejar y permitir en -manos de esta gente leyes de estira y afloja. Sobre todo, hora es ya -de no permitir que entre los partidos reaccionarios y los liberales, -suponiendo que los dos extremos constituyeran un mismo peligro para el -<span class="pagenum"><a name="Page_247" id="Page_247">[247]</a></span> -orden conservador, no digamos social, todos los halagos, complacencias -y mimos sean para los primeros, y todos los desdenes, represiones y -alardes de fuerza contra los últimos. Tanto va el cántaro ...</p> - -<p>¿Son Rusia, Turquía y Marruecos, ejemplo de países civilizados ni de -tranquilidad siquiera en sus esferas gubernamentales?</p> - -<p>¿Tan buen éxito tuvo el ensayo reaccionario en Portugal con estar algo -más justificado que en España? ¿Qué situación excepcional del país -reclama la aplicación de tantas leyes especiales? Porque una persona de -la familia esté enferma, ¿es para sujetar á un plan curativo á toda la -familia? Bastante es ya tolerar las impertinencias del enfermo, y mucho -más cuando la enfermedad es nerviosa y hay tantos motivos para creer -que de conveniencia.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>¡Si á lo menos para compensación, lo que va en retrocesos espirituales -fuera en adelantos materiales! Pero sí; una vez más el servicio de -incendios ha demostrado que cuenta con todos los elementos más modernos -<span class="pagenum"><a name="Page_248" id="Page_248">[248]</a></span> -y necesarios, exceptuando el agua, detalle sin importancia. De la -recogida de pobres, como si nada hubiéramos hablado, porque al que no -le molestan á cada paso, será porque no salga de su casa ó vaya en -coche galoneado. Las calles mal barridas y peor regadas; el pavimento -imitando á la naturaleza, y en todo así. Nuestros gobernantes no tienen -siquiera la delicada atención de esas mujeres que cuando más engañan á -su marido más procuran que no tenga que poner falta en el cuidado de -la casa y de la comida. Yo se de algunos. ¡Seres egoístas y regalones! -que por ver una población linda, con sus calles bien pavimentadas, sus -jardines bien cuidados, las gentes limpias en su aspecto y urbanas en -su trato, la policía y todos los servicios municipales de organización -intachable, darían muy gustosos todas las conquistas de la libertad y -de la democracia, sufragio universal, jurado, hasta la Constitución -inclusive ... Pero la verdad, ¡tan abandonado y tan sucio todo y encima -leyes terroristas! No hay derecho, señores, no hay derecho. -<span class="pagenum"><a name="Page_249" id="Page_249">[249]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>¡Quién te ha visto y quien te ve, corrida de Beneficencia! ¡Aquella -famosa, entre todas, en que reapareció Frascuelo, después de no haber -toreado por algún tiempo en Madrid! La víspera de la corrida la gente -velo toda la noche en larga fila esperando la apertura del despacho de -billetes. No bastaba el dinero sin buenas influencias para obtener una -localidad preferente, un coche y un ramo de claveles.</p> - -<p>Por fortuna, en esta temporada, algo hemos tenido evocador de aquellos -pasados entusiasmos. La corrida en que tan bien se esta toreando esa -ley del terrorismo, bicho de mucho cuidado y sentido. Corrida que puede -considerarse de beneficencia; que tan necesitada de ella estaba la -pobrecita libertad española. Y gracias sean dadas á los sobresalientes -lidiadores que con el mayor desinterés y entusiasmo se han prestado á -torear en ella. Barcia, Grandmontagne, Iglesias, Dicenta, Costa y otros -muchos, que han picado, banderilleado y estoqueado con arte supremo; -sin olvidar el soberbio quite aguantando del maestro Burell; todo lo -cual ha constituído una corrida inolvidable, bastante á compensarnos de -las mojigangas y novilladas que presenciamos á diario. -<span class="pagenum"><a name="Page_250" id="Page_250">[250]</a></span></p> - -<p>La intención de la empresa estaba vista; soltar unos toros que acabaran -de una vez con los primeros espadas que no se presten á contratarse en -las condiciones exigidas por el empresario. Pero la corrida quedó bien -despachada, y por ahora, la empresa no se saldrá con la suya, y en el -fondo, aunque se lastime un poco en su amor propio, debe alegrarse. Por -ese camino íbamos á las corridas á la portuguesa.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>¡Quién te ha visto y quien te ve también, paseo de coches del Retiro -y de la Castellana, en estas tardes de primavera y entrada de verano! -Eras una de las delicias madrileñas, con tus trenes de lujo á paso -tranquilo, tus mujeres con alegres trajes y floridos sombreros que se -dejaban ver en los milores y sociables. El automóvil ha atropellado con todo.</p> - -<p>La gente adinerada ha sustituído los arrogantes troncos de caballos, -los coches señoriales, por el ruidoso artefacto mecánico. El coche de -establecimiento, el de círculo y el alquilón democrático, quedan como -campeones vencidos del arrastre de sangre. El paseo esta convertido en -carretera, por donde entre nubes de polvo y de humo pestilente corren -<span class="pagenum"><a name="Page_251" id="Page_251">[251]</a></span> -los automóviles como tren de viaje ó de guerra. No sabemos que admirar -más, si la tolerancia de las autoridades consintiendo en el paseo -automóviles que no sean eléctricos, si la paciencia de los que reciben -polvo y humo, desde sus modestos carruajes ó la falta de ... diremos -de buen gusto, de los que hacen carretera de un paseo por ostentar un -lujo, que en este caso más parece economía; porque cada cosa en su -lugar y el automóvil para una prisa. ¡Pero para dar unas vueltas en el -Retiro ó la Castellana! ¿No tendrán un capítulo de esto esos libros que -tratan del buen tono ó del arte de vivir en sociedad?</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Lo poco que hable de la Exposición de pinturas, fué antes de haberla -visto. Hoy, contra la opinión de muchos me atrevo á afirmar que no -puede calificarse de insignificante una Exposición en que figuran—no -cito otras obras de mérito—los cuadros de Romero Torres. No recuerdo á -qué Exposición habría que remontarse para encontrar algo parecido. Las -frases admirativas están mal gastadas por el abuso y no son obras que -<span class="pagenum"><a name="Page_252" id="Page_252">[252]</a></span> -puedan elogiarse como se han elogiado tantas otras. Son piezas de -museo; pero si á ese lugar son destinadas, no debe olvidarse que -tenemos dos; uno, ¡ay! llamado moderno—aunque ya va pareciendo -prehistórico,—y otro, el verdadero, el único, conocido en todo el -mundo del arte y Madrid por el, como Museo del Prado. Si los cuadros -de Romero Torres han de figurar entre sus iguales, solo en este Museo -deben hallar lugar, sin temor al fallo de revisión de los venideros.</p> - -<p>¡Pero váyanle ó vénganle ustedes con exposiciones al señor público! -Después del día de inauguración, en el que acude la concurrencia por -motivos de curiosidad, ajenos al arte y sus vanidades, no hay sitio -más á propósito para citas misteriosas y entrevistas reservadas, que -cualquiera de nuestras exposiciones.</p> - -<p>De la de Pinturas, según nos afirman, ha ahuyentado al público bien, -¡muy bien! la abundancia de desnudos. ¡Siquiera hubieran tenido los -artistas la precaución de vestirlos con esos trajes directorio que -empiezan á lucir nuestras elegantes!</p> - -<p>¡La moda de los trajes Directorio después de la moda de los trajes -Imperio! ¿Tendrá esto su filosofía? Solo un Carlyle en un nuevo «Sartor -<span class="pagenum"><a name="Page_253" id="Page_253">[253]</a></span> -Resartus» pudiera explicárnoslo ... Pero si la serie continúa de -este modo en sentido inverso á ese paso regresivo, llegaremos á la -Revolución. Todo, por supuesto, en las esferas modistiles y femeninas, -que tocante á los hombres, paso la moda Imperio sin un Napoleón; pasará -la Directorio sin un mal Barrás, y así todo ... La Historia, en su mayor -parte, es hechura de sastres y modistas. Sin la variedad de trajes, -¡sería tan difícil diferenciar los siglos unos de otros! ¡Modas en el -vestir, modas en el pensar! Desnudos cuerpos y pensamientos ... ¡el -hombre siempre el mismo!</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>El pasado día de la Ascensión fué en este año, con doble motivo, uno de -los jueves que relumbran más que el sol, según canta la copla popular. -Todo fué Ascensión; <i>sursum corda</i> de los corazones liberales. Ni la -corrida de toros con su cartel de Miura—casi en aniversario de la -muerte del Espartero, hay que estar en todo ¡oh, empresarios!—pudo -restar concurrencia y entusiasmo al <i>meeting</i> del teatro de la -Princesa. De Maura á Miura no va más que una letra, y desde luego -había más confianza en los diestros que habían de lidiar el ganado del -primero que en los anunciados para lidiar el del segundo. -<span class="pagenum"><a name="Page_254" id="Page_254">[254]</a></span></p> - -<p>Plutocracia y Teocracia fueron bien despachadas. Si esta moderna -Teocracia tuviera algo de común con la doctrina predicada por Cristo, -El, que consideró más difícil el paso de un camello por el ojo de una -aguja que la entrada de un rico en el reino de los cielos, no dejaría -de sorprenderse al ver como á los mil novecientos ocho años de su -nacimiento eran los ricos de este mundo los más decididos apóstoles de -su doctrina.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Es natural; en una buena y cómoda posición puede esperarse más -tranquilamente el reino de los cielos, y nadie más obligado á creer en -el poder de lo divino que los que tantos favores han recibido de su -bondad. Cuánto más ricos, más fervorosos creyentes. Los que pasaron -su vida dando con el mazo, aunque no hayan dejado de rogar á Dios por -eso, saben muy bien lo que razonablemente puede esperarse del trabajo -honrado y del favor divino. -<span class="pagenum"><a name="Page_255" id="Page_255">[255]</a></span></p> - -<p>Pero los que se hallaron en posesión de grandes riquezas, sin esfuerzo -mayor de su parte, por cómodas herencias ó saneados negocios, de esos -que se vienen á la mano, sin buscarlos muchas veces, ¿como no han -de ver algo sobrenatural y milagroso en su suerte, y como no han de -protestar contra los rebeldes y los inquietos que, mal hallados con el -orden social, se atreven á pretender un arreglo más equitativo en las -cosas del mundo, fiando algo más en el esfuerzo humano y un poco menos -en la intervención divina? ¡Oh, gente impaciente y descreída! Como si -todo no estuviera lo mejor posible y los hombres pudiéramos atrevernos -á trastornar esta divina armonía del mundo.</p> - -<p>Para estos plutócratas la Teocracia es un punto de apoyo, no para -mover, sino para inmovilizar el mundo.</p> - -<p>No es ninguna tontería la de los señores: Resignación, humildad, nada -de rebeldías, nada de impaciencias ... Dios sabe dónde vamos y adónde -nos lleva ... Esperemos, esperemos ...</p> - -<p>Todo esta bien: esperemos, pero ¿quieren ustedes cambiar de sitio? -<span class="pagenum"><a name="Page_256" id="Page_256">[256]</a></span></p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/detail19.jpg" alt="_" width="80" height="77" /> -</div> - -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_257" id="Page_257">[257]</a></span> - <h2>XXIV</h2> -</div> - -<p>Desde Juan Pablo Rubens, el magnífico pintor de los dioses paganos, -no tuvo nación alguna por embajador á tan gran artista, como ahora la -república de Nicaragua, en la persona de Rubén Darío.</p> - -<p>Mejor que de nación alguna, por noble y poderosa que fuera, quisiéramos -verle embajador por derecho propio, del reino ideal de la Poesía, á -este soberano poeta, rey mago de una región encantada, como Próspero en -la isla prodigiosa de Caliban y Ariel.</p> - -<p>Y así ha de ser, que por mano de tal poeta nunca han de cruzarse -enfadosas notas diplomáticas, sino mensajes de paz y salutaciones de -amor.</p> - -<p>¡Por bien empleados todos nuestros triunfos y todos nuestros -descalabros en tierra americana; por bien empleados, que por todo -ello hoy nos vuelve con nuestra propia lengua tan alto poeta, como -flor suprema de cuanto allí sembró nuestro espíritu en glorias y en tristezas. -<span class="pagenum"><a name="Page_258" id="Page_258">[258]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Las compañías de opereta inglesa é italiana ofrecen al observador -fecundo campo en comparaciones. Para que éstas no sean odiosas—hemos -convenido en que las comparaciones son odiosas, mejor dicho, han -convenido los que tienen que perder en ellas,—me limitaré á comparar -estilo con estilo, <i>la manera</i>.</p> - -<p>En la opereta inglesa todo es candoroso, infantil; se canta, se -baila, se salta, se corre, se abraza y se besa también, sin que el -espectador más picardeado halle malicia en todo ello; es como juego de -niños, todo alegría inocente, salud y vida. Y no es que las artistas -escatimen ninguna exhibición; hay descotes valientes y piernas por -el aire—verdad que tratándose de inglesas, muchas veces es difícil -descubrir dónde acaba el aire y donde empiezan las piernas,—pero -todo, ya digo, es como juego ó gimnasia, que aleja del espectador las -sugestiones maliciosas. Es un espectáculo confortador, reconstituyente; -sale uno del teatro con ganas de bailar, de saltar, más fuerte, más -ágil y más alegre. -<span class="pagenum"><a name="Page_259" id="Page_259">[259]</a></span></p> - -<p>En la opereta italiana, todo es sensualidad y maliciosa intención. Los -artistas subrayan las frases más inocentes. Cuando una artista italiana -dice: <i>Buona notte</i>, <i>arrivederci</i>, el espectador cree adivinar la -promesa de una noche de amor, y así en todo; música, baile, todo es sensual, -todo con ese doble sentido erótico, tan aguzado en los públicos latinos.</p> - -<p>No hay que decir si el éxito de una compañía italiana ha de ser siempre -mayor entre nosotros que el de una compañía inglesa.</p> - -<p>Nuestra sensualidad no es nada pagana, no es de bellas formas y -nobles ritmos de actitudes; es de desnudeces entrevistas, de frases -intencionadas, de malicias equívocas ...</p> - -<p>La sensualidad de un pueblo de educación frailuna, que se ha bañado -poco y en muchos siglos no ha sabido de más desnudeces que las de los -Cristos crucificados, inquisitoriales y tétricos. -<span class="pagenum"><a name="Page_260" id="Page_260">[260]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>¡Tanto puede decirse en defensa y apología del automóvil! Aunque -no le debiéramos más que el arreglo y mejora de muchas de nuestras -carreteras, ya sería para celebrarlo. No diremos lo que contribuye -al conocimiento de la geografía y topografía nacionales, al de -las costumbres, necesidades y escaseces de pueblos y lugares casi -desconocidos antes de quien debía conocerlos, que no toda España esta -en sus capitales y ciudades de importancia, y mucho menos cuando se -engalanan para fiestas.</p> - -<p>El automóvil es progreso y es civilización por donde pasa. Alguna vez, -al pasar, atropella; cierta señal del progreso y la civilización que simboliza.</p> - -<p>Nunca, á lo menos, podrá decirse por el: A salvo esta el que repica; -que si mucho han atropellado los automóviles, no han volcado menos, y -si no han sido avaros de la seguridad ajena, tampoco lo han sido de la -propia. Vaya en descargo de sus culpas.</p> - -<p>Lo peor del automóvil es que ha venido á ser juguete de «parvenus». -El que viaja por necesidad ó por recreo, ya tiene buen cuidado de no -estropear el viaje con imprudencias. Pero el que solo viaja á corre que -te corre, sin que en ninguna parte le espere asunto que le importe, ni -<span class="pagenum"><a name="Page_261" id="Page_261">[261]</a></span> -en el camino haya belleza natural ni edificio histórico que le -interese, el que no tiene más satisfacción al llegar que poder decir: -«Hemos venido en cinco horas, á 95 kilómetros por hora. ¿Qué les parece -á ustedes?» esos terribles traga kilómetros son el mayor enemigo del automovilismo.</p> - -<p>El automóvil utilizado por el industrial, por el comerciante ó por -personas de buen gusto para agradables é instructivas expediciones ... -Pero, ¿cuántas son las personas de buen gusto que en España tienen dinero? -Y el buen gusto sin dinero ... es una patarata, como diría algún solidario.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Yo insistiría, atendiendo la indicación de muchas personas, en lo del -monumento á Chueca. En tan buena compañía como Mariano de Cávia, se -puede ir gustoso á todas partes, hasta el fracaso. Pero dicho lo que se -debía, á otros corresponde hacer lo que se debe, aunque se deba lo que -se hace, como dijo el otro. Ni una vez lanzadas estas ideas—¡y ojalá -pudiera darles uno la misma autoridad lanzándolas sin nombre!—conviene -usufructuarlas demasiado. ¡Hay gentes tan suspicaces que pudieran creer tenía -uno interés especial en aprovecharse, ó por lo menos en lucirse á su costa! -<span class="pagenum"><a name="Page_262" id="Page_262">[262]</a></span></p> - -<p>Bien se yo que no basta con el primer aviso y que toda insistencia -es poca para despertar entusiasmos tan dormidos. ¿Qué fué de los -monumentos proyectados á Zorrilla, á Campoamor? Pero váyale usted -con insistencias á nuestro publiquito. Mejor dicho, al público no; -el verdadero público—nunca nos falte—sabe estimar las buenas -intenciones. Me refiero á los maese Reparos, que si ya les molesta -ver una firma con frecuente periodicidad, ¿qué será ello si además se -repite el tema?—¿Ha visto usted? ¡Otra vez con la misma lata! ¡No hay paciencia!</p> - -<p>Estos maese Reparos son los mismos que en cuanto no ven la firma de -uno en ocho días empiezan á decir que esta uno agotado. Los mismos, -que si la prensa hubiera dejado pasar la ley del terrorismo, hubieran -clamado:—¡Eh, qué prensa! ¡Vea usted, toda á los pies de Maura! Y -apenas los periódicos llevaban tres días de campaña contra la ley, ya -arrojaban el periódico desdeñosos: ¡Vaya! ¡Ya tenemos lata! ¡No saben -hablar de otra cosa! -<span class="pagenum"><a name="Page_263" id="Page_263">[263]</a></span></p> - -<p>No seré yo quien arrostre su enojo insistiendo en la idea del monumento -á Chueca. Tienen la palabra más señores. Mejor dicho, palabras es lo -que menos falta hace. Palabras sin dinero, patarata también. No dirá el -Sr. Cambó que no le tengo entre mis clásicos.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Aquella discretísima azafata, cuyas memorias nos servía con tanta -amenidad el buen Kasabal, no puede consolarse del cambio de los -tiempos. Y con ella, aquellas castizas señoras madrileñas, fieles -espectadoras de toda gala y de todo ceremonial cortesano, aquellas, -tan bien conocidas de D. Benito Pérez Galdós, que sabían describir tan -puntualísimamente las carrozas de corte, sus arneses y distintivos, -aquellas que conocían á toda nuestra grandeza por sus nombres y caras, -y no había para ellas mejor día que el de una jura, boda ó bautizo reales.</p> - -<p>¡Como comparar aquellos magníficos cortejos de pomposas carrozas, -palafrenos empenachados, pelucas y casacones, por todo un Madrid! ¡que -sólo Madrid es corte! con este ajetreo de ahora tan sin ceremonia, los -automóviles por la carretera, las damas tocándose de prisa y corriendo, -los caballeros sin tiempo ni sitio acomodado para colgarse bandas y -cruces y hasta última hora, sin saber quien llevaría el mazapán, ni -quien llevaría la vela ... -<span class="pagenum"><a name="Page_264" id="Page_264">[264]</a></span></p> - -<p>¡Oh, tradiciones veneradas! ¡Oh, pompas! ¡Oh, grandezas! Las viejas -azafatas lloran sin consuelo. Las bocinas de los automóviles las -responden burlonas. El recién nacido sonríe á los tiempos nuevos.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>No se comprende que la empresa de la Plaza de Toros madrileña haya -puesto tantos obstáculos á la corrida llamada de la Prensa. Nadie más -interesado que esa empresa en que dicha corrida se celebre en las más -favorables condiciones. Si la corrida sale bien, sabido es que una -buena corrida es el mejor cartel para las siguientes, y nada pierde la -empresa con el buen sabor de boca del público. Si la corrida sale mala, -¡ay! como suele verificarse, ¿dónde hallará mejor razón la empresa para -protestar cuando á ella la censuren por sus malas corridas? ¿No será -bueno que esos diablos de chicos de la Prensa aprendan en cabeza propia -<span class="pagenum"><a name="Page_265" id="Page_265">[265]</a></span> -lo difícil que es organizar una corrida y divertir á un público que -paga? Si con la flor de los toreros—salvo el capullo de Gaona,—si con -toros escogidos y plaza nueva y camino regado, la corrida no dió mucho -gusto, que digamos, ¿no prueba esto lo difícil que es garantizar la -diversión en fiestas de toros, siendo el arte y valor de los toreros y -el coraje de los toros imposibles de contratar para fecha determinada? -Por eso creo que nadie más interesado que las empresas en que sus -críticos sean, una vez al año, por lo menos, empresarios. Si en todas -las esferas sociales fuera posible de cuando en cuando este cambio -de papeles, la indulgencia, la tolerancia y la benevolencia mutuas, -florecerían naturalmente en los corazones.</p> - -<p>¡Ah! Si cada espectador de una corrida hubiera sido una vez siquiera -empresario, otra presidente, otra torero, otra caballo y otra toro, -¿quien se atrevería á llamar ¡ladrón! al empresario, ¡burro! al -presidente, ¡maleta! al torero, y mucho menos á pedir banderillas de fuego? -<span class="pagenum"><a name="Page_266" id="Page_266">[266]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>El proverbio francés: «Les absents ont toujours tort», no reza en -modo alguno con nosotros, que nunca hacemos mejor papel que cuando -nos ausentamos. Dígalo el entusiasmo conque nuestros marinos han sido -recibidos en la Habana. No hay idea del amor que nos tienen en toda la -América española, desde que solo nos queda allí el reino de las almas. -¿No es el, bien mirado todo, el inmortal seguro de que nos hablo el poeta?</p> - -<p>¿Sabremos colonizar mejor estos espirituales dominios que supimos -colonizar los materiales? ¿Todo quedará reducido á luminarias, brindis -y salutaciones?</p> - -<p>Ahora somos nosotros los que debemos desear más que nadie la libertad -de Cuba, que yendo para libre se quedó en protegida; cosa tan triste, -como ir para santo y quedarse en beato.</p> - -<p>Pero cuando Cuba haya conquistado por completo su independencia y haya -aprendido á gobernarse por sí misma, ¿no será la peor señal de que ha -dejado de ser española?</p> - -<p>El día en que esas hijas nuestras tengan juicio, no las va á conocer su madre. -<span class="pagenum"><a name="Page_267" id="Page_267">[267]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Con las más persuasivas razones quieren convencernos de que ese -proyecto de administración local es, si no la felicidad completa, -que no es de este mundo, ni siquiera dividiéndole en regiones, lo -más parecido á la felicidad. Quieren, además, persuadirnos de que el -más amplio espíritu liberal lo informa, y siendo así no se comprende -la tenaz oposición de los elementos liberales á que el proyecto sea -ley. Y puede que todo sea verdad, pero, ¡«velay» ustedes! Nadie tiene -la culpa de que la opinión liberal esté tan desconfiada que de manos -conservadoras y solidarias, de cien vueltas al duro antes de tomarlo.</p> - -<p>Las cosas son buenas ó malas por sí. ¿Quién lo duda? Pero como la -opinión general, de la que todos vivimos, no suele ir tan al fondo y se -detiene en la forma, y la forma en este caso deja tanto que desear ...</p> - -<p>¡Oh, la manera! No es nada y es todo. En esta superficialísima región -central, corte del reino de la Bagatela, en este Madrid del chiste y de -la broma, nos pagamos tanto de la manera! Si los catalanistas creen que -nos asustamos de lo que piden, están equivocados; nadie se asusta ... -Nos desagrada la manera de pedirlo. -<span class="pagenum"><a name="Page_268" id="Page_268">[268]</a></span></p> - -<p>En cuanto viéramos en ellos alguna indicación que pareciera de un -camino hacia Europa, por allí iríamos con ellos ...</p> - -<p>Pero hasta ahora, ¿qué hemos visto? Lo mismo que por aquí, con peores -maneras. ¡Oh, la manera.</p> - -<p>Con la culta Atenas á todas partes; con la ruda Esparta, con la áspera -Beocia, á ninguna; mejor estamos en Bizancio.</p> - -<p>¿Por qué son tan poco áticas las maneras de los catalanistas? ¡Oh, la -manera, la manera! parece nada y es todo.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Desde Buenos Aires me envían con gran constancia un interesante -periódico—<i>El Zoófilo Argentino</i>,—dedicado como el nombre indica, á -la defensa y protección de los animales. Ese periódico y sus -propagandistas tienen todas mis simpatías. Como es natural, su campaña, -contra las corridas de toros es incesante, y como á escritor español, -en todos los números que me envían vienen señalados con lápiz rojo los -<span class="pagenum"><a name="Page_269" id="Page_269">[269]</a></span> -artículos impugnadores de nuestra fiesta. ¿A quien predican ustedes? -Los argumentos en contra son muy razonables, cuando no se fundan -en estadísticas caprichosas, como el relacionar la proporción de -criminalidad en una provincia con el número de corridas de toros -celebradas en ella.</p> - -<p>Que en Madrid haya más delitos y que también haya más corridas, -es natural porque también hay mayor número de habitantes. Que en -Barcelona—ya pareció la oreja catalanista—haya menos delitos y menos -corridas, tampoco es cierto. Justamente, es la única capital en que -existen dos grandes plazas que funcionan constantemente; y en cuánto -á delitos ... con los del terrorismo basta para deducir consecuencias. -Que en lugares de escasa población haya pocos delitos, es tan natural -como que haya pocas corridas. De modo que toda esa sólida argumentación -basada en la estadística, es ... líquido, como dice el banderillero -socialista de «Sangre y arena».</p> - -<p>Pero no se apuren los zoófilos argentinos; sin que las estadísticas -nos convenzan, las corridas de toros se caen por sí solas. Es cuestión -de tiempo, de evolución. Si faltarán otros síntomas de su decadencia, -bastaría con ver el número de plazas nuevas en los alrededores de -<span class="pagenum"><a name="Page_270" id="Page_270">[270]</a></span> -Madrid. No hay quien tenga el ojo de nuestros empresarios para perder -el dinero. ¿Que la gente se cansa ya del cinematógrafo? Pues ya se -sabe, un cinematógrafo en cada esquina. ¿Que el género chico empieza á -estar agotado? Pues género chico en todos los teatros. Los empresarios -no han comprendido todavía que el secreto no esta en ofrecer al público -lo que le gusta, sino lo que le gustará. Plaza de toros en Madrid, -plaza en Carabanchel, plaza en Tetuán, plaza en las Ventas ... ¿Qué -mejor propaganda contra las corridas de toros?</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/detail20.jpg" alt="_" width="77" height="74" /> -</div> - -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_271" id="Page_271">[271]</a></span> - <h2>XXV</h2> -</div> - -<p>Las impresiones que recibimos de niños, influyen sobre nuestro espíritu -para toda la vida. ¿Qué deberán pensar esas tiernas criaturas tan -traídas y llevadas en estos días alrededor de la estatua de Mendizábal? -Sus maestros, autoridad respetable: Es preciso que vayáis, niños míos, -á ofrecer el homenaje del porvenir, que sois vosotros, al grande -hombre, al hombre glorioso ... Y el gobierno, autoridad suprema que -dice: No dejéis á los niños que se acerquen; esas manifestaciones son -peligrosas en edad temprana; exponer á los niños á los rigores del -calor, de las apreturas, de la oratoria progresista ... Además, ¿quien -os ha dicho que Mendizábal fuera tan grande hombre? ¿Porque tenga una -estatua en la plazuela del Progreso?</p> - -<p>Esa estatua, mantenida sobre el pedestal gracias á la tolerancia sin -límites de los muchos gobiernos conservadores que no se han dignado -<span class="pagenum"><a name="Page_272" id="Page_272">[272]</a></span> -concederla ninguna importancia, significa muy poco. La historia no ha -juzgado todavía y la moda ... ¡Ah! La moda nos dijo hace tiempo que el -figurín progresista era de lo más cursi, y ninguna persona distinguida -se atrevería hoy á presentarse en público con la capa de Mendizábal. No -saben muchos de los que así hablan, que acaso en el infierno, círculo -de los hipócritas, les aguardan aquellas capas de plomo con que el -poeta florentino vió pasar abrumados á los más célebres antecesores -de Tartufo. Pero, ¿qué pensarán los niños? De un lado, sus maestros; -de otro, el gobierno ... Un hombre que merece una estatua y no merece -un homenaje ... Para comprender la situación de esas criaturas hay que -recordar cuando alguna vez en nuestra infancia, al anunciarse una -visita en nuestra casa, olmos murmurar:</p> - -<p>—¡Ahí esta ese señor tan antipático!—Y cuando nosotros, mal -prevenidos, le mirábamos de reojo, alguno nos decía:—Vamos, da un -besito á este caballero, que es muy bueno y te quiere mucho ... Y estas -primeras impresiones que recibimos de niños, influyen sobre toda la -vida ... No se debe decir á los niños que un señor es antipático, cuando -después hay que decirles que le besen. No se deben levantar estatuas cuando -después hay que prohibir á las nuevas generaciones que las saluden con respeto. -<span class="pagenum"><a name="Page_273" id="Page_273">[273]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Las vacaciones del veraneo ... ¡Si fueran tales vacaciones! ¡Pero son -descanso para tan pocos! ¿Quién puede decir que deja sus cuidados, -sus preocupaciones, sus afanes, al tomar el tren ó el automóvil que -ha de llevarle lejos de todo menos de sí mismo? El hombre político á -esperar los periódicos y á prodigarse en declaraciones y conferencias, -la dama elegante á fatigar su belleza en bailes, comidas, excursiones, -«flirts», á lucir media docena de «toilettes» por día, á lanzar un -atrevido «tanagra», ya que el desnudo artístico ha sido sancionado -por los tribunales franceses; el <i>sportsman</i> á continuar pendiente del -«poney» de polo, del balandro, del automóvil y del tapete verde, el -escritor á exprimir los sesos por estupendas crónicas, artículos, -comedias; el hombre de negocios á pensar en la futura escuadra, en -una nueva emisión de duros sevillanos, en los que se arruinan con -el veraneo, en las fincas de posible hipoteca; los novios en llenar -<span class="pagenum"><a name="Page_274" id="Page_274">[274]</a></span> -pliegos de papel, si ausentes; si juntos, en continuar las -interminables charlas de cuello vuelto, el «allumage» sin escape de -gases, tan perjudicial á los motores ... Las esposas á desesperarse -porque el marido gasta mucho, y los maridos á rabiar porque la mujer -despilfarra. Y los pocos que pretenden descansar y olvidarse de todo, -los contados que cambian en absoluto de vida, ¿no son aquellos para -quienes se definió el veraneo: «Los ocho primeros días descansa uno del -cansancio, los siguientes se cansa uno de descansar»?</p> - -<p>Si observamos la terraza del casino en cualquier playa elegante, basta -comprender lo que es el veraneo para muchos. De una parte, el mar; de -otra, la fachada del Casino: gente que pasa y entra y sale ... Todos se -sientan de espaldas al mar, que con razón murmura más que nunca, pero -no tanto como los que le vuelven la espalda.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>La exhibición de desnudeces en los escenarios de París trae alarmados -á los que no asisten nunca á los teatros. Fué siempre condición humana -la de preocuparnos más por la paja ajena que por la viga propia. Los -<span class="pagenum"><a name="Page_275" id="Page_275">[275]</a></span> -tribunales intervinieron con un tacto exquisito. El teatro y las -«cocottes» son instituciones en París muy respetables, para que la -misma justicia no se mire mucho antes de dar un fallo que pueda -disminuirlas en sus prestigios. Y así fué en este caso, mejor dicho -en estos dos casos, pues fueron dos los sometidos á sentencia. En uno -de ellos la absolución fué completa y con todos los pronunciamientos -favorables: se trataba de arte, arte puro; los desnudos eran vivas -esculturas, pero la carne no es menos sagrada que el mármol cuando la -carne copia del mármol blancura y reposo. En el otro caso, ya hubo que -estrechar la manga de la toga. Los desnudos ya se animaban, ya no era -posible confundirlos con estatuas, ya pasaban á cuadros y demasiado -vivos. En la moralidad hay grados. Primero, la escultura sin color y -sin movimiento; después, la pintura, que se anima con colores; por -último, la carne viva con toda la expresión del color y del movimiento. -Mientras la carne copia á la estatua, vamos pasando; si llega al -cuadro, fruncimos el entrecejo ... pero si se empeña en ser carne, -ya no podemos tolerarlo. -<span class="pagenum"><a name="Page_276" id="Page_276">[276]</a></span></p> - -<p>La estática, buena; la dinámica, mala: esto es lo que han fallado los -jueces. Al contrario de muchos medicamentos, en el teatro puede usarse -el desnudo, pero sin agitarlo.</p> - -<p>¿Qué dirá el público de nuestros teatros sicalípticos, en donde anda el -movimiento más que nada y por el movimiento se disimulan algún tanto -anatomías nada esculturales y muy poco pictóricas? ¿Qué dirán los -insaciables del molinete y de la cadera?</p> - -<p>Todo no puede tenerse en este mundo. Ya lo saben las apreciables -tiples. No se puede ser á un tiempo mármol y artista. La que tenga -más de lo primero, que se contente con ser material de estatua: no se -mueva, no hable, no cante sobre todo. La que presuma de lo segundo, -sienta todo y lo mejor que pueda, subraye los equívocos, de á las -coplillas la intención posible, que si en ellas mienta la escarola ó la -lechuga ó la chocolatera ó el molinillo, la sola enunciación de dichas -hortalizas ó utensilios abre á la imaginación de los espectadores -horizontes ilimitados ... Todo es arte; pero ya lo han sentenciado los -jueces franceses y antes lo había sentenciado el buen gusto: lo que no -se puede es promiscuar. -<span class="pagenum"><a name="Page_277" id="Page_277">[277]</a></span></p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Acostumbrados á que las guerras de los marroquíes acaben siempre -con pirámides de cabezas cortadas, mutilaciones crueles, cuando más -dulcemente, por cadenas y mazmorras, esta de ahora entre los dos -hermanos ha parecido poética y caballeresca relación del Romancero -morisco. De tal modo, que á cuántos conocen la tortuosa sencillez del -espíritu moruno, más que lucha entre hermanos parece juego de compadres.</p> - -<p>No es el «Quítate tu, para ponerme yo» de otras guerras y luchas -fratricidas, sino el «Yo no puedo quitarme á esos franceses; á ver -como tu me los quitas». Por lo pronto, se abre un compás de espera y -de expectación. Pueblo que sabe esperar sentado á ver pasar el cadáver -de su enemigo por delante de su casa, sabrá esperar con calma en esta -ocasión; mucho más, cuando la silla la ofrece el kaiser, y cuando lo -que ha de ser esta escrito ... en la conferencia de Algeciras. Pero -se ha volcado el tintero, y aunque todo esté escrito, tardará en -descifrarse. Para esto de echar borrones sobre la correcta escritura -de la diplomacia europea, se pintan solos los moritos. Veremos si ese -<span class="pagenum"><a name="Page_278" id="Page_278">[278]</a></span> -borrón es cuenta nueva, si basta con el papel secante, ó si el gran -emperador vuelca toda la salvadera, y entonces sí que podrá decir -Francia, alterando nuestro refrán: «De aquellos lodos, vienen estos -polvos». ¡Con tal que no nos pongan perdidos las salpicaduras!</p> - -<p>Como al desfallecido de estómago, por insuficiente alimentación, solo -el olor de la comida le produce mareos, así á los españoles, tan -desfallecidos de toda clase de receptáculos, estómago, bolsillo, etc., -por fuerza ha de producirles mareos y vértigos y delirios, nada más que -el olor de esa cifra fantástica de millones, destinados al principio -del proemio del prólogo de nuestra futura escuadra.</p> - -<p>No es extraño que el concurso haya inspirado tanta curiosidad y -despertado tantas emociones como el sorteo de Navidad. El gordo valía -la pena. Sin embargo, ¿será cosa de compadecer á los agraciados? Me -decía una vez el propietario explotador de uno de esos admirables -Tíos-vivos, que tan bien simbolizan la marcha de la humanidad: Mire -usted, esto podía ser un negocio. ¡Pero si viera usted! Para que -esta máquina ande, ¡hay que untar tantas ruedas! Que la licencia del -Ayuntamiento, que el inspector del distrito, que el alcalde de barrio, -<span class="pagenum"><a name="Page_279" id="Page_279">[279]</a></span> -que los guardias, que si se quejó un vecino y hay que callarle ... -Crea usted que si me queda una vuelta en limpio me doy por contento. -Guardando las debidas proporciones, bien puede ser que esto de la -escuadra no sea negocio más saneado que el del Tío-vivo, y los -envidiados concesionarios sean al fin más dignos de lástima que de envidia.</p> - -<p>Entre tanto, hay quien no contribuye á las cargas del Estado con más -de una peseta de cédula, y anda por esos corrillos vociferando como si -los millones de la escuadra se los sacaran á el íntegros del bolsillo. -¿Han visto ustedes? ¡qué modo de esquilmar al contribuyente! ¡No se -puede vivir en este país! ¡Eche usted millones! ¿Y de dónde salen esos -millones; ¿quieren ustedes decirme? Y el hombre se congestiona como si -acabara de entregar el cheque.</p> - -<p>No, no hay razón para quejarse. Aún los mayores contribuyentes, piensen -como son muchas cosas las que el Estado les da por muy poco dinero. ¡No -digamos los de la cédula de á peseta y los que ni cédula pagan! Y ellos -tienen calles y paseos para esparcirse, alumbrado, museos, iglesias -<span class="pagenum"><a name="Page_280" id="Page_280">[280]</a></span> -donde pasar el rato; disfrutan de suntuosos espectáculos, como desfiles -de corte, revistas militares, procesiones; todo mejor presentado que en -cualquier teatro ó cinematógrafo y por menos dinero.</p> - -<p>Y estos barcos de ahora, digo de mañana, ¿no son también baratísimos? -Si la canalización del Manzanares permite que lleguen un día, siquiera -hasta la Florida ... Solo el gusto de verlos no se paga. Y no hay duda, -una buena escuadra y un buen ejército son las mejores garantías de paz. -Con buena ropa tiene uno más cuidado de no meterse en pendencias, por -no estropearla. Sobre todo, cuando no se tiene más que lo puesto.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Anuncié que la prohibición de las capeas traería algunos disgustos, -como se ha verificado. Es lo que tienen esas leyes de gabinete, tan -bien intencionadas como desconocedoras del terreno en que han de cumplirse.</p> - -<p>La capea más bárbara no perturbará nunca tanto la vida de un lugar, -como esas colisiones entre la Guardia civil y los lugareños, que dejan -un rastro de odios y de venganzas para muchas generaciones. -<span class="pagenum"><a name="Page_281" id="Page_281">[281]</a></span></p> - -<p>Ya lo dije; no se ha tenido en cuenta que en muchos pueblos, la fiesta -es la capea, y suprimida falta el pretexto para ir de los pueblos -comarcanos, y falta la alegría y falta el dinero.</p> - -<p>Y entre los mozos del pueblo, que por necesidad han de manejar todo el -año vacas y toros, y por gusto los torean un día, y los señoritos de la -ciudad, que sin aplicación ninguna á sus necesidades, matan pichones -estúpidamente ... Dígase quien es más disculpable.</p> - -<p>Civilizar por reales órdenes es muy cómodo y muy fácil. Queda prohibido -comer patatas. ¿Y qué comemos? dirán los que no tienen otra cosa. Todos -los españoles se bañarán diariamente. ¿Y donde no hay agua bastante -para beber siquiera?</p> - -<p>Los ministros dan leyes desde su gabinete, la «claque» aplaude. ¡Oh, -qué ley tan sabia! En el terreno ya es otra cosa, ya es la Guardia -civil, ya es el Mauser ... El orden ha quedado restablecido. ¡Que se lo -pregunten á los muertos y á sus familias! Es la civilización que pasa. -¡Si hubiera pasado antes en otra forma!</p> - -<p>¡Mucha Guardia civil para impedir capeas y ni un mal inspector para -copar partidas de monte y otros recreos en esos casinos burgueses y -aristocráticos! La ley no puede estar en todas partes. -<span class="pagenum"><a name="Page_282" id="Page_282">[282]</a></span></p> - -<p>Además, la capea es cosa de bárbaros, lo otro, de pillos. ¡Aún hay clases!</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>El automóvil ha matado el veraneo estacionario; ya no se esta en -ninguna parte, se va de una parte á otra; del almuerzo al te, del te á -la comida, de la comida á la fiesta, y de la fiesta al descanso; ya no -son horas, sino kilómetros. La racha ó el <i>tierce á tout</i>, empezados á -jugar en San Sebastián, se continúa en Biarritz y quiebra en Luchón. El -<i>flirt</i>, iniciado en Cestona, termina en Bigorre, sobre todo para los -acompañantes y testigos, que en esto de <i>flirts</i>, de llevar la cestona -ó ponerle á uno el bigorre—¡chistes de verano!—no se sale nunca.</p> - -<p>De este continuo ajetreo, que convierte el veraneo en una especie de -<i>toboggan</i>, se lamentan en primer lugar los que no tienen dinero para -hacer lo mismo; después, los que sólo van á un sitio con el deseo de -cultivar, fomentar y adquirir relaciones, allá para el invierno. Pero -<span class="pagenum"><a name="Page_283" id="Page_283">[283]</a></span> -sucede que cuando los periódicos le han dicho á usted que en tales -aguas ó en tal playa están las duquesas de tal y cual, y las marquesas -de esto y de lo otro, y las distinguidas señoras de más acá y de más -allá, y el ilustre hombre público y el conocido <i>sportsman</i>, y cuando -llega usted con la lengua fuera para ofrecerles sus respetos y alternar -con ellos, siquiera en las correspondencias periodísticas, ya todos se -han dispersado en alas del <i>taf-taf</i> maldecido. ¡Es para desesperarse!</p> - -<p>Se lamentan también las madres de hijas casaderas: el automóvil es -todo lo más el amor que pasa, pero rara vez es el marido que queda. Se -lamentan los fondistas y hosteleros, aunque estos sin razón, porque -ellos bien saben practicar el refrán: «Al ave de paso cañazo». Pero -no sólo del libro de caja vive el hombre, y á ellos les agrada contar -con una selecta clientela fija que decore el libro de oro de su establecimiento.</p> - -<p>La única verdad de estas andanzas es que se ha subido el veraneo, y -las modestas familias que esperaban hacer algún papel instalándose por -una temporada en las sillas más visibles del bulevar de San Sebastián, -tienen que resignarse, como las señoritas que veranean en pueblecillos -<span class="pagenum"><a name="Page_284" id="Page_284">[284]</a></span> -y bajan á la estación todas las tardes por ver pasar los trenes, á ver -pasar también el gran tren de lujo, que no se detiene á saludarlas ni -siquiera se fija en ellas. ¡Haga usted sacrificios para esto!</p> - -<p>El progreso es cruel. Adelanta mucho ... el que tiene dinero para -adelantarse; los demás van quedando cada vez más rezagados y más -tristes. Unos van por el mundo en el tren de lujo; los otros son -los maquinistas, los fogoneros, los guarda-agujas, los que trabajan -para que el tren de unos pocos pueda llevarles con seguridad á sus -placeres ... Luego quedan las señoritas del pueblo, que ven pasar con -envidia á las elegantes viajeras; la pobre gente de los lugares que ni -siquiera concibe adónde puede irse con tanto lujo, y queda, por fin, -el perro, ese perro sucio y humilde que se pasea siempre por todas las -estaciones por si cae algún resto de las meriendas. Los perros conocen -muy bien el corazón humano. Saben que de los trenes de lujo sale -siempre una voz femenina que dice: ¡Pobre perro! Voy á echarle este -pedazo de jamón y este panecillo.</p> - -<p>En los otros trenes nadie se acuerda del perro; y si algún corazón -sensible procura socorrerle, no falta quien lo estorbe:—¡Deje usted -al perro! Cuando veamos á un pobre le daremos lo que ha sobrado de la merienda. -<span class="pagenum"><a name="Page_285" id="Page_285">[285]</a></span></p> - -<p>De ahí la simpatía de los perros por los trenes de lujo y por la -gente rica. ¡Quién sabe! Acaso estos pobres perros hambrientos que -se alimentan con las sobras de las meriendas, sean una fuerza para -contener la revolución social. -<span class="pagenum"><a name="Page_286" id="Page_286">[286]</a></span></p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/detail21.jpg" alt="_" width="70" height="73" /> -</div> - -<div class="chapter"> - <span class="pagenum"><a name="Page_287" id="Page_287">[287]</a></span> - <h2>XXVI</h2> -</div> - -<p>La ópera del Circo merece todas las simpatías; ponerla «Africana» -al precio de la «Cachunda», á más de ponerla en su justo precio, es -empresa laudable. ¡Cuando se piensa que Meyerbeer fué juzgado en sus -tiempos como un gran revolucionario de la música! Algo así, para -los italianistas de entonces como lo que había de ser Wagner años -después. El acaudalado israelita hubiera sido un excelente compositor -de operetas. ¡Qué deliciosos libros y qué deliciosas partituras las -de «Hugonotes», «Africana» y «Roberto el Diablo», tratados en cómico! -Por eso Meyerbeer, que tan buena pareja hizo con Scribe, como Puccini, -en la actualidad, con Sardou, cuando anduvo más cerca de acertar -fué en «La estrella del Norte» y en «Dinorah». ¡Qué tiempos, cuando -«Los Hugonotes» eran la ópera capital para nuestro público, pieza de -concurso obligada para tenores y tiples dramáticas! -<span class="pagenum"><a name="Page_288" id="Page_288">[288]</a></span></p> - -<p>«La Africana», bilingüe, del Circo, adquiere algo de ese carácter -cómico que hubiera hecho por completo su fortuna. ¡Son tan divertidas -las aventuras de Vasco de Gama y sus indios!</p> - -<p>De la moral, ya sabemos que gana mucho en la ópera con ser cantada -y en italiano; pero del arte, no sabemos que gane gran cosa con la -castellanización de la letra; si castellano puede llamarse esa especie -de Esperanto en que suele traducirse las óperas.</p> - -<p>Aparte lo indiferente del idioma para la mayoría de los cantantes, -que en vez de vocalizar, se enfangan con las palabras, sin que sea -posible entenderles nunca una sola; yo creo que á la amplitud de -líneas dramáticas de la ópera, conviene mejor un idioma extraño, que -dejándonos percibir el sentimiento de la acción dramática, aleje de -la imaginación toda idea prosaica, con frases y palabras vulgares, -desgastadas y pervertidas por el uso corriente.</p> - -<p>Por algo la Iglesia católica, gran maestra en psicología de las -multitudes, conserva el latín en sus ceremonias litúrgicas. ¿Nos -impondría tanto el Miserere, cantado en castellano? Si entendiéramos -de la misa la media, ¿no asomaría alguna vez á los más devotos labios, -<span class="pagenum"><a name="Page_289" id="Page_289">[289]</a></span> -sonrisa irreverente, evocada por alguna palabra de esas, que como suele -decirse, nos hace pensar en otra cosa? Bien esta la ópera en italiano; -aunque según va siendo moda en los teatros, pronto será una torre de -Babel cada ópera, y cada artista cantara en lo que mejor sepa y pueda; -uno en italiano, otro en francés, otro en alemán, otro en ruso ... -Y para el caso será lo mismo. Yo he oído muchas veces «Marina» en -castellano, y si me preguntan ustedes el argumento me vería en un apuro -para contárselo. Como decía un buen señor, supongo que será el de todas -las óperas; la tiple y el tenor se quieren, el barítono se opone y al -bajo le es indiferente.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Con motivo de unas apreciaciones, publicadas en <i>The Times</i>, sobre -Madrid y el carácter madrileño, se ha puesto una vez más en evidencia -lo inconsistente de esos juicios sintéticos de viajero, en los que rara -vez se conoce ó quiere conocerse el favorecido ó desfavorecido, según los casos.</p> - -<p>Eso de englobar á todo un pueblo en juicios tan rotundos como estos: el -inglés es frío y correcto, el parisiense es afable y espiritual, el -<span class="pagenum"><a name="Page_290" id="Page_290">[290]</a></span> -español es valiente y caballeroso ... Y llega usted á Londres y -lo primero que se encuentra es un buen golpe de curdas de lo más -incorrecto, y en París, con un cochero, que no es precisamente un -Anatole France, y en España ... encuentra usted de todo, como en -todas partes. No hay virtudes, ni vicios, ni gracias, ni desgracias, -patrimonio exclusivo de ningún pueblo. Además, cada uno habla de la -feria según le va en ella, y si esto es así, aún entre los naturales, -¿qué no será con los extranjeros, cuyo juicio puede estar influído por -tantos accidentes? Desde la comodidad del alojamiento y la calidad de -los alimentos, hasta las relaciones sociales que haya cultivado por su -profesión ó por sus aficiones ¿puede hablar lo mismo de un pueblo el -que haya tratado con preferencia á sus clases comerciales, que el que -haya tratado á sus artistas ó á sus políticos ó á sus militares?</p> - -<p>El periodista inglés se lamenta de que los madrileños nos preocupemos -más por los asuntos más ligeros. Aparte de que todo esta en todo y de -lo más ligero puede desentrañarse la más profunda filosofía, ¿no se -ha preocupado nunca toda Inglaterra por un boxeador ó por un caballo -de carreras ó el famoso elefante Jumlo? Y los graves alemanes, tan -entusiasmados, del kaiser abajo, con el travieso zapatero que tan -graciosamente supo burlarse de respetables autoridades? -<span class="pagenum"><a name="Page_291" id="Page_291">[291]</a></span></p> - -<p>El articulista dice también que el madrileño tiene muy buen humor. -¿Buen humor? Aquí donde todo el mundo gruñe y protesta y discute por -todo y se dice mil groserías y cada uno lleva dentro un inquisidorcillo -que quisiera imponer en todo su modo de pensar y su regla de -conducta ... ¿Buen humor en Madrid? Hay poco dinero para eso. Por lo -visto el articulista asistió á una junta de accionistas del Banco ó á -la tertulia del ministro de la Gobernación.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Sucede en esto del veraneo, que los últimos en marcharse son los -primeros en regresar. Los que no se han movido de Madrid, los miran con -cierto desprecio. Para el caso, tanto da no haber salido como volver -antes que la gente «chic». Justamente lo aristocrático del veraneo es -la coda, que supone dinero de largo; la estación otoñal en Biarritz, la -excursión á París en busca de los últimos figurines y de los primeros -estrenos ... Todo lo que no sea volver á Madrid envueltos en pieles, con -los baúles llenos de modelos y con noticias de la «première» de Donnay -ó de Capús, es degradarse. -<span class="pagenum"><a name="Page_292" id="Page_292">[292]</a></span></p> - -<p>¡Y andan algunas personas respetables tan afanadas por ver de animar -Madrid con fiestas y bullas! ¿No ven ustedes que la gente pudiente solo -viene á Madrid á hacer economías? Su única gracia es tener dinero y se -lo dejan por ahí; aquí solo nos traen religiosidad, que cuando se gasta -el dinero va también para Roma ... ¡Como que no saben en Barcelona la -ganga que tiene Madrid con ser la capital de España!</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Nuestro querido amigo y compañero—como escriben en las dedicatorias -de sus obras, los autores eminentes que quieren halagar á un autor -novel,—Guillermo II, ha tenido un brillante éxito, en el baile de gran -espectáculo «Sardanápalo», estrenado en Berlín.</p> - -<p>Ningún género teatral, tan propio para ser cultivado por un emperador, -como este de los grandes bailables pantomímicos, tan parecidos por la -<span class="pagenum"><a name="Page_293" id="Page_293">[293]</a></span> -precisión de evoluciones á las maniobras militares. Género, además, -en que huelga toda literatura, género sin palabras inútiles, en que -todo ha de explicarse por la acción misma; género de todo punto -imperialista, en una palabra.</p> - -<p>Ahora, si reparamos en que la elección de personaje tan decadente y -desfalleciente, como el sibarita Sardanápalo, más parece en los gustos -de un Luis de Baviera que en los de un Guillermo de toda Alemania ...</p> - -<p>Claro es que un Alejandro Magno, un Aníbal, un Julio César, no se -prestan á pasos de bailes. Y ¡quien sabe si Guillermo II no ha puesto -en su obra una delicada ironía y una saludable advertencia! ¿No hay -en los desfallecimientos del mundo moderno, mucho de sardanapalesco? -¿No es el Imperio Germánico, el gran mantenedor de energías, el gran -director de baile, cuya imperiosa voz de mando hace danzar á todos? -Pero, ¿quien tendrá razón al final de las humanas danzas que han de -terminar todas en una general danza macabra? Solo el hecho de haberse -acordado un Guillermo II de un Sardanápalo, para héroe de su obra, nos -dice la obsesión interior de muchas cosas que aparentamos aborrecer -<span class="pagenum"><a name="Page_294" id="Page_294">[294]</a></span> -exteriormente, pero que en el fondo admiramos ... Moralizar, es querer -convencernos de que no debemos admirarlas; pero si no las admirásemos -no tendríamos por qué moralizar. ¡Arde Sardanápalo en su pira! -Moralicemos ... Todos, chicos ó grandes, hemos quemado á fuego lento -nuestro Sardanápalo; unos por falta de medios para sostener sus vicios, -otros por falta de valor; pero de cuando en cuando Sardanápalo surge; -unas veces en una obra de arte, como el poema de Byron; otras, en un -baile de gran espectáculo, como el del emperador Guillermo II.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Una de las amenidades del verano para los que no veranean, es leer -las revistas de toros y confrontar las versiones de los distintos -corresponsales de provincias. En nada se muestra tanto la falibilidad, -no ya de los juicios humanos, de los mismos sentidos corporales. Donde -uno dice magistral faena, el otro dice: faena desdichada por la torpeza -del torero, y el otro: deslucida por las malas condiciones del toro. -Donde uno dice: volapié magno; el otro dice: bajonazo ignominioso, y el -otro: bajonazo, precedido de siete pinchazos. -<span class="pagenum"><a name="Page_295" id="Page_295">[295]</a></span></p> - -<p>Yo no creo que las simpatías personales por este ó el otro diestro, -puedan modificar hasta ese punto las apreciaciones. Prefiero -atribuirlo, como dije, á error de la vista. De todos modos, debiera -evitarse esa disparidad de visiones. El asunto, salvo para las -futuras crónicas de las grandes figuras del toreo, no es de gran -transcendencia. Pero hay gentes suspicaces que por los pequeños asuntos -juzgan de los grandes y no falta quien diga: ¡Ah! la prensa; aquí -tienen ustedes, si en estas cosas tan claras, que entran por los ojos -de miles de personas, dice cada uno lo que le parece, ¿qué será en -otros asuntos? ¡Cualquiera se fía!</p> - -<p>Todos estamos interesados en sostener el prestigio de una institución -que cuenta con muchos fieles. No hagamos vacilar la fe de los creyentes -ni perdamos del todo la de los indecisos. ¡Ah! las menudencias, las -pequeñeces, parecen nada y son un mundo. Yo conocía una señora muy -buena cristiana y muy devota, que de pronto dejó de ir á misa y -renunció á toda práctica religiosa. Pero, ¿qué es eso? la preguntaban -sus amigos ... Usted, tan buena cristiana ...</p> - -<p>—No me digan ustedes; ya no creo en nada; no vuelvo á poner los pies en una iglesia ... -<span class="pagenum"><a name="Page_296" id="Page_296">[296]</a></span></p> - -<p>—Pero, ¿ha leído usted algún libro, se ha hecho usted protestante?...</p> - -<p>—Nada de eso. Es que el otro día tuve una cuestión con un monaguillo.</p> - -<p>En esto, como en todo, ¡cuántas veces se pierde la fe, no por dudar -del dogma, ni de verdades fundamentales, sino por haber tenido unas -palabras con un monaguillo!</p> - -<p>Conviene juzgar con imparcialidad á los toreros, para que el público no -pueda dudar de la imparcialidad con que se juzga á los que torean al país.</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>Se juzgó siempre triste destino el del actor, el cantante y el -instrumentista, porque al morir sólo dejan el recuerdo de su arte, sin -otro testimonio de su gloria que la opinión de los contemporáneos.</p> - -<p>Por algún tiempo, aún son muchos los que pueden decir: Nosotros le -hemos oído. Después, son unos pocos, algún anciano, reacio á nuevas -admiraciones, que pretende consolarse de lo que el no verá, con lo que -ha visto, y hay que oirle decir con fervorosa devoción, como testigo -<span class="pagenum"><a name="Page_297" id="Page_297">[297]</a></span> -electo de un milagro: ¡Yo le oí, señores, yo le oí! Y ponderar -definitivo: ¡No volverá á oirse nada semejante! Después ... ya no queda -ninguna voz viva que atestigüe la razón de la gloria; solo queda la -crónica escrita para asegurar la inmortalidad.</p> - -<p>¿Triste? No; ¡envidiable destino! ¿Puede haber gloria más espiritual -que esta que solo deja el destello de un nombre glorioso? Toda la obra -es el nombre mismo. Toda su fama esta encerrada en ese nombre, como en -urna preciosa, de más segura permanencia que monumento cimentado en obras.</p> - -<p>¡Las obras! ¿No hemos visto por ellas al aquilatarse muchas glorias, -obscurecerse unas, desaparecer otras? En cambio, estos nombres sin -obra, van ganando en estimación cada día y los juicios de la posteridad -nada podrán sobre ellos. Por ellos tal vez, á pesar del automóvil y -del aeroplano, pensamos alguna vez con tristeza si no habremos nacido -demasiado tarde. Por ellos también nos envidiarán en lo venidero. -¿Quién nos quitará, sobre las generaciones futuras, sobre la eternidad -del tiempo, la gloria de estos recuerdos, quizás los únicos sin sombra -de tristeza en nuestra vida efímera? ¡Oimos á Julián Gayarre, oimos á -<span class="pagenum"><a name="Page_298" id="Page_298">[298]</a></span> -Adelina Patti, oimos á Sarasate, oimos la voz de oro de Sarah y la -admiramos, reina de la actitud y princesa del gesto, como la proclama -el poeta: nos conmovió Leonora Dusse, dolorosa del Arte!... Y la gracia -de esas divinas voces, que al callarse callarán para siempre, es algo -muy nuestro, porque ya otros no volverán á escucharlas, y la emoción -que nos causaron será eterna de toda eternidad en lo humano: porque esa -emoción es todo lo que queda de su arte, y ¿quien podrá decir en lo -futuro, que ese arte no valía la pena de emocionarnos, si su obra es -solo un nombre y ese nombre es nuestra emoción eternizada?</p> - -<hr class="r25" /> - -<p>¡La buena Prensa! ¡La mala Prensa! Que si la buena no se lee y la mala -cuenta por millares sus lectores ... Esto me recuerda algo que ocurría -hace años, y creo que sigue ocurriendo, en una capital de provincia, -que no he de nombrar, pero que bien pudiera no hallarse muy lejos de -donde en la actualidad se discute tan calurosamente la cuestión de la -buena y de la mala Prensa. Sucedía que eran allí dos comerciantes del -<span class="pagenum"><a name="Page_299" id="Page_299">[299]</a></span> -mismo apellido y los dos en géneros comestibles, y de los dos, el -uno era excelente persona, muy cristiano, muy buen esposo, muy buen -padre, y hasta dicen que pesaba corrido. Era el otro persona de mala -reputación y peores costumbres y mal mirado por todos; pero, por -cuanto, los géneros que expendía eran siempre de lo más selecto, -mientras los del primero eran de calidad muy inferior. Y nadie sabe las -confusiones que esto originaba á cada paso. Decían las señoras á sus -criadas: ¿De dónde ha traído usted este chocolate tan detestable?—De -casa de Fulano.—¿Cuál de ellos? ¿el bueno ó el malo?—El que la señora -dice que es tan bueno.—Es que ese es el malo, el bueno es el otro ... -¡nunca acabarás de entenderlo!—Que es lo mismo que les sucede á los -lectores con la Prensa; la buena, que es la mala; la mala, que es -la buena ... Si los de la buena, que es la mala, procuran mejorar el -género, quizás los lectores de la mala, que es la buena, se decidieran á leerla.</p> - -<p class="center space-above2"><b>FIN DE LA 1.<sup>a</sup> SERIE</b></p> -<hr class="r5" /> - -<div class="transnote bbox space-above2"> -<p class="f120 space-above1">Notas del Transcriptor:</p> -<hr class="r5" /> -<p class="indent">La imagen de portada fue creada por la transcripción, y está en el dominio público.</p> -<p class="indent">Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.</p> -<p class="indent">Errores obvios de imprenta han sido corregidos.</p> -<p class="indent">Páginas en blanco han sido eliminadas.</p> -</div> - -<p> </p> -<p> </p> -<hr class="full" /> -<p>***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; CRóNICAS, PRIMERA PARTE (DE 5)***</p> -<p>******* This file should be named 54283-h.htm or 54283-h.zip *******</p> -<p>This and all associated files of various formats will be found in:<br /> -<a href="http://www.gutenberg.org/dirs/5/4/2/8/54283">http://www.gutenberg.org/5/4/2/8/54283</a></p> -<p> -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed.</p> - -<p>Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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Redistribution is subject to the -trademark license, especially commercial redistribution. -</p> - -<h2 class="pg">START: FULL LICENSE<br /> -<br /> -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE<br /> -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK</h2> - -<p>To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg-tm License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license.</p> - -<h3>Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project -Gutenberg-tm electronic works</h3> - -<p>1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. 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